Vengan a surcar el cielo sin prisas, calmada y sobriamente, Gastón y Nicolás Arévalo les llevarán en su planeador con mucho gusto. Descubrirán la elegancia, la relajación, el aire puro. Y no tengan afán por llegar a ninguna parte, solo piensen que más vale disfrutar del momento que de un destino aún por venir y a veces indeseable. Déjense llevar por las enfilaciones de la guitarra eléctrica, muy expresiva en sus melodías, en un entorno celeste que ensalza una suave armonía de teclados, ritmos de una distinguida batería programada que sabe retirarse a tiempo para dejar hablar holgadamente a los demás, o al contrario, que cuando se la requiere le da el pulso decisivo a los discursos, y un bajo discreto sosteniendo todo con buen equilibrio. No olviden tampoco mirar en el fondo del paisaje, desde donde salen a relucir, entre los entresijos sonoros, tenues trazos en movimiento desatados por la aeronave al roce con la atmósfera. Lo bueno de estos vuelos es que provocan reflexiones depuradas y honestas. No hay rutas ni fronteras, ni direcciones si no son las del viento. Por tanto, esta es una oferta que ya no deberían de estar dudando en aceptar. La belleza climática del despegue engancha hasta al más estresado, y más cuando enseguida se impone de forma irrefrenable una rugosa guitarra distorsionada descargando fuerza y energía. Esto es Lander. Más tarde, ya en las alturas, Solo le da pie a meditar sobre por qué es de recibo que haya gente que tenga que alimentarse de su propia soledad, sí, en un monólogo guitarrero de muy interesante elocución que se desarrolla justo y sin atropello, con emoción aunque con un poco de angustia al no presagiar a nadie cercano a sus sentimientos. Pero entonces, el cielo, poderoso, echa sus cartas y te vuelve a cautivar en una Odisea de luminosidad y tonalidades cálidas, aunque, inesperadamente, y poniendo punto y final a este viaje soñado, la aproximación de un Destructor-A, con líneas graves más maliciosas, una firme batería y casi apoteósicas intervenciones ruidistas, obligue a un rápido aterrizaje forzoso. No sabemos dónde hemos caído, pero quizás en el paraíso. Disfrútenlo.