Este primer volumen de una serie de nueve bajo el epígrafe Dimension X, cada uno de ellos a ser publicado en un netlabel diferente (toda la info en www.oxygenfad.com), es tan ameno como desconcertante y excitantemente difícil de clasificar. Una electrónica mutante que juega a la variedad, al despiste, a la libertad, a la ruptura de límites de la mano de un músico muy habilidoso programando y que sabe, además, aprovechar la desatención a barreras para poner sobre la mesa, y sin tapujos, cuatro de sus facetas emocionales: la inquietud, la dulzura, el frenesí/alboroto y la lejanía. Nos acechan estructuras angulosas, collages, samples, grandes desarrollos, un artificioso trabajo rítmico de baterías tenaces, enérgicos pálpitos y un destacable afán melódico diversificando las sensaciones. El disco se abre tímido y misterioso, aunque no tardan en echársenos encima mareas de gran actividad. A partir de ya se descubre lo nerviosamente que vive a veces el sonido Oxygenfad. Explora tanto los confines y la desolación como incandescentes capas sonoras, o despliega su juguetería alumbrando imágenes olvidadas de nuestra tierna infancia, sin menospreciar un pequeño lado diablesco. Nada le frena cuando coge velocidad para seguir desencajadamente persistentes pulsos y contratiempos muy marcados e impulsivos, ni cuando se presenta la ocasión de planear melódicamente. Nada se detiene ni se espera que lo haga. Y si le da por ello, es capaz de volverse matón, entrecortándolo todo hasta lograr arrojarte de nuevo al centro de la pista de baile. Tampoco le hace ascos a una discreta granulosidad y a utilizar la música como denso sustrato al relato de una historia y conversación. El hombre de las mil caras a sus anchas y a sus ansias.