Elektrobi nos entrega una amplia muestra de su buen y variado quehacer con los pulsos electrónicos. Pasa de agarrarlos poderosamente, y arañar con ellos, a acariciarnos con un corazón reblandecido, e incluso, para mayor desconcierto nuestro, a llevar a cabo las dos maniobras a la vez, una con cada mano; de transmitir una luz apolínea en algunas partes de sus composiciones, a recavar en lugares más oscuros del subsuelo, a una profundidad a lo sumo dos plantas superior a la de los infiernos, lo que ciertamente despierta nuestro instinto de inseguridad. Músico que domina a un muy alto nivel el lenguaje IDM, a tal punto que hace realmente lo que le entra en gana a cada instante con el sonido como si de un juego de plastilina de tratara, logra jugosas escenas multicolor con diferentes y numerosos planos que se acercan o se alejan de nosotros, y provocando, por ende, tonalidades sombrías que conjugan con estelas de luz muy inmediatas, en otras ocasiones salientes discretamente de lugares más recónditos para recorrer el estéreo panorámicamente. Aparte, mientras pasea sus sentidos por toda una rica gama intermedia de texturas, se ocupa de contrastar superficies muy pulidas con ruidismo granular, encuadrando el todo en ritmos de elegante percusión y melodías de pocas notas cuyos perfiles se van repitiendo y truncando, sometidos a habilidosos desarrollos que se basan en continuas variaciones de los propios sonidos que los integran. Es un proceso esencial de esas metamorfosis climáticas en un mismo tema, que nos adentran en atrevidas aventuras hacia lo desconocido, con fantasía y libertad.