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EL CAS CU» 




Editor propietario; FRANCISCO FERRÉS 

Redacción y Administracioii AISINA 489 faltos' 

HORAS DE OFICINA DE 2 A 5 P. M. 

Precio en la ciudad. . $ 0.45 el número 
fuera de la ciudad. . " 0.20 id 



Fotograbados de CoU 



.2 



EL CASCABEL 






A LA PRENSA 



Eramos pocos y. ahora sere- 
mos más. 

Al aparecer en la candente aj'ena, 
<^ue dicen en sus programas la ma- 
yor parte de los periodistas que to- 
man á lo serio lo del apostolado, 
creemos cumplir un deber de cortesía 
saludando á todos los colegas, in- 
cluso «El Grito de Guerra,» deseán- 
doles tantos años de vida y tantos 
lectores como deseamos para noso- 
tros, que no son pocos por cierto. 



CUATRO PALABRAS 

Señores! 
El Cas 

CABEL, co- 
mo pueden 
Vdes. ver 
por la mues- 
tra, es un 
periódico q' 
tiene por ob- 
jeto hacer 
pasar un ra- 
to agradable; distraer á los que lo 
lean, y hacerles olvidar que hay cri- 
sis y que la cosa pública huele mal, 
ni más ni menos que la Boca, ó 
los mercados de esta ciudad de Can- 
delario y de Bollini. 

El Cascabel no hará política. 
Así es que los lectores pueden es- 
tar seguros de no mantener con su 
plata á un órgano d'e esos señores que 
se empeñan en ser diputados, ó pre- 
sidentes de la República, únicamente 
teniendo en vista la felicidad del país, 
y sacrificando al mismo la apacible 
calma de sus hogares. 

Dada la índole de El Cascabel 
las columnas del mismo quedan 
abiertas á todos los escritores. En 




una palabra, admitimos la colabo* 
ración de todo el que quiera favo- 
recernos con trabajos en prosa ó 
verso, cortos y amenos en lo posible. 
Y ya hemos dicho bastante. 
Ahora juzgue el público, que no- 
sotros aguardamos el fallo. 





ODOS se van, si he- 
mos de creer lo qae 
nos dicen los idiarii^ 
qne llevan la aaenta. 

Ello es que dentro 
de un meS) solo que- 
daremos en Buenos Ai- 
res los espíritus fuer- 
tes que no tememos al sol ni á los acreedo- 
res, y que no tomamos mas baños que itno 
de sudor, durante el dia, y otro modesto, de 
pila, en cualquier establecimiento hidroterá- 
pico. 

Envidiemos en silencio á los que vtó» i 
Montevideo ó Mar del Plata á bañatáé, 
mientras nosotros nos bañamos en nue^ttla 
propia tinta, como un calamar cualquiera. 
El mundo sabido es que siempre dá á 
unos lo que á otros niega, y así vemos éü 
esta época de calores á un sin fin de mucha- 
chos dueños absolutos de unos zapatítos 
amarillos, y de unos cinturones de seda -que 
son la desesperación de ^s que nos vesti- 
mos como si el calor no apretara, y que por 
lo tanto no gastamos esas camisas de seda 
con borlas propias de la estación. 

Ello es que la teimperatura exije imperio- 
samente que nos pongamos en remojo, co- 
mo el bacalao, y hay que obedecer. 

Las señoritas sienten latir con fuenrza sus 
inocentes corazones al oir la palabra mág-ica 



EL CASCABEL 



¡baños! y suefian con los idilios acuáticos á 
que dap lugar las playas. 

tíl viaje, lá llegada al hotel, el paseo mati- 
nal, el baño, los conciertos, bailes y excur- 
siones á caballo, en coche ó á pié, conver- 
sando con fulano, dejándose querer por zu- 
tano ó haciendo sufrir á mengano.... Todos 
son alicientes para no pensar en el calor. 

Repito: envidiemos en silencio á los que 
van á Montevideo y Mar del Plata, y dis- 
frutan de la temperatura, de los baños y de 
buenas vistas, porque sabido es que para 
algunos jóvenes sensibles que se pasan ho- 
ras contemplando el mar con gemelos de 
teatro, ó de carreras, que son de mas al- 
cance, tiene el líquido elemento muchos 
atractivos: pero las bañistas, según se sabe» 
son las que verdaderamente atraen las mi- 
radas. 

I Y no hay para 
menos. Con pa- 
recido espectá" 
culo los baños de 
mar son baños 
de impresión. 

El año 91 
(Q. E. P. D.)se 
ha marchado 
dejándonos s i n 
un medió. 

Ha sido el año de las rifas, tómbolas y 
suscripciones. 

Los verbos pedir y cobrar han estado á 
la orden, ó al desorden si VV. quieren. 

QnéioXz. pechada,Yi\o's. miól y para colmo, 
por si no habia bastóte aún, hemos tenido 
que sufrir pacientemente, y sin abrir el pa- 
raguas, el diluvio de felicitaciones con que 
los peluqueros, los repartidores, carteros, 
limpia botas, etc nos desean mi! felici- 
dades y nos sacan de lo mas recóndito del 
bolsillo los pocos centavos que nos dejaron 
los pobres, los heridos y los perjudicados 
por inundaciones y ciclones. 

Ciudadadano conozco yo, que cada año 
cambia de peluquero al llegar la época de 
Navidad, Inocentes y fin de año. 

Solo así se libra de leer, mientras le afeita 
el oficial salonero, una felicitación concebida 
(con pecado) en estos, ó parecidos térmi- 
nos: 




El peluquero 
que os hermosea 
salud os desea 
y mucho dinero. 

Para propinas se entiende. 

Es mucha cosa eso de que á lo mejor, 
uno esté leyendo una correspondencia 
de las que á La Prensa manda la baronesa 
Livet ó Arsenio Houssaye, y que cuando se 
entera emocionado de que ahora se usan pie- 
les en Paris, ó de que á Arseaio le ofreció (no 
sabemos si se lo pagaría) un polvo, de rapé, 
el emperador Napoleón tercero y último 
irremisiblemente, llamen can timidez á la 
puerta, y aparezca el cartero presentando 
una poesia, propia de Bibolini ó Fragueiro, 
ese brillante americano, pidiéndonos unos 
tristes centavos!... 

Tiempos vendrán en que el aguinaldo se- 
j,á pedido trabuco en mano y en prosa llana, 




ya que, según algunos, la forma poética es- 
ta ya llamada á desaparecer como un Deo- 
doro cualquiera. 

Olvidemos las pechadas pasadas, y acordé- 
monos de que el día de Reyes impone á los 
niños, y á los amantes de la tradición, la 
imposición, que dicen algunos, aunque pa- 
rezca mentira, de los zapatos en el balcón ó 
ventana. 

Yo pongo los mas viejos que poseo, espe- 
rando" que los magos mé favorezcan con 
una lista incomensurable de suscritores. 

Amen. 




DESDE 










Estaba el coche parado, 
Yo me encontraba aburrido 
Y ved aquí reunido 
Todo lo que he observado. 
Una niña de la tierra, 
Un mocito que suspira, 
Un perro que atento mira 
Por ver si viene una perra 
Llega la perra. Emoción 
Se4ineá laniña él doncel 



Parejas. ¡Lo que puede el 
Instinto de imitación! 
Dos tipos estrafalarios 
Que á alguna fiesta concurren 
M.itrimonios que se aburren 
Como en días ordinarios. 
Ahora pasa un caballero ^ 

Con el pelo muy crecido 
Ese se encuentra aburrido 
Del mundo ó del peluquero. 



EL COdHE 



V 












Entre velos misteriosos 
Pasa una dama tapada 

Y la cual no enseña nada 
Sino unos piea primorosos 
¿PoT qué se tapará tanto 

Y los pies enseñará? 
Es que sabe que por la 
Peana se adora al santo. 
De un almacén titulado 
«Las luces» sale un beodo 



Título que explica todo 
El hombre sale alumbrado. 
«A los céfiros ligeros» 
«Confecciones de señoras» 
¿Señoras? ]Y hace dos horas 
No entran mas que caballeros! 
Sucede algo que me callo 
Aunque no tiene disculpa 
Problema, ¿Tendrá la culpa. 
El cochero ó el caballo? 



EL CASCABEL 



EL ESPEJO 




Emilia tenia la ^^^y 
intuición de que 
aquella noche iba 
á ocurrir algo grande, algo inesperado. ¿Tal 
vez Pedro me dirá algo? pensó. No, no 
susurraron sus labios, desmintiendo á su 
convencimiento, como si temiese soltar pa- 
labras que luego habría de retirar. 

La excitación la dominó durante toda la 
velada; £1 salón ée^^iíSlaLba aquella noche 
lleno de luces y ét ñot&itt con mas luz que 
bellezas, y mas fei^le2!á»<^ue aromas; sin em- 
bargo á Emilia le parecía que la música 
era lenta y éi v^ls danza de ceremoniosa 
etiqueta; esperaba, crfia que iba á llegar el 
acontecimiento y sentía algo vago como flui- 
do misteriosa que se acercaba. 

Detrás de uno de los grandes espejos ro- 
deados de macetas oyó la voz de Pedro. 

— ¡Ahora! — le dijo un latido fuerte, un 
vuelco de sangre inesperado. 

Escuchó con atención. 

— ¿Y te casarás con ella? — preguntó una 
voz. 

— No — contestó la de Pedro — Emilia no 
me llena. Es tan fea. . . 

jCómo palideció la mujer! Con un movi- 
miento de muelle que se dilata, miróse en 
un espejillo que llevaba incrustado en su 
abanico, y murmuró inconsciente, como pre- 
gunta, con tono de juez y de víctima: 

— ¡Fea! ... 

. n 

No se casó Emilia. Aquella palabra que 
la hizo palidecer tanto, fué esfumándose en 
su cerebro. Sus sentimientos y su sensibili- 
dad se fueron enmoheciendo. Fué una solte- 



rofa?i'de|asínás ágj?ias,t(íe las mas impertí-' 
nent^, de las más murmuradoras, de las 
mas desapiadadas con las debilidades' que á 
ella le habian sido vedadas. . . 

Cayó enferma. La desilusión la hizo cer- 
rar mas pronto los párpados. La intempe- 
rancia dominó en su enfermedad. Sentía en 
derredor suyo una atmósfera impregnada 
con los deseos de todos: 

— ¿No se morirá de una vez? 

Y entonces halló un placer vengativo, 
cruel, en mortificar con su vida, en moles- 
tarles con sus displicencias de solterona 
irritada. 

Un dia en que el crepúsculo llenaba su 
alcoba, la respiración de su pecho se con- 
tuvo. 

— ¿Ha muerto?— dijo una doncella. 

—No, respira,— contestó otra camarera y 
aproximando á los labios de Emilia, un es- 
pejo, el espejillo aquel del abanico, esperó 
para ver si lo empañaba el aliento. 

Mustiamente abrió los ojos la paciente, 
los paseó con desabrimiento por la cá- 
mara y al fijarse en el cristal azogado, dio 
un grito, un grito leve, sofocado: 

— ¡Fea! — pronunciaron sus lábio& 

Y el crepúsculo condensándose, tomó la 
forma del salón aquel. Oyó Emilia la voz de 
Pedro, sintió una rabia sorda, mordió la sá- 
bana y arrojando lejos de sí, con un último 
esfuerzo, el espejito, murió. 




HISTORIA PARA MIS HIJOS 



(cuando los tenga) 

Casado Don Sixto 
Con Doña Rup)erta 
Estaba él muy triste 
Y muy triste ella 
Porque_no podían 



M 



EL CASCABEL 



Tener descendencia. 
Un dia á su esposa 
Con cara risueña 
Le dija Don Sixto: 
^-TfitHlííwnos ¡eurekal 
Pojár^ #rte un niño 
,§iiin i^ño deseas 
— ¡Ay/sif 

—Y rubio y blanco 
Si quieres 
—¿De Meras? 

— Sin dada. Hazme un croquis 
Del nene qne anhelas 

Y marcho y me vengo 
Con él á la vuelta. 

Se armó del diseño 

Y en una carrera 
Don Sixto avistóse 
Con una cigüeña 




Que tiene un vivero 
Allá en las afueras 
De niños y niñas 
De castas diversas. 
Le dio las medidas, 
Los datos y señas 
Y entonces el ave 
Buscó con presteza 
Un niño lo mismo 
Que el que le pidieran , 





Tonaole en el pico 
Y vuela que vuela 
Llegóse á la casa 
En donde la esperan, 




Buscó el oriñcio j 
Déla chimenea 
Gritó: — ]ahí queda eso! 

Y echó con prudencia 
í'or el negro tubo 

Su carga ligera. 
Tal dia en la casa 
De Doña Ruperta 
La dueña oñciaba 
Como cocinera 
De la portadora 
Oyó la advertencia 

Y recibió al nene 
Con tiento y cautela. 

Y así realizada 
Del todo la idea 
Vivió el matrimonio 
En dicha completa 




A los que deseen 
Tener descendencia 
Podríamos darles 
Si quieren las señas 
Para que recurran 
A aquella cigüeña 
Que tiene un vivero 
Allá en las afueras 
De niños y niñas 
De casta,! diversas 

Luis Garda. 



.-;1 



:j 



ALCOHOLISMO 




-^.r^'- 




Yo soy radical y me tomo una copa 
de cAnis Alem.» 



Es preciso acabar con los que beben 
nuestra sangre... ¡Otra copa! 



á 



i 





# 



i 



^1 actual gobierno tambalea.... 



Tambalea mucho 



Cu; 



o POLÍTICO 




Y forzosamente caerá. De lo contrario. 





El pueblo'eoberano.... 



\7 '^f"*' 




Cuando pretenda levantarse 



Se hallará encadenado y oprimido por el poder. 



lO 



EL CASCABEL 




CALANDRIA Y MAZACOTE 



RECUERDOS DE ENTRE-RIOS 

A M. Leguisamon. 

En un recodo de cierto arroyo cuyo nom- 
bre ignoro — uno de tantos pintorescos como 
hay en mi tierra, que se enroscan y se es- 
tiran como inmensas víboras plateadas, para 
llegar, saltando de cuchilla en cuchilla y de 
ladera en ladera, bajó la arcada sombría dé 
los montes seculares, donde se expanden y 
se ensanchan como gozosos de haber esca- 
pado al sol del llano, — en un paraje llama- 
do El Faso del Molino, existia en 1875 
una pobre pulpería, paradero obligado de to- 
doslos que excursionaban del pueblo vecino. 

Allí conocí yo, en ese entonces, al céle- 
bre Calandria — Servando Cardoso — el últi- 
mo gaucho peleador, que recorriera aquella 
comarca inolvidable que baña el Uruguay. 

Varios muchachos andariegos alcanza- 
mos, cierto dia de paseo, á la lejana pulpe- 
ría, y allí topamos con el que era terror de 
policías y héroe famoso de cuánta aventura 
novelesca forjara la mente popular, hecha 
ya á considerarlo como expresión genuina 
de todas las desventuras que afligían por 
esa fecha á aquella tierra de Entre-Rios, 
tan bella como injustamente desgraciada. 

Estaba sentado en un banco de madera, 
colocado no lejos de la puerta, hacia afuera 
del mostrador de pino pintado de rojo os- 
curo, sobre el que se destacaban, plomizas 
y brillantes, las chapas de zinc claveteadas 



de amarillo, que forraban la cara superior. 

Tenia la cabeza negligentemente i;(^costa- 
tada en la baranda de fierro — qu& gsfütjLina 
hilera de pequeñas lanzas puntiagudas ppiúa 
una valla entre el pulpero y los clientes, no 
siempre gente de confianza, — las piernas 
estiradas sobre el banco, un vaso dé caña 
al alcance de la Jiotino, y, departia amigable- 
mente con el o^gpcian^ íactramurano, que, 
sentado en uoa silla del lado de adentro, 
daba la espalda al anaquel cargado de bote- 
llas y festoneado de cajas de sardinas y rosa- 
rios de butifarras, qti^ C9rria á lo largo del 
muro. 

Mas que en conversar, par€€ráLn. acubados 
en estudiar el volido de las moscas altr^e- 
dor de la vidriera colocada en el otro ex- 
tremo del mostrad©! y llena de masas y 
confituras, — que rivalizaban no splo en co- 
lores originales sino en estructura capricho- 
sa, — ó en descifear el himno monótono 
y adormecedor coa - que las , chicharras 
ocultas entre el follaje celebraban las deli- 
cias de la sombra, huyendo de los rayos 
de sol, que al moverse las hojas con í^ 
brisa, saltaban de gajo en gajo, yendo á 
quebrarse en chispas deslumbrantes sobre 
sus cuerpos rechonchos, irisados y bruñidos. 

Allá arriba, en el techo, chillaba angus- 
tiada una mosca calavera, qu^ aprisionada 
entre las telas de una araña cazadora, veia 
llegar con pena el fin de sus correrías, co- 
reando sus lamentos el zumbido entrecorta- 
do de las avispas que tenían sus nidos de 
barro adheridos Á la paja, allá en los cabe- 
zales de las tijeras, y que entraban y salían 
de la casa, como sí fueran sus dueñas. 

Nuestra llegada turbó la paz y la quietud 
en que se hallaban, despertándolos, casi de 
golpe, de la especie de somnolencia en que 
yacían. 



« * 



Era un gaucho de talla algo menos que 
mediana, delgado, de color retrino, de pó- 
mulos salientes y de cara angulosa, encua- 
drada por una barba escasa, descolorida y 
mal cuidada y por un sombrero chambergo 
de felpa, grasicnto, de alas resquebrajeadas 
y de copa en que el uso había tallado con 
torpeza un cuasi-cono, de color indefinible, 
— casi verde de puro viejo — aditamentado 
con un barbijo lleno de borlas y caereles 



EL CASCABEL 



II 



que, de usados, ya mostraban bajo las hila- 
chas desflocadas, la madera negruzca que 
lesservia de armazón. 

Vestía una bombacha de brin que habia 
sido plomizo, amplia y ajada; calzaba unas 
botas de becerro ordinarias, que no cono- 
cian el betún ni de nombre y sin mas lus- 
tre que el que les sacara en el primer tercio 
delantero del pié y hacia los costados, el roce 
frecuente del estribo metálico, y, cubria su 
busto — un tanto escueto y cargado de espal- 
das, como de persona habituada á estar sen- 
tada — con un poncho de lana imitando vi 
cufia, listado de colores vivos y cuyos bor- 
des se doblaban en un solo pliegue sobre los 
hombros, dejando en libertad los brazos 
delgados y sin vello— -cubiertos por una ca- 
misa de liencillo de un blanco dudoso, cuyas 
mangas se arrollaban como á la mitad del 
ante brazo formando un buche — y hacia el 
lado derecho, el mango negro con virolas 
de plata, de un pequeño facón atravesado 
á la cintura, del cual pendia — pasado por 
la manija — un rebenque de cuero crudo 
que le caia por atrás y bajo el poncho, 
como una cola. 

Emprendimos conversación sobre gene- 
ralidades: el gaucho de rato en rato se aso- 
maba á la puerta, miraba su caballo que es- 
taba allí cerca con las riendas sobre la 
cruz y sin mas recado que una jerga raya- 
da de punzó, tendida sobre el lomo y que, 
poco a poco, habíase corrido hacia las ancas 
impulsada por sus movimientos al espantar 
las ínoscas fastidiosas que venían á pararse 
sobre su piel, ó los tábanos cabezones y si- 
lenciosos, cuyo aguijón ávido de sangre ja- 
más permanece ocioso: luego volvia á su 
asiento y entre trago y trago, nos referia 
sus correrlas recientes y sus esperanzas de 
componerse con el gobierno. 

De repente, en una de sus salidas, excla- 
mó, mirando un tenue remolino que corría 
allá, sobre la cresta de una cuchilla lejana — 
fuera del monte que nos rodeaba, — y que 
para otra persona menos perspicaz, no hu- 
biera pasado de una nube de tierra impulsa- 
da por el viento: 

— Ahí viene Mazacote con dos soldaos!.. 
Ha é venir de Colon! Vía esconder el caba 
lio pa no asustarlo!... Si me vé quizás le su- 



ceda una desgracia y.... tenemos visitas!... 
agregó sonriendo. 

Nosotros también nos reimos: se trataba 
de un mulato rubio, flacttchon, picado de 
viruelas, feote, que era comisario y cuyas 
ínfulas de bravucón y matasiete, eran el 
hazmerreír de la comarca., que lo sabia un 
infeliz, por mas que él, al caminar, hiciera 
repiquetear con el talón, á cada paso y de 
puro compadre, la charrasca que llevaba 
prendida á la cintura y que mas le servia de 
incomodidad durante sus grescas frecuentes 
con ios alumnos del Colegio, que acostum- 
braban llamarle por su apodo, cosa que lo 
desesperaba. 

Cierta vez, recuerdo, el actual juez de 
comercio de la capital Dr. Luis A, Peyret, 
que era entonces un moceton fornido y 
musculoso, gritaba al lado suyo á voz en 
cuello ¡Mazacote! ¡Mazacote! lo cual oíalo 
distintamente el aludido, pero no atrevién- 
dose sin embargo con el gritón, exclamaba 
con tono confidencial dirigiéndose á aquel 
que lo molestaba y para ver si obtenía su 
silencio: 

—Oiga á los colegiales!.. , Mire si son ca- 
nallas!. .. gritan de lejos, porque me cono- 
cen!. .. Ah!. . . sí yo agarro alguno, qué. 
felpifldaH 



» 



Llevó el gaucho su caballo— demasiado 
conocido detrás de un pequeño zarzal que in- 
terceptaba la vista y luego que volvió, puso 
el oído hacia el camino y dijo: 

— Ya se oye el ruido de la chafalonía. . . 
me vi á esconder! 

Y desapareció detrás de la batiente de la 
puerta, de una sola hoja, de ñandubay, ma- 
ciza y de una pieza, hecha como para re- 
sistir el empuje del anca de un caballo- 
ganzúa que usaban los gauchos para fran- 
quearse la entrada de los ranchos, cuando 
era la violencia el único medio ^jue pudie- 
ra asegurarles el logro de una empresa de 
amores ó de pillaje. 

No se habia acomodado aún en su escon- 
dite, cuando ya Mazacote estaba gritando á 
la puerta de la pulpería, adonde habia lie- 
godo al galope^ seguido de sus soldados que, 
con el kepí sobre los ojos y la caí ahina 
asentada la culata sóbrela delantera del re- 



I 



12 



EL CASCABEL 



cado, tenían ma-; aire de bandoleros que de 
guardianes del orden . 

— A ver, pul^jerol ,..,¿Qué gente es esa 
que está de ri mion? .... ¿Ya no le he dicho 
que no me gi stan las riuniones? 

—Son colf giales paseanderos, sefiorl . . . 

— Ahí ab 1 . ; . ¿colegiales eh? . . . Vamos á 
ver si aura gritan lo que gritan en el 
pueblo... 

Y habí ndo concluido la operación de 
manear s i caballo, entró á la pulpería arras- 
trando ' 1 sable sonador y con la mano co- 
locada como al descuido, sobre la culata de 
un trabuco naranjero que traia atravesado 
hácir adelante bajo la faldilla de la amplia 
blu; j. celeste con botones amarillos, que cu- 
br' i su busto. 

— Buenos dias, caballerosl 

— Buenos dias, comisariol 

— ¿Y?. . .¿qué se hace? 

— Paseando con el día lindo, dijo alguno 
á quien hacia menos cosquillas la risa que á 
los demás nos ahogaba. 

— ¿Pasiando, eh?. . . Está buenol. . . Va- 
mos á ver .... ¿quién paga la copa?. ... no 
han de andar pasiando sin plata! .... 

Se sirvieron copas, se emprendió la con- 
versación buscando nosotros pretexto para 
reimos sin provocar desconfianza y derre- 
pente uno dijo: 

— Diga, comisario, ¿no lo ha visto á Ca- 
landria por ahí? 

—¿Quién?. . . .¿Yo?. ... Jal Ja! Jal. . Cree 
que Calandria es sonso, para ponerse delan- 
te mió? . . . Gaucho mas pillo!! . . . Cuando 
él saie que yo ando puaquí, agarra pá aliá... 
pala costa é Gualeguaychú . . . . Si es una 

basura el t il Calandria Güeno pá asustar 

viejas y gringos! 

# * 
La puer; a se abrió de golpe y Calandria 

en un abrir y cerrar de ojos estuvo ante el 
comisario, CjUe temblaba, haciendo repique" 
"tear todas las qadenitas y argollas de su sa- 
ble, y lo mil aba con tamaños ojos, pesta- 
ñeando con una rapidez que, en otras cir- 
cunstancias, hubiera sido cómica: 

— ¿Qué dice, Don?. . . con que asusto vie- 
jas, no? 
. > 

¿ • • • • • 

— Güeno! . . . Chúpese esa caña que tiene 
en el vaso, monte á caballo y, sin dar güelta 



la cabeza, marche pal pueblo! . . . Vamos, 
ligeritoH 

El guapo hizo lo que le mandaban, montó 
á caballo, volvió riendas y. . seguido de 
sus soldados, se perdió allá en las sinuosida- 
des del terreno siguiendo el ancho camino 
polvoroso. 

Fray Mocho. 




En sus ojos enjutos, mortecinos 

No hay vestigios de llanto 

Y su semblante pálido y marchito 

No contrae el horror. Pero sus labios 

Secos, descoloridos; 

Su cuerpo débil, flaco-, 

Sus pasos vacilantes y tardíos. 

Las frases emitidas con desgano 

Y, su aire abatido. 

Enseñan al espíritu más tardo, 

Que en aquel edificio 

Hizo llamear la adversidad sus rayos... 

Le pregunté quien era, y distraído. 

Sin detener sus pasos, 

Encorvándose más, pasó y me dijo: 

— ¡Yo soy el presidario! 

M. Bahamonde. 




EL CASCABEL 



13 




Los teatros, como los ne- 
gocios sufren una crisis regu- 
lar, si exceptuamos el teatro de la Comedia 
que se parece al gobierno en eso de engor- 
dar y cobrar á pesar de todas las crisis ha- 
bidas y por haber. 

Hay en Buenos Aires un núcleo de apre- 
ciables artistas y reuniendo los mejores en 
un teatro podría formarse indudablemente 
una buena compañía. 

Pero. . . maldito pero. Por ahora hemos 
de conformarnos con ir al teatro tal, para 
oir á la tiple X. 

Vamos al teatro cual, para aplaudir al 
actor N. y así sucesivamente vamos de un 
lado para otro en pos de artistas determina- 
dos, prescindiendo en absoluto de las demás 
partes. 

En números sucesivos nos ocuparemos 
particularmente de cada teatro: en el pre- 
sente no lo hacemos y si de teatros nos ocu- 
pamos es únicamente para anunciar que Eí 
Cascabel tendrá una sección destinada á to- 
do lo que á arte y artistas se refiera. 

Haremos constar que la Comedia se vé- 
como siempre, favorecida por una numerosa 
concurrencia que aplaude constantemente á 
los artistas, especialmente á Gil que es, por 
mas de un concepto, merecedor del favor 
del público. 

El Pasatiempo, es después de la Comedia, 
el teatro mas concurrido, contribuyendo á 
ello la frescura del local y los esfuerzos que 
hace Orejón, por presentar obras modernas 
como «El rey que rabió» y «La choza del 
diablo». 

Onrubia, Novedades, etc. tienen sus no- 
ches y cuentan con buenos elementos, en 
especial el primero. 

Desde el próximo número daremos mas 
detalles, analizando el trabajo de los artistas 
y los esfuerzos de los empresarios, deseando 



aplausos, que no siempre podremos otorgar, 
á Jos primeros-, y dinero á todos. 

^ Par'.quin. 




De cuando en cuando, El Cascabel pu- 
blicará piezas de música para piano. 

Por ejemplo c lando se estrene una zar- 
zuela, inmediatan ente ofreceremos á nues- 
tros lectores el n imero de música que mas 
llame la atencior . Al mismo tiempo, algu- 
nos compositores .:onocidos han prometido 
honrarnos mandan lonos composiciones iné- 
ditas. 

Todo lo que con unicamos á Vds. con el 
mayor placer para -ue vean que no pode- 
mos hacer, mas para retribuirles la protec- 
ción que, naturalraen t, han de dispensarnos. 

Leo y me ruborizo. 

«Cocinera que entien la de cociqa, se pre- 
cisa una con cama para dos personas. 
El tal anuncio n e escama 
¿Por qué pedir! vi e Dios! 
Una sirvienta con .-.ama, 
¡Y con cama para v'os. ... 1 

El pastelero Malha ta 
Siempre reniega y m Idice, 

Y aun hay candido que dice 
Que es hombre de bu. aa pasta. 

Y añaden, que por su nal. 
Sorprendió á su esposa infiel 

Y se descubrió el pastel; 
¿Hay cosa mas natural? 
Ella, mujer de su casa. 

Se afanaba á lo que infiero 
Pues la encontró el pastelero 
Con las manos en la masa. 






14 



BI. CASCABl^lL. 



Pues señor, el dia primero de afio salie- 
ron por esas calles de Dios, un buen grupo 
de peones, armados de un balde lleno de 
engrudo, un pincel y bastantes miles de 
avisos que para anunciar la aparición de El 
Cascabel haciamos pegar en las esquinas 
y demás sitios de costumbre. 

Los celosos vigilantes que no ven robar, 
cuando un caco roba, vieron á los peones 
ocupados en la faena de pegar carteles, y, 
como el caso era grave, hicieron una arreada 
para las distintas comisarias que existen en 
la capital. Los peones juraron que en la 
redacción vieron el permiso de la oficma 
anunciadora municipal; dieron el nombre de 
nuestro director, las señas, el domicilio. . . . 

Y, nada: la policía, siempre recta, y rebo- 
zando sentido común como de costum- 
bre, impidió la fijación de carteles, tuvo pre- 
sos á los peones y nos reventó á nosotros que 
habíamos gastado un dineral en avisos. 

)]Dios se lo tenga en cuenta....!! 



AVISOS 



EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 

REDACCIÓN Y ADMINISTRACCION 

SUSCRICION 

Capital tres meses. . . 

Número corriente. . . 

Id atrasado. . . 

PROVINCIAS 

Número suelto 

Todo los pedidos para provincias 
han de dirigirse á tEl Comercio 
Universal Unido > calle 25 de Mayo 
Núm. II, Buenos Aires ó á sus 
agentes del interior. 



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Editor propietario: FRANCISCO FERRÉS 

Redacción y Adininisiracion ALÍ^INA 489 (a 

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(Foto— grabados de Coll) 



Si la Comedia so llena 
Una noi-lie, cien v mil. 
Es porque llena lá e.scena. 
Con su vis eóuiiea, Gil. 



i8 



EL CASCABEL 



i Muchas gracias f 



AS damos, y muy 
repetidas, á todos 
los diarios que 
con tanta benevo 
lencia y con tan 
laudatorias frases 
han anunciado la 
aparición de El Cascabel. 
Gracias colegas ^ 




¡Salud y mucha 



circulación! 




UNA de dos: ó fiebre amarilla ó fiebre po- 
lítica. Son los temas que se. imponen 
ahora, y no se puedehablar de otra cosa. 
El caso es que estaraos preocupados con 
esto déla futura presidencia, y las próximas 
elecciones, y tenemos la obligación de exal- 
tarnos y encontrar que fulano es malo como 
candidato^ que zutano es peor y mengano es 
el peor de los malos. 

Nada; que hoy día hemos sentado pja^a de 
Diógenes todos los vecinos de la capital, y 
andamos, como el sabio 
'filósofo, buscando nuestro 
hombre. 
Es decir, un hombre. 
Y cuidado que la tarea 
es enojosa. 
¡Ya lo creo que lo es! 
Los corredores de can- 
didatos, (que eso vienen 
á ser los agentes elec- 
torales) no tienen un mo- 
mento libre. Todo lo 
absorbe la política, y úella 
sacrifican el reposo, la alimentación y hasta 





los paseos, en compañía de la familia, la se- 
ñora y la niña, que á veces dan por resftlta- 

do la colocación 
de esta. 
Esta es la niña. 

Porque la se- 
ñora está coloca- 
da. 

En un brete. 

A lo menos asi 

me lo hizo saber 

no ha mucho la 

de un agente de 

esos. 

—Ahora no sosegamos en casa— me decia 
la interfecta. 

— Aii, señora!— respondí yo— crea V. que á 
mi me pasa lo mismo: tengo un vecino, entra- 
do en años y en carnes, que aprende á tocar 
el bombardino y no nos deja comunicar con 
la familia mas que por signos. Sus soplidos 
son tan fuertes que llenan de ruido las ha- 
bitaciones. ... 

—No, no me quejo de los vecinos, fe^; 

—La niña tal vez — 

— Cá! La pobre desde que su novio esta 

fuera, se pasa las horas suspirando y leyen- 
do poesías del Dr. Várela. 

—Desesperada estarál 

—Más lo estoy yo. Porque ha de saber que 
mi marido se ha entregado en cuerpo y al- 
ma. ... ' . i 

—Al vino? 

—Peor. A la política; y desde que lo han 
hecho de un comité de propaganda no para 
un minuto en casa, todo lo encuentra malo, 
no puede sufrir que le hablen de los asuntos 
domésticos, de las cuentas á pagar 

— Lo creo, señora. 

— Compadézcame, amigo mío, y vea si pue- 
de V. curar á mi marido de estas manías 
políticas 

La pobre señora me contó varías miserias 
intestinas y familiares, y acabo pidiéndome 
dos pesos, pues el picaro del marido habla 
gastado los últimos centavos en papel de ofi- 
cio y plumas inglesas para el comité de pro- 
paganda. 

Maridos hay que llegan á casa echando 
chispas y pisando á sus tiernos vastagos. 

— Esposo, que vas á tumbar al nene — les 
dice cariñosamente la consorte. 

—Al nene? ¡al gobierno tumbaremos! ese 
si que es nene. .. .Vamos á ver; la sopa, 
pronto. 

Se sirve la sopa; grito estridente. 

—Esto está que arde! 

-Qué? ■ "^ ,.^ 

—La sopa. Y la política también.' 

— Pero no bebes? Hombre, cálmate: no to- 
mes las cosas tan á pechos.... 

— Con un adoquin me los golpearla antes 
de imitar al pro-secretario del club. 



KL CASCABKL 



ip 



—Que ha hecho ese señor? veamos. 
* —Se ha pasado á los otros. Total, porque 
le han dado un empleo de portero en una 
oficina, con cincuenta pesos al mes. ...¡co- 
chino! 

= — Quieres puchero? A ver unas papas, este 
poco de zapallo 

—No! que me recuerda á D 

Y asi pasa su vida nuestro hombre. Cor- 
riendo en pos de 

De qué? 

Pues de que triunfen los suyos y en premio 
le den una plaza de vigilante. 

Porque no todos pueden lograr concesiones 
y contratos fructíferos. 

Y en tanto el pais navega.... 

Huyamos de la política, y tengamos com- 
pasión de los que gozando buena salud, y bar- 
riga, se meten en el intrincado laberinto po- 
lítico y pierden tiempo y dinero que no re- 
cobran. 

A no ser que el pais se lo devuelva con 
creces el dia del triunfo. 
Que ya se han dado casos. 

Y muy escandalosos, por cierto. ^ 

* * ■ 

Antes de poner punto, hago constar que 
quedo muy reconocido á El Argentino por 
la reproducion que hizo de mi «Charla» an-. 
terior^ -y que los elogios que han tributado 
á El Cascabel todos, ó casi todos, los cole- 
gas me han conmovido, como pueden con- 
mover á un padre los elogios que dirijan á 
un hijo querido. 

Después de esta figura cursi voy á leer El 
Nacional. 

¡A ver si conciUaré pronto el sueño! 



c-' 




HUmORADAS 



Me juraste á las ocho amor constante 
y á las nueve te vi con otro amante; 
no creas que lo siento, 
pero, como te pille, te reviento. 

Cada vez que me encuentro á tu marido, 
recuerdo lo que de él me has referido. 
Alguno habrá que al verme ha recordado 
todo lo quede mi le hayas contado. 
Y entretanto, me rio de aquel bruto, 
como de mi se reirá mi sustituto. 



Cuando niña eras casi una Lucrecia; 
te mudaste, al casarte, en Mesalina; 
hoy, que toda la gente te desprecia, 
no harás mal en volverte Celestina. 

Me afligió tu traición de tal manera ^ 
que un pellizco le di á la cocinera. 

Se da golpes de pecho don Severo, 
y ante el altar mayor reza Jesusa: 
él dá al ciento por ciento su dinero, 
y ella tiene dos chicos en la Inclusa. 

No me pidas cariño ni dinero, 
pues he dicho que dártelos no quiero. 
Dirás que soy un miserable, un pillo, 
y es que no sabes que tu amor sincero 
me secó el alma y me vació el bolsillo. 

Eres viuda dos veces, y sospecho 
que quieres atrapar tercer marido. 
Vamos, mujer, descúbreme tu pecho... 
¡Tapa, tapa, por Dios! No has entendido. 
Yo te hablaba en sentido figurado, 
y tú al pié de la letra lo has tomado. 

F. DE V. 



EXlA-IMIEIsr 




Esos rizos juguetones 
de tu brillante melena; 
esa frente pura y llena 
de risueñas ilusiones: 
esos ojillos bribones 
que el mirarlos enagena; 
esa boca que envenena 
de ojuchos, los corazones; 
ese cuello tan gracioso; 
ese seno palpitante; 
ese brazo tan hermoso; 
esa cintura elegante; 
ese... que siga el curioso 
que haya visto lo restante. 



lO 



EL CASCABEL 



POLÍTICA 




-«El banquete ofrecido á nuestro candidato. . 
-Hombre! Quisiera ser candidato. 
-Usted ? 
-Sí; aunque solo fuera por lo del banquete. 



LA CITA. 



s- 



^ )ABiENDo que se In ngunrd;i 
No se apresura ú venir.... 
Ya sube... ¡que ha de subir! 
¡Pero señor cuanto larda! 
,, ¿Qué puede haber sucedido? 
¿Acaso no estará buena? 
¿Una amiga? La novena? 
¿El tirano del marido? 
Aunque pienso no lo entiendo. 
Bueno, pues la esperaré 
¿Y en tanto qué hago? Ya sé 
Pasaré el rato escribiendo. 
Vaya no' levanto mano 
Y escribo hasta terminar, 
Justamente he de enviar 
Mi prosa «Al hogar cristiano» 
He de escribir algo serio. 
¿La virtud? Eso es ridículo 
¡Ah! ya he pensado el articulo. 
Buen titulo «El adulterio» 
«Del espíritu la higiene 



Que hace del mundo un edén — » 
Esto me iia quedado bien....' 
Pero Enriqueta no viene 
«La razón del existir 
Echan muchos en olvido. 

Y el mayor monstruo» ...Ei marido 
No me la deja venií 

«Tan solo llenan; su yida. 
Con las soírées y el tocado — » 
¡Vayal ya me he olvidado 
No traje agua de Florida... 
No me disgusta lo escrito: 
Virtud, honor, sentimientos. 
Dios, hogar, remordimientos, 
¡Anatema! Muy bonito. 
Ahora acabemos así: 
(ijtiozad de amor infecundo! 
Que llegará el fin del mundo 
¡Y si llega! ...»¡Ya está aquí! 
—¡Pepe! • f , 

— Al cabo bien amado? 
Pero ¡á lo último has venido 
¿Te entretuoo tu marido? 
—¡Celoso! 

—En fln ya has llegado. 
Deja que estreche ese talle 
Tallo de una flor lozana 
— ¡Mira, cierra la ventana 
Que nos ven desde la calle. 

V 

Se oye un confuso rumor 

De— ¡Te adoro!— ¡Nos amamos!— 

Y lo demás lo dejamos 
Para el curioso lector. 

— jAy que tarde. 

—¡Vida mia! 
¿Te vas ya? 

—Volveré pronto. 
Déjame, no seas tonto. 
—¡Adiós mi ahnn! 

—Hasta otro dia. 

—Estoy loco de contento. 
¡Qué placer! -¡Esto es vivir! 
¿Y el articulo? ¡A escribir! • 
Lo acíibaré en un momento. 
«De su amorosa querella 
Siendo ella infiel y él infiel 
¡Anatema sobre él! 
¡Execración sobre ella!» 
¡Diablo! ¡Soy un mentiroso! 
Pero se explica la cosa: 
¡El amor para la esposa! 
¡Lo escrito para elj esposo! 

Luis Garda. 



' — vt^)|(^U/v-- 



EL CASCABEL 



21 




Pero no nos matará. 



AL GALO PE 

{Traducción del francés) 

La noche está oscura y tempestuosa. Por estrecho 
sendero que se dirige en zig-zag desde la falda hasta 
la cumbre del monte, rompiendo ramas y haciendo sal- 
. tar las piedras, huyen al galope de sus caballos el se- 
ductor y la infiel esposa. A pesar de lá rapidez de 
la marcha no dejan de hablar. 

— Van á alcanzarnos — dice él. 

— ¡Dios mió! — exclama ella. 

— Si nos mata . . . mucho mtíjor. 

— ¡Oh! sí, sí. . . i qué nos mate ! • 
— A tí porque te adora.... 

— Yo le odio con toda mi alma. 
— Y á mí porque me aborrece. . , 
— ; Por qué ? 

— Porque querrá vengarse de un modo mas horrible. 
— ¿ Cómo ? 

— Separándonos para siempre. .. Condenándonos á eterno sufrimiento. 
— ¡Oh, desesperación! 

— Sabe que matándonos nos haría dichosos. ... 
. — ¡Dios mío!... ¡Dios mió!... 

Hubo un silencio de algunos segundos duranto los cuales se oyó el galopar de 
los caballos y el sordo rumor de las aguas de un torrente. . . Confundiéndose con 
estos ruidos sonó de pronto otro que llenó de espanto á los dos amantes. 

—¿Estás cierto — gritó ella con voz angustiada — de que no queda ningún medio 
de salvación ? 

— Ciertísimo. 

— ¿Y vamos á vivir sin vernos.'' 

—¡Sí! 

— Pues bien. , . . ¡muramos! 

— Eso iba á proponerte. 

— Escucha : á lo último de esta senda ... 

— Hay un precipicio, ya lo sé. 

—Clava tus espuelas en el vientre del caballo. . . yo haré lo mismo. . . rodare- 
mos juntos. 

— Sí . , . ya voy. .. Dame un beso antes ... ¡último! -^ 

— Te lo daré en la muerte. , . ¡corre que nos alcanzan! ^ 

Uno delante del otro, los dos caballos corrieron con rapidez vertiginosa. El 
del seductor se hundió en el vacío ... Entonces olla tirando violentamente de las 
bridas y recurriendo "á su habilidad de amazona, consiguió detener el suyo en 
el borde tlel precipicio. Y á la cárdena luz de un relámpago contempló indife- 
rente como rebotaba de peña en peña el cadáver del hombre que había sacrifica- 
do su vida sin vacilaciones de ningún género. . . 

CÁTULO MENDÉS. 



ARMOlSri A 



Tocata la hermosa Lola, 
la esposa de don Casiano, 
una sonata al piano 
con la mano izquierda sola. 

4Y, es claro, la sociedad 
aplaudía con fruición 
su pasmosa ejecución 
y su rara habilidad! 

— ¡Cómo toca! jSi es divinal 
— |Es una cosa preciosa! 
—¡Y la música es hermosa! 
— ¡Una pieza peregrina! 



— jQué extraño que no se pierda 
ni un compás! — ¡Es soberano! 
— ¡Y todo con una mano! 
¡Con una sola! ¡Y la izquierda! 

Y todos, á la señora 
que su habilidad lucia, 
aclamaban á porfía 
como á ilustre profesora. 

Y esto que oyó don Casiano, 
exclamó con gran llaneza: 

— ¡Pues aun es mejoría pieza 
que toca con la otra mano! 






' •*• 



22 



Kl. CASCABEL 



¡AlOR i MilClLIO! 



¡ÍBE3SOS ART1FICIAL.ES!! 



SOCIEDAD ANÓNIMA 

d* 
«Aparatos Jakson» 



CAPITAL : lO.OOO.OOO $ 



Respetabl; señor: Entre el número de 
inventores que mas han contriL^uido al pro- 
greso de la civilización, ycuyo nombre figu- 
rará en el libro de oro de la humanidad, 
hay que citar, en primer término al célebre 
Jakson, de Chicago, por la invención de 
un aparato para la producción de besos ar- 
tificiales, que nos permitimos recomendar á 
V. por la presente. 

Deseoso de contribuir en cuanto pudiera, 
de una manera económica, y sin la pérdida 
de tiempo que suponen los preliminares en- 
fadosos de hacer el amor. . . etc., á satisfa- 
cer esa necesidad de ternura qiie existe en 
el fondo del corazón humano, y que ha sido 
causa de tantas catástrofes, suicidios y ban- 
carrotas, por las contrariedades y gastos 
que ocasiona, Mister Jakson ha concebido 
la genial idea de fabricar autómatas, gra- 
cias á los que cualquiera puede proporcio- 
narse á precio fijo, pagado de un? vez pa- 
ra siempre, las cardias de una mujer en- 
cantadora. 

Nuestros autómatas, construidos con el 
mayor esmero, están adornados de todos 
los atractivos que se pueden desear. 

Sus movimientos son graciosos, esbelto su 
talle, arrobadora su mirada y, gracias á un 
ingenioso mecanismo, movido por la electri- 
cidad, se acuestan, se levantan, van y vie- 
nen, toman puesto en la mesa, ceban mate, 
tocan el piano, cantan milongas, ó tristes, etc. 
. . . solo con apretar, con el dedo, ciertas par- 
tes del cuerpo, marcadas en el libro de 
instrucciones, ilustrado, que acompaña á 
cada autómata. 

Están vestidos por nuestras primeras mo- 
distas con un gusto esquisito y tienen, ca- 
da uno, tres trajes de casa, tres de paseo y 
tres de recepción que les permiten ser el 
ornamento de los mas distinguidos salones. 

Pero su verdadero sitio está en el inte- 
rior del hogar, en la intimidad del tete á tete. 

Los labios de nuestros autómatas, fabri- 
cados .'.on una sustancia que es el secreto de 
Mr. Jakson, son de una dulzuia sin iguaPy 
exhalan el mas delicado aroma. Los be- 
sos artificiales pueden sostener la compe- 
tencia con cualquier beso ideal. Estos la- 
bios murmuran palabras de amor, alas que 
se puede añadir, pagando un suplemento 
de $ 50 sobre el precio de costo, el nombre 
del propietario. 



Ejemplo: Te adoro, Arturo: 110 he ama- 
do d nadie r^as que á tí. 




Creemos inútil insistir sobre las ventajas 
de estos inapreciables aparatos. Con ellos 
desaparecen los caprichos costosos, la co- 
quetería, las jaquecas, las cuñadas y los pri- 
mos y suegras. 

Los autómatas Jakson conservan la fres- 
cura y lozanía de la juventud durante un 
espacio no menor de cincuenta años. 

Se los puede desarmar y embalar en una 
caja que es fácil de trasportar en viaje. 
(Peso 65 kilos). 

Se garantiza la fidelidad por una cerradura 
inviolable. 

Para satisfacer los gustos de nuestros ho- 
norables clientes hemos fabricado distintos 
modelos de autómatas que son un resumen 
de los diferentes tipos de belleza femenina. 

PRECIOS CORRIENTES 

Núm. I — Maud, Natural excelente, mu- 
jer de casa, sabiendo hacer á la perfección 
el arreglo doméstico: solo habla inglés. 
Precio con todos los accesorios, 1000 ps. 

Núm. 2 — Gretchen, Alemana, r8 años, 
melancólica, ojos de cielo, largas trenzas 
rubias, prepara confitaras, suspira á la luz 
de la luna, recita trozos de Goethe y canta 
baladas con pasión Precio, 1200 ps. 

Núm. 3. — Clotilde, llamada «Clocó», 
parisién, rubia ó morena, cambia de color 
á voluntad: fantasía loca, caprichos adora- 
bles, niña mimada. Artículo un poco frá- 
gil. Precio 1500 ps. 

Núm, 4. — Olga, Vaporosa, enloquecedo- 
ra, encanto indefinible, alma rusa, conforme 
á las mas recientes publicaciones de Mr. 
Vogué. Precio 2000 ps. 

Núm. 5. — Pepita, Española, morena, 
ojos negros, pierna nerviosa, pié pequeño, 
cabeza ligera, toca las castañuelas y, si, se 
desea, reparte cachetes. Precio 1.500 ps. 

Núm. 6— Paula. Belleza fatal, ojos ne- 
gros ardientes, cabello rubio, veneciana, 
temperamento de fuego, (inalterable) comu- 
nica al simple contacto descargas eléctricas. 
Piecio 2000 ps. ,: 

Núm. 7 — Eva — Gran especialidad de la 
casa — La mas hermosa creación de Mr. 
Jakson, que, al construirla, ha en realidad 



\ 



EL CASCABEL 



23 



superado á la naturaleza. Autómata suscep- 
tible de múltiples transformaciones, pudien- 
do á voluntad reproducir todos los tipos y 
todas las combinaciones. ¡Cien mujeres en 
unal Precio 10,000 ps. 

De estos artículos corrientes hay siempre 
existencia en la casa, y los enviamos franco 
de porte (embalage gratis) á todos los Es- 
tados de la Union. 

Aquellos denuestros clientes á quien no les 
satisfaga la prosa de la vida y que estén 
apasionados del ideal les ofrecemos: 

i'' Un inmenso surtido de bellezas exó- 
ticas confeccionadas con el mayor esmero. 
Datos tomados en la Exposición de la Es- 
planada de los Inválidos y en las novelas de 
Fierre Loti. 

2** Las mujeres célebres de la Historia, y 
las mas bellas creaciones de los poetas y ar- 
tistas, reconstruidas según documentos au- 
ténticos y bajo la direcccion de Mr. Jakson 
de la academia de Chicago. Eva, la reina 
de Saba, Cleopatra, Safo, Mesalina, Theo- 
dora, la Fornarina, Ninon de Léñelos, la 
Dubarry, la Venus de Médicis, la Bella del 
Ticiano, las heroinas de Goethe, etc. etc. . . 
Precio de 6coo á 10.000 pesos. 

'(Véase nuestro catálogo ilustrado, que se 
envia gratis á quien lo solicite por carta 
franqueada.) 

N. B. — Hacemos trabajos á la medida. 
Para la palabra se puede colocar en el 
interior de nuestros autómatas un. fonógrafo 
que haya recogido las frases de la persona 
querida y las repita siempre con el mismo 
acento de ternura. 

(Precios convencionales.) 

Desde hoy nada de pasiones desgraciadas, 
nada de inconstancias, nada de traiciones, 
Jakson, este gran genio ha dejado mentiro- 
so el dicho de Francisco i": 

Souvení femme varié 
Bien fol est qui s'y fie 

Jakson ha reahzado en la tierra el sueño 
de la eterna juventud y del amor inmutable. 

Esperando que Vd . nos honrará con sus 
órdenes, que cumpliremos con el mayor 
gusto, lo saludamos .... etc 

Jakson y C^ 

128 Washington Street, Chicago 
Teléfono 2457. 

(Por la traducción de esta circular comer- 
cial que ha sido remitida á todos los solte- 
ros de los Estados Unidos.) 

Jtian G, Campuzano. 




Me gustan los confesores jóvenes porque 
se hacen cargo de que una puede tener un 
desliz hijo de la inexperiencia. 



FINANZAS 




— Es preciso levantar 
un empréstito forzoso. 
Veré á Paco 

— ]Es tan cargoso! ... -- 
— Pero se á€]2i. pechar. 
— ¡Se acabaron los brillantesl 
¡Y las yuntas 1 

— ¡Y las cenas! 
y aquellas noches tan buenas 
y fructíferas de antes .... 
— Estamos frescas, Emilia; 
un pacheco es cosa rara. ... 
—Antes no era nada para 
muchos hijos de familia. 
— Pues algo hemos de inventar. 
— ¿Operación financiera? 
— Y que no podrá fallar . . . 
1 1 Levánta^más la pollera!! 



FTJI^Iii 



>'■ í 



h 



yj^oyCGW 
















¡Purita! 





Pura seda 




Pura franela. 



De pura uva. 



3VtO 



:pí? 





Pura parada 



Puro corte con quebrada. 




'ifo que me caigo muerto 



Criollo puro. 



— Me he tomado diez co[)as de ])Tiro gusto- 
— ^Pues yo las he tomau de (jiniehru. 



•íífiM; 



26 



EL CASCABEL 



HISTORIA_CRIOLLA 

¿ES LA TABA UN RECURSO FINANCIERO? 

iJmitcmos al ministro Felipe 
iiVarela que salvaba el crédito 
uriojano en í862->>, con una sola 
clavada! 

Guillermo San EomAn. 

Era en 1862, allá en los albores de la 
reorganización nacional, cuando todavia se 
usaba que el presidente de la República 
nombrara gobernadores por decreto é hicie- 
ra despanzar á bayonetazos á los que no ti- 
raran parejo, sin ser quienes para pensar 
por su cuenta. 

Y esto se lo sabian de memoria los alu- 
didos — bien que fuera presidente un demó- 
crata de aquellos que . vén el pueblo hasta 
debajo de su cama y un puritano de los 
nuestros, — ¡que hasta eso tenemos propio los 

, argentinos! — uno desesos que para lograr 
sus fines falsificaron registros electorales y 
hasta batallas, pero que después tuvieron el 
coraje de marcar con el signo de los repro- 
bos á quienes los imitaron, — llegando hasta 
cerrar los ojos ante las tiranías sangrientas 
de los Taboada en Santiago, de los Urquiza 
en Entre-Rios y de los Sáa en San Luis, sin 
recordar que, por propia declaración, no te- 
nian otro mérito para la presidencia que ser 
libertadores de pueblos y derrocadores de 
tiranos... aunque nunca se hubieran mirado 
en tal espejo. 

:. Así, iguales á esos presidentes, ha habido 
muchos hombres en esta tierra, que tenien- 
do un ojo solo, han llamado tuertos. á mu- 
chos que tenian dos. 

Gobernaba en ese entonces, aquella pin- 
• toresca tierra de la Rioja, según las crónicas, 
un buen hijo de ella que jamás habia hur- 
tado nadará nadie, ni codiciado la mujer de 
su prógimo como rezan los mandamientos y 
que se llamaba el Sr. D. Román Ángel, per- 
sona que jamás soñara verse en tales altu- 
ras y metido en pellejerias semejantes, pero 
á quien un capricho de la suerte habia con- 
vertido en Excelencia de la noche á la ma- 
ñana. 

El pobre, si bien no sabia de cosas de 
gobierno sino donde quedaba su despacho, 
en cambio no ignoraba como manejaba el 
presidente á sus agentes naturales cuando 
tenian su talla reducida y su íísico enclen- 
que y enfermizo! 

Y de ahí que la camisa no le llegara al 
cuerpo. 

Vivia temiendo con justísima razón, que 
un buen dia llegara en la galera semanal, 1 
que traía las noticias de paba jo— coaxo se J 



decía al tratar de Buenos Aires, que con pre- 
sidente porteño en ese entonces gobernaba 
á la nación como á cualquier partido fron- 
terizo — algún caballero de levita y sombre- 
ro de copa, que sin mas ni mas viniese y le 
dijere: 

— Mire Don - . , camine á su casa y déjese 
estar quietito! Aquí me mandan de gober- 
nador y á eso vengo! .... Ah! .... escuche 
antes! .... ¿No viven aquí Don Fulano y 
Don Zutano?. . . . 

— Sí señor viven en sus casasl 

— Bueno!...., Hágalos venir ahora mis- 
mo!. . . . Tengo orden demandarlos al Con- 
greso de Buenos Aires Ah! Hágalo ve- 
nir también á Don Mengano, un señor 
de quien solo sé que es sordo y tartamudo 
pero que tiene buena letra; me lo han nom- 
brado Ministro! 

El pobre gobernador 'temblaba cada vez 
que la galeta de abajo entraba por la única 
calle de la capital riojana, envuelta en una 
nube de polvo y precedida de los toques 
de corneta de ño Vergara, el mayoral legen- 
dario y por los resoplidos de los manca "ro- 
ñes, que desde la última posta arrastraban 
por el camino pedregoso aquel armatoste 
que, reatado con guascas y piolines, resistía 
sin embargo, para tortura de viandantes sin 
experiencia, á todo género de atentados y 
contratiempos. 

Sabia muy bien el Sr. D. Román Ángel 
que el fantástico vehículo podia derrepente 
traerle su reemplazante y en la espectativa, 
vivia como se dice, con el corazón en la 
boca. 

Y, no obstante, ningún atractivo tenia el 
gobierno para él, á no ser el bien mísero 
por cierto, de que el clarin de la comandan- 
cia le echara diana cada vez que cruzaba la 
plaza para ir al Cabildo, — vieja construcción 
destartalada, sin mas mueblaje que una 
mesa-escritorio prestada por D. Serapio de 
la Vega y dos sillas cedidas por la familia 
de O campo, — una para él y otra para su mi- 
nistro general que lo era D. Felipe Várela, — 
aquel mismo Várela que mas tarde paseó 
hasta Salta en la punta de su lanza las hojas 
de una Constitución, que solo servia para 
hacer odiar de los pueblos del interior la 
idea federalista que habia preconizado el 
enviado Alberdi! 

Los demás empleados de la administra- 
ción desempeñaban sus oficios en una sala 
común, que tenia dos bancos largos, y una 
especie de mostrador, donde al lado de los 
libros de cuentas, se veian los corvos para 
los policianos, el balde del agua, la yerbera 
y el mate y á veces algún cabrito ó cordero 
ya desollado, traído como obsequio por al 
gun administrador agradecido. 



EL CASCA^L 



27 



Una siesta el señor gobernador y su minis- 
tro cabeceaban sentados uno enfrente del 
otro haciendo que meditaban uu plan finan- 
ciero que sacara adelante el tesoro riojano 
que estaba exhausto. 

Semanas hacia que ni un mísero cuatro 
boliviano caia á las arcas y estaban en ver- 
daderos apuros: las rentas no daban ni pa 
los vicios de la adtninistraeion como llama- 
ba el señor contador mayor á los gastos 
menores del despacho, y tan menores que 
apenas si alcanzaban á medio real por cada 
dia. 

Cabezaso aquí y cabezaso allá, las dos 
personalidades riojanas no daban con una 
idea salvadora, cuando derrepente penetró 
al salón el tesorero general — un viejo bajito 
y apergaminado que no pesaba ni media li- 
bra, pero que al .caminar pisaba fuerte para 
hacer creer que tenia los ánimos de un ji- 
gante. 

— Señor, dijo el tesorero dirigiéndose al 
gobernador, con la voz temblorosa por la 
emoción — han caído dos cuatros! 

— Dos cuatros? 

— Sí señor. . . . dos! 

—Y de dónde? 

— Una diferencia de patente.,., pagada 
por la viuda del finado Mamerto Cuevas, 
aquel pulpero de Nonogasta que se lo limpió 
La Chapanao. . . según lo declaró el te- 
niente Torres. 

Ahí Ahí , , . ¿Y dónde están. . . Tráigalos! 

Y el secretario general metió temblando 
la mano en el bolsillo de su chaleco y dio 
á luz los dos míseros bolivianos, que hasta 
parecían extrañados de verse juntos. 



Allí estaban, uno al lado del otro, en la 
punta de la mesa y el gobernador los mira- 
ban de hito en hito. 

¿De qué les servían sin embargo? 

No eran dos cuatros los que necesitaban, 
sino veinte por lo menos para poder tirar 
siquiera unos veinte dias. 

— ¿Y qué hacemos?. . , . dijo el goberna- 
dor .. .¿Cómo aumentaremos estos reales? 

-Yo, señor, he sido buen tabiador . . . .tal 
vez si probara nos hiciéramos de recursos. . . 

— Y pruebe, pues, ministro! De todos mo- 
dos. . . .esto y nada, es lo mismo! 

Y el ministro se levantó, hizo ensillar su 
caballo, se metió los cuatros en el bolsillo 
y al trotecito se encaminó á Pango, luga- 
rejo de los alrededores, donde ese dia habia 
reunión de gauchos, con carreras y güesito. 
. Allá fué el ministro Várela y vaca aquí 
vaca allí y clavada mas allá, consiguió ga- 
narse unos quince pesos con los cuales, or- 
gulloso, fué á buscar á su Excelencia á su 
casa particular. 



.Yate- 



— Se salvó la Rioja señor!. 

nemos plata para unos dias! 

Y así fué: el dinero alcanzó justamente 
hasta la mañana en que bajó de la diligen- 
cia el gobernador que mandaban de Buenos 
Aires en nombre de la libertad y de la idea 
federativa! 






Y así salvó la taba en 18Ó2 á las finanzas 
riojanas, que eran punto mas plinto menos, 
las mismas de la nación en la actualidad. 

Suerte que ya los tabeadores no llegan 
en nuestro país á directores de finanzas 
quedándose cuando mas estancados por ahí, 
por la Bolsa, ejerciendo funciones de Aris- 
tarcos: sino, seguramente nos sacarían de 
apuros! 

Ni los cuatros les faltarían para hacer el 
primer tirito! 

Pancho Claro. 




COjNIEDIA— Con el reperto- 
rio de costumbre se sostiene 
este teatro, como siempre fa- 
vorecido por numerosa concurrencia, dispuesta 
i\ aplaudir y expuesta á liquidarse el dia me-' 
nos .pensado gracias ala temperatura» elevada 
que reina en el local. Pero el público no 
repara en nada, cuando encuentra un cuadro 
tan redondeado, como lo es el de la Come- 
dia, y acude en tropel á llenar las arcas de 
Pastor y Garrido, que á estas horas ya no 
sabrán que hacer del dinero. 

Ah! estrenóse una zarzuela en un acto y tres 
cuadros titulada ((Chamba», y en efecto lo es. 
Apesar de todo, como no carece de chistes 
y movimiento escénico, el público la admitió 
buenamente. 

Gil hace un punto que merece dar áxezpa- 
scs seguidos. La señorita Tomás una tiple 
como ella misma. Campos un general ame- 
ricano, gefe de pronunciamientos, que al fin 
hace pronunciar al público en su favor. Are- 
llano un capitán y Cos un gomoso muy pues- 
tos en su lugar. Lo demás rifjular, y la es 
cena bien atendida. Con elementos asi 1 '> 
obra se aguantará. 
Tero i>or cltainba. 



-w-< 






28 



EL CASCABEL 



jyCESJL I^E"V~a 




En el campo 



En la ciudad 




— ¿Está bastante dulce, Pepe? \ 

— Como nol , . . habiendo V. chupado antes. 



Serv'Ue, que son sardinas 



EL CASCABEL 



?9 



PASATIEMPO— En este teatro se represen- 
tó la opereta bufa «Los Dioses del Olimpo», 
y el público pudo notar que se traga mu- 
chas' cosas en francés y en italiano que, tra- 
ducidas al español, no pueden pasar, sobre 
todo sin el lujo que requieren, sin coros lla- 
inaticos, sin decoraciones flamantes y 'sin 
can-can furioso por que si hasta en el Olim- 
po gusta la crónica escandalosa, al público 
le gusta otra cosa. 

Hemos visto con gusto la repetición de El 
Reii que rabió' y áé La Chosa del Diablo. 

La primera es tal vez la que la corapañia 
desempeña con mas ajuste. Todos los ar- 
tistas estiin en su papel, y que Romeu per- 
done. Lola Millanes es un rey que muchos 
estados quisieran, y lo que es pastoras como 
la Henares entran pocas en libra. 

Sanromá, Arcos y Orejón, Romeu y demás 
actores se hacen aplaudir con razón. Y el 
público, es preciso confesarlo, se porta mal, 
pues con obras como FA Rejí que rabió, el 
teatro deberla llenarse cien noches conse- 
cutivas. 

,:,-En.Z,a Cho:xa del diablo Sanromá ha he- 
cho una verdadera creación, propia de ar- 
tista concienzudo y estudioso, de su difícil 
papel. La señora Millanes (Carlota), tiene 
ocasión de lucir su vocalización limpia y que 
tantos aplausos le vale siempre. 



POLITE AMA— Merece un aplauso la em- 
presa de este teatro por habernos hecho co- 
nocer Panchón, opereta de la que todos los 
diarios han hecho merecidos elogios. 

Para no repetirlos aquí solo nos Umitare- 
mos á recomendar que vayan al Politeaina 
los que quieran pasar un rato agradable. 

En las demás obras puestas en escena du- 
rante la semana se vé el desempeño acer- 
tado á que nos tiene acostumbrados la com- 
pañía Tomba. 



A causa del poco espacio de que dispone- 
mos no podemos dar cuenta del estreno de 
«Montevideo» anunciado en el Onrubia, en 
donde actúa una regular compañia de verso 
y zarzuela que cada dia se refuerza con nue- 
vos elementos. 

Novedades, Circo Cario, etc., quedan por 
reiv'star. Otra vc-í será. 

Pariiquin. 





Nosotros somos rumbosos, y en prueba de 
ello vendemos desde hoy EL CASCABEL, á 
10 centavos, haciendo unsacrilicio enorme 
y perdiendo un dineral. Pero que le haremos! 
desde que un cura amigo, nos ha dicho ([uc 
el dinero es el padre de los vicios, le hemos 
tomado ojeriza (al dinero, eh?) y estamos dis- 
puestos á tirarlo por la ventana. 

Habla un corresponsal, que se moja el cu- 
tis en Mar del Plata. 

«Reina una temperatura bcUi^ima.» \V,í\' 
rambísima! «Ni viento, ni sol, ni frió ni r-a- 
lor». 

«El cielo lijeramentf! entoldado » 

Pues miren W; no sabíamos eso de los 
cielos entoldados. 

Que nos traigan al toldero! 

*"* 'Y' 

Sigue el corresponsal. 

«El panorama, siempre liormoso. cambia 

de perspectiva á cada hora» Hombre, si 

V. no cambia de puesto me parece difícil f|ue 

el panorama cambie de perspectiva en las 

de la puesta y salida del sol, en las de la 
pesca, en las del baño (lo creo) en las del 
paseo 

Vamos; en donde dice panorama, léase dio- 
rama, y en paz. 

* 

Según leemos en un diario, el Sr. de Pé- 
rez y su distinguida familia han salido de la 
capital. Se dirigen á Montevideo a pasar dos 
meses. 

Vaya con el Sr. de Pérez!... pero quien es 
Pérez. Dios mió, ¿quien es Pérez? 

*"* 
Después del estreno de Chamba. 
— Que le parece la obra? 
' — Una clianibonada. 

* * 

—Tiene tal genio Elvira que nada teme 
cuando monta ira. 
—Bien: pero eso será de cuando en cuando, 
-No lo creas: que sienif)re está monüuido. 



CORRESPONDENCIA 

ÜN AMIGO— Bueno, pero la poesía no sirve. 
Un PRiNciPiAN'TK— Verdaderamente lo es V. 



■ws 



30 



BL CASCABEL 



pero demuestra disposiciones recomendables. 

Loque me manda, francamente no me con 
viene. Otra vez será. 

HoMOBONO Rebolledo— Lo del parentesco 
no cuela. Seré padrino si V. quiere. Agra- 
dezco sus piropos y espero mande algo, pues 
en la carta prueba V. tener sobrado sprit 
para hacer algo bueno. 

K-D-T— V. no llegará jamás á sub-teniente. 

Político— No sea V. ramplón. Deje en 
paz á Mitre y al Dante. Bastante los han 
manoseado ya. 

P. DE V.— Insertaremos lo suyo. 



AVISOS 

EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 

REDACCIÓN Y ADMINISTRACCION 

SUSCRICION 

Capital tres meses. . . 

Número corriente. . . 

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han de dirisrirse á «El Comercio 
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agentes del interior. 



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LA INTRODUCCIÓN DE CAMISAS EN LA RGPDBLICÁ 

Los acreditados camiseros Margalejo, Morales 5' 
Ca. compiten ventajosamente con los de mas fa- 
ma en Europa. Especialidad en trabajo fino sobre 
medida y no olvide el público que la protección 
hoy á la industria nacional le reportará un 80 0(0 
de economía. 




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niños desde ocho pesos. 

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última palabra en las mejoras introducidas 
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El material empleado en su construccioa es 
el mas superior. La tela puede esturarse ó 
aflojarse al gusto de la persona que lo use. 
El armazón de madera resinosa, es un pre- 
servativo de los insectos^ y tiene la ventaja á 
los armados de hierro, que es manejable y 
elegante. 

Habiéndose hecho una grosera imitación 
de este acreditado colchón, solo garantimos 
los que llevan el nombre de la casa en una 
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v.^uuic;i tUi), rag paj.g^ &gM&, juegos de té, 

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canastas para pan, aceiteras, cuberteras, floreros, 
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32 



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Editor propietario; FRANCISCO FERRÉS 

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I^recio en la ciudad . . $ 0.10 el número 
Púera de ]a ciudad.. " 0.20 id 



SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 



Director: ENRIQUE COLL. 



TIPLES DE ZARZUELA 



DOLORES MILLANES 




(Fotograbados de Coll) 



Ya está el pueblo convencido 
de que, gallega ó torero, 
cuando Lola dice envido 
el público dice quiero 



34 



BL CASCABEL 







EL calor tiene la culpa de muchas co- 
sas. 
En primer lugar, tomamos estas con 
mucho calor, y á cada momento nos 
figuramos que se han de desarrollar graves 
acontetitnieiítos. 

Revoluciones, tiro?, secuestros etc. 
— Ha visto V. que calor? — nos dice el 
prim€»-J^igo que encontramos. 

— Callé V. por Dios. Yo que siempre he 
sido sistemático, y que por lo tanto, me 




mudo la camisa cada Domingo he tenido 
que cambiarme dos en un solo dia. . . . 

— Yo me refiero al calor con que nuestros 
compwBeros de ca^sa la defienden. 

— Ah\ vamos; V. no habla de la tempe- 
ratura^ 

— V'qtié he de hablar? Se figura V. que 
soy como Roea ó Fellegríni^ que se bafían 
como si tal cosa? 

— Hombre, yo, sin ser como ellos, hago 
que mi mujer me eche dos baldes de agua 
por la mañana y dos por la tarde, y así me 
baño. . . 

— Espreeiso no tener vergüenza para 
acordarse del calor. Los hombres decentes 
debeníos pensar siempre en el bien del país.. 

— Precisamente en el baño pueden ocur- 
rir ideas frescas. • 

— Estamos frescos! 

— Ay . . ojalál . . .pero no me lo hará V. 
creer. 



■ ~»-íí'"''J.f*"^*»*'««íTr"' 



' i.-»s!í«í5í! 



Dejamos al Sifoi^Q] f J9^ retiramos me- 
ditabundos /^ pue^ra/casa^, ,íi i; 

jj3..,y .por^^ii aí?^,oPrfv?í^?mps^f|a3,i^nen- 
. ta,,,.yjha9^m9s. :p^ov^fif^¡ íinqi«|ifp<ip «n 
ellas , al inocfote ^Q que en un caso de 
apuro pued^ ^K\r^nf>S; de alg^fll |Pobre fu- 
tura víctima de la ,revolució¿l^?| .1 la mal- 
dad de ios hpmbres , ihar^^^qlS^'a^^^ á 
conejo por una;|qimi4ad, y~¿^^s^' saltado 
con tomates mientras nuesK'os heríanos se 
saltarán los ojos eo! bien oelk- paírií 
^Misterios dei desíinoJ 4 /^^í^^? 



* 
* * 









La verdadera revolucióii ésisá'ffn muchos 

hogares, n-^i'^^p-^n, ■ ; . H ^i^' ' "^^ ■ 
—¿No iremos á tomar baños? — jpreguntan 
las niñas al papá. < ; ■ ci ,-j:- ■imú 

— Sí; pensaba ir á casa GlaBfiol^í).*:v) 
— Qué ridiculez — interrunqpe la toadieq — 
es preciso ir á Mar del Platiá.i.á';dpi*íe van 
las personas de pro. . ; '...:. k ■ 

— Por mi que vayaíi. Pero stosotr^i ha- 
bilitaremos el altillo y con una. regadera 
tendremos bañp de lluvia. Y<v seréuííep- 
tuno y tendré el placer jtie poneros béft: re- 
mojo. .,;-: --.-- -m;;' í<;-'1> kí:jinC589 Pfv 

— Yo quiero ir á Mar /clelPlataia'^. 

,. — Y yol . ^: , :j;ji;j ;:^o¿;'i O!-' 

TT-Y yo ...II : r MlOc OtíiO-Ui Si^ 

—Pues no iréis; por que Maí^fltPlata 
cuesta la mar de plata, y yo estoy en seco. 

—Porque quieres! 

— Mujer, no me acalores!. ... 

— Nunca serás nada pforque eres muy 
corto. ^ 

— Ahora te pareceré corto porque ¿p/ doy 
lo que no puedo. :V, •■ 

— Pues en Mar del PlaMWs^ tu porvenir 
y el nuestro. \y 

— Sí, eh? • '< , M¿r% 

— Si señor. En primer lugar, los diarios 
anunciarán nuestra llegada. Uh»- vez allí, 
te rozarías con lo mejor del país, y con el 
roce. . . \ .,f 

— Si; con el roce se echa ¿'perder la ropa 
como puedes ver en la quer^ievo puesta. 

— Pero en la playa 'ftéd|ias llamar la 
atención de Pellegrini, hácí^^icí' cuatro pi- 
ruetas y luciendo tus habilidades como na- 
dador consumado ... 

— Consumido, querrás decir. 

— Quien sabe si el presi lente se fijarla en 
tí y te llamaría .... 

— Al orden, podría llamarme por abando- 
nar la oficina que, después de todo, nos dá 
para comer .... 

— Eres un tirano! 

— Mas itraft§ ,er«s jti^ gue quieres tirar 
nuestros ahorros trtodestós. 

— Quien siembra recoge. 

— Si la langosta quierel 



VL CASCABEL 



■35 



■^fn ¿¿.VáhiGS rñtí&s,á<sktttés:i&^ papá" Yacéis 
que no podemos sacítfWáifí le%h' 'ÍÍDS' con- 
tentaremos ccytf lá fegáSera, ¡bafió dé llu- 
vial .... qué baño tan vulgar 

n=.ny , eFp6bT€ pádrfe rto tténé mas remedio 
n'\l ué ' «édiiái* -él pdí^tátitfe -y «afir por éstas ' ca- 
<o c.¿; ni; i;-. ^ 1 jjgg^ ^risté, ; y abrürrido, 
a-- -'^^ pétisaháó éti^'-sui tnujér é 
■' ^1- í^- hijas'^y ^í^néphdd ^' los 
^ribá)t?óy/"^aé'Már del Mta, 
■ f ^e' fó 'ícfáreftciai^ de bi- 



-¡Eca Sil '1 
í sebrí'^} 



í'ori.'jijfíf 




;;?: 



íü'ji- ÍÍOC' 









i í'^ísy 10íg5ri)pj(j¿f2¿ám6s' á los 

que sienten esta nécési- 

rf£inyg5iq-~^;rijü : dad -de ir á las playas á 

lucir las formas y lá ropa *íieva,-y qüetan- 

tos disgustos ocasiona. Lá necesidad, ehr.. . 

p&í^ae lá íopa cuesta plata simplemente. 

'U-v Átqüe se lá manda hacer. ^^ oriyjt.: 

O al que la hace: ¡porqué"'^' 'aprobado 

-¡qiie muchos sastres pasan las de Pellegrini, 

í í(h6; áieidfMfe han de ser las de Caín) para 

4 cobrar TC^ que há^ servido^ de'^tiííídió, pues 

' 6al!>Wt>-'e& -quepáis há<:eralgí^)feneírñurido, 

es esencial estar bien de ropa. 

. .Pobíés^'sastíeslí.K .•'" '1 ü'^jíüp ::■>..— 

No hace muchos dias pasea6^ cion uno y 
de pronto soltó un terno, cosa ' propia de 
sástr^í^tfíd y qj cábó, y -exclattió, enseñán- 
dome el diario que leiáP ^ ■ --^ 
— Vea V. aquí, aquí. . ; V' -^ ■ 

— -Qué hay? 
-^ombrc^ que ha 
fallecido Pere¿; 

—¡Pobre Pérez] pa- 
rece que lo siente V. 
--^Yá tocreol Bien 
decia yo que moriria 
antes de pagarme 
' aquel ^/í^. . 
•• iíqíJí cerré el mió, 
precisamente cuando 
iba á encargarle un 
traje pagadero á pla- 
zos convencionales. 
Nada, c&mo se es- 
camen los sastres es- 




tamos frescos. 

Porque no querrán vestirnos. 

Aún que, bien mirado, no nosimportaria 

"mucho.-'t "'"' ^' '■■'■''■^ '■' '^'- -■ '' '■'■■'*', ■ • 
Porque con este calor!. 1 .'■,-■' ' 



..iy i'Olv .í'.^'C; 'Ji- K,~Í.J\Í- C'/ 



,>;!j;{: 




DRikiUA HORKEIVDO 



''f^Sft. 



Tenia un novio Pilar/' 
que era feo (ma^ borrieo^"- ,, 




lo mucho --'que la cargáhaR:; lá' 
Fueron un dia al ja^díni/r^, 
o.onio tontos se miraroíi^ ' '' 
y extasiados conteuiplarori 
el horííS&nte Sin fin: 1?^ 'A 



i*- p- 









Pilar, pronto se'4urtwié'->- 
y Perico la imitó, '^ • '•-''' 



u^ 



i . 



Y esto os quería contar' ' 

' ■ áe Perico y sa Pilar. ' 

Andrés Soler. 




p 



^«^?^- 



í<^M.. 



OR más que el -siinil te parezca raro, 
jiQ á un buque de alto bordo te comparo, 

que E<)}o acaricia y que Nepluno mece, 
y que cruza los mares de la vida 
con la vela tendida 
que al soplo de la brisa se estremece. 

Nadie te gana á esbelta ni á velera, 
y las ondas del mar surcas ligera 
sin temor al corsario . . .• . 

que anhela darte caza y te persigue, 
por si al ñnal consigue,, 
hacerte de su astucia tributario.; 

El espolón de proa es su defensa, 
y, si te embiste, es fácil que, te venza, 
Deja que te aconseje y que me explique: 
teme, ájate todo, el espolón de acero; 
pues si te da con él golpe certero, 
de fijo, pobre buque, te echa á pique. 



36 KL CASCABEL 



P 



- ENETBÉ cop r^^peto en la cámara misteriosa. , ' s .-, >, 

El doctór^árcio'rae acdttipafíaba. ^í=--"' ■ :"'' '^^^ í>u39S J 

— Pronto éé'rá de't^che^-^me diió— y podrá usted presenciar- ftiis experieríeiasi. i: 
No tardó. •mncfaiO'-earoíJearoíOsi 4a oscuridad y entonces Marciq^tocá eiepJííSbíf'^Oíl'^s, y vi 
en el techo d^,|g.Jtía^ta9iori alj'upos, cristales por donde filtraba une(,l,y;? estelar y pi^/ancóhca. 
—Mi sistema va a producir uhá' revolución en el mundo— proii^hcití'Wiin' voz "extraña el 
sabio, voz que riié proSiijó al^o de inquietud. No era la mismá'qúfe"y^ Je lSflfBia-'6id0 siempre., 
— Voy] aexpUoavle" algo aei mecanismo de esta cámara. Nos haUarí«)s, ríen 'Un local 
elevadisimo, mas .§blto que la torre de la iglesia; aislados de la, ciAuJad... Cierto?, anljeojos de 
mi invenciopj ra,QYÍbles .á voluntad, se hallan en el techo. Cada pijo de éjllos recibe directa- 
mente la lü¿, las eraianaciones de un as^ro distinto, que por un júégo dé ésp'éj'óá'áe refleja 
en una de éstas plataformas. ■■■'•■■ i' I 

Miré y vi,: -varios pedestales poco elevados, de una piedra oscur!9,í90bT'e:>uaQ de los 
cuales caia aquella luz triste deque he hablado. , ,,. ,'.■_ 

— Voy á causar un verdjaderó trastorno en la ciencia y en la sodiedad con mi' descubri- 
miento. L& rnédiciria de hoy vá á resultar inútil. " ' 

Aquella voz -extraña, opaca, decia todo esto con autoridad, con timbre de/ una; certeza sin 

réplica. ,,.,1; :.i,.^ .: ■••■• ■<:,:. ,..,,,■•. .-i •;•;'■ 

— Ahora — añadió— retírese á un extremo y presenciará alguno de mis experimentos. Mi 
clientela vá á entrar. 

Obedecí mudamente y casi al mismo tiempo vi, á la confusa claridad de la nuche, a un 
anciano inválido militar, que avanzando penosamente, logró colocarse en pié^ sobre su 
pedestal. . ., . • 

Uno solo de los cristales quedó alumbrado. Los demás fueron cerrados. Un chorro de 
luz cayó sobre el invalidó. - / 

Oí á Marcio arreglar sus aparatos y bien pronto la claridad-enfocada fué brillante co- 
mo la del sol. 

Noté que mi curiosidad tenia bastante de temor, cuando los rayos lumínicos, penetrando 
en el cuerpo del anciano 10 hicieron transparente, como una dé esas estatuas de delicado ala- 
bastro col ocsíSá delante de una lámpara. , ' ,,,,,-_ 

Transcurriéoa. diez fliinuto* el anciano se movió ágilmente, y endererándoseeon. rapidez 
de joven, hizo toda sy^rte de evoluciones por el circulo cada vez'njas grande que pi;"oyéctaba 
sobre el paviniéhio la lu? del astro. 

—Perfectamente— murmuró Marcio— Marte ejerce^su influencia— y cerrando él orificio y 
abiertos los otros quedó nuevamente la cámara envuelta en aquella smgular semi*oscuridad 

Una jóvón jd^e.. menguada corrección y consumida por la clorosis, subió luego ¡^'Otra de 
las plataformas. ' ,',.". 

—¡Luz de Vénusl— deslizó el Sabio en mi oído. ' "' 

Presencié otra vez la escena de antes y quedé extremecido de asombro, al vor el cambio 
que el chorro de .luz habia producido en la demacrada mujer. 

Después de la ducha de luz habia quedado sonrosada, esbelta, con graciosa agilidad en 
los movimientos y con un brillo intenso en los ojos, como si aun conservase en ellos, un 
resto de los haces, luminosos en que se habia bañado. ' - - — 

— Por esta noche hemos terminado— dijo Marcio — Habrá usted podido comprender por lo 
poco que ha presenciado, los asombrosos efectos de mi descubrimiento. ^ . , ,. 

—Estoy- admirado hasta el punto de que casi no me doy cuenta de lo que he Visto. 

— No ha sido sino una ligera muestra. Para la medicina cuenta etflVm'á mentó con 
inmensos recursos. Además tengo depósitos cargados de resplandores de todo el sisterma pla- 
netario. Las propiedades terapéuticas déla Astroterápia .son grandes. Tenga á Mercurio, ú 
Venus, y á Júpiter, este último contra los ataques de vía. Saturno contra la gló,tí)neria. A' 
los enfermos puede aplicarles la homeopatía de lo infinitó por medio de las "estrellas de 
mena inaghitua. Contra la locura tengo los rayos lunares, eficacísimos para los maniacos y 
lunáticos; para la nutrición de Jos niños de pecho tengo la influencia de la vía láctea y para 
los escasos de voluntad y energía la estrella polar. Como tema de mi método y explicación 
de su origen, poseo estas palabras del Génesis 

'■'"■' - -A- J: -'.% ..; '.... i 

cuyo significado yo solo he logrado penetrar: 

«tU7. en todo, todo por la luz». 

Despedíme comprometiéndome á volver pronto. > < • : 

—No tarde üstea terminó el doctor. Presenciará un curiiiso ensayo. Me estoy sometien- 
do yo mismo á la influencia de Neptuno, y estudio el medio de terminar con su ayuda las 
sequías y contener las inundaciones. r 

He oé^ decirlo, mas pudo mi curiosidad que mi temor y volví. Al pregvmtar porel Dr, 
Marcio quedé helado al saber que habia fallecido hacia horas. < > -t 

,j, T-r-iY cpnio. ha sido?— interrogué estúpidamente, como hacemos los mortales en estos casos. 
i^-^Señor— contestó tristemente un criado— Se habia sometido á la influencia de Neptuno, 
y ha rauerlb el pobre de un reuma articular agudo. .^ ¡ 

..«.^... ■..,..„.. „.. ,,. José M. Mendoza.' ..-.V'.^' '.' 



£L CASCABEL 



¥^^m%^mté 



37 



LÍO' 



b ■)•>, 



Llegué: Del verde ramaje 
en escalas armonioeas .: 
" ' !"^'tté!8iefeíi(i?aferamorós&g,í';f^- i 

un arroytielo surgía/ i.u nn 

.,,;r;';.\';'c;h<Mjue,4e'"fínp'pnHtat"!-^',^ !.| 

En el suelo á mi albedrío 
( i írtéíeelié teniendo de 'almohad'a -»■ 

la pradera matizada ", 

con diamantes de roció. :;•., 

■■■'■- ^-\'i Al poco; tiempo sentí :;¡;í)r;oi:- ■<■•• 
- entre las ramas saltar - 

' y á dos pájaros hablar, '" ' '" 

diciendo en su idioma asi; ¡ , 
—Muy buenos dias señora ,''?'' ' 
. ,|.. Calandria. 

—Muy bien venido 
•• ' ¡ü-i-Ha visto usted, aun no ha acudido , 
La holgazana de la aurora: 
:'/' .Y.'j^.Üátéd no siigüe su 'ejemplo... ,'_ ' /' '" 
—Vengo de donde ella estaba, 
í^' la coqueta se miraba ■ 

'éfi la cúpula de un templo ' ' 

i , r7TlA.y ..Cíilandrial Yo no sé •-■..'. 

i; Por su amor lo que darla 
' ■' La tengo una simpáttó' 

— iSíf iBueh pájaro está usté 
. i »..-r-Su indiferencia, en verdad . - 
no me la explico, señor, . , 
\, ''''que gasie usté ese rigor 
es una inhumanidad. 
■•Mu íHlSl me amase usté á mi'sola...í- 
—Comp ruiseñor que soy 
,>,;X.a juJTpque la aniQ hoy ,,. ,j 
■■ : Desde el pico hasta la cola 
"—fitienas están sus protestas. 
', , i * -^iÜúé dude me desespera! 
: .'.Yo no soy up calavera - 

-i Se io juro á usted por es¿as.... 



ÍÜ 



—Demuéstrelo dé arit^áhó 
. -Y no me sea usted ir^l. 
!' - -^Sino hay Calandria cruel 
.', ' / Ün pájaro mas cristiano, , ' ' ' '^^ 
', Déme ése .^i que la pido, , ^ , 
I Por Dios no me iiaga/sufrirl- 
-' ■ Y nos vainos á vivir- '■•' .'¡i' ' 
„. Los dos en, un mismo nidói ' ;' 
Y el ruiseñor convenciendo 
y la Calandria escuchando 
el truan se filé acercando ■■ 
y ella se fué conmoviendo.; 
'■ Por «1 íizul traspíwente ; n 
después que un /)íó lanzaron. 

"al poco rato vblai-Qji^ j,¡ , yyy 
á casarse formalmente. 
:- Y de envidia tal ver.; oreo, 
otro pájaro celoso 
al verlos huyó rabioso 
dicíéndoles: /jBícAo /éo.' ■ .v ,. 
Lleno de celos me alcé 
, , Y ahogándome el desconsuelo ' 
Me arroja en el arroyueio. . . * 

Entonces me -desperté, 
Yade micerebredueño ' 
¡/ Maldije mi_ fantasía ;, i •. 

Y dije: jQué tontería 
Pi*éócuparse de un sueño! ' 
Sin embargo, el escozpr "'' j ; 
De la. envidia continuaba 

Y con gran rabia pensaba: 

— iSi yo fuera ruiseñor! _ 



Una frase que me abruma 
Dicha por unos señores, 
. — ¡Banl pájaros y escritores... 
] ¡Cosas de gente de plurka.'f 



Luis García. 



LA OS^UJER, 



DEFINICIONES CIENTÍFICAS 






Aritmética—Lñ mujer es un 
multiplicador que no hace 
operaciones con quebrados. 

Algebra— Lñ mujer es una 
incógnita indispensable. 

Geometría— La. mujer es un 
polígono irregular de innu- 
merables car-as. 

Mecánica — La mujer es una 
balanza sin Jiel, que se levan- 
ta al lado del mayor peso. 

Óptica— La mujer es un fo- 
tómetro cuya sombra es más 



oscura á proporción del tiem- 
po y la distancia. 

Acústica —La mujer es un 
sonómetro que solo hace re- 
sonar un arco de oro. 

Meíeoroíog-ía— La mujer es 
una nube que se eleva sohre 
nuestrar cabezas y priva al 
cielo de la vista de su diafa- 
nidad; algunas veces se re- 
suelve en lluvia, que cae be- 
néfica sobre el corazón del 
hombre, ' 



Quimica~Ls. m ujer es una 
sustancia simple, quCj. hierve 
á muy baja temperatura, j 

Calórico^La mujer es un 
termómetro metálico que se 
dilata al calor del orgullo y 
la vanida d. 

Magnetismo— La mujer es 
la brújula fquej sirve de guia 
al hombre en su peregrina- 
ción por el mundo, 



38 



EL Cascabel 



.;*;-,,;; .j;|^.: ¿.j, MONÓLOGO 






Salgo del <^fé ACOmpaÜadP , de un 
amigo que me entretuvo con su charla 
desde las 8. Me. hablo de las Uniones Cívi- 
cas, de las. cabalas .del turf, de una nxucha- 
cha que lo ajn^ba y.,4^ pl;ra qy^ no le Jiacia 
caso porque no era doctor; del Dr. Álba- 
rracin. . . ¡qué se yol una ensalada rusa. 
|Por fin llego .ala puerta de mi cas^l ]Me 
olvidé la Uavel Llamo inútilmente, . . 

Golpear la puerta es sinónimo de palabras 
necias, para mi sensato patrón. No hay mas 
remedio, pasearemos hasta que amanezca. 
Tengamos filosofía. Entraré en un café 
cantante. Aquí tengo uno. 

— Garfon, un chocolate] 

La concuÁíiiéiá -eS ^éiéo'gida. Casi al pié 
del escenario, en petti comité una mademoi- 
selle trashumante y dos ja/w eulpite. Mas 
acá, un negro enfrente, de un bUnco sucio. 
Debajo de otra inesa cuatro perros oliéndo- 
se lo que no me importa, y áquf, una silla 
mas allá de la mia un tipo de estudio. 

Flaco, largo y n^elenudOp . . estoy por de- 
cir que tiene mais pelo que estatura. Con una 
mano abarca un chopp á medio consumir, 
y con la otra se entretiene en quitar cosas 
supérfluas de sus narices. Parece mirar es- 
tático un grabado que representa á Rossini; 
pero es un mirar extraño, así como el de 
un ofidio en digestión. — [Ahí. ,. ya tocan el 
piano. Sale del galpón proscenio una mujer 
vestida de contrabandista fantástico, y canta 

¡Vaya una vozl Tiene un nido de grillos 
en la garganta. No entiendo lo que dice, 
pero debe ser un acto de contrición porque 
se dá muchos golpes de pecho. Por fin pa- 
ró el chubasco, jmas qué veol La artista 
entra con una bandeja en la mano y em- 
pieza á pedir dinero .... esto es una falta 
de educación intolerable. . . .me marcho co- 
rriendo... ¿á dónde ir?.... 

Pasearemos por las calles. No veo un 
alnaa peiro en. cambio veo ün cajón de basura 
en cada puerta. [Cuántos secretos de fami- 
lia podrían descubrirse revolviendo el con- 
tenido de estos cajones! Pero mas vale no 
meneallo .... aunque no piensen así los de 



aquel grupo de la esquina. . . ..¡Quién habrá 
sido el inventor, dejos carros atmosféricos! 
Por lo bello de la metáfora debió ser al- 
gún poeta. ¡Y h^^^° dice que lo que 
abunda no dañalj 

He llegado á la^cajie Florida. .. .A las 
ocho de la nothe ést^ es el camino "sem- 
brado de Acates de. la ^ida port.eña. . . .aun- 
que flores ar^ificialél, \á mayoí^|étí^te. Aquí 

el autor de j^iFlor¿/jün^^4^ tema 

para otra ^bra; 4Y\d^¿4^^!t-v^^^»-'\P^y\ 
me he lré^ijt§d<:%nt^¿©i^tí^tía^ 
cías d¿^^3r4<l^ t'<'la \tí \i¿\S Á ^-^k^distan- 

«(¡a^'ii'aél'.iarfoyc^í. . . 



(Oh jó 




6y no tenéis mas que un 



par de bc^aes i^irrétmplazables) huid, huid 
muy léjoSj que este eís el sendero de vuestra 
perdición! /' '\ ; " 

La Municipalidad está en el deber de po- 
ner esrte. aviso en las acalles", que parece quie- 
ran rfesolver el prdblelna del empedrado 
continuo. Yo no'^e esplico está .obra se- 
cular.. ..á no ser^ue por -la noche desha- 
gan el trabajo del dia. Esto es el empedra- 
do de Fenélope .... Uf, salgamos de aquí . . . 
¡juro no volver si no me ácprápaílá X^ises .. 
— ¿Ün coche mftQ?-:-i:>ip, •3y<íí5i!4qi'^ 
— Gracias, hombre;' * >' irt ; t'i í ■ 
Claro, como ven el mundo por un punto 
de mira mas elevado qué el vulgo, á todos 
nos consideran como niflo^s .>.|Gh, los co- 
cheros! Espíritus tentadoresr que arrastráis 
á la juventud sedienta d» plaK^res al antro 
del vicio, con la rapidez de vuestros indó- 
mitos bridones, ¡os desafio! conozcp, ja fa- 
lacia de vuestras halagadoras in,vi);í^ciones y 
os estrellareis siempre contra > mi .enéorgica 
virtud — á no ser que me queráis llevar en 
carruage por . . . diez centavos. La verdad 
que yo soy pobre, pero honrado. .. .¡á la 
fuerza!— contesta la conciencia. 

Ya me voy cansado de andar, sin embar- 
go, no seamos egoístas . . . . Estos pobres vi- 
gilantes son también dignos de lástima. . . . 
comparados conmigo. '"' ■ 'Hcbrtf;.» 

¡Eh! al fiíí y al cabo elld¿ pasan lá no- 
che artísticamente entretenidos. Tocando el 

pito mientras que yo, fastidiado y lleno 

de aburrimiento me toco las narices. . . . 
¡caprichos del destino! .i . . ; '. 



/ 



EL CASCABEL 



39 



EN LA PLAYA 




Nada de trage de baño. Estoy por el 
tapa-rabos que permite lucir las formas y 
la blancura del cutis. , 

¡Que malestar! ^Sí empezará Dios mió 

La muerte del planeta? 

¡Mis músculos estallan con el frío 

¡Y YA EL SUEÑO MIS PÁRPADOS APRIETaI 

Así diría Campoamor si estuviera en mi 
caso^ pero yo no, si estuviera en mi casa. 
1 Qué oigo, el tañido de una campana ., . 
¡gracias, Dios mió, sois todo misericordia 
iré á vuestro templo y durante tres misas ó 
cuatro, tendré tiempo de echar un beatífico 
sueño. Por fin, llego al templo cuando el 
cura dice dice ^Introito ad altare Dei-» y el 
acólito respondia '^ad deo qui letificat ju- 
ventutemit, lo habian adivinado: yo llegué al 
altar de Dios, y letificaba mi juventud sen- 
tándome en un banco para reparar mis 
fuerzas con el sueño .... Ya me estoy dur- 
miendo .... hay poco confort en la casa dei 
Señor.... pero todo lo suplirá la divina 
gracia .... 

— Ehl Ehl Caballerol Este no es sitio de 
dormir! 



— Eh? Ahhhh. . . ,1 Tiene V. razón: tengo 
un dolor de huesos de todos los demonios. 

— Repare que está en la casa de Dios. 
• — Sí, eh? Dispense V. me habia confun- 
dido. 

El bueno del sacristán me hizo un favor 
al despertarme pues eran las nugve, y esta- 
ba abierta mi casa. 

Por fin cayó inerte mi aééndereado cuerpo 
sobre las de mi K;cho blancas sábanas, como 
sobre las de nieve el cadáver del viajero 
polar. 

Y ahora, señores, si no les hizo gracia el 
cuento, sepan que á mi también maldita la 
gracia que me hizo. 

Sin embargo creo no se ofenderán, pues 
prometo ¡que no lo volveré á hacerl 

Alidio B orgia. 



Equívoco 



Ocultaba desdenes en el pecho 

Y sumisa callaba, 

Hasta que al fin los arrojó en un beso 

Empapados en lágrimas. 

Cuando escuché su lastimero acento, 

Revelador de la inquietud del alma, 

Lé devolví su libertad discreto, 

Porque jamás ambicioné una esclava. 

Si no es libre el amor, como los céfiros. 

No se hable mas de dignidad humana. 

M. Bahamonde. 



A MI EX-BIGOTE 

!0h bigote, el mejor bajo los cielo»! 
¿Qué ha sido de tus mágicos hechizos? 
¿Qué fué, responde, de tus negros pelos? 
¿Á dónde fueron á parar tus rizos? 
Cayó al impulso de fatal tijera 
tu sedosa y brillante lozanía, 
¡Oh tú, el mas bello que soñar pudiera 
la más esplendorosa fantasía! 
[Oh tu, que fuistes de las niñas bellas 
el más mimada y preferido encanto! 
]0h tu, el causante de cien mil querellas, 
del viejo envidia y del marido espanto! 
Deja á mi pecho que embargado gima, 
deja á mis ojos que tu ausencia lloren, 
deja que hollando del dolor la cima, 
al dios Barbón tu renacencia imploren. 

Saleatella. 



DI ME 



« » 





r cRayo». Sport 4.26. Tiempo 3.25 



n 





Se ofrece una joven de 15 años para 
todo servicio». 







«Callos — Se curan radicalmente» 



« Instantáneo núm. ..... AÍífá, esbelta, noinbre 

compuesto, apellido compuesto » . . ,¿ Cómo me las 
compondria yo, para que me insta? itcineizasen ? 






% #1 




f^^* ■ ■ ■^<:#: 



i « 





^ . 



El sermón esta á cargo del P. Manzano » 




Tierna paloma— bellísima hurí . . . 
*^ «Eco de las Niñas»— Se acordó de mi! 




^^^í4.^^^ 



< Oro cerró á 380 — Cédulas á ... . . » 




Yo no sé leer, como pueden Vds. 
leer en mi semblante % 



42 



EL CASCABEL 






UN CARÁCTER 

■i)i"?rM,(.,t8 ^ 



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LA LLUVIA 



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1 






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A.\ 


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^ V /I 


1 




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J 





I. 




Cielos! me parepe^ife á mi mujer pronunciamlo 
fnises tiernas y hacieál^juramentos de amor á uno 
que ¡claro está! noíÍEíg :,su/ma,rido. 

. Pues se ha lu(5Ído. Mañana, cuando me dé los 
buenos dias le daré un chasco. 
¡Asi verá quien soy yóü 



iRecuerdas como llovía? 
Del antro en el hondo seno 
Resonaba ronco el trueno 
En horrenda aígaral^a. 
Tu alzando Ja vista \ ^ Dios 
Te apreta^^^jinto'^. mi 

Y febritíie^Oisi r^;' 
Uno formamos'^ losvHbs. 
Cesó el "agua dé '^lí, . 
Volvimos á^.la^^ud'^J\ 

Y pensé co^ aísifedací^ ' 
Cuando vol^eró á H^er? 

Lloyia, quise rendido 
Evitar tu líBbjadu^a 

Y me contentaste *dura : 

— Vá V. á ensuciarme el vestido 

Y sé que desesperado ¡, ,,•■ 
Entonces te contesté ; ü 
—Vaya: no se apene usté 
Pues Iluece sobre mojado : 

111. 

Oue mi frase no-^JÉNsorra 



Pues de ella haráa tu defensa 
¿Lluvia nombré? bueno piensa 
Que el agua todo lo borrp,. 

"■ Adolfo S. de lo9 Ríos. 



-<e^- 



,i-'- — 'M 



\\ 



EL CREPÚSCULO 



Religioso y moral, el lindo Tircis 
tuvo ciertos escrúpulos un dia, 
y al salir de la iglesia, dirigióse 
á la celda de un sabio carmelita. 
«Padre mío, le dijo, ha muciiosAños 
que el Niño Amor mi espíritu esclaviza, 
y rubias y morenas, bajas y altas, i 
todas se rinden á las ansias mias. 

Aunque á todas las quiero, yo establezco 
alguna diferencia entre ellaa mismas, 
y es esta djferj^ncia el solo-' éscrtipulo, 
que ha tiempo la conciencia me atosiga. 
Yo no acepté jamás una moneda 
de ninguna mujer joven y linda; 
pero á las viejas, reverendo padre, 
hago pagar muy caras mis caricias. 
De Luz y Sol, y mil que no recuerdo 



tranquilo he consumado la ruina; 
ahora decidme*. ¿Puedo yo en conciencia 
guardar este caudal, ó "es cosa indigna?» 
Mascullando el asunto allá entre dientes 
quedóse un rato el sabio carmelita, 
y al fin, como inspirado, así contesta» 
plácido el ademan, la voz tranquila: 
«Todo trabajo tiene su salario; 
á todo el que pecó se le castiga. ' yí 
Guardad ese dinero, es justo premio 'J 
de largas horas de tenaz vigilia> /'v 
IPero escuchadme aunt Siendo precisé ' 
devolver su dinero á esas familias, . v 
si allá en la edad provecta, tembldrüso, 
sin fuerzas ya, sin brillo la pupila, 
sin juvenil arranque, y sin beÜtza, 
el fuego del amor aun os domina, 
con el dinero que las madres dieron, 
pagadles los favores á las hijas.» 



EL CASCABEL 



43 



"iB''lí'A:a.:i:NsoMNio 



■::W*^--'%.-^i.-j«.í .0-.WS. - 




"Parece que los >floctores TJaslra y Zorrilla] 1 «I<rQír^oí;lo»K3^brrilla y LaáT'Si S(>>|SÍ^rán 
han llegado á un acuerdo... » ; iiQjf á fin de ^^tóbiar ideas^. .vs - v 



Esto no me interesa. 






Mi 




«En la reunión de -aridcfie,' tos doctores 
Lastra y Zorrilla....» ■■-■■'.■ •- ■ 

Dale que dale! , ■ , 



■H-;,ífr^ 






****S-*fe^ 



Crf 



;(■,■. 




' 1 ^.-v J ..,.<. 



«Las liases que el doctor|Zcrrilla piesentó 
al Dr. Lastra » 

¡Dios miol . -. f! ■< 




«Decididamente ios doctores Lastra y Zo- 
rrilla •» •■í'-<í ■■ • ' • 1- -M ! ^; ,. ^■, 

¡¡Socorrolil 




«Es cosa resuelta que los doctores Z irrilla 
y Lastra, ...» 
^ Ahhh!...ahhh.... 



44 



EÉ^IdtóéktíKlJ^ 







en «.'os aqtos, 14- 
l^de ChapíJ ■/ ^^ 



El éxtttó de la semana ^o 
coásótuyeyCl estreno ide ^El ;^ 
mismo demonio0fSlzu 
tra de >Ianzano ^ 'Ti^ 

La obra pérteniír<É||fJ^|^et genero 1 i jerp 
y es jndudablcméntp^dé\|a5í'mej(»-e!s> lantb 
por %;xi^lij^ a^ j^^J^KB^E»: la i»i|, 
sica ii|spfÍD(u^ sient^rafe^"^ é \ ^V 

El íipQidl mai^TOá^í^^legre y^'' 
frido,Swn ,volu|a^.k^ÍI^,% ííénsar 



cuenta%ropiá, y^ietój^jÉ caiiStaílp trozoMP 
de zarzuelas conocidas, qi 



itarái' jMlál^t^ÉEfi^^ I 

■gos^rá mas al públic0r!^ii4|!!lii^liii^;^ 
eii^ estreno estuiHjíip5ii5r,jesemc^ 
>o las comparacfiones^' nada práctíiS^|| 
conducen, nada decíHíbs del desempeño de^ 
-íáNobra. #'f ;-^_/|>^>, ■ V 

S^ÍH^^ico juzgáirá, v/'^ ^ecidirá por el \ 
í Pás^^iMp ó la Co>Bt4iaj queljfsoñclqs dos> 
^■|eatlíps que aos hsai l^fechp- .conw^Wi^jniisW! 



\o% 



(amonio.» ' 



>■?■ 






■:'■''/: 



>y 



y^ropia á todos fí 
los actos de su vida, es un tipo real, per- 
fectamente humano y trazado por mano 
maestra. Es el tipo de la obra. Hay mu- 
chos Nicomedes en jel mundo, víctimas de 
su mujer, otro tipo bien delineado en la 
zarzuela. *h^' ^" . \ 

La niña íf^^ y el dependiente (Sinfo- 
riano) dej¿iif^¿^i|^J|^e desear, en compara- 
ción del ifl^tíh^o y los parientes campé- 
sinos, qu^íetíééaiv verdad por todos sus po- 
ros, y;!^PÉU3^y se iptf^ve^ tan naturalmente 
coi¿0' |||iede li^cerlos óaover y hablar quien 
coi^^erfé^iTienté ¿^manera de ser de 

/ ¿(^^^|^k«;(if £la trama de la obra? pi 
Idnqti^' saltará lají^sta. Que es muy^ 
|n]KdfÍB¿, quie ^bui^l^ situaciones cómi- 
ca^j^e muci^Q'/^fectOí^'^; .<|ue se desarrolla sin^^s 
fatigar al pi^jcoha^ él fin, unñn impret^'' 
vistqf que j^¿vocac;|i|>. risa y el aplauso auí^ 
nad¿s. K^""^'- , «^í''/"' 

lia másicí^ es de Chapí. Es decir, es né^^ 
bl^y ¿«fejr/í^^pf^fectana^^e^ vt ! /íj~^¿^; 

|£1 compl&^t ha iiiteprétado la$ situsiil^ 
c|pnes cot^lttatates de la obra y )<^ ¿s- ' 
cr ito. para qí^9 una de ellas música tíjpfica^^y 
apropihújislina.'' ¿v 

El duocdi^^4e tenor y tiple, los villan- 
cicos, pieza de mucho sabor, y el concertante 
de la aparición son los números culminantes. 




''**«$*'4, 



-KS»I»^ 



Contestaremos la pregunta que nps han 
hecho varios suscritores. 

La suscricion cuesta ps. 1,59 por trimes- 
tre. 

Ah, y el cobrador pasará muy pronto á 
cobrar. 

Con que ¡no sean Vds. remolones! 

Bollini¿i]^ dmg^do una nota á los minis- 
tros exíi^nj^s ^réditados en nuestro pais. 

Les |^(fe datos :^ara implantar no sé que 
reforma!^; útiíes i, '.^s, ,Sh 

BoWííi . !«> ireftw'msis , iii^toptas . . : . i • _ ¡ 

;B^M \rié\$s dcssaKÍtM^4*&'''^%^ 

>yá lo, verán 'Yds. /'•••',,/;/.>>,. 



* Vn amenté, df^ia «lí^ra/ ní>s t<!™iterüíi^ 
Jí!^^ áp cAsa^fiíüfi'luego, "jij ,/ "¡|^ : ^j ■/:'■ ''•:^\-\j 
^'-XO;iix»n9¿Jfiá7^'cuai¡(!mta. '''^"'^'■■^^-V.'' ^^v 
:^;-:^ító^í^ qué? "- ^'.f- ,'-=^-•-^ídl!^^V^i^\ 

^^ lalisita á Donoyap, repase V. nim^^ 
vámieiBtft^^ los garitos ]¡j|saÜos unos días, y p^T^'TT 
encoóírará, ^on qué . . . , ;/K:^V 



y<SÍ:-í 






—ííJ^I^ aferrado? 

sir-Kcr, síffíor: GoriqíÉe funciori^^ cinco mksí. 



\\ I 



'%t. 



%j}}hA. libertad d^ bejísar |' -^. 

í áa S!lgttn iiécio eff pricíclamar. 

i-^fY¡ igb, duda^que me ^ano^ádaí 

""¿si' «%ote no ;P nada 

como lrf%itr^áFápi'óvecha^? 






BU -.CASCABSL 



45 




n^íí j^^ Visto á Julial Emili^MIstftüta.. 

—Jesucristo cuanta..,. 
'-'— Calla' ¡por favorT 



—Pepe no me encueintro bien 

tal" calor me sienta mal 
— El cáibr?../.'¡á -fni también! 




Con el calor, las' cuestiones 
se arreglan á bofetones. 



¿t; "»-■' 



A; no ser por la zarza que lomo 
bonita tendría la eai'a. 



46 



ikíl^éCitíiiL 



h 



K-D-T— iSe ha enfadado? Pues tome re- 
frescos y no me mande' mas disparates,. 

Con^A-T-C:flraím.bas, y que raalita es su «Sem- 
blanza», Colita. 

'"HdiA)éÓNo RKBOLT,Ei><>4TjEiitre ^eH artieialo y 
la carta me quedo con esta y archivo aquel. 
Usted, lOjOueoe haqermeiQj;. Ah^ la carta 
supone v!"b¡eri ñó" la publico. 

Candelario— Mé parece recordar una-poe- 
sia igual á láíKáfefV. xHaileidówLa Risaijciúm. 

CÓMICO— Público los que"" me placen á mi y 
al público, pero sír cobrar nada, iestá V? 
Asi es que el retrato irá cuando sea hora. 

TELMO—Sues,:, francamente, el , «Instaratá- 
neo» nb 'e»trá - én' El. <;a«cabbix ••■ 
>< .:eARifST.!D^— Aprovecharé su artipulito. -, 

Bernat— Me" résoltórun poco serio 

CASCABELiLLdi^CBeriMaió), Veré de aprove- 
charlo. 



*T¡ 



.-a: 






.¿1. u- Jií ;. ' ,T/i 



ImMaÍofIMvoilijstraijo 

REDACCIÓN Y ADMINISTRACCION 

'^^ "súscáiaoN 

tres meses. 
Número ^'*'^-*^ 
Id 



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Los acreditados camJseroB M^^SB.Iqío. Morales y 
Ca. compiten ventajosattteíi'te'^ cWn Iw'aP tíí^¥a- 
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última palabra en las mejoras introducidas 
en los elásticos para camas. 

El tcvfido galvanizado es inoxidable 

El material empleado en su eonslrucoioá es 
el mas superior. La tela; puede esturarse ó 
aflojarse al gusto de la persona que lo use. 
El armazón de madera resinosa, es un pre- 
servativo de los insectos, y tiene la venlaia á 
los armados de hierro, que es manejable y 
elegante. 

Habiéndose hecho una grosera imitación 
de esté acreditado colchón, solo garantimos 
los que llevan el riombre de la casa en una 
chapa de bronce. 

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47 




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;ada 
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H 



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IRISAS 5A^VlÉ,j 
'jnesy moiiog ramas- 
mesa y compLeí 

sobre porcelana, al 
incrustaciones en 

LO CONCERNIENTi 



ÍAL 



legos 



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■pJXl ¿j J^-.„ c sorbeteras, %«e€>s&Mdá ^^Srias for- 
XACldUCiclb, mas y clases^ bíd^süsttrtf^Dls, la- 
vatori(^, juGigos de lavatorios,! juego»; dft t&ilétte, 
máquinas para hacer soda ó #*gadel*i,%fillJtBípara '"' 
agua, fiambreras, etc. ' .j o í; * 

Juegos de mesa, í^^^íii^ÉM*^'?- 



cri&tal, cubiertos, cuchillos, 
torias, copas, vasos, sillas, 



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: sita abiocbador. Siem{>re «cuerva su'scolor ne- 
gro. Itíiil5.'perfectaméíitÍ! el bol»n conutn y es de 
mas duraron que cualquier otro ststemlá^ Pídanlo 
á su zapatero. Venta en los principales almace- 
nes de cueros. 



48 



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que existe en Buenos AireB está situada en la calle 

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Atendida "peráonalnSerite por su propietario — 

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eJIiáteflcio pílpí eljlomador. Sedan 
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Por mas informes ó datos, ocúrrase á sus agen- 
tes: i^TltOnio López y Ca., calle Alsina 760. 

NCTA — Se espiden pasajes de venjda, de todos 
los puertos y ciudades de España. 



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A fifí, de evitar falsMoálíToilesfjlí 
seño*a^4eben romper los ftfi^^^ A cajai^Étepi^s 
de babéi4«>g;u^Hdo. i >; '!)"^í*;^' :-^s-M' ' 

Precio flJHi-r^1i|trcM^i(í^tÍmi|« j 

Se manda gtiitiíi^-íittiéá 'Fo {ilda el %«^í|^o de 
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Recobrada y conservada con 
el uso de la medalla eleetro- 
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NI. La salud para todos, cu- 
ración garantida de todas las 
uiifermedades nerviosas y con- 
suutivas, reputadas incumbles, 
por medio de la electromátalo- 
erapia. El libro es dadog'ratí^ 
-iendo pedido al Dr. Boreani 
Paraná 45, Buenos Aires. ííe 
piden agentes en todas las pro- 
vincias para la veiita de dicha 
medalla. 





íinp. GuropM, Munnu y Dafeoia 



jfsyA'^SAíy'^s 



Año I Sueños AireB, Enero 2"? de 1892 líáni- 4 




■.ii:.i. -¿".scí .:.\iji: .' , ;■_■ : ■ . £& ^s ^-^W^' 

Editor propietario: FRANCISCO FERRES ' '' '■'^; 

Redacción y AdffliiistraáoD ALS1NAM89 (aíCK»y 






HORAS DE OFiClNA DE 2' A-, 5 *.'M^^V; 



Precio en la ciudad. . $ 0.10 el númér© * ""^ 
Küera de la ciudad.. " 0.20 v id ^.-^üi^-r^^- 



1'.<íi" :■ :'; ^. -' > : -iSíiir. 



(Fotograbados d« Coll) 



'?!**■ .^•"-~'- 



~. ¿Qué OS diremos de Dávila, .señor«í5? 
■ Que es un periodista dé los mejorei. 



s« 



ÉL CÁSCABfeL 







.L 




uena idea! 

Ya no es solo en los 
teatros en dónde s^ pue- 
de divertir la juventud 
ávida de placeres. Aho- 
ra tenemos diversiones 
al aire 'ubre, con JÉiú^ícía, helados, cerveza 
' y muchachas pír áÚtéétAr, vale decir en 
estado de diajííOnibilidadl 

La pláziSáé San Martitf eá'el centro de 
atracción. AHÍ se "reúne la buena socie- 
dad, la sociedad robusta, sana, que brilla en 
' "talleres y tíéñdal, "én Paíenno los Domin- 
gos y en la pla¿á, "al Rededor del kiosko, to- 
das las noches de lú semana . 

Los OB^todiéntes de coníiercib esperan la 
hora »i^€ma^1!ás lo i.'e la noche, para ce- 
rrar ^rW y vidrieras y marchar á escape 
*á oír miisica, tomar chopps y ver mucha- 
chas. 

Nunca se habia observado tanta puntua- 
lidad, , 

Hay cadete que parece in- 
glés de origen, de esos que 
cuando tienen una cita, ó 
van á cobrar una cuenta, 
consultan previamente e 1 
cronómetro para no retrasar- 
se un minuto. r 

-^•Pepe, arregla los mada- 
polanes, prontito. ¿Te acuer-, 
das de aquella rubia? 

— Sij lya lo creo! — guar- 
da estos fulares. ¿Y no te 
parece que aquella morocha 
me demostraba mucha predilección? 
— Estarán esta noche? 
— Dios lo permita. Si no las veo te ase- 



guro que me llevaré un desengaño de los 
gordos. ¿Estas listo? vv íí^míÍsíO'— 

— Si ■•^■■:-^j: ívüíii::luaí) oH- ■ 

r í>" — Pues' vamos. ■ '.■ ' -t- ;-:^' '■^" .-k •■■ 
i Y los dos aprendices de ¡ntroduc|ores se 
dirigen á la^ plaza San Marti Q-isn busca de 
sus bellos idealesín- .i-yy^.^m .t^\?~. - 
-í La verdad es que para felacipínarse no 
hay como los asientos del klos!k<o.ij,^Q,^<^f 

Qué amenas tertulias al aÍ5elibíei,;t?Pa- 
rece que uno esté en familia, /, Los concu- 
rrentes se conocen y saludan jcari fiosamen- 

; te. .-: ,..,...,.., , ..,n,-, , 

Allí están las de Velutillo, el Sr. de Pé- 
rez con su interesante niña, las de Gómez, 
de, López, las de Fernandez y las de Gime- 

Todos y todas, toman chopps, es decrr, 
toman uno, y así, por la módj^^ suma de 
. quince centavos pasan la nocl^^en y eco- 
nómicamente. 






al altar por haber 
ido á la plaza. 

La verdad que 
esta tiene muchos 
encantos. 

— Está ocupada 
esta silla? —pregun- 
ta uno á una mamá respetable, que toma 
el fresco con sus niñas. 

— No señor, puede V. sentarse. 

— Tantas gracias. Está fresca la noche, 
eh? 

— La que está fresca es mi hija mayor. 
— Celebro mucho. 

— Mamá, por Dios! — dice la niña. 

— Calla tonta, el señor parece una perso- 
na fina y tiene un caido de ojos tan bon- 
dadoso 

— Señora 

— Nada, nada; V. es muy simpático, y 
yo le tendré una confianza. Ha de saber 
y, que la mayor esperaba á un joven que 
ayer la festejó y hoy ... 

— Qué van á servirse? — interrumpe el 
atento mozo. 

— Qué tomarán Vds., señoras? 



^ÍEL. JCASCA)$KL 



Si 




.. ■■t-Jf¿yi^rm.-:fiO debemos. . . ::* -uO: .^:-y 

— ¡Dichosas VV.I .if^u r^fé4i ííoí^Jí 

— No debemos abusar. 

— No; no abusen de la cerveza que es 
írHfante. . . 

--Biiéno, tomáremos tres refrescos, ó 

— Tres refrescos, mozo, y un chopp! ; 
-■ *3iiPues vea V. dice la señora, esí que 
prometió venir; y no ha venido, nos ha 
embromado Pero V. está aquí, y repito nos 
ha sido muy simpático. I ; . - , , -: 

La murga que está en el tablado toca una 
polka, la madre se duerme y la niña mayor 
entabla conversación con el joven, mientras 
la menor mira enternecida á un mocito ve- 
cino que toma un limón con soda, y lleva el 
compás con un abanico de diez centavos. 
-' ' ' • : Así empiezan 

ciertas relacio- 
nes que, á lo 
mejor, son cau- 
sa de ardientes 
declaraciones , 
acom p a nada 
de boda y otros 
.ivwa s f estremos. 
Aunque otras vedes acaben de distinta 
manera, porque én itt,|^aza merodean una 
porción de calaveras capaces de fumarse á 
cualquiera.... ^f ..., ; 

Calaveras de esos ^e no pueden ver á 
una señora sola sin acercarse, atrevidos, y 
declararles el fuego volcánico que los con- ! 
sume por dentro. 

— Es V. encantadora, señora. j 

— Ya me lo han dicho otros, 
— Me podría V. hacer el mas feliz de los ' 
hombres. 

— Quién lo diria! 

—Créame V. Desde que la he visto he 
sentido necesidad de hablar con V. cua- ' 
tro palabras. 

—Pues mas de cuatro lleva habladas. ; 

— No sea V. cruel. . . ¿es V. libre? '' 

— Quién sabe 

— ¿Quiere tomar algo? 

— Gracias. Me retiro ya. i 

—Si V. me permite, la acompañaré, ; 

— ¿Teme V. que me pierda? 

— Pues yo la sigo! 

— Como guste. 




Parte la dama, y el calavera parte tam- 
bién adoptando sus precauciones. , - 

Llega ella á su casa, abre -y '^ queda en 
1^ puerta. . ■; 

I Por fin el mocito se ánrnía.' 

To soy un ca- 
"nriá señora... 

í — Ah! gM^iasí señoraT^taciasT ¿Esta- 
mos seguios?.;., ¿no cori^o-wiihgtm peli- 
gro?. ... la comprometo á V^H-. .'. ' 

— Y qué has de comprometer, hombre, 
¿ahora salimos con que m 
una señora? No te creiá . 
vista. 

— Pero ¿dónde estamos? 

— En mi casa. ... en Jal 





o por 

i íi^to de 






¡Confusiones propias de la -plaza 1 

Los que van con buen fin suelen encon- 
trar señoras amables, y, en, cambio, hay 
niñas que sin saberlo, se están encamotando 
con Pepito, el de los. madapolanes,, que es 
un bribón de siete suelas. 

¡Cuidado niñas! 

Si abusáis de la plaza %n Martin quien 
sabe á donde iréis á parar. ,. 

Pero id, id á la plaza, que allí os esperan 
las mas dulces emociones; y las mas alegres 
polkas. Baratura y ventilación. 

Y esta es muy conveniente ahora. 



Quiso ciencia y la halló. Quiso fortuna 

Y ha llegado á ser rico. 

Quiso poder y autoridad, en suna^, 

Y también la ha tenido. - '" - 
Ambicionó el talento que deslumhra 

Y alcanzó sus designios. '; * : 
Hasta el amor, en sus arteras luchas 
Se le mostró rendido. 

Lo que jamás logró, fué la ventura 

Y leales amigos. 

M. Bahamonde. 



s» 



EL CASCABEL 



a: rr isf^ SEÑORA 



Señora : Con emoción 
He visto el Cristo de plata 

-;; Que lleva usté, y que delata 
Su sincera devoción. 
Sobre la curva valiente 
De su pecho cincelado 
Y de un hili»o rosado 
Se encuentra el Cristo pendiente, 
Que aunque reposa tranquilo 
Eli lecho de nieve y^osa, 
Cristo, por mas que reposa, 
£síd pendiente de un hilo. 
Yo al instante en que le vi 
De tal modo me turbé 
Que no sé sí le envidié, 
O si le compadecí. 
— Entre dolores profundos 
-^Pensaba— Cristo no ha muerto, 
Puesto que ahora he descubierto 
Que aun anda por esos mundos. 
No sufre, por el contrario 
¡Cuántos no le envidiarianl 
¡Y cuántos no morirían 
En ese mismo calvariol 
Al verle rasgóse el velo 

'■ Conque cegaba mi fé 
Ahora creo porque sé 
Que Cristo se halla en el cielo 

' jQuien después de los digustos 
Que la vida nos depara, 
Reposo cual Cristo, hallara 
Eú el seno de los justosl 
(Que no se haga el ofendido 



Su esposo de usté señora, { 
Pue&to que recuerdo ahora 
Que es un Justo su marido. ' 

Y que no lo tome á mal, 

Y comprenda mi intención: 
Pues no hay premeditación ' 
Al emplear el plural) 

Si la imagen me arrebata 

Y le miro embelesado 

Es porque ahora he recordado: 
— ¡Ojo al Cristo que es de platal 
A su pudor no hago ultrage 
Mirándole cuanto quiero 
¡Veo á Cristo en el maderol 

Y algún trozo del paisaje ... ' 
Vuelve á la memoria mia 

La Pasión del Salvador .^-1 

Y creo ver del Señor ^-j-. 
La congojosa agonía ^' 

De su suplicio cruento " 

El recuerdo me hace daño. 
¿Fuera en mi nada de extraño 
Ahora un apasionamiento?.... 

Si El con su divina luz 
Su pecho de usté bendice 
No olvide usté que se dice: 
« El diablo tras de la cruz » 

Y añadir es por demás 
Que si Vd. el diablo fuera 
Yo en il instante quisiera 
¡Entregarme á Satanásl 

Luis Garda. 






L-A. IS^UJER 



MAS DEFINICIONES CIENTÍFICAS 



Medicina— hSi mujeres una 
pildora dorada, muy amarga 
en su interior. 

Cirugía — La mujer es el bis- 
turí del corazón, manejado 
con poca pericia y mucha 
crueldad. 

Botánica — La mujeres una 
planta hermosa, cuyo aroma 
da vida, pero cuyo' jugo es 
venenoso. 

Zoología— hñ mujer es un 
bípedo lindo, pero indomes- 
ticable. 

Mineralogía —Lñ mujer e* 



una piedra falsa, de brillantes 
reflejos. 

Geología — La mujer e< el 
fueg-o oculto que alimenta el 
Universo, pero cuyas erupcio- 
nes son mas terribles que las 
volcánicas. 

Geografía— hs. mujer es un 
rio que, como el Niágara, nos 
asusta y nos atrae. 

Astronomía — La mujer es 
un astro, rodeado como Sa- 
turno, de un anillo de oro, 
que gira en una órbita muy 
limitada. 



Gramática— hSi mujer es un 
articulo indeflnjdo, que nece- 
sita estar unido'' á un nombre 
masculino para significar al- 
go. 

Literatura — La mujer es 
una paradoja rarísima, pero 
de muy buen gusto. 

Lógica — La mujer es un so- 
fisma difícil de entenderse y 
mas de refutarse. 

Ética— La mujer es un ar- 
gumento apetecible á favor 
del comunismo. 



KL CASCABEL 53 



IMP RESIO NES 

O ^ .:... ... ... 

JL A AY personas sumamente impresionables. 

Se enamoran^de esto, ó de lo de más allá, solo por que un detalleiles causa impresión. 
Conozco, y trato con las reservas del caso, á una señora completamente-: viuda de un 

coronel. 

— ¿A que no sabe V. porqué me casé con^ Segundo? =< ^ 

— Tom.i!' Porque le parecería el primero 'entre los simpáticos. ,f . 

—Si pero no. fué por esto. Como ser simpático, lo era; aunque en verano sejle poma 

el cutis colorado como las .fresas perol ¿tenia un nunca dirá Vd. lo, que^^más me 

gustaba de mi difunto esposo. 

—Señora, yo francamente nadie mejor que V. sabrá eso! 

—Pues el bigote. jAh qué bigote el suyo! Qué espeso, y que guías tan largas! Verlo, 
y 'enamorarme de él ... . 
' — ¿Del bigote? 

— De Segundo, hombre, pejo el bigote fué lo primero que me impresionó. 

— Vamos, Segundo fué cosa secund.iria. 

—Hasta cierto punto sí, señor. Afeite V. á Segundo 

— Señora! 

—Es un decir; y Segundo pierde su encanto. Ay! Aun me parece sentir el cosqui- 
lleo de aquellas afiladas puntas. 

— Señora, .. .repare que está V. hablando con un joven soltero. 

— Ah, es cierto. Perdone V., en hablando del difunto, al recordar su bigote, lloro de 
rabia. ¡Adiós! 

Es bueno advertir que la viuda de Segundo, según murmuran los vecinos, está en 
relaciones con un barbi-lampiño ■ 

Justo castigo á su perversidad!! 

Los hombres somos también impresionables. ' 

Ya lo creo! ... 

Quien se derrite por las gordas y quien engorda pensando en las flacas. Este, está 
por las altas y el otro por las bajas y así sucesivamente. Una pierna torneada saca de 
sus casillas á mas de' cuatro que, poniendo en práctica lo de adorar el santo por la peana, 
una vez -vista esta ya no reparan en nada más, y se casan con la dueña de las tornea- 
das piernas cargando con el santo y la limosna. 

Caso patológico de amor bajo. 

O de amor á los bajos. 

Otros se remontan más y se fijan en el cuerpo. 

Otros tienen la impresionabilidad mas elevada y solo se rinden á una cara bonita, á unos 
ojos espresivos ó á una boca menuda. 

Una amiga me confesó que tenia un novio prendado de su nariz. ^ 

— Mas vale prendado que prendido! 

— Si pero llega á marearme. Todos los requiebros son para mi nariz, todos, los cui- 
dados para ella, las miradas mas tiernas á mi órgano nasal van dirigidas, y en una 
palabra, empiezo á tener celos de mis narices. 

Caso raro, pero que tiene remedio. Procure V. estar resfriada con frecuencia.... 

¡Cuántos muchachos han salido de la oscuridad en que yacian solo por haber causado im- 
presión á una niña de esas que tienen una fortuna capaz de impresionar á cualquiera! 

López es uno de tantos Antes le vestíamos entre tres ó cuatro amigos, y ahora anda 
por ahí tan tieso y paquete, sin saludar á nadie.... 

¡Todo lo debe á un lunar con mas pelos que la cabeza de un compadrito melenudo!. . 

A mí francamente, también me atraen ciertos detalles; unas veces estoy por las rubias 
« otras por las morenas . , . .que sé yó! 

^ Pero no me dejo engañar, porque las apariencias engañan. A veces la blanca mano 
que solicitáis se convierte en garra de fiera y aquel pié que os enamoró, y trastornó 
vuestra cabeza, es un criadero de callos .... 

¡Misterios impenetrables! 

No detallemos mucho que es lo mejor; busque mos conjuntos armónicos y así no corre- 
mos el albur de aquel que casó con una niña, fuertemente impresionado por la frente 
pura y tersa de la misma, y que luego le adornó la suya de un modo que.... 

jAquella si que fué impresión . . . . | 

Andrés Soltr. 



54 



KL CASCABEL 



BÓrETOS pofeííd 



s 



¡i ■■-::.■■': 



EL BASURERO 



El basurero no es wxx hombre: es una 
trinidad formada por un carro sucio, dos ca- 
ballos sucios y éticos y un individuo, por 
lo general gallego, ó napolitano, skio tam- 
bién (K>mo el, cfrro y los caballos. 

En la calle marchan en el orden en que 
les descfibinKís y ligados entre sí por un 
vínculo ifilQ^fe basura. 



?i?ld&tí 



*' « 



Por Ú vereda va un hombre con una ca-^ 
misa cuyo colores imposible averiguar, sin 
usar para ello de medios aún desconocidos 
en la (^uími.-ia moderna y con un pantalón 
que al primer golpe de vista parece conti- 
nuación de la pamisa, pero que, fijándose 
bien, se ve que se halla unido á ella por 
una faja^ que habiendo sido celeste ha llega- 
do á ser igual á las prendas que une. 

Este mon^oncito de trapos sucios, es co- ' 
roñado por un sombrero ex-chambergo, que i 
no se abochorna de la compañía y que aun i 
es capaz de mostrar en el íado derecho, la ¡ 
huell.-i que je han impreso con su contacto 
los aseados cajones que se usan en Buenos 
Aires para los desperdicios -y se asienta 
sobre un par de botas que son una verda- 
dera maravilla. I 
Averiguar el cuero de que fueron he- ■ 
chas, la fecha, el artifice que las modeló i 
con su martillo y el color primitivo que tu- i 
vieron, es un problema tan difícil de resol- 
ver, como el de vivir sin comer que yo y 
algunos d(5 mis colegas, hoy gordos y re- 
chonchos, tuvimos planteado varios años y 
que al fin dejamos sin solución. 

Uno dé estos colegas que vivió en la ve- 
cindad de una de estas botas, me decia va- '' 
rios años después y temblando aun de miedo 
al recordar las proezas de sus vecinas: 

—Esas botas harán mi fortuna cuando \ 
venga la guerra con el Brasil: yo le vende- i 
ré al gobiertio el secreto de deshacerse por 
medio de ellas, de los enemigos de la pa- 
tria. Gr4l^te^.^4|>^\>asureros serán los 
sansones argéml^í^^Aiuizás me levanten 
una estátua^J 

El futuro agradecido de mi colega es una 



páqúiná qiié gft ta surta! surero! como avi- 

i sando que llega, guiña el ojo á las sirvienti- 

tas que lo esperan ó les hace fogo^s decla- 

: raciones de amor, indica con un pei^ueño 

gruñido á los caballos que lo siguen cuando 

' deben tirar ó detenerse, levantacajoneSj los 

vuelca y vuelve á dejarlos en la verifda. 

Y no se turba en su tarea y "mira todo: 
las sirvientitas, la gente que pasa, y los obje- 
tos que contiene cada cajón para ver cuá- 
les puede recojer para sí y vehderkjs con 
provecho! > 

* 

Le siguen los caballos, los bichos mas 
desgraciados que parece tener la creación: 
yo creo que entre la. raza caballuna, perte- 
necer á un basurero debe ser algo así como 
la espresion mas acabada de la mala es- 
trella. ; "\ ■' •; ■^' '' ■'- '"' 

Se les vé embarrados hasta el colmo y 
llevando colgajos de basura por todos la- 
dos, flacos, resfriados, enfermos. 

Casi todos esos caballos padecen de ma- 
nía de las comidas: sueñan con banquetes 
de alfalfa, con toneladas de maiz ámatillito 
y fragante, con torrentes de agua cíafa co- 
mo la que bebieron "en sus tiempos cuando 
se les apreciaba por la esbeltez ds su es- 
tampa y cuando aun no se hablan desgrana- 
do: es ¿)or esto, bajo él acicate de esta ma- 




Como se repita, [haré un escarmien- 
to! Bueno es que vayas á entregar la ropa, 
cuando esté lista. 

Pero ten entendido que solo has de entre- 
gar la ropa, eh? ^ 



EL CASCABEL 



S'5 



nía, que de repente se les vé trotar con 
premuFa^^opio deseosos de alcanzar|el sueño 
que lostr^fóslumbra. 

Hay quien asegura que han existido ca- 
ballos de estos, -.que, escapando al influjo 
de su manía por un momento, se han sui- 
cidado, ai ver su humilde condición. 

Sus almas estarán á estas horas ardiendo 
por haber ofendido ^á. Dios yá la sociedad 
y por no haber tenido valor para soportar : 
las desgracias de la vida! 

Las indicamos á los rezos de las perso- 
nas piadosas. i 

* i 

Y el final de la trinidad es el carro: un , 
digno pendant de las botas del conductor. , 

Es un armatoste chillón, tormento de dor- ; 
railones y gran moledor de adoquines, que ! 
sin embargo impide en algo que nuestra su- 
cia ciudad lo sea en grado superlativo, ó lle- 
gue, siquiera á parecerse á su interior don- 
de se confunden y se dan un beso una cola 
de pejerrey y un ramo de violetas secas, 
que quizás presenció un idilio ó asistió á 
una de esas peleitas que uno tiene con su 
novia á fin de poder gozar las dulzuras de , 
una reconciliación. ' 

Fray Mocho. \ 



VIEJA VERDK 

A doña Francisca Abad 
Viuda de Ricardo Mocho; 
En la calle de Piedad 
Número setenta y ocho 

Ciudad. 
Mi muy querida señora: 
Su carta ayer recibí, 
Y hasta maldigo la hora; 
Pues por ella comprendí 

Que me adora. 
Señora, usted muy tocada 
Debe estar de la razón; 
Porque no me pide nadal 
Que le entregue el corazón....! 

¡Que bobadal 
Que "me ama con locura, 
Que se matará al instante 
Si la desprecio. Cordura. 
Le hace falta en semejante 

Chifiadura, 



:; \ '•■ 



Que sangre de gran valia 
Por todas sus venas croza," 
Pues sepa, señora mia 
Que ^mbieh'^ ¿l<':bioro Muza 

la tenia. 

Y aunque yo noble no soy 
Ni de rancios pergaminos; í; 
Por su sangría no estofs '-- 
Ni me importan dos cominos - 

' hby por hoy. 

Qué tiene mucho dinero, 
Casas, terrenos ... .la marí 

Y que me hará su heredero... 
Aunque se canse de hablar 

No la quiero. 
Por mas que una piropiedad, 
Dos terrenos en~ Felgfano, 
Otra casa en la ciudad .... 
No es malo. . . . pero sil mano 

¡Caridadl 
S ;ñora, si le es igual, 
Ponga á su cariño tasa, 

Y en cambio, por este mal 
Me regala usté una casa 

¿Eh que tal? 
Pero sus cartas son cero 
¡Por las viejas no me crispo! 
Si su amor es verdadero .... 
Se las manda al arzobispo 

Que es soltero, 
Ya su amor no vá conmigo: 
Toda vieja verde .... reza, 
Es un consejo de amigo 
Doña Paca, con franqueza 

se lo digo. 
Pero si usted altanera, 
A su amor no pone tasa 

Y aun por un marido espera .... 
Se va usté al diablo y se casa 

con Gragera. 

Y basta por hoy señora 
Arroje de si ese amor t. 
Que la cAi^á en mala hora,'* 
Soy su atento servidor 






Pedro Mora. 





A mi edad un mate caliente 
Ble sienta perfeetaniente. 



Si lio es dulce no lo tomo. 




mt^m* ' ■ ' 



A mi me re[)Uji>:na por qne hay bocas tan iles- 
cnidadas . . . ! 



A mi me gusta tomarlo asi. 



, -■--." '^ ^^r '..^^■■^■•'y'^Tf- f^sy-,x-^.í-- 




Me pasu con el mate lo que cou las iñu- 
des. Me gusta de cualquier modo. 



Ah!. ..¡¡el cimarrón! 




Mate? .... tontería; un buen \ aüo de 
eafé con mucha leche y mucho pan. 
Esto es' sólido. 



La que toma mate en taza. 



58 



EL CASCABEL 



Una cosa es predicar. . . 




•'í'h 



A su servicio tenia 
D. Pedro de la Hinojosa 
Una muchacha preciosa 
Que se llamaba Maria. 
Chica de ojos seductores 
De formas muy regulares, 
Con un pié y unos andares 
De esos arrebatadores. 

Cierto dia convidado 
A su casa aquel señor 
Llevó á un gordo y colorado 
Cura, que era el confesor. 
Quien en comer con ahinco 
Su atención iba poniendo, 
Cuando á la muchacha viendo 
En la silla pegó un brinco 
— ¡Vos que odiáis el matrimonio 
Dijo con acento airado. 

Y al fin os han subyugado 
Tentaciones del demoniol 
¡No quiefo escusas odiosasl 
En tal edad y tal ^ha 
Os despierta la muchacha 
Ideas pecaminosas. 

— ¡Oh padre no penséis tall — 
— ¡Basta, que con tal acción 
Hollasteis la religión 
La decencia y la moral — 

Y el padre tan bien habló 
Estuvo tan elocuente 

Que á la mañana siguiente 
La chica de allí salió. 



JI 



;v 



A su paíer t>. Yetíttifk 

D, Pedro visitó un tlia = 

Y halló á la misma Maria 

'■4 f ' " 

Sirviendo de ama del cura. " 
-'». Garrido. 



>''S>t^ 




POLITEAMA- «Cavalle- 
ria Rusticana» por la com- 
pañía Tombal decia el público asombradp.-Trr 
será broma? Y no fué broma, no señores. 

La compañía alegre, que campa por sus 
respetos, y que está en su casa, como quién 
dice, en el Vaudeville, hizo un brusco cam- 
bio de frente y se entró en los dominios de 
lo serio, resultando de esta intromisión una 
cCavalleria Rusticana» aceptable, y tenien- 
do en cuenta que los artistas no estaban en 
su terreno, y la baratura de precios ñjados 
á las localidades, mas que aceptable fué 
buena. 

La Bonazo fué la heroína de la noche. 

Las demás artistas hicieron cuanto pudie- 
ron. 

La orquesta deshizo lo que pudo ,..y 
á Tomba Dios le tenga en cuenta sus bue- ;" 
nos deseos, y le guarde de nuevas correrías 
en terrenos vedados para su bulliciosa iroupe. 



COMEDIA — Tenemos «demonio» para 
mucho tiempo. 

Ha pasado lo que hablamos previsto. El 
público aplaude sin reservas la bella música 
de Chapí y le ha tomado gusto á la obra, 
cosa que debió haber hecho desde „la pri- 
mera representación. 'f > 

Gil, Campos, la Tomás, todos en uña pa^ 
labra, desempeñan la obra con cariño, en 
especial el primero que hace de un modo 
i acabado, el papel de Nicomedes. 



EL CASCABEL" 



59 



Al cerrar esta sección vemos anunciado 
el estreno de «La verdad desnuda». 
Hablaremos de ella. 



PASATIEMPO— «El mismo demonio?, 
«El Monaguillo», «Charito», alternando con 
obras conocidas "y bailes. 

Por cierto que «El misrao-demonio^* re- 
sultó algo flojillo en este teatro. 

En «Chanto», obtiene grandes aplausos 
la Millanes, sobre todo cuando intercala 
trozos flamencos, jotas .... etc. ' 

Una cosa llama . la atención al piU)ticp 
del Pasatk^o, y^ es I9, afición qué;g|le- 
muestra éíí l¡éíila'^yk.¿ib|os}QÍ' á vestiril de 
bailarina. Nada nay* rnásir|flíqu^ que un 
hombre haciendo piruetas,^ péro^andoi|^é 
hombre se viste de mujer, luce escot^ if^ 
nos de sinuosidades, y hace alarde dé uór; 
gusto depravado en sus gestos y actitudes,' 
no libres, sino puercas, el espectáculo es 
repugnante y digno ,ie una aldea de último 
orden. '''''' " - -=■'? ' ' - ■ • 



TEATRO NACIONAL — Ante escasa 
concurrencia tj;abaja la aceptable compañia 
que actúa en el coliceo de la calle Florida 

El repertorio es conocido, por ser el mis. 
mo de todos los teatros que funcionan por 
secciones, ^r 

Anunciase el estreno de algunas obras 
nuevas, que indudablemente atraerán pú- 
blico. 

Allá veremos. 



ALHAMBR A — Funciones para las fami- 
lias del barrio. Repertorio grande y chico* 
Artistas muy conocidos en sus casa's, capi- 
taneados por el primer tenor Sr. Tapias. 

Pariiquin. 



' Y 



/- 






1-" 







Solo hemoss reservado unos ejemplares pa- 
ra los lectoresiquecptíérSLn SMscribirseJj íU: 

Con que ya lo saben Vds. 

Ahí y muchas gracias por lo de lo edición 
que Vds. han consumido. 



-^«H^' 






El tercer núiiiero de Ei^ Cascabel está ago- 
lado. 



Las bellezas residente;*/!» "a^W del Plata, 
encuentran ridú-ula la nioda q^é han adop- 
do los niños de la crema, al usal? faja en vez 

de chaleco, \..._J:^'- 

Dicen que parecen toreros; 
¡ Pues si es el traje iriáícadol 
Porque para lidiar con algunas....! 

—Papá, siempre estoy leyendo: 
«Enfermedades secreta$.)v í 

¿Cuáles son? " ■ . J \_ 

- —Ello lOídicg I , » 
las que no se'TOiiíTrtftéstání- 7 -^ 
_Pues, iy cóinolas conocen? 
—Hija luia, por sospechas. 

Un colega se muestra escandaliyado porque, 
según dice, en Mar del Plata, al rededor de 
ja ruleta, pierden fuertes sumas, altos em- 
pleados nacionales. .. 

Anda tonto, que por lo que les cuestan de 
ganar.... podríamos decir, parodiando á un 
personaje de una zarzuela muy conocida. 

Viene en la carta un retrato, 

y un rizo de sus cabellos 

Pero, señor, jsi ella es rubia, ■ 
(iómo envia pelo negro? 
jDe dónde, de quien y cómo? • • , 
¿Será un cambio de correos? 

Nuestro querido intendente municipal fué 
á Belgrano y adoptó varias disposiciones. 

Creemos que también adoptaría precaucio- 
nes. 

Por que ¡coíi estas calles tan bien em- 
pedradas — I ■., 

Señor Director de Correos i/ Telégrafos. 

V. que es una buena persona, podría hacer 
algo en pro de El Cascabel? 

No crea que le pido una subvención, no. 

Lo que le suplico es que los carteros cum- 
plan con su deber, y no me caloteen perió- 
dicos. 

Mire V que luego los suscritores no paga- 
rán, con mucha razón por cierto. 

Conque. . . .¿hará . V. algo? ¿avisará á quien 
(corresponda? 

¡Dios lo hagal 



6o 



EL CASCABEL 



¿CONSPIRACIÓN I 




Cada dia á la misma hora entra 
seguida de uno. ;Coiispimrán? 



una Esté V. alerta. Yo me encargo de él 

y V. de ella. | 




Vea, él entra. 



Ya sale. Le seguiré. 




...:,. '- 


1 -* nvi l^ ■ 




ii]li!P|ÍÍíP|lH'pi!'^' 


ttm^. 


f*P| 


Señora 


dése 'V 


'. presa por eonspi- 




¡Por conspirar he dicho! 
— Bueno pnes he conspirado con aquel, 
pero no sabia que á eso le llamaban conspir9'' 



XL CASCABKL 



6l 



LA TEMPERATURA 



f : \ 



'hJi- 




Me saca de mis casillas 

Cuando salgo de paseo 
—El mirar de las chiquillas 
La figura y el meneo 
El garbo y las pantotrillas. 
í^^^Oiga V. niña hechicera , 
C, ^ -TfSe le ocurre alguna cosa? 
V'^ Si/ vamos donde V. quiera. ^ 
'^r-^o, que mi tia roe espera 

0-"^a V.... ; ';, 

.:^ ÍÍ-i^¿A mí? ^ •^-•:- 

'~^ J'\ ^.í-^A %sté la fosal 

Debeifli^s. .advertir á Eí Nacional, que la 
circular que publica en la sección «gentes 
y cosas» del dia 23, es original de Campu- 
zano, colaborador de El Cascabel, y que 
por lo tanto está muy mal hecho eso de 
apropiársela como cosa suya sin hacer cons- 
tar de donde la tomó. 
; No nos importa que se copien, artículos 
y poesias de El Cascabel: prueba ello la 
bonda de unos y otras. 

Pero de una trascripción á un, rapto hay 
diferencia. . , ' 

Y Ei Nacional es un rap(o'K,.-.l ■ 

Que conste. ' \ 

¡Oh prodigios de la industria! 
Ahora resulta, según leemos en un diario, 
ique los señores Martínez han inaugurado un 
establecimiento para la elaboración de cis- 
ms y adornos de varias clases. 



Elaborar cisnesl 

Es lo que faltaba. 
i ¿Qaé harán Ibs cisnes al ver usurpadas 
sus funciones? 

Tiene la palabra el Dr. Albarracin. 



—¿Mi 



/ti. ■ .- "t^SÍ! 

cbüíesion no te 




— Exentp estoy de zozol__ 
-^^ que tu mujer te fapíij;- 
^.^— Mejor sé yo que rae m^f* j 

^■*í 1 j 1- --:f---T # 

: -lln cura de mucha cii^cia - 

A un bandido preguntaba, 

h •' Vi.' 

' Como era que no escuchaba ^ 

I Las voces de la conciencia. 

V ;LaSk voces? — dijo el bandido-^ 

^J ^ vjáítíto os dais cuenta?¿í*^|^ine doy 

~ Pero |ayl padre, que yo soy i 

Poco aficionado al ruido. 

Los Estado-Unidos ha construido el pri- 
mer cañofi ^iBontaña. 

Todo di él aióaericano. 
. En cam^j^pM la Argentina, y eo los 
talleres del^^warz se ha construido la pri- 
mera trilladora criolla., es decir del pais. 

La cosa jsesiil^ glfaciosa. ^ff?; - \ \-i^ 

Parece <i^ los americanos "del norte lo 
sean del su(i y vice-versa'. ' 

Con trilladoras y no con cañones, es que 
el pais llegará á prosperar. 

No les parece ,á Vds.? v / '■, 

Y, que Levalle perdonel 

Sedujo Luis á Pascuala, 
esposa de un general, 
y éste le sopló una bala; 
que siempre ha sido fatal 
un toque de generala. 



ífcit' 



GORRESPONDENCI A. 



^'M. 



^% . 



P. Pito— Pues no convide* 

P. DE LA Torre— Si se sus.ca^ibe • V. bien. 
Porque J3^ de saber que del 'tercer número 
solo quedan unos pocos, qué no vendemos 
sueltos. 

Apeles— Sus dibujos no son nialos. Pase 
porla redacción y hablaremos. 

Lector— Repetimos To mismo quezal señor 
déla Torre. \-:^ 

K. D. T.— vombre, ¡déjeme V^. enfíaz! 

HoMOBONO Rebolledo— Es V. muy razona- 
ble. ¡Ojalá K-D-T. lo fuera 'tanto! Su articulo 
esta aguardando turno para publicarse. 



é2 



u. Cascabel 



n 



? ; Paco Mora.— Hoy lo publico., lylan4*!V. la 
firma para lo sucesivo. 'i jri 

Athos— Con el calor de aquel día 
calor que abrasada 
contento la abrazaba 
sin que me viese su buena tia. 

Pues mire V.^ sila tia le vé le rompe una 
clavícula, con razón por cierto. 

Cronist.a— Dejemos en })az á Mitre, si V. 
gusta. 

J. DE LA Cruz Alt.\ -Ya estoy mareado con 
tanto instantáneo. jQué le importa al pais que 
aquel señor aea, asi ó asá? ..>-.. 

Saltamqnteís— Es muy inocenlel 

.) UNO— «Y tú, hermosa, que hacéis » 

Esto es un macana:;o de los gordos. 

Amigo - Por mucho que lo sea no puedo ser- 
virlo. No hay ni uno: se agotó completamente 
a edición» . .- 

P. López— iSuscribiéndose? Ya lo creo, si 
señor. 

A. Simón— No devuelvo ni un original. Va- 
liente trabajó me quiere V. dar. 

E. G-— Aprovecharé algo. 

Quedan muchas cartas sin contestar. 



i\x mmmmi de^camisasenurepüblica 

Los ncredilndos camiseros Margal^jp, Morales y 
Ca. cüLupiten ventajosamente con los de mas fa- 
ma en Europa. Especialidan|eii trabajp fino sobre 
medida y noolvideel púbrico que la protección 
hoy á la industria nacional le rffJyrtaráAip 80 0|0 
de economía. " T ^, . 



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De mérito verdadero 
í]s en la cancha Pedros 
Un pelotari zaguero 
Cual no hay dos. 



ffií^ij^'' 



66 



BI. CASCABEL 





L espíritu de irni- 
tacion y el espíritu 
de vino se han de- 
sarrollado de un 
modo alarmante. 
Ahora los coti- 
llones están á la 
orden de la noche, 
y de resultas de 
los bailados en Mar del Plata y en el Ho- 
tel del Tigre, Tigre-Hotel ^po^ mal nom- 
bre, ó por nombre inglesado, que viene 
á ser lo mismo, están exprimiendo el magin 
un sin fin de muchachos veraniegos ávidos 
de popularidad, y deseosos de que los dia- 
rios digan: cEl conocido 
joven Fulanez dirigió el 
cotillón acompañado de 
la atrayente señorita de 
Menganez>. 

[Oh poder de la imita- 
ción! 
« ■■■■'■■ 

Tú haces que el Dr. Várela versifique 
con indulgencia del arzobispo, solo porque 
Candelario versifica con indulgencia del pú- 
blico. 

|Todo lo puedesl 

Ello es que en Villa-Zonza se preparan 
grandes fiestas, y para dirigir el cotillón han 
hablado á un almacenero que además de 
almacén de comestibles tiene almacén de 
hijos, á fin de que el mayor de estos que es 
un muchacho muy fino, que usa zapatos 
amarillos, vaya y haga de director organi- 
zando cuadros que llamen la atención. 

El muchacho que no deseaba otra cosa 
ha salido ya de la capital, llena la cabeza 
de ideas á cual mas luminosa. 




Los diarios nos enterarán del gran acon- 
tecimiento, y nosotros quedaremos esperan- 
do el próximo cotillón que indudablemente 
se bailará en cualquier parte. 

Y andando el tiempo no será estrafio que 
al pasar por un conventillo oigamos pedir 
á algún propietario de acordeón: 

— Toque Vd. el cotillón Cayetano, que 
vá á empezar la farra. 

Ya verán Vdes. como dentro de unos me- 
ses este baile se habrá popularizado tan- 
to, que la cremme lo repudiará. 

Y entonces volverá á entregarse á la ha- 
banera con corte, baile modesto hoy des- 
terradode los salones con gran senti 
miento de algunos que suspiran por el baile 
ceñido . 




Aparte de los cotillones, la atención pú- 
blica se fija en las próximas 
elecciones que prometen ser 
reñidas como algunas carre- 
ras lo son en el hipódromo. 
Los políticos leen con avi- 
dez en los diarios las proba- 
bilidades que hay á favor 
de estos ó aquellos, y no se 
dan punto de reposo. 

Los espíritus timoratos no 
piensan quedarse en la ciudad; y mientras 
unos hacen sus aprestos, mas ó menos bé- 
licos, ellos se aprietan el gorro, como vul- 
garmente se dice. 

— Es preciso que nos vayamos al campo 
— dice la señora de Cordilla á su esposo. 
— Pero mujer . . . , ! 

— Nada, nada: ya sabes que soy muy im- 
presionable y me asusto por nada 

•^ — Pues mira, la ida al campo me asusta 
mas que todo. Las elecciones serán tran- 
quilas. 

— Todo lo que quieras pero arregla los 
baúles. 

A los amigos les diremos que vamos á 
veranear y nos tendrán por personas de 
tono. 

— Estas desentonando mujer. No hay pa- 
ra tanto. 

Pero cualquiera convence á la señora de 
Cordilla! ^ 

Es menester arreglar los baúles mientras 
ella dice á sus relaciones: 






e1 cascabel 



é7 



—Nos vamos á pasar una temporadita al 
campo. Mi esposo, que es tan bueno, ha 
tenido compasión de mí, y al ver los gra. 
nos que me salen en todo el cuerpo me ha 
dicho: ¡al campo! á tomar baños! 




— Que' feliz es Vd.l 

— Sí, me gusta mucho veranear. El via- 
je es delicioso, y luego una en el campo 
respira mejor y no encuentra inspectores de 
tramway que le pidan el boleto. 

Mientras tanto el señor de Cordilla suda 
el kilo haciendo paquetes y cálculos, de los 
que saca en limpio que se quedará idem 
de plata después de la escursion. 

— La vida ante todo — le dice la mujer. 

— Ya lo creo, pero á la vuelta estare- 
mos empeñados hasta las cejas. 

— No te olvides de la cotorrita; quiero 
que venga también. 

— Bueno mujer ¿nada masr 

— Y tú, llévate aquel traje de levita que 
te marca trn bien las formas .... 

— Que me deforma las pocas que me 
quedan, querrás decir. 

— Es preciso presentarse bien de ropa. 
La cosa es dar golpe. 

— (A ti te daria uno). 

— Qué murmuras? 

— Nada: digo que la levita antes era ver- 
dosa; pero ahora con lo que he abusado de 
ella, creo que ha perdido el color.... 

— Y no hay tinta en casa? Con un pin- 
celito puedes repasarla y quedará flamante. 

— Maldito miedo! 

— No es miedo, es prudencia. Además 
si hay tiros no es cosa de exponernos á 
que nos toque una bala perdida. 

— No nos moveremos de casa. 

— Nada, nada: no estoy para elecciones. 

— Claro, para ellas están los electores. 

—-Al tren! 




— Al tren, vamos. ¿Y si descarrila? 

— Ay . . . . ! no me lo repitas que me dá 
la puntada. ... 

— Vamos, vamos no te asustes; parece 
mentira que gastes tan mal genio conmigo 
y seas tan miedosa. 

Y. . . allá vá la familia. 

Huyendo de la quema. 




LUCHA 



La variedad, la lucha, las zozobras 

La duda, la esperanza, 

Son agentes que animan y confortan 

Alegran y entusiasman. 

Que el ánimo que espera y ambiciona 

Se deleita y exalta. 

La posesión, segura de las cosas ' 

La paz, la certidumbre, la confianza 

Entristecen y postran, 

Porque el afán de la existencia acaba 

Donde el hastío y la indolencia asoman. 

El bien seguro á la ambición desmaya 

El bien incierto á la ambición esforza. 

Af. Bahamonde. 



--(£)|c^-vv^ 



68 EL CASCABEL 



LA COMPETENCIA 



P 



ARA Arteaga la comjyetencia era sinónimo de la fatalidad. 
Con su poderosa inventiva ideó mil planes y negocios, á quienes un compe- 
tidor habia hecho fracasar. 

Todo un verano pasóse discurriendo en un quitasol de nueva forma; cuando 
lo dio á conocer hacia un frió boreal, y su invento pereció entre la frialdad del 
público. tJn estio puso ala venta abrigos de pieles, y la indiferencia de la gente 
los puso al abrigo de toda tentativa de compra. Las estaciones le hacian la compe- 
tencia. / 

Dedicóse con ardor á las matemáticas, y no las pudo aprender, porque á las 
ciencias exactas les salió una competidora inexacta, en forma cte señorita del 
Progreso, (es decir empleada en el ídem) quien si bien le hizo olvidarse de la 
elevación á potencias, le ejercitó en la potencia de elevación, pues era muy aficio- 
nada á que la llevasen en brazos. 

Otra señorita del Progreso también, quiso en unión de Arteaga dedicarse á 
estudios de Economía, y con tal ardor lo tomaron que las economías de él desa- 
parecieron y Sufrió mucho su propia economía. 
Por eso decia á ratos. 

— ¡A mi el progreso me ha atrasado much^! 

Otra vez (cuando se preparaba para el examen de Astronomía) se pasó muchas 
noches dedicado á observar á Venus, (con to telescopio se entiende) y cuando 
mas afecto se mostraba al estudio, tuvo que recurrir á Mercurio, que con su bri- 
llo hacia la competencia al otro planeta y del que decia Arteaga. 
— ¡Qué astro! ¡Con él veo las estrellas! 

En fin, médico ya, y casado, y sin hijos, se le ocurrió una idea portentosa. 
Convenció á su señora de que debian sacrificarse en aras de la ciencia y hacer un 
ensayo de fecundación artificial. 

Pues ¡oh fuerza del destino! también en esto le salió la competencia y en 
forma tan natural, que A.rteaga pidió el divorcio, renegando de Zola, del natura- 
lismo, y sobre todo de las experiencias. Desesperado exclamó. 

— ¡Esto no es escarmentar en cabeza agena; porque el escarmiento lo sientq 
en la mia propia. 

Seria larga de relatar la interminable serie de desastres que llena la vida de 
Arteí^ga. Siempre le ha salido la competencia al paso y una vez á mas de esta le 
salió una fuerte erupción en todo el cuerpo de resultas del disgusto. 

Hará cosa de dos meses que tuvo una idea luminosa: establecer un café mon- 
tado con todo lujo La misma noche que inauguraba su establecimiento, se abria 
dos cuadras mas arriba otro café que igualaba al suyo en todo: Arteaga hizo tocar 
á un pianista en su casa. En la otra tocó una orquesta. Regalaba flores á las se- 
ñoras; las que sallan del otro café llevaban houquets. 

Desesperado echóse á pensar y por fin respiró, diciendo: 
— ¡No temo mas á la competencia! 

Frente á su casa aparecieron dos lindas niñas que se pasaban la vida en el 
balcón lanzando miradas incandescentes y otras cosas mas á la clientela. Esta, 
consumía cerveza á toda velocidad para calmar la sed de sus deseos. El estable- 
cimiento se llenaba para poder admirar á aquellas dos deidades, que no sabían 
lo que era mitología. 

— ¡Negocio redondo! — pensaba el ingenioso Arteaga. 

Pero á los 15 dias, observó con desesperación que los marchantes se marchaban 
de BU casa para entrar en la de enfrente, en donde les debian contar historias muy 
tristes á juzgar por el semblante conque salían. 

— ¡Otra vez la competencia! dijo el desgraciado— pero yo la he de vencer. 
.—No pierdas el tiempo — le dijo un amigo. Que por mucho que imagines, no 
puedes mover al público en tu favor, como tus competidoras. 

Arteaga se dedica ahora á resolver, para vengarse, el movimiento continuo. 

S. Garrido. 

A 



EL CASCABEL 



69 



Oh la mujer! 



Por su empresa meritoria 
Lucha el Sr. de Alarcon 

Y na perdona ocasión 
Donde lucir su oratoria. 

Su energía y su saber ' 

No descansan un segundo 

Y le llama todo el mundo 
«Apóstol de la mujer» 
Tras lides abrumadoras 

Logró un gran triunfo en verdad 
Fundando la Sociedad 
Protectora de señoras. 

Tiene un local conveniente 
Con 1^ piezas bien decoradas 

Y allí celebran veladas 
Donde acude mucha gente, 
Allí ante la concurrencia 
Absorta de admiración 
Hace el Sr. de Alarcon 
Alarde de su elocuencia 
— Señores — dice — á mi ver 
Pronto el triunfo alcanzaremos. 
Ya es hora que coloquemos 
En su sitio á la mujer. 

(Se oye un ruido inoportuno 
Que causan varias señoras, 
Pues están hace dos horas 
Sin hallar sitio ninguno) 
— Hoy por hoy es una mengua 
Que no se intente salvarlas 
Se trató de emanciparlas 
¿Y quién trabajó? ]la lengua! 
Llegó la hora de dejar 
Palabras huecas á un lado. 



Con ánimo denodado 
Comencemos á luchar. 
jDesde hoy con actividad 
Enérgicos y prudentes 
Alzense los diferentes 
Miembros de la sociedadl 

|Vedlas en negro quebranto 
Llorando dichas perdidas! 
|Vedlas en dolor sumidas 
Bebiendo su amargo llanto! 
|Vedlas elevando al cielo. 
Su mirada húmeda y tierna! 
]Vedlas pidiendo á la eterna 
Justicia, en vano, consuelol 
iVedlas perdida la calma 

Y á pesar de su dolor 
Dispuestas á dar su amor 

Al que es dueño de su almal . . . . 

— I Oh ño puedo proseguir! 

]Me mata de la mujer 

El eterno padecer 

El continuado sufrir! .... 

Se alza' un rumor que no cesa, 
Alarcon es aclamado 

Y se marcha entusiasmado 
Para continuar la empresa 



Llega á su casa á deshora 
Después de tan nobles lizas 
]¡Y le pega unas palizas 
Atroces á su señora!! 

Luis Garda. 



V- 



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70 



SL CASCABKL 



Calandria y el Brrivp^ane^ 

Recuerdos de Kntre-Hios 

YA Calandria — el simpático apodo 
con que se habia hecho popular 
Servando Cardóse, el último gau- 
cho matrero cjue recorrió los llanos 
de Entre-Rios — habia desertado por segun- 
da vez del batallón Guardia Provincial, 
que para custodia de su persona mantenia 
en el Uruguay bajo el mando del hoy co- 
ronel Blanco, el entonces gobernador de 
aquella tierra Dr. D. Ramón N. Febre, quien 
seguramente, no gozaba en su silla de las de- 
licias que generalmente atribuyen á gober- 
nantes, y prebendados, todos aquellos que 
no han sido nir'siquiera alcaldes en su vida. 
El pobre gaucho matrero, mateníase por 
ahí, por los nr.ontes que rodean el pueblo, 
como Dios lo ayudaba- la policía lo perse- 
guía con encarnizamiento, temiendo y con 
razón, que pudiera servir de núcleo á alguna 
partida de bandoleros que diera mas de una 
jaqueca al vecindario: él recibía la persecu- 
ción con paciencia evangélica y se aguantaba 
. . . .haciendo travesuras que aumentaban su 
prestigio y abrillantaban su personalidad, de 
suyo oscura y deslucida. 

Ya era la relación del rapto audaz de al- 
guna moza garrida de la vecindad, ya el de 
un mozo boticario destinado á funciones se- 
cretariles, ó de alguna serenata terminada 
á capazos, el plato del dia que á aquella 
sociedad reducida y curiosa, — ávida de no- 
vedades. — brindaba el gaucho, que sin mas 
propiedad que su caballo, su guitarra y sus 
armas» — vagaba de rancho en rancho, sollo- 
zando sus penas en melancólicas coplas lle- 
nas de sentimiento. 



* * 



Un dia, allá por 1875, anuncióse de re- 
pente una visita que haria al Uruguay el 
presideqtc; Avellaneda acompañado de su 
ministro de justicia culto é instrucción pú- 
blica Dr. D. Onésimo l.eguizamon, el mas 
ilustre de k)s entrerriancs de su época: las 
gentes del gobierno determinaron organizar 
festejos y diversiones que quedaran como un 
acontecimiento, no solamente en los anales 
del Uruguay sino también en la memoria de 
su pueblo. 

Se echó la casa por la ventana. 

Aquello iba á ser monumental. 

En las calles no se veian sino carros tira- 
dos á la cincha— de los que allí se llaman 
carretillas — cargados hasta el tope de cajo- 
nes de cohetes grandes, chicos y medianos; 
de bombas de estruendo para el dia y sordas, 
pero llenas de luces para lanoche; de faro- 
lillos chinescos para colgarlos entre los ár- 
boles de la plaza-, de vasitos para la ilumi- 



nación á candil que entonces se usaba; y, 
en fin, de cua|it|) ctcliitache y herramienta 
era necesario valerse para armar grandes ar- 
cos triunfales en la calle que conducta al 
puerto y cuyos componentes principales eran, 
como lo son todavía hoy — el mata-ojo — 
planta que nunca falta en los festejos po- 
pulares porque con su verde vivo pone una 
nota alegre en el conjunto — y el liencillo 
pintado con cal— cuando hay tiempo para 
ello— gran soportador de inscripciones ale- 
góricas y de expresiones de un júbilo que á 
existir en realidad seguramente se le juzgara 
de locura. 

Si el pueblo no se divertía, evidentemen- 
te no era por culpa del gobierno! 

* 
* * 

Llegó si dia de la visita y desde la ma- 
drugada ya los hombres de la localidad — 
incluso los colegiales, dados de asueto al 
efecto con recomendación de vestir sus pren- 
das mas lucientes y vistosas— estaban en 
viaje para el puerto — donde el gobernador, 
los ministros y todo su estado mayor de 
empleados y ministriles, esperaban desde el 
alba al ilustre huésped, atragantados con 
arengas y discursos que se improvisar ian 
después, ante el jefe del Kstado, durante los 
ceremoniosos banquetes y comilonas. 

Como el batallón y la policía fueran de- 
masiado cortos — puestos en hilera á ambos 
lados de la calle — para cubrir toda esta des- 
de e! pueblo al desembarcadero. .. .se ta- 
paron las piernas hasta donde alcanzó la 
manta: el último soldado y su vis á vis — ves- 
tidos de pantalón lacre, chaquetilla azul os- 
curo, morrión con plumas verdosas, guantes 
y correaje blanco — ¡por falta de colores no 
era desgarbado el batallón! — quedaban allá, 
como á diez cuadras del muelle que <her- 
via de gente á pié y á caballo» según la 
expresión de entonces y que serian como 
unas trescientas personas de todos matices 
y pelajes. 

* # 

Al fin llegó el vaporcito de guerra que con- 
ducía á los huéspedes anhelados. La banda 
gimió un himno nacional mestizo de italiano, 
y la comitiva emprendió á pié el largo tra- 
yecto, analizando y comentando hasta el 
mas mínimo gesto del presidente y de sus 
acompañantes de Buenos Aires. 

De tropezón en tropezón, llegaba ya la 
columna precedida por la banda — cuyos 
miembros soplaban de manera escepcional y 
como deseando cada uno hacerfe notar de 
los visitantes, quizás mn la vaga esperanza 
de conquistarse un protector entre aquellos 
desconocidos que se suponía tuvieran las 
llaves del cielo — cuando, de repente, se 
oyó un grito estridente ¡Aqui está Calan- 
dria^ maulas!, se sintió un tropel de caballos 






I 



^*""i 



í ^Xífl' 



KL CASCABEL 



71 



al lado mismo de la persona presidencial, y 
tres ginetes montados en caballos agües y 
vistosos atravesaron á naédia rienda por entre 
la comitiva y emprendieron fuga á la carre- 
ra, hacia unas lomas verdes que se veían al 
oeste, golpeándose la boca en son de burla. 

Un grupode soldados de policía, repues- 
tos del estupor momentáneo producido en 
su ánimo por la voz de Calandria, al ver 
que un comisario Martinez se ponia en per- 
secusion de los fugitivos, le iniitó cor. bríos. 

La comitiva, incluso el presidente Ave- 
llaneda, se detuvo á presenciar la lucha en- 
tre matreros y policiales. 

El caso era novedoso. 



* * 



Perseguidores y perseguidos, habían llega- 
do á la cumbre de una loma: primero iba 
Calandria en un alazán, luego otro gaucho 
corpulento, de apellido Amarillo, en un bayo 
y mas atrás en un tordillo, un muchacho 
como de doce años que aprendía la vida con 
semejantes maestros y que era sobrino, se- 
gún se decia, de Chengo Aguilar, uno de 
los asesinos de Urquiza. 

Detrás de éste y como á media cuadra, 
iba el comisario Martinez y dos soldados, 
de los cuales el primero desarrolló de re- 
pente unas boleadoras, agitólas brevemente 
en el aire y lanzólas por sobre su cabeza y 
la de su cabalgadura, con tal certeza, que 
después de dar varias vueltas en el aire 
fueron á enredarse en las patas del tordillo, 
que iba rezagado. 

Ginete y cabalgadura desaparecieron en- 
tre una nube de polvo, levatado al rodar 
aquella masa sobre el suelo. 

Cuando se disipó y pudieron verse los de- 
talles del cuadro, éste habia cambiado. 

Calandria y su compañero, habían entre- 
parado sus caballos y volvían el rostro hacia 
el grupo que dejaban atrás y al cual iban á 
atacar eviaentemente: el muchacho que á 
penas alzaba una vara y desaparecía bajo 
un poncho que tocaba al suelo, á pié, se 
acercaba á su caballo caminando de espal- 
das y con un cuchillo en la mano izquierda, 
para cortar las boleadoras que lo ligaban, 
mientras con la derecha sostenía un trabu- 
co con el que amenazaba al grupo del co- 
misario y sus soldados, que estaban inmó- 
viles, no atreviéndose á avanzar. 

Los matreros volvieron cara y atrepella- 
ron á la carrera, aprovechando el muchacho 
la coyuntura para cortar las boleadoras y 
saltar á caballo: fué en vano; no se habia 
movido, cuando ya otra boleadora le apri- 
sionaba, obligándole á repetir su arriesgada 
operación primera. 

Los matreros cargaron: hubo tiros, atro- 
pelladas para libertar al caído que |,no se 
rendía sin embargo y continuaba con su.tra- 



buco amenazante, que no bajó, hasta tanto 
Calandria, perdida la esperanza de libertar- 
lo, no \e gt\it)¡r enditen & tiempo que era 
embestido por los soldados y obligado á po- 
nerse en salvo. 

Preso el muchacho, fué destinado á la 
banda del Guardia Provincial, donde murió 
tísico á fuerza de soplar en el pistón. 



* * 



Días después, hablaba yo con Calandria 
en una pulpería lejana del pueblo y le decia: 

— ¿Pero para qué se compromete así? 
¿Quién se va á animar ahora á pedir su in- 
dulto? 

— Bueno. ... y que no lo pidanl En 

algo sed é divertir uno! 

— ¿Y qié le pareció el presidente? 

--Tan chiquitito ¿no? y tan ladíaditol!... 
Yo venia al lau y tuve ganas de voltiarlo 
de un yerrazo. . . . pero me dio lástima! 

— Mire lo que habia sido el presidente!., . 
Yo cráiba que juera siquiera como el ma- 
yor Espeletal 

Se refería á un moceton que media casi 
dos metros, siendo una figura bizarra y ele- 
gante! 

Fray Mocho. 



c 



EL GUANTE 



I 



uando á fner de hombre galante 
Hoy el guante recogí 
Caido á tus pies, te di 
El corazón con el guante. 

II 

Tu amante lo comprendió, 
Miróme de celos loco, 
Buscó un pretexto y á poco 
Fué y el guante me arrojó. 

III 

Casi á la mendicidad 
Me redujo el ser tu amante 
Y hoy tuve que echar un guante 
Que llenó la caridad. 

Adolfo S. de los JSios. 







Ella es bonita y, como es natural, tiene dos pretendientes. 




Mientras elJa se manda mudar con 
un señor que ofrece garantías. 



Que acuden ai teireno, 



iPP^PMniVffiPP 



ÜPÜ 





Lo mismo pasa á Anita.,, 




A SUB prf.^tendientes. 



Y á uno que fuma un y>«//« y ie los fuma. 



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r 



F- I S^ I f «....^¿^ ^^.i^c^ %# %»# 



74 



KL CASCABEL 



RECUERDOS 




Fui á Mar del Plata lleno de ilusio- 
nes y á los dos dias habia perdido aque- 
lla y estas. La plata en la ruleta, y las ilu- 
siones . . ; háganse Vdes. ilusiones sin 
plata . . . . ! 



CANTARES 



Me encuentro zonzo del iodo 
Cuando no estoy á tu lado, 
Y es que siem-pre al despedirnos 
Me dejo el alma en tus labios. 



* * 



Dios le dehe á las mujeres 
No sernos desconocido 
Que Eva fué quien ahrió á Adán 
Las puertas del Paraíso. 



;Ay nwrocliita! Tus ojos 
Son dos soles tan )nalignos 
Que á f.esar de ser invierno 
He pillado un tabardillo 



* 

* * 



No consientes mis caricias 
Por temor que tu honra nianche, 
No tengas cuidado hermosa 
Que por eso traigo guantes. ^ 






Veo cuando tu estás triste 
Todas las cosas tan negras 
Que ayer me pisaste un callo 
Y no he visto las estrellas. 



Por amar á \ Soledad 
Tengo una rara locura: 
Sino me acuesto con Sol 
Me levanto con la luna. 

* 

* * 

^4/ nutr (i buscar Conchitas 
Ful niña, y no hallé ni?iguna; 
Si tu vinieses conmigo 
J)e fijo que encuentro alguna. 

* 

* «.- 

Yo quisiera ser tu alfombra 
Por besar tu pié pequeño. 
No me importa que me jñses 

Viendo tan de cerca, el cielo. 

ALIDIO BOKGIA. 



EN liA PLAYA 




Qué pesados son algunos! Así que me 
tiro al agua se echan conmigo. 



PORORÓ 



El coronel Sola, es un viejo militar sal- 
teño que ha sido en su provincia, todo lo 
que ha querido: es un hombre de mérito.' 

Sin embargo, tiene una cachaza y una pa- 
chorra que llaman la atencioni hasta en Sal- 



EL CASCABEL 



75 



ta, que es la patria de semejantes condi- 
ciones. : . fií^ 

Poco hace venia de Salta acompañado de 
de un sobrino. 

Pasaban por Tucuman y desfilaban ante 
sus ojos los cañaverales inmensos: 

— Mire, mi tio, ...qué cañas! 

El aludido exclamó á la media hora con 
su tono bonachón aunque pesadote: 

—Huml 

— ¿Pero que señoras cañas, eh? ... insis- 
tió el joven al cabo de otra hora. 

Tres dias después tomaban el tren en el 
Rosario para venir á esta ciudad y recien 
el coronel dio su contestación diciendo con 
toda naturalidad mientras se sentaba: 

— Buenas pá pézcarl 

Y decir que el 'coronel Sola y su sobrino 
tienen fama en su provincia de ser los mas 
grandes conversadores que ella ha produ- 
cido! 

El Dr. Wilde era cronista de La Nación 
Argentina y estaba encargado de revisar 
los diarios del canje. 

Una mañana llega á la imprenta y se en- 
cuentra conque no tenia nada que revisar: 
para matar el tiempo se puso á leer. 

En esto estaba cuando entra muy apu- 
rado el portero, uno de esos eternos Ramón, 
que no se olvidan — y le dice sin quitarse 
el sombrero: 

— Ahí, . . .¿ya vino? 

— Creo que si. 

— Bueno!. ... Le aviso que no han traído 
ía correspondencia! 

—Está bien! .... Si acaso deseas que yo 
vaya á buscarla, avisa .... pero antes hazme 
el favor de sacarte el sombrero! 

no TOBÍAS. 





POLITEAMA— El bene- 
ficio de la señora Bonazzo 
constituye el suceso culminante de la sema- 
na en este teatro. 

La distinguida artista, que tan magistral- 
trai mente desempeña el papel de Santuzza 
en Cavalleria Rusticana, fué muy aplaudida 
y festejada, lecibiendo elocuentes pruebas 
del buen concepto que merece del público, 
que llenó completamente el teatro. 

«Cavalleria Rusticana» está dando muy 
buenos resultados. 

La compañía estudia la opera de Bizet 
«Carmen» destinada seguramente á obtener 
un éxito completo. 

El Politeama, es hoy, por hoy el 1 punto 
de reunión de la cremme que no ha ido á 
veranear. 

PASATIEMPO — La noche del Sábado fué 
noche de estrenos en este teatro. 

Después de '«El Mirlo Blanco», «El De 
monio en el Molino-^. 

La primera original de los Sres, Navarro 
y Campano, música de Valverde (hijo), es 
una zarzuela cómicc-bufa-fantástica, lo que 
equivale á decir que; no tiene pies ni cabeza. 

Únicamente las primeras escenas del pri- 
imer;cuadro fueron aplaudidas en especial 
el terceto de Lepe, Lepijo y su hijo que 
es^un número original y lleno de gracia é 
intención. 

La escena de la buenaventura fué también 
del agrado del público y el resto de la obra 
pasó entre la mas glacial indiferencia. 

Las señoras Henares, Millanes (C. y D.) 
Cel)allos, y los señores Sanrumá, Orejón, 
Arcos y Romeu alcanzaron repetidos aplau- 
sos. 

El baile que la empresa ha añadido al 
«Mirlo Blanco» hace que este termine de 
de un modo menos frió. 









76 



MííeAíeABUi 



<£1 Diablo en el Molino > es una inocen- 
tada original de los señores Cuartero y Vi- 
garva música del Sr. Tabeada, tres perso- 
nas que se propusieron escribir algo capaz 
de hacer dormir al público, y lo lograron 
por cierto. 

Apesar de la gran dosis de narcótico que 
la obra encierra, el público aplaudió en 
mas de una ocasión, lo que prueba que los 
artistas estuvieron felicísimos en el desem- 
peño de sus papeles. 

Lastseñoras Millanes fueron muy aplau- 
didas. 

El Demonio que hace la Dolores Mil'anes 
en capaz (^ hacei caer en la tentación al 
mismo San Antonio. 

Orejen, Sanromá y Arcos aplaudidos tam- 
bién, sobre todo en el quinteto de los bofeto- 
nes. 

En una palabra el «Mirlo Blanco > y «El 
Diablo en el molino» se salvaron gracias á 
los artistas, porque las obras en sí, son dos 
macanazos tremendos. 



COMEDIA — Nos quedamos con las ganas 
de dar cuenta de la función á beneficio de 
la Sta. Tomás, porque escribimos esta revis- 
ta el sábado y el periódico se imprime el 
lunes. 

Hacemos constar nuestros deseos de que 
el beneficio sea como se lo merece la 
estrellita de la Comedia. 



Juegos de manos en el Onrubia. 

El prestidigitador ruso Hermán es un 
brujo Jin de siécle, un brujo distinguido y 
que escamotea con la misma facilidad que 
para el escamoteo tienen algunos directo- 
res de Bancos % ^Sociedades Anónimas. 

Los juegos de manos de Hermán, no 
pueden llamar mucho la atención del pú- 
blico, t. 

Está este tan familiarizado con la pres- 
tidigitacionl 

Ha visto escamotear tantas cosasl 

Le han birlado tantas . . . 



+*-»4- 




El público de la «Comedia» silbo furio- 
samente la zarzuela cLa Verdad Desnuda». 

Y es que la verdad es hoy cosa tan rara 
entre nosotros, que estamos dispuestos á 
silbarla así se presente con mas ropa que 
Pellegrini, que es el ciudadano que necesita 
mas para cubrir las formas. 



En un salón: *- ., 

— ¿Es usted casado? 
— No, señora. 

— ¿Tiene usted intención de casarse? 
— No, señora. 

— |Pero si todos los hombres hicieran lo 
que usted, se acabaña el mundo! 
— ¡Ohl. . .no, señora. 

Lectores: haceos cargo de que el presente 
número ha sido confeccionado en tres días 
y agradeced á la Candelaria que nos ha 
obligado á imprimirlo el Lunes, ó lo que 
es igual á tenerlo listo el Sábado, las de- 
ficiencias que podáis observar. 

¡Dichosas fiestasl 

A ver si con esto del modernismo, que 
ahora se agita, lograremos suprimir algu- ( 
ñas. 

—He estado muy malita. 

— ¿Y qué bás tenido? 
— Pues no lo sé siquiera. 

— ¡Pobrecital 
Yo sí lo sé; por eso preguntaba 
que si hablas tenido chico ó chica. 



En un examen: 

Profesor: Podria Vd. decirme que entien- 
de por bienes-raices? 

Discípulo: Toda clase de plantas y árboles 
frutales— (aprobado) . 



ík^^'S ,\í* 



- '«í1^^,^'»^-3^ 



'W^^' 



,; .- -p-;ij^;^rtH?!5p^ T- 



KL CASGABBL 



77 



L 



Decia cierta casada; 
^j;Yo qiiisiera sec don 

contestí^ba el noaridoí; ísí 
-jY yp también lo quisiera 









■ / El poder extraordinario ; 7: 
■- De tu belleza pasmosa ' 
Vá á convertirte en la esposa 
De un vicioso millonario. 
, Y hace levantar en vilo 

De tal trato la grandeza 
.-. lYcndes muy bien tu belleza 
_ A millón por cada kilol 

El asunto de los boletos de tramway está 
dando juego. A cada momento se arma 
bochinche, y no hace muchos dias un ma- 
yoral disparó dos tiros á un inspector. 

Resultados de la buena voluntad de las 
empresas que han inventado los inspectores 
para evitar molestias al público. 

Si esto es evitar molestias, vjue venga Dios 
y lo vea! 

Dos caballeros nerviosos, que enamoran á 
la misma señora, se encuentran en la calle. 
Se tropiezan, se insultan, se abofetean, y 
terminan por cambiar sus tarjetas. 

— Caballero, dice uno. Mañana no sal- 
dré de mi casa en todo el dia. 

— Pienso hacer lo mismo. Abur. 

Al señor don Jesús: 

(Un cura que ha vivido en Chascomús) 

Cierto médico sabio demostraba 

Que como hombre prudente. 

Convenia que el agua que tomaba 

Pasara por un filtro previamente. 

Es Don Jesús muy duro de cabeza 

Así es que al higienista no entendia 

— :De que sirve — decia — 

n filtro? 

— Pues el filtro da pureza . . . 

— ¿Da pureza? 

— Para eso se destina. 
— |0h que invento oportunol 

Hoy mismo á Buenos Aires pido uno 

¡Y filtro á mi sobrinal 



—-¿Tiene usted hoy gente á comer? 
— Sí, algunos amigos, algunos parientes. 
— ¿Cr-eo que espera usted á su suegra? 
: — Yo espero siempre todo lo malo. 

;, — Mi primo me pide uu beso 
¿qué debo hacer^ 

— Se le das. 
,;!. — ¿No ofendo al cielo con eso? 
— No, hija, mas te confieso 
que al cabo le ofenderfís. 

Una horizontal, que tenia un miedo hor- 
roroso á las viruelas, se decide á llamar á un 
médico. 

— Doctor, ¿en qué sitio podría usted va- 
cunarme para que no se me viera? 



— ¡Difícil será! 



(s^ííe) 



— Mamá, ¿no me caso ya? 
que ya de los veinte paso; 
mamá, tú no me haces caso, 
debo casarme, mamá. 

— Hija mia, claro está 
que ya de los veinte pasas, 
y que en deseos te abrasas, 
y el deber se deja ver; 
pero te falta el haber, 
y por eso no te casas. 

Quince años con Inés retozó Antonio, 
perpetrando, por ñn, su rnaírimcnio. 
Quien se desliza en el carril del vicio 
no pdra hasta encontrar el precipicio. 

Gil se casó con Consuelo 
y sin consuelo vivió: 
murió Consuelo, y volvió, 
Gil á vivir con consuelo. 
Consuelo, su desconsuelo 
fué, y es digno de advertir, 
que, cuando huyó de este suelo 
Consuelo, empezó á vivir 
Gil, sin Consuelo, en el cielo. 



78 



KL CASCABEL 



Muy buenos los {cigarros ¡y cigarrillos con 
que uos^ha obsequiado"el Sr. Soma y, fabri- 
cante de los conocidos cigarrillos «Sport- 
uien», con motivo de haber contraído en- ' 
lace con una bella y distinguida' señorita. 

; A qué ahora Somay es capaz de acredi- 
tar una nueva marca de cigarrillos, titulado 
por ejemplo, Maírimo niales? 

Felicidad á los córiyugesl 

El coUno de la elegancia: 

Una hermosa dama se ha c;isado lecien- 
temente con un negro de los mas negros, 
porque ha llegado á creer que es el color 
que mejor le sienta. 

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ol mas supcnor. La tela puede esíurarse ó 
aflojarse al gusto do la persona que lo use. 
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servativo de los insectos, y tiene la ventaja á 
los armados do hierro, que es manejable y 
fílegante. 

Habiéndose hecho una grosera imitación 
de este aci-editado colchón, solo garantimos 
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vendió a D. Diego' Sproát, quien' h'oes farma- 
oéuticoj de modo quo dicha farmacia no es yu , 
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de España con beneficio par;» el tomado.'-. Se dan 
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Horas de despacho: los dias hábiles de 9a. m. 
á 6 p, m. Los aias festivos de 9 á 12 m. 

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tos en cuenta corriente y á plazo. 



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valleria Rusticana. » 



•rm^r- 



8¿ 



RL (lASdABtíL 



.:>js OíTJUpO '.'■ 







^af<$- 



'If;-^!; { 




FSKARíA podor empe- 
zar esta charla d i- 
ciendo: «las eleccio- 
nes del Domingo han 
sido hechas al amparo 
de !a ley, no ha ocur- 
rido ningún iiicMéíft té, etc. ...» 

Pero resulta que no lo puedo decir por 
que cuando esc^o la charla (el sábado, 
dia de ingleses)'^ Ib sumo sé que la cosa 
se presenta |ífe:"asij^„r¿s decir, no tan 
clara como seüji^n/ desear. 

Y no será pg^ue néífeaya personas dis- 
puestas á todf ,tó |-?5; 

Conozco po^ico qiie^íféX^a dos dias sin 
comer ; tan distribuiio tiene su tiempo ! 



mm. 



i ■ 1 ' ' . \ i 




— Es una pena lo que me pasa con Ca- 
nuto. 

— Qué le pasa ? 

— Casi nada ; que no lo puedo ver. . . . 

— Tan malo es? 

,~- No digo eso; digo qiie no lo puedo 



ver oort puntualidad. Pasa Ift hom? de 
comer y la de dormir entretenido fuerade' 
casa. ^ . ^ ■ ■ .,M ? t ^ '. í 

■^ — Es que teíidrá algún lio. . . . 

— El. . . . ? si es tan tonto,,para las mu- 
jeres! Mir^y^y, yo tüyé que-l^clararmo á 
él ó de lo c6Dtrario-íBtQ seusatéti. 

— No se casa ¥., éh? 

No nos cásame, vaya. .Ya vé V. si es 
cor o. PerGahGra.ci¡>ilm^ivd-*U€j^polUi<;a 
y de una erupción cutánea, está mi hom- 
bre muy nervioso y ha cobrado genio. 

— Mas vale así. 

-- No lo crea V. El otro dia habig, C9m- 
prado una cabeza de carnero parar(^r,s^atr 
bor al puchero. Pues bien ; llega, Gíip lito, 
vé la cabeza, y al punto la ensíy-ta coíiuw 
hierro del mosquitero y la pasera, ppjc, Ja 
pieza. . . 

Por fin la arroja con desprecio, y al 
yerla en el suelo la endilga una poesía (fe 
^Espiro, llena de vigor. . .; , , ..í, 

— Qué raro I , • . .. „ . r 

— Qué tenga vigor la poesía? ,...;,. .,. 

— No, lo que hizo su esposp. ,.^| ^,..:, 

. — Es que tiene algo de espiritís^a, y 
luego rao confió, en el seno do la con- 
fianza, que aquella cabeza era la de un 
diputado de no sé qué época, ,, 

— Qué atrocidad! ,,.,,, ., ,:í| 

— ¿ Y de noche ? Mi marido no para en 
Q:\?a más. que el tiempo prQcis,¡9^, para, de- 
cirme : « Buenas noches, pronto lUgí^^.^l 
dia de la prueba ». Y se duerme abrazado 
á la almoada. 

Una vez dormido, habla de voto?, se 
acalora, y acaba por pegarme un puntar 
pié ó un mordisco. Claro está, que pro- 
testo; entonces, cariñosamente me dice:: 
« Perdona; creí que eras Levalla «.^ .;, ,, 

Llega el dia ; so viste, y sale á la calle, 
y no vuelve más que para comer deprisa 
y corriendo. 

Quiera Dios que el dia menos pensado 
no entre con una pierna menos. 

Es tan exaltado !... . .■ 

El caso es que estamos er» perpetua agi- 
tación y creemos, como el Ministro de la 
Guerra, que se conspira. . • : ..; 

Contra quién ? . , j , . , ,,,. 

En primer lugar, contra la salud del 
ejército acampado en Maldonado. 






liL caScaííeL 



■ \Q\ié solazos llevan recibidos los mi- 
licos ! ' :. -,' 1. ■.::■ : ■■ ■;/ ; ■ --^ 
El pueblo está prevenido. 




Y al menor ruido sospechoso, se inicia 
el desfile al trote en los paseos públicos. 

Las familias apresuran el paso y se re- 
tiran á sus hogares á esperar los aconte- 
cimientos. 

La simple explosión de una bomba de 
estas que lo mismo anuncian la aparición 
del sol el dia 25 de Mayo que la aparición 
de un boletin con importantes noticias, nos 
hace saltar, y pone nuestros nervios más 
tirantes que las relaciones entre Chile y 
los Estados Unidos de la América del 
Norte. 

El caso es que á lo mejor está uno le- 
yendo la pesca de noticias de Argos, y 
j pam! otra bomba. 

Dios mió, exclamamos azorados, ¿ha- 
brá estallado yá ? 

Y cuando nos ponemos á meditar sobre 
la inestabilidad de las cosas huriíanas y de 
los gobiernos, oimos la chillona voz de 
algún rapazüelo que grita á todo lo que 
dan sus pulmones : « el boletin con la carta 
de Roca ». 

Lo que nos indica que por el momento 
no habrá que lamentar desgracias perso- 
nales, á no ser las que pueda producid la 
carta. "* 

Por sí ó por nó, las patronas hacendo- 
sas hacen provisiones capaces de abaste- 
cer á la familia durante un sitio. 

— Yo ya estoy prevenida, ¿ y V. ? 

— No lo necesito, porque en casa viven 
seis muchachos que ya me han dicho : 
« señora, si oye V. un tiro, cuente que no 
ha de hacer comida para nosotros, porque 
enseguida correremos á ocupar nuestro 
sitio ». 

— Lo mismo me deciaún muchacho em- 



pleado en aduanas, cuando ocurrió aquello 
del Parque, y ¿sabe V. qué sitio ocupaba 
cuando mas recio era el tiroteó? 

— Estaría en la azotea 

— ¡ Cá ! Se escondía. en el^cuartade las 
próA^Mónr^ y sé^ací íT4rcaJba.;.^n.Jo al car- 
bofí . Asi pa^óítres;.4^s,;y-c^^^ salió tu- 
vimos 'q;ue lavarlo, con arena -y kerosén, 
entre mi marido y yo. . /-'<■: ¡i' 



Ahora me doy cuenta de que no puedo 
continuar la charla. 

Porque no soy profeta, .y,^ 

Me limito, pues, á esperar ei-jesultado 
de lo que ocurra, resultando «lijfcé' cuando 
El Cascabel salga por esta*i.j:S^les',ja 
será conocido y comentado. 

j Dichosa política ! \\ ( 

A ver si en otro númerp podré'liablar 
de algo gracioso. "'^'"' 

De Bollini, por ejemplo. 







EL QUE MASJLUMBRA 

Cierto diíi una vieja de Morón -, 
Oyó catorce misas y unsermon,/ 
Más al día' siguiente ''x--^''\ \ 

Oía trece misas solamente; | ■ . 
Y fué asi rebajando una por una 
Llegando el dia en quj no oyó ninguna 
Aquí lector parece, ó se columbra^ 
Que hasta el divino espiKítu no alumbra. 



d 



--^íC^ 



El negro Pantaleon 
Se chupó doce litros de carlon, 
Y bebió por curarse del mal rato 

Como una bordalesa de Priorato -i 

Logrando de tul modo .:, j. 

Iluminarse al fln, pero del todo, ,, . , 

¡Y aún dirá aliun pollino 

Que no alumbra el espíritu' de vino'!' ' "^ 

'"" ' ' ■' ' ■"' '"-'■ '■ "'' ' - Dr. Ucar. 



é93r 'i*i^»''ji 



84 



EL CASCABEL 



(SXHIiBílOílíliljSíliO 






. .. s .. . 



^é 



Se prueba cumplidamente 
IjO de la transformación 

Y apoj'ando mi aserción 

i Ahf vá la historia «igiüeiite:, . -¡.r ¡ 

''Surcando la mar bravia. 

Sin otra ley que su acero. 

Llegó ajqjui el aventurero 

Pon Pedro de Rentería; 
, Fuerte pecho, gran mostacho. 

Descreído y arrogante 
, Tan fullero, cual galante; 

Tan locuaz, como borracho. 

—Vengo en busca de un caudal 

— Dijo— y no me arredra nada. 

Tendré plata con mi espada 

jA un mental otro mental ! 

Y á los diez dias cumplidos 
Que habia desembarcado. 
Como jefe era aclamado 
De una turba de bandidos. 
Colocado en su terreno 

Al pillaje se entregó . 

Y osado lio conoció 

Ni ley, ni temor, ni freno. 

Y por doquier que pasara 

No hubo, allí por donde fuese. 
Hogar que no confundiese 
Indio á quien no saíiueai:a. 
El fruto de su pillaje 
Con cinismo defendía; 






4 



— Por(]ue no es robar— decia— 
Cuando se roba á un salvaje. 
.... La muerte al cabo le dieron 

Y al llegar hasta el Demonio 
Consta por un testimoiiii9k7 A? 
Que ni aún alli le quisíe'fbn. 
Fué corriendo á su albedrío i . 
El cielo de mil maneraar^^g;* ] 'v 

Y visitó las esferas ^^' ,;f ; 
Que ruedan en el vacío *^, l 
Sufrió mil transformaciones j.' 

Y al llegar á nuestro mundo, :^'}^ 
Quiso con genio profundo 
Ser capitán de ladrones. 
Púsose á la espectativa. 
Estudió cerca de un mes 

Las costumbres y después ■ ' ' 
Fundó una eoopeí*í77/yrt. ^ ' ^ U-. 
Diez mil acciones cobró ;, 

Y al ir los socios creyendo 
Que habría alguij. íZííü/íZtírtrfo 
Fundióse y los <ZÍ<r¿Ví/ó. ^ . 
¿,l)esu conducta|[a norma , 
No e-'a el robo y, el engaño ? 
Pues lo mismo hizo (jue antaño: 
Varió solo en la forma. '* 
Pues víó, sin hacer ultraje : , • • ■;■ » 
A la gente de hoy en dia, - -' ■'( 
Que en el mundo todavía ■ ■ \ 
Quedaba mucho .sflr/m/e. , - 

Luis García, 



''■% 



i iVi 



¡QUE VECINDARIO! 



Encima de donde habito 
Habita una infame diva, 
Que al cantar da cada grito 
Que mata, y así me írrito 
Por arriba. 



Todo esto lo sufrirla, 
Pero ya no puedo más 
Con una gran herrería 
Queme embroma todo el dia 
Por detrás. 



Un pianista maldecido 
Con un fiero contrabajo 
En los bajos se han unido, 
Y allí destrozan mi oído 
Por abajo. 

I U 

En la habitación de éntrente 
Una masa ejecutante 
De coros, con voz potente 
Canta y hace que reviente 
Por delante. 



l'^ste estrépito, constante 

De mi íiero vecindario 

No hay cristiano que lo aguante. 

i Es horrible, espeluznante 

Mí calvario! ' 



Y un día agarro un bergajo 

Y juro por Satanás 

Que los reviento á destajo 
Por arriba, por ahajo, 
Por delante y por detrás. 



L, a. 



EL CASCABEL 



85 






~-.r.i]> 



f^. 




OS pies, sino ocupan un lugar prominente, son en cambio la parte 
del cuerpo que más servicios presta. 

En primer lugnr andcimos con ios pies, y nos trasladamos, 
gracias á ellos, de un Indo ó otro con toda facilidad. 

Como arma defensiva y ofensiva los pies no tienen precio. 
Que nos cansamos de un importuno y no sabemos cómo ha- 
cerlo desaparecer de nuestra presencia, pues con un torpje de pié 
en salva la p-irte, nos quedamos libres de eátorbos. 

Que nos persigue un acreedor, un marido celoso, ó un poeta 
ávido de leernos una Elegía, ó herejía; ¿qué hacemos? ponemos 
pies en polvorosa, y nos ponemos á salvo. 
Que vemos venir hacia nosotros la artillería de Bollini levantando nubes de polvo: 
al punto preguntamos pies para' qué os quiero? y apretamos á correr. 
• En las lides amorosas los pies tienen importante papel. 
Al emprender una conquisla andamos con j5«es 6?e />/Ó???0. 

Si ella nos da pié para un avance, avanzamos resuellos y nos turnamos el resto- 
Las promesas de amor las creemos d j9?esÍMnfí7¿«.S. 
Los pies fccn elocuentes. ' 

Buscamos por debajo la mesa el pié de la vecina y lo tocamos dulcemente: nos 
coptesta? ri'^gooio redondo! Ella no es indiferente á nuestro afecto. A veces nos equivo- 
camos, y pisamos el pié de la futura suegra : si es bondadosa nos dirá los pies quietos, 
Jh?, y si es de genio vivo nos pondrá de patitas en la calle. Lo que e(¡uivale á perder 
\pié y nos hace exclamar ¡decididamente entré con mal pié en la casa. 

Hay pies de muchas clases. Pequeños, grandes, deformes, descuidados, etc.... No 
olvidémoslos pies de banco. 

Los chinos tienen los pies pequeñísimos, pero para lograrlo los aprisionan bárba- 
ramente y aquello más que pies son embutidos. 

Las Americanas y Españolas son las mujeres que tienen más pequeño el pié. 

Y el cienpíés es el bicho que tiene más pies. 
Estos, los pies, eh? son útiles como medida. 

Ahí están el pié cúbico, el cuadrado inglés, y otros. 

Los latinos y griegos midieron por pies sus poesías. 

Se prueba la facilidad de un poeta, obligándole á escribir con pié forzado. 

No faltan poetas (|ue para escribir algo necesitan (pie les den pie. 

Y suelen meter la pata. ' 
Pero es porque escriben con los pies. 

Para saludará una dama, nos ponemos á sus pies, ó besamos los pies según, y 
conforme. 

No echemos en saco roto, ([iie los j>ics de paliza existen. 

Quizá por librarse de ellos' aparecen sin pié de impí-enla los pás(|uines. libros 
verdes y otras producciones anónimas. 

Ño creamos al pié de la letra lo que nos dicen las mujeres. 

Y si algún dia (Dios lo permita) cobramos una letra, veamos si al pié de la misma 
van las firmas correspondientes. 

Los gobernadores de provincias han hecho frases célebres. 

Todos recordamos aquel que dijo tener 30.000 hombres en pié, dispuestos ú defen- 
der á un Presidente qué casi bajó del sillón por su pié. 

Otro gobeí'nador dijo que la provincia se pondría en pié. ' 

Pero veo que me aparto del tópico (I) de este artículo pedestre sin pies ni cabeza. 

Otro dia les tocará á las manos. 

ínterin, los pies quietos...! Andrés Soler. 



sseiS»--"^ - 



86 



íMi^íBli CASCABEL 



Í''Í!Í!¡' ! i ■". . ■ 

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■5^S-r- 



gB.I-'l ff^ 




I ■ 







■r-f'íin 



Me parece ver su divino rostro.... 
AdopteAios una posición interesante. 



íEI 67¿rtfíí/.... Mak). 
Adoptaré un aire indiferente. 



¿Sí) , . , i.> t 

-S'í V vi-;;. 






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Mí ; 1 ! T i 



íi" SISTEMA DiCiÉAL 



' ■ ^'^^>''-.^\^i^^ 



( M ADKILEÑKRÍ ASpfe% , 






-O? 



.(,,.t 



* ....Pus con eso de los céntimos 
se hace un lio l;i Espei';inz:i. 
Suerte que los llaman perras 
y asi resulta más ciara 
la moneda pa el comercio. 
Antes, cuando se pagaba 
por cuartos, en todas partes 
la entendian y cobraban 
lo i ítue es justo y regul ar. 

rAJiorí!, á lo mejor, la engañan, 
pus no sabe cuantos céntimos 
son una peseta. . . i y vaya ! 
que lá pobre viene siempre 
echa un tigre de la plaza, 

' porque fella sin saber cómo, 

-"ftá Haá&üe lo que se gasta. 
Yo he llegao á sospechar . 

\<que es'un lioíiue ella se arma 

( .para tener un pretexto 
y sisarine alguna platea, 
I — Nq sospeches, Bal domero, 
gu^ yo conozgo la caus a 

'y éso exactamente igual, 
me sucede con la Paca. 
Ño hay (jue ser tan maliciosos 
oóri Jas mujeres honradas, 



como la tuya y la mia, 
que pueden ser hasta damas 
de honor de cualquiera rey, 
pongo por caso... 

—¿El de espadas? 
—¿Es que estoy hablando en serio 

ó te figuras que es guasa ? 

\Gueno\... Pan ahora verás 
I.o^nau^ tqrge qv^ 9S la Paca, 
Conid tddas laS'- mujeres 
<iue al progreso se relraclan 
y én cusí iones de adelanto 
yan siempre muy retrasadas. 
Yola mandé antes de ayer 
y la dij^ que llevara 
dos cen^iffirrados de leche, 
que ahora me hace mucha faíta, 
porque me encuentro algo débil 
desde que ella no trabaja, 
y es que por ciertas intrigas 
la expulsaron de la frdbica.. 
Gueno, la mandé por leche 
y además, que, si encontraba, 
comprase de berengenas 
dos íüí ros y de patatas ; 

otros tantos cfue ya sabes 



EL CASBABEL 



87 



fMémio^cF-^I H 



que me gu^ 

y yo no sé 

diriív, que vuelve á casa, 

encendida como un cisco 

y me dio una bofetada, 

delegartdq por razón 

que al;|)!e(iir de las patatas 

Jos Zí'í^^afue la encargué, 

la verdrf^ía que es mala 

como es^éssdia, riéndose 

la ton^<>'eÍi)el^en sus barbas. 



_ \^ >^ Y to^p esjjue á las mujeres, 
C. ex K^ aunliúe Quieras, no las sacas 
. . de la rutina y se empeñan 
en seguirla y no adelantan. 
Convéncete, á la mujer 
si de las w¿erf¿rfí/s la hablas 
?'< de ja.4«**^;¿o;i de pesas 
daler-é^^^^Ms, dale fa>'rts .. 
perosinO_^'cles 7í¿7ó«ieíí*os, 

rftícj/ZtfrjQs \ñ pentagrama s\ 

L Juan de la Cruz Ferrer 






SIO TRANSIT... 




A 



"«!r: 



Era Iea(jerd€l partido liberal el Sr. Cam- 
baceres y se^ase,ai;a en el vestíbulo Iran- 
quilo y serenó, eii apariencia, mirando ú 
las manifestantes y lamentando que toda- 
vía el «I ero tuviera tales raices en nuestra 

sociedad. ' "', 
Su espíritu estaba sublevado con estas 

reflexiones. 

Una^^seikfQ— la de Lohezic, viuda de 
Casares — se aceroa. al viejo hombre de es- 
tado y le pregunta por su esposa, aña- 
diendo: 

,— Kstraño no ver á Mariana con noso- 
tras ! . 

— Mariana, señora, contestó el viejo li- 
Ijerai con tono firme aí par que du'ce, lie- 
\t¡(i <V^G tnlé^i ims hijos v su casa. .. esa 



'W 



Bella como dos no habrá 
de todos triunfa adorada. 
Mas la muerte llegará 
y en polvo la trocará 
y después del polvo, nada. 



POROEÓ 

Disculiáse én el Congreso en 1884 la ley 
de educaci:ón laica en la Capital. 

El clero se habia alarmado, y trabajan- 
do con todo su poder habia organizado 
una manifestación de damas de alta posi- 
ción, para que presentándose al Vice-Pre- 
sidente de la República le significaran y 
por su intermedio al Senado, que mirarían 
con placer se estableciera la educación 
religiosa. ' 

Habia riiás de trescientas personas en el 
Congreso, esposas, madres ó hijas mu- 
chas ellas, de miembros del parlamento, 
sostenedores de la educación laica. 



es su religión ! 



^s llljt 



Y saludando A la señora, penetró á la 
<!asa del Congreso, ssreno, tranquilo y re- 
posado. , 



El ex-sénador Oliva, gobernaba la pro- 
vincia de Salta. ^ , 

Una tormenta revolucionaria surgia en 
el horizonte político y era necesario pre- 
venirla. 

Se comenzare^ á recojer lafe armas y las 
balas que los particulares tenían en su 
poder. ~ 

Un dia llega á conocimiento del, goijer. 
nador que un joven \Vilde|Í hermano del 
ex-ministro de J. C. é I. Pública, tenia algu- 
nos cientos de balas de rémington y que se 
negaba á entregarlas. 

El Sr. Oliva, coiiesQ cacliaza, que es su 
adorno y su rasgo típico, mandó que lo 
citaran á su despacho. 

El joven WildécoiicurHó al llamado. 

— Me han dicho que Vd i tiene unas ba- 
lasde remíDgton.. .. , ., , 

rr Asi será, dijo el joven haciendo so- 
nar las eses como acostumbran todos los 
miembros de su familia. 







* ' , , , ' , ... AsBii áornftlattega Pepe. Dice^ 

-¿yamt)s á Ja playa de los ingleses? que|^ijna I^R^ta pero quien j.j.qj. jg maricos.,, y de 



-Nó.^! Que allí debe estar mi sastre 



me |i^2Cjú fuác^L >■> 



Lobo, ó bobo marino. Te- 
or de 1 
hoteleros. 




-¿Conoce V. á aquellos bagres? 
-Sí, señor. Son mi mujer y mi niña. 




Hombre prevenido. 



Al salir el Sol.... 

(Música de La cccc del oso) 






pV.7''*K?5S^S»«^^^e^íítííE!^^ 



■ -■ -im^^^^^^^^^. 




«Quien más mira menos vé.» 



/ ,'. 




La mujer, el marido y el amante.^ 

(Novela de P. de Kock.) 




-No, no, mira que está muy fria. '' 

-A mi me parece lo contrario estando á tu lado. 



'■n'í-;'*^'8-', 



^ 



íñ' 






EL CASCXBÉL 



i'.-s 






■ K 



— ¿Es cié^tj 
• Si, es cierto. 

— ¿ Y de dónde las sacó ? 

— No íaB «raque de ninguna' parle. ,-..- 
—'Í3aiéi^ó decir que cómo laS tieiíe, 

el vii^p ÓiiVa ya uri poco picado,' ) T ^ 
rinAih !-..:,; Las tengo atadas ec^ unVlienz^ 
y colgadas 'en'«ltechol .i ■ . ^' 





— No6fi!reift.áeSO)r,,que ienjén4olas|isí, l$s 
fattehifi'/'. wla 8 descolgaré I ; % [ 

díi-'^'fiáí él'Sr. Oli^a y llegar á un grado 
deesif|^§^f^plonqué.Ja¡^nás le había coíiot , 
oído na^ie, fué todo uno. -' 

— &ji3)g«^'^d. dé mi presencia, esclamó, ó 
lo mando pTesot— — ^ ' ' '- 

El joven Wilde salió del despacho mur- 
murando : 

— DeíaMiio, qué respeto á las balas ^1 
. Sr. Gop^rí^dor. . . . parece increibíe ei^ un 
í hoiH$íí-tóe 96-sordal - _ ' s^ 



.'.iS? 



i ui..c;i:y 



Tm Testas: 







H-»*»«— ^•.- 



<.0!!d^^ 



It SABLE 




ARA tres ó cuatro dias 
' léi «La Prensa», comió 
de costumbre, és de- 
cir entre el' primer 
mate y el d^clYhtt, y 
me aláribé ai eiicon- 
, Irar líp articuló lilií- 
Iftcío « feySíto dÉ'^Héwol ver » . ' ' ; " ' ' ' " ' ' 

^^^c^^^TiyaiaméJ:; :; '";':^ • 

'-^^sWáeinaátM^ cállenle 1 — preguntó 
1(1 china. , , , . 

— Ya fo creo] ¡ ápoíógia del rewólver ! 

— App . . . de que T 

— Péro'íu ,^míe'iiaí)íás doí mate? Ah, el 
npate esla bien. 

— Comoelniño dijonosé que palabrota... 
Enrique Ortega, aiiitor del articulo en 

cuestión, tendrá sus ¡deas sobre el rewol- 

^Ld fc{üé6íí^ií vale a tenerías 'pHóxfmas á lá 
muerte, tomando Jas cosas' al- pié dé la 



Yo téhgó'mis ídeás^)sbbre/el 'áat)íé', ^Hj" 
sable quiero dediéár cuatro rehgloHfe'^^ \]' 

No me remontaré á la época eh que el. 
sable era dueño de lodo; 

Se han acabado ios Paredes qup de titi, ' ^ 
sablazo partiariá un loro, por^a7a en dó^.' 

Hoy, hay aduchos Pérez, SancheíZy Fula-' 
nez y Ziitajiez qiie hacen más, iiiuchó más 

Me reliero á los que viven del sable.^ 

Qiie son niucTios por cierto. ' ' ' ,'' 

Dejemos á un lado íós profesores' ae' i 






esgrima. 



Y vayamos, es decir, dejemos qué ven- . 
gan á no5 los sablistas netos. 

— Sejíor. , /■ , %/ 

-Qué hay? ' '/ /. ,"''..^ ",/^..r, 

— Preguntan por Vd. ' , ^ ' 
Quiénes? "''' " ' ''';'- 

— No lo sé pero debe ser amigo dé Vd. 
Me ha preguntado por Pepe. , . J 

— Pepe ! . 

— Si ; ya vé Vd. que debe ser muy amigó 
de Vd. Además usa pantalón claro y tiene 
ia cara tris le. / 

— Quépase. 

Entra el desconocido. . ,. 

— Servidor.... pase Vd. ' . 

— Fuera cumplidos y pavadas. ¿No me 
conoces ya ? 

— No recuerdo. ., '.■,...' .,,...,.,» 

— Soy Pérez. , , , , , . .,, -...i 

— ¿Pérez? , , . -■! vi 

— Si; tiijo del viejo Pérez. . ; ^ j 

— Justo, y nieto.... ^ 

— De Pérez. Ya ves que me recue\*das. 
Y qué tal ?... siempre escrijjiendo, eli,? 

Ah! dichosos de vosotros. Sois muy íeli- , 
ees los escritores. , . ;.*!>,. 

— Muchísimo!, .^ , .,,. , ,,' 

— Y tu mujer? , , _ .^ , . ,. ,,, ^., 

— Pero si SOY soltero.... , . .-•- 

— Soltero !! Eijíonces no . eres. PepitO) 

Vista. " • • ;.■ _ ■.. '.■,.."■;;,', 

— Eso salta á la vista. .' ' '' \ ,' 
^Hombre lo siento. • _ 
No hay de (¡ué. 
— ^ Si: porque yo necesitaba üiV servicio 

de Pepe Visla.... una friolera. Diez pjésos 
(lue remitiré brevemente en cuánto llegue 
á Chascomiis, porqué yo v^vÓ eii Cliascp- 
müs, V he acabado el fenío. .. . 
Sablazo gordo. Estocada por sorpresa., 
Ejemplo de Sablazo claro, fácil de parar. 

— i Tienes cám bro chico ? " ' A* ' ' ' 

•-■No. ■■; ''■ '■ ^ ■■;// ■■■•..'''; 'r.''^í:-. 

— Bueno, no importa, déjáuile cinco naí 
le?.. ' v' 

— Es que tampoco los tengo. 






•-•' .^:^-i:S^.^i-v 



Quile n\£^stPQ, rápido, y contundente., ., 
Hay sflilj'lisía^s dé ambos sexios.' ."^ . , , ', 
Temed á íaá mujeres que üsari sable.* 
Siempre han sTdo péügriosas las armas 

en manos de mujeres y niños. 
Los, sablazos por escrito no Jásiiman 

tanto aunque sean de e^t,eca)ibre. 

— « Señor: he sabido que es V, noble y 
que tiene un corazón inmenso. Dígnese 
ayudar ó un padre de familia que severa 
obligado á devorar uno de sus hijos si láá 
almas caritativas no lo ayudan ». 

No hace mucho tiempo recibí la visita 
de un coroneZ que vestiapoco mas ó me- 
nos como Candelario. 

Me habló de una viuda pobre y del deber 
que yo, como hombre y como argentino, 
tenia de socorrer á la infeliz. 

Este es el sablazo traicionero. Pedir piara 
otro que no" existe. 

Si veis entrar a un señor alto, flaco, ves- 
tido de luto, vacilante el andar y bíija la 
mirada, temblad; lo primero que os ¿irá 
es eslo : 

— Yo, señor, soy colega. 

— Ah, vamos.... 

— Pero colega desgraciado. Escribí un 
opúsculo sobre el reloj del Cabildo en sus 
relaciones con la atmósfera, y el público 
no me entendió. Luego escribí una oda al 
trueno, y nada. Después fui redaclor de un 
periódico social y no pude hacerlo entrar. 
En fin soy muy (iesgraciado. 

— Le acompaño á V. en su justo dolor. 

— Necesito pruebas. 
— ^^ Pruebas? 

— Pruebas y no de imprenta. Deseo que 
usted me facilite una módica cantidad para 
poder comer. Llevo tres días en ayunas y 
hoy, no sabiendo qué comer, me he comido 
la vela de sebo que iluminaba el cuadro de 
miseria que ofrece mi hogar. Sólo me que- 
da un soneto "fledicádo á Mitre, como única 
esperanza-; s0 lo ofrezco á V. para que lo 
publique y mh lo pague. De lo contrario 
me lo comeré. 

— BuenQ, tome V. cincuenta centavos, y 
cómase el soneto. ■'.,.,■ 

— La cantidad es exigua, pero la tomo 
para no ofender á V. Adiós. 

Les digo á Vds. que es cosa de estar en 
guardia. 

Y que si el few^ólver es mensajero de 
muertes, el sable es emblema de vida. 

Y sino ¿ de qué viven los numerosos de- 
socupados que pululan por la Atenas del 
Plata, que dicen algunos ? 

i Del sab\e\—P.' Cuello. 



¡1 1 



p6Xí3ííl?0 



;> 



7 




íru;lúbrie?, mirada me próvopa v .- 
T eptrei»» garras de tu fietU'e pr^so 
Pa^a vivir ep el demente exQ^o 
ób'tóés ini Viáfe?'fcí<ínft#kíH)ca'. ■' 
Sé ^éé ktt ' tus láAtór «el bucaiitd Ucs- 
Bebo un veneno ien.P34aiimp»»«>i^9l»o* • 
>Sé,q)ie ítl Wüa^tei inp. ,í^Itra¡nt«, ftc^o¡ 
Mi vida dejo en tu abrasad^ ''*%í' 
Sr §é "que ire de líjórií-y q''*'^ »* fústañte 
¿éíiáráfe'al óWidei<id*8troíilíilíd». ' 
Gozando las eari(»a8 ! da Qtir^aip^íDt^i í 
j avuaaue aé queimi honor. ^^Q-P^, 
Quedara, me. preparo deÜrariBudazos 
A morir eu la cai'cél de tá$^l^i!OS. 

Adolfo S. d^ los Üi03.^ 



U'J 





POL4ITEAMA. — La em- 
presa de este teatro puede es- 
tar satisfecha del lavor que el público le 
dispensa. í^elplilili^o np pufífí^irjuejarse 
por cievio X^uiálh^i€C RuéÚécma siem- 
pre atrae gran concurrencia que no se can- 
sa de aplaudir á la Sra. Bonazzo, una San- 
tu^;^a acabada. , , j — *,, ff%^ - 

Pardee que la compañía qiiiej|¿pbjáer 
escena ¿a C/iO^ra del Diáblp. ^i s^ dj 
pero nosotros, sin saber r^ada 
permitirnos dudarlo, y nos funtoimo^ 
ello en que una obra espaiiQlaa puefetí 
escena por artistas itaIiahos,J^ienel 
éstos muchas dificultades, sobre todo tria- 
tándose de una obra seria que requiere, una 
entonación especial siempre aprópif^d|i, y 
que nó permite que un bachiller dé Sala- 
manca tropiece en dificultades de prQ|íun- 
ciacion. Ahora, la parte vócál no dudamos 
que alpapzaria un éxito cprhplétisimo.' 

Dé In cerca di felícifá Kabiarérhbs en 

... , !"!■>!•.( !v,;--ü ii;:::! 

el próximo numero. -^ . 

..•;■■ ■ : '-■' :. .' ■ ;;íí1 i-^ ' ■(! \) — 



COMEDIA — El beneficio de la aplaudi- 
da tipte Srta. Xftmás re^uUpyqpmo, era de 
esperar, brillante ,, , 

El cartel de la Comedia ofrece pocas na- 



/ 



"'^J 



92 



kl^tidSGABfcL 



vedades. Repetición de obras conocidas, 
desempeñadas como de costumbre y como 
de costumbre aplaudidas. A "^ t]" T 



:i 



r-r- 

i ..H . 

v^ Lo. w., 



BUEN RETIRO— La empresa de este 
teatro ha sufrido una pérdida importante. 
Han dejado de formar parle de la compa- 
ñía las señoras Millanes, que tantos admi- 
ires cuentap^en Buen 
^mpañi^^flgue po 
[•andes, 
^Los soU 
ipropiada pef)^^ 
ibienl 
lar ¡ciiáiqf 

íncias ' • " 
m 
a 





a 

l^jifífeú^Aei ;ías;de- 
1^,'iscéftSncí., ^Jfc^WP frésení a- 
"f^od(0-po6iS?é.^:; ^""^í ' V 
(fij^sl:d0 TerpsícQte É^^flwm.cles 



racrójí 



íahótfá el que má^ a^Ia|^ la 




Dos¡cosa8 tengo en el alma 
Que no se apartan de mi 

XJL /in^i' ín^isco que te di. 



Un colmo para un general: 
—Mandar la artillería.... de Bollini. 



■;rf: 



'■^.■ 



En una tienda de sombreros 
— ¿ Qué precio liené^ésta cifp 
1/ —¿Es para«a esposa í^Á ns^^Jmr 

.^jspromelidrfT;K ^/v^íp^^f^í^í^ 

/^^4^3 pafé-níi- prometidfií 
•.íjí'r—'i^eíi'. veinte pesos. 

; j*f-^rmjq^,para. ^ \- 'l^ ■:'■:: ]s}-i'u:^^} \ 

>;::¿^^ jgíegateíi iiéled ? Pintonees <^ f^i^uj^, 
iftfinoj^Óf. Déme usted ocho. • V t?Íp:M-. ^ 
Áni van 



ira 






\ 



Las 






ilusión. 






53^ -■■■■' 

tafftííteo 



ONRUB 
y regular concurrenci 

Hermann se hace aplaudir por la lim 
pieza con que ejecuta sus fanlúsllcos ex 
perimentos 



Los d«iidfr teatros; llevan una vida muy 
lánguida, apesar de^ contar con elementos 
conocidos alguno de ellos . 





os sobran les! 
nar 1^!^a 



^^dihinisA 
^4&^ '^uy! 

éj^íjjuifepf 
deBeaprfe- 

0^0 dia^ 



^.,y ~r ■ 



Elgrel 



isas eñ^dos hoi'fr$ ; 
ilor me ha mqjédo '/ 
lo ha subveiícionado < ; ^ 
110 de plaríchadoras ? *?* - sí.- 



¿■^.\ 



t-7^ i 



'¿éj ij^s ted m e encaña ! ; Us led no éis" <^6á|'v4^ 
do! Si ía capola fuera para su eapoáflL^ ftu- 
querido síiipármela por cuatro pesoSi^íJ^^ 

Una .actr^,de i¿ala muerte ;í¿¿í 
y de no muyhüenahiisaioria, ^ 
repasaba en su memoria 
las desdichas de su suerte. 

Y al renegar de las arles, 
de injusticias y escenarios, 
decía: — Los empresarios ; i 

abusan de ciertas partes. ¡ ? 



Nada menos que un articulo de fondo y 
cinco sueltos contra el juego, contamos en 
Bl Argentino del cuatro del corriente mes. 
Lo que aun no hemos leido, es una noticia 
concebida en estos términos: 

«Ayer mientras unos distinguidos pun- 
tos probaban de dar el quinto jjase. fueron 
obligados á pasar al Departamento de Po- 



licía» 






'^^ 






■iLi 



iii.gue tien^ hi^opesia "';^^ 5;?^ 
lá-místtóíy^^tós'l^'v.- ''' 2^ 



H*' 






^ 



Pepe, ap^tívé^ít^) í^jii: di^-..-¿\ ¡ 



;! 



de éstís MI querrib hay tií lia. \v /f I 

Yelía- atenta á su recalo, i !■ V' | 

ppji^:ídyiyeiitaT al m ' ^,^y | 

décT£^^f¿^:Pepe, que g^toP-^'^^^ | 

Y luego : — Pepe, qué gíi^bgt! | 



l!ftAÍ>^ V V^- 



Q^CA^AB^ 



93 

-JíL 













..,(.1, ...1 wXüiifir» A-I '^ o 




1 ■!! 



fí .•> ."><•. f< 



Iba con su familia Doír Antonio, 
un señor con un genio deh demonio, 
pues con estoá calores, 
y según ia opinión dfe^-filgun galeno, 
salir un rato es bueno - 
porqué asi se pasean los humores. ■ ' '' 
Detráá de ellos marchaba ;- - ¡i 

un moio qué á la niña cortejaba . '< . '^ 
deseando en tjregarle es propia mano : 
un pliego, en ftufi en, estilo ii$o y Mano, n 



á solas una cita suplicaba. '. .',■ i/.i-.^q 
Vuelve el papá la j^ista y al instante 
se ñja en el doncel, levanta el brazo 
y sacude un tremeiido pafs¿igiKMg|€^ i ,,,J 
á un i)obre viandante . -í .¡o .';h,. '^íi^l: 
que iba con ardor extraor4ijlíirlo ■ , n . , 
de La Nación leyendo el anuario. 



_Msto úS'p- Uühd, lector, 
/<^>íf<^^Sinn)*s.e en ta lAüerd 




n locura 
\ 









. V- / 




ifss^ ^tf.g%¡r^f^fm¡ 



W^^^'T-^^^^W^mpp 



f 



94 



é1^"¿Ís(Ja¿EL' 



— Lei A¿v8,W2ijÍ32años 
tienen un cuerno ¡de más. 



— ¿ En que /v^ J)íJrE^9§íl> ql, rQ^enle de un 

i-RS-que recrfrtnaii mucho frmterial. 
•^^■¡^n que se parecen Ta casn de Gobier- 

—En la falla de esízVo. 

— ¿ Y un ne^éianfe en^plitíníréros á un es- 

—En quefátíiboá viven de la plUTjoci.. 



■q/^ ^ ^tt^átl tecure un gim^leí.' - 

aS-i''i ','.;iV€ítefÍnano, V;'¿';m' '''• ",- 
no veo en ello nada 



Cuando ayer te mostraba mi alma 

diciendo : j Te adoro ! 
me decías que no^ con la boca : 

que si, con'los ojos. 
Y hoy, temiendo que, ingrata, pudieras 

haberme olvidado, 
me decías que si, con ¡os ojos; 

que no^ con los labios. 



\ ( . 



ÉÍ»íHi3en^fe-]Óéi(lO0'|^ loítj«^:pt 
^ ,''íiáf¿ho sis'^íi^clióf Miiclio*'dtial^r 
al ver, que Luisfí aiempreesta en su casa 
y que Jorge vá á verla allí a menudo. 

Y por másc|upp,rQC,iirp, ¡np^bay remedio! 
sospecho; v tal sospecha me precisa 
a creer, cjue entre Jorge y entre l-uisa, 
existeolgunacosa de por medio. 

: CORRESPONDEWCt^.. f^ 

P- fl. — PubUco algo, corno puede V. yéix Eil «pt^a 
es muy subido de color. , ,r : / r .,; . 

Boquerini.— Lo que V. manda es muy matiñi. 

Lúeas.— Si, Lucas Gómez. 

F. C— Su letrilla á las morenas me paiece que no 
es letrilla ni cosa parecida. 

Doctor Ucar.—Lea V. el número de hoy. Repito lo 
de la Arma. 

Juan fíe la Cruz Ferrer. — En esta, su casa, tiene V. 
una carta que le interesa. 

Amigo.— iPor qué no contesté? Pues por que por 
dos cartas solamente no valia la pena de empreadér- 
me el trabajo de contestar. .\h, y porque sus epigra- 
mas no sirven. 

K. Aslo.—Y puro, verdad? 

Contador.—SerU V. contador, pero cuenta mal las 
silabas. 

A. M. de C— Me es imposible por mucho empeño 
que T. t^i^^ en ello.' > ^ ,i '\ 

Crííicoi r* Dale ¡No aMmito coniposiciqn»a,«l«^3tói 
Índole. Qué le importa ál pilblicaqiíe V. ame í?dn' el 
fuego del Vesuvio ft la Srca. Oajpmett? 

^pe/es.— Repito: sus dibujos no son malos. Pase V 
por la Redaccioiiv no tenga mieoo. , 

A. Prieto. ~-\a.y a, unos aprietos, señor A. Prieto. 

£ej«06.— Le agradezco su otr6cBnieste-.-Mt$|il^ algo 
antes, y si giifeta.... , i^v . 

P. P//0.— Qué si 16 publij;o4:iMiiMtaQtef ;gv. 

Si «e ar ms lojxvc^tipii, ¡ í|^ 
Nadie queda^'cB'faieaUí!, ■': f 
¡ pue&del altitw hare ftie^o :'r 

fi3^3i''i^*do deí*<ímil^ : >; 

Si ei rem¿ny^«^airado.iMj'Íe:dáijni^rte&V.í señor 
P. Pito. ' * ■ 

Erriilia.—Es bonita la cst,L't&;' tííinilí¿'lál«frdi^naíUy 
bonito «I papel y... nada*js9Mft Y lo siei^to.-fra|^- 
men te, sobre todo si V. e& bonita. . j5; 




EL 




SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO - 
Director : ' W<Í^QXJW CÓlIn 



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\f';V,Pi'p^ín^aR: Los señores Corresponsales, .(^'r; 
■ ;;''•'!/; fllafán el precio. ' ? ^ 

. .Número corriente , . . . . » di 10 

» atrasado .. . .-^ v/orP^lOí^ 



^VoSBM>ESEAN\ii:OENTES Y CORRESPOI^SALES. 






uou;„. JtÉDÁcdlON Y ADmNISTEAClÓN': . 

.— iit (altos) 



'--.M ^' 



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., ..,--=:T:,-, ; '^f^5^pg5í!J^S2^SV''a-^¿í'¥''íJfS^S-*59r^^X'^^, í~^^ 



^ÍÍ5Í". 



tL CASt^AttEl. 



^ 





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Subventk>n¡ado» por d Oóbiemo Español 

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p;irii ?anta Cruz ide:Tienerife,ifcaitíEí Bar elona y MaiN 
sella, admitiendo carga y pasaieros. asi como para 
vT?&;i^vfiMrSáhtSñ3?í^KTT5aoJiamas>^^^ 
poriantesAl4í^p'^¡3t i /()Q'.' i G <;/ ]■ , 

Por míiife'ihíorHieS ^ dAwrs.Joeúírtisé íl^iw agentes 
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1873. de Anver 

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Se dan giros á.Ia vista sohre toidas las capi- 
tales de España con beneficio para el toma- 
dor. Se dan giros sobre los pueblos, también 
con beneficio. 

Horas de despartió. Los días hábiles de 
9 n. m. ;i 4 p. m. Los dias festivos de 9 a. m. 
á 11 m. 



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96 



EL,^ULSCABEL 



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por que «^ te yciá este .actor 
mas delgado cadó d¡a. 



ti;,. -. ■ 






v-.y^'s^A-f ,' :í"' ^ y¡ii^^^7\^i 'r 



**«CV ' ' j. ,sN" 



1 . . v^ 

í 



98 



fft. ^CASCABEL 



-f'/.£i>ir^a.£ii¿;a vi. 



'5('^s>"i'!':,i 



■*);!;-■; 





-^Ka>3^ — 



L carnaval está en 
l^ertos xonio .quien 
^Íke,^^ieon tan fausto 
^lÉkOtWo la javentud 
danzante, siempre 
ávida de placeres, se 
ipeepara ty fortifica 
con~tiénípo. 
«íüonozco untendero 
qu6#I <Í9f^6 idiez de ta noche, cierra la 
tienda ^tonjéh tras hace el arqueo de caja 
llamad la mucama y le dice con tono im- 
perioso : 

— Juana I xLávate 'tes manos y échate 
unas gotas de^ua <iBorida de aquella que 
compré en remáfe. A ver si logramos que 
desaparezcíi el olor á^éébdHa. 

— Pero señor, ¿«iqué intenta ? 

— Eri primer 'l^gar, purificarte; y en 
segundo, ensaiyar^^álgun baiíte. 

Se acerca e\ cárn|ival, y no es cosa de 
hacer un i^^l~«t4ict^io y desairado en los 
salones. '^ "^^ 

— Repare que vyo ,-|iiie conchavé para 
guisar y no párja billar 

— Miente* éo<no ,un diain'o oficial ! 

Tu er^ mucari^ jaim todo servicio y has 
de prestarme este. 
Ea. .. .ya estoy listo ! 
Vamos á ver, urtaimazurca ! 

— Sin música? 

— No me vengas con mOéieas. Canta- 
remos aquella 

«Hágame V. ti fatxyr de oirme dos palabras» 

Así. . . . aja, jé, (Jreo que no lo hago 
mal. ¿ Te parece bien la presión ? 

— Qué? 




*- Ay, no, señor. Rer6mo^plfB-y.íi»ní« 
qae nte Ta á rés&iar. : X M 

■^ Bueno ; por ^py "basta, laf ail^Rp -^on - 
tinuffrá -la sesión. 

Y el 'btremo 'd«Í5kflnft8i»»no 'pie^Efe^us iflpi- 
'Sífyos. 

Así al siguienie dia. cuando v^triin las 
de Rodríguez á la tienda, losdtee con aire 
de triunfo: - ; 

— Empero que este año ábtÍFáfMíétQd^ 
sus salones, eh? Yo soy otro báflftiHn ; -he 
torttado profesor y bailo cómo sunjóvéivilíe 
quince años ; ya me verán -^ds.- 

Y á propósito fíjense V4s.on»é8tas 'te- 
las ; son especiales para «disfraz : célor 
oscuro, así no se conoce ebsudor. 

— Esto es esencial-— 'interrumpe la ma- 
dre — el año pasado el-novio de Enriqueta 
le echó á perder el traje. Le piiso la es- 
palda perdida , como le sudan tanto 

las manos. ... 1 

— Yo no sé por qué ^o usan iguanas 
esos jóvenes. PrecisameiHejyo Vmgo una 
partida. ... 

— Bueno ; pues mandeítuiios ^íúantqs y 
los repartiremos á los in>^lád<^. Aíios 
hasta pronto. í^ s 

— Que no se olviden dé;mí ! 

Ello es que los bailes tiétnan^gran atrac- 
tivo, porque con la caraosbierta lafe ñfíias 
disimulan el carmin q^te áio vimejor ciibre 
sus mejillas, y escudhan ciefrtas uosas que 
en otro sitio y en otras circunstancias, no^' 
querrían escuchar. 

Los clubs se preparan ya. 

Y los teatros se preparairán pronto, y 
todo hace presumir que el Cartiaval (Que- 
dará reducido á bailes con todas sus con- 
secuencias. 

Algunas casas particulares también abri- 
rán el piano, y no será extraño que yo me 
vea obligado á hacer una crónica del baile 
de las de Gómez, unas señoritas pQrrnales 
ó normalistas, que quieren que por la pren- 
sa so sepa lo que haeen on<su casa. 

El aplaudido ramo de modistas y costu- 
reras no descansa preparando ropa y más 
ropa y atendiendo las tiernas solicitudes 
de los galanes que las invitan á bailes. 

El corso promete ser pobre ápesar délos 






■ -• rr't^::^7':¡>'-^v!^^ZS^ 



'íELCiUSGABEL 



>-.í99 




esfu^z^s.jiíye^^hacén -las di- 
versás sociedades de can- 
domberos que> como un su- 
plicio adelantado á los del 
infierno, nos Tomen «1 tím- 
pano ensayando. A estas 
horas hay un sin fin de ne- 
gros adulterados, ó adúl- 
teros, que dice una amiga, 
que ya tidnen llenas de ca- 
llos las extremidades de- 
lanteras. 

Después, si llegan á salir, se les pon- 
drán peores las otras, pero no escarmen- 
t^írán hasta que Bollini dicte un decreto, 
ó la Divina Providencia mande un terre- 
moto. 

Nada, nada. Procuremos que los bailes 
sean animados por que son el gran medio 
de hacer y estrechar relaciones y buenos 
talles.. Después de bailar toda ►uña noche 
con una locura^ mascota ó un dominó sen- 
cillo, se intima hasta el punto de saber los 
más mínimos detalles. 
— Yo soy pantalonera. 

— Celebro mucho. 

— De modo que con los pantalones me 
gano la vida. Por esto les tengo afición. 

— ¿Nos veremos mañana? 

— Cuando va.ya,á,entregar. 

— Entregúeme V. su corazón y no le pe- 
sará. Yo soy un joven honesto, aunque 
me vea V. en bailes de máscara... 

— Si viene V. con buen .fin... 

— Buenísimo. 

— Entonces, veremos. 

— Además, sepa que no soy un cual- 
quiera. Ahora no lo paso muy bien, porque 
he reñido con mi tio, que es muy rico. 

— Vamos .. 

— Si, y aderólas tiqneíina 
erupción en la nariz. Yo me 
reí de ella. 

— ¿De la erupción? 
—No, de la nariz; y me 

idesheredó... 

— ¿La nariz? 

— Mi tio! parece que no 
me explico bien. 

—No es esto. Es que ten- 
go una debilidad... 

— Vamos á comer y se- 




guiremos hablando. Pero mañana nos ve- 
remos ¿verdad? ^^ /£"'¿^ 

Al otro dia los vecinos^i^línr"^ parecer 
un fantoche en Ifi esquina." 
;, Es el del baile que aguarda á su^orado 

; iÉÍl*<impfeza 'tíhí amo^^ '^ue "tiq siempre 
acaoft raen. "l^iJuñP' 

; ¡Consecuencias del bailéf -^ j , <^ 

Pero, vale decir que no /s^mp^ estas 
consecuencias son de bulto.\ /'-''' "^^ v¡ 

No exageremos. 

¿Verdad niñas? 




■ > — «i< t t 



í.' ' 



UN SABIO 




Estudió en cien cronicones, 
por saber si los varones ■ •' 
que á Garay acompañabaiii 
los calzoncillos gastaban, 
con cintas ó con botones. ■ .- 
Y lioy se lanza ala palestra 
llevando ^u obra niaestra 
en (jue con datos sencillos,, 
aquellas gentes, demuestra 
que no usaban calzoncillos. 



-.."•T 






í-'S'í-i f»"^r«7^>;T»s'^-ir- 



**s«-rf:fft -"**l;V'i9'Sí«''5S%i'L,'^y 'fí\ ' / ir- 



100 



EL CASCABEL 



BU íajg:<s:^e(aH.o 



OLO, sin rumbo, como arista errante 
que en el espacio zarandea el viento, 
va cruzando las sábanas florales 
el hijo del desierto. 
Colgado de sus hombros de gigante 
flamea el poncho nuevo, 
cuyos flecos azotan incansables 
el anca de un valiente parejero. 
¿Adonde va? Él mismo no Jo sabe... 
Centauro de la América. so!)erbio 
recorre sus praderas colosales, 
dichoso de ser libre como el viento 
y fuerte cual los Andes. 
Su nombre es: El matrero, 
y su casa la selva exhuberante 
en cuyos laberintos y misterios, 
penetra sin hallar diticultades, 
enemigos, ni miedos. 
Allí tiene enramadas naturales 
que detienen la lluvia en los inviernos 
y el rayo de los soles estivales. 
No tiene amigos ni familia; el pecho 
alienta la pasión de los combates. 
No agitan su cerebro 
ambiciones de bienes materiales; 
pero, en cambio, le asaltan los deseos 
de una mujer que le deleite y llame. 
Muchas robó la audacia del matrero, 
muchas fueron por horas sus amantes: 
mas los favores que concede el miedo 
su afán no satisfacen; 
qui3re el amor de un cor.izon sincero, 
espontáneo y durable. 
Pero el pavor que derramó en los put*blos, 
en las fiestas y bailes 
la invencible bravura del matrero, 
estorba sus afanes. 
Palidecen las jóvenes de miedo 
con solo recordarle, 
y se agitan los hombres con recelos 



si lo ven acercarse. 

Ocúltanse los niños en el seno 

desús inquietas madres, 

al ver cruzar al hijo del desierto 

como una arista que se lleva el aire. 

Es libre, es valeroso, es hechicero, 

como el Dios de las flechas inmortales; 

pero tiene en el pecho ; ^ ' 

un punto vulnerable, í~ 

y palpitando dentro del cerebro 

la idea de un amor honesto y grande. ' 

Por eso al ir á recorrer los piieblos, í ^¿^^ 

mirando las mujeres ocultarse, ^:y.::b. fi ' 

retrocede en silencio 

hacia la selva oscura, impenetrable, 

como león que fatigado ha vuelto 

de recorrer los valles, ' .' 

y se tiende en el suelo 

bajo la hojosa copa de les árboles, , 

para dejar volar el p'insamiento 

al mundo de sus dulces ideales. 

Entonces viene el misterioso sueño, 

benigno, á consolarle 

poblándole la mente de trofeos, 

placeres y deidades; 

mas al volver á despertar de nuevo 

sin encontrar á nadie, 

ensillando el valiente parejero 

galopa hasta cansarse, . 

5 ve que van hu)endo 

ante él las mismas aves. ■>' -" 

Y. entonces, solitario en el desierto, 

enfermo de dolencias incurables, 

como una arista que desliza el viento, 

agoniza en los tristes eriales 

¡■Cu.iiKos eu lostuniuiios dei progieso 
van cruzando profundas soledades 
y mueren sin hallar, como el matrero, 
sus nobles ideales! 

M. Bahn monde. 



I 



EPITAFIOS 



Yace aqui la doncellez 
de doña Pura Alegría. 
— Déjeme usted que me ría 
sifjuiera por una vez. 

m 

Aquí yace un editor 
á quien mató la conciencia 
—i Bendito sea el Señor. 
•luéjustaes la Providencia! 

m 



Yace aquí un prestamista: 
Juan Ontiveros. 
—Fué un sanio, según cuentan 
sus herederos. 

m 

Yacen aqui un usurero, 
un cómico, un abogado, 
un curial y un panadero. 
—¡Dios los haya perdonado! 

£, Cabezón. 



'^^^^m^^W^^^mp^^^^^^m^^^^^^^^^^^r^ j-:^^ 



r ^iJvij>- -í^ -rí^^/ss^ 



EL CASCABEL 101 



ÍHMXIOB 



ANOS á la obra ! 

No puedo permanecer mano sobre mano. 

Promeli ocuparme de las manos y cumplo de la misma manera 
que si lo hubiese jurado con la mano sobre los evangelios. 

Y, á propósito: las manos de obra están muy caras según he 
sabido. 

Esta es una advertencia que hago porque viene á mano. 

Sigamos. 



I I Con la mano saludamos. Antes nuestros abuelos, que eran per 

L/ sonas que entendían la biblia, como suele decirse, besaban respe- 

tuosa y cariñosamente la mano de las damas. 
Ahora á las damas íes besamos los pies.... 
Lo que prueba que hemos descendido un poco. 
A los hombres les decimos «beso á V. la mano». 
Como arma defensiva y ofensiva, las manos no tienen precio. 
Que nos pegan? Pues paramos los golpes con una mano y con la otra los de- 
volvemos. 

Y procuramos sentarle la mano al que nos atropella. 

De ahi viene la tan aplaudida mano de azotes, seguramenle. 
De las palabras á las manos pasamos sin gran dificultad. Lo que hasta cierto punto 
desvirtúa aquello «de el dicho al hecho hay mucho trecho». 
Hay manos de muchas clases. 
Las hay aristocráticas, finas y cuidadas. 

Grandes y pequeñas. Callosas y defectuosas, etc 

Yo estoy por las manos femeninas, dejando á un lado las de cocineras y lavanderas. 
Sobre todo las cocineras suelen tener la mano pesada. 

Y al que se arrima le sientan la mano con la idem de almirez y le dividen la nariz. 
Obligándole á formar en las filas de los perros de la nariz partida. 

Lo que prueba que para insinuarse ájíierta clase de mujeres, es preciso tener muy 
buena mano. 

En los lances de amor, las manos son tan elocuentes como las palabras. 

Los amantes se pasan horas apretándose dulcemente las manos. 

Otras veces, y dado que hay temperamentos de fuego, no falta joven á quien se le 
vá la mano con toda inocencia, lo que hace exclamar á la interesada: «las manos 
quietas ». 

Si la suegra está presente no dejará de decir: «juegos de manos, juegos de villanos». 

Y se acordara del villano que pidió su blanca mano, allá en íos tiempos en que 
Rosas hizo sentir el peso de su mano contra los infames unitarios. 

En las mesas de jupgo una buena mano no tiene precio. 
Sobre todo para los puntos. 

Y en la mesa, (no de juego; la de jugo, por ejemplo), según una palrona que me 
alimentó durante una temporada, las manos de ternera con papas son exquisitas. 

No olvidemos la mano de la Providencia y reguemos á Dios que no nos deje de 
su mano. 

No me gustan las mujeres que se dan una mano de pintura. 

Existe la mano dé papel, la de azoles, la de barniz y otras mil. 

Hay manos plebeyas, callosas, largas; manos rotas, mnlas manos, etc.... 

Está fresco el aue tiende la mano á un picaro cualquiera. 

Se expone á chocar el que va contra mano. 

Con las manos ganamos el pan nuestro de cada dia, y con las manos lo comemos. 

Si jugamos al bacarrat defendamos la mano con eñergia y no la pasemos hasta 
después del décimo pase. 

El que se pasa el dia mano sobre mano, se expone á morirse de hambre si una 
mano cariñosa no lo socorre. 

Las manos son nuestra Providencia en ciertos casos. 

¡Cuántas veces decimos ¡gracias á Dios! al ver una mano pintada en una pared 
cerrado el puño y el dedo índice estirado, señalando un rótulo que dice «Caballeros», 
ó bien «Entrada» ó «Salida». 

Yo miro esta y me retiro, no sin antes besar á Vds. la mano. 

Andrés Soler. 



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102. 

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EL CASCABEL 



ií^jiy ;^! D;. '.iO --j^, r-..i 



DIÁLOGO 



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'l.^M \ :,,; .., 




— He descubierto un restaurant que nos conviene mucho. Por cuarenta centavos dan 
de comer. 
—Y los cuarenta centavos ¿quién los dá? 



MEDIDAS PREVENTIVAS 



ÍA^tf^ A vuelto á hablarse de 
e^^.« fiebres más ó menos 
tjMmJm-^ amarillas, tifoideas, et- 
■Jl/frvW'^ eétera.i.. y la camisa no 
^^/^M les llega al cuerpo á los 
' - ' . JL^ '■ que son timoratos de na- 
cimiento. 
. El terror qiie infunden las grandes epi- 
demias es saludable hasta cierto punto. 
^ ,Ai iiablacde pestes todos nos acordamos 
" dé lia' mgiéne, dé Boríini, y del deparla- 
mento' ná'eioháí de'higiene. La limpieza y 
el régimen ocupan su lugar, y como si todo 
esto fuera poco^no faltan familias que se 
aislan adoptando rigurosas medidas. 

Apenas supo el bueno de D. Dimas que 
la fiebre asomaba las narices en la Boca 
del Riachuelo, hizo provisión de cinco 
bombonas de ácido fénico y ordenó á toda 
la familia; hifelúió lít mucama y el perro, 



que todos los dias tomaran baños genera- 
les de agua fenicada y en toda su casa hay 
un olor que no podria sufrirlo el más acu- 
lotado boticario. 

Un dia la mucama se fué hecha un ba- 
silisco al cuarto de D. Dimas : 

— Quiero mi cuenta. Me voy ahora 
mismo. 

— ¿Porque? 

— Porque con sus medidas de Ifigenia... 

— De higiene mujer. 

— ... Perdi un gran partido. M6 dio bol- 
sazo Meliton, que es enfermero del Hospi- 
tal de S. Roque, porque dice que apesto á 
ácido fétido... 

— Ácido fénico, Gervasia. 

— ... Y que debo tener alguna enferme- 
dad secreta. \ Secretos yo I Cuando soy la 
mujer más liberal del mundo... 

Y se marchó la muchacha, teniendo la 
esposa de D. Dimas, que fregar los suelos 



1 * 



#• 









EL CASCABEL 



-10* 



y embetunar durante quince diás los Wti-- 
nesde su marido. Pero este no se enmien- 
da. Ahora compró un poderoso microsco- 
pio y se pasa seis horas diarias observando 
todas las porquerias de la casa, para des- 
cubrir el terrible microbio. Nat^ug^jkíjpiente, 
su miedo aumenta, pues con aífíígfeiítí^stru- 
mento ha llegado á convencerse de que el 
mundo es una gran albóndiga de bacilius. 

Todo esto no sirvió paralibrarle dfe un - 
susto mayúsculo. 

Estaba almorzando un par de huevos 
pasados por agua destilada y una ensalada 
de hojas de eucaliptus por ser antisépticas, 
cuando entra la señora gritando desespe- 
radamente : 

— ¡Dimas! Dimas! Caralampito acaba 
de tener un vómito negro. 

— i Virgen Santa! — gritó D. Dimas, dan- 
do un salto y metiéndose un pedazo de pan 
con huevo destilado por el carrillo izquier- 
do—corriendo, volando, avisa al doctor. 

— ¡Ay, ay! Yo también estoy invadido. 
Me duele el callo del pié izquierdo, me aho- 
go — y se fué corriendo á mirarse A un 
espejo. 

— i Madre mia 1 ¡ Me muero ! Corre, avi- 
sa al doctor ! 

— Pero ¿ por donde habrá entrado la 
epidemia? — decia desolada la Señora — No 
pueden haberte hecho mal los huevos. 

— ¿ Donde los compraste ? 

— En el almacén de la esquina Brasil... 

— ¡ Ah, m'tijer infame ! ¿ No te dije que 
cerraras mi casa á las procedencias bra- 
sileras? Caiga sobre ti la responsabilidad. 

Y quejándose lastimosamente, sé fué al 
lecho é hizo acostar á Caralampio. Por 
fin vino el doctor, con el aire sublime y 
resignado de un mártir de la ciencia. 

— ¿ Cuales son los invadidos ? — y se 
acerco al lecho del niño. 

; Le pulsó, le miró la lengua é hizo un 
gesto de horror. Parecía una pastilla de 
tinta china. Ordenó le trajeran lo arrojado 
por el muchacho, lo observó escrupulosa- 
mente y esclamó : 

— ¿ Pero si esto es tinta de escribir ? 

' jComol — Dijeron todos. Y el niño con- 
fesó que creyendo era el frasco de Kummel 
que tomaba su papá, se bebió dos tragos de 
tinta Stephens. 
Después el doctor pulsó al otro enfermo. 

— Pero Vd. tampoco tiene nada... 

— Y no me vela cara amarilla como un 
difunto? 

— j Animal ! Lo que tiene Vd. en la cara 
son migas de pan con huevo. 



■ Yél-'Dr. Clisopompo se fué de la casa 
echando chispas. 

A pesar de todo D. Dimas sigue en su 
manía, y no deja entrar d nadie en su casa, 
ni aún el carbonero, sino presenta patente 
lip^iá y se deja echar una ducha de agua 
feíj^daal quince por ciento. 

Cascabelillo. 



■ GRANOS DE 



Á BORDO 

A tí lasólas y el vaivén del buque 

te ponen á morir; 
á mi tus ojos y tu voz, tu... todo 

. no me dejan vivir. 

Pero al dueño de tanta maravilla 

conque Dios te adornó 
No le importan del piélago las iras, 

ni tú le importas nada, 

ni sabe quien soy yo. 
Por eso mientras tú con el mareo 

te pones á morir, 
me marean también tus bellos ojos 

y no puedo vivir. 

CANTARES 

Si tú fueras el bifleck 
y yo fuera el tenedor, 
já cualquier hora el cuchillo 
se ponía entre los dos! 
H 

Te Di hablar, meé tus ojos 
y miré luego liácia el mar, 
y la mar resultó gris 
y me reí de su sal. 

En el barco que navego 
hay casadas y solteras; í 

las mujeres de segunda 
son mujeres de primera. 

Quisiera que fuj^f pfefo :^ 
y ser yo plato sopfcro, 
y hallarnos siemjjtoiÍi^J|\li^Ítos 
los dos en el fre|^é|éL 

LAS ENSEÑAlfZiÉS $iií TíATURA 

A nuestra presienciá el gallo 
se mostraba en su Ssétrallo 
con la gallina marqsal, 
y faltaba á la atórál 
con las cosas qué me callbi. 
Y una muchacha divina 
que además era vecina- ' 
del tal corral en cuestión, 
decía con emoción: 
— j Quién se volviera gallina !^ 

Juan Gr. Campuzaim 



gCT^yntE-jsg t ;— ^ggi g'- ' ^^'^ry''? j^*^*=^lP5r *^-^ ■ 



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Ahí tienen 



^^{^rtídm^s á^í'íWí lo sabremos. ,.,r ^';^6Cid.ís.» , estos tiemp 



. ^ovx;.;^^; 





La voz He la iglesia, 
consi entrada, i i i >■ > j • 



materialmente ¡Eh!... ¡ehl... señor censor, vea que Aspecto de Sud-América d( 
el busto de Sarmiento está por caer parte. Me refiero Ai coijün ; 
y le puede lastimar. «Sud-América» de la tarde slg 





« }-y : 'I-i'. 




¿Simbolismo hemos dicbo? Ahi —Hombre, ¿esta tribuna es de Roca? «Deutsche la Plata Zeitung» 

tienen VYv oí, cor,reo español en —No, señoi; es de madera, como riquitrin^ 

acción. todas. riquUrin. trin, trun. 

Nota Las cartas no se pierden . 









,.>v. 



egpjiíla vista. ^ jUn nacional en 
QpoBliJí. Circulan tan pocos... 




Establecimiento fotográfico-instantáneo. 
Es la Casa que apunta más partidas positi- 
vas, en el libro de entradas. jVamos, que 
hace un buen diario! 




Luego dirán que hay miserlal 
Cada tarde se tiran unos miles 
de argentinos, al precio de 
Cinco centavos. 






dedos años á esta Este es un órgano de la co- Los dos journales francaises, muy señores nuestros, 
n nte,^í,eh? porque lectividad italiana del Rio de 
signe bien de salud, la Plata. 

¡Simbolismo puro! 





" u 




Materiales indispensables en las voces, defensas «El corazón de las niñas» periódico semaSiai. 
y amigos del pueblo. Tiene editor responsable y vanos poetas irrespóQ^ 

sables. : 



yf^^'^p,iyfr¡^-^-^-i:-^' í-^ - ->:^íírj^'.>>.?5''''^'«=T7ílP^ f^l^ll*^ p H H 



fl^ 1 



1 1 *:2 



106 



.rSfS ' EL CASCABEL 



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TXQOjS Y ©P^6(XiXi3:]S 



fe 



PWJi á rois hombres igual 
que sucede á laa botellas, 
jl im€ilen ser como ellas 
^!^ó ordinaplb ó cristal. 
Eís atf Bwéríto igualmente 
probad 6 desconocido: 
unosjMsiFel contenido, 
otrtis p(^ él continente 

HoiJDíbré de aspecto orgulloso, 
de idifenfo rico y probado. 
Ya por e^ mundo alabado 
como el champagne espumoso, 
y acaeo resulte, en- suma, 
qtte siiquisila espum-a' qué crece 
i Btífle, desaparece ,; 
quedando á la postre espuma; 
y que aquella fama loca, 
que fué una burbuja hirviente, 
deja la sombra en la mente 
y el amargor en la boca. 

Ved otro á quien la cruel 
suerte ahoga sin razón, 
y que pudiendo ser ron, i. 

es sok) carabanchel. 

A aquel la fortuna inquieta 
sin valor real le dio fama, 
y todo el mundo le aclama 
por su vistosa etiqueta, 
y otro que lucha á diario 
por subir y por triunfar, 
jamás logrará pasar 
de ser un vino ordinario; 
y si en su febril querella 
su espírilu se dilata 
al cabo se agria, ó se mata 
y estalla al fin la botella.. 

Si el hombre ha podido ser 
con la botella igualado, 
ustedes no han olvidado 
que es de vidrio la mujer. 



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n 



qué encierra rica ambrosia, 
gloria del guato más fino, 
bouquet de aromoso vino, 
dulzura de malvasia; 
vino que ¿gustar, en calma 

/incautamente se empieza, 

fy se sube, á la cabeza 
y al fin emborracha el alma. 

i Vino que por todos lados 
nos tienta y hace pecar, 
vino que puede matar, 
puesto que hay vinos picados. 

- Jerez pálido, parece 
alguna, á quíferi el sol dora, 
pues quien de ella se enamora 
como el vino palidece. 
Bella mujer á quien ama 
un ser no correspondido, 
Lacrima Christi ha bebido 
y acerbo llanto derrama. 
A otro el Madera le altera 

• y, loco por los placeres, 
cree que todas las mujeres 
son de la misma madera... 
Con mil marcas variada» 
trastornan nuestra razón; 
pues si pocas puras son, 
hay muchas faLsiflcadas. 

¿Que esas beldades traidoras 
no dan pasto á vuestro afán? 
Creo que ustedes sabrán 
las casas introductoras. 



Si alguien por su mala estrella 
el vino de amor llorara, 
que solo beba agua clara 
en la fuente y sin botella. 



Luis Garda. 



PEQÜEÑEGES 



A Balbin preguntó Urbina: 
—¿Ha estado usted en Berli^? 
Y le rea^óndió BSlbln: ^ ^ ■: 

—■No; p«ro he estado en berlina. 

m 

— ^Me quiere usted retratar? 
— ¿Óé cuerpo entero? 

—Pues, ¿cómo 
¿ Piensa usted que soy tan romo 
^ue Hie lo voy acortar? 
H 



—¿Adonde vas— á su yerno 
preguntaba ayer^uirós. 
El y ere©* Soltando un terno, 
repuso:— "Vcqr. . . j al infierno ! 
Y él le dijo:— ¡ Anda con Dios 1 . . . 

m 

Me ha dicho ayer ün amigo, 
refiriéndose á Piedad 
que tiene mejores bajos 
que \QiScala de Milán. 

C. Miranda. 



i--^ ?-^v "-- \f«f§S 



t^t?SS^^^^S^? s-\ 





;■*. • ' 



El baño, créame V. mi amiyo. me a^)r.? mucho cl apetito, 
Y á mi, querida amiga, los apetitos. 




— Qué bello es efmáfr 

— Mucho...., pero tenga V. <|uietas las manos! 






00 i 
106 






eiTcaícabel 



J! ;:i •. 



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h.A:U^L, 



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XX)IXiIO 



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„ ; ; f 
■ ! 



Hoy le jura la infiel ainor constante, 
y tras de mil protestas 
4^ .su, pa^n le pone por testigos 
/ al cieio y las estrellas. , 



Y el Infeliz la cree por su amor loco, 
sin saber que hace un mes la misma niña 
á otro mozo le daba por testigo 
toda la astronomía. 



*•> 'V-'> 




El sujeto que redacta 
la^revista dé teatros 
no ha mandado el material 
como tiene acostumbrado. 
Por nuestra parte diremos 
ficptteealaoCik) media auguramos 
el viernes de esta semana 
á Gil UQ, éxito franco. 
.Taiftbien diremos que tuvo 
lugar en este teatro 
el ,estr^o^, ^l otro dia, 
de «El Mi^on del Sevillano » . 
Obra que hecha con ingenio, , 
j^ií^^ f(| jP^íJ^lp,s9ber«no . ; , , , , 
«Retiro» y «Politeama» 
Siguen la gente ^armando. 
YenerWKáciiVáiál» Cleáry " V ' 
con lodos los demás náufragos' 
esperan líé^ai^ á puerto 
despertandí) él 



iaámó.'' 



/ >• 



Ademad á Juan Moreira 
tendremos á todo pasto 
por delante, pur atrás 
por arriba y por abajo. 




Hemos visto cosas muy extrañas, pero 
ninguna tanto como esta: 

«Escritores buenos y sin pretensiones; se 
necesitan para un diario..., calle tal, nú- 
mero tantos.» 

Valiente aviso, eh? 

Como si dijéramos: «Madapolanes bue- 
nos y baratos... etc.» 

A este paso, los escritores, buenos y ma- 
los, se ofrecerán y solicitarán á treinta 
centavos aviso, ni más ni menos que un 
medio oficial barbero ó lina mucama con 
cama. 



Conozco á un europeo 
que hace una cosa cuyo nombre es feo, 
y á cierto americano 



s«-->t--.7 'v^:s\ 



^^■^'^'W^'-'^'^'^^'^^m^'^'^WF^^r^w^^^^^^^ 






EL CASCABEL 



109 



5Á. 



que se escupe en la palma de la mano. 
El hacer su elección pone en un potro, 
por ser tan sucio el uno como el olro^. 



1 / 



Lola, en quien halló acomodo 

toda suerte de hermosura^- 

constantemente procura '> 
ser original en todo. >, 

Y al logro de sujdeal . ...^ 
tanto tiempo ha dedicado, 
que pecó, y le ha resultado^ -^;, 
el pecado original. ' . ,. - : - 



■;!*j; 



■•*] 



'i-.:^. 



Leo: «En tal calle íué hallado el cadáver 
de un párvulo del sexo femenino,. ? ; '/ 

Asi que se conoció la eccisténciái^eX: 
cuerpecilo...» ' 

En qué quedamos, ¿el cuerpo existía ó 
nó? Porque si existia, la policía hizo mal 
en entregarlo á los médicos para el examen. 

Lo más correcto hubiera sido entregarlo 
á una nodriza. 



Juan dice que su existencia 
pasa entera entre dolores... 
¡Claro! Entre Dolores Sánchez 
Lqfla Ruiz y Lola López. 



—¿Has visto la desgracia de Gómez? 
— Nó; ¿qué "ha sido? 
—Pues que se quedó paralitico.; 
—^¿Parafitico? 

—Sí; de un «X06SO. Ya ves, seis años je-| 
fe del movi mien Co en le ^ taof on Centra 1 ! . . / 



Con un francés se casó 
la hija de don Vicente, 
pero la pobre enviudó 
ú la mañana siguiente. 
Como era joven y bella, 
después de pasado el luto, 
Pascual se casó con ella 
queriéndola como un bruto. 
Y resulta que ella es, 
según me ha dicho Pascual, 
un arreglo del francés 
dado por originaJL. 



-¿Por fin te casas? 

-Pasado mañana. 

-¿ Y qué tal tu novia ? 

-Es encantadora, huérfana,.. 



jAhf Entonces te felicito. 
—Huérfana de padre. 
. r-Enlooces te retiro la felicitación. 



- Me aseguran que está Blanca 
en amores con un negro. 
— Ella vá buscando siempre 

Si: ¿contrastes? 

í —No: dinero. 



De cahimtiia demandó 
un individuo jiBte el juez 
ó cftró hombre, porque soez 
de carnero le Irató. 
V _ y el demandado sincero, 
declaró que no era estráño 
que léHamara carnero, 
PQjg^fe hace ya más de un año 
que le oye llamar Cordero. 



En una sesión de espiritismo.* 

—¿Cuántos hijos tengo? pregunla at m^- 
dium nno, señora casada. :• 

—Cuatro, contesta aquél. 

—¡Caracoles ! ¡ Pues si «s cierto! dijo el 
marido. Ahora me toca á mí. 

Y dándola de listo, pregunta: 

—Y yo: ¿cuantos hijos tengo? r -^ , " 

—Dos, contesta el médiuin. ?• J; . 

El desdichado esposo cayó dé és^ 



J0 



Un negro decía iíáá páSadod que la mala 
suerte le habia elegido por*1bÜncQ ^é sus 
iras. 

¡ Si se seria presuntuoso I 



tv 






4*.-. 



-¿Qué tal anoche en la Comedia? 

-Bien. ¿i 

-¿Mucha gente? 

-Una entrada bestial. . 

-Eso seria la tuya; la mi* epa personal 



—Papá, para un corapromiso,i 
dame diez pegos. 

—¡Canario! 
¡ Compromiso de diez pesos 1 , 
Hijo, los hay mas baratos. 



—Quisiera volverme lihró al ver el 'inte- 
rés que te inspiran, decia á su riiárt'dtfla 
mujer de un literato. ■ ^'^ ' ' ' '^■-'^ 

—Aceptaría la transformáéíoniíí pudie- 
ras volverte calendario, contestó éK ' ' 

—¿ Y por qué calenda río f ^ = • - 

—Porque cada año se necésilaiitio nuevo. 



w^'^^Sf'fWf^;^'::p^0W-^^^ ■"■■ ■ 



■^■^■■*, :^í>'í^!K.-r ^?*t'- ":■" '^'.' 






iliy^ 



£L CASCABEL 



siMacáDAS 






J 1-=') 



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V-ATJ''?^ 



no<Mi;: 




No mas tu pecho quebrantes 
SeQíi,I oh viuda I el triste llanto 
¿ O proviene tu quebranto 
De que no se rijrtiHó antes? 

i .J$i,en ,p.ulga me convirtiera " 
Y por tu espalda hechicera 
Pudiese al fin cobijarme, 
De.tal noodo me escondiera 
Que no podrías hallarme. 

Luisa me dijo al partir: 
—En mi pecho escribiré, 
Xu nombre, y hasta morir 
No se borrara. — Y hoy sé : 
;Que nunca supo escribir. 

Segunda- 



-r-+- 



(">'' ■ i ' 



K. An«s<o. — Si, señoril canasto fué la ié'/Tift^onza. 

A. B. C — D. E. F..,. :^tc .... 

Julio Jota, - Usted no ío hace mal pero, amigo 
mío ¡ qué final aquél ! Otra vez será, por que Vd. 
mandará algo más, eli? 

K. D. r.— i Hombre.... otra vezl Lástima .de pa- 
pel! ' ■ •■■' 

Canuto. — ¿ De hoja de lata? 

Enrique Salfne7'on.—S\is «Amores en la Platpa» 
merecen pena de la vida. Y Vd. merece colegio per- 
petuo por escribir sonrrisa, hacer ca, agía, kaia», etc.. 
Parece mentira, hombre. 

Sií5¿o.— No señor, no mande Vd. otra porque em- 
piezo por no publicar la primera: 

A'>«¡7ía. — Ahora caigo en la cuenta.... ; Vd. no es 
mujer L... es un marimacho vulgar. Y yo qpe ya so- 
ñaba idilios al por mayor 1 

Tiírco.— Vaya vd. á Turquía, dele recuerdos al 
Sultán y no escriba más poesías puercas. Es un 
consejo. 

A /«arfl'O. — Ya hablaremos de aqufello. Me parece 
que la idea no es muy original, (francamep.te. 

Populus,— Bueno ; pues se vá Vd. con la denun- 
cia á un diario, se la publican pagando lo que sea y 
queda Vd. satisfecho. 

Bartolo. — Caramuas'! Me parece que mañana y 
mañana son demasiado consonantes. Podia Vd. bus- 
car otras palabras; macana, por ejemplo. 

L. de H. - Lo que es cierto y seguro es que no pu- 
blico lo suyo. ■ 

Principiante. — "^o son inalos.del to<ío. , , 

í/'no.— De ninguna manera ¡se lo demostraré si 
vd. gusta. 

Ae/v/yo. — Recuerdos á la suegra y no hable mal 
de ella, y menos en vejrsos; y en versos malos me- 
nos aún. 

Cascabelillo.~-Vü\!¡\\co lo suyo, como pií^^e V. ver. 
Otra vez me hará V. el favor de m^pdár la flnna. 

Segundo.— 1^0 mismo digo. 




EL GASCABBi- 

SEMANARIO FESTIVO ^LUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 

^ 

CONDICIONES QE LA SUSCR|lfC|ÓN 

Capitah 3 meses 8 1-50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. ^ 

Número corriente » 0.10 

» atrasado ,♦ 0.15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

-'!©« (ALTOS) 



- T7 ,^^o,w f.^^ ^ ^ 



.^"f^*"^^ 






J3.-CASCASEL 



411 



TBASAJUNTICA ESPAÑOLA 

VAPORES-CORREOS 

Subvencionados por el Gobierno Español 

Servicio ménéuaJ fijo 

entre el Rio de la Plata y Europa 

Las salidas de este puerto serán el 2 de cada mes 
para Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Bar -elona y.líar- 
sella. admitiendo cajga y pasajeros, ^sí cobío .p&ra 
Vigo, Coriiña, Santander, Bilbao y demás puntos im- 
portantes de España. 

Pbr más informes ó datos, ocúrrase, á sus agentes 
Antonio López y C, calle Alsina, 750. 

Nota.— Se expiden pasages de venida de todos los 
puertos y^udades de pisparla. 



SWttBS^ 



DISPONIBLE 




CAJAS :-0:E HIERRO FICHET 

. fDE PARÍS) 

Premiadas en 
las exposiciones 
de Paris 1878- 
1889, de Viena 
1873. de An.ver 
1885. 

Secreto '.de 
comblnaci^ii .in- 
visible. 

- Garantidas 
contra inceiidio. 

Surtido de ca- 
jas de hierro pa- 
ra casas de co- 
mercio. 

Muebles de se- 
guridad para es- 
critorios y casas de familia. 

Agente: E. CHAPÓN— 101 FLORIDA, 101 

BUENOS AIRES 

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150— ARTES-vl50 

^'Í^n-Hí AT»tr»C cucTiillos, centros de masa, ja- 
\>iAUXCí \.\Jii, rras para agua, juegos üde.té, 
juegos de lavatorios de metal blanco, licoreras, ca- 
nastas para pan, aceiteras, coberteras, floreros, lam- 
pari.tas, veladores, filtros para agua, etc 

"H"plafÍAna<l sorbeteras, necesarjüos varias 
AAc:xa,tii.c^^05 fonnas y clAffis,*jlcÍets surtidos, 
lavatorios, juegos de lavatorios, juegos de toilette 
máquinas para hacer soda ó regaderas, filtros para 
agua, fiambreras, etc. 

Juegos <de m^a, &J|aI.HS¿Ss 

de cristal, cubiertos, cuchillos, salivaderas, pálmáSo- 
nas, copas, vasos, sillas, , escaleras, porta-botellas 
canastos para ensaladas, espón eras, etc., etc. ' 

BAZAR AL BUEN NtENAJE 

150-ARTES-150 



DEL 



BATO DE SABADELÍ 

CAtlE-MORElíei^líABÜfNtlRDEN 

(FSPAÑA) EW 1881 

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Se dan giros á Ja vista sobre todas l«tó .capi- 
tales de España con beneficio píira el toma- 
dor. Se dan giros sobre los pueblos, también 
con beneficio. 

Horas de despacho. 'Los días hábiles de 
9 a. m. á 4 p. ,m. Los ^ifeas festivos 4í 9.a. rp. 
á 11 m. 



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Se previne ^l irtlüiíjc) que,la 
en la calle Rivadavia, que fué ; 
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riormeÉá^ de don 

vepdió r;D, í>jego 

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farmacia no es ya de CRAN\ 

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que existe en ^9í>s A^rp^.j^tt^^sj^uada en la calle 

VICTORIA, núm. 647 

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EDMUÍÜX) |. CRANWJELL 
Farmacíuítco 






EL CASCABEL 




¡•l ''fn; 



Í 



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Los {fiadores debe£>éííiUÍJSH¥aisilO¿&tlU»i|Sf jdv 
gi«odo en cada etiqueta la lirma de garantía de— 
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ilentoS' y dudosos. La Neyt4rina>h«^<;e, desajp^ijep^ , ; | ,>, . .,,, 

en pocos dias los derrames, pur má,s agudos que sean, ' 

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^¿^Í^JT^ • ^ ^-- 



;^ '^ '' íii^Jp^'*^^ 



i"'*S.Í--- 



^g^>?s» '^¡•^jmegf'^^'^^r^f^^^^ 



ASoI ^MOM Ab«8, Fflbrtro 24 (le 1892 intaii.'8 




r propIeUrio: FRANCISCO FERROS 



Mon y Administracioa: AlSiA 489 (altos) 



ORAS DE OFICINA DE 2 A 5 P. M. 

O en ja ciudad. . . | 0.10 el número 
i de la ciudad... »o.ao Id , 

(Fotograbados de Coll) 



Fecundo, chispeante y campechano, 
sm fino sprit mil veces 
supo mostrar al, jJ^bJioo, con creces, 
en su AlTricmaífué Sud- Americanos 



•^' > - í ■ - ^r>' 






■:"tS^ *^f^ríi^?^TÍ¥?Kp>^5^^ 



,,.., 



114 

-¿U4— 



tAüt-y^/-, T-f 



;y1."i9n^J 'm"- "i"!!!); 'i-n: 



tu X.li Olíll 1 



iOl'ii'. Tí. huí ::!'•; •'! ■"íií'il "(ííc-' 

.íiíOi.i-'''"", (i!^' Mlí;i|llli; O-i'i'l 



.11 




;-i ■.,; -/ ,;<..'-';;io r- í ■n; rr muí v 



También , trato á un sastre, con todas 

las reservas del caso, quk apenas T1e¿an 

, j. , .íííüí'.uú 7r7 sP. ,aaup.cnr o 

los días de carnaval^ se., vis e ae\aipno 
t)3í\n rf.iTnjflí; es .e.u¡iíi|iiolp\ eh gnsud i.í^ 
del' Brasil, y armado de *epdo marróte, 

sPile por ,e<las calles a dar .oromazos de^ 

üor^eTq sú í! > ,?íí;i;in afif f)D sf^fínejit;-» 
este ckfiDr^. ' , . ' 

■V'vio^ ü-xoí.xiv-' j-it!fi .Krt!/.;aí íá ooj^y ou;^ 
' — uoTh Pérez! ¿no ^r^e-^'CQnocesr ', 

— No.- rranqarnííhtfei 

— >Piii>B PPAS iin r«hnnV>hn! 



— ^tru's eres un chanthQl 



íiJyíj ^i¿i>jíi'j 



— Cuiuaüo ton lo que» dic^s 



'•(uDíioo 0;:>n 





^Í^"»^'i'5N^r>ÁÍM,PNTE 



íde ¡o^iéB^íaños. 

tendr4fj ;<í<?^SÍ^., 4Pi?í^SaHfí^tí<¿WÍflairoeniíe 
unas horas cojUenoa^landó^lá^riFicia y el 
donaire ^^fe"" \M^ stífcfódBcíéá/^éa^ná^feétó^i 
que concurrhán con..pCTÍdones y músicas 
al lugar Hel sucesor ^oi•l:«i ib?, cia-iiui) i^:; 

(:k)noz<^^.iifí^»^zá':í)5áftf^.^^ 

toca la flauta C9in^ mj|fí]ipnP^^i^f i<i4ie(<)nf> 
descans^iiDP /:nÉICÍÉ|iítoj;déMde} queula thtak 
nombrado saerist|tfid^'-de la comisión orga- 
nizadora de uii&<^ losv^tños corsos^ en 
que se subjjj^j^^l pf^r¡^^Sip^q^^ñ^^, 
En su casa t0(^d8ffteÉ»i»iná(íntt> y EWBtiiñdad 

.ín-^i^^R^ftí^í^íí^tí^ coronas. 
— Ya tégagodw^ljl^jdejaurel. 
— Falta-.dltte? 

4^ laf :de alíalfa. 
q!{i«r«i#? 

nríejor sociedad de 



— La rní^ 
— ¿Para»^ 



Basta de ^rorhás! 
: — Es que no es broma. Yo s6y* Rodrí- 
guez, el sastre, y he queri^3^i^eé6r«»i^e, 
la deuda. 
Los curiosos s« agolpan."^ 



— Qué es esto? 

í— Nada; un ínono exasi 



e':;í>; 



í^x.-¥\- 



—No soy m^ono, soy saj^jtí«'y'1fe'p^j^á 
'epte*V¿'vé\V'pó^¿'é lííé áií!Sé"y5 ^'^¿gft. 

•y ^ mar'á'áii"caáá, hi) fíliSlíái'lí^Mt 

cualquier causerie de M'á'ái^i. %?ili^^M- 

■^^'ym^m la^iitoktliWí -^^^ 

-^^1^ePáí^l'"iíe';idáe.i8^i«UtófáAi/feéí#^ 

í^l?>^^f^M"ft?)é^^''^'^^ -'^ '^'" 



las 



e» 



— Para 

candomberí»*»' 
— Bueno,í 
Y el buftiwr 

tiempo ent^S- l¡ 

preparativos ci 
0v«arnavale 
Ciudadano h 

deK corso con 




n se lo coma . 
lillo se pasa el 
flíiuta y los 



algunos. 



arda la hora 
órqiie' gracias ál 



disfraz, puede circulwg sin temor dé íser 
conocido por aí^úiio de^- innúmera bles 
mártires, digo, acreedores que le á'^oáán 
sin compasión en calles y paseos. 



To trapos p^ra que las niñas ^ l^canr'eií 

ele asf ^''fíá£ñV'^^ .««f^T^o eífH^'h 
,Lar,verdad qne Tas njnasí pe xóTonj^ita 

t;v¿P8Si^^nks^<o^z¿¿<iy"m^ ámw-^m 

mu^^|ttraclí^rV^;;^'^^ 

La ma^or'apróvecfi£fti(W^lfti'^(íílbftó qnft 
lo regaló un , siid teniente que fhó roi"6^ 

tíl^^'fe^^tfi '^olKíster^fe- mhfí¿!%::h^ 

arreglado un t^k^mr^Mmmd''^ 

capaz de quitar el sueño Uf^ííftílBiÉiWÉmó 

lector de La Nadá^., 

La segunj^Qg^p^^^^^bngifíta no le 



va en zaga 




^l^^)íi^?'^y to/do hace 
suponer qne tenarKfiíjW^xito nunca visto, 
en la sociedad <iEl ÍAffO Ptáhido^ de- Itf 
Boca, sociedad de/^sócófros mutuos y 
baiíea alegres^ qne "esífiL áfio. sei pifópphe' 

Al' efecto, la comisión directiva, con un 
éfifló (^'líe la honra mWcitQt b» . cesAwkOf 
•ixig'h''' de ios socios' saquen! tá.i4ua5lÑi%jc<)g%, 
de los entierros, e»' 'decir, ' la 'Üegra, y 



'S^jf^'S'íí ^'*"j-*""»t > s-%''^'fSi ^^r^rf^l^>s |ífgc«f-i5i;«)_-f-?^^^st':t,.í^"'>^.S«í»!5i>>i-^#l*,- T' 



1,4...- j.^ !!<*■:•- r;.-,-?:^:*-^-^^- -..- -^"í; *;..'. -{t'tssv«#;:f» 



EL CASCABEL 



i tí 



nasta según rumores np laltaran íracs 
ó TraquBs» si VV. gustan. , 

Elbueno de Zolon^uita se alarmíj, ñero i 
no tierie mas remeaiq, que ceJer á las 
exigencias de las nmas, y a Ija, presión 
que eierce la mamá^ uqa sé^^orá, corpu- 
lenta, como Levalle,.pbn¿o por votúmen. 

— Considerad, qué el baile á nada prác- 
tico conduce boy que. ía juventud^ está 
desmoralizada. ' ,. ■. , 

-^Dí^iate de historias. Tú me conociste 
en un baile de diáiraz... , ' , 

-Sí; y mOrenamoré de tí antes d© 
verte la cara, ,■ ^ _. 

—Pero luego... 

— Sí, luego, fué tarde y me casé al ga- 
lope. . 

— Déjate d^.al.u^ion^s y cpnsid^rajjue ; 
las niña?... ' / 

— Si, las niñas harán lo que quieras, 
pero bueno será que se anden con cuiq^do 



rnasi y, finalm||p,t^^ c^n|Í^^an su^raor y^su 

deja' de exclamar sentenciosamente; 
se os aeciáraroií formalmente,.- .' _^ 

.— Callp, .pero. ...acordaos de lo que paso. 




Con g^an meIa"íic<iHa ' ^ - < -; 
el„poet|a á mí' oúio? repetía: - ^ ,, 
— N,i ej amor ni ta fó me dan consuelo, 
porque ¡ ay de mi ! no se 



cómo ha de liaber amor sin tener fé, <f 
y c()mo tener fé sin haber cielo.a|¡|^ -/ "^ 
Pero aunque esto proclamo, >^j* ' 
ni hay cíelo, ni hayj^njpr y,cre&y;amo. 

NcSte imnorte J¡ménez_üiifiJiíUíai|j^jl8tó 

" alla\-íi 




ella. 




poique todo és Cú^^^dfe apreSÍad^^i^l 

Era el mayor placer de FortunaCtX---' "V' 
colocar á su esposa la Corbata, 
y nunca fué tan amorosa y beila 
como aquel dia en que le ahorcó 

Igual que algunos puntos 
insisten' homibres, de la ci 
y profunda mit-ada.... 
ífue á fuerza de decir, no di 

^. 
Oastó de tal manera su eneráí^ 
mi aliña en adorarte, Xj 

qiié'nóié qütídí hoy dia 
m aun' ftíWzá' para' Pdíaf Ó ' désÍJTreCiártfe.^ * ' *' - 

¿Es anipr.,;!] lisióla ? .^.^sufv conitraí,©?^,,:.,, ,;. 
¿ó una manera de pasar el rato? 

'^ 

Si queréis ser leídos ,- ' ■• i' i/t 

sipnc^re.diebéip^íiablárálos sentldpg, .¡ ■, 
r»brque él íe^ct( r dirá— ¡qu'é atreyiqaiento! 
ibíileétüra' inmoral!' ¡esto ríieenpj'áf, , ' '^ 
yertóctord^rscontéfitp ■' '■'''- -¡'j''^-^' f^' '■'"'-' 
JeccuJiaslíi» terminar -la úJtimailínjA.''¡ ''c-<i, 

Sufrí tal desengaño ^ - 

vi en'^óté destrozar lá dicha míA, \ ^ ''-"'•''• 

qtítí'jc<M cuanto lííacer te 'msítSiiíit'-' '-'"■ '-^ 

i/¿BÍ;ÍK):t,e ^101636 'daño.*^ 'h •! í. -!A'> £?> n"'í 

Adolfo ISy'de'tüs'Ü-os. 

• ^^Slr-^ i— 



DISFRAZ 



J-": 



( -i ; . í 







•■•ui 



l'.- ■! -Ci 



Un critico prolundo. 



5^<;j-"i'™«""' ■■;; ■ "■f.'.i^;- vv; .Ti-- lí- ;í1í?' 



*-- 1?"'^,-*^^'-^?^ 



'•f^J.*s^Sí^'''íP?\S^?^'^'^ 



^;.;= 'r:«^^as^: 



T11I5 



.BCiiCilSCABra. 





.L»gohníig9(f w^tun'iH cní)nn o>J v r.inii:TÍV 
-Bfli IsaJogcog ohnMÍff!9J,BJ9Íuprii cin.'íjuV 
el noa OTbimíi.I ,Irf)H ^v: tiuiíoo ^íijí íniinBft 
^bniids íil üj'ieiqaob 8U}.i. .Gi'jfiü'ioHí.üi 

-tó%í, " — 

«^A^#^ífem#^^(m''fe^'Ji^7aJ!;d- '^'^^^ elj 
sombrío y febril des,tello del deseo irñ^bt^h-j 
te, llama destructora que rápida consumej 
la^eáaigiarmt&l ífífae e01o?-©€l arpaigia-aboga-í 

! <dáíp<Dit)lí»(ñi^«sí)«citpiáiii oe^rO _y axfiíipnt^ 
hj^raq^eif^^.j^isprende de las cenizas dé 
un corazón consumido por locas ansias. ! 
Es L eandro, eso ■ d cograciado que huye 
de todos, prefiriendo entregarse al cáncef 
que lo devora, antes que soportar el desdén 
y el sarcasmo,^4j^S95j^s y eficaces agentes 
terapéuticos qí^^r^^deiedad emplea, sinj) 
para aliviar el dé^r^para cauterizar y bo- 
rrar de su vis^-JlÉMe^^^uerosidades de la 
ílaga. 



Es joven y hafí^iietw^so; siempre gime, ■ 
porque el dolor resprírá en su pecho; n,o 
llora Q^pmiesufcp.qiip.^ las lágrimas se 
escapqfi^[^alvi^nj^^; n^eÉ^tras- penas, está- 
en esa edad más triste que venturosa, para 
un alma soñadora como la suya, que lu- 
cha esiéi^ilnienfé por Vencer la realidad; 
eaíá édkd\eri que hay sed dei lá- sed de la 
pasión, en que se ama lo que aún no se co- 
noice, y se conoce ya lo que no se ama; 
la edad de las parjadojas, en que el dolor 
con que el deseo nos abrasa es nuestro 
máyói'deléitéV'y^ él deleite que templa nues- 
tra ifiebré, nüéstrá ttiáyor tortura. 

En uña palabra: Leandro creyó amar y 
apefl^s j ^Jtij^meciao su organismo por la 
primera caricia, sintió la brusca mano de 
la fatalidad secar el manantial de sus 
d^)[;c^a^. 

Ño' le quedó má^ que un deseo; pero tan 
in^íff^^, qiUj^ ,efffl '/jT^ij^sí., 



):'!:> /.-lU ii'iíjM I : 



Virginia era tíAa''héfrrtfbsísiina' Cfiatup, 
iiiSá'éíli sb'sdé^éo'á, mujer en sus encantpsv 
Sus encendidos labios eran el lecho dej la- 
soxiríaaüque;en«ll08 laermecian.cual vol^ip-ü 

'í'tiibsa silfíde: (dormida en el cá]iz de una' 
amapolan lia' tus 'se peflejaba apacible ,en 
sus azules pupilas como iaitíhé en el tdrao^ 
cristal de un la'^^f'^ért^éalWiax no se de^cub. 
briáü'M Wmirada ni los cambiantes (Jes- 

■ i'teH<)S dk la curiosidad ni el intenso relám- 



.'págo óérlarpeaióinkc^ tóítnás-^djktóe i¿n<pEanoia 

Híarhiéalwa; elríptnoí^ntlaí isoeño?) -die váqueD» 
laJopiásivlte^eíE BSíaihprfevconieintavítaDfaijfefib 
ctiJBgrjaári^éauja ^rísericiátá iquerse deapandmie 
í^de tal f»eaneqpoii ibrado ; iodoséusramtüfnreii- 

to-»i&© in«»ilílí«taban popi palabrast^f porque 
■1 ailn- »Ki ihufeía' abisnvis' eatrei i &>ut coraaún j y 
Jiáb .boQayiiN*' doaappendiaiideila.' ¡"sidfl;-; míis 
J qiie;'el''mi5vieiiento 'ydl desarno{lo;i neo jpe- 
'■■oórdaba del placepimésififíie la satisfacción 
f'>del^ dDfíí^'mflg <^uei<M aliyio^.' Unáijwued 
-' dé SU: ifilm^á'i^nórabs^da! e»i^Bcia;:derJa 

■otila WMtaííl.fv¡..;M.:.r/- (. r,":'-,-!;; ,;ti v^v^\\[<\ 

Leandro y V'ifgiñia no áe coñóhíáii ; mÜs 
sin que'ho's "imfíorté cómo tú cuárfclo^ llega- 
ron á conocerse, - ■■■] 
"a1 ver á Virginia, Líéañdro se estremeció 
coreóse estreriie'ce el hártibrieñtó tíási tno- 
ribundo, al ver' an'le süs ojos el aíiinento. 
Ella miró á Leandro Como rnirabá los pá- 
jaros ó ias flores, cuya belleza despertá- 
bala elcóntento. Leandro 'hizo llegar á sus 
oídos úñ lenguaje pál'a ella incomprensi- 
ble; el apasionado idioma del amor. Ella 
lo escuchaba divertida, ácb'gla 'óon ruidosa 
alegría los ' vehementes gfestos con que 
Leandro reforzaba süS apasionadas frasea. 

Ella gozaba viendo áLéáridró porqué lo 
creía un compañero divertido.' *E1 saboreó 
hasta el fin el refinamiento de aqaella cruel 
ignorancia, y aquella insensibilidad de 
hielo conservó siempre enardecidos' sus 
deseos. ' " "■,'."' ' ' ■ 

IV. 

Mas llegó un día en que Leandro vi(^, ago- 
tada toda su facundia desenamorado,, sin 
poder alterar un momento los flicompasados 
latidos del pecho de Virginia; todo su 
cuerpo trepidabfa bajo las vibraciones vio- 
lentas de un erotismo frenético; sus ojos 
no miraban, flameaban; su boca no ha- 
blaba, rugía ; su corazón i^a^ba en el 
pecho con el furor de la epilepsia, y ya 
insensato^ no yió ,ante ,?us ojos rpás que el 
pedazo de carne palpitante que había de sa- 
ciar el hambre 'dé' süs sentidos, y atrope- 
-llíidft ,1a ^ftíón á la prirnera zarpad» de la 
liUJtiiria, el vértigo, le árrpjp sobre Virginia, 
; queae vio encadenada por sus convulsos 
brazos y, sus labios freSjCp^ .abrasados por 
el ascua dp un beso lúbrico. 



El beso de Leandro fué largo, profundo ; 
más que besar, soldó sus labios á [os de 
Virginia. Ella al sei^üx «iquel phogue can- 



■ k - "^ 



V ^^m^^TTS^SW^ "'^.^•^■•"^^^««y^i^^^^e'?:^- 



^ffir»-^ ít-tíjp 



JȒ 



.BIUiCiíaaCABBL 



.ffZ 



fdenteiyríbrutáivffleagitd tua i^offietitó entre 
el nudo de carne «fuella «ypnimia ; i tÉnái debi- 
lidad suma pero voluptuosa a» deslizó poi* 
todos sus músculos, hasta que bien pronto 
un extraño furor saoudiói rudamente sus 
entrañas y con ansia convulsiva corres- 
pondía á aquella caricia monstruosa. Por 
fin se separaron. aquellos dos cuerpos. En 
el semblante de Leandro se reflejaba el 
estúpido bienestar de la saciedad. Virginia 
sujetaba con sus manos su seno jadeante, 
mientras que en sus dilatadas pupilas se 
pintaba un ansia devoradora y su entre- 
abiertaboca dejabaescaparun acre y abra- 
sador aliento. Este be§Q /uó un cataclismo 
para Virginia y un desahogo bienhechor 
para Leandro. 

El beso de éste fué el beso del vampiro, 
pero vampiro más terrible que el de la le- 
yenda, pues además de absorver la fecun- 
da.nte y pura savia de su victima, dejó en 
ella el germen ponzoñoso de su pasión de- 
vastadora. iMe has robado el alma!— dijo 
Virginia débilmente, cayendo casi desva- 
necida. 

— No lo sientas, mi bien— dijo Leandro 
con dulce voz y sosteniéndola en sus bra- 
zos — déjamela ^aborear con fruición, que 
yo te la devqlveré, átomo á átomo, en diez 
, millones de besos. 



Virginia y Leandro siguen besándose. 
Virginia inquieta, temiendo se agote el ma- 
nantial que calme sü sed. Leandro con la 
indiferencia que despierta la abunda 
M gozaba elplaper,qfie^|e}e,b5i^^p 
viendo como se apagaba el atí^or¡ d§ I^^iju- 
dro, sentía como, una aguja ,d|3.í]iielpq.ue 
traspasaba, abrasándole, sfjqoírazópí^, , .. 

.Lea,ndí"o y Virginia JxabiaiEi x?aJpobiado [^s 
almas. 

-'-..■; '"-■■•' ,.íx„;:, :;;::;, ■:j,:;^",! 

El primer beso de amor es un avatanA 
I Felices los que no pierden en ei cambio I 



:JL1 



» > — » — < ■ 



l. ' í i' 



í ■ |! 



VL 



<{H 



, , Virgini.^, segijia siendo una preciosisimaí 
criatura, tan mujer ya en sus deseos como^ 
en susencanlos. De sus encenilidos lábios- 
habia huido la sonrisa y estaban triste-' 

' ■'hiénté eonlraídóíá,^<íoim'Oié^ CterPátíiFos péj ' 

'^- táiófe dé''lá'ámápbla hníaf»chrta;' Ghispas de- 
séh'sÜálidad 'brotaban dé sus azules pupi- 

■ las, 'coírió miasmas palúdicos del- cenagoso;, 
•'señó d'é ün 'láf^.' Siempre' íííenciosa.por-'i 
qué eiitré sii corazón y su ■ boca 'hébíá uri' 
' átnsmo de vergüenza; Gemíav porque el do^i 
lórréépirábéi eYisü peeho^ S^ufrla, pofqüejno 
podía llorar. iSTb palpitaba' eh'feu fáép':m»iefi 
qué üñ deseo,- 'pero iTitéiísG^hasi^f-él-frenesi. 

■ -^'" -i'!?;;' .íp O! 1));' :-[;■;;! 'Unr:>';;i.'f..\OÍ,..:¡ I 

*■ Vedléi-'iA! sítfé ojóá^be-áSóttiá/^^allaíkeirefi-Ji 

'' nídad yer't;ohlétttd'<i63átkíáé'rípíerfé'Otá!nie>it»(jj!Ui)n) ? 
equilibrado. ' Ya' ííÓ'busCá' la sol'éd'í^; porj-i 

' qué' ét píácei* es la ^tei^za díér cóhééión (^\ie\ \ 
mantiene íihid^áfe ISsi^óTécüiassocial'éfe.: Ya/;] 
no recuerda deL^eseo masque la satisfac 
ción y del dolor más que el alivio. Parece : 
' 'tiúé Btí áiiria ignoipá coniplétafiQéníé su p& 

'■ sado.-' • '■!'!' ■■':■-■ ■■'' •■,;; . ■;,' 
Ese es Leandww ^ ; i i.h 




'■> i 

/iiii i"ij..| 
';;■ Mrrí 

;■/. li ^-/:\ 

1 í.-ioi! 
;(m; ~'¿''> 
(.r'ii rv) 

' .:;■ Bl 4íaiquft.t^ vi )a x^^jí^^t,^., ,.¡i^ 
,1, Couteíaplfrido las,4gua& dpj.]a|fiipnt^,^^ 
, Hizo !ati;r tu imagen iiéchicera '7 
, Mi corazón de amor. ' 

■; '^ ■■■■■^'- ■■■>h-' -^ 'i a^ái^o tíFedeiH^):" 

^ ' r r 

-vCi n'. H^i■■íii^■ ^. .; '-^:i.^níi lo 0111' noo 
:r¡ ,;;,/^flfiQr no^ tiendíi; infUsolvií^^I4z(^^^ 

No turbe nuestra, unióíí^ m|ri^iui.a,'j,)j^a. . 

y basta de sufrir,, ven a njis" brazos J 

A gozar tanca dicná. ' 

»YI f,i 



Voj- a paseo, coníjue adiós 



■< 9l '.'/I 



SH-> 



-Í(?s»óití'áV íjMáV^ á^t^W 

m 
I 



Los caprichos oue tiene). 



— (¡Quien creyera 

^nor.fUMi.^^H&ítoiQgní 



M) 



r.i n 



•) <T 



r -ifi 



1 -. HiiP kl i¡i!|.í!',!'>llLI ríl)'-' 

i •' • ii^8*tfó''sufrt^-ttt' ééíiio >tan ¡ aJtiwixt :- 
i— ¥6i-taiin.poco á'umanlantfeitjtte sftileíva 
iDía» catéeos- l*i9 pensil? qup Vji¡y4)^f,.,n/^ 

! í ..i..'- ::-ii!', ,-! E. Olmedo. 



uf<\U 



is 



' ■' 'É!.''CAédáÍBEL 



IL>Mf. . 




ii'V 



8'/Ji!' 



¿ !' 



í ' í t ; I i ; 1 1 i ^kuiíl- RÁ Bicárdo ¡«ih i pi iitor ,:\ 
<nni_ -dé-genio y. deinombratiía,; ,, 

r, , ¡ / ..M¡ei»,l>rMiga4o4ei í^xnor^» 
.,.,,,;^.. ^Y!,aaí^nciose,.fi\uio él 
I ¡ , . , sorgreijdQr por, sú fbrt'tina 
,^_,,^ ^ "' nuevos'e/^ec/ds'ííe Zií/i/it.- 
ibs (íé" rá jüná'dé miel.' 
'ÉrS^éü'vfdívécHosá •' ' ' ' 
"^"'"' fiííís'"t^t'fA»é«lbaérminó. 

Pues Maria se tornó " ,- 
ctertibtemeDÍe teelosíi. 
Yi l«is¡ diüs se posaha ■ ^ 
entibe angustias y desvelos 
.celosa, d^Jíi^ Ijio^delos 
.íjue^sa rpíirido copiaba. 

— la'i mé engañas — le decía 
á fó'cardó -^ ¡ Si feeñor ! 
i ya has olvidado nii amor! 
'¡ nb tné ám.ts! 

■'= '■^|Pero¡M,(ria..v 
' — ¿-Tu crees ffüe porque my callo 
no sé que me eres infiel ; 
ó Vicr ¿íjae esese papel? I 

¿ UI^ BQpdplo? ,, 

. ^, j;^ ,.,p-vPe,cabaiIo^^ , 

— Es clara ¡eso te ilusiona. 

— ¡Maria, por caridad... ! 
— ¿El caballo, no es verdad, ' 
té récuéWH lá árna?!6ñ;íf ' ' ' 
■— 'Petó'hijltit. ¿eso le extraña? 
Con el cafeaile confio^ 
lograr la gloria 

. — j A}' Dios mío! 
iCon una G/o?:¿a me engaña!.... 
Y así sucesivamente 
pasa SU vida rabiosa. 



r 



I m 



puts la pobre está celos;,i 
de todo bicho vi viente'; 
y si vé que á una mujer 
está pintando su esposo, 
•enuu acceso' rabioso i :. 
, revuel v,Q^ tO|d.o e| taller, . , ,.,.*, 
xonrt}ieít^ííiS,Jí,Píipeie^v ■.-; , ,. • i' 

y estropea la pintura 

y destroza los pinceles 
Ante trastorno'-tüti^ráVé.' "''' ' '' 
en el íáfiéi^, sil ííiapido', •'■ ' ^'' . 
laentradaia bá prohibido ''¡;'i S 
y cierra todo con i llave. : í ' i I 
Sin embargo, al otro dia, ; , , 
no.se c4ia(>f»udQ sQiy ., ,,.. ¡i ,,í ;.;,; 

.que por, IJiir^n-.^Llaller,, , ^.^ 

jogró penej.rar;^^£^ria^.. 

Un cuadro de gran" tamaño 

vio y con brillantes colores 

' á una hé'nibra en' panos menores.'.' . 
es decir sin niniíiiri'prt'ño : 
I>el Etna la ardiente Java i 
en la celosa brotó. - ■•/■ , 

— ( Vurnog-iesLa es-^excjíiraór-t 
la modelo qse ahora ai;n,aba ! , 

. E?to dijo, a^^ólQ^^lpraüjO^ , , 
y rápida como el viento, 
con las uñas al mornentó' 
redujo el cuadro a pedazos. 
Ya de su rabja calmada ' 
laní:ó un suspiro su pecho, ' 
y viendo el destrozb-liécho 
exclamó — ¡ Ya estay vengada !. . . 

• ... Y en tanto que su desvelo 

.la pintura destruía, 

,,i.€l,.iíiíirido de Maria 
huía con la modelo! 

Luis Gara 



la. 



.Ir.- 



I ! ■ I .' ! ; 



ACÚSTICA 




• s.;r (¿Hit8,oido al despertar 
de la aurora sonriente 
'el susurro de la fuente ! 
y del ave el gorjear..? 



La nit'lodia lia-< oído 
del alba que va creciendo. . . 
—No; ¡calla! ,iiué«8toy oyendo 
f|ue se acerca mi marido! 



.,,,5:^jgA^qA,BEL 



lio 




(RECUEitDÜS de' una UÉbACClÓN) 

V-^N la redacción de iíí ii'jr>i¿«írfo, dia- 
rio de la tarde, hÓ Í6 pasíibámo.s'mal. 

Trabajábam'o's loVnie' se' trabaja en cual- 
quier otro diat^iq, y é'háa 'üiid'sé cuidaba 
de despachar sf^j.^'^^cciqncqri rapidez y del 
mejor modb?,p¿tsi¿le.,,^:,,\,,;.',V . ,'^'J' 

¿ Material ?^í,ii,|i|[íinfia ,íiiAl?ib^I ,, ^ 

Éramo%Ltfti?,!fQqup(do5.,.;,, , n . 

Pero comj^iv todo (llega en este mundo, 
llegó el dla'!ien!'qü€ ú-lasi diez-y media, 
cuando listos Vav espeirúbaiiti os fumando y 
charlando eF'J^i'fn'iér núiiiiái^o que saliese 
de la máquina parla írníóS á ¿ask á almor- 
zar modesíáüáénté y córí la 6onciencia 
tran_gujl,?^,,ji^na-vo?p sobrado C.pnpcida, dijo 
á nuestra j^spaída^, ^, .,,. 

— Faltaoriginal ! , ¡ ! ; ; 

—¿Qué?— dijo el stcrelario. . . 

- Que falta utia columna fKjr lo menos. 
— Pues;ltáber'//tedMo m »jOr..'. 

— Como los sueltos polílicbs' han dado 
tan poco... ^ ' J ■ '■ 

Aqui me' ruboricé. EÍ'de Xos, kueltOü po- 
liticoü av^'^^o^ qye en, vez de jlenar diez 
cuartillas apenas.habia llenadp;cinco. 

— Ks preciBodlena.r la coUmníi. 

—Sé llenará. ' ,. . ; 

Y yo, que lo que deseaba era llenar el es- 
tómago, tuve qué llenar unas duarüllas. 

—Qué hago t-^pregU rite lihiidamenle. 

— Invente al¿o. ' '' '' ' '"■ 
—Pero..'. 

•Nada, nadt^i-J^nveíite V. uHa^.i>Í8ktf!Ía, 



pviiue un palo al autor de la. r.ev.jst^ que 
se estienó anoche... / • ' ■. a ' . ) 

— Pero, si lo lin dt^jado coim) nuevo! 

—Pues mate V. á alguien. ;. ^ 

Qué idea!.. Un ciinien! I^éder tratar im-' 
punemente, hacer mover JfTes^^ pyatro per^r 
sonajes imaginarios, inv'eiUar /U/i dramél 
horrendo, pintan c^p<}ue^ d^^,v^sionesf^^ 
celos que eslallMj,'veft^-e^,19§^^ÓÍ|gos(ípf¿' 
oscurecen la fiizóq^ manóf^ ag[ri¿"áas|qu-f|;': 
blanden afilac|Ds jciicliillos^ víc^ma^jho4 
centes, criminales; qué^m'achaefíív y^jítilufi- 
lan un cuerpo sin.^íHa''yd[..V- " ,'' ^ 

Magnifico! ^i; ', 

Écheme atrás, tomé aliento y empecé. 

«Escena de sangre. Crimen monstruoso». 

«Los pacíficos habitantes de tal barrio 
fueron testigos de una. escena horrible. 



rO desyjeto es indicado) N.N. 
|ij|rejH£|fpno^|i£Jj!cedentes (es bueno 
buscar causas atenuantes;, casado en se- 
gundas nupcias con una encaotadora joven, 
mató á ésta y á su amanleSjín'^l'^iduo 
J. J. infiriendo treinta lyi ouefco^uñaladas 
á la primera y cüarenlH'y. t»ro9%a4r6egundo. 

El móvil d^t Chimen toé ímo» I sospecha 
que abrigaba N. K. desd^ riH'H'i'* que vio ;j 
J. J. dando uil pelliOíoiígliinferfz mujer. 

Cuamlo la' autoridad' l|lé^ió''^dl' lugar del 
crimen consíaíó, (así, tíií\cpmo^^ suena) que 
J. J. y la mujer, de, ¡N.N:..q|-arj.j cadáveres. 

J. J. presentaba qiiiiftceh^fi^€|S mortales 

de necesidad, v ,:'!'^ " i;í;j y h'jií'í 

Tenia saltadoálos' ojos, roto» los dientes 
y cortada la lenguai enr-la'' parte superior 
del lado iziquiei^do; ■'*'"- "' '"■ '• 
Además el corazón eís'ta'fciaa través ido. 
Los intestinos asoiriáb'árí ^'ór'élábdómen. 
El cuero cabelíurjoy 'q1 c.opro liso pre- 
sentaban serias lesio'^^S, _ 

Faltaban tres ded<is e^i ,(;iadij{,i'naiio. y el 
pié izquierdo! estaba Iraclurado. 

Lai muj-eripresendiaba tanlus, ó más heri- 
das que J. J. ' ' ' ; 

Todo hácé*tipancr qtfeét'VJGlifíTiariu es- 
taba en estado de embririg+ier.- [Jorriue mo- 
mentos antes de coiTieler el crimen se le 
vio en el almacén de' ía/'éác^iiina haciendo 
frecuentes |,il3acioiies. :.,',' [^ /'¡ ' 

Luego (Ifi co.ineti |i> el,c,rirneü se cnlregó 
s:ii resistencia á U autQi'idadry.confesó lla- 
namente su dfíliln, sin demostrar arrepen- 
timiento de ninguns ciaso. . . 

Hechos de tal natnraleza sublevan los 
sentimientos h' jurados del pueblo (jue por 
falta de... .-•!--, 

— Material! dijo el regente. 

H'>ml)re me ha corlado V. la oración. 

. —Pues corte V. el suelto |)or lo sano, 
r/.— Por lo sano?.. Espere V. 

«Aúiliuia hora el asesino l'allíKÚo en el 
^epartamenlo central de policía. 

..Sedice (fue el rancho no le sentó bien. 
"'Y^e. con la emoción propia del caso, 
¿-se íQ-'produjo una indigestión que acabó 
'con él en pocas horas. 
"' Los iíiéd ic<>s. forenses harán la autopsia 
/^ídirán la; última palabra». 



Po^pués de cometer tres muertes en un 
príonnento me fui tranquilo á almorzar. 

É:lc^ pocos días moría ElEtnbudo y yo 
redacté ét suelto desi^diendoá los lectores. 
Y al hacerlo, me acordé del crimen inven- 
tado días antes y vi pasar ante mi las som- 
bras de J. J.i N. N., y la mujer de éste. 






l^fiKIQtáLSTDEO 







Ksper* V . una Iiora. 




il' 



^^"^"^7^ 



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-■ V 



JL^ mif/i 




'i 'ff''''^-^^lf/lfr" 



\: ■ • J ^iii;,,!! .;a 



Pues alíá va esto. 



Al ün se le divisa J " ' 



' '-Abierto los dias de lluvia. 





¡A ver su boleto, amigo! 



Sección de perfumería y i 



1' / -.■jn:i-}-J^\-:A]l \í:\'í,:Ú 



ííJáii ;j j.íi.'Jc:.; r,^jí \' r-l í,'J!J.',lHi u.;¿ 



*^ 



HIT 




^^ \<X W 
















GjBrrado en los de calor y, sol. 




¿Tiene V.,tres centavos?... ¿Nó? 





ilarmonios. 




Por ganaciantesl^cuíva. , 



—Conste que somos muy- carneros. Lo que co- 
rresponde es... " ''''' 

—Romper coches, fusilar inspectores y quemar 
estaciones... 

—Empecemos por las estampillas. 



vf:fr*í~'^g^3>.'^ 



f^rf^^'^*^'^':: 



^W- 



^■^ 






122 



im 



4^ 



Y finalmente, derramé una lü^tíftia af~ 
abandonar fa redacción, recordado mi 
len y las quipicenas 



primer cri 
no cobri 



layí^ue 




jgOMENMRIO 










-. -a' 







Nada: que estoy decidido 
á dar el últitíit) píiso. ■ 
Esta semana me easo. 
aunque peque de atrevido. 

Me cansé de estar soltero, 
y en mi constante manía, 
._ me enamorl el otro día 
^'fl^fc^fv jaiña con dinero 
^\c"^:{>éfo crpn tal frenesí 
^^iíÉa^lM dos dias d 
me dije:^^Pues esta- 
lla qu^;ni^'^conViéhe^r4[u »i 
N^^ítíiaé "idtlaV^on ro^s, 
y m^ f <tí' éiií. toasen i más . ^ x 
d€é|6hfto.^ §iiá.na^s "^ 

á «¡i^o^eníés ííhs^esebs. 
|ÍE,Quá.^V%el&^ • tíwfté usté?» 



^^y ¿^uy^bii^_ 
' 'Ciingün'awTes'cóYrtésté . 

—Quien pretenda Ser mi yerno 
la ofrecerá un capital. 
— Como cosa natural 
la ofrezco un amor eterno. 

—¿El amor? jValiente cosa! 
— Con.eso y con su dinero... 
^^'— ¡Pretender un caballero 
: qué 4e mantenga su esposa? 
^¿Eso es'dignq?— Si, señor; 
pues que sin^^arrne reposo ', 
al mismo tiempo que espioso ' 
seré su administrador 

Y razones y;as 
dad^l^ toncwunS^ 
logréaT^nzaral p 
vi de aqueste mJp^re 
< ; Así e^^e estoy ,^, 
y ái'ís^6 süfíir un fracaso, 
e9tá,''8Éraalna ioe caso 
_ jiun^qüe p^qüe de atrevido...; ^ 
Po'r a^fl mi'ami^o Peza? : 
expí)ti;«ir<í^ mi 'plan hermo^'. ' 




fr': 



i 



. .-■Lli'j'So:.! L'.iiUb)!.'; 

—Bonito traje de disfraz, eh? 

—No es malo por cierto. 

—Con este vestido daríamos golpe en el corso» 

— Yo creo que daríamos un escándalo. 





L 













V 



¡Pues no dice^leii vi dioso \, 
(|ue estoy mal de la cabezal 



;ll 



i 



! -r 



Ait'reáe-'hópe:^ 



— ¿tráblásteís ; un apo ió'aiio, w^** 
y, anegada en s¥ dé&f e^ v^^ 'ÍF?. 
te dejas á la ííoñstiéld?* .^i^^^^Q 
1 Se necesita mal':;glísto I .' \;.^ 
Qué ¿no es heriftoéa, a,Mmal ? ' 
i Si e^^fá Btójec 'ftiás. hermosa , 
que^ tiene en Rjs labíbs rosa /\ 

**^"?,'Ño te li á1 ¡ "ffe a #B p^r o a*wiy , » 
en sus^ojos tentadores? 
¿Ño has visto los resplandores 
de su bellísima luz? 
¿De su boca la ambrosia 
no aspiraste, (jue parece 
que trastorna y enloquece?... 
— Bueno, basta de poesía. 
Será hermosa y cuanto quieras 
(en eso no entro ni salgo) 
pero también tíenfijsilgo. . . 
i up^lílgQ^i^'sivíeupieras ! 
.-^kuée^é|^' _ ^• 

: afán de ¿oq^eteaírl :r^*v 
^^^' , — ¿^pbr éso, vas á ¿far ^"''-' 
-- á Cobsuéiiló al oUíido? 

¿No siábeá;'fú qáé^és''corrielfrte'; 

en toda uíujel: heFffijjsa ' 

ser cü(jU©t¡3É- y. veleifio'Síi? • K¿ 

Pues debes ser coasecuí^te '<>?¿-i^Ú 

y mientras no híiya deslices, ■,'' 

mas que un vulgar cqqueteo,' •' , 

no está bien hacerla eí fe"o~ 

de dejarla como dices. 

— Es que hay deslices y graves 

que abonan mi proceder. 

—¡Caramba, yo á o>a muicr 



SI 



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^í'wr'-íj'í^'^"''.,- J-- '■•'?? 






EN LA'(MÉ^Wm,lA 



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om hT/.jyÁ)j 



i- i: ir.! ■■(■I uf •!<•,!!' liüu.ui; 

I V n<uní-\-> •i'iiiU!'! 

ndoo un 




Maldito corcho. 



: . ^i'i» :r.br,'\/[ 
Ni con tCuar^oi!' h ir.b r. 

n'y-, ;. ..- •.;:-■■•!■ ••-ií);:í ilf. 




Buena ideal A la una... á las dos... .¡iñ tas tres!! 









•l'il; • ■ 1 , 




■*^ 



m 



OARflABEL- 



■)■;■)!■ 



^'"•'••n fíífeWiáf:^.;-'^'^ n,.;..y Oír.,0 .voíJ 
v^V^^^'.V^ r( S"-"^i'I» — iSl'^^Üá SabéÉif "'•'--' 

-^o.ru-uiíi'itíryoi^atándoía'un- añO>! '■' '' -■ ''■ '" 
por un ángel la he tenido > > ¡^ 
hasta as^eOTiQu» lie recibido : 

enij M cM^'^.e^^J^.me;recibiO:, ,,, • 
ella, sola: ^^napaorada 
, T CM fras^ apaaionada / 
■o^^^-^^'^^tcaEn^okiá^f^é prodi¿^ 
■ fii ■•^' •^r'ít^é^riri'itíoülemó dbirti'sí¿nl 

i qué rato mas placenterol '' ' 
hasta en unan-anque fleto 
de su íogosa'pásión 
estaüegí^áriponerseí sil cara ' "' ' ' ' 
.ton;eerq«ita dé la XQia 
.oif.q !tíi filft« creí que me. pedía , 
^ ^ jipp^ favor que la besara. 
^, —Y ¿la besarías, eb? 

' — jAyí no me atreví á besar 
y me tuve qijeisscapar 
porque me ruboricé. 
. i , i , iQwnOi el que sale de casa 
hice y. .en un aposento 
Inmediato tomé asientp, i 
, , y alli me estuve. ,,..,/ __ 

' ' ', . — 'j<í!ué'güaaal 

f^J '2it me füí coiábün malsín 
á esconder inedib ejifíéptíóó ' 
al séáülr ün timbré eTéfetritfo'' 
. oíjüe^ bíuBGaíríénte hí¿o «titi».' 
Apenas se ejrtinguió el ruido 
que causó lá inano airada 
n p r( c: n { ,•! ele Oonauéló, la criada; • : : 
-u!> ,^..!;ji*!? píísentó y.. apresté oido.'. . 

—¿Mi primo está .e»iCasa? , i . , 

.R].'!'")f ■■ ;!'* I"".; !••■ ■■' 'TríStá.J 

:,n .--M'i ? ~^^^ vénga^á verme al instante^ 
, ' .'. ' siguió Consuelo anbeJante; ' , 



'.\-- 



'ipí^bntb, prohtoi 

—1 Ya voy, ya!' 

Peító'é'I-liistante marc'adó, ' • '' 
-<;i.j]od ftol(qiíé;tüé'Un siglo ehmi áfetítii^)» . 

y oí las botas crugir :-)v'.i-'-'_:\\ i. 
eofioiifí ii'defepriwoisolácitaisiíO;. ! ;■ ' . '/ 

—Ven, dijo ella; acércate: • - 'i:i_ 

y en yyj^Jaaja-y^.tegifeiloEQsa. , r 

lepidio... yo no sé que 
Y. . . (niega qi;e mis enojos ' ' ' ' ^ 
'''-'S'^^''^«'=^fel5=i?ííistHlf 8H^iñim»'i ■"■"' 

^-^ vr.t! '•'í!aeei1*álííb;'e^ÍMé'illlte(y'r^"f' 

—No niego, pero no eí8tft¿oí^''r; '-i' 
justo tu ^3o, zulú. 
¿Si á tiempo la besas tú, 
hubíéVá 'Haííiatiíí ^^ptiife^? ' f -^ 

• = !■ feinl(iir! '^ 




i 'il'M !"i ■ ' /'iii;- (;:.■:./!- 



.! -...i, , : . 



mi^jü 




POIiITSAMA^— La' com- 
pañia Tornbanos abandoilíi. 
Vá al Rosario á pasar oina temporadita, 
que deseamos sea productiva. 
1 El beneficio déla Gordini, artista qtie 
goza de merecidas simpatías, atrajo gran 
concurrencia, que no escaseó palmas^ y 
obsequios. 

En Dos canarios de Café la beneficia- 
da y su esposo Marchetti, se hicieron 
aplaudir, demostrando que para artistas 
como ellos no hay dificultades de idioma. 

Marchetti es más madrileño que Dios, 
y, ¡claro está I ha contagiado á su esposa. 

El Domingo un lleno y muchos aplausos 
en Cavalleria Rusñcanaj La Gran Via. 



IíACriONAL..--;01eary and company li- 
mited, asi, casi en inglés, ha sido favore- 
cido con un beneficio por varios jóvenes 
que han procurado 4e este modo ayudar al 

empresario náufrago. 

Según dicen los que eütrénd^ií-el inglés, 
^ elJSÍaciónul se pa^á muy bien ^ rato. 
Nosotros, francamente, no frecüeníbmos 
í dicho teatro por- ef innato horror qui| los 
' ingleses nos lÍ3l^"pTí¿n,\ 'pero para nó se^ 
r niép.^s queunTjrpnista de esos á la violeta, 
clamaremjjs^. ,^ 
TN-a&kJTÍal for everf^'^^"" 



(''\ 



\^Q 



4ií 



Y nos quedaremos tan frescos. 



'-^|.■.^') i-r. 



¡q 



H 



■ ' ' dokÉIplA. -W ácontediWié'htcl para 
Gil, fii¿ la íiihción que á síi bénéñdÓ \uvo 
íü&áí' 'él''víeí'ni¿s ' pasado. 



. I ■ ! ■ i •. .1 



>-( 



El simpático 'Aniéétó' CÍáW'^bh' U] En- 
rique (ji I ^ rieób^ió buerios " péiáb's!, 'y más 
aplausos, si cabe, qué dé cos'tuiViferé';'' 

La compañía; que actúa eü' la Coniedia 
cesa de ¿ácerló á mediados del próximo 
mes. '_; 

Para la temporada deinvierjaolá empre- 
sa ha contratado al aplaudido Juárez. 



EL CASCABEL 



1^ 



£t' 



BUEN RETIRO.— Nada nuevo en este 
teatro. La compañía, de la que formapparte 
la tiple Elisa Pocovi sigue pomejlo^o en 
esceC^KsObras conocidas con e^^^^éph de 
si,©rñ^í^,.\ / .y' ■*"i.^ 

V7jEÍApeT*p'Q^pre(^f^fic^rro^l>^^^ 
UMím p^s|^b[es,.5^£^ne::t9(J^Í Jardín 

■—. j • ^" ■ íí^'feas '^-'.-ri</\ . ! 

"^^^^^ fe '«/V/'liJ' ; 

NOVEDADES.— Funciona'^u^iEQ^ntej 

este teatro. Ú ^^ ^ ' 

.¡¡(.l^a.cpmpañiEr.eB may gceptame vlparece 

.iqiie logrará rn 81 n ten ea* abijertaslas pillerías 

,í flurante una len>poradita. í 

Viagcros de JLtrarnm\ El oso muer\ 

..itp, ;Sa.ésa de Aniceta Y otras obras; por 

f! el estilo, han alcanzado muy buen desem- 

, peño.. i , 



CIRCO GARLO. —/tí^n Moreira—y 
nada más— por arriba, por abajo — por de- 
lante y por detrás. 



CIRCO 'PQD'ELQll JL.— Martin Fierro y 
gimnasia. - 

Las fimpi^esas de los circos se han pues 
to de acuerdo para dar un beneficio á La 
viuda de Eduardo (o-ulierrez, autor áeJuan 
Moreiraj tantos otros libros del mismo 
género. 

Buena idea, que merece ser apoyada con 
decisión por et público. 




El administrador de El Óascabel me 
pide haga constaY dos cosas. 

Primera; que ya no es solo el número 
tercero de esta publicación el que está ago- 
tado, sino que al primero y segundo pronto 
|es 9piar]^irá otro tanto. 

J-.0 que se participa á los señores que 
quieraxi, tener completa la colección de^EL 
Cascabel á fin de que hagan pedido pronto 
de, lo contrario se quedarán con las ganas* 



Urgarse las narices no es decente, 
■Sobre todo delante de la gente. 



Hoy, como verán VV., nqjjj^^^ podido 
ilustrar 9<^,gr^ha<(^QS- alusivos la charla 
y otros artiQiAk)9,;C(>ínO: acoalutnibrábamos 

hacerlo, oí.-iro'! srí f.I ísojití; n.u'^''it 
Pero no se repetirá mí^£ ^>J 2.0 J 
Al contrarió:> díbújátttés' ■^^^i'Abadores 

nos están dáWd(>^lá 'ViUlTrtá" tó^^ á una 

colección comjBléta áé "üio^íiol.""^ 
Y no aliidiñiós á Pancho, QÍ'de.'Palermo. 
(No cjQntuftdir'con el Qtr,a.Pa.BfCho déla 

Intendencia),,,,,,, -i-i -upi 



GV 



/i.r^rd 



Ramón por .heredar b unos parítentes 

estudiaba sus ramas asoendentefe. 

Lo supo un primo suyo y le did un palo. 

Esto debe enseñar á los pHideiítes 

que andarse por las ramas esínuY malo. 



Cuando con Blas se vio unida, 
Juana, llena de rubor, 
le decía con amor: 
— jAy bien mío. eres mi vida! 
Mas se amaron de tal suerte, 
que murió al mes cabal, 
resultando por su mal. 
que su vida fué su muerte. 



Solamente seis bochinches gordos han 
provocado los inspectores de boletos, du- 
rante la semana. ' 

Dios se lo tenga en cuenta. 

Lo propio que, á las empresas, que no 
perdonan medio de evitar molestias al 
público. 

Y apropósito; una pregunta;. 

¿Porqué se mandan imprimir los boletos 
á Inglaterra? 

No hay imprentas buenas en Buenos 
Aires? - 

La pregunta es inocente. 

Por que nosotros no tenemos imprenta 
propia. 

Pero pensamos tenerla^ y esperamos que 
después del bombo ilusitrado que hoy da- 
mos á las empiresas, ^ajlas. sp acordarán 
de nosotros. •>!,;. / 



Diálogo pescado al T/sue^,!,,, 

— Las * Xombas » nos abandonan. 

Adonde irán? 
—Qué se yó./*4-Hace una temporada que 

las poí^jcs^ícímiaé. ^«tía::^^ tumbos de 

un^^^ — i- - 



e?^- 



m. 



uíifUAismBníx 



-j Süherbio, caté con íecne I 
-Hombre,. .1 1 ' '''' 




.(. 



rnwío 



rato. 



[hC 

— ¿Ehj(3i,ii|^)5pi;jí^<Hí€ ,ií%|(í|afáp. .al regi- 

— En que |^g^r^[4fip^,^jle[^rman á cada 

TTirra cBsa de i negó h un escrito del 
Dr. Wilde? 

en ambos sitios. 

ifiMal^íciói^ ¿Qü^uevo ouño* ■• - > • ,><! 

— Asi Iu6li'¿ al 'tramway^ pierdas el bo- 
leco y te^o^Wa el; fn^p^étói^y-' ' '--•;v^ 

-j;Ü«! kueiQr-.waíninflfphio hai dí^'-ser como* 
ü¥í'á'ft^i^;'lá''rtliTÍá'éy'él pavÍ,lo,'eí hom,; 
bre la.e&teariñay.han de gasta rse ala par. 

.ni.r, ♦' e*h rovij-^'t!. "'''■^F' '■■ ''• 'í ' '' ' " : ' '' 

— ¿Quieres jugar con migo, j)r¡ma^_ 

— Seglfíñ a lo que sea, primo. 

— Echaremos un tute, si te parece. 

— Bueno, echaremos los que tú quieras. 

Por su conducta perdida 
_■ llegó Luis á suicida, 
y antes del fatal instante 
decía á Rosa el tunante : 
— Tequierp,m|ó^,<it|i^¡,4 mi vida. 



En' un d©Jefeio de señoritas : 

— Sor Salomé dice que á una niña bien 
educada" deben darle miedo los hombres. 

— Entonces yo tengo la. peor educación 
del mundo. 



Los que el nombre te pusieron, 
-ftreron en ello"miry ductíos: 
el de jSGpi^i^rqtp^isf-Q/ií ; A 
y i vive Dios ! no mintieron ; 



i;ilViL •■^nii nloíi. «ii> ," :íJS^ '■■■ I ■■ ■ ''^ '^^ ■'■/ ,'■■ ■'■■'.''' 

K'wMWMW^tíkúku'-- ' ' - :"■'"' 

Diálogb'éhtVe'rfos'abb^'íid'oé:-"' ' ' ' 

— ¿Conque .l¡ujioliwirterhia:5sido absuelto? 

— Es, rímD, poi;que el ApiipW- ^*a, ^rave. 
¡ÍJllraj^\í»laVyt^Vál J V'^^^^^ >V^r 

— Es. cierto; peno 'el úni«o testigo que 
I^É^Íp, qí^^^t^ífiqij^r'niííudo^ y el'.j.uez no qaiíío 
que se e?^Hliciase,{)or, se^í^^^ ■ ,- - ,,; .; > ^ 



[ Nada^^lli^^'ie^^^.escapaJ . 

A !YÍ#^(?]á)Qiosjpnícái^í^dOT A •:) v qT 
A 444Í61 ^1 de ^na ^tódá='¿Cfepá r - ^' ' ' ' 
— i Hayí qvjq .QOíapi-ante.^jia capa, 

jou^íí^f^í^-'^^X>flíísal?r¡g^dqAnu.^As,v. 



|j|f l LiJ i iJ ii u II Lii.iiy IJ.G 



■.CORRESPON'DEíJeiA' 



>ii'. 



ii ) ."üiim;:! 



fír/ríoío;— Ingrato, , . ! , i Asi ágra4éce V. ,|a$ advev4' 

ctiMríid, pbi* ipJSnlpfo, y ho toe f^tóSaief mí^sT^ • ' . T , , i 
^ ipua-c'arf/a. — v¡on, f|la y sin ella 1,0 i,^ ¡y. wVy 
mal; Publico la Ppst-d^t?^ pai-a que jyzgne'al,pfliaa,¡^\ 

c'. ■; , . ,i!(.; .u Le juro «c V.- )9or Afee/! - " •. / ^-^'A 
Que mudia'Sfr'i'VaialnbanBa < - íih/'j 
Si este vercito alcanza 
A verlo ' 
El popular cascabel 

Ya vé V. que el vercito no necesita comentarios. 

Raquel Carpineto. — 9-eñovita..... digo mal, caba- 
llero, V. no versifl a mal y es lastima x^jue se entre- 
tenga haciéndome <^epÍ8^^QÍpne*',de amor. Basque V. 
otro asunto y cuide ihás el final. Si lo hace a»í mo 
dudo que será amigo y colaborador de El Cascabel. 

Rafael Albert.—iQuieréY. mandarme otra? 

Tipo.— Usted no es mi tipo, francamente. 

K. Lote.— A otro perro con este. .'.-Txnnaitce. 
"fiapyo.-— Hombre..;, ¡ahora resulta q^üe T. es un 
raptor! Cuidado ccm esto de tomar pp- sias¡,de fdÁa.- 
cioT^aW^Uc^es ía) urina, .i .h '/ ;\ \ íi ' ] 

Te(ndtrá<-rEstii \t. equivocado, no ds mWaHvtdraWad 
ni cosa parecida. ^ : -f'^ , 

Amaníe.— No hay lii'ila 'capaü áe resistir un soneto 
de,quinQe versos. tt - ^ ~ - ^ 

'l^er¥dmv¿ifi)^L&gtirí;La. de foripa;- ":^ofqaifr -fir 
bueroa; QoHia <que es de Cam^osiaor—_3S3 í 

jiqia.-j^^ejei^crislÁAl Su artícufitp^Küele áüi 

' P. ■B..r r.HQtiiere;y. mandá¥^liÍ!:^ítótí''Bittl' 
(Jiíflsrto'^no pnbljcájé nad>'"^'"^*"*'""^"*^ - ' 



es 



f ero por ei laoinvm-o 



i SníCfiptOT. — Í!nti4n(|iif J^Étlíi^Jl AdMli 
Pero- por el mom<HHD 
feser 
íén „ ,^,._„__., 

.-- --- ^^-^--'larftSilC^íío:: 

trato de su •7'*cuM*iWaífoi'BÍiWffiaidtnQ;i 
vatef?,|>«hiQ'ílndo. ; • HiWmWíii^ 

■'C:dk É.—yíó háblémifeí! 

■Instant'íneo.^-~ÁirdiS. ¿i, 

.^4s¿rei— Se conoce qu^astav.líaéOat:. 

niñera, de robar. .-^ poesías, r' ^'t;>"s„ 

Mitro.— N6 Konibre no: eoáa» d<& eétl^ 

son para ELCÁSCrÁttÉL. .. a.._„'.„ .:Jí;u-J;;1Í 



iC#l 



■'ífeiiijli 



-¿j * ^; rt ' Hin nüni - i ! 



-ral 



^. 



iV'VISOS 



/ r'iii.'i 



EL ClSClBEL 






ji,?FMÁ}«|^'Ol^r^T|yoiL#TF 

REDACClQíí. Y,.4f)¥ir^rfc$TRACrON 



l!l'.- ,-víl 



^1 ■: 1 -KH 



CapitaiK tres meses. . ^ . ; I , c vr.|.- *§ irBOr 

Numeren Coprientw i . . ' ; . ... . •. V. ",! 4' .0. fO' 

Id,.: atrasado .-, ., *,. ,4» .0-15 

Sé desean agentes y corresponsa- 
les en laSí,*. :. ^ ^ >-.-,- 
PROI^NCIAS 



BfrGA)9a*fi«í- 



12L. 



f>'lí- 



QJCiM^AMA i 



:>■[■ VAPOÍBES-CORR'EOS- '■ < 



■ lAS salidas de este puerto serán el 2 de cada mes 
para Santa Cfiiz de- TeneHfe, Cáiliz.,. Barcelona y Mar- 
5¿lí<ii"a.(ííniti.ett(kV¡¿aí»á y '.pt^^j^t'os, ?¿i co^nQ (p.^ta. 




Anféla'io 'LOjítíí -yi-O",' caflíé Atórriá; 751); 

Nota. — Se expida» pasages' de venida de todos los 
puertos y ctutuxiés^ det^E$paña. í 



,¡■.1,1.- ■■ '/ ■ \ \ ■ \: '¡■.•Í'J, ■■ -•' ' ■ 












1):UJ, 



nii •ii)aÍH':ti(íJ©En'í?Á.R"íS)íX!: ■ ■■.■ • ' 

;,.,JPÍ'emiadas, en 

í Tas « ex p os i ci ones' 

•d^ París, 1878- 

íí187SL— des Afflver ¡ 

,, ,5.urU<io\dfe,ca-, 

Mu eb les de se- < 
{^urldsrd papares^! 
CE.íÍJOrios y c isjys^tjpfitmiiia, 

AQitnt^: E, CHAPÓN -101 FLÜBIOA» U0 




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taífís. • des 'JSsp^ña . ¡con : beajeftcüjoj qoaía eí toeñoa- 
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ipíflM^as para haper. soda Q regadarasy .flltrostoiará 
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farmacia no es ya de pR^N.W^'^í.^inPid? Sprqat, 

LA ÚNICA J^íigpyEKl^, y, ^^^J^C\:.. ,; ,,:, ; 

'■ -ii-ii-h ■ ■■tíflí^HMS^WaBMJL: 'i' [■■■■■"■ > .. - 

que existe en Ráenos Aipejí, ' é¿^ áítiákda '¿n' la ' calle 

AíflBdida. persqn^^mente ipop ; su propietario— ■ i ¡ i ! 
EDMUNDO 'E. eftklW^^^. ' ' ■ 

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128 



EL CASCABEL 



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mmm y Á^miijisíraciOQ: kmk l89 (álíós) 

, '■/ ^'- — '-■ ,-. / , / 1 ;/; 
^f •I^ACWASfDE OFICINA,DB 3 Á 5 P. M.,,.; ... ,^, 

^eeio en 1 aeíudad . ,,. ' | Ovio el aámero 
Puera de la ei/adad . „ - , » 0:^20 " id ' 

F»t(Hgrabados de Colí-) 



Para esta actriz de fortuna '■^^■'' ' -^tuo 
'-. ■■'■- son los éxitos mayores. 

poniéndola siempre á una, v. 

todos sus admiradores, ' 

cw los ruernos de iu luna. 



'■.'^í~'Si'^:Jc' ;'-:if'V^^ffW:^^S--i 



<*#> ■'."■fyi ,»-A:r-.v'.'' '■ • = ", V..-W -" ;"v~; "'- 



130 



EL CASCABEL 



<!# 



■^•y 



jSOPÁS DE AJO MUSICALES! 



(1) 



V^ frecemos hoy á nuestro . lectores un pinto 
', exquisito y propio de Cuaresma, 
j ¡Sopa de ajos! 
¡ Qué vulgar! dirán Vds. 

Y el plato en si es vulgar, vulgarísimo. 
Pero la receta que para condimentarlo bien 

hicieron Ventura de la Vega y el maestro 
Casares, es bellísima. 

Léanla con detención, tóquenla con afinación 
y buen gusto, y luego nos darán las gracias. 

Y el día que quieran Vds. animar una tertu- 
lia, limítense á decir : ¿ tienen piano en esta 
casa? 

— Sí, señor. 

— Pues voy á tocar y cantar. . . . 

— La romianza de " Traviata " ? 

— Cá. . . ! Las sopas de ajo musicales. 

Y se sientan al piano, tocan, cantan y se ga- 
nan una ovación ruidosa. 

Hagan la prueba ! 






S'4 





'5/: 



— _--3K5]-«- 



HORA estamos pre- 
ocupados con las 
próximas maniobras 
militares, y el espí- 
ritu bélico se ha 
desarrollado entre 
nosotros con fuerza 
avasalladora 
La guardia nacional se prepara á su- 
frirlas contrariedades y fatigas de la 
vida de campamento, y corredores, ha- 
cendados, comerciantes, etc.... se alis- 
tan como voluntarios dispuestos á todo. 

El hogar de la señora de Malinez que- 
dará poco menos que vacio. 

— Todos se van — nos decía la señora — 
Mi marido, mi hijo, el mayor, el segundo 

(1) Del Almanaque Culinario para 1892, publicado 
ea Madrid por Ángel Muro, con. la colaboracióa de 
los más célebres escritores españoles. 



y un primo que vive con nosotros. De 
manera que en casa solo quedamos yo y 
el gato que casi es un miembro de la fa- 
milia. 

— La patria reclama que sus hijos va- 
yan á jugar á soldaditos y no hay rrás re- 
medio. 

— Todo sea por la patria, pero desde 
que se anunciaron las maniobras no so- 
siego. 

— Tanto la interesan? 

— Cá. . . ! No es eso. Es que á las cua- 
tro de la mañana mi marido empuña un 
cuerno. 

— Qué dice Vd ! 

— Sí ; un cuerno de esos que usan los 
cocheros del tramway — y empieza á to- 
car diana. 

— Qué capricho! 

— Los niños se visten corriendo y se 
presentan armados de escobas y palos. 
Mi marido les aguarda ya con un hierro 
del mosquitero ; forman en columna ce- 
rrada y empiezan á evolucionar. . . . 

— Parecerán modernistas. 

— Lo que si parecen niños de cuatro 
años. Mi marido grita ¡ á la derecha ! . . . 
march...! El primo hace las veces de 
tambor y rataplán, plan, plan. ... Allá vá 
la columna cerrada marcando mucho el 
paso. 

El otro dia una 
vecina armó el es- 
cándalo del siglo 
porque dijo que no 
la dejaban dormir 
y acabó por tratar 
de caballería ma- 
yor á toda mi fa- 
milia. Yo contesté 
fuerte, intervinie- 
ron los maridos, y 
por poco el mió tie- 
ne ocasión de pre- 
sentar batalla 

Decíamos ? 




— Ah: 



SI que 



formados en co- 
lumna. ... 

-Justo; y marcando mucho el paso 
se dirigen las fuerzas al comedor. AIH 
acampan y piden el desayuno con malos 
modos. 






-i^ ■B«?:5V^ ■>í"^j^-^;^'^v'^rí:4£^,sg"' ,-■»•* 



EL CASCABEL 



131 



-Y V... 

— Yo hago de cantinera, y sirvo el café y 
aguanto bromas de mi marido, que es muy 
expansivo cuando está en familia. Des- 
pués del café el batallón se dirije a la sala. 

— A conversar? 

— Nó á hacer ejercicios A estas horas 
han roto un espejo, un florero, y dos bom- 
bas del aparato de gas. Vamos, que la casa 
parece un campo de batalla.. ¿Y de noche? 

— Qué pasa? 

— Que'á las ocho nos acostamos por 
que asi lo exige la disciplina, y hay que 
acostumbrar el cuerpo á dormir poco. 
Claro, con estos calores yo no puedo dor- 
mir y mi marido tampoco, así es que em- 
pezamos á discutir hasta que evocando el 
mando que ejerce en ca?a, me amenaza con 
azotarme en presencia de las fuerzas á sus 
órdenes... ¡ya vé usted qué locuras! Dios le 
tome en cuenta á Levalle los malos ratos 
que me proporciona con sus maniobras. 

El caso es que si al fin se encuentran ca. 
ballos para la caballería, y soldados para 
los cuerpos de linea, tendremos maniobras, 
grandes maniobras, asi tal como suena. 

Y ellas sonarán mucho, pues según cál- 
culos, para cada quince hombres hay un 
cañón con obligación de vomitar nubes 
de... pólvora. 

Se han acabado las locuras carnava- 
lescas. 

La gran fiambreña queda archivada 
aguardando mejores tiempos; tiempos de 
dinero, humor y tranquilidad. 

Ahora esta- 
mos bajo el do- 
miniode la cua- 
resma, y des- 
pués de haber 
cometido toda 
clase de peca- 
dos mortales y 
de segundo or- 
den, después de 
haber bailado V 
haber apurado 

botellas en 

iorno de las be- 
llas, no nos 




queda más remedio que entregarnos á 
XoñB, clase de ayunos para reponernos. 

El alma, se entiende. 

Que el cuerpo, maldito lo que gana con 
las sopas de verdura, y engullendo ino- 
centes pejerreyes ó aleves bagres. 

Y si nó que lo digan los que padecen 
bajo el poder de Madama Polisón, una se- 
ñora sola que, por no estarlo tanto, dá de 
comer á seis huéspedes, que á estas ho- 
ras están anémicos en su mayor parte. 

Apenas llega esta época del año esca- 
sean los platos fuertes que es un gusto. 
Para la patrona, se entiende. 
Las aplaudidas sopas de pan con aceite. 
Las populares ensaladas. 

Y los huevos pasados por agua se pro- 
digan, hasta cierto punto. 

Claro que los huéspedes protestan. 
Pero ella, que es muy católica, dice 
que hay que mortificar el cuerpo, y que 
con una modesta sopa y la lectura del 
Mensajero del Corazófi d^ Jesús, hay lo su- 
ficiente para robustecer el cuerpo y el es- 
píritu. 

Encontré esta maña- 
na á don Juan Tuercas, 
queesinquilinoymártir, 
y casi no le conocí. 
¡Tan abatido estaba! 
— Que le pasa,— pre- 
gunté. 

—Ayl estoy mal, muy 
mal... 

— Habrá leído la pes- 
ca de Argos en ayunas, tal vez? 

— Cá... tengo un mal gusto en la boca... 

— Pues fume usted. Asi le pasará 

— Horror!., nó, x\6\ Dios me libre de 
acercar combustibles ámi cuerpo. Con eso 
de la cuaresma estoy empapado de aceite 
y podría encenderme y freirme por den- 
tro. 

Pobre amigo! 

La cuaresma y la patrona lo tienen me- 
dio frito. 





132 



EL CASCABEL 



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EL CASCABEL 



133 






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134 



EL CASCABEL 



DE CARNAVAL 



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I. 

STOY decidido á divertirme. 

Este año voy ó gozar por todos los anteriores. Mi mujer está 
en la estancia. Buena ocasión. ¿De qué me disfrazo ? ¡Ah, sil Buena 
idea. De mujer. Yo tengo un talle esbelto, un pié pequeño, una 
inano fina. ¿Los huecos?.... Dios proveerá y los trapos tam- 
bién. Ya estoy | Qué hermosa! parezco una Diana cazadora. Al 
baile. ¡ Cómo voy á gozar ! 

II. 

— I Cuánto ruido I El corsé me sofoca. Pero engaño á cualquiera. Ya me han dicho 
siete veces «qué linda es V. » Ahora he de buscar á alguno. Ya está aqui mi hombre. 
Tipo de estanciero platudo. No me engaña. Las patillas y el bigote son postizos. Se 
acerca. Le gusto. 

— ¿Ah? si y sola. Como no soy muy bonita. Muchas gracias; es favor. Pasear 
solos, no me atrevo. Si V. me promete no abusar. Sí. tiene usté cara honorable. ¿Kn 
coche? Vamos. ¿A su casa? Bueno. (Qué chasco! ¡desgraciado ! y. 

IH. 

— Señorita, estoy loco por V. ¡ ó su amor ó la tumba ! 
— ¿Será verdad? ¿Habré hallado mi bello ideal ? 

— No lo dude un instante. Yo cuando quiero á una mujer, llego hasta el abismo por 
ella. Usted llena mi alma. La adoro tanto, que ante mi pasión desaparecen todos mis 
escrúpulos i formemos uno solo ! ; Voy á confesarme á sus plantas ! ¡ Necesito cien pe- 
sos I A V. sola que me ha abrasado con su flamígera mirada se los pediría. 

—¿Cómo? 

— Si: ¡cien nacionales tan sólo! 

— ¡Caballero! 

—¡Oh, usted me ama! ¡Me lo ha dicho! Y estoy en el paroxismo del furor... 
Quisiera que se volviese usted un hombre para extrangularlo. 

— ¡Caramba! (yo que pensaba descubrir mi sexo; á ver si lo convenzo; la coque- 
tería es un arma) ¡Bien mío! 

— jAh! Accedes ¡Nunca te lo agradeceré! Quítate el antifaz, paloma mía. 

— (Qué más diré). Nó, tú primero, quítate los pelos postizos. 

— SI, lo que quieras, rnasita mía. 

—¡Horror! ¡Mi criado! ¡Mírame, mentecato! ¿Te atreves aún á exigirme nada? 
(Estoy salvado). 

. — ¡J£l señor! ¡Ya lo creo! Si no me dá usted lo que le pido, se lo cuento todo á 
la señorita, que es tan celosa y... 

— fNo hay más remedio) ¡Toma y calla! 

IV 

— ¡ Me he lucido I Cien pesos y un traje de mi señora estropeado. ¡ Todo por cam- 
biar de sexo dos horas. ¡Digo! Pues si llego á ser mujer hermosa t©da la noche. y. 

Adolfo S. (Je los Ríos. 



->vii.J^.-- !->- 






EL CASCABF.I, 



y.iTi 



ecn íiexioaí x>6 X13; vin;x>ja 



Una alcoba decorada 
con elegancia severa, 
muebles de rica madera 
correctamente tallada ; 
blanco globo de cristal 
con su luz la estancia alumbra, 
mientras queda en la penumbra 
soberbio lecho nupcial. 
Hay al lado de la cama 
un taburete pequeño 
y allí en desorden risueño, 
los vestidos de una dama . 

Mujer aún joven y hermosa i 
se halla sobre el blando lecho 
y el anhelar de su pecho 
indica que no reposa. 
Más su pecho se acelera 
cuando las doce ha tocado 
el reloj que está colgado 
de la misma cabecera. 

¡Cual late su corazón 
cuando el reloj la hora toca ! 
¡ cuántos recuerdos evoca 
con su metálico son I 
Antes, cuando del reposo 
aquél reloj la sacaba 
I con que dicha se miraba 
en los brazos de su esposo ! 
De aquel amoroso nudo 
nunca se hubiera esquivado 
¡ojalá hubiera tocado 
el reloj más amenudo í 

Y ahora mirando desierto 
el sitio en que aquél dormía, 
siempre que el reloj oía 
¡ cómo recordaba al muerto ! 
Ya no volvería más 
aquella dicha pasada, 
hoy de todos olvidada, 



de todos... menos de Blas: 
un amigo cariñoso. 
de un carácter tan amable 
y ¡vamos! tan agradable 
como su difunto esposo, 
atento siempre á su lado, 
busca cuanto se la ofrece, 
hasta el punto que parece 
que de ella se ha enamorado. 
Dá gracias á la fortuna 
por haberla conocido, 

— P€,ro, amarle, no ¡que ruido! 

¡ Ah ! el reloj que da la una ! 

Y esta tarde la pidió 

algo que en su aturdimiento 
no entendí» ella, y al momento 
¡ claro ! le dijo que no ! 

Y una pasión infinita 

se ve que al pobre le abrasa... 
pero aquí, en la misma casa, 
no puede ser una cita. 
¿ Qué se diría ? ¡ Por Dios ! 
mas ¿ cómo debe sufrir ?. . . . 

Y es muy capaz de venir. . . 

i qué susto ! . . . ¡ah, nada!... las dos. 

....Pasa el tiempo, se ha escuchado 

de unos pasos el rumor; 

se oye que habla con calor 

la dama con el que ha entrado: 

él pide con interés, 

y niega ella suplicante, 

y en este preciso instante 

el reloj toca las tres 

.... Dióse ella por convencida 

y se explica que así fuera, 

porque siempre á la tercera 

dicen que vá la vencida. 

Zm/s Garda. 



N 



—¿Con que has sido afortunado? 
—Como nunca lo creyera; 
¡qué mujer tan hechicera!... 
—Cuéntame como ha pasado.. . 
—Me encontraba en el salón 
por la música aturdido, 
cuando me senté, aburrido 
del baile y la animación. 
Al poco tiempo una airosa 
máscara á mí se acercaba 
«luien elegante llevaba 



l_ BAIL 



un dominó color rosa: 
A mi lado se sentó, 
saludó, la saludé, 
calló luego, la observé, 
miró al cielo y suspiró. 
Una charla indiferente 
comenzó y se fué animando ; 
ella me iba contestando 
á todo ingeniosamente, 
y me llego á interesar 
tanto la desconocida. 



'WSi''-"'-' -■ "■•■■ 



136 



EL CASCABEL 







BLANCO Y NEGRO 



¥.«Sís^*>%afs^-sg-«í«fi.f:»;<i 






EL CASBABEL 



137 




-¿Y mañana?... 

-Mañana, Cuaresma. Abstinencia de carne. 

-Si; pero esto no reza con nosotros. 



138 



EL CASCABEL 



que de mi brazo prentiida 

la llevé al rato fe cenar. 

El antifaz se quitó, 

pasmándome su hermosura, 

i creo que es ía criatura 

más bella que Dios formó f 

Yo al contemplar de sus ojos 

la incandescente mirada, 

me inflamé y ya sin ver nada 

caí á sus plantas de hinojos 

y la dije de esta suerte: 

«i Oye, mujer bendecida, 

tú dispones de mi vida, 

ó ámame ó dame la muerte !» 

Y la pinté tan fogosa 

la pasión que me abrasaba, 

que á poco ya me lanzaba 

una mirada amorosa. 

Al cabo la convencí ; 

me prometió amor constante 

y ya ciega, delirante, 

de amor en el frenesí 

dijo, con pecho agitado: 

«Nó; jamás te oívidaré 

y siempre tuya seré 

¡porque el alma me has robadoh 



La fina mano teml)lab;i 

cjue yó en mi peclio ponia 

y ella tierna me decía 

«¡ya encontré lo que buscaba!» 

Luego miró con anhelo 

el reloj, me prometió 

volver pronto y se marchó, 

pues la esperaba suabuflo... 

¡Tanta dicha me arrebata?... 

— ¿Qué diablo estás rejíistrando? 

— ¡Garambal E^ que estoy buscando 

la cartera con la plata. 

hace un rato la tenía 

cuando me hallaba con eUa... 

¡Maldita sea mi estrella! 

¡Ladrona! ¡Y con qu*' osadía! 

Cuando mi pecho palpaba, 

sacó la plata de íijo. 

— ¡Vamos! Por eso tp dijo 

que encontró lo que buscaba. 

—¡Falsa! 

—Ella ha obrado en razón 
¿tú, su alma no la has robado? 
Pues la plata te ha quitado 
en justa compensación...! 

>''. (itirrido. 



¡DEL OEIGINAL! 




11 fuerza de la costum- 
bre! ¿Porqué no henaos 
de empezar la lectura de 
Jos diarios por la página 
de anuncios? 
i Se pasa tan bien el 
rato ojeando dichas páginas ! 

No es nuestro ánimo ofender á los hon- 
fados industriales que anuncian sus mer- 
cancías ó á los necesitados que ofrecen sus 
servicios. 

Poetas conozco, y prosistas también, 
que no lo hacen mejor. 

Digresiones aparte, recorramos una pá- 
gina de avisos: 

— Se alquilan 5 hermosas piezas con 
ventanas en la calle no hay inquilinoí^ 
más que los duefios que es un matriino- 
nio solo sin criaturas para verlas y 
tratar ocurrir calle. . . 

¡Cinco piezas con las ventanas en lo. 
calle..! qué oscura oscuridad..! y luego 
para ver las criaturas, que no tiene el 
matrimonio solo..! Santa Bárbara! 

—Araa de leche italiana fresca de dos 
meses y diez y siete años de edad... 



¡Imposible! señora niia, no puede ser 
fresca; á dos meses y diez y siete años de 
edad la leche es una venerable anciana, y 
más que leche debe ser requesón ó ricota. 

— Cocinera vasca española, casada 
tiene marido... 

De veras? es casada y tiene marido? 
¡Hombre!!! Hombre!! 

A veces tropezamos con anuncios impul- 
sivos. 

Véase la clase: 

—Se ofrece una ama fresca de un m,es 
para verla calle... 

¿Quién no siente impulsos de verla y 
tratarla..! fresca de un mes..! ¡qué revela- 
ción I 

—Muchacha de 10 á 10 años para 
servicio liviano se necesita. De diez á 
diez y seis!., y para servicios lirlanosHI 
Horror!!! 

—Se necesitan zapateros de hom,1)re 
cosido y de señora cosido y clarado en 
la zapatería de la... 

Usted señor zapatero, si que nos ha co- 
sido y... clavado! 

—Se neresita un medio oficial encua- 
dernador pone-pUeyos y quita-pliegos 
en la imprenta de... 

¿Para toflo esto un medio oficial? Oficial 
y medio se necesita; digo, me parece á mi... 



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EL CASCABEL 



139 



—.Se alquila una he?'mosa casa alt(( 
y baja... 
En qué (luedamos? Estalla o es^buja? 
O bien quiso usted decir que es alta... de 
precio y baja de... techo. 

He leído el anuncio de un fotógrafo que. 
con máquinas de nueva invención garan- 
tiza sacar retratos en los días nublados // 
aunque llueva con toda perfección. 

Ha llegado, pues, la hora de retratarnos 
porque tl-esde que empezó el año llueve 

perfectamente cuando llueve. 

Los anunciantes de específicos no tienen 
conciencia, ni remordimiento; ni amor ai 
prójimo, ni siquiera sentido común. 

Entre varios anuncios de tal índole en 
cuentro uno por el que se ofrece un medi- 
camento que entre otras maravillosas vir- 
tudes tiene la de cortar los cólicos (mucho 
cortar es), es bueno para facilitar la den- 
tición y hacer crecer [el pelo de la cabe- 
za. ¡Vamos, una nueva purga de Benito! 
Y si del periódico, pasamos á los paseos 
y calles, encontraremos un sin número de 
rótulos dignos de cárcel perpetua. , 

Empezaremos por la Municipalidad que 
por medio de cartelitos muy pobres nos 
"^Tohihe pi zar el césped de los jardines 
municipales. 

Pizar el césped... ya ben ustedes que 
DO puede darse mayor varvaridad. 

En un establecimiento: botería y zapa- 
tería, especialidad en calzado. Claro, hom- 
bre; pues en qué han de ser especiales los 
zapateros?.. 

Al llevar las cuartillas ü la imprenta, leo 
en la puerta de una posada: 

Se alquilan piezas amuebladcís para 
hombres solos con comolidades. 

Ya me figuro que Jos afortunados hués- 
pedes de la tal posada, serán hombres ex- 
traordinarios, entes superiores; hombres 
con co?nodidades, en fin. 

Me horrorizo al pensar dónde habremos 
de ir á pasar las noches los que carece- 
mos de comodidades, si se contagian de 
la manía del aludido posadero el resto de 
sus colegas de la Capital. 

Andrés Soler. 
— -d^nií-^ 

Al Sr. Ministro_de Hacienda 

Mi estado es desesperado, 
excepcional, tremebundo, 
soy acreedor del estado 
y deudor de medio mundo. 
La cocinera, el tendero i 



y hasta el mozo de cordel. 

lodos me exigen dinero, 

y sólo tengo... papel. 

Por mi: enorme capital 

ni dos centavos percibo, 

soy un rico nominal 

y un pobretón electivo. 

Pago mi manutenciini 

á precios fenomenales: 

ayer me costó un pichón 

cinco pesos nominales. 

Me juzgan pillo, enredoso 

y no encuentro (luicn me atienda 

(uumdo me llaman ti-amposo 

lo lamento por la Hacienda. 

¡Si pudiera hacer cupones 

y pagar el año mil 

pero mis obligaciones 
no son de ferro-carril. 
Xo hay nadie, ni i)ur asomo, 
(|ue espere como yo espero, 
yo. si nó pago no como 
y si nó como, me muero. 



Hay planes aterradores 
si nó manda V. pagar, 
unos cuantos tenedores 
lo vamos á V. á trinchar. 
A pagar, como Dios manda, 
que yo mis pesosperciba, 
ó entablaré mi demanda 
por la vía ejecutiva. 
Y si triunfo al fin le encargo, 
(jue tiemble, pues por mi fé, 
(¡ue lo primero que embargo 
es su cartera de ust»\ 

Un tenedor 

INSTANTÁNEO 




:!^^¿_- 




«Rubio, alto, bigotes, patillas, narices, ore' 
jas, etc.. .» 
. .Ese. soy yo, no hay duda. 



KSí;«fi , ■ 'í- ■'- 



140 



EL CASCABEL 



CAMINO 




AMiNO en italiano: chimenea. 

Julio y Julia se aman. Ambos están en el camino (no en ita- 
liano) de la felicidad. 

Murió el cura de mi pueblo, y los vecinos dijeron que tomó 
el camino del cielo. 

Igual cosa sucede á quien camina por las calles de la ciudad, 
porque puede romperse las narices. 
Hay caminos reales. 
Porque en realidad existen. 
Los hay carreteros. 
Y también de ferro-carril. 
Solo que, quien éstos recorre, son las carretas, digo, los trenes, 
que es lo mismo. 

Se trata de un duelo. Los padrinos hacen esfuerzos para poner el indícente en el 
camino de una fácil solución. 
También está en camino de arreglarse, la situación financiera del pais. 
Verdad es que es un camino sin fin. 

Y el que lo recorra, corre el riesgo de quedarse por el camino. 
Las nieves en invierno, cierran el camino de la Cordillera. 

En cambio ol oro, aún en pleno estío, se abrió el camino de Londres, v alli está 
tomando el fresco. , " 

Lo más lamentable es que tomó el camino de la nerdición. 
Quiero decir que está perdido. 

La esposa de Zutano, mantiene amistosas relaciones con el señor ministro. Su_e3- 
poso vá en camino de ser ascendido á Jefe de oficina. 
Quizás otro dina, que vá por el camino de los corrales de abasto. 
Pero yo, nó. 

La que es coqueta, vá por mal camino. 

Se encuentran en el camino dos tenaces rivales v enseguida, se arma una'de San 
Quintín. 
Muchos tienen la costumbre de mirar á ambos lados del camino. 
Yo hago lo mismo. Para que no me sorprenda ningún inglés. 
Pepe, porque lira la casa por la ventana, vá en camino de arruinarse. 
Hay salteadores de caminos. 

Los cuales despojan de sus bienes al viajero, y ponen al mismo en camino .'de la 
desesperación. 
Un pretendiente recibió una paliza, de cuyas resultas, se quedó fuera de camino. 
Se quería suicidar una niña sesentona, por no encontrar marido, pero le salió al 
camino un fundido... y se casó. 
Muchos trazan caminos... y son los primeros en extraviarse. 
A los impertinentes se les dice: siga su camino. 
Pecó Mengana; pero está en el camino de la enmienda. 
Esto es, que está en buen camino. 
El Czar recorre casi siempre camino minado. 
Hay caminos trillados. 
Sembrados de flores. 
Otros de espinas. 

Los mismos que recorren los yernos 
Los que recorreré, tal vez yo. 
Porque estoy en camino de casarme. 
«In mezzo del cammin di nostra vita. 
De lo cual infiero que la vida es un camino. 
Un camino muy penoso. 

Y tanto, que hay cfuien no quiere recorrerle todo. 

Y se suicida. 

Aún hay el camino del Paraíso. 

Y del infierno... «que te lleve», exclamará el lector que sin duda devorará á gran- 
des pasos, el breve camino de la Paciencia. Por eso, se apresura á tomar el camino 
de su casa, vuestro humilde servidor 

Armando Flores. 



.» dijo Dante. 



EL CASCABEL 



141 




Se fué Tomba y su com- 
pañía; lo mismo han hecho 
Cleary y Cia; Orejón por no ser' menos. 
ha licenciado á su gente, de modo que fue- 
ra de la Comedia, Novedades, y circos más 
ó menos ecuestres y dramáticos, no hay á 
dónde ir á pasar un rato. 

Y á propósito : tenemos entendido que se 
ha desistido de dar un beneficio á la viuda 
de Gutiérrez el escritor argentino que ha 
dado pié á las empresas para ganarse un 
dineral con los arreglos, ó desarreglos que 
de sus obras han lieeho. 



— Kntonces, retiro lo que he 



W 

El viernes, beneficio de Diego Campos. 
en la Comedia. 

Por lo visto los artistas de este teatro no 
son supersticiosos. Gil celebró en viernes 
su beneficio, Campos hará lo propio. Al 
primero le fué muy bien, y al segundo de- 
seamos le pase lo mismo. 



Como no es cosa de ocuparnos de los 
seis grandes bailes de máscaras que han 
ten-ido lugar en los teatros de esta ciudad, 
cerramos esta sección deseando tener bue- 
nas nuevas teatrales que referir á nuestros 
lectores, con motivo de las temporadas 
próximas á empezar. 




En una casa de juego de las mil y qui- 
nientas que viven en Buenos Aires. 
El groupier.— No vá más. 
Un jugador. — Retiro mis cinco pesos. 
El gi'oiqner. — Vd. no ha puestf^ nada! 



El jugador, 
dicho. 



En una velada literaria de tercera clase, 
un poeta cursi hace un discurso románti- 
co, y termina diciendo : 

— ¿Qué es, pues, lo que separa la risa de 
las lágrimas? Decídmelo. 

— La nariz, contestó un oyente. 



Se casaba una niña muy romántica, 
y el día de la boda la decía 
una amiga: — ¡Te envidio! 
vas á tener marido y tu casita... 
Y respondió la novia displicente: 
— Para mi no hay sorpresas en la vida. 



« No amar y vivir, es imposible,» dijo 
Cervantes. 

De lo cual se deduce que la suegra es un 
mito. 



— Parece mentira que tú. siendo el pro- 
totipo de la elegancia, lleves ese sombrero 
tan antiguo y tan grasiento. 

— ¿Sabes por qué? P<)r haberme dicho 
mi mamá política que no sale conmigo has* 
ta que me compre otro : y ])ieii vale la pena 
de ir hecho un facha. 



Se hablaba en un circulo de las emocio- 
nes que causa el arte pict' u'ici >. 

— Me acuerdo, dice uno. de un cuadro 
que me hizo llorar. 

— Algún asunto patético. 

— No, señor, era un frutero : pero se cayó 
sobre mi cabeza, y fué tal el dolor que me 
produjo, que me hizo saltar las lágrimas. 



Blas con una cenieirnta 
vive en amorosa liza. 
v hov de hacerlo no S'^ afrenta, 
pues para ello tiene en ciienta 
aue es miércoles de coniza. 



Diálogo de Carnaval. 

—¿De qué te disfrazas tú? 

—De caballero. 

— Ya sabes que la careta es prohibida? 



Si un dedo en las narices 
niña te meto 
(:(.[uién de los dos li; tiene 
metido dentro? 



'y^fJl.-f.y.,: 



142 



EL CASCABEL 



Siempre s? disfraza Pura 
de locura, y al bailar 
grita y hace sin cesar 
locura, tras de locura^ 
Yo al cabo me he convencido, 
que es una chica inocente. 
y si hace eso solamente 
es por honrar el vestido. 



En el teatro Alhambra se celebraron 
bailes que, como es natural, estuvieron 
muy desanimados: apenas tres ó cuatro 
parejas se entregaban á la danza. 

— Buena ocasión para un baile de opor- 
tunidad. 

—Cuál? 

— La Danza Macabra. 



En el corso. 

— Patrón, ¿me conoce usted? 
— Más te valiera fregar mejor los platos 
que embromarme por la calle. 

CORRESPONDENCIA 



Tomas ito.—Qaieve V. creerme? No versifique más. 
Nernrod.—Y dice Vd : 

« No comprendo tanta tiranía 
tanta crueldad y dolor 
que mata — ! 
tal ensañamiento con mi ser ... 



Y yo añado: «No comprendo que Nemrod haga 
Tersos asi y me los mande para su inserción. 



K. Laiiu.—yie gusta la idea, pero la forma.... 

Olra.—'^in que tal baila! 

/. P. — Sus c'int.ari's son tristes y medianitos. Los 
originali'S no se devuelven; no obstante, y por si V. 
lo ignorai'a. los conservaré por si gusta" retirarlos. 

Ci'iDiiru. — ^i es V. tan mal cómico como poeta ¡lu- 
cido esta el arte de Talía! 

. i'>olili<;). — Francamente hablando le diré que V. 
mfts bien peca de impolitico. 

Sc'/undii.—yeré de aprovechar alguna Humorada. 
aunque esta vez le ha salido á V. un poco desigual, 
qi;e dicen en >. los Sobrinos del ■ apilan Orant». 

A". ¡líim/ia.—Eíi loque yo dfgo ¡caramba!... ¿por 
qué versificai-an alarunos? 

ICsiifíiinl.—; Viva la gracia ! Ole! E.so no lo digo por 
usted, pues sus coplas me han hecho poquísima 
grncii. 

Esrriliir.—'üc eso á una pechada sólo vá un paso. 
Es mi opinión humilde. 

P. /.. ili' r.— Después de leerlo me he quedado tan 
fresco: v al público le ¡lasaria lo mismo. 

A. .1/. 7?.— Es cosa del administrador. Pero está 
agotado ya, el nilraero se :: nde 

Tüic— «Una niña muy bonita 
por la calle vi pasar 
If dije adiós graciosa 
y enojada me quiso pegar». 

Pues apruebo el procedf^r d*^ la niña. Usted merec® 
que le peguen duro y á la cabeza. 

Ulori'ira ■—'^i versifica V. asi, padecerá pei'secucio- 
nes V tendrá mal fin. como el gaucho, su tocayo. 

/idi/')n.—^n articulo parece una máquina. ¡Cuán- 
tos /í//>o.>'? ;.\caso ignora V. la existencia de la ?' de 
fornzón ? 

Ai»i(jit, — si pscribe V. i/upso en vez de hueso, le 
aseguro quf no seremos amigos. 
Griiv/ii.—Qne V. ha escrito mucho en este mundo? 

¡Ni á la familia, hombre, ni a la familia! 

P. K. Dur —Muy b»nito : mande la firma y se pu- 
blicará 
T'f'/íeí/o/'.— Ídem., idem.. idem., idem. 
rinnjfnlri'.— Pura, parada ... poética 
A7/7'j.— Lástima d< papel bordadito! 
Arman fio /■Vkcp.s. — Publico lo suyo. 
Cari/sfi/.s.—Di- los tres, dos son medianos y el ter- 
cero bueno pero es tan verdecito... !! Además, 

sin la firma no quiero publicar nada. Y á V. se la 
he pedido ya, asi es que espero la mande. 

E. G.—KI rar'ctrr sin estar mal, no está en carác- 
ter para Ei, Casc.\»ri,. 

P. .V. — '^u composición Aquel/os tiempos nos pa-vece 
flogilla. Usted lo hace mejor 

/,p/;p.— Las om.urosas no me parecen buenas. Pre- 
fiera el género festivo. V. lo sabe hacer bien. 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



-^- 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g l . 50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente » 0.10 

» atrasado » . 15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



BED ACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

— éit (altos) 



EL CASCABEL 



i3 



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TRASATLÁNTICA ESPAÑOLA 

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Subvencionados por el Gobierno Español 

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entre el Rio <le la Piala y Kuropa 

Las salidas de este puerto seríin el 2 de cada mes 
para Santa Cruz de Tenerife. Cádiz, Barcelona y Mar- 
Bella, admitiendo carga v pasajeros, asi como para 
Vigo. Coruña, Santander, Bilbao y demás puntos im- 
portantes de España. 

Por más informes 6 datos, ocúrrase á sus agentes 
Antonio López y C-, calle Alsina, 750. 

Nota.— Se expiden pasages de venida de todos los 
puertos y ciudiides de España. 



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í DE PARÍS) 

Premiadas en 
las expcisiciones 
.le Paris 1878- 
ISSí». de Viena 
1S73. de Anver 
1885. 

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combinación in- 
visible. 

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contra incendio. 

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tales de España con hcneficio para el toma- 
¡ dor. Se dan giros .-iobre ios pueblos, también 
i con beneficio. 

llorasii de despaclio. Los dias hábiles de 
9 a. m. á í p. m. Los dia* festivos de 9 a. m. 
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ADVERTENCIA 

Se previene al público que la farmacia establecida 
en la calle Rivadavia, que fué anteriormente de don 
GUILLERMO A. CR.\NwELL, se vendió á D. Di^o 
Sproat, quien no es farmacéutico, de modo que dicBa 
farmacia no es ya de CRANWELL sino de Sproat. 

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1 que existe en Buenos Airee, está situada en la calle 

VICTORIA, nüm. 647 

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144 



EL CASCABEL 



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Son los mejores cigarrillos de los inmejorables— 
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giendo en cada etiqueta la íirma de garantía de— 
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■^«'íííi' .*, - ■■^5*^ 



Afioi 



Buenos Aires, Marzo 9 de 1892 NAm. 10 




Editor propietario: FRANCISCO FERRÉS 



ledaccioD y Akioisiracion: ALSINA 489 (altos) 



HORAS DE OFICINA DE 2 A 5 P. M. 

^recio en la ciudad. .. $ o.io el número 
?uera de la ciudad... »0.¿0 id 



Se hizo flogiar y aplaudir 
el autor de Irresponsahle, 
y en él sólo es censurable 
(lue no haya vuelto á escribir. 



Fotograbados de Coll 



146 



EL CASCABEL 





L caso es que ya 
hemos encontrado la 
n, añera de hacer di- 
nero. 

Que no es decir 
poco, por cierto. 

La hunrianidad dis- 
curre mucho y á no 
ser por los viles imitadores, que dicen los 
anuncios de específicos, el problema esta- 
ría resuelto. 

Pero... ya apareció el pero. 
Apenas un ciudadano tiene una iiea 
¡zas! le saltan competidores que traba- 
jan por su cuenta, aprovechando el mo- 
mento de lucidez que tuvo el inventor... 
Ahora es un gusto. 

Está uno muy tranquilo, entregado á 
los goces puros del hogar y... 
Tilín... tilín 
— Quién es? 




— El cartero. 



—Qué trae? 

— Un pliego para usted. -■' 

— Para mí? Dámelo, pronto; tal vez 
Garmendia me nombre edecán para eso 
de las maniobras. í 

Abre uno el pliego y se encuentra con 
un discurso concebido en estos t'^rminos: 

«Señor. El que es pobre pudiendo ser 
rico, no tiene perdón de Dios.. » 

-No me disgusta la idea, y creyendo 
que á renglón seguido me indicarán qué 
he de hacer para llegar á ser un Ancho- 
rena, leo: 

«Qué son cinco pesos? Una friolera! ■> 

Llamar friolera á cinco pesos! 

Vamos, en acabaniio de leer me reiré 
del mundo. 

'«Pues bien; con cinco pesos puede us- 
ted adquirir un billete, y si el número que 
le corresponda sale premiado en el sorteo 
que tendrá lugar el día tantos del corriente 
mes, con intervención de la autoridad, se 
encuentra usted propietario de la preciosa 
estancia «La Matufia» situada en Tar- 
tagal. 

Aproveche la ocasión. 

Quién no es propietario por cinco tris- 
tes nacionalts? 

Para más datos, planos, etc.. ocu- 
rrir ..» 

Terminada la lectura uno se quoda per- 
plejo. . 

No sabe si ha leído un articulu de Da- 
vison ó una poesía <ie Várela. 

La habitación empieza á dar vueltas. 

Y como es natural, el vértigo s^ pre- 
senta. 

Propietario por cinco pesos! 

Qué más se puede pedir? 

El caso es que dentro f'e poco tiempo 
cada propietario nos ofrecerá su corres- 
pondiente rifita, y cinco pesos aquí, cinco 
pesos allá, y otros cinco por otra parte, se 
nos irán los capitales con viento fresco. 

Afortunadamente, la autoridad vela por 
nosotros. t'f 

Y es probable que se supriman de una 
vez estas loterías, y las corridas de toros, 
con gran satisfacción nuestra y del Doc- 
tor All.iarracín, este decidido protector de 
las fi-íras astadas, aunque amigas de su 
buen nombre. 



^^ -> •'wjy sj.>-í ■y^j"'"' ^- ;5*^ "» 



, ^ ^:^SÍg'!*'^'*^^P^»f"^^.^9T''-n -"=í®^ 



EL CASCABEL 



147 




A estas horas se pre- 
paran nuevas rifas. 

Y D. Cleto Badila, un 
señor gordo que está 
bien de carnes y cree 
en la virgen milagrosa 
de la calle de Santa Fé, 
llamó la otra noche á 
su esposa y la dijo: 
— Esposa! Nuestra si. 
tuación es por demás tirante y asi no po- 
demos seguir. 

— Bueno; sentémonos. 
— Nó, no digo eso. Digo que. . . vamos 
¿qué harías tú, si de pronto te encon- 
trases quince mil pesos en el bolsillo? 

— Muchas cosas. En ])rimer lugar, te 
compraría calzoncillos porque estás mal 
de ropa blanca. 

— Pues los comprarás ! 

— ¿ Has heredado ? 

— Cá ! 

— Te han nombrado vista de aduana? 

— Tampoco! 

— Pues entonces. . . . 

. — Adivina! 

— No atino .... 

— He resue 1 1 o 

hacer una lotería. 

—Tú! 

— Si; rifaremes 
aquella estatua 
que me regaló 
a(juel carnicero 
cuando yo era con- 
c jal y le permití 
vender carne de 
caballo. 

— M e alegro 
porque la figura 
aquella es muy li- 
bre y tú te la mi- 
ras mucho. 

— Miradas artísticas. Pues bien, emi- 
tiré cinco mil billetes á tres pesos, y ne- 
gocio redondo. 

Eres un gran hombre. 

— Lo ves? 

— Qué cabeza la tuya ! 

—Déjala en paz. Ahora hagamos la 
circular. 

«Gran rifa! Una obra de arte original 
•de Rubens. ...» 




¿u^ 



— Rubens era escultor ? 
— Creo que sí 

« Solamente tres pesos el billete. Apro- 
vechen la oportunidad.» 

A este paso sortearemos poco á poco 
todo lo inútil que tengamos en casa, y 
Buenos Aires parecerá un inmenso cam- 
balache. 

Poco á poco se rifarán muebles, útiles, 
baterías de cocina y si tanto nos apuran 
no faltará padre que anunciará el sorteo 
de algún hijo de estos que sobran cuando 
no hay con qué mantenerlos. 

Y tal vez llegaremos á rifar diputados, 
ministros, etc. . . . 

/,Qué cara pondría el que se sacase á 
Levalle, por ejemplo? 

¡ Le habría tocado el gordo.' 




-^Í]r«- 



EL DESPERTAR 



(SONETO CLASICO) 
Despiértase la aurora bostezando 

Y acuéstase el nioclmelo calavera 
Que ha pasado la noche en la pradera 
A su tierna mochuela enamorando. 

Yo también me despierlo recordando 
Que hoy me vendrá a cobrar la lavandera 

Y temo que se ponga hecha una fiera 
-Al ver que cobrará Dios sabe cuándo. 

Despiértase la niña que en ellecho 
Sueña en placeré.^ aún desconocidos 
Cazando un afaniptero en su pecho. 

Y despiértase el burro fementido 
Deseando la alfalfa y el afrecho. 
¡Cual tantos burros que en el mundo han 

(sido! 

Pedro Sánchez. 



'■♦ mm ^ % 



Medicina por Teléfono 



^^-^L teléfono es uno de los inventos 
más admirables del siglo, que cada día nos 
proporciona una nueva sorpresa. 



"/•*» * s*> 



■^Kíi^^PS^s:,:^»-'' 



..^•^■S^; 






i-'S 



^ii\:kéÓíA 



i.i.J'..A M 




A«ri 



^3 




s: 




En este mundo tríiidor 
nada es verdad ni mentira 




'^T^^^^T^^'" ->w*s'i-i-'T^ ■ías'í 



EL GA^C^BEL 



149 







todo es S3giin el color 
del cristal con que se mira.» 




^:<.^'i^:i-- 



150 



EL CASCABEL 



Las primeras aplicaciones del aparato 
causaron universal asombro, y eso que 
no fueron más que los preludios de las que 
más tarde iba á tener. 

La última que ha llegado á nuestro cono- 
cimiento, tiene relación con la ciencia de 
Hipócrates. 

En Chicago ( perdonen ustedes, pero asi 
se ^llama) ha tenido lugar recientemente 
una consulta médica telefónica. 

Tratábase de un niño atacado de tos fe- 
rina, cuyos padres (los del niño, por que 
los progenitores del crup son desconoci- 
dos) vivían en una localidad distante trein- 
ta leguas de Chi etc. 

Se pidió comunicación por teléfono con 
el Dr. X , especialista en dicha enfer- 
medad, y establecida aquella y previas las 
indicaciones del caso, el médico ordena 
que tosa el niño junto al aparato, y escu- 
cha. 

— Perfectamente, dice; es la tos carac- 
terística. 

Y dicta la recela y el plan ú que debe so- 
meterse el enfermito. 

¿Hay cosa más sencilla ni más expedi- 
tiva? 

Esto es ya un punto de partida que puede 
ser fecundo en consecuencias. 

La medicina por teléfono puede evitar 
muchos inconvenientes, simplificar, mu- 
chos casos y ponernos siempre el médico 
al alcance de la boca. 

El facultativo, desde su consultorio, po- 
dría informarse del estado de los enfermos, 
recetar y ahorrarse el coche. 

Por ejemplo: 

Tilín... liün... rilinlinlin. . .. 

Suena la campanilla del teléfono. 

— ¡Hola!... 

— Señor. 

— Hable. 

— ¿Es Vd.el doctor Z?... 

— Si señor. 

— Yo soy un enfermo. 

— Me alegro. 

— ¿Cómo? 

— Que celebro que acuda á tiempo á con- 
sultarme. ¿Qué le duele? 

— El pecho. 

— ¿Tose usted ? 

— Mucho. 

— ¿ Arranca bien ? 

— • Como para arrancarme estoy! 

— Quiero decir que si especlora. 

— Si, señor. 

— Bueno. Coloque Vd. el tubo sobre el 
pulmón derecho y respire fuerte. 



Momento de pausa. 

— Cuente usted hasta cincuenta. 

— Una... dos... tres... 

— Basta. Padece Vd. una pleuresía agu- 
da. Escriba la receta que voy á dictarle. 

Y queda hecha la visita sin que el mé- 
dico haya tenido que molestarse en salir 
de su casa. 

Lo que seria más difícil es que el galena 
pudiera cobrar sus honorarios por telé- 
fono. 

Nada hay tan molesto para un médico 
como levantarse por la noche de su lecho, 
sobre todo durante el invierno, para ir á 
visitar á un enfermo que reclama los ser- 
vicios de aquél, esponiéndole á que luego 
él necesite los de cualquiera de sus cole- 
gas. 

Pues bien, merced á esta aplicación del 
teléfono, queda obviado el i i conveniente 
con suma satisfacción de ambas parles. 

Sin necesidad de moverse de la cama, 
siempre que el aparato esté al alcance de 
la mano, el facultativo puede prestar in- 
mediato auxilio al paciente. 

Suena el timbre, el galeno se despierta, 
toma los tubos y pregunta. 

-¿Qué hay?" 

— ¿El doctor J?.. . 

— Servidor. Quién es Vd.? 

— Doña Dolores Roquete. 

— ¡ Ah ! . . . Buenas noches, señora. ¿Qué 
hay? 

— Padezco horriblemente ... ¡ Ay ! . . . 

— Qué la duele? 

— El vientre. 

— ¿De cuánto tiempo est.i Vd. ?. . 

— ¿Enferma? 

— ¿Nó...es decir, sí; de... vamos ya 
me enliende Vd. 

— Pero doctor, si si.»y la viuda de Garra- 
pata. 

— Señora, eso no es inconveniente. 

— ¡ Caballero ! 

— Vamos, vamos, hable de una vez. 

— Pues esta noche . . . . ¡ ay ! . . . 

— El qué hay? 

— Nada, es que me quejo. Esta noche; 
he cenado ¡ay!... chancho. 

— Señora, no insulte ó dejo los tubos. 

— Digo que he cenado costillas de chan- 
cho, tal vez me he escedido un poco, y 

— Vamos, si, y ahora sufre Vd. una in- 
digestión. Bueno, no se apure. Voy á rece- 
tarle, escriba. 

Y el médico dicta la prescripción, cuelga 
los tubos, se arropa y conlinúa su inter- 
rumpido sueño. 



.''5T'--'36?^S 



EL CASBABEI. 



151 



Decididamente, la medicina telefónica 
seria una gran cosa. 

-¡ Quién sabe si andando, el tiempo po- 
dríamos desde América, consultar con las 
notabilidades médicas europeas! 

Adolfo Poleró Escantilla. 



REMEDIO SEGURO 



—¡No se encuentra V. bien? 

— Nó, me parece 
que vá á darnae un vahído. — 
y la niña de pronto palidece 
y cae en una silla, sin sentido. 
Amigos y parientes la rodean 
y mil medios emplean 
para que vuelva en sí: le dan fricciones 
en las sienes y frente, 
y una dama la afloja prontamente 
el corsé, con debidas precauciones, 
para que el elemento masculino 
no sienta algún deseo clandestino. 
La obligan cá aspirar sales y esencias, 
la gente no reposa 
y al cabo, tras de tantas experiencias, 

vuelve en si, fatigada y ojerosa 

y la escena narrada anteriormente 
se suele repetir diariamente. 

II 

Cierto día la niña me explicaba 

lo mucho que sufría, 

pues remedio no hallaba 

á aquella excitación en que vivía. 

—Creo ver un fantasma que me acecha 

y me prepara entre las sombras lazos 

y caigo al fin en ellos, y me estrecha 

con un horrible esfuerzo entre sus brazos. 

—¿El fantasma la abraza? 

^ —Y me anonada 

—Pues está V. salvada. 

— ¿Es posible? 

—¿No sabe V. que un clavo 
saca oli'o clavo? 

—¡Claro! eso he oído. 
—Pues, aunque de inventarlo no me alabo 
me hallo á ejercer de clavo decidido. 
Si tan sólo un abrazo, en sus quimeras, 
es causa de sus males 
la doy yo dos abrazos materiales, 
dos abí-azos de veras, 
y ¡e prometo á V. que de este modo 
se a'iviará del todo. 

Probó la niña concienzudamente 

y no ha vuelto á tener otro accidente. 

III 

Si á lin de que se alivie alguna amiga 



ustedes se valiesen de este medio, 

les aconsejo tacto, no se diga 

que peor aún que el ma! es el remedio. 

L. G. 



GRACIAS 



V^^uiÉN dice no tener gracias? 
Nadie. 

Y estoes lo gracioso', ¡cuan pocos las 
tienen ! 

Hay niñas, que tienen unas gracias, ca- 
paces de volver desgraciados á los hom- 
bres más dichosos. 

Un chiste ODortuno, y dicho con gracia,, 
acusa discreción é inteligencia. 

Agradecemos un servicio, dando las gra- 
cias. 

Con millones de gracias, pagamos mu- 
chas deudas, aunque sean éstas de poca 
importancia. 

Hay quien emitió más millones de gra- 
cias, que de pesos nuestro Banco Nacio- 
nal. 

Nota (sin contar las emisiones clandes- 
tinas.) 

Cuesta tan poco el darle curso! 

Aunque á veces, sea este forzoso. 

— Señor, se ha muerto la suegra de Vd. 

— Gracias. 

Y á secas. 

Momentos antes hubiera dado mil pesos 
á quien hubiese muerto á su mamá poli- 
tica. 

Presenta su renuncia un alto funciona- 
rio, y el primer mandatario del Estado, de- 
creta, al aceptarla. . . « dénsele las gracias 
porlos importantes servicios prestados»... 

Al contrario. 

— Albricias, amigo ¡ Vd, es hombre rico ; 
deje que le abraze ! 

— Pero hombre . . . 

— El billete de lotería que le vendí, resul- 
tó premiado con la grande. 

— Gracias á Dios ! 

Y el billetero?... 

Muchas veces se dan las gracias, para 
arrepentirse poco después de haberlas dado. 

— Venga, mi amigo. Vamos á comer al 
hotel. 

— Nó, gracias ; debo ir á casa : otro mo- 
mento será. Adiós. 

Y vá á casa. 

— Mamá ha salido.. . 

— ¿A estas horas? 





1 —V.'va li grappd... e qui trahaque.i los q}ie xirechisen. 2—Ah! qué liado inayuuia? .. ¡guevi 
paz de cargarse al arzobispo y á Levalie con una mano. l—¿Lí¿sln(, marchantaJ 8— ün difund 
12— Ya lo ven VV. 18— feoñando coa los carbonarios y los perros. 14— Efectos de la competencia, ¡tn 



_: :.:ú-A,.:...^¿. 



^K# 



4. 









8— El Gran Elector... íin de siglo. 4— Mú-i ;a clásica á dos centavos, r.— Cliente de! Dr. Várela. C— Ca- 
las luces. ü-SonHa... ¡cilalaJ.. ¡cidor ita'... lú—Botícha vasa... ¡lolilhro:... n—¡Prapapa!! ... 
ezl ló—¡Tache3(ro'... \y>—;Pejer¿y fresjuita y corhina fresco!. . 



154 



KL CASCABEL 



— ...Y dejó dicho que el fuego está en- 
cendido, si quieres liacer el asado. 

¡•••••••I 

Otras veces se dan las gracias muy ex- 
presivas: tal como suena. 

— Venga esta noche, que habrá fiesta y 
baile. Vd sabe que las muchachas. . . . 

— i Oh, si ! Doy á Vd. las más expresivas 
gracias, y — ¡ahi viene mi tramway... 
A los pies de Vd. señora 1 

La gracia, es causa de muchos sinsa- 
bores. 

— Su gracia de Vd ? 

— ¡ Ninguna ! 

Entre el amo y la sirvienta. 

— Si me das un beso te vuelvo dos. 

— ¡ Qué gracia ! 

Una escena callejera. 

— Que te vaya bien. (Asi revientes). 

— Gracias. Igualmente. 
Una escena casera. 

— Ramona, ¿vas al sótano? 

— Si, á sacar vino. 

— ¿Quieres que te acompañe? 

— Nó. j Gracias ! 

¡ Cuánta gracia de Dios se halla espar- 
cida en esta ciudad ! 

Esto sin contar la que exiben, espenden 
ó espanden en los teatros por secciones, 
los reflejos de las estrellas de Andalucía. 

«Ay quó gracia tenemos» etc. (Música 
De Madrid á París.) 

A unos les cae en gracia una niña, ni 
más ni menos que un objeto cualquiera de 
las manos. 

Y otros caen de la gracia de una niña 
como pudieran caer de un quinto piso. 

Con lo que bastaria para hacer de un su- 
jeto una reverenda tortilla. 
. — Y Vd., que de tantas gracias habla— es- 
clamará algún lector, — ¿cree acaso ser 
gracioso? 

— ¡Señor... 

— Pues sepa que es un tonto. 

— ¡ Gracias ! 

Armando Flores. 



POR PAVOR!... 



Felisa, tengo observado, 
tengo observado, Felisa, 
que siempre que estoy sentado 
cerca de usted, ó á su lado, 
con insistencia me pisa. 
Y eso, hablando francamente, 
á la par que me encocora 
y me fastidia atrozmente 



no lo encuentro procedente 

j no señora! j no señora! 

Pues si al fin lo ven dirán, 

(y evitar esto es preciso) 

que mis pies buscando van " 

á los de usté, y pensarán 

que yo soy el que la piso. 

Y si la malicia artera 
juzga la ocasión propicia 
para mostrarse severa. . . . 
verá usted de qué manera 
me tratará la malicia! 
Nada, nada, es conveniente 
que deje usted su manía, 
pues todo bicho viviente 
me juzgará cruelmente 

si se entera, amiga mía. 

Y seria triste, que 
después -^ue tanto he sufrido 
los pisotones de usté, 

me pegase un puntapié 
algún pariente ofendido. 

A. Liininiana. 




REFLEXIÓN 




El carnaval tiene para mi una ventaja, y es 
que cuando salgo á la calle nadie sabe sí real- 
mente soy un atorrante ó un banquero disfra- 
zado. 



EL CASCABEL 



155 



POR EL HILO... 



Me ha riuedado como herencia, 
de un amigo que apreciaba, 
la caja en que éste guardaba 
toda su correspondencia. 
Para que debidamente 
tenga una idea el lector 
de su coleccionador, 
entresaco lo siguiente: 

Caballero: felicito 
á V. por su poesía. 
¡Qué tierna melancolía 
rebosa todo el escrito! 
Se nota en su alma de usté 
dulce esperanza por tema, 
que son de su vida lema 
<da patria, el amor, la fé>. 
Usté es digno del leal 
aplauso de todo el mundo; 
japlauso pues al profundo 
escritor espiritual! 



Muy señor mío: remito 
á V. su composición, 
por una equivocación 
me habrá enviado ese escrito, 
pues no creo ciertamente 
llegase V. á pensar 
que íbamos á publicar 
escrito tan indecente... 



Mi protector: La verdad 
que no llego á comprender 
su admirable proceder, 
su gran generosidad. 
Por una perrita inglesa 
que de lo vulgar no sale 
me dá V. lo que no vale, 
me dá más plata que pesa. 



Sr. D... Es singular 
lo que con V. me pasa; 
voy con la cuenta á su casa 
y nunca le puedo hallar. 
Que el pa'^o conozco, alaban 
en mí, y hace más de un año 
que veo es V. del paño... 
del paño de los que clavan. 



Caballero: .su venida 
fué anoche tan oportuna 
que ha salvado por fortuna 
mi pudor, mi honra, mi vida. 
Hacía más de una hora 
que aquél canalla luchaba 
por ver si pisoteaba 
el honor de una señora. 
Y la llegada de usté 
con su proceder valiente 
hizo huir al imprudente 
¡oh, nunca lo olvidaré! 



Sr. D... Ha terminado 
cuanto entre ambos haya habido 
¡jamás hubiera creído 
fuese V. tan degradado! 
Dijo V, que deseaba 
con empe'w, le quisiese 
y en tanto ¡quién lo dijese! 
Mis alhajas empe'Hiha... 



¡Es V. el campeón 
de la libertad perdida! 
¡Demostró usté en la batida 
tener pecho de león! 
Admita, pues, indulgente 
esta sencilla medalla 
en la que el recuerdo se halla 
de su conducta valiente. 



El bofetón que ayer tarde 
le di á V. se lo ha guardado 
y á batirse se ha negado 
y se esconde V. ¡cobarde! 
Pues ya sabe usté lo dura , 
que mi mano suele ser 
y en cuanto le logre ver 
¡le dejo sin dentadura! 

A quien tenga competencia 
en ello, voy á buscar 
¡á ver qué puede sacar 
de tanta correspondencia! 
Porque si ella es testimonio 
del carácter de su dueño, 
yo desisto del empeño, 
¡que lo averigüe el demonio! 

Luis Gaveta. 



I5&- 



W/€ASCA.nEL 



HISTORIA PEDESTR 




Tranquila y feliz se hallaba 
cuando joven, é inocente 
vivía tan ricamente 
con los zuecos que calzab,a. 

Cambiando de posición 
de rico raso calzada, 
fué por todos aclamada 
por su pié á la perdición. 



Hoy transita con trabajo 
por que el calzado cruel, 
ó encima no tiene piel, 
ó está sin suela debajo. 

Resultando en puridad 
que el calzado, por fortuna, 
nos ha dado pié para una 
lección de moralidad. 




. A estas horas estamos arrepentidos de 
haber dado al público el núnaero pasado. 

Diganaoá «lo pasado.... pasado» é im- 
ploremos indulgencia del benévolo público 
que no dudamos nos habrá perdonado 
aquellos borrones de tinta que debían ser 
nítidas láminas. 

Agradecemos las múlt pies quejas que 
hemos recibido por carta y de palabra. 

Esto prueba que inspiramos un poco de 
interés al público. 

Pero no podemos dejar pasar sin pro- 
testa cierta clase de acusaciones gratuitas 
é infundadas. 

Y quenos entiendan los que nos han ad- 
vertido, pues si digéramos más entraría- 
mos en un terreno por demás escabroso. 



Señorita Luisa Tomás: 

Teatro de la Comedia. 

Señorita : No nos guarde Yd. rencor por 
la caricatura aparecida en el número pa- 
sado. 

Es usted bonita en realidad y resultó 
fea en caricatura. 



La mayor satisfacción para Vd débese 
esta. 

Todos los que vieron aquel borrón de 
tinta dijeron á una : 

— Qué barbaridad ! La Tomás es más 
bonita ¡esta desconocida!.... 

Y tenían sobrada razón. 

No nos queda más remedio que entonar 
un líiiea culpa y esperar la absolución 
de Vd. — Vale. 



Ahora resulta que en pleno siglo XIX, 
como quien dice, se ha presentado una 
virgen milagrosa y ha hecho varias curas 
portentosas. 

Que la manden al ministerio de Ha- 
cienda ! 

A ver si hace un milagro, y arregla la 
situación financiera. 

Que no la arreglará. . . . ! 



Levalle quiere hacer maniobras crio- 
llas. 

Esta frase ha sido muy celebrada, se- 
gún La Nación. 

Eso, eso; vengan maniobras criollas, y 
que rabien los estratégicos de todo el 
urbe. 

Suponemos que siendo criollas las ma- 
niobras no faltará el asado con cuero, y 
algún herido. 

Ah...! Y tal vez habrá ocasión de usar 
el facón para tomar trincheras. 

Más criollo que el facón ! . . . 



EL CASCABEL 



15; 



No olviden la fresa, digo, la frase: ma- 
niobras criollas. 



Nada menos que tres inspectores nos 
pidieron el boleto en el tramway de Bel- 
grano, en un trayecto de doce cuadras. 

¡ Ni la langosta ! 

Por supuesto; todo es para evitar mo- 
lestias al público. 

¿Para qué sirven los terremotos?.... 



Tomemos ejemplo de los indios de los 
Lagos. 
Y meditemos. 



— Me han dichoque el oro bajo. 

— Si,eh? 

— Si, señor. 

— Pues falta que baje más. Aún no está 
al alcance de mis manos. 



En Mar del Plata se ha celebrado una 
corrida de toros. 

El hecho ha levantado grandes protes- 
tas. 

Y es extraño, por que hasta en París se 
dan corridas, y es sabido que todo lo que 
nos viene de París es aceptado sin discu- 
sión. 

Tal vez resulte que ahora pensamos en 
argentino, sin necesidad de traducir del 
francés. 

¡ Dios sea loado! 



El beneficio de Campos estuvo muy 
bueno. 

Apesar del mal tiempo, no escaseó con- 
currencia, lo que equivale á decir que no 
escasearon los pesos. . 



Suponemos que nuestros lectores esta- 
rán preocupadísimos con lo de la herencia 
de los mellizos, que se discute en la pesca 
de Argos. 

Hechos de tal naturaleza requieren que 
todos los matemáticos den su opinión. 

Dios mío!... Será cierto que sólo le to- 
carían dos mil y pico de francos á cada me- 
llizo? 

Salgamos pronto de dudas. 



Con tanto como se ha hablado 
de mucamas prodigiosas 
que en vírgenes prodigiosas 
por ensalmo se han formado, 
hay alguien que da á los cielos 
con fé gracias reiteradas, 
al ver que hay aquí tiradas 
las vírgenes por Jos suelos. 



Otra noticia teatral. 

Ha llegado á esta ciudad la Señorita 
Mercedes Arandz, que á eslar á lo que di- 
cen personas que la han visto trabajar es, 
además de artista de mérito, mujer bella, 
simpática y que por fuerza ha de dar vida 
al teatro Apolo, próximo á inaugurarse. 

Así sea. 



Telegrama del 6. — «Comunican de La- 
gos, en el África Occidental, que los indí- 
genos, en gran número, conspiran para 
impedir el tráfico inglés. » 

En cambio, nosotros, estamos hasta aquí 
(el cuello) de ingleses. 



La Virgen Milagrosa se proporcionó una 
lata de aceite para indicar que quería ver 
siempre encendida una lamparíta que la 
alumbrase. 

Vigren en estos tiempos, y lata de aceite? 

Vamos, que nos quieren dar la lata. 

Eso es todo. 



Cerca de Patagones 
salieron dos partidas de ladrones 
y á un señor que encontraron 
todo lo que llevaba le quitaron. 
Así que le han robado, según eso, 
y por pa?Hida doble ¡ es un progreso ! 



Un gran éxito se augura 
al recibo que da hoy 
la elegantísima pura. 
— Pero lo que es hoy no voy 
á una soirée con factura. 



Al cerrar las formas de El Cascabel, 
horas más ó menos, se estará celebrando 
el beneficio de la Sra. Sacanelles, de la 
Comedia. 

Suponemos que la señora citada repor- 
tará buenos beneficios, los que, unidos á 



.^ -»;>» V -!{«,. •• f'^'^.-.^^^X >ss!TOC 



-",ES. 



EL CASCABEL 



h,- 



los que la Providencia le ha otorgado en el 
físico, harán de ella (no la Providencia, 
eh?) una mujer beneficiada en el sentido 
más lato (he dicho lato) de la frase, 

EN EL TEATRO 




Efectos de la 27.25f> representación De Ma- 
drid á París. 

correspondeñcFa 

Niño.— Que V. no es un niño, y que es muy hom- 
bre? Bueno, concedido. Pero si por cada composición 
que rechazo tuviese que pelen rme con los interesa- 
dos, ¡bonito tendría el cuerpo ít estas horas!... 

K. Tutu.— Culpa, mia no fué, etc — Agradezco el 
aviso. 

Susto.— Si no recuerdo mal, le contesté á V. que 
no servia. 
Tinaja— ^0 me parece mal. Veremos. 
Cayido7nbero .—Vov ser de un candombero la pu- 
blico. 

« Puras alegrías de Carnaval 
dias de farra y íarsa : 
Es mejor una comparsa 
de negros, que no nace mal ». 



Y ahora, que el pueblo se amotine y acabe con to- 
dos los candomberos. Amén. 

Crí'ííro.— Está V. equivocado. N'o soy mitrista, pero 
Mitre como traductor, y el Dante, que dice V., son 
lugares comunes : créaíne v., se ha abusado dema- 
siado V la cosa no tien gracia alguna. 

Cunwí/or —Perfectamente: pero V. sigue contando 
mal las silabas, porque 

" — y alti en su seno palpitante » . . . 
no tiene nueve como supone V. equivocadamente. 

Curioso. — Hombre...! Eslas consullas las hace V. 
á .\r(jijs y luego nos reiremos todos de V. y de Argos 
y hasta de la ocurrencia, que no es mala por cierto. 

r^/jo.— Usted debe siM' cabo de.... vela ó ciri©, 
porque sus «I^uces» alumbran muy poco, poquísimo. 

L. .1/.— Es un reproche injusto "que me tiene sin 
cuidado. 

P. P/<o.— Usted ha leído eso y no sabe cuándo. Le 
alabo la memoria, pero i cosa rñ ra ! hoy no estoy tan 
de niemoriado como de costumbre y recuerdo hasta 
el nombre del autor. ¡Pillin! ^ 

Colita. Si no manda V. la firma no haremos nada. 

Tuno.— ídem, idem, aunque retocando un poco el 
final. 

P. de C. J/.— Son cojos todos. ¿Entien 'e V? 

Pantalenn .—Yldi\3ríi. sido olvido involuntario, pero 
olvido al íin. 

Cazador.— \i\ce V: 

« Tengo un peiTO perdiguero 
al que sólo le falta hablar». 

Si, y escribir poesías.... ¿verdad? 

Cupido. - Crea V. que á mi, y á todos los lectores 
de El Cascaiíkl, les tiene muy sin cuiaado lo que ha 
hecho Amalia : por lo tanto, no hablemos más del 
asunto. 

Hsladisla.— Tiene un defecto. Se parece á otra pu- 
blicada ya. 

P. n. r. -Me gusta, pero ¿y la firma? para 

cuándo es la firma, señor P. II. f. 

Láncela.— 'So corta ni pincha, francamente. 

Cascabelín. — «Un articulin malin 
señor de Cascabelin ». 

Suscrilor.—'>e le manda puntualisimamente. Si se 
reüe e V. al número pasado, es cierto, pero también 
lo es que salió con retraso. 

.4?'//A'/fl.— Falta saber si es un artista ó un despe- 
chado, el que me escribe. 

Turco. — Eres turco y no te creo...! 

A'.— No es mala la composición, pero es tan seria! 
.... Porqué no evoluciona V., y escribe algo festivo. 

A. de A. — En « Las Ilusiones»" hay algo que me im- 
pide public irlas, aún que la cosa en sí es muy' acep- 
table. 

r»?\'A'<í<í.— Cuestión de apreciaciones..., La carta 
llegó a tiempo, pero sola. 

Segundo.— Eran mejores las anteriores. 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



~7r 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g 1.50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente , ... » 0.10 

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SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 
«Í6t-ASaSlirA-Í©@ (ALTOS) 



EL CASCABEL 



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COMPAÑÍA 

TRASATLÁNTICA ESPAÑOLA 

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Subvencionados por el Gobierno Español 

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Las salidas de este puerto serán el 2 de cada mes 
para Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Barcelona y Mar- 
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Aflol Baenos Aires, Marzo 16 de 1892 Nüm. II 



»im > ",. ' «I" ' •."n iiiii' iiiii i | iiii mj fiiiií nni i niiin i " ~ ' ■iiii i n ii'' I ' j ' . ii'i " i' . i'" . ' i ' i ' . i i '" i r i ' 



mmm 






Editor propietario: FRANCISCO FERRÉS 



Redacción y Administración: ALSINA 489 (altos) 

HORAS DE OFICINA DE 2 Á 5 P. M. 

Precio en la ciudad. . . $ 0.10 el número 
11 uera de la ciudad... »o.20 id 

Fotograbados de Coll 



SKMANATíIO FESTIVO IT J'STIíADO 



Director: ENRIQUE COLL 



ESTANISLAO S. ZEBALLOS 




Ministro y ox-director 
y estanciero y escritor 
laborioso si los hay. 
(Está escribiendo al vapor 
la Hiíítoria del Pa ragnay). 



162 



Ei^ieAseABííi 



.ñSfíO US B OítiVo!! o! ftlJi 




Únicamente erfriqiU)ódia hacer desalo- 
jar las posiciones veraniegas que nu^estro 
munáo elegante eligió pata pasar la época 
de los calores. 

Ahora es una delicia. 

Va uno por la a^te<^ á eada Itiomento 
so vé obligado á interrogar: 

lias ninas? 

— Las mismas. 

— Parecen más tostaditas. 
—Efecto^ del so^I y Isis bfisas d,ej,, At- 

tóntico. .....,.;>.>__...:,,;., ■,;-.■, ¡(V. '■:.■ 

— Qué saladitas son! i<f.7<(y<ii ' h^y.' :■. c 
—Las brisas?- " ' " -' •'•''•'^'I •■'' •''' ' ■'■ 
— Nó; las de Rebujen. ^'' ,' '. : 

— Se comprende: ¡con tanto baño de 
mar! ,;,, ,.u" ;•■,-■. 

— Es ciei*tO";' ;'-> ■ ■■■\ 

También henrtós tenido él gusto de sa- 
ludar a los apreciables, jóvents Sánchez, 
L(^pez, Pérez y toda una falange de liones, 
que diría el cronista social de Él Diario^ 
que han sido el encanto de la pl*ya y se 
han hecho notar por lá belleza de sus 
formas, y el corte de sus saquitos claros. 

El color chocolate domi^íi,. 

No en los sacos. •■ ;- 

En los rostros. '' ' ' '■ ' ' ' 

Y el que quiera pasar por persona de 
tono, tiene que presentar al público su faz 
morena como queriendo decir: ' 

— He estado en Mar del Plata; ráe he 
mojado en las mismas aguas que a^itíi»- 
ron Pellegrini y Roca, y el intrépido ofi- 
Gi;i.l de marina Mattsilla. ' ' 

Y lo^ que conservamos pálido el rostro, 
:ios n\ordemos los puños de envidia y te- 
nemos ganas lie curarnos al humo, como 
un tasajo cualquiera, á fin de no sufrir 
sofocones como el que nos dio el otro día 



nhaseálora modesiav' madre de lina bina 
qjkfeííCosie páoti^tones-tpara la milicia ▼; que 
no nos mira con maloR©j«s. y ;*> . , í , 



>h-.n.K\ b'i ■{ ynC'-tie: i>l 



i ■ I J £ 



.on-:< • -ij:;: 






:-mm 



Ai: '.!;(#V'.3 

■■••?•; I» ü ni;: 




M ^h úi,\:\V. 




¡La niña, se entiende. 

Y cómo ha de mirarnos de otro modo, si 
tiene un par de ojos que parecen onzas..? 

Pues sí; la señora nos encontró y nos 
dijo de buenas á primeras: 

— ¿Es posible que no haya V. salido al 
campo? 

-•■' — Señor.t, no me ; riña V., no me fué 
posible . .:'• r-.- !.,■ íM^cjV;-:-; <<■^; m : . -- 

— Bien se le conoce. Su cara indica que 
ha pasado el verano en Buenos Aires. 
Qué mal color... 

— No es extraño.. 

— Véanos á mí y á la ri^Sa',,^ 

— Ah. . . . /-■^Vc"'^'^ é 

< — Qué frescura! Bie ni' se .tío noce que la 
brisa ha azotado nuestros cw^ses. Pero 
ahora recobraremos el^lanc 
fuera: dentro de unos 
gante el color oscuro 

—Lo siento por los| 
miento. 

Luego hemos sabid 
la niña costurera, habíai 
en una chacra, cerc;í á^- 

Y que para tomar color -?^e pasaban dos 
horas diarias de cara al sol^^ como ios ára- 
bes, cuando son castigatiói». .^ 

Claro, de tanto tomar el sol, resultó que 
un día el sol tomó á la madre por su cuenta 
y le inoculó un tabardillo de padre y muy 
señor mío. '■ - 

Y gracias á un domador de potros, que 
tenia ribetes de doctor, no murió la señora, 
aun que estuvo muy grave, porque el do- 





f>es. 

tura! por 
será ele- 
de naci- 

:'taÍ''^ñora, y 
a^i%saisson 

setíÜQús. . 



iX 






Éí-í'íÁeéÁBÉL 



m 






mador la marcó con hiflpro candente la 
espalda y luego le puso eníjaiadi^ de galiV 

na con aceite demanr. <» roo t-.-iun = -n c . 

Pero al fin sanó la señora y se puede 
dar tono. 

Aparte de estos ^J^U^ños lunares, el 




está regresan- 
capital, y es 
n los recibos 
■iüno el «Pericón 
ojí^ á la crema 



verdadero mund 
do á marchas 
probable que pr 
en los que ser¿- 
Nacional» que Jti 
en Mar de| Pf^ta 

Es prci^abie quÉ^í^isto d ^xtto que al- 
canzó eh;;Brl«|ol I^il el in^-épido Roquá, 
fcilbani^gíiíós '^á^fcojidositVbzos de su 
repertormi coíi^^ipual JT^^tria, debuten 
en los salones"^!? jóvQiíí'^' distinguidos 
que imitan el perro, el gallo, el asno, et(p... 
ala perfección, y qué, además, tocan, de 
oído la polka «Por ti'muero» a cuáiró ma- 



nos. 



•'¥?*;■! a 



;il> íj.í;' 



El cfiso e>s que. de broma en broma, el 
frío nos ha embromado y á estas horas 
estaremos resfriarlos un sin fin de mucha- 
chos sensibles al frío. - — 

' Éste ha 
sido aprove- 
chado por 
algunos se- 
ñores que 
están bien 
de ropa de 
abrigo, pa- 
ra darse 
tono. 

líl martes 
de la sema- 
na pasada, 
vi á un se- 
ñor con ga- 
bán de pie- 
les. 

¡Con qué 

satisfacción 

' •, . se paseaba, 

y con qué aire de superioridad miraba á 

los que pasábamos á su lado, luciendo 

trage de lanilla. 

Pero de pronto el sol apretó y el buen 
señor no tuvo más remedio que quitarse 




el abrigo y dárselo á un changador para 
que lo llevase á su casa. ^^i-. 

Justo castigo al lujo provocativo ! 

Y con qué placer vlerop ál|;^ra>s_curio- 
soi^cómo se desmlMohíLjÚJiiieJíiis&ñQt 1. . . 




I 



;,..'!■ 



--Gocemos, la decía 
no llores, sospechando que le engañas.' 
— ¡Es mi esposo! —gemía— .'i:t.c' 

Y al verla ínconsolabíe. yo sentía - '^ •' ■ — 
el frió de un puñal en las entrañas. i~_ 
— No creas que el amor es un pecado, - 
esas ideas viejas , " ' 

que sólo pertenecen al pásrtáó '" 

son ridiculas hoy, cesa en tus quejas, ^' " 

piensa solo en gozar; no en que has gozado. 

Nacimos para amar, y las, mujeres ,, j 

en su inconstante giro 

han de pasar su vida en los placeres. 

su esencia está entre un beso y un suspiro. 

Y el necio que intentase 

egoísta gozar, solo de ellas, .,'?-... i; 
igual es que anhelase , .., - •. ,; . 

encerrar en un frasco las esireílas. — 

El llanto se enjugó, con sus caricias' 
el mundo relegamos al oMdo. 
y del amor gozando'las delicias • '/ 

ya no hie volvió á !^a!)!ar de su marido. ; 

- - ■■- ■■ ■- -'TT^ ' ■ ■ . ■ 

¿Porqué llora y se aflige .. . . 

mi alma, por la pena acongojada? , : 

Yo mismo se lo dije: 

Satisfecho el placer, no queda nada. ' '■ ' 
¡Y sin embargo, febriciente, clamo. '" 
atado de los celos en el potro. ■, . ¡ 
al ver que la que aún amo 
cuál conmigo gozó, goza con otro! 

Adolfo S. de los Ii^6%* ■ 



m 



^SfSm^^h 




?^-^¿:eI'v#pBa que 

' X'^l' CoHtiué. p 

J verM dilnno. 
K« .y Presentad 

^'>.i v;n Ksto es 



men 
Si tu\^íese qiie elegir 
( Cobráííop de un ba 

hermosos biüetes que 

presentan diéZ: veinte. 
No dígo^nada de, 
DigcJ^Y con q^éi 

clases de 7>í¿rs-"í^iie tefeg' 
No pifdieiiáé^-sen','fiobra'_. 
Hasta, mfe conformaría q 
Y entófi^gsi,, lea daría esta 
Con - íp '^^ñat- ;Uste^é^ jn^^^o 
Solo liert^ un ijpébjpkvenieat 

Pues^ttJB coino cofi'eJ roce á^ 
quirir algun;^.n?6néda o papejqijpi 




v^j^o grácio- 
-déspués del 




íJ^KíKriáda 'absoluta - 



gfírlái.íi 
e'gpetgt y cari 

empd ^■g^-^o'^* 

I ' //' '"^ "^x . \'<^. 

v: /quiero ser cobrá-ddtr. ••'V 
ué; Dasjasen por naisy; manos esos 
H6ca, /Juárez, Mo^ifó, y';qií,e re- 

Visia les conuco.; v , 
esxerlinas.yártíb'nsinás, v otras 
i^ol ^'- /-i - ., ^ 
uaJLíjuiejr omcpaf fe. . 1 

ád©r/ "\ . '.'ir: ^f' 

f sfegmr«e,jiice^-pu«d«^íi .cobrador ad- 



i^ 



de bue- 



nas 



Vamos, qu^pufisfo'U ^fcfar^^^^^ ál dineroiipgerfá'"^ metérselo 



j pufiSjO' a coprar^ipuede wburar! ?/^fIno 
bonitamenfe en la-í^ffeK'a y. desaé^íeof^r. ''a ,^^,|l^ . y .i| í ;\ ' - 

Lo cual no deja -decaer un4ncQni^ipentVvgi^EÍ|?e:¡ sobre todo p^^i elj&stabl-ecimiento. 

Aparte dé cobrar dlíiero,. cobr8¡mpi^ otraai^áás mas á nu^str^ picaricé. 

Ejemplo. ¿Qué- no9' pasa. si ti^tahabs á^'eiiíiiña\bonUaJTamábl^' y llena 
— cualidades? ^ ~ -. , ;; i -íÍ^íU \ 'M ■/ '^• 

Le cl3bTamos Carinx) poco á pbcgi, y áqi¿aó> el cariño ñor ,^y -sol© es cosa in- 
significantér Hps vstóos á la íxiamá, y cénio ün cpbrador| cualquiera, le pedimos 
la mano de la niña, y al ver tránsfóirmarse' poco á poco á la.¿- señora en suegra, 
le cobramos cierta prevención y á veces acabamos por cobrarle odio, mortal. 

Para acometer una empresa, primero cobramos tinimo. . :^ f .^ 
, Los usureros conjugan el verbo cobrar á la alta escuela. ;r 

Ellos no cobran ó secas. Cobran con intereses crecidos buenas sumas de dine- 
ro, y una vez éste en su poder, le cobran amor sin limites. 

kay usurero, que con tal de cobrar, es capaz de cobrar afecto á cualquiera. 

Pero hasta el afecto es interesado. 

Hoy día los cobros son dificilísimos en Buenos Aires. 

Segura m u^ ¿rar roe Vh>6 pa^^» lo aOn r*üph^:>pás;Gr Ti' T TT / ' 
En las oE3Síi5sls# ¿obofce elMla de» cobpbApojy-lo rís«€WE>á.wf«e^-e*tóVi los em- 
pleados. 

A escepción de los que han vendido á un negociante de sueldos el haber 
del mes. ; . !::'.í,í- * 

Queréis que un batallón de empleados se mueva como un solo hombre? 
Gritad ¡á cobrar! 
Y veréis qué prisa tienen todos. 

El otro día un sastre que pasa las de Caín por cobrar una cuenta, y que 
apesar de los disgustos que ella le ocasiona lodo lo poetiza, me encontró en la 
calle y me dijo, parodiando á Becquer. ' ^ ' -- '->■ 

■^«Hoy'lá tierra y los cielos me sonríen. ' ( r - ";• , li 
Hoy llega al fondo de mi alma el sol... - :.-, ■ - 

La cuenta i La dichosa cuenta me han pagado! ,. , .; :, -; , 
Hoy creo en Dios.» , , ,. .... ' ? ., 

Lo cual demuestra que el cobrar inspira mucho. ,,i ^ _ / ,.^^ 

Ya comprenderán Ustedes que yo no he cobrado. ' 1 '1 1 a > , _'n 

'' Andrés Soler, 



^■'■'.'■mA':.^- ■ 



Ffrí^bAStíÁBrit] 



ié 



WÉmn 



m. 



) 



,, r'y^y^é 




— Se acabaron los buenos ratos que pasábamos ocultos en el bosque... ' ' '"■' ' ' ' 

— No importa; en Buenos Aires hay cortinajes más espesos y discretos que er más espeso 
bosque. 



opi3;íi ecn j^m cxxxtM. 



'..!}< -;■>! 



(Fragmentos de un Drama) 



Personajes: una dama, 
Coriolano, amigo infiel; 
Eusebito, niño, es el • . 
protagonista del drama. 
Lúculo, que es un tirano 
que siempre acude á deshora, 
regañando á su señora "' ' 
y sentándole la mano. 
El amigo y misia Elena 
quieren huir del esposo, 
y á Eusebito un espantoso 
proyecto el alma envenena. 
Un tenue rayo de luna 



alumbra, á los dos .infieles, 
^.: .y estrujando unos papeles 
• ... acecha er niño en la cuna/ ■ 

r'v"' ESCENA PRIMERA 

Elena Ya preparé la balija. ' 
" Puse dentro el polisón, 

mas tengo una comezón 
'_■ ' .¡ cual si con papel de lija , 

me frotasen un riñon. (Se pone pol 
Cor. ¡Oh, Elena, ¡Bendita tú! 
..-.-^3,.. ....¡Ansiaba ver tus cabellos, 

untiosos como los cuellos 



Y 

■'■! 
/ '■>>¡i 



r 

vos) 



160 



EL CASCABEL 



l9 Te. i 



jiol !. de los cisnes de Corfú, ^ 
de matizados desteiíos! 
.,Es mi, pecho un recipieijte 
"de gritos Y de dolores . 

que en un maelstron mrviente 
' vati desde el pecho á la méiite 
lleháhdóthe de furores. ■'•'"Pü: < 
Elena jCorieíSnót ¡Coriolainol . i i ' ¡ i i r,. 
"' ' ¡Por fin te veo en mi casa! nr. 
¡Yo no sé lo que me pasa 
i 10 n^ifíii^ejatií, siento eji, mi mano 
un corazón que me abrasa! 
fíOjR., ^, . ,|*0jcaf fríjses. raudos hechos, , 

' Hohi^'^P'^'^ ?? puerta, buenas yeguas, ^ ^ 
., ' ' {Corre por el escenario reüncháiido 
^suavemente.) 

nihgün miedo, fuertes 'pechos i' * '• >> ' > x ' i 
y entre pitos y entre heléchos \ ».m \> ,v 
caminaremos diez leguaá. >^í; ;.jíi;;j 
¡Este cinismo me abi^naal . .,!;;.> / 
ti ¡<3ue se atrevan en mis harijas í/ 
>; á combinar este cism^, 
estas niiserables larvas! 



jrnrsy .y Anta 



o Y 



EUSE, 



iUiiíitír 



¡r 



."'r. 



7 



'.'i' 



JO;-- 



ora 
.; í 



'■ ,,(iVoy,á romperles la crismáj 
E^ENA Mi dolor es infinito. ''''"' '' '' 
" A mi boca víéiie un grito '''' 
'^""^ ' que contéwei" ño podré! ' 
¡Hijo, no te olvidaré! 
¡ Ay, Eusebito, Eusebito! :■!;!_. 
Cor. Déjate de zaragatas. ■.,. , .-¡ (■__ 
Abre pronto ese balcón*r¡r ' ■ ; ...- 
EusE. Aunque sea andando ú gatas 

r,y (jSale de la cuna y se adelanta ira- 
ctindo.) 
le arrancaré el corazón' .' : '■ ' 
á este par de papanatas. 
Elena jOh, Dios, siento una amargura! 
COR. Vamos, pues, que el tiempo apura. 
'EtiENA Mas, ¿cómo de aquí salir? ... 
Cor, ¿Quién nos Jo puede impedir? .;, 
dpusK. i'Vi.yeai9S,. esia criatura! , ; _, 

pexafiNA-.,-,--}Tú! 

EusE. ' ' ¡Yo, por Satanás! '■■' ' 

Elena Vete á la cama. _ '' ' 

EusE. ¡Jamás! ■ -'" - 

Cor. Pero escü'ctíá, atiende, di, 

¿Por qué causa obras asi? í 

Eü¿E. ¡Por honrar á mis papásl 
Elena Mira que te doy azotes. 
Cor, {Que te quito, el sojiajerol . , 
EusE. Sois un par 4e naonigotes, ,, ,. ^ 

Ya os he dicho que no quiero. 
Cor. ¡Cuidado con poner motes! 
Elena Hijito, vete á acostar ' ' " 

que te puedes constipar. ' — 
EusE. Ni aunque vos fuerais mi abuela, 

y me diera la viruela, - ■ 

no os he de dejar marchar. ' i.; 
Cor. Si ni ai consejo sencillo ... 

hace caso este chiquillo. . j 

ni á las más justas razones, i 
■^''' ' ■ puede ser que á mojicones 

se amansase el picarillo. 




ena se 



■\ib 



EusE. .TeirlaileDfetía,4M.erií.écíit«, ] 

ó juro por mis pañales 

que os voy á dar un mal rato. 
Elena Si quieres evitar males 

no busques 'tres pies arl^atck^ 
EusE. ¡Qué me importa, v5tdPl';bri^s! 
Co¿. ¡Canalla! ¡Desobediehtle!' 

Te voy á rontper un ' 
EtrsE. Aún no han salido \i 
Elena Coriolano,;$ití'pru4e^^P 

Vamonos por el bnl(í<jn. 
Cor. Gran idea,,, Está iíi,u5;^bien, 

Yo primero., (5e iira)'^--~ 

^ . {Desde ahajo) ¡Varaos, ven! ( 

''■■"" arroja.) ■ 

EüsE. Se me escapan ¡maldición! 
-5tv> í De -cabeza voy también. {Se. arroja) 
(Pasa luego por la escena . , ., 
una preciosa mucama. _.^ 
la que^ da interés al drama" '" 
,. ,- con el marido de Elenas , ' 
.Se escucha tocar un pito, ' 

'y por vengar sus ultrajes, ''"' 
dan gritos los personajes''- ■'''!'• t' 
Tiá^tíí qtie llega'^EuSebit.o.) .;' . 

/''"' ESCENA FINAL ^- ' ■■• 

Elena ¿Tú me engañabas, traidor? ■ í 
Lúe. Tú me engañaste también. . 
Elena Que te engañaba, ¿con quién? 
Lúe. Bribona, con el señor. 
Cor. El pastel se ha de.scubierto. 
Atan. ¿Qué pasará en la cocina? '' 
EusE. Ya me huele á chamusquina. 
Lúe. Adiós, me voy al desierto. 
Elena Se siente un calor que abrasa. 
Cor. ¡Cielos! Me huele á quemado. 
Euse. ¡Ah! Bien mi honor he vengado 

prendiendo fuego á la casa. 
Elena ¡Socorro, estamos perdidos! r a 
Lúe. ¡Ya nos envuelven las llamas! . ; 
EusE. Yo no me ando por las ramas,,,. ,' 

cuando trato con bandidos. , . _, 
. Elena (A 6'or¿oZawo) "' 

¡Quiero morir en tus brazos! 
Cor. Pues bien; moriremos juntos. ' 

¡Qué dicha, vernos difuntos ' ' 

envueltos en tales lazos! ■ - ' ' ■ 
Lúe. {A Eusebito) n'- 

¡Sálvame, pues, Eusebito! ^ . 

Euse. ¿Y no sabes medicina? i .,- 

Lúe. ¿Y qué hacer sin glicerina? -. 
Euse. A mi se me importa un pito, , _ 
, {Se hunde el piso) ,■ .„ 

_,.^ Yo lo que escrjbo no borro 

Y veréis la prueba luego. 

¡Mirad mi firma de fuego! 
Todos ¡Perdón! ¡Socorro, socorro! 
Euse. (En las ansias de la muerte.) 

A los infames bribones 

que mancillan el hogar. -- v . -'; 
' ' se les debe castigar 

haciéndoles chicharrones, (cáfiíí^ re) 
. . \; {Arde el teatro.) 

Pedro SÁNeHEZ. 



t 



»'*'T^_^^," -f^^-^_^ 



^ - " n<,fv 7' ~ -f^ ^>^ 



"^íT-^ 



EL CASCABEL 



ig: 



-rfir 




INOGEN-GIA,. .,..:,,' 

- ' -' ^ i.:'[ ^:.i i 'Vii\ íii;;-ó . 

,, ^Á, .ignorancia es atre- 
vida. 

,J*(Qro la inocencia lo 
e^ más. 
:iiií;::¿ Tienen Vds. chii- 
quiilos? ri ' ' ' / 
• 'NO?- -"-n.."/ 
Mej 0*1^ para Vds. 

Pue^ 4 buen seguro 
qu€, alguna vez se han 
visto en serios aprietos, gracias A los an- 
gelitos. • -^ ''if ' 
i Ah, la inocencia!'"' --inroy';,]; ., 

La expontaneidadí'.Ji;'' ^ •' "■ ' ^ 
Recuerdo qiie 'cuánd'6'yo era un tierno 
inocente tenia mucha imaginación. 

Yuiuchamemoria. . ., 
. Tanto, que por qué mi venerable tio dijo 
una vez, queun tal Epifaoio Rebollo, inti- 
mo de la familia, olia mal, le dije muy 
suelto de cuerpo, un día que estaba en ca- 
sa de visita: ; :. ■ ■.,■, v, - 

— Sr. Rebollol - ''^ ' '^ .^■- --i 

— Qué hay monín.? '' ''^ ■: ^:' / 

— Pues hay que.... Vd. huele á cajón de 
basura. 



1 1 



— Mi tio lo dice. 



I i \ 



t I! 



Calculen ustedes el electo que produciría 
mi inocente réplica. 

Delante de chiquillos la conversación ha 
de ser elegida. i 

Y si nó ahí está D. Sisebuto Rebújete, 
vltima de su hijo inocéiíte, qiié un día, al 
ver entrar á un infeliz que áñhá sablazos 
á su venerable Papá, exclanió con la ma- 
yor naturalidad del mundo. ^,/^;' ' 

— Papá, Papá !.... ¿donde tiene el sable 
este señor? ,1 - 

— Donde quieres que-lo tenga siendo ciu- 
dadano de la clase civil, y pacifico por in- 
clinación natural? '•->" "' i' A • 

— Ah! yo creí que seria Soldado de 
caballería, por qtle cómo siempre dices 
que te pega sablazos.....! 

Tablean. , ''"•^': 

Pues y las niñas entrometidas que se 
dirijen ó cualquier diplomático, pongo por 
caso, y le dicen ; — 

— No pierda ustBd el tiempo en tonto, se- 
ñar Minisftpo : matná dice que es usted 
muy baboso y barrigudo, y que la casaca 



verde con galones dorados, le sienta muy 
mal. y. vamos,' f^ue parece usted un loro 
delBrasil...; / :'' -^■" ' - ■ - 

Vean ustéd'es'^si''uíi' díspár8^ semejan- 
te no es suficiente para hacer perder el 
tacto a cualquier diplomático, enamorado 
de una mamá que lo pone eíi vilo. 

Los chiquillos me espantan. 

Pacecen relojes de repetición, ó cotorri- 
tas. 

Yeslorbart, cxDmpromeie'n y ponen en 
aprietos á cualquiera. ■ — : 

Natutalmenle, no lo háceii cóh' inal fin. 

Que han de hacer, ¡pobres angelitos! 

Si no fuera la inocencia, ¿cómo podrían 
exclamar á cada paso, -mamá- mira 
aquel señor de los dientes negros que 
tanto asco teda? . . - ;::/;,: , 

Y esto en vozalta. - ' - ■ 1 ■ 
Al mismo tiempo que el señor aludido 

saluda á la mamc\, y se queda frío y no 
puede articuTar palabra. ' 

Y si nos fijamos en ías'p'regunlas ? 

— Mamá, ¿ por qué será que lu engordas 
tanto y Papá parece una anguila con som- 
brero ? .,;;.,, 1 , ', . -< ' 

— Hija.... la alimentacKin. 

— Y por qué eres mujer, mamá? .; , - 

— Por que.... no soy hombre! ■ 

— Y.... que te falta para serio?' '' ' . 

— Pues.... que me crezca el bigote ! 

Y así por el estilo. 

— Mamá — decía una niña muy espiga- 
dita: Me dejarás bailar esta noche? 

— No, hija, el baile es inmoral; te parece 
bueno que un hombre te abrace y murmu- 
re palabras tontas á tu oído ? 

— Palabras tontas?.... entonces, porqué 
dejabas qne ayer te abrazase, sin bailar, 
tu primo Enrique y tu murmurabas pala- 
bras.... ' ' ' * ■ , . 

— Nma ! ! , 

— Yo lo vi, pero tan ^Ip se lo he dicho 
á Papá, y por cierto jque sp puso muy con- 
tento, y me prometió haee¡rme un regali- 
to.... jy á tiotra! '. ib •;; y;.,. ■< 

A veces la oración é» á te inversa. 

— Mamá, yo qiiiéro ir al baile. 

— Nó, .hija, nó'i 



— Por quéXp'"^!*'. 



■<t.> 



—Por que ei^ajile i^o é^ bueno. 

— Que no esM^PP^Puc^. entonces, ¿cómo 
es que apenas te vas á la calle ya está Pa- 
pá bailando con la cocinera? 



Bendita inocencia....! 
Bendita seas. 



P. Cuello. 



168 






EL ca1m:abbl 





Viuda. Ayuno temporal. 



—Pues estraño que te trates con Lui- 
sa... jes un bagre! 
—Como estamos en cuaresma.:. 



EL CA 6 CABEL — 



88Í 





> i-i ¡: 



-Así que anunciaron las raanióbras, supuse que Alfredo se alistaría como voluntario. 
-Claro! Es tan aficionado á inani-obi'er... 



'I?3£€'5j7?ía?-' 



no 



m^mmAsm^ 



EL JUICIO DEL PÚBLICO 






tttt 




en un asunto de Hi 

y fiando en él su gloria. 

López pintó «El Gladia 

Después en una vidri 

su cuadro hizo colocara 

con el fin dé que al pasaF" 

la gente se detuviera; 

pues pensaba: —Considero 

que han ,de niar su parecer - - 

si el-lienzOr Ite^ání-^ ^^íU,. -~ - 

y oiré fü juicio sincero* •' - 

Esperó, pues, anhelante 

en donde el cuadro se hallaba, 

á ver qué dictaminaba 

la critica trashumante. 

A poco, se reunía 

una infinidad de gente, 

y miraba atentamente 

el cuadro que se explorií 

López atento escuchó 

mil diveí*g»s opinionas,^ 

y de tantas irapresiohes, 

las siguientes apuntóiu^ 

Una niña desco\ 
—i Qué cuttdrotnEs^i^ in 
¡Miren! La mujer de enJ^; 
lleva la cara piniudá. 

Un antignté ^ttilitai', 
— ¿9uién es ese? ^^ 

- ^ -—Un gladiador. 

-íY sin.^níííf:_ 

— Pues se lá <leBe"^ejar. ■"•■ 
— Pero V. no considera 
que seria incongruente? 
— jPues no puede ser valiente. 




Ü! Ull 




iüMA^T 



^un luchadói*, ^n la pei<a>^.j '-j 

^^^JJn se~7or d$ faz ady star. 
jT ',TTgi.jjjQgQ¡ j¿¡gn hecho á fé! 

gusta á ujsté el cuadro ^eh? 
el marco !el qué hie gusta. 

violétq¿ 
¿ról/^Saj ¡figura.' , ^' ' 
no-m^rr&^a, laíítcturíi... 
"~" l'A..^. '■' 
d^ el suelo, 
fosf trajes, 
éíso^ajes. 
aíre^^ijielo... 
Otro señor con un lente, 
mira el cuadro y dice así: 
—¡Hombre! Me parece á mí 
que el color es deficiente. 
—¿Porqué? Dice un caballero. 
—¿No vé usté ese azul? ¡qué horrorr 
—Se vé que es V. pintor. 
—No señor, soy tintorero... 
. Mira un sas^fe la vidriera,* 
al|gla)%!LdQr v^desntido, '■ 

y 0xcl¿w^ ¿Sí: —¡Macanudo 
tipo, si yo lo ^vistiera!.;. \ i, / , ,' -■ \\ 
Una (iama^^ue procura , . !' 
del tiempór^ultar él dañq^ : , .« í, 

ce con; -aceirto extraño: ^ 
•^S<ibéí!bl¿~íausculaturáf i ; 

pu^^^áí^esíS expuesto, sq expone 
á escuchar muchas sandeces. 



• 4 



Luis García. 



LAS MEDIA! 



X¡ 






A^onedia adorna la-^pan 
lá gracia mejora la hei*mo8u 

Las medias 'fisteKJI^ son 
pero no elegantes. "^-í^.^ , 

La media de un solo -^loj; ^' 
tono, debiendo preferirse m: " 

La media blanca seria la ft^BK 9BlKL^se 

bullera vulgarizado tanté: '"^^'' .'4v^^ 
. 'ILiáf -toé^ias ..bordadas y' caladas^' 
ricas etiando no pecan (le chocarreras. Yo 
elijo lá media de seda, cóloi* az^ll mapíno, 
sin adorno de ninguna clase. 

Una media arrugada, es un defecto inad- 
misible. ;'IMaS[| 



Las mallas que sustituyen á la media, 

incitai^t^liB^Ira el descaro. Las mé- 

,itepúd^j^*sí<a^^Jas de color dé carne. 

I^Pdojgf'isne i^^ dinero parabbse- 

■ ''"'^mujer, debe invertirse en unas 

la^H^s el pequeño, regalo que ágrade- 



uppp^ado 
re 

Y óstsílpkcr 
-dij^ unav| 
— negála 




fguna^ositt 
icho. 




, amigo mío, 
na corista, 
dignamente. 



co valor 



tu primo el de 



_,ͻnda. 

-^Ti^f^ué digo en ei papelito? 
— Tú, que tienes tanto talento, pónme: 
«Vale por unas medias de seda.» 

A.Ll. 



tt 



(^«AÍ^eAB^i. 



17Ü 



ooijaM jacE oíoiuL ja 






, CA5,AíAlh!)i(0^. 








:^.j. - ri' i-- A • b::i;ñ < 



.,' h:,-'-,J .01/ ••,•? i:::;,.ÍI.:- ¡ü PIM !!! 



)34l/tí5.mM.,):I ----- ' 



: '•'"r r^ ib íiiúMíifiíTí ;;rcf 










¡¡¡PAMÜ! 



.niL • / 






■ñlH,>\ ?.íi,l 



^ eiHOHM a-A.JT 







r»r&" 



m 



^'^mdkkiíS 



\vf 18 'ion 







Los cláms 




e 



Galé, yáconoc! 
á}MpT(é:^^?íir?e¿To," eiegfinté. y poniendo 



apíecmdOa es el * 



que dejíyon Gil, Campos, 
etcétera, en la compagaade este teatro, han 
sido llenados por artistas conocidos ya del 

puruico. V -i- . - -. ! • 

En primer íü^áp^'ífíiaLVeraos.á Juárez^ ar- 
tista de méi*Ítóf'capáz*por SI soÍq de'll^nap 
un cartel. 

Díaz, tan moü/cí/ío^y, -gracioso como de 
costumbre, y que tiené^o escaso partido. 

Lastra, apreciable actor que vuelveái 
piáar tab^sV deá^f>ués de un j?a^p .r^u|^^^ 

Cóif ést^ (^íéinéritbs,^ y ^ 'jVf/^i 

han Kéc^ó la 'itritéfibr tiemporáda.la^(J^^me|^ 
día sigue muy concurrida, y merecij^iíjl^ 
el fóN^or;d0l "público.;'; , .,!,, g,,' Vríhn'níirhí 

Sóíó falta qué la einpresa' vari^ |in. p^^CQ , 
los carteles, que en la anterioi* femjpoifad^, 
adolecían de monotonía sin limites. .^, ^ ,q^ 

Hastíala fédha, se han representado: Viva 
mi niña. Su excelencf^, Ya somo tres, 
y otras obritas que hán^ alcanzado buen 
desempeño.- < A. vü- an.'.-í-^-j^ ^ :v t-;. ,. 

En Salón £s¿ava,'Biáz demuestra su 
facilidad en caracterizar diversos Hpos, y 
es muy aplaudjdOk Merece verse Salón 
Eslava. >^\ =■' --!':'• •'; • ' - 
• Los numerosos rfeiJOÍos de Juárez, desea- 
rían vario en El Retiro, Hugonotes i' La 
Ducha. 

La compañía tiene en Ja^tudio obras nue- 
vas, que seguramente llamarán la atención. 

ONRUBIA. — :^ariapQ Gaí é, e^. «in. ^^uda 
un actor correcto^ estudioso > y de paladar 
delicado. 

Demuéstralo el tino qjjtf¿!tiene en la elec- 
ción de las obras que refír^senta , las ntíás 
nuevii^ y cwiíít^.fieliiaoderjüoiateatra^spá- 
SxA. ix^\:s>fíi\. ;B.Hk)Uiii o-üií ...;i .oí?9uq 3tí yb 

Last pe?sonfts que quieran saborieap hé^ 
llezas dramáticas, deben frecuentar él tea- 
tro Onrubia, verdadero refugio ¡del í^ártie 
españolen Buenos Aires. i.níM i Mi X r/s rt-! 

La compañía que empezd sus tareas él 
sábado, es muy /íjrtMi;. .-/"' ^ ; * 



] 

La senpra Etneyárna, es una damai rj^- 
táblé'^^'''8^:'íljfe^e ' apia'uáir por la^naí^^^^ 
li(iad'y*ód4TÍéB^<!Jn cóttque m^ ^^^,'^^']^ú ' 
Es una verdadera é8trellfi[.].' ', ,,,ji 
Las señoras Galé, Martinéz^^ los seño- 
res Aparicio, Hazay^emás, completan el 
conjunto de.la compama, que seguramente 
re^ftúfi^^OíR abo?%¿.floí'ry nata del, püWi- 
co^ caggfi^ft m^ BÍW%8> (por .horas, ; . , , ¡ . , i > 

NOVEDADES. — Roldá«; Oi^jón, M^i^ 
quez, María Maza, en clase áe et6ilB,y 
"otro* ftrtístfliS', han tótíaado la tarea de le- 
vantar el teatro dé la callé La vallé dé la ' 
postración en que yaoSt.. 

Que lo consigan ! -'-^ 

POLITEAMA.— Zaraoieki'éspañolaipor 
artistas de la- corápañia que hasta poco 
actuó en el RasatiempOi entre ellos las 
señoras Cebadlos y Cabrero, y los señores 
Arcos, Romeu^etc m <^m ^ v ü Úa 

Las funcione» son de carácter popular, 
es decir,' ^precios módicos. Buena manera 
de llenar un teatro. 



APOLO. — Faltan pocos días para que 
se inaugure él bonito teatro de este nom- 



bre. 




Asiv como éri naestro- segundo ó tercer ' 
número hicimds alguna reclamaéión al s^^' ' ^ 
ñur Director de Correos y T^é!^rafos,'tóy 
no tenemos palabras para agradecer el in- 
terés que én la casa central se tórhátí'^yr 
nuestra publicación. .oixí'm. jí/ 

Lo hacemos constar complacidoá.'^'P ^^ 
i El correo está que dá gusto. 'o^-' ^'" ' /^ 

¡Cómo cambedn los tietíiptí^á'í fifíiedijb 
•el otro. '■■ '■< "'U -■ 

Un voluntario escribé á tin colega una '"'' 



carta dándole cuenta de lo qué ocurre én 
el local de la Exposición Rural. ' ''■ ' 



F. 



^MJ^f^h 



173 




nbíiOiiicq Y .9;nfia9i9 .oiqsTiga .9-Tafn9i« 
tratándose de gente decente en su mavQjjj^^ 




á veces se maí|r^J á )^,p fjl^ig^^Pfco ^ belii 
Por que no ^mW^Llyn^v Bau sil 

jo nckilqxno .íiíífiwd^v escH ,oiohrvqA fet*-! 

.'..ineaifiTUS&e oirp .m^Tteqmoo fiíob oiíi.iilnM-j 

Ofi*i fiáb&Bfó : ísé' '?e¿eír^- ri%'tó'^fóÍÉóñ '^ 
de jó\ene§coRd(M§§mm í4cflEñáÁ''fñ§trüe-' 
ciones « de un cadeám) que era una ver- 

Por Dios l,i, „^,,u, n-? n\!^Ú iTít-l/ .:;^ú;í 
Se ,ipa^a,cle fiín fm,_í|rQj]g§n9jPftlé,iyi]ftQ,.ee 
pr,ude,p te í^pefzarápgn^. motáis,: ¡y -^a^uy- 

vi^ ' ílJRSiSílOíV 01 í'íK* 

* Va por la Bolsa iin señor, 

coja unos de»-enesurados''-MA3AUC í 
labios, qiíe pOíT todos ladoasi r .1 ^- 'si- ¡ 
, 'Causaíi sorpresa ¡y ítemoEli io rs- li' : 
r ' Y hoy, -en vino de los coppOS^hí^' J feijicaib 
un mozo, amante de farras^' Míieil .g:o"¿ 
viendo al-sfujeto de marraS'Eoionni gfij 
'.* -gritón j el-sujélo de morros!. J'-nn] ,TÍosb * 

Cgí^os:— Dgl j u^don gaj^ncjíí^;^^- . 
nar él cielo. - 

Del colono ^sembrar la discordia. 

De un a&tp^cimo — estudiac< 
miel. 



ñor! si vá á ser un cataclismo I ¿Y los 
nuevos? /", 

Ohl los nuevos. Cada dia havuKlicHe»un- 
I ciaddícbo estrépito. /^%l 

i J^e^ f raíS^MM, ¿^^\ estilo, 

diálogo y las íecwaai^^katpéMdyLe se 
trataba de una degringolade, wS^B^fi^un 
terremoto, mejor, de una serie ^ei|s. ' 
,:pero ahora^i peajir^i^pjos 1 




r-fi 



■'. ■vrí.íJ.. . ■ ■ -■- 



Sastre, que armando bullanga, ,,j¡,!,, 
quiéres.en brasas ponerrne: ,, ,„,, ,, ,/ 
''¿Óüé.i3ué(|és iiacer? Meferinj¿'^,j ^^ ! i^. , 
un brazo por una mañea. 




e 



De mía lj(|pictera \ lava/ tó i^if^^ 



bras[:|4l^52A?Q3-L 




Leo. — «La entrada de invierno se pre- 
senta formidable.. Figúrense ¥V. que' se ' 
estreQa anunciándolos ágcanehínr. ti i- i- 

— ;Sabe yi, ique.?v.Y. ^.- ■ :■. n oLt HoiKí^* 

— 3^ -r M},£:-i^b £Tiji< é)'/Kíi3ÍBq J^ofíí'insJ ■ 

— Pues,. sil, íóií^jí.itnH'. r«ti- i> íí^' íií'i-' sí< 

— Me alegro. ■ ,;;0io£.: iuiíiq ¡'^'c^''^ 

— Y qué? ; ■ ji'>-\my-'j íjíjí;!!'. ■;) ¿oi/i-^r-iji •'► 

— No me diga.; ,;rtii;¿ ¡J. oii}' íííüs o^mc:; J? 

— Es cosa resuejtaw ?■ i ;v\v'>í^vX\>'V< íní'r) 

— Que pronto! :>?• 
Y corren, corren infií^j^id (^.e noticias, 

que lio dudamos se abultéis» peau? gufr en 
el fondo son ciertas. Y éste «1 5 4® Abril, 
y aquél en Junio, eri Julio, Agosto.... se-: 



.•■•fiiilJP'í 






í^&.hvÜéhacTiada luce iin vistoso unir , 
fotírie' de yolüritarí o, y la verdad es, que dá 
gusto ver soldados limpibsl planchados y,.,í 
estirados -l 

Tal ve^ el ministro de la guerra, una ve? -t, 
terminadas las maniobras, sé .dedicará 4, 
dar fusilé ai éj ér'cí to , ' ' ' ' ' '^' ^ ': ' / ' ' T i 

Que Bien lo necesita. •■ „ . ,, , j , 

Por .que .se vé cada cuello de camisa!. , « . 

■.\'\ : I [■'■l {.' I]--- ■ '[ i1 i.' '■■••■,!•..;■'■■: • r. f t.I'A 



..■'•v"í 



». i 






'. Anuncióse el estreno de El Bntétmen^'&i 
el cifiJo se^ncapgóiietBvitarqtíe se o©osi¿a 
mará gl actOoc--^ :• u:\y\'^^r{--ih'> ¡'.'j mhihjaí: 
. Ajjpra^ tenemos entendidoique un autor i'^ 

, piensa dar á luz « Los Hermanos Barrien* 'vi 

] tOS^f.., ., ..-.■, -^l . • . ■ ■ í í ■:■ • ••■ J. •• 

Saix Ramón,. abordo departas, le ayudeí-.t!'» 



. Si quieres ser bu^ cronista 
tres cosas has de saber: •_. ^ -.,. , 

í'Póiwér'bien áégrihgoiádé -'- ^ -»"-'• -v 
ifóíit* éiujaury for evér. "'"''' " '' - " ' - 

Por aq^uivocaciétt, Bimplehieülef un á!-- "-'í* 
caide ha puesto, no hace muchos dias, en '■^^■ 
libertad á'Cfncorpresos que purgaban di-' ' 
versos delitos. i^!--v-'t ti- d^-l cj>'-ii;i;fí;e^r. tt>,':'U 

El iiecho iha ocurridclfr!'^^ ? i :;i¿ 'nO "ij 

- En la Zululandiaí ' r '.lía r^ k ñi; j^é 

— Noy señor : en Buenos Aires'. ■ •' ' ' ' '^^ " ' 
El dia menos pensado nos encontrare--* '^^ 



.17-41 



BÜil^áth^ÉQ 



mos con el oJ(jfl|^i3B^^c(rJ0^3" 80í>ierno 
que será envidiaoo de lodos los países. 
Y todo por equivodáéión. 

mmmLíom 

y se í^f|Fc;É¡T|ivni|Qí?agupl?,-j;/ i 
pidiéndole alguna cosa 

¡ A^tefact6^iín|aIa^ f^^^ '"''■ 
BSAlI3iambS8doQ í2]i;loijqpv® inftero)^/ : 
pues sirve para limpiar... 
el bolsillo de dinero. 



r i-, , ■-. jil i M^i/^ {{~; 



láM 



fatoa.^ 



' piír. -i-B 



iiil-ÍJ- 



r!7lM 



COR||SPgNDg^SCIA 

P..,Jíaj<én.-Tlíi nwnseúoJF AJoeiros le puede dar & 
"V. lá absolución.' 

Yaluntar^o.—Apes&r de la buena voluatad^no pue- 
do, y lo siento.' 

Morfeo.—De Jíorfeo hab,ia de ser: ¡caracoles!... 
valiente ración de narcótico me larga v,'' 

H* A— Es regular. 'Tal vez arreg^ianldoía un póqüi- 
i&Si^i^^' ' ■ ■ ■'. ■ - ■ . . . 

Suscritor.—Si, señor; está agotado. 

^ ria¿. Pero nó contenían, qpsas como esta; 

«Óyeme, verás que ni una '-' - 
de mis palabras te hieren: 

ri n , c^^ían^^opL^aJiftpa se auieren^ ., , . „. 

I !( ; ^M ftiaa«n= jajsldqs-ien tíí^A. » H -« ; ^'i : 

Ya vé, V. que tina y «wa, son excesivamente conso- 
nantes. 

ifían<eWo.j— ¿PeroVf.mq mapda su «lUisión- para 
que la publiqué? No lo creo...'v. ha atentado contra 
laiviéa,. lYSiya. un disparo'. 



A. F.—Su iE:s<r<éeíííA¿9iC05)parece hija legi- 
tima de-V.-queha dado PCueba^ehí^Qfir algo bueno. 

mente. 

Y. P. A''.— Piie6.;.!.;;WpVA -»l.;oa©iní>, d»! otro, muy 
aposar mió. Espero ,el próximo y deseo que sea ma- 

Gracioso.— tío d^e iJto^e'V» Qt^mifffí^ tengo el labio 
par ío... , ■ ¡<f , i <« . 

Temoleque.—M'ay bonito, venga la firma pronto, 
y ky publico. ■,.:•-■. 

JfO»w,<',»^P^as.O la op:ortuni<íád j débp adver^^ que 
de lo semiiTpicítnte a lo.pi^nte y meidio, hay difer.ín- 
cia. Ah... y no se eche V. atrás; mande algO' más 
sí gusftá.-' "■','-' .■,.■','.'', -"'".J, 

GauQho.^-Xi es Y. gaucho, ni se hacen, gracias ata- 
cando ciertas cosas. Una cosa és titear y otra cosa 
pasarse . Y V. es de los que se pasan y sin gracia. 

Jacinto de Argental. — Está bien hecho sin duda 
alguna: pero me resulta muy serio. i.\h! y sepa que 
V. no molesta, muy al contrario. 

Redactor?— 'C^o señor! 

Tímido.— THo lo sefá Y^ jfiuch& ouándo la emprende 
á tiros con la métrica, la rima y ¡ay! hasta con la 
ortografía, que es tan delicada la pobre. 

E. J. V.— Recuerdo haber leido en otra parte una 
poesía igual á la de Y. ¡Maldita coincidencia! 

quiete-^ji^ ¿n el prfjsipó ntfjniero í|^4re2ca/&l gié de 
su Retruécano. - ' -^ — - ^- - w 

Bonete.— "So recuerÍ6"narber recibido nada tuyo 
(lambiente «ñteo^* asi es que no^ie. coníssíé--l4p del 
peh^miéatOr 8rma de mujer, ;^r '- "^~-^-=*-'^*^-- 
raíl. íYa ves'íqtie penetración V^í^étíi 
noiierés fea, déjalíé^^-ver elpelQ^^íj 

L: M C.-FlojiUó'todo.í''^; 
, f\(fstu^\Hl(\s^ T7frr;^cia s 
el,cají^- .qi\e;FPJ8Q jvodi^i 
muestra V. umigrpn ''^ 

G. Deán.— Vista bien, í|ií^: 

eso no lo publicó i' ' [^ .^;¡ 
¿. 





EL 



SEMAN^ÁÍWÓ 
DirectoíT: ./EM^I©IJÍBA)eQLIa,6o^^ 



. I ■;; 



Capital: 3 meses j^. j^^.^ ,j^,j^ . .^.^^ . 1.50 

íProvincias: Los señores Corresponsales 

fijarán el precio. - ■'-' í'ííOU. 

Nümpro corriente. ....« ,■*'.■. *> . • . .... ..V. » 0.10 



atrasado 



l.i I //// 5! > JU 



. .... » 0.1,5 



SKJDESEAN AGE^NTES Y COHRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

-AtóSSA— i«t '"(altos) 



:?':kaí; 



efeífiA^ft^pgi, 



175 



:.! V: í»' --11 



COMPAÑÍA 



■v^o 



VAPORES-GORREOS"- ^ "^ ■•'■ 



&vthvenGwnado8 por él Gobierno É^anóí'^ 
Servicio mensuaJ Djo 
entre el Rio de la Plata y Europa 

Las salidas de este puerto serán el 2^e caía mes 
para Santa Cruz de Tenerife. Cádiz, Barcelona y Mar- 
sella, admitiendo carga y pasajeros, así' cbino para 
Vigo. Córuña, Santander,''Bilba6y démfts puntos im- 
portantes de España. ,. 'í, 

Por más inrormes ó datos, ocúrrase á sus agentes 
Antonio López y C", calle Alsina, 750. 

Nota.— Se expiden pasages de venida de todos los 
puertos y ciudades de España. 



Jim 



'-(■^ti-jil 'r '' 



upí:^ 


^A1 


■;.■■'» íi: -) i-.; fr, 


-■-. i ■ r > 




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.■::■;■.., >JÍ' ,.\ 


■ jif^'3'.'í:;! 


oin.DlSPONIBLE 


<<■'. .V...^.■: 




--i.,-.; /;' .,!.- ■' V :.>.' :■ 


' ■■ ' í . ''• l- '1 ;¿ '. "", 


' ' ■'■ '■'•''' 


. : — i t t.í' 1 i. . . 


-■'¡i .'^ -• ,^ 



CAJAS OE 



r. 



.-.Premiadas en 

la s . ! ex pu8 iei o aea 
(tei París 187i8- 
1889, 'de Viena 
1873i, de Anver 

18^5; " 

S-fecretb de 
coóifeílnáciaft in-" 
visible; •'' -■-'■^ 
-. Garantidas 
contra, inceadio. 
Surtido de ca- 
jas^de jii^rr.p pa- 
isfdá co- 
res ~de se- 
j-g»Fidíid,©f^/§S':, 
cpitorios y caááfe de' farri ilia. ' ' ' ' " 

Agente: L CHAPÓN ^llOl /FL(rfiÍÍOlA, . tOt 

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^ULUlCi Lv^Sj rras para agua, juegos d« té^ 
juegos de lavatorios de metal blanco, licoreras, ca- 
nastas para pan, aceiteras, coberteras, floret-osi lam- 
paritas, veladores, filtros para agua, etc . 

T-T^l5íHí»T»Clc sorbeteras, necesarios vánáá 
-tACAal-lCl Éloj formas y clases, bidets surtidos, 
lavatorios, juegos de lavatorios, juegos de toilette, 
máquinas para hacer soda ó regaderas, filtros para 
agua, íiambrerasi etc. ' > ; 

uU.6gOS 0.6 nieS3, glesa', tazas, juegos 
de cristal, cubiertos, cuchillos, salivaderas, palmato- 
rias, copas, vasos, sillas, escaleras, porta-botellas, 
canastos para ensaladas, espon eras, etc., etc.. 

BAZAR AL BUEN MENAJE ,. 

150-ARTES-150 "' '''- 'í' 



de pro'daetos españoles en géüieral. 

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» » » á 90 dias 3. » . í¡ . 

de aviso 
Depósitos & plazo fijo á 90 dias O más 4» » ' 
» » » » . oro 1 ■ » r ( 

Sedan giros á la vista sobre todas las capi- 
tales de España con beneficio para el toma- 
dor. Se dan giros sobre los pueblos, también 
con beneficio. 

Horas de despacho. Los días hábiles de 
9 a. m. á 4 p. m. Los dias festivos de 9 a.rú^' 
á 11 m. 



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én la tialtó-Tlivadavia, que" fué ante " 
GUILLERMO A. CRANWJgjL, se v€ 
SptHjat^ quien no es fari^^iitico, d 
farmacia no es ya de CK^^BLl 



íi 



a estal^eraa 
ente (K^on 
á D.i^ego 

odo qué dicha 
de SprOat. 

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que existe en Buenos Aires, está situada en la calle 

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.. , EDiMUNDq.,E^ GRANWELL 
t,. <«!. •.. Farmacé utico 






176 



EL CASCABEL 



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Son los mejores cigarrillos de los inmejorables— 
CIGARRILLOS DAUMAS 

Los fumadores deben evitar las falsificaciones exi- 
ffiend* en cada etiqueta la firma de garuntla de— 
7. Daumas. 



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SEMANARIO Í'ESTIVO ILUSTRADO :M^^S: 



W^ --. . ! 



O 



Director: EN 



aiíáSt 



^t^ 






mj'mm 



iaA 



Witor propitUrn: FRANCISCO FEKRÍS 



■^ 



lodaccioD y Adffliní 



\'A'\ Í! r/.l/ ■•/: 



^recio enlaciúdadi,!.. f 6.10 él nii!»e«) . ; -. r- <; >. j ji- 
' uera de laciudad . i. . » O M- > i 1 



iOJUÍ 



e^. 



\ÍJ.i r-' I 3í:-- 



" » ■ • ,1 



¿^^.-.^ OTO a -i rf'>ac>J' 



^^ 



lOá r.o; ji xjaíf ■ 






■^ft««í>fe. 



■ " ■■'■iJ'fji 



wir:oqeQ 



7-.Í' »íí 



ÍJJa 






• fSü^Hd-i 



; i! 



^l'r- 



i-?'^ ■■-■■■ 


■"^ i ; ; i\-'- 


r:.-^-¡ í - 


•■■V- ^ 


, ,..'.■'■>-'.■. 


--:?.- .;i -. 




.mro-j. 


- 3lim~ 


•aml'i 



con jttstíeia fesiejado,''í i lií : i ' í^tjBis »kjo' 

y arque nunca ]eÍím'siíhM'"¡¿,¡^Too^. 
9pesar de su apellido. 






^■^: 



EL mkbj^L 







í;gní;:i és í 'ví'^■'""^©'^— 




AREClá que la alta «-ocie^ 
dad, cantagia<ia sin du- 
da por d oi'fM»«Ít>í- mo- 
yimiéht'o teatraj quése 
observa en Buenos Aires, 
ha resuelto celebrar co- 
medias caseras, á fin de 
que iu;%can sjjb dot«s (artísticas)- una poi- - 
clon de soñeras y caballeros, que no s. 
dedican á las tablas, porque, apesarde su 
vocapión^ la posición social que pcupain no 
se lQ:pelai9^^t»4^•^■ .^ • W,"'^^ ' ^"' 'Í^"'1 
• M , 14 tn á^eci^bá 
..,-;3 ,^ .colega dá la noti- 
cia, y aunque no 
la hubiese dado, ya 
me había comuni- 
ca,do algo de lo que 
ocurrir 1 durante el 
invierno, Pepe Pe- 
lez, que es un mu 
chacho muy dis- 
tinguido y galáit 
jrtvt^n de ocasión. 

j^, -^¿Nó.lo sabes? 
— me dijo. 

— ¿Qu ? 
— Pue> que est ' 
invierno será fe- 
cando... 
— ¿En pi\lrao lías? 

— Nó; en acontecimientos artísticos. 

^— Me a'tígro. 

— Si, hombre; la señora á<i Costurilla 
hace construir un teat! o de quita y pon en 
s:u casa, y en él debutaremos varios artis- 
tas que and irnos ocultos, piro que en so- 
ciedad somos verdaderas est-oillaá. 




I -^^á^M^riKsV^ séy^^tKiNJict^r de- eí^oh-' 



•>U 






Curiar-' "'-^ "^"P X9^l1^él/ ¿-íj^u 
—¡Qué me áíeütítóf ^ ^^>* 
— ¡Ohl Es iliiá' ¿átt^á ■ l^igúipaté q^^ 
hago él^tepá-ftb'dé'papeles y, naturalmen- 
te, á las niñas que me son más simpáticas : 
les doy ios 'que rei^üiérén eíscenas dé átpor 
conmigo, que soy el primer galán; - ' t ; . 
— ¡'Píllínr''^^"^i ^ '-■'**''í ■ ■■■ '.TÍ: rí¿.r-' ;•"<-",,■ 
Nó faltarán literatos ' que e^rí bah obras - 
de salón, y todo hac*'»ttponer qué el arte, 
que tan mal parado está; según se dice, 
encontrará acogida en los más arisíocrá' 
ticos salones. ^ ' re»; 

También la clase media prepara repre- 
sentaciones.' ■■' ■••■'■ *^' i;? í; Trir :o' íí^J-. 
Pero nada de ol>r..s de éfnpüje; J :-M~' 
En casa de D. Antonio Pajizo, que tiene 
ropería, se está ensayando ¿<w tentaciones 
de San Antonio. 

La otra noche me invitaron á un ensa- 
yo y quedé sorprendido, sobre todo en el 
dúo, que lo canta la bija nrtayor de D. An- 
tonio y el dependiente habilitado del regis- 
tro que. según parece, trata de hacer más 
sólida la habilitación, uniéndose en casto 
y eterno lazo con la hija de su patrón. 

Decía que en el dúo despuntaron mucho 
los dos artistas, sobre todo él, que canta, 
ba con la mayor buena fé, y poseído del 
más vivo fuego artístico: 

En tus ojos al mirarme 
veo mi horror... 

Y, verdaderamente, aquello no podía 
ser más horroroso. 

Además de Las tentaciones, se ejecutará 
La gran vía, aunque se tropieza con el in- 
conveniente de los trajes para las niñas 
del coro, que se resisten á lucir las formas. 

Más vale que las familias s« efitreten- 
gan ron obras sencillas. 

Por que. las obras fuertes no son para 
aficionados. 

Y sino, que lo diga M.irtínez, que por 
poco muere en escena representando un 
drama de cipa y espada. 

Y todo fué por que en la escena del de- 
«lesafio s^e entusiasmó, como un volunta- 
rio al recibir su fusil, y atizó media docena 
de puntazos al barba, que amoscado al 
Itu. empezó á repartir cintarazos á diestro 




Rí. r.^^^^^g?. 



17»^ 



<:í 



y siníe.vtro, hasta que el-trjMlQr i^rjriiii^ü- 
Ao&ej úa^Telósaofinte^ dÍTpaíTi!^ , su pifióla 
■de caballeria contra Martinez que se He^ów 
las manos á la cara y exclamó :, . 

._,. ., .• ■■■y- •*-■ 

-^l'Animalj Que has hecho? ..,::(' ,f, ; 

— i Qué he hecho ? casi nada — dijo el 
Araidor. -..r;:-. -?... r^^^f. '■-:,,,.:.. >,.-,;v\, ^.^ ■ , 

-—¡Mi hija está vengjadal contestó el 
barba siguiendo su papel, , 

Pero Martinez en.pezó á jurar, y ¿gri- 
tar, mientras el público que llenaba )a al« 
' coba aplaudía furiosamente creyendo que 
lo que pasaba lo invlicaba el papel. 

Por fia se vió que el traidor h^bía qué- 
malo las qejas á Martinez, y el drama se 
interrumpió. ,í , : -i^^, 

— Claro, decía la esposa del víctima; 
=esie bárbaro de Antonez disparó á quema- 
Topa. > . 

— fA quema-ojos, disparó!... gemía el 
•pobre Martínez. 

Nada, nada; huyamos del drama que 
;pu«<le ser de fatales consecuencias. 
y sino que Martinez ío diga. 

« « 

Por lo demás, los teatros serios sabe 
Dios si se quedarán sin público. 

Por que pudiendo admirar notabilidades 
vcaserás ¡cualquiera va al teatro á gastar 
din^^ro! 

Es lo que me decía un almacenero reti- 
rado, que ahora quiere hacerse empre- 
sario. 

— Los teatros caseros nos harán daño. 
— No lo dudo. 

— Pero yo tengo una idea salvadora. 
-¿Yes? . .^ 

— Formar una compañía ligera, 

— ¡Cuidado! 

— En primer lugar me proporciono un 
•coro de señoras que sepan su obligación. 

— Esescenci/il. 

— Y que estén bien fórmalas. 
— Escencialisimo. 

— Y pongo en escena obras natur<.lis- 
■tas. 

— I Hombre! 

— Sí. Un joven autor, desconocido aún, 
Jne ha escrito «Los baños de mar.» 

— Buena obra para verano. 

— El coro sale sin mas ropa que un ta- 
fiarrabos. 




—T| lo creo. Est^ segijH^waaw woi 
Al teaÉTo nadie va para sufrir. La ctl^tíóri 
i's reír y oír música alegre. ^ 

~Sí, pero á lo mejor el público se cansa 
y toma el camino de su casa. 

■—Ya he pensado la manera d 
iierip. 

—¿Contener al público? , ,. 

— Ya lo creo! Otro escritor. .>!íf^» 

—Desconocido también ? "^ ' 

—Sí, pero tiene mucha imaginaciS^ 

— Ya es algo. 

- Ha escrito «El vino y la filoxera.* 

^-Será obra de jugoi 

— Figúrese V. que el coro sale vestido 






?■ 



'^ 



• on una hoja de parra, representando la 
viña! vi 

— Y con esto piensa V. contener al pú- 
blico? 

— Vaya. 

—Pues dificulto que lo p^a V. conte;^ 
i 'ren sus justos límites. W -í ^ 

— Es cuestión de apreciííííííbnes; 

Ello es que durante el invierno tendré- 
'uos esp-'ctáculüs p^ra todos los gustos,^ 
s el dinero no se evapora completament|ie 
'ie ruestros bolsillos, nos divertiremc^ 
mucho. ^. 1 

Y si no hay dinero ¡ájo;^ salon^í- 

Que en ellos es ley este lema : 

Baratura y buen gusto. 




.1 íf.' '> J-' 
EL CASCABEL- 



OÍ íífuf •-ifhfl^j> ,'•,• ...-.-mím',,! •. .a,.: 



•J t;jf;5í;<';(¡:D- 






LOS JEBESISTIBLES 



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íi-. ':\ 



■!A^(\ 



K 



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♦t..i- 



NfiíQÚE Ruíz, su figura 
va lucienüo por doquier, 
y, al mirarle, no hay mujer 
; í;. .que no admire su apostura. 
í'tH Él comprfende lo importante 
iflf.V' que es el vestir bien hoy dia, 
' . y sus levitas confía 
al sastre más eJeganle 
Que le igiíalen no consiente, 
pues por nadie es superada 
su corbata delicada, 
stt camisa rélucfente. 
No hay quien, como Ruiz, ago o 
el buen gusto en el vestir, 
¿y quién Je ha de resistir. 
si se retuerce el bigote? 

ijííí? bay dama fría y severa, 
ni inujer libre y liviana 
que á Ruiz, de muy buena gana, 

/sil corazón' rió' lé diera. 

'Él no cree' iíh la virtud, 
^ hi en mujer qué le resista, 

y conquista tras conquista 

abusa de su salud. 

Son sus triunfos tan notorios, 

que por muchos aclamado 

conro Mentor, ha fundado 

«Academia de Tenorios». 

— Oid— dice á sus secuaces- 
no suspiréis á la luna, 

ya sabéis que la fortuna 

favorece á los audaces. 

Y si alguno quiere ser ' ' ^ / ' 

de las mujeres querido. 

recuerde que siempre ha sido 

romántica la mujer. 

A la más esquiva y fría 

hace ceder el lirismo, 

porque á todas al abismo; 

las lleva la poesía. 






Ruiz fuese ayer decidido 
á casa de cierta dama ■ ' ' 

cuya virtud goza fama ' 
y que adora á su marido. 
Llegó, la vio y de rondón, i 
según su procedimiento, ^ , 
con tierno y mesloso acento, 
la descubrió su pasión. 
—¿Pero ha perdido usté el seso? 
¿ Yo querer á Vd. ? ¿Jamás? 
— ¡Oh, señora! Nada más 
la pido que me de un beso 
i Por favor ! 

— i Si se propasa 
y no se va de mi lado, 
voy allamare á un criado 
y le echo á Vd. de mi casa 

— ¡Oh, calme Vd. mi agonía! 
Puede usté hacerme feliz. 
(—¡Adelante — pensó Ruiz— ir 
¡ aquí de la poesía.) , . 

— La pido un beso ¿ qué es eso ? 
Sello, que borrando agravios 

,va uniendo todos los labios 
con la cadena del beso; 
beso, que áf (íalmar mi afán, 
llega, enviado por Dios, 
á la boca de los dos 
desde los labios de Adán.. 

.Mientras liablacnii vive/a 
Enrique, llega el cspo>;o, 
el cual empieza furioso 
r» golpeartefla cabeza. 

— ¡ Ladrón !^grita el ofendido 

— ¡ Socorro ! 

— ¿Le clioca á usté? 
Pues este sistema, á fé, 
es desde Adán conocido ; 
son golpes, que siu cesar, 
recibe algún majadero 
y vienen desde el primero 
que á Eva quiso conquistar.... 

' Luis Garda. 






QUÍÉ APURO! 



{Calle usted por Dios!... 
Si esto de s&r periodista le pone á uno 
Aveces en unos compromisos...! 
'Y creen que en esta vida de escritores 
4odo son glorias. 



j*.«aíjw, :i 



iQuiá! 

Un colega tiene necesidad de dar cuenta 
é. sus lectores de que el actor Fulcino ha 
representado de nuevo el drama Tal. 

Toma el colega la pluma y... primera 
cíiíícuUad. 

¿Cómo se dice en castellano que una 
obra ha vuelto ó representarse? 



EL CASCABEL 



181 



O como dice el personaje de Moliere:— 
¿cómo diría yo—^Bella marquesa, vues- 
tros bellos OJOS fííé fia^eii moriv ide 
amor? - -•-/»^^ --^ -^ / •■ ■ ^ 

En francés ya sabemos como se dic^í 
gracias á que en esta tierra, hablamos 
mejor el francés, el italiano y hasta el hún- 
garo, que el castellano. 

En francés se dice ife^^Hssc. 

¿Cómo lo diremos acá? 

¿Retoma?... ¿Reprisa? 

¡Recaramba, qué apuros! 

Y el colega al fin vá y lo deja en fran- 
cés para mayor clarité. 

Apenas salido de ese compromiso, ne- 
cesita decir que ei publico deseaba ver si 
el actor Fulano conservaba sus faculta- 
des artísticas y ¡nuevo tropiezo! 

Por vida de... 

Por fin escribe que el público, deseaba 
ver Si las facultades del Sr. Fulano se 
mantenían en la Tessitura necesaria 
pa/'a ele... 

Por modo y manera que en el corlo es- 
pacio de cuatro lineas, tenemos reprisse y 
tessitura. 

VV. queridos lectores, tendrán sentido 
común y se reirán tanto como yo, cuando 
lean que la distinguida señorita Cuál 
tendrá un ruidoso suceso en el papel 
de Bocaccio que desempeña como na- 

w Cty • • • 

¡Un ruidoso suceso!!! 



Como si en castellano no signifícase lo 
mismo éxito.) triunfo. 
j iXlnrm^oBoéopito. f 

¡Ésto suena!! '.'vé 

¿Y por qué será que las compañías no 
se estrenan? 

¿Porqué debutan? 

Bah, bah; basta por hoy. 

Convenzámonos de que sin saberdeslro- 
zar, con más ó menos propiedad, el ita- 
liano y el francés, no es posible escribirlo 
en español. 

Yahora pregunto: ¿cómo diantre se las 
compondrán para escribir en castellano 
los infelices que no sepan italiano y fran- 
cés? 

¿Cómo expresarán sus ideas? 

¡Esta es mi duda! 

¡Ay! Ustedes dispensen que lo haya di- 
cho en español, sabiéndolo decir de otra 
manera. 

Retiro pues « esta es m.i duda. » 

Y pongo en su lugar « 2 hat ist the 
qucstion». 

En inglés, para que VV. comprendan 
mejor la idea. 

¡A ver si entre todos acabamos con esta 
mísera lengua de Cervantes, tan raquítica, 
tan pobre y tan incapaz... de expresar 
nada! 

¡Animo! 

Es cuestión de buena voluntad. 

P. Rouvier. 



RETRUECAMO 



— ¿ Ves titilando una got a 
de rocío, en la mañana, 
sobre una rosa galana 
((jue á duras penas se nota) 
cuan bella y cuan linda es f 
¿Ves los brillantes colores 
de las aromosas flores 
que están besando tus pies ? 
¿Ves á través del celaje, 
tachonado 'de estrel litas, 
cuál lanzan mil lucecitas 
imitando blondo encaje? 
¿No ves, que con dulce alliago 
rompe la luna el capuz 



de la noche, y á su luz 
destella el agua del lago? 
Pues ni el sol que en lo alto mora, 
ni de ese cielo el destello 
es tan hermoso, tan bello, 
Arturo, como la Aurora... 
—Veamos, ¿qué te alucina 
de ese firmamento oscuro? 
-— ¡Alto! 

— Cómo ? 

—Yo hablo, Arlure, 
de la Aur9?á, iii vecina.| "■ j{j • 

A. Biesgo. 



'i sí >■ . 



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( L A S BE MENO A ÍNEZ ) 



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7.'N 



ASEABA por la calle Rivadavia. 
No tenia nada que hacer, y procurando pasar el ralo entretenido^ contemplaba eF 
desfíle de costureras y modistas; que solas, ó formando animados grupos, %& dirigían 
á los diversos re^/ísíros, establecidos en la calle que puede decirse divide en dos- 
mitades la ciudad. 

" El cuadro ofrecía animación inusitada, y arcada momento le daba nuevos 
matices otros grupos de costureras, que, cuál hormiguitas, iban y venían con el 
atado de ropa lisia ya para entregarla, ó con el inmenso paquete de chalecos, ó 
pantalones, á los que debían dar forma y muñir de ojales, etc. .. . 

No faltaban galanes de ocasión que acosaran á las costu- 
reras con requiebros cultos, frases gordas, expresiones in- 
decentes ó atrevidos manotones, que no fallan, por desgracia, 
en nuestras calles hombres que tienen la frase en las puntas 
de los dedos. 
Insensiblemente llegué á la calle Florida. 
Allí el espectáculo era diferente* La concurrencia selecta. 
No se veían transitar costureras, y si acaso se veía alguna, 
cruzaba la calle deprisa, como queriendo huir de un centro 
que no era el suyo. 

En la calle Florida se hace ostentación dé lujo. Lujo en las 
vidrieras, y luio en la calle, que parece inmensa vidriera des- 
destinada á exhibición de trajes, siete-mesinos y mujeres bo- 
nitas. • 1 . 
¡Y sobre lodo lo último ! 

Por cierto que me llamaron mucho la atención dos simpá- 
ticas niñas que ostentaban un lujo que bien á las claras de- 
notaba que pertenecían á una familia pudiente: aunque, en 
conjunto, pude notar en ellas im no se qué que contrastaba 
con la riqueza del vestido. 
Las seguí. 
Ellas lo notaron, y miraron. 
Es más; creo que sonrieron. 
Animo, me dije, y seguí impávido la persecución. 
Detrás de ellas fui hasta la calle de Cuyo. 

siempre por Fl-, 




■|'i;u 



lul.^la 



11 <'\\'r. 

bu ni I», y 



Luego dieron vuelta y volvieron 
Rivadavia. 

Las miradas menudeaban. 

¿Por qué miraban las dos? 

xPor cuál decidirme? 

La verdad es qiié las dos valían. 

¡Ya lo creo! ■ ' 1 .' ? 

Per*- yo.... era forzoso que me decidiese por ui u 

N" aS, hada; me pareció que la más alta era m;i? 
á olía dirigí mis miradas y sonrisas. 

Fui correspondido, con creces.- 

Dispuesto. A todo, intenté un avance. 

Dirigí ún piropo, lu<^o otro, y fínalmente me puse ;i su lado 
y supliqué me permitieran acompañarlas. 

Resistieron, pero al fin la mayor consintió. 

— Tome el Iramway de Chile y Entre-Ríos. Nosotras 1" toma- 
remos también; mucha prudencia. 

La tuve. 

jMe intejresaba tanto la mayor délas niñas! 

Tomamos el tramway. 

Yo me quedé eñ la plataforma fumando cigarrHlos. 

Pagué tres boletos, y reparé con extrañeza oue la mayor pagaba el pasaje á una 
mujer que llevaba un lio repleto de camisas ae colót. ... 
¡Pobre mujer! Tal vez era conocida de mis desconocidas beldades. 
¡Vaya V, á saber! 
Llegamos á la calle de Entre-Ríos. 




'•^rtfigS^? 



,,^.^pc^^i^ 



183 





Nos apeamos del coche y detrás de nosotros se apeó la pobre 
1^ ,^ -jj^uicrjja ^1 atado de camisas. 
'J s -\ TVí^J^0!p(^Ji^s[|B5 ladóp ínl^íbrRarBIafTí p^o una voz dulce la 

— vaya Rgerito, Mana, quedes 'tiaMe. "^ 
La vieja se adelantó y pronto la perdimOíS de vista. 
Me acerqué entonces ú las niñas, y empecé el fuego. 
^La^s acompañaré á Wi :-¿ 
—De ningún modo. 

— Yo no soy tin cualquiera; siento una simpatía iri 
por VV., en especial por V., (á la mayor) y deseo empeí 
este instante una relacióiL.que esperó acabarti.... 

— ¡Galle V. por Dios! ¡Qiíé prisa lleva V.... 

— Es que me ha impresionado V. vivamente. 

— Sepárese que nos pueden ver. j ' 

— Prométame que mañana nos veremos. ,! 
Y, en fin, de ruego eni ruego, y de súplica en súplica, logré 

obtener esperanzas. i 

A ruego de las niñas ime separé de ellas por no comprome- 
terlas, y una vez que me dieron las señas de la casa de una 
amiga, á donde debía dirigir las cartas, di media vuelta y... 

lOh fortuna! Un coche cerrado,... - 

Lo tomo, digo al cochero; — siga disimuladamente á aquellas r^" 
señoritas hasta su casa;— elautomedonte, un mulato vivaracho, ^^>- 
me guiña un ojo como diciendo: ¡comprendido! y nos ponemos 
en marcha. / ' 

Bllas volvieron ía cabeza repetidas veces para cercioraríe de :^ i- 
que no las seguía. ^/^ 

Por fln llegaron á una casa de modestísimo aspecto y entraron. 

Despedí al cochero, y cuando más ensimismado estaba, pasa ' 
por mi lado aquella vieja del atado de camisas. 

La detengo, ruego, indago, y después de agotar el escaso caudal -•- 
de mi elocuencia, arranco una confesión preciosa. 

La vieja, la que llevaba el atado de ropa, la que vestía poco 
menos que una pordiosera, era la madre de mis desconocidas 
heroínas! 

Y ellas dos humildes costureras. 

Inútil creo decir la vertiginosa carrera que emprendí. 

No paré hasta la plaza de Lorea, y allí, sentado en un banco, 
me estremecí al pensar que la que hace servir de mucama á 
su madre, bien podía obligarme á ejercer de niñera, dado caso 
de que hubiese caído en el lazo! 

Pobre de mil 

Clavos de esta naturaleza son corrientes en Buenos Aires. 

El diabk) nos libre de ellos. 

Amén. 
-v - . - I Andi^és Soler. 




'Vi- 
■i i 



MI EESTAtJRANT 



is: 



'^ ven al entrar en él 

...^y-í?Í^ desi^e 4a puerta vidriera, 
varias mesas en hilera 
que cubre blanco mantel; 
la luz en el cristal brilla, 
causando agradable efecto, 
ver en un orden perfecto 
el cristal y la vajilla. 

Entro, principio á almorzar, 
y según llega la gente, 
tengo, detenidamente, 
cien escenas que observar: 
. No se logran entender 



A 



un señor y otro seíior, 

pues discuten con calor 

los platos que han de comen 

argumentan á su modo 

y por nada se deciden, ■ ;; 

hasta que en convenio piden -- 

que se les si rva de todo. ' ; 

Otro sujeto arma un lio, ';■ 
y riñe al mozo impasible, ' 
diciendo: 

—¡Esto es insufrible^ 
¡Sirven el fiambre frío! 

Dando grandes manotones, 
entre varios caballeros, i , 

dice uno á sus compañerosi ■ ■ 



-3tí 




ÉL 'cascabel. 





El tempio 



El Dios 





El sacerdote 



El devoto 



EI.qASCABEt. 




J« 




Uno que se abriga con champagne 



Adiós Pe... pe! 

—Se conoce que refresca el tiempo! Vaya un 
pe... ludo que llevas! 





El pan sube! ' 

—Y el vino también. 

— No, el vino no sube. Se sube. 



Üomo da vueltas la casa... jpor fortuna 
yo la aguanto! 



' í8Éi;%llEStíilfeEL 



:r.v 



— jSoy hombre de convicciones! 
Y verdad deb^ni^/aar ^-. ?? 
por que repite^^ Voab, ''*"" 
demostrando de este modo 
convicción para comer. 

Un individuo delgado 
huele un rato la Cerveza, 
quita del pan la corteza, ^ i 
poí si alguno lo ha tocado; 
si halla un cabello se irrita, 
^dejigua para enjungarse, 
y iiapQ^^uye... por limpiarse 
los dedos eh la levita. 

Una par^a feliz « 

escondida en iin rincón, ??V' 
se mete con distracción / 
la sopa por lá nariz;! í^j -. 
no hacen casó de la listad' 
y no prueban alimento, ' 
¿para qué? S en su contento 
se devorai^ con la vista. 

Un sujetffi de improviso , 
silenciosamente llora; 
ó una pena le devora, 
ó se quemó con el guiso. 

Se escuchan mil tonterías, 
se oye alguna frase buena, 
y se varía la escena 



Je, 
1 J 



0S S'ise 



-,— ?* 






^. 









■H" * 



para mi, todos ios dias. 
^.. H^sla li^c^ poco, á comer 
'áí iSf-iiquiérda se .sentaba 

un señor que acoi|^i)raba, 
..„jmientras comía, JÉtÜagr. 
^^ Con atención j^ 
|! el ^lismo llbrCfí 
/y y al prppíó ttémpo j^oinía 
^ dé un Bttcido fenomenal!. 

¡Cómo se hartaba de «ienciaf 

aquello era sorprendente: 
^ ¡nutrir simul^átn^fp^nte, 
I el cuerpo y laíjftí^ífgencia! 
■J Tanto me pr'eoi^péy 

de lo que el lii||^ sería, 
i ' que. impacieBt€^ii?íeVto día 

al mózól?, prégate: 

—Mé ha llamado la atención 

este señor de aquí aliado, 

¿será un §4bio ífinpmbrado? 

—NO señ% e^Siñi felo ón. 
í*-^Cómo^^ 

. -r-Ms Que nadie adivina 

que anheloso de comer, 

para aumentar su placer, 

lee un libro de cocina... 

S, Garrido. 




ONRLfBIA — El .público 
^se va daiido cuenla, póiíja á 
poco, de que la compaBia de Galé merésé 
verse, y la concurrencia aumenta cada 
noche. 

La verdad que el quiera conocer produc- 
ciones de los más aplaudidos autores 
debe darse una pasadita por el lindo tea- 
Vo de la calle Victoria. Un libro viejo y 
Sin solución^ las obras que han hecho 
el gasto durante la pasada semana, han 
alcanzado buen éxito, y no podía ser de 
otra manera, dada ~la índole de las pro- 
ducciones y el esmero con que han sido 
puestas en escena. 

Galé, acreditándose cada vez más como 
director de escena y como actor. 

La Sra. Echevarría muy aplaudí4a, y 
con razón. Puede decirse de esta artista 



que el público es suyo; lo ha sabido atraer 
con sus brillantes dotes artísticas. 

La señora Galé, la c'aracteristica más 
artista que tenemos hoy día en Buenos 
Aires, y las señoras Alvarez y Ortiz, lo 
propio que los señores Pardo, Haza y 
demás, están bien en sus papeles y com- 
parten las palmas con sus compañeros. 

La empresa, que no se descuida, nos 
hará conocer una porción de obras nue- 
vas, dando asi á los prográmaseos posas 
indispensables para llamar público^ bon- 
dad y novedad. 

Por de pronto nos han dado una bofe- 
tada que nos ha sabido á gloria. Habla- 
remos de ella en el próximo número. 



COMEDIA — Continúa favorecido por 
numerosa concurrencia. 

El público no escasea aplausos á los 
artistas, y en especial á Juárez, para el 
que han vuelto aquellos tiempos de po- 
pularidad y éxito. 

En La Ducha desempeña el gracioso 
papel de cesante de manera tan acabada 
que no se puede pedir más. 

Nada de exageraciones y gestos gro- 
tescos; mucha naturalidad y perfecta po- 
sesión del papel. 



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■,m^^:'r- 



.m-fM*^^«i^EL 



m 







r_ re: 







« En aquel año (1892) apareció una virgen milagrosa que lo curaba todo, menos la crisis, y en 
Córdoba la docta se celebraban corridas de toros que dejaban corrido á un Doctor, llamado Alba- 
rracin » , 



168 



EL« CASCABEL 




.VIP A^.^.j 



■ Es claro que el público le aplaude calu- 
rosamente y &. fé que twiy moUvo.f como 
ya hemos dicho. 

La señorita Tomás, las señoras Ciudad 
-¡^ Blanca y los señores Lastra y Díaz, 
cada día se hacen más acreedores al favor 
del publico. 

El último de estos señores podría co- 
rregir algunos pequeños defectiilos adqui- 
l-idos en la soledad del Alhambray asi 
alcanzaría éxitos como en Salón Eslava, 
que representa á pedir de boca. 

Fuera de La Mascar ita c[ue parece 
destinada á permanecer mucho tiempo en 
el cartel, no registran otra novedad los 
de la Comedia. 



POLITEAMA— Los Madgyares, Ma- 
rina. Cádiz, El Salto del Pasiego y 
otras obras por el estilo nos ha olrecido 
la compañía del Politeama. 

El público sale complacido del teatro, 
ea especial del desempeño que alcanzan 
las obras por parle de las señoras Cabre- 
ro, y Ceballos y señores Romeu y Arcos. 



NOVEDADES— Puede decirse que Ore- 
jón-Roldan representan á lo vivo Levan- 
tar-muertos ya que tian hecho revivir el 
teatro Novedades, que nació muerto, como 
quien dice. 

Ahora se puede ir á este coliseo sin 
temior de dormirse. 

¡Hasta parece que Orejón no baila tanto 
como de costumbre! 

Asif asi se llega á ocupar un puesto en 
el teatro. Lo gracioso no debe mezclarse 
con lo grotesco. 

Y Emilio Orejón tiene gracia natural. 

¡Gomo que es hijo de- su papal 



APOL.O— Quisiéramos hablar de la com- 
pañía que el lunes estrenó este teatro, 
pero la circunstancia de tener que dejar 
listo el periódico el lunes nos lo impide. 

Diremos ai, por lo qué hemos visto en 
los éásayos, que^tíi compañía cuenta , con 
elementos buenos unos, y de mérito reco- 
nocido, y muy aceptables otros que juz- 
garemos á medida quie se presenten al 
público. 

La compañía?, consta^ de dos cuadi^os; , 
dramático uno, lírico el otro y los dos 
cuJEsntañ córi dos lesíreí/os hermanas. 

Concepción Aranáz es ya conocida y 



apreciada, y su hermana Mercedes viene 
|)recedida de gran fama, que na^udamos 
conñrmaicCél ^blico. ' ^^c* . 

El teatro es muy bonito y tí|ne üi^a 
gran coíidición. Las señoras lucen en los 
palcos que, al contrario de lo que ocurre 
en otros téalros, son calculados para que 
resalten los trajes de las concurrentes' á 
ellos. 

La platea es relativamente espaciosa y 
el decorado y otros accesorios á pesar de 
tratarse de una obra poco menos que im- 
provisada son bonitos, bien calculados y 
ofrecen brillante golpe de vista á la sala 
(le espectáculos. 



Después de Juan Moreira, Juan Cuello 
y otros dramas nacionales en los que se 
l)Opularizan y ensalzan bandidos célebres, 
una empresa nos anuncia el estreno de 
Los amores de Giacumina. 

A este paso iremos á parar sabe Dios 
ú donde. 

El teatro nacional se inicia con buen 
pié. 

Revistas tontas, piezas insulsas, dramas 
criollos, y por fin, la heroína del hicos 
dil duoño de la fundita delpacaríto... 

¡Dios nos asistal 

¿Qué dice de esto Mascarilla de Bl 
Diario que tan despiadadamente la em- 
prende contra las zarzuelitas españolas? 

Mucho nos placería saber su opinión 
que ojalá influyera en el gusto del pú- 
blico. 



Apesar de lo que se ha dicho, hasta 
ahora no es seguro que nos visite la cé- 
lebre actriz española María Tubau, que, 
se decía, debía inaugurar el bonito teatro 
de la Zarzuela, que levantan por su cuenta 
los empresarios Pastor y Garrido. 



El aplaudido actor señor Sanromá ha, 
entrado á formar parte de la compañía 
del Apolo. - j 

Es una buena adquisición. ' 




■>-'■ ! -^ 
■':0.; 



"V^- 



EL CASBABEL 






1 -jj . 



: ^ j j M •"'.Olí'.'- ' 




Modelo de porteros: • 

— ¿Está el patrón? 

— ¿Qué se le ofrece? '' 

— Venia por una cuenta que... 

— El patrón no está. Esta mañana se fué 
á Europa. 

Lo siento, por que quería arreglar la 
cuenta y pagarle el saldo que le adeudo. 

— Ah, entonces, si está el patrón. Ha 
regresado esta tarde. 



Un abonado arrastra el ala á una corista. 
Un día esta le dice: 

— Voy á darle á V. una prueba de con- 
fianza pidiéndole veinte pesos. 
—¿Y á eso Uaina V. dar? ' ' 



— Caballero, no me desatienda V., nece- 
sito esos cuarenta pesos, y tenga en cuenta 
que á veces un peso representa veinte. 
Hay ocasiones.... ,; , • . r > -^ 

—Pues, tome V. dos pesos, y queda 
complacido. . 

— Como! 

— Si un peso, á veces, representa veinte, 
ahí tiene V. dos, y sume. 

Aprendan VV.— Dice un diario: 

— Hé aqui un hoja arrancada del diario 
de un elegante: «A las once de la mañana 
me levanto; leo los diarios (parte social, 
cuando la hay) hasta las doce; almuerzo 
en París ó Mercer y concluyo á las dos; 
paso á casa á vestirme; tomo un estimu- 
lante en Empire ó en el Casino; espero alli 
el carruaje y me voy á Palermo; regreso á 
lag siete; vuelvo á vestirme; como á las 
ocho en lo de algún amigo, Mercer ó París; 
concluyo á las nu^e y me voy á una 
sección de la Comedía; paso de alli á jugar 
en algún club; satfgoiá la-tiriáí-ó dos y me 
voy alo de Merc^ái tomar chocolate; á 
las tres me acueai^ y...t IpÉielta á empezar 
el dia siguiente. ¿ 'k i" ' 

¿Este es el diarío ^de un él^ante ? 

1 Dios me conserve cursi, toda la vida ! 



' ' '*'" Hoy que de venal é ingrato 
dejas tu fama sentada, '' 

' ~ -tina revista ilustrada - > 

da á conocer til retrató. 
Pluma que á gotas destila 
la tinta, eñ tu mano está, 
y quien lo que hizo sabrá 
puso debajo Se alquila. 



—Adiós, Juanilo : ¿ y tu casamiento? 

— Lo he roto. 

"¿Tú? 

— Si. Mi futuro suegro quería adquirir 
noticias sobre mi persona... 

— ¿Y eso te ha ofendido? 

— No; pero sabia que hubiéramos trona- 
do después, de adquiridas, y he preferido 
tronar antes. Sobre todo, la dignidad. 



Los diarios se quejan, con razón, de la 
mala conducta observada por algunos vo- 
luntarios, que arman bochinches cada dos 
por tres, haciendo muy poco honor al uni- 
fornie. 

Proponemos una cosa, y es: que al que 
promueva escándalo se le fusile inmedia- 
tamente, í 

(Pero con pólvora sola ! ' ■ ■■ '' ' 

La cuestión es seguir la broma. 



Y apropósito de volunlarios. ; ;n 

Un (distinguido artista» pintor, que forma 

nrt.p HpI nrimp.r hnt.nllón. nr>s ha npnmAt.i- 



parte del primer batallón, nos ha prometi- 
do una colección de croquis y apuntes, que 
publicaremos tan pronto estén en ^juestro 
poder. 



El Diario la emprende contra la zar- 
zuela española, y la verdad que no anda 
desacertado, lomando la cuestión tal y co- 
mo la toma. 

Aunque, bien mirado, contra quien debe 
tomarla es contra el público (jue no tiene 
curiosidad poir conocer obras serías y bue- 
nas, como, por^emplo, las que pone en es- 
cena Galé. 

Las empresas que explotan el flamen- 
quismo que tanto disgusta hoy al Diario^ 
hacen bien en explotarlo. . ' 

El público llena los teatros por seecio- 
nes? 

Pues duro y á ellos. Vengan obras en un 
acto, con mucho de aqui y mucho de acá ! 



im 



m 



ELéÁSéÁfefet '3 



En un exám^Al&^UcJ^^: 
lVi)fesfiHV--iCuAii4(»'Boq los sexos déla 

Taza humana? 



Colmó : ' 

El de^nxsoehMTQ. . 

Cobrar lo justo 



í 



^ 



Jl 



ujy A 



/ '- 



Leemos en el dorso de un billete de vein- 

•te pesos: 

«VoWerón las oscuras golondrinas • 

De tu balcón sus nidos íi colgar.» 

Pero... ¡ay! estos veinte hermosos wa/es 

A mi bolsillo nunca volverán. 



C«i¿¿6»iarui8da<}ue»iás evoluciones da 

^en un segundo. 

La efunda de la Bolsa. 

■ . ^ • ■ 

Según Blas, el malrimonio 
V^ €8 igual a la cerveza;'" ; * 

pues sé sube d la cabeza 
y amarga como el demonio 




fioa;.— Sfi^testé su segmwlá por que llegó tarde. 
<}ueda V^^mplacido y ¡pruebe otra vez! 

S. C. fl.-TambiéQ lo de Vd. llegó tarda, y, fran- 
■camente, no me ceavíene, aún que no es malo del 

todo. .. ■■;.-.ff#'^:"''-"*'^^'' -; 

Abel.—ie^0fém\'0^9éyoy a buscar á Cain pa- 
dra que inM^ u& ésci^iVitto . 




ñó sus apun- 



?' 



Júpiter.-^Pa s sü 

vísioní^jij/f Í4H/ W ^, . , , ,^,__^ , „. ,^. , ,. 

iV. K. B. A.— Su «Háliazgo (ie Ropa» £• cáela: pícá 
mucho. -• ^'H' ^-'' 'i 'i*^ '■ / .•■ 

Tomasito.~V,n cambio su «PaU4ep» es de lo tcáí 
l>álidoque he risto en mi vida. 

Crátera.— Mire Vd>)'ló«pie son las t»tas....! A mi 
rae parece Que.)o^ cs^boai^ipf se vQl\«rian aii^adps 
contra Vd., y con sobrados motivos. 

Cos<i|trt7/a4\— Apreciable cons^ero; su «Epigrama» 
no lo publico por que Vd. seria el primero de; criti- 
carlo en una de sus anttenás cartas. 

7Va¿'i¿co.— iHujBamos de las suegras, y de los sone->: 
tos como el que manda Vdl 

Lindero C. -No se incoiüode Vd. y téngÁ én cuen- 
ta que yo no lo hé solicitado. Para t -rminar, y &fin 
de que «Ella» se burle de Vd. como es debido, pu- 
blico algo, y ¡ que Dios me perdone ! 

« Bella paloma, dime que si 

que te adoro considera 

y tu figura placentera 

grabada siempre tengo aqui. 

Mi corazón ya sozobra 

y pregúntase timorato 

y tímido cada rato 

¿qué me falta? ¿qué me sobra?» 

Pues & la vista salta. Faltan silabas, sobran, sila- 
bas y otras mil cositas. 

Catoíeardo?'.— No estft mal; veremos. 

Platónico. — Comprendo que no es poeta ni tiene 
pretensiones, pero ¡por Dios! no e8CFy[>a Vd. Aq/oí 
asi, con ache. '. "\-\ • 55 ¿^ 

P. Af. iV.— Sin la firma no publicaré liada, ii^r 
bueno que sea ello. Ya lo he dicho mil veces. 

P. K. por r. — Apun ado. — Y la «Declaración» no 
me acaba de gustar. Otra vez será. 

Varios jóvenes. —Agradezco el interés, pero no 
puedo limitarme exclusivamente á lo que W. indi- 
can. No ob.stante verán que no desatiendo consejos.. 

Inocente.— ¡Se han hecho tantas parecidas! § 

— — ■ '' ' • '■ ■! ' , ' 1. ^::'" i - . . i' i V il tf - 



EL CASCABEL^ 

vi; SEMANAHIO FKMIVii ll,l>THAI)0 
Director: ENRIQUE COLL 

m 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g ±.5Q 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente » O.IÓ 

» atrasado » 0.15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN T ADMINISTRACIÓN - 
«««-ALSXlTA-ée® (ALTOS) 



EL C4#9A8F^ 



t91 



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JUitji. üAib Ü/J 



COMPAÑÍA. 



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fRÁSÍTL'AÑTlCA E'SPSÑOll 

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Subvencionados por él Gobierno Español , 
Servido mensuaJ fijo 'iTi'-n 
elitre él Rió dé la f^táta j Europa 

Las salidas de este puerto serán el i de cada mes 
para Saáta Cruz de Tenerife. C'áíliz, Barcelona y Mar- 
sella, admitiendo carga y pasajeros, asi como para 
Vigo> Coruña, Santander, Bilbao y d^iu&s puntos im- 
portantes de España. . 

Por m&s informes ó datos, ocúrrase t sus agentes 
Antonio López y C*, calle Alsina, 75i). , . 

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Kuera de la ciudad... »0.aO id 

Fotograbados de CoU 



Aplaudida y festejada 
tendrá, si asi lo desea, 
en sus redes encerrada 
á la juventud platea ia, 
es decir, de la platea. 



T^ 



•■»%ÍA>'«' , 



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h-'-.<- '.■> 



, H uj i .i./.- .t iit, u^*«^jLy b Jí-j^ 




lega a pre- 



Lo del centenario de Coirón 
ocuparnos. . 

Yo, es decir, ELOAStiA^EL, no es de nin- 
guna comisión de las varias que se nom- 
bran para preparar festejos, pero apesar 
de todo, sigue con interés el curso de los 
sucesos. 

Y ¡cómo nol Si, como repito, todos 
estamos pr^epcupados hasta el punto de 
que la cocinera me preguntó el otro día: 

— Diga V. señor, ese Colón era vende- 
dor de huevos? 

— No, hija mía. (A las cocineras las tra- 
to paternalmente). 

—Lo pregunto porque he oído hablar 
del huevo de C!olón... . 

— Ah, si. Se trata de un experimento... 

-¿Qué? : 

-—Trae un huevó. 
^ Lo trajo, y delaat© de la atónita artista 
;^^ culinaria, lo dejé tieso en la mesa por el 
'procedimiento que todos conocemos. 

Desfle ese infausto dia, ha tomado mi 
cocinera tal afición á las pruebas, que 
rompe docenas y más docenas de huevos. 

Y yo estoy condenado á tortilla per- 
petua.. 

Por lo demás, sale uno á la calle, se 







encuentra con un conocido v la conversa- 



sión recae 8ob'rei*Golóñ' invariabJéittente 
f^yrrtÑo prepÉipa: V. nada corímotivo del 

'fc^^nario?-.. i^-'l-,;-';':^" '¡rr--,-*^ tie-^<i-:-- *;> -r 

■•■■ .vt^rNójSeñírf^, -piór'ahorav"'' ••-.rr'..- '-í-^f:,» 
P-írjPué» yo«stoy' dandp cima á' un írB- 

bajo .COiU>8h1!.í V :^i i : .i-l/^ .oi: 

— ¡Hombre! . ^^ ;; 
— Sí. Un estudi'^^ sobre Ur costil inbros 

de Colón. He 4legrtdo á descubrir que el 
cMebre navegante no tuvo amores en su 
vida. ! 

— Claro, ocupado* en inve8.t%acione.-' 
científicas ... ■ ■'■ ' ^ 

— Kn cambio parece probado que tocaba 
el mandolín, y de ahí so deriva la -aficióíí 
que á lo flamenco tiene el. doquaí dé 'Vera- 
guas, descendiente de Golórv,'ly «düefio^ dé 
utía ganadería de toros brafVOfi^.r» •»'?>«.*? 

— ¡Cuernos! ,i¡ > v ; '^n )■?•• ít 'ti/-: 
— De esto se tratal • -wini 
Dejamos al ao igo; y nos dirigiinos ^á 

casa de un señor que hace preguntan á 
Argos, y que toca el clarinete para-'curar- 
•ie un flato que le molesta bastatttfti-í^ '. ,, 
Llamamos, y la mucama no& hacéMS^a 
de que no hagamos ruido, n- ii/ ' r. 'ohw > 
—¿Hay enfermos? > c ]' *"■ 
— No tal; es que el palróni»^Ji;^ .= ; í ;,/=; 
—¿Duerme? i' i "', 

— Nó; está escribiendo... í' » ■ " 
— Pásele aviso. Dígale que deseo hablar 
con él. :■■ "^ ■ t-^^-"- í 







Me hacen entrar y encuentro al buen 
señor consults^ndo libros y revolviendo 
papeles. 

— ¿Qué es esto, amigo Pér^iz? 

— ¡Ah, el centenario! 
¿También V.? 

— Sí, pienso escribir á Argos, que lo 
sabe todo, preguntándole .si Colón usaba 
pera ó barbal como Lastra. ' ; 



."í- tg'-i-^/i'^ i-,"^^ 



EL CASCABEL 



15» 



— Es un dato interesante. 

-tAxlemás^ pienso que en Buenos Aires 
se celebrará alguna velada^ < ñ honof del 
célebre navegante geaovéa^ y íne^preparo; 
He empezado un poema en el cual defien- 
do á Colón de ciertas imputaciones fal- 

— ¡Pero hombre!... ¿Qué cariño es este? 

—Quiero á Colón conjo á un hermano, 
y he de decir cosas muy buenas é igno- 
radas hasta la fecha. 

— El almuerzo— dijo la mucama tímida- 
mente. 

— ¡Yo no almuerzo! rugió mi amigo. — 
Estoy ahora en el canto cuarenta de mi 
poema y he de hacer diez más antes de 
probar bocado. 

Entendí estar de más, y me^ marché. 

Me marché temblando porque si la co- 
misión que preside el Dr. Calzada, acuer- 
da celebrar una velada, no es mal aluvión 
de tonterías en prosa y verso, el que nos 
aguarda. 

Cualquier hijo de vecino se cree con 
derecho, á descolgar la lira y entonar un 
canto á Colón. 

Así es, que nos amenaza un cataclismo 
poé tico-oratorio. 

¡Pobre Colón! 

A estas horas no tiene secretos. 

Todos sabemos su vida y milagro*. 

Y hasta se le quiere elevar á la catego- 
ría de santo.- 

Los más empeñados en beatificarlo son 
los innumerables contratistas que en esta 
América, que él descubrió, han encontra- 
do gobiernos benévolos que les han per- 
mitido cosechar los más preciados frutos 
(prohibidos ?) de'esta tierra de promisión. 



y 




Ks lo que me decía un t« nedor de libros 
hoy cesante. 

— :Colón descubrió la América y otros 
han descubierto la manera de sacar ta- 
jada. 



— Hable V. más bajo que nos vá á oír 
.Madero, ó Mediéis. j:^_ 

\ Por lo demás, bueno es que nos preocu- 
pemos de honrar !,i memoria de Colón 
<¡n recurrir, como hi recurrido un ten- 
dero amigo mío, á la perfumería. 
• ;^¿A la perfumería?— dirán ustedes. 

Sí, señores; de unos días á esta pirte, 
^e perfuma con agua de colonia de la ba- 
rata. 

¡PiW honrar á Colón! 




. «ISTEMI© 

Yo sé que altivo, y orgulloso y fuerte, 
lo azul mirando desafío al cielo; 
y sé que mi alma, remontando el vuelo, 
su férreo mando sobre todo advierte. 
Yo sé que el polvo se desmaya inerte 
para seguir mi creador anhelo, 
y que en todo lo oculto roto el velo, 
no hay para mi poder, ni lin, ni muerle. 
Yó sé que mi potente inteligencia 
vence, aniquila y reina poderosa 
sobre el trono fulgúreo de la ciencia: 
mas no sé por (jué causa misterio.sa 
cobarde tiemblo, si con inclemencia 
me mira airada de mi amor la diosa. 

Adolfo S. de los B/os. 



~&~m^<r 



MUCH\ EJECUCIÓN 

La bella .Julia Laldaba, 
que es de un gran piani.sta esposa 
la habilidad asombrosa 
de su esposo ponderaba, 
diciendo:— Tuca Kl Marino, 
El ensve'o del poeta. 
La Favor Ha. ELProfela 
y La fuerza del destino. 
Y con malicia no poca,. 
Pepe Pérez exclamó: 
¡Ya quisiera tocar yo 
todas las cosas que él toca! 

Manvel B. U garle. 



^^^^si'^^tf^ " '^■'^is^'^^i'w'if^ '•¿^■"■^í ^-t^-'- e^-^'f^^^^-f^msmm^'i^^zí^^- ^ '■^''^^'«•'■'^írq^g'^^y^f w gi^ p ^ 



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EL CÁ"SCABÉL 



IMV tífil-t V- 




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.( iiy I -1. , ■. -1 >i( 



El otro día se presentó en mi ca?a Emilio Albareda, joven de mucha inteligencia, 
ilustrado é ingenioso, á quien hacia tiempo no había visto. 

— Traigo un proyecto soberbio— medijo— y vengo á consultarlo con V. 

— ¿De qué se trata? 

— De una Guía de Buenos Aires... 

— ¿Ese es el proyecto? Pues le aconsejo no tenga mucha fé en un negocio tftri ex- 
plotado. 

— No se trata de una Guía igual á las que hasta h,oy se han hecho. Mi idea es más 
nueva. Vea V. las principales lineas de mi trabajo— y abriendo un cuaderno me leyó 
lo que sigue: • 

GUÍA UNIVERSAL 

•■■ • I- •■ , ...- ■- .-. . 

SECC1Ó5J PRIMERA 

i Casas DE JUEGO Y GARITOS ' ■ ' 

Aqui una enumeración de todas ellas. 

Personas AFICIONADAS Á jugar. 
Una larga lista de nombres, entre los que figuran algunos muy conocidos^ 

Frontones, tongos, calotes 

Debajo de este título, varias recetas para engañar al prójimo, con diversos expedien- 
tes para ponerse á salvo. 

Pechadas 

Una reseña histórica del sáblnzo^ desde Adán hasta nuestra época, con infinidad 
de métodos para pechar. ' 



SECCIÓN II 
Colocaciones 



Para Seño7Yis 



Para Caballeros 



Tiple cómica. i 

Mamá sopdo-muda. ; 

Modista con piezas para alquilar. I 
Sonámbula de \ a facultad de París. 

Baronesa que escribe revistas de modas. ' 

Mucama milagrosa, con cama ó sin"éfiá. ¡ 



f I. ^/ y \ , j i , ! ICaballeros 

Lai*^a lisia de protectores del bello sexo, 

ter, adicionada con las señas de sus domicil 



Conde, Marqués, Barón. 

Esposo de primera actriz. ■ 

Notabilidad trashumante. 

Médico especialista en enfermedades de las 

uñas por medio del fluido... de Litle. 
Duelista con tarifa. 

Pié santo. , ,,, 

Fundadores de diarios. 

sensibles . : > ^ M í i ; 

con noticias acerca de sus gustos y carác- 

ios. 



Bello sexo abordable 



Solteras 



Con dote 



X. X. $ 10.000. 

Z. Z. $ 200.000. 

N. N. $ 80.000. " 

H. H. Unos terrenos y 'mucha hacienda. 

S. S. Tísica $ 600.000. 



Sin dote 



{ 



i é 



R. R. especialidad en el canto (canta en 
la mano.) 

J. J. Nerviosa, buena médium; especiali- 
dad en pintura. 

L. L. Coqueta, tiene seis novios á la vez, 
de todos saca partido. El que se case con 
ella puede esperar en el porvenir. 

Casadas 
Señora de A — Le gustan los rubios. Es imprescindible ¡saber tocar el violiri. 
Señora de J5— Precisa caballero respetable, reservado. Inútil presentarse sin reco- 
mendaciones. 



-tfj- .L~-í»wr -iSK^mf^ 



»* 'y?7' 



^[^|^K^;^'í5R:??s-> ' ■ ■-;:.'^f^'^^¡^^''^-'W^^.^í^^^?!^;*Wi^^ft.-'Ty¡^^. 



EL CASCABEL 



197 



.;. i:( A' liiA' i .( ■■ 

Señora de C— Hombre robusto. Se prefiere vasco. 

Señora de Z)— Anhela un joven delgado que escriba versos. Se muere por los sonetos. 

Clorinda de M— Busca 's<jcicipar|i SÍk}u1.íár ca^aamufebladd. | \ 

Emma de C— De^acoñtrnie^imevas nypciasj quiecb ¡uri e^ip^p calavera. Partidaria 

de la ley de Lynch. 
Nina de /—Pide retratos. Quiere buscar un sucesor d su marido, parecido en un 

lodo á él. 

. ^ ;/;■ SECCIÓN III ' , 

Templos y Sociedades 

Templos de Baco. . 

» de Venus. • ,.,..; 

Sociedades de elogiosa mutuos. , , ;;,, 

n . de beneficencia... para el directorio. , , 

» de explotación...' del prójimo. - 

Personas que dan socorros y se dejan robar fácilmente. (Una nota muy exigua, llena 
de preciosos detalles. 

Manías y aficiones explotables 

Sr. ..—Maniaco por la literatura. Protector de lineas cortas y largas. 

Sr...— Buscador de todo género de presidencias. Aiicionado al bombo. (Se le puede 

ilusionar con un proyecto de cooperativa.) • 
Sr. .. -Inventor. Asequible por medio de un proyecto de Sombrero hidráulico, que es 

lo que hoy le preocupa. . ' 

Sr. . . — Editor de libros pornográficos. 
Sr...— Paga todas las dedicatorias de valses, retratos y libros dirigidos á él. 



—Hay, además, en la Guia— dijo, dejando de leer Albareda— consejos prudentísimos 
para vivir. El sistema de sobornar jueces y vigilantes. Los medios de falsificar billetes 
y fundar loterías. /Larga serie de meditadas escusas para no pagará nadie. Nota de 
los proveedores que vendeaá crédito. Procedimiento para ser nomorado diputado. Con- 
testaciones para aceptar convites y rehusar desafíos. Industrias prohibidas y m%dio de 
ejercerlas. Comercios ilícitos y sistema de explotarlos. En fin, todo lo necesario para 
lograr prontamente reunir una fortuna sin gran trabajo ni (juebraderos de cabeza. 

— Le felicito á V. sinceramente— le dije— y espero que hará negocio. Deseo, no obs- 
tante, pedirle un favor. 

-¿Cuál? ' 

— Que no me haga V. apar.3cer en ninguna de las secciones de su Guia. 

— Concedido, aunque por ahora no pensaba que figurase V. en ella. Aguardaremos 
á que tenga V. debilidades, mujer ó fortuna explotables. 

I José Jfa Mendoza. 



DETALLES SIN IMPOETANCIA 



ÍD 



I querido Emilio; Cuento 
como te pedí, contigo 
para que seas testigo 
mañana en mi casamiento, 
iiie encuentro tan abitado, 
que no acierto ni á escribir, '' 

hoy no he podido dormir 
nervioso y sobreexcitado. 
Ya me parece que tarda 
la hora en que Inés sea mía, 
y sueño de noche y día 
en la dicha que me aguarda ; 



siento una extraña en)oción 
al recuerdo de mi Inés, 
pues mi prometida es 
mi tierra de promisi«')n. 
¡Si vieras cuiindo levanta 
húcia mi sus bellos ojos, 
qué látjjos tiene tan rojos, 
que tjJancura su garganta! 
Cunndo irguiéndose,, graciosa 
vá á Palermo á pasear, 
hay en su modo de andar 
la magestad de una diosa. 
¡Diosa sí! A quien hago voto 

de adorar eternamente 






'■-ar 



líw 



Fíré/tíiéÁBííi'. 



, y ser rendido y ardiente 
un fanático devoto. ' 

», Ya Ye(3 Gon qu^ frepesi 
adoro á, mi prometida ; . 
pues ella también su vida 
se. pasa pensando en m í . . . . , 
¡ Vaya! Yo incohscienteniente 
hablo de lo que me pasa 
y ella, pobre, ahora en su casa. 
me aguarda impacientemente, 
y también me he olvidado ' 
hablando de mi ilusión, 
hacerte una descripción 
del trouseau y el decorado. 
Xo creo, cual los que dan 
á esto importancia excesiva, 
que en ello la dicha estriba. 
Adiós. Que no faltes. 

Juan. 

.II .. ■-;.■ 

Mi inolvidable María: 
■ Con impaciencia te espero 
pues, como me cuso, quiero 
que compartas mi alegría. 
Verás qué lujó en mis trajes, 
qué sombreros tan preciosos. 
<\ué adornos tan primorosos, 
qué ropa blanca y qué encajes. 
Las joyas s^n un primor, ■ 
todas pedrería tina, 
y á su vista se adivina 
un buen gusto encantador. 
, Quiero que veas despacio 
el confort de mi morada, 
pues se encuentra decorada 






cóíüO 'éi ftiéVa liltí' i^laidió : ' 
sillerías, cortinajes, 
todo con arte escogido, ' 

y en cuadros j hay un surtido ' 
de escenas y de paisajes ! 
El boudoir es un portento. , 
De un tono azul tapizado, 
parece un nido encantado, 
que pintarte es vano intento: 
estatuas, barros, jarrones 
coloreados tenuemente 
á la luz que suavemente" 
se filtra por los balcones ; ' 
un lienzo, á medio acabar, ' •' 
¡que imita un grupo de flores, 
y pinceles y colores 
por si deseo pintar, ,^ 

Todo arreglado de modo 
que de ello me encuentro ufaní 
A ver si vienes mañana 
para que lo veas todo. 

Te he escrito á la ligelá, ' ' ' 
y ahora me marcho deprisa, ' 
pues la doncella me avisa 
que mi modista me: espera. 
Pon en venir interés, 
pues ya sabes mi impaciencia 
de tenerte en mi presencia. 
Adiós. Hasta pronto. 

' ■ Inés. 

Posdata.— Kijitá, confieso 
que me pasó inadvertido 
hablarte de mi marido. 
í^a tendremos tiempo de esól 



Licis García. 



m^ 





■H*: 



^OMBRE^ prevea il^iA^te 
por dos». 
Pero es muy di^u- 
. tibie la bpa^^d dental 
^alorismp en mucEísi- 
Nmos casos. 
Nuestro gaucho es el verdadí^o tipo del 
hombre de d caballo. í ), , 

—¿Porqué no se lo dice á su marido? 
— ¿Qué quiere? Mi marido es tan poco 
hombre, que no es capaz de nada... 

Don Lorenzo, exclama con mucha fre- 
cuencia, que él es un hombre toro... por 
que tiene pelo en pecho. 
¿Qué me dirán de don Miguel, que se 



enfurece cuí^ndo le dicen que él no es un 
hombre entero? 

—Mil bombas, les juro á ustedes, que 
yo soy un hombre entero... 

¡Y tiene una pierna amputada! 

CWóntas veces se oyB decir y. sp dice: es 
i^juiá ííomb're grande, pop..dedr' álfo. 

Don L-ilcio, que es un hombre alto, grue- 
so, et*;., es fn«y J90C0 hombre. 
■ Hombre de mcd'^'^nsto; asi lo llaman á 
un amigo mió, porque se caso* con una 
mujer vieja, fea y... rica. 

Hombre, ¡Vaya un mal gusto! 

Don Juan, es hombre para poco. 

Tiene ya 60 años y, hasta ahora, apesar 
de serlo para poco., sigue siendo hombre. 

Hombre de peso, le dicen á mi tío. 
¡Claro!... ¡Es tan pesado.. .\ 

Se oyen con frecuencia diálogos de esta 
naturaleza: 



^^^W^- 



,' ff,T.^«-;-»r»; 



?^r^GA6BABEL 



\m 



—Créalo, amigo; es un hombre como nó 
hay dos. ^. . w ; < "rt ? 

—En un pellejo.. (í ffin^^uda alguna. 

—/Oh, si! Es ua: hombre de gran cora- 
zón. : r^: > .' 

—¿Y quién lo duda? Figiírale que á Emi- 
lia le dio un pedazo; á Luisa otro; á En- 
riqueta otro más... y hace pocos días me 
ofreció otro más ñ mi...! ; 

— jAy, amigo! Si la co/^a sigue andando 
asi, somos hombres al agua. i 

— Pues yo he de perraíinecer en seco, con- 
testa el amigo, que es hombre de fortuna. 

—Con lo* tiempos que corremos, es pre- 
ciso ser hombres osados. 

—¡Ya lo creol Présteme cinco pesos. 

-i .....r . .:,,"., 

El hombre es fae^o y... ¡con cuánta 
facilidad se enciende! 

Don Telásforo es un homirc tie humor, 
pero se pcftie de mil diablos cuanilo le 
dicen que tiene humores^ 

¿No es un sarcasmo, l'amar á un joro- 



bado: hombre recto, por muy íntegro que 
sea en todos sus actos? 

¿Y no lo es otro, llamar: hombre lleno., 
á uno que hace dos dlás que no come? 

Al amante de dar pechadas ¿porqué no 
llamarle hombre de pecho? 

¿Cuántas veces no se dice, al cabo del 
día: ¡Pobre hombre! 

Esto, aún para los más ricos. 

Doña María decía el otro dia con mucho 
énfasis: Yo, no tengo hombre... jY era 
casada! 

El geógrafo, debe tener mucho mundo. 
Esto es: que es hombre de mucho mundo. 

Los hombres de honor, van al campo 
del Ídem y allí... firman actas y más actas, 
en las que desdicen lo dicho... y salvado 
queda el honor. 

Hay hombres, áe letras. 

Además, liay hombres de -guerra; bue 
nos, malos, lindos, feos... ]alto! No se dé 
por aludido el Dr. Bonifacio Lastra*. 

Armando Flores 




Con afán desorden aelo 
al billar todo lo inmola. 
Y si algún enamorado 
quisiera ser de elja amado 
lo será por carambola. 



2(10 



-EL CASCABEL 



f,,. 



A N UNGID S 




Ama fresca, primeriza, soltera, buenas reco- 
mendaciones y leche de un mes. 



Se ofrece una señorita para trabajos livia- 
nos ó para enseñar algu. Muy instruida y con 
buenas referencias. 




//ífdli 



JllíüíMiJllilüUillllil 




«Se necesita un sastre.» ¡Yo si que lo nece- Pintor diplomado; especialidad en cocinas y 
sito! paredes. 



-Y-^5r~ ...'T -s?ir-í7«T^T>3^^^^ 



EL, (;ASCABeL 



187 



GENCRALCS 





Se desea un socio con capit;il de 300() pesos 
para implantar una nueva industria. Negocio 
seguro. 



Dinero. Se dá soiire fincas. Reserva abso- 
luta. 





Cobrador. Se ofrece uno para cobrar lo que Matrimodio rornial se ofrece. El marido para 

- cualquier trabajo y la mujer para doncella. 



'i^^T::-"Jr:!-^'^:s.'yr;^r^f;^^^^!^-i:-:^^^. 



k :^W^^tyf^':%:^r--g^^jsy''^^r'^^ r>'^ ' 






2ító 



EL CASCABET. 



BAILE DE SOCIEDAD 



Mi querido Director 
del festivo Cascabel: 
yo no sé si en su papel 
tendrá cabida un cantor. 
Soy cono padre de la flor 
del barrio de Balvanera; 
mi guitarra, es la primera -^ 
en toda farra ó payada, 
y por todos alabada ;, r 

cuando toco una habanera. '-' 

Yo visto saco cruzao 
y calzo bota cantora; 
mi corbata, es voladora>,./ 
mi cívico, requintaó '. ■/:, 
voy siempre muy aQpíitao^ - ^ f- 
y en cualquier farra qu<líiiaetj> 
se me mira con respeto^'; .>,V. 
porque soy medio p^aó.) 1/ 

El sábado, á la oración, 
cuando salla á pasear, 
me vinieron á Invitar 
para asistir á un bailón. 
«Escrita la invitación 
en-lm .papel floreado, '^V 
con su programa variadéK, 7 
de . pupo tango y cuadrilla, 
y costéao por la pandilla = ' 
de ios gringos del mercado ; 

Me comencé .4 empaquetar 
y me acomodé eJ fillingo, 
para por. si acaso un gringo 
se me yema á'cmbroinar. _ 
PesqlJ^tln^pa^ruage $1 paséf^i 
con un cocjiet^ j|rand6te|,l V 
Je di el námerQ:.»! muy ?óté '''.-■. . 
no compi^ndióí ta,bofada, '. 
yá la prinaera parada 
bajé V le pegué el calote. 

Guandd. en eí baile dentré 
preludiaban' uíiHancero, - 
miré á íí¿8*paicaS'prijji»rb 
y estasiádk) melqiwidi^/ í,- ; ". 
algunas habia^ Jij p4á/;"/-/^ ? *■" 
esperando ijt^íepipezárá: " 
estaba I¿ígíitt8fa^t/|jar3,% s 
Rita, Virginia íí^^Jíoilésta; ,; 
quien me mito miay enhiesta I 
pidiéndome lasadáca. j \<r ' 

Cuadro enseguida formamos 
pero que daba calor . 
¡Viera amigo Director 
que lanceros que bailamos? 
Los mozos nos agarramos 
de contrapunto á florear, 
y era corte de admirar 
Jo que allí todos hacían. 



^ 



y los gringos que nos veían V\ i iJ 
se pusieron á estrilar. 

Unas palabras cambiamos 
y á éscaviar nos dirigimos; 
cuando escaviaos estuvimos 
en cuadrilla nos floreamos: 
un batuque les armamos 
á los gringos, colosal, 
pero apareció un bagual 
que decían presidente, 
tocó pito, y un agente 
se presentó en el local. 

Como yo era el promotor 
del bochinche, me llevaron, 
en la cuadra me encerraron 
por compadre y peleador. 
Dígame, mi. Director, -% 

si es motivo suficiente, * 
para á que gente decent^. .. 
selelleve á la cafíia, ; ■ 
á reposar unát púa, ' 1 

arrástpao p(»f unh ajenie. 

Por la copia— 
C. N. L. 







pÉ DOMINGO ^ DOMINGO 



—Vaya ufia b&0taclal r [i [f\ 

—¿Le han pegado a V.? ^'¿^ ]. :, ¡ " 

—No, hombre; t^bio de Lé¡ í^k^táda 
de Novo y Golson^ püesla en^cerfa en el 
Onrabia, ppr (Jalé y/C». '-i \y 

— Ah, vamos, respji'o^creí^ájp le habían 
atropellado á V.... .. . .^, ,' \ \J 

— ¡Cá! Si soy capá^iíJeijíreseft'tóV ja otra 
mejilla, cómo quien dice, paya que me 
den otra bofetada por el éstil^Ü 

—Ahora la empresa ha enii&ntrado El 
gran filón, comedia adaptable al país... 

Y tan adaptable. 

En la República Argentina no hay ^¿ów 
que no haya sido expíoítódo. i 

Hasta el gran filón político, que tanto 
gusto ha dado, y dá aún á CféiriUs perso- 
nas que se entregan á ia p)fHica, sacri- 
ficándose en aras de la patria...! 



";SspSS*í~; ;-■"';.";;, 



Éi: CASCABEL 



203 






i í 1 ; ■ f I í i J 



UNA CANA 







-Mira, acabo de enconUar en tu cabeza... 

¿Qué? 

¡Una cana! ' 

-Bueno; magnifica ocasión para echar una cana al aire. ¡Y conligo! 



'■^ «■ -- ""j' *■ í= qm^-3 ^5i^ 






^•^ í^*-^ (■ JT*"' 



204 



EL^CAjBqABIff' 



—No divaguemos. 

—Tiene V. razón. Después del bofetón... 

— ¿Pareados á estas horas? 

—Digo; de La Bofetada, Como las go- 
londrinas y Bl Gran filón y Sin Solu- 
ción, no hay nada nuevo de que dar 
cuenta á no ser que repita que Galé... 

- Si, ya lo sé; es un buen artista, en el 
sentido más lato de la palabra. 

— Bueno; no me dé V. la lata y reasu- 
mamos. 

■—Pues, reasumiendo: el público concu- 
rre al teatro, queda muy satisfecho y la 
empresa también. 



-¿Y Apolo? 

—No tengo el honor de tWtar á este se- 
ñor. 

— jHombre!... Me refiero al teairo. 

—¡Ahí Bueno y haciendo camino. La 
inauguración fué... un poco fría. Divor- 
ciémonos no gustó mucho, que digamos, 
apesar de la señorita Aranáz (C.) y el se- 
ñor Rofeles, que hicieron cuanto pudieron, 
perOéJ'í/^::yit.-; '.■:• .. - r r.-'eh 

—¿Hayan peyó? ^ ■, fs 
—Si;enm GranGaléoto, el Sp. Robles 
y la Srta. Aranáz (G.) obtuvieron un éxito 
más que regular, y lo obtuvieron ellos por 
que las segundas partes.». ^ ; i r 

—Nunca segundas, partes fueron buenas. 

—No digo tanto. Volviendo á la señorita 
Aranáz (C.),efttuvo-bi^^ aunque quiso ex- 
tremar ia^naturaüdíMl, y resultó frío algún 
pasaje del drama; pero al fin, entre el Ga- 
leoto Y- J^ív&rciémonOiS nos qaedamjos con 
el Galeota y el publico pensó de la mis- 
ma manera y lo demostró no escatimando 
palmas. , , , , ,, , / 

—¿Y Robles? .: :: , 10- . : ,:■ 

—Tuvo momentos felices y fué también 
justamente aplaudido. 

—¿Y el cuadro lírico? 

—Hay de todo en él. Mercedes Aranáz 
ha caído en gracia y no es de extrañar, 
por que es graciosísima, monísima, ele- 
gantísima.,^. . 

— jCarambisima!... ¡Cómo se pone V...! 

—Es que Mercedes vale, y tiene todas 
las condiciones que ha citado. El público 
se siente dominado por esla niña, por que 
es muy joven la nueva tiple, y aplaude, 
aplaude y llena el teatro que es un gusto 
para la Aranáz,.. 

—¿Cuála? 

— Concepción, que es empresaria. 

—¿Y los demás artistas? 



—Molina, Sanromá, Ferrandiz, Reig(E.) 
y Reig (L.), se hacen aplaudir, y pronto 
debutará Carlos Alonso, con la zarzue- 
lila R. R. que tengo el gusto de recí)men- 
dar á V., como le recomiendo a la señora 
Carbonell, mujer de buenas prendas... 

—Y si nó. véase la prendera que hace 
en Nina. 



La Comeííía concurrida siempre. Nove- 
dades una: Candidato independiente que 
fué del agrado del publico. 

Juárez pone en escena obras de su re- 
pertorio, conocidas ya, pero aplaudidas 
siempre, y el público constante llena inva- 
riablemente el local, que para el invierno 
es de lo más apropiad i to que tenemos en 
Buenos Aires. : , . 



Politeamá, .Novedades,, Alhambra y Do- 
na, siguen como, de cpstumbre;. es decir, 
Doria nó; sigue peor que de costumbre. 
Los amores de Qiacumina es un alen- 
tado contra el J>uen;gus.l,oy una amenaza 
para el teatro pacionaL , 

Pero... ¿el teatro nacjpnal existe? ¿Al- 
guien se acu^da, de é|?M^ ,, ■ r,,- 




Ahora herat>s, es decir, han descubierto 
un nuevo género de estafa. Urips indivi- 
duos que venden paquetes de cigarrillos de 
«La sin nombre» á precio tan bajo, que 
muchos almaceneros de los suburbios han 
hecho grandes provisiones. 

¿Saben ustedes qué clase de tabaco con- 
tienen los cigarrillos? 

¡Aserrín! ,, . 

Los dueños de «La sin nombre» no en- 
cuentran nombre para calificar esta es- 
tafa. 

Y los que lumen un cigarrillo de esle 
tabaco fin de siglo., quedan en disposición 
de que el mucamo empieze el barrido del 
estómago. ' 



A ki bella Concepción 
de negro, sin variación, 



EL CASCABEL 



205 



— ^Ñ : — 

haber cedido el puesto á un cronista de oca- 
sión i •''-■■ :j-^- ;-■:«. ■;-'■^^ '. ■■ 

Dios se lo tengfi en cuenta. 

Y !a gramíllica también. ■'■■ 



obligaba á qué tiíátiérá '' -'■'' 
su esposo, y idé esta manera ' 
no llamara la atención. ' ■ 
Pero al uso continuado 
del negro se ha acostumbrado, 
y ayer k la madrugada, 
por la costuipbre guiada, 
con un negro se ha escapado. 



La hermosura, en todos los tiempos, ha 
sido causa de grandes trastornos y aun 
de grandes crímenes. El mayor de estos lo 
ha consumado uno de tantos, N. N. 6 
bien X. X., que abundan en la prensa. 

Lugar del crimen: El Diario. 

Dice el señor X. X., cronista de oca- 
sión, aunque no pasa de cronista de ¿anee. 

«Rn los artistas del género que cultiva 
la señorita Aranáz, una condición prima 
sobre todas las otras: ser bonita; y si á 
esto se agrega ser simpática é interesante, 
puede afrontar con la seguridad de vencer 
al público más reacio». 

Bueno: ¿qué es lo que puede afrontar? 

Nos quedamos con las ganas de saberlo. 

A no ser que lo que quiera decir el cro- 
nista es que puede afrontar la señorita 
Aranáz una crónica como la que nos 
ocupa... 

Pero ¡cáf Por bonita que sea una mujer, 
no puede. '"!■■ 

¡Qué ha de poder! '' 

■ / '. '■■ ■-.'">•■•»!'■■ 
'■.-■■ '^ . ';■" ' ' 

Vaya otro, parrafito: . , 

«Si^demás de estas tres virtudes capi- 
tales se añade la elegancia en el vestir y 
después de desvestida Ó con el escaso j^mlo 
que algunas operetas requieren, el espec- 
tador consíafa (¡ay!) que el contenido real 
corresponde al continente visiüle, el inte- 
rés platónico suele degenerar...» 

Si; en abuso de confianza, en terremoto, 
en fiebre amarilla, en cualquier cosa. 

Vaya un modo de señalar. 

Libidinoso...! 

¡Ahí Y en vez de constatar, podiuamós 
decir comprobar, ¿no le parece? 



Suma y sigue: 

«La señorita Aranáz tiene todo eso y 
muy posiblemente algo más, que en una 
sola apar'ción en la escena no es posible 
descubrir...» 

Tapa, tapa, y demos vuelta á la hoja, no 
sin felicitar á El Diario que confiesa 



Poríjue .Junn, que es un patán, 
tiene su cuerpo tatuado 
han dado en decir (lue Juan 
es hombre muy ¡li/slrndo. 



- ¿Celebraremos el cuarto centenario del 
descubrimiento de América ? 

i Vaya si lo celebraremos ! 

Por de pronto, ya se ha nombrado una 
comisión. 

Yá comprenderán VV. que todo se redu- 
cirá á una velada mortuoria, ó literaria, en 
tonto, que es igual, en el teatro Onrubia. 

Muchos discursos, sonetos, alguna oda, 
quizá un poema; varios trozos de ópera 
ejecutados por aficionados, y... paren VV. 
de contar. 

No estamos enterados de nada, pero 
apostaríamos algo á que todo se reducirá 
á discursos, poesías y müsica. 

Ojalá nos equivoquemos, y la comisión 
haga algo que revista el carácter solem- 
ne, á la par que popular, que á nuestro 
entender debo darse á la fiesta. 



«Candidato independiente» es el titulo 
de una obrita estrenada en la comedia. 

No es una novedad. 

En las elecciones de concejales se pre- 
sentaron muchos candidatos indepen- 
dientes. 

Y fracasaron, naturalmente. 

¡Buenos están los tiempos para alar- 
dear de independencia»! 



Con cierta Miss Don Jesús \ 
siempre al mus jugar solía, 
y ayer triste me decía 
que no juega más Miss mus. 



Firmados por J'oz están apareciendo 
en El Diario una serie de artículos de- 
dicados al Frontón, y que á la verdad, 
ponen de manifiesto una porción de cosas 
que el público tal vez ignoraba. 

¡Superior! 

Pero... suponemos que Voz hará oir 
su autorizada idem, ocupándose de los 






S'5 



■l'-v'í.íX. -^í~?^W 



2ÍHÍ 



GL.,GA8CA.BEL 



diferentes hipódromos que viven del tan- 
to por ciento, que cobra^i ó ios jugadores, 
y que maldito lo que hacen, en el sentido 
de mejorar la raza caballar. 

La ley para ser buena ha de ser pareja. 
_? Duro, pues, y ¡ti ellos! . 



Caso curiosiíiiino neu trido en Malos, 
Vientos, ciudad que no encontrarán VV. 
en ningún mapa, pero que existe; ¡vaya 
si existéi 

Sala de un gran casino ó club, como 
gusten. 

Alrededor del tapete verde, muchos 
puntos^ distinguidos y muy correctos. 

— El banquero, después de hecha la ju- 
gada: ;we/' á la banque! 

¡Grattés pdt- tout! 

Silencio absoluto. 1£A groupier recoge, 
con la pala todas las fichas apostadas. 

,%\ banquero : fait votre Jen. 
Se hace el juego. 

Una voz. 

tí ',■ • . ti i 1 1 ■ ■■ ■.••'■ ■ . . 

'— íCopoI 
Estupefacción. 
La misma voz: 

—Copo!... como pftiffiüta-de policía que 
soy. " - "'"' '^- ^'- 

MENTE y se acabó la partida. 



Y én'éfeolo, el prefecto copó pe^ 

■^ 
¡Rien ')ie rn plusi! t? 




CORRESPONDENCIA 

Nicodemus.—^\ sabemus, ni sabr^moá tranca ver- 
síñcar. 

Amigo.— Qaerido amigo, la presente sirve para de- 
cirle que sus «Humoradas» nó son humoradas ni 
.'fisto que lo fundó. 

Tumis.—Si dejas de hacer sonetos serás un buen 
muchacho. 

T. Veo.— Mediano todo. 

Voluntariü.-^Ydi lo vera V. En el próximo número 

mpiezo. 

Arturo Caslro.— Todo se andará, ya lo verá V. 

/7no.— Pues.... no sirve. 

C. Ro.—Y van, ícu&ntas? 

fl-fl-rramo.— Supóngase que el sastre la hace un 
íaco sin mangas: jqué dirft V.? Lo mismo que digo 
yo, al ver una serie de versos que est&n faltos de 
mangas, digo, silabas. 

M. A. de r.— Gprao.V. quiera,. . 

Leol.—\eré desaprovechar algo. 

(arystus.—Qaada, v. complacido. 

Armando fVore.s'.-^Publico uno y archivo otro. 

Constante. -Lo es V. mucho. Tres veces escribe V. 
"hechar la carta» y eso est^ muy fpo. 

Simeón. — ¡Buen provechol 

rano.— Muy inocente es la cosita. 

Galeno.— Si maneja V. el bisturí como maneja la 
pluma... ¡pobrecitos enfermosl 

yie^o.— ¡Oh, anciano! iA.ún no has tenido tiempo de 
aprender A conocerte? 

M. L. O.— Está bien. 

Patricio GaWo.—Tucumán.— Por correo contesto su 
.'lenta y pai-a mi lisonjera carta. 

Cííco.— ¡üf?... ¡Que viene el cucpl 

Pompilio.—iCoQ. franqueza, eh? Pues vaya uno 
franqueza. ¡Ab! Y no estoy por ínstant&neoé; y* la 
he dicho mil veces. *>> J j ; ^ \c 

A. B. C.-No me sirve. '.]'^- v^'^ mÜí 

Mendigo. — Perdone por Dips, hermanit^, ■'.■'¡'■, 

M. de i4,— Es flojillo, sumamente ^jiííó. 

li. Cerío.— Rosario -¡Lástima de franqueo! 




EL v,^....^.,^^ 

^réM SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 

'^^"'SIÍDirector: ENRIQUE COLL . 

) ^í ■ 

CONDICIONES OE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: ?> meses § 1.50 

Pi-oviuitiii : Los señores Cone-ponsales 

fijarán A precio. -^ ' 

Número ('iTiente » 0.10 

a » }»• rasado » 0.15 



Sl<: DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 
«f t-Al,SIirA-«iit (ALTOS) 



- -,-■», "\-^; rji-i^^p-^rp^-^^ 



CL CASCABEL 



207 



' n *■ 



¡cowíaMM 



TRASATLÁNTICA ESPAÑOLA 

VAPORES-CORREOS 

S7jhvencioñados por el Gobierno Español 

Servicio mensual fijo 

entre el Klo de la Plata y Eui'0|>a 

Las salidas de «ste puerto serán el 2 de cada mes 
para Paata Cruz de Tenerife, Cádiz, Barcelona y Mar- 
sella, admitiendo carga y pasajeros, asi como para 
Vigo. Coruña, Santander, Bilbao y demás puntos im- 
portantes de España. 

Por más intormes ó datos, ocúrrase á sus agentes 
Antonio López y C*, calle A.lsiaa, 750. 

Nota.— Se expiden pasages de venida de todos los 
puertos y ciudades de España. 



LECCIONES 

JDK .SOLFEO Y PIANO 



LIMA 1137 



CAJAS DE HIERRO FICHET 

(DE PARÍS) 

Premiadas en 
las exp(.>sicione8 
de París 1878- 
1889, de Viena 
1873. de Anver 
1885. 

Secreto de 
combinación in- 
visible. 

Garantidas 
contra incendio. 

Surtido de ca- 
jas de hierro pa- 
ra casas de co- 
mercio. 

Muebles de se- 
guridad para es- 
critorios y casiis de Ija-milia. 

Agente: L CHAPÓN -101 FLORIDA, lOi 

BUENOS ATRES 




-■i i- .r ■■■■> 



SUGURSAL 



BAZAR AL BUEN MENAJE 

150— ARTES— 150 



r'nViÍ0T»fr»c cuchillos, centros de mesa, ja- 
^-'i<*-*-'**5X Liyd) iras para agua, juegos de té, 
juegos de lavatorios de metal blanco, licoreras, ca- 
nastas para pan, aceiteras, coberteras, floreros, lam- 
paritas, veladores, filtros para agua, etc 

1-Tol £lHor*9C sorbeteras, necesarios varias 
■*■•*'-■*• aU-Cl aoj formas y clases, bidets surtidos, 
lavatorios, juegos de lavatorios, juegos de toilette, 
máquinas para nacer soda ó regieras, ^filtros para 
agua, flamoreras, etc. 

Juegos de mesa, Zst't^taI/^jfe¿o"¡ 

de cristal, cubiertos, cuchillos, salivaderas, palmato- 
rias, copas, vasos, sillas, escaleras, porta-botellas, 
canastos para ensaladas, espon eras, etc., etc. 

BAZAR AL BUEN MENAJE 

150- ARTES -150 



BEL 






BANCO DE SABADELL 

CALLE MORPO ESQDINA BUEN ORDEN 

CASA VATRIZ FUNDADA EN SABADELL 
(FSPAÑA) EN 1881 

CAPITAL: 10.000.000 DE PESETAS 



Exportación de frutos del psds.— Importación 
de productos españoles en general. 

' SE ABONA 

Depósitos en cuenta corriente á la vista 2 % anual 

» » » á 90 días 3 K ■ 
de aviso 

Depósitos & plazo fijo á 90 dias ó m&s 4 » » 

> » » n i. oro 1 » » 

Se dan giros á la vista sobre todas las capi- 
tales de España co»n beneficio para el toma- 
dor. Se dan giros sobre los pueblos, t^fcien 
con beneficio. 

lloras de despacho. Los dias hábiles de 
9 a. m. á 4 p. m. Los dias festivos de 9 a. m. 
á 11 m. 




Depósito General: DEDt BALZE Nms. 

442 - Kaipú - 444 — Buenos Ayres 



ADVERTENCIA i^. 

Se previene al pühlico que la fkrmaifiia estabtecida 
en la calle Rivadavia, que fué anteriórinente dfe don 
GUILLERMO A. CKANWÍÍLL, se vendió á D. piego 
Sproat, quien no es farmacéutico, de modo que dicba 
farmacia no es ya de CRANWRLL, Sino de Spró'at. 

LA ÚNICA DROGUERrA V FARMAC!.-. 
»E CRAIVWELL 

que existe en Buenos Aires, está situada en la calle 

VICTORIA, núm. 647 

E.NTRE PERf V CHACABUCO 

Atendida personalmente por su propietario— 
EDMUNDO E. CRANWELL 

Farmacéutico 















''..■C^fS:,- 






'-"v^'i^:"- ,-"'"^- -'-^^v- 






m 



K"* 



CIGARRILLOS DAUMAS *^ 

■"' L08 fumadoíéa atbéñ evitar isaftilsíBcactone» e»^ • 
giende ea cada etiqueta la firma dé garantía de— 
/. Daumas. 



GRAN 



-.-x'.f 







inscripta e^^l Re^stmfiúMeo '<^' 

^. ité Géimr&ú : '■' .^■■■■■-^^ 



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syS^V- 



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»■.■- ' 






AL FÜEG^, EW WZft,WCEUHI Y CRISTIl 



¿¿^^^;esa y complementos 'i^-^^- f 
Mre porói^lana, al fuego y p|^ 



Y TOD 



fe -''^^ ■ ■ 



^fbiénistaciones en oro -' 

íiCONCBRNiENTE AL R^(4^ 



















ri^áf-á-ír;'-:;' ,- ./ 



^íf*fé 
















UmmtttnJnéMví^ 



A,r.iUi^'11'.^^''^ V ' 



Sobre toda orne á» dfiap» y «Ibjetss de v«ior 

Cerrito, 430 



ANTICIPOS DE DINERO 

Sobre alhaja*, brillantes y objetos de gran valor. 
Joyería La Confianza, ^¡ORENO, 771, entre Chaca- 
buco y Piedras. ' 



seguios de flet^y éf^bs, gattálfim 

'comisione^|P<W^ertaiS,«t^ . t^-llt^' 
S^li*5rti*a'-. ■■ v«í"- ■' "'nfum.- 
edificios, establ^MJltOQntos i«dÚBtriál9ff:^V-4 .; '., 
y dei ^nwrcio, ' ^-'^vn» r '•' 'i-^CL 
comprendie|ido la8«xplosioBes .,v;s „ v^J;-.4 ' 
de gas, rayo, desalt^o, inevitable, e%-., ftc.'*í,;:*S 

Gerwite: ÁNGEL R<«*iíi!iiÉMvi»:>¿4 ? 



DIREOCIÓK üGí^f^^; 




845 



Cooperatira Teief. 899 




Oflr^eéNlos Á nuestéá jiil 







télá TitES nueva»* nfiav^ilfas d^ iii|i{í«|| 
i#JUÍo8, coya . expelelncia no duílluiMiÉh 
MüWrán apreciar: : >• 

f%AMr%|A|TA con exquisito tabaco, 

OfillUlCITO *ue\? ""'""' ""■ 

c(jn rleo liíibá" 
no, á 20 cen- 
tavos paquete 

hebra y pi- 
cadura ¿fé 
cts paquete 

Recordamos al público nuestros antiguos y 
acreditados cigarrillos . 

DANDY YSPORT ., 

A SOLO lí CENTAVOS PXilUETE 

CA^A OENTRAL 

RIVADAVIA Y CHACABUCO 



ESPECIAL ES Ñ. 41 



imp. del «Conrrier de la Plata»— Mójico, 83> 







^^ 






.-■-,. _^ ,„ : ;^ ii¿j4sí?íi;ly¿,^jí 



r ■<">*. 



Afló I ' BdiuiOB A¿rM, Abril 6 de 1892 Nüm. 14 






^r^siifi^mfQ^^Sfseis^^ 






{IL CA^CABMt 



|j,¡i\¿¿aMKki 




Witor propietario: FRANCISCO FERRÉS 

íion y Akiüistracion: ALSINA 489 (altos) 

HORAS DE OFICINA DR 2 Á 5 P. M. 

Precio en la ciudad. . . $ O.IÓ el rtúmero 
íuera de la ciudad... »0.20 id 



Fotograbados de Coll 



Miembro correspondiente le ha nombrado 
la Academia Española el otro dí.'i, 
premiando asi á este vate enamorado 
de la Vida del Catnpo... en poesía. 






2ro 



SI. GASCABSa. 



•* 




.Miny. 



T 







'y 

.fe 



-^^lr« 



Cualquiera se siente con ánimos para 
hacer una crjinica ! 

Desde que sé ha decretado el estado de 
sitio, no hay más que un tema explotable. 

La política! : " '' •'' "• \^, "' 

Y nosotros, qcle 'no somos- póíüicps, es 
decir, politicbs ^I'lü somos, pero no nos 
metemos en política palpitante, estañaos 
sin saber do qué echar mano para hacer 
la crf^nica de^léostumbre. 

Sobre todo la cuestión de la censura 
nos tiene tan preocupados, que al pensar 
que el Dr. Dópovan ha de juzgar nuestros 
escritos, estamos á punto de llenar de 
punios suspensivos el espacio destinado á 
Charla y decir solauígn te: prohibido por 
orden superior k¿ \;¿^ -^• 

Pero ícíi'--^fi^/ , . ■ 

No nos poderlos «Scapar. de la charla 
nuestra de'cadiA semana, como tampoco 
nos Hbramos d^l pan nuestro de cada día. 

El caso es q^ie la política lo absorbe to- 
do, y desde/iíql» la autoridad se toma la 
molestia de •^mb.t^rcar caufiillcs radicales, 
ni más ni ménos:t|ue si se tratase de far- 
dos-de yerba pa^mgüaya. no son pocos. 
por ciertn, los ciudadanos rehacios al em- 
barque, y preiíspuestüs al mareo. quB to- 
mjB^ :^jr'é <^íi^i$bü0^ toaría /np» f er l^abid^s . 

D.'; Antóbio PégotilTo, que es un señor 
alto, aunqu.« casado y con hijos, se ha 
empapado en que le bttSjcan, y se ha es- 
condido en un altillo, clavando la puerta 
por'dénti-d..''^-"!^'*^ .u. m.'.í> .-v^í--., ^; .' 

Su mujer léí^lcanza Ih comida por una 
abertura, y an se aguanta firme el pobre 
hombre, victima de sus lonvicciones poli- 
tieas. como dice M. 

—Pero Antonio: ¡sai del escondite! Á 
tí no te buscan. 

— Q\i^ sobes tú, miiji-r! Desde un ¡lia 



qué comí con jki3r»i^jaj09ig0siiiBH[¿^e^ 

dere y pronu n^é^tsttatfo y i rtft br a s f «>' tí t fc ¿^y . ¿ | 

-í-í*erosi nádÉiÉÁGÍ9éiit«ib>(té t*4^ürso- '/| 

la rápidézldejla pteta» yiífes^ teojíWfcestoy^i ^ 
seguro dé que DiSnOvao ha dicho áv^gíriíi?í;| 
empleado: .:_.:.. - .";: 



-Vaya á'p'tender al orador del Bellve* 



'4. 




dere. 

— No lo creas; ésta íriañana el vigilan- .%^ 
te de la esquina me líiíüdó muy ¿fectuo»-,^: 
sámente. ■ '''"'■'.■■.. ' -"'^t's-- ■:'^"*-^ '■ ■■ 

;t."' ■ii^No_hagks,.ca-^f>^ 
sOí la ■ autoridad %i\ 
es rauj astuta, V ^^#- • 
el Vigilante és ca- 
paz de sobornar ^ < 
alguno de núes-" • 
■'/" 'Xvo% hijos, con \ 
j^- ;.itnas masitas pa- . i 
í ra arrancarle la T 
eon lesión q^e me ? 
puede priya^de la 
übertadv :' j 

^|||íií tienes á Fer • 
^^lindez Espiro que 
Ófrl^ba en cama 
pencando en un 
soneto que quería dedicar al D^T; Irigoyen, 
y ahora está preso. v;:., , :f^»?> ^ 

— Bueno, pero tú no ^s 'cometido nin- " 
gun crimen, ni has tíscrito sonetos. ' 

— [Ea! Que no salgo. Protesto desd« - '. 
aquí, y soy capaz do no bajar en un mes. 
Luego hemos sabido que D. Antonio 
lograba una cosa, gracias á su vohintario 
encierro. - *' 

Que cuando llamaba alguien, ol zapa- 
tero, el sastre ó el casero, recibí» siem- 
pre la misma respuesta. • ;■ 
— El patrón ha desaparecido. 
Con lo que las cutntas qu-'dan sin pa- 
gar. 

Y D. Antonio .««e queda tan fresco. 

Por lo demás, el estado de sitio es un 
estado como cualquier otro. 

Esta es la opinión de una solterona, 

¡ue traio, con las reservas mentales del 

caso, y que tiene mucha imaginación ¿ 

pesar de que come muchos tallarines y 

colabora en El Álbum de las ntña»,'' 



■x''iefí*';',r*f^í 



~T^Í«gsyf .3E^^3^^fípT.r^^--' 



El, CASCABEL 



211 



,JPue»,Sí,..lia,jSpltóro,na me decía: 
v-»rTodo,es íicoptutnbrarse. , 

>^Segttramer»te; pero- yo, ■ desde que 
estanaGé bajo la ley marcial, procuro son- 
rfelír cuatido paso al lado de un vigilante, 
y no s'é cómo demostrar simpatías á los 
ertipfelados de policía El otro día aguanté 
eí estribo á uh oficial^que iba á montar á 
caballo. Asi evit3 que per Uera los estri- 
bas y: me llevase á la comisaria por pre- 
sunto conspirador. , 

— Yo he sufrido muchos estados (ie sitio. 
— ¿Usted, señorita? 

— Sí, yo. ¡Qué hay de particular! 

En primer lugar me sitió un joven que 
qíiería casarse á todo trance.' 

— ]Pbbrecito! ' ' '' 

— Era un buen partido iCuántas veces 
io tuve postrado á mis plantas!... Aquí, 




aquí mismo; en^estaCsófá. 
—¿y usted? 
— Yo, nada. El joven no era mi tipo. 

— Luego,' me sitió un seUor de edad 
maHura, y yo le riije ¡están verdes! 
— Pobre señor. . 
— Y luego... 

— ¿Más sitios? 

— Si; más. muchos más. Pero yo soy 
incoomovible: he llegado á acostumbrar- 
me al estaHo de sitio y no le hago caso. 
Por eso, repito, el estado de sitio es un 
estado como cualquier otro, y todo es 
acostumbrarse á él. 

Perplejo me dejaban los disparatados 
argumentos de la fantástica s")lterona, 
y sobre toflo el rijiintin con que repetía 
que ai'in no había encontrado su tipo. 

Poi- fin empezA á comprender. 

El tipo era yo. 

La niña me eivipez.iba á poner en es- 
tado de sitio á n)i. 



De pronto mi amiga se sintió indis- 
puesta. ,. 

— ¿Qué le pasa? 

— ¡Los recuerdos! Este sofá, mudo tes- 
tigo de mil escenas de amor, me parece 
ahora muy duro. Tan duro como... 

— ¿Roea? -■ -^ 

— Como su corazón'. ' '■• - 

-¿El de Roca? " 

— jEl de V.! 

Y ¡zásl le dio un patatús. 

Yo me alejé escamado; la dejé en el 
sofá revolcándose, y salí á la calle re- 
negando de las solteronas y del estado 
de sitio, que quieras que nó, me ha hecho 
hablar de él, porque tanto yo, como to- 
dos, lo teníamos siempre en la boca; tanto 
es asi que el otro di a encontré á un ;< mi- 
go, que se casó el año pasado, y me 
dijo: 

— ¡Gran noticia! Mi mujer está en es- 
tado... 

—¿De sitio? 





XKjs^íioaío 



Es fácil que siguiendo mi destino, 
como uuichos que hicieron otro tanto, 
rae retire ú un convento y muera santo, 
...pero después que he sido un libertino. 
Y adem.ís. no sería extraña cosa 
(jue por in sabia ley del transformismo, 
fueras tú retirada del abismo, 
amable compañera y casta esposa. 
Mas iiasta que esto suceder pudiera. ., 
go:;e!no.s sin reservas del presente 
y cootiiiuemos siendo lindamente: 
yo. un hombre sin honor; tú, una ramera 



^«í" 



i 



81S 



ÉtfiCáM'AITliíi 



En el rápido existir 

se^¿M^ar.^J^J [ 
se crea por desTruir. 
Es triste estar persuadido 
que, como siempre ha pasado, 
al fin todoe^ídí-éádo^í sh 8o!Doi.iai 
haya de^seiPddstBÜídmqG son;; srj' 
Y estéiítettTéle ftítalfíü sorto .^up i 
hace pensaíf^onnrazóne '^r irJ csu*! 
si es plétoi«f<tefifevencióBí9Efií o ¿I 
ó es íaltade material, i af.U;?^- 

• De la estéiffl t^i-^á ilé ¥6s Wbloé' ' í 
no seguiífe' ir/ütíi: ho íb''bi*eás;^ ^ 
que prefierb'iíar'Viiiiaá lilis ideas í 
como llu^á ítfé 'fiesbs en tüife lábiósí 

,0'íd(X? M r:""oí()-- J';t>',L;,,i 

Compas^n-^iiQ.te inspifa,, ,,| .,, , . 
ese mendigo, q{je 4^jt^^p^.ertft,^SJpa^a, 
y en el concierto,. ^s'-ta,otQ, , .,,„f, , 
lo que Oj:f€^ t,e¡ ¿ílíja^ra,, ,¡j;. ,. , .,' , .^ 
que te emocionaLS,jr. derramas llanto. 
De tal modo, <^ii^,^as,. sido, conprü^^íi'i 
¡con una sensitivájieiicadai ,. ,, , 

Es mi existencia íurideliTio.''^ 
y en incesante' martirio, ■•' " '''^' 
voy alzando, í>or mi mrJ/''' 
edificios de eristáíí";'''^ -¡í' .^ 
sobre pétalÓsí'dé^'Hridü >'' ^ - ""■■ ' 

^^y^dolfpS._de los Oíos. 

El bu^ bebedor 



la 



:>-{rrT 



"ri.r 




. (í.i-i'^'^ '" > •> .< lí'-.i-.. : 
' Ipf - ■.-■•■ -^^ ■ 

,; iviüEDO aseguraros, — ex - 
i:::.cl«Mióaquel hombre des- 
íííírgandio un fuerte pu- 
ñelazo sobre la mesa — 
que no hay en el mundo 
quien se atreva á decir 
que me ha visto beodo. 
Ni el coñac, ni el aguar- 
diente, ni el ron. tienen sobre mi poder 
alguno. 

Después de comer como acostumbro, es 
decir, como un Heliogá'^^^^fsBy ,un"bebé+ ' 
dor invencible y me encueii^ ¿Ji^ 
á absorver todas las cantidades "" 
do que me presenten. La capacidad 3W 
estómago es tan grande, que con lo que 
cabe en él habría suficiente para embo- 
rrachar á todos los viciosos de Dublin. 

Apuró el contenido del vaso que tenia 
en la diestra y continuó: 



—En la cuestión de la bebida sólo hay 
dpa fi^Pf<V^f^~{^HjpfP^f^" nÜ3 aprecios y 

mujer, sobre todo, es una notabilidad be- 
biendo aguardiente. Pero tanto á ella como 
ó él tuve que reprenderles un día porque 
se permitieron la aüqacilf de rmérercom- 
petir conmigo (g9p;,^up}^^sJ<;^,,q|¿e,eagaron 
cara su temerida(|^;pp^x]ue.,<gpep¡a^,l^ubie- 
rón bebido Ireintéa? copas d6'0e»'.yezÉ^,iCaye- 
ron al suelo y altíempezaron^ acaJticiar- 
se y á besarse. :;.fqEfectosi' de la chispa! 
Yo me reí muchó-y^ié^fttiííiíé'bíebiéW'do to- 
da la noche,' haáta "^ué^ be'rcá' d^í%ihane- 
cer me fui que<Íarí^o frió y tüVé qtíe le- 
vantar d aquellos Korrachos y (ipi^ 
los con profur^^Q^ r^izoirí^^m'iejitQ^.^d^ que 
debían marcharse á,4ocjnir ¿¡nSy^, respec- 
tivas casas, porquig^, no .est^bftjjbijen, ni 
medio bien, que se-apostacan ¡[«totc^, jY 
crea V. qué me costó trabajo el reduíiirlos 
á la obediencial íLó'S'^feéGdós tienen ma- 
nías muy espéciálésri • '' ^'- '^ 



■i 



es. 








Siempre absorta el alma rijid,' ' 
se pasa !a noche eriierá"' ' '"■ 
a.dmii ando placentera '^^ 

tan bella Ibtografia. ' ; '"' 
¡Qué busto magestuoso! ' ' 

¡Qué mirar tan zalamero! 
Por más que un ojo está huero 
y es el otro legañoso. 
Con qué exppes^^ tan feliz, 
te ostentgjí'J&qjl'fvfretrato; 
sobre l^b,?^fffeé de olfato 
es,,, se ajJ^^m.e^Mu narizlf 
-ííT' /:i^Q^,^^j^|íun en los hechizos 
' ^^•^^^Isib^^^" divisa, 
íhajt^spma sonrisa 

íífgótes los rizos. .! 
> comprendes ¡ay de mi! 
Contemplarte cual me es grato... 
¡si no fueras mi retrato 
me enamoraba de tí! 

R. Salva '.ella. 







RD^^noQKODb 



213 






í.íl'rij''í v'bíffT !■> ni 




DE LAS í© 







íK I 

7 9fi 



Eterna yulgaridad ' 
de continuo repélidia/ 
S; en la qué está bbollefilá!^'^^^''^ 

•unáTprofunda Vei*dad;«í^'''^"i'^í "¿ 
. ' que én él coiistáiite> vM^téHí "^ ot)'ó 
'■'■ del negociov si s^tterctk^ / ol&tríi 
; ' : co n el honor se? joópieccití -: aesú u 
eon laside^s t9iB^ién.ci.^f¡,íi /^t ^^.r, ^, 

.Comercio al qu^rSU Xor^^na,jjj;^^,5 ,, l.^ 

,^8An sujeto ha Í?í4f9.,,,: .J^j,,: „. 

y la cual ha consej^uidíQ, ' ] ^ ■.,./■ 

sin mercancía^niñgüñá, ' '''i'*^ ,^' "'' '^^^'' 

pórqiié con páginai Hééa^^^'^ -'í ^ ' ^ f *>' 

" a!e ingenio ó' de fátitasíá- ''-'-"' ''''^"'^*='':>í' 

- páláaas 'y oro recogíát^'i'Hj . í oíao. v;; ' f f 

robando idea» agenas. j i! ; .i ¿¿fni; 

; : ; Ctomercio, en el que compramqs . y eai^ 

i todoSi y.á todos conviene, ' b^ i 

pues que de artículos tiene , . r 

surtido en toaos los ramos: 

i>óétá' que en prodigiosas 

estrofas, descubre un mundo 

y autor áublii^i^y fecundo 

comercia en pfedras preciosas. 

Escritores c^üi^hados,; r 

plagiarios ág jj^.jwttíiferds 

que venden^í verdaderos 

brillantes f^fificad^^ 

Quién expe^id^ novl^aades, 

que introdiíce 6í^e;,;.fc»blPica, 

quién, en ca^ttó, se dedica 

á y ender antigüedades. 

¿Y autor que con.. clasicismo 

y hortera que por vender 

jVaiñoíí i&> Háábén Viáfcer ' ^Vi j^ 

el artículo lo mismo? 

Poetisa estrafalaria 

que siempre canta «Ala muerte» 

y viene á ser de esta suerte 

una empresa funeraria. 

¿ Quién niega que hay deliciosos 



artículo» de «pr»/ llenos, 1 ,» 
que unos apellidan buenos, 
y que otros llaman sabrosos? > 
Pues si se examina bien > v ^ 
la conserva y el envase, ; • 
resultan los de esta clase ¡ - 
artículos de almacén, 
prpbfindo esto lo ridiculo 
de que encuentre la malici^, , 
que es fiq^pre ia noticia "'". . 
ó es, un <^<ori^o el artículo^ 
Muestrario en que en portentosa 
muestra colores Se exiben, 
pues libros í^des se escriben ' ' 
/ duehtos éofor de rosa.- '' " 
Comercio dé niineral, 
ya que hablan todos los dias • 
áe pedestres póesiasl 
y libros con mucha sal. 

Comercio é industria es, ' 
pues nadie puedenegar, 

cuánto se oyen ponderar . _ 

las obras con interés. 
Comercio que solicita 

público á su producción ; , , í. 

y que en su propagación 

de las letras necesita 

Ved negocios arruinados, 

mirad empresas, quebradas, 

son las obras rechazadas, 

son los autores ^libados. ■ "| 
En fin, comercio tranquilo. 

que tantos ramos abarca, 

un comercio en que la marca 

de fábrica, es el estilo, ■{^^&^: 

y el contrabando, en tal trá 

es en la somt>ra explota,do 

por e\ chantage combinado ^ 

con el libro pornográfico... ""V"" 

Luis Gat&dl 





mí ::. 






1 1) 






''^^rp 



J^f'S^S^Sf^^^" 



1 i' " 

'ÍT4 



- •.!••( 



. :i:,i' 



: EL CASGABEL ,- 






rmm f^iíS^U^ímMm ja 




— Enséñame la lengua, monín. 

—No, quiero. Mamá me ha dicho que cuando V. esté de visita he.de .teper Ja lengua. quieta; 
¡Ver y callar! : _ 

..M. - .fiÚMO EMPIEZA Y CÚMO A W6A :::.;::: : , 



Estoy loco y mi locura 
presumo que, irá á parar 
hasta los .pies de un aítar 
y en manos de un señor cura; 

Si fuera, Pepe, pintor 
su retrato trazE^vía, 
aunque as^ur*- mi tía 
que es mal;, artista. el amor. 

¿Qué sa^ ^gi jr á s\i eidad ., 
de las gra¿ías feipeniies? 
Ella tiene veinte abriles, 
pudor, candor y bondad. 

Bella boca, labios rojos, 
pió pequeño, talle bello, 
con un muy negro cabello 
y con estrellas por ojos. 

De aquí á un mes en matrimonio, 
que de fijo quiere Dios, 
nos uniremos los dos; 
te convida, pues, tu- ■■<* - 

II 

Ya me casé; ya la veo 
en el templo de mi hogar; 
es mi ángel tutelar 
que adivina mi deseo. 

Mi placer yo no te escondo. 
¡Soy tan feliz en el día! 
la quiero cuál Ta quería, 






'.;'J 



•*jV'á 



este mar no tiene fondo. ' 

Sólo un defecto la hallo 
desde que ya es mi mujer... • 
Ayer no lo supe ver: 
veo, sufro, observo y callo. 

"'" ni ^' , -■ , "i,, 

Las penas van en aumento, 
y si quiero paz y, calma 
he de encerrar en mi alma ' 

lo que dicta el pensamiento. 

Cuando me cegó el amor 
tales faltas no veía, : 

y al año no presumía 
en vez de placer dolor. , - .. 

Es coqueta y es ligera. 
Sigue del mundo el influjo. 
Sería bueno, si el lujo 
de su capricl^o, a|»feudiera. 

Aún la adoto, que á no ser 
por este ^afectó' tan puro, 
¡ay, íüíiiiol yo te juro , 

qíi^óftí^ mi mujer. 

•• . .■f'^. '.' • '^ ,^**/- 

.:l::V "■■:'"■-•' IV 

;..lp di todo al demonio, ' ' 

íque quien ama no olvida, 
no te cases en tu vida, 
te lo aconseja tu 

Antonio. 

Por la copia— ' 
José ItodíHguez. 



¡ajíét^íi >3- 



'-'SÁ 



t^ 



"I f ' V/ " V- 

EL CASBABEL 



215 



HOMBRES 




<-■— ^o me refiero á los que aguantan, 
sin chistar una filípica de la manqiiét; po* 





:paeiírHj^¿« 



■./■^ 



duda^ Y nuestro amigo nos descubrió su 
.k^i^hi]^i\,ca\\a. Le digo á V. que estoy 
aburrida y no sé qué hacer. 
—Haga V. crochet. 
—Mi iparido es capaz de hacerlo, puc.-s 
él cose, -barre y, sobre todo, se dedica <i 
^Irábajos de' gran paciencia. 
.^,Ah0ra. quiere poner en verso un tratado 
de trfgonónietría. y además está por hacer 
uiía «sta)#i^li¿|r:^^ los fósforos que se con- 
suiperl^ejjjpíQriOs Aires. El otro dia me 



vth áridos 

i, pon- 
ié^n la 

Imano 

hizo 5^a^^rdp'(|grc¡ón que me indignó. 

fÉ^,-Cftt.e''^uíré " r#-Qüít::mé'|^^ contar los cabellos pa- 
s, •iñSfí^iores jf'^ií^íüíopa^^ cocinera y ver cuál 

^s.vsj,n-decii/ |^^íiíte;.^'t|^- }1^_ 

4rVF^Ésf?p^líhtó la ^lí^tión . 

/■^á p<^re-.5orré^a{ despidióse y no la 
he^vuplto áver íiái^la ayer. 



^ii ñiás ó - _-^ -^jAy, amigo.'r^e dijo. 



— ^iVii desgracia es gVande. ¿Sabe V. lo 
que ha hecho mi ésposp? 

— ¡Qué sé yo! Tal vez^un rosario de ca- 
bello con pulgas por cuentas. 

— ¡Cá! ¿Sabe V. la cocinera? 



litica. 

Tampoco aludo á los pací 
que, casados con una mujer 
go por calamidad, viveii o 
boca y la jofaina de agtí^ í'i 
para por un si aca0i 

Tampoco incluyo -^lís-^ 
cientes, al público ^.j 
impuestos, malos gí>J 
de boletos y otras!^ 
esta boca es ntía^^j^.:-^:^^^ 

Sufrir y callar ri6 ési M 

El que lo ¿s por ¿U: 

¿Han sosíeni^o Y^. 
menos intimas con álg^Jioii|^|epácién,Íéít^ he salido sin para- 

Pues yo tatobién^fv-;'^;; -^J^'-^r!- - V7'!!"' 

No sé ep qué'época, ni ésta hace al" 
caso, tuve la inefíabje dicha de conocer, 
por parte de su íxuena' esposa, á D. Epi- 

fanio Borrego, horifibre paciente si los 

hay. -.-. ^■■?--^1¡'.\ ■ ■ •:■;■•; -■ 

—Si viese V.— me AijBcia la Béfjhpg^a- 
jTiene unas cosas mi marido! * ' ■ 

— Nadie mejor que V. puede saberlo. 

—¿Sabe én qué se entretiene ahora Epi- 
fanio? - >= '- ; — 

— NO, señora.'-- '• '■'■■' ' " 

— Pues le ha dado por hacer mi retrato 
con patas de mosca, pegadas en papel de 
dibujo. ; . ^■^'' ■ 

— ¡Friolerigíl' Áhói'a casi podría afirmar 
qué sé lo que' hace su esposo én éslé mo- 
mento. ¡Habrá, .ido á cazar mosca.'?! 

— ¡Ah, si! OblígwdQ por el consumo de 
patas, no para ni un minuto. Si tenemos 
visitas en casa, me hace pasar la pena ne- 
gra. Figúrese que el ^tro dia, estando 
de visita D. N. N., respetettole amigo nues- 
tro, una mosjca fué ó pofearsé en su ve- 
nerable coco, r V 

Verlo mi ^píoBoy sacudirle íin bife en 
la coronilla MD. N. N., fué todo, uno. 

— El caso ||||6..^pave. V"^4Í'"^ 

—Más gravevi^ig^iD que pásórr 

—Me lo figuró, "t). N. N. se volverla 
airado y ¡zas! 

— ¡Cá! La mosca escapó y la cabeza de 
D. N. N. fué á parar debajo de una silla. 

—Si; porque la cabeza, la hermosa ca- 
bellera, ¡era peluca! 
Total, la mosca escapó, amoscada sin 



•i-^; 



' — Se há escapado de mi casa con Bo- 
rrego. ' 

— Habrá querido continuar aquella in- 
vestigación peluda. 

—¡Quién sabe! 

— Hay hombres tan paci^ites... 

— Pues liesé V. de ellos. 

/ Antonio F. Molina. 



».»- 



j%0 me llegué á la.tumba de la ingrata 
/ ' ■ que acibaró mi vida, 
y miré que un gusano lentamente 
,. sú cor^z<ki roía! 

--''■ ?. . ■ ■ . 
ATveílo, como áíxriibra un pensamiento 

oscureció mi alma: 

tóense en tu corazón que ine lo niegas 

y que el gusano aguarda... 

Y ¡ay! pensé en lo débiles que somos, 

y me alejé humillado 
al mirar que á un gusano le entregar: ;u 

^o que á mí me negaron! 



(Tucumán) 



Patricio Gal' o. 






m^ 



m^^mmt 



f'l*-'/'Vi 



ÁCTtJÁLlDlDÉS 

33 A R'=l 



í :s ■■ 



'i i.- 



■ %\\ 



p~ 




— jBueíNig¿A.ires en estado de sitió! - > — ^' '^^ ***!. 

—Y á mi qué me imporríi. Mi mnif»r está en estado interesante, y lo itft&relfíínte es que no 
tengo un cobre en casa. Nada, que pronto me sitiará el hambre. Ya vé :V>. que mi astado es 
para dejar en ^1 sitio al más pintado. 



•;'•;■ ■*:,'!• 



iífláimimí 



jiií 



gaaAaíJAUTOA 

FRASHS 




' ' Una frase que me aterra? u 
caballeros, jla gran perra! 



Si te perdés, chíflame*, . 



■ {'-•i'- t,ij q 



2t8' 



'iSLltíX&CASELl 



SOCORROS OPORTUNOS 



En un país remoto 
por el liero destino castigado, 
hubo tan espantoso terremoto, 
que quedó pei»t<líümpleto desolad»;^^ 
Casas, cal !¿s^Jíi|ídieTKlas, ]pl an tafí^^ 






\t^ H^siaá»?^ 






i 



'^ . ^eí^ 



en un instíj 

quedarop- <50«6^ J&sc<PEftjwfi^ mífffttíñ'^ 
ó entrgaus s^mliraá' etf^epr(l(^&t¿i^ó,-> 
dejarylftá Ipá^ labriegOa~ívríiC|!n"ados 
y á tiOT^faijos! sin fia;'^í)andóMcIoíí 
Súj^Si^l necho aquí, íy naturalmer 

, c9ñrao^'^ la"¿ente1 ' , ,_ „>.-_,j,: 

aé habió 'ee caridad, de sentimiento^^^ C'' 
y,"V£irios caball^oé'íeunidos, 
tratarottde enviíír urgentemente 

vSOGOrros á lof pobres desvalidos. 

:.%é Jim taróíi valiosos elementos, ,. 
y\ Gomo e&consiguiente, 
níi^ió lai comisión correspondiente. 

, Bitecandó medios de allegar recursos, ,' / 
arp^ellps'caballeros : ,¡ * 

pronuRfáaron magníficos discursos, ¿A' , 
moQl!nient¿«' de ciencia verdaderoig^ Z*^ -■ 
llegando, tras de largas discusión ae.l^.-'";^ 
á nombrar otras varias comisiones. 
Ante propios y extraños 



;r;: 



i 

i , 



su OTatioría magnífica Iuí;.;in, 
y en llanto transcurrían 

- lofi dfois, y los meses.'y Í0!^ año?. 

'■jli^0li ■^ov fiti la comííáióTj postrara, 
decidi¿ndo.-e á obraP jf.ipiclamente, 
al pafs dirigióse,''. prcSá^mepte, 
Oiieiel '.erremoÍQÍen*^naíí'co,nvirtiei 
Ya creían los/súbrqie?wsiona<}os 
contemplar con-'mirtcía con(|t)li^a, 
las casas y «S- campos. devastados, 

V huérfanos s^',)i^ogar, seres sin viii:'; 

^^; escena^- que^^u^Wfahá su ríiernoriii, 
ijpor haberl£í^i¿ei]56 en la oratqria;'»' 
'''^^s viej««í,4!3»>aJ^fo nii?ad4í sí:V 
já. 3.ldéá;;ji|^lué^^:^diflcada. :-vi^ • [ ;^ ^ ? 
—¿Qué hai^mas>=-*ÉJ dijeron, ^';''' 

porq!^^vh}afiíi$itanles que encontrar ¡n. 
nietos, se de^lSrarog 
de los que el te]tremtíto conocieron, 
y no existienííot^ de estos ya ninguno 
resultaba el auxilió inoportuno. 
Más de arre¿l£ff?o"krfln hallaron modo 
diciendo eí presidente '; 
— Que reciba el socorro el descendiente 
¡y al cabo queda en la familia todo! 

S. Garrido. 




'■■í^r . --, . ., - 



.'V. / 1^■ >t V ■ 



.'- .m tul --■^-■iv" 









"■■«I 




, j,,/LJna de dos: O falla ciudad, ó sobran iealros. 



-rr.-i':.,;,-iflr* ' 



'tó*tíÍ&CABÉL' 



fv 



'■*Í9 










Resultadp.de la "campaña contra el Frontón: los qii| ^ost^j^ ía^avor de las manos de 
tal ó cual ^íotarj, ahora ftoonen su plata á las ¡T^^jaBWit ct^^fefi' 
Y jYiv/ la moral {^"i^^'-^^ fomento de la ra,^^p5alla 



laf. 



■ •.'■-1. ■/ - ■-■ ■ -'^í'>.'^--/-> 



~s^ — i — 




i)£ DOMINGO A DOMINGO 



,M^;5— Ó.-íion el hambrC'.s- 
^. >— Toi^puede serv> ,. •. 



«^La y^epaad es qijéidíít ntié^ito^de lai obra 

*?^|PeSmo todo Jo í^iiei^p ^ií^^^pone^ la 
ó©ia9ií>añia dramáti(^ ^'íí^^^^^ ha; im- 
pji^to, ha roto- el M(¿íp, yíi^i^blico^ que 
no fsiempre espo^tQv;a<í'í<í^ *#1 t^^^ríJ On- 
ni||»ia y con sus aplausos y ^^pesqís de- 
mjáesira de uaa ma}3i#r^ elo.O|j^te\las sim- 
pfitias que le ^t^jsreQgn los «u^tistas que en 
él actúan. ■ " ; ■. / 

, La CredemiééU'mtíío'ISit gran filón, 
dará honra yprovéchoávVa empresa y á 
loS;?artiat.as <íüe,. con ta^Kto cariño inter- 
pre^ati't)!^^ tíj*6"v^^^^_^^^^ á propó- 

§i^ ^/4i J»^ 'fií^^bív^^as por las perso- 



— ¿A dfp^yá:;^^? ,:•. -- 

—¡Al ^rutñáí K. 

— ¡Qui^r^ner^^ de coi^^í^pan alg 

- Cqif á^os; ^i^ sa men te hace íin sígl? 
que estoy- sin érápfeo, y ■i||ia cfedenciai 

me vendrá róe|0i'«^:4<i£i,,i^í^^ e*' 

ayunas/' '.^ ,|'í^*%-.; ^_ '"'■■>? ^ :'^\'-^-- 

—Hombre deje '^. el a^tito á un lado . 
Yo hablo áé La Creúé^iál^ comedia áf^ 
Miguel Echegaray, buenisima, com<5 la?; 
suyas, y que verdaderamente equivale, 
para 1¿ empresa d«l Onrabia, á una ver- 
dadera credencial, con sueldo crecido. 

— |Ahl Entonces "rile Voy con la músico 
4 otra parte. 



^' jÑÓcb^éí^^_0n0í1iuéspeda\, otra obra 
~e^|iia^^i^^nter'"la semana, no se aguan- 
ta rií^^^^iíbchesén el cartel, 
--ílíe' tó^vrtislas solo diremos que.^iestán 
á IS altura, que las .crrcunstánciiisíi^iiie- 
ren.;*-.:v ;:-;-': ^r- v;- :/:::• ■. ■ ^:"v ^ :i. 

% oB ras eomo les de Echegaray, requie- 
ren muchas cTreurtstancias . 



¿Quieren ustedes reírse un rato? 
Pues vayan á la Comedia. 



¿fá^^i^li'} '•'.. 



mk 



— -#- — 



v;,Jwineis esioapasi de qtútar.fil ¿malJittnior 

El Retiro^ Los Domingueros^ Mpme^ 
mi^ ff(miio> y. otras por el estUa» «on obras 
qii^ desempeñada» por > Juárez. , hacen- ol- 
vldar todo lo desagradable, >eK estado de 
«iUolociaaive.. ^''.-; ./.f.^^Mnf m'^^.í m.-í;;.;>;,. 

Es de desear que la empresa proctiiHr: 
<|cirB08| á conooer obras nil#yaft> Hay .uiia 
pdMncíK^ de ellas que oaer^pef serxM^cKii* 
d^9 4f>l público, que AlJinoy.4< lai pqstreí» 



. s^jfett^ á9nyarjy,p|>lft<»4i?A8*P)Bii€^,vto 

i mismo.' .míiibi ítiíTO ')ít-nowí^ 

' .il»a^tóñqri4á Tornea* aecund^i muy Wan '> 

: A ! Juárez,> y los demés artistas bacea lo , 

que 'pueden.^ .- .:-.' -., -.a^:,: ,.,v ■^r:-v,i5 

Esperj^iíMlp poder dar pronto cuenta de f 

algúA^Qlreno, dejamos al favorecido taarrl 

inQ,>de;la calle de Artes y pasamos al: 

\ Apolo. :^.>■.,v^^ !H0:í: 






.OV'ilOíW Mo /.rsí 'v 



ÉL OEAN 






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':>{4^''-^í'ffí'ál. 


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(;:.:-,..^,-' 


S.í'^-: ó.T:!;t)i« 




—No haga V, casQ, de la murmuración. ¡Envidia pura! V. bella amiga, está á cubierto de 

todas estas suposiciones . .. , . r .]:.. i ,'./;,.(..■,>. 

—^rea V, que ipis antecedentes,, sobfe ser muy conocidos son intachables^. ^;!r .í!5-rr> >^ 

'—A la 'vista está'!. ' '" ' >',,^:.,'^ ;.-¿-,;,v^xíí7,í;'^-^' 



-M 



i^tMlRMftMJ 



ción de este teatro. .oínsim 

sí 'ei^^aM^'-ífi? 0tfm^dS^A(Wmi:»^r^ 
archiconocídas del público, sabeíííSi'MifttJ-P 
pátitfeí^^t¥[í)íe!^Sf*I^ ífl^uí^'-tWíVíídfld^-^Ti:*! 
dés^iíéiM^'q^ ^ aíféi%!ftéia'ií(5ítíbteittieB¿e 
te'déí'^Qé^fé (faff^ep'as&ártiíálft* éélíínisí 
mo género. .OjV>.v\k 

El cuadro dramátiQQ, apenas ha dado 
señales de vida durá^ la semana. 

Anuncióse el estreno de La escuela de 
las coquetas y aún lo estamos esperando. 

La empresa sabrá lo mieuJi^Qjprr í- sLíel 
público prefiere obras \¡ff^j|s/)i4f^J>%n- 
en dárselas y bastí» en establecer las fun- 
ciones por horas, que no dudamos ten- 
drían gran éxito. 



Asi fo piensan muchos que s^i^esténTeTl^'-*''''^^ marido de Elisa, 



de... la bolsa: es decir, deLtedsillo 







Nq hemos teni 
teatro Alhamb , 
tendido que^abaja 
gida por el/é'preci 
Roldan, igrtuy acep 



ocasión de asistir al 

en el que tenemos en- 

ipañia, diri- 

nico señpr 




En ef Politéam 
rio za/zuelero, g^ 
concufrencia. 

í - ; 

í ■ ■■ \ . , ,, ,. , j, , 

Las| Fol Íes Fj¡9rle t . , . n>eré(íí^^ji|gpíttufis( . 
aparté. Y^t 



y celohrados poela9Jt'Ó'ywéte5«ObIfgfta€P If- 

AÍ>ííí^í^.r'.0'^"ÍM-V'n'..'.^-í)4l r^vV ,0'<V\0*A VA 

eBU^«S'feeÉ(ííi»í te-rff*;! siürf diíiJdte X pét&^lf4^ 

oti^a«í-*(6Íáíraí(es.í^¡^i'bfi'iíí?.'''''- oí oboj Tefiív- 
Aij(nque bien mirado, poco9|i«l#tófl5 qil^ 

f'P<írqtt¥ stfponetnos <|fife suoíéeío^- p^ W 
btiéfnjgttsto y te'itttíréil j*© les ll^áhéíéf^síiíi 
tpériíoide impedir' fe fepreaéKÍüatiíítíJ W 
obras que hayan obtenido la sanción del 
ico desoíros países. 
Ppr eLmprnentq»la^junia puede cruzíirse 
é jSra^t|s^|Beg^jí|i mucho tiempo. 
Y si cobra sueldo, con mayor motivo. 



vio á SU ra^íyep en 
de otro y calíS^.-^ 



que ai 




■ w 

—Pues.. ví^<Jres!8;:^A¡|. que qiíiere protes- 
tar de algo y ¡z^s! le "^IiaiJ^Iiií^oca. 

— Ah, vamos; vijene^-ser ün/raatrírnonio 
díscolo con suegra en activo éjéi:c.icio. 

-Cabal I : ^ -^ ; 'ly ^ 





r! YqiíéT 
ues^conlra, 
^ue cari 

9 y §J 



los brazos 

Eso demuestra 
llaman Sancho. 



de log[ buques 

\ .■ 

de abuí'^ar las 

Histas son»\y no 

ht*ano 8in\per- 

•^.^^ clas^ de 

1^ \ 







iQfitcesu 



Ya teíi^nc»os,connisi(^,.een»ora, encarga- 
aa de revisar, aprobar ó rechazar, según 
los casos, las obras 'idramáticasqtíe' las 
empresas se preparan á ofrecer al público. 



^apito c|dá^:; .:;.||| |-. 
¿íyí¡clafotíío»^^ari«a,;-jíJ.^-^^\ | 
anza? ^eso'seí^ ijyt^^^rní^;' ^^:^ ^ 
■G;lal;llntf^^?q^^!aJ/^i^ v>^^\^ 

e el Coña^fd0eiiberante 

es;una:stithipsaí''de t|i^ Española. 

Én Ift cesión' $^'^rmeffy'aél ccrriente 

'més^^J^t^Mrj^í^m^ secre- 

.tario^^ eo í«|¿t' r^ 

^ve^pf^^éj etvei^-3e^^ por ser 

}:ibt»á¿-^astízp.^,;o;>;tí '!'^|^ 

,x M^Sí^Si^^-pioi^^Ya que se trataba 
de hsfliUj^^; ésfCPÍbir^SÍen, proponía que en 
vez de goM^iéndose se dijera garanti- 
zándose':' 

Inleresante discusión; pero á todo esto 
las calles siguen sin novedad. 

Mal empedradas, peor barridas y no tre- 
pidamos (¡duro señores concejales!) rfe.5- 
de y« (fduPó, tembíénfV en afiffóai^ que 
están peor alumbradas, cóm1)''p4f^'lé 'cows- 

íafa?^^ (¡diird,^ufo!| dtííido'iiñ/paseo de 
noche. .ja .>c:-r.;f ,.-^ 



r - 



m 



.„:MÉi*^3^lSÍ.-. 



¿ Qué dicei ik ^lí^^Hof Svíu^, correspon- 
diente de lat Academia Española? ; ; 
O. corresponsal, si le parece al Dr. Ca- 

í» Su¿te escribiendo un poema, 
con esfuerzos q.ue dan grima , ;-, 
y luego afirma con flemaf 
que cuando se inspira rima 
pero üo rima, es que rema. ' ' " , 



Un criticó' Tígfero, es decir, üri crifico, o 
noticiero, ó lo que sea, dice,- ocupándose 
de « La Credencial », estrenada con tanto 
éxito en el Onriíí^m, que la Sra.iGalé ca- 
racteriza una planchadora que liace ha- 
blar á la plancha. 

Hombre, es lo que nos quedaba por ver. 

El que ha hablado es el noticiero y al 
abrir la boca .. . ¡plancha! 



5 .!;& 



,>i¿ 



-r}'-\->'-r. 



• '"v Contradicción evidente ' ' > : '■ ' 
X^AqcXqvIq voluntario .,ím*.. 

í^ ^u ien j)id«iíi(tC^^P<í n *Naza r io : 
; 'pQj^^zÓ Cfl^scienterne*iíl^sií4¿ ' 

^fWés dice; poKél conlrarif'^íi^,' 
- Miqüe^ fué: ímt^/ttMf«r¿améS?íí##&l 

Pues se^ót; gl gue' q^uijera volverse; íoco, 



que, lea los irálá fo^•í|ba^^^^d|i^rií^s j^^e y^ t 
la luíícn Bueiips Aif«sri¿4,4:f |^,|Ígj,.j;,;r 

<cLá trfipquilidad es absólutá-r-cli'^ lúio. í 
— Se temBn disturbios -^replica otro, 
T^rEs falso que se .conspire. 
— El gobierp.o.^iej^,k}s.hilo;3 de una cons- , 

pi racipMi,,^?! ' fíiít^í j íViíií; ;4ri ■»»■} ;í 1 1 •% .j'i bi^ h \ '^.>'>h 
¿ Tiene loa h/los ? ^^.,: .■ ,. ., ,,:.,>., -í;^'^ -*i 
Quiera Dios que no nos cosa con JIDjj 

nuevo impuesto! _ m ., i ;.(:,. tiVí 
Aunque.no.7ioscos«i^ia. , I.:;;, ■ >^íí ¡.¿.[^^h^ 
Por que más .recosidos de ío que esla- 

inos!.. . . , ., , ,., , . . t 

: TORRESPONDENCIA^^ M ^^ 

• ■ — — . _;— . ^ ..j 

Z. Ce'O:— Hasta el > pseudónimo resulta siAaoeotpa^ ''> 

ción Lo mismo qi^e sus v,ersos. ^ 
Tito.— Flojillo todo. 

Pantaleón.—%\ es broma, puede pasar. -rv^> 
ü; carjt>íné¿ío. —Carambasy jqué «osas aiée^J "*' ' 
A. Sa^ic/iesi^Tal vez no se recibií». Yo Ofii^ Wr^l, 

cuerdo. -"■''■'" •■'S8| • ' 

flaíOTíCíío.— iQüe te sueltó;ii>l gato! -I 

Una amUja.—iOív^\ ¡Pero qué manías tienen álgu- 

aos! Hasta con véncerme,\ dudara sidníipre; eií*áecüi:, , 

tal'véz jiuedadíMaí al^guim Véfc. •, ^1-' ; i (' f 

Americano - ¡Holll ... i¥»f lem ,>|!?aflafl6 ft y«irsificap , j 

á proposito de Colón? i; ,^! ; ^r^aLL IiííííísIíS 






P. Pito.— Me gusta; se pqj^i.car&^ '] y '^ > ;#Í3; 
Z. dé H.—Lq mismo dl^^'" ' ' '|' - '-•. 



Z. £/^íe)'ít).— Es muy seria la idea. 
"Po/i7íco.— Pues nó; aunque sea de actualü4sd &p . 
me conviene. ■"■"■];'"■; ■ 'i: '- -■■"";r-;'!-fl'r?í'i^í^^«„i;tS'! -~ , 

Unos, am¿ffos.— ''d.l vez con tanto. consejo. mévuel- > 
va loco; pero, en fin, agradezco mucho 9,1 int^^ 
que se toman. _^ i- ''.^í^ 

Aj-7n¿7if/o -Fíores.— Se puMíSárá. " "'' 

A. V. C— \o puedo complacerle por hoy. 



ifó' 



-4i^ 



ir 



i. i^' V ' ^ -H - ^*» ' '^^ ' \ 



tt^ 






ih'"'-' 









SEMAlÍARláMSTIVO ILUSTRADO^ ^^^íí^Sl 
CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 






:1 /<■ '.11. 



Capital: 3 meses. . . . \ ....;......,...: . . g ISO 

Provincias: Los seilores C<)rre-pDnsaleS ' '?\*,f 
fijarán el precio. j; _:^^^ í1 

Numero corriente ■»«, ^ - . . /. ..^iisg^ii^^'v^^^ 

> atrasado.. ^Üllr!'^ ..^f.lfMS 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES-: 



■i! 



..i] í?^ 



i ,<íí 1^ : ' REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN '''::y^^^^ 



.■íafe-; 



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M'.&íím^mi^ 



J^,N 




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entre el Rio de la Plata y Europa 

i •■ • ■ %■.■.■! :<■::>• i;'y'.'-- I •: , ^ «'llt'-li-». ■ ; ■ : 

La» s9.Udas dq este pu^i^te tserán el %, d& Cfi^fae» 
para,SapLÍa.CJ5Uz d*. tenefife,. Gíi^diz, pán:eloó¡á y Mais., 
splla, ¿diriitiendd carga y pasajeras, .asl'coóio' 'j%ttl 
Vigo, Coruña, Santander, Bilbao y íieináis'piuhtos'iiü-' 
portantes de España. - n ' >" s ' i í » í »/ -' f 

Por m&B inrormes ó datos, odúrr^tse á «as agMiñteet 
Antonio López y C', calle klsina, -ídÓ. • '» • -'/s ) ."• '■■■, 

NoTA.-^Se expiden pasages^de venida, (\e. todpi^ 1m i 
puertos y_cíii,daUgs dej|t^,%ñ^,. . .^ , ;j ^; ; . Lj ív ' i 

. ' .. ,: .;., -. "•■ ti : v." ■ /ij.t %'" % o *; »" :,| 



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dfe P&pís .1S78- 
l88R,;[de; A^i^ná^ 
1873. de Anver' 
1883. 

.Seícreto! ; líe 
comMnácién ^ita- 
visitote. 

% ieraran|idíis 
cDntr4 inicéndiD. 
Surtido de ca- 
jas íde'^ hierro pa- 
ra casas de QO- 
mércío. -■ ' '^ 
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. BÜJSNOS AIRÉ3/: 




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Pn'Kííkr'f-ritt cuchillos, centrjos de mesa, ja- 
v> u JJ J^ci Vv/ají trras pain^ag-ua. juegos de té; 
juegos de lavatorios de metalblanco. licoreras, ca- 
nastas para pan, aceiteras, cobeitem», floreros, lamif 
paritas, veladores, filtros para' agua, efe 7- 

WalaHorac sorbetera», nece.<arios varia* 
XACiauc^Lciaj formas y clases, bidt'ts surtidos, 
lavatorios, .juefros de lav-torios, j''«»gos de toilette, 
m&quinas para hacer soda ó regaderas, liltros para 
agua, Uambrerasi eí<5: ! ' 'i :;:;' J' ^ ''/r 

Juegos de mesa, K?11^¿^P¿^ 

de cristal,' cubif ríos, cuchillos, salivaderas, palmato- 
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Son los mejores cigarrillos de los inmejQrj|,btes— 
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ix)8 tumadorfordebea evitar las falsificaciones exi- 
gif'iino en cada etiqueta la lírma de garuniia de—" 
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Exportación de frutos del país.— Importación 
de productos españoles en general. 

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Depósitos en cuenta corrieqte & la vista 2 ^ a^ui^l • 
» : » » á 90 días 3 » »' 

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Se dan ííiros á la vista sobre todas las capi- 
tales de España , cojí beneficio para el toma- 
dor. Se dan giros -s€^b^e los pueotos, también 
con beneficio. 

Horas de despachó. Los dias hábiles de 
9 a. nr: á 4 p. m. Los dias festivos de 9 a. m^ 

á 11 m. . ■ . , . 



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Se previene al pablico que la farmacia establecida 
en la < alie Rivadavia, que fué anteriorinente d« don 
GUILLERMO A. CKANWtSLL, se vendió á D. Diego 
Sproat, quien no es farmaeémico, de modo que dicha 
farmacia no es ya de CÍ{AN\YEJ.L sino de Sproat. 

í LA ÚNICA DROGtJERLi Y FARMACI 
. r DE CRAIVWELL 

que existe eó. Buenos Airés^, estft-situada en la calle 

VICTORIA, núm. 647 

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Atendida personalmente por su propietario— 
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224 



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Es el doctor Pirovano 
un ilustre cirujano; 
que ha conseguido sanar 
á cualquiera, con cortar.. 
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226 



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_üLl_íü 



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EL CASCABEL 

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■^: 





'" ^1 ^vittir <^iHI: se J"! 



r-ff. i^i-; 



3Hl--$- 




AVpodémos mandar 
á paseo sin temor 
alguno, á nuestras, 
esposas é hijas. 
Ya no hay peligros 
para ellas en las calles. 

Por que si algún atrevido se propasa, 
al punto se presentará un protector del 
bello sex,o y lo llamará al orden, ¿^l^.^. 

Después de la. sociedad protectora de 
animales, era de absoluta necesidad la 
fundación de la sociedad protectora del 
bello sexo, porque abundan los señores 
desnaturalizados que en una esquina, dan 
un puntapié á un candido perrito de aguas 
y luego la emprenden con las mujeres y 
las tiran pellizcos en cualquier parte. 

La misión de los socios protectores, no 
puede ser más delicada.^ 

Han de obrar con mucho tacto, de lo 
contrario, se exponen á muchas cosas des- 
agradab.ies. 

Por ejemplo: sabemos que un socio pa- 
seaba, no hace de esto muchos días, por 
un barrio apartado, y de pronto llegaron 
á sus oidos unos gritos de mujer que le 
partieron el alma. 

Aqiii maltratan á una infeliz — se dijo. 

Y sin escuchar otras voces que las de 
su conciencia, llamó ala puerta de la" casa 
de donde partían los lastimeros gritos. 

Una voz ronca, preguntó : 

— ¿Quién es? 

— Abra V. pronto. 
La puerta se abrió. 

— ¿Qué desea V? 

— Cortar un abuso: lo que aquí pasa 



%, 



es indigno. Desde ía calle se oyéii cl¿^- - *' 
mente los gfijtós i j ,v" f 

: >í .¿-ííg- que ds ^.^rírin* 

^-rrJPprio edkisridio ! Aqüi «stoy yc|!?para 

'^"" ' ' " '*i*v^ m% mm -^-íM- 

_^.iCabanerót'^v;.s'í'..-^;'^-^^.#W ^:v--.:- 
., -r-. Noiíay caballero que valga. Nue tra ;>;| 
misión es sagrada, y cortamos el abuso;& 
donde quiera que se cometa. En esta casti;:^ 
sufre una mujer? pues aqui estoy yo para |fí J 
decirle á V., ¡su procederes indigno!... V fv 
Lo que ha hecho V. con esa mujej* es in- *i 

—¡Ya me está V. indignando1l?ítya;y. , ,s, - 
á paseo, que yo voy al lado de gni mujéi*. 

— Pues mucho cuidado. PofH|¿é; iM ^ritív 
nuevamente, ¡verá V. lo que le pa$ar ■■^. 

— ; Y á V. qu3 le importa! ^ -:■, "*'': -ir 
— Mucho; desde ahora queda ÍMijongij, 

nmparo su señora, y V. no la pufede cas- 

lisrar más. i 

— ¡Está V. loco! j ■ 

— ¡No me insulte Y., mal esposo! ;^i 
— ¡Bárbaro!... s^v ::j' 

— ¡Bruto!... ■'$;■';.' 
—¿Yo bárbaro?... ¡Tome Vi >|s ií: r 

Y se agarraron el socio protect'crr y , el 
marido. Intervino la autoridad y se sacó 
■m claro que la mujer que.grrtabá acababa 
í!e dar á luz un par da .(eacborrilios ro- 
bustos. '>:■ ¿ : • . ~ ^ ' . 

El socio protector fué á'parár á la co- 
misaría por meterse en camisa de once 
varas. --"^ ■ '% ■' . , ... 

Y el pobre marido recibfiÍ4»,lgún golpe, 
• ma rabieta mayúscula y la consiguiente 
sorpresa al hallarse con dos vastagos. 

Por lo demás 
las señoras van 
por \•^ calle re- 
lati vamen te 
tranquilas y 
con el rostro 
altivo, como 
diciendo — ¡Ay del que me falt*^! 

Lo esencial es «^ue puedan visitar los, 
templos mañana y pasado, sin sufrir los 
ataques que les llevaron el año pasado 
una porción de salvajes que llenaban los 
atrios y cometían toda clase de brutalida- 
des, sin considerar que el Señor estaba 
de cuerpo presente, como quien dice. 
Ahora la juventud tendrá que recatarse 








eii «t%9G49f (4 



227 



un {>oco, de lo contrario, loif impláéAbles 

protectores les poníjrá^ ui| fpenq. j >| -y . 

Ya nóWrá fácil entregar oár^táSiítíro- 
vechando la aglomeración de fíeles, por 
que no es cosa de que salte de pronto un 
cfiballero y diga: ' i •' 

— ¡Eh. joven ! No se arrime Vd. tanto á 
esta seiíorita: guarde los papeles para 
mejor ocasión. 

Las mamas están muy satisfechas, y á 
cada paso dicen á sus hijas: 

— Aquél joven debe ser protector; repa- 
ra como nos sigue, y con qué interés nos 
vigila. Vamos á ver si ponéis la cara ale- 
gre, por que loque os conviene e% encon- 
trar un protector de veras, qiie se encar- 
gue de vosotras y os lleve al altar. 

Claro, las niñas se ponen tiernas, y las 
miradas más cariñosas las dedican á los 
asociados que á estas horas tienen más 
partido que muchos políticos. 

Pero no todo son gangas. 

También tiene sus contratiempos eso 
de ser protector. 

Y sino que lo diga mi amigo Andrés 
Velutín que á estas horas quiere salirse 
de la sociedad. 

El otro día — me dijo — estaba muy tran- 
quilo en casíi, cuando de pronto llaman, 
me anuncian qile una señora desea ha 
blarme, la hago pasar toma asiento y, 

— Vd. dirá, en que la puedo ser útil. 

— Vd. es e! Señor Velutín. 




-Servidor de Vd. 

-¡Yo soy muy desgraciada! 

-Lo siento mucho. 

-Más lo siento yo. 

-En fin 

-Vamos al grano. 



—i Al grano ¿se trata de un grano? Pues 
Fe har equitrocado Vd., yo no soy médico. 
* — Qa¡áe»decír, vamos á la cuestión. 
r-Vamos. 

— Yo quería á un hombre. 
^ Luego, ahora no le quiere. 

— Si; aún le quiero un poco. Pero otro... 
— ¿Otro hombre? ' - 

— Si, señor; me gustó mas^ y ... 
— Me lo figuro. 

— Luego supo que el primero, había si- 
do el primero. 

— Naturalmente, y él el segundo, 

— - Y no le gustó ser plato de segunda me- 
sa. Se sulfuró, se irritó y ¡aquí me tiene V.! 

— ¿Pero qué quiere Vd.? Acaso preten- 
de que sea yo p| tercero? 

— Pretendo que me proteja Vd. ya que 
he sabido que es miembro conspicuo de la 
sociedad protectora del bello sexo. 

— Pero yo.,.. 

— Si; hágalo Vd. 

— La protección no llega á tanto; yo no 
puedo intervenir en asuntos de familia. 

— Si no quiero eso. Quiero veinte pesos: 
Vd. me los dará, y como protector me res- 
petará. Por eso se los pido á Vd . 

—De manera que si no fuese protector. .. 




Andrés Velutín, presentará una propo- 
sición á su? colegas pid-iendo q;¡e s«fmlen 
ui! limite á la protección . 

\ la sociedad la tomará in cuenta eiür 
la pnmera sesión y hará bien. . . J. 

Porque tanto el bello sexo como el sexo 
Too deben saber si la protección llega á 
ciertos línfíites. 

h2L pechada, inclusive. 




-^- 



í» - -t : 






m 



■ ■>:■ iría iUJ .ftis 



V¡- f.' 







1-, ' nu 






lL. 



, i-¡r-Nó, no quiero, continuaf 
, de este modo con Al fredo,, 
ya Je he dicho que no puedo 
y que. es preciso acabar. 
Tres meses de esta manera, 
á su lado noche y dia, 
¡yo hacer tanta tontería, 
como una mujer cualquiera! 
. jPasq tan dulces momentos 
¿cuando se encuentra á jni lado, 
pero en cuanto se ha marchado 
{Siento unos remordimientos! 
.Tanto, que ayer le escribí 
dicién^ole, decidida, 
que quiero cambiar de vida 
y que se olvidé de mí. 
Él estará medio loco, 
¡ingrata! me llamará, 
pero ya me plvidará 
con el tiempo, poco á poco. 
Y, yo sufriré su ausencia ^ 

y le tendré que olvidar, 
mas es preciso acallar 
el grito deja conciencia. 
Tengo que sacri0carmp 
y obraré con heroismiO, 
vaya ¡valor! y ahora mismo 
á la iglesia á confesarme. 



n 

r: — Vaya, calme Y. su pena. 
VPadre. es que padezco tanto... 
í*^Nunea olvide usté que el llanto 
redimié á la -Magdalena. 
—Es que^ypf ni|npa ppdré 
recobra* ítti 'fíaz lurbad'á. 
—Usted será perdonada. 



'Uí. 



-rj.<-.- I- 






mMmmHim'^x 



•¿'ií:«7-H':n 




Í--^^<[ -ipi-v-t?, .-j^-ír; 






1 »!''.p '/ífft|i'.?-í»«iir»fj K(^.9^4,<;.. í-; 

■ ■;-¡íT*Ná, padre».. ,'t. ,,■ ■;,.,-,■.>■ - ■ 
; ';L i)ii sv¡ irrt-Tenga usté fé. 

Rehüe ve sus oraciones, ,, , 

frecuente los Sacramentos, 
■:;■ y huya en todos, los momentos 

de las malas, tentaciones; 

y redimida, al Edén , ,, 

subirá seguramente. , 

— (Dios mío, Alfredo allí enfrente 

confesándose también). 



El cura con indulgencia , 
consuela á la pecadora, 
y ésta parte sin demora 
á cumplir la penitencia. 

—¡Reina de mi corazón! 
—Alfredo, ¿te has confesado? 
—Sí. 

—Yo también. ' ' 

—Y me ha dado 
él Padre la absolución. ; 

—¡Y le habrás contado!... 

-Sí, 
del todo. 

—Alfredo, ¡por Dios! 
—Y él nos ha absuelto á los dos. 
si me ha perdonado á mí 



—¿Tú me amas? 

— jNo te he de amarf 
¡Y sólo tuya seré! 
■ Pues que ya me confesé •-" 
puedo volver á pecar.) 

Luis García. 



LOS FARRISTAS 



< ^ ^ iGARO, el inmortal Fígaro, escribió 
hace algunos años dos artículos, como él solo 
sabia hacerlo, estudiando Los calaveras. Ru 
brillante pluma supo explotar el tipo, y aun 
hoy, al recorrer aquellos renglones, senlimos 
revivir eí calavera temerón, el doméstico, 
el silvestre, y todas las demás castas de esta 
especie que actuó en aquéllos tiempos y en 
aquellos lugares. '• 

Días pasados, leyendo el artículo en cues- 
tión, ocurrióseme hacer algo análogo respecto 
á nuestros farristas, pues si bien los países 



no son losmísmos y los. tiempos han cam- 
biado, hay jnuchas latinidades .entre ellos y 
las especies de calaveras que Larra nos pinta 

Y sin más ni más, con la audacia que dé 
la inexperiencia... y la necesidad de compla- 
cer á mi amigo Coll (que á toda costa me 
exije un articulo), puse manos á lá obra. 

Y salió,.. Yds. irán viendo: si no me pasa lo 
que á aquel actor que caracteriza Juárez en 
Los Canarios de Ca/e: Nunpa consiguió que 
el público viera el final de la obra que ponía 
en escena. Se entusiasmaba tanto que.!, se 
iba del teatro. 

Pero. basta de preámbulos, y adelante. 

El farrista es una producción esencialmen- 
te criolla; tiene, como el calavera de Larra, 







á29 



vanas especies, 
más, varios sexos 



varias,^d^de&jr^f lo cjue^es, 

'. r. i / 'A r i / i 

Tienen todos entre si aós^panlos de cdntaéto: 
1" El farrista debe ser vicioso, debe saber 
emborracharse pública ó privadamente, según, 
las especies; ser, por lo general, jugador y 
tener, en Bn, aquellas caalidades que distin- 
guen al hombre sosegado del que farrea. 

2° El farrista debe Siempre haber peleado, 
y si no lo ha hecho, decirlo bien alto para que 
se le respete entre los de su ¡calaña. 

El vicio y el valor i^ealó fingido, son, -pues, 
las condiciones sine qUa-non de nuestros fa- 
;' r Pistas. 

Sin haber trillado- mas Ó menos estos dos 
caminos, es inútil aspirar al título.— No se 
pasa de simple aspirante, las más veces ex- 
plotado por los titulares.— Así es el aprendi- 
zaje: se empieza coíi escrúpulos, pero confor, 
me se va perdiendo la noción de su propia 
dignidad, se va llegando al grado apetecido. 
Por otra parte, no se necesitan grandes do- 
tes. El farrista se .divide en peligroso, incó- 
modo é inofensivo. 

Entre los peligrosos, figura en primera línea 
el cafifero ó canflin fiero, que puede serlo de 
costumbre y medio de vida ó, de .-ocasión, se- 
gún que lire el cafi/fe para sostenerse y vivir 
ó tan solo como hazaña y para alimentar sus 
vicios. 

El cafifero ÚB profesión es, entre nosotros, 
el último peldaño de la escala dfl vicio, el 
souteneur franca es el modelo más acabado 
de esta escoria social, aunque nuestro cafife- 
ro, como buen farrista y buen criollo (no 
hablo de los extranjeros; no los conozco sino 
de oídas y de leídas.', tiene sus rasgos carac- 
terísticos. 

Es siempre de baja estofa, vicioso hasta la 
saciedad, desordenado por pasión y compadre 
por idiosancracia. No trabaja nunca, pasa el 
día jugando en los cafetines ó cimarroneanr 
do con sus compadres de prostíbulo. Va siem- 
pre armado de cuchillo ó daga, nunca ae re- 
volver, no oculta el arma, antes bien, la lle- 
va de modo que asome el cabo Viste por lo" 
general de pantalón de franja, bota de taco 
alto, camiseta, faja de color y pañuelo de se- 
da en el pescuezo. El chambergo lo lleva 
siempre echado a los ojos, áuele ser blanco ó 
ceniza, con 'uto de cuatro dedos; mira fuerte, 
escupe por el colmillo y fuma cigarro negro. 
Habla en su Argot éspéc¿fl!¿, salpica su con- 
versación de palabras obscenas, y nunca le 
faltan hazañas que relatar y atribuirse. Se 
emborracha por costumbre, rara vez con vino, 
siempi'e con ginebra; en ese estado, provoca 
á quien se le pongia al paso. Tiene varia"* en- 
tradas en la policía por ebriedad y desorden. 
El cuadro del Departamento es su residen- 
cia habitual. No le intimida. Odia, sin em- 
bargo, la Policía. Vaga siempre por los alre- 
dedores de la Plaza Libertad y calles adya- 
centes. No tiene domicilio fijo. Se junta úni 



camente con los de su oficio, á veces con la- 
dronea 4e|pro|^s^jtc0n quienes tiene varias 
^tingehctiB, Rafas veces roba; sin embargo, 
cuando la ocasión se presenta, suele ayudar 
á sus amigos en la preparación ó consecuen- 
cias de algún golpe. El calote, sin embargo, 
es su Hazaña favorita. Nunca está más con- 
tento que cuando ha amufádo un cochero con 
tres ó cuatro horas dfe viajé, ó cuando, en sus 
correrías, ha cazado áigün mirlo ó cristo 
á quien puede hacer foi'rhar ó espabilar el 
bento en el truco ó siete y media- 
Azota las mujeres por costumbre. Rompe 
vasos y copas en los cafetines que frecuenta, y 
se desacata cuando vienen á prenderlo. Siem- 
pre anda sin plata. La poca que explota ó le 
ajencian sus queridas, la vuelve á perder jugan- 
do á la taba ó al truco con loS de su calaña. 
Baila con corte ' en los peringundines de los 
barrios apartados— esto raras veces— pues des- 
precia las mujeres y las tiene tan solo como 
objeto de lucro particular.' Vive á costa de 
ellas. Entra al prostíbulo pisando fuerte las 
noches que la dueíia le señala, ó bien de día, 
en espacial los de líquidació i de latas. Ven- 
de sus brutales caricias, y recibe en pago el 
vil metal que la infeliz degenerada ha recogi- 
do en toda la semana, como precio de su des- 
honor. 

¡Ay de la desgraciada f,ue le niega este esti- 
pendio! El farrista la azota despiadadamente, 
y puede darse por satisfecha sisólo usa la 
daga para martirizarla á. planazos. 

Es,- en fin, cónio lie dicho antes, un indivi- 
duo peligroso á quien conviene evitar si se 
encuentra al paso. 

Otra de Jas castas de la e.spede de los peli- 
grosos, es el coinpadre de ribera; pero dejemos 
este ejemplar para el próximo artículo. 

-' ü. Navarro. 



1 



REMEMBER! 



{A mi distinguido amigQ Manuel Bahamonde) 

-k- Jba.4)or el bosque un día. 
más que nunca alegre ei alma, 
y al verme los pajaritos 
hicieron íonar sus iirpas. 

Mil ramitas, á mi paso. ' .i 
del vestido me agarraban. 
Como sr jugar quisieran 
ó entablar comiigo charla. *- - 

Las violetas sonreían '; -• 

y se hablaban con voz baja, ■ - 

y hasta su negra tristeza 
dejaban las pasionarias. 

Las mariposas contentas 
en torno de mi jugaban, 
rozando en mi rostro pálido 
sus alas de ébano y nácar. 
— ¿ Por qué será esta alegría 
tan grande?— pregunté al aura, 
y ésta, que estaba dormida 
entre unas floridas ramas, 
me contestó, despertando: 
—Porque besaste á tu amada 
anoche, mientras su madre 
aburrida cabeceaba. 

Patricio Gallo. 



i 



'^ tSTf^r^t: ■¿'i^'-« T«^ 



•&80 




,-«f Ta5flS?^''í3^-.'7«^rs-f^':;;:»^-'«^r"-^'í^-^ j^ijí' ^ ^Tr^" 



B& CASCABEL 



K 



i^^.j^f^^ ' 






í.f. 



ÁGñíiDÉCI MIENTO 



-jOh Doctor...! Le debo á V. la vida... 

-Sí; y cien pesos moneda nacional, importe de la cura. 




A PUNTO DE CARAMELO 



— jHola, Don J'adeoJL.ll 
—¡Hola, Doña Luisa!... 
Qué cara se vende... 
¿Cómo tan sólita?... 
—Haciendo unas compras. 
—Pues, para las niñas; 
¿cómo están? 

— Tan buenas, 
gracias... 

—Y tan lindas 
como usté, lo mismo,.. 
Señora, es justicial; -, 
sus dos pimpollitos 
son ^11 imagen vi va; 
se me alegra el alma 
si tengo la dicha 
de ver Zas tres gracias: 



jjsté X sys dos cliicasí. 
¿Sigue usté viuda? 
—Sí, señor. 

— ¡Viudñaí^... 
— lY quién se atreviern. .=. 

en época crítica C,.,^,^,-;,í;j:.| 

cargar con nosolj^s!,.^.¡>iVÍ.> 
- ¡Qué carga taBL,- rica!' ||,« ,.'"(^. 
— jAy, mi Don "^dep. '/¡{i =ij ;, 
fjué triste es rai^i-Ja:.; , ^ 
—No desespe^a^^;,^;.f^,0.JjJ5^ 
vamos, cualquier (íft' """ ■"'^ 
habrá algún juicioso 
que llegue y le dig:: 
«Si usté no se opone, 
me caso á seguida» 
Y en cualquier iglesia. 



*- r ^nr ^Tp- -u.^ ->a -pj riv*^ 




.^w- 



it eASCAREL 

:'.f -^ í^A -- ■ -■■ 



^•«t^-^ ^..^«"B^^SSJ^Jll Tf?»^'^Wíi^í^(í@^^ 



231 



ir¿«Sv^ ' 



en cualquier capilla, 

le ponga -«u la-maíio... — - 

las arras ; bendit^is. ■f'^ ^ ' yf^ \'(\ ' 

— iPor Dtos, Don Tártfeor -'' ^ " '"" 

<iue me martirizan 

esas esperanzase... 

Sola, en mi desdicha, 

estoy condenada 

á pasar la yid|i... 

—Esperando esposo... ^ 

— P;ira mis doslíijas; 

Yo pasé ya el tiempo; . ' . ' 

treinta y ciaco encima 

son ya no-upRos años ^í> 

para Que-<;oasiga - < / 

esas esperjtfñza^'A. / ■ . ) 

(lue raieíéS destilan! 

—Treinta y cinco, dice^ 
-que son carga. inicua, 

cuando~ííeinlta y cinco 

son los que codician 

los hombres sesudos 

de cabeza viva, 

de tino, taiéíilo 0Í 

y en flti, de valía? 

Usté, mi simpática 
señora y amiga, 
es como la fruta 
que se cae sólita 
del árbol frondoso, • 
que nadie la quita, 
.que choca en: ¡el su^<( s^; 
colorada y linda, ^ " ^ • 
que iWos la buscan, .. 
que nadie la pisa^'. ■ ' ^ 
y el ^fortana.do 
que á CQfi^^^'átina, 
gozoso ;1 a fqÓ^érvá, 
con gula i a pica, 
y saboreando 
lo dulce que anida, 
prueba en ella... el cielo 
de abajo y de arriba. 
-Señor D. Tadeo... 
pues asi me íiránfla,/ >: f ' 






le voy á hacer una 
; - reyeiftción íntima: 
*^{J¿: fX-a"5éi-que esa fruta 
'*^ " ^e'sHríiiejorcita, 

¿pero usté no sabe 
• que, quieitla precisa, 
asi que la come, 
ios láijips'se limpia? 
l*ues ,és<? mg temo 
que pase"1r*'seguida, 
si alguno de tantos 
como me acribillan 
con sus pretensiones, 
al tin, las mandíbulas 
mueva, y entre dientes 
con ansias me oprima, 
y así que me guste... 
¡me deje soütaf... 
— Eso es imposible... 
—Pues cosa es sabida, 
y eso hizo mi esposo 
al morir. i. 

—No, Luisa, 
(y no se me enfade) 
la dejó á usté ¿íHüí 
como una manzana 
sana y sabrosísima, 
_ á punto de mieles, 
que al caer de arriba 
blanda y olorosa... 
—Se hizo una tortilJa,'''í'- 
..y de ella salieron, • 
claro, mis doá hijas. 
—No es eso, .séñor^..; ■^" 
—Perdone le' diga, " 
que si m« cortipára 
con la fruta dicha, ■' 
más bien que madura 
soy fruta podrida... 



(Pues... podrida y todO, 
yo, me la comía) (1) 

A. Díaz de la Quintana. 



LA MUJER 




ESPuÉs de lo que dijo D. Severo Catalina, hay poco que añadir de 
la.rnujer. 

^^línque desde entonces hasta la fecha ha dado mucho que 
Uablsir; - 

¿^ Por ejemplo: esta definición novísima que de ella ha hecho 
ün filósofo espectable. 
;- «DS ftiujer... es todo lo contrario del hombre». 
¡Profunda verdad, no pbr todos conocida! 

Aparte de aquella frase, hay otras dadas á luz por los representantes de varias 
arles y oficios, y por otros que no tienen oficio ni beneficio. 



— ■■«■>;.- -^•.' 



yTZ."^ '' ^^sff^^p^ 



'f^ür 



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ry^ ^¡JV-W^^i^ "i-fti^* •) 1^ 



■><»•>■ 



rMfñimiA^m 



ras 




iSIVO 



Del libro MAS CUENTOS VIVOS de Apeles Mestres, úWim«n»ate- publicado 




-Pn& íiada, ^hico, el caso ocurrió <te ja ■.. -;, ^El que sí. j-^^ ^o' me llamó bruto, le 
siguiente D^j^aaijV^^ rv %, Jlamé canalla, 3Íp^f:me suelta un sober- 

/^•^ " "■'-,,■:> bwKiMífeton. '- i j' / 




-Natura'menle me cegué y~lo mismo '—Acto seguido Je cogí cual' si fuera un 

hubieras hecho tú— ¡R»f! Je faníwté c..n, manojo de e3pfti;:raKos... ' 1 



otro. 




— J.a doblé como una hoja de papel, lo 
xipabuUé, lo retorcí, lo aplasté... 



— ^Y ¡nada! Lo*^tÍpéal suelo así, hecho una 
tortilla. 



y^sw 



1^. t-if-g*-':^ 






■**-v 



i^ 



U vi 





Aria.- 



Dúo. 



Cuarteto. 




Septimino 




Concertante tina!. 






•" .; Yf 



»^*S5'y'?5' 



flSiE5R?!^;|js^^^^fr5S»s^^Sií«^P!!^'5>^^fflSser^ ^^^w^yv''^?^::^'^^i 



%4. 



-l^é^eABfeL 



lista: / 4i A /fJi<!^rt.K p.^ Í^^lí^ld<t^- 
es uifa paio^a, édn g^gs de gabela," bou la am 



Dalila 



arre 



Vean ustedes. 
Un natural 

«La mujer es uiía paloAia, édnc^ds de gdfciela,' «con lá ¿mtura de palmera, con el 
nevado cuello del cisne, con los labios de clavel, con las mejillas de rosa, con el seno 
de alabastro, con la voz de una sirena y con los movimientos dé un pájaro». 
Es dféir una Historia Natural. • ; •" "P :; ,^ " - : , 

Cierfófpelucjuero escribía hace poco eii-éV álbum de una señérííéP:' .■■.,/ ' 
«La V\utce"^t5fn pañera del hombre tien^Jks^ -mismas af^<^ónes ért todas las épocns. 
"''" i£)i"taba. la caberiera á Sansón. Nuestr^is' con temporáneas nos¡ toman el pelo.» 
iTni el iSr. Diaz,^ueño; de un almacerí'yniíuy acreditado: , .' 
I^^orazéii d,e la mpjer es una esponja. k-bsorvétj^eV amor áe uá- hombre y luego 
Dfj^ilolo, eretóapa ie(e -nuevo su órgsi^io vitól en. o(j^ CariñOflíY'aat sücesivam.énlo.» 
PecJ^geómelra, eseribió:J^^ ' .y ¿í^ •/•'..-.:/' ''■'^''»^PM^-'M;m4^ '4 "' ' ' / 
'■^s^tnujeres, esos seres' déliciokps, llenos dé aPro'güMéa.;*^^^s, d'vec^é apn:-- 
fe^4é la linea del deber, se escapan por la tangente.», ¥^ v ¡ - ". 

piGierlo que dicho señor, hallándose muy prerícupado^^^'n, la résolucislp de un 
lo problema, «nCohiró'^ en una de las habiíacionef désii casa ú cierta dama 
I^Íq caballero. Al último lo corocia por ser muy £ypg|j|of suyo, á Ja otra no la 
veia Ipj^ara. Aproximóse al lugafj'del siniestro y obsepy@^B|el consiguiente placer, 
que lár^ídama era su dulce com|>£iñera, es decir áesenhrid: i^fiÚCÓffni^a . 
Hi^ mujeres y hay poesías ^c i/es. í S 4 ' '■^' 

Las *^ay como ciertas fortalezas, inexpugnables. ¿ 

Hay señoras— afirmaba un astrónomo — qué ! vienen á^er' cómo algunas estrellas... 
— Si, por que alumbran el cielo de nuestra vida. ' -'v^.. , "^^i^; ' 

— No, señor; por que se pierden de vista. , .. . 

—La pintura de lejos, la mujer de cerca. 

Así decía un paisajista aficionado á los grupos en la sombra. ' 
• — Lft,^mujer-r-añade cierto: gialanleador^es un interrogatorio. Al estudiarle es muy 
fácil quedarse íi>ia cuarta pregunta. ,*-? ,. , ; 

En la época dé Cervantes piído decirse: 



Es de vidrio la mujer 



-'. n 



y temer, naturalmente, cualquier rotura; hoy el progreso ha desvanecido aquel temor. 
Para algo tenemos q\ seguro de cristales. 

Y ya que de clásicos hablo, haré constar que la mujer de otro, conlinúa siendo 
como en los tiempos de Garcilaso: 

• í^j ..: — dulce y sabrosa - ^;,:' 

r, Mitós que la fruta del cercado ageno. ; ?/ 

En lín, de la mujer de<jimos en público muchas cosas que no las favorecen, úni- 
camente por el placer de ri^ctiíicar, cuando nos encontranips solqs con ellas. 

Y pongo punto, sabiondo /que este artículo ha de gustar forzosamente: porque 
vamos á ver, ¿no es la»:mTij«r un articulo de primera necesidad? >íobs : - 



vv:)'. :;, ri; 'jí 



1 3m[ ¿ 




i> í'!». 



Júsé M^- Mendoza. 



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^ ■-!■.; 



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**7S5S"'*"-?i^>' '^'i.ss^r^ 



AfíÉI. 



^5 



SEMANA SANTA 







En San tQ Domingo. 



En la Catedral. 



DE VIGILIA 



Siento el perfumado vaho 
del bacalao, que rhe'encanta, 
■ llegó la semana santa, 
semana del bacalao. 
La comida, por mi mal, 
de vil salmuera rebosa, 
¡qué semana más graciosa! 
por lo que tiene de sai. 
Época de los sermones, 
'y rezos y monumentos , 
se prestan estos momentos 
á profundas reflexiones. 

Como hoy se debe de hacer 
de pescado la comida, 
esta semana temida 
por los peces ha de ser. " 
A pescarlos, jinhumáhosl 
miles de hombres se dirigien, 
y los pescados se afligen 
maldiciendo á los cristianos. 

Llorarán en el abismo, 
oprimido el corazón, 
teniendo, con gran razón, 
muy poco catolicismo. 

jA tanta y tanta familia 
habrá afligido en el mar 
la costumbre de tomar _ . 
la comida de vigilia! . -. 
De la gente el apetito i/--;-v 5»:: 
habrá dejado, sin duda, 
á tanta corbina viuda 
y á tanto pez huerfanito. 
¿No os apena, algunas veces, 
su negra fatalidad? 
Yo he vertido, á la verdad. 






■-»■»•; 



mucho llanto por los peces. 
¡Oh semana de alharacas 
en comidas y oraciones, 
en que hay verduras-sermones 
y sermones-espinacas! 
Si entre verduras nos pierdes, 
ahogándonos en verdor, 
¿qu« hay en que un predicador 
pronujicie discursos verdes? 

Días que con desacato, 
lanza la gente bostezos» 
por que si abundan los rezos, 
no abunda menos el flato. 
Mas no lancéis una homilía 
contra quien con hipo rece; 
el castiíío lo merece 
la comida de vigilia. 
Hoy, el alma me envenena 
el recuerdo del pecado: 
hoy, al almuerzo, pescado, 
pescado para la cena. 

Yo jamás había visto 
tanta espina como hoy; 
vamos, de espiaíts estoy 
lo mismo.qpíe'Jeéucri&to. 

Hoy efictteiítro criminal, 
y co.^tcario á toda ley, 
.-;,';• qijfi mQ,<íien el pejerrey 
^ ■^|^,&fkb^tan infernal. 
^^^^|ívAhoi^, jleetor. examina. 
" i* r:;.si m*e eii'cóntraré aplastado, 
■i^g^florífue si es malo el pescado, 
¿ no me ha de dar ttiala espina ? 



S. Garrido. 




'i^l^^W 




.JM^m^m 



j^fcni ^./aüT^íi 




De DOMINGO ^ 



ONHUBIA. -Después dé ta Creden- 
cial, obra que indudablemente se repeti- 
ré, la compagi*i. ha tenido el buen acierto 
de poner oá^áléna Un novio á pedir de 
boca, ceí^||/ida dbra de Bretón de los He- 
rreros,^demg^|p;áiij£io asi el buen tino que 
hay ettéstó'féuÉtb'en la elección de obras. 

-^AíR^amid e^^ní^ decía ujP caba^íjero 
obsétFvádor^úerél tea|fq Ojiiru|)ia se^hace 
más simpátieo ca^ía dláá» los. necesitados 
de a mbos Sexos . "'*- .j^' 

— ¿A los necesitados? ,., ., 

— |Si, lall _ ,. < ,^ , ! .; ,. :, ^^ , ": . '"' 

—No entiendo.^..: 

—Repare VJ. que Rl,. gran filón es ca- 
paz de hacer abrir los ojos á cualquiera. 
Todos andamos íi ca^a de filones. La 
Cr^edencial . .. , ¿qui4n deja de ir ai tea- 
tro dando credenciales? Y luego, ¿qué ni- 
ña resiste la l.entación de ir ó ver Un no- 
vio á pedir de boca^ hoy, que ^según me 
ha confesado en el 9eno de la an^istad una 
señora con tr^á hijfts, los novios pasan de 
largo? — i , ,, 

Dejando aun lado observaciones, y ocu- 
pándonos delaoDra át» Bretón, diremos 
que la compañía que dirige Galé, la des- 
empeña perlectamenle. "■ ' ' ','.,' 

Se conoce qué ios actoréé han estudiado 
con cariño sus- papeles, y al punto sé nota 
una acertada' dirección escénica. 

La señora Echevarría, Galé, Haza.... to- 
dos, en fin, se hacen aplaudir, por el pú- 
blico, que goza con verdadera fruición las 
bellezas de \é obra. 

En una palabra; Unkovio á pedir de 



boca ba sido el éxito dé la semana, un 
acontecimiento literario sancionado por 
un público tan culto como numeroao. 

Nuestros más sinceros aplausos ó la em- 
presa, y á los artistas que forman un con- 
junto inds que discreto. ^ 



LO.^ir<aí PCLSioharia: el srempré 
ifi^lpiíJiltijO dram4 áe tano^ y La jSscUela 
délas Có^üétas^ soti las obras que ha 
puesto en escena el cuadro dramático de 
este te.> tro. ¿^ 

El público no escaseó los aphiusus á la 
señoril© Ara iiáz (Gí,V y al seño? Robles, es- 
pecia Uwen te en La Po-uonaria, cuyas ea-. 
cenas culminíMili^^ arrancarcHí nutridos 
aplausos. 

Alternando con ubras serias, el cuadro 
'-•ómico-lirico sigue daftilo obritas ya cono- 
cidas, pero que tienen un atractivo que las 
liácéii'ñité'VBsí Mefóéífes'Ataiiá^ ;' 

Nina. G&rt^ií F^rlffid, Üca^étÚáff'Vá-'- 
püchoneHl L^cif'er'fúitsíspclt''ek'ésú\b, 
sirVehá' Ifii^^iínpíáñbá tipile j^ai^á íiíéir su 
gracia y sus trajees (elegantísimos y dé tnu- - 
chxj gusto. ■ ' ' " '■ '' 

Con la zarzuelita R. R, debutó uri nue 
vo actor cómico: el señor Carlos -Alonso, 
que ^\s/s^^m!Srpor prirneráve^^^voí^- 
iró 9^1on^í^ cónoleiones fiará ll^ar.á ser 
un /artigfó" consumado. / ^ " \ 

La cpiopQñjRi éeil^.ens^yííiiido una c©me-| 

- --^--^Ilídej^JSiJJ'^Ef&gtiéiro;^^^^ 
El ^^eáf^ rit^t^ un mv^erto; así sonoro 
otras^bbras nueyás; V "'■ V ■i'^iJ:^-^ 

La concurrencia es en Apolo sumamen- 
te escogida .yi attmercsa > - " . 



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COMEDIA.— Pequeño para contener al 
nurneroso público i^fté tíóche á rióché llena 
lodttS las localidades; sin diidá'fiara'^ásiátír 
á estrenos cÓmO él'de £« Gfatf Via,, 
obra que, según parece, gustará mucfeo, 
y que es una verdadera novedad teatral . . . 

Dejando á un lado la. popular zarzuela, 
durante la semana se han representado 
Chateauw Margaüác., Lo$ Pantalones, 
Los Doininffíieros, El paso de Judas, 
n ueva, bien recibida por el público. 

Juárez, Lustra, Diáz, etc.\;. cómo de 
costumbre. Ai primero hay que verlo en 
Los Feos., apésar de no sei* obra de su de- 
voción. ' ' 

En Uiiá palabra, Juárez, es el rey de «Los 
Feos*; asi, enMe comillas, ¿eh?. . . ¡no se 
vaya áreseniir su amor propio! 



PÓIaITEAM A.— Ofreció una novedad, 
i.a representación de J^ima/ a^osípZ í/ el 
huen ladrón, drama de circunstancias, 
original del Insigne H^rlzenbusch. 

La traición de Judas, la conversión de 



..,.»' j':,i i^ttait;. 



%^^m' 



pr^enlada^ cQir el; mayor, (ípji rolo ,P<?sÍt, 

DOHlik. — Hai debuiado Annt^^aízít, e) - 
tenor dé ' los rQsMmi^'^ I^* capricho;' ye) i 
qae ^ estt^ehó CwmiUerm <M^JisU€afta> en'íet 

Nacional. .c-í-üoíi:: 



^ h'-' 
^ 



[orí'í- 



'Por n ) leiidremQs Qpie.r^,,|yDs,(jU^rio3;|iaíi 
publicado los nombres <:le 'os artistas (jue 
forínanel cuadroJirico, y lian adelantado 
juicios que deseamos pi;e la cqnfirmap jel 
público cuando ,U!egue la oc.^s,ióií,. , .., 

Por ahora, á abonarse. . los qui^.t^agai), 
plata para Jiac^rk).- .¡ ¡; ,: .; mí.í oí ;. 



.^■i;;<j>J "-• 




El Admini trador de EL CJSC ABEL, ruega á 
los señores corresponsales y ageates, que le 
remitan el importe de lo qu adeuden; además 
advierte que pronto empezará la cobranza del 
segundo trimestre r. 

T, finalmente qne está más que reconocido 
al púbüco, gi^e ¡a^otó. la eúi^pn del número 
pas do, y qué seguramente irá haciendo lo 
mismo con éiste y los sucssítos. 

Améu. ". •■ '■• -"-' •- - ■■ "'i - • "■ -' ■'- ■ ■ 



Telegrama, via Galveslon:, 

« La reina Vicstoria recibió á los yetara: 
nos de la guerra de Crimea, con, quienes 
se entretuvo largo rajtp.» ...; ..,,.,. 

i Por nada se pi^ede ser monarca! , 

Ahora, el miando en (er^ sabe que la rei- 
na se entretiene con los veteranos. 

¡Vaya] lo ipejor es llamarse Pérpz, port 
que ¿cuándo leeremos en un diario que la 
Sra. Pérez se entretiene^con los dependien- 
tes de su casa, por ejemplo? 

Inconvenientes de la popularidad y de la 
majestad; no puede hacerse nada sin que 
por telégrafo lo comuniquen ¿ toíías par- 
tes. ¡Ni entretenerse con veteranos! 



LENGUAS VIVAS. 




Para apren l'M- un idioma ;■ 
eri tres ó cu itru lecciones 




un mal cigarro se toma 
y al ver cómo nos embroma 
brotan las interjecciones. 

Tu torpeza singular 
hace que al día cien veces 
con todo el mundo tropieces 
ry eso es mucho tropezar! 
-Y para evitar que un día 
en u ti conflicto te halles, 
'{debes usar por las calles 
corneta, como el tranvia! 



Leo que la cañonera Paraná no ofrece 
comodidades á los ciudadanos presos en 
ella, pues, entre otros inconvenientes, tie- 
ne el del mal estado de olguncs camarotes 
que se llueven demasiado, a , r V 

¿Camarotes que se llueven? 

i pue les pongan bombadlas 1 



Anuncio de ¿a Prensa : 

*^ Negrita de 12 á 14 años, se nece- 
sita para niñera; se requiere que ten- 
ga fax^ciones simpáticas... » 

¡Claro! 

¡Para no asustar al niño! - 



fat^*!»--; 



SS^fT 



irV 



m. 



a^^tffl^m^BBLi, 



otro dia! • ..:..; 

Figúrense que descubrió en la persona 
de UA-Jcritico musical del Rosar:o, un nue- 




j 1 »¿uii que gi 
Se comprende. -,. j-Li- 
Gomo que A?'gos es'el jérénato, óñato 

le la sociedad. •■ --^-wí^i 'l;si,-*•>' 
:■ €©n tres volupA¡9ir^o9:Rjp8a 
tiene amores líácB lin mes, 
y poi* eso dicen que es á •■ 
chica muv i'olunfariósá. 



CORRESPONDENCIA 



Emelerio L.—'So sé en donde, ni cuándo he leido 
algo muy parecido A \o que me manda vd 

■I. de S. 3/.— íÉs tan mau'^seado el asunto! 
V'/rfy/í'fu.— ;,Vaya un zapallo que rae envia vd! 

/¡eata —¿Y Vd. es una 'oeatal Pues si llega íi ser 
otra i'osa, no sé lo que escribe: vaya un crtmuio de 
sacrilegios. 

rom/jfl(i/v'.— Re., ucrdus íi. la comadre; pero no en 
verso!... De lo contrario, la comadre le pega irre- 
misiblemente. 

^;,¿/,y(,.— Bueno. i)ero no escriba nunca mas í/ayo. 
en vez de gallo. ;Aii: y ciienti' mejor las silabas. 

/Hiclor.—'So tne disgufio. j)ero con su permiso, 
mridificaré el final. 

Arinando F/oy.es.'-^'M.^ gustaría mucho hablar 
coa Vd.:j. puede i>í\s;ir pói' esta redaccióa? 

P. P. P-itór.— Ingenioso es vd. para combinar le- 
tritas, "pero, ¡ay! Parn \ai 'flri/Zas no tiene usted 
mucha disposií-ión. 

Constavle — ■..■''.'... ,; 

«¿Qué ta. el mundo? ,,. , 
¿Qué es la vida? 
- él alí-oyel sol. ¿qué áoii?» '"* 



Muy curioso esA Jlt-i^'í^lSflO^ y siempre; pe- 
ro no crea publicable sa composicióD. 

J^tf^] M«al iS 9v^. \9<kS, ¡sfgá' í»>'endo, ^érái i^no 
esciRtJá^pdrratírt'r - . ,. - . 

/í-Z)-r.-Ha(»a tieiníJo que no veía letra de Vd., y 
créame, hasta tenia más apetito. 

Gracioso. — Hace Vd. bien en decir que lo es, por 
que yo no me lo hubiera figurado nunca. 

A. ^1/.^c<e, ÍJ.— Se.publi<!ara. . ¡ . 

J-S-M.—ho niishio digó.'kande la firma primero. - 

i9ía¿»(!í).— 1 Angelito! Y con papel bordadito! 

ruí'co.— Ya me supongo quién es Vd., asi es qUÉ> 
no me extraña el lenguage, etc.. etc.... El proce- 
dimiento no es correcto, pero tampoco lo es Vd. 

rfc/í7fl.— Maliía, flojita y tpntita. 

Observador.— Y'ü s observe Vd. que no "hay un ver- 
so que tenga las silabas que marca la ordenanza. 

Aficioñadu.—So lo crea Vd., no están mal. Gra- 
cias, y mande Vd. otras por el estilo. 

.9. r,— Muy serio está Vd. Desarrugue la frente y 
haga algo festivo, ya que parece que tiene faci- 
lidad. 

Preguntón — No le daré lecciones por que no las 
puedo dar, ni pretendo darlas a nadie: lo que no 
impedirá que le diga que Vd. escribe bastante mal, 
y que desconoce cohipietamente las reglas poéticas. 
Y, ;qué diantr ! yo no le he pe Udo nada. .^ 

M. f!. /'.'.--^dúñ permiso de Vd. ttoj/ Aar-"cieíjláí un 
vers >, .solo tioor; ,. ^ v^i*... \. 

:.. tomo una truena traiicá.'^^^í'-'^^^^^ \ 

Que es precrsattiente lo que bmará -nh diá>'4a se- 
ñora gramática, y entóñc^,ikj'' «Jé Yd! V " 

Vampiro.— Tiene Vd. condiciones, pero, •i.iioln- 
bre!... el íiml es \&n inalerialisíh.... Pruébé'jOtra 
vez. . ' 

P/rc///^rt.— Apesar de todo el griego que Vd. posea, 
no publico la composición. 

En la imprenta no tenemos tipo griego, de lo 
contrario le contestaría en griego, para mayor cla- 
ridad. 

Quedan una. porción de cartas por contestaí'v y no 
es cosa de llenar el periódico de «Correspondencia.» 







EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



CONDICIONES DE U SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses -. . g 1.50 

Provincias: Los señores Corre-ponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente » 0.10 

» atrasado . .......... ' p 0¿iL5 

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: 7^ ..■. • :!:: uí H . 'tí.'^ -. 

SK DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES^ ^^ 

REDACCIÓN J ADMINISTRACIÓN 

«t— AMIMA — «it (ALTOS) ^ 



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/ -t fV^APORES-qORREOS^r 

Subvenpio^mdoápQrj^^po?^' - --^ ^ 

1^1 # Servicio ilenái^Jlig |«:í| ¡4^^ 
entre el Rio 0e la Platii y Europa 

Las salidas de este {«erto serftn el 2 de cada mes; 
para Santa Cruz de Teoei-ife, Cá.diz, Barcelpoa y Mar- 
sella, admitiendo carga y pasajeros, -asi como, para 
Vigo, Coruña,- Santander, Bilbao y demás puntos im- 
portantes de España- ,, . , . '-¡ ' , ¿ r , . i,, ,- j 

Por más intorines O datos, o«lrrasa á^us ágfAtóéi 
Antonio López y C', calle Alsina.'íSÍl. ' ' '"' " 

Nota. — Se expiden pasages^dB Tiaiida' d^ tojios Iq^v 
puertos y ciudades de España J ?■ t -i? 'i í ' ííl <^^i 

CAJAS DE; HllÉÓfiCHEt- 

rOE PARÍS) 

Premiadas en 
las exposiciones 
.!e París 1878- 
18«o: de Viena 
1873. de Anver 
1885. 

Secreto de 
combinación in- 
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Garan£id&s 
contra incendio. 
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critorios y casas de, Tkmilia. 

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nastas para pan, aceiteras, coberteras, floreros, lamc- 
paritas, veladores, filtros ipara agua, etc 
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facidUd a o j formas y clases, bidets surtidos, 
lavatorios, juegos de lavatorios, juegos de toilette, 
máquinas para hacer .soda ó regaderas, filtros para 
agua, fiambreras, etc. fj 

Juegos cié meS3, ^lesa', tazas, juegos 
de cristal, cubiertos, cuchillos, salivaderas, palmato- 
rias, copas, vasos, sillas, escaleras, porta-botellas, 
canastos para ensaladas, espon eras, etc., etc. 

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Son los mejores cigarrillos de los inmej(»'ab]es— 

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Los fumadores deben evitar las fals^amones exi- 
giendo en cadia etiqueta, la firma de garantía de~ 
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de aviso 
Depósitos á plazo fijo íi 90 dias ó más 4 >> • ; 

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, Se dan fiiros á Ja vista sobre todas las capi- 
tales de España con beneticio para el toma- 
dor. Se dan' girn.s sofire los pueblos, también 
con beneficio. 

Horas de despacho. Los dias hábiles de 
9 a. m. á 4 p. m. Los dias festivos de 9 a. m. 
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en la calle Rivadavia, que fué anterionnente de don 
GUILLERMO A. CKANWKLL, se vendió á D. Diego 
Sproat, quien no ^ farma'céiitico, de modo que dicha 
farmacia no es ya de CRaSWELL sino de Sproat. 

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Fuera de la ciudad. . . » . 20 id 

Fotograbados de Emilio A. Coll y G* 



SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 



Director: ENRIQUE COLL 

:: I ^ - - 



^IRQILIO M. TEBIJNT 




Es este un juez ejemplar 
en todas las ocasiones, 
y que en estas elecciones 
ha dado mucho que hablar. 



■i>>;.'-l,ír=-- . 



242 



'S*; 



GL CASCABEL 




^@«- 



lia semana santa ha sido celebrada de 
muchas maneras. 

Unos se han entregado, llenos de fé 
mística, á las legumbres y conservas, al- 
ternadas c II oraciones y Hato. 

Otros han abandonado la ciudad v se 
han i lo al cam[io, á pasar unos dia« en 
algún sitio próximo ala capital. 

Otros, más afortunados, lian adquirido 
por poco precio el Herecho de morir des- 
})eñados, viajando en ferro-carril. 

Y otros, se han limitado á planchar la 
galera y salir por esas calles de Boliini, 
luciendo las prendas de gala, visitando 
iglesias y tirando pellizcos á las fieles que 
pugnaban por entrar en los diversos do- 
micilios que el Señor tiene en Buenos 
Aires. 

El ramo de cazadores ha aprovechado 
los dias (le asueto, y un sin fin de Xem- 
rods se lian lanzado por los campos ees 
persecución de inocentes perdices. 

Conozco un tendero, natura! de Beian- 

zo-s que, además de ser gallego autéiitico. 

tiíca el trombón para ejercitar los pulmo- 

es, que, en busca de aire pira éstos, fué 

á una cacería con varios amigos. 

¡Las hazañas que me ha referido el buen 
señor! 

Baste saber que descargó su fusil con- 
tra el cura de la loculidad que estaba 
011 un huerto meditando sobre la eS'.-e- 
iia del deGetsomani, y que dio muerte vil 
■ x una pobre gallina,-clueca, creyénduli 

luisa n. 

Finalmente, después de aplicar u\\ em- 
plasto al reverendo lastimado, al que dio 
toda clase de satisfacciones, que no le de- 
jaron muy satisfecho, y después de de- 
vorar en silencio la infeliz gallina, tomó 




asiento en un va- 
gón de un tren de 
recreo y regresó á 
la capital, lucien- 
do su traje de ca- 
zador, y su perro, 
un perro bueno y 
barato, recomen- 
dado del Dr. Alba- 
rracíp, y al que 
sólo le falta ha- 
blar. 
De manera que, entre los peces sacrifi- 
cados con motivo de la vigilia, y las aves 
muertas p(^r los cazadores, puede decirse 
que la semana ha sido fecunda en muertes. 
Sin contar la de los judíos. 
Xo los del barón Hirsch; los que mata- 
mos mentalmente eii los templos. 

Estos han silo más qu ^ frecuei. taios 
durante los días sanio>. * 

Y vale decir que, apesar de l:s esfuer- 
zos hechos por los prolectores del bello 
sexo, han ocurrido varios accidentes des- 
agradables. 

Para evitar éstos, sin duda, aprove- 
chando los trenes de recreo, nmchas fa- 
milias salieron á veranear, como decía una 
amiga nuestra, (|ue es ya mujer entrada 
on carnes y en años, j>ero habla peor que 
un niño. 

— Yo aprovecho la ocasión y me voy 
con las niñas á respirar el aire puro del 
camno. 

— Dichosa V. 

— Ali, si : el campo es tan saludable 

Mire V.. apenas divisamos el verde de la 
pradera, se nos ensancha el alma. 
— Buen provecho. 

Luego he sabido que el tal viaje de re- 
Lieo, fué viaje muy entretenido. 

En primer lugar, los pasageros no ca- 
rian en los vagones 

Asi es que á nuestra gorda amiga, le 
'ocó ir eitibutida, entre un estudiante y un 
.eiidedor turco, que fué á Mendoza á veu- 
i'er rosarios y (¡ue olía á mi! diablos. 

Las uiñas tuvieron que ocupar asientos 

q)artados, pero estuvieron muy bien aten- 

• lidas por unos señores que, aprovechando 

!a baratura, se habían llegado á Menloza 

(■on rl único fin de conocer al general Ru- 



üno Ortega. 



..^■. 



EL CASCABEL 



243 



Además, ocupaban el vagón unos cuan- 
tos socios de La Filarniónioa Olorosa, socie- 
dad recreativa de acordeonistas notables, 
que durante -el trayecto tocaron varios 
trozos de lo más escogido dí<^i repertorio; 
un matrimonio joven, qu'f fuéá esconder 
su dicha en un rancho, y que se pasaban 
el tiempo pellizcándose dulcemente, y di- 
rigiéndose mirad 's tieniaa que delataban 
á los compañei'os di-» viaje la dicha que les 
embargaba, y, finalmente, una señora de 
cierta edad y su sirvionta, que llevaba una 
gran canasta y una botella. 

La fceñora renegaba de la empresa, que 
no la permitía tener á su lado á Pepín. 
— Es una crueldad separarme de él. 
— Pero, ¿quién es Pepin? — preguntó un 
señor sensible. 

— Es un perrito de aguas (pie vale más 
de lo que pesa. Lo llamo Pepin porque pa- 
rece una persona, mejorando !o presente. 
— Señora, cálmese V. Al perro no le 
pasará nada. Al llpgar á Buenos Aires lo 
podrá V. estrechar contra su seno. 

— ¡Cuándo llegará la hora — ! La impa- 
ciencia me devora; me siento mal y 

Antonia! Abre la canasta y dame algo 
que comer. 

La sirvienta obedeció, y al poco rato la 
señora se comía un kib de salchichón y 
se bebia medio litro de vino, sin dejar de 
suspirar por su candido Pepin. 

Por fin, el tren llegó á puerto, sin des- 
carrilar, y los (jue por p.ico dinero hicie 
ron la excursión, llegaron molidos á sus 
hogares, renegando de los treties de re- 
creo y de la tea)p';ratura, que de projito 
descendió rápidamente, pillando despreve- 
nidos de ropa de abri- 
go á los que llegaban. 
Y aún á los ,que no 
salieron de la ciudad. 

Otros, más afortuna- 
dos, apenas el aire em- 
pezó á colorear narices, 
sacaron de sus roperos 
los- abrigos del año pa- 
sado, y salieron por esas 
calles, ütiendo á alcan- 
^^ jl J ^ for, y mirando desdeño- 
v\^ Vj sámente á los que aún 

1/ *>*— ^ vestimos de lanilla y de- 

safiamos el frió cuer- 




po á cuerpo, es decir, á cuerpo gentil.. 

En reéumidas cuentas : 

La semana santa ha dejado gratísimos 
recuerdos á los que, de un modo ü otro, 
la han solemnizado. 

Y, para fin de fiesta, el frió se nos ha 
''chado encima traidoratnente, obligándo- 
nos á pensar en sastres y otras friole- 
las, como ser: repasar la ropa del año 
pasado, sacar manchas, y 

Con permiso de W. voy á pegarme 
üiios botones que me faltan en el saco de 
abrigo, y á coserme los bajos del panta- 
!on de invierno. 

¡La economía ante tcdo! 




-^íi:,< 



EPIGRAMAS 



A Silvia sola encontré 
flores cogiendo en la loma, 
y por amor ó por broma 
á Silvia una flor robé. 

Y me cuesta el ser broinisla 
el andar un tiempo oculto, 
pues el robo toma bulto 

¡y ella me sigue la [iista! 

Kl puobio supersticioso 
tiene su nefasto día : 
Martes, l'^spaña y Turquía. 
Viernes, la nación del Oso. 

Y aquí, que en esas sandeces 
no creemos, no señor, 

el Sábado es el peor 

de todos, p'jr. . . los ingleses. 

' • Patricio Gallo. 




::***•: 



.^ 



^i 



.« .^u.^ 



8L CAfifiABRlT: ^^^:-^^*í^aí« 



;.,»'^'-"Ít>''íí 






SUPLICIO HORRIBLE! 



Existe una quesería 
frente ;i ("rente de mi casa, 
cuyo fuerte olor traspasa 
n\is sentidos noche y día. 

Colmo de la crueldad 
con que el destino me apena 
¡qué olor! es una condena 
de queso á perpetuidad. 
Su horrible vaho derrama 
en mi hogar traidoramente, 
así es que huele atrozmente 
á queso hasta la mucama. 
Tan insoportable olor 
hace imposible mi vida: 
como, y toda la comida 
sale con igual sabor. 
Escribo y ¡vana quimera! 
llamo c'i mi musa, y se escusa. 
y hasta temo que mi musa 
sea una vaca lechera. 

Ayer de casa salí 
y como á queso me olieron, 
á docenas se vinieron 
los perros detrás de mí ; 
yo oía á mi alrededor 
lafgente como reía, 
¿qué le olerán— se decía— 
en la parte posterior? 
Llegué á casa avergonzado 
y prometí no salir; 
¡á esto se llama vivir 
por el queso bIO(jueado! 

Un amigo muy travieso, 
viendo oscura mi morada, 
dijo, entre una carcajada: 
que es oscura y huele á queso. 
ASÍ es que continuamente 



t(?mo que alguno me hable.. . • 
y de todo es la culpable 
la quesería de enfrente. 

i.\d¡ós, amadas locura-s! 
¡.\diós. sueños que pasaron! 
¡Ya para mí terminaron 
alegrías y aventuras! 
que ayer mi dulce embeleso 
me dijo huyendo de mi : 
— ¿Tiene usté dentro de sí 
una fábrica de (luesof 
Y de (¡ue tuvo razón 
de convencerme concluyo; 
yo, por no olerme, me obstruyo 
la nariz con algodón. 

¡Oh tremebundo martirio, 
que en horrible padecer, 
me haces á legiones ver 
los (¡uesos en mi delirio! 
De tus monstruosos excesos 
Dante se había olvidado, 
pues sino hubiera pintado 
el circulo de los quesos. 
...Y yo quiero prontamente 
que al fin, de un modo formal, 
haga que cese mi mal 
la autoridad competente, 
y al cabo de quince días 
obrando como es debido 
hayan desaparecido 
del mundo las queserías, 
y si no acaban ¡¡lardiez! 
de tanto olor los excesos, 
¡¡comprando todos los quesos 
me los como de una vez!! 



Lilis (¡arcid. 



EL DOMIN&O DE RAMOS 

l_ SÁBADO DE GLORIA 




• I ■ ■ 

lERTAMENTE es mucha la suerte de Alfredo. 

Joven, figura distinguida, brillante carrera y fortuna mus que 
regular... 

¿Qué más puede apetecer un joven á su edad? ' - 

una mujer, ¿no es cierto? 

Pues bien; Alfredo Ramos se casa. Ha encontrado su bella 
ideal. Ese ideal que perseguimos todos y que pocos alcanzamos. 

La futura de Alfredo es un portento. 

Juventud y belleza física, realzada por'olra belleza más dura- 
ble; la belleza de sentimientos. Instrucción... la necesaria para 
ser buena esposa y mejor madre. 

¡Dichoso Alíredo! 












Et>6m&átÉU^ 


- • • 

245 



La Providencia ha sido más que pródiga con él. -* ' . 

Le ha otorgado todo lo que puéílé'ápÉ^leeé'if ^«f'ÜoAtifé Vwíí*» ííxigénte. ' 

AI ver la inmensa dicha ^^^el joven, el mSS td^'pef^^ bómprende que por fuerza han 
<le existir seres desgraciadlslmo8V' -í:; .iaí: . .; 

¡Está lan mal repaHidnl.i felicidad! : '^i""' ' • • ' . 

Pero una vez que á Alfredo Ramos se le presenifii, la aproveclia y; sirt duda, te- 
miendo que se le escupe, npresura los preparativos. . ' 

Es preciso fijar \n época del enlace. 

—¡Pronto, pronto!— dice el joven. ^ 

—Muy pronto— repite la hermosa futura. " . . 

— ¿Fijemos la fechn hoy mi«mo? 

— ¡Ahora mismo! 

—¿Está todo preparado? 

—¡Todo! 

— Pues dentro de ocho dias nos casamos. 

—¡Qué felicidad! 

Y la felicidad, «¡ue constante vela por los futuros esposos, parece decir— ¡pre- 
sente! acudiendo «i un llamado. 



Alfredo hace las cosas bien. 

Al dia siguiente reune en torno de alegre mesa, repleta de suculentos manjares, 
que han de ser remojados con ex(iuisitos vinos, á sus mejores amigos. 

Los despide con un festín. 

Dentro de ocho dius se ocabarün las locuras juveniles. 

Los amigos comen, beben y brindan por la dicha de Alfredo Ramos y de su fu- 
tura Gloria Martínez. j 

Alfredo se vé obligado a correr una tormenta en plena calma. 

La orgia se prolonga hasta la madrugada. 

Al despedirse de sus amigos uno le dice: 

-Che, Alfredo. 

-¿Qué? ' . 

— Siempre senis oportuno. > 

-¿Yo? 

—Si; tíL. Hoy es Domingo de Ramos. Es tu domingo..... 

— Dia de bendecir palmas. 

— Incluso la del martirio 

11 

Gloria Martinez cuenta los instantes que faltan para consumar el gran acto, por 
los latidos de sü coraz'3n. 

Cuatro ó cinco amigas intimas la ayudan á vestir. 

—Qué bien te sienta el vestido. 

— -Adulona... 

— No tal, hago justicia. Espera, ponte aqui el ramito de azahar... 

— Pronto se marchitará— interrumpe una interesante morocha de ojillos traviesos. 

Empieza el tiroteo... 

La novia se ruboriza un poquito y suspira. 

El momento solemne se af^rca. 

Alfredo está por llegar. ¡Cuánto le quiere, y qué feliz vá á ser...! 

La novia está lista. Las amigas la nan- arreglado con el mismo cariño que allá 
en el convento, arreglaban sus muñecas de grandes ojos.. 

Para ojos los de Gloria. 

Siente no tenerlos más pequeños para no ver tanto. 

¡Qué miraditas la dirigen sus compañeras de infancia! 

¡Cuánta lagrimita mal comprimida!... 

¿Sentimiento de perder la amiga? 

— ¡Envidia pura! — dice la morochita— ¡Ay! ¡Quién estuviera en tu lugar! 

Frescas carcajadas acogen el chiste tan expresivo como ligero... 

Ha llegado el momento solemne. ' 

Antes de dos horas Alfredo y Gloria serán esposos. 

Después se prolongará la fiesta. El baile será animadísimo, los novios se escu- 
rrirán disimuladamente, y no faltará envidiosa que diga, la morochita sin duda: 

—¡Hoy si, que para Gloria, es sábado de gloria,..! 

III - 

—Alfredo, ¿recuerdas?... Hace ocho dias. i. 

— Si, el domingo de Ramos lo acordamos. . 

—Y el sábado 'dé Gloria... 

— ¡Una semana interminable! ' 



..■y<^ 




<^ 



246 



BL CASCABEL 



— La de pasión. 

—Quiera Dios que la nuestra 'sea muy duradera... 

Un beso más duradero que la esperanza del que juega ala lotería, selló los labios 
que habían pronunciado la última frase, mientras las campanas de la iglesia vecina 
repicaban en honor del Señor que resucitaba, colrpando de dichas ó los mortales. 

A lo menos, asi lo creían firmemente Alfredo Ramos y Gloria Martínez... 

Andrés Soler. 



ANUNCIOS 



Señorita de buen trato 
con deseos de casarse, 
demanda para en Tazarse 
algún caballero ñato. 
Se explica tai petición 
pues siendo ella narifjuda. 
la nariz será sin duda, 
perfecta en su su/esión. 

Abofjddo (le ladrofws, 
tarifa poco elevada, 
tiene su fama sentada 
defendiendo violaciones. 

Tres caballeros formales, 
sanos y de buen color, 
pueden hacer el amor 
á precios convencionales. 

A! público en general 
se avisa que se abrió aj^er 
el renombrado «Taller 
de pescado artiíicial.» 
Tenemos la conocida 
corbina en dulce, ó purgante. 
Todo af gusto del niarchante. 
Se trabaja á la medida. 

¡Gran éxitil ]. a pomada 
del ruhor, que da un color. 
:'i la faz, como el rubor 
de cualquier recien casada. 

Bastón— llave— candelero, 
defensa contra ladrones, 
contiene diez instrucciones ' 



propias para homI)re soltero. 
Puede servir de corbata 
usado en forrtia de lazo, 
y .'^i alguien os da un sablazo 
contesta— , No tengo plata! 

El protector del casado 
os cuenta de vuestra esposa, 
("on exactitud pasmosa 
las veces (]ue ha estornudado. 

*»\ 

¿Queréis rlíjuezas, señoresí 
mi libro os la puede dar: 
Medios de falsifica)' 
las iHonedas ;/ ralorcs. 

<*^ 

A los cobardes se avisa 
compren «calzado de .Thon» 
que en caso de iirecisión 
permite correr de prisa. 

Aparatos verdaderos 
para hablar un largo rato, 
pronuncia cada aparato 
doce discursos enteros, 
Con él se evita el suplicio 
de hablar con dilícultad, 
son de gran necesidad 
para un orador novicio. 

Y aquí tienen reunidos 
los avisos que he cortado, 
de un diario publicado 
en los Estados Unidos. 

S. Garrido. 




?f^w-.f.3!fr^il^ 



^J^^^^W ^ 



EL CASCABEL 



á»7 



LAS DOS AMIGAS 




AREr.iDo singulur el de Emilia y Sofin! 

Nacidas en diversos climas, de tliversa raza, la naturaleza se 
había complacido en hacerlas gemelas en hermosura. 

De iguales gustos, de semejantes aficiones, por una maravillosa 
intuición, sin comunicarse sus pensamientos, aparecían en público 
ataviados con el mismo traje, embellecidas por los ñnismos adornos. 
Una amistad, sincera en apariencia, las unía. 
Pero Sofía, criada en el mediodía, con lodos los salvajes senti- 
mientos engendrados por el sol de su país, disueltos en sus venas, padecía el míis 
horrible de los martirios al ver-e igualada en belleza, en sentimientos, en aliciones, 
en anhelos, én fin. ■ ■ 

No es que la inspirase envidia la hermosura de Kmi.lia. era que ésta le producía 
una sensación extraña: hubiera deseado ser horriblemente loa. para que hubiese des 
aparecido toda semejanza entre ellas. 

Tiñóse denegro, su oxplendorosa cabeilera rubia, ni misino tiempo que Mmilii 
trocoba en ébano las hebras de oro de su cabeza: lomó vinagre. Imyó de lodo ali- 
mento, procuró enfla(|uecer en fin, y Emilia, por aquel sor})rpndente. paralelismo, 
forillo con ella, la más adorable pareja de espirituales sílfidos, no [»or^ delgadas menrjs 
graciosas y bellas. ^ 

Un poeta inspirado por su hermosura compuso una oda titulada Las musas 
he ¡'manas. 

Sofía no pudo soportar aquel negro suplicio y trató de envenenarse: á Emilia . 
la sorpi-endieron intentando absorber una gran dosis de arsénico. 

Fueron salvadas. 

Dos amigos también, Enrique y Julio, calaveras desenfrenados, pusieron cerco 
á aquellas beldades. 

Sofía se sintió llena de un placer inmenso: vio el abismo en que iba á lanzarpe, 
infierno de su gloria, pues al trocar su pureza por el infamante estado do la man- 
ceba, desaparecía toda aquella semejanza, (|ue había sido su tortura. 

Con el alma llena de una confusa mescolanzi de lemoi-i s y esperanzas, se decidió 
i\ entregarse á Enrique. 

Llegó la hora convenida. Pronto Sofía no podría parangonarse con ÍOmilia. 

Sintió pasos que se acercaban... 

¡Oh decepción! En lugar del ladrón de su pureza, á quien esperaba anhelante, 
llegó una amiga con la noticia, que sus temores ya habían adivinado; Emilia había 
caído la noche anterior en brazos de Julio, había huido con el dispuesti á ser su 
querida. 

Sofía vertió llanto, pero fueronJágrimas de consuelo, de egois!a alegría, de es- 
peranza realizada. 

Hizo d"fespedir ignominiosamente por sus criados á Enrique, y empezó a devorar 
ansiosamente aquel placer tan deseado. 

No duró largo tiempo su "dicha: Emilia abandonada por í=u raptor, desconsolada, 
al borde de aquel abismo por el que había comenzado, á deslizarse, supo detenerse, 
se asió á su dignidad de mujer honrada, y huyendo de las infamantes proposiciones 
conque la asediaban sus enamorados, entró en un convento perdonada y arrepentida- 
Guando lo supo Sofía sintió de nuevo la furiosa sierpe de la envidia enroscarse 
en su corazón. Escribió una lacónica esquela á Enrique. Y al día siguiente cuando 
las campanas del convento daban la bien venida á la novicia, Sofía dando un grito 
espantoso, un grito de desafio á Dios, caía anhelante y febril en los brazos del 

aventurero 

Adolfo S. de los Ríos. 



^^^ 



^' ^::^,y;^m^^ ■; 3i^ví;.v-rv,j»í^: ■ ^* -yr-. 



Kírt>ASC*BEIi> 



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/e^£i^ yr?¿ífi^ -:^^^¿2ít^ /'^''^ i'foc^^^'**-*^!*^-*^*»- 







250 



EU CASCABRf. 




Contemplando del sol la despedida, 
hieren sus ojos bellos, 
del astro rey los últimos destellos; 
y escucha embebecida 
el arpegio del ave dolorida, 
mirando con cuidado la ventana 
por donde con Ramón huirá mañana. 



EL OTRO DOLOR 



Suponed un templo extenso, 
en él una extensa nave, 
en ella un público inmenso, 
poco ruido, mucho incienso, 
el Padre Ortega que grave, 

dando la espalda al altar, 
lucha por poder andar 
entre la gente apiñada, 
que le mueve en oleada 
como á un buque mueve el rnar, 

y tendréis la descripción 
del lugar y situación 
á que os quiero hacer venir, 
para que podáis oir 
del Padre Ortega el sermón. 
'" El Padre Ortega ya Uega, 
sube al pulpito, se inclina. 



la ayuda del cielo ruega, 
y principia el Padre Ortega 
á usar de la voz divina. 

Con voz correcta y sonora, 
con frase asaz convincente 
que se sucede una hora, 
expone ante aquella gente 
la escena desgarradora 

del drama al pié de la cruí, 
con un vigor y una luz 
tan hermosa y natural, 
que hasta el más fiero animal 
humillara la testuz. 

El amor de los amores, 
el dolor de los dolores, 
la angustia, la pena, el llanto, 
la tormenta y el espanto... 



»;■!.. i;<:5 .■ 







:»crii-/«i-, r; 



EL CASBABet 



todo- con tales colores, 

que la gente, contristada,, 
devotamente sentía 
como propia la jornada 
•en que sola, abandonada", 
quedó la Virgen Maria.- 



Dejó el Padre de decir, 
y después de dirigir 
sus ojos al tragaluz 
por el que se iba á esparcir 
en aquel templo la luz, 

dio á todos su bendición, 
bajó del santo balcón, 



■ *•■* 



251 



cr»?ó el templo, fué al altar, 
se postró un instante á orar, 
' y lleno de s^nta unción' 
V penetró en la sacristía, 
donde todos á porfía 
grandetnente le alabaron, 
y— ¡qué atroces— exclamáron- 
los dolores de María!... 

Y él Padre así contestó 
á uno con quien se encaró: 
—¡Cállate ya, que me amuelas! 
Para dolor, el que yo 
estoy sintiendo: el de muelas. 

.4. Días de la Quintana. 




DE DOMINGO A DOMINGO 



Semana (le espectáculos... religiosos. 

Las damas y los damos se acicalaban 
primorosamente, ni más ni menos que 
para asistirá una función de gala, y efec- 
tivamente se marchaban á los templos, en 
algunos de los cuales se oían voces qutí 
pedían á idem un pan fran-cés de prime- 
ra clase. 

Qué modo de berrear, sea dicho con per- 
dón de los apreciables tiplOS de sacristir. 

De modo que. bajo el punto de vista ai- 
tislico, los espectáculos que han tenido lu- 
gar en los templos han dejado mucho que 
desear. 

Fuera de esto, la juventud se ha diverti- 
do grandemente, sobre todo en Santo Do- 
mingo, en donde, con motivo del sermón 
de agonía pronunciado por el P. Beco, se 
reunió tal cancurrencia, que más de dos 
señoras se desmayaron, seguramente, á 
causa de los empujones y otras yerbas, á 
que tan aficionados se muestran algunos 
monos, que por equivocación sin duda, 
hablan y visten como las personas.. .. 

Los teatros, dejando los templos, á un 
lado, pocas novedades nos han ofrecido. 

En el OnruMa se eslrenó La fuerza de 
un niño, obra de Miguel Echegaray, que 
dejando á un lado los magniflcos versos 



en que está escrita, no logró interesar ma- 
yormente al público. 

En un acto de Kean, se presentó el ar^ 
lista italiano señor Maglione, quien demos- 
tró ser concienzudo actor dramático. LaV 
pronunciación ! asi im aba un poco el bido, 
sobre todo en las erres, (jue, cobrio i)uen 
italiano, pronunciaba con bastante difi- 
cultad 

El público le aplaudió y le hizo salir va- 
rias veces á escena. 

Un novio á pedir de 'boca., cerró la " 
semana,, y. . .. ¡veremos que tal será la 
próxima! 

En lá Comedia no registramos nada 
^nuevo. 

Mucho público, como siempre, y muchos 
aplausos, como siempre también. 

^Xi Apolo se han estrenado con buen éxi- 
to El Monaguillo . También estrenóse La 
Caj9a íZe /o.se y la linda comedia en un 
acto, de Echegaray, Cómo empieza. . 

Alhambra y Novedades han vuelto á 
abrir sus puertas al público; y en el Poli- 
teama los conciertos Galvani animarán 
la espaciosa sala de aquel coliseo. 

Vamos á ver si esta octava será más 
fecunda en novedades teatrales, porque la 
pasada perteneció por completo á la igle- 
sia, á los calamares en conserva, y á las 
empanadas de vigilia. 

¡La magnesia nos asista! 

Amén. 




252 



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LA FRUTA PROHIBIDA 




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■ ''■'i.l^il^V.Í^l"l -I <i i 







El Administrador de EL CASCABEL, ruega á 
los señores corresponsales y agentes, que le 
remitan el importe de lo que adeuden; además 
advierte que pronto empezará la csbranza del 
segundo trimestre. 



_ Tesis desarrol lada por el P. Becco, con so- 
lemne entonación oratoria, según La 
Prensa: 

« El delito va siempre con nosotros, por 
que nuesh''0 misero cuerpo no es más 
que el cuerpo del delito.»— 

Ahora si que podemos sospechar de lo- 
do, hasta de Levaile. , 
■ Por que i hombre de más cuerpo!. .i. 



' Apropósito. 
Nunca con más razón que ahora podrn 
decir una madre que sorprenda á su hija 
en brazos del amante: 

—¡Niegue Vd. ahora!.,, le acabo de en- 
contrar con er ^uerpo del delito en !os 
brazos 



María con su ejemplar 
conducta pudo lograr, 
vivir siempre de este modo: 
de dia hablando de todo, 
de noche dando que hablar. 



«Hoy empieza el Viernes largo del per- 
sonal de La Nación^ el que durará hasta 
el Sábado, reapareciendo el diario el Do- 



mingo » 

Asi se despedía desús lectores el distin- 
guido colega de la calle San Martin, el Jue- 
ves Santo. 

¿Qué quiere decir Viernes largol 

Con haber dicho que la ñestia duraría 
dos días, estaba dicho todo. 

El dia menos pensado nos hablarán de 
Sábados cortos, Domingos quebrados. 
Martes angostos 

De todo es capaz el diario de Argos, me- 
jor dicho, ylr¿70S, el del diario. 



m 



' —¿Vosa la iglesia, Juanü? 

— No seíiora. 
'—¿Y en tales días te estarás on casa? 
— Esqce todos los nños pi,)r nliora 
el sexo masculino se propasa. 
Siempre hay un nirevido 
que.se mi.'te en l.i iglesia yil.i em[;"jjonef=, 
y alli os parecerá un conlriisenlidn, 
pero es rácil caer en tentaciones. 



. En una sección de El Mimiciplo, de Lo 
Plata, destinada ;i pensamientos., encon- 
tramos, entre varios, originales de Voltui- 
re, Bacón y otros, uno trascendenlalisimo 
de R. de Ilurrioga y López. 

Dice el vate piálense: 

«La religión católica seria excelente si 
se suprimieran los frailes. » 

¡Y se queda tan fresco! 

Pues bien: como no queremos ser mo- 
nos, ¡ahi vá un pensamiento! 

«La sardina seria el rey de los fritos, si 
se suprimieran las espinas que tan moles- 
tas son.» 

Y jnada! A formar al lado dé" Voltaire y 
otros modestos pensadores por el estilo. 



Tres suspiros, dos salves y un credo 
un vestido de negro crespón,, 
yo no debo, ni quiero, ni puedo 
creer que es todoeslo tener 'devoción 



Leemos: 

«En la secretaria del Presiden le de la Re-- 
púbíica se cosechan datos que servirán 
para el mensaje de apertura.» ¿ 

«El documento será pobre en la parte fi- 
nanciera » 

¿De veras? 

Esto es más que natural, y á nadie extra- 
ñará. Lo raro seria que ahora saliésemos 
con que tenemos dinero. 



Oi ayer en el sermón, 
que puede ser perdonado 
quien en aguas se ha bañado; 
sí del Jordán aguas son. 
Yo he combinado mi plan 
y estaré absuelto mañana, 
usando la palangana 
que ha usado el Padre Jordán. 



. ^"^ - •- ■ ' * --fe. 






254 



eL cascabel 



Epígrafe de un suelto de cierto colega: 
<^Las sociedades que bailan. ^> 
Suponemos cuáles serán. 
Las anónimas, que tanto gusto dieron en 
la temporada anterior. 



Un insano. Sueldo de apellido, se ha fu- 
gado del manicomio. 

No es el primer caso de un sueldo que 
se escapa. 

Lo notables es. (|ue en la circular diri- 
gida ó los comisarios de sección, recomen- 
dando la captura del prófugo, se hace pre- 
sente lo peligroso que es para el público 
el mencionado loco. 



Siguiendo esta coslumbre, cuando la au- 
toridad recomiende la captura de algún 

asesino, es fácil que se perriiita comenta- i 

rios sobre lo peligrosísimo que es el asesi- j 

no. y lo inmoral del asesinato. l 

Menos recomendaciones y más actividad í 

es lo que importa al público, que de sobras j 

sabe librarse de los locos. ! 

Aún que no siempre ^ 

CORRESPONDENCIA | 

, _- — _ — . I 

Tira-B. ()Me. — No- pude contestar antes: pero de j 

todos moaos au romance no resulta publicable. 1 



fiü.r. — La ¡'otofjra/ía instanlrínea. fué al canasto, 
como supone V. 

T-O-DORO. — Quiere creerme? No haga mfts sonetos; 
verá qué tranquilos quedamos lodos. 

Candelario. — ¡ Estrafalario ! 

Comifnado. — Si: que sufre condena por haber es- 
crito algo parecido al «sermón de .A.gonia». 

Ignutus. — Y me pregunta (lué debe hacer? Por mi 
haga lo que quiera, incluso maltratar a la suegra y 
a la gramática. 

Z-oío. — Nose me ocurre nada A propósito de su 
idea. Dejemos que el oro se vaya y ¡ no versiliquemos 
con tan plausible motivo! 

/flcm/ü </? A ?v/í;«/ff/. — Retocaremos algo si V. lo 
permite. Es V. incorregible; siempre serióte!... ó 
enamorado, eh! 

.S'aA/íV/o. — -aparta ! y envaina el sable. 

AííWo. — Pero ¿qué le tuin hecho a V. la luna y las 
estrellas, para maltratarlas en renglones cortos? 

Escolar. — \\.e voy a dejar sin postres, por des- 
aplicado...! 

L. H. A. (Rosario)— Es lo que faltaba. Un rosa- 
rino gracioso, que entre otras gracias tiene la de no 
contar las silabas. ¡Lástima de papel y estampilla! 

A>-P///'<. — No sirve. " 

.l/e/o. — Aprovecharé algo de lo que V. manda. 

Turevo. — ; Voy á llamar al Dr. .\lbarracin, y verá 
V. lo que le pasa ! 

Mona;/ uillo. — yi\mos, la semana santa le ha hecho 
daño y ¡claro!... soneto al canto! 

Gi-aciosu.—^e ha enfadado v? Lo sítenlo mucho, 
pero lo dicho, dicho esta. 

^Wí7>rt/. - Regular : v- remos. 

/. (í. L. — De lo sublime a lo ridiculo hay un paso. 
«El Paso Grave» que me manda V con una gra- 
vedad digna de mejor causa. 

Gaiic/iu. — Los gauchos como V.. son sumamente 
antipáticos. 

f)'///co. — Ahora creo que es lo mejor que se ha 
publicado. No gustándole á V... 

Ventura. M es original, ni está bien escrito. Me 
pai'eceque h;iy motivos sobrados para no publicarlo. 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

I 

Capital: 3 meses g 1.50 

Piovinciai=: Los ^eñonis Corresponsales 
fijarán el preci". 

Número corriente » 0.10 

» atrasado...... » 0.15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

— ÍB@ (altos) 



'^^^^WTT^^^wWw^^^^Wy^W 



"^^^^^W^"^ ^^^^¡¡W^^^^T^^^Tf^^^^^^^^^^w^- 



KL CASCABEL 



235 



COMPAÑÍA 

TRASATLÁNTICA ESPAÑOLA 

VAPORES-CORREOS 

Subvencionados por el Gobierno Español 

Servicio mensual fijo 

entre el lUo de la l*lata y liliiropa 

Las salidas de este puerto ser;*!!! el 2 de cada mes 
para Santa cruz de Tenerife, t"ádi¿. Bar clona y Mar- 
sella, admitiendo carga y pasajeros, asi como para 
Vigo. Coruña, Santander, Bilbao y demás pimíos im- 
portantes de España. 

Por más intormes O datos, ocúrrase a sus agentes 
Antonio López y C», calle Alsina, 750. 

Nota. — Se expiden pasages de venida de lodus los 
puertos y ciudades de España. 



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las exposiciones 
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258 



EL CASCABEL 




PESAR de que el espíritu público 
es sumamente mercantil en Bue- 
nos Aires, según afirma un poeta 
amigo, que, en vista de lo poco produc- 
tivos que le eran los sonetos, ha abierto 
un boliche de almacén, conste que aún 
hay personas que se preocupan de las 
artes. 

La literatura está por los suelos, y 
prueba de ello es que Obligado, el popu- 
lar poeta se ha visto obligado á ir al campo 
á hacer producir la tierra. Várela ya no 
escribe versos, y Argos es el único que 
desde de su joesca nos dá algún susto de 
cuando en cuando. 

De modo que, la literatura está arrui- 
nada. 

Es lo que me decía un escritor profundo 
pero mal alimentado. 

— Hoy no es posible ^ivir de la pluma. 
— Sin duda por esto abundan los desplu- 
mados. 

— Y que lo puedo de- 
cir yo. Antes era un 
gusto: los editores em- 
prendían algún negocio, 
■ pero ahora los genios 
nosipioritnos de hambre, 
"^••v^fiós agarramos á lo 
ypníjxeTpqyxe sale. Tanto 
'"^--/^es'ásí que lie dejado la 
pUiiTia, después de haber 
,;■: probado .uiiigánfíro nue- 
vo... ;;::>;:'j.' ..■ .í>Uw)'l 

-¿De inyieriio?v:y';;;"'^ ' '';;'^[ "'' '" 
— i\ó, un nuevo géaero liter,á.rib..;La lí- 
loratuia nutritiva. 
— ¡Hombre! 
— Sí; escribí un poema El gato inocente y 




se lo leí á la familia^ un día que el ham- 
bre apretaba. Quise probar de darles gato 
por liebre, pero la suegra me tiró un mor- 
dizco, la mujer se puso á mascar la la- 
picera y el niño se bebió el contenido del 
tintero. 

— ¡Horror!... 

— ¡Ay amigo...! Decididamente no es 
posible vivir de las letras, asi es que aho- 
ra estoy buscando un empleo de inspector 
de boletos... 

La música, en cambio adquiere mayor 
impulso entre nosotros. 

Y á estas horas hay tres ó cuatro ópe- 
ras inéditas que esperan la fecha del es- 
treno. 

Los diarios cada día nos dan cuenta de 
una nueva audición á la que son invitados 
para que se sirvan hac ^r la correspondien- 
te propaganda. 

A nosotros na- 
die nos invita, sin 
duda por olvido, 
pero sabemos de 
buena tinta que 
además de las ópe- 
ras leídas hasta la 
fecha, están aca- 
bando otras, va- 
rios jóvenes que 
de pronto se han 
sentido músicos de 
alto vuelo. 

— ¡No más mazurkasl — me dijo el otro 
día un fecundo autor de piezas bailables. 

— ¡Qué! ¿Se ha abolido la mazurka? 

— No tal. Lo que hay es que ahora nos 
dedicamos á la ópera seria. 

-¡Ah! 

— Sí señor. Estoy componiendo El des- 
cubrimiento de América. 

— ¿Qué dirá Colón? 

— Es una obra magna. 
—¿Quién? 

_ — El descubrimiento. 
-Ya lo creo. 

— ¡Verá V. qué música! En el primor 
acto hay un coro de indígenas, que s.e, 
acompañan con calabazas vacías. 

— ¡Superior! 

— Lui'fío hay un trozo de música des- 
criptivn El mar. Es de tanto efecto que <'í 
otro dia al leerlo á unos amigos se pusie- 




~í ; ■ . "^ ^í :. Í*!;".'í™ ■■ Sí rS^SJÍÍ'ÍSíw- • ■- ■ '-^ - ! i --yK' ''■::ff^^¡f:^^ :;' ' 



EL CASCABEL 



259 



ron ¿ pedir socorro desaforadamente. 

-i-iQu^ groseros i * 

— £s que fué üA Ift enaocióa, y fué taa 
real la ilusión, que ya se velan ahogados. 

— En poca agua se ahogaban los po- 
bres. 

— En fin; que la ópera nacional es un 
hecho, y si el gobierno nos ayuda, prohi- 
biendo la importación de organillos, es- 
tamos salvados y en disposición de com- 
petir coi; Italia y Alemania... 

La verdad es que la música nos gusta 
cada dia más. y que pronto seremos mal 
mirados los que no componemos nada, y 
que á lo sumo tocamos el himno nacional 
con un dedo. 

De modo que, para los músicos empieza 
la edad de oro. 

En vista de lo cual, ó éft vista del cual, 
no hay compo?i(or que se duerma y 'deje 
de combinar tercetos y concertantes de 
mucho efecto como es natural. 

Esto produce sus efectf)S porque la ins- 
piración no acude siempre. 

El otro dia sin ir más lejos, Pérez, que 
también dá vueltas á una ópera, no en- 
contraba efectos tiernos para un dúo amo- 
roso, trozo culminante de su obra. 

¿Qué hizo para inspirarse? 

Fué á la cocina y empezó á enamorar 
á la cocinera, y cuando sus nervios esta- 
ban amorosamente templados, cuando en 
la imaginación le bullían un sin ñn de 
tiernas melodías, entró la mujer de Pérez 
y armó la de Dios es Cristo, y acabó por 
meterle en la cabeza al esposo un molde 
lleno de flan, sin calmarse apesar 4e las 
protestas de Pérez que procuraba justifi- 
carse. 

Total; que en vez de un dúo amoroso, 
la escena de la cocina le inspiró un ter- 
ceto trágico y un horror invencible al flan 
y á la mujer, que á cada rato le repite: 
— ¡No me vengas con an'isicas! 
Cuando se lea la obra de Pérez, emiti- 
remos juicio. 

¡Todo sea por el arte! 

REFRESCO- 

— Escúcliame, gargon: t ráeme cerveza 
y un buen tabaco de hoja... 



Déjame que lo escoja; 

no te lleves la caja, ¡buena pieza!... 

¿Que se enfada el patrón ponjue lo exijo, 

y que hacer-se no suele? 

Pues lo quiero elegir, ¡vaya! y lo elijo... 

¿El patrón?... Que se amuele. 

¿Vais á mirar mi plata? 

Pues no metáis la pata 

y dejadme (|ue elija el coracero... 

Aunque os echei.s de bruces 

y lo rogueis los do.s, puestos en cruces. 

lo elijo porque quiero. 

¡Vaya un diablo de gente!... 
No be visto cosa igual en parle alguna... 
¡Que se calle, in.eolente!... 
¡Marche inmediatamente 
ó le dejo sin muelas; si, sin una!... 

¿Eb?¿Qué es eso? <;gu<' dices? 
¿A que con esta silla 
te dejo sin narices?... 
A ver; deja ahí la caja... 

Oiga usté, señor mío, ust<' me ultraja 

y á mi nadie me cbill.n. 

He dicho al camarero 

que rae sirva cerveza y un tabaco, 

¿entiende usté? Y no (juiero 

fumarme el que me elije este bellaco. 

Vuelva usted á, decirlo... 

Vuelva ust(^ á rei)etirlo... 

Diríjame de nuevo esas i)íi!abras 

y le dejo sin sangre de un porrazo, 

ó sin leche de cabras. 

que es la sangre de ust/-. gran... gallegazo. 

Aqui la policía 
nada tiene que ver, lo que j^o quiero 
es elegir el puro y no me dejan. 

¿Yo á la (vomisaria? 
¿Pero de qué se quejan? 

Es falso lo que dice el camarero. 
Y vaya, que no voy; que nó, repito; 
que me sirva el tabaco y la cerveza. 



Hombre, bueno; pues vaijiiu.s de cabeza, 
no toque más el i)ito. 

-4. D/ac de ¿a Quintatia. 




260 EL. CASCABEL 



BENITO PÉREZ GALDÓS 



(UN RECUERDO) 

^ ■ ÉREz Galdós (suprimiré los epítetos, innecesarios tratándose de cM) lia hecho 

su drama. 

Y el drama ha hecho mucho ruido, como suele decirse. 

Por qué? 

Por traiarse de un aulor que en la novela ha alcanzado un puesto que nadie le 
disputa, y una vez seguro en él, se ha lanzado al teati'o, empresa temeraria y que sólo 
un talento sólido y seguro de si mismo, ha podido emprender sin temor n una caída, 
tanto más dolorosa cuanto mayores la altura que ha alcanzado el que puede cner. 

Galdós ha Iriunfa 

No han faltado ci-ilicos que han puesto peros al drama. 

Pero las primeras autoridades literarias aplauden, y aplnuden sin reservas. 

Acatemos su tallo, llenos de regocijo, y hagamos coro á Clarín cuando exclama: 
cultivemos jiueslro jardín. 

Con motivo del drama de Galdós se han promovido cuestiones y polémicas en 
España y aíjuí, y lo mismo habrá ocurrido en todos los países que empleen, más ó 
menos adulterada, la lengua de (Cervantes. 

Yo, mejor dicho, mi insignificancia, se limitará á recordar algo, niuy de oportu- 
tunidad en estos momentos. 

En el año de gracia (que para Galdós maldita la gracia que tendría), do 1870, el 
literato y aplaudido autor dramático Eusebio Blasco recibía del entonces critico de 
moda, autoridad respetada, entonces y ahora, de Federico Balart, una tar-jela concebida 
en estos términos: " 

Querido Ensebio: 

Puesto que has llegado al pináculo del éxito, ayuda á los danás. Te presento 
á mi paisano D. Benito Pérez Galdós, que tiene Jiace dos años, una comedia 
en el Teatro del Principe>K 

Pérez Galdós se presentó á Eusebio Blasco y le refirió que Catalina tenia la obra 
en su poder y que no parecía muy dispuesto a ponerla en escena. 

Blasco prometió interesarse y asilo hizo. Vio á Catalina, le habló del novel autor 
y del drama, y ésle siguió durmiendo el sueño de los justos en el archivo, junto á otros 
compañeros de infortunio, fiuto de noches que pasaron en vela entidades X en aquel 
entonces, y que quiz;\ hoy son admirados, leídos, festejados y consagrados académicos 
como le sucede al popular novelista. 

Como detalle curioso, Iranscribiremos la impresión que Galdós produjo á Blasco 
el día que recibió la carta de Balart. 

El mismo joven traíala carta, -dice Blasco— Un muchacho flaco, serio, casi, 
sombrío, en honor de la verdad no muy sinipático — » 

El primer drama de Galdós no se representó pero «La Fontana de Oro», su i)rimera 
novela, obtuvo gran éxito. A «La Fontana de Oro» siguió «El Audaz», y luego apare- 
cieron los «Episodios Nacionales» y un sin fin de novelas realistas que colocaron el 
nombre de Galdós á una altura que pocos alcanzan. 

Han pasado más de veinte años. 

Y el novelisla aplaudido ha entrado triunfalmente en la senda del teatro, ancho 
campo en el |ue le esperan nuevos lauros. 

El muchacho flaco, serio, casi so?nbrío, el que aguardaba ver representada su 
primera obra, en la que seguramente puso todo el vigor de su poderosa imaginación, 
y todo el afán del que quiere conquistar un nombre que lo levante del nivel del común 
de las gentes, está vengado del feo que le hiciera Catalina. 

«Bealidad», le ha abierto de par en par las puertas del teatro. 
Quién sabe si cuando estallaban entusiastas aplausos, la noche del estreno, Galdós, 
frenético, nervioso, satisfecha su vanidad de autor, al recibir los plácemes del escogido 
público que le aclamaba tuvo un recuerdo para su primera obra, archivada! 

Si lo tuvo ¡con cuanto placer habrá recorrido en alas de la imaginación el espacio 
de veinte años de éxitos y triunfos no interrumpidos! 

iQué hermosa realidad., para el que llega, como aquel á quien fuera recomendado, 
al pináculo del éxito! 

E. C. 



^r?^ ■■^^*'ssrs^S?s5^y'^^*|í?^^ 



vM55» -«WSJ!,#H»j»»i'W'!!{.'»fí>^i' ' 



EL CASCABEL 



261 



MISIÓN CUMPLIDA 



/ 



—Caballero. 

—Señorita.. . 
Dispense si.. , 

— Tome asiento. 
—Le explicaré, en un momento, 
la causa de mi visita: 
Creo que V. ya sabrá 
que, á mediados de este mes, 
se vá á casar mi hijo Andrés ► 
y que por lo tanto. . . 

— . . ¡Ah! 
—No ignoro que hasta el presente, 
usted y Andrés se han querido 
y hasta hace poco han vivido 
demasiado intimamente. 
Esto ha podido durar 
mientras él era soltero. 
pero hoy 

— ... ¡por Dios, caballero! 
—Es preciso terminar. 
-iAy! 

—Comprendo su aflicción. 
Pero á Andrés olvidará 
y creo que no pondrá 
impedimento á su unión. 
— ¡Yo me quisiera morir! 
¡Andrés de mí se ha olvidado! 
—No; es que cambiando de estado, 
se asegura el porvenir. 
—¡Claro! En busca de riqueza, 
sus juramentos olvida, 
y la que le dio honra y vida 
que se muera de tristeza. 
¡Ay! Yo no resistiré 
que sea de otra su anaor; 
yo me muero, si, señor; 
vaya si me moriré. 
—Tenga calma; (no me explico 
este amor desenfrenado. 
Andrés es endemoniado; 
¡qué suerte tiene ese chico!) 
—¡Cruel! El me prometió 
•unirse á mí por Enero, 
y ahora... me muero, me muero. 
—¡Adiós; ya se desmayó! 
Huela usté (es triste su suerte, 



se vé, cuánto le quería,) 
pero ¡caramba! hija mía 
no me muerda V. tan fuerte. 
-¡Ah! 

^¡Cuánto debe sufrir!) 
—Vaya, ¿cómo se halla usté? 
— ¿Y yo estoy viva? ¿Por qué 
no rae han dejado morir? 
— Vamos; calme su dolor, 
el tiempo la curará, 
y juro á V. que hallará 
en mí siempre un protector. 
— ¡Ah, gracias! gracias. Dios mío, 
que hallo un consuelo sincero. 
—¡Sí! 

—Creo que ya le (juíero 
como si fuera mi tío. 
— Siempre en mi pecho ha de hallar 
alivio. 

— Déjeme usté, 
que en sus brazos hallaré 
refugio dónde llorar. 
•-(Sólo le faltan las alas 
para ángel, á esta mujer. 
¡Y á mí me han hecho creer 
que estas mujeres son malaS!) 

—¿Ya, tan pronto se vá usté? 
— No tardaré, señorita. 
—Soñaré con su visita. 
— ¡Ah! 

—¿Volverá? 

— Volveré. 

II 
Lleno de noble interés, 
y guiado por el cielo, 
á la joven de consuelo 
le sirve el padre de Andrés. 
Tanto, que ayer he oído 
á aquella niña hechicera, 
decir á una compañera; 
—Me alegro que se haya ido. 
— Vamos, ¿le olvidaste ya? 
— Y hasta en el cambio he ganado, 
porque el hijo se ha marchado. 
... pero me queda el papá. 

Luis Garda. 




.»,■-. -^.-1 .. v'^ :• . + ■ 



.-- r^^-,y-\ 



262 



EL CASCABEL 



LAS VISITAS 



—¿Qué deseaba, señora?— dice una chi- 
nita, acercándose á la puerta de fierro de 
una casa de regular aparienciu. 

—¿Está la señora?— pregunta una mam.'i 
acompañada de dos niñas ya talluditas. 

— Si, señora. 

— Anuncíele, entonces, que está aqui la 
señoia de Cominillo con las niñas. 

— Muy bien, — dice la china, mientras 
echa á correr hacia el interior de la caso. 

Y al llegar donde se halla su ama: 
— Señora, hay visitas. 

—¿Quién es? 

— La señora de Cominillo con las niña?. 

— Hacelas pasar á la sala y deciles que 
perdonen un momento que ya salgo. 
{Aparte) ¡Qué genle más impertinente: a 
ellas sólo se les ocurre venir á fastidiar ¡i 
estas horas. [En voz alta) Niñas, arré- 
glense pronto, que están esperando en la 
sala las posmas de Cominillo. . 

— ¡Ay, mamá; jesús qué mujeres más 
zonzas! 

—¿Porqué no se quedarán en su casa? 

— Yo tengo que peinarme. 

— Y yo que vestirme. 

— Bueno, muévanse niñas, que yo tengo 
que lavarme, peinarme y vestirme. 

—Dejalas que se fastidien, mamá: a^i 
no volverán más. 

Por fin, al cuarto de hora, presentan se 
en la sala la mamá y sus dos vástagas. 
(Perdoné la Academia.) 

— ¡Doña Dolores! 
¡Doña Mercedes! 

— ¡Lolal 

— ¡Merceditasl 

— ¡Jovila! 

— ¡Panchital 

—¡Ingratas! 

— ¡Picaronas! 

Y entre estas exclamaciones y recrimi- 
naciones de fingido cariño, se intercala 
un besuqueo, que aún es más fingido lue- 
go, y mientras se examinan mutuamente 
los vestidos, desde el sombrero hasta los 
botines, para hacer correr después la ti- 
jera, empieza el siguiente diálogo inva 
riable: 

—¿Y Cominillo? 

—Tan bueno, ¿y Martínez? 

— Siempre ocupado con sus asuntos: 
puede estar segura que sentirá no haber 
podido saludar!a. 

—Igualmente, gracias. 



— Las niñas siempre tan buenas mozas 
y tan elegantes. 

—Nada de eso, Dolores, favor que V. les 
hace. 

— Sí, ya sé— clice una de las niñas de 
Doña Dolores — que Merceditas se olvida 
de las amigas por atender á un amigo con 
el que ha hecho grandes temporadas en los 
bailes de las de Mangoré. 

—¡Qué esperanza! No es nuis que pura 
charla — contesta la aludida, coloreándose- 
le el rostro hasta el flequillo. . 

Y en este sentido continúa la conversa- 
ción en tono irónico y de manifiesta envi- 
dia por parte de las dueñas de casa, y con 
el más convencido y satisfecho por paite 
de las visitantes. 

Después de una hora ú hora y media 
de conversación insulsa, se retiran las vi- 
sitantes en medio de las mayores protes- 
tas de cariñosa amistad, siempre fingida, 
de las dueñas de casa y con repetición de 
besuqueo por ambas partes. 

Ya en el umbral de la puerta de la calle 
llega la despedida: 

'—Adiós, Mercedes; adiós, niñas: no se 
pierdan tanto. 

—No te hagas desear tanto, Mercedes; 
decile á tu novio que no sea tan egoísta. 

— No seas cargosa, Lola: si no son más 
que bromas! 

— ¡Adiós, muchos recuerdos, no! 

Aún no han llegado las visitantes á la 
esquina y ya estíin éstas y las dueñas de 
casa sacándose mutuamente el pellejo. ¡Y 
de qué modo! Ni Pírovano con sus mag- 
níficos bísturís haría semejantes disec- 
ciones. 

¡Y á esto se llama una t'/s/ía de con- 
fianza! 

De despellejamienlo la llamaría yo. 

¿Y aún hay quien se atreva á hacer vi- 
sitas? 

Emilio R. Olivé. 



¡¡MALO!! 



¿Con qué al cabo te has lanzado 
y en tenorio transformado: 
no hay casada ni soltera 
á quien tu no hayas flechado? 
... ¡Calaveraf 

Me lo dicen y no puedo 
comprenderlo; ¿quién diría 
que tu fueses quien el dedo 



EL. CASCABEL 2(>3 



¿EQUIVOCACIÓN? 



ii'i 




-¿Está la señora? , 

-Sí, señor. ¿Qué se le ofrece? 

-Venía á cobrar. . 

-A pagar, querrá V. decir. Aquí los caballeros no cobran, pagan. 



en la boca con denuedo 
áe metía? 



Pero che, vamos á cuentas: 
¿quién te ba dado la frescura 
y el valor con que me afrentas? 
¿Será por qué te alimentas 
con verdura? 



jQué fama vas á lograr 
si detener no procuras 
ese afán de conquistar! 
jPor qué te has lanzado á un mar 
de aventuras! 



Por ejemplo: á cierta Rosa 
la acompañas á paseo, 
y la compras cualquier cosa, 
y le sirves á la hermosa. . . 
de titeo. 



Y después que te has pasado 
tras esfuerzos infelices 
muchos meses á su lado. 



con un palmo te han dejado 
de narices. 



Pero hay otras asequibles, 
y á la vuelta de unos días, 
mil conquistas infalibles 
lograrás con tus terribles 
picardías. 



Y asi sigue conquistando, 
aun que alguno te dijera 
que la hurí que estás rondando 
ipura envidia! está explotando 
tu son sera. 



¡Ah! te advierto que al momento 
que te empeñes en ser malo 
y uses de tu atrevimiento 
con rhi esposa... ¡¡te reviento 
con un palo!! 



S. Garrido. 



264 



■ v^síy's 



" . ^^-^^ur^r 



EL CASCABEL 



i- ,- 



EL YERBO 




Yo como 



¡Tú comes!! 




"Nosotros comemos 



¡Me la comería! 









EL CASCABEL 



'i'-r '-;• "í'?*^, '*rT?í-*-í,<, -v; "í ■#<? íi^; 



265 



COMER 




Ni como, ni ciiupu, ni beso 



¿Quiere V. comer con nosotros? 




Juan Palomo: Yo me lo guiso, yo me lo como 



Ya hemos comido 



-'^^^?t 



266 



EL CASCABEL 



Te cómo fueron suprimidos los azotes 
en la &cuela de San Francisco 



^*-^n los primeros años del siglo que es- 
tá espirando, existia en la muy notable y 
muy leal y muy benemérita ciudad de San 
- Fernando de Catamarca, la célebre escue- 
la de San Francisco, no como hoy, decré- 
* pita, sin azotes ni palmetas, sin bandos de 
romanos y cartagineses y sin muchos 
■ otros de esos chismes destinados á intro- 
ducir la sabiduria ó los escueleros. 

De la Rioja, de Tucumán, de Santiago y 
de las más lejanas provincias acudía ale- 
gre muchachada á recibir las más formi- 
dables azotainas á la par que la ciencia in- 
fusa de los padres graves de San Fran- 
cisco. 

En ninguna escuela de la República se 

■propinaban azotes más contundentes que 

en nuestra escuela de franciscanos: pero 

, fuerza es decirlo, que en ninguna otra se 

aprendía con tanta rapidez. , 

No habla término medio. 

El muchacho se convertía en un sabio ó 
reventaba. 

Verdad es también que la sabiduría de 
aquellos benditos tiempos conaistia en leer 
y escribir, saber á fondo el latín deNebri- 
ja, y una filosofía indigesta, claustral, teo- 
lógica y tan ergotista ó más que el mismo 
ergo de que se valia para sus conclusiones 
renfiras como los silogismos, como aquello 
de que los «apóstoles fueron doce Judas 
fué apóstol, ergo. Judas era doce», y otras 
revendísimas verdades de á folio y de 
la misma vitela. 

En cuanto á Gramática Castellana, no- 
ciones de Aritmética, Geografía é Historia, 
eran materias desconocidas; y si alguien 
había oido hablar de estos ramos del sa- 
ber humano, los consideraba como cosa 
herética, algo asi como magia negra. 

Todavía existe en el corralón del Conven- 
to aquella sala fría, desmantelada y som- 
bría, en donde estaba situada la escuela. 

En aquellos tiempos apenas la criatura 
entraba en ese crepúsculo precursor de la 
razón, la familia ansiosa de tener entre 
los suyos un clérigo ó fraile que la diera 
lustre y renombre la echaba á la escuela. 

El pobre niño, tiritando de miedo, llega- 
ba á aquel antro de ignorancia y terror, 
en cuyas duras bancas solía perderse jun- 
to con el reposo y la alegría, el uso de la 
razón misma. 



La bestia negra de la muchachada, era 
el maestro de la escuela, el célebre lego 
español, fray Echeverroa, quien como 
principio y como método hacia descansar 
su escuela en dos ejes capitales: el grito y 
el látigo. 

Mientras con más fuerza gritaban los 
muchachos al deletrear la cartilla, más ta- 
ma adquiría la escuela. 

Y aquí me parece que viene al pelo, el 
describir á su merced el fraile. Era largo 
y flaco, como una espárrago, pelirubio (no 
hay que olvidar el refrán «ni gato ni perro 
de aquella color», hojos hundidos y oscu- 
ros, que miraba por cuévanos. 

El bueno del cruel fraile, no era del todo 
malo, pero como era la encarnación del 
principio, la letra con soMgre entra, 
azotaba sin misericordia. Tenia á más la 
singularidad de no saber sino á medias lo 
que enseñaba: pero sabia enseñar, es de- 
cir, azotar, y por eso contaba que sus dis- 
cípulos hacían estupendos progresos. 

El único lenitivo que permitía era uno ó 
dos restregones de la parte dolorida en la 
pared refrigerante de la sala. , 

Fray Echeverroa era sumamente asea- 
do y jamás se le notaba una sola mancha, , 
á no ser que fuera alguna gota de sangre ' 
ó alguna sustancia menos noble, químico 
resultado del flagelo. 

Una tarde de Setiembre de 1811 acertó á 
pasar Su Señoría el Teniente Gobernador, 
don Feliciano de la Mota Botello, por la 
calle contigua, en momentos en que el tre- 
mendo fraile azotaba por manadas. 

Los gritos y chillidos de los muchachos 
escandalizaron á Su" Señoría de tal modo, 
que en el momento mandó al Alguacil de 
Cabildo que citara á todos los regidores 
para que se «juntaran á tratar de cosas to-' 
cantes al pro y utilidad de esta República.» 

Don Feliciano, que era un patriota formi- 
dable, una especie de Robespiere, partida- 
rio fanático de las ideas liberales de don 
Mariano Moreno, manifestó á sus cole- 
gas, los cabilantes; que «los azotes que se 
daban en el Convento eran cosa nefanda é 
indigna del Gobierno de la Patria.» 

Redactó el mismo la siguiente nota, que 
firmó por sí y el Muy Ilustre Cabildo, Jus- 
ticia y Regimiento de la Ciudad de Cata- 
marca. 

He aquí la tan curiosa pieza. 

San Fernando de Catamarca y Setiembre de 1811. 

«Ai muy reverendo Padre Fray Juan Fer- 
nandez. Guardia ^ét Convento de los Re- 
coletas del Vahe.» I 



*">jf *^-^pss 



EL CASBABEL 



267 



ARMONÍAS 





Música" criolla 



Música de viento 




Nocturno 





Música,., periodistica 



Música importada 



W: 



g^ipS?«3(ai^'i|f;^_fí5i3SS'pf*j*3f|S^ 



'268 



£1. .>GASCA.BEL 






« Este Cabildo y este Gobierno, encuentra que 
» la pena de azotes que se osa en ese Convento, 
»es digna de los abominables Españoles Earo- 
» pees, y qne no es digno qae en el nuevo 6o- 
» bierno de la PátHa se usen castigos que hu- 
» miUan y burlan los derechos del hombre, por 
» tanto este Cabildo juntamente con el Gobierno 
» ordena á V. R. que no permita en ese Gon- 
» vento la pena de azote.» 

Dios guarde á V. R. 
Feliciano de ¿a Mota Botello. 

Dicen que cuando Fray Echevenoa oyó 
tan herética disposición, esclamó: 

-=-|0h maledicencia humana! jQue asi se 
calumnie á la ciencia militante! ¡Seculum 
sic! Asi es el vulgo y de él se dijo: Nunqu- 
tamá diíiec dabiquo'^cus alma. 

La verdad del caso fué que los frailes 
chillaron, el tremendo lego guardó sus dis- 
ciplinas, las beatas hicieron comentarios 
poco edificantes, y la muchachada bailó de 
gusto. 

Pero sugozo cayó en un pozo. 

Apenas bajó del poder don Feliciano, el 
Padre Quintana y el terrible lego tomaron 
de nuevo las disciplinas y como sentidos 
y agraviados, cayeron terribles sobre las 
infantiles nalgas- que tanto tiempo habían 
pasado en huelga. 

Manuel Soria. 
Catamarca, Abril de 1892. 



DÓNDE CONDUCE EL OLFATO 

Ayer á Luis en Palermo 
encontré tan demudado, 
que le pregunté alarmado 
si acaso se hallaba enfermo; 
pero el pobre, confundido, 
me tranquilizó al momento 
relatándome este cuento, 
que le había sucedido: 
—Por la calle de Juncal 
iba yo y noté un olor 
tan rico, tan tentador, 
que, amigo, rne sentí mal. 
Juro que pasé» un mal rato 
4 sintiendo el olor aquél, 
pues era, no menos que el 
que á mi más me gusta: el pato. 
Estuve un rato indeciso, 
pero~vi una puerta abierta 
y me c61é por la puerta 
sin pedir antes permiso. 
No me detuve á pensar 
el lance en que me metía, 
y entré, por ver si podía 
del pato aquel disfrutar. 
Llegué al patio, olfateé, 
y guiándome el olfato, 
' encontreme al poco rato 



con la cocina y entré. 

Aquí empezó mi desgracia, ' 

^ues dos fieros marmitones - 

me dieron de pescozones 

riéndose de la gracia. 

Como pude me salí ' 

y siempre por el olor, 

fui á parar al cóínedor 

donde al fin el pato vi; 

pero estaba el cocinero 

que era muy grueso y muy grave 

trinchando á la pobre ave 

con aire tan altanero, 

que me aturdí, y más al ver 

en la mesa dos botellas 

y un par de lindas doncellas; 

en fin, no supe qué hacer, 

y está claro, distraído, 

asombrado, turulato, 

olvidándome del pato 

agarré muy decidido 

una botella. y marché, 

pero ¡maldita mí suerteí 

sentí un puntapié tan fuerte, 

que al momento la solté, ' - 

y cuando al fin me salía 

en actitud vergonzante, 

llamaron á un vigilante 

y fui á la Comisaria. 

Donde, por fin y remate 

de mi fiera desventura, 

me gané un pateadura 

que me rompieron el mate. 

Es por eso que aunque enfermo 

no estoy, mq ves demudado, 

y como palos me han dado 

me he dirigido á Palermo. 

Juan G. Campuzano. 




DE DOMINGO Á DOMINGO 



ONRUBIA.— Ech^aray á todo pasto. 

Ya van representadas una porción de 
..brasdel citado autor, que parece ser el 
¡avorilo de la dirección artística de Ori- 

rubia. 

El público gusta no menos, de las obras 
deEchegaray, asi es que todos contentos; 
público y empresa que ve r^ompensados ^ 
sus afanes de presentar obras dignas de 



lM^Sscí 






'«ÍÍL'íS^*? 



EL CAPCABFI 



269 ^ 



la distinguida cQncurTencia que la sos- 
tiene. 

E¿ Espejo y Contra Viento y Marea 
son las obras que han hecho el gasto du- 
rante la semana. 

Serán obras mílsómenos ligeras; serán 
más ó menos elimeras y no causarán gran 
impresión, pero en ellas se advierte la ma- 
marlo del q re conoce perfectamente los 
resortes lea I ralos, lo que. unido, á la versi- 
ficación delicada é inspirada, y al cariño 
con que los actores dicen sus papeles, hace 
que el conjunto resulte muy agrada])le, y 
que las obras se aguanten varias noches 
en el cartel. 

Una innovación, que seguramente agra- 
decerán las señoras que. frecuentan el On- 
rubia, ha introducido la empresa de este 
teatro. 

En los dias de moda, viernes, las seño- 
ras y niñas son obse(iu¡adasí con lindos 
ramos de flores de los ({iie penden cintas 
con el titulo de la obra ([ue se i)oiio en es- 
cena. . - ' 

Por cierio que muchos de o^to^ rjmos 
fueron a parar al escenario en obsequio do 
la señora Echevanií. ^ ■ ' 



COMEDIA.-^/ Pa^o de Juclaa, El Es- 
panta Pajarox.. Pava Casa de los Pa- 
dres y otras más conocidas son las obras 
puesta ■( en escena durante la semana. 

Los Secuestradores estrenada última- 
mente, esta gustan lo cada vez más. 

El Retiro, (|ue se repitió el sábado sir- 
vió para que Juai'Pz hiciera las delicias de' 
público, siempre tan numeroso. 



APOLlO.— Pocas novedades y mucho 
frió en la sala; tal vez este sea el motivo 
por que la concurrencia escasea un poco, 
apesarde Mercedes Aranaz, que siempre 
es la misma. 

. La representación de Hugonotes en la 
que tomaron parte las hermanas Aranáz y 
los señores Robles y Reig alcanzó, un éxito 
completo. 



ALiHAMBRA.— La compañía que dirige 
el apreciable actor señor Roldan, atrae 
bastante concurrencia, en especial los días 
de moda. 

Se han presentado algunas obras nuevas, 
siendo la que más agrada Un Nuevo Ca- 
ballo Blanco en la que Lastra gana mu- 



chos aplausos cantando tristes y otros 
aires criollos. 



NOVEDADES. —La empresa no se des- 
cuida. Hizo conocer Los Secuestradores 
primero í|iie nadie, y luego, sabe dar ame- 
nidad á los programas <|ue no adolecen de 
la monotoni.i ¡niue estamos acostumbra- 
dos. 

Emilio Orejón muy aphnidido siempre, 
y más lo será el día que sr pare un poco, 
el (lia que no exagere, "y desempeñe sus 
papeles con la gr,ici;i <iue tiene, (jue no es 
poca, sin recurrir ;i salios y contorsiones. 

Noticia teatral.— K\ empresario Alber- 
to Bernis, que se separo de Ifi empresa dei 
Apolo, tiene ahora contralado por un año, 
el teatro Nacional, el (jue está siendo obje- 
to de importantes reformas. 

Conocemos al señor Bernis, como empre- 
sario de alio vuelo, y por lo mismo, y toda 
vez que se queda con un leairo como el 
Nacional, espei-amos (jue nos presenta- 
rá un cuadro lineo de j>rimei- orden, dig- 
no del leairo y digno del buen nombre del 
empresario. 

En el mes de .luí o N» veremos. 




Pérez, cuya condición 
es murmur.ir de cualquiera, 
yo no sé de qué manera 
sintió una indisposición. 
Sorprendido y asustado 
metióse al punto en la cuma, 
y un jiiédico de gran famü, 
á auxiliéirle fué llamado. 
—No hay remedio á su dolencia, 
exclamó al punió el GMleno. 
— Porqué? 

— Porque eslii V. lleno 
todo de maledicencia. , 



Bien dijo, el que dijo que las apariencias 
engañan. 

La Prensa ha publicado un capitulo de 
una novela titulada Apariencias. 



Iffw^'.- 



V.i Ifrí^ví^yv /': -r- J: 



'■• SW?aií:sS!Í\,-'^V53!^^ 



zzs 



SSís*'- 



EL„CAaCABSL 



¡Una primicia literaria!... 

Veamos qué es ella. 

La cabecera i^ebosahá materialmen- 
te de soldados. Por todas vaiHes dora- 
dos y uniformes; por donde quiera 
ruido de armas y pantalones rojos. 

ü ; 

I Ruido de pantalones rojos!... 

Buen ruido-para recrear el oidode algu- 
na solterona... i 

Pero, ahora viene lo bueno. i 

Casi era necesario espantarlos del j 
trayecto como á los animales abun- 
dantes y domésticos; coloríase el riesgo, 
de encontrái^selos hasta en la sopa... 

I Valiente caldo, eh? 

...y en cada domicilio se topaba uno 
con dos ó tres ... 

Claro!... para mudarse y demostrar que 

está bien de pantalones. 

la] . 

Visto el principio no hemos querido 
ver mas, y si solamente nos hemos que- 
dado como quien vé visiones, ante los co- 
mentarios que el colega hace á propósito 
de Apariencias. 

Dice que el autor fia hecho su libreo; el 
que en poco tietnpo mas será el de to- 
dos los que aman la lectura elevada., 
el rom,ance contemporáneo., á Zola^ 
Goncourt., Daudet, Pereda, Pérez Gal- 
dós y muy pocos m,ás ... 

Si; y el señor Gamboa. 

Que es el aulor de los pantalones, digo, 
de Apariencias. 



CORRESPON DENCIA 

Zeon.— Llego tarde, y no conviene. 

Primo.— Pero ¡hombre de Dios*...! ¿Cuando dejare- 
mos en paz & las suegras? 

V. O.— Como coñac el V. O. me gusta, pero como 
poeta resulta muy aguado. 

Zmo.— Regularcita y nada más. 

Va/e.— Si ao me llamaran vil copista le diria á hs- 
ted \vele\ 

/"/««.— Me e's imposible. 

Ñuño 3/.— ¡Oh don Ñuño! querfec?s ¡verdades como 
un puño!^^ 

Señorita. — ¿Y V. es señorita? No, hombre, no; us- 
ted es macho afeminado, simplemente 

065err«(/or.— Permítame que le diga una cosa: sus 
observaciones me parecen fuera de lugar. 

yü/wnía?'io.— Vayase V. á las maniobras y deje la 
pluma. 

Coi'ista.~^o le perderé de vista. 

Dibujante.— Si señor, pagando; pero han de gus- 
tarnos los dibujos. 

/. M. lie F.— Es un articulo demasiado serio, fran- 
camente. No está mal hecho, no señor. 

Aficiones.— 

«Cuando me vino á cobrar 
le di, en vez de patacones, 
corteses y buenas razones 
y asi le hice deprisa marchar.» 

Ahora, dígame V. si esto significa algo y si me- 
rezco qu- se me trate de todo lo que me trata V. por 
que no publico sus humoradas. 

Cajetilla.— Ma-nde la firma, como es de ley. 
4?nará^o.— Complacido, gracias, y que no sea el úl- 
timo. 

Poeta.— Ni es V. poeta, ni cosa parecida... y per-- 
done la franqueza. 

Por falta de espacio no contesto más cartas. Ea 
el número próximo lo haré. 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g 1.50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. ' 

Número corriente » 0.10 

» atrasado » . 15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

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EL CASCABEL 



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Fuera de 1 a ci ud:id ... » ( i . áO id 



SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 



Director: ENRIQUE COLL 



(JULIÁN MARTEL) 




Fotograbados de Emilio A Goll y C' 



En lu juveulud que ernx)ieza 
tiene un iiuesto señalado, 
pues Marte) se ha colocado 
con La Bolina á la cabeza. 



274 



f^^s^^l 






El. GA9CABEL 





-^<lll-<5- 



HORA si que podemos 
decir, con fundamen- 
to, que las aparien- 
cias engañan- 

Los muchachos vo- 
luntarios, que el vul- 
go crp'ia que no ser- 
vtán para nada, se han batido como mo- 
destos héroes que son, y han demostrado 
terier buen temple militar, y en una pala- 
bra; después de arrostrar con gran estoi- 
cidad las penalidades de la vida de cam- 
paña han dado una paliza simulada á 
varios cuerpos de línea. 

Esto les dá una importancia enorme á 
los ojos de las mamas respectivas, que 
se sienten orgullosas, y Mdemás les; abre 
el corazón, á los voluntarios, eh? de las 
más empedernidfis suegras probables, que 
una vez convencidas de que la juventud 
de hoy es fuerte y valerosa, no tendrán 
inconveniente en otorgarles la mano de 

sus bellos recoñ"i=- 

Porque, es lo 

que me decía 
una señora de 
cierta edad. 

—La juven- 
tud de hoy es 
muy enclen- 
que. 

—Usted exa- 
jera. 

— ¡Cá! Cuan- 
do un joven se 
^ acerca á mi s 
í"^"^ / niñas, me figu 
ro que aquél es de mis tiempos y que solo 
]e queda la elegancia. 




— Pero la cara... 

— Caras arrugadas. Todos los jóvenes 
de hoy, tienen mala cara, y es, porque 
abusan de la cerveza y de los teatros por 
secciones. : - 

— Usted abulta las cosas, señora. La ju- 
ventud de hoy. bajo una modesta capa de 
decrepitud encierra un organismo fuerte. 

Pregúntelo á las niñas 

— Las niñas son muy inocentes todavía. 
y nc tienen opinión. 

Ahora sabemos que la de la señora ha 
cambiado mucho, y que en vista de que 
los voluntarios se han pasado dn un tirón 
treinta horas sin comer, y que apesar de 
ello no han perdido la fuerzR, se muestra 
benévola con la juventud presente. 

De modo que, las apariencias engañan. 

Aún recuerdo el desengaño que nos lle- 
vamos varios peri<)distas que asistimos á 
la inauguración de La bondadosa (nombre 
atrayente y santo, en apariencia) easa de 
préstamos dirigida por una señora que nos 
obsequió con un almuerzo. 

— Fíjense ustedes en los pichones. Son 
muy tiernos-. 

Nosotros mascábamos en silencio sin 
conseguir el apetecido resultado. Por fin 
se aclaró el misterio de la dureza de los 
pichones, que á la señora le parecían tan 
tiernos. 

Todo fué que la cocinera, que habia 
leído Tierra y Cielo de Massioti, perdió la 
vista, y, por distracción inmoló y asó sin 
contemplación de ninguna clase dos her- 
mosas parejas de loros que poseía la pres- 
tamista . 

Claro, á ésta le dio una pataleta que la 
dejó en lamentable estado, estado que fué 
aprovechado por un. cronista para empe- 
ñar en buena cantidad un reloj, y com- 
prarse con el producto unos pantalones, 
qiiu le hacían mucha falta. 

Desde ese di a desconfio de todo y no 
juzgo las cosas y las personas con lige- 
reza, porque á lo mejor descubro que lo 
que'parece blanco es negro, y vice-versa. 

Ayer, sin ir más lejos, tuve informes 
de un oficial inspector de policía, que tiene 
fama de terrible. 

Su propia esposa me desencantó. 

Yo le creía un hombre valiente hasta la 



exageración. 






5» 



EL CASCABEL 



275 



— Usted, señora, si que debe dormir 
tranquila. 

— Asi, asi... 

— ¡Cómo! Teniendo la autoridad en su 

mismo lecho. 

— ¡Ah!... ¿Se refiere á mi esposo? 
—¡Cabal: 

— Pues crea V. que no me deja dormir 
én paz... 

— Me lo explico perfectamente. 

— Pues no lo creo. Figúrese que al lle- 
gar á casa, todas las noches registra to- 
das hs habitaciones, y una vez está .se- 
guro de que no hay nadie en casa... 
Ya... 

— Se acuesta, pero no sosiega; á lo 
mejor le parece oir ruido y se levanta 
sobresaltado. Vaya, que es un uíiedoso. 

— ¡Quién lo diría!... ■ 
— Pues va vé V. 




El grito de, ¡abajo el inglés! que ha re- 
sonado durante los pasados días por calles 
y plazas, ha sido una verdadera revela- 
ción para muchos. 

En primer lugar, prueba que aún hay 
patria, y, en segundo lugar, prueba que 
los estudiantes están firfnes en sus trece 
y no quieren que el extranjero se impon- 
ga, destituyendo sin más ni más al rector 
Orma, que no puede consentir en encon- 
trar la horma de su zapato, como suele 
decirse, en un inglés por más inspector, y 
no de boletos, que sea. 

El grito ¡abajo el inglés! ha tenido sim- 
pática repercusión en mil oídos. 

Porque hay tantos qua gimen en poder 
de Ion ingleses! 

Yo sé de un sastre que se encontró con 
una manifestación estudiantil, y al oir las 
voces de ¡abajo el inglés! creyó que se en- 
contraba con un grupo de sus innumera- 
bles deudores y apretó á correr. 



El sábado no salió á cobrar cuentas, lo 
que hizo exclamar á no pocos ciudadanos: 
¡bendito sea el inglés! 

Como la comente debe seguirse en to- 
das las ocasiones, yo y varios capitalistas 
hemos adoptado el temperamento de to- 
mar odio á todo !o que huela á inglaterra. 

Y al primero que pretenda cobrarnos 
una cuenta, le amenazaremos con llevarlo 
á los estudiantes?, y, una "vez en su presen- 
cia, exclamar con ademan trágico: 

— ¡¡Este es el inglés!! 



-5^1]r«- 



^ 



Dices que me aborreces 

y yo te digo, 
que tu aborrecimiento 

me importa un higo. 

¿No vés, paloma, 
que tan solo ie amaba 

por pura l)roma'? 

Yo te quise en invierno, 
' por que vela 
que en esas noches tristes 

me aburriría, 

y así, por juego, 
te hice creer que estaba 

de amores ciego. 

Pero llega el verano 

con sus calores, 
y se van disipando 

ya mis amores; 

que en el estío 
ni son tristes las noches 

ni siento frío. 

Yo te di mi palabra 

de casamiento, 
y tú, tonta, creíste 

mi juramento. 

Pero, alma mía, 
¿Yo contigo casarme? 

¡qué tontería! 

^Y para que no seas 

tan vanidosa, 
te diré muy bajito 

solo una cosa: 

vete á un espejo : 

y admira tu gran boca 

en su reflejo. 

Y al vértela tan grande, 
que ya es castigo, 
¿creerás que hay (juién puede 
cargar contigo? 




'Ji0^L^0.-fi:í.^'-'^--: 



276 



EL CASCABEL 



Nunca, mi dueño, 
no creas esas cosas 
nunca; ni en sueño. 

Cuando tú me besabas^ 
siempre creía 
que al aspirar, íu bo;a 
me absorbería, 
y asi prudente, 
procuraba agarrarme 
muy fuertemente. 

Y como na es mi gusto 

ser absorvido, 
nuestros amores, niña, 

se han concluido, 

¿no ves morena, ^ 
que Jonás no he nacido 

ni tú ballena? 

R. SalvaLella. 



POETAS FÜNEBRES 



Hay uno por lo menos en cada redac- 
ción. 

Me refiero á las redacciones de periódi- 
cos mas ó menos 1¡ ¡erarios, que lio son 
pocas que digamos. Como que en cada ba- 
rrio, se publica uno, por lo menos, que 
nos dá cuenta del estado de salud de las 
apreciables vecinas, y puesto á dar, dá 
sustos en verso al que pilla distraído. 

Pues bien ; el poeía fúnebre existe, como 
existen poetas festivos, épicos, fabricantes 
de idilios, epitalamios y demás productos 
poéticos. 

Yo tuve, mejor dicho, tengo la inefable 
dicha de traiar de cerca (aunque con toda 
clase de precauciones) á un lal Andrés 
Berruguita, llamado comunmente Andre- 
sillo, y que apesar de todos los illos del 
mundo, es poeta y poeta fúnebre, si los 
hay. 

Que fallece una suscriptora, fea y tonta 
por más señas, pues al punto sé busca á 
Andresillo y éste, que es puro nervio, 
por efecto de su esquisita sensibilidad, se- 
gún" él, y por la mala alimentación, según 
malas lenguas, se conmueve y ¡zas!. . em- 
borrona cuatro ó seis cuartillas, muy sen- 
tidas por cierto; y al punto dá á luz una 
elegía que parte los corazones: véase la 

muestra. 

«¡Ah! ya la parca inraaroesible 
' , su obra coronó 

y á la bella Lola arrebató 
con furor indescripüble...» 
Lo cual, como Vds. verán, ni es verso ni 
es elegía ni cosa parecida. Pero ¡vayan 



ustedes á medir versos cuando la emoción 
embarga el espíritu ! No es posible-^» - 

En vez de morir una apreciable suscrip- 
tora muere una lia de un redactor, pongo- 
por cadáver: entonces le toca enternecerr 
se nuevamente y se enternece. ¡Pues si 'á 
eso está Andrés en.la redacción... '' 

«Pobre Ramón: ya tu buena tía 
te abandona prei^aturamente 
tenía sesenta años, y la gente 
con trabajos cuarenta le atribuía...» 
El sobrino-redactor agradece la ñnura y 
accede á la petición de un peso, módica 
cantidad que pide Andresillo por que, co- 
mo dice él, no es posible vivir del aire ni 
aún siendo poeta fúnebre. En lo cual tiene- 
sobrada razón. 
Por lo demás, Andresillo no sosiega^ 
Apenas sabe que alguna persona de su 
relación está enferma de algún cuidado, 
empieza á buscar figuras poéticas que 
cuadren al carácter y posición del futuro- 
muerto. 

Se trata de un bravo militar que muere 
de un cólico; pues allá vá Andresillo. 
« El estrépito def cañón 
tu vida respetó 
y de una indigestión... etc..» 

En vez de ser militar, es cuia el presun- 
to difunto, pues... 

«Entonad, cánticos de amor 
ángeles que estáis sentítdos 
á los pieses del Señor... 
. aguardad refocilados 

la entrada de un pobre cura...» 

Y asi por el estilo. Andresillo más que 
poeta parece médico, y por cierto que ha- 
ce cómo alguno que yo me sé, pues ha lle- 
gado á poner en verso algún cadáver no- 
bien muerto. Tal le sucedió con Manuela 
hija única de un zapatero del barrio, que- 
tuvo un sincope (no el zapatero, eh?) que 
la dieron por muerta. 

Andrés cumpliendo su triste misión es- 
cribió una sentidísima poesía enaltecienda 
las virtudes cívicas de la difunta. 

Pero ésta volvió en si y curó de su enfer- 
medad. 

Y eran de ver cómo reían ella, y sus 
amigas, al recordar las últimas estrofas- 
de la famosa poesía : sobte todo cuando 
Andrés exclamaba en el colmo del dolor^ 

«Por qu," ¡oh Dios! te !a llevaste 
tan pronto, por (iné... di... 
mejor me lle.varas á mi 

que no ^ » 

— ¡Quehabiade llevarle álü- 
sucitada— si ores tnu feo..! 
quiere a su lado! Asustaiías.-i 



-decía la re- 
Dios no te-- 
,t\ sus angelilos, 



]^S "s^ ' 






EL CASBABEi. 



277 



j Pobre Andrés!... Qué desengaño el su- 
yo al ver que ni más allá de la tumba se 
■«onoce elagradecimienlo. , 
¡Qué decepción! 

Ei otro día liie llamó nparte y me leyó 
<íon voz coiún'ovida urui f)oesia titulada 
«Despedida» 

« No me preguntéis por qué: .- ' 
pero sabed qué me niato,' 



no preguntéis, jiuundo ingrato! 
pronto te abandonaré....» 
— Amigo, rné dijo, no me qued^ más re- 
medio: no puedo vivir én este mundo de 
tVilsedades y traiciones. jAdiós! pronto uaa 
bala apagará el numen de mi cerebro: el 
áuicidio es necesarip... ¡Adiós! 
— ¡Adiós!... y que sea pronto. 

P. Cuello. 



mitología fresca 





Céres 



Dianíi 



NOVÍSIMA GUIA 



IMPRESIONES DE UN CIEGO CALLEJERO 



«BC. 



—Caballero, ¿no vé V. donde pone los pies? 
■ — ¿Y usted? Porqué no mira donde vá a..-...- ... 

— ¡Por que soy ciego! 

- Ah... usted perdone. El torpe he sido yo... pero, ¿cómo se atreve V. á salir de 
noche, solo y... 

—De noche!... Para mil-a noche es eterna, desde que una enfermedad me equ/_ 
jparó á cualquier vista de Aduana. 

—Perdone V. que le recuerde su desgracia... Si me permite le acompañaré hasta 
«u «asa. -^ 



^^'K-y'?^*!* ' fc "' >í,-". i>--«-fi' ' 



-^ ' -■' 



278 EL CASCABEL 



,., —yiy,o ?ij.uy lejos, . . , ., . 

'*' -^Es que ahora saje la gente de los teatros y... " ^^^ v 

— Mefóf ijúé mejor. Pero ya que es V. tan amabre. acepto su brazo, y en cambio 
le haré paíljciper^ de mis observaciones. jAh!... Los ciegos, en especial los que hemos 
visto en otro tiempo, tenemos tan desarrollado el instintp... vemos tan claro apesar 
del velo que nos sume en eterna noche... 

-^Cuidado... ^ , ' 1 

—Sí, el trarmjoay^\o cbñozco. Tápese V. las narices.. . calle Victoria. írawtra?/ 
de Chile, caballos muy groseros. .. 

— Por lo visto tiene V. un humor envidiable. Sigamos. 

— Derecho siempre. Además, conozco la calle por... ¡atienda V.! 

Un grupo cruzó en dirección opuesta. A la cabeza del grupo un joven de- 
clamaba: 

«Una cosa es la amistad 
y el negocio es otra cosa.» 

— ¿OyeVd?— ¡No falla! Calle Victoria. Ese que declama sale del Onrubia. Hoy 
poníase en escena El Tanto por Ciento. 

— ¿Por dónde quiere Vd. que vayamos? 

— ¡Media vuelta á la derecha ! 
—¿Calle...? 

— De las Artes. Oiga Vd. lo que canta ese trasnochador que viene hacia nosotros. 

Pero feo de verdad; 

por arriba, 

por abajo, 

por delante ' ' 

y por detrás » 

— Pero..... 

— No cabe duda; es un amante de las zarzuelas corlas. El teatro de la Co-. 
media está cerca. En invierno voy por Suipacha, hasta Corrientes. Sé que estoy 
en la primera de dichas calles, por que todos los transeúntes que tropiezan con- 
migo cantan, ,^ntre dientes, 

¡Radamés,.. traditorel - 

ó bien.... infelice tu rrCami, etc.... Al doblar por Corrientes, me guian los ale- 
gres ecos de alguüa opereta que huele á Tomba — Siamo fresche come rose. 

Antes de llegar á la calle de la Libertad, siento la atmósfera más cargada 
que de costumbre. 

Al pasar por delante de ciertas casas, un fuerte olor de tabaco y de alcohol, 
me gula. Detrás de mi, -dejo voces roncas que cantan: 

. , Maldita la ropa negra^ 

,%, mar e sita de mi alm,a^ 



m,aldita la ropa negraaaaa. 

Café flamenco, naturalmente. 

A pocos pasos, otra corriente de aire cálido azota mi rostro, y en más cálida 
ráfaga, al cruzar por delante la puerta, llega hasta mi, confusa r/mn.soneííe: 

II faut la voir 
le lona de la riviere, 
• boitaní par devant 

boitant par derriere — 

¡Cómo se han multiplicado los cafés cantantes en Buenos Aires! 
— ¡Estoy admirado! 

— Pues se acaba el paseo. 

— ¿Hemos de seguir por la derecha? 

— rSi; oye Vd. ¿muchos organillos, eh?... pues á la derecha. A falta de orga- 
nüte«t_8é que esloy en la calle de la Libertad, por qué...- 

—i Adiós buen m,ozo...l — Dijo una voz femenina que partía de oscura ventana. 

— Por que le echan flores — ? 

— ¡Cabal! 

Llegamos ya. El aire es más fresco, estamos en la plaza del Parque en 

la Posada de.... tiene Vd. un cuarto á su disposición. 

— Y.... ¿cómo dá Vd. con la casa? 

— Por el olfato. Todas las posadas huelen mal, pero en esta.... guisan con 
sebo. 

Pero yo.... ¡yo no lo veo! 
Adiós, y gracias. 

, . - Andrés Sol^r, 



J*áá^' 



j^ír"->?sr^,» . 






EL CASCABEL 



279 



? ■ f- 



M/NOGHE DEL ESTRENO 



ÍB 



,IL mecheros inflamados 
Jahzan dé luz un torrente 
que destella vivamente 
en^pinturas y dorados. ' 
El público se codea , * 
en el centro del salón'; 
llenando de confusión 
pintoresca la platea. 
En los palcos, agrupadas, 
se ven damas muy hermosas, 
deslumbradoras, lujosas 
y con floresy adornadas, 
tanto, que, en varios señores, 
reinan estos pareceres: 
si hay más flores que mujeres 
ó más mujeres que flores. 
En la cazuela desvela 
tanto busto encantador, 
que hace anhelar á un señor 
ser guiso de la cazuela. 
Y se halla gente á montones 
en toda la galería, ■ 

disputándose á porfía 
el arte... y los pisotones. 
Allí se hallan reunidas 
las personas espectables, 
las gentes más respetables, 
las caras más conocidas. 
Allí está la angelical 
María con su marido, 
que, según tengo entendido, 
es un solemne animal. 
Mas se miran con terneza 
allí, ante el público en masa, 
aunoue se tiran en casa 
los trastos á la cabeza. 
Allí, con aire guerrero, 
esta el coronel Soler, 
quien demostró que en correr 
era en la guerra el primero. 
Allí llama la atención, v ■ 

por su atavío asombroso, 
doña Paz,'q'üe, con su esposo, 
duerme toda la función ; 
y alli ha llegado á juntarse 
én confusión singular 
toda la gente, á juzgar 
eí drama que vá á estrenarse. 



n 

^ — iDetestable! 

—¡Aborrecible! 
—¡Qué personajes! 

—¡Qué trama! . 
—¡Qué diálogo! 

—¡Vaya un drama! . 
—¡Convencional! 

— ¡Increíble! 
— ¡Y el público ha aclamado 
de tal engendro al autor! 
¡Obra en que sale un actor 
con el pantalón listado! 
— Una silba merecía 
ese autor por su ignorancia. 
—¡Ya no hay arte! 

—¡Ni elegancia! 
—¡Ni gusto! 

—¡Ni sastrería! 

—Arturo ¿has visto? El marido 
que no sospechaba nada, 
tras una puerta entornada 
á los dos ha sorprendido. 
—¡Y se ha vengado de modo, 
que llegó á sobresaltarme! 
-Mira tú; en casa, al besarme, 
cierra la puerta del todo. 

—¿Qué le parece? 

— Un dramón 
sin nada de originad- 
la idea fundamental, 
es robada á Calderón; 
los pasajes más brillantes, 
son de Schiller y Selles, 
y la escena cuarta es 
sólo un plagio de Cervantes. 
—¿Qué hay, que no sea robado 
en ese drama? 

—La trama, 
los personajes del drama 
y lo bien versificado. 



—¡Olí el arte! Que siempre veía 
y es siempre firme baluarte 
de la moral. . 

—¡Oh es el arte, 
de las costumbres escuela! 
— ¡Qné drama tan ejemplar! 
—¡Qué enseñanzas nos ha dado! 
—¡Vaya! (yo un medio he pescado 
infalible de pechar...) 

Luis García » 



■ ■■■i 



WT 



280 



':^^^^^m^W^' 



Kt CASCABEL 



Í^"PF^.^ - N 






lili mas suiccio 



El de despedida 





Ultimo de Ja primera serie 



Primero de la segunda 






'^fn 



EL CASCABEL 



2Jíi 






Kl más salvaje 



7V//¿ aprelaos 
coiifoks sellos engomaos 








JLTn abrazo célebre 



El más inocente 



•|--*c "t - ' rrj-i" TSf^W'% ^T*%^pf^^ 



282 



EL CASCABEL 



FRAGMENTOS 

de la comedia en 3 actos 

BL ULTIMO ESFUERZO 

original, é iaédít», de . , 
A. DÍAZ DE LA QUINTANA 



íSegu.^do acto 

'/ ■■ escéÍía i 

Vicenta jQiié pena de señoritosf 
XJji año llevan casados 
y están más avejentado^ 
y más tristes... ¡pobrecitos! 
Él es un santo, ¡más bueno! 
Ella no es mala, mas tiene 
un carácter... aunque pene 
el señorito, es un trueno: 
le grita, le vocifera 
y la casa escandaliza: 
con ese genio, esclaviza, 

_ .^ ' no al señorito, á cualquiera. 

{Pausa.) 
Y el niño está mal; yo creo 
que siguiendo así, se acaba; 
se le ha cortado la baba 
y le causa un gorgoteo 
que dá mucha compasión: 
él nos mira de hito.en hito 
igual que si el pobrecito 
supiera sü situación. 
Si muere... que sentimiento 
vamos todos á tener!. .. 
El médico dijo ayer 
que pudiera en un momento 
quedarse el niño asfixiado 
cuando le dá esa fatiga, 
y encargó que no se diga 
nada á la madre, — «cuidado — 
- estas fueron sus palabras 
— «buena leche, es la receta, 
le mata una mala teta» 
pues darle leche de cabras, 
digo yo; la señorita 
le dá hiél en vez de miel, 
y iclaro! dándole hiél, 
como le amarga, vomita, 
■ y después de vomitar 
se queda como atontado.. 
luego se pone morado... 
jsi no puede respirar...! 
Híí«e «sfuepíos, contorsiones, 
de vez en cuando dá un grito 
y ya está encima el maldito 
peligro, las convulsiones...! 
Para mí, es la mala teta 
que le dá la señorita; 
ó del pecho se le quita 
ó... jvamos! no hay más receta. 

ESCENA III 
Gerardo y Blanca 
Blaxca .¿Escribiendo? {Burlona.) 
Gerardo' Trabajando. 



Blanca ¡Ya! ¡valiente tonteriaí {acercán- 
dose, 4 Iq- ni^sa- u observando.) 
.=^^jyer^<jsW..^cbn J^ poesía * - 
ho hay duda '-qtie 'vás meórándo 
{Se aleja y pasea jugando con 
los condones de la bala.) 
una cuartilla, dos, ciento, ■ .: 
¡magnífica colección!... 
¿No sirven? Buepo, ¿que son 

publicables? Tan éón tentó! 

Y asi el tiempo v4' pasando... 

Gerardo {Cari'oso.) 

Blanca déjame escribir... 
Blanca Pero, me quieres decir, 

con esto, qlie vas ganando? 
Gerardo No gano, mas ganaré. 
Blanca Siempre contestas' igual 

{Enojada.) 

tu conducta no es formal. . 
Ger.^rdo Bueno, Blanca, déjame, 
Blanca Busca por otro camino 
Gerardo ¡Busca...! os muy fácil buscar, 

lo difícil es hallar 
Blanca Pide un des tino... 
Gerardo ¡Un destino! 

le tengo solicitado 

más es poca mi influencia... 
Blanca De cualquier cosa; en la Audiencia, 

•: 'por ejemplo,. magistrado. 
Gerardo ¡Qué candidez! Ahí están 

tales plazas para mí!.. 
Blvnca ¿No se los dan á otros? 
Gerardo Sí. 

Blanca ¿Pues por que no te la dan? 
Gerardo Porque exigen condiciones 

que aún no he llegado á tener. 
Blanca ¿Y por qué? Vamos á ver? 
Gerardo Por muchísimas razones. 
Blanca Pues vé á cualquier ministerio... 
Gerardo Con ir ya está conseguido... [Ríe.) 
Blanca Pues eso le ha sucedido 

á Domínguez... 
Gerardo ¡Qué criterio! 

Domínguez es diputado... 
Blanca Y lo han hecho Director. 
Gerardo Domínguez es orador 

notable 
Blanca {Impaciente.) Lo han empleado; 

no importa el procedimiento, 

la cuestión es que ha pedido 

un empleo, y lo ha tenido 

en cuanto pidió; al mogaento 

Hoy es nuestra situación 

sobradamente apurada; 

¿tenemos dinero? 

Gerardo {Tristemente.) ¡Nada! 

Blanca Pues mira; tu obligación 
es buscarlo, mantenerme, 
hacer porgue bien vivamos, 
es una vergüenza ¿estamos? 
Si yo imaginara verme 
de este modo, ten seguro 
que no me caso contigo; 
tú no tienes ni un amigo 



c 






£L CASCABEL 



i' 



PROPAGANDISTAS 



293 





Del Ejército de Salvación 



".i!ia¡,.iiiy]ffl({¡¡¡|{;iiai¡||{]|((H 



De las raás sanas ideas 








De todo lo contrarió 



De El Cascabel 



284 



RL CASCABEL 



'Wswm:' 




■-y'<\->:í^ 



que te valga en un apuro. 
Tu padre te ha abandonado, 
¡puedes estar orgulloso! 
Te tiene un' odio horroroso .. 

Gerardo ¡Yo mismo me lo hé buscado! 

• > ; Tanto y tal le molesté 

con siiplicas de dinero... 

Blanca Para un padre, lo primero 
son sus hijos ¡ya se vé! 

Gerardo Es que tiene mis hermanas, 
y por sostenerme á mí 
no es cosa de que ellas... 

BI.ANCA Sí, 

todo lo arreglas, lo allanas 
siempre á tu gusto; tu padre 
no cumple su obligación, 
viendo nuestra situación... 

Gerardo {Enojado levantándose.) 

¿Y qué? ¿No la vé tu madre? 
¿Qiié hace por nosotros? ¿Di? 
Gozarse en nuesto dolor, 
-^^ jr apagando el amor 
. -.qiíe debiera arder aquí; 
■v:V; decirte mal )s consejoá 
■- PQr hacerme infortunado; 
, - - ya Iiá tiempo que 'lé adivinado 
■ en ella, hoiTibles manejos 
dirigidos ú romper 
nuestra unión santificada. 
(Irritado.) 

¿Es esa una madre honrada, 
buena, como debe ser? 
Blanca No la insultes! 
Gerardo (Conteniéndose.) No; hago punto. 
Tu lenguaje me provoca, 
y claro, suelta mi boca 
frases que... al lin... en conjunto- 
nada vienen á decir... 
Blanca ¡Pues pudieran decir más!... 

Germán [Tomándola de la mano.) 

¡Por Dios, Blanca! ¡Que así vas 
á aumentar nuestro sufrir!... 
[Blanca reiira sn mano brus- 
'■: camente.) 

Que sin darte de ello cuenta, 
das pábulo ¿V^is desmayos, 
acumulando ios rayos 
de la cercana tormenta 
* que se agita en rededor 

cada vez más imponente, 
[enérgico) 

que ya se mira... (irritado, mi- 
rándola, apretándola la mano 
con /tcerso) 

y se siente... 
su aliento exterminador... 
que la comprimo en mi pecho 
con valor inusitado, 
interiormente abrasado 
de justo y mortal despecho 
(Blanca, asustada) 
que tú, torpe y decidida, 
á ver nuestra dicha muerta, 
vas abriénüpfa la puerta 



tras dé que se halla escondida, 
y si llegase á escapar... 
, jay de los dos! (Con rabia, como 
si le asaltara un pensamiento^ 
sollozando.) 
{Mirando á lateral izquierda.) 

¡De los tres! 
¡Hijo del alma! (á Blanca) ¿No ves 
que asi le vas á matar? 
s ¡Nuestro Enriqu !... (¿¿ora) 
Blanca yCae en brazos de Gerardo, lio- 
rando.)_ 

¡Qué agoníat 
Perdóname... 
Gkrardo (Mirándola y besándola.) 

Te perdono... 
sí, solamente ambiciono 
tu bienestar, ¡Blancíitlíhía!... . 
(^Enjugándola, el llanto.) 
Si te tengo adoración. . 
si de amor, por tí me muero, 
¡Blanca mía! si te quiero 
con todo mi corazón...! 
(Abrazándose, sollozando.) 
A. Díaz de la Quintana 



■I 




DE DOMINGO Á DOMINGO 



No hay espacio para ocuparnos de ellos. 

Onrubia., como de costumbre, nos ofre- 
ce obras escogidas entre lasmejores del 
teatro español. 

Durante la semana, El Tantópor Cien-: 
tu se ha representado con éxito, y la repe- 
tición de La Credencial ha sido bien reci- 
bida. 

De La Seña Francisca hablaremos en 
la próxima semana. 

Comedia, Alhatnhra y Novedades si- 
guen con el inagotable repertorio de obras 
cortitas, contándose por llenos, las funcio- 
nes que tienen lugar en el primero de estos 
teatros. •. 

El Apolo es el teatro de las novedades: 
el repertorio variadísimo. AdemÁs, anun- 
cian Hugonotes., por ejemplo, y sin pre- 
vio aviso cambian la función. Será por 
el placer de sorprender al\público. Si este 
es manso y pasa f por Jodo, hace bien la 
empresa en abusar dé él. Nosotros pro- 



^ ^^Í^^^?*?*í?í'íí'>^^r^í3í^«^ 



P.L CASGABEf. 



285 



testamos, y creemos protestar con razón. 
En cuanto á las Folies Forlet véase la 
- « Carla tres japonaise 
que he recibido, 
de ún francés, ó fimngaise 
que me ha escr¿&/6Í0.» 



Estimado Directeur 

del amusant Cascabel: 

de escribirle jai Vhonneur 

cuatro 7nots dans ce papel. 

Si me pregunta el motif 

tres vit le contestaré, 

y el motif ^ ya verá usté 

que es muy signi/icatif. 

j Qué atraction y qué succés. 

el de las Folies Forlet....! 

Nos ha donné un cou]/ cVeffet 

tres charmant, si señor, ¡tres! 

El teatro es muy joli 

las chanteuses^ lo son más, 

las danseuses... por demás 

es alabarlas icí. 

Toda la jeunesse dorce 

las Folies frecuentará. 

y Forlet. pronto tendrá 
el tirador bien complet." 
En las tablas, mil nouvelles 
mucho chic, y mil chansons^ 
y en el public, les garcons 
destapando des bouteilles. 
MademoiseVes sensibles 
se trouvent dans'le 2>ubl¿c^ 
todas bellas, guapas, chic 
y además tres accesibles. 
El que quiera depenser 
el argent joyeuse?nent, 
no lo piense ni un moment 
aux Folies debe aller. 
Conque, amigo Dii^ecteur 
del amussant Cascabel, 
he tenido ya V'honneur 
de mandarle c'esí papel. 
Y si le sobra roTí^ení 
(cosa hoy tres difficile.) 
en las Folies tiene mil 
medios de irlo depensant. 
Vaya pues, ya que Forlet 
que es hombre de gran na7Hs, 
nos ha dado un couj) d'effet 
al estilo de Paris. 

Madame X. 




Ya se ha acordado la manera de cele- 
brar dignamente el cuarto centenario del 
descubrimiento de América. 

Contorme pronosticamos «se organizará 
-dice un número del programa-un fes- 
tival literario y musical en uno de los tea- 
tros de la capital, con el concurso de los 
más eminentes escritores y artistas, asi 
nacionales como éstranjeros. Tendrá lu- 
gar el dia 13 » ' 

¡Mal dia! 

Aún que no; para conocer n los más 
eminentes literatos cualquier din es bueno. 

Solo falta que loseminenles sean bue- 
nos 

Por que se puede ser eminente y ser 
muy malo. 

Y alguno nos guardará de mentir. 



Hay varios proyectos nuevos 
de un buen gusto extraordinario, 
conque irán al Centenario 
los traficantes de huevos. 
Y ha de causar impresión 
la parte que han de tomar: 
porque piensan festejar 
lo del huevo de Colón. 



Parece que la comisión de censura tea- 
tral váá tomar una medida importante. 

Suprimir los palcos avant sccne. 

¡Todo sea por la moral ! 

Ya que la comisión no tiene otros méri- 
tos, bueno es que haga algunos para jus- 
tificar el cobro de la nónima. 

No está encargada (la comisión, eh?) de 
velar por la moralidad de las obras? 

Pues ánimo; después de los palcos, su- 
prima las bailarinas, por ejemplo, y des- 
pués... espere que la supriman á ella. 



Si tú por mágico nrte, 
un pajero te volvieras 






. !^^^WSK'"sS|^ 



m 



EL CASCABEL 



I oii cuanto píá<íe¿ me dieras! 
(porque podría cazarte) 



Son tus labios el vergel 
donde liban las obejas ; 
(las abejas son los mozos 
que de noche te rodean.) 



Cada dia leemos que en la redacción de 
tal ó cual diario se ha recibido una bata- 
ta ó más, de grandes dimensiones, mues- 
tra, de los productos de la estancia de don 
Fulano ó D. Zutano . 

¡Ahora nos esplicamos ciertos abatata. 
mientosJ 



Cero y van 

Mucho DOS honran los periódicos que 
copian trabajos aparecidos en las colum- 
nas de El Cascabel. 

Lo hemos dicho, y lo repetimos. 

Pero nos parece que no estaria demás 
decir : 

«Tomamos de El Cascabel...» 

O bien escribir la firma al pié de los 
trabajos copiados, como ha hecho algún 
colega de la capital, al que, de paso, le 
diremos que le estamos muy agradecidos. 

Por hoy, basta. 

Creemos inútil citar los periódicos de 
provincias, á que aludimos, y que son 
los raptores. 




Charlatán . — En efecto, no es publicable su Cal- 
vario. ' 

Jacinto Argental. — Paede que si vd. la conozca, 
pero de otro modo no era publicable 

Ahí y no admito nada más, tan serióte. 

A . Z.—No he visto la poesía á que alude V., ni 
falta que me hace. Solo con ver su nota bene. . . com- 
prendo que es mala; la poesia, eh? y la nota también. 

Fantasma.— ]Xpa,rta.d fantasmas vanos! 
Jf. .S'oria. — (Catamarca). Por correo contesté su 
carta. 

B. ¿.—No está mal, ni bien también. 
Kos7nos.—Xprieta.l Me gusta mucho su carta; que 

es buena de verdad, pero ¿cómo quiere v. que le de- 
mos un bombo á una cosa tan inocente? No vale la 
pena francamente. 

Emilio, ¡oh la fuerza del' consonante!... cuan ol- 
vidada te tiene D. Emilio! 

A . M. de C— No se recibió nada. 

Promotor —Su poesia promoverla una revolución 
en. el Parnaso, y no es bueno enemistarse con las 
musas. Le pido un poco de respeto para esas se- 
ñoras. 

PMfc/iCííft/e?— Fusilable. 

Pajarito.— ÜAy pájaros que cantan muy mal, y V. 
es uno de ellos. 

Patriota. — n'o es para El Cascabel. 

F. (le H. - Miraré de corregir algo, con su permiso. 

Un amíffo.—La. amistai es una cosa y la falta de 
silabas en un verso es otra cosa digna de tomarse 
en cuenta. 

Censor. — Mire V. respecto á lo que V. dice debo 
advertirle que es-una falta de respecto & la gramá- 
tica, señoi-a bajo todos conceptos muy respectable. 

Constante.— iQaiere V. mandar la nrma? 

fia/eno.,— Huyamos de los ripios. 

Llig.—Le digo á V. lo mismo que á Constante. 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g 1.50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente » 0.10 

» atrasado » 0.15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

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EL CASCABEL 



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Fuera de la ciudad ... » .20 id 




Tomado del natural, 
hoy damos este señor, 
que es el ilusire ex-Rector 
del Colegio Naeional. 



Fotograbados de Emilio A. Coll y G' 



^^f^iP 




290 



'i,: ..:.lT':jít 



EL CASCABEL 



■■■• ' '.....'-^v--- 




■-^HSX r- 




A llegado la hora de to- 
marnos las <50sas con 
calor: de lo contrario 
nos exponemos á mo- 
rir de frío, ni más, ni menos que el go- 
bierno, '"^r 

Cada cual se arreiria lo mejor que puede 
para luchar con la temperatura. 

Desde el gabán forrado de pieles, has- 
ta la camiseta por partida doble, y desde 
el poncho, hasta los tres pares de calzón, 
cilios, todo es bueno y admitido para con- 
servar el calor animal. 

En vez del poncho, alguien usa, y aún 
abusa, del 2)onche. 

. Todo depende de tener más frío en el 
estómago que en el cuello. 

— Yo me dedico con furor al café hir- 
viendo — nos decía un señor falto de caló- 
rico: 

— ¿Al cafó hirviendo? 

— Si, señor. 

— Pues yo estoy por el café... con ca- 
mareras, sobre todo si estas son bonitas. 




En fin, cuestión de gustos. 




Las Cáitíara,s,'que funcionan ya. cuan- 
óo.lcLSiY quorum,' prometen sesiones inte- 
resantes, y aseguran sitio bajo techado á 
los amantes de las discusiones parlamen- 
tarias. . . . ; , 

Estas, parece que serán animadafe^; 

Y buenas para invierno, ya que ^e 
anuncian acaloradas discusiones. '¿ 

Ano ser que con el frío se le hiélela- 
palabra en la boca á. algún diputado de 
los que aún no han roto á hablatr;.". ;" , 
Fruta del tiempo son los recibos. 
No los del sastre ó del casero. , V ■ 
No confundir. , . . 

Quise de- 
cir los- que 
tendrán lu- 
par en los 
más elegan- 
tes salones, 
y que luego 
nos detalla- 
rá el de la 
Vida soeiaX 
áQ El Diario, 
en sus jour 
au jour y forever macanístiros, que tanto 
gusto á-Axi á los aficionados á crónicas, cro- 
mos é instantáneos. 

No faltarán reuniones modestas, de esas 
que no dan que hablar á los periodistas, 
pero que en cambio dan mucho que hablar 
á los invitados. 

La familia de Charque ha pasado ya 
invitación á sus relaciones para el baile 
con que se inaugurará la temporada. 

Y la señora deCuchivacha reúne todos 
los miércoles á un limitado número de 
amigos, que pasan bien la noche, jugan- 
do ala lotería, y haciendo música. - 

Por cierto que en la última tertulia se 
presentó un joven, primer premio del con- 
servatorio de Camolilavagna, que tocóla 
flauta con la nariz, con una limpieza ad- 
mirable, según la señora de la casa, por 
más que álos invitados les pareció que la 
limpiexa brillaba por su ausencia. 

En especial una contertulia, la joven 
señora de Espiche, se descompuso de un 
modo horrible, y le dio el ataque, por que 
se acordó de un primo carnal que era gran 
concertista, de flauta también, y que por 
un desengaño amoroso se hundió el ins- 



j^*(!f^^'V^ef'-íf^'^'^J''^'^'^-^-'*^''f^VT^ "«^"■'"f"-' ""^j 



EL CASCABEL 



291 



trumento en el cuerpo j' al ™orir, llenó 
de acordes la estancia. 

Aparte de estos pequeños lunares, que 
en sí, nada son, los miéreoles de la de 
Cuchivacha son muy animados, y lo se- 
rán mucho más cuando empiecen las lec- 
turas de poesías, á que tan aficionada se 
muestra la señora de la casa. 

Sabemos ya que varios poetas caseros 
esgrimen la péñola en la soledad de sus 
poéticos hogares, y también sabemos 
que la composición que hará más ruido 
será la de Sánchez, que es almacenero 
por mayor, y- á ratos compone algo para 
los periódicos destinados al bello sexo. 

Es lo que nos dice otra señora de nues- 
tra relación, y que también piensa dar 
soirees: 

— La cuestión es pasar las veladas de 
invierno. 

—Sobre todo pasarlas bien. 

— Y económicamente. Unas veces le- 
yendo poesías, otras haciendo música, en 
ñn, cultivando las bellas artes y l"as rela- 
ciones. 

— ¡Las relaciones sobre todo! 

— Algún desengaño me llevo; mire usted, 
hasta he sabido que los invitados critica- 
ron el hctich con que solía obsequiarlos á 
media noche, pero para este año todo lo 
tengo pensado y he contratado una parti- 
da de queso de bola, y otra de membrillo, 
á fin de que no se quejen los golosos. 

¡Bendito invierno, que tales momentos 
nos hace pasar! 

Por que entro los teatros, y los recibos, 
nos olvidamos dal frió y nos distraemos 
honestamente. 

Que es lo que conviene en estos tiempos 
de catarros agudos ó sostenidos. 

Elio es que cada quisque se pone á la 




—Me rio yo áel frió... 

Y que bien lo puede decir el condenado! 

Corramos una manta de abrigo. 



LO DE SIEMPREl 



. Quien dice que el amor es duradero " . 
63 un bribón que dice una mentira. 
—El amor es un sueño pusajero 
que sonrie un instante y se retira! 

¿Y las pruebas?— Me amaba con locura; 
yo también la adoraba... 
y alguna rosa del jardín murmura 
de todo cuanto entre los dos pasaba. 

Después .. los días al batir sus alas 
¡ay! nos de jaron de ese amor ilesos; 
Ella quedó... con su belleza y galas, 
yo me alejé llevándome sus besos! 

Patricio Gallo» 
Las Cañas (Salta) Abril 24 del í»2. 



defensiva, en especial los que no ¡lueden 
decir como D. Sisebuto Lanas. 



-5^Í]H$- 



PARADOJA 




Con sus dedos divino.s 
el Suelo de vaa nm-he de rerano 
toca, y el suelo que preludia el piano, 
obliga á desvelarse á los vecinos. 



£E0¥EEBIO 



Cierto rengo tropezó 
con un oaiiiu en su camino, 
y por az ir del desiii.o 
allí el alma sp i'ompió. 

Y esto la vei'dad alaba 
de aque! iiroycr io prnlundo 
que nos dice: (¡ue cu (.'' mundo 
quien vuií anda, nml acaba. 



Emilio (i i 1,1. 



292 






EL CA8CABB1. 



UN LITIGIO 



Pedro Ruiz era un muchacho 
que se daba á la bebida, 
y se pasaba la vida 
completamente borracho. 
Cierto día, por cambiar 
de compañía, ó de vino, 
fué guiado por su sino 
al almacén de Gaspar. 
Salió de allí echando lumbre 
por el vino trasegado, 
y en un lamentable estado, 
jmucho más que de costumbre! 
Torciendo por la derecha 
Mego á una casa lujosa, 
y allí una bomba monstruosa 
tenia ardiendo la mecha. 
Una dama en el balcón 
— jauxilio!— á gritos pedía, 
pero la gente corría 
huyendo de la explosión. 
Ruiz llegó dando un traspié 
á donde la bomba estaba, 
y sin ver dónde se hallaba 
cortó la mecha y se fué. 

Asi la dama escapó 

de sufrir allí la muerte, 

mías se asustó de tal suerte 

que del disgusto murió. 

No sin pensar, que en conciencia 

el que le salvó la vida, 

bien tenía merecida 

buena parte de su herencia. 

Ruiz. muy alegre sin duda, 

soñójen gozar con afán, 

dando crédito al refrán 

«quien se achispa Dios le ayuda.» 

Y cuando iba denodado 

á cobrar como heredero, 

se presentó un caballero 

disputándole el legado. 

Hizo éste al punto constar 

el derecho en que se hallaba, 

pues que allí representaba 

al tabernero Gaspar. 

y dijo: 

—Sí Ruiz ha sido 
el que pvitó la explosión, 
quien le impulsó á tal acción 
fué el vino (lue hubo bebido; 
por lo tanto, considero, 
en acuerdo con la ciencia, 
qufe quien merece la herencia 
no es él, sino el tabernero. 



Pensó el juez por un instante 
obrar según lo que oyó, 
cuando en aquél pleito entró 
otro nuevo litigante. 
El que era dueño feliz 
en cierto pueblo vecino, 
de la viña que dio el vino 
que había achispado á Ruiz. 
Así el litigio se hallaba, 
mas acudió en alegato, 
el autor de un aparato 
conque la uva se prensaba; 
con argumentos brillantes 
y mil pruebas á la vez, 
convenciendo al señor juez 
derrotó á sus contricantes. 
Diciendo así: 

—Considero 
que á no ser por mí, señor, • 
no hubiera el vinicultor 

ni existiera el t^abemero, 

ni Ruiz estando beodo 

hiciera su hazaña extraña; 

de modo que aquí la hazaña 

y el mérito es mío todo. 
El juez en igual creencia 

tras reflexionar un rato, 

al autor del aparato 

iba á conceder la herencia, 

cuan lo apareciendo allí 

otro nuevo tabernero 

dijo: 

—Demostraros quiero 

que la herencia es para mí. 

Al señor, que ha conseguido 

el triunfo con su defensa, 

dio la idea de su prensa 

el vino por mí vendido. 

Él, bajo el influjo ardiente 

<ie mi vino, discurrió, 

y su aparato inventó 

borracho completamente, 

— ¡AdioS!— el juez receloso 

pensó— ¡otra vez empezamos? 

¡Pues señor, nos encerramos 

en un círculo vicioso! 

Y el otro dijo: 

—¡No tal! 

—¿Cómo? 

— Lo demostraré: 

porque yo lo fabriqué 

y el vino... ¡¡era artiflcialü 



Luis García. 



í . •' 



EX. CASCABEL 



* ■■ 

293 



TWILÍaHT HOÜRS 



(HORAS CREPUSCULARES) 

Do\ix crépiiecxile, lieiare dos songos, 
Sur les gr^axids Sois tristes, descerLcis; 
v^omme les ]d1©\j.s ©sprits, men songos, 
Blév© tes ^apeixps ci'enoens! 

Daniel García Mansilla. 

melodía para piano 

POR 

BDUARDO García mansili.a 



AnViH^U/j ¿ ^ , — ^w, 




ñ 



U-Z^ u 



294 EL CASCABEU - ' 



DOCUMENTO CURIOSO 



(GÍACETILLA FÍN DEL SIGLO... QUE VIENE) 



6( 



, 1 estudio de Mr. Khin, nuestro g^an novelista. — Conforme prometimos á * 
nuestros iectores, hemos hecho la anunciada visita á Mr. Khin, nuestro sabio novelista, 
el primero sin duda de este siglo, el, qiie sabe tratar las más arduas cuestiones con per- 
fecto conocimiento de causa, sin divagar, como los novelistas del siglo xix, y sin dar 
á la fantasía más importancia de la que tiene, es decir, dejándola únicamente crear los 
casos patológicos que, conao problema, permanecen sobre la mesa de estudio del no- 
velista, prontos á ser tratados con toda verdad y con ajuste á la última espresión del 
adelanto humano. - 

A las diez de la mañana, el tramway eléctrico ¿perfeccionado, me dejaba en jel 
balcón núm. 15 de nuestra principal avenida. 

Al poner el pié en el. balcón, abriéronse las puertas del mismo, y el autómata, que 
sustituye hoy á los imbéciles y costosos criados del siglo pasado, me dirigió la acos- 
tumbrada pregunta: 

—¿Quién es. V? ¿Qué quiere? ' 

—Hablar con Mr. Khin— contesté— colocando los labios en el receptor eléctrico de 
palabras. 

El autómata desapareció, y, al poco rato, el gran novelista, el sabio conocedor del 
corazón humano, estaba en mi presencia. 

Manifestéle quién era y lo que quería, é inútil creo decir que fui recibido con toda 
clase de consideraciones-ij 

La conversación recayó, como es natural, en Natura, la obra, que está terminando 
Mr. Khin, y que es la última palabra de lá moderna nóvela. 

El autor se expresó con entusiasmo y nos adelantó varios datos, que no titubeamos 
én hacer conocer á nuestros lectores. 

Sé trata de una obra eminentemente humana. 

Los efectos y las causas han sido estudiadas sobre el terreno. , ' . 

La terrible pasión de los celos, está pintada de mano maestra. 

El autor, que es celoso como un turco de aquellos que existían antes de que -la 
Rusia se merendase el imperio de lá media luna, se casó pot*. interés con una rica amé*-- - 
rícana, y asi, de paso, estudió q\ matrimonio por cálculo (ano de los «api lulos más 
interesantes de la obra) y aprendió ó fingir amores que no sentía y á gastar plata que, 
en realidad, no poseía, por más que la usufructuase. 

El monstruo délos celos sei'presentó, ya que el autor, que en realidad ntí estaba, 
enamorado, descuidó un poco su tesoro americano, y éste, que tenia mucho gancho, 
prendió en él á un joven, que era corazón de la cabeza á los pies. 

Mr. Khin sufrió horriblemente, porque, al fin y al cabo, tenía delicadeza. 

Pero, por fin, no pudiendo aguantar el peso... de su desgracia, resolvió cortar por lo 
sano, y cortó el terrible nudo gordiano, cuando más apretado estaba, como' consta en 
la ruidosa causa que se promovió á raíz del suceso, y que tan vivamente llamó la aten- 
ción de lá sociedad londonense. 

¡Qué descripciones tan llenas de ¿verdad ha.hecho Mr. Khin en, el capítulo de los 
celos!... 

Luego Testudia la viudedad, y lo hace como concienzudo viudo. 

El capítulo del hospital, en .el que acabó sus días la adúltera esposa, en clase de 
hermana del Ejército de Salvación^ se ha de leer con el pañuelo empapado en ácido 
fénico. ^. 

El autor, llevado de su amor á la verdad, se dejó amputar el dedo meñique de la 
mano izquierda, y mientras le operaban, iba escribiéndolas impresiones en una tira 
de tafetán." ■■''.- ' ' . - 

En fin, nó puede darse mayor realidad. 

En Natura, la cuestión social se estudia detenidamente, en el capítulo Dinamita. 
El autor hace gala de su erudición, estudiando el origen del anarquismo, que tanto 
impresionó á nuestros antepasados del año 1892. 

Para conseguir un efecto real completainente, el autor piensa hacer volar su magní- 
fico chalet, que encierra colecciones notabilísimas de cuadros y manuscritos, los cua- 
les constituyen la fortuna de Mr. Khin. 

Ya comprenderán nuestros lectores que la obra hará ruido, y marcará nuevos rum- 
bos á la novela que iniciaron los Goncourt, Zola, Daudet, Gáldós, Pereda, Fariña, 
Tourgeneff, nuestros compatriotas Dickens y Ouida. y, algunos imitadores^ que no 
merecen ser nombrados, todos ellos escritores del siglo xix. 

. . - Andrés Soler. 



J'W^^v"'W7k^^^^< 



' CITA 



Es el señor Don Severo . 
un extraño cahallerp '^ 

que pasa noches y días 
lleno de amor verdadero 
entregado á sus manías. 
Es Don Severo escritor 
y lo tiace-medianamente, 
pues le .ha dado al buen señor 
por citar con gran calor 
á todo bicho viviente. 
De una moda que abomina 
escribe contra el capricho, 
y dice— «Moda anodina 
¡ah! que Cicerón ha dicho 
Qousque tándem Catilina... 
Sí- se encuentra delicado 
se carga al punto de ropa, 
diciendo, por si es buscado, 
que- toma un huevo á la copa 
y está ad Ovo dedicado. 
Satisfecho el apetito 
se duerme contra su empeño, 
y dice luego el bendito : 
•-¿Me dormí? La vida es sueño 
como Calderón ha escrito. 

Y en su anhelo de citar 
cita á Moisés, Platón, 

¿ Sócrates, Castelar, 

Rabeláis, Plinio, Alarcón; 

Montalvo, Gal! y... ¡¡La marí! - 

Pues bien, este caballero 

posee una hija preciosa, 

la que pasa, á lo que infiero, 

una vida fastidiosa 

al lado de Don Severo, , 

puesto que continuamente . 

la riñe tan duramente, 

que su amargo llanto escita 

todo ello, naturalmente, 

aliñado con su cita. í 

Aveces ella ha tratado 

de convencer al papá, 

para que dejase á un lado 

las citas, ¿y lo ha logrado? 

Y ¡qué ha de lograrlo! ¡cá! 
al contrario, el buen señor 
le, ha dicho: 

— Sólo hallarás 
consuelo, dicha y honor 
y laureles por mayor, 
con las citas, nada más. 
Ella á las citas, cansada, 
viendo dar tanto interés 
aburrida y fastidiada 
de tres muchachos prendada 
llegó á citar á los tres. 
Lo supo ál fin don Severo, 
que es un hombre muy entero, 
fuese en busca de la hermosa, 
vio no se qué, y le dio fiero 
una paliza horrorosa. 



Don Severo sacudía, , ■ 

la pobre niña lloraba, - - 

y entre sollozos decía 
—¡yo tus consejos seguía 
y á las citas me entregaba! 
Pero aquél padre inclemente 
siguió á la niña tundiendo 
y decía únicamente: 
—¿Citas?... ¡Yo estoy ejerciendo 
de crítica contundente! 

S. Garrido. 



JL IME 



Como oculta entre el cendaí 
de una niebla matutina, 
aún recuerdo, Inés divina, 
tu belleza virginal. 

, Ya lo ves ; 
de tanto tiempo á través, 
aún recuerda el alma mía 
aquel ángel que vio un día 
como se vé en Occidente, 
entre fantasmas de plata, 
la luna cuando dilata 
su luz tibia en el ambiente. 

¡Qué casta la blanca tez 
y aquella frente serena 
que imita de la azucena 
la Cándida palidez! 

Cuando asoma 
en tus ojos de paloma 
el brillar de la alegría 
como el sol de Mediodía, 
parecen, por su color, 
del cielo claros espejos; 
• por sus fugaces reflejos, 
el primer sueño de amor. 

Tu mirar... 
¿No has visto nunca del mar 
la inmensa móvil llanura, 
que parece que murmura 
en el vaivén de su calma 
para el corazón delicias, 
para el anhelo caricias 
y esperanzas para el alma?... . 

El ondulante brillar 
de tu rubia cabellera, 
recuerda la luz primera 
de una aurora al despuntar. 

Catarata 
que en hebras de oro desata 
la belleza refulgente 
de las luces que en Oriente 
el claro nacer del sol 
difunde por el espacio, 
bajo un cielo de topacio 
entre nubes de arrebol!... 

Por eso, niña ideal, 
la de la frente serena, 
la de la tez de azucena 
y los labios de coral ; 
la de virginal perfil, 
la de azules ojos bellos, 
la de los rubios cabellos 
y la del talle gentil, 
cuando exhalando un suspiro, 
con el alma absorta miro 
vagar por el corazón 
tu encantadora visión., 
si la voluntad se lanza 
á alcanzarla en raudo vuelo, 
sigue al nacer de un anhelo 
el morir de una esperanza! 

Jorge de Almenara. 



296 






•'S'rtT?'^^'?'^ 



n. CA8C4BBL 



: t i-' 



MODOS DE GA 





(A las 6 a. m.) 
¡La Nación!. .. [La Prensal 



(A las Ha. m.) 
Dar de comer al hambriento. 




(A las i 2) 
El sueño reparador. 





(A las 3 p. m.) 
Se reparten anuncios hasta las. 



(A las 8 112 p. m) 
Empieza el negocio de contraseñas 



ft 



EL CASCABEL, 



29T 



NAESE LA TIDÁ 




{De7 á9) 
Costura 




(Be 9 á íi) 
Ensayo 




{Be 2á 5) 
Conferencia con el del pa'co núm., 




{Be 5 á 7) 
A entregar 





{Be 8 á 12) 
Ejerciendo de suripanta vaporosa 



\ 



{A la i) 
Que lo averigüe Vargas. 






BESOS POR AMOR DE DIOS 




■ ; ■ 

'■'i :■•■ 



• LOUNAS damas caritativas de los Estados Unidos, sé han de- 
jado besar á precios convencionales, ú fin de reunir socorros 
para los pobres, . 

Las tómbolas, conciertos, bailes, etc., no dan ya resultado. 
Era preciso discurrir algo nuevo, que moviese á compasión por 
los desvalidos, y las señoras y sei^oritas norte-americanas lo 
han encontrado: los besos. 
El procedimiento no ha de tardar en extenderse por todo el mundo civilizado, 
porque para ciertas cosas se necesita mucho déla civilización. 

■En IBuenos Aires, al , poco tiempo de saberse la noticia, nació entre las individuas 
de una asociación caritativa, el deseo de llevarla á la práctica, y n,o tardaremos mucho 
en oir por esas calles' el": . • ' /" ; , 

.yí'^umor de besos y batir de alas. s 

de que nos hablaba Becquer. 

— ¿Qué es eso?— preguntaremos, sorprendidos. 
. — Nada — nos contestarán. Son dos señoras que están realizando actos de caridad. 

Una vez establecido el procedimiento, si algún marido celoso sorprende á su cara 
mitad besándose con un caballero, no podrá darlos gritos indicados de: 
. — ¡Infame! ¡Traidorai , • 

Sino que interrogará cariñosamente. 

— ¿Para los pobres de qué parroquia son esos besos? 

Una viuda, que Hora permanentemente el recuerdo de su difunto, exclamaba días 
pasados. , ■ • 

—¡Esto si que puede llamarse caridad sin sacrificios f"^ 

Pero como en nuestro siglo de adelantos, basta que se dé -á conocer la más sencilla 
idea, para que se encuentren mil progresos y perfeccionanriientos de ella, préveemos, á 
no tardar, el caso de que para lograr mayores beneficios, se rematen Jos besos. ■ 

Veremos, pues, á un martiliero subido sobre una &illa, y á sus pies una hermosa , 
señora, que, hasta acostumbrarse al espectáculo, permanecerá con los ojos bajos. 

— Señores — dirá aquel.— Véase la clase. LaSra. A socia de..... á favor del asilo 

de dementes, remata cuatro besos al mejor postor. Base: ¡2 pesos! 

— ¡Tré:S pesos! — dirá algún muchacho, que no duerme hace un trimestre pensando 
en la mercancía que se remata. 

— jTres y medio! -añadirá uno de esos viejos aficionados al almíbar. ■ 

— ¡Cuatro! . • , 

— ¡dinco! 
. —¡Cinco y medio! 

Y seguirán pujando, hasta que el martiliero, creyendo suficiente la ganancia, grite: 
— íAdjudicado! , 

Y entonces la dama dará al comprador los cuatro besos anunciados, poniendo sus 
labios en la cara de aquel, y el pío pensamiento en San Vicente de Paul. 

Los novios aprovecharán la oportunidad, y se gastarán rápidamente la plata impri- 
miendo ósculos amantes en el rostro de sus prometidas, pagando, á precio de tarifa, 
con el descuento de costumbre. 

Arturo, .que está locamente prendado de la esposa de su tutor, desesperado por no 
conseguir ef más pequeño favor de ella, se decidirá á hacer el último esfuerzo. . 

'-^¡Etelviiia!-^dirá. — ¡O su amor ó la muerte! 

*--A.pture, por Dios; no me comprometa V. más. Yo no puedo fa l.ir á nfiis deberes. 

— ¡Etelvina! V. no tiene corazón. Haga V. comparaciones ente el abipón de su 

esposo y yo 

^ ^^^ ^ ^Arturo. Basta. No puedo seguir escuchándole áV 

—¡.Por compasión! ¡Un beso solo! Si no le pido casi nada..... 
• — jlmpósible! 

— ^Pot caridad! 

^j^qr caridad? ¡Ah, eso es otra cosa! • 

Y la tutora. besando al doncel desesperado, hai% un doble acto meritorio: calmar á * 
Arturo y reunir un espléndido socorro para sus protegidos. 

Varios caballeros solos, preveyendo las contingencias futuras, andan por ahí rela- 
miéndose los labios. 

Pero sé nos ocurre que, siendo tantas las sociedades de beneficencia, y abundando 
tanto la miseria, deseosas todas las socias de aquellas agrupaciones, remediar las 
desgracias de sus pobres, nacerá necesariamente la competencia. 



¡ á 



V«VPl»«Hli»lli' 



:x^ 



^". 



MATE CON CIReUNSTANCIAS 



■=*■> 



- ^'^--Mf- rf-H*»-'***''--*-^ ■<•».,'- y^'-ii^-'-J.. -í-^^,- ■¿.^•« 1-^.,- ->«*„.■*■,* , *^-^.i*^»t--&-jt-^. — > •.(^,-,- 




Está de Dios que no podemos es- 
tar solos... ahí vieiie el compadra. ' 







— i(36mo le vá cuñíio! 

—Pastóriando.:. 

(La china.) (Yo os espanto.) 




— iPucha!... ¿V. per es-tos ra^os?¿. 
—A cimarronear, compañfr». ■ 




Y así llegan á reunirse una punta 
de vagos, que estorban n la Joven 
pareja. Pero la cliina les dÁ "mate 
con... 




s^- 




El efecto es rápido. 



Y... ¡al fin solos, morocha mía! 



900 



..\ ...^ -■■....4...J > • 

^.m i M i lu J ii> lili " 



et.-CASeA.BEL 



->l- 



Y á DO tardar se leeftün nvisos como el siguiente: 



* ■ ■■ ' 



¡BESOS! ¡BESOS! ¡BESOS! 

Las Damas de Caridad de lá Parroquia X 
han reducido su tarifa en un 20 por 100. 



o este otro: 



¡Gran rebaja de precios! 

¡A 10 centavosf {Besos de todas clases! 
En la fotografía de... están los retratos 
de las socias. 
Elección libre.' 



Estamos, por lo tanto, próximos A una gran revolución en nuestras costumbres. 
Y una vez puesto en uso el beso de beneficencia^ vendrán el abuso y el cansancio 
natural. 

Entonces, nuestras damas, cayos sentimientos caritativos son bien conocidos, 
buscarán .Qtr,Q. medio de, recaudar fondos. 
• Y de los besos se pasará á los abrazas. 
Y asi sucesivamente. 

\\ quién sabe á dónde iremos á pararJ • . 

José M^ Mendoza. 

I 11 ■■■ ^. I .1 • - . . .1 - ■■!■ ■II - .. -. I , 1. I . I ■ I ■ .■■I- ■ — ■ I ■ III I - — - - — ■^ M.mt' y -I- — ^ ■ ■ ■ . — 

LOS VOLUNTARiOS 




-Desde que han regresado los voluntarios huelo mucho á. 

-¿A qué, mamá? 

-j¡A pólvora!! Y te aviso, para tu gobierno, que no estoy.. 

-¿Por la pólvora? . 

-Ni por los voluntarios tampoco. 



■ 'i.-;-.;*". 



^-?^rii^'£«^^!p^- 



EL CASCABEL 



301 




DE DOMINGO A D )MING0 



La Seña Francisca, lo han dicho yn 
lodos los diarios, no es una comedia; pp- 
ro, comedia ó caricatura, tiene much.i 
gracia, qve es lo que trataría sin duda 
Echegaray de deiiiostrar al escribirla. 

El desempeño de faí obra fué bueno, y 
los'más pequeños detalles resaltaron, gra- 
cias á la acertada dirección escénica que 
hemos reconocido en la compañía, que 
hoy por hoy es la que se lleva la prefe- 
rencia del público serio, digámoslo asi. 

La señora Galé que es una característi- 
ca que siempre está en carácter, alcanzó 
muchos aplausos en el papel de protago- 
nista, y las demás partes de la compañía 
estuvieron como de costumbre. 

Otro teatro afortunado es el de la Come- 
dia. /Davanie la semana se ha representa- 
do, como novedad. Oro, Cobre, Plata 
y.... nada., y efectivamente; la obra no 
tiene nada absolutamente, á no ser su 
poco de aparato, trajes, etc.. que la em- 
presa ha presentado con la mayor propie- 
dad posible. 

Juárez, cada dia másgracieso y más jus- 
tamente querido del público, que siempre 
vé en Rogelio al actor voluntarioso, dis- 
puesto á hacer pasar el mal humor al es- 
pectador más sombrío. Además, la señori- 
ta Tomás, tiene ya su numeroso grupo de 
devotos, y la señorita Cervantes, á medida 
que es más conocida, es más aplaudida; 
con estos elementos el teatro se llena no- 
che á noche con gran disgusto de los em- 
presarios. 

Algo parecido ocurre en Apolo, en donde 
se han establecido los espectáculos por 
secciones. 

Mientras se aguarda la compañía de 
Falconi, ha empezado á trabajar en el Po- 
liteama una regular compañía dramática 
española, que sin duda atraerá á los ami- 
gos de emociones fuertes. 

El teatro Doria, en donde funciona uua 



compañía de ópera ita.Iiana, cuenta las 
funciones por llenos. 

Novedades, siempre firme en la brecha, 
aunque con poca fortuna, y Alhanibra 
cerrado por a hóí'a. 

Las Folies Forlet concurridas, y más 
lo serán cuando, una vez más conocidas, 
adquieran el selló especial que las ha de 
(lisiiiiguir de los demás centros de re- 

UI1Í(MI. 




Leo: « Por falta de número no se re* 
umeron ayer las.Cámarasde Senadores y 
Diputados.» 

I Vamos!... 

Aún no asamos, y ya 



Pecó el músico Pascual 
de sol á sol anteayer; 
mas con lógica obró el tal, 
pues solo hizo recorrer 
una escala musical. 



Se ha designado al Sr. García Velloso 
para escribir la letra del Himno que ha de 
cantarse en las fiestas del cuarto centena- 
rio del descubrimiento de América. 

Bueno. El Sr. Velloso tiene méritos so- 
brados para escribir un himno; pero ¿no 
hubiera sido mejor celebrar un concurso? 

Y conste que nosotros no hubiéramos 
tomado parte en él. 

Pero corre por ahí tanto vate.... 



Nunca infles, cuando comas, los camlIos 
ni te lleves el pan en los bolsillos- 
puesto que en caso tal, es lo decente, 
llevarse los cubiertos solamente. 



Habla el señor Filz-Simón: 

Besde los tiempos de Teócrito y Vir- 
gilio, el mundo ha adelantado mucho. 

¿De veras? 

¡Qué me cuenta Vd! ; 

Antes estaba el mundo tan atrasado que 
ni se conocían inspectores nacionales. 
(Lo de nacionales., es un decir.) 



• • ^ : ■ ■■ . . . - 7 ' « . . - 



302 



ÉL CJASCABEL 



Si Virgilio tropieza con un ¥'úz-SiMOun, 
le parte la lira en mitad de la espalda. 



Recomendamos muy mucho á nuestros 
lectores, en especial ú los que sean aficio- 
nados á la bueno música, la delicada me- 
lodía original del distinguido dilettanti 
Sr. Eduardo García Mansilla, á quien da- 
mos las gracias por la atención que ha 
tenido con El Cascabel engalanando sus 
columnas con tan bella composición. 

El Sr. Mansilla es bien conocido en nues- 
tros circuios artísticos y, por lo tanto, no 
debemos hacer su elogio como compositor: 



Argos., el ínclito Argos^ se rebela con- 
tra las disposiciones de la Academia Espa- 
ñola por que le dá la gana. Son sus pa- 
labras. 

Bueno; en suscripción y suscrición 
menos mal, que de las dos maneras se es- 
cribe, aun que la Academia ordene el uso 
dela^.' 

■Pero, ¡ilustre presidente de la societé\ 
procure no 7Xbelarsc tanto como se rebe- 
la, al decir de una ilustre familia que es 
•oriunda de San Juan, adonde su jefe ha 
ocupado la piñmera posición... etc. 

\En donde vamos á parar! 

¡Rebelado ^r(706", quehablasfde gramá- 
tica, y de batatas, desde la pesca. . . ! 




A. F.-^Seguramente ha errado V. el tiro. La ac- 
triz A. E. se enfadarla mucho al leer los disparates 
que me remite V. 

Arañita. — Muy lindo todo, y bien hecho, pero no 
es publicable. 

H. /.—Es muy floiillo todo. 

í7no.— ¡Pues no faltarla más! Soy poco exigente, 
aun que le parezca á V. lo contrario. 

L. A. de /T.— No está mal. Mande la firma. 

Bnbolin.— Tal v«z la Comisión' del Centenario se la 
admitirá para la v-lada. El Cascabel nó. 

Manilas.— Y no muy limpitas, por cierto. 

Amiga.— El papel es muy bonito y la letra tam- 
bién, pero... ¡qué versitosJ-: . . 

3Í. L. de A.— Pei-mitame V. que le diga que el ar- 
ticulo no me parece muy original 

runo.— Es muy malo todo. Ni hecho expresamente 
se puede hacer peor. 

Colaborpdor.—Pero á V., ¿quién le ha dicho que 
es colaborador? 

F. /'.—Mande la firma. Hoy estoy de plácemes. 

E. P.— Lo dicho: ¡mándela V. también! 

Principiante.— 

Y la luna rjue refleja 
pdlida en la inmensidad 
alumbra á la ¡¡obre vieja 
que acaba de agonizar. 
Meditemos y oremos, si á V. le parece. 

Delantero. — üNóü Ziíguero, y de los malos,} 

M. Soria. (Catamarca)— Contestaré por correo. 

P. Gallo. (Tucumán)— ídem y mil gracias. 

/. Eloi/.—l'iies ya puede romper V. la pluma v el 
tintero, y hasta puede romper con lacosturabre do 
hacer versos. 

A. Z.— Es copia. 

K-K-Seno.—Y V. cree que es posible que el sol di- 
late las praderas:^ Hombre ¡por Dios! 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g 1 .50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente. » 0.10 

» atrasado » 0.15 



SI-: dl':sI':an agentes y corresponsales 



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con exquisito tabaeo, 
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Se reciben semanarios españoles: 

Madrid Cómico. 
Blanco y negro. 
El Cascabel (de Madrid) 
Las Dominicales. 
Barcelona Cómica. 
La Semana Cómica. 
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La Lidia. 
La Semana fúnebre. 
El Mundo femenino. 
La Mosca blanca. 
La Campana de Gracia. 
La Esquella de la Tori'atxa. j. 
Etc., etc. 

Estos Semanarios se venden en 
los principales kioskos de Buenos 
Aires. 

Para suscripciones: CHILE, 2164 



imp. «iel «Courrier de la Plata— Mójioo. 83; 



Sv'W* 



muCAmm 




Aftó I V^í Báeno» Aires; Mayo iédéí»Sñ' mm. 20 



'iiiNII I'* """'"" I iin i tM 'ii M i i i|ii i ii ii i ^ ' H ' j ii j ii M| ' . w^Ttwy 



Editor propietiirio: FRANCISCO FERRÉS 

iHedaccioD y Ádraioistracion: ALSINA 489 (altos) 

HORAS DE OFICINA DE 2 Á 5 P. M, 

Precio en la ciudad. .. $ 0.10 el número 
Fuera de la ciudad.,. »0.20 id 



SF.MANARTO FFSTTVO Tr.T'STf.'ATX ) 



Director: ENRIQUE COLL 



ACTIMCMS IMlAM.vnCAS 



©MCEPCIO'M ARAMÁZ; 



Fotograbados de Emilio A. Coll y C^ 



Actriz (|ue viste muy liien. 
(¡113 gai a fama y provecho, 
y (Mitre sus papeles, ha liech^^ 
el do em presaría tiimbií-n. 



ii?^'^^íü-L--»- --■,■_, 




^-í^^y.f.í^k^r^" "'^'^^^: 



Rw*?^' - ^t ?PÍ*? ■'.' --l-í- 






EL CASCABEL 







»®<- 




HORA resulta que en Buenos Ai- 
res se juega á todo, y de todo se 
'saca partido para apostar dinero, 
y qué el hombre que no juega ni es hom- 
bre ni es nada. 

Dejemos los hipódromos y frontones 
que se encargan de fomentar la raza ca- 
ballar y la fabricación de cestas, boinas 
y pelotas, para fijarnos en otras clases de 
juegos. 

— Estos, todos sin excepción, son peli- 
grosísimos, nos decía no há mucho una 
señora. 

— Lo creemos así. 

-rjAh! y que lo puede afirmar. Mire V.; 
jugando á novios, cosa propia de niñas, 
me eché un novio que resultó cierto y se 
casó. 

-=-Naturalmente. 

— No muy naturalmente, por cierto: 
pues mis papas no le 
querían, apesar de que 
era muy fino y gastaba 
galera á todo trapo. 

— Los papas siempre 
son tiranos • 

—Pero Ernesto, que 

así se llamaba mi novio, 

¿sabe V. lo que hizo? 

— Tomaría arsénico.. . 

— ¡Cá! Tomó la resolución de robarme 

y me robó, ganando una suma que habla 

apostado con unos amigos, que le jugaban 

lo que quisiera á que no se atrevería. Ya 

vé V.; mi rapto fué el fin de una jugada. 

— {Valiente fué la que les jugaron á sus 

papas! 

— Ah, sí. Se pusieron furiosos, pero... 




— ^^Sí. Ante eí robo, con fractura, pasa- 
ron por todo, ^;;í ¡ 

— Y me casé desgraciadamente. 

— ¿Le pesó? 

— Claro, si mi marido era tan amigo de 
juegos... 

— Mejor que mejor. 

— No interprete mal. Ernesto era amigo 
de juegos, pero juegos prohibidos, y á 
ellos sacrificó toda nuestra fortuna. Ub 
día, no teniendo qué jugar, llegó á ju- 
garse la. cama contra cinco pesos y per- 
dió. 

— ¡La cama! 

— Si, señor; y se la llevaron, y no tuvi- 
mos más remedio que acostarnos en el 
duro suelo, y, como era en invierno, mi 
Ernesto atrapó un dolor agudo y murió 
dejándome... 

— rjAh, vamos, la dejó algo! 

—Sí; un batallón de 
acreedores que no me 
dejaban ni á sol ni á 
sombra. Siempre tenia 
en la puerta algún tipo 
con una cuenta en la 
mano. 

¡Y pensar que uno no puede dar un paso 
sin exponerse á dar un peso!... 

Porque ya habrán VV. admirado la 
gracia que ha tenido un monsieur que ha 
abierto un salón de esgrima^ con sus qui- 
nielas y todo! 

Es el colmo. ¡El noble arte de repartir 
cintarazos convertido en medio de apos- 
tar! 

A esre paso no nos será permitido des- 
arrollarnos debidamente sin exponernos á 
servir de blanco á los jugadores que nos 
acecharán, por ejemplo, y dirán: 

— Deténgase V. . ^ 

- No quiero. 

— Deténgase V. 

— ¿Qué hay? - 

— ¡Una jugada! 
-¿De Roca? 

— No hombre. El señor apuesta cinco 
pesos á que V. no levanta cien libras, y 
yo digo que sí. 

— Pero... 

— Nada, nada. Hagamos la prueba... 

— Es que... 

—No hay escape. Póngase V. en ca- 




"'-r.i(;*'^'-áf ñ^tfVrtir.ii^Mfr ;-Kir^;'''i í'-v^iir «i -■'■•--' ■ 



abülijjai '^^l^ÁA-M^íí^ 






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■^ V''^^!^^;'^''!^!^;;s^^^'^^!^^i)^'ir!^^''^<sv;^^'í'3í 



EL CASCABEL 



307 




racter, y á ver 
quién tiene ra- 
zón. 

Y ¡quién re- 
siste! No nos 
queda otro re- 
medio que po- 
nernos en ca- 
rácter, es decir, 
en ropas meno- 
res, y levantar 
los pesos para 
dar gusto á los 
jugadores. 

Luego (me- 
nos mal) co- 
braremos comi- 
sión, -como es 
muy justo, y 
seguiremos nuestro camino, temiendo á 
cada rato que se detengan delante de nos- 
otros diez ó doce ciudadanos y empiecen á 
apostar. 
— ¡Doy diez á dos! 
— ¡Tomo! 
— Tomo la fila. 
— Diez á cien. 

— ¡Pero señores!... — déjenme pasar! ex- 
clamaremos. 

— ¡Alto! — nos dirán, y sacando un me- 
tro y sujetándonos, nos tomarán la me- 
dida de la nariz, exclamando en voz alta: 
— ¡25 centímetros! 
—¡¡Bien por los narigudos!! 
— Gracias, amado pueblo. 
Mientras tanto, los que hayan apos- 
tado á que las teníamos largas, se repar- 
tirán la ganancia. 

A que extremos llegaremos, sólo lo sa- 
ben Dios y Argos, que entiende de mu- 
chas cosas, según dicen por ahí, aunque 
nosotros no lo creemos. 

Se apostará á todo jo que se ponga 
al alcance de nuestra vista. 

Y si los ejercicios saludables al cuerpo 
se toman como naipes, cualquiera se 

atreve á cruzar la plaza de la Victoria, 
entre dos luces, á la hora en que salen 
unos señores, ginetes en acerados velocí- 
pedos! 

Porque, es de suponer que no faltarán 
carreras. 

Y con las carreras \a.s paradas. 




Y las quinielas. 

Y con todo 
esto, algún 
atropello, al- 
guna víctima, 
un transeúnte 
arrollado y 
aplastado por 
algún velocipe- 
dista, en el fra- 
gor de la ca- 
rrera. 

Dios nos asista y nos dé algún dinero, 
que buena faCta nos hace, para... tomar 
un quinto. 
¡O un entero! 

LA ULTIMA INVOCA CIÓIS 

El hombre aquel , que en la ardorosa lucha 
derrotado y sin fé desfalleciere, 
en el revuelto lecho, irguióse un punto 
y exclamó fatigado con voz tenue: 
Venid vosotras, las ardientes musas 
del sorprendente siglo diez y nueve, 
las que vendéis amor á precio fijo, 
las queel cuerpo entregáis á quien lo quiere. 
Escanciadme licor, llenad las copas, 
venid bacantes, coronad mi frente. 
no"con laureles, que de nuestro siglo 
ya fueron desterrados los laureles, 
sinó con esas gasas lujuriosas 
que la lubricia desgarró mil veces, 
con vuestros besos que pagaré luego, 
antes que el labio, mi destino liiele. 
Venid y al punto en las sonoras liras, 
entonad juntas la canción alegre. 
que arranque de mi boca entumecida 
el hondo grito de salvaje fiebre. 
Venid, por candad, llenad las copas, 
mostrad e! seno de rosada nieve, 
Y dejad que entre alegres carcajadas, 
me halle en la orgía impávido la muerte 

Adolfo S. de los Rios. 



=30e 



LOS FARRISTAS "> 

(V^<— "-iOABABA de comer. Preocupado con 
rai segundo artículo soln-e Los ¡drristas no 
encontraba sosiego, ni tranquilidad en parte 
alguna. El farrista dañino y el compadre de 
ribera danzaban en mi imaginación, como pe- 
sadillas incómodas; sentía la necesidad de 
pasar al papel mis impresiones, y la pluma 
y el lenguaje se re.sistían á ello. Comprendía 

(1) (Véase el niimero 15.) 



bt^ü¿-.i*'íi¿&í5:_:.í-í^jí- 



-''.¿*'>--rfSi-::* 




EL CASCABEL 



la desesperación del periodista. El tiempo pa- 
saba, los días se sucedían, y en El Casca- 
bel, editor, director y redactores, me habían 
dejado por imposible. Era necesario concluir. 
Me lancé á la calle. 

Las ocho de la noche. Buenos Aires se pre- 
paraba ;i descansar de las fatigas del día. Las 
Juces do fxas alumbraban un sin íin de idilios 
noctiirnos!. Las pantaloneras, costureras de 
registro y demás niñas pobres pero trábaja- 
■íiarast pululaban aquí y acullá con sus ata- 
dos en !a mano, ¡irruiladas por las almibara- 
das frases de sus simpatías. Los «[tramways 
para las afueras, iban llenos de geíite que se 
acuesta temprano, y volvían también llenos 
de la que se acuesta tarde. Los mil discordes 
cantos é interjecciones de los cafetines can- 
tantes empezaban á interrumpir las armonías 
nocturnas, con sus aterradoras desafinaciones. 

Yo quería observar para escribir un artícu- 
lo. No encontraba escenario. Me faltaban al- 
gunos detalles. Tomé un tramway al azar. Me 
llevó cerca del Once. Bajé siempre con mi 
idea fija. Pasaba por apartada callejuela, é hi- 
rieron mis oídos los acordes de una guitf4rra 
que sonaba en la trastienda de un almacén 
Entré, y van á ver todo lo que vi y oí. 

Al rededor de una sucia mesa de pino, ro- 
deada de bancos de lo mismo se veían hasta 
seis ó siete individuos de no muy buena cata- 
dura: rodeaban á un compañero que guitarra 
en mano, clavel en la orejn, y cigarro negro 
en los labios, ¿ntonaba mílong;is con voz ron- 
ca y gastada por la bebida. 

M;'i3 allá cuatro ó cinco napolitanos juga- 
ban a la murra con entusiasmo, y bebían vino 
italiano de á cinco centavos copa. El mozo del 
almacén en mangas de camisa y sju cuello, 
contaba detrás de un mostrador forrado en lata 
y destilando agua y bebida blanca y negra, las 
frecuentes vueltas, que unos y otros le orde- 
naban. Tres ó cuatro compadres más, de abi- 
garrado traje, observaban retobados la farra 
de los de la viola. 

La escena estaba alumbrada por una mala 
luz de kerosene, que por su ahumado tubo, 
despedía un insoportable tuto:— aroma que se 
mezclaiía con el picante de la ginebra, tabaco 
negro y cigarro de la paja. 

En el momento de entrar, el guitarrero se 
echó el chambergo á los ojos, me miró por 
bajo el ala, escupió por el colmillo y entonó 
la siguiente milonga entre las risas de sus 
compañeros. 

De donde vendrá ese high 
de que pago será criollo 
le andará buscando al hoyo 
deberá tener buen cuero 
' pues donde bala este toro 
r.o bala ningún ternero. 

Comprendí qwi la cosa iba mal, y entre qué 
gente me hallaba. Había encontrado lo que 
buscaba. Cortando por lo sano, me dirigí al 
guitarrero: 



— Aniigo,— le dije, — yo no he venido á ofen- 
derle y V. me sale chocando. Si V. fuera á 
pago, ageno le había de gustar ser bien reci- 
bido. ¡Caballeros, yo pago la vuelta! 

Me miró sorprendido— Acepto compadre, y 
siéntese á mi costado que tiene cara de forma- 
clor, y vamos á seguirla juntos á la giurcla. 

No me hice de rogar, y tomé asiento. 

— Qué va á servirse compadre? Venga un 
guindao, y siga con la viola. 

En un momento los vasos volvieron á estar 
Henos. 

Al guitarrero, que estaba medio hecho, se 
le había desarrollado un cariño instantáneo 
por mí— y entre milonga y milonga me abra- 
zaba con efusión diciendo: ¡Este es hombre y 
lo quiero, y ?ia¿des lo ha de ofender! 

En un momento fuimos todos amigos y la 
conversación se hizo general. 

—¡Che, media botella!— decía el que estaba á 
mi lado, un criollo bien plantado, pivao de vi- 
ruelas de bota de taco alto, faja, camiseta, y 
chambergo requintao — no le andes mezqui- 
nando á la viola y siga la fai-i-a. 

—Tenes razón, Agapito, ahí \a\íi f/iurda: 

Soy del barrio de San Telmo 
) Del barrio más superior 
Y al que pise este ponchito 
Cincuenta pesos le doy. 

Tonid Sandia, y si le parece mala caíala! 
— exclamó otro de los compinches. 

Agapito, al oír la anterior coí)ia se aíirmó 
en su asiento, se endosó entre cuero y carne 
un taco de ginebra, tosió y retrucó con la si- 
guíente al guitarrero: 

Soy del barrio de !a Piedad 
donde reluhibra el acero. % 
lo que digo con la boca 
lo sostengo con el cuero. 

—Abura! — exclamó el guitarrero, asi me 
gusta un tirano, (¡ue no se dejo achurar! — A 
su salud compadre. 

— Que (luíere— y á propósito. Domingo sabe 
lo que me pasó el otro día? 

— Si Vd. me lo dice... 

— Pues, figúrese que el gaifói-o ¡ne (luería 
hacer cargar viaje pr? el muelle ciiico, — ya 
sabe que á mí no me enfardan y siempre 
me gusta tomar viaje pal despacho. Así lo hi- 
ce compadre, y al pasar por Deiensa, me bajé 
á tomar una gárgara, y a quién dirán Vds. 
que encontré. 

—A quién compadre? 

—Pues áD. Pepe, el ?;¿tírZo de aquella-moche 
que pagó y me invitó pa dir á ver Juan Mo- 
reira. 

Acepté, porque ya sabe compadre, que la 
que trabaja allí ha tenido algo conmigo y es 
palca aguantadora, y yo tenía que arreglar 
ciertas cuentas con ella. 

Largué la chata á su hora, y me fui pa casa 
á ponerme high... 

Me arreglé linao, saqué mi daga,— me la 



."^ 



'^3?^y.-f!^»i«-' 



EL CASBABEL 



30ÍÍ 



acomodé bien, y me fui silbando eJ langinlo 

que Vd. oonoL'e: 

Cuando se mueve la cama 
y se abalanza el colchón 



Ya sabe amiiío (lue soy muy hombre, que 
sé ganarme el hen'o, en la hiejo, y <iue nun- 
ca me sabe faltar /)c/ el huilón. 

Llegué y de manos á boca, me topé con el 
queso. Me dijo que te lia un viejo, pero que 
estaba libre aíiiiella noche — y que tenia (|ue 
hablarme á la salidn. 

Acepté el trato por no armar escándalo, y 
asi fué. 

Como salic ((ue soy pesao, y me tiene recelo 
formó con la cena en lo del vasco y me puse 
medio en curdeUi, 

Al salir había estao estrilando, el bagan y 
lo (lue me vido se me fué fulo á atropellar: 
como no soy manLO, y aunque escario no 
píenlo el senlido, reculé y ahí no más le 
peííué el grito. 

¡Cuidao amigo no vó la zanja! 

Lo que vas á ver, va á ser otra cosa, me 
dijo el lunfardo. 

Sí, acércate no más. y te vas á encontrar 
con una sanj-ria sin (juercr— y pt-le la daga. 

E\ gri'o, había tenida rerolvcr. y me erró 
un chu/iiho, por cerca del coscado. Cuerpeé 
como pude, y me le fui á fondo. 

— ¿Le cortó?— preguntamos en coro. 

—Así no más fué, me lo despaché sequilo 
con un ojal en la ingle. 

Total compadre, quince días de enUpada y 
gracias al patrón (jue me sacó con lianza: 
pero aún tengo causa abierta y no me puedo 
refala)'. 

Mientras hacían este cuento, el guitarrero 
completamente duro, se liabía id(j acercando 
á los napolitanos, y en un descuido, les largó 
al suelo la mesa y los vasos. 

Protestó un lana grandote, y con él sus 
compañeros. Uno de ellos le acomodó un va- 
sazo al guitarrero, que fué la señal de la ba- 
talla. Volaron vasos, cop is, se rompieron si- 
llas, salieron á relucir los aceros, el mozo úq 
almacén y el patrón tocaban pito y más pilo, 
y... entraron los vigilantes, siguiendo á un 
oficial. 

Todos se escabulleron como pudieron que- 
dando solo .\gapiio. el guitarrero, los gringos 
todos lesionados, y mi persona. 

— ;Á la. co))iisu ri<(!—ú\]o el oficial. 

— Toque pilo si quiere, — voceó el guita- 
rrero, — por(]ue á mí no me vá á llevar. 

Y sin que nadie pudiera impedirlo, sacó la 
daga y acometió al oficial; se defendió luego 
como un tigre, hasta que al fin vencido por 
el número, se rindió, diciendo; 

—Así pelean ustedes y yo soy hombre pa 
todos. . 

Marchamos á la Comisaría. Serví de testigo 
deolar»' en favor del compadre. Agapito no 



le abandonó. Yo sah'. Eran tas 12 y media de 
la noche. 

Sin querer tenía, por lo menos, esbozada 
esta especie de los farristas. 

Si los lectores de El Cascabel quieren co- 
nocerlos de cerca, entren en cualquier alma- 
cén de las afueras. 

Allí encontrarán de fijo al Compadre de 
ribera. 

C. Navarro. 



LAS RODILL ERAS 

Conocidas di la gente 
por su abundancia hoy en día: 
de algunos en teoría, 
de muchos prácticamente. 
Ese bulto desigual 
la falta de ropa arguye, 
promontorio (pie destruye 
la belleza personal, 
asesino de ilusiones 
y de amorosas quimeras, 
jno hay amor con rodilleras, 
que afean los pantalones! 
Con.servamos con trabajo 
nuestro porte y arrogancia. 
y ellas, toda la elegancia 
nos deshacen por abajo; 
tanto, que hay gentes sencillas 
qu3 con desesperaciíjn. 
al mirar su ¡lantaión 
suprimieran las rodillas; 
y otros (pie en cien ocasiiiiie.s 
creyeron de todas veras, 
evitar las rodilleras 
no llevando pantalones. 

En torno vuestro mira'l. 
y á poco que os fijéis, 
en ellas encontrareis 
una inmensa varJe<Jat!: 
Hombre de asp^^cto severo. 
cuyo aspecto nii.^terioso, 
tiene algo del rei ¡idioso 
con mezcla del usurero. 
tipo de aire esirafaiario. 
de rodilleras gastadas. 
por las mañan;is pasadas 
al pií'" de! confesoniírio. 
Ved al que por allí vá. 
cuyas rodilleras son 
hijas de su profesión. 
pues siempre sentado e.s:á: 
aunque fuera conveniente 
saber, cuando está sentp.dn. 
si es que se halla atareado., 
ó durmiendo simplemente. 
El que en extraño emb:'!eso 
luciendo su airoso talle. 
ahora pasea la calle, 
hace tiempo perdió el ses(.-i. 
y su pantalón proclama 
ia pasión que le exti-avía. 



310 



EL CASCABEL 



ya que pasa todo el día 
á las plantas de su dama. 
Mirad á ese vigilante 
que arroja miradas ñeras, 
á las grandes rodilleras 
de un infeliz atorrante, 
y siguiendo con la vista 
ios pasos del desgraciado, 
dice al llegar á su lado: 
—¡Alto! jV. es anarquista! 
Y pegándole empujones, 
le registra sin retardo, 
creyendo hallarle un petardo 
dentro de los pantalones. 
Al observador le basta, 
y forma juicio completo, 
si vé de cualquier sujeto 
las rodilleras que gasta. 
Ved á Sánchez, que antes era 



tan solo una medianía, I 

y que no sobresalía 

de la talla de cualquiera; 

supo tocarle el registro 

de su orgullo y vanidad, 

logrando asi la amistad 

y protección de un Ministro. 

Al verlo, perdió la calma 

el poeta Serafín; 

diciendo: 

—¡Tienes al fln 
rodilleras en el alma! 
Y Sánchez con san-fagon, 
exclamó: 

—Como tú quieras, 
más llevo sin rodilleras 
un soberbio pantalón... 






Luis García. 



IDILIO 




RA bella.... como el primer beso, — suave como una caricia, 

— tie na.... como un arrullo, — lánguida como un suspiro... 

Habla en sus ojos azules resplandores de cielo, y en su 
voz la celeste melodía de un coro de ángeles. 
La dulce placidez de su rostro reflejaba la virginidad de su alma, y lenla 
estremecimientos de sensitiva su cuerpo .delicado. 

Sus cabellos eran rubios, su frente blanca y tersa, habia en los contornos.de 
su boca un sello de pureza, y un encanto incomparable en la sonrisa de sus 
labios. 

Todo en ella era perfume, luz y armonía. - 
Todo era leve, vaporoso, ideal!... 

II 

¡Yo la amaba! 

Amaba su candor, su ingenuidad, su inocencia de virgen casta. 
Cuando -me encentraba junto á ella, senlia elevar mi espíritu á las regiones 
de luz de lo grande y lo invisible. 

Me embriagaba su aliento y soñaba á su lado. 

¡Soñaba en coronas tejidas por Diosas, en notas de arpa y en cantos de hadas!... 

III ^ 

La amaba mucho. 

En voz baja, muy baja, como si temiera romper el encanto, se lo decía á 
cada instante. 

¡Ella me escuchaba sonriendo, con su dulcísima sonrisa de ángel, y después de 
fijar en mi por un segundo sus ojos soñadores, grandes y lánguidos.*^ dejaba va- 
gar su mirada en el espacio, como si buscase algo! ^ 

IV 



Era la época de las rosas, de Ja.^ bellas rosas de pélalos blanc:?. 

Eii el • jardín, («uo recorríamos cogidos del brazo, las habia por todys parícs. 



EL CASCABEL ' Hll 



Con las más hermosas formé un ramo, un soberbio ramo de suave fra- 
gancia. 

— Toma,— la dije, — son dignas de ti, como tú eres di^na de ellas. 
Y siempre sonriendo, las tomó de mis manos y me dió las gracias. 



La luna bañaba con su luz la escena. 

Sus rayos jugando entre las flores, parecían disputarle al roció la posesión 
de sus besos. 

La brisa se deslizaba entre las hojas, moviéndolas apenas. 
Habla en el aire olor á jazmines y olor á rosas. 
A nuestros oídos llegaba un murmullo como una queja. 
Eran las flores que disputaban con sus amantes. 
¡Había en sus riñas loao un poemia!... 

.VI.-- 

Mi amada estaba vestida de blanco. 

La luz plateada iluminaba su bello rostro, y su mirada intensa y vaga en las 
estrellas buscaba algo. 

Y yo á su lado la contemplaba, y al contemplarla me repetía: 
^¡Cuánto la amo! 

VIL 

—¡Qué bello es amarse así!— exclamé al cabo de un instante. 

¡Oye, mi' amada! ¿En caracteres de luz escrita, no lees la historia de nues- 
tro amor sublime en las hojas de esas flores tan tersas y tan blancas? 

¿Ese perfume que impregna el aire, no te habla al alma con un lenguaje 
elocuente y mudo, cuyo misterio alcanzar no puedes, y á cuya influencia á re- 
sistir no alcanzas? 

¿En el murmullo que á tus oidos llega, no encuentras ecos de ignorados 
mundos, rumor de voces que de amor nos hablan? 

¡Mira esa pálida claridad de luna! ¿no es un reflejo de nuestro amor tan puro? 

¡Qué bello es amarse así! 

¿No sientes elevar lu espíritu á otras regiones inmortales, puras, llenas de 
encantos y de delicias llenas? 

¡Qué oello es amarse así!... ¡Pudiendjo en una confundir dos almas, de dos 
existencias hacer una!... 

VIH 

Sobre el pecho había doblado la cabeza, y conmovida, desfalleciente, mar- 
chaba apenas. 

Su débil cuerpo se extremeció, — y descansando sobre mi brazo temblaba 
el suyo. 

De pronto, con un movimiento brusco echóme á un lado, y cubriéndose. t€j 
rostro con las manos rompió en sollozos. *' ' 

—¿Lloras?... ¿Qué tienes?... -Pregúntele lleno de asombro. 

Al escucharme hizo un esfuerzo salvaje y rudo, alzó la frente y vi sus ojos 
que echaban llamas. 

Con la mirada llena de fuego y con los labios muy apretados prenunció en- 
tonces estas palabras: 

—¡Si; lloro!... ¡Lloro porque veo que es muy imbécil quererse asi!. 

Carlos de Aguilera. 







312 



•.t. » 



FL CASCABEL 



APUNTES 




— ¡Cincuenta centavos por llevar un 
bulto!... 

— N'on dijas que es caru. A tí, hasta 
de valde te llevaría, y eso que eres un 
bul tu... jdíju! 



Dama de las coiiociíJns 
hoy del viento diversi<')n, 
hojas del arhnl crudas 
jug^iHe del rienlo son.. 




¿Si empezar.!. Diosmio, 
la ir.u 'ríe del planeta. .'•?. 

'(nupoaniO)-. 



Cocheros qup se pasan ricamente 
haciendo el anima', honestamente. 



EL CASCABEL 



313 



LIGEROS 




— Tendremos otr.is maniobras. 
—Sí lioy el qu3 no apriende pa 
general, es que no quiere. 



Ejercicio que la ciencia 
nos tiene recomendado, 
puesto que en él se ha juntado 
la higiene con la inocencia. 







f(rf^^¡ 



Café muj' concurrido 
por la elegancia. 

titulado La Perla 
de la Ator ancla. 




—¿Y te pegó en la cara? 

—¡A mí nadie me ha puesto la ma- 
no en ella! 

— Pues, ¿cuál es la causa del desafio? 

—Porque al vt>lver el rostro, me atizó 
un puntapié que me obligó á admirar 
la vía láctea. 



314 



EL CASCABEL 



EXAMEN 



—¿Usted se llama? 
—Fermín Lucero. 
—¿Usté es alumno? 
No conocemos... 
—Soy de los libres. 
—¡Ahí Bueno, bueno. 
—Con mi destino 
me falta el tiempo 
para ir á clase, 
y jpues! por esto 
estudio en casa, 
sin más maestro 
que unos libróles 
grandes que tengo. 
Yo no he- estudiado 
bien; lo confieso, 
porque he pasado 
muy mal invierno 
con calenturas 
y unos diviesos 
más que medianos 
que me salieron. 
—Vamos al grano. 
— Granos, es cierto; 
ese es el nombre 
¡pues! verdadero 
de los llamados 
por mi diviesos. 
jEran más gordos! 
(,!omo que aún llevo 
los costurones... 
mire usté el cuello... 
—Basta de granos. 
— P^es basta; bueno. 

— Vá á describirnos 
el hueso fémur, 
sus relaciones, 
sus ligamentos, 
¿cuanto usté sepa. 
;'^PueS'.. es... un hueso... 
'que está... en... el brazo, 
fuera... no, dentro; 
digo, tampoco; 
porque está en medio... 
tiene bastantes 
aditamentos... 
sus relaciones 
son... por lo interno... 
con... varias magras 
que no recuerdo. 
—¿Y por afuera? 
— Con... el chaleco... 
con... la camisa... 
con .. todo eso. 

(¿Todos se rien? 
¡No lo comprendo!) 

Señor, si he dicho 
mal lo del hueso. 



es porque... ¿entiende? 

con los diviesos í - v | 

no he repasado... |; ^ • ; fi 

no tuve tiempo... 

Yo estoy más fuerte 

con lo de adentro... 

só los pulmones, 

bronquios, cerebro, 

hígado, bazo... - 

¡Oomo en los huesos 

ya estoy fallido!... 

Yo solo vengo 

para respuestas 

de mayor peso. 

—Dígame, entonces, 

(y es lo postrero 

que le pregunto; 

ni más ni menos) 

lo que es la atrofia 

del cerebelo. 



—Pues... son... las trufas 
que hay en los sesos. 

A. Díaz de la Quintana. 



áil; 



En el álbum de Tomasa 
hay versos y pensamientos, 
trazados por los portentos 
que van á verla á su casa. 
Allí el genio se demuestra 
en toda su irradiación, 
y no hay exageración, 
sino véase la muestra. 

m 

Tomasa, su amor me abrasa 
y me mata poco á poco, 
¡ay Tomasa! yo estoy loco, 
¡piedad! Tomasa, Tomasa. 
Tenga clemencia por Dios 
ó cometo un desatino, 
por su amor... ¡ángel divino 
partido por gala en dos!; 

H 
. Niña, en todos los momentos 
mi corazón, que se abrasa, 
tiene para usté una casa 
con cuatro departamentos. 

[o) 

Tomasa, fuera de broma, 
es Vd. mi buena hada, 
más dulce y azucarada 
que las pastillas de goma. 
Guárdese Vd. del relente 
y no se apriete el corsé; 
esto le aconseja á usté 
el boticario de enfrente. 



■■ :?fS«^^^^^'S5?r: 



EL CASCABEL 



315 



T I P O S ' C A_L_ LE J E R OS 

. EL LUSTRADOR 




Un muchaobo lustrador 
que, si el calzado charola, 



cual la Academia Española: 
limpia, fija y da explendor 



316 



FI- CASCABEL 



CONSULTA 




-Yo, Doctor. lo (]ue tengo e.s una gran debilidad, 
-Por qui. !i? 



¿QU','- eá !a vida? l'i! preci •ir.o. 
una iLondonada espantosa. 
un negro abismo, una fo.sa, 
donde solo reina el vicicj. 
Ahora, niña, si examina."^ 
del mundo !a condición, 
ve la dicha solo con 
Euiz, ingeniero de mina.-». 

Seral'iií. cuyo vioün ■ 

preludia notas sonoras. 
solo piensa á todas h(^ras 
en ser de usted, serafín. 

Y si usted siente allá di^n'r') 
un poco de compasi -n. 
sepa que para usté son 

sus notas y sn insl ruínenlo. 

Oiga, y no le cause enujo: 
Si usted fuese arco de un jr.icnt. 
Tomasa ¡(jué prontamente 
pasara yo por e! ojo' 

Es cosa que no se exp!ic;i. 
á pesar que nos sofoca: 
que tenga el pecho de roca 
una muchaclia tan rica. 

Y por más que yo recurro 

y á la distracción me agarro, 
jay Tomasa! yo haré un barro 
¡ay Tomasa! yo hago el burro. 



Del álbum todo el pape! 
lee Tomasa cada día, 
y al dormir ¡quién lo diria! 
s:;* duerme abrazada á él. 

.S*. Garrido. 




DE DOMINGO Á DOMINGO 



Lo Punitivo, de Tainayo y Baus, el in- 
signe autor de ['n I))'ama Nuevo, ha sido 
representado en el tealro Onrubia, con 
gran aplauso de las personas de buen gus- 
to y con bastante éxito por parte de los 
artistas. 
Debemos hacer especial mención de la 
i señora Echevarría y del Sr. Prado. 
' La primera es una actriz que sabe im- 
I primir suma naturalidad á sus papeles, y 
I que por lo tanto se gana los aplausos sin 



EL CASCABEL 



317 



recurrir á extremosídadés que más tienen 
de grotescas que de artísticas. 

Nadie podrá decir que la Sra. Echeva- 
rría sea mala lectora de cartas... Hay que 
oírla leer en Lo Positivo de la misma ma- 
nera que hay que oirJaen La Credencial. 

Unimos nuestro aplauso al del publico, 
y enviamos nuestra felicitación á la ac- 
triz que, hoy por hoy, es la figura culmi- 
nante de nuestros teatros. 

El Sr. Prado se distingue notablemente, 
y cada vez gana más partido en el público, 
y á fé que lo merece. 

La concurrencia del Onrubia es selecta 
y numerosa, justa recompensa á los méri- 
tos que contraen en aquella casa la em- 
presa, la dirección y los artistas. , 

COMEDIA.— Los llenos de costumbre 
y el repertorio de costumbre. De este tea- 
tro solo podemos decir que es pequeño 
para contener la enorme concurrencia que 
lo frecuenta; y esto quiere decir algo. 

POLiITEAMA.— J^eroe á todo pasto. 
El drama está á la altura de los que se han 
estrenado en otras épocas. Se busca el 
aplauso tocando la fibra patriótica... y 
¡quién silba á San Martin cuau'lo envidia 
á las golondrinas!... . 

La obra está bien presentada, y no falta 
en ella la apoteosis ridicula, con luces de 
bengala, eslátua de San Mailin, himno 
patrio... ¡la mar! 

El aplauso á todo trance; por cortesía, 
ó á la tuerza. 

De la versificación no hable ¡ios; y del 
desempeño tampoco. 

NOVEDADES y f*OIaIES como de cos- 
tumbre, lo mismo que Doria refugio del 
arte lírico barato y al alcance de los pues- 
teros del mercado. 




De El Diario: - 

«El Dr. Zorrilla fué elegido presidente 
d?, la Cámara de Diputados. 

El Sr. Gilbert llegó placó, ocupando la 
vice-presidencia». 

Si es broma puede pasar... 

Pero maldita la gracia que le hará al 
(Congreso verse comparado con un hipó- 
dromo, con su raya y todo! 



Nos parece que El Diario ha pasado la 
raya. 
M(i]OT á'\c\\o. se ha pasado. 



Las cátedras del Colegio Nacional se lle- 
narán por concurso. 

Pero al propio tiempo que se anuncia tan 
loable medida, anunciase el nombramiento 
de una porción de catedráticos que desem- 
peñarán sus puestos adquiridos, no por 
oposición, ó concurso, sino por nombra- 
biento directo del ministro del ramo. 

¡Superior! 

Asi se hacen los concursos en estos tiem- 
pos de Siínouns. 



De La Nación. 

«Bajo el modesto título de Historia del 
Puerto de Buenos Aires, acaba de pu- 
blicar el señor Eduardo Madero, el primer 
volumen de una obra que marcará un gran 
progreso en la literatura histórica...» 

No conocemos ai señor Madero como li- 
terato-historiador. 

Pero deseamos que la obra sea mejor 
que la del puerto, que hasta la fecha, tie- 
ne más historia... 

Y sino que lo digan los capitanes de 
Irasalbi uticos. 



Amalia, tiple ligera, 
viuda por segunda vez, 
piensa pronto con un juez 
casarse por vez tercera, 
("on lo cual se ha conocido 
de su canto ¡a extensión, . 
ya (|ue vemos su afición 
á dar el si sostenido. 



Acusamos recibo de un libro titulado 
Catecismo Razonado del Libre-Pensa- 
dor, escrito por el señor Juan R. Defíé- 
minis. 

Nosotros, sin haber tenido tiempo de 
leerlo, lo aníinciamos, agradeciendo la 
atención del aulor. 

También hemos recibido la edición 
completa de la zarzuela Los Secuestrado- 
res, publicada por la librería La Victo- 
ria, calle Victoria 12S0. 



«Vagos eng(2ndro3 de ia mente mja. 
ilusiones, ensueños, vaguedades. 
Vagorosa deidn i de in poesía. 



318 



EL CASCABEL 



tan lejos de mundanas realidades.» 

Asi Pepi lo dice continuamente, 

y eso es hacer el vago sencillamente 



Con la pasión que le abrasa 
ayúdale un pinche á Blasa, 
enjugando tenedores 
y todo el día se pasa 
requiriéndola de amores. 
Los vio la señora un dia 
en la tarea común, 
y esclamaron á porfía 
que estaban estudiando un 
curso de -Teneduría. 




ondencía 






-^ 



/. Z. de Jí.— Ni me gusta ni rae disgusta; no tiene 
originalidad. 

Preíor.— Vaya V á paseo, con todos los pretores. 

A. J.-k V. le parecerá prurito de amolar, pero 
es todo lo contrario. 
Enigma.— 

Y los pájaros que vuelan 



sonoros y (jrar.iositos 



demuestran que sus versitos 
¡señor Enigmal... hoy no cuelan. 

D. B. r.— Ni los de V» tampoco. 

Ca/íítí?".— ¡Vaya un modo de desafinar! 

C. de. A.— ?e publica; pero repare V. para lo su- 
cesivo, que escribiendo en prosa parece que lo haga 
V. en,verso. 

Anónimo 1°. — 

Á UNA TIPLE 

Rebosando de hermosura 
Y cantando como un canario; 
Aparece triunfante al escenario 
Tu bella y gentil figura. 



Ya vé V., Sc. Anónimo 1», que sus versos, en vez de 
alusivos, resultan abusivos en grado m&ximo. 

A:-ío<e.— Impublicable. 

£'jn27¿to.— ¡Pobrecito!... qué malito! 

í'no.— Le prevengo que hasta se escribe coa h, y 
corazón con z. Y puesto á prevenir le diré que es- 
toy prevenido para arrojar al canasto lo que me 
promete V. mandar. 

H. I. J. (Corrientes)— Hombre, j,también en Co- 
rrientes hay poetas incipientes? 

Jesús.— Ks lo que digo yo: ¡Jesús, Maria y-Joséü 

E. C. C. (Barcelona)^¡Sopla!... iMacanazos ultra- 
marinos también? 

í:ra.— Pérfida: haz que tu Adán corrija tus tra" 
bajos. 

Humilde. —El acróstico y lo demás que me envia, 
paréceme muy flojo francamente . 

Cascabel. — La carta-articulo me gusta, pero ya 
comprenderá V. que no es publicable. Los versos 
¡ay! ya no me gustan tanto. 

Pepe-Cascarilla.— Pncñ... hizo muy bien la mujer 
en escaparse y el primo en robarle los pesitos. Aprue- 
bo su conducta. 



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establecida en la calle Rivada, que fué an- 
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322 



EL CASCABEL 






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Ijoy es día de alegría, y no hay más 

r<¡, remedio que lanzarse á la calle á recibir 

impresione^ y pisotones, ó á dejar que 

nos roben el reloj, dado caso de que lo 

tengamos. 

Pero ¿qué importan los pisotones y de- 
más gangas? 

La cuestión es celebrar la fiesta patria 
y poder gver los batallones de la guardia 
nacional. ^^ 

Así esi que el grito de hoy es este: 
— ¡A ía plaza! 
^ Y á la plaza vamos todos. 

El espectáculo podrá no ser nuevo, pero 
^es magnifico. 

i En primer lugar, mucho derroche de 
banderas, y en segundo lugar, mucha con- 
currencia ávida de espectáculos gratis. 




; ' * "'^'^ falta entro l.i miiclipdunibrtí \a. lua- 
iX , má cuidadosa de la IVimilia y de la ropa 
í ^^sjbílanca, que saca á paseo á la niña á fin 
*'í,Vde que la vean, ponjue, es lo que me deci.i 
',«#*?%ina .señora v!uda de un economista (jue 
é^ ^murió en .la mayor miseria, escribiendo 
■ v-f*|un articulo sobr^ el oro y la ganadería. 



■ — , ■ '^.^^' i — gp ^ -s 

f I A-La, aglomeraron favorece el inter- 
canabip^'', . . ' ., 

'"— SeguBamonte, por eso muchos relojes 
pasan de un bolsillo á otro con suma fa- 
cilidad. 

■*-Me refiero á otra cosa. En donde hay 
muchas mujeres... ^ 

— Justo: no faltan hombres. 

—Cabal; y todo es que se pongan en 
contacto, para que se establezca una co- 
rriente simpática. Mire V.: yo conocí ámi 
difunto un día de fiesta como hoy. El po- 
bre, porque era muy tímido, no se atrevía 
á hablarme á pesar de estar muy cerca, 
cuando desfilaban las tropas. Entonces 
hice ver que con el calor de tantos cuer- 
pos amonionados me daba un síncope y . 
caí desmayada, y al caer, me agarré á él 
y le rompí el cuello de la camisa dicién- 
dole al mismo tiempo: 

— ¡No me suelte V.! 

Claro, él tuvo que aguantarme, y cuan- 
do volví en mí, le pedí mil excusas por lo 
del cuello y se lo volvi á colocar en su si- 
tio, sujetándolo con alfileres. ! 

Desde acjuél día se tomó interés por mí 
y acabó por pedirme la mano, y salí de la 
soltería en que yacía, bien á pesar mío. 

Ahora me explico la abundancia de ni- 
ñas en la plaza. 

Y temo á cada momento que alguna 
quiera propasarse conungo. 

Asi es que me muestro serio, y cuando 
alguna me pisa, me pongo colorado como 
Levalle y tímidamente murmuro un 

— Usted perdone. 

Y me retiro, pensando que aún soy li- 
bre, como el estilo literario de Mansilla. 

Pero, digresiones aparte, confesemos 
que el sentimiento patrio no se apaga, que 
es lo que se trata de demostrar en los fes- 
tejos de hoy. 

¡Todo por la libertad! 

Tanto es asi, que muchos ciudadanos, 
apretados por el frió sin duda, han dado 
libertad á los sobretodos y prendas de 
abrigo que gemían en poder de los pres- 
tauíistas, y ahora se presentan en público 
con el uniforme de invierno. 

.VIgunos sobretodos salen de su cauti- 
verio, desconocidos, pero salen al fin y alj,. 
cabo, cosa que x\\:> sucede con los caudi- 
llos radicales, que á estas horas aún per- 



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323 



4 tnanecen presos á boráo de la ArgMitina. 

Pero esto es pecado á la minuta, qué 
-dice un diputado de la nueva Hornada, y 
nadie se acuerda de nada, ni de la pera 
de AIem, que á estas horas parece la cola 
de un cometa, y todos, no los cometas, 
solo piensan en solemnizar el diadehoy. 

Las autoridades prestan su gentil figuia 
y van á pié, modestamente desde la casa 
de 'gobierno á la de monseñor Aneiros, 
luciendo sus rostros pensativos, como 
conviene á los que se desviven por noso- 
tros . 




Sé de uii senador, que á las seis de la 
mañana se estaba acicalando cuidadosa- 
mente á fin de presentarse irreprochable 
ante los ojos del ^pueblo querido. 

Porque no faltan murmuradores que lo 
critican iodo, en especial cuando se trata 
de personas de mérito. 

Hace años, un padre de la patria, que 
había estrenado zapato de charol apreta- 
do, empezó á cojear por efecto de los ca- 
llos, que le ardían, y no faltaron compro- 
•vincianos suyos que escribieron á su pago 
diciendo que el senador marchaba con 
mal pié en la senda política. 

Huyamos de la nialedicencia, y entre- 
guémonos á los recuerdos patrios, sin olvi- 
dar por esto que estamos sobre un volcán 
según se rourmura, y que los ingleses nos 
agobian t-egún consta. 

Y sino que lo tíiga Bollini, quedese>^ndo 
hacer economías, ha suprimido los fuegos 
artificiales que taiuo gustaban á los que 
en materia de divertirse optan por lo> es- 
pectáculos baratos. 

Aunque á veces lo barato resulte caro. 

Como la resultó á una niña candida que 
fué á la plaza de Mayo el año pasado, á 



disfrutar de los fuegos de artificio y que 
atrapó un resfriado de primera magnitud. 

La nariz seje hinchó de un modo alar- 
mante, y paréela una manga de riego. 

Fué tal la impresión que produjo en su 
novio, que la abandonó al puiíto y se per- 
dió de vista como un cohete dé la oposi- 
ción, es decir, de esos que silban cuando ' 
se elevan, y que lo mismo pueden silbar <■ 
al gran comité del cuar'o centenario del 
descubrimiento de América, que á Bales- 
tra, pongo por ministro. 




Nada, nada; este año quedan proscrip-' 
tos el ruido y las luces fugaces, y los que 
no puedan ir á las funciones de gala, se 
acostarán temprano, procurando recuperar 
en la cama, el frío que dejarán las fiestas 
mayas . 

Y aun eso no lo logrará el que quiera...»- 



RASTROJOS 

— í>i á mi ulmn le asomaras— me decía — 
todos tus celos cesarían luego, 
al v^er tu imagen, que en ei alma mía 
de un Etna abrasador mantiene el fuego.— 
Yo quise liacer la prueba, y. asustado, 
huí muerto de trio. 

pues dentro de tu alma he vislumbrado 
una helada Siberia. dueño mío. 

m 

Explicarse oi suicidio es vano intento, 
pues según cierto juez, / 

I) es prueba irrecusable de talento. 
<■) df una '•\trriordinaria estupidez. 

C'wii u!i verso has principiadlo, 
breve. sul/Jime, esculpido,;. -^j^. " 
ciue t'>(k>> le han aplaudi<Jóv''P . 
que nadie te lia criticado. .■■.''■ 
Mas. i'alma lu fantasía, ' .:' ' ' 
y procura no te abrase, 
que no es hallar una frase 
Imcer una poesía. •"' 

Adolfo S. de los Rios. 



'* 



324 



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EL CASCABEL 



:MÍ^- 



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dE UNO Á OffRO 



■* ! 



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Señor Don Pedro Torrente: 
Hoy le escribo, y 'e suplico. 
qHie todo lo que a juí explico 
lo tenga usted ir uy presente. 
Ya hace tiempo, no es de ahora, 
que usted conc irre á mi casa 
y toüo el tiempo se pasa 
cortejando á mi señora. 
Esto que llfgué á Observar, 
me chocó mucho, á fé mía, 
porque en otro no tendría 
'['[*>. nada de particular. 

# Pero en usted es chocante, 
" ■" puesto que con su mujer 

ha llegado usté á obtener 
la fama: de tolerante. 
Se sabejique su señora 
- le engaña de varios modos, 
y lo qué sabemos todos 

• usted tampoco lo ignora. 
. Tal cosa, señor Torrente, 

í' yo no le criticaré, 

pues creo que en ello usté 
ha obrado perfectamente. 
Pero creo que hace mal, 
en obrar como está obrando, 
ya que usted está pensando! 
en hacer de mí su igual. 

* Don Pedro; usté en vano lidia 
"i por esa igualdad soñada 

í^; pues no conseguirá nada: 
yo no le tengo á usté envidia. 

■ Retírese con prudencia, 

>■ porque á imitarle no voy, 
jf;t-; esto no obstante le doy 
*^ gracias por la deferencia. 
Usted, al trazar su plan, 
supongo, señor Torrente. 

" habrá tenido presente 
que yo me llamaba Juan. 
Mas no ha de haber advertido. 



cuando comenzó su empresa, 

un detalle, una futesa: 

que no es Lanas mi apellido. 

Por cosa tan baladí, 

no es justo que usted se asombre, 

aunque creo que tal nombre 

Je está á usted mejor que á mí. 

Mas si usted sigue en lo mismo, 

lo del nombre arreglaré; 

pronto se lo cambiaré. 

t'ompié >dole á usté el bautistno. 

Pero no; quiero concluya 

lo que de broma no pasa, 

que nada tiene en mi casa 

quien tiene tanto en la suya. 

Nada: vuélvase usté atrás 

y viva como vivió; 

que no deba pagar yo 

las culpas de los demás. 

Fué sueño de unos momentos: 
siga yo, pues, siendo honrado, 
siga usted siendo engañado, 
y así usted y yo contentos. 
Sí, don Pedro; yo concilio 
todo, y téngalo usté en cuenta: 
vaya á pasear su afrenta 
y nunca á mi domicilio. 
Es usted digno de premio 
por lo que llegó á intentar., 
con el fin de hacer entrar 
un socio más en su gremio. 
Usted, que es hombre prudente^ 
va á olvidarse del capricho, 
y nunca cuanto le he dicho 
olvide señor Torrente. 
Siga usted siendo feliz 
gozando de su mitad 
en la mancomunidad 
lo que le toque. 

.Juan Ruiz. 

Luís! Garda. 




r/ 



¿M D© WA? 



¿En pos de afán amoroso 
Lelia vá en busca de esposo"? 
¿En busca de amores vá 
con ese porte garboso? 
Nó; más allá, más allá. 



U'm^' 



■ '^.y>'.^i?>'-.'^-'--W: 



EL CA8BABEL 



sw 



LOS FARRISTAS <'» 



V-^ra un 34 de Mayo.— Una de esas infini- 
tas Sociedades danzantes que pululan en Bue- 
nos Aires daba (como dicen sus socios) un 
baile de gala en conmemoración del glorioso 
aniversario de nuestra Independencia. 

Había esa noche en el programa, represen- 
tación teatral, lectura de poesías, música, y 
demás excesos que cometen los aficionados', 
cuando tienen público que los aguante. 
jY cuidado que era sufrido el de aquel la noche! 
Toda la semana había estado esperando"^ 
34, y-se preparaba á gozar de algo extraordi- 
nario, algo que no veía sino raras veces, y que 
en manera alguna estaba al alcance de sus 
modestos recur.«;(i.s. 

Eosfii Salvinf-y el inolvidable Rafael Calvo 
hubieran envidrado para sus mejores momentos 
la atención que aquél público prestaba, á los 
asesinos del Arte Musical y Dramático. 
¡Y qué variación tan bizarral 
El napolitano puestero del Mercado del Pla- 
ta, alternaba con el más florido de los artis- 
tas (J) de las peluquerías Italianas y Francesas. 
El mozo de Rotisserie, acicalado y compues- 
to, fruncía el ceño y protestaba contra el 
recortado compadrito Surero (]ue dirigía in- 
candescentes miradas, y conversaba en alta 
voz con sus relaciones. El dependiente de 
mercería con su onda inverosímil á fuerza de 
cosmético y aceites, su pantalón á"" cuadros', 
corbata chillona, chaleco abierto, y entallada 
levita. Los pesaos con su reluciente bota y bien 
peinada melena, y -los livianos con sus cha"- 
roles más ó menos deformados, según la pre- 
-sión ejercida ese día para estrenarlos... Y esto 
de todos los países, de todas las esferas, desde 
el gringo ricacho é infatuado— hasta el criollo 
pobre afable y vivaracho— desde el mozo de 
buena familia pero calavera,— hasta el mozo 
■de confitería: y todos ellos atentos, aproban- 
do, ó desaprobando los artistas y protestando 
á veces los más, contra los barullitos pro- 
movidos por los menos. 

La Comisión, compuesta de cuatro ó cinco 
dependientes de almacén ó registro, lucia en 
el^ojal sus escarapelas multicolores otras veces, 
y ese día con el azul y blanco de la" patria, 
como colores obligados. '"""""^ 

¡Porque eso sí, había lujo de patria! 
Banderas por todos lados, bombas azúlese- 
blancas, mucho himno nacional, muchos re- 
tratos de nuestros héroes, adornando las pa- 
redes, los bustos de San Martín y Rivadavia 
coronando el tablado donde se perpetraban 
los asesinatos artísticos- pantaloneras, y mo- 
distas disfrazadas de República (estilo simbó- 
lico), y demás manifestaciones del sentimiento 
pafriótico Argentinp. , 



En el fondo, el Restaurant— Sandwiche^^éfas- 
nochados,— y pollpt fósiles como come^ip|l^ 
—todas las variaciones de veneno alcohWl^j 
de azucarados jarabes como bebidas.— OiMtetf- 
late terroso y aguado en jicaras de ^4v<ÍitMn 
limpieza, y espumosa Quilmes como breraje 
apetecido. 

i^Los farristas estaban en su elemento— no 
vayan á creer, quí' ninguno de los esbozados 
en mis anteriores artículos... No seüorl— Los 
peligrosos no frecuentan por regla general el 
ce Itro que"^ descríMo. — Predominan los incó- 



(!)■,. (Véase el número 20.) 



modos— y abundan los inofensivos. 

El farrista incómodo!— especie singular y 
genuína— individuo exótico, cifra de la vanidad 
— estampa de la pedantería, y viva imagen del 
empalago— insolente y procaz con ios débiles 
— rastrero con los fuertes— vicioso por estu- 
pidez, y estúpido por sus vicios— tenorio de 
cafetín — y l.ovelace de prostilmUí — barullero 
por escelen cía. y cobarde como liebre ante el 
peligro— insultante en sus modales y palabras 
— cargando armas <iue no usa sino para ate- 
morizar mujeres y pronunciando frases, que 
envidiarla el más cínico de los degradados. — 
Ente socíalmente despreciable é intelectual- 
mente nulo— haragán por (iostumbre é impo- 
tencia, con el sello oel vicio impreso en su 
cara— derrochando sin arte ni decencia lo que 
á otros tal vez haya costado una vida de tra- 
bajo honrado. 

Ahí lo tenéis. — Han formado su circuí» 
aparte en la abigarrada tertulia. -Oigámosles 
un momento: 
—¿Coló, compadre-? 

—Pues bueno fuera; á mí n adíele rae pone 
delante, cnerpcr la Comisión... y aquí me 
tiene. ^ 

— ¿Sabe (jue está bueno el Bailonffo'* 
— Bastante.— y como le fu'' hoy en el Rom-, 
pedor. 

—Ma<¿a}\u(la incnU' . gan*'" unos pesos al 
monte, y me metí luego de afuera en la taba. 
Total -30 ó .30 pesos. 

— ¡Pucha, que tiene suert*'!— yo tuve que em- 
peñar la última alhaja de la vieja para seguir- 
la esta noche con Vds.— Ando en la mala... y, 
al perro flaco todas .son pulgas 

— Pero ya empiezM el baile- Sácala á aquella 
rubia que está con la vieja y batila bien, que 
es queso rendido)-, y sacará partido. 
— ¿Che, y haremos ijochinche? 
— Ya sabe <|ue estoy á su orden, pegúeme el 
silbido cuando quiera formarlo. 

Se oyen los acordes de un vals, las parejas 
giran vertiginosas, algunas con corte, otras 
saltando— las más. pegaditas— las menos sepa- 
radas — las mam'js se empiezan á dormir — la 
alfombra á despedir tierra— la orquesta á des- 
afinar. 

Los farristas se mueven— gritan aquí— se 
pelean allá— dirigen miradas conquistadoras á 
las niñas honradas— tutean 'á las dudosas,— 
insultan á las decididas— pisiáh á este— atro 



326 



£L CASCABEL 



■ pellan á aqufl... y -se hacen odiar de todas. 
La Comisión procede á echarlos— bochinche 
descomunal— gritan por siete y deshacen á 
;'yeces el baile— por fin los*échan— queda todo-en 

J^;^pítf,J. y en otro baile hacen lo mismo— ébrioá, 
'por supuesto, con las frecuentes libaciones— 
'provocando á los que encuentran en su cami- 
iío y huyendo á la primer pitada de vigilante 
que oyen-. 
*^ Luego... al Americano— á tomar ginebra y 
Cá relatar su farra... (?) 
|. Y esto todos los sábados y días de baile. 
* ÍHe aqui la vida del farrista incómodo.— He 
" aquí sus. hazañas.— Algo he dicho.— Mucho 
y queda en el tintero.— El tipo es fecundo y ex- 
. flotable. 
/'í'-Se lo recomiendo á los lectores curiosos. 

1i^^. ,. C. Navarro. 






*¿í»- 



¡Libertad 



^; 






■^Ñr* 



# 



\xJ.- 



, Glorioso y sublime nombre 
del que tanto se ha abusado, 
y que ha desacreditado 
con sus excesos al hombre. 
Anhelo, que sin cesar; 
exhalan en su suírir: 
los ingleses con pedir, 
.nosotros con no pagar. 
Grito del que se han valido 
muchas solteras ligeras, 
y otras que no eran solteras, 
al huir de su marido. 
Causa de lucha, y después 
que la lucha ha terminado, 
todos de ella hemos hablado 
y nadie sabe lo que es. 
Palabra que alza y altera 
á un muBdo que no la entiende. 
pues la libertad comprende 
cada uno á su manera: 

Tirano que ve sufrir 
al pueblo, con crueldad, 
y que le dá libertad, 
libertad... para morir. 

Yil é ignorante nación 
■umida en un fanatismo 
que promete, con cinismo, 
libertad de religión. 
En donde niñoá y adultos 
el libre culto propalan, 
y al que á'ma á otro Dios empalan 
con su libeirtad de incultos. 

Hombre que al encenagarse 
en el medio en que reside, 
á gritos libertadUpide, 
libertfi'á de no lavarse. 

Ó^&jehk impertinente 
qúe'de'iá 'miíjer detrás, 
b9sca ja de los demás 
y'j^d* amor libremente. 

^líbartíroé imeíices 



Gvtiki mu 



>lr 



/' 



que su propio rostro aman | 
y la libertad proclaman i 
de sobarse las" ¿áricés. i 

Oente de reputación ' 

Boleadamente dudosa, 
y que lucha y no reposa 
■ por su libertad de acción, 
buscando las ocasiones 
de fundar con libertad 
un centro, una sociedad, 
para huir con las acciones. 

Dama que con gran calor 
libertad ha pregonado: 
la de que se halle obligado 
el hombre á hacerla el amor. 

Cocinera que con fuero 
— ¡Libertad!- pide altanera, 
para guisar como quiera, 
para quemar el puchero. 

Frase que en el muiidii tod(» 
se agita, crece y se extiende, 
frase hueca que la entiende 
cada persona á su modo. ^ 

Ved á Gómez, (|ue anteayer, - 
celoso de su mitad, -l 

privaba de libertad ' ;. 

encerrando á su mujer. 

Y ella, al instante (¡ue vio Jíí 
la puerta medio entreabierta, 
forzó, traidora, la puerta 

y por allí se escapó. 

¿Dónde fué? Gómez no ha dado 

con su misterioso asiló, 

y ayer decía tranquilo: 

^¡Yo, en libertad la'^he dejado! 

Y uno de sus dependientes 
por lo bajo dijo así:* 
—Es cierto, yo ayer la vi 
entre Lavalle y Corrientes. 

S. Garrido. 



POR AMOR A LA GIENCU 



/ 




Pepití) se halla hoy en día 
por' fas viejas adorado, 
así es qué bé hiá dedicado 
;i estudiar Arqueología. 



'-r"<»='.^^^ji^';3 



EL CASCABEL 



327 



¡oíd mortales....! 



i 




a 



L grilo sagrado... ele. 
Asi empieza el liitnno argentino. \ 

Y asi empiez.in muclios ciudadanos que de 
pronto sienten necesidad de declararse libres, 
sin esperar la mayor edad, como ocurrió á la 
República Argentina, según la frase empleada 
por cuanto orador común trata en España y en 
América de la emancipación de las que en un 
tiempo fueron colonias españolas. , 

No hay que confundir. 

La libertad nos atrae, pero no hay que abu- 
sar de ella. 

¿Quién no siente anhelos de romper trabas? 

El primer abrazo que se dá libremente al 
ser querido descubre nuevos horizontes. 

Después del primero viene como es nataral 
el segundo. 

Así como después de Argos viene N. N. de 
vida social. 

Y después viene el otro. . a 
No el otro N. N. ' 
El otro abrazo. 
Aunque á veces viene el otro. 



la 



Cuando menos lo espera uno. 

Y puestos á venir, vienen los liorizontes, que se descubrieran al dar el primer 
abrazo, en forma de ataques de nervios, riñas, platos rotos... etc. 

Y por fln, los seres que anhelando libertad constituyeron un hogar libre, resulta 
que no se entienden. 

Y caminan en sentido opuesto. 
Moral y materialmente. 
De aquí surge una nueva faz^de la libertad. 
La de acción. ^- 

Y no aludimos á Alem, que es hombre de acción 
y marinero obligado. 

De la libertad de acción viene la ruptura. 

Y los cónyugues, que se convencen de que han 
de caminar en sentido --opuesto, rompen. 





Y el uno tira por un 
lado. 

Y la otra se tira do 
cabeza al río. 

O en brazos de un 
protector. 

En la república de 
las letras ocurre algo 
parecido. 

Uno se siente autor. 

Y al sentirse en ese estado, aspira á romper los mol- 
des que se oponen al desarrollo de su ingenio. 

Y si es poeta, se inclina á la poesía libre. 
Tan libre, que se convierte en poesía anarquista. 
Que es la que reconoce por cabeza visible á Bibclini. 

Y por cabeza de turco, al lucero del alba. 
El público y los autores libres, por fln se convencen 

de que nó han nacido uno para el otro, jcomo Roca y 
Mitré.. - ■ ■ I- ' ■■=9;-"f :.-:>:^^ 

Y rompen. ' 

Es decir, le rompen algo al seulido común. 

O esle, airado, vuelve conti#ii^%ator y le rompe el tímpano á silbidos. 

Enjtbhces el pueblo respira 'pbre'n^e. 

"^^"^-rí^^er 4^i^ié?e*i,Ji|í hablando, he llenado unias cuartillas, á 




las^fésfr 
los ' 




y por Jos de primera necesidad. 



Andrés Solre\ 



1 




1 




330 



EL CASCABEL 



;f©rter 



— Muy buenos días, señor. 
—Buenos dias, cabgillero, 
—Si no fuera molestarle... 
—La molestia es lo de menos. 
Usted dirá qué se ofrece. 
— En los tiempos que corremos 
créame usted que mi oficio 
es un oficio de perros: 
Un intervieic á las nueve, 
á ias diez un parlamento, 
á las once una entrevista, " 
á las doce un gatuperio. 
Aílí dicen se conspira, 
pu€S vamos aili corrieudo: 
qué por allá se preparan 
ú nuevos derrocamientos, 
pues 'no hay n^íis. vamos deprisa 
piernas para que os quiero, 
ya que correr es tu oficio 
vive repórter corriendo. 
¿Que don Fulano no piensa 
como piensan los del pienso? 
¿Qué Mengano ha resultado 
mantequilla y huevos frescos? 
Pues repórter vuela aprisa, 
averigua sus intentos ' 
y en las hojas que se imprimen 
lanza ú volar sus engendros. 
En fin, amigo, mi oficio 
es un oficio de perros: 
sube y baja, corre y vuehí, 
bebe sin cesar los vientos, 
estropea los botines, 
consume doce pañuelos 
enjugándote el sudor, 
que te vá enjugando el cuerpo. ' 
para que el público ávido 
sepa, cuando salga í'ebo. 
como opina Perengano, 
como piensa Perenoejo. 
Así que, aunque le molesto, 
yo de su bondad .. 

—Entiendo. 
Usted quiere <jue le dé 
noticia exacta... 

— Eso. eso; 
de lo que opina su jefe 
sobre la Tierra del Fuego. 
—¡Oh, del fuego él sabe muclu»? 
lo que es en eso es maestro. 
—¿Y MU Ínter vietc no podría 
tener con él un momento? 
— ¿ÜT3 Ínter... que? sí, usted quiere 
un seguro, pero bueno, 
para esa tierra que dice. 
— iQá4 seguro, ni qué cuernof 
lo que quiero son noticias 
que aseguren mi sustento. 
—Pues noticias no hay aquí. 
—Y entonces diga ¿que es eso? 
—Compañía de seguros, 
buenisima para incendios, 



esta es la mejor de todas; 
e/; la 

— ¡Vayase á paseo! 
¡f)orrico! ¡sonso! ¡filingof 
¡me ha hecho perder el tiempo! 
— ¡Eh! no grite! 

—Calle usted 
ó voy a romperle un hueso. 
—¡Qué genio. Virgen María! 
le vá á dar un mareo. 
-•¡El peor mal de losmjiíes... 
— Sí, lo sé; el gacetillero. 

Josr Rúdrifiid 

ik ) - 

AGENCIA- DE CONCHAVOS 

—¿Y usté (lue (luiere ganar? 
— ¿Pues no se lo he diclio á ust<-.' 
Lo más que se pueda ¡che! 
Me parece que sé hablar. 
Yo soy de allá, muy manóla, 
chula, pa que usté comprenda, 
xalá, pa que usté me entienda, 
quiero decir: española. 

Y aunqueflevo a(iuí muy poco, 
(lo digo sin petulancias) 
estoy con las cercxnstancitis. 
por si acaso me coloco 

en una casa del páia, 
' donde "p« hacerse entender 
una tenga que aprender 
á hablar de otro modo, ¿estáis." 

Y vamos á ver si yo, 

bien arreglao tengo el pico: 
sé que lo gracioso es rico, 
y sé decir ¡cómo nú!... 
cuando me enfado ¡callóle! 
cuando se marchan ¡reñí! 
cuando se quedan ¡salí! 
cuando tropiezan ¡fijáte!... 
Sime quiere enamorar 
así, de pronto, un cualquiera, 
sé* decirle: ¡que zonzera! 
¡Che! ¡Déjate de embromar! 
Sé que es tiatt^o y pión, 
sé decir que pior es nada, 
y cuando estoy enojada 
sé estar igual que un lión; 
conozco que es un boleto, 
y poniéndome delarité 
de cualisquier atíjrrante 
hasta el olor me hace éfeto, 
en ftn, para terminar, 
con cama igual que sin cama, 
yo soy la mejor mucama 
que se ha mandado mudar: 
conque á ver, dígame usté 
si lé gusto ó le disgusto, 
aquí estoy para dar 'gusto 
conque^* a' dímihéN^rihe, ¡che! 
Pido treinta- toacidfi|]|és 
sin cama, y liendoÜtiri cama, 
pretendo yo ser él aiíia 



I 
i 

I 



EL CASCABEL 



3:n 



BUENOS AIEES NOCTURNO 




artillería de bollini 






332 



EL CASCABEL 



de los tales y los cuales, 

conque, señor contratista, 

cuando ha i (ja colocación 

aquí tiene mi ¿nscrición... 

— iSin vergüenza!... ¡Hasta la vista! 

.1. Díaz de la Quintana. 



IMPROVISANDO 




Sastre y poeta elegante 
que, pensando extremecido 
en un drama horripilante, 
sin quererlo, le ha salido 
la factura de un marchante. 







DE DOMINGO Á DC<V!: .'GO 

.Ya tenemos conripañia de ópera. 

Ha llegado tarde, en relación con lo que 
pasaba en otras temporadas, pero ha lle- 
gado al fin y ha debutado á paso de 
carga, sin descansar nadie de las fatigas 
del viaje. 

Naturalmente, una obra como Alda, 
elegida para estreno, que no se puede pre- 
sentar con precipitaciones, adoleció por 
falta de ensayos, y, en una palabra, como 
el público es bueno y cortés hasta la exa- 
geración, pasó todo del mejor modo posi- 
ble... y Ferrari contento. 

Los críticos musicales están á sus an- 



chas y vuelven á hablarnos de voces ater- 
ciopeladas, y esperamos que el dia menos 
pensado nos hablarán de voces de cretona 
ó de tafetán inglés. 

Sea como sea. congratulémonos y dis- 
pongámonos á oir óperas, y más que todo 
á admirar bellezas, brillantes y otras co- 
sas con que nos deleitamos los del pa- 
raíso, ú falta de otra cosa mejor. 

Por ejemplo, hoy, el teatro estará au 
prand complet. que dirá seguramente el 
de la trida social de Bl Diario, propa- 
gandista de la ópera y de los demás chis- 
mes elegantes, sin olvidar ios cromos y los 
instantáneos. 

El teatro estará lleno, repilo, y no faltará 
el himno patrio cantado con lujo de erres 
italianas^ y quiné sabe si alguna sorpresa 
más. 

Allá lo veremos. 

Y... aliora me doy cuenta de que ha- 
blando del Teatro de la Ópera, no hablo 
(le los demás. 

Dios me perdone. ' . 

Pero, desde que los gacetilleros-cri lieos 
(le algún diario, que no cito, porque no 
necesita bombo, han descubierto que Mi- 
gu(^l Kchegaray no hace comedias, estoy 
en un brete y no sé deque calificar El oc- 
lavo no rnentir, por ejemplo. 

Este es el motivo de que Ciille, esperando 
(jue so estrene lo más pronto posible Rea- 
iidad, de Pérez Gaklós. para ver si la ca- 
lifican de saínete serio y largo. , 

¡.Quién sabe!... 

En consecuencia, aunque de todo lo di- 
cho no pueda deducirse nada, no toco la 
(yontedia ni el Apolo porque me cansa 
hablar siempre de lo mismo, por bueno á 
ralos que sea. 

Por lo tanto, ¡hasta la próxima! 

A ver si U7i Héroe estará ya enterrado 
y la atmósfera se despejará un poco. 

Dios lo quiera. 




».l|UISi-£OSÍS 



v'^' I 







No sabemos si se nombrará la consabi- 
da comisión, encargada de recaudar fondos 
para levantar un monumento á la memo- 
ria del que fué Dr. Goyena. 

Ya estamos acostumbrados á eso de pro. 



mm 



i'^í3i^:'v i^r-'~<--rifnK>: 



ÍW'-' 



EL CASCABEL 



333 



yectosde monumentos, que (|uedan en pro- 
yecto simplemente. 

El D*-. Goyena se hizo acreedor . como el 
que más, ú que el mármol ó el bronce per- 
petuase su memoria. 

ínterin, podriá ponerse en sn tumba una 
lápida que podría decir. 

dr. goyena 

Murió pobre.— Ejerció cargos pühliros 

R. I, p. 
Una lápida concebida en estos términos, 
equivale ,á cien monumentos, dados los 
tiempos que corremos. 



— Usted vá recto ai abismo 
pues que su fé perdió usté... 
—No tal, conservo mi fé. 
—¿Como? 

— Si. la de bautismo. 



'k 



La compañía que actuó hasta hace poco 
en el Politeama, puso en escena El Drant 

Nuevo y efectivamente, pusieron o 

drama, como nuevo. 

Con toda propiciad, naturalmente: 

Y con alevosía. 



Rosa y Rosita López 

son dos hermanas 
que huelen á demonios, 

pues no se lavan. 

Y aún hay personas 
que su casa les dicen 

que huele á rosas. 



Leo í 

«Anoche han sido apedreados dos trenes 
de la linea del Oeste, en viaje de regreso al 
Once. Las piedras partieron de un punto 
situado un poco más acá de la estación 
Ituizangó ....... 

De la Cafreria, querrá decir el colega que 
da la noticia. 

Los apedreadores. como es natural, no 
han sido buscados, y seguirán apedreando 
á mansalva. 



Con muy poca devoción 
vas, niña hermosa, á Lujan, 
y también lu novio Juan 
vá á la peregrinación. 
Procura buscar el modo 
de no dejarte escurrir, 
no sea tengas que ir 
después á Roma por todo. 



La llegada del general Canto ha desper- 
tado gran interés entre nosotros. 

Se comprende. 

Y los reporters se han puesto en movi 
miento, y han asediado á preguntas al 
distinguido militar. 

El cual, como es natural, satisface cuan- 
ta pregunta se le hace. 

—¿Cómo es natural?— preguntamos á un 
repórter. 

— Naturalisimo. ¿Cómo es posible que 
un general que se llama Canto, deje de 
cantar? 

— jAh! 



Don Roque pronto se enoja, 
y en hablando con cualquiera 
si le interrumpen, se altera 
y el guante al momento arroja. 
Esto nos chocaba antes 
y hoy la causa es conocida: 
asi don Roque liquida 
una fábrica de guantes. 



Halló Doña Asunción esla mañana 
á su hija Catalina, 
abrazada detrás de una ventana, 
con cierto licenciado en Medicina. 
—¿Que haces aqui, coqueta, mal criada! 
Doña Asunción le pregunto bramando, 
y ella le contestó ruborizada: 
— Estoy las fiestas patrias celebrando. 
Hay, niñas según eso, 
que resultan palriotas en exceso. 



Las estrellas en el cielo, 
los ingleses en la tierra, 
¿porqué no habian de estar 
ambos á dos viceversa? 




ondencia 



^^ 



-^ 



Afc/rí'fl.— Justo; como su couiposic iún, que es un 
fiambre monumental. 

P. *.— Recibí su articulo Alu'>- J efectivamente 
hay algo en él. Arregle el principio, suprimiendo 
exordios, y suprima cosas como aquello de teri^iw 
álgido, mande la fírma y se publiciu-ík. 

P. Z«ón. —¡Leoncitos á mi! 



^•ffe-\ 



'^- 



334 



EL CASCABEL 



L. tí. F. — Bueaa; yo lo publicaria; pero temo que 
mi casero al leer lo que dice V. del ifrcmio, me 
•aba el alquiler. 

Yerno. -i-nua cosa es casarse y otra cosa es decirle 
k la sueg^ra : 

¡Oh mamá futura! 
polilica, no mucho 
(í mi que, soy muy ducho, 
tu poder me apura 

como dice V., y muy mal dicho por ciert . 

Ten-Seng —¿Que se insulta á los que mandan eom- 

gsiciones? No, señor; pero resulta que los que man- 
D artículos, etc., suelen insultar á, la gi-am&tica, 
& la retórica, etc.. y nosotros volvemos humilde- 
mente por los fueros de estas señoras. Y, como 
«sto ya es largo, hago Ten-Seng y aparte. 

Criollo.— 9^u asao resulta duro y de difícil diges- 
tión. 



}'. lie /.—No es publicable. 

AVo//.— Mande la firma. 

T. T. r.— Ya me esperaba yo un susto como el 
^que V. me ha dado, en renglones coi'tos, y á propó- 
sito del 25 de Mayo. 

Amante.— Kh Cascabel no sirve de vehiculo á de- 
claraciones de amor. 

El de siempre.— \\jO conoci al punto! El papel fino, 
la letra hermosa, las faltas de ortografía, los ri- 
pios... jcomo siempre! 

Carhuc.—Se le pidió la firma porque su composi- 
ción aparecerá en el próximo número. 

/. L. C— (Chivilcoy).— El Cascabel no hace poli- 
tica. 

R. L.—No puedo piíblicar lo que V. envia. 
1'. T. .Vera.— Primero mande algo; después vendrá, 
lo otro. 




EL CASCABEL 

SEMANAHIO FESTIVO ILUSTRADO 

Director: ENRIQUE COLL 

^' _ 

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g 1 .50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. <• 

Número corriente » 0. 10 

» atrasado » 0.15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

t— AllSlIÍA — «6t (ALTOS) 



ADVERTENCIA 

Se previene al público que la farmacia 
establecida en la calle Rivada, que fué an- 
teriormente de D. Giiillernio A. Cranwell, 
se vendió á D. Diego Sproat, quien no es 
farmacéutico, de modo que dicha farma- 
cia no es ya de Oannrell sino de Sproat. 

LA ÚNICA 

DROGUERÍA Y FARMACIA 

Di: 

GR AIM WELL 

Que existe en Buenos Aii-os. está situa- 
da en ia calle do 

VICTORIA, NUM. 647 

Enlrc Peni ij C/iacabiieo 

Atendida personalmente por su propio 
tario 

Edmundo E. Granwell 

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M'. ¡d lie [datos para la mesa, útiles de esta- 
la, cocinas, cai-boiieras, mesitas para té, mol- 
<l<'.-; para budines, é inlinidad de artículos de 
menaje iiuposilile de ennmerar. Precios üjos 
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335 



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»--i 



.. i-i,-i- .if U i'lata* — Méjico. Aíj 






a*^ 



Afio r Buenos Üres, Junio 1° de 1892 N(un. 22 




Editer propietario: FRANCISCO FERRES 



Redacción j ÁdmiDistracion: ALSINA 489 (altos) 



HORAS DE OFICINA DE 2 Á 5 P. M. 
Precio en la ciudad... $ 0.10 el número 



Fuera de la Ciudad., . »0.20 



id 



Fotograbados de Emilio A. Coll y G' 



Proteclor muy conocido, 
que si los (jue lia protegido 
¡sil voto le hubieran dado 
prontamente hubiese sido 
Pi'L'sidente del Senado. 



m 



EL CASCABfiL 



f!^r^ 



;--■.. a>s. s;-í?- 



.f"í-' 







— ^-Xg^í- 



Estamos en plena saisson^ que diria el 
simpático cronista de El Diario. 
Por un lado la Opera. 

Y por otro el Congreso. 
Además, se anuncian recibos. 

Y se presentan recibos, sin previo aviso. 
Bien que estos suelen no pagarse, se- 
gún opinión de algunos industriales. 

Dejemos la política, y dejemos á los 
políticos la tarea de hacernos felices. 

Es decir, de hacernos m5s felices, por 
que felices losemos, y mucho por cierto. 

Los papas de la patria velan por nos- 
otros, y si se reúnen particularmente, ó en 
público, es para ocuparse de nuestro bien- 
estar. 

Se habla de un proyecto de ley, en vir- 
tu<1 del cual se recargarán con fuertes de- 
rechos los zapallos del exterior, porque 
en cuanto á zapallos nos bastan con los 
de casa. 




Y .'idciiiás, sabemos que en una reunión 
habida en casa de un elevado personaje, 



86 trató de dar 'éi Má'yüi' itapulso posible 
á la fabricación de sidra y á la poésia 
nacional, y hasta parece que se señala al 
Sr. Velloso, el poeta voraz, que dice Ar- 
gos, para encargarle la dirección de los 
trabajos que han de colocar tan alto el 
pabellón literario nacional. 

De lo de la sidra se encarga un senador 
pantano, según dicen, que es hombre 
entendido en agricultura. 

De modo que por este lado podemos es- 
tar ti anquilos. 

Los que no lo están mucho son los 
papas. I —: 

No los de la patria. } 

Los de sus hijos. ; ^'-'''''^::'^P' -■-'-, 

Es decir, de sus hijas. 

O á lo menos, los que son tenidos por 
tales, y á veces por cuales también. 

Por que resulta que el invierno es muy 
caro, pues las niñas han de frecuentar 
la Opera y los más elegantes salones, y 
las cédulas no dan para todo. 

Valga que no faltan mamas ingeniosas 
y económicas que se salen del paso con 
poco dinero, y saben arreglar á las niñas 
con cuatro trapos bien combinados. 




¡Oh, la toilette! 

— Cada vez qne las niñas han de ves- 
tirse, me desnudan á mí, — nos decía un 
padre venturoso. 

— ¿Cómo se entiende? 

— Quiero decir, que me cuestan un sen- 
tido. 

— Claro, con el lujo de hoy. . . 

— Es un lujo insultante y ruinoso. Yo 
me puso con el frac que estrené el día de 
mi boda, y ellas . . 

— ¿Las bodas? 



M 



EL CASCABEL 



339 



— (Las niñas!... Necesitan más compos- 
turas que la hapienda del pais. Pero, vaya 
usted á suprimir gastos, tratándose de la 
familia! 

—No se puede. 

— Y más ahora que El Diario saca á 
luz á tantas señoritas compuestas, y se 
ocupa de los vestidos. Ya vé V. que no 
puedo consentir de ningún modo, que el 
cronista diga: «Las encantadoras niñas 
de Brulote lucian un elegante traje cre- 
ma.» Y que á los dos días repita: «Las 
niñas de Brulote lucian eo la reunión de 
ayer un expléndido traje crema...». Y á 
los pocos días: «Las niñas lucian un tra- 
je crema...» Tanta crema empalaga. 

— Y la crema no resiste tantas noches 
sin cortarse. 

— Así es que ahora se hacen un vestido 
café. 

— Después de la crema. 

— Ya lo verá V. en los diarios. 

¡Oh poder de la prensa! 

¡En qué apuros pones á algunas perso- 
nas qtie estiman la ropa en lo que vale! 

Dejemos que sufran los presumidos, con 
tal de que el país sepa que en el recibo A 
ó B se han presentado como les corres- 
ponde. 




Con el traje café. 

U otra bebida cualquiera. 

Por fortuna, no faltan tertulias intimas. 



Y á ellas tienden los que guardan una 
prud^te reserva en cuanto á vestidos. 

NoÁotros miramos impasibles el ir y 
venir de la gente de lujo, que en invierno 
está continuamente en exposición, y nos 
contentamos con leer eo los diarios lo que 
hace el gran mundo, j cuando leemos que 
una señora se ha presentado varias veces 
con el mismo vestido, color canela por 
por ejemplo, nos acordamos del cronista 
de la vida social y exclamamos: 

— ¡Cartela for ewer! 

¡Dios nos perdone! 

C A_R T A 

Mandado por mi patrón 
á Buenos Aires llegué 
y amigo, asombrao quedé 
de ver tanta variación. 

AI bajar, en la estación 
tomé un coche de alquilao 
y de aUí á Constitución 
ijcuatro latas me han cohrao!.' 

A un traraway después subí 
¡mal aiga, mi buena estrella! 
pues se armó la gran querella 
porque el boleto perdí. 

Cayó un taño de gorrita 
que se llamaba Inpelor 
y enjurp-cido el Señor 
se puso grita que grita. 

Allá en mi tiempo, aparcero 
á usté naide molestaba 
porque peligraba el cuero 
del que tal cosa intentaba. 

Por toda la población 
varios letreros leí, 
uno decía Maison 
y en otro Rotiserf. 

Al punto allí me colé 
y ¡pucha! por casi muero, 
■ pues pedí un v? sao con cuero 
y me trajeron hroule. 

Hasta el edionia ha cambiao 
\y le juro que este es otro! 
aura le llaman calsao 
A la tnesina bota é potro. 

Junción en un teatro había 
y allí mi bulto cayó. 
«Gran Troupe» el papel decía 
j!de carneros!!... pensé yo. 

Por dentro da y por asiento 
peso y medio me cobraron, 
pero el poncho me robaron 
.'Aijunaü Toavía lo siento. 

De la fiesta diré poco, 
fué aquello una payasada, 
jSi era pura francesada 
donde todo el mundo es loco! 

•A Santos Lugares J^'/ 



340 



EL CASCABEL 



donde antes tuve la chica, 
y deslumib'rado golvi ' 
de tanta luz deletrica. - 

Del Gobierno, no hay que hablar, 
unos dicen que es macuco, 
otros gritan que es el cuco 
que á todos quiere manear. 
Me voy mal impresionado 



de ver tanto desatino, 
Créame, estoy disgustado 
al verlos en mal camino. 
Y como yo me estiré 
porque hay mucho que contar 
cuñao perdone usté, 
no me volveré á esiltrar. 

Emilio Gilí. 



MEDICINA ILEGAL 



— Doctor, está muy malita. 

— Vamos, cálmese señora. 

Y usted, con franqueza, ahora 

contésteme, señorita. 

— ¿Yo?... Mi mamá le dirá. 

— Pero, inocente, ¿porqué"? 

— ¿Es que aqni, padece usté 

ó es la enferma su mamá? 

Es preciso que usted venza 

su rubor para conmigo: 

un módico es un amigo... 

— ¡Si me da tanta vergüenza! 

— Vaya, fuera ese temor. 

¿Usted sufre al respirar? 

¿No puede usté descansar? 

— Eso, justo, sí señor. 

Dando vueltas en el lecho - 

no sosiego ni reposo, 

y tengo un miedo espantoso, 

y gran opresión de pecho. 

— Sí, sufre mucho. 

—Y después 

tengo negras pesadillas, 

sueño que me hacen cosquillas 

en la planta de los pies. 

— Vaya, niña, en realidad, 

veo que está usté sufriendo, 

siga usted, voy comprendiendo 

esa rara enfermedad. 

—Tengo un sueño que me inquieta: 

entre blancas nubes veo 

que se me acerca Romeo 

y yo me vuelvo Julieta. 

Me mira, se inclina ufano. 

me dice — muy buenos dias — 

y luego... otras tonterías... 

—¿Y qué más? 

—Besa mi mano. 

— ¿Y eso le causa á usté susto? 

¿Sentirá usté un gran dolor? 

— Al contrario, no señor, 

si eso me dá mucho gusto. 

— ¡Ah, vamos! Cálmese usté. 

—Es que eso me tiene inquieta. 

— Una sencilla receta 

para ese mal les daré. 

—Oigo. 

— Esta niña precisa, 

para ese mal espantoso, 

que la busquen un esposo 

y casarla á toda prisa. 



II 

— ¡Doctor, esto es un horror! 
¡Yo no lo puedo sufrir! 
¡Me es imposible vivir 
de esta manera, doctor! 
—¿Qué le ocurre? 

—Mi señora 
está mal de gravedad; 
padece una enfermedad 
que padeció antes de ahora. 
No se está en la cama quieta, 
le dá un extraño mareo: 
sueña que viene Romeo 
y ella se vuelve .Tulieta. 
— ¡Bah! No pase usté cuidado. 
—¿No es peligroso? 

— \o tal. 
¡Conoceré yo ese mal 
cuando antes se lo he curado! 
—¡Oh, sálvela usté, por Dios! 
— Es un caso peligroso: 
pues no le basta un esposo, 
precisa lo menos dos. 
Ella, al aumentar de edad, 
se ha hecho una hermosa mujer, 
y la dosis ha de ser 
doble en esa enfermedad. 
— ¿Eh? 

— Precisa otro Romeo. 
—¡Hombre! Me gusta el aplomo. 
— Nada: dosis doble. 

—¿Cómo?... 

Vayase V. á paseo. 

ni 

— (¡Oh Dios, qué idea espantosa! 
¿Qué es lo que veo? ¡Qué horror! 
¿Quién es ese hombre? ¡El doctor 
abrazado con mi esposa!) 
-\^ ¡Canalla! ¡Ruin! ¡Por mi fé 

que te has de acordar de mi! 
¿Qué es lo que hacía usté acjuí? 
—Es que yo... 

—¡Conteste usté! 
¡Mataré á los dos, perjura! 
—¿Pero á qué esa algarabía? 
— Aún... 

—Sí yo solo venia 
á hacei' la primera <:ii)-((... 

Luis Garvín. 



EL CASBABEL , "" Sil 



SACEIFICIO 



^^^m A ^^^ suNTOs urgentes me obbligan á partir. Ks indispensable mi marcha. 
^^HBl^^ —¿Y... volverá pronto? 

^^ ^^Y — Si.. No... ¿Quién sabe? Eso depende de... muclias circuns- 

/ jBi \ tandas. 

V y\ Y Julián despidióse fríamente de Luisa. 

Vj 1-" todos quedó una sensación singular, algo como el gusto 

desagradable que deja un manjar comido á la fuerza. Aíjuella des- 
pedida incomprensible, dada en tórminos vagos, hacia suponer una causa poderosa 
que la motivase. 

Julián estaba locmnente enamorado de Luisa, según la expresión de la madre 
de ésta, y aquella separación, aquella especie de prólogo de una ruptura resultaba 
oscura; obedecía á una causa misteriosa para todos. 

Para todos, menos para Luisa. Ella, con aquella sutilidad inapreciable de mujer, 
había dado, sin perderse en divagaciones, sin vacilar un instante, en el motivo de la 
marcha de Julián. 

Este la adoraba. Ella le correspondía. Una duda sobre aquel amor era lo único que 
podía haber impulsado al hombre, que debía haber sido pronto su esposo, á huir de 
su lado. 

Y la duda podía existir. Y fundada. El recuerdo de Carlos, de aquel desdichado 
suicida, aparecía en la mente de Luisa, desvanecido casi en un principio, cuando 
trataba de reconstruir el pasado, vivo y fuertemente colorido después, como las fres- 
cas manchas de sangre en un lienzo. 

Luisa se preguntaba alguna vez, estremecida por aquel recuerdo: 
— iHe sido yo voluntariamente la causa de su muerte? 

Ella le había querido, si, con ese cariño que se tiene por un compañero, que ha 
crecido á nuestro lado, que ha sido nuestro camarada, que Jia llorado nuestras 
propias lágrimas, y ha gozado nuestras mismas alegrías. 

Habían crecido juntos y ella había creído candorosamente que le amaba como 
á un amante, cuando no era sino apreciarle como á un hermano. 

Recordaba, cuando él con voz dura, como el que exije algo suyo, como el que 
se anticipa á reclamar lo que teme ha de perder, la preguntaba:. ' , . 
—¿No amarás á nadie más que á mi? 

Y ela se reía, jugaba en aquel juego, cruel, siendo un tirano candoroso, y ju- 
gando le prometió cuanto él pedía, le siguió en todos los disparatados viajes de su 
imaginación, siempre riendo, y siempre jugando se despidió de él, para aquel viaje 
corto, le prometió aquella fé con tanta importunidad reclamada, y jugando y riendo, 
del mismo modo, se olvidó, amando al que ahora huía de ella también. 

A la mañana siguiente de la despedida de Julián recibió una caja llena de pape- 
les. No se había engañado. Era toda su correspondencia con .Carlos, un, montón de 
cartas, en que parecía repetirse mecánicamente una afirmación á todos los anhelos 
de él. 

La abrió: se deslizó un sobre lleno de ñores secas. Eran las que ella le había 
regalado. Al tocarlas con sus finos dedos, se deshicieron en un polvo seco, co- 
mo ceniza, igual al polvo en que se hallaría convertido el cuerpo del infeliz. 
Hojeó un cuaderno de memorias. Era un himno delirante, eterno, en el mismo 
diapasón á la belleza de Luisa. 

Sentía, removiendo tantos esqueletos de ilusiones muertas, dos impresiones 
distintas. En una notaba vibrar la fibra de su coquetería, al aspirar aquel vaho de 
incoherente apasionamiento, en la otra, una fibra más escondida aún, le producía 
un dolor extraño. Una frase de Carlos, en que el infeliz parecía estar besando el 
suelo que pisara Julia, en que parecía elevar una mirada dé náufrago moribundo 
á quien podía salvarle, hizo latir el pecho de aquella mujer con tal fuerza, abrió 
de tal modo su mente y su corazón á aquel pasado, que éste, penetrando en ellos, 
lo llenó lodo, ai-rolló cuanto en ellos había, y al tíairar Luisa á su alrededor 
sintió, con algo de miedo, que se había transformado. Adoraba entonces A un 
muerto que habla derrotado al vivo. Carlos, el que se había dado la muerte, 
•era el hombre á quién ella adoraba en aquel momento. Julián, no conservaba en 
el corazón que había sido suyo, ni un espacio, ni un hueco para tumba. 

Luisa, revolvió todos los papeles, devoró toda la correspondencia, y un últi- 



342 



¿L CASCABEL 



mo papel, un documento escrito en letras gigantescas sobre papel sellado, fué lo 
que sus ojos recorrieron y, ¡ojabi! no Jo hiciera. 

Alli estaba la clave de la muerte de Carlos. Una montaña de oprobio sobre 
8U nombre. La explicación clara de aquél suicidio, necesario, inevitable a la vis- 
ta del documento. 

— ¡No se mató por mi!— pensó Luisa con abatimiento, con algo de rencor 
contra el que ya no existia. 

Pero ella podría demostrar al mundo, á Julián, á todos, que no habia sido 
una mujer versátil, una voluble coqueta sin entrañas. Podía hacer volver al que 
se habia separado tan fríamente de ella, para pedirla perdón arrodillado. 

No lo hizo. Aquel torrente de pasión, que el recuerdo de Carlos había lanzado 
en »u alma, hervía aún. Adoraba al muerto y le disculpaba su ingratitud. 

Se creía la esposa de él, y no quería echar la deshonra sobre su nombre. 

Calló. Nadie supo nada y ella, sonriente, gozosa de aquel sacrificio, pensó: 

— Seguiré pasando por coqueta. No me importa. El dormirá tranquilo. Yo soy 
la viuda de un hombre honrado. 

Adolfo S. de los Ríos. 



■a» I 



LAS RIFAS 



Pues señor, es fastidiosa 
de las damas la manía: 
Estar juntas todo el día 
para rifar cualquier cosa. 
Se ponen, luciendo el talle, 
sentadas tras un balcón, 
y así llaman la atención 
del que pasa por la calle. 
Uno cruza y de improviso: 
— Señor, tome usté una cédula, 
y se le hiela la médula 
al verse en tal compromiso. 
¿Y quién evitar procura 
tomarla? Si á la verdad, 
conmueve tal caridad 
y pasma tanta hermosura. 
Yo, mil veces, hecho un pavo 
ante una rifa quedé, 
y ¡está clarot me gasté 
hasta el úliimo centavo. 
—Una cédula, señor 
una niña me alargaba, 
y yo. ciego la tomaba 
dispuesto á hacerla el amor. 
Yo mi corazón sincero 
tiernamente le q^recía, 
pero después no. tenía 
ni su amor ni mi dinero. 
Corriendo detrás de alguna 
hice de plata un derroche. 
Riías dé día y de noche 
¡he gastado una fortuna! 
De mis empresas galantes 
he sacado en conclusión, 
una inmensa coleccióJi 
de cosas éstra vagantes; 
y me hallo cansado ya 
de tanto y tanto embeleco, 
me tocó un día un muñeco 
que dlee papá y mamá; 
saaué otro día un paraguas 



y en cédulas diferentes, 
un frasco, unos mondadientes, 
un loro y unas enaguas. 
Gastando de un modo atroz 
saqué cosas inservibles: 
ligas, broches, imperdibles, 
un gorro y polvos de arroz. 

Hoy ya no puedo aguantar 
ese gasto sin medida, 
mi casa está convertida 
en un extraño bazar. 
En un sofá un polisón, 
más allá una tabaquera, 
aquí una chocolatera, 
y en mi lecho un biberón. 
Un conjunto endemoniado, 
de cosas tan misteriosas, 
porque todas esas cosas 
en las rifas he sacado. 
Así es que voy á pedir 
que cese ese mal eterno, 
hoy las rifas el gobierno 
las debía suprimir. 

Sino, tanto cachivache 
como á. mi casa llevé, 
me ha de servir ¿para qué? 
para abrir un cambalache. 

Y no obstante; estoy pensando 
que siempre que sigan ellas, 
tan simpáticas, tan bellas, 
yo he de continuar jugando. 

Seguiré haciendo el amor, 
sin tregua, sin aburrirme, 
á la que llegue á decirme: 
—Una cédula, señor. 

Porque si tengo fortuna 
y al fin una se encariña, 
puede gustarme la niña 
y me puede tocar una. 

S. Garrido. 



EL CASCABEL 



343 



CANDOR 




—¿Porqué te escondes, niño? 

—Como papá dice que V. pega aahlazos... 

— 1 t 



—i 



METBMPSICOSIS 



Los cuadrúpedos no son seres desgracia- 
dos, como alguien supone. 

Los hay tan afortunados, que gozan toda 
clase de comodidades, y que sobrellevan 
las contrariedades de la existencia con 
cierta holgura. 

Y que en caso de apuros cuentan con 
protectores. 

Y sino, ahí esto, en la primera página 
del periódico, la vera efigie del Dr. Alba- 
rracin, persona muy amable, que distri- 
buye su tiempo en atender Ja familia, los 
negocios y los intereses de sus protegidos. 

Vale decir, animales. 

Hay personas que no pueden ver, sin 
conmoverse, las gracias de los pichichos 
que amenizan los intermedios de sus ho- 
gares. 

—¡Me parece que Leal tiene mala cara! 
— dice, con la angustia reflejada en el 
rustro, una señora que aprieía contra su 
seno á un inocente perro de aguas. 



— Será aprensión. 

— No lo crea V. Leal está enfermo. Hoy 
no ha to nado los bizcochos, como tiene 
por costumbre, y, ¡cosa rara en él! se ha 
ensuciado en la sala y ha puesto perdida 
la alfombra. 

— ¡Caramba! 

—¿Y sabe V. lo que he hecho? 

— Le habrá dado una paliza. 

— ¡Cá! Pobrecito: le he dado una cucha- 
rada de magnesia efervescente con almidón 
cocido. Él no la quería tomar, pero al fln, 
después de desesperada resistencia, le he 

obligado. 
—¡Qué me cuenta V!,,, 

— Crea que'Leal me dá muctios disgus- 
tos... pero es tan cariñoso cuando está 
bueno... es tan gracioso... 

El perro, que yace envuelto en un pon- 
cho, estira una pata y ladra tristemente. 

—¿Vé V.?... Parece que comprende lo 
que digo de él. 

Y la señora, que ha estado comiendo ca- 
ramelos durante ei transcurso de la con- 
versación, lo loma en brazos y se deja be- 



1. r f;'^';^::p'T^fmW::M-'í:' :"''■''■ '^'■- "^W^ 



344 



EL CASCABEL 



LO QUE 




De la vuelta de abajo.... ó de 
arriba, .según y conforme. 



Sigarl de la paca. 





Hebra negra. 



No lo digo ahora... siempre lo 
he dicho: polvo, polvo, polvo. 



EL CASCABEL 



345 



^'v r 



FUMAN 




Alá y la pipa ante todo. 



Un df/arrUlo á medias 
poder fumar... 




¡Cuantos en locos excesos 
sufren por esa mujer 
sin llegar á comprender 
que al fin son humo sus besos! 



^^y^ 



yfjs'^i^ry: : 



346 



k¿ CASCABEL 



sar cariñosnmente por Leal, que lame con 
afán sus dulces labios. 
Luogo lo suelta. 

Y el perro camina penosamente hasla 
que, de un salto, se coloca en mi falda y 
me mancha la 'evita con sus babas. 

— No haga V. caso. Es efecto de la denti- 
ción. 

— Será esto, poique me esta mascando 
un botón. 

— Pobrecito; sufre mucho. 

— ¡El botón... ya lo creo!... V. perdone... 
Adiós, señora; si quiere avisaré á Piro- 
vano ó a cualquier otro especialista... 

Y salgo de la casa, pensando que hay 
perros muy afortunados y hombres que 
son infelices por no andar en cuatro patas. 

— Hay que tener consideración con los 
animales,— me decia un señor sensible que 
tiene la casa convertida en museo zooló- 
gico. 

—Qué duda tiene. 

— Uno no sabe si el gato ha sido hombre, 
antes de presentarse en público como fe- 
lino vulgar. 

— ¡Quién sabe! 

—Y no lo dude V. Mi difunta tenia cier- 
tas aficiones, que me recuerda á cada ins- 
tante el minino. 

—¡Hombre! 

— Si. Empezaba por acariciarme con 
mucho mimo y casi siempre acababa ara 
ñándome. Un dia, que yo estaba de mal 
humor, porque habia leido La Nación en 
ayunas y me volvía la pesca á la boca, 
monté en cólera, como hubiera podido 
montar en un Argos cualquiera, y le di nn 
meneo á mi parlen la que la dejé medio 
muerta . 

Una pulmonía la acabó de matar. 

Y A los pocos días, una gata blanca apa- 
reció en mi casa y empezó á engañarme 
con zalamerías. 

El recuerdo de la difunta acudió ti mi 
mente y me pasaba horas enteras acari- 
ciando á la -gata, que, reconocida, me pa- 
saba la cola por la cara. Un dia me arañó 
como mi mujer, y como á ella la maté, sin 
esperar á que una pulmonía completara 
la obra: ahora la tengo disecada... 
. — ¿A la obra? 

— A la gata. Y también tengo disecado 
un loro, que no hay duda, fué diputado 
de la mayoría... 

—¿En qué lo conoce? ' 

— En que comía mucho, y solo sabia de- 
cir Amen. , Misterios de la metempslcosis! 



El que se dedicaá su estudio está fresco 

Yá veces se expone á sustos mayúscu- 
los, como el que pasó una viuda, que ti alo 
con lodas las precauciones del caso. 

Un dia fuimos al campo á. merendar, 
y de pronto apareció un buey, tiesa la co- 
la y extraviada la mirada, 

— ¡Dios mió! — exclamó la viuda. — Esta 
mirada.... esla frente.... ¡Paco, perdón! 

Y cayó desmayada. 

Su difunto esposo se llamaba Francisco. 

¡Oh, la metempsicosis!.... 

Yo me puse en guardia cautelosamente, 
pero el buey se marchó al trote rugiendo 
suavemente y se puso ü juguetear con una 
vaca, que por lo flaca y descolorida me 
pareció la mujer de un amigo mió que me 
chupaba la sangre á pechadas.... 

¡Cielos!... Me pica una pulga.... 

Será el sablista que se ha transformado 
en chupóptero?... 

Andrés Soler. 




LOS VALIENTES 

Cabello enmarañado, planta airosa, 
mirada poderosa, 
reflejo vivo del valor interno, 
una mirada dura, luminosia, 
como tienen los gatos en invierno. 
Su aspecto varonil, el continente, ^ 
fiero, garrido, fuerte, poderoso, 
parece que á la gente 
le dice con acento desdeñoso: 
— Ea, míreme ust !d; soy un valiente. 
Y don Juan es así; de sus hazañas 
úh cuenta en un reiatu. 
en que saca á lucir cosas extrañas: 

valor, galantes mañas 

Sírvanse ustedes escucharle un rato. 

— Yo he nacido en París; desde muy niño 

tuve por las muchachas gran cariño, 

no sé cómo demonio, 

de rubias y morenas me prendaba, 

y allí donde el deseo colocaba 

allí se desgraciaba un matrimonio. 

Mil lances a porna 

en todos estos amorosos líos 



EL CASCABEL 



347 



LOS VOLUNTARIOS 




Los de ayer.— Los de hoy.— Los de ? 



ff : 



348 



EL CASCABEL 



me salieron un día y otro día, 
tanto, que hoy contaría ^ 
como unos ochocientos desafíos. 

Y ¡claro! se cruzaban las espadas 
y sólo por milagro llegué á viejo; 
j-o tengo en mi pellejo 

un número terrib.'e de estocadas. 

Un lance singular con una hermosa '" 

y elegante duquesa. 

en que nos dio el marido una sorpresa... 

en fin, una aventura escandalosa, 

me obliga á que me encuentre despatriado, 

pues vine á Buenos Aires, escapado. 

Aquí, mi buena suerte 

me ha hecho dueño de un rio de placeres, 

si hay duelo, á mi rival le daré muerte; 

sí hay amor, para mi son las mujeres; 

aquí estoy como quiero: 

en querer y en valor soy el primero. 

Termina asi don Juan, mira á la gente 

con brío, sin que nadie se alborote. 

y luego retorciéndose el bigote 

se vá tranquilamente. 

Pero un día en un corro numeroso, 

hablando de una dama, 

de un esposo engañado, de una trania... 

se presentó otro tipo valeroso. 

un sujeto velludo como un oso, 

otro tipo, otro tal. que cada día 

pregonaba doquier su valentía 

y hablando con don Juan le dijo: —Ahora 

quiero que diga usted cómo se llanla 

esa que ha dicho usted, esa señora. 

— ¿Qué le nombre la dama? 

No se la he de nombrar ¡pues claro, hombre! 

Concepción de Soler, ese es su nombre. 

— Pues es usté un villano. 

— ¿Cómo? 

—Que miente usted como un canalla. 
— Calle usted esa boca, ó sino calla 
le sentaré la mano. 

—¿Quiere usted que me calle? Esa señora 
vive conmigo y es mi amante ahora. 

Se armó un bochinche atroz, y de tal suerte 

aquellos cat)alleros se insultaron. 

que un duelo concertaron. 

un duelo horrible, atroz, un duelo á muerte, 

que la gente anhelante 

en tal sitio vería y al instante. 

Ya la cosa resuelta, 

por diveráos caminos 

se marcharon, diciendo á sus padrinos: 

— Voy á dar una vuelta. 

Con talento profundo 

aquellos dos valientes se marcharon 

y nunca se encontraron: 

Están dando los dos la vuelta al mundo. 

José 3/a Mendoza. 




oOe 



DE DOMINGO A DOMI.JGO 



Pues señor.... 

Ahora resulta que los teatros, no todos, 
son nutritivos. 

Y no me refiero á la abundancia de car- 
ne de tabla, que dice un contemporáneo 
(Je Calzadilla, sino al plantel de gallos que 
la Opera nos hace esperar. 

De donde se desprende que ir al paraíso, 
será imposible si uno no se lleva la sartén. 

Salta un tenor, por ejemplo,' y ¡pif!. ..ahi 
va un gallo con espolones. 

El gallo sube, el paraíso se conmueve, 
agitanse manos para agarrarlo, lo aga- 
rran, se come, se digiere, ó no, y ¡en paz! 

Esto no es decir que la Opera sea un ga- 
llinero, pero si una incubadora, según 
opinión de un abonado con vistas al por- 
venir del pais. 

Es decir ú la agricultura. 

El público, hasta ahora, se mantiene á la 
especlativa, aunque el sábado se permitió 
suaves siseos. 

Esperemos mejores noches. 

A ver si podremos aplaudir sin reser- 
vas... mentales. 

Pero mucho nos parece que no. 

En la Zarzuela, bonito teatro de los mas- 
cotos Pastor y Garrido, también hay ópera. 

Es decir ¡ay! 

Porque si quitamos á Oxilia, y si somos 
indulgentes con la señorita de Nunzio, lo 
demás peor es meneallo. 

Oxilia es un tenor que vale, y canta con 
mucho sentimiento. 

Pero tiene noches. 

No obstante, como vale, el público no es- 
casea con él los aplausos, justos siempre. 
Nos parece que la estrella de Paslor-Garri- 
do, no ha de brillar mucho en la Zarzuela. 

Tal vez nos equivoquemos y lo celebra- 
remos por ellos. 

Para ópera barata el teatro Doria. 

Y para óperá-sorpresa. 



EL CASCABEL 



349 



No puedo hablar de Realidad^ por la 
sencilla razón de qtie ^1 periódico entra en 

máqiiiiMt el lúnea/í V\\:^'^ V 1^ ^^ ''^~ '•■'■ 

Quizá no podré decii* nada porque los 
diarios lo dirán toxio. 

Pero... no hay santo.sin octava, como se 
dice vulgarmente, y no faltará ocasión de 
decir algo del desempeño de la obra, de 
ésta y de la compañía del Onriibía^ que 
una vez más se hace acreedora de nues- 
tro aplauso, por el verdadero interés que 
se toma. en hacernos conocer las más mo- 
dernas obras dramáticas españolas. 

Y Realidad^ sobre ser moderna, viene 
precedida de gran fama. 

Aguardemos ocho dias y hablaremos de 
ella. 

El teatro San Martin^ nuevo Fénix, 
funciona ya con la aplaudida compañía 
deTomba. 

Los artistas son conocidos y aún con- 
serva de ellos nuestro público el agradable 
recuerdo que dejaron en el Politeamcu 
con Caballería Rusticana. 

Y á propósito del Politeama: la com- 
pañía Falconi, que ha inaugurado sus la- 
reas con La Tosca., ha alcanzado muy fa- 
vorable acogida. 

Ya nos ocuparemos de esta compañía, 
que cuenta con artistas notables. 

En Apolo estrenóse La Cruz Blanca. 
El libreto es inferior á la música. 

La Cotnedia. como siempre, los mis- 
mos llenos, los mismos aplausos y las 
mismas obras. 

Novedades... lánguida vida. Y pongo 
punto, porque se acerca la hora de ir al 
OnruMa. ¡Estreno de Realidad! 

Cuando el presente número circule, tal 
vez se hayan emitido juicios críticos... 
O juicios temerarios. 




Corre por ahí cada arreglador...! 

Véase lo que dice un semanario: 

— Qué mal invierno se prepara — decía 
una vieja en la plaza de la Victoria. 

— Es verdad, me han pillada los fríos sin 
pañuelo: (!)— decía la otra Celestina. 



El Guadarrama penetra por Ir s giro- 
nes de mi ropa» 

Por piedad! , 

Esto equivale á hacer decir que en la 
Puerta del Sol, de Madrid, sopla un pam- 
pero furioso. 

Y luego, vieja y celestina^ no son la 
misma cosa. 

Vamos; más cuidado al arreglar chistes 
de almanaque...! 



'El alorranle Pascual 
Pensó el otro día:— A fé 
que ha de ser sabroso el Te 
Deum de la Catedral. 
Y Juan le detuvo al fin 
diciéndole:— No te metas 
alli. porque las gállelas 
las servirán en latin. 



Cuándo no es pascua! 

En la pesca, se habla del polvo de las 
calles, y Argos dice que se ocupa del 
asunto y que va á hablar por boca de 
ganso. 

Oigan ustedes: 

«M. Maní'redi, que es el investigador 
que ha hecho estas observaciones....» 

Suponemos que Argos no habrá que- 
rido tratar de ganso á Manfredi, pero lo 
ha tratado de tal. Para otra vez hable Ar- 
gos por boca de Argos. 

Y en paz. 



Lima, la perra que estimas 
lameá Juan Palomo el lomo, 
y si alguno se aproxima 
vé que en casa de Palomo 
lame" el lomo el amo á Lima. 



El número 21 de El Cascabel, correspon- 
diente al día 25 de Mayo .alcanzó un éxito 
completo, debido, principalmente, á lo es- 
merado de los dibujos, grabado é impresión. 

Somos enemigos del bombo, pero no po- 
demos prescindir de enviar nuestro aplau- 
so á los artistas que han contribuido á 
presentar un número que ha merecido 
muchos elogios. 

Y que se ha vendido mucho. 

La prensa, ocupada en cuestiones agrí- 
colas y políticas, y necesitando espacio 
para dar cuenta de los relojes robados, 
no ha dicho esta boca es mía. no nos ha 



^•= r'^ «^.^■; 'í^.*S . '. •-' ■ ^^ ■ ■■" 



350 



EL CABCABSL 



otorgado esa palabra de aliento... que 
dicen los gacetilleros... 

No nos importa un bledo. 

El público toma lo que le gusta sin ne- 
cesidad de que le digan: ¡Esto es bueno! 

La Prensaba sido el único diario, que 
sepamos, que se ha ocupado de nosotros, 
y crea el colega que se lo agradecemos 
mucho. 

Y... ¡basta de propaganda innecesaria! 

El público y El Cascabel ya son amigos. 



m^mck 



—¡o tu amor ó la tumbal— \& decia 

Tomás ó Nicolasa, 

ella cansada al fin le echó de casa 

y él al siguiente dia 

con una Toniba enamorado huia. 

No debemos tacharle de informal 

por haber confundido una vocal. 




— Siempre entre uno y otro artista 
siempre mirando al que canta, 
¿es critico? ¿es concertis a? 
—No señor; especialista 
para curar la garganta. 



—Ves aquel palco colmado 
de bellas ¡lindo racimo! 
^¡Hombre! muy bien comparado, 
pues casi todas, estimo 
que ya las han vendimiado. 



Marcial.— í^dhe V. lo que pasaría si llagas* á pu- 
blicar sus versos?... Pues se desarrollarla la fleore 
amarilla 

L. de P.— No couTiene, es serio... y flojo. 

Af. A. B.—S 1! 

A. K— Ser* epifrrama si V. quiere que lo sea. Yó 
lo publico para. que juzgue ei país. 

«Como el sol de Mayo 
Lusen los ojos de Juaaa 
Y salen las estrellitas 
Cuando asoma a la ventaaa 
Por esto su novio Juan 
Al dispertar de mañana 
Se halla medio estrellado 
Soüando el ojode Juana.» 

Ahora, espere v. tranquilo el fallo de la opinidn. 
Pretencioso.— En efecto lo es V. y mucho, porque 
para hacer sonetos de diez versos ¡se necesitan unas 
agallas!... 

flomeo.— Hombre!... Eso se lo cuenta V. á. Julieta, 
que al público maldito lo que puede interesarle. 

Una señorita.— CiertaiS preguntas no se pueden con- 
testar, aunque & V. ¡oh curiosa señorita! le parezca 
lo contrario. 

E. P. A".— Hombre de Dios...! eso solo se lo pueda 
contestar Argos. Yo, no!! 
L. T. S.—Se contestó en. debida forma. 
Poeta— 

Orror, terror, furor, 
espanto y agonía... 
¡Versos s'in ortografía! 
furor, terror, horror! 

Oriental.— Y dale con el casero! 

E/ otro.— El otro?... ya caigo. El otro poeta malo. 

.V. .V.— No, no. 

A. r.— Pues no lo pub'ico, ni lo hago ilustrar. 

P. i?. —Ya me ocuparé de ello cuando tenga tiempo. 



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352 






■0 EL CASCABEL 



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Declama con galanura, 
y aquel que guste del drama, 
que vaya al Politeama 
á ver á la Valvassura. 



354^ 



CL CÁSCA-BEI* 



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*^oIHe- 




OMOS víctimas de la 
influenza. 

A estas horas lo 
más distinguido de la 
población yace pos- 
trado en el lecho del 
dolor. 

Y los médicos no 
descansan un momento. 

Con lo que las recetas y las cuentas au- 
mentan que es un gusto. 

Para farmacéuticos y médicos, se en- 
tiende. 

Porque los pacientes están aterroriza- 
dos, y ape- 
nas siente 
uno que el 
apetito se le 
vá, deja de 
saborear la 
ap etitosa 
chuleta y se 
vá del come- 
dor lloran- \X-^ 
do amarga- 
mente. • 

— ¿Qué te pasa? — pregunta carifiosa la 
inedia naranja. 

— jLos síntomas! , 
—¿De qué? 

— ¡Del trancazo! 
— ¡¡Qué dices! I 

— Si. hija, si. He perdido el apetito y me 
duelen todos los huesos. ¡Estoy perdido! 

— Acuéstate. 

— Si. Pero antes tráeme alguna obra 
de Oliveira Cezar para distraer la inape- 
tencia. 




i/ í /í 



Y no hay más rdmedic; 

El marido lee algunos capítulos y a<:^ba 
por mascar el libro, y se acuesta, soñando 
que se comen al autor entre él y un caci- 
que indio. ';;i ' ; ■■:'^"-.; '''V:;' 

En tanto, la mujer corro desconsolada 
á buscar un médico, y por el camino ya 
se siente viuda, y se acuerda de Fermín, 
que es habilitado de un registro y ademán 
sabe cortar pantalones, y piensa que para 
sustiiuto del presiinto muerto, elregistrero 
es un buen partido. 

Pero el marido sana. 

La mujer no enviuda. 

Y Fermín sigue cortando pantalones y 
suspirando por Rivadeo, su tierra natal. 

Volviendo á la influenza, diré, única- 
mente que es U enfermedad de moda. 

Y que en esta ocasión la moda se mani- 
fiesta cruel como nunca. 

Valga que, según un anarquista llegado 
hace poco al p;iís, para ver ^i hace volar 
algo, es la única enfermedad que sabe lo 
que íiace, porque solo ataca á las personas 
de buena posición. 

A los burgueses, como si dijéramos. 

Asi es que el que quiera pasar por per- 
sona de mérito, debe imitar la conducta 
del Dr. Zeballos y dejarse postrar por el 
trancazo. 

No falta quien toma esto , al pié de 1& 
letra y el otro dia, estando de visita en 
casa de un almacenero retirado, pudimos 
apreciar á qué extremos conduce el afán 
de seguir la moda. 

—¡Vicenta! — dijo de pronto, dirigiéndo- 
se á su mujer, y adoptando un aire tne- 
lancólicu. 

—¡Cómo me miras!— esclamó Vicenta. 

— Es que comprendo que se acerca el 
momento solemne. 

— ¿El de la comida? 

— No me hables de comer! 

— Pues 

— Ya sabes, Vicenta mía, que nada nos 
falta, y que desde que C'»rramos el alma- 
cén somos personas de viso y á la moda. 

— Es cierto. 

— Sabes que me querían hacer concejal 
y. en fin, que soy tanto como Bollini, por 
ejemplo. 

— Bien. 

— Mal, digo yo. Me siento mal. Y es 



EL CASCABEL 



355 



W: 



que la enfermedad elegante se ha fijado 
en mi, y siento que la influenza empiesa 
á minar el organismo. 

—¡Qué gusto! 

¡No mucho...! Pero me sacrifico. Pre- 
para la cama. Pon las sábanas finas, 
aqueUas de las iniciales bordadas, y di á 
los amigos que no se alarmen... Y ^sted, 
dirigiéndose á mí, puede decir en los pe- 
riódicos que éntrelos enfermos conocidos 
hay que citar al Sr. Pérez... 

Y Pérez se acostó solemnemente, satis- 
fecho de sufrir el mismo mal que ha ata- 
cado á tantas notabilidades. 

Pero no hay que jugar mucho con el 
dengue ó influenza. 

Porque ahora resulta que á lo mejor 
degenera. 

Es decir, degenera en pulmonía fulmi- 
nante. 

Y se lleva auno al otro barrio, en me- 
nos tiempo del que emplea Bibolini, por 
ejemplo, en componer una redondilla de 
esas que degeneran también. 

Por lo demás, los mortales que no ocu- 
pen una posición muy 
elevada, pueden es- 
perar \iiinflenza sen- 
tados, seguros de que 
la elegante enferme- 
dad pasará desdeño- 
samente de largo. 

A los que en este 
mundo, apenas se lla- 
man Pedro, les estai» 
reservados únicamente los tan aplaudidos 
catarros intestinales ó las populares vi- 
ruelas confluentes. 

Estamos en un circulo vicioso, y conste 
que no nos referimos á ningún club, y no 
nos podemos escap^ir de la influencia de la 
mfl,uenza. 

Sin querer, nos ocupamos de ella, y á 
ella nos referimos siempre, apesar del de- 
seo de hablar á'i cosas más amenas . 

Pero, el trancazo flota en la atmósfera, 
y. sin querer, somos victimas de él, y no 
salimos de niñas dengosas, ni nos libra- 
mos de su influenza, digo influencia... 

Hasta las palabras confundimos. 

El otro día, al preguntar á una señora, 
que tiene casa amueblada, por su marido, 




nos contestó que estaba enfermo del tran- 
eaxo. • 

— ¿Del trancazo? — interrumpió él niño 
m'enor. 

— Si; ¿he dicho mal? 

— Yo creí que papá tenía una tranca... 

— ¡Angelito! 

El papá toma mucha ginebra. 

¡Influenza de los líquidos! 

¡POBRE HOMBRE! 



M <§t. Colt 



( por la copia : 
A. Díaz de la Quintana) 



jAy,. amigo de mi vida...! 
jAy, amigo de mi alma...! 
No puede usté figurarse 
Ja atrocidad que me pasa. 
¿Quiere usté que se la cuente? 
Voy á hacerlo en tres palabnis: 
Figúrese usté que ayer 
á las diez dé la mañana, 
en ocasión que yo hacía 
con muchísima cachaza 
un looc blanco, penetró 
Dorotea (una mucama) 
con una receta urgente; 
era para doña Blanca 
que padece de soponcios 
sin que se sepa la causa. 
El recipe estaba en regla, 
una mistura de... (nada 
unas cuantas gotas de éter, 
unos cuantos gramos de agua, 
jarabe, un frasco, un corchito, 
etiqueta y zarandajas) 
que despaché por dos pesos 
que me abonó la muchacha. 
Volví al looc, y cuando ya 
por terminarle faltaban. 
unas vueltas de mortero 
y unos raspones de espiátula. 
jcátate aquí! que recibo 
nada menos que una carta, 
imponiéndome una multa 
porque les ha dado gana 
de decir por ahí á algunos 
enemigos de mi casa, 
que yo tengo consultorio, 
que hago curas, que doy gárgaras, 
que trato á varios enfermos, 
en fin, no sé que patrañas, 
mil mentiras, porque ye 
no hago nada de eso, nada. 
Esta multa, amigo mío. 
me quita la vida, ¡vaya! 



356 



EL CASCABEL 



Ese Consejo de Higiene 

más que dar la vida^ mata, , 

y yo quisiera djúe usté 

que tan amigo de él anda, 

le digera que ni yo 
°doy recetas, ni palabra 

sé de administrar remedios; 

que por cumplir lo que manda, . 

á uno que aquí vino ayer 

quejándose de neuralgia 

facial, por tener las-muelas 

— dicho en docío/',— «aecrosadas» 

y que por Dios me; pedia 

algo que se le aliviara 
. por no faltar al Consejo 

y remediar esa lástima. 

con esta mano que escribo 

le arrimé una boietada 

que le dejó sin dolor 

y sin muelas; ¡no faltaba 

otra cosa! ¿Yo atreverme, 

¡digo! en estas circunstancias, 

á dar remedios sin que 

un doctor lo mande?... jCáspita!... 
.Primero me tomo un frasco 

de nuez vómica ¡Caramba! 

¡Ay amigo, diga usté 

por Dios, lo que aquí me pasa!... 

Son doscientos cinco pesos 

los que se ventilan (tratan 

de ventilarme) si amigo, 

y yo... ni los tengo en casa, 

ni los vale mi botica, 

ni si los tuviera, estaba 

un minuto más moliendo 

almendras dulces y amargas. 

Un regente de botica 
de una botica del Plata. 

— p» -» 



CARTEL 

CiJ^ ás vale ryiaña que fuerza, dice el 
refrán, y guiado por él, ó por la fuerza 
del sino!... «jomo diría don Juan Teno- 
rio, el hombre de mundo, es que he re- 
suelto escribir este artículo y presentároslo 
como el mejor plato del día. 

Lo positivo es que el Director va á 
hallar el gran filón con esta obra y ojalá 
tuviese yo el tanto por ciento sobre todo 
el oro, plata cobre y... nada— tal vez,— 
que el éxito de ella le produzca. 

Aunque digo mal, pues caerla como un 
pájaro en el garlito. 

Conozco al Director que es mas vivo 
queelpifluelo de París, y sé que sería 
capaz de hacerme una jugarreta de blanca 
ó negra 6 de... baraja francesa, si uste- 
des quieren, y cometer conmigo itn robo 
,..en despoblado. 



Conmigo, que tanto los pantalones^ 
como el so?nbrero de copa y hasta el pa- 
ñuelo blanco, por no decir el pañuelo 
de yerbas, están en perpetua agonía, 
ó mejor dicho en constante riña con 2)0^' 

Dinero, exclamando á cada instante 

huyamos!... divorciémonos\ de este dig- 
no apéndice de / co?nici tronati. 

Y, esto porqué?— porque no tengo en mi 
poder Zas riendas del Gobierno, como 
las tiene mi niña Pancha, sobre Pepa 
la frescachona, mi criada, la cual, dicho 
sea de paso, tengo que enviar para casa 
de los padres, pues es de mala raza. 

Pero lo que á mí me sucede, bien mere- 
cido lo tengo, porque los inútiles, los em- 
busteros y los feos, por añadidura, como 
yo, estamos' condenados a cadena per- 
petua, sin más derecho que el de escla- 
mar día y noche, ¡quién fuera libre! 

Ustedes dispensarán, que el estilo de este 
articulo, este algo reñido con las letras, 
lo que no deja de ser un crimen miste- 
rioso, prro como hoy tengo los demonios 
en el cuerpo y como querer es poder, 
tengo la certeza que Vds. me otorgarán 
la credencial de escritor profundo, á no 
ser que á un critico incipiente algo achis- 
pado por el Chateau Margaux, le dé por 
meterse en honduras y me forme un 
pleito, como á un inglés. 

No me importaría. 

Se que él me dejará como el pez en el 
agua, perfectamente, aunque no asi del 
duelo que a primera sangre tendré con 
mi rival. 

Y que será lo peor de lo peor entre la 
m,ala semilla. 

Pero vamos á cuentas; lo escrito hasta 
ahora, no es más que música clásica, 
pomo diria Calderón en lasoirée de ca- 
chupin ó en losm,artes de las de GómeZy 
pues la verdad desnuda de esle artículo, 
es que carece de gusto y realidad, y aun- 
que de gustos no hay nada escrito, to- 
memos en cuenta lo segundo. 

Realidad, que es la llai-e de la gaveta 
que encierra el tesoro escondido, que es 
la que nos conduce in cerca de felicita y 
que es, por último, la que nos demuestra 
á cada instante que el hombre es débiL 

Conozco el novio de doña Inés, un ca- 
ballero particular, cuyas iniciales son 
C de L, Y por cierto que es un novio á 
pedir de boca y de confianza, de tanta, 
que no pasa día sin que me vea obligado á 
decirle ^quiere Vd. comer con nosotros» 
y ayer, precisamente, =e comió las codor- 



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•^mi^' 



£Jé,K:ASGABBL 



357 



T-í^ 



'Ti/ces qué teñíamos prepararás con la sal- 
ta de Aniceta^ por mi cocinera. , 

No nos salgamos del plato. 

Conozco, decía, á ese joven Telémaco 
y no dudo que si leyese este articulo, no ti- 
tubearía en darme unafeceta contra la 
cr¿s¿s, qute embarga mi caletre en estos 
momentos, pues hay que saber que mi 
valiente amigo^ es un periodista afa- 
mado y autor de un drama nuevo. 

Pero noto, que, hasta ahora, no «is he 
dicho nada que valga la pena. 

Y no es de estrañar, pues la cülpiJ la 
tienen los lazos de familia^ de la mía, 
que es peor que la familia improvisada^ 
pues entre mi niujer y el negro, que 
hace años tengo á mi servicio, no me dejan 
tranquilo á luz y sombra^ habiendo con- 
vertido mi escritorio en una casa de 
fieras ■ 

Y á esto agreguen Vds. un sobrino que 
es mi m,isma cara. 

A.yer, al preguntarle quién se había co- 
mido un caramelo que anoche me regala- 
ron en el paile de la condesa Niniche, 
contestó con sornay guasa.... «í/o, yo no 
he sido»... 

El caso es que no fué el niño quien se 
lo comió, sino mi suegra... mi suegra que 
es... pero, ¡basta de suegras! que es ar- 
ticulo muy manoseado. 

En fin, ya habéis visto cómo empieza y 
cómo acaba este escrito, sobre todo, cómo 
acaba, sin solución, que merezca aplau- 
so, pero, lo que no puede decirse de mi, 
es que os haya cargado con él, pues lo 
he compuesto per el sistema homeopá- 
tico. . . \ ; : ^ ^ -: 

Y ahora, lo único que os pido en prenda 
de atnistad, y con el mismo afán que 
pediría el si de las niñas, es que no ha- 
gáis caso de tanto disparate, diciendo so- 
lamente lo pasado... pasado, pues por la 
gracia de Dios aquí termina este artículo 
de vida alegre y 7nuerte triste y ter- 
mina... 

—Cómo? 

Como un cartel de teatro, con la si- 
guiente: 

Nota: Terminado el espectáculo, habrá 
tramw^ays en todas direcciones. 

Emilio Gilí. 



LA" FUERZA DK LA SANGRE 




Fué en sus tiempos Don Melchor-, 

un bravo conquistador, •*> 

de azarosa y larga historia, 

que se cubría. de gloria ' ' 

en las lides dei amon 

En no sé qué. devaneo • 

que tuvo en Carcarañá, 

de su amoroso deseo 

le nació un nene muy feo 

(parecido á su papá.) 

Don Melchor de allí partió 

en pos de otras aventuras, 

y prontamente olvidó, 

entre lances y locuras, . 

al hijo que le nació. 

Pero al cabo, cierto día, 

cayó en la rara manía 

de pensar con gran cariño 

y registrar á porfía 

el mundo en busca del niño. 

Corrió de aquí para aUá, 

en su cariñoso exceso, 

y llegó á Carcarañá, 

en donde halla muy buen qúesó, 

no el ser de que fué papá. 

— ¿En qué pais lo hallaré? 

jYo sus huellas seguiré 

lleno de este amor profundo, 

y en algún lugar del mundo 

al cabo lo encontraré! 

Por buscarle no me aflijo, 

no hay nada que mi afán tuerza, 

puesto que al verlo colijo 

que mé ha de decir la fuerza 

de la sangre:— ¡Ese és tu hijo! 

Lleno de tal persuasión, 
todo el mundo recorría, 
pero en más de una, ocasión, 
hallar á su hijo creía 
y era una equivocación. 
Algunas veces notaba 
sus arterias ardorosas, 
y á cualquiera se abrazaba; 
(esto siempre le pasaba 
con las niñas más graciosas.) 
—Te hallé al fin, ¡cuanto te quiero! 
no lo niegues, que es en balde, 
hijo mío, por tí muero— 
y resultaba un alcalde, 
un Conde, ó un peluquero. 
El rostro de Don Melchor, 
tras enojosas querellas, 
se puso, que era un horror, 
parecia el buen señor 
un racimo de grosellas. 
Y le curó complaciente, 
uno que habitaba en frente 
y de granos entendía, 
puesto que de ellos tenia 
lleno el rostro totalmente. 
Hablaron largo y tendido. 



m 



EL GA4PABBL 



— Decid, ¿dónde habéis nacido? 
—Señor, en Carcarañá, 
más iaji nunca he conocido 
al bribón de mi papá. 

Notó el impulso ardoroso 
que le tenia sin calma, 
y Don Melchor, presuroso, 
le dio un beso cariñoso 



esclamando— ¡Hijo del 'alma! 
Golpe de sangre violento 
puso el rostro granujiento, 
y sin que el tema se tuerza 
nos parece que la fuerza 
de la sangre ¡no es un cuento! 

S. Garrido. 



MANICOMIO 



% 



Á la izquierda del camino 
se alza una mole sombría, 
imponente, muda, fría, 
triste como su destino. 
De los vivos ataúd, 
parece una fosa abierta, 
y allí encima de la puerta 
se lee: Casa de Salud. 
Á aquel manicomio fui, 
y sus celdas visité, 
y todo cuanto observé 
voy á contaros aquí: 
Una joven que yacía 
en un desastroso estado, 
con el seso trastornado 
por abuso de poesía. 
Con empeño decidido 
buscaba, siempre anhelante, 
á virgen, un consonante, 
cosa que nunca ha existido. 

Un hombre de cierta edad, 
que tratan de sujetarle, 
y el cual se empeña en cortarle 
el cuello ala humanidad 
Este infeliz, la razón 
hace tiempo que ha perdido, 
y habla cual si hubiera sido 
Presidente en su nación. 

Buscando por todos lados, 
un cocinero se inquieta, 
mientras mira una receta 
de calamares guisados. 
Y entre gestos singulares, 
dice siempre el cocinero: 
— ¿Qué se descubrió primero, 
la salsa ó los calamares? 

Una señora soltera, 
la que une á su mucha edad 
una inmensa fealdad, 
al ver un hombre se altera. 
Se está anatematizando 
con furor la soltería, 
y luego el resto del día 
el divorcio predicando. 

En otra celda, un señor, 
el que diputado fué, 
siempre dice: al fin gané 
justa fama de orador. 



Y Demóstenes, á mí 
veréis que nunca alcanzó. 
Oídme. No, no, no, no, 
¡qué discurso! jsí, sí, sí! 

Otro individuo severo, 
quieto en su celda reside, 
y con grave acento pide 
á todo el mundo dinero. 
—No os extrañéis de su mal— 
me dice el que cuida el loco-— 
este infeliz fué hasta poco 
procurador judicial. 

Gira en su celda y se ofusca 
otro en su manía eterna, 
pues que con una linterna 
el sentido común busca. 

Mueve altivo la cabeza 
otro loco y dice así: 
— ¡quién puede igualarse á mí 
en poderío y riqueza! 

Y después se vá á ocultar, 
cuando se acerca el loquero. 
Pues cree que es su zapatero 
y no le puede pagar. 



Visité aquel manicomio, 
con más dolor que placer, 
admirando por doquier 
progresos dignos de encomio. 
—¡Qué talento el del doctor 
que de la ciencia al servicio 
era de aquel edificio 
propietario y director! 
—¿Está el sabio?— pregunté— 
y me dijo un empleado. 
—Pero ¿no está usté enterado? 
¿Es que no sabia usté...? 
— Nada. 

—Que el doctor decía: 
trabajo sin descansar; 
la locura he de matar 
para siempre; cualquier dia, 
y el pobre, que hasta hace poco 
trabajaba decidido, 
al cabo... 

— ¿Qué ha sucedido? 
—¡Qué también se ha vuelto loco! 

Luís García. 



*»■ 



-TFi 



EL CASCABEL 



359 







"TEATRO NUEVO" 




a 



UANDo la sociedad' Damas Benéficas toma á su cargo la 
tarea de sacar dinero á los prójimos, que lo tienen, para en- 
jugar el llanto de los que se ven privados de él, lo nace é la 
perfección. 

—Es posible— decía la encantadora esposa de un general, 
que aunque formaba en la plana activa era opinión qu^ debía 
pasar á la pasiva, y aun en concepto de muchos había pasado 
ya, — es posible que logremos resultados positivos de la fun- 
ción que nos ofrece la empresa del Teatro Nuevo? 

— ¿Por qué no? — replicaba la pro-Secretaria de ía Sociedad. 
\ — Por que el teatro está desacreditado. Las obras que se 

representan en él, además de ser insulsas, son muy libres, y la concurrencia... la 
concurrencia es más libre aún. 

—Doble mérito. Así demostraremos que sabemos sacar dinero de cualquier parte. 
Impondremos á la licencia de teatro... 
-Ucencia real. 

—Sí; pero vedada hasta cierto punto. Le impondremos, repito, un tributo que ven- 
drá muy bien á nuestros pobres. Cada contorsión de Sánchez... 
— ^Quiéo es Sánchez? 

— Kl primer actor. Cada contorsión suya, cada chiste gordo, sólo representará para 
nosotras un grano de arena puesto en los cimientos de nuestra gran obra. 
— jCómo te remontas! 
— Sólo veo el producto... 

— En fin, sea. Vaya por el Teatro Nuevo, por los chistes subidos de color y por 
Sánchez... Qué grosero debe ser el primer actor, señor Sánchez... 

—Qué me importa. La cuestión es, como dices tú, que nuestros pobrecitos pobres 
hallen un consuelo... Hasta la noche, pues. Nos veremos en el antro del vicio^ que 
dice mi esposo. Hoy en los palcos no lucirán sus cabecitas picarescas y sus joyas, 
las alegres damiselas de costumbre. 

—Pero, en cambio, el teatro estará deslumbrador. Creo que nuestras cabecitas 
podrán no ser picarescas... pero... 
— ¡Coqueta! 
— Adiós. 

II 

Nadie hubiera dlclio que aquella era la sala del Teatro Nuevo. Se celebraba una 
función extraordinaria de beneficencia. 

Las Damas Benéficas habían distribuido las localidades. Con esto está dicho que 
la concurrencia era nueva y brillante, valga la expresión. 

La generala ocupaba un palco bajo, próximo al escenario. 

La pro-Secretaria la acompañaba y se reía mucho cuando aquella le decía: 

—Estoy violenta. 

—¿Por qué? 

— Creo que la obra elegida para esta noche es muy licenciosa. ¡Y cuidado que le 
advertí á Sánchez que tuviera cuidado en la elección! 

—¿Hablaste á Sánchez? 

—Sí. Parece un muchacho educado y fino, pero emplea mal su lalenio... 

La función empieza. 

Es, en efecto, muy subida de color. 

El amor en todas sus manifestaciones, desde lo más tierno á lo más brutal, apa- 
rece en escena y juega el principal papel. 

Sánchez, en el ae calavera, hace maravillas. Representa un vicioso elegante. Viste 
muy bien. 

La generala se digna mirarlo, y aun cree que á su vez Sánchez la mira á ella... 

iHabrase visto atrevido! 

Cae el telón. El primer acto ha terminado. 

—¿Qué te parecer pregunta la pro-Secretaría. 

— Ni bien ni mal... 

Los galanteadores de la generala, que no son pocos, la encuentran distraída, preo- 
cupada. 

La misma pro-Secretaria lo advierte. 

Empieza el segundo acto. 

Sánchez, en un monólogo cómico hace la apología del amor sin trabas. 

La genérala nota que Sánchez, ya no la mira. 

¡Gracias á Dios!... ' 



.■,:ív..;r,:;^;^psj/í:-?r?í; ■»::.;;?: :''-ui?;"r;^?;^S:!95's:^5S 



*^aBo 



.El/ GAteABBL 



i I \.: 







Ministerio y Presidencia, 
que hoy forma nuestro gobierno; 
los que tien«n influencia 
en verano y en invierno. 



INFLUENZA 




—Dicen que la influenza, solo ataca á 
las eminencias, y yo t¿ngo miedo, mucho 
miedo de que me ataque; 





— . .Y como sé que V. tiene influencia 
venía para que me recomendase... 

— No señor, ya hace tres días que toe le- 
vanto, pero gracias por el cuidado. 



Tres óhalecoá, cloá canosas, 
faja, cinco «íuniset'ás, : ■ 
seis ginebras que he bebídO' ' 
¡que me ataque la infl,uenzai 



EL GA8BABEL 



aei 



TRANCAZO 




La influencia verdadera, 
ante la que sin cuidado 



de pescar un constipado 
nos quitamos Ja galera. 




—¿Y tú no la has tenido aún? 

— Todavía no; porque pasado mañana 
daremos un recibo, pero el sábado sin fal- 
ta, se me declararán los síntomas... 



■ . El trancazo (el legítimo, sin falsificar.) 



■.■-'-- '^JÍ^.. 



- 3é2 __ JÉLCASCABáL 



Durante el tercer acto la generala se impacienta, y. hiaMa/scM, con erpénlamien^. 

—Ya no mira Sánchez...! y es buen mozo!... Debe "Ser un feaía vera fino... ¿Por qué 
no me mira ya? Me gustan sus gestos; son artísticos...! y á la dama la abraza con 
mucha delicadeza, 

—¿Estás preocupada?— pregunta la pro-Secretaria. 

—Si. Pensaba que los resultados de la función de hoy... 

— Serán opimos. 

- Asi,. 1©. creo.' Trabaja bien* ese Sr.- Sánchez, eh? 

—No lo hace mal. 

— Ea, vamos. El teatro está casi vacío... 

— Ah, si. Vamos. 

111 

Y la generala salió casi á la* fuerza. 
Por qué....? 

El general, en cambio, estaba muy satisfecho. La función le había gustado. Habíase 
reído mucho y lo escabroso del argumento de la obra le había hecho mucha gracia. 

—Pobre marido!— decía el valiente müitar, comentando el chasco que se llevaba 
el marido de la dama engañado por ésta y por Sánchez, el calavera y protago- 
nista de la obra. 

— Pobre marido...! repitió inconsciente mente la generala. 

IV 

El Teatro Nuevo se hizo el teatro de moda. 

Los noticieros, no. se olvidab.m de consignar en sus crónicas el fenómeno, y lo 
consignaban con estrañeza. 

En la lista de concurrentes, figuraban siempre la señora de N... y su esposo el 
general X. 

¿Por qué se hizo de moda el Teatro Nuevo? 

Pocos lo sabían. 

El único que lo acertó fué Pepito, elegante joven que un día amargamente se dijo 
á la salida ael teatro: 

— ¡Estoy derrotado! La generala ya no quiere acordarse de mi. Me ha deshancado 
un cómico, pero me he de vengar esparciendo la noticia. Se lo diré, en secreto, 
á Pérez: es la mejor manera de hacer circular una noticia..; 

V 

Y circuló. Vaya si circuló. 

La pro-Secrelaría estuvo á punió de sorprenderse. 

El general no supo nada, y siguió compadeciendo al marido de teatro engañado 
por Sánchez, calavera de teatro también. 
— Pobre marido!... 

Y la generala ya no le contestaba, como la noche aquella de la función de bene- 
ficencia. 

Ello es que la citada función fué benéfica verdaderamente. 

Los pobres viemn aumentar la fuente de sus recursos. 

Sánchez, de- calavera de teatro, pasó á calavera de salón. 

Él empresario, admirado, exclamaba, al ver siempre lleno el teatro: 
, — ¡Pero... qué loco es ei público!. 

Por lo demás, en el Teatro Nuevo ya no se ven lucir aquellas cabecitas des- 
cocadas, que lanto preocupaban á la generala. 

Ahora la concurrencia es muy decente. 

Andrés Soler. 




~ EL Cl^lCABCL 



^363- 



T 1 P O S ei A ÍL-LEJEROS 




iiiiiiSSSi\)iw>"i*'\^^i''''^' 



Quieto como un monolito, 
visto á la luz de la luna. 



hace la ilusión ae una 
estatua tocando el pito. 



364 



EL CASCABEL 




OE DOMINGO A DOMS.^GO 



Valientes cargas de caballeria ó Cava- 
lleria^ mus ó menos á la rústicaíT.. 

Es decir, Rusticana. 
V Pero que no ha pasado de ser una obra 
en rústica, tanto en la Ópera como en la 
Zarzuela. 

Por que no basta que una ó dos partes 
hayan estado más ó menQs discreías en 
ambos teatros. ' ' ' 

El conjunto ha sido poco, agradable, sea 
dicho sin reparos, y máSide cuatro aficio- 
nados á la ópera han vuelto los ojos, es un 
decir, á la Cavatleria que se caníó antes 
de ahora en el Politeama^ por los artistas 
de la compañía Tomba. 

Y apropósilo de esta compañía. El pú- 
blico que acude al iesXvo-^vniñ San Mar- 
tin se empieza á tíansar de las obras^pues- 
tas en escena, que son siempre las mis- 
mas, y sin el brillo de antes. 

Guando menos el ramo de mujeres bo- 
nitas brilla por su ausencia. ¡Se acabaron 
aquellas temporadas! Ahora so!g queda el 
recuerdo, y algún constipado traidor que 
acecha á los espectadores desde la fría sala 
áeXSan Martin. 

Y... no hablemos de resfríos, porque el... 
¿cómo le llamaré?... ¡ah! sí, el A' de La 
Nación creería que aludo d ciertas toses, 
parecidas á las que se oían en el Onrubia 
la noche del estreno de Realidad, y que; , 
según el cronista, digo, el señor X, signi- 
ficaban cansancio en el público... Ino- 
cente!... 

O malo. 

¿De Realidad hablo? Pues, en primer 
lugar, un aplauso á la compañía deí On- • 
'i^uMa. Aplauso merecido, salvo mejor 
opinión. 

Y en segundo lugar... 

Nó, á Galdós no le aplaudo; no lo nece- 
sita. 

Realidad, pese á quien pese, es una 
obra tan grande, que viene muy ancha 



á ciertos entes, ceros^ A', ó N, que de ella 
a\e traa ocupado. 

Pof esto se comprende, hasta cierto 
punto (no aludo á nadie) que se hayan emi- 
tido tbs juicios temerarios que pronosti- 
cábamos en nuestro número anterior. 

En cuanto al desempeño de Realidad. 
diremos" que fué bastante acertado por 
parte de los artistas que tenían á su cargo 
loa diversos papeles de ia obra. 

Merecen especial mención la Sra. Eche- 
varría, que es una verdadera actriz, ó una 
actriz de verdad, hablando con más pro- 
piedad. Desempeña su difícil papel con 
.naturalidad suma, como conviene á un 
peráqnaje de una obra como Realidad^ y 
Hiene momentos verdaderamente felices. 

De ios actores, Prado y Galé se hacen 
aplaudir, con justicia. E| resto no descom- 
pone nada, pero, secunda muy bien, como 
de costumbre. 

Volviendo á la obra, no romperemos 
lanzas en su favor por que necesitaríamos 
disponer de mucho espacio. Y, además, 
repito,, el mejor elogio de la obra, es la 
misma. 

La compañía que actúa en el Politeama 
merece" verse y aplaudirse. La Sra. Boetti 
Valvasáura es una notable actriz dramá- 
tica, que domina el género que ha inmorta- 
lizado á Sarah Bernardt. El público no 
escasea aplausos y á fe que los merece la 
feliz intérprete del trágico papel de Tosca. 

Además de la Sra. Boetti, hay en la 
compañía muy buenos actores, el Sr. Fal- 
coni, entre ellos, un gracioso de verdad. 
Por falla de espacio no hablamos más, por 
hoy, del cuadro dramático que actúa en el 
coliseo g7^ande de la calle Corrientes. 

El género de zarzuelas por raciones, si- 
gue gustando en el teatro de la Comedia. 

Pronto se representará El Cocodrilo, 
de Sardoú, desarreglado por Pina. El que 
quiera reir no ha de dejar de asistir á la 
Comedia. 

En Novedades también se rie... pero se 
rie en familia. 

El Odeón se dispone á abrir sus puer- 
tas y la empresa del Nacional no se des- 
cuida. 

Según telegramas'de Milán, el Sr. Ber- 
nia, empresario del teatro, haj contratado 
un cuadro lírico, en el que figuran artistas 
reputados, y una verdadera notabilidad de 
fama universal, el maestro Juan Goula. 

Es probable que la Bellnicione forme 
parte del cuadro. 

La empresa anuncia cuatro óperas nue- 



EL CASCABEL 



365 



vas en Buenos Aires, entre ellas XrOS 
Amántesele Teruel j Amigo Fritz^ úl- 
tima de Mascagni. 




Igual que un gladiador 
hoy hace la preciosa Leonor: 
se siente ya ceder 
y mira en derredor 
buscando posición para caer. 



Ustedes creerán que la critica es cosa 
seria ¿no es esto? 

Pues están equivocados. Y sino/A'ean 
los juicios que emiten los diarios apropó- 
sito de Realidad^ de Pérez Galdós. 

Según El Correo EspañoU la moral 
del drama últimamente estrenado en el 
Onrubia se reduce ó que la mujer que en- 
gaña á su marido, al ser interrogada por 
éste, debe acostarse y dormir. 

Bonito humorismo, critica ú la minuta 
de una obra que representa muchos días 
de trabajo. 

Pero á la nota de El Correo Español 
puede agregarse esta. 

Márchese a dormir la mujer adúltera, y 
no se olvide de leer El Correo^ para con- 
ciliar pronto el sueño. 

¡Bromistas! 



A un juicio el juez Don Sulpicio 
hoy de asistir se olvidó, 
é incomodado exclamó: 
—¡Demonio! ya perdí el juicio. 
Su mujer, que es una harpía, 
le oyó y dijo: — Te confieso, 
hijo mió, que hace de eso 
tiempo que ya lo sabia. 



Cocineros y atorrantes 
ahora se chupan los dedos: 
unos probando las salsas, 
otros probando el invierno. 



La Nación, parece que no tiene critico 
teatral. Nosotros creíamos que lo tenia» 
pero no es asi. 

UnN. N., es decir, nn modesto gacetille- 



ro, juzga la obra de Pérez Galdós, en quin- 
ce renglones malos. 

Malos bajo lodos conceptos. 
'.' Por que eso d« que el público aguantase 
en poA^iencia la languidez de sus dos 

priíneros actos 

' ¡En paciencia! 

D'Iós se lo tenga coíi cuenta al gacetille- 
ro ruboroso que encuentra que la obra es 
inmoral, y que habla de toses denunciado- 
ras de impaciencia en el auditorio.. . ... 

Conste que el público aplaudió mucho el 
final del primer acto, lo mismo que todas 
las situaciones culminantes, y conste que 
las toses eran naturales. No eran toses 
protestantes. 



Mas vale que dejemos de apuntar los 
disparates que de Realidad se han dicho, 
por que esto: ¿qué les importa á los asiros? 
— que diria Orozco. 



No hubo nombre, ni hubo honor, 
en quien no encontrase mengua, 
pues Tomás, tuvo una lengua 
de infame calumniador, 
Y hoy que el vivir á sus anchas 
le impide lo que ha infamado, 
para borrar el pecado 
se ha metido á quita-manchas . 



Hemos recibido dos ejemplares, segunda 
edición, de 1«js Cuadernos Inst?mct¿vos 
Monner Sans^ con unos bien hechos gra- 
bados que representan á Moreno y la 
casa de Ticcumati, acompañados de in- 
teresantes noticias históricas. 

Damos las gracias al autor por su ga- 
lantería. 



ondencia 




Nene.—ii V. echa de meaos el amor de Eleua? 
jca hombre! Lo que encuentra V. & faltar es la teta 
O el bib«*rón. 

Turco.- Aún que escriba V. en espaiiol, parece 
due traduzca. Y ¿vaya! Que no sirve. 

E. ¿.—Lo de V. si. Mande la firma como es de Ifv 



^Wl 



366 



ÉL CA$ÓABBt 



Altamante.—^o es gracíM», 'oomo V. sttpoáe/Es 
iaofauira. .:-'- ,^. 

T. Lemaco.— 

Calypso está mala 

tiene mml de amor. , . ' 

p«ro la composictón de V., sin tener mal de aáior 
eata malisimameate trazada, que dice V. hablaádo 
dtt' ella. 

J. P. V.— iCantares en estos tiemposl No pierda 
Qsted el suyo, que los cantalres no son para esta épo- 
ca, sobre todo siendo malos. 

P. Ptnííto.-.'Hómbre...! Mande V. la firma, y lo 
tendré en cuenta. 

S. /. O.'-Dejemos en paz alclero. 

Milonguero.— yio hombre; chapucero quiso V. de- 
cir. 

Critico.— íKíld esta V. vivo?... ¡Cu&n lo siento hom- 
bre!- lOuanto lo siento! Me «ra tan grato no recibir 
carta.de V.... 



A. X. 1.— Mándela; y, Taremos. 

A*ts.— iVersQs a la mucama! Mo se publican. 
Titán,— 

La vi por la calle 
y al punto seguí. 
'■' sus pasos. ¡Qué talle! 1. 

igual no lo vi... 

¡Qué tallel eso que talle otro, que Titán no sirve. 

S¿lrnícraüa<e.— Porque le quiero bien no lo publi- 
co. «Un suceso,» es un suceso... lamentable: Créa- 
me V. 

0X80*5151..—^^. no molesta, muy al contrario. Las 
explicaciones serian largas.... Mejor es que mande 
un articulo, ieh? Y lo publico, si, es parecido A su 
carta primera. 

V: y.— Es muy bonito, pero ¡ay! no me parece de 
usted. 

SanHif Ve^a.— iCu&nta. gracia le debían hacer &, 
su provecta abuelita esos cuentos! 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 

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CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses. . , g 

Provincias: Los señores Corpe>ponsales 
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REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 
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Se previene al público que la farmacia 
establecida en la calle Rivada, gue fué an- 
teriormente de D. Guillermo A. CraaweII, 
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Afio I Buenos Aires, Junio 15 de 1892 Núm. 24 





Editor propietario: FRANCISCO FERRÉS 



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Director: ENRIQUE COLL 



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Hoy este súbio varón, 
en ensoyos detenidos, 
estudia con atención 
ios microbios contenidos 
en la pasada elección. 



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'. ■ááfias-ÍL''- 



370 



EL CASCABÜL 






ADVERTENCIA 



ti- 



La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina 
número 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 




\^\j^ _ 



->©-$- 




L refrán que dice na- 
die muere hasta que 
¿<r'' Dios quiere se está 
desacreditando de un 
modo lamentable. 
Parece que la ma- 
i nía, la neurosis ó lo 
:| que sea, del suicidio, 
se ha puesto de moda, y no pasa día sin 
que los diarios nos enteren de que algún 
prójimo, cansado de la vida, ó de la sue- 
gra, se ha pegado un tiro. 

Tales noticias causan tan mala impre- 
sión como una votación en el Congreso, ó 
un discurso de Groussac. 

Y es que hay personas que nunca han 
podido salir de la oscuridad en vida, y 
quií con tal de alcanzar alguna notorie- 
dad, siquiera esta sea momentánea, se 
expiden los pasapurtes para el otro mun- 
do, so pretexto de cansancio ó decep- 
ciones. 

Nos basta ver á un amigo con la cara 
«'Stirada y el ceño fruncido para imagi- 
narnos que estamos en presencia de un 
presunto suicida. 

— ¿Qué te pasa, Anatolio? 
— ¿A. mi? 

— Sí. Estás preocupado, no lo niegues. 
Tú preparas tu fin. ¿Qué has hecho esta 
mañana? 

— He leído La Nación y los telegramas 
<le La Prensa. 



*- — ¡Desdichado! Confia en mi, y aban- 
dona tus tenebrosos proyectos. 

—Es que... 

-¿Qué? 

— Pensaba, en este instante... 

— ¿Matarte, eh? 

— No. hombre. Pensaba que tú, que 
tan bueno eres, podrias prestarme cinco 
pesos. 

— Toma, y ten valor. 

— ¡Si, no me falta! 

Y el amigo, ei buen Anatolio, no se 
mata, ni había pensado en ello, pero nos 
arranca cinco pesos. 

Los papas amantes de la familia, están 
con el ¡ay! en la boca, temiendo que sus 
tiernos vastagos se cansen de ia vida. 

— ¡Eleuterio! — dice la esposa á su ma- 
rido. 

— ¿Qué quieres? 

— Reparo que !a niña Eduvigis, está 
muy triste y temu que se aburra y ponga 
fin á su existencia. 

— ¡Dios mío! 

— A ver si la distraes un poco. Ponte 
aquella alfombra con cabeza de tigre y 
c;^mina en cuatro pies. Ya sabes que esto 
distrae mucho á Eduvigis. 

Y el buen padre obedece al punto y 
empieza á dar vueltas, por la habitación, 
rugiendo como un tigre de Bengala. 

Eduvigis se reanima y empuña un bas- 
tón. Vá á ejercer de domadora. 

— ¡Hip!... ¡Hip!... ¡Salta tigre! Corre., 
échate... levántate... dame la pata.... li- 
gero... ¡más ligero!... ¿No obedeces? Pues 
toma!... ¡Toma! 

Y sacude cuatro garrotazos al papá- 
tigre, con tan mala suerte, que le rompe 
los cristales de las gafas y le hace un 
chirlo en la nariz. 

Protesta el tigre, y mientras se limpia 
la cara con el tapete, pregunta cariñosa- 
mente á Eduvigis: 

—¿Te has divertido? ¿Te ha gustado el 
tigre? 

— Sí, papá. Y ahora te voy á dar la 
comida. 

Vuelve á ponerse en carácter el padre, 
y la niña le tira un trozo de salchichón y 
un terrón de azúcar, que el buen hombre 
toma con la boca. 

E'luvigis salta y ríe. 



EL CASCABEL 



371 



Y los padres se confunden en estrecho 
abrazo, exclamando á un tientipo: 

— ¡Salvada! 

— ¡Gracias, Dios mío!— murmura don 

Eleuterio al mismo tienipo que la sangre 

colorea sus narices. 

Mas ¡ay! que en ej^undo no abundan 

los ETgc rtGPio'j i , Gtr fmces de hacer cualquier 

papel, el de tigre inclusive, por salvar á 

los vastagos. 

Hay padres de carácter violento que no 
creen en decepciones amorosas ni en sui- 
cidios y que se [)onen hechos unas furias 
cuando las niñas les descubren los secre- 
tos del corazón. 

— ¿Porqué estás triste?-— pregunta uno 
de estos papas tprribles. 

— ¡Ay papá...! 

—¿Qué hay? 

— Que Arturo quiere casarse, y yo 
también. 

— Pues no será ¡No fa'taria más! ¿Qué 
es Arturo para casarse con uua niña co- 
mo tú? 

— Es un buen muchacho, gana buen 

sueldo, y además, tiene un lunar muy 

gracioso y hace versos muy bonitos.' 
— ¡Pues no te casas! 

— Tomaré arsénico. 

— Y yo tomaré un palo, y le romperé 
las costillas á Arturo. 

La niña comunica al ^'ulán el proyecto 
paternal, y le invita á morir, pero Artur-o 
rehusa tanto honor_y se larga con viento 
fresco, y la niña no toma arsénico pero 
to na otro novio, por si cuela. 

Más vale asi; y (>jalá todas imitaran su 
conducto. 

— La cuestión es vivir — me decía un 
filósofo decrépito.' Yo estoy cansado de la 
vida, y ¿sabe V. lo que hago? 

— No. señor. 
— Descansar. 

Y se echó, cuan largo era, á tomar el 
sol filosóficamente. 



Por los avisos que publicamos hoy, se 
enterarán ustedes de que El Cascabel se 
ha mudado de casa. Desde esta CJiarla-.ie- 
nemos p\ gusto de decir á nuestros favo- 
recedores, que en la calle de Alsina 939 
altos, estamos á sus órdenes. 



¡Ah...! Y que Dios ies libre de cambios 
Je domicilio ! 




C O R P U S 

Día que á fines fatales 
nos podría dirigir. 
Corpu$ que ha de producir 
cien delitos corporales. 
Hoy día, nadie repara, 
ya que el Corpus celebramos, 
en que á una mujer sigamos 
de buen cuerpo y linda cara. 
Y si algún entrometido 
dice: 

— Corpus es latín — 
diremos: 

— líien, pero al fin 
lo adoramos traducido. 
Hoy se está de enhorabuena, 
ya que he visto á más de dos 
cambiar el cuerpo de Dios 
por el de alguna morena 
que con su gracia y su sal 
y su andar y su palmito 
es un Corpus del delito 
ó un delito corporal. 
jA ver! ¿.quién no deseara 
con su amada tropezar, 
hoy que es corpas, y luchar 
cuerpo á cuerpo y cara á cara 
Hoy corpas en todo imperas, 
hoy de íiesia se engalan. 
a(iueilas que en cuerpos ganan; * 
modistas y corseteras. 
Yo también entusiasmado 
espero de ti mercedes, 
más... en fia. oigan ustedes 
todo lo que me ha pasado: 
Conozco á una señorita 
que me tiene medio loco, 
á quien adoro y no poco, 
y la cual se llama Rila. 
Ella es de las más sensibles 
Ritas que viven aquí, 
pero es Hita para mí 
abogada de imposibles. 
Ella á mi eterna plegaria 
desatiende noche y día. 
ejerce su abogacía, 
pero en la parte contraria. 
Hoy Corpus, fuime contrito, 
y de amor en el excgso. 
Ja dije— ¿me dá usté un beso? 
—No, que es corpus del delito. 
— Mire usté que me enveneno, 
—No lo creo 

—Crea usté. 



372 



EL CASCABEL 



hoy es corpus y diré 
: á su cuerpo, cuerpo bueno. 
Yq, insistiendo, se negó, 
y continuamos así; 
Déme usté por Dios el sí, 
— :No quiero, 

—Pues si, 

— fues no. 
— jQue hoy es Corpus! vida mía, 
—Pues aunque otro día fuese, 
¡no y no! aunque me lo pidiese 
un cuerpo de infantería... 
¡Oh, Corpus como me afrentas! 
mi dicha se estropeó 
porque la niña me dio 
calabazas corpulentas. 

S. Garrido. 



--^^ 



LA ORACIÓN DE UNA MUJER 



— Luisa 

—¿Enrique qué te pasa? 

—Nada. 

—Sí, dime qué tienes, 
tú no estás bien cuando vienes 
tan pronto á dormir á casa. 
—Me hallo un poco delicado, 
siento frío en la cintura, 
inquietud; se me figura 
que debo estar resfriado. 
—Te dolerá la cabeza. 
Ya me parecía á mí; 
eso es influenza, así 
con ese síntoma empieza... 
y dejándose cuidar 
por su esposa cariñosa, 
á Enrique lleva su esposa 
á la cama ¡y á sudar! 

II 

Enrique es un calavera, 
que vá á su :;asa á deshora, 
y abandona á su señora 
por una mujer cualquiera. 
Mas hoy (lue la enfermedad 
sin ánimos le ha dejado, 
está en el lecho cuidado 
por su preciosa mitad. 
De él no se aparta su esposa 
y siempre está— Dueño mío, 
¿cómo te hallas? ¿sientes frío? 
¿deseas alguna cosa? 
Semejante abnegación 
que un justo premio merece, 
Enrique se la agradece 
con todo su corazón. 
Va cejando la dolencia, 
cesa la tos y el sofoco, > 
y el amado esposo á poco 
entra en la convalecencia. 



Deja el lecho del dolor, 
y aquel cariño sin tasa, . 
hace que sea la casa 
un paraíso de amor. 

III 

Bueno ya completamente 
dejaú su esposa querida, 
y Enrique lleva una vida 
lo mismo que anteriormente. 
Llega á su casa á deshora, 
y, perdido y calavera, 
por una mujer cualquiera 
abandona á su señora. 

IV 

Hoy en una iglesia entré 
y pálida y demacrada, 
á la esposa abandonada 
ante un altar encontré. 
Nos saludamos los dos, 
pregunté por su marido, 
y dije: — Usté habrá venido 
para dar gracias á Dios. 
Llena de perplejidad, 
calló, y yo dije turbado: 
— Lo digo porque ha sanado 
él de aquella enfermedad. 
De sus ojos una perla 
brotó, y con voz que temblaba, 
dijo: — No, que yo rezaba 
por que volviese á tenerla. 

Luís García. 



DOCUMENTOS COMERCIALES 



<§; 



oDos sabemos, por una triste expe- 
riencia., conno dicen en los folletines, lo 
que es un recibo. 

Es lo que, una vez en nuestro poder, 
nos acredita de buenos pagadores. 

Las necesidades del tráfico moderno lo 
han hecho indispensable 'y pronto habre- 
mos de aplicarlo á todos los actos de la 
vida, para dejar sentado el cumplimiento 
de ellos. 

Algunas señoritas de raza sajona, como 
los buenos caballos, ya acostumbran á 
hacerlo. ' 

Exigen la promesa de casamiento por 
escrito y con la firma legal. 

Esto no es más que un recibo que se 
abona al pié del altar, siempre que se 
cumpla al pié de la letra lo prometido. 

El progreso nos empujará y el imperio 
del recibo será absoluto. 

Los caballeros correctos, bien educados 
y exageradamente cumplidos.^ esos que ha- 



EL CASCABEL 



373 



cen un caso de honor la falta de una fór- 
mula cortés; para dejar demostrada su 
finura, nos exigirán prueba escrita de 
que nos han dado los buenos días y de 
habernos preguntado por toda la familia y 
sus ramas ascendentes y descendentes. 

Los enamorados celosos, llevarán por 
partida doble un libro en el que apuntarán 
las sonrisas de su amada y las galanterías 
que los demás las dirigen, algo parecido 
á esto: 

Un apretón de manos para mi solo, 
que tne ha dado Emilia^ detrás de la 
puerta. 

Cuatro, «amor mió», que m,e dice en 
su última carta. 

Un gotero de dormir^ que me regala 
para que lo use el día de la boda. 
Y en frente, en la otra oja: 
27 palabt^as, que ha dirigido al mé- 
dico Jóven^ al feo. 

Un billete para el concierto, que ha 
vendido á D. Roque. 

Una alabanza á los versos de Ra- 
mírez. 

Los críticos Búcpontáneos. los que se 
se dedican á buscar faltas de gramática 
en los diarios, estarán agobiados por el 
trabajo y tendrán que buscar empleados 
que les ayuden. 

Todavía tendrá más ventajas el siste- 
ma comercial. Supongamos que un espo- 
so se convence de que su mitad, le erige en 
rey, es decir le corona, y se divorcia de 
ella y se separa. No tendrá más remedio 
que dar un recibo á su ex-cónyugue, que 
dirá así poco más ó menos. 

—He recibido de doña Fulana de Tal 
la libertad de la viudez, como pago de 
tres años de espantosa vida marital, 
soportando su irascible carácter., y 
las faltas simples y gordas á ?ni ho- 
nor, etc. 

A quien no será útil el procedimiento, 
será á los cazadores, de imaginación exu- 
berante, á esos á quienes ninguno cree las 
aventuras cinegéticas que relatan. Sope- 
ña de ir acompañado de testigos judiciales, 
ó hacer firmar un documento á la liebre 
que den muerte. 

Los peluqueros, cuando acaben de afei- 
tarnos, á la par del clásico Servidor de 
usted, nos dirán: 
—Un momento, señor. 

-¿Qué hay? 

— Sírvase firmar aquí. 

—¿Pero qué es esto? 

—Un certificado, que prueba no le he 



cortado á Vd. el cutis más que dos veees. 
Y firmaremos, y así el artista podrá de- 
mostrar su competencia reconocida* 

Al igual que los sastres cuando nos ha- 
gan un traje, y los cocineros cuando nos 
sirvan un plato. 

Cuando algún individuo no tenga un 
simple papel en su poder que le declare 
sabio, apto ó inteligente, diremos: 
— jBah! no sirve para nada. 
Los pobres poetas van á tener que sudar 
mucho, por cuanto en el momento que 
den á luz algo, tendrán que ir á la casa 
de todos sus lectores. 

—¿Le ha gustado á usted el soneto al 
Cóndor de los Andes? 
— Regular. 

— Sírvase, pues, darme recibo. 
Y tendrán una colección curiosa, en que 
constarán los ripios y los plagios. 

Cuando dos prometidos rompan, se exi- 
jiránel documento. Y se leerá. 

«Juliana López, estuvo en relaciones con- 
migo y reñí con ella porque padece de fla- 
to y me decía que yo no tengo gusto para 
hís corbatas. Además se fumaba los ci- 
garrillos de su papó, robándome á mí 
los fósforos.» 
Claro es que no habrá engaño posible. 
Ya sabemos de muchas personas que 
van á trabajar porque se extienda la cos- 
tumbre de los documentos, y dentro de 
cinco años, podremos leer entre los pape- 
les de algún ministro- 

«He recibido del Sr.... un nombramiento 
de oficial I» en la oficina de Vegetales y 
Perfumes, en pago de una biografía lau- 
datoria de dicho señor, y dQ haberle roto 
la columna vertebral á López, periodista 
de oposición.» 

José M^. Mendoza. 



R^STRO^O 



Vi á una mujer que lloraba, 
y al verla sequé mi llanto; 
comprendí que su quebranto 
era el que á mí me mataba. 
Un ansia, un anhelo extraño, 
que la hizo amar á otro ser; 
un segundo de placer 
y un siglo de desengaño. 

Calmando mi propio anhelo, 
endulcé el que ella sufría, 
y brotó la simpatía 
ante aquel mutuo consuelo. 
Y huí, mas bien sabe Dios 
el motivo por que huí, 
pues terminamos así 
sin ser inlieles los dos. 

Adolfo S. de los Rios. 



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"37Í 



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EL CASCABEL 



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REFRÁN APLICADO 



I 

Juan y Juana en matrimonio 
se unieron, por su desgracia, 
pues, aun jue encanta su gracia 
es Juana como el demonio. 

JuAn es hombre de conciencia 
que ama á Juana como un niño, 
y que lleva su cariño 
al colmo de la paciencia. 
Más, nada le hizo temer 
perder la calma alpun día, 
cual la picara mania 
del primo de su mujer, 
que diciendo que en los lazos, 
de familia, no hay malicia, 
la daba besos y abrazos 
con alarmante delicia. 
Juan vio su dicha turbada , . 
pues, del primo la terneza, 
pesó sobre su cabeza 
cual de Damocles la espada. 
— Mira Juana, ya me tienes- 
dije un día exacerbado. — 
de tus extremos cansado; 
—¿Con la de siempre me vienes...?— 
le contestó ella burlona: 
. — ¿Cómo no? Si ese chiquillo....— 
— jUf! Jesús! ¡qué lobanillo! 
— Pero Juana, reflexiona: 
¿está dentro de lo justo, 
ni siquiera de lo humano, 
que yo mano sobre mano 
permita daros el gusto, 
de pasaros beso á besó 
todas las tardes de Dios? 
— ¿No me los das también vos? 
— ¿Y qué tiene que ver eso? 
Yo soy tu dueño, tu esposo... 
— Y mi primo es mi pariente, 
—¡Tú... faldero! 

—¡Impertinente! 
— ¡Coqueta! 

— ¡Otelol 

—¡Loca! 

—¡Oso! 
—¡Mira Juana...! 

—¡Repugnante! 
¡Tratarme como á... un pendón! 
— Pero si tengo razón; 
— No quiero verte delante: 
— No llores, cálmate Juana; 
si es porque té quiero mucho, 
y comprende: 

—¡Nada escucho! 
— Que nuestra honra nada gana 



haciendo lo que tu haces, 
no es tan chiquillo tu primo 
que necesite tu mimo. 
Vamos hagamos las paces, 
— Yo quiero amor, no sermones, 
—Pues ese es también mi afán, 
—Amor son las obras, Juan, 
y 710 las buenas razones. 
Marchóse Juana altanera 
dejándole á Juan plantado, 
con el semblante nublado 
y blanco como la cera. 

II 

A pesar de este incidente 
siguió adelante la cosa, 
la prima, tan cariñosa, 
el primo, tan consecuente. 
Visitas todos los días, 
sonrisas y secretitos, 
los abrazos, los besitos 
y otras mil zalamerías. 
Siendo entonces lo curioso 
que del primo la presencia, 
coincidía con la ausencia 
casi siempre, del esposo. 

Mas de .luán quiso el destino 
que un día llegara á ver, 
al primo y á su mujer 
formando un grupo.... ¡divino! 
Le hizo á tal punto cosquillas 
al bueno de Juan la gracia, 
que perdió su diplomacia 
y fuera de sus casillas; 
con el junco de paseo 
les arrinií) un vapuleo, 
capaz de hacerlos astillas. 
— ¡Deja, por Dios!— exclamaba 
su pobre mujer, llorando; 
pero Juan sigue pegando 
y su furor no se acaba. 
Pegó y pegó sin cesar, 
despreciando. los lamentos, 
hasta que falto de alientos 
ya no pudo continuar. 

Y entre sollozo y sollozo 
Juana desahoga el coraje, 
gritando: 

—¡Bruto! ¡¡Salvaje!! 
mientras .luán, lleno de gozo 
— ¿Porqué esas exclamaciones? 
dice con risa inhumana: ' 
¡Amor so ' las obras, Juana. 
y no las baenas razones! 

Al i dio Borgla. 



EL CASCABEL 



375 



COSAS 




iCHOso el (jae tiene cosas! 

Ks decir, feliz aquel de quien el público, ó los parientes mus 
cercanos, pueden decir: ¡Bali... cosas de Fulano!... No le haga- 
mos caso. 

Conocí un señor de cierta edad al ([ue sus amigos se lo per- 
mitían todo. 

Y el buen hombre, contando con la indulgencia del público, 
ni mrts ni menos que una empresa teatral cualíjuiera. se permi- 
tía toda clase de libertades. 

—Hola... ¿cómo estás? — decía al primer conocido que encontraba en la caliel 

— Bien, ¿y tú? 

—Así, asi. -^ 

—¿Estas mal? 

— No: pero me hace falla tomar un verniliimt y he pensado que tú me lo vas á 
pagai- en el acto. 

—¿En el acto? 

— O en la confitería, si te parece bien... 

Y. el amigo accedía, diciéndole al mismo liempo: 

— ¡Qué cosas tienes! 

— ¡Qué quieres!... Yo soy así. 

— Ya lo veo. ' - 

Tomado el vei^noliut y despedido el amigo, el de las cosas encontraba á Pérez, 
por ejemplo. ■ 

— ¡Amigo P^rez! 

—¿Qué tal? 

— Bien, gracias. ¿A dónde vas? 

—Voy ú. comer. 

—¡Hombre, apropósito! Acabo de tomar un vcrmlKH'A que me ha abierto mucho 
el apetito, así es, que me invito; comeré contigo. 

— Qu«i cosas llenes, hombre... 

— Nada, nadn; comeré contigo; 

Y dicho y hecho. El de las cosas va ¡i casa de Pérez, devora y bromea á un 
tiempo, se sirve lo mejr.r de cada plato, y ¡á vivir! 

Por algo tiene coíias. 

VA tenerlas equivale á poder vivir libre de preocupaciones. 

Pero, ¡ay! del que no las tiene. 

Las cosas, se entiende. 

El adquirir el derecho á tenerlas, representa una lucha desesperada. 

Un escritor, especialista en últimas horas en verso, leyó en alguna parte que 
Anlbssi no podia escribir sin estar rodeado de capones asados y oíros apetitosos gui- 
sos, (|ue Haiden se vestía de etiqueta para escribir sus cantos, (pie Rossini componía 
bueña música cuando mayor era el bullicio que le rodeaba, (|ue Iloffman bebía mucha 
cerveza antes de trabajar... ¡cosas de los genios! 

Y el aniov \.\e Vas ultimas horas, que se sentía genio, entregóse con furor alas 
más raras manías. 

Escribía con los pies metidos en un cubo de agua fría, ó bien mascando el cabo 
de un plumero. 

Otras veces, llamaba rt la mujer y la decía cariñosamente: 

— Biaulia, Braulia mía: voy á componer... 

— Ah. si: ¿el molinillo de moler el café? ¡Bien, muy bien! 

—No se trata de útiles materiales. Voy á componer un poema al Dr. Alem. así es 
que esp(>ro que me rascaras la espalda con el cepillo del sombrero y al mismo tiempo, 
me pasarás una pluma de gallo por las narices. 

— ¡Qué cosas tienes! 

— ¡üosas. cosas!... Tú me haces justicia; todos los grandes hombres tienen las su- 
yas, y yo tengo las mías. Unos necesitan pasar la mano por el lomo de un galo, y yo 
siento (¡ue la inspiración acude cuando me rascas la espalda. Aprieta, que ya empie- 
zo el primer canto. 

— Bueno: pero antes voy á arreglar el biberón para el niño. 

— No; déjalo llorar, que su quejido rítmico acompasa las ideas. 

— Bueno; vaya por el compás, pero el día monos pensado, el niño revienta. 

—¡Calla Bráulia!... Que me partes el alma. Tú erés una mártir inconsciente del 
genio en ebullición. 



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876 



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EL CASCABEL 



UN ATOLONDRADO 




II 




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EL CASCABEL 



377 



UNA MUSA 




Después que dos botellas de caña se ha bebido, 
y se halla entre vapores alcohólicos dormido, 
de músicas extrañas escúchase el compás, 
y sueña que la musa desciende, y al oido 
mil silüdes le pinta.... y yo no sé que más. 



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EL CASCABEL 




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Por fin, la esposa se cansó de ser mártir, y un buen dia, que para el poeta 
no lo fué mucho, se echó en brazos de un vecino desesperadamente y huyó con 
él, renegando de las cosas de su marido y de las friegas en la espalda. 

— jCosas de mi mujer!— exclamó el escritor al enterarse del viaje. 

- ¡Reniego de las cosas de las mujeres, y de las cosas de los genios!.... 

Librémonos de la excentricidad, y no nos hagamos rascar la espalda al escribir 
unas cuarlillas. 

Sobre todo si tenemos esposa, que éstas á veces suelen tener unas cosas...! 

Andy^és Soler. 



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EL ^ÜIOI© DE DI@I 



; Á lomos de ardiente bruto,. 

'■ la dura lanza en la diestra, 
la mente en el alto cielo, 
la fé segura en su empresa, 
van ciegos los caballeros 
á la sangrienta pelea, 
con tal cólera y tal ansia 
que, al lanzarse á la carrera, 
del corcel al resoplido • 
tiembla de espanto la tierra. 

No ante damas y galanes 
ligeras cañas se quiebran, 
ni por conquistar favores 
de ginete se alardea, 
no entre joyas y entre flores 
los caballos se pascan, 
que ante los jueces, severos, 
con atalaje de guerra, 

'- al juicio de Dios, dos nobles 
encargan de su contienda. 

Ha tiempo que don Rodrigo 
partió para luengas tierras, 
buscando nuevas hazañas 
conque adornar su nobleza, 
dejando á su tierna hermana 
al amparo de la reina, 
que un regio manto es la guarda 
mejor para una doncella. 



Volvió don Rodrigo al año,' 
y ¡ojalá! que no volviera, 
que halló el oprobio en su casa 
por premio de sus proezas. 
La hija de sus mismos padres, 
de amorosas ansias presa, 
á.su galán entregó 
con el alma, la inocencia, 
y. sabiendo de su hermano 
la pronta y temida vuelta, 
al romper su tierna intriga 
perdió la vida con ella. 

Pronto llegó á don Rodrigo; 
del lance la historia entera; 
el nombre del amador 
dióle la maledicencia, 
y, presto á lavar con sangre 
de su buen nombre la afrenta, 
emplazó al noble indicado 
por las cortesanas lenguas. 
Negó don Sancho la historia 
y afirmó que nunca iiiciera 
ni á doncella tal agravio 
ni á guerrero tal querella. ' 

Hubo corros en la corte, 
gentes de las dos banderas, 
fueron del hermano apoyo 
ó de don Sancho defensa, 



EL CASCABEL 



379 



y, entonces, el ofendido, 
por Ja duda ó la certeza, 
el juicio de Dios decide • ' 

con don Sancho en connivencia. 
Y ahora, apretando los lomos 
de sus corceles de guerra. 



la negra rabia en el pecho, 
la fuerte lanza en la diestra, 
corren los dos paladines 
en apoj'^o de su empresa, 
á, buscar desús anhelos 
én el juicio de Dios prueba. 



;L ^ÜICI© OHÜL 



— Hable la acusada— dice 
el presidente — ¡silencio! 
— Señor; hará ya des meses 
que en la cárcel nos metieron, 
¿por qué? por una sonsera 
por lo que no vale un medio. 
Es la cuestión que, un señor 
muy rico pero muy serio, 
se enamoró de una niña 
y la siguió mucho tiempo, 
ofreciéndola carruajes, 
casa, joyas y dinero, 
pero ella, que es una tonta, 
hallaba ál señor muy viejo 
y despreciaba al instante 
todos sus ofrecimientos. 
El señor, que fué ministro, 
y ministro de los buenos, 
y no estaba acostumbrado 
á abandonar sus proyectos, 
nos habló á mí y á mi esposo, 
que es este que me está oyendo, 
con el fln de que á la niña 
la quitáramos el miedo, 
y dijo que nos daría, 
justos, mil quinientos pesos. 

Uno que no gana nada, 
sobre todo en estos tiempos, 
y busca un negocio honrado 
para comer el puchero, — 
aprovecha cualquier cosa 
en que vea algún provecho... 
— Cuente el caso la acusada. 
-Pues, como íbamos diciendo, 
yo busqué un día á la niña 
y la di buenos consejos. 
Pero ella al señor ministro 



seguía encontrando leo, 
y yo la decía: 

—Sonsa 
¿qué importa que sea viejo 
si puede ponerte coche 
con caballos y cochero? 
Pero en tin... 

— Concrete el caso. 
— Bien, señor, ya voy á esi>. 
Una noche que llovía 
la llevé, con el pretexto 
de que cenase conmigo . 
á mi casa, y 'allí dentro 
estaba el señor ministro 
con la vista echando luego. 
Ella al verle pegó un grito, 
mas yo y mi esposo, ai momento 
la atamos para que no 
se nos volaran los pesos: 
ella seguía gritando 
y, mi esposo que es muy bueno 
pero enemigo de gi'itos. 
para que hubiera silencio 
la pegó dos puñaladas 
en el brazo y en el pecho.. 
Con el ruido y el bochinche 
huyó aquel señor corriendo, 
y sutjíó este vigilante. 
y mi esposo, que es muy tierno, 
echó lágrimas á mares 
al ver lo que había hecho, 
y el vigilante lloró, 
y yo lloré sin consuelo, 
y usté vé, todos lloramos 
tan solo pon el recuerdn. 



L. G. 




•■•■?-':;íi^f|<;.v';- :■>: 



380 



EL CASCABEL 




DE DOMINGO Á DOMÜGO 



¡Brrrrr! 

Solamente al intento de hablar de tea- 
tros, el frió paraliza mi mano. 

Los teatros, son verdaderos nidos de 
influenza^ y, según El Diario^ es preci- 
so que veamos entre todos la mejor ma- 
nera de hacerlos ocupabies. 

La Opera es una elegante nevera. 

Y entre el frió natura!, y los grandes es- 
coles quedan escalofríos al citado colega, 
aquello parece una Siberia. 

Apesar del frió, los artistan han entrado 
en calor. 

Y los abonados también. 

Quiero decir que los aplausos han sido 
menos escasos que de costumbre. 
Pero escasos, al fin. 

Y valga que los que han pagado su abo- 
no tienen especial empeño en atenuar to- 
do lo atenuable por que de lo contrario 
¿qué pasarla en el elegante frigorifico? 

Una débácle^ ¿verdad, cronistas? 



La Zarzuela sigue dando Cavalleria 
con regular éxito, alternando con otras 
obras que permiten lucir sus facultades á 
Oxilia, cuando está en facultades. 

Cosa que.no ocurre siempre. 



El Politeama ha logrado, por fin, 
atraer la concurrencia, que merece la com- 
pañía que actúa en ól. 

El ^ilo deTa semana lo constituye Teo- 
dora^ obra que ha sido presentada con to- 
da propiedad y perfectamente interpretada 
por toda la compañía. 

La señora Boetti Valvassura, es una de 
las actrices que mejor desempeñan el di- 
fícil papel de Teodora. 

Tiene momentos felicísimos, y en las 
escenas de amor, es tan arrebatada, tan 
natural, que.... más de cuatro niñas dejan 



de mirar al escenario, y se permiten el 
lujo de ruborizarse. , 

Es el mejoi* elogio de la artista. 



La compañía del OnruMa ha repetido 
obras conocidas, con el buen ajuste de 
costumbre. 

El estreno de La Bola de Nieve tuvo 
que aplazarse por indisposición de la se- 
ñora González. 

Los artistas del Om^uMa no descansan. 

A un estreno, sigue otro. 

Asi se gana al público, que por otra par- 
te no es desagradecido, como consta en 
Boletería. 



SAN MARTIN.— Paso de largo. {Cual- 
quiera aguanta aquella temperatura! 

No obstante, de pasada, diré que pronto 
podremos aplaudir aquella Santuzza tan 
acabada que hace la Sra. Bonazzo. 

Es una buena noticia. 

¡Y fresca!... 



COMEDIA.— ¿He de repetir lo de siem- 
pre? 

No. Es tan sabido, que aquel teatro no 
puede estar más animado de lo que está... 



DORIA.— Actúa en este teatro una muy 
aceptable compañía de opereta. 

La Befana, es un éxito, por el lujo y 
propiedad con que se pone en escena. 

El teatro muy concurrido. 

UNA DUDA 




El pan nuestro de cada día... Pero Se- 
ñor ¿cuando se inventó el padre nuestro exis- 
tía ya el parí?... 



EL CASBABEL 



381 




La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina 
número 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 



Leo: «Ayer no se reunió el Senado, co-. 
mo es natural.» 

¡Hombre! ¿de veras? 

«...pues solo por casualidad se reúne 
número suficiente alguna que otra vez...» 

¡Vaya con los tatitas de la patria! 

Aunque bien mirado la culpa no es su- 
ya: ¡tienen tantas cosas en qué pensar! 

Pero en cuanto á cobrar, cobran pun- 
tualmente. 

Una cosa es la Nación y la panza es otra 
cosa. 



Vestidos de color claro 
usasen toda estación, 
¡ojalá! que tus negocios 
fueran del mismo color. 



Desde que La Nación publica la BéM' 
ele han aparecido en los diarios una por- 
ción de de bac le adores quees un gusto. 

La DébacJe administrativa— La Dé- 
bácle en la Opera— La Débácle en el 
ejército. . . Asi titulan sueltos y artículos 
los escritores que quieren pasar por eru- 
ditos, y que solo pueden pasar per tontos. 

El dia menos pensado nos hablarán de 
la débácle del Puerlo Madero, por ejem- 
plo, ó de la del abdomen de Levalle pa- 
ra anunciar que el general ha enflaque- 
cido. 
- ¡Dios nos ampaie! 



Aburrido y enfadado 
de su'suegra y su mujer, 
vi á Anión, que á todo correr, 
huía desesperado. 
—Che, ¿no vienes hécia el centro 
para ver la procesión? 
y sin parar dijo Antón: 
— Gracias, la llevo por dentro. 



Parece que ahora vá á ser un hecho lo 
de la fundación del teatro Nacional... 

Por de pronto, hoy seguramente, se es- 
trena un drama escrito en italiano, para 
mayor claridad, y se anuncia otro estreno, 
el de otro drama escrito en francés y tra- 
ducido si italiano, para mayor claridad 
también. 

. Asi, asi se echan los cimientos del teatro 
argentino: escribiendo en italiano, en fran- 
cés Ó en ruso. 

¡Es tan pobre el idioma castellano para 
las obras teatrales!. . . 



Pero apesar de ello, el poeta Coronado 
está terminando una obra, y ñola escribe 
en ruso; y lo mismo hacen otros autores 
más ó menos celebrados. 



Contrasentido evidente 
es lo que afirma Juan Arias, ' 
¿pues no dice que una negra 
le ha dejado al fin sin blanca? 



Opinión de un literato que se preocupa 
del teatro: 

«Buenos Aires es tan cosmopolita, que 
hasta el teatro necesita la mezcla de idio- 
mas para formarse.» 

De esto á una nueva Babel solo hay un 
paso. 

Veremos que tal saldrán del idem los 
autores nacionales (?). 

Les deseamos suerte, y gramática cas- 
tellana para lo porvenir. 




La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina 
número 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 



Chur-ruca.—'So, señor; no puedo, 
flernti/o . — ¿?abe V. que sus versos son muy malos? 
Caacabel.—'So está mal. pero el final es del tiem- 
po, es decir, frió. 
A'.Y.Y.— Tres eran treí... y las tres muy malitas. 
flesiíí/tí.— Te veo... etc.. 



>"•' V '( '^'. 



» 






382 



EL CASCABEL ' 






L. M. Jí.—yo, no es posible que allegado y rene- 
gando consuenen, por más que V. se empeñe en ello. 

Legis. —Flojito es, amigo mió. 

Tano.—AUro que al canasto... ¡al fuego, y aún es 
poco! 

Z. T. 3/.— Puede ser alegre sin ser inmoral, créame 
usted y meditelo bien. El asunto es bonito. 

Pirlinplin — '" 

Valiente mamarrachin 
está usted, don Pirlimplin. 

I (i. C. S. — Como quiere V. que de sus ojos secos 

broten cual torrente airado 
lágrimas mal contenidas^ 

Un amigo,— Pues yo no estoy por refranes; ni 



del amigo ni del enemigo quiero ciertos consejos, 
il-o quiere V. más claro? 

P. TA-TE.— Mande la firma y esperara turno. 

Animosa. — ■ ., , . 

s «Me rio de los konbres 

.'.' í de su farsa me rio 

el hombre es un tío 
un tio, no te asombres.» 

Muy animosa ha de ser V. para reirs? asi de los 
hombres, 6 de los lionbrex, que escribe V. 

T. C. Ll.—No crea V.; no está mal precisamente, 
pero le falta algo que V. hallará con el tiempo. 

J. 5.— Peor para V.; ha;?a lo que quiera que no 
por esto dejará de alumbrarnos el sol. 




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SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL ^ 



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fijarán el precio. 

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teriormente deD. Gnillermo/i. CranweII, 
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386 



EL CASCABEL 



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5tí-, 



%jm¥^^&iClX 



'■ La redacción y «dmiiüBtración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina 
nAmero 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 





ON motivo de la proxi- 
mida'l de San Juan las 
cédulas sa cotizan á 
buán precio. 

No las cédulas hi- 
potecarias, nó. 

Las q\ir se venden, 
entre dos luces, al gri- 
to de ¡versos para San 
Juan y San Pedrol 

Grito conmovedor que saca de sus ca,- 
sillas á no pocas niñas solteras, pero 
pobres. 

Las mamas no les van en zaga, asi es 
que apenas oyen pregonar los versos para 
San Juan, dejan que las tiernas papas se 
frian por sí solas, salen de la cocina y 
llaman á sus tiernos pimpollos. 
—Niña! j 

— ¿Mamá? i 

— Corre, no pejes escapar al vendedor: 
cómprale unas cedu litas. 

— Pero han de ser de las nuevas, por 
que las del año pasado eran muy tontas. 

- Bueno, como quieras. 

y la niña compra, emocionada, las tra- 
dicionales cédulas que encierran en parea- 
dos ó quintillas, según la gravedad del 
caso, el problema matrimonial. 

—Vamos á ver si este año serán cier- 
tas las respuestas — dice la mamá. 

— ¡Dios lo quiera! — murmura ruboriza- 
da la niña. 

— Sí: Dios y Luisito también. Ya me 



cansa el ver que no acaba de decidirse de 
una vez. i 

— Están corto... | ; 

— Será corto pero es muy atrevido: ya 
sabes el disgusto que me ocasionó aquel 
día que se llevó los fósforos. 

— Fué distracción, mamá. 

— Bueno: el caso es que se case. 

Y así por el estilo. 

San Juan tiene el privilegio de hacer re- 
crudecer el afán de matrimonio, y al lle- 
gar esta época del año los solteros anda- 
rnos muy escamados temiendo á cada 
instante que las cédulas nos pongan en 
un compromiso y nos obliguen á entregar 
nuestro dormido corazón á alguna niña 
sensible. 

Y las cédulas obligan. 

— Mire Vd. — me decía una señora, viuda 
absoluta, — mi casamiento con Canuto fué 
obra de San Juan. 

Estábamos de tertulia en una casa y 
empezamos á jugar á cedulitas. A mí me 
tocó preguntar, y me salió un verso, que 
aun tengo grabado aquí, y que decía así: 

Te casarás, mas por eso 
has de ir con. gran cuidado, 
por que al que tú has gustado 
es guapo y no tiene un peso 

— Canutóse ruborizó bastante y bajó la 
vista. Luego sacó su cédula y leyó con 
emoción: 

Dígame y sea mi suerte 
saber que me quiere usté, 
yo juto que fiel seré 
como un perro hasta la muerte 

Nos miramos, y cuando nadie reparaba 
en nosotros, Canuto puso las puntas de 
los dedos en mí mano y dijo: 

—Eufrasia, no se enoje Vd. si la digo 
que hemos nacido el uno para la otra ¡Yo 
soy un hombre formal, sastre de oficio, y 
además toco el trombón en una banda de 
aficionados. Tengo buen carácter y buena 
salud: este bulto que tengo aquí, en el 
cuello, no es el resultado de enfermeda- 
des hereditarias, es una boquilla de ámbar 
que me comí cuando era niño, creyendo 
que se trataba de un caramelo. No abuso 
de la bebida, me mudo con frecuencia las 
medias y no sueño en voz alta. ¿Me acep- 
ta Vd. por esposo? 



^m 



EL CASCABEL 



387 



—Sí padre! — contesté, creyéndome fren- 
te al cura. 

Y... quedamos entendidos. Luego nos 
casamos y vivimos felices hasta que un 
día mi Canuto que tocaba en un baile, hizo 
un esfuerzo supremo para dar una nota 
clara, y la boquilla se le corrió para abajo, 
le tapó el conducto de respirar, y ¡claro! se 
produjo la asfixia. 

Desde entonces soy viuda, para servir á 
usted... 

Aunque no siempre las cédulas nos con- 
duzcan al aitar, son un buen pretexto para 
pasar bien las veladas, ahora que el frió 
aprieta. 

Y sino que lo digan los que frecuentan 
la casa de una señora correntina que en 
noches tales reúne á sus relaciones. 

Entre la broma, los dimes y diretes, y 
las cédulas, se pasan las horas que es una 
bendición de Dios. 

A veces los papelitos son compromete- 
dores y hacen concebir esperanzas, como 
le sucedió el año pasado á una señora en- 
trada en años á la que le tocó en suerte 
un joven tendero m;.y fino, y out no tenia 
sabañones. 

El joven tomó un sofocón mayúsculo y 
al ver que la vieja le miraba con ojos tier- 
nos, abandonó el salón y se fué al come- 
dor á tomar un chocolate. 

La señora favorecida le siguió y empe- 
zó á seducirlo, sirviéndole dulces y vinos, 
hasta que el buen tendero perdió sus fa- 
cultades á causa de la bebida. 

En este estado increpó á la vieja su mal 
proceder, y luego fué al salón á contar lo 
que pasaba; y como daba traspiés y trata- 
ba de vos á todo el mundo, fué necesario 
que lo echaran de la casa. 

El intento de seducción se comentó en 
los pí^riódicos de ensayvs y crónicas, que 
tanto gusto dan á las niñas de los subur- 
bios, y el tendero se puso muy triste, y se 
fué quedando flaco, pensando en el lance 
con la vioja. 

Pero estos son pequeños lunares. 
Aprovechad, jóvenes solteros, y mante- 
ned vivo el fuego de la tradicción. 
Oh! las cédulas!... 



EPIGRAMAS 



Siempre en su temor eterno 
y en su celosa manía. 
Joaquín grita todo el día. 
y acaba al final con jcuerno! 
— Pues vas muy anticipado.— 
le dijo ayer don Ramón, — 
suprime la interjeción 
hasta después de casado. 

De Napoleón leyó 
no sé dónde don Facundo, 
que «en su ostracismo profundo 
la muerte le sorprendió.» 
— Esto me lo explico yo— 
decía á doña (limeña — 
Solo el pobre en Santa Elena 
por comer oxhris le dio; 
un día... tomó una llena 
5'... iqué diablos! reventó. 

Casó á su hija don Manuel 
sin dote alj^uno en dinero, 
con el ricacho heredero 
de don Pedro Coronel. 
Y hablando ayer con Humberto 
le decía: — Es (^osa fija: 
desde esta noche mi hija 
tiene el porvenir abierto. 



Preguntó á un sabio un labriego: 
«Debe estudiar mi lujo Blas» 
y al final del mismo pliego 
contestó ei otro: «Buen Diego: 
la pregunta es por demás; 
Después de observar rl chico 
y al ver sus inclinaciones, 
en conciencia certifico, 
que tiene para borrico, 
felices disposiciones.» 

José, CoPrás Fernández. 



DOLOR DE MUELAS 




—Me es imposible vivir 
cuando este dolor me empieza. 
—Yo se lo voy a extinguir; 
pero .se han de .^uiirimir 
las muelas ó la cabeza. 



..-i. 



388 



£L CASCABEL 



día COMPLETO 




— Me lo figuro 

—Es muy arrebatado D. Pepe. 



I 

^^RNESTiNA había llegado á ser la doncella de ccnfíanza 
de su joven ama. Para llegar á este puesto aprendió á fisgar 
y curiosear, y no había puerta segura ni cajón, por cerrado 
que estuviese, qne no le sirviera para indagar los más ínti- 
mos secretos de María, que así se llamaba la señora de Pérez, 
honrado y poderoso comerciante en lanas. 

La confianza que tenía María en Ernestina era ilimitada; 
así es, que para ésta no eran un secreto los amores de su joven 
palrona con su primo, estudiante de derecho, guapo y atrevido 
como buen estudiante, y de intenciones no muy rectas, según 
la doncella, apesar de todos los cursos de deiecho, habidos y 
por haber. 

La unión de María con el Sr. de Pérez, fué obra del más 
refinado y bien meditado cálculo. 

María no era feliz, pero Pérez, en cambio, lo era mucho. 

Con mujer joven y bonita, y con afortunadas empresas 
comerciales... ¡qué más podía desear!... 

II - 

-¿Has visto á Pepe?— preguntó María ú Ernestina. 
— Sí, señora; y me ha dicho unas cosas... 



Tú estás enterada de lo que 



-Mucho; por lo mismo hay que obrar con cautela, 
entre él y yo hubo en otro tiempo... 

—Ya lo creo: ¡como que yo era la mensajera! 
"' —Bueno, pero ahora los tiempos han cambiado. Yo soy la señora de Pérez, y 
aunque, como tú sabes, no le quiero, le respeto. 

— Pues mire V.-. D. Pepe se empeña en que ha de entrar en esla casa hoy mis- 
mo, esta noche. Y, ¿sabe V. por qué? ¡Es una locura!... Dice que quiere... 

— ¡Basta! No me hables más de Pepe. 

III 

Sola ya María, empieza á recordar el afecto que la profesara Pepe, el primo 
estttdiante de derecho, en otro tiempo. 

— ¡Pobre muchacho!... Me quería mucho. Mis padres decían que era un atolon- 
drado y un inconstante... No lo debe ser mucho cuando, según parece, quiere rea- 
nudar nuestras relaciones. ¡Dios mío!... ¿Qué haré? ¿Seré indulgente con él?... 

El Sr. de Pérez entró, interrumpiendo tan interesante monólogo, en el preciso 
momento que su mujer formulaba una pregunta tan comprometedora como ésta: 

— ¿Seré indulgente con él?... 

— Buenas lardes, María, ¿cómo estás? 

— No tan bien como tú, que traes un aire muy satisfecho. 

— ¿Me lo has conocido? ¡Ah... es una sorpresa! 

— ¡Una sorpresa!... ¿Te has abonado á la ópera?... ¿Me has comprado alguna chu- 
chería?... ¿Me llevas hoy al concierto? 

— Francamente, no había pensado en nada de esto. 

—Entonces... 

— Pero ello vendrá, si arreglo, como lo espero, un magnífico negocio de lanas 
emprendido hoy... 

— ¿Era esta la sorpresa? 

—Esta. 

— Ah, ya. 

Y María se levanta, cruza la sala con paso menudo, fruncido el ceño y mordién- 
dose los liibios.' 

En un instante se ha contestado la pregunta aquella: 

— ¿Seré indulgente con él-..? 

— ¡Lo seré!... ¡Vaya si lo seie! 

Cruza el corredor, y antes de abrir la puerta que dá al zaguán, á donde se dirige 
en busca de Ernestina, se detiene bruscamente. 

Le ha parecido oir una voz de hombre. 



EL CASCABEL 



389 



Escucha, . . 

Es Pepe que habla con Ernestina. 
Solo puede oir el final de la conversación. 

— Hasta la noche: á las doce, ya sabes... ¡voy á ser muy feliz!... — dice Pepe y se 
marcha. 

— ¡Va á ser feliz!— murmura Maria— ¡si adivinará que voy á ser indulgente con éll... 

IV 

— ¡Ernestina! .. 

— ¿Señora? 

—En cuanto á Pepe, estoy dispuesta á hacer la vista gorda ¿entiendes? 

— \jn poco, nada inás. 

— Mujer, ciertas cosas no se dicen; se adivinan. Estaré alerta. Prudencia y nada más. 

— Pues no entiendo mucho— murmura la doncella. 



¡Cómo tardan en pasar las horas! Pérez ha ido al club á Jugar su partida de tre- 
sillo, que dura hasta las dos ó las tres de la madrugada. 

Pepe no puede tardar... 

¡Las doce!... Esperemos. ' . , 

No se oye nada: debe eséar ya en casa y no se atreve. 

— ¿A que ahora salimos conque Pepe es corto de genio, ó miedoso?... Pues no es- 
pero más. 

Y Maria cruza un corredor, y después otro: llega al cuarto de Ernestina, empuja 
la puerta del cuarto y..... > 

Imposible descrihJir lo que pasó por Maria al ver lo que vio... 
• Cerró la puerta violentamente: marchóse á su habitación, acostóse y rompió á 
llorar amargamente. 

—¡Canalla! ¡¡No venia por mi, venia por mi mucama!! 

Dijo, y el llanto inundó su rostro, á tiempo que cruzaban por su mente mil pro- 
yectos rarísimos... 

VI 

Al poco rato acostóse el Sr. de Pérez, que en el casino habia cerrado su mag- 
nifico negocio. 

— ¡Hoy ha sido dia completo para mi! — dijo al entrar en el lecho. 

— ¡Aún no lo sabes tú bien! — murmuró Maria, por cuya imaginación pasaba como 
mofándose con insistencia irritante aquella pregunta: 

— ¿Seré indulgente con él?... 



Andrés Soler 



LA ETERNA JUVENTUD 



En una estancia sombría 
llena de objetos extraños, 
un hombre, ya entrado en años 
ó meditaba ó dormía. 
Estrambóticos envases 
cien líquidos encerraban, 
y en las paredes colgaban 
reptiles de varias clases. 
En un rincón, apagado, 
mostraba su bbca un horno. 
Todo estaba oscuro en torno, 
todo se hallaba callado. 
Mirando k su alrededor, 
dijo, después de un suspiro, 
el que era de aquel retiro 
misterioso morador: 
— En vano exprimo mi mente, 
en vano vuelvo á mi tema, 
nunca resuelvo el problema 
de vivir eternamente. 



Se acerca la senectud 
y la Parca... ¡y moriré! 
¡mas no! yo el filtro hallaré 
de la eterna juventud. 
¡Serán mías las reglones 
donde la vista se pierde! 
¡Podré comer fruta verde 
sin temor á indigestiones! 
Los honores serán míos, 
míos serán loa placeres, ^ 
conquistaré las mujeres 
sin miedo á los desafíos. 
Si en este laboratorio 
vence rni saber profundo, 
muy pronto seré en el mundo 
inmortal Don Juan Tenorio 
Siempre entregado al placer 
abusaré de los vinos, 
podré comer langostinos 
que ahora no puedo comer; 
zambulléndome en la espuma 



i»vt^m'^}v.^:! ■ '■ 



';^.^*f-;:':ri.i-./-; 



^ í9a 



EL CA8GÁBBL 



de la mar, que ahora me altera, 

me bañaré cuanto quiera, 

n^e reiré de) reuma. 

Sano todos los instantes, 

sólo pensaré en gozar, 

ja no tendré que temblar 

ante emplastos y purgantes. 

Eterno mi corazón 

en ardiente frenesf, 

siempre serán para mí 

dicha, placer, ilusión... 

Se yergue el anciano y luego, 

arde del horno la boca, 

y una redoma coloca 

que empieza á hervir con el fuego, 

II 

En su estancia cierto día. 
después de un experimento, 
lleno de febril contento 
grita— ¡la victoria es mía! 
y entusiasmado el anciano 
corre de aquí para allá, 
y á voces dice— Aquí está, 
aquí lo tengo, en mi mano. 



Licor de extraña virtud ' 
perseguido inútilmente, 
mistura que eres la fuente 
de la eterna juventud. 
La piedra filosofal 
en tus átomos hallé, 
por tí ¡oh licorf yo seré 
siempre joven ó inmortal, 
Abre el frasco, bebe un poco, 
se viste rápidamente 
y á la calle velozmente 
sale de alegría loco; 
grita, corre, salta, gira, 
yergue su fornido talle, 
y á todo el que ve en la calle 
con arrogancia le mira. 
—Logré la inmortalidad, 
hoy el placer me convida; 
yo tendré una eterna vida 
sin vejez ni enfermedad. 
Y gritando entusiasmado 
—¡Inmortal!— se descuidó; 
Pasó un tranvía y murió 

por el tramway aplastado 

Luis Garda. 



CUARTO CRECIENTE 




^^ 



Divina luna de miel: 
abrazarse, sonreir, 



<i§^ 



comer, beber y dormir 
y leer El Cascabel. 



^«s ^ 



EL CASCABEL 



391 



UN DRAMA 



I 

JLloÑA Pepa!... pronto, el chocolate! 

— Ya vá, hombre... Jesús, qué prisa. 

— No puedo esperar, señora, mi estó- 
mago necesita peso. 

—Eso digo yo... mi bolsillo es el que 
necesita sus pesos. 

— No se apure V. doña Pepa, deje V. que 
mi gran obra termine, que tome nombre y 
después pagaré con creces los ocho me- 
ses que le debo. 

— Es que hace diez que me dice V. lo 
mismo. 

—¿Y qué he de hacer?... 

— Pagarme. 

— Pues mire V. eso es un imposible... 

— jCómo!... acaso... 

— Digo imposible, por ahora, pues hasta 
que no pongan en escena mi obra, no pue- 
do disponer de un centavo. 

—Pues ya hay para tiempo. 

—Eso, señtiia, tiempo al tiempo; deje V. 
que e\ parnaso de las musas me abra 
sus puertas y llene mi bolsillo, que pro- 
meto á V., doña Pepa, pagarle todo, y ú 
nu1s regalarle á su esposo unas babuchas 
de lana. 

II 

—Hola, Perico... sieqapre trabajando. 

—Asi somos los genios, hijo; trabaja- 
mos, trabajamos... aunque no comamos. 

-7-Y qué tai. cómo vá ese drama. ~- 

^^No me hables; magnifico, estupendo, 
soberbio; fíjate, fíjate, qué versos.. . 

^Hombre, después... no hay apuro. 

—No, no, ahora... escucha... escucha. 

— Vamus... lee; escucho. 

— Mira, esta es la escena 20 del cuarto 
acto... 

—(l ¡Qué bárbaro!!) 

—La dama aparece reclinada en un sofá, 
puQs está atacada de ¿>2^Mew^a... 

—¡¡Pero hombre!!... eso me parece 
que... 

— Calla. Tú no sabes que la escena mo- 
derna exige realidad, y hoy día la in- 
fluenza es una reailidad... pero, no me 
interrumpas y-esciícha. 

La dama aparece en el sofó, se lamenta 
de que su amante— que es el barba — la 
ha abandonado, cosa muy corriente hoy 
dia... 

—Sigue, hombre. 



—Espera; y como en su corazón arcie 
la llama... 

— La llama has dicho, pues que la cam- 
bien por la de tu vela, que esiá por apa- 
garse... 

— No me interrumpas, repito... como en 
su corazón arde la llama de los celos, 
quiere poner fin á... 

— A lu drama... *' 

— No, hombre... á su existencia y enton- 
ces, dirigiéndose al público, dice: — fíjate, 
fíjate qué versos!! — 

¡Oh villano... oh! traidor: 
tú me robaste la trenza 
y ahora., ser humano^ 
me dejas con la influenza!!! 

—(A ti si que le van á dejar con el cuer- 
po dolorido). 

— ¡;Ah!! pero eso no es nada; si vieras la 
escena tercera del séptimo acto... 

— Pero dime... ¿cuántos actos tiene tu 
obra? 

—Ocho; lo general. 

—(¡Animal!) 

— Y si vieras qué escenas. Mira, el pri- 
mer acto representa la gloria de Fausto; 
el segundo 

— Basta por Dios, basta... 

— No, deja al menos que describa por 
último, aquella escena en que el galán 
joven, vertido de trusa y chambergo... 

—¡Como! trusa y chambergo... 

—Si, hombre, y no te extrañe. En mi 
obra he querido hacer una recopilación 
de épocas: por eso hago que formen rela- 
ción el chambergo y la trusa. 

— Me parece que tú vas á formar rela- 
ción con Meléndez. 

— ¡¡No me interrumpas,, hombre!! 

— Pero chico, si ya con lo oído he juz- 
gado tu obra. 

— ¡Ah, si! y qué tal, qué tal. . . qué te pa- 
rece. 

—Magnifica. Seguro que al dia siguiente 
de tu estreno no puedes moverte de casa. 

— jYa lo creo! de las visitas de felici- 
tación. 

—¿Y cuándo la estrenas? 

—Mañana.;, supongo que irás. 

—Como no... (con un botiquín) pero 
ahora deje que -me retire... 

< III 

— ¡¡¡Jesús, qué desgracia!!! 

— ¿Qué le pasa, mujer? 

— Quequémepasa?.-.lee...leeestediar¡o. 

—Algún hombre solo que necesita pieza. 



'ís?: »„'-<:■:=: 



3Í>2 



v;,; ?.«;gw^~^w ■¿/;í'uí^ '3©¥^';''^"v^ ^■■■«:j-^p?^ííí*'vf!sí^Hpa^?^:ci?^ -.: 



i-.i. <.A>«;ABt:L 



DIVERSIONES 








«El terremoto.de Ja Martinica y el suicidio 
de Balmaceda. 

El naufragio del Solimnes, tomado del na- 
tural . . . . » 



Por si una ama á Nicanor 
y por si otra tiene celos, 
se arrancan ambas los pelos, 
¡oh dulzuras del amor! 




— ¡Atajen! 

y el vigilante, que arde 
por atrapar al ladrón, 

> se dá el pobre un sofocón; 
pero siempre llega tarde, 



^Modelo de pintura: 

«Lazos del apetito y la lectura.» 



PÚBLICAS 



EL CASCABEL 



393 




—¿Por qué no teiiflré veinte años menos? Música prohibila. Es decir, que debía 
Y '¿por (|ué enseñarán Jas piernas aquellas prohibirse. 



niñas? 




lOuSl ^oznn esos señoras 
ante luchas tan brutales! 
¿Qué món'strüos son esos tales 
que asi gozan? "Protectores 
de animales. 



Los caballos de! tramway eran del acuerdo. 

Los de la chata radicales. Se encontraron y 

chocaron. 
En esta situación tan triste y crítica - 
¡ay! ¡cuánto puede la pasión política! 



. ■ :*pi?í??;:.7.''^?3?; > 



,^^ -•«'^'^-! -^ HV, ^'t " Y 






394 



EL CASCABEL 



¡No! ¡jun hombre que necesita una 
tumba!! 

—Estás loca, mujer, i. una to?nba que- 
rrás decir. 

—Qué lomba, ni qué ocho cuartos... lee 
y veres. 

— Veamos: «El estreno de anoche, tuvo 
lugar en el teatro... » 

— No leas lodo, lee solamente el fina!, 
que es lo más interesante. 

—¡El final! 

—Si, el final. 

— jPero de quién se trata, mujer! 

— De que perderemos los ocho meses 
que nos debe D. Perico, el inquilino del 
número 9... 

* —El que me había prometido las ba- 
buchas... 

— Si, ese. 

—Pero no te aflijas, con el tiempo nos 
pagará, es un hombre joven, decente, hon- 
rado y sobre todo aulor dramático. 

— Si; autor dramático con el cual el pú- 
blico ha compuesto otro final de otro 
drama. 

—¡¡Cómo!! 

— Lee el último párrafo y verás. 

— A ver.,. «El autor, gravemente herido, 
fué llevado al Hospital San Roque.» ¡¡¡Ho- 
rror!!! 

Emilio Gilí. 



*■■*. 



FOTOGRAFtA INDISCRETA 

Se pasa don Ruperto 

todos los días, 
sacando con acierto 

fotografías, 
y va formando á ratos 

grupos divinos 
con los perros y gatos ' , 

de sus vecinos. 
Este entreténimienjto 

tan inocente 
me tiene descontento. 

pues francamente: 
podrá ver ciertas cosas 

que, en ocasiones, 
se prestan á horrososas 

indiscreciones. 
Al artista ayer tarde 
. vi muy contento 
que empezó á hsta^ ai9t4^'\'i 

" de su "'t'al en ib; * 
me enseñó el protocolo 

de sus manías, 
un álbum donde hay solo 

fotografías. 



•/^. 



Allí hay tipos y modas, 

de los varones , , . ■, , 

y mujeres en todas * 

las posiciones. 
Es un álbum repleto 

y estrafalario, 
donde se halla completo 

mi vecindario. 
A.11Í está don Severo 

que se acalora, 
remendando el sornt/ceio 

de su señora. 

Y la esposa dichosa 

de don Faustino 
que está haciendo de esposa 

de su sobrino. 
Allí la bella Luisa 

con mano brusca - 
en su blanca camis i 

no sé qué busca, 

Y el señor don Servando, 

soberbio Creso, 
que se está alimentando 

con pan y queso. 
El diputado seta, ; 

de faz bravia, 
que es el que más respeta 

la mayoría, - 

con la mano convulsa 

y el cuello bajo, 
tierno las cuerdas pulsa 

de un contrabajo. 
Vi esto y dije de un modo 

sobrado vivo 
—Se mete usted por todo 

con su objetivo. 
Justo es que usted comprenda 

que está mal eso, ; 
y si usted no se enmienda 

le rompo un hueso. 
—Hágalo usted si gusta. 

mas de antemano 
sepa, que no me asusta. 

pues yo en mi mano 
tengo un medio seguro 

para calmarle, 
y que el cual, yo le juro. 

no ha de gustarle: 
Dos retratos risibles . 

de los mejores, 
donde está usté en horribles 

paños menores, 
y su novia al mirarle 

tendrá un hiareo, ,, 
¡pues, puedo asegurarle^» . 

"que está muy feol-' ■' 

José Af» Mendoza. 




i7^-', ^. -i^^-"£«-.?:^ 



k"Í5SSí'"iv3í:ví?í^' 



i'iri- ^t^tfifí-rjij :> 



'■?.'V'^*S*1Í'¥:; y .''^r ■ 



EL CASCABEL 



395 



VIDA SOCIAL 




El cronista, escribiendo: 

« Apareció la señora de X, como un brillante cometa 

El caballero: 

—Cuya cola fué pisada por un zángano, que liada de cronista. 



396 



EL CASCABEL 



CAMBIO DE ESTACIÓN 







De su marido en la vejez pensando, 
ella II jra tan triste matrimonio, 
unión por interés, que le está dando 
del frío del invierno testimonio. 




DIÁLOGO 



— ¡Maldita sea mi suerte. . . ! 
— Qué le pasa, honnbre, qué le pasa? 
— Que me quedé sin Sorelle.. . 
— ¿Ah, eso es todo? 
— ¿Le parece poco? 

— Mire Vd., yo estoy en el mismo caso. 

Cuando La Prensa en particular y la 

prensa en general empezaron á bo?nbea)" 



la obra del Sr. Tarnassi, dije: obra tan 
grande y dn tal trascendencia, estará siete 
ú ocho noches en el cartel... 

—Entiendo. Y aunque.no pude ir al 
estreno, comprendo que la obra no sería 
nada del otro mundo, apesar de estar es- 
crita «n italiano, y que Sorelle después del 
bombo sin limites que se le ha dado, cons- 
tituye un fracaso para el autor. 

— Lo siento por él. por que después de 
lo que han dicho algunos malos amigos, 
podría fijurarse que era un Echegaray, ó 
mejor un Cossa. 

— ¡Pues... paciencia y á otral 

— Y sobre todo; antes de que Mansilla, 
digo, la otra llegue, le voy á dar un con- 
sejo. 

-¿Yes? ' 

—Que no aguarde Vd. la cuarta, repre- 
sentación, por si acaso. 
—¡Cá!... al estreno, ¡no fallaría más! 



iífl£~-;fi»-^. • 



EL CASBABEL 



397 



Se ha de escribir con lanía anticipa- 



ción 



Y me pesa, por que hubiera dado cuenta 
de ios aplausos obtenidos por el doctor en 
medicina y en poesía D. Javier Santero, en 
el teatro Onrubia. 

Lo siento, pero de todos modos cuando 
aparezca el número de hoy, aún recordarán 
ustedes los aplausos de ayer, y Los Guan- 
tes del Cochero. 




Á LOS SEÑORES AGENTES 



Avisamos á los morosos agentes, que de no 
contestar ks cartas remitidas con anteriori- 
dad, y que con el número de hoy recibirán 
por última vez, que si no contestan satisfac 
toriamente, nos veremos obligados á tomar 
ciertas medidas que no serán muy de su gusto. 



El literato Rosendo 
silba m ¡en Iras vá escribiendo, 
y López que con él vive, 
siempre le está repitiendo 
que se silba lo que escribe. 
La costumbre de silbarse, 
no debía criticarse 
en algunos escritores, 
ya que ei^ solo adelantarse 
al juicio de los lectores. 



Unos ladrones robaron á un señor, en- 
trando de noche en su casa, la cantidad 
de tres mil pesos moneda nacional. 

¡Dios mió!... ¿Será posible? 



:Que haya un cadáver más! ¿Qué imporla] 

[al mu /ido/ 
Dijo un poeta con dolor profundo. 
—Pero en cambio le importa— exclamó un] 

[paria— 
¡al médico y la agencia funeraria! 



Habla un criLico: «...el tenor Maiiacher 
(Raúl) estuvo entero y valiente. ..!> 
¿De veras? 



¡Ay! Si algún día se nos presenta en 
fracción. 
Y cobarde, naturalmente. 



Reza la pura Pilar 
y al cielo ruega con fé, 
tan solü porque la dé 
ocasión para pecar. 



En la linfa trasparente 
de ese arroyuelo riente, 
una hermosa se bañó, 
y la linfa se volvió 
negra tinta enleramenle. 



Leo el siguiente epígrafe de gacetilla: La 
maternidad de San Roque. 
¡Hombre! 

Parece una alusión política. 
Y de actualidad. 



Es tan ceremonioso 

don LúCHS Trilla, 
que se acuesta con guantes 

de cabritilla. 
Y al lado de su lecho 

tiene un sirviente, 
que Ja nariz le limpia 

prudentemente. 




orídencia 



-#~ 



La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina 
número 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 



C-ñ'-i/o.— Pii'S mire V.: asi no se llega á ninguna 

parte. 

]/, .1/.— ¡Dale l>ol:': ;COmo quiere V. que se publi- 
que, faltftndolole las silabas que marca la lej? 

í'üA¿«;'/7<rts.— Las consultas se pagan por adela :- 
tado y á diez pesos la linea. 

P. ¿.—Guardo su poesia Amor Filicú por si gusta 
retirarla y publicarla en otro setuanario. V.n l'i /.">• 
i'ijiar Arf/cntinu, tal vez. 



398 



EL CASCABEL 



/. /. Ll.—Kn cambio su articulo va en derechura 
al canasto. 

Z. M.—Ho y no. Me he propuesto no hablar de 
ello, y menos por boca de ganso- Perdone V. el 
modo de señalar. 

Peruano.— Bueno, pero al público le tiene sin cui- 
dado que 

el brillante sol del Perú 

resplandezca menos que tú. 
iVíTion.— Resulta muy largo, inconmensurable; y 
está, algo descuidadito. 
Turban.— ?'i tanto se empeña V.... ¡agua tA! 

Corriendo por la calle 
cimbrea su cintura, 
y no hay otra criatura 



que al hablar ella no calle. 

La miro me embelesa, 

me atrae su donaire 

y le mando por el aire..,. 

A V. si qu3 se le puede mandar algo por el aire. 
¡Un catarro! 

P. T. iVera.— No sirve. 

Curioso.— Pues no señor; no se aludia & nadie ab- 
solutamente, lo puede V. creer. 

Crítico.— Bueno, pero ñrme V., y sepa él quien es 
el critico que le ataca con tal saña. De otro modo 
no se publica. 

E. C. .<>.— Mande la firma. 

Zulú.— HAhló zulú y dijo ¡mii! 

T. fi.— Se ha de retocar. 




EL CASCABEL 

SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 



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CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. { 

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REDACCIÓN 

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Se previene al público que la farmacia 
establecida en la calle Rivada, que fué an- 
teriormente deD. Gnlllermo A. Cranweil, 
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Precio en la ciinJüd. , . $ 0.10 el número 
Níúmero atrasado.. .. i>0.15 id 



Fotograbados de Emilio A. Goll y C' 



SEMANARIO FESTIVO ILUSTRADO 



Director: ENRIQUE COLL 



TENORES CÓMICOS 



mil^l© ©HE^ÓM 



l 




Ahora en la Cofnedia está, 
y ha de llegar muy allá, 
siempre que siga estudiando, 
y llegará, demostrando 
que es hijo de su papá. 



-Tí--,- : '■ -I « 



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£L CASCABEL 



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ADVERTENCIA 



La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina 
número 939 altos, á donde debe dizigirse todÉ 
la correspondencia. 





MIX- 



E parece que 
al paso que 
vamos no 
podremos 
fiarnos ni de 
____ los seres 

más queridos. 

No ya precisamente si son hembras, 
que estas nos tienen en perpetua zozobra. 
Desconfiaremos de todos los seres que- 
ridos, y más de ios no queridos, de ambos 
sexos. 

¿ Quaroe causam? 

O, hablando en castellano, para que 
rabie el de la Vida Social de El Diario: 
¿por qué motivo? 

Pues, por que el ramo de petardistas, ó 
ealoteadores finos, se desarrolla de un mo- 
do alarmante. 

Más que la oratoria de los diputados, 
que se ha desarrollado de un modo asom- 
broso, desde que Mansilla no forma todo 
ni parte de la Cámara. 

Ahora, salimos á la calle, felices, relati- 
vamente, y si tenemos algún billete, de 
la emisión menor, se entiende, lo escon- 
demos cuidadosamente, temiendo que se 
nos^ presente algún desconocido y nos 

diga: 

— Vd. perdone. 
— No hay de qué. 
-Todavía no. Pero pronto habrá. 
— No entiendo.... 



— Tiene V á. plaia chicA. ' 

— Si, señor; mi plata está en perpetua 
lactancia. En mi bolsillo solo se cobijan 
inocentes billetes de 0.50 á 1. r 

No me trato con los mayores por que 
soy muy corto de genio y no tengo, ni he 
tenido jamás contacto con ellos. 

— ¡Bravo! Esto me conviene. 

— A Vd. le convendrá, pero á mi me gus- 
taría tratarme con la emisión mayor. 

— Vamos á eso. 

— Cuando Vd. guste ¡vamos! 

—Yo necesito plata chica. 

— ¡Y yo la necesito muy grandel 

— Pues ¡magnífico! Déme Vd. la chica 
que tenga y yo le doy la grande, y es 
más; le doy un premio. ¿Podrá Vd. reunir 
veinte pesos? ■ ■ 

— ¡Usted ofende mi modestia! 

— ¿Cuánto tiene Vd. en chico? 

— Pues., ocho pesos, mal contados. 

— Démelos Vd. y tome diez en una sola 
pieza. 

— No sé si debo... 

— Ya lo sabrán sus acreedores. 

— Tome Vd. y abur. Como mi negocio 
requiere mucho cambio chico, me sacrifi- 
co, y pago ^nwa. 

— /Prima! ... 

Y el hombre se va, dejando en nuestras 
manos un hermoso billete de diez pesos. 

Lo examinamos con curiosidad. El ge- 
neral Roca, cuya vera efígie, ó verónica, 
que dice una vecina, se ostenta limpia y 
pulcra, nos parece simpático hasta la 
exageración... . 

Pero luego, resulta que el billete es 
falso. 

Cosa que ignoramos por que, hasta 
cierto punto, ignoramos si existen ó no 
diez pesos. 

Y nos damos al diablo, y renegamos 
del señor aquel que tomaba plata chica y 
pagaba J9r*w?a. 

Pero después de pagar una. primada de 
tnl calibre, solo nos queda el consaelo]de 
pellizcar á los niños al llegar á casa, ó 
tirarle algo á la cabeza á la mujer. 

Los diarios nos han contado el calote 
de 500 carneros hecho á un seflor de la 
amistad de D. Goyo Soler, candidato eter- 
no que brilla en la política y en la gana- 



EL CASBABEL 



403 



dería, casi t'iiito como su famoso bri- 
llante. 

Además, cada dia leemos que por el 
procedimiento del legado del tio, ó de los 
cartuchos llenos de poesias de Várela, le 
han estafado untos pesos á Don Fuhno, 
ó Zutano. 

Así es que andamos muy escamados. 
y antes de acostarnos nos encomenda- 
mos al Señor y reco nendamos á la dulce 
conripañera de la vida que guarde los bi- 
lletes en lo más recóndit de! corsé. 

O bien los escondemos en el moño de 
la suegra que suele ser, según fama que 
á todas ellas dan los escritores humorís- 
ticos, señoras de pocos amigos y capaces 
de ahuyentar á un escuadrón de lanceros 
de estos que han aparecido en Buenos Ai- 
res, de improviso. 

Aun que el que ha de ser estafado lo 
será por más que haga 

Y sino, ahí, es decir, en el manicomio, 
está un señor que antes de ahora era muy 
feliz, aunque casado, v que tenia unos pe- 
sos ahorrados. 

Desconfiando de los Bancos ¿qué hizo? 
Llamó á su mujer y la dijo: 
— Tú, que guardas religiosamente mi 
honor hasta tal punto, que puedo llevar 
muy tiesa la cabeza y sin arrugas el cutis 
de la cara: tú que eres fiel custodio de mi 
amor, sé también mi caja de ahorros 
— No comprendo.... 

—Quiero decirte, ¡oh cariñosa mujer del 
alma! Que ya que sabes defender mis inte- 
reses morales, desde hoy te nombro de- 
fensora y cajera de mi tesoro. Toma es- 
tos pesos, que son, después de tí, lo que 
más quiero en el mundo, y cóselos en los 
pliegues de la ropa interna. 

El buen marido quedó muy tranquilo, 
pero la mujer, que apesar de la buena fa- 
ma que gozíba estaba en amores con un 
peluquero, í^e escapó con este dejando 
afeitado en seco a! m rido. 

Después que supimos este lance, juramos 
solemnemente no fiarnos de nadie en cues- 
tión de pesos. 

Y por ahora el sistema nos parece 
bueno. 

Solo falta que tengamos dinero. 

Y entonces.. 

¡Dios nos libre de un calote.' 



LOS RELOJKS DE CARLOS 



Carlos Pérez, heredó 
de su tio de Ayacucho. 
# y dispuesto á gozar mucho 

su negocio liquidó. 
Compró una casa lujosa, 
la hizo amueblar en seguida, 
y así quedó convertida 
en una quinta preciosa. 
Gastó en ella un dineral ' 
al punto que demostraba, 
ser aquel que la habitaba 
liombre de fuerte caudal. 
Disfrutando á su placer 
empleó mucho dinero, ' 
y su capricho primero 
fué dedicarse á comer. 
Por colmar sus aficiones 
mil a't'tistas trabajaron, 
los cuales le ocasionaron 
otras mil indigestiones. 
Agotó de la cocina 
los guisos más singulares, 
comiendo focas polares 
y merluzas de la China. 
Pero al cabo sucedió: 
que tras de tanto tragar, 
al fin se hubo de cansar 
y el capricho abandonó. 
Luego los dias enteros 
pasaba coleccionando, ■. 
cigarros de contrabando, 
ruiseñores ó sombreros. 
;. Hasta que dio en la manía, 
de la que abusó sin tasa, 
de ir transformando su casa 
en una relojería. 
Por doquiera fué á comprarlos 
y los relojes que hallaba, 
luego el tiempo se pasaba 
cual su tocayo el Rey Carlos. 
Los hacía caminar, 
:il mismo tiempo, creyendo, 
que se irían componiendo 
y señalando á la par. 
Mas fué en vano su interés 
y fué escasa su fortuna: 
si uno marcaba la una, 
marcaba el otro las tres. 
Y como el tiempo corría 
los muelles se dilataban, 
y al sonar la hora, formaban 
una horrenda algarabía. 
Así al año. poco á poco 
de sus relojes detrás." 
á Carlos por poco más 
vuelven ios relojes loco. 
Guiado por los reclamos 
que hacia en la prensa entera, 
vio Carlos á un señor que era 
doctor en todos los ramos. 
Escuchóle este formal, 
y al conocer su porfía. 



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EL CASCABEL 



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le dijo que él lograría 
marcasen todos igual. 
Fuese á la casa y jpor Dios! 
hubo también de arreglarlos, 
jque los relojes de Carlos 
marcaban todos las dos! 
—¡Vuestra ciencia me enamora! 
¿Cómo os habéis arreglado? 
— Bien fácil, los he parado 
todos á la misma hora! 



S. Garí'ido. 



-<Sx5>- 



PROFESIONES 



Es más difícil de lo que parece eso de 
elejir profesión. 

No basta decir: quiero} ser abogado, ge- 
neral ó inspector de boletos. 

Es menester que seamos aptos para ello. 

Sin duda por esto, apenas una señora 

empieza ¿sentirse madre se echa á pen- 
sar. 

O á dormir. 

Según los embarazos. 

Y en el primer caso se pregunta: ¡Dios 
miol... ¿albergaré en mis entrañas á una 
futura notabilidad? 

¿Qué haré de mi hijo? 

¿Lo educaré para eclesiástico ó para te- 
nor absoluto? 

El padre, consultado á tiempo, emite 
* su opinión. 

— Yo soy del siguiente parecer: dejar que 
el niño se desarrolle hasta la edad de las 
ilusiones, y entonces lo hacemos meter 
en la política. A ver si logramos que sea 
cualquier cosa, senador ó diputado. 

—Justo. A ver si una Vez en el candele- 
ro nos hace despachar aquel expediente... 

— Esto digo yo. Y á ver si nos logra una 
pensión . 

— De manera que el niño... 

— Será diputado. Y por de pronto no es- 
tará de más- que nombremos padrino á 
Roca, que parece tener buen ojo en eso 
de compadrazgos. 

— Bueno, pues j manos á Iü obra! y el 
padre y la madre cuentan con ansiedad los 
días que faltan para el alumbramiento, y 
hasta se dan aire de protectores. 

—No se apure, amigo López, dicen á un 
pariente lejano, que es pirotécnico; dentro 
de unos años tendremos influencia sufi- 
ciente para que se le nombre á Vd. pirotéc- 
nico del gobierno. Y además veremos á 
Bollini, á fin de que no se supriman los 
fuegos artificiales en las fiestas patrias. 

— Y ¿cuándo será esto? 



— ¡Hombre!... no se apure» Mi mujer es- 
tá... íya sabe Vdl ' 
—Bien ¿y qué? 

—Que el futuro vastago será diputado, 
y gracias á él, lograremos lo que quera- 
mos. 
— Bueno: esperaré. 

Pero, suele resultar que el vastago es- 
perado no es vastago, sino vástag a. O 
bien, si es macho sale tartamudo, por 
ejemplo, y entonces el diputado presunto 
*no pasa de almacenero, o de cuarteador 
pobre y mal hablado. 

Un poeta, amigo mió, me confesaba que 
sus padres tenían la culpa de la escasez 
en que vivía. 
— ¿Cómo se entiende? 
— Si. Desde que tuve ;uso de razón me 
metieron detrás de un mostrador y, quie- 
ras que no, pasé los mejores años ven- 
diendo fulares y tules vaporosos. Pero el 
genio bullía dentro de mi ser, y un día es- 
talló la vena poética que corría por todo 
mi organismo, en forma de soneto que 
dediqué á la mujer de mi patrón el día de 
su santo. 
— ¡Hombre! 

—Este rasgo de talento me malquisló 
con el tendero, y acabó por echarme de 
su casa, porque dijo que no era propio que 
un dependiente suyo hablase en pareados 
á los marchantes de la casa. Desde enton- 
ces doy libre espansión á mi alma y me 
paso el tiempo escribiendo versos y más 
versos. 
—Buena ocupación. 

—Pero que no produce mucho, máxime 
en una ciudad tan mercantil como esla. 

Después de contarme sus penas,' acaba 
siempre, el poeta pidiéndome cigarrillos 
y fósforos, y á veces dinero vil. 

Como el poeta citado, hay abogados 
que serian médicos y militares que sien- 
ten irresistible vocación para frailes, y así 
por el estilo. 

— Lea' Vd., me decía un padre, y no' de- 
la patria; vea como versifica mi hijo: lea. 
lea Vd. 

El campo^ la pradera, 
la fruta, la hortaliza^ 
la emparrada rolliza, , 
la esbelta enredadera.,. 
— Pues versificando asi, ¿sabe Vd. qué 
pretende hacerse mi hijo? 
— Agricultor, seguramente. 
— No, señor: ¡cochero del tramu'W\i! 
¡Misterios del destino! 

And/'és Soler. 



W-. 



EL CA8CA.BEL 



405 



Eli PERIODISMO 



Instituto ó reñidero 
de formidable poder, 
palestra que puede ser 
ó cátedra ó gallinero. 
Árbol robusto y potente, 
de cuyas ramas colmadas 
son las hojas arrancadas 
á miles diariamente, 
que á impulso del aquilón 
vuelan formando una valla: 
la inexpugnable muralla 
de la pública opinión. 
Fuerza que siempre elabora, 
de cuya negra sentina 
brota la luz que ilumina 
ó el incendio que devora. 
Potencia que en su luchar, 
puede, según es guiada, 
ser veneno, libro, espada, 
faro, templo ó lupanar. 
Germen eterno y fecundo 
que, en un trozo de papel, 
vive y crece, pues en él 
está compendiado un mundo. 
Pruebas: la gente imparcial, 
que es música, solo piensa 
puesto que á veces la prensa 
es música celestial 
Cuando ensalza un disparate 
ó cuando ataca valiente, 
toca el bombo puramente 
ó es un clarín de combate. 
Si defiende con cinismo 
por lucro, una idea impura,, 
ya tiene con la pintura 
semejanza el periodismo, 
pues ven todos sus lectores, 
que, en empresa semejante, 
el diario negociante 
cambia mucho de colores. 
Tiene en alguna ocasión 
con los mares semejanza, 
siempre que con él avanza 



la ola de la indignación; 

siempre que en la sociedad 

brota alguna nueva idea. 

y al fin sube la marea 

y estalla la tempestad, : v 

siempre que noble y aitudó, ? ~ 

combatiendo el periodismo, ' \r- ' 

logra salvar del abismo i i-, 

á la nave del estado. ~ 

Con la gimnasia, en exceso, 

tiene también relación. 

si un diario la opinión 

logra levantar en peso, 

ó si tras de una avalancha 

de mentiras y sandeces, 

en un equilibrio á veces 

hace el diario una plancha. 

Contemplad pues, en tropel, 

arte, ciencia, oficios, todo 

que se compendia á su modo 

en un trozo de papel. 

Papel en el que un artículo 

noble, valiente, arrogante, 

si no hace un papel brillante 

es que hace un papel ridículo. 

Donde con frase galana . 

se ensalza lleno de fé 

á un caballero, porque 

anuncia en la cuarta plana. 

Y ese burdel. y ateneo, 

cátedra, antorcha y negocio, 

es del siglo el sacerdocio, 

es de. la idea el torneo, 

la tribuna del saber, 

monumento de la pluma, 

del arte compendio y suma; 

en fin, el cuarto poder. 

—{\Cuarto, y bien dicho— me apunta 

uno que en la prensa escribe— 

¡que el que de la pluma vive 

está á la cuarta pregunta!...) 

Luis García. 



íl 







DE PASEO 



Con los suyos don Faustino 
sufre un atroz aguacero, 
siendo ¡oh burlas dei destino! 
Don Faustino, paragüero. 



T-...-;,-;.^-' v-.':ff'_,í??5?p«íf^--^íK:;-.- v--*!;-'/;- 'St^'f^i^^^^'^í ■^■WffJv'-'iííSwí" "í .: /• V.- ^^???)- 



^¿?S«p3"^"SÍ íV r'^S'^Ppí*?^. 



406 *í^- EL CASCABEL 



EL MÉDICO_MEDICINADO 

(HISTÓRICO) 




o creáis, al leer el membrete de este articulo, que se trata de alguna 
jfroducción del insigne Quevedo, ni recordéis apropósito su «Alguacil 
alguacilado» al leer este nuestro medicinado médico, como no juzguéis 
por el consonante: que esto, al fin, no es producto de nuestro ingenio, 
y si tan solo la fiel narración de lo que á su vez nos narraron nuestros abuelos con 
respecto al Dr. Foca, (Focas le llaman unos, y otros Faco) un cumplido caballero y 
reputado médico, gue dejó de existir victima de su temeridad. Y agora verédes el 
cómo. Corría el ano de 1855 y la ciudad de Buenos Aires se hallaba al^o más trant 
quílita, frescas aún ciertas reverlas pasadas, cuando de pronto y calladito se le ocu- 
rre al condenado del morbo, levantar sus reales del Ganjes, y venir á sentarlos en 
esta ciudad que antes llamáramos de los aires buenos, estrenándose en un viejo, más 
tarde en un muchacho, luego en un par de consortes... vamos... ¡la mar! En vano 
pretendieron las autoridades madrugar al insurgente; en vano hicieron públicas ro- 
gativas los buenos cristianos; todo fué inútil. El morbo no cedía. Más... ¿qué difi- 
cultades prevalecen ante el humano ingenio? La comisión morbosa decíamos, la co- 
misión encargada de espantar al morbo, contaba entre sus miembros más distinguidos 
al Sr. D. Pablo Becerra, persona si se quiere de algún talento y por ende acomete- 
dor de muy grandes fechos; y como cierta mañana saliera del lecho algo más ins- 
pirado que lo de costumbre, bien fuese porque le faltara que desempeñar otra mejor 
faena ó bien por^su celo en pro de la humanidad doliente, el caso es, que levantóse 
bonitamente la tapa, de la sesera é introduciendo allí ambos dedos pulgar é índice de 
la mano derecha y plegando con cierta gracia los restantes, tomó con suma delica- 
deza en cierto ostugo de sus circunvolaciones cerebrales, una idea estupenda... ma- 
canuda como diríamos huy, la cual, traducida en palabras, erafla siguiente: 

Luchar directamente con el morbo, parecíale á Becerra empresa loca y absurda: 
pero... ¿no se conseguirían mayores resultados arrebatando al asiático sus agentes 
destructores? ¿Y no 1") eran los atacados, que de cuatro se multiplicaban en ocho, y 
de éstos en veinte, etc.? ¿Y qué era, en último caso la guerra, sino el arte de quitar 
al enemigo sus equipos y pertrechos, á fin de que nos hiciera el menor daño po- 
sible? 

Teniendo en cuenta lo que llevamos apuntado, el proyecto de Becerra fué acep- 
tado en todas sus partes. ¡Qué diantre! Llamáis al facultativo, éste os juzga colé- 
rico y izásl ¡tras! os desliza suavemente por encima de la lengua una pildorilla de 
rejalgar ú os vierte en el rnismo sitio una gotilla de cierto liquido, mortífero también... 
Y reflexionad y consultad á algunos filósofos y veréis que ello es muy puesto en 
razón, pues... ¿qué valen las vidas de diez, veinte, treinta personas en parangón con 
la de la masa social? ¿Sería justo, lógico y demás, el que procurásemos salvar la 
molécula sacrificando el cuerpo? 

Asi es que se nombraron inmediatamente varios facultativos encargados de llevar 
al terreno práctico el proyecto de Becerra y uno de elios fué el Dr. Foca de quien 
os hablábamos al principio de esta narración y entre los muchos que solicitaron sus 
servicios profesionales, encontrábí»^ el sargento mayor de caballería D. Francisco 
Yanreguiberry, natural de Bilb^rt^ aún cuando prestara sus servicios al ejército de 
Buenos Aires, más pronto quer un rayo y más maldiciente que un carretero. El tal 
era viudo y padre de dos niñfes, hermosas como dos ñores. Una de ellas se indis- 
puso reoentinamente y hé aq/ii el porqué llamaron á Foca. Este concurrió así que le 
fué posible y al golpear las puertas de la casa, topóse, como quien dice, de hocicos 
con la marcial figura del bilbaíno. 

— Es aquí, señor militar, en donde reclaman mis auxilios? —Sí señor; ¡por vida 
del diablo! Mi hija se muere. — Sin embargo... no desespere usted. La ciencia... —Eso 
dígaselo usted á los cortezudos, no á mí, ¡Buena está la ciencia! Cuando Dios dice: 
vamos... Amigo mío, sin creer en eso que llama usted su ciencia, si logra usted 
salvar á mi hija, disponga usted de mi persona y de mis bienes. 

El Dr.' Foca hizo una profunda inchnación de cabeza y enseguida coláronse am- 
bos en la habitación de la muchacha. Así que el primero la miró ál rostro, conoció 
{>erfectamente de ío que se trataba y resolvió administrarle sin pérdida de tiempo, 
a mortífera bebida. Escribió, pues, una recetita y después manifestó á D. Francisco 
que su niña no tenía cura, pero que pedia al droguero cierto calm,ante á fin de que 
la enferma muriese tranquila, pues de lo contrario, sus últimos momentos serian 
espantosos. Y enseguida marchóse, dejando como se comprende al bueno de Yanre- 
guiberry desesperado y abatido. Un criado trajo el medicamento y nuestro hombre 
en vez de ensayarlo en el gato ú otro animal doméstico, como nada sospechaba. 






EL CASCABEL 407 



propinóle á la muchacha la primera dosis. La pobre desvanecióse y al querer admi 
nistrarle la segunda, era ya cadáver. El ser más estúpido hubiera adivinado ense- 
guida que aquella muerte no era natural, y como la estupidez no era lo que carac- 
terizaba á Yanreguiberry, las cosas tomaron un giro distinto, y más tarcfe funesto 
para nuestro doctor; pues sospechando el padre que aquel medicamento no fuese más 
que un tósigo, resolvió ensayarlo en Foca mismo, y cierto que fuese, vengaría ú su 
desgraciada hija ó de lo contrario quedaría diez grados más arriba la ciencia del 
( octor. Y asi, mandó á buscar nuevamente á Foca, comunicándole que observaba en 
su segunda niña los mismos síntomas que se manifestaron en la otra. Claro está que 
padre é hija estaban perfectamente de acuerdo. A las cinco de la tarde del otro día 
presentóse triunfante Foca, y una vez en la habitación de la enferma, comprobó la 
certeza de las palabras del bilbaíno, y diciendo á este se conformase y acatase con 
resignación los fallos divinos, peló ipso fado, la botellita délas agonías tranquilas. 
En este momento cerró Yanreguiberry la puerta de la habitación guardándose la llave 
en el bolsillo, lo que chocó sobremanera á Foca. Al tiempo de administrar el cal- 
mante á la enferma, el bilbaíno sujetóle con mano robusta el brazo derecho. 

—Amigo Foca— le dijo— son tan maravillosos los efectos de su medicamento, que 
va usted á beberse ahora mismo el contenido de ese frasco. 

— ¡Yo!... Pero si no padezco enfermedad alguna, y por lo tanto... ¡vaya qué ocu- 
rrencias tiene ustedl 

—Pues ¡ira de Dios! Ó bebe usted ó le mato como á un perro. 

Y al decir Yanreguiberry estas palabras, sacó del cinto un descomunal revólver, 
cuyo frío cañón apoyó sobre el pecho del doctor. Este retrocedió medroso y confuso, 
destapó el frasco y se lo llevó á sus labios. 

— Beba usted doctor, y acabemos. 

Foca apuró el contenido del frasco y acto continuo cogió el sombrero y el bas- 
tón y se dirigió á la puerta. 

— ¡Ah, pájaro de mala raleal—gritó Yanreguiberry— ¡Me arrebataste una hija y 
pensabas hacer lo mismo con esta...! Pero... ¡no gozarás, infame^ de tu obra! ¡No 
has de marcharle ahora, sino de aquí á un buen rato, á fin de que el veneno alfaque 
tu podrido organismo! ¿Crees que no se me alcanza lo que intentas? ¿Crees que ig- 
noro piensas marcharte presto, con el fin de pedir un contraveneno al droguero, tu 
ainigo7 ¡Ah, bribón! Espera un momento, y recibe esto por vía de introducción. 

Y cogiendo su espada de un rincón, golpeó tanto á Foca, que dejóle medio muerto; 
y entonces abriendo la puerta y empujándole con violencia: 

— ¡Ahora puedes marcharte, picaro puerco! — le dijo. 

Foca salió á la calle, caminó dos cuadras aún, y antes de finalizar la tercera, 
rodó cadáver por el suelo. El líquido estaba, como antes dijimos, saturado de veneno. 
El suceso dio mucho que hablar á las gentes de aquella época, y desde entonces se 
le conoce al Dr. Foca, más que por su verdadero nombre, por el de El Médico Me- 
dicinado. 

■ José CortYis Fernández. 



UN AMANTE DEL PROGRESO 




Hombre de su siglo, Blas, 
sale, corre, enciende el gas 
todas las noches lo mismo, 
y grita como el que más: 
¡Abajo el oscurantismo! 



".> 



DECLARACIONES 




—¿Me quieles?—T:e quieto. 



Hágame Vd. el favor de oírme dos palabras. 




.^ 



— ... paloma sin hiél, te adora siempre Don Juan, 



— jAdios flor de yuyo! 



DEL AMOR 




La soledad de dos en compañía. 



jAy amor como me has puesto! 




-Bueno; ahora han cortado la comunicación. —Pues en cuanto nos casemos, no nos pasará esto 






1- 



410 



EL CASCABEL 



#■•-. 



EL SANTO MILAGROSO 



En un pequeño pueblo que existia 
muy próximo á Campana, 
la suerte veleidosa y casquivana, 
con una gran sequía 
al pueblo lleno de dolor tenia. 
Casi el invierno entero 
había transcurrido, 
sin que hubiese caido un aguacero, 
cosa que nunca habia sucedido. 
Los pobres habitantes aterrados 
ante hecho tal, veian, 
(lue todos sus rebaños se morían, 
y que estaban sus campos arruinados. 
Pidiendo en vano al cielo 
para tan grandes daños un consuelo, 
en preces y oraciones, 
suplicaban la lluvia con anhelo, 
y gastaban sus pocos patacones 
en novenas, en misas y en sermones. 
Al ver que no llovía, 
de su pena llegaron al extremo, 
tanto, que cierto día, 
y viéndose insultar por un blasfemo, 
el cura prometió que emplearía 
el recurso supremo: 
Sacar en procesión á cierto santo, 
que el pueblo fervoroso le siguiese, 
y no^parar en tanto 
que la anhelada lluvia no cayese. 
Una mañana apenas el reflejo 
del sol el cielo azul coloreaba, 
de la iglesia el cortejo 
con cirios encendidos se alejaba, 
y ál señalar el sol el medio día 
el cortejo abrumado descansaba, 
y á seis leguas del pueblo se veía, 
¿pero en cuanto á llover? jquiá! no llovía. 
Después de procurar por el sustento, 
el párraco exclamó, tomando aliento: 
— Siga á la procesión el que se atreva, 
pues no hemos de parar hasta que llueva. 
Y al ver en ello el pueblo desgraciado 
el último recurso, 
marchó detrás del santo, confiado, 
y de la procesión prosiguió el curso. 

Semana tras semana 

el pueblo con el santo recorría, 

y estaba ya tan lejos de Campana 

que ninguno á volver acertaría, 

y la suerte, aún así siempre tirana, 

no quería ablandarse, y no llovía. 

Más llega eierto día 

el cielo se ennegrece de repente, 

truena, relampaguea, 

y tiene aquella gente 

la lluvia salvadora que desea, 

que cae sin cesar, como un torrente. 

El pueblo con el santo se mojaba, 



pero ¡milagro! sin cesar gritaba; 

hasta que, un monaguillo /* 

mira á su alrededor y alborozado, v 

con júbilo sencillo 

dice:— ¡Ay! á mi país hemos llegado. 

—¿Qué es eso criatura, 

que te pasa, que tanto te alboroza? 

— Que ya estoy en mi tierra, señor Cura. 

—Pero, ¿cuál es tu tierra? 

—Pues, Mendoza. 

III 

Tras de la procesión día tras día, 
la gente de su tierra se alejaba, 
la nación recorría, . 
y mientras confiado se mojaba 
en aquella región donde llovía, 
¡continuaba en su aldea la sequía! 

José 3/» Mendozn. 




DE DOMINGO 



El estreno de U A mico Fritz ha le- 
vantado una polvareda entre los concu- 
rrenles al teatro de la Ópera, y la opinión 
ha juzgado con muy poca benevolencia la 
ópera de Mascagni. 

Hasta con tan plausible motivo, se han 
mandado remitidos á los diarios y se ha 
llegado á amenazar á Ferrari con la ven- 
detta de la platea. 

Vamos, con tirarle las sillas por la ca- 
beza, como si dijéramos. 

La verdad es que el teatro de la Opera 
ha logrado convertirse en un foco de abu- 
rrimiento. 

Los abonados están que trinan y con 
razón. ¿Qué han oído durante la tempo- 
rada? 

Lo8 Hugonotes^ que han alcanzado un 
sitccés de estima, como suele decirse; una 
Favorita discreta y... vamos á olra cosa 
porque no es del caso que repitamos, por 
no decir más, que hasta los artistas, qui- 
zás por el frío que veian en el público y en 
la sala, se han olvidado la etiqueta en su 
casa y permanecen cubiertos ante las 7^e- 
ginas^ como pasó en Hugonotes. 



EL CASCABEL 



411 



CONFECCIONES DE SEÑORAS 




El traje que Salomé 
ba de llevar en sus bodas, 
cosen y lo envidian todas 
que lo demás ¡no hay por qué! 



■% 



. 5i-'"*v:j". ■ ■■? .■:^-:.'-ít}iii,f '.•^: 



-■'™' *-'^WPseX~- 



¡ineí'^^/ym ,K"-.-f:V^;- 



412 



£L CASCABEL 



Bajemos la Ópera^ porque mejor es no 
ocuparse de ella. 

Vamos al Apolo^ si les parece á ustedes, 
ya que todo el mundo vá al coliseo de la 
calle Corrientes á tomar un aperitivo mar- 
ca Ki-hi-ri-hU que se sirve por partida do- 
ble, es decir, dos veces por noche. 

La obra es verdecita, sin pies ni cabeza, 
y, traducida y mal representada, pierde el 
mérito que le dan las decoraciones y tra- 
jes y conserva sólo las frases picantes y 
las situaciones crudas. Algunos críticos 
han apaleado la obra y ¡naturalmente! el 
teatro se llena con gran admiración de los 
que saben que alli se ejecutan las obras 
con premeditación y alevosía. Y no lo digo 
por Mercedes Aianaz, que vale y es muy 
guapa, lo que le dá doble valor. 

El i*olitea7na^ concurrido por las per- 
sonas de gusto, como por fuerza debía ocu- 
rrir, desde que en la compañía brilla una 
estrella como la Valvassura, actriz de 
verdadero mérito. 

No digamos nada del Á Madrid me 
vuelvo^ puesta en escena últimamente en 
el OnruMa. porque ahora resulta que Bre- 
tón estuvo flojo al escribirla, según dicen 
por ahí. Los que tal vez flojearon, fueron 
los artislas que la interpretaron, sin que 
ello sea decir que estuvieron mal: tal vez 
estuvieron menos acertados que de costum- 
bre. 

Estreno en puertas: Curupaiti. 

Nos escamamos, involuntariamente. 



COMEDIA.— Juárez poniendo de buen 
humoral mortal más taciturno. La Ma- 
dre del Cordero bien recibida por el pú- 
blico y bien interpretada por los artislas. 
Otro estreno, en puertas también, Infan- 
tería Rusticana^ letra de Paiau y música 
(hasta cierto punto, naturalmente) de Pa- 
iau, que se revela un acaparador...! jBue- 
na suerte y buenas entradas! 



La compañía Bernis, del teatro Nacio- 
nal, llega mañana á Montevideo. El elen- 
co es conocido ya, y figuran en él artistas 
de fama bien sentada. 

Como director', viene el maestro Juan 
Goula (paire)^ artista consumado, acla- 
mado en los principales teatros del mundo. 

Una gran adquisición que representa un 
«triunfo para la empresa, y una garantía 
para el público. 

Ni queremos adelantar juicios, ni quere- 



mos emitirlos. Goula no lo necesita. Cita- 
remos una de las mil anécdotas, que po- 
dríamos referir del maestro. 

Esle es temido, y respetado, por los pro- 
fesores de orquesta, que saben el genio que 
gasta, cuando en los ensayos algún trozo 
no sale tan ajustado como él desea. 

En cierta ocasión, entró á formar parte 
de la orquesta del teatro principal de Bar- 
celona, que entonces estaba en competen- 
cia con el gran teatro del Liceo, un primer 
violinista afamado. 

Ensayábase Aída., ópera que el violinis- 
ta no conocía. Asi se lo manifestó al di- 
rector, añadiendo: 

— ¡Ah!... cuando conozca bien la ópera, 
disfrutará Vd. oyéndome tocar... 

Goula calló. Pasaron varias noches, y 
nada. Por fin un día tuvo que cambiarse 
la ópera anunciada, y se echó mano de 
Macbetli. 

Durante la representación, y un acto, en 
que la orquesta tiene un compás de espera, 
el violinista se distrajo y |zás! soltó una 
nota que lleno de sorpresa al público. 

El maestro volvió la cabeza y le dijo. 

— ¡Ahora empiezo á disfrutar! 

Y siguió, dirigiendo como si tal cosa. 

Pronto podrá juzgar el público el mérito 
de Goula. 

ínterin, reciba la bienvenida que le da- 
mos, los que le conocemos de mucho 
tiempo, y que deseamos verle otra vez d'i- 
rigiendo, como él sabe hacerlo. 



UNA DESDEMONA 




Si la viera su esposo 
en traje tan sutil y vaporoso, 
no salía á la calle con tal traje, 
pues ha dado el marido en la manía 
de ser, lo que hoy Espiro llamarla 
Júpiter negro del amo)' salvaje. 



EL CASCABEL 



413 




Á LOS SEÑORES AGENTES 



Alisamos á los agentes morosos, que de no 
contestar las cartas remitidas con anteriori- 
dad, nos veremos obligados á tomar ciertas 
medidas que no serán muy de su gasto, como 
verán en el próximo número. 

El Dr. Alem, al llegar de su voluntario 
destierro, fué objeto de una elocuente ma- 
nifestación de simpatía. 

Entre las personas que fueron á salu" 
darle figuraban varias distinguidas seño- 
ritas que le abrazaron con efusión. 

El Dr. Alem, visiblemente emocionado, 
correspondió á tales pruebas... 

¿Con un discurso? 

iCá! 

Abrazando á las señoritas, con no menos 
efusión. 

iQuien fuera jef« de partido! 

Tan solo por los abrazos. 

Y no aludo á Mttre, jefe también, y abra- 
zado, ó abrasado por Roca. 

m 

Compró un tintero Severo, 
qu^é dio á guardar á Jacinta, 
y en él nunca puso tinta 
por nu manchar el tintero. 



«La opinión general en la Bolsa es, se- 
gún un colega, que después de las fuertes 
sumas que se vendieron en descubierto es 
forzoso cubrirse antes dé fin de mes...» 

Bueno; pues ¡cúbranse Vds! 

Porque ¡hace un frió..,! 



—¿Quién llama? . 

"_:Soy yo Asunción. 

— jCafaniha! 

—¿Qué tiene ustéí 
—Se me ha caído un botón. 
—¿Cuál? 

— Knti-a y te lo diré. 



Un caballero, representante de Ferrari, 
escribe á La Prensa y dice que en nin- 
gún país del mundo se da tanta variedad 
de espectáculos líricos como nos ha ofre^ 
cido la empresa de la Ópera. 

Tiene razón. 

Se han representado diez óperas diferen- 
tes y un solo desbarajuste verdadero. 



El célebre pelotari Chiquito de Eibar 
ha sido derrotatro por Ezcurra y Gar- 
mendia. 

Un aficionado decía que la partida era 
desigual, por que obligaban á luchar al 
Chiquito coniYSi dos buenos jugadores. 
Y... 

Con el semblante alterado 
gritó una dama á mi lado: 
— Le han vencido ¡vive Diosl 
y solo le han derrotado 
porque iban contra uno dos. 
¡A mi podrían!... no ahora 
pero en otro tiempo si, 
con quince luché en Zamora 
y á los quince los vencí. . . 
¡Carambas. con la señora! 






Con motivo de su cumpleaños, el gene- 
ral Mitre tuvo que aguantar un aluvión de 
discursos, capaz de hacer envejecer á 
cualquier mortal. 

Se le trató de sol, de astro, de mil cosas 
más, y sobre todo, ni un orador se olvidó 
de llamarle viejo. 

Todos le desearon muchos años de vida, 
pero lo mataron á discursos. 



ondencia 




La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Aisina 
número 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 

C. de A.— Mentiría si dijese que su artículo /'.' 
Amo está mal. Y no obstante no lo puLlico ni puedo 
en tan limitado espacio, dar mas explicaciones. 

Filemón. —Wdiy un inconveniente> y es que la ^ua- 
yor paite de los versos son cojos. 



•íf^^irtTfjf! , 



■W- 



414 



EL CASCABEL 



Pi 'K-POR^T.— Faes... francamante. No me gusta su 
crisis, aunque demuestra Vd. en ella no carecer de 
ficultadea. 

Jfüscardón.— ¡Aparta, pegajoso! 

Costurillas.— Tómese la molestia de bascaría pa- 
labra estancia en el Diccionario. Y para lo sucesivo 
iqué Dios le guarde de hacer preguntas tontas! 

Redactor. Esta vez la ha salido 

un poquito desigual, 

A inda mais. — No son publica bles. 

Juanito.—iDe Grijota...? 

C/tiribril.—Vd. perdone que al ver que habla Vd. 
de una hermita arroje lejos de mi & su Cenovita. 

Suscritorde El Cascabel.— Lo siento mucho pero 
no puedo publicarlo. Es t<>n escabroso el asunto... 



/. B.-Lsl composición que me envía Vd. titulada 
Z>08 Perlas se publicó por primera vez en El Impar- 
cial. de Madrid del dia 14 de Agosto de 1863^ y la 
firmó su autor Roque Fernandez Izaguirre. Con que 
ahora t& Sierra Chica! ' 

F. />.— Regular, si señor. 

Peluquin, —Malin. Y con Pepes que gasten nobias, 
y con suegras que se traigan y lleven cosas, no se 
hace nada bueno en este mundo. Ni en el otro. 

D, F. E.—Sü homónimo de Vd. hace buenos sone- 
tos; y Vd. ni sabe escribir, ni conoce lo que es so- 
neto, ni tiene epidermis, ni vergüenza... y si me 
atreviese le diría & Vd . unas cosas! 

Percebe.— \\uélv ase Vd. á las agitadas ondas del 
Cantábrico! 




EL CASCABEL 

SEMAiNAHIO FKSTIVO ILUSTRADO 
Director: ENRIQUE COLL 

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CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN 

Capital: 3 meses g 1.50 

Provincias: Los señores Corresponsales 
fijarán el precio. 

Número corriente » 0.10 

» atrasado » 0.15 



SE DESEAN AGENTES Y CORRESPONSALES 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

t3«— AtsurA— tas (ALTOS) 



ADVERTENCIA 

Se previene al público que la farmacia 
establecida en la calle Rivada, que fué an- 
teriormente de D. Ciruilleriuo Jk» Cranw«ll, 
se vendió á D. Diego Sproat, quien no es 
farmacéutico, de modo que dicha farma- 
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4(8 






EL CASCABEL 






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La redacción y administración de EL CAS- 
CABEL se ha trasladado á la calle de Alsina ' 
número 939 altos, á donde debe dirigirse toda 
la correspondencia. 





•s-di-s- 



LARO que á estas horas 
iio.se habr;í descubierto 
un Huevo tesoro. 

Porque ya sabrán us- 
tedes que á mediados de 
la semana pasada, un 
trabajador encontró una 
cajita llena de monedas 
de oro. 

¡Quí^ hallazgo!— habrá exclamado nues- 
tio ministro de hacienda. 

Es decir, el que ejerce interinamente 
el cargo. 
No de Hacienda. 
De ministro. 
- Y ¡qué hallazgo! hemos exclamado los 
aficionados á antigüedades. 

Sobre todo, á las antigüedades de cierto 
género. 

Las monedas de oro, por ejemplo. 
Y digo que no sé si se habrá descubierto 
otro tesoro, porque desde lo déla cajita 
andan por ahí una porción de sügetos en 
busca de fortunas ignotas, y se entregan 
con furor á las más raras investigaciones. 
Lo que demuestra que nos^ sobra fan- 
tasía. 

O que nos faltan ganas de trabajar 
para ganarnos el pan criollo ó francés de 
cada dia. 

— ¿Ha visto V. el tesoro?- nos pre- 
gunta el primer aniigo que encontramos. 
— No, señor; no he tenido tanta dicha. 



— Pues hay que ponerse en movi- 
miento. :-■"."..: :'-■:*■■:.:."■■'--. :■ ■• v'/'^l' ;" .H,> ;- ■''■■" 

—¿Qué dice V.? ]._^'''-:;'t\y^- 

— Sí señor: el subsuelo ^^e Buenos Ai- 
res, forzosamente ha de encerrar fortunas 
inmensas. 

— Calle V. que me marpo. 

— ¿Y sabe V. lo que falta? 

'■ — Solóse loque me falta. 

r— Pues á V., á mi y á todos nos falta 
actividad. 

— No lo dirá V. por mi, que además del 
trabajo que me dan las cuartillas blan- 
cas que esperan turno para ser llenadas 
de tinta, me tomo la molestia de corre- 
gir un poeru.-t que está escribiendo el hijo 
de un farmacéutico amigo mío. y que 
piensa dedicárselo al presidente electo, 
para ver si logra la proveeduría del Hos- 
pital San Roque, apenas suba al poder. 
-¿San Roque? 

—No señor; el padre He Roque; es de- 
cir, D. Luis que es un santo varón, se- 
gún dicen y es sabido, y me ha confir- 
mado una señora de cierta edad, que le 
repasa las camisas y le echa cuchillos á 
los calzones: , desde hace más de veinte 
años. 

— Butíuo, pues créame V., con activi- 
dad han de de^ciibiirse los mil tesoros que 
yacen en.. . 

— El subsuelo de Buenos Aires, ya me lo 
ha dicho V. ánte.<. 

Claro está, que al dejar al amigo nos 
quedamos preocupados y estamos tenta- 
dos He arrojar la pluma y dedicarnos á 
escavíu el suelo, pero la lealidad de los 
í^contecimientos nos hace \o\ver en noso- 
tros, y nos acordamos de que nadie vivé de 
ilusiones y que en el almacén no fian un 
miserable puñado de porotos ni creen en 
tesoros ocultos. 

Entonces empuñamos las armas que nos 
proporcionan el sustento y los zapates 
para nosotros y la familia. 

No piensan todos los mortales de esta 
manera. 

Y asi nos esplicamos escenas como las 
que pasan en casa de Agapito Brúñete. 

— ¿Sabe V. lo que ocurre? nos pregun- 
ta su señora. 
— (,En d(')nde? 
—En casa. 



EL c:as9abel 



4lí) 



.r 



— No, señora. 

— Pues ocurre que Agapito está medio 
loco y á dos metros de profundidad. 

— ;Qué me cuenta! 
I — Sí. Se ha empeñado en que ha de ha- 
llar un caudal, y se pasa el dia cavando 
el terreno y destruyendo los cimientos de 
la casar. 

El otro dia se derrumbó la cocina y 
lesionó á la cocinera, y además á un pri- 
mo de Agapito que la estaba requebrando 
y ayudándole á mechar una pata. 

-¿Qué? 

— Una pata de carnero joven recién lle- 
gado de Chascomús. 

— ¡Ah! 

—Y el caso es que Agapito sigue impá- 
vido en su tarea y ha hecho un pozo pro- 
fundo. Yo le bajo la comida atada á una 
cuerda, y adema-» le bajo El Diario cada 
tarde para que lea la Vida Social y no se 
embrutezca del todo en aquellas profundi- 
dades. De modo que ahora soy casi viuda, 
p-'ro aguanto todo con la esperanza de que 
aparezca el tesoro. 

— ¡Dios lo quiera! 

— Entonces cambiaré de vida y de ropa 
y mandaré acuarelas al de la Vida Social. 

— Vamos, no es V. muy pretenciosa. 

Por fin Agapito se cansa de profundizar 
y sale del pozo, con el pelo crecido, y la 
piel negra y coronada la cabeza de verde 
musgo. 

Entonces la muger, heroica y tierna, 
como buena esposa, le frota el cuerpo con 
aserrín ycerato simple, 

— Paciencia, dice. 

— Si, paciencia. ¿Para qué quiero tesoros 
si te tengo á ti, que eres tan buena y me 
pegas los botones de la levita con tanto 
amor? 

Confúndense los esposos en tierno abra- 
zo, y hacen bien. 

Ojalá les sepamos imitar, y nos deje- 
mos de. ilusiones y de tesoros. • 

Teniendo familia se tiene todo. 

Hasta suegra! ' 




Sobre tn pecho que rtie inspiró tanto 

pon una santa cruz, 
ya que de los amores que ha sentido 

es la fosa común. 
Allí juntos, igual que en un osario 

los restos se hallarán, 
de tantas ilusiones que inspiraste • 

y que murieron ya. 
Reza sobre esa tumba que has abierto 

l¡g:era y vana ayer, 
reza, para que todos te perdonen 

cual yo te perdoné. 
Más de la negra fosa el ancho borde • 

tapa por compasión, 
sino de tanto anhelo, el cuerpo muerto 

vá á dar muy mal olor. 



^ 



Contemplando su estatua, frente á frente, 
el artista infeliz, desconocido. . 

exclamó con acento convencido 
ante su obra sintiéndose valiente: 
—Al brotar de la piedra indiferente 
el anhelo de mi alma definido, 
y al ver en noble estatua convertido 
lo que fué anhelo de mi loca mente, „ 
siento en mí renacer la fé pagana ... 
que en la materia hallando poesía 
en la materia á Dios amaba ufana, 
y siento que mi ardiente fantasía • 
por ti tan solo luchará mañana 
y por tí morirá, pues que eres mía. 

Adolfo S. de los Ríos. 



PREDISPOSICIONES 




■ ¿Llenas tan bella poesía 
de' bori'óhes. hijo mío' 
Tú no has de tardar, coiino. 
en ser criticó algún dia.' 



r-. )-¡*-Y<. ^-^: v^' ;■? "-.'J: -, . ''i 



^ -;**■ 



•3». 



.--., vi--^. 



420 



EL CASCABEL 



SENTIMIENTO SINCERO 



— jEsto es cosa de aburrirse...! 
— Pero hombre ¿qué te ha pasado? 
— Nada; que á Vélez le ha dado 
la ocurrencia de morirse. 
— Pues yo no veo motivo * 

de alterarse asi. 

— Hija mía, 
es que Vélez me aburría 
igual cuando estaba vivo; 
era un necio, un moscardón... 
— Pero ¿cuándo ha fallecido? 
— Ayer, -y hoy he recibido 
la esqw^lá de defunción. 
jY vísiaae usté de luto! 
jY vaya usté al campo santo! 
¡Y abandone usté entre tanto 
sus cosas, por aquel bruto! 
—Pero, hijito. estás de un modo... 
— Iré ¡qué le hemos de hacer! 
por más que sabes mlijer, 
que yo no estoy bien del todo. 
—¿Aún te encuentras delicado? 
— Siempre ese ardor que me abrasa, 
veremos lo que me pasa 
por ser tan considerado. 
—Se ha de tener caridad. 
—No hay remedio, tengo que ir, 
¡vaya! Tendré que cumplir 
como hombre de sociedad. 
Ya estoy. Hasta luego hijita. 
— Adiós. 

- Salir, qué locura, 
¡claro! Asi no se me cura 
esa dispepsia maldita. 

II 

—Hola, ¿como te ha probado? 
—No lo podía soñar; 
tengo ganas de cenar. 
Jimás lo hubiera pensado, 
llegué allí, rae impresioné, 
vi que la caja tapaban 
y yi como lo enterraban; 



y al verlo, me emocioné. 
Está visto, necesito 
sufrir una conmoción, 
¡pobre Vélez!.. La cuestión 
es que estoy bien de apetito. 

III 

— Pero hija, esto es horroroso; 
Reinoso ha muerto. 

—¡Por Dios? 
— Uno tras otro, los dos. 
Ayer Vélez y hoy Reinoso. 
— Luisa estará sin consuelo 
¡la pobre! ¡Quién lo diría! 
—Vaya, hasta luego hija mía, 
tengo que asistir al duelo. 

IV 

— ¡Ay! Qué escena tan atroz. 
¡Cómo lloraba la esposa!... 
^Pero sabes una cosa? 
—¿Qué? 

—Tengo un hambre feroz. 
—¿Si? Pues vamos á almorzar. 
— Mira que es raro, mujer, 
que para poder comer 
me tenga que emocionar. 

V 

—¡Bravo! Estoy hecho un valiente. 
Pues señor, no son raanias, 
los entierros de estos días 
me han puesto perfectamente. 
Tan seguidas emociones 
me han abierto el apetito, 
¡qué diablo! Yo necesito 
movimiento é impresiones. 
—Tienes buen color, es cierto. 

—¿Qué lees? 

— Nada, hija mi a. 
La Prensa, por si decía 
que algún amigo se ha muerto. 

Luis García. 



EL BAILE 

^j[s una cuestión ardua y espinosa 
para mi, porque pocos habrá que acepten 
mis opiniones. De untemano sé, que todos 
los conceptos que acerca del baile emita 
serán tachados de estrambóticos y falsos. 

Sin embargo, lean si les place. 

Yo creo que el baile es la ridiculez más 
hiperbólica de (jue la hunnanidad puede 
ser victima. 

Es una degradación de nuestra catego- 



ría en la escala animal; con lal acto nos^ 
asemejamos tanto á los monos, que no es 
extraño que Darwin ios llame nuestros 
abuelos (discúipenriie los que lo tengan 

vivo). 

Cuando veo bailar recuerdo inmediala- 
mente lo (|iig cunta la flamenca de «Ni- 
ña Pancha.» 

Cuando bailan la polka 
una mada/tna y un seiiorito., 
parece que les tiran 
de un cordeliio. 



EL CASCABEL 



421 



Para las mujeres, liene dos fines la 
«existencia. El malrimonio y el baile. Al 
primero entregan toda su persona, al se- 
gundo la mitad inferior de ella. 

Enlre los hombres los hay entusiastas, 
tibios é indiferentes: del primer grupo, 
ningún ejemplo más Upico podrá encon- 
trarse, que un lal D. Pascual Bailón Trom- 
po, que tuve la suerte de conocer há poco 
tiempo. 

Él se habia creado una filosofía origi- 
nalisima, que pudiera titularse Terpsico- 
rista. 

— ¡Oh caballero!— me decia— Siento, de- 
ploro, padezco al oír de sus labios tan 
horribles blasfemias. El baile es el ma- 
nantial de todos los placeres, es la más 
sublime invención del Creador. 

El eterno es el director de orquesta; su 
•cetro es la batuta conque lleva el com- 
pás de la celeste música, ejecutada por 
las innumerables legiones de sus ángeles. 
El globo en sus movimientos de trasla- 
<íión y rotación, se entrega á una mara- 
villosa danza, con su romántica pareja 
la plateada luna y todos los demás astros, 
ya envueltos en las vaporosas blondas de 
sus atmósfera ó cubiertos con la peareria 
de sus mágicos destellos, son oíros tantos 
bailarines, otras tantas figuras coreográ- 
ficas, que componen el sorprendente y 
sublime rigodón, llamado firmamento, en 
«I vastísimo salón del espacio sideral. 

Sí, amigo mío. En un baile, se conocie- 
ron mis padres. Mi mamá era bailarina 
afamada. Por el baile, viviré dos meses 
más que la generalidad de los moríales, 
pues el cansancio y, agitación que produce, 
aceleró el alumbramiento de mi madre y 
soy sietemesino. Yo no era más que hijo 
natural al nacer; mi padre iba á casarse 
con otra mujer más distinguida, pero la 
muerte, le sorprendió antes in articulo 
mo7^tis, legitimó su matrimonio, me reco- 
noció y legó toda su fortuna. ¿Cuál fué la 
causa de su muerte? El baile de San Vi- 
tor. En fin, todo en mí se relaciona con 
el baile: nací en Bailen, Pascual Bailón 
«s mi nombre, Trompo, una de las cosas 
que mejor bailan, es mi apellido; soy 
profesor de baile; por bailar bien, se ena- 
moró de mi, mi esposa; cuando estoy ale- 
gre, me bailan los ojos; cuando tomo 
champagne lo veo todo bailando; final- 
mente, pienso ahorcarme para morir bai- 
lando y mandaré que acompañen mi cadá- 
ver tocando la danza Macabra. 
Afortunadamente, no todos tienen mo- 



tivo para profesar al baile Ui idolatría que 
Don Pascual. 

El baile es uno de los placeres más com- 
pletos: con él gozan el tacto, el gusto, el 
oído, la vista y el olfato, todos los sentí 
dos, en fin, haciendo honrosa escepción 
del sentido común, que creo no toma nun- 
ca parle en semejante di verdión, untes bien, 
es atacado con verdadero furor. 

El baile es un centro de instrucción. 
¿Cómo no? En ellos vemos las mas pre- 
ciosas muestras de perfección orgánica, 
aprendemos en fin muc^ias cosas, que nos 
enseñan las escotadas Evas. ¿Piapro porqué 
lo que tan amablemente nos dejan ver en 
Jos dorados salones, no nos siguen mos- 
trando en los paseos públicos y en todas 
las ocasiones de la vida or.linaria? ¿Por 
qué lo que es lícito y muy bien visto en- 
tre centenares de personas indiferentes, 
escandalizaría y ruborizaría si se viera ó 
enseñara en otra ocasión y enlre personas 
más allegadas é íntimas? Yo no sé con- 
testará todas esias dudas. 

Música sin baile, dicen algunos, escomo 
una buena comida sin vinos. No discuti- 
remos sobre este aserto, pero yo conocía 
una señora coja, que se pasaba la vida 
bailando sola y sin música; hay gustos.... 
y Uno de estos es el de ua amigo mió que 
decia: 

— Yo voy al baile, no por lo que se baila, 
sino por las lindas piec^sitas que se to- 
can.— Pero lo malo es— le contesté-^que de 
las tales piecesitas. casi nunca sé tocan 
más que los priineros compases, y ámi, 
francamente, la buena música me gusta 
saborearla. 

Mucho más podría hablar, pero solo diré 
que apesar de no haber bailado, ni bailar, 
ni prometerme bailar nunca, lo único que 
me reconcilia con el baile, es la ultima 
parte, un delicioso ambigú. 

A lidio Borgia. 




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. 422 



£L GASCA.BEL 



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ALTA POLÍTICA 




— ¿Sabes? á Ricardito, tu primo, le han hecho Oficial de Relaciones exteriores. 
-rBueno y ¿qué? 

-T-Que lo siento por t*', porque como estará tan ocupado, no podrá dedicarse á las reía 
cionfi^ interiores. 



LA MORAL T LA PELOTA 



Don José Juan de la Mota, 
que es un honesto varón, 
tiene solo una pasión: 
la del juego de pelota. 
Advertencia necesaria 
es la que acabo de hacer. 
Ahora, ya pueden leer 
esta Historia Extraordinaria. 
Es ya de noche, y roncando 
están Don José y señora, 
descanso al cuerpo otóffeándo 
en la cama bienhechora. 
De pronto, Don José sueña, 



la cosa es muy natural, 
¡pero, ahí viene lo casual! 
que también sueña^su dueña. 

Y soñando, como es justo, 
van á lo que más les gusta; 
que la fantasía es justa 

y al soñar suele dar, gusto. 
En Don José, la pasión, 
cosa que era de esperar, 
le conduce sin tardar 
á las gradas del Frontón. 

Y á su muy santa señora, 

que aunque santa es¡,muy culpable. 



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EL CASCABEL 



: 423 



Ja lleva con un amable 
joven á quien ella adora. . 
La señora se alborota 
y se conmueve y se agita, 
y el esposo chilla y grita 
al ver jugar á pelota. 

Y ella dice— Mi Don Juan 
refiriéndose al amante— 

en tanto él grita— {Adelante 
que ya cuatro tantos van! 
—Esta pasión me marea... 
¡mi marido es un cordero...! 
ella dice Y él— ¡Zaguero! 
¿para cuando es Ja bolea? 

Y asi prosigue el crescendo 
la fie! esposa arrullando, 

y el marido peleando 

por un tanto, y discutiendo. 

La mujer fuera de si 

se echa en brazos del amante, 

y le dice delirante 

—¡tan solo vivo por tí! 

Y al marido, que el partido 
de pelota Je acalora, 
como un orador perora 
fuera de sí. sin sentido. 

—¡No os estrañéis' que alborote!, 
¡és la lucha desigual!... 
y si el Manco está tan mal 
es poniue nos d;i calote. 



Y así se van exaltando; 
la mujer tierna y amante 
de amor loca, delirante, 

y el marido perorando. 

Y cuando más cerca estaba 
de su esposo Ja señora, 
creyéndose que al que adora 
finalmente se entregaba, 

el marido, que tenía 
una fuerte discusión, 
con uno con quien reñía 
desde que entrara al Frontón, 
le suelta una bofetada... 
que recibe la señora, 
que sueña bailarse abrazada 
con aquel que tanto adora. 

Y al despertar aturdida 
exclama — ¡Perdón José! 
Te juro que no lo haré 
nunca más en esta vida. 

Y al ver que era tan pesada 
la manita del esposo, 

jura á Dios en fervoroso 
voto, ser por siempre honrada. 
En esto, lector, se nota, 
aunque digan lo contrario, 
que es un Juego extraordinario 
el juego de la pelota. 

Antonio F. Molina. 



LENGUAS VIVAS 




ON tan útiles como las muertas. 

Y no aludo á las de yaca, por ejemplo. 
Considero lengua muértia, el griego y el caldeo. 
¡Ahí y el latín, que es la más muerta de todas. 
Sin duda, por esta causa se cantan los responsos en latín, 
]o mismo que las misas, que son letra muerta para muchos. 
No digo nada del sánscrito, por no hacer alardes de erudi- 
ción. 

Pues todas estas lenguas son útilísimas. 
Pero, (las lenguas vivas!... ¡Ah! las lenguas vivas no tienen 
precio. 

Apesar de que muchos profesores anuncien lecciones de in- 
glés, por ejemplo, y por treinta pesos al mes. 
Que ya es un precio. 

La civilización moderna exige que hablemos otros idiomas, además del nuestro. 
Y el mísero mortal que no sepa chapurrear algo en extranjero, es mirado con 
desdén. 

Llega uno A una casa, llama y pregunta por la señora. 
— íMadamme ha salido! — contesta el criado. 
—Bueno: pues lome V. mi tárjela. 
— Adieu, monsieür. 



Nos alejamos de la casa, con alegría, dando gracias ai altísimo (que no es Pelle- 

f;rini) por no haber hallado á la señara; porgue si el criado empieza por mezclar pa- 
abras francesas, hasta cierto punto, es lo cierto que la señora ños hubiese hablado 
lolalmente en francés. 

Y... no hoy más remedio. 

Es preciso repasar un manual, ó Manuel, de conversación francesa y española, 
s^ pena de pasar por oscurantista anle los ojos de la sociedad. 



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EL CASCABei. 



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LA SALVACIÓN 








... finalmente: el señor senador ¿qué ¡He procurado como el que más, nive- 
ha hecho"^ ¡Vamos á ver!. . ¿Qué ha he- lar el presupuesto abrumador! 
cho? 





¡Soy capaz de romperle el esternón! ¡Orden!... ¡orden! ¡señores senadores! 



¿ ^^\< - "' * .- -.^S^-S^ÍP^ss^ 



"'^*Í^^J?'---'j." -■;■■•--■ *',?■'■-■■■??-'" ■'■■'VÍ.^J:' 



F.L CASCABEL 



425 



DEL PAÍS 




jOrdenl No interrumpa S.S. al orador. Aunque me interrumpan, gritaré. ¡El 

señorsenadoresincapáz de hacer nada..! 





/Bravo!... diera ¡que se calle! 



La que paga los vidrios rotos. 



'i;:'i'%;~^;yS'^:y''¡iwfij^':' ' 



426 



EL CASCABEL 



La otra noche fui á casa de Mengudez, y pasé serios apuros por la cuestión de 
idioma. ié I 

— ¿Cómo esta V?— pregunté al dueño de casa. * 

— Pas mal, mon cheri... pasó á saludar á la familia. 

— Bu»*no... Señora, á los pies de V... ya lo veo; si, si, V. siempre tan buena... he 
sido un olvidadizo de primera, pero me enmendaré... gracias- 
La conversación se generaliza. 

— Ha visto V. la influenza? 

— r«ío, señor, afortunadamente. 
■—* ¡Ohl-dice la señora— tres drole, tres drole... 

— Toujours de buen humor. 

—Tres espiriluelle; este Andrés siempre lleno de humor... 

— No; no crea V. Tomo mucha zarza, asi es que l^s humores no me molestan. 
—No... cest otra chosse. 

—¿Otra qué? 

—Mujer— dijo Bermudez cariñosamente— habla en español, porque nuesiro buen 
amigo no posee el francés... 

— La verdad; es una de tantas cosas que no poseo. 

— Y es lástima, porque hoy no se habla otra cosa. A mi también me costaba sol- 
larme, pero hice un viaje ó París... 

- ¡Oh. París!— exclama la señora — ¡París de mes entreteles! 
— Pues... i\ los tres meses hablaba ya como Moliere. 

— Vivíamos— dice la señora— en el Boulevard des malas hierbas... ¡oh que bou- 
lovard! Y luego ¡qué esprit!... Qué chic, tiene la gente en aquella t|erra, 
—¿En el boulevard? 
—Y en todas partes. 

— Es el gran sitio para aprender fi hablar en francés sin necesidad de maestro. 
—Vaya, por cifras, como la guitarra. 

— ¡Tres bien! ¡Qué lastim! ¡qué lastim! que ne pariez francés. 
Apenas pude dejar á la familia de Mengudez, lo hice. 

Y lo hice á la francesa. 
Es decir, sin despedirme. 
Con sans fagon, ¡vaya! 

Y al llegar a ca.-^a, pensando en la inestabilidad de las cosas é idiomas del mundo, 
encontréme una carta, concebida con pecado, en los siguientes términos: 

«Mon cheri: Te atandre hoy jusque las ocho de la nuit. Je suis libre hasta mi- 
nuit. Ta pelite N.» 

Volví involuntariamente la vista en dirección á la casa de Mengudez y exclamé: 

— ¡Ahora si que aprenderé bien el francés, y podré alterna)' con la gente fina! 
Aprenderé el francés, y sin necesidad de maestro. 

-^jOh, las lenguas vivas!... 

K! ': ; ' ■ A ndrés Soler. 



EL MEDIO AMBIENTE 



Don Pedro era un buen señor 
q,ue á los perros adoraba, 
y en los cuales concentraba 
dicha, ilusiones y amor. 
Por ellos, su hogar tranquilo 
Tse encontraba trastornado, 
pues lo había transformado 
de los perros en asilo. 
A aquel capricho sin lasa 
sus esfuerzos dirigía, 
y cuantos perros veía 
se los llevaba á su casa. 
Con pasión sus ide