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Full text of "Pasionarias [microform] : poesías"

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^ I B R.ARY 

OF THL 
U N IVERSITY 
Or ILLINOIS 

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1889 



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i^tetfMAÉtiiÉiiÉÉIÉIIIÉIÉilHÉÉÜki 



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BIBLIOTECA DE AUTORES MEJICANOS 



MANUEL M. FLORES 



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2789-30. — Veracruz Méjico, imprenta de Ramón Laíné. 



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PASIONARIAS 



poesías 




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PROLOGO 




I. — EL l'OETA. 



Corrían los años de i 837 y I808, entre las porfiada 
luchas del partido liberal y del partido reaccionario, qu 
ensangrentaban laRepública,y apenas dejaban tiempo par 
pensar en otra cosa que no fuese la política 6 la guerra 

Yo estudiaba entonces Derecho en el Colegio Nacioní 
de San Juan de Letrán, y comenzaba mis ensayos en e 
periodismo. 

En el primero de estos años tempestuosos, dividía, pues 
mi atención entre las contradicciones del Digesto, que n 
producían sino un diluvio de sutilezas en la Cátedra, y la 
dispulas irritantes de la política, que (raían ajitados 
liberales y conservadores y provocaban la más sangrient 
de nuestras guerras civiles. 

Por más que yo fuese un escritor joven y bisoño e 
aquella época, y á tal punto desconocido, que ni siquier 



— VIII — 

Constitución y para aplaudir los elocuentes discursos de 
Ocampo, de Ramírez, de Zarco y de Arriaga, y para lomar 
nota de los esfuerzos que hacían el ministro Lafragua y la 
pandilla de falsos liberales contra las libertades humanas 
y políticas. 

Pero dando tregua á estos alborotos, que duraban, á 
veces, semanas enteras, lo más común era consagrarnos 
á las conversaciones literarias, en las que salían á relucir 
todas las reputaciones poéticas contemporáneas y todos 
los conatos de bella literatura que se liacían lugar de 
cuando en cuando entre los ruidos pavorosos de la ma- 
tanza y la destemplada grita de los partidos. 

Esas sesiones no carecían de interés y hasla llegaban á 
tomar á veces el aspecto de una Cátedra ó de una Aca- 
demia, cuando las presidía alguno de los veteranos de la 
Literatura ó de los campeones de la prensa militante, por- 
que solían aparecerse por allí los amigos míos de quienes 
he hablado al principio. Marcos Arróniz, el apasionado 
cantor de Hermima, el excelente traductor del Don Juan, 
de Byron, que acababa de trocar su lira melodiosa por el 
sable reaccionario de Puebla, y que aprehendido después 
como conspirador, había sido encerrado en una prisión, 
donde, como el Tasso, había comenzado á perder el juicio. 
Él me pagaba las visitas hechas en su cárcel y asistía á 
nuestras reuniones melancólico y abatido, pero siempre 
hablando de poesía, con su sonrisa triste y su palabra 
fácil y elegante, que vibraba como si quisiese traducir la 
amarga pena que se revelaba en sus ojos profundos. 
¡ Pobre Marcos! Poco tiempo después, pero en aquellos 
mismos días, se encontró su cadáver en el camino de Pue- 
bla, junto al Agua del Venerable, sin saberse cómo ni por 
qué estaba allí. Sospechóse un suicidio. Tal vez. Pero se 
dijo también que caminando Arróniz, solo, por aquellos 
bosques plagados entonces de bandidos, pudo más proba- 
blemente ser asesinado por éstos. Así murió uno de los 
más inspirados poetas de Méjico, el aristócrata entre ellos 
por su educación europea, por sus hábitos y aún por sus 
opiniones. Nosotros, revolucionarios y demócratas respe- 
tábamos siempre sus ideas, de que por otra parte se abs- 
tenía de hablar en presencia nuestra, y respetábamos to- 
davía más su desgracia y su talento, nublado ya por la 



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^(.111 uro , i^v^iiii-r ci L<iiJiJ^iuii, iiiLniujciun. iFn^n jíxo til iijti:? j iJt7i kj 

al contrario de él, no amaba la Libertad, al menos la 
combatió sirviendo al dictador Santa-Anna contra el 
pueblo, y se expuso después á todos los pelifíros, peleando 
valerosamente en la batalla de Ocollán al lado de la reac- 
ción. Fueron vanos los efuerzos de su pran amigo Zarco 
para atraerlo á nuestras fdas. Kslaba en la desgracia y 
rehusó, basta que se trastornó su cerebro. ¡ Pobre Marcos ! 

Otro de los tertulianos era Florencio Maria del Castillo, 
que redactaba ya el Monitor republicano y era muy cono- 
ide por sus bellísimas y sentimentales novelas, arrojadas 
en medio de esta sociedad envuelta en vapores de sangre, 
como blancas llores de aroma suave y dulce. Florencio 
escribía entonces su Hermana dk los Ángeles, y en su cali- 
dad de redactor de uno de los periódicos más avanzados 
del día, era un contendor exallado; pero su fisonomía 
móvil y nerviosa se Irasfiguraba hablando de literatura, 
su risa perdía el carácter burlón que la hacía temible dis- 
putando, tornábase benévola como siempre, y con el argot 
gracioso que acostumbraba, decía cosas encantadoras de 
novedad. 

José Rivera y Río era el elemento de la contradicción 
literata, y con sus arranques pesimistas ó indignados, 
daba pábulo á la conversación. En eterna disputa con 
Juan Mateos, que ya era abogado, pero que seguía te- 



•-'?'?« 



— X — 



\ 



cordia, y dos años después, debiun morir juntos y abra- 
zados eu el cadalso de Tacubaya. 

Alguna vez, habiéndonos hecho amigos en las galerías 
del Congreso de Miguel Cruz Aedo, el ilustrado escritor y 
valiente soldado jalisciense, lo trajimos también .1 nuestro 
corrillo de Lelrán, y mientras estuvo en Méjico, formó en 
nuestras filas y encontró en nosotros un auditorio entu- 
siasta para sus artículos dignos de Camilo Desmoulins y 
sus discursos dignos de Saint-Just. 

Aquel era el bello tiempo de los sueños de Libertad y de 
Poesía, de los propósitos generosos y de los juramentos 
revolucionarios <|ue pronto iban á cumplirse, porque la 
guerra estaba allí para reclamar el cumplimiento de los 
votos juveniles. 

¡Nuestro círculo, mitad político y mitad literario, se en- 
sanchaba cada vez más, admitiendo nuevos adeptos del 
mismo Coljeio de Letrán. Ya figuraban en él desde el 
principio, Alfredo Chavero, Emilio Velasco y Juan Doria; 
los dos primeros, laboriosísimos estudiantes; el tercero, 
reservado, pero vehemente liberal fronterizo ({ue ya había 
tenido tres ó cuatro riñas á causa de las discusiones de la 
Constitución. Pronto vino á incorporársenos un joven á 
quien estaba resarvada una gran celebridad poética. 

Había entrado á principios de aquel mismo año de 18ü7, 
á cursar Filosofía en Leliáu, como interno, un joven de 
diez y seis años, moreno, pálido, de grandes ojos negros, 
de abundante cabellera ensortijada, y de aspecto triste y 
enfermizo. 

Paseábase en las horas de estudio con sus compañeros, 
en el corredor de los filósofos, pero sin llevar el libro 
abierto en las manos, como los demás, ni recitando su 
lección en voz alta, sino con el libro constantemente cer- 
rado y debajo del brazo, taciturno, con los ojos clavados 
en el suelo y siempre sumerjido en hondas meditaciones. 
No estudiaba, nadie lo conocía, no buscaba amigos, no to- 
maba parte en los grupos charladores que se formabati 
en las horas de recreo, sino que durante ellas se ence- 
rraba en su cuarto y allí permanecía sentado indolente- 
mente y siguiendo con mirada distraída las espirales de 
humo de su enorme pipa alemana. Decididamente aquel 
joven era un misántropo, tal vez un enamoiado á quien 



t*."""'' 



— XI — 

encerraban por fuerza en el colejio para aparlarlode aven- 
turas amorosas, tal vez un ne^lijente ó un soñador, víc- 
tima de grandes pesares ó presa de recuerdos palpilanles 
todavía. 

Los curiosos pronto lo asediaron. En el colejio est difícil 
que se mantenga por mucho tiempo un carácter envuelto 
en el misterio, y la juventud es eminentemente expansiva 
y confidenle. 

A pocos días se supo que el joven misániropo era nativo 
del Estado de Puebla, y que hacía versos, versos de amor, 
melancólicos y apasionados. 

Como era natural, esta noticia se comunicó inmediata- 
mente á nuestro centro literario ; el joven me fue presen- 
tado por sus amigos, y yo lo presenté á los míos, quienes 
lo recibieron con afecto fraternal, que se aumentó cuando 
le oyeron recitar con modestia, que llegaba hasta la timi- 
dez, sus enamoradas elejías. 

Aquel poeta soñador y ardiente era Manuel Flores. 

Desde entonces fuimos amigos; desde entonces comen- 
zamos á gustar de esa poesía intensa y embriagadora que 
i'ebosan sus versos, como rebosan los aromas en las flores 
de los bosques tropicales. Había en esos cantos juveniles, 
suspiros apasionados y quejas audaces que nos causaban 
extrañeza. Eran los rumores vagos que anunciaban la 
erupción próxima de un volcán de amor y de poesía! 

Marcos Aróniz acababa de morir. Este joven lo sustituía 
al punto en la poesía elejiaca. 

Como aquél, estaba devorado por ese malestar indefi- 
nible, por esas aspiraciones al ideal que no se alcanza, por 
esa ansia de amor insaciable y por esa melancolía ingé- 
nita que se llamó en Europa, en otro tiempo, el mal de 
Werthct\ 

Pero Flores no tenía el espíritu nebuloso de Arróniz, 
que parecía perdido siempre entre las brumas del Norte y 
la filosofía escéplica de Byron. En los versos del joven 
poeta erótico, no se sentían aquellos dejos de amarga duda 
que producen la fiebre en Mankrkdo y el sarcasmo envene- 
nado en los labios de Don Juan. No; en ellos corría la 
savia fe -unda de la fe y del amor, á veces en la forma más 
sensual. Era la pasión despertándose poderosa y exijente 
en un corazón virjen. í^os gemidos del desengaño vinie- 




-Ti- 



— XII — 

ron después, y del coríizún de Flores puede decirse con 
Enrique Gil : 

¡ Ay del corazón del niño 
Que se abrió sin vacilar, 
Sin reserva y sin aliño. 
Pidiendo al mundo carifio 
Y no lo pudo encontrar ! 

En Flores, la tristeza de entonces era el crepúsculo nui- 
linal de la vida; la tristeza de Arróniz era una sombre de 
la tarde. En aquél, presen lintiiento quizá de los dolores del 
alma; en el último, la hez acre de los desenf^años. 

Asi comenzó Flores su existencia poética. Por lo demás, 
cuando no escribía ó conversaba con^ nosotros, volvía á 
encerrarse en su silencio y se paseaba meditabundo, de 
modo que podía describirse él mismo, como Víctor Hugo 
á los diez y seis años, 

!< Mol scizc ans et l'air moróse. >• 

Y sin embargo de su indolencia y de que parecía no estu- 
diar á ninguna hora, se presentaba á examen y salía bien. 

Pasó el año de 1837, y á fines de él estalló la guerra 
civil en la ciudad de Méjico, que se prolongó hasta Enero 
(le 1858, en que la reacción triunfante quedó apoderada de 
la ciudad que había abandonado á sus garras Comoníbrt, 
por una serie de debilidades y de torpezas increíble. 

Nuestro club, naturalmente, no volvió á reunirse, y tra- 
bajos tuvimos los estudiantes lateranos para sustraernos á 
la suspicacia de la policía. Todavía escribí yo, indignado, 
aquellos alejandrinos Los BaiNDidos de la Cruz, que eran 
muy malos, pero que en alas de la pasión de partido, 
volaron por toda la República, ajilada entonces por los dos 
bandos. Manuel Flores, Juan Doria y otros diez estudiantes 
les hicieron su primera edición en la memoria, edición que 
sirvió para imprimirlos. Todavía Florencio del Castillo vino 
alcemos algunos folletos incendiarios, yJuan DiazGovarru- 
bias algunas estrofas que circulaban en los colejios : todavía 
Manuel Mateos y yo, escribimos una larde, en los bordes 
de la fuente de Lelrán, los atroces dísticos contra el Go- 
bierno reaccionario ; todavía nos vimos alguna vez reuni- 



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S^íP^EííTv''.- 



— XIII — 

dos eu algunos cuartos de la Escuela de medicina ó del 
Colejio de minería, que eran focos de conspiración en que 
mantenía el fuego revolucionario Francisco Prieto (liijo de 
Guillermo); Mariano Degollado (hijo de I). Santos); Igna- 
cio Arriaga (hijo de Ponciano) ; Juan Díaz Covarrubias y 
Juan Mirafuentes. 

Pero se acabaron las reuniones : Miguel Cruz Aedo ha- 
liía volado á Guadalajara, en donde él precisamente salvó 
á Juárez de ser asesinado por los militares amotinados en 
favor de la reacción; Florencio del Castillo habla sido des- 
terrado de Méjico por el Gobierno reaccionario; Manuel 
Mateos fué á unirse ai ejército liberal ; Juan Matteos y Ri- 
vera y Río se ocultaron ó fueron presos. Sólo quedamos 
los demás, conspirando, escribiendo hojas liberales que 
se imprimían por estudiantes en una imprenta clandes- 
tina, ó entreteniendo nuestra impacencia política con el 
estudio de la literatura. 

Flores, Velasco, Chavero, Doria y yo pasábamos así el 
tiempo. Yo era entonces catedrático deLetrán y explicaba 
los clásicos latinos á Manuel Olaguibel, Juan Covantes, 
Diódoro Conlreras, Manuel Lares, Manuel Tico, V. Cana- 
lizo, Pedro Miranda, Emilio Monroy y otros, hoy abogados, 
médicos, diputados, jueces, y entonces muchachos de ca- 
torce años. 

Entre aquellos clásicos había uno que no era de texto, 
pero que yo amaba y amo mucho todavía : Tíbulo, el 
tierno Tibulo, el juez de los versos de Horacio : 

i< Albi, nostrorum scrmonum candidc judcx, « 

cuyas elejías eran mi encanto. Entonces comenzaba yo la 
traducción de todas ellas, que ésta es la hora en que no 
concluyo todavía, pero que publicaré un día de estos, con 
gran sorpresa de los que me creen tardío. 

Pues bien : leyendo y releyendo, saboreando y pala- 
deando el suave y puro latín de este poeta del siglo de 
oro, como si paladeara una ánfora de Sécubo ó de Falerno, 
me sorprendí muchas veces de encontrar en las apasiona- 
das elpjías del cantor de Delia, la misma ternura, el mismo 
fuego, el mismo acento sensual que hacían tan atractivas 
las poesías de Flores. 

a* 






— XIV — 

Y le comuniqué mi opinión sobre la extraña semejanza 
que encontraba entre su jenio poético y el del poeta ro- 
mano. 

Él se sonrió mortificado por la modestia. No conocía á 
Tibulo. Era un Tibulo americano, inconsciente de su se- 
mejanza con aquel autor de las penas amorosas. Era de 
la familia, senlia, amaba y cantaba como él, pero no co- 
nocía á su deudo de la antigua Roma. 

Yo no sé si lo ba conocido después, pero supongo que 
no lo necesitaba. Tenía una organización igual, una alma 
poética y triste, un carácter taciturno y propio para errar 
meditando entre las selvas, 

'< tacitum silvas Ínter reptare salubres 

Curantem... » 

mucba savia juvenil, un anhelo infinito de amar y ser 
amado, un corazón de fuego y muchas Delias en la sonro- 
sada nube de su sueños. 

Pero aquel estado de lúgubre sopor en qué vivíamos le 
fué insoportable al fin. El colejio era para él una cárcel, 
la falla de libertad política que se respiraba entonces 
hasta en la atmósfera lo asfixiaba; su alma joven y ar- 
diente aleteaba en busca de espacio, de aire y de luz en 
aquella jaula, y al fin dejó el colejio en 18o9 y se fué á 
vivir la vida del bohemio libre, sin obligaciones, sin recur- 
sos, pero sin inquietudes y sin trabas. 

Á poco dos negros ojos andaluces, que fascinaban y em- 
briagaban, fueron los primeros que como dos soles disi- 
paron por completo el crepúsculo de aquella vida juvenil. 

Y no volvimos á vernos por entonces. También nosotros 
todos fuimos dispersados por la borrasca política. Manuel 
Mateos y Juan Díaz Covarrubias habían sido asesinados 
en Tacubaya, el 11 de abril de 1859. La indignación, la 
furia se apoderó de todos sus amigos. Juan Doria partió 
para Nuevo-León, Emilio Velasco para Tamaulipas, yo me 
luí al Sur. Todos nos volvimos combatientes, ó salimos al 
menos de esta repugnante y abrumadora atmósfera de 
tiranía que pesaba sobre Méjico. 

También Flores tuvo que salir pronlo de ella; también 
él lomó parle en la polílica liberal, y tan pronto como se 



jilÜ'iiriiiláli Mill'iJ I iJldlááiÉiÉi í'i" II ^.---- •—'-■^--'-■^^'- ...— .■.:■.- ■'■ -,.i-:..--v --■■'-■~.'. .^^». . 



— XV — 

vio libre de los encantos de su Circe, fué á combatir eu 
Puebla en la primera oportunidad. Defensor siempre de 
su patria y de sus ¡deas, con la pluma y con la acción, 
supo en la guerra de intervención cumplir con su deber 
como soldado, y a consecuencia de eso, no tardó en ser 
perseguido y preso en el castillo de Perote, por orden del 
general francés de Thun, comandante de Puebla. Perma- 
neció encerrado en las mazmorras de la vieja fortaleza con 
su hermano Luis, por espacio de cinco meses, hasta que 
salió para ser confinado en Jalapa. Después ha tenido una 
suerte varia, pero ha seguido íirme en sus opiniones de- 
mocráticas, y por ellas ha merecido venir dos veces á 
ocupar una curul en la Cámara de diputados de la Unión, 
de la que hoy es diputado suplente, siendo propietario 
en la Legislatura de Morelos. 

Pero ¡ay! ¡cuánto han cambiado los tiempos y cuánta 
tristeza causa recordar aquellos días de Letrán y aquel 
grupo querido á cuyo calor, como en un búcaro, nacieron 
las primeras Pasionarias! 

¡ Las tormentas políticas, la guerra, los pesares, el so- 
plo mismo de la vida, han arrebatado ya del mundo á 
más de la mitad de aquellos entusiastas jóvenes que se 
reunían en mi cuarto humilde de Letrán, soñando con la 
fama, la poesía y la gloria ! 

Marcos Arróniz, suicida ó asesinado en 18o7; Manuel 
Mateos y Juan Díaz Covarrubias, fusilados en Tacubaya 
en 1859 ; Florencio del Castillo, muerto del vómito en Ulúa, 
en donde lo habíai encerrado los franceses en 1863; Mi- 
guel Cruz Aedo, asesinado en Durango en el año de 1860; 
Juan Doria, el heroico batallador del Cimatario en 1867, 
muerto del corazón, en 1870, y Mirafuentes, muerto en el 
Gobierno del Estado de Méjico, en 1880. Sólo quedamos 
Juan Maleos, que ha llenado el teatro de piezas dramá- 
ticas, la prensa de novelas y poesías líricas y las cámaras 
con el acento de su voz de tribuno ; Alfredo Chavero, que 
habiendo sido, como el anterior, poeta dromático y dipu- 
tado, vive entregado á la Arqueología; Emilio Velasco, 
que es hoy ministro de Méjico en París; José Rivera y Río, 
(]ue después de haber publicado poesías, novelas y libros 
<le texto, se ha hecho ermitaño desengañado y triste, 
como el médico de H. Arnaud, y por ultimo, el que servia 

a" 



-■iif.-in»V-^!¡'!i:»«ABr»Mi¿^STYiii"ÉtirViÍíl^ii'>'>iiiií 



— XVI — 

de lazo de unión de aquellos muchachos y que hoy escribe 
este largo prólogo para el Benjamín de aquella iamilia, 
que está vivo también, pero triste, abatido, casi ciego, sin 
esperanzas, ai)rumado por grandes dolores recientes que 
han despedazado su corazón, y que si arranca todavía so- 
nidos dolorosos de su enlutada lira y canto, es sólo 

« Perché cantando il duol si disacerba » 

como dijo el Petrarca. 

II. — Su OnnA. 

Un joven escritor español de gran talento y de copiosa 
instrucción, D. Antonio Fernández Merino, ha juzgado ya 
á Manuel Flores como poeta, y nada puede escribirse me- 
jor y más acertadamente después de lo que ha dicho en la 
Revista de Andalucía aquel excelente crítico. 

Además, Flores ha sido seguramente uno de los poetas 
más leídos en Méjico; la juventud recita con entusiasmo 
sus versos; las damas los aprenden de memoria, privile- 
gio que no conceden á nadie; la prensa mejicana los ha 
comentado siempre con agrado y tributándoles merecidas 
alabanzas; sobre ellos y sobre Palores ha recaído ya un 
fallo de la opinión, que es unánime, y por él, Flores es 
uno de los primeros poetas eróticos de Méjico. 

Puesto es ese que aquí y en todas partes se alcanza ya 
con suma diíícultad ; porque si el amor, ley del mundo, 
es tan vasto como él, y como él también tiene variados 
aspectos, la verdad es que su expresión puramente hu- 
mana y poética, ha sido una fuente tan concurrida, que 
el manantial parece ya agolarse. Los poetas siguen can- 
tando sus amores en todos los tonos y en todas las for- 
mas, y seguirán así, porque el amor seguirá inspirándo- 
los hasta que el enfriamiento del planeta haga desaparecei- 
de su faz á la raza humana; pero lo difícil, lo raro es que 
logren decir algo nuevo después de lo que han dicho los 
poetas eróticos del Asia antigua, de la Grecia, de la Roma 
del siglo de oro, de la Roma de la decadencia, los trova- 
dores de la Edad media, los imitadores del Renacimiento 
y los poetas eróticos modernos de todas partes. 



iai{''U'i-.- ■■ "ni ímÉÍII -■.;:.■■V^■y<t.^¿■■.^Jt;¿J^>-...^. ,>•-. .A-.t-L-.:^'ijMC-w-.t.^ - . ■ I ■ ...■ 



— XVII — 

Lo difícil y lo raro os conmovor después do que ellos 
han conmovido, encontrar un resorte, *un rincón del cora- 
zón humano, después de que ellos los han registrado y 
usado todos; hallar un grito, una ñola, un suspiro que no 
hayan resonado ya en la lira, en el salterio, en la zam- 
pona, en el arpa, en el laúd de los poetas de los tiempos 
pasados. 

Es verdad que no se puede exijir siempre lo nuevo y 
que el nihil sub solé novum es más cierto en la poesía 
erótica que en otra cosa cualquiera ; pero la novedad de 
la forma y de la expresión, la variedad de las lenguas, la 
diversidad de las razas, y la evolución del espíritu al través 
los tiempos y de los medios sociales, doben levestir, al 
menos, con ropaje nuevo, el sentimiento eterno que, 
como condición de existencia, ha ajatido siempre al 
hombre. 

Y estas nuevas galas no consisten ciertamente en el 
juego pueril de la combinación métrica, ni en la extrava- 
gancia del título, ni en la exajeración hiperbólica de los 
sentimientos, ni en esas mil l)agatelas con que los imita- 
dores vulgares disfrazan su falta de orijinalidad. 

Consisten en algo que sólo el talento es' capaz de pro- 
ducir y que no alcanzan á obtener los rimadores vulgares. 
De modo que hasta para esta feliz renovación de la be- 
lleza creada por otros, se necesita del jenio propio, so pena 
de ser como el joyero que, en vez de dar mayor hermosura 
ú una piedra labrada por un aitista antiguo, la deforma y 
la apaga- al engastarla en una alhaja moderna. 

Asi, el que sabe crear ó trasladar felizmente la belleza 
poética de otros países y de otras edades es una rara avis 
en el mundo moderno y más todavía en nuestro país. 

En la América del Sur, la poesía amorosa, como toda 
poesía, ha florecido bajo aquel cielo ardiente y luminoso, 
como floreció bajo el bello cielo de la Grecia, y ha sorpren- 
dido y sorprende todavía con todos los encantos de una 
riqueza original. Pero ¿qué mucho que allí se haya mos- 
trado fecunda la Poesía, si aquella turba de admirables 
cantores ha ido á buscar nuevos acentos é inspiraciones 
nuevas en los rumores armoniosos de las selvas seculares, 
en las riberas de los ríos majestuosos, en la contempla- 
ción de sus montañas jigantescas coronadas por la nievo 



■'■-^'--- -" 



''•- • '•■ ''-^'•fiMíitfif ' 



— XVIII — 

t) por el humo de los volcanes, en la orilla de los mares 
solitarios, en el silpncio solemne de las Pampas y en el 
fuego de las vírjonos morenas, de ojos negro, de boca de 
granada, de cintura cimbradora y de pié breve, que aman 
como gacelas y que odian como leonas? 

El nacimiento de la poesía sud-americana ha sido un 
verdadero Jénesis, y no la reproducción del arle antiguo 
implantado en el Nuevo Mundo. 

La libertad la hizo jerminar en un suelo virjen, fecun- 
dóla el sol de los trópicos y la guerra la arrulló en su cuna 
con sus estrépitos terribles y con sus himnos de gloria. 

Ks fiera y orijinal esa poesía sud-americana, y para es- 
limarla en su justo valor es preciso considerarla como 
poesía primitiva, por más que su forma tenga algo de co- 
mún con la poesía moderna. 

Así, aiuique Andrés Bello haya cantado en lengua cas- 
tellana la AonicuLTURA de la Zona tórrida, y haya mane- 
jado como un antiguo el plectro griego, en su lira no 
vibran ios acentos de ningún poeta europeo;' las Geórgicas 
mismas palidecen ante las mágicas bellezas de la Oda su- 
blime, Horacio es tibio y raquítico, Lucrecio parece in- 
completo y las fantasmagorías de Pindaro bajan á ocul- 
tarse en el polvo de Olympia. 

Bello no tiene ascendientes ni maestros en la poesía 
europea, y en cuanto á la lengua poética que usa, puede 
decirse de él también que ha dorado el oro y perfumado la 
roaa. 

Apenas si lo liene en Homero el cantor de Jl'.nín; pero 
si en la voz del Homero colombiano se escucha ú veces 
una armonía semejante á la armonía antigua, esa seme- 
janza debe buscarse solamente en la Iliada y no en ningún 
poema épico de otra edad. Olmedo también es un pa- 
triarca. 

¿Y Juan Carlos Gómez? Pues qué, ¿los alejandrinos del 
bardo oriental Á la Libertad, ó ios cantos de dolor que 
resuenan en su ar(>a templada en la soledad melancólica de 
las pampas uruguayas, tienen algo de parecido en la poesía 
antigua ó moderna? 

¿Y José Mármol? El apostrofe Á Rosas no se expresa 
con acentos conocidos en ninguna lengua. 

El poeta argentino los ha arrancado del huracán quo 



ll'il II afr^^*-'- -' ■■■■■. —-^.^-^.r..-..^.^'-l¿—...-¿^j.;-,L- /. ■.....■..., in'ifciiriiiiüiíiMtlin'lii 



— XIX — 

ajila las selvas de lus Andes, del aliento destructor del 
Pampero, del ronco estruendo del Tequendania, de los 
tumlios del nnar embravecido, del mujido pavoroso del 
Chimborazo y de la catarata de truenos de las tormentas 
americanas. Buscad la explosión de cólera fulminante de 
Mármol en la poesía antigua, y no la encontraréis. Los Ro- 
sas no han faltado en ninf:;una parte, pero la lira de ese 
j;ran poeta honrado no había sido dada por el numen á 
ningún mortal, ni aun ú los profetas iracundos de Israel. 
Juvenal ajilaba el látigo, pero no lanzó rayos jamás. 
Los poetas no se habían sentado nunca en el trono de Jú- 
piter. 

Después de Mármol en América, Víctor Hugo ha lanzado 
en Europa apostrofes parecidos; pero antes que él, en vano 
seria escuchar el eco de las cóleras antiguas. 

¿ Y los cantores de amor? Los cantores de amor son tam- 
bién hijos de la virjen naturaleza americana, abrasada por 
el sol. Sus idilios tienen el aroma salvaje de las grandes 
florestas, el color del cielo inundado por la luz y el sabor 
de las fruías que destilan miel. Esos poetas no son plásti- 
cos solamente como los griegos, ni sensuales como los la- 
tinos, ni místicos como los trovadores, ni hiperbólicos 
como los árabes, ni libertinos como los franceses, ni som- 
bríos como los alemanes. Son castos aunque ardientes, 
dulces aunque bravios y conceptuosos, á pesar de su gra- 
ciosa sencillez. La poesía amorosa sud-americana es una 
poesía sui generis, mezcla singular de la fiereza galante es- 
pañola y de la dulzura melancólica del indio. 

Abigaíl Lozano tiene por alma una sensitiva; sus elejias 
son quejas de paloma enamorada y escondida entre los 
bosques; Esteban Echeverría, el cantor de La Cautiva, es 
el soñador de las llanuras del desierto y del océano ; Adolfo 
Fierro es el cantor de los dolores americanos; Acuñado 
Figueroa traduce en sus cantos las armonías del pueblo 
oriental; Luis Domínguez cania la majestad del Ombú; 
Ricardo Palma, las penas del pueblo de los Incas, y Jorge 
Isaacs, el dulce y triste historiador de María, así como ha 
encontrado á la Falalidad antigua oculta entre las selvas 
del Cauca, ha encontrado también en ellas nuevos acentos 
de amor para Sall. 

Pues bien, estos son, y otros muchos, los creadores de 



I íiítlnirií'niM- ai '■^' -•■ -'"-•^^-'-^i^r — ■-■■«"■ 



— XX — 

la poesía americana del Sur. Ellos han sabido ser origi- 
nales, pon|ue en vez de imitar pálida y friamenle la ma- 
nera poética europea, han buscado en su país de América 
y en su propio corazón la fuente de sus inspiraciones. 

Los hablistas, los castizos, los gramáticos empeñados á 
toda costa en emparentar ú los poetas sud-americanos con 
los poetas españoles, como se empeñaban ú todo trance 
los frailes del siglo xvi en emparentar á los indios autóc- 
tonos con los judíos, encuentran sendos defectos de len- 
guaje en estos cantos de una poesía virjen y exuberante de 
juventud. 

Si meditaran un poco, comprenderían que los poetas 
sud-americanos han roto adrede las liguduras de las re- 
glas para crearse una lengua propia en (¡ue expresar sus 
pensamientos, en que dar nombre y cabida á los objetos 
de su país ; la lengua debe reflejarla naturaleza, el espíritu 
y las costumbres de un pueblo, y la lengua española cas- 
tiza era ya pequeña para reflejar la naturaleza, el espí- 
ritu y las costumbres de los pueblos americanos. Desde 
temprano la mezcla de las razas, el contajio de las len- 
guas y la necesidad ó el hábito, dieron un carácter pecu- 
liar al idioma de estas naciones mezcladas, \y en materia 
de lenguaje, ya se sabe que los pueblos no aguardan nunca 
el fallo de las Academias. Ellos son sus propios legislado- 
res y oráculos. 

Les pueblos americanos tuvieron su lengua, después 
tuvieron sus libertades y sus instituciones políticas, luego 
tuvieron su literatura. Asumieron su derecho en materia de 
nacionalidad y pudieron asumirlo en materia de idioma. 
^^o ha procedido de otro modo España, después de que se 
ha ido emancipando de la dominación de los cartajineses, 
de los romanos, de los bárbaros y de los árabes. No se- 
guirá procediendo de otro modo al aceptar la invasión de 
los modismos científicos de la lengua alemana ó de la len- 
gua griega, de los modismos artísticos y literarios de la 
lengua francesa y de los modismos industriales de la len- 
gua inglesa. Las lenguas castizas son estatuas modeladas 
en diferentes barros : ;.por qué no ha de formarse una en 
cada nación de la América latina? 

Los poetas sud-americanos la han levantado ya y la 
adoran. Por eso han sido y seguirán siendo oiijinales. 



iiÉ-iilt "-Vii - .,.~-. ■■■■^L :..., ..^.; ....j^i.^iL .-\ 



— XXI — 

¿Sabéis ahora por qué lo es también la obra de Manuel 
Flores ? 

Porque el vate mejicano no es hijo de la vieja literatura 
europea. Desde su edad temprana, sintiéndose poeta, en- 
sayando todavia sus primeros cantos, se encontró con los 
poetas que acabamos de mencionar y que eran nuestra 
lectura favorita ^n el círculo juvenil de Letrán. 

Alli pudo admirar á esta virjen que no se presentaba 
con los atavíos de cien civilizaciones muertas ó decaden- 
tes, sino con los encantos nuevos de nuestra robusta na- 
turaleza, 

Y entonces Flores que, siguiendo las inchnaciones de la 
juventud casi siempre propensa á imitar, pudo seguir las 
huellas de Esproncedaó de Bermúdez de Castro (que á su 
vez seguían las de Goethe o de Byron), ó las de Arólas ó de 
Zorrillo, como lo hacían muchos jóvenes de su tiempo y 
como lo hacen hoy los del nuestro, imitando á Víctor 
Hugo, h Ileine ó á líecquer, se detuvo á pensar y pensó 
bien. Pensó que procediendo como procedían los poetas 
sud-americanos,esloes, buscando el quid dioinum, no en 
escuela ninguna, sino en la inspiración libre del alma 
americana, en medio de los deseos, de las tristezas ó de 
las aspiraciones de nuestro mundo social, encontraría la < 
fuente de la originalidad que necesitaba para desencade- 
nar su numen, se dejó arrebatar por él y fué poeta, como 
los poetas de la América del Sur, osado, extraño, orijinal. 

Eso ha hecho pensar que su estilo poético participa de 
todas las escuelas, sin reproducir ninguna con su carác- 
ter peculiar. En efecto, laorijinalidad en literatura tiene 
algunas semejanzas con lodo lo conocido. Pero justamente 
la vaguedad de estas semejanzas y la variedad infinita de 
ellas prueban que no ha habido molde en la creación y 
que ella es hija de un carácter propio y fuertemente in- 
dividual. 

Tales son los cantos amorosos de Flores y tales son 
también sus odas patrióticas, sus elejías desesperadas, 
sus sátiras pesimistas y hasta sus lijeros epigramas, que 
como una suave sonrisa alegran de cuando en cuando la 
fisonomía de sus versos, ó encendidos por la pasión ó nu- 
blados por una inmensa tristeza : ¡las sombras del ocaso 
del alma! 



-■^^^■^-^ 



— XXII — 

Alguna vez el bardo mejicano va á tomar el pétalo de 
una rosa, pero sólo un pélalo de la ardiente copa del amor 
antiguo, para ponerlo en el borde de la suya; pero va á 
tomarlo en la poesía primitiva, en la Pastoral de Sulem, 
entre los suspiros impacientes de la pasión virjen : 

Bésame con el beso de tu boca. 

Esa es una gota de esencia que se confunde en la esen- 
cia embriagadora del Cantar americano. 

Cuando Flores imita ó traduce, lo expresa. Horacio, 
Dante, Shakespeare, Lessing, Víctor Hugo, Quinet, Afredo 
de Musset, son extranjeros para nuestra lengua, pero 
Campoamor no; y cuando Flores quiere, por descanso ó 
par capricho, imitar una manera extraña y aplaudida 
como la DoLORA, lo dice. 

Por lo demás, como traductor, es fiel, elegante, y en 
sus manos la piedra preciosa de que hablamos antes, ad- 
quiere mayor brillo. Las traducciones solas bastarían para 
darle un nombre, si el título primero para conquistarlo 
no consistiera en su propio talento. 

Como sus hermanos los americanos del Sur, también ha 
hecho su manera de hablar. Repróchanle dulcemente unos 
críticos, y son los más autorizados, y magistralmente 
otros, y son los menos literatos, algunos defectos de pro- 
sodia. 

Enhorabuena. Manuel Flores los comete también de pro- 
pósito, porque consistiendo en la manera de computar 
los diptongos, no se necesita de mucha ciencia prosódica 
para conocerlos y para evitarlos. Pero el poeta quiere ha- 
blar la lengua de Méjico, y lo singular del caso es que los 
mejicanos leen sus versos como él quiere, y el ritmo y la 
cadencia suenan bien. 

Yo no justifico estos defectos, y siento que Flores se 
obstine en ellos. ¡ Líbreme el cielo, además, de incurrir en 
^ la cólera de los puristas! Pero no me indigno ante peque- 
neces pueriles, y sobre lodo, me agrada más la grandeza 
virjen de las selvas y de las montañas, que la simetría re- 
cortada de los jardincillos ingleses y que la figura grotesca 
de los montículos artificiales. 

La belleza poética hace olvidar el defecto prosódico. 



' ■ -—---'- ■- 



— XXIII — 

¡Quién sabe si fué puro el hebreo del Cantar de los can- 
tares! El exejeta Küneii ha probado que las profecías de 
Daniel estaban inficionadas de caldaico ; el Dante corrom- 
pió el italiano para crear la lengua poética, como Lulero 
el alemán para traducir la Biblia; la aljamía endulzó los 
primeros versos castellanos, como el dialecto bajo hizo 
enérjicas las expresiones de Shakespeare y armonosias las 
frases de Cervantes. Los cantos de Netzahualcóyotl tenían 
seguramente las inflexiones tetzcocanas, que eran impu- 
rezas en la lengua de los méxicas. ¿Quién pide ortografía c^ 
á los Eddas, la medida italiana á las baladas del Norte y ^ 
el ritmo latino á las coplas de Jorge Manrique? 

Pero no es necesario decir tanto. La armonía de los ver- 
sos de Flores desaparece ante la majía de su ardiente 
poesía, pero encanta por sí sola. Los tropiezos prosódicos 
son pocos y en los labios mejicanos son ningunos. Cuando 
un gramático habla de ellos á una dama ó á un joven, 
éstos sonríen graciosamente y recitan con delicias las co- 
plas. ¡He aquí la poesía! 

Ella sola, ella es la aureola que rodea esa frente, hoy 
pálida, abatida y enferma de pesar y de amor; ella es el 
consuelo único de ese espíritu en que se han apagado uno 
á uno los luceros de la esperanza, como se van apa- 
gando ante los ojos del poeta los asiros del cielo; ella 
hará su nombre inmortal y querido en la patria mejicana 
y donde quiera que palpite un corazón sensible. 

Ignacio AI. Altamirando. 



Méjico, noviembre 25 de 1882. 



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I 



II 



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PRIMERA PARTE 



EL ALMA EN PRIMAVERA 



Sol de la juventud, en sed de amores 
Tu ardiente rayo el corazón inflame ! 
¡Primavera del alma, dame flores 
Que al son del arpa por doquier derrame! 



Pasionarias. 



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JUVENTUD 



Salve á ti, juventud 1 

Atrás mi planta 
Ha dejado los plácidos linderos 
De la casta niñez, y tus senderos 
Á pisar se adelanta. 
Vengo ú buscar ansioso tu alegría, 
Mañana de la vida placentera ; 
Dame la luz de tu risueño día, 
Las flores de tu rica primavera, 
El rumor de tus brisas melodiosas, 
Los besos en perfume de tus rosas 

Y de tu sol la ráfaga esplendente, 
Para en las horas del amor dichosas 
Bañar con ella de esplendor mi frente. 

Inquieto á ti mi corazón se lanza ; 

Y al son de mi arpa desacorde y rudo, 
Con el himno primer de la esperanza, 
¡Hermosa Juventud, yo te saludo! 

¡Bello es vivir! Se desparrama el día 
En cascadas de luz sobre la tierra, 

Y del regazo de la noche fría 
La misteriosa vida se levanta, 

Y se estremece de placer y canta 
El himno del amor y la alegría. 

¡Hora de bendición! Despierta el mundo 
Cual de un sueño de amores, voluptuoso; 
Á los besos del sol, Naturaleza 
Sacude su reposo 



jf-j^ 



— 3 — 

Ebria de luz, de vida y de belleza 
Gomo la esposa al beso del esposo. 

¡Qué dicha es el vivir ! Bella es la vida 
Como la virjen del amor, soñada. 
Vaga en la faz de la Creación, perdida 
La sonrisa de Dios, y su mirada 
Sobre ella está encendida. 
Mas ante mí, para los ojos míos, 
Esa Creación magnífica estuviera 
De la noche en los ámbitos sombríos 
Si á la luz de mi fe yo no la viera. 

También el corazón tiene su aurora, 
También llega el momento 
En que así cual se dora 
Con la primera luz el firmamento, 
Un misterioso sol surje en el alma 

Y se llena de luz el pensamiento. 

Y tiene el corazón su primavera, 
Su coro de aves, su fuljente día, 
Su blanca estrella — la ilusión primera, 
Su canto — la poesía, 
Sus rosas — los amores, 

Y en vaga lontananza, 

Bajo el iris de májicos colores 

El horizonte azul de la esperanza. . 

¿No flota en las alturas 
Espíritu de amor, el Alma inmensa 
Que derrama la vida en las criaturas? 
Á ella la flor con su perfume inciensa, 
Á ella los mundos armoniosos cantan, 
Á ella el éxtasis vago 

Y el suspiro del hombre se levantan ; 
Para ella enciende su fulgor la aurora 

Y su pálida lámpara el lucero, 



^^áüiskj 



t 



Y á ella también el alma soñadora 
Vuela del arpa en el cantar primero. 

Sí; de mi corazón al fuego vivo, 
Gomo raudal desbórdese de llores 
De mis canciones el torrente altivo 
Al incógnito Dios de los amores. 

Hay una cifra mística, bendita, 
Con el topacio sideral escrita 
En la pajina azul del firmamento : 
Hay una voz dulcísima, inefable, 
Que acompaña la música del viento. 

Y se mezcla al susurro cadencioso 
Que estremece los nidos 

Entre las hojas del pinar umbroso; 
Que flota en las espumas 
Del férvido torrente, y juguetea 
En el ritmo de amor con que gorjea 
El ave agreste de irisadas plumas. 
Misterioso cantar de los cantares 
Que la Creación levanta, 

Y en el arpa soberbia de los mares 
Entre las nubes y las olas canta ; 
Voz que en el éter cristalino ilota 
Entre las olas de la luz perdida, 
Dulce y sagrada nota 

Del alma de los mundos desprendida; 
Voz errante en la sombra misteriosa 
Gomo el suspiro de la noche en calma; 
Voz que seduce y habla cariñosa 
• Con impaciente inspiración al alma. 

¡Lo que dice el hossana de la tierra, 
Lo que la cifra sideral escribe 
Y mi fogoso corazón encierra, 
Es el verbo fecundo, 
Es la palabra Amor, himno del mundo I 



,.á^'.^'& ■■i^.'\(i¿.r' féÍÉlUliÉtiáu I iiii« lali-áinMniiit ijín- '■«-•^ ■-«'-^'-^"■■' ^-"-^■■S.'A'iiiüülÉ'niTti'' ^,;: ^.. 



¡Amor, májico amor! Guando el Eterno 
Con tu sagrado nombre 
Estremeció de júbilo el vacío ; 
Guando como relámpago de vida 
Del caos rasgaste el pabellón sombrío, 
¿No se encendió la luz?.... 

Así del hombre ^ 
En el gran corazón, tu poderío 
Hace la luz v la existencia inflama : 
Así sediento el mío 
No sabe lo que ama... ¡pero ama! 

¡Amar! ¿Y qué es amar? 

¿Esas visiones 
Que llegan cuando velo 
Á verter en mi frente inspiraciones 
Que voz no tienen... porque son del cielo; 
Esas pálidas vírjenes flotantes 
De indecible belleza, 
' De ojos y labios para amar encesos, 
Que dejan al pasar en mi cabeza 
Una corona de inefables besos, 
Esas son el amor?... En su regazo 
Se reclina mi sien, y ya dormido, 
Oid lo que las vírjenes del sueño 
Murmuran á mi oído : 



UNA voz. 

— « Yo vengo á li. Soy una ave, 
Mística alondra del cielo, 
Que voy ¡buscando en mi vuelo 
El nido de un corazón. 
Yo soy la chispa divina 
Gon que Dios prende la llama 
Á cuyo fuego se inflama 



,..^v¿>¿¿.t-^>.^V~-i'':^:-^->.>i«*Aaa^kr¿áe....j;^-'¿^^ 



•];-. V 



I - 6 - 

r 

s La vida en la Creación. 

\: Yo ilumino la esperanza, 

i^ Divinizo la hermosura, 

Dulcifico la amargura, 
Doy sonrisas al dolor; 
Yo tan sólo de la dicha 
Guardo la imposible palma, 
Yo soy el alma del alma, 
Soy la vida... soy -4?no;\ « — 



OTRA voz. 



— « ¡Toma, poeta, tu laúd ardiente, 

Flamee la inspiración ! 
Y, corona de luz sobre tu frente. 
Reverbere el incendio de tu mente 
Al arrojar al mundo tu canción. 

¡ Brote de tu alma, cual del sol el día. 
Palpitante de fuego y armonía, 

La estrofa de tu fe ! 
La Gloria soy... Y de la frente mía 
Lauros para la tuya arrancaré ! » — 



OTRA voz. 

— « Yoy soy la antorcha 
Que el caos alumbra; 
Yo soy el vuelo 
Que al genio encumbra 
Hasta do tiene 
Su trono Dios. 

Bajo mis alas 
La intelijencia 
Abarca el mundo... 
Yo soy la Ciencia, 



-^ttrftiñMiii'i ^"iFÉt li "'AáiHliáV ^rt^'^'^ fi ^ -k aCia .^..1» o:?. .:«&•-!. 



■ s- 



— 7 — 

El día sin noche 
De la Creación. » 



OTRA voz. 



— «¡Oh! 1 vena mis brazos!... Yo soy la hermosura, 
Mis ojos embriagan, mis labios también... 
Acerca los tuyos, mis goces apura 
Y luego en mi seno reclina tu sien. 

Deshoja en tu copa balsámicas flores : 
Festín es la vida, su flor, la mujer... 
j Qué dulce es la muerte muriendo de amores ! 
I La vida es un beso... Yo soy el Placer!)) — 



Y heme aquí, Juventud, á ti viniendo 
Con el alma de sueños encendida, 
Mi corazón y mi laúd trayendo 
Al festín encantado de la vida. 
Heme aquí, Juventud, á tus umbrales... "^ 



Atrás, con mi niñez, queda perdida 
La senda de mis campos paternales. 



■tiiü'iílí^ím'^^íiíílüil -yn'íi ' 



.~Viu II 'nrfii iiini¡llMiiti''iii[rilÉi'ir 'I 'T 



'■^Jf 



ECOS 



Mirad la aurora, 
Madre del día, 
¡Cómo derrama 
Luz, alegría! 

Allá en el cielo 
Todo es fulgores; 
I Todo en la tierra 
Cantos y flores! 

Sobre las hojas 
Tiemblan las perlas, 
Vienen las brisas 
Á recojerlas. ( 

Saltando el ave 
Trina en la rama, 
Brilla al aljófar 
Sobre la grama. 

¿Dó va el incienso 
De los aromas?- 
¿Qué dice el ritmo 
De las palomas?... 

Y todo luce' 
Canta, se ajita, 
Vida sagrada >. 
Do quier palpita. 

Alza la tierra 
Su amante coro, 
Y el sol la paga 
Con besos de oro. 



Vil ..■ - - .y . . s.r*- "" — i-t^ ■ -^L „ . . a-.f...-:. - .- '«■:•« »ji 1 --, 



— 1) 



Luego, la noche 
Su negra tienda 
Abre del mundo 
Sobre la senda. 

Y entre la sombra 
Muda y lianquila' 
Asoma el asUo 
Su alba pupila. 

¿Sois, por ventura, 
Blancas estrellas, 
Del cielo al mundo 
Lágrimas bellas? 

¿Joyas que bordan 
líl rejio velo 
Con que á la tierra 
Cobija el cielo? 

¿Chispas que lanza 
La eterna sombra? 
¿Polvo que deja 
Diosen su alfombra?.. 



Astros y llores 
Quiza no viera 
Si amor al alma 
Su luz no diera. 

Las vagas notas 
Que el arpa lanza, 
¿No son el himno 
De la esperanza? 

El alma encierra 
Luz, armonía, 
Es una aurora 



y^j,^',JL 



■í*-T-. 



— 10 — 

La fantasía. 

Doquier que vague 
Mi pensamiento, 
La miel recoje 
De un sentimiento. 

Cual mariposa 
Va la ilusión 
Sobre las flores 
De la Creación. 

En los ruidos 
Que se levantan 
Hay dulces ecos, 
Voces que cantan. 

Rumor de besos 
Y de suspiros 
Flota en las alas 
De los céfiros. 

Como en la selva 
Trinan las aves, 
Hay en el alma 
Voces suaves. 

Ecos solemnes, 
Desconocidos, 
Por voz humana 
No traducidos. 

Ecos que el alma 
Tímida esconde, 
Ecos que vienen 
De no sé donde. 

Quizá del verbo 
Del- Alma inmensa 
Que dice al hombre 
Que vela y piensa : 

— « De toda vida 
Yo soy la llama : 
Contempla, adora, 
Espera y ama. » — 



ittfe'nifcn'ii' '«■ ■■ü'' . lY^vi'i.'i'iiirifc ii'''if'^;»'iifc-'-fTirffri-i'-i'i «lY^ln-ii-ii ■ '{¡tr^i'i'-i-' ':,;•' 



— 11 — 

Yo creo. Por eso 
Mi alma levanto. 
Amo y espero... 
Por eso canto. 



i 



.>-íykWL, 



■j..d:¡,.Mí^^-±ilíitííÍLA,Sk^h,^ 



YISIUN 



He visto, de la noche 
Entre la niebla oscura, 
Bajar como del cielo, 
Radiante de hermosura, 
La sombra de una virjen 
Llegando junto á mí. 
Eran sus ojos negros, 
Blanca su vestidura, 
Su cabellera de ánjel.. 
Tú eras... te conocí. 

Y te miré tan bella 
Que delirante, ciego, 
Por detener tu paso. 
Espléndida visión, 
Antes tus plantas puse 
Mi corazón de fuego, 
y — « tómale » — te dije, 
Y le tomaste... y luego 
Despierto... ¡ Y te has llevado, 
Mujer, mi corazón ! 



'■n¿¡^L^Íl \JiSÍÍÍIÍL^t3i^.trA,^:¿:zt:¡l,.íi^iéii^>. íí^:..£Á'í\..^ ■ -.-.». l.^.'. r:j^L^tS ^^laX^ 



Mí SUENO 



Anoche tuve un sueño. Al pié de negra palma 
Estaba yo sentado : la sombra me envolvía. 
La soledad inmensa entristecía mi alma, 
Un ruiseñor cantaba... Mi corazón oía : 

— « Yo canto cuando abren, 
Jazmines de la noche, 
Las pálidas estrellas 
Su luminoso broche, 
Á la hora en que se llaman 
Los seres que se aman. 
Yo soy entre la sombra 
Heraldo del amor. » — 



Después meció el follaje de la siniestra palm'a 
Del viento de la selva la ráfaga sombría. 
Algo como el suspiro tristísimo del alma 
Alzóse sollozante... Mi corazón oía : 

— <( Yo soy el alma errante 

Que en las tinieblas jiro 

Por recojer del hombre , 

El tétrico suspiro. 

Yo bebo en las corolas 

Las lágrimas que á solas 

En hondo desamparo 

Derrama el corazón. » — 



■ Ü-í¿)^-,i>- .muí .■^•,\^r\k..^'J¿^^r:..^;A'^íW.ij.tL _.IIlÁ.¡. ^: ' l' 'f ll ' í MSJ' ' ''-'''" '^- 



-í»í>^> ■ ■ ■ - ■. -.'- ' - - -ífl) 



— 14 — 

La noche era muy negra. Las hojas de la palma 
De súbito temblaron... Y vi que descendía 
Algo como la sombra del ánjel de mi alma ; 
Hablaba en las tinieblas... Mi corazón oía: 

— « Hombre de los dolores, 
Yo traigo desde el cielo 
Palabras inefables 
De paz y de consuelo. 
Herido de tristeza 
Inclinas la cabeza, 
¿ Acaso no conoces 
La vida del amor? » 

— ¿ Qué, tú eres la esperanza? 

— Yo doy las ilusiones. 

— ¿ Eres Amor acaso? ¿ La dicha que soñé? 

— Se encienden á mi paso de amor los corazones. 
Tribútanme su culto, conságranme su fe. 
Quizá del cielo traje la voz de los amores, 

Y me enseñó la dicha los himnos del placer. 
Encanto la existencia, ahuyento los dolores, 

Y soy vida del alma... me llamo la Mujer. — • 

Y de la oscura noche iluminóse el cielo. 
Jimio de amor el bosque, la palma retembló. 

Y la visión celeste tendiéndome su velo 
Al irse, con sus besos mi frente acarició. 



Huyó también la noche. La blanca luz del día 
La cumbre de los cielos iluminando va. 
El mundo se despierta radiante de alegría, 
¡ Ay 1 pero el alma dulce, hermana de la mía, 
El ánjel de mi sueño, mi virjen... ¿ dónde está? 



-^'-•'^■'"- . ■ll-■;^■>1■.■^^,:«.■l'■:^■-■-k > ■■.:.;.■•>—■ -■■■'-.■.:-.-'..- -.v. ■■ -iW» ¿ííjí:^;..,'^^ :.... 



MI ANJEL 



] Oh ! niña de mis sueños, 
Tan pálida y hermosa 
Como los lirios blancos 
Que besa el Atoyac; 
Tú la de mis recuerdos 
Imajen luminosa, 
El ánjel cuyas alas 
Tocáronme al pasar; 

Perdona, dulce niña, 
Perdona si mi acento 
Temblando, de mi alma 
Levántase hasta ti ; 
Pero tu bella imajen 
Está en mi pensamiento, 
No sé ya desde cuando... 
Quizá desque te vi. 

Desde que vi tus ojos, 
Tus ojos de querube. 
Tus ojos en que el alma 
Se abrasa de pasión ; 
Y desde aquel instante 
Otra ilusión no tuve 
Que darte con mi vida 
Mi altivo corazón. 

Si apenas te conozco 
¿Por qué te quiero tanto? 
¿ Por qué mis ojos ávidos 
Te buscan sin cesar? 
¿ Por qué en el alma siento 



— 16 — 

Tan tétrico quebranto 
Cuando tu rostro de ánjel 
No puedo contemplar? 
¿ Por qué sueño contigo 

Y en ti tan sólo pienso ? 
¿Por qué tu dulce nombre 
Me llena de emoción? 
¿Por qué se abrasa mi alma 
En este amor inmenso, 

Si apenas te conozco, 
Mujer de bendición ? 
No estás ante mis ojos 

Y por doquier te miro; 
Conmigo va tu sombra 
Por donde quier que voy ; 
Escucho tu pisada, 
Recojo tu suspiro, 

Y velas á mi lado 
Cuando dormido estoy. 

¿No sabes tú, no sabes, 
Mujer, que te amo tanto 
Cuanto sobre la tierra 
El hombre puede amar? 
¿Qué diera mi existencia 
Por enjugar tu llanto, 
Qué diera... hasta mi alma 
Tus plantas por besar? 

¡ Y si tuviera un mundo 
Un mundo te daría; 

Y si tuviera un cielo 
Lo diera yo también, 
Porque me amaras tanto, 
Mitad del alma mía, 

Que alguna vez sintiera 
Tus labios en mi sien ! . . . 
¿ No sientes cuando cierra 



'-^■■■■'■•■■- ■■ -- 



■•:-5,' 



— 17 — 

Tus ojos celestiales 
El ánjel de los sueños 
Con su ala sin color, 
No sientes que mi alma 
Sobre tus labios rojos 
Derrama un mar de besos. 
Con infinito amor ?... 

Sé, niña, del poeta 
La inspiración bendita, 
La virjen de mis sueños 
La fe del corazón; 
Sé mi ánjel, sé mi estrella, 
La luz que necesita 
Mi espíritu sediento 
De amor y de ilusión. 

Extiende cariñosa 
Sobre mi sien tu velo; 
Bajo tus alas blancas 
De ti camino en pos, 
Tu luminosa huella 
Me llevará hasta el cielo : 
Te seguiré, mi Ánjel, 
Para llegar á Dios, 



^o..^.^.. -¿L.Ül;iai 



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Á UNA ENLUTADA 



Melancólica enlutada, 
Pálida virjen soñada 
Por mi ardiente corazón, 
¿ Porque mata tu mirada 
La velas con el crespón? 

El alma á tus ojos llega 
Cual mariposa á la luz, 
Loca, deslumbrada, ciega... 

Y á tus amores se entrega 
Como el mártir á la cruz. 

Pero no tornes airada 
Tu dulce faz con enojos, 
Porque mi alma enamorada 
Cual tú quedará enlutada 
Por el desdén de tus ojos. 

¿Pudieras ver un delito 
En el amor infinito 
Que al verte mi alma sintió ? 
¡ Si el amor está bendito 
Desque al mundo redimió I... 

¡ Y yo te amo 1 En fuego intenso 
Ardió el corazón inmenso 
Al rayo de tu mirar, 

Y se quema como incienso 
En el ara de tu altar. 

Eres la virjen sagrada 
Del alma de un soñador, 

Y veo la tierra alumbrada 
Por la luz de tu mirada 



í-'ihi'i" V iiifiMÉRÉi ' 1*1 if i¿il<i^M>ii i-';arVYV^W">iirt--f»'?«iÍ^ilÉr'--^'^'-'--»' -^ 



— 13 — 

Y la llama de mi amor. 

Flota do quier en el viento 
Tu esplendorosa visión, 
Llevo en mi oído tu acento, 
Tu ser en mi pensamiento, 
Tu amor en mi corazón ! 



La de los negros cabellos, 
La de negra vestidura, 
La de negros ojos bellos, 
¿ Negra será como ellos 
De mi amor la desventura? 
No ; tú no puedes querer 
Que para siempre mi ser 
Se sepulte en el dolor... 
¡ Si el alma de la mujer 
Es una alma toda amor ! 
Y amor revela, señora, 
Amor oculto que llora, 
Esa palidez ardiente 
Que marchitando tu frente 
Tu semblante descolora. 

Hondo, secreto quebranto 
Revelan tus ojos bellos : 
¡ Qué hermoso será su llanto ! 
¡ Y cuan acerbo el encanto 
De las lágrimas en ellos ! 

Tus lágrimas sin enojos, 
De tu alma líquidas perlas, 
¡ Oh ! ¡ quién pudiera de hinojos 
Cuando asoman en tus ojos 
Con los labios recojerlas ! 

¡ Quién pudiera consolarte 
En tus horas de sufrir, 
Y vivir para mirarte, 



jtisí-'líí^'h 



— 20 — 

Y mirándote, adorarte, 

Y adorándote, morir!.. 



Mas es en vano mi queja, 
En vano son mis dolores, 
En vano al pié de tu reja' 
Cada noche mi alma deja 
Tanto suspiro de amores... 

En vano mi vista ansia 
Tu presencia soberana... 
Sola jime el alma mía 
Ante la calma sombría 
De tu cerrada ventana. 

Y esa tristeza doliente 
Que mal encubre el crespón 
De tu velo transparente... 
¿Hay palidez en tu frente 
Porque hay en tu alma pasión?. 

¿Guarda acaso tu memoria 
El recuerdo de una gloria 
Que tu corazón soñó? 
¿Es acaso alguna historia 
De un amor que ya pasó? 

Si es un amor escondido 
Perdona... y deja al olvido 
Mis versos y mi pasión... 
Dios sabe si te he querido 
Y te llora el corazón ! 



Pero yo la amo, ¡Dios mío ! 
Quiero olvidarla... y no puedo; 
Sin ella veo tan vacío, 
Tan estéril y sombrío 
El mundo... que tengo miedo. 

Tú, Señor, que á su mirada 



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— 21 — 

Diste esa llama sagrada 

Que enciende un amor inmenso, 

Haz que sepa enamorada 

Lo que siento, lo que pienso. 

¡Haz que entienda compasiva 
Que soy una alma cautiva 
Que en sus altares se inmola, 
Que quiero que en ella viva 
Divina, inmortal y sola ! 

i Oh! la de negros cabellos. 
La de negros ojos bellos 
Que mal apaga el crespón, 
Deja que iluminen ellos 
noche del corazón! 

Un solo instante siquiera 
De ser amadu. Y después... 
¡ Qué tanta dicha me hiera, 
Y que exhale cuando muera 
Mi alma en un beso á tus pies I 



'jt'Mn^fí^^r.t' .'í^.'rí..^.^^''^^ 



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NOCHE DE LUNA 



La luna esplendente 
Su luz transparente 
Derrama en mi sien, 
Las flores, mecidas 
Por auras perdidas, 
Se besan dormidas 
En dulce vaivén. 

j Qué nubes tan blancas flotando en el cielo 
Festonan de plata la bóveda azul! 
La noche ha olvidado su manto de duelo, 
Y, pálida virjen, cubrióse de un velo 
Tejido de luz. 

Apenas se siente 
Cruzar el ambiente 
La brisa fugaz. 
Ni canto, ni ruido, 
Ni un eco perdido 
Del mundo dormido 
Perturban la paz. 

Es la hora en que vierten su copa de olores 
Las castas corolas cerradas al sol; 
Es la hora en que el alma sedienta de amores 
Derrama en el aura que besa las flores 
Suspiros de amor. 



Si no sabe el hombre 
Tu místico nombre, 



■Ji ij^HÉn l'>iJMÉÉÍÍlif>'l I I ' -"■-J.'J:-y^*--^— '-•■■'■-'^. -- '^"' ■'-"--' JMiyiirtÉiliilíifaJíiíil'Éi^'' i 



— 23 — 

Amor, ni tu voz, 
Pregunte al riachuelo 
Y al ave en su vuelo, 
- ¡Pregúntelo al cielo, 
Pregúntelo á Dios! 

¡Amor! Este nómbrele escríbela aurora, 
Le dicen serenas las ondas del mar, 
El ave que canta, la fuente que llora, 
La estrella que brilla y el alma que adora... 
j Vivir es la dicha ! • Vivir es amar ' 

¡Amar! En el alma llevar escondida 
La fe de la dicha, la luz de la vida, 
El rostro de un ánjel que se hizo mujer. 
Sentir la existencia flotando perdida 
Entre olas de rosas, de luz y placer. 

Mirar por la noche las blancas estrellas, 

Y luego, en el alma, mas dulces que ellas 
Dos ojos queridos, luceros también. 
Soñar con caricias, con blandas querellas 
Con trémulos besos que abrasan la sien. 

Mirar cual desmayan dos lánguidos ojos, 
Besar una frente bañada en sonrojos, 
Dos manos que quieren la faz esconder; 
Beber en dos labios ardientes y rojos 
El tibio suspiro que exhala el placer. 

Amar cual las aves que tienden su vuelo, 
En nido de flores dos almas juntar, 
Trayendo á este mundo de llantos y duelo 
Las horas divinas, los sueños del cielo, 
Las dichas sin nombre... ¡Vivir es amar! 

En tanto las nubes prosiguen su vuelo, 
Oleadas de plata del piélago azul. 
Se envuelve dormida la noche en su velo ; 

Y pienso mirando los astros del cielo 
Que ol alma es un astro y amor es su luz. 



^_ .1.- -■■^— .■''-^■"■<^'"-- -.'^^-t!^'^-^' :■ ¿U^.'...mL. .-■■- 






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GREATUM BELLA BIANGO VESTITA 



¡ Oh blanca niña de los labios rojos, 
Pálida estrella que en mi noche brilla, 
Guando rae miran tus divinos ojos 
Siento como que mi alma se arrodilla! 

Siento que me ilumina tu presencia 
Con la luz virjinal de la alborada, 
Y que una ola de luz es mi existencia 
Bañada por el sol de tu m.irada. 

Siento que me trasformo, que otra vida, 
Vida sagrada dentro nii alma brota. 
Cuando de blanco sideral vestida 
Tu casta imajen en mi sueño Ilota. 



* 



Te vi pasar iluminando al día;' 

Y á cada paso que tu pié avanzaba 
De delicia mi ser se estremecía, 

Y me sentía feli2... porque te amaba. 

Que es bello para el alma en que se encierra 
La inmensa sed de la pasión que abrasa, 
Tener un sueño y al cruzar la tierra 
Ver ese sueño en la mujer que pasa. 

Mujer á otra mujer incomparable, 
Mujer de bendición y poesía, 
Mujer de luz á quien tocar no es dable, 
La mujer ideal del alma mía. 



.•jraííitíóáL . .. «.A -■■■■• »a¿ -..^Tr.— <¿alJ:'j.trtV-J^— :.-^'/.^. ^;:>j"i ,;^'^i:g..,' 1- 



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— 25 — 



Sin ti yo fuera en la desierta vida 
La sombra desolada de tu sombra, 
Mirada en llanto que Le ve perdida, 
Boca que besa de tu pie la alfombra. 

Yo fuera sin tu amor como el creyente 
Que muere solitario en el tormento, 
Pálida y rota de dolor la frente, 
Pero fijo en su Dios el pensamiento. 

Pero viniste ú nn', me levantaste 
Contigo y basta ti con tu ternura, 

Y aquí, dentro del alma, te encerraste 
Con la infinita luz de tu hermosura. 

Contigo y junto á ti quiero sentarme 
Al festín del Amor, la frente erguida; 

Y apurar de tu mano hasta embriagarme 
La copa de delicias de la vida. 

¡Soldé la juventud, en sus amores 
Siempre tu rayo el corazón inllame! 
Primavera del alma, dame flores 
Que al son del arpa y á sus pies derrame! 

Id, raudos genios del insomnio ardiente, 

Y de mis labios, de pasión encesos, 
Llevad, llevad para su casta frente 
Una corona de inmortales besos, 

En tanto que en el éter suspendida, 
Ampo de luz entre la sombra rota, 
Ella, de blanco sideral vestida, 
Entre la bruma de mi sueño flota. 



Pasionarias. 



2 



_.'> . -ir^amfri'iiiriiiiiii'i'ii MiT'iiii ^ •-•■ •^'■•^-^■'•^^^-^'■^i^ 



^^^"-^-■^ • 



PENSAR. AMAR 



Pensar. Di'ciilmo ¿qué nombre 
Se puede dar en la tierra 
Al infiniLo (]ue encierra 
El pensamiento del hombre? 

El relámpaiio (jiie prende 
Su centella en el vacío, 
Para seguir es turdííj 
El vuelo ({ue el alma tiende. 

1^1 alma, al soplo divino, 
Cual iitomo sideral, 
Se j)ic!r(le en el torbellino 
De la vida universal. 

Ya, de lo inmenso sedienta, 
Abarca las soledades 
Y entre las nubes se asienta 
Al tronar las tempestades. 

Y'a. raudal de inspiración 
Oue deja fuljenles rastros, 
Navega como los asti'os 
Entre Dios y la Ei-eación. 

Y en sus vuelos vagabundos 
Del Ideal único en pos, 
Rasga el velo de los nmndos 
Para llegar basta Dios. 

Para ella es ese mensaje 
De sagrada inspiración 
Que en misterioso lenguaje 
Murmura la Creación; 

Desde ese trueno que airado 



L.'.Í... - 



., J,l* 



— 9 



:;:/ 



Retumba en el firm.imento, 
Hasta el suspiro del viento 
En una flor apagado. 

Para ella escribe la aurora 
Letras de luz en el cielo, 
Para ella ?c borda el velo 
De la nocbe inspiradora ; 

Para ella esa voz ([ue nombra 
Al Ser que el misterio esconde, 
Á quien escucha y responde 
Entre el silencio y la sombra. 

¿Qué importa que sola viva? 
¿Qué importa que sola vaya? 
Es una ola fujiiiva 
Del mar (jue no tiene playa. 

¿ Qué importa la niebla densa 
A su vuelo vagabundo, 
Si altiva, creadora, inmensa 
Lleva en sí misma su mundo? 

El alma la luz encierra. 
El soplo do Dios la enciende, 
Y es la lámpara que prende 
Para su altar en la tierra. 

Tras un destierro maldito 
Levanta libre su vuelo, 
Águila del infinito. 
Para perderse en el cielo. 



* 



¡Amar! Duplicar la vida, 
Escalar el firmamento, 
Llevaren el pensamiento 
Toda la gloria escondida. 

¡Amar! Perder anhelante 
De la existencia la calma 
Por el inefable instante 



■r-fnL-^.r.J^. 



^'^ "•■*^¿^Wtií'lliiíi 



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— 28 — 

De dar un alma á su alma. 

Beber con loca pasión 
De unos ojos celestiales 
Las lágrimas virjinales 
Que brotan del corazón. 

Adormirse dulcemente 
Bajo unos labios encesos, 
Sintiendo sobre la frente 
Una corona de besos. 

Dentro del alma sentir 
Otra alma de qne se es dueño, 
Soñar... y adorar un sueño, 
Morir de amor y vivir. 

Estar ante el ser querido 
Con la vida en la mirada, 
Con el labio enmudecido, 
Con el alma prosternada. 

¡Amar! Destellar el día 
Gomo sol en la Creación, 
Hacer de luz y armonía 
Un ambient(í al corazón. 

i Amar 1 ¿Quién puede decir 
Lo que es la vida de amar?... 
Tener el cielo... y sufrir... 
¡Vivir llorando... y gozar! 



¡ Pensar! ¡Amar! Y siempre, y sin medida; 
El dominio ensanchar del sentimiento 
Más allá déla tierra y de la vida... 
Esta es la copa de que estoy sediento. 

¿Sufrir?... ¡Qué importa!... El llanto (Ierra- 
Es purificación, es el bautismo [mado 
Que necesita el corazón manchado 
Para alzarse á la fe del idealismo. 

Suframos... Dios lo quiere, pero amando ; 



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' '----t '*- ,,.^^±lL>j,\.-,^,-»,M*J^ ák. t.t^ _ ^^^ 



— 29 — 

Dios está allí donde el dolor empieza. 
Do el alma atribulada está apurando 
Su cáliz desbordado de tristeza. 



Espíritu de luz y de consuelo, 
Inspiración que por mi sien resbalas, 
Cuando mi alma levantas hasta el cielo. 
Pensamiento y Amor ¿no son tus alas? 



i,-.-n^í.Ítr,.:^.-M,^^':Í^í'i ^.J^^A 



■ -ii'É"aiái¿ráflfc'i'"-i"-i : "V" 'iltiiBiiiiirii'ifÉ 



ADORACIÓN 



Como al ara de Dios llega el creyente 
Trémulo el labio al exhalar el ruego, 
Turbado el corazón, baja la frente, 
Así, mujer, á tu presencia llego. 

¡ No de mí apartes tus divinos ojos ! 
Pálida está mi frente de dolores; 
¿ Para qué castigar con tus enojos 
Al que es tan infeliz con sus amores ? 

Soy un esclavo que á tus pies se humilla 
Y suplicante tu piedad reclama, 
Que con las manos juntas se arrodilla 
Para decir con miedo., que te ama! 

¡ Te ama I Y el alma que el amor bendice 
Tiembla al sentirle, como débil hoja; 
¡ Te ama! y el corazón cuando lo dice 
En yo no sé qué lágrimas se moja. 

Perdóname este amor, llama sagrada, 
Luz de los cielos que bebí en tus ojos, 
Sonrisa de los ánjeles bañada 
En la dulzura de tus labios rojos. 

i Perdóname este amor I Á mí ha venido 
Como la luz á la pupila abierta, 
Como viene la música al oído, 
Como la vida á la esperanza muerta. 

Fué una chispa de tu alma, desprendida 
En el beso de luz de tu mirada, 
One al abrasar mi corazón en vida 
Dejó mi alma á la tuya desposada. 

Y este amor es el aire que respiro, 



¿.^•jk'i-Jt."", .Xj^ 



' .^*>iM>Sb'j«'. : 



— 31 — 

Ilusión imposible que atesoro, ' 

Inefable palabra que suspiro 

Y dulcísima lágrima que lloro. 
Es el ánjel espléndido y risueño 

Que con sus alas en mi frente toca, 

Y que deja — perdóname... ¡ es un sueño 1 
El beso de los cielos en mi boca. 



j Mujer, mujer!... mi corazón de fuego 
De amor no sabe la palabra santa, 
Pero palpita en el supremo ruego 
Que vengo á sollozar ante tu planta. 

¿No sabes que por sólo las delicias 
De oir el canto que tu voz encierra. 
Cambiara yo, dichoso, las caricias 
De todas las mujeres de la tierra? 

¿Qué por seguir tu sombra, mi María, 
Sellando el labio á la importuna queja. 
De lágrimas y besos cubriría 
La leve huella que tu planta deja? 

¿Qué por oir en cariñoso acento 
Mi pobre nombre entre tus labios rojos. 
Para escucharte detendré mi aliento, 
Para mirarte me pondré de hinojos ? 

¿Qué por sentir en mi dichosa frente 
Tu dulce labio con pasión impreso, 
Te diera yo, con mi vivir presente. 
Toda mi eternidad... por sólo un beso? 



Pero si tanto amor, delirio tanto. 
Tanta ternura ante tus pies traída, 
Empapada con gotas de mi llanto, 
Formada con la esencia de mi vida ; 

Si este grito de amor, íntimo, ardiente, 






— 32 — 

No llega á ti... si mi pasión es loca, 
Perdona los delirios de mi mente, 
Perdona las palabras de mi boca. 

Y ya no más mi ruego sollozante 
Irá á turbar tu indiferente calma... 
Pero mi amor hasta el postrer instante 
Te daré con las lágrimas del alma. 



AMEMONOS 



Buscaba mi alma con afán tu alma, 
Buscaba yo la virjen que mi frente 
Tocaba con su labio dulcemente 
En el febril insomnio del amor. 

Buscaba la mujer pálida y bella 
Que en sueño me visita desde niño, 
Para partir con ella mi cariño, 
Para partir con ella mi dolor. 

Como en la sacra soledad del templo 
Sin verá Dios se siente su presencia, 
Yo presentí en el mundo tu existencia, 
Y, como á Dios, sin verte, te adoré. 

Y demandando sin cesar al cielo 
La dulce companera de mi suerte, 
Muy lejos yo de ti, sin conocerte 
En la ara de mi amor te levanté. 

No preguntaba ni sabia tu nombre. 
¿En dónde iba á encontrarte ? Lo ignoraba; 
Pero tu imajen dentro el alma estaba. 
Más bien presentimiento que ilusión. 

Y apenas te miré... tú eras el ánjel 
Compañero ideal de mi desvelo, 

La casta virjen de mirar de cielo 

Y de la frente pálida de amor. 

Y la primera vez que nuestros ojos 
Sus miradas magnéticas cruzaron, 

Sin buscarse, las manos se encontraron 

Y nos dijimos « le amo » sin bablar. 



;ji.lL.^t-..A^.; 



¡í. ■.■e¿¡uíÍjÚti!Í¿ÍL:j.,.^ - '- ■' i átirs^^n'i-ití'li 



*> 



— 3i — 

Un sonrojo puiísimo en tu frente, 
Algo de palidez sobre la mía, 

Y una sonrisa que hasta Dios subía... 
Así nos comprendimos... nada más. 

¡ Amémonos, mi bien! En este mundo 
Donde lágrimas tañías se derraman, 
Las que vierten quizá los que se aman 
Tienen yo no sé que de bendición. 
I Amémonos, mi bien ! Tiendan sus alas 
Dos corazones en dichoso vuelo; 
Amar es ver el entreabierto cielo 

Y levantar el alma en asunción. 
Amar es empapar el pensamiento 

En la fragancia del Edén perdido ; 
Amar es... amar es llevar herido 
Con un dardo celeste el corazón. 
Es locar los dinteles de la gloria. 
Es ver tus ojos, escuchar tu acento. 
En el alma sentir el firmamento 

Y morir á tus pies de adoraci<Jn. 



»i-.-. 



PASÍ(J> 



¡ Habíame ! Oii.e lu vo/., eco del cielo, ' 
Sobre la lieiia por do (¡tiicr me siga... 
Con tal de oir Lii voz, nada me importa 
Que el desdén en lii labio me maldiga. 

¡Mírame I... Tus miradas me quemaron, 
Y tengo sed de ese mirar, cierno... 
Por ver tus ojos, que se abrase mi alma 
De esa mirada en el celeste infierno. 

¡Ámame !... Nada soy... pero lu diestra 
Sobre mi írenle pálida un instante, 
Puede hacer del e-clavo arrodillado 
El hombre rev de corazón ii-^'ante. 






Tú pasas... y la tierra voluptuosa 
Se estremece de amor bajo tus huellas, 
Se entibia el aire, se perfuma ol prado 

Y se inclinan á verle las estrellas. 
Quisiera ser la sombra de la noche 

Para verte dorniir sola y tranquila, 

Y luego serla aurora... y despertarte 
Con un beso de luz en la pupila. 

Soy tuyo, me posees... un solo átomo 
No hay en mi ser (jue para ti no sea : 
Dentro mi corazón eres latido, 

Y dentro mi cerebro eres idea. 



¿ ^■■. ^ ,^ ^.'¿ ÜW ,: 



1 



'^:^^:n^ _^KT.\yi;T:t^-i''J *.^-T W^'^ 



a() — 



¡ Oh ! por mirar tu frente pensativa 

Y pálido de amores tu semblante; 
Por sentir el aliento de tu boca 
Mi labio acariciar un solo instante; 

Por estrechar tus manos virjinales 
Sobre mi corazón, yo de rodillas, 

Y devorar con mis trementes besos 
Lágrimas de pasión en tus mejillas; 

Yo te diera... no sé... ¡no tengo nada!... 
— El poeta es mendigo de la tierra — 
i Toda la sangre que en mis venas arde ! 
¡ Todo lo grande que mi mente encierra ! 



* 



Mas no soy para ti... ; Si entre tus brazos 
La suerte loca me arroja un día, 
Al terrible contacto de tus labios 
Tal vez mi corazón... se rompería ! 

Nunca será... Para mi negra vida 
La inmensa dicha del amor no existe... 
Sólo nací para llevar en mi alma 
Todo lo que hay de tempestuoso y triste. 

Y quisiera morir... ¡ pero en tus brazos. 
Con la embriaguez de la pasión más loca, 
Y que mi ardiente vida se apagara 
Al soplo de los besos de tu boca ! 



•J^.Uk^. 



EN EL BAÑO 



Alegre y sola en el recodo blando 
Que forma entre los árboles el río, 
Al fresco abrigo del ramaje umbrío 
Se está la niña de mi amor bañando. 

Traviesa con las ondas jugueteando 
El busto saca del remanso frío, 
Y ríe y salpica de glacial rocío 
El blanco seno, de rubor temblando. 

Al verla tan hermosa, entre el follaje 
El viento apenas susurrando jira. 
Salta trinando el pájaro salvaje, 

El sol más'poco á poco se retira; 
Todo calla... y Amor, entre el ramaje, 
Á escondidas mirándolo, suspira. 



V. 



Pasionarias. 



/. ^^*.if'i^-..%^r^.tar*^lx^ 



L;ta¿, ■>»■■■ 



GUANDO ME DEJAS 



« No le apartes de mí. Cuando me dejas 
Mi corazón suspende su latir, 
Me ausento de mí mismo si le alejas, 
. Todo mi corazón se va tras ti . 

Se van mis ojos tras tu grata sombra, 
Sueña mi oído con tu dulce voz, 
El labio calla, el corazón te nombra, 

Y mi vida suspéndese veloz. 

Mas apenas escucho la armonía 
Del leve paso de tu pie jentil, 
Despierta conmovida el alma mía 

Y siento que la vida vuelve á mí. » 

Porque te amo con todos los amores 
Que darse puedan bajo el cielo azul; 
Como se aman las aves y las flores, 
Como se aman los cielos y la luz. 

Como se ama la ilusión perdida. 
Como se ama la dicha que pasó, 
Como aman cuantos aman en la vida, 
Con todos los amores te amo yo. 

; Ámala! dijo Dios, cuando me daba 
Tan rico de ternura el corazón, 

Y yo sin conocerte te buscaba 
Con la mística fe de mi ilusión. 

Y te buscaba mi deseo sin calma, 

Y preguntaba al mundo, como áDios: 
¿En dónde mi alma encontrará su alma? 



» iiÍMlifliM''f a'l-V.Tí ' ■• -I i 



— 39 — 

¿Dónde mi amor encontrará su amor? 

¿Me oíste?... No lo sé; mas como estrella 
Éntrela sombra, aparecer te vi. 
/ Te amo ! me dijo tu mirada bella, 

Y todo el cielo descendió hasta mí. 
Y me sonrió tu labio cariñoso, 

De inmensa dicha el corazón jimio, 

Y un beso mudo, largo, tembloroso 
Nuestras férvidas almas desposó. 



aJíiSbÁÉiaíiiiimÉIÍÉÁ 



TARDE SERENA 



Esta vida ¿ es don del cielo 
Que debemos bendecir? 
¿Ó venimos á este suelo 
Para llorar y morir? 
¡ Don del cielo ! ¿ Por que no? 
Alzo mi frente y comtenplo 
Que el universo es un templo 
Que el Criador se levantó. 

¡ Es tan azul el espacio, 
El aire tan trasparente, 
Lleva la larde en su frente 
Tantas gasas de topacio ! 

El horizonte dilata 
Su franja azul á lo lejos, 
Azul como los espejos 
Del golfo que le retrata. 

Blancos penachos de espuma 
Ajita la mar sonora, 
Y la onda se tuerce y llora 
Bajo su manto de bruma. 

Allá por el valle umbrío, 
Como una cinta de acero, 
Pasa lijero, lijero, 
Sonando apenas, el río, 

Y llevando en el cristal 
Escamado de sus olas 
Las deshojadas corolas 
De las flores del juncal. 

Todo en el bosque es aromas, 



-^íX-, .tJt.'í.. t.. í.^. J_í:»^-7.*.?..:l.*it ^-^< -.j.¿_ • ..-i:. Arf. i 



■ "^ «;í'-,r-^*^i'^ • " 



— 41 — 

Todo solemne murmullos, 

Y músicas y arrullos 

De brisas y de palomas. 

Y se va apagando el día, 

Y va suspirando el viento, 

Y se llena el pensamiento 
Con la ¡majen de María. 

¡ Qué dicha la de sentir 
Dulce, profunda, secreta, 
Una pasión de poeta 
Imposible de decir ! 

Pasión á un tiempo nacida 
Al cambiar una mirada, 
Como ninguna sentida. 
Como ninguna premiada, 

¡Qué dicha la de soñar 
En este mísero suelo 
Con una virjen del cielo 

Y junto á ella despertar! 

Y en voluptuoso sopor, 
En su regazo adormido, 
Oir el suave latido 

Que está murmurando Auior 

¡Amor! ¡Palabra divina! 
Parece que de improviso 
AI pronunciarla nos abre 
Sus puertas el Paraíso ! 
Si quien la sueña delira. 
Si quien la balbute canta, 
Si quien la dice levanta 
Una nota que suspira 
Con música más suave 
Que el sonido de la lira 
Ó que los trinos del ave. 

Hay en ella sentimiento, 
Hay en ella bendición. 



•íÉfe 



-■i'-jiii^¿f*íl._ 



— 42 — 

Y no se qué vago acento 
De tristeza y de pasión, 
Que hace vibrar conmovidas 
Las fibras más escondidas 
Del ardiente corazón. 

La vida, esta rapidez 
(jue nos arrastra en la tierra, 
Este minuto que encierra 
Niñez, juventud, vejez; 
¿ Cómo puede ser bastante 
Á la expansión infinita 
Que para su amor jigante 
El corazón necesita? 
¡Qué!... ¿Lo eterno en un instante? 
¿Lo inmenso en lo que es pequeño? 
¿En la muerte lo inmortal? 
¿La realidad en su sueño? 
¿El cielo en lo terrenal? 

¡Oh! yo quisiera, quisiera 
Que en la espuma de las olas, 
Que en la ráfaga lijera 
Del olor de las corolas, 
Que en las alas de la nube, 
Que en las del cóndor sereno 
Que cerca los astros sube. 
Que en las del rápido trueno 
Se perdiera el alma mía... 
Para sentir la grandeza 
De embriagarme en la poesía 
De la gran naturaleza ; 

Y así, como en un abrazo 
Ideal, sublime y bendito. 
Abarcar la Creación 

lín el amor infinito 
Que llevo en mi corazón. 



.aa>«ÉiillllHÍlMIÉiÉillÉÍÉlMMMd^jktilufeb<C.ftikJ> 



NUPCIAL 



En el regazo frío 
Del remanso escondido en la floresta, 
Feliz abandonaba 

Su hermosa desnudez el amor mío 
En la hora calurosa de la siesta. 
El agua que temblaba 
Al sentirla en su seno, la ceñía 
Con voluptuoso abrazo y la besaba, 
y á su contacto de placer jemía 
Con arrullo tan suave y deleitoso, 
Como el del labio virjinal opreso 
Por el férvido labio del esposo 
Al contacto nupcial del primer beso. 

La onda lijera desparcía jugando 
La cascada jentil de su cabello, 
Que luego en rizos de ébano flotando 
Bajaba por su cuello; 
Y cual ruedan las gotas de rocío 
En los tersos botones de las rosas, 
Por el seno desnudo así rodaban 
Las gotas temblorosas. 
Tesoro del amor el más precioso 
Eran aquellas perlas ; 
¡Cuánto no diera el labio codicioso 
Trémulo de placer por recojerlas ! 
¡ Cuál destacaba su marfil turjente 
En la onda semi-oscura y trasparente 
Aquel seno bellísimo de diosa! 



. ■■' .-.«^-.ja^..- i^:».<i..v.oj— ü.^t-.,;..'i.;..-^,z^¿¡.- jg i>li¡e"' aMJfti- 



■ Yiir i' Máir i'tifi 



r-.y 



í Así del cisne la nevada pluma 
En el turbio cristal de la corriente, 
Así deslumbradora y esplendente 
Venus rasgando la marina espuma! 



» ♦ 



Después, en el tranquilo 
Agreste cenador, discreto asilo 
Del íntimo festín, lánguidamente 
Sobre mí descansaba cariñosa 
La desmayada frente, 
En suave palidez ya convertida 
La color que antes fuera, deliciosa, 
Leve matiz de nacarada rosa 
Que la lluvia mojó. Mudos los labios 
De amor estaban al acento blando ; 
¿Para qué la palabra si las almas 
Se estaban en los ojos adorando ? 
¡Si el férvido latido 
Que el albo seno palpitar hacía 
Decíale al corazón... lo que tan sólo 
Ebrio de dicha el corazón oía? 



* 



Salimos, y la luna vagamente 
Blanqueaba ya el espacio. 
Perdidas en el éter trasparente 
Como pálidas chispas de topacio 
Las estrellas brillaban... las estrellas 
Que yo querido habría 
Para formar. con ellas 
Una corona á la adorada mía. 
En mi hombro su cabeza, y silenciosos 
Porque idioma no tienen las dichosos, 
Nos miraban pasar estremecidas 



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ÍÁMiJ^'ál. ■%..'. ' nMJ 



— 45 — 

Las encinas del bosque, en donde apenas 
Lánguidamente suspiraba el viento, 
Como en las horas del amor serenas 
Dulce suspira el corazón contento. 

Ardiente en mi mejilla de su aliento 
Sentía el soplo suavísimo, y sus ojos 
Muy cerca de mis ojos, y tan cerca 
Mi ávido labio de sus labios rojos, 
Oue rauda y palpitante 
Mariposa de amor el alma loca. 
En las alas de un beso fujitivo 
Fué á posarse en el cáliz de su boca... 

¿Por qué la luna se ocultó un instante 
Y de los viejos árboles caía 
Una sombra nupcial agonizante? 
Rl astro con sus ojos de diamante 
Al través del follaje ¿qué veía?... 

Todo callaba en derredor, discreto. 
El bosque fué el santuario 
De un misterio de amor, y sólo el bosque 
Guardará en el recinto solitario 
De sus plácidas grutas el secreto 
De aquella hora nupcial, cuyos instantes 
Tornar en siglos el recuerdo quiso... 

¿Quién se puede olvidar de haber robado 
Su única hora de amor al Paraíso? 



-■■^'^'■^^- 



'■ 4Wf «F'Tí'.'; 



TU SOL 



;, I'or quó indeciso tu vuelo. 
Ya va ii la tierra, ya al cielo? 

Busca UQ sol 

I. Rauírrz. 



Y no buscaste un sol, no ; le tenías 
Dentro tu corazón, y ya el instante 
De su feliz oriente presentías. 



¡Ese sol era Amor ! Astro fecundo 
Que el corazón inflama 

Y con su fuego iluminando el mundo 
Como un sol en el alma se derrama. 
Ante él los sueños de la fe benditos, 
Las blancas ilusiones, la esperanza 

Y del alma la virjen poesía, 

Todo en enjambre celestial se lanza 
Á hacer en torno al corazón el día. 



Así también el sol del firmamento 
Fúljido al asomar. La flecha de oro 
De su rayo primer ras^a el espacio. 
En el pálido azul del éter vago 
Las últimas estrellas 
Cintilan en sus limbos de topacio. 
Tiemblan, se apagan tímidas... y luego 
El astro rey desde el confín profundo 
Sacude sobre el mundo 
Su cabellera espléndida de fuego. 



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— 47 — 

Como bocas amantes 
Que se aprestan al beso voluptuosas, 
Entreabren palpitantes 
Su incensario de púrpura las rosas. 
Las brisas se levantan 
A despertar los pájaros dormidos 
En el tibio regazo de sus nidos, 

Y ellos, alegres, despertando cantan. 

Y cantando despiertan 

El inquieto rumor de los follajes, 

Y el bosque todo, saludando al día, 
Desata la magnífica armonía 

De sus himnos solemnes y salvajes. 



Y todo es vida rebosando amores 

Y todo amores rebosando vida. 
Desde el trémulo seno de las flores 
Cargadas de rocío ; 

Desde el murmullo del cristal del río; 

Y el retumbo soberbio de los mares ; 
Desde la excelsa cumbre de los montes 

Y el azul de los anchos horizontes 
Hasta la inmensidad del firmamento, 
Es lodo luz, perfumes y cantares, 

Es todo amor, y vida y movimiento. 



Tu sol, el de tu amor, por mucho tiempo 
Dentro de tu alma retardó su oriente ; 
Por mucho tiempo su divino rayo 
No iluminó sobre tu rejia frente / 

Las lindas flores de tu rico mayo. 
Por mucho tiempo en vano la belleza 
Te revistió de sus preciosas galas, 
Y en torno de tu espléndida cabeza 
Impaciente el Amor batió sus alas. 



ij^^íúíük -.r .' ^ ..límli' íi."i;:a'¿1<íkí> 



— 48 — 

Por mucho tiempo así. 

Llegó el momento, 
La ansiada aurora, el despertar fecundo ; 

Y lú lo sabes bien... dentro de mi alma 
Ante el sol de tu amor, alzóse un mundo. 

El mundo de mi loca fantasía, 
Mi mundo de poeta, 
Un pedazo de cielo que se abría 
En la región del alma más secreta, 
Un enjambre de sueños voladores 
En torno de dos almas cariñosas, 

Y del alba a los tibios resplandores 
Un escondido tálamo de rosas 

Para el sueño nupcial de los amores. 
Un cáliz desbordado de embriagueces, 
De inmortales delicias, 
Un torrente de besos, de suspiros, 
De lágrimas de amor y de caricias. 

¡Ah! ¿dónde estaba de mi lira ardiente 
La orgullosa canción que supe un día? 
¿üó la palabra que bañado en fuego 
Al oído feliz de la belleza 
En otro tiempo modular sabía? 
¿Dó las llores jentiles que el poeta 
Al pasar la Hermosura derramaba 
Con musa fácil, juvenil é inquieta? 

¿Dónde estaba mi audacia en otro tiempo, 
En otro tiempo tan feliz y loca?... 
Ante el sol del amor que vi en tus ojos, 
Cayó á tus pies mi adoración de hinojos. 
Mi alma tembló, y enmudeció mi boca. 



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BAJO LAS PALMAS 



Morena por el sol del mediodía 
Que en llama de oro fúljido la baña, 
Es la agreste beldad del alma mía, 
La rosa tropical de la montaña. i 

Dióle la selva su belleza ardiente, 
Dióle la palma su gallardo talle; 
En su pasión hay algo del torrente 
Que se despeña desbordado al valle. 

Sus miradas son luz, noche sus ojos, 
La pasión en su rostro centellea, 

Y late el beso entre sus labios rojos 
Cuando desmaya su pupila hebrea. 

Me tiembla el corazón cuando la nombro, 
Cuando sueño con ella me embeleso, 

Y en cada flor con que su senda alfombro 
Pusiera una alma como pongo un beso. 

Allá en la soledad, entre las flores. 
Nos amamos sin fin á cielo abierto, 

Y tienen nuestros férvidos amores 
La inmensidad soberbia del desierto. 

Ella, la rejia, la beldad altiva 
Soñadora de castos embelesos, 
Se doblega cual tierna sensitiva 
Al aura ardiente de mis locos besos. 

Y tiene el bosque voluptuosa sombra, 
Profundos y selvosos laberintos, 

Y grutas perfumadas, con alfombra 
De eneldos, y tapices de jacintos. 

Y palmas de soberbios abanicos 



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— 50 — 

Mecidos por los vientos sonorosos, 
Aves salvajes de canoros picos 

Y lejanos torrentes caudalosos. 

Los naranjos en flor que nos guarecen 
Perfuman el ambiente, y en su alfombra 
Un tálamo los musgos nos ofrecen 
De las gallardas palmas á la sombra. 

Por pabellón tenemos la techumbre 
Del azul de los ciclos soberano. 

Y por antorcha de himeneo la lumbre 
Del espléndido sol americano. 

Y se oyen tronadores los torrentes 

Y las aves salvajes en concierto, 
En tanto celebramos indolentes 
Nuestros libres amores del desierto. 

Los labios de los dos, con fuego impresos, 
Se dicen el secreto de las almas ; 
Después... desmayan lánguidos los besos... 

Y á la sombra quedamos do las palmas. 



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BESOS 



PRIMER BESO 

— « La luz de ocaso moribunda toca 
Del pinar los follajes tembladores, 
Suspiran en el bosque los rumores 
Y las tórtolas jimen en la roca. 

Es el instante que el amor invoca; 
Ven junto á mí; te sostendré con flores 
Mientras roban volando los Amores 
El dulce beso de tu dulce boca. » — 

La virjen suspiro : sus labios rojos 
Apenas yo te amo murmuraron, 
Se entrecerraron lánguidos los ojos, 

Los labios ;i los labios se juntaron, 
Y las frentes, bañadas de sonrojos, 
Al peso de la dicha se doblaron. 



II 



UN BESO NADA MAS 

Bésame con el beso de tu boca, 
Cariñosa mitad del alma mía, 
Un solo beso el corazón invoca, 



-•---"••-^•''-■>''^-'->------- ■•■- ■■ '- '■'''-■^¡'■•-•-■',,tí'f~,r-Mi''^lliíiiiii\Í1¡táláÍtltálÉSí¿tílíÍí ' 1 



— 52 — 

Que la dicha de dos... me mataría. 

¡ Un beso nada más!... Ya su perfume 
En mi alma derramándose, la embriaga; 

Y mi alma por tu beso se consume 

Y por mis labios impaciente vaga. 

¡ Júntese con la tuya!... Ya no puedo 
Lejos tenerla de tus labios rojos... 
¡Pronto!... ¡ dame tus labios!... ¡tengo miedo 
De ver tan cerca tus divinos ojos! 

Hay un cielo, mujer, en tus abrazos; 
Siento de dicha el corazón opreso... 
¡ Oh ! ¡ sostenme en la vida de tus brazos 
Para que no me mates con tu beso ! 



III 



EN EL JARDÍN 

Ella estaba turbada y sonreía, 
Él le hablaba en la sombra á media voz ; 
Solo estaba el jardín, y la algazara 
Del baile se escapaba del salón. 

Al través de las hojj^s las estrellas 
Lanzaban temblorosas su fulgor... 
Yo no sé cómo fué, mas sin pensarlo 
Se encontraron los labios de los dos. 

Y encontrarse los labios cariñosos 
De dos que se aman con inmenso amor, 
Es sentir que dos almas, que dos vidas 
Se confunden en una y van a Dios. 



1 Sonrisa de mujer, tú eres aurora I 
¡ Beso de la mujer, tú eres un sol !... 
¡ Qué dulces son tus besos, vida mía ! 
¡ Qué hermoso es el amor ! 



tía I -m'^r-- — — --^'V^iiMfc*'-^ - -M^. . .,.»..-.^~j. ..-L^ ..^..i-^L.--^.- ■i.-.t-L-.....>:t.¿.¿':^..i>^.ji-v^...- 



— 53 — 



IV 



TU CABELLERA 



Déjame ver tus ojos de paloma 
Cerca, tan cerca que me mire en ellos; 
Déjame respirar el blondo aroma 
Que esparcen destrenzados tus cabellos. 

Déjame así, sin voz ni pensamiento. 
Juntas las manos y á tus pies de hinojos, 
Embriagarme en el néctar de tu aliento, 
Abrasarme en el fuego de tus ojos. 

Pero te inclinas. .. La cascada entera 
Cae de tus rizos luengos y espesos... 
¡ Escóndeme en tu negra cabellera 
Y déjame morir bajo tus besos ! 



EL BESO DEL ADIÓS 

Era el instante del adiós : callaban, 
Y sin verse las manos se estrechaban 

Inmóviles los dos. 
Almas que al separarse se rompían, 
Temblando y sin hablarse se decían : 
« He aquí el instante del postrer adiós. » 

Doliente como el ánjel del martirio 
Ella su frente pálida de lirio 
Tristísima dobló; 
Quiso hablar, y el sollozo comprimido 
Su pecho desgarró con un jemido 
Que el nombre idolatrado sofocó. 

Y luego con afán, con ansia loca 
Tendió sus manos y apretó su boca 
. Á la frente de él. 



A^.-to.v.«.nifc.>^.'';.-.^'i. ■,,,;.!.. „.L.,;.ú«-':.. I*. 'v .■•>^: ;•, "ii-hiiir,^riitiiwmirir;i*'i rr . 



— 54 — 

Fué un largo beso trémulo... y rodaba 
De aquellos ojos que el dolor cerraba 
Copioso llanto de infinita hiél. 

Él lo sintió bañando sus mejillas, 

Y cayó conmovido de rodillas... 

Sollozaban los dos. 

Y en un abrazo delirante presos 
Confundieron sus lágrimas, sus besos, 

Y se apartaron... sin decirse adiós. 



VI 



EL ULTIMO BESO 

Empujé, vacilando como un ebrio, 
La entrecerrada puerta. 
Había en la estancia jontes que lloraban, 
Y en medio de los cirios funerarios 
Ella... ¡ mi vida !... muerta. 

Pálido mármol que esculpió la Muerte 

Con sn mano de hielo. 
La hermosura terrestre de la virjen 
Del abierto sepulcro por la entrada 
Se iluminaba con la luz del cielo. 

Llegué, me arrodillé... y aquel jemido 
Que lanzó mi alma loca 
Hizo temblar la llama de los cirios... 
Después... no supe más... Un beso eterno 
Clavó á su frente mi convulsa boca. 

Todo el llanto de mi alma, el duelo inmenso, 

¡Oh niña! de perderte, 
Estaba en ese beso de la tumba... 
¿ Te lo llevó, verdad, llegando al cielo 

El ánjel de la muerte? 



. r;. .1^ . .^-.^^ A.<^^ —J ..^ ^■..^^■.■■^-t-.^..f.gi>.^-i~..¿^'¿^i:': V ¿^^-j}. 



ADIOSES 



NUESTRO ADIüS 

i Si no sabía llorar ! . . . Jamas su frente 
Se dobló á los pesares. 
Fué siempre la mujer indiferente, 
La diosa á recibir acostumbrada 
Incienso de alabanza en sus altares. 

Amor junto ú ella humilde 
Las alas plegó inquietas, 

Y repitió á su óido suplicante 

El cántico de amor de los poetas. 

Y acaso el aura fría 

De la noche besando sus cabellos. 
En un vago sollozo le traía 
Una voz de ultratumba en que jemía 
El adiós postrimer de alguno de ellos. 

Mas no sabía llorar. . . 

Y aquella tarde, 
Una tarde sin luz, triste y lluviosa, 
Inclinó la cabeza silenciosa 
Así como las blandas ílorecillas 
Que hirió la tempestad. Los soberanos 
Ojos cubrióse con entrambas manos 

Y el llanto desbordó por sus mejillas. 

Lloraba, sí, lloraba... de rodillas 
Yo traspasado de dolor le hablaba, 



— 5G — 

Pero ella no me oía; 
¡ Callaba, sollozaba, se moría !... 
Sólo sentí su mano que temblaba 
Desesperada al estrecharla mía. 

Era aquel nuestro adiós. Era el momento 
Solemne de pasión y de tormento 
De un amor inmortal. Eran dos almas 
Locamente estrechadas en el fuerte 
Nupcial abrazo de una sola vida, 
Que separaba, haciéndolas pedazos, 
La mano inexorable de la suerte 
Con el fúnebre adiós de la partida. 

Y lloraba en mis brazos; y lloraba 
Con tan triste y profundo desconsuelo, 
Que en tan lúgubre tarde parecía 

Que al mirarla llorar lloraba el cielo 

Y que por ella se enlutaba el día. 

Y mojaba la lluvia su semblante, 
Su semblante tan pálido y tan bello, 

Y el viento de la tarde sollozante 
Ajilaba en desorden su cabello. 

Yo le hablaba, le hablaba... no me oía... 
Solamente su mano temblorosa 
Se estrechaba convulsa con la mía. 

Así fué nuestro adi(')S... Toda mi alma 
Dejé en sus labios con pasión opresos, 

Y me traje la suya, que bebieron 

En sus ardientes lágrimas mis besos. 



NO... NO TE DIGO ADIÓS 

¿Por qué vienes así, mi enamorada. 



íiriiiiiiiíii ri»i<iiiij^>Bii<iiif 1ÍI 



".<T,' 



— 5/ — 

Cuando dormido estoy? ¿ Cuando con lazos 
Invisibles el sueño ala mis brazos 

Y no puedo apretarte al corazón? 
¿Por qué vienes así cuando mis labios 
Cierra el sueño también, y busco ansioso 
Sin poderle encontrar, el cariñoso 
Acento con que te babla mi pasión? 

¿Por qué vienes así?... ¿Sabes acaso 
Que son las de la noclie las bermosas 
Horas de las estrellas misteriosas, 
Y, estrella del amor, surjes también? 
¿Por qué sabes que la bora de los sueños 
Es la bora en que los ánjeles sin nombre 
Bajan del cielo íi visitar al bombre 
Con su ala de oro á protejer su sien? 

¿Por qué vienes así, pálida mía, 
Con tus ojos de amor sobre mis ojos, 

Y con temblor de besos en los rojos 
Labios que apagan en el mío la voz ? 
¿Por qué son tan dolientes tus abrazos? 
¿Por qué tanto sollozo y duelo tanto, 

Y al besarme me mojas con tu llanto, 

Y sólo sabes la palabra adiós? 



No es un adiós el que mi voz te deja, 

Llorosa vida mía. 
Que adiós es la tristísima palabra 

De la ausencia sombría. 

Que adiós es el sollozo que se arranca 

Del corazón berido. 
Que adiós es el saludo de la muerte, 

La cifra del olvido. 



,:.¿i¿¿5L;i»Í •■.:. *• ,.:-<úiieffI Á,^-isSíÉ. 



■■ ; . - ■ • f. ■ ■..-•■ 

— 58 — 

• 

1 No, no te digo adiós ! Para nosotros 

Palabra tal no existe; 
La boda de las almas es eterna 

Cuando amor las asiste. 

Y lo que llaman en el mundo ausencia, 

Distancia, despedida, 
Para aquellos no son que solo forman 
Una alma y una vida. 

Para aquellos no son que, al fuego vivo 

De los labios impresos, 
Cual nosotros sus almas desposaron 

En tálamio de besos. 

No, no te digo adiós... ¿Quién de sí mismo 

Se ausenta y se despide ? 
Cómo puedo a mi propio pensamiento 

Decir que no me olvide? 

No se mira sin luz, y sin ambiente 
El pecho se sofoca, 

Y mi luz son tus ojos, y mi aliento 

Los besos de tu boca. 

Yo soy tan sólo corazón, y tú eres 

Su sangre y su latido, 
¿ Cómo á mi mismo corazón pudiera 

Dejar en el olvido? 

Idénticas, mezcladas, confundidas 

Cual la llama y su luz. 
Nuestras almas no saben siendo una 

Si eres yo, si soy tú. 

Y antes yo pensaré sin pensamiento 

Y veré sin mirada, 



■ Jl? 



— 59 — 

Que no llevar dentro de mi alma, eterna, 
El alma cariñosa de mi amada. 



DESPEDIDA 

Cuando aún ayer... ¡ayer!... enajenado 
Reposaba en mi pecho lu cabeza, 

Y mirando tus ojos, extasiado, 
Olvidaba en tu labio nacarado 
Con besos y sonrisas mi tristeza ; 

¿Cómo entonces pensar que llegaría 
Esta hora de dolor, negra, sin nombre, 
Que del alma las fuentes abriría, 

Y en lágrimas de hiél, lágrimas de hombre, 
Tu frente inmaculada bañaría?.... 

Ayer... ayer, bañaban los amores 
Tu semblante con púdicos sonrojos; 
Hoy... ya borran tan plácidos colores 
La mortal palidez de los dolores 

Y el llanto inagotable de tus ojos. 

Es muy breve la vida pasajera 
Para que con mi amor todo te ame; 
Mas en la eternidad mi alma te espera... 
Dame el último adiós... tus labios dame... 

Y acuérdate de mí cuando me muera. 



Si en este instante de supremo duelo, 
Si en esta inolvidable despedida 
Una gota cupiera de consuelo. 
La tendría para llenar mi vida : 
Un beso y una lágrima... ¡Hasta el cielo! 



""'-" • "'"iimS JiiMiiiáiiitiiifliKifiiHiif.'irir í Tiifi-"-" -^ ■■.¿---ii-rnV ¿fniifiiíiii'lg¡te 



— 60 — 



ADlüS A JALAPA. 



Tierra de bendición, tierra querida, 
Para siempre quizá de ti me alejo, 

Y con mi adiós te dejaría mi vida 
Pues que del alma la mitad te dejo. 

Adiós tu azul y trasparente cielo, 

Y la sombra nupcial de tus palmares, 

Y allá de tus confines tras el velo 
La línea opaca de los vagos mares. 

Adiós, Jalapa, lánguida paloma 
Que reposa á la marjen de la fuente, 
Entre los bosques de fragante aroma, 
Al ruido sonoroso del torrente. 

El ánjel de la noche misterioso 
Bajo su negro pabellón de estrellas 
Te besa con el beso del esposo, 
Abre sus alas y te aduerme en ellas. 

Y la aurora te encuentra todavía 
Envuelta en los cendales de la niebla, 
Hasta que te despierta la armonía 
Con que el zenzontli tu recinto puebla. 

Eres grata y jentil como la palma 
Del desierto en la arena abrasadora, 
Fuente á do llega enamorada el alma 
La sed á mitigar que la devora. 

Por eso te idolatra quien te mira, 

Y no te olvida quien de ti se aleja, 

Y en cada adiós que el corazón suspira 
Algo del mismo corazón te deja. 



'.-,-■_* c_ ^■. íf' ■ r^ :r . xIL-'-'- - ^A^^. .; 



Tlf" >■'<'* "^-^^^ .' 



61 



¡Cuántas veces al rayo de tu luna 
Cercado de mis dulces ilusiones, 
He soñado la gloria y la fortuna 
Al arrullo de amor de mis canciones! 

¡ Cuántas veces sintiendo por mi frente 
Los besos de tu brisa perfumada, 
Algo divino descendió á mi mente 
Iluminando el ánima turbada ! 

¡ Cuántas veces entonces el arpa mía 
Cayó á mis plantas impotente y rota... 
Que decir á los hombres no sabía 
La voz del cielo que en tus auras flota! 

¡Cuántas veces también el alma quiso 
Al verte á ti, jardín de las delicias,' 
La mujer sin rival del Paraíso 
Para morir de amor con sus caricias ! 

Y la encontré tal vez... y vi su sombra 
En el misterio de la noche en calma... 
Una mujer... ¡mi boca no la nombra 
Pero la llevo aquí, dentro del alma! 

¡Una mujer!.... la crió mi fantasía, 
La soñó mi ilusión, mi amor ansióla, 
La encontré, la adoré, la llamé mía, 
Y en mi alma vive refuljente y sola. 

Única fe que el corazón cautiva, 
Yo la idolatro con mi vida entera, 
Con inmensa pasión mientras que viva, 
Con infinito amor cuando me muera. 

Pasionakias* 4 



if JL .^•i^l-^all'.^-.^tí.-í.^it^'í.^^^ 



«■^ . , 



— 62 — 

Y te dejo también, luz de mi cielo, 
Única flor de mi desierta vida; 
Solo y perdido en apartado suelo 
¿Qué liará mi alma entre los dos partida? 

Sin ti ¿qué seré yo?... Sombra que vaga 
En medio de la noche del desierto, 
Lámpara de esperanza que se apaga, 
Corazón ¡ay! en desamparo muerto. 

Guando esté lejos de tus ojos bellos, 
Ojos divinos que por mí lloraron, 
Acuérdate ¡ ay ! que con pasión en ellos 
Mis labios tantas lágrimas secaron... 

Acuérdate ¡ ay I que con la fe del niño 
Me entrego de tu amor á la confianza, 
Que es la vida de mi alma tu cariño 
Y el alma de mi vida tu esperanza. 

Acuérdate ¡ ay ! que tu celeste nombre 
Le solloza mi labio balbuciente. 
Que mi primera lágrima de hombre 
Al decirte mi adiós, cae en tu frente... 



Adiós, Jalapa, búcaro de rosas, 
Manantial á la sombra de la palma, 
Rejión de los ensueños, de las diosas, 
Y de las dichas que idolatra el alma. 

Quédate, adiós, encantadora tierra 
De mi fe, de mi amor, de mi ventura... 
Hondo sollozo mi garganta cierra 
Al decirte el adiós de mi ternura. 

Acaso ya jamás... jamás — ¡quién sabe I 
Á verte volveré, suelo querido; 
Tal vez mi vida solitaria acabe 
Lejos, muy lejos de mi Edén perdido. 



Tfii I ' í'iMífrii • I ^^^^ 



IXkArtit:^ '^r^ie 



.Á. 



— 63 — 

Adiós, la última vez, tierra querida, 
Nido primaveral de mis amores, 
Que vuelva á verte... y á encontrar, perdida, 
Una modesta tumba, entre tus flores. 



Amos. 

Adiós para siempre, mitad de mi vida, 
Una alma tan sólo teníamos los dos; 
Mas hoy es preciso que esta alma divida 
La amarga palabra del último adiós. 

¿Porqué nos separan? ¿No saben acaso 
Uue pasa la vida cual pasa la flor? 
Cruzamos el mundo como aves de paso... 
Mañana la tumba ¿por qué hoy el dolor? 

¿La dicha secreta de dos que se adoran 
Enoja á los cielos, y es fuerza sufrir? 
¿Tan sólo son gratas las almas que lloran 
Al torvo destino?... ¿La ley es morir?... 

¿ Quién es el destino ?. . . Te arroja á mis brazos, 
En mi alma te imprime, te infunde en mi ser, 
Y bárbaro luego me arranca á pedazos 
El alma y la vida contigo... ¿porqué? 

Adiós... es preciso. No llores... y parte. 
La dicha de vernos nos quitan no más; 
Pero un solo instante dejar de adorarte, 
Hacer que te olvide ¿lo pueden?... ¡Jamás! 

Con lazos eternos nos hemos unido; 
En vano el destino nos hiere á los dos. . . 
¡ Las almas que se aman no tienen olvido, 
No tienen ausencia, no tienen adiós ! 



-LiAiUic^iuUiútr^ii^^^^.;^.'^!;' '. '.^. :,>.-.! ^_> ^- if ' 'fVi ii'íYñTMiÉi'iifi'ríri'lftÉ'fíi'1" - rHatnMtMíttlli- - .j.*^ 



u 1^ 



AUSENCIA 



¡Quién me diera tomar tus manos blancas 
Para apretarme el corazón con ellas, 

Y besarlas... besarlas, escuchando 
De tu amor las dulcísimas querellas! 

i Quién me diera sentir sobre mi pecho 
Reclinada tu lánguida cabeza, 

Y escuchar, como enantes, tus suspiros, 
Tus suspiros de amor y de tristeza! 

¡ Quién me diera posar casto y suave 
Mi cariñoso labio en tus cabellos, 

Y que sintieras sollozar mi alma 
En cada beso que dejara en ellos! 

¡ Quién me diera robar un solo rayo 
De aquella luz de tu miraren calma, 
Para tener al separarnos luego 
Con que alumbrar la soledad del alma! 

¡Oh! quién me diera ser tu misma sombra. 
El mismo ambiente que tu rostro baña, 
Y, por besar tus ojos celestiales. 
La lágrima que tiembla en tu pestaña, 

Y ser un corazón todo alegría, 
Nido de luz y de divinas flores. 
En que durmiese tu alma de paloma 
El sueño virjinal de sus amores. 



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\ 



)0 



Pero en su triste soledad el alma 
Es sombra y nada más, sombra y enojos... 
<.Cuándo esta noche de la negra ausencia 
Disipará la aurora de tus ojos ?. . . . 



4. 



^¿.¿..yii.A-¿..¿t,:r.-^¿-aw..-::.„,/.^ .^^--^ í:.^.'íJi- -■-■rj^.^r.. 



SONANDO 



Anoche te soñaba, vida mía. 
Estaba solo y triste en mi aposento, 
Escribía... no sé qué; mas era algo . 
De ternura, de amor, de sentimiento, 
Porque pensaba en ti. Quizá buscaba 
La palabra más fiel para decirte 
La infinita pasión con que te amaba. 

De pronto, silenciosa, 
Una figura blanca y vaporosa 
Á mi lado llegó... Sentí en mi cuello 
Posarse dulcemente 
Un brazo cariñoso, y por mi frente 
Resbalar una trenza de cabello. 
Sentí sobre mis labios 
El puro soplo de un aliento blando, 
Alcé mis ojos y encontré los tuyos 
Que me estaban, dulcísimos, mirando. 
Pero estaban tan cerca que sentía 
En yo no sé qué plácido desmayo. 
Que en la luz inefable de su rayo 
Entraba toda tu alma hasta la mía. 

Después, largo, suave 

Y rumoroso apenas, en mi frente 
Un beso melancólico imprimiste, 

Y con dulce sonrisa de tristeza 
Resbalando tu mano en mi cabeza 
En voz baja, muy baja, me dijiste : 



-''"-"■"■^■^ fi i 'MiiMAihiÉliiiiii lMtk'iéíi'r-^''-''-^-''-'''^'-'~^-'---'''^''-'-'-'-^'-'i)U^)mAiiii\'^KfV .ir-^JalLA». 



— 67 — 

— « Me escribes y estás triste 
Porque me crees ausente, pobre amigo ; 
Pero ¿no sabes ya que eternamente 
Aunque lejos esté, vivo contigo? » 



Y al despertar de tan hermoso sueño 
Sentí en mi corazón plácida calma; 
Y me dije : es verdad... ¡ eternamente !... 
¿Gomo puede jamás estar ausente 
La que vive inmortal dentro del alma? 



:.r. •*.--:■ ,_,iL.. 



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TU IMAJBN 



Tu imajen vino á visitarme en sueños; 
Sentí un aliento acariciar mi frente, 
Y luego un labio trémulo y ardiente 
Que buscaba mi labio... y desperté. 
La sombra nada más, la triste sombra, 
La muda soledad, la negra calma 
Imajen de la noche de mi alma, 
Esto tan sólo al despertar hallé. 

j Ah ! Si en la noche de la triste ausencia 
No me sonriera la esperanza hermosa 
De que en tu seno, vírjen cariñosa. 
El sueño de la dicha he de dormir; 
Yo me hundiera en mi lóbrega tristeza 
Hasta llegar al seno de la muerte; 
Porque no puedo ya vivir sin verte, 
Porque amar y estar lejos, es morir. 

Pero, al menos, tú sabes que te amo 
Con un amor que la Creación llenara, 
Con un amor que el ánjel envidiara 
Si no fueras un ánjel tú también. 
Si dueño fuera de la lierra toda, 
La tierra toda ante tus pies pusiera... 
Si fuera Dios... ¡bástalos cielos diera 
Por sólo un beso en tu divina sien! 

Mis noches son para soñar tu imajen, 
Tu imajen es para encantar mi vida, 



'^-'•'-"■"- '-Tilín " lílllÉiniii 



— 60 — 

Mi vida para ti, virjen querida, 

Y tú para mi eterna adoración. 
Tú, caricia dulcísima del alma, 
Tú, beso de los cielos desprendido 

Y en medio de mis lágrimas caído 
Aquí, dentro mi mismo corazón. 

¡Oh! ven á mí! Mi vida solitaria 
Se acaba, se consume en el hastío ; 
Necesito de ti, dulce bien mío. 
Necesito de ti para vivir. 
Es tu sombra la luz de mi camino, 
Sin ti me siento el corazón ateo; 
Me estoy muriendo porque no te veo. 
Porque amar y estar lejos, es morir. 

; ©h! si me amas también, si también lloras ; 
Si á tu lado buscándome suspiras; 
Si sientes este fuego que me inspiras, 
Alma de mi alma enamorada, ¡ven! 
Vena mi pecho, si en el tuyo viva 
Ardiendo está de la pasión la hoguera!... 
¡Oh! ¡ven á mí ! mi corazón te espera, 
Que ardiendo está mi corazón también. 

Te veo en mi sueño... ¡Y en mi sueSo, loco, 
Temblando el alma de pasión, te llamo! 

Y te grito... te grito... ¡ que te amo! 

¡ Que soy tu dueño, que tu esclavo soy: 
¡ Que instante tras instante de mi vida. 
Del corazón latido tras latido, 
Para volar á ti se han desprendido, 

Y que sin vida, que sin alma estoy! 

Te llamo en sueños... y venir te siento... 
El ruido de tu paso me estremece, 

Y mi frente abrasada palidece 






— 70 — 

I 

Al eco idolatrado de tu voz. 

Y siento que te acercas... que tu aliento 
Ardiente y suave mi mejilla toca, 

Y que juntas tu boca con mi boca... 

Y despierto... con fiebre el corazón. 

¡ Ven !... ¡ y una dicha buscaré suprema 
Para pagarte la que t\i me dieres, 
Inundaré tu vida de placeres, 
Incendiaré de amor tu corazón ! 

Y entonces, cuando loco, de tus labios 
Bebiendo eslé torrentes de delicias, 

¡ Mátame, por piedad, con tus caricias 1 
MíUame entre tus brazos... de pasión ! 



üiiÍA-.:L¿L^-^t.-:../.^..iim*i^h^. :^-^. —■^^'..■;¿-..-.'-'--fci...^<t:-^^._.t-,;..>^-.f^.>.-:.^l.'-^.'*--.^ -./■fa.>..^.¿:-.l.^.-:'¿.^'.. 



"''^-•^'"■" 



A ROSARIO 



i Qué !... ¿ porque nada el porvenir rae guarde 
Buscaré, luchador desfallecido, 
KI rincón solitario del olvido 
Para morir allí triste y cobarde? 

] Jamás, mi corazón, jamás !... Aún arde 
Bajo tu dura nieve comprimido 
El fuego de un volcán. No estás vencido, 
y para combatir jamás es tarde. 

Lucharé y venceré. Todo se inmola 
Ue amor ante el esfuerzo temerario; 
Y en mi alma, del amor bajo la aureola, 

Gomo Dios en el ara del santuario, 
bella, serena, indestructible y sola 
Resplandece la imajen de Rosario. 



i,..^.:.^.— !'.-,...^y.'-/.^.i¿.-..r:-va-., ^ .y-V^. ■.-•:t^i>iTlfi-,-iti¿i, '■' --*-'-J.-w„--,-a:.-?<^'. f, -'---i':- -•}iiíii^-'fiii 



P" 



VEN 



¿ Me visita tu espíritu, amor mío? 
Yo no lo sé; pero tu imajen bella 
Yino á mi lado, y en el mundo vago 
Del sueño, anoche deliré con ella. 

Era Chapultepec, y la ancha sombra 
Del canoso ahuehuetl nos daba abrigo, 
La luna llena iluminaba el bosque 

Y estábamos, mi vida, sin testigo. 

Tú sabes lo demás... El alma mía 
En su fiebre de amor feliz y loca, 
Á cada beso tuyo agonizaba 
En el nido de amores de tu boca. 

¡ Oh, ven, mi desposada I Kn el ramaje 
El rayo de la luna desfallece, 
Y' Amor, el mismo Amor, tálamo blando 
En las hojas caídas nos ofrece. 

Llegan allí, perdidos en las brisas 
(jue el bosque perfumadas atraviesan, 
Arrullos de torcaces que se llaman, 
Suspiros de las hojas que se besan. 

¡ Oh, ven !... ¿ Adonde estás ?... Envíame loca 
En el aire que pasa tus caricias, 
Que yo en el aire beberé tus besos 

Y mi alma embriagaré con tus delicias. 






— 73 - 

Ven á la gruta en que el placer anida , 
El viejo bosque temblará de amores, 
Suspirarán de amor todas la brisas 

Y morirán de amor todas las flores. 

Apagará tus besos el susurro 
Del aura que suspira en los follajes, 

Y arrullarán tu sueño entre mis brazos 
Los himnos de los pájaros salvajes. 

Y á la luz indecisa de la luna 
Allá á lo lejos, y de ti celosa, 
La antigua Diana, de los viejos bosques 
Diosa caída, vagará medrosa. 

La noche azul nos brinda su misterio 

Y templo el bosque á nuestro amor ofrece ; 
Mi alma te busca, mi pasión te espera 

Y ebrio de amor mi corazón fallece. 

¡ Oh, ven, mi seducción, mi cariñosa! 
Ven á la gruta en que el placer anida, 
Que la dicha no mata... y si me mata 
Tú con tus besos me darás la vida. 



Pasionarias. 



-/:-.. l^i.ut^ui-.. í_ i - '^ " lí'r 11 tVi-Tñ-r-ÍT ••; 'V I i'i "" ■VtiinaháAraithA ■ 



■■^T:' 



NUESTRO AMOR 



En medio'el ancho mar soberbia roca 
Se yergue entre la bruma ; 

En torno se sacude ruda y loca 
La turbulenta espuma. 

La azota el huracán ; del rayo torva 
Allí chispea la lumbre, 

Y el Dragón-Tempestad su dorso encorva 
Erizado en la cumbre. 

La roca inmóvil se levanta en tanto 
Al beso de la nube, 

Y es, cuanto ruje, de su triunfo el canto 
Que de sus plantas sube. 

Así, Rosario, nuestro amor sea roca 
Que inmóvil se levante ; 

Y deja que á sus pies la envidia loca 
Ruja impotente y nuestro triunfo cante. 



•"■"'■'■■''''^iMftírnM-^ii • 



HORAS DISPERSAS 



1 



Escucha, dulce niña, 
Que pides al poeta 
Te diga de sus versos 
La inspiración secreta. 

Suspiros ahoga el labio 
Que brota el corazón, 
Suspiros que son ayes 
De incógnito dolor. 

Lágrimas que los ojos 
Suben <i humedecer 
Y vuelven en el alma 
\rdientes á caer. 

Palabras que no deben 
Los labios pronunciar 

Si aquella á quien se dicen 
No sabe qué es amar. 

Mis versos son las flores 
Nacidas de mi llanto; 
De mis suspiros brotan 
Las notas de mi canto. 

Entre esas flores tristes, 
En ese vago acento. 



»».>^i.n>i. -tK^-^-'(.¿,,;ji¡. ,¿jMft.ii 



i., -^¿¿I^L^, . . ; 'Éi-riV -i^íftí^úaá 



— 76 — 

Palpita todo un mundo 
De amor y sentimiento. 

La voz que se levanta 
En mi alma solitaria 
Tiembla como un sollozo, 
Porque es una plegaria. 

Llena de lo imposible 
Está mi mente loca, 
De lágrimas y besos 
Sedienta está mi boca. 

Amaba la esperanza, 
Hoy el recuerdo adoro, 
Amor supremo y triste, 
Mi culto y mi tesoro. 

Soñaba todo un mundo 
De amor y de grandeza, 
Hoy en la vida, solo, 
Me muero de tristeza. 

Ignoro mi destino, 
Ignoro lo que quiero, 
Tan sólo sé que sufro. 
Tan sólo sé que muero. 

Tú no comprendes, niña, 
Lo que mis versos son... 
Tampoco Ella comprende 
Lo que es mi corazón. 



II 

Vuelve á mi corazón, queda escondida, 
Ilusión imposible de mi vida, 



iVitliliJiUaáÉtl'lW* ilÜiMiMftilÉIII' IIMlli '■ ÍÉ»" •■"-'^'-''- -■'■^■■'■^'-' ■-^' •-■■-■--'-•^i^káiKjMITTtt (il fiWr.^-Tilíl^fr 



~~ n — 



Ternura de poeta, pasión loca... 
Si no has de ser dichosa ni creída, 
Vive en mi corazón, calla en mi boca. 



111 

¿. (Jué dice la ola 
Que va perdida? 

— Dice¿ no oyes? 
Yo soy la vida. 

I Y qué la rosa 
Gala de un día ? 

— ¿ No la oyes ? dice : 
Soy la alegría. 

¿Y la ave en busca ' 
De otra rejión? 

— ¿No va diciendo 
Soy ilusión''^ 

¿ Y' aquel lucero 
Que no se alcanza? 

— ¿ No dice acaso 
Soy esperanza'^ 

¿ Y estas tinieblas 
En que me pierdo? 

— ¿ Ñolas conoces? 
Son tu rexiierclo. 

¿ \ este sollozo 
De mi dolor? 

— Tú bien lo sabes, 
Ese es tu amor. 



-i : .,v, -.^■;.':.-i.^^ra "-^^-tW ' Mlftiir ■ 



' -S^í^-K 



78 — 



IV 



Soy una voz de lágrimas que cuenta 
La historia de un amor sin esperanza, 
Soy el jemido trémulo que lanza 
Kl alma sin fe ya. 

Soy el recuerdo de una dicha, espectro 
üel alma en las ruinas escondido, 
Soy un inmenso corazón herido 
Que nadie curará. 



Halláronse mis ojos 
Con otros ojos helios, 
El heso de una virjen 
Pasó por mis cahellos, 

V penetró en mi alma 

Y la llenó de luz. 

Después... vino la noche 
l>a noche sin luceros; 
Uí dentro mi pecho 
Sollozos lastimeros... 
Mi corazón estaha 
Clavado en una cruz. 



VI 

Mariposas celestes 
En lontananza, 
Son los vagos ensueños 
De la esperanza. 



'" *- -'■m li ■-•|ll''-1l -■'•'■^'■'•-'■■'^-^■^ -^^ t^^x.....^*. .. ^ ■/■■,. ...._,..,<r,^ i r.v.i,«¿ai.,.- 



'--■ViT- :--. ' vi'-^ <■ 



■v f!^f^^ rJ^W^'' 



— 79 — 

Ay si corréis tras ellas, 
Almas ansiosas ; 

Los niños nunca cojen 
Las mariposas. 

Y si á cojerlas llegan, 

Quédales sólo 
üe sus brillantes alas 

El polvo de oro ; 
Como queda el recuerdo 

üel bien perdido, 
Cuando esperanza y dicha 

Nos han huido. 

Que las almas son rosas ; 
La dicha y la esperanza 
Son mariposas. 



VII 



¿Cómo puede la alondra del valle 
Que pasa lijera 
Kn pos de otro clima, dudar que sus flores 
Le da primavera? 

¿Cómo pueden las flores que se abren 
Al beso del día, 
Dudar que el sol de oro, su amante celeste. 
Su luz les envía? 

¿Cómo el sol que en el cielo la mano 
Divina suspende. 
Dudar puede que el Dios de los astros 
Sus rayos enciende ? 

¿Cómo puedo dudar que infelice 
De no verte muero? 



ifaMfiilllBi^ítiilVti'tff''^-'^'^"-'^*--'' ■■»•-'■'■'''■«---■■■'■■-■ ■-«^f¿l¿¿|^i:■^;¿a»^;/^■■-,' ^ ' ■'¡It 'íiar-iAtliTi rf^" - 



- 80 — 

¿Y tú cómo puedes, pedazo del alma, 
¿Dudar que te quiero? 



VIII 

LA NI.N\ 

Si no te enoja, poeta, 
Mi curiosa pretensión, 
Quisiera leer una hoja 
Del álbum del corazón. 

EL I»OKTA 

Pero, niña, si es un libro 
(Jue ni divierte ni alegra, 
Un libro en que cada página 
Es una página negra. 
Cuando á vivir empezamos 
Son blancas las hojas todas. 
Después vamos escribiendo 
Coplas, sonetos y odas. 
Hay pajinas que son versos 
De música deliciosa, 
Ütras que son elejías, 
Y otras muchas que son.... prosa. 

LA NLNA 

Mas la pajina primera 

;. No es la del amor quizás ? 

EL HOETA 

Es la portada del libro. 
El prólogo... nada más. 



JLwi. ■.■.:■^a^.■^^^:■¿.l-:.-..^.^.6^,-.t^.r^^ ^J¿' — 



"^*"^'--^--'--**'-^->* ■t ii^"ka.t;Ajl 



■.:^~- --,T.-ii---¡»ri.'^ 



— 81 



LA NINA 



¡ La esperanza es tan querida ! 
Y cuando por lin se alcanza... 



KL l'OETA 

Es una pajina rota 

La que habla de la esperanza. 

LA NLÑA 

¿Pero la gloria, ese lauro 
Á cuya conquista arroja 
Todo su ser el poeta? 

EL l'OETA 

No hay en mi libro esa hoja. 

LA NIÑA 

Pero al menos la memoria 
De haberse querido tanto, 
La pajina de la dicha... 

EL POETA 

Está borrada con llanto. 



LA NLÑA 

Triste es, poeta, tu callada historia, 

EL POETA 

Siempre de luto el corazón está. 



a. 



/'i Jiü»:::;.,.i.i ^..1-.. ^L-^í'A:^ 1 .;.;:!!i "f I ir%'tfiiiiiiÉiíhiahiiÍÍyil;f*Tf'-r'<ÍMÍÍIÉMÉitiiB^ inrn 



— 82 — 



LA NINA 



¿No hay siquiera fiiííaz en tu memoria 
VA sueño de una dicha transitoria?... 



i:l i'oeta 
¡ La dicha!... Ni soñarla puedo ya. 

IX 

¿Qué?... ¿mi corazón despierta 
Y ya sacudiendo altivo 
El polvo de su fe muerta 
Se alza, con la herida abierta 
Pero palpitante y vivo? 

¿Aún otra ilusión me inspira? 
¿ Aún brotarán en mi lira 
Las canciones del amor?... 
¿Para hallar otra mentira? 
¿Para hallar otro dolor? 

\ 

Como para el mundo un cielo, 
Como para el cielo un sol, 
Cual Dios, que no lo sería 
Si lo pudieran ser dos, 
Así para nuestras almas 
Existe sólo un amor 
Oue por i'inico y por íírande 
Es sol, es cielo y es Dios. 

XI 

Te he dado toda mi vida, 
Te he dado toda mi alma, 



¿^¿.jwt^-^.i.AJ-11-tiliiá.^iA^^.^v.f.— ^a^'^.r w_.v. -.^i|ii|.¿iá¿>/¿rri irf'iM ■ I -^i^iMtl 



^ ilr^"llhn¿iJrlá¿i?/*WTi iffíin* - 4..»£ 



— 83 — 

Todo cuanto soy te di; 

Y aún no he podido pagarte 

Lo que tú me has dado á mí. 

Xlf 

El alma que en la mirada 
Es caricia y embeleso, 
Se hace suspiro, y temblando 
Penetra al alma en un beso. 

XIII 

Triste es la tarde, sin luz el cielo. 
Niebla que pasas, ¿adonde vas? 
— Sólo Dios sabe mi incierto vuelo. 
Niebla, ¿qué eres? 

— Sombra no miis. 



La noche llega, la llor se aduerme. 
Brisa que pasas con lento jiro, 
¿Adunde vuelas? 

— Voy á perderme, 
üime, ¿qué eres? 

— Soy un suspiro. 
Es alta noche : grato beleño 

Cierra mis ojos, y en lontananza 
Un ánjel blanco miro en mi sueño. 
Ánjel, ¿quién eres? 

— Soy la esperanza. 



Así es la vida; niebla pasajera 
(Jue cruza vagabunda por la esfera 



;.. ..^.-t .■.A.._, .Vi^^'->-:^í..¿.^.}iP 




— 84 — 

Deshaciéndose en vaga lontananza. 
Y nuestra dicha, frújil é indecisa, 
Un suspiro que pasa con la brisa, 
y sueño nada más nuestra esperanza 

XIV 

Allá cuando era joven, el alma en lírimavera, 
Soñando ya en amarte, mi dulce cojíipañera, 

Se desbordaba en flores 

Y músicas de amor. 
El aura de la vida unjía mi cabellera 
Con el celeste aroma de la esperanza en ílor. 

Entonces, una noche... el cielo nos veía 
Con su mirada de astros; la bóveda sombría 

Era un inmenso templo. 

El sacerdote, Dios. 
Ante él tu fe me diste, ante él te di la mía : 
Quedaron desposadas las almas de los dos. 

Pero hoy... lanoche esnegra.Lab(jveda enluta- 
Es una inmensa tumba... Murió mi desposada, [da 

Perdióse en lo infinito 

El alma de mi amor. 
El templo está desierto, la lámpara apagada, 
Y, solo, en las tinieblas solloza mi dolor. 

XV 

Tú no supiste nunca 
Lo que es el sentimiento 
Inmenso, de ternura 
Que guarda el corazón. 
¿De qué me sirve el alma? 
¿De qué mi pensamiento?... 
Yo soy una hoja seca 
Llevada del turbión. 



■rMllÉf^ illll'W -'■■"-'•■ — ■ -"^"•''^-^"-■'^'--^"--"-"■-'^ ■^k.:^>.....¿^..^^MjL.¿^^^A . •■: . 



— 8o — 

En el ingrato nfiiindo 
Mi vida es una ola 
(Jue no hallará mas playa 
Do pueda descansar. 
Que una cercana tumba 
Abandonada y sola, 
Do nadie irá su llanto 
De amor ú derramar. 



XVI 

Bajo la sacra bóveda del templo 

Donde humea el incensario 
Y el oro resplandece, si levanto 

Mi ruego solitario, 
El alma habla ;'i su Dios en el santuario. 

Pero en medio del bosque, en el desierto 
Donde vive la palma 
(.) á la orilla del mar, do resplandece 
Naturaleza en tempestad ó en calma, 
Es Dios quien habla al alma. 

XVII 

Cuando después del fatigoso día 
Vengo paz á, buscar bajo mi techo 
En los brazos del sueño, hay un fanlasma 
Que se sienta á la orilla de mi lecho. 

En vano quiero separar mis ojos 
De aquel fantasma que de luto viste ; 
Allí está, siempre esta, siempre me mira 
Inmóvil, mudo, pavoroso, triste. 

Y cae sobre mi espíritu el espanto ; 
Pero evitar no puedo su presencia, 



- :. ■^■^-i'i-a.ijv..-..^ ..■■:■-:■ ...g-..,...^:.-,...-, ._'.,. ---» '^^£¿#r|lj|tiiii¡lia'tlt' 'i "llY ¿¿ftii í 



- 80 — • 

Porque ese triste espectro de mis noches 
Kslú en mi propio ser... es mi conciencia. 

XVI II 

Corazón, ¿qué es lo que quieres? 
Amor, dolores, placeres, 
Ya de todo te sacié, 

Y sin embargo ¡te mueres, 

Y no sabes ni de qué!... 

XIX 

En un abrazo inmenso confundo mis amores, 
Mujeres de delicias, mujeres de dolores, 
Mi infierno de placeres. 
Mi ciclo de dolor. 

Mis labios ostún hartos de lágrimas y besos. 

Y aún tiene sed el alma de no sé qué embelesos. . . 

¿En dónde está la dicha? 
¿En d('>nde está el amor? 

XX 

Sondead la tierra, y en el seno oscuro 
Donde guarda el abismo su tesoro, 
Envuelto en su ropaje de granito, 
En tosca piedra encontraréis el oro. 

Sondead el mar.. . Las olas turbulentas 
Se ajitan con furor por esconderla, 
Pero bajad al fondo del Océano 

Y allá, en su concha, encontraréis la perla. 

Sondead el cielo, y en lo más remoto. 
Donde tan sólo Dios deja su rastro. 




Lk. 2.--i.^.i ^.-l- ■-£a¿:..A¿a.A.J..^.„:^»,j:.-N^-_^ 



I ' 

¿iS irí¿iMd'i>>iiAffi"TViíHr<iin(if liíir 



— 87 — 

Del infinito en la perpetua noche, 
Mundo de luz, encontraréis el astro. 

Sondead el corazón, hasta ese fondo 
Donde temblando la conciencia entra. 

Y de su abismo en la tiniebla impura 

Decidme, ¿qué se encuentra?... 

XXI 

¡ (Jué dulce es el hogar! Lleno de sombra 
Mi corazón traía. 
Crucé el umbral de mi modesta casa 

Y ¡cuan hermoso fulguraba el día ! 

;Qué bueno es el hogar! Amargas iras 
Me anegaban el alma, 
l*ero al besar las canas de mi madre 
Llené mi pecho de perdón y calma. 

¡ Qué tierno es el bogar! ¡ ( ih ! cuántas bigrimas 
VjU carino infinitas, 
Sobre mi frente pálida cayeron 
Dulcísimas, temblantes y benditas. 

¡ Qué santo es el hogar! Quizá mi labio 
El existir maldijo, 
Pero lloré, y creí con toda mi alma 
Cuando mi santa madre me bendijo. 

\Xl\ 

Tú que pasas ruidosa ydeslumbrante 
En carro de oro, entre el aplauso inmenso 
De la turba servil y el incienso 
Con que falaz lisonja te importuna, 

¿Quién eres, cortesana? 
— Soy la reina del mundo, la Fortuna. 



•*-""*■- ''T-il •iViTfeii'níi'lÍT - V 



,o=>-iv.fe-it-i.^;x.^'': - : ^ 



— 88 — • 

Y tú, pálida virjen, tan hermosa, 
Que vas a pié, descalza y olvidada, 
Ue estrellas y de espinas coronada. 
Vuelta la espalda á la fortuna impía, 

¿Quién ei'cs, dulce virjen? 
— Hija del cielo soy, la Poesía. 

XXIII 

¡ Qué bosque tan feraz ! Y cuan profuso 
En sombras, en misterio y en reposo! 
i Cómo cantan las aves y cuál rueda 
El agua fresca su raudal copioso ! 



Por falta de unas gotas de esa agua, 
Y de algo de esa sombra, en el desierto 
Jadeante, sin vigor, desesperado 
Cae el viajero muerto. 



Ved esa caja en el rincón oculta 
De mísero desván... ¡ cuánto tesoro ! 
Tiemblan las manos del avaro, y ruedan 
Los diamantes revueltos con el oro. 



Por falta nada más de una moneda 
De ese tesoro por que tantos jimen, 
Pálida al lupanar la virjen llama, 
Y marcha ol hombre al crimen. 



Estremece la bóveda del templo 
Del órgano la voz, grave y severa. 






.í^lILíZa. 



— 89 — 

Y el alma del creyente, conmovida, 
En su éxtasis ve á Dios, ruega y espera. 



Por falta de una chispa, de una sola 
De esa divina fe, paz y consuelo, 
El hombre en su dolor a Dios olvida 
Y hasta se niega el cielo. 



XXIV 

Hermosa y, como siempre, fujitiva, 
Á mi lado un instante el raudo vuelo 

Detuvo compasiva 
La Esperanza feliz, hija del cielo. 

Posó su dulce labio en la sombría 
Pálida frente del poeta triste 

Y la encontró apagada, seca y fría 
Como la frente del que ya no existe. 
Buscó en sus ojos lágrimas, y estaban 
Áridos cual arena del desierto ; 

Tocó su pecho ansiosa 

Y buscó el corazón... estaba muerto. 

Entonces la Esperanza, hija del cielo. 
Lanzó un suspiro y prosiguió su vuelo. 



De ella en pos, nieianct'flico y sombrío, 
Con vuelo triste y lento 
Otro ánjel se acercó. Su vestidura 
Era más negra que la noche oscura 
Y de él en torno sollozaba el viento. 
La frente inanimada del poeta 
Besó también, pero con tal cariño 



j^)t.'..^U.,..í,j^j^f^,-:,-y.->,..: .^la-yj-:-»;. v.^----..-:- .¡¿^¿a 



— 90 — 

Cual si fuese una madre que adurmiese 
Kn el regazo del amor su niño. 

Y luego con afán siempre materno, 
En su seno de sombras descansóla 
Como para dormir el sueño eterno. 

Desde entonces reclino mi cabeza 
Kn el regazo maternal y tierno 
Del ánjei funeral de la Tristeza. 

El viejo sol en su inmortal carrera 
Ha alumbrado al monarca y al guerrero, 
Al sabio, y al artista y al poeta, 
Al rico altivo, al sacerdote austero. 

Ha alumbrado al apóstol y al creyente, 
.M inocente, al mártir y al justo, 

Y basta al mismo Hombre-Dios en la figura 
Santa y hermosa de Jesús augusto. 

Cuanto viviente ser dentro sus siglos 
íia triste y vasta humanidad encierra, 
Ha visto el viejo sol... y no ha encontrado 
L'n solo hombre feliz sobre la tierra. 

\.\Vl 

¡ (Jué hermoso brilla el sol ! Desque amanece 
Hasta que cae soberbio en el ocaso 
Fecunda, vivifica y resplandece. 
Pero el homi)re infeliz, paso tras paso, 
Sin saber donde vajimey padece; 
Juguete miserable del acaso 
Todo le engaña, le escarnece y hiere 
Hasta que rolo se doblega y muere. 



t,..».../-f..>^..!,-W..a.^-^:...;^V/. .¿>.aJ.».t..-^/<.>— .'^\--. ... c- 



91 



XXVIf 



He gozado... si goce es la locura 
De soñar lo imposible, 
Y creerlo realizado, y estrellarse 
Contra algo infame, estúpido ó risible. 

lie sufrido... No sé desde qué liora 
Mi martirio comienza, 
Pero sé que he llorado, y que llorando. 
De mi propio dolor tuve vergüenza. 

¡ Vergüenza de encontrarme arrodillado 
Ante ídolos de lodo, 
Vergüenza de la farsa de la vida, 
Vergüenza délos hombres... y de todo! 

Ilusión, amistatl, amor... locuras 
Por que el hombre delira, 
Venid para escupiros á la cara 
\í[ solo nombre que tenéis... ¡ Montira! 



XXVIII 

No soy masque mi sombra... ya estoy muerto. 
Lo siento en esta calma 
Oue hay en todo mi ser. Es un desierto 
Lo que llevo en el alma. 

Tanto he querido y con pasión tan loca 
(Jue dejé, sin sentirlo en mi embeleso, 
Un poco de mi vida en cada boca, 
Un pedazo de mi alma en cada beso. 



7*11 t, fiitrMJáir ifrtii ¿)'^■^^-^■"^^^- 



r .■ 



/. 



— 92 — 



XXIX 



; No más vida. Señor, ya no más vida 
Guando lloraba el alma dolorida 

Me nutría mi pesar. 
Ahora no sufro ya, no deseo nada; 
Pero tengo, Señor, mi alma cansada 
Y quiero reposar, 

XXX 

Un viaje por un mar de tempestades 
Es id vida mortal ; la tumba es puerto. 
Morir es regresar á nuestra patria... 
No se debe llorar por los que han muerto. 



riiíiHlhiál íil'lll n-'H-J^^^fe^--^-^.. .A.'.»^.' — .•■<<- ^- ■:¿->»- ■■\-x.L^-,..,.:r^.M^,^ ^. ■.■.ftAtic"^.,.-.! ■•.^-afc-.h-rtli: 



SEGUNDA PARTE 



GUIRNALDA 

COMPOSICIONES 1Í.SCRITAS EN VARIOS ALBUMS) 



Los versos son las flores que el alma del poeta 
De la jentil Belleza derrama en el altar; 
Yo cuelgo de mi lira guirnaldas de violeta 
Y á vuestros pies, hermosas, las vengo á deshojar. 



.'M^úkk. _ .>^:^ ÍiLXí:^'jí:tc.^.iL\- ^¿:<í.^'\^^ U.>,t.r _} r^.'*^ .£ :. iti. #j:.'1 i i rflJMOtif Ti "lil'ihnl I - ^. £-«.--. 



LA FORTUNA 

Á ROSARIO P. 



En su curso voluble la Fortuna 
Todo cuanto me diera me quib); 

Y la Miseria pálida y hambrienta 
Al umbral de mi puerta se sentó. 

Y llegó la Amistad — la que en un día 
El festín de mis dichas presidió — 

Y aunque la dije ven, ella, espantada 
Al ver aquel espectro, se alejó. 

Amor llegó también... Sellé mi labio, 
Porque temí que se alejara Amor; 
Pero el sin vacilar, bañado en lágrimas, 
Vino A mí presuroso... y me abrazó. 

Y la Miseria pálida y hambrienta 
Oue al umbral de mi puerta se sentó. 

Á la luz de aquel ánjel que lloraba, 
Klla... i la horrible arpía!.... se embelleció. 



.;^^ :..á£j;ü1Lí..: ... .■^.:-m...-Í¿.^., ..^..<^... .^íuL.^x:^^i^:^¡.í\ w ■■ .. 



J¡-*_- 



* '. *-^ 



LAS FLORES 

Á RAMONA 



Las llores son un emblema 
Del mundo del sentimiento, 
Son álbum del pensamiento 
Kn sus horas de ilusión; 
Son pajinas en perfume 
Por dos almas descifradas, 
Son estrofas no cantadas 
Del poema del corazón. 

En una flor recuerdos 
El corazón atesora ; 
Sobre sus pétalos llora 
Su soledad el dolor; 
Dulce enigma comprendido 
Tan sólo por los amores : 
Quien no comprende las llores 
Tampoco sabe de amor. 

Dios á la mujer formando 
Completó su Paraíso ; 
Tal vez con las llores quiso 
Completar á la mujer. 
¡ (Jué bellas son en su frente ! 
¡ Qué envidia dan en su seno ! 
¡ Qué activo dulce veneno 
Dan en ellas á beber! 

Los mirtos dicen amores. 
La altiva rosa belleza, 



^muikáíeiáaMtkiuirá^^^ 



■V áí'á-?fiírffl -¿.I 



Tí»'- .'-7 ": ■ - ■ '."«fff^ 



■'• / '■' :;"J^i •" ,^aT 



— 06 — 

Y la azucena pureza 

Y recuerdo el myosolís. 
Algo dice en una tumba 
La doliente cineraria, 

Y la yedra paiietaria 
Que borda la ruina gris. 

Y ¡cuánto es para el amante 
La primer flor anhelada 
Uue una mano idolatrada 
Furtivamente le dio ! 
Si en sus pétalos de seda 
El labio ardiente se posa. 
Insaciable mariposa 
Del néctar de la pasión ; 

Si encanta con sus colores, 
Si embriaga con su perfume, 
Si se marchita y consume 
Apretada al corazón. 
Es que en su cáliz esconde 
Aliento de la que se ama, 

Y perfume que derrama 
Eu sus besos la pasión. 

Es que á los ojos cerrados 
Del alma en amores presa, 
Esa flor es la promesa 
De eterna felicidad. 
Es una voz silenciosa 
Que está diciendo te adoro : 
Nudo de la red de oro 
En que dos almas están. 

Almas locas que no saben 
Al simbolizar la crencia 
Del amor en la existencia 



i^at¿' 






!íp.rr%"r.- 



— 97 — 

Efímera de una flor, 
Que su dicha, su esperanza, 
Su placer y alegría 
Flores son... y dura un día 
La primavera de amor. 



Y la seca llor guardada 
(Jue el tiempo cruel descolora, 
Reliquia tal vez de un hora 
Que vale una eternidad ; 
Sombra de flor que no tiene 
De lo que fué más que el nombre, 
Cual los recuerdos del hombre 
Del alma en la soledad; 

Fantasma de una esperanza. 
-Mudo adiós del bien perdido, 
Del naufrajio en el olvido 
Único resto quizá, 
¿ No encierra^ triste despojo 
Sin perfume ni belleza, 
La poesía de la tristeza, 
La relijión del pesar ? 



Sí ; las flores simbolizan 
Las fugaces alegrías 
Que arrancamos á los días 
De la bella juventud. 
Después tan sólo nos quedan 
Memorias de amor benditas.. 
Hojas de flores marchitas 
Que caen en el ataúd. 

Pasionarias. 



[i-fc ár'.¿V^'^il'^.¡i'i':..f>ih ..'-J. ■fiit.^Fr.irfli.lf"- -. ..- -«..J.j:^»**^^ 



\yr ' • . --., -•...- ^.'■^^^■vrry^^^-'e'^^'fl':^^^!^!^ 



LIRIO 



A HOSAIUO II. 



Muy pocas ílores de ¡lusióii dejaron 
En mi alma borrascosa los pesares; 
Mas las pocas fragantes que quedaron 
Permite que las deje en tus altares. 

Te traigo de amistad candido lirio: 
Si en él encuentras una acerba gota, 
Perdónala... es la sangre de martirio 
Que de mi pecho atormentado brota. 

Hirió mi corazón el desencanto, 
De mi ventura deshojó la palma, 

Y en la amargura de infortunio tanto 
Secóse á fuerza de llorar el alma. 

Nublado el horizonte de la vida, 
Borróse el porvenir en lontananza, 

Y su tallo dobló descolorida 

Y marchita la ilor de la esperanza. 

Tan sólo melancólica y aislada 
La triste flor de los recuerdos brota. 
Como brota la hierba descuidada 
Del algún sepulcro entre la piedra rota. 

Mas no ese despojo cinerario, 
No es la flor del recuerdo y el martirio 



-.j-, >.,.]j^ ■i.i.v-»- :.!. ....'i^'x rf-íL^ *». - ^ ....- ';;jiL.^)L;< ..j;:*.,'«ai't^K:.-^<' . .*M'>. >. J . • ■^ ^r i^^^iff- . -. 



— 99 — 

La que te ofrece el corazón, Rosario, 
Es de amistad el apacible lirio. 

Lleva en su cáliz toda la ternura 
Oue agotar no pudieron los pesaros: 
Y pues tiene de tu alma la blancura, 
l'ermite que la deje en tus altares. 



-■" — A itfiMlJÉiF—- •'-^-•-"'^■-'-"■rir tíitttmááH 



SENSITIVA 



A liLADALUPK. 



— « ¿Por qué estás como yo, pálida y sola? 
¿ También para las flores hay dolor? 

¿ Cómo mi corazón, es tu corola 
Copa de llanto, solitaria flor? » — 

Así una virjen bella y pensativa 
Á quien la pena el corazón hirió. 
Dijo á la misteriosa sensitiva, 
y una lágrima en ella derramó. 

Lágrima de mujer, gota sagrada 
Que el arcánjel debiera recojer, 
Perla del alma, sangre inmaculada 
Del mártir corazón de la mujer. 

Cayó... la sensitiva estremecida 
Sus pétalos vivientes recojió, 
Y la pálida virjen dolorida 
Suspiró con tristeza y murmuró : 

— « ¿Tan amargo es mi llanto que una gota 
Basta á apagar la vida de una flor? 

¿ Cómo el raudal que de mi pecho brota 
¡ Ay 1 no apaga el recuerdo de mi amor? 

¿Por qué no extingue de mi ser la llama 
El incesante soplo del pesar? 



rlniiV' lii''*^*^" '^'''■^^■'-~^'^.■^■'1 II - I ■VjiitÉi-V"T''iiii'il [-■••••-*-'-*'^— "■^-"^'•''.¿fftoWa'-iaíritv 



— 101 — 

¿Por qué no muere el corazón que ama 
Su lágrima primer al devorar? 

¡Dichosa flor! moriste á la primera 
Ráfaga del pesar... En mi aflicción 
Dichoso ya también si se rompiera 
Mi existencia al romperse mi ilusión. 

Que cuando quiso con pasión el alma, 
Y lo que quiso para siempre fué, 
Vivir es ya morir... mas sin la calma 
Que la tumba promete al padecer. 

Mas otras veces — ¡ he llorado tanto ! — 
Otras veces mis lágrimas vertí 
Sobre otras flores, y jamás mi llanto 
Marchitara esas flores como A ti. 

¿Eres un cáliz de dolor que encierra 
Gotas de llanto que ofrecer á Dios? 
Pero todas las flores de la tierra 
Son pocas al raudal del corazón. 

¿Quién eres tú de lánguida corola? 
¿ Amaste y te olvidaron, pobre flor ? 
Dímelo... que también pálida y sola 
Soy una sensitiva del amor. » — 



LA SENSITIVA 

— (' Soy el alma misteriosa 
De mis hermanas las flores, • 
Imajen de esos amores 
Qui vivieron un ayer : 
Ifija de un rayo de aurora 
En un día de primavera, 
Es mi vida una quimera 
Como tus sueños, mujer, 

6, 



.jZ.^ ,^i:^^t^-jS>L.i/-i¿,':.,..,:,J^^^:^:..i^i^ lililí "ímirtBill' ' ^^^¡¿¡¿¿iiigíi, 



— 102 — 

Yo soy como la esperanza 
(jue cuando se toca, muore; 

Y In lágrima me hiere 
Como te hiere el amor. 
No es tu lágrima el rocío 
(Jue en mí derrama la nocho, 

Y ha lastimado mi hroche 
Como tu seno el dolor. 

Tu alma y yo somos dos llores 
Uue tienen la misma historia : 
También yo tuve mi gloria 
Como tuviste tu amor. 
Ucbes á tu amor el llanto 

Y yo á tu llanto la muerte... 
Una misma es nuestra suerte, 
¡ Pobre mujer!... ¡ l'obre ilor! 

Por los céfiros mecida. 
Por la luz engalanada, 
l*or los cantos arrullada 
üe las aves del pensil, 
lis mi vida un paraíso, 
Un pensamiento risueño, 
l'.s ol c.xtasis de un sueño. 
lis amar... ¡es ser feliz ! 

Pero es dicha de un instante 
üe tu lánguida pupila 
Ilueda abrasada y tranquila 
La gola que me mató. 
Y en vano el cielo fulgura. 
\^n vano las aves cantan, 
Cielo y aves no levantan 
Mi corola... ¡pobre flor! 

Así la mujer hermosa, 
Flor de los cielos querida. 



■-*'**^"-i^'^*^**^''»-'*^-— ■• »- ■-- '■^-' •--■^ ^..^■^-' -.^---l^v . .-■-.,■■ -l^^-.^Jl^. 



— 103 — 

Sensitiva desprendida 
De las manos del Señor, 
Trae ú la tierra del ll.nilo 
Su corola de belleza. 
El rocío (le su pureza 

Y el perfume de su amor. 

Y por ensueños mecida. 
Del amor enamorada, 
Por los himnos arrullada 
Del mundo que ve ante sí. 
Es su vida un paraíso, 
Un pensamiento risueño, 
Es el éxtasis de un sueño, 
j'^s amar... ¡ es ser feliz! 

Pero es dicha de un instante : 
Con su llama abrasadora 
Amor su pecho devora. 
Amor consume su ser. 

Y en vano son las promesas 
De la mentida esperanza... 
¿ (Juién ;i realizar alcanza 
Tu ilusión... pobre mujer?... 

Somos dos flores hermanas 
Hijas del amor del cielo ; 
No comprenden nuestro duelo. 
Ni comprenden nuestro amoi-. 
Por siempre cierro mis hojas. 
Por siempre tu llanto trunca... 
La dicha no vuelve nunca... 
; Pobre mujer ! — ¡ l'obre llor! >^ - 

Así dijo la tierna sensitiva, 
Sobre su muerto tallo se dobló: 

Y la pálida virjen pensativa 
Dejó en ella una lágrima furtiva 

Y triste y en silencio se ahije». 



^.^,^..^-^^.,~t.:.^i.,-¡^-:-C,^^^^,,..,t..: 



riiüíiiiiiiiirtiimíí • 



RAMILLETE 



A REMROIOS. 



Símbolo de tu candida belleza 
Son las flores, Remedios, que te envío; 
Tu alma, como su cáliz, es pureza, 
Limpio, como tu llanto, su rocío. 

Virjen hermana de las llores bellas 
(Jue bordan y perfuman la campiña. 
Deja que la amistad teja con ellas 
Fresca guirnalda que tu frente ciña. 

Algún ánjel quizá, niña querida, 
Sobre ti tiende con amor su palma, 
(Jue es una rosa blanca desprendida 
De los jardines del Edén tu alma. 



Para tu dulce corazón, amores. 
Para tu planta, rosas sin abrojos... 
Y para mí... para mis pobres flores. 
Una mirada de tus negros ojos. 



É . láüÉÉaiüiÉtri'i üátÉÜiiiii ,|,j-......i..>-i- --^— • — -,...^. ■.¿.v^^vi--¿a^¿;.-^-¿.*t.-.-^^--.:.^i.^.'T.'^. . 



PASIONARIA 

Á ÁNGELA 



Perdióse ya la dicha de mi vida 
Y del alma pasó la primavera... 
¿ Qué flor entonces dejaré caída 
De tu álbum en la pajina primera? 



Yo fui la mitad de un alma 
Buscando su otra mitad, 
Gomo se busca la calma 

Y la sombra de la palma 
En ardiente soledad. 

En un tiempo el alma mía, 
Alondra que tiende el vuelo 
Bañada en la luz del día, 
Sus ricas alas perdía 
En el zafiro del cielo. 

Soñé pedir á la gloria 
La vida para mi nombre, 

Y que en mi piedra mortuoria 
Arrojase una memoria, 
Acaso una flor, el hombre. 

Soñé, al destello indeciso 
De un crepúsculo nupcial, 



¿;.,-..:«^.<-áa;^--;.l,t-¿, •■■ :, ¿.^-^^v-Vij» y-¿' ■■-^ .y. ;^,, :r^]A;.. ..í^Ul:-L. ¿ÜJ-..-. 



— 106 — 

Aparecer de improviso 
La mujer de Paraíso 
Olio flotaba en mi ideal. 

La mujer cuya belli /u 
Ilumina la Creación, 
La mujer toda terneza. 
La mujer cuya pureza 
Santifica el corazón. 

La mujer á cuya planta 
Se pone el alma de alfombra, 
La mujer única y santa, 
La mujer que no se nombra 
Pero que siempre so canta... 

Y esa mujer yo la vi 
Cuando la dicha soñó; 
Kl alma toda la di, 

V su imajen está aquí, 

Y con ella moriré. 

Era su faz mi embeleso. 
iM'a su nombre Alma mía; 
Donde su planta ponía, 
Mi pensamiento en im beso 
Adorándola caía. 

Soñé el placer indecible 
üe que ese arcánjel visible 
Me embriagase con su amor. 
Soñé la dicha imposible 
En la tierra del dolor. 



¿Era sólo una creación 
De mi loca fantasía, 



"'- — ''^Hit'A' li'jii iMli^J liV ■-"--■-^itr- --Mi,^,V«^-.— ^-fe■wJ ■-..^¿y-: --'■.t^.^:. ^■¿.Jíi.i^ 



— 107 — 

De mi amante corazón?... 
¿Era el alma que se abría 
En su aurora de ilusión? 

¿Era un sueño?... Mas despieiLo 
Adórelo que soñaba... 
Mi corazón está muerto 
Desque en el mundo desierto 
No encontré lo que buscaba. 



l'or eso voy del mundo en la corriente 

Cual hoja solitaria. 
Triste es mi vida, pálida mi fronte, 

Y si fuera una llor mi alma doliente 

Sería la Pasionaria : 

Una ilur de tristeza y desconsuelo 
Que apenas ha vivido 

Y levantado su corola al cielo, 

Y ya barre sus hojas por el suelo 
El viento del olvido. 



Perdóname. Buscaba un pensamiento, 
Anjela, que dejar en esta hoja, 
Y el jemido del alma en su tormento 
Es i ay ! tan sólo lo que el alma arroja. 

Perdóname la nota dolorida 
Oue exhalara mi lira lastimera. 
Perdóname esta lágrima caída 
De tu álbum en la pajina primera. 



v.J»> 



fchi-ltii' 



i<"í'ltrfT'YJinii'n II 11 nir ' 



^^¿¿tníátíMaíüáí, 



ROCÍO 

\ TAZ 



Guando se va la noche, 
Sus lágrimas hermosas 
Sobre las flores deja 
En gotas sin color ; 
Pero al romper el alba 
Se tornan luminosas 
En perlas cristalinas, 
Corona de la flor. 

Así mis pobres versos 
Sin brillo ni frescura 
De tu álbum en las hojas 
Á derramarse van ; 
Mas si les dan tus ojos 
La luz de su hermosura, 
Las perlas más preciosas 
De la amistad serán. 



Mmaü^ 



¡í' ikiááiiái ¡ II -|i--> ■^^■^■^"■-'~' — • -. -- -^-'■^■'"'■^■^"^-•■--im&iiirii-itfJiitfiiMiÉÉ 



FLORES MARCHITAS 

(Á EMILIA) 



Primer rayo de luz, primera rosa, 
Primer canto del ave en primavera, 
Suspiro de una lira melodiosa 
Es de tu álbum la pajina primera. 

La arpa de la poetisa resonando 
Allí vertió dulcísima sus galas, 
Blandas como el rumor que al ir volando 
Los anjeles producen con sus alas. 

Este libro comienza como el día, 
Con trinos de ave y esplendor de aurora ; 
Después de su magnífica armonía, 
¿Qué ha de decir mi corazón, señora? 



Yo, que he dejado olvidada 
Y de lágrimas bañada 
La lira del corazón 
En la tumba idolatrada 
De mi postrer ilusión; 

Yo, pobre alma dolorida 
Que atrás dejando va ya 
Los verjeles de la vida, 
Hoja en el viento perdida 
Que no sabe donde va; 
Pasionarias. 



¿ ■^. ..-«■>, - ^ Y iili*i !'-■** •■»■'"-■- " •-- •- """ - ■ ■' '^■''- -^'•-'^•'■.'•■¡•¿íjUí.-íLáíkíii^ 



K. - ;r^3^ 



— 110 — 

Desheredado de amores, 
Sin fe ni consolación 
En un valle de dolores... 
¿Dónde ha de cojer sus flores 
Mi desierto corazón?... 



Pero ¿qué importa, Emilia, que la nota 
Que exhala para ti mi lira rota 
Sea triste como el alma sin amor, 
Si al través del crespón de mi tristeza 
Mirando estoy tu poética belleza 
Como se ve tras de la niebla el sol?... 



Mis pobres rimas ante ti al ponerlas 
Son flores ya marchitas entre abrojos, 
Pero fragantes tú puedes hacerlas 
Con la mirada de tus negros ojos. 

La más pálida flor tiene colores 
Guando el sol con su rayo la abrillanta... 
Sean tus ojos un sol para las flores 
Que vine á deshojar ante tu planta. 



■U^««Jli ri I iilMI— É<1 II r iii 11 iht- - ■ '^ ■'-•-■ "■■ 



ABROJOS 

(Á rosa) 



Como dulce canción vaga y hermosa 
Que lejos se oye en la nocturna calma, 
Así el eco de tu arpa melodiosa 
Oí en la triste soledad del alma. 

Trino de alondra, murmurar de río, 
Canto en el tierno suspirar bañado 
De un pecho de mujer, limpio rocío 
Sobre la flor del corazón regado; 

Eso es tu canto. Besa nuestro oído 
Y el corazón á los ensueños lanza, 
Porque en sus notas trémulas perdido 
Va el acento feliz de la esperanza. 

Mas si gotas esparce de ambrosía 
El ritmo de tu arpa vibradora, 
Digno de su gratísima armonía 
No tengo nada que ofrecer, señora. 



Corazón que el llanto moja, 
Corazón que se deshoja 
Al embate del dolor, 
De este álbum para la hoja 
¿ En dónde hallar una flor? 



itlu.lt..'.,., :, .;i f„,t,., -..I .ifilirt.:- .. .-. -^.jijj^y, -^j»..^ .^V-^^^-^.^.-^■^^.^^¿^JA*,a^l■i^^,>J»í:i-l¿^- -^^ 



— 112 — 

¿Dónde encontrar el amblante 
Hecho de brisa olorosa, 
De blanca luz trasparente 
Que envuelve tan dulcemente 
En los jardines la rosa ? 

Si tuviera el alma mía 
De inspiración el tesoro, 
Ilusiones, poesía, 
¡Cuántas mariposas de oro 
Para la rosa tendría! 

¡Cómo entonces la envolviera 
El beso de primavera 
En una nube de aroma! 
¡Con qué cariño la diera 
Sus arrullos la paloma! 

iMas mi musa silenciosa 
No ha querido, en sus enojos, 
Que pueda dar otra cosa 
Para el álbum de una Rosa 
Mas que lo que doy... abrojos. 



■ •■ ^1^, ■ -. :. jiaiüSii^^..,-^.: -^ - " irWVfiW '-^- - ¿titr-niir " ^*'-"tÉA«il'iti 'li n i 



REMINISCENCIAS 

(Á eujenia). 



Pobre amiga, pues que lloras, 
Pues que la vida sombría 
En ti derrama sus horas 
De negra melancolía : 

Pues te hieren los pesares, 
Y ha pasado tu contento 
Como la espuma en los mares, 
Gomo la nube en el viento ; 

Permite, sí, que recoja 
Mi buena amistad sencilla 
Esa lágrima que moja 
Tu macilenta mejilla. 

El corazón del poeta 
En su solitaria calma, 
Es una copa secreta 
De las lágrimas del alma. 

La tuya vierte sus perlas. 
Yo no merezco guardarlas, 
Pero quiero recojerlas 
Porque quisiera cantarlas. 

Que también el alma mía 
Coronada está de abrojos, 



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— 114 — 

También he sentido un día 
Humedecerse mis ojos. 

Porque también he querido, 
Porque también he adorado, 

Y lo que amaba he perdido, 

Y también soy desgraciado. 

Yo he sentido la congoja 
Del corazón que revienta, 
En ese llanto que moja 
Tu mejilla macilenta. 

¡Cómo se llora sonriendo! 
¡Cómo se habla sollozando! 
¡Cómo se vive muriendo 

Y se muere recordando! 

Sé lo que es, al adorarse 
Con infinita pasión, 
Decirse adiós... y arrancarse 
Pedazos del corazón. 

En ese adiós sin segundo 
Se va la existencia entera, 

Y queda desierto el mundo 
Sin el alma compañera. 

Todo es sombras y abrojos, 
Todo noche, todo nada. 
Desque falta a nuestros ojos 
La vida de su mirada. 

Y nuestro ser languidece. 
El alma huérfana llora. 
La esperanza se entristece; 
Sólo el recuerdo se adora. 



h' ■iiiiiijii nantriiir^ -"*--■ - '-'-- iH fi<ViiiB-iM<IÍliÉtf¿iáti üf'<t''t 



— lio — 

Y mientras la negra ausencia 
Nos enluta el corazón, 
Vivimos una existencia 
üe recuerdo v de visión. 



Escucho una voz querida 
Que cariñosa me nombra, 
Miro pasar una sombra... 
Es su sombra y es su voz. 
Ese suspiro que vaga 
En el ambiente perdido. 
Es un eco desprendido 
De su tristísimo adiós. 

El ánjel que en sueño veo 
Es Ella que viene á verme. 
Cuando mi párpado duerme 

Y vela mi corazón 

Es EUn, mi cariñosa, 
Cuya alma viene angustiada 
Á vagar enamorada 
En torno de mi prisión. 

Sus ojos están marchitos, 
Está jimiendo su pecho, 

Y su corazón deshecho 
Á fuerza de padecer. 
Es la mitad de mi alma, 

Y siente, sí, mi quebranto, 
Como siento yo su llanto 
En mi corazón caer. 



Perdona, Eujenia, si al cantar tus lágrimas 
Con las de mi ánjel, triste, las mezclé. 



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? — 116 



No hay un consuelo en mis palabras áridas, 
Soy infeliz... y consolar no sé., 

Pero comprendo tu alma melancólica, 
Comprendo su doliente viudedad, 
Y son mis versos como flores pálidas 
Que prende en tus cr spones la amistad. 



á 



EL ALMA EN FLOR 

(Á EULALIA). 



La juventud sus encantadas puertas, 
Jentil Eulalia, útu pisada abrió, 

Y la aurora de abril en que despiertas 
Sus espléndidas rosas te ciñó. 

Hoy corona tu frente la belleza, 
En tu seno ílorece la ilusión, 

Y no sabes lo que es esa tristeza 
Que marchita y enferma el corazón. 

Mas óyeme : si sabes lo que vale 
Un alma virjinal, un alma en flor, 
No dejes, no, que jenerosa exhale 
El celeste perfume de su amor. 

Que las almas en flor ¡aj! se deshojan 
Al soplo abrasador de la pasión^ 

Y el llanto en que los párpados se mojan 
Cae en gotas de fuego al corazón. 

Deja tus bellas ilusiones de oro 
Dormir en el regazo del candor; 
Un día vendrá que viertas su tesoro 
En el raudal de verdadero amor. 

Hoy, Eulalia, si sabes lo.que tienes 
Con tu abril, tu beldad y tu alma en flor. 
Oye... no lleves tan preciosos bienes 
Á quemarse en la hoguera del amor. 

7. 



üliáÉttÍkuA£¿ir 



VIVIR 

(Á carmen). 



¿Sabes, Carmen, qué es vivir? 
Es nacer para soñar, 

Y tras de breve dormir 
Despertar para sentir, 

Y sentir para llorar. 

Sentir que se va muriendo 
En el alma la ilusión, 
Que, hojas del árbol cayendo, 
Así se van desprendiendo 
Las crencias del corazón. 



* 



Es la dicha fugaz iris 
Que pintan en lontananza, 
Engaños de la esperanza, 
Mentiras del porvenir. 

Y como el iris del cielo 
Es tan sólo una quimera : 
El alma que reverbera 
Sus fulgores, como el sol. 

Y la esperanza es un ave 
Oue por atraernos canta, 
Y al acercarnos la espanta 
De nuestro paso el rumor. 



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— 119 — 

El amor, fiebre del alma, 
Locura de un solo día, 
Relámpago de alegría 
En la nube del dolor. 

Apenas el alma sueña, 
Apenas vibra el latido. 
Lo que era amor es olvido, 
Lo que era dicha, pesar. 

De los anhelos del alma, 
De la fe del sentimiento. 
Del mundo del pensamiento 
¿Sabes lo que queda al fm?... 

Un fantasma de esperanza, 
El adiós del bien perdido, 
Y triunfante del olvido 
El recuerdo funeral. 

El recuerdo, triste sombra 
Que al irse, implacable, deja 
Cada goce que se aleja 
Rodando á la eternidad. 

Que de todo lo que ama 
En esta existencia el hombre, 
Tan sólo le queda... un nombre 
Del alma en la soledad. 



Ninguno puede aclarar 
El enigma del vivir. 
Tal vez vivir es dormir 
Y morir es despertar. 



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AMISTAD 

(Á amta). 



Abro mi corazón, de allí recojo 
La dulce flor de la amistad sincera, 

Y blanca y perfumada la deshojo 
De tu álbum en la pajina primera. 

Hoy en la vida juntos nos hallamos; 
Pero es un viaje rápido la vida, 

Y cuando adiós por siempre nos digamos 
Te quedará esta flor en despedida. 






Dicen que todo pasa y todo muere, 
Que todo en este mundo es ¡ay! mentira... 
Mentira es olvidar cuando se quiere 
Con esta fe que tu amistad inspira. 

¿Cómo dar al olvido aquellas horas 
En que, escuchando tu afectuoso acento, 
Palabras recojí consoladoras 
Llenas de intelijencia y sentimiento ? 

Pálido, mudo, con la frente triste, 
Velando mi dolor en falsa calma 
Tú me encontraste... y comprender supiste 
El secreto de lágrimas del alma. 

Y como madre que al mimado niño 
Consuela al mismo tiempo que aconseja, 



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— 121 — 

Así tu santo, fraternal cariño 

Trata á mi corazón cuando se queja. 

De mi destino sobre el mar incierto 
Al estallar la tempestad violenta, 
Mi alma encontró tu corazón abierto 
Gomo el ave su nido en la tormenta. 

Á él me refujio. La amistad más pura 
Allí me ofrece cariñoso abrigo, 
Y siento, aunque bañada de amargura. 
Tranquila el alma, porque está contigo. 

Amé el amor. Mi juvenil anhelo 
Amor y sólo amor quiso en la tierra... 
Ignoraba el tesoro de consuelo 
Que la amistad de la mujer encierra. 

Si dado fuera á mis cansados ojos 
La dicha de llorar, hermana mía, 
Tú sabes que ese llanto, sin sonrojos, 
En tu seno no más le vertería. 

Que dulce sombra de tranquila palma 
Para el que rinde la mortal fatiga. 
Así es en el desierto para mi alma 
Tu jeneroso corazón do amiga. 



¡Ah! cuando solo, en apartado suelo, 
Apure el cáliz de mi negra suerte, 
Á tu memoria deberé consuelo 
Sedienta el alma de volver á verte. 

Y á verte volveré... ¡Dulce esperanza! 
Que para amigos cual nosotros dos, 
No puede el corazón tener mudanza, 
Ni el tiempo olvido, ni la ausencia Adiós 1 



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ADIÓS 

(Á lola). 



Dicen, hermosa niña, que dejas tus hogares, 
La tierra de las flores, del agua y los palmares, 

La de perenne abril. 
I Adiós! y que los ánjeles del alma tutelares 

Sus alas, cariñosos, 

Extiendan sobre ti. 

Que Dios en tu camino derrame bendiciones, 
Que encuentres á tu paso amantes corazones, 

Y ñores á tus pies. 
En torno ú ti volando las castas ilusiones 

Los sueños de la dicha 

Derramen en tu sien. 

Apenas te conozco; apenas he escuchado 
Tu acento melodioso ; apenas he mirado 

Tus ojos de querub; 
Como visión celeste de uri sueño idolatrado 

Que pasa por el alma, 

Así pasaste tú. 

Mas, pues te doyelnombregratísimodeamiga, 
Como lejano beso del corazón te siga 

Kl eco de mi voz ; 
Y porque no me olvides, dulcísimo te diga 

¡Adiós, quizá por siempre, 

Hermosa Lola... adiós! 



<i¿:'ríiií 



tái«áÍMÍÍÍ.í 



srrELLA 

(Á clemkntina). 



El sol está muriendo. De ocaso en las rejiones 
Revueltos los celajes do cárdeno arrebol, 
Fantásticos se tienden, so rasgan en festones, 

Y cuelgan en el éter, espléndidos jirones 
Que deja al desgarrarse la púrpura del sol. 

Y callan los ruidos, y se alzan los rumores, 

Y pueblan de los campos la quieta soledad. 
Ocultos en las hojas, alados trovadores. 

En los encinos altos están los ruiseñores 
Sus trinos ensayando de amor y libertad. 

El ave retardada el aire cruza á solas. 
Suspira el viento apenas las hojas al mover, 
Callada está la fuente, dormidas van las olas, 

Y doblan desmayadas las flores sus corolas 
El manto de los sueños la noche al extender. 



En tanto allá en el cielo, cual lágrima divina 
Del éter de zaüro caída en el tisú. 
Asoma tan hermosa la estrella vespertina. 
Como será la perla que ruede, Clementina, 
Del cielo de tus ojos cuando llorares tú. 



ta,i>¿..i.-¿.i.:;¿':. 



— 124 



Estrella de la tarde, corona luminosa 
De la sagrada noche, diamante del Señor, 
¿Porqué buscan las almas tu lumbre misteriosa? 
¿Acaso te ha encendido la mano Poderosa 
Porque en el cielo tenga su lámpara el amor? 

¡Qué pálida, qué bella cintilas y resbalas 
J*or las etéreas cumbres do lo ignorado está!... 
No sé que vaga y triste tranquilidad exhalas, 
?]spíritu — quién sabe — que llevas en tus alas 
Del alma enamorada los éxtasis quizá. 

Si eres ¡ oh dulce estrella I la lámpara arjenlina 
Uue enseña de la dicha las sendas al amor, 
Alumbra los senderos que sigue Clementina; 
Y como casto lirio, ante tu luz divina 
Se abra para la dicha su corazón en llor. 



iitrf I jifi 1 1 'ii Mít' iirt'n'i.m^áiiJh-iij.ii-^-'- ••-'■'•-'- "■' ' '-'--^ '■ 



EL ANJEL DEL HOGAR 

(Á ENRIQUE), 



Una madre me dio el cielo ; 
Y cuando pequeño fui 
Mi cuna no tuvo ánjel... 
Estaba mi madre allí, 

Y era tan dulce su acento, 
Eran sus ojos tan bellos, 
Tan blanda la cabecera 

Que me daban sus cabellos; 

" Tan dichosa su sonrisa, 
Tan profundo su embeleso, 
Tan tiernamente inefable 
Sobre mis ojos su beso ; 

Que yo ¡feliz! no sentía 
Que dejaba al despertar 
Á los ánjeles del sueño 
Por el ánjel del hogar. 

Y así pasaron, pasaron 
De mi inocencia las horas. 
Cual pasaría bajo el cielo 
Una procesión de auroras. 

Hasta que llegó el momento 
De separarnos los dos, 



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126 — 



Y al hijo la dulce madre 
Puso al amparo de Dios. 

Y quedó sola mi madre, 
Sola y triste en el hogar, 
Donde el eco de mi nombre 
Se escuchaba sollozar. 

Aquellos ojos queridos 
Que en mis ojos se miraban, 
Con lágrimas se dormían, 
Con lágrimas despertaban. 

Lágrimas que debería 
Secar de rodillas yo, 
Lágrimas, madre querida, 
Que yo no merezco, no. 

Que ingrato en tanto buscaba 
La dicha lejos de ti... 
Perdón, madre de mi vida... 
Tú sabes cómo volví. 

Volví, sí. ¡ Qué dulce llanto 
El volverse á ver arranca ! 
¡ Mas tu frente estaba pálida, 
Tu cabeza estaba blancal 

Que mi ausencia desdichada 
Tu corazón lastimó, 

Y el pesar de mis pesares 
Tu cabello emblanqueció... 

Juventud, locos placeres, 
Ilusiones mundanales, 
¿ Valéis una sola gota 
De los ojos maternales? 



.\ .'líi'¿.-^l':r..'^-l' ' • ^ '- -' Si lltit'li I ili rlraViHl''''''-'"'^'*'^^^^^'--^''*^'*''-'^- -^ 



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— 127 — 

Sania madre, ídolo mío, 
Mi culto, mi única fe, 
¡Con qué dolor á tus plantas 
Confuso me arrodillé!... 

¡Cómo ¡perdón! te gritaba 

Y sollozaba tu nombre ! 

¡ Cómo mojaba tus canas 
Con mis lágrimas de hombre! 

¡ Cómo las tuyas bañando 
Mi rostro... y mi corazón, 
Derramaban en mi vida 
El bautismo del perdón ! 

;En pago de mis errores, 
En pago de mis agravios, 
Bendiciones y consuelos 
Sólo me dieron tus labios !... 

Y desde entonces, mi madr3, 
Tú lo sabes... un altar 
Levanté dentro mi alma 

Para el únjel de mi hogar. 

Y mi madre es mi carino, 
Mi fe, mi orgullo, mi amor; 

Y porque la tengo, creo 
En tu bendición, Señor. 



Enrique, tú en la inocencia 
No comprendes todavía 
Lo que es esa Providencia 
Que llamamos Madre mía. 



mX ^.kÍJt.^ íj^tLj:: 



•TSísr 



— 128 — 

Y pues el cielo te ha dado 
Una tan buena y tan bella, 
Cuanto amor hay encerrado 
En tu alma, dáselo á ella. 

Ese ánjel que en tus ensueños 
Ves, que se inclina á besarte, 
Es ella que de tus sueños 
Las horas viene á robarte. 

(jue para amor como el suyo 
Es una vida bien poca, 

Y por cada beso tuyo 
Otra te diera su boca. 

Alma á su alma prendida 
Eres, con lazo de flores, 

Y la vida de su vida, 

Y el amor de sus amores. 

Ámala, no por el cielo, 
Ámala, no por deber, 
Sino porque ella es consuelo, 

Y vida y santo placer. 

Y en el alma, desde niño, 
Levanta el místico altar 
De un infinito cariño 

Para el ánjel del hogar. 



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EL GRIJALYA 

(Á LA SRA. DE torre) 



No soy de aquella tierra. No tengo mis hogares 
Á la tranquila sombra que dan los platanares 
Allá donde el Grijalva dilata su raudal. 
Mis campos paternales, primaveral alfombra 
De flores y esmeralda, se tienden á la sombra 
De una soberbia tienda de zafir y cristal. 

El rejio Citlallépelt. ¿ Le conocéis, señora ? 
Yo vi, cuando era niño, los velos de la aurora 
Tender sobre su frente magnífico dosel, 
Bañarle en luz de rosa por un instante... y luego. 
Diadema de los mundos chispeante de oro y fuego, 
El sol americano alzarse sobre él. 

Y en la serena tarde, cuando con lento paso 
Bajaba á los abismos remotos del Ocaso 
Su frente en un sudario de nubes á esconder. 
Entonces el destello, ya tibio, de su lumbre, 
Iba á besar muriendo la solitaria cumbre 
Déla Montana estrella, como en adiós postrer. 

Mas yo no he conocido, señora, los umbríos 
Bosques de vuestra tierra, allí donde los ríos 
Se aduermen al salvaje susurro del manglar; 
No he visto aquellas grutas de musgo tapizadas 
Donde á la tibia sombra que dan las enramadas 
La falda de las selvas convida á descansar. 



wffiÉÉMiit^illiiiiiift' ii--'""" ■^^-«- iiiVi .|iiiiif->^'"""'-^'**i^^g'^'^''^'^ . - 



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— 130 — 

^ Allá en los florestales tranquilos y desiertos, 
No oí cómo celebran con dulcidos conciertos 
Los pájaros errantes su agreste libertad. 
No oí cómo á lo lejos en el espacio vagan, 

Y en el rumor del bosque suspiran y se apagan 
Los ruidos misteriosos de la honda soledad. 

No he vi-stü, pensativo, bajo el amate umbrío, 
Los pálidos cristales de vuestro patrio río 
Que « pasan, pasan, pasan »... y siempre pasarán. 
No he visto cómo inclinan las húmedas corolas 
Sobre el temblante espejo de las movibles olas 
Las flores que bordando sus márjenes están. 

¡ El férvido Grijalval ! E^^pléndido monarca 
Del bosque y la llanura, que cruza su comarca 
Tendiendo en el desierto su manto de zafir. 
Su manto que retrata celajes y arreboles, 

Y en cuyas ondas brilla, como un collar de soles 
Entre un olún de espuma, la lumbre del cénit. 

Allí, en la clara noche, oyendo la armonía 
Solemne de sus aguas, la virjen Poesía 
Quizá plegó sus alas, un cántico lanzó; 

Y su eco, del Grijalva flotando en los rumores, 
En la arpa melodiosa que pulsan sus cantores 
Sus notas más hermosas, dulcísima dejó. 

¡ Que pase el rey soberbio del bosque y el desierto. 
De trémulos follajes por el dosel cubierto. 
Besado por las flores que moja su cristal! 
Que pase entre los himnos grandiosos de la selva... 
Hasta que como al hombre la eternidad, envuelva 
El piélago insondable su pródigo raudal. 



:. ^ ■^..■:. j..:^.>.-^-^L,, -«■-ii'i'.iirtHliliiill ililltir '•'"'■^'"■■'■-^''"°- 



131 



* 



Señora, cuando lejos de Méjico la hermosa, 
Al lado del que os ama feliz y dulce esposa 
Las aguas del Grijalva mirando estéis correr, 
Si de lejana tierra, cabe del patrio río 
Os hablan los recuerdos... oid también el mío. 
¡ Quién sabe si ya nunca tornémonos ú ver !... 



I it^éiriidiiii'^^'''--'-' '■'íiitriiíiimiiÉigiíÉÉiÉfiif'ii¿riiMi'¿im'iri ii i ir 



LA YOZ DEL ARPA 

(Á ROSALINDA) 



Derrama en mi alma triste 
De tu arpa vibradora 
El inefable acorde, 
La música de amor. 
Hay algo allá en el fondo 
Del corazón, que llora, 

Y tiene sed de lágrimas 
Mi férvido dolor. 

¿No sabes que tu arpa 
Encierra en sus sonidos 
La voz de los recuerdos 
Que idolatrando voy? 
¿No sabes cuántos rostros 
Hermosos y queridos 
Se acercan á mirarme 
Guando escuchando estoy? 

¿ No sabes á qué abismo 
De amor y de tristeza 
Al eco de tu arpa 
Desciende el corazón ? 

Y que si bajo entonces 
Doliente mi cabeza. 

Es porque pasa en mi alma 
Su pálida visión?... 



'^'■■^'■'' _ ■_, .. ._^^«^^jc...i.. .j...,/_ ^'- .-Ar-^„-.-.í....iju:.^..j,5.lv„-a..jí3k!yfa„, 



^.^-i^s'J.'.^-.a 



— 133 — 

No sabes de quién hablo ; 
La historia no has oído 
De mi postrera dicha, 
De mi primer dolor; 
No sabes que en las ruinas 
Del alma hay escondido 
El tétrico fantasma 
De mi primer amor. 



Derrama en mi alma triste 
De tu arpa vibradora 
El inefable acorde, 
La música de amor ; 
Hay algo allá en el fondo 
Del corazón, que llora, 
Y quiere voz de lágrimas 
Para llorar mejor. 



N 



l'ASIONARIAS. 



■..^. -■■ :^u^:.:,X.^^i.^..í::i2iÁJiLííbÍ¿e¿i^. 



tí-JÍ. 



■?'""^ 



LAS DOS 

(ELVIRA Y ELISA) 



Tierna como las llores, suave como el aroma, 
Con la mirada dulce que tiene la paloma, 
De un anjel con el rostro, do un ánjel con la voz, 
llosa de Italia blanca, ensueño de poeta. 
Sombra, recuerdo vivo de la jentilJulieta, 
Elvira, así sois vos. 

Y pálida y ardiente, soberbia de belleza. 
Deslumbradora alzando la espléndida cabeza, 
Siéndolos ojos noche y la mirada sol, 
Ondina del Adriático que lleva en la garganta 
La voz apasionada del alma cuando canta... 
Elisa, así sois vos. 

Guando las dos beldades se juntan como hermanas 
Y forman las dos voces una celeste voz, 
Del arte y la belleza jentiles soberanas 
Entonces sois las dos. 




iiiiitriiiii k' I II >i i'- -^j'-'-.-^"^'^--^'--'^ — ^' -íjt'^ j jL>L<ilá!tt 



i -íjí'^ j.jLht'ilá!!! 



ORFANDAD 

(Á MARÍA) 



¡Cuánto es triste pensar en tu destino, 
Pobre niña que vas por lu camino 

Sin bicnliechora luz; 
Atrás dejando, en sus sepulcros yertos, 
Yacer el polvo de tus padres muertos 
Hajo la negra cruz I 

Tú juegas, pobre niña, tú sonríes; 
Cual linda mariposa entre alelíes 

Por la existencia vas. 
Aún no hieren tu planta los abrojos, 
Aún no saben de lágrimas tus ojos, 
Es tu alma toda paz. 

En tus ojos purísimos aún tienes 
Algo del cielo azul de donde vienes, 

Paloma de candor. 
Toda inocencia, hoy eres todavía 
Hermana de los ánjeles, María, 

La hija del Señor. 

iMas ¡ ay pobre ánjel! cuando el mundo infame 
En tu inocente corazón derrame 

Su veneno mortal ; 
Cuando bañada en lágrimas, María, 
Exclames sollozando ¡Madre mía! 
Y madre no hallarás 



1^ tmit¿É^^:^'i.:^.--ii.--L-i^.^.j.:: -..^ :.:>.u¿,,_v„-..;-,,.t^¡-|iin iHI Éiii' lirtíÉliafcMÍÉÍÉÉIiÍÍÍÍIiiBt i 



fv'^^ 



— 130 — 

¡Ay! una madre... corazón que adora 
Sin cansarse jamás. ¡Dolor que llora 

Nuestro mismo dolor; 
Almaá nuestra alma por el cielo unida, 
Entrañable pedazo de la vida, 

Único santo amor!... 

Una madre es así... y así la mía... 
Y no la tienes tú, pobre María; 

No bay únjel en tu bogar... 
¿Quién te la puede dar sobre la tierra? 
Cuanto tesoro el universo encierra 

No la puede comprar. . . 



Dios, que al pájaro errante da la espiga, 
Y cuida de la alondra, de la bormiga, 

Y de la flor de abril; 
Dios el clemente, el bondadoso, el Padre, 
Es un inmenso corazón de madre 
Y' el cielo te dará... la tiene allí. 



.iJ:_ 



r¿' uX^i-f i 



LA ULTIMA FLOR 

(Á mañuela) 



Ultima llor... para tus hojas secas 
Tiene el recuerdo su secreto llanto... 
Quizá serán las lágrimas postreras 
Del corazón que padeciera tanto, 

Lltima llor... Naciste con el día. 
Abriste al cielo la jentil corola, 
Fuiste el amor del sol y de la brisa... 
Hoy yaces triste, marchitada y sola. 

También yo tuve el cielo de unos ojos, 
Los suspiros de un alma enamorada, 
Las caricias de un ánjel... mi tesoro... 
Los besos de su boca idolatrada. 

Su mano resbalaba en mis cabellos, 
Reposaba en su seno mi cabeza, 

Y secando su llanto con mis besos, 

Se embriagaba mi amor en su belleza. 

P'scuchaba su voz, canto suave. 
Inefable murmullo desprendido 
De un coraz(3n de fuego, palpitante, 
Que me daba latido por latido. 

Y la llamaba entre mis brazos mía, 

Y muriendo de amor, la acariciaba, 



8. 



iMÍtriVi»íi%tifc'l m V»l1Érfi I I 'II i' i ■■'■■■--—•■■ •■^- "•■=■'■' ^''■•':^'^ 



V 



— 138 — 



f: Y muriendo de amor, dábame vida 

í^ El beso que mis labios abrasaba . 



La dicha de la vida es una rosa 
Que se seca también y se marchita; 
Deshojóse la flor... quedó el aroma... 
Dulce memoria de mi amor bendita. 



MJÍi'n i---^"-''»^'' ■-* — "" -*-- "" -^--.^ - ■ ■i-.i. .-..cl-j.-r »u ki'^.f-\'t.¡. 



:. .'.L..Y .,/»»■ J, 



LAS GRACIAS 

(ÁLBUM DE LAS SEÑORITAS B. 



Las Gracias, ¿ dónde están ? Las busco en vano. 
Esas Gracias de Teócrilo y Virjilio 
Que amenizaban el festín pagano 

Y sah'an á danzar en el idilio, 

¿ En dónde encontraré? ¿, Por qué no acude, 
Alguno de los dioses en mi auxilio? 

Esto dije en un tiempo; mas no pude 
Por entonces hallar el grupo hermoso 
Á quien la griega tradición alude. 
Era el caso en verdad dificultoso, 

Y ya desesperaba, cuando quiso 
Mi destino voluble y caprichoso 
Arrojarme al umbral de un Paraíso. 



¡ Jalapa la jentil ! Vaso de llores 
(]uyo aroma en el céfiro indeciso 
Es un filtro dulcísimo de amores 
Que embriaga el corazón, que le enardece, 
Y arrancándole penas y dolores 
La ardiente copa del placer le ofrece. 

Jalapa la jentil, grato recinto 
Donde la ríente Flora se adormece 
En su lecho de rosas y jacinto. 
Mientras le dan su incienso los aromas 



ilÉlVí-" ■ lállirihlMtf'lliV I I "-■ ■ " ..— ¿tl.a.:.i.i^.A»MÍi&ifiilMlldlÍfatta.T. >,,;>ifc,^.^aM¡¿ 



— IW — 

Y en medio del hojoso laberinto 
Le regalan su arrullo las palomas. 

Alcázar de las aves y las llores, 
Tierra de promisión, ¿ de dimde tomas 
El hechizo inmortal de tus primores, 
La gracia sin rival de tus mujeres, 
La férvida pasión de sus amores ? 

Escondido rincón de los placeres, 
Mansión primaveral de la Poesía, 
¿ Quién alcanza á decir lo que tú eres? 
¿ Quién alcanza á pintar la luz del día? 

Jalapa de mi amor, ¡ Cuan seductora 
Te ofreces á mi ardiente fantasía ! 

Quién de ti, si te ve, no se enamora ? 

Quién, si te ama cual yo, de ti se olvida ? 

Quién, si cual yo te deja, no te llora? 
Allí el recuerdo de mi amor se anida, 
Allí embriagó mis ojos la hermosura, 
Allí de flores se cubrió mi vida. 
Aún oye el corazón en su locura. 
Como un suspiro melodioso y blando, 
La cariñosa voz de la ternura 
Dentro de mi alma penetrar llorando. 
¡ En la negra pestaña veo las perlas 
De aquellos ojos que besé temblando^ 
Temblando de pasión, al recojerlas ! 

Allí mi inspiración ansió atrevida 
Alas y extensicm para tenderlas 
Por los gloriosos campos de la vida. 
Allí mi lira juvenil y loca 
Lanzó feliz su vibración sentida, 
Allí la vida parecióme poca 
Para amar y sentir... ¡ Allí he saciado 
De besos y de lágrimas mi boca !... 



\^'l^^t»^ aIj ^ . .j^±<mZ^ .&^w__ .• * '.-- J> y ÍA..^ j^' .-.fi..jt^...-A.-. .. '■ :k<^ 



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— 141 — 

Allí... 

— ¿ Pero las Gracias, desdichado. 
De que quisiste hablar ? — 

; Ay ! es muy cierto, 
Mas el dulce recuerdo idolatrado 
(jue guarda el corazón, hall<')le abierto, 
Y sin pensarlo se escapó impaciente 
De aquel pasado al venturoso huerto. 
¿ Quién no se acuei-da de la dicha ausente? 
¿ Quién de la fría razón sin el auxiüo 
Puede decir al corazón « detente ? d 



Las Gracias inmortales de Virjilio 
Que amenizaban el festín pagano 

Y salían á danzar en el idilio, 
Derrocado el olimpo soberano 
Se refujiaron lindas y risueñas 
En un rincón del suelo mejicano 

Y se apellidan hoy las jalai'Eñas. 



'■■'•"^ .-^— ■« V>-. .J«»...^^.-t^V-.- .~.^.:.^.,.W..<..U^.J->..-^ ^■— _ ■ ,¿k.^ 



,1 



LAS DIOSAS 

(Á LAS SEÑORITAS AGUAMONTE) 



Cuando en un día de proscripción y duelo, 
En busca ya de playas extranjeras, 
De cuba abandonasteis las praderas, 
El sol de fuego y el brillante cielo; 

Sin duda que en amargo desconsuelo 
Yiéndoos partir lloraron sus riberas, 

Y al deciros adiós en sus palmeras 
Jimio la brisa del nativo suelo. 

Porque si Cuba es concha de los mares, 
Vosotras sois sus perlas más hermosas; 
Si Cuba es un jardín entre palmares, 

Vosotras sois sus flores más preciosas ; 

Y si Amor levantara sus altares. 
De esos altares os hiciera Diosas. 



i'iii'ii -líii'iiÉJÉM'rfr' - if'-'i'i ii'l¡flÍMtt%lii'íi#' itrliifJftírfctArri'ili ,r/» 'MI i'iilil 



PiOSARIO 



Cuando hizo Dios ,i la mujer primera 
Tan bella la encoutr(j que hacerle quiso 
Un presente de amor que digno fuera 
üe su beldad, y dióle el Paraíso. 

Era digno esle don de la hermosura. 
Del sol á los primeros resplandores 
Dios despertó del bosque en la espesura 
El mundo de las aves y las flores. 

Allí tendió parala planta inquieta 
De Eva feliz vagando en la arboleda, 
El blando musgo, la jentil violeta 

Y el jacinto de pétalos de seda, 

Y derramó en las brisas empapadas 
En la nube sutil de los aromas, 

El distante rumor de las cascadas 

Y el cercano arrullar de las palomas. 

Y' puso claras fuentes do pudiera 
Eva mirar su espléndida hermosura, 

Y tender su ílotante cabellera 

Cual manto de oro sobre la onda oscura. 

Y dilató á sus ojos extasiados 

El bosque umbroso, la campiña amena ; 

Y más allá los montes escarpados, 

Y la atmósfera azul, limpia y serena. 



■A>;i.;:..w.ikja¿.^iú¿fc:-;.^KX^.-,>.^.w >...-. - ----- üiJl'ri'iifit'iT i i'ini'i 



•••,íf<^^» - - ....... -._-g8...„ i -i,,.,.^^-^ i^rryr'^^^ 



— 144 — 

Luz, riqueza, esplendor, bienes sin nombre 
Dióle el Señor á la mujer primera ; 
Después de D¡os¿ qué le quedaba al hombre 
Quedar á su divina compañera ? 

Nada... y todo. La sangre jenerosa 
Que ya en su altivo corazón ardía, 
Aquella vida mística y hermosa 
Que en los jardines del Edén nacía. 

Y su alma, la inmortal, la chispa viva 
tjue enciende Dios en la terrena escoria, 
La siempre soñadora por cautiva 

De eternos goces y de eterna gloria. 

Eva al mirar la gran Naturaleza 
Tan rica, tan fecunda y tan hermosa, 
Á Dios alzó la atónita cabeza 

Y le sonrió bellísima y dichosa. 

Pero al mirar al hombre, estremecida, 
Presintiendo de amor los dulces lazos, 
Suspiró ruborosa y conmovida 

Y al blanco seno se cruzó los brazos. 

Y dicha y vida y alma, y el portento 
Del Paraíso ante su esposa bella. 
Todo el hombre lo dio por el tormento 
De amarla mucho y de llorar con ella. 

Así nació el amor. Dios no lo quiso : 
Oyó el hombre su voz aterradora 

Y traspuso el dintel del Paraíso 
En pos déla primera pecadora. 

Así nació el amor á la hora impía 
En que Dios indignado castigaba. 



— 145 — 

En que Satán gozoso sonreín, 
Callaba el hombre y la mujer lloraba. 

Por eso amor en el Edén nacido 
En una hora fatal de encanto y duelo, 
Es siempre un ánjel al nacer herido 
Por la celosa cólera del cielo. 

Por eso cual reptil la desconfianza 
Se abriga en pechos del amor ya presos, 

Y tiembla dentro el alma la esperanza 

Y se mojan con lágrimas los besos. 



Amor nacido en el lindero triste 
Que separa el Edén del mundo yerto, 
¿ Te acuerdas de las dichas que perdiste ? 
¿ Aún respiras las llores de tu huerto ? 

¿ Te acuerdas cuál jimio bajo las palmas 
De aquel beso primer el eco tierno? 
¿Presientes la ventura de las almas 
En las caricias de su amor eterno ? 

Quién sabe, pobre Amor ; alma y materia 
Tú, como el hombre, del Edén proscrito 
Envuelto en idealismo y en miseria 
Reclamas como patria lo infinito. 

Yo sólo sé que hay goce en tus pesares 

Y que en todos lus goces hay tormento , 
Que Deidad implacable, en tus altares 
Humea del hombre el corazón sangriento. 

Sólo sé que por ti, ya inobediente 
Se puso el hombre con su Dios en guerra, 

Y que amargó, proscrito y delincuente. 
Con su primera lágrima la tierra. 

Pasionarias. 9 . 



■rtiH^i Oiílli-llÉflIi'^fi 



— 140 — 

Mas sé también que si de mí delante 
Dios pusiera otro Edén y me lo diera, 
¡ Sin ver... sin vacilar un soloinstante 
Por la mujer que adoro lo perdiera 1 



-''"•^'-■'i^iftirMii i*-J- '-^^'■^'■•- íi-iáTíiifjii'iií ti'i rin'«''ii?l f^iíi'''lt 



ASUNCIÓN 



¿ Te acuerdas de su adiós ? Hay un instante 
En la revuelta historia de la vida 
Que el alma que adoró jamás olvida, 
Yes el instante del postrer adiós. 
Las manos que se estrechan, que se aprietan 
Convulsas con presión desesperada, 
Las lágrimas que empañan la mirada, 
Los sollozos que tiemblan en la voz ; 

La palidez que los semblantes cubre, 
El íntimo dolor de los abrazos, 
Todo quiere decir que hecho pedazos 
Y agonizando el corazón está. 
Todo quiere decir que nuestra vida, 
La vida toda de nuestra alma entera 
Está en otra alma, dulce compañera 
Que siempre unida á nuestra suerte va. 

Este mundo es tan triste ; esta jornada 
De la cuna al sepulcro es tan sombría. 
Que un alma siempre sola no podría 
Soportar la fatiga del vivir. 
Así lo quiere Dios. Penas y goces 
Debemos compartir á los que amamos, 
Para dicha mayor cuando gozamos, 
Para mejor consuelo en el sufrir. 

Una alma que está sola, que no tiene 
Ni una pálida luz entre su sombra. 



•ItiMí ii-iÉM^'i¿»ia1i 'ii. lililí -«M ri-ii i>< i"f- lifiiliiÉÉÉriiÉiÉfÉ" iiiTiiiifiÜIÉMhi'r't 



N^• 



— 148 — 

Que á nadie espera, que á ninguno nombra, 
Que no tiene ¡ infeliz ! por quien llorar ; 
Que ante un recuerdo, para siempre amado, 
Temblando de emoción no se despierta, 
¿ No es verdad que es un alma que está muerta 
Pues la vida del alma es solo amar? 

Feliz quien ama, aunque el dolor impío 
Su triste sombra al corazón arroje, 

Y tempestuosa la pasión deshoje 
La pasajera flor de la ilusión. 
Feliz quien ama, sí ; felices ojos 
Los que saben llorar por el ausente ; 
Feliz el alma que sufriendo siente 

Que otra alma la acompaña en su aflicción. 

La dicha es nada más el sueño de oro 
Del infortunio en la mezquina tierra ; 
Pero cuanta es posible no la encierra 
Mas que el amor, que goza en padecer, 
Feliz, bella Asunción, quien mucho ama 

Y llena con su amor una existencia ; 
Feliz quien logra tras amarga ausencia 
La inmensa dicha de volverse á ver. 



...;jáá&L. 



J^ifiWi'riti'i''^ ■aaüiVfi '** '■* 



\kdaim.. 



,.^^. 



MARGARITA 



Allá cuando fui joven, seductora 
La Musa del amor y la belloza 
Vino hacia mí coqueta y tentadora, 
Ante mis ojos desplegó sus galas, 

Y cubriendo un inslanto mi cabeza 
Con la májica sombra de sus alas, 
De una lira tan pol)ie cual la mía 
Arrancó inspiradora 

Raudales de pasión y de armonía. 

Yo era joven, la musa era coqueta 
Gomo bella mujer, y sus favores 
Prodigíjme indiscreta. 
Entonces, por acaso, fui el poeta 
Cantor de la hermosura y los amores, 

Y en sus ardientes aras 

Quemé mi incienso y esparcí mis llores 

Mas hoy, pese ú mi estrella, 
En vano busco á la jentil doncella 
Musa jentil de mis tempranos días. 
Me deja... ya no tengo para ella 
Juventud, esperanza ni alegiías. 
Inconstante v voluble me abandona, 
De entre mis brazos, pérfida, se .^alva, 
Arranca de mis sienes su corona. 
La espanta mi aislamiento, 
Mis ojos ciegos, mi cabeza calva, 
Y encontrar á mi lat^o, torva, fría, 



■.-< 



^->.;^t^.>.^^..a, -..,..■,. ■■.^■>.-A¿¿,>A-;^4^t«iL.u^.:^:.>;.-¿jl¿. y y -jt.-i 



— 150 — 

Pálido huésped de los mustios años 
En que el otoño de la vida empieza, 
La musa funeral de la tristeza, 
Del tedio y los amargos desengaños. 

Así, pues, adorable Margarita, 
Margarita preciosa cual las perlas, 
Margarita jentil como las flores, 
Más bella y exquisita 
Que el diamante de vividos fulgores; 
¿Qué te puedo decir, mi dulce hermana, 
Que digno de ti sea, 
Que digno sea de tu beldad temprana? 
¿Qué te puedo decir, amiga mía, 
Si tengo el alma de tristezas llena 

Y está rota mi lira, y ya no suena 

« Gomo en un tiempo cuando Dios quería? » 

Nada te digo ya... calle el poeta 
Que no sabe cantar como merece 
La grata seducción de la hermosura, 

Y que en pálidos versos sólo ofrece. 
Sin color ni frescura, 

Despojos de una lira que envejece. 

Mas no envejece el corazón nacido 
Para amar y sentir constantemente, 

Y que sentir y amar siempre ha sabido 
Cariñoso y ardiente. 

Y es él, mi corazón, á quien escucho 
Guando te digo, aunque en humilde prosa. 
Pues por hacerlo en verso ya no lucho : 

¡ Margarita jentil, flor primorosa, 
Paloma del hogar, perla preciosa, 
Margarita de amor... te quiero mucho! 



'db&^r->.' ^JjúÉiíí!.. 



ISABEL 



¡Isabel, Isabel... quiero cantarte! 
Mas ¿qué puedo decir en tu alabanza 
S%eres más dulce tú que la esperanza, 
Si eres más bella tu que la ilusión? 
¿Si pensando que te hablo, me parece 
Que me miran tus ojos de querube, 
Y la palabra que á mi labio sube 
Tímida retrocede al corazón?.... 



Yo, pobre trovador de los recuerdos 
De mi alma en el dolor envejecida, 
Cantor de las tristezas de mi vida 
En pos de un sueño de imposible amor", 
Yo, que las flores de mi dicha puras 
Perderse vi del mundo en la corriente, 
¿Ofreceré para ceñir tu frente 
Las pálidas adelfas del dolor?... 

No ; yo pregunto al corazón tu nombre, 
Y tu nombre levanta en mi memoria, 
Hermosa como el sueño de la gloria, 
Tu seductora imajen, Isabel. 
Ella del corazón en la tiniebla 
Encenderá la llama inspiradora, 
Hará brotar, destello de la aurora, 
En un desierto flores de verjel. 

Yo soy un soñador, un visionario: 
Cuando en la sombra de la noche velo 



•'••l'"iliii ■Íf-'^ '■ -•—'-.— -'-■-■■■■ -'■^V.---:-¿g — '-Éri"'iAÉ<ttT>-''i"i ijííiirti 



' '■m1^iAiíS¡m]\'ikituf]m 



»* jTT^n^txy \i ' 



Miro tal voz imájones dol cielo 
Kl mundo de mi monto atravesar, 
Son del sueño las vírjones ideales, 
Pálidas, melancólicas y bollas... 
Si te pareces, Isabel, ;'i ellas, 
¿Cómo puedo tu sombra bosquejar? 

¿Qué decir de la májica sonrisa 
Oue vaga dulce entre tus labios rojos? 
¿Qué decir de. tus f>jos, si tus ojos 
Son en tu faz como en el cielo el sol? « 
¿Qué decir de tu frente soberana? 
¿(Jué decir de tu poética belleza, 
Si mirando tu espléndida cabeza 
Se piensa en los arc;injelcs de Dios? 

Si lo que puede Dios pudiera el hombre, 
Con estrellas trenzara tus cabellos, 

Y luminosa tejería con ellos 
Guirnalda de luceros á tu sien. 
Horizontes de luz y de zafiro 

A tu mirada de ánjel abriría, 

Y tu senda feliz alfombi-aría 
Con las rosas [)erdidas del Edén. 

Y poblara la sombra de tus noches 
(^on vision(!s de arcánjeles risueños, 

Y tendería para velar tus sueños 
Sus blaiujuísimas alas sobre ti; 

Y arrojara del mundo los pesares, 

Y la tierra llenara de ale^j^ría, 
Porque nunca una lágrima sombría 
Marcliitara tus labios de rul)í. 



Isabel, Isabel... (Jtiise cantarte... 
Mas ¡ rómpanse las cuerdas de mi lira! 



> -u :. ^ *¿J&átímlAt Lá^ i 1 



1.,: 



El que tus ojos una vez admira 
El alma loca sentirá después. 
Corona celestial es tu hermosura... 
¡Que la dicha sus llores le entreteja! 
Yo... nada soy... pero fjue ponga deja 
El alma entre mis versos á tus pies. 



■ .■:« •.- :^^-^,.i^.\'.^ 



ROSA 



Dulce cantora de Atoyac, levanta 
Al suave ritmo de tu lira de oro 
De tu almo verso el revolar canoro 

Y como el ave en la enramada, canta. 

Voz de pasión en femenil garganta 
Ya que tiemble feliz en un te adoro. 
Ya que se moje en escondido lloro, 
Al son de un arpa cual la tuya, encanta. 

Así como ia aurora entre las flores 
Va esparciendo sus gotas cristalinas, 
De esa tu arpa derrama los primores 

En tantos corazones que fascinas, 

Y olvida entre el aplauso y sus loores 
Que eres Rosa y te cercan las espinas. 



•r. ,tjaiÉiM>Éti^ ., L^:....- ,. ■•■ ■ . ,....:-^v:.-.^-..^^\^c-.,,^;-. ..^.;^i JLj:-:^— .:..-:i^-:.--.:'J.,,-'i. 



LUISA 



Anoche, al dejarte, 
Tu imajeii preciosa 
Flotaba en mi mente, 
Tan pura y Iiermosa 
Cual Ilota en un sueno 
Celeste visión. 
Tu frente miraba 
Tan limpia y serena, 
Tu pálida frente 
Color de azucena, 
La frente de un ánjel 
Que está en oración. 

Miraba tus ojos, 
Tus ojos de estrellas, 
Que tienen miradas 
Tan dulces y bellas, 
Cual rayo de luna 
Tendido en la mar. 
Miraba esa vaga 
Perenne sonrisa 
(jue olvida en tu boca 
De púrpura, Luisa, 
El ánjel del sueño 
Tu labio al besar. 

Miraba todo esto, 
Finjiendo mi mente 
Que el mundo es eí turbio 



. ..i^..v ..'' ■.■..■:-^-.-.-.. . .;.■., ¿y.- • ,,¿..,.^t^^jJí:^-^:..'^'„^^ílL,-lií:. 



— \m — 

Raudal del torrente,' 

Y tú, ílor sencilla 
Que al marjen crec¡<'). 

¡ (Jué nunca sus aguas 
Do amargas congojas 
De tu aliíKi de liiio 
Se lleven las hojas!... 
En ese torrente 
Mi fe se perdió. 

¡Feliz si no sabes 
Lo fiue es en la vida 
Sentir toda el alma 
De amor encendida, 
Poblada de sueños, 
Radiante de le ! 
Tener ¡jensamientos 
Que abrasan la frente, 
Sentir la esperanza 
De dicha impaciente, 
Vivir delirando, 
Soñar... no sé qué. 

Oir en el agua 
Que corre, un lamento, 
Oir un suspiro 
Que pasa en el viento, 
Diciendo fugaces 
Ln vida es amor. 

Y oyendo ese nombre 
Mirar las estrellas, 

Y ver que en el cielo 
Escribe con ellas 

La misma palabra 
La mano de Dios. 



-^"^— '^•-•^ ■■>■ 



.. ■ ^^,;_J•.^.¿.^á-^.-.w^^^-.)^t„■^:. 



— 157 — 

Pnsar do la noche 
Las horas calladas 
Finjiciido en la sombra 
Visiones amadas, 
También mnrrniirando 
La vida es amor ; 

Y cnlrc ellas la virjen, 
La virjen bendita 
One arroja en el alma 
Pasi<'»n infinita, 

Pasión qne es nn nur.ido 
De dicha y dolor. 

Amor con delirio, 
(](tn loca terneza, 

Y huérfano y solo 
Moiir de tristeza. 
Sin una esperanza 
De dicha quizá; 
Tan sólo adorando 
La santa memoria 
De nn sueño inefable 
De amor y de gloria, 
Oue un tiempo gozamos 

Y no volverá. 



¡ Feliz si no sabes!... 
Mas no; quien ignora 
Lo que es el insomnio 
Del alma que llora 
Tristezas celestes, 
Pesares de amor; 
Quien nunca recuerda 
Placeres perdidos, 
Quien triste no guarda 
Secretos queridos, 



"^■^—■^-^•tnÉkh-átiit-wiiti I ri ■'tiíii •" ■■■■-^'■Vf ii" Tiifti iTiáiiMii . A.:.j\..t¿:, 



— 158 — 

Ni vive adorando 
Su propio dolor; 

Es sólo una sombra 
Que cruza la vida, 
Estéril, errante, 
Mezquina, perdida, 
Cerebro sin mente, 
Pupila sin luz... 
¡ Amar es el alma 
Lanzar al delirio. 
Bañarse en la dicha 
Sufriendo el martirio, 
Alzarse á los cielos 
Clavado en la cruz ! 



¡ Oh pálida Luisa, 
Si encuentras acaso 
Un alma enclavada 
De amor en la cruz. 
Viajera divina 
Que cruzas de paso, 
Sé su íínjel de amores. 
Sé su ánjel de luz! 



^ :^...^A^ ^^^»-1.tJt^¿ 



^A^¡..,nA:¿..Jh.A.-:.'M 



LUZ 



¡ Luz es todo lo bello ! Luz la aurora, 
Ráfaga de oro tras la noche umbría, 

Y la antorcha del sol deslumbradora 
Sobre la tierra destellando día. 

Luz es la luna solitaria y blanca, 
Confidente del alma en sus dolores, 
Luz la brillante lágrima que arranca 
Del virjen corazón pena de amores. 

Luz el insomnio de la mente inquieta, 
Cuando la casta virjen Poesía 
Viene a besar la frente del poeta 

Y á verter en su arpa melodía. 

Luz es el alma en que el amor enciende 
Por vez primera su celeste llama ; 
De luz las alas que soberbio tiende 
Un pensamiento que la gloria inflama. 

Y luz es la existencia, fatuo fuego 
Que de la sombra de la cuna brota, 
Brilla un instante y desparece luego 
De los sepulcros en la noche ignota. 

Y luz del porvenir es la esperanza, 
Luz del alma la fe, luz de la vida 
Estos sueños de amor y venturanza 
Tras los que corre el anima perdida. 



^-'■" -■'•■''•iiÉV'iffiíii'íif^i-''^-^----^'-'"^---'''-'- -*- ' '■^-'■■^■''-■"'■' ■-• ^■^-^liÉfiTir'i'i'arín'if ' itiriii TiiÉafíitfi" '- -^''- ■ 



160 — 



Y luz es tu beldad ¡ oh Luz más bella 
Que la vaga ilusión que me enamora! 
Luz, arcánjel que pasas, Luz, estrella 
En la noche del alma que le adora. 

Yo te amo, sí, fantasma de mis sueños, 
Con el amor ideal de mis delirios, 
Yo, soñador de arcánjeles risueños 

Y vi rj enes más puras que los lirios. 

Como á ellas te amo, sí; que como ellas 
l"]res himno, perfume, melodía; 

Y si no te coronan las estrellas, 

De tus miradas se desprende el día. 

Estrella de beldad, si Luz te llamas 
Es porque llevas en tu frente aurora, 
Porque la luz (\ue con mirar derramas 
Alumbra el coraz(')n, y le enauíora. 

Mujer de bendición, inolvidable, 
Realizada creación del pensamiento, 
¡ Nunca á mi labio dejare que le hable. 
Nunca, ilusión, te deshará mi aliento ! 

Como la estrella en el azul perdida 
Que se mira, se adora y no se alcanza, 
Así, mi Luz, estrella de mi vida, 
Te idolatra de lejos mi esperanza. 



■"lili I .'¿'^■"■^■■' '•^' '^•^:-- ^- . '-..r- ...-». -Jfttia'i-k 






DOLORES 



Dolores, ])ella Dolores, 
¿ Quién este nombre le dio? 
Te soñaron los Amores 

Y de estrellas y de flores 
Dios, sonriendo, te furmó. 

Dio á tu frente la pureza 

Y el color del azahar, 

Y tu lánguida cabeza 
Coronó con la belleza : 

Ser hermosa ¿no es reinar? 

Son tus labios ambrosía, 
Tus palabras melodía, 
Tus sonrisas arrebol; 
En tu rostro luce el día, 
En tus ojos brilla el sol. 

Dolores, bella Dolores, 
¿Ouién este nombre te dio? 
Si le crearon los Amores, 
¿ Qué dolor, qué sinsabores 
Tu presencia no ahuyentó? 

Bien hayas tú, la galana, 
La bellísima entre mil, 
La más linda ílor poblana 
Que descuella soberana 
De esta tierra en el pendil. 



t.— -.ii: ,^...i..^A.:,:-^. "'•'^•iiñrMÉÉtiiliiáiíiÉiiilfiÉnitii 'n'iii'i'iiiBÜl'iir^tffl-' ■^•■-■'''■^ 



— 1G2 — 

Bien haya la soñadora, 
La de dulce inspiración, 
Cuyas notas cuando llora 
Son las perlas de la aurora 
En la flor del corazón. 

Que huyen al viento dispersos 
Los duelos del padecer, 
Oyendo cual brotan versos 
Dulces, sonoros y tersos 
Los labios de una mujer. 

Bien hayas tú, la preciosa, 
La bellísima entre mil, 
Luz de aurora, perla hermosa, 
Sueño de oro, blanca rosa, 
De la vida en el abril. 

Y pues te llamas Dolores 
Sélo en el nombre no más; 
Para ti... tan sólo flores, 
Dichas, encantos, amores... 
Pero lágrimas... jamás. 



■iX? ii' • I- I I I «fa. '•»! .kj.! . A I -iiii'r'-'- • ■-'.^.---- -'^-Vift^^' 4—1 «,«.«.'!&-■ 



JENOVEYA 



Sola y oculta en el rincón del huerto 
Exhala su perfume la violeta; 
Sola se queja en escondida grieta 
Jentil paloma en el pensil desierto. 

Sola, del cielo en el confín incierto, 
Brilla y derrama inspiración secreta 
Esa estrella querida del poeta 
Que resplandece, cuando el sol ha muerto. 

Así violeta de fragante aroma 
Que perfuma los místicos altares, 
Solitaria y dulcísima paloma 

Ajena de este mundo á los azares 
Y blanca estrella que apacible asoma, 
Eres tú; Jenoveva, en tus hogares. 



i -..^ J.-.' ■^>'-'.v.fc Áíj ■• . 



iiitliiWT'íirv ■ •* 'íii-riiiifeÉfiriirii'- 



CATALINA 



— « l\'itiia, fiímilia, Iiogar... ¿qué os habéis 
(Jiiedó la patria tras los anchos mares, [hecho? 
Destruyó el infortunio mis hogares 
Cual pobre nido el huracán deshecho; 

¡ Mi familia, mi amor!... Aquí en mi pecho 
Con\erlí sus sepulcros en altares, 
Y he llorado... he llorado mis pesares 
Huérfana ¡ ay I bajo extranjero techo. » — 

Así te vi exhalar en hondo duelo 
Quejas que al Dios del desterrado claman, 
Hija preciosa del cubano cielo. 

Llanto tus ojos con razón derraman; 
Mas tu patria, tu hogar en este suelo, 
Está en el corazón de los que le aman . 



r.gg. :^ ■ i^.ato-^- ^ .* . ■ ^.i.-. ¿¿a. '^ ^ •> íijíí.:^-,j¿. ... - n !'■"■■'• r- ¡"Hinn r .^L . v^^i ^■.■. 



Líáil¿ú-..jm 



FÚNEBRES 



LA. DESPOSADA DE LA MUERTE 

CORONA FÚNEBRE 
De la Señoi'u Ana María de la Serna y L'umpbcll de Thomas 



Coronaban su frente todavía 
Los castos azahares, 
El velo de la esposa la cubría 
Y la nupcial antorcha despedía 
Su misteriosa luz en los altares. 

Amor, engalanado, jubiloso. 
Sus alas recojiendo, 
Aún estaba con aire victorioso 
En los labios el dedo, y malicioso 
Ante la puerta del hogar sonriendo ; 

Y aún ebrio con la dicha de su suerte 
En tan felices lazos 
El esposo dormía, cuando la muerte 
Llamó impaciente, penetró, y ya inerte, 
La arrancó sin piedad de entre sus brazos. 

Trocóse el beso sobre el labio muerto 
En lúgubre quejido; 
El Ánjel del amor, pálido y yerto, 



-~-' ' ■^'^'iiirt<iit''iiáií-ífliiiVi'i.i-ii''.^i" i'ii'/á; /■--■-'-■ :..'ci.'---:.:i-^--^-^.:' itJti¿iu-ü'J¡U^' f . . . . , 



— IGG — 

Las alas ajitó con vuelo incierto 

Y entre sus labios sofocó un jemido. 

El soplo helado del espectro rudo 
Apagó temerario 
La lámpara nupcial... está ya mudo 

Y desierto el hogar; en el desnudo 
Tálamo, nada más queda un sudario. 

¡ Ah 1 ¡ todo en vano fué, todo ! ; Ventura, 
Juventud y riqueza, 
Virtud, amor, talento y hermosura. 
Todo de un soplo se perdió en la oscura 
Noche, en que la honda eternidad empieza! 



¡ Pero no la lloréis 1... No, sin ruido 
¿Habéis su vaga sombra 
Á vuestro lado alguna vez sentido? 
¿No llega sin rumor ú vuestro oído 
Una voz como de ánjeles que os nombra? 

Es Ella; está invisible, mas no ausente. 
Deja un instante el cielo 
Por venirte á traer, madre doliente, 
Con invisibles besos en tu frente 
La inefable caricia del consuelo. 

¡ No la lloréis! Celeste mariposa, 
La noche del desierto 
Atravesó fugaz y luminosa; 
Ahora vaga feliz de rosa en rosa 
Por los jardines del divino huerto. 

No la lloréis... ¡ feliz! Bodas mejores 
Para esas almas bellas 
Hace el Dios de los místicos amores. 
Son en el mundo efímeras las flores 
Y eternas en el cielo las estrellas. 



iifUaáÉMíiií iii'itiihli'iiiii" fi 'ii ri"iii' m 



. illf a ir ir ig- iii ilii 'riii>l'1> I 



' -fiililíiliíl iiiM 



EN LA TUMBA DE LA SEÑORITA CARMEN Z. 



Venid, y llores derramad y llanto 
Sobre esta tumba. La que aquí reposa, 
En el jardín del mundo fué una rosa, 

Y así como las rosas, se agostó. 
El ánjel tenebroso de la muerte 
Tendió sobre ella su terrible vuelo, 

Y se durmió soñando con el cielo, 

Y en el cielo con Dios se despertó. 



>ii- Yii'tiina'r^"'-^-'--— •"•■^' ■■-^'•-^■'- -■■•— -:--— -'-^'■^"-'>j»i¿aM*i^™fe'^ --^ 



MANUEL OGARANZA 



Cuando ante el lienzo, virjen todavía, 
Inmóvil el artista se quedaba, 
La frente erguida, la mirada ardiente 

Y en la mano el pincel, bella, ríente 
Hasta él la diosa inspiración bajaba, 
Dejaba un beso rápido en su frente, 

Y tomando la mano en que temblaba 
El pincel, ya mojado en la paleta, 
Arrojaba en el lienzo del artista 

Las creaciones del alma del poeta. 

Así con la osadía 
Del espíritu en que arde y centellea 
La llama esplendorosa de la idea, 
La inspiración magnífica del arte, 
Robó ücaranza su fulgor al día, 
Su sombra al bosque, su zafir al cielo, 

Y su honda palidez y desconsuelo 
Al rostro de la virjen conmovida 

Que ve, con llanto que del alma brota, 
La imajen j ay! de su Ilusión perdida 
En la azucena que se inclina rota. 

Quedan allí los acabados cuadros 
De su fácil pincel. Naturaleza, 
Gomo una virjen que el amor conquista 

Y se deja robar por el amante 
Beso tras beso en lánguida pereza, 



--■^ ■»■■■..■■■ », ^l■■^. .^^_^..,-^..^,--..fai..^-. .y.-^ ..^.^.¡iíi^^'.Uc^^.tüs ,.x.¿í^ 



— 169 — 

Se dejaba robar el artista 

Sus secretos de luz v de belleza. 



Un solo cuadro, artista, no acabaste. 
El cuadro de tu vida transitoria. 
¡Qué triste y qué incompleto le dejaste I 
Al través de la gasa mortuoria 
Que le cubre, se mira inmaculada 
Brillar como la luz de una alborada 
La hermosa luz de tu temprana gloria. 
Á su tenue fulgor, símbolo triste 
Del abandono cruel y del tormento 
Que en el mundo acompañan al talento, 
Se ve una cruz ; sencilla y aún reciente. 
La corona caída de tu frente 
Enlaza de esa cruz los negros brazos, 
Y al pié de aquella cruz tan triste y sola. 
Tu májico pincel hecho pedazos... 

Lo demás es la sombra, la terrible 
Sombra que viene del sepulcro abierto, 
La sombra pavorosa 
En donde duermes ya, pálido muerto, 
Sin aplauso, sin pompa, sin testigos; 
La sombra de esa noche sin mañana 
Donde llegar no pueden 
Los pobres ruidos de la gloria humana; 
Mas donde acaso llegue 
El sollozante adiós de tus amiiros... 



PASIONAr.lAS- ^" 



■ . '-?>iiL'- - - ■ ^" • ->■! >■'.. v^ .-^::fe .. :j.vi-i¿.-".»^-- ' -^ » ^«.i. ■.j.iji,.:a«.,.Li^j^. 



TERCERA PARTE 



TRADUCCIONES. IMITACIONES 

i" 

COMPOSICIONES VARIAS 



APARICIÓN 

(VÍCTOR IIUGO} 

He visto un ánjel blanco. Sobre mi sien tendía 
Sus alas deslumbrantes : su frente en la sombría 
Tiniebla de la noche miré desparecer. 

— «¿ Qué es lo que buscas, ánjel, en lanocturna calma? 
Le dije ; y respondióme : 

— « Yovengoportualma. » — 
Entonces tuve miedo, porque era una mujer. 

— ¡ Oh ! déjame mi alma ! — gritéle suplicante. 
¿ Adonde te la llevas, incógnito habitante 
De yo no sé qué mundo?... 

Y nada respondió. 

— ¿Te llevarás mi alma al emprender el vuelo ; 



■It- I,/.- ■! ... . , >.>i.¿ V ■- '.,-k A A.-:. ..vtL.;^m:i- ¿iw.'-- . .U^t'-^-.^TL'- :Jiit*dtiLí¿ii<.i^: 



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— 172 — 

Y qué á mi pobre vida le quedará en el suelo? 
El ánjel se callaba... El cielo se enlutó. 

— Viajero de los cielos, yo quiero conocerte. 
¿ Acaso eres la vida ?... ¿ Acaso eres la muerte ? 
El ánjel se hizo negro, y dijo : 

— « Soy Amor, » 
Pero su faz de sombra más bella era que el día ; 
Brillaban sus pupilas entre la niebla iría, 

Y vi tras de sus alas los astros del Señor. 



üáiiúiL^^iHiak^MiÉlifiyteiÉJ 



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iati.! i-iVii ~*-^- -' --'-'■•'■'^■¡'^■^■^'■f'iiWril'ii'ititÉiil 



■'*aK;;rví^^^"i"y 



YO AMO 

(ALFREDO DE MUSSET) 



/ Yo dmo! Es la palabra melodiosa 
Que al viento arroja la Creación entera, 
Á las aves del bosque, 
Al arroyo que cruza la pradera. 

/ Yo amo ! Será el postrero 
Triste suspiro que la tierra lance, 
Cuando cayendo en la perpetua noche 
El hondo arcano de su fin alcance. 

/ Yo amo! También vosotras, 
Blancas estrellas que la noche viste. 
También cantáis en la sagrada esfera 
Esta palabra encantadora y triste. 
La más pequeña de vosotras quiso 
De la creación en el supremo instante, 
Buscar en los espacios sin medida 
Al sol hermoso, su inmortal amante; 

Y la amorosa estrella 
Á los espacios se lanzó profundos ; 
Pero también enamorada de ella 
Otra fué en pos... 

Y desde aquel momento 
En marcha están los mundos 
Alredor del inmenso firmamento. 



10. 



Aliti¿Íiaiitoa<et^.<i^.:y.^„:¿..^^.i.^a.4¿.;¿Á¿:iii.f,a^G.. :¿.i...^ik 



^f!T\^^'i 



¡DESPIERTA!. 

(VÍCTOR nuGo) 



Ya brilla la aurora y aún no abres tu puerta. 
Al beso del aura la flor está abierta 
¿. Y aún duermes y sueñas, anjélica flor? 
Yo te amo y te canto, señora, despierta... 
Despierta, mi vida, que es hora de amor. 

Despierta señora, 
Y escucha al cantor. 
Que canta y que llora 
Su trova de amor. 

Están á tu puerta llamando, alma mía, 
Dulcísimas voces de blando rumor; 
La aurora te dice : Abrid, soy el día. 
El pájaro canta : Ye soy armonía. 
Y mi alma suspira : Yo soy el amor. 

¡ Despierta ! ... Es la hora 
Del ave y la flor. 
Del alma que llora 
Sedienta de amor. 

¡ Arcánjel, te adoro I ¡ Mujer, yo te amo ! 
Mitades de un alma nacimos los dos ; 
Por eso á tu vida mi vida reclamo, 
Por eso te canto, por eso te llamo, 
Por eso nos junta la mano de Dios. 



'-'^.'... '- -'"4g<^-' III ••i-'il - m--''-^-''-'--'^*-'*.. S ••<' ^■' '''•'- ■-"-'""'-"'^'•■^"^'''■■•■'' •-' 



i'iiTÍiií-'iTi'ilÍ)iJÍ 



— 17o — 

Despierta, señora 
Ya cesa el cantor, 
Ya pasa la aurora... 
Mas queda el amor. 



Lt^'K.JÍi^<iit:i 



^.-> • _lí^ jVi'LtA.ii-J-íL^-JílJC 



'' -'• y-'^JiíÉiiiiáihíi 



TO JENNY 

. (lord byron). 



Hay una virjen de alma cariñosa, 
Tan tiernamente al corazón unida, 
Que separar su vida de mi vida 
Fuera lo mismo que romper las dos. 

Hay un semblante pálido y hermoso 
Que siempre miro, porque está en mi alma, 
Y que en la sombra de la noche en calma 
Vela con mi ánjel cuando duermo yo. 

Hay unos negros ojos, adormidos 
Á la sombra ideal de la pestaña. 
Cuya mirada celestial empaña, 
La tristeza dulcísima de amar. 

Ojos que buscan en los ojos míos 
El idioma del alma silencioso, 
Ojos dichosos si me ven dichoso, 
Ojos que lloran si me ven llorar. 

Hay la flor de una boca purpurina 
Que tan sólo mis labios han opreso... 
Allí temblaba el inefable beso 
Del alma casta en su primer amor. 

Hay una voz más grata á mis oídos 
Que el eco de una música del cielo, 



ll i ÍMIfilflIll . ^ "■ II ir-«"iltiiii'iÉiilÉlflrf*fÍf'ii' HiWü' 



-ii;;L.-vú'.3 



.V 



— 177 — 

Voz de vaga ilusión, voz de consuelo 
Para el alma cansada de dolor. 

Hay un cabello derramado en rizos 
Que entreteje mi mano cariñosa, 
Una cabeza lánguida y hermosa 
Que dulcemente desmayando va. 

Hay un seno de amor, tibio y tranquilo, 
Donde reclino pálida mi frente 
Cuando la copa del dolor, ardiente. 
El alma mártir apurando está. 

Hay un amor tan grato como el sueño 
Que tuviera un arcánjel en la gloria, 
Un amor para el mundo sin historia. 
Un amor que no sé cómo llamar. 

Dos vidas que antes de encontrarse fueron 
Mitades de una alma desprendidas, 
Hoy, al hallarse, para siempre unidas, 
¿Quién las puede de nuevo separar? 

Dos corazones hay que á un tiempo mismo 
Palpitan de placer ó se entristecen, 
Y cuanto más en adorarse crecen 
Mas ávidos se sienten de pasión. 

Dos almas de ventura tan suprema, 
Que cruel, al separarlas, la fortuna... 
¿ Al separarlas ?. . . ¡ No ! . . . sólo son una 
Que eterna vive de su eterno amor. 



l1Éiyfliái¡iÍÍiiiTÉÍr#>ífií'^''-'^¿^'J^-''' -"^-^^■-^■■^'^'¿"«^- , ' . ; J 



ANOCHE 

(VÍCTOR IIUGO) 



Ayer, el blando soplo del aura déla noche 
De las agrestes flores que tarde abren su broche 
Llevaba hasta nosotros el embriagante olor. 
La noche iba cayendo, los ruidos se adormían, 
Las alas de la sombra tranquilas envolvían 
En su palacio de hojas al pájaro cantor. 

El aire estaba tibio ; su ráfaga lijera, 
En ola de perfumes traía de la pradera 
Cual de invisibles bocas besándose el ruuiur. 

Y leves susurrábanlas hojas de las palmas; 
Nupcial era la sombra... Allí de nuestras almas 
Abriós3 á las estrellas la misteriosa flor. 

Yo estaba junto á ella, su mano entre mis manos, 
Perdidos en la noche sus ojos soberanos, 
En mi hombro reclinada la pensativa sien. 
La hablaba en voz muy baja ; porque era la hora santa 
En que algo que va al cielo del alma se levanta, 

Y la mirada al cielo levántase también. 

La noche suspiraba; besábanse las palmas; 
El estrellado cielo estaba en nuestras almas, 
Flotaba en los espacios el alma del Amor... 

Y al asomar el blanco crepúsculo del día, 
Me dije recordando la imajen de María : 
He visto entre la sombra el ánjel del Señor. 



•■¿^BíÉÍLÍ^'./^^- .,^1r. ., g, ffJjtr'ftiiÉÁ'AíitiliL-itfr •|n(V/iiVii|-,iirB^^ .^H 



EL ARPA 

(LORD BYRON) 



Triste el ánima está. Busca en el arpa, 
En el arpa de Heber, esos jemidos 
De la vibrante cuerda, tan queridos 
Á mi ya fatigado corazón. 
Si ha quedado siquier una esperanza 
En el fondo de mi alma sin ventura, 
Despertará consoladora y pura 
Al eco de la triste vibración. 

Si'ha quedado una lágrima postrera 
En mis áridos ojos escondida, 
Ruede por la mejilla enflaquecida 
Y ya mi corazón no abrasará. 
Pero quiero una música muy triste... 
Triste como el rumor de ese jemido 
Que exhala, con su llanto, en el olvido 
Un corazón sin esperanza ya. 

Triste como el sollozo con que damos 
Á la ilusión de amar la despedida, 
Triste como la lágrima vertida 
Por el recuerdo del amor primer. 
Está llena de lágrimas el alma, 
Necesita llorar... ¡ .\h I si no llora. 
Esta angustia cruel que la devora 
Acabará con mi candado ser. 



^^■-'■'-'^--*-'/#irtfiiMf 1 1 ■'■-■'■ "*•■'-" t TT» xmriirüiH'MffiiÉái 



I 

— 180 — 

Tanto ha ya que alimento mis pesares 
Aquí en la soledad del alma mía ; 
Tanto ha ya que padezco en la sombría 
Noche de mi existencia funeral ; 
Que ya es tiempo que cesen mis dolores... 
Á sufrir más mi corazón no alcanza I 
O que brote en el alma una esperanza 
Al influjo de tu arpa celestial. 



■*"-'^'*-''''i-ii{iiiiÍ'VifUi<fáftii>'i'iirÉiiiMl" ■ii-'inii^^. JA-,.,- j-i.->;'..j.>:.fV.-.^l-u.. .-...-■. ':'';>¿- 






MAS 

CCANTO SLAVO ! 



Mirando los tumbos de la ola bravia 

La niña decía : 
— « ¿ Hay algo mus vasto que el vasto Océano ? 
¿. Hay algo querido aún más que un hermano ? 

¿ Hay algo más dulce 

(Juizá que la miel ? » — 

Y un pez le responde, saliendo á la orilla : 

— c( ¡ Oh nina sencilla ! 
El cielo es más vasto que el vaslo Océano ; 
Se quiere al amante aún más (\\:c al liciinano, 

Y un beso es más dulce 

One loda la miel. » — 



Pasio.nahias. ÍÍ 



•jiintlhá'il «j ■^'-«^■'A*-<~'-^ - .¿«-^irlll^Ji Jf ■ ill ¿J-----. W:.- ¿'X; . 



íiir'ii'iiTiialÉMMfl 



í 1 



¡SIEMPRE AMAll!... 

(ali'keuo di. musset) . 



... ¿ (Jué me importa la muerte '!... <". que la vida ?. 

¡ (Juiero aiuar y de amor palidecer ! 

Tan solo por un beso, yo daría 

La idea que siento en mi cerebro arder. 

¡ Quiero por mi mejilla enflaquecida 
De la pasión las lág'rimas sentir ! 
¡ Quiero gozar la ine.xplicable dicha 
De, por amar con frenesí, sufrir ! 

Quiero contar que herido de un engaño 
Juró no amar mi corazón jamás... 
Y ahora es el juramento que hago 
No vivir un instante sin amar. 

Corazón desbordado de amargura, 
¡ Despójate de orgullo y de desdén ! 
Jtasga ya la mortaja que te enluta, 
Vuelve ú la vida y al amor también. 

Después de haber sufrido — es el destino — 
¡ Ay! es preciso sin cesar sufrir; 
Después de haber amado ¡ ay ! es preciso 
¡ Amar... y siempre amar... hasta morir ! 



^■■.:.i..^, ..^.^ . :.^ ^.i.jt . :.^,:^A-i\..:.^Já:i^.-^-^.J^-^.... 




EL SILFO 

'vícTfiíi III i;t' 



Estaba la noche muv necia, niuv fría 
y ya moribunda la liu del hogar 
Tras góticos vidrios apenas lucía. 
Adentro una niña... ¿ velaba .' /. dormía?.. 
.\lguno por fuera llamaba al cri-tal. 

— « Soy en la límpida esfera 
El hijo vago y risueño 
Del sol y la primavera, 
Un silfo... menos que un sueño. 
Soy el espíritu errante 
Que desprende del rocío 
La mañana al despertar, 
Soy del éter habitante. 
Y en la noche, por el frío. 
Soy el huésped del hogar. 

Esta tardo, entre las llores, 
Una pareja dichosa 
Estaba hablando de amores 
En voz baja y cariñosa. 
Yo de muy cerca la oía : 
Cuando de pronto en un beso 
Que su palabra cortó, 
Gojieron una ala mía.. 
Y' aún estaba yo allí preso 
Guando la noche llegó. 



"-"'''-•''--' III «i iHát'lllÉ'iíil'lBl fV-':^--'-~--^--|-|| "liifirialr^-''-^'^-^^''"^-^""'-' iJÉ'árni'i ir 



■s; rv-r^i»-". 



— 185 — 

Es ¡ ay ! demasiado larde 
Para que yo entre á mi broche. 
Estoy solo... soy cobarde... 
¡ Ábreme por esta noche ! 
Deja que duürma en tu lecho, 

Y cuando vierta la aurora 
Su luz primera, me iré, 
Tendré lugar muy estrecho, 

Y te prometo, señora, 
Que muy poco ruido haré. 

Mis hermanos han hallado 
Un albergue en el rocío ; 
Solo y futirá me he quedado... 
Tengo miedo... y tengo frío. 
¿Adonde encontrar mi broche? 
No hay una luz en el cielo, 
En los campos una ílor. .. 
¡ Ábreme por esta noche ! 
No tengas ningún recelo... 
¡ Si yo soy... todo candor ! 

¡ Ábreme I Sus densos flancos 
Pavorosa la liniebla 
•De horribles espectros blancos 

Y negros fantasmas puebla. 
Entre el follaje sombrío 
Como lívidas miradas 

Los fuegos fatuos se ven ; 

Y sobre el agua del río 
Claridades azuladas 
Lívidas flotan también. 

¡ Ábreme, señora mía ! 
Porque en los campos desiertos, 
Tras la colina sombría 
Están bailando los muertos. 



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üi&í&ál ^it^jt^^^ c ^■■■K-l^lfAiaitSitábíí 



— 485 — 

A sus almas desveladas 

Da la noche pavorosa 

Un sudario de vapor. 

Si esas fantasmas heladas 

Por divertirse, á su fosa 

Me arrebataran... , qué horror! 

Si desoyes mi jemido, 
;, Buscaré los musgos viles 

Y disputaré su nido 
Miserable ú los reptiles? 

¡ Ábreme por un momento! 
Son cariñosos mis ojos 

Y mi palabra de miel. 
Sé remedar el acento 

Que oye, con dulces sonrojos 
La niña, de su doncel. 

Además... ¡ soy tan hermoso! 
• Si vieras temblar lucientes 
Mis alas al sol radioso 
Blancas, puras, trasparentes!... 
Tengo los bellos colores 
Dellirio que me escondía 
Del tenebroso capuz, 

Y se disputan las flores 

-Mi aliento, todo ambrosía, 

Y mi cuerpo, todo luz. 

La lijera mariposa 
Es pesada junto á mí, 

Y sin perfume la rosa 
Ni belleza el colibrí, 
Guando de gala vestido 
Con reflejos de topacios 

Y zafiro brillador, 

Voy en la luz escondido 



K a^ .-■-...■ :'-.■■ ■>■--> ■.-->.¿t>f|,.j,.,,| T,r ■''■I ^f¿f,',i|¡*t^ All -jMilitÜmillíAMT'^Y lili 



J 



— ISG — 

Visitando mis palacios 
Como rey, de llor en ílor. 



Mas ¡ ay ! ¡ en vano te imploro !. 
Aquí nada tengo mío, 
Ni mis corolas de oro, 
i\i mis copas de rocío. 
Yo te las diera, señora, 
Porque abrieras tu ventana 
Un instante para mí ; 

Y no que vendr.'i la aurora 

Y triste verá mañana 
Oue ante tu puerta morí. 

En cambio del hospedaje 
(Jue en esta noche me dieres, 
De una hada ¿ quieres el traje ? 
;. El velo de un ánjel quieres? 
Haré de tu noche, día; 

Y sin que corte el desvelo 
Tu deleite embriagador, 
Pasará tu fantasía 

De los ensueños del cielo 
.\ los ensueños de amor. 

Pero en vano está mi aliento 
Empañando tu vidriera. 
;. Crees que pérfido mi acento 
l^a voz do un amante fuera ? 
Xo soy más que Silfo errante 
\ quien lejos de su broche 
Un ósculo aprisionó, 
Pero no soy un amante... 
¡ Ábreme por esta noche ! 
Porque soy el Silfo yo. " — 



L#V^Ií]¿jidR.'MiÉii: 



J ^ J 



— 187 — 



El Silfo lloiaha. De pronto, sonora, 
Cual dulce reclamo del alma que llora, 
Se alzó una voz triste, que luego calló. 

Qué voz era aquella? 

La niña, sin miedo, 
Abrió la ventana muy quedo, muy quedo... 
Mas nadie ha sabido si al Silfo la abrió. 



>c:^-,.^v.J.w.c:^^s. .. v^,-, ^,iL¿. •■ ..L.-J.:..^.-j^-i^-'ll.l-.-' 



COLON 

(sCUILLEIi) 



¡ Marcha, marcha, Golóa ! Y si ese mundo 
Que p'ulcs al mistorio del Océano 
No ha sido criado aún, de entre las olas 
En premio de tu audacia 
Le hará surjir la omnipotente mano. 
Porque existe en la gran naturaleza 
El eterno Criador, que de su arcano 
Levantando portentos de belleza, 
Sabe cumplir en toda su grandeza 
Las promesas deljenio soberano. 



•^^-^--- 



u^^^üL. 



^íi^-:ú ' -¿W*-»-'.' . 



MIRANDO AL CIELO 

(VÍCTOR UUGO) 



El Último destello da la tarde 
Moría en Ocaso, Pálidas y bellas 
Unas tras otras salpicando iban 
El manto de la noche las estrellas. 
Dulcemente en mi pecho reclinada, 
Tan pálida y hermosa como ellas, 
Mi lánguida María, 
En voz muy baja, cariñosa y triste. 
Sonriendo me decía : . • 

— <( ¿ Qué buscan tus miradas en el cielo ? 
¿No estoy aquí ? ;. no te amo ? 
Por mirar las estrellas no me miras, 
Ni escuchas que te llamo. 
j Oh ! vuelve ú mí tus ojos ; 
Deja á los cielos en su eterna calma; 
No los mires ya más... ¡ Mira mi alma! » 

« En esa oscuridad en donde apenas 
El tímido lucero se divisa, 
¿ Qué encontrarás que valga nuestro beso ? 
¿ Qué encontrarás que valga mi sonrisa ? 
Qué miras en los astros?... 
¿ Las miradas de amor son menos bellas ? 
Alza el velo de mi alma 
¡ Cuan llena está de estrellas ! » 

11. 



I rüiijiii inMi'rin'ili'nl'-'-'"^ -■-'-"'-' ,»- ■■'-''--'■/^^.-^^-^f^-*^ 



— 100 — 

« ¡ Cuántos soles I Escucha : cuando amamos 
Llevamos en el alma un firmamento. 
El sol divino del amor, alumbra 
Con inefable luz el pensamiento. 

Y cuando la dulcísima tristeza 
Hija callada del amor la cubre, 

En medio de esa noche, la esperanza 

Y los recuerdos adorados, brillan 
Como esos astros que tu vista alcanza. 
La abnegación, el sacrilicio, el llanto, 
Más bellos son que Venus cuando asoma 
De la montaña sobre el pico agreste. 
Croe mi palabra... el firmamento es nada; 
El cielo de mi alma es más celeste. ■' 

« Bello es mirar los astros que tachonan 
De las sombras magníficas el manto ; 
Bella es el alba y la Creación es bella ; 
Mas nada tiene el inefable encanto 
De amarse con pasión. El mejor fuegOj 
La llama más espléndida y sagrada 
Es aquella que cambian en silencio 
Dos almas, en la luz de una mirada. » 

<( Vale más un amor correspondido 
En un rincón humilde de la tierra, 
Que todos esos ignorados soles 
En que el Eterno su secreto encierra. 
Dios, el padre del hombre, 
Que al hombre siempre lo mejor ha dado, 
Puso lejos de él el vasto cielo... 
La mujer, á su lado. 
Ama y vive, nos dice donde quiera 
Su acento soberano ; 
Ama y vive, mortal : es tu t/estino ; 
Lo demás, es mi aixano. » 






— lí)l — 

(( ¡ Amemos ! lie aquí lodo. Dios lo quiere. 
Deja esos rayos pálidos que doran 
La rejiún de la sombra... Más hermosos 
Los verás en los ojos que te adoran. 
Amar es comprender toda la vida 

Y presentirlo eterno. 

El verdadero amor siempre ha juntado 
Alma más grande á corazón más tierno. » 

« Ven ¡oh mi amor! ¿No escuchas 
Una música vaga que suspira 
Á nuestro derredor? Naturaleza 
Se cambia en una lira 

Y nuestro amor celebra... ¡Oh dueño mío, 
Vaguemos entre el musgo y el rocío ! 

Ya no me des enojos, 

No más mires al ciclo... 

Estoy celosa de él... ¡mira mis ojos I » — 

Con voz muy baja, cariñosa y triste, 
Así hablaba mi pálida María. 
Brillaba el astro, suspiraba el viento, 
La flor su copa de perfume abría 

Y blanqueaba la luna el firmamento. 

Tranquila soledad de mi retiro. 
Astros, noche de amor, tímidas llores, 
¿Adonde se perdió tanto suspiro? 
¿Qué se hicieron, decidme, mis amores? 

¡ (jué triste es el destino! Aquel instante, 
Eternamente al corazón querido, 
Pasó como los otros... ¡ Y quién sabe 
Si para Ella perdióse en el olvido!... 



.... .i .,.s.^!^.í^ju^.,,^^^í.^^L^,^;;:í,^á:,SAi¿ti:^ ^J^:. '^""'-'•■^'^-. f im,.- ■ ■ n . 



.^^. 



FRÍO 

(canto noiiEMio) 



La tarde era triste, 
La nievo caía, 
Su blanco sudario 
Los campos cubría ; 
Ni un ave volaba, 
Ni oíase rumor. 

Apena nn la nieve 
Dejando su huella, 
Pasaba muy triste, 
Muy pálida y bella, 
La niña que ha sido 
Del valle la flor. 

Llevaba en el cinto 
Su pobre calzado ; 
Su hermano pequeño 
(Jue marcha á su lado 
Le dice : — « ¿No sienten 
La nieve tus pies? » 

« Mis pies nada sienten » 
Responde con calma — 
« El frío que yo siento 
Le llevo en el alma; 
Y el frío de la nieve 
Más duro no es. » 



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— 103 — 

Y dice el pequeño 
Qiio helado tirita : 
— « Más frío que el de nieve! 
¿Cuál es, hcrmanita? 
¡No hay otro que pueda 
Decirse mayor I... » 

— a Aquel que de muerte 
Las almas taladre; 
A(|uel que en el alma 
Me puso mi madre, 
El día que á mi esposo 
Me unió sin amor. » — ■ 



.,a.... — ■^ti-¡ni^,i|ii Yi'iiiil(iilii¿irii^iiiii (iigiriiTri»iitili¿fiittáÍÜÉBÍ»táiifcB(ftÉiaiMáte 



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■^f^ 



Gl.ICERE 

(llUlíAClO) 



Ilc'iiia (le Pafos y de Gnido, Ycniís, 
Deja de Chipre el encanlado sillo, 

Y ven aquí, donde Glicere llene 
De placer y de amor niájico asilo. 

Y que las gracias de cintura suelta, 

Y que las ninfas de semblante lindo, 

Y el que alegra los años juveniles 
Grato y feliz amor, vengan contigo. 

De Júpiter el hijo y de Semele, 

Y los deseos er('ilicos aún vivos, 
Quieren que entregue el corazón cansado 
Á los amores que juzgué perdidos. 

Y me abraso por ti, rubia Glicere, 

Y me enamora tu semblante altivo, 

Y de tu tez la nieve inmaculada 
Como el mármol de Paros terso y lino. 

Y me enamora tu habla melodiosa, 
Tu continuo reir piovocativo, 

Y de tus ojos húmedos el fuego, 

Y tu destién también y tu capricho. 

Venus me sigue por doquier, me sigue; 
Conmigo va, detiénese conmigo, 
Kn contacto de fuego á mí se acerca, 
Domina mi razón y mi albedrío. 

Y ya no más contra el feroz excita, 



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>.. A-MtLt^ 



^ 



— lí)o — 

Ni contra el parlo, huyendo tan temido, 
Mi lira tiene cuerdas. . . Ya no sabe 
Sino de amoríos deleitosos himnos. 
Apresúrate y ven, rubia Glicero. 
Apresúrale y ven al lado mío, 
Trayendo de marfil la dulce lira 
Grata como el aliento del coliro; 

Y ;i modo de las hijas de Laconia 
El sedoso cabello recojido. 

¡Ven, Glicere gentil! A mí te acerca 
Gomo enantes feliz; cese el desvío. 
Te quiero junto á mí más impetuosa 
Que las férvidas olas del Adriático 
Guando en el golfo de (^alabi'in, Eolo, 
Las ajitacon áspero ruido. 

Mientras del lobo perseguido sea 
El balador cordero, y el mariuo 
Tema de Orion el tormentoso inllujo, 

Y acaricien los trémulos celirus 
De Apolo la dorada cabellera, 

Te daré por tu amor el amor mío. 

¡ Qué resuene el festín grato á los Dioses! 
¿Dónde la flauta está de IJerecinto? 
¿Qué hace el oboe junio á la lira muda? 
llosas traedme del jardín vecino, 

Y resalte en la nieve de mis canas 
De su corona el purpurino brillo. 
Saca del fondo de la cueva, esclavo, 
El sécubo oloroso, envejecido, 

Y en la cercana fuente me refresca 
La ánfora esbelta de falerno rico. 

En tanto yo celebraré á Neptuno ; 

Y escucharán también plácidos himnos 



■Jt>-;^-.l.j.-.a¡',jl¿.-y..,.lv;^J^f,..,^¡,i ,^^W^ 



■■• ..T'rr; 



- líH) — 

Las Nereidas de verde cabellera, 
Mientras ofreces de tu lira el ritmo 
Á las flechas de Diana y ;i Latona. 
Luego mis cantos alzaré contigo 
Á quien reina en las Cíclades, y vuela 
En un carro por cisnes conducido ; 

Y nuestro himno final será á la noche, 
Del misterio nupcial mudo testigo. 

¡ Ea ! colocad sobre el altar de césped, 
Junto íi la copa del sagrado vino, 
, Esclavos, el incienso y la verbena. 
Tributemos el culto merecido, 

Y la caliente sangre de la víctima 
Haga acepto ú la Diosa el sacrificio. 



lililitfii- ■ I iiiÉáHiii'Iil'ri'i''' fililí" -'-"■•■'•''^"^ -' —-^•' ~--^^' '-'••-'■'^' 'iiii'iflBf-V« 



HELOISA 

(e. gUINKl) 



...Sí, me acuerdo; llamábame Heloisa 
Guando él también llamábase Abelardo. 



Los cielos, esos cielos sin medida, 
No son tan vastos que encerrar pudieran 
El infinito amor del alma mía. 
Del claustro las baldosas funerales 
Mi seno no enfriarían... está encendiiia 
La llama de mi amor; bajo la muerte 
Mi imposible esperanza aún está viva. 
¡Cuántas veces en medio déla noche, 
Allá en mi celda solitaria y fría. 
Levantóme á abrazar ¡oh mi Abelardo! 
Tu sobra tan hermosa y tan querida... 
Sobre tu corazón está mi cielo, 
Tú eres mi fe, mi relijión, mi guía, 

Tú mi Cristo también ¿no soy acaso. 

Esposo de mi amor, tu prometida?... 
Nuestra tumba será mi Paraíso ; 

Y para siempre allí, no quiero el día. 

¡ Que mis huesos se junten á tus huesos, 
Tu ceniza se mezcle á mi cenizal... 

Y eternamente así, para nosotros 

No baya resurrección... no haya otra vida 



'^■otl'iáLasmi.íiiui.^^í^iC^. ;j^..^.,^,^J;i:....¿:r^..^. lÉI Hiliil'ir'- '^^^''^-'^ 



« ',' 



™ ' 



JULIETA 

'\V. SIIAKESI'EARE) 



;0h noche, ven ú mí! Trae ú Romeo, 

Noche querida y triste; 
Virjon sagrada de la ÍVente negra 
Que ya juntos nos viste. 

¡ Oh noche, ven ¡'i mí ! ¡ Trae ;'i Momeo ! 

Y de tu niebla fría 

¡ Luz y calor será !... ¡ Que su presencia 
Haga en la noche, día ! 

; üh noche, vena mí... ¡Trae á Uomeo 

Y entre tu densa bruma 
Como la nieve brillará, del cuervo 

Sobre la negra pluma. 

¡ Oh noche, ven á mí!... ¡Trae á Romeo! 

Y su ceniza fría, 

¡ Cuando llegue ú morir, dispersa en astros, 
Te alumbre como el día ! 



■ ,,w-¿».-t.-^ ,>.'.-.^ ■...•,■.. .1^ ■■JtA-..".'i-. ..:--■: 



< . --í» 



FRANGESCA 

(dante) 



« La íierra en donde vi la luz primera 
Es vecina del golfo on que suspende 
VA Po,ya fatigado, su carrera. 

Amor, que sin sentir, en Taima prende, 
Á óste prendó del don, quearrehatado 
íMc fué de modo que aún aquí me ofende. 

Amor, que obliga á amar al que es amado. 
Juntónos álos dos con red tan fuerte 
Oue para siempre ya nos ha ligado. 

Amor hiriónos con terrible suerte ; 

Y está Caín de entonces esperando 

Aquí al perverso que nos dio la muerte. » 

Pababras tan dolientes escuchando 
Incliné sobre el pecho la cabeza, 

Y ¿en qué — dijo el Poeía — estás pensando"? 

Y respondí movido de tristeza : 
¡ Ay de mí! ¡Cuánto bello pensamiento, 
Cuánto sueño de amor y de terneza 

Los condujeron al fatal momento ! 

Y vuelto á ellos — ¡ Oh Francescal —dije, 
Al corazón me llega tu bimento ; 



.^f sv«* 



'/ r-^ ■-yw^^p^^S^^^'^' 



— ¿00 — 

Y de tal modo tu dolor me aflije, 
Que las lágrimas bafian mi semblante. 
Pero tu triste vozá mí dirije, 

Y dime de qué modo, en cual instante, 
Cuando tan dulcemente suspirabais, 

Y en el fondo del alma, vacilante, 

Tímido aún vuestro deseo guardabais; 
¿Dime de qué manera inesperada 
Os reveló el Amor que os adorabais? 

Ella me respondió : — ¡Desventurada! 
¡ No hay pena más aguda, más impía, 
One recordar la dicha ya pasada 

En medio de la bárbara agonía 
De un presente dolor!... y esa tortura 
La conoce muy bien el que te guía. 

Mas ya que tu piedad saber procura 
El cómo aquel amor rasgó su velo. 
Llorando te diré mi desventura. 

Leíamos con quietud y grato anhelo 
De Lanceloto el libro cierto día, 
Solos los dos y sin ningún recelo. 

Mas en tanto leíamos, sucedía 
Que dulces las miradas se encontraban, 

Y la color del rostro se perdía. 

Un solo punto nos venci('). Pintaban 
CíJmo, de la ventura en el exceso, 
En los labios amados apagaban 



■ií^f£a.tA 



feí-* ."í-üiSi 



- ¿<j,.- i-j;. ..>M->; ^ i. .,-!:>»■* -■^v»;-ij.it*LC;j- ■: ->-^ .\:-\ij/ikiík 



— ZOI- 
LOS labios del amante, con un beso, 
La dulce risa que á gozar provoca ; 
Y entonces éste, queá mi lado preso 

Para siempre estará, con ansia loca 
Hizo en su frenesí lo que leía... 
Temblando de pasión besó mi boca... 

Y no leímos míís en aquel día. 



..y. .-.jLt..^::^¡i,.-^^'l'.,ii¿.^r,^:^^-U..ÁMA^,.i£..¿Í¿^^ .¡■■■i;,nV.^:.^-..,;<-^'>" i - MiSftliilÉf iJÉ 'l 



^^!:f^w- ^: 



OFELIA 

(W. SHAKESPEARE — IIAMLET) 



Estaba sola; enLn», lomó mi mano, 
Con fuerza la estrechó, 

Y con la otra apretándose la frente, 
Gomo si fuera á dibujar mi rostro 

De hito en hito, en silencio, me miró. 

Así permaneció por mucho tiempo, 
Así permaneció... 
Febril, de pronto, sacudió mi brazo; 

Y dos veces y tres, la frente lívida, 
Siniestra y triste, levantó y bajó. 

Y de lo más impenetrable y hondo 
Del corazón, oí 

Oue un suspiro lanzó... pero suspiro 
Que, rompiéndole el pecho, iba ú morir 

Y luego, de mi lado lentamente 
Alejarse le vi... 

Pero vuelta la faz sobre la espalda, 
Su camino sin ver, pasó la puerta, 
Los ojos fijos,., fijos... sobre mí... 



*íl,i-''Ív.-¿. íi'... I' 



.:¡¿JtlLt. 



^•lwa.,vltfáMit/i l¿J ii fc' ^<¿Í¿lt¿Mil>t8M«tlÍt 



CORO J)K LOS liSniUTU^ 

'(.itnrriii:; — fausto, 



¡Despareced, arcadas de la sombra ! 

Y tras el roto velo, 

La claridad dulcísima sonría 
En el zafir espléndido del cielo. 

Y que pasen las nubes fujitivas, 

Y que pasen sus rastros, 
Dejando cintilar, pálidos soles, 
Con tibio rayólos pequeños astros. 

Bellezas del ideal, hijas del ciclo 
Que sueña la esperanza, 
Cerrad en torno del jenlil mancebo 
El jiro voluptuoso de la danza. 

Destrenzad la rizada cabellera. 
Desatad la cintura, 
Despojaos de la túnica que encubre 
La ardiente desnudez de la hermosura ; 

Y dejadla caer allá del prado 
En el boscaje verde, 

Donde á la hora lasciva de la siesta 

La pareja de amor entra... y se pierde. 

¡ Oh la tierna verdura de los sotos ! 
; Oh brazos de las vides ! 



loii.i: ■-.'.■■c;..^,^?,ii^<.A j:.' ni^r. .,.--■- ;^:c±i\t^ -j.-:. . 



^ÍW^'. 



— 2üi — 

¡ Oh myosolis azul que en la ribera 
Está diciendo al corazón « No olvides! » 

Amontona la viña sus racimos, 
Se alegran los hogares, 
El vino salla en espumosas olas 

Y la púrpura corre en los lagares. 

Criaturas del Señor, almas aladas, 
¡ Tended el raudo vuelo ! 
Allá á lo lejos, horizontes de oro, 
Islas de amor confinan con el cielo. 

Todo allí es libertad, risas y juegos 
En la campestre alfombra, 

Y por las noches, al brillar los astros, 
Los misterios nupciales de la sombra. 

Espíritus de amor los pasos guían 
De tantos amadores, 
\ la tranquila, luminosa cumbre 
De la colina rebosando en llores. 

¡ Criaturas del Señor, id á la vida! 
Hay flores en el suelo... 
Cortadlas... y mirad para vosotras 
Una estrella de amor, lija en el cielo. 



'¿^.¿¿ít. 



■ ■'- "- ■ '*-^-' -'- '^lí h iriil 1 1- •■'--^ - -«--"y - n-Wfl £i i • r..^--.¿-4.. J 



CANCIÓN 

(u. iieineI ' 



i Que hay en mis versos veneno I.. 
Eso dices... ¿Cómo no 
Si de veneno llenaste 
Mi vida y mi corazón? 

¡ Que hay en mis versos veneno !. 
\ ¿cómo no haberlo, di, 
Si en mi alma llevo serpientes 
Y además te llevo á li? 



PASIUNAIÍIAS. í« 



¡¿•üáñmm- '-■■•■^■''■■-'■'•-■■'^•*-' '■'-^■•■■*-'^-^^ 






V 



UN ASTRO 

(VÍCTOK UUGO) 



Una tierra infeliz, áspera y dura 
Donde trabajan tristes los vivientes 
Empapadas las almas de amargura 

Y de sudor las abatidas frentes : 
Campos de sol y estériles arenas 

Que en cambio de trabajo y de quebranto 

Á una raza maldita dan apenas 

Pan miserable que humedece el llanto : 

Los hijos del oprobio engrandeciendo ; 

Orgullosas ciudades delincuentes 

De donde las virtudes van huyendo 

Y las manos torciéndose dolientes ; 
El orgullo infernal hallando abrigo 
Lo mismo del magnate bajo el techo 
Que dentro del tugurio del mendigo; 
El odio y el dolor en cada pecho : 
Sobre las cumbres las espesas nieblas ; 
La inocencia y justicia prostituidas, 

La muerte, espectro ciego, en las tinieblas 
Riendo feroz y arrebatando vidas ; 
Aquí las soledades abrasantes, 
Allá, del polo los eternos hielos, 
Océanos que rebraman espumantes 
Escupiendo su cólera á los cielos; 

Y todas las pasiones enjendrando 
Todos los males, todos los dolores; 
Las grutas n las fieras abrigando, 



— 207 — 1 

Ocultando ú los áspides las llores; 
Continentes cubiertos de humo y ruido 
Donde la guerra infame centellea: 
Luto, crimen y llantos y rujido 
Salvaje del furor de la pelea; 
Pueblos que se desgarran palpitantes 
Del odio de Salún, de rabia y celo, 
Sangrientos, rencorosos, blasfemantes... 

; Y todo esto es un astro allá en el cielo? 






-■^T»:-!- 



FELICIDAD 



r (lamartink) 

F 

t. 



Como es blanca la pajina ofrecida 
A mis versos aquí por lu amistad, 
Blanco es también el libro de tu vida; 
Si lo pudiera yo, niña querida, 
En él escribiría : Felicidad. 



VARIANTE 

Blanca es la hoja 
Por ti ofrecida 
Aquí á los versos 
De la amistad; 
Blanco eslú el libro 
Aún de tu vida... 
Si lo pudiese, 
Virjen querida, 
En él pusiera : 
Felicidad. 



•ff "•" " ''•fittt'i'ii- ' ■ ' ■ : .->.■_■.*... r .--.^■-..- :;■. .■..'■'.^ .,- íJüi-'-T^ .-, 



i... 



EN LA PATRIA 

(m. iiartman) 



La dulce claridad de la mañana 

Apareciendo ya, 
En la (ierra cubierta de rocío 

Veía reflejar. 
Estaba yo sentado do una casa 

En el modesto umbral, 
Ei'a aquella la casa de mi madre, 

Aquel era mi hogar. 
Las ventanas cerradas y las puertas 

Me puse á contemplar; 
y corrían por mi rostro muchas lágrimas, 

y corrían más y más. 
Estaba yo á la puerta de mi casa 

Y no quería llamar ; 
No quería interrumpir el blando sueno, 

El sueño matinal, 
De aquellos ojos, cielo de los míos, 

Que tantas veces ¡ ay ! 
Que tantas veces, sólo por mi causa 

Lloraron sin cesar. 
Dicen que el sueño tregua de las penas 

Que aílijen al mortal, 
Fuerza da al corazón para que pueda 

Más penas soportar; 
Que el dulce sueño que mi santa madre 

Aún disfrutando está. 
Fuerza la dé esta vez para la dicha 

De verme al despertar ! 

12. 



.:;_i^t.,--h-.;a:>-..;.i-f._,j^ ... ^j!'.¿,..,.^,.,^ Jj tmiJttiiiriiBM'fliíAl "rt . - i'i i li miÉIi ilIriJl'"-' _«- ■> 



;.77^' < ■. ■ --.- -.•-->■;-.-*-.,•' . ■■•VT'-- V.\ 



ÚU) — 



V lleno el cora7j'»n de una ternura 

Uue no puedo explicar, 
Con los ojos mojados, y temblando 

liesaba aquel umbral. 
Porque en aquel umbral en que mi labio 

Posaba con afán, 
El polvo de las plantas de mi madre 

Aún estaba quizás. 
En este mismo umbral los aüijidos 

Detiónensc ;'i buscar 
Para sus corazones, esperanza, 

Para sus labios, pan. 
j Cuántas veces he visto de mi madre 

La ardiente caridad, 
La dádiva celeste del consuelo 

Á su óbolo agregar-! 
¡ Oh! si me ha sido grato, de la vida 

En la lucha mortal, 
Sufrir por los que sufren, y mi llanto, 

A los que lloran dar : 
Si he podido llegar al sacrificio, 

Al martirio quizá. 
Por los que sufren, temblorosos miembros 

Del Cristo celestial : 
Yo sé á quien debo por haberlo hecho 

Mi gratitud alzar ; 
Yo sé á quien debo que jamás en mi alma 

Se entibíela piedad. 
Si las chispas de amor que hay en mi pecho 

No han de morir jamás. 
Yo se de que alma vienen á la mía, 

Y yo sé de que hogar. 



, -w .-..«■?. ..¿. — ^ ^¿.::.^<L^. ...■it^. .^...' ¿i'iii.ikijíiSTiiriÉitL'ájh.i .'•■<i-ii¿)vV'i;ti V; 



211 — 



Yo canlo á la mujer santa y sencilla 

(Jiie ignora en sii bondad 
¡Cuánto en su corazón hay do sublime! 

¡ Cuáuto de celestial! 
Yo canto ;'i la mujer que se llenara 

De asombro sin igual, 
Si llegara ú saber que sus virtudes 

Ouiero glorificar. 
Canto ¿ mi mismo corazón, mi madre. 

El ánjel del hogar; 
Y tiembla mi alma de ternura, y siento 

Mis lágrimas rodar, 



-■^'^•'"'^-liriiilriÉfif*,--!'--^'-'" ■"'^■■'^----"'-■-'■"''^'-•^'•'-•--^^ 



IFT^ft^T^! 'i • ^■r." , ■'■ífJJm^J'.V^' 



SONABA 

(ueine). 



Soñaba yo : mis párpados henchidos 

De lágrimas sentía; 
Soñé que estabas en la tumba, muerta, 

y muerta te veía... 
Era un sueño no más, pero despierto 

Lloraba todavía. 

Estaba yo soñando, y por la cara 

El llanto me corría ; 
Soñé que te arrancaba de mi lado 

Alguno, vida mía... 
Era un sueño no más, pero despierto 

Lloraba todavía. 

Soñaba yo... Me ahogaban los sollozos, 

El llanto me bebía... 
Estaba yo sonando que me amabas, 

¡Soñando que eras mía! 
Era un sueño no más, no más un sueño 
Y lloro, más que nunca, todavía. 






-i r-' f i, 



MALICIA 



liMlTAClüX DE VITORELLI 



Supe que al primer destello 
Oiie lanza al-miindo la aurora, 
Te levantaste, señora, 
Inquieta de... no sé qué. 

Supe que á la hora terrible 
En que el alto sol abrasa, 
Te saliste de tu casa 
Buscando... yo no sé qué. 

Supe que en tu faz hermosa 
Echando un discreto velo, 
To fuiste ú mirar el cielo 
Allí... donde no se ve. 

Supe... 

— Mas ¿quieres decirme 
Ouién le informó de ese modo?... 
Malicia, que sabe todo, 
Malicia, que todo ve. 



....e,,..¿ -..._: ^ .L,w.^ja.;^ «^j.^^.. A -:■ ■( .;,wa -,^ ■:¿^r,;.¿a.;.^¿..a:.S-i:, ~ . 



• AfP;'->!.'T"^«r' 



LAS FURIAS 

(lessing^ 



— <( Mis Furias están ya viejas y torpes. » 
Plulún dijo ;i Mercurio, mensajero 
Que se halla de los Dioses al servicio. 
— « Necesito cambiarlas : ve á la tierra 

Y búscame tres mozas 

Lozanas y capaces del oficio. » — 

Desde luego Mercurio, dilijente, 
El coturno con alas 
Como pudo calzóse prontamente, 

Y atravesando las etéreas salas, 
Lijero y volador como ninguno 
Á la tierra subi('>. 

La diosa Juno, 
Poco tiempo después, á su doncella, 
Esto es, su camarista, Iris la bella. 
También le dijo : — « Mira : Citerea, 
Con mengua del honor de las mujeres, 
Se jacta de que ya no hay en el mundo 
Ninguna de ellas que su fiel no sea 

Y que culto no rinda á los placeres. 

Para burlarme de ella y del Dios ciego 
Baja á la tierra luego 
Ytraeme, por lo menos, tres doncellas; 
Mas... doncellas... ¿entiendes? 
Enteramente castas todas ellas. » 



^Jk»,- .. .ftjífc---. • .: ,...:./..'i.v»,. 



— '2Vi — 

Iris partió también. Valle y montaña, 
Alcázar y cabana, 

Ciudad, pueblo, aldchucla y aun ermita, 
Todo lo rejistró la pobrecita; 
Mas jayl que todo en vano, 

Y paso ú paso, y mano sobre mano, 
Gansada y triste regresó sólita. 

— « ¡G(jmo!. . . ¿es posible?. . . ¿sola? — gi-ilú Juno 
Mirándola llegar, con faz airada — 

¡Oh virtud! ¡oh pureza!... ¿Conque nada? » 

Iris le dijo : « Nada, ¡qué oportuno 
Hubiera sido el viaje más temprano! 
Estuviera cumplido 
¡ Üh Diosa! tu mandato soberano; 
Hubiérate traído 
Lo que tú me pediste... tres doncellas. 

Las encontré en verdad; y eran de aquellas 
Que nunca conocieron un amante, 
(Jue jamás le pusieron, 
Jamás, á hombre ninguno buen semblante; 
Ni en sus glaciales senos 
Consintieron la llama devorante 
De amorosa pasión... ni mucho menos. 
Tres doncellas, en fin (sin que esto alarde 
Sea de mi ojo certero), 
Purísimas, castísimas, sin pero, 
Como tú las querías... Mas llegué larde. » 

— « ¿Cómo tarde? )) 

— Mercurio en ese instante 
Para el flero Plulón las embargaba. 
— « ¡Eso no puede ser!... ¡Cuando pensaba 
Vengar yo de su sexo las injurias!... 

Y ¿para qué las quiere? » 

— Para Furias. 



■ :,... .^ ■- ^j.i;,,.,, .I¿. ,fi-|»YV).l-> .•/.:• >V..fa».. 



JAMAS 

(CAMI'OAMOH)- 



¡Adiós, mi bien I Es el postrer instante... 
Pero seca en tu pálido semblante 
¡Ay! ese llanto que vertiendo estás, 
Lejos me voy, tristísimo y errante, 
Mas no te olvida el corazón jamás. 

— ¿Jamás? 

¡Jamás, mi bien! La noche de la ausencia 
Enlutará mi huérfana existencia 

Y tú mi corazón no alumbrarás; 
Kn vez de tu dulcísima presencia 
Tu bella imajen miraré no más. 

— ¿No más? 

¡No más, mi bien! Levanta tu cabeza, 
Déjame ver tu pálida belleza 
Aún otra vez... la postrimer quizás. 
De éste tu adiós supremo la tristeza 
¡Ay! ¿cómo ingrato olvidaré jamás? 

— ¿Jamás? 

¡Jamás, mi bien! En mi alma, donde quiera, 
Hasta el instante de mi luz postrera, 
La inolvidable, la única serás... 

Y tú ¿me llorarás cuando me muera? 
¿En mí tan sólo pensarás no más? 

— No más. 



, 'Jt^sivl Jl I. ^^..jáiiUSkiíua'.i'^i'. ./..-. 'iL^ ^vxv^akA .^¡l^Iíl^ÍíJ:/^:^'. «v* ' -^ >- ■ : -'■■..■ -jr-r>¿, ^. 



&,¿!fhJ^má3¿^fL;J 



— 217 — 

¡No más, mi bien! Del querubín el canto 
Es la palabra que diciendo estás... 
¡Adiós!... un beso... ¡Beberé tu llanto! 
— ¿Te olvidarás de la que te ama tanto?... 
— ¡Jamás, mitad del corazón, jamás! 



Pasionarias. 13 



iii«aiirrrn>'-'-'""'^-''>-- *-."■--'.■ -'-^-•"-■'"'•^-^■''•■^'faiitafiáíiifiiíiiii . --'- ^ ■^-¿^.■..■j.'^.. 



LA ORACIÓN 

(flaubert). 



Por la mañana en el desierto inmenso 
Humeaba el arenal, y sus vapores 
Se alzaban cual las nubes del incienso. 
Luego, en la larde, cuando el sol moría 
De Ocaso entre los tibios esplendores, 
De oro y de fuego deslumbrantes flores 
En el madero de la cruz ponía. 

Y por la noche, cuando ya la oscura 
Majestad de la sombra acrecentaba 
El solemne pavor de la llanura 

Y de estrellas el cielo se llenaba; 
Cuando tan sólo se escuchaba incierto 
Es(3 rumor apenas percibido 

Que parece el suspiro del desierto 

En su infinita soledad dormido; 

Entonces á mi espíritu perdido 

En su éxtasis de fe, le parecía 

Que ese vago rumor, que la honda noche, 

Y el silencio, los seres, y las cosas;... 
Naturaleza toda que yacía 

En tal recojimiento, 

Mientras oraba sobre el polvo frío 

De mi lóbrega gruta, se Juntaban, 

Se juntaban á mí para llevarte 

Mi alma y mi fe con mi oración, ¡Dios mío!.. 



>.-JÍ ■^-¡.J^^^J..L.i^~M.^,-X¿gl¿^,,i:i.>.^ 



— 219 — 

¿Y ahora?... Plegarias, asunciones 
Del alma áDios, extáticas visiones 
Que llenaban de júbilo mi pecho, 
Trasportes del espíritu en el santo 
Fervor de la oración... ¿qué os habéis hecho?. 



L¿^ ,...A:iki*áijár..Ma^.A/Ji-¿.;,>,..>.u^.-i ■■,. ■jáig'Míiá-'- •-'■"^•■■'-^^'^- ■-^■'¿^ 



LA ESFIiNJE 

(jieine). 



Por el antiguo bosque del encanto, 
Del vago ensueño y del misterio asilo, 
Caminaba al azar y sin espanto. 

Su blando aroma derramaba el tilo 
Y de inefable paz mi alma llenaba 
Del alta luna el esplendor tranquilo. 

Profundo era el silencio que reinaba ; 
Pero de pronto acarició mi oído 
La música de una ave que cantaba. 

Era el canoro ruiseñor, hundido 
En la blanda espesura de las hojas 
(Jue cantaba, volando, junto al nido, 

Los goces del amor y sus congojas. 
Pero aquel su volar era tan triste 
Como el suspiro, corazón, que arrojas 

Recordando la dicha que perdiste ; 
Mientras que tan alegre era el lamento 
Cual tu esperanza cuando niño fuiste. 

Así es que al escuchar aquel acento 
Tan triste y tan alegre á un tiempo mismo, 
Levantarse sentí en mi pensamiento, 



■£¡ÍÍñL¿¿iái'^¿iílu»: \. • ii1ir»i'OÍI"ri< t'ü ,'i'-^ — .:^:..\^^J¿..jL^;.i,.^.. ^ - 



hl^sv. Ú 



— 221 — 

Como del vago fondo de nn abismo, 
Esperanzas, recuerdos y tristezas 
Con mis viejos ensueños de idealismo. 

Siguiendo entre las bravas asperezas 
Do aquella hermosa selva, vi que erguía 
Un castillo, sobre áridas malezas 

Su vieja torre en ruinas, y sombría. 
En las almenas de zarzal cubiertas 
Ningún viviente ser aparecía. 

Las ventanas cerradas y las puertas 
Estaban, y silencio pavoroso 
Reinaba en torno de las cosas muertas, 

Como si aquel recinto misterioso 
La misma muerte hubiérase escojido 
Para el horrible hogar de su reposo. 

Ni una voz, ni un acento, ni un jemido 
Era aquello la ausencia de la vida 
En el silencio eterno del olvido. 



Del castillo á la puerta derruida 
Y en granito durísimo tallada 
La misteriosa Esfinje vi tendida. 



Era su aspecto horrible á la mirada, 
Pero atractivo ;i la ánima medrosa. 
Con cuerpo estaba de león formada 

Y rostro y seno de mujer hermosa, 
De mujer hermosísima. Brillaba 
Su pupila salvaje y voluptuosa 

Con sensual embriaguez, y desmayaba, 
Mientras el beso del placer ardiente 
En su labio de piedra palpitaba. 



-:^:.-/¿:.'üi^^:.:Ji¿^.^^- : 



— 222 — 

Sintió terror el ánima tremente, 
Pero al par que terror sintió contento. 
Entonce el ruiseñor cantó impaciente 

Y ya no pude resistir... Violento 
Á la Esíinje di un beso, y mi alma loca 
Presa quedó de aquel encantamiento. 

Porque vida y acción cobró la roca, 
La Esíinje suspiró con embeleso, 

Y con sed ardientísima en mi boca, 

¡ Bebió toda la llama de mi beso !.. . 

Y yo sentí que mi postrer instante 
Se me escapaba entre sus brazos preso. 

Pues mientras que convulsa, jadeante 
De voluptuosidad me acariciaba. 
Mi carne estremecida y palpitante 

Con sus garras de fiera destrozaba, 

Y entre horribles dolores y delicias 
Sin nombre y sin igual, me aniquilaba. 

¡ Oh de la muerte vividas primicias ! 
¡ Oh martirio sin fin, oh goce eterno ! 
¡ Oh lágrimas mezcladas con caricias! 

■ Qué suspiro tan lúgubre y tan tierno ! 
¡ Qué éxtasis de placer en la agonía! 
i Qué cielo disfrutado en el infierno! 

En tanto que la garra me rompía 
La carne, y penetraba hasta mis huesos, 
Yo de placer y de dolor moría 

Al contacto monstruoso de sus besos... 
Y cantó el ruiseñor allá en la oscura 
Soledad de los árboles espesos: 



L.:^^'^^ W ..¿»>-^.:r.-.-L;- : Jj:^¿á¿^.-¿.t^-^x^V,^i-fe^ ,■; - ^.¿, ¿„ .|4nlÍlJrt r ■ ' ■ 



— 223 — 

— « ¡Oh secreto del cielo y de natura ! 
¡ Oh amor, oh bella Esílnje ! ;. por qué enlazas 
En tu seno el placer á la tortura ? 

¿ Por qué con garra el corazón abrazas? 
¡ Oh inexplicable Amor, Esíinje hermosa! 
¿ Por qué cuando acaricias despedazas ! 

¿ Cual es, di, la palabra misteriosa 
Que el hondo enigma de tu ser esconde ? » 
Cesó el canto, La Esíinje pavorosa 
En piedra convertida, no responde. 



■'I nnJÉIMÉHilM [ ii II |f-->^.»-¿-.i^t->?«.~ -!■-■''-■'■. -.-■■■<■->- iT iWWÍ- r'iháfliMBií 



COMPOSICIONES VARIAS 



AL PIE DE JA CRUZ 

A MI MADRE, LA SEÑ'OBA DOÑA llIONISIA M. DE FLORES. 



Abrasa el sol la flor en la llanura 

Y la palma jentil en el desierto ; 

Y tibia el agua del Jordán oscura 
Rueda á la soledad del Lago Muerto. 

Ni un rumor en los quietos olivares, 
Ni un reptil que se arrastre por la senda ; 

Y busca el agareno en sus aduares 
La tibia sombra de la móvil tienda. 

No períuman la brisa los aromas 
Que exhala el cinamomo y el aloe ; 
Mudas están y tristes las palomas 
Allá en los terebintos de Siloe. 

Á lo lejos, perdida en el incierto 
Vapor del arenal que vibra y crece, 
Cual inmóvil fantasma del desierto 
La ciudad del Profela resplandece. 

Y más y más el sol su luego envía 
Á la hora sofocante de la siesta, 



■ . . . ...^ 



irfMIÉÉáttÉiStiÉiíÉUIIttieikUikla^dáiidl 



— 225 — 

Y más se abrasan al calor del día 
Kl campo, la ciudad y la floresta. 



Mas de aquella colina allá en la cumbre 
Se levanta confuso vocerío, 

Y se ajila feroce muchedumbre 
Cual las olas del piélago bravio. 

Es un pueblo que vil y obcecado 
Su cobarde furor viene escupiendo 
Á un hombre, que, desnudo, desgarrado, 
Pendiente de una cruz, está muriendo. 

Es el Gólgota aUí. Su árida cima 
Que ya tantos patíbulos ha visto, 
Parece con horror ver á Solima 
La negra cruz al soportar de Cristo. 

Hijo del hombre, en el ingrato mundo 
Do reposar no tuvo su cabeza ; 
Jimio bajo el olivo, moribundo, 

Y el cáliz apuró de la tristeza. 

Hoy ceñido de bárbaros abrojos, 
Desfigurado, pálido, temblando. 
De lo alto de la cruz torna los ojos 

Y en vano / tengo sed ! está clamando. 

¡ Sed, el que da la lluvia á las corolas 

Y hace vagar las nubes en el viento ! 

¡ Sed el que ajita de la mar las olas 

Y el agua dividi('> del firmamento ! 

Y sangre nada más su labio moja ; 
Levanta al cielo su mirar sombrío, 

Y clama con la voz de la congoja ¡ 
Por qué me abandonaste, Padre mío ? 

13. 



— 220 — 

Y va ú morir. El ánjel de la muerte 
Se acerca ya con pavoroso vuelo... 
Y es el Increado, el Hacedor, el Fuerte, 
El hijo eterno del Señor del ciólo. . . 



* 



Y en torno á la cruz, rujiendo 
Estaba el pueblo sin fe; 

Iba el sol palideciendo, 
El Hijo estaba muriendo, 
La Madre llorando al pié. 

Era madre, y en su frente, 
Gota tras gota sentía 
Caer la sangre caliente 
Del Hijo en la cruz pendiente, 
(Jue por el hombre moría. 

Y aquella sangre caída 
Las entrañas abrasaba 
De Madre tan allijida, 
Que de dolores transida 
Juntas las manos alzaba. 

Y ora cuíil dardo acerado 
En su corazón clavado 
Aquel dolor sin segundo..*. 

¡ El Hijo crucificado, 

La Madre sola en el mundo ! 



Pálida virjen María, 
Madre mártir de Jesús 



^.L.:/- . i|i|ti¡atail¿ii I I ••|t~-^^---'-— ^-•-^-•-■- i-'iiiiii'iaivir^ '••■•"'--^•*°"-^'-''-" ^■rthiiiiliV'i'liriil* 



j^ 



i 



227 — 



Y madre también ¡ ay ! mía, 
¿ Cómo contar tu agonía 
Llorando al pió de la cruz ? 



¿Tú llorando, Virjen bella, 
Cuando ha besado tu huella 
El ánjel que dijo « Eres, 
» Bendita entre las mujeres, 
» ¡ Oh purísima doncella ! » 

Cuando ha llevado tu seno 
A Aquel, de quien es el día 
Súlo un reflejo, que envía 
De su semblante sereno 
Sobre la tierra sombría : 

¿ Cuando ceñirán tu frente 
Los luceros diamantinos, 
Cuando el querub esplendente 
Se inclinará reverente 
Ante tus ojos divinos ?... 

¿ Cuando la tierra que habitas, 

Y éstas las razas precitas 
Por las que el Hijo se inmola 
De tus lágrimas benditas 

No valen ¡ ay ! una sola?... 

¿Tú llorando en tanto duelo 
(]úmo en el mundo no hay dos; 

Y no hay para ti consuelo, 

Y eres la Reina del cielo, 

Y eres la Madre de Dios?. . . 



Se iba el sol oscureciendo ; 
Y en torno á la cruz, rujiendo 



ÍtfilÍÉÍllirrtl>iiilrr iríiiii'ii¿a'i--i'ÉÍI r-'- ■■^•^- " -''-" ^■--■'•''^■- ■'-'-^^''^■•"■^■^'''■'"''^""^^MÉfciir .t "^'f' iti ^ . 



'T>v>r.; 



— 228 — 

Seguía el pueblo sin fe : 
Jesús estaba muriendo, 
La Madre llorando al pié. 

Jemían en las heredades 
Las tórtolas quejumbrosas, 

Y roncas las tempestades 
Resonaban pavorosas 

En las negras soledades. 

Las tinieblas se palpaban, 
Mujían los mares airados, 
Los cielos abandonaban 
Los ánjeles, y lloraban 
En torno ú la cruz cercados. 

Y las tinieblas surcaron 
Lívidos rayos inciertos, 

Y las piedras se chocaron, 

Y de sus tumbas alzaron 
Su atónita faz los muertos. 

Y las lejiones de ánjeles dolientes 
(Jue rodeaban el Gólgota temblaron ; 
Y sollozando, sus divinas frentes 
Con sus alas velaron. 

Envuelto en la tiniebla centellante 
El eterno, severo y solitario, 
Su mirada terrible en ese instante 
Apartó del Calvario. 

Entonces ¡En tus manos me encomiendo ! 
Con grande voz el Redentor jimio ; 
Vibró su espada el querubín tremendo... 

; Todo se consumó ' 



' iiMifcÉimM>ÉÍ'itJaÉiáiÉ^^ÉÉítaiMáMaiiiaiÉiia'Bíiitrii' II I > i I 



LA CRUZ 



A TIRSO 11. CüHDODA. 



Hace diez y ocho siglos, humillado 
Y Heno el mundo de terror veía 
Como Roma triunfal le conducía 
Al rudo carro de su gloria atado. 

Hace diez y ocho siglos ignorado 
Del mundo que su fe no conocía, 
Un hombre en el patíbulo moría 
Gomo vil criminal crucificado. 

Diez y ocho siglos ha... Tras gloria tanta 
Besó Roma imperial el polvo inmundo 
Del bárbaro feroz bajo la planta ; 

Mientras la cruz del Cristo moribundo 
Entre el cielo y la tierra se levanta 
Sobre el inmenso pedestal del mundo. 



MAl^ETí DOT.OROSA 



l> I, r G A I! I A 



A MI llIíRMANA MARINA 



Virjen del infortunio, doliente iMadre mía, 
En busca de consuelo me postro ante tu altar. 
Mi espíritu está triste, mi vida está sombría, 
Pasaron sobre mi alma las olas del pesar. 

Estoy en desamparo, no tengo quien me acoja ; 
Hay horas en mi vida de bárbara aflicción, 

Y solo... siempre solo, no tengo quien recoja 
Las lágrimas secretas que llora el corazón. 

Es cierto que del mundo en la corriente impura 
Cayeron deshojadas las rosas de mi fe. 
Que en pos de mis fantasmas de juvenil locura 
Corriendo delirante, Señora, te olvidé. 

Qué me cegó el orgullo satánico del hombre, 

Y en mi ánima turbada la duda penetró; 

Y se olvidó mi labio de pronunciar tu nombre, 

Y de mi mente loca tu imajen se -borró. 

Es cierto... ¡pero escucha!... üeniño te adoraba, 
Al pié de tus altares mi madre me llevó... 
Llorando, arrodillada, la historia me contaba 
Del Gólgota tremendo cuando Jesús murió. 

Y vi sobre tu rostro la angustia y el quebranto, 
Caía sobre tu frente la sombra de una cruz. 



a^' 



- - .i-. ., ^.y ■:. iiiiaiiiiÉÍiiiiÍriiiifMii iT~rti"n-lritftilnii 



— 231 — 

Tus lágrimas rodaban y negro era lu manto... 
Todo de un cirio pálido á la siniestra luz. 

Entonces era niño, no comprendí tu duelo; 
Pero le amé, Señora, ¡ tú sabes que le amé 1 
Que dulce, inmaculado, alzábase hasta el cielo 
El infantil acento de mi sencilla fe. 

Por esa fe de niño, por el ardiente ruego 
Que al lado de mi madre con ella repelí, 
¡Virjen, del infortunio, cuando á tus plantas llego, 
Virjen del infortunio, apiádate de mí! 

Tú miras. Reina augusta, la senda que cruzamos : 
Con llanto la regaron jeneracioncs cien 
Á nuestra vez nosotros con llanto la regamos, 

Y lasque vienen luego la regarán también. 

Á nuestro paso vamos dejando en sus abrojos 
Pedazos palpitantes del roto corazón ; 

Y andamos... y andamos., .y no hallan nuestros ojos 
Ni tregua á la jornada, ni tregua á la allicción. 

Mas tú eres la esperanza, la luz y el consuelo, 
Tus ojos levantados suplican al Señor, 
Tus manos están juntas en dirección al ciclo... 
Tú ruegas por nosotros, ¡ oii Madre del dolor ! 

En busca de consuelo yo vengo á tus altares 
Con alma entristecida y amargo corazón ; 

Y pongo ante tus ojos, Señora, mis pesares, 

Y en lágrimas se baña la voz de mi oración. 

No mires que olvidando lu imajen y tu nombre 
Al viento de este mundo mis creencias arrojé. 
Acuérdate del niño y olvídate del hombre... 
Mi frente está en el polvo... perdóname... pequé... 



í',hifí«rMfÍM-^'-^' ■"■ ■^.--^'■"'i^-^-^-'i-'^^^'a.^i**^'..^ 



— :>32 — 

¡ Oh ! por mi fe de niño, por el ferviente ruego 
Que al lado de mi madre con ella repelí, 
Virjen de los Dolores, cuando ú tus plantas llego. 
Virjen délos Dolores, ¡ apiádate de mí! 



<Éi— ¿ÉirfirtiliÜl^üri iMi 'ii I -■ -'--i^-— I-" -'■•■■'■ -■ ■ ». ^j.¿:L,.,¿:.^.j...iig4iLy. 



i¿tt..^í,.i,^!ie.Jlii.-- 



EVA 

Á HOSARIO DE LA IMÍÑA. 



Era la sexta aurora. Todavía 
El ámbito profundo 
Del éter, oX Fíat- lux estremecía; 
Era el sereno despertar del mundo 
Del tiempo en la niñez. 

Amanecía, 

Y del Criador la mano soberana 
Ceñía con gasas de topacio y rosa, 
Como la casta frente de una esposa. 
La frente virjinal de la mañana. 

Rodaban en la atmósfera lijera 
La olas de oro de la luz primera, 

Y levantando púdica su velo 
Primaverajentil, rica de galas, 

Iba en los campos vírjenes del suelo 
Regando flores al batir sus alas. 

El monte azul, su cumbre de granito 
Dpjando acariciar por los celajes 
Dispersos en el éter infinito, 
En campos desplegaba de esmeralda 
La exuberante falda 
De sus bosques tranquilos y salvajes. 
X cortinas de móviles follajes, 
Cascada de verdura 



II'' ir i'1[ ■ •■ " ir -I ■ - -•-•''•■-'-■- I-- I i^f ' y.,Sitf'jMWj||||^¿.jf-.>»-.'..>:-.;i. ■ 



— 234 — 

Cayendo en los barrancos, 
Daban sombra y frescura 
Á grutas que fragantes tapizaban 
Rosas purpúreas y jazmines blancos. 

El denso bosque presintiendo el día 
Poblaba su arboleda de rumores, 
El agua alegre y juguetona huía 
Entre cañas y juncos tembladores. 
El ánjel de la niebla sacudía 
Las gotas de sus alas en las llores, 

Y flotaba la Aurora en el espacio 
Envuelta en sus cendales de topacio. 

Era la hora nupcial. Dormía la tierra 
Como una virjen bajo el casto velo, 

Y el rejio sol al sorprenderla amante 
Para besarla, iluminaba el cielo. 

Era la hora nupcial. Todas las olas 
De los ríos, de las fuentes y los mares 
En un coro inefable preludiaban 
Un ritmo del Cantar de los Cantares. 
El incienso sagrado del perfume 
Exhalado de todas las corolas, 
Flotaba derramado en los céfiros 
Que al rumor de sus alas ensayaban 
Un concierto de besos y suspiros ; 

Y cuantas aves de canoro acento 
Se pierden en las diáfanas rejiones, 
Inundaban de músicas el viento 
Desatando el raudal de sus canciones. 

Era la hora nupcial. Naturaleza, 
De salir del caos aún deslumbrada, 
Ebria de juventud y de belleza, 
Virjinal y sagrada. 



■■■ ^ >c.:.ui.L^^.....ai«i¿£Li-^...V «I.- .^^ 1. ■^- ...^ ...-.^^Wflp -y-.-' iTiiiii;-,- i^-'-Jí-^-l~:^J^^j¿-. ■ "'■^^irriif i iiÉiflih 



— 235 — 

Velándose en misterio y poesía, 
Sobre el tálamo en rosas de la tierra 
Al Hombre se ofrecía. 

¡El Hombre!... Allá en el fondo 
Más secreto del bosque, do la sombra 
Era más tibia del jentil palmero, 

Y más mullida la musgosa alfombra 

Y mas rico y fragante el limonero; 
Donde más lindas se tupían las (lores 

Y llevaba la brisa más aromas, 
La fuente más rumores, 

Y trinaban mejor los ruiseñores, 

Y lloraban más dulce las palomas; 
Do más bellos tendía 

Sus velos el crepúsculo indeciso. 
Allí el Hombre dormía, 
Aquel era su hogar, el Paraíso. 

El mundo inmaculado 
Se mostraba al nacer grande y sereno ; 
Dios miraba lo criado 

Y veía que era bueno. 

Bañado en esplendor, lleno de aurora, 
De aquel instante en la sagrada calma 
Á la sombra dormido de la palma, 

Y del césped florido en el regazo 
Estaba Adán, la varonil cabeza 
En el robusto brazo, 

Y esparcida á la brisa juguetona 
La melena jentil ; pero la altiva 
Frente predestinada á la corona. 
La noble faz augusta de belleza 
En medio de su sueño, revolaban 
Severa y melancólica tristeza. 

El aura matinal en blando jiro 



'-. ..,¿£^-.»L..',-. '' f 'lY'' n«'V fu 'lil'fe '>Vri'i t'lÉf"'-^' '-'^' -^ - ->.^^¿ie. 



— 236 — 

Su frente acariciaba, y suavemente 

Su pecho respiraba 

Pero algo como el soplo de un suspiro 

Por su labio entreabierto resbalaba. 

¿Sufría?... En aquel retiro 

Sólo el Criador con el dormido estaba. 

Era el hombre primer, era el momento 
Primero de su vida, y ya su labio 
Bosquejaba la voz del sufrimiento. 
La inmensa vida palpitaba en torno, 
Pero él estaba solo. El aislamiento 
Trasformaba en proscrito al soberano... 
Entonces el Criador tendió su mano 
Y el costado de Adán tocó un instante. 



Suave, indecisa, sideral, ílolanle, 
Como el leve vapor de las espumas. 
Cual blanco rayo de la luna, errante 
Enun jinJn de tenebrosas brumas, 
Emanación castísima y serena. 
Del cáliz virjinalde la azucena. 
Perla viviente de la aurora hermosa. 
Ampo de luz del venidero día 
Condensado en la forma voluptuosa 
De un nuevo ser que vida recibía, 
Una blanca figura luminosa 
Alzóse junto á Adán... Adán dormía. 

¡La primera mujer! Fúljido cielo 
Que bañó con su lumbre 
La mañana primer de las mañanas, 
¿Viste luego en la vasta muchedumbre 
De las hijas humanas 
Alguna más jentil, más hechiceía, 
Más ideal que la mujer primera ? 



.j^^^AuiaMiÉ 



I 



— 237 — 

La misma mano que vistió la tierra 
De azules horizontes, 
Los campos de esmeralda, 

Y de nieve la cumbre de los montes 

Y de verde oscurísimo su falda ; 

La que en las olas de la mar sombría 
Alza penachos de brillante espuma, 

Y corona de arco-iris y de bruma 
La catarata rápida y bravia ; 

La que tiñe con májicos colores 
Las plumas de las aves y las flores: 
La que tan bellos pinta esos celajes 
De oro y ópalo y púrpura que forman 
Del cielo de la tarde los paisajes ; 
La que cuelga en el éter cristalino 
El globo opaco de la luna fría 

Y en el zenit espléndido levanta 
La corona del sol que lanza el día; 
La que al tender el trasparente velo 
Del ancho firmamento, como rastros 
De sus dedos de luz dejó en el cielo 
El polvo fulgoroso de los astros; 

La mano que la gran naturaleza 
Pródiga vierte perennal hechizo, 
La del Eterno Dios de la belleza, 
¡ Oh primera mujer... esa te hizo 1 

La dulce palidez de la azucena 
Que se abre con la aurora 

Y el casto rayo de la luna llena. 
Dejaron en su faz encantadora 

La pureza y la luz. Los frescos labios 
Gomo la rosa purpurina, rojos, 
Esa mirada en que fulgura el alma 
En los rasgados y brillantes ojos, 

Y por el albo cuello, 
Voluptuoso crespón de sus hechizos, 



J*«i««^¿'»^ii'¿^-^^^-s¿.-jJtf-;^--.^>i^.,.:-:,.^u>a..,,- : ■■--'■■■ - ^' ----- ■.■■-¿a.-ir-j.;..»:;^.-:. ■ 



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— 238 — 

La opulenta cascada del cabello 
Cayendo en olas de flotantes rizos. 

Su casta desnudez iluminaba, 
Su labio sonreía, 
Su aliento perfumaba 
Y el mirar de sus ojos encendía 
Una inefable luz que se mezclaba 
Del albor al crepúsculo indeciso... 
Eva era el alma en flor del Paraíso. 

Y de ella en derredor, rica la vida 
Se ajitaba dichosa ; 
Naturaleza toda palpitante, 
Como á la virjen trémula el amante 
La envolvía cariñosa. 
Las brisas y las hojas le cantaban 
La canción del susurro melodioso 
Al compás de las fuentes que rodaban 
Su raudal cristalino y sonoroso ; 
En torno cefirillos voladores 
Su cabello empapaban con aromas, 
Suspiraban pasando los rumores 

Y trinaban mejor los ruiseñores 

Y lloraban más dulce las palomas; 
En tanto que las rosas extasiadas, 
Húmedas ya con el celeste riego, 
Temblando de cariño ásu presencia 
Su pié bañaban de fragante esencia 

Y se inclinaban á besarle luego. 

Iba á salir el sol , amanecía, 

Y á la plácida sombra del palmero 
Tranquilo Adán dormía ; 

Su frente majestuosa acariciaba 
El ala de la brisa que pasaba 

Y su labio entreabierto sonreía. 






. «^ .-^-^.JiÉ^aíí-.cí ' 1 '"-iiiii¡ji'tii,t,,,iiÉÍi¿ihiti*i«r- 'i II IfttiiritáiMBÉÉyB 



— 239 — . 

Eva le contemplaba 
Sobre el inquieto corazón las manos, 
Húmedos y cargados de ternura 
Los ya lánguidos ojos soberanos; 
Y poco á poco, trémula, ajitada, 
Sintiendo dentro el seno, comprirnido 
Del corazón el férvido latido. 
Sintiendo que potente, irresistible. 
Algo inefable que en su ser había 
Sóbrelos labios del jentil dormido 
Los suyos atraía. 
Inclinóse sobre él... 

Y de improviso 
Se oyó el ruido de un beso palpitante, 
Se estremeció de amor el Paraíso... 

; Y alzó su frente el sol en ese instante ! 



-■ ^^- .■«¿^'•■.. - j,(i¿,L... ,7.i; „ - -r'..- . . ...^u'fa.^-^.- ■■ - '-T«*Í<ÍlÉtÍriilÍílí''l í f ' ~" 



•Í^IVI^- 



A LOS QUE ESTUDIAN 



¡ Atrás quedad, los viejos horizontes 
Que en círculo mezquino 
Cercáis la intelijencia 
Y sublime volar del pensamiento ! 
¡Atrás quedad! El campo de la ciencia 
Tiene la inmensidad del firmamento. 



El espíritu es luz. ¡Dejad que brille 
Disipando la sombra que rodea 
Á la sacra Verdad! ¡Dejad que vuele 
En su ala de relámpago la idea ! 

¿Quién encadena á estúpido sosiego, 
Á lánguido desmayo 
Las águilas del trópico, que tienen 
Para mirar el sol ojos de fuego 

Y alas que cruzan la rejión del rayo?... 

¡ Y es águila del alma el pensamiento 
Que el sol de la verdad busca anhelante, 

Y que quiere en sus jiros vagabundos, 
Chispa de Dios flamíjera y errante, 
Perderse en lo infinito de los mundos! 

¿Á dónde llegará? 

Naturaleza 
Es un libro sellado de misterio 
Cuyas profundas pajinas empieza 
El hombre á deletrear. De su camino 



■i... . ■ ..j^-^.\! . 



•1^' I- L ¿.lia.. .■Ai-_^*>.^^'?vk.^: ■ ' - ' ' ' **- 



i.-^i'^j. .j .':.«. -L^.-itíji 



■'<Sí- 



— VA — 

En el rápido paso 

Cada jeneración descifra apenas 

Algunas letras, de misterio llenas, ' "^- 

Y se hunde de la tumba en el Ocaso. 

Mas la conquista de la edad que muere 
Es el tesoro de la edad que nace. 
No es la ciencia relámpago que hiere 
Un instante la vista y se deshace; 
Sino el astro inmortal, la estrella fija 
Que en la serena frente de los siglos 
Inapagable encienden 
Mil ráfagas de luz que se condensan. 
Ráfagas que alumbrando se desprenden 
De los grandes espíritus que piensan. 

¡ La gloria allí! Constelación fuljente 
Oue deja en su trascurso fujitivo 
De cada edad el ama intelijente, 
Única aureola con que puede altivo 
Un siglo ilustre coronar su frente. 



Tras esa aureola camináis, hermanos ; 
Vosotros, los cerebros en que bulle 
Mariposa de luz la fantasía. 
Ansiosa de tender sus alas de oro 
En campos inundados por el día. 
Vosotros, operarios impacientes 
Que secáis á la hoguera del estudio 
El frescor juvenil de vuestras frentes: 
Obreros del saber, cuya faena 
Comienza con la aurora, 
Sembradores ahora 
Del jeneroso grano de la ciencia. 
Segadores mañana 
De los frutos del alma intelijencia. 

Pasionarias. 14 



--«^?Av¿-LJa'-^^T-^--^^-" ''■^- iil 'BTililBÉriÉaMiMliílif" 



— 242 — 

Sois nuestra juventud, arca sagrada 
Do con amor guardamos 
La fe del Porvenir idolatrada. 
Sois en este momento 
La mano que entreteje, siderales, 
De la Patria á los lauros inmortales 
Las flores luminosas del talento. 
Sois el alma dormida en el regazo 
De la casta ilusión, nido de flores, 
Soñando en el abrazo 
De la virjen ideal de los amores. 
Sois el ardiente corazón mecido 
Del ensueño en la nube transitoria ; 
¡ Sed también el espíritu encendido 
En la ambición sublime de la gloria ! 

¡ Alentad nuestra fe ! ¡ Rasgad el velo 
Que el horizonte patrio descolora; 
Alzad en el oriente de su cielo 
Vuestra frente de aurora ! 

Y no sintáis vuestros felices días 
Del fatigoso estudio 
Ir consumiendo en la vijilia quieta... 
Acaso valen más vuestros desvelos 
Que los sueños febriles del poeta. 

Los sueños del poeta son estrellas 
De tan remoto cielo, que se apagan 
Apenas cuando nacen ; 
Efímeras centellas 
Que de la vida entre la niebla vagan 
Y que al soplo del mundo se deshacen. 

¡No desmayéis! Sus pajinas benditas 
Os abre la Creación : buscad en ellas 
La luz de la Verdad. Están escritas 



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— 243 — 

En el oro inmortal de las estrellas. 
Del volcán en las lavas seculares, 
En el pórfido oculto de la roca, 
En el abismo ignoto de los mares, 
üel vapor comprimido en la potencia, 
En la centella eléctrica del rayo, 

Y en el cáliz de esencia 

De las flores purísimas de mayo! 

No descanséis en la obra del creyente, 
En buscar como el pan de cada día 
El pan de la verdad á vuestra mente. 
Ola es la vida que á perderse corre 
Del sepulcro en la bruma, 
El paso por el mundo es una oleada, 

Y los goces del mundo son espuma. 
Que sea vuestro vivir linfa serena 
Que el campo del estudio fertilice. 
Que haga brotar el fruto de la ciencia 
La paz en el hogar de la conciencia 

Y fama que después inmortalice. 

Sois la esperanza en flor de nuestra gloria. 
El mañana feliz que ambicionamos; 
Dejadnos por memoria 
Flores de ciencia que ceñir podamos 
Á la serena frente de la Historia. 
Obreros del saber, ¡prended la ciencia 
Gomo un ala de luz al pensamiento, 

Y con ella lanzad la intelijencia 
Á iluminar el mundo 

Y titán á escalar el Armamento! 

¡Hijos del porvenir, dejad que vuele 
En su ala de relámpago la idea 

Y á su excelso fulgor iluminaos! 

¡Reine la Ciencia! ¡Que el Progreso sea!... 
¡Y al hacerse la luz, rasgúese el caos ! 



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LA DIVA ANJELA 



Ánjela , te escuché. El alma mía 
De arrobamiento presa, 
Al beso de tu voz se estremecía 
Gomo al beso del céfiro la hoja, 
Como la cuerda que vibrando arroja 
Al viento su armonía. 

¡Ánjela, te escuché! Sobre mi frente 
Se abrió... no sé qué cielo; 
Cruzaron el ambiente 
Rumores de alas en lijero vuelo ; 

Y cual chispa que arrastra el torbellino, 
Me arrebataste en el raudal sonoro, 

En el ritmo divino 

De la cascada de tus notas de oro. 

¿Á dónde mi alma fué? — Flotó dormida 
Del ensueño magnífico en la nube. 
Dejó la triste playa de la vida, 

Y en vaga lontananza 

Sonrió á la dicha, y reposó en el seno 
Del únjel inmortal de la esperanza. 

Después... vinieron en tropel confuso 
Memorias vagas de lejanos días. 
Del corazón las deshojadas rosas. 
El coro de las almas cariñosas 
Que en otro tiempo apellidaba mías. 



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— 24o — 

Tal vez sentí sobre mi frente triste 
El beso venerando 
De un padre que no existe ; 
Tal vez sentí por mi mejilla ardiente 
El tibio llanto de mi madre ausente, 
¡Madre del ama que dejé llorando!.. 

Quizá cuando sonaba 
Tu nota lastimera, 
Pálida ante mi espíritu pasaba, 
Ánjel caído, mi ilusión primera. 
La primera mujer, Eva nacida 
Del alma virjinal entre las flores 
En la casta alborada de la vida. 
La mujer de mi amor y mis dolores 
Por siempre amada y para siempre ida. 

El mundo todo dolorido y vago 
De sombras melancólicas y amantes 
Que en la memoria ilota; 
Los pálidos semblantes 
Que á verme vienen, cuando triste y solo, 
Árido llanto el corazón me brota; 
Todos los ecos del pasado, tristes, 
En la memoria de mi amor dormidos, 
Rumores de suspiros y de besos, 
Ayes de adiós, dol ama desprendidos, 
Y que quedaron en el alma impresos... 

Todo al influjo de tu voz, señora, 
Súbito despertó... 

El alma mía 
Vivió siquier un hora 
La vida de mis sueños : 
Sentimiento, idealismo, poesía. 



i4. 



J>iifa-¿;r>ajt¿-x -■^~---^*:^'--¡^':'^\á'^t¡iiri'Ér-ñt^iÉk¡ . . ¿fi n É'tltihá jáÍlfcÉ¿i¿ifH 



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— 24G — 

Suena lii voz... las frentes palidecen, 
Algo inefable el corazón oprime, 
Y con un llanto de emoción sublime 
Los ojos que te miran, se humedecen. 
Tu voz es el ruido, 
El trémulo susurro melodioso 
Del céfiro perdido 

De árbol en árbol en el bosque hojoso. 
Es la música errante en las espumas 
Del arroyo que plácido resbala; 
El trino alegre que batiendo el ala 
Lanzan las aves, al huir las brumas. 
Tu voz es la delicia 
Del corazón que siente como el mío, 
Tan blanda como el soplo que acaricia 
Los pálidos nenúfares del río. 
Es vibración que Ilota 
Del arpa de oro del querub nacida, 
Incomparable nota 
Del alma soñadora desprendida. 
Es la estrofa divina que, soñando, 
Acaso un únjel á tu oído canta, 
Y que al mundo repites, despertando 
Con músicas del cielo en la garganta. 

Bandada de arjentinas vibraciones, 
Aves celestes por el mundo errantes, 
Tus májicas canciones 
Caen en los corazones 
Gomo chorro de perlas y diamantes. 

Tu voz es poesía 
Del alma en la embriaguez de la ternura. 
Torrente de dulzura, 
Cascada de armonía, 
inspiración felice de poeta, 



■tlr-jÉf ■« "ii II . ■lat^iriatfiftÉiii-iiíiiib' ■^" -'-""■ ¿mil iíiirir -i'i.' "i i'm ' i'-tírt i 



— 247 — 

Suspiro de Desdémona y Julieta, 
Inefíible deliriü de Lucía! 

Voz de los seres que adorando viven 

Y la palabra del amor ignoran; 
(jiista plegaria que confían al cielo 
Vírjenes almas que en secreto adoran; 
Verbo supremo, misterioso y blando 
One dulce se desprende 

Uel corazón al corazón hablando; 
Suspiro de ánjel que al pasar resbalas 
Por el alma del hombre 

Y al cielo le remontas en tus alas; 
Canto sublime de Anjcla, ¡ dilata 
Tu ráfaga armoniosa!... 

Y al perderse en el éter cristalino 
En donde el sol del trí'ipico flamea, 
Ese canto magníllco, divino, 
Himno á la gloria de mi Patria sea! 



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EN UNA DISTRIBUCIÓN 

DE PREMIOS Á LAS ESCUELAS MUNICIPALES. 



¡Salve, dulce niñez I 

Ha mucho tiempo 
Que las sendas dejé primaverales 
De la infancia jenlil, entre los lirios 
De mis queridos campos paternales. 
El sol que alumbra mi existir ahora 
No es ¡ay! el de la aurora, 
No el que bañó mi juvenil cabeza 
Coronada de sueños y de flores. 
No el bello sol de mis primeros años; 
Sino el opaco sol de los dolores, 
De la inmensa tristeza 

Y de los incurables desengaños. 

Por eso al verte aquí, niñez querida, 
Á mi alma conmovida 
Viene el recuerdo de mi edad de niño, 

Y al son del arpa, cuanto triste rudo. 
Con supremo cariño, 

¡Niñez, dulce niñez, yo to saludo! 






Cuando- bate jentil la primavera 
Las alas de sus brisas melodiosas, 
Flora derrama su festón de rosas 
>!{') En el verde tapiz de la pradera. 



I i'i'ii i'iii n'^ÍMÜÉri" • ^^^■•""■i-^-^—^^- .■-.^:--^-^. r^.,,.-.-. :,i.;-.,\..jí.^áilimiia 



— 249 — 

Tibia la aurora sus cendales rojos 
Desplega tras el monte, 

Y va tendiendo á los atentos ojos 
Su inmensa faja azul el horizonte. 
Entonces en el aire trasparente 
Más limpia se destaca la montaña, 
Brillan más los cristales de la fuente 

Y es más puro y balsámico el ambiente 
Que respira el labriego en su cabana. 

Entonces, ¡ con qué plácida delicia 
Absorta la mirada 
Resbala su caricia 
Del cielo por la bóveda arjentada, 
Por el vago perfil del horizonte 
Oue entre la niebla pálida se pierde. 

Y por la franja del cercano monte 

Y de los campos por la alfombra verde ! 

El viento mece con vaivén sonoro 
La rica mies en que el labriego espera 
Opimo fruto en las espigas de oro. 



Así al mirarte aquí, niñez querida. 
Débil planta de amor y de esperanza, 
Levantada en el campo de la vida. 
Rica de porvenir y de confianza, 

Y abriendo ya la tierna intelijencia 
Al fecundante rayo 

De ese sol del espíritu, la ciencia; 

Así al mirar tan pura y floreciente 

Tu dulce primavera, 

El corazón presiente 

De tu saber, para mi patria, el fruto 

Y su sacro laurel para tu frente. 



lÉJtifffl I i"''- -^"' " " -"•^- •■ - ■'^' -^■^.,.JiL~-::-i.:^1^:i<íáiíia..^-ii^^-^: 



— 250 — 

A vosotros los niños ignorados, 
Flores humildes de mi patrio suelo, 
Á vosotros los niños desgraciados, 
Á vosotros que vais desheredados, 
Está ofreciendo el Porvenir su cielo. 

Hijos de la pohreza 
(Jue mora en el hogar del artesano, 
Cuya cuna mecieron la tristeza, 
El hambre, el desaliento, 
El fatigado trabajaren vano... 
Vosotros, arrojados por la suerte 
Al antro de ignorancia donde jimen 
Las víctimas del fuerte, 
Á ser la presa inerte 
Del infortunio, del dolor, del crimen; 
¡Vosotros, levantaos! Ante la puerta 
Estáis del porvenir vaga y oscura, 
Pero tomad la lámpara divina 
Que os ofrece el saber; su sacra llama 
Todo sendero lóbrego ilumina. 

Hijo del proletario 
Que la miseria oprime. 
Ha sido la ignorancia tu calvario ; 
Mas, como el Evanjelio, el silabario 
De la abyección redime. 

Trabajad, estudiad. Trabajo y ciencia 
Las llaves son del porvenir del hombre; 
Haced rica de luz la intelijencia 

Y rico haréis de lustre vuestro nombre. 

Y esta madre inmortal, esta sagradíf 
Dulce tierra de amor, Patria bendita, 
Á cuyo nombre el corazón palpita 

Y el brazo débil se trasforma en fuerte. 



' •miÍÉitiii 



iMUibÚ^lMfedMkáiaMIiütaUÉMáÉ 



A'<É¿fc'ÍiiJn'1Ti>''" 



— -251 — 

Por cuya gloria en el combate rudo 

Aun el cobarde desafía la muerte; 

Esta madre jentil ¿no tiene acaso 

Lauros para la frente del artista, 

Premios para el talento 

IJue los secretos del saber conquista? 

¿No elevará con orgulloso anhelo 

La gloria de sus grandes, 

Como elevan sus cúspides al cielo 

Los montes de cristal do nuestros Andes? 

¡Oh, la dulce niñez! Flor de inocencia 
(Jue en rico fruto te abrirás mañana, 
¿No sabes que con oro de la ciencia 
Se teje la corona soberana 
De la alma intelijencia? 



Y vosotras, vosotras, dulces ninas. 
Hijas también del llanto y la pobreza, 
Que lleviíis en el alma la pureza 
De la modesta llor de las campiíias; 
A'^osotras, mariposas virjinales 
(Jue sacudiendo el ala voladora 
Revoláis en un campo de rosales 
Al tibio rayo de la casta aurora ; 
Corazones cerrados por sencillos 
Del mundo triste á las amargas penas, 
Espíritus de paz y de alegría. 
Alondras cuyo vuelo 
Parece todavía 
Los confines buscar del patrio suelo; 

Vosotras sois ahora 
La perla del hogar, la ílor temprana 
Entreabierta á los besos de la aurora, 



liiaiÉfiitrit'iV -iriUiJinrílinrin'"- '- •"• — •-^■'•' " — ■■■'■^-^^^'■^■^—i- ■ 



Pero ya la mujer seréis mañana. 

Kntonces, más que el hombre, 

Seréis el porvenir, pues seréis madres; 

Y el alma de una madre es el santuario 
Donde el hijo cree en Dios, el relicario 
De su primera fe. Tiene en sus manos, 
Cual blanda cera, el corazón del niño, 

Y con la santa fuerza del cariño 
Todos sus sentimientos se le imprimen. 
Ella es quien pone el jermen escondido 
De la virtud ó el crimen. 

Le nutre con la sangre de su pecho 

Y también con su espíritu ; endereza 
Así del cuerpo el indeciso paso 
Gomo el del alma que á vivir empieza j 
Ella hará de ese espíritu fecundo 
Donde todo se imprime, 

Según como le inílame, 

Ó el alma hermosa de Platón sublime, 

(3 el alma negra de Nerón infame, 

En la vida del hombre se reileja 

Gomo en cristal pulido, 

Grimen, virtud, indiferencia, olvido, 

Lo que la madre en la del niño deja... 

Héroes criaban las madres espartanas 

Y mártires y santos las cristianas. 

¡ Tal es, mujer, tu noble sacerdocio, 
Tal la augusta misión de tu existencia, 
Madre del hombre-rey, seno fecundo, 
Para poder amamantar el mundo, 
Junta á tu corazón tu intelijencia ! 



¡ Oh la dulce niñez de las escuelas, 
Tan humilde á la vez y tan querida, 



dikií^:.^i. «;,aijt<t ft^- V ... ■ -iJ^i ..II. !i u^;-«i/i^,^ ^^-íüí 



— áo3 — 

Tiende tus alas con altivo vuelo, 
Que el alma de la tierra desprendida 
Por el estudio, se levanta al cielo! 

¡ Hijos del pueblo, idolatrad la ciencia, 
De la ignorancia disipad el caos, 
Y á la luz del estudio conquistaos 
Otro pan, otro sol, otra existencia! 



í>ASIOXARIAS¿ 



11^ 



,iiü<;>:>iátUiiiíJuBb¡auabi 



. .-..j^j— . 






LA CIENCIA 



A MI MAESTRO EN l'illMEUAS LETHAS, S^ D. ANDRÉS 

HiLESIAS. 



La ciencia es el Flal-Lux. Yerbo fecundo 
Que rasgando la noche 
Del espíritu humano, le deslumhra ; 

Y cual brotara de la sombra el mundo 
A la voz del Eterno, así su rayo 

Una creación al pensamiento alumbra. 

El alma por la ciencia iluminada 
Despiértase del Orbe á la poesía, 
Como al beso de amor la desposad;), 
Como la tierra despertó, besada 
Por la fecunda luz del primer día. 

Ciencia, antorcha de Dios, que sacudiendo 
Tus vividos rellcjos. 
En el hondo horizonte de los siglos 
Alumbras las edades, y á lo lejos 
Iluminas los faros de la gloria 
En las remotas cumbres de la historia ; 

Ciencia, rayo de luz, ráfaga hermosa 
De la diadema del Señor caída, 
Ala en que se levanta poderosa 
El alma, del instante de la vida 

Y en lo infinito piérdese radiosa. 



l'<.^i,'i^ ^J".^^L.,^ , .» a^ -■ ,x^~alir.:.-r^.~W:^-: ■/.>. ».., ..^.A- .kL.A 



■f>.\:¿r»¿;>ll^..;aLi..^ 



— 253 — 

Ciencia, mirada audaz, allá siguiendo 
En los abismos del vacío profundos 
De los cometas pálidos los raslros, 
Rasgando la cortina de los mundos 
Por saber el misterio de los astros. 

Desprende el rayo de la nube ardiente 

Y mudóle encadena; 

Y esa sierpe de fuego que terrible 
Rasga el nublado y el coníin atruena, 
Hoy sumisa, obediente, 

Lleva en un hilo de metal ilexible 
Del hombre la palabra intelijente. 

¿Dónde está la distancia? Entre la espuma 
De las salvajes olas del Atlante, 
Fiero corcel del mar, su crin de bruma 
Sacudiendo el vapor pasa triunfante. 
Alma que infunde á la materia el hombre, 
Con indomable empuje 
El vasto espacio devorando, ruje, 
Atrás deja los ríos, 
Traspone las montañas, 
Los bosques, los desiertos y los valles... 
¡ Paso libre al vapor ! ¡ En las entrañas 
Del Acuizingo se abrirá sus calles ! 
Ante esa faja caprichosa y leve 
Que se pierde en los mares 
Y' se rasga al cruzar las sementeras. 
No existen valladares 
Y se acercan amigas las fronteras. 
¡Paso libre al vapor! Símbolo escaso 
Eldeljenio del hombre, que anhelante 
Marcha gritando : « ¡ Paso ! 
« La voz del Porvenir es/ Adelanlc ! » 

Sí, la ciencia es la luz. En vano el cielo 
Pretende deslumhrar el ojo humano 



. ^^..-.j....^.,..-. ¿^■.... .l-.^.^:-,.,...^^ i..a^i..^>»a. , 



— 2o() — 

Con sil íViljido sol, ó en denso velu 

De negras sombras esconder su iircano : 

En vano el mar sus olas 

Sobre el bajel desplomará ; la tierra, 

En su seno fecundo, 

La edad en vano guardará del mundo ; 

Del libro de la ciencia prodijioso 

Pajinas son las sombras del abismo, 

Y allí la Jeología 
Encontrará el bautismo 

De la Creación en su primero día. 

En vano donde quier naturíileza 
Ocultará el tesoro 

De los secretos mil de su grandeza, 
Desde el cortejo de sus astros de oro 
Hasta la pobre llor de la maleza, 
itey de lo criado, el hombre se levanta 
De pié sobre su imperio. 
Su corona es un sol, la intelijencia, 

Y sacude la antorcha de la ciencia 

Y se rasgan los velos del misterio... 

¡La gloria es del saber! Cual se levantan 
Del Ejipto en las mudas soledades 
Las jigantes pirámides, erguidas 
En eternos cimientos, 
En la extensión así de las edades 
Se levantan soberbios monumentos 
Al jenio del saber; y ante su basa 
El siglo llega, se arrodilla... y pasa. 

Grecia vive magniíica en la Historia 
Con el recuerdo de oro 
Del arte y la poesía; 
Aún parece que oímos el sonoro 
Idioma de Tucídides y Homero 



í^ ■■ ,. ^ -'■ '-• 



— 2o7 — 

Brotando en armonía, 
Y contemplamos á Platón severo 
Sentado en Sunio, meditando á solas 
Sn grandiosa república, soñada 
Al estruendo solemne de las olas. 

Roma también. Pasaron sus lejiones 
Con su pompa marcial y sus laureles, 
Trotaron de Marico los corceles, 
En los templos de Júpiter, del solio 
Se eclipsó el esplendor, y ni las sombra> 
Ue los Césares guarda el Capitolio. 
Se ausentaron los Dioses y los reyes, 
Pero ante el mundo, Roma 
(Juedó inmortalizada por sus leyes. 

¡ La gloria es del saber ! ¡ De él es el mundo 1 
¡ De él ese rico porvenir naciente 
Cuyos albores reflejarse miro, 
Hermana Juventud, sobro tu frente! 



') 



¡ Oh grata Juventud, vivida aurora 
Que ardiente llegas prometiendo el día 
De la paz bienhechora 
Al turbio cielo de la patria mía ; 
Juventud, manantial de inspiraciones, 
Alma toda alborada en que se ajita 
Un enjambre de nobles ambiciones; 
Foco de vida, nido de esperanza. 
Corazón de la Patria en que palpita 
La fe en el porvenir y la confianza, 
Tú eres fuerza y poder ! Tú eres el brazo 
En que la Patria buscará su apoyo 
Para seguir altiva su camino, 
Y reposar al íin en el regazo 
Del ánjel tutelar de su destino. 



iiMf ■itniriS'iiii" I ' ' ■•*-ri-"ínniÉitii''TÍ^'*'''-^"-'"^ " ' "■' 



— 258 — 

Vida la dieron nuestros padres héroes, 
Lauros y libertad dióle la guerra ; 
¡ Que la paz y el saber la den la dicha ! 

Y el poder de esa dicha en ti se encierra. 

t 

¡ (Jue el ánjel del Progreso 
Traiga ú mi Patria su divino beso ! 

Y con él al unjir sus sienes bellas, 
Encuentre, Juventud, que salpicaste 
Su oliva y sus laureles con estrellas ! 



^j-j-',..,.^ ...i.atj.. . >.-i-f.v-...-'^.-.i^¿/...¿-tjri...:^.:.:...-^.^i.:^-.-^. ■ fi ■ ¿ ¿,^jl^J:^v:.^:.t■rj^- -.."■>- 



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MI MADRE 

k LA SKÑOnA DOÑA MARCIARITA LIJOÍÍENA DE PEÑA. 



¡ Oh santa madre mía ! 
Aún puedo al despertar por las mañanas 
Santificar mi trabajoso día 
Con mi beso primer sobre tus canas ; 
Aún puedo con el alma cariñosa 
Sentir como resbala temblorosa 
Tu mano en mis cabellos, 
Acaso por secar, madre piadosa, 
La humedad de tus lágrimas en ellos. 

Porque ti'i lo comprendes, tú lo sabes 
Aunque no te lo diga, madre mía ; 
No soy feliz... padezco. Hay en mi alma 
El callado sufrir de la agonía. 
Tú lo sabes, lo sabes, y por eso. 
Presintiendo de mi alma las congojas, 
Al estampar sobre mi frente un beso. 
Sin quererlo, con lágrimas la mojas. 



¿ Oué fuera yo sin ti ? ¿ Dí'mde encontrara 
Mi triste vida cariñoso abrigo ? 
¿ Quién con mis breves júbilos gozara ? 
¿ Quién me buscara por sufrir conmigo? 

¿ Quién me diera valor? ¿ quién me alentara 
En esta lucha eterna con la suerte ? 



V. 



— 260 — 

¿Quién si no la evanjélica matrona 
A quien llamó Jesús la mujer fuerte ? 

i Qué relijiosa voz, de mi conciencia 
Huir hiciera la impiedad bastarda ? 
¿ En dónde viera yo sin tu presencia 
Al ánjel cariñoso de mi guarda ? 

Madre, tú eres la fe. Cuando en el templo 
Mujer de los dolores, solitaria 
Levantas tu oración, es el querube 
Quien recoje tus lágrimas y sube 
Con ellas al Eterno tu plegaria. 

Y es ella, tu oración, tu fe sublime, 
Tu fe de madre que el Señor bendijo, 
La que bañada en lágrimas redime 

Y purifica el coraz(')n de tu hijo. 

Tú eres piedad y dulce fortaleza ; 
Como el ánjel que al Hijo sostenía, 
Tú levantas del polvo mi cabeza, 

Y también me sostienes, madre mía, 
Cuando apuro en mis horas de tristeza 
Mi desbordado cáliz de agonía, 
Cuando siento que herido de la suerte 
Mi espíritu eslá triste hasta la muerte. 

Tu voz cristiana, fervorosa y santa. 
Que habla con Dios y ú la oración invita. 
Del santuario de tu alma se levanta 
Inspirada, dulcísima y bendita. 
Quizá la duda con su noche impía 
Mi fatigado pensamiento puebla; 
Pero hablas... y se va, como la niebla 
Ante la suave claridad del día. 

Tú eres, madre, la copa de consuelo 
Con que la fibra del pesar se calma, 



riii'naiUiMJ'"-'^- --*•--'''-•■■-'' ■-^—'--■^^^■-^•J^^'í^'.^^-. 



) 



— 2G1 — 

Y brillas como ol iris en el cielo 
Tras la deshecha tempestad del alma. 
Madre, tú eres amor, amor bendito, 
Amor siempre inmortal, amor sin nombre, 
El único en que encuentra un infinito 
VA insaciable corazón del hombre. 

¡Siempre tú, sólo tú I... ¡Si me arrancara 
Este mi corazón que siento grande 
Porque tú estás en 61, y le arrojara 
Al viento en mil pedazos. 
En cada uno grabada se encontrara 
La imajen de mi madre entre mis brazos! 

¡ Siempre tú, no más tú ! Une en mi existencia 
Sólo tú eres bondad, bien y consuelo ; 
Sombra de ánjel al mundo descendida 
Para en sus alas conducirme al cielo; 
Fe de mi creencia, luz de mis ideas. 
Mitad nunca de mi alma desprendida. 
Mi ser, mi amor, mi adoración, mi vida, 
Miídre, imajen de Dios, ; bendita seas! 



io. 



^^■■^.u^^. ^,..-> t^--'-'-' ■■~-s.',-rf'i¡-|., ¡-¡f ¿¡.^.rwv.ig.,' liiriiii'rfijAi'ií'iriTlrfiBiiiiiiiift'-fti 'i i rrii '"llMiir 



armonía 



¡Salve á la juventud! Tienda en el oler 
Sus blancas alas salpicadas de oru 
Kl ánjel inmortal de la Poesía, 
Arranque altivo del laúd sonoro 
El divino raudal de su armonía, 

Y al batir de sus alas rumorosas, 
Cual gotas luminosas 
Desprendidas del cielo trasparente, 
Derrame, juventud, sobre tu frente 
Una lluvia de lirios y de rosas. 

¡Salve á ti, juventud ! ¡ Nobles coronas 
l*repare el porvenir para tus sienes, 
Pues á buscar la gloria que ambicionas 
Al sacro templo de las arles vienes. 
Salve á ti, juventud, que W levantas 
Sonriendo á la victoi'ia, 

Y con paso atrevido te adelantas 
Por las sendas difíciles del Arte 
Al oasis encantado de la gloria! 



* 



El arte... una creación. Guando el Eterno 
Á la nada sombría 
Arrojó su jenésica palabra, 
El verbo resonando 
En los abismos del no ser profundos, 
Como arena lanzada por el viento 






— Í263 -^ 

Regó en el firmamento 

El polvo diamanlino de los mundos. 

Y en vasta muchedumbre 

Los mundos levantaron su armonía, 
VA sol un rayo de su viva lumbre 
Lanzí» á la tierra y se produjo el día. 
Se cubrieron los campos de verdura, 
De bosque el monte, de cristal el río, 
De pájaros y llores la espesura, 
De plata y de zalir el mar bravio. 
De topacio la atmósfera encendida, 
La nube de arreboles, 

Y palpitó la tierra estremecida 
Como al beso de amor la prometida 
Al espléndido beso de sus soles. 

La gran naturaleza 
Era un templo sin nombre 
Alzado del Eterno á la grandeza, 

Y sacerdote de este templo, el hombre. 

Y criador á su vez, el hombre ansioso 
Descorrió el ancho velo 

En que natura su secreto encierra. 
Desde la inmensa estrella, flor del cielo, 
Hasta la ílor, estrella de la tierra. 

Prestó su oído y escuchó en el viento 
El inquieto rumor de los follajes. 
De la paloma tímida el acento. 
El trino de los pájaros salvajes. 
La voz desenfrenada del torrente 
Desbordando del cauce que le oprime, 
El estruendo soberbio de los mares, 

Y todo ese himno místico y sublime, 
Ese eterno cantar de los cantares 
Que al nacer y morir de cada día 



ifc'llitiÉhÉIÍIÍlÉ''rtTiV-iV ■ if¡iiirfi.ii1HJ<fr«'''-.iiii-|iiíi .ju,- -■■■-■'■ -i-^-- >-^^->í- -./j^.r i.i.aai¿'---i.-.-:Aad-:Ú . ■ - ■ (iljr ['jájillí JfliSÍ'i 



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— 204 — 

La tierra entera al Hacedor envía ; 

Y de esas notas vagas y dispersas 

Hizo el hombre una voz... crió la armonía. 

Y la música fué... Voz de las almas, 
Plegaria del amor, suspiro errante 
(jue en las alas de un ánjel invisible 
Palpita y llega al corazón amante. 
¿Quién al oir la grata melodía 
Que oyera en otro tiempo, conmovido 
No parece sentir lo que ha sentido 
En sus perdidas horas de alegría ? 
¿Quién al indujo de una voz cantando 
No siente levantarse dentro el alma 
La voz de algún recuerdo sollozando ? 

Primera cita del amor, querellas 
De un labio suplicante que nos nombra, 

Y ú la luz de las trémulas estrellas 

La faz de un ánjel pálido en la sombra. 
Palabras en voz baja entrecortadas 
Por la caricia férvida, embelesos, 
Silencios de la dicha, y desmayadas 
Sonrisas llenas de aleteo de besos. 
El himno de las dichas que pasaron, 
Las frases que temblando se dijeron, 
Juramentos que luego se olvidaron, 
Suspiros que en el aire se perdieron ; 
Anhelos de ambición, sueños de gloria, 
Gritos del corazón desesperado, 
Aplauso atronador de la victoria, 
Trasportes del espíritu lanzado 
Al mundo del ideal, . . todo se ajita, 
Despierta, canta, se estremece y jime 
Cuando embriagado el corazón palpita 
Bajo tu ala bendita, 
i Diosa jentil de h\ armonía sublime ! 






— 205 — 

La música es la nota vagabunda 
Del alma-Amor que en el espacio flota 

Y da la vida y la creación fecunda ; 
La música es la alondra fujitiva 

De los jardines del Edén divino, 

Que sobre el alma al desplegar su vuelo, 

Le deja con su trino 

El eco blando de la voz del cielo. 

El arte es creación. ¡Gloria á lu cmpeHo, 
Artista juventud, la que ambicionas 
El corazón alzar y el pensamiento 
Á esa rejión feliz donde la idea 
Brillando en las creaciones del talento 
Nuevas obras inspira y nuevas crea. 

Y llegarás allí, pues que en tu seno 
Tienes, sacerdotisa intelijenle, 
También ;'i la mujer, alma que sueña, 
Fe que no muere, corazón que siente. 
Espíritu celeste que derrama, 
Con esa fe que el corazón anhela. 
El sacro fuego que la vida inflama 

Y el entusiasmo en cuya viva llama 
La inspiración al infinito vuela. 

El arte es creación... ¡Tiende ese vuelo 
Espíritu inmortal, hijo del cielo, 
Alma del hombre! ¡El porvenir es tuyo, 
El mundo es tu palacio, 
Tuya la tierra y la creación entera, 
Tuyo el tiempo también y el espacio, 

Y más allá la eternidad te espera! 
Riega doquier las luminosas flores 
Del arte, resplandor de la belleza, 

Del hombre entre las obras portentosas ; 
Puebla con ellas la mansión que habitas. 



■^iiéÉiiíúÁiLitJLiéMJluááiiiiUkiíá 



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-tw? 



— 266 — 

Y, obra de Dios, ante Él álzate grande 

De Dios entre las obras infinitas. 

De tu jenio inmortal con el tesoro 

Engalana la gran Naturaleza, 

Gomo engalana con diadema de oro 

Un rey ú la mujer de su terneza. 

La soberbia armonía 

Arrúllela de tu himno de victoria, 

Y encuentre altiva el esplendor del día 

En el sol sin ocaso de tu gloria! 



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A LOS íMNÜS 

(en una 1LNC1(').\ hK rilEMIOS^i 



l-lstaba la tierra 
Desnuda y vacía, 
Inmensa tendía 
Sil noche d caos, 

Y alzando la Nada 
Allí su palacio 

Ni tiempo ni espacio 
Había... sólo Dios. 

INI as / J/tígasi'f dijo 
La boca sagrada, 
llasgóse la nada, 
Surjió la creaci<in; 

Y Dios tendió el cielo 
Dejando por rastros 
Sus dedos los astros, 
Sus manos el sol. 



Las aguas llenaron 
El cóncavo abismo. 
La tierra el bautismo 
Primer recibió ; 
Se alzaron los montes, 
Se hundieron los valles, 
El agua sus calles 
Corriendo se abrió. 



— 268 — 

Las aves cantaron, 
Se abrieron las ílores, 
y trinos y olores 
Se alzaron al par, 
(Juedando la tierra 
Tan pura y hermosa 
Cual virjen esposa 
Que llega al altar. 

Que toda era bella 

Y espléndida toda; 
Sus galas de boda 
Vistióla el Señor. 
Azul y con gasas 
De nubes, por velo 
La dio el vasto ciehj 
De suave esplendor. 

(]on verdes praderas, 
Con bosques umbríos, 
Con diáfanos ríos 
La quiso vestir, 

Y luego ciñóla 

Cual cinto de ondinas 
Las ondas marinas 
De plata y zafir. 

Por manto de noche 
La di(') esa tiniebla 
Que borda y que puebla 
La flor sideral ; 

Y eterna diadema 
Del cielo en la fren le, 
Del sol esplendente 
La llama triunfal. 

Dios hizo la tierra 
De encantos tan llena 



. J..I jj'- '—■'■>----(>»,, .-Jiiiiii''^^' ■ -'-'^~v^¿.-:--N 



• ■ I I 



— 209 — 

Que viéndola buena 
Al hombre la dio; 
Y haciéndolo de olla 
Señor soberano, 
Propicio su mano 
Sobre olla tendió. 



Kl da á las campiñas 
La lluvia fecunda, 
Los prados inunda 
De grato verdor; 
Él llena las brisas 
üe aromas suaves, 
Él vistes las aves, 
Él pinta la llor. 

Él da á los insectos 
Las húmedas hierbas, 
Las ondas acerbas 
Al rápido pez, 
Al pájaro errante 
Entreabre la espiga, 

Y deja á la hormiga 
Su grano de mies. 

Él da sonorosa 
Lu música al río, 
Á la hoja rocío. 
Sustento al reptil; 
Él truena en el rayo, 
Retumba en las olas, 

Y está en las corolas 
Del lirio jentil. 

Él surca el nublado 
Con sierpes de lumbre. 



-. -'■^'■t..¿-"-j--^iriif"i|iiitfcrfiiiiitot'iiiÉf¿iiiÉiirfíi' í iTiiiiiiiiÉaÉiÉíi 



.-.--♦■^■^.■.■.-■^,^-,-..^.,-.....;.;. ...... 1.^. ' ■~-j--'-'~>'--MiiMnitiem)mimtm ii iTiriilÉaiMBmiiirn 



— 270 — 

Enciende en la cumbre 
Del monte el volcán; 

Y tiende del iris 
Las franjas remolas 
Tras nubes que rotas 

Y prófugas van. 

* 
♦ * 

Dios hizo la tierra 
De encantos tan llena, 
Que viéndola buena 
Al hombre la dio. 

Y al hombre, su dueño, 
Le dio jeneroso 

El don más pi-ecioso, 
La prenda mejor. 

Dióle algo más rico 
Que el mar y la tierra, 
Dióle algo que encierra 
En sí la Creación; 
Más alto que el astro, 
Más raudo que el vuelo, 
Más vasto que el cielo. 
Más bello que el sol. 

Le dio pensamiento, 
» Le dio intelijencia, 
Le dio la conciencia, 
Le dio el corazón ; 
Le dio cuanto grande 
Su espíritu alcanza 
Á hacerle semblanza 
É imajen de Dios. 

Y el hombre, ¡ insensato! 
¿ Irá por la vida 






— 271 — 

Cual hoja caída 
De efímera flor ? 
¿ Cual grano de arena, 
Cual copo de espuma, 
Cual rápida pluma 
Que el \iento Hevú? 

¿ Irá sin objeto, 
Sin luz ni camino, 
A ignoto destino 
l'erdido al azar? 
Cerebro sin mente, 
Pupila sin fuego, 
Sonámbulo ciego, 
¿ Sin alma?... ¡ jamás! 

Espíritus libres 
Tranquilos y bellos, 
Serenos destellos 
De un fuego inmortal, 
Vosotros los niños. 
Las almas de aurora. 
Celajes que aún dora 
La luz matinal : 

Allí á nuestros ojos 
Se extiende bendito 
YA campo infinito 
Del alma saber ; 
Allí es donde loma 
Su fe la conciencia, 
Allí están la Ciencia, 
La luz y el poder. 

La ciencia — sabedlo 
La Ciencia es victoria; 
Camina la Gloria 



-,xw,».v,¿^ iiiiii-i. II» iti.mi i-i-Ai,tij.»¡-j;fMf-i.f^^«'^*J^-^*'J^*'<''*'*'^ 



TWV" 



— 272 — 

Siguiéndola en pos. 
i La Ciencia es el ala 
Flamíjera y santa 
(Jue al hombre levanta 
Del polvo hasta Dios! 

Allí están sus palmas, 
Allí están sus bienes, 
Ceñid vuestras sienes 
Con lauro triunfal; 

Y sed nuestro orgullo, 

Y sed nuestra gloria, 
Dejando á la Historia 
Henombre inmortal. 



_"*l,-i,-^- A. 






EL ARTI8TA 



¡ Dadle aire, luz, espacio... Tended anle su visla 

De un horizonle de oro 

La vaga inmensidad! 
¡ Dejadle libre y grande! Dejadle... es el Artista; 
Su numen es el jenio, su sueño la conquista, 

Y tiene dos amores : 

La Gloria y la Beldad. 

De niño, cuando sólo resbala por la frente 

El fuego casto y suave 

Del beso maternal, 
Su frente de poeta, ya pálida y ardiente, 
Estaba pensativa... Poblábase su mente 

De imájenes y sueños 

De un mundo celestial. 

La aurora, el sol de fuego, la misteriosa calma 

De la sagrada noche, 

Los astros del Señor; 
La brisa (jue sacude las hojas de la palma, 
La sombra y el silencio, hablaban ú su alma 

En un idioma vago 

De dichas y de amor. 

Le habló con sus rumores la selva centenaridj 

Le habló con su murmullo 

La brisa del pinar; 
Y en la remota playa, ardiente y solitaria, 
Oyó cómo entonaban magnífica plegaria 



iim iiiiiiar«-i"i í?iTiiii'*iffiiii^iiiVíiiiiií'<iiiBÍÉiiSÉÍÜiÉ - '' n '" i^flüj-s r iiié'iVií'i . 



— -21 't — 

[^os vicnlus y las olas, 
Los tumbos de la mar. 

Y alzó su frente altiva bañada por el día, 

En fuego la mirada, 
En fuego el corazón; 

Y cuando al mundo quiso decii' lo (juc sentía, 

Una arpa entre sus manos, temblando de armonía, 
Para cantar su alma 
De súbito encontró. 

Anií')... cantó la dicha... Después... vino el tormento. 

Amor ¿ no eres acaso 

Del corazón la cruz?... 
Pero es para el artista fecundo el sufiiniicnto; 
Allí la ciencia aprende del grande sentimiento, 

De aquella triste sombra 

Despréndese la luz. 

Él es el alma inmensa. La humanidad entera 

Palpita en el misterio 

De sn alto corazón ! 
Es el latido de ella; por ella cree y espera, 
Por ella sufre y llora, por ella desespera, 

Por ella del martirio 

Levántase hasta Dios. 

Así cruza el poeta la senda de la vida. 

La paz de la ventura 

No se hizo para él. 
Le ignora la fortuna, el porvenir le olvida, 
Pero su frente triste y pálida va unjida 

Con yo no sé que beso 

De cielo en su laurel. 

¿ Qué importa á su gran alma la dicha transitoria 
Deloro, la fortuna 



: ..1. ■■ .■i,...v ...■,. ,^'W.'¿,.^ a. -j ..,| i-||- iiiiiiÉiitÉr lÉiii 



— 27o — 

Y el rápido placer?... 
Kscrila con la cifra de bronce de la Historia 
Tal vez al mundo deja la pajina de gloria 

(Jue el golpe de la suerte 

No puede ya romper. 



¡ Dadle aire, luz, espacio! ¡ Tended ante su vista 

De un horizonte de oro 

La vaga inmensidad ! 
¡ Dejadle libre y grande! Dejadle... es el Artista, 
Su numen es el jenio, su sueño la conquista, 

Y tiene dos amores : 
La Gloria y la Beldad. 

¡ Dejad que su alma suene, dejad que su alma espere 

Y que su vuelo tienda 
Del ideal en pos! 

La gloria de sus sueños es gloria que no muere... 
Espíritu sublime que lo inünito quiere, 

Está lejos del mundo 

Porque se acerca á Dios. 






í\ 



I A LAS ARMAS 



¡ No tenemos mas rey que las leyes, 
No tenemos los libres señor ! 
¡ Uue con sangre se liña de reyes 
Nuestro bello pendón tricolor! 

¿ Hasta cuándo en vil ocio, hasta cuándo 
Yaceréis, mejicanos, dormidos? 
¿ Hasta cuándo seréis tan sufridos 
Uue se os pueda venir á insultar? 
¡ No de paz, no de fiestas y danzas 
Es esta hora que pasa tremenda... 
Aquí mismo, en la patria, su tienda 
Ha venido el Trances á plantar ! 

¡ Á las armas! Oid cuál resuenan 
De conquista los burras salvajes... 
¿ Hasta cuándo vengáis los ultrajes? 
¿ Para cuándo queréis el valor? 
El que lleva en su pecho grabada 
De la patria la imajen querida, 
Nunca piensa que juega la vida. 
Sólo piensa que gana el honor. 

Sólo piensa cuando entra en la lucha 
Que el oprobio al cobarde le queda; 
Sólo busca lugar en que pueda 
La ancha espada mortífera hundir. 
Sólo sabe, ya tinto en su sangre. 
Que morir por el niño, la anciana, 



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— ^77 — 

Por la madre, la esposa, la Iieiiiiana, 
Por su Dios y su hogar... ¡ no es morir 1 

¡ Es cumplir por la patria bendita 
La misión más sublime del hombre; 
Es quiz.á bautizar con su nombre 
Una pajina de oro triunfal; 
Es vivir como vive la Fama, 
Es vivir como vive la Gloria, 
Ks comprar á la excelsa Victoria 
El derecho de ser inmortal! 

¡ Á las armas! ¡ J-^l grito de guerra 
Como el trueno los ámbitos llene, 

Y del Jila al Grijalva resuene, 
Del Pacífico al Golfo también ! 

¡ Y cual llama de incendio que el soplo 
De impetuoso huracán arrebata, 
Como tromba que el rayo desata. 
Se desplome la guerra doquier ! 

¡ Á las armas ! ¡ Los montes, los valles. 
Las ciudades vomiten guerreros !... 
¡ Luz nos den en el día los aceros, 

Y en las noches alumbre el cañón ! 

Y que corra la sangre agostando 
Flor y mies en la vasta campiña... 
Cuando el agua de rojo se tina 
Ya podremos lavar el baldón. 

¡ No haya paz ! i El ílamíjero incendio 
Del combate la atmósfera abrase ; 
Cada pecho que el hierro traspase, 
Multiplique en los otros la fe ! 
¡ Y no quede un pedazo de tierra 
Que no moje la sangre enemiga... 
¡Si es preciso, no quede quien diga 
De nosotros : la Patria aquí fué! 

Pasio.nahias. 16 



•iiíiiáli'''ii'riiiii;titn«ii«in.ii.irii>'i.''-- ■* ■''•-■-'■'• ■ ■■'■ ■- --.-■.-'- 



i^-TOKr' 



— 278 — 

¡ Sí!... ¡ primero se tornen 
Las ciudades en mudos desiertos, 

Y los campos se cubran de muertos, 

Y la patria perezca en luchar. 
Que sumisos á un amo extranjero 
Ofrecer nuestra carne á su vara, 
De vergüenza taparnos la cara 

Y cual pobres mujeres llorar !... 

Nuestro sol es el sol de los libres, 
Nuestro suelo es un suelo de bravos; 
Pero si hay corazones de esclavos, 
Si hay traidores... ¡ maldígalos Diosl 
El traidor no es hermano... va solo, 
Es Caín vagabundo y proscrito; 
Dios escribe en su frente : ¡maldilo! 

Y sus hijos le ven con horror. 



¡ Oh mi Patria! ¡ En un tiempo la lucha 
Sin piedad á tus hijos diezmaba; 
Sangre propia tu seno chorreaba, 
Sangre extraña tu espada también. 
En un tiempo, con mano terrible 
La melena real sacudiste 
Del ibero León, y la oiste 
Ya vencido rujir á tus pies!... 

¿Cómo es que hoy ú tu frente divina 
El baldón por el galo se escupe? 
¿ Quién de Puebla arrasó el Guadalupe? 
¿ Quién el sol de tu Mayo apagó?... 
¡ Á las armas ! Doquier el incendio 
De la guerra tus campos alumbre, 
Y retiemblen la costa y la cumbre 
Al feroce tronar del cañón. 



• "r'r •' I lÉitíini "1 -y ..'■■•■ ' '■-<íí-';-a¿ihirii'r. ........ :i-».'^a.—..J- ;-■■,-. ..^ -■■"■->■ K^»..¿a>,.'.«iii.jja 



— 279 — 

i Á las armas! ¡ El sol de la Patria 
No vea más nuestra triste vergüenza ! 
¡ Es preciso que Méjico venza, 

Y en el nomljre de Dios, vencerá ! 

¡ Al cadalso, á la tumba, al oprobio 
Rodarán el monarca y vasallos... 

Y sus cascos pondrán los caballos 
En la sacra corona imperial! 

¡ No tenemos más rey que las leyes, 
No tenemos los libres señor, 
Ni aquí tienen más trono los reyes 
Que el cadalso sin gloria ni honor ! 



.±^»aj.-^-t.^-.>;í--,^ ---lÉ'liiMi 'iiliÍ[i'*'''--"^'-''-'-tiatHñi'ii>ttiM>ririniii ''irijíii 



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ODA A LA PATRIA 

(cinco de mayo de 1802) 



Alcemos nuestro h'ibaro on la cumbre 
Esplendorosa de granito y nieve 
Del excelso volcán, a donde raudo 
Entre el fulgor de la celeste lumbre 
Tal sólo el cóndor ú llegar se atreve ; 
Donde la nube se desgarra el seno 
Para vibrar el rayo 

Y hacer rodar en el abismo el trueno. 
Alcemos, sí, bajo la arcada inmensa 
Del cielo tropical y sobre el ara 
Diamantina del Ande 
El augusto pendt'»n de la victoria, 
(Jue aún mereciera pedestal más grande 
La enseña do la Patria y de la íiloria ! 



¡Oh santo nombre de la Patria!... Escuda 
Con tu prestijio inmenso 
Esta mi audaz palabra tan desnuda 
De elocuencia y vigor; haz que vibrante 
Al pié de tus altares se levante, 

Y sea como la nube del incienso 
Ante el ara de Dios ; haz que resuene 
Potente, y en su vuelo 

Con tu renombre los espacios llene, 

Y cubra al mundo y se levante al cielo ! 






2S1 



* 



Ayer — fugaz minuto que .i la Historia 
Acaba de pasar en las serenas 

Y deslumbrantes alas do la Tlloria — 
Ayer en la ignorada 

(jumbre de una colina que ceñía 
Una cinta de frájiles almonas 

Y pobre artillería. 

El mejicano pabelhni llotaba 

Bajo un cielo de brumas, 

Como en la frente del guerrero azteca 

Mico penacho de vistosas plumas. 

Mas no flotaba al beso voluptuoso 

De las brisas del trópico ; crujía 

Al soplo tempestuoso 

De un huracán do mu(M-to, y so tendía 

Su lona tricolor, como del iris 

Sobre la frent(» negra de los ciclos 

La diadema se ostenta 

Cuando huyendo ílamijera sacude 

Su melena de rayos la tormenta. 

Y era también un iris de esperanza 
Aquel sagrado pabellón erguido 
Ante el jenio feroz de la mantanza. 
Aquella enseña del derecho herido 
Alzándose terrible á la venganza. 
Allí del mundo de Colón los ojos 
Severos se lijaban, centelleando 
De impaciencia, de cólera y enojos. 

Y quién sabe si airadas 

Allá desde los picos solitarios 
De la alta cordillera, silenciosas, 
Envueltas en sus pálidos sudarios, 
De nuestros héroes muertos asomaban 



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^ 282 — 

|-. Las sombras espectrales 

Y el Guadalupe atónitas miraban. 



¡ El Guadalupe!... Ostenta en sus laderas 
De la Patria las bélicas lejiones, 
Ikillan las armas, flotan las banderas 

Y se mezcla al rodar de los cañones 
El loque del clarín, la voz de mando 

Y el relincho marcial de los bridones. 

Y más allá, cruzando la llanura, 
Henchidas de arrogancia. 
Tendiendo al sol las alas voladoras 
Las imperiales águilas de Francia 
Conduciendo las huestes invasoras. 

Las huestes sin rival. En sus pendones 
Cien y cien veces derramó laureles 
Propicia la Victoria; 
Soldados favoritos de la Gloria, 
^ En los campos de Europa sus corceles 

Han dejado una huella ensangrentada , - 

Y cien veces sus pajinas la Historia 
Abrió á la punta do su atroz espada. 

Ellos son y avanzan... ¡ Dios Supremo! 
i Ah ! ¿qué va á ser de nuestra pobre tierra 
Ante esos semidioses de la guerra?... 
¿Qué va ú ser del soldado mejicano, 
Soldado humilde, sin laurel ni pompa, 
De esos titanes al tremendo empuje? 

¿ Qué va á ser?... Vedlo ya... 

Suena la trompa, 
Silba la bala, la metralla ruje. 
Se avanzan con furor los batallones, 
Se chocan los guerreros, 



'-Ü&JL^'." :^¿.'^jatlriÍ/Sf,. •-'-—■• • .■<.-.■-. ■ -Vi''",.^'-./' • -i,."ti.i.- -~.-,:-^ÍÜtk . 



— 283 — 

Se desgarran flotando los pendones. 
Crujen tintos en sangre los aceros, 
Tiembla la cumbre, tiembla la llanura 
Al estruendo mortal de la pelea, 

Y de humo y polvo en la tiniebla oscura 

El cañón formidable centellea! , 

¡ Terrible batallar! Potente rabia 
De insensato furor ebrio de sangre ; ' 

Festín de la venganza 
En que sólo resuena pavoroso 
El salvaje rujir de la matanza; 
En que fiera la vida 
Se escapa palpitante por la herida 
Del corazón indómito que aún late 
Encendido en las iras del combate ; 
Instante de terror y de grandeza 
En que el débil en bravo se convierte 

Y se hace león el corazón del fuerte; / 

Y convulsa la vida se desgarra, 

Y se goza el Horror y ríe la Muerte ! . , 

¡Terrible batallar ! Golpe por golpe, 
Furor contra furor, vida por vida 

Y sangre nada más : allí la fama 
Del francés vencedor y su pericia 
Contra el derecho trasformado en pueblo 

Y armado de justicia... 
Terribles las lejiones 

Cual de la mar olas turbulentas 

Que flajela el furor de las tormentas, " ■■: 

Se encuentran y se chocan y se rompen ;. í^^ 

Feroces y sangrientas !... ;. ,- 

y 

¿Y es verdad... es verdad?... Los invencibles, 
Los que cejar no pueden, 
Los tigres de Inkerman y Solferino, ':'^ 



ii./^a:.ti^^a:---.'<^ ■.■J.-!cai^í¿^--..¿a.^ V-» íJl^^^i f- ;"rtajiiaiWÍii itSAJüiiáSíiAi J 



^:':i. 



— i>84 — 

¿Aquí blanca la faz, perdido el tino 

Y con miedo en el alma... retroceden? 

¿En dónde está su incontrastable arrojo ? 
¿En dónde su furor armipotente? 
¿ Do el llegar y vencer que suyo haría 
Inmóvil de terror el Continente? 
Las águilas francesas 
¿No midieron, cruzando el Océano, 
Cuánto eres, Libertad, grande y potente 
Bajo el inmenso cielo americano?... 

Soberbias te arrojaron sus lejiones ; 

Y viéndolas llegar, en tu mirada 
Las iras del ultraje centellearon; 

Y vibrando relámpagos tu espada 
Sus golpes matadores 

El rayo de la muerte fiiliuinaron; 
Sangrienta charca ai)n('>se tu pisada. 
Nada su rabia de leones pudo 

Y ante tu fuerte escudo 

Ellos, los invencibles... se estrellaron! 

¡ Y tres veces así !... Del Guadalupe 
Quedaron las laderas 
De pálidos cadáveres sembradas, 

Y de francesa sangro 

Y sangre mejicana ¡ ay! empapadas. 

Y cuando el sol de Auáhuac esplendente 
Bajaba al Occidente, 
El ánjel tutelar de la Victoria 
Voló á arrancarle su postrero rayo, 
Bañó con él de Méjico la frente 
Sellándola de gloria 

Y con letras de sol Cinco de Mayo, 
Para los siglos escribió en la Historia 



.: . ^K ^^^.^.^i^^i,.:^,.,. : ,íj.AJ . r¿ í'a-h^ 



— 28o — 

Entonces... lú lo sabes, Puebla mía, 
¡ Oh Puebla 1 cuya heroica bizarría 
Nunca ensalzar como merece supe ; 
Tu nombre, sepultado en el olvido, 
Aprendiólo la Francia al estampido 
Del cañón que tronaba en Guadalupe. 

Cayí) ese nombre en la soberbia Europa 
Con el ruido triunfal de una victoria, 
Cayó vestido con el ampo de oro 
Del sol de Mayo que alumbri'i tu gloria. 

Desde entonces, allá, bajo el sereno 
Dosel de auroras que desplega Oriente, 
Envuelta en olas de oro por la lumbre 
De aquese sol triunfal, y coronado 
Con el lauro que el tiempo no destroza, 
Del Guadalupe yérguese en la cumbre 
La figura inmortal de Zaragoza ! 



* 



Las águilas francesas que algún día 
Tendieron sobre el mundo 
Ebrias do triunfos las pótenles alas 
Llevando entre sus garras las banderas 
Vencidas y hechas trizas 
De naciones altivas y guerreras ; 
Las águilas que guiaron la fortuna 
Sangrienta de los fieros Bonaporte, 
No posaron su vuelo victorioso 
Después, del (iuadalupe en el baluartí'. 
Y queda allí soberbio monumento 
De patriotismo y gloria, 
Vistiendo con la sangre no lavada 
La púrpura Iriunfal de su victoria. 



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— 280 — 



Allí queda á su planta la esforzada 
Guerrera de Aloyac, Puebla la bella, 
La tierra de mi hogar que guarda altiva 
Cual cicatrices que la gloria sella, 
Sus rotos muros, sus deshechos lares, 
Sus calles destrozadas, 

Y en pié las ruinas de sus grandes templos 
Por la bala francesa acribilladas ; 
Elocuente padrón del heroísmo 

Y del patrio denuedo, 
Pajina de la historia 

Del mejicano corazón sin miedo. 

Allí queda la invicta 
Amazona mostrando cual trofeo 
La palpitante herida del combate, 
Por la cual, anle el sol, como en el rolo 
Pecho de los guerreros de Tirteo 
Se ve el valiente corazón que late. 

Allí queda ese fuerte de los libres 
Ante cuyo granito la soberbia 
De los nunca vencidos se destroza; 
¡ Allí queda ese campo de pelea 
Donde hollaron las cruces de Crimea 
Los cascos del corcel de Zaragoza! 

j Allí quedas, mi Puebla! Y si algún día 
Arroja el extranjero 
El grito de la guerra á tu muralla, 
, Renueva tu osadía, 
Vibra de nuevo el matador acero, 
Desata el huracán de la metralla, 
Fulmina fiero de la muerte el rayo, 

Y la sangre del campo de batalla 

La seque aún otra vez la esplendorosa 
Lumbre de gloria do tu sol de Mayo ! 



ÍL. í^mí^ÜJíl^Jc 't>hj ..^p. iV—. .üíAit . 



A LOS ALUMNOS DEL COLEJIO DEL ESTADO 

(DIRTRIBLT.KjN hE PRKMIOs) 



Cuando allá en los conlines de la Historia, 
En la aurora del mundo, 
Cuando el tiempo era niño todavía 

Y al Hágase fecundo 

Del Eterno, la gran naturalc/a 
Sus pompas virjinalcs revestía; 
Cuando el hombre salvaje 

Y de pieles cubierto, 
Vagaba confundido 

Con las fieras sin nombre del desierto ; 
Guando tenía que compartir el fruto 
Del árbol con los pájaros errantes 

Y disputar al bruto 

Los restos de su presa, palpitantes ; 

Guando el sol del estío 

Fuego lanzando en la rejión serena 

Y' calcinando la desnuda arena ^ 

Abrasábale impío, 

Y le azotaba el huracán violento, 

Y le mojaba jélida la lluvia, 

Y le punzaba el frío; 
Cuando en la playa, á solas, 
Contemplaba con ojos espantados 
Los mares irritados 

Alzar bramando sus tremendas olas; 
Guando dentro su choza que temblaba 
Él temblaba también, de miedo yerto, 



tíáfíJÁrt i- ,■: ni\tí-,.'i, -I- :'i- in ,"'i"',\.t ■-';' Ti '■-iniífjr «r i\{A i\'- " ■-'■-■-^■^■"- itlfnirit'l r 



— ->88 — 

Al escuchar el liueno que rodaba 

Y ver llamear incierto 

El relámpago pálido, alumbrando 
La pavorosa noche del desierto ; 
Cuando ciego y estúpido, infelice. 
Con fatigado paso 
Iba el hombre al acaso 

Y solo en la Creación... solo en la vida, 
Solo con sus dolores sin medida, 
Solo con su miseria, 

Gomo la bestia doblegada al suelo 
Por el peso mortal de la materia ; ' 
Cuando su mente oscura 
Ciego abortaba el pensamiento vago, 

Y no daba á sus lágrimas dulzura 
Ue la esperan/a el cariñoso halago ; 
Cuando sin ilusiones ni deseo 

Se arrastraba en el polvo hasta el olvido, 
El corazón ateo, 
En liniebla el espíritu perdido, 
Errante, débil, infeliz y bravo. 

Entonce, en esa hora, 
Era Naturaleza la señora, 
¡ El Hombre... era el esclavo!... 



* 



Mas hoy que no hay sobre la vasta tierra 
Ningún poder que su poder resista, 
(Jue es para él cada obstáculo una guerra 
Y entonces cada guerra una contiuista ; 
Hoy que el íiero Océano, 
Sacudiendo su crin de olas rujientes, 
Sólo es para (^1 humano 
Corcel en que cabalga soberano 
Visitando los anchos continentes ; 
Hoy que da á la palabra 



■ >'ii ' iii>M¿iiifcÉfrti"^"- ^- -'*■ ^'-^'i—-^.-y -• --'^--'lili^lÉ^^»^ll''^lnli^''l^ ■■ 



X. I 



— 289 — 

El vuelo del relámpago, y la idea 
Rápida como el rayo, por el mundo 
En las alas del rayo se pasea ; 
Hoy que señala su corriente al río, 
Que enlaza las montañas, 

Y las hace escuchar, estremecidas. 
El grito del vapor en sus entrañas ; 
Hoy que ya del profundo 

Abismo de la tierra abrió las puertas, 

Y ha preguntado á las edades muertas 
El jénesis del mundo ; 

Hoy que sintiendo en su fecunda mente 
Del infinito la atracción suprema 
Arroja al cielo su pensar ardiente, 
Deja atrás la rejión de las centellas 

Y navega, burbuja intelijente, 

En el mar sin confín de las estrellas ; 
Hoy que su alma ideal, chispa sagrada 
Por el Dios encendida 
No cabe en el instante de la vida, 

Y despreciando la mezquina nada 
No ve en la tumba abierta 

Al paso del proscrito 

Más que la oscura puerta 

Que conduce á otro mundo... el infinito; 

Hoy que encierra saber su pensamiento 

Amor su corazón, fe su conciencia, 

Que tierra y firmamento 

Alumbra con su ciencia, 

Y que á sus plantas el error enclava 

Y que le acerca á Dios su inteligencia, 

¡ El Hombre es rey... Naturaleza, esclava I 

* ♦ 

El hombre es rey. l-^a Creación hermosa 
Como una virjen al amor rendida 

Pasionarias. 17 



■**^"^-t-^^'^'-''^--"-¿»ii.i» iiiii- ', ^'Jitnití^átii^i^íiámÉÍSik 



- 290 — 

Le rodea cariñosa, 

Y le briiula en su seno, voluptuosa, 
La copa de misterio de la vida. 

La copa del saber en que se esconde 
Del Creador el secreto soberano, 

Y cuyo néctar al tocar el labio, 
Hace un hijo de Dios del ser humano. 
(Jue la Ciencia, centella desprendida 
De la inmensa mirada del Eterno, 

Y en el humano espíritu caída, 
Desde la triste sombra de este suelo 
Rasgando la liniebla de la vida 

Le alumbra el mundo y le señala el cielo. 

Tú eres, Ciencia, del mundo la señora, 
; Para ti los laureles y las palmas, 

Y los himnos del arpa vibradora 

Y el culto de las almas! 

; Para ti los perfumes y las flores, 
Para ti lo mejor de la existencia... 
Si sólo vive el corazón de amores 
Sólo vive el espíritu de ciencia! 



¡ Oh grata juventud ! Alma de aurora 
Que vibra estremecida 
Como una lira melodiosa y blanda 
Á los primeros soplos de la vida; 
Dulce jeneración en primavera 
Á quien deslumhra el esplendor del día. 
En quien derrama la ilusión primera, 
Como una lluvia matinal de flores, 
La inefable pasión de los amores, 
La esperanza, la dicha, la poesía 
Y todos los ensueños seductores 
De la májica edad de la alegría ; 



-^- *■ "*^'- liiV lili ir ■'-"■■-*■- 'iiú¿KitÉáMiií'úá \v'ii\'íiA' r'i'n' • 



— 291 — 

Juventud, porvenir que se levanta, 
Sangre que hierve, corazón que late, 
Guerrera que se apresta 
Segura de los triunfos al combate ; 
Sacerdotisa eterna de la idea 
Que en la ara de la Ciencia 
Ala diosa Verdad, en holocausto 
Consagras lo mejor de la existencia ; 
Hermana juventud, ¡ álzate grande! 
¡ Alcanza las conquistas del talento, 
Y vuele á la Verdad tu pensamiento 
Como el soberbio cóndoro del Ande 
Al espléndido sol del firmamento! 



^u^-í^-^L „- ..,..■■■. :;¿.„.,.-.^.:.^^..>t'^-^.-./-.y»^'aj¿.arjÉiiiaJ4Éiiiitt-..^--t. 



EN LA EXPOSICIÓN INDUSTRIAL DE PUEBLA 

(velada ARTÍSTICO-LITEHAHIA, 
PEDICADA AL T.ENERAL ULISES GRAM') 



Hay un ailisla... ¡ Dios! Tendió su cielo 
Y, cual polvo caído de sus huellas, 
Derramó en los espacios infinitos 
Un reguero de mundos... las estrellas. 

Habló, dijo : / la luz! y la sonora 
Voz que la inmensidad estremecía, 
Del caos huyendo desprendió la aurora 

Y de la aurora desprendióse el día. 

VA día, la vasta luz, el torbellino 
De átomos de oro que al tender su vuelo 
Por los campos del éter cristalino 
Encienden con su polvo diamantino 
El esplendor magnífico del cielo. 
El día, pompa del sol, rejio atavío, 
Beso de luz que deja en las corolas 
El trémulo diamante del rocío, 

Y chispeando en la cresta de las olas 
Tiende un collar de soles en el río. 

El día que viste de esplendor la tierra, 
De iris la flor, de púrpura el celaje 

Y en penachos de perlas desparrama 
Las olas del Atlántico salvaje. 



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— 293 — 

El día que enciende con su llama.de oro 
De la ancha tierra el perfumero inmenso 
Para que suba al Dios de las alturas 
Entre música, flores y aromas 
El himno universal de las criaturas. 

* 

Á la espléndida luz del primer día 
La tierra, que de amor se estremecía, 
Desplegó sus soberbios horizontes, 
Puso en calma sus mares turbulentos, 
Hundió sus valles, levantó sus montes. 
Hizo soplar suavísimos los vientos 
Cargados de perfumes y rumores, 
Y al extender del bosque la espesura, 
Pobló la soledad de la llanura 
Con torrentes y pájaros y flores. 

Y en medio de esta luz, de esta armonía. 
De este nido de amor, de este embeleso, 
El hombre despertóse acariciado 
Por el fuego nupcial del primer beso. 

Abrió sus ojos, y el divino rayo 
Del sol que aparecía. 
Ante sus ojos, se veló un instante, 
Que más bella que el mundo que nacía, 
Más esplendente que la luz del día 
Era la imajen que tenía delante. 

Eva, la flor de Dios, la seductora 
Creación del primer sueño, la doncella 
Formada en el regazo de la aurora 
Para sus bodas con Adán, aquella 
Que ya en el Paraíso tentadora 
Cuando apenas nacía, 



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— 294 — 

Rival de Dios después sobre la tierra 
En el alma del hombre se alzaría. 

Adán creía. Los cielos asombrados 
Con Dios á solas conversar le oyeron 
Del Edén en los huertos perfumados, 

Y en torno de él para guardarle vieron 
La lejión de los ánjeles alados. 

Adán creía; pero olvidó un instante 
La cara de su Dios, y en su locura 
De Eva al mirar bellísimo el semblante 
Se arrodilló temblando y palpitante 
Ante el divino sol de la hermosura. 

Sintió en su alma otro Dios, desconocido, 
Pero hermoso también, también supremo, 
También Creador y grande sin medida; 
El Dios-Amor incontrastable y fuerte, 

Y al presentirle idolatró la vida, 

Y por gozarle desdeñó la muerte. 

Amó, y su pecho se bañó en ternura, 

Y desbordó en su labio la dulzura 
De Eva al decir el delicioso nombre; 
Ciñó su talle con jentil abrazo, 
Reclinó la cabeza en su regazo 

Y olvidado de Dios, quiso ser hombre. 

Y Dios celoso le arrojó irritado 
Del profanado Edén sobre la tierra, 
De la hermosa mujer acompañado; 
Le arrojó á la expiación y á la guerra 
Con todo lo creado. 

Y el hombre se encontró desconocido 
En la vasta Creación ; ánjel caído 
Ausente de su Dios, por un instante 
En los umbrales del Edén perdido 



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— 21)5 — 

Quizá lloró, quemando fiijiliva 
La lágrima primera su semblante; 
¡ Mas luego irguióse su cabeza altiva, 
Lanzó al remoto cielo una mirada, 
Abarcó luego la desierta tierra, 
Y al sentir en su mente el pensamiento, 
En su brazo el vigor, y el ardimiento 
En su jigante corazón, lanzóse 
Contra la hostil Naturaloz¡i en guerra! 



II 



Y de entonces acá, siglo tras siglo, 
Infatigable luchador el hombre 
Viene escribiendo su triunfante nombre 
En el libro inmortal de las edades. 
Humilló de las fieras la bravura, 
Con su trabajo fecundó la tierra 

Y tapizó de mieses la llanura. 
Derramó en el desierto las ciudades. 
Dominó con sus torres el espacio 

Y levantó, soberbio, su palacio 
Junto al templo erijido á sus deidades. 

En vano el mar, rujiendo de coraje 
Al sentir en su espalda la barquilla, 
Su crin de espuma sacudió salvaje 

Y reventó su turbulento oleaje 

En las quietas arenas de la orilla. 
Presintiendo del hombre el poderío 
En su contra llamó las tempestades, 
Hizo rodar el trueno en el vacío, 
Abrió en la inmensidad sus soledades 
De hondo misterio y de terror sombrío... 
Todo en vano... 

¿ No veis allá á lo lejos 



II • • I -íiikaÉ mú\ JVTii II tÉÍiiri Afc^# a'f tfh ' "-■i A,mí\t» I til ir í'Jnm i r iintf ■■hmilÉfcfiifc 



— 296 — 

Sobre las olas de rizada espuma, 
Del magnífico sol á los reflejos, 
Tenderse al aire cual gallarda pluma, 
Blanco penacho de indecisa bruma?... 
¡ Es el vapor! Su pabellón de gloria 
Proteje al hombre sobre el mar perdido; 
La inmensidad, el huracán, el trueno, 
La tempestad flamíjera, han huido... 
Dragones de la mar ya no la guardan : 
El mar eslá vencido. 

Vencido está como lo eslá la tierra, 
Cuyas entrañas al trabajo abiertas 
Prodigan el tesoro 
Inagotable de sus venas de oro, 

Y en cuyos senos el saber profundo 
Ha hecho decir á las edades muertas 
El misterioso jénesis del mundo. 
Vencido, como está Naturaleza 

Á quien arranca dilijente el sabio 
Secretos de poder y de grandeza... 

¿ Qué es esa chispa que en la nube oscura 
Con ímpetu violento 
Lanza el trueno, y fulgura, y centellea? 
En el cielo es el rayo, entre los hombres 
Es el dócil corcel del pensamiento 
y lleva en su relámpago la idea. 

¡ Tú eres, Ciencia, del mundo la señora! 
¿ Cómo no dominar las tempestades, 
La centella y el piélago bravio, 
Cuando al sol detuviste en su carrera, 

Y fijándole allí tu poderío 
Arrojaste á la tierra triunfadora 
A trazar voladora 

Su curva jigantesca en el vacío?.. 



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itá¿£i:j,:j^... 



— 207 — 

¡Oh Ciencia, tú eres grandeza! 
Por ti, sólo por ti, pudiera el hombre 
Levantando orgulloso la cabeza 
Llamarse hijo de Dios. Tú eres la llama 
Que nuestro frájil ser inmortaliza, 

Y transformando en sacerdote al hombre 

Y en templo la Creación, le diviniza. 

Tú eres vida inmortal. Contigo el arle 
Crece y vive también. ¿ No ha trasformado 
La tienda que las tribus vagabundas 
Alzaban del desierto en las arenas 

Y las rústicas aras pastorales 

En los sagrados pórticos de Atenas 

Y de Cristo en las santas catedrales? 
¿ No del cincel á los prodijios raros 
Bajar hizo á los griegos pedestales 
Los magníficos dioses del Olimpo 

Á dar vida á los mármoles de Paros?... 

¡El Arle es jenio, inspiración, grandeza! 
El mismo Dios le teje sus coronas... 
El Arte es Rafael robando al cielo 
El rostro anjelical de sus Madonas; 
¡ Miguel Ángel arrancando al suelo 
Ancha mole de pórfido y granito, 

Y arrojando, pujante, 

De San Pedro la cúpula jigante 
Á la rejión azul del infinito! 

El Arte es esa Italia de Rossini 
Inundando la tierra de armonía. 
Es el cisne de Pésaro exhalando 
En un himno del cielo su agonía ; 
Es Ánjela, nuestra Ánjela llevando 
En el canoro y musical gorjeo 
De su dulce garganta mejicana, 

17. 



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- ^' '" ■ - - •-• -- --I I nir I III in f.'jaÜftiiÉiifltoi"- 



— 298 — 

Al espléndido alcázar europeo 
El trino de la alondra americana! 



¡ Y en tanto que la Ciencia es la grandeza 
Del hombre, hijo de Dios ; mientras el Arte 
Derrama el esplendor de la belleza 
En las obras del jenio, y se levanta 
Rival de la jentil Naturaleza, 
He aquí la Industria que también se acerca 
Al festín de la Gloria y la Conquista, 
Y el himno hermoso de los triunfos canta! 

¡Gloria al sabio inmortal, gloria al artista! 
Pero gloria también al artesano. 
Trabajador fecundo 
Que lleva humilde en su callosa mano 
Algo también del porvenir del mundo. 
Gloria al obrero, al hombre del trabajo, 
Al hijo del taller, al que constante 
En su obra de adelanto redentora. 
Quizá del mundo ante la faz mañana 
Alto, muy alto con su afán levante 
El nombre de esta tierra mejicana. 



III 



Patria, nido de amor, grupo de flores, 
Que besa el sol y que enamora el día. 
Santuario de la fe de mis mayores, 
Tierra de la beldad y los amores, 
É incomparable amor del alma mía ; 
Hogar del corazón, patria del alma, 
Méjico la jentil, virjen azteca. 
Como Venus nacida de las olas, 



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— 2í)9 — 

Envuelta como Venus en la espuma, 

Y robada al amor de Moctezuma 
Por las audaces manos españolas; 
Tierra del Anahuac, huerto florido 
Que en el Edén de América descuellas 
Con tu cielo de azul y de arreboles, 
Donde brillan tan fúljidos los soles 

Y tiemblan -tan amantes las estrellas; 
Tierra de promisión, tan seductora 
Con tus bosques, tus lagos, tus verjeles, 
Tus montes de oro, tu tapiz de rosa> ; 

Y tus sabios, tus poetas y guerreros, 

Y tus hijas con ojos de luceros 
Que parecen mujeres y son diosas ; 
Patria del corazón, quiero que te amen 
Así cual te amo yo, cuantos te miren ; 

¡ Quiero que bella sin rival te llamen 

Y grande te respeten y te admiren! 

He aquí un huésped ilustre. Viene anillo 
Un pueblo á visitar, un pueblo hermano 
Que de su gloria y su valor testigo, 
Al saludarle con aplauso ufano 
No mira en él al grande presidente 
Sino al gran ciudadano, 
Al brazo varonil, fuerte y potente 
Que más allá del turbulento Bravo 
Hizo pedazos con terrible espada 
La afrentosa cadena del esclavo! 

¡ Salud al redentor del oprimido, 

Y salud á la América potente. 

Rival de Europa tras los anchos mares, 

Á la tierra de Hidalgo y de Bolívar 

De Washington, de Lincoln y de Juárez! 

i Que de la Unión en el extenso cielo 
Brillen siempre gloriosas sus estrellas; 



Jl->..,:i. --■■•■■v..>'- -»-- -.-^^:Jrrillilf-|ihÍl'i1i1ÍMIÉÍÍhÉMi"i í l'lí'i' 



■I?.-) 



— 300 — 

Y el águila soberbia mejicana 
Independiente, libre, soberana, 
Vuele tan alto como brillan ellas! 

¡ Que multiplique América sus grandes 

Y le prodigue el porvenir coronas, 
Mientras alcen su cúspide los Andes 

Y ruede su cristal el Amazonas! 

¡ Que grande, bello, espléndido, fecundo 
Levante Dios con su potente mano 
De las playas de luz americanas, 
Para alumbrar la libertad del mundo, 
El sol de las Repúblicas hermanas! 



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PINTURA AL PASTEL 



¡ Lúslima que en verdad no sea de Lola 
La cara anjelical que lleva puesta! 
Pero es suya no más porque le cuesta, 
Como dice el soneto de Arjensola. 

Agregúese á esto la tremenda cola, 
El alto puíF, la enmarañada cresta, 
Y dígame cualquiera si no es ésta 
Una muchacha que se pinta sola. 

Mancha ninguna su beldad empaña ; 
Mas yo, aunque dicen que por ella muero, 
No la quisiera ver cuando se baña; 

Y sólo pide á Dios mi amor sincero 
Que el viento no se lleve su castaña, 
Ni le caiga en el rostro un aguacero. 



•"•| T nifÉlfirSttil WMtf'--- ■■'■'■■ '"■•■ •'■ f'i I 11 lllliirtlIlVftl ■Tífl mñ "ifltÜfl"!' 



EN EL ALBÜM DE PEPE 



¿La amaste?... Pues olvídala. Esla vida 
De bienes duraderos tan escasa, 
Amando y olvidando se nos pasa 
Y cuanto más se vive más se olvida. 

Una pasión es fiebre que, homicida, 
Se nos mete cual Pedro por su casa 
Dentro del corazón, y nos le abrasa... 
No hay, pues, que dar á la pasión cabida. 

La mujer es un ánjel, no lo niego; 
Pero, Pepe, la Biblia es testimonio 
De que la echaron del Paraíso luego : 

Estaba en relación con el Demonio, 
Y, como no han quebrado, á pensar llego 
Que ya hasta contrajeron matrimonio. 



lÉ'ir' Mlifciti'ii »».^^.'.. ,,--.,.-¿i.i.. |,i.i¿'¡,. ff^ •■ i-.i^.-'v. '^ •-i.j-rMtiinC'r i' ii-i-iit^~ (n ii ' 



JUANITA 



Mirad á Juana ; su cintura es leve, 
Blanquísima su frente sin mancilla, 

Y envidiará el carmín de su mejilla 
La fresca rosa que favonio mueve. 

¿Quién temerario á resistir se atreve 
El dulce fuego que en sus ojos brilla? 
¿Quién temblando de amor no se arrodilla 

Y besa el polvo de su planta breve ? 

Todo cuanto natura en esta tierra 
Ha prodigado á la belleza humana, 
En Juanita no hay duda que se encierra : 

Mas ¡ ay ! que esa beldad tan soberana, 
Queriendo escribir guerra pone r/erra 

Y firma al pié de sus cartilas : Guana. 



^.•-. jJiA ^.t -•%■••. . ^^.^. kj!.i .... .. ■ - •■ ■ ■•■ ■> -^.r. . - ■ ■- ^. -- <Jtiáí..f>-:^.>-'>_ ■■■■ : , _ ■--' .--..áífa^-vf ^- .::--ir-^"x:¿u -i 



ftsfVF^';^ ■ ■ .\v ' ■• \ ''•1^; 



EN UN EJEMPLAR DE LA « DIVINA COMEDIA 



La « Divina Comedia » es el poema 
De ese mundo escondido en la secreta 
Sombra del corazón, infierno y cielo, 
Pecado y expiación, perdón y calma ; 
Y Dante es sólo el hombre hecho poeta 
Errante en los abismos de su alma. 



Jtkhí'ÉiJiÉí. .1^ "iMSÉIii i''" i' . i--^'-- <■'-■■: '-- ^^...t.i..:.. >-...■ j^-.-..i:j.tL2í:i;ka..¿j»—''^.i'.'., :■:!......:_ J 



v ■ 



A LA SOCIEDAD LITERARIA 



« P.ODRIGUEZ GALVAN » 



¡ Óyeme, juventud! 

Callo en mi labio 
El himno de alabanza, 

Y abro mi corazón, en donde guardo 
La voz de la amistad y la confianza. 

Me llamaste á tu seno, y he venido 
Pobre de lo que esperas ; 
Mas si jamás talento he poseído, 
Aún guarda el corazón envejecido 
Algo de sus lejanas primaveras. 

Aún el fuego divino 
Que enciende en esa edad la fantasía 

Y alumbra el pensamiento, 

€omo alumbra el inmenso firmamento 
El rayo de oro del naciente día; 
Aún ese fuego deja 
La última de sus chispas encendida 
Dentro de un corazón que ya se aleja 
De los confines de la edad florida. 
Dentro de un corazón que van enfriando 
Las nieblas de la tarde de la vida. 

Esa chispa se aviva, y á su fuego 
El ánimo se inquieta, 

Y yo su impulso irresistible sigo. 



( 






— 30G — 

Trayendo, más que el canto del poeta, 
La mano cariñosa del amigo. 

Deja, pues, que en las cuerdas silenciosas 
Del arpa abandonada 
Busque yo las antiguas armonías. 
Que acaso se llevaron para siempre 
Las blandas auras de mis bellos días. 

Deja un instante que á tus puertas llame, 
¡ Dichosa juventud! Deja que aliente 
Tu atmósfera de luz, tu ambiente libre, 

Y que a tu hogar mi corazón caliente, 
Que á tu festín primaveral me siente 

Y que mi canto con los tuyos vibre. 

Que, también como tú, cuando mis horas 
Estaban alumbradas todavía 
Por el beso de luz de sus auroras, 

Y la ilusión y la esperanza ardiente 
Lanzaban tentadoras 

Una nube de sueños ú mi frente, 
Sentí que abrasador el pensamiento 
El raquítico cráneo me rompía, 

Y águila audaz de poderoso aliento. 
En pos de libertad y firmamento 
Sus alas impacientes sacudía. 

Entonces, como tú, sintiendo estrecho 
Á la ansiosa mirada el horizonte 

Y al ajitado corazón el pecho, 

Soñé otro mundo tras el patrio monte, 
Otro aire azul tras el paterno techo, 

Y en alas del amor y la confianza 
Busqué otra inspiración á mis cantares. 
Otra felicidad á mi esperanza, 

Otro incógnito Dios á mis altares. 






I 



— 307 — 

¡ Otro amor a mi amor !... 

Febril empeña 
Mi mente enardecía 
En pos del mundo que forjó mi sueño. 

« i El mundo de mi loca fantasía, 
Mi mundo de poeta, 
Un pedazo de cielo que se abría 
En la rejión del alma más secreta, 
Un enjambre de sueños voladores 
En torno de dos almas cariñosas, 

Y del alba á los tibios resplandores 
Un escondido tálamo de rosas 
Para el sueño nupcial de los amores; 
Un cáliz desbordado de embriagueces, 
De inmortales delicias, 

Un torrente de besos, de suspiros, 

De lágrimas de amor y de caricias! »... 

I El mundo del placer y la ventura 
Al arrullo del arpa enamorada 
Ante el ara gentil de la hermosura; 

Y más allá, la fulgurante Diosa, 
Eterno y santo amor del pensamiento, 
La Gloria, señalando majestuosa 

Su corona de estrellas al talento! 

Y el triunfo austero de la sacra Ciencia 
En la olímpica frente pensadora 

Del hombre-rey, alzando brilladora 
Una aureola inmortal : ¡ la intelijencia I 

Y la lucha, el combate misterioso 
Que el alma varonil libra al destino 
De la vida en el campo tenebroso ; 

Y la conquista, la estruendosa fama 
Arrojando en sus cánticos un nombre 



MtiimiMt'' 'niitilíV'- ■"■•-'''■■-^■'■-'■•'-"'^■^^■-■'-'" '■■ 



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— 308 — 

Al porvenir, heraldo que proclama 
Las victorias del hombre. 

Y la Ciencia, el Poder, la Gloria, el Triunfo, 
Todo ese grupo del ideal sagrado 
Que enciende nuestras almas 
Y á combate perpetuólas convida, 
Ajitando magníficas sus palmas 
En torno al gladiador ensangrentado, 
Vencedor en las luchas de la vida... 

¡ Oh esplendor de los sueños vagabundos 
Que el espíritu abrasan, tú le encumbras 
Al través de los soles y los mundo¿5 
Y, sol también, el universo alumbras! 



Todo eso en su risueña lontananza. 
Todo eso en los umbrales de la vida 
Pintaba ante mis ojos la esperanza... 
Culpa no es suya si salió mentida. 

¡Pero tú, juventud, sueña, delira, 
Espera y ambiciona ! 
j La gloria del talento no es mentira 
Y es esa gloria la mejor corona! 



Y vosotras, vosotras, las jentile^ 
Hijas del Atoyac, cuyos hechizos 
Acaso adivinaron 
Los que á Puebla en un tiempo 
La tierra de ¡os ánjeles llamaron; 
Vosotras sois las llores 
Del májico pensil de los amores. 



i- I I t • 'nliMláMi "finmiilií '■■'' — -"-¿■'^^-^■'a.'-^'''-- .-^^^i^r^i . |jti,|]iyi|, rj 



Úl^ 



— 309 — 

Música es vuestra voz, y ambrosía 

Son esos labios luimedos y rojos; 

Gomo el brillante sol enciende el día 

Amor enciende vuestros lindos ojos. 

¿Quién al veros, de vos no se enamora? 

¿Qué suspiro hasta vos no se levanta? 

¿Qué corazón vuestro desdén no llora? 

¿Qué trovador vuestra beldad no canta? 

¿Quién en sueños no mira vuestra sombra? 

¿Quién no quisiera á vuestras plantas bellas 

Tender como una alfombra 

Ramilletes de rosas y de estrellas? 

¿ No tiembla acaso el alma estremecida 

Al eco nada más de vuestro nombre? 

¿No sois del ama la mitad querida, 

Las dulces compañeras de la vida, 

La sangre, el ser, el corazón del hombre?... 

Pues si todo lo sois ; si el cielo quiso 
Que el hombre por vosotras olvidara 
El jardín celestial del Paraíso ; 
Si madre ó prometida 
Siempre las dueñas sois de nuestra vida, 
¡Abrid, abrid al rayo de la Ciencia, 
Gomo la flor al sol su cáliz de oro. 
Vuestra hermosa y feliz inlelijencia ! 
De nada sirve incógnito el tesoro, 
La perla más preciosa nada vale 
Si siempre oculta entre su concha vive, 

Y sólo pedernal es el diamante 
Si luz y pulimento no recibe. 
Acreciente el saber vuestra valía, 
En el joyel osténtese la perla, 

¡ Brille el diamante con la luz del día I 

Y al ceñir vuestras frentes ruborosas, 
Donde tienen su asiento 

También la inspiración y el talento, 



taMMJBlMÉr^iTW'^hftitf ¿lli¿táiMilt¥i- Jii'íiiih-Mllftii ifci» ii1iS- ■ '- ■— -'■-'''■ 



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— SIG- 
LOS laureles se mezclen con las rosas. 
Vuestro es del hombre el corazón... que os rinda 
También el pensamiento; 
Completad sobre su alma la victoria, 

Y ya que sois su dicha, sed su orgullo, 
Ya que sois su destino, ¡ sed su gloria 

¡Dichosa juventud, sueña, delira, 
Espera y ambiciona!... 
La gloria del talento no es mentira 

Y es esa gloria la mejor corona ! 

¡ Dichosa juventud, álzate, avanza, 
El sol del porvenir con sus reflejos 
Alumbra tu esperanza !... 

En tanto el sol que iluminó la mía 
Esconde allá á lo lejos 
En las nieblas de ocaso su agonía. 



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CUARTA PARTE 



INSOMNIOS 



Las lágrimas vertidas 

Del alma alivian la agonía secreta : 
He aqní mis versos, lágrimas sentidas, 
Lágrimas melancólicas caídas 
Del alma solitaria del poeta. 



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LA NOCHE 

(Á JUAN lí. IIÍJAR Y UARO) 



L'áme du poete, ame (l'omlire et d'amour, 
C'ost une fleur dos niiits qui s'épiínoiiit aux étoiles» 
V. Higo. 

¡Salve, noche sagrada! Cuando tiendes 
Desde el éter profundo 
Bordada con el oro de los astros 
Tu lóbrega cortina sobre o! mundo; 
Guando, vertiendo la urna de la sombra, 
Con el blando rocío do los beleños 
Vas derramando en la Creación dormida 
Las negras flores de los vagos sueños, 
El fúnebre silencio, y la honda calma 
Que á los misterios del no ser convida. 
Entonces, como flor de las tinieblas, 
Para vivir en ti, se abre mi alma. 

Hermosa eres, ¡ oh noche ! 
Hermosa cuando límpida, serena, 
Rivalizando con el mismo día, 
Rueda tu luna llena. 
Joya de Dios, en la rejión vacía. 
Hermosa cuando opaca, 
Esa luna, ya triste, se reclina 
En la arjenlada nube 
Que apenas melancólica ilumina, 
Tan apacible en su divina calma 
Que, viéndola, los ojos se humedecen 
Y sin saber por qué, suspira el alma. 



m...-.-^.!,.. . )||¡ ¡fti¡^-^.r.ja. .. - ^'- ■^í.:..: .'. .- :-.W> ■A.-.'- j lá^aíf vJl». J^- '->¿11-| 



at'iíjj. ..-,-, 



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313 



Hermosa cuando negra 



Como el seno del caos, la eterna sombra. 

Insondable y desierta, 

Chispea de estrellas, que alumbrar parecen 

Pálidos cirios, á la tierra muerta. 

¡ Y más hermosa aún, cuando ajitando 

Su densa cabellera de tinieblas 

Trenzadas con el rayo, la tormenta 

Borra los astros, y fulgura y brama, 

Y azotando los cielos con la llama 

Del relámpago lívido, revienta!... 

Entonces, sólo entonces, al aliento 
Del huracán que ruje embravecido, 
Al rasgar la centella el firmamento, 
Al estallar el trueno, es cuando siento 
Latir mi corazón, latir henchido 
De salvaje embriaguez... Quieren mis ojos 
Su mirada cruzar fiera y sombría 
Con la mirada eléctrica del rayo 
Fatídica también!... ¡Mi pecho ansia 
Aspirar en tu atmósfera de fuego 
Tu aliento, tempestad!... ¡ Y que se pierda 
La ardiente voz de mi ajilado seno 
En la explosión magnífica del trueno! 

¡ Quiero sentir que mi cabello azota 
La ráfaga glacial; quiero en mi frente 
Un beso de huracán, y que la lluvia 
Venga á mezclar sus golas con la gota 
En que tal vez mi párpado reviente! 

Noche de tempestad, noche sombría, 
¿Acaso tú no eres 

La imajen de lo que es el alma mía? 
Tempestad de dolores y placeres, 
Inmenso corazón en agonía... 

Pasionarias. 18 



-I I ii-lÉ'liillit'-'— '■' .^t--''- -■i»-'iA»^»l^.¿a¿¡iiiihiAi¿kh>t^-J«fcJ 



— 31 i — 

También así, como en sereno cielo 
©e blanca luz y fúljidas estrellas, 
Miré pasar en delicioso vuelo. 
Como esas nubes que arjentó la luna, 
Fantásticas y bellas 
Mis quimeras de amor y de fortuna. 

Y así también de pronto, la tiniebla 
Mis astros apagó, rasgó la nube 
Cárdeno rayo en explosión violenta, 

Y en mi alma desataron 

El dolor y la duda su tormenta. 

¿Quién como yo sintió? ¿Quién de rodillas 
Cayó temblando de pasión ante Ella'í 
¿Quién sintiendo correr por sus mejillas 
El llanto del amor, en ese llanto 
Mojó los besos que dejó en su huella? 
¿Quién como yo, mirando realizada 
La ansiada dicha que alcanzó el empeño, 
Al irla á disfrutar vio disiparse 
En la sombra, en la nada, 
La mentira de un sueño? 
¿ Quién de la vida al seductor banquete 
Llegó jamás con juventud más loca? 
La copa del festín ¿ quién más acerba 
Apartó de su boca? 
¿ Quién como yo ha sentido 
Para tanto dolor el seno estrecho, 

Y de tanto sollozo comprimido 
Dolerle el corazón dentro del pecho ? 
¿Quién á despecho de su orgullo de hombre 
Ha sentido cual yo, del alma rota 

Brotar la acerba gota 

De un escondido padecer sin nombre ? 

¿Quién soñador maldito, 

Al quemar, como yo, sus Dioses vanos, 

Por sofocar del corazón el grito 



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— 315 — 

Se apretó el corazón con ambas manos? 
¿Quién como yo, mintiendo indiferencia, 

Y hasta risas y calma, 
Atraviesa, tan sólo, la existencia 
Con una tempestad dentro del alma ? 

¿ Quién busca, como yo, tus muertas horas' 
¡Oh noche! y tus estrellas, 
Finjiendo que son ellas 
Las lágrimas de luz con que tú lloras? 
¿Quién ama como yo tu sombra muda. 
Tu paz de muerte, y el silencio grave 
Á quien la voz de los misterios diste, 

Y tus suspiros que las auras llevan, 

Y tu mirada de luceros triste? 

Mi alma es la flor, la flor de las tineblas. 
El cáliz del amor y los dolores, 

Y se abre ¡ oh noche ! en tu regazo frío, 

Y espera, así como las otras flores. 
Tu bienhechor rocío. 

Hijo yo del dolor, tu negra calma 
Es el mejor abrigo 
Para ver en la sombra, sin testigo, 
Una noche en el cielo, otra en el alma. 



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MIS SOMBRAS 

(Á MI HERMANO AGUSTÍN) 



Dous fantomcs! o'est l;"i que je rcvo dans l'ombre 

Quils viennent tour a tour m'entendrc et me parler. 

V. Hugo. 

Es la hora melancólica y serena 
De la alta noche. En apacible calma 
Brilla la luna, y á lo lejos suena 
Música alegre que entristece el alma. 

Música de placer para el dichoso 
Que dulces esperanzas atesora; 
Música para mí como el sollozo 
De un solitario corazón que llora. 

¡Lleglad... llegad, tristezas de la vida! 
Y aunque en llanto mis párpados se bañen, 
Que en la honda noche de mi fe perdida 
Las sombras de mis dichas me acompañen. 

En el tranquilo rayo de la luna 
Imájenes de amor lleguen flotantes, 
Bañándome al pasar, una por una. 
Con la serena luz de sus semblantes. 

Miradlas... Ya se acercan, agrupadas, 
Melancólicas, vagas, doloridas 
De los que amo las sombras adoradas. 
Las memorias de mi alma tan queridas. 



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— 317 — 

Imajen de mi madre cariñosa, 
¿Vienes á visitarme, madre mía?... 
¿Quién te dijo que á esta hora silenciosa 
Aquí en mi triste soledad sufría?... 

¿Sabes que tengo el corazón opreso? 
¿ Te escuchaste llamar del hijo ausente, 
Y vienes á dejar tu santo beso 
Como una bendición sobre mi frente?... 

¡ Compañera de infancia, hermana mía, 
Tu dulce sombra con amor recoja 
Esta profunda lágrima sombría 
Queá la mejilla el corazón arroja! 



Y tú, sangre del alma, mi consuelo, 
Flor de mi vida solitari.i y triste 
Á quien amé con ilusión del cielo 
Alma del corazón... ¿también veniste?... 



Y vosotras, mis ánjeles perdidos, 
Las que adoró mi corazón creyente, 
Las que al pasar dejasteis suspendidos 
Tantos sueños de amor sobre mi frente; 

Mujeres de mi amor, las cariñosas 
Creaciones del placer y la fortuna, 
Llegad... llegad flotantes y hermosas 
Al tibio rayo de la casta luna. 

Recuerdos todos de mis bellas horas, 
Locas memorias de mis locos días, 
Venid... y recojed consoladoras 
En vuestras alas las tristezas mías. 

18. 



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— 318 — 

¡ Mirad mi corazón ! Le ha consumido 
Esta fiebre de amar nunca saciada ; 
En pos de un imposible ha envejecido, 
En pos de un sueño... que será la nada. 

¡Venid, sombras, venid! Yo necesito 
En estas horas en que sufro tanto 
Algo consolador, algo bendito 
Á cuyo amparo derramar mi llanto. 

¿Es que ya nada el corazón alcanza 
Del porvenir en la extensión desierta?... 
¿Gayó también la flor de mi esperanza 
¡ Ay ! en la tumba de mi dicha muerta?... 

Yo no sé lo que busco, lo que anhelo, 
Yo no comprendo lo que mi alma quiere; 
Tan sólo sé que en el ingrato suelo 
Lleno de vida el corazón se muere... 

Que hay en el alma idealidad sublime 

Y realidad vulgar sobre la tierra; 

Y que del mundo la estrechez oprime 
Al corazón que lo infinito encierra. 

Que hasta que vaya á reposar tranquilo 
En el negro sepulcro mi cabeza, 
Irá conmigo á mi postrer asilo, 
Amiga inseparable, la Tristeza. 



fUíiMAi^iSbiiiinrWi^rfiV**' ti' I ii«ir^«Éii'ii* hf'^-^'^'WiiM» I B •''-'^- *— -"-"^ • '"••• 



HORAS NEGRAS 



.... Sangrando está mi fierida. 
¡ He amado á esta mujer! 

I. M. Altamiraxo, 

Escúchame, mujer : 

Tiembla mi labio 
Sin poderte nombrar... ¿Cuál es el nombre 
Bastante infame, sí, para el agravio 
De pisotear el carazón de un hombre? 
¡Escúchame, mujer! ¡Yo necesito 
Arrojar á tu frente mancillada, 
Del corazón que te adoró maldito 
La envenenada sangre, y que á tu pecho 
Penetre el hondo grito 
Del alma inexorable en su despecho I... 

Mas si del seno herido 
El veneno llevara la voz mía, 
Y su acento llegara hasta tu oído, 
¡Ese acento, mujer, te mataría! 



Pero no, tú no sufres, tú no puedes- 
Ni siquiera sufrir... Si formidable 
Hiende el rayo los robles soberanos^ 
Jamás ha herido el tallo miserable 
De la rastrera flor de los pantanos. 



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Deshojaste la flor de mis amores 
Por ceñir á tus sienes 
La corona nupcial... Entre las flores- 



fc.>^-r— ■■ . ■..: K^í;-..,.,. .^.,ür^-:,,i,^^\..^i..Í7i,.:'-..i^^irtiai/ÍB^^ 



'^^ 



— 320 — 

Castas del azahar, tu linda frente 

Has escondido todavía caliente 

Del beso voluptuoso 

Del amante de ayer... ¿Qué importa eso? 

Esta noche, en el tálamo, el esposo 

Su huella borrará con otro beso. 

Esta noche tu seno 
Que el oro compra y al placer se vende, 
Despojarás de las nupciales galas,. . 
Mientras que vela, de sonrojo lleno, 
Su faz el ánjel del amor, y tiende 
De ti muy lejos con rubor sus alas. 

Pero, ¿qué importa el virjinal tesoro? 
¿ Qué la dicha de amar y ser amada, 
Si á rico precio de oro 
Vendió la desposada 
El alma, la belleza y el decoro?... 

¿No tendrás un magnífico atavio, 
Sedas que crujan, fúljidos diamantes, 
Y lujo y vanidad y poderío? 
¿ No cubrirán las gasas y las perlas 
La desnudez del corazón vacío 
Que todo lo vendió para tenerlas ? 
El reflejo de tu oro poderoso 
¿No encenderá de dichas los fulgores 
En el fondo de tu alma tenebroso 
Donde murió la luz de los amores? 
¿No apagarás acaso en el ruido 
De tu vida opulenta 
Esta mi voz postrer, este crujido 
De un corazón amargo que revienta? 



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— 321 — 

(Jyeme : no es amor esta tristeza. 
Brotan malezas de la peña rota, 
Rompiste el corazón, y la maleza 
Hoy de los odios en sus quiebras brota. 

Si alguna vez en tu vivir sombrío, 
Al encontrar mi nombre en tu memoria, 
Por divertir tu hastío 
Recordaste mi historia, 

Y ya sin corazón reiste del necio 
Que te elevó de adoración un trono, 
Acuérdate, mujer... no te desprecio 
Porque no te perdono. 

Manchando de tu vida la limpieza 
Arrancaste de mi alma la esperanza 

Y arrojaste á mi frente la tristeza... 
Te pagaré mi deuda de venganza. 

Reprobo del amor, y descreído. 
Con el alma sombría, 
Iré á buscar á mi dolor olvido 
En el vértigo loco de la orjía. 

Y cuando esté mi juventud marchita, 

Y rugada mi sien y ya en sosiego 
Esté, que inmenso de pasión palpita. 
Salvaje corazón de llanto y fuego ; 
Entonces ¡oh la bella desposada ! 

Á buscarte vendré... ¡ como en un día !... 
Tu alma es un alma vil y profanada, 

Y digna de ella encontrarás la mía. 

Te espantarás de tu obra, tú á quien plugo 
Que todo lo que es bueno en mí muriera^ 
Temblarás ante mí, tú, mi verdugo, 

Y á mis pies, lastimera, 

Me darás de tus ayes el encanto, 



- • - -. -;•... ..■' ..^ ../. ■-j-.-?...-:.^ :/.<.. ,:i .'^'-'^'''--^"'•^'rt-t-iiíiJiif'riiiAfM ni' I 



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— 322 — 



La dicha me darás de tus dolores, 

Y al rumor delicioso de tu llanto 
Yo te hablaré ¡ feliz ! de mis amores, 
¡ Entonces te diré cómo se ama, 

Te diré de las almas la tormenta, 
Cómo la pena el corazón inflama, 
Cómo la pena el corazón revienta!... 

No me podrás huir... Iré á arrancarte 
De entre los brazos del esposo mismo, 

Y con risa satánica á lanzarte 

Á la negra abyección en que me abismo. 



¡Oh rayos de mis sueños de venganza, 
Cuánto al alma halagáis desesperada!... 
Más si á lanzaros mi poder no alcanza, 
¿Qué importan á la bella desposada? 

Sí, ¿qué le importa mi delirio ciego. 
Qué le importan mis bárbaros pesares, 
Si de mi hoguera no marchita el fuego 
Su corona de blancos azahares?... 
¿ Qué le importa llegando á los altares 
Hollar sobre sus gradas, desdeñosa, 
Mi destrozado corazón sangriento?... 

¿Qué te importa, mujer?... 

Por si te alegras. 
He dejado que lleve mi lamento 
Algo de sombra de mis horas negras. 



t^n/'-i ■-■r'^vrf «iiahl>.i'»t-Ai% "'i^fii' j -^ '¿-:-^.ifc ■.»-... .« -^ <^'i.-.^»s. .^Ji^- »*-.W^.L¿f,'7'* ' 



MARÍA 

(Á MANUEL DE OLAGUIBEL) 



I).,' luce incDi'onat;». 
María, |)routa sccndiste :il iiiio ilolorc. 
Tassu. 

Del rolo corazón en las ruinas 
Solloza mi dolor... Y á su jemido 
Resucitada y pálida despierta 
De las cenizas de mi dicha muerta 
j Ay ! la memoria de mi amor perdido. 

¡ Trae la visión que mi dolor ansia 
Insomnio del dolor!... ¡ Trae el delirio 
Y la ventura de mi fe de un día!... 
Ánjel de mi pasión y mi martirio, 
¿En dónde estás, María?... 



Aquí estás, junto á mí. Tu forma blanca 
Se dibuja en la sombra 
Cuando del labio trémulo se arranca 
El profundo sollozo que te nombra. 
Aquí estás, melancólica María, 
Tan pálida de amor, tan dulce y bella 
Gomo en los cielos al morir el día 
Sobre la frente de la tarde umbría 
Lágrima de oro la primer estrella. 
Aquí estás, compañera silenciosa 



■ ■/ 



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'^^m^ 



324 — 



Del alma enamorada, 

Como el misleiiio de la noche, hermosa, 

Como la misma luz, inmaculada. 

Del deslino en las aras 
El alma te elijió por compañera; 
¿En qué mundo encontraras 
Quien lo infinito de mi amor te diera?.. 



Era el instante en que á vivir apenas 
Se despertaba tú corazón creyente, 
Cuando cambia por rosas y verbenas 
La Diosa Juventud en nuestra frente 
De la infancia las muertas azucenas. 

Era la aurora, el esplendente día 
Del alma en primavera. 
Sediento ya mi corazón se abría 
Á ese inmenso raudal de poesía 
Que trae consigo la ilusión primera. 

Y ya impaciente, soñador, poeta. 
Con loco afán, con espeíanza inquieta. 
Ebrio de ny ternura 

Y entre mis propios sueños indeciso, 
Buscaba la pasión y la hermosura. 
La Eva jentil, enamorada y pura 
Del mundo en el risueño Paraíso. 

¡Era la vida! La embriaguez celeste 
De aire, de luz y libertad que lanza 
Al ave joven de su nido agreste. 
La aparición primer de la Esperanza 
En los senderos májicos de flores 
De la alma juventud con su diadema 
De ardientes resplandores. 



'':.:.'.. .í ^«HtiaEJí-^A -. 



— 325 — 

¡Era la vida! ¡La encantada copa 
Rebosando promesas y delicias, 
Conquistas y placeres, 
Torrentes de suspiros, de caricias 

Y de trémulos besos de mujeres!... 

¡ Hora de bendición 1 En ese instante, 
Hija suprema de la luz del día 

Y del sueño de mi alma delirante. 
¡ Á mí llegaste, celestial María!... 

Y conmovido, deslumbrado, ciego 
Puse á tus pies mi corazón de fuego 
Mi juventud de vida palpitante 

Y la inmensa pasión del alma mía! 

Y de mi corazón sobre mi lira 
Desbordó sus raudales de ternura 
La inspiración en que encendió mi pecho 
El sereno esplendor de tu hermosura. 

Eras tan bella que al mirar tus ojos 
Temblaba el corazón, y se sentía 
Algo... yo no sé qué... como si el alma 
Se arrodillara y te adorase muda 
En éxtasis de amor... Eras tan bella, 
Que al verte parecía 
Que asomaba una estrella 

Y que esa estrella derramaba el día! 

¡ Con qué pasión te amé ! ¡ Con qué dehrio 
Tomaba entre mis manos 
Tu frente melancólica de lirio 
Para besar tus ojos soberanos ! 
¡ Cómo te idolatré ! ¡ Mi vida entonces 
Era un perpetuo abrazo 
De mi alma con la dicha 
En el nido de amor de tu regazo ! 

Pasionarias. 19 






— 326 — 

Jamás, jamás en el ingrato suelo 
Tal dicha tuvo nombre... 
¿ Te acuerdas de esas noches en que el cielo 
Miraba un ánjel adorar á un hombre? 
Temblaba mi alma en tu divina boca, 
Entre mis brazos te llamaba mía, 

Y muriendo de amor, llorando loca, 
Yo besaba tus lágrimas, ¡ María! 

¡ Y de ventura y de pasión perdidos,. 
En un abrazo delirante presos. 
Ocultamos los rostros confundidos 
tlmpapados en lágrimas y besos!.., 

¡Á tu grito de amor, grito sublime. 

Nuestras férvidas almas desposamos !... 

¡ Ah ! ¿qué se hicieron nuestras dichas, dime?. 

Para siempre, después, nos separamos. 
• 

Pero yo le llamaba, te esperaba, 
Porque mi corazón se me moría... 
¡Con qué inmensa ternura sollozaba 
Este nombre de arcánjeles : Maria !' 

Y luego de los céQros errantes 

Yo le escuchaba en los volubles jiros, 

Y respiraba en ellos 

El ámbar de tu aliento y tus cabellos 
Con el vago rumor de tus suspiros. 

Y demandaba á la Creación entera 

La inmortal compañera de mi suerte, 

Y me sentía morir... Porque la muerte 
No era perder la vida pasajera, 

No era dejar el mundo... era no verte. 



Hoy en la triste calma 
De mis insomnes noches, silenciosa 



■ ■■ ^_ >*( ;Ji.'-J.-' u_^..*( 



— 327 — 

Siento venir tu imajen cariñosa 
Á la callada soledad de mi alma. 
Conmigo estás aquí porque has oído 
La voz de mi dolor... ¡ Oh! ¡ si supieras 
Cuánto... cuánto, mi bien, he padecido! 

Como náufraga tabla destrozada 
Va mi existencia, sola, 
Al viento del dolor abandonada 
Del mundo ingrato en la funesta ola. 

Marchitas ya las flores de mi vida, 
Ya deshojadas por el llanto mío, 
Heme aquí con el alma descreída, 
Con la esperanza del amor perdida 
Viendo avanzar el provenir sombrío. 
Murió con mi esperanza mi deseo, 
Los Dioses que adoré me abandonaron, 

Y en o I hogar del corazón ateo 
Ni las cenizas de mi fe quedaron. 

Ha mucho tiempo que mi vida es triste. 
Que busco el aislamiento, 
Que de luto se viste 

En la sombra de mi alma el pensamiento: 
Que llevo oculto en mentirosa calma 
Un corazón en ruinas, 

Y un alma... ¡ pobre alma! 
Coronada de lúgubres espinas. 

Temprano ¡ay! encontraron 
Mis creencias en el mundo 
El Gólgota, la cruz en que espiraron 
Entre escarnio y baldón... Ansia sublime 
Sintiendo de lo grande y de lo bueno. 
/ Tengo sed ! — gritó el alma, ¡ y le llevaron 
Cáliz de hiél hasta los bordes lleno !... 



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— 328 — 

Mi espíritu ha cruzado por desiertos 
Sin camino ni luz, mudos, sombríos 
Como los campos en que están los muertos, 
Como la noche de los duelos míos. 

Tú, mi ánjel, no caminas á mi lado ; 
Estoy solo, tan solo que me espanta 
La senda pavorosa 
Por donde va mi fatigada planta. 
Nada en mi derredor; ante mis ojos 
La inmensa soledad del mundo triste, 

Y dentro el corazón, como unjemido 
Que no calla jamás, el dolorido 
Acento de tu adiós cuando partiste. 

¿Por qué dejarme en la espantosa calma 
De un mundo para mí yerto y vacío? 
¿Por qué, divino corazón de mi alma. 
Tu espíritu de amor no asiste al mío? 
¿Por qué me desamparas, mi María? 
¿Qué muera loco de sufrir deseas? 
Pues ven á sonreirme en mi agonía 

Y te diré al morir: ¡Bendita seas! 

Ámame y moriré... ¡mas ven conmigo! 
Pondré, al morir, mi espíritu en tus ojos... 
Mas ¿por qué me abandonas si te sigo 
Miserable arrastrándome de hinojos?... 



Palidece mi lámpara. Es de día. 
He soñado el delirio de mi amor ; 
La noche se refujia al alma mía. 
Con su sombra la imajen de María. 

Volvamos á la vida y al dolor. 



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MI PADRE MUERTO 

(Á MI HERMANO LUIS) 



Disperato dolor che'l cnor mi preme!., 

Dáxte. 

¡ Gracias, gracias, Señor. . . Me has dado llanto 
í he llorado por fin... gracias, Dios mío ! 
¡ Un pobre corazón que sufre tanto. 
Un pobre corazón que está vacío 
De esperanza y de fe, necesitaba 
Para no reventar en mil pedazos 
Reventar en el llanto que le ahogaba!... 

¡Gracias aún otra vez, porque tu oído 
Abriste ¡ oh Dios ! á mi aflicción ... Y has hecho 
Que al romper los sollozos de mi pecho 
Haya mis propias lágrimas bebido ! 
¡Gracias, inmenso Dios, gracias!... 

" Y ahora 
¡Apura, corazón, el hondo cáliz 
Del inmenso pesar que te devora ! 
¡ Solo, ante Dios, en tu dolor sin nombre 
Inagotable llora 

Las más acerbas lágrimas del hombre, 
Y á ese viento que jime, á esas tinieblas 
En que flota el pavor, á ese callado 
Espantable caso del infinito, 
Arroja delirante, 
Desesperado corazón, tu grito ! 



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— 330 — 

¡Hora de los misterios, noche amiga, 
Deja que el alma mártir 
Tu soledad bendiga!... 
Sólo tú tienes para mí consuelo, 
Si así puede llamarse 
Hundirse en tanto duelo, 
Remover los pedazos doloridos 
Del roto corazón, y abandonarse 
Al amargo placer de sus jemidos... 

¡ Hay algo de la tumba que yo amo 
En tu tremenda calma, 
Hay algo de la muerte entre tu sombra, 

Y tengo triste hasta la muerte el alma ; 
Toda ella es amargura, 

Indecible dolor jamás sentido, 
Noche en la noche misma, más oscura 
Que el negro manto en la Creación tendido !. 

Ayer era feliz... y lo ignoraba... 
Ayer era feliz... En mis hogares 
La dulce paz de la virtud moraba, 

Y mucho tiempo hacía 

Que á su umbral no llegaban los pesares, 
Sino que en cada sol, una alegría 
El Señor de los buenos les enviaba 
Gomo el pan celestial de cada día. 

De mi padre la frente 
Iba cubriendo apenas 
La primer nieve de la edad, luciente, 
Como el pico elevado 
De la montaña, el hielo. 
Para significar inmaculado 
La ya cercana vecindad del cielo. 

Y allí, sobre esa frente veneranda, 
Cual rayo oculto que en serena tarde 



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— 331 — 

De la pérfida nube se desprende 

Y la alta encina hiende, 

Del mismo modo la desgracia impía 
Vibró su rayo de dolor y muerte, 

Y en menos ¡ ay ! de lo que dura un día, 
Sin el adiós siquier de la agonía 

La sacra vida quebrantó del fuerte 



Era un sueño ¿es verdad?... Estaba loco... 
¡Oh! ¡decidme que no es cierto, 
Que no ha podido ser que delirante 
Golpease mi cabeza 
Sobre la tumba de mi padre muerto !.. 

¿Puede acaso morir quien da la vida?... 
¿De un mismo corazón puede una parte 
Caer en la tumba mientras otra existe? 

Y Tú, que nos ordenas adorarte, 

Y Padre y Justo y Bienhechor llamarte, 
Dios de inmensa bondad... ¿tú lo quisiste?... 

¡Padre, mi padre, escúchame, responde!... 
— i Horrible desvarío ! — 
¿Es esto un athúd?... ¿aquí se esconde 
El autor de mi vida? ¿aquí, Dios mío?... 
¿Aquí donde se estrella 
Convulsa de dolor el alma loca, 

Y besos tantos con sollozo inmenso. 
Con desesperación deja mi boca?... 

¡ Dejadme... porque quiero entre mis brazos 
Estrechar su cadáver... Estrecharle 

Y con mi propia vida reanimarle 
Sobre mi corazón hecho pedazos!... 
¡Un beso más en su serena frente. 



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— 332 — 

Un beso más en su cabello cano !... 
¿Queréis que el corazón se me reviente?... 
¡ Yo no le vi morir... estaba ausente... 
No me bendijo á mí su sania mano! 

¡ Al cerrarse sus ojos no me vieron, 
Buscóme su alma, me llamó... y no estaba !. 
¡Mis labios en los suyos no bebieron 
El suspiro postrer... ni recojieron 
La lágrima que dicen que rodaba 
Única por su faz, cuando sus ojos 
En el eterno sueño se durmieron [ 

¡Oh! ¡dejadme llorar I... ¡Acaso el grito 
De las entrañas mismas arrancado 
Del corazón de un hijo, es infinito !... 
i Quizá traspase la mortuoria losa 
Y á través de la tumba y del olvido 
Llegue á la eternidad donde reposa 
El pedazo del alma más querido!... 

I Es mi postrer adiós... el que la muerte 
No quiso que te diera, padre mío^ 
Ni me lo dieras tú... cuando por verte 
Un instante brevísimo siquiera, 
Al féretro sombrío 
Donde duermes, mi padre, te siguiera !... 



¡Mas calla, corazón, rómpele y calla!.... 
¿Quién traduce en palabras el crujido 
De un alma de hijo que al dolor estalla?... 
El féretro está allí... ¡Dios lo ha querido!... 



Sombra bendita de mi padre muerto. 
Heme aquí sollozando y de rodillas. 



'i.^-.'i- i_i... . -•■Jiiflinini liiTi I lili -r i íl'fatViMV i in> ^ti i i Tu «'^^aftlitni^-ii'i . 



''■■'' ■ .'.'■;- . " - -^ - 

• 

— 333 — 

Empapadas en llanto las mejillas / 

Y de honda herida el corazón abierto... 
Huérfano, en mi dolor no pido al cielo 
El alivio mezquino del consuelo; 

Sólo quiero tenerte, padre mío, 
En amor, en espíritu, en imajen 
De mi recuerdo en el altar sombrío. 

Y hasta el instante en que también sucumba, 
Con mi amor y mis llantos esconderte 

En la secreta tumba 

Del alma entristecida hasta la muerte. 



19. 



.- ' ' ■• ■■•'■ ig».-j'.^. -■ 



A MEDIA NOCHE 

(Á JUAN DE DIOS PEZA) 



>e frappc-t-on pas ;i nía porte ? 
■ ....■.•.*•••••* 
llieu puissant I tout nion coips fríssonne. 
Qui vieut ? qui in'appelle ? — Personne. 

A. DE Ml'SSET. 

Era la noche ; y en mi estancia lóbrega 

Crecía la oscuridad. 
Chisporroteaba pálida mi lámpara ' 

Agonizando ya, 
Y derramaban sus reflejos lívidos [! 



Siniestra claridad. 
Afuera, el viento mis ventanas, áspero, 

Hacía rechinar ; 
Azotaba, cayendo con estrépito, 

La lluvia mi cristal, 

Y al rasgar con su espada de relámpago 

El caos la tempestad, 
Inmenso grito de dolor y cólera 

Del cielo herido ya, 
Ronco rodaba por el ancha bóveda 

El trueno funeral, 

Y temblaba la tierra y más horrísono 

Bramaba el huracán. 

Yo estaba solo, y en mi estancia lóbrega 

Crecía la oscuridad. 
Al fulgor instantáneo del relámpago, 

En rápido zig-zag, 



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— 335 — 

Figuras mil en los oscuros ángulos 

Parecían asomar, 
Y por el muro en escuadrón fantástico, 

En enjambre fugaz, 
Sombras, bosquejos y perfiles rápidos 

De contorno infernal, 
Garas terribles y á la par ridiculas 

Miraba yo pasar. 

Sonaron doce campanadas lúgubres, 

Y la última al vibrar. 
En silencio y de súbito mi lámpara 

Apagóse... 

¿Quién va ?... 
¿Quién á estas horas á mi puerta, insólito, 

Así puede llamar? 
Nadie... Es el viento que empujó colérico 

Las puertas al pasar. 
Mas ¿quién se queja?... Qué lamento tétrico 

Es ese, funeral? 
¡ Se diría que del seno de algún féretro 

Ha venido ese ay !... 
Nadie... Es el viento que en sus alas rápidas 

Trajo un eco... No más. 

No llueve ya. Desenfrenada y prófuga 

La tormenta allá va. 
Y entre los rotos nubarrones lóbregos 

La luna al asomar. 
Tiene yo no sé qué de cadavérico, 

De torvo y espectral, 
Como de un muerto la pupila hórrida 

Su disco... Mas ¿quién va? 
He visto la cortina de aquel ángulo 

Á alguno levantar... 
Oigo un paso lijero, suave, rápido... 

¿Quiénes?... ¿quién llega?.... ¡Ahí... 



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— 336 — 

Inmóvil, negro, pavoroso, fúnebre, 

Sentado en nn sitial, 
Un bulto informe, junto á mí, fatídico. 

Está en la oscuridad. 
Quiero gritar,... mas mi garganta anúdase 

Y no puedo gritar, 

Tiembla mi carne, y llénase mi espíritu 
De pánico mortal... 

La Sombra, negra en la tiniebla, fúnebre, 

En el sitial está; 
Nada de humano, sin figura, tétrica. 

Sin contorno ni faz, 
Sin ojos... pero yo siento fatídica 

Su mirada espectral 
Helada y pavorosa hasta la médula 

De mis huesos entrar... 
¿Quién eres? — digo, con la lengua trémula 

¿Quién eres, por piedad?... 

Y se cambia la sombra en una lívida 

Y vaga claridad. 

Es una forma de mujer anjélica 
Pero difunta ya ; 

Y veo un rostro de virjen... ya muy pálido, 

Tras un velo nupcial ; 

Y la conozco... y mis miradas ávidas 

Devorándola están, 
Cuando los muertos y cerrados párpados 

Comenzó á levantar... 
Un soplo helado pasa por mi espíritu 

Y ya no supe más... 



^^tÜmáÉKiíaiá^k 



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— 337 — 

El blanco rayo de la aurora fúljido 

Me encontró al despertar 
Arrodillado, y con la frente pálida 

Caída en el sitial. 
Y murmurando con los labios trémulos 

El nombre celestial 
De aquella mártir de mi amor, dulcísima^ 

Que ha tanto tiempo ¡ ay ! 
Á la sombra del sauce melancólica 
Durmiendo el sueño de la muerte está. 



;,4a*.a. 



OEJIA 

(al SR. IGNACIO M. ALTAMIRANO). 



Oh ! que n'ai-je aussi, moi, des buisers qui dévorent, 
Des caresses qui font inourir ! 

V. Huco. 

¡ Ven, cortesana !... ¡ Abrásame en delicias ! 
Quiero las tempestades del placer, 
Tropicales, frenéticas caricias 
Con que reanime mi cansado ser. 

El fuego del deleite reverbera 
En tu pupila brilladora... ¡ven! 
En la férvida llama de esa hoguera 
Quiero quemarme el corazón también. 

¡ Prendan el fuego del deseo tus ojos, 
Alumbren tus miradas el festín, 
Mis labios beban en tus labios rojos 
Ansia perpetua de placer sin fin! 

Del bacanal en el discorde ruido 
Pase el mañana con el triste ayer... 
¿Qué importa al corazón lo que hayas sido?... 
Eres hermosa... ¡ Bésame, mujer ! 

Beldad de los festines, en tu seno 
Quizá mi corazón olvidaré 
Mi corazón de tempestades lleno, 
El corazón imbécil con que amé. 



^» -•*?%!?" *"' 



— 339 — 

Sí, ¡bésame, mujer !... Dame el olvido 
Que busco en la demencia del festín... 
Entre besos y copas aturdido, 
¿Qué me importa la dicha que perdí? 

¡Llenad las copas ; que desborde el vino! 
¡Hay algo aquí que necesito ahogar; 
Que pase por el alma un torbellino 

Y barra en ella cuanto en ella hay I 

i Miserable de mil ¿cómo no puedo 
Ahogarte con mis manos, corazón?... 
Venid, bebamos... porque tengo miedo 
De volver á eso... que llamáis razón. 

¡Bebed, amigos! La existencia es sueño, 

Y mentira de un sueño es la mujer; 
De sus caricias al letal beleño 
Soñemos la mentira del placer. 

¡Bebed, amigos ! Si al vivir soñamos, 
¿ Despertaremos al morir quizá ?... 
¿Qué será despertar?... Y bien... ¡bebamos!... 
¡ Qué importa lo que traiga el más allá!... 

Arde mi frente — es un volcán — \ me abraso 1 
¡ Oh si llegara de mi vida el fin !... 
¡Dame un beso, mujer... Llenad mi vaso!... 
¡Qué grato es el arrullo de un festín!... 



Llena, Mercedes, la apurada copa; 
Bebamos... hasta el fin... así... vacía. 
Y ahora... ¡desgarra la importuna ropa. 
Desnuda el seno al beso de la orjía! 



, 



340 — 

Mitiga de esa lámpara la llama 
Porque quiere un crepúsculo el placer, 
El misterio nupcial que se derrama 
Del velo de la sombra en la mujer. 

Destrenza tu magnífico cabello >* 

Sobre la desnudez de tus hechizos ; '^ 

i Cómo seducen en contraste bello 
Tan blancos hombros y tan negros rizos I 

¡Qué bella estás, Mercedes! ¡Me sofoca 
El vértigo letal de las delicias, 
Tus besos de mujer queman mi boca. 
La angustia del placer son tus caricias 1 

i Mujer, mujer!... Hay fiebre en tus abrazos,, 
Fiebre en tus labios con furor impresos... 
¡Hurrah,... laorjía!... ¡ El choque de los vasos 
Sea la música ardiente de los besos ! 



Basta... pa«ó. Tu frenesí y el mío 
Apaga el tedio con su mano helada; 
Fantasma del placer, en el hastío 
Escondes la vergüenza de tu nada. 

Siempre en la copa del placer el tedio. 
Siempre en la copa del amor el duelo ; 
Para el alma ya enferma no hay remedio^ 
Para un maldito corazón no hay cielo. 

Y en vano el llanto con la pena crece... 
¿ De qué sirven las lágrimas mezquinas 



fiMiiir'Ír>ÉiV'ii'Mii i' iiiiitiyriMJb'iai'ii •- ■" '--.■->■■ ■ •^— iji^in.;ij''rfrifíHi'int>rii>i-r 'i .^¡-mj^^., 



"¡W .>i^'.-i7^ . 



— 341 — 

Si el recuerdo verdugo se guarece 
Del roto corazón en las ruinas?... 

¿ De qué sirve el amor, chispa que el ciela 
Prende en el alma y lo ilumina todo, 
Si en vez de alzarse, se rebaja el suelo 
Gomo reptil para arrastrarse en lodo ? 

¡ El amor,... el amor ! ¡ Ah ! hubo un día 
En que su llama encandeció mi ser, 
En que se alzó dentro del alma mía, 
Rival del mismo Dios, una mujer. 

Y á Dios negué mi culto, mi creencia, 
Y ante ella — ¡ miserable ! me postré . .. 

Disfrazada de un ánjel de inocencia 
Era una meretriz la que adoré... 



¿Conoces la embriaguez de una sonrisa? 
¿De un suspiro el deleite sobrehumano ? 
¿Cómo la hoja al aliento de la brisa 
Ha temblado al contacto de una mano ? 

Lleno de turbación ¿ has recojido 
Tu sentir, tu pensar y tu alma entera 
Para ponerlo todo en el oído 

Y oir de un paso la armonía lijera ?... 

¿ Has escuchado al corazón violento 
Cómo en cada latir á su Dios nombra ?... 
¿ Te ha desvelado el eco de un acento ? 
¿Besaste el muro en que pasó una sombra?. 

¿"Y presentiste el cielo en todo eso, 

Y de rodillas, pálido, caíste, 



■-. -JL^ 



— 342 — 

Sobre tus labios al sentir un beso?... 
Dime ¿has amado así... y aborreciste ?. 



Así amé y hoy detesto... Y roto hubiera 
El corazón mezquino tanto duelo, 
Si el vino de la orjía no escupiera 
Á esa memoria del perdido cielo... 



¡ Oh ! la vida... la vida es una orjía ; 
De llanto y hiél ante la copa llena, 
Siéntese en el festín de la alegría 
Espectro el corazón, ebrio de pena ; 

¡Suene el laúd y se desparzan flores!... 

Y agonizando del placer en brazos, 
Escupamos la cara á los dolores 

Con la sangre del alma hecha pedazos... 

¿No es mejor levantar á los placeres 
Un insolente altar, á pleno día, 

Y llamar... por su nombre á las mujeres, 

Y saber lo que son, en una orjía ; 

Que envilecer el alma y estrecharla 
Á un pobre culto que jamás la encierra, 

Y á todo su pesar, arrodillarla 
Ante mezquinos ídolos de tierra ?... 

¡ Oh ! si el alma es la luz, la llama santa 
Que al soplo del Señor queda encendida, 
¿Por qué no de este fango se levanta 
En que yace tan ruin y envilecida? 



' '■■^ - -lir'i lililí I ^*****"-*' -' ' - ^- "--J^^ 



— 343 — 

¿ Dónde está el Dios que enalteció su hechura 

Y vio su imajen complacido en ella ? 
Empapada de infamia y amargura 
Está la tierra que el humano huella. 

¡ Dios... el Señor!... Su maldición escrita 
Está en mi frente doblegada al suelo... 
Desde esta tierra de pasión maldita 
No alcanzo á verle en su dichoso cielo. 

Incomprensible Ser, cuando te invoco, 
¿Es que te busco?... ¿que tus iras temo?... 
Yo no lo sé... Perdóname si loco 
En el delirio del sufrir blasfemo. 

Dios de mi madre en quien ayer creía, 
¿ No eres ya tú mi Dios ?... 

¡Mi labio calla, 

Y al frenético trueno de la orjia 
Mi carcajada de dolor estalla!... 



¡ Oh! yo bien sé que si dijera al mundo 
Lo que el dolor desesperado calla. 
Si dejara escapar el ¡ ay ! profundo 
Del tempestuoso corazón que estalla ; 

Sí, yo bien sé que reprobo y blasfemo 
La austera sociedad me llamaría, 
Y del llanto de fuego en que me quemo 
El corazón, la sociedad reiría. 

La sociedad... la sociedad... Perdida 
Meretriz que de Diosa se disfraza... 
Al través de mi copa enardecida 
La veo pasar con su risible traza. 



• ■■■■•^■'^' ■■^~ 



— 344 — 

Con su rico tesoro de pobreza, 
Con el llanto y dolor de sus placeres; 
Veo fealdad al través de su belleza, 
Al través de sus ánjeles... mujeres. 

Los hombres con su honor y su decoro. 
Con su virtud las púdicas doncellas... 
Ellos no tienen más honor que el oro, 
Oro que compra la virtud de ellas. 

¿ En dónde está el Poeta, sacerdote 
Implacable y severo de la idea. 
Que en tu carne crujir haga el azote, 
Oh sociedad hipócrita y atea ? 

El poeta para ti sólo es un paria; 
Pero, ignorado Prometeo del suelo 
En su alma lleva inmensa y solitaria 
La sacra lumbre que robara al cielo. 

El poeta, el soñador, el rey proscrito, 
Hijo del pensamiento y la visión. 
Cruza la tierra y marcha al infinito 
Á solas con su ideal en la Creación. 

En alas de sus sueños vagabundos, 
Espíritu de amor, va de él en pos, 
Y rota la cortina de los mundos 
Le busca allí donde se busca á Dios. 



¡Hurrah!... ¡bebed !... En la imposible senda 
De la vida, tocamos con lanada; 
Levantemos, viajeros, nuestra tienda, 
Y pongamos ya ün ala jornada. 



■■.^::^.^V ■ V-;. ■- -.^Juac^ - 



L 



-^^■':' 



— 345 — 

¡Hurrah!... ¡bebed! En deliciosos lazos 
El importuno día nos halle presos... 
¡Hurrah!... ¡bebed!... ¡El choque de los vasos 
Sea la música ardiente de los besos! 

] Vino ! . . . ¡más vino aún ! . . . 

¡ Aquí está el día... 
Sol que la tierra miserable alegras, 
Al opacar las luces de la orjía 
Tornas las horas de mi vida negras ! 



kís¡¿v. ,■■ ■S-'.iJtífcíí'iüE. 



LAS ESTRELLAS 

(al SR. ANTONIO FERNÁNDEZ MERINO). 



¿Sois pupilas de Dios, blanras estrellas ' 

Amo la noche; el corazón ansia 
Sus sombras y su calma. 
Para el mundo y los hombres es el día, 
La noche y su misterio para el alma. 

Cubrir parece el tenebroso velo 
Un mundo que no existe, 
El pensamiento se levanta al cielo 
Profundamente religioso y triste. 

Errante vaga y se dilata y sube 
Hasta el dosel inmenso, 
Como en los templos del Señor la nube 
Aromática y pura del incienso. 

Que templo es la Creación, templo bendito 
Del Dios de los mortales ; 
Llena su inmensidad el infinito 
Y se sienta el Misterio en sus umbrales. 

¿Dónde está Dios? — pregúntase burlando 
El hombre miserable 
Del torpe mundo en el turbión nefando — 
¿ Dónde está Dios ? ¡ Que se revele y hable I 

Y es verdad, es verdad... á la impureza 
Y al orgullo del hombre 
Esconde al parecer Naturaleza 
La presencia de Dios y hasta su nombre. 



¿Í-ÍL-V.-.^-.I - --^•-¿C«— r.. ._ . . -^ ■_ ^ L -^ - ■^^-*..*v ^..-^.^..A^- ■-. - ^ ^ ..,< 



M ,m,miMÉ¿Í^ 



p^^^P^JWZ'-. 



— 347 — 

¿Dónde está Dios? — Dejad vuestros salones 
Do alumbra esa bujía 
Que parece que ve nuestras pasiones 

Y tiembla y se avergüenza ante ia orjía. 

Dejad la cárcel y el estrecho muro 
De la ciudad ruidosa, 

Y la vista tended al cielo oscuro 
Donde reina la Noche silenciosa. 

Allí su trono está. Dulces y bellas 
Cual flores de topacio, 
Cintilan temblorosas las estrellas 
En los oscuros campos del espacio. 

- Mundos de oro y de luz ruedan sin nombre 

En aparente calma, 
Gomólos sueños del amor del hombre 
En la infinita soledad de su alma. 

Pero Dios está allí... Yo le he buscado 
Al pié de los altares, 
Yo su nombre magnífico he escuchado 
En el ronco retumbo de los mares. 

Yo, cuando aurora sus celajes tiende 
Del cielo americano 
En el diáfano azul, quien los enciende 
Creo que es de Dios la luminosa mano. 

Está en la soledad, cuando Natura, 
Al parecer inerme, 
Bajo las alas de la niebla oscura 
En el regazo de la Noche duerme. 

Yo he sentido pasar cual de su aliento 
La llama abrasadora, 
En la tormenta que dispersa al viento 
La lejión de las nubes voladora. 



ijjdSt. 



— 348 — 

Y cuando tempestad en lo iníinilo 
Flamíjera pasea, 
Paréceme leer su nombre escrito 
Del rayo en el zig-zag que centellea; 

Pero nunca te vi, nunca. Dios mío, 
Gomo al tender su velo 
La noche en las llanuras del vacío ; 
La tierra olvido y me remonto al cielo. 

Ante él, entre la sombra, solitario 
Siento que espero y creo ; 
El cielo de la noche es el santuario 
Mi Dios, mi eterno Dios, donde te veo. 

Cada astro, de tu nombre es una letra. 
Cada rumor te nombra; 
Allí me hablas, Señor, allí penetra 
Tu incomprensible espíritu mi sombra. 

Alondra de lo inmenso tiende el alma 
Sus vuelos vagabundos, 

Y se pierde, y se pierde en honda calma 

Y el eterno silencio de los mundos. 

¿Dónde entonces están la tierra triste, 
El hombre y su delito? 
El mundo de los hombres ya no existe... 
Estoy solo con Dios en lo infinito. 



Solemnes van las horas y tranquilas ; 
Y en tanto que así velo, 
Me miran cintilando esas pupilas 
«Que llamamos estrellas, desde el cielo. 



■■jt-jrAig^-L^; -'--.i iyÉihfc.í»iiii'. ■-^■^■'^ ■■'^'"'■■^"■'■•--'-■^'■''-^•' * -•■•|iiirñ'i>l''lftariil . 



índice 



PkÓLOGO VII 



PRIMERA PARTE 

E\ alma «n primavera '1 

Juventud 2 

Ecos. . . i 8 

Visión 12 

Mi sueño 13 

Mi ánjel 15 

A una enlutada 19 

Noche de luna 22 

Creatura bella blanco vcsüta 24 

Pensar. Amar 26 

Adoración 30 

Amémonos 33 

Pasión 35 

En el baño 37 

Cuando me dejas 38 

Tarde serena 40 

Nupcial 43 

Tu sol 46 

Bajo las palmas 49 

Besos. — Primer beso 51 

Un beso nada m.'is 51 

En el jardín 52 

Tu cabellera 53 

El beso del adiós 53 

El último beso 54 

Adioses. — Nuestro adiós 55 

No... no te digo adiós 56 

Despedida 59 

Adiós á Jalapa 60 

Pasionarias. 20 



' (imíítuiti t'-jf I 



— :}o() — 

Adiós <>3 

Ausencia <>4 

Soñando 06 

Tu iinajen. (38 

Á Rosario 71 

Ven 72 

Nuestro amor . . 74 

Hojas dispersas 75 



SEGUNDA PARTE 

Guirnalda \Y.i 

La fortuna. — .1 Rosario I' í)4 

Las flores. — .1 liamona 9a 

Lirio. — .1 fíosario II 98 

Sensitiva. — A (juadalupc 100 

llamillcte. — A Tlcniedios 104 

Pasionaria. — A Anjela 105 

Rocío. — -í Paz 108 

Flores marchitas. — A Emilin 109 

Abrojos. — Á ¡iosd 1 10 

Reminiscencias. — .1 Eujenin 113 

El alma on flor. — .t Eulalia 117 

Vivir. — ,1 Carmen 118 

Amistad. — -1 Añila 120 

Adiós. — .1 Lola 122 

Stella. — A Clementina 12-3 

El ánjel del hogar. — .1 Enrique 125 

El Grijalva. — Á la Sra. de Torre 129 

La voz dol arpa. — .1 Rosalinda 132 

Las dos. — Elvira y Elisa 134 

Orfandad. — .1 Alaria 135 

La última flor. — .1 Manuela 13" 

Las Gracias. — Álbum de las SeTiorilas R'" 139 

Las Diosas. — .1 las Señorilas Agramontc 142 

Rosario 1 43 

Asunción 147 

Margarita 149 

Isabel 151 

Rosa 154 

Luisa 155 

Luz 1,^¡) 

Dolores l(jl 

Jenovcva 163 

Catalina 1G4 



iÜü-i'*-^^^»"';', ,'..- .A-- ','^sü^j. 



lio I — 



FÚNEBRES 



La desposada de la muerte. — Corojia fínichre <lf la Scíiura 

Ana Muría de lo Serna y Campbell de Tilomas 165 

En la tumba de la Señorita Carmen Z «IGG 

Manuel Ocaranza 168 



tehcí:i{a parte 

Traducciones é imitaciones 

Aparición. — Víctor lluf/u 171 

Yo amo . — A Ifredo de Mnssel 173 

¡ Despierta... ! — Víctor Ha/jO 174 

To Jenny. — Loi-d Ih/ron 17C 

Anoche. — Víctor ¡luyo 178 

El arpa. — l.ord Byron 179 

Más. — Cunto Slavo 181 

¡ Siempre amar !... Alfredo de Mus.sel 182 

El silfo. — \'íctor IIu',0 183 

Colón. — Sc/iiller 188 

Mirando al cielo. — Víctor Huyo 189 

Frió. — Canto Bohem ¡o 192 

Glicere. — llorado 194 

Heloisa. — E. Qiiinet 197 

Julieta. — IV. Sliake^/ieare 198 

Francesca. — Dante 199 

Ofelia. — W. Shakespeare. — {Hamlet] 202 

Coro de los espíritus. — Horllte. — (Fausto) 203 

Canción. — //. Heine 206 

Un astro. — Víctor Huyo 206 

Felicidad. — Lamartine 208 

En la patria. — M. Hartmonn 209 

Soñaba. — Ileine 212 

Malicia. — Imitación </<? Vítor elli 213 

Las furias. — Letminy 214 

Jamás. — Campoamor 216 

La oración. — FlaulierI 218 

La csfinje. — lleine 220 

Composiciones varias 

.\1 pié de la Cruz. — Á )ni madre, la Señora Doña Dioni- 

sia M. de Flores 224 



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■ <«F^"-/ »T,-Tfc ;' 



— :íq2 — 

La cruz. — A Tirso H . Córdoba.. i'i'J 

Máter dolorosa. — Plegaria. — A mi liennana Marina. . . . 230 

Eva. — A Rosario de la Peñn 23$ 

Á los ((ue estudian 240 

La diva Ánjela 2i4 

Y.n una distribución de premios á las Escuelas municipales. 248 
La Ciencia. — A mi maestro en primeras hlras, Sr. I). An- 
drés Iglesias 254 

Mi madre. — .1 /a Señora Doña Margarita Llerena de Peña. 259 

Armonía 262 

Á los niños. — En una función de premios 267 

El artista 273 

¡ Á las armas ! 276 

Oda á la patria. — Cinco de Mayo de 1802 280 

Á los alumnos del Colejio del Estado. — Distrihueión de 

premios 287 

En la Exposición industrial de Puebla. — Velada artislico- 

literaria, dedicada al .lenernl Ulises Grant 292 

Pintura al pastel 301 

En el álbum de Pope 302 

Juanita 303 

En un ejemplar de la ■. Divina Comedia >< 304 

A la Sociedad Literaria « Rodríguez Galván » 305 



CU.VHTA P.VHTK 

Insomnios 311 

La noche. — Á Juan tí. lujar y Ilaro 312 

Mis sombras. — A mi hermano Agustín 316 

Horas negras 319 

María. — A Manu el de Olaguiftel 323 

Mi padre muerto. — A mi Itermano Luis 329 

Á media noche. — .1 Juan de Dios Peza 334 

Orjía. — Al Señor Ignacio M. Allamirnno 338 

Las estrellas. — A/ Señor Antonio Fernández Merino. . . . 346 



¿789-89. — Vcracruz-Méjico, imprenta de Ramón-Lainé. 



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