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Full text of "La Revista uruguaya [microform]"

Ita Revista ümgaaya 



Política, científica, literaria, liistoria y economía política.--6rgano del Partido Nacional 


Año I 


Mercedes, R. 0.— Mayo 1.» de 1905 


Núm. 1 


Director: Dr. Luis Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN •' 

CALLE MONTEVIDEO 


Administrador: A. Seuánez y Olivera 



[ojad s 



[nhclod @riolloó 



Al ocupar exiguo é intermitente pues- 
to, esta humilde Revista, en la ilustra- 
da y sensata prensa de la República, 
acogen nuestro ánimo, serios temores, 
pues, el período en que salimos á es- 
cena es grave, delicado, complejo, pre- 
ñado de arduas dificultades y tanto qué, 
el mucho hablar, sin el control de la 
cautela, puede ser temeraria impruden- 
cia y el exceso del silencio, punible 
delito... Tal es la situación del país, 
qué, ha consumido en una guerra cruenta 
de nueve meses infinidad de millones, 
que llevó á la eternidad más de cuatro 
mil uruguayos, imposibilitando mayor 
número para el trabajo, dejando la na- 
cionalidad enlutada y casi en ruinas y 
que no obtuvo esta bella tierra, con la 
paz de Aceguá, ni el juego armónico 
de sus instituciones, ni su desarrollo eco- 
nómico, pues, el sufragio, fué, fraude sin 
barrera en casi todos lados en que fun- 
cionó la urna "y presión armada del ofi- 
cialismo en Treinta y Tres, Cerro Lar- 
go, á cargo entonces la Gefatura, de 
su oficial primero. —Maldonádo, Rocha, 
cuyos delegados del Ejecutivo, autores, 
encubridores ó conocedores, lo que fue- 
re, de tales inauditos atentados han de- 
bido ser sustituidos por otros mejores 
inmediatamente. — Y esta usurpación de 
la soberanía del pueblo, que hace frus- 
tráneo el comicio, y altera en su base 
fundamental el sistema republicano, ar- 
tículos 151 y 4 de la Constitución, para 
dar á contemplar al público, hoy, lo 



que ya había visto', en el cuarto de si- 
glo, que con colores vivos describió el 
Sr. Batlle, en su discurso inaugural al 
recibir el mando, el reinado de la arbi- 
trariedad y fraude electoral sin límites, 
pues, lógicamente, no habrá que esperar 
reparación en ese sentido, en una asam- 
blea, (que después de lo que ya ha he- 
cho, aún aprobando los poderes nacio- 
nalistas de Rocha, esto sería golondrina 
que no aporta verano), que en su in- 
mensa mayoría asaz intransigente, fué 
creada por el Gobierno, con ese mismo 
fin, de desviar el anhelo de los partidos, 
que era dar al país una legal renova- 
ción de los poderes públicos, ha origi- 
nado, la natural inquietud, que cuándo 
se cometen semejantes actos, se observa 
en estos países, la instabilidad pública, 
reflejándose continuamente en el campo 
político y económico.— La ley llamada 
de propordonalidad que el país entero 
cree violatoria del artículo 19 Constitu- 
cional é injusta, la creación de Bata- 
llones y Regimientos de líneas, que la 
prensa local de muchos Departamentos 
denuncia, produce en varios lados la de- 
nominada ^cuza del hcmlre^ y que re- 
produjo la multiplicación de cabos v 
sarf/cntos en número iiiipoudcrable i)ara 
el comicio, verdadera lintei'iia mágica 
de nuestra «óptica poñticd», aerescentó 
la zozobra pública. -Pero, dada la ex- 
tenuación de da Patria, que necesita 
reponerse de sus recientes sacudimien- 
tos, y un mundo de consideraciones y 
circunstancias, que concurren eficiente- 
mente á ello, shi tener la vanidad de 



.;» 



2 



La Revista Uruguaya 



creernos profetas políticos, todos, pode- 
mos afirmar categóricamente, que no ha- 
bní guerra, — la marcha que llevan loií 
partidos de oposición, así lo demuestra, 
cesen, pues, las alarmas de los ciudada- 
nos al respecto y dénos el Gobierno to- 
das aquellas medidas que el país deman- 
da para su tranquilidad, haga el Sr. 
Batlle, un cambio radical en su política 
y venga «Patria» para todos los orien- 
tales, póngase al frente de una gran 
evolución nacional, el pueblo reclama 
este benéfico imi)ulso para su desarrollo 
económico y para llevar en política la 
serenidad del espíritu á cada hogar. — 
Aún es tiempo y el Sr. Batlle, con su 
banda, tiene los medios conducentes para 
ello. — Solicitar esto que es, el bien 
de su administración y la felicidad de 
la República, la fría razón en sí concibe, 
que no es lirismo y el estudio de nues- 
tra vida nacional, recuerda que tiene 
honrosos precedentes históricos, ahí es- 
tán para su examen detenido, al que se 
preocupa de la cosa pública, las admi- 
nistraciones nacionales, de blancos y co- 
lorados, de los años 35, 52, 55, 50, 98, 
60, V las de Gomenzoro v Ellauri mis- 
mo, que á raíz de grandes convulsiones 
se instauró tan sabia política. — Hacer 
esto, es labrar la perpetuidad de la paz 
pública que es el deseo po])ular. — Serie 
de artículos escribiremos sobre esto. 



* 
* * 



Saludamos á la prensa de la Repú- 
blica, uruguaya y extrangera, de nues- 
tras ideas y adversa, con singular res- 
peto y nacional afecto, haciendo votos, 
poi ([ue concurra, con su ilustración, tino, 
prudencia y altivez al progreso público 
y á levantar el país de su actual j)os- 
tración y agradecemos de corazón, los 
inmcrecidüs conceptos con que bondado- 
samente saludó la noticia de nuestra 
próxinuí y humilde «aparición» y á la 
local, que actúa en este bello y hosi)i- 
talario Departamento donde vivimos. 



efusivo apretón de manos y nuestro reco- 
nocimiento. — Si esta Revista obtiene éxi- 
to se lo deberá exclusivamente á sus 
generosos é ilustrados colaboradores con 
quienes, quedamos profundamente obli- 



gados. 






Al Partido Nacional, el mismo que 
con sus actos nos enseñó á amar la 
«Patria», más que á todos los cariños 
de la tierra, por arriba de todas las re- 
laciones huniauíis y de todas las co 
numidades políticas, «salud», con toda 
la unción del que siempre le demostró 
su desinteresado amor, le decimos, fé, 
mucha fé, esperanza, muchísima espe- 
ranza, en tus propias y hercúleas fuer- 
zas, en tu severa moral, é ideales im- 
personales, á tí no te abate el contraste, 
ni te quebró jamás el huracán que en- 
gendrara lo arbitrario, mientras no se 
exhibe, administración nacional, política 
de eficaz cooparticipación de las colec- 
tividades, vive hoy, en la Uaimra, hon- 
rando tus muertos, formando caracteres 
en la lucha cívica, que hagan práctica 
en su hora, la vida republicana, orga- 
nízate á la sombra de la paz y de las 
leyes, y aguarda que vendrá seguro tu 
día de ser gran factor en el escenario 
político, en el imperio del «Gobierno 
libre» que reclama la República, junto 
con su autonomía v lo tendrá. 



* 
* * 



Al Directorio Nacionalista, nacido, 
del juego correcto de nuestra carta or- 
gánica, nuestra adhesión, que nunca le 
negamos á todos estos altos cuerpos co- 
legiados, que sea feliz en su penoso co- 
metido, que dedique especial atención á 
la inscrii)ción cívica \' á la fonnación 
real y verdadera del tesoro partidario, 
en cada sección de la República á base 
también de la cuota mínima, que, es la 
que más produce la lluvia de esterlinas 
y entre nosotros casi nunca, (salvo hon- 
rosas excepciones que conocemos en 



La Revista Uruguaya 



3 



todos los períodos de nuestra historia), 
del parsimonioso, y solitario é inter- 
mitente doblón, no llegó á sumarse líos 
ó paquetes que representaran un gran 
caudal.— Sobre este tema que deben 
« abordar » todos los partidos para afron- 
tar el comicio y cumplir con éxito su 
misión, en las democracias de nuestras 
sociedades, como se hace en otros paí- 
ses, disertaremos mucho en adelante, 
mas, que otras numerosas veces lo he- 
mos heciio en la tribuna y prensa na- 
cional.— Sin tesoro, ni se ganan elección 
nes, ni se va á ninguna parte en este 
nnmdo y menos habrá acción eficiente 
jamasen política.— A «La ¡hmocrucia,» 
la más cordial y fraternal salutación, 
otro tanto al «■UiH(/uay>^ que en Buenos 
Aires dirije, otra pluma de oro, (como 
la de Herrera y Roxlo) que se llama, 
Javier do Viana. 



* 



Se anuncian mittings, propagandas, 
protestas, ante el Senado, Cámaras y 
Grobierno, escritos de diarios, . si se lle- 
ga á cometer la insensatez de destruir 
con el protesto de la creación de la Al- 
ta Corte de Justicia, la descentraliza- 
ción judicial que consagra nuestro Có- 
digo de Procedimientos Civil, limitando 
con un proyecto injusto, la actual Ju- 
risdicción de los Juzgados Letrados De- 
partamentales, sea cualquiera la limita- 
ción, si se practica, será un mal pú- 
blico V desde va nos adherimos- á tmio 
loqtiese hdfjd porque no se aminore la 
jarisdicción referida.— Ofrecemos las co- 
lumnas de esta Revista, á todos los 
idóneos que deseen escribir sobre ese 
punto, qué, al ser resuelto en forma 
cualquiera de reducción, lesionaría los 
intereses de 18 Departamentos, para be- 
neficiar, no Montevideo, y sí solo un di- 
minuto gremio radicado allí, es decir, 
se desnaturalizaría con ello, el Ciirácter 
de la ley, que es la generali lad, por in- 
tereses que no son de orden público. — 



Incorrecto proceder sería si, se aprobara 
semejante iniquidad. — En esa emergen^ 
cia, la prensa toda de los Departamen- 
tos de campaña y sus habitantes for- 
marían un coro formidable, para protes- 
tar contra esa reforma, bajo todos as- 
pectos refractaria al progreso judicial 
y á la distribución de la justicia.— Y es 
tal la resistencia que esa medida levan- 
taría que no creemos, que esto llegue á 
ser ley, apesar de los informes particu- 
lares, que le dan tanta seriedad á esa 
versión, consideramos que ella no se lle- 
vará á efecto. — Con todo, si en las Cá- 
maras se iniciara tal reforma entonces 
sería la oportunidad de hacerles cono- 
cer, lo que opinan los 18 Departamen- 
tos al respecto y la prensa de campaña 
á buen seguro, empiendería una propa- 
ganda vigorosa para que el país entero 
no fuere víctima de una descentraliza- 
ción iudicial indigna del siglo v de una 
república. Repetimos, no creemos que 
esa refcrma se instaure. 

La Redacción. 



QBBSCIO eSlSflTÜCIOlTAL 



Un sa')io constitucionalista da una 
idea del estado actual de la política, lla- 
mándola una ciencia de aplicación que 
todavía no está constituida, sin embargo 
de que sus materiales están elaborados, y 
antes que el ilustre autor de la «I'olitica 
J'ositívti» nos señalara con mano maestra 
los escollos que hay qué evitar, para lle- 
gar sin tropiezo al gobierno semecrá- 
tico, (1) el pensador Grimke en sus ^vis- 
tas (//'un'aics ¡I dijicatdiles de la ciencia 
del Gohienw », enumera con prolija de- 
tención las causas que han hecho mante- 
ner estacionaria á esta ciencia durante 
los últimos siglos, y todo ello apesar de 
las conquistas brillantes que la inteligen- 
cia humana ha o])tenido en ese mismo 



(I) Seiiiet, i'ocnblo latino cjue sinniflca asi rnisinov 
y ernciti del f/rier/o Kralos, fuerza, ¡loieiicin. iiii/),-ria, 
yobierno, "Semecracia" es la Iru/ucctón tílcml i/c la 
fiaialii'a in>/lt'Sa "setj ¡joci'i'niiwnC" con <j uc los n>)fii'- 
arnericci/tos (¡¿¡/ni/ictcn el (/o/jier-no tlcL ¡lucbl" ¡xtr el 
pueblo, p'ilabra <jae Jaita f^iL las demás lenr/nas <(i<-e 
l'elletun, ¡¡urque tiu teneinos la cosa (Laslarriaj. 



La Revista Uruguaya 



lai)so (le tieini)ü en otr¿is esteras del ])ro- 
ji'reso. — Con eteeto, el Derecho (\:)nstitu- 
eional, tiene aún i)roblemas transcenden- 
tales que resolver, principios que elevar 
á la cateí>oría de doctrina, é incor})orar- 
los ;\ su legislación positiva, axiomas i)o- 
líticos ([ue proclama.r y consai;rar con el 
óleo también puro de la libertad, dere- 
chos que yacen olvidados en la indife- 
rencia en (pie viven muchos ])ueblos, 
])ero, ay !.., los últimos, triujiíbs (^ue al- 
cance esta ciencia hemos dicho antes de 
ahora, no los ai)laudirán las j;-eneraciones 
presentes... y esta lentitud en su])roi2,reso 
está en la dificultad misma (pie ofrece la 
ciencia, ])ues, nin,i;'ún otro ramo, sei^'ún el 
citado (írimke v todos los comentaristas 
exilie en lirado más alto la aplicación de 
la verdad absoluta á los hechos ])articula- 
res y nini;uno ii;ual diversidad (le hechos, 
ni mayor esfuerzo para reducirlos á re- 
glas generales. — El Uruguay no ha teni- 
do la calma neccí^aria para abarcar el 
arduo j)roblema de la reforma Constitu- 
cional y habiendo sido casi continuas 
nuestras guerras intestinas ó vivido ])re- 
])arando conspiraciones que no siem])re 
se realizaron, desde la jura de la Consti- 
tución, año oO, hasta el año anterior al 
que escribimos, en medio, de la in lic<ida 
desgracia, casi es un bien, que nó haya- 
mos modiñcado la Magna Carta...— Pues, 
acto tan transcedental en la vida de los 
pueblos demanda sumrt serenidad de es- 
píritu, un ambiente incesante de refle- 
xión y análisis ([ue no lo otorgan ])or 
cierto hi ¡Misión 6 interés de partido (pie 
con raras exepciones casi siemi)re nos }¡a 
dominado y no son estos ])eríodos casi 
normalc^^ en nuestra vida nacional, los 
más a]);lrentcs é idóneos ])ara ])roducir 
una refoi'ma Constitucional, (pie deoe ser 
bien público y mnica beneñcio }>aiticular 
de las facciones (') de las crAect'iiiiíuies 
militantes, (pie constituyen en política les 
])artidos Ui'uguayos. — Sobran tii'en'os é 
ilustr;icionos en nuestro país, h) ([ue n s 
falta es tr¿in([uili dad de es])íritu para ob- 
tenei'con éxito la apuntala tarea. Cuán- 
do con una sei'ie de hechos hayamos de- 
mostnido todos ([ue hacemos ])rimar so- 
bre todo otjv) íifecto en nuestras relacio- 
nes cívic;is, (d amor á Ici Justicia y á la 
Pciti-ia, sei'á ello un;i jirueba, que nos ha 
llegado 1(1 hora nnfio}uil de ijuciar tal re- 
forma.- VA Di'. \)\\. Juan Ángel Colfarini 
(pie (vs conocido en las R(í})i'iblicas del 



Plata, no solo como un excelente médico 
y filáiitro])o, y sí también como una per- 
sonalidad i)olítica, (pie ])osee con variada 
instrucción un cerebro privilegiado que 
ha i)asado sendos lustros de su larga y 
activa vida, estudiando el corazón huma- 
no y la escena política de estos países en 
los cuales, desde la llanura ha sido casi 
siempre actor obligado, nos envía un tra- 
bajo sobre derecho Constitucional, que 
muchísimo honra, á nuestra humilde Re- 
vista y que encontrará el lector al pié 
de estas líneas de la redacción.-Creemos 
sinceramente hace un cuarto de siglo, 
(jue el artículo Constitucional 75 que fija 
en cuatro años el tiem])o Presidencial, 
está armonizado con la renovación pe- 
riódica, prudencial, que exije el sistema 
republicano y ya se considere ese puesto, 
alto honor ó pesada cruz hay siempre 
en un Estado, varios individuos que pue- 
den ejercerlo y dada la brevedad de la 
vida humana en tal cuadrienio hay tiem- 
po suficiente ])ara desemi)eñar con éxito 
el coni; ti'vio (le ese cargo, cpie por su na- 
turalez ), supone en el electo estar con- 
venientemente ])reparado ])ara ello, ser 
veterano en la escena política, y no debe 
conferirse nunca á un inipiovisddo y sí, á 
real conoce lor, de la cosa ])ública, otro 
tanto, opinamos de las demás funciones 
de carácter electivo... Y nuestra Consti- 
tución, en ese su artículo 75, ha sido más 
l)revisora, (pie la de la América del Norte 
í.pie preceptúa el mismo tiempo (pie la 
Uruguaya., pero, admite la reelección qué 
en la nuestra se rechaza, como un medio 
de i)rivar la perpetuación en el i)oder de un 
mismo mandatario, (pie l)urlaría más, sin 
ese dique, el comicio del pueblo, hacien- 
do ])esai' entonces con más vehemencia 
tod;i su inlluencia oficial, en el sufragio 
para a egiirar su eterna reelección, con- 
virfiendo en iri'isoria la vida democrática 
\' la s)bei.'anía de la nación. Esta nions- 
trii;)sida I no esca])ó al alma recta de 
Jorge Was'iiington quien se negó rotun- 
damente á ace¡)tar su tercera reelección, 
cuya desinteresada conducta sirvió de 
ejemplo por mucho tiempo en el pueblo 
de las instituciones libres y en el año 1844 
el (Jeneral Iíaris:)n, nombrado ])residente, 
en su discurso inaugural apuntó la rcele- 
gibilidad como uno de los vicios de la 
(■onstitueión americana y ex])resó que 
esa facultad de ser reelecto, era, «una 
fücilidad dada al servidor para conver- 



La Revista Uruguaya 



tirse en amo.^ Reconocemos que el sis- 
tema de sais años para la Presidencia 
que indica el inteligente Dr. Golfarini 
tiene más aceptación en los Estados de 
Sud-América que el que determina la 
Constitución Uruguaya, que, encontramos 
correcto y la agitación popular que se 
observa en cada período eleccionario es 
benéfica, constituye la vida propia de las 
repúblicas y el mal que viene á veces en 
la América Latina, tras una renovación 
de [poderes públicos, no lo aporta segu- 
ramente el acto del sufragio en sí, sino 
la directa intervención en el comicio, 
que ejerce autoritaria en tales Estados, 
el poder central y cuando á causa de 
esas usurpaciones de la soberanía hay 
disturbios, éstos, lo mismo aparecen en 
el Armamento político, con seis años ó 
cuatro de Presidencia.— Publicamos agrá- '■ 
decidosj el todo del artículo y prohija- 
mos la parte del proyecto del esclarecido 
Dr. Golfarini, relativo á la descentrali- 
zación y fedtralización económica-admi- 
nistrativa y cuándo sin el tupido velo 
de la pasión partidaria se estudie la 
evolución iniciada en ese sentido, por 
los «Gohurnos \(rcwHalrs» de lósanos 
^»5, í'yj, bi), ()0 y parte del de Ellauri y 
Bustamante el 55, el espíritu ageno á 
preocupaciones verá claro, que, á ese 
ideal íbamos marciíando rá])idos, cuándo 
las guerras habidas en las citadas fe- 
chas desviaron por completo al ])aís de 
tan proficuos senderos. — Tiene la pala- 
bra el Dr. Golíarini. 

La Redacción. 



1,A ÜEFOIIÜA liE \A miUMM 



Parece incroi))lc que, en un país tan 
peí turbado, por convulsiones internas 
como el nuestro, se haya mantenido sin 
alteraciones la carta fundamental, como 
si los tiranuelos que han pesado sobre 
los destinos de la Nación, hubieran te- 
nido por la Constitución ese respecto que 
infunde lo augusto aún á aquellos se- 
res más dei)ravados y abyectos. 

l']s, en efecto, un fenómeno curioso 
esta innuitabilidad sin ejemplo en la 
historia de los pueblos; y si lo consi- 
drr;imos desde un punto de vista posi- 
tivo, relacionándolo con los sucesos que 



son del dominio de la historia, nos seria 
difícil su explicación lógica. 

¿Es tan deficiente nuestro código po- 
lítico que á fuerza de incompleto é 
imprevisor, haya )iado margen, dentro 
de sus preceptos á las conculcasiones 
de los gobernantes? 

¿O, es tan perfecto, que aún en épo- 
cas anómalas, ha concillado las imper- 
fecciones de nuestro medio ambiente 
con sus mandatos indiscutibles? 

Ilusos son los que creen que por 
medio de sabias disposiciones se curan 
los males de los pueblos y se les redi- 
me de sus culpas. 

Nuestro pueblo necesita serenar su 
espíritu, corregir sus resabios, cambiar 
su modalidad en un sentido más tole- 
rante y fraternal. 

Inglaterra constituye el organismo 




Dr. Juan Ángel Golfarini 



Presidente del Comiié fíecolucionario del 97 

político más perfecto, y sin embargo, 
aún tiene en su legislación — aunque en 
desuso, i)ero no derogadas — disposicio-. 
nes de barbarie tal que harían erizar 
los pelos al menos i)reocui)ado. 

A ningún liberal inglés se le ha 
ocurrido clamar contra estas arcaicas 
heregías, porque sería innecesario y qui- 
zás ridículo. 

Es que allí existe el res])eto íí la 
tradición de la ley, y es tan intenso el 
sentimiento de la libertad y la justicia, 
que nadie se atrevería á afrentar el alto 
concepto de la Nación, con una medida 
inicua ó arbitraria. 

En una palabra, es el pueblo el que 
hace la ley, pero no la ley la (pie hace 
al pueblo. 



6 



La Revista Uruguaya 



Preciso será convenir que nuestra 
Constitución ha menester de una peque- 
ña reforma, al sólo efecto de asei;urar 
la tranquilidad pública en la medida 
de lo posible. 

Esto, no obstante las observaciones 
formuladas. 

Y de paso, para ajirovechar la opor- 
tunidad, ])odríamos introducir algunas 
otras reformas con un pro])ósito emi- 
nentemente práctico, sin farolerías ni 
atormentadoras bullangas. 

Lo esencial sería, á nuestro juicio, 
aumentar la duración de los eargos 
electivos : de cuatro á seis años el pe- 
ríodo presidencial así correlativamente. 

Para afrontar esta reforma, será ])re- 
ciso que abandonáramos los malsanos 
prejuicios que tanto mal nos hacen, y 
nos insi)iráramos en el i)atriotismo y 
las altas conveniencias nacionales. 

Xo ])retendemos enervar la fibra cí- 
vica : lo que nos j)roponemos es dar un 
poco de reposo al sistema nervioso de 
este pueblo. 

Las otras reformas vendrán lógica- 
mente ; así por ejemplo, las crecientes 
necesidades de la cami)aña impondrán 
el munici])io autónomo, procurando de- 
sentralizar el sistema unitario que hoy 
j)rcdomina y federalisándolo en benefi- 
cio de los intereses generales del país: 
el espíritu lil)erál auspiciaría otras re- 
formas que los progresos de la civiliza- 
ción imponen ; y así, tranquilamente, 
sin trájicos esÍFuerzos, llegaremos á la 
realización de anhelos que deben ser 
comunes á- todos los orientales, porque 
se trata de su bienestar y felicidad. 

Dii. JuAX A\(;el Golfakini. 

Marzo 31/905. 

í^ízi/g/tauo rac/icac/o e» o/O nenes (¿tires.) 



m 



echa Histórica 



Una de las lechas más dolorosos en 
la historia política de la Kfipúhliea 
Oi'iental es, sin duda, el 2 do Lueio 
de 1805. 

Kn eso (lia, y des[)nés de a^^'otar 
los últiuios recui'sos, cuando ya ni lul- 
minautes lialu'á para hacíu' tronar los 
fusiles d(! viejo sislonia, y n'u-íísaiio 
filó emplear (,'1 mixto de los primitivos 



fósforos de Roche, la inmortal iy heroica 
ciudad de Paysandú, caía rendida bajo 
el engaño l'aláz de un i)attoque no su- 
pieron cumplir los ejércitos sitiadores. 

La desesperada resistencia de seis- 
cientos hombres, que era el número con 
(jue contaba el campeón esforzado de la 
defensa de la ciudad, el aguerrido Ge- 
neral Leandro Gómez, contra un ejér-- 
cito de más de <iiez mil plazas, no tiene 
parangón sino con el temerario arrojo 
de los españoles en Niimancia. 

No en vano los orientales han con- 
servado y conservan todavía las mismas 
costumbres y sentimiento de la madi'e 
l^atria, cuya grandeza de alma ilota 
siempre inmaculada sobre el ambiente 
de su hermoso cielo y hasta por encima 
de sus dolores y desgracias. 





LEANDRO GÓMEZ 

'j'/lh Dc'l'ensa de Pt.iijsandLi (64-65) 

El General Leandro Gómez, era una 
ligura (jue caracterizaba perftíctamente 
al ti[)0 arrogante (hd militar francés, 
pero tenía un corazón (íspañol en lo iio- 
I)le V íionoroso. 

Amanle de la férrea disciplina en el 
cunii)limiciito de los deberes militares, 
jamás toleró la menor falta de sus su- 
bordinados en la ejecución de sus órde- 
nes, las que debían llenarse sin omitir 
el más míninií^ de los detalles. 

En cambio, en la intimidad de sus 
amigos, fuera del servicio, con sus sol- 
dados y cainarad;"S, d(.'S[)l('gaba los idíís 
infantiles alectos con esa lealtad f)a- 
triarcal digna tan solo de los espíritus 
juávibígiadijs y superiores. 

Nunca el iiifoitunio llamó en vaiioá 



La Revista Uruguaya 



su puerta, sin que su mano filantrópica 
dejara de extenderse, ofreciendo el óbo- 
lo reclamado por los aflijidos. 

Paysandú no es tan célebre por ha- 
ber sido el baluarte de la resistencia 
desesperada opuesta á un poderoso ejér- 
cito extranjero invasor, que en mala 
hora asumió la ingrata tarea de mez- 
clarse en nuestras luchas intestinas, 
sino porque allí fué inmolado, cubrién- 
dose de imperecedera gloria el campeón 
de la defensa sacrosanta de aquella ciu- 
dad histórica. 

Muchos sostienen que el General 
Leandro Gómez, debió salvar su vida 
entregándose más bien á los bi'asileños 
que á los secuaces de Goyo Suárez, ¡lero 
semejante actitud habría asumido los 
caracteres de una manifiesta debilidad 
y timidez, incompatibles con los actos y 
maniftístaciones conocidas del valiente 
militar. 

El hecho de dejarse tomar por sus 
encarnizados enemigos, es la demostra- 
ción palpable de lodas las altiveces y 
energías de que era capaz aquélla alma 
varonil, que nunca perdió su serenidad 
y firmeza, ni aún en la hora aciaga del 
martirio. 

Custodiado y bajo la falaz promesa 
de que su vida sería respetada, fué lle- 
vado al sacrificio, cometiéndose en él 
uno de esos arteros engaños, agravan- 
tes del crimen, con que la alevosía re- 
cárgalos tintes sombríos de su obra fu- 
nesta y destructora. 

En cuanto al sitio preciso donde se 
llevó á cabo la sangrienta y salvaje eje- 
cución, fácil es descubrirlo. 

Cualquiera (|ue al visitar la ciudad 
de Paysandú suba por la calle 8 de Oc- 
tubre, en una de esas tardes apacibles 
y serenas, y llegue hasta la esquina de 
la calle 33 Orientales, descubrirá á la 
derecha una antigua casa solariega que 
perteneció á D. Atanasio Uivero, desde 
cuyas tapias, por poco (jue uno se em- 
pine sobre ellas, puede divisar, á los 
lánguidos resplandores de un sol que se 
oculta en suave y perezosa caída el tea- 
tro del siniestro fusilamiento. 

Manos piadosas han cultivado allí 
un tablón (le lirios blancos, símbolo de 
la pureza que encarnaba la santa causa 
defendida i)or el míM'tir. 

No luiy un nombre ni una inscrip- 



ción, ni siquiera una lápida ó una cruz, 
nada... pero todo el mundo sabe que 
allí fué sacrificado un héroe. 

Juan Coustau. 

C(DXÍinio jHrisconaufio, eí>c^iíof■ u orac/or, 
cy¿ízugiíau0 ^ac/icac/o en <a/3uenoA-(S^iteo.J 



Economía Política 



Nuestra Emigración 



La prensa de todos los ámbitos del 
Uruguay, demuestra desde Noviembre 
acá, en forma irrefutable que se ha es- 
tablecido una corriente continua v nu- 
merosa de emigración nacional y ex- 
trangera, que abandona nuestro rico 
suelo, y salió hacia el Brasil y Argén- 
tina, con ánimo de no volver y el último 
censo de la República Argentina, delata 
la en orme cifra de 81,375 orientales que, 
antes de la apuntada corriente emi- 
gratoria, ya se habían expatriado. — El 
mal es inmenso, hondo, abrumador, v 
no se remedia ocultándolo, el verdadero 
patriotismo en este caso, consiste en 
reconocerlo y encontrar la fórmula sal- 
vadora que lo haga cesar. — Felizmente, 
el medio existe, lo tiene á su alcance, el 
propio Gobierno, que hoy rige los desti- 
nos del Uruguay, y cuándo lo ejercite, 
habrá corrido de nuestro escenario eco- 
nómico, esa calamidad nacional, i)or la 
cuál, todos los corazones bien puestos, 
nos a])enamos y que so llama sin aniba- 
jcs, ni reticencias de ser sin carácter 
nuestra despoblación, qué, aniquila tanto 
cómo la guerra y lleva, también, á los 
pueblos al no ser. — Y esa emigración, 
que se dirigió al Brasil y C. Argentina, 
á qué, nos referimos, no es la de agricul- 
tores de Colonia y Paysandú, nó, es á to- 
da la que se há oi)erado, desde Noviembre 
hasta hoy, en todos los Depai-tamentos y 
en todos los ramos que coustituycMi la 
faena rural |de la República, tiene carác- 
ter general y no local, la trajo las al.ir- 



La Revista Uruguaya 



mas en que se ha vivido desde ese No- 
viembre, esa emigración, desde esa íeclia 
la anuncia la prensa de los Dei)artamen- 
tos y tiene por causa la apuntada y otras 
que anotamos, en nuestro primer artículo 
de este número, la emigración de los 
agricultores merece capítulo ap;irte y la 
trataremos más tarde. — El Uruguay, co- 
locado por la Naturaleza en la zona tem- 
])lada del Continente Sud-Americano, so- 
bre la margen izquierda del caudaloso 
Piala, tiene con una })0sición to])ográfica 
envidiable, un clima sano, variado y de- 
licioso, cuvo suelo fértil circundan más 
de mil arrovos v diez v seis ríos, casi to- 
dos, navegables en dilatadas extensiones, 
es su territorio seis veces más grande que 
la Bélgica y cinco que la Suiza, ])osee 
1.200 kilómetros de costas marítimas y 
fluviales, un millón de habitantes y según 
cálculos, el valor de la riqueza ])ública, 
activa y en explotación es mayor de cin- 
co mil millones de francos, existen la ge- 
neralidad de todos los ])roductos de his 
diversas ])artes y climas del mundo, 
nuestros j)astos secretan una fuerzii nu- 
tritiva más ])oderosa que los argentinos 
y brasileros, tenemos siete millones de 
ganado vacuno, veinte de ovino, todo lo 
ipie forman los productos agi'arios i-emi- 
tidos por la Asociación Rural sacaron 
])rimer ])remio en la p]xposición Interna- 
cional Uiiilena del 75, donde concurrie- 
ron todas las naciones del universo, la 
vida es fácil, el obrero no sohj gana su 
sustento, sino que ahorra y en ])()Cos años 
os capitalista, y el i)otentado tiene campo 
vasto, esfera de acción ilimitada, en (pie 
desarrolfir su actividad, tenemos uum le- 
gislación i)rudente en nuesti'os (^kligos 
])ara ca hi materia, ([ué, si alguna refor- 
ma reclaman, el retardarlas no inqxuta 
en manera alguna, d( t?ner el progre-io, 
miestros h;'ibitos son Iiospitalarios. a(pií 
no existe el pauperismo, la fortuna está 
l)ien repartida y distribuida (Mi todas las 
Ciíise:-; sociales, sobra on toslos lados, 
otorgada ])ny la misnin naturaleza, miu lia 



materia útil, es decir riqueza, en el len- 
guaje técnico económico, donde está 
pues, la causa de esa emigración que se 
va al Brasil y Argentina y que nos 
aterra ? — Vamos á indicarla. — La po- 
lítica y la economía si bien son cien- 
cias diversas, tienen relaciones que no 
es dado desconocer impunemente. — Y 
hasta tal punto, ello es exacto, que en 
todos los tiempos y lugares los que se 
dedican á ese ramo del ííaber humano 
demostraron con rigorismo matemático, 
qué una mala administración política 
lleva consigo una bancarrota econó- 
mica. — Ksta es una ley ineludible en 
la historia de los pueblos! Las rela- 
ciones de la política con la economía se- 
cretan toda la vida social, su unión reme- 
da, ha dicho notable Economista, la ar- 
monía del espíritu con el cuerpo y su 
separación es la muerte para el i)rogreso 
de esa sociedad. — Los capitales se re- 
traen y las industrias no entran enjuego, 
I)orque, no hay esa fé en la cosa pública, 
que hace circular el crédito, qué, no se 
decreta, ni reglamenta, es el grado de 
confianza que la colectividad ó el indivi- 
duo tienen en una administración cual- 
quiera. Sei'á, i)ues, tiempo perdido pensar 
en reformas económicas cuando no haya 
el í'uiijno exi)reso de hacer buena políti- 
ca. — Inútil es adquirir tierras ó los ejidos 
de los pueblos para donárselos á agricul- 
tores, como anuncian los diarios, hará el 
(lobierno, en Colonia y Paysandú, con 
eso solo, si es cierto, no se detiene nues- 
tra «emigración), — Es indispensable, to- 
mar mayor vuelo y hacer una política, 
anq)lia, noble, generosa, NACIONAL, 
sin reservas, agena á las facciones, rom- 
])ion(lo desde ya, con las esti-echeces de 
los círculos, ])ara atraer así, todo lo que 
es virtud, talento, ])r(>])aración real i)ara 
la C(jsa i)úl)l¡ca, inicie el Sr. Batlle una 
revolucitni ])acííica en ese sentido, en to- 
dos los ramos de la Administi-ación v la 
confianza ])úb¡ica (pie inspií'o entonces 
esa ])olílica sensata habrá hecho desapa- 



La Revista Uruguaya 



9 



recercnsu mismo período Presidencial, 
la corriente de emigración, que hoy ame- 
naza despoblar la República.— El color 
de la banda Presidencial, no es de escar- 
lata V sí nacional, v en la bandera Patria, 
caben con ig'ualdad de derechos y obliga- 
ciones todos los Orientales, tal como lo 
quiere nuestra Constitución en sus artí- 
culos 3 y 10, cuyo alcance conoce perfec- 
tamente el Sr. Batlle, pues, asistió como 
nosotros á la misma aula de ese ramo de 
derecho. — ^Uno de los <íprincipes^ de la 
economía, de acuerdo con todos los tra- 
tadistas há condensado el tema que hoy 
tratamos en una fórmula que se ha hecho 
célebre en el transcurso de los tiempos: 
Haced buena política y tendréis buenas 
finanzas. — No creemos que el remedio 
para hacer cesar la emigración que ya se 
fué al Brasil y Argentina, y aún aumen- 
tar nuestra inmigración mucho más que 
la misma numerosa que nos viene de ul- 
tramar no deje de hacer sentir sus profi- 
cuos resultados antes de un trimestre, si 
se concede desde el i)oder al país una 
evolución nacional, coino la que solici- 
tamos desde va. — El mal no está en la 
naturaleza de este suelo que es privile- 
giado, que es rico en sí, que puede mante- 
ner holgadamente más de veinte millones 
de habitantes, teniendo en cuenta (pie la 
Bélgica da alimentos á más de seis millo- 
nes y tiene seis veces menos exten- 
sión territorial que el nuestro. — Aquí la 
continua guerra fué impotente i)ara des- 
truir el progreso, la naturaleza, venció 
aquella fuerza desoladora, otro país cual- 
quiera del globo no resiste lo que noso- 
tros y en igualdad de males no tendría 
nuestro desarrollo económico ni nuestra 



actual riqueza, el mal está en nuestra in- 
transigencia })olítica, (pie a])esar de tcnei" 
como latinos que somos, un corazón de 
oro, ricos en sentimientos, que bien diri- 
jidos serían el orgullo de la raza hunui- 
na, tenemos en nuestros hábitos, todo, 
todo, menos tolerancia por la o]»ini('m 
agena, un espíritu de absorción funesta 
nos retrata de cuer])o entero, venga esa 
política conciliadora con la propia digni- 
dad humana, que i)ermite á los hombres 
oírse con cultura y á los gobiernos ad- 
ministrar el poder, nó, cómo feudo de una 
facción, colectividad, y si, cómo l)ien })ú- 
blico de todos, y entonces no habrá alar- 
mas, cesará la emigración conw por en- 
canto y el reinado de las instituciones no 
será declamación vanidosa v teatral sino 
práctica de nuestro credo reijublicano. — 
Continuaremos. — Pero antes, á los que 
duden de la exuberancia de nuestra ve- 
getación y de la riqueza de miestro sue- 
lo, le indicaremos que ])asen por la Aso- 
ciación Rural, recorran con detención 
la lista de los premios (^ue obtuvo nues- 
tro ])aís en la P^xposición Internacional 
Chilena del 75, en todos los ramos de 
la-industria rural, mineral y agrícola, en- 
tre otros lauros recordamos atpií los 
que se adjudicaron, á nuestras lanas, gra- 
nos^ y mármoles de Mal donado que los 
premiaron conjuntamente con los céle- 
bres de Carrara. — ¡ Casi todos los jiro- 
ductos remitidos estando esta Re])ública 
entonces en })lena guerra fueron ol)jero 
de esa distiiición por severos jurados, en 
un torneo del progreso humano, donde 
concurrieron con sus mejores exposicio- 
nes todos los Estados, del mundo. 

La Redacck'jx. 




10 



La Revista Uruguaya 



(1) 




nsis 



Expresamente para «LA REVLSTA URUGUAYA». 



Lo esperaba la tierra; 
Lo esperaba la pampa. 
Llena de trebolares florecidos, 

Y viento azul, y margaritas blancas; 
Lo esperaban de noche, pensativas, 

Las estrellas doradas; 

Lo esperaban los montes, agrupados 

En el borde del agua; 

Y tiesos, sobre el potro encabritado, 
Fuera del regio pabellón de España, 
Echado atrás el cuerpo que bullía, 

Y echado atrás el poncho que ondulaba, 
Sobre la esclava tierra, estremecida. 
Ellos también, nerviosos, lo esperaban 

Los gauchos indomables, 
Los reyes de la pampa. 
Llena de trebolares florecidos, 

Y viento azul y margaritas blancas,,^^ 



Hoy ya nadie lo espera^ 
Hoy es sólo un recuerdo, 
El viejo abuelo que cruzó los mundos 
Con la Patria clavada en el cerebro; 
El viejo abuelo que nos dio en la tierra. 
Un pedazo hermosísimo de suelo, 

Y una bandera que se encrespa y cruje, 

Y un corazón inmenso y altanero ; 
Que supo cómo amargan en la vida 
La villana traición y el desconsuelo, 

Y se fué, abandonado, 
A morir al destierro, 

Abril, 1905. 



Dejándonos honor en la conciencia, 
Y aquí, en el alma, inextinguible el fuego; 

Hoy ya nadie lo espera, 

Hoy es sólo un recuerdo, 
El viejo abuelo de la patria dulce. 

El viejo abuelo enérgico 
Que nos punza en el seno envenenado, 

Como un remordimiento. 



Y libres, desdeñosos, 
Insoportable el alma; 

Bajo el sol que se vuelca desde arriba. 

Como un ánfora alzada; 
En medio de los campos armoniosos 

Llenos de inútil savia ; 
En medio délos ríos que se quejan 
Sin el aliento de la voz humana; 
En medio de la patria exuberante, 

Envidia de otras patrias : 
Nosotros, á la luz de las estrellas, 

En el borde del agua, 
Alzamos la bandera de los odios, 

Y afilamos la lanza, 

Para dejar la herencia del abuelo, 

En cualquier mañana. 

Tendida, para siempre, 

Roída, desangrada. 

Sobre alguna cuchilla 

De la desierta pampa. 
Llena de trebolares florecidos, 
Y viento azul, y margaritas blancas. 

MAMIAMO. 



nirno;'ils:^fr::zn!:^¡¿:i¡¡;¡:íS^^^^ — ^^ - «-^- - - -u,^.. 



m^ 



La Revista Uruguaya 



11 



■^^ 



El corazón del caudillo 

Entre los diversos episodios de que 
fui testigo durante la última guerra, en 
que el Partido Nacional paseó triun- 
fante sus legiones ciudadanas por todo 
el teiTitorio de nuestro país, figura uno 
que ha dejado en mi espíritu un im- 
borrable recuerdo, de admiración hacia 
la memoria del gran caudillo de mi 
tiei-ra, tan pródigo en hazañas valero- 



Episodio de la Última Guerra 



sas como en generosos sentimientos. 

Aquel león de nuestras cuchillas que 
hizo temblar más de una 
vez al ejército giibernista, ^-►\''':i-; -^ 
(jue erguía con simpática 
actitud su cabeza frente 
al enemigo, como si se f^'íS 
complaciera en ajípirnr el 
aire satura<lo de pólvora, y 
ijue siempre fué el pjime- 
ro en desafiar los peli- 
gros, aíiuel carácter de 
acero templado en la ruda 
vida del camp.M mentó y 
puesto íí priKíba en cien 
combates, tenía sin em- 
bargo un corazón capaz 
de las delicadas sensibili- 
dades (!e un niño. 

Kl ejército nacional se hallaba á 
[)ié, casi descalzo y avanzaba á marchas 
forzadas hacia Santa Rosa. 

En Li estación Islas de Sarandí, una 
falta de previsión del adversario, mil 
veces bendeciila por nosotros, nos brin- 
dó la ocasión de a{)oderarnos de dos 
locomotoras (lue la gente del gobierno 
'no hal)ía tenido la [¡recaución de retirar. 

Casi [)ostrados de cansancio, ago- 
biados por la fatiga de penosas jorna- 
das, nos sentíamos invadir por el des- 



mayo físico consiguiente á los grandes 
esfuerzos del músculo. Pero estaba allí 
nuestro general, para comunicarnos el 
aliento del espíritu y llegaba á tiempo 
el zaino negro para reponer las fuer- 
zas del cuerpo. 

¡Qué contento estaba ese día el ge- 
neral al pensar que sus muchachos iban 
también á montar en el potro f)ufador 
(jue devora las leguas siempre jadeante 
pero incansable siempre ! 

Esa noche fuimos á 

campar al costado de la 

y-' 'i vía que va á Santa Rosa y 

,\V^- 1 3.1 otro día partieron ha- 

i^s cia aquella población las 

^^ ;"3 fuerzíis destinadas á to- 

%^j mar la. 

El ataque fué recio, 
irresistible. Los nuestros 
peh\Mban con absolutodes- 
precio del peligro, desa- 
'.■••1 fiando las balas que desde 
las trincheras de la pobla- 
ción pasaban silbantes, 
Jefe .u> lo.^ E/ércitos Navionaiisins [3, escando la camo eu (lue 

hacer presa. Por fin quedó 
la plaza por nuestra viéndose obligados 
sus defensores a desalojarla á toda i)risa. 
Varios de ellos, talvez sin tiempo de 
retirarse se refugiaron en los alrededo- 
res, buscando una isla ó una barranca 
donde salvarse. Algunos fueron toma- 
dos prisionej'os y conducidos á presen- 
cia del general, ({uien dispuso en el 
acto que se les facilitaran los medios 
de trasladarse á Monte Caseros. 

En el muelle de Santa Rosa, que to- 
davía ostentaba frescas las manchas de 




APARICIO SARA VIA 



V6, 97, 1Í)03, 1904 



sangre de los caídos diirante la fuga. 



12 



La Revista Uruguaya 



se encontraba' el Doctor Lussich dispo- 
niendo los últimos aprestos do aquella 
extraña y conmovedora expedición. 
Los que hasta ese momento habían sido 
prisioneros de gueria iban á hacerse á 
la vela, con rumbos á la hospitalaria 
costa argentina. Un soldado rudo, de 
espíritu encnllecido por la desgracia, 
que á unos hace generosos y á otros 
egoístas, murmuraba entre dientes con- 
tra la resolución del general : « No ha- 
rían esto con nosotros», decía con mal 
contenido enfado. «Se e(]UÍvoca, amigo, 
le contestó el Dr. Lussich, yo también 



he sido prisionero, . y ya me vé, eotre 
ustedes». 

Uno de los agraciados con la amnistía 
oyó estas últimas palabras, y al surcar 
la pequeña nave las ondas del río, con- 
movido en lo más íntimo por tanta ge- 
nerosidad, levantó en alto su sombrero 
y con voz en que se revelaba un pro- 
fundo sentimiento de gratitud hizo vi- 
brar el aire con un estruendoso ¡Viva 
el Partido Nacional! 

F. Arbole YA y Arbole ya. 

^(^cttec/o eóctifoz ^ftitnuaijo.J 






Por la Redención Política!... 



COMITÉ EEYOLDCIOHAEIO DEL 37 ^^'^^^-^^'^ «tra parte había que esperar 

"^ noticia de los expedicionarios. 

Como á las 9 de la nocllie y quizás 



£Xl»OSICIOJV DEL 

m. CMILOS MARÍA MOHAIM 

SOBRE LA EXPEDICIÓN 

DIEGO LAMAS 

Montevideo, Febrero 10 de 1898. 
Querido Dr. Botana: 

De acuerdo con ¡su j)odido paso á re- 
latarlo los incidentes de la partida del 
(-oronel Lamas y sus coni])añei'os de la 
Boca del Riachuelo en la noche del 4 de 
jMarzo del año i)])do. 

Como usted recordará en la tarde de 
ese día todo había (juedado embarcado, y 
tirados los dados delhiitivamente. Los 
miembros d(d Comité rendidos [)or la 
tarea de h^s días .nitciiores (jue no había 
dejado descansar ni durante la noche 
hal)í;ui resuelto no reunirse esa noche 





Dic.70 Lamas 



JcJ'e lie F 



o Maijoi- del Ejercito 
•nulisUi del ÍI7 . 



í^-rv: l>j por la imitación que á todos nos 
doi dnaba me dirijí al local del Comité. 

jCnal no sería mi sori)resa al encon- 
trarme con Luiii^'o, el práctico de la ex- 



La Revista Uruguaya 



13 



pedición ique se había embarcado esa 
mañana en el Willheim que era el vapor 
contratado para transportar á Lamas 
Nuñez y toda su gente ! 

Lung'o estaba desesperado, en cuanto 
me vio me dijo : 

« Doctor, hemos sido traicionados, el 
Willheim está atracado junto al puente 
de Bañara, descargando lana y con la 
máquina descompuesta.» 

Puede imaginarse el efecto que esta 
noticia me causó, me quedé por un mo- 
mento sin saber que hacer, y un senti- 
miento de infinita tristeza me nivadió el 
p'ensar, que todo había pasado. Compren- 
dí no obstante, que era preciso obrar sin 
pérdida de momento. 

Acompañado de Lungo y de Pon, que 
en esc momento estaba en el Comité, me 
dirijí á casa del Dr. Golfarini, allí me di- 
jeron (pie éste acababa de salir. 

¿Que hacer? En ese momento y guia- 
do quizás por la Providencia entró Bou- 
nement, el que nos había ahiuihido el 
Willhoim, no me i)iide conteiK^r y le in- 
crepé duranu>nte su i)roceder el com]>ro- 
meter hi vida de tantos hombres. 

Trató de disculparse, diciéndome que 
la lluvia de ese día, había demorado la 
descarga de la lana, que ya se había ter- 
minado, que la descompostura de la m«á- 
quina era una insignificancia, que en ese 
momento llevaba la pieza que había he- 
cho arreglar, que mientras se colocaba, 
el Willheim sería remolcado, y que á las 
12 de la noche estaría en Punta de Lara, 
(que como Vd. recordará era él punto de 
cita de Lamas y Nuñez), para tomar la 
aente v lanzarse á la expedición. 

Le pregunté donde estaba el coronel 
Lamas, y me dijo que en el vaporcito en 
que se había embarcado esa tarde, — el 
«Leonor R.»— con el Dr. Terra, y sus 22' 
conii)añeros. Comprendí que era indis- 



pensable hablar con el coronel para en- 
terarlo de lo que pasaba, y conteniéndo- 
me cuanto pude, le pedí que me condu- 
jese al punto indicado. 

Allí nos dirijimos, Bounement, un 
empleado suyo, Lungo y yo. Llegamos á 
la Boca, tomamos un bote y nos dirigimos 
frente á los talleres de la Platense, es 
decir á pocos metros de la Prefectura, 
donde estaban en el «Leonor R.», Lamas 
y Terra, y sus coiitpañeros, sin explicar- 
se porque permanecían allí á esas horas 
con grave riesgo de ser descubiertos. El 
empleado de Bounement se quedó en el 
bote y subimos al « Leonor » , éste, Lungo 
V vo. En la camarita estaban el coronel 

¿Lamas v el Dr. Terra, hice entrar á Bou- 
nement y en pocas palabras los enteré de 
lo que pasaba. Cuando el coronel Lamas 

, supo que el Willheim, que según lo con- 
venido, debía estar listo en la rada exte- 
rior, desde las 10 de la mañana, estaba 
aún en Barracas y con la máquina des- 
compuesta, no pudo contenerse y toman- 
do á Bounement por el cuello le dijo : 

« Ahora mismo vamos á salir en este 
vapor, en él llegaremos hasta la costa 
oriental y le aseguro que al primer con- 
tratiempo lo hago arrojar al agua » . 

Bounement se quedó sin hablar, del 
susto, momentos después, le dijo á La- 
mas, que lo dejara ir á buscar el AVi- 
llheim y que lo liaría salir imnediata- 
mentc. «Usted no se mueve de aquí hasta 
que lleguemos á la costa oriental», en 
toncos le hizo escribir una orden para el 
capitán del Willheim para que saliese 
inmediatamente y me pidió que la llevase 
y que activase la partida, él esperaría 
hasta verlo pasar. Hecha la orden por 
Bounement, dejó á éste en la c;'imara con 
centinela de vista, y yo me dirigí con el 
empleado que estaba en el bote^ y que no 
sosj)echaba lo que había pasado, en bus- 



14 



La Revista Uruguaya 



ca del Willheim. Cuando llegamos esta- 
ban recién cargando carbón, pues hacía 
poco que se había terminado la descarga 
de la lana; apuré la operación cuanto me 
fué posible, y una vez con el carbón ne- 
cesario, salió el Willheim, remolcado, 
por el « Ernestina R.» (el que tomó La- 
mas para desembarcar en el Sauce). 
Cuando pasamos frente al «Leonor» des- 
prendí el bote, le comuniqué á Lamas que 
iba el Willheim remoTcado y que antes 
de llegar á Punta de Lara habría levanta- 
do vapor. Después de un apretón de ma- 
nos en silencio que decía más que todas 
las palabras, bajé del «Leonor» y lo vi 
partir inmediatamente. 



Permanecí en el muelle hasta que la 
silueta se perdió en las tinieblas, eran 
las 11 y media p. m. 

tSu amigo aftmo., 

Carlos María Morales. 

f^^océot aveitür^'aolo eit /a facit/ía^ c/e S)?íá- 
^eittáficaA cíe fu ^/letíiStica (^tgen/i-na y. ^^- 
íe c/í' /a seccio'fi ae éJiigenietos c/e fa Sy?Tt<ni- 
cipafic/ac/ c/e eJoiteMOi» (St-iteó, eA uu .^/tttguauo 
que /¡cuta nuedíio t>aÍA, rué t>ocaf c/ef (Sotni/e 
Qyi evo/ucto/iario ef QJ, e-n u>A ítro'ximos tiúmc' 
toA Ae íiuS/tcaráii oirás exi>osicio-MCA c/e tftietn- 
V!ps que Tuercíi c/e aque/ ccti/ro ¿¡o/i/t'co 1/ c/e 
A US iiqeii/eA y coniisioiíac/oA que luucfio Siett 
/licieton a/ ¿a*A úirvienao c/eA¡/i/eteAac/a*rien/» 
íí aquel rncviinieM/o íec/en/ot.J 



(1) 



ii 1(1 itii. División SüVoIiiHoiiiiriii ñ la CaiiipiiM ild 97, 

Narrada por su Jefe Coronel 
BEIRIMAFRDO G. SERRÓ 



Treinta y Tres, Marzo 17 de 1898. 

Sr. Doctor Don Luis Santiago Botana, 

]\[ontevideo. 
Querido Luis: 

Van los apuntes que me pides. Si al- 
guna injusticia se cometiera en ellos, lo 
que no creo, sería hija de mi mala memo- 
ria, nunca de falta de buena voluntad 
para mis compañeros de la o*. División, 
tan valientes y sobre todo, tan suiridos, 
tan honrados, tan patriotas, que en el 
Pastado ]\[avor no se tendrá conocimiento, 
})or fallas cometidas en el Ejército y fue- 



ra de él, más que del arresto pasajero de 
un teniente. 



(I) En lo.f números sucesny)." irihi las narvacio- 
ni'S ilf I >.>• Jrl'f.-í íí'i'i'ildiionnriitn sobre lii ijufrrn del 
í)~ , Jo-e E. (.ion:.(ile;-, liusilio ij Serijio Muñoz, Vele;, 
i\l(irin, Gil. libiuro. Jin/i.-ifíi, Corliiitis, A iddina. (Jue- 
rrero ¡■<niuel. Velnz'/uec, A'dcurrei.e, Várela Gómez, 
K r/ie.lirioni'S A/ririeio Sur crirt, L(t/nits, Monf/re// , 
lieti'lez. (isolt.o cdñonerii ' A rl.ñ/os'', ejc/xisiriones de 
('anníLceris, Cirils. Gnunu. Saiicciir/i 1/ Coronel Orriaz 
P.cm/n'lloii, er.i: cti- . . ¡j inuelius uCnis civiles y milita- 
res, iisi eomo t.odíi 1(1 ./oeam<;n'.(i(:i''>n ¡¡olílica ¡j militar 
'¡lie sin fn de hase ti nuestrií "Historia del 97". 

La h'ediícrión . 




CORONEL' 

L Bernardo 6. Berro 

Jefe de la ^¡a.Pfici.-'ión Jieeolucionaria del 97 

Lebiílo a^^alor y sufrimiento de esos 
(•()r.r.;añeros se ha reflejado en mí, ¿ilgo 
de su valor v do sus virtudes. 



La Revista Uruguaya 



15 



Para ellos el honor y la gloria, para 
mi, el grato recuerdo de haber hecho po- 
co, muy poco por la patria, pero todo lo 
que podía 

Tengo á la vista tu carta do fecha 28 
de Febrero próximo pasado. 

Empiezo por decirte que no me pare- 
ce correcto el tratamiento de «V. S.» y 
«Señor Jefe», que me deis. Yo no debiera 
ser para ti más que el Bernardo querido 
y distinguido por tu padre, como tú para 
mi no eres, ni serás nunca, más que « mi 
querido Luis». 

]\íe pides ])lanos de una batalla ; y yo 
no te los puedo dar, ponpie i.:ii tiempo lo 
empleo en pelear y cuidar á mis solda- 
dos: no tengo la doble visUi ; ni la de 
águila, que poseen algunos. 

Te relacionaré, á la ligera ])orque 
no tengo tiempo ni^ secretario, como tu 
crees, para escribir, largo, tendido y co- 
rrectamente, — algo de lo que se refiere 
al proceder de la ->.* División, que tuve 
la lionra de mandar. 

Tuvo B:::v::ai{d<) G. Beruo. 



Era el 12 de Marzo de 1897, y el que 
estas líneas escribe, jefe de la escolta de 
su amigo el coconel don Atilio Figurina, 

A las 11 de la noclie llegó al campo el 
mayor Urán, trayéndome la orden de re- 
plegarme á la plaza. Pregunté á Urán 
qué noticias particulares tenía, y me 
contestó : « Lo que se dice en el pueblo 
es que Aparicio ya ha invadido y que 
viene por la Cuchilla Grande, en direc- 
ción á Nico Pérez. Hice formar ; ordené 
á Urán fuese á buscar algunos blancos 
que hubiese en lo de Quíntela ; y, como 
el comandante y los ofíciales del primer 
escuadrón eran colorados y ese escuadrón 
estaba armado á máuser, hice formar 



mis lanceros á pié en el flanco izquierdo 
y me fui é buscar una guardia de doce 
hombres, los únicos de mi confianza que 
tenían armas de fuego. Le di orden al te- 
niente Baudian de que, cuando yo vol- 
viese con la guardia, si aquellos hombres 
no me obedecían después de yo hacerles 
una descarga, los cargase á lanza, que 
nosotros, descargadas las armas, carga- 
ríamos á sable. 

Volví con la guardia, formé al frente 
del primer escuadrón y llamé á su co- 
mandante, teniente 1." don Ramón Et- 
chart, mientras yo me adelantaba solo á 
recibirlo, cuando llegué adonde estaba 
él, que venía desconfíado y de mala ga- 
na, me tiré del caballo, lo tomé fuerte- 
mente por una mano, y le dije : «Soy 
blanco, y me voy con los míos; pero, en 
atención á las distinciones que el coro- 
nel Figurina ha tenido conmigo, voy á 
permitir á Vd. y á todos aquéllos que no 
quieran seguirme que se retiren con sus 
arnu\s». Mandé dar dos pasos al frente á 
los colorados é hice desñlar á la izquier- 
da por retaguardia á los que se resolvie- 
ron á acompañarme. 

Entonces el teniente Etchart y todos 
•los colorados que lo acompañaban pro- 
rrumpieron en vivas al comandante Be- 
rro y mueras á la cdnalla. Dejé á Et- 
chart con diezy ocho hombres en atención 
á mi amistad con el coronel Figurina. 

Al otro día, lo, estaba, al salir el sol, 
en la Estancia dé Urtubey. El coronel se 
resolvió á marchar con unos diez ó doce 
hombres que tenía reunidos, y ese mis- 
mo día nos incorporamos al general Sa- 
ravia, con 80 hombres que yo llevaba y 
más los doce de Urtubey. El general me 
dio un cariñoso abrazo, recordando mi 
vieja y estrecha amistad con su malo- 
grado hermano Gumersindo. ]\íe dijo que 
sentía que les hubiese dejado las armas á 



16 



La Revista Uruguaya 



los 18 soldados, y, después que le hice 
conocer los motivos, aprobó mi conducta. 
Presente el coronel Urtubey, quiso el ge- 
neral darme algunas órdenes: entonces 
dije á este último : « Señor general, des- 
de este momento me pongo á órdenes del 
coronel Urtubey, que es un patriota y, 
una bandera paia nuestra causa » . Desde 
ese momento, el coronel Urtubev fué el 
jefe de la 3.* División y yo su segundo. 

El día 18, aumentada la 3.' División 
á 200 hombres, mandó el general, en co- 
misión, á Tomás Borches, Antonio Mena 
y un cuñado del general, á cortar á Der- 
quin y Gumersindo Collazo, que habían 
salido de Mfelo el día antes, buscando la 
incorporación de Muniz. 

(Continuará.) 

Notas de Redacción 



Impresa y compaginada casi toda 
nuestra Revista, llega á nuestras manos, 
lii circular qué, el Directorio del Partido 
Nacional, dirije á las Comisiones Depar- 
tamentales.- Es un documento de verdad, 
al esbo/ar el cuadro de la actual situa- 
ción política y proceso electoral, (de (pie 
nosotros también hablamos en los aitícu- 
los de Redacción), de cordura y sensatez, 
de abnegación, de virtud cívica y de 
amor á la libertad y á la paz de la Repú- 
blica. Exhorta á los correligionarios á la 
inscri])ción, qué, habilita al ejercicio 
del comicio, y á trabajar por la forma(úón 
efícaz del tesoro ])artidario, todo, al am 
I)aro (le las leyes y poniendo de mani- 
fiesto, sin vacilaciones de ningún género, 
el vehemente y, sincero dese(j, ([ué (hjini 
nó siem])re á nuestra coniunidail, de ce- 
rnir los angustiosos ])eríodos de guerras, 
entre hijos de una misma luicionalídad, 
qué, deben nicirchar unidos al travez de 
sus divisas, hacia el ])r()gres() y encon- 
tnir la sohici()n de sus diferenciasen la 
legal práctica del sufragio. -Las clases 
conservadoi'as del i)aís, el i)úblic() todo, 
ha (hMiucílar convencido después de leí- 
do el dcjcuniento del Directorio, que éste 



no quiere perturbaciones, y sí política 
nacional, efectiva garantía del juego de 
las instituciones y respeto para todos los 
derechos y obligaciones de los orientales, 
sin exclusiones odiosas. — Honra al país, 
á sus autores la referida circular y hace 
pensar á todos, sobre las desgracias de la 
Patria y las abnegrciones qué, tal estado 
exije y que el Partido Nacional, tiene en 
su dirección, talento, prudencia, energías 
encaminadas al bien de los Orientales. — 
Sin reservas aplaudimos ese documento 
del Directorio.— Nos ratificamos todos, en 
nuestras ideas al respecto. 



* 
* * 



Esta Revista, que ante todo es « Uru- 
guaya » , no puede salir á escena, sin ex- 
presar el sentimiento de gratitud que le 
domina, por el pueblo Argentino, qué, no 
solo contribuyó con sus Ejércitos, á nues- 
tra Indepeníiencia y nuestros abuelos 
fueron con San Martin á Chile y Perú á 
contribuir á la formación de otros Esta- 
dos, sino qué, desde aquellas homéricas 
fechas, siempre, la Patria Argentina, nos 
acompañó, con cariño en nuestras desgra- 
cias V en nuestros triunfos, con ese cora- 
^ón altruista de que ella es capaz. — El 
Comité Pro Pacificación Uruguaya, de 
ilustres Argentinos, no omitió esfuerzos 
l)or nuestra pacificación en la reciente 
guerra, los diarios de aquel país, formar 
ron núcleo poderoso de opinión para ha- 
cer cesar el luto en el nuestro v hov sa- 
ludamos, desde nuestra humilde hoja de 
publicidad, á aquél i)ueblo, en su instrui- 
da y preclara prensa, haciendo votos 
I)orqué, el Dr. Quintana, inicie también 
una i)olítica de fraternidad y olvido que, 
funda en un solo abrazo á la sociedad 
Argentina, tal como se la pedimos á Bat- 
lle, para que miestra tierra, prospere y 
seí)ulte eternamente en la nada, las revo- 
luciones entre hermanos.— ¿Porqué, no 
nace en Montevideo, donde hav elemen- 
tos vinculados á Buenos-Aires, uij Comité 
de Orientales j)ro Reconciliació¿ Argen- 
tina V — Para los que tienen infiuencia pa- 
ra ello, apuntamos la idea. 



* * 



) 



¡Cuanto bien harían al pueblo Argen- 
tino y con solo comenzar esa labor talvez 
de ella, brotara también el nuestro I... 

La Redagoióx. 



La Revista ÜFogaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía polltica.-Órgano del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0. — Mayo 15 de 1905 


Núm. 2 


omECTOR : Dr. Luis Santiago Botana 


* ADMINISTRACIÓN '• 

CALLE MONTEVIDEO 


Administrador = A. SCBánez y Olivera 



CAMBIO ™P0LÍTIC A 



y lógicamente está destinado, por los pre- 
ceptos de la ciencia y arte de gobernar, 
á ser, la felicidad de todos. — En Esta- 
Cómo los ríos necesitan de corrientes dos Unidos, del Norte, al día siguiente, 
para cumplir. la misión confiada por la de una agitada campaña electoral, en la 
Naturaleza, los Gobiernos requieren para cuál las actividades y enerjías del pue- 
tener vida fácil, proficua, estable, sentir blo americano, se exhiben en forma de 
en su seno las auras populares, cuándo verdaderos atletas del pensamiento y de 
éstas representan anhelos de equidad y las más tenaces y ardientes de las propa- 
de justicia y constituyen un medio indis- gandas, se olvidan con veterano hábito 
j^ensable para el desarrollo del progreso democrático de la lucha de la « víspera » 



político -económico de un 
Estado. La historia, de to- 
dos los tiempos y lugares, 
con caracteres indelebles, 
pues las más de las veces 
están escritos con san2;re 
humana, nos dicen con elo- 
cuencia de «iñfja S'ihhi »., 
que el administrar un país 
con determinados círculos, 
produce presto su consun- 
ción en todos los órdenes 
en que pudiera manifestar- 
se, en otra senda, más am- 
plia, sil adelanto. — No es 
con las facciones, ni 
auscultando solo sus egómetas latidos, 
qué en política se Uega á puerto, edifi- 
cando en el poder nuestras anheladas ins- 
tituciones libres. — Nó, en tal camino solo 
cosecharemos calamidades sin fin. — Para 
avanzar en la esfera del bien, deben los 




CORONEL 

Antonio M*. Fernandez 

P. • Jefe de la 5a. División Reoolucio- 
naria el 97 



íií y consumada la elección to- 
í^4 ^^<^s ^^6 confunden en un so- 
lo amor, el bienestar de la 
Patria. — El más noble de 
les olvides, cubre y le sirve 
de lápida, á la pasión del 
momento del comicio, que 
«p'iftiotuna los ánimos.— Y 
si estudiáramos la histo- 
ria de nuestra República, 
veríamos con júbilo, qué an- 
tes de ahora, nuestros pro- 
genitores nos señalaron en 
diversas épocas, tan bri- 
llantes ejemplos de cultura 
republicana, que pueden 

servir de modelo, al actual Gobernante v 
futuras administraciones, para inspirar en 
ellos sus actos públicos. — Son éstos, los 
rumbos salvadores que ahuyentarán rápi- 
damente las densas nubes de nuestro hori- 
zonte político, preñado en todos lados de 



gobernantes oir con detención, en las intransigencia, agena á los adelantos pro- 
condiciones ya apuntadas, la voz de la gresivos del siglo. — Cambie, el Sr. Batlle, 
nación, qué el desecharla en tan impor- su marcha política, no sume para nada, 
tante caso, es labrar la ruina pública, quien fué partidario ó adverso de su ele- 
convertir en mal nacional, lo que natural vación al poder, mire hacia adelante, que 



2 



La Revista Uruguaya 



así marcha, eii el mundo civilizado, el 
progreso linmano y llame á su Gobierno, 
todos aquellos elementos de alta signifi- 
cación, que pueden ser luz en la difícil 
ciencia de la administración y ofrecer al 
país, los medios eficaces de su salvación, 
de contener con una marclia de repara- 
ción á las desgracias habidas, la emigra- 
ción, que nos aniquila y el desaliento que 
invade todos los factores de la circula- 
ción de la riqueza. — Es así, que brotará 
la tranquilidad general y se evitará á la 
República su zozobra y alarmas incesan- 
tes, que tanto perturban y estagnan las 
fuentes de nuestro desenvolvimiento eco- 
nómico. — Uno de los más aparentes me- 
dios de restaurar la confianza pública, es 
elegir un personal selecto en la adminis- 
tración. — Hombres, que, con reconocida 
rectitud é indisjjensable competencia^ 
sean verdaderas entidades en nuestro 
mundo político, sin fijarse en el color de 
su procedencia, que estén animados del 
bien común y tengan entereza de carác- 
ter, hermanada con la experiencia y vuelo 
intelectual en la cosa pública y ciudada- 
nos también, que por su talla estén dis- 
puestos á sacrificarse antes que hacer de 
« solícitos » en palacio. — Cuándo las 
camarillas de ])equeños círculos, imperan 
en una situación cualquiera, la historia 
de los pueblos en su severa filosofía, nos 
enseña que el Estado dónde ese mal se 
ostenta, se reciente presto, dé una banca- 
rrota política y económica. — No hay en- 
tonces, esfuerzo humano, fuera de la apli- 
cación que se haga del derecho, que cou- 
tenea un serio cataclismo. — Antes de alio- 
ra, hemos dicho : anhelamos paz, armo- 
nía social, orden, libertad, « Patria » para 
todos los hijos de Artigas, sin exclusio- 
nes nefandas y contrarias á la dignidad 
del ser pensante, desarrollo de capitales, 
(pie desde ya. sacudan y agiten más, el 
movimiento financiero y de la circulación 
de la riqueza pública, fé en el c rédito pú- 
blico y privado, y para que esto exista es 



absolutainente necesario que el Grobierno 
cambie de senda, y exhiba sin reticencias 
de ningún género, una POLÍTICA NA- 
CIONAL. — Continuaremos. 

La Redacción. 






UN FENÓMENO POLÍTICO 



Fenómeno digno de toda atención el 
que presenta nuestra República desde el 
punto de vista de la evolución interna y 
externa de la vida nacional, este fenó- 
meno es el estacionamiento, que se hace 
más notable y se acentúa más al compa- 
rarlo con la marcha evolutiva que en 
mayor ó menor grado ofrecen las de- 
más Ilaciones civilizadas. 

La ley de la evolución más aplicable 
quizás á la vida de los pueblos que á los 
seres que, constituyen la naturaleza, se 
ve y se i)alpa á poco que se examine la 
marcha, de las naciones modernas, á to- 
das las agitü una tendencia notable, y 
que se traduce de inmediato, en hechos, 
de exteriorizar su acción vital. — Los 
congresos y tratados internacionales, los 
tratados de comercio y exposiciones uni- 
versales, las alianzas v las intervencio- 
nes como otros muchos acontecimientos 
de orden análogo, rejjresentaD/ grandes 
esfuerzos en ese sentido.— Todos estos 
fenómenos, manifestación -práctica de 
aquellas tendencias, obedeceu/íi un fenó- 
meno evolutivo interno en la vida nacio- 
nal, que se ha ido oi)erando á la luz de 
nuevos horizontes abiertos por su políti- 
ca interna. 

Las na-ioiies modernas, se renuevan 
en su interior y marclian adelante liber- 
tándose de las viejas formas, relegando 
al olvido los viejos sistenMs, olvidando 
los moldes vetustos, y (fuemando en los 
altares del progreso todos los ¿itavismos 
políticos que puedan hal)er si<lo un en- 



La Revista Uruguaya 



3 



sayo y tal vez puedan haber constituido 
un modo de ser más ó menos necesario 
en un momento histórico determinado de 
la vida nacional ; pero que dado el avan- 
ce uniforme y universal de todas las 
enerjías de una nacionalidad, lo que 
constituye el progreso, no pueden perma- 
necer estacionaria. 

Nuestro país, en algunos órdenes ha 
evolucionado; esto no se puede negar; 
pero tampoco se puede poner en tela de 
juicio que estos avances representan es- 
fuerzos aislados, sin base suficientemente 
sólida que autorice á asegurarle larga y 
progresiva duración. — Pero en su polí- 
tica interna la República no ha evolu- 
cionado nada. — Es esta una verdad tan 
palmaria que desde luego se impone 
con todo el despotismo con que se im- 
ponen los hechos. — Los acontecimien- 
tos recientes, de 1904, lo prueban hasta 
la evidencia; tenemos que salir á las 
cuchillas á debatir nuestras cuestiones 
de política interna con los mismos ele- 
mentos, por los mismos medios y del 
mismo modo que en el año 38 y 43, con 
la circunstancia agravante de haber de- 
jado muy atrás á nuestros padres en el 
modo trájico con que ellos derimieron 
esas mismas contiendas. 

Es evidente que estos hechos son re 
veladores de una tendencia de romper 
los viejos moldes de nuestro antiguo 
modo de ser ; pero también esos mis- 
mos hechos prueban que nos conserva- 
mos estacionarios, puesto que los mis- 
mos medios y el mismo modo de apli- 
carlos arguyen la existencia del mismo 
mal vaciado en los moldes de antaño. 

Este es el fenómeno que apuntamos 
al principio de nuestro articulo: la falta 
de evolución en nuestra política interna 
que hace permanecer estacionaria la vi- 
da nacional y la sofoca de tal modo que 
la impide manifestarse al exterior. 

Sin embargo, el país en su marcha, 
al través de la vida libre, más de una 
vez ha sentido agitarse en su seno el 



germen de esa tendencia evolutiva co- 
mo lo prueban los acontecimientos veri- 
ficados en ese sentido en los años 35, 
52, 55, 56, 60, 72, 73, etc.— Pero todos 
esos gérmenes salvadores, apenas des- 
plegaron sus alas á la vida, murieron 
extrangulados por las pasiones de hom- 
bres tal vez muy interesados en explo- 
tar esas mismas pasiones comunicadas 
al país, en pro de sus logros personales, 
matando así las aspiraciones nacionales 
dispuestas siempre á manifestarse bajo 
un ambiente propicio, y encerrando la 
vida nacional en un círculo de hierro, 
dónde se revuelven inútilmente, agotan- 
do sus viriles energías. 

Las consecuencias que nos ha traído 
ese orden de cosas son inmensas. En el 
orden interno; en tantos años como lle- 
vamos de vida soberana no se ha ense- 
ñado al pueblo á valorizar su fuerza ciu- 
dadana; se ha creado un ambiente na- 
cional saturado de la inconciencia del 
deber cívico, donde hace sus desastro- 
sas conquistas el caudillaje del pensa- 
miento mal encausado ; hemos destrui- 
do mucho y edificado poco, casi nada, y 
vivimos, gracias á la elasticidad colo- 
sal de que la naturaleza ha dotado 
nuestro suelo, pues cada ruina que le- 
vantamos la misma naturaleza, sin que 
se hagan mayores esfuerzos, la cubre 
con su vitalidad asombrosa, al punto de 
que las ruinas amontonadas por una gue- 
rra fratricida al poco tiempo desaparez- 
can, dejando apenas huellas. 

En la vida internacional no hemos 
dado un paso; apenas sabe el mundo 
que hay una nación soberana, que se 
llama el Uruguay. Es una verdadera ca- 
lamidad el que los conocimientos casi 
únicos que las demás naciones tie- 
nen del Uruguay, huelan á sangre her- 
mana, á tasajo y á extracto Liebig's. y 
que vivamos siempre con el ¡ Jesús ! en 
los labios temiendo al primer ambi- 
cioso que nos envíe su escufidra ó sus 



4. 



La Revista Uruguaya 



barcos piratas á arruinar nuestra indus- 
tria lobera. 

Hemos presentado el hecho en toda 
su realidad abrumadora. El constatarlo 
ha sido él resultado de un proceso senci- 
llísimo: una mirada retrospectiva á nues- 
tra vida nacional. 

El investigar la causa de su existen- 
cia en el pasado, no entra en la Índole de 
nuestro trabajo, pero sí el investigar, si- 
quiera sea someramente, la causa efi- 
ciente de la existencia del mismo mal en 
el actual momento histórico de nuestra 
nacionalidad. 

La causa ostensible de este estacio- 
namiento en la política interna, la hemos 
de buscar en el estacionamiento de las 
ideas políticas, y como los representantes 
de las ideas políticas, en un país son los 
hombres eficientes del mismo, en último 
resultado los hombres idóneos vienen á 
ser la causa del mal... A estos son á los 
qué podíamos llamar los caudillos del 
pensamiento. 

Groemos que los caudillos, en el sen- 
tido con que bautizamos á nuestros hom- 
bres -de la Independencia y de nuestras 
luchas internas posteriores, lioy no exis- 
ten; los creemos i)ersonates históricos 
que la acción del tiemi)o, la más lenta 
pero la más segura, ha eliminado ya de 
nuestro escenario político ; pero también 
creemos que hoy aquellos caudillos han 
sido sustituidos por otros más temibles: 
especie de tiranos de las- conciencias á 
los que sacrifican los ciudadanos su pa- 
triotismo más intangible, su libertad é 
indei)ender,cia cívica. 

Entendemos que los caudillos del 
j)ensamiento son un gran bien en una 
nación, cuando este pensamiento que 
ellos representan, entraña tendencias 
científicas, evoUición h<;cia nuevas for- 
mas, reconcentran<lo en sí una legítima 
asj)iración ó tendencia nacional que em- 
])uje al ])aís liacia adelante, tratando de 
abrir luievos rumbos á la marcha de los 
partidos; pero creemos que es una enor- 



midad ese otro caudillaje que trae á la 
escena política su bagaje de formulas 
antiguas revestidas de los viejos odios de 
antaño, con aspiraciones de círculo, dia- 
metralmente opuestas á la política nacio- 
nal que sabe aprovecharse de todos los 
elementos capaces de abrir nuevos rum- 
bos y aportar un contingente efectivo en 
la marcha del país hacia adelante. Estos 
nuevos caudillos son los que han recogi- 
do la herencia de los otros, y en el am- 
biente lleno de pasiones que si bien ellos 
no lo han creado lo sostienen y fomentan, 
viven y se agitan, adueñándose de los 
puestos diligentes con enorme perjuicio 
para el desenvolvimiento de la vida na- 
cional. No tienen el tino, que caracteri;¿a 
al hombre verdaderamente político, de 
libertarse de ese ambiente cargado de 
pasiones, abriendo una era de política de 
amplia coparticipación la única capaz 
de hacer marchar los pueblos hacía de- 
lante. 

El Sr. Presidente BatUe, antes de las 
últimas elecciones rindió culto público á 
este hermoso principio : que rodearía su 
gobierno de hombres nuevos, elemento 
joven que coadyuvara á hacer de su ad- 
ministración, la realización del postula- 
do nacional siguiente: política de copar- 
ticipación, gobierno que despierte la 
confianza, colmando los anhelos popula- 
res ; hermosisima aspiración tomada en 
abstracto; esa declaración del 8r. Presi- 
dente Batlle despertó la espectativa na- 
cional y hasta le conquistó simpatías. Pe- 
ro en esta tierra de las hermosas prome- 
sas, donde se han confeccionado progra- 
mas tan deslumbradores como el de la 
Administración de 1890, resultando des- 
pués una pieza literaria y nada más, nos 
hemos atenido á los hechos que son los 
que dicen la verdad. Llegó la hora de 
aplicar en concreto aquella hermosa de- 
claración, y ¿qué resultó?. Lo estamos 
viendo; se entendía por hombres. nuevos: 
jónenes sin la serenidad, reposo y madu-r 
rez necesarias para la cosa pública, — 



La Revista Uruguaya 



o 



salvo honrosas excepciones que existen 
en la actual cámara, — y muchos de ellos 
con ideas muy estrechas y muy viejas, 
de añejo color partidario; resultando que 
los hombres, al parecer, nuevos son muy 
viejos y llevan en sus cerebros jóvenes 
un museo de ideas y aspiraciones fósi- 
les. — Con estos elementos es imposible 
abrir rumbos á la política nacional y 
coparticipativa, encontrándonos otra vez 
dentro el circulo de hierro de siempre y 
más apretado que nunca puesto que esos 
elementos jóvenes defenderán con entu 
siasmos de fuego sus viejas ideas de par- 
tido y tal vez de círculo. 

Es esto precisamente lo que está su- 
cediendo. Grran parte de las tareas de la 
nueva cámara las absorve la discusión 
eterna de la aprovación de poderes, lo 
que ha hecho exclamar á uno de sus 
miembros condensando una aspiración 
nacional : «el país esta harto de polí- 
tica,* y podemos añadir, el país está 
cansado de esa política de viejo color 
partidario que es la que anima esas dis- 
cusiones, i 

Atados á semejantes atavismos no po- 
demos ir muy lejos y mucho menos im- 
primir nuevos ruínbos á nuestra política 
interna. Seguiremos siempre la eterna 
marcha y nuestras cámaras el tiempo 
que le dejen libre sus debates políticos 
lo ocupará en lo de siempre : ley de pre- 
supuesto, timbres y papel sellado, paten- 
tes de rodados y jubilaciones y pensio- 
nes, no oyéndose jamás en su recinto 
ninguna de las transcendentales cues- 
tiones económicas, financieras é interna- 
cionales que agitan hoy al mundo mo- 
derno. 

Perdida la esperanza de que nuestros 
hombres públicos se libren ellos y nos 
liberten á nosotros de las viejas pasiones 
partidarias, le corresponde al pueblo sa- 
cudir el yugo de los caudillos del pensa- 
miento, poniendo en juego su actividad 
ciudadana en el ejercicio de sus derechos 
cívicos. 



El problema electoral debe preocupar 
hondamente á todos los ciudadanos. Las 
elecciones entrañan un acto vital para la 
nación; no habrá leyes sabias que im- 
pulsen el progreso en todos sus órdenes y 
por consiguiente que abran nuevos rum- 
bos á las aspiraciones de los partidos, 
mientras nq tengamos buenas cámaras 
formadas por elementos de aspiraciones 
nacionales, sin pasiones partidarias, ni 
aspiraciones de circulo. 

Muestren al pueblo sus deberes ciu- 
dadanos, los hombres, de pensamiento 
verdaderamente nacional; enséñenles á 
llevar á la representación hombres de 
esas mismas ideas y se acabará con la po- 
lítica de círculo y atávica que es' lo que 

nos tiene estacionarios. 

X. 

Buenos-Aires, 3 de Mayo de 1905. 



(1) NOTA. — A lo o acostumbrado» por el género 
de vida que heñios llevado d la gimnasia intelectual y 
á las luchas del espíritu, la diversidad de radical cri. 
terio, en apreciaciones de hechos y en política, cuando 
va hermanada con la pureza, // honestidad del escri- 
tor, con el talento y erudición nunca fué ohstdculo, 
para oir con atención y cultura las producciones, asi 
se explica el que publiquemos el trabajo, sobre nuestra 
sociulog ia política, que nos remite un aventajado le. 
trado, compatriota, radicado en la Repíiblica Argén, 
tina y cuya composición, será en el siguiente níLtnero 
materia de nuestros comentarios y análisis, es decir, 
tendremos debate con el autor. 

La Redacción. 



Economía Política 



El Banco de la República y nuestra Campaña 



Creemos que, la dirección de nuestra 
institución de crédito se encuentra en ma- 
nos puras y que el Banco está en las me- 
jores de las condiciones financieras que 
se puedan desear. — Sobre ambas cosas 
nadie que piense y medite con calma pue- 
de siendo sensato, ponerlas en duda. — 
Nos damos perfecta cuenta, que las con- 
vulsiones recientes que agitaron al país. 



La Revista Uruguaya 



hayan llevado al ánimo del Directorio 
serias tribulaciones, y muy fundadas en 
ese prolongado período de guerra, en que 
no todos los deudores pudieron ni reno- 
var sus compromisos, ni amortizar, ni 
atender el servicio de los intereses, por 
más que otros muchos hubieran cubierto, 
integras sus obligaciones, justa era en- 
tonces la alarma en la dirección Banca- 
ria y las medidas de prudencia, que ase- 
soraban por el estado anormal en que vi- 
vimos durante nueve meses consecutivos, 
la restricción oportuna del crédito. — Es- 
to lo imponía, con carácter imperativo 
los bien entendidos intereses de la refe- 
rida institución. — Y no menos, encomia- 
ble, humana y hasta hábil es el proceder 
del Directorio, que teniendo derecho á 
ello, no permitió ninguna ejecución du- 
rante la guerra por las obligaciones con- 
traídas por sus deudores en días de paz, 
dándose exacta cuenta que esos présta- 
mos no satisfechos, momentáneamente, 
lo serían, como lo fueron, cumplidos una 
vez el país entrara en el estado de paz.— 
No hay constancia en el Juzgado Letrado 
de Soriano de una sola demanda al res- 
pecto y sabemos que en otros Departa- 
mentos se ha seguido igual temperamen- 
to, hidalgo y circunspecto. — Pero, ahora, 
que . hay que dar facilidades para todo 
género de operaciones, á las cuales con- 
sagran sus esfuerzos nuestros honrados y 
Heos vecinos de los Departamentos no 
nos parece admisible, ni que resista á un 
análisis serio, ni ser de plan financiero) 
que acuse raudo vuelo bancario, la limi- 
tación de crédito y el otorgarlo en modo 
tan precario, que reduce y paralizara las 
operaciones del propio establecimiento 
referido. Los capitalistas, se quejan con 
propiedad según nuestro entender y al 
estar á lo que de continuo les oimos, que 
la cantidad por la cual se les abre cré- 



dito, no solo no está en justa proporción 
con sus caudales, sino, qué, esa suma 
ofrecida, es tan mínima, que no coopera 
en nada, á sus « prestaciones económicas 
ordinarias. — Y los que solo suman me- 
diana posición, se ven hoy imposibilita- 
dos de operar, por falta de los pequeños i 
préstamos^» que er Banco, antes los faci- 
litaba y unos y otros, potentados y los de 
relativo « haher » creen que la Direc- 
ción, radicada en Montevideo, debe to'^ 
mar desde ya una resolución más liberal 
y radical al respecto, reaccionando de 
inmediato contra esa restricción del cré- 
dito, que solo sirve para estagnar las 
fuerzas económicas de la República.— 
Pues, debe tener, muy presente el Direc- 
torio, que el habitante de la campaña por 
regla general, cumple siempre sus com- 
promisos y que casi nunca contrae obli- 
gaciones que sean superiores á sus fuer- 
zas económicas. — El Banco de la Eepú- 
blica, que se liquidó, el año 90, dice en 
forma elocuente, que la campaña de 
nuestro país, no fué factor en esa banca- 
rrota. — El estanciero y propietario rural^ 
exjDresan los libros de aquella extinguida 
institución, fué religioso en sus pagos,— 
los que trajeron aquella magna debácle, 
fueron, en su mayor número, insolventes 
antes, de adquirir crédito, que emplearon 
capitales, que jamás habían soñado tener, 
en operaciones de bolsa, qué en número 
infinito, ni siquiera conocían, pues, ni 
corredores «de ese centro financiero 
eran, sino improvisados señores, egrejios 
desconocidos, á quienes las recomenda- 
ciones de otros potentados de ocasión, de 
negro recuerdo, convirtió por algunos 
días, de agitación económica, en verda- 
deros Ruy-Blas, de la «alta -banca.» — 
Desearíamos que el Directsrio reaccio- 
nando desde ya tuviera en esta emer- 
gencia siempre, presente lo que la cien- 



La Revista Uruguaya 



cía y experi,eiicia económica consigna 
sobre el crédito : « que toma carta 
de naturaleza donde hay moralidad, 
donde los hombres son honrados é inteli- 
gentes, dónde no se paraliza el capital 
con la manía de atesorar y huir, sino 
que la actividad laboriosa proente ante 
todo fecundarle. Probidad, inteligencia, 
trabajo y seguridad, son siempre y en 
todas partes las condiciones del crédi^ 
fo.» — Y nuestra querida Institución ban- 
caria, volviendo sobre sus pasos abrirá 
horizontes más amplios á los que con él 
operan hasta el presente y no permitirá 
continuando en el mismo recelo qué otros 
establecimientos análogos lleven a sí la 
mayor parte de las operaciones, por ser 
estrecho en las ofertas de dinero á los 
acaudalados y en los pequeños prés- 
tamos, — (Continuaremos). 

La Redacción. 



I 



^lO-Juótitia 



tremo de tirar de la espada, cuando no 
salimos con la muestra. / 

Ahí está un caso reciente entre otros 
mil que pudiera citar; — los últimos acon- 
tecimientos electorales. 

Que vamos á votar y en vez de reci- 
bírsenos el voto, recibimos una paliza... 
A primera vista, para espíritus super- 
ficiales y poco observadores, resulta eso 
brutal é intolerable y creyendo justificar 
sus desvíos, se hacen esta reflexión : * Si 
no podemos ejercitar nuestros derechas 
políticos por el derecho mismo, menes- 
ter es que 
los ejerci- 
temos por 
la fuerza.» 
¡Que sub- 
versión 
gran Dios! 
¡que defor- 
midad d e 
criterio! 



Pocos países habrcá sobre lo descu- 
bierto de la tierra en que la maledicen- 
cia y la maldad tengan más cómodo 
asiento que en el nuestro. 

No tengo que buscar casos ni ejem- 
plos; tomo cualquiera á moco de man- 
diles y demostraré mi tesis. 

Si Dn. (.xuillermo Shakspeare (q. e. 
p. D.) hubiese vivido entre nosotros, 
buen chasco se llevara, pues se encon- ^ 
traría con que Yago resultaba un can- 
dido é ingenuo palomín y con que Lady 
Macbeth, apenas, apenas, fué una buena 
comadre un tantico ambiciosa con ribe- 
tes de díscola y pendenciera. 

Tenemos la perniciosa costumbre que 
es casi manía de incomodarnos al ex- 




(I) Uruf/uaf/o. r/ulicailo en D ue nos-Ai res, j'uris. 
consulto <le •ñoUc i/ue íleon uno de los ajtellidos mas 
ilustres de nuestro p<iis ij oculta en un seudónimo au 
nombre. 



que ausen- 
cia de la 
Coronel OrctÁz Pampillón divinar um 

Jefe de¡l(i.,l)ioisión liecolu.cionarin alqUC »M- 

'' ^' manarum, 

justi ütqite itijusti scientia! Que olvido 
de aquellas sanas doctrinas que bebimos 
en nuestra inocente juventud y que de- 
bieran ser el guía perdurable de nues- 
tra azarosa existencia política. 

* 
* * 

Si no se mueve una paja sin la volun- 
tad suprema, como han de moverse el 
nudoso tala, el rígido machete y aún el 
plomo á impulso de la pólvom, prescin- 
diendo de aquella misma voluntad? 

ó es tal nuestra ceguera que habre- 
mos de revelarnos no solo contra lo hu 

mano, sino también contra lo divino? 

* 

Otro caso y ese, confieso, me tiene 



La Revista Uruguaya 



cargado, porque ya no solo los periódi- 
cos opositores, sino lo que es más vitupe- 
rable é irritante los situacionistas que 
por ser tales están fuera del sylahiis en 
que á diario ingresan aquellos, gritan 
hasta acatarrai'se, que el país se nos des- 
puebla. 

Que no han dicho sobre este tema ! 
cuanta tinta malograda digna de más 
honrado enipleo! 

Jía- pierden ocasión de repetir «8e 
lios; despue^bla la República; — colonos 
viejos y afíncados liquidan lo que tienen 

V huven de esta tierra como de un lugar 
maldito, donde todo esfuerzo se pierde, 
donde toda energía se agota, donde solo 
crece la mala yerba ! ¿Qué hace el Go- 
bierno ? » 

¿Y que quieren que haga? ¡Infelices! 

Pretenden acaso, que coloque un 
gendarme á la puerta de cada granja, 
que encarcele á sus pobladores, que le- 
vante una muralla china ó que costee 
predicadores para que vayan por esos 
campos adelante convenciendo á los que 
se van de que deben quedarse V 

Nadie llamó á esos señores: — si de 
su tierra vinieroii á poblar nuestros de- 
siertos, á reemplazar en nuestras jjrade- 
ras con ganados refinados las llandas de 
perros cimarrones, á incor])orai" su acti- 
vidad á nuestro suelo y á levantar sus 
viviendas junto á las nuestras fué senci- 
llamente i)orque lo quisieron y si des- 
pués de nuestros esfuerzos por acostum- 
brarlos á nuestra viril existencia, si al- 
guna vez no tuvieron la suficiente ente- 
reza de ánimo ¡¡ara conformarse con la 
devastación y la ruina cuando nuestro 
go])ierno en us(j de facultades que le son 
])rivativas, diM-rctí) una guerrita, enton- 
ces digo, no es la gente que nos conviene 

V como \in(». en buena hora se vava. 



Apagúense pues los hogares de las 
fábricas, trueqúense los trojes en mato- 
rrales, vuelvan los buenos y viejos tiem- 
pos de los charrúas y querandíes, pero 
no vivamos suspensos del desagrado de 
esos señores que al fin y al cabo, harto 
hacemos en recibirlos cuando quieren 
venir y en dejarles ir cuando les place. 



* * 



Sin embargo, por motivo tan nimio, 
se agotan los dicterios contra el Jefe del 
Estado, contra su incapacidad, contra su 
indolencia y hasta parece insinuarse con 
refinada malicia que es un plan de go- 
bierno porque se le antoja á aquel, susu- 
rran malignamente, haber visto la luz 
del monte Horeb y ser el brazo visible 
de una misión providencial y cromúrgi- 
ca juntamente, para proscribir el blanco 
ó lo que lo parezca de los ámbitos de la 
República. 

Los que tal dicen, se afirman en ello, 
señalando con el dedo á bandidos y ase- 
sinos que ostentan su asegurada impuni- 
dad porque acomodaron sus puñales en 
las carótidas de vencidos que se confe- 
saron blancos. 



* * 



No entro á rebatir esto porque equi- 
valdría á levantar cátedra de una casa 
de orates. 






Híirto castigados están los que eso 
l)regonan con su obseción y su ignoran- 
cia y es humano y de buen cristiano pen. 
sar, (pHí tanto error pueda disiparse al- 
gún día y que el espíritu rebelde é injus- 
to con que se encaran hoy por hoy los 
actos de un gobierno que no puede ser 
juzgado ])or sus contemporáneos sin ce- 
der á ])reju icios apasionados é insanos, 
no sea parte á í)resentarlo, por una sin- 
gular aberración de la i)osteridad, á la 
abominación de los hijos de nuestros 
hijos. 

lUhDOMElíO ClAVI.JO. 



La Revista Uruguaya 



9 




Expresamente para 



La Revista UuucíUAYa. 






Al escribir la página primera 
De tu inédito libro, 
Siento en el corazón una congoja... 
En el alma un vacío... 



Liban en el vergel de las caricias 
El néctar de las almas ; 



* * 



* 
* * 



Sabéis por qué?-Cuando las hojas secas, 
Forman en el otoño remolinos, 
La selva está de duelo, quejumbrosa, 
Los árboles sin nidos. 



Allí, donde los i)ríncipes azules 
Eligen como dueña. 
La virgen más hermosa y la regalan 
Sus iovas V diademas... 



* 
* * 



* * 



La luz en el ocaso, para siempre 
Parece sumergirse. 
La estrella de la tarde se levanta, 
Pero, pálida y triste ;... 



¡ El mundo de los sueños, tus dominios, 
El cielo de tu patria : 
Eso que solo vive en la memoria 
A través de mis lágrimas !... 



* 
* * 



* 
* * 



Al escribir la página primera. 
De tu inédito libro. 
Debiera levantar mi pensamientoj 
Hasta el cielo infinito ; 



Al evocar esas canciones, muda 
El arpa no contesta... 
i Qué tristes son las tardes del otoño... 
Qué triste tu poeta ! 



* 

:1c « 



* 
* * 



Allí, donde tus sueños juveniles, 
IVIariposas aladas, 



Solo el recuerdo, cariñoso, arrulla 
Mi pensamiento y canta : 
' ¡ Belleza, juventud, vuestro es el cielo 
El cielo dé tu alma ! 

JOAC^UIN DE SaI.TEKAIN. 



NOTA. — f&f®»-. ®n. f^oaaHÍn c/e oiafít'tatii, ea uno t/c nm-ófrc^ graí/i/tó ^cí- 
/aa, aveH^aiaac mee/ico, ittió/tacío, ccrax-o'u c/e oto, eA rota eiifiaaa ae aua /aí/a tit ef 
iiatíiao coforaao u e» su z)ra/tia, que /ce/os reconocenios auA ent^iaiaí'/es vir/ut/ct cnu't'tis 
' u óocia/es u ttos ^a ño-nrac¿o 0oSrenta*ieia, temi/tetic/onos <i nucs/io ^caiac, ^-ma nnt-Afrn 
Revista, /« c/astea cotni>odicidn que pué/lcauwA //eucó </f Jii/u'/o, 




10 



La Revista Uruguaya 



UIDALGIIA DE APARICIO SAMVIA 



Página de campamento 



Transcurrieron dos días, después de 
la victoria de Fray-Marcos, sin que na- 
da digno de mención Ocurriera en nues- 
tras filas. - i 

El 2 de Febrero llegamos al paso 
de Cuello, en el río Santa Lucía. 

El paraje, sumamente agreste y pin- 
toresco, sé eleva por un lado en forma 
de barranca abrupta, que recuerda un 
acantilado, en tanto que 
por el otro se extiende en 
suave declive, como si el 
suelo quisiera descender 
perezosamente, fatigado de 
haber ascendido con tanto 
vigor. 

Aliado de la barranca 
hicimos alto para dejar pa- 
cer los caballos, y aprove- 
chando un momento en 
que se había retirado el 
coronel, nos dirigimos el 

capitán Oficialdegui y yo á Coronel José F. González lico y más predispuestos 
casa de un amigo que se- jcidcia 7a. Diei^inn naooíu. al castigo que al perdón de 
gún nuestras noticias de- donurUt d u? ios i)risioneros de guerra, 

bía residir cerca de allí. 

No lo encontramos, y regresamos i)or 
entre las escabrosidades del terreno, (pie 
en algunos parajes sólo nos permitían pa- 
sar de <á uno, cuando en una esj)ccie de 
altiplanicie encontramos un griii)o com- 
pacto de compañeros, en medio de los 
cuales se destacaba la simpática figura 
del general con su sombrero blanco inva- 
riablemente inclinado hacia la izquierda, 
adornado de una ancha divisa en que se 
leen, bordadas en oro las i)alabras « poii 

LA 1'AT1MA.> 

Nos llamo la atención aquello, que te- 
nía todo el aspecto de una asamblea al 
aire libre, y ai)roximándonos, pudimos 
distinguii' á varios oficiales del ejercito 




del gobierno, cuyos vistosos uniformes 
contrastaban visiblemente con nuestros 
sencillos trajes de paisanos. 

Todos ellos demostraban gran pre- 
sencia de ánimo y por ella se les hubiera 
tomado por compañeros. 

El general dio la orden de montar á 
caballo, y entonces el de mayor gradua- 
ción, el teniente Coronel Cándido Acuña, 
no sin cierta estrañeza, preguntó: ¿No- 
sotros también? — Sí, Vds. también, le 
replicó el general, á caballo y feliz viaje. 

El general acababa de dar la libertad 
á los prisioneros de Fray-Marcos y dis- 
puso que dos oficiales los 
acompañaran hasta donde 
ellos quisieran, ordenando 
también que si necesitaban 
dinero para el viaje les 
fuera entregado. 

Nos retiramos de allí 
bajo la grata impreción de 
la nobleza y elevación de 
sontimientos que defnostra- 
ba miestro general en jefe 
en momentos en que se 
creerían caldeados los áni- 
mos por el entusiasmo bé- 



El triunfo moral de paso de C-uello ha 
sido para nosotros más saludable, má^ 
alentadoi-, que el triunfo material de 
Fi*ay~Maicos. 

YA perdón de los vencidos muestra la 
hidalguía con que procede el general Sa- 
i'avia, tan injustamente calumniado por 
sus detractores, y esta hidalguía, este 
proceder noble, nos ha de grajear más 
simpatía y nos ha de procurar el triunfo 
definitivo más que la superioridad mate- 
rial de nuestras fuerzas. 

Desde Fray-Marcos, estaba satisfe- 
cho de pertenecer á un ejército de va- 
lientes ; desde paso de Cuello me siento 
orgulloso de servir con valientes que sa- 
ben ser al mismo tiempo generosos. 

F. Al{Hf)LEYA Y AUIÍOLEYA. 



La Revista Uruguaya 



11 



A la Insmpciün Kaciocalistas 

Los registros cívicos están abiertos y 
los afiliados á nuestra santa comunidad 
política deben ponerse en condiciones de 
ejercer el sufragio en época oportuna. — 
Nada puede excusarlos de cumplir con 
ese acto que prepara á los ciudadanos 
para contribuir en su hora legal á la re- 
novación de los poderes públicos. — El 
fraude comicial habido, la seguridad 
plenísima que los jurados de tachas se- 
rán mañana, como siempre, en su in- 
mensa mayoría del oficialismo interven- 
tor, el temor que los actuales legislado- 
res, cumplan el compromiso atentatorio 
á la soberanía nacional, que delató la 
prensa había contraído cada « cabildan- 
te, » de votar de aquí dos años un Pre- 
sidente escarlata, y en determinadas con- 
diciones, no constituyen causa razona- 
ble, para que los nacionalistas no acu- 
dan en masa y sin faltar uno solo al re- 
gistro cívico. — En este país, de lo impre- 
visto, donde las sanciones de los hechos 
y de la lógica, no siempre se cumplen 
en política, nadie puede tener plena se- 
guridad de lo que sucederá en el mañana, 
por próximo que esté y por natural que 
parezca, siempre hay un algo, que no se 
ve, pero que influye eficazmente, en las 
escenas de la vida pública. — No siempre, 
tampoco, las Cámaras elegidas por la 
« influencia directriz^ » por el Gobierno, 
son dóciles, muchas veces en nuestra 
vida nacional, aún en ese cuarto de siglo, 
que pintó el Sr. Batlle, en su discurso 
inaugural de Presidente, se han levantado 



contra su elector y han roto en mil pe- 
dazos tan odiosa tutela, haciendo vida de 
verdaderos legisladores, aunque su ori- 
gen no fuere el de la soberanía popular. 
— Y es posible, aunque hoy no parezca 
<^ probable,» que antes de faltarle al Sr. 
Batlle, un año para dejar el mando, la 
Asamblea, tenga minoría de oficialistas. 
— Por otra parte, la indiferencia política 
acusa extenuación de energías, debilida- 
des del espíritu, languidez del sentimien- 
to cívico y 
de su mo- 
ral, que el 
Partido Nar 
cional, de 
gr andes 
i d e ales, 
condena se- 
ver amenté 
y es faltar 
á sus pre- 
ceptos, que 
consagra 
en forma 
imperativa 
nu e 8 tra 




Coronel Nicolás Imas 

Jefe recolucionario el 97 
muerCo en Acegud 



ley orgánica, el no inscribirse. — Es 
más que esto, la indiferencia política, en 
el sistema republicano, es un crimen de 
lesa patria, una abdicación abominable 
de los derechos más preciosos de la exis- 
tencia ciudadana ! A los registros á ins- 
cribirse, pues, correligionarios, qué no 
siempre la intervención gubernativa será 
éxito y ni el pueblo ha de ser defraudado 
en sus justos anhelos ! 

La Eedacción. 




M 



i^a» 



12 



La Revista Uruguaya 



(1) 






Por la Redención Política!... 



(2) MEMORÁNDUM, sobre los sucesos 
DE LA Villa de Artigas, escrito 
por el comisionado del Comité 
Revolucionario del 97, el pa- 
triota Dn. ISMAEL VELAZQUEZ. 

En Octubre de 1896, vino el coman- 
dante Antonio Mena, al Departamento de 
Cerro largo, á invitar á los correligiona- 
rios para el movimiento que debía pro- 
ducirse desde Buenos-Aires. — Con ese 
motivo fui á Meló, á indicación de Nava- 
rrete y para evitar que la venida de Me- 
na á Artigas llamase la atención de las 
autoridades. 

En Meló tuve una conferencia con el 
Sr. Mena y en ella nos manifestó que ve- 
nía mandado por la Junta de Guerra que 
allí se había organizado y había resuelto 
producir el movimiento: que esa Junta 
prescindía del Directorio, porque, éste 
no creía aún oportuno diclio movimien- 
to: que venía por tanto á ver si los corre- 
ligionarios estábamos dispuestos, si te- 
níamos elementos, etc. — Le contesté, que 
yo y mis amigos, no entrábamos en 
nada que no revistiera seriedad y fuera 
ordenado por los hombres jirincipales del 
partido y que me extrañaba no figuraran 
muchos de esos hombres, ni el Directo- 
rio, que nada por ellos sabíamos y que 
no teníamos elementos ningunos, ni á na- 
die habíamos visto ; pero que trataría- 



(1) En las exposiciones ó ntirraciones <le ciciles ó 
militareit, íuiucllus ¡jci¡ueriisimoH é insiij ni ficantes de. 
talles, qae no entren en id plan de esta iievista publi- 
carlos por rasones ile oportunidad, etc. etc.. irán ín- 
tegros con .<ttí,s notas y comentarios respectiooa en nues- 
tra "Historia d,el 97" . 

(2) Kílucado en sus primeros arios de la juven- 
tud, el Sr Dn. Ismael Velazquez, en la severa moral 
política del patricio l)r. Tomé, pino desde liace 36 
años su cerebro ei/uilihrado ij su fortuna al .sernicio 
lie la Patria, es el Sr. Velaztjues todo un carácter y 
una L'irlad y uctioidail invica recomendable . 



mos de ponernos al habla con el Directo- 
rio y otros amigos. 

En seguida se le escribió de Meló al 
Directorio y yo en seguida de regresar á 

ésta, telegrafié hasta por tercera vez, — 
por el Brasil, — al Dr. Terra sin obtener 

contestación. También, nos dijo, el Sr. 
Mena, que iba á entenderse con el gene- 
ral Saravia, — pues no lo daba aún como 
resuelto á la empresa, — y que nos avisa- 
ría. Nada más sé nos comunicó, hasta el 
20 de Noviembre en que vino el Sr. Dal- 
miro Coronel, á decirnos que el movi- 
miento sería el 24, sin dar explicaciones, 
ni adelantar nada. Vino el 22 el telegra- 
ma — circular del Directorio y como era 
consiguiente, por él y lo irregular del 
procedimiento con que se había proce- 
dido, nos abstuvimos. 

No sé si haber procedido así, fué cau- 
sa de que nada se nos comunicase res- 
. pecto al segundo movimiento que se pre- 
paraba. 

En el deseo, por mi parte, de conocer 
lo que hubiera, para prestar mi concur- 
so y el de mis amigos si así lo creían, 
pedí á D. Pedro Mones fuese á Bagé y se 
informara del mismo general Saravia, 
fué entonces cuando supimos que efecti- 
vamente se trataba de invadir. 

Entonces pensé ir personalmente á 
Bagé á entenderme con el General; pero 
exigiéndoseme de Montevideo que debía 
con urgencia bajar ,allí para una comi- 
sión que creía el presidente del Directo- 
rio y otros amigos que yo podría desem- 
peñar, resolví ir yo á Montevideo y que 
fuese el comandante Borche á Bagé, co- 
mo efectivamente se hizo, saliendo Bor- 



La Revista Uruguaya 



13 



che el 31 de Enero para Bagé y yo el 3 de 
Febrero para Montevideo, donde llegué 
el 5, día precisamente en que parece ha- 
bía quedado organizado en Buenos-Aires 
el Comité, según comunicación del Dr. 
D. Juan José de Herrera al Dr. Berin- 
duague. Era mi propósito ir á Buenos- 
Aires, pero se nos exigió á mí y otro ami- 
go regresar inmediatamente al Departa- 
mento, á objeto de llenar la misión para 
que se nos había llamado, lo que no dio 
resultado. 

En mi estadía en Montevideo, tuve 
una conferencia con el coronel Saura á 
objeto de que él viniera á Yaguarón para 
organizar los elementos que allí debía- 
mos reunir, pues de eso habíamos ha- 
blado ya antes con el Dr. Terra, cuando 
se trató de otro movimiento — el 95. — El 
coronel Saura, me manifestó que le ha- 
bían ya indicado otro puesto, pero que si 
le ordenaban, vendría; pero otros ami- 
gos entendieron que era preciso ahí. Yo 
lo había indicado desde antes al coronel 
8aura, porqué veía la falta de un jefe 
superior para nuestros elementos aquí y 
porque sabía que sería bien aceptado. 

A mi regreso á ésta, tratamos con 
Borche y Nav arrete de ir organizando y 
proporcionándonos los elementos pre- 
cisos. 

Estaba de comisario aquí, el mayor 
Ángel Muniz, quién desde el primer mo- 
mento se manifestó resueltamente dis- 
puesto á la revolución ; pero á mediados 
de Febrero, el general Muniz le ordenó 
entregara la Comisaría al coronel Es- 
tomba y se incorporara á la División, 
mandando, al coronel Aguiar para que 
diera posesión á Estomba. í]l mayor Mu- 
niz desacató la orden y pasó esa noche 
para el Brasil con veinte hombres arma- 
dos, incidente que no me fué posible evi- 
tar y de ello resultó que tuve también 



que emigrar ese día y. nos desconcertó, 
como era consiguiente nuestros trabajos 
aquí.— En eso8 días, el general Saravia 
mandó á los comandantes Noblia v To- 
más Borche á objeto de indicar que los 
elementos de aquí, debían subir á San 
Luis, por el Brasil, para pasar allí ; pero 
se observó que habían inconvenientes, 
porque existía gente que había que ha- 
cerla emigrar primero para seguir des- 
pués por la frontera. Además, que la gen- 
te que debía invadir aquí tenía que in- 
corporarla á la que estaba en estas in- 
mediaciones y seguir á reunirse á los 
coroneles Berro y Jara en el Departa- 
mento de «33.» 

El 3 de Marzo, se recibió orden de es- 
tar prontos y el 4 de invadir. — En la no- 
che del 4, mismo, se hizo pasar al mayor 
Muniz con 30 hombres, emboscándose en 
el monte de Yaguarón, dónde fué descu- 
bierto de mañana por las fuerzas del co- 
ronel Estomba, la que fué batida por el 
mayor Muniz, tomado herido al oficial, 
algunos prisioneros, caballos, etc. El co- 
ronel Estomba, creyendo que ya estaban 
todos los revolucionarios eh el país se 
retiró precipitadamente hacia Tacuarí. 
El mismo día 5, pasó el resto de la gen- 
te con el comandante Borche, Navarrete 
y Saavedra, con 300 hombres. — En vista 
de haber sido abandonado Artigas, se 
resolvió entrar el 6, no con el i)ropósito 
de dejar guarnición, pues, la división de- 
bía seguir inmediatamente á buscar la 
incorporación de otras partidas é ir 
al encuentro del general Ajiaric-io, ])ues 
el coronel Berro ya se sabía que estaba 
en «33.» — Cómo se sui)0 que Estomba, 
había seguido precii)itadamente retirán- 
dose, se acordó forniar una liiíera uuar- 
nición con la gente que había (pieilado 
en Yaguarón por falta de recados y ar- 
mas. — Marchó, pues la división y se liizt» 



14 



La Revista Uruguaya 



pasar el 8, algunos de Yaguarón, se con- 
siguieron 3 armas y ese fué el plantel, 
que estuvo así algunos días, hasta que 
se fueron consiguiendo más armas en 
vista de que los del gobierno que habían 
en Yaguarón no intentaban nada. — Se 
nombró recaudador de Rentas á Don Ro- 



dolfo Paseyro y se fué aumentando la 
guarnición así que se obtenían armas, lo 
que era difícil, puesto qué no las había 
en Yaguarón, porque se habían compra- 
do todas para la división. 

(Continuará.) 



(i) Aeluam le la íl DIvIéd ItevoloeloDapiii eD la llaDipiDa del 97, 

Narrada por su Jefe Coronel 



(Continuación) 

Véase Ni'im. 1. 

El día 19, marchamos de mañana 
temprano en dirección al Arbolito, y, co- 
mo una legua antes de llegar á ese punto, 
me mandó llamar el general, y me dijo: 
«Coronel, ahí está el enemigo ; pero Der- 
quin se ha entregado con un carro de mu- 
niciones y la fuerza de su mando : saque 
todos los tiradores de su división, que 
este día va á pelear de compañero con el 
coronel Mena.» Entonces, le dije: «Pero, 
señor general, ¿voyá órdenes del coro- 
nel Mena?» — No señor, me dijo; va Vd. 
á desplegar por retaguardia de la cabeza, 
apoyando la derecha de sus tiradores en 
la izquierda del coronel Mena.» 

Di cumplimiento á lo ordenado, lle- 
vando quince lanceros á órdenes de los 
oficiales Juan Francisco Ferrer v Teo- 
doro Berro. 

Marchamos en dirección al E., de- 
jando la casa de Amilivia á la derecha: 
al enfrentar á ella, variamos á la derecha 



é hicimos alto un momento ; seguimos 
con rumbo al S. y atamos los caballos en 
un alambrado, adonde ya llegaban las 
balas del enemigo. Allí quedaron los ofi- 
ciales Ferrer y Berro con los quince lan- 
ceros de referencia, para cuidar los caba- 
llos, ponchos, etc., y alcanzarlos después, 
si fuese conveniente. 




(1) En los número.-í sucesipo." inin las narracio- 
nes tle los Jefes /{evotuciont.irii'it solí re Ifc (juerra del 
97,Joíy-c'F. Gñmules, Hdsilio !j Serijio A/u/Ío:, Veles, 
Marín, Gil, Blanco, liaUs'.n, ('orliitas, AUlaina. Gue- 
rrero. Ismael Velucifue:;. Naoarrel.e, Várela Gomes, 
K.i/>e¡liriones Apuricio Sarania, Lamas, Momjrell, 
/■leniU'z. asalto cn/'/onera ' ArtU/aa", exposiciones <le 
Caniui^eris, Cihils, Gauna, Saacedra ij Coronel Ort/az 
/■'anipillon, etc etc . , ij niurhas otras vioiles y milita- 
res, asi como tnila la ilocumen'.ación polilira ij militar 
(jue sirven <lc base ci nuestra "Historia del 97" . 

La fíedat-rion» 



Jefe de la 4u. Dioisión fíeoolucionaria del 97 

Haciendo fuego, dimos un medio 
cuarto de conversión á la derecha y vi 
caer al viejo y valiente mayor Floro Sa- 
battel, gravemente herido. El fuego ene- 
migo en ese momento era muy nutrido. 
Los soldados de mi izquierda flaquearon 



La Revista Uruguaya 



15 



algo, sin avanzar con la decisión que yo 
les requería. Mandé á mi ayudante Ba- 
rrios que lancease á unos que se escon- 
dían detrás de unas piedras en vez de 
seguir el movimiento de avance, aco- 
metiéndolos yo con la espada para vol- 
ver á media rienda sobre la derecha de 
mis tiradores, que desde ese momento 
pelearon como bravos : fué un bautismo 
de fuego que honraría á verdaderos vete- 
ranos. 

Avanzamos al O. bajo un fuego mor- 
tífero y casi agotadas nuestras municio- 
nes, cuando el valiente coronel Mena me 
gritó: « Coronel Berro, sé me ha concluí- 
do la munición ; y, dirigiéndose á sus 
soldados, les dijo: « Desgniciados, co- 
rran tá tomar sus caballos, porque se han 
agotado las municiones.» A mí ya no me 
quedaban más que ocho ó diez hombres 
que las tuviesen : con ellos inicié la reti- 
rada, cuando ya iban huyendo muchos 
soldados y algunos jefes y oficiales, que 
en vez de protegernos y llevarse por de- 
lante al enemigo que fiaqueaba, nos aban- 
donaban cobardemente. Allí me balea- 
ron el caballo cuando me retiraba ha- 
ciendo fuego con un winchester, y, des- 
pués de haber marchado unas tres ó cua- 
tro cuadras, empezó á temblar y cayó. 

Salí vo con el freno en la mano, y fui 
hasta donde estaba el coronel Urtubey, á 
la cabeza de unos ochenta lanceros, que 
no prestaban ni siquiera el servicio de 
alcanzar un caballo al segundo jefe de la 
división, quien anduvo enancado en el 
caballo de su ayudante hasta encontrar 
un jamelgo miserablemente enalbardado, 
y así fué á buscar á su general y á sus 
hijos Pedro y Carlos, que venían en re- 
tirada hacia la casa de Amilivia, y Teo- 
doro, que andaba con el alférez Juan 
Francisco Ferrer allegando caballos á 
nuestros pobres compañeros, que bajo un 
fuego vivísimo se retiraban muertos de 



cansancio, tanto que el valiente oficial 
Cirilo Garrido me dijo, en presencia del 
coronel Urtubev v sus lanceros : « Coro- 
nel, mándeme un caballo, porque me 
muero de cansado ; no puedo más.» Pue- 
des figurarte lo que le contestaría quien 
estaba á pié y i)idiendo al coronel Urtu- 
bey, su superior, que le hiciese llevar el 
recado hasta la caballada. 

Encontré á mis hijos, pero nó á mi 
valiente y querido general, que, sabedor 
de la muerte de su hermano, se había 
corrido á la derecha v de allí me mandó 
decir que me retirase en dirección al 
paso de Tacuarí. 

Ya tenía todos mis tiradores reunidos 
V á caballo : vo mismo había mudado 
en la caballada y ensillado con mi reca- 
do, que me/ío trajeron los soldados Lo- 
reto Mediría y Aurelio Martínez : ya los 
lanceros que habían estado en comisión 
se me habían reunido, cuando me encon- 
tré con el coronel Mena, que también 
andaba organizando su gente, y me dijo: 
« Coronel, traiga su gente organizada: 
porque, si éstos nos persiguen y Vd. 
piensa como yo, debemos darles una 
carga de lanza conforme salgamos á 
campo raso, y verá si vamos á llevar 
por delante á esos maulas. De acuerdo 
en un todo con el parecer de mi compa- 
ñero y amigo el coronel ]\lena, nos reti- 
ramos prontos y con opinión hecha de 
cómo deberíamos obrar ; pero nailie nos 
persiguió, y á nuestra retaguíirdia, hasta 
una legua del canijio de batalla, no se 
veían ni amigos ni enemigos, con excep- 
ción de uno que otro hombre bien mon- 
tado, que nos siguieron unas cuadras ha- 
ciendo algunos (lis})aros. No es cierto que 
Derquin viniese á nuestra retaguardia 
hasta ese momento: des])ués ])odrá ha- 
berla tomado en nuestra izípiierda.— de- 
recha antes de nuestro cambio de frente 
en retirada, ])ero entonces u(). 

(Continuará. 



" ^^-''^m^^ 



m 



La Revista Uruguaya 



Bn. ENRIQUE ANA YA 

^ La sociedad oriental y nuestro parti- 
do, nacional sienten en el alma duelo. — 
Uno de sus más nobles ciudadanos ha de- 
jado el escenario de los vivos para de- 
rrujiabarsie en la eternidad. — Enrique 
Anaya fué educado en la g-eneración 
del 52 y 60, que en política era toda 
aiiior para la Patria y para su partido, 
llena de desinterés y agena por completo 
á los cálculos basados en el bien per- 
sonal, época de abnegaciones continuas 
eii qtífe el sacrificio sin límites era la 
ofrenda que nuestros progenitores de- 
pésitaban siempre en el altar de la cosa 
páblica, que se atendía con ]:>referencia 
á'-todo, en esta hermosa tierra, sin te- 
ner en- cuenta para nada la recompen- 
sa, en aquellos períodos de nuestra his- 
toria, los orientales todavía practicaban 
casi todos el deber cívico en su más 
alto agradó, por el afecto á la virtud 
en sí misma, sin sumar tampoco las au- 
ras de la vanagloria que como toda so- 
berbia empequeñece aún las obras más 
ostensiblemente plausibles. — Todas las 
redenciones políticas le contaron entre 
SU3 más decididos partidarios, y donan- 
tés,— A más de las veces que ocupó la 
Asamblea, pudo otras muchas más, tener 
posiciones oficiales y las rehusó siem- 
pre.^— Así se explica, que Anaya, hijo de 
(Constituyente, en sus labores públicas 
sleinpre rechazara con entereza aquello 
que pudiera ser su beneficio partic-ular. 
-^Guando aceptó cargos públicos ren- 
tados, fié asediado por sus numerosos 
amigos, contra sus propios deseos y cu 
todas Jas épocas de su proloiií^-ada y 
laboriosa vida, la Patria, el partido de 
sus leales cariños, el necesitado, sin fi- 
jarse en el color de su divisa tuvo 
siempre en su bolsillo, en su esfuerzo 
y consejo, poderoso y oportuno auxilio. 
^ — Sencillo, afable, modesto, como ver- 
dadero hijo de uno de los fundadores 
de nuestro sistema republicano, su nuier- 
te es dolor i)úblico. Con estos méritos, 
el ilustre fallecido, ligado al autor de 
nuestros días i)or íntimas vinculaciones 
del corazón y del mundo político. La 
Revista Urikuiay.a, con sentimiento y 
respetó hondo, se inclina ante esa noble 
tumba y envía á sus deudos su más ex- 
presiva condolencia. . 

La Redacción. 



El Pueblo Argentino 

En nuestro primer número dijimos 
que ligados al pueblo argentino por una 
serie de hechos históricos desde la In- 
dependencia Americana hasta el pre- 
sente, veríamos con agrado, que en 
Montevideo, donde hay tantas altas per- 
sonalidades de nuestros partidos mili- 
tantes con hondas vinculaciones en la 
Confederación, podría establecerse un 
Comité pro Conciliación Argentina, com- 
puesto de los orientales aparentes para 
ese acto, asi como en Buenos-Aires en 
nuestra reciente guerra se había cons- 
tituido un centro de Pacificación Uru- 
guaya. — Hoy vemos con agrado que 
jóvenes ilustrados é inteligentes de los 
partidos Uruguayos piensan dirigirse al 
Dr. Quintana, el 25 de Mayo, pidiéndole 
una ley de amnistía, aplaudimos tan 
hermosa iniciativa y formulamos votos 
por el mejor de los éxitos, porque esa 
juventud se organice en Comité perma- 
nente y lleve á su seno á todas las en- 
tidades de edad madura con relaciones 
íntimas en Buenos-Aires, y no cese de 
funcionar, aún obteniendo la referida 4 
amnistía hasta que se haya hecho efec- 
tiva la reconciliación de los partidos 
argentinos, lo que salvaría á ese país 
de los males que la tirantez de las 
relaciones políticas entre si, pueden, so- 
brevenirle todavía, con ley de amnistía 
y sin ella. — Realizable es el pensamien- 
to V la juventud no reconoce en su 
avance para lo que es . noble, rnipo- 
siblcs. 

La Redacción. 



NOTA.— El exceso de material y el ha- 
ber llegado tarde nos impide publicar hoy 
algunos trabajos de nuestros apreciables 
colaboradores, irán en el próximo número. 
— Agradecemos al público de la República 
y del exterior, la protección que al nacer 
nos ha dispensado hasta el punto de ha- 
berse agotado la numerosa edición de 
nuestro primer número.—Igual reconoci- 
miento nos embarga con la prensa de los 
18 Departamentos de campaña y varios 
de la <1apital de la República que se han 
ocupado en forma halagadora é inmere- 
cida de esta humilde «'Revista'*. Gracias ¿ 
todos y' ello e.>«timulará nuestro esfuerzo 
en adelanto. 

La Redacción. 



lia Revista ÜFugaaya 

Politica, cientifica, literaria, Iiistoria y economía poIltica."6rgano del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0. — Junio 1.» de 1905 


Núm. /] 


Director- Dr. Luís Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN '• 

CALLE MONTEVIDfO 


Administrador: A. Seuáuez y Olivera 



Reaccione Sr. Batlle 



EIí país ha sufrido una guerra de nue- 
ve meses que ha consumido enormes ca- 
pitales y colocado mayores distancias en- 
tre los Orientales. El Gobierno puede y 
debe estimular el movimiento econójnico 
con una evolución general en todos los 
ramos de su administración iniciando, á 
la vez una política diversa á la que hoy 
sigue, corriendo de nuestro escenario 
la intransigencia que no le _ „ 

permite marchar ni desa- 
rrollar las fuerzas vitales 
de la nación entera. Por la 
senda actual el Sr. Batlle 
y la república no tendrán 
más que ruinas en todas 
partes. — Evolución en po- 
lítica, ante los principios 
que rigen esa ciencia y ar- 
te, no es otra cosa, que 
unión de voluntades, y de 
esfuerzos, entre el j)ueblo 
soberano y el podetr central 
su mandatario, hacia el 
bien común, que es lo que 



.-T^'ccr-.-t.^*' 




Ministro de Berro y Afjuirre 
6-3 1/ 61 

Presidente Honorario. 

Comité Reoolueionario 97 



ra las presentes y futuras edades. — Ha 
sido ese absolutismo candente 3^ avasa- 
llador, de los que mandan sin tener en 
cuenta los derechos del pueblo los que 
han obstaculizado el beño concierto que 
en las anteriores líneas apuntamos. — El 
país vería con agrado un cambio total de 
Ministerio. — Los hechos que tienen la 
más magna de las elocuencias nos han 
demostrado hasta el tedio que si esos Se- 
cretarios de la República, cuentan mere- 
cidos títulos académicos, de todos ellos 
juntos, no se forma -un estadista. Y es 
natural que asi suceda, por 
ser excelente médico, exi- 
mio ingeniero ó sesudo ju- 
risconsulto, no se adquiere 
el difícil arte y ciencia de 
gobernar. Por creer que 
todos los que tienen ins- 
trucción y aún talento de- 
ben ser expertos políticos 
hemos sufrido males im- 
ponderables. — El arte de 
administrar los intereses 
generales de una nación, ar- 
guye, práctico tino, tacto 
esmerado, condiciones es- 
pecialísimas que 110 los 
otorga por sí solo el aula, 
es cierto, que la política es 
ciencia, porque es una cade- 
na de verdades, pero exacto 
es también que ella es «ar- 
te^> porque la acción re- 



constituye el ijrogreso y Dr. Juan José de Herrera 

cuando ese concierto no 

existe y no se traduce 

en hechos positivos, la tal 

evolución, no es otra cosa, 

que una concepción de la 

mente sin vida real y que trae aparejada glamentada es la esfera en que tnra. Y 

la zozobra pública.- Y entre nosotros, pía- sin más « /íís/re,» que el ejercicio profe 
cer es consignarlo, aún en el medio de vi- sional y el lauro académico, fueron con- 
da anormal llevada, el pueblo siempre ha vertidos en Secretarios de Estado, en 
querido evolucionar dentro de la paz y Irenárcas de la quietud y tranquilidad 
del defecho y lo que lo ha desviado de del ^Jueblo. los que forman hoy el Minis- 
este objetivo ha sido el espíritu de fac- terio y por ello y otras causa.s que es 



ción que ha primado en los Gobiernos, 
salvo raras exce])ciones, que el libro de 
oro de nuestra historia de administracio- 
nes nacionales registra como modelo pa- 



blen expresivo, el país tuvo, todo lo que 
vio j aún lamenta. — Bien estarán en sus 
casas, atendiendo los labores de su carre- 
ra científica los Señores <iue hacen de Mi- 



La Revista Ukikíuaya 



nistros y dejen esos ]>iiestos superiores á 
su falta de talla y de pasado en la cosa 
pública, á hom]?res más veteranos, más 
diestros en el difícil manejo de los ])ro- 
blemas de la República. — Recordamos, 
antes de ahora, haber sostenido que h\ 
política es una profesión más penosa que 
todas las llamadas « /í¿e;Y//''S,» tiene del 
apóstol toda la abnegación, del militar 
sus bríos, del mártir su entereza, pero, 
atesora á la par de la serpiente su astu- 
cia, del jjrofeta el vaticinio, del sabio su 
cautela y sutil prudencia, centro de cua- 
lidades heterogéneas, difíciles en la prác- 
tica de establecer el verdadero equilibrio 
y privar de que no se manifiesten encon- 
tradas. Esto que es una verdad palpitante, 
que la vio y la siente la humanidad, en 
todas sus épocas y disertan sobr.' eso los 
ingenios y talentos en todos los siglos, 
está invitando á nuestro, actual Ministe- 
rio, á renunciar indeclinablemente, 2)ara 
dar cabida en el palacio de Gobierno á 
verdaderos hombres, preparados, no solo 
por su ciencia, sino por el hábito conti- 
nuo y prolongado de haber consagrado 
toda una vida á la política. — Hay toda- 
vía expertos á quienes confiar la direc- 
ción de nuestros destinos, no vacile 3r. 
Batlle y si no se la dan exj^ontáneamen- 
te pídale la renuncia al Ministerio y for- 
me uno que lleve así todas las fuerzas de 
la Nación, tal como la requiere, el penoso 
momento histórico por el cual atravesa- 
mos, esta m.utación es una necesidad pú- 
blica y será haciéndose en las condicio- 
nes referidas, que son las que anhela el 
pais, engendradora de bienes infinitos. — 
Nunca consideramos que por el mero he- 
cho de haber sido diputado en uno ó mas 
períodos se adjudicara á nadie el dictado 
de político, pero, si nuestro criterio es 
erróneo, y cada miembro del Gabinete del 
Sr. Batlle, fuere un Bismarck, Glarlston, 
Depretes, Parábanos ó Richelieu ó Gam- 
beta, aún así, por razones de alto vuelo y 
tino de estadista, habría hoy dada la ex- 
c(^pcionaliflad de la situacichi del país, 
que 2-)ide en el gobierno, otros asesores, 
(jue sustituirlos, por pesonas que im]>or- 
ten una esperanza por su ]n^oj)io bagaje 
político en el pasado, por un Gonzalo ó 
José Pedro Ramirez, Juan Carlos Blanco, 
Carlos Berro, Vázquez Acevclo, I)r. 
Castellanos, Agu'rre, Ro(]rigu( z Larn ta, 
Carvallio Lrrena, Ba( na, Dr. S;dt' raiii¡ 
Eduardo v Federico Britos del Pino. 



Mendilarhsu. De María, Berinduague, 
etc. etc. — Sobran j)ersonas en nuestros 
pro-hombres para afrontar una era nueva 
que lleve al país á mejores días. Y en el 
ramo de la guerra, está Tajes espíritu 
et;'rnamente conciliador que puede ser 
útilísimo en estos momentos, que deman- 
dan la calma, prudencia y condiciones de 
mando á nuestros directores del teatro 
político. — No vacilé, Sr. Batlle y á «casa» 
con su Ministerio, que para ser político 
a más de las cualidades apuntadas es ne- 
cesario poseer otras especialísimas que 
las dá la naturaleza ó la escuela recibida 
en el propio hogar al respecto. — Y el 
cambio del Ministerio actual, por uno de 
o^oinión traerá en su seno obligadamente 
una reforma en el personal de las Jefa- 
turas de muchos Departamentos, lo que es 
ya una necesidad nacional y mejora radi- 
cal también en infinidad de los ramos de 
la administración pública. — R,eaccione 
pues, Señor Batlle, que es en el bien de su 
Gobierno y de 1?. República las medidas 
expresadas que las desea el pueblo. 

La Redacción. 



EL ARTE DE VIVIR 



(Dr. Joutom.-" Le JoUfMl") 



Traducido expresamente para 
''La lieoista Urunaaija" por el 
Dr. Dn, Manuel Ferreria, médico 
oriental, radicado en Mercedes. 

Con motivo de la distribución de pre- 
mios á fin del año escolar, hombres que 
ocupan altas funciones sóplales son en- 
cargados por el Gobierno de hablar de 
los beneficios de la instrucción y de los 
deberes impuestos por ella. — Los orado- 
res desarrollan temas tan conocidos ya 
de antiguo, pero rejuvenecidos por el so- 
plo de su elocuencia. — La superioridad 
de las antiguas literaturas, la virtud 
educativa de las ciencias, la formación 
del carácter por medio del estudio, son 
argumentos examinados por todos y á 
vc(-(ís con un aire de pedagogía superior. 

Pero los tales discursos no son nunca 



La Revista Uruguaya 



pronuciados por médicos ó al menos ins- 
pirados por ideas médicas.— Y sin em- 
bargo nosotros no somos unos extraños 
para la educación, — Esta será algún día 
una simple rama de la higiene, cuando 
esta se haya desarrollado en el camino 
de la psicología, porque la higiene tanto 
física como moral puede indicar las reglas 
Me una actividad normal. 

Hay un modo, un arte de vivir que 
enseña maneras selectas de pensar, de 
actuar, de reaccionar á las excitaciones 
externas, como á las de nuestro interior, 
que constituyen toda la superioridad so- 
cial del individuo, vale decir, su fuerza 
de resistencia y de conducta. 

El que sabe ser sobrio, evita muchas 
enfermedades. — Hay una técnica para 
respirar, para comer, para dormir que 
le sirve de mucho al que la posee. No 
es indiferente limpiarse las narices sin 
una atención suficiente : una cierta v io- 
lencia habitual puede dilatar la trompa 
de Eustaquio y abrir la puerta á enfer- 
msdadas incurables del oido, que llevan 
á la sordera. Sobre estas materias no 
basta saber lo que es bueno, es necesario 
tener el hábito de ponerlo en práctica; 
sucede con eso lo que con cualquier 
ejercicio, la equitación ó el ciclismo por 
ej ; para los cuales no valen nada los 
conocimientos teóricos, sin una buena 
práctica. 

Hay pues, toda una educación fisioló- 
gica que sería necesario dar, pero que 
por ahora no se dá á los niños y que no 
puede limitarse á lecciones ex cathedra, 
sino que debe desarrollarse por medio de 
ejercicios. 

Vivir fisiológicamente, mantenerse 
en buena salud, desarrollarse armónica- 
mente, ser fuerte, resistir á las enferme- 
dades y sobre todo evitarlas, todo eso es 
un arte, y el que la posee es superior á 



quienes no la saben y fácilmente mañana 
los vencerá en el terreno social. 

Este arte se aplica también á la vida 
mental y pertenece al médico, como 
puede demostrarse tocando apenas cual- 
quier asunto de un argumento tan vasto. 

La medida de la fuerza moral de un 
individuo es la manera con que reaccio- 
na á las emociones. A cada instante 
nos sentimos asaltados por sentimientos, 
cada uno de los cuales trata de llevar- 
nos fuera de una actividad dentro de la 
moderación y el equilibrio ; de modo 
que la vida es una lucha continua con- 
tra nuestras impulsiones emotivas. 

El instinto sexsual y el de la conser- 
vación, sea bajo formas primitivas ó 
derivadas nos solicitan más ó menos 
fuertemente ; es necesario acostumbrar- 
se á dominarlos, porque nadie es real- 
mente superior sin esta condición. 

La pasión llevada al extremo cons- 
tituye una enfermedad mental. Ningún 
sentimiento deb^ hacer perder el equi- 
librio hasta tal punto á un sujeto nor- 
mal. El peligro que hace correr al indi- 
viduo una violenta pasión es que la hace 
más vulnerable á todas las otras ; v de 
hecho las encontramos generalmente 
asociadas. 

Los enamorados locamente, están á 
la merced de todas las excitaciones pa- 
sionales ; he conocido algunos que eran 
jagadores impulsivos, bebedores incorre- 
gibles, morfinómanos. 

No quiere decir eso que crea que 

debe suprimirse el sentimiento de nues- 
tra vida mental ; este tiene su papel y 

es sólida base de nuestra actividad mo- 
ral. Pero es necesario canalizar el to- 
rrente y dirigirlo hacia los territorios 
que deben ser fecundados, en proporción 
á su utilidad. 

El instinto de conservación desarro- 



La Revista Uruguaya 



liado de un modo vicioso, nos lleva 4 
una vida penosa. El pusilánime y que se 
habitúa á temer al dolor de una manera 
exagerada no es capaz de una existencia 
normal. La mayor parte de las enferm:- 
dades que nos asaltan, se complican con 
representaciones mentales que exageran 
sus síntomas subjetivos. Basta observar 
de un modo inquieto el pulso ó la res- 
piración de un enfermo para que cam- 
bien de ritmo ó se aceleren. 

La tos en las enfermedades crónicas 
del pulmón, puede ser más ó menos in- 
tensa, no porque la irritación sea real- 
mente más ó menos viva, siiió porque el 
paciente piensa en tener un acceso ó no 
se ocupa de su mal. Visitaba yo, no hace 
mucho tiempo á un viejo bronquítico, 
quien estaba convencido que después de 

comer debía tener todas las noches un 
ataque de tos, de una tos penosa, que lo 

quebrantaba y lo dejaba aturdido ; acon- 
sejé que hicieran venir algún amigo de 
noche para jugar y conversar un rato. 
El ataque dramático que el .enfermo ol- 
vidó no reapareció más. 

La imaginación mantenida por el 
terror agrava las enfermedades de ver- 
dad, y aun puede crear dolencias de to- 
da clase. Recientemente, he visto una 
señora joven que desde hacia agunos me- 
ses, no se nutria más que con algunos sor- 
bos de leche ; estaba en condiciones gás- 
tricas y generales deplorable y no podia 
s 3portar, me decían, más que una peque- 
ña cantidad de leche y de agua. 

El examen me convenció que su mal 
era puramente i; síquico, y i)ude asegu- 
rarme de ello, haciéndola ingerir en mi 
presencia una solución, que afirmé, ser 
un poderoso anestésico del estómago y 
que realmente era agua común. Conse- 
guí asi persuadir á la enferma y á su 
liitoiirage, que no tenía nada orgánico y 
que dtlña alimentarse : en poco tiempo 



la enferma volvió á su alimentación co- 
mún y curó radicalmente. 

En este caso aun, la culpa era de su 
educación. Se había permitido á esta 
joven, siguiese, sin contrariarla, todas 
sus inclinaciones más opuestas á una 
vida armónica y feliz : estuvo á punto 
de morir esclava de sus emociones. 

La mujer, está expuesta á eso que se 
llama ataques de nervios, que los médi- 
cos llaman crisis histéricas, y que no son 
más, que (como - lo ha demostrado Ber- 
nheim) reacciones emotivas violentas 
mantenidas por la imaginación. Cuando 
un incidente doloroso la hiere, ó con solo 
el temor de caer en el ataque, la pacien- 
te entra en una serie de convulsiones, 
que expresan, amplificándolo, un gran 
dolor imaginario. La causa real es la 
mala educación del sujeto, frecuente- 
mente una joven que ha tomado el hábito 
de expresar sus sentimientos de esa ma- 
nera desordenada. 

p]n estos últimos tiempos se ha abu- 
sado de la noción de la herencia y de la, 
semi-fatalidad de la organización prime- 
ra; pero el temperamento heredado puede 
ser modificado ; más aun el temperamen- 
to moral que el físico, porque las funcio- 
nes intelectuales son las menos estables 
de todas. La enfermedad y el vicio son 
igualmente- producto de una educación 
perniciosa. Malos hábitos de raciocinar 
conducen á i)erturbaciones nlentales. 
Hay individuos (lue á íúerza de discutir 
se forman un es})íritu falso y paradoja! 
que constituye una verdadera enfer- 
medad. 

Es necesario empezar temprano á 
formar hábitos emotivos útiles, y la lite- 
ratura puede tener en ésto su buena ó 
mala hiíiuencia. 

Cuando el mal está hecho, la tarea 



La Revista Uruguaya 



r> 



educativa es mucho más difícil, pero 
siempre posible. 

Para el público como para algunos 
médicos, la locura, es un estado de enfer- 
medad, que no se puede prevenir ni 
curar. Este dogma sin apelación, es fal- 
so. Muchas enfermedades mentales son 
el resultado de una higiene mental dis- 
paratada. No son sino malos hábitos de 
pensar, que pueden evitarse cuando el 
niño se forma y que pueden modificarse 
aun más tarde. 

He tenido noticias de un hombre que 
estaba en el asilo de Santa Ana (manico- 
mio) cuando yo era primer ayudante de 

^ la clínica. Lo he ayud¿ido en sus esfuer- 
zos por recobrar su lucidez : ocupa hoy 
en Alemania, un puesto de ingeniero 
químico y me recuerda de vez en cuando 

^la influencia que tuvo sobre él una afir- 
mación que repito á menudo á mis en- 
fermos : « Eastar querer para curarse.» 



* 



Todo esto no es más que un esbozo de 
la importancia que tiene la educación 
del individuo tanto bajo el punto de vis- 
ta fisiológico que en relación á la moral; 
arte de vivir que es más importante á 
conocer que nimiedades en las cuales se 
pierde mucho tiempo. 

Entre el pálido vagabundo entregado 
al mal y el hombre honesto que ocupa 
una posición honrosa, y entre el indivi- 
duo de buena salud y un desgraciado 
valetudinario no hay, á nxenudo, más 
que una diferencia en la educación que 
han recibido. 

El hombre medio, es una planta muy 
dócil. El hábil jardinero, sacará de él 
todas las flores que se haya imaginado, 
si concurre con toda la aplicación y la 
inteligencia necesaria. 

Traducción de M. F. 



SARAHTIAS INDIVIDUALES 



La prensa de la Capital y de algunos 
Departamentos de campaña, sin distin- 
ción de colores ])olíticos, denuncia qué 
ciudadanos nacionalistas, han sido obli- 
gados por acto de fuerza, por Jefes de 
cuerpos de línea, al servicio de las 
girmas y antes de firmar contratas ó 
de llevarlos á los cuarteles con ese 
inhumano fin, han sido torturados. Ta 
les actos, son delitos, que en manera 
alguna, deben quedar impunes, desde 
que las leyes señalan las penas en que 
incurren sus infractores hay que apli- 
cárselas de inmediato sin tener en cuen- 
ta la gerarquía militar de los delin- 

cuentes.-- 

^, -,- , 




Y es una 
ridiculez 
irritante 
hacer ún- 
eos res- 
ponsable s 
de tales 
crímenes, 
á los ofi- 
ciales su- 
balternos 
que salen 
con <^peh- 
td n^ de 
gente de 
línea á 
efectuar, 
la titula- 
da « raza 
t/el h om- 
ine,'» por mandato expreso y terminante 
del Jefe del cuerpo, és á estos superiores, 
levantado el sumario y i)robado el he- 
cho, á quien por honor de la ley y de la 
misma institución militar que represen- 
tan nunca engendrada ante nuestra Icr 
gislación para prohijar lo arbitrario y 
sí para sustentar únicamente las histitu- 
ciones, á quienes hay que mandar inelu- 
diblemente á la Penitenciaria, si es que se 
tiene la entereza de ser justo y no solo á 
los inferiores, que si tienen j)ena, es en 
grado más mínimo que el que comanda 
el nierpn de linea. — La acción de la 
ley, es más eficaz, cuando se hi\ce sen- 
tir, en su caso, tanto al grande como 
al i)equeño y cuando se castiga la falta 
del humilde emi>leado y se silencia la 



Dr. Carlos María Morales 

Vocal ilel Comité Rccoluciomiro 
ti 97 



' ■i-'í '-ií^i^:-? ■', 



La Revista Uruguaya 



del potentado hay depresión moral en 
los encargados de distribuir justicia. — 
Es ya tiempo que los derechos indivi- 
duales sean una verdad para todos los 
habitantes de la república, sea cual fue- 
re su condición, patria ó credo político y 
apesar de lo mucho, que el Sr. BatUe 
disertó con su natural vehemencia de 
periodista de oposición en la llanura, 
todavía, estamos hoy como ayer en este 
tópico tan trascendental para el país. — ' 
Lo ocurrido con los ciudadanos de Ta- 
cuarembó paseados atados por todo ese 
Departamento hasta llegar al regimiento 
que está de guarnición en Meló, es un 
delito que reclama castigo y la inmediata 
suspensión del Jefe de ese Cuerpo que 
por decoro de las instituciones, por cu- 
yo ejercicio tanto clamó el Sr. Batlle, 
cuándo en la guerra se le ofrecía la 
paz, no puede continuar mandándolo 
hasta que el sumario establezca todo el 
grado de su culpabilidad ó inocencia y 
la opinión pública, delata siemjjre en 
estos casos al Jefe, como el presunto reo 
de estos delitos y es también esta la 
presunción legal que brota de los he- 
chos delatados, pues, no salen « comisio- 
nes » de los cuíirteles á tan dilatadas 
zonas de la República, ni á una vara de 
su cuartel sin orden terminante de su 
Jefe. — Y los nacionalistas no son * pa- 
rias^ en su Patria^ tienen para con la 
Nación los mismos derechos y obligacio- 
nes del Sr. Batlle, pues así como las di- 
versas preeminencias de los Estados en- 
tre sí en el orden Internacional no alte 
ran en nada su igualdad, así también en 
una república ser Presidente ó simple 
ciudadano no aporta privilegio ante la 
ley que á todos ampara y debe hacer 
sentir su espada cuando se infringe, en 
identidad siempre de circunstancias. Y 
el Sr. Batlle, tiene la obligación termi- 
nante de no permitir un solo instante 
que los Jefes que tienen comando de fuer- 
zas, cometan tales actos, su separación 
se impone rápida.— Los artículos 180 y 
Vj'2 de la Constitución acreditan la exac- 
titud de todo lo que afirmamos en estas 
lineas y el C. Militar es clarísimo al 
respecto, determina las penas de esos 
delitos y el articulo primero, particula- 
riza la misión, confiada al agente del go- 
bierno, en el orden militar, « el (jércifo 
de línea, está obligado á sostener ¡a 
(Jonstitucián y las leyes » y el ,](¿\'(i que 



las viola, atentando contra los derechos 
individuales no puede tener mando, ni 
grado en el Ejército y sí habitación pro- 
longada en la Penitenciaría ante el mi- 
nisterio de nuestra legislación, proceda 
en consecuencia Sr. Batlle, pues nadie 
entra ni sale de un cuartel sin orden ter- 
minante de su jefe. 

La Redacción. 



MSil 






15^1 



><^^-» 



LA LEY DEL DIVORCIO 



Al tratar el tema que motiva este ar- 
tículo, muy lejos estamos de hacerlo, ni 
con el criterio religioso ni con el filosó- 
fico de las diversas escuelas que en el 
mundo campean al respecto y que son 
antagónicas entre sí, ni menos, tampoco 
ante la faz Constitucional. Lo primero 
sería obra de teólogos consumados ó de 
sabios expertos, aparte de que ni lo uno 
ni lo otro no forman en manera alguna 
tójjico del programa que he leído de esa* 
Revista y lo segundo corresponde solo á 
los que son políticos versados en el ramo 
dificilísimo de la ciencia Constitucional, 
es ante el sentido común, de la razón en 
sí y el derecho natural base obligada de 
toda legislación positiva qno disertare- 
mos, independientemente de todo lo apun- 
tado. 

Se ha presentado á la Cámara de Re- 
presentantes un proyecto de ley que au- 
toriza el divorcio, no como separación de 
los cónyuges que no puedan ó no deban 
vivir juntos, pues esa solución ha sido 
siempre aceptada, sino en el concepto de 
que produzca la ruptura del vínculo á fin 
de que los divorciados puedan contraer 
otro ó más matrimonios sucesivos, si se 
reprodujesen las mismas ú otras causas 
que hubieren motivado el divorcio an- 
terior. 

Los fundamentos para pedir el divor- 
cio serían : adulterio de la mujer, del ma- 
rido en determinadas circunstancias, ten- 
tativa de homicidio, actos de violencia, 
injurias graves y frecuentes, malos trata- 
mientos del marido aunque no revistiesen 
gravedad, pero bastantes para hacer in- 
tolerable la vida común, á juicio del Ma- t 
gistrado, quien debería tener en cuenta 
la educación y condición del cónyuge 
a.Q;raviado. i 



La Revista Uruguaya 



Aparte de las perturbaciones de diverso 
orden que produciría la consumación de 
esa reforma, militan otras gravísimas ra- 
zones de orden social que aconsejan el 
rechazo de ese proyecto de ley. 

Para acometer reformas de tanta tras- 
cendencia, que hieren en el mismo cora- 
zón á instituciones que sirven de base á 
la sociedad civil, para proyectar solucio- 
nes que romperían los moldes que han 
servido durante veintena de siglos para 
constituir la sociedad doméstica, para 
pretender remediar algún conflicto indi- 
vidual con soluciones radicales que afec- 
tan á la generalidad de las personas, no 
basta la opinión sincera de un hombre, 
ni de muchos hombres, se necesita que 
el país, que vá á soportar las consecuen- 
cias de esa misma reforma, la pida, la 
aclame, la imponga, que el espíritu pú- 
blico se vincule á ella como á una fórmula 
salvadora, que tenga fe en sus resulta- 
dos benéficos que crea y proclame que 
así se curarán hondas heridas y que no se 
abrirán otras que laceren en sus mismas 
entrañas la organización tradicional y 
prestigiosa del hogar estable durante 
tantos siglos! 

¿ Ha pedido el país esa reforma? ¿Quie- 
re él destruir la indisolubilidad del ma- 
trimonio, quiere que por causas graves ó 
fútiles pretextos, que por situaciones ex- 
poñtáneamente producidas ó buscadas 
intencionalmente, se ponga en peligro la 
estabilidad, el orden y el prestigio del. 
único organismo que ha resistido los em- 
bates de la pasión y del egoísmo, quiere 
que el hogar doméstico que levanta por 
arriba de las miserias y contrariedades 
de la vida, el amor de los esposos entre 
sí y de é^tos con los hijos y con los hijos 
de los hijos, se disloque y despedace y se 
reparta el haber común de la propia san- 
gre y del amor también comiin como se 
reparten lotes de tierra ó montones 
de oro? 

No lo creemos, la inmensa masa de 
ciudadanos que ve algo más que un sim- 
ple contrato en el vínculo matrimonial, 
el j)aís todo, ^^uede decirse, no pide, no 
quiere, sino que fulmina esa reforma per- 
turbadora. 

Habrá algunos que crean encontrar en 
ella remedio á males que no tienen solu- 
ción, a determinadas situaciones doloro- 
sas y crueles ; perdí eso no autorizaría 
nunca la sanción de un proyecto de ley 



que, en el sentir común, derrumbaría una 
institución secular y benéfica. 

No hay ley, no existe organización en 
el orden social, no se puede realizar nin- 
gún ideal colectivo, sin que se hieran, en 
algún caso, intereses individuales, sin que 
se produzcan conflictos aislados; pero el 
interés público, el interés nacional, el 
prestigio de las instituciones, tiene que 
prevalecer sacrificando aquellos intere- 
ses individuales, prescindiendo de aque- 
llos conflictos aislados. 

Y el mantenimiento de la actual se 
impone tanto más, cuanto para atender á 
situaciones individuales, que no se solu- 
cionarían satisfactoriamente, en la gene- 
ralidad de los casos, se tendría que modi- 
ficar, fundamentalmente, toda nuestra 
legislación civil. 

Las disposiciones relativas á la orga- 
nización de la familia, á la patria potes- . 
tad, á la sociedad legal, á la distribución 
de los hijos, por la separación de los cón- 
yuges, á la liquidapión y partición de los 
bienes, en este último caso, tendrían que 
ser sustituidas por otras, y la obra de 
nuestros codificadores, considerada, con 
justicia, como un modelo de cordura y de 
ciencia, tendría que cambiarse por otra 
que carecería de ese prestigio, que Mace- 
ría con la resistencia del país y que nos 
condviciría á situaciones que no es jjosi- 
ble prever, sin que justísimos temores 
nos asalten y sin que se vislumbre un 
porvenir de desórdenes legado á nuestros 
hijos como fruto de una ley inconsulta y 
funesta. 

Diremos con Passinelli si una ley co- 
locase en el umbral del matrimonio y en 
su seno la idea del divorcio, envenenaría 
la santidad de las bodas y deformaría su 
honestidad, porque aquella idea se troca- 
ría dentro de los muros del hogar en una 
sospecha am^arga y perenne de posible 
abandono. I 

No entra en nuestro propósito exami- 
nar en detalle el jjroyecto de ley de divor- 
cio, nos basta con señalar al buen senti- 
do público los trastornos y males que 
traería si fuese sancionado. 

Recordemos, entre tanto, que el Pre- 
sidente de Estados Unidos del Norte ha 
recibido un mensaje de su público lla- 
mándole seriamente la atención sobre la 
multitud de divorcios que amenazan de?-- 
trozar en su base la sociedad en aquel 
país, donde el pueblo es protestante y 



La Revista Uruguaya 



donde el libre criterio de escuelas anta- 
gónicos tienen vasto campo á sus con- 
troversias é incitando ese mandatario 
en siis alocuciones á derogar la actual 
ley de divorcio que hoy se proyecta 
incorporar á nuestra legislación, el cuál 
no pasará, porque la razón y el país 
no lo quieren por ser atentatorio con- 
tra el amor y la sociabilidad humana, 
que hoy no tiene por ideal el sensual de 
la Roma de los doce Césares que asom- 
bró al mundo con sus hábitos y costum- 
bres por haber convertido en «cosa», 
exenta de derechos y obligaciones, que se 
adquiría como un « mueble » cualquiera 
la mujer, y haber perdido la noción mo- 
ral del amor que conduce ante la lógica 
severa aL matrimonio indisoluble. 

(1) Slave. 



(1) Seudónimo de un publicista, compatriota 
radicado en el extrantjero. 



|a calda de Aparicio 
Abatimiento del ejército 



Jamás he visto en mi vida, ni espe- 
ro ver en lo sucesivo una demostración 
de duelo tan sincera y patética como la 
que llevaba á cabo con la expontaneidad 
de los actos reflejos el Ejército Nacional, 
el día 2 de Septiembre, des])ués de aque- 
lla luctuosa jornada de Masoller, que 
terminó con la caída del más popular 
de los caudillos, y que fué para nosotros 
el punto inicial de toda la serie de acon- 
tecimientos infaustos que vinieron á pro- 
ducir naturalmente la paz de Octubre. 

Dos días antes el general había reco- 
rrido las divisiones, comunicando á todos 
confianza en el éxito de la campaña, 
conversando con esa familiaridad encan- 
tadora de quien no deja traslucir que 
mide sus palabras y que lo hacía el 
más diplomático de los hombres de ac- 
ción. 

Hablaba á cada cual su lenguaje, pues 
conocía al golpe de vista á su interlocu- 
tor, y dejaba como al descuido, al diri- 



girse á nosotros, un peco de sal criolla 
en sus palabras. 

Con su intuición asombrosa, com- 
prendía que aquello nos agradaba á los 
puebleros. 

Y después reía, reía con aquella risa 
sonora y franca que aún repercute en 
los oídos de todos nosotros... 

Aquel día había llegado él mismo á 
darnos personalmente la orden de hacer 
alto y sacar los frenos. 

— Dentro de un rato les daré descanso 
á los muchachos, dijo dirigiéndose á 
nuestro jefe el valiente coronel Guiller- 
mo Gar- 
cía, pero 
en reali- 
dad para 
que le o- 
y éramos 
nosotros. 
Vamos á 
camp a r 
cerquita, 
prosiguió 
le reco- 
miendo 
m u c h o 
que m e 
los trate 
muy bien, 
porque 

pronto va á ser la penca y los voy á ne- 
cesitar. 

— Siendo penca sé quien la ganará, 
dijo por lo bajo y con picarezca entona- 
ción pedante uno de mis compañeros. 

El general siguió hablándonos direc- 
tamente á nosotros, exhortándonos á ser 
perseverantes é inculcándonos confianza 
en la pronta terminación de aquella 
odisea. 

Cuando concluyó, un ¡ viva el gene- 
ral Saravia ! resonó en las filas de nues- 
tra división, de aquella división de brio- 
so empuje en Tupambaé, cuyo renom- 
bre liacía que dijéramos con orgullo: 




COMANDANTE 

MANUEL D. rodríguez 

Ayudante ile Lamas ¡j herido en 
Tres. A rucies el 97 



Sov de la b-J! 



La Revista Uruguaya 



9 



El general se alejó, porque entre sus 
coqueterías de caudillo tenía la de huir 
de toda manifestación, y bien pronto se 
perdió de vista. 

Al rato campamos, y después de lle- 
nadas las tareas de fogón, en tanto que 
circulaba el amargo, hacíamos comen- 
tarios variados sobre la visita del ge- 
neral. 

En el ejército, aislados del torbellino 
de noticias que llega á nosotros en la vi- 
da normal, los menores incidentes dan 
tema para largas conversaciones. 

Al día siguiente, en el primer alto, el 
Doctor Arturo Berro pidió permiso para 
llegar á lo de Masoller, donde tenía que 
efectuar algunas compras. Iba montado 
en una petiza y al lado de él mi excelen- 
te amigo Daniel Collazo. 

Ya habían dejado atrás á nuestra van- 
guardia, cuando se encontraron con el 
general, acompañado de un ayudante. 

Que andan haciendo, muchachos, les 
dijo aquél en tono entre autoritario y ca- 
riñoso. Va muy mal montao, doctor, pa- 
ra andar de bombero. Y en medio de car- 
cajadas, siguió haciendo el blanco de sus 
pullas al jefe de nuestra sanidad por su 
mala cabalgadura, evitando de esta ma- 
nera los reproches á que podría dar lu- 
gar su propia temeridad que tan pronto 
debía llevarnos al desastre. 

' Lo que sucedió después es del domi- 
nio de todos : herido el general Saravia 
no se encontró otro con quien reempla- 
zarlo y hubo que desistir de terminar un 
combate después de haber sentido en él 
las primeras caricias de la Victoria. 

¡ Qué triste estaba al otro día nuestro 
ejército ! Imaginad una multitud de quin- 
ce mil hombres marchando lentamente, 



todos silenciosos y cabizbajos, sin mani- 
festar voluntad alguna, como impelidos 
por algo fatal, sin más noción que la de 
una gran desgracia irremediable, sumer- 
gidos todos en la reflexión vaga, casi 
idiótica, que producen las magnas des- 
venturas, y solo así tendréis idea de 
aquel inmenso duelo de un ejército poco 
antes animoso y viril. 

¡ Cuántas veces sorprendí á soldados 
veteranos, de faz tostada por la intempe- 
rie de muchas campañas, arrancando una 
lágrima que pugnaba por saltar de sus 
párpados, con ese brusco ademán que tie- 
ne toda la elocuencia de una maldición 
á la propia virilidad, que no tolera que se 

derrame llanto en los momentos de prue- 
ba! 

Y es que Aparicio era la encarnación 
de los ideales de nuestro partido: el úni- 
co jefe supremo de nuestra colectividad 
cuyo prestigio no decayó un momento, y 
es esta la razón por que fué irrempla- 
zable. 

En efecto: todos nuestros caudillos 
han sido discutidos; en la carne de to- 
dos ha mordido la censura; pero cuan- 
do la diatriba quiso herir al gran Apa- 
ricio, la punta de su dardo se embotó 
en el acero bien templado de una repu- 
tación por todos reconocida como justa 
y aclamada tal por la mitad del país. 

Si depués de Masoller hubiera surgi- 
do un Oribe que al arrancarse las cha- 
rreteras nos hubiera excitado á vengar 
aquella gran pérdida, ese hombre, al lle- 
varnos á un choque desesperado, se hu- 
biera consagrado la primera reputación 
histórica y militar de nuestro país. 

Pero Aparicio era único, y por eso tai- 
ves el destino no quiso que á la caída de 
él surgiera otro gran jefe. 

F. Arboleya y Arboleya. 




10 



La Revista Uruguaya 




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Expresamente para 

La Revista Uruguaya. 



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üu ái^fnn'caá ^ ¿riáie^a.. . . <J)e ¿<xá leiná 

L.ae/1 éátizaá luíaaá... %^ai<i <i/ pat 

xjr/uaenao. €n/ie Ánm<i o-iiá </e f^néxe ¿aá nieataá 

cX~<i eácuán rnedia tiiz. &/ <i//?ia- eá¿á 

íy<i/^na <iix<xCCa<ia cíen¿ta <ie á¿ miáma, 

(Dema/atv^a en á-u atopca nác^uriciacl / 

JJ <iáp¿ici enéte etf áitencio. ¿ic /ciá caáaá 

cl^<iá pteá<ia¿oá ¿n ciet/aá <ieí <zz(Zt. . . 

(Qiíunpa el uienéa áonanle ^ (hn t<i neatuxa 

y^uteniea et xe¿<í[mpa^o ^uaaz : 

cX.aá t<icn<iá tí¿<xlen¿íó¿maA <ZíX-n/an 

\.iia¿^ úemilceto. ue <i¿<iá,, a.c cxu^at, 

Ón Á¿ío¿en¿e eápcta/, ¿aá ncúa-A AecaA 

<J.^ec Ú€c¿/n<x oexd,m pxi/nuaexaí. ' ■* 

JJ ec <iíma áe en¿t¿A¿ece can el </ía 

2J A¿en¿e anúuA¿/a u ualo^toAa o-pún... 

¿ K^Cix €A etCa ec ainoJ cuucí p<xmpa <2^<xA/a 
¿tn oJañn iaaiáiale Ain pieduu, 

JJ ¿a izeia. ueAniída. n /n<ic¿Cen¿a 

(Qxaá peten ne u /ieCa<io, ¿empxxxac.^ 

--fJP/AÍ et a/tí/i eamún .- au- naA <iq.¿¿(7ic}{ 




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ou.' naA a.Qin7nUcin 
Q)¿ icanéo., /aA ¿rÍA¿e<s,aA. .J%^/rt 
cX.UA ¿ItiAianeA ácc¿/77aA ae¿ <i¿n 
L.<xn /a Áo/ataAca ¿iÍA¿e.... 

(t>¿ Ama can 
(Uue /<tA <iitc7A/r o /'iin/oA, no A i'mpeie, 
(oitiéancia ú /a nac/ic Aepa/cia/. 




La Revista Uruguaya 



11 



Descarríos Populares 



El «pueblo soberano» tiene la pre- 
sunción de estar siempre en lo cierto, 
deplorable extravío que más de una 
vez le ha costado caro y no tanto como 
debiera, pues ni el garrote ni la muni- 
ción, son monedas bastante compensa- 
torias para que pague con ella los males 
que acarrea cuando llevado de sus velei- 
dades de infalibilidad, atropella por todo 
vindicando la razón que dice tener. 

No voy á ocuparme en lo que por esos 
mundos sucede á cada rato pues no pasa 
día sin que en tal ó cual parte muelají al 
buen pueblo sus respeta- 
bles azaduras — nulla dies 
sine Ugnus— por interme- 
dio de la fuerza pública, 
que, como se sabe por 
acardelanada experiencia, 
es el modo de evangelizar 
en nuestros tiempos en que 
todo marcha de prisa, y 
sandez sin ejemplo sería 
pretender, que cada gobier- 
no levante un pulpito para 
hacer valer sus razones; 
en ésto, dejémosnos de de- 
clamaciones trasnochadas, 
la lefia, es el sucedánc o de 
la electricidad. 

Volviendo á lo de la infalibilidad popu- 
lar no tenemos que poner el charco de 
por medio para contemplarla ; aqui no 
más, entre nosotros tenemos un ejemplo ; 
me refiero á la creación de no sé cuantos 
regimientos y batallonus con que nues- 
tro gobierno se empeña en dotarnos, con 
una previsión insuperable que debiéra- 
mos agradecer con el mismo empeño con 
que se le critica por quienes no ven las 
cosas más allá de sus narices. 

Pero es inútil, lo tenemos en la san- 
gre; no nos concebimos sino vociferando 
por todo y contra todo; singular idio- 
sincracia que nos hace ver á nuestros 




Coronel Cicerón Marín 

Jefe de la 8a, Dioisión Revolucionaria 
el 97 



hombres de gobierno mas ilustres como 
poseídos por el demonio — sceleratissimus 
homo — ocupados en proporcionarnos to- 
dos los males que es capaz de inspirar- 
les el maligno espíritu que preside sus 
actos; el horizonte de la República, se 
nos antoja eternamente encapotado y no 
encontramos que alguna vez tenga térmi- 
no la azarosa peregrinación que em- 
prendimos al nacer á la vida nacional, 
en busca de un destello que nos guíe en 
la lobreguez apocalíptica en que mar- 
chamos, renovando sin cesar la perdurar 
ble y emocionante tragedia, á la que hay 
que sacriíicar para que no termine, ge- 
neración tras generación 
de orientales... 

Pero, cepos quedos, en 
ésto de la amarga filosofía 
de nuestro sino. — Volva- 
mos una vez más á lo del 
ejército porque es siempre 
cómico, que al beneficiado 
se le antoje perjudicial el 
beneficio. 

La «vieja Europa» de 
donde nos viene toda la 
civilización de que tan 
atinado empleo hacemos, 
echa el resto y otro tanto 
más para mantener innu- 
merables ejércitos y po- 
derosas escuadras; regiones hay donde 
el hambre y la miseria, son el natural 
producto de los tributos que se exigen 
para sostener aquellas instituciones y 
las potencias llamadas militares— huel- 
ga decirlo — tiene mas cuerpos de ejér- 
cito, que nosotros batallones, sin embar- 
go, salvo uno que otro extraviado so- 
cialista, nadie chista. 

Bastaría esta consideración para 
confundir y tapar á cal y canto la boca 
Me los eternos criticones de todo lo que 
es criollo. 

Por mi parte, confieso que se me po- 
nen los pelos de punta cuando los arai- 



12 



La Revista Uruguaya 



g'os de frases hechas, exclaman entre 
doii'máticos v convencidos — « De esas 
bayonetas? por Dios vivo, ni nna más.!; 
— son elhis símbolo de barbarie, faiitoras 
de nuestros oprobios y baldones, solo á 
espíritus afectados por la demencia de 
las pasiones, puede antqjárseles que lle- 
van en sus puntas las bendiciones de la 
paz ! » — 

«Gracias á ellas, exclaman otros im- 
presionados por lecturas romántico -le- 
gendarias — estamos destinados los orien- 
tales como el héroe de Macpherson á llo- 
rar sobre las tumbas de los últimos de 
nuestra raza»... 

Tristes reflexiones sugieren éstas 
mas tristes indigestiones. — Alguien ha 
dicho, con una profundidad de mar afue- 
ra, que más le place considerar á Pizarro 
descabezando indios que cebando puer- 
cos, intenso pensamiento que parafraseo 
diciendo que no es que me guste, sino 
que respeto el misterioso destino de 
nuestro pueblo y más me place verle 
entregado al noble ejercicio de las ar- 
mas, que picaneando bueyes sobre, el 
surco. 

Felizmente para él, sus hombres de go- 
bierno se han penetrado de esa finalidad 
de raza y á despecho de los que gritan 
contra el ejército y su inutilidad nefanda, 
se ciernen aquellos en las regiones tran- 
quilas de la clarovidencia á donde no lle- 
gan los aullidos de los inferiores, de los 
desviados, de los ciegos de cueri)o y de 
alma. 

Beatos los que gritan i)orque al fin 
callarán á puro roncos; hablan porque 
fué Dios servido ponerles boca, ])ero así 
como los dotó del verbo, les ahorró de 
entendederas; — periodistas - empíricos, 
destinados por vicio i)roi)io á ser oposi- 



cionistas, que desconocen la humana his- 
toria, guian por extraviados senderos él 
criterio público. — ¿ Ignoran acaso que 
Alejandro, César y Napoleón hubiesen 
sido lo que fueron sino hubiesen hecho 
destripar la humanidad de su tiempo? 
¿Y qué emplearon para atraerse el reco- 
nocimiento de la posterioridad y la con- 
sagración de la gloria ? 

Pues señor, los ejércitos y nada más 
que los ejércitos. — Seguramente, no lo 
ignoran y si es así ¿porqué tratan de 
matar la saludable emulación del Sr. 
líatlle, predicando incendios contra el 
aumento del ejército? ¿No vislumbras 
acaso que el ejército implica la destri- 
j)ada propincua y la propincua gloría de 
quien lo rija? ¿ Desean acaso que el Sr. 
liatlle se limite á figurar en las efeméri- 
des con dos citas de calendario (lo que no 
sucederá seguramente) la.de su naci- 
miento y la de su deceso? ¿O son tan 
malos hijos de su patria que pretenden 
agarrochar designios que no perciben 
y obras que no aprecian de hombres que 
no comprenden ? 

Desgraciados! infelices!! Gmtyaioi 
anime praveVA — Seguid en vuestra obra 
l)erturbadora y habréis de balbucear tar- * 
dios perdones, cuando el numen de nues- 
tras glorias con voz enronquecida por 
olímpica cólera os demande estrecha 
cuenta de lo que entendisteis por patrio- 
tismo cuando en horas de ceguera desa- 
tentada renegasteis de su credo herrando 
en vuestra deinencici contra el aumento 
del ejército, á cuya lealtad está confiada 
el « arca santa de las gloriosas tradi- 
ciones», que desde hace una decenilla 
de lustros, vienen labrando la felicidad 
de esta t)arte de América 

Baldomero Clavi.jo. 



— ^^«^^^^C] 



La Revista Uruguaya 



13 



(i) I 






Por la Redención Política!... 



(Continuación) 

Véase Núm. 2. 

Días, después, se presentó el coronel 
F. Jara con 20 y tantos hombres á quie- 
nes se les proporcionó algunos recursos; 
como se suponía la División ya incor- 
porada ó por el Rio Negro, acordamos 
que él, reuniese algunas partidas que es- 
taban por Yerbales y Vz- rx'^ 
rado resolviendo seguir Ja- > -'é. 
ra, al Rincón de Ramírez 
para reunirías, pero, en 
esa circunstancia recibió 
aviso de Borche que habia 
retrocedido é hicieron con- 
junción por Arroyo Malo.— 
Las causas que se dieron 
I)ara no incorporarse al ge- 
neral Saravia era la de ha- 
berse éste internado v falta 

de caballadas, conservan- ISMAEL VELAZQUEZ 
dose por Centurión, Meló y comisionado del Comité 

. j. T-i • Revolucionario el 97 

otros puntos. — En esas cir- 
cunstancias, hubo la pelea de Arbolíto y 
enseguida de ella, el 20, vino aquí, el 
mayor Derquin, como con cien hombres 
perfectamente armados, manifestándo- 
nos, que venía con el propósito de que- 
dar de guarnición y disgustado por todo 
lo ocurrido. — Al darme cuenta por él y 
todos los oficiales que lo acompañaban, 

de como se había separado del Ejército Lorenzo, era todo como 160 hombres, 
el día de la pelea, le hice ver lo imposi- ^^^ j^ ^^^ ge ¿e^^a guarnecer la frontera 
ble que era su estadía aquí, pues el ge- ^^a vez que desapareciese la amenaza 
. de las fuerzas del general Muniz, que es- 

(l) En las exposirionea ó narraciones de civiles ó taba CCrCa de MclO V laS qUC habían CU 
militaren, uíjuellos p(ujuehisirnos é msiij nijt,cantea ae. " * 

tulles, que no entren en el plan de esta Hemstapubli- ^33, que entraban haSta Cl RíUCÓn dC 
curios ¡jor razones <ie o¡iortuniilad, etc. etc. .. eran tn- t. 

tea ros con sus notas y comentarios respectivos en nuef- "Drn-»TÍT>r>'7 

ira -Historia del 97". tUUUULÁ. 
\ 




neral Saravia, debía conceptuarlo de- 
sertor: además se hizo público que él 
se había dirigido al Gobierno desde Ya- 
guarón. — Le aconsejé que se dirijiera al 
general Aparicio ó coronel Lamas, que 
yo también lo haría para explicar su 
conducta, en lo que insistí, pidiéndole en 
vista de su no conformidad que se reti- 
rase de la Guarnición has- 
ta tanto vo daba cuenta, 
como lo hice por telegra- 
ma al Comité, de donde 
vino un telegrama para 
él, pidiéndole se incorpo- 
rase, ese telegrama me 
dijo el Dr. Terra se lo ha- 
bia enviado. Nada dio re- 
sultado, pues, se conservó 
por la frontera y pasó 
después para el Brasil en- 
tregando su gente al co- 
mandante Alonso según se 
dijo. 

Entre tanto, se había organizado aquí, 
una guarnición de 50 á 60 hombres de 
infantería con armamento variado, pero 
bueno, Comblein, Remington y 3Iaulin- 
cher: también se había organizado un 
escuadrón de caballería al mando del ha- 
cendado capitán J. Perdomo y tres pi- 
quetes más á órdenes de Rolín, Alonso y 



14 



La Revista Uruguaya 



Vino enseguida la persecución del 
general 8aravia al general Muniz y la 
vuelta para Meló del Dr. Terra, y coro- 
nel Nuñcz. El Dr. Terra antes de llegar á 
Meló mandó aquí al 8r. A. Paseyro con 
una escolta á hacerme saber su carácter 
de Delegado del Comité ; cuyo nom- 
bramiento é instrucciones me enseño el 
Sr, Paseyro y para que yo bajase á ]Melo, 
lo que no efectué por mi mal estado de 
salud V otros inconvenientes como ma- 
nifesté á mi amigo Paseyro con inten- 
ción de ir después. 

Yo había resuelto ir á Rio Grande y 
hasta Porto Alegre si era preciso, pues 
tenía orden del Comité de obtener toda 
la munición posible. En esto estaba, 
cuando supe que el Dr. Terra, y Nuñez se 
retiraban de Meló en dirección á ésta, 
por la aproximación de Arribio.— Esa no- 
ticia me contrarió tanto que enseguida 
hice chasque al Dr. Terra haciéndole 
ver lo inconveniente de la marcha hacia 
Artigas, por ser éste, un rincón sin salida 
una vez que viniese un ejército fuerte 
siguiéndolos. A los dos días vino el Dr. 
Terra con su escolta y me dijo, que el co- 



ronel Nuñez quedaba en Corral de Pje- 
dra y que de allí no se adelantaría. Ape- 
sar de eso le reiteré lo anterior é hice 
ver que aquí, no podría resistirse si ve- 
nía Arribio y que nó había salida á no 
ser para emigrar. El Dr. Terra conven- 
cido indudablemente de que así era, hizo 
chasque en el acto á Nuñez observán- 
dole cuanto le dije y Nuñez parece pro- 
metió no continuar. El 14 de Abril en- 
tonces resolví mi viaje al Brasil: á las 
diez y media pasé á Yaguarón para 
aprontarme y tomar el vapor á las 12; á 
esa hora efectivamente me embarqué y 
estaba allí, el Dr. Terra, que había re- 
suelto, también, seguir y entonces me 
dijo, que el coronel Nuñez había llegado 
á Artigas con su escolta, que había con- 
ferenciado con él y acordado no pasar 
del Corral de Piedra y que Nuñez regre- 
saba enseguida á su campo, — lo que no 
hizo ; pues al día siguiente de nuestra 
salida al llegar á Pelotas ya supimos que 
la división seguía su marcha hacía Ar- 
tigas, dando el Sr. Paseyro otras noticias 



desagradables. 



(Continuará. 



(1) 



AKiiación de la 3i). UlviÉii MoIiiHiiiiiii'íji (n la CiíaiiiaM iltl 97, 

Narrada por isu Jefe Coronel 



be:f=iimafrdo c3. 



EFRFRO 



(Continuación) 

Véase Núm. 2. 

En esa acción se distinguieron por su 

valor y serenidad en la ¡jelca el capitán 

(1) En los números sucesieo." irán las nurrfiaio- 

nes (la loa Ji'J'cs Rccolucionarit'^ ¡«jhrc- ¿n guerra iltU 
07, José F. González, liasUio ¡j Sert/io Muñoz, Veles, 
Aídfin, Gil, Blanco, BnU.fUi, Coflina.s, A li/ni/ta. Gue- 
rrero. I.-irnael Velaz'i'xcz, Navurrecr, Várela Cioinez-, 
E.ijieiliriones Aparicio Saraiúa, Lamas, Montjrell, 
Nqnitez,. asalto ca.rionera "Art.if/as", ej:/>(jsi(:iones de 
Cannareris, Cihils, Gauna, SaaeeUra 1/ Coronel Or//az 
Pam¡>ill6n, etc etc., ^ machas otras civiles ij milita 
res, asi como toda la' dotfuinentfurion política ij militar 
ijue sirccn de base d nuestra "Historia ilcl !)?•• . 

La Hfídaccióii. 



Pedro J. Berro, el distinguido Carlos A. 
Berro, el teniente 2°. Garrido, el mayor 
Floro Sabattel, que salió gravemente he- 
rido, muriendo de resultas. Se portaron 
como buenos el sargento mayor don Ma- 
nuel Urán, los tenientes los. Francisco 
Baudian é Isabelino Barrios, mi ayudan- 
té, que no se separó de mí más que para 
desemj)eñar las comisiones que le orde- 
né, y los alféreses Teodoro Berro. y Juan 



La Revista Uruguaya 



15 



Francisco Ferrer, al primero de los cua- 
les le hirieron tres caballos. Salieron he- 
ridos el capitán Pedro J. Berro, el mayor 
Floro Sabattel, el teniente Cirilo Garri- 
do, el sargento Benjamín Serna y los sol- 
dados Antonio Cañas v Ramón Santurio. 

Pasamos el Tacuarí, v fuimos á cam- 
par del otro lado de Meló, siguiendo des- 
pués hasta Aceguá, donde permanecimos 
varios días sin que nadie nos incomoda- 
ra. El objeto principal era mandar nues- 
tros heridos al hospital de Cuchilla Seca 
y hacernos de algunas municiones. 

De allí mandó el general algunas per- 
senas con licencia y otras en coiiiiüiJ:i, 
pero tuvimos también muchas desercio- 
nes de jefes, oficiales y soldados. ¡ Lásti- 
ma que hubiesen formado con nosotros 
hombres indignos de ostentar nuestra 
divisa y de ser mandados por Aparicio 
Saravia ! ¡ Sí ; lástima grande que for- 
maran con nosotros los desilusionados 
y pusilánimes que entonces se fueron; 
con nosotros, hombres humildes, pero 
orgullosos ciudadanos que habíamos ju- 
rado morir por la patria antes que aban- 
donar la causa santa por que luchába- 
mos ! 

De Aceguá marchó en comisión el co- 
ronel Urtubey : iba, según me dijo el ge- 
neral, á influir con Derquin y Sorches 
para que se incorporaran al ejército, y no 
llevaría más de doce hombres ; pero lo 
cierto es con él se fueron esa noche más 
de treinta hombres, entre ellos algunos 
jefes y oficiales de verdadero mérito, y 
que, culpables ó nó, el ejército perdía con 
ellos un importante concurso. Ese mismo 
día se me desertó el comandante . . 

Después tomamos rumbo al Río Ne- 
gro, y cambiamos dirección hacia Tu- 
pambaé, por cuyas alturas se nos incor- 
poró el coronel Lamas, siguiendo hasta 



las puntas del cerro Largo. El 1 ." de 
Abril alcanzamos á Otazo, y, habiendo 
ido á visitar yo al general bajo una llu- 
via torrencial y estando departiendo con 
él, vino un vecino á avisar que Muniz 
se hallaba cerca, carneando. Inmediata- 
mente se tocó á ensillar; pero los va- 
quéanos eran malos, y nos llevaron á una 
picada por donde rio podía pasar más 
que un hombre de frente. El general 
mandó de vanguardia al coronel Mena, 
valiente jefe y distinguido amigo mío, 
pero á quien no le correspondía esa co- 
misión, porque no era él el jefe de la di- 
visión dol departamento donde se ope- 
raba; y á los jefes de división se nos 
había prometido que haríamos la van- 
guardia en nuestros respectivos departa- 
mentos. Después pagué bien la falta de 
confianza ó el olvido de mi general. 

Perdimos de alcanzar á Muniz ese 
día, porque las descubiertas, fuese quien 
f aere el que las mandó, no se hicieron en 
forma... Habíamos campado á dos le- 
guas de donde estaba Muiiiz campado y 
carneando, y después nos llevaron á una 
picada por la que se necesitaban horas 
para pasar. 

Llegamos tarde al campamento de 
Muniz en las puntas de Leoncho, encon- 
trando reses carneadas y ranchos muy 
bien hechos que nadie había utilizado: 
el enemigo con su gente iba en marcha 
precipitada con rumbo al paso de los 
corrales. El día 2 de Abril lo persegui- 
mos sin descanso hasta los Ceibos ; pero 
el hombre iba á marchas forzadas v se 
nos fué por el j^aso de la Laguna, del 
río Olimar, mientras nosotros vinimos á 
pasar el mismo río á las 11 de la noche 
en el paso real de la villa de Treinta y 
Tres. Seguimos á marchas forzadas has- 
ta Retamosa 



16 



La Revista Uruguaya 



Habíamos pasado el paso del Rey del 
Cebollatí y lo repasamos en una picada 
para el N. Volvimos á repasarlo en el 
paso del Sarandí del mismo río y mar- 
chamos de noche hasta cerca de la man- 
guera Azul, adonde llegó en comisión el 
comandante Juan José Muñoz, quien 
volvió con la noticia de que Vergara se 
nos había ido, ó, más bien dicho, lo ha- 
bíamos dejado ir y que un ejército nu- 
meroso venía en marcha sobre nosotros. 
Esa misma noche retrocedimos, llena el 
alma de desencanto por el mal resulta- 
do de la operación. 

(Continuará.) 



EL PUEBLO mmm y oriital 



En medio de nuestros dolores inter- 
nos, los dos pueblos, que tienen un 
mismo corazón, un mismo pasado y un 
común anhelo, la efectividad de nues- 
tro sistema republicano en la vida na- 
cional, debemos estar contentos y satis- 
fechos de la confraternidad expontánea 
que nos hemos demostrado recíproca- 
mente, argentinos y orientales, con 
motivo de la petición de amnistía al Dr. 
Quintana, es un acto, que satisface 
el espíritu y que honra á ara- 
bos estados. Sea cual fuere el resul- 
tado inmediato el pueblo Oriental, na- 
cionales y extrangeros los habitantes de 
esta república han cum[)lido con un de- 
ber de hidalguía. El delito político que 
la más de las veces tiene por causa el 
exceso de celo por el amor á la Patria, 
en homenage á este mismo santo senti- 
miento en su aplicación algo desviado 
en el mundo, los grandes pensadores, 
ios mas altos demócratas, encuentran 
en su olvido la más eficaz de las sancio- 
nes y en la reconciliación el medio más 
aparente ])ara sepultar exaltaciones ó 
pasiones , contrarias al progreso de un 
Estado. Nosotros creemos que la juven- 



tud Uruguaya debe seguir adelante con 
ley de Amnistía y sin ella, su ideal se 
hará carne constituyendo como dijimos 
en nuestro inicial número del primero 
de Mayo y del 15, el Comité Permanente 
Pro Conciliación Argentina compuesto 

de Orientales jóvenes, y de todas las 
entidades de edad madura, vinculadas 
á Buenos - Aires y que no cese de fun- 
cionar hasta que haya realizado la re- 
conciliación de los partidos argentinos, 
que será con ley de amnistía y sin ella, 
lo que salve á esa república de los ma- 
les que le amenazan en su oj'den inter- 
no por la tirantez de las relaciones de 
los partidos entre sí. Adelante juventud 
Uruguaya, no desmayar, que en vues- 
tras manos estuvo siempre en el pues- 
to mas avanzado la salvación de los 
pueblos, el éxito mas halagüeño coro- 
nará con el continuo esfuerzo y debi- 
do tiempo esa obra magna de la re- 
conciliación de los paitidos argentinos. 
— Continuaremos. 



* 
* * 



Agradecemos de corazón á El Nacio- 
nal de Gualeguaychú el editorial que 
nos dedica, la reproducción de nuestro 
primer artículo sobre el pueblo argenti- 
no y otras transcripciones y conceptos 
inmerecidos que solo delatan la máxima 
hidalguía que usan con nosotros los 
hijos de San Martin, igual reconocimien- 
to embarga nuestro espíritu con La 
Libertad y Los Principios de esa Ciudad 
que han sido también generosos con 
nuestra humilde Revista, á todos esos 
importantes é ilustrados órganos de 
publicidad, reílejo fiel de la cultura 
argentina, nuestra eterna gratitud y 
cordiales salutaciones, que en rigor de 
justicia debemos también hacer ex- 
tensivas á la mayor parte de la prensa 
de nuestra Patria, que nos trata como 
no somos acreedores. Gracias á todos. 

La Redacción. 



La Revista Üroguaya 

Política, científica, literaria, historia y economía política.-Órgano del Partido Nacional 



Año I 



Mercedes, R. O. — Junio 15 de 1905 



Núm. 4 



Director: Dr. Luis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 

CALLE MONTEVIDEO 



Administrador = A. Seuánez y Olivera 



DEL DIRECTOR DE ^' LA CAMPAÑA " 



í i WZ^ SU 



a pevlóta uruguaya 



5 5 



CA 



I 




Al Doctor LUIS SANTIAGO BOTANA. 

Querido amigo : que alegrarme de que su iniciativa hubie- 

UANDO recibí su primer misiva ra brotado dentro de nuestro Partido. El 
anunciándome la pronta aparición que haya abierto en su seno tan jjreciosa 

flor, con el perfume de los 
elevados sentimientos y el 



de La Revista Uruguaya '^ 
y solicitando para ella mi 
humilde colaboración, no 
pude menos que experimen- 
tar el sentimiento que pro- 
duce la satisfacción de un 
anhelo que encuentra el 
molde en que tomará forma Ji. VJ, I 
real, el verbo que la ha de 
hacerle vivir la vida terre- 
na, la potencia viril que ha 
de fecundar la idea que ha 
vagado sin fin positivo ni 




fecundo ovario de robustas 
ideas, debe ser motivo á 
regocijarnos. El fruto que 
j)romete es exquisito, como 
el de todo lo que nace de la 
nobleza nocional noble- 
mente comprendida. Cuan- 
do podamos saborearlo, el 
recuerdo de Vd. se ha de 
mezclar á nuestra dicha, 



Alberto Suarez 



umca recompensa a que 
rumbo determinado por los Jefe de la expedición renoiacionaria j^^edc aspirar entre noso- 

' que abordó y tomó prisionera 

espacios donde habitan los la cananera "Artigas", tros el que prepara el pan 

muerto en ese asalto el 97 

las masas. 



deseos colectivos que no 
encuentrain intérprete que los sintetice y 
los devuelva á la multitud con la preci- 
sión y nitidez de que carecen al ser ex- 
presados por el pueblo con ese lenguaje 
vago y confuso que sólo á los espíritus 
selectos les es dado traducir. 

La publicación anunciada venía á lle- 
nar un vacío en las filas del periodismo 



eucarístico que redime á 



No es que iiuestra prensa partidaria 
sea pobre : muy por el contrario, su re- 
surrección, á raíz de la última contienda, 
es la manifestación más acabada de que 
el periodismo nacionalista es realmente 
poderoso y fuerte : en todos los departa- 
mentos volvieron á surgir, al regreso de 



nacional, y por mi parte no podía menos los soldados-ciudadanos, los heraldos de 



^ 






'.v-.,74í;^í. 



La Revista Uruguaya 



nuestro credo, y los que cargamos las 
armas, en defensa del ideal de Fatria pa- 
Td todos, sobreponiéndonos al desmayo 
momentáneo de nuestra gran desgracia, 
comprendimos que era nuestro deber vol- 
ver á tomar la pluma, y lo hicimos sin 
vacilaciones que hubieran acusado censu- 
rable debilidad. La prensa de nuestro cre- 
do dio entonces un gran ejem])lo de viril 
perseverancia que le honra, y ese honor 
lo reclamo yo, el mas humilde de sus re- 
presentantes, [)ara el periodismo de mi 
Partido. 

Pero la prensa diaria, que forma las 
avanzadas del pensamiento nacionalista, 
incubada al calor de la última noticia, 
reflejando las esperanzas y los desencan- 
tos producidos por el hecho reciente, 
tiene sólo la elocuencia de la expontanoi- 
dad, la expresión del grito de protesta 
airada arrancado por la injusticia del mo- 
mento, ó el ¡ hurra ! de júbilo que brota 
á impulso del triunfo obtenido. Sus co- 
lumnas son la tribima desde la cual los 
oradores populares le hablan á la multi- 
tud en lenguaje que arrebata con el calor 
de la pasión generosa, pero qu9 á seme- 
janza del carbón encendidoTlentro de una 
atmósfera de oxígeno, alumbra con deste- - 
líos fulgurantes, para apagarse en breve. 

Cuántas veces he sentido algo así co- 
mo una necesidad intelectual de comu- 
nicarme con el pueblo en esa forma que, 
fruto de la razón, tiene la virtud do ])or- 
sistir estereotipada en el cerebio do las 
masas; pero las exigencias naturales de 
un periodismo batallador, han hecho qu3 
considerara esto ideal como una ilusión 
irrealizable, hasta el momento en i\we 
Vd. fundó su Revista Uri'ouaya, (jue os 
molde de estos anhelos civilistas de un 
])ueblo que progresa, realidad plástica de 
i;iccrpóreos deseos vagamente s 'ntidos, 
(•;.;i4ír vrio !' diz <!■: Patriotismo y do Be- 



lleza que ha de engendrar, tengo fé en 
ello, una nueva escuela de propaganda 
política, inspirada en el Amor, cuyo reli- 
gioso culto es santidad literaria en el es- 
critor, como es santidad moral en todos 
los hombres. 

La Revista Uruguaya, á semejanza 
de esas obras de projjaganda filosófica 
que por su exquisita cultura pueden sar 
leídas por todos, participen ó no de los 
principios que sustentan, es, para nues- 
tros correligionarios, motivo justo de or- 
gullo y puede ser para el adversario la 
escuela do un ejemplo de moderación y 
de lucha noble. 

Literatos colorados de indiscutible 
valía, roconoL-iéndolo así, han aportado á 
ella el valioso contingente de sus bellas 
proílucciones, apesar de tratarse de un 
órgano genuinamente nacionalista. Esto 
constituye un triunfo para la naciente 
publicación, que honra á sus columnas y 
honra á la vez á aquollcs hombres de 
letras. 

Comprendo que en algo peco de inmo- 
destia al hablar así de un órgano de que 
poy colaborador asiduo ; pero el concep- 
to que me merecen mis compañeros de 
tareas no puedo menos que manifestarlo 
en esta forma. 

A Vd. corresponde por entero el mé- 
rito de la iniciativa, y es Vd. quien es al- 
ma en esa Revista Uruguaya, en la que 
aborda los más escabrosos temas de ac- 
tu ilidad, sin temer ni ofender á nadie, y 
después todos los colaboradores, de bien 
adquirida reputación literaria, excepto 
yo, en cuyo favor abona sólo el inmere- 
ciflo concepto en que Vd. con su nobleza 
do ;'niimo ha querido tenerme. 

Un ministro inglés dijo en cierta oca- 
sión que el Tilintes bastaría para dar idea 
d(^ la civilización británica en caso de 
([uo so perdieran las demás pruebas de 



M; 



La Revista Uruguaya 



la misma, y yo, parodiándolo, diría que si 
me propusiera convencer á alguien de la 
cultura de los escritores de nuestro par- 
tido, le presentaría un número de su Re- 
vista Ubuguaya. 

Siga adelante en su empresa, querido 
Doctor Botana, que Vd. realiza con ella 
un progreso real que tendrá que impo- 
nerse y abrirse paso como todo lo que es 
una verdadera necesidad. 

F. Arbole Y A y Arboleya. 

s/c. Fray-Bentos, Junio 6 de 1905. 

Retiramos con agrado nuestro trabajo 
de Redacción para dar cabida á la prece- 
dente carta, llena de hidalguía que nos 
dirije el Sr. Arboleya, escritor que por 
su sensatez, preparación y corrección de 
estilo honra las letras Uruguayas, y que 
en su generosidad vierte '^onceptcs que 
no merecemos y que aceptamos para 
ofrecerlos á los colaboradores de esta Re- 
vista que son los verdaderos acreedores 
á esos elojios, que los hace un espíritu 
sereno, ageno y por completo, . á los 
egoísmos de « un misino arte,» que con 
tanta realidad, describe Lamartine... Ar- 
boleya nos da la mano en forma noble y 
gentil en la escabrosa senda que recorre- 
mos y hace en esto, práctica, la frase del 
gran Codificador de la antigüedad « ojalá 
que todos .sean profetas.» Hacemos pú- 
blico nuestro reconocimiento y pedimos 
excusas á nuestros favorecedores por no 
dar en este número otras producciones 
de colaboración y redacción, pues el ex- 
ceso de material nos impide hacerlo, irán 
en el siguiente. 

La Redacción. 



CERVANTES 

En ia novela RINCONETE y CORTADILLO 

COK MOTIVO DEL CENTENAKIO DEL 

«QULJOTE* 



Esparta no morirá, mien-tra.» 
irradie sobre ella el ffénio de 
Cervantes ¡/ el hermoso sol de 
A ndulucia. 



Expresamente para "La Revista Uruguaya*' 



Militar de esforzado arranque y escri- 
tor de fibra, mezcla sublime de espíritu 
y acción, es Miguel de Cervantes Saa- 
vedra, la figura que mejor se destaca con 
celestiales claridades en el escenario li- 
terario del mundo. 

Nadie le ha superado ni le superará 
en ingenio, como que con él ha nacido y 
vivirá eternamente en sus obras inmor- 
tales, el chiste alegre y juguetón, la sáti- 
ra culta y mordaz, el raciocinio elevado 
é irrefutable y el estilo claro, preciso y 
gakno, con que ha sabido expresar to- 
,das estas manifestaciones de su fertili- 
dad intelectual, haciendo que la lectura 
amena de sus brillantes trabajos se veri- 
fique sin fatigas, y se repita con el mis- 
mo entusiasmo y la misma pasión que 
inspira el arte en las representa€Íones 
supremas del ideal y la vida que encar- 
nan sus palpitantes producciones. 

Es que lo mismo que se ha dicho de 
Moliere, puede aplicarse con mas seguras 
ventajas á Cervantes. Este ha pintado y 
descripto siempre caracteres que son de 
todos los tiempos y de todas las edades, 
de modo que « El Quijote » de su época, 
es el mismo de la actual, y lo será toda 
la vida, mientras el mundo exista v an- 
den por la tierra seres originales, fanfa- 
rrones y maniáticos preocupados de 
aventuras emocionantes, y dominados 
por el peso aplastador de una idea fija, 
pertinaz y subyugadora de conseguir á 
costa de los mayores sacrificios el pro- 
pósito que persiguen. 



La Revista Uklíguaya 



Nada mas acertado y espiritual que 
el pensamiento aquel, de que si bien Cer- 
vantes perdió un brazo en la batalla de 
Lepanto, le quedó otro para escribir 
«El Quijote», monumento de imperece- 
dera íí'loria, que ha recorrido el universo 
entero, vertido á todos los idiomas v 
aclamado como la obra magistral mejor 
ideada por la concepción poderosa de la 
inteligencia humana. 

Pero no solo en esta obra, es donde 
se refleja el talento colosal de tan inimi- 
table autor. Todos sus escritos y particu- 
larmente sus novelas cortas, como la de 
que vamos á ocuparnos, res¡)iran la at- 
nicsíera sagaz del mismo ambiente inge- 
nioso, lleno de gracia y frescura con que 
el eminente literato ha sabido estereoti- 
par una época en sus rasgos salientes y 
hábitos peculiares. 

De ese género es precisamente la 
novelH titulada «Rinconete v Cortadillo», 
de reducida y limitada extensión, pero 
en cambió, de abundante material chis- 
toso, en que cada personaje desempeña 
un papel especial y está descripto sin 
omitir en él los mis insignificantes de- 
talles. 

Rincón v Cortado, son los nom- 
bres de dos muchachos vagamundos de 
14 á 15 años el uno, v de unos 17 el otro, 

7 t- 7 

sin 1'. ás profesión ú oficio que el vicio 
y el robo, andrajosos y mugrientos, que 
la suerte ó la desgracia los pone en con- 
tacto, en el trayecto de Castilla á Anda- 
lucía, operándose en ellos esa ley fatal 
de alracción que hace que siempre se 
unan las malas compañías. 

Pues bien, estos dos seres deprava- 
dos se combinan para correr la misniíi 
suerte, sin otro elemento de trabajo que 
un juego de barajas con mas mugre que 
la de los remiendos que se disputan el 
predominio de sus respectivos trajes, y 
con el cual, s(í j)cnen de acuerdo i)ara 
verificar una i)aitida en el primer cortijo 
(pu> encu ¡.t.'c 11 en el camino, á fin d(^ 
.:..a('i algi'.n niiier.) y substraerle hasta 



el último céntimo, cosa que consiguen en 
efecto, con uno de esos incautos á quién 
despluman de doce reales y veintidós 
maravedises. 

Antes de que el arriero les hiciera 
pagar cara la estafa de que era víctima, 
y de lo que ya se había dado cuenta, Cor- 
tado y Rincón, se ponen al servicio de 
unos caminantes que iban á Sevilla, y 
marchan con fallos, cuidándose muv bien 

7 t- 

el primero, de aprovecharse de dos ca- 
misas, un reloj de sol y un libro de me- 
morias, que sustrajo de una de las male- 
tas de los viajeros, vendiendo mas tarde 
las camisas en un mal baratillo por 20 
reales. 

Una vez en Sevilla los dos pilludos, 
se ponen al habla con un muchacho as- 
turiario que les da los pormenores de 
las ganancias que diariamente se obtie- 
nen dedicándose al ejercicio de man- 
daderos, oficio á que se entregaron, des- 
de luego, coní^úg•uiendo Cortado, hurtar 
(le un estudiante que utilizó sus prime- 
ros servicios, nada menos que una bol- 
sa que contenía 16 escudos, tres reales 
V varios maravedises. 

Otio mozo, del oficio que presen- 
cia el acto precedentemente enunciado 
traba conversación con Rincón y Corta- 
do, á quienes les pregunta si son ladro- 
nes, y una vez obtenida contestación 
afirmati\a, les propone presentarlos en 
la aduana del señor Monipolio, una gua- 
rida de malévolos y asesinos, que lo 
mismo asaltan las propiedades ajenas 
])i\ri\ desvalijarlas, que ponen su brazo 
; 1 servicio del que por calculado pre- 
cio (i( sea satisfacer una venganza con- 
tra determinado enemigo. 

Aceptado el ofrecimiento, Rincón y 
Cortado, son ])rcsentados á IMonipolio, 
que los consagra miembros déla socie- 
dad siniestra, con solo cambiarles en di- 
minutivo sus respectivos nombres, por 
lo que aquellos se llamaron en lo suce- 
sivo Rinconete y Cortadillo. Las escenas 
qi.e ])asan en casa de ]\Ionipolio, son 



La Revista Uruguaya 



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admirables, y acusan históricamente la 
tolerancia de que gozaban en aquella 
época, estas instituciones criminales, 
donde las mismas autoridades locales, 
eran sus mejores cómplices ó encubri- 
dores. 

Monipodio, jefe de la banda, lo tiene 
todo arreglado y regimentado. Dá fies- 
tas y banquetes, con lo que sus cofrades 
han robado en el día, v sus exhortado- 
nes son dignas de oirse, por la manera 
que tergiversa las palabras y los voca- 
blos especiales conque se expresa. 

Esto prueba que desde remotísimo 
tiempo los ladrones han tenido siempre 
un lenguaje peculiar para entenderse, 
que no es otra cosa que el argot llamado 
por los franceses, ó el lunfardo de los es- 
tafadores americanos. 

En la casa de Monipodio, no solo figu- 
ran hombres, sino que también concu- 
rren mujeres dedicadas al arte de apo 
derarse de lo ajeno, siendo de notarse 
una vieja hipócrita, que encargada de 
ocultar lo hurtado enciende luego velas 
á la virgen y á los santos de su devo- 
ción. 

Cervantes quizo pintar el tipo de la- 
drón reconocido, y á fé que en su obra 
el éxito lo consiguió con exceso. Los hé- 
ro 3s de su novela hacen gala de sus ha- 
zañas y no trepidan en declarar que tal 
es su profesión y los medios que em- 
plean para ponerla en práctica. 

Las mujeres de la casa de Monipo- 
dio, tienen como es consiguiente, sus 
amantes, algunos de los cuales no son 
muy amables para con ellas, según así 
sucede con el de Cariharta, de quién esta 
recibe una descomunal paliza que la 
obliga á interponer sus amargas quejas 
al director de la gavilla. 

Monipodio, después de prestarle los 
primeros auxilios á la ofendida, curán- 
dole los cardenales que adornan todo 
su cuerpo, promete hacerle justicia y has- 
ta coligue, por fin, que los amantes se 
reconcilien. 



El acto de la reconciliación, es una 
de las páginas literarias mas interesan- 
te de la novela, pues para solemnizar 
tan fausto acontecimiento, se arma una 
fiesta, en que una de las mujeres se sjica 
un chapín y hace de él una pandereta, 
mientras otra toma una escoba de pal- 
ma para imitar con el rasguido de sus 
hojas, las cuerdas de la guitarra, en 
tanto que Monipodio rompe un plato, y 
tomando los pedazos entre sus dedos, 
improvisa las mas sonoras castañuelas. 

Esas mujeres no tienen los atracti- 
vos ni las condiciones de las encanta- 
doras sevillanas, de rostro pálido, labios 
sonrientes y bermejos, profundos y ras- 
gados con sus adorables cabezas capri- 
chosamente adornadas, sujetando á los 
lados de su abundante cabellera, un 
artístico ramito de claveles rojos, tan 
puros y frescos, que aun no han aban- 
donado las gotas de rocío con que fueron 
salpicados con el vapor de la mañana; 
rostros animados y alegres, que cuan- 
do se tornan serenos y pensativos, se- 
mejan á las vírgenes mas renombra- 
das de Murillo que se veneran en nues- 
. tros altares. 

Pero como Cervantes solo ha preten- 
dido representar en ellas el vicio y la 
corrupción, lógico es que las buscara y 
eligiera de entre el bajo fondo social. 

Sin embargo, el autor no ha podido 
quitarles, en su obra, una cualidad pecu- 
liar á todas las mujeres de Andalucía, 
esto es, el sentimiento, la pasión por lo 
que se ama y se quiere, 

Y asi se explica, que aun bajo la tor- 
tura de sus crueles decepciones, tengan 
palabras de súplica y perdón para el ser 
que las martiriza y á quién profesan de- 
sinteresado cariño y broten de sus labios 
esos cantos de infinita terneza, desbor- 
dantes de amor y dulzura en la expresión 
acabada de la más celestial poesía. 

No parece sino que tales criaturas se 
confundieran con la propia manifestación 
exuberante de su suelo prodigioso, repre- 



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La Rev^ista Uruguaya 



sentado ;i caflíx ])i\sú })or colinas que ])er- 
filan los rayos de la aurora, á cuya 
faldas manchas de yerdura de diferente 
matices, apenas si son holladas por los 
cabezales de un elegante puente de rús- 
tica arquitectura, mientras en el fondo, 
serperteando la comisura de su centro, 

corre murmurante un arroyuelo que 
quiebra sus ondas entre las piedras y 
va sembrando en las orillas los ecos que- 
jumbrosos de las notas perdidas de las 
primeras armonías de la naturaleza. 

Por eso el autor que nos ocupa, des- 
cribe en la reconciliación de referencia, 
aquellas canciones entonadas en las fies- 
tas, tcín ingeniosamente improvisadas en 
sentidas seguidillas, que conservan todo 
el sabor de la tierra, calificada con jus- 
ticia de tierra de María Santísima. 

Escalanta, que así se llama una de las 
mujeres, exclama con voz sutil y que- 
bradiza : 

"z/^ot un seniíüinc, ritro á to vaíott. 

Sigue á su vez Gananciosa y dice: 

íy 01 un motertivo ae co/oi verae, 

¿ (Suate» ut foQC^a que mo óe í¡ictc¿e ? 

Don Monipolio, no quiere ser menos 
y haciendo gala de su mediación conci- 
liadora en el suceso, así se expresa: 

"&/TÍHen acó aman/es, nácese ¿a twi, 
Qjt e^etioio eó azafiae, es efqu.i/o tmií». 

Y por fin Cariharta, la injustamente 
nialtratada por su amante, lo dirije á 
éste la siguiente suplícadora estrofa, 1 le- 
jía de pasión é infinita melancolía, 
con todo el rumor de una lánguida 
queja: 

"xDe/e/i^e, eucyuc/c, lio Me ai^c/es inda, 
(Slue ó i victi io tniras, á fu a cettiws (/do. 

Cuanta poesía y stntimiento hay en 
la descripción de este boceto de las mi- 
serias de la vida. 

Y aquí termina el cuadro de esta es- 
cena locante, nariadacon mano maestra 
'por CervantK^s, con minuciosidad de 



detalles que sería largo enumerar, pero 
que dejan en el fondo del alma, después 
de su lectura, un sentimiento de la pri- 
mera angustia experimenta por esos 
seres aborrecidos, lo mismo que desgra- 
ciados, puesto que ni en la satisfacción 
de sus licenciosos vicios, encuentran el 
placerá que anhelan. 

Con esto, y después de distribuir los 
cargos correspondientes á cada uno de 
los miembros de la madriguera de ban- 
didos de que es autócrata director Don 
Monipolio, termina la novela, dejándose 
para mas tarde referenciar los hechos y 
acontecimientos que han de sucederse. 

Lo que el autor se propone realizar, 
y de seguro está brillantemente conse- 
guido, es la descripción de las costum- 
bres de esa gente de mal vivir, dedica- 
da al robo y al pillaje, que al amparo 
de la tolerancia de las autoridades de la 
época, y no menos sostenida por los po- 
derosos, que necesitaban de su acción 
para ejercitar crueles y encubiertas ven- 
ganzas, llegaron á instituir el crimen en 
I)rofesión habitual, estableciéndose como 
plaga de la peor especie en Sevilla, tea- 
tro de sus hazañas en los remotísimos 
tiempos en que el hecho tuvo lugar. 

Todo lo que se le puede criticar á 
Cervantes, es el empleo de términos du-' 
ros y i)alabras, hasta cierto punto, cho- 
cantes: pero el cuadro carecería de ex- 
j)resión y colorido, si no se usara del 
mismo lenguaje propio de los personajes 
que actúan en aquel escenario. 

Lo que se diga en contrario, no será 
sino el desi)echo de los espíritus peque- 
ños ó la sanción de una amarga injus- 
ticia. . . - . 

En la perezosa caída de la tíirde, 
ciertas nubes plomizas, aprovechan de 
esa ocasión y pretenden eclipsar al Sol; 
pero su empeño es vano y ridículo, 
porque el Astro Rey no se detiene por 
eso, y en cambio su resplandor atraviesa 
tan leve obstáculo, haciendo sentir el 
j) )der de su nítida tninsparencia. Lo 



La Revista Uimtíjcaya 



mismo sucede con la j>lorica de Cervantes, 
cuya grandeza inútilmente pretenderán 
empañar los escritores actuales. Apenas 
si podrán, en calidad de medianías, pla- 
nearse á mitad de la altura. 

Nadie como él engrandeció la litera- 
tura de su patria, para perpetuarla en el 
tiempo y el espacio, por lo que es justo 
y bien merece repetirse el axioma que 
sentamos al principio: España no mori- 
rá, mientras irradie sobre ella el genio 
de Cervantes v el hermoso sol de Anda- 

lucía. 

(1) Juan Coumtau. 

(1 ) E.riraio letrado UfUf/uai/o radicado en Bs-Aires. 




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eONFIESO que Masoller, ha sido una 
de mis grandes pesadillas. 

Curioso como sov hasta el ridiculo, 
no me he cniisado de averiguar quien re- 
ventó á quien. 

Días hubo en que llegué á conven- 
cerme que si el Sr. General Vázquez no 
se amarró codo con codo á todos y cada 
uno de los «rebeldes» que con él vinie- 
ron á las manos, fué sencillamentis por 
no perder tiempo, pero, «rebelde» hubo 
que por su parte me probó que si la fa- 
talidad no se cruza en la forma que lo 
hizo, no vagaría sólo Dn. Meliton en los 
anales de nuestras gestas llevando á 
cuestas el sambenito de Fray Marcos. 
Presentaba mi curiosidad, ribetes de de- 
mencia; cuanto más ahondaba mis inves- 
tigaciones tanto más me convencía de 
que el Sr. Vázquez, se almorzó á los «re- 
beldes» y que estos sé cenaron al Sr, 
Vázquez; tengo una buena fé de carbone- 
ro con la que pienso bajar al sepulcro y 
(^s ella la causa de todos mis fracasos v 
contrariedades: - hablaba el Sr. Vaz- 
((uez, pues con el me quedaba: hablaban 
los «rebeldes» y exhibían un telegrami- 
ta de aquel en que vocea la desespera- 
ción, y sás, con los «rebeldes» me queda- 



ba y así he vacilado más de medio año. 
abandonando día á día las convicciones 
de la víspera. Había llegado á un estado 
miserable. 

Pero algo existe imnanente y propi- 
cio á los curiosos, que, como todos los pa 
bres de espíritu tienen la bienaventuran- 
za al alcance de la mano cuando más 
desesperan de su condición. 

Así ha pasado con el que suscribe.— 
Hacen unos veinte días, la verdad vi- 
no á mí y vino en cueros vivos como co- 
rresponde á la evidencia misnui. 

No me 
creo el 
único a- 
fortuna- 
do; el que 
seencuen 
tre ator- 
mentado 
por la du- 
da procu- 
re la car- 
ta del Se- 
ñ o r M i- 
nistro U- 




CoRONEL Julio Várela Gómez 

fíepolucioiinrif) el <V6'. ÍIfí, 97. 1904 



ruguayo 

en la Ar- 

g e n ti n a 

en la cual agradece al Sr. ^Ministro de 

la (jruerra no sé que ])ublicacioncs que 

éste ha hecho y le ha enviado acerca 

de Masoller. 

No conozco lo que habrá dicho en 
ellas el Señor Vaztpiez pero ])asaría por 
mentecato confeso, sino declarase v re- 

t 

conociese, como me apresuro á hacerlo, 
qué, ante tales publicaciones, solo cabe 
afirmar que en Masoller, recibió cada «re- 
belde» mas leña que un horno de la- 
drillo. 

Pero, la sagacidad del Señor Muñoz 
no consiste únicamente en estar de acuer- 
do con el Señor Vázquez, «inó que des- 
cubre, constata y aclara que á raíz del re- 
volcón, recobraron los rebeldes «su auto- 
nomía de homdres libres» (sic). 





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10 



La Revista Uruííuaya 



Si señor: tal fué el resultiido sicoló- 
gico (le Masoller que solo espíritus supe- 
riores y selectos pueden discernir, desde 
que los « rebeldes » emperrados como 
son, no han dado la mínima muestra de 
que al recobrar su libertad optasen por 
la de hombres libres v no esclavos como 
pudiera ocurrirsele é cualquier gazná- 
piro. 

En posesión de su libertad da hombres 
Ubres, no tendrán ocasión los tales « re- 
beldes » de incurrir en las hechicerías á 
que se entregaron durante su i)eríodo de 
esclavitud cuando militaban en las «mon- 
toneras», como la de tornarse menores 
de edad y cabalgar en potrillos })ora diir 
á Frav Marcos v- otras de la serie. 

* * 

Un comentario detallado de la intere- 
sante carta del swior Muñoz, reclama 
deíuasiado espacio por lo que me limito 
á señalar lo que más me ha impresionado 
de lo poco que de ella conozco, pues solo 
la he leído fragmentada en un despacho 
telegráfico. — Cada uno de esos fragmen- 
tos, vale un Perú : que tino el del Sr. Mi- 
nistro! como guarda las distancias según 
su delicado cargo se lo impone ! que ex- 
quisita ecuanimidad de espíritu ! 

Parece que al escribirla hubiese di- 
cho á su pluma lo que Dn. Alfonso á Lu- 
crecia. 

Cj.Nai óe /i a/uaae un niof/o 
QJe /i íiacifóce un (/e/fof 

Si señor; en ella campea la discre- 
ción, el tacto, el tino y la prudencia del 
hombre que representa á la Nación y nó 
á un partido como algunos afirman : es 
verdad que hay parrafillos en que no pa- 
rece que así fuese ])ero ese juicio no lo 
hará el que sepa siquiera deletrear entre 
líneas. 

Ya\ efecto baíita transcribir uno para 
que se vea que sí no es por lo del « ejér- 
cito contra la montonera», tendría que 
confesar, el proi)io señor Vazíjuez, atento 
lo que triuntó en Masoller según el señor 
Muñoz, que los «rebeldes» le dieron la 
«masita». 

«En ]\Iasoller — dice <>! Sr. Muñoz 



venció quien debía vencer, la justicia 
contra la sinrazón, la ley contra la arbi- 
trariedad, el ejército contra la monto- 
nera, la civilización del preseinte contra 
la barbarie del pasado » . 1 

Pero dejémosnos de hipótesis ridicu- 
las. — El señor Vázquez, no es ningún 
nene ni menos « rebelde » para glosar 
en esa forma al Sr. Muñoz ; uno y otro, 
como vo V como todo el mundo menos los 
« saravistíis » , sabemos perfectamente 
que en Masoller, triunfó el Sr. Vázquez 
y no fué solo él, quien triunfó sino que 
se le enancó ¡a justicia contra la sinra 
2ÓU, como tenía que acontecer pues los 
«rebeldes» desde un principio dieron 
muestras evidentes de ser irracionales 
al pensar que la « legalidad » los atro- 
pellaba en sus personas y en sus bienes 
en forma ilegal ; — venció también la 
Jnf contra ¡a arlñtrariedad y esto era sen- 
cillamente fatal, porque tenía que ser ar- 
bitrario lo que no se sujetare á una regla 
de conducta y el Sr. Batlle se la tenía 
trazada con toda precisión al paso que 
los« rebeldes» se lanzaron á la desban- 
dada para salvar el l)ulto y procedieron 
así cifra -tepes; finalmente venció con el 
Sr. Vázquez, la rivilizaeión del presente 
contra la' barbarie del pasado; — a(juí se 
le parará el pelo á más de un rebelde, lo 
que no será extraño, ])or cuanto tienen 
los tales un concepto equivocado de esas 
cosas ; los vecinos de Calatayú, Paso del- 
Parque y del Miguelete saben perfecta- 
mente como la legalidad ejercitó la ci- 
vilización y los prisioneros de F'ray Mar- 
cos, vieron de cerca la barbarie de los 
« sara vistas ». 

i * * 

No terminaré i)or cierto, sin levantar 
las manos al cielo y agradecerá los Dio- 
ses que tan bien ordenaron las cosas en 
Masoller y al Sr. Muñoz el insigne servicio 
de haber revelado y demostrado á los in- 
felices « rebeldes > que tienen sin darse 
cuenta, junto con los cardenales de sus 
respectivas costillas, « la autonomía de 
hombns libres». 

Baldomkro Clavt.io. 



'^¡^.¿^) 



La Revista Ukikjuaya 



11 



i (1) 






Por la Redención Política!.. 



(Corifinuación) 

Véase Núm. 3. 

MEMORÁNDUM, sobre los suce- 
sos DE LA Villa de Artigar, es- 
crito POR EL comisionado DEL CO- 
MITÉ Revolucionario del 97, el 
PATRIOTA Do:i ISMAEL VELAZ- 
QUEZ. 

SEGUIMOS el 16 á Porto-Alegre, 
donde enseg-uida nos ocupamos 
de nuestro coinetido ; yo 
debía tomar allí el tren pa 
ra ir á San Grabricl, pe- 
ro el 17 recibimos nue- 
vos y alarmantes telegra- 
mas de Yaguarón dclSr.Pa- 
scyro y otros amigos en 
que se nos decía que Nuñez 
estaba con toda su división 
en Artigas y hacía todo gé- 
nero de exigencias al Sr. Pa- 
S3yro, que era el jete inte 
riño del punto. — Empeza- 
ban no los síntomas, sino 
los arreglos, para la disolu- 
ción de las fuerzas. — A mi 
no me sorprendieron ya 
esas noticias, porqué, no 
suponía otra cosa desde que habían ve- 
nido á Artigas. Yo le pedí al Dr. Terra 
que se viniese en seguida, pues, á mi 
juicio solo el podría remediar algo. El 
Dr. Terra estuvo conforme en regresar 
debiendo seguir yo al mismo tiempo á 
San Gabriel, para de allí, venir á San 




COMANDANTE 

Nicolás Botana 

Rcvolacioiuirio en las ciimpnn<í)t del 

7r^, 97, Wüi. 

/leriilo en Arbolito y 2o- Jefe de la 

5a. Dit'isión en la ülcima (juerrd 



(1) En las exposiiiones ó narraciones de cioiles ó 
militareíi, aijuellos pequeñísimos 6 insignificantes de. 
talles, i/ue no entren en el plan de esta Heoista publi- 
carlos por razones de oportuniílad, etc. etc.. irán ín- 
tegros con sus notas y.ronientarios respectivos en nues- 
tra '•Historia del !)?•'. 



Luis llenando así en una buena parte 
nuestro cometido, pero á la mañana si- 
guiente resolvió el Dr. Terra no seguir 
paí-a esperar una persona que no estaba 
en Porlo-Alegrc, entonces le dije que yo 
no seguiría á San Gabriel y tomaría el 
vapor para Artigas, pues, si bien creía 
que en nada podría influir yo ante el co- 
ronel Nuñez y sus jefes á quienes no co- 
nocía siquiera, tenía el deber de proveer 
lo que las circunstancias 
aconsejasen respecto á la 
gr.rrnición de Artigas que 
dei tniía de mí. — Me em- 
bnrqué, pues, el 18 en Por- 
to-Alcgre, llegando á Ya- 
guarón el 22 á la 1 p. m. — 
En el momento de llegar á 
Yaguarón fui informado 
por mis amigos allí — y al- 
gunos comerciantes de Ar- 
tigas que se habían visto 
obligados á emigrar por 
las exigencias del coronel 
Nuñez — de todo loque ocu- 
rría. En seguida pasé á Ar- 
tigas, dónde ya no encontré 
al Sr. A. Paseyro que era 
el encargado durante mi ausencia ; este 
amigo se había retirado con el coronel 
Martirena y otros temiendo las amena- 
zas del coronel Nuñez, procedimiento 
muy oportuno como se verá. 

Fui enseguida á ver al coronel Nu- 
ñez á su campo; en el camino, el Sr. 
Garat — ex-jefe político de Flores — me 
dijo : « Nuñez le va á exigir dinero para 
comprar municiones, diciendo que le 
han propuesto cantidad, pero no crea 



12 



La Revista Uruguaya 



por qué es la misma nuestra la que él 
liará aparecer como otra.» — Aunque no 
conocía entonces yo, al Sr. Garat, así lo 
creí porque sabia perfectamente que no 
había munición en Yuguarón fuera de 
la que yo había mandado y traído. El 
coronel Nufiez me recibió bien, pregun- 
tándome en seguida por el Dr. Terra, le 
dije que había quedado en Porto Alegre 
pero que vendría enseguida; no le pare- 
ció bien y sin dejarme decir más, me dijo 
la resolución que de acuerdo con sus je- 
fes había adoptado de disolver la divi- 



sión de su mando, pues que la revolución 
estaba vencida y sin recursos ; que á él 
se le habla ofrecido cuanto recurso fuera 
preciso al llegar al Departamento y que 
no tenía más munición que 8 tiros para 
cada soldado y que él no haría guerra de 
montoneras por no ser patriótico eso: 
que el partido no había respondido 'por- 
que en 40 días de campaña no había ha- 
bido incorporaciones, que todo estaba 
perdido. ' 

Continuará. 



(1) 



ActiiiiÉD de la U, Miñ MMmm en ki Cíiiüiiüí del $7, 

Narrada por su Jefe Coronel 



(Continuación)' 

Véase Núm. 3. 

MEPASAMOS el Ccbollatí, marcliamos 
hasta las Pavas y allí se nos incor- 
l)oró el coronel Lamas por segunda vez, 
con 330 hombres: el resto había quedado 
con el traidor Nuñez y otros que no se 
llaman Nuñez, pero que obraban de 
acuerdo con él. 

A los pocos dias estábamos en San 
Jerónimo, departamento de la Florida; 
tomamos unos cuántos prisioneros de 
una I olicía y Julio de Barros se tiroteó 
con la van,^i ardía de Muñoz. El general 
me ordenó proteger á Mgiia, que estaba 
en el paso de la Tranquera, de Santa 
Lucía chico ; que marchara á trote y 




K.i-/ífdiriones A/>iricio Sa •an'ic, Lainn.i, Muiif/rcll. 
Benitez, asalto furionura ' A ii.i</a->' , nju/ioáiciom-s de 
(',anrinvnri.<, IJibil<, Guuníc. Suuceilfic ij Coronel Ori/u^ 
/'nni/iillón, t'Cc fW .. ij inui-lias o¿iiis cicUcs ¡j ntUiUi 
i:cii. ri.ti como tol<i la Jucuiimn'.oi-i.ón ¡>o!ícii:ii. ij utiUUif 
qiif si en ilr liíiav li niícsfrii '/li.f^or.'ii ilcl !//". 



La Redacción, 



galope y forzáramos el paso, adonde, 
según le habían avisado, se dirigía una 
fuerza numerosa dol^ gobierno. Marché á 
trote y galope y pasamos el paso sin en- 

I 

contrar el anunciado enemigo. ' 

El día 16 de Abiil campamos en el 
cerro Colorado. A poco de haber desen- 
sillado, vi que algunas divisiones ensi- 
llaban, y en seguida vino el ayudante 
Rodolfo Ponce de León, y me dijo : « Co- 
ronel, ordena el general que marche in- 
mediatamente á trote y galope al lugar 
del fuego (ya se sentían algunos tirosj). 
Di cumplimiento á la orden, dejando á 
retaguardia dos divisiones que estaban á 
mi vanguardia y tomé una posición 
magnífica detrás del terraplén de la via 
férrea á Nico Pérez. A mi derecha en- 
traron después el comandante Juan José 
Muñoz y el coronel Marin con gente de 
las divisiones de Minas y San José, más 
á la derecha estaba el coronel Lamas 
con poca gente y una partida de Juan 
José ]\Iuñoz en observación ; v á la iz- 



La Revista Ukuíjitaya 



18 



quiordci el general Saravia con las de- 
más divisiones. 

La infantería enemiga avanzó de 
frente hasta una cañada que había á 
nuestro frente y de allí nos hizo un fue- 
go vivísimo, hasta que apareció una 
fuerza dé caballería, poca, que no era 
más que el estado mayor con Domínguez 
á la cabeza. Estos vinieron hasta la cita- 
da cañada, la vadearon, amenazaron una 
carga hacia donde estaba el general y 
cambiaron de dirección á la izquierda, 
esto es, hacia donde vo me encontraba. 
Ptirccíéndome que traían 
una bandera de parlamento, 
mandé suspender el fuego, 
subí al terraplén contra 
las súplicas de mi gente y 
enarbolé mi pañuelo blan- 
c >. Se jme recibió á mi su- 
bida al terraplén con una 
rociada de confites; mandé 
romper el fuego y hi caba- 
llería enemiga repasó la ca- 
ñaba para el S., en direc- 
ción á unos ranchos, lle- 
vando, cuando menos, un 
herido ó muerto que vi- 
mos caerá nuestro frente. 

Ese día conocí que el comandante 
Juan José Muñoz era un hiien compañe- 
ro: desde entonces tomamos parte jun- 
tos en varias peleas, siendo siempre 
buenos amigos. ¡ Que Dios dé á la pa- 
tria muchos ciudadanos como el coman- 
dante Muñoz, modesto, de valor sereno, 
honrado y patriota! Estoes poco en re- 
lación á las ponderaciones que hacen 
par sanas autorizadas de otros que el 
comandante Muñoz y yo conocemos bien. 
Yo prefiero para mi patria ciudadanos 
como Muñoz á algunos conocemos y han 
sido, por quien no debía, ponderados ofi- 
cialmente. 




Coronel Miguel Aldama 

Veterano lU; todas nuesfrus fjuerr/ts 

1/ Jefe (le la 5a. Dicisión Iteooluciunuiia 

el (I; 



De tardo recibí orden del coronel La- 
mas para retirarme en dirección á la 
estancia del cerro Colorado, dejándola á 
la izquierda, cuando ya se habían reti- 
rado algunas otras divisiones. Dimos 
cumplimiento á la orden, marchando en 
batalla al tranco, dando frente al ene- 
migo de trecho en trecho y en el más 
perfecto orden de escalonamiento. Al rato 
marchábamos en columna para el paso 
de Mansavillagra, que pasamos, y acam- 
pamos al N. Yo acampé á la derecha del 
paso, hice carnear tres vacas, di de co- 
mer á mis soldados y des- 
pués dormimos ^^anqu llá- 
mente. 

En Cerro Colorado no 
tuve más que un muerto y 
ningún herido: las pos¡: io- 
nes eran inexpugnables. 

Nos dirigimos al N. leí 
río Negro, pasando en el 
paso de Pereira, y, des- 
pués de algunas marchas 
y contramarchas, incorpo- 
rados ya el coroiiel Jara 
con la división de Cerro 
Largo, Celestino Alonso, el 
comandante Vélez, Aceve- 
do Díaz, mi hijo Pedro, que venía del 
hospital de Cuchilla Seca, y otros, el 14 
de Mayo por la mañana marchamos del 
arroyo de la Coronilla en dirección á 
Cerros Blancos, yendo mi división de 
servicio cubriendo la retaguardia del 
ejército. 

Cerca de Cerros Blancos recibí orden 
de hacer replegar las caballadas y no 
dejar salir á nadie por los fiancos, por- 
que el enemigo estaba cerca. Inmediatii- 
mente mandé dar cumplimiento á lo 
ordenado por el estado mayor y mandé 
á mi ayudante don Antonio Prieto á de- 
cirle á mi general que rae permitiera 



14 



La Revista Uruguaya 



entrar en línea con mi división, porque 
por retaguardia no había peligro y yo 
quería como, siempre, entrar en pelea. 
El general, accediendo ¿i mi pedido, me 
contestó que podía replegarme, tomando 
el lugar que me correspondía en la co- 
lumna. Para hacerlo, tuve que marchar 
á trote y galope hasta que alcancé la pri- 
mera división, que había cambiado de 
dirección al O. para dar frente al N., y 
le dije al comandante Basilio Muñoz, hi- 
jo, que allí mismo debía dar frente al 
enemigo para yo apoyar mi derecha so- 
bre su izquierda, porque faltaba la divi- 
sión 2.^ y la 4.* venía á retaguardia. In- 
mediatamente de pasar al frente de la 
columna di frente á la izquierda y en or- 
den de batalla avancé un par de cuadras 
para ocupar unas posiciones que me pa- 
recieron ventajosas, las que ocupé efec- 
tivamente bajo un fuego nutrido y sin 
advertir que las divisiones 1." y 4.**, que 
debieran haber entrado á mi izquierda, 
habían quedado un par de cuadras á mi 
retaguardia, lo mismo que el primer es- 
cuadrón de mi división, que comandaba 
el teniente coronel don Francisco Le- 
desma. Tuve, pues, que abandonar aque- 
lla posición bajo un fuego mortífero y 
con las bajas del valiente y leal capitán 
don Pedro Garat, del patriota teniente 
don Fructuoso del Puerto y soldado í]us- 
taquio Cuello, que cayeron el primero 
mortalmente herido y los otros de alguna 
gravedad. Volví á entrar en línea, apo- 
vando mi derecha en la 4."' división, man- 
dada por mi valiente compañero Juan 

José Muñoz. 

((\>ritirnu¡rñ. 



Eundcncr agilitar 

¡•'..I ¡iri-^aiiii-nlc [liira " Ld ¡{•■vi.'iln L'rui/udi/ti ." 

La idea del pundonor eierce inílucn- 
cia tan predominante; en (?1 ánimo de los 



hombres de bien, que llega á acallar las 
pasiones políticas é impulsa á sacrificar 
conveniencias de otro orden por no trai- 
cionar la palabra empeñada. 

Así se explican ciertos hechos que 
ocurren en la conducta de partidarios 
intransigentes, y que á primera vista po- 
drían parecer paradojales. 

Durante el último movimiento revo- 
lucionario, IHnrio Nuevo se distinguió 
siempre por la violenoia de sus ataques 
contra nosotros, agotando en muchas 
ocasiones el vocabulario de términos hi- 
rientes, y presentándonos en sus colum- 
nas como una verdadera horda de fo- 
ragidos. 

Algunos números de aquella hoja que 
llegaban á nuestro campamento, eran 
leídos por todos como la nota más alta 
de los desahogos del adversario. i 

Nadie hubiera pensado, al leer aque- 
llos artículos, que el director de Diario 
Nuevo, que desde los editoriales de su 
órgano de publicidad, excitaba al bat- 
llismo á proseguir la guerra, fuera ca- 
paz de sobreponerse á sus pasiones pa- 
ra a'-urair una actitud de generosa ca- 
ballerosidad con nosotros. 

Sin embargo, así sucedió cuando el 
señor Bachini fué enviado á Rivera y se 
hizo cargo del mando de aquella plaza. 

Se había celebrado un armisticio 
entre los dos eiércitos beligerantes, y en 
su consecuencia el señor Bachini man- 
dó comunicar á los revolucionarios que 
se hallaban en Santa Ana que podían 
pasar libremente á Rivera, bajo la ga- 
rantía de su palabra de honor. 

Muchos de ellos aprovecharon el 
ofrecimiento y pasaron á este lado de 
la frontera. 

A los pocos días el armisticio se de- 
claraba roto y Bachini recibía orden 
telegráfica de aprehender á los revo- 
lucionarios que se hallabíin en Rivera. 

Apesar de ello, y aunque hubiera 
podido justificarse bajo el pretexto de 
la severidad de las órdenes militares, 
mandó citar á todos los nuestros, y al 
comunicarles el contenido del telegra- 
ma, les aseguró que no daría cumplí 
miento á aquella orden, y que prefería 
renunciar, como iba á hacerlo, antes de 
faltar á su palabra empeñada. Les dijo 
además que sólo los había llamado para 
avisarles lo que ocurría, á fin de que se 
pusieran en süvo. 



La Revista Ukucjuaya 



15 



Entonces el comandante Rivero v 

* 

Hornos, que era uno de los favorecidos 
por la actitud del señor Bachini, adelan- 
tándose hacia éste, le maniíestó que en 
vista de su noble proceder, él no per-ni- 
tiría que el señor Bachini conujromG- 
tiera su situación, y que él, junto con 
los correligionarios que quisieran acom- 
pañarlo, se constituía desde ese momento 
en su prisionero de guerra. 

El señor Bachini no quiso aprove- 
char tan generosa proposición, pues ha- 
cerlo le hubiera parecido una debilidad 
de parte suya, y prefirió afrontar va- 
lientemente las responsabilidades. 

Gracias á esto no caj^ó prisionero un 
' solo nacionalista en aquella emergencia. 

Y hoy nosotros, que veíamos en el 
señor Bachini, durante la guerra, á uno 
de nuestros mayores enemigos, nos com- 
placemos en hacer público este rasgó de 
pundonor militar que tanto le enaltece. 

F. Ali¡r;LEYA Y AlIHOLEYA. 



E,rpr<'g<Lnii'nf.c ¡inrd "La Ilcni.-í/.'i L'ru;;uiii/i( .'■ 

KALEIDOSCÓPICA... 

RECUERDOS DE lyOi ;- 

(S^IIACMENTOS) 

A I liriUtint.c r-i'ntilurin. 
n(ir¡(). F. Arli()lc¡jii ¡j Arholatjd. 

Enero 21. 
gMPIEZAá llover. 

^^' Me siento dominado por la fatal ir- 
íluencia de un día triste, plomizo, más 
melancólico aún que :. lis pasadas horas 
de neurastenia. 

El sol no ha alegrado hoy, con sus 
radiantes colores de oro muerto, la eter- 
na soledad de los campos. 

De vez en cuando sopla una racha 
helada, y flotan en la superficie de los 
verdes trebolares nieblas blanquecinas, 
vagas y distendidas, que otra racha ba- 
rre con ligero aliento. 

La lánguida melancolía de la tarde 
se insinúa en mí poco á poco, aumenta 
la aridez de mi espíritu, entristecido por 
el recuerdo lejano. 

Son ondas de una misma corriente, 
que se unen y dejan á su paso una gota 
cristalina, que humedece los irritados 



pótalos del una flor malsana l)rotada 
esta mañana en nuestras ahnas. 

Todo el día permanecemos á caballo. 
Ensillamos íi las seis, ó inmedintameiito 
todos los clarines del ejército tocan 

ilKlnh'i. 

A las lÓ a. m., una legua antes de 
llegar al arroyo Conventos, un ayudante 
del Cuartel General trae, al jefe de nues- 
tra división, la noticia de que el enemigo 
está muy cerca, y la orden de liacer alto. 

Desde 
ese mo- 
ni e n t o 
permane- 
ccmcs for- 
mados en 
columna, 
en espera 
de nuevas 
órdenes y 
del resul 
tado de o- 
peracio- 
nes que 
han dado 
comienzo 
Llega 
hasta no- 
sotros á 

media carrera el mismo ayudante del 
Cuartel General y la mitad de la divi- 
sión se tiende en guerrilla, avanzando 
en protección de partidas destacadas en 
servicio de exploración. 

Son las actividades precursoras del 
combate. 

Se oye un tiroteo lejano, cada vez 
más distante. El enemigo se retira de 
nuestro frente, para cargar sobre el pa- 
so que el arroyo Conventos presenta 
frente á Meló. 

Se ven sus columnas en marcha ha- 
cia aquel parage. ^ 
Los tiradores que se habían desple- 
gado en guerrilla se replegan al núcleo 
central de la división. 

Vuelve á mortificarnos la lluvia. ¡ Ah! 




COMANDANTE 

Ap()linak[o Velez 

Jcj'tí ilcl líiiUdlun revolucionar i o 
" Leuiulro Güines" el 97 



16 



La Revista Uruguaya 



Pero hay algo que nos molesta en mayor 
grado. 

Nuestros estómagos no han recibido 
un solo bocado en todo el día. 

Empieza á ser confusa para nosotros 
la visión de los objetos. 

Un soldado de la división número 
tres, que manda el austero y venerable 
coronel Bernardo Berro, pasa frente á 
nuestra columna/ improvisado en boli- 
chero de árganas, gritando su mercancía. 

— ¡Duraznos verdes! 

Grupos de„ soldados rompen la for- 
mación V salen ai encuentro del frutero, 
tan voluntarios como hace un momento, 
cuando gritaban pictóricos vivas en las 
filas de la guerrilla. 

¡Vende á dos centesimos cada duraz- 
no y encuentra compradores en aquel 
ejército hambriento ! 

Los soldados más pobres, los más hu- 
mildes, los peor vestidos, los que no 
tienen dinero para adquirir la mercancía, 
observan entristecidos que el bolichero 
de divisa blanca y carabina rémington, 
se aleja, pregonando y riendo. Pero de 
pronto su mal humor reacciona, olvidan 
las penurias á que los condena su pobre- 
za ingénita, y llaman ratero al vendedor 
de fruta verde grití'mdole como á les 

zorros.... — quac ! — t|uaac ! 

—¡quaaac ! 

¡ Extrañas compensaciones ! 

Son las 5 y media p. iii. 

La 'loche se acerca rápidamente ; el 
campo llénase de sombras ; la lluvia 
muchas veces interrumpida comienza 
por centésima vez, y el frío no cesa. 

La orden de acami)ar no llc\ga nunca. 

Nuestro coronel ordena desmontar y 
hacer fogones sin desencillar las ciibal- 
gaduras. 

— ¡Hacer iuego!- oigo numnurar á 
mi lado. 

— p]s muy fácil ordenarlo; se entrea- 
bren los hibios, se cierran y la tarea con- 
clusc. Pero, donde -encontraremos leña 
que arda si toda ella está mojada V -Y 
desi)ués de liecho el íuc.j;o ;■, como ir á la 



carneada si dentro de diez minutos la 
noche nos habrá hecho sus prisioneros ? 

La promesa de gustar de las deli- 
cias del fogón, en medio de la noche 
fria, se malogra. 

Llega orden de — ¡ á caballo ! y — 
¡ marcha ! — 

Son las diez de una noche lluviosa v 
oscura. ¡Enormes dificultades para en- 
trar en fila ! 

Por mi parte no encuentro la división. 

Por pegar un tajo en un fiambre, 
chamuscado y semi-crudo, he demorado 
en obedecer la orden de — ¡ á caballo ! — 
junto con mis compañeros de fogón Er- 
nesto Perera, Domingo Ibiñet y Juan 
Scheuzer. 

Al ponernos en movimiento, notamos 
que hemos perdido todo contacto con los 
compañeros de columna. 

¡ Solos, en medio de un campo sin li- 
mites, que por lo oscuro, se me^ antoja un 
retazo del infinito ! 

A lo lejos se ven centenares de fogo- 
nes abandonados, de una luz tan débil, 
debido á la cortina que al rededor de 
ellos forma el agua caída del cielo en 
cataratas, que su perspectiva solo se 
fija un momento en la reptina. r 

Voces ejue parten de todas las direc- 
ciones imaginables forman un coro impo- 
nente, y nos indican la presencia de ami- 
gas invisibles que la oscuridad mantiene 
alejados de nosotros. 

Ya\ momentos de vadear el arroyo 
Conventos, encontramos nuestra división. 

Interrumpida la marcha á cada paso 
por las voces de aUn, repetidas de fila 
en fila, continúa desde entonces en un 
callejón estrecho y fangoso por donde 
atrepellan al mismo tiempo, carros y de- 
más vehículos del parque, columnas de 
ginetes semi-dormidos, caballadas, for- 
mando un pele-mrle que primero nos mo- 
lesta y luego concluye por divertirnos, 

A las tres de la mañana llegamos á 
Meló. I 

Fernando Gutiérrez^ 



La Revista ümjaaya 

Política, cientiflca, literaria, historia y economía politica.--Órgano del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0. Julio 1.° de 1905 


Núm. 5 


Director: Dr. Liiis Santiag^o Botana 


ADMINISTRACIÓN •' 

CALLE MONTEVIDEO 


Administrador : A. Seuáuez y Olivera 




Medite Sr. Batlle 

fL balance político de 1904, es fúne- 
bre por demás, sin exageración es 
el año más emento y más 
sombrío que ha tenido la 
República desde la Inde- 
pendencia acá. — Perdimos |-^ 
cuatro mil Orientales muer- , 
tos en las acciones de esa 
guerra de nueve meses, pa- 
san de ocho mil los heri- 
dos y la mitad de éstos, im- 
posibilitados para el traba- 



del consumo de carne de 
los ejércitos oficiales y sus 
anexas indemnizaciones, 
será de ocho millones de 
pesos y si se calcula á la 
lijera el ganado suministrado por el ha- 
cendado á los ejércitos revolucionarios, 
parcos seríamos, en agregar otros ocho 
millones y menos habría ficci(Sn en siipo- 
ner que la guerra apuntada, cuéstale al 
país en esos nueve meses, mucho más de 
veinte millones de pesos, sin sumar las 
privaciones de ganancia, liquidaciones 
obligadas que estos })eríodos anormales 
siempre originan á todos los habitantes. 
¡Real es el cuadro aterrador, <pie ofrece 
al país, á la historia, el balance político 
de 1ÍH)4! El luto y la miseria dominan- 
do casi todas las clases de nuestra socie- 




dad, y cómo si nada de esto existiese, to- 
davía, la intransigencia absorviendo to- 
do nuestro escenario político, aumentan- 
do los males del presente y preparando 
otros mayores en un por- 
venir no remoto por cierto. 
Hace algunos años, en 
mérito del exclusivismo en- 
tonces, también reinante, 
que preguntábamos : ¿ Es 
qué nuestra nacionalidad, 
está destinada á devorarse 
á si mismo? ¿Es qué el 
espíritu de cultura, que sa- 
tura el siglo no puede Ue- 



jo, la deuda á crearse para 

atender á las reclamaciones ^^p5£?$ '■~^3^^^^*■¿^""^.ti S^^ hacia nosotros? ¿Es 

^^&^^, ,-.:. .¿.i-JkKl'^lj ^^^¿ l.^ tolerancia jamás se- 

Dií. Jacobo Z. Berra 



Vocal y Tesorero 
del Comité fíccolucionario el 9! 



rá una virtud práctica en 
nuestra vida, lejos, muy le- 
jos de ser en realidad repu- 
blicana ? ;. Qué tenemos de 
este sistema? ¿Dónde se eucueníra el 
juego decantado de las iustirucioues ? 
¿Dónde está el ejercicio dv] sufrairio ? 
¿Cuáles el Departamento que realiza ese 
acto de la soberanía y ¡ Y lo (jiic har.- un 
cuarto de siglo no existía. ta.in¡)ín-<i, le 
vimos hoy, a pesar de que el Sr. Ha tile, 
cuándo fué Presidente de] Síuado. cuán- 
do ejerció en tal carácter, el iutciinato 
del Ejecutivo, y cuándo en (h'tiiiitiva re- 
cibió la banda gid>ernativa, eii tres di.s- 
cursos, sobre un niisni'. tema, ¡.Inte) me- 
jor que nosotros, con colores subidos, de 
postulante al C'a])ito]io. la historia de esos 



La Kemsta LJiiUtiiAVA 



2-') años ;i (¡ut' nos i-efcríamos sin iiaila de 
lo (jiif f-iiiistiiTiyt' t'I ooi)i>rno libre, 
oxeiito t'I país f'iit(')nce.s couu) hoy de po- 
lítica uacioiial, de coo))aitií'i|)af'ión de 
los ¡>artirlos. de tolerancia, fie concordia 
entre hijos de una misma madre, do amor 
entre miembros de una idéntica familia^ 
de sufragio, de administración democráti- 
ca, imperante en aquél ])eríodo como 
hoy, la camarilla, la facción, el círculo 
sobre los intereses ])úblicos. y de la na- 
cionalidad ent( ra. — ^;Es sHjraera el [)ar- 
tido colorado, el que en realidad gobier- 
na? Nó.- -Esa colectividad, en sus tres 
cuartas partes, está en la llanura, en la 
oposición, ó en su casa, su voz no es oída 
en palacio, y en este recinto la única vo- 
luntad que actiía es la del Pr' sidente. — 
Medite, Sr. Batlle, que tan solo le (juedan 
veinte meses y (pie el descenso del man- 
dOj no es su subida.- Entre nosotros y en 
muchos ])aíses. se llega a la montaña ofi- 
cial, con un mímero fie ])aitidarios. unos 
sinceros y son los mínimos y otros ávi- 
dos de prehendas y honores y son los (pie 
forman la k^gióu más densa, y se ba/d, 
solo, aislaflo. sin amigos, con ( 1 vacío 
absoluto en torno de sí. cuando el manda- 
tario por la senrla recorrifla ha colocado 
honflo abismo, entre el jjitelilo y /•], en- 
tfuices es (pié. cuáiuhi la fí'mfiencia n') 
está totalmente oscurecida, por el hábi- 
to fhd mal obrar, le sirve de conti- 
nuo martirio al (íobernante y l.Mnenta 
sin roncdio ya. sus erroVí s. á Ifis cnalís 
ató la na'ii'ui. y ( so c-aán'lo mayores con- 
trastí's no le soln^'-vienea al cncaraado de 



administrar los intcvi's -s núbii' <.s. 



S. K. 



conrcí- la historia y reí-ncrdc sn ineino- 
ria, cuan triste ha siíh) la conc-bisii'ni (leí 
mando, de una buena ])arte. de nuestros 
Presidentes. Toda esa pléyade de adnii- 
radoi-es ó coi'tesanos. cuánto S. E. deje 
la l)anda. n; le conocen.... serán los mis- 



1 

mos (pie critiquen su gobierno. — Cambie, 
pronto, de rumb() Sr. Batlle, que la vida 
en sí es breve y el período-que le queda 
insignificante páralos años cpie aún S. E. 
flebe alcanzar, y haga política con todos 
los ])ai"tidos. con los Orientales, sin acor- 
tlarse del color de sus creencias, que el 
])aís no (piiere más gueiTas civiles, á qué 
fatalmente lo lleva siemj)re la intransi- 
gencia, preocúpese seriamente de perpe- 
tuar la paz con una política, noble, le\« Hi- 
tada, cnka. generosa, llena de olvidos, re- 
parando así las desgracias públicas que 
gravitan sobre la República, arroje del 
("apitolio los falsos asesores, partidarios 
de ocasión, de esa intem])erancia tpie en- 
gendrí) guerras, (pie labran la- zozobra y 
ruina del pueblo, medite sobre el mar de 
soledafi en (pie S. E. va á nadar, solo, ais- 
lado, si continúa como hasta ahora, el 
día de su descenso, (pie es fecha cierta, 
(pie viene irremisiblemente y que nada, 
nada le ¡)ermitirá á S. E. ])rolongar un 
minuto más en el [)oder, ponpie, la Cons- 
titución no lo (piiere y el país no lo ad- 
mite.... Repliégúese en .su alma Sr. Batlle 
y oyentlo solo sus latidos, condene usted 
mismo su jn-opia intolerancia y sustitu- 
yala j)oi' una nueva era de fraterniflad 
naciínial, (pie nunca es más grande un 
houi1)re y revela mejf>r tenei- caráctí^r mo- 
ral, ([ue cuándo se vence á sí mismo, flo- 
niina sus pasiones v reacciona enérírica- 
Uicnte en pro del bien. -Esto es lo único 
(pie ;í S. K. !e tcci ya hacer en su perío- 
do (le niandatarif), y lo único que pu- 
diera aún. areiniarle, en algo el fallo de la 
historia, ([U ■ es inapelable, que no admita 
foinjjonendas y (pn^ no se oscurece jamás. 
Tire al mar, sus agrá vi o.s, arroje ahí,. 
sus enconos y triieípie unos y otros por 
el AM(JR NACIONAL que flebe primar 
so})re toflo otro afecto mundano y fpie á 
S. K. le hace falta evidenciar con acto.^ 



La Revista Ukuwlaya 



positivos, al país, que lo siente y lo ejer- 
cita y que constituye ese cariño, la úni- 
ca también, tabla de salvación, que le de- 
para el destino ó la Providencia para 
salvarse S. E. y la Patria, toda. — No nos 
lleve otra vez la intolerancia al abismo. 

La Redacción. 



"^rsk 



EL PARTIDO NACIONAL 




Síí PASADQ, FBESEMTE Y PQBVESIB 

" (^ fd men^ioria (/e(£ti>aricio &azat>*a. 
Expresantcnte para "La Reoista Uruyuai/a." 

'A sido el Partido Nacional, una 
colectividad de grandes y glo- 
riosas tradiciones. Se formó, allá en los 
albores de la Independencia, sostenien- 
do el orden y las instituciones recien ju- 
radas, figurando en sus filas los primeros 
hombres del país por su patriciado, ilus- 
tración y posición social. En antagonismo 
al Partido Colorado, que se creó entre el 
elemento más inquieto ó agitador de la 
campaña y de la capital, fué el baluarte 
contra la intransigencia y el desorden, 
en una sociedad que empezaba á organi- 
zarse y que tenía, necesariamente, que 
combatir el desmán casi natural en todo 
pueblo de reciente forinación. 

Los partidos tradicionales uruguayos, 
no solo representaron en su origen uiui 
cuestión política: la conservación de la 
paz por el partido fiel á la ley y la pro- 
pención á la revuelta i)or el otro partido ; 
representaron tambi(m, una cuestión so 
cial ; las aspiraciones desenfrenadas del 
esclusivismo contra la sociedad, ó en otros 
términos, la intemperancia, el faccionis- 
mo contra el orden constituido. Se forma- 
ron por ideas y ambiciones antagónicas, 



que más ó menos tarde tenían (juo chocar 
y manifestarse violentamente, actuando 
de una parte la gente de mayor arraigo 
y cultura y de la otra el elemento ávido 
de mando y que poco tenía que perder 
ni se le importaba mucho el progreso del 
país. — Esto fueron los partidos tradicio- 
nales. Más que del odio de los caudillos 
y de sus aspiraciones personales, como 
alguien ha dicho, surgieron del choque 
de las tendencias y aspiraciones de la 
época, del medio en que actuaban los 
partidarios de uno y otro bando, de la 
moral y el desorden, del trabajo y 
la desidia, de la honradez administrativa 
y el desequilibrio financiero, del patrio- 
tismo y las ideas liberticidas. 

En la actuación posterior del Partido 
Nacional, desde aquellos remotos tiem- 
pos hasta nuestros días, ha mantenido in- 
deleble su sello de origen : siempre celo- 
so defensor de las instituciones, siempre 
adalid de la conservación social. Nunca 
ha trepidado en empuñar las armas con- 
tra los gobiernos arbitrarios ó corrompi- 
dos que mas de una vez han puesto en 
peligro instituciones, progreso y hasta la 
Independencia de la República. Era for- 
zoso concurrir á los campos de batalla, 
y concurría el partido en masa, sacrifi- 
cando sus afiliados con ejemplar abne- 
gación, la vida ó su posición é intereses. 
Cíen batallas y combates son testigos 
elocuentes de las bizarrías nacionalistas 
y miles de compatriotas emigrados cons- 
tituyen la prueba mas evidente del sa- 
crificio por la noble causa (pie sostienen 
losad(']»tos a! Partido Na<-i(>nal. 

Sin (Mnb;\rgo, ainanfe de la paz y del 
orden, la colectividad política (pie nos 
honra en su seno. Jamás jirovoeó la re- 
vuelta por sus actos ó {trocedcrc^ y es- 
tuvo siempre dispuesta á deponer las ar- 
mas v á confrat(M'nizar con su adversario. 



La Remsta Ukuííuaya 



{•uniido este i)ronietía huiiumizar sus pro- 
cedimieuros, dando libertad y ofreciendo 
honratlez en el manejo de los dineros fís- 
cales. La nobleza y la abneg'ación política 
es i)roverbial en el Partido Nacional, y 
aunque nunca el Partido Colorado ha co- 
rrespondido con los mismos sentimientos, 
tratando de buscar unidos en un solo pen- 
samiento la felicidad de la patria, sin em- 
bargo, nuestro partido ha continuíido y 
continuará en su elevada conducta, como 
acaba de demostrarlo el nuevo Directo- 
rio nacionalista, que á pcsai' de la razón 
y el derecho que nos asistiría para ])ro- 
clamar mievamente la revolución, pues 
el intolerante y arbitrario gobierno de 
Batlle V Ordoñez es cada vez mas abso- 
luto y arbitrario, proclama la paz y espe- 
ra la confraternidad para mejores tiem- 
pos. 

Esta actitud del nuevo Directorio, que 
sea dicho entre p¿iréntesis, ha merecido 
la aprobación de todos los correligiona- 
rios sensatos y que encuadra exactamente 
con las ideas emitidas por nosotros en el 
periódico El Vrvguay de Buenos Aires, 
es digna de nuestra coleciividad ; repre- 
senta nobleza y abnegación; es un timbre 
de honor y de gloria para el Partido 
Nacional. V, sobre todo, tiene gran alcan- 
ce ]jolítico pues calma las pasiones y re- 
fleja hermosas proyecciones para el por- 
venir. 

Ivs indudable que la revolución está 
latente en nuestro país con la ruda 
tenacidad del gobernante que nos d<\s- 
honi'a ante el exterior. Su proceder es 
hoy aun mas criminal que antes de la 
última sacrosanta revolución, y, franca- 
mente, si nos dejáramos llevar de nues- 
tros impulsos ciudadanos y partidarios. 
{)roclaniaríanios decididamente la revo- 
lución, como hi hemos i)roclaniadü ei> 
otrora, (piizá menos desgraciada (pie la 



presente. Pero sobreponiéndonos á esos 
generosos impulsos, elevando nuestros 
sentimiento á otras esferas mas puras 
del i)atriotismo ; compenetrándonos de la 
época en que vivimos, del medio de cul- 
tura que, á pesar de todo, nos rodea ; de 
los peligros internacionales que podrían 
sobrevenir y de las desgracias que aca- 
rrea la guerra; pero, sobre todo y princi- 
palmente, dándonos cuenta que Batlle y 
Ordoñez para la vida de nuestro pueblo, 
para los intereses permanentes de la pa- 
tria, no es nadie, es un átomo en el esce- 
nario político de la república ; que ma- 
ñana abandonará el poder, perderá su 
influencia no quedando otra cosa en 
pos de él que él recuerdo cruento de 
sus procederes, que servirán de ejemplo 
á otros gobernantes para no incurrir en 
ellos ; y por último, que el mismo Partido 
Colorado, según manifestaciones de sus 
principales hombres, consideran á ese 
gobernante, á este gobierno, como un 
adefesio político, imposible de perdurar 
en esta época, sosteniéndose únicamente 
por un momento de])resivo de ofuscación 
regresiva, com])letamente íinacrónica, es 
que aplaudimos, y con nosotros deben 
aplaudir todos nuestros correligionarios, 
que nuestra colectividad se sacrifique 
una vez masen aras de la felicidad de la 
patria; que i)roclame la paz cuando tiene 
derecho y puede hacer la guerra, demos- 
trando con este liecho, rei)ctido muchas 
veces en nuestra historia política, que es 
un partido de orden y conservador de los 
intereses sociales. 

V (v'^ta conducta patriótica, noble, ab- 
negada del Partido Nacional, á la cual le 
de))e nuestra cultura su parte principal^ 
será de proficuos resultados i)ara el por- 
venir de nuestro país, pues propenderá 
á la tranquilidad i)ública como antes he- 
mos dicho, á calmar las pasiones, y fo- 
nientai á (d trabajo, y el progreso sentará 



La Revista Uruguaya 



sus reales en todo nuestro espléndido 
territorio. Persistiendo en esa política, 
como debemos persistir; manteniéndonos 
unidos y organizados para hacerla pre- 
valecer, aunque sea contrariando los 
propósitos liberticidas del torpe gobierno 
de Batlle, dominaremos al fin el esce- 
nario, pues son las ideas que condicen 
con la época presente, y condicirán ma- 
yormente con los tiempos - futuros, en 
que solo podrían tener cabida las ideas 
de paz, de progreso y do . cultura. 

t]n ese camino, pues, debe iré irá el 
Ptirtido Nacional. El porvenir es fle quien 
se lo sabe preparar, ha dicho un gran 
escritor, y el porvenir de estos pueblos 
está en la paz, en el desarrollo de sus 
riquezas y en la cultura política y social. 
Es la civilización que avanza, la civili- 
zación que líos arrastra, y ya que esta- 
mos encausados dentro de sus corrientes, 
contra" la barbarie de nuestro adversario 
Gobernante, continuemos navegando en 
las mismas aguas i)ara llegar al puerto 
de salvación. 

La paz á todo trance para ser fuertes 
y triunfar. El país entero la pide, quiere 
descansar de sus largas fatigas de ayer, 
y hasta sería el mejor medio para prepa- 
rarnos para la guerra, sí, por desgracia, 
y á pesar de todo nuestro patriotismo, el 
Gobierno actual no. emnendara sus pro- 
pósitos, modificando sus tendencias de 
exclusivismo brutal, y que, no obstante 
la época y la civilización, continuase 
persiguiendo al adversario político,come- 
tiendo asesinatos, violando el sufragio 
libre, gastando inútilmente los dineros 
públicos y haciendo flotar á todos los 
vientos el trapo escarlata de todas las 
épocas funestas, sobre la bandera de la 
Patria, que significa gobierno libre y fra- 
ternidad que Batlle no quiere dar al país. 

Ahdón Arózteííuy. 

Buenos Aires, Junio 20 de 1905. 

S/c. Cerrito, 183. 




POLITICá QÜISIIMFO^S 

II reflexionamos severamente acer- 
ca de la situación política de 
nuestro país, asaltan la mente preocupa- 
ciones patrióticas que hacen pensar con 
amargura en nuestro porvenir nacional, 
llegando, 4 veces, hasta convencernos 
de que debemos buscar bajo otro cielo la 
tranquilidad y el bienestar que no pode- 
mos conseguir bajo el nuestro. 

Cuando un Partido poderoso y aman- 
te de su tierra nativa, como lo es el Par- 
tido Nacional, ha llevado á los campos 
de batalla á todos sus elementos de ma- 
yor valer y de prestigio insustituible, 
cuando, sin reparar en sacrificios de todo 
orden, ha puesto en linea de combate, 
contra el Partido gobernante, elementos 
tales que han hecho peligrar la perma- 
nencia de este en el Poder, cuando aquel 
Partido ha medido con honor siempre y, 
casi siempre, con éxito, sus armas ciu- 
dadanas con las de ejército de línea que 
disponen de los recursos de todo el país 
en armas, en hombres, en dinero, en me- 
dios de locomoción, cuando la bandera 
del Partido Nacional se mantiene pres- 
tigiosa sostenida por robustas manos, 
aun en la hora pivscute, ai)Osar de la 
desgraciada solución que tuvo la última 
contienda, tiene forzosamente ([ue rcoo- 
nocerse que alguna aspiración muy alta, 
que algún móvil muy patriótico, tjue 
algo grande y nobilísimo llevaba i\ mo- 
rir cu la rej^ión del fuego á millan's ^l^. 
hombres que solo contaban en su vida, 
tradiciones de homadez, y de esfuei/os 
generosos en la laV>or fecunda de las lio 
ras de i)az. 

No debían ser intereses materiales, 
que sacrificaron en el altar de la j»atria: 
no debían ser posiciones oficiales, (jue 
abandonaron sin titubear: no debían ser 



6 



La Revista Uruguaya 



sciisualisinos de mando, que no llegan á 
mover á quienes entregan la vida ro- 
deando su banderíi ; lo que se buscaba, 
lo que se quería, era el reinado de la 
ley, era la igualdad conquistada, ya que 
no se admitía en otra forma, era que el 
cielo de la tierra común cubriese sin dis- 
tinciones odiosas é irritantes á todos sus 
hijos, que no se mantuviese la división 
en dos razas para los miembros de una 
misma Nación, que todos pudiesen con- 
currir con su esfuerzo, desde las alturas 
del Poder ó desde las filas populares, al 
engrandecimiento del país, que es de 
todos. 

Esos eran en el fondo los móviles, las 
aspiraciones y las tendencias de la Re- 
volución última, 
í Colocado el Partido Nacional en la 
situación de aceptar que se le arrebata- 
sen sus medios de defensa y la garantía 
de la efectividad de su derecho en los 
comicios libres ó en la de ir á la guerra 
á que se le llevaba, siguió el único ca- 
mino que le dejaron abierto los sucesos. 

Pero todo eso pasó, marcando surcos 
profundos en la historia de nuestras he- 
catombes nacionales, y es el caso de 
preguntarnos ahora, si terminada la lu- 
cha volveremos á comenzar de nuevo la 
vía dolorosa de nuestras contiendas, si 
llevaremos otra vez á los campos de ba- 
talla á los que no cayeron en la que aca- 
ba de terminar. 

Debemos confesar que, desgraciada- 
mente, no vemos otra solución, en un fu- 
turo mas ó nicfios próxiíuo, sino se cam- 
bian los términos del problema, si nues- 
tra ];olítica no se orienta buscando en 
horizontes jjatrióticos generosos y al- 
truistas, la satisfacción de las aspiracio- 
nes de todos. 

No es tolerable que perj)Ctua mente 
ocupe el Poder un Partido que ni sicpiie- 
ra lo ganó con sus esfuerzos propios, no 
es ]H)sible (pie el otro Partido, que cons- 
tituye la mayoría del ])ais, tenga cerra- 
das para siempre hís puertas (¡ue el es- 
fuerzo heroico de nuestros mayores y la. 
constituciiHi de hi República, abrieron 
])or entero á todos los ciudadanos, no ])o- 
denios aceptar por otra parte, ((Uí' este- 



mos constantemente condenados á fo- 
mentar odios, á preparar matanzas á re- 
solver por la violencia y por las armas 
lo que debe ser objeto de contiendas de- 
mocráticas y no debemos conformamos 
por fin, con que nuestra tierra, fecunda 
y hermosa, en vez de ser legado de ven- 
tura para nuestros hijos sea suelo calci- 
nado por el fuego de rencores que no se 
extinguen y en el que solo aliéntenla 
desolación y lamina. 

¿Como solucionar entonces la difi- 
cultad ? 

Mientras los programas políticos de 
nuestros dos únicos Partidos no se carac- 
tericen por tendencias fundamentales di- 
ferentes, mientras no se proclamen prin- 
cipios que los separen en la región de 
las ideas, mientras en las filas de ambos 
no se conozca con claridad fulgurante la 
finalidad y el ideal de cada uno neta- 
mente expresado, es imprescindible que 
una política de generosidad, de modera- 
ción, de fraternidad aproxime todos los 
corazones y que los gobernantes y los 
gobernados abandonen toda política per- 
sonal y estrecha, que compartan las ta- 
reas y responsabilidades del Gobierno 
todos los hombres inteligentes y hones- 
tos, cualquiera que sea su procedencia. 

La política de coparticipación se im- 
pone como aspiración nacional, como re- 
medio á nuestros males, mientras no lle- 
ga el momento de solucionar mas radi- 
calmente los problemas difíciles de 
miestra actualidad y mientras un senti- 
miento mas alto de nuestiTi solidaridad 
como miembros de una misma Nación, 
que estamos obligados á colocar mas 
arriba que nuestras pasiones, no nos lle- 
ve á plantear las cuestiones políticas en 
el terreno de los principios y de las ideas, 
que si dividen en varios campos á los 
hombres, los acerca y los une en la aspi- 
ración común del progreso colectivo y 
d(d engrandecimiento de la patria. 

(1) Laphik. 



(I) Si'uidiiiimo ilf un /luhlicista uruguaifo radi- 
fttilo fti ft fjtninjcro. 



La Revista Uiací aya 



EL PRECIO DEL DERECHO 




K)DO alumbramiento es necesaria- 
mente doloroso y los de la justi- 
cia no escapan á esta ley fatal. 

Him comenzado á sentirse los prime- 
ros estremecimientos. 

El Partido Nacional está en lucha por 
el derecho, y el fruto que ha de producir, 
temprano ó tarde, pues nuestra lucha 
no ha de ser estéril, comienza á desg-a- 
rrar dolorosamente las en- 
trañas de la colectividad. 

Anoche me encontraba 
en la Jefatura, momentos 
des])ués de retirasla la 
ííuardia, entre í^' a d o por 
completo á la lectura de 
una. interesante obra de 
Theriui;-, cuando vino ;í 
interrumpir mis medita- 
ciones un ayudante, co- 
numicándome que serían 
velados allí dos de los 
nuestros, caídos esa misma 
tarde en Cuchilla Ne^ra, 
en un encuentro con el 



Expresamente ])ara «La Rknista Lim 'Mava -. 

el convencimiento de haber o!)rado bien. 

¡ Cómo sacriticaii miestros soldados 
su vida por la roalizaí'i<'»n de sus i<l(',)h'sl 

Crosa y Botana son ]»a!hcs ¡b' l.-ijij- 
lia, miembros útiles de la socíímj.k!. <j'.:e 
los miraba como á hijos predih'crio. 

Y sin embarco ha sido neccsaiio (iu<> 




se sacriñcaran.,.. ¡y cuántos sacriticios 
más tendrán que consumarse antes de 
ver realizadas nuestras 
de justicia 



"íW^W] 



Ca])itaii-FE;^NANi)i) í'otaxa 



atre V ido y;u e r r i 1 lero 



Uilio 



Barrios, cuyo c a r <! c t (■ r 
aventurí'ro le ])ermite des])l(>í4;u- .-íl sei-- 
vicio del ii-obiei'no bis mismas dotes de 
audacia con (pie síMlistíni^uió el Í)T on 
nuestras lilas. 

En breves monuMitos (¡uetb) imin'ovi- 
sadn una sala mortuoiia, levantándose 
en medio de uno de los salones de la -le- 
íatura un catafalco formado por dos me- 
sas cul)ierlas dv nei^ro paño. 

Los cadávercv-; d<> los eaj)itanes Crosa 
y Botana fueron depositados allí, encen- 
diéndose los cirios á su alrededor. 

Tanto uno coino otro ¡>resentaban en 
su semblante las señales de esa ])lacidez 
que sólo conservan en la muerte los que 
fall(>een et») la eoneiiMieia tj-auípiila por 



.Mud'io í'/i ti cnin l/iilf ili' 
\iir,,rtr- rl 16 lie Marzo lUOI. Iiiio 
¡'.•¡liL 111 !ti ¡) iñll fii <>l urKüliífld 
,, In ,/rl !I7 



asj)iraciones 
ciudadana ! 

Si se considerara el ])ro- 
blema cuya solución lu'uios 
afrontado con un criterio 
de estrecho positivismo 
¡ cuánto más valdría desis- 
tir de una i(uerra (pie tan- 
tos males produce ! 

Y sin embarco, des]>ués 
de estas desgarradoras 
pruebas i)or que i)asanios, 
no faltan quienes nos tilden 
de iidiumanos, erevendo 
que exponemos luiestras 
vidas jíor la miserable ma- 
terialidad de aljiunas jefa- 
tura ó de unas cuantas bancas, 

¡ Ksj)Í!'itus sni)erttciales, tomaos el 
trabajo de estudiar nuestras verdaderas 
tendencias, de analizar, á través del ex- 
terioi' i'udo de imestro ejército el alma 
nacionalista que en él i)alpita, y os con- 
vencereis de (pie nuestro brazo de solda- 
do (\st.'i al servicio de un espíritu (pie 
sabe sentir con toda delicadeza las su- 
blinícs (Muoeiones del idi^al ! 

No ! n<t es ])( r unas cuantas jefaturas 
1)01" !o tpu luehamos, no es la ambición 
de alii'unas bancas en la Hepresentación 
poj' lo (pie (estarnos dispuesios ;i dejar que 
nuí^siros (■r:(Mj)«)s. inertes ¡xw v\ ¡-Ionio 
(Miemi.u'o. sii-\an de j>asto ;'i \o< • ai'.i 



os 



La Revista Uruguaya 



en la cumbre de nuestras cuehillas; es 
por algo más elevado, más noble, más 
excelso por. lo que exponemos nuestras 
vidas y kis vidas de nuestros compa- 
neros: es porque la justicia no sufra en 
lo más mínimo, es para que disfruten 
del derecho individual y colectivo hasta 
aquellos mismos que hoy condenan nues- 
tros actos, porque no son capaces de pri- 
varse del más triviíil d.e sus placeres en 
favor del reinado del derecho entre 
nosotros. ' 

No es el caso concreto de una mavor 
ó menor influencia política que preten- 
damos lo que hace que salgamos á regar 
con sangre generosa las cuchillas ondu- 
lantes de nuestra virgen tierra : es la 
injusticia que entraña el desconoci- 
miento del derecho que tenemos á aque- 
lla influencia lo que nos hace abandonar 
nuestros hogares y correr presurosos á 
cumplir con un deber de contribución á 
la obra del perfeccionamiento común. 

Por eso la muerte de Crosa y de Bo- 
tana no es inútil á la Patria, por eso la 
sangre derramada no es infecunda ; i)or- 
que contribuye, no al predominio de una 
colectividad determinada en el poder, 
sino al de una idea superior que en día 
no lejano dominará el escenario político 
y hará viable la implantación de la ver- 
dadera libertad popidar. 

Son ciudadanos útiles los que perde- 
mos, son miembros i>rovechosos á la 
sociedad los que sucumben bajo el í)1o- 
mo enemigo: i)ero no es la fatalidad que 
nos persigue, sino que es lógico (pie así 
suceda. 

Hoy se recuerdan los méritos de Cro- 
sa y de Botana porque ellos fueron los 
que cayeron : pero á medida que vayan 
sucumbiendo otros se reproducirá la 
misma escena. 



Todos aquellos que luchamos por el 
triunfo de la justicia somos aquellos á 
quienes la justicia nos interesa, somos 
los que comprendemos su necesidad, so- 
mos los que sentimos intensamente los 
dolores que mortifican al espíritu nació 
nal. Todos tenemos, ya una madre que 
llora nuestra ausencia, ya una esposa que 
espera anhelante la vuelta del esposo al 
hogar querido, ya unos hijos que al 
acostarse todas las noches buscan y no 
encuentran con sus bracitos la cabeza 
del cariñoso padre cuya frente acostum- 
braban á acariciar con suave beso. 

¡ Quién sabe si el hijo no será arre- 
batado por la muerte al amor maternal, 
quién sabe si el esposo volverá á disfru- 
tar de los gratos halagos de un hogar lle- 
no de deleites ó si el padre volverá á 
sentir sobre su frente el ósculo filial de 
su prole. ¡Pero no importa! un paso 
más dado en el derrotero del derecho, 
bien vale estos sacrificios. Y en caso de 
que no podamos darlo, ese paso, siempre 
(quedará al menos un ejemplo noble que 
seguir, un rasgo de abnegación que imi- 
tar, un recuerdo glorioso que servirá de 
guía á las generaciones venideras que 
harán ellas lo que no bajeamos podido 
hacer por nosotros mismos. ' 

Ese es el precio del derecho que es- 
tamos condenados á pagar por ley histó- 
rica á que no escapa ningún pueblo de 
la tierra. ¡ Dichosos aquellos que tienen 
la conciencia de haberlo pagado como 
se debe! I 



Rivera, ]\íarzo 17 de 1904. 



F. Arboleya y Arboleya. 



NOTA .-Por no hfiherlo poilido conser/uir no pu- 
/jliciiitto.f e/ relríílo ilrl excelente ciuilai/tino muerto 
con liotíina, Ocftivio Crosa, liijo del patriota ceterano 
l)n. l)it'f/i) Croxii ¡I nii:to ilel héroe <le "Ituzdintjú" e 
"Iniliti AJucrtH" voronel l)n, Feli.v Crosa Peñltrol. 



mm 



La Revista Uruguaya 



♦ » 



Episodio heroico en la homérica defensa de 



« ¿ QUIEN ES EL VALIENTE ? 



Expresamente para *LA REVISTA URUGUAYA 



La roja bandera, la insignia de gue- 
rra, estaba allí. 

Había sido elevada sobre la media 
naranja de la Iglesia, y al desplegarse, 
una bala de cañón, hendiendo el espacio, 
anunciaba al enemigo que los defensores 
de la Plaza estaban dis- 
puestos á sepultarse en sus 
ruinas, antes que rendirse. 

La lucha se empeñó rc- 
cia> encarnizada, sangrien- 
ta. 

VA humo del combate 
envolvía la ciudad, y el 
ruido atronador de las ba- 
las, llevaban la muerte y 
la d(^solación á los hogares. 

Y los días sé sucedían, 
y la lucha se renovaba con 
más ñrdor, con mas rabia, 
con mas desesperación : y 
la bandera roja, la bandera 
de combate, seguí ¿t desple 




L>N. Leonardo S. Castro 



gada como burlándose del 
enemigo. 

Cuánto esfuerzo, cuán- 
to denuedo, cuánto heroís- 
mo de parte de los sitiados, 
para repeler los íitaques que se llevaban 
á la plaza ! I 



lliso las ciniji'iÑas rrcolucionariatí 

del 70 ¡j 75, ílerranitimlo .sa 
sdiiijre en uno de etiOít rtinibute^ ¡/J'^'- 
Contisioiuido (il)Ht'f/<ido 
del CoiiiiU' Ifecohcrioiinrio il !i~ . 



la media naranja de la Iglesia : la ban- 
dera de guerra, la bandera de la defensa 
se inclina y cae desplegíida: pero su vi- 
vo, su rojo color, no es oscurecido por 
el polvo de la tierra : están allí sus de- 
fensores, allí está Leandro Gómez que la 
receje, y elevándola con 
su brazo sobre su cabeza v 
señalando con el otro el si- 
tio donde debía ser colo- 
cada, esclamó con vaionil 
acento: 

¿Quien es el valiente 
que se anima á colocar es- 
ta bandera en su sitio ? 

Yo, coronel gritan nm- 
chos á la vez : i)ero en 
momentos en que el héroe 
inmortal terminaba su pre- 
gunta, llegíiba á todo co- 
rrer un gallardo ginete que 
desmontando rápidamente, 
arroja la brida y i)ide ser 
él quien tenga el honor de 
colocar en su sitio \¿\ ban- 
dera de guerra, 

Leando Gómez lo mira: 
vé la vaiiinil enteresa del 
gallai'do olicial, que viste el traje (U' 
los héi'oes* de ('hacabuco v ^laipo y le 



Se peleaba con furia : la sangre pedía concede el honor que solicita. iL. 



sangre 



no se daba ni se pedía 



mas 
cuartel. 

La ciudad ardía: sus heroicos defen 
sores esteimados por el largo é incesante 
batallar, cruzaban, como espectros, en- 
tre el humo y las llamaradas del com- 
bate, é iban, con sus pechos de bronce, 
á llenar los claros que la metralla deja- 
ba en las ya derruidas trincheras ! 

Y la roja bandera seguía llameando, 
no obstante los millares de balas que se 
le dirijían con el intento de derribarla. 

De rei)ente, una granada estalla .«sobre 



Para ello, se iiecesitabíi ser un va- 
liente, pues las balas barrían la media 
naranja de la Iglesia. 

Y el intrépido oficial llenó su come- 
tido : la bandera roja volvió á íiamear 
allí: para ser arriada cuando cayó se- 
pultada en sus ruinas. la grande, la lie- 
róica Pavsandú I ! 

Leonardo S, Castro. 

Concordia, 2 de Enero de IIH).'). 

< h ¡I. de Sun Miirlin. 




10 



La Hkvista riUl.TAVA 



(1) ;í "^"i 








Por la Redención Política!... 




(CoutÍHuaciÓH) 

Véase Xum. 4. 

M K .AI ( ) K A ^ D \'M. s( .jiliE L( >s srcK- 

SOSDE I.A Vil. LA DE AUTlu.'S. ES- 

ciíiTo 1H»H El, (.oMisioNADo i>Ei. Co- 
mité Revollcimnakio dee ím, el 
í'ATiíK.TA Don I>MAKL A'KLAZ- 



R^iXTDXCES - con niuclio ruidado- 




le Mianifesté mi estrañeza, pues 
que <4 li'encral Saravia se hai)!a interna- 
do al centro, que el coronel Lamas sabía- 
mos lial)ía marchado de Oliniíiry (jue en 
cuanto á municiones el j)od!a contar en 
ese momento con reiiulai' cantidad ({ue 
yo habia traído y e^p.'ralía más al si- 
jíuiente dia por el vapor, y más que se 
había cons(-,uuido — cantidad de arma 
mentó y m;'is muidciones que debía icei- 
birse en la 1ro r itera San Luis y (pie 
yo creía jiosible aún salir c(jn -u divi- 
sión [)0i' la frontera hasta Ace,i;u;'i : me 
pre<iuntó si yo tenia la se;;uridad de 
ípie licuado á San Luis reci!)iria ai'mas y 
numi<-ioues, !<• eonresté aíiiinariNameníe 
y entcnces me dijo: liien, coiiíiaiido en 
su |)a!aí>i;i y sicmprf (pie se pueda cwm- 
prar 2') mil tiros (pu' me lian ofrceido 
(•II ^ aL'uaróu. ¡ara lo »pu' ¡«reciso mil jíc- 
.-')S y eiii!'e.u;uid<»ni(í \'d. alguna mniiicMUí 
iiiás. ye marcliar('' [>orqu('', teiii<'níjo iiiu- 
ri¡ei<'>i! U' dar<'' una se;^i.iiida h'ceii'n ;'i 
.\n"ib:o. Le (tbservé (|ue ('sti'arial)a iiu- 
\>\i'>,<- e>os 1?.") mil tii-osen \'ai;uai'''M! sin yo 
saberlo: me diju que era un iic^e'íie muy 



fuihltirr^, nij lí '■! ! ít.-> f,'t¡ u.r fi l.<i mus I- I n .<f 'I II i/fil H.lf.< ilr. 
I.'ilii -, ¡lili' lili iiiírrn rii il /iliin </r i'sln li'iristii fiii.hli^ 
\:iiil_i:- I, 'ir I iij'iii"-^ 'li- 'i/jiiil iiinilnil , i'ti-, i-li-, ,. i mil ni . 
Ir'i r< 1.^ ' 'iii .■(,' ,N I. t.i II .■ ;/ '(,111 i-ii 1(1 I-I iis rr : ¡,t'if 11 (i:i i.'ii. itn.i\* 
I II ih -'i.iiii '.'< / '/,■"■■" 



reservado, i)ero que si conseí^uía cl di- 
nero, á la noche íii.t;uiente se lo llevaría 
á la mariden del Kío — las municiones. — 
-Me di cuenta acabada de que él quería 
el dinero y que él emigraría, pero me 
([uedaba la esperanza de que él pudiera 
salir de Artii^as y una vez afuera algu- 
nos jefes trataran de seguir con el coro- 
n.el Jara y los demás que seguían. Que- 
dé de ver si conseguía el dinero para cl 
dia siguiente- siempre que se pudiera 
realizar la comfu'a y ser bu.ena la numi- 
ción (jue él iba á numdar inspeccionar 
V avisarme. Al regresar á Artigas varios 
amigos me ])idieron que de cual([uier 
modo, "se le diese la cantidad ])edida, en 
la convicción de que no era para muni- 
ci('>n ; pero sí para libnir al comercio 
de la imposición ó contribución (pie se 
decía desde el día antes les iba á im- 
[)oner, toque yo no habría podidí» evitar. 

Referente á Antonio Paseyro, me dijo 
(pie (b'l)ía haberlo fusibido y (pie eso aini 
j)odía suecíleí'. 

.'vi siguiente día \'í)1ví á verlo : me 
dijo (pie es;i iKjche le entregarían las 
muuiciones c()nii)i'adas y (pie en la ma- 
druuada mareludia (•:ou toda su gente y 
(jUc tenía se-uri dad de salir bien si s(í 
eneoíil ralla eoii Arriliio i)ués tenía nui- 
uieioiKvs y eso era todo. Kutonces coUt 
se,;<ui en .\rhgas SXO pcísos (pie fueron á 
ei!íre,u;'(fs(d()s per^onahnente 1). Ruperto» 
< oirelo y i). ííaí.ud Medeiros, cuyo i"e- 
eií)'> di('). Lsa madrugada marchó el co- 
tí 'Uel Xuñe/ coa las fuerz;is (pie tenía 
dejaudd (d batall(')ii 4." ([ue lo tenía en 
Ailí;.'.as \- lo dejó en Iíí plaza á órdenes 
(lid comandante ('ha\'es. 

(('(tnliiutará.) 



La Revista Ukikílaya 



n 



Narración del Comandante Apolinario Velez 

SOBRE LA EXPEDICIÓN REVOLUCIONARIA DEL NORTE. KL 97 



Faysandú, Mayo 14 de 1898. 
Señor Doctor 

Luis Santiago Botana, 
Montevideo. 

Distinguido correligionario: 

Tuve el agrado de recibir su aprecia- 
ble carta de Abril ppdo. en que se digna 
pedirme una descripción do los hechos 
de armas de que fui testigo i)resencial 
durante nuestra última 
campaña revolucionaria. 
Tal pedido lo hace Vd. in- 
vocando la circunstancia 
de estar escribiendo la his- 
toria de la revolución. 

Será de poco mérito 
cuanto al respecto i)ucda 
comunicarle en razón de 
que á principio de \i\ jor- 
nada, (Cerros lílancos) que- 
dó inhabilitado para con- 
tinuar ])restcmdo mi hu- 
milde concurso en las fi- 
las del Ejército Nacional, 
en i)ió de la i)atria, por 
la libertad, y por el reinado de las ins- 
tituciones. 

Sin embargo y en el deseo de com- 
l)lacer á Vd. voy á reseñarle todo aque- 
llo que se relaciona con nuestra expedi- 
ción y que pueda decirse sin causar ma- 
yor desagrado á los i)ocos com])añeros 
que, por circunstancias queme son ex- 
trañas, no cumplieron con su deber ó 
faltaron á la i)alabra emj)eñada. 

Tengo, señor doctor, mi libro de 
apuntes diarios y en él están consigna- 
dos todos los sucesos que se i)rodujeron 
en nuestra expedición. Son un recuerdo 




personalísmio que conservo y signiíican 
para mí las impresiones del primer mo- 
mento y el juicio severo del criterio con 
que las aprecié entonces. — A mérito de 
las consideraciones que se merece el 
compañerismo, véome forzado á excluir 
infinidad de incidentes que harán perder 
en ocasiones la hilación de los hechos 
que relato. 

Como dice Vd. que vá á escribir la 
historia de la revolución y 
he pensado que sería una 
injusticia ocultar los nom- 
bres de ciertas personas 
que han servido poderosa- 
mente á la causa graiv 
diosa que defendíamos: y 
para no incurrir en esa 
injusticia empezaré por 
mencionar cuanto nos pasó 
en los preliminares de nues- 
tra exi}edición. 



COMANDANTE REVOLUCIÓN AllIO 

ANTONIO SAAVEDUA 

Caiii/iarius tk'l'JT ij lílüi 



De Buenos Aires i 

Entre Rios 



IHciemhre 1 de 1896, 

Con esta fecha llegué, j>rocedent.e de 
Buenos Aires, á la Concepción del Uru- 
guay, Provincia de Entie Ríos.en el va- 
j)or « Tridente » y ¿icompañado de veiik- 
te y seis amigos que se disponían á pa- 
sar de inmediato al territorio Círiental, 
coadyuvando en lo posible al movimien- 
to revolucionario (|ue encabezó en No- 
viembre nuestro tpieiido y valiente (a- 
neral Don Aparicio Saravia. 

(Cuando arribamos á Uruguay, ya iu>s 
esperaban otros amigos tpu' habían lle- 
gado el día anterior por el tren del 
Paraná. 



Í'J 



La "Revista Uiu'GUaya 



Nuestra ex])(-'(lieión debía dirijirse so- 
bre Paysaiidú en la techa del () de Di- 
ciembre. . 

J.a Junta Kevolucionaria estaba com- 
])rometida ;'i remitir las armas y muni- 
ciones {)ara antes de la indic<ida fecha 
pero, por causas que ignoro, no hizo el 
envío á tiempo pues, ciíando llegaron las 
armas, habíase aumentado la guarnición 
de Paysandú con el Batallón 2." de Caza, 
dores y hubiera sido una insensatez ata- 
car esa ])laza con el número de :}<)0 lioni- 
bres que era lo <iue teníamos en Uruguay 
y Concordia á estar á lo que decía el 
Jefe de nuestra proyectada expedición. 

Campamento eu Gená 

Diciembre 3. 

Como nuestra [)ermanencia en la 
ConcejK'ión del Uruguay significaba un 
compromiso f)ara las autoridades Argen- 
tinas, se dispuso que nuestros hombres 
fuesen trasladados á C4ená. F]stancia « Ua 
Soledad», de que es propietario mi pri- 
mo Don Nemesio M. Sauz y Veloz. 

Desde el ;'> de Diciembre hasta el ii 
de Marzo permaneció en lo de Sanz un 
número crcH.'ido de correligionarios. 
Hubo temporada en (pie se tenían allí 
más de cíen hombres de los (pie formaron 
el plantel del Batallón * (ieiieral Lean- 
dro Gómez-, á mi mando: otros varios 
gru]>os y un escuadrón de caballería al 
mando del capitán Don Andrés Villanue- 
va (pie sirvió de va'nguardia del cuerpo 
anteriormente nombi'ado. 

Kl señoi' Sanz, á mérito de hi escasez 
de rcí'ursos en que se veía el Jefe expedi- 
cionario, atendiíj de su i)eculio la i)rove- 
duría de carne, galleta, cigarros. pai)as, 
arroz, ñdeos, fariña y verdura : fiícilitan- 
do á la \ez albergue, carros y caballos. 

Se le consumieron al señor Sanz más 
de TUO ovejas : 7.') vacas y una infini(Uid 



de cueros lanares que fueron utilizados 
como cacharpas en nuestras pobres mon- 
turas, i - 

Cuando se movilizó nuestra columuii 
jios dio el Sr. Sanz 106 caballos para la 
caballería del Coronel Julio Várela Gó- 
mez, Coronel Miguel García, Coronel 
"Mamiel Camesilla, Mavor j\[arcos Nevra, 
Sr. Luis Mongrell, Doctor xVcevedo Diaz 
y otra ])orción de compañeros. 

FA señor Sanz es Entrerriano, hijo de 
padres Uruguayos.— Reveló con su com- 
l)ortamiento que tenía un noble corazón 
y que era un gran Argentino que sentía 
circular en sus venas la sangre generosa 
de orientales. 

Entretenimientos en Gená 

Un el campamento de Gená se hacían 
diariamente ejercicios militares, y casi 
todas las semanas se organizaban algu- 
nas veladas literario-patrióticas que man- 
tenían despierto el entusiasmo y hacían 
más llevadera la vida de campamefito. 

He a(iuí un discurso pronunciado por 
el cabo del Plantel del Batallón « Gene- 
ral Leandro Gómez,» Don Ignacio Mal- 
corra en la velada literario-musical, 
celebrada en el campamento de Gená el 
K; (le febrero de 1«97. 

Señores: La hora se aproxima; pron- 
to el clarín de guerra resonará en los 
campos (j[uer¡dos de la patria, y sus vi- 
braciones, como corriente eléctrica, con- 
moverán todos ios i)cchos orientales, to 
dos los jícclios donde el síMitimienlo de 
la nacionalidad tenga un altar, ante cuya 
ara sacrosanta no pueden doblar la rodi- 
lla tiquellos que, después de haber sido 
siervos, han jiretendido esgrimir el láti- - 
go de sus amos, creyendo en su terca 
ignorancia, que al coagularse la sangre . 
tantas veces derramada en las cuchillas, 
había absorvido todos los gérmenes de 
altivez iiid(')mita con que se inmortaliza- 



La Revista Uri (ji aya 



í:\ 



ron los liéroes de Sarandí y los héroes de 
Paysandií. Y ese clarín de guerra lo hace 
vibrar el Partido Nacional, que si no 
tiene voto en las liberaciones políticas de 
la República, jamás ha dejado de tener 
voz, la voz potente que demandan las 
grandes causas, para lanzar su anatema 
contra los que han llevado hasta el sillón 
que ostentan las armas de la patria, el 
lodo (pie recojieran en el camino de su 
obscura vida. 

Es el Partido Nacional el qué nos lla- 
ma á la lucha, y nos congrega aquí, bajo 
el cielo purísimo de la tierra Argentina, 
que tantas veces albergara en su seno á 
nuestros heroicos mayores, haciéndoles 
jDartícipe, en su generosidad, de los mis- 
mos rayos del sol que iluminara los ros- 
tros venerandos de San Martin y Bel- 
grano ; y que siempre, como en la oca- 
sión presente, nos prestó el concurso de 
sus viriles hijos que sufren nuestras des- 
gracias, porque ellos no ven en ese río 
que nos divide, sino ondas trasmisoras 
de mutuo cariño. 

Y aquí estamos, con la conciencia de 
cumplir nuestro deber, sin miedo en el 
corazón, por que el corazón no se acobar- 
da cuando opone á los ])royectiles de 
Ejércitos pretorianos y á los rlardos en- 
venenados de la diatriba ])alaciega, la co- 
raza de la justicia y el escudo de la hon- 
radez cívica. 

Y estamos a(pií, por (pie no somos los 
viles servidores (pie marean con el incien- 
so de su a(hilación el cerebro dv Idiarte 
Horda, ti'aído ))or la h')gica inflexible de 
lossuí'ísos ¿coronarla o})ra di' dcstru; - 
ción y de ruina i'u (pie hace treinta y dos 
años está empeñado el Partido Colorado; 
no somos los (pie inclinan la cerviz y ex- 
tienden la mano en el re|)arto de los di- 
neros públicos, uó: somos los defensores 
de las instituciones nacionales, los solda- 



dos (le una santa idea : i;! rcgcnt-rai-itin 
política de la tici'i-a ci» qu»- ln-nios n;((¡dt>. 
Y pues la patria nos refjama v la 
ju.sticia nos guía, tengamos pK-na té en 
la conquista de los puros i(ii'al<'s d»-l Par- 
tido Nacional (pie, al ]H(¡ir imtsno fon- 
curso, también nos exijo respeto profun- 
do para nuestros queridos .1.4'es. el ( "o- 
mandante Velez y Mayor Massa. <}ui.!i. - 
en día cercano, remedando á un ( »'K i] • 
guerrero francés esclamaron, aumjne \ a- 
riando de términos : Compañeros, seguid 
nuestros penachos que siempre los halla- 
reis en el camino del honor y de la gloria. 

He dicho. 

El coronel Lamas en Gená 

Cuando estuvo el Coronel Diego La- 
mas en el campamento de Gená, en su 
gira de inspección á las diversas fuerzas 
revolucionarias sobre el litoral del Uru- 
guay, tuvo ocasión de ver evolucionar al 
plantel de Batallón «General Leandro 
Gómez» y quedó sumamente satisfecho, 
felicitando al que suscribe y al Ma3'or 
Luis Massa, por la instrucción y organi- 
zación militar que habían dado á la tropa. 

Comisión de damas 
*« Auxilio á los emigrados Orientales** 

He dicho cuánto he creído oportuno 
resjKH'to de nuestro noble y genero.<JO 
amigo Señor Nemesio M. Sauz, y como 
me encuentro en (d terreno de las reconv- 
])ensas con la exj)resión de mi sincera 
gratitud, me mantendré en este terreno 
sin j>adecer omisiones voluntarias. 

Una comisiíHi de dannis «Auxilio á 
los emigi-ados ( írientales^. — ei'a eomjtues- 
ta j»or !a distinguida seínn-a Ji's.-l'a Mi- 
SiTí'»; por.Ia esj)osa de] !)o(tor ¡•\'nian- 
dez : señorita h*osa Lairiera. y Ilort,!!- 
sia Fassaner. 

(CoHtii/fíinñ 



14 



(t) 



La Revista L'KUtíirAYA 



\(ii;i!(Íoll (¡C l<) :íll. División KfVOllid'Oiiilli en ui 1. 

Nakkada roM su Jefe Coronel 

BEF^IMA^DO G. BEF 



Cüiiiliüiia ilel 97, 



(Cohtir.uación) 

Véase Niim. 4. 

^|^\(JR nuestro frente destilaron en re. 
^^J¡^ tirada todas las infanterías de 
Villar, haciendo excelente blanco para 
nuestros tiradores: se dirigieron en mar- 
cha precii)itada hacia una sierra que nos 
quedaba á la izquierda, cuyo rumbo ya 
habían K)mado otras fuerzas enemiíj;-as, 
en columna al^^unas y en desorden otras. 
El comandante Muñoz reservó los tiros 
de sus carabinas rémington, de acuerdo 
conmigo, para la retirada, que preveía- 
mos obligada una vez que el enemigo 
se apercibiese del agotamiento de las 
municiones, en la izquierda mucho más, 
cuando ya se notaba que aflojaban nues- 
tros fuegos en la derecha, (pie al princi- 
pio eran nutridos. Sucedió lo (pie j)r(,'-; 
veíamos : los fuegos de nuestra derecha 
fueron debilitándose hasta cesar comple- 
tamente. Mis tiradores habían quedado á 
cuatro cartucho.s, que les hice n-servar 
como defensa personal, y, por consiguien- 
te, ya no hacían fuego más ([ue algunos 
hombres de Muñoz. 

Recibimos orden d(* retirarnos en 
esos mom<'iií<>s, cnaiido el eneinigo, a[>('r- 
ciljído ya de la «íscasez de nuestras mu- 
niciones, volvía sobr(; nosotros. K'l co- 
maiiíhinte Muñoz tomó nuesti-a r(,'taguar- 
dia, tir<>teán(!os(í con el enemigo un rato 
antes d(; ¿tuociiecí^r. 

Íbamos en dirtícción ai paso del Ilos- 



<l^ tlnlo-^ iiiLiin-ro-s sari^nihof irfiít tii:i iKir'-m-i/)- 
nt'S lie In.t Ji'fr.-i J{c(nlu<'i<inafins anljrc In ¡fui;rrn ili'l 
7U , ,l<i <• I-' . íinnzdlcz, Haailio ij Scrf/io Muñoz, Vrluz, 
Afiiiirt, (iil, Hliinii,, lirilisln, Corl.inns, A li/.n/na. (iur- 
riii-it. Ixttiiirl Vtfltiz'/ui'i, Ntxvurri-lf, Viiffla (iimie:, 
¡■'.:riii:iliriitni:s A/idfiriit Snranifi, l.ii.nina, M<>n.;irfll. 
¡{i'ni'cz, <istil:f.(t i-iiñi,ni-ru "A rr.i//iis", i-.v/iosiiio/ii'.st/e 
Cnnmir.ti m, Cihils, (ínurut, SítiLtiritrn i¡ Coinrtfl Oft/f^i 
¡^iiiii/iiLhin, fl.i- rt,r , if rnui-lins of.rux i-ii^ili-.s i¡ iniUr.n- 
rin, íi.ví rtiiiiD f.ailii. In. ihti-uini'iitjirión /¡olit.irii ij niil'Uiu 
ijW .-íirtrn. ¡ic liftsf <i iiiirsf.r/i "Uisforiii ihl U7" . 

l.iL licil<i<:íi<.in. 



pital. Ya cerrada la noche, alcancé al 
general en las inmediaciones á una casa 
de comercio. Luego que me saludó, me 
dijo: c Coronel, necesito que Vd., Maria- 
no y Basilio i\Iuñoz se encarguen esta no- 
clie del ílanqueo y retaguardia del ejér- 
cito, no sea que estos locos (se refería á 
la gente de Villar) les dé por hacernos 
uíia diablura. Entonces, le respondí: 
< Voy á dar cumplimiento, general; pero 
para salvar responsabilidades, debo ha- 
cerle ])resente que mi división entró de 
servicio antes de ayer y por eso viene 
mal dormida y fatigada.— Bueno, coro- 
nel, tenga paciencia, repuso: Yo deseo 
que Vd. preste ese servicio. — Se cumpli- 
rá lo ordenado, señor g-eneral; buenas 
noches. Coronel, haga encender algu- 
nos fogones ])ara que vean esos enemi- 
gos que no les tenemos miedo y para que 
no se nos extravíen algunos hombres.» 
La noche era obscura ; marchábamos 
haciendo paradas y soportando una llu- 
via torrencial. Tenía que recorrer per- 
sonalmente y hacer recorrer por mis 
ayudantes la línea de Hanqueadores, por- 
que, aunque iban á cargo del comandan- 
te Francisco Ledesma y de los sargentos 
mayores Mai-ta y Denís, la gente se me 
dormía, perdía la distancia, se venía so- 
br(í la columna ó se alejaba demasiado. 
A retaguardia de mis llanqueadores traía 
un Hiten de gente de confianza, i 

Fui así de servicio hasta las Tres 
Vendas, (mi la front(;ra, adonde ll(\gamos 
al otro día IIovi(;ndo. AI rato de campar/ 
s(! tocó á ensillar y el ejército sí; puso en 
marcha. 

Al Ihígar á la Cerrillada, arroyo de 
ííuaviyú, el general me mandó llamar, 
y me dijo: « (Coronel, á la izquierda te- 
nemos el ejército de Villar v al frente 



La Revista l,'in;(;i aya 



i:» 



parte de ese ejército que nos ataja la 
puerta.» Le contesté, hallándose pre- 
sente el estoico coronel Lamas: « Gene- 
ral, mi gente está mal municionada; 
ayer síilió á cuatro tiros ; pero, con las 
municiones de los heridos y algunas que 
tenían los caballerizos, hoy está á diez 
tiros y, si hay que abrir la puerta, la 
abriremos, ó si no, quedaremos en la es- 
tacada para ejemplo de los cobardes que 
nos abandonan.» — «Bueno, coronel; sa- 
que, entonces, su gente ; despliegue los 
tiradores en guerrilla en aquella cuchilla 
y j)ro téjalos Vd. mismo con los lanceros.» 

Ya habían marchado algunas fuerzas, 
que no ocurrieron al lugar donde se ini- 
ció el fuego. 

Yo iba con los lanceros inmediata- 
incnte detrás de los tiradores, donde 
iban mis hijos y otros seres todos que- 
ridos, porque todos eran valientes y bue- 
nos compañeros; pero eran pocos, muy 
])ocos — oO, próximamente. El comandan- 
te Ledesma, de mi división, iba más á 
á la iz(puerda con otros i)0 hombres; 
en \i\ extrema izípiierda el comandante 
Isidoro Noblia con veintitantos : por to- 
dos, con mis ;U) lanceros, ciento veinti- 
tantos hombres. 

A los de la derecha nos recibieron 
con un fuego nutrido, (pie contestaron 
mis tiradores de la misma mano, dando 
vivas á nuestra causa y á nuestro gene- 
ral, que llogó momentos des])üés. El 
fuego era tan vivo, ((ue mandé á los lan- 
ceros desmontar y echar cuerpo á tierra. 
(Hiaiido Ikíg(') el general, el l'iiego ene- 
miga allojab.i. las pi'in)er<(s guerrillas 
enemigas montaban á (•al)all() y se jh)- 
nían en refirada. 

Coiifiíuiará. 



POBRE BERAZA! 

I^ACE un año (pie cayó en Tupambac, 
** cuando conducía nuestra guerrilla 
á la línea d(> fu(\i;'o, y aún hoy me ])ar(H-e 



oii" su \()A <ji;e él sabia hai'-r ui'aiann-ntf 
suave y dnU-c en la i'nni'-n !■• aü.iui'-; 
antójaseme to(la\ia <¡;í'- c-ciirliM -.:¡ ,•.•,.•. 
cajada llena, fuerte s')¡i(,¡;¡ < niü., ;it,.i 
cascíida de alegres n->r:A< qn-- -!■ ^üí-.- i.-u 
en agradable cadencia. yciHÍ,. .i >. |„ i,;;- 
tir de uiia manera simpática «"¡i , i .-;.;- 
ritu, como las cuerdas de un i-iaü" .li.; i 
to entran en vibración al in;iiij i ■!.• la 
voz humana. 

Tan i"- 
ven. tan 
bueno y 
generoso. 
tan digno 
de ser fe- 
liz, y sor- 
prende r- 
lo la muer 
te! 

La Gran 
Trágica 
se ensañó 
con él. 
¡Oh, bien 
sabía ella 
1 a tristt», 
la tacitur- 
na, laconi 
pañera e- 
terna del 
silencio, 
que lle- 
vaba una 
b u e n a 
p r e s a .' 
Cavó irra- 
venuMite luM'ido, y después de caer, (.-uan- 
do imestros compañeros trataban de sa- 
carlo del peligi'o, tres halas más 1.» vU 
gier»)n ])or blanco de entie ol gí'uj'i» *1»> 
amigos. La novia enlutadla, ia df ios tá- 
lales amoríos, se api'osufaha .1 .('''lirar 
con el sus oltsruros (lesposni'io^. 

Pohrc licra/.a ! si hui>iv'!;i ¡'ulido .li 
borgai" lo!i¡ if, < rcD (|í;i' rs.- ,i¡,i ¡(.¡iricra. 
ííMnblado.... l'ci'e cw su ri'¡a/.>Mi. a^u r¡.' 
a lodos los sonl iniieiiUis i;í"íi*i-ms(I'v ii<> 
cabía (d miedo. \ ídii ¡a í.íüíí- ,'!i aaii'i 




Teniente Vu^kntk Rkuaza 

Sfiri/i-iiCo en 1(1 oiin/jiiñn lit-l 9' 

C'i',i<> rn Tupanihnc fl?'i </(■ Junio 

il,' Uto I 



.■^s? 

•#■*■ 



16 



La Revista Uklcíuaya 



})ada (le su destino, encarnada cruelnien- 
re en su espirita, con la obseción de la 
muerte en el alma, sonreía á las balas, 
como le sonrió después á la muerte 
misma. 

Lo único que le acongojó en sus últi- 
mos momentos fué no poder morir entre 
sus compañeros. Aquel noble soldado 
quería tener para nosotros su última mi- 
racja, su postrer suspiro. ¡ No pudo ser ! 
un destino más poderoso que todas las 
voluntades humanas se interpuso en 
aquel trance entre él y nosotros, y su 
|2;ravísimo estado no permitió trasladarlo 
á nuestro camj>amento desdo la estancia 
donde se le había alojado. Allí exhaló su 
último aliento, á la vista del cai)itáii 
Klapembach ([ue más afortunado pudo 
restablecerse de su herida d(^spués de 
haber sido conducido á ^lelo, á los varios 
días. 

Fa\ el campamento, en la noche del 
2y>, reinó j>rofundo silencio en niiestiTxs 
fogones. Formando rueda en torno de 
ellos, permaTiecimos hasta altas horas de 
la noche sin atrevernos á coinunicarnos 
luu'Stros pcn.samientos, por temor de au- 
mentar nuestra {>ena. 

De cuando cii cuando parcítía como 
que la brisa trilla liasta nosotros el acen- 
to dí'I comjiariv'i'o caído. 

Era la voz de los rcícuerdos (^ue des- 
perta^)all en niicstía alma.... era la revcí- 
laci<')n (i(.'l vacio que en nuestro ?/o mtimo 
había pioduciflo la i>órdlda del valiente 
sar j4<'iito de Accuiia é inlortiuiado tenien- 
te de 'riq)aml>aé. Nos mirábamos cual si 
nos iiiteii'ogáranios con la vista, v vol- 
víamos a pi;rmane(< r silenciosos,... 

; Pobre Ik-raza! aún su recuerdo a)Hi- 
da iiu<'st!-a garganta y ahoga nuestra voz 



cuando pasa como una sombra por la 
reunión de los que fuimos sus amigos. 
¡ Y aún impone silencio como en la no- 
che del 23 en torno de los fogones ! 

Es que el recuerdo es una oración 
sin palabras. 

Frav-Bentos, Junio 23 de 1905. 

F. Arboleya y Arboley^a. 

¡ ALBERTO CROSA ! 

^^ A v'irtorici que en Tupambaó cinco 
-^^ñ mil ciudadanos armados con ré- 



miiigtou del ejército de Aparicio Saravia, 
o])tuvo contra el de línea que sustenta ¿ 
Batí le, costó á nuestras filas muchas vi- 
das j)reciosa8, y entre éstas, se destácala 
de Alberto Crnsa, joven lleno de inteli- 
gencia, culto, instruido, afable, que cortó 
su carrera Universitaria el 97, por ir á la 
redención política cpie el inmortal Saravia 
había iniciado contra el Gobierno de 
Id iarte Horda, a])esar de sus breves años, 
Alberto (.Vosa, mostró una entereza de 
veterano en todos esos homéricos com- 
bates y vino á caer para siempre en Tu- 
pambaé, enlutando su numerosa y distin- 
guida familia y dejándonos á todos sus 
amigos apenados por esa vida (pie se fué. 
La Revista Uruíilava se inclina ante esa 
noble tumba, la de Octavio Crosa y la de 
todos los ()rif'ntal(!s muertos en esa gue- 
nu: haciendo v^otos por(pié jamás se re- 
produzcaTi jornadas de ese género, que 
cubren de duelo el corazón de la Patria. 

La Redacción. 



Siiplic»m»M á algunos ór{;anos de publi» 
citlnd que Niielon transcribir trai>a- 
jos lio "I^a Rvvist-ik Uruguaya*' sin indicar 
su i»r»ced(>ncín, que cuando reproduzcan 
algo expresen á la vez su origen, respe- 
tándole asi á ''l^a Revista Uruguaya'' lo 
<|iie le pertenece. 

La Kedaceión. 



La Revista ÜFugaaya 

Política, cientiflca, literaria, historia y economía politica."ÓrgaQo del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0. — Julio 15 de 1903 


Xúm. H 


Director: Dr. Luis Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN •' 

CALLE MONTEVIDEO 


^Administrador : A. Seuáuez y Olivera 



La lira de la Coastitueláa 7 nuestra actualidad ! 




fL pueblo gallardo, lleno de bríos, 
que con la idea de libertad é in- 
dependencia, había asistido á los cam- 
pos de Sarandi, Ituzaingó, juró con los 
mismos legisladores cons- 
tituyentes el Código políti- 
co, que nos constituía en 
Estado soberano, el 18 de 
Julio de 1830 y pocas horas 
nos separan para cumplir 
el 75 Aniversario de aque- 
lla fecha veneranda ! ¡ En 
día tan solemne, en instan- 
tes, que se acercan, tan re- 
pletos de unción republica- 
na, en momentos tan atrr.- 
yentes para el espíritu, que 




mientes con el género de existencia que 
hasta el presente llevamos!... El Código 
magno, que legislaran, Silvestre Blanco, 
Alejandro Chucarro, Cristóbal Echeve- 
rriarza, Pedro Francisco 
Berro, Francisco Solano 
Antuña, Eugenio Fernan- 
dez, Luis Bernardo Cavia, 
]\Ianuel Haedo, Juan Beni- 
to Blanco, Agustín Urtu- 
bey, José Vázquez de Le- 
desma, Roque Grazeras, 
Joaquín Antonio Nuñez, 
Atanasio Lapido, Tomás 
Diago, Francisco Llambí, 
Ramón ]\Iasini, Miguel Ba- 



rreiro, Manuel' José Máxi- 
se concentra por entero coronel reS'olucionakio mo Barreiro, Francisco 
ante esos preciosos recuer- ELADIO 1. BLANCO -íoaquin Muñoz, Antonino 
dos de la labor homérica can.j..u^a. .iei 9' , mi Domingo Costa, Manuel 

de nuestro nacimiento á la \ v Vicente de Pagóla. Solano 

vidaInternacional,justo,dereílexivos,es, (íarcía, Francisco (Jarcia Cortina, Luís 



que con aire dolorido, nos preguntemos: 
Qué hemos hecho del legado de nuestros 
progenitores?... Dónde se encuentra, en 
nuestras prácticas cúudadanas, el Códi- 
go fundamental que tan ínclitos varones 
juraron? — ¡Triste es decirlo, pero, ini- 
quidad es negíirlo, de ese bello edificio 
político, que cumplido lleva en su seno 
y acto el gobierno libre, se ha demolido 
hasta el más hondo de sus profundos ci- 



Lamas, Lorenzo Justiniano Pérez, Pedro 
Pablo de la Sierra, Lázaro (íadea, 3Ii- 
guel Antonio Berro. ]\lanuel Krrasípún. 
solo sirve en el pií^seiiti' p.irn rilarlo de 
vez en cuaiiílo vo\iu> uikm ; osn qiu> de- 
biera ser, i)ero QUK .lAM-VS i:s. rí7„ (le 
lujo, que imnca llega á ser aero rontinuo 
en nuestra vida nacional, (pu' solo i's iv- 
publicana y democrática en iiiánlo al 
nombre !... De hecho, la soberanía en ío- 



?> 



La Rev ista Uruguaya 



da su plenitud no existe radicalmente en 
la nación sino en la S. E. que hoy nos ri- 
ge, quien ejerce sin control el sufragio, 
quien nombra legisladores, apesar de los 
artículos 151 y 4.°, quien absorve todas 
las funciones del pueblo y quien manda 
en absoluto, sin que haya nadie, ni poder 
alguno que tenga la eficacia de reducir 
su acción á los preceptos Constituciona- 
les.— De hecho, contra la CARTA JURA- 
DA y en abierta oposición contra las le- 
yes vigentes, quedan sin sanción los crí- 
menes, de almas HERODIANAS con heri- 
dos indefensos, denunciados por la prensa 
en Calatayud, Mansavillagra, Rincón do 
Barbat, Paso del Parque, etc. etc., los 
apaleamientos en San José, Taciiarcnibó, 
las presiones de fuerza armada en el acto 
Gomicial de Treinta y Tres, Rocha, Mal- 
donado, Cerro Largo, etc., etc. — Do he- 
cho contra el Código respectivo, se im- 
provisan militares, que no dedicaron su 
vida á esa difícil ciencia y arte y se otor- 
gan grados que pesan duramente sobre 
los dineros del pueblo. — De hecho, se 
sancionan leyes violatorias del artículo 
19 Constitucional, como la llamada de 
jproporciGnaHdad sobre el comicio y se 
produce á cada paso la « Caza del Jiom- 
brC:», atentando así en forma inaudita 
contra las garantías individuales, y se 
mantienen en vigor otras disposiciones 
no menos vejatorias á la dignidad nacio- 
nal,' como las de interdicciones ó confis- 
caciones por delitos políticos. — ¿Dónde y 
cuándo es que impera, en nuestro país, 
el Código bellísimo, jurado el 18 de Ju- 
lio de 1830? 

; Sombras viriles de nuestra democra- 
cia, espíritus ecuánimes de nuestro evan- 
gelio republicano, si la herencia que nos 
dejasteis, sin acción, sin vida, aún esüí, 
vuestras no son esas culpas y sí de una 
intransigencia deprimente, que, tampoco 
elaborasteis, pero, que nos arrastra, al no 
ser, como Nación, que quisisteis fuéra- 
mos, y que los Gobiernos absolutos han 



detenido en su progreso y ahogado con 
actos punibles sus más nobles expresio- 
nes; no os mostréis del todo airados, no 
se agiten vuestras manos para maldecir- 
nos, que aún podemos tratar de cumplir 
vuestros deseos de tener una Patria, libre 
de cadenas y de enconos nefandos ! 

Dadas las fuerzas morales, que toda- 
vía suman los partidos Orientales, no es 
ilusión de exaltado cerebro, el ijresumir, 
en un día no lejano que en la práctica 
pueden renacer, las hojas que forman 
nuestro gran árbol Constitucional y á su 
benéfica sombra, llenar nuestra misión 
de pueblo civilizado, de unión, de con- 
cordia, en la esfera del derecho v de la 
justicia. — No es posible, creer, qué, los 
males actuales perduren, que siempre 
vivamos contemplando como se esfuman 
en el teatro de la acción política nuestros 
derechos y que la voluntad del poder 
central sea perenne en la absorción de 
facultades desconociendo sin medida las 
que Constitucionalmente corresponden al 
pueblo. — Menos es cordura, pensar, que 
nuestra raza ha degenerado, que en las 
clases socitiles se extingue la noción de 
libertad, que nacimos para siervos y que 
nos falta altivez ó entereza de ánimo, 
para afrontar situaciones por complica- 
cadas y difíciles que ellas fueren. Sobró 
siempre á los Orientales el valor que dá 
la conciencia del propio civismo y jamás, 
en ninguna época ó lugar de nuestra his- 
toria so hizo notar la escasez de hombres 
idóneos, para asistir á los terrenos nece-. 
sarios, según los casos, á la solución de 
los problemas nacionales, tanto en el 
orden de las concepciones de la inteli- 
gencia, como en el de las prácticas ciu- 
dadanas. I 

Honremos la memoria de nuestros 
Constituyentes, haciendo respetar siem- 
pre en el presente y mañana el Código 
que ellos juraron ! i 

La Redacciüx. 



La Revista Uuuguaya 



o 




Ei Trabajo 7 las lielgas 

Expresamente para "La Rfoi.sla Uruguaya." 

A cuestión obrera, como ha dado en 
llamarse á la lucha empeñada en- 
tre los patrones y los obreros, ofrece más 
de un aspecto seductor para el hombre 
de estudio. 

Claro está que nos referimos á las 
Repúblicas del Plata, porque no preten- 
demos, y sería, por otra parte, imposible 
hacerlo en los estrechos límites de un ar- 
tículo, estudiar los complejos problemas 
que plantea esta cuestión en las Nacio- 
nes Europeas. 

Imparcialmente considerada la con- 
dición del obrero en estas E,ej)úblicas, en- 
contramos que es bastante llevadera su 
existencia, j)uesto que puede aspirar á 
cimentar un relativo bienestar mediante 
el ahorro y la perseverancia. 

Se esplica el fenómeno de las huelgas 
en los países esencialmente manufacturo- 
ros ; en ellos el capital domina en abso- 
luto é impone la dura ley de la necesi- 
dad al obrero, sin otra perspectiva' que el 
jornal — á veces miserable — y la vejez sin 
pan y sin lumbre. 

Aquí el obrero se alimenta con pan y 
carne de buena calidad — mucho más nu- 
tritivo éste que el llamado especial que 
el que comen los ricos; viste decente- 
mente, ó como dirían los españoles á lo 
señorito ; se divierte, llegada la oportu- 
nidad, y no le faltan alhagos que hagan 
relativamente amable la existencia. 

¿ Que tiene que trabajar ? Trabaja. 

¿Y quién no trabaja, al fin? 

Ahora, según dicen, se ha establecido, 
en general, la jornada de ocho horas. 

No es mucho que digamos en algunos 
casos, os bastante en otros, y es muy po- 
co en varios. 



Esta base igualitaria es de una desi- 
gualdad realmente injusta y arbitraria. 

Se explica que un hombre que realiza 
un trabajo duro y penoso en el que, paso 
á paso, va dejando los girones de su vida, 
soporte como una pesada carga la jorna- 
da de ocho horas. Es justa esta jornada 
en trabajos de cierta índole, como ser: 
albañiles, carpinteros, herreros, etc., pe- 
ro, no se justifica — en los términos de es- 
ta igualdad — que un dependiente de tien- 
da, de modista, un empleado de escrito- 
rio y en fin, esa multitud de simples in- 
termediarios entre el vendedor y el com- 
prador, trabaje solo ocho horas y preten- 
da haber realizado con esto un labor ex- 
traordinario. 

Es evidente la consecuencia que sur- 
je do esto enunciado ; la jornada de ocho 
horas, como término de igualdad, esta- 
blece una desigualdad que hace más difí- 
cil la vida del obrero, puesto que la en- 
carece. 

Do esto debieran reclamar no los pa- 
trones, que al fin y al cabo se resarcen 
fácilmente de los perjuicios á costa de los 
consumidores, si no los mismos obreros 
perjudicados, esos eternos luchadores 
anónimos que soportan la parte más pe- 
sada, de lu, carga en beneficio de los que 
menos derecho tienen á exijírsela dado 
que en la clamorosa reivindicación, este 
derecho, se han entreverado en el mon- 
tón, sin títulos ni personería alguna, j ja- 
ra hacer valedera su causa con el infortu- 
nio do lo!^ que, en definitiva, solo han 
conseguido alijerar un poco el j)cso que 
llevan sobre sus hombros. 

y he ahí, bosquejada á grandes raago.s 
la situación en este ambiente. 

No existe tal cuestión obrera, y no 
puede existir por ahora, puesto que faha 
el factor principal : l.i industria manu- 
facturera. 



La Revista Uruguaya 



Si analizamos los elementos compo- 
nentes de las distintas huelgas que se 
han producido de unos años á esta parte, 
•podremos constatar la inmensa minoría 
de los obreros, es decir del hombre que 
posee un oficio determinado. 

Cuando han ocurrido huelgas parcia- 
les de obreros de distintos gremios ú ofi- 
cios, éstas se han resuelto tranquila y 
, satisfactoriamente por convenios equi- 
tativos.; : ■ J 

■ Las hitelgas persistentes y continuas, 
las que han revestido los cnracteres de 
verdaderos conflictos, han sido las de 
ciertos gremios que realizan un trabajo 
j)uramente brazal y que no exijen aptitu- 
des especiales. 

En la organización realmente efectiva 
de estos elementos, radica su fuerza y su 
j)oder. 

Al fin. y al cabo no es la justicia de 
.lademanda la que ha triunfado siempre, 
si no el número aplastador disciplinado 
para una abstención en los momentos 
críticos de las verdaderas industrias de 
estos países, indefensos por imprevición 
de lo's poderes públicos y expuestos en 
sus órganos más vitales á sufrir un golpe 
de. muerte. 

Y es tan especial el fenómeno de las 
huelgas en las repúblicas del Plata, que 
no ofrece semejanza alguna con el que 
se observa en las naciones Europeas. 

Aquí imponen la necesidad de la huel- 
ga los gremios secundarios, como ser: 
los estivadores, los carreros, los peones 
etc.; allá es el verdadero obrero, el que 
produce y cimienta la riqueza y poderío 
de la nación, con su trabajo é inteligen- 
cia ; aquí el conductor^ el intermediario, 
el que despliega una acción puramente 
mecánica. 

¿ Persistirá este estado de cosas V 

Nó. ■^■- • 



Tan luego como se dicten leyes pro- 
tectoras del trabajo, este fenómeno será 
reducido á proyecciones insignificantes y 
entonces, sin ambiente para su desarro- 
llo, sin los elementos eventuales que lo 
producen y lo mantienen latente, desa- 
parecerá infundiendo la tranquilidad de 
que todos, patrones y obreros han me- 
nester. I 

Lo que es necesario asegurar á toda 
costa es la absoluta libertad del trabajo, 
y hecho esto, las huelgas revistirán el 
carácter de pacíficas manifestaciones de 
anhelos y propósitos que será preciso 
considerar con criterio equánime, para 
resolverlas con justicia y equidad. En 
esta forma á nadie que tenga sentimien- 
tos elevados, podrá dejar de ser simpática 
la aspiración justa de las clases trabaja- 
doras, porque ellas son las que labran el 
porvenir de los pueblos. 

Y si los gobiernos se imponen por su 
alto espíritu de justicia y se preocupan 
de la suerte del proletario, dictando leyes 
protectoras y rebajando los impuestos 
para hacerles más cómoda y barata la vi- 
da, á ellos apelarán para derimir sus di- 
ferencias con los patrones, j)Orque esta- 
rán convencidos que sus anhelos, si son 
justos, encontrarán eco simpático en 
aíjuellos que las tutelarán de las extor- 
sion<^s desmedidas y de la (^x[)lotación 
sin entrañas. 

Cuando esto hayamos conseguido, 
los ])erturbadores que formen el ambiente 
artificial que provoca conflictos injustifi- 
cados, serán expulsados del seno de los 
verdaderos trabajadores, como dicen que 
Jesús echó á los mercaderes del tem2)lo 
de Jérusalem. 

Buenos- Aires, Julio 14 de 1ÍX)5. 

Dr. Juan Ángel Golfarini. 



* * 



La Revista Uruguaya 



5 



APÉNDICE 



El precedente artículo, lleno de origi- 
nalidad y de un estudio atento del difícil 
problema de las huelgas en el Rio de la 
Plata, pone de manifiesto que este fenó- 
meno económico es casi en un todo dife- 
rente en las causas que lo producen en 
Ultramar. — Si el poder legislativo tratara 
de suprimir los enormes impuestos, que 
pesan como una lápida densa sobre los 
artículos de consumo, que hacen imposi- 
ble la vida del obrero con hábitos de aho- 
rro y las más de las veces ni sufragar los 
gastos de la existencia, tendríamos re- 
suelto en sentido favorable, al trabajador 
obrero, casi la mitad de ese problema, 
que tanto afecta á los intereses públicos 
y que urge dilucidar cuánto antes afin 
de hacer cesar conflictos que perturban 
la marcha financiera del país. Ehpoder 
Ejecutivo, si el Legislativo, no lo hace de 
inmediato, podría elevarlo un mensaje so- 
licitando la exhoiieración de eses impues- 
tos, que su permanencia hace cara la vida 
al obrero y á todo el mundo, decrétese 
también, el día de descanso que pide la 
clase trabajadora y el capitalista póngase 
de acuerdo con el operario, afin do regla- 
mentar de común dictamen, no solo el 
salario razonable y justo á cada oficio 
dentro de sus circunstancias diversas á 
cada (/remira, sino, también, el horario 
equitativo, que no atente contra la salud 
del artesano y ese esfuerzo sea el que 
necesite cada industria para su real pro- 
greso. — Así tendríamos el bien de todos, 
se conciliaria el interés del capital y de 
todas las clases proletarias ú obreras y 
esto es posible hacerse en las condicio- 
nes apuntadas, por difícil que parezca y 
por nuestro modo de ser, nadie está 
siempre, en todos los tiempos y lugr- 
res eii nuestra América Latina, en me- 



jores condiciones que el mismo poder 
Central que por las Constituciones de es- 
tos Estados y aún sus hábitos, tiene las 
mayores de las facultades y es el más 
ejecutivo. — En otro día, ante los princi- 
pios económicos, ante la experiencia, ve- 
remos, cómo la aplicación indebida que 
damos al impuesto, permite hace algunos 
años que seamos factores de la merma de 
la producción nacional y extrangera y 
por consiguiente de que la renta pública 
no aumente todo lo que debiere dar natu- 
ralmente, por el exceso caprichoso de 
esos impuestos, que cuando se establecen 
violando los preceptos de la ciencia eco- 
nómica se obtiene como lógica sanción á 
tales desmanes la marcha precaria de la 
2n"oducción y de la venta pública. — Y en 
las huelgas actuales, si no es el todo, hay 
un algo serio, también, en los subidos 
impuestos sobre los artículos de consumo 
y otros que afectan directamente al obre- 
ro. Suprímanse tales gabelas y búsquese 
el equilibrio del presupuesto eliminando, 
infinidad de cargos, funciones innecesa- 
rias é instituciones contrarias al sistema 
republicano, como ser entre otras, las del 
lujo ó exceso de fuerza pública, que trae 
jDara sustentarlo miserias y lágrimas al 
pueblo, que pueden pasar en las monar- 
quías absolutas desapercibidas, pero nun- 
ca en las democracias. 

No basta que la hneJga haya conchií- 
do hqy ó mañana, es indispensable que 
no renasca más y para esto hay que ha- 
cer desaparer las apuntadas causas que 
la originan. 

El impuesto solo es legítimo ante la 
ciencia económica y el derecho cuando 
obedece á una necesidad real, no arbitra- 
ria ó imaginaria y debe ser devuelto al 
pueblo en forma de útil y razonable ser- 
vicio público y al establecerlo, no siem- 
pre se tiene presente entre nosotros 0}<to 



íí^xí?i.;v^ 



La Revista Uruguaya 



axioma de la ciencia y de lo justo y lie- 
mos, llegado á ser tan tirantes con los 
artículos de consumo y aún con las in- 
dustrias nacientes que hacemos cara la 
vida para el obrero y para todos y rompe- 
mos 231'ematuramente las alas de nuestro 
progreso industrial, nacional. 

Otro de los impuestos odiosos, es el 
de « sisa » que opera directamente sobre 
las clases industriales de esa parte del 
pueblo que no tiene grandes capitales y 
que, con tales cargas desalientan la pro- 
ducción en ramos avíenlos v de agricul- 
tura, cuya venta es carísima y no ])one 
los alim<3ntos necesarios para líi vida ni 
al alcance del obrero, ni del pueblo que 
no tiene desahogos monetarios y tal im- 
puesto, sobre la alimentación pública de- 
be suprimirse.— Continuaremos. 

La Redacción- 



ígemc. pd.. un ganq.uetc ! 



SI algunas caricaturas, por 
casuali<(ad, .sv pareciesen ri a¿. 
ijaien, vil laijar de corrciiir no- 
sotros el retrato, aconsejamos al 
orif/inal i/ue si; corrija, en su 
■ ■ itiano vstarfi, pues, que ¡Lcjc de 

pareccnele. 

PoBKECiTo Hablador. 

Expresamente para "La Revista Uruguaya" . 




|E manía social puede calificarse la 
plaga reinante entre nosotros, de 
algún tiempo á estaparte: desenfrenada 
manía que, de seguir asi, convertirá en 
disi)épticós á los habitantes de este nuevo 
país de los Batuecas, si iio los envia al 
otro mundo, con billete de ida sola. 

Qn.e yiiJanito terminó sus estudios 
universitarios: nada más justo que íes- 
tejar tan magno acontecimiento con un 
banquete que se creen obligados á darle 
sus parientes, más ó menos próximos; 
amigos, más ó menos íntimos; y cono- 
cidos, más ó menos remotos, 

* * 



Q,ue Zutano \ci á ingresar en el so- 
corrido gremio de maridos : pues viene 
como de molde un banquete, despidién- 
dolo de la vida de soltero : última cala- 
verada legal, con amargos dejos de tris- 
teza; como sí, al contraer matrimonio, 
trocara el cielo de la libertad por el lim- 
bo del connubio, cuando nó con el infier- 



no de la suegra. 



* 
* * 



Que Mengano proyecta un viaje á 
cualquier parte : se impone el consabido 
banquete ; aunque más no scíi, para de- 
mostrar ai feliz mortal, el desconsuelo 
en que nos sumirá su lamentable ausen- 
cia; y luego, otro á su regreso: así haya 
sido la gira tan provechosa como las sa- 
lidas de Don Quijote, ó el gobierno de 
Sancho. 



ij; 4^ 



Que á Perengano, que andaba de la 
cuarta al pértigo, lo han favorecido con 
un ínfimo puesto público: un banquete 
para despedirlo de las dietas atrasadas : 
y otro más cuando renuncie, por terco ; lo 
destituyan, por inepto ; ó lo jubilen, por 
inservible, después de haber ^'ivido, du- 
rante años, de la ubérrima tetK del pre- 
suiniesto; 



* 



Que á un compositor ó autor dramá- 
tico le silban la pieza que un empresario 
complaciente tuvo la debilidad de poner 
en escena, haciendo perder un tiempo 
precioso á la compañía: ¡banquete ! A 
él a-'isten los actores, el personal admi- 
nistrativo del teatro, y los amigos del 
incií)icnte ó reincidente autor, tan empe- 
ñado, (íomo él, en la creación y fomento 
del teatro nacional. 



* 
* * 



Que un sabio criollo, poeta decadente, 
ó literato de tres «/ rw^r^o, ha escrito un 
lihi'o, re('0|)ila(ión de todos sus desatinos, 



La Revista Uruguaya 



dispersos en folletos, revistas y periódi- 
cos: bombo por los diarios, y banquete 
corrido. Muy justo, pues se vendieron 
tres ejemplares de la obra, comprados 
por el mismo autor, mediante interpó- 
sita persona. Cinco años después, hay 
ya diez ediciones: milagro realizado con 
un modesto cambio de carátula. 



* 
* * 



Llega al pais un mhio importado, ó 
un ilustre dfsconocido: no bien pisa las 
playas argentinas y respira por vez pri- 
mera los buenos aires de este suelo, se le 
propina el consabido banquete de ma- 
rras, al que. asisten media docena de co- 
mensales, incluso el obsequiado. 



* 
* * 



Que Don Perico de Jos Palotes lia 
sido condecorado por un gobierno extran- 
jero con alguna cruz, cordón, collar, cin- 
ta, escarapela, botón ú otra hojaiata 
cualquiera, por imaginarios servicios, 
prestados quién sabe por qué, dónde, 
cuándo y cómo: [banquete!, previa soli- 
citud al Honorable Congreso, para osten- 
tar la tapictria en las grandes solemni- 
dades. 



* 

* * 



¡ Qué más, si hasta á los dueños de 
studs se les banquetea, cuando ganan 
sus caballos de carrera ! Lo lógico sería 
dar el festejo al caballo : nó al caballero. 



La prensa, por su parte, cómplice 
consciente de tan pantagruélicos actos 
se encarga de pregonarlos á todos los 
vientos de la rosa náutica. 



* 
* * 



Estas consideraciones nos han sido 
sugeridas por la noticia de un banquete 
que el alto y btj'o comercio de San 
Cristóbal endilgará en breve á Don Her- 
mógenes Tragaldabas, un honrado fabri- 
cante de alpargatas de la parroquia ; ga- 
llego, por más señas; quien á raíz de 
una quiebra fraudulenta, fué á parar á la 
Penitenciaria, hace de esto algunos años, 
de donde acaba de salir, para establecer 
una fábrica de billetes de banco; nueva 
industria, que dicho caballero aprendió 
durante su permanencia en la citada ca- 
sa de huéspedes. 

De más está decir que el Hotel di I 
Gallo, donde se realizará el banquete, 
ha de verse muy concurrido. — La única 
nube que empañará el cielo de la feli- 
cidad de Don Hermógenes, será el ver- 
se privado, en dicho acto, de la compa- 
ñía de sus antiguos compañeros de mo- 
rada ; los cuales no podrán asistir á la 
fiesta, por causas ajenas á su volunüid. 



A. L. 



* 
* * 



Buenos- Aires, Junio de 1905. 




8 



La I\K\ isi'A L'i;í í.'iwvA 



EL GENERAL SARAYIA 



alDk>. 1)o\ luls saxtia(;o botana. 



K\['in:sA\ii:\Ti-: para « LÁ Kkvista UurcurAYA* \ 

^í r. auii^o (loc-inf. l;i \(Mirr;u-i<Vii (n¡e Saniviii no hrJ/oi'íi ace])tado jamás otra. 
inspira lioy !;i liimioria de núes- ivcoini)ensa (ine la conciencia ele los ser- 
vicios que había 
¡■■•(■stailo á su cau- 



;/Oí) • 



í ¡'i' ;.rran nuMM vo. es 
s:!Jti oimparaoli- n ^ 
la a'lniiiacií'iü . ' 

([UO ÍUe olKr) i . i 

l)<tr'e dv \¡^'\''<> ¡'ii;v - 
tros ciíirt'iiui' lUi;- 
rios (¡uranio l^s i'i!- < 
ti!n!'< l;i>ii'Ms (!; ^i ^ 
A'i'K:. >• iü'- ;■(■ \ [-> 
t'^i. in* ' í! ñ' ' ! lí'i ;( I n i ' 
sentido j>;;l|iitar en 
a-oool inui<Mísv> cjór- 
ciUi ;.!'.-■ ■ '''■<> i >'" 
(■'li. nn;;;-- ^■■ri oriia- 
líizado y compacrij 
\' (lue á su caída tu- 



\ ;r 



:iS;;d;ecoi'. 




I or encnna, dc- 
>;'!V;\'Ía, rüiMi) j):ir 
' ¡icinia dr[ Í;;m.';'í''s 
i>0isi-nal do a,;i,;> 
iiís (¡ne coiup^Miia- 
ií■i^l^; '■] ojértdto. ha- 
in'a un.a .idi'a sui)e- 
rior (¡ue n\ovía his 

>i^ \'<)ltu¡!;;dcs. I^ (> r O 
' ■ ■ :■ idra. (¡uo ora 
.j iod;! alu!e!;'a(dón, 
u('cosira!)a, ])ara no 
sor obscurecida i)oi' 
otra.s. una alma ca- 



tad ![(• (dudadaiios d "' 

coiii;regados en tor- ;- --■ 

no del iiisu|>ei'al)h; 

caudillo, ei'a en 

iiuesfra ¡xiLiicí. lo 

que una <»la d*' 

¡dcaniai'on c! (K-f'-ino: .su piMpla. i:¡.r.:ni- 



ODDPOKM PATRIA 



(;:;^'::^^!d^u^o> Ar " IMÍdO SAKAAdA 



I;; ¡i-o])!.:! sui'orüirida 



paz de saturarse 
t'nlerainente ]) o r 
cdla y capaz de ex- 
cluir todos los sen- 
tiini(n!tos de orden 
menos e lev ado ^ 
liasta id {)unto' de 
llo<.;-ar al (^h-ido de 
d \- ;!c\ar ' m\ po- 



li!'- la. can-,;! 



,-ii. 



<\\ a.';;; i i': 1; -lili) ciian- 



., ..mI 



dn le í'aLi't la fuerza d- a!ra<-í-ié,i (kd 
asii'o. 



!;:!":. l'lipi'iiíieneías. 
\\-:\ ahila la pi^cyó Sa:'a';:n \ ]!o;' eso 
\\\(- (\\\"- en -u; Pirn-) ne ; ••(,n:;'í'ia;-anies a-^ 



Vw- el (;e;i"ral la eiií-arnaei;'))! de (pie ai pe:'d(M'ii> ;'i (d peidíanies también 
c()leeri\a;s. (pie úniea- la CiAie.-dón, el es¡;ir¡(u de enerpo (pu.' 



miesti'os nlcal( 



mente un a!nia irranile cenio la >nya oí:- ¡k.s daba, (d inipn/.so ñnico d.oüunanle en 
do conii)¡'ender: na.'.ural oi-a. jin:'s. (pie .--^u nuestras lilas, y ¡pao '{\\r el (pie mantu.X'o 
jtorsonalidad Inora ÍL-r(NMii'pic;;'.:d)b\ >' de u.nido dnranle mr-\'(? meses ;'i acpud i'}('V- 



a.-i.-o' a io: 
1 1 



a<¡uí la j'azí'm a.paa'onte (j 
<|ue con leda iniii->íiei;i 
ejértdio de sai'a.\ istas. 

¿ Cíane es pítsibie (p¡e tiiíd'anios sa 



cito (paio no pioio nunca mas (|ue ai'mas 

liíimai'on "pai'a combatir \' <iue' no tuvo muchas ve- 

ees más nmralla.s ])ai'a ¡guardar su centro^ 

(pie los peclujs de sus ava.nzadas iiide- 



ra\']stas (Miaiiao sabíamos (pie cd ndsmo tensas 



La Revista Uri:(;uaya 



í) 



¿Quiere lili ras;j;() c-a])az <io dar idea 
del earaeter de luiestro llorado eaiidillo? 

Eli el eoiiibate del })aso de í^as Toseas 
el enemigo hacía nutrido fu eii'o sobre un 
grupo deearretas que el General estaba 
ocupado personalniente en hacer vadear 
el arroyo. De i^ronto el fuego se hace 
más violento aún, y el (ilencral, visibie- 
iiiente incomodado murmura estas pala- 
l)ras: «Tiren balas no más, que el pue- 
blo es quien las paga !» Terminada su ta- 
rea ími el ])aso, clava esi)uclas á su ca- 
l);ir!o>' se dirige á nuestra línea de fuego, 
le pi;!(> el mauser á uno de nuestros sol- 
da;los vlií-Iéndolequeél también te-nía ga- 
nas de hací^r unos f ¡rifas, clava la rodilla 
en iierr;i y hace desrilojar á los (K)s ó tres 
tii'os una i)iív.a de artillei'ía (}ue los con- 



trarios hal)ían emplaza l^'s e;i ;!i!:! ;!!u;i'a 
de douík; dominaban iiucsii-.! !i;m;i. í).-^ 
de ese momento, la In^i^ií^;;- (Í!\;-i' i ]-J 
al mando del Aalienre y m ;!og:;ii i {-^vó- 
nel (.'ayetano (¡urierrv'Z. a\ a:i;v' i;-;iiiMía- 
meiite, toiiiando al adversario ;;l;^:i;!a> 
armas, correaje, \estuarios y e;-j!a< «¡lio 
hal)ía dejado en rl eani})ain(Mit;) de (i;i¡i.ii 
habían venido á píx-scnrarnos eotiib.-iio 
confiados en que ])odi'ían regresar á r\. 

í]ste era el General Saravia. osiv' oi-a 
el hombre que hacía ])ráctica á cada ins- 
tante la frase de aipud otro Ibu'ado mili- 
t;u" vencedor de Tres Arboles «pie al (pie- 
dar á])ié y ofrecerle su caballo uno de 
sus ayudantes res])ondJó : « Xó. sé morir 
l)or la Patria como cual([uier soldado.» 

¥. Akm5 )li:ya y Ai.'Hím.kva. 



Por la Redenoióii Política!... 



(Confinuarión) 

MEMORÁNDUM, soíuí:^ los suce- 
sos DE LA ViLEA DK A!íTIt;.\S, ES- 

CKMTo i'OK r.L co.misi()?nA1)()I)EE (Co- 
mité Revoeucionakio dee 07, ee 
i'vriMOTA Don ISMAEL VELAZ- 
QUEZ. 

"^^^JK vez de llev<ir ese batadlón eomo 
<Mk^ mv híibía dicho lo ord(Mi6. así (pi(^ 
recibi(') (d di.iei'o, (|U(^ s(> liicies:^ c-argo de 
la lioeeploría y (¡üc si no era l)asla!ite 
ese badaüoii. !;■ iiRinda.iía oú'o. Yo había 
(piedado esa tiorlü' en j agüai'í'm y muy 
teiiijji'ano Sv' me .-n i;-,.') (pw> ( '!ia\'(>s teuía 
orden de- exigirme sei> mil jn-sos, (pu^ si 
\-o no los tenia los sacase (hd comer(do 



( Ij Kri las r.r/insiiion/'s ó nn rrwioncá <l(; viriles ó 
mil i til res, (iij ucllos ¡jri¡ ¡ir ñ (.<! in(i.-< <■ in.<ii¡ii¡)i':(inCc-s ¡le- 
Ctilli's, i/ur no c/Ltri'/i c/i el. /¡lan ¡le cstn UcdítUí jiuhli- 
¡.-(iflax ¡Kii- nizonc.s ¡l¡' o¡i¡)fi.n,i\i>l¡¡.<l, i;U\ (tr.¡:.. inhi t/>- 
l,¡'f/i'()s ¡■¡)ii .stt.s mifris y lutim-nliírLux i-i:s/i¡'i-tic¡is un imcs- 
/••' " 1 1 ¡ .<'(ii'i¡¡ ili'l !)~" . 



c'nno (;ontri])ución. Yo me detuve en Ya- 
giE-irón y di mis inslracciones al ca])itán 
.Juan T. ?dartinez encargado de la fuerza 
déla (iuarnición que estaba acantonada 
rigurosamente desde la noche antes, pues 
l)arece que se hablaba (W saquear el 
pueblo: en esos momentos fué Ghav(^s á 
\aguar<')ii .-I verme ¡)a>ra. eiue yo \ir,ic^e 
y acordase la fonii;! de rl ba'.-,';--;;' cargo 
(lela (¡uarnirióii \' Rereii!); i¿! scaiiü lo 



ordeiíaíio ]m)v 



il 'Z. 



\o \-:\ sa^oa 



todo, liaría (¡üe X ¡ifii 
genio OH el' ra<'i i'o 1 
manda.do i)n>í-ai- un 



/: osia oa p; 



;.!.. 



is Pie li'as N' i'a !oa 
:í ::':'a:i Ií'imki i-ara 



l)asar al ¡hasi 
nodia reíiraiS: 



:■ M'ic ;. 



('!;.!\'>s ípso 
;! o:a 1 .'¡üa 'o 



las proi-isas j^^ 'iidas ^iüla ia ; a;;io¡'ida- 
(\i':^ do ^i agi:M:'(';ii i );; i'a ( pi i ! a i'U ' los gana- 
dos á Xüñez y !¡a;-.-¡-!,i ¡jíth '[■■,■ y ,¡nc 1,, 
hacía responsable ])or los des/irdoii'.'s (¡la^ 
hui)ieseii en Artigas. ])i!ás si se-p-¡M ja- 
(dan los (iU(> coMsi'-oia.íMi •«a-;a: a "i a 



10 



La Revista Uruguaya 



guaróii serian llevados íi la cárcel. Cha- El mismo día 25 se dio cuenta al Co- 

ves se fué y enseguida hizo pasar los mité. El mismo 25 y en momentos que 

soldados del 4.° con sus armas ocultas se trataba de hacer pasar la Guarnición 

para Yaguarón donde continuó la venta para Yaguarón por la balsa unos, y otra 

que se venía haciendo desde dias antes, parte con el armamento iba á una Isla 

y quedando en Artigas solo la Gruarni- inmediata, se presentaron precipitada- 



ción de allí. 

El coronel Nuñez se- 
g'uía, su pasaje precipitado 
en el Paso de las Piedras 
donde habíase apoderado 
de la balsa y botes pasando 
sus caballos y gente pre- 
ferida primero dejando de- 
sarmado á los demás. En 
esa circunstancia los encon- 
tró la vanguardia de Arri- 
bio,haciendotirar á muchos 
al ag-ua en la mañana del 
25. La tropa de ganado 400 
novillos, en su mayor par- 
te del Sr. Galarraga la 
abandonaron al llegar Arri- 
bio. Nuñez enseguida y sa- 
biendo que con interés se 



mente el mayor Albarenque con 50 hom- 
bres completamente desar- 
mados que no pudiendo pa- 
sar en las piedras y habién- 
doles tomado las armasNu- 
ñez, tuvieron que retirarse 
á Artigas; tiroteados ya 
por los enemigos pasaron 
á Yaguarón con caballos y 
recados. En esa circuns- 
tancia fué que el capitán 
l^j Labeque con Frutos Rive- 
ro, Juan S. Zamora, San- 
tana y otros más salieron 
imprudentemente á descu- 
brir si va venían cerca 

t. 

los enemigos lo que no 
había duda puesto que 
le buscaba para prenderlo se fué con di- como queda dicho el mayor Albarenque 
rccción al Arroyo Grande siguiendo á había llegado perseguido por ellos. 
Rio Grande donde dio su manifiesto an- 
tes de irse á Buenos Aires. Continuará. 




-j 



sargento mayor 
PABLO BOTANA 

Hizo las cainpuñttH recolucionarias 
97 y 1904 



(1) Aetiiiicióii (!« la Sa. Diviiii Moiiifiiiii.iriii m la Caiimia k\ 97, 

Narrada por su Jefe Coronel 



(Continuación) 

Véase Núm. 5. 

^ÍNTONCES el general me dijo: « Va- 
JS^ mos á amagarles una carga con 
mis lanceros, » y nos pusimos en marcha. 

(í) En los números sucwsico!? irán las narracio- 
nes de los Jefes liecolaeionarios solire la (juerrn del 
97, Joí<é F. Gómale:;, IJasilio ¡j Sert/io Muño;, Veles, 
.Aíarin, Gil, Blanco, Batista, Cortinas, Aldaina. Gue- 
rrero, Ismael Velazíjaes, Naoarreie, Várela Gome:;, 
Expediciones Aparicio Sarama, Lamas, Alonfjrell, 
Benites, asalto cañonera "Arli¡/as", exposiciones de 
Cannaveris, Cibils, Gauna, Saaeed'ra (j Coronel Orr/az 
Pampillón, etc etc., ¡j machas otras eioiles ¡j milita- 
res, asi como toda la documentación política // militar 
que simen de hasc ci nuestra "Historia del 97". 

La lieilacrión. 



El ordenó á mis 30 tiradores de la dere- 
cha por intermedio del ayudante Rodolfo 
Poncc de León, que marcharan hasta po- 
nerse á 200 metros del enemigo, cosa que 
trataron de efectuar y no pudieron, por- 
que el enemigo se retiraba de ese lado. 
Marchamos con el general y mis lance- 
ros al galope, i)ero en unos caballos fla- 
cos y transidos como Rocinantes. Hici- 
mos algunas cuadras, habiendo yo utili- 
zado el clarín del general, haciéndole to- 
car á la carga y á degüello, cuando lie- 



La Revista UiaT(;LAVA 



11 



gó un ayudante y dijo al general : « Co- 
munica el coronel Saavedra que no pue- 
de cumplir la orden de protegerlo, por- 
que no tiene ni municiones ni caballos.» 
Entonces me dijo el general: « Coronel, 
yo tengo que hacer en otra parte ; queda 
Vd. encargado de esta operación, pero 
creo que no debe pasar de aquella cuclii- 
llcT. » Fui hasta donde el general me or- 
denaba, y aun me excedí : pasé aquella 
cuchilla, y otra, y otra, hasta que descu- 
''brí todo el ejército enemigo pasando el 
(jruaviyú para el otro lado: es una ver- 
güenza, porqué so componía de orientales. 
Estos parecían una majada: la mitad de 
un lado y la otra del otro. 

Momentos después, viendo que yo no 
los llevaba la carga, dc>splogaban una 
fuerte guerrilla de tiradores sobre nues- 
tra izquierda. — Había cumplido con 
exceso la orden del general : luihía ahirr- 
to la puerta, y puerta grande ; hiúna co- 
rrido á más de 600 hombres con ciento 
veintitantos; era casi de noche, y mandé 
orden al valiente comandante Isidoro 
Noblia de que se moviese al tranco, ini- 
ciando yo mismo la retirada á ese aire. — 
Nadie más que Noblia con sus oO hom- 
bres, el general algunos momentos con 
los ayudantes patriotas y buenos amigos 
Luís y Rodolfo Ponce de León y mi que- 
rido y valiente amigo el comandanfe Ca- 
bris, que andaba de voluntario, me acon- 
pañaron ese día. 

Rodolfo y mi teniente Ladislao Mo- 
reno entraron por la derecha y sacaron 
una caballada flaca de cerca del campa- 
mento enemigo mientras yo llevaba al 
centro el amago de carga de lanza, á que 
mi distinguido jefe y excelente amigo el 
coronel Lamas, que nos miraba ala de- 
recha por hallarse gravemente herido, 
dio el nombre de brillante. El mismo 
jefe me preguntaba algún tiempo des- 
pués : « Coronel ¿ que oflcíal mandaba 
aquellos lanceros ? ¡ qué linda carga de 
lanza! quiero tener los nombres del Ofi- 
cial y de los lanceros que lo seguían. > 



Le dije que no sabía quién era el oficial, 
ni los soldados, pero que todos pertene- 
cían á mi división: mi general estaba 
oyendo, y le dijo: «Son lanceros de la 
i^.^ división, mandados por el coronel 
Berro. » «íGnicias, mi coronel ; — gracias, 
mi general » . . . con eso me han pagado 
mis humildes servicios á la patria. 

Muy entrada la noche, llegué á la 
carpa del coronel Lamas, le di cuenta 
de la operación y me felicitó por ella. 
Eran las 9 p. m. ,- y el general no había 
vuelto todavía. 

Me pareció que mi querido jefe de 
estado mayor sufriera mucho esa noche, 
moral y físicamente. . . Comprendí la 
razón do aquel grande y noble dolor: 

la división de con sus jefes 

á hi cabeza, se había rehusado á prote- 
germe y había desertado cobardemente. 

Algunos días después estábamos en 
las puntas del Arapey chico, disminuido 
el ejercito en más de mil hombres, en- 
tre éstos muchos jefes y oficiales: de 
unos y otros se habían improvisado en 
gran número, y, por consiguiente, había 
para todo, para héroes y para miserables. 
! Que Dios y la patria premien á los pri- 
meros y pidan cuenta á los segundos por 
su cobarde deserción ! . . . 

En los primeros días de Junio está- 
bamos en el Salto, paso de las Piedras 
del Dayman, rio que pasamos al S. 
por orden del coronel Lamas. íbamos 
á inutilizar el telégrafo y la vía férrea 
hasta Chaiñcní y á observar el enemigo 
sobre el Guaviyú. Se dio cumplimiento 
á esa orden de acuerdo con el comandan- 
te Juan .fosé ]\[urioz. qwc me acompaña- 
ba en esa c-onnsión. 

El día 10 de Junio, al anochecer reci- 
bí orden del general para bajar esa mis- 
ma noche al Hervidero, donde él me 
esperaría con algunas fuerzas para una 
operación importante. No llegué tan tem- 
prano como deseaba, porque el vaquea- 
no se perdió esa noche; jjcro Ueffué á 
tiempo ¡Jara divertirme. 



12 



La Revista Uruguaya 



Después de saludar al general^ llegaron 
á avisarle que unos buques remontaban 
el Uruguay. Entonces me ordenó que 
pasase al S. del arroyo iinnediato á la 
casa del señor Amaro y esperase allí la 
escuadrilla. Me dijo el general: «Tenga 
mucho cuidado, porqué, conforme pue- 
den ser enemigos, pueden ser amigos, 
pues esperamos á Smith y José Britos. 
De modo que los primeros que tenían 
que habérselas con la escuadrilla eran 
tu servidor v treinta v dos tiradores, 
que fueron los únicos que pude llevar 
por lo precipitado de la orden y porque 
en mi división ya éramos muy pocos, 
—90 próximamente. 



Llegé al punto indicado por el general, 
cuando ya la escuadi illa venía cerca. Es- 
tábamos en un desplayado sobre el Uru- 
guay, sin más defensa que un barqui- 
chuelo de sarandí, que más estorbaba 
que servía de parapeto. Al aproximarse 
los buques, Teodoro y el sargento Rodrí- 
guez me dijeron: «Son enemigos.» Vi 
uno de kepis blanco en el castillo de proa 
del Vidiella y les dije: «Fuego al del ke- 
pis blanco ; apunten bien . . . Pensaba que 
fuese un caballero con quien tengo una 
cuenta pendiente, pero por desgracia no 
lo era, sino mi querido amigo José Ca- 
rrasco, supongo, porque después supe 
que había salido herido. 

Continuará. 



Narración del Comandante Apolinario Velez 

SOBRE LA EXPEDICIÓN REVOLUCIONARIA DEL NORTE, EL 97 




(Continuación) 

Véase núm. 5. 

fSA comisión tomó á su cargo, du- 
rante casi un mes, la proveduría 
de víveres, ropa, uniformes y recados 
para los compatriotas que se hallaban 
agrupados con Várela Gómez, Enrique 
Olivera, Camessilla, Pou y Curbelo ; y 
durante los últimos quince días, atendie- 
ron también la proveduría del <Generíil 
Leandro Gómez», estable siempre en el 
Campamento de Gená, 

Don José C. Larriera, Don Gregorio B. 
Seré, Don Ricardo López Jordán, Don 
Hipólito y Don Laureano Sauz, coman- 
dante Don Ovidio Escalada, v Don ]\Iar- 
tin Mabragaña prestaron servicios im- 
portantes. — Todos ellos han sido colabo- 
radores efícientes en el sostenimiento de 
miestra cxi)edición. 

Itespotidieiu!;» ii la consi^n^ 

Marzo 4 (le 7897. 

I]n este día llegamos á la costa del 
Uruguay, !'Caini)ichue]o). con el propósito 
de invadir al día siguiente al territorio 



de la patria 



Todavía en Entre Hitksl 

Maifoli. 

Cuánta de- 




cepción en 
los diez días 
ti'¿mscurri- 
dos! . . . 
Nuestra co- 
lumna com- 
puesta do 
más de .300 
hombres, to- 
dos á caba- 
llo, con bue- 
nas armas y 
abundantes 
municiones, 
encuen- 
tra acampa- 
da desde el 

día doce en la costa de «Carnballo», 

Departamento de Colón. 

A líis () a. 111., varios Jefes y otros que 

como yo, así eran titulados, entre los que 



Du. I):\. .J<xsÉ Luis Baexa 

Jeff! Méilico ilt'l Ilos/iif.ul <le siin.ijre 

el i)7 en Cacliilla Sera, 
mienihro 1/ Presiilenu; del Directorio ge 

Nuciomdista nuria-i vecen ¡j 
eitcul ilel Comité Recolucionario lUOi 



La Revista Uia;(iUAYA 



la 



recuerdo á los señores coroneles Don 
Enrique Olivera, Jefe superior de la 
columna; Don Julio Várela Gómez, se- 
gundo Jefe de la expedición, Don Ma- 
nuel Camessilla, y Don Miguel García ; 
Comandantes Don Emilio Rivero, Don 
Juan Cabris, Don Augusto W Esquivel, 
Don Juan Ponce Olivera, Don Mario Pou 
y el que suscribe ; Mayores Don Luis 
Massa segundo Jefe del «Leandro Gó- 
mez » y Don Marcos Neira ; Don Luis 
Mongrell Jefe civil de la Expedición y 
el Doctor Eduardo Acevedo Diaz, nos 
reunimos, á pedido del señor Mongrell, 
en la Estancia de Don Martin Mabragaña 
para conocer la opinión de los menciona- 
dos Jefes respecto de nuestra invasión 
al Territorio Oriental, desembarcando 
en la estancia «Las Delicias» con ca- 
ballada suficiente para montar enseguida. 
He dicho, señor doctor, que omitiré 
todo aquello pue pueda causar desagrado 
á ciertos amigos, y cumpliendo ese pro- 
pósito no detallaré todo cuanto pasó en 
esa reunión ni señalaré nombres pro- 
pios, pero como no tengo porque ocultar 
lo que me es personal, sigiiifícaré que 
de mi parte sostuve decididamente que 
teníamos la obligación ineludible de in- 
vadir y que todos los que componían el 
plantel del Batallón « General Leandro 



Gómez» ; y así iiiis:iio la (Mballería que 
capitaneaba Don Andrés Villanuevn y 
que comandaba Don Eniilííj Ri vero con 
la denominación do J']scLiadrón « Lucas 
Piris», tenían el espíritu suLicientemente 
preparado para ir hasta el s;u-i iíic-io, si 
necesario fuere, en cumjjliinioiito del 
deber. 

Se labró un acta firmada por todos y 
que yo suscribí en desacuerdo. — Lo re- 
suelto fué lo siguiente: 

Comisionar á nuestros distinguidos 
correligionarios señores Don José C. La- 
rriera y Don Gregorio B. Seró para que 
en el día se embarcaran con destino á 
Buenos Aires y consultaran al Comité 
Nacio]ial de Guerra, respecto de si nues- 
tra expedición debía invadir por esas in- 
mediíTciones ó si habría de recorrerse ha- 
cia el Norte para pasar por Libres. 

La situación se hacía penosa é insos- 
tenible. ^Los recursos estaban agotados, 
No había dinero para comprar ni uñares. 

Ese mismo día, 14 de Marzo, los coro- 
neles Miguel García y Manuel Camesilla, 
Mayor Majrcos Neira, Capitán Curbelo, 
varios otros oficiales y más de 100 hom- 
bres de tropa, se pusieron en marcha 
con rumbo á Concordia donde el Coro- 
nel García, según dijo, contaba con rela- 
ciones y recursos. Continuará. 



Peripeci¿is de voluntarios revolucionarios del 97, 

Najmíada.s i'oK ei/Dh. ALEJO RAi\IOS SUAREZ 



Estimado amigo v Dr. Luis Santia- 
g;) Botana : 

Aunque un poco moroso vengo hoy 
á chancelar una deuda que tiempo ha 
contraje con Vd. i 

Le ruego (quiera disculparme por la 
demora y aceptar en cambio la narra- 
ción que á continuación de ésta le envío, 
como una i)riicbíi de amistad y aprecio 
al correligionario, (jue j.unás cedió ante 



la mezquina ambieión que cubre y co- 
rroe las entrañas de los malos orientales: 
y ([ue solo as})ira el bieu de luiestro 
I)aríido, por ser él, el hicu de Id patria. 

Amigo Doctor: V,o {).\1¡';í Vd. 1;; n:i- 
rración, no di' mu'stro vi:<,g<> de !V.u>nos 
Aires á el ejérciro roviiiucir-uario, siin") 
tan soK) do alguna ó a!g.:;ias i>or;;>í>t-;;!s 
que nos hubiera i)asah) i)er el caiuiuo. 
Creo que la ()ue paso á relata!-, le va á 



14 



La Revista Uruguaya 



agradar, máxime que Vd. como yo, co- 
noce á mis compañeros de expedición. 

Al salir de Buenos Aires, éramos tan 
solo cinco: el Dr. Arturo Berro (Coronel), 
Emilio A. Berro, Julián Quintana, Vi- 
cente Romero (escudero del Dr.) y el que 
narra lo que Vd. lee. Pero llegamos á 
Santa-Ana do Livramento y nos incor- 
poramos á la 1." ó gran expedición (como 
le llamábamos nosotros) compuesta del 
Dr. Carlos A. Berro, José Borro, Enrique 
Sandon Urtubey, Francisco Frejeiro, N. 
Monje, un antiguo servidor el comandan- 
te Larroque, quien tuvo que quedarse pa- 
ra seguir á Cuchilla Seca por una fuerte 
nefritis calculosa, que se le agravó con 
las marchas á caballo, dos asistentes^ 
dos paisanos mas, cuyos nombres no 
recuerdo, con todo este contingente em- 
prendimos viage el día 26 de Julio de 
Santa- Ana con intención de alcanzar á el 
ejército en Aceguá, en los primeros días 
de Agosto. 

Si en todo el trayecto que recorrimos 
en los primeros días, desde Uruguayana 
hasta Santa-Ana, no nos pasó nada de 
extraordinario, en cambio desde que sa- 
limos de este último pueblo, ya sea por 
el mayor número, ya sea por el mal ca- 
mino, lo cierto es que fué un collar de 
peripecias, lo que coronó nuestra llegada 
al ejército. 

El día 5 de Agosto se concluía el ar- 
misticio entre los ejércitos, apuro en lle- 
gar cuanta antes teníamos y ¡ oh fatali- 
dad ! ese mismo día nos encontrábamos 
delante del Río Negro, en el paso de Car- 
pintería, convertido este paso en un mar, 
difícil de atravesar, más ])ien (jue el río 
que días antes había dado paso al ejér- 
cito revolucionario. Amigo Doctor, difí- 
cil solución le veíamos, al arduo pro- 
blema de atravesar aquel lagunon, cual- 
quiera de nosotros hubiera preferido el 
combate cuerpo á cuerpo con el enemigo 
(^ue íbamos á buscar, en cambio de la 
lucha en conjunto que pretendíamos con- 
tra aquella mole de mar. Es que el cua- 



dro imponía : cincuenta metros de agua 
cerrentosa era lo que teníamos que atra- 
vesar, con nuestros caballos transidos 
por las largas marchas y viendo además 
como prueba de paso peligroso, en unos 
árboles situados en el medio del río, colga- 
das como ahorcados, las osamentas de mu- 
chos caballos del ejército que habíanse 
ahogado al atravesar dicho paso. Sin 
embargo hubo que decidirse y un com- 
pañero, paisano, cuyo nombre no recuer- 
do, se echó á nado en su caballo y ayu- 
dado por su habilidad salvó el obstáculo 
llegando al otro lado. Entonces vimos la 
cosa más fácil, deshicimos una antigua 
maroma que allí había habido y con 
aquellos alambres fabricamos, un inge- 
nioso y sólido puente por donde pasamos 
todo nuestro equipaje, inclusive los reca- 
dos. El paisano que estaba del otro lado 
había anudado por sus extremos, tres 
maneadorcs formando uno solo muy lar- 
go que revoloteándolo como lazo, lo ti- 
raba á donde estábamos nosotros, enton- 
ces en la punta de él atábamos un caba- 
llo y lo echábamos al agua siendo atraído 
por nuestro compañero de en frente, que 
recogía con habilidad, el maneador por 
el arrojado. Después de los caballos nos 
tocaba á nosotros, bestias humanas y 
¡ lióte aquí ! el momento de prueba. Emi- 
lio A. Berro fué el primero en atarse por 
media espalda el extremo del maneador, 
arrojarse al agua y gritar: ahora, tiren 
que así se precisa. Pronto estuvo del 
otro lado, sin más noveda;! pasamos los 
diez ú on(ie que éramos, menos el queri- 
do, pero nujy desgraciado Vicente Rome- 
ro (escudero del Dr. A. Berro), quien no 
sabiendo nadar tuvo que resignarse á 
arrojarse al agua, hundirse y así hundi- 
do pasar todo aquel trayecto que según 
versión del mismo, parecióle tener unas 
dos cuadras de largo, ¡ fíjese querido 
Doctor hasta donde puede hacer llegar 
el cíilculo, un hombre medio ahogado. 

Luego que nos vimos todos al Sur del 
Río Negro, nos apunimos á ensillar y se- 



La Revista Uiíucuaya 



15 



guir marcha, pues ya se había concluido que tuvo que salvarlo á pió pasáiidolcs 




el armisticio y teníamos que pasar bien 
cerca del ejército de Muniz. La marcha 
de ese día fue tan penosa com.o el pasage 
de Carpintería ; sobre todo para el pobre 
escudero del Doctor quien tuvo que atra- 
vesar todo el bañado de Carpintería á 
pie y con el caballo de la rienda. 

Por último llegamos á tierra firme á 
la pulpería de N, N. en donde nos encon- 
tramos con un. hijo del Coronel Pulion, 
quien so ofreció á servir- 
nos; de vaqueano para atra- 
vesar la sierra, oírecimicn- 
to que a[)rovccbamos lle- 
gando asi el día 6 á divi- 
sar por })i'imera vez un 
campamento del ejercito 
revolucionario. 

Era tnrde, en si las 5 
p. m. y ten í amos que va- 
dear el bañado de Acecuá > 
en donde veíamos más de [ 
cien animales enterrados y í 
obligados á esperar así la L_ 
muerte, que no tardaría 
en llegar. 

Si no hubiera sido, el de- híío i,is cum¡,uñ,c.s 

, , rvci'lu<io'iiiriit!S <lel 97 u PiOL ncCuiil 

seo inmenso que temamos ... . , , ' , 

de estar cuanto antes allí, 
con ellos, compañeros que ya llevaban 
cinco meses de prueba y sacrifíQÍo, hu- 
biéramos acampado sin pasar el bañado; 
pero marcliar con apuro quince días pa- 
ra que llegado el momento de la incor- 
poración, estaiído tan solo separados por 
uuíisdiez ó doce cuadras de bañado, de- 
moráramos una noche mas. ¡ Nó ! eso 
era incompatible con el estado do ánimo 
de los que nunca habíamos figurado en 
el ejército, aunque hubiéramos tenido 
por delante otra vez el Río Negro, segu- 
ro estoy, que todos á una vez nos arro- 
jaríamos al agua con objeto de acortar 
las distancias. 

El bañado fué pasado, pero siempre 
con desgracia para el pobre Vicente 



CoKONEL Miguel Cortinas 



las pilchas el Dr. A. Berro, y yo. 

Por fin nos encontramos en el ejército 
el día G-á las 8 p. m. acampados en me- 
dio de la 7.-'' división, mandada por el 
bravo coronel José González. ■ 

¡ Qué impresión, qué sueños esa no- 
che ! temía á la claridad del día siguien- 
te, les concedía derecho á aquellos solda- 
dos para que me increparan por mi de- 
mora en llegar; pero, recordaba mi re- 
clusión en el batallón Shmit, 
el deber del soldado y por 
último rendido moral más 
que materialmente, casi 
J dormido para despertarme 
al día siguiente al toque 
del clarín que ordenaba 
ensillar y marchar. 

Amigo Doctor, creo no 
cabe en su pedido la rela- 
ción de mis impresiones, 
pues entonces no bastarían 
otras tantas carillas como 
estas, para decir lo que 
sentía por aquellos bravos, 
jamás bien elogiados, que 
descalzos, desnudos y á 
pié estaban resueltos á 
emprender de nuevo con 
el mismo entusiasmo del principio, la 
fatigosa tarea del soldado en marcha 
y de pelea. 

Querido Doctor y amigo, le pido sepa 
disculpar todas las laltas literarias que 
en esta pequeña narración haya cometi- 
do, rogándole las acepte como sincera 
prueba de cariño y respeto á Xd. mi 
leal y buen correiigicnnrio. 

Suvo affo. 

Ale,J() Ramos Siiaki<v.. 
JMon te video, Julio 25/99. 
8/c. Cerrito, 177. 



16 



La Eevista Uruguaya 



IMFHKSIOES DE CAMPAMENTO 



Beíleza de nuestros campos 



Expresamente para '4ja Revista Uruguaya*' 




UCHAS veces he quedado exta- 
siado ante las portentosas crea- 
ciones del arte con que los genios se re- 
velan á la humanidad y conquistan me- 
recidos lauros ; pero nunca como hoy me 
hallo convencido de que por más subli- 
mes que sean todos los artificios inventa- 
dos por el humano ingenio para traducir 
la naturaleza, bien poco valen al lado de 
la naturaleza misma, sobre todo de la de 
nuestro país, privilegiada entre todas. 

Los campos montuosos, quebrados 
por todas partes, regados por infinidad 
de hilos de agua bordados á su vez de 
lujuriosa vegetación, ofrecen natural abri- 
go contra las inclemencias de la intempe- 
rie y agregan un encanto más á la vida 
del soldado, con el misterioso murmullo 
de los arroyos, que ora remeda lejano re- 
doble de tambores, ora suave gorjeo de 
alguna ave silvestre, ya se presenta lúgu- 
bre y plañidero cual si quisiera expresar 
loB infinitos dolores de un pasado som- 
brío envuelto en las medias tintas de la 
leyenda conmovedora, como tan pronto 
hace oir riquísima gama de armoniosas 
notas, cual si se sintiera animado de un 
porvenir preñado' de esperanzas é ilusio- 
nes ; con la contemplación de los magní- 
ficos recodos de las selvas, presentando 
las alternativas de luz y sombra del bos- 
caje, formado porrina variedad d*^ árbo- 
les de todas las especies, unos altos y 
enhiestos como rojjresentantes del orgu- 
llo y de la fiereza nativas, otros menos 
rectos y elevados, pero no f)or eso menos 
fuertes y rudos, todos ellos resistentes y 



tenaces como la raza que los vio nacer, 
cual si la misma sangre del indómito cha- 
rrúa caído bajo la hispana lanza corriera 
por su savia y diera fortaleza á sus rígi- 
dos miembros, que en la semi-oscuridad 
de nuestras noches estrelladas parecen 
retorcerse en extrañas contorsiones como 
para convocarnos de ultratumba y ha- 
cernos comprender que las ansias de li- 
bertad y de independencia que armaron el 
brazo de Zapicán y de Magaluna claman 
todavía por su satisfacción completa; con 
la observación de los detalles del seno 
del bosque, en cuyas marañas construye 
sus panales y deposita su sabrosa miel la 
lechiguana, y en el cual forman el com- 
plemento de esa expléndida flora la yerba 
de la piedra que arraiga en la abrupta 
roca y el clavel del aire, que como repre- 
sentación simbólica de la esperanza, ali- 
menta sus escasas raicillas en la más pe-- 
quena parte de corteza y enrosca sus ho- 
jas en forma de tentáculos en la más frá- 
gil rama ; con la visión de los claros cie- 
los de la Patria, que sirven de lujoso do- 
sel á la verde esmeralda de los campos, y 
los que por la noche titilan las estrellas 
con diamantinos destellos, y las manchas 
del Sud y el camino de Santiago inte- 
rrumpen lo obscuro del fondo con fosfo- 
recencias de fuegos fatuos en medio de 
brillos de luciérnagas 

Puntas de Palleros, Abril de 19()4. 

F. AllBOLEVA Y ArBOI^EYA. 



Suplicamos á algunos órganos de publi- 
cidad que suelen transcribir tral>a- 
jos de "l..a Revista Uruguaya'* sin indicar 
su procedencia, que cuando reproduzcan 
algo expresen á la vez su origen, respe- 
tándolo aai ix "La Revista Uruguaya** lo 
que le pertenece. 

La Redacción. 



La Revista ÜFaguaya 

Política, científica, literaria, historia y economía política.-^Órgano del Partido Nacional 



Año I 



]\[ercedes,R. O.— Agosto 1.» de 1905 



Xúm. 



Director: Dr. Luis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 

CALLE MONTEVIDbO 



AovNisTRAoofi : A. Seuánez y Olivera 



EL IDEAL FUBLÍCO 

ÜJ 



J^ACE más de un cuarto de s 
1|^ que en la prensa sostenía] 



•»- 




de un país. Y entre los que mandan, tie- 
ne hoy taUmperio, que es la patente de 
gala, que dan ciertos espíritus para enco- 
miar la fisonomía moral de un partida- 
rio, y averiguar el valor del carácter 
de un individuo. Pero tal ofuscación en 

-^ .^,,- . . „ .— , el obrar y pensar aportó 

siempre en la historia de la 
• huniíinidad la dislocación 
del cuerpo jíolítico que la 
sustentara, porqué la tole- 
rancia no es solo una vir- 
tud (pie tiene su dominio 
hasta la ética, es una con- 
dición de la perfección so- 
cial, (pie abarca el mundo 
político y basa en ella obli- 
gadamente su existencia y 
el día que la j)onga el (io- 
bierno en práctica, habrá 
cesado la hora de (pie no 
asombremos al orbe con 
luiestro método de vida. 
Cuando en política, la ra- 
zón no se ij\ e y no se relleja en actos ])o- 
sirivos. el (iivsconcierto (pie no es estabU» 
nace y tok'ra á su vez. siempre en mar- 
cha destructora, improvisar rei)utaciones 
(juc nuui-a sjgnitícaron fuerzas on las lu- 
chas (id pcnsamieuto. ilustres descono- 
cidos o 1 (d dominio de la intelectualidad 
y (¡ue caen en la nada tjue siemi)re fue- 
ron, tan presto concluyó el pei'íodo de 
mando, el Pr(>sidente (pie los j)uso on es- 
la intransigencia (pie consúmela savia cena. Es ese extravio de criterio, engen- 
de nuestra patria. Es la intemi)erancia drado por el sectarismo oficial, que con 
l)o!itica, el mayor ag(Mite de destrucción mayores desgracias nacionales, permiti- 
(pie puede gastar las fuerzas prodiictorns rá también, mañana derribar del tem¡>lo 



siglo, 
amos, 

que la familia Oriental no podía estar 
destinada á vivir perpetua- ' . ■ ■ — :- 
mente con el arma al bra- > 
7.0. No creíamos, entonces, ; 
como hoy que nuestra ra- ,: -. • >. 

za, fuera' una especialidad ' V 

en el universo, exenta de '' 
sentimientos armónicos. , 
rensábamos. en aquellas t 
épocas, como en el momen- ; 
to actual, (pie hay en ge- " 
neir.l. en nuestros herma- 
nos, exuberancia de vida 
social. tíX'ándole solo á 1;. 
tolerancia política darle 
dirección y forma más 
adecuada á los i)rogresos 
del siglo y á nivelar el d(^- 
recho i)ara que su ejerci- 
cio, fuere bien público y nunca privile- 
gio de una facción- (> círculo. .Medio siglo 
de luchas intestinas debieran habernos 
ins])irad() horror á las estnH-heces del 
exclusivismo como fórmuhi de existen- 
cia nacional. Las catástrofes inmensas 
(.n las cuales se ha desarrollado el país, á 
raiz de la Jura de la Constitución, año 
¿íO, })udieraii intíuir en el criterio de to- 
dos, para correr -del escenario público, á 



T)i{. Dx. EusTA(¿Lio ToMí: 

Alinistri) ¡le Aijnirn: ti tj4, 

Prt\<i((i>nW Ilonor<irii> i/fl Cornilc 

HcrolucíDniírio ¡irl 97 



I.A Revista Uruguaya 



de la ñama y reducir á polvo los ídolos 
de hoy, que la exaltación de ideas sentó 
en tronos de oro, corvirtiendo en emi- 
nencias, nulidades magistrales, que con 
sus inocuidíides cerraron el paso en polí- 
tica á reales talentos v virtudes ciudada- 
ñas, llevando así al país á puertos inse- 
guros, repletos de escollos, que en dados 
momentos, pueden ocasionar naufragio 
público. Y el anhelo de la República, no 
es vivir en perpetua inquietud^' encono. 
La índole del carácter nacional, si es vi- 
ril y altiva, es generosa, y no refractaria 
á sentimientos fraternales. Un gobernan- 
te entre nosotros, siempre estaría en el 
corazón del pueblo, no desconociendo 
ningún derecho y no dejando sin sanción 
ningún delito. Fórmula sencilla del go- 
bierno libre,.que secreta la felicidad pú- 
blica y que no exije más condiciones en 
el mandatario que el conocimiento pleno 
de su misión y la voluntad perfecta y 
constante de cumplirla. El Uruguay, 
pueblo más calumniado en el exterior 
que conocido, nunca en sus grandes 
amores á la libertad y justicia ha 
requerido de sus gobernantes mucho 
más que eso, pero pocas veces éstos han 
traducido en actos tales levantados anhe- 
los públicos. El poder en su avance des- 
medido, casi siempre, se ha extralimitado 
de su esfera legal de acción y ha mirado 
como feudo grande de su dominio perso- 
nal, para hacerlo servir á sus apetitos de 
imperio y mando absoluto y vehementes 
pasiones de ocasión, la Patria, de todos y 
el derecho del pueblo, eternamente des- 
conocido y lesionado en forma inaudita 
por serie de años quedó sin vida real y 
supo no tener más expresión, que la pro- 
testa armada ó producir el vacio más 
enérgico en torno de los Gobernantes, 
que así burlaban las avspiraciones nacio- 
nales. Mares de sangre han corrido en 
1904, la fortuna pública y privada mermó 
casi á la mitad de su valor, la estrechez 
financiera es casi hoy la ofrenda de cada 
hogar y todavía no quiere el Gobernante 



reaccionar en el sentido del bien dejan- 
do de lado su funesta política de círculo 
y de pasión personal, que permite despo- 
blar la República, continuar en sus pues- 
tos funcionarios que apalean extrange- 
ros y Orientales, eliminando de nuestras 
prácticas las garantías individuales, des- 
pués de haber contemplado con horror 
todos los habitantes, como se burló con 
las presiones de fuerza y fraude electoral, 
la soberanía de la nación entera. ¡ Y aún 
por los enfermos de codicia y cortesanos 
de palacio se objetará que el pueblo es 
malo, inquieto, nervioso en demasía, exi- 
gente sin medida, anárquico por natura- 
leza y educación ! ¡Nó, el Oriental, tie- 
ne noción clara de su derecho, sabe lo 
que en equidad le corresponde, conoce 
su misión, no ignora las funciones lega- 
les que atañen á la autoridad y no pide 
nunca despropósitos, los que hoy, como 
ayer están produciendo arbitrariedades, 
exclusivismos candentes de sin razón, 
usurpando funciones y violando la Cons- 
titución y las leyes, con los hechos apun- 
tados, son los encargados de gobernar. Y 
es necesario, sin pérdida de tiempo, cam- 
biar de política tan pequeña, por otra 
más amplia, que se encuadre con los 
ideales públicos, que no quieren ver por 
serie de desaciertos, reproducidas las 
escenas trágicas de 1904. Las alarmas 
que dejan desierta nuestra campaña con 
la emigración que se dirije hacia el Bra- 
sil y la C. Argentina es hora de hacer- 
las cesar con medidas del Gobernante, 
que tiendan á derramar en el seno de 
las masas populares la confianza gene- 
ral. Se nos está llevando por el poder, á 
un precipicio, abismo hondo, donde el 
país no quiere por su buena voluntad 
entrar. Con el absolutismo imperante, en 
las alturas se va á otra guerra civil, que 
nadie la desea, el país aspira la paz y 
nó retornar á un estado anormal. ¡ Cues- 
ta tan poco tranquilizar á todos ! — ¡ Es 
tan fácil en un pueblo como el nuestro, 
que es todo corazón y sentimiento ha- 



■.:-■>' 



La Revista Uruguaya 



cerse querer y olvidar hasta las magnas 
faltas, que en trepidar en conseguir esto 
por el ejercicio del derecho y juego 
honesto de las instituciones está po- 
niendo de relieve, con otras cosas más 
graves, que BatUe, no conoce el país en 
que manda ! En esta tierra, nada bueno 
germina con la intemperancia de los que 
mandan y lujos de fuerza, la democra- 
cia y el Gobierno libre se edifica esta- 
blemente con el amor y es ese sentimien- 
to nacional, traducido por el poder en 
actos expresivos, lo único que nos con- 
forta y puede salvarnos á todos de la 
vorágine que prepara la intransigencia, 
fué ese cariño público, que sintió el cora- 
zón de cada estadista Yankee lo que hizo 
la felicidad de la América del Norte, cu- 
yas leyes vamos copiando en nuestras 
libros, pero jamás en nuestras prácticas 
ciudadaníis y la única manera también 
en todas partes, de fundar el sistema re- 
])ublicano, que no es hijo del rigor. Se 
esfumarán como por encanto las alarmas 
y todos los actuales males iniciando de 
verdad el Sr. Batlle, una política na- 
cional, de concordia en la familia Uru- 
guaya, que no nació al concierto de 
las Naciones para vivir siempre con el 
arma al brazo y devorarse así mismo. — 

Continuaremos. 

La Redacción. 




NUEVOS RUMBOS 

Expresamente para "La llevUta Uruguaya" 

fN nuestro artículo anterior indica- 
mos de una manera general, que 
la única política que se imponía al cri- 
terio y al patriotismo de los ciudadanos, 
en esta hora difícil, cualquiera que fuese 
el partido á que se hallasen afiliados, era 
la de coparticipación en la obra común 
del engrandecimiento nacional, mientras 
no se señalasen, por programas esencial- 
mente diferentes, los rumbos que debie- 
ran seguir en su acción colectiva las 



agrupaciones políticas en que se halla 
dividido el país. 

Consecuentes con esas ideas insisti- 
mos en que es necesario que tanto desde 
las esferas del Poder como desde las fi- 
las populares, se inicie una acción fran- 
ca, vigorosa y abierta en el sentido de 
aquietar todos los espíritus, buscando en 
el esfuerzo y solidaridad de todos los 
hombres de buena voluntad, la ruta que 
conduzca á la conquista definitiva de 
nuestros destinos, como país organizado 
y libre, y íi la estabilidad prestigiosa y 
respetada de las instituciones que nos 
rigen. 

Esa iniciativa debiera imponerse en 
primer termino, al Presidente de la Re- 
pública, que esUi obligado á realizar el 
bien común y que no debe mantenerse 
en el puesto que ocupa, por la sola satis- 
facción del mando ó para satisfacer ren- 
cores y pasiones de círculo. 

Concluida la guerra civil ha debido 
el Presidente de la República, que tiiu 
alto concepto tiene de sus virtudes cívi- 
cas, iniciar una nueva política de recon- 
ciliación y de concordia que cicatrizara 
las heridas de una lucha cruel, ya que 
tan graves responsabilidades le caben en 
ella, conquistando el respeto y el olvido 
de sus propios adversarios. 

No lo ha hecho así, su círculo ya es- 
trecho se ha reducido aun más, no ha 
conquistado una sola voluntad y la polí- 
tica se arrastra buscando ansiosamente 
en la agitación de las muchedumbres, 
prestigios contraproducentes y estériles. 

Llamándose amigo del pueblo no vá 
hacia él para estudiar sus males y bus- 
carles remedio, sino que agregando nue- 
vos conflictos á los que ya existen, se 
priva de la satisfacción de oir sonar, ba- 
jo su gobierno, la hora fecunda del resur- 
gimiento institucional, de la labor activa 



La Revista l'ia (¡i aya 



y do la unión de todos los Orientales en 
la aspirari'in u'enerosa de eoiistituir. una 
vez por todos, una nación respetable 
ante propios y estraños. 

Pero ya que de las alturas del Poder no 
podemos lójiicaniente esperar sino exclu- 
sivismos, errores y ag"resiones. ya que no 
se quiere oir el clamor del pueblo que 
pide libertad, paz y progreso, conquis- 
temos todos esos bienes con el esfuerzo 
propio, los que tenemos algo que defen- 
der en la vida y algo que amar en la 
tierra. 

Blancos y colorados debemos unificar 
nuestra acción, estirpar la anarquía y el 
desorden y pensar que tenemos el deber 
de levantar por arriba de nuestras dis- 
cordias el prestigio y e! nombre de la 
patria. 

No debemos esperar la acción de los 
Poderes Públicos y cuando ellos, en vez 
de concurrir á la realización de lo que 
imx>orte una iniciativa g-enerosa, ya en la 
región de las ideas ó en el campo de 
nuestros progresos positivos, se (crucen 
en el camino, es necesario que todos los 
ciudadanos, igualmente aptos para rea- 
lizar aspiraciones comunes, impongan 
con ánimo firme su voluntad soberana á 
los refractarios y los omisos. 

Hay mucho que hacer en el sentido 
de aproximar los ánimos y d(; urñficarlos 
en la acción libre de los comicios j)iibl¡- 
cos. -Planeos y colorados no deben con- 
siderarse enemigos irreconciliables cuan- 
do se trate de llevar á la representación 
nacional á los jnás aptos y á. los uiás vir- 
tuosos, deben coiisiderarsf (íii(;migos d(! 
quienes pretendan í)erí)etuar una [)oI ¡ti- 
ca de i)roteccionismo irritante (ím favor 
de elementos sin signiñcacióri de ningiin 
género y sin j<restigios conquistados [)or 
méritos indiscutibles. 

Las asambleas leíiislativas deben s(!r 



un reílejo fiel del país, en ellas deben es- 
t^ir rei>resentadas, en las proporciones 
respectivas, todas las tendencias y as- 
piraciones de sus hijos y no las aspira- 
ciones y tendencias de los que g-obiernan. 
La acción oficial debe ser sustituida en 
absoluto por la acción popular y en esa 
sustitución tienen interés tanto uno co- 
mo otro partido. 

Es necesario cerrar para siempre la 
era de la guerra civil ; pero para que 
esa chancelación tolal de agravios se 
realice, es necesario también que todos 
nos resolvamos á derimir nuestras con- 
tiendas en el campo honroso de los comi- 
cios libres y no bajo la acción opresora 
de los gobiernos que quieran imponer su 
criterio. 

El día en que blancos y colorados se 
convenzan de que les conviene avenirse, 
de que la g-uerra hiere á todos por igual 
y que no deben ser elementos de destruc- 
ción recíproca, sino obreros esforzados 
que trabajen en dos grupos diferentes 
para levantar el edificio grandioso de 
nuestro porvenir nacional, habían termi- 
nado para siemi)re las luchas sangrien- 
t^'is y nuestras feroces contiendas entre 
hermanos. 

Renacerá entonces el trabajo tran- 
quilo y fecundo, se abrirán nuevas rutas 
á la producción, conquistaremos presti- 
gios que no tenemos y solo se hará gue- 
rra á los usur})adores y á los ambiciosos, 
cualquiera que sea la divisa que ciñan 
sus fr(ínt(;s. 

Es indisp(!nsable qu(i el Gobierno ac- 
tual abandone desde ya la senda exclu- 
sivista que contra los deseos del pueblo 
se ha impuesto. Ese camino que hoy re- 
coma es (d d(; la zozobra í)úbli(^a, condu- 
ce otra vííz i'i la sangrient^i guerra intcs- 
tín;i, produce la ruina del país y el anhe- 
lo g(ui(Tal (ís dé [)ax no de guerra, que 
tiene ya arruinada la Rei)ública y cubier- 
ta, d(í luto la mitad de la íiacionalidad. . 

Laimiik. 



■,'-■?> -VK-' íi -*^"*^- . 



I^A Revista üiíuouaya 



o 



EL TESORO DEL FASTIOO 



PARA LA PAZ... Y PARA TODO EVENTO 




Expresamente para "La ReoisCa Uruijuaya.*' 

'O se puede hacer política sin dine- 
ro. — Esto, de puro sabido, ha lle- 
gado á ser una perogrullada. 

L'argent fait la guerre, decía Na- 
poleón i; y no se refería únicamente en 
el orden militar, sino también en el or- 
den político, que en el gobierno se tradu- 
ce por la atención que demandan los ser- 
vicios públicos, para fomentar el pro- 
gresó del país, hacer la política exterior, 
etc., y en la llanura, en los partidos de opo- 
sición, por los gastos píira concurrir á 
los actos electorales, realizar manifesta- 
ciones ó meetings populares, hacer pro- 
paganda periodística, y, si el caso lle- 
ga-porqué no decirlo — para llevar á 
cabo revoluciones que higienizen la 
atmósfera política como higieniza el 
Pnmi)ero la atmósfera terrestre. Para todo 
es necesario el vil metal; sjbre todo en 
los tiempos modernos, tiempos de lucha 
difícil, lo mismo en la paz <pie en la gue- 
rra, que no se mueve uu hombre, ni 
se arma un soldado sin costar dinero, y 
bastante dinero i)ara armarlo : el secreto 
de no haber triunfado nuestras revolucio- 
nes, í'i pesar de la justicia que nos asistía, 
del entusiasmo que reinaba en nuestras 
íilas, descansa i)r¡ncipalmcnte en la falta 
de elementos bélicos, <iue solo se hubie- 
ran conseguido con mucho dinero. 

La guerra actualmente es una cues- 
tión científica, pero especiahnente perte- 
nece íi la ciencia ])olítico- -económica. 
Triunfa aí^uel que tiene mayores y mejo- 
res elementos de guerra: mejores caño- 
nes, mejores fusiles, mejores barcos, que 
solamente se adquieren con abundante 
diiKiro. El valor, la disciplina, la estrate- 
gia, grandes factores en los combates, 
indiscutiblemente, quedan subordinados 
á los mejores y mayores elementos béli- 



cos. — Sobre este particular, no hay dis- 
cusión posible ; pues sería lo mismo que 
discutir el que se pudiera hacer un guiso 
de conejo sin tener el conejo : los ele- 
mentos bélicos, ó mas bien dicho el di- 
nero para adquirirlos, representa al co- 
nejo en el caso de una revolución. 

Y si de la guerra pasamos á la paz, 
baste decir que en los mismos Estados 
Unidos, donde se hacen elecciones de 
verdad, no se mueve ningún partido 
político para concurrir al acto electoral, 
ó para lo que sea, sin antes haber forma- 
do un tesoro. Y en Buenos Aires, en la 
República Argentina, no se funda un 
comité, un club ó cualquier otro centro 
político, sin que precisamente se recolec- 
ten los fondos indispensables para su 
funcionamiento. Pero sobre todo, tanto 
en Buenos Aires como en Norte America, 
como en Chile y en el Brasil, como en 
Europa y en todas partes, los partidos 
bien organizados constituyen sus tesoros 
l)ernianentes. i)ara estar habilitados en 
cualquier inomento, sea en la pj^z 
ó sea en la guerra, á proceder con la 
importancia y la rapidez que el caso 
requiera. 

De ahí que aplaudiéramos con todo 
el entusiasmo partidario la creación del 
tesoro de nuestro partido y que hoy re- 
pitamos ese aplauso por su funciona- 
miento y engrandecimiento. Poco ó nada 
valdría que mantuviésemos la unión y 
la organización partidaria, sino tratamos 
al mismo tiempo de buscar fondos, de 
hacernos ricos, poderosos, para utilizar 
esa unión y esa organización en los 
acontecimientos políticos de nuestro país. 
K[ dinero representa la acción del parti- 
do : por medio de él ejecut^iremos los 
hechos necesarios para imponer iú exclu- 
sivismo y llevaremos á la práctica los 
ideales de nuestro credo político. 

El tesoro del partido debe ser la 
única preocupa<íión de puestros correli- 
gionapíos. Todos, ricos ó pobres, debe- 
mos contribuirá su sostenimiento, cada 



La Revista Uiíuguaya 



uno en la esfera de sus facultades ; pues 
es sensato pensar, que su engrandeci- 
miento, será el engrandecimiento de nues- 
tro partido.— El día que el tesoro del 
partido tuviera un millón de pesos oro, 
no nacerían en nuestro país los mando- 
nes arbitrarios y faccionistas,como el que 
tenemos actualmente, porque nadie, ni 
nada resistiría la potensibilidad del Par- 
tido Nacional con esa suma de dinero. 

Tal es la convicción que abrigamos 
dé lo que dejamos dicho, que muchas 
veces, reflexionando seriamente, hemos 
llegado á esta conclusión: 

Sería una notable operación finan- 
ciera la que harían nuestros hombres de 
fortuna, comerciantes ó hacendados afi- 
liados al Partido Nacional, si contribuye- 
ran entre todos con un millón de pesos 
para nuestro tesoro. 

Y asi es en efecto; pues no solamen- 
te afianzarían, una vez por todas, la es- 
tabilidad de la paz en nuestra república, 
evitando de esa manera las mismas pér- 
didas que sufren en las constantes revo- 
luciones, sino que obtendrían pingües 
ganancias con el progreso que sobreven- 
dría una vez que desapareciera el esta- 
do de zozobra en que se vive. 

El tesoro es la vida de una colectivi- 
dad política, como es el capital la pros- 
peridad del comerciante. Sin él no se 
puede ir á ninguna parte, se llevará una 
existencia siempre anémica; todas las 
energías y los talentos se convertirán en 
puros simulacros ó fantasías, cada em- 
presa será un fracaso; y al fin, lafé se 
pierde, viene el desprestigio, porque la 
opinión pública es adoradora del éxito, 
solo glorifica al triunfador, pues quiere, 
exige, lo mismo á la colectividad que al 
individuo, que sea previsor, ó lo que es 
lo mismo, que no emprenda un negocio ó 
acometa una empresa sin los elementos 
necesarios para llevarlo á cabo, y esos 
elementos cuestan dinero, siempre dinero. 

Adelante, pues; adelante con la for- 
mación de nuestro tesoro. Hoy por hoy, 
representa nuestros ideales, nuestro gran 
partido nuestra patria querida. 

Después de los últimos acontecimien- 
tos revolucionarios, en que como es noto- 
rio se agotaron parte de nuestros recur- 
sos, estamos en la obligación de recupe- 
rarlos y aumentarlos para continuar 
la lucha con mayor tezón, pues asi lo 
exiííc iúicstra dignidad [)artidaria v núes- 



tro patriotismo. Dediquémonos al traba- 
jo, como lo hemos hecho siempre des- 
pués de nuestras grandes luchas cívicas, 
y allí, en la dura faena que dignifica al 
hombre, no olvidemos que somos ciuda- 
danos de un país libre, que todavía gime 
bajo el peso de mandones y camarillas 
arbitrarias, de los cuales hay que liber- 
tarlos mas temprano ó mas tarde, cues- 
te lo que cueste y caiga quien caiga en 
la demanda. Y alli, en medio del tra- 
bajo honrado, que nos hará prosperar y 
hará prosperar al país, buscar noche y 
día en nuestro partido, en el Partido 
Nacional, que es el centinela avanzado 
de la libertad y del progreso, mantenien- 
do en nuestros corazones el recuerdo 
de todos y el cariño para todos nuestros 
compañeros, atentos sienipre al mandato 
de las autoridades partidarias, que nos 
imponen -el deber de mantener la unión 
y organización de la colectividad y de 
contribuir con nuestro óbolo al mante- 
nimiento y engrandecimiento del tesoro 
del partido. 

Abdón Arósteguy. 



M IiiPMrio del Partido KaiioiíalMa 



Montevideo, Julio 5 de 1905. 

Sr. Gerente de « La Revista Uruguaya», 

A. SEUÁNEZ Y OLIVEEA, 

Mercedes. 

A su debido tiempo se recibió la aten- 
ta nota por la que comunica que ha re- 
suelto destinar una parte del producto 
líquido de la suscripción del importante 
periódico de su administración en benefi- 
cio del Tesoro partidario. 

Tengo especial encargo de la Corpo- 
ración que presido de agradecer su dona- 
tivo de que se ha dado conocimiento á la 
Comisión Central de Hacienda. 

Saludo al Sr. Gerente con mi consi- 
deración distinguida. 

(Prit/oó (^. (Suelto, 



í.'y/tt taire <.->e(it<tn<r. 



PRFStDEUTE- 



SECRETARIO. 



La Revista UuuíajAYA 



I Spióodio de la Somcrica Bef cn^>a de Bau^andú ! 



TENEMOS POCA MUNICIÓN. 



Dedicado al Ciudadano Dx. FRANCISCO PEÑA. 
Expresamente jjam «La Revista Uruguaya». 




fL ataque había sido impetuoso: la de- 
fensa desesperada, lieróica, sublime ! 
El enemigo fué rechazado en toda la 
línea, y se retiraba rugiendo, como el 
León herido. 

Los defensores estaban satisfechos, 

contentos 
de si mis- 
mo: habían 
combatido 
uno contra 
diez, y el 
laurel de la 
victoria 
había ceñi- 
do sus sie- 
nes inmor- 
tales. 

¿Quemas 
podían ara- 
b i c i o n a r 
aquellos 




LtiANDRO (lOMEZ 

Jcti' Diíl'cnsn i/n P(i¡/.-<nnilLi 
04 y 05 



héroes V 

¿ Verse libre de los sitiadores V 

Tal vez : pero esa (piimérica ilusión, 
no la tenían los defensores de la plaza. 

No abrigaban la esjjeranza de recibir 
auxilio alguno : do «pñera se dirijía la 
mirada, solo se veían ruinas y enemigos á 
quienes combatir. 

;. Quehacer? ¿Rí^ndirse? 

Nó : se había jurado sepultarse en las 
ruinas de la ciudad heroica y se cumpliría. 

Dios y la Patria, el honor y la disci- 
plina así lo exijían. 

;Qué hacer? Morir en defensa de su 




Pabellón, de su credo político, de sus 
ideales: morir, antes que ver fhimear so. 
bre las ruinas de la ciudad querida, la 
bandera estrangera. la bandera, que en 
los campos inmortales de Sarandí, tu- 
viera que plegarse ante el empuje poten- 
te d e las 
huestes de 
Lavall 'ja! 

Y como 
buenos, co- 
m o leales 
defensores 
de una sa- 
grada cau- 
sa, iban ca- 
yendo uno 
á uno, bajo 
el p 1 o m o 
enemigo. 

Ra ñ a , 
había sido 
gravi-mente herido. 

Lu -as Piriz, esc Aquiles uruguayo, 
recorre, después d<4 asalto, las trinche- 
ras en ruinas. 

Inmediato á una d ^ éstas, había toma- 
do una posición el (Mienügo, desde la cual 
molestaba bastant;' á los pocos defen- 
sores de ella. 

Dirije su vista al punto que ocu[)aba 
el enemigo, y vé flamear la bandera que 
en Ituzaingó perdiera para siempre su 
más rico florón, custodiada por el bata- 
llón de línea N." 2 del Imperio. 

Rujiendo de coraje, pero con aparente 
calma, se dirije a sus poeos com])añeros 



Dn. Fkancisco Peña 

Hi'foc (le la Pr)i'nsii <le P<ti/.fiini(ú. 

1)4 11 fi/i 

/ti'i-ii/o ca uno ./<■ Iits usiíIi.ds, 

tiitULil iiicnif iu:<iilc rn A/cri-i-U¡:i 



8 



I.A ItEVl^TA ÜRlKaiAYA 



de sacrificios y licroisnio (licitMidoJe.s: 

« Es necesario desalojar esa gente de 
ahí, tenemos })0ca munición y es preciso 
economizarla --. 

Con esto daba á entender á sus su- 
balternos, ^l\\Q se cargaría a la bdij^uetd. 

Los que cuidaban aquella trinchera, 
eran dignos de ser mandados por Piriz y 
ejecutar sus órdenes. 

Fué tan rápido, tan impetuoso el em- 
puje, que cuando el enemigo so dio cuen- 
ta de él, Piriz y sus heroicos compañeros 
sembraban el espanto y la muerte en las 
tropas imperiales, que huían des|)avori- 
das, sin que fuera bastante á conteiierlas, 
el valor fie sus jefes y oficiales. 



Cubiertos de gloria, pero exhaustos 
de fuerza, los atacantes volvieron á ocu- 
p»ar de nuevo su puesto de honor y de 
combate. ^ 

Admiraba el digno Piriz el esfuerzo 
de sus soldados, y una sonrisa, apenas 
])erce[)tible, se dibujaba en sus labios, 
cuando una bala, incrustándose cu el 
vientre, dio en tierra y concluye en poco 
tiempo, con la vida del soldado valeroso? 
del héroe, del caballero sin tacha, que cu- 
bierto de gloria, cae al pié de su bandera, 
y muere antes que el pabellón auri-verde 
ondease sobre las cenizas de la inmortal 
Paysandú ! 

L. S. Castro. 



(1) 1 






*M* *'^^^l^ f 



r>5 




Por la Redención Política!... 



(üoní ir unción) 

Véase Núm. 6. 

MEMORÁNDUM, sobre los suce- 
sos DE LA Villa de Artigas, es- 
crito por el comisionado del Co- 
mité Revolucionario del 97, el 
patriota Don LSMAEL VELAZ- 
QUEZ. 

Cuando Labeque regresó la. balsa 
llegó á Zager bajando los últimos hom- 
bres lo que se hizo apresuradamente 
para hacerla regresar como se efectuó 
gracias á la actividad y esfuerzo del ge- 
rente del paso capitán brasilero Juan B. 
Machado — á quien el Comité agradeció 
por nota sus importantes y desinteresa- 
dos servicios ese día. — Mientras la balsa 
volvía á Artigas, las fuerzas del gobier- 



(1) En las ej-'/jonü-ionen ó narraciones de civiles o 
militaren, arj ufíllo.-í pe/j ue/'i isirnos é insif/ ni ficantes <le- 
talle.i, fjuc no entren en el jdan (le esta liCDista puhli- 
Carlos por nczones de oportunidad, ele, etc. . . irán in- 
tff/ros con sus notas y comentarios res/tcctivos en nues- 
jv( "Historia del 97". 



no, cr3o al mando del comandante Cristi 
entraban por la calle principal ; fué en- 
tonces que el valiente capitán Labeque 
formó sus compañeros al frente de la 
calle y los tiroteó hasta concluir sus rnu- 
niciones consiguiendo así desorganizarlos 
y detenerlos haciéndoles algunas bajas- 
En ese memento llegó la balsa, era ya 
tiempo, pues al cesar el fuego por fal- 
ta de municiones los atacantes entraban 
por otras calles y llegaron á la playa eii 
el momento que la balsa se retiraba. El 
capitán Labeque fué muy felicitado al 
desembarcar en Yaguarón con sus com- 
pciñeros. 

Las armas de la Guarnición fueron to- 
madas por la guarnición de Yíiguarón, 
debido á no haber procedido el capitán 
Martínez según las instrucciones que te- 
nía pues en el último momento hubo 
que llevarlas á una isla y allí las tomó 
un empleíido de policía del Brasil muy 



La Revista Uiumíijaya 



9 



afecto al Bordismo. Se componía ese ar- que creo no pudieron ser attMididas y re- 
niamento de 47 Rcniington y Combleins solvieron quedar. Acordamos ([ue de 
de infantería, 4 Winchester, 3 Maubicher cualquier modo siguieran Terra con Bor- 
y un arma del capitán Basualdo y algu- che, Bastarrica, Orue, Labeque y otros 
ñas espadas, habiendo quedado en Arti. oíiciales y los soldados en número de 
gas como 20 armas descompuestas y 40 ciento y tantos á los que se les compra- 
lanzas; todo lo quív se habría salvada si ro]i en su mayor parte los mismos reca- 
se hubiese transportado en la noche an. dos que habían vendido, pero, que iban 



tes como se había indicado. 

En Yaguarón ya, me ocupé con el 
correligionario Coirolo de acomodar la 
gente, alquihxmos un gran almacén del 
Sr. Olivera donde se colo- 
caron ciento y tantos hom- 
bres y otros en otras ca- 
sas cedidas generosamente 
por el Sr. coronel Diaz ; su- 
ministrándoles carne, yer- 
ba, leña y fariña. 

A los dos días llegó el 
Dr. Terra á Yaguarón. Im- 
puesto por mí de todo lo 
ocurrido con Nuñez, le in- 
diqué la conveniencia de 
que él personalmente lle- 
vase á Acegüá, donde ha- 
bía también fuerzas emi- 
gradas con el coronel Trias, 
la gente que había emigra- 
do con el armamento que 
se había recojido y estaba 




CORONEL 

Dr. Arturo Berro 

Medico tle los 

EJcrcitos Revoluciona riois 

el 97 u 1904 



al cuartel y de allí según decían aconse- 
jados por sus antiguos jefes ; volvían á 
irse. Esa noche se mandaron 95 armas 
de precisión, algunas espadas y como 
.'30 mil tiros á una estancia 
donde debía pasar á reci- 
birlas el Dr. Terra para se- 
guir á Aceguá. Al siguien- 
te día siguió Terra efecti- 
vamente con algurios oñcia- 
lesyBoiche también mar- 
chó con los que se habían 
mandado á la estancia don- 
de estaban las armas : lle- 
gados allí el Dr. Terra re- 
solvió, según lo manifestó 
Borche, no seguir en la ex- 
pedición, tomando el tren 
para Rio Grande de don- 
de fué conducido después 
á Porto-Alegre. Desde en- 
tonces no tuve comunica- 
ción con el Dr. Terra. El 



en poder de un amigo en el Paso de las armamento quedó depositado,* siguiendo 
Piedras y algunas que yo ya había com- Borche y Bastarrica cá Aceguá, dejando 



prado á las mismas fuerzas. ¥A Dr. Terra 
estuvo de acuerdo y se hizo ese mismo 
día una reunión de jefes en casa del Sr. 
Coirolo y después de muchas dificulta- 
des que trató de allanar el Dr. Terra y 
repartir los recursos que pudo, se acordó 
mandar la gente á la estancia de Borche 
como se pudiese para de allí marchar, 
pero ese mismo día algunos de los jefes 
que estuvieron en la reunión, parece hi- 
cieron imevas exigencias al Dr. Terra 



allí el primero los hombres que llevaba 
y siguiendo el mayor Orue para la Ar- 
gentina ; el capitán Labeque creo siguió 
con Terra. 

Poco después de esto vino el Sr. A. 
Arotegui siendo portador de una nota 
del Sr. A. Márquez dándome conocimien- 
to de su nombramiento de Jefe de Fron- 
teras y para que entregase al Sr. Aroste- 
gui las armas reunidas las que puse á dis- 
posición de dicho señor. Continuará. 



10 



La Revista Ukug'Ijaya 



(1) 



Aetiiiieión de la U. DiviÉ» Molticíoiiam en la Caiüpaíia del !)7, 

Narrada por su Jei^e Coronel 
BEF^IMARDO G. BE:F%FR0 




(Continuación) 

Véase Niim. 6. 

A escuíidrilla se componía del < Vi- 
diella » y dos chatas á vapor, 
una de las cuales huyó á los primeros 
disparos de nuestros tiradores : la otra 
y el «Vidiella» hicieron alto á poco más 
de cien metros de nosotros y nos empe- 
zaron fá menudear fuego de cañón y fu- 
silería, fuciio que duró cerca de media 
hora, siendo muy nutrido. 

Cuando pensaba que nos iban á con- 
cluir á todos, el vapor y la chata se 
pusieron en marcha, haciendo fuego al 
pasar bajo los disparos de nuestros com- 
pañeros, que con el general ocupaban 
la casa de don Nicanor Amaro y sus 
adyacencias. Momentos antes de ponerse 
en marcha el vapor, me pareció que la 
voz de mi hijo Teodoro, que daba vivas 
haciendo fuego á la dei'echa, no ora, 
su voz entera. JVle corrí á ese costado v 
lo encontré que venía caminando con 
mucha dificultad : acababan de herirlo 
en un muslo. Teodoro me dijo: «Han 
muerto al comandante Ledesma mientras 
me retiraba del fuego, i)orque yo no po- 
día caminar». 

Fueron heridos en esa acción, ade- 
más de los nombrados, el capitán Gre- 
gorio (ruevara, contuso, y el sargento 1." 
Francisco Rodi iguez. 

Allí se batieron como tiradores los 
capitanes Modesto Morales, Pedro J. Be- 
rro, Pedro Pellejero y Gregorio Gueva- 
ra, los tenientes Jilanco, Luis Brun, Gre- 



(1) En los númcroH suceiílco." iriin las narracio- 
nes lie ¿OH Ji'jen ¡{ecolucianarion nnhre la ijucrra del 
y? , Josc F. Gómales, Basilio y Senjio Muñoz, Veles, 
A/larin, Gil, Blanco, liatisr.a. Cortinas, Ablania, Gue- 
rrero, Ismael Velazíjuei, Naoarrete, Várela Gómez, 
Kx/te<Ueiones Aparicio Saravia, Lamas, Monfjrell. 
Benitez, asalto cañonera "Artigas", ex/>osiciones de 
Cannaveris, Cibils, Gauna, Saaceilru ij Coronel Ort/az 
Parripillón, etc etc., y muchas otras eioiles y milita- 
re», asi corno Cela la <locumentación política y militar 
que sirven de base li nuestra "Historia del 97". 

La Redacción. 



gorio Barreto y Ladislao Moreno, alfére- 
ces Teodoro Berro y Felipe Ledesma, 
cabos Bernabé y Fabián Malvárez y co- 
mo veinte más entre clases y soldados. 

En los primeros días de Julio lle- 
gamos áAceguá, yendo yo de Vimguar- 
dia y en marcha paralela con el coman- 
dante Basilio Muñoz. 

|:Allí encontré al coronel Fulión v á 
mi valiente y querido mayor Do Anca, 
que con unos pocos hombres desde el 
día tinterior se tiroteaban con el enemigo. 

13usqué una buena posición y estuvo 
haciendo fuego intermitente durante el 
día entero á la gente de Muniz ; pero 
eligiendo blanco, porque nuestras muni- 
ciones nunca sobraban. ' 

De noche me hizo retirar el geiicj-al. 
Al otro día, 8 de Julio, vino ei coman- 
dante Eladio Blanco y me dijo: «Coro- 
nel, ordena el general que ensille y mar- 
che á trote y galope á tomar la altura 
de los cerros». Me pareció que la orden 
no estaba bien esplicada y mandé pedir 
su rectificación, poniéndome en marcha 
inmediatamente. 

Díjomc mi ayudante : «Ordena el ge- 
neral que marche hasta aquella altura en 
protección del ccronel Imas, que vá á 
atacar al enemigo por nuestra izquierda; 
que deje los caballos á distancia conve- 
niente y haga echar á sus hombres cuer- 
po á tierra para proteger la retirada 
que debe efectuar Imas». 

Cumplí lo ordenado : pero es el caso 
que el coronel Imas seguía adelantando y 
yo tuve que combinar mi movimiento de 
avance, porque no podía ni debía aban- 
donar á aquellos pocos hombres tan va- 
lientes, que llevaban á su cabeza á uno 
de los jefes más siini)át¡cos que sirvie- 
ron en nuestro ejército. -Instruido, ho:.- 



?5íígR^i^iSR:^:^^''s^^.'t^a^/--" 



La Revista Uruguaya 



11 



rado, valiente y pundonoroso, el coro- 
nel Imas quería lavar la mancha que 
habían echado á su gente los jefes, ofi- 
ciales y soldados que lo abandonaron, 
desertando miserable y cobardemente. 
La lavó bien con su noble y ^generosa 
sangre, con la sangre y el denuedo de 
sus bravos compañeros, que pelearon 
como verdaderos orientales. Viendo ba- 
tirse como se batían Imas v sus com- 
pañeros, se puede pelear, se puede mo- 
rir contento y con orgullo. 

Llegó el momento de protejerlo. La 
gente de Imas se retiraba, y se retiraba 
mal, peleando en desorden unos, dispa- 
rando otros. 

Nosotros veníamos haciendo fuego 
en la derecha y vimos descolgarse como 
á cortar á los de Imas, por una quebra- 
da que tiene nacimiento en la punta del 
cerro, frente á la manguera ó cerco de 



piedra de Garmendia, una fuerza de 200 
hombres próximamente. 

No se oían las voces de mando, por- 
que las descargas producían un estrépito 
infernal. Marché á vanguardia de mi 
gente á paso de trote y con la espada y 
á gritos les indicaba que era necesario 
correr á morir peleando ó salvar á nues- 
tros amigos. La carga fué recia : el mo- 
mento de grande ansiedad: llegamos 
hasta el fondo de la quebrada del otro 
lado, y muy cerca desfilaba el enemigo, 
á quien hicimos remolinear y detenerse 
un momento, aunque se rehizo y siguió 
su movimiento de avance hacia nuestra 
izquierda, por donde ya había pasado 
en retirada la gente de Imas y donde pe- 
leaban como bravos los tiradores de la 
1^ división á órdenes del comandante 
Basilio Muñoz. 

Continuará. 



narración sobre la Campana RaTohcionaria del 97 

Por el Coronel MIGUEL CORTINAS 



C^lrf/ ^cóc, (^cjfCAÍo 77 e/e 7S98. 

&cñoi ^ccíor ^on <juÍA G). <s/dofa}ta. 
®{í>ÍÍMgukA> corríeñgionario u atniao .• 

(S^ccecíie-M(Jo af í^ec/ic/o aue me ni^o en Au ca^' 
■ta c¿6 fecAa SO cíe ^Jutiio f^-f>-, <^ ^etni'to unoa 
daéos que en mi nurntuxe cri/erio, oon un refi^'o 
éiefde /o ocuitic/o í"« nueóíia ctuzac/u u ^reúen- 
ciado i>or mí. 

^amvie'n toA AtanoA, aunque no son necnoA 
poz un pétiío en tu materia, Ae acercan en iocloA 
sus pnn-íos á /os comSa/es navic/oA. 

■ijamen/o c/iA/inquie/o corre/tqionario qt*e /a 
oSta qu-e '%^c/. c/atá á /¡iii,, u que seautamen/e 
con i'uAÍicia, Aezá como /oc/o /o c/e Au au/or, en- 
ciezte en sua éritian/es páginas aa/oA que aun- 
que verit/icoA, Aon emanaaoA cíe una petAona poco 
cotnpe/ento pata cf/o. (Stnora paso á cieAcrivir/e. 

El Primer Paso 
"g'L dia 2 de Marzo del año 1897 y obe- 
,&i deciendo al 8r. CoronelJósé F. Gon- 
zález á órdenes recibidas del Comité de 



Guerra establecido en Buenos Aires, ini- 
ció el movimiento revolucionario en el 
Departamento de Flores, impartiendo 
órdenes á los oficiales domiciliados en 
campaña y pueblo para que anunciaran á 
sus compañeros de armas que había lle- 
gado el momento de cumplir con los de- 
beres del patriotismo, levantándose en 
armas contra el Gobierno oprobioso de 
Don Juan Idiarte Borda, señalándoles 
como punto de reunión el pueblo de Tri- 
nidad en la noche del día antedicho. 

A las 12 de la noche, tenía el Coro- 
nel González, reunidos en el pueblo de 
Trinidad 350 hombres bien armados, v 
más cien que ordenó quedaran en la 
Costa del Arroyo Maciel á la espectativa 
del regimiento que mandaba el Coronel 
Barrióla cuyos cien hombres eran manda- 
dos por el Mayor Dn. Cayetano Gutiérrez. 



12 



La Revista Uruguaya 



-rr 



A las 3 a. m. del día 3 se puso en mo- 
vimiento el Coronel González al trente 
de 45G hombres bien armados como he 
dicho y, municionados, entre ellos iban 
35 infantes ó sean los de la Urbana del 
mismo Departamento mandados por el 
Sr. Capitán Don Francisco Solano Al- 
varez. , - - 

Esta división estaba compuesta de 
cinco compañías, esto es : Escolta del co- 
ronel González, compuesta por la Ur- 
bana mencionada; 1.* Compañía man- 
dada por el 8r. Capitán Don José Pedro 
Ferrer; 2."; por el Capitán 
Don Ramón Olivei'a ; 3." 
por el Capitán Don Juan 
Taberna y 4.'' por el Sarr 
gente Mayor Don Cayeta- 
no Gutiérrez quien fué des- 
pués 2.** Jefe de la Divi- 
sión. 

Emprendida la marcha 
con rumbo al Sauce, punto 
señalado para el desembar- 
co dé las fuerzas que de- 
bían pasar de Buenos-Ai- 
res y después de caminar 




El día 5 siendo las nueve, emprendió 
marcha la división Flores, con rumbo ár 
las puntas del Arroyó Grande y alas 
diez y media del mismo acampó en, 
campo de Dn. Juan José Diaz, Ministro 
de la Guerra para dar descanso á la gen-- 
te y de comer que habían 30 horas no 
lo hacían. | , ■.:- 

El mismo día, 1¿ m. se distinguió 
una fuerza qué iba con rumbo al Sauce 
y descubierta ésta, resultó que era la 
del Coronel Marín, Ramón Batista, y 
Comandante Pedro Bastarrica compues- 
ta de 200 hombres más ó 
menos, la cual se incorporó 
á la de González. 

¿Por qué ño concurrió 
el Coronel Marín al paso 
de los Troncos, el día 3 á 
la noche como estaba con- . 
venido? ¿ Por qué no tuyo 
lugar el desembarco el día 
4 como estaba dispuesto 
, por el Comité de Guerra? 
Esto conviene esplicarlo y 
J ello resultó porque se pos- 
tergó por 24 horas el de- 



unos 5© kilómetros más ó Coronel Celestino Alonso sembarco, comunicándose- 



menos, se hizo una parada 
de dos- horas en el campo 
de Don Tiburcio Cachón, 
poniéndose enseguida Cn movimiento 
para poder llegar á las doce de la noche 
del mismo dia al Paso de los Troncos 
(Arroyo , Rosario), punto señalado para 
reunirse los Coroneles Pampillón, Sáura, 
y Maríp. 

Llegando á; ese punto y no encon- 
trando á ninguno de los Jefes nombra- 
dos, se esperó hasta las 2 de la mañana, 



Vec<-rano de nuestriis guerras 
Jete ih' lu Sexta Dicisión, el 9 
inuerio en 1004 



lo así al Coronel Marín v 
no al Coronel González. , 
Estando acampados, vi- . 
no la noticia que había desembarcado 
el Coronel Lamas, é inmediatamente se 
ordenó por los Jefes que se aprontaran 
las fuerzas, dirigiéndose rumbo al Sauce 
hasta encontrar al Coronel Lamas que" 
venía siguiendo la ruta que había toma- 
do elSr. Coronel Don José González. 

En el « Ernestina» quedaron algunas 
municiones y armas debido á que no te- 
emprendiendo de nuevo la marcha para nía el Coronel Lamas, en ese momento 



poder llegar al Sauce y protejer el de- 
sembarco. . i 

El día 4 de tarde llegó el Coronel 
González al Sauce y se encontró que no 
había tenido lugar el desembarco, siendo 
que debía de haber sido á las (í a. ni; 
de ese día. . . ; 



en que llevarlas y nO sabía donde en- 
contraría las fuerzas revolucionarias que 
debían proteger el desembarco, pues és^ 
tas, como he dicho antes se habían reti- 
rado el día 5 de mañana. i; . 

YA Coronel Lamas al pisar en tierra^ 
en el puerta del Sauce, tomó un tren de 



. ) .\:'^ 



La Revista Uiíuciuaya 



13 



trocha angosta que sale del Puerto y ha- 
ce su carrera hasta las Canteras situa- 
das en el Arroyo Minuano en el cual 
tren, cargó algunas armas y municiones. 
Reunidos con el Coronel Lamas hubo 
gran alegría por parte de las fuerzas, 
aun cuando no aparecía el contingente 
que se esperaba, pues .solo desembarca- 
ron 21 hombres, trayendo consigo armas 
y municiones. 

Inmediatamente trató el Coronel de 
distribuir las armas y municiones que 
traía, y así se hizo, armando á las gentes 
que mandaban los Coroneles Marín y Ba- 
tista y el Comandante Bastarrica. 

Con el Coronel Lamas, á la cabeza de 
las fuerzas, tomamos rumbo al Rosario en 
cuyas inmediaciones encontrámosnos 
con el Coronel Barrióla y las fuerzas de 
milicias que mandaba el Coronel Vera, 
retirándose dichas fuerzas sin disparar 
un solo tiro. 



Concluida la repartición de armavS 
y municiones, sobraron muchas de éstas 
y hubo la necesidad de tomar dos ca- 
rros para conducirlas con las municio- 
nes y así se hizo, utilizándose los carros 
únicamente el día 6 hasta el momento 
de acampar, que lo fué al anochecer, en 
el campo del Sr. Don Pedro Risso, á 
unas tres leguas del Rosario, donde se 
dejaron dichos vehículos, con bastantes 
armas y municiones, haciéndose cargue- 
ros por ser estos los que daban mejor 
resultado para marchar. 

Siguió la columna rumbo al Norte, 
por el Departamento de Soriano, llegan- 
do el día 10 al paso de Navarro del Río 
Negro donde pasamos, acampando ense- 
guida, donde también se nos iucorporó 
al otro día 11 el Coronel Don Juan J. 
Díaz Olivera. 

Continuará. 



Narración del Comandante Apolinario Velez 

SOBRE LA EXPEDICIÓN REVOLUCIONARIA DEL NORTE, EL 97 



(Continuación) - nos embarcaríamos en la Concepción 

Véase mim. 6. del Uruguay y buscaríamos, á evento 

(jumamente descontento por la indeci- que fuera la incorporación á nuestros 

^ sión de nuestros amigos, cuando los valientes compañeros, 
demás Jefes expedicionarios habían Variación de Corriente* 

cumplido las instrucciones recibidas in- A la tarde de este día (14 de Mar- 

vadiendo el día 5 de Marzo,— dispuse, zo), el Señor Mongrell recibió de nuestro 

de acuerdo con el Mayor Luis Massa ; malogrado amigo Don Ramón Lista las 

conformidad de Oficiales, clases y sol- dos siguientes cartas que conservo: 

dados del plantel « General Leandro Go- 

mez » , y escuadrón « Lucas Piris » , que 

contramarcharíamos hasta el excampa- 

mentó de Gená y que una vez conocida 

la resolución del Comité, si ella era fa- - 

vorable á la idea de dirigirnos á Libres 

ó disponía dar por disuelta la expedí- Consultada nuevamente mi opinión, 
ción, nosotros, estoes: El «General manifesté al Sr. Mongrell la misma que 
Leandro Gómez», los hermanos Villa- había emitido en la reunión de la maña- 
nueva, comandante Emilio Rivero, Jefe na: Tenemos la obligación de pasar y 
del escuadrón « Lucas Piris » , que ser- es una cobardía no hacerlo. 
vía de vanguardia al «Leandro Gómez» Consultada la opinión de los Corone- 



_ -l,»-.¥lÍ,>-t:^V- Jí. 



14 



La Revista Uruguaya 



les Enrique Olivera y Julio Várela Gó- 
mez, contestaron que, como antes, esta- 
ban prontos á pasar ; el Doctor Eduardo 
Acévedo Diaz lo mismo >% finalmente 
todos manifestaron esa conformidad con 
excepción de los Coroneles Mij^uel Gar- 
cía, Manuel Camesilla ; Mavor Marcos 
Neira y más de 100 hombres que, como 
he dicho antes, habian marchado eso día 
con rumbo á Concordia. 

Hace honor, Señor Doctor, á nuestra 
juventud convertida en soldados, ciuda- 
danos, el entusiasmo y delirante aloiSiria 
con que todos acqjieron la 



¥■■ 



m. 



fe' 



noticia de que al siguiente ^^.' 
día habríamos de pisar co- 
mo diíj^nos orientales, el 
suelo querido de la patria. 
Preparativos 

En la noche de este día 
íí las 11, salieron para Co- 
lón, en comisión, los si- 
guientes compañeros del 
plantel de Batallón « Lean- 
dro Gómez » : Capitán ayu- 
dante Enrique Langdon Ur- 
tubey, hijo de Paysandú : 
abanderado Sub - Teniente 
Martiniano Galo Roquer, de 
Paysandú; soldados-ciudadanos: Rodol- 
fo Hafliger, de Paysandú, (herido de ba- 
la en Cerros Blancos?; José K. Posee, 
de Paysandú ; Eufenio Lapido, de Trein- 
ta y Tres (contuso de bala en Cerros 
Blancos), Eduardo Cempé, argentino 
(muerto en Cerros Blanbos), y Aurelio 
Sagastume, argentino, (muerto en Rincón 
de Aurora). 

La comisión que se les confió era de 
la mayor importancia y fué realizada 
con éxito.— Tomaron á su cargo el a])re- 
samiento de los vapores «Don P(!pe » y 
« Fortuna ^> para efectuar en ellos el em- 
baniue de nuestra expedición. —La op(;- 
ración fue practicadci en mancomunidad 



Dk. AuTiRo Ramos Suakez 

//í;o Ifí cfim/iririd ih'l !>7 , 
murió en A <'('(/ wi 



con nuestros amigos y compañeros Ma- 
yores Felipe Luna, Miguel Rivero y Hor- 
nos, Capitán Arturo Ahumada ; Secreta- 
rio del Coronel Olivera Señor José R. 
Feo, Alférez Máximo Rivero v Don An- 
tonio Horvis. — Acompañó á esta opera 
ción el Señor Font en su carácter de re- 
porters de El Diario de Buenos Aires. 

Marcha hacia la costa 
Juramento de la bandera. Marzo 15 y 16 

A las 2 v 30 a. m. abandonamos el 

campamento de Caraballo y marchamos 

con rumbo á la costa del Río Uruguay. 

A las 8 de la mañana tuvo lugar el 

juramento de la bandera 

, del Batallón «General 

Leandro Gómez ». 

La bandera á que me 
refiero simboliza una reli- 
quia histórica del Partido 
Nacional. — Perteneció á la 
División de Guardias Na- 
cionales de Paysandú, de 
que fué Jefe el benemérito 
1 ciudadano Coronel Don. 
Emilio Rafia cuando la úl- 
tima defensa de la ciudad 
heróica,-Se conservaba en 
poder del Doctor Don Ja- 
cabo Z. Berra, quien la re- 
cibió como i>recioso legado que le hizo 
el finado Coronel Don Laudelino Cortés. 
-El Doctor Berra la remitió desde Bue- 
nos Aires el 2 de Marzo^ por conducto 
del Mayor Luis Massa, precedida de una 
carta patriótica dirigida al que suscribe. 
He aquí la carta : 

Buenos Aires, Marzo 2 de 1897, 
Señor Don Ai'olinakio G. Velez, 

C. del Uruguay. 
Mi querido amigo: 

«He tenido el gusto de recibir de 
manos del Mayor Massa su atenta del 
2H del pasíulo en laque me manifiesta 
(pi(^ : Próxima la hora de las reivindicá- 




is.. 



La Revista ÜRUfíijAYA 



15 



ciones Nacionales; casi llegado el momen- 
to en que una pléyade de jóvenes que rin- 
den culto á la memoria del General 
Leandro Gómez y á cuanto significa la 
defensa heroica de la ^aliente Paysandú, 
vá á invadir el territorio de la patria, y 
ha llegado, creo, la oportunidad de poner 
en manos de Vds. y bajo la custodia del 
entusiasmo nacional que los alienta, la 
bandera que yo conservo como sagrada 
reliquia de la grandiosa epopeya que, 
puede decirse, nos autoriza á eregirnos 
contra el gobierno que esquilma la patria 
y ofende nuestro decoro nacional. 

Agrega Vd. que al Batallón «Gene- 
ral Leandro Gómez* puede confiársele 
su sagrada custodia bajo el juramento 
que se hará de no rendirla sino al caro 
precio de la vida que todos, desde el pri- 
mero hasta el último soldado, están dis- 
puesto á sacrificar por defenderla. 

Bajo la fé, pues, de ese juramento, 
que deseo se le rodee de toda la solem- 
nidad debida, entrego á la sagrada custo- 
dia de esa distinguida juventud, represen- 



tada 23or los que componen el Batallón 
« General Leandro Gómez » , la gloriosa 
enseña que perteneció á la División de 
Guardias Nacionales de caballería de Pay- 
sandú, bajo el mando del valiente Coro- 
nel Don Emilio Raña, en la grandiosa 
epopeya que se me recuerda, — en la se- 
guridad de que no defraudo los anhelos y 
las esperanzas que alimentara en sus úl- 
timos momentos, mi querido ó inolvida- 
ble amigo el honrado y benemérito Coro- 
nel Don Laudelino Cortés, cuando ya en 
el borde de la tumba, y, embargado por 
emociones patrióticas, me hacía fiel de- 
positario de ella, — y por que al despren- 
derme de tan valiosa reliquia, abrigo la 
convicción de que sabrán Vds. honrar la 
tradición de gloria que ella representa. 

Con mis más sinceras simpatías por 
el Batallón « General Leandro Gómez » 
y mis votos por el triunfo de la noble 
causa que sostenemos, le envia un abrazó 
de despedida su afectísimo amigo y co- 
rreligionario » .firmado Jacobo Z. Berra. 

Continuará. 



ironías criollas 

El reclutamiento militar 

y el derecho de apalear 



Eúcpresumente para "La nemitta Uruguaya" 

Nosotros los latinos, tenemos un fon- 
do de histerismo nato que es una carac- 
terística de raza. 

En ocasiones apreciamos los hombres 
y las cosas con un indiferentismo que lo 
envidiaría el más prestigioso de los san- 
tones musulmanes y en otras, se nos des- 
pierta un e.squisitismo constitucional an- 
te una transgresión insignificante, que 
no parece, sino que hubiésenos nacido á 
la vida para velar terribles por nuestros 
derechos y libertades. 



Me refiero á lo que ha sucedido con 
motivo de unas concienzudas palizas, que 
allá por Tacuarembó han aplicado ó man- 
dado aplicar unos pundonorosos milita- 
res á unos señores ciudadanos que, sin 
más derecho que el de sus negativas an- 
tojadizas, como las de atender las necesi- 
dades de sus familias, se han resistido á 
vestir el honroso uniforme del ejército. 

Cuando leí la noticia en seco, me dije 
—lo siento — lo siento francamente no 
tanto por los apaleados porque como ya 
he sostenido en estas columnas, nada se 
hace sin la voluntad suprema y si tales 
palizas estaban escritas, hágase esa vo- 
luntad como se ha cumplido, pero por lo 
que lo siento, continué diciendo, es por la 
Constitución; si señor, por la Consti- 
tución. 



16 



La Revista Ukugitaya 



Mis temores, tenían su fundamentiD; 
no se habían acallado todavía los lamen- 
tos de los a])alpados cuando se invocó la 
Constitución y se arrancó de sus precep- 
tos la conclusión de que las palizas manu 
militare, no son un medio de recluta- 
miento. 

Lejos de mí la idea de neo-ar que la 
Constitución no garantice las costillas 
como parte integrante del hombre, ya 
sea que atente contra ella el rústico cor- 
bo policial ó la honrosa espada del ejérci- 
to, pero tampoco niego el derecho de in- 
terpretar aquella. 

La Constitución como todas las leves. 
sorprenden el derecho en una época dada; 
pero el derecho evoluciona en el tiempo 
y en el espacio y la interpretación fie las 
leyes ha de seguir necesariamente una 
marcha constante y paralela á aquella 
evolución sino se c^uiere cristalizarlas y 
hacer de ellas una ficción que convertiría 
su aplicación en un absurdo. 

La Constitución, no escapa á estas 
consideraciones. — No la rovch) el Verbo 
Divino en la cumbre del Sinaí ; rs ella el 
fruto de los hombres que la liicierou con 
el criterio de su época para aplicarla á 
los hombres de todos los tiempos;- in- 
movilizarla interpretación de sus ]jrecep- 
tos, es equipararla á los libros de los 
Santos Padres y hacerse cargo de ella, 
con un criterio anterior á la humorada de 
Lutero. 



* 

* * 



C^on este modo de ver las cosas (]ue á 
j)uro lógico no admite dudas, fácil es sen- 
tar, que una es. la interpretaciíui del le- 
gista en su bufete y otra, la del Coronel 
en su cuartel ; acpiel dice, « nadie puede 
apalear á nadie ». 

Muy bien, — le contesta el Coronel 
pero no se negará, (^ue el procedimiento, 
no es nuevo : lina ti'adición casi secu- 



lar, ha consagrado entre nosotros, esa 
manera de convencer á los remitentes; no 
hace todavía un año, volvían los «rebel- 
des » á sus pagos ; — llegar y recibir una 
paliza de la policía local, era todo uno y 
sin embargo, las cosas quedaron como an- 
tes: la constitución donde estaba y los 
« rebeldes » con cataplasmas ; tan comtm 
y corriente era lo que acontecía. 

Eso, es el uso, señores, y desde los 
tiempos de Cicerón, el uso es superior á 
los preceptos de los maestros. — Usiis 
omnium magistrorum j)rmcept(i siiperat. 



* * 



Francamente, hi argumentación del 
Coronel, pide sufragios. — Por mi parte, 
confieso que dudo y considerando las co- 
sas bajo el punto de vista legal y con el 
criterio de los que interpretan, exegí tica- 
mente la Constitución, agravan mi dúda- 
lo que [)receptúan sobre el uso las leyes 
-1.5 y () título 2.*^ de la Partida 3.'^; -di- 
cen, que el uso es ley: 1.'* Citando se ha 
introducido con el conocimiento del le- 
ffislador',- yo no sé que legislador alguno 
entre nosotros, haya chistado al respecto. 
2". Que sea conforme con la utilidad qe- 
w^í7//, por lo menos es muy del egoísmo 
humano que nos parezca más útil el re- 
benque en las costillas del ]irójimo que 
en las nuestras, y 3." Que se haya ol)ser- 
vado por espacio de diez años; — entre 
nosotros podríamos sustituir los años por 
lustros y nos quedaríamos cortos. 

Confieso finalmente que entre Don 
Alfonso Onceno y nuestra Constitución, 
me quedo con Don Alfonso y con nues- 
tros usos, enamorado como soy de nues- 
tras tradiciones, que tienen fuerza de ley 
como se demuestra con aquel monumen- 
tal cuerpo de leyes que seficvron al ser- 
vicio de Dios é á pro comunal de las 

gerd(s. 

Baldomeiio Clavijo. 



■.--.■íé.i¿?^-iíSk*¿,',5i;'b-': 



Ii9 Revista Uruguaya 

Política, científica, literaria, historia y economía politica."6réano del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0. — Agosto 15 de 1905 


Núm. 8 


Director: Dr. Luis Santiago Botana 


AO 4INISTRACION '• 

CALLE MONTEVIDEO 


Administrador = A. Seuáuez y Olivera 



Expresamente para «La Revista Uruguaya». 




* * 



^ OS grandes temas siempre presen- peyas, en cadenas rotas, en esclavos que 
MJI tan un lado temible. La primera surgen á la libeit id, es pensar en ochen- 
impresión que producen en el escritor es ta años de vida libre, soñar en marti- 
fatal; acaparan totalmente su imagina- rios y en glorias! 
ción y sus facultades y lo 
sumergen en una langui- 
dez abrumadora, como si 
aspirara una atmosíera de 
desaliento é impotencia. 

Esta impresión de los 
temas luminosos me ha per- 
seguido siempre que me 
he colocado frente al re- 
cuerdo de nuestros gran- 
des héroes. ¡Lavalleja! ¡Su 
figura, su obra! Confieso 
que me anonada, me estru- general 

ja, me sumerge en la luz, Juan Antonio Lavalleja cienes que levantan las 



Su figura perfectamen- 
te perfilada cruza por el 
poema de miestras tradi- 
ciones patrias asumiendo 
las i)royecciones de héroe 
que arrastra tras sí á las 
demás figuras que concu- 
rren á la acción, formán- 
dole un pórtico brillante 
•J por donde pasa su silueta 
atrayendo al través de los 
años á las nuevas genéra- 



me ciega. Pensar en él es 



Jefe lie la 



manos para bendecirlo. 



pensar en la patria, pri- cruzada Libertadora dei año i6'^5 Espíritu sereno, verda- 
mero esclava, enmoheciendo sus cadenas dero vidente, con carácter de hierro for- 
con sus lágrimas, después libre, sonríen- jado en aquella fragua que nos dio tan- 
do á sus hijos bajo el dosel formado por tos ilustres varones y hombres notables 
las banderolas de sus lanzas, oyendo el en todos los terrenos y cuya sucesión 
himno de la libertad coreado por la voz inútilmente buscamos en los actuales 
de todos sus ríos, el rumor de todos sus tiempos, incubó, después de un largo 
bosques, y los gorjeos de todos sus paja- proceso de experiencias, el molde donde 
ros. Pensar en él es pensar en los otros debía vaciarse la idea de la patria libre 
héroes que reciben de él la luz con que y dueña absoluta de sus destinos, 
acentúan sus figuras ; es penscir en epo- 



* * 



La Revista Uruguaya 



Los genios cruzan por la tierra signa- 
dos con el estigma do la grandeza, estig- 
ma generalmente invisible para la masa 
de los contemporáneos que pasa sin de- 
jar rastro. Esto mismo los presenta á los 
ojos de los demás como hombres raros, 
soñadores incorregibles, todos creen sor- 
prender en ellos rasgos de locura. 8u 
reivindicíición llega cuando ellos han 
pasado, la apreciación de sus ideales 
siempre es postuma, sobre su sepulcro 
recien brilla el sol. 

Cuando sacudió el ideal de Artigas 
recubierto por el polvo de Carumbé to- 
dos creyeron que soñaba el héroe. Sus 
amigos del ejército argentino, brillante 
oficialidad de la independencia, lo reci- 
bieron con indiferencia; sus compatrio- 
tas, tendiendo la mirada á la hospitala- 
ria tierra paraguaya, vieron al viejo pro- 
cer, al de alma de hierro, sentado eñ la 
roca del destierro, devorando en silen- 
cio sus pasados infortunios y tampoco 
creyeron en él ; el vulgo siempre sacri- 
fica en los altares del éxito. 

Y Lavalleja no soñaba, tenía su ideal 
bien definido. Había visto la sombra de 
la patria vagar en las nieblas de la opre- 
sión y dirigir su mirada imploradora 
buscando un paladín que grabara en su 
escudo la empresa de «libertad ó muer- 
te» y bajara á la arena á sostener su dere- 
cho en el torneo de la libertad amesricana. 

Como ahora la patria, él también co- 
nocía las masmorras del Imperio y esta- 
ba inscrito en la liga de los « Caballeros 
Orientales» nacida del odio á la domi- 
nación portuguesa. Le correspondía pues 
á él escuchar la oración de la patria 
arrodillada en las tinieblas. La diana de 
Ayacucho pobló el espacio con sus acen- 
tos, y dispersó la niebla y se vio en toda 
su realidad la cadena que arrastraba la 



patria ; . juró romperla, se declaró su 
caballero. 



* 

* * 



Podía marchar tranquilo á su destie- 
rro el Precursor de nuestra nacionali- 
dad, cuando abandonó el suelo de la pa- 
tria; su misión épica había estinguido 
sus actividades, y su descollante figura 
iba á convertirse en modelo de imita- 
ción. Dejaba un grupo de discípulos más 
jóvenes que él ; ni la Confederación ni 
el Imperio los miraban con recelo : éste 
porque los creía impotentes y aquella 
porque mantenía la ilusión de que secun- 
darían sus miras. 

Los prohombres argentinos habían 
soñado siempre con la anexión de la 
Provincia Cisplatina, y su opinión se 
tornó en verdad indiscutible cuando la 
Asamblea de la Florida decretó dicha 
anexión á las Provincias Unidas. Pero el 
pensamiento de Artigas declarando al 
pueblo oriental libre del yugo de Espa- 
ña y de cualquier otro poder extrangero 
era claro y determinado, y había arrai- 
gado hondamente en el coi azón de suíí 
tenientes ; la idea de la patria libre ha- 
bía adquirido contornos definidos y lumi- 
nosos, en sus cerebros. No se engañaba 
el talento político de Rivadavia y de Gar- 
cía al oponerse á la guerra con el Impe- 
rio, pues Lavalleja y los pocos héroes 
que comprendieron su pensamiento si 
bien aceptaban la mano de la Confedera- 
ción no aceptaban su hegemonía. La de- 
claración de la Florida era la interpre- 
tación de la tradición nacional conden- 
sada en la frase de Artigas : « con los 
porteños tendré tiempo de arreglarme 
pero con los de Ultramar nunca;» de- 
clarando la anexión á las Provincias 
Unidas rompían para siempre con el Im- 
perio. Era un gran golpe político porque 
hacían entrar en la guerra á la Confede- 
ración ; la separación de ésta caería 



La Revista Uruguaya 



3 



por su propio peso. La guerra tenía que 
estallar y la solución era evidente : la re- 
nuncia de los dos l^retendientes á sus 
ambiciones de espansión ; la patria orien- 
tal se levantaría como un signo de paz 
entre los dos colosos americanos. He ahí 
la visión profética de Lavalleja ; confie- 
so que me resulta más grande bajo el 
aspecto político que cargando « carabina 
á la espalda y sable en mano » en la 

llanura de Sarandí. 

* ■ ;. '.v. 

* * 

Visto el ideal con toda la diafanidad 
con que se erguía en su mente llegaba 
también la hora de realizarlo. Encuentra 
treinta y dos videntes como él que miran 
pequeño el Imperio para sus glorias y 
caen de rodillas besando el suelo de la 

patria en las playas de la Agraciada 

Lo demás está escrito en la liturgia de 
la patria. Sarandi, el Rincón, Ituzaingó 
esa trilogía de nuestra epopeya guerre- 
ra que está todavía esperando un genio 
épico, se funde en un haz de luz con 
aquella otra trilogía del valor: Lava- 
lleja, Rivera, Oribe. 

* 
* * 

En presencia de ciertas decepciones 
que fatigan el espíritu, recogidas de la 
vida real, pienso que no nos hemos dado 
cuenta del legado del gran héroe. 

Joven todavía la patria, llena de vi- 
da y flexibilidad, no la hemos conocido 
de otro modo que vestida de luto y como 
las antiguas plañideras siempre la he- 



mos visto llorando. Poco observadores 
de nosotros mismos hemos vuelto los 
ojos al pasado creyendo sorprender en él 
el bacillus de nuestra existencia morbosa. 
Hemos dirigido nuestras investiga- 
ciones fuera de nosotros mismos v hemos 

f' 

dicho: nuestra Constitución, he ahí el 
mal. 

El código sagrado que condensa toda 
nuestra epopeya nacional, la obra y el 
monumento del gran libertador ya nos 
parece estrecha. ¡ Como hemos cambiado 
en. tan pocos lustros! Creo que el vicio 
capital está en que nuestros políticos 
quieren acomodar la Constitución á sus 
miras y ellos no quieren a justar sus ac- 
tos á la Constitución. Olvidan que nues- 
tra carta fundamental no es una de esas 
revistas de figurines que modifican todos 
los días la indumentaria. 

Con todo es una gran satisfacción pa- 
ra los que rendimos culto á nuestra tra- 
dición el ver que el plebiscito de nuestros 
pensadores ha sido casi unánime en con- 
tra de la reforma. Yo, sin mayores pre- 
tensiones, me aventuro á arrojar este 
consejo: siquiera una vez hagamos un 
ensayo serio de , nuestro código funda- 
mental y si entonces lo encontramos de- 
ficiente, reformémoslo, de lo contrario 
quizás nos hagamos acreedores al anate- 
ma de la historia. 

Gelimei;. 
Buenos Aires, Agosto 10 de 1905. 




La Revista Uruguaya 






UJEBQS APtJHTES BIFEBEHTIS k LA FOJá DE SEBVICIOS ML SL CQBQKEL DOH 
JULIO MOEOSINI en la Eepública Oriental del Uraguay 




ÑO 1870. — Soldado voluntario en 
el Escuadrón Vanguardia á las 
órdenes del Mayor Don Justino Muníz — 
(hoy General). — Sargento 
1.° en el mismo Escua- 
drón. ^Pase aj arma de 
Infantería (« Batallón Pa- 
tria ó Muerte » ) á las ór- 
denes del Teniente Coro- 
nel Segovia. — Batalla de 
Severino. — Sub- teniente 
después de este combate. 
— Batalla del Sauce. — Ba- 
talla de Manantiales. — Ba- 
talla de Corralito.— Com- 
bate en el Rincón de So- 
riano. — Combate en Ca- 
savalle. — Combate en las 
Piedras. — Combate en La 
Unión. 

Después de la Paz de 
Abril de 1872, fué licen- 
ciado con el empleo de Capitán. 

Sirvió á las órdenes respectivas de 
los Generales Don Jeremías Olivera, 
Justino Muníz, Inocencio Benitez y Ma- 
za y de los Coroneles Don Julio Arrue, 
Layera Segovia. 

Fo.iA DE Servicios en la República 
Akg entina hasta el año 1902 

Capitán en el Regimiento General 
Lavalle — Lomas de Zamora — año 1874. 
Revohición Provincia de Buenos Aires. 

Capitán Regimiento 3 de Caballería 
do Línea — operaciones de Guerra Fron- 
tera Oeste de Buenos Aires — marchas de 
avance y combate con los Indios. 

Combate en la Blanca Grande con los 
Indios. 




Coronel Julio Morosini 



Expresamente para '<l^ Revista Umgaaya** 

Combate con las tribus del cacique 
Pinsen. 

Comisión á establecer línea derecha 
de fortines, en contacto 
con línea Norte de Bue- 
nos Aires. —Combate con 
los Indios de Trenque 
Lauquen — en Malan con 
los de Pinsen y Ran- 
queles. 

Comisión á establecer 
fortines Rio Colorado. 

Expedición al Rio Ne- 
gro sobre las márgenes 
del mismo. 

Marcha á la Provincia 
de Buenos Aires. — Revo- 
lución y sitio de la Ciu- 
dad de la misma. 

Mayor Graduado. — O- 
peraciones de Guerra du- 
rante la revolución de Co- 
rrientes. 

Marcha al lago Nahuel Huapi. — Ex- 
pedición al Lago (Cordillera de los An- 
des). — Comisión á establecer fortín Los 
Andes (Lago Rumeco). ! 

Combate con los Indios de Namucurá 
y Maripan. — Valles del Rio Haima. — Ata- 
que á los Indios de Coliburri en el Rio 
Quenco. 

AÑO 1884.— Mayor efectivo Regi- 
miento 3 de Caballería do Línea — opera- 
ciones en La Pampa — (conquista del de- 
sierto). 

AÑO 1886.— Teniente Coronel nom- 
brado segundo Jefe del Regimiento 11 de 
Caballería de Línea. 'i 

AÑO 1890.— Coronel y Jefe del Re- 



La Revista Uruguaya 



gimiento 11 de Caballería. (Campo de 
Batalla). — Maniobras militares — se le 
nombra Jefe de la Caballería indepen- 
diente de exploración. 

Establecimiento de la Línea del Alto 
Uruguay y Jefe de la misma. — Marcha á 
la Provincia de Entre Rios y Santa Fé ! 
(Acciones de Guerra). 

AÑO I901.-Se le nombra Jefe de 
una Brigada compuesta del Regimiento 
11 de Caballería — dos Batallones del Pa- 
raná y una Batería de Artillería con la 
que pasa á Santa Fé y somete á la Revo- 
lución después de tres días de combate, 
donde se le menciona en la orden del día 
del Ejército — Mereciendo el «bien de la 
Patria». - 

Más tarde y en el mismo año se le 
nombra Jefe interino de las fuerzas de la 
intervención en Santa Fé. 

AÑO 1902.— Marclia al mando del 
Regimiento 11 de Caballería al Chaco 
(Rio Bermejo). En el mismo año fué 
nombrado Jefe de la Línea militar del 
Bermejo. 

AÑO 1902. — Marcha á dominar al 
frente del Regimiento 1 1 de Caballería á 
. la Revolución de Corriente. 

AÑO 1902. — Marcha á establecer lí- 
neas de frontera en el Chaco (Sabana y 
Tostado). 

AÑO 1902. — Fué nombrado Jefe de 
Estado Mayor de la División de Entre 
Ríos (Maniobras militares). El mismo 
año regresa á guarnecer las líneas del 
Chaco. 

AÑO 1902.— Se le nombra Jefe inte- 
rino de la División del Litoral, comisión 
á establecer todas las líneas de fortines 
en operaciones en el Chaco. 

Es nombrado Jefe titular de la 1.* 
Brigada de Caballería de Línea Regimien- 
to 11 y 6 de la misma arma. 



Comisiones Especiales 

Comando de varias comisiones inde- 
pendientes contra las tribus de Namucu- 
rá, Pincen, Maripan, Coliburri, etc., en la 
Cordillera de los Andes, Pampa y durante 
la Conquista del Desierto. 

Comisión especial, con fuerzas de los 
Regimientos 11 y 3 de Caballería — en- 
cuentro y Combate en los valles del Rio 
Haima. 

Comisión especial de reconocimiento 
á Haucá Mahuida. — Jefe interino del 1 1 
de Caballería por ausencia de sus Jefes, 
siendo Capitán del 3 de Caballería. 

Jefe — en comisión — del detalle de la 
3.* División del Ejército en el avance del 
Rio Negro (Chaele-Cha?l). 

Miembro de la Comisión Clasificadora 
de Premios á los Expedicionarios á los 
Andes. — Fundador del fortín « Los An- 
des » en la Cordillera del mismo nombre 
— («Laguna Rumeco»). 

Establecimiento de la Línea de forti- 
nes — derecha — de Trenque-Lauquen — 
en contacto con la línea N. de Santa Fé. 

Establecimiento de las líneas de for- 
tines siguientes : Sabana y Tostado — 
Línea militar del Rio Bermejo— Sabana 
— ^Florencia á Santana — Sabana á Encru- 
cijadas — Resitencia á Makallé — Tacurú y 
Sabana á unirse en Encrucijadas. 
Condecoraciones 

Ley de 27 de Octubre de 1881.— Me- 
dalla de Oro. 

Ley 24 de Junio de 1885. — Medalla 
de Oro. 

Orden General del Ejército. — Men- 
ción especial de haber merecido — «El 
Bien de la Patria».— Combates en Santa 
Fe— 1893. 

Mención honrosa en sus proclamas á 
la Guardia Nacional de Entre Rios por el 
Exmo. Gobernador de Entre Rios — 1893. 

Marte. 



6 



La Revista Uruguaya 



PATRIOTISMO 

UTA transcurrido un año más de la 
Jjrii Jura de nuestra Constitución, sin 
que esta efeméride deje en el ánimo de 
los buenos ciudadanos la persuasión ín- 
tima de ver cimentada de una manera in- 
conmovible, la paz pública por la concor- 
dia nacional. 

Nuestros constituyentes con espíritu 
bien levantado, formularon un Código 
político, que si se hubiera cumplido, en 
sus preceptos principales habríamos ob- 
tenido un progreso moral y material, 
como ninguna de las Repúblicas Sud- 
Americanas. 

La obra de engrandecimiento nacio- 
nal está todavía por hacer- 

se, pues no basta proyec- il 
tar puentes, caminos, Fe- ;• , . 
rro-carriles, etc., si se pres- 
cinde de lo más esencial 
para llevar á la práctica 
esos impulsos, que es la ga- 
rantía eficaz de que todas 
ésas conquistas son la re- 
sultante del concurso de 
todos por el respeto á los 
derechos políticos y civiles 
de los ciudadanos. 

En la Sociedad política, 
como en la de familia, no 
se edifica nada estable, si 
el Jefe del Estado ó de fa- 
milia no considera con la 
misma igualdad á todos sus hijos, sin 
preferencias odiosas, pues de lo contra- 
rio se alejan los hermanos del hogar ó 
de la patria. 

La educación social ó cívica adqui- 
rida por un hombre llamado á regir los 




Dr. Ángel J. Moratorio 

vocdl ;] secretario del 
ConiUé General lievolucionraió el 97 



rando sus pasiones, legar á la posteridad 
su nombre, sin despertar los odios ó ren- 
cores que su actuación política hubiera 
engendrado. 

Un gobernante j)or más partidario, 
que sea, elevado á la cumbre del poder 
por toda una asamblea ó por la mayoría 
de ella, ya que todos los hombres, tienen 
un valor relativo, debe contemplar en la 
altura los grandes intereses públicos que 
le han sido confiados, antes que los per- 
sonales de sus electores, porque esta con- 
sideración le haría desmerecer ante pro- 
pios y estraños, que no lo juzgarían co- 
mo un hombre de estado, prudente y cir- 
cunspecto, como debía serlo en el ejerci- 
cio de su mandato. 

Del olvido de estos prin- 

-'ft%j ' i cipios de buen gobierno 
han surgido todas nuestras 
luchas civiles desangrando 
y arruinando al País — na- 
da más que por pretender- 
se mantener un predominio 
de partido, sin miramiento 
alguno al respeto que de- 
ben merecer todas las opi- 
niones, para que se efectúe 
la coparticipación en el Go- 
bierno de los partidos pre- 
valentcs en el País. 

La confraternidad na- 
cional estaba ya consagra- 
da por la razón pública y 
una política levantada, ha- 
bría podido evitar una guerra, impidien- 
do la ruina del País y la expatriación de 
millares de orientales, que hoy mismo no 
regresan á sus hogares porque no ven 
despojado el horizonte político. 



I 



Terminada la guerra civil ])or un pac- 
destines de una Nación, puede constituir to do paz — se imponía, una joolítica, con- 
un nervio vigoroso para solucionar los ciliadora, como en la que se inspiró aún el 



problemas nacionales con la equidad ó 
rectitud necesaria, pero apesar de ello, 
aun sin tener aquellas nociones encomia- 
bles, puede siempre ese hombre mode- 



General Santos después del Quebracho, 
porque comprendió que no bastaba sofo- 
car un movimiento revolucionario, que 
sus actos habían provocado, sino que de- 



La Revista Uruguaya 



bía contar con la gran fuerza de la opi- 
nión pública para la continuación de su 
gobierno, pues sin esa conciliación eran 
posibles nuevos sacudimientos siempre 
funestos para la Nación. : - 

La evolución política no puede sur- 
gir del partido del llano, cuando éste 
tiene un enemigo poderoso en el Gobier- 
no ; su propaganda podría influir en la 
suerte del País, si el que manda no cierra 
los oídos á las voces del patriotismo que 
le exigen ir adelante, sin rencores ú odios 
que contraríen el sentimiento de altruis- 
mo que inspira el amor á la Patria. 

Levantar el punto de mira, recordan- 
do las venerables figuras de nuestros 
constituyo] :tes, aunadas en na solo pen- 
samiento (le fnnrlar una nanióa indepen- 
diente y feliz, tal deba ser In idea predo- 
minante en el espíritu de aquel, á quien, 
sus eoiiciudadanos eligieron para el más 
elevado puesto público en la República. 

Al rememorar la feolia histórica, apun- 
tamos nuestro ideal de futuro. 

1 Dr. Ángel J. Moratorio. 



EL TESORO DEL PASTIDO 



Expresamente para "La Rfvista Uruijuaya." 

t#*OY á empezar por una pregunta : 
¿ Ha existido alguna vez el te- 
soro del partido? 

Muchos dicen que sí : pero yo creo 
que ese tesoro, si ha existido ha sido tan 
pequeño, tan insignificants, que todas 
las revoluciones han fracasado por falta 
de elementos bélicos, cosa que no habría 
podido suceder, si el tesoro hubiese exis- 
tido. 

El Partido Nacional, como toda aso- 
ciación política que no goza ni vive del 
calor oficial, necesita de la ayuda, del 
concurso pecuniario de todos sus afilia- 
dos, para « que sus miembros puedan 
ser amparados cuando se atentara con- 
tra sus derechos políticos y libertad in- 
dividual.» 

Necesita del concurso pecuniario de 
sus afiliados para que el « Partido pueda 
proporcionarle medios de subsistencia, 
al que se ha inutilizado en su servicio.» 

El Partido Nacional necesita del óbo- 



lo de todos sus partidarios, para «auxi- 
liar á sus miembros, ó á sus hijos, á fin 
de proporcionarles recursos para el estu- 
dio déla carrera en la que hayan reve- 
lado ó revelan aptitudes sobresalientes.» 

La formación y sostenimiento del 
tesoro del Partido, es necesario « para 
sostener órganos de publicidad y propa- 
ganda ; para fomentar la educación é 
instrucción de los correligionarios ó sus 
hijos.» 

¿ Como es posible llenar estos fines, 
si ese tesoro no existe ? 

¿Como es posible concurrir á las lu- 
chas de la democracia, sin medios para 
sostenerlos ? 

¿ Como hacer prácticos los altos fines 
del programa del Partido si faltan recur- 
sos para ello ? 

Y si la obsecación, la intransigencia, 
la pasión partidaria, hiciera necesario, 
preciso, ineludible, tener que apelar á 
la última razón de los oprimidos, de los 
desheredados, d^ los parias, ¿ con qué 
medios, con qué elementos se iría á rei- 
vindicar los dereches hollados? 

¿Con el valor, con el heroísmo deque 
el partido ha dado innumerables prue- 
bas ? Ellos nada valen, nada significan, 
ante el Krupp, el Canet, la ametrallado- 
ra, el mauser, á los cuales solo hay que 
oponerles otros iguales para contrarres- 
tarlos. 

Los miembros del Partido Nacional, 
todos, sin escepción, el pobre como el 
rico, deben éontribuir, cada uno en la es- 
fera de su posibilidad, á crear y sostener 
el tesoro partidario, sin cuya existencia, 
no es posible pedir á la comunidad, cum- 
plir con los deberes de su carta orgánica. 

Si el Partido Nacional, fuerte por su 
número, por su posición social, tuviese 
su tesoro, no se le desafiaría impunemen- 
te, ni se le provocaría, á cada instante, 
á la lucha, porque el fuerte, es fuerte con 
el débil, pero no lo es con el que puede 
contrarestar su poder. 

Leonardo 8. Castro. 
Concordia. 



La Revista Uüuguaya 



(1) i 





Por la Redención Política!... 




(Continuación) 

Véase Ni'im. 7. 

MEMORÁNDUM, sobre los suce- 
sos DE. la Villa de Aktig.as, es- 
crito l'OR EL COMISIONADO DEL CO- 
MITÉ Revolucionario del 97, el 
PATRIOTA Don ISMAEL VELAZ- 
QUEZ. 

^RATÁBAjMOS de organizar algu- 
nos hombres para que el Señor 
Arostegui llevase al líjército, conjunta- 
mente con las armas, cuando fué llama- 
do urgentemente de Bagó i)ara donde 
salió enseguida por diligencia. Poco des- 
pués vino el Sr. José Arostegui y el Sr. 
Bastarrica en busca de esas armas v niu- 
niciones las que ordené entregar y fue- 
ron llevadas para ponerlas á disposición 
del Coronel Trias ; ignoro á quien fue- 
ron entregadas esas 95 armas y muni- 
ciones. Mi situación en Yaguarón era di- 
fícil, pues desde Abril había orden de in- 
ternarme y tenía que estar completamen- 
te oculto; pero eso no obstó á que pudie- 
ra ocuparme, de algo. Segui comprando 
las armas que nije fué posible de las nui- 
chas que aún se -vendían en Yaguarón y 
que habían pertenecido á la División Nu- 
ñez, había también algunaá de las obte- 
nidas por mí en Pelotas, como también 
municiones. i\íe ocupaba de organizar 
algunas i)artid<us que se habían conser- 
vado i)or Rincón y Parado y habían pa- 
sado el JVIayor Glano y otros oficiales 
para hacer reunir todo y proceder como 



(I) l£n Las cv/todicioncf rí niirrurioncs <le citile.-t ó 
militarvK, (Ji/ Ufllos /M'i/ ue Ti i.-iiinn,-! i; i/i.sii/ ni/iciuiCe.i <lf. 
tdUc.-i, ijLic no entrun en el ¡iliia (le catn l^eoii^Ui ¡mhli- 
lini'to.f por ¡■(isuii(:-< (le oiKiit.aiiiddil, i;Ll\ etc.. ir/'i/i in- 
tf<lfos con sus notii-1 y i-omi'ntui-ios rcs/,fiLii'<>s i'u nucs- 
rii '•Ilisí.orid del 07", 



fuese de conveniencia^ todo con orden y 
autorización del Comité. En esta circus- 
tancia pasó el Ejército del Norte esta- 
cionándose en AcegTiá durante el armis- 
ticio y enseguida una orden del Coronel 
F. Saravia para que esas fuerzas se le 
incorporasen, lo que les ordené hiciesen 
en la isla Patrulla donde creo no alcan- 
zaron va á Saravia. 

Pactado el armisticio el General Sa- 
ravia me ordenó por nota que mandase 
por el Coronel V¿irela Gómez el arma- 
mento que hubiese disponible y municio- 
nes á lo que di cumplimiento entregando 
42 fusiles con su munición correspon- 
diente, quedando algún armamento para 
el que no había munición aquí ni en el 
Ejército según me manifestó el Coronel 
Várela Gómez que entendió debía de- 
jarse. ; 

Todo lo que decia en su i)arte el Ge- 
neral Arribio referente á muertos y aho- 
gados el 25 cuando entró á Artigas es in- 
cierto, pues no hubo otro muerto que el 
sargento Isaac Vibla que estaba avanza- 
do á 2 leguas afuera con 3 soldados y 
peleó sin querer rendirse porque todos 
los que lo rodeaban daban la orden de 
matarlo, y el otro muerto fué Cándido 
Esnieradeo, m\ español vecino que ese 
dia, ebrio salía de la Villa y fué lancea- 
do, degollado y robado á una cuadra do 
la Iglesia. No hubo ahogado ninguno, ni 
a(iuí, ni en el Paso de las Piedras. 
Rentas '■ ' 

AI retirarse de Artigas la división 
al mando del Comandante Borche, para 
buscaV la incorporación se acordó nom- 
brar recaudíidor de rentas al ciudadano 



La Revista Uruguaya 



Rodolfo Paseyro con los empleados pre- 
cisos. Ese día se reunió al comercio ma- 
yorista, — cuatro comerciantes que son 
los que hay — acordáiM©^ con ellos ha- 
cerles una rebaja en los derechos de im- 
portación; pidieron se les rebajara un 
50 o/o en los derechos, única forma que 
les convenía pasar mercaderías, pues te- 
nían que pedirlas á Rio Grande, razón 
también porqué pidieron esa, concesión 
subsistiese hasta fin de Marzo, lo que así 
se acordó. Se impuso que los derechos 
fuesen pagos diariamente ó el día que se 
hiciese el despacho y se nombró tesorero 
al correligionario Don Ruperto Coirolo, 



residente en Yaguarón: quien recibía 
los fondos del encargado de la Recepto- 
ría don Rodolfo Paseyro, dando recibo. 
Se fijaron avisos para que nadie pagase 
derecho alguno sin ser documentado en 
forma; obligándose á los comerciantes ó 
á todo el que tenía que exportar ó impor- 
tar á hacer despachos como era de prác- 
tica, — duplicado— los que se daba uno al 
interesado con el recibo en la liquida- 
ción, reservándose uno para el archivo 
además de la constancia en los libros 
que al efecto se abrieron. 

Continuará. 



(1) 



AetiiíiÉ» lie la 3a. DivMóo MoMoDapla en la Caiipía M 97, 

Narrada por su Jefe Coronel 




(Continuación) 

Véase niim. 7. 

E habían agotado las municiones y 
había corrido sangre de mi san- 
gre : mi valiente y querido hijo Teodoro 
había caído gravemente herido... Corrí 
adonde estaba; lo examiné... Había re- 
cibido un balazo en la parte izquierda de 
la frente ; tenía como un bulto en esa 
misma sien, y me pareció que allí esta- 
ba la bala, haciéndomelo creer así algu- 
nos compañeros, diciéndome que estaba 
atontado del golpe. ¡ Pobre mi hijo tan 
valiente, tan noble y grande en su desin- 
teresada y patriótica sencillez: ya tus 
labios no vivarían más á la santa causa 



(1) En los números sucesico-' irán las narracio- 
nes <le los Jefes Jiecolucioiiarii'ti sol/re La guerra del 
97, Jo-é F. Gónzale:;, Basilio i¡ Ser¡/io Muño:;, Velez, 
Marín, Gil, Blanco, BaCis'.a. Cortinas, Alilania.^ Gue- 
rrero. Ismael Velazquez, Naoarrece, Várela Gome:;, 
Expediciones Aparicio Sarxoia, Lianas, Monr/rell, 
Benites. asalto cai'onera 'Arti'jas", exposiciones de 
Cannaveris, CiOils, Gauna, Saanedra i/ Coronel Orijaz 
Pantpillón, etc etc., 1/ muchas otras civiles y mililti- 
res, a,ii como toda la docuinen'.aci>"-n pol ¿ttca ¡j militar 
que sircen de liase ci nuestra '•Historia del 97". 

La Redacción, 



que defendíamos; ya no apostrofarían 
á los miserables acobardados, ni sonrei- 
rían ante los mayores peligros ! — Tuve 
esperanzas de que mi hijo viviría ; bus- 
qué municiones y me preparé para con- 
tinuar la pelea, cuando vino el general y 
apretándome la mano, me dijo, con los 
ojos llenos de lágrimas: «Lo acompaño 
en su dolor.» Entonces recién me di 
cuenta de mi horrible, eterna desgracia, 
y pedí licencia para ir á ver á mi hijo. 

Es una página que no puedo conti- 
nuar escribiendo ¡ es tan triste ! 

Con nosotros ibcm algunos hombres 
de la división 4.*, nuestros queridos y 
valientes compañeros, el capitán Meso- 
nes, los dos Crique y dos ó tres más. El 
comandante Juan José Muñoz, no estaba: 
vino más tarde con el malogrado Ramos 
Suárez, atribuvendo vo á eso el haber 
concurrido tan pocas personas de su 
división. 

El distinguido y valiente capití'in Al- 



10 



La Revista Uruguaya 



berto ]\Ialdonado estuvo con nosotros y estimación que yo sentía por el jefe del 
con nosotros cargó cuando cayó mortal- estado mayor; era hijo de la estimación 
mente herido, lo mismo que Orique. y verdadero cariño que tenía para mije- 
De los míos, además de mi hijo, cayc- fe y uno de mis amigos más queridos, el 



ron heridos el teniente 1." Ladislao Mo- 
reno, el alférez Eulalio Espinosa, los sar- 
gentos Juan Roldan, Hipólito Franco, 
Juan Peña y Manuel Peña y algunos sol- 
dados cuvos nombres no recuerdo. 

El 10, después - 

de haber velado 
á mi hijo en casa 
del señor 8anás, 
fuimos á dar 
cristiana y pa- 
triótica sepultu- 
ra á sus restos 
queridos, al lado 
de las fosas do 
Imas, Maldona- 
do, Teófilo Mar- 
tínez V Séllanos, 
á media cuadra 
de la casa de co- 
mercio del señor 
Acuña. Al ente- 
rrarlo, pronun- 
cie las siguien- 
tes palabras: 

«¡Sangre de mi 
sangre, que to- 
dos los que lle- 
van tu nombre 
sepan honrarlo 
tan bien como tú 
lo has honrado v 
sirvíui á tu i)a- 




Dr. Luis Santiaíío Botana 

Hiso las cHHtjxLFias /•crolu(if»iarias del 70, Stí, fue inicinhi-o 

del DifícCorio. vocal dvl Comif.é Ganurnl. 

Sc'crctai'iv ilcl Coinit.é E¡criitic() da Gucrrtt // del 

CoiniCé de llaeicndd, revolueióii del 97 



general Aparicio Saravia. Parece menti- 
ra, pero es lo cierto: se había pactado, 
se había firmado el armisticio, se trata- 
ba de la paz, y para ello no se había con- 
sultado á ios jefes de división. Un día no 

podía sufrir más 
y subí á caballo 
para ir al estado 
mayor á pedir 
mi retiro, no do 
la r e V o 1 u c i ó n , 
pero sí de aquel 
ejército, cuyos 
dos jefes supe- 
riores habían fir- 
mado un armis- 
ticio V trataban 
de mandar un 
memorándum al 
comité de gue- 
rra establecido 
en Buenos Aires, 
sin consultar á 
los jefes de divi- 
sión, al ejército, 
en una palabra. 
Antes de llegar 
á la carpa del 
coronel Lamas, 
me llamó mi dis- 
tinguido amigo 
el doctor Aceve- 
do Diaz, que es- 



tria tan bien co- 
mo tú la has servido ! » 

¿Después? ¡ay! después sufrir, llo- 
rar, orar... esconder en lo posible el dolor 
amargo que sentía. 

Con el armisticio que se i)rodujo y 
los preliminares de paz por iniciativa del 
patriota ciudadano Dr. Aureliano Rodrí- 
guez Larreta, vino un dolor más á apo- 
derarse de mi alma. Y ese dolor patrió- 
tico era hijo en parte de la particular 



taba en la puer- 
ta de la suya, y me dijo: «Bájese, coro- 
nel ; tome asiento ; aquí está mejor; ¿qué 
vamos á tomar ? » ... v continuaba mi esti- 
mado amigo con el modo atencioso y lle- 
no de cariño con que siempre me ha tra- 
tado, cuando, de pronto, me preguntó: 
«¿Qué tiene, coronel? ¿ está enfermo ? 
¿qué le sucede? Le dije á qué iba al 
Estado Mayor, y el doctor repuso : « No 
debe hacerlo, coronel ; el coronel Lamas 



La Revista Uruguaya 



11 



y más el general sienten gran estimación 
por Vd.... Oiga», me repitió ; y me empe- 
zó á contar cosas que no son para repeti- 
das aquí, respecto de opiniones que le 
había oido al general hablando de mí y 
del propósito que abrigaba de pedir un 
puesto importante para raí, siempre que 
se hiciese la paz. «Eso, que puede valer 
mucho para mí, doctor, no vale nada, le 
dije, para los demás jefes de división, 
para el ejército, en una palabra.» « Bue- 
no, me replicó ; yo le prometo ver al 



coronel Lamas y ai general, y eso, que 
no pasa de un olvido, se arreglará.» 

Al otro día fuimos llamados los jefes 
de división. El coronel Lamas nos dio 
cuenta de haberse firmado el armisticio 
y de los trabajos que se hacían en favor 
de la paz. Era un día de triste recorda- 
ción para nuestro partido y de baldón 
para nuestros adversarios : pero, aniver- 
sario considerado como fiesta cívica na- 
cional. 

Continuará. 



Narración del Comandante Apolinario Velez 

1 SOBRE LA EXPEDICIÓN REVOLUCIONARIA. DEL NORTE, EL 97 




(Continuación) 

Véase Niim. 7. 

A moharra que ostentaba el asta de 
la bandera es también de indis- 
cutible mérito. — Todo su material es de 
plata y oro ; tiene gravadas las armas de 
la patria y como la bandera, también 
procede de Paysandú. — La conservaba 
Don Leandro Gómez quien la entregó 
al Sr. Luis Mongrell y éste al que sus- 
cribe para su Batallón. 

Naturalmente y como es de práctica, 
el juramento fué revestido de la solem- 
nidad que la importancia del acto re- 
clamaba. 

A las 11 de la mañana, nos acerca- 
mos á la costa donde se hallaban los va- 
pores «Fortuna» y «Don Pepe», que 
fueron tomados por la Comisión anterior- 
mente designada. 

Los pasajeros que conducían los ex- 
presados vapores, en número de cuaren- 
ta poco más ó menos, fueron bajados á 
tierra Argentina en el punto de nuestro 
embarque, á una legua más arriba del 
Saladero Colón y frente á la punta Norte 
de la Isla del Qucguay. 
Embarque 

A las 11 y 10 a. m. se dio principio 
al embarque de nuestra expedición. 



El vapor «Don Pepe» fué ocupado 
por la infantería y el «Fortuna», que 
nos siguió á una cuadra de distancia, por 
los de caballería. 

El número de' expedicionarios se com- 
ponía de 185 hombres. 

El Coronel Julio Várela Gómez tomó 
á su cargo el pasaje de la caballada uti- 
lizando para ese trabajo tres botes que^ 
hicieron varios lances, hasta que, cansa- 
dos los remeros, dieron por terminado el 
vadeo. 

A la 1 p. m. atracaron los vapores 
al puerto dé «Las Delicias» y se dio 
incontinentemente principio al desem- 
barque. 

El primero que tuvo la satisfacción 
de pisar tierra oriental, fué el que sus- 
cribe; el segundo el Coronel Don Enri- 
que Olivera, Jefe militar de la Expedi- 
ción; seguidamente el mayor Luis ]\Iassa 
y todo el plantel del Batallón « General 
Leandro Gómez». 

El que firma, con doce hombres de 
su batallón, trepó las barrancas que do- 
minan la costa desplegando esa gente en 
guerrilla ; el Mayor Masisa realizó inme- 
diatamente igual operación. 

El « General Leandro Gómez» hábil- 
mente desplegado y ocupando es})léndi- 
das posiciones se mantuvo así toda la 



12 



La Revista Uruguaya 



tarde pai^a recibir sin desventajas al 
enemigo que se pudiera presentar. 

El que suscribe, (y van tres veces) 
tuvo la suerte de ser el primero que ad- 
quirió .un caballo, tordillo negro, tomado 
en el territorio de la patria; en él re- 
gresó á la costa y participó á los amigos 
que según declaración del ex-propietario 
del caballo que montaba, no existían ene- 
migos á cuatro leguas de la costa. 

A la 1 y 15 ya eran tres nuestros gi- 
netes, pues en dos petisos sacados de la 
Estancia «Las Delicias», montaron el 
Mayor Massa y el Capitán Ayudante Don 
Enrique Langdon Urtubey. 

Lista nominal del plantel de Jefes, 

Oficiales, clases y soldados que componian 

sobre las barrancas Uruguayas, 

el plantel del 

Batallón ^'General ijeandro Gómez*' 

Comandante Apolinario G. Velez. 

Mavor Luis Massa. 

Capitán-Ayudante Enrique Langdon 
Urtubey. 

8ub-Ayudante Alejandro Warnes. 

Teniente Paulo Lurati. 

Abanderado Martiniano Galo Roquer. 

Sub-Teniente Benjamín Seró. 
» » Dionisio Trillo Larriera. 

Sargentos Prudencio Robaina, Vicen- 
te Beraza, Arturo Viñas, Luciano Ma- 
ciel (1). 

Cabos Ignacio Malcorra, José A. Pe- 
reyra, Antonio Casaretto, Francisco Ola- 
dio, José Irigoyen. 

Oficial Agregado Luis Acevedo Diaz. 

Soldados — ciudadanos — Laudelino 
Alemán, Ángel Moré, Manuel M. Bonilla, 
Eugenio Vixio, José Cerro, Telesforo 
Céspedes, Ramiro Córdoba, Pedro Ca- 
bris, Federico Cipa, Juan José Diaz, 
Juan B. Dórelo, Juan Escayola, Domin- 
go Streccia, Carlos Fossati, Leonardo 
Fossati, Juan A. Girardi (2), Cirilo Gul- 
demsoph, José Gómez, Rodolfo Hafliger, 
Alfredo Hafliger, Eufenio Lapido, Elias 



Gater, Ciceo Marote, Felipe Montaña (3), 
Felipe Miró, José P. Moré, Juan Nardotti, 
Pedro Ocampo, Braulio Pereyra, José 
Pesce, Martin Rouiller, Benjamín Ra- 
vagñan, Vicente Rivas, Tomás Suarez, 
Martin Subero, Julio Saravia, Felipe Sant 
Genis, Eduardo Sempé, Aurelio Sagastu- 
me, Félix Tasare, Avelino Vega, Raúl 
García Zúñiga. 

En marcha 

A las 6 p. m. se puso en marcha 
nuestra columna. Casi toda nuestra in- 
fantería marchó á pié en razón de que 
los caballos solo bastaron para la caba- 
llería de Várela Gómez, Escuadrón «Lu- 
cas Piris» y compañeros del Doctor 
Eduardo Acevedo Diaz y Don Luis Mon- 
grell. 

Un carrito tomado en « Las Delicias » 
conducía, sobrantes de lanzas, fusiles, 
municiones y diversos equipos. 

Al aclarar el día del 16 de Marzo lle- 
ga,mos á la Estancia de Don Tomás 
Aguesta, donde permanecimos durante 
ensilló y montó la infantería. 

La caballada recojída en esa noche 
fué suficiente para poder seguir nuestra 
marcha, llevando una reserva de bastan- 
tes caballos. 

A las 9 a. m. seguimos camino con 
rumbo hacia el paso de las Piedras del 
Quebracho. 

A las 9 y 30 se destrozó, por medio 
de la dinamita, el puente del ferrocarril 
Midland del Uruguay, situado en el Que- 
bracho é igualmente una alcantarilla 
inmediata al expresado puente. 

Los ejecutores de esta operación fue- 
ron Don Antonio Horbis, hijo de Paysan- 
dú, y Don José Gómez, de Dolores, del 
plantel á mi mando, y que fué herido . 
por bala de mauser en la Batalla de Ce: 
rros Blancos. i 

A las 12 m. acampamos en el antedi- 
cho paso de las Piedras del Quebracho. 



(1) Asistente de Velez. 
(2> Aííisicnte de L»n(i<lon. 



(3) A sistrnte de Massa. 



La Revista Uruguaya 



13 



Harracinn sobre la Campana EsTülacionaria del 37 

Por el Coronel MIGUEL CORTINAS 




fL día 13 por haber sabido que el 
coronel Nuñez se encontraba en 
el paso de Navarro cuyo aviso llevó el 
Sr. Antonio Paseyro, el Coronel Lamas 
ordenó marchar para ese pnnto donde 
nos incorporamos. 

Eran 700 hombres y lo acompañaban 
el Coronel Martirena, Comandante Cicao 

y Gil. 

El día 14, se nos aproximó el Coro- 
nel Galarza, mandando 
unas guerrillas de poca im- 
portancia, las que fueron 
rechazadas por nuestras 
fuerzas causándole o bajas. 

Seguimos marcha con 
rumbo al Este, siguiendo 
la cuchilla de Navarro ó de 
Averías, acampando á las 
imeve a. m. del 15 en la ^ 
costa de Moycs. 

El día 16 á las 9 p. m., 
llegamos al Arroyo Tres 
Arboles en cuyo punto tu- 
vo lugar una de nuestras 
batallas más fuertes, y la 




F. Arbole ya y Arbole ya 

Itevolucionario el 97, 1904 
correcto escritor, urur/uar/o 



el Coronel González quedó con su escol- 
ta, que lo era la urbana al mando del 
Capitán Alvarez, á la izquierda del paso, 
acampándose en línea de batalla, sobre 
el Arroyo Tres Arboles en el orden que 
indica el plano N.** 1. 

El Jefe de servicio en la noche del 
16 era el Coronel Marín el cual se colocó 
á 15 cuadras más ó menos al Este del 
paso dejando una guardia bajo las órde- 
nes del Comandante Anto- 
nio González á unas 8 ó 10 
cuadras al Oeste del Paso. 
Batalla «Tres Aiíbülejs» 

PLANO N-° 1 

■ A las tres y media a. m. 
del día 17 se tocó diana v 

■ 

á las 4 á ensillar y no se 
ordenó montar á caballo y 
seguir marcha debido á una 
una fpan cerrazón que se 
(iesarroUü. 

A las cinco v media de 
la mañana y estando com- 
pletamente tranquilos en 
nuestros fogones con los ca- 



cual demuestra el plano N.*' 1 cuyo de- ballos de la rienda, se sintieron unas 

talle paso á describir. tremendas descargas de fusilería que nos 

El ejército marchó en la noche en 2 hacía el Batallón 1." y '2° de cazadores 

columnas yendo á la cabeza déla dere- á50, 60 y 70 metros de dis:;aHCÍa donde 



cha el Coronel González, y la de la iz- 
quierda er Coronel Lamas. 

Llegados al paso el Coronel Lamas 
ordenóse acampara por retaguardia á 
la cabeza, de manera pues, que el Coro- 
nel Lamas con su Pastado Miiyor, y una 
guardia de 20 hombres pertenecientes á 
Li división del Coronel González, man- 
dada por el Capitán Valentín Gíilay, 
quedaron sobre el paso á la derecha : y 



se. habían colocado sin ser sonti Jos. 

La confusión que en ese momentj se 
produjo en nuestras íilas, solo podría 
describirla un militar del temjjle del Co- 
ronel Lamas y no el que formula estos 
datos por las faltas de conocimientos mi- 
litares. 

Dentro de la confusión y después de 
darse cuenta nuestros jefes de que había- 
mos sido avanzados, por el enemigo se 



14 



La Revista Uruguaya 



empezó la lucha con el entusiasmo que 
generalmente tienen los ciudadanos, que 
defienden los derechos de la patria, holla- 
dos Y escarnecidos por gobiernos opro- 
biosos. 

El intrépido Coronel Don Diego La- 
mas con el valor y serenidad sin igual, 
y colocándose en los puntos de mayor 
peligro, ordenaba la pelea, por medio de 
sus ayudantes, y especialmente por el 
valiente Capitíxn Don Luis Pastoriza, 
quien corría en todas direcciones, para 
trasmitir las órdenes, del Jefe revolu- 
cionario. 

Durante la confusión del primer mo- 
mento, la jente de caballería, ésto es la 
que se encontraba frente al 2." de Caza- 
dores, subió á caballo formando frente 
al enemigo, á una distancia de 150 me- 
tros, y viendo el Coronel Lamas, los des- 
trozos que hacía el enemigo, ordenó que 
echaran pié á tierra y llevaran la carga, 
contra las fuerzas del Gobierno con la 
rapidez que fuera posible. 

Recibida esta orden, por el Coronel 
José González, la trasmitió con su voz 
potente, á sus subalternos y éstos cum- 
plieron yendo al sacrificio ; y creo que 
en igual forma se hizo con los demás 
Jefes, cumpliendo de éstos algunos, esto 
es, los que no se dieron el título de que 
estaban de reserva. 

Serían las lia. m. cuando el enemi- 
go ó sean las fuerzas del Gobierno em- 
prendieron su retirada. 

Durante la pelea vino la noticia que 
el Coronel Bálsamo, alias Querido, con 
400 hombres nos traía una carga por 
nuestra retaguardia; el Coronel Lamas 
ordenó al Coronel Batista saliera á su 
encuentro y tuvo la suerte de rechazarlo: 
(dijo que no eran más que 70). Este dato 
lo he tenido del secretario del Coronel 
Batista Don Juan M. Menendez. 



El Coronel Lamas ordenó á los Seño- 
res Coroneles González, Díaz Olivera, 
Martirena y Comandante Gil efectuarán 
la persecución del enemigo, ya desban- 
dado; estos Jefes cumplieron con lo or- 
denado, siguiendo al enemigo por entre 
el campo ardiendo en una distancia de 
10 kilómetros y encontrando obstáculos 
á cada paso. 

Mientras se hizo la persecución el 
Coronel Lamas se ocupó en recqjer los 
heridos llevándolos unos, á la casa de 
Don Federico Silva y otros á una casa 
que se encontraba ubicada en el campo 
que ocupaba el ejercitó del Gobierno. 

El Coronel Don Ricardo Flores, Jefe 
del '2° se portó como un héroe y dio 
pruebas de ser un militar de honor dado 
el arrojo que demostró á sus soldados 
durante la pelea. - ! 

El hospital de sangre para los heri- 
dos revolucionarios se formó en casa de 
Don Federico Silva, quien se portó como 
un verdadero hombre de corazón pre- 
sentando todos los medios á su alcance 
para la cura, alimentos, etc., de los 
heridos. ' ; 

En esta casa se encontraba un creci 
dísimo número de nuestros afiliados^ 
que excusándose á la acción se escuda- 
ban diciendo « que formaban la escolta 
del Sr. Terra » y ésto no era cierto, por 
qué, la escolta del Dr. Terra," era re- 
ducida. '' ' 

Serían las tres de la tarde, cuando el 
Coronel Lamas ordenó la marchti rumbo 
á la estación « /vawcm » (1), donde lle- 
gamos al amanecer del 18, y en la misma 
estación, el Sr. Coronel hizo un telegra- 
ma al Gobierno, en nombre del Comisa- 
rio de la Sección, dándole cuenta de la 
derrota sufrida. 

Continuará. 



(I) lira, fl Jfjf lie i:anfjurLr,/ia el CrcL R. Dntisia. 



•^■y^^ 



La Revista Uruguaya 



15 



HUMORÍSTICA - IRONÍAS CRIOLLAS!!! 



Al Señor Director de LA REVISTA URUGUAYA 



1^ 

Los desplantes de Scipion el Africano y sus invectivas contra la ingratitud de 
Roma, me parecieron siempre una forma teatral del resentimiento heroico ; — pero, 
desde hacen unos días á esta parte, me siento vivir dentro del mismísimo pellejo del 
vencedor de Aníbal, nó el de los días de Zama, sino el de los de Leternum y en previ- 
sión del acontecimiento fatal de mi muerte he pensado en el marmolero á quien encar- 
garé una lápida con la transcripción aquella de « Ingrata patria, no guardarás mis 

huesos.» 

Hasta ahora, he tratado en estas co- 
lumnas, cuestiones de interés general. 
Hoy, haré una excepción y pido hospitali- 
dad al Sr. Director y disculpa á sus lecto- 
res para ocuparme de mí mismo. 

* 
* * 

En los cuatro sesudos artículos que 
ha tenido Vd. la amabilidad de aceptarme 
en esta Revista, demostré con un risro- 
rismo casi algebraico que : la despobla- 
ción del país, lejos de ser un índice de 
lo que llaman por aqiií « barbarie domi- 
nante », algunos exaltados, exhibiendo 
al actual gobierno como el más opulento 
de esos ejemplares (en lo que aparente- 
mente tienen razones dobladas) es por el 
contrario un acto deliberado de nuestra 
soberanía ;— he demostrado con un serio 
y concienzudo estudio comparativo his- 
tórico-social, que el aumento del ejército 
es obra grata al numen de nuestras glorias 
nacionales y nó como se pretende un ex- 
pediente desesperado de un circulillo con 
trazas de gobierno, sin opinión é incapaz de buscar su verdadero apoyo en la volun- 
tad nacional; — he demostrado, haciendo gala de una fuerza inductiva que me envi- 
diarían aquellos sabios melenudos, fundadores de los sistemas filosóficos más abstru- 
sos y que más admiradores tienen por lo mismo, que, lo dicho por D. Daniel Muñoz 

acerca de Massoller, es como si lo hubiese dicho el propio General Vázquez • he 

descubierto y sostenido finalmente fundado en el cuerpo de leyes monu:n?ntal de las 
Partidas y en los principios déla filosofía general más avanzados de nuestros tiem- 
pos, que el libre ^.r^ me//, puede aplicarse á la Constitución y como consecuencia de 
ello, las palizas inherentes al reclutamiento militar es un corolario de aquella liber- 
tad ; — -que las tales palizas, son de la esencia de nuestro ejército, de modo que a¿í 
como Napoleón decía á sus soldados que podían ostentar como blasón deslumbrador 
un «he estado en Austerlitz », nuestros milicos, podrán decir también aunque los efec- 




Co MANDANTE CAYETANO MaNEIRO 



//í;o las camparuis rcooluvionarias del 
70, 75 y 1901 — (Héroe <le Tapainbaé) 



•'^m- 



m 



La Revista Uruguaya 



tos no sean rigurosamente iguales «he 
recibido la correspondiente paliza al 
vestir este uniforme ». 

Este trcTbajo de benedictino, que en 
otro país que no fuere el nuestro, podría 
servir de pedestal á la futura estatua de 
quien lo dijo y obligarle desde luego la 
gratitud nacional, no ha sido interpreta- 
do debidamente v me es doloroso decirlo, 
se me ha enrostrado como una serie de 
alabanzas bizantinas. 

Acres reflexiones me ha sujerido ta- 
maña injusticia pero me conforta pensar 
que tengo por compañeros de infortunio 
una serie de super-hombres desde Gali- 
leo Galilei, hasta el Dr. Ángel Floro Cos- 
ta con motivo de su conato de plenipo- 
tencia en la Argentina. 

Es algo averiguado que los contem- 
poráneos no reconozcan así no más á 
humo de pajas, el mérito de una obra da- 
da y esta inconsecuencia de la humani- 
dad reproducida con la exactitud de una 
ley á través de los siglos, lleva un leve 
consuelo á mi espíritu atribulado. 

He aquí, lo que me dice un lector de 
la Revista Uruguaya. 

«Señor Baldomcro Clavijo: 
«Muv Señor mío : Hable Vd. claro y le 
«reconoceremos; continúe Vd. en sus 
« abominables homenajes y pagará caro 
« el precio de sus desvíos. ]\Ie refiero á 
« sus artículos en la Revi.sta Uruííuya 
« en lo& que encuentra disculpables y 
« buenos toda la serie de desatinos que 
«abaten este pobre país; — sus ditiram- 
« bos son sarcasmos irritantes ; — hoy por 
« hoy, no podemos concebir un espíritu 
« honrado, sino emplea todas sus ener- 
« gías en fulminar esta situación y sus 
« servidores, una y otros intolerables á 



« toda conciencia patriótica y honesta. 
« Creo que bastarán los estímulos 
« de la suya propia para apartarle de la 
« senda en que marcha; — si así no fuere, 
« afrentándonos á sabiendas se afrentará 
«á sí mismo. — Saluda áVd. ■ 

Constante Pena.> 

Cuando más satisfecho estaba de mi 
obra, cuando veía con los ojos del espí- 
ritu como se revolvería ebria de grati- 
tud la nación entera contemplando des- 
poblado el país, cada oriental con un 
mauser y su paliza y en Masoller un 
león como el de Waterloo que proclama- 
ra en fiera actitud lo que los Señores Mu- 
ñoz y Vázquez, recibo la carta que pre- 
cede. 

* . 

* * 

Yo no respondo Sr. Director de indi- 
gestiones individuales ; — mi misión pe- 
riodística, tiene un fin augusto y supe- 
rior ;— trato, bien ó mal (yo creo que ad- 
mirablemente pese á mi modestia) de 
dar á cada uno lo que es suyo y no me 
detendrán en esa alta y transcendental 
función distributiva ni el interés al par- 
tido ni consideraciones personales. Siento 
que bulle dentro de mí, netamente defi- 
nido, mi destino sobre la tierra, que es 
el de vin;licar la verdad sin que me apar- 
ten de esa misión consideraciones subal- 
ternas y es así, que no creo, que nada ni 
nadie me detenga en la recomendable 
tarea, si no es el Sr. Director, ubicando 
en el canasto,— última etapa de la adver- 
sidad literaria,-la parte gráfica que pro- 
clama la excelencia de mis propósitos. 

Saludo muy atentamente al Sr. Di- 
rector, i 

Balfomeeo Clavi.io 



'mm' 






lia Revista üpojuaya 

Política, científica, literaria, bistoria y economía política."Óréano del Partido Nacional 



Año I 


J\Iercedes, R. 0. — Setiembre 1.** de 1905 


Núm. 9 


Director: Dr. Luis Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN ■ 

CALLE MONTEVIDfcO 


Administrador: A. Seuánez y Olivera 







Expresamente pnra "La Revista Uruguaya" 



SAY en la vida de los pueblos lapsos 
de tiempo, en los cuales se cree 
desapareciera el espíritu de altivez que 
dominara en cuantos han alcanzado la 
idea de liberta 1; v en esas 
horas do abatimiento, lo 
obstcnsiblo solo es un la- 
lalismo abrumador; una 
fuerza extraña domina y 
nadie la elude: hay el 
convencimiento de lo im- 
posible. 

Luog-o viene la reac- 
ción. 

Entonces, nada amila- 
na; todo se vé á través de 
un prisma (pío ensena em- 
pcípieñecido lo que antes 
era. í2,'¡í;'antesco ; so sale 
del i)esimismo fatalista 
])!ira pasar al más infan- 
til optimismo; se sen- 
tían débiles v ahoi'a les 
sobran fuerzas; nadaliabía 
capaz de coi;trarrostar la 
presión del poderoso y ahora, aquel po- 
deroso es un pigmeo misérrimo, que se- 
rá pulverizado al choque bnivío de una 
masa que se mueve, em])ujada por la 
reacción guerrera, engendrada al calor 
de ideas generosas, proclamadas altane- 
ríis por hombres de temple heroico. 

Esto acaeció al pueblo Oriental dcs- 




CO!{ONEL ilTO 
Ui:() [lis (•(iiu/iiiriiis 



pues de la catástrofe cuyo efecto inme- 
diato fué la anexión involuntaria al Por- 
tugal. 

Ya el grito de libertad había vibrado 
en los campos de la Pa- 
tria en 1811 y 1813; y li- 
bertad se había gritado 
en Guayabos y Carumbé ; 
en Catalán v Tacuarem- 
bó, aunque un hálito de 
muerte se cerniera en tor- 
no á los orientales, bajo 
la avasalladora fuerza del 
conquistador lusitano ; pe- 
ro el eco de aquel grito 
se perdió en los montes, 
y el silencio se hizo en la 
noche desgraciada del año 
veinte. 

Artigas ex - patriado ; 
Lavalleja prisionero, y 
Rivera rendido, después 
de la titiínica resistencia 
del indomable caudillo, 
na la quedaba en pié; todo era ruina, 
cenizas de un fuego que había ardido 
nueve años, alimontiilo con el com- 
bustible colosal de diez mil cadáveres 
de patriotas, inmolados en aras del ideal 
glorioso de libertad, que el héroe de 
« Las Piedras » habia inculcado en los 
guerreros 0/(ni(icit(/ties del Uruguay. 



ITIÍT. PKREYRA 

r<'riiliifi(>inri<i-< i/cl 
Uto I 



La Revista Uruguaya 



Pero llega el año 25 y el astro lumi- 
noso vuelve á irradiar ardiente. 

Libertad ó mmrte resuena en la 
Agraciada y en los campos sangrientos 
de ayer, vuelve tí humear el vivac de los 
gauchos artigúenos, que el bravo y ca- 
balleresco Lavalleja, el ex-cautivo de 
Mtherov, conducirá á la victoria con la 
fuerza inconstrastable de un pueblo, cu- 
yo único anhelo es su emancipación. 

Y así, á la postración de 1820, se su- 
cedió la agitación guerrera de los años 
subsiguientes, y el desencadenamiento 
del turbión que, iniciado en el Arenal, 
barrió la campaña ; tuvo como centro La 
Florida y coronó su acción benéfica en 
Ituzaing'ó y Las Misiones. 

DÁMASO ÜRIHE. 

Mercedes, Agosto 25 de 1905. 



EpoAlo le la liona deíeim d^ Paysandíi! 



EL «VILLA DEL SALTO 



Expresamente para "La Revista Uruyaaija." 

BL general Leandro Gómez, había 
ordenado al jefe del vapor « Vi- 
lla del Salto,» armado en guerra, que lo 
condujese al puerto de Paysgindú. 

No existía guerra con el imperio Bra- 
sileño, pero había orden dada por S. M. I. 
de apoderarse de aquel buque y conser- 
varlo en represalia, razón por la cual, no 
podía el « Villa del Salto » navegar por 
aguas uruguayas sin exponerse á ser te- 
mado ó echado á pique. 

P^sta circunstancia y otras (pie no 
quiero mencionar, hacían que el jefe del 
buque indicado, no diera cumi)limiento 
á las órdenes recibidas. 

Sabedor el General Gómez que el «Vi- 
lla del Salto » se encontraba á la altura 
de la Concepción del Uruguay, despacha 
al Teniente de Marina, D. Lisandro Sie- 
rra, con nuevas y terminantes órdenes 



para que el jefe del buque en cuestión, 
lo condujese al puerto de Paysandú. 

El teniente Sierra, con dos hombres 
de entera confianza, toma una lancha, 
cruza en la noche el río Uruguay, desem- 
peña su cometido y regresa al punto de 
su partida. i 

El jefe de «Villa del Salto,» infrin- 
giendo las órdenes que tenía, emprende 
viaje aguas arriba, y en vez de ir á Pay- 
sandú, pasó hasta el puerto del Salto. 

Tan pronto el general Gómez tuvo 
conocimiento de este hecho, despachó 
por tierra al capitán Pedro Rivero, te- 
niente Sierra y trece individuos de tropa, 
con orden de tomar el mando del «Villa 
del Salto» y llevarlo á Paysandú. 

El capitán Rivero era digno de reci- 
bir esa orden. 

El 6 de Setiembre, á las dos y media 
de la tarde se recibe del mando del «Villa 
del Salto,» y dos horas después, empren- 
día su marcha aguas abajo. 

Las cañoneras Behnonte y Araguay 
habían seguido al buque de la bandera 
azul y blanca, colocándose en un punto 
por donde necesariamente tenía que pa- 
sar el «Villa del Salto». 

El capitán Rivero calculó que si con- 
tinuaba su viaje, tenía que encontrarse, 
en la noche, con los buques brasileros, y 
resolvió esperar al día siguiente, y dio 
fondo algo más abajo de la desemboca- 
dura del Daymán. i 

El día 7 de Setiembre, á las siete y me- 
dia de la mañana levó anclas el « Villa 
del Salto,» y una hora después, divisó á 
la IMmonte y Aragnag, que empavesa- 
dos, bordejeaban á la altura de Chapicuy. 

Rivero comprendió que el momento 
crítico había llegado, y se preparó á salir 
de él de una manera honrosa para su 
Patria. 

Colocó á proa al piquete urbano, á 
órdenes del teniente Falion ; al teniente 
Sierra sobre la banda de babor ; dio á 
Espino, López, Linble y Argerich su co- 



La Revista Uruguaya 



locación respectiva ; hizo clavar en la 
popa la bandera Nacional, designó al 
teniente Sierra, y por falta de éste al 
alférez Argericli para subrogarlo, por su 
orden, si el destino le impedía cumplir 
su comisión, y con un estruendoso «Viva 
la Patria,» siguió la ruta al Puerto de 
Paysandú. ^ 

La Belmonte estaba empavesada: el 
jefe de la nave imperial, arriando sus 
banderas, deja solamente las necesarias 
á un buque de guerra, abre sus portalo- 
nes, descubriendo las bocas de sus caño- 
nes y la tripulación en orden de combate. 

El « Villa del Salto » se encontraba á 
300 varas del buque imperial cuando és- 
te descubría sus piezas : La Araqnay 
aparece enseguida, hace la misma ope- 
ración que la Bel monte, y un «Viva la Pa- 
tria,» resonando á bordo del buque Nacio- 
nal, demuestra á los hijos del Imperio 
que los cañones de sus buques, no inti- 
midan á los descendientes de los ¿>o. 

La Ya(/níHnhoiiha estaba fondeada 
frente á la desembocadura del arroyo 
« San Francisco.» 

Cuando el «Villa del Salto » enfrentó 
á este buque Imperial, la cañonera lo sa- 
ludó con una bala de cañón, que fué con- 
testada por el «Villa» con otra bala y 
metralla, seguido de un nutrido fuego de 
fusilería, que continuó, hasta que la dis- 
tancia lo hizo inútil. El buque imperial 
hizo algunos disparos más de cañón, pe- 
ro inútilmente. ' 

A la 1 p. m. el « Villa del Salto » fon- 
deaba en el Puerto, sin ser molestada. 

Momentos después, se procedía al 
desembarco de la tripulación, artillería 
y bagajes, en medio de entusiasmo indes- 
criptible. 

Ondeaban aún en la popa y en el más- 
til del «Villa del Salto» la bandera y el 
gallardete de la Patrici, cuando la Bel- 
inonte, la Arcujtiay y YagiiUinhonha ha- 
cían su aparición en el puerto, con el 
propósito de apresar ese buque. 



Una espesa humareda y en seguida, 
enrojecidas llamaradas de fuego, mos- 
traron á los imperialistas que allí donde 
flamea la bandera Nacional, la bandera 
de la Patria, no se hace presa fácil- 
mente. 

El héroe de Paysandú, recqjió con 
sus propias manos la bandera que lleva- 
ba el «Villa del Salto,» y en medio de 
entusiastas vivas, la condujo á la Jefa- 
tura Política. 

Este hecho, fué el preliminar de la 
defensa de aquella heroica ciudad. 

Leonardo S. Castro. 
Concordia, Agosto 25 de 1905. 



Tribuna Libre 



La Presidencia de BatUe 




E ha hablado mucho en nuestro 
país; pero mucho, muchísimo de 
malos gobiernos, de presidentes inhábi- 
les ó personales, de gobernantes perver- 
sos y arbitrarios ; se han clasificado épo- 
cas funestas, como la de 1870de esclusivis- 
ta é intransigente, de terrible la de 1875, 
y las de 1886 y 97 de pervertidas y des- 
póticas ; hemos i)resenc¡ado motines mi- 
litares, mazorcadas y asoní,das sangrien- 
tas, asesinatos de todo género, — en po- 
blado, públicamente y en los antros mis- 
teriosos de los cuiírteles, — escandalosos 
saqueos de dineros fiscales, impuestos 
onerosos, ruinosos empréstitos y exac- 
ciones judiciales vandálicas. De todo lo 
malo que puede existir en las esferas 
oficiales, hemos tenido una muestra ; gra- 
cias á Dios, no somos ingratos para que- 
jarnos en ese sentido de nuestros pater- 
nales gobiernos, reconociendo tíimbiéu 
agradecidos, que en cada etapa de esos 
patrióticos sucesos la deuda pública au- 




La Rknista ürucíl'aya 



mcntíiba (^110 era un caiitenío. i\ t-itVas 
elevadas: laiii^uidecia el comercio y la 
industria, se des])oblaba el territorio y 
se enseñoreaba la miseria, marchando 
el prog'reso como el cangrejo, esto es, en 
sentido reiircsivo. Pero á pesar de todas 
esas innumerables bellezas, — que si al- 
guna atenuación tienen es por las épocas 
algo atrasadas en que se produjeron, — y 
á pesar de las diversas cataduras de los 
sujetos que nos hicieron el servicio de go- 
bernarnos al estilo musulmán, lumca co- 
mo en la época actual, en el siglo de la 
ilustración y del progre- 
so, que cada día exigen 
más imperiosamente el go- 
bierno científico y culto, 
de amplia libertad y de 
sometimiento indiscutible : 
nunca como en e^ta época, 
en que el empirismo ])olí- 
tico es considerado anacró- 
nico por la ciencia de go- 
bernar los pueblos, y qne la 
barbarie es rechazada con 
indignación por todo el 
mundo civilizado, imnc;! 
ha estado miestro país,— 
la culta é ilustrada Repú- 
blica Oriental, — mmca ha 
estado peor gobernada — 




'••■•."ÍS.''*."^' "5 



vj 




es ('ébil el calificativo. Es todavía mas^ 
mr.cho mas todavía. ¿Queréis saber lo 
qie verdaderamente es Batlle y Ordo- 
ñez? Vamos á decíroslo : es un faccioso. 
— Hi, señores : un verdadero sectario. 

¿Conocéis por ventura cuales son las 
condiciones del faccioso ? Es un estudio 
interesante, aunque el tipo sea de lo más 
antipático. 

El sectai'ío, ante todo, es enemigo de 
la gente culta y, por lo tanto, de la so- 
ciedad. Es voluntarioso, estrecho de es- 
píritu, mal humorado, compadrón. Pre- 
dispuesto siempre al odio/ 
l)or temperamento y por 
mala educación, no tiene 
convicciones de vuelo po- 
lítico ni afectos estables. 
Se afilia á un partido, co- 
mo se afiliaría á cualquier 
cosa, más que por cariño 
ó por entusiasmo— que no 
los siente, — por odio al ad- 
versario, por ensañarse 
contra él cuando llegue el 
caso : y no considera ami- 
gos, pero ni siquiera corre- 
ligionarios, sino á aquellos 
que le adulan sus exalta- 




¡qué decimos ! — mejor go- 
bernada que por el ciudadano Sr. ]3at- 
lleyOrdoñez, pues juzgado en conjunto, 
es decir, pur el conjunto de sus actos, 
es peor su gobierno, — vuelta á equivo- 
carnos, — es mejor, mil veces mejor, co- 
mo despótico y sanguinario, como esclu- 
sivo ó intransigente, etc. etc., que todos 
los malos gobiernos, presidentes ino- 
cuos ó corrompidos y gobernantes per- 
sonales y arbitrarios que acabamos de 
citar. 

¿Lo hemos calificado á José Batlle y 
Ordoñez de mal gobernante ? Pues aún 



Dlí. ("Alíl.ns A. MERRO 

;, ., , , , ,,. , ■ X. . ,. das pasiones ó les sirven 

l'ii::i,/iiiti' lili Jhrriliirin \ariiiiU(li.-'ta ' 



de instrumento á sus ins- 
tintos de ser no pensante; Giiay de éstas 
el día que dejen de secundar sus intere- 
ses ó que no aplaudan sus elucubra- 
ciones! 

Ln individuo d(^ estas condiciones 
solo ])uede llegar al í)oder, — reservado 
en las democracias para los hombres de 
grandes talentos ó de relevantes virtu- 
des, — i)or medio de la astucia; y una 
vez en las alturas, dejándose llevar de 
sus instintos incultos v de sus insanas 
l>as¡oiies. abro(|uelado en la inpunidad do 
siis actos i)or disponer de la fuerza, ó en 



La Revista Uruguaya 



lo que él c(»nsidere impunidad por la 
falta de tino para la vida é inconciencia 
de la civilización, se vengará cruelmente 
de sus enemigos ó adversarios, ó de los 
que él cree tales, en su guaranguería 
fantíística y atribiliaria. 

Esto es lo que és Batlle ; esto és lo 
que ha sido, y esto es lo que será. Basta 
analizarlo someramente para comprobar 
lo que decimos. 

En la actuación de Batlle, anterior á 
su presidencia, salta á la vista del más 
miope la astucia que ha tenido que des- 
arrollar, dado su escaso talento y su 
más escasa ilustración, para alardear 
de personaje, aunque siempre de media 
caña, en nuestro escenario político. Des- 
pués de varios tanteos, se enroló de lle- 
no en la oposición contra el gobierno, 
atacándolo sin .convicciones partidarias, 
pues se trataba de un mismo partido, 
pero con toda la violencia de sus odios 
guarangos ; sin embargo, su puritanis- 
mo no fué un inconveniente para que en 
seguida evolucionara y entrase á formar 
parte de ese mismo gobierno ; y decimos 
del mismo gobierno, porque si bien ha- 
bían cambiado algunos hombres en él, 
nada había cambiado en el orden insti- 
tucional. Luego, vuelve á la oposición, 
y nuevamente evoluciona con el gobier- 
no hasta que, valiéndose de mil artima- 
ñas, que lo engatuzan al zorro viejo Cues- 
tas, alhagándole su partidarismo, vá á 
la Presidencia de la ' República. — Está 
demás decir que la claudicación figura 
latente en todos estos enjuagues: Batlle 
claudica los principios, se olvida así mis- 
mo en sus declaraciones anteriores y ha- 
ce caso omiso de sus amigos de la víspe- 
ra, á quienes además flagela en su perió- 
dico, como antes había fliígelado á sus 
nuevos camaradas y, en resumen, á todo 
su partido ; valiéndose de otros facciosos 



para asegurar su triunfo, y violar pac- 
tos contraídos con el Partido Nacional, 
al que adulara en otrora, pues había sido 
éste como se sabe, el principal factor pa- 
ra formar aquella situación de confrater- 
nidad, que él ahora aprovechaba sin mé- 
rito alguno, ó más bien dicho contrarian- 
do' la política que surgió de aquella evo- 
lución patriótica entre los dos grandes 
partidos tradicionales, que forzosamente 
tenía que rechazarlo á Batlle desde sus 
despechadas manifestaciones por la de- 
rrota que le hicieron sufrir sus colegas 
del Senado. 

Luego, en el gobierno, ¿qué ha hecho 
sino es vengarse de sus enemigos, ó de 
los que él considera sus enemigos, por- 
que, con justísimo derecho, le hacían 
oposición á sus actos atrabiliarios? 

Inmediatamente de escalar la Presi- 
dencia, lo primero que hizo Batlle fué 
provocar al Partido Nacional, preten- 
diendo arrebatarle lo que aquel había 
conquistado legítimamente, con cuya 
provocación impolítica y poco hidalga 
produjo, como era consiguiente, un le- 
vantamiento general del partido, que 
trataba de ponerse en guardia para de- 
fender sus derechos y quizás su vida y 
sus intereses. Sorprendido el gobernante 
guarango de las proyecciones de su tor- 
pe venganza, se amilanó, tuvo miedo, y 
como hace el tigre que, cuando se vé 
acorralado y no puede emplear las ga- 
rras, se encoje y emplea la astucia, Bat- 
lle se encojió y fué astuto, y nos habló 
en el lenguaje de los dioses, aparentando 
altruismo y patriotismo, que jamás sin- 
tiera en su alma empedernida. VA Partido 
Nacional se desarma en seguida al oir 
el eco sagrado del nombre de la Patria, 
pero todavía no había llegado el último 
ciudadano sublevado á su departamento, 
cuando ya la fiera volvió á enfurecerse. 



J^>:¡^J> ^s T^~ ' 



6 



LaíIí]vi8ta Uruguaya 



mostrando sus colmillos v sus uñas afi- 
ladas ; y empezó nuevamente la provo- 
cación, más feroz y procaz que antes, 
creyéndose ahora más fuerte que nunca. 
De nada sirvió la conducta pacífica de 
nuestro partido, que no quería absolutci- 
mente empuñar las armas por amor del 
país; pues fastidiado el perverso gober- 
nante, por fas 6 por nefas, lanzó á su 
adversario á la guerra, ó más bien dicho 
tuvo que lanzarse á ella para no ser vil- 
mente asesinado; tratando después de 
destruirla á toda fuerza, mostrándose in- 
flexible en su odiosa venganza; duro, 
sanguinario hasta 
con los más des- 



graciados de nues- 
tros correligiona- 
rios. 

Y hoy; pero pa- 
ra que seguir; hoy 
es lo que ha sido 
antes y lo que 
siempre será; fac- 
cioso, sectario v 
provocador. 

El gobierno gua- 
rango es muchí- 
simo peor, ha di- ' 
cho un escritor ; 
pero muchísimo 
peor que el go- 
bierno gaucho, descripto admirablemen- 
te por Sarmiento en su libro «Facundo.» 
El gaucho no es enemigo de la gente de- 
cente, como el guarango ó compadre; 
por el contrario, busca su concurso, tie- 
ne defectos, pero tiene también cualidii- 
des ; sobre todo, no es malo por el solo 
gusto de hacer el mal, y es muy amigo 
de sus amigos. — Un gaucho no se habría 
hecho anarquista, como so ha hecho 
nuestro gobernante para atacar á la so- 
ciedad; ni se habría malquistado con sus 
correligionarios, como se ha malquistado 



ADVERTENCIA ! 



Sienilo atributo ele las democracia^), 
la publicidad, discusión y control tle ios 
actos y res:>lue¡ones ile los poderes pú- 
blicos *^La itevista tJruguaya'' admite en 
sus columnas el examen ante la ciencia 
jurídica y legislación positiva de las re- 
soluciones, fallo de los Tribunales, Jue- 
ces Letrados, asi como el de todos los 
demás poderes que pueden y deben ser 
comentados y analizados en el sistema 
republicano por el maj^isterio de la 
prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la modiflcación de las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad «le la reftir- 
ma del personal judicial de la Kopúbli- 
ca y íle su selección conveniente.— Se 
admiten trabajos ó estudios inéditos 
sobre medicina popular y de todas las 
ciencias. 

La Redacción. 



Batlle, que se encuentra divorciado de 
su partido y solo en el gobierno, rodea- 
do únicamente de una camarilla tan sec- 
taria \ jacnlñna como él, pues el Partido 
Colorado, ó al menos sus principales 
hombres lo han abandonado completa- 
mente. El gaucho posee por lo menos el 
instinto de propia conservación, que el 
guarango no lo tiene, y es vivo, conse- 
cuente, simpático, patriota. — En una pa- 
labra, el guarango ó compadre tiene to- 
dos los defectos del g'aucho — y del hom- 
bre de ciudad — sin t«ner ninguna de sus 
virtudes. 

Elgobierno gua- 
rango, es, por otra 
parte, — .juzgándo- 
lo con el criterio 
exacto de la Eco- 
nomía Política, — 
el gobierno mas 
caro para su país; 
pues en todas par- 
tes, bajo una faz 
ú otra, existen los 
guarangos ó com- 
padrones. Sus ven- 
ganzas que, como 
hemos visto, son 
la característica 
de esta clase de 
gobiernos, cues- 
tan sicmprcn ingentes sumas al Estado, 
que delpilfarradamente se extraen del 
Tesoro Pi'd)l¡co, quitándoselas al pueblo 
con el i'occirgo di^ impuestos; y en vez 
de hacer progresar á la nació]], la hacen 
retrocGcler y la empobrecen, desviándo- 
la (le las ami)lias vías del trabajo y del 
I)i'ogi-eso j)aia encauzarla en las del es- 
tei^ninio y de la miseria. ■ 

¿Cuanto han costado á nuestro país 

en venganzas del 8r. Bntlle y Ordoñez? 

En un aproximado cálculo que hemos 

hecho, los dos movimientos armados del 



La Revista Uruguaya 



93 y del 94, han costado alrededor de 20 
millones de pesos oro, sin contar la pa- 
ralización del comercio y el retroceso 
consiguiente de la República, cuyas 
pérdidas son incalculables. Estos 20 mi- 
llones son aplicados únicamente á los 
gastos de guerra, lo consumido por los 
dos ejércitos en lucha y la destrucción 
de la fortuna pública y privada durante 
las campañas. — Agregúese á esto, cinco 
mil orientales muertos en los campos de 
batalla, cuyas vidas no se valoran con 
dinero; miles de heridos ó inválidos y 
emigrados, que constituyen una pérdida 
valiosa de elementos para la producción; 
los negocios descalabrados ó paraliza- 
dos, las fortunas destruidas, el progreso 
estancado, etc. etc., y no será aventurado 
aumentar esa suma en otro tanto, es de- 
cir, en otros 20 millones. Total : 40 millo- 
nes de pesos oro cuesta al pais el gobier- 
no del Sr. BatUe y Ordonez ; la mitad ó 
poco menos de nuestra deuda pública, y 
el gobierno más caro que hemos tenido 
desde nuestra Independencia. 

Otra característica de los gobiernos 
guarangos, son las reyertas que provocan 
con los paises vecinos por su política des- 
cabellada. Batlle desde que ascendió al 
poder ha estado en continua reyerta con 
el gobierno argentino, y hoy mismo, á 
pesar de que el gobierno del Dr. Quin- 
tana es enemigo declarado nuestro, y 
que ha tenido complacencias vergonzo- 
sas con el gobernante uruguayo como 
la de nuestra exoneración por ejemplo. 



y la de los convenios celebrados poste- 
riormente contra los revolucionarios, 
anda nuestra cancillería, sin embargo, 
en dimes y diretes con la cancillería ar- 
gentina por los arrumacos estrafalarios 
de Batlle en favor de los anarquistas des- 
terrados de Buenos Aires y por su empe- 
ño, mas estrafalario todavía, en hacer 
triunfar unas candidaturas imposibles 
para ministros diplomáticos en ese país 
amigo. 

El día que se escriba la historia de 
esta época, si el historiador es verídico, 
tendría que epiprafar el capítulo que le 
dedique á la Presidencia del Sr. Batlle, 
con los siguientes títulos: 

LA PRESIDENCIA FUNESTA 
El Jacoiíismo en Accíón 

Y empezará su narración, diciendo : 
«El peor gobernante que ha tenido la 
República Oriental ha sido el Sr. José 
Batlle y Ordoñez. Su gobierno ha pasa- 
do á la historia con el calificativo de 
guarango, y de funesta la desastrosa 
presidencia que desempeñó. Sus torpes 
amenazas que llevó á cabo, y que fueron, 
en resumen, la única preocupación de su 
maldecido gobierno, arruinaron al país 
por muchos años y costaron muchas lá- 
grimas y muchos días de luto ala fami- 
lia oriéntale» 

Abdón Arósteguy. 

S/c. Calle Cerrito, 183. 

Buenos Aires, Agosto 26 de 1905. 




8 



La Revista Uruguaya 



4 




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RECUERDO AL MÁRTIR 



La liunianidad iícncralineute es com- 
pasiva y justa con todos los que han pa- 
sado de los iiiiibrales ,de esta vida mor- 
tal V transitoria á la real v verdadera de 
la eternidad. El esjííritu aspira incesan- 
temente á la vida eterna ya que ésta 
constituye su fín, su única aspiración. 
La re^ia constante de la conmiseración, 
de la justicia y de los recuerdos respe- 
tuosos que g'uardan los supervivientes 
hacia las que fueron tiene como es lói>i- 
co sus excepciones, pues W"^ 
faltando éstas dejaría de 
ser tal, convirtiéndose en 
ley absoluta. 

Sin embarjio, sería un 
acto digno de encomio, al- 
tamente simpático, emi- 
nentemente cristiano que 
se trocase en ley en vez 
de constituir una regla, la 
piedad humana i)or todos 
aquellos seres que han de- | 
jado de ser, que su comu- 
nión ya no está ubicada en 
este mundo, sino en el in- 
conmensurable de la eter- 
nidad. 




ArAKlCIO 8AKAVIA 

Ji'J'' íli: 1(jS Ejércitos Nncioimliálus 
96, 97, 1903, 1901 



Expresamente para ''La Revista Uruguaya'* 

Pero hemos afirmado anteriormente 
que esta manera de obrar y de ser cons- 
tituye la norma, la regla general de la 
humanidad y por lo tanto existen excep- 
ciones. Y lo que el corazón humano per- 
dona noblemente para borrar las excep- 
ciones reíéridas, liace revivir á éstas el 
espíritu de sL'cta, de bandería y de parr 
tido. Y las excepciones referidas incuba- 
das por los enconos sectarios, aumentan 
en i)rogresión creciente, cuando el fina- 
do alcanzó singularísima 
iníiuencia en su país, debi- 
do á sus relevantes prue- 
bas de carácter v de su 
iHcignáriimo corazón. El 
recuerdo del general Apa- 
ricio Sai avia según sus 
adei)tos ó del caudillo del 
Cordobés así apellidado 
por sus adversarios, no ha 
podido sustraerse á dicha 
regla. 

No obstante, el que fué 
jefe militar del partido na- 
cionalista, no es acreedor 
á que se empañe su meri- 
torio recuerdo con los di- 



ün celebérrimo catedrático de Lite- tirambos del f-ec^tario, con los conceptos 



ratura general, el inolvidable Revilla, 
dijo que « /c< memfíria de los muertos 
guarda ciertas analogías con la visión 
que nos es producida por los cometas. 
Así como en éstos solamente percibimos 
la parte luminosa de los mismos y des- 
conocemos ó i)or lo menos no vislumbra- 
mos las penumbras ó la parte oscura, de 
la misma manera en los que existieron, 
solo recordamos las nobles y generosas 
acciones por ellos realizadas.» 



amanerados, cautelosos, dubitativos y 
denigrantes del partidario opuesto y ene- 
migo, y imicho menos con las frases con- 
(•uí)iscentes emanadas de la pluma del 
asalai'iado. 

Fue A])aric¡o Sanivia un buen pa- 
dre de familia que Síicriíicó las dulzuras 
del hogar á la causa de su partido y al 
sui)remo interés general de su querida 
patria, la cual constituía su ideal prís- 
tino, su aspiración única. Fué Aparicio 



íBjj5^*^;*^j?^::.^^fií:j?vvsr-í^ír^^ ■■'- v:>-- -'■■;,_■.«-■• v -,--r',- ; 



La Revista Uruguaya 



9 



Saravia un honesto hijo del pueblo que 
honraba en la paz á su país como ha- 
cendado, laborioso y caritativo, lesio- 
nando enormemente sus peculiares inte- 
reses, poniendo todos sus bienes en de- 
fensa de sus ideales. Fué por último en 
la guerra el hombre valeroso, sincero y 
leal que dio por la noble causa del nacio- 
nalismo, lo más preciado y grande, lo 
más caro, como es la vida. Todas estas 
bellas cualidades constituyen suficiente 
título para elevarle y recordarlo cual 
verdadero mártir. 

Noble y franco en el trato individual, 
sobrio, más que sobrio, austero eu sus 
costumbres privadas, exento en abs3luto 
de vicios tales como el uso del aleuaol ó 
del tabaco, parco en los manjares, padre 
cariñoso, esposo amantísinio, modesto 
por naturaleza, firme en sus ideas, con- 



secuente en sus propósitos, amigo fiel de 
sus amigos, transigente, cortés y pru- 
dente con sus advers'irios, amante de la 
cultura y del progreso, todas estas bellas 
dotes de que estaba adornado su espíritu 
fueron las causas, mejor expresado los 
factores que elevaron su personalidad á 
la cúsi)ide que merecía, y que el desjíe- 
cho con su mirada torva no podrá Jamás 
entenebrecer y mucho menos empañar. 
Y aquella alma generosa, noble, grande 
y privilegiada no encontrando espacio 
suficiente en la tierra ha ido á buscar 
nuevos horizontes á la morada incon- 
mensurable de su Creador. 

(1) Abate Mexdo. 



(1) S-'íi /ó'i'nio lie un id^cirif/uülo jurisconsulto 
es!)'i~ol ij iiíj'ihif fsciiíw, Dt: Manuel Mon'urC,qu.e 
vi--!'o ij íru-'i ni Gc/U'i'.ít A]>íir¡cio Sartivia ¡j (i su cir- 
Cuoiii t'iiiidliu. 



(1) i 






Por la Redención Política!.. 



(Contirmación) 

Véase Núm. 8. 

MEMOEANDUM, soiíre los suce- 
sos DE LA Villa de Artigas, es- 
crito POR el comisionado del Co- 
mité Rev-olucionario del 97, el 
patriota Don ISMAEL VELAZ- 
QUEZ. 

^p O S ganados, en pequeña can- 
■JL^ tidad se exportaron durante los 
días de Marzo por el Paso de las Pie- 
dras; donde recién en los últimos días de 
ese mes se pudo colocar guardia y se co- 
locaron los derechos íntegros hasta el 31. 
A mediados do Marzo se recibieron 



(1) En la.t i'ji-pDsiiiones n narrai-iones <le civiles o 
rniliUire.i, fc(/ut;llo.i /)C(/ueñisinit>s é iii.fi;/ni/ícantes de. 
trilles, i/ue no entren en el pliin ile est<í tieoista publi- 
carlos f)or razones de oportuniílad, etc. etc. irán in- 
teyros con sus notas y comentarios respectioos en nues- 
tra Historia, del 97" . 



por el Dr. Arturo Berro, notas del Comi- 
té con el decreto referente á derechos, 
como también el nombramiento recaído 
en mí para Receptor interino, cuyo de- 
creto se hizo publicar en hoja suelta y 
se puso en vigencia referente al cobro 
de derechos con el 30 % de desiíuento 
en L** de Abril, pues se había contraído 
el compromiso como antes se ha dicho 
de cobrar con 50 % hasta el 31 de Mar- 
zo. En cuanto á la i)ercep:-íón de las 
rentas siguió el Sr. Paseyro en la misma 
forma de loque di ctienta al Comité. Vo no 
podía ni quería ocuparme de ello, no 
podía ocuparme tampoco porqué tenía 
otras atenciones, como era la de orga- 
nizar la guarnición y ])ersonal para co- 
locar en la frontera, lo que no se realizó 



10 



La Revista Uruguaya 



debido á los sucesos de Abril, que eni 
cuando recién tenía fuerza disponible 
para eso. 

No obstante, se había nombrado por 
esta Receptoría encargado de la 8ub-Re- 
ceptoría de Centurión al capitVm don 
Agustín ]Muñoz. quién ya ocupaba aquel 
punto por orden, según manifestó, del 
comandante Borche. De esa repartición 
se recibieron en dos partidas 930 pesos 30 
cts., únicas rentas percibidas de toda la 
frontera terrestre, pues -de lo demás co- 
brado no se dio cuenta á esta Recepto- 
ría. Por los documentos que puds obte- 
ner se vé., en parte, el desorden con que 
se percibían las rentas fuera de Artigas, 
sin justificarse su inversión, pues, la mis- 
ma Sub-Receptoría de Centurión no rin- 
dió cuentas, haciendo apenas sus en- 
tregas. 

Las cuentas adjuntas demuestran que 
el monto de la recaudación de Marzo y 
Abril ascendió á 9,608 pesos 85 cts se- 
gún comprobantes de recaudación. 

La inversión fué de 10,782 pesos .•j8 
cts. habiendo sido abonado el excedente 
por mí y quedado aún muchas cuentas 
á pagar. 

Artigas, Abril 19 de 1898. 

Ismael Velazquez. 

Bagé, :Mayo 6 de 1897. 

Señor Don Ismael Velazquez. 

Distinguido Señor y Correligionario: 

En el desempeño de mi cargo de 
Comandante General de Fronteras en lo 
Civil y Militar, puesto con que me han 
honrado las autoridades del Partido Na- 
cional, he recibido comunicaciones del 
General en Jefe del Ljército Nacional 



Don Aparicio Saravia con orden para 
reconcentrar todas las fuerzas y elemen- 
tos de Guerra que hayan pertenecido á 
la división del Coronel Don José Nuñez, 
dispersada estos últimos días. 

Teniendo conocimiento que Vd. ha 
recojido algunas armas y municiones, 
he dispuesto mandar en comisión, para 
hacerlas conducir al punto más apropia- 
do, para ser utilizadas por el Ejército 
Nacional, á nuestro distinguido correli- 
gionario Don Abdón Aróztegui, á quien 
Vd. ya conoce y sabe que es digno de 
toda nuestra confianza. • 

Al autorizar por la presente al Señor 
Aróztegui con amplias facultades para 
que se haga cargo de todos los elemen- 
tos de guerra que Vd. ú otro ciudadano 
puedan tener, es en la persuación de que, 
dados los antecedentes honrosos que Vd. 
tiene y los importantes servicios que á 
la causa ha prestado en todo momento, 
son garantía para mí del apoyo y auxi- 
lio eficaz que Vd. prestará á mi comi- 
sionado. 

Es así que me permito rogarle entre 
sus numerosas relaciones en esa locali- 
dad el poder llevar á cabo su misión y 
que coopere Vd. con la influencia de su 
prestigio personal á que lo acompañe el 
mayor número posible de esos dispersos 
I)ara incorporarlos á las fuerzas que or- 
ganizo en esta frontera y oportunamente 
agregarlos al Ejército Nacional. 

Haciendo votos por el triunfo de la 
causa Santa y Justa por lo cual combati- 
mos, lo saluda con su mayor considera- 
ción V estima. 

Abelardo Márquez. 
Continuará. 



-■i^?'T^?fv^^tí¿^^ 



La Revista Uruguaya 



11 



(1) 



Aetiiaiión de la Sa. División Molnelonarla cd la Cauíiiaria del 97, 

Narrada por su Jefe Coronel 
BEFRIMARDO G. BEF^F 



(Continuación) 



Véase Níim. 8. 



de Benavente, que esa noche dormimos 
cuchilla por medio. 

El 22 marchamos después de salir el 
|LVIDÉ mi resentimiento para hacer sol. Pancho Saravia seguía de servicio 
justicia á dos grandes servidores y otros compañeros que no nombro, por- 
de la patria, el coronel Lamas y el gene- que no tengo datos ciertos al respecto. 
ral Aparicio. Solicité permiso al jefe de Mientras ellos se tirotoaban á retaguar- 
estado mayor, y, reseñando los servicios dia, el ejército llegaba, marchando en 




por ellos prestados á la patria, pedí un 
viva para tan esclarecidos patriotas, vi- 
va que fué contestado por todos los pre- 
sentes... 

¿Para qué continuar, recordando la 

temporada triste, b orriblc, -— r — . ■^- ^ ^-^ . ^ 
que pasamos en Aceg'uá?.. ; 

En Tarariras no me to- 
có pelear: desfilamos ma- 
lísimamente montados por 
delante del ejército ene- 
migo y cubrió nuestra re- 
taguardia la gente del co- 
mandante Francisco Sara- 
via, que dos días antes se 
había incorporado á nues- 
tras filas; algunos de la 
1."' división y el escuadrón 
de Serañn Da Rosa. Esa 
gente la mandó el general 
en persona, haciendo que- 
mar bien á la de su her- 
mano don Pancho. Allí ca- 
yó herido mi querido ami- 
go Rodolfo Ponce de León, de quien he 
tenido el gusto de recibir varias visitas 
en Treinta y Tres y Montevideo, encon- 
trándolo la última vez que lo vi tan sano 
y robusto como deseo que siempre se 
halle. 




J)N. MANUEL K. ALONSO 

Hizo lu c(ii)i/i<iri<i (Id 70 lieriilo ru la 

BuC'iUa <lfl Sau- c. 

I'ae Cíiriiui vccei! miembru del Di rcr Coria 



columna, á la sierra del Carmen, en cuya 
boca tendimos línea de batalla y espera- 
mos treinta y tantas horas al enemigo, 
que no se animó á traer el ataque. 

El 26 encontramos en la sierra de 
Sosa á Manduquiña Cara- 
vajal con una fuerza que 
nos guerrilló un rato. El 
general destacó mi divi- 
sión y la 4;-' para guerri- 
llarlo v cuidar el tlanco 
que daba á Xíco Pérez. 
Habíamos tendido línea 
con frente á ese pueblo y 
desalojado de una cañada 
con piedras y algunos ár- 
boles á Caravajal. cuando 
vimos dos que se retira- 
ban. FA general que esta- 
ba á mi izquierda á reta- 
guardia de la gente de 
Muñoz, picó el caballo, pa- 
só por entre esa gente, 
alcanzó á uno, le dio un 
lanzazo y siguió al otro. Entretanto su 
hijo Ai)aricio cargó al herido y fué en- 
tonces que éste le quebró la piorna de 
un balazo, mientras el general rompía 
su lanza en los bastos de su perseguido 
]\lás tarde, nos salió otra voz 



I 



enemigo 



Hacíamos tan poco cíiso del ejército la gente de ]\landuquiña : las divisiones 



12 



La lÍEViSTA Ukuijiiaya 



o.* V 4."' inarcluibau á retauíiardiíi. Eutoii- 
ees el iieneral nos ordenó á mí y á ilii 
fioz atacarlo, resistiendo ]\landuqniña 
muy poco y huyendo ]vu"a no volver más. 

Seiiuimos marcha hacia el CeboUatí. 
Mucha irente iba completamente á pié. 

En la mauiiuera Azul tuvimos la con- 
firmación de la noticia de la muerte de 
Borda, dando esto lugar á que todos hi- 
cieron proyectos más ó menos juiciosos. 



Yo también di mi opinión, que era la si- 
gruiente: «Si, como creo, Cuestas va al 
poder, harj'i mucho mal, ó mucho bien: 
es un hombre de condiciones y sobre 
todo, conoce mucho á nuestros hombres, 
y si quiere, lo repito, hará mucho mal ó 
mucho bien, pero no dejará de hacer 
mucho. 

Continuará. 



Narración del Comandante Apolinario Velez 

SOBRE LA EXPEDICIÓN REVOLUCIONARIA DEL NORTE, EL 97 




(Continuación) 

Véase núm. 8. 

LLI comimos tranquilamente y 
dormimos durante tres horas. 

A las 3 y 4< ) el que suscribe, que ha- 
bía acampado á 4 cuadras del (Joronel 
Olivera, se apersonó á este .Jpfe jjara pre- 
guntarle si esa tarde habríamos de conti- 
nuar la marcha. — Habiendo sido su con- 
testación afirmativa, le insinué la conve- 
niencia de que siempre me trasmitiera 
con aiitiei[»ación á los demás, I;i orrlen de 
ensillar, en razón de que los ijue compo- 
nían el « General Leandro Gómez » eran 
maturraníjjos y necesariamente requerían 
mayor tiempo que los de caballería 
para estar en condiciones de marchar. 

A las 4 p. m. habían ensillado al rede- 
dor de 4() hom})res ríe mi ])laiitel y como 
habíamos acampado dentro riel mrttitf, or- 
flené que se eni[)ezara la formación á 
flos cuaflras fie la costa, sobre la falda de 
la cuchilla que cae sobro la margen dere- 
cha del Quebracho. 

EL EN'KMfOO Á LA VISTA. FLKfíO Á 
VP:IXTE CrATJRAS 

En el instante en (pie sf; procedió á 
formar la columna, nos llamó la atención 
una guerrilla que coronó líi altura (jne rlá 



caída á la margen izquierda del mencio- 
nado arroyo.— Acto continuo me separó 
al galope para interrogar al Coronel Vá- 
rela Gómez respecto de si se trataba de 
alguna guardia nuestra que se había man- 
dado retirar. • 

El coronel V^arela, evidentemente 
alarmado, me contestó que suponía fuese 
enemigos, y á fin de averiguarlo, nos di- 
rijimos al coronel Olivera, que venía hacia 
nosotros, saliendo cíela parte de monte en 
que él había acampado. — Este, apercibi- 
do entonces me respondió : son enemigos, 
lleve su gente al paso. 

Para tomar la posición ordenada ne- 
cesitaba recorrer un trayecto de cinco 
cuadras. Esa operación so realizó de in- 
mediato y al galo[)e. — Estábamos á dos 
cuadras dfíl Arroyo cuando recibimos una 
descarga cerrada del enernigo y seguiíla- 
mente un nutrido fiuigo. Est(í s(> halla- 
ba á una distancia no inferior á ].{")()() me- 
tros. Fechamos jñé á tierra y mandé ha- 
cer fuego durante nn minuto apenas y 
con toíla (d alza levantada; acto conti- 
nuo nos dirijimos al paso del Arroyo y 
ordené que los infantes tomaran posicio- 
nes utilizando los reparos que ofrecía la 
])art(í de costa que ocuj)ábamos, pero 
sin rcspoíiíler al fuego del enemigo en 



La Revista ürugl^aya 



13 



razón de la distancia á que se mantenia. 

El enemigo no avanzó ni un paso ; se 
mantuvo siempre en la altura á 1.40() me- 
tros y sus proyectiles eran ineficaces. 

Pocos minutos permanecimos ocu- 
pando esas posiciones á causa de que el 
coronel Olivera, que formaba en colum- 
na el resto de nuestras fuerzas, me mandó 
la orden de que me replegara para era- 
prender la marcha. ' 

El mayor Filamir Fernandez, que 
mandaba los tiradores del coronel Várela 
Gromez, quedó desplegado en guerrilla 
para contener al enemigo si éste intenta- 
ba avanzar; — pero como se mantuvo 
guardando la pnntencial distancia de 
1.400 ó 1.500 metros quedó terminado el 
tiroteo. 

La única baja que tuvimos fué la de 
Pedro Ocampo, liijo de Paysandú, solda- 
do del «Leandro Gómez,» herido en una 
pierna ])or un proyectil de mauser mo- 
derno. 

Las fuí'rzas enemigas, en número de 
4(X), pertenecían al coronel Fortunato de 
los Santos y capitán Isabelino Rodriguez. 

Su armamento se componía de re- 
mington 3Mnauser de calibre reducido, — 



lo que se constató por la herida de Ocam- 
po, que fué de mauser, y jjroyectileí? de 
plomo que caían sobre nosotros sin fuer- 
zas para causar heridas. 

COMPAÑEROS ESTRAVIADOS. — OTRA VEZ EL 
EXEMIGO 

Marzo 17. 

A la una de la mañana dejamos á 
nuestro herido Pedro Ocampo en la casa 
de Don Pedro Medina, Juez de Paz de la 
11.*^ Sección del Departamento de Pay- 
sandú. 

A las 6 a. m. se ha notado la falta del 
joven José Larriera que marchaba en la 
noche, según dicen, con los flanqueado- 
res de nuestra izquierda ; así mismo la 
de Don Carlos Moratorio. ayudante del 
coronel don Enrique Olivera y soldados 
de caballería Marcos Aeosta v Gabino 
Pérez, los que se suponen extraviados al 
reunirse á la columna cuando se puso en 
marcha. 

A las 12 y 20 p. m.. después de cru 
zar terrenos sumamente pedregosos, 
acampamos inmediatos al Paso de Perico 
Moreno del Rio Davmán. sobre la máríren 
derecha. 

Continuará. 



narración zún la Campaña EsTohciünaria ásl 37 

P()H<Ei. Coronel ]\[IGUEL CORTINAS 



(Cont'm nación) 

Véase Xúiii. 8. 

^Í^^L día 25, estando acamj)ados en la 
M^^ Costa de San José, Departamento 
del Durazno, á las 11 Va «• i^v <^t? impro- 
viso so nos presentó nuevamente elene- 
miíro, sintiéndose un tiroteo con núes- 
tras guardias avanzadas ; é inmediata- 
mente el coronel Lamas, ordenó á los co- 
i-oneles (íronzalez y Marín, s;vHeron al en- 
cuetitro del enemigo, y á protcjer al co- 



ronel Diaz Olivera, que era el Jefe de 
servicio. 

Estos Jefes cumplieron lo ordenado, 
tendiendo sus iruerrillas. llevando al 
enemigo á guarecerse imi el arroyo Las 
Cafuii^ cuya posesión se les (juité» : st^gún 
lo demuestra el plano n." 2. 

Las fuer/as enemigas, oran manda- 
das por el Sr. general Santos Arribio. y 
serían cnafro mil h()mbrcíi. m;ís ó menos: 
y las fuerzas revolucionaiias, serían ¡.itü 



14 



La Revista Ukitiíuaya 



hoiubrt'j; do caballoría ó i u {'antoría. 

Serían las 4 do la tar.lo. cuando el co- 
ronel Lamas dispuso, ^luo ol coronel C-íon- 
zaloz se ]>usiova al fronte do las fuerzas, 
y nuvroliara rumbo al [laso do las Pahuas, 
quedando el coronel Lamas con ItX^ in- 
fantes guardando la retairuardia. 

El día 28. del mismo mes y año, nos 
incorporamos en la costa del Tnpamhné, 
Departamento del Cerro Largo, con el 
Sr. General Don Aparicio Saravia. que 
tendría unos dos mil hombres mas ó me- 
nos, y se siíruió la marcha rumbo á los 
bañados de Medina donde se acampó y 
siendo las 4 p. m. y pre- 
yio consejo de los Jefes. 
se fusilaron 4 soldados de 
nacionalidad brasilera, 
pertenecientes á la diyi- 
sión del coronel Mena : á 
consecitencia de un asesi- 
nato y robo, comotido por 
éstos en las ('ostas de 
Fraile ^[u^-rto. 

El 1.° de Abril, del 
mismo año el General Sa- 
rayia. se separó del coro- 
nel Lamas, con propósi- 
to de perseguir al Gene- 
ral !Muniz. cuya [)ersecu- 
ción"sf* effctu<'> \>f>r ospa- 
cio de cinco flías. obli- 
gando al Goiit ral Miiiiiz, 
el fraccionainifiito do sus 
fuerzas. 

í)uranto osta síj>íU'aci(Mi í1o| Gene- 
ral Saravia fii»' r[\\c <iciiri"¡ó l;i ¡nfaiida 
comotida pnr oí rv.ronol Kiiñez^ que dos- 
o)>ed<'ciondo las órdciKs del Jefe del Es- 
tado ^Nfayor. tomó rumV^o á Cerro Largo, 
hasta que finalmente deshizo un pie de 
ejército, bien armado y municionado, 
dejándolos abandonados en fd Brasil. 

Keunidas nuevamente las fuerzas del 
General Sarayia, y las ácl coroufd Lama.s; 
seguimos rumbo al })ueblo de la Florida, 
acamjmndo el ílía 14 en la Í/Osta del Tala. 



á unas 7 leguas del pueblo nombrado 
autos. 

Serían las 12 Va j cuando se sintieron 
tiros entre nuestras guardias y el ejército 
del Gentnul ]\Iuñoz, é inmediatamente el 
coronel Lamas tomó sus precauciones, 
mandando al coronel Marín á que detu- 
yiese al enemigo, y éste tendió sus gue- 
rrillas en la Costa de San Gerónimo. 

En este punto hubo un fuerte tiroteo, 
pero de poco resultado, no obstante las 
fuerzas del Gobierno no nos trajeron la 



carga. 




im;. .iaí'[\'io im'i.'ax 

Sfiiitiirii) 
ili-l iJüri-l.ofio j\ii. iitiinli.-ir.ii 



Nuestras posiciones eran muy bue- 
nas, como lo demuestra el 
23lano n." 3. 

El día 16, estando acam- 
pados próximos á la Es- 
tación Cerros Colorados, y 
siendo la 1 ]>. m., se sin- 
tieron los tiros de nues- 
tras guardias con la van- 
guardia del General Moli- 
tón Muñoz. 

El Señor General Sara- 
via, salió al encuentro del 
enemigo con la escolta, y 
el Señor coronel Lamas 
I p)reparó las líneas de bata- 
talla en la forma que indi- 
ca el j)lano n." 4. 

rOMÍíATK I»K <' CKRROS 
COLOI{AT>OS» 

VÁ SofKir (íeneral, con 
la. ])oi'¡oia vah)r y rh'más 
<pi<' l<' os reconocido, hizo su retirada al 
pasr.. rumbo ;i donde estaba nuostra línea 
toufbda, y oiitraiido ('sto al c,airi[)0 emj)e- 
zó la ac('ióii. '• 

Kuostras fuerzas si; componían de 
íi.(XX) liond)r(;s, esto os, la mitad armados 
á lanza y la otra á remington. 

El ejército enemigo, según informes 
fidedignos, se componía de (í.íXKJ hom- 
bros, fie las tres armas. Pre])aradalalíuea, 
como he dicho antes, y en lo mas recio 
de la ]>odoa se veía al General Saravia 



4< 



La Revista Uruguaya 



15 



recorrer toda la línea, ordenando todo 
aquello que creía necesario, y el coronel 
Lamas, colocado en uno de los puntos 
de mas peligro, se veía con una serenidad 
envidiable. 

El Señor General ordenaba la pelea 
con la habilidad que es característica á 
un verdadero guerrero. 

Durante la batalla se vio al Sr. Ge- 
neral Saravia, unas veces solo y otras 
rodeado de sus ayudantes, recorrer toda 
la linea y en lo más difícil de esta acción 
el Señor General mandó reconocer el 
paso del Arroyo Mansevillagra que esta- 
ba á dos leguas de distancia, con el obje- 
to de saber, si daba ó no paso, cuidando, 
como es natural, su retirada. 

Esto solo se le ocurre á un caudillo, 
guerrero de la talla de nuestro insusti- 



tuible en esta generación, General Don 
Aparicio Saravia. 

Sus ayudantes, que lo eran el valiente 
capitán Don Abelardo Apolo y los no 
menos valerosos tenientes Don Xepomu- 
ceno y Don Aparicio Saravia 'hijo;, Don 
Rodolfo Ponce de León y el sub-teniente 
Don Eusebio Odriozola, acompañaban al 
Señor General en todos los puntos, y tras- 
mitían las órdenes emanadas de su Jefe. 

La línea de batalla tendría unas trein- 
ta cuadras más ó menos, como lo indica 
el plano n.*' 4, y el valiente é ilustrado 
joven Don Luis Ponce de León, abande- 
rado del ejército, colocó su bandera en 
un parage visible y con la serenidad que 
generalmente conservan los soldados ciu- 
dadanos, que tienen conciencia del cum- 
j)limiento de sus deberes. 

Continuará. 



HUMORÍSTICA - IRONÍAS CRIOLLAS!!! 



Va-t'en, batonnier des candomberos ! 



Expr 

«l^pL proyecto ya dos veces fracasado 
JBf] que por una tercera intenta un 
grupo de correligionarios del Dr. Juan 
Carlos Gómez para traer sus restos á 
esta tierra, ha dado motivo a nuestro mi- 
nistro en la otra banda para encabezar 
y predicar la cruzada echando su cuarto 
á espadas en forma epistolar contra la 
«montonera» y el «caudillaje gaucho » 
en tropos tan felices casi, como los que 
empleó i)ara atii'niar al General Váz- 
quez en su celebrado triunfo de Maso- 
11er, carta de la que ya nos ocupamos en 
el cuarto número de esta Revií^ta, mi- 
diendo justo homenaje á la esclarecida 
sagacidad del Sr. Daniel Muñoz. 

* 
* * 

La nueva carta de nuestro distingui- 



esamente para «La Revista Uiínu'AYA». 

do ministro es toda una primicia en ma- 
teria de bonta-ies político-literarias : su- 
ben en ellas de punto las nniestras de 
«fino amor y respeto » sobre campo de 
gules, que algunos supicaces creen que 
se acentúan en razón directa de la con- 
sistencia que toman ciertos díceres y ru 
mores sobre cambios diplomáticos. 

Dejándose guiar por las apariencias 
parece que así fuere, á lo menos, com- 
parando la epístola sobre ^lasoller con 
la que ahora nos ocupa ; en aquella da- 
ba muestras el Sr. Muñoz de tener ras- 
tros de clemencia para con los * sara vis- 
tas»; les concedía que estaban en pose- 
sión de su «autonomía de hombres li- 
bres» pero en ósta, el hombre se nt)s pre- 
senta sin ribetes de j)iedad, pareie un 
centurión de los tiempos de Oalignla: 



16 



La Revista Uruguaya 



chilla con truculencia bastante pedestre 
y trasnochada contra las « algaradas 
caudillescas», las «insanas altanerías» 
\ otras cosas tan originales como « sara- 
vistas» y para ello sustantiva muche- 
dumbre de adjetivos y no se pueden leer 
sus párrafos, de una rotundez de poetas- 
tro incipiente, sin pensar que cuando los 
escribe il se mire dans son ericrier, en 
cuyo fondo se codean tantas originalida- 
des,, tantas otras cosas. 



* 
* * 



Conocemos al Señor Muñoz como li- 
terato, por su fama y nada más que por 
ella; confesamos sin ambajes nuestra ig- 
norancia sobre la misma, pe 'o franca- 
mente no sabemos si el hombre decae 
cuando escribe en rojo y para los rojos 
ó es que decae no más causa sui. 



* 



Prescindamos va de la forma v del 
fondo de la carta que nos ocupa, por 
cuanto estamos bien seguros que si los 
manes de Juan Carlos Gómez pudiesen 
articular dos palabras, así como éste cn- 
liñeóde cando m he ros á los correligiona- 
rios de su tiempo por, las cosas que en 
su tiempo hacían, aquellos teñirían aho- 
ra razones dobladas para decir al Señor 
M uñ oz « ca lía relapso i ñipen i ten fe ! » 



* 
* * 



Si el Señor Muñoz no fuese un inte- 
lectual y no hubiese salido de las fron- 
teras de su país, sino hubiese visto más 
que los atropellos de todo linaje que ha 
sido el sistema de gobierno de su partido 
político, le encontraríamos disculpa y 
acaso le justificásemos, que al fin y al 
cabo no sin dificultad conciben cerebros 
rudimentarios en forma distinta, lo que 
vieron como común y corriente; pero 
considerando el Sr. Muñoz al país bajo 
el gobierno del Sr. BatUe satisfecho de 



su suerte, es hacer posible la grotesca 
satisfacción del Doctor Pangloss y fran- 
camente, cuando tales hombres tales co- 
sas dicen, cuando sin empacho alguno 
escriben y publican eso, pai-a lo que no 
se encuentra modo de calificarlo sin agre- 
siva violencia, francamente repetimos, 
se suspira hondo y angustiosamente por 
lo que el Sr. Muñoz llama «algaradas 
caudillescas, insanas alteranías y malva- 
das prepotencias.» I 




DOCTOR 
AUIUÍLTANO l?01)I!rf;UEZ LAKRKTA 

Vociil lid l)irii iDi-in NmioiKiUgUi 



Son al niíMins, la viril expresión de lo 
que \ ii'ilmente se í-icnte: es obra do 
hombros que se consideran tales y á ellos, 
les queda la inmensa satisfacción de sa- 
borear lo que es un fruto prohibido para 
los que confunden la píitria con sus es- 
tómagos. ! 

Baldomero Clayi.to,. 






y^HíT ""■ "**?; 



'f ' 



lia Revista ümgaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía polítiGa.-Órgano del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0. — Setiembre 15 de 1905 


Núm. 10 


Director: Df. Luís Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN '■ 

CALLE MONTEVIDfcO 


Administrador: A. Seuánez y OUven 



Tribuna Liibre 



EL INDIFERENTISMO POLÍTICO 



Causas que lo originan 



I .A lucha política, como 
I I la lucha por la vida, 
tiene sus decepcio- 
nes, amargas muchas ve- 
ces y terribles. 

¿Quién, en su existen- 
cia, por mas feliz que haya 
sido, no ha experimentado 
algún momento de amar- 
gura ? ¿Quién, por mas ca- 
rácter que tenga, no ha su- 
frido decaimiento de ánimo 
y ha llegado á decepcio- 
narse en uno de esos mo- 
mentos? 

Todo en la vida es re- 
lativo, lo mismo la felici- 
dad, que las energías del hombre. 

Y esto que nos sucede individual- 
mente, sucede igual en las colectivida- 
des : los pueblos, como los individuos, 
tienen sus amarguras y sus decepcionep. 
¡ Pero desgraciado del pueblo, como des- 
graciado del hombre, que no sabe sobre- 
ponerse á las viscisitudes y retorna luego 
á la lucha para cicatrizar la herida re- 




Razones para repudiario 



generalísimo 
Aparicio Saravia 

Gran eau<Ullo tj estraüUjico amertcuno 



cibida ! El abandono en la 
adversidad es la ruina, la 
desgracia, su aniquilamien- 
to y la muerte. 

Nada es luchar cuando 
todo marcha bien, cuando 
los cálculos trazados en el 
pensamiento dan en la 
práctica el resultado que 
se esperaba. En estos ca- 
sos, aunque la lucha sea 
ruda, V hnstá ain cruer.- 
ta, existe compensación ; 
el resultado obtenido os 
siempre confortable, cuan- 
do no llega todavía á ser 
alhagador. 



La lucha que desmaya, 
laque abate el espíritu, lo mismo del i;i- 
divítluo que de los pueblos, es la lucha 
sin resultados, estéril, ó con resultados 
contraproducentes. í]ntonces viene la dc- 
cepcióii, y I con la decepción, si el ánimo 
no se levanta, sino reacciona el espíritu, 
vendrá la ruina y la desolación. — He 
aquí el momento en que se prueba al 
hombre; al carácter verdadero, fundido 



La Revista Urujuaya 



en una sola pieza, con las enerí»"ías y 
bravuras consiguientes ; y que se prue- 
ba también la austeridad v virilidad de 
las colectividades. 

Nuestro partido, ó mas bien dicho 
nuestro pueblo, ha sufrido un golpe te- 
rrible con el final desastroso de la última 
revolución. Negar esto sería engañarse 
así mismo, negar la evidencia de la luz 
solar. La muerte de Saravia primero y 
la paz anodina que se hizo después, fue- 
ron un golpe de maza para nuestra co- 
lectividad. 

Ese golpe naturalmente, después de 
tanto luchar,— no solamente durante esa 
cruenta campaña, sino también, antes y 
en varias épocas, — tuvo que decepcio- 
narnos. Hay golpes que verdaderamente 
anonadan, que atontan, por lo menos, al 
carácter mas templado. 

Nosotros mismos, — lo confesamos no- 
blemente, — acostumbrados como esta- 
mos á luchar en la adversidad, á sufrir 
golpe tras golpe en nuestra accidentada 
vida política, tuvimos un momento de 
desánimo, nos aniquiló por algún tiempo 
la desgracia sufrida ; y creyendo encon- 
trar un lenitivo á nuestros males, tentan- 
do la reacción para mejores tiempos por 
creer difícil encontrar otros horizontes, 
aconsejábamos el indiferentismo hacia 
el actual gobierno, dejándolo decíamos, 
que concluyera su período en el mas 
completo olvido, que se volviera polvo 
su odioso recuerdo, como polvo se vuel- 
ve al fin por medio de la putrefacción la 
hedionda osamenta de un cuerpo muerto. 
Pero después reaccionamos; nos pare- 
ció cobardía abandonar el campo de ba- 
talla, aunque el enemigo no fuese digno 
de medirse con nosotros. Pastaba nuestro 
partido de i)or medio, estaba la patria, y 
á eso no se ])odía de ninguna manera 
abandonar. 



El mismo desmayo, igual decepción 
tuvimos individualmente cuando el Gro- 
bierno Argentino, de una infame pluma- 
da, noS: quitó el puesto que desempeñá- 
bamos, ganado en buena ley, fundándose 
en las exigencias de la política interna- 
cional, por tener rubor para confesar que 
era una satisfacción al gobierno faccioso 
del Sr. Batlle y Ordoñez. Pero reaccio- 
namos enseguida, porque cstiiba de por 
medio nuestra ñimilia, nuestra mujer y 
nuesti^s hijos, á quienes, como á la' pa- 
tria y al partido, estamos obligados á 
atender, sacrificándoles nuestro reposo y 
nuestra vidíi. i 

No estrañaríamos, pues, ni merecer 
podría nuestra censura, el que todavía, 
haya muchos correligionarios decepcio- 
nados por los reveses sufridos ; reveses 
que los hemos sentido en carne viva, que 
abrieron llagas profundas en nuestros 
corazones, difíciles de cauterizar. Pero á 
estos compañeros, que domuostran con 
ese sentimiento tener un alma sensible 
al patriotismo, aunque poco acostumbra- 
da al sufrimiento ; á estos compañeros 
especialmente es á quienes pedimos que 
escuchen nuestra sincera palabra, po- 
niéndoles de relieve, con la verdad des- 
nuda de todo ropaje, nuestros desencan- 
tos y decepciones, pero también — entién- 
dase bien— nuestra reacción entusiasta 
y viril. 

¡ Basta ya de llorar nuestras desgra- 
cias; j Basta de fiaquezas y cobardías ! 
Sin olvidar los recuerdos queridos; por 
el contrario, levantándoles un santuario 
en nuestros corazones, pensemos como 
hombres, como ciudadanos de un país li- 
bre, que un mandón arbitrario é irres- 
ponsable está afrentando vergonzosa- 
mente, y que si lo abandonamos á sus 
propios impulsos, á sus instintos de pre- 
potencia, nos legará un sucesor funesto^ 



La Revista Uruguaya 



que nos pDdía acarrear males profundos, 
quizás mas tarde imposibles de remediar. 

¡ Unámonos ! — que ese e:^ nuestro de- 
ber, — como nos hemos unido otras veces 
á la sombra protectora de nuestra ban- 
dera; reorganizemos nuestras filas, obe- 
deciendo las órdenes emanadas de nues- 
tras autoridades superiores ; y, sobre to- 
do, ayudemos con toda decisión la pros- 
peridad del tesoro partidario, propen- 
diendo á que sea un tesoro de verdad, 
de proficuos resultados para la colectivi- 
dad nacionalista y para el pueblo oriental. 

Como hace poco decíamos en un artí- 
culo anterior, es preciso dedicar todos 
los esfuerzos posibles al trabajo, para 
restablecer nuestros intereses lesiona- 



dos; pero sin olvidar que pertenecemos 
á un partido lleno de glorias y de sacri- 
ficios, que nos reclama parte de esos es- 
fuerzos y de nuestro sosiego, y hasta de 
la sangre y la vida si fuere necesario. 

La atención del tesoro es primordial 
■ — discúlpesenos la repetición— para po- 
der contrarrestar la acción maléfica de 
este gobierno, y de los que se entroniza- 
rán sinos abandonamos á la indiferen- 
cia política, á las amargas decepciones 
del pasado. 

En las democracias, el ciudadano 
debe luchar; luchar siempre para obte- 
ner la libertad y el progreso de su pue- 
blo y la suya propia. 

AbDÓN AáóSTEGUY. 



19 



Sefeasa de Fajsaadá 



La Últiina Carcajada 



mHÍ, en la hermosa y bella ciudad 
que vive reclinada sobre la 
margen izquierda del Río Negro, deben 
existir aún muchas personas que cono- 
cieron y trataron al Comandante Don 
Juan María Braga, héroe y víctima del 
furor partidario, sacrificado despiadada- 
mente en Paysandú. 

En 1864, Braga estaba al frente de 
la Jefatura de Policía y Comandancia 
Militar de Mercedes : era joven, hermo- 
so, de distinguido y noble aspecto : mi- 
rada serena, penetrante : afable en su 
trato, correcto en sus procederes, supo 
captarse bien pronto las simpatías de to- 
dos sus convecinos. 

En Noviembre de ese año, recibió 
orden de trasladarse á Paysandú, y allí 
fué á cumplir con sus deberes de soldado 
y ciudadano. 



Expresamente para ''La Revista Uruguaya** 

Llegado á la ciudad que bien pronto 
iba á ser teatro de una lucha titánica, 
se le nombró jefe del centro denominado 
« El Baluarte de la Ley » , en el cual se 
había depositado también una gran can- 
tidad de pólvora, circunstancia que ha- 
cía doblemente peligrosa la permanen- 
cia en él. 

Una granada estalla allí, derriba un 
pedazo de pared, y Braga es sacado de 
entre los escombros cubierto de sangre: 
sus heridas son leves, y sigue al frente 
de su tropa, defendiendo su baluarte. 

Y allí sobre los escombros, sobre las 
ruinas, entre el grito del herido y el 
lamento del moribundo, rendido de ham- 
bre y de cansancio, llega y lo encuentra 
el aciago 2 de Enero de 1865. 

Braga es conducido también á la 
quinta de Rivero. 



La Revista Uruguaya 



Caido y mutilado el General Gomez^ me toca á mí, pues soy Teniente Coronel, 
el Capitán Federico Fernandez se dispu- Y rasgando la ropa que cubría su no- 



1 



ta con Braga el derecho 
de morir primero. 

Braga lo detiene di- 
ciéndole, capitán, á mi me 
toca, soy vuestro ieíe. 

— No os obedesco, ante 
la muerte somos iguales. 

— Capitán, la gerarquía 
debe ser siempre respe- 
tada! 

— Cual do Vds. es el 
mayor? grita un jefe del 
grupo de ejecutores de 
aquellos héroes. 

— Aquí no hay ningún 
mayor, contesta Braga: coronel eniíique yarza 

pero si mandan fusilar se- veterano sin tavka en ((xlas nuestras 

gún la graduación, ahora 




f/uerras 



ble pecho, dice á sus ver- 
dugos : « Herid : pensáis 
que nosotros estamos aquí 
para conservar la vida? 
Já! já! já! 

Quitad la vida, que la 
inmortalidad no me la 
quitareis, ni menos la glo- 
ria que doy á mi Patria!!! 

Así murió el héroe de- 
fensor del «Baluarte de 
la Ley», apostrofando á 
sus verdugos: invocando 
el nombre de su Patria, en 
esos momentos hollada 
por la imperial bandera ! 

Leonardo S. Castro. 
Concordia. 



UN ENVENENADO 




'O se trata precisamente de la into- 
'xicación por medio de una sustan- 
cia activa perteneciente á la perversa 
familia de las plantas apojíneas, sino de 
un envenenado moralmente hablando. 

Cuando la parroquia de Belgrano go- 
zaba del derecho que la ley Orgánica 
Municipal le acordaba entonces para 
elegir á uno de sus caracterizados veci- 
nos, miembros del Consejo Deliberante, 
yo fui uno de los felices mortales que ob- 
tuve ese cargo por voluntad y gracia del 
pueblo soberano. 

Pero lo más original del caso, es la 
forma con que se emprendían los traba- 
jos electorales y la manera como se em- 
peñaban los caudillos de la parroquia pa- 
ra conseguir los votos. 



Expresamente para ^^La Reoista Uruffuaya'* 

Una mañana temprano fui sorprendí- 
do por una comisión de propaganda, 
compuesta de varios caballeros distin- 
guidos, que venía á invitarme para que 
fuese á visitar al pueblo de « Villa Cata- 
lina », donde era poco conocido, y de pa- 
so, para envenenar votos. 

Lo de hacerme conocer el respetable 
vecindario de la hoy parroquia del « Car- 
men» ó «Villa Urquiza», no encontró 
de mi parte la menor resistencia y acce- 
dí á ello con la más grata y firme ga- 
lantería. I 

Pero aquello de envenenar votos, no 
lo conocía y me chocaba desagradable- 
mente al oído, esa terminología electo- 
ral, por lo que pregunté á mis invitantes 
el significado atribuido á tales palabras. 



La Revista Uruguaya 



Envenenar votos, me dijo el más la- 
dino de los miembros de la Comisión de 
propaganda, significa anular el voto de 
un sufragante cuando no se le puede ob- 
tener á favor de nuestro candidato. 

En otros términos, el envenenado no 
vota yá ni por uno ni por otro de los can- 
didatos en lucha, permaneciendo su actí- 
tudneutral, de modo que ya deja de ser 
un elemento de más para el bando con- 
trario con el que se había comprometido. 

Después de esta explicación, empreu: 
dimos la marcha, y apenas hubimos lle- 
gado á « Villa Catalina », fui presentado 
á numerosas personas que me dijeron 
ser partidarios ardientes y entusiastas de 
mi candidatura, aunque yo jamás los ha- 
bía visto ni conocido. 

En seguida nos dirijimos á una pana- 
dería, cuvo dueño le manifestó clara- 
mente al empresario de mi candidatura, 
que ya estaba comprometido con el cau- 
dillo del comité contrario, y era inútil se 
le solicitara su concurso. 

Entonces mi buen empresario y exal- 
tado partidario, se le encara al panadero 
y le dice: « Señor, es una vergüenza que 
Vd. vote por una candidatura que no go- 
za de ninguna simpatía en el vecindario, 
y que tiene por caudillo á B., quién 
manifiesta á todo el mundo que Vd. es 
un infeliz, que lo domina como á un mu- 
ñeco y lo lleva de la nariz á donde se le 
antoja.» 

« Pues si eso dice B., exclama indig- 
nado el panadero, yo no voto por la per- 
sona con quien me había comprometido, 
y les juro que estaré con Vds. en el atrio 
de la Iglesia, el día de la elección.» 

Y efectivamente el día de la elección 
votó á mi favor él panadero, que era un 
vasco, por más señas, después de un inci- 
dente cómit30 promovido por el fiscal del 
bando contrario, que sostenía que no era 



la misma persona á que se refería la bo- 
leta de inscripción que exhibía, por lo 
que el navarro gritaba desaforado: « ¿Có- 
mo, yó no soy yó ? » 

Sin embargo, el vasco votó, después 
de lo cual se me acercó y me hizo la si- 
guiente manifestación al oído ; « Mire, 
por Vd. he pasado un mal rato, mucho 
peor que aquel que pasé cuand ) el ca- 
ballo me puso un pié sobre la pata mía.» 

No hay que significar que después de 
todos estos inconvenientes, mi candida- 
tura fué la que triunfó en las elecciones 
de feliz recordación. 

Al día siguiente, en celebración de 
tan fausto acontecimiento, se me dio un 
banquete, al que también fueron invitíidos 
mis electores, entre los cuales se encon- 
traba un íntimo amigo, que hasta ahora 
ha vuelto del asombro que le produjo el 
hecho de que al final de la fiesta se les 
cobrara el cubierto á los comensales. 

Después, no se si desempeñé bien ó 
mal el cargo que el vecindario de la 
parroquia me confirió ante el Consejo 
Deliberante Municipal de la Capital. 

Eso lo dirán las actas del Consejo. 

Pero de lo que más ha quedado afec- 
tada mi memoria, conservando un impe- 
recedero recuerdo, es de que un bu^i 
dia, cuando yo había cesado de ser con- 
sejal, se me presentó un hombre en mi 
casa, sosteniéndome á pié juntillo, que 
era uno de los que más se había sacrifi- 
cado por mi causa en la elección muni- 
cipal á que vengo refiriéndome, y que, 
en consecuencia, estaba en el deber de 
proporcionarle un empleo á él y cuatro 
miembros de su familia. 

¿Y cuales son sus sacrificios por mi 
causa le pregunté ? 

«Soy, me contestó: uno de los enve- 
nenados de la elección.» 

Dr. Juan Coustau. 



c; 



L aRevis T A ÜK ir(ur A YA 



■^¿^J> 



E,iproiia/>H'n(f jMn-a "La li''i'is((t L'riiijanifd. 




•esidcnte liatlle parece que no 
quisiera dejar al Ciobieriio sin 
convertir antes al país en un desquicio 
completo. 

Xo le bastó ser lo que fue con quie- 
nes pactaron con él la paz, después de 
una contienda sin igual por lo terrible y 
lo sangrienta^, que él provocó con sus 
intransigencias inauditas; no le bastó 
negar al Partido Nacional toda partici- 
pación en la g'estión de los asuntos públi- 



del Partido colorado al que cercena sus 
derechos y sus libertades imponiéndole 
la representación que se le ocurre en el 
Poder Legislativo; divorciado de las 
clases conservadoras á las quo deprime 
ami)arando elementos anárquicos que 
son para ellíis amenaza constante; divor- 
ciado de los liberales por que solo levan- 
ti\ entre ellos á los que poco valen y na- 
da representan; y divorciado, por fin, 
de los católicos por causas notorias, es el 
caso de preguntar ¿qué lo queda como 
base de gobierno al prestigioso ciudada- 
no qué rige los destinos nacionales ? 
Le queda la fuerza y nada mas que la 



eos é influir resueltamente para que se fii^^i"^-^ = ^""^ mi^m^ fuerza que fulminaba 



cerrase á los nacionalistas la entrada en 
la comisión permanente ; no le V>astaron 
los fraudes escandalosos cometidos por 
policías que votaban en masa, previo li- 
cénciamiento por unos 
días, durante los cuales 
ocupaban sus puestos los 
soldados de línea, ni le 
bastarán tampoco que los 
candidatos triunfantes en 
Rocha no ocupen en la 
Cámara los puestos que 
les corresponden en re- 
presentación del pueblo : 
quiere además que lo 
que constituye la base 
del orden social, que todo 
lo que merece respeto en 
la región superior de las 
ideas y de las tradiciones 
honrosas, ceda su puesto 
al desenfreno de las pa- 
siones y que dominen la 
anarquía y la lucha en 
todas las esferas. 




desde la llanura y en la que ahora ci- 
menta su gestión gubernativa arbitraria 
v funesta. 

Y un ciudadano que dice ser patriota, 
abnegado, y buen servi- 
dor del país ¿ lo sirve asi 
realmente, ó lo que sirve 
son sus ambiciones, su 
núcleo, su círculo estre- 
cho y egoísta? 

Es necesario no dete- 
nerse á pensar un mo- 
mento, no querer ver lo 
que ocurre en las regiones 
de la política activa, para 
no darse cuenta de que 
esta situación está preña- 
da de peligros de diverso 
orden. 

No basta para gober- 
nar un país tener la vir- 
tud neg'ativa de no sa- 
(piear las arcas naciona- 
les : el gobernante debe 
respetar la constitución 



!J 



DX. SANTIAGO BOTANA 

Ji-j'i: del BiUallúii Unión, rd ó-'í, '>.'>, 57, 

del Reanaanlo, Jefe PuliUfo 

(le MunU'ciilco ilesde (d GO 'i 04, 

iilfin ij Capitán del Puerto 

f]s verdafleramente ex- enri(:(,i,ir,no<[uestu-edió n Ayuirreí/ de la República y no so- 

, !• • i „ „, j. '. Jcl'i' de ¡i atado Manor General xi, „ . • i i j.- 

traorduiario lo que esta / f • > » / • ■ i i -n nsmar para violarla, tie- 

■i en el hjercito Raaolucionano del /O y * " 

I)asando. miembro dei RC cl dcbcr de garantir 

Divorciado el Presi- Comité ReaoUcionario ei 75 elejercicio de todos los 

dente de la República del Partido Nació- derechos y no la facultad de usurpar esos 
nal por un abismo de sangre; divorciado mismos derechos, tiene la obligación de 



^«•»*r:«í>- 



LV REVISTA UlMJÜUAYA 



exa;Tiin.ii- caaloá son los males qu 3 l\\jíó 
jan á la Nación, cuyos destinos dirigi, 
para buscarles remedio y no el derecho 
de agravar esos males con sus intransi- 
gencias y con sus odios atávicos, debe 
atraer á todos los hombres de valer, de 
virtud y de abne.£i:ación para que lo pres- 
tigien y lo auxilien en la gestión de los 
negocios públicos y no alejarlos con su 
actitud antipatriótica ; y si nada de eso 
quiere hacer el Sr. BatUe, y si aún que- 
riéndolo no puede realizar el bien co- 
mún, debería ahorrar al país nuevas 
perturbaciones y dejar un puesto que no 
.debió ocupar jamás, 

Pero el Sr. Batlle no está dispuesto á 
sacrificarse por el bien de su patria, sino 
á sacrificar á ésta por su pasión de man- 
do, por su deseó de imponerse y por el 
placer que siente su espíritu en depri- 
mir á los que valen mas que él y ocupan 
un alto puesto en la estimación de sus 
conciudadanos. No quiere á su lado un 
solo hombre que se destaque por su ilus- 
tración y su cultura, sino medianías in- 
coloras, servidores sumisos á su vo- 
luntad. 

El aislamiento del Señor Batlle se ha 
hecho así absoluto y comprendiendo que 
si llega al final de su gobierno en tales 
condiciones caerá para no levantarse 
mas, quiere pi epararse desde las alturas 
un partido suígeneris. Por eso li izo venir, 
pagándole el viage, al anarquista expul- 
sado por un gobierno amigo y que sus 
subalternos no dejaron desembarcar en 
nuestro puerto, alienta con su actitud 
los tumultos desenfrenados del popula- 
cho que día á día se producen con ca- 
racteres de extrema gravedad y ni si- 
quiera se preocupa de adoptar medidfiS 
de previsión cuando se temen disturbios 
ó delitos, por eso las policías parecen pa- 
ralíticas y las autoridades superiores 
ciegas, por eso, y solo por eso, el desor- 
den es cada vez mayor en la capital de 
líi República. 

El Sr. Batlle sabe que al bajar del 



P.j Lir no lo reci'jiri en sus brazo-» el 
paeblo I aba] i lo i-, honesto, fuerte en su 
derecho y respetaoso del agino, ese pue 
blo que si reclama lo que dobj dái-sel j 
y si exige reform-is Justas, no las im:) ni^ 
con amenazas delictuosas, ni co:i la d 's- 
trucción de maquinarias destínalas ú 
obras de progreso como las del pucTto. 
ni con desórdenes y turbulencias que 
tienden á erigir el despotismo temible y 
vergonzoso de las muchedumbres ciegas 
é inconscientes, y porque eso sabe el 
Sr. Batlle, busca que le abra filas y lo 
proclame jefe ese otro público sin mas 
ideales que la disolución social y la 
anarquía, sin mas objetivo que el triunfo 
de la fuerza y del número. 

Y mientras no llega el momento de 
su cese, usa el Sr. Batlle las influencias 
y los medios que el país ha puesto en 
sus manos para fines mas altos, en for- 
marse un partido personal ! 

Por mala que fuese la opinión que se 
tuviese del Sr. Batlle cuando ocupó la 
Presidencia de la República, nadie podía 
sospechar que llegase á esos estreñios y 
que después de un gobierno funesto de- 
jase aún, por vía de herencia fatídica, 
un profundo trastorno social cuya tras- 
cendencia y gravedad no es posible 
ocultar. 

Y en esta hora fecunda en que el 
país se levantaba vigoroso y potente, 
revelando una vitalidad extraordinaria, 
áraíz de una guerra civil que tan gran- 
des perturbaciones y perjuicios produjo, 
es precisamente el Presidente de la Re- 
pública quien, con una obstinación increí- 
ble, arroja á la hoguera de las pasiones 
no aquietadas aún, nuevos elementos 
que las agranden y las hagan estallar de 
nuevo. 

La espectativa dolorosa de todos los 
ánimos estanca el capital en las ciuda- 
des, en las cajas de los Bancos, en colo- 
caciones de fácil realización y la indus- 
tria y la agricultura paralizan el desa- 
rrollo de sus obras de progreso y el i)aís 



•í^ 



1j\ IvKN'íSTA ÜRlíGUAYA 



se detiene iiuleciso sin saber 4110 hacer, 
sin atrevel^e á nada pensando que los 
sucesos .pueden ix^servar amargas sor- 
presas á los que se animen á desafiar 
sus consecuencias. 

Y así seguiremos con rumbo á ;lo 

deser>nocid«, taivez hacia un dasastre, 

si los hombres, conscientes de sii dero- 

' cho, no se po4ien áe pié para resistir . Líis 

' iniciativas ^lisolventes del P. E. y no vin- 

^ culan sus esí'uerzos en .ana ivcción con- 



junta, que seiii^ipopga como la expresióp 
.g^enuina.é.incputra^talile (ie ;1^ volunta^ 
nacional. 

I4i unión de rtodo^ lo^ ciudadanos, 
. cualquieria (Ljue sea su íilicicipp política, 
>ciiialesquier¿i que ^ean ,su>s ideas, .siempre 
que.se inspiren ep móyijLes patrióticos, sa 
imiK)ne eji .la. hora prQ&eiiijte como aspi- 
ración i^icional y, jcoi^xo medida de de- 
. í'eaisa pública. 

'LAPHIIÍ. 



La Muerte de Aparicio jSar^avia 



'M> JL.-^':X 3D ^ 




OS últimos ra- 
yos del sol, 
se reflejaban sobre 
•■ Iti s e scá rp ad a s s i e- 
rras. 

Conducido por la 
mano fatal del des- 
tino, aparece do 
pro'i.to,euiri;o(io les 
estrechos valles, 
donde cruzan á mi- 
llares las balas y 
resuena el estampi- 
do del- cañón, un ga- 
llardo giiiete. Allí, 
se derrama á to- 
rrentes ■ la sangre 
de hermanos: allí 
se lucha como bra- 
vos, se niucre como 
héroes, eon- la son- 
risa en' los' labiíjs, 
sin miedos en el 
corazón. 

De i'cpeutí', el 
brioso corcel se en- 
cabrita, pei"o es su 



/A. mi. dLstiiig::iilo , túnico l)r. LUIS .S-VNTIiVGU -BWT^Ai^A. 

Expresamente para «La llEViglA .llrjuauAYA». 

mmio, ;.pl {>puesfo 
ginete, de' blauQo 
sombrero y, galhu- 




<;i;\!.!iATJ8IMO apaiíício p.aravia 

Ji-ji- ,/<■ los ■KjcrKiloá ■NítcionnlistuA, 96 .OT'tJ-OMii, I/HOI 



da ñg'nra. 

-:r— Vamos, señor, 
está ¡sirvientlo de 
bl(^»co,^Jc dicen. 

r-7^Ya vamos, con- 
testa, y jicvando la 
m(iní) á un costaolo, 
tijata ,de, GontenÍBr 
1^ S(ingTe que abu.n- 
djiute.bí^ota^de mor- 
tal herida ! i 

\Ah!.;el. corcel, 
! d)S ,v<>c:,es herido, 
qu«vía , huir, sal- 
vando la vida de su 
amo, pe,ro,él no, lo 
(le jó ! ! 

\ [¿Vllí.- se eclipsó 
la ,estrell;i,ilel gi'fin 
p,:iil;a'ííi!i de un ])ar- 
ti.l>. pojit^c!), ([.ue 
l'ichaba y, 1 u <; li a 
a,ún por itleales ge- 
. nerosos : pero el 
p{i,rtidQ »iio,lia muer- 



jetado por el ner- 
vudo brazo del gihotc. ,to, vive con si\s ideales^ .porque 4«isi<J<?ii^, 

Un segundo después, el noble bruto :. no se matan, 
dio un salto : (piisoliuir: pero allí está, T^icoxaumx) S.- Oast,ko. 

dominí'uHlolo, conteniéndolo con firme , > Concordia, 10 do S(\ptiembre de 11)05. ' 



Xa .IlEViSTA .Uruguaya 



O 





■«..^ 




Por la Redención Política!... 



^Continuación) 




Véase Nútn. !). 

j ME M O R.A N p U M , soiíre , los suce- 
^sosDE LA Villa de 'Aimars, es- 
crito POR el COMISIONADO DEL CO- 
, MITÉ JlEVOLUCíONARIO DEL, 97, EL 
PATRIOTA boN ISMAEL VÉLAZ- 
, QUEZ. 

-EJÉRCITO líACIONAL 
-[Delegación del Comité 
Villa de. Artigas, . Abril 13, de 1.897. 

,P,or orden superior comunico á ,Vd. 

el simiiento decreto: 

< ;*?. .-1, w .. i ,., : 

,.Melo,Abril7.de 1897. 

CONSIDERANDO que si .bien no se 
comprende en el plan revolucio- 
nariOiCl hecho de dominaren carácter de 
permanencia en la actualidad puntos de- 
terminados doj territorio-Nacional, es in- 
dispensable evitar en lo posjble la. falta 
do autoridades, .el Delogado del. Comité 

o, i ^._ 'i i'. " ., ti", :i.^•'^ 

Revolucionario, usando de las atribucio- 

.'" . • : 1 r ■■..:■! ' !' : 
nos (uiie le fueron confcu'idas, decreta: 

A HTícuLO .].**- N()mbrase en cali(l,ad, de 

• i- ; . ..■>.■ ; ; . • ! •• I.. !. ' i. • , 

interino Jefe, Político y, de Policía 

. del Departamento de Cerro Largo al 

'.:•. ' _ V ■ íc iK T -i .4 , ¡- < ;,, 

• ciuíládano Don Ismael Velaznuez. 

'.I ! : ; ■ <■ . s ;.■,■..• i . 

Art, 2.". Encár<>ase á, diclio . ciudadano 

•• . '• '11 . ?> _ ; 1 o ....:, ¡o 

do la percepción, de las rentas del 

+■ • 'I ;; r ^; .' ¡ , 

. Departamento, autorizándosele i)a- 

¡■+' í •■ . I . i < . ! ¡ . /, .(;,.• - 

(IJ En las cjuposiriones ó nnrracianes ile eioilea ó 

niilittire'í, dijúí'llu.s ¡)i'(¡a'efiisin1<tli ■ó ' inaty ivfflranteai >le. 

liiüi'S', iiüle nü fírUrt'.iv en el pLnii lie cnüt HeoiH'a /)uhli-< 

curios />ar razüiies de <^/iortarüU'aiii occ ccc. . irán tii- 

It^ij roa foii xds noiali 'Jconli-nCarios rfís/tccliüui en núes- 

Irtilligluriu, del '.)'", < , ■ ,. ....c 

. .. ..-/■. . .<,., /;/ -. 



ra adoptar las resoluciones que juz- 
gue necesarias JDara fa'cílitar la per- 

''c'epción de los'iínpuésto^, " siempre 
qtíe sean conciliables' con los bien 
entendidos' interesé^' de los '^contW- 

, biiyentes. ■■■'•■••' • ' >■ < •• 

' '^' firmado Duvimioso Terra. 

^ntonio Vas'eyro, Secretario.— Delegado 
'' ' del Comité dó'Giietó. • ^ - - 

Antonio Paseyro, Secretario. 

Al Señor JéíéPolítiéo y'de Policía 

. del Departamento Don Ismael Velaz^quez. 

• ■'-'■'■•— - Villa de Artigas. 

* '^ 

.^Buenos Aires, Abril 4 de 1897. 

.'■■''•' ' ' ' - i 1 ! .'. 

. Distinguido correligionario: 

,,En sesión plena el Comité dio lectura 
, á sil interesante nota de íecha 23 de Mar- 
zo pasado, la ciial acusa u*iia' vez' níái-i su 
patriotismo y abnegációíi por los 'hernio- 
' sos ideales del Partido Nacional, á cuyo 
servicio Vd. con noí)lé'afán 'lut cónsaírra- 
do todos los días 'de su austera cxisten- 
.Cía. 

Este centro queda sumamente reco- 
nocido por los importantes trabajos quí^ 
^^Vd. e^ta prestando á' hrcolectivida<l <'n 
los momentos sóíeinnes pór<pu' atraviesa 
y se compraco" eii expresarlo así, advir- 
' .tiéndoíe que las indicaciones qUe Vd. ha- 
ce sobré ad'quisicióii de' armas las acepta 
^ el Comité,' y jjuode Vd.' enviar el dinero 
' que sérári coinpradas y remitidas deáde 
' aquí al lugar que Vd.' determine", tanto 
'esto como' cualquier otro pedido qiie'Td. 
'^liaga será proveído dé cohforínidád y con 
urgencia. _• ' 



10 



La ItKVíSTA Üirj;;LrAYA 



Indej)endientoiiiente de esto el Comi- 
té se lia preocupado do que Yaguaróu 
pueda ser ua centro 'de ailquisieión de 
clementes Ix'ür os qu> sirvan para forta- 
leeer más la guarnición de Artigas y toda 
la frontera terrestre, y al efecto ha en- 
cargado á uno de sus miembros que se 
dirija á persona de influencia para que 
se lleve una sucursal de las armerías de 
Montevideo á Yaguarón, ó cuando menos 
se instale fronte á Artigas una casa co- 
mercial con remingtons y municiones 
que le facilite á la Revolución comprar- 
las lo más barato posible, previo examen 
y reconocimiento pericial de esos elemen- 
tos bélicos, que liará hacer Vd. una vez 
se traslade la anunciada casa ó depósito 
á Yaguarón. 

El Comité desearía qu3 Vd. hiciera 
todo lo posible porque el comandante 
Juan Derquin prestase todo su concurso 
á la causa de la Revolución. 

Este centro espera de su notoria acti- 
vidad que Vd. le dé el mayor desarrollo 
posible al proyecto financiero del Dr, 
Botana, declarado ley por el Comité, á 
fin de proporcionar á la Revolución todo 
género de recursos que hacen falta, para 
operaciones de importancia en las cuales 
se juegan sus destinos. Convendría pues 
darle la mayor publicidad en hojas suel- 



tas con toda profusión en la j)rensa'.de' 
Yaguarón, Bagé y Santa Ana. 1 

Su talento tratará de crearse elemen- 
tos de fnrrza para hacer efectivo eso 
proyecto en los pasos do las Piedras, 
Centurión, Aceguá y demás lugares don- 
de funcionen . oficinas ; esto es indispen- 
sable para llenar con ventaja su come- 
tido. Solicite aún por medio de chasques 
de las fuerzas Revolucionarias las parti- 
das que crea del caso para hacer efectiva 
esa ley, sobre Finanzas ; estimaría el Co- 
mité que Vd, lo remitiera algunos ejem- 
plares de las hojas sueltas en que se hu- 
bieran hecho su publicación así como 
que mandara urgentemente por chasques 
las notas para el General Saravia, Dr. 
Terra y Coronel Lamas que llevó ahí el 
Dr. Berro. ' 

Todas las medidas que Vd. crea del 
caso adoptar y recabar de este Comité, 
adóptelas y reclámelas que serán aten- 
didas, i ' 

Agradeciéndole una vez más todos 
los servicios importantes que Vd. ha 
prestado á la Revolución, tiene el honor 
de saludarlo. I 

Juan A tu/el Golfarini, Presidente. 

Luis Santiago Botana, Secretario del 

Ejecutivo de Guerra y Hacienda. 

Al Sr. Don Ismael Velazquez. 

CofiHiiuará.. 



Karraniín sobrs la Campana Rsvohcionaria del 37 

Por el Coronel MIGUEL CORTINAS 




(Continuación) 

Véase Níim. 9. 

las 6. p. m. se ordenó la retirada 
la cual se hizo con todo orden y 
áí paso, demostrando con esto el ejército 
revolucionario su disciplina y organiza- 
ción,. quedando al frente del- enemigo el 
S -ñor General con el Coronel Mena- y los 



comandantes Don Mariano Saravia y Don 
Basilio Muñoz. 

A las 7 mas ó menos se retiró el ene- 
migo y el Sr; General dispuse también 
su retirada dejando de servicio al Señor 
Comandante Don Basilio Muñoz. 

A las 11 de la noche, llegó el General 
Saravia al paso de Mansevillagra, que 



^_v^?j^??[^r«^r-:<^->r; 



La Revista Uruguaya 



11 



está á dos leguas de la pelea, donde esta- 
ba el Coronel Lamas acampado. 

En esta acción tuvimos 14 heridos y 
3 muertos y las fuerzas del Gobierno de 
70 á 80 según datos de un prisionero qus 
se tomó. 

Seguida nuestra marcha llegamos el 
día 20 al paso de Pereyra (Rio Negro) y 
pasamos dicho paso el día 21 permane- 
ciendo por varios días entre el Río Negro 
y el Arroyo Caraguatá. 

Las fuerzas del Gobierno no tomaron 




CORONEL JULIO ABRUE 

Modelo (le cJcisino é intet/riildii 

Venceiloc lie ''Pcr^fceranu", su lieróivo 

Batallón <le Cívicos 

fué famoso en In fjuerra del 70 



los pasos del Río Negro, esto es, el Ge- 
neral Muniz, paso Pereyía; el General 
Santos Arribio, paso Carpintería ; y las 
fuerzas del General Villar, se encontra- 
ban en la Costa del Yaguarí (paso de Va- 
liente.) 

El día 12 de Mayo, y habiéndole lle- 
gado noticias al Señor General Saravia, 
que las fuerzas del General Villar preten- 
dí xn encerrarnos entre el Río Negro y 
Caraguatá, encontrándose ambos creci- 



dos, emprendió marcha, rumbo donde se 
encontraba el enemigo. 

El día 14 siendo las 11 p. m. se sin- 
tieron los tiros de nuestras descubiertas, 
á cons3cuencia de que se enc-ontraron 
con las fuerzas del General Villar; que 
había tomado posiciones, esperando el 
ejército del General Saravia. 

Batalla de « Cerros Blancos » 

A las 1 1 V2 empezó el combate y las 
fuerzas combatientes tomaron las posi- 
ciones que indica el plano n.** 5. 

La acción entablada fué una de las 
mas fuertes y puede decirse y asegurar 
que si el General Saravia sale vencido, 
se pierde por coitipleto el movimiento re- 
volu:-ionario. 

La bravura de nuestros Jefes fué in- 
comparable, aún cuando las fuercas ene- 
migas se componían de 7.000 hombres de 
las tres armas, y nuestro ejército de 
3.200 próximamente. 

A las tres de la tarde, ss vio con sor- 
presa la retirada del Coronel Mena (Dn, 
Juan Francisco) abandonando (1) uno de 
los puntos mas importantes de la pelea, el 
cual lo ocuparon las fuerzas del Coronel 
González. 

Xo me permito opinar respecto <it la 
r'4ira(ia del Coronel I)o¡i Juan Frau- 
cis -o Mena. 

La pelea de la referencia tuvo mu- 
chas alternativas, pero á las cinco de la 
tarde y desjíués de dos cargas iniciadas 
por el Sr. General Aparicio, se detuvo 
el ejército enemigo, quedando ambas 
fuerzas en sus posiciones. 

En esta acción cayó gloriosamente el 
valiente veterano Coronel Jara. 

Llegada la noche se reeojieron los he- 
ridos y el valiente coronel Jara, fué ve- 
lado por nuestros compañeros á 20 cua- 
dras del campo de la acción. 

En esta acción fué donde el Coronel 



(1) Recibió un golpe de bala en el oacio, salean- 
dolo una moneda, de mortal herida. 

(La Redacción.) 



12 



Lá Revista Uruguaya 



Lamas, mostró la calma, valor, y sereni- 
dad que le es característica, pues habién- 
dole herido un proyectil en dos partes, 
permaneció sereno y en vez de atender 
á su herida bastante grave, se sacó el 
kepí, y gritó: «Viva la Patria», dando 
así ánimo á los soldados. 

Los muertos revolucionarios fueron 
60 más ó menos, y los del gobierno 300 
aproximadamente y esto se supo por el 
vecindario de ese punto que ayudó á 
enterrar á los muertos de umi y otra 
parte. 

A las once de la noche más ó menos 



se emprendió marcha con rumbo á la lí- 
nea del Brasil, llegando á las ocho de la 
mañana del día 15 á las puntas del Hos- 
pital y tomando para el Oeste por la lí- 
nea divisoria y con runibo á Rivera. 

El mismo día 15 á las dos p. m. nos 
encontramos nuevamente con fuerzas 
enemigas, y aun Cuando iban completa- 
mente desmoralizados, por la falta de 
munición pobreza etc., el Señor General 
Aparicio Saravia, solo él ó sea su valor 
temerario se abrió paso desalojando al 
enemigo de sus posiciones. 

Continuará. 



(i) Aetiiaán de la U. Divisiéii '^«niliieioiirt en la fiíuiiiito ilel 97, 

Narrada por su Jefe Coronel 
BEF^IMAFtDO @. BEF^FRO 




(Conclusión) 

Véase iiúm. !>. 

fL 31 de Agosto, del otro lado de 
Barriga Negra, se desprendieron 
del ejército las divisiones 3.'^ y é.'', en 
dirección á la ciudad de Minas. De tarde 
el ejército nos alcanzó en las costas del 
Soldado, y nos pusimos en marcha, si- 
guiendo hasta una portera que hay á la 
entrada del cerro de Arequita. Marchá- 
bamos en columna, la 4.'' de vanguardia 
porque operaba en su departamento, 
siendo su gente, por lo tanto, más va- 
queana que la de la 3.*. Llevábamos una 
partida esploradora, compuesta de un ofi- 
cial y ocho soldados, á vanguardia, pero 
muy cerca, porque la noche era muy 
oscura. De repente sentí un grito á van- 
guardia : ¿ Y ustedes quienes son ? «Gen- 
te del gobierno *, contestaron. Conjun- 



co J^i^ ''•'•'' númrroít sui-rsiro^ irrin fas nnri'nvio- 
fies fie los JcJ'fs liccolucionariits sohrc la tj tierra del 
97, Jo^é l'\ González, I {(tsi lio ij Serr/io Muño:;, Velez- 
Marín, (¡il, Bltinvo, Batista, Cortinas, A lifamu. (gue- 
rrero, Ismael Velns'/ue^. Nfiearrete, Vareta Gon^e:, 
E.v/ieilieiones Aparicio Saraoia, Lamas, Monfjrell, 
limites, asalto eañonera "Artir/as", e.rposirioñes tie 
Cannaoeris, Ciliils, Gauna, Saavedra y Coronel Ort/aj 
Pampillón, ete etc., ¡/ mué lias otras cLci les t) milita- 
res, asi eonio toda la documentación />ofiti\'a ¡/ ■mi.lii.dr 
que sirven de liase á nuestra "Historia del 97", 

La Redacción. 



tamente con la respuesta, sentí una des- 
carga. Mandé formar los tiradores al 
frente y corrí á vanguardia. Todo estaba 
tranquilo: una guardia del gobierno nos 
había dado el « quién vive » ; se les pre- 
guntó quienes eran, dijeron la verdad; 
se les hizo fuego ; cayeron dos para iio 
levantarse más, y el resto huyó cobarde- 
mente. 

Allí amanecimos con la línea tendida. 
Al aclarar fui personalmente á descubrir 
hasta la costa del Campanero, é hice 
ocupar por el teniente Blanco una posi- 
ción muy buena en una casa existente 
á la derecha del paso de dicho arroyo. 

Más tarde vimos venir al ejército y 
llevamos el ataque á las posiciones 
que ocupaba el enemigo en el paso men- 
cionado y cercos de piedra del Campa- 
nero. Los gubernistas hicieron poca re- 
sistencia : les quitamos los cercos de 
piedra, después el paso y toda la costa 
del an-oyo, y los echamos por delante 
hasta la orilla de la ciudad. El coman- 
dante Arostegui les quitó una caballada: 
nosotros les matamos un sargento y les 
vhicinios algunos lieridos, -\ 

Al dia siguiente, 2 de Septiembre, 



La Revista Uruguaya 



1 1"» 



nos tocó descansar, menos á mi amigo una es para I\[uniZ ó sus amigos, para 
Muñoz, que todavía se tiroteó con el ene- fomentar su influencia en Cerro Laríío, 



migo, cayendo lierido el 
valiente y dignísimo ciu- 
dadano don Eernardino 
dique. 

De Minas marchames 
en varias jornadas hasta 
el. paso del Villar, de 8o- 
lís Chico, donde fuimos 
llamados para conferen- 
ciar con el doctor don Jo- 
sé Pedro Ramírez, que 
venia á ofrecernos la paz. 
Una vez reunidos los dos 
jefes superiores y los de 
división, el señor Ramí- 
rez dijo, entre otras co- 
sas bonitas, que su mi- 
sión tenía por objeto proponernos una 
paz que él crda posible, aunque no había 
hablado personalmente Con el señor pre- 
sidente : que esa paz se haría en las mis- 
mas condiciones proi)uestas por el doctor 
Berro al gobierno de Idiarte Borda; Des- 




CORONEL BERNARDO ,^.. HERRÓ 

Jefe tle la 3a. Dioisióii Reoo'icionarta 
del 97 ■ 



nosotros, en vez de com- 
batir la corrupción, ha- 
bríamos venido á servir- 
la, y esto sería ignomi- 
nicso para un ejército, 
para un partido como el 
nu.stro, que ama la paz. 
pero que estii en guerra y 
preparado á continuarla 
contra un sistema odioso.» 
Dijo don José Pedro Ra- 
mírez que efectivamente 
se (iescaha que el jefe po- 
lítico para Cerro Largo 
fuese un amigo de Muniz, 
aunque también lo fu¿se 
nuestro, y que, por consi- 
guiente, él no podía ofrecer nada al res- 
pecto. Entone os le repliqué : « Pero, doc- 
tor; que nos den otro departamento y 
que les ofrezcan á Muniz y los suyos lo 
que merecen : uu jefe político colora- 
do. . .» «ó que lo borden en oro», dijo mi 



pues de los jefes superiores, contestamos ocurrente y querido general. Don José 
todos los de división que aceptaríamos Pedro Ramírez me preguntó qué me pa- 



la j)az sobre esas bases. 
Entonces yo pedí la pala- 
bra al señor general, sién- 
dome concedida, y dije 
estas ó parecidas pala- 
bras : « Señores, cuando 
nos lanzamos á la lucha 
armada, fué con el patrió- 
tico propósito de comba- 
tir contra un orden de co- 
sas, contra un gobierno 
corrompido y corruptor, 
y para mí no hay nada 
más corrompido y corrup- 
tor que el general Muniz 
y los que lo acompañan 
llamándose blancos al 




CORONEL JUAN .lOSÉ MUÑOZ 

Jefe de la 4a. Dicisión Reoolucionaria 
del 97 



recia don Alejandro Bres- 
que como candidato de 
transacción para el caso 
en que el gobierno lo 
aceptase ; 1 e contesté : 
que don Alejandro Bres- 
que es un excelente ciu- 
dadano y blanco, y lo 
creía revolucionario y ca- 
paz de hacer una buena 
administración. El doctor 
Ramírez me puso de tes- 
tigo respecto de trabajos 
hechos por mi buen ami- 
go Bresque en favor de 
la revolución y acerca de 
Muniz, y entonces le di- 



al servicio del gobierno colorado. Si de jeron mis compañeros : Bresque no to- 
las seis Jefaturas que se nos van á dar, mó parte en la revolución, porque no 



14 



La Revista Uruguaya 



fué á ella ]\Iuniz ; iiombraiio á él seria 
nombrar á ]\[aiiiz.-> Yo propuse á otro 
compañero, que se desechó por enfermo, 
y á la venlad que fué desechado con 
razón : por enfermo no fué á la revo- 
lución y cayó jaisionero de l^orda, lo 
que en realidad iiuportó una desi^'nicia 
para nuestro parrido. 

Xosotros seii'uimoá marcha para San 
Jacinto : Trias correteó á Melitón Mu- 
ñoz, y don José' Pedro se fué para Mon- 
tevideo. 

Recuerdo que entonces le dije al g"e- 
neral: « antes, de tres días vuelven á 
ofrecernos. la paz.» Me eipiivoqué: fué á 
los cuatro días , que, yendo con mi divi- 
sión sirviendo la retaguardia del ejérci- 
to/me alcanzaron, el doctor Ramírez, don 
Pedro Echeg'aray y otros amigos que con 
ellos venían. Hicieron parar el carruaje, 
y, después de saludar á tan distinguidas 
personas, nos retiramos á parte con el 
doctor Ramírez y le pregunté: «¿Qué 
nos trae, doctor?» — La paz como Vd. 
pedía; se les dá Cerro Largo y los de- 
más departamentos exigidos, con excep- 
ción de la Florida en cambio del cual 
les acordarán el Durazno ó algún otro 
departamento : es la única duda;:^ 

Una hora después formábamos parte 
de la rueda de jefes, que deliberaba res- 
pecto de la paz que se nos ofrecía. Allí 



pedimos que se nos diese la jefatura de 
Minas en vez de la de Maldonado que se 
nos ofrecía ; pero no fuimos escuchados 
ni siquiera apoyiidos en nuestra opinión. 
La pedía, no solo por lo bien representa- 
do que estuvo en el ejército aquel depar- 
tamento ; la pedía i)or la amistad que 
me ligaba á los queridos compañeros 
Juan José Muñoz v Celestino Corbo v 
por otras razones que desde la niñez me 
hicieron amar aquel departamento. Uno 
de mis recuerdos más gratos de enton- 
ces es el de mi iñitriota y santa madre, 
cuando me liablaoa de Dios, de la patria 
y de su querido Minas: por eso mis ple- 
garias á Dios, por la patria, por la fami- 
lia querida, ó i)or el prójimo, van llenas 
siempre del verdadero espíritu religioso, 
santo, purísimo, que les dá el recuerdo 
de mi santa é inolvidable madre. Para 
mí, amar á Dios es amar la patria, amar 
el terruño donde nací, amar á mis pa- 
dres, amar lo que ellos amaron... y ellos 
amaron á Minas... 

El 10 se festejó la paz en nuestro 
ejército y el 11 le tocaba á la 3-* división 
correr á balazos á los g^ubernistas, del 
paso de los Paraguayos de Santa Lucia 
chico, y á su jefe ser el último herido 
del ejército nacional. 

Te saluda con el cariño de siempre. 
Bernardo Gr. Berro. 



Narración del Comandante Apolinario Velez 

SOBRE LA EXPEDICIÓN REVOLUCIONARIA DEL NORTE, EL 97 




(Continuación) 

Véase Nüm. 9. 

LLÍ ordené á mis compañeros que 
se bañaran i)ara calmar los ar- 
dores que produce el ejercicio de la 
equitación en aquellos que no están 
acostumbrados. 

Después de churrasquear nos entre- 
gamos al sueño j)ara reparar en lo j)osi- 
blc el consiguiente cansancio causado 



por una marcha de casi 20 horas á ese 
tranco aplastador de las columnas. 

A las 4 de la tarde y en circunstan- 
cia que se formaba nuestra columna pa- 
ra emprender la marcha, se nos presentó 
de nuevo el mismo enemigo del día an- 
terior. 

Desde el primer momento fué des- 
prendida una guerrilla del plantel del 
balallón á mi mando, para defender el 



La Revista Uruguaya 



15 



expresado paso de Perico Moreno del cargaron los nuestros, se hallaba á pié 

Dayni.'ín. ' arreglando la montura y se vio tan apu- 

La distancia á que teníamos el ene- rado que no pudo alzar el poncho y dejó 



migo no era inferior á 30 cuadras. Antes 
de que nos encontráramos á distancia de 
romper el fuego se me ordenó por el ( o- 
ronel Enrique Olivera que, como el día 
anterior, me replegara á la columna yá 
en movimiento. 

Quedaron para contener al enemigo 
los tiradores del mayor Filamir Fernan- 
dez, teniente Gabriel Muniz, escuadrón 
«Lucas Piriz * vanguardia del «Lean- 
dro Gomez » al mando del comandante 
don Emilio Rivero v ca- 
pitan don Andrés Villa- 
nueva. 

Cuando nuestra colum- 
na marchaba haciít el 
arrovo Arerunguá v va 
á treinta cuadras del pa- 
so, sé inició un tiroteo por 
el enemigo contra las 
guerrillas que sostenían 
nuestra retirada. 

Una guerrilla del «Ge- 
neral Leandro Gómez», 
formaba en protección de 
aquellos tiradores. 

El tiroteo duró una 
hora, manteniéndose los 
nuestros siempre á con- 
siderable distancia en ra- 
zón de la orden que te- 
nían de mantenerse no 
muy alejados de nuestra 
columna. 




COMANDAMTE 
NEPOMUCENO SAKAVIA 



una pistola que se le cayó al montar. 

Esta carga llevada por nuestros tini- 
dores díó sin duda al coronel De los San- 
tos, el prudencial consejo de no hostili- 
zarnos, pues á contar de ese día no se 
nos presentó mas la fuerza persecutora 
de este jefe. 

En el tiroteo y derroche de balas de 
parte de las fuerzas del Gobierno no su- 
frió ni una baja la fuerza revolucionaria. 
La marcha de nuestra columna se 
hizo, como el día ante- 
rior, sin salir del tranco 
de nuestras caballerías y 
tomando siempre rumbo 
al arroyo Arerunguá. 

¿POR QUÉ NUESTRA MAR- 
CHA AL NORTE ? 

Yo sé y me consta que 
había instrucciones ter- 
minantes respecto del 
rumbo que debía tomar 
nuestra expedición. Nues- 
tra marcha debía, necesa- 
riamedte, dirigirse hacia 
el Rio Negro, punto de- 
signado por el Comité 
Nacional de Guerra para 
nuestra incorporación á 
las expediciones de los 
coroneles señor Diego 



IU::o las eampañas del 07, 1904. — Jele de 
la 9a. Dioisión en 1904 

Lamas y José Nuñez. 
Desde que salimos del Quebracho 

A la entrada del sol, el enemigo, en- manifesté en diversas ocasiones á la 
greído sin duda por la actitud de nuestros persona á quien debía dirigirme, que no- 
tiradores que no los esperaban á pié fir- sotros contrariábamos las disi)osiciones 
me, se desgranó avanzando desorganiza- superiores, tomando un rumbo diverso 
damente. del que se nos había señalado. — Esas 

Los nuestros, apercibidos de esa cir- observaciones mías, hechas en pre- 
cunstancia, y teniendo á su inracidiación sencia de diversos testigos, no fueron 
la protección del « Leandro Gómez » , atendidas como se merecían y deseo que 
cargaron sobre el enemigo que huyó des- conste que insistí mucho en el sentido de 
ordenadamente hasta el paso de Perico dirigir la marcha de nuestra colunia ha- 
Moreno, cia el paso de Andrés Pérez del Queguay. 

El teniente Pedro Coronel, cuando Continuará. 



10 



La Rkvista UiiutiirAYA 



HUMORÍSTICA - IRONÍAS ORIOLLASÍÜ 



AIRES CONOCIDOS 



Expresamente para « La Revista Uruguaya.» 



«l^vON Celedonio Contreras, es un 
M^ viejo amigo que es para mí un 
enigma: vé las cosas de tal manera que 
siempre le he tenido por mentecato ; — 
en la presente ocasión sinembargo Don 
Celedonio vuela par sus fueros y franca- 
mente es tan acertado su discurso, que 
no encuentro pájaros hogaño en los ni- 
dos de antaño. — Así lo demuestra la car- 
ta que de él he recibido. 

Baldomero Clavijo. 

* 
* * 

Carmelo, Agosto 25 de 1905. 

Ta ser comisario 
No vale otra cencía 
Que juerza en los puños 
Y á más resolvencia. 

B. Ferreira. 
Señor Baldomero Clavijo : 

Mi Señor Don Baldomero : 
1825— 1905— Viva la libertad ! 
Es este un grito, que me nace expon- , 
táneo, Sr. Clavijo ;— ^los movimientos del 
alma para traducirse sinceramente, ne- 
cesitan de aquellos raros tiempos de feli- 
cidad que pedía Tácito en los que es lí- 
cito decir lo que se siente y sentir lo que 
se dice. 

Si el autor de ^Historias* viviese 
nuestros días, al punto reconocería que 
tales tiempos son los que corren pero 
tendríamos entonces que abalanzarnos 
sobre el ilustre romano y taparle la bo- 
ca con entrambas manos, sino prefería- 
mos tai)ariios las orejas. 

Esta carta, debiera ser un poema épi- 
co, pero el metro tiene sus exigencias á 
las que soy y he sido siempre rebelde... 
Leónidas, fué un conejo ; — el Cid, un 
vil é implume palomín ; Bayardo una ga- 
llina V Latremoille la mismísima man- 
teca. 



Lea Vd., mi señor D. Baldomero, el 
recorte que le incluyo del periódico local 
La Reforma (1) del 24 del corriente, que 
dirige nuestro apreciado compatriota 
Don Ángel A. Corbacho y dígame con el 
corazón en la diestra, si tales hechos, no 
hacen posibles las hazañas de los de 
la Tabla Redonda ! 

Dígame Vd., si no es para tejer co- 
ronas y para llorar al borde del Tonel 
de las Donaides cuando se piensa que 
no es posible adjudicarle una de las que 
se repartieron á los vencedores de 
Maratón y Salamina ! 

Eso, pide estatuas en vida. 

Beso á Vd. las manos. 

Celedonio Contreras. 

(1) ALGO INCORRECTO.— " Por causas que 
no nos toca averi<¡uar, fueron reducidas a prisión las 
mujeres Bernarda Ferreira, Isidora Salas, Juana 
Aguilar y Eulorjia Soasa. 

Una vez en la comisaria, se les notificó que debían 
realizar la far/ina de la cárcel, en premio d su liber- 
tad. La primera de aquellas mujeres adujo razones en. 
contra a la imposición que se le hacia y, neqóse termi- 
nantemente d convertirse en mucama (jratuita de los 
at/entes policiales. 

El comisario local, don Fructuoso Ricera, dis- 
gustado por aquella neqatica, la emprendió d golpes 
de puño con la Ferreira, ordenando después que se le 
recluyera en el w. c. donde permaneció durante cuatro 
lloras. 

Las demás aprehendidas recuperaron momentos 
después .«a. libertad, previa limpieza de la cárcel " 



ADVERTENCIA ! 



Siendo atributo de las democracias, la 
publicidad, diHciisióti y control tle los actos 
y resoluciones de los poderes públicos **lja 
Itevista Uruguaya" admite en sus columnas 
el examen ante la ciencia jurídica y legis- 
lación positiva de las resoluciones, fallo de 
los Tribunales, Jueces Letrados, asi como 
el de todos los demás poderes que pucilen 
y deben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano poi* el magisterio 
de la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la modiflcación de las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la reforma 
del personal judicial de la Kcpüblica y de 
su selercíón conveniente.—Se admiten tra> 
bajos ó estudios inéditos sobre medicina 
popular y de todas las ciencias. 

La Redacción. 



lia Revista Ümgaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía polítíca."6rgaQo del Partido Nacional 



Año I 


Mercekes,R. 0.— Octubre 1.** de 1905 


Núm. 11 


Director: Dr. Luis Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN '• 

CALLE MONTEVIDEO 


Administrador: A. Seuánez y Olivera 





DoGomentos Aaténticos 

El Seneral Aparicio Sararia 

Y EL 

TESORO PARTIDARIO 

Señor General Aparicio Sara. vía — Meló. 
Mercedes, R. O., Octubre 21 de 1903! 

Estimado General: - - 

kTRA vez mi pluma va á distraer á 
Vd., pero, el móvil y el objetivo 
que le guían, sírvanle de escudo, lo pri- 
mero es el cariño á la Patria en que so 
meció mi cuna, lo segundo, el bien de la 
colectividad política en que nací y cuyos 
ideales en paz y en guerra serví durante 
33 años de medio siglo que sumo. — Hecha 
esta salvedad entro de lleno en materia. 
— Ha considerado siempre en todos los 
tiempos y lugares el recto pensar que un 
partido sin caudal metálico, suficiente á 
satisfacer sus real.-s necesidades, es agru- 
pación detenida en su camino hacia el 
progreso, sin medios de acción eficiente, 
condenado á estacionarse ó á mermar sus 
fuerzas. — En el orden práctico, 'el tesoro 
no ha ])asado jamás de una declaración 
de ley, en su base orgánica del partido, 
sin mas alcance efectivo que casi el de 
una buena concepción de la mente. — Ja- 
más heñios tenido como partido, el capi- 
tal pecuniario indispensable, ni para ir 
al sufragio libre en el orden de paz, ni 



para afrontar una guerra en demanda 
de nuestros derechos, cuándo á ello 
hemos sido provocados por los des- 
manes inauditos de los gobiernos. — 
Lo que equivale reconocer, qué, nun- 
ca tuvimos tesoro partidario, pro- 
piamente hablando. — Muchas serían 
las causas que apuntar, qué, lleva- 
rían la ])lu:na á odiosas disertaciones ^jf 





GENTÍRAL LUCAS PIRIZ 

Ilérnp 1/ r/rtin t'urCnr t'ti la ilrfi'iiKii ilf Piii/snriitii 61 i/d't. 
Sit^n/o .//'/!■ Político itcl Salto en i'/im-ii ilr In I^ri'siilfn- 
viil ili'l rs lni'fritUí lu'pi'l hllco Don Mnjiurl linsilio Itiix- 
tdiHitnd', II ñ(i 'lü, p/tijó <!<• su lorlii'in /irirnitu curiuis 
prfíiu/nieslos de /lolicta ■ — ,'Q'M' t'jfniplo .' ! 

que no correjirían el mal que deseamos 
todos ver desaparecer. — Pero, la historia 
que algo conozco del Partido Nacional, 
desde el año 82 hasta la fecha me dice, 
que la base del tesoro hay que buscarla 



La Revista Uruguaya 



lió en la subida, aislada, y singular iloiui- 
ción de la dita banca, sino en la masa 
toda del piiddo mismo, que no es rico y 
allí que el bono continuo y permanente 
que es el que mas rinde, es indispensable, - 
qué esté al alcance del donante, que sea 
de á diez, veinte, cincuenta centesimos y 
de á peso. ])ara que no solo el estanciero 
rico lo cubra, sino el proletario, el arte- 
sano, el obrero criollo, pero, para que 
rinda todos sus beneficios que importa- 
rían grandes sumas, solo, hay una forma, 
que se haga efectiva la recolección de 
esas sumas de bonos ínfimos, con cariíc- 
ter incesante, encada una de las seccio- 
nes rurales y urbanas de la República, 
sin perjuicio que los ricos donen dineros 
en bonos de mayores* cantifhídes. 



El Directorio, que encuentre, el siste- 
ma (y lo aplique) de hacer la jDercepción 
de esa renta, como lo indico, habrá hecho 
el mayor de los bienes al partido. Pronto 
tendremos nuevas autoridades, en No- 
viembre y si Vd. que á justo título es el 
hombre de más prcstijio en la colectivi- 
dad influye con el nuevo Directorio quo 
nazca para hacerle el pedido que le seña- 
lo en esta carta, habrá con' ello colocado 
al partido en situación de afrontar todas 
la« contingencias del presente, (que no 
so.n pocas) y del porvenir que llevan pa- 
ra nosotros por falta de tesoro rumbos 
de ser algo incierto. — Recuérdole Gene- 
ral, que esa pequeña cuota en cada S3c- 
ción de un país, permanente para cada 
quincena, ó mensual produjo siempre 
grandes y fabulosas cantidades, en los 
partidos de Europa y Norte América y 
últimamente en Cuba que con ese méto- 
do de la cuota de suscripción pequeña 
obtuvo grandes cantidades que sufraga- 
ron las guorras de su reciente indepen- 
dencia. ;, Por<ju(' nosotros, no hemos íle 
hacer j}/í'/<eyíí/o loniismoy --(jon d sist:-- 



ma que designo nace el tesoro de otra 
manera, nunca tendremos nada que en 
metálico nos haga respetar. — ^El tiempo 
marcha veloz y si en Noviembre de 190-4 
no está el tesoro formado con meses de 
anticipación, nuestra «deba ele» en todo 
orden de sucesos, lógicamente sería segu- 
ra. -En los I)e])artam('ntos de 

y el tesoro no ha funcionado, ni 

en campaña, ni en los |)ueblos durante 
tres años y otro tanto ha ocurrido en 
otros varios lados. Hará un mes, quo 
aqui, han vuelto á nombrar la Comisión 
de Hacienda, pero es necesario General, 
hacerlas funcionar en la forma que le de- 
termino, otra (tualquiera es inocua, á nada 
conduce, pídaselo Vd. al nuevo Directo- 
rio que venga. No tengo para que decirle, 
que el gobierno se arma en todos lados 
« hasta por los dientes» como vulgarmen- 
te se dice, que hay instructores de línea 
en cada comisaría de campaña colorada 
munida de mauser 3^ que las urbanas ro- 
jas son, en todas partes pequeños bata- 
llones, todo esto será para dar sufragio 
libre como lo han dado todos los Gobier- 
nos desdo el 65 hasta nuestros días ó pa- 
ra imponer por la fuerza un otro acuer- 
do. Nunca, cuando varias veces fui solda- 
do, me asustó el ejército permanente, 
porqué he tenido ocasión do ver por mis 
ojos, que el criollo cívico, con armas 
iguales al de línea pelea mejor, cosa que 
ya sabía por la Historia de Eiiropa y am- 
bas Américas, en que el 89, en Francia, 
la Guardia Nacional, derrotó continua- 
mente á los ejércitos permanentes de to- 
da la Europa coaligada y otro tanto hi- 
cieron los cívicos de estas Américas quo 
vencieron ejércitos d ) línea, pero, lo quo 
me aterra siempre, es la falta de plata en 
el partido, cuya eterna pobreza nunca le 
da los medios del triunfo, ni en la urna 
en la ])az ó en la guerra, cuando á ello es 
ol>l¡gado ó [)or el fraule ó j)or la arbitra- 
riedad é intransigencia de los (pie lian 
golu'rnado. Y la razón qu* dan los trat;i- I 



La Revista Uruguaya 



3 



dictas republicanos, para en igualdad de ^ |^j McóOfO dcl ^^Clftido 

condiciones bélicas considerar superior al ^^^ * "^' 

ejercito ciudadano que al de línea son "^Ih tema es por demás interesaiito. y 

muchas, entre otras que el civico pelea J^ de tan capital importancia, que 

por el ideal y el ejército permanente por bien vale la pena ocuparse de él, con 

mera consigna sin una gran fuerza moral preferencia. 

que dentro de su conciencia lo aliente en Un partido como el nuestro, que ajus- 

el peligro. ^ Perdone esta extensa caita, ta sus procederes á las leyes viírentes, 

pero, ACUÉRDESE AHORA QUE. TO- q^g tiene su constitución orgánica con 

DA vi A ES TIEMPO, de que es el amor ^j^es y propósitos bien claros y definiti- 

á todo el bien del partido quien la dicta y^^^ j^q ¿ebe, no puede, escatimar su 

y espero que Vd. baga práctico en el mo- concurso pecuniario á la colectividad, 

do ya referido, mis deseos, de que Vc% so pena de tenderá su misma disolu- 

consiga del futuro Directorio que realice ción. 

estas ideas. Salúdale con afecto su affmo. Si todos y cada uno *de los miembros 

Lkís Sanfinf/o ¡Mniti. de esta gran colectividad política, con- 

:fc% tribuyen con cinco, diez 6 veinte centavos 

Meló, Octubre 2S de 190 \ mensuales, en muy poco tiempo el Parti- 

Sii. Dr. Dn. Luis Santiago Botan.- . do de la l!n;5:ira podría tener un tesoro 

Mercedes. bien repleto. 

T^ ,. 1 T\ • Esto se conseguirá el dia que cada 

Lstimado Ur. y amigo: ^ * 

ciu'ladaiio este pcnetra'.lo de esta ver- 
He tenido el placer de recibir su muy A A . • ' 1 «-• 1 .-• 

J . -^ d.id : « SI lio Iiav motivo para destinar 

grata de fecha 21 del corriente. Abunda ^^ i.^. ,. ; i ^i • • •• . • 

^ . . ese tesoro a la a Iquisicion de elementos 

ésta en oportunas consideraciones sobre u'iv^^ .'i i • i ^ • ^ 

i . bélicos, el se empleara en benehcio de 

el estado actual del Tesoro del Partido, , . . . , , • • i , ■ 

' la misma comiinidaJ, a])r¡c;indoIo al me- 
que con justa razón considera Vd. como . . . ^'1 •■ 1 
^ ^ . . , . joramieuto, sosten y e lii-acion de sus 

el factor principal de la marcha hacia ' <•,• i 

^ ^ . . añilados.-» 

adelante de nuestra colectividad, expone tt^i i i j i t> .-• j .. 

'i El hecho de que el Partido tenida su 

con claridad suma y apoyándose en he- , . .^ . . , . ' 

. , . T p- tesoro, no significa, ni quiere decirse que 

chos historíeos, un medio eficaz para alie- ,, i • X- 4. i • ., 

' ^ con el se va a tomentar la guerra civil. 

gar los caudales suficientes para afrontar at ' ,. - 1 ' • 

^ . . ^ ^ iSo : ese tesoro sena la me)or garan- 

todas las contingencias de presente y de ,, , , ti 1 1 j- i 

,. , ^ ^ «^ tía de la Paz — porque, como lo ha dicho 

luturo. , ^ , . . 

-r^, . . , 1 •' i. cu la Revista un distinguido correliírio- 

El sistema de recolección que patro- . , ^ '^ ^ 

1 ' • j j ui i. 'X- nano, el día que el Presidente del parti- 

cma daría indudablemente óptimos re- , , 

,^ , . 1 ,. , , do en el poder, sepa que sil adversario es 

sultados y estoy sobre ese particular pie- r- 7 i -1 

^1 -, iri j fuerte V poderoso, no solo por el número 

ñámente de acuerdo con Vd., excusado , " . , 

, , j • 1 i. 1 ' 1 • 1 de sus -inl lados, por la santidad de su 

es por tanto decirle que tendré la idea . 

^ , 1^ ., ., causa, T)or sus aspiraciones altruistas, 

expuesta en alta consideración. . ' ^ , , , 

^ sino ponpie cuenta con sobrados elemen- 
tos |)ara afrontar la lucha en el terreno á 

* '.* * que se le quiera llevar, entonces, digo. 

i! ' 1 , 1 .*!*'.'* * * se ha de tener por el ciudadano, por el 

Saludándole con el aprecio de siempre , . ,,^. 1 1 •• . 

, , .^^, . i„ . ^ adversario político, por el hijo de estii 

queda de Vd. siempre aitmo. amigo ,. . , . ' 

^ ^ ° tierra uruguaya, sino mas, por lo meuos 

Aparicio Saravia. una tolerancia y consideración igual á 

laque se ha tenido con los huelguistas 



■?,. 



La Revista Uruguaya 



de la Teja, con la diferencia que aquellos 
solo quieren Paz, orden, libertad, igual- 
dad de derechos cívicos, y los últimos, 
destruyen obras y elementos de trabajo 
que paga la Nación. 

El partido nacional tiene que estar 
cada día mas convencido de esto : cuan- 
to mas débil, en el terreno de la lucha, 
lo vea su adversario, los atropellos y 
vejámenes al ciudadano y á la colectivi- 
dad, serán mayores. 

El actuíil Presidente del Partido en 
el poder, pudo tener y tuvo, en 1903, 
ciertos respetos y miramientos por sus 
adversarios políticos, porque su parque 
estaba vacio : el día que lo tuvo bien 
repleto de mauser, ametralladoras y ca- 
ñones, rompió pactos, consideraciones, 
se lanzó á reivindicar Jefaturas, asoló 



el País y concluyó por estampar en do- 
cumentos públicos este padrón de igno- 
minia : al partido nacional, por su sumi- 
sión incondicional — tanto ! ! ! 

Por otra parte : es ridículo que el 
partido nacional, que contribuye con in- 
gentas sumas á la formación de la Renta 
Publica, de la cual se destinan unos 
cuantos millones para armar y sostener 
el ejército de línea, que lo combate, no 
pueda formar y sostener su tesoro par- 
tidario. ¡ 

El partido de la llanura está acos- 
tumbrado á luchar en los comicios y en 
las cuchillas : pero téngase en cuenta 
que no se vá á una ni otra parte sin 
plata. . 

Leonardo S. Castro. 

Concordia. í 



El tributo al león caldo ! 



Desde una patria que no 
es la miui en el luctuoso ani- 
versario (le la muerte del 
inoloidahle General APA- 
RICIO SARA VI A. 



Noble y heroico ! Tu pasión esclava 
Fué la patria, con ciega idolatría 

Y tu blanca divisa lo probaba. 

Que « Todo por la patria nos decía! » 

Noble y heroico ! No podrán infieles 

Y reprobos malditos — vil escoria — 
Arrancar de tu frente los laureles, 

Y robarte á los brazos do la gloria, ! 

Proscrito, erizante, desde extiaño suelo. 
Do como el duro jtan del ostiacisnio. 
En esta fecha de doloi- y duelo 

Que patria cuita, sin cesar aviva, 
Dedico como ofrenda, á tu civismo 
Del recuerdo la eterna siempreviva! 

Ignacio D. López. 
Buenos Aires, Septiembre 10 de 1905. 



Aparicio Saravia 



Ej:presamcnte para "La R-'oista Urut/uar/a." 




'O es seguramente nuestra pluma 
la mejor preparada para trazar 
con brillo, aunque sea á grandes rasgos, 
la página literaria que merece la memo- 
ria del ilustre caudillo nacionalista. Sír- 
vanos de disculpa, empero, el cariño que 
siempre le profesamos al General Sara- 
via y la galante invitación del distin- 
guido Director de esta Revista patrióti- 
ca, que se ha empeñado, exagerando 
nuestros pobres méritos, en hacernos 
constantes colaboradores de su periódico. 
A])aricio Saravia, fué algo más que 
un iKjmbre, aunque se trate de un hom- 
bre excepcional : ha sido una idea, y 
una idea brillante? i)ara, el i)orven¡r déla 
ludria. No en balde se congregaban á su 
ahededor millares de ciudadanos cons- 
cientes de sus actos políticos, que aban- 
donando hogar é intereses, sacrificando 
, su vida y la de los seres mas queridos, 



La Revista Uruguaya 



seguían sin desmayar, entusiasmados y 
perseverantes, el pendón celeste y blan- 
co que enarbolaba Saravia en sus ro- 
bustos brazos. No era, nó, el prestigio 
personal del caudillo que arrastraba las 
masas populares á los campos de bata- 
lla ; que las electrizaba y las hacía su- 
cumbir en los combates vivando á la 
revolución : era algo mas grande que se 
imponía avasallador en el corazón de 
sus compatriotas: era la ensefia gloriosa 
de las instituciones libres, la imagen sa- 
grada de la patria que se encarnaba ra- 

7 4 5 ■ ■.■.■■6' ■" ■ 




2 



3 



Cuadro de Oficiales 

PE LA compañía «guardia DE CÁRCEL * DEL 

DEPARTAMENTO DE RIVERA EN EL 

AÑO 1903 

j ,—fafiif(iH Hilario BeniU'Z-, comíinddilte de la 
romniriia; a.ire.uUdo á sarrjcnio inai/or i/ noiulirado 
J.-jf did Batallón -Comandiíale Barrera'' un la veoír 
luiion úlrdiua. Murió t/hjria.'^aincníe en la hutaila de 
TujiainOac, ilunde eai/ó al atacar una posirión ene- 
mi;/ a. 

2 —l'eniente 1 • Servando li Illrscas; ascendido 
á stcrf/ento rnai/or ¡/ no'n tira.do 2' J-eJi; del batallón 
•■Coronel ]*uenies."'j<ué /ieri<lo de Oalá en Tu/ianibae. 

.?. Teniente 2 ■ Pa> A . Barrios; <i.--eenílido á e.i- 

liiUin ij eo/nanitanle ae una cont/iarda ilel ha.lallón 
••Comandante Barrera^ Fué herido de bula en la 
batalla de Masolter. 

4 —Su b teniente Cesar Cano ij A re.e; capilar ;/ 
ai/udante del coronel Abelardo Martjuez. 

5 —Guillermo Quintan, t Boselló, capitán aiju- 
ilante del batallón ••Comandante Barrera.- Herido de 
bala en Tu/iamhné 

. c _ — Arturo ■ oiuiiU': Viera, teniente 1 .' ii/udan- 
le del cínnait. 'ante Carmelo L. Cabrera. Posterior- 
mente desem/>i-i''0 los sit/iiienies car;/ os : oficial <le 
iilantel del batallón •■Coronel JJie;/o Lanias^^ lornuido 
¡>(>r i-l nialo'/rado conianilante Adriano Bruno; ¿iis. 
tractor de los escuadi^ones de los nuiíjores Juan Gastón 
Inda ij Xenón Careta; por último ascendido á capitán 
y ayudante del intrépiílo coronel Antonio S<tacedru. 

7.— Pedro Barreré, teniente /•• de la 3.u conipa- 
ñia del batallón ••Comamlanle Barrera." 



diantc en su fulgurante personal ida<l. 

Aparicio Saravia fué un foco de luz 
donde brillaba i)urísima la idea lumino- 
sa del patriotismo oriental. Su noble 
persona, en lo humano, así como el divi- 
no Jesús encarnara la idea sublime de 
Dios, ella encarnó la idea i)atriótica de 
Artigas y de Lavalleja ; y como el Re- 
dentor también, que en su abnegiición 
grandiosa llegó hasta el sacrificio i»ara 
libertad al género humano, Saravia se 
sacrificó abnegadamente para darle li- 
bertad el su querido pueblo. 

Este es el misterio que envolvía su 
gran prestigio ; el misterio que se pro- 
duce después de su muerte, que en vez 
de haber amilanado á las mnnerosas 
huestes que lo seguían en vida, les da 
nuevos biíus su recuerdo, mnyoi- aliento 
para seguir luchando con entusiasmo ca- 
ballere: co eir el palenque de la libertad. 
de la que él fuera su primer i)a!al¡n en 
el heroico torneo que instituyó con la pu- 
janza (le sus armas. El valor temerario 
de Sara\ i;i. su desinterés y abnegación 
inimitables, e;a:i fuego su})li!jie de la 
idea : de esa idea á la cual él subordina- 
ba todas sus accionos. o::-ec-¡éndjle re- 
poso y vida, como ai)óstol ác la i)atria. 
como caballero de hi libertad. - Por eso. 
aunípie Saravia haya desaparecido del 
numdo de los vivos, su simpático re- 
cuerdo, mientras existan e;i nuestro pue- 
blo las ideas que él encarnaba como iié- 
roe y como mártir, vivirá imi>erecedero 
en la memoria de sus compati'iotas. 

Saravia no era el caudillo vulgar á 
quien por vinculaciones ó intereses pei-- 
sonales se le sigue incondii-ionalnuMile. 
Tampoco era el tei'roi" ó la iinposirií'm las 
que le itroi)orcionaban adeptos. El ilus- 
tro caudillo nacionalista no conq)romeria 
á nailie por cuestión de i)rore'.x-ión para 
que lo siguiera en sus campañas i)atrió- 
ticas, ni jamás se imi)uso á nadie en 
ese sentido, pues es bien conocido su 
carácter bondadoso v ecuánime hasia I 



LaRevista Uruguaya 



para disculpar los errores. Su mismo va- 
lor y su abnegación, ni pudieron inspi- 
rar admiración, como la inspiraban in- 
dudablemente, no fueron, sinembargo, 
causa suficiente para el prestigio que 
poseía : el pueblo oriental está compues- 
to de ciudadanos conscientes y bastante 
ilustrados en ipateria política para se- 
cundar á nadie en sus empresas por 
esas solas cualidades personales. Lo su- 
gestivo, el gran prestigto de Saravia era 
la idea que representaba, que como na- 
die en nuestro país, después de la titá- 
nica lucha por la independencia, ha en- 
carnado y sostenido : era la idea de pa- 
tria y libertad. 

Fué Aparicio Saravia un hombre de 
grandes condiciones morales. No tendría 
ese barniz social que se adquiere en los 
salones del gran mundo, ni ilustración 
científica ; pero era de un trato exquisi- 
to, poseía el don de gentes que es la 
verdadera cultura del alma, y tenía lo 
que muchos hombres ilustrados quisie- 
ran siempre tener: sentido común, esto 
es, un criterio fino y vistas prácticas pa- 
ra juzgar las cosas y los hombres. 

Aparicio Saravia era la austeridad 
personificada. Su vida, lo mismo pública 
que privada, se desarrollaba dentro de 
la mas estricta moral. Nunca engañó á 
nadie ; fué ferviente adorador de la ver- 
dad, aunque ella le perjudicara. Era tan 
grande el amor que sentía por la patria, 
que para él no existía ningún otro inte- 
rés, ninguna otra consideración que estu- 
biera arriba de ella, ni ningún sacrifi- 
cio que no le estubiera subordinado. Par- 
tidario decidido de su credo político, — 
en cuya práctica basaba él la felicidíul 
de la patria, — era justiciero, no obstan- 
te, ])ara a])r(HMar his cuaIi(la<los de sus 
adversarios, como era recto para censu- 
rar, cuando merecía censura, los actos 
de sus correligionarios. Siempre se ele- 
vaba para juzgar los liechos, sobre las 
cuestiones personales ó partidarias y so- 



bre los intereses materiales, limaba la 
patria espiritualmente, y de la misma 
manera formaba todos sus juicios, fueran 
del carácter que fuesen. — De ahí tam- 
bién que tuviera la clarovidencia del 
triunfo de su causa, pero sin balandro 
nadívs, confiando únicamente en la aspi- 
ración patriótica del Partido Nacional, y 
en su constancia y en su valor, con esa 
fé y ese entusiasmo de los verdaderos 
apóstoles de una idea. 

Nosotros tuvimos la suerte de tratar 
íntimamente al General Saravia en la 
revolución de 1897, y de tratarlo en su 
doble faz de hombre público y de hom- 
bre privado. Podemos juzgarlo, por lo 
tanto, con perfecto conocimiento de sus 
actos; haciendo notar, de paso, que á pe- 
sar del cariño sincero y leal que abriga- 
mos para nuestros amigos, y del respeto 
y consideración que nos merecen los 
hombres superiores, somos parcos para 
(endiosar á nadie, ni levantamos pedesta- 
les á quienes no lo merecen. En todo y 
ante todo, posj)onemos el individuo á la 
idea, el hombre á los principios ; y no 
aceptamos la bondad de la una ni de los 
otros sino descansan en la moral y en la 
libertad. 

Aparicio Saravia, lo mismo en su vi- 
da pública, como ya lo hemos visto, que 
en su vida jírivada, era un puro ideal. 
Pocos hogares mas virtuosos que el suyo: 
la misma austeridad que observaba en 
sus actos políticos, la observaba en sus 
actos de familia ; la misma bondad, el 
mismo criterio que tenía para juzgar los 
hechos públicos, los tenía para juzgar 
sus actos privados. En su casa se vivía 
l)atriarcalmente : él era el jefe respeta- 
do y querido de toda la familia, inclusión 
hermanos y parientes. Su hogar hospita- 
lario para todo el que á él llegaba, era 
al mismo tiempo un centro agradabilí- 
simo de sociabilidad, honesto y alegre 
siempre, pues el General Saravia unía á 
sus bondades v á su moral, un carácter 



La Revista Uruguaya 



festivo y chispeante, que comunicaba la 
alegría á su auditorio. — Amante esposo, 
cariñoso padre, no ordenaba á los suyos, 
les pedía siempre, acompañando su pe- 
dido de algún chiste, siempre oportuno y 
halagador, y su noble compañera, como 
sus bravos hijos, se disputaban el placer 
de servirlo con entrañable afecto y de- 
licadeza. 

La sobriedad en la vida de Saravia, 
así como la indiferencia que sentía por 
las comodidades del coufnrt, son carac- 
terísticas : su comida, como le decía- 
mos una vez que almorzamos con él en 
su chacra, de Bagé, era mas espiritual 
que material, pues gozaba de la mesa 
por la sociabilidad que sabía él produ- 
cir, aunque estuviera solo con su fami- 
lia ; y no bebía, ni fumaba, teniendo 
marcado desden por los glotones y por 
los borrachos. 

Oh ! manes gloriosos de Aparicio 
Saravia. Tú gran espíritu, tú espíritu se- 
lecto, que vagará por las alturas, cir- 
niéndose en el ciclo, otrora sereno de 
la patria, pero hoy lleno de nubarrones 
y de tristes presagios ; tú noble recuer- 
do, tú recuerdo querido, que fluctúa so- 
bre nosotros como una esperanza de me- 
jores tiempos, como una promesa de 
reacciones patrióticas, ha de servir de 
ejemplo moralizador á las futuras gene- 
raciones, confortando el ánimo de nues- 
tros correligionarios para que no desma- 
yen en la lucha por los ideales que sos- 
tuvistes. ¡ Qué importa, que un mandón 
torpe y arbitrario obstaculizo por el mo- 
mento tú misión libertadora! Ella se 
impondrá en nuestra atmósfera política 
pervertida, barriendo todos los obstácu- 
los que encuentre en su camino, como se 
impone el Pampero, barriendo la atmós- 
fera, en los días de tempestuosas tor- 
mentas. 



¡ Paso á la idea de sufragio libre y 
de confraternidad uruguaya ! 

Eso quería Aparicio Saravia, y eso 
quisieron los héroes y patricios de nues- 
tra independencia. 

¡Abajo los pigmeos que se opongan á 
la gran obra del patriotismo oriental ! 

Abdón Arózteguy. 

Buenos Aires, Setiembre 10 de 1905. 
— Calle Cerríto, 183. 



Á Cl'MPLIll LAS mm DE APAtlCIt ! 




Ewprvsdineiile ¡uirtL "La Reci.Uu Urutjuayu" 

OS actos de justicia popular son los 
(li;c brotan expontáneamente del 
seno de las masas. Jamás se ha visto un 

homenaj e 
rendido por 
toda una na- 
ción á un hé- 
roe falso: 
siempre que 
las multitu- 
des han acla- 
ma lo á un 
hombre han 
tenido razón 
para hacei- 
lo. El filóso- 
fo, el publi- 
cista, el his- 
toritidorhan 
podido engañarse guiados por la inteli- 
gencia ; pero mmca se ha desmentido el 
aforismo deque los |)ue])los no se Oijui- 
vocau cuando los iuijjulsa el senti- 
miento. 

Y es que .os sentimientos de las co- 
lectividades obedecen á una psicología 
especial, mucho más regular, apesar de 
sus aparentes exageraciones, que la i)s¡- 




APARICIO saravia 

Jeij'e (le los Ejércitos NacionalisUis 
96, '.17, Í903, 1994 



La Revista Uruguaya 



cología del individuo. El capricho, la 
perversión, como todos los estados ex- 
cepcionales del espíritu son siempre in- 
dividuales : la multitud no se pervierte 
ni í/e obstina nunca, v si un hombre 
puede poseer un espíritu enfermo, la 
humanidad apesar de esto es eterna- 
mente sana. 

Por esto es que siempre que veo con- 
fundidas en la manifestación de un 
anhelo, de una esperanza, de un entu- 
siasmo ó de un dolor á todas las clases 
jde la sociedad ; siempre que veo palpi- 
itar un mismo impulso bajo la humilde 
casaca del obrero como bajo la levita del 
potentado, siempre que veo unidas por 
el mismo vínculo moral clases sociales 
en cierto modo antagónicas, siento que 
las anima la justicia y me convenzo de 
que la verdad las mueve. 

Tal ha sucedido con el homenaje tri- 
butado por todos los pueblos de la Re- 
pública á la memoria del más prestigio- 
so y más llorado de los caudillos ameri- 
canos, de aquel hombre excepcional, 
que después de haber ejercitado sus ap- 
titudes sobresalientes de guerrero en 
las sangrientas batallas de Rio Grande, 
cuando aún su nombre apenas había 
pasado las fronteras de aquella provin- 
cia, con un solo rasgo de audacia, á fi- 
nes del 96, transportó su fama á nuestro 
suelo, y con un solo esfuerzo de gigante 
se impuso como el hombre predestinado 
para llevar á la práctica los ideales que 
palpitaban en el llano desde la caída de 
la homérica Paysandú. 

No ! Aparicio no ha muerto ! El gran 
Aparicio vive en el conizón de suscorre- 
ligionnrios, y no solo vive, sino que los 
anima: todavía sus últimas órdenes, aún 
no cumplidas, sugestionan el espíritu de 
los que fuimos sus soldados, y cuando 
aparezca en el horizonte el sol de un 



nuevo día de reivindicaciones populares, 
los que estuvimos bajo sus órdenes, al 
poner el pié en el estribo para marchar 
á nuevas abnegaciones, cuando nuestras 
madres nos pregunten adonde vamos, 
les responderemos : « A cumplir las ór- 
denes de Aparicio ! » 

F. Arboleya y Arboleya. 



El gran caudillo 

Expresamente para "La Resista Uruguaya" 

mSÍ como hay acontecimientos en la 
vida de los pueblos que deben 
ser gravados en granítica piedra, para 
que vivan y perduren á través de los si- 
glos, hay también personalidades desco- 
llantes, que merecen ocupar una página 
(lo oro en el gran Libro de la Historia, 
donde las generaciones venideras pue- 
dan inspirarse en sus grandes virtudes. 

Una de esas figuras prominentes de 
la última década, es sin duda alguna la 
del gran caudillo Aparicio Saravia. 

Era casi un desconocido en su Patria: 
caballero armado en 1897, supo luchar, 
vencer y obtener ventajosas posiciones 
no para sí, que nada quería ni ambicio- 
naba, sino para el partido que lo designó 
su jefe militar, y al cual sirvió con abne- 
gación y ¡¡atriotismo. 

No tenía armas, ni dinero : no había 
unidad de miras, de pensamiento ni de 
acción: pero él supo aunar esfuerzos y 
voluntades, formó ejército, luchó, y de- 
puso las armas cuando se le brindó una 
paz hom'osa. 

Fué un factor importantísimo del 
I)rogreso, cuando los días bonancibles 
brillaban en la Patria de Artigas: fué el 
alma y corazón de su partido, cuando, el 
negro crespón de la guerra civil volvió 
á cubrir la tierra que guarda las ceni- 



:.: ..-in- 




Coronel Antonio h]\ Fernaniez 




Coronel KiiYuel Aldama 












Coronel Dieg-o Lamas 



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A LA IHEimOHl 



APARICIO 





Coronel José F. González 




Generalísimo APA 



En el día de 

En la Iglesia Parre 




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_»_ ».=íi.'-iSi)l»>r"A^ '»' W^ -ti. 



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Hevista Dfagaaya" 



[A DEIt GENERAIi 



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lRIGIO SARA VIA 



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Coronel Nicolás Imas I 



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Coronel Enrique Yarzi 






! SÜ3 funerales 

DOiiial en Mercedes 



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Coronel Bsrnardo G. Berro 




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Coronel Juan José Muñoz 




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Qaronel Cicerón Klari'n 




Dr. Arturo Ramos Suarez 





Capitán Fernando Botana 




Alberto Suarez 



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La Revista Uruguaya 



13 



zas de Lavalleja y Leandro Gómez. 

Nadie como él reunió bajo sus ban- 
deras, un ejército ciudadano tan brillan- 
te y numeroso como el que desfilara en 
Nico Pérez. 

Ninguno como él supo obtener triun- 
fos, allí donde todos creían una derrota! 

Su último pasage al Norte del Río 
Negro, burlándose de los poderosos ejér- 
citos enemigos, trepando sierras y sal- 
vando valles para llegar á Santa Rosa, 
pertrecharse y volver á buscar á quienes 
creían cerrarle el paso, con un muro de 
baj'onetas, es uno de los hechos mas bri- 
llantes de su brillante carrera, que basta 



(1) 1 





y sobra para sentar su reputación mili- 
tar, sino contara con otros tan dignos co- 
mo éste de ser mencionados. 

En el aniversario de la muerte de 
ese caudillo invencible, de ese paladín 
de las libertades uruguayas, de ese sol- 
dado ciudadano, que encarnaba en su 
persona el aliento viril de un partido; 
de ese hombre de sentimiento ecuánime 
y altruistas ideas, hago votos porque mi 
Patria, tenga muchos que lo imiten y se 
le parezcan. 

Leonardo S. Castro. 

Concordia, Setiembre 10 de 1905. 




Por la Redención Política!... 



(Conclusión) 

Véase nñm. 10. 

MEMORÁNDUM, sohre los suce- 
sos de la Villa de Artigas, es- 
crito POR EL COMISIONADO DEL CO- 
MITÉ Revolucionario del 97, el 
PATRIOTA Don ISMAEL VELAZ- 
QUEZ. 

Buenos Aires, Marzo 13 de 1897. 

Distinguido CorrcligionArio : 



C^L Comité revolucionario teniendo en 
i_Ci) cuenta su acendrado patriotismo, 
su desinterés por la causa y la necesidad 
urgente que tiene este centro político de 
proveer inmediatamente á la percepción 
de rentas ha nombrado interinamente á 



(I) En las exposlriones 6 narrañones de cioiles ó 
militare», aquellos pequeñísimos é insiy niftcanCes ile. 
talles, que no entren en el plan (le esta iieoista publi- 
carlos por razones <le oportuniílad, etc, etc. .. irán in- 
teyros con sus notas y comentarios respeclioos en nues- 
tra Historia, del 97". 



Vd. Receptor de Rentas de Artigas, fron- 
tera terrestre. 

Este nombramiento es extensivo aún 
á la ciudad de Meló, en caso de que en el 
domine la Revolución. — Adjunta este Co- 
mité copia auténtica del decreto sobre 
impuestos y derechos á cobrar por las 
ofiicinas de Rentas, á fin de que Vd. le dé 
cumplimiento exacto en todas sus partes 
suplicándole haga publicarlo en la pren- 
sa y en hoja suelta con la mayor profu- 
sión posible, sin dar el lugar de la publi- 
cación. Espera este Comité y el mismo 
doctor Tomé que su abnegación le haga 
aceptar este cargo. 

Dios guarde á Vd. muchos años. 
Juan Ángel Golfarini. — Presidente. 
Carlos M. Morales. — Secretario. 

AI Señor Don Ismael Velazquez nom- 
brado Receptor de Rentas dé Artigas. 

* 
♦ * 



14 



La Revista Uruguaya 



Buenos Aires, Agosto 6 de 1897. 

Señor Receptor de la Frontera Sud 
Don Ismael Velazquez. 

Distinguido Correligionario : 

Tengo el honor de comunicar á Vd. 
que el Comité Revolucionario en sesión 
del siete de Agosto del corriente año 
aprobó por unanimidad las cuentas ren- 
didas por Vd. de los fondos que ha recau- 
dado en el cargo que ha desempeñado 
con toda contracción é inteligencia, en- 
cargándome que agradezca á Vd. sus 
importantes y patrióticos servicios pres- 
tados por Vd. en el puesto qu3 desempe- 
ñaba y en todo lo que se ha relacionado 
con la revolución. En cuanto al saldo á 
su favor que arrojan las precitadas cuen- 
tas, el Comité tratará de corresponderle 
tan pronto como sus circunstancias se lo 
perraitafíi 

Aprovecho esta oportunidad para 
reitirar á Vd. las seguridades de mi par- 
ticular consideración. 

7). Terra. — Presidente. 

Ángel J. Moratorio. — Secretario. 

* 
* * 

Artigas, Diciembre 15 de 7898. 
Sr, Dr. Dn. Luis Botana. — Montevideo. 
, Estimado Dr. y amigo: 

Tengo el agrado de contestar su apre- 
ciada de fecha — en que manifiesta Vd. 
deseos de conocer la opinión que pueda 
yo haber formado respecto al Dr. Duvi- 
mioso Terra con motivo de la disolución 
de la 2.* División al mando del Coronel 
Nuñez y disuelta por este en Artigrs en 
Abril del 97. 

Ya tuve ocasión de hacer conocer á 
Vd. vervalmente y por algunos apuntes 
— cuanto insistí con el Dr. Terra para que 
esa División Jio fuese á Artigas, i)orque 



creía se perdería allí — como sucedió si 
el ejército del general Arribio la perse- 
guía. Tengo el completo convencimiento, 
que el Dr. Terra insistió con el Coronel 
Nuñez, en vista de mis indicacianes y 
las de varios jefes mas para que se sos- 
tuviese en el Corral de Piedras, punto 
estratégico desde donde podía retirarse 
ya á Aceguá ó al Dpto. de « 33 » obser- 
vaciones que el Coronel Nuñez manifestó 
acatar pero que infelizmente no cumplió. 

La ida del Dr. Terra á Porto-Alegre, 
respondía á obtener elementos de guerra 
que se le habían prometido y que se pu- 
sieron á su disposición inmediatamente y 
debieron venir á Artigas y otro punto de 
la frontera á no haber, ocurrido los suce- 
sos de Artigas ; ignorando yo que desti- 
no dio el Dr. Terra á esos elementos ob- 
tenidos entonces, pues el Dr. Terra, pro- 
ducido el desastre de Artigas, regresó de 
Porto-Alegre á Yaguaron y allí organiza- 
mos los restos de la 2.^ División para qne 
él los condujese á Aceguá, lo que no rea- 
lizó — según me han dicho porque recibió 
cerca de la Estcición Basilio la orden del 
Comité de trasladarse á Buenos Aires á 
dar cuenta de sus procederes como de- 
legado, de cuyo puesto lo habían sepa- 
rado. 

Desde entonces no he vuelto á ver al 
Dr. Terra ni con él he tenido correspon- 
dencia. — Concluiré dándole mi opinión 
franca como acostumbro hacerlo. Si el 
Dr. Terra ha podido tener sus desvíos ó 
ambiciones como muchos aseguran, jus- 
to es que se le reconozca sus sacrificios, 
su pertinaz insistencia y lo valioso de sus 
relaciones en el Brasil. 

Soy de Vd. correligionario y aftmo. 
amigo. 

Ismael Velazqiitz. 



* "~;v:> 



'm\b.f$) 



La Revista Uruguaya 



15 



NARRACIÓN 

ÍSOIÜÍE LAS 

Campañas del 96 y 97 

rOR EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy General BASILIO MUÑOZ (hijo) 

Me) o, Julio 8 de 1898. 
Sr. I)r. Don Iaús Santiago Botana, 

Montevideo. 
Mi querido Dr. y amigo. 

M~^ CCEDIENDO gustoso á su solici- 
,^^ tud/le adjunto los datos para la 
importante obra que se propone ofrecer- 
nos, sobre la Revolución del 97, en que 
tuve el honor de actuar. 

Le adjunto una lista por separado, 
de los jefes y oficiales que tuve el honor 
de mandar y á quienes debo, si tengo, 
glorias en mi campaña. 

Con recuerdos para su familia le sa- 
luda affte. su amigo 

lia sil io Muñoz [hijo). 



* 



Sargentos jMayores: Juan Muñoz, Gui- 
llermo Moratorio y Paíonieque. — Capita- 
nes : Pedro Recoba (1), Santiago Salazar, 
Domingo Velazquez y Baez Isabelino. — 
Tenientes Los: Pablo Botana, Octavio 
Crosa, Francisco Crorja, Gabino Medina, 
Dionisio Correa, Silvio Muñoz. — Tenien- 
tes 2.os: Teodoro Saracho (2) Cirilo Al- 
dama (3) Fernando Botana, Ángel Alda- 
ma (4), Atanasio Acosta, Liberato Aré- 
valo, Claudio Pérez (5), Gabino Tabares, 

Felipe González y José Lani (6)., 

* ■ 
* * 
Mis impresiones sobre el movimiento de 

noviembre y algunas del héroe de 

NUESTRA CAMPAÑA APARICIO SaRAVIA. 

La falta absoluta de conocimiento de 
nuestros hombres y sus ideas por parte 
del General Saravia, fueron la causa del 

.bril. 



fracaso de muchos de sus planes en aquel 
movimiento, Saravin, entraba á actuar 
con elementos extraños — tenía pues que 
someterlos á prueba primero, para saber 
en que forma podía utilizarlos después. — 
Todo esto, aunque él no lo manifestaba, 
sus preguntas y observaciones me lo 
revelíiban de una manera inequívoca 
que entraba en sus planes. 




/ Heri(l') en Cerro Colorado el 16 'le 

2 Herido en Acctjud el 7 de Julio 

J, 4, 5, O Muertos en la tu:ción tic Arbulito. 



IJASILIO MUÑOZ (hijo) 

CoinrtridanCe rcrohicionario el !>'. coronel en la 

e(íiii/ia''fi de U)U4 y f/enerdl des/iué.-t de lu muerte del 

e;/r<';/io ciiudillo ij uiilitur A /xirivio Surtti iu 

Saravia, tiene el don de calar muy 
pronto á los hombres y de equivocarse 
muy pocas veces — tiene poca instruc- 
ción ])ero su viveza natural, es poco 
común. 

Convencido Saravia, que nuestros 
hombres no arbitraban elementos para 
la revolución : que la campaña de El 
Nacional, estaba para terminar, temien- 
do que el espíritu revolucionario desa- 
pareciera, al desaparecer el órgano de 
propaganda que lo había levantado, se 
decidió á ir á Mo ite-, ideo con el propósito 



16 



La Revista Uruguaya 



de oir la última palabra del Directorio. 

El 24 de Setiembre de 1890, partió 
el general de su estancia para Montevi- 
deo acompañado del pardo Jermiano, 
(hombre de su confianza) y yo de la estan- 
cia de mi padre acompañado "de Eulogio 
Artigas. A las o y ^/4 a. m. me encontra- 
ba en el paso denominado Pedro Juan, 
del Yi — pasé y le dejé la seña convenida, 
que era un gajo de rama verde en la ori- 
lla del agua — al lado izquierdo ó dere- 
cho, esto es al lado en que debía esperar 
el primero que pasase, al segundo. Al 
aclarar el día llegó el General y seguimos 
viaje hasta el arroyo del Pescado, don- 
de campamos en un pequeño montecito á 
la izquierda del paso. Marchamos de tar- 
de y al día siguiente (25) tomamos el tren 
de Nico Pérez á Montevideo en la Esta- 
ción Mansavillagra. 

El mismo día que llegamos á ]\Iontc- 
video se hizo saber al Directorio por in- 
termedio de Abelardo Manpiez, que Sa- 
ravia, deseaba se reuniesen para hablar- 
le de un asunto de interés para el partido. 

Continuará. 



NARRACIÓN 

Sobre la Caiiipíia fievüliiiioiíai'ia del 97 

POli EL 

Coronel MIGUEL CORTINAS 



(ConÜK nación) 

Véase Nú m. 10. 

INMEDIATAÍilENTE de divisar las 
fuerzas ordenó al Coronel Lamas 
siguiera en columna cerrada, y des])le- 
gando banderas rumbo al enemigo, y 
que pusiera un¿i guerrilla do oinciionta 
hombres adelaiíto do las columnas ; osto 
se cumi)lió, i)on¡ón(loso una fiioi'za dol 
Coronel González, tendidos on guerrilla, 
marchando con d¡rooci<'>n á el enemigo. 



El General Saravia, con su escolta, y 
unos cincuenta lanceros llevó la carga, y 
las fuerzas del Gobierno, sin esperar el 
empuje de ese gran guerrero, hicieron 
una converción á la derecha, tomando 
rumbo al Sur, ó sea á donde estaba 
el General Villar. 

Inmediatamente que vio esto el Co- 
ronel Lamas, y á pesar de estar herido, 
y sin dormir hacía 30 horas, ordenó al 
valiente Coronel Berro y al no menos 
Dn. Miguel Aldama, cargaran al enemi- 
go y así lo hicieron llevándolos en de- 
rrota, próximamente 8 kilómetros. 

í]ste triunfo que fué uno de los mas 
importantes, del movimiento revolucio- 
nario, solo se le debe al benemérito Ge- 
neral Dn. Aparicio Saravia. ! 

Es triste decirlo, pero hi verdad se 
impone en todos los casos : i 

En los días 15 y 16, se fueron de 
nuestras filas internándose al Brasil mas 
deMuJiomhrcs. 

Seguimos la marcha rumbo á Rivera, 
y no tubimos ninguna novedad hasta el 
día 21, que el Comandante Dn. Julio 
Barrios atacó las fuerzas al mando del 
Coronel Dn. Américo Fernandez, derro- 
tándolo. 

De este hecho, no puedo dar gran 
relación porque no tube el gusto de en- 
contrarme en él, y solo oí los tiros á 
distancia de cinco kilómetros. 

Seguimos nuestra marcha, con rum- 
bo al Salto á cuyo punto, llegamos en la 
inadrngíida del día 9 y nuestra vanguar- 
dia que en ese día era compuesta de la 
División del Coronel Aldama y la del 
ConjMidante Dn. Basilio Muñoz, atacíi- 
ron el pueblo oncerraníjo al oiuMnigo en 
sus cantones, ensoguidci el Gonei'al Sara- 
via y desi)uésde estar arrinconadas las ¡ 
fuerz¿is <lol (iobierno, dentro de la plaza * 



La Revista Uruguaya 



17 



del Salto, dispuso acampar en la costa 
del Daymán, sobre el paso de las piedras. 

El día 12 en la madrugada se colocó 
el Coronel AI dama rodeando el pueblo 
del Salto, con sus fuerzas y el Coronel 
González, pasó á protejer el desembarco 
del Coronel Imas que debía tener lugar 
en el Salto Chico, y el Señor General con 
el resto del Ejército apareció en el Her- 
videro donde tuvo un fuerte tiroteo con 
la escuadrilla del G«)bierno, en cuyo ti- 
roteo que por cierto fue recio, tuvimos 
la desgracia de perder al Comandante 
Ledesma, y herido un hijo del Coronel 
Dn. Bernardo Berro ; y las gentes del 
Gobierno tuvieron varias bajas. 

El desembarco del Coronel Imas tuvo 
lugar en la noche del día lo y sus fuer- 
zas se componían de 93 hombres y tam- 
bién traía consigo muchas armas y mu- 
niciones. 

El Coronel González tomó un carro 
y recibió todas las armas que aquél ])ii- 
diera contener y como sobraran, el resto 
fueron conducidas á Concordia. 

No era posible llevarlas toda^ porque 
tendría el Coronel González que formar 
un parque que le dificultaría la marcha y 
se encontraba casi rodeado del enemigo, 
pues tenía á dos leguas de distancia la 
fuerza del Salto que se componía de 
2,000 hombres más ó menos v se anun- 
ciaba la llegada del General Villar que 
venía á protejer á las fuerzas que se en- 
(tontraban en el Salto. 

Levantado el sitio de esta ciudad que 
lo fué el día trece (el mismo día que 
tuvo lugar el desembarco del Coronel 
Imas) seguimos con rumbo á Rivera, lle- 
gando allí, al otro día 24, y acampando 
inmediatiimente, pues lo era necesario 
para la gente y caballadas rendidas, en 

el Cerro Chapen. ^ ■ 

Continuará. 



(1) NARRACIÓN 

UEL 
SOBRE LA 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



(Continuación) 

Véase Núm. 10. 

COMPAÑEROS ENFERMOS — UN PETISO 

PARA MALCORRA 

Marzo, 18. 

^t la 1 p. m. después de una marcha 
<^^^ de '2'2 horas, acampamos sobre 
la costa de Arerunguá; carneamos, co- 

II 




COMANDANTE SERCíIO S. MUÑOZ 

IJiio í'is Víinijiiiñag del 

70, "A. Sfí, un. í)7, fue Sceretarin del 

Generdl A/iariciu Stcnicia 



II ^ r 

mimos, hicimos la siesta, nos bañamos y 

cmi)rendinios marcha á las 4 de la tarde. 

En el establecimiento de la señora 

viuda doña Isabel de Picgas, en la costa 



<l) En loH números sucesico-- inin la.* mirr/u-io- 
nes lie /o.s Jefes Ixecolueionnrii»! sohre In yuerrtí del 
i)7^ Jo é F. (.ióazule;. liaKilio ij Senjio Ma'nt;, Ve'e:, 
Alícrrn, Gil, lilu'tco, Hnlin'n. Corttnn.t. Aldnrnrt. <iue- 
rrero. ¡.-iimiel \'ei<iii¡uei. \<ie<irreie. Vnreht íioine-., 
Ex/iediciunes A/tirivio Sur tria. L.cii'i.-i, Mo-W/retl. 
lienitez. usallo eurntiiern '■ ArU'¡<ts' , eu-/t<tsií-i<iws i/e 
Catinuceriit, Cibil.'<, Gnuruc. S(iaceiir<i ij Caronrl Ori/ric 
J'diiifíillón, ele ele., y inafluts oí/vts eie.les ij nii^iui- 
res, <LSi eoino lodn la doeu/ne/irneiin /lo/ilieu ij iiiiliuir 
fjue sircen de huse rí nuesira "lH.if.orin del 97". 

hit ¡ie-hticrii.n 



18 



La Revista Uruguaya 



del AiTovo Valentin, 4.'* Sección del De- 
partamento del Salto, dejamos á los 
cabos del Batallón « General Leandro 
Gómez», señores Isncicio Malcorra v 
Francisco Aladio que se encontraban im- 
posibilitados de continuar la marcha por 
el quebrantamiento físico en que se ha- 
llaban á consecuencia de larg'as marchas 
y su falta de costumbre en los ejercicios 
de equitación— Malcorra, por ejemplo, 
nunca en su vida, había montado á ca- 
ballo y era tan pueblero que aun cuan- 
do montaba un petiso muy pequeño que 
le había proporcionado el que suscribe, 
no se olvidaba de pedir á los amigos 
que le consiguieran un caballo chico que 
no le fuese tan difícil de montar. 

OTRO ENFERMO 

Marzo, 19. 

Nuestra marcha ha sido de 20 horas. 
— A las 12 y 30 de la noche acampamos 
en la costa del Arroyo Sopas. — A las 2 
y 10 p. m., después de dormir, comer y 
bañarnos, se emprendió la marcha. 

A las 3 y 35 de la tarde, el que sus- 
cribe dcijó al cabo del «General Lean- 
dro Gómez » , Don José A. Perevra, en 

7 t/ 7 

la casa comercial de Don Arturo Cam- 
pos, 6.* Sección del Departamento de 
Salto, distrito de Sopas. — El cabo Perey- 
ra, estaba gravemente enfermo y física- 
mente quebrantado á pesar de sus pa- 
trióticas energías, arto reconocidas. 

HACIA la frontera 

Marzo 20. 
■ A la 1 y 10 de la mañana acami)a- 
mos en la costa de ]\Iatahojo Chico. -A las 
3 V 35 reanudamos la marcha. — A las 3 
y .30 p. m. acampamos sobre la costa 
del Arapey ; allí comimos, hicimos un 
rato de sueño, y nos dhiios un explciidido 
baño. — A las (> y 35 do la tíudo segui- 
mos la niíucha con rumbo al ('uareim. 
en la frontera 

Marzo, 2í. 

A las 2 y 10 a. m. acampamos sobre 

las puntas del Cuareim, territorio orien- 



tal, ií 50 metros de la línea divisoria. — 
A las 6 y 20 de la mañana seguimos la 
marcha durante una leg"ua por costa del 
Cuareim, hacia el Nordeste. — Acampa- 
mos á las 7 y 50 a. m. — Continuamos 
nuestra marcha á las 6 y 35 p. m., por 
costa del Cuareim hacia el Sud. — Acam- 
pamos cerca de la línea. — Don Lufenio 
Lapido del Batallón «General Leandro 
G omez » , excelente compañero, se tras- 
ladó á Santa Ana, por encontrarse gra- 
vemente enfermo. — Estamos á veinte le- 
guas de la expresada ciudad. 

Hoy estuvimos en la Estancia del 
señor padre del Comandante de Fronte- 
ras Don Juan Francisco Perevra de 
Souza. 

MARCHA HACIA RIVERA— PARTIDA ENE- 
MIGA— FALTA DE RESES 

Marzo, 22. 

A las 5 y 30 a. m. seguimos la mar- 
cha con rumbo á Rivera. — A las 7 
de la mañana, nuestros exploradores > 
del flanco derecho, se tirotearon con una 
partida enemiga que se retiró en el ma- 
yor desorden. — A la 1 p. m. acampamos 
sobre la costa de Tacuarembó Chico.— 
Nos quedamos sin comer en razón de la 
falta absoluta de ganado. — Nos dimos en 
cambio el baño de costumbre — (buen 
alimento). — A las 4 de la tarde reaimda- 
mos la marcha. — El Sub-Ayudante Don 

Alejandro Warnes 

pidió su separación del « General Lean- 
dro Gómez», lo que le fué inmediata- 
mente concedida. — A las 5 v 50 acam- 
pamos sobre la costa de Tacuarembó 

Grande. 

i 

COMIIATE DE RINCÓN DE AURORA 

Marzo, 23. 
A las 5 y 10 a. m. reanudamos nues- 
tra marcha haíria liivíírn. — A las (> do la 
mañana en momontosíiue nuestra colum- 
na marchaba ])oi' un pintoresco valle, 
sentimos una descarga de fusilería sobre 
nuestra vanguardia y seguidamente un 
nutrido fuego. 



^? 



La Revista üjíuguaya 



]y L-V:í 



Acto continuo el Coronel Olivci-a nic 
ordenó que sacara una i;-uerr}!la (W mi 
batallón y la llevara en protección de 
nuestra pequeña vanguardia que ninr- 
chaba haciendo las veces de simples 
exploradores. 

A mérito de la orden recibida, al 
iVonte de 24 infantes y al ,ü-alo])('. traté de 




c>)KOXI':l liVrWKi. A. r;):vi 

Vi-ü'rd'U) di- na(^--¡'rit.i i/ui-rr is, cui árlcr lic Krciy. 

/icroi: ilf la JH'cn.-i/L ili: Pui/.^niuLi. ni nrrlu <iloria.-i.i- 

iiiCítO- ni ¡a liitLcitlíi ./(' rica Arhole.-t. cL O: 

tomar la falda de un cerro, pero como al 
llegará dicho punto observé que el eiic- 
migo ocui)aba tj.la nuestro íianco i¿- 
quierdí» y que dominaba la falda del 
cerro que pretendí tomar, resolví, reco- 
rrerme hacia, la derecha y tender mi gue- 
rrilla sobre una altura, resistiendo en 
esa posición el avance del enemigo que 
atacaba el frente de miestra columna. 

Confiíiuiini. 



Las Honras á '¿aravia 



'^ POIlQlTIOcada me^<, desde Setiembre 
'(j! (U) VMU, hasta el momento en que 
escribimos, cada pueblo, ciudad ó vi- 
llorio de la ll(>i)ública, celebra en forn)a 
solemne, januis vista, con un gentío se- 
lecto, numeroso, insumable, nunca obser- 



vado, funerales por el alma del (pie en 
vida, llamóse Aparicio SaraviaV ¿Que 
significa esa demostración de duelo. 
l)ública é incesante, ese atavio Tiel dolor 
sincero y colectivo que se rejü'uluce ca- 
da treinta días al año. en una tierra, en 
(pie cada hogar, sol»» rinde fril)uiit de 
cariño y adi)i¡i';ic¡('iii á la «'Xcclsa \iiTiid 
ó al preclaro talento? ¿C^uién era Aj>a- 
ricio Saravia, i)ara cautivar .-sí lan es- 
truendosamente, nuestros cvfe;t;isv ¡La 
encarnación del verdadero i leal del \)IíQ- 
blo, el caudillo del sufragio libre, de la 
l)oliíica nacional y de hi f¡'ater;ii;hid Tru- 
guaya. el enejnigo del frau.le electoral, 
del exclusivismo é intransigeiicia i)c)Iiti- 
ca, i)or ese anlielo de la Patria enrera. 
hizo las gloriosas y sanl;ís cami)añas del 
íjí), ü7, y l'iíJJ:! — Y así, se exiilica, (mi el 
orden moral, la venerac-Í!}:i que le oi're- 
ccn los ])ueblosy (pie día ;'; día se agigan- 
te su recuélalo. 

Cúiño cnudillo, des'pues de Aitigas. 
no ri;;ció otro de su talla, en íoJa la 
Anu'ricn' Latina. Xadie t;;vo el don de 
atraer tanta gente como él. n;i:lie man- 
dó l:;ieién;lose epieríH' en c;iíia órtlen que 
daba ])er los encarga, !vís de ciimi)lirl;a, 
luitlie electrizó á su })ueblo, como Sara- 
via en cada resoIiición_(pie t.omai)a. 8us 
solda;los (pie eran ciudaíhmos mismos. 
sonreían vu ia soleirir.c lioi'a del ¡¡eligro 
illa trágica muerte!. . . 
¡Yciurnlo la historia militar se escriba, 
con el frío criterio del an.'tiisis. tiMulrá. 
(pié consignarse, que en todos los tiempos 
y lugares donde brillaron grandes ( ■a})¡T 
tañes, éstos tuvitn'on de sus ])ueblos los 
elementos bélicos necesarios en su época, 
parii pro;lucir las grandes acciones de 
guerra con que ilustraron sus armas y 
que A]);iricio Sara.via, está solo con su 
ejército en to la esa historia, sin medios 
idóneos en cada combate, sin fusiles, sin 
municiones, sin abrigo para sus heroicas 
cívicas leuiones en fríos v ateridos in- 



20 



La Revista Uruguaya 



viernos, sin cañones, y debe hacer resis- 
tencia á otros ejércitos disciplinados, re- 
pletos de parques guerreros y exuberan- 
tes de todo, y no obstante este precario 
ambiente, con que tiene que luchar, el 
gran caudillo americano, da batallas, ja- 
más es vencido y la victoria son laureles 
que adornan muchas veces sus sienes. — 
¡ Sin ejemplo !!! Y estos prodigios de tác- 
tica, los practica un hombre rico, mode- 




GENERALÍSIMO APARICIO SARAVIA 

Gran cfcuilillo ij estratégico americano 

lo de padres de familia, lleno de virtudes, 
sin ninguna ambición personal, pues sa- 
be de antemano que en su país no hay 
empleo rentado que acaricie, ni honor 
humano que no rehuya y sacrifica así, 
fortuna inmensa, familia idolatrada «por 
la Patria^, que es el lema de sii divisa. 
También, tendrá que anotar la histo- 
ria, que Saravia, como político, fué de los 
mayores en su tleri'n, nadie lo dominó, 
tuvo criterio i)ro|)io y sometido á prueba 
su talento natural y. sutil ingenio, salió 
ileso de toda la ¡lustre pléyale de intelec- 



tuales contemporáneos. — Con tales ideas, 
sobre Aparicio Saravia encontramos me- 
recidos los honores que le consagran los 
pueblos y nos adherimos á los que hoy 
tribútanle en la Iglesia Parroquial de 
Mercedes, los correligionarios del Depar- 
tamento de Soriano, por iniciativa de la 
Comisión Departamental Nacionalista y 
de distinguidas damas á quienes felicita- 
mos. ¡ Saravia luchó porqué la Patria, 
fuera bien público para todos los Orien- 
tales y no degenerara en lo que es hoy. . . 
centro de opresión y tiranía, feudo de un 
Gobernante, cuando Constitucionalmente 
no puede serlo ni de un partido ! ! !... 
¡ Esos funerales, al que tuvo todas las 
abnegaciones y austeridades de Was- 
shington y de Lincoln, honran al ilustre 
muerto y al pueblo que los hace ! ! ! Bien 
por el Departamento de Soriano ! ! La 
Revista Uruguaya se asocia de corazón 
á esa demostración pública de duelo, en 
memoria del más táctico, estratéjico y 
magnánimo Caudillo de América, del 
que siendo triunfador casi siempre, nun- 
ca manchó su alma pura con sangre de 
prisioneros hermanos á quienes diera la 
libertad que él deseara para su Patria! !! 
Gloria eterna al preclaro guerrero y se- 
vero repúblico ! ! La Redacción. 
Mercedes, Septiembre 30 de 1905. 



ADVERTENCIA ! 



Siendo atribut» de las democracias, la 
publicidad, discusión y control de los actoí» 
y resoluciones de los poderes públicos ^'l^a 
Keviista Uruguaya" admite en sus columnas 
el examen ante la ciencia jurídica y legis- 
lación positiva de las resoluciones, fallo de 
los Tribunales, Jueces Letrados, asi como 
el ••c todos los demás poderes que pueden 
y deben ser comentados y anailizados en 
el sistema republicano por el magisterio 
de la prensa idónea.» intes de tratar sobre 
la motliflcación «le las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la refiirma 
del persoital jadieial de la Kepablica y de 
su selección conveniente.— ¡Se t»dmiten tra- 
bajos ó estudios inéditos sobre medicina 
popular y de to<his las ciencias. 

La Redacción. 






lia Revista ÜFagaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía poIitica.-Oráino del Partido Nacional 




didector: I>r. Iritis .Saiitias<> iSotaiia 



AD .(INISTRACION • 

CALLE MONTEVIOtO 



■ dm:m;tradoi 



: A. Seuáiiez y Olivera 



¿(juién es el enemigo? 



E.c¡>i-(:sameiite ¡xirtc ••I.<t RucíhUl Urui/ii>u¡a' 



■^■tlQ/N la situación actual, los Partidos 
J^^ ])()líticos y lo (juo es mas gravo 
aun, ol pnís niismo, solo tienen un ene- 
niiij;o de su biriiestni'. d(^ su prosperidad 
y de su i)i"o_i;-reso, y ese encinií^'o no es 
otro (pie el (íohierno del Sr. JiatUe y el 
círculo (lue lo rodea. 

El Sr. Ratlle, que curs(3 sus estudios 
en la Facultad de Derecho de nuestra 
Universidad, se mantuvo siempre en 
cierto aislamiento hostil porque su inte- 
ligencia i)oco fecunda y su idiosincra- 
cia nativa lo separaban de sus compañe- 
ros. No buscó nunca la verdad con anhe- 
lo expontánco y sincero, propio de quien 
empezaba la vida ; se le veía siempre 
formando grupo con raros amigos entre 
quienes se empeñaba en sostener, con 
sofismas, sus exóticas ideas personales, 
generalmente contrarias á la lógica. Ale- 
jado del trato social, se mostraba desde- 
ñoso con todo lo que significaba cultura 
y distincióu. En la vida pública ha se- 
guido el Si-. Jíatlle el mismo rumbo que 
se trazó en la juventud, formó también 
un grupo con sus conq)añeros de diario 
y con otros ([ue se le incorporaron en el 
camino de sus ambiciones ; subió á la 
cumbre por una estr;itagema y no ])or el 
voto expont.áneo de sus correligionarios, 
y con el a.uxilio de unas cuantas perso- 



]ias. llamadas enlaticameiite «minoría 
nacioiíalisin ». á (piieues vinculó á su 
empresa (mmi o]Veeimi<'iitos que. según se 
dice, w.) lia cumplido, ni cunijiüiji. 

Va en el Gol)ierno, se conserva en él 
l)or la íiUMza y no ])orque lo quiera el 




(.';h;om:í. i)X. .h-an mamel itentes 






(>• (j !(ri-ri(.<, uiiiri-!u el Ui'.-Vi'ii'.-iilor 
;■■■ ar: rr. r:> Fi e'S.< < I ,'! 

í.'ií ./.' .1/ ;.;.(í /■./', .-■. ,-.<,■ friuiilb 
¡'■/■uíi-j ¡11 lirrii,-,,-iu.'i ti, I Til 



país, y peisiuue el i)ré-})ósi!a de fundarla 
primera Rep;';!)iiea socialista como base 
sólida de futuros engrandecimientos na- 
cionales ¡ 

Ha resurgido en él el desprecio á la 
socie<lad en ({ue vive, el ansia de domi- 
narla, de anarquizarla, de perturbar su 
marcha, de herirla con sus iniciativas 
inconsultas, con sus actos injustos. -Si- 



J/.--J¿'^Éíi£a£'l^ ■ r': 



' 'm 



La Revista Uruguaya 



gue siendo en el gobierno el mismo hom- 
bre incoherente que sostuvo en la prensa 
desde los mas elevados principios de 
moral política, hasta la doctrina de que 
el fin justifica los medios, desde las rei- 
vindicticiones generosas del pueblo con- 
tra los tiranos, hasta los motines y otríis 
subversiones institucionales, desde el 
orden social hasta el anarquismo sin ley 
y sin freno. Fué al Quebracho con los 
constitucionalistas, con los nacionalistas 
V con los colorados v dio entonces ejem- 
pío de entereza cívica y de confraterni- 
dad ciudadana con los que ofrecían jun- 
tos con él la vida, en defensa de una 
causa noble y generosa; pero cuando 
del llano se elevó á las alturas, en vez 
de demostrar que aquellos vínculos, for- 
mados á la sombra da una bandera co- 
mún, no se habían quebrantado y de lla- 
mar á los que fueron con él al sacrificio 
por la patria y las instituciones, para 
que compartieran las tareas del Gobier- 
no, los trató como á enemigos irreconci- 
liables que debía combatir sin tregua. 

Sofista obstinado y espíritu sin vuelo 
no atendió sino á sus rencores y á sus im- 
pulsos regresivos, sosteniendo, no obs- 
tante, que al proceder así no hacía sino 
cumplir la constitución y las leyes. 

El levantamiento de Marzo terminó 
por una pacificación tratada i)or telégra- 
fo, loque le pennitió vioiarlii soíismando 
respecto de su alcance ; mas tarde, cuan- 
do se i)rodujo nuevo movimiento armado 
se pactó la pacificación con él mismo ; 
pero no se le telegrafió la aceptación de 
sus bases para evitar la reproducción de 
las anteriores divei-gencias y pretestan- 
do <iue no se le r('S]tondió de inmediato 
por vía telegráfica desistió de sus pro- 
puestas aceptadas y llevó con saña y 
crueldad sin ejemplo la desolación y la 
muerte hasta los últimos confines del 



país, que presenció hecatombes tan te- 
rribles que no registra iguales nuestra 
historia patria. 

Los mal entendidos del Sr. BatUe, 
que la posteridad juzgará en su día, se 
convirtieron en catástrofes nacionales. 

La hostilidad para los que no pien- 
san como él y para los que no le son sim- 
páticos por cualquier motivo, es la ca- 
racterística del Gobernante v es de no- 
tarse que esa hostilidad no se manifiesta 
solo respecto de sus adversarios, sino 
también respecto de sus propios correli- 
gionarios. 

Los colorados que se creen ó que di- 
cen estar en el Poder sin creerlo, no lo 
están sino en el nombre, donde están 
realmente es en sus casas, desdeñados, 
sospechados y hasta perseguidos y veja- 
dos. El Sr. BatUe nunca ha tenido buena 
voluntad á los que llama sus correligio- 
narios, siempre los ha fulminado desde 
su propio diario, que mas que diario co- 
lorado ha sido cátedra de vapulación pa- 
ra importantes afiliados de osa fracción 
política. 

Los únicos colorados á quienes Bat- 
lle estima y á quienes ha concedido po- 
sición y honores, han sido aquellos que 
no han prestado á su partido servicios 
de ninguna clase, colorados de la última 
hora, j)ersonages improvisados, mucha- 
chos de su imprenta y gentes sin impor- 
tancia que todavía están asustados de 
verse á tanta altura y que su propia 
falta de condiciones los hace aptos para 
servir de agentes ciegos de otras volun- 
tades, i ; ' 

Si se quiere una prueba palmaria de 
esa verdad no se necesita sino recordar 
quienes rodean al gobernante, quiénes 
son los Representantes que impuso á su 
Partido y quienes son las personas que 
nombra para desempeñar funciones de 
carácter público. • , 



La Revista Uiujouaya 



3 



El Partido colorado está, pues, tan 
fuera del Poder como el Partido Na" 
cional. 

Y si todavía este hombre, tan grande 
por sus proporciones corporales no fuese 
tan pequeño por las condiciones de su 
espíritu y gobernase pasablemente, po- 
dría disculpársele su egoísmo, que aleja 
de su lado á los que no son sus amigos 
complacientes; pero, como traerá, á 
corto término la liquidación moral y ma- 
terial del país, de ahí la desesperación 
que consume á los ciudadanos amantes 
de la tierra nativa. 

Por el líido de los principios no respe- 
ta ninguno, aunque con sus viejos sofis- 
mas quiera demostrar lo contrario, si- 
guiendo la táctica de su tradición per- 
sonal. 

No respeta tampoco la constitución 
del Estado: los derechos individuales 
son desconocidos, los políticos solo los 
tiene su grupo como lo comprueba el 
hecho de que siendo un puííado de hom- 
bres sin valimiento ocupa todos los car- 
aos electivos v de cualquier otra clase. 

Eso sí, el Sr. Batlle, tratándose de su 
núcleo, es constante y tesonero y no 
pierde oportunidad de protegerlo creyen- 
do, en su inexperiencia presuntuosa, que 
con él formará su Partido. 

No son la competencia, ni la antigüe- 
dad, ni los servicios á la patria, ni la 
preparación, los mejores títulos para 
lograr empleos, sino el compadrazgo, la 
amistad, el parentezco de personages in- 
fluyentes ó el haber revelado zafia y 
crueldad en las contiendas dolorosas de 
hermanos contra hermanos. 

Así, en vez do perfeccionar los diver- 
sos organismos que forman la Adminis- 
tración pública, se subvierten todos los 
principios y se realizan injusticias y ar- 



bitrariediides impropias de una gestión 
sensata de los intereses generales. 

La hacienda pública prospera, ha di- 
cho con arrogancia el Ministro del ramo 
en un reciente discurso ; pero omitió 
expresar que, si eso fuese así, lo sería en 
todo caso, no por obra del Gobierno sino 
apesar de los errores que comete. 

Se crean deudas por millones sin vo- 
tar fondos para sus servicios, fundándose 
los legisladores en que se debe tener fe 
en la palabra del Gobierno que asegura 
poder atender con rentas generales al 
pago de intereses y amortización, cuan- 
do se deben varios meses de presupuesto 
á diversas clases que de él viven y cuan- 
do se aumentan las cargas elevando 
sueldos y votando pensiones á granel. — 
Ya vendrán, mas tarde, los nuevos im- 
puestos. 

Se mistifica para obtener el voto de 
una deuda pública, sin asignación espe- 
cial aplicable á su servicio, para des- 
pués hacer tragar al pueblo la pildora 
amarga de nuevos gravámenes cuando 
ellos se impongan con la fuerza perento- 
ria de la necesidad. El abnegado Gobier- 
no recarga así inconsideradamente el 
porvenir de la Nación; pero consigue 
nadar en la 0])ulencia, deslumhrar con 
el manejo de millones á las nuichedum- 
bres Ciegas y pasar alegremente el j)e- 
ríodo que le fija la constitución dejando 
al sucesor la liquidación del desbarajuste 
financiero que se inicia con intenciones 
de mayor desarrollo. 

Las industrias han suspendido el de- 
senvolvimiento de sus operaciones, la 
edificación ha cesado en absoluto, las 
obras del puerto se demorarán quien 
sabe hasta cuando, el Ferro Carril ten- 
drá que suspender su tráfico talvez en 
los momentos de mayor apuro y auna 
situación semejante se la califica desde 



La Revista Uruguaya 



lo alto, de situación envidiable y prós- 
pera ! 

Las cotizaciones de la Bolsa se dan 
como síntoma de prosperidM producida, 
sin duda, por un Gobierno que no ha 
traído sino grandes males al país impo- 
niéndole la pérdida de miles de vidas y 
de millones de pesos por perjuicios de 
guerra ; pero se mistifica también al 
respecto porque si las deudas suben de 
valor (y de monto) es porque nadie quie- 
re colocar el dinero en industrias ni en 
iniciativas de progreso por temor á las 
huelgas amparadas por la autoridad, á 
los atropellos de los obreros que no quie- 
ren trabajar y á las contingencias de una 
época insegura y sin rumbo. 

Estamos, sin embargo, en un período 
de fomento; pero ese fomento que viste 
con colores sonrientes la situación eco- 
nómica y financiera, puede ser espejismo 
que nos lleve á los desastres y banciirro- 
tas de épocas que se reproducen porque 
los pueblos parecen no aprender y re- 
caen en viejos errores y en imprevisio: 
nos sin remedio. 

Este Gobierno del 8r. líatlle pasará, 
talvez, sin niíiyores tropiezos; pero de- 
jará tras de sí gérmenes de desorden y 
de catástrol'es. 

Para evitar ese desóiden y oscis ca- 
tástrofes es necesario (|uc los Partidos 
poi)ulares se acerquen y concierten sus 
esfuerzos para triunfar ellos en los co- 
micios populares contra la imposición y 
el fraudc\ 

8i las ('amaras futuras son como las 
actuales, habrá que convenir en que este 
país está condena<lo á so))ortar males 
irre])arables. 

Jíatlle y su círculo son los enemigos 
y constituyen un peligro que debe con- 
jurarse. 

La IM lili. 



IiieoiislitiiÉnallilad del divoMo 



^^^ARA archivar el proyecto de divor- 
t^^T cío presentado á las Cámaras por 
el inteligente joven Oneto Viana no hace 
falta entrar á disertar sobre la naturaleza 
de la institución del matrimonio, ni ante 
la filosofía, ni ante el derecho natural y 
menos detenerse en demostrar su indiso- 
lubilidad según las doctrinas deesas cita- 
das ciencias. Basta dejar constancia que 
ese proyecto es atentatorio contra la 
Constitución del Estado. El artículo 
quinto de la ley FUNDAMENTAL de la 
República establece de una manera clara 
y terminante, que no admite duda ni si- 
quiera necesita interpretación por su lu- 
cidez (artículo 17 C. C. y sus relativos) 
que la Religión del Estado es la Católica, 
y siendo un dogma de fe de esa Iglesia 
desde hace veinte siglos consagrado por 
todos sus concilios la indisolubilidad del 
vínculo matrimonial, es atíntar contra la 
Constitución de la Nación, convertir en 
lej^ ó votar el proyecto que establezca el 
divorcio absoluto, que condena sin reti- 
cencias, ni ambigüedades la Religión Ca- 
tólica. La Cámara Uruguaya al fallar so- 
bre ese punto no debe olvidar que tiene 
que hacerlo como Juez y (]ue no puede 
dejar de a.plicar al respecto el citado ar- 
tículo (Constitucional. No es por amor ú 
odio á tal ó cual escuela religiosa ó filo- 
sófica, ni con el criterio simple indivi- 
dual prescindiendo de LA LEY FUNDA- 
]\[ENTA.L (pie cada legislador puede dic- 
taminar en esta materia. Nó.— La Cáma- 
ra Brasilera, compuesta de liberales ins- 
truidos, donde había libres pensadores 
en número ¡ílural, 2)ero estaflistas en rea- 
lidad y no sectarios dio no hace muchos 
años un alto ejem[)lo de cordura, se pre- 
sentó un proyecto igual al del Sr. Oneto 



La Revista Uruguaya 



Viana y esos legisladores adversarios de- 
cididos de la Iglesia lo recliazaron basán- 
dose en que era contrario á la Constitu- 
ción que en aquel entonces establecía que 
la Religión del Estado era la católica. Y 
esos liberales mas tarde aun fueron mas 
lejos, cuando se separó la Iglesia de 
ese Estado, archivaron otro proyecto 
análogo fundándose en la indisolubilidad 
del matrimonio ante el propio derecho 
natural. Procederes casi idénticos se re- 
II 




COMANDANTE FRANCISCO LEDESMA 

VeU'raao de nuestras campañas, muerto por salvar á 

Teodoro Berro, en el combate del llercidero el 97, 

fue celcrano en nuestras guerras i¡ fjran patriota, 

carácter altruista por excelencia 

pitieron en la Cámara Argentina. Com- 
j)rendieron que votar esos proyectos era 
halagar sus ideas personales destrozando 
en mil pedazos la Constitución de la Re- 
pública y optaron por sacrificar sus amo- 
rrsen honor de la LEY DE LAS LEYES. 
Así se procede cuando se distribuye jus- 
ticia, se falla con el criterio de la ley y 
nunca con el de las prevenciones. 

Desde el Presidente de la República 
hasta cada legislador han jurado respe- 
tar la Constituoión y no pueden violarla 



prohijando ó votando un proyecto con- 
tra sus artículos 5.** y 76, porque incurri- 
rían en el delito de lesa soberanía que 
castiga é instruye el artículo 151 de osa 
misma Constitución del Estado, que ha 
previsto el caso hoy en debate. 

Nulo será también ese jjroyecto ante 
los principios de derecho Constitucional 
y no solo por el criterio de los Católicos. 
— Nó.- 

Liberales, como Voltaire, Rousseau, 
Guichot, Montesquieu, Laboulaye, Ha- 
milton, Madison, Jay, Kent, Jefferson, 
Grimke, Lastárria, González, Alberdi, 
AreGhaga,Lieber,Micaulley, Story, Black- 
stone, Mitre, Cantilo, Sarmiento que han 
tratado infinidad de veces esta tesis 
Constitucional, sostienen que las Asam- 
bleas ó Cámaras no tienen la facultad de 
votar leyes contra la CARTA FUNDA- 
MENTAL DEL ESTADO y que son nu- 
las todas las disposiciones que dicten con- 
tra ESA CONSTITUCIÓN. 

La Redacción. 



El tema simpaUea 

La lucha es el progreso 

Expresamente para "La Racista Urujuaji." 

^jl^vESDE que la humanidad surgió á 
.^yy la vida, ha sido la lucha el jjrin- 
cipal atributo de su poder. Sin ella, sin lo 
que por medio de la lucha se ha conse- 
guido en el mundo, no habría diferencia 
entre el hombre y los seres irracionales: 
viviríamos como ellos, en el mismo esta.- 
do de brutalidad que surgimos ; en una 
palabra, seríamos la bestia humana, ni 
mas ni menos, Pero se ha luchado en la 
política, en las religiones, en la ciencia y 
en el arte, en el comercio y la industria* 
y con la lucha, y nada mas que con la 



La Revista Uruguaya 



lucha, liemos llegado al progreso y liber- cíoiial ; que citando todo hacía suponer, 

tad de que disfrutamos. después del último desastre reyoluciona- 

En los pueblos donde desaparécela rio , que decaería el ánimo de nuestros 

lucha política, se deprime y hasta so en- correligionarios, sucede lo contrario : co- 

vilece el carácter del ciudadano. Loque mo nunca^ nos escriben de Montevideo^, 

engendra á los tiranos ó á los gobiernos hay ansias por renovar la épica contien- 

eorruptores es la falta de lucha civioa, da. — ^Razón tenia en decirnos un perso- 

de entusiasmo y virilidad popular. naje argentino j á quien narrábamos días 



Nuestro pueblo, 
ó mas bien dicho 
nuestra colectivi- 
dad política,, no 
ha desmayad o 
nunca en la lucha 
per sus derfclios, 
(]ue son los dero- 
c-hos d e todos ; 
jxies aunque haya 
tenido momentos 
de decepción ó de 
cansancio, c o m o 
es humano tener- 
los, ha reacciona- 
do en seguida, em- 
prendiendo c o n 
mas ardor, si ca- 
be, la lucha inte- 
rrumpida. Raza 
de héroes, forma- 
dla en la adversi- 




DON ABDUX AROSTEÍJUY 
Hizo fus ritinfuiHas ilcl 'O 1/ fl7 /y t-oopcró en ¡trimt^ra fila 



pasados esta proe- 
za del civismo: — 
Es una raza de lié- 
r o e s el pueblo 
oriental. Y agre- 
gó : — Con todos 
nuestros progre- 
ses materiales, ad- 
miramos y hasta 
nos cansan envi- 
dia, el valor y la 
constancia de los 
uruguayos. ; 

Pero no hay 
que dormirse so- 
bre los laureles. 
No basta que ha- 
ya virilidad y en- 
tusiasmo. Es pre- 
ciso organizar 
esas fuerzas para 
aprovechar las 



dad (pie nos lia d<q)ara.do la suerte, imita energías cívicas, dándole rumbos al pa- 



á los espartanos de los antiguos tiempos, 
que al decir de un escritor contemporá- 
neo, era su pensamiento la patria y ol 
combatir á los enemigos de ella, su des- 
canso y bienestar. 

Hoy mismo, á ])esar de que haya to ■ 
davía algunos flacos de espíritu, decep- 
cionados de sí mismo, está dando un 
ejemplo de civismo nuestro partido, que 
es la admiración de propios y estraños. 
Nos llegan or-os de todas partes de nues- 
tra república diciéndonos que el entu- 
siasmo cunde en las filas del Partido Na- 



triotismo, á fin de llegar a un resultado 
práctico. 

Esos rumbos están trazados, se nos 
dirá: la ley orgániíja del partido los pro- 
clama y la organización existente y la 
creación del Tesoro les dá carácter de 
realidad. Efectivamente, asi és ; pero si 
analizamos, aunque sea someramente, la 
constitución de una y otra cosa, veremos 
que todavía hay mucho de teoría en sus 
proyecciones para llegar á la realización 
de esos ideales. ^ 

La organización, partidaria no ser» 



La Revista Uruguaya 



completa hasta tanto exista un solo co- 
rreligionario que no forme parte de ella. 
Para llegar á ese resultado hay que pen- 
sar primero en la unión absoluta del par- 
tido, á cuyo fin nunca será bastante toda 
la propaganda que se haga en las filas de 
los buenoá partidarios. ¡Unión, unión y 
siempre unión ! debe ser la consigna en- 
tre nuestros correligionarios, tratando 
por todos los medios hacer olvidar ren- 
cillas, disculpar errores ó debilidades y 
reconciliar toda cuestión personal. 

La formación del tesoro es otro de los 
problemas que debemos acometer con to- 
das las fuerzas de nuestras convicciones- 
Sin plata no hay nada en el mundo, y 
menos aún política, que exige grandes 
sacrificios pecuniarios. A este respecto, 
el Directorio acaba de decretar algunas 
medidas prácticas para aumentar el Te- 
soro ; pues acátemelas con entusiasmo, é 
inventemos otras y otras, para aumentar- 
lo mucho mas. ¡ Dinero, dinero y mucho 
dinero ! necesitamos para luchar contra 
el monstruo que ha venido á interrumpir 
la cultura y el progreso de la República. 

Si esto llega á realizarse, como se rea- 
lizará si el entusiasmo que se nos dice es 
verdadero, entonces si que merecería el tí- 
tulo de patriota nuestro pueblo, y nues- 
tros correligionarios serán realmente hé- 
roes de los ideales nacionalistas, ó lo 
que es lo mismo, factores del engrandeci- 
miento moral y material de nuestra patria. 

Abdón Arózteguy. 



Entre Mortos s hniuz Kinguem 

Anécdota de ia útima guerra 

Ej;/>resarnente pnra "La Reoista Uruf/uai/a" 

fL Coronel Valiente y el Comandan- 
te Noblia habían recibido en Za- 
pallar orden de ponerse en marcha ha- 
cia la Villa de Artigas, é intentar su 
rendición, como asi lo hicieron. 




El 18 d^ Abril llegaban á las inmedia- 
ciones de aquella población, defendida 
por elevaciones naturales que la rodean 
de tal modo que sin forzar mucho la re- 
tórica puede decirse que asaltarla es ir á 
atacar al enemigo en su cueva. 

Lo primero que se hizo fué tratar de 
obtener el sometimiento pacífico de la 
plaza ; pero las tentativas que en tal sen- 
tido se llevaron á cabo resultaron infruc- 
tuosas. 

Los de adentro tenían, además de sus 
fusiles, dos ametralladoras y estaban bien 
provistos de municiones. 

Además, la topografía especial de los 
alrededores de la Villa se presta admira- 
blemente para una defensa ventajosa, y 
no era de suponer que los atacantes se 
resolvieran fácilmente á sacrificar la 
mitad de sus fuerzas para poder pene- 
trar á la plaza con la otra mitad. 

La rendición del enemigo hubiera re- 
sultado en esas condicionas demasiado 
cara para los nuestros, y comprendién- 
dolo así la guarnición contestó que no se 
rendiría sin oponer resistencia. 

En vista de esta respuesta se resolvió 
el 19 enviar algunas guerrillas con el 
objeto de explorar la situación de los de- 
fensores. 

La gente de NobUa avanzó jjor un la- 
do del pueblo y por otro una gue- 
rrilla del capitán Zabala protegida por 
otra al mando del malogrado teniente 
Beraza. 

Así que el enemigo notó el movi- 
miento comenzó á arrojar una verdadera 
granizada de balas desde la población. 

A este respecto nos decía el Coronel 
Valiente que cuando dio orden á Beraza 
de marchar en protección de Zabala, pug- 
naban por brotarle las lágrimas al pensar 
que sería un milagro que aquellos mucha- 
chos volvieran. 



8 



La Revista Uruguaya 



Los vecinos de los alrededores de Ar- 
tigas desalojaban á toda prisa sus domi- 
cilios, linyendo de los proyectiles que 
penetraban en ellos á través de los muros. 

Hubo un instante en que Beraza per- 
dió de vista la guerrilla de Zabala. 

En ese momento, un matrimonio jo- 
ven salía de una casa para ponerse en 
salvo del peligro. Beraza le pidió que le 
indicaran la dirección que llevaba su 
vanguardia, y la mujer encontró en sus 
sentimientos recurso para sobreponerse 




ERNESTO DE LAS CARRERAS 

Héroe de la Ifejensa de PaijsandCi,abnefiado tj austero 
servidor del Partido Nacional 

al temor y acompañarlo hasta que la vol- 
vieran á divisar, en tanto que el ma- 
rido echaba á correr dominado por el 
miedo.... 

Durante todo el día no se sintió más 
que el ruido ensordecedor de las grandes 
batallas. 

Los proyectiles caldeaban la atmós- 
fera y el linmo de la ])ólvora cubría to- 
talmente la plaza. 

Una bala enemiga cortó la rama de 



que colgaba una naranja que pretendía 
arrancar uno de nuestros soldados ; otra 
rozó levemente en el cráneo á un oficial 
que observaba á través de un boquete 
abierto en la pared del cementerio. Las 
ametralladoras de la guarnición se des- 
compusieron de tanto funcionar y hubo 
la necesidad de traer mecánicos de Ya- 
guarón para componerlas. ; 

Entretanto, durante todo el día, el 
sentimiento de humanidad impulsaba á 
los vecinos de Yaguarón á ocuparse en 
los preparativos para habilitación de hos- 
pitales de sangre. La Cruz Roja, el cuer- 
po médico, las damas, todas las personas 
filantrópicas en general, que en estos 
casos abundan demostrando que el mun- 
do no es tan malo como se piensa, 
se hallaban en gran actividad, temero- 
sas de que no bastaran las casas cedidas 
para alojamiento de los heridos. ' 

Al caer la noche, y cuando ya el fue- , 
go había cesado, embarcáronse abordo de 
la balsa la Comisión de la Cruz Roja, 
acompañada de médicos, practicantes y 
enfermeros, bajo cuya custodia debían 
ser transjjortados los heridos á la ciudad 
brasileña. 

Todo el pueblo esperaba ansioso su 



regreso. 



Por fin se la oyó atracar de este lado, 
y luego, al rato, volver de nuevo. El re- 
chinar de las cadenas se oía cada vez más 
(♦ercano, pero la obscuridad de la noche 
no permitía divisar nada. 

El pueblo palpitaba de emoción y de 
ansiedad. Nadie se atrevía á preguntar 
nada: sólo se oía ese murmullo confuso 
de las multitudes congregadas por un 
sentimiento único y expontáneo. 

Por fin la silueta de la balsa se es- 
fumó en medio de las sombras, y una voz 
se levantó entre todas, en la costa, pre- 
guntando cuántos eran. 



La Revista Uruguaya 



9 



— ¡ Entre morios e feridos ninguem ! 
fué la respuesta que obtuvo de la balsa 
y que fué recibida con carcajadas de jú- 
bilo por un pueblo que simpatiza con 
nuestra causa y que presagiaba un nú- 
mero enorme de víctimas en nuestras 

filas. ' 

F. Arboleya y Arboleya. 

VAEIEDADES.-De Clavijo 

Hay que evolucionar 

LAS gentes tienen por lo común una 
.. j pobrísima idea de los tilingos en 
política. — Yo, no los admiro, pero los 
contemplo con cierta curiosidad que es 
casi un placer, no por maldad sino por 
espíritu de investigación. 

Recuerdo que mi maestro de prime- 
ras letras, que tenía sus puntos y ribe- 
tes de filósofo, me dijo un día « la Crea- 
ción es toda fíiiita ; el infinito es una 
abstracción que nuestra inteligencia fi- 
nita no percibe » , pero mi buen maestro 
que por lo que después he visto se ha- 
bría indigestado con Fenelón, Hamilton 
Kant y acaso con Locke y Gassendi, no 
conoció seguramente como no conocie- 
ron éstos á nuestro tilingo político, indi- 
vidualidad autóctona que la he conocido 
á mi vez andando los años. 

Si cuando asistía á la escuela de mi 
pueblo, hubiese tenido la experiencia 
que me han dado los tumbos de la vida 
habría contestado á mi buen maestro: 
« alto ahí ! afirmo que la tilinguería de 
los tilingos políticos es mayor que cual- 
guier cantidad dada, es ella el infinito 
mismo, el infinito de carne y hueso, que 

anda, que habla, que huele y que palpa.» 

* 
* * 

Si señor ; el tipo lo conocemos ; casi 

nos es familiar y podría esbozarse y aun 

retratarse diciendo : vive eternamente 

creyendo en la redensión política de los 



que no se han propuesto otra cosa que 
reventarlo en todas y cada una de las 
ocasiones que pueden hacerlo; — á cada 
paliza que le dan se afirma con creciente 
sinceridad en la esperada enmienda de 
sus adversarios ; aguarda como un israe- 
lita la vuelta del Mesías, la evolución so- 
fiada; « es menester evolucionar» dice, 
sentencioso y grave á cada cardenal que 
le levantan. 

Hay en él algo del estoicismo de los 
mártires y algo de la inconciencia del 
perfecto cretino;— dualismo singular y 
extraño por cierto pero tal es el tipo del 
tilingo político. 



* 
* * 



A estos señores, cuando mucho los 
acorrala la agresión sistemática de su 
adversario, parecen renunciar en parte 
á su fé en la evolución con la masa de 
sus enemigos y entonces clavan sus es- 
peranzas en los independientes, pero co- 
mo eso de situacionistas é independientes 
depende de quien sea el que está prendi- 
do al biberón y son los mismos, los de 
ayer, los de hoy y los de siempre, tam- 
poco pierden los independientes la oca- 
sión de decepcionarlos, aunque sin con- 
seguir convencerlos. 



* 
* * 



Para uso de los señores tilingos á que 
nos venimos refiriendo, vamos á trans- 
cribir un parrafito con que el diario co- 
lorado «independiente» ^El Tiempo», 
termina un artículo en el que con trans- 
cripción del n.Ml3 de la Constitución 
describe al guardián de las instituciones, 
á la columna de las leyes, es decir al 8r. 
Batlle, como uno de los tantos mando- 
nes que han afrentado con sus atropellos 
y vejámenes á los hijos de esta tierra. 

Se refiere el artículo á la prisión de 
Carabajal y Doria y del parrafillo que 
transcribimos, se puede colegir lo que 
ganaríamos al e!;o/«cío«rtr con los inde- 
pendientes. 

* No se dirá, — termina el artículo — 



10 



La Revista Uruguaya 



que Caravajal y Doria son nacianalis- 
tas y por espíritu de solidaridad parti- 
daria debe callarse el atropello ó darle 
patente de legalidad. Nó. Esos compa • 
triólas son colorados de buena cepa y no 
hay razón para que no gocen de las ga- 
rantías constitucionales.» 

Todo comentario, oscurecería la cLi- 



ridad meridiana con que se perciben las 
ganas de los intelectuales rojos indepen- 
dientes y el más atento observador no 
sorprendería en ellas la mínima diferen- 
cia con las de los situacionistas. 

Nada, evolucione Vd ! ' 

Baldomero Clavijo. 



(1) I 






Por la Bedención Poh'tica!... 



NARRACIÓN 

miz LA EEV3LUCI0H DEL 37 

ESCRITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 



Sr. Dr. Luis Santiago Botana. 
Distinguido amigo : 

Vd. se promete escribir la historia 
de la revolución de 1897 ; por consi- 
guiente, querrá que se le haga crónica 
verídica de aquellos sucesos. En ese sen- 
tido, narraré á Vd. los hechos mas culmi- 
nantes en que fui actor de ellos, directa 
ó indirectamente. 

La revolución de 1897 fué el estalli- 
do de los acontecimientos que se venían 
produciendo desde años atrás, y que 
acentuó de una manera decisiva la torpe 
y venal actuación del gobierno de Juan 
Idiartc Borda. Desde que fracasó la re- 
volución de 1880, llamada comunmente 
de Arredondo, nosotros, desde Buenos 
Aires, hacíamos propaganda revolucio- 
naria. Nuestro partido tenía bandera en- 



O) En las exposiciones ó narraciones de cieiles ó 
militaren, aíjueLlüs piujueñísitnos é in.fi;/ni/if anees >/e. 
tulles, (¡Lu; no entren en el ¡ilnn (le esta h'eoisCu pitbli- 
caríos ¡lor razonex ile oportuniílail, etc. etc. . irán in- 
te'/ ros con sus notas y i-<tiiientarios respectivos vn nues- 
trn Historia, Uel 'JT'^. 



tonces para levantarse en armas, como la 
tiene ahora y la tuvo antes de aquellos 
sucesos, sin necesidad de que nuevos 
acontecimientos, ó acontecimientos de 
ocasión vinieran á dársela. Cuando más, 
toda la influencia que podían tener esos 
acontecimientos, sería el reforzar nues- 
tro derecho, conculcado por el Partido 
Colorado desde la fecha nefasta que se 
alió al Brasil para derrocar á nuestro 
partido del poder, dando por tierra con 
el honorable gobierno de D. Bernardo P. 
Berro, después de bombardear á Paysan- 
dú y tomar por traición á Montevideo. 

Nuestra propaganda dio lugar á gran- 
des movimientos de opinión, empezando 
por el que tuvo lugar en el bosque de 
Palermo, después en el Politeama Ar- 
gentino,— ambas en la ciudad de Buenos 
Aires, — que tuve el honor de presidir. 
Para exteriorizar esa propaganda, y en 
unión de mi distinguido amigo el Dr. Du- 
vimioso Terra, — que muchas veces pre- 
sidió nuestros trabajos, — emprendimos 
en varias ocívsiones tentativíis revolu- 
cionarias, que fracasaron por muchas 
causas complejas y algunas un tanto an- 
tipatrióticas, no dejando por eso de cons- 
pirar permanentemente. 

En estos momentos fué que se ini- 



La Revista Uruguaya 



11 



ciaron los trabajos para que el Sr. Eduar- 
do Acevedo Diaz se pusiera al frente 
de E! Sariniia], en los cuales tomé una 
participación activa, enviando algunos 
centenares de firmas desde Buenos Ai- 
res, adhiriéndonos á los trabajos del 
Comité Pro Acevedo Diaz, constituido 
en Montevideo. La propaganda que hizo 
este ¿mtiguo correligionario, fué bené- 
fica para la comunidad; pues contribu- 
yó poderosamente á- levantar el espíritu 
público, que por desgracia se encontru- 
ba bastante abatido en nuestro país. 



Jl 



1 




comandante DOROTEO NAVARRETE 

///\;o his rtiin/Kiruis del U7 y lilOt 

]\Iientras Acevedo Diaz continuaba 
su propaganda en El Nacional, aplau- 
dido por todos los que trabajábamos por 
la revolución, preparé un suceso desco- 
nocido para la generalidad de nuestros 
correligionarios, que voy á mencionarlo, 
no tanto por lo que me atañe, cuanto 
por la importancia que ha tenido para 
el desarrollo de los ulteriores iiconteci- 
m lentos. Le concreto el hecho á un emi- 
sario que mandé al Brasil para que se 
entrevistara con los generales Gumer- 



sindo y Aparicio Sara vía: ese emisario 
fué el coronel Alegre, íntimo amigo de 
los dos caudillos nombrados. Les expo- 
nía la situación angustiosa de nuestro 
partido por la falta de un jefe decidido y 
prestigioso que asumiera su jefatura, y 
me permití indicarles que cualquiera de 
ellos podría ser ese jefe, una vez que hu- 
bieran terminado sus compromisos con 
la revolución brasileña. La entrevista se 
efectuó : aquellos dos patriotas se ofre- 
cieron generosamente á salvar el parti- 
do, pero la muerte de Gumersindo hizo 
fracasar ó retardar el pensamiento por 
el momento. 

Los acontecimientos políticos, cada 
vez mas desgraciados en nuestra patria, 
y el entusiasmo que día por día crecía 
en nuestras filas, dio lugar á que nmchos 
indiferentes hasta entonces, se preocupa- 
ran seriamente de la necesidad imperio- 
sa de la revohición, marcada ya fatal- 
mente en el destino de nuestro pueblo, y 
entre otras cosas surgió la idea de cons- 
tituir un comité de guerra en Buenos 
Aires. No formé yo parte de él ; sin 
embargo, j)rescindi('ndo de ese detalle 
que podía liaber herido mi amor propio, 
pues me consideraba con títulos tan sa- 
neados para haber sido uno de sus miem- 
bros como cualquiera de los que lo for- 
maban, me puse ilimitadamente á la dis- 
posición del referido Comité, quien me 
confió la honrosa misión de trasportarme 
á Montevideo y pedirle una entrevista 
al Directorio para que íiprobara sus 
patrióticos trabajos. El Directorio, leu- 
nido en el domicilio particular del Dr. 
José Romeu, tuvo la atención de oírme, 
pero no aprobó los trabajos del Comité 
de Guerra, fundado en la falta de ele- 
mentos para producir la revolución; 
concordando esta contestación con la 
que hacia poco tiempo le había dado el 



12 



La Revista Uiíuguaya 



mismo Directorio al General Saravia. El 
Dr. Terra, que formaba parte del Comi- 
té, me acompañó á Montevideo para en- 
trevistarme con Acevedo Diaz, que tam- 
bién formaba parte de aquel centro, y 
prevenirle de mi viaje y la misión de 
que era portador. — Acevedo Diaz dudó 
desde el primer momento que se consi- 
guiera la aprobación que se gestionaba 

del Directorio. 

Continuará. 



(1) 



NARRACIÓN 



.SOBIÍE LAS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy General BASILIO MUÑOZ (hijo) 



{Continuación) 



Véase Níim. 11. 



^¡C L día siguiente se reunió el Di 
^^^ rectorio, asistiendo 8ara\ia, á si 



su 

sesión. Saravia, exi)uso que el objeto de 
su viage era conocer los j)roi)ósitos del 
Directorio sobre los trabajos iniciados, 
que el partido estaba conij)rometido á 
ir á la revolución y que él desenba se le 
dijera algo. — El Directorio inanif<'st<> que 
teníanla idea de hacer revolución, ])ero 
que tenían que arbitrar recursos pai-a 
hacerse de los elementos que carecía un 
movimiento revolucionario en el país y 
que era cuestión de tienqx). Saravia: — 
¿y qué tiempo habrá <}ue esi)erar? l>e- 
rinduague, | Ah ! no es [josihle precisar- 
se, puede ser cuestión de uno ó mas 
años. — Saravia: Yo creo que por falta 
de dinero no debemos esperar tanta ticm- 



(1) En las niitnaroif sucesico.* ir//n tus narrudo- 
nes de los Jel'es J{i;c')lucion(iriii¡-- solira In ;/uvrra del 
97, José F. Gonzalf'z, lUisilio ¡j Sori/io aMiiñoz, Vtda:, 
Marín, Gil, Blanco, liniisUi. CorUnnít, Aldn/na. Gue- 
rrero. Ismael Velaz'¡ue;, Kaourreie, Várela Gómez, 
Ejcpeiliccones Aparicio Sarxnia, ' L<tinas ,- Monrjrell, 
Benitez. asalto vnñoncra 'Art.if/as', exposiciones do 
Cannaiieris, Cihils, Gauna, SaaceUra ;f Coronel Orr/az 
Parii ¡tillan, etc etc . , ij inacltas oirás ciniles ¡j niiUla- 
res, <isi corno todn lu ilot;anient.titii.¡n ¡tolitica 1/ niililar 
que sirren de liase ti nuestra •' lUstoriadel !l7" . 

La fíedacción. 



po. Yo pongo mis títulos de propiedad á 
disposición del Directorio ; prefiero de- 
jar á mis hijos pobres y con Patria y no 
ricos sin ella, — Directorio ; No acepto y 
se limitó á prometer que activarían sus 
trabajos. — Aparicio, se retiró, indignado 
con la actitud del Directorio, poco pa- 
triótica en su conceptoy dispuesto á po- 
nerse en campaña con la cooperación de 
algunos amigos de causa de la capital y 
otros de campaña. | 

El 11 de Noviembre ya teníamos 
adelantados nuestros trabajos, aunque 
solo contábamos con 200 lanzas, — El 
12 me mandó el General, para Montevi- 
deo en misión acerca del Dr. Baena.— El 
18 partí para Nico Pérez, y esa misma 
noche supe en casa del Comandante Isi- 
doro Noblia, que el Coronel Trias y Cor- 
bo, habían tenido una entrevista con el 
Coronel Chiquito Saravia, éste en repre- 
sentación del General Aparicio, que se 
encontraba en el Departamento de Ri- 
vera, lo que comuniqué á Montevideo por 
que había conveniencia que lo supieran. 

El 24 á la noche, se pronunció el Ge- 
neral en el Deí)art.amcnto de Tacuarem- 
bó, los Coroneles Chiquito y Oviedo, y los 
Comandantes Clav ¡jo, Mena A., y Vira- 
monte, en el Depnrtnmento de Cerro 
Lai'go y el (Coronel Carrasco, (Joman- 
danto Rivas y el que suscribe y su her- 
mano^Juan, en el Departamento de Du- 
razno. 

El 25 re(nl)í orden del Coronel Chi- 
quito <le pennniHH-er sobre la costa del 
Cordobés en observación del enemigo, 
conumicándole la a])roximación de cual- 
quier fuerza enemiga de consideración 
que entrase al Departamento. — El 28, el 
General, pasó Rio Negro en el paso de 
Pei-eyra, recibiendo las incorporacio- 
nes del Coronel Chiquito con 400 hom- 
bres y de Carrasco y Rivas con 200; i)a- 
só en el Villar esa misma noche v fue á 
esperar el día, al bañado del Cerro Zue- 
lo, — donde amaneció de caballo de la 
rienda siguiendo marcha de allí hasta la 



La Revista Uruguaya 



13 



estancia de mi padre, en las Palmas, 
donde churrasquió, y me incorporé con 
100 hombres armados con lanzas y tres 
Remingtons. 

No habíamos concluido de almorzar 
cuando sentimos los tiros de nuestra 
guardia con la vanguardia de Barrióla, 
que había estado pocas cuadras de no- 
sotros, pues no había mas de cinco kiló- 
metros del campo enemigo al nuestro. 
Inmediatamente me fui á la línea, v des- 
pues de diez ó doce minutos de fuego, el 
enemigo retiró sus guerrillas avanzadas. 
Nosotros emprendimos marcha tranqui- 
lamente en direcciones á Sarandí del 
Yí, donde llegamos el 30 á las 8 a. m. é 
hicimos 60 ó 70 prisioneros que estaban 
á órdenes delMavor Conrado Uriarto v 
Juan C. Simpson — pasamos el Yí y chu- 
rrasqueamos en campo de nuestro amigo 
y compañero Estanislao Brito — á las 2 
p. m. levantamos campamento y segui- 
mos marcha rumbo á Mansavillagra — al 
subir las últimas cuchillas que caen al 
8auce de Ma;nsavillagra vimos una fuer- 
za como de 200 hombres, inmediata- 
mente desplegamos guerrilla y avanza- 
mos á galope largo y nlgunos corriendo 
-el enemigo quiso formar y hasta hi- 
cieron un poco de fuego, pero cuando 
vieron que nuestras guerrillas avanzaban 
á media rienda mandaron media, vuelta 
y por cierto, se dispararon á lo que daban 
sus caballos — 1.'^ corrida al Coronel 
Alcoba. 

El 1.*' de Diciembre volvimos á co- 
rrer al Coronel Alcoba, que había reu- 
nido una ó dos policías, y esperaba en 
Illesca noticias de sus dispersos del día 
antes. En la persecución que hicimos 
al Coronel Alcoba, le tomamos algunos 
prisioneros y se le hicieron 2 ó 3 muer- 
tos, entre éstos, un Teniente Medina. 

Continuarñ. 



NARRACIÓN 

DEL 

Co&aaiaiis Apoliaario Veles 

SOBRE LA 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



(Continuación) 

Yéa80 núm. II, 

fL fuego era nutridísimo y el silbar 
de las balas nos decía claramen- 
te que el enemigo hacía uso del mauser 
moderno. 

Sin duda, respondiendo á una 





CARONEÍi OR(iAZ PAMPILLOX 

Jefe de la 9.a Diristun. ItcvolucioiKiria el 97 

causa atmosférica el humo de nuestros 
remingtons en vez de elevarse, se arras- 
traba (si cabe la frase) sobre la super- 
hcie de la tierra y encajonábase en un 
l)rofundo cañadon que sei)araba mi gue- 
rrilla de la guerrilla enemiga. 

A los di3z minutos de iniciado nues- 
tro tiroteo hice suspender el fuego en ra- 
zón de que el humo se interponía de tal 
nanera que hacía comi)letaniente iuvisi- 
ble al enemigo. 

La posición que ocupaba mi guerri- 
lla era desventajosa por las siguientes 
razones : L" por que el pasto, sumamen- 
te alto, se interponía entre el objetivo y 



14 



La Revista Uruguaya 



puntos de mira de nuestros ñisües ha- 
ciendo imposible utilizar la i)Osie.ión de 
cuerpo á tierra mientras que el eneijiigo, 
ocupando una altura pedregosa, tenía 
apoyo para el arma y reparo para los 
tiradores; 2." por que, estando el enemi- 
go desplegado sobre nuestro costado iz- 
quierdo en larga, extéíisión, nos exi)onía- 
mos á que avanzara y nos atacara por 
un flanco cortándonos del resto de uues- 
tra gente. 

En consideración de las razones ex- 
puestas, mandé pedir al Coronel Enrique 
Olivera que me autorizara retirarme 
para mejorar de posición ocupando un 
cerro (cei-ro de Platón) que en m¡ con- 
cepto, podría servir de baluarte para 
resguardarla úniea entrada al v;ílie. en 
que s(^ luvllaba el resto de nuestra co- 
luniiin. 

El Coronel Olivera contestó favora- 
blemente á la indicación propuesta, pero 
como en ese momento va el humo se ha- 
bía. desvanecido y el enemigo iba á ob- 
servar nuestra retii'ada, ordené romper 
el fiiego en la esperanza de que el humo 
habría de i)onernos á cubierto del ojo 
observador del enemigo. 

El fenómeno esperado se reprodujo. 
— Mi retirada se hizo sin que el enemigo 
se apercibiera y se constató esto con el 
silbar de las balas á veinte metros por 
encima de nuestras cabezas. — Las gue- 
rrillas de Borda hacían fuego nutrido 
sobre la cuchilla en la que solo (luedal)an 
las cápsulas vacías de nuestros proyec- 
tiles. 

La única baja que tuve en esta pri- 
mera posición, fué la del soldado Aure- 
lio Sagastume, argentino, atravesado por 
bala de mauser — Sagastume fué iKU'ido 
en la primera descai'gaquc nos hizo el ene- 
migo. — Cuando nos retiramos para o(;u- 
par el cerro yo lo conduje en mi proi)io 
ciiballo y lo entregué al soldado Pedro 
Gallo para que lo atendiera. 

El enemigo, ([ue debido al humo no 



pudo observar nuestro cambio de posi- 
ción, cuando se despejó aquél y vio que 
nos habíamos retirado contramarchando, 
avanzó resueltamente con sus guerrillas 
desplegadas y presidido á 1,500 metros 
por una columna de 150 hombres poco 
mas ó menos. 

El resto de las fuerzas del gobierno 
se mantenían sobre nuestro flanco iz- 
quierdo. * ' 

Cuando las guerrillas enemigas avan- 
zaron hasta 200 metros, va cincuenta v 
tres infantes del «General Leandro Gó- 
mez» ocupaban uno de los cerros llama- 
dos de Platón y se hallaban ocultos por 
grandes moles de piedra. <pie circuían 
la cMS[>¡de del cerro. 

El (Miemigo no había si.quiera podido 
observarnos : t(?nién(lolo á 200 metros 
mandé ai>unttir con calma y tras peque- 
ño intervalo romper el fuego. — Causa- 
mos al enemigo numerosas bajas y tuvi- 
mos ocasión de ver como se revolvía co- 
mo loco en.medio á la sorpresa de que era 
víctima. — Fué tomado de cuerpo entero 
y sin tener en que ocultarse desde que 
la posición que ocupábamos era verda- 
deramente dominante y por todo concep- 
to ventajosa é inatacable, — Esta guerrilla 
fué rechazada y se re[)legó á su reserva 
que estaba á 1,500 ó 1,G00 metros. 

Una segunda v numerosa guerrilla se 
vino hacia nosotros por el mismo cami- 
no de la anterior v cuando la tuvimos á 
la expresada distancia de 2Ó0 metros, 
mandé nuevamente romper el fuego cau- 
sándole varias bajas y rechazándola en 
la mas completa dispersión.— El enemi- 
go intentó, por tercera, vez, atacarnos y 
cambió de táctica presentándosenos por 
el flanco derecho pero como no le era 
posible hacernos fuego sin entrar al va- 
lle, entró á él obligadamente cruzando 
el arroyo á la distancia de las guerrillas 
antciriores. — Como aquellas, fué inme- 
diatamente rechazado. 

Continuará. 



La Revista Uruguaya 



15 



NARRACIÓN 

Un la Caiiiiiai Revuliieionaria del 97 

POR EL 

Coronel MIGUEL CORTINAS 



(Continuación) 

Véase Nútn. 11. 

fL día 25 del mismo mes de Junio 
seguimos la marcha llegando al 
paso de Carpintería del Río Negro el día 
29, en cuyo lugar acampamos siendo las 
11 a. m. 

Ese mismo día fué sorprendida la 





CONONEL JULIO VÁRELA GÓMEZ 



gente del Coronel Trias por una íuerza 
del Gobierno al mando del Comandante 
Chagas, compuesta de 400 hombres poco 
mas ó menos. 

Esa misma tarde el Señor General 
dispuso pasaran algunas fuerzas de las 
nuestras en protección del Coronel Trias 
y como solo había dos botes para hacer 
aquel tan peligroso como dificultoso pa- 
saje, pues el Rio Negro estaba crecido no 
pudiendo pasar sino únicamente 200 
hombres poco mas ó menos al mando del 
Coronel Don Celestino Alonso y esto fue 
lo suficiente para que las fuerzas del Go- 
bierno que eran como he dicho más 



arriba 400 hombres, se retiraran cobar- 
demente. ^ 

Al día siguiente ó sea el día 30 de 
Junio, con gran dificultad pasó el paso 
el Sr. Coronel Lamas y unos trescientos 
hombres mas ó menos y viendo el Señor 
General Saravia la imposibilidad del pa- 
saje no solo para los hombres sino para 
las caballadas que en su mayoría se 
ahogaban y que si hubieran seguido pa- 
sando hubiera acarreado graves perjui- 
cios, dispuso internarse en el Brasil pa- 
sando San Luis, en la madrugada del 1.° 
de Julio frente á la Sub-Receptoria 
acampando á las 11 a. m. en la costa 
del Piray cinco leguas próximamente de 
nuestra Fronteía. 

El entusiasmo de nuestro Ejército^ y 
especialmente en los hombres pensadores, 
era extraordinario, pues parecía un sue- 
ño ver flamear nuestra bandera, en un 
terreno que hacia mas de 30 años que 
no nos pernetecía. 

El día cinco entramos nuevamente 
al Estado Oriental acampando á unas 
dos leguas próximamente de las posicio- 
nes qne ocupaba el General Muniz que 
eran inmejorables, no solo por la posi- 
ción topográfica del terreno, síjió por que 
se había parapetado en casas y cercos, 
sobre la frontera. 

El día seis, nuestras avanzadas em- 
pezaron el tiroteo con las fuerzas del 
General Muniz, reconcentrando á éstas á 
sus trnicheras. 

El día siete, hubieron guerrillas fuer- 
tes todo el día, y á la noche, ordenó el 
General Saravia al Coronel González le 
hiciera un avance con su división á pié 
al General Muniz. 

El Coronel González tomó todas sus 
precauciones para la operación y guar- 
dando el silencio posible y con su gente 
tendida en guerrilla, se fué sobre el 
enemigo, esto es, hasta donde encontró 
las guardias, y éstas al dar el « alto » , se 
le contestó con una descarga de fusile- 



T6 



La Revista TIía^iinAVA 



ría, siguiendo un fucilo recio por ambas 
l)nrtes de una inedia hora mas ó menos. 

La línea ]-evolucionaria estaba colo- 
cada en la forma sijAuiente : á la dere- 
cha, el Comandante Sierra, con 100 hom- 
bres mas ó menos: á la izquierda, el Co- 
ronel Fulíon: y al centro el Coronel 
González, que era el que mandaba las 
fuerzas y por el cual Sie i;'uiaba la dere- 
cha é izquierda, esto es, hacer fue.u'o ó 
suspenderlo, soí^un el movimiento d.el 
centro. 

' Como el Coronel P'ulioii, abandonó 
esa iKK-lie ía' iz(iu¡rrda, y i)eiieti'i'iii(losc 
v\ Sr. (Icueral Saravia d(> 1<> (¡ue ocu- 
rría, sr hi.//,) cari;'») do esa fuerza. 'ilt'"',air 
d() el ata([ue. y oi)edec¡endo ad movi- 
miento d(d centro como estaba conve- 
nido. 

El día ocho, tuvo luii'ar la batalla de 
Ace^u'uá, la cual se llevó á ef(M-to, siu 
estíjr preparado para ella, puesto (pie, 
el Señor General Saravia, li;d)ía (b^s- 
])uesto, marchar con sus fuerzas ])ara ei 
Sur, dejando al General jíuniz en siis 
posiciones, y tal es así, que al relevarlo 
del servicio al Coronel González, lO de 
ha mañana mas ó menos) le oi'den(') toi- 
naso al Sur, y acampara, como á uua 
legua mas ó menos donde debía reunirse 
el Ejército esa noche para seguir marcha. 

El Coronel Nicoh'is Imas, (pieib) di- 
servicio, con orden de recojer las gue- 
rrillas enemigas todo lo mas ])osil)l(>. á 
ñn de poder ])asar (d lOjército i)oi' uua 
quebrada, sin que las balas eucMuigas 
ofendieran la colunnia. 

Se puso en movindeuto el Coroufd 
González y el Corf)nel jfarín, para <-icam- 
])ar donde se les había ordenado. 

Al ver estí^ movimierito v\ euemigo, 
mand() unas guerrillas ;'i hacer ru(\ij,'o, 
sobre las colunmas. 

\'isto esto por el CV)ronel Tmas tomó 



cuarenta hombres^ y so fue sobre el ene 
migo, y la misma operación, hizo el Co- 
ronel ]\[arín ; do manera pues, que á 
íin de protejer estos dos Jefes, se trabó 
la pelea que indica el plano n.*" G. 

En esta acción tuvieron nuestras 
fuerzas muchas pérdidas, y entre ellas, 
péisonas distinguidísimas, como ser el 
Coi-onel Nicolás Imas que fue herido, 
muriendo al la.do de sus compañeros, 
cum[)l¡endo con su deber ; i)oco después, 
.Vlberto 3,íaldonado, uno de los jóvenes 
mas salientes del ejército, Arturo Ra- 
nnjs Suarez, un;i b-cüa esi)eranza ; Teo- 
doro Berro y ( )riípie, caídos íand)ién para 
lioüor de su pati'ia. y muchas otras que 
si'i'ía triste recordar. T^a j)elea se sus- 
j)en(li(') á las 7 ]>. m. y al día siguiente 
contimiaron tiroteándose las guardias i 
avanzadas. ; 

Ai>d)as fuer/as contimiaron en sus 
])iu^stos, hasta el día b") (pie se tirmó ,el 
arniisticio |)or un término de '20 días de- 
l)!'lo ;i los esfuei'zos heclíos por los paci- ' 
ficadores Señores Rodríguez T^arreta, 
Lanuis V alachado. - i 

Continuará. 



— SSSB - 



ADVERTENCIA! 



Sieiiíl!» atrÜKitu de las (Imtiocrnrias, la 
{Mihlii'idail, ílisí'usíJMi y contntl de los acttts 
y ro3í>l5ií*iíMií's di* l<>s pi>de¡-of4 públicos "]. a 
Revista S ivi^iiaya" aílnílt' o:j sus eohimnis 
el examen ante In eieneia jui-idica y legis- 
lación positiva de las resoluciones, Tallo ele 
lo:< Triüiüsiales, Jueces hetrad«»s, asi coaio 
ol lie todos los demás poiieres qae pueden 
y deben ser comentados y anaüxadris en 
el sj>;tenia republicano por el nia<;isterio 
de la prensa idónea.— Antcs de tratar sobre 
la modificación <le las leyes, pronto nos 
ocu]>ai'eníos de la necesidad de la reforma 
del persoijal judicial de la ESepüblica y de 
s:i seSecí-ión conveniente.— Se admiten tra- 
bajos ó estudios inéditos sobre mcNlicina 
popular y de todas las ciencias. 

La líiíDAocióx. 



Ita Revista Üraguaya 

Política, científica, literaria, historia y economía política.-Óráano del Parüdo Nacional 



Año I 



Mercedes, R. O. — Noviembre 1''. de 1905 



Xúiii. i:] 



Director: Dr. Luis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN '■ 

CALLE MONTEVIDEO 



Administrador: A. Seuánez y Olivora 



m nmimn mmuM sii sucesor! 




4 



WfO bastan las desgracias nacionales 
habidas desde el primero de Mar- 
zo de 1903, nada significan para el man- 
datario actual los cuatro mil muertos, 
ocho mil heridos, cuarenta millones de 
pesos entre deudas y privaciones de ga- 
nancias que ha costado al país la recien- 
te guerra, es necesario satisfacer de nue- 
vo la voluntad del que manda, aunque 
ella este reñida con la aspiración nacio- 
nal y cueste TÍOS de sangre, años de luto 
y de miseria á la República, BatUe quie- 
re ele j ir á todo trance su sucesor y hay 
que complacer sin vacilaciones, ni répli- 
cas los catonianos deseos del hombre de 
Fhitarco. 

¿Quienes pueden oponerse á la deter- 
minación institucional del Cesar Urugua- 
• yo?— Quienes serán los temerarios que 
resistan al ideal oficial de colocar la fu- 
tura banda l'residencial en persona pro- 
picia á los planes del estadista que hoy 
r ij e la c o sa j) ú b 1 i c a? 

¡Es segurísimo para los oficialistas, 
que el pueblo y los partidos, no tienen 
ni fuq'.rzas ni medios, para desviar del 
escenario político, los propósitos del Go- 
bierno al respecto y que sin mayores 
dificultades el país tendrá pronto la in- 
mensa dicha de contemplar cóino sin 
sacudimientos el Sr. BatUe, deposita en 
manos de un Don Claudio, ó de un otro 
Pepe, el bastón de mando! 



Para efectuar, todo ello, á más de la 
fuerza de linea, se cuenta de antemano 
con la depresión del espíritu público y 
la honda extenuación de los partidos y 
con que el acto á realizarse no es una 
novedad, ni en este país ni en la América 
latina, sabido es, que en el mundo de 




Brigadier General Dn. ^Manuel Oribe 

Presidente de La República, 1835 a 183S 
Gobernnrtle m 'hielo 

Colón, el gübernanU' ([lu- liaja so dosii^- 
na sin escrúpulos el sueesur i:\\ A go- 
bierno, contra la Icri-a y <•] csjtii-iíu ,|e i.-, 
Constitución, es eiení). ju^ro .i,' ¡icri.'ci.) 
acuerdo con hábitos hii ü iií\ eTr¡ .nivs. 
que constituyen verdade);,^ eadcuas en 
las prácticas oficiales y (j Lie no hay (¡lu 



La Rkvista LJiauíiiAYA 



roinpoiia.s en homenaje, ni al pueblo 
quo no si»^nipie está en condiciones de 
apreciar lo que le atañe ni del sistema 
republicano, que en la realidad no es 
otra cosa que ñcción de exaltada mente, 
concepción de poeta, sin carne en el es- 
cenario político del mundo entero. Mu- 
chos son sus cálculos, admirables, como 
aquellos, del cuadrilátero señor Batlle, 
concienzudos sus juicios en este tópico, 
pero, quien sabe si S. E. esta vez, cómo 
otras, no se equivoca y ese pueblo que 
cree tan dócil y degenerado hoy en cor- 
dero, no es el león de siempre, que le 
impedirá consumar los planes libertici- 
das que ya delata la prensa de la Repú- 
blica que S. E. está elaborando para ubi- 
car en nombre sin títulos, ni mereci- 
mientos, (y aunque los tuviera no dejaría 
de ser delito de lesa soberanía), la futura 
Presidencia, cual si formara parte de 
un feudo, que es como S. E. ha gober- 
nado hasta la fecha. 

Tenga en cuenta, señor Batlle, que 
nuestra raza es altiva, que tiene bríos, 
que no quiere tutelas, que odia la tirana 
intervención en el comicio, que repele á 
la fuerza directriz de los Gobiernos en el 
sufragio, que quiere ejercitar sus dere- 
chos, que no ha perdido su fé en el sis- 
tem/i republicano, que veda y declara 
magno crimen nacional, el elegir el Go- 
bernante sucesor en el poder, persuáda- 
se S. E. que aun hay i'cspctos en las ma- 
sas jxjpulai'í's j)or ia Constitución y las 
leyes y (jue éstas no si<'nij>i"<í se burlan 
süi l»'i:al coricctivo. Medite S. K. ([U'- el 
j)iiohlo oriental, es celoso de sus dere- 
chos y que on matiíria de civismos y sa- 
criñcios por la Patria, nada absoluta- 
mente nada, tiene que envidiar á nin- 
gún otro de la tierra y que la índole 
del carácter nacional es tal que, aquí, la 



democracia solo puede germinar, al am- 
paro de la libertad, sin la cual, los Orien- 
tales, no consideran don sino oprobio la 
existencia. 

La Redacción. 



Ardides quiere la guerra 




Episodio del Üaymán 

fL primero de Marzo, al caer la tar- 
de, estando nuestra división de 
retaguardia, el coronel Gutiérrez, jefe de 
la misma, como militar celoso del serví- 
cío, dispuso con todo cuidado las guar- 
dias y envió algunos compañeros, de los 
más vaquéanos y decididos, á que explo- 
raran el terreno y observaran los movi- 
mientos del enemigo. Lo quebrado del 
paraje hacía que esto fuera una comisión 
sumamente peligrosa. 

Entre los exploradores nuestros se 
encontraba un humilde hijo del campo, 
de nombre Teodoro Olivera, que forma- 
ba entre la gente á órdenes del malogra- 
do comandante Ayala, jefe de las fuerzas 
de Rio Negro. 

Olivera avanzó cautelosamente, pro- 
curando penetrar con la mirada á través 
de la densa bruma que envolvía el hori- 
zonte, y cuando llegó á un punto que le 
pareció apropiarlo para su objeto, (potii- 
vo su marcha y permaneció toda la no- 
che con el oído atento y el caballo de la 
rienda. 

Al otro día, cuando amaneció, mo- 
mentos antes de comenzar el combate, 
Olivera se encontraba cerca de una pe- 
queña cañada, y con el propósito de bom- 
bear un pocío más, llegó hasta la costa. 

Pero no andíiba sólo Teodoro por 
aquel paraje: un bombero enemigo, con 



La Revista Uklcuaya 



el mismo propósito avanzaba sin saberlo 
á su en'cucntro, y cuando Olivera llega- 
ba á la cañada, llegaba también á ella, 
del otro lado, un inj ante, como le llama- 
ban los muchachos á toda la gente de 
línea del gobierno. 

Verse los dos y echar pié á tierra fué 
obra de un instante: ambos comprendie- 
ron, con esa clarovidencia que propor- 
ciona el peligro, que era imposible reti- 
rarse, y tomaron cada cual la santa 
resolución de matar al contrario. 




instantes lonnaha cu la ;ru:Ti:..,i <,-;.• 
conducía d h-íúciac^ :\íojal.>. hü «¡uí- -.j 
aspecto revelara ;i iia<ii.- <,\\>- h/i, ¡a uu 
minuto se había erie'inrr.ii , .•;; * ;(;i,Ja i 
de difunto al borde de ia eaña'ia 

F. Akiíoleya y Aí;Ií'.],kya. 



Coronel Antonio María Fernandez 

El primero que hizo fuego fué el in- 
Jante y al mismo tiempo de sonar el tiro 
rodó por tierra Olivera. 

La gente de Gutiérrez avanzaba á 
paso de trote en dirección al enemigo, y 
el injanle no tenía por lo tanto tiempo 
que perder: así fué que apenas vio caer 
á su adversario; trato de montar á caba- 
llo y ponerse en salvo. Pero así que dio 
vuelta, el muerto se incorpora, y hacién- 
dole los puntos le decerrajó un Uro tan 
certero que lo hizo caer de bruces, muer- 
to en realidad, para no resucitar jamás. 

Olivera montó á caballo, y á los pocos 



Asesinato del mayor Osana 

Que LA historia ad.jüdica al 
Coronel Nuñez, por creer 
que este Jefe ordenó a Ba- 
rranco, EJECUTAR ESE DELITO 

^lercedes, Octubre 9 de 1905. 
Señor Doctor Luis 8. Botana 

Presente. 
Distinguido Doctor: 

Sigo con sumo interés los relatos que 
se vienen publicando, en su ilustrada 
Revista, referentes cá la División de in- 
fantería que en 1897 actuó bajo las órde- 
nes del coronel José Nuñez. 

Noto en esas rererencias, la falta de 
un detalle de importancia, por cuya 
causa me propongo referirlo, como tes- 
tigo presencial que fui. 

El detalle de que me ocupo es el ase- 
sinato alevoso del Sargento Mayor Osuna 
llevado á cabo por el capitán Barranco. 

El mayor Osuna formó parte de la 
División de infantería, desde sus prime- 
ros momentos, es decir, desde que em- 
pezó á formarse en las Islas del Paraná. 

Pronto se hizo conocer por sus moda- 
les finos y su trato delicado, motivo por 
los cuales se graugeó en jx-cc ticinjM» las 
simpatías de toilos los (juc tu\ Í!::-.> ia 
honra tle tratarlo. 

Fué justaineute esiiniad'i \ .j,..ri;l' 
y con profundo pesa;- ian.iiiia!.; ■-> > i 
prematura muerte, ocunida i :; 1;; :> naa 
que pa.so á describir. 



La Revista Uruguaya 



Tratcxba el Coronel Nuñez de disolver 
hi División y piira darle una forma que 
en la apariencia justificara el hecho, con- 
vocó á todos los Jefes allí presentes (en 
Artigas) para formar un consejo y decre- 
tar su disolución bajo el imperio de su 
voluntad. 

Reunidos los Jefes, la decretaron, 
unos porqué participaban de las ideas 
anárquicas de Nuñez y otros por temor. 

Uno solo protestó, negándose á sus- 
cribir el manifiesto, que más tarde vio la 
luz pública en Yaguaron (Brasil). 

Este fué el mayor Osuna, quien al fun 
dar su negativa, manifestó ser el acto ce- 
lebrado, indigno de hombres de honor. 

La íictitud del mayor Osuna, hirió al 
Coronel Nuñez, que vio en ella una falta 
de obediencia, y porqué jainás creyó que 
aquel fuese capaz de desafiar sus iras y 
de enrrostrarle su proceder villano. 

Fué, por ese motivo, que el capitán 
Barranco, inspirado y protegido por Nu- 
ñez, buscó esa misma noche á la que iba 
á ser su victima, encontrándola en uno 
de los cafés del pueblo. 

Ajeno de todo lo que contra él se tra- 
maba, él mavor Osuna invitó á Barranco 
á servirse alguna cosa, á lo que éste se 
negó «aceptar y en términos descomedi- 
dos invitólo á la vez á salir á la calle 
diciéndole que tenia que hablar algunas 
palabras con él. Sin objetar palabra sa- 
lió Osuna detrás de Barranco y al llegar 
al umbral de la puerta, se vio á este úlli- 
mo empuñar un revolver y abocárselo á 
Osuna; éste sorprendido por el inespera- 
do ataque trató de repelar la agresión 
haciendo uso de sus armas, y al efecto 
pretendió deserabainar su espada, sin 
conseguirlo, pues en ese mismo momen- 
to Barranco le hacía fuego hiriéndolo 
mortalmente, segundos después el mayor 
f)suna, era cadáver, la bala del asesino 
había entrado en el cuello, en la parte 
que vulgarmente se le llama «la olla» y 
de allí cavó sobre el corazón. 



Recogido Osuna, por algunos compa- 
ñeros, fué velado esa noche y sepultado 
al dia siguiente en el cementerio del 
pueblo. 

Barranco fué detenido en el batallón 
á que pertenecía y que era comandado 
por Justo González. 

Dos dias después el Coronel Nuñez 
se embarcaba para Yaguaron acompa- 
ñado de Barranco, para no volver más. 

Este hecho confirmó la sospecha de 
que Osuna fué asesinado por orden ex- 
presa de Nuñez y que el asesino contaba 
con la impunidad, al cometer su delito, 
por tener el apoyo y protección del Jefe 
Superior de las luerzas. 

Algún tiemi)o después supe que Ba- 
rranco había sido muerto en la provincia 
de Entre-Rios, al pretender cometer otro 
crimen, loque pone de manifiesto el ca- 
rácter y el espíritu que poseían los hom- 
bres de confianza del Coronel Nuñez. 

En la forma que dejo dicho, fué oca- 
sionada la muerte de aquel noble y va- 
leroso soldado do la causa nacionalista, 
de esta causa tan desgraciada como jus- 
ta, que tantos dolores y sufrimientos, tie- 
ne que enrrostrar á aquellos que jamás 
supieron amarla y que formaron en sus 
filas para traicionarla miserablemente. 

Saludo al distinguido correligionario 
con mi mayor consideración y estima. 

HÉCTOR Ubios Imas. 



£1 caento de la paz 



Cuando el Ministro Oriental en la ve- 
cina orilla, D. Daniel Muñoz, dijo en una 
carta que comentamos en estas colum- 
nas, que los restos del Dr. Juan Carlos 
(iómez podrán descansar tranquilos en 
esta tierra sin temor ya de las «algara- 
das caudillcscas, ni de insanas altane- 
rías ni malvadas prepotencias» por cuan- 
to tan esi)eluznante trilogía habla sido 



La Revista Ukuglava 



dominada «por la acción conjunta de la 
íiierza y la justicia», victima de mi incu- 
rable credulidad, excUimc, abiertos los 
brazos y á pulmón repleto: . 
¡Loado sea Dios! 



* 
* * 



Sabía de numerosos tagricultores, que 
ignorantes de lo que el señor Muñoz pro- 
clamaba, se preparaban á abonar esta 
tierra; corrí á ellos y les leí uno á uno 
las graves declaraciones del señor Mu- 
ñoz que buena tinta le sobraría para 
decir á conciencia lo que afirmaba. 

Con la carta de nuestro ministro en 
la numo como Don Quijote con el puña- 
do de bellotas, vi renacer á mi alrededor 
los siglos dichosos aquellos á los que los 
antiguos pusieron nombre de dorados y 
y como el ingenioso manchego, exhibí á 
los ojos atónitos de mis rústicos oyentes, 
la opulencia patriarcal d'e aquella santa 
Y dichosa edad. 

Caro me costó; una laringitis me dejó 
afónico por quince dias con sus noches, 
fué el resultado inmediato de mi patrió- 
tica tarea, pero, me compensó con 
creces el espectáculo de que un cente- 
nar de robustos labriegos, á quienes no 
les llegaba la camisa al cuerpo, que vi- 
vían erizados con el fatídico zumbar de 
las alarmas, uncieran de nuevo sus hue- 
ves y volvieran á fecundar las entrañas 
piadosas de la tierra 



* 
* * 



No me quedó otra cosa que adoptar 
un traje de circunstancias para echarme 
por esos campos adelante, persuadido de 
que á poco trecho encontraría la encina 
que liberalmente me convidare con su 
dulce y sasonado fruto sin otro trabajo 
para alcanzarle que alzar la mano; pero 
muy pronto ¡triste de mí! hube de con- 
vencerme y caer en la realidad, de que 
en ésta nuestia edad de los burgueses, 
los automóviles y los cuentos del tic, es- 
taba destinado, en buena compañía por 
cierto á ser víctima del cuento de la paz! 



Digo esto, ]íí}'ijiic niit'ün^ n;i::>-i>i rs- 
dü un mes de ia ¡ii"eiiini;;(;i. n d- [n ):nz 
multa por el señor Mufi'/. íí(.> -~;;1--. of: 



mismísimo señor, d» s( um i< 



^■'r- iiL^f 



ñor BatUe los hilos di- un;; u i i ¡fie con- 
pirarión encabezada i)or el (<.i imí Ma 



"-sM^s^i 







T =.^=== 

Brigadier General Axacleto Medina 

Iliío las campañas lie la I ntlependencia 

A mcruíina, 

muerto á los 90 años en la Batalla 

(le Manantiales Julio del7t 

riano Saravia, capaz de ponerle los 

pelos de punta y tornarle de gallina las 
carnes al mas bragado y corajudo. 



* 
* * 



Dice un diario metropolitano, que ta- 
les noticicias coinciden con ciertos jue- 
guecíitos de Bolsas;- yo, no sé si es ó no 
cierto ni me interesa saberlo: -lo que 
sé y me interesa evitarlo, es que dia por 
día espero que eoineida el eonuciniiento 
que tomen los labiií^gos de las niH\a> 
dcclaraeiones de! señor' Muñn,: (■•..» ¡j.. 
rasti'illazo ó íü; h'-rquiilaz-t .■!) >;¡, , <•, -, 
tillas. 

l>Al.!".)MK!;t, 1 i.VVl.Ji.. 



r> 



La Revista Ukikjuaya 




Nuestra situación politica 



os que vivimos fuera de la patria,— 
pero que por esa misma circuns- 
tancia miramos con menos pasión los 
sucesos que se desarrollan en ella, y con 
más altura por consiguiente,— nos pre- 
guntamos con verdadero terror:— ¿Don- 
de nos lleva el torpe y perverso gober- 
nante que, para nuestra desgracia, rige 
actualmente los destinos de la naciona- 
lidad uruguaya? 

Ya no es solamente al Partido Ncicio- 
nal á quien ese gobernante ha jurado 
odio mortal y estermino. Es á su mis- 
mo partido; es al Partido Católico: es, 
en general, al comercio, á la Hocicdnd, 
á todas las clases conservadoras del país. 
Nadie so escapa de su gunrangnisino 
crónico, de su compadrada de mala ra- 
lea, erigidas ambas cosas como sistema 
de gobierno; (i todos los considera ene- 
migos, dentro de su acción desqiiisiado- 
ra de tor])Cs vongniizas y ruines repre- 
sa Hits. 

Provocó á la guorra <á nuestro parti- 
do, ensangrentando á la familia orienral, 
para vengar agravios que no existían. 
Terminada la revolución por medio de 
una paz inicua, á placer y satisfacción 
suya, usurpándonos las posiciones que 
habíamos adquirido á justo título, vuel- 
ve á provocar la discordia, dictando me- 
didas contrarías ú ofensivas á nuestra 
colectividad, persiguiendo á sus allliados 
ó haciéndoles emigrar para el extrange- 
ro; ;'i quienes niega, cíisi puede decirse, 
el derecho de ciudadanía. — Si en un ma- 
ñana, el Partido Nacional empuñara otra 
vez las armas, como no sería extraño 
(jue tuviera la necesidad de empuñarlas 
]);ira reivindicar sus derechos, será sin 
embargo meramente juzgado, i)rovocado 



por el mismo gobierno, en defensa legí- 
tima de sus garantías desconocidas ó pi- 
soteadas brutalmente; será por derecho 
de propia conservación, para defender 
los intereses y la vida de sus partida- 
rios. Si actualmente, por un resto de 
temor á la potencia de nuestro partido, 
no se ha estremado del todo la nota de 
persecución, sp estremará mas adelante, 
si por cualquier causa, la colectividad 





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Coronel Mariano Saravia 

ItecoluL-ionario el 96, 97, 1903, 1904 

nacionalista se debilitara y perdiera su 
acción viril de la unión y organización 
partidaria. 

Ahora, no satisfecho el guarango go- 
bernante con la sola persecución al Par- 
tido Nacional, pues ha tenido miedo to- 
car los estremos, trata de buscar otras 
víctimas para saciar su ódío inestingui- 
ble de guaranguismo y ha elegido á los 
católicos, y á los elementos conservado- 
res de la sociedad, en nombre de un li- 
beralismo trasnochado, llegando al esceso 



La Revista Uruguaya 



de embanderar su gobierno al anarquis- 
mo, que significa la última palabra del 
desquicio y del esterminio como idea de 
gobierno ó sencillamente política ó so- 
cial. Y lanza sus huestes famélicas, lle- 
nas de odios atávicos y de venganzas 
compadronas, para que, mientras por un 
lado hacen apoteosis á personalidades 
siniestras ó manifestaciones á traidores, 
sancionen por otro la ley de divorcio, ó 
del desorden, como se la llama, y provo- 
quen las huelgas permanentes y tumul- 
tuosas, que son contrarias, según la opi- 
nión autorizada de los principales 
economistas, á las leyes del trabajo v 
del capital. 

¿Dónde vamos en este orden mons- 
truoso de ideas? A que rumbo de tinie- 
blas y abismos se lleva la Nave del Es- 
tado? 

Francamente, lo que esttá haciendo 
Batllc es incalificable. Parece m.ás bien 
la obra de un loco ó de un degenerado 
que aun mismo la de un guarango ó fac- 
cioso, aunque el guarango sea ya un de- 
generado, juzgado racionalmente por su 
mala educación, ó por su educación vi- 
ciosa. 

Hasta hoy habíamos tenido gobernan- 
tes arbitrarios ó corrompidos, gobernan- 
tes rateros ó sanguinarios, gobernantes 
grotescos, gobernantes tiranuelos, go- 
bernantes saltimbanquis; pero nos faltaba 
en la colección un ejemplar de lo que es 
peor, mil veces peor que todos ellos jun- 
tos: un gobernante anarquista. 

Alguien pretende ver en la conducta 
de BatUe, la acción de un revoluciona- 



rio. Así lo proclamaba un orador de ba- 
rricada hace pocos días en una reunión 
socialista-anarquista, efectuada en un 
barrio de la Boca, en la ciudad de Bue- 
nos Aires, cuyos principales concurren- 
tes eran antiguos carbonarios y en su 
mayor parte gente vaga y de mal vivir. 
¿Pero revolucionario de qué? Del 
odio? ¿de la venganza? ¿Del desquicio? 

Solamente asi se le podría aceptar en 
ese concepto, es decir, que es revolucio- 
nario á favor del anarquismo, esto es, de 
la destrucción y de la inüérte.' 

¡Vaya un gobernante el que nos ha 
deparado la suerte! 

Estaríamos perdidos, si prevaleciefá'n 
en el gobierno semejantes ideas. Pero 
eso no puede ser, y no será; pues per- 
mitirlo sería odiar á la patria, odiar á 
la humanidad, y cabaríamos nuestra pro- 
pia ruina, nuestra propia desgracia. 

Es preciso, pues, aunar esfuerzos; que 
se unan todos los elementos sanps del 
pueblo uruguayo para esterminar al 
monstruo. Es preciso que el Partido 
Nacional, como lo ha hecho otras veces, 
haga flamear la bandera de la patria, en 
cuyos pliegues puedan cobijarse todos 
los ciudadanos de orden, todos los habi- 
tantes honestos de la República. 

¡A la lucha, compatriotas: á la lucha, 
sin escatimar sacrificios! 

jBasta ya de soportar infamias, y que 
suene la hora de redención I 

AlíDOX AK<>ZTE(;rY. 

Buenos Aires, Cerrito 18;i 



La Revista Uruguaya 



(1) 1 






Por la Redención Política!... 



NARRACIÓN 

Sobre la CanipSa Bevoliiiiouaria del 97 

POR EL 

Coronel MIGUEL CORTINAS 



(Continuación) 

Véase Niitn. 13. 

Siguió la marcha el ejército revolu- 
cionario con rumbo al Sur, y el dia 18 
estando acampados en el Quebracho, lle- 
garon al Ejército los doctores Rodríguez 
Larreta, Berro v el señor Machado con 
nuevas proposiciones, las que no fueron 
aceptadas por el señor General y sus 
Jefes. 

Ese mismo día se siguió marcha, con 
rumbo al Sur, yendo á acampar á las 
puntas del Tupambaé. 

El día 20 se incorporó el comandante 
Francisco Saravia, y el Comandante Flo- 
ro Cibils, con un grupo de 400 hombres 
más ó menos, y en seguida el señor Ge- 
neral trató de pelear al Coronel Klinger; 
que se encontaaba á unas 5 leguas próxi- 
mamente de nuestro campo. 

El din 21, á las 5 a. ni. marchó el señor 
General con 5(>0 hombres en busca del 
Coronel Klinger, y á las 8 más ó menos 
se encuentra con las fuerzas que manda- 
ba el General .Manuel Benavente reunida 
al Coronel Klinger, cuyas fuerzas se com- 
ponían de 4.000 hombres más ó menos. 



< 1/ En tus tJc/KK-iiriones o uurrnciones de cicites ó 
mililnrc!'. iit/u<:llns /ic'/utñí.firiio.t é insiijnifivdntea tic. 
litllfíí, que no vnlrcn fii el /)l(tn de esUi llfoista publi- 
curLoK fjur rn;(jue< ili' o/tortuniíldd, eCc. t-Cc... irán ín- 
tegros con sux notas y vunifnUirius respeulinoa en nufs- 
tru Historia, dv¿ 97". 



El señor General, sin tener en cuenta 
el número del enemigo, les llevó la carga 
y después de descubiertas las fuerzas 
de Benavente con el que emprendió un 
fuerte tiroteo, empezó á retirarse con 
rumbo adonde estaba el Coronel Lamas, 
con el resto del Ejército. 

La retirada que hizo el General, dis- 
tancia de dos. leguas deteniendo al Ejérci- 










Comandante Apolinario Velez 

to de Benavente fué tan notable, que solo 
un guerrero como lo es Saravia ha podi- 
do con 500 hombres, pelejir á 4.000. Los 
Jefes que acompañaban al señor Gene- 
ral Saravia, era el de la 1". División Co- 
ronel Rivas y Comandante don Francisco 
Saravia, Comandante Floro Cibils y Ma- 
yor Don Desiderio Trias (1), haciendo 
como he dicho antes su retirada hasta 



(/) Tumhicn iban loa Comandantes Agustín u Ba- 
silio MuHos. 



La Revista Uruguaya 



9 



donde estaba el Coronel Lamas que era 
en la Cuchilla Grande, pulpería de Ba- 
rrios donde tenía su línea tendida. 

Debo hacer constar que al señor Ge- 
neral Saravia se le hacía un fuego nutri- 
do de fusilería y cañón, haciéndole unas 
50 bajas más ó menos, el enemigo tuvo 
muchas más. 

Al ver el General Benavente nuestras 
líneas, suspendió su marcha, y fué sufi- 
ciente la gente del Coronel Marín (l)para 
que no llegase á nuestras líneas. 

Llegó la noche, y emprendimos la 
marcha, yendo á acampar á Santa Clara, 
quedando el señor General sobre el ene' 
migo. 

El día 22 en las primeras horas de la 
mañana, sentimos el tiroteo que se le ha- 
cía al señor General, que ocupaba la re- 
taguardia con su hermano el Comandan- 
te Don Francisco Saravia. El Coronel 
Lamas, siguió marcha, siempre para el 
Sur con rumbo á la Sierra del Carmen. 

Todo ese día sufrió el fuego el señor 
General, y su hermano que cuidaba la 
retaguardia del Ejército, que hacía su 
marcha al paso y á pié. 

A la 5 p. m. llegó nuestra fuer¿a á 
las Sierras del Carmen donde se tendió 
línea y el enemigo suspendió su perse- 
cución á una distancia de 30 cuadras 
más ó menos. 

El 23 permanecimos todo el día en 
línea tendida, y el enemigo no inició 
carga alguna. 

A las 7 p. m. se emprendió la mar- 
cha con rumbo á Minas, dejando en los 
parajes más estratéjicos unos muñecos 
con los cuales trabaron gran batalla las 
avanzadas del General Benavente. 

El día 26, pasábamos frente á Nico- 
Perez distancia de una legua más ó me- 



ft) Esto es unas qucrrillas que mamló este d car- 
go del Cornnntlante P. BdStarrica. 



nos, y á las 9 se emprendió un fuorto ti- 
roteo con la jente que mandaba (^1 Co- 

mandante Manduca Oai-bajal en cuno ti- 
roteo, fué herido el hijo del señor Gene- 
ral y muerto el malogrado compañero 
Dámaso Silva. 

Las guerrillas fuertes, las sostenía el 
Coronel Aldama, quien con su valiente 
división dispersó al enemigo. 

Seguimos nuestra marcha y el día 30 
llegamos á las proximidades del pueblo 
de Minas, costa del Campanero, donde 
sostuvimos un fuerte tiroteo la 3*. y 4*. 
División de nuestro Ejército, al mando 
de los señores Coroneles Bernardo Berro 
y Juan J. Muñoz, con las fuerzas del Co- 
ronel Casalla, acampando en la costa del 
Arroyo nombrado. 

Continuar n. 



(1) 



NARRACIÓN 



SOBRE LAS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy General BASILIO MUÑOZ (hyo) 



(Continuación) 

Vénse Núm. IS. 

ijf OS encontrábamos á 16 ó 18 kilóme- 
tros del General Saravia, cuando 
recibimos un chasque que el General, era 
obstilizado por el 4" de Caballería. Vol- 
vimos inmediatamente, cambiamos nues- 
tros caballos en las primeras caballadas 
que encontramos y seguimos marcha á 



(t) En los niimeros: suicsiros imn l,is nnrr-i,cin- 
nes de los Jt-fcs Jierolurionarío!.- .•'o/iif Ik <^ufrrti (<ri 
97, Jo>--é F. Gonzítlez, Hiisilin ¡j Scf/it, Miir,,,^ l'c/, - 
Marín, Gil, lUunco. Bnüíta. Cortmns. .4 /,,',,/,',!<. (jul 
rrero. Ismael Velazt/ue;, N(irurt;-r, . \", ,/•,/,, (J,„„,.~ 
Expeiliviunes Aparicio Saratnn. I..uit,,.s_ M(,„,,,i¡i' 
Benitez. asalto cañuneru •'Arru/as-', <-j/„,xni,,nt:-< ,/¡- 
Cannaveris^Cihils, Gnuna, Saan'dnt ij Comnel Or.ni- 
Pampillón, etc etc., y niurhas oCms cicilcí i/ rniíit,'- 
res, asi coma toda la documentación politii <i 'u luilic, 
que sirven de base á nuestra "Hisluriu del .V7"'. 

Lu J{eda<iitin. 



1 1 



La Rkvista UurouAYA 



trote V í;-;í!ii])o á j)roít>o-t>r al (leneral, 
aproxiiníindouos á Saravia casi á puesta 
(!•• sol. Kl (ieneral, venía retirándose al 
trote con ])etjueñas guerrillas de tirado- 
res |)\ies el número de estos que tenía no 
era mayor de 25 ó 30— con los que se re- 
tiraba en perfecto orden, con -proteccio- 
nes de lancerQs. IV^ou^e^itos ftntt?» de nues- 
tra llegada, el Comaiidant^'Aiitp^nio Me- 



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Don Exúii^LK Le(tRa\I) 

^ Secretario <l<d Di ri-cturio ij de lo Cumixión 
lit; Hnciend.a ■/el Pnrriilo Nncioniil 

na, había cargado á lanza una guerrilla 
enemiga que, avanzó demasiado la (\\xe 
huvó en dispersión dejando dos muertos 
V llfvaiido un herido. 

Entramos en linea sobre la iz([uif'rila, 
iif-ro ffnno el (ínunníi'). viese, nuestra llc- 
ii;ri(ia. •■niprendi''» su re! irada jxir el llan- 
(1. \7j\\úv\do eiisegui'la os'',nre(;i(». P^clia- 
iiios pié á ti'-rra- y pernianeeinios unos 
=^ 1 de hora allí. d<í donde marchamos ]>o- 
íM más de nn kilómetro y echamos pié á 
tii'MM otra vez la columna formaba una 
pewueña curva y las caballadas al costado 
dt-r'M ho -de repente se oyen gritos de al- 



to -quien vive — y casi simultáneamente 
cuatro ó cinco tiros — las caballadas dis- 
paran sobre la columna, y se produce 
gran confución-— empieza á estraviarse la 
jente con la oscuridad de la noche detras 
de las caballadas. 

Hora y media después, se restablece 
la calma, formamos la colirmna y echa- 
mos píe á tierra — pero algunos Gefes 
empiezan á exigir al General que marcha-, 
se — el General no accede, manifestándo- 
les que el les garantía no haber peligro 
ninguno — que eL enemigo compuesto en 
su totalidad de fuerzas de linea, no se 
movería ti^nía seguridad, sino desjjuesde 
aclarar bien el día, (estaba en lo cierto por 
que asi lo hicieron al día siguiente). Vuel- 
ven con nuevas -exiiencias en io^ual senti- 
do y el (xeneral fastidiado^ presintiendo 
lo (juc ibaá pasar, acude, dicicndoles no 
se para que me [>onen á la cabeza del 
movimiento, si no han á acatar mis órde- 
nes. Marchamos y como la noche era muy 
fea á poco tiempo la columna estaba des- 
hecha — la jente ])erdida toda — amano- 
eiendo el General el 2 de Diciembre con 
2(X) hombres, el Coronel Chiquito y no- 
sotros con 4(K) y el resto de los mil y pi- 
co de la columna revolucionaria dispersos 
en pequeños grupos. El Coronel Chiquito 
marchó rumbo á Nico Pérez, cargándose 
á la derecha — campamos en la sierra in- 
mediata á Nico Pérez. El día 3, marcha- 
mos rumbo á las puntas de Valentín del 
Yi, dejando Nico Pérez á la izquierda — 
campamos para churrasquiar en las pun- 
tas del citado arroyo Valentín, despren- 
diendo algunos hombres á buscar noti- 
cias, r ' 

No habíamos concluido de almorzar, 
euando ya tuvimos noticias que el 4° se 
aproximaba á nosotros - levantamos cam- 
jKinnmto marchando en dirección al paso 
(h' Pedro Juan del Yi (Tainta) cuando sa- 
líamos de nuestro cam[)amcnto guerrillas 
del I" intentaban tomarnos <vl flanco iv,- 
(piierdo, sobre cuyo costado me desprcn- 



La Revista Ujíuguaya 



11 



di con algnnos hombres, dejando á mi 
retaguardia al valiente Teniente Lolo Sa- 
racho, con algunos hombres en la altura 
más dominante que el enemigo podía to- 
mar para descubrir nuestra fuerza, igno- 
rada por ellos— cuando el teniente Sara- 
cho, abandonó la altura indicada, y que 
las guerrillas enemigas no forzaban to- 
marla, temiendo que en el bajo estuviese 
el grueso de nuestra fuerza — nuestra 
columna ya iba á 16 ó 16 kilómetros del 
enemigo, distancia que nos ofrecía fácil 
retirada— máxime teniendo en cuenta que 
ya eran las 2V2 ó 3 de la tarde y que la 
noche nos favorecía para variar de rum- 
bo y despistar á los perseguidores. 

En el Yi ya encontramos dispersos 
del General, pues su encuentro con Mu- 
niz había sido esa mañana. Todas las no- 
ticias eran malas— suponían muerto á Sa- 
ravia. La situación nuestra se hacía tam- 
bién cada vez mas gravo - Zoilo Pcroyra, 
con las fuerzas del Durazno, lo teníamos 
á nuestra izguicrda casi adelante — Muniz, 
al flanco derecho á poca distancia tam- 
bién, y el 4" á retaguardia. Al oscurecer 
pasamos el Yi en una picada que hay al 
fondo del potrero de tía Facunda— al la- 
do délas casas. 

Caminamos toda la noche haciendo 
pepueñas paradas — y al aclarar el día 
estábamos pasando el Cordobés— en la 
picada larga.— Nos retiramos un poco de 
la costa y campamos un rato en los Ce- 
rros de Mieres— á la 1 p. m. emprendimos 
marcha rumbo al Paso de Pereyra (Río 
Negro) cerca de este ya á pocas cuadras, 
30 poco mas ó menos, tuvimos noticias 
que el coronel Escobar estaba pasando 
por dicho paso con 1200 hombres— hi- 
cimos alto— y ante tal situación se resol- 
vió en reunión de Jefes diseminar la 
fuerza— tomando cada uno el rumbo que 
quisiera. Oviedo y Mena salieron rumbó 
á su Departamento el coronel Chiquito, 
disolvió los suyos y yo también algunos 



de los inios qutMJándomc con .'id y tantos 
que me siguieron esa uocIh-. 

Al día siguiente (5;me proponía des- 
cubrir las fuerzas enemigas para em- 
prender marcha— pero viendo que era 
imposible escapar sin disminuir mas el 
grupo — empecé á soltar algunos más^ 
ya me había separado de mi hermano 
Juan, cuando recibí aviso del Coronel 
Chiquito, que Aparicio se hallaba allí cer- 
ca que hiciera volver la gente — asi lo hi- 
ce incorporándome dos horas después cou 
30 y tantos. 

El 6 amanecimos en la barra del Fray- 
le Muerto — pues no salíamos mucho de la 
costa del Rio Negro. 

Como nuestras marchas eran de día y 
de noche haciendo pequeñas paradas, el 
7 pasamos los bañados de Aceguá— libran- 
do pequeño combate con el Coronel Na- 
cimiento Borba — que salió á impedirnos 
que emigrásemos — lo que hicimos al día 
siguiente (H) traquilamente. 

De los potreros de Ana Correa — re- 
solvió el Jeneral mandar á su hermano 
Chiquito á Buenos Aires á quien tuve el 
honor de acompañar conjuntamente con 
Benito Viramonte y sus hijos Mariano y 
Santos y cuya misión es de todos cono- 
cida. 

Nuestro regreso lo hicimos por Santa 
Fé donde teníamos que ver al Coronel 
Baraldo, Risso y otros amigos. En Recon- 
quista al Coronel Nuñez — atravesando 
después la Provincia de Corrientes }>or- 
que teníamos que esperar en Libres las 
armas que nos mandaban. Fueron nues- 
tros compañeros de escursión los también 
de armas mas tarde, correligic^narios A ce- 
vedo y Diaz Norberto: de Buenos Aires, — 
Dr. Gil Mario, de Mercedes Provincia ile 
(Entre-Rios), digo, Corrientes y C(-tro- 
nel Juan Francisco Mena, y el ]\Iayor Ma- 
nuel Riveroy Hornos de Uru:inayana. 

Continuara. 



11^ 



La Revista Uruguaya 



NARRACIÓN 



- , T*» V* fj «■;• 



Lá SEVCLUCIOH DEL 97 



K>rK:TA t'"R INO I»E í^US COOPERADORES 

Ei patriota Don Abdón Arósteguy 

(Continuación) 

Véase Núm. 12 

Sulfurado por este fracaso, y tenien- 
do conocimiento por el Comandante Mo- 
dernel, que hacia pocos días había es- 
tado con el General Saravia en su estan- 
cia del Cordobés, de la buena disposi- 
ción en que este se encontraba por los 
trabajos revolucionarios, ¡)ro[nise al Co- 
mité de Guerra, por intermedio del í)r. 
Terra, que mientras él preparaba las ex- 
pediciones de los coroneles Nuñez y Me- 
na, me comprometía yo á formar una ex- 
pedición por mí cuenta — que la mandaría 
seguramonte el coronel Espina, la cual 
mientras aquellos operarían por el lito- 
ral, scíiun lo tenían proyectado, la nues- 
tra desembarcaría por el Este de la Re- 
pública, protejida por el General Sara- 
vía, cuyo concurso me comprometía con- 
sej^uir, enviando al efecto á el menciona- 
do Modernel á entrovistarst; con él. 
Acei)ta(la mi proposición le escribí al 
General Saravia, recordándole las pro- 
mesas que le había hecho al Coronel 
Aleí^re en el Bra-sil, y diciéndole que es- 
peraba de él, en ese sentido, la protec- 
ción ([uc buscaba para mi expedición, 
;t'- Mist-jandoic (jue se pi'cparase si^ilosa- 
líii'iiLc ¡üíVii '■>\n-i;iV •'!! ci'iKJif-ioiH's <j:uv- 
í.'cra- «'1 a\ i-') '^n*- <>}'oi-fuiiani('ntc lo en- 
\i;iii.! 'ii- n;i'>tr() niov iniicnto revolucio- 
narií! í'ii;! -cí:um'1;i cüinmiicación que 
lif\-o (1 jnisnio Modernel para Saravia 
n.'. llf^V) ii si; poder, i)ues ya este se ha- 
bía pí íMiiiu' iado en armas y el j)obi(í 



amijío emisario fué preso y encarcela- 
do por las huestes bordistas. 

¿Qué había pasado, entre tanto? Se- 
,<4Ún me informó el mismo Saravia más 
íarile, interpretando mal mi carta, é im- 
paciente [>or lanzarse á la revolución, en- 
tusiasmado por la propaganda revolu- 
cionaria que se hacían en ambas orillas 
del Plata, y por otras causas en las que 
yo nada tenía que ver, se anticipó un 
tanto á los sucesos; sin embargo, aquel 
pequeño moviviento revolucionario tuvo 
la virtud de levantar la opinón pública 
en el país y preparar, como preparó, el 
gran movimiento de 1897. 

Sorprendido verdaderamente con el 
levantamiento de imestro querido gene- 
ral, y no atribuyéndolo á otra causa en 
mi caballerosidad que á las relaciones 
entabladiis entre ambos, suspendí la or- 
ganización de la expedición que prepa- 
raba; me desentendí del Comité, y des- 
í)ues de conferenciar con los doctores 
Terra y Tomé y con el Coronel Espina y 
otros amigos emigrados, me fui con el 
mayor incógnito posible á las fronteras 
brasileñas, con el firme [)ropósito de in- 
corpararme á Saravia y correr juntos el 
albur de la partida. Al llegar á Urugua- 
yana, mi amigo el señor Otchatorena me 
informó qne allí se miraba mal el pro- 
nunciamiento de Saravia, creyendo el 
gobierno de Rio Grande que se trataba 
de una treta de los federales brasileños 
para producir nuevamente la revolución 
en aquella provincia. En vista de esto, 
me hago i)resentar por él al Coronel Por- 
tugal, Intendente de la ciudad, y al Ge- 
neral Hipólito, á quienes traté de demos- 
trar el error crasísimo en que estaban, 
cuyos caballeros, haciendo honor á mi 
palabra, aceptaron contentos lo que les 
decía, y en consecuencia, me dieron un 
síihn coii'li.icro [r.ivn seguir adelante y 



La Revista Uruguaya 



13 



una carta de presentación para el que 
es hoy mi distinguido amigo, Coronel 
Juan Francisco Pereira. 

Legué á Santana do Livramento, don- 
de encontré al Coronel Abelardo Már- 
quez, emisario de Saravia é infantigable 
propagandista de la revolución, y á otros 
amigos, con quienes convenimos dar un 
asalto á la guarnición de Rivera y co- 
rrernos luego por la frontera para incor- 
porarnos á Saravia; pero en lo mejor que 
estábamos de nuestros proyectos, escon- 
didos en una casa de un amigo para li- 
brarnos de la internación, recibimos la 
fatal noticia del descalabro revoluciona- 
rio y que Saravia se había guarecido 
en los montes de Ana Correa, en la pro- 
vincia de Rio Grande. Lo que conveni- 
mos entonces allí con Márquez será 
siempre de carácter reservado — al me- 
nos por mi parte. Basta decir que él se 
fué inmediatamente á entrevistarse con 
Saravia; que de esa entrevista surguió la 
venida de Chiquito á Buenos Aires y la 
de Saravia, más tarde, á Bagé, y que yó 
regresé á la República Argentina, des- 
pués de visitar al General Mena Barreto, 
General Hipólito, y á los coroneles Juan 
Francisco y Portugal. 

De regreso en Buenos Aires estuve 
alejado del Comité de, Guerra hasta me- 
diados del mes de Diciembre de 1896, 
manteniendo siempre comunicaciones 
con Saravia, hasta que, creyendo ya 
avanzados los acontecimientos, y á pedi. 
do de mi amigo el Coronel Baraldo, que 
fué un gran propagandista de la revolu. 
ción, celebramos una conferencia con 
los doctores Tomé y Juan José de Herre- 
ra, mandándole antes á este un propio 
á Montevideo en nombre del primero, 
pidiéndole que viniera á Buenos Aires. 
En esa canfcrcncia se resolvió prestarle 



decidida cooperación al Comité do íiue- 
rra, haciéndole tomar parte al Directorio 
en la forma que la tomó de inmediato v 
yo me puse completamente á la disposi- 
ción de dicho Comité, indicándole (jue 
deseaba desempeñar alguna misión acer- 
ca de Saravia, que á la sazón se encon- 
traba ya en la ciudad brasileña de Bagé. 
Nombrado delegado ó representante 
del Comité de Guerra para incorporarme 




Dr. Don Bernardo García 

Hiso las campañas reoolucionariaa del 97, 1904. 
herido en Aceguti, Tupambaé, Masoller. 

en seguida al General Saravia, é invadir 
con él la República Oriental, se me en- 
tregaron dos notas para este caudillo, 
una indicándole que debía invadir en 
los primeros días del mes de Knero— 
me parece queeldia 5— y la otra nom- 
brándole General en Jefe del futuro ejér- 
cito revolucionario, en carácter proviso- 
rio. Como se me hiciera ver la urgencia 
de mi viaje, pues apenas se me conce- 
dían ocho ó diez dias para llegar á Bagé, 
tomé pasaje al dia siguiente en el vapor 



14 



La Revista Uruguaya 



«Colón», de Buenos Aires á Concordia, 
aconijuiñánduiiie el Comandante Juan 
Mora, en calidad de avadante, v varios 
jóvenes montevideanos, entre ellos Luis 
}\ist(,>riza. lñ)seh v Haedo. 

Kn el trayecto estuvimos á punto de 
ser desembarcados en los puertos uru- 
guayos; pues se habían embarcado con 
npsotroí^ algunos eíjpías gubernist¿is, y al 
pasar por frente al. cíimpamento de Pay- 
sandú, u'ñ vaporcito de guerra, que había 
venido observándonos, nos hizo algunos 
disparos de cañón por elevación. Las 
medidas que adoptamos, y, sobre todo, 
la protección que nos dispensó el capi- 
tán del vapor señor Juliane, nos salva- 
mos de los primeros escollos de nuestra 
expedición. 

De Concordia fuimos á Paso de los 
Libres, y de aquí á Uruguayana. Los 
amigos de esta ciudad, pero {)rincipal- 
mehte el señor Otchotorena, á quien lia- 
bía recomendado con esi)ecialidad sus 
importantes servicios, nos facilitó caba- 
llos para seguir viaje hasta el campa- 
mento de Catí, donde nos esperaría una 
diligencia de Santa Ana, que había pedi- 
do telegrafícamente, la cual nos condu- 
ciría hasta Bagé. / 

En Catí tuve gran desilusión. Yo ve- 
nía imbuido en las ideas que me había 
trasmitido el Comité de Guerra, en Bue- 
nos Aires. Creía que el Coronel ]\íena 
tenía en Catí mil y tantos hombres, y dos 
mil el General Saravia en Bagé. ¡Cual 
no sería mi sorpresa al informarme que 
al primero solo le acompañaban uuos 
ayudantes, y que el segundo, según los 
iiifornics que allí me dieron, se hallaba 
\\ü\>. ó menos (mí las mismas coiuiiciüiies! 

Por otra j»;ii'te. lo que hacía m;'»s pro- 
bleuiatica lii i(ie¿i de una invasión rápida, 
era el lifcln) de encontrarse demorada en 
{'■.\\\ uii.) j»arrid;i de armas y municiones 
([lii' se le li;tbia enviado á Saravia de 
J^jiU'iius Aiiís ¡)ara efectuarla invasión, 
y que en parte nos sirvieron para ese 



objeto, después que desde Bagé se hicie- 
ron poner en movimiento. 

No detuve por esa circunstancia mi 
viaje precipitado. Todolo que hice fué 
escribirles particularmente á los docto- 
res Tomé y ílerrera dándoles cuenta de 
la situación, y seguimos á Santa Ana y 
luego á D. Pedrito, en cuyas ciudades 
fuimos lo mejor recibidos por nuestros 
amigos brasileños, principalmente en la 
última, donde nos hicieron una gran re- 
cepción mis primos Idelfonso y Antonio 
Arózteguy, Intendente el uno y coman- 
dante el otro del pueblo, y ambos comer- 
ciantes acaudalados. 

Continuará, 



NARRACIÓN 

DEL 

Comaadasle Apslmark feleg 

SOr.RE I. A 

Expedición Revolucionaria del Ncrte 

EL 



(Confiítiíación) 

Véase niim. 13. 

Nuestro combate duró 3 horas largas. 

Mis jefes Coroneles E. Olivera y Julio 
Várela Gómez, me ordenaron por tres ve- 
ces que bajara del Cerro eou mis infantes 
pero yo, entusiasmado con la brillante po- 
sición que ocupaba y por el éxito que al- 
canzaba sobre el enemigo, solicité se me 
permitiera continuar, expresando que, in_ 
terin nos mantuviéramos allí, nuestra co- 
lumna sería invensible. 

Finalmente el Coronel Olivera me ma- 
nifestó qué podían venir fuerzas superio- 
res y rodearnos. Ordenóme pues, que ba- 
jara mi gente y formara en la columna 
para retirarnos. Así lo hice. 

MUERTE DE SAGASTUME 

Sagastume fué entregado á unas mu- 
jeres que lo ])idieron para atenderlo. La 
herida era mortal, pero es de notar para 



La Revista Uruguaya 



15 



que así conste que, cuando llegaron 
las fuerzas del Gobierno al rancho donde 
Sagastume agonizaba, fué sacado por 
ellos de arrastro y degollado de una ma- 
nera salvaje. 

MUERTE DE FRÁPOLI 

En el Cerro de Platón, solo tuve una 
baja— La del clarin Pedro Frápoli que á 
toda costa quería servir en el «General 
Leandro Gómez » y que yo no lo admitía 
porque estaba alistado en otro plantel — 
Frápoli recibió la herida en el ante brazo 
derecho pero el proyectil chocó en el mu- 
nicionero é hizo estallar varios cartuchos 
de remington que le causaron la muerte 
inmediata. 

BAJAS DE cada PAETE 

Nuestro total de bajas fueron las si- 
guientes; Muertos Aurelio Sagastume y 
Pedro Frápoli; heridos: Alfredo Gonzá- 
lez, Aníbal Martínez Más y Juan Baccaro. 
Las bajas que tuvo el enemigo según 
informe de los vecinos, guardia brasilera 
y Cruz Roja, ascienden á cincuenta, en- 
tre ellos varios oficíales muertos y heri- 
dos. 

VARIOS DETALLES - 

Numerosos dispersos del Gobierno en- 
traron á territorio brasilero y fueron de- 
sarmados. 

Nos mataron lo menos veinte caballos, 
y consiguientemente nos hirieron mu- 
chos. 

Los tiradores de Filamir Fernandez, 
teniente Gabriel Muniz, escolta del Doc- 
tor Eduardo Acevedo Diaz, Comandante 
Emilio Rivero, Capitán Andrés Villanue- 
va. Teniente BasiHo Villanueva y bata- 
llón cGeneral Leandro Gómez», se han 
portado con verdadero denuedo. El que 
suscribe y así mismo al mayor Luis Mas- 
sa, fuimos muy felicitados por el compor- 
tamiento de nuestro plantel. 

El flanco izquierdo nuestro, fue defen- 
dido por el valiente y activo mayor don 
Filamir Fernandez por el igualmente bra- 



vo Teniente don Gabriel Muniz y por la 
escolta del Doctor Acevedo Diaz. 

Nuestro frente fué sostenido siempre 
por el batallón «íieneral Leandro (U>- 
mez». 

UN CASO Cl'RIOSO 

Al ciudadano Martin Subero, soldado 
del « General Leandro Gómez », una ba- 
la de mauser que dio en la segunda abra- 
zadera del remington le perforó el caño 
del fusil. 

EN TERRITORIO BRASILERO. 

Alas 11 y 15 a. m. nuestra columna 
entró al Brasil, y en homenaje á la ver- 
dad, hasta hoy ignoro á quien se debe 
esa resolución. Mi plantel por si solo, 
componía más de la tercera parte del to- 
do de la columna y siendo así, parece que 
lo correcto hubiera sido consultar mi opi- 
nión, sino por acto de galantería siquiera 
para salvar responsabilidades de futuro. 

TIROTEO 

A la una y cuarenta y cinco de la tar- 
de en circunstancia que marchábamos 
por la frontera y precedidos por el capi- 
tán deGuardia Brasilera, Capitán Don 
Bemardino Pereyra de Souza, se nos 
aproximó el enemigo con quien sé sostu- 
vo un tiroteo durante diez minutos. 

El Comandante Emilio Ri vero, j Mayor 
Filamir Fernandez, Capitán Muniz y los 
hermanos Villanueva, contuvieron al ene- 
migo. Nuestra fuerza no sufrió ni una baja. 

A las 2 p. m. llegó á nuestra columna 
el doctor Cabello quien aconseja nos 
traslademos á su quinta cerca de Santa 
Ana, (Brasil) para dar reposo á nuestros 
infantes y aumentar nuestros elementos 
de guerra. 

Tócame, señor doctor, liacer omisión 
de importantes relatos j)ara no^ herir 
susceptibilidades haciendo relaciones eno- 
josas. 

ESCAYOLA Y (?ULDENSOPH 

En la Estancia del Doctor Borba. el 
día 25 de'Marzo á la tarde, se separaron 



](¡ 



La Reviííta uruguaya 



(ii' n(/Sñir..s uiis ([Ucvulos y valientes 
i(jui|;;iu<:V(is I)(iii .Jua.i Escayola y Don 
( "ii'iK) V ■' iil lfiiso[)h. 

VA j mí 111 CIO ^sumamente enfermo de 
una herida en la pierna qne se hizo de 
carácter grave á consecuencia de las mar- 
chas forzadas, ardores del sol y falta de 
medicamentos. Gnldensoph compañero 
inseparable de Escayola se quedó para 
cuidarlo. 

La despedida de estos amigos fué 
conmovedora. Hubieron espresivos abra- 
zos, frases de cariñoso compañerismo y 
lágrimas reveladoras del fraternal afecto 
que tales amigos nos han sabido inspirar. 
Siempre fueron de los primeros en el pe- 
ligro, siempre de los últimos en la retira- 
da; siempre sin protestas prestaron ser- 
vicios de guardia, flanquead ores, van- 
guardias, etc. 

Digna de lamentar fué la separación 
de tan buenos amigos. 

EN LA QUINTA DEL DOCTOR ('aBEI.I.O—VISITAS 

- -OBsi:(¿rio A \'eli:z 

El '¿i'y de Marzo á las 8 y l~) a. ni. lleg() 
nuestra calumna á la quinta del doctor 
Cabello. 

Hemos recibido la visita del doctor 
Luis alaría Gil — nos prometo este amigo 
que una comisión organizada en Santa 
Ana reunirá recursos para adquirir equi- 
pos necesarios á nuestr-i tropa y para 
costeo (le p;astos al jn-osegiui- nuestra 
m:''r(iia liaría el Sud. 

Xrs :..''.i visitado los sígHientes seño- 
i-:,-s !; ■ S';.t;i Ana: í)on Ventura (TÓm<'z, 
!•.;().: (',,- 1 ■cnitia. |)nn (iuilleriiio I)iaz. 
Jí .1 .\'.::r);:"o i'odri.'.;'ii(^z. y don Antonio 
l;-.;:io: Irí-v-^ úhini' s píTieneceu al co- 
n: r. i ;,¡í;:. i¡.al o!- t sa plaza. El que 
.;■■; ;í'¡.' .i!!' '-1)-eqníado por el Barón de 
L-.o:.;.. 'á. o,; re del Coronel Ataliva (ló- 
nie;,. ; : n un riquísimo jxañuelo de seda 
ltlaueo.de más de un metro y que lleva 



en una de sus esquinas la siguiente ins- 
cripción que no merezco: «Ao intrépido 
comandante do Batalhao «General Lean- 
dro (xómez» — Un brasileiro.» 

Al entregarme el referido obsequio el 
señor barón pronunció frases de patrió- 
tica confraternidad entre el prrtido re- 
publicano de los EE. UU. del Brasil y el 
Partido Nacional de la República Orien- 
tal del Uruguay. 

RESES DE LA (iUARXIClOX DE RIVERA 

El 2Í> de íMarzo á la noche, una comi- 
sión nuestra dirijida ]^or el doctor Cabe- 
llo, quitó á la Guarnición de Rivera las 
únicas 180 reses que tenía en un corral 
para abastecimiento de la tropa — Ha sido 
un golpe magistral que causó en Santa, 
Ana verdadera hilaridad. 

HECHO CENSURABLE 

Abril 31. La caballada de la infante- 
ría nuestra fué largada en un potrero por 

<)rden dé Hoy solo nos quedan 

diez caballos, pues los roban \^ venden á 
vil precio — Una yegua mestiza, por ejem- 
j)lo, de mi asistente íMa:i('i,ha sido vendi- 
da en •iíKK) reis. esto es 30 centesimos oro. 

Continuará. 



ADVERTENCIA! 



Siendo atributo de las democracias, la 
publicidad, di«!cus¡ón y control de los actos^ 
y resoluciones de los poderes públicos "i^a 
Revista rrii«;uaya^^ admite en sus columnata 
el examen ante la ciencia jurídica y legis- 
lación positiva de las resoluciones, Tallo de 
los Tribunales, .fueces Letrados, asi como 
el de todos los demás poderes que pueden 
y «leben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano por el magisterio 
de la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la moiliflcaclón de las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la reforma 
del personal judicial de la República y de 
su selección conveniente.— Se admiten tra- 
bajos ó estudios inétiitos sobre medicina 
popular y de todas las ciencias. 

La Reidacción 



lia Revista Ümjaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía política.-6rgano del Partido Nacional 



Año I 



Mercedes, R. O. — Noviembre 15 de 1905 



Núm. 14 



Director 



Dr. Luis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 

CALLE MONTEVIDEO 



Administrador = A. SeuáneZ y Olivera 



LA POLÍTICA DE BÜSTAMANTE. BERRO Y LA ACTUAL 




'~7m 



La revolución al Presidente Flores, el 55, produjo un acuerdo entre ese General 
Y Oribe, transcedental, cumplido con sinceridad por sus autores, que en aquel período 
de la historia encarnaban las fuerzas de las colectividades que como hoy nos divi- 
dían. Esa evolución fué benéfica para el país, que pudo á su amparo hacer 
efectivas las instituciones, dándole raudo vuelo al progreso público. Como con- 
secuencia, de ese con- 
sorcio de ideas, Flores 
renunció el poder, que 
entró á ejercitarlo el 
Presidente del Sena- 
do. Era, Manuel Ba- 
silio Bustamante, dé 
tan añeja cepa colora- 
da como Flores, des- 
cendiente de cabildan- 
tes y de patricios de 
la Independencia, afa- 
ble, talentoso, instrui- 
do, acostumbrado des- 
de su cuna al sacrifi- 
cio, pues su familia 
había contribuido con 
Dn. MA^'UEL B. BusT ÁMAME SU fortuuaá la jornada 




Presideiuv de la Re/jública el 55, en su ¿g} ¿^f^Q 25 para qUC 
calidad de Presidente del Senado tti j. j i-i 

lazo una poUUca nacional, fuCramOS Estado llbrC 

fué austero repúbltcoi/ abnerjudo y autCS para qUC UO 

patriota, yran f'aetor en el pacto de 

l'''lores con Oribe- 



perteneciéramos, ni á 



Bernardo P. Berro 

Presidente de la Rcpübliea 60 á 64, 

f/ran estadista y virtud 

cicica, 

apóstol de la Política Nacional, 

el Lincoln Urtiyuayo 



Inglaterra ni á Portugal, tenía grandes concepciones sobre el bien público y fué 
uno de sus más abnegados apóstoles. Para Bustamante, la política no era el 
circulo, la facción diminuta en que ha naufragado en la actualidad Baílle. El país 
había tenido lucha de hermanos, sangre corrió antes que Palleja y Botana, á ór- 
denes de Flores y Oribe respectivamente, recuperaran para el Gobierno «EL 
FUERTE», odios de bandos vehementes dominaban todo el ambiente público, Bus- 
tamante, cura los unos males y esfuma los otros, con una política nacional, qué, 



:i^. 



La Revista Uruguaya 



en identidad de circustancias, íipesar de 
pedírselo el país a gritos no ha querido 
implantarlo hoy Batlle y Ordoñez. 

Bustamante, mandó con todos los 
orientales, cubrió el presupuesto, no 
extralimitándose jamás, fué parco y se- 
vero en otorgar grados militares, colocó 
las Jeííituras Políticas, sin lijarse en el 
color de la divisa en manos de repúbli- 
cos idóneos, no se inmiscuyó mmca en el 
sufragio, castigó el crimen sin conside- 
ración á gerarquias y personas, venció 
así en Xoviendjre. las facciones que pre- 
tendían restíiurar "el régimen sectario é 
intransigente en j)()lítica é hizo una ver- 
dad práctica, de la concordia, íVaterni- 
dad entre Orientales, fué leal á los pactos 
celebrados entre los partidos y con rara 
energía, los sustentó con actos positivos, 
no se desvió un solo día de su política 
generosa, amplia, convirtiendo á la vez 
el Ejército, en una institución nacional 
nunca en centro de partidarismo, todo lo 
cual, no ha deseado realizar hoy Batlle 
y Ordoñez. 

Berro, sube al poder, fresco el re- 
cuerdo de líi revolución del 57, encuen- 
tra dividida la sociedad i)olítica cuyos 
vaivenes habían i)roducido trastornos v 
emigraciones de compatriotas, inicia su 
administración, con un bello programa, 
que aharca todas las necesidades públi- 
cas y lo hace carne sin demora, no solo 
declarando abiertas las puertas de la 
Patria, para todos los Orientales, sino 
instaurando una política nacional. Dala 
Cartera de Hacienda á Vilhilba, ñnaucis- 
ta, colorado, la de Gobierno al I)r. Ace- 
vedo, partidario de mandar con todos los 
Orientales aparentes y al poco tiempo, 
hasta el ^Ministerio de Guerra y ]\rarina, 
está en manos de un excelente ciuda- 
dano de origen colorado, Coronel J'aiita- 
le<')U Pérez. Las Jefaturas Políticas, tie- 



nen á su frente gente de talUí, de variado 
color político. La fuerza de línea es re_ 
gida por el mismo salvador principio, 
como los Batallones de Guardias nacio- 
nales, que tienen por jefes tanto nacio- 
nalistas, como colorados, Echenique, Al- 
decoa, Alvarez, Ylla, Vázquez, Linares 
que fraternizan en una obra común, hacer 
Patria, sin primar sobre ella, la divisa de 
los partidos, reduce el ejército, como 
Bustamante v hace en la manera más 
radical, como los Gobiernos del 35 v 52, 

/ %j 7 

la reforma de la clase militar, suprime 
la caza del liomhre, prohibiendo his levas 
reconoce el sufragio libre, no tolera que 
nadie de la administración ejerza pre- 
sión en el comicio, declara y lo cumple 
que el Gobierno no tiene candidato, ili 
para sustituirle en el mando, ni paréi 
constituir la Asamblea, hace de la des- 
centralización en política y finanzas, la 
realidad, que permite el sistema unitario 
que nos rige y la Ooristitución es ampa- 
ro y beneficio para todos los Orientales, 
sin exclusiones nefandas .... p](|uilibra 
el i)resupuesto, aminora los impuestos, 
los reduce á su más mínima expresión, 
no i)ermitiendo ninguno que no obedezca, 
á efectiva necesidad 3' no se devuelva al 
pueblo en forma de servicio público y 
como Bustamante, Oribe, Giró y Pereyra, 
Berro tuyo que sostener oposición den- 
tro y fuera de su propia fila, pero, imper- 
térrito continúa su labor fecunda de po- 
lítica nacional v la consolida, mereciendo 
la gratitud de los pueblos y la venera- 
ción de la posteridad, su nombre por esa 
seiuhi de virtud republicana recorrida, 
día á día lo hace más grande en el orden 
moral, la justicia histórica y Batlle 
Ordohez, en períodos análogos nada de 
esto dio i\\ país y siguió camino con- 
trario á Btni'o y Bustamante. lia i)referi- 
do, el actual mandatorio, avivar el enco- 



La Revista Uruguaya 3 



no partidario, despoblar, enlutar, llenar á hombres de principios claudicar ni ren- 
de ruinas y estrecheces financieras la dirse al éxito brutal .... que pretende 
Nación, con su política intransigente, ensoberbecido derruir el templo de las 
absorvente, burladora de los derechos Instituciones Patrias, del cual va ha des- 
del pueblo, contraria á la Constitución, trozado muchas de sus columnas y así 
que ha sido violada cada vez, que un continuará hasta que la Nación entera no 
apetito insano oficial, así lo ha dis])uesto. ponga remedio á esa demoliciónl 
¡¡El Código Fundamental y la ley misma L\ Red\cción 

es hoy la sola voluntad de Batlle y Or- 

doñezü! ., , ^, , 

La obra de Bustamante y de Berro, fué ÍLÁA líTEliESAÍTE PAÜA SL'I)-AM£IIICA 

de reconstrucción nacional, do gobierno 



libre, juego real de las Instituciones, la -^^^L Dr. Don Luis Paulero, ante la 

de Batlle y Ordoñez demoledora del Jj^ Universidad Fopuhir, de Buenos 

edificio republicano, de Jí/cí)¿ÍMÍ5WíO puro Aires, ha presentado un luminoso traba- 

y sin barrera! La una conduce al bien jo, sobre los bosques de la República Ar- 

público, la otra al abismo, que en su antro gentina, que aunque el autor por el título 

encierra las grandes calamidades nació- pareciera referirse solo á su Patria, en 

nales. realidad, tanto por su desarrollo, como 

El fallo severo, de las generaciones, por el asunto en sí, está destinado á ser útil 

elevará mañana, á Bustamante y á Berro en todo el Continente Sud-Americano. 

una estatua, á Batlle y Ordoñez, el gran Empieza el autor, dejando constancia, 

anatema de los pueblos que aman la li- que la tesis, ya referida fué siempre ma- 

bertad, su Constitución y las leyes! teria de preocupación y estudio en todas 

Batlle no se ha cansado de ser gran las naciones antiguas y modernas. Con 
elector, hasta en las postrimerías de su oportunidad recuerda el respeto y aun 
gobierno, quiere elojir su sucesor. Nos veneración que en Roma se tuvo por los 
considera libertoso sierros» y es su vo- bosques y la predilección que dispensa- 
luutad darnos «amo» ó «¿'cííor». Busta- ban, al de Egeria, Diana, de Auna Peren- 
mante y Berro, dejaron que los pueblos na, de Caius, sobre los cuales se legisló, 
fueran libérrimos en la designación de declanmdo crimen cortar uno solo de sus 
los candidatos que debían guiar sus des- árboles, é infinidad de Estados modernos 
tinos, no cometieron tal delito, de lesa han enriquecido su legislación dictando 
soberanía, (articulo 151 del Código Fun- leyes prohibitivas para la destrucción de 
daniental.) Por eso la historia inscribe á los bosques y tomando sensatas y pruden- 
esos dos repúblicos, con otros en el libro tes medidas para desarrollar el plan- 
de oro de las «ADMINISTRACIONES tío de árboles en enormes proporcio- 
NACIONALES* y cuyos retratos en lo nes, como ser Francia, en Argelia, en 
físico y moral reproducimos hoy en las el departamento de las laudas, Inglate- 
columnas de preferencia de esta humilde rra en la India, Cabo de Buena Espei-an- 
Revista, que será y es todo ló insignifi- za, España en Cuba y la América del 
cante que se quiera, pero que no ha for- Norte en todo su territorio, 
mado, ni se alistará jamás éntrelos cor- Lamenta el talentoso disertante que 
tésanos de palacio. ... . que no es lícito sea mínimo lo que se ha hecho en ose 



La Revista Uruguaya 



sentido en la República Argentina, que 
debido á esa indolencia las frondosa 
selvas del Chaco v ]\lisiones desai)arecen 
en forma galopante y anuncia que el 
mismo destino les tocará á las de las 
faldas de los Andes, en la Patagonia y 
en el Rio Negro, una vez que la pobla- 
ción, siguiendo la natural evolución del 
progreso, avance en esos territorios. En 




-. *-Si¿5L-<i<tóí:íE*JSe^:SS5»^ 



-■^-^v 



Don Jl'ax D. Jackson 



T 



Auslrro ciaiimlitno /trot.ertor cuho tti; f.oifos los 

nrffíiit.a<los ij eterno donanto del Partido Nacionttl, 

Construf/ó con Cihils el oran dique, que lleva 

ambos noinhri^s ¡j consaijrósa viila 

al desarrollo ile la industria rural en sus estancias 

empleando en ello f/randes capitales y en obras 

de beneficencia y piedad 

ese dolor patriótico el Dr. Paulero, no 
está solo, cada habitante de los demás 
Estados latinos le acompaña en su jjena, 
esa desidia al respecto no es un mal Ar- 
gentino, sino una enfermedad endémica, 
en Sud-América. 

Poco ó nada, práctico se haheclioeu 
ese sentido en cada Estado de este (Conti- 
nente, que reclama en cada uno de ellos, 
amas del Código forestal, medidas que 
estimulen ])()r medios idóneos, la propa- 
iiiición <le los ]>os(|ues. — La inlluencia de 



éstos, como afirma el Dr. Paulero, en la 
l)orción de lluvia, que cae en un determi- 
nado tiempo, está plenamente demostra- 
díi en forma que no deja duda, por una 
serie de observaciones, entre otras, las 
de los señores Tautral y Sartiauz, conti- 
nuadores de los experimentos hechos por 
M. Mathieu, sub-director de la escuela 
forestal deNimcy,dice el autor de latesis^ 
para determinar la cantidad de agua que 
cae en las comarcas vecinas, siempre que 
estén en igualdad de condiciones, siendo 
agrícola la una v forestal la otra, han 
confirmado las opiniones de dicho Ma- 
thieu; y para detenninar el poder de con- 
densación de los bosques, han procedido 
del siguiente modo en el bosque de Ha- 
latte, que mide 5000 hectáreas. A unos 
cuarenta metros de altura, sobre un gru- 
po de encinas y otros árboles de más de 
20 años de edad, y de Vtirios metros de 
altura, colocaron un pluvímetro, termó- 
metro de máxima y mínima y un psicró- 
metro, para comprobíir la cantidad de 
lluvia caída allí, la marcha de la tempe- 
ratura, la evaporación y el grado de sa- 
turación del aire. A unos 300 metros de 
distancia, á la misma altura del suelo, 
pero en terreno sin arbolado, colocaron 
los mismos instrumentos y en condiciones 
iguales. En los seis primeros meses del 
año, observaron lo siguiente: de Febrero 
á Julio, hubo diferencias en ñxvor del ar- 
bolado de 15 mm. 59. 

Donde se observa, la inñuencia de los 
bosques en la lluvia en todo su poderío 
es en los cerros y montañas, como 
lo demuestra IMoreau do Pannos, en me- 
moria de los b()S(|iies, presentada á la 
real academia de Bruselas, donde dice: 
La inñuencia de los bosques en hi canti- 
dad anual de las lluvias es débil en los 
países llanos, sean del litoral, sean del 
interior de los continentes. La proximi- 



La Revista Uruguaya 



dad al mar de ¡os cerros determina, se- 
gún la dirección de los vientos dominan- 
tes, un aumento considerable en la can- 
tidad de lluvia, aun nivel del mar. Son 
mas bien los vientos que la distancia los 
que determinan el grado de este aumento. 
Comparando con los lugares gue experi- 
mentan la influencia de la proximidad de 
las montañas boscosas, los que no se ha- 
llan en tal caso y que se encuentran sin 
embargo en situación análoga, se vé que 
Bajo la zona tórrida por la sola vecindad 
de las altas selvas, hay un aumento de 
viento á treinta pulgadas en la cantidad 
de lluvia anual al nivel del mar. Así en 
lar, Antillas, cuvos cerros están exube- 
rantes de vegetación, el litoral recibe 80 
pulgadas de lluvia, en vez de 50 que 
caen en las islas calcáreas privadas de 
altas selvas. Encuentra el Dr. Paulero, 
lógico atribuir á la proximidad de los 
Alpes marítimos, tirolianos é ilirios, la 
exorbitancia de lluvia que cae en Geno- 
va, Trieste, Vcnecia, Lucca, esta causa, 
según cálculos basados en infinitas obser- 
vaciones, basta para duplicar la cantidad 
de las lluvias en las zonas templadas, en 
la tórrida el aumento aproximadamente 
es de un tercio, en consecuencia, el au- 
tor del selecto trabajo de que nos veni- 
iños ocupando, afiíma y demuestra en 
modo elocuente que en los países domi- 
nados por altos cerros ó montañas es su- 
ficiente para reducir ó acrecentar la 
cantidad dé lluvia que cae anualmente 
en los llands, cortar los bosques de las 
alturas ó hacer en ellos plantaciones y 
que la disminución de las lluvias en los 
países en que se observa no tiene otra 
causa que la destrucción de los bosques 
que cubrían sus montañas y cerros y los 
cerros y montañas vecinas. 

Para operar sobre los vapores acuo- 
sos de la atmósfera v determinar la caí- 



da de las lluvias, el autor cree que los 
bosques estén elevados sobre la super- 
ficie del país en las cimas de los cerros y 
sus faldas, y continúa con otras exposi- 
ciones de causas y ejemplos que com- 
prueban con lucidez su detenido estudio 
en esta materia, dejando constancia, que 
la industria humana puede obrar sobre 
las lluvias, como obra sobre el rayo, pro- 
vocando su caída, dirijirla, proporcionar 
su cantidad á las necesidades de la agri- 
cultura, y á las de la navegación por los 
canales y los rio 5.— De esta producción 
científica, del Dr. Paulero, brotan muchas 
consideraciones para nuestro continente 
No basta que en los Estados Sud-Ameri- 
canos, donde hay Código Rural ó como 
anexo al C. Civil, se hayan intercalado 
algunas disposiciones, las mas de carác- 
ter prohibitivas, reglamentando algo del 
corte de los bosques, es necesario que el 
capitalista se preocupe de crearlos y 
desarrollarlos en mayor escala y que los 
Gobiernos con medidas aparentes esti- 
mulen y provoquen ese plantío de los 
propietarios, que al consagrarse á esa 
creación que aminora los rigores de la 
seca y trae otros beneficios, produce bien 
público, que merece algunas concesiones 
ó regalías prudentes y exoneración de 
algunos impuestos. Justo es consignar 
que entre nosotros «La Asociación Ru- 
ral, ha hecho por medio de su ilustrada 
Revista, mucha propaganda al respecto, 
pero esto no basta, es hora ya de ser eje- 
cutivos todos los hacendados en este 
tópico y de que nuestros Gobiernos en- 
cuentren la mejor forma de ayudarlos en 
algo, en esos esfuerzos que son de vital 
importancia para los Estados de Sud 
América. 

Continuaremos. 

La Redacción. 



La Revista UiMUJirAYA 



PAYSANDÚI 



El. RECINTO FORTl FICHADO 

Tíf A últiniíi csj)eranz;i de los heroicos 
JIjj defensores (le In Plaz.i se disipó ])or 
completo el día 21 de Diciembre. 

El Yiiií.'i avisó (pie ú lo Ic'jos, so dis- 
tinguía un ejército. 

— Ese es Saa, dijo clg'eneral (íómez, 
V ordenó al Jefe del Detall hiciese mía 
salva de 21 cañonasos en celebración de 
la llegada del ejército de reserva. 

Desde la torre del vigía, se ven apro- 
ximarse tres grandes columnas parale- 
las. Pero desi)ués, se distinguen las ban- 
deras. 

No eran, no, las banderas de la Patria! 

Eran las del Imperio, á las cuales lia- 
bían servido de vanguardi.-i el ejército 
faccioso, (pie á las ordenes del genei'al 
Flores, había vuelto á a])roximarse (d 
día 25. 

Pelearemos contra los brasil(>ros y 
contra Flores, dijo el general (íómez, y 
si nos toca morir, aquí moriremos ])or la 
independencia de hi Patria. Cada cual á 
su puesto. 

El 28 por la tarde, el coronel Piriz, 
para observar los movimientos del (ejérci- 
to sitiador, sube á la torre del vigía, con 
el jefe del Detall y alg^unos ayudantes. 

El enemigo marcha en dos cohunnas: 
una de ellas toma Inicia el puerto y la 
otra direcci()n á Sacra. 

— Que fuerza calcula á cada colum- 
na? preguntó Piriz al jefe del Detall. 

- Cinco milhombnes, contest() el ma- 
yor T^arravide. La de; la derecha tiene 1(> 
piezas de artillería, la otra tiene el mismo 
número, m.-isó menos. 

— Diez y seis piezas? No lo engañarán 
sus ojos mayor? Pucíden ser que sean 
carretas! 

Ojalá (|ue lo fuesen! Pero j)<>r des- 
gracia son cafiones. 

Fu la noche d(d .'JO, <d enemigo empe 



zó los prei)arativos del ataque, que im- 
petuoso, llevó el 31 de Diciembre, y que 
terminó con la caída de la ciudad he- 
roica. 

Kn ese pequeño recinto fortificado, si 
fortificación i>uede Mamarse á unas pare- 
des de cascotes y tierní, convergieron, 
durante 48 horas, el fueg'o de cuarenta 
piezas de artillería del ejército faccioso 
im])erial, y otros tantos de la escuadra! 

Allí, en ese recinto, en el pecho de 
los heroicos defensores de la Lev, de la 




Comandante Dox Juax ]\[ak'1a Braga 

JrJ'i- iffi afíiduttrl.)' lili In Lci/» i'ii hi hci'óínt Drjrnsn iliy 
l'nijxnnilií cí (¡t, G'> ni uriii Jiisi/nilo c/i csít ¡tluz-d 

Libertad, de la índei>cndv",¡cia uruguaya, 
il)an á nioi'ir también las balas dispara- 
das ¡H)i' tnúnta mil fusiles! 

Se necesitaba, sí, cubrir de plomo 
inq)erial todo el terreno comprendido 
dentro de ese recinto, para matar tanto 
entusiasmo, i)ara quemar, para ahog-ar 
en j)lomo tanta virilidad, tanto patriotis- 
mo, tanta al)negación, tanta gioria! 

Pai-a el imperio, era, la revancha (h?. 
Sarandí,"(le Ituzainuó! 



La Revista Uruguaya 



Para los íacciosos aliados era ca- 
llemos la frase que salta á la ])uiita de 
la pluma! 

Callémosla, tan siquiera en obsequio 
á la bandera azul y blanca, que deberá 
alg'un dia cobijar bajo sus hermosos co- 
lores i'i todos los orientales! 

(1) LeünakdüS. Castuo. 
Concordia, Noviembre 1905. 



Del Doctor Don Juan Coüstaa 

La próxima Presidencia 

Vuelve á agitarse el problema elec- 
toral para la designación de la j)ersona 
que ha de reemplazar al Presidente ac- 
tual de la República Oriental del Uru- 
guay, en el elevado cargo de primer ma- 
gistrado en la dirección de los destinos 
de este pueblo tan viril como desgracia- 
do en sus abnegados esfuerzos y estéri- 
les sacrificios. 

Todas las altiveces indomables de 
nuestra raza, puestas cá prueba, no han 
podido, hasta ahora, realizar los soñados 
ideales de llevar al desempeño de esa 
investidura, á una personalidad de ca- 
racterizada representación, que por sus 
talentos y virtudes, sea la expresión ge- 
nuina de los anlielos y aspiraciones po- 
pulares. 

El partido nacionalista, que tiene es- 
tablecido en su programa tales condicio- 
nes, como norma invariable de conducta, 
es el indicado, en los momentos actuales, 
^jara afrontar la tarea, desplegando todas 
sus actividades y energías en la lucha 
comicial que se inicia, dando asi ejemplo 
de civismo y nniestras iiiequí\ ocas de 



( I) Xota: Drbn ti Id r/tilanrfrín di- mi rtniir/o Jo.<<' 
Sierra, .salduilo <lc la iiiniorlal ilrt',-nHn.. lüf <í<it()S i¡ue 
anteceden. El crot¡aix <le la. jorti/ieitción. e:itá tomado 
del diario lie La defenttit de ' ¡'(iys<indii. lie raí I o por el 
ea[)itán Ilermai/enex Masante, jej'e de la Escolla del 
ijener'al GómeZ' 

(,2) El i-roi/iii.< ir/i imis adilan/e. — La lii'daecion. 



que i!o han muerto en sus filas píirtida- 
rias. ]-.\^, gran. les ilusiones ({ue lo animan 
de regcnei';!!' <-il i>aís con el contingente 
de luces y lioiirnlcz aci-¡solada (jue pue- 
den ])resíai-le sus }irolK)ml»res en los 
l)uestos ])ri])licos. 

Para ello <vs meiK^ster (¡ue nuestra 
agrupación pylítica. c)";ni;Mice por pro- 
clamar un candidato de su seno, que sea 
la exj)resión fiel de la voluntad unánime 
de sus afiliíidos. sin resistencias que lo 
combatan ni antagonismos que amengüen 
su prestigio. 

Es necesario auspiciar una personali- 
dad de méritos indiscutibles, que encar- 
ne toda una aspiración a.nhelada, que es- 
cape á la crítica de los mismos adversa- 
rios tradicionales y que sea prenda de 
reconocido valer y garantía, en el con- 
cepto de propios y extraños. 

Hay que salir del marasmo y la apa- 
tía reinantes, y emprender con nuevos 
bríos la campaña, á ñ\\ de mantener los 
entusiasmos de la colectividad, evitando 
decaimientos imperdonables é inaccio- 
nes injustiñcadas. 

Porque la abstención y la inactividad 
en un partido político, es la muerte del 
mismo, engendrada por el desaliento y el 
abandono de los propósitos que persigue. 

La ludia franca y abierta, en el desa- 
rrollo armónico de sus fnerzas, es la vida 
de las instituciones de ese género, y la 
manera de contrarrestar los deseos 
inmoderados del absolutismo de los con- 
trario;;, los abusos é injusticias del ofi- 
ciali-uno imperante y la tiranía del poder. 

Una causa se hace tanto más simpá- 
tica, cuanto mayor es la laboriosa acción 
ejercitada en su defensa y más ajitación 
recibe la bandera de i)rincii>ios que 
sustenta. 

I'l i)artido nacional, no ]>uede ni debe 
en las circunstancias presentes, })erma- 
necer indeciso en actitud contemi)lativa, 
esj)erando el desarrollo de los aconteci- 
mientos, ponpie eso sería ir al naufragio 



8 



La Revista Uruguaya 



de todas sus esperanzas para recojer solo 
los tristes despojos que le proporcionara 
su tardía participación después del desas- 
tre y cuando apenas podria guiarse por 
el lívido resplandor de la tormenta. 

Si queremos ver despejado el hori- 
zonte de nuestras lejítimas ambiciones 
políticas, es menester empezar desde 
ahora á trabajar sin desmayo, fortifican- 
do nobles empeños, aspiraciones eleva- 
das, alientos patrióticos y sublimes, para 
que el ardor partidista no se desvanezca 
en la arteria desangrada de un agota- 
miento intolerable y criminal. 

La sangre dernimada por los que mu- 
rieron como bravos, defendiendo los prin- 
cipios sagrados de nuestro credo, en los 
desfiladeros v cuchillas de la tierra nati-, 
va, reclama con derecho incuestionable, 
esa contribución de movimiento político 
en la colectividad nacionalista, si es que 
aspiramos al progreso y bienestar de la 
patria, con la claridad radiante de un 
cielo desi)ejado y tranquilo, sin nubes 
que lo empañen, como sombras que amor- 
tajan los misterios de la tarde. 

Juan Coustau. 



El General Pampillón 

UNA PAJINA INTIMA 

^ÍL General José María Pampillón 

j^^ ha muerto! 
Todo concluye en la vida: hasta los 
robles, con la acción del tiempo se de- 
rrumban y conviértense en polvo, es 
decir en nada. Polvo fuimos y polvo 
seremos. 

Sin embargo, cuesta creer que un 
hombre de las condiciones extraordina- 
rias de Pampillón, un hombre cuyo nom- 
l)re era una leyenda, desaparezca asi, de 
birloche á la niíiñana, como cuaUíiiicr 
otro hombre. Pero la expl¡caci(')n está en 



que su recuerdo no perece; que vivirí'i 
eternamente en la imaginación popular. 
Esa es la inmortalidad de los héroes y 
de todos los grandes hambres. 

El recuerdo del general Pampillón n© 
se borrará nunca en el pueblo oriental. 
Siemi)re que se recuerden proezas legen- 
darias, que se citen nuestras épicas lu- 
chas; que se hable de las heroicidades 
populares, el nombre de Pampillón, como 




General José María Pampillón 

Veterano (le Uxlas nuestras (¡uerras, valiente notable 

y ijeneroso correlit/ionttrio. 

En 1904, siendo ¡jfi viejo, lii/totecó su campo 

para sercir la «Patria» eostanilole 

su e.j ¡le^liiión ana fortuna/ 

I' 

el de Leandro Gómez, Timoteo Aparicio, 
Aparicio Saravia y tantos otros, saldrán 
á relucir en nuestros relatos. ¡ 

Pero prescindamos d(d General Pam- 
pillón héroe; prescindamos de su bravura 
y de sus fuerzas, para estudiarlo bajo su 
faz íntima, como partidario y como hom- 
bre. Pastará para ello mencionar ciertos 
hechos de su actuación en el último mo- 
vimiento revolucionario. 



La Revista Uruguaya 



Kl mismo día que llegó el General 
Pampillón á Buenos Aires, me escribió 
una tarjetita pidiéndome que pasara á 
verlo al hotel donde paraba. Fui ense- 
guida, y después de un cariñoso saludo le 
pregunté ¿qué actitud pensaba asumir 
respecto de la revolución? Y su contes- 
tación inmediata, fué la siguiente: — Ple- 
garme á ella en cuerpo y alma. 

Aconsc\j¿ido por mí, entonces, que 
ofreciera sus servicios al Directorio, me 
autorizó para que los ofreciera ilimita- 
damente, como así lo hice; autorizándo- 
me también para que escribiera y publi- 
cara en La Prensa un reportaje con 
ideas completamente radicales a favor 
de la revolución, — Cuando el partido estci 
en las cuchillas, me dijo, solamente los 
traidores pueden negarle su concurso. 

Esta noble v franca manifestación 
partidaria, me animó á interrogarle so- 
bre la participación que había tenido en 
los sucesos anteriores, contestándome sin 
vacilar, como se comprobó mas tarde que 
Jo habían envuelto en ellos violentando 
su voluntad, y que el origen de todo pro- 
venia de no haberle avisado que se iba 
á producirla revolución. — Como quiere 
que le avisaran, le observamos si es el 
gobierno que ha provocado la revolu- 
ción: el mismo Saravia supo de ella cuan- 
do tuvo que tomar las armas pa)'¿i evitar 
que lo asesinaran en Meló. 

Los sentimientos partidarios que ma- 
nifestara en esa ocasión el Greneral Pam- 
pillón, eran sus sentimientos verdaderos: 
tuve oportunidad de poderlo comprobar 
más tarde, como antes lo había compro- 
bado muchas veces. Era un nacionalista 
sincero y de una sola pieza; todo lo sa- 
crificaba por el partido: sus intereses y 
su reposo, su sangre y su vida. 

Como hombre, el General Pampillón 
tenía una ahna nobilísima: leal con sus 
amigos, generoso, servicial y siempre 
dispuesto á defenderlos de cualquier atíi- 
quc que les hicieran. Pampillón, delante 



de mí, no permitió nunca á nadie que 
hablase mal desús amigos y correligio- 
narios. Para sus mismos adversarios, tu- 
vo siempre uiui palabra de respecto y 
para muchos de cariño verdadero. 

Pampillón, en su organismo de gigan- 
te, tenía un corazón de niño. Toda su 
fieraza desaparecía ante cualquiera des- 
gnicia, que lo comnovía en extremo, dis- 
poniéndose siempre á socorrerla. 

En los últimos momentos de su va- 
liente expedición revolucionaria, tuve 
oportunidad de juzgar los nobles senti- 
mientos del General Pampillón. Con que 
solicitud, con que delicadeza se imponía 
del estado hasta del último íioldado v 
cuanto sufría con sus penas y sufrimien- 
tos. 

Pero í^us sentimientos, como sus arrai- 
gadas convicciones partidarias, eran el 
complemento de su bravura, de su he- 
roicidad. Desde los tiempos homéricos 
hasta nuestros días, no ha existido un 
valiente que no sea generoso, un 'héroe 
que no sea noble y caballerezco. 

El General José María Pampillón 
reunía todas estas condiciones. 

Abdón Auózteguy. 



Suspende ¡oh Vate! tu canción ? profana 
Sea tu voz no más que hondo gemido 
Que acompañe fielmente á la camjiiana 
En su doliente y funeral tañido. 
Al resonar la fúnebre armonía 
Que la vaga región del aire llena, 
Cesar deben los cantos de aleíría 
Sonar deben los cantos de la pena.i 
Que no son deP festín las varías votes 
Lo que al humano corazón halaga: 
El corazón humano necesita 
Otra suerte de goces, ' 

Esa región donde el silencio habita., 
Esa atmósfei-a santa qiie embriaga 



10 



T. A Kevista Ukuguaya 



Doiiílt' se as|);ra!i místicos placerías. 

Y ou ([lie s(.' ciernen misteriosos S(n"es. 
¡Cuánto solaz dnlcisimo no encierra 
Al ¡ininto afligido 

Hablar con esos seres que le lian sido 

Tan caros en la tierra! 

¡Cuánto pen.samos en el cielo entonces! 

Vosotros, pues, los que la fó cristiana 

Guardáis en vuestro generoso pecho, 

Aplicad el oído 

Al dulce son de los sagrados bronces, 

Y con paso derecho 

Al luirar caminad á donde os llama 
El triste acento que en los aires clama. 

¡Con qué santa porfía 
Importuna ese acento el aura fría! 
Es la Campana un mágico salterio 
Que por doquier derrama triste encanto, 
Y" cuya voz ejerce fuerte imperio. 
A su sonido misterioso y santo 
Giran y están abiertas 
Del cementerio las severas puertas. 
¡El cementerio!.. ¡Oh Dios! Terrible suerte! 
Allí se hunde el humano poderío; 
Allí concluye gentileza y brío; 
Allí reina el silencio de la muerte. 
¡Dolorosos recuerdo's! ¿Do se esconden 
Esos seres (pieridos (pie algún día 
Xos hicieran tan dulce compañía? 
¿Do están, que á nuestras ansias no res- 

[pondeii'? 
Sólo resj)Onden ¡ay! los tristes sones 
Que hoy á todos convidan, 
Para que todos pidan 
En fervientes y tiernas oraciones. 
A ese son misterioso ¿quien no siente 



En su pecho una pona"? ¿En cuya frente 
Ko s(; ve dibujathi la tristeza? 
¿Oniep. no llora en tal día? ¿Quien no reza? 
Madres sensibles, que en dolor jU'olijo 
Lloráis la muerte del amado hijo; 
Hijos >;iernos, que en quejas lastimosas 
Lloráis la muerte de una madre buena; 
Mujeres cariñosas ■ i 

Que mostráis el corazón herido 
Por la profunda pena 
Al veros solas, sin el fiel marido; 
Hermanos que lloráis por el hermano, 

Y vosotros, en fin, amigos fieles 
Olvidad los afanes mundanales 

Y engalanados de severo luto, 
Traspasad conmovidos los umbrales 
Del cementerio santo. ¡ 

Y en él rendid un funeral tributo 
Rogando humildes con fervor sonoro, 
Haciendo dulce y religioso coro 

Del sacerdote con el grave canto. 
¿Percibís los acentos doloridos 
Que al través de las lozas funerarias 
Elevan los que han muerto, 
Implorando ¡por Dios! nuestras plegarias 

Y ¿quién podrá negarles tal consuelo 
Si, derrama tan plácida alegría 

En los tristes humanos corazones 
Consolar al amigo acá en el suelo? 
¡Qué dulce no será con oraciones, 
Abrir las puertas de un eterno cielo 
A tantos seres como aquí algún día 
Formaron luiestras tiernas afecciones 

Y hoy nos oculta un misterioso velo! < 



(J. A. H.) 



Buenos Aires. 



fc^"" 



^m- 



La Revista URUfJUAYA 



11 



(i) i 









Por la Redención Política!... 



NARRACIÓN 

Mm la (laiiipíia Rnliidaiiaiia ild 97 



ron EL 



Coronel IíIIGUEL CORTINAS 

(Conclusión) 

Véase Niim. 13. 

El día ;>1, nuestro Ejército enderezó 
rumbos á la ciudad de ]\Iinas y acampó 
á 20 cuadras de la Ciudad, sobre el la- 
do Sur, sip,-uiendo las g-uerrillas que en 
ese momento las sostenía la 8". división, 
al mando del Coronel Marín y Juan Jo- 
sé :Munoz. Durante los días 2, 3 y 4 con- 
tinuaron las g-uerrillas, entrando nuestras 
fuerzas hasta las orillas de la población. 

El dia 5 se siguió marcha rumbos al 
Sur,-acampando en la costa de Solis; el 
día () se siguió la marcha acampando en 
la costa de Mosquitos donde llegó el Dr. 
Don José Pedro Ramírez, con nuevas 
pro))osiciones de paz. 

El día 7, marchamos con rumbos á 
la Estación Tapes y antes de llegará esc 
punto se hizo alto, y estando reunidos el 
señor General y demás Jefes de nuestro 
Ejército con el Dr. Ramírez, se sintió un 
tiroteo por cuyo motivo se suspendió el 
acuerdo con Ramírez, pronunciándose 
grandes ¡Vivasl en nuestnis fuerzas: las 
fuerzas (pie se tirotearon fueron las del 
(í enera 1 Aíuñoz con las del Coronel Trias, 
retirándose las fuerzas de (¡obierno para 
Pando. 

(I) En lii.s ('.r/)<>sii iones 6 narrnrioncs ilc cicileii ó 
ni i I i r.< ir<:'<, u// u('l\os ¡)C<¡u('ñi.-¡i intta c insiíj nijií-anti'ii </i'. 
tii/li:i, i/nc nn crJtrcn en el /ilnn <{c' esta h'ecisUi fniliU- 
C(tr/i)s /itif riiío/ii's i/f ojtorf.u niildd, (Ui\ ele. .. irán tn- 
(ei/r(is con sus nn/ns tj iiniiintnrios eespr'eíivos en nites- 
lr,i llisliti-id. del :)7" . 



Seguímos marcha con rumbos al Nor- 
te, hacia la Estación de la Cruz y al pa- 
sar el día 10 el río Santa Lucía, hizo al- 
to el Ejército, reuniéndose los jefes con 
el Dr, Ramírez, quien después de propo- 
ner á los bravos guerreros una base 
honrosa, se hizo la paz en medio de la 
alegría del P^jército. 

Como es natural, esta alegría que 
reinó en el Ejército, era indescriptible, 
pues se abrían para los soldcidos, nuc- 




CoRoNEL Antonio Saavediía 

vos horizontes de tranquilidad y bienes- 
tar, desi)ues de ocho meses de continuas 
miserias y sufrimientos. 

Ese día se vivó á la paz, al Dr. Ra- 
mírez, y á nuestros valientes jefes Cene- 
ral Saravía y (^n'onel Lamas. (jue con sus 
genios guerreros, no trepidaron en laji- 
zarse á una revoluci(')n que con justa cau- 
sa se le llama regelu^radora, ])uesto «pie 
su bandera, 'era grande y sus prin<,-¡i»íos 

glMKM'OSOS. 



12 



La Revista Uruguaya 



No le adjunto los planos di las oeleas 
de ArhMo, Aurora y Tarariras poique 
no lie tenido ocasión de presenciarlas, y 
la última de estas, solo oí los tiros á cor- 
ta distcincia. 

M. Cortinas. 
San José, xigosto 11 de 1898. 



NARRACIÓN 



DEL 



mano 

SOBRE LA 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



Ha disminuido en 100 hombres nues- 
tra coluir na. [ 

A las 8 y 20 a. m. acampamos en la 
costa del Arroyo Florentino (Brasil). 

El arroyo está á nado. 

Nos acompaña el Coronel Ismael de 
Vargas y el Doctor Luis Maria Gil. 

A las 2 p. in. empezamos á pasar á ca- 
ballo y á nado nuestros recados, armas y 
municiones. 

Todo es un desquicio. 

Hemos pasado el día sin carne. 

Acacio Dutra, brasilero, nos dio á dis- 
creción choclos y sandías, — de tales man- 
jares se compuso nuestro almuerzo y 
cena. 



(Continuación) 

Véase niim. 13. 

CISMA EN LA TROPA Y CISMA EN LOS JEFES 

Abril 1". Hoy se nota mucho descon- 
tento en la tropa. — La gente se cansa y 
desmoraliza por la quietud en que vive.^ 
— El anhelo de todos consiste en buscar 
la incorporación á Saravia y Lamas y no 
verse asi en territorio extraño. 

INTERVENCIÓN DE AUTORIDADES FEDERALES 

Abril 4, Hoy á las 5 p. m. se nos dijo 
que esta noche indefectiblemente debe- 
mos ponernos en marcha pues que el Re- 
gimiento 5". viene á disolvernos por dis- 
posición expresa del Gobierno Federal — . 
Incontinentemente se dispuso lo necesa- 
rio para ponernos en camino; se llevarán 
los equipos en carro y la gente en su ma- 
yor parte seguirá á pié. 

A las 7 p. m. empezó á llover ''Opio- 
samente; emprenderemos la mircha naña- 
na de madrugada. 

REDUCCIÓN DE FUERZAS PENALIDADES 

Abril 5. — Al aclarar el día nos pusi- 
mos en marcha. Somos ochenta liombres, 
35 van á caballo y 45 á pié. 




.^-jttj 



Coronel Eladio I. Bl.anco 

EN EL CERRO FLORENTINO LLUVIA Y 

HAMBRE 

Abril (3 — A las 7 a. m. emprendimos 
la marcha. 

A las 10 de la mañana acam2:)amos en- 
tre Ibicuy y falda del Cerro Florentino. 

El Cerro Florentino es un baluarte 
creado por la naturaleza; es necesario vi- 
sitar ese Cerro j)ara describirlo y poder 
admirarlo. — Pertenece á Don Américo 
Alves Cohello, quien nos obsequia con 
maíz, choclos, sandías y boñatos. 



La Revista Uruguaya 



13 



SIGUE EL DESBANDE 

Al)ril 9 — Hemos tenido lluvias pero 
no liemos tenido carne. 

Hoy separáronse do nosotros el Coro- 
nel Enrique Olivera, Doctor Eduardo 
Acevedo Diaz, Comandante Ponce Olive- 
ra, y el Ca^^itán Grabiel Muniz, con sus 
respectivos grujios. 

Al desj)edirse de nosotros el Coronel 
Olivera y Doctor Acevedo Diaz, el prime- 
ro me dijo: «No es posible ])or razones 
qué Vd. coijoce, que continúe como gefe 
de Vds. — Queda pues Vd. en completa li- 
bertad de acción» — Mi contestación fué 
la siguiente: «Señor Coronel, desde el mo- 
mento que Yd. se separa del Comando 
de la columna y nos falta yá el Coronel 
Várela Gómez, que era el 2". gefe, — solo 
quedan los comandantes de pequeños gru- 
pos ó planteles y como entie ellos no hay 
un gefe caracterizado y de conocimientos 
militares, yó, con mi ¡plantel, trataré de 
ponerme en camino hacia el sud en el día 
de mañana: y no reconoceré gefe supe- 
rior á mi, Ínterin no me incorpore al Ejér- 
cito — Utilizaré los pocos caballos que 
tengo como cargueros y marcharé con mi 
gente á pié hasta tanto consiga los nece- 
sarios para montar» 

El doctor Acevedo Diaz me prometió 
que por intermedio del comandante Don 
Abelardo Márquez, gefe de fronteras, tra- 
taría de acercarme caballos. 

marchando Á pié — LLUVIAS — MAYOR MASSA 

Y AYUDANTE LAUDO l'RTUBEY ADIÓS 

AL CERRO FLORENTINO. 

A])ril 10. — El señor Mongrell ha con- 
seguido contratar dos carretas que lleva- 
rán nuestras armas, municiones y equipos. 
— Vamos á marchar hacia las «Tres Ven- 
das» donde, según comunicaciones que 
dice haber recibido, nos espera el coman- 
danten Abelardo Márquez; Jefe de fron- 
teras nombrado por la devolución, — con 
gente para incor[)oraruos al Ejercito. 

A las 4 j 20 p. m. nos pusimos en 
marcha bajo lluvia torrencial y Ucranio 
nuestra gente á pié. 



El mayor Luis Massa, 2". Jefe de mi 
plantel y el capitán ayudante Don En- 
rique Lando Uturbey se fueron hoy ])ara 
Santa Ana, de allí piensan seguir á Bao-é 
y ver de incorj)orarse -Hasta cierto jjun- 
te opino que han hecho l)ion, pue.s no 
así como nosotros, en territorio extranje- 
ro, se sirve á la causa de la revolución- 
no así se lucha por la ])atria; no así se 
rompen las cadenas que atan la libertad 
y ultrajan el decoro nacional. 

SIGUE LA MARCHA Y SICíUE LA LLUVIA 

Abril 11 — Alas 9 y 25 pasaron nues- 
tros carros sobre el puente del Ibicuy, 
paso del Florentino — Nuestros compañe- 
ros en su mayoría pasaron á pié y cala- 
dos por el agua. 

A las 3 p. m. pasamos por la Estancia 
de Juan López (Brasilero nacionalista) 
costas del Ibicuy, al Este del cerro Muñoz 
— Me colmó de atenciones j ofrecimien- 
tos. 

Acampamos en lo de Fidencio Da 
Luz, cerca del cerro «Da Trinidade», á 30 
cuadras de la línea. 

CERRAZÓN Y ESTRAVIO ITACUTIÁ Y 

UPAMAROTÍ 

Abril 12 — Esta mañana al salir de la 
Estancia de la señora Belisaria Desideria 
acompañado de Eugenio Lapido, me he 
llevado el gran susto del siglo — Una fuer- 
te cerrazón nos hizo perder el rumbo que 
llevaban nuestros carros. 

A las 9 a. m. nos habíamos internado 
á seis leguas en territorio Oriental — An- 
daban allí muchas ])artidas del Gobierno 
y corríamos el peligro de ser vistos — 
Nuestras iinicas armas eran, de mi parte, 
la espada y de Lapido, su inseparable 
canasta con una bomba de dinamita con 
sus espoletas colocadas. 

A la 1 ]), m. recien jnidimos incorpo- 
rarnos — Hetoma<lo la resolución de no 
sejjaranne m;ís de mi genti\ ni de mi 
mauser. 

A las 3 de la tarde, desames de ehu- 



14 



La Revlsta Ukuííuaya 



rrasquear pasamos un gajo de Itacuatiá y 
acampamos en Upamoratí á las 6 p. m. 

Don Orosmin Flores (Brasilero nacio- 
nalista) regaló á Lapido, Carlos y Leo- 
nardo Fosati, un cordero (pie sirvió de 
cena en el fogón mío. 

SIGl'E LA MARCHA 

Abril lí3 — Acampamos á las 11 a. m. 
en la «Venda de la Ferreria». 

Juan Dornel (Brasilero nacionalista) 
en costa de Upamoratí á Koque Lapido y 
á mi nos obsequió con un asado (charque) 
con fariña. 

Continuará. 



(1) 



NARRACIÓN 



801UÍE I. AS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy General BASILIO MUÑOZ (hijo) 

(Continuación) 

Véase \úm. 13. 

En Uruguayana, recibimos importan- 
tes servicios de los compatriotas Oclio- 
torenas./-Ignacio y N. — En Libres, una 
distinguida dama también prestó impor- 
tantes servicios, pues bajo su nombre nos 
venía la correspondencia, esa dama era 
la dueña de Hotel de Marine. 

Invasión 5 de Marzo de 1H07 — Des- 
pués de haber permanecido 12 días orga- 
nizando imestra fuerza en Piray (Brasil) 
invadimos el dia ya indicado, con 4()() 
hombres próximamente, regularmente ar- 
mados y municionados, bajo las órdeiu^s 



(f) En los niirnf'i-o>f suresiro-' imn Aí^' rtnrr-itciti- 
nt'ü <¡i' los Ji'l'f.-i Jírro/uriorifcrii'S Kobrc hi()Ufri-ii ilc'l 
!)7 , Jo!-c F. Gonzalc::. Bii<ilio 'J Scrf/io Muño:. Vch-z, 
Marín, Gil, lil'ciico, li'tl.isr.tt, Cortnids. A lilonio . (iw- 
rreru. hriuLcl Vt'idZ'i'.icz, \(ii:<irrcii'. Varchi (¡o/iir;, 
Jí.fiifiliciones -Kpíiriino Sai'unia., Ldin/is, ^1 i>n.i/ rcIL 
Uvtdtcz. tis/ilto í-d/iont'ra " A ríü/aa'-, cjc/io.-iiciont;.-' ilc 
Canndtcríü, Cihil.-i, Gaund, Sdavi'dra ;/ Coroiii'l Ori/dz 
Pdni¡iÍlLoti, fU- etc., 11 murhdS u'J'dS i-ifilí:-! // /iiiiild- 
fc-i, d.<i corno toi/a l(c ilocurncnUición ¡¡oht.icd ij inilildr 
tiuc .nrci'n <lv bciáe d nacncr/t "Ilinloriii ¡/.el ¡17". 

Ln lieífficciiló. 



del noble y heroico caudillo Aparicio Sa- 
ra vía, siendo su 2°. Jefe su hermano el 
Coronel Antonio F. Saravia (a) Chiquito, 
muerto en su heroica carga, en la batalla 
de Arbolito, en la que tuve el honor de 
ser uno de los que le acompañaba. 

Primeros y segundos Jefes de Escua- 
drones Comandante Juan F. Mena y Sar- 
gento Mayor, Manuel Rivero y Hornos^ — 
Teniente Coronel, Manuel Rivas y Ma- 




DocToi; Don ErsTAQi:io Tomé 

yor Ab(k>n Villa —Teniente Coronel Ma- 
riano Saravia 3^ mayor Basilio Portillo — 
Teniente Coronel Antonio Mena y mayor 
Antonio Galarza — Teniente Coronel el 
que dá estos chitos y mayor, su herma- 
no Juan Muñoz — Agregados á la plana 
mayor: Coronel Enrique Yarza, Comán- 
dente Serji o S.Muñoz, Secretario interino 
del General — Abdón Aróztegui, en repre- 
sentación d(í la Junta d(^ Guerra — Juan 
Mora, Capitán Teodoro Arce y otros, cu- 
yos nombres no recuerdo — Olvidaba re- 
lacionar entro los jefes de escuadrones al 
Coronel Tomás Borclies y 2". jefe capi- 
tán Maldonado y Correa muerto eii Ace- 
guá. 



La Revista Uruguaya 



15 



A las 5 p. m. pisamos nuestra Patria 
— se formó cuadro y se vivó á la Patria, 
á la revolución y al General Aparicio Sa- 
ravia— el juramento para muchos de los 
que estábamos allí quedó hecho. 

Dia 6. — A las 8 a. m. emprendimos 
marcha vadeando Rio Negro en Carpin- 
tería (paso) acampando en elarroyito car- 
pintería donde almorzamos con descanso. 
A las 6p.m. marchamos nuevamente, á las 
12 masó menos acampábamos en el mismo 
paraje que el dia anterior. — Ensillamos á 
las 4 de la mañana y marcliamos después 
que llegaron las descubiertas, 11 a. m. 
vadeamos Rio Negro por el paso Carpin- 
tería y á la 1 p. m. acampamos en el Ifos- 
pital, llovía mucho. 

A las 6 p. m. volvimos á marchar sin 
parar hasta las 6 déla mañana, acamjjando 
poco después en la zanja Honda. 

Dia 8. — Seguimos marcha y al oscu- 
recer pasamos Rio Negro por una picada 
para abajo de Mazangano. 

Dia 9. — A las 3 de la mañana marcha- 
mos y á la 1 p. m. acampamos en Fraile 
Muerto, reanudando de tarde la marcha 
acampamos esa noche en el Cerro de las 
cuentas. 

Dia 10. — Marchamos á las 3 de la ma- 
ñana rumbo á Nico Pérez, alcanzando en 
la marcha de ese dia, á campar en la 
noche al Avestruz Grande, Departamen- 
to de Treinta y Tres. 

Dia 11. — Marchamos, pasamos Lagar- 
to (arroyo) y campamos esa noche en la 
picada de Barrete, en el Avestruz Grande. 

Dia 12. — Marchamos á las 6 y 1^2 y 
fuimos á campar en la noche á las Ave- 
rias — Se confirmó la noticia que el Coro- 
nel Trias, Aldjama, Zipitria y Corbo es- 
taban en Nico Pérez. 

Dia 13, — Marchamos á las 7 y recibi- 
mos incorporación del Coronel Aldama 



con 500 hombres y Uturbey y Berro B. 
con 70. 

Dia 14. — Marchamos de las Pavas y 
fuimos á acampar al Cordobés, paso de 
San Juan. 

Continuará. 



NARRACIÓN 

'¿OBRE LA. EEVaLÜCIOH DEL 97 

ESCEITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 

(Coiiiinnación) 

Véase Niim. 13 

Entre Don Pcdrito y Bagó nos inte- 
rrumpió el viaje un arroyo crecido, que 
fué imposible vadear con la diligencia. 
Como tenía que estar en este último pun 
to al día siguiente, resolví continuar la 




Dk. Don Juan Jo^^é Hekreha 

Ministro (■la Berro íj Af/airre; PregiiU-iite Ilonoruriit 
ilcl ('omite lifcolufioiuírio el 97 

marelia á caballo, acompañado solanieu- 
te de Pastoriza, y así lo hicimos, llegan- 
do á Bagó en las primeras lloras de la 
mañana, después de caminar toda la no- 
che. Al llegar á esta ciudad, donde nun- 
ca había estado, ni tenía m.'is amigos que 



16 



La Revista Uruguaya 



Saravia y una carta de presentación pa- 
ra el General Telles, fuimos presos, Pas- 
toriza y yo, á pesar de las precauciones 
que habíamos tomado y conducidos á un 
cuartel para de allí ser internados á Por- 
to Alegre y después á Rio Janeiro. Fe- 
lizmente pudimos salvarnos debido á una 
treta que pusimos en práctica, neg-ando 
que fuéramos nosotros mismos, y apa- 
rentando ser unos paisanos orientales, 
cuyos trajes vestíamos, que iban al Bra- 
sil con el propósito do arrendiir un cam- 
po para luego conducir imestros ganados. 

Vov á narrar con mavores detalles la 
parte cómica que tuvo nuestra li- 
bertad, pues ella dio lugar á una nota 
ridicula, que desprestigió al Cónsul 
Oriental, Coronel Carrión, que había so- 
licitado nuestra prisión, y á las fuerzas 
de línea brasileras, quienes se prestaron 
á servirle de instrumento. 

Cuando nos prendieron, el primero y 
el segundo jefe del batallón de línea, en 
cuyo cuartel nos alojaron, se me presen- 
taron con grandes aclamaciones, abra- 
zándome efusivamente, pero al decirles 
yo que estaban equivocados, que me con- 
fundían conmigo mismo, trataron de dis- 
cutirme mi personalidad, ordenando al 
fin que nos condujeran al cuartel. En el 
travecto, nos encontramos con Florencio 
Sánchez, que después fué mi secretario, 
el autor de «Mi hijo el doctor» y otras 
obras dramáticas aplaudidas; y al darme 
la mano, en nn instante brevísimo, pues 
en seguida lo hicieron retirar los solda- 
dos, le dije: — Penetre al cuartel de cual- 
quier manera para entregarle la corres- 
pondencia. Así lo hizo, con una rapidez 
é inteligencia que mucho lo honrra, en- 
tregándole la correspondencia Pastoriza, 
á quien se la habla pasado yo en un> mo- 
mento de descuido de nuestros guardia- 
nes, y que, no habiendo tenido tiempo 
para guardarla en otro sitio, la. había in- 
troducido dentro de una bota. 

A los pocos momentos de haber sali- 



do Sánchez del cuartel, se presentan los 
jefes del cuerpo, acompañados del Cón- 
sul Oriental, exigiéndome les entregase 
la correspondencia que, afirmaban, le 
había pasado á Pastoriza. Un soldado 
escondido en un ropero expresamente 
puesto allí para espiar nuestros actos, 
había visto la operación antes citada, y 
sostenía que estaba en poder de Pastori- 
za la citada correspondencia. Muy tran- 
quilamente, porque ya nada tenía que 
temer, y afirmando siempre que estaban 
equivocados con nosotros, pues no era- 
dnos las personas que suponían, exigí 
que lo revisaran á Pastoriza, diciéndole 
á este que se sacara las botas. Pastoriza, 
que es correctísimo en su vestido, y que 
al vadear el arroyo crecido el día ante- 
rior se había mojado las medias, sacán- 
doselas pr.ra no pasar la noche con los 
pies húmedos, no quería absolutamente 
sacarse el calzado; felizmente para él, en 
ese mismo momento otro de los soldados 
le denuncia al jefe que había entrado al 
cuartel Sánchez; suponiendo, y con fun- 
damento, que se habría llevado la corres- 
pondencia tan buscada. 

Continuará. 



NOTA 

Debiendo ''La Revista Uruguaya" iiacer 
numero especial en el aniversario de Pay- 
sandi'ifSuplícase á todos los escritores á quie- 
nes se ha solicitado su cooperación* remitan 
al Director sus trabajos antes del seis de Di- 
ciembt*e, pudlendo iiacerlo los que los ten- 
gan prontos desde ya. 

(La Redacción y Dirección). 



i ADVERTENCIA ! 

Siendo atributo de las democracias, la 
publicidad, discusión y control de los actos 
y resoluciones de los poderes públicos "La 
Kevista Uruguaya" admite en sus columnas 
el examen ante la ciencia jurídica y legis- 
lación positiva de las resoluciones, rallo de 
los Tribunales, Jueces Letrados, asi como 
el de todos los demás poderes que pueden 
y deben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano por el magisterio 
de la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la modificación fie las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la reforma 
«leí personal judicial de la Kepüblica y de 
su selección conveniente.— Se admiten tra- 
bajos ó estudios inéditos sobre medicina 
popular y de todas las ciencias. ■ 

La Redacción. 



lia Revista ümgaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía politica.-Óráano del Partido Nacional 



Año I 



]\[ercedGS, R. O. — Diciembre "l*^. de 1905 



Xúiii. L") 



Director: Dr. Luis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 
CALLE MONTEVIDEO 



Administrador A. Seuáuez y Olivera 



Porque no somos grandes volver cuanto antes al trabajo proficuo y 

remunerador á los que han tenido que 

(^^ I nos preguntamos con sinceridad abandonarlo momentáneamente, he pues- 

"^^ porqué no ocupa nuestro país el' to oído atento á las conversaciones 

l)ucsto que le corresponde entre los más que en todas partes se cruzaban v me 

felices de ] a tierra, es seguro que nos con- he sentido hondamente emocionado 



testaremos: no es 
porque el ciclo no 
lo haya dotado con 
sus mejores dones, 
porí^ue su tierríi pró- 
diga no le brinde 
prosperidad y ri([UO- 
za~ ni i)()rque, por 
todos concci)tüs, no 
disponga, de los me- 
dios necesarios para 
llenar el íin de una 
nacionalidad inde- 
])endiente,librey vi- 
gorosa. — El mal no 
estíi en la naturale- 
za — ni en las condi- 
ciones propias del 
hermoso territorio 
en que tuvimos la 




Brigadier Gexeral Leandro Gómez 

Jcftí (le 1(1, heroica Defensa ile Paysaiulá, 6í, 65 



al escuchar un in- 
menso rumor de vo- 
ces concordantes 
que solo emitían as- 
piraciones de pro- ..-JL^ 
greso, de lucha y de 
triunfo en las lides 
del trabajo, y el pla- 
cer común de concu- 
rrir toílus ;'i la }>ros- 
peri(l.-i(i. y á hi con- 
(piista de un jtorve- 
nir graiuli()S(t para 
la propia patria ó 
para la patria de sus 
hijos. 

Y cuando alli mis- 
mo, en esa marrlia 
triunfal del trabajo, 
que puebla de ale- 



dicha de nacer, está en los hombres grías el corazón de los ciudadanos y ba- 
que no conciertan ?us esfuerzos para hitantes de la generosa tierra argentina, 
cimentar, sobre base de granito, el bien- pensaba en la cercana tierra nativa, con 
estar y el progreso de la Repiiblica. el amor que agranda siempi-e la ilisran- 
Cuando cruzo, á veces, la dilatada í^ia, una sensación de jiesar })roí'un(lo do: 
estensión que separa los grandes mi- minaba mi espíritu al convíMicernie i\c 
cieos de población de la Repiiblica Ar- que pasará la vida de mi generacicín sin 
gentina, conducido por esos Ferrocarri- contemplar en ella espectáculo seinoian- 
les que devoran el espacio, ansiosos de te, sin quitar la dicha nobilísima de re- 



L\ l\i:\i;^TA Uiuuir.vYA 



ronororiios rodos iuualnionro y obreros 
rii la loniKU-iuii do la propia naoioiíali- 
il;iil. >in <iUo podamos c-oiuoinplariios uni- 
dos por iuiial 011 ol osfuorzo iionoroso de 
iov;iiu;ir por arrib;i de las diverii'eiieias 
propias do la luoha politioa ol nombre 
y el ]irosTÍuio de la patria eonum. 

Es do>esporanre ver lleuar el erepús- 
eulo de la vida sin que podamos deeir á 
iiuestros hijos: hemos luehado con vigor 




!i¡; 



\:\¡n ]'. l'.KIÍl.'M 



pr,r í-jii.í iiií.r < 1 ti*-iiiiOso cdiiioio do la 
i;r;ii¡'ioza ii;ií-io];al; jiM'o hornos coiicpiis- 
iíido t;iiiihifii <d dcro'oiio do dosfaiisar al 
.'Miiji.'iro <]<- la vjf'ja bandoj'a, en la s(',:í,'u- 
)-id,id do ípio vosotros ooiisoliflaróis 
iiüc-tra oora lo\'aiita!ido sol)ro \'iiosti'(js 
jiiopio- liomltros. oaíla \'cz m;'is ari'il)a, 
(■] üoiiili)-'- >■ (-1 |il'cs1ÍL:Jo d<d ¡lais. 

V I .f-ii ~;ii' ipi'- ''ii (-.-^tos moiiioiitos los 
(V!i(.s. >• l'K aL:i'a\ ios do las luolias san- 
i:ii'!ii,!<. 'MI \('Z (I(; d ¡siii iini irso aiiinoii- 
i.Mi >• <|ii'- !;is tí'iiipostados d(d ospií'itu 
pcrUiilj.iii la )iia|-o|ia (le sii(;osos (|iio po^ 



drian eolocaruos de imncdiato en pose- 
eión de un porvenir venturoso que nos 
sale al eaniino y que avanzji Inicia no- 
sotros, pensar (jue piuUendo ser felices, 
optamos ]>or no ser sino pueblo de anar- 
quías sin término, sociedad de enemigos, 
foco de ódijs inestinguiblesÜ 

Los elementos adueñados del poder 
no quieren darse cuenta de nuestros ma- 
les, satisfechos porque el espíritu público 
no estalla en protestas altivas, porque 
en la ]irensa no se oyen los acentos jus- 
ticieros (|U(^ fulmiiiabr;ii antes con voces 
que ]';irocí;;n aiuilcmas y castigos de 
todas las sulncrsioiu^s y i)Oí'(pie la fuer- 
za doiniíia todas lascsfeías y.todas las 
resiste:ici;!s. 

¿Cerno es ¡)f)sib]o (Mitoiicos, (¡ue en in» 
])ais en (pie so ha derramado ia sangre de 
sus hijos ])or coiiípiislar lilü'iladcs y de- 
roídios. se coiisi lero ])<>]• rocim'la, ¡-orma- 
nonto, auspiciosa, ía paz (diiioiilada en 
\ui au!oi'i!arisi!i(> sin coiitrid y sin tér- 
mino'.-' 

Xo se resjjeta la ofjiínoii pública, ni 
se gua:';tr.n si([i;iera las formidas, y, lo 
qu(í es ])oor aún. la indifoi'encia y el 
egoísmo cierran nuestros labios aun cu 
Ijresencia do las más grandes sid)versio- 
nes. 

('(^síi no ocui'rida j'am.ás: Los I)i¡)u- 
tados y Sciiadoi"(,'S colorados lian com- 
iJi-ometido da.'sdes ya sus votos en favor 
d<d síMlor Williman [)ara elegirlo presi- 
dente d(í la Ptepúbli(;a! 

;.ivs esa actitud, corre(tta, democráti- 
ca, ]>i-o])¡a pai'a ascígurar la ti-anquilidad 
j)úbl¡ca, (> es una fíu'mula (|U(; solo obe- 
de(-(í á las inflica(dones del señor Batlle? 

Hasta ahora, s(; liabía creído ([ue los 
(dectoi-es d(! i*i-(;sidente d(;bían reservar 
sus N'otos para <d mom(ínto (\(\ d(!sígnar 
la persona (pie, (pdjía desempeñar ese 
alto caigo, no solo |)or (pie eso es lo cons- 



La Revista Ukuíjuaya 



3 



titucional sino porque cuanto más próxi- 
mo se halla el final del período presiden- 
cial menos influencia perniciosa puede 
ejercer el gobernante sobre los electo- 
res; pero parece que cosas tan evidentes 
no lo son ante el criterio de acomoda- 
mientos indebidos que constituye la base 
de los procedimientos que criticamos. 

No sé quien es el doctor Williman ó, 
mejor dicho, sé que no es un hombre 
que haya comprobado méritos superio- 
res que lo hagan digno de acupar el más 
alto puesto de su país, y no me parece 
que, patrioticaiiiente, pueda pensarse 
que hay urgencia en comprometer votos 
con cerca de seiscientos días de anricii)a- 
ción para asegurar el triunfo de ese ciu- 
dadano. 

Podrá ser una buena persona, podrá 
ser un hombre inteligente, podrá querer 
llegar á ser un gobernante correcto y 
con(]UÍstar ¡¡restigios desde aliora hasta 
el día, de la elección; ])ero acíuahncnte 
el doctor AVilliHian solo puede ser pro- 
clamado por la rocomeiKhición del señor 
liatlle, pues no tiene pasado polílico y 
su actuación reciente la condena severa- 
mente el criterio más imparcial ó sere- 
no, no tiene carácter y ha sido sumiso 
colaborador en todas las arbitrariedades 
de Batí le. 

Son esas v otras transgresiones de las 
leyes i)olíticasy de los principios demo- 
cráticos los que confirman la opinión 
arraigada de que el señor líatlle trata 
de darse un sucesor, para contimuir el 
desenvolvimiento de su desastroso go- 
bierno, señalando rumbos regresivos ;i la 
acción de los Poderes Públicos y son 
esas transgresiones también las que nos 
impiden entrar de lleno en una é})Oca de 
labor lecunda y ennoblecedora. 

La acción popular debe hacerse sen- 
tir en todas las esferas si se quiero (pie 



las futuras elecciones pre.sideiicia'.es lle- 
ven á las alturas del Gobierno ;i: ]ir<]!i- 
bre que repre-ente al país y wj al f-ii- 
culo gobernante, que no e> Pai'ii 1) -ino 
circulo. 

Sea quien fuere el proclaimi i ;. y el 
elegido, solo debe ocupar el jn'iiir-r }hí -s- 
to, el designado por los Repres>nta!¡tes 
del pueblo en Asamblea general y n . d 
que se señale por el Presidente de la 
República como sucesor. 




TT r 

Don ]\Ianl'el Basilio IjIsí-amant:: 

Si á los atemtados eleetorales y á 
las otras causas de desorgani.'.aeiv'u y ile 
anarquía á que nos hemos referido en 
artículos anteriores, provenientes todas 
de la marcha del gobierno actual, se 
agrega ahora la designación de un lan- 
didato á la Presidencia de la Kepública 
hecha fuera de momento, por conipKuor 
al (íobernante: es necesario reconocer 
que los i)rinc¡pios proclamados por luios 
tro^ constituyentes no rigen ya en la na 
cionalidad que fumlaron con sus csíium- 
zos V con sus sacrificios. 



La Revista Uruguaya 



Xo somos grandes, no somos siquiera 
píiís constituido, porque los de arriba 
abusan del Poder y los de abajo sopor- 
tamos estoicos los mayores desmanes: oi 
tuviésemos constancia y unión para lu- 
char en la paz como tenemos valor y ab- 
negación para pelear en la guerra pronto 
se impondría la voluntad del pueblo y 
los gobernantes tendrían que declinar 
ante ella sus soberbias v renunciar á sus 
abusos. 

Es necesario que todos los ciudada- 
danos hagan sentir su acción en las ho- 
ras de paz con tanto vigor como en las 
horas de contienda armada, si se quiere 
levantar la nacionalidad á la altura de 
sus destinos y evitar que se convierta en 
país de soldados y de esclavos. 

Laimíik. 



Sucótra situación política 

.^empre tuvimos marcada repugnan- 
cia en ocuparnos de candidaturas presi- 
denciales durante el gobierno de Batlle. 
Y la explicación es muy sencilla: juz- 
gando de ante mano, — como era lógico 
juzgar, dada la conducta de esc gober- 
nante—que impondría al país un sucesor, 
coiisidcr/ibamos, y . consideramos una 
claudicación el discutir, bajo cualquier 
faz que se presente la imposición, las 
ventajas ó desventajas que j)udiera pro- 
porcionarnos el candidato impuesto. Hay 
cosas que no se discuten; que se conde- 
nan ipsofdcto, y en ese caso se encuen- 
tra la imposición oficial. 

Ahora huní, el candidato impuesto á 
la sucesión de Batlle ha salido á luz, y 
lia salido do una manera que no cabe 
duda su imposición, descaradamente pre- 
sentado un ano y medio antes de la fa- 
mosa elección j)residencial. 



Considerado el hecho políticamente, 
es un reto categórico álos partidos y al 
pueblo uruguayo. Puede sintetizarse en 
estas palabras: — Nada me importa de 
vosotros', ni os t-emo y os desprecio;-^po- 
deis hasta produciros en armas: ahí os 
entrego la bandera revolucionaria,. Y con- 
siderado, como debemos considerarlo, 
dentro de la situación actual, solo impor- 
ta, en nuestro concepto, un cargo más 
que hacerle á Batlle; pues por monstruo- 

II- 



■'Vtjí^j 







Coronel Fernando Senosian 

Veterano de nuestras ganrras, heróc de la Defensa 
Paysundií 64-65 

sa que sea la imposición de la candidatu- 
ra presentada, serán siempre más mons- 
truosos los actos de ese gobernante 
provocando las revoluciones pasadas y 
pretendiendo ahora herir de muerte 
los principios constitutivos de nuestra 
sociedad con la Ley de divorcio y el fo- 
mento de las huelgas anarquistas, tu- 
multuosas y permanentes. 

Pero no es la imposición en sí, á pe- 
sar de todas sus circunstancias graves, 
lo quQ nos í)reocui)a mayormente. Esta- 



La Revista Uruguaya 



bíi ella prevista; era lógica: ha sucedido 
lo que forzosamente tenía que suceder. 
Lo que nos preocupa francamente, es la 
época en que se lanza á la publicidad la 
candidatuní que se pretende imponer. - 

¿Qué se busca con esc acto tan in- 
tempestivo como innecesíirio? 

Para imponernos un sucesor el señor- 
Ijatlle no tiene para que r,iadrugar tanto: 
le bastaría ordenar á sus paniaguados 
que lo votaran á última hora. El nombre 
poco importa: lo mismo es que se llame 
AVilliams ó Travieso, que Campistcguy,ó 




DíL Juan Ancjeu (Iolfarini 

Manini y Ríos. Para ellos, como para no- 
sotros, todos son iguales; seguirá siempre 
el sistema implantado por el batllismo: 
el mismo compromiso escrito y íirhiado 
l)or la mayoría do las cámaras panur- 
guistas se encuentra en blanco para 
Ratlle.; I 

El objetivo que se busca es otro. Es 
un ])asd]iabilísimo de la política gubcr- 
nista. Se busca distraer la o])inión con la 
<liscusi('iii de candidatos ])ara la futura 
Presidencia de la Ko¡)ública. 

Patllo se siente mal vn el gobiehio. 
Su perv(^rsa ])olítica,])ers¡gu¡endo ámies- 



tro partido, persiginendo á los car.'iHcos, 
al comercio y a sus ])r()i»¡0;; corrcliui'tiui- 
rios, lojiacía tambalear en su ])..»lrr'>]i.i 
presidencial. En un mojiíeui.j lúcido lia 
visto el peligro en que se haya eoluca io, 
y trata de salvarse por medi(> de una •■>- 
tratagema muy conocida: desviar la opo- 
sición á su persona, arrojando una presa 
á la controversia de los partidos: ó como 
se dice militarmente: desviar el ataque 
al centro para reponerse, mientras el 
enemigo se entretiene llevando cargas 
á los flancos. 

El doctor Williams será Presidente 
de la República, salvo que á BatUe se le 
ocurra sustituirlo por otVo candidato an- 
tes de llegar al fínal do la partida. Eu 
ese caso triunfará el susriruto: pues será 
Presidente el que BitUe quiera, y na lie 
más que el que quiera Bat.lo; hn cáma- 
ras no tendrán otro rol que el de mero 
instrumento. 

Lo que se biiSL'a, pues, es disiraer la 
opinión pública, desvirla de su j)unro de 
ataque. Los arrumacos de la titulada 
Minoría Xacionalista, de aeuerdo eon 
Batllt? indiscutiblemente, era el eo:ni)Ie- 
mento de la estratagema i>j¡iriv'a. Ya 
vendrán otras ofertas, quiz 'is mis re¡. ag- 
uantes todavía. 

Felizmente, nuestro partido que tiene 
marcado el rumbo á segu.ir: que sab.e 
perfectamente lo que puede esr,,>i\ir de 
laspromesas.de l>atl!e ó tle s:i eireaÍ!), 
no ha caído eu la celada qu(^ se le i u ¡í.!. 
y seguirá adelante su o'^ra pa:i-i.i.;,-;i 
contra la. situaeiKi. Xuesü-a, j>eé ¡ira 
tiene que ser ra lical: nada de eo;::])onv ;ir 
das con el gobierno, ni de co;n;'ii-¡aci->- 
nes presidencie.les, 'l\)da evol::.-;;in (; ¡,^ 
se pretenda con el o.ieialisnio. y.i so;í en 
cuestiones electoras ó aeu'e¡\I>»s \v.\\'a\ ■ i>. 
deben considerarse conu) una cían lúa- 
ción vergonzosa de princíi)ios. 



6 



La Revista Uruguaya 



El triunfo de liuestra causa, á el cual 
deben contribuir todos nuestros esfuer- 
zos, no depende de puestos más ó menos 
en la administración, ni diputaciones mal 
adquiridas. Tampoco depende en apo- 
yar la candidatura de fulano ó zutano del 
partido adversario. Una dolorosa expe- 
riencia nos ha demostrado que por ese 
camino nunca llegaremos al ñnal de la 
jornada: es la leyenda del Tonel de las 
Danaides; y lo único que hacemos es 




Doctor Jacobo Z. Berr.^ 

legalizar los actos del Partido Colorado, 
consolidándolo en el gobierno para eter- 
nam vitam. 

¿Quiere nuestro enemigo tradicional 
transar con nuestro partido? Desea con- 
solidar la paz para siempre? Pues pro- 
pónganos un g-obierno mixto: mitad y mi- 
tad, ni más ni menos. Llamemos luego 
á elecciones libres para que manifieste 
el pueblo su voluntad soberana, y some- 
tiéndonos á lo que salga, obligarnos co- 
lorados y nacionalistas, sin invocar par- 
tidos ni divisas, á sostener el nuevo or- 
den de cosas, hasta que se instituya el 
gobierno nacional y se opere la transfor- 



mación de los partidos tradicionales por 
nuevos partidos más encuadrados dentro 
de la democracia. 

Fuera de ahí, no hay arreglo ni evo- 
lución posible. Continuaremos la lucha 
como la hemos seguido hasta ahora, que 
al fin el triunfo será del Partido Na- 
cional. 

Ar.DÓN Arózteguy. 



VARIEDADES 

DE CLIVIja 

■^^L Barón do jMinuchlausen decía, 
M^ <W' cuando caía on un pantano, le 
bastaba tirarse del jopo para salir de él. 
Yo, soy calvo desgraciadamente, 
apesar do las fricciones que me doy 
con cuanto específico se animcia t-olma- 
do de virtudes para volver las espesuras 
capilares á las desolaciones craneanas:-— 
quiero decir, que no tengo jopo y no 
puedo apelar por lo tanto al sencillo pro- 
cedimiento del ilustre barón. 

La ley de las compensaciones ha 
puesto al alcance de mi mano á D. Cele- 
donio Contreras, quien me presta servi- 
cios que reemplazan con ventaja el pa- 
ladión de Mumchlausen; — sus consejos y 
enseñanzas, me sacan á menudo de los 
barrancos en que doy conmigo mismo^ 
cuando se me ocurre meditar sobre las 
• cosas políticas de esta tierra; — el carác- 
ter avinagrado de D. Celedonio, su vio- 
lencia agresiva y la rudeza de su lengua- 
je, moderan á veces mis investigaciones ' 
pero, persuadido de qué, entregado á 
mis propias fuerzas no he de acertar nun- 
ca con la verdad, ocurro sin vacilar para 
orientarme, al tesoro inapreciable de 
su experiencia. 



La Revista Uruguaya 



Sonar la candidatura del señor Willi- 
man para sucedáneo del señor- Batlle y 
constituirme en casa de D. Celedonio fué 
todo uno; — le encontré en un momento 
que no gastaba el mejor humor; — pasea- 
ba á largas zancadas una habitación mo- 
destamente amueblada, que dedicaba á 
trcmiitar sus digestiones bastante labo- 
riosas. 

— Buenos dias, mi Sr. D. Celedonio . . . 

— Buenos, D. Baldomcro, siéntese, me 
dijo. 

Dio un silvido y apareció en el um- 
bral un mulato que me ofreció un mate 
el que tomé en silencio, sin atreverme á 
romper el que ])residía la lucha entre 
mi amigo y su dis])epsia. 

Rumoreó -la bombilla cl último sorbo 
y aproveché la. ocasión para abordará 
D. Celedonio diciéndole: 

-Que quiere mi amigo, antes de ser 
presidente de una Kepública hispano- 
americana, pr(\'"oi'ii'ía, ser condenado á 
galeras; — eso de ser eterno blaiuío de 
toílos los desahogos en h^tra de molde, es 
sencillainenrc intolerable, mucho más 
terril)le que la pena del galeote 

Gruñó D. Celedonio algo que no en- 
tendí, me miró por entre sus espesas ce- 
jas V leí en sus ojos que -me decía «eres 
un gaznápiro incurable»; — después de 
una breve pausa, continuó su paseo sin 
duda, para que continuase yo mi discur- 
so como efectivamente seguí diciendo: 

— Ahí tiene Vcl lo que le propinan 
al señor Batlle por que en uso do una 
prerogativa que en mi entender le es' 
propia, ha designado al señor V/illimans 
para que le suceda en la presidencia; — 
no hace mucho, Roosevelt, siendo presi- 
dente de los Estados Unidos, lanzaba, no 
la candidatura de uno de sus ministros, 
sino la suya propia y lo (pie es peor — 
que al fin y al cabo tiene Batlle la de- 
cencia de no ocuparse de convencer á 
nadie — se embarcaba Roosevelt en un 
tren y salía á pregonar sus propios méri- 



tos por todo el territorio de la Unión. — 
El mundo entero se volvía lenguas jjara 
alabar las prácticasamericanasy las revis- 
tas ilustradas nos abrumaban con Roosc- 
vel sentado, Roosevelt paradp, Roosevell 
hablando, saltando cercos v en íin en 
todas las posturas y ademanes imagina- 
bles. — Estos convencionalismos, señor 
Contreras, me revientan como á cual- 
quier hombre honrado; — Roosevelt pue- 
de hacer lo que quiera, porque es Roo- 
sevelt y Batlle porque quiere ser lo que 

II 




CoRONKL Basilio A. Pimli.a 

Austero mili/ai\ heróe do Lcí Dci'fiisd PuijsnniUi, 64-03 

le dá la gana, que para eso él es el, nos 
lo presentan como un antropófago les- 
trigón! 

D. Celedonio, que en esos momentos 
me daba la espalda, giro sobre sus talo- 
nes; — ensayé una plegaria para que se 
abriese y me tragase la tierra pero mi 
amigo, se redujo á decirme en tono casi 
cariñoso— «es Vd. un besugo, señor 1). 
Baldomcro, un Sparus canfabricus » 

Como siempre he creído y creo que 
D. Celedonio dice las cosas ])or su noni- 



La Revista Uruguaya 



bre, — lo que Vd. quiera, repuse, — pero 
que me rapen, si no tenemos el prurito 
malsano de encontrar siempre malo lo de 
easa v excelente lo de afuera . . . 






Aunque soy un WüUmanista decidi- 
do, empecé mi sondaje considerando á 
este señor como á un ilustre desconocido 
á quien le toca en suerte continuar la 
obra reparadora del señor EatUe, de afir- 
mar el progreso, la paz, la concordia y 
la <dei;alidad» de la que es nuestro pre- 
sidente un «fanático» según el felicísimo 
golpe nazal con que se presentó á su con- 
sideración el galano autor de Tah(iré\- 
obra aquella, que en el com])licado prin- 
cipio de siglo á que asistimos, basta para 
consagrar en estadista á quien la i)r(isiga 
como hasta ahora. . . . 

Procuré adornar mi disquisición con 
los más rebuscados trüi)Os y eufeniisnios 
y acometí de mievo á D. Celedonio di- 
c'iéndolc: 

— Vea Vd. otra injusticia; a])(Mias v\ 
señor Williman, cual inocente párviüu 
sale del cascarón de D. Pejje, sin (l(\jarle 
á éste siquiera, echar sobre su cabeza la 
bendici<3n de Luis XVIII al hijo del Du- 
(pie de Purdeos, aquello do «Dios proteja 
la corona de éste niño>, antes de (pie se- 
pamos si el infante es viable, est.'illa á 
los cuatro vientos una ensordecedora ])i- 
rotécnic;!, según la cual todo ])arece in- 
dicar (pie el señí^jr AVillini;ui ));:s;irá á 
mejor vi^la ^h-X «nijil de los siete (lias.>; — 
no Sí' e;¡iigr('gar(in líis hadas ([U(í al decir 
de ?iln¡e. de ]\[ainl(ii<')n, st; dieron cila al 
i'cdodíjr (h; la cuna (h\ lJ«díín, síik) (pie, 
á la voz de un inlernal conjuro, una le- 
gión de energúmenos, reciben su ])rimera 
sonrisa mostrándole los dientes y los pu- 
ños; — desatentada actitud señor D. (Cele- 
donio, y (;rrado ])rocedini¡ento, (pie más 
l)i('n ])ar(,'ce la energía esperando el su- 
ceso en (pie hade ejercitarse, que ade- 
lantándosele é imi)idiendo su realiza- 
ción, i>or(iue al fin y á la postre, no co- 



nocemos al señor Williman y no sabe- 
mos por ende que cosa pueda dar . . . 

Aquí fué Troya! — D. Celedonio, que 
había tomado asiendo temeroso de que 
no acabase yo en un buen espacio con mi 
tirada, descargó un terrible puñetazo so- 
bre una mesa, que puso á prueba su 
construcción. 

Alma de cántaro! me dijo. ¿Que quie- 
re Vd. que dé el señor Williman? ¿qué 
espera Vd. de quien ha refrendado el 
salto atrás de la lev de interdicciones, 
la más abominable abjuración de ,los de- 
cantados progresos politices de miestros 
tiempos? ¿qué esperanza puede Vd. abri- 
gar de quien encubre con su pasibilidad, 
las hecatombes que se hicieron con he- 
ridos indefensos en Calatayut, ]*,fansavi- 
llagra, Paso del Parque y Rincón do 
P>arl)at, no obstante señalársele con el 
(lefio á los (pie las ordenaron ó ej(>cuta- 
roii? ¿Aguarda \'d. enmienda honorable 
del señor AVilliman armado con la ley dé 
pi'oi)orcionalídad? ¿en (pie confí;i Vd.? 
me dijo íinalnuMite, cruzándosí,' de bra- 
zos y rojo de coraje. . . 

En la Providencial! contesté y para 
ahorrar trayecto, me eché por una ven- 
tana á la calle y no paré hasta mi casa 
en donde escribo lo que dije y se me dijo 
en la de D. Celedonio contreras. 

Baldomero Clavijo. 



Cqií el, arma ai braso 

'^BM^^-' títido encuadra y define perfec- 
4s¿2 tam(!¡ite la situación del País, des- 
di; el aciago día en que el actual Presi- 
dente subió al poder. 

No inventamos: nacionales v extran- 
jeros saben bien que desde entonces se 
vive con el arma al brazo. 

La intransigencia partidaria, llevada 
á su más alto grado, le hicieron ver, en 
(d noble y leal caudillo del Cerdo))és, no 
solo un enemigo jíolítico, sino también 



La Revista Uüuguaya 



9 



un rival temible por su influencia, por su 
prestigio, por su valor, por su hidalguía 
y patriótica honradez. ^ 

El descendiente de aquel que dijo: 
«gobernaré con mi partido y i)ara mi 
partido», no podía tolerar que un ciuda- 
dano, sin investidura oficial, le hiciese 
sombra, le disputase, no el mundo, jjcro 
si la influencia, qu3 el uno tenía por sus 
méritos personales y el otro, la ejercía en 
virtud do tener en sus manos las riendas 
del gobierno.: : = ' ■* 




II 

CoiiONEL EmíI(¿ue Oliveka 

Vci.ciano (le ruti^utnis t/uerras, ¡ivroe de lii Dejen.-ta de 
Piíljsandií, 61-05 

El Presidente del partido en el poder, 
creyó que i)odía decir como Luís XIV, 
el Esfado soy yó, y todo lo (puso someter 
á su voluntad. 

Provocó la guerra civil, y los odios, 
mal apagados, inundaron de sangro el 
territorio de la Patria, sembraron la rui- 
na V desolación de la lamilia uruguava, 
se derrocharon sus dineros públicos y la 
estatua de la libertad, i)ermanece aun 
cubierta con el velo del oprobio. 

Nada escai)ó á las iras })residenciales: 
todo se derrumbó con la Vaz de Aceyná: 



digo mal; se derrumbó la libertad, la 
justicia, el derecho, pero qiiedi) en i»¡('' hi 
soberbia del gobernante y el odio iiiqila- 
cable al vencido! 

Esa soberbia, ese odio, lo hace Ver 
enemigos, no solo en los que lo son. en 
rigor de verdad, sino también eii los ([ur 
profesan su mismo credo jxjliticc iM'i<t 
que no comparten de sus mo-Sífainas y 
estrechas ideas partidai'ias. 

El odio del Presidente al ])artido de 
la llanura, no reconoce límites, odio (pie 
se acrccenta, al saber que su rival le 
corresponde galantemente. 

Por eso organiza nuevos batallones y 
regimientos de línea, vive con el arma al 
brazo, esperando el momento propicio 
l)ara arrebatar esas bancas legislativas, 
ocupadas, gracias á las lanzas de Sara- 
via y Liego Lamas! " 

El partido de la llanura, no teme á 
sus batallones ni regimientos: no teme á 
la fuerza, porque tiene á su favor, la 
fuerza del derecho! 



Leonardo S. Castro. 



Concordia. 



Nuestro estado político 

¡Cuan lejanos están los días en (jue 
los gobernantes orientales alental»an fé 
y amor en los principios que dan gran- 
deza y honor á las naciones! Cuan leja- 
nos de mieslros días las ])i-ácticas de nd- 
ministración pública (pie dieron jusiieir- 
ro renombre á Oribe, (íiró, Pereyra. Ihis- 
tamante. Berro! 

La i)ro])ia y eníenniza ]>e(|'ieriez de 
los oíicic-ilistas dirijentes, hace (|iie reeor- 
demos eon mayor piMín la auseiu-ia de 
a(piel}os cai';icieres; y es de ese ¡¡.-iran- 
'^ón angustit)so, (pie siirje más níijd.-i y 
más dolorosa. la abrumadora vi-rdad: los 
destinos de la Patria están (mi i>eliií-ro! 

La historia nos dice (pie (ses destinos 
no fueron conflados por la voluntad na- 



/ 



10 



La Revista Uruguaya 



cional al partido imperante, — sino que la 
más bárbara é injusta de las guerras 
los arrebató de las manos honradas del 
Partido Nacional, para darlos como mag- 
nífico presente de Mitre y el emperador 
del Brasil á sus aliados floristas. Fué así 
como la hermosa tierra oriental sirvió 
de cebo á las avaricias de la obscui'a 
aventura; fué asi como se pagó futuros 
servicios del ya entonces sindicado para 
baqueano de aquella no menos obscura 
trajcdia que llevó desolación y ruina al 
heroico Paraguav! 

Pese á su origen vergonzante, rara 
vez, — y más como aisladas jenialidadcs 
de algún gobernante que como aspira- 
ciones de Partido, — rara vez l)regó el Co- 
lorado ])(>r hacer olvidar con una sabia 
y hoiu'ada política el punto inicial de su 
viciosa hejemonía. La Nación lia cono- 
cido todas las vergüenzas que señalan la 
huella de los gobiernos de facción: v des- 
de el entronizamiento del militarismo in- 
consulto en la cosa ])ública y id fraude 
electoral sistemático, como medio de re- 
novación de los ])oderes, hasta la inicua 
malversación de los dineros nacionales 
creando empleos indebidos y lujos de 
fuerza pública propio de testas coronadas 
V la humillación de airadas reclamacio- 
nes extranjeras, el pueblo sigue agobiado 
por tanta desventura, sin más norte ni 
más luz ni más esperanza que esas mag- 
níficas eyi)losiones con que el patriotis- 
mo del Partido Nacional convulsionó 
repetidas veces el País, llamándole á 
más noble vida, — á la vida de verdad y 
de justicia que se merece el terruño de 
Artigas y Lavalleja. 

Afianzado en el poder por el acaso 
que hirió de muerte al glorioso reivindi- 
cadordel día de la victoria presentida y 
definitiva; otra vez por fatal acaso dueño 
de la situación, pocas horas después que 
el general Vázquez confesó haber sufri- 
do «el angustioso frió de la derrota > ; adue- 
ñado militarmente una vez más del 



país, el Partido oficialista retorna airado 
á afirmar su personalidad por actos de 
fuerza; por nuevas é inauditas vejacio- 
nes del sufragio; por el empobrecimiento 
moral y técnico del ejército, dando sin 
discernimiento gTados militares á meros 
particulares improvisados de línea con- 
tra el Código respectivo, de los que no 
]>ocos tocaron á civiles, cuyos solos ser- 
vicios decían de contiendas electorales: 




Coronel Rafael Formoso 

Vflerano de nuestras guerra», heróe de la Defensa de 
Puyisandú, 64 65 

por la creacción de onerosos cargos pú- 
blicos, al solo fin de aumentar la larga 
lista de compadres políticos, obligados 
cómplices de los farsáicos comicios; por 
la continuación de la insultante prensa 
palaciega, que sin duda recoge del arro- 
yo la triste herencia de «La Nación»,— 
por todas las claudicaciones, arbitrarie- 
dades y violaciones flagrantes, continuas, 
de la Constitución, que hacen del gobier- 
no BatUista, el más deleznable que ha 
soportado esta desgraciada tierra. 

Y como si aún fuera pequeño tal cú- 
mulo de males, c(»mo si aún faltaran mo- 



La Revista Uruguaya 



11 



tivos para llevar hondo desconsuelo á 
todos los ámbitos del país, como si no 
hubiera ya motivos bastantes para hacer 
revivir el patriótico coraje, ese propio 
soñor Batlle, á quien sus palaciegos pin- 
tan como una figura digna de la galería 
'de caracteres que enamoraron la pluma 
de Plutarco, no ha tenido fuerza moral 
bastante ni entereza republicana suficien- 
te para esitar el celo del ministerio pú- 
blico respectivo para levantar los suma- 
rios pertinentes á los crímenes sombríos 
que hicieron por siempre fatídicos los 
nombres de Galatayut, Paso del Parque, 
]\ransavillagra. Rincón de Barbat ... Y 
es también esc propio señor Batlle, quien 



comete el crimen de lesa patria de darse 
un heredero político, obligado corolario 
del vergonzoso contrato que el pueblo 
adivina se celebró entre aquel y los que 
de él obtuvieron la real merced de obte- 
ner un puesto en las alturas. 

El pueblo oriental, que llora aún la 
muerte de su más grande y abnegado 
caudillo, el glorioso Aparicio Saravia, — 
desespera de toda reacción en el campo 
BtUista, — y vuelve sus ojos hacia el Par- 
tido Nacional, en demanda de justicia y 
de verdad! 

MAR18CAL TuKEXA. 



Buenos Aires, Nbre. 28/1005. 



(1) 1 






Por la Redención Política!... 



NARRACIÓN 

20BEE LA HEVCLÜCIOH DEL 97 

ESCRITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 

(Continuación) 

Véase Núm. 14 

El Cónsul admite la facilidad del he- 
cho; lo aceptan de lleno los jefes, se sus- 
pende la pesquiza, é indignados estos úl- 
timos por haber penetrado al cuartel un 
particular, arman una algarabía de mil 
demonios, que pone en movimiento todo 
el batallón. 

Tranquilizados los ánimos, vuelven 
á interrogarme; niego yo todas las acu- 
saciones, insistiendo que éramos unos 



(í) En las exposiciones ó nnrrcu-iones <le civiles ó 
rniliCare.^, <u¡ ucUos ¡)e<j ue Tusi mas é insi{i ni ficantes de. 
talles, i/ue no entren en el ¡lian <ie esta Ixeinsta jiabli- 
carlos />or razones lie o/jortuniílail, etc. etc. irán in- 
t<'í/i'os con sus notas y comentarios respectivos en nues- 
tra Historia, del 97" . 



paisanos que veníamos á arrendar un 
campo en el Brasil, y al fin el Cónsul, 
desanimado en poder justificar de inme- 
diato la identidad de mi personn. como 
se lo exigían los jefes del batallón, se fué, 
dejando á estos que procedieran como 
mejor les pareciera. Los jefes, picados 
en su amor propio, cambiaron de táctica 
tratando de confundirme con pr?guntas 
capsiosas, haciéndome cargos de toda 
naturaleza, pero por último, desanima- 
dos también como el Cónsul, concluye- 
ron por ponernos en libertad, pidiéndo- 
nos toda clase de disculpas por habernos 
confundido con nosotros mismos. 

Mientras tanto, Sánchez no había per- 
manecido ocioso. Inmediatamente do 
haber salido del cuartel se fué á la cha- 
cra que ocupaba el General Saravia. á 
quien le entregó la correspondencia, po- 
niéndole en pormenores de nuestra si- 
tuación. Encontrando Saravia entre las 
cartas que yo conducía la dirigida al 



I -2 



La Rf.vista UiíníTAYA 



tí oiíoral "f rollos, so la dii'i ;'i SjuR-liez di- 
*.:oií>L>lo iii;o inora oiisoii'iüda ooi\ Abo- 
larao ^ i:\vr: no z i\ la rasa do aquel jote, 
y 4U0 lo [iblioran en su nombre, después 
do ]'ro>orir;irle la carra, hioiera rodo lo 
4IÍ0 lo inora ]iosible en obsequio iniesrro. 
oikTiruandolesá la vez que vieran á orros 

;iniiu'o> brasiloñ'^s ^--^ -""" 



I'íU'a <ii!o se iiite- 
re>a,raii por iiues- 
rra liliorrad. Mar- 
qi'n.'Z y Sanohez 
pusiv'ri'ii «'ii o'-n- 

ut''. ]':-vn cuaiidr) 
rrarabaii il<"' llo- 
\'ar-'' á la ''i'á;-ri- 



.^ 



/ - 









t-a su< liclijí^ 



p-i,., 



alia:;;- 



ii'->piO 



i |i iSi H 1 1 .- lil i ¡ 1 í('l'- \ 

í.!' 1. V Ci'il '.')!• •'. 

d'- ;l!i;'a- 

zaiTii'--. ji"> ¡í;!- 
lüDs.íi ¡a caac]';! ( a' 
Sa¡'a\'¡a. ^aiicli lili ■ 

do;; (loiíai-rra^do- 

]i(-< da' alci:-ria. ^ÍMirioiito.s dosimos lio- 

1 «k 




annanienio, de cuyo licelio tenía. y;i ])ro- 
sunoiones. se convino obviar las diticul- 
tades (|ue se hablan cruzado de ])or nu»- 
dio, encaruándusele á ^Marciuez la delica- 
da . misión del asunto, líesuelto eso 
lumro se determinó llevar adelanto los 
pivpararivos ile la invasión. — que so hit- 

"^ --.^^ n;i cuando se pu- 

. , ""-v, diera, como así lo 

'-^ comunique al Co- 

mité de (hierra^ 
coníiáiulomc des- 
de ese momento 

la d¡recci(')u de la 
coi'resp()rj¡p>ii(.i;i 

teleiiráfica por 
medio de las clá- 
veos (pie toniamos, 
(d coleI)rar \'arias 
coid'crcncias con 
al.u'uiios jjci'soiia- 
jcs lirasilcños, ad- 
quií'ir armas y 



4 ** 



\ 
'A 



municiones^ lia- 



Dx. Ai!i)()X Akózte(íi:z 



L:a¡)a aiií d Cicncral Ti'(dlí-s, dis])uesto 
á c\'.x])'-:\\áv su liiíiiioiiciii á mi ía\'or, íx'a- 
¡•;Ojiii(''¡idoi;ií'. coiiio ]iie .U'aranti')^ la es- 
tadía, c;;¡ Ba;:-é. 

.^■ai.i-via sf; fastidió al.ii'iui tanto de l<i 
iioia d^-l CtyAi'W'') de íiuoi'ra, en la que 
><: le iiidií-;!!;;i dobía invadí)' al día si- 
,2iiif uto- do- mí llí-L'-ada, y i>on¡endomo al 
coj'iioiitf' de su sitiuudón, rcsíilvinujs 
iüaiid.ur .'1 l'azlai'iza ;'i liuciios Aii'cs, por 
\;,( de ílio (iiaiidí', no s(jlaiiicnt(í par;i 
íjiio iniwf-io.i-f ai í 'ojiiit;'; d(d oslado cu 
(¡iic >0' f-iiooii^i'nbaii las cosas, sino tam- 
bicii pajM i\\\<- '■ii\'¡ai';'iii a!,ii-|;,^|íS Tccur- 
>u<: ia*-ii;;:a <mío pudiei'aii. I']sos recur- 
so -^. '-oíiío (-s r.'ifdl presumir, dado e! es- 
t.rlo i*:íf alio de la s¡rua(d(')ii liiiaiKaera, 
1,0 l'j.-, ¡ni'lo (-iix'iai' el í^omití''. 

iiiíonnado Sara.via de la deteiKdfUi d(d 



cer j)roj)a^and,'i 
I)or la ])rensa, etc, 
etc, y, de acuerdo 

con Aparicio y Chiquito, solucionai' to- 
das las cuestiones que se ])rescntara]t 
para realizar nuestros patri(')ticos pro])ó- 
sitos. — Sin que ello importe un eloi^io 
hacia mi actuación, es justo decir sin 
emljarí^o, que desde ese día hasta el 5 
de Marzo (pie invadimos, no tuve cíisi 
un momento de rei)Oso, ocu})ado en di- 
versidad de asuntos á la vez. p]sci*ibir 
en varios diarios de la I'rovinca do 
Kio Ci'ande á favor de nuestra causa y^ 
es{)(M'iahnente, iK'Kdendo i'csaltar el pe- 
lii^ro qu(! (!X¡stía(i(! una r(;voliu-.i()ii ie(l(í- 
ral en (;sa ])rovinc¡a, |)r'ote¡L;ida. por Idiar- 
t(í liorda, sino se (dectuaba, antes la, iii- 
\asi('jn de los nacionalistas ;l la, liepiibli- 
ca Orjeiiia!; xcía, á todos ios orientales 
em¡!<rados, eníasiasm;'indolos para, (j' nos 
acoiiip.'iriai'aii eii l;i ¡ii\asi(')n, busr.ai)a los 
mcfüos pa;a e\it;ir bis iid.eruacioiies y 



La Revista üruííuaya 



13 



castigar el espionaje, dirigir la política 
de la invasión, celebrando conferencias, 
escribiendo á amigos y haciendo traba- 
jos para impedir que Muniz ó sus adep- 
tos nos frieran hostiles; redactaba el ma- 
nifiesto que dio á luz el General Saravia 
y preparaba mis correspondencias para 
La Prensa de Buenos Aires, con quien 
estábamos de acuerdo en ese punto; es- 
tudiaba las claves telegráficas del gobier- 
no de Idiarte Borda, buscaba armas y 
municiones, me vinculaba á personajes 
brasileños y á cada momento celebraba 
entrevistas y adoptábamos resoluciones 
con el General Saravia. 

Continuará. 



(1) 



NARRACIÓN 

SOURE LAS 



Campañas del 96 y 97 

l'OIi EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy General BASILIO f^lUÑOZ (hijo) 

(Continuación) 
j 

Véase Xi'ini. 14. 

Dia 15 — Emprendimos mai'cha á las 
5 do la mañana y fuimos á campar á las 
Tarariras. ; 

Dia 1(5 — Acampamos muj'- temjirano 
jiara esperar al Coronel Trias que venía 
con (KKJ hombres, y que se incorporó en- 
sogui(hx alcanzando nuestro Ejército á 
21KKJ hombres próximamente. 

Dia 17 — Marchamos alcanzando á 

campar al paso de la Arena (Fraile 

Muerto.) 

Dia 1<S — A las 5 de la mañana y á las 8 

do la noclie acampamos en una zanja en 



{D lia loa niuncroA aurrsiro!' iriin las narrado- 
nc.i (le Loa Jc/cs JiCroliicionariDít t^o/trc la i/uerra tlrl 
!I7, Jof /•'. iiiinialtz-, ¡iasilio 1/ Scri/io Muñoz, VcU'z. 
Alaria, (¡il, ¡ilanro, l{<itittr.<i, Corlina.-f. A Iduina, (luf- 
rrrro. ¡siitarL \'rla^i/i¡<';, A'di'armc, Wirfta (¡oilirc, 
l'l.r/ii'tUftoncx AiHiricio Saruria. Laiiian, Moni/rclt, 
lirni.lc:;. asallo rañoncru "Arlir/iis", t:r/)OSÍcioiifg de 
CantlavcriK, CilñU, (launa, Siiarcilra y Coronel Orijaz 
/'a/n/iillon, cíe rcc, 1/ inur/ias oirás ci riles y iniiila- 
rrs, asi comolOi/a la ilovaineii'.aeión /xililieii ij militar 
i/iie sil-I rn lie liase li nuestra "Historia ¡leí 07". 

I. II lieilaeeiún. 



los campos de Morales Bañado fie M-'ü- 
na. El que suscribe era .Jf-fe d*^- rániio 
ese noche — por lo que á' cada m'''in--i:To 
estaba sabiendo por los partes d»-l Co- 
mandante Antonio Mena ou- f-l f-ii-inif'o 
estaba muy cerca, Mena ya (^-.staba al ht lo 
del enemigo y no le perdia pisa la A las 
3 de la mañana nos pusimos en marcha 
con la división que comandaba el Coronel 
Chiquito — Mena, alcanzo y tiroteó á D^-r- 
quin, colocándolo en mala situación — 
Apesar que el General Muniz se hallaba á 
7 ú 8 kilómetros del punto que ocupaba 
Derquin (Arbolito) — El General Saravia, 
aun no llega y ya son las 7 de la mañana 
— -poco más de las 8 capitula Derquin, y 
enseguida que pasa este con su fuerza pa- 
ra nuestra retaguardia, avistamos las 
avanzadas del General Muniz. 

El encuentro, era pues, inevitable y 
tenía que ser de consecuencias desas- 
trosas, tratándose de elementos de un 
mismo Departamento y de la misma cau- 
sa—Pocos minutos des})ues se inició 
el fuego en toda la línea, y con él. A más 
sangriento y encarnizado combate, de 
todos los que tuvimos durante la revo- 
lución — á escepción de Tres Arboles — 
(único, en que no nos hallamos. 

La causa de nuestra r'.'tirala de Ar- 
bolito, es larga de exjdiearse. y para ello 
tendría que hacer apreciaciones duras, v 
quizas importunas, señalando algunos 
nombres que quiero callar.puesno fué solo 
el celebre Fausto Nuñez — el sinvergüen- 
za, — hubieron otros también, y .TétVs - 
nombro á ese por que con su actitud más 
tarde, se ha hecho indigno á toda c (>nsi- 
deración y respeto, 1-íecuerdo el manitus- 
to de Nuñez, tpie decía toilavía i (Ui to- 
do cinismo, (jue había luu'ho la i\'tai¡;uar- 
dia <le nuestro Ejército desput^s dt> Arro- 
yo Blanco, como si el Cuuieral, confiase 
los puestos nuís delicados y de lnnun\ ;l 
individuos de las condiciones do Fausto 
Nuñez, con fama ya de ( obardt\ 

El j)aj)el del Coronad Fausto Xnñt/: 



14 



La Revista Uruguaya 



en Arbolito. disparó al oir los primeros 
tiros, YO lo mandé lancear con el Tenien- 
te Toledo; en Corro Colorado, en la caba- 
llada; en Cerro Blanco, se retiró ense- 
gnida que entramos en linea, dicióndole 
á mi liermano Jnan qne estaba enfermo, 
y despnes de esa acción, se fne al Brasil 
al otro día. 

Como lie diclio, el combate de Arbo- 
lito, fué encarnizado, los combatientes 
no cedían, los fuegos eran nutridos y 
abrían claros en ambas filas por que des- 
pués de un cuarto de hora de iniciada la 
batalla, nunca estuvimos á mayor distan- 
cia de 2(X) metros ajn^oximándose en par- 
tes nuestra línea á 20 ó 30 metros como 
sucedió en la extrema derecha que me 
cupo el honor de mandar, donde mis ofi- 
ciales y-soitlados pelearon con bravura y 
entusiasmo,*, — quedando en el campo la 
mayor parte de ellos. 

Continuará, 



Immñ siiliro la ftiiiipíia ilel 97 

ESCRITA POR 
EL JEFE DE LA 8*^. DIVISIÓN REVOLT'CTOXARI A 

Coronel Cicerón Marin 

San José/t)iciembro 20 de 1898. 

Señor Dr. Don Luis Santiago Botana — 
Montevideo. 

Distinguido correligionario: 

Con gran satisfacción remito á Vd. 
los datos que me ha sido posible recor- 
dar en nuestro movimiento revoluciona- 
rio del año D7. Lamento querido Doctor, 
no sorme posible mandarle, un trabajo 
completo como sería mi deseo, debido á 
qne en mi carácter de soldado, solo po- 
dría dar datos precisos de los combates, 
pues he tenido la suerte de encontrarme 
cu todos ellos, pero no sucede así con el 
rosto del movimiento que indispensable - 
m(;uto ti''ne \u\ ejército, como era el Re- 
volucionario, que por su misma agitación 



!legó á hacerse imposible llevar con regu- 
laridad las órdenes del día, datos, que en 
este caso serían importantísimos. 

Rogándole quiera disculjíar la insufi^ 
ciencia del trabajó lo saluda su amigo 
affmo. S. S. 

Cicerón Marín. 

Instri^cciones para el Comandante " 
Marín 

1". El señor Comandante Marin con 
sus amigos se encontrará sin falta él miér- 
coles 3 del entrante mes de Marzo y á la 
noche en el paraje conocido por «Costa 




Manuel D. Rodríguez 

del Rosario» «Paso de los Troncos», sec- 
ción del Rosario. 

2\ En el punto convenido de «Paso 
de los Troncos» y en la misma noche 
del miércoles 3 de Marzo se encontrarán 
los Comandantes Gonzáles y Batista. 

3". El santo y seña que se usará es: 
la palabra Lihertctd. — Tengáso esto muy 
presente para evitar confusiones. ■ 

4°. Reunidas todas las fuerzas, ó los 
que concurran, deben y tienen que mar- 
char á protojer el desembarco que se rea- 
lizará en el puerto del Sauce, Departa- 
mento de la Colonia. 



La Revista Uruguaya 



ir, 



5". La protección al punto indicado 
debe efectuarse á cualquier precio^ y ten- 
drá lugar el día jueves 4 del corriente 
Marzo de 4 á 6 de la mañana. 

G°. Los señores Comandantes Gonzá- 
lez, Marin y Batista, empeñarán su pala- 
bral de hombres de lionor y militares pun- 
donorosos de proteger el desembarco y 
no indicar el punto en que se liará, hasta 
que se encuentren todas las fuerzas 
reunidas. 

7". Al pronunciarse se destruirán los 
telégrafos, vías férreas y se llevarán to- 
dos los elementos que encuentren á su 
paso, muy especialmente las caballadas. 

8°. Téngase bien presente, que en las 
])rimeras horas de la noche del miérco- 
les 3 de Marzo deben encontrarse en el 
Paso de los Troncos para marchar inme- 
diatamente al punto del desembarco, que 
como queda dicho, se realizará el jueves 
4 d(^ Marzo de 4 á (> de la mañana. 

Do ])alabra recibirá el Comandante 
Marín las demás instrucciones i'osfrva- 
das (jue le darán á noml)re (h^l delegado 
(le la .1 unta de Guerra. / 

San d osé, Fel)rero 28 de 1897. 

Buenos Aires, Febrero 15 de 1897. 
Señor Don Alberto Lerena. — San José 
Distinguido corapatiiota: 

El Comité (pie tengo el honor de pre- 
sidir se ha enterado do su nota del 13 
del corriente así como de la que el señor 
Comandante González ha ])asado á Vds. 
y de la repuesta (pie le lian enviado, y 
me encarga manifestar á Vd. que está 
conforme con dicha repuesta. Para que 
no haya dudas vo}^ á contestar los jnintos, 
propuestos por el señor Comandante 
González. 

1*'. Este Comité habió, ya resuelto de- 
sechar el punto del desembarque que Vds. 
encuentran inconveniente, ' así (pie en 
oportunidad se les indicará con toda pre- 
cisi(')n el punto elegido. 

2". La invasi(')n por el Norte prece- 
d(n' solo de horas á los demás movimien- 
tos. Pueden estar s(^guros (pie cuando 
ahí se muevan ya estará invadido el 
Norte. ¡f . 

.3". Se; avisará con toda anticipación 
))osil)le el dia preciso, ]jor lo menos se les 
dará cuatro dias de ti(mi])0. 

4*^. D(í acuerdo — (este ])unto se refie- 
]•(' al cnso (h^ (pie la ex])e(liei()n no dlegue 



el día que se señale, pues entonces no ha- 
bría compromiso de es[)erarla con rir-s^o 
de éxito). 

6". Esto corre da su cuenta úlar «•! 
aviso inmediatamente leí día «pn- se se- 
ñale). 

Se le ha pasado nota al ('oronel Pam- 
pillón aceptando el ofrecimiento d.- su 
concurso y encargándole del mando do 
las fuerzas de los De])artamentos d»- San 
José, Flores y la Capital, deben pues Vds. 
ponerse de acuerdo con dicho jefe. 

Al fijar la fechas irán las últimas ins- 
trucciones detalladas. 

Saluda á Vd. y demás amigos con to- 
da consideración y aprecio. 

Juan Ángel Golfarini — Doctor 
Terra, Carlos M. Morales, 

Secretarios. 



Es copia fiel. 



Alberto Lkrkxa. 



Confinnnrá. 



NARRACIÓN 

DEL 

Oomaadaiite Apalmarb Telez 

SOlíRE LA 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



"^(JoiifinKarión) 

Véase II II ni. 14. 

Don Antonio Virgilio Martins nic ha 
mandado llamar. 

Este caballero es Brasileño, ri'|»nbl¡- 
cano y nacionalista por añadidura. 

Euí obse(piiado de todas mamn-as juir 
este distinguido amigo y su señora ev- 
])Osa. — 0])íparo almuerzo, _ ricos \inos. 
exquisitos licores y café como ellos \o 
tienen y saben prepararlo. 

Me regaló un caballo casi ]»uro. de 
grande alsada y revelador de ser bueno. 

Al regresar al campamento tuve el 
agrado i\o oír varías ¡ñezas de música 
por la banda militar que aconq)aña al 
General Mena Barreto, (pie anda i-.cn- 
rriendo las guardias bi-asilcias del (io- 
bierno Federal. 

Abril 14 — Hemos ])asado todo d día 
á seis cuadras del ca])ainent() deaxn-. 



16 



La Revista Uruguaya 



Don Cipriano Correa, Brasilero y ami- 
<io ^e Freííueironiia lieclio á este varios ó 
im2)ortantcs ofrecimientos (¿ne nos colo- 
carán en condiciones de dejar los carros 
y marcliar á caballo. 

LLUVIA TORRENCIAL 

Abril 15— A las 3 y 80 p. m. marclia- 
mos con nimbo á lo de D. Cipriano Correa. 

Toda la tarde ha llovido á torrentes. 
A las 7 y 20 de la noche acampamos en 
lina cuchilla sobre puntas de ITpamorotí. 

Don Ignacio Dorval, puso á mi dispo- 
sición un ranchito donde pudieron dor- 
mir diez compañeros del Plantel «Cene- 
ral Leandro Gómez». 

CARRETA TUMBADA 

Abril 10 Alas 7 a.m.se continiiólamarcha; 
Don Francisco Taraval y su señora nos 
ol)se(piiaron con café, galleta y (pioso,— - 
A las 11 de la mañana, cuando los ca- 
rros marchaban hacia lo d(^ Don Cipria- 
no (^ovrea, una Guardia Brasilera del 
liegimiento 8°. mandó (pie regresaran <í 
«Tres Yendas» en razón de (jue o\ ca- 
rrcro denuneio qwo. su eom[)roiniso era 
hasta diclio |)unto. 

El oficial brasilero además exigía ([ue 
un def(! nuestro se trasladara á «Tres 
VrMidas», asiento de la guardia, para, 
que diesf- cuenta res[)ecto de nuestro mo- 
yiiñiento de fuerza. 

Al repasar las carretas una cañada, 
puntas (le Upamorotí, se vole(j una fpie 
eondiieía armas, municiones, recados, 
maletas, etc., ect. 

Cuando laS carretas fueron deteni- 
das no había iiaclie que las escoltara pues 
todos, tanto los de á caballo cuanto los 
(le á j)i(', se dirijian cortamlo campo, 
liaeia la Estancia del ya, referido Don 
(Ji])riano Correa. 

Yo y Yaccaro, (de Rio Negro) que 
marchábamos más ;í retaguardia, al ver 



que se aproximaban á las carretas los 
de la guardia Brasilera, regresamos á 
ella y allí nos encontramos cuando volcó 
una, formando la consiguiente mezcla de 
armas, recados, agua y barro. 

Arreglado el incidente co¿ el carrero 
conseguimos llevar nuestros equi^^os á 
lo de Correa. 

Allí todos durmieron bajo techo. 

La noche fué sumamente fría. 

Salvador Saavedra, asistente de Mon- 
grell, se hirió en un dedo del ])ié, por 
un descuido y con su ])ropio Y^insches- 
terg. 

] [emos carneado y comido bien. 

Abril 17 — Algunos com])añeros cpie 
se int(u-naron hoy en territorio Oriental, 
en busca de caballos, regresaron con va- 
rios ([ue, agTí^'gadosá otros (pie nos trajo 
el mayor (Colman de la policía del (Coman- 
dante Abelardo j\far(]uez y otra porción 
(pie nos proporcionó el señor Correa, con- 
seguimos (pie montara toda nuestra gente. 

( 'orí f i miará. 



NOTA 

Debiendo "1^» lievista rr:ií3;«i!iy:i" Iisícor 
iiiiiiiero esiiecial en el aniversario tie Pay- 
sanjlú,' niíüease á toílos Ij s eseritot-es á quie- 
nes se tía solicitado su cooperación, remitan 
al Director sus trabajos antes del seis de Di- 
ciembre, Iludiendo hacerlo los que los ten- 
san prontos desde ya. 

(La Redacción y Dii.'eccion). 



ADVERTENCIA ! 



Siendo atriltuto de las democracias. I» 
publicidad, discusión y control de los actof; 
y resíduciones de los poderes públicos "La 
líevista UiMi-;uaya'* admita en sus columnas 
el examen ante la ciencia jurídica y Ie$^Is- 
lación positiva de las resoluciones, fallo de 
los Tribunales, Jueces Letrados, asi como 
el i^ii todos los demás poderes que puede» 
y deben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano por el ma<¡;isterio 
de la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la inoílllicnción de las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la reforma 
del persona! judicial íle la Reiiública y «le 
su selección conveniente.—Se admiten tra- 
bajos ó e;iltuIjos Inéditos sobre medicinu 
popular y de t;í!J::s las ciencias. 

La lÍEDACCIÓN. 



lia Revista ÜFíigaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía politica.--Órgano del Partido Nacional 



Ano I 



]\[ercedes, R. O.-— Diciembre 15 de 1905 



Núm. 10 



Director: Dr. Liiis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 

CALLE MONTEVIDEO 



Administrador A. Seuánez y Olivera 



TEMA mmimn pam síd-américa 

■^^N' el estudio de los bosques hecho 
JBl por el Dr. Luis Paulero y de cuyo 
trabajónos ocupamos con alguna deten- 
ción en el número 14 de esta Revista, el 
referido disertante cree, qué, aplicando 
los principios y observaciones cientíii- 
cas de que ya hemos inCormado á nues- 
tres lectores se podrían obtener grandes 
ventajas y utilidades para la República 
Argentina, (y . cualquiei- otro país en 
identidad de circunstancias, dejamos 
consta.ncia nosotros) así vcse que la ma- 
yor parte de los pequeños rios ó arro- 
yos como ser: Farmarca.Tumbaya, León, 
Talcí, lleves, Cinco y principalmente el 
Rio Grande deJujny, donde desaguan los 
anteriores; los riosLavayen, Negro etc., 
de la provincia de Jujuy y el autor con- 
tinua citando rios y arroyos de las pro- 
vincias del Norte de la Confederación, 
territorios en su mayor parte situados 
en una de las principales divisiones filo- 
geográficas de ese país, cuya división 
llama el jardín de la República Argen- 
tina, por ser una región espléndida don- 
de se desarrolla la mayor parte délas 
producciones tropicales, que detalla el 
Dr. Paulero y está cubierta esa zona de 
colosales y hermosísimos arboles que 
producen copiosas lluvias y con éstas 
la fertilidad de esa región, los natura- 
listas en serie de observaciones así lo 
consagran.— Estos fenómenos que se ope- 
ran al Norte de la República Argentina 
se reproducen en el centro y donde hay 



boscaje.— Peí o, desgraciadamente, ad- 
vierte el Dr. Paulero, en vez de fomentar 
ó estimular tales plantaciones, ó aunque 
mas no fuere, conservar aquellas que 
dio por si la pródiga naturaleza se hace 
todo lo contrario en la República Argen- 
tina como en casi todas partes de Sud- 
Aiiiérica; agi'egamos nosotros, — todos 
cortan sin mesura los bosques, sin otra 
preocupación que la del momento, sin 
otro objetivo que el aumento de la renta, 
sacrificando así cada uno por la codicia 
del presente el porvenir, la prosperidad, 
la fertilidad del propio suelo, que respe- 
tando mas sus bosques estaría su exube- 
rancia entonces destinada á hacer enor- 
mes prodigios, pues ocasionaría ese pru 
dente respeto al arbolado y su i)lantio la 
mayor cantidad de lluvia posible y su 
regularidad, á cuyo amparo fecundo 
brota por ley de la sabia naturaleza, 
la máxima vegetación, que enriquece 
con la tierra el «/¿r/Aer» de cada hombre, 
que consagra sus actividades al cultivo 
de la tierra ó al desarrollo de la gana- 
dería. 

¡Estas reflexiones nacen en el espíritu 
menos serenó y otras no menos serias 
que debieran influir radicalmente de in- 
mediato para poner remedio al mal! Nos 
quejamos en todas las regiones de la 
américá latina salvo exepciones honro- 
sas, de la «seca» que aporta la ruina de 
los campos y uno de los principales fac- 
tores de ese mal, es nuestra incuria, la in- 
diferencia por el plantío de arboles y por 
su conservación, está á nuestro alcance 
evitar esa calamidad, que es casi gene- 



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ral en nuestro bello Continente. Las pro- 
videncias que nuestros Estados han dic- 
tado para evitar el corte de los ar- 
boles en detei minados periodos del año, 
son ilusorias desde que no hay inspec- 
tores, que las hagan respetar. — El Dr. 
Paulero, cree, con sensatez que los Go- 
biernos podrían evitar la destrucción de 
los bosques en las zonas donde están si- 
tuados los rios y que los bosques de pro 
piedad particular se conservarían y aún 
aumentarían ya sea dando premios esos 
Gobiernos á los propietarios por tal can- 
tidad de árboles, va sea disminuyendo 
la contribución directa en los terrenos 
con arbolados, pues continuando así nos 
veremos expuestos, no solo la Nación 
Argentina sino todos los Estados latinos 
á ver convertidos en estériles desiertos 
las que ahora son fértilísimas regiones, 
como ha sucedido en otros países entre 
los cuales hay que sumar la Palestina, 
etc., etc. 

Después de detenerse el Dr. Paulero, 
en la regularidad de las lluvias, que es 
asunto de real importancia para nues- 
tros Esta los, entra de lleno en una serie 
<!(' consideíaciones y casos prácticos? 
codos conocen, dice el ilustre disertante' 
los inmsn^os perjuicios que origina á la 
ganadería y á la agricultura las sequías 
V las inundaciones, con suma frecuencia 
perecen gran número de animales vacu- 
nos y lanares, ya sea por la falta de 
agua, ó por su exeso, las inundaciones, 
fuera de sementeras totalmente perdidas. 
Ahora bien, ¿como obran los árboles 
en el régimen de las lluvias de un país? 
Comparemos, expresa el Dr. Paulero, 
lo que pasa en dos áreas de terreno, una 
con arbolado, la otra sin él. La lluvia 
que cae en el primer terreno no puede 
evaporarse tan súbitamente como en el 
.segundo, pues el arbolado impide que el 
sol obre con tanta energía como en la 
tierra sin vegetación, á causa (^ue la 
copa de los árboles no permiten que pe- 



netren sino una parte de los rayos sola- 
res, haciendo que la evaporación .se ha- 
ga gradual y lentamente. Todo lo con- 
trario sucede en las Pampas de Buenos 
Aires, una vez que llueve, el agua se 
extiende en lagunas y cañadones de una 
gran área y por lo general de poca pro- 
fundidad, colocados en las mejores con- 
diciones para su rápida evaporación, 
que se hace mas pronta cuando viene el 
viento sudoeste, el pampero, frecuente- 




Pruliomhu- <li;l Piirtido Nicionnl 

Doctor Don Pedro Fuentes 

Prenidente ile Ift 
Cümnni (le Diputailus en la aUininiaCración ile Berro 

mente muy seco, pues ha perdido su hu- 
medad al atravesar la parte sur de la 
cordillera de los Andes, humedad con- 
densada por los inmensos bosques de 
hayas que existen en esas regiones. Esta 
rápida evaporación del agua sería im- 
pedida por la acción mecánica de los 
árboles, que como afirma y constata Be- 
querele, protegen una extensión de te-, 
rreno como de cien veces la altura del 
arbolado. Los árboles aumentando la 
porosidad del terreno harían que una 



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gran parte del agua de lluvia que cae 
en la Pampa, como en cualquiera otra 
llanura, afirmamos nosotros, penetraría 
en el suelo, reforzando el caudal de las 
vertientes, de esos mismos campos y no 
corriendo como lo hace actualmente 
hacia el océano, sin ninguna ventaja 
para la ganadería y agricnltüra. 

Con las plantaciones en grande es- 
cala el clima se haría mas constante y 
las lluvias serían mucho mas regulares, 
pues, como ha dicho el Dr. Paulero añ- 
il 




Don Mariano B. Berro 

En época en qui; fué oficial primero de la Jefatura 

Política ríe Montevideo, üÜ ü 64, é hizo como 

Secretario del General Serramív Gomes la campaña 

contra Flores el 63, más tarde fué secundo Jefe del 

Batallón A rrüe en la recolucion del 70 1/ herido 

en el Sauce — .sin perjuicio de darle ü su 

parf.do el concurao solicitado, se consaijró d la 

Botánica y es uno de los orientales que más sC dedicó 

al estudio de lajlora del país 

teriormente, la vegetación favoreciendo 
la penetración del agua en la tierra é 
impidiendo el desecamiento de las lagu- 
nas y arroyos, cuando la atmósfera tu- 
viera poco vapor de agua ésta se satu- 
raría á causa de la evaporación lenta 
que se efectúa por la acción del sol, va- 
por de agua que á su vez sería conden- 
sado en forma de lluvia por los vientos 
fríos del sur y aún por el mismo des- 



censo de temperatura que se produce, 
durante la noche caería un abundante 
rocío, que fecundaría las praderas veci- 
nas, como sucede en la costa norte de 
Buenos Aires, donde se encuentra una 
faja de arboleda, habríamos atenuado 
como expresa el Dr. Paulero esas gran- 
des conmociones atmosféricas acompa- 
ñadas de numerosas descargas eléctri- 
cas, pues, como recuerda Arago, la des- 
trucción de los bosques es la desapari- 
ción de un número de pararrayos igual 
al de los árboles que se destruye; es la 
modificación del estado eléctrico de todo 
un país, también tiene una acción deci- 
siva impidiendo la formación del gra- 
nizo. En lospjiises desprovistos de vege- 
tación, como en el gran desierto de Sa- 
hara, hay una enorme diferencia entre 
la temperatura del día y déla noche, 
asi durante el primero, el termómetro 
puede marcar hasta 60** centígrados á 
causa de la acción del sol sobre los are- 
nales, y durante la segunda üescender a 
menos de O**, centígrado por la pronta 
irradiacción del calor recibido durante 
el día. El Dr. Paulero concluve este su 
bello trabajo, aconsejando 4U0 los go- 
biernos deben prohibir la destrucción de 
los bosques del Estado: que los bosques 
de propiedad particular sean protegidos 
por medio de premios ó disminuyendo 
un tanto por ciento en la contribución 
directa de los campos que tuvieran una 
cantidad seria de arbolado, que. todas las 
vías férreas que se construyan por el 
Estado ó compañías particulares, debie- 
ran tener plantaciones de arbolado ;i 
ambos lados de la vía, hacer plantacio- 
nes en las niíirgenes de las lagunas y 
arroyos, crear una escuela forestal co- 
mo hay en otros países, obligar á aque- 
llos que corten árboles en los bosques 
fiscales á plantar doble número de aquel 
que hayan cortado, preparar el Código 
forestal. Pocos trabajos se han presen- 
tado al público, en estos años, que inte- 



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resen tanto ala América Latina como 
éste, que narramos y extractamas del 
Dr. Paulero, que si nuestro rico conti- 
nente quiere aprovecharlo y aplicarlo 
en nuestro suelo, habrá realizado su 
progreso material en gran parte y cam- 
biado su negro presente en este tópico, 
por un porvenir brillante. — ^Honor entre 
tanto al Dr. Paulero, que dedica sus afa- 
nes á estudio tan proficuo y levantado. 

La Redacción. 



^ueótra situación política 

Cada día se presenta mas preñada de 
dificultades y de peligros la situación 
de nuestro país. Hemos podido juzgarla 
de visú, en el reciente viaje que hici- 
mos á Montevideo, y estudiarla detenida- 
mente. 

Hay mar de fondo, y mar de fondo te- 
rrible. El gobierno, ó mas bien diclio 
Batlle, no se da cuenta de ello, ni tam- 
poco se da cuenta el flamante candidato 
presidencial. Uno y otro están persuadi- 
dos que pisan terreno firme; que triun- 
farán sus combinaciones antipolíticas. 
En que error, sin embargo; en que craso 
error viven! 

Deslumhrados por la fuerza material 
que los rodea; por.la facilidad con que 
hasta ahora han triunfado en todos sus 
propósitos, y, porque no decirlo, en la 
pequeña prosperidad que se nota en el 
país, debido pura y esclusivamente á su 
potencialidad, no se detienen un momen- 
to á estudiar la opinión, á meditar sobre 
el malestar creciente que se nota por do- 
quiera, y sobre todo, á profundizar las 
causas graves de su malestar y á pre- 
veer las proyecciones que forzosamente 
tendrán lugar en dia no muy lejano. Bat- 
lle y Wilman marchan al azar, sin rum- 
bo ni derrotero; podría considerárseles 
como dos grandes peñascos desprendi- 
dos de la montaña que ruedan vestigi- 



nosamente hacia el abismo. La procla- 
mación de la candidatura del último, en 
la forma brutal y descarada que se ha 
hecho, será la muerte política del pro- 
clamador y del proclamado. 

Estamos seguros que nada los deten- 
drá, y que los hechos se producirán fa- 
talmente. Quizas no se nos crea, porque 
Dios ciega á los que no quieren ver; pe- 
ro desafiamos al tiempo á que nos des- 
mienta. 




Doctor Don Eduardo Acevedo 

Ministro lie Gobierno ;j Relaciones Exte''iores eü, la 

Ail/ninisCración (le Berro, ejcimio estadista 

¡/Jurisconsulto 

De nada valdrán todos los subterfu- 
gios que se empleen; que se pretenda 
aparentar que no tiene solución de con- 
tinuidad el candidato presidencial con el 
actual gobierno; que se trate de hacer 
simpático al Dr. Wilman por sus condi- 
ciones personales y rodearlo de algún 
prestigio: nadie lo creerá; la opinión es- 
tá ya hecha al respecto, — ^y todo el que 
se incorpore á ese movimiento, en cual- 
quier forma que lo haga, será considera- 
do como u n claudicador de los princi. 



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pios republicanos, que buscan solamente 
sus conveniencias personales, un modus 
vivenái de pitanza, como el circulo 
Willman-Batllista que trata de presti- 
giar. 

Estos pueblos están ya cansados de 
mistificaciones; tienen demasiada expe- 
riencia política para que se les comulgue 
con ruedas de molino: nadie cree, y me- 
nos los nacionalistas, en promesas de 
gobiernos y candidatos colorados, ni en 
sus ev oluciónes ó propósitos de enmien- 
da. ¿Quien tampoco, á no Ser un cretino, 
puede afirmar que el Dr. Willman no 
sea candidato genuino de Batlle, y que si 
va á la Presidencia de la República — si 
es que va todavía — no es por obra y gra- 
cia de ese gobernante? 

El Dr. Willman— digámoslo sin am- 
bages—es casi un ilustre desconocido 
no tiene volumen alguno para haber sur- 
gido por si solo á candidato de la Pre- 
sidencia, y candidato triunfante sobre 
todo. Es un algo eso que no se concibe 
en las democracias, donde solo surgen 
los hombres notables, y que solo es ad 
misíble su proclamación como un ins- 
trumento del gobierno ante el cual se 
proclama. 

El hecho de quesea un buen hombre 
el Dr. Willman, como algunos afirman, 
y que tenga alguna ilustración y talento, 
de nada vale si no es conocido; pero en 
este caso, que preste su nombre 
para ser impuesto á la opinión, menos 
vale aun; por el contrario, debe descono- 
cérsele por patriotismo toda condición 
buena, aunque la tuviera, pues comete 
un crimen como ciudadano, como patrio- 
ta y como republicano. Se juzga el siste- 
ma y no al hombre; la forma violatoria 
de los principios é instituciones -demo- 
cráticas que importa su proclama- 
ción, trátese de un hombre inferior ó su- 
perior. 

Este solo hecho— la imposición bru- 
tal de la candidatura oficial — bastaría 



para darle un carácter grave á la situa- 
ción; pues ningún pueblo republicano, 
decorosamente, soporta con agrado un 
acto semejante. Este solo hecho es una 
bandera revolucionaria perfectamente 
caracterizada. Pero aún hav mas, muchí- 
simo mas que tener en cuenta, dada la 
situación actual; descartando todavía, si 
se quiere, los antecedentes del gobierno 
de Batlle, que no decimos ya una, sino^ 
cien banderas revolucionarias represen- 
ta ante la opinión pública. 




Coronel Cicerón Marín 
Empezertios porque en el mismo cír- 
culo batllista ha causado un efecto de- 
sastroso la proclamación del Dr. Will- 
man. Y se comprende fácilmente, pues 
es allí donde ha destruido las ambiciones 
mas desenfrenadas: la aspiración de va- 
rios para suceder á Batlle en el poder, 
que contarían ó creerían contar con al- 
gún capital político dentro de aquel cír- 
culo. Estos serán hoy lo-i principales 
enemigos del proclamador y del procla- 
mado, aunque aparenten otros senti- 
mientos.— Viene luego el descontento en 
las filas del partido Colorado, que no es 
afecto á Batlle en su mayor parte, y que 
esperaría, como era natural, la oportu- 
nidad de evolucionar con un candidato 
que saliera ds sus círculos, ó con algu- 
nas afinidades partidarias, que no puede 



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satisfacer en manera alg'una un candi- 
dato genuinamente batllista, impuesto 
por Jiatlle. —Y por último, están los par- 
tidos Nacional, Constitucionalista v los 
elementos Católicos. Estos partidos que- 
dan completamente fuera de toda com- 
posición de lugar, y con esta circuns- 
tancia agravante: que la candidatura del 
Dr. Willman ha sido forjada especial- 
mente para atacarlos, en la misma ó 
peor forma que han sido atacados por 
el gobierno de BatUe. Basta esta frase 
que se la oimos á un partidario especta- 
ble del Dr. Willman para caracterizar ci 
ataque:— Los hemos reventado á los 
blancos y á los clericales. 

¿Habría todavía alg'un medio patrióti- 
co, í],lguna solución decorosa, que pu- 
diera'evitar los males que presagiamos? 

Diííciimente, casi imposible, 

Ahdóx Akózte(;uy. 



Cuestión presidencial 

?Q,ué busca, que qui,ere, que se pro- 
pone el señor Presidente de la Repú- 
blica, al ini])oner al país un sucesor? 

¿Busca acaso hacer la felicidad de hi 
Patriíi? 

¿Quiere la unión de la familia uru- 
guaya? 

¿Se i)r<)i)()nc, (mi fin, tener en su ])V()- 
tegido, un continuador de su estrecha 
política? 

No lo se, no quiero saberlo. 

Lo único que se, lo único que sabe 
el pueblo oriental, es que el señor Bat- 
lle está dando el mas alto ejemplo de 
su desprecio por la moral política de su 
partido, al cual humilla y deprime, ha- 
ciéndolo cómplice de sus atentados con- 
tra la Constitución. 

Es algo que ]io tiene lógica explica- 
ción en el Presidente de la República, 
el empeñoso afán con que anticipa la 
designación de su sucesor. 



Si el señor Batlle cree que su candi- 
dato reúne todas las condiciones nece- 
sarias para regir los destinos de un pue- 
blo tan viril, como digno de ser mejor 
gobernado, ¿porque se anticipa tanto? 
Teme acaso que llegado el día designa- 
do por la Constitución para el nombra- 
miento de Presidente, le falle algún es- 
labón de la cadena, con que sugeta la 
libertad del colegio electoral? 

¿Pretende, por ese medio hacer la fe- 
licidad de la Patria, y unir, no ya la 
familia oriental^ sino íi la familia colo- 
rada? 



.11 



!!_ 




El Genkralístmo í\.partcio Saravia 

// su virtiiof/i 11 ilislinfjaiíla esposa 

r)"\ Cándida T3taz de Saravia 

No lo creo: el abuso del poder, la ab- 
sorción de facultades legales; no trae ni 
una ni otra cosa. 

El Presidente de la República, va- 
liéndose de su posición oficial para su- 
getar, por medio de compromisos escri- 
tos, á los mandatarios del pueblo, ó de 
su partido, mejor dicho, comete acto de- 
lictuoso, porque la Constitución le pro- 



La Rev^ista Uruguaya 



hibe tomar la mas mínima participación 
en la elección futura. 

Felizmente para el partido que esca- 
ló el poder en la punta de las bayonetas 
imperiales, salen de sus filas acentos de 
protestas viriles contra la intromisión 
Presidencial, en favor de su ministro 
candidato: ministro que no protestó con- 
tra la inicua ley de las confiscaciones; 
ministro que no tuvo una frase para 
condenar los degüellos dcMansevillagra, 
Catalayud, Rincón de Barbat y Paso del 
Parque: ministro, en fin, que en la Presi- 
dencia de la República, sería un conti- 
nuador de la política estrecha, mez- 
quina, sin horizontes, sin ideales, im- 
plantada por un hombre que en la lla- 
nura, fustigaba á los déspotas y com- 
batía á los tiranos, pero que en el po- 
der, hizo tabla raza de las instituciones, 
y para quien el código fundamental de 
la Nación, es un mamotreto que apenas 
se puede ó debe dejar figurar en las bi- 
bliotecas! 

¿Consentirá la Patria de Artigas, per- 
mitirá el partido que se llama á si mis- 
mo de la nueva Troija, que se consume 
el atentado? 

El partido que también, asi se nom- 
bra, de la Cruza la Libertadora, consen- 
tirá una vez mas, en que el Presidente 
prime por él, y haga y elija un Presi- 
dente á su gusto? 

¡Pronto lo sabrá el País; esperemos!... 

Leonardo S. Castro. 



(1) VARIEDADES 

DE CLAVÍJO 

J ]\Iis lectores recordarán la forma trá- 
gica en que terminó la entrevista que 
tuve con D, Celedonio Contreras, á cuya 
puerta llamé para escrutar el porvenir 
de la candidatura del Sr. Willman. 



Hubo en el final de esa entrevista, no 
sé si un momento de terror de mi parte 
ó lo que llaman un «mal cuarto de ho- 
ra;» — sin reflexionar mavormente aban- 
doné la.casade D. Celedonio, más rápido 
en la carrera que un ca«nf/"/o de D. Me- 
ntón. 

D. Celedonio, que sabe de la poque- 
dad de mi espíritu, despachó tras de mi 
al mulato su sirviente — que mis lectores 
conocen — con recado suyo de fuese por 
su casa. 




(I) Védse al numero 15 ih- c.tUí Revialn, 



Poeta Dn. Fraxcisc(3 Xavier de Acha 



Redactor (le nKl Pcusa en épom <le Berro 

y del célebre liMolinillort, 

liiio lít cuin/iariii rerolaciontirid del 70-72 

Un llamado de D. Celedonio, es una 
orden y como tal no seré yo (¡[uien en 
sus dias se permita contrariarla, pero 
solo me atreví á cumplirla al siguiente 
de aquel, para mí memorable, de que ya 
me he ocupado. 

La serenidad de mi andar, la altivez 
y energía que desplegué en el trayecto 
que media entre mi casa y la de D. Ce- 
ledonio, no desmerecieron por cierto las 



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de Aliiornón Sidiiey marchando al patí- 
bulo, pero fué ver á D. Celedonio y no- 
tó que se me volvían de gallina lascar- 
nos V se me reducía el corazón al tama- 
ño de una avellana. 

D. Celedonio que es hombre de mun- 
do, me echó los brazos v con un aire 
bonachón y clemente, me dijo: — Amigo 
D, Baldomcro, cómo solo con Vd. me 
gusta departir sobre cuestiones políticas, 
me he permitido llamarle para que eche- 
mos un párrafo. 

D. Celedonio empleaba ese «velo» 
sutil, que con tanta frecuencia se corre 
en esta tierra sobre las cosas pasadas 
(^on la reserva mental de renovarlas pa- 
ra tener ocasión de cubrir las nuevas 
cosas con otro nuevo «velo». 

Con velo y todo, no las tenía íntegras 
conmigo, así es que balbuceé un «á sus 
órdenes» más que dicho pujado, porque 
sentía que me afixiaba en el exófago, 
una bocha de ñandubay. 

— Siéntese, D. Baldomcro, me dijo. 

]\[c senté, vibró el silvido de D. Ce- 
ledonio y apareció el mulatocon el mate. 
Había refrescado y daba el Sr. Contre- 
ras su acostumbrado pasco, con el cuello 
envuelto en un poncho de vicuña y la 
cabeza cul)ierta con un chambergo; — so- 
bre una mesa — la del puñetazo — tenía 
varios periódicos en desorden. 

— Ahí tiene me dijo, mirando los dia- 
rios, torrentes de tinta mi amigo, para 
pon3r en claro si BatUe ha hecho bien 
ó ha hecho mal en designar al 8r. Will- 
man para que le suceda en la Presiden- 
cia; — francíuneiite creo que nuestros pe- 
riodistas, ignoran lo que todo el mundo 
sabe; — que Batlle hace bien, es algo 
que remata en majadería decirlo. . . . 

- Vaya, dije para mi coleto cobrando 
todos mis brios, D. Baldomcro ha refle- 



xionado y le tengo en el buen camino y 
aprovechando la coyuntura dije: 

—Prescindiendo de mis simpatías por 
el Sr. Willman, á quien no tengo el gus- 
to de conocer ni de nombre, casi creo 
que nos ha dado el Sr. Batlle con su de- 
signación, una prueba dé la previsión 
y tacto verdaderamente paternales que 
lo caracterizan en todos y en cada uno de 
sus actos 







Dr. Caklos María Morales 

D. Celedonio detuvo de g'olpe su 
marcha y me atravesó de parte aparte 
con una terrible mirada; — ;juraría que 
hasta me manó sangre, si alguna me que- 
dó en las venas! 

— No sea Vd. mentecato, me dijo des- 
pués de un momento. 

— No señor — se me ocurrió contestar 
mirando la ventana que me facilitó la 
kurupatkínica retirada que hice al final 
de nuestra última entrevista. 

— Digo, Señor, continuó D. Celedonio, 
que discutir lo que hace Batlle en esta 
emergencia, es perder un tiempo pre- 
cioso! digo, que el Sr. Batlle hace bien 
en aprovechar de la misérrima decaden- 
cia de sus instrumentos v en medio de 



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esa despreocupación encantadora, de esa 
tabla raza de todo género de escrúpu- 
los, no sé que admirar más mi amigo si 
la fidelidad impecable de la majada de 
Panurgo que se congrega en los altos 
de Cabildo ó la candidez de los que se 
asombran que no sean otros tantos Co- 
riolanos! 

—Me permito recordarle, D. Celedo- 
nio, repliqué, que nuestros legisladores, 
no tienen mandato imperativo de sus 
electores. ... 

— Y que quiere Vd decirme con eso? 

— Quiero decir, que siendo ellos una 
delegación de la soberanía nacional y no 
teniendo mandato determinado, cumplen 
su misión haciendo lo que soberana- 
mente mejor les place; — si nuestra Cons- 
titución incurre en el error de cometer 
á un poder de estado la designación de 
otro poder, refórmese pero no echemos 
en cara á uno de esos poderes, lo que 
hace por mandato expreso de la ley. 

Felizmente para mí, apareció en ese 
instante el mulato con su mate y de- 
sempeñó el papel de un verdadero para- 
rayo pues D. Celedonio le dijo «retírate 
Agapito ó te reviento» y le arrojó a la 
cabeza un grueso volumen, que rodó pe- 
sadamente por el pavimento;— Agapito 
desapareció como por ensalmo y D. Ce- 
ledonio me bajó de la ventana que ya 
había yo alcanzado y llevándome de 
nuevo á la silla donde estaba sentado, me 
dijo: 

— Vea D. Baldomcro, Vd. vive no sé 
donde! — en mi casa iba á contestarle, 
cuando prosiguió — tiene Ud. zonceras de 
tal magnitud que si no conociese su bue- 
na íé creería que viene Vd. á verme pa- 
ra pasar un buen rato excitándome 
con sus ingenuidades reales ó fingidas.... 

Los momentos eran solemnes. Cerra- 
da la ventana y parado D. Celedonio en 



la puerta de la habitación, era inútil 
pensar en la retirada; — me sentí acorra- 
lado y me dispuse á vender caras con 
mis opiniones, mis costillas si ora ne- 
cesario. 

— PermJtame, Sr. Contreras, repliqué 
— si he venido á su casa, ha sido á su 
llamado si algo he hecho en el largó 
tiempo que, me honra Vd., con su amis- 
tad y sus consejos, ha sido atestiguar- 
le siempre el respeto que le debo y me 
merece! 

Ño sé si dije esto en el tono que las 
circunstancias pedían ó que reflexionó 
D. Celedonio y reprimió su natural ira- 
cundia, ello es que prosiguió bastante 
calmado diciéndome: — 

— Vea Sr. Clavijo, Vd. es un hombre 
feliz;— Dios le conserve y le mantenga 
así porque por ese camino, se vá á la 
bienaventuranza como si le llevasen de 
la mano; — créame, en éste momento, es 
Vd. para mí, la síntesis de esta desgra- 
ciada tierra cuyas vicisitudes sin cuento 
parece que no tuviesen otro resultado 
que encadenarle nuevos é inacabables 
martirios; —el más atroz talvez y que 
perdura siempre es que haya quien crea 
en ella todavía, que pueda caber dentro 
de éste medio, otro régimen que lo ar- 
bitrario, otra preocupación que la indi- 
ferencia y la burla de todos los derechos 
ni otra guía en medio del caos institucio- 
nal en que nos revolvemos, que el gesto 
del más audaz. 

Yo que veía á D. Celedonio en tren 
de discutir y no de agredir circunstan- 
cia que me bastaba para recobrar todo 
el dominio de' mi persona, tomó aire de 
tratar de potencia á potencia la cues- 
tión y arrellenándome en la silla con la 
familiaridad de un veterano parlamenta- 
rio, dije: — 

—Permítame, D. Celedonio, todo eso 



10 



La Revista Uruguaya 



que Vd. dice, son frases y nada más 
que frases; — si en nuestro país se hicie- 
sen carne sus ideas, no nos qucbaba más 
que echarnos de barriga como los be- 
duinos en el desierto para que nos cu- 
briesen los detritus que levanta ese si- 
mún de vergüenzas que según Vd. so- 
pla eternamente sobre nosotros y acaso 
en esa forma encontniriamos la única 
tumba digna de luiestros baldones; — si 
yo pensase como Vd., si yo creyese que 
la candidatura del Sr. Williraan no tie- 
ne á su haber, mayor adobe que lo que 
pueda caber en el frasquerío de una 
farmacia, aun así, me felicitaría, i)orque 
si de cuarenta años á esta parte esta- 
mos sujetos á los enjendros del fogón del 
cuartel ó del compadraje, algo hemos 
adelantado, si toda la amenaza que tene- 
mos, son paquetes de algodón, gruesas 
de jeringas ó botijas de ácido sulfúrico! 

Crugierón los dientes de D. Celedo- 
nio, crispárónsele los ; puños y revolvió 
los ojos por la habitación como buscan- 
do algo que no fuesen palabras para 
sacarme de mi error pero como nada 
encontrara que le conviniese, repuso: — 

— Mg explico amigo Clavijo, que te- 
niendo este país admiradores de sus 
prácticas tan exaltados como Vd., haya 
llegado al extremo que le contempla- 
mos; — es verdad que es ley de la histo- 
ria^'que cuando se descuida el ejercicio 
de los derechos ó se familiariza el pue- 
blo con la usurpación de los mismos, no 
ocha de menos su existencia y apenas 
los mira como una carga de que aliviana 
ti sus hombros decadentes, la audacia de 
los más listos! 

— El cargo que Vd, hace á este pue- 
blo, es injusto Sr. Contreras, á lo me- 
nos, en la parte que toca al Partido 
Illanco; — este Partido que fué al poder 
por sus cal)alcs, solo descendió de él, 



bajo la presión de bayonetas extranjeras 
y durante los cuarenta años de perse- 
cuciones incesantes de que ha sido y és 
objeto, no ha olvidado sus derechos ni 
ha perdido la visión de la patria feliz 
con que soñaron nuestros abuelos, como 
supo hacerla en los dias venturosos en 
que rigió sus destinos! — Vd. sabe Sr. 
Contreras, que á fuerza de lanza, con- 
vencidos que es inerme el derecho por 
el derecho mismo, nos hemos abierto 
la senda que ha de conducirnos á nues- 
tro destino; — al cabo de cerca de me- 
dio siglo en que nuestros contrarios han 
dispuesta de cuanto ha i)od¡;lo el país 
proporcionarles para aniquüa.nos solo 
han conseguido fortalecernos y unirnos 
al punto que en el (fnufeaihiis en que 
viven tienen alucinaciones nu'í.fvas y 
perciben rumores extraños y misteriosos 
que se antojan á los m:'is i)re visores 
signos fatídicos, que enturbian las deli- 
cias de CVipuaen qne yac:'n. Eso, Sr. 
Contreras, no es un Partí h) doca lente! 
— Le estoy escuchanílo, Sr. Clavijo, 
y me convenzo de (pie es Vil. un curio- 
sísimo ejemplar; - liabla Yá. en ciertos 
momentos, como un filosofastro bastante 
pasai)le y en otros, es Vd. una foca tan 
perfecta que pasma y desespera junta- 
mente; — en el curso de nuestra conver- 
sación, le he visto á Vd. wi/limanísfa 
tan satisfecho del hombre y de sus co- 
sas que, nuestras cámaras. Yetándonos 
presidente, antes que las vote el presi- 
dente á año y medio de la épocii en que 
debieran hacerlo, le parecen á Vd. algo 
así como un trasunto de aquellos no- 
bles aragoneses cuando tomaban jura- 
mento al Rey de que respetaría la inte- 
gridad de sus fueros y luego después, 
ante una palabra mía que tal vez, sea 
una injusticia como Vd. la llama, ha 
estallado en una reivindicación partí- 



La Revista Uruguaya 



11 



daría para la que no tengo, sino pala- 
bras de encomio y adhesión. 

— Gracias Sr. D. Celedonio por la se- 
gunda parte;— por lo que respecta á la 
primera, no soy wiUimanista por nada 
de lo que Vd. cree, sino que, siendo co- 
mo soy desmedidamente curioso, quiero 
y deseo ver andando el tiempo y otras 
cosas, como se las compone D. Ckmdio 
con sus frascos 

— Usando como divisa un «sacúdase 
antes de usarse^ dijo Don Gabino Tava- 
res que en ese momento entraba, perso- 
naje talvez más curioso que mi amigo 
Contreras y de quien me ocuparé algún 
día aunque los temas de D. Gabino son 
de tal trascendencia, que acaso no con- 
venga tratarlos por ahora; — baste de- 
cir, que nuestra historia, comienza para 
él en 1835 y termina á principios de 
1872, *lo que ha venido después dice, 
no lo entiendo porque ...» 

Pero noto, que si me paso á lo que 
dice D. Gabino, tengo para rato y para... 
algún disgusto. 

Baldomero Clavijo. 



EL mm «BliEliO E.^ ALEMMIA 



El Dr. D. Nicolás Repetto, profesor 
en la Universidad Nacional de Buenos 
Aires, ante la «Universidad Popular» 
ha presentado una tesis en la que pone 
con talento y erudición de relieve los 
beneficios alcanzados por la clase obre- 
ra en Alemania y la prosperidad obte- 
nida por este país, debido una parte 
al progreso proletario por el seguro. 
Antes de abordar el tema, el orador 
refuta con acierto la falsa teoría que 
atribuye el triunfo ó éxito económico 
de las naciones á la baratura de los 



obreros, principio que ha sido ya com- 
pletamente desechado y sustituido por el 
inverso, que hace depender dicho éxito 
de la mayor instrucción y renuniera- 
ción de los obreros, pues se ha demos- 
trado que la instrucción creciente de la 
élase obrera es absolutamente necesa- 
rio para la aplicación proficua de los 
mismos progresos que realizara con- 
tinuamente la técnica industrial v 





















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Presbítero Dr. Dn. Generoso Pérez 

C)ipellnn del E/órcit.o A'ficionali.itn en he 
cam luiñti lie 1904 

que su mejoramiento material, al au- 
mentar el consumo interno de las nacio- 
nes, provoca ó estimula el desarrollo de 
sus propias fuerzas productoras. 

El Dr. Repetto, deja con elocuencia 
constancia, que mientras los países ci- 
vilizados de la Europa, se han dado 
exacta cuenta que el progreso depende 
en mucha parte en el mejoramiento de 
la clase trabajadora en la República 
Argentina permanecen cristalizados ado- 
rando la fórmula contraria v este mal 



12 



La Revista Uruguaya 



que el disertante lo concreta y de- 
termina solo á su país, nesotros sin su 
autoridad lo hacemos extensivo para to- 
da la américa latina, que con mas facili- 
dades por la riqueza de la misma natu- 
raleza que la Europa, no ha querido por 
notoria y punible indolencia preocupar- 
se, teniendo en su mano de encontrar el 
remedio que destierre para siempre esa 
enfermedad que en forma aterradora 
amenaza ya variar en precario nuestro 
horizonte ^económico. El acuerdo razo- 
nable y justo en el trabajo entre el ca- 
pital y el que no lo tiene, el perfeccio- 
namiento¡_de esta clase desheredada no 
se produce, tarda en venir por la indi- 
ferencia de todos y los trastornos que 
este desequilibrio de fuerzas contrarias 
origina son inmensos y atacan seria- 
mente en economía la misma circula- 
ción de la riqueza en todos los Estados 
del Continente. Los estadistas Sud-ame- 
ricanos tampoco nada aportan dentro 
de su esfera de acción para conjurar el 
mal, que ya toma proporciones en to- 
das partes entre nosotros de verdaderas 
calamidades públicas. 

El Dr. Repetto, analiza la ley de Ju- 
nio del 91, en Alemania, que prohibe el 
trabajo á los niños que deben frecuen- 
tar la escuela, que fija un horario para 
el trabajo diurno y nocturno de las mu- 
jeres, que establece medidas protectoras 
para los obreros jóvenes y crea regla- 
mentos para los talleres, con otras dis- 
posiciones tendentes é garantizar la sa- 
lud, y vida de los que trabajan tanto en 
fábricas, talleres ó en sus domicilios, 
protejer la moralidad, y en cuya ley 
se instituye á la vez el descanso domi- 
nical. 

Por el art. 120 de esa ley, el Consejo 
Federal, tiene facultades latísimas para 
asegurar la protección de los obreros, al 



amparo de tales atribuciones, ese poder 
reglamentó la duración del trabajo 
de los hombres adultos, tomó disposicio- 
nes sobre el referido descanso domini- 
cal, contribuyó á la ejecución de varios 
proyectos presentados por la comisión 
de la estadística del trabajo y actual- 
mente i)í*6o<^úpase de reglamentar el 
trabajo á domicilio. Merced á la dire- 
cción y protección inteligente del Es- 
tado, los seguros obreros han alcanzado 




Coronel Dr. Arturo Berro 

Médivo (le loí Ejércitos Recolucionari-js, 93, 1903, 1904 

en Alemania gran desarrollo, admira- 
ble. Los tales seguros alemanes de los 
obreros se descomponen de modo que 
cada una de sus partes principales res- 
ponde á una previsión importante en la 
existeucia del obrero- Asi el seguro- 
accidente garantiza una indemnización 
en caso de lesión ó muerte producida de 
una manera violenta durante el traba- 
jo, — el seguro-enfermedad garantiza la 
asistencia médica y un subsidio en caso 
de enfermedad, el seguro-vejez é inva- 
lidez asegura un relativo bienestar pa- 
ra aquellas que se hallan en el ocaso 
de la vida ó para los que han perdido 



La Revista Uruguaya 



13 



las aptitudes para el trabajo y lo más 
admirable expresa el Dr. Repetto, en la 
institución de los seguros obreros ale- 
manes, es el novísimo principio en que 
descansan, que no es seguramente de 
conmiseración ni beneficencia, sino ins- 
pirado en las necesidades del exacto 
adelanto social y en el deber ineludible 
de conservar en todo instante el ca- 
rácter digno que corresponde al ser hu- 
mano. 

En lo que se refiere á los accidentes 
del trabajo, no rige para la Alemania, 
continua el orador, el principio de de- 
recho privado llamado de \?í falta, según 
el cual el obrero debe pagar con su sa- 
lud y su vida los accidentes involunta- 
rios ó fortuitos del trabajo. Esa legisla- 
ción tampoco; se inspira en tal abomina- 
ble criterio de que «e/ obrero al contra- 
tar su trabajo conoce y acepta los ries- 
gos del mismo y que ti salario convenido 
representa, en parte, el equivalente de 
esos riesgos.» Nó, la legislación alema- 
na ha hecho pedazos los moldes de la 
vieja jurisprudencia al respecto y ha 
ido á buscar la inspiración en las nece- 
sidades del progreso nacional, estable- 
ciendo *que la protección social de los 
factores mas nobles de la produición: los 
obreros, es indispensable, dado los proce- 
dimientos de la industria moderna y que 

los gastos de protección deben ser lógica 
y primeramente comprendidos en los 

gastos de producción.» 

El seguro accidente, ha sido estable- 
cido como una institución del imperio 
alemán y declarado obligatorio para to- 
das las ramas de la industria, agricul- 
tura explotación forestal. Tal seguro 
acuerda al obrero lesionado en el traba- 
jo, ó sucesores legales en caso de muer- 
te una indemnización, cuyo monto fija 
previamente el estado de acuerdo con el 



salario anual del obrero, — las cantida- 
des necesarias para su pago son sumi- 
nistradas por los patrones y empresa- 
rios industriales, pues los obreros no 
contribuyen con ninguna suma para el 
seguro-accidente. Después, el Dr. Re- 
petto cita con profusión los casos de abo- 
no de seguros y deja nota que el Estado 
contribuye con una subvención para 
cubrir los ya mencionados seguros y de 
que las cargas que impone el seguro 
obligatorio á los patrones no ha deteni- 
do el desarrollo econóniicD de la Alema- 
nia, por el contrario, esa proteeció-i á los 
obreros ha aumentado su progreso; des- 
tierra el Dr. Repetto del espíritu la fal- 
sa idea ó temor de que los obreros be- 
neficiados por el seguro obligatorio, se 
vean á su vez obligados á pagar indi- 
rectamente tales beneficios por la dimi- 
nución V el estancamiento de sus suel- 
dos, cree que no haj'^a nada más infun- 
dado, pues los hechos lo sepultan en la 
nada á ese temor, pues, según las infor- 
maciones del Dr. Boediker, relativos á 
la evolución de los salarios en Alemania, 
en estos últimos veinte años, resulta 
que estos han aumentado de un 30 o/^ y 
que Alemania es el país que mejor paga 
los salarios. — Esta tesis del Dr. Repetto, 
merece ser estudiada por el capitalista 
y estadista Sud-americano y aún mas 
detenidamente todo el cuadro curioso y 
expresivo que presenta al mundo pen- 
sante lo apuntado con la clase obrera 
en Alemania, para obtener de tal minu- 
cioso examen, aquello qu^ desde ya sea 
práctico implantar en este Continente, 

donde la lucha entre el capital y prole- 
tario empieza á minar ya en sus más 
serios cimientos todo el orden social v 
económico de estos Estados. 

La Redacción. 



14 



La Revista Uruguaya 



(1) 






F^or la Redención Política!... 



^^ 



NARRACIÓN 

DEL 

limm 1 

SOBRE LÁ 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 




(Continuación) 

Véase núm. 15. 

las 3 p. m. en momentos que or- 
ganizábamos nuestra columna pa- 
ra marchar por la línea con rumbo á San 
Luis, se nos agregó el Coronel Ysmael de 
Yargas con veinte hombres de lanza. 

Cóil él vienen Felipe Luna, Antonio 
Norbis, Antolín Lassus, y N. Balcarces, 
que pasaron el Rio Uruguay en la expe- 
dición nuestra. 

Acampamos para carnear en territo- 
rio Oriental á seis cuadras de lo de Co- 
rrea. 

Abril 18 — Marchamos á las 7 a. m-; 
acampamos á las 9 y 30 en costa de Ya- 
guarí. 

Plinio Areco, Martín Franco, Bernar- 
do Yillamurdegüi y Adolfo Mallada fue- 
ron tomados por Luna y otros. 

Parece que han justificado ser compa- 
ñeros que van á Santa Ana con licencia 
del General-— Se les ha dejado libres. 

A las 6 p. m. marchamos hacia el sud 
por territorio Oriental, rumbo á San Luis 



(1) En las exposiciones ó narraciones de civiles ó 
militares, a/juellos peíjueñísirnos é insiij m ficantes de- 
talles, que no entren en el plan ile esta Hecista paOli- 
carlos por razones de oportunidad, etc, etc.,. irán ín- 
tegros con sus notas y comentarios respectivos en nues- 
tra Historia, del 97". 



y con miras de pasar eii la balsa del Rio 
Negro. 

Acampamos á la 1 y 30 a. m. en la 
Estancia de Don Tertuliano Machado, en 
territorio Brasilero, á quince cuadras de 
la linea. 

Abril 19 — A las 7 y 30 a. m. seguimos la 
marcha hacia el Sud. 

A las 10 acampamos. 

Abril 20 — ^A las 7 a. m. emprendimos 
marcha — Acam ¡Damos á las 10 en la «Ce- 
rrilada»campo de DonDelfino Cuitiño — 
A las 2 y 15 p. m. seguimos la mar- 
cha. A las 6 y 15 acampamos en Costa 
de San Luis, Estancia de Don Leopoldo 
Antunez Maciel. 

Abril 21 — Amaneció con gran cerra- 
zón — A las 11 a. m. marchamos por cos- 
ta de San Luis hacia la balsa de Rio 
Negro. 

A las 2 p. m. acampamos en costa de 
San Luis, casa de Manuel Silva Ramos, 
campo del Coronel Elíseo Antunes Ma- 
ciel — ^Arrevillaga, de la Florida, fué toma- 
do en circunstancia que conducía una 
majada á territorio Brasilero, — durmió en 
mi campamento y siguió su viaje en com- 
pleta libertad. 

Abril 22 — ^Hoy salieron dos comisio- 
nes en busca de caballos, — las comanda 
Juan Cabris y Erculano Barcelos. 

A las 3 p. m. se tomó una yeguada 
que conducía para el Brasil Don José 
Netto — Entiendo que pagó derechos de 
exportación. — Las comisiones regresaron 
con más de 30 caballos. 

A las 5 p. m. marchamos siguiendo 
costa de San Luis. 

, . Continuará. 



La Revista Uruguaya 



15 



NARRACIÓN 

miz LA EEV3LDCI0II DEL 37 

ESCRITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 

(Continuación) 

Véase Núm. 15 

Llegó el momento anhelado de la in- 
vasión. El Comité nos había fijado el 4 
de Marzo. Nadie, á exepcción de Sara- 
via y yo, sabíamos la fecha. Antes de 
decidirnos á contestar afirmativamente, 
se trataron de resolver varios puntos ne- 
cesarios para invadir, encontrándose á 
la sazón Saravia en Pirahy, donde se es- 
taba organizando la columna invasora, 
y yo en Bagó dirigiendo la corresponden- 
cia. Entre Saravia y yo, nos comunicá- 
bamos por medio de cartas escritas de 
nuestro puño y letra, cuj'^os emisarios 
únicos eran los hijos del caudillo, creo 
que Nepomuceno, Aparicio y Exaltación. 
— Trabajo, y no poco, nos dieron algu- 
nos compañeros para hacerlos retirar 
del pueblo y que se fueran al campa- 
mento. 

Saravia estuvo por disgustarse con el 
Comité de Guerra, á punto de querer lle- 
gar á una ruptura, por no haber enviado 
los recursos que se le pedían y por cierto 
imperio que usaba en sus comunicacio- 
nes. Yo evité ese rompimiento, hacién- 
dole ver á nuestro querido General la 
necesidad de mantener la unión á todo 
trance, dejando resentimientos ó lo que 
fueren para ventilarlos después. Saravia, 
que era pura bondad y patriotismo, acce- 
dió galantemente á mi pedido. 

Contesté al fin á el Comité en nombre 
de Saravia, que invadiríamos el 4 de 
Marzo, y yo me aparté para ausentarme 
de Bagé ose mismo dia por la mañana, 
después de recibirse al enviado que nos 
había comunicado el referido Comité nos 
mandaría con comunicaciones, dándonos 
las instrucciones y noticias de última 
hora. Pero esperé en vano; el día ante- 
rior llegaron á Bagé, por via de Rio 
Grande, los doctores Baena y Severio y 
el coronel Yarza. Eran conductores del 
manifiesto del Comité de Guerra; pero 
el enviado y las comunicaciones, donde 
se nos decía el punto de invasión del 
Coronel Lamas y el paraje fijado parala 
incorporación de ambas fuerzas, se ha- 



bían marchado á Porto Alegrey iio lle- 
garon nunca. — El Dr. Baena, después de 
conferenciar con Saravia, se quedó en 
Bage para ponerse al frente del Hospi- 
tal de Cuchilla Seca, y Severio y Yarza 
invadieron con nosotros. 

Continuará. 



Mmm sotre la CnHipi del $7 

ESCRITA POR 
EL JEFE DE LA 8*. DIVISIÓN REVOLUCIONARIA 

Coronel Cicerón Marin 



{('ontimtación) 

Véase Xiim. 15. 

El primero de Marzo de 1897, recibí 
una nota del Comité de San José que ha- 
bía sido enviada por el Comité de Bue- 
nos Aires; ( sta nota la recibí como que- 
da dicho el primero, encontrándome en 
la estancia del Sr. D. Bautista Echeve- 
rría, en la sierra de Mahoma. A esas 
mismas horas ordené á los gefes y oficia- 
les que se encontraban presentes queeran 
el Comandante Secundino Benitaz, ma- 
yor D. Bernardo González y el Teniente 
Juai^ P¿ Martínez, que fueran á distintos 
puntos á reunir otros oficiales que es 
peraban mis órdenes; é indicándoles el 
punto de reunión en el «Paso de los Tron- 
cos» sección del Rosario, el dia 3 á la 
noche, que allí se encontrarían también 
el Corouel González, Batista y Basta- 
rrica; yo con el comandante D. Lorenzo 
Acosta, después de dar estas órdenes, me 
dirijí á la «Costa de San José» y barra 
de Mahoma donde tenía algunos hom- 
bres en las islas, y mandé comisiones pa- 
ra reunir otros gefes y oficiales, pre- 
sentándoseme ese día los Comandantes 
Domingo Conde y Francisco Larriera, 
con unos veinte y tantos hombres, los 
capitanes Tomás Diego Lusquesis, Fé- 
lix García, Antonio Rodríguez y An- 
tonio González, todos estos formarían 
un total de 60 hombres más ó menos. 

Continuará. 



16 



La Revista Uruguaya 



(1) 



NARRACIÓN 

SOBRE LAS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy Genera! BASILIO MUÑOZ (hijo) 



{Continuación) 

Véase Niim. 15. 

Nos hallábamos en uno de esos mo- 
mentos difíciles, pero en que muchas ve- 
ces con un golpe de audacia se decide 
una batalla, pues parte de la derecha y 
de la izquierda del enemigo abandona- 
ban el campo, cuando de repente — de 
improviso aparece por la izquierda de 
mi guerrilla acompañado de seis ó siete 
compañeros, el coronel Chiquito y sien- 
to que grita: vamos á cargar á esos co- 
bardes! é inmediatamente cargué acom- 
pañado de mi hermano Juan, que me 
protejía en ese momento con 14 ó 15 lan- 
ceros.- — Nuestra carga fué imponente y 
puso en confusión al enemigo: reconcen- 
tramos sobre la línea todas las guerri- 
llas avanzadas que habían y estas entra- 
ron en dispersión dejando regular núme- 
ro de muertos y heridos; — al entrar al 
grueso de la línea enemiga miré á mi 
izquierda y vi un poco adelante al coro- 
nel Chiquito que intentaba subir á un 
caballo que un compañero lo })resenta- 
ba; — atendí á mi derecha- donde ya en- 
traban (al vernos sin -protección) á sable 
y cuando volví la vista 4 la izquierda vi 
el caballo en que el Coronel pretendió 
montar en el suelo, y también al Coronel 
y su compañero. — Chiquito quiso levan- 



(1) En los niitnerofs sueesiro^ irtiri las ndrrnvin ■ 
nes (le los Ji'Jes Uccolucioiiarion soln-f La ¡¡uvrra del 
97, José F. Gómale;, Basilio 1/ Seri/io Ma/'ío:, Veles, 
Marín, Gil, Blanco, Bntist.a, Cortinas, Ablaina. Gue- 
rrero. Ismael Velasifues. NavarreCe, Várela Gomes, 
Expediciones Aparicio Sarama, Lamas, Moiu/rell, 
BeniCes. asalto cajonera 'A rlir/as'', eji/)Osicioñes de 
Cann.ai''eris, Cibils, Gauna, Suacedra ¡j Coronel Oríjaz 
Pampillón, etc etc., ¡j mai:lias otras civiles // mi/itir 
res, asi como toda l(t documentación politica'ij militar 
que sircen de base li nuestra "IJisloria del 97'\ 

La Itedacciún. 



tarse pero, eñ seguida le pegaron un 
gslpe de sable en la cabeza, —ya tenía 
dos balazos casi mortales; — en ese mo- 
mento veo á Juan que sale de entre el 
enemigo — le grito atropella y le clavó 
los espolines á su caballo y salió del 
grupo enemigo, pero en seguida lo envol- 
vieron con dos pares de bolas por el cue- 
llo — queda indefenso y lo atacan á sable; 
yo exasperado viendo que ya lo baja- 
ban, aunque venía más atrás y eran mu- 
chos los enemigos que iban adelante, de- 
tras de los pocos compañeros que sa- 
lian pnes, á mi no me hacían caso cre- 
yendo sin duda que era comj^añero (era 
tal el entrevero) — me decido y le grito á 
mi hermano —/-/«mv/e Ja izquierda, ma - 
yor — al oirme — á retaguardia de ellos, 
me atienden y consigo mi objeto, que 
era distraerlos un poco, para que Juan 
pudiera escapar. 

Con filmará. 



NOTA 

"La Reviííta Uruguaya" en vez de apa- 
rer el primero, saldrii el 3 de Enero, ani- 
versario de Paysandú, con cuyo motivo 
hacemos número especial. 

La Redacción. 



ADVERTENCIA ! 



Siendo atributo de las democracias, la 
publicidad, discusión y control de los actos 
y resoluciones de los poderes públicos "i^a 
Revista Uruguaya" admite en sus columnas 
el examen ante la ciencia jurídica y legis- 
lación positiva de las resoluciones, fallo de 
los Tribunales, «lueces Letrados, asi como 
el de todos los demás poderes que pueden 
y deben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano por el magisterio 
íle la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la modificación de las leyes, i>ronto nos 
ocuparemos <le la necesidad «le la reforma 
del personal judicial de la Kepública y de 
su selección conveniente.— Se admiten tra- 
bajos ó estudios inéditos sobre medicinw 
popular y de todas las ciencias. 

La Redacción. 



La 




Política, científica, literaria, historia y economía polítíca.-Órgano del Partido Nacional 



Afio I 



Mercedes, R. O.— Enero 2 de 190G 



Xúiii. 17 



Director • 



Dr. Luis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 



CALLE MONTEVIDEO 



Administrador A. Seuáucx V Olivera 



Paysandú! 



Tiembla nuestro pulso de indignación 
patriótica al trazar en el papel la pala- 
bra que simboliza el gran poema ame- 
ricano. ¡Paysandúl nombro grandioso de 
épicos contornos, cuyo recuerdo trae á 
la memoria actos de gloria y de infa- 
mia, heroicidades y cobardías, mártires 




Leandro Gómez 



y verdugos. ¡Paysandú! cuna de reful- 
gente patriotismo, de leyendas sublimes, 
de nobles y caballerezcas contiendas; 
pero también, de crímenes salvajes, 
traiciones inauditas y repetición cruel 
ó inhumana de la bíblica leyenda de Cain 

y Abel. 

Cuarenta años van transcurridos des- 
de el grandioso episodio que dio renom- 
bre V fama á Paysandú. Cuarenta años! 



y todavia están ahí los aliados al es- 
trangero invasor, los que dieron la nota 
lúgubre á la página más brillante do la 
historia uruguava. 

La ciudad de Paysandú, situada en la 
margen oriental del caudaloso Rio Uru- 
guay, y hoy una de las poblaciones mas 
importantes del litoral Uruguayo, fué 
fundada el año 1772 por el Corregidor 
D. Juan José Soto, con doce familias 
provenientes délas misiones jesuíticas, 
y erigida en curato, bajo la adoración 
de San Benito, el año 1805. Sus valien- 
tes hijos descollaron siempre en nues- 
tras luchas desde los albores de la inde- 
pendencia de la República Oriental, 
prestando sus servicios á los patriotas 
de los años Is 15 y 25, y posteriormente 
al Gobierno Constitucional del afio .'i'J, 
contra la anarquía. Eu el afio 1^X'\. des- 
pués de haber sutVido otro sitio á prin- 
cipios del año .'iS ])or el General I). 
Fructuoso Rivera, siendo el ¡x^^i'c de la 
plaza el General D. Juan Antonio La.- 
valleja, fué sitiado nuevamente Paysan- 
dú por el mismo íteneral Rivera con 
una respetable columna de las tres ar- 
n^as, ayudado desde el puerto por una 
escuadrilla francesa. El Dr. ü. Feli])e 
Argentó, que niaudaba una pequeña 
guarnición, resistió jxn' varios días de 
una manera heroica y solo entraron los 
sitiadores á la plaza después de haber 
diezmado á los valientt's delonsoros y 
cuando tenían (pie })elear hasta con ])io- 
dras, por habérseles concluido coini)le- 
tamente las municiones. 

Estas eran las gloriosas traJicioni^s 



La Revista Uruguaya 



de la invicta ciudad cuando á principios 
del año 1863 invade el territorio orien- 
tal el General D. Venancio Flores, y 
después de algunas escaramuzas y pe- 
queños combates en sus correrías por 
la campaña de la República, consigue 
reunir una fuerte división do caballería 
é infantería, y pretende con ella tomar 
á Pavsandú, el 1." de Enero del 64. 
Pero es en vano: el Greneral D.Leandro 
Gómez, jefe de la guarnición, organiza 
rápidamente la defensa en combinación 
con el Jefe Político del Departamento, 
D. Basilio A. Pinilla, v resiste valerosa- 
mente á los varios ataques que le trae 
el jefe invasor ese día y los siguientes 
hasta el 18 del mismo mes, que se vé 
forzado á levantar el sitio por aproxi- 
marse el ejército del General D. Ser^ 
vando Gómez que venía á proteger á los 
sitiados. 

Sin embargo, el General Flores no 
desiste de tomar á Paysandú. Picado en 
su amor propio por la retirada forzosa 
que tuviera que hacer, y después de va- 
rias escaramuzas que hace en la cam- 
paña del departamanto en las repetidas 
veces que se aproxima á la plaza, vuel- 
ve el 1". de Diciembre del mismo año 
y pone sitio por segunda vez á la ciu- 
dad, pretegido por dos cañoneras brasi- 
leñas, que bloquean el pueblo por la par- 
te del lio. 

Desde ese momento, preparando el 
homérico combate, emí)iezan his refrié 
gas y los pequeños encuentros, batién. 
dose con varia fortuna dia á dia, hora 
por hora, sitiados y sitiadores. Los ])ri- 
meros esperan refuerzos que debe en- 
viarles el Gobierno Oriental para recha- 
zar á los últimos, y los últimos esperan 
también para vencer á los primeros el 
resto de la escuadra brasileña que man- 
da el Almirante Tamandaré y el ejér- 
cito de la misma, nación, sus aliados, 
que vienen á marchas forzadas sobre la 



cmdad bajo las órdenes del General Me- 
na Barrete. 

Los defensores de Paysandú, ocho- 
cientos hombres apenas, y mal armados, 
con seis cañoncitos que disparan con di- 
ficultad, convencidos dolorosamente de 
(^ue la protección que esperan no llega- 
rá nunca, como nunca llegó, por razo- 
nes que no son del caso explicar, se pre- 
paran heroicamente para resistir, pre- 
firiendo sucumbir hasta el último hom- 
bre, ímtes que entregarse vilmente al 
extranjero invasor. Como les es posible, 
con los pocos elementos que disponen 
arreglan su defensa, haciendo débiles 
trincheras y pequeños pozos, oiTlenando 
principalmente que salgan las familias 
de la ciudad, para la isla Caridad, situa- 
da en el Rio Uruguay. A estos bravos 
los sigue mandando el General D. Lean- 
dro Gómez, y en los baluartes de la cru- 
dadela flamea altivo el pabellón Orien- 
tal. — Afuera, en cambio, por agua y por 
tierra, rodea á la plaza un ejército nu- 
meroso de las tres armas, y la escu¿idra 
mas grande de la América del Sud. — 
Las armas son las más modernas y los 
cañones, y los obúes y todas las mclqui- 
nas de destrucción con que cuenta el ar- 
te de la guerra, funcionan allí abundan- 
temente; trincheras inmensas hánse le- 
vantado rodeando la ciudad, en las 
cuales lucen fieramente las bocas impo- 
nentes de cuarenta cañones de grueso 
calibre. Pero también se ven allí con- 
fundidos, formando una unión híbrida, 
chocante, que hiere y suble^^T, el amor 
patrio, desplegar dos banderas distintas 
y -que representan diferentes sistemas, 
de gobierno: la Monárquica Brasileña y 
la Oriental Republicana; ó lo que es lo 
mismo: la esclavitud y la libertad, el 
oscurantismo y la civilización. La pri- 
mera exhibe orgullosa y á todos los 
vientos sus pálidos colores verde y ama- 
rillo, y la última ondea débilmente, ca- 
si está arrollada, mostrando con difi- 



La Revista Uruguaya 



cuitad sus bellas franjas celestes y blan- ¡Esclavitud Ó guerra! grito la Monarquía. 

j.j , . Y el pueblo valeroso que en Sarandi triunjó, 

cas, como si estuviera rendida yhumi- ai verlos eslabones de la cadena impía, 

liada ante el otro pabellón. '^ Ubertad Ó muerte! ton impeta gritó. 

Empieza el combate en las primeras • • • • . • 

horas de la madrugada del dia 31 de Cayeron ios ilustres soldados de la idea, 

-r^. . , 1 -. o/-> j j Los dignos defensores del patrio pabellón: 

Diciembre de 1864; pero de una manera no en ei palenque noble deía leai pelea, 

desigual, terrible, espantosamente de- sino en cobarde laso, vencidos átraidoti. 

sigual. Las balas de cañón, y las bom- • 

baS y granadas llueven sobre la ciudad ¡Cayeron ios valientes! y entonces los puñales, 

, T .,, Brillaron con ro/ti:o, siniestro resplandor 

como una inmensa granizada. Los sitia- y hubo una horrible orgia con sangre de orientales. 

dores intentan una y mil veces el ata- Q"« <"* victimas inermes cebóse el vencedor. 

que á la plaza descargando sobre los si- • . . • 

tiados un diluvio de balas de todas cía- ¡Honor a ios que viven, y d !os caldos gloria! 

.,01 1 • Murieron combatiendo, por patria u Ubervad! 

SeS y tninaílOS. ►Se abren claros inmen- Us nombres de esos h¿-roes. grabados en la historia 

sos en las trincheras y se derrumban y /'•^'^ '■«^pi^'^-i^^^^entes la futura edad! 

vuelan infinidad de edificios. Pero á • ■ Ahdón Arózteguy. 

pesar de todo, á pesar de habérseles ago- . ^ 

tado las municiones y tener completa- f 1 j* «z 

mente raleadas sus filas, los sitiados se «* t?adlClén pafUdMia 

baten con una bizarría fuera de toda - ^— 

panderación, estrellándose los esfuerzos ^^ ^c, 

de los sitiadores ante ese heroísmo, mu- WJ^^ P"^^^^' ^^^^ «^^'^^''^^ ««« ^''^'^di- 

riendo diez por uno v mordiendo ra- ^ ^''^"^"' ^^ ^^^^'^« "" pensador y 

biosos el polvo de la derrota. / estadista americano, pierden la concien- 

Lo que pasó después es bien conocido ^^^ ^® ^^ destino. 

para que nos detengamos á narrarlo: La profunda verdad que el postulado 

la más infame traición venció á aque- encierra, tiene su cumplida demostra- 

llos héroes legendarios; turba de fas- ción en la azarosa historia de nuestra 

cinerosos ultimaron al gefe de la plaza comunión política. 

y á la mayor parte de sus valientes Solo un Partido que ha hecho un cul- 

compañeros; y desde entonces el cielo to de su tradición é identificándose con 

de la Patria se oscureció con negros nu- ella, ha podido conservar en cuarenta 

barrenes, dándonos días aciagos de ho- años de persecuciones y contrastes, la 

rror y de tristeza. Pero es me;jor no re- constancia, el entusiasmo, la tenaci- 

cordar el final de estos sucesos luctuo- dad y energía imponderables del Partido 

sos, de esa tragedia sangrienta, como Blanco. 

alguien lo ha sintetizado, máxime cuan- Poco importa del despotismo ni de su 

do hoy, nuestro amigo el gobierno re- oprobioso azote, mientras haya madres 

publicano del Brasil, condena enérgica- en esta tierra que infundan á sus hijos 

mente ese hecho de la monarquía bra- la noción de sus deberes con el ejemplo 

sileña, y muchos colorados intelectua- de sus mayores! 

les, lo repudian indignados. No obstan- Poco importan los dias aciagos en 

te, terminaremos este artículo que nos que marcha la República recorriendo el 

ha pedido la Dirección de La Revista largo ciclo de su martirologio, dando 

Uruguaya, transcribiendo algunas de hasta quien sabe cuando, argumento al 

las patrióticas estrofas de la poesía futuro romancero de la trágica y fratri- 

«¡Paysandú!» de nuestro distinguido y cida gesta; —poco importa eso y más si 

querido amigo Washington Bermudez: mayor desventura cabe, mientras Dios 



La Revista Uruguaya 



nos permita llevar en el recuerdo, con- 
templándolas con los ojos del alma, 
epopeyas como la de Paysandú, porque 
mientras vivan en nuestros corazones 
las viejas virtudes del Partido Blanco 
Y sea nuestra bandera su tradición de 




Manuel Oríbe 

Grnn factor en la obra </e la Independencia 
Nacional, en el año 25- 

heroicidad, de probidad y de cultura, se 
agotará el plomo brutal antes que falten 
brazos robustos que la sustenten como 
ensena de gloria, como símbolo inmacu- 
lado qué por donde cruz¿i, lleva tras de 
sí la civilización y la justicia! 

Baldomero Clavijo. 



LUZ Y SOMBRA 



sf^vOS acontecimientos se destacan con 
^^y rasgos culminantes en la resisten- 
cia que el Gobierno Nacional opuso en 
1865 á los ejércitos de la Triple-Alianza, 
Paysandúl síntesis gloriosa de las he- 
roicidades á que puede elevarse el sen- 



timiento patrio ante el ultraje de las 
banderas extranjeras asaltando sin cau- 
sa justa las fronteras de un pueblo libre, 
y retándolo á duelo en su propio terri- 
torio. 

Montevideo! página sombría en Jos 
anales del uruguayo patriotismo, ver- 
gonzosa entrega al extranjero invasor 
de una plaza en condiciones de resis- 
tencia á un largo asedio, que, en salva 
guardia del honor nacional, debió, cual 
la heroica Paysandú, luchar hasta el 
agotamiento de los elementos de defensa 
de que disponía, aún cuando no er¿i ine- 
ludible que llegara a esa solución ex- 
trema, porque no todas las circunstan- 
cias se presentaban desfavorables para 
la capital sitiada; de prolongarse la de- 
fensa, posible era que el desarrollo de 
los sucesos impusiera á las fuerzas alia- 
das la necesidad de levantar el sitio. 

Una República hermana, entonces po- 
derosa, intervenía á su favor, hacía de 
la noble causa de la plaza sitiada su pro- 
pia causa, se aprestaba á venir en - su 
auxilio, y para ello, confiaba que la ca- 
pital de un pueblo de héroes, opusiera 
por dilatado tiempo, inexpugnable va- 
lladar á las fuerzas aliadas, dándole 
tiempo para realizar su proyectado plan 
de operaciones en Rio Grande y el Uru- 
guay que tenia como base la resistencia 
de Montevideo y la alianza con el gene- 
ral Urquiza. 

l^ra de notoriedad que la detención por 
algunos meses ante Montevideo de la 
escuadra de los ejércitos aliados, debía 
influir poderosamente en el sesgo de la 
guerra internacional que se iniciaba; la 
rendición prematura é inesperada de 
esa plaza, el dominio rápido del territo- 
rio oriental por las fuerzas aliadas, des- 
barató los planes de López y provocó 
la defección de Urquiza, que, previo con 



La Revista Uruguaya 



o 



su sagacidad nativa, que la entrega de 
la capital uruguaya inclinaba resuelta- 
mente la balanza á favor de la Triple 
Alianza. 

El temido bombardeo de nuestra cos- 
mopolita capital, no era factible sin ori- 
ginar enormes perjuicios á intereses ex- 
traños de gran valimiento, y de presu- 
mirse era, que provocara la interven- 
ción de las potcj-icias en tutela de 
esos intereses, intervención susceptible 
de ser base eficaz de soluciones propi- 
cias para la plaza, cuando menos de 
un decoroso tratado de ])acificación in- 
terna. . 

Los liombres que presidian la defensa 
de 180.") no sui)icron colocarse ni con 
mucho, á la altura de sumisión, incapa- 
ces de inspirarse en el lieróico ejemplo 
de Paví^anclú, determinados desde elpri- 
mer Ínstame á reliuir cobardemente la 
lucha, á entregar la plaza al mas breve 
término posible, único propósito á que 
consagraron sus actividades durante el 
sitio chico, á despecho de la confianza, 
que en osos supremos momentos el país 
había depositado 'en ellos, á despeclio de 
los entusiasmos de la seleccionada guar- 
nición de GOOÜ hombres que cubría las 
líneas de las fortificaciones erizadas 
de bocas de fuego, resuelta á resistir 
hasta el último extremo, á rei)roducir 
Iras los muros de la cai)ital, los heroís- 
mos de la nueva Zaragoza, á desi^echo 
del abundante aprisionamiento de per- 
treclios de guerra y de víveres de boca 
para una dilatada resistencia. ^ 

Carentes de valor cívico para dar la 
cara de frente, para asumir la enorme 
responsabilidad histórica de la ignomi- 
niosa rendición de la plaza, rehuyendo 
el estigma de traidores al Partido Na- 
cional que la posteridad justiciera se 
encargará de discernirles con caracte- 



res indelebles, delegaron en un colorado, 
en el >Sr. Villalba ese sombrío cometido, 
con la pretensión insostenible de ha- 
cerlo único responsable de la triste jor- 
nada, y sin tener el i)U(lf»r de resistirse 
cuando menos á la vergüenza nacional 
de que la entrega á los imi)erialistas 
de la capital del altivo ])ue))lo orien- 
tal se realizara el 20 de Febrero, ani- 
versario de la brillante jornada de las 
armas republicanas Rio Platenses en los 
llanos de Ituzainíjó. 




I; 1 

Benemérito (Ieneijai. Don .Juan S.va 

i nico General en id Gobii'i-iui di- A<juirri'. 

i¡atí localr la fion/uc de 

Iiater nobles esfuerzos fmr ¡irotejer Pai/<(iniht. 

aunr/ue encano: i'tir./is ilini-'iDnes de.<iic<<rnr on sus 

órdenes, sep<i.ran<lose del E¡crcili> su ¡irecesro 

jnieril (le qai' Su/i ercL ejcírnujei'n, ;ri,iii(> 

si el limzo <ir je i'i.iii ii't 

Iiuldera sido elictiZ enojjerador de la independenein 

de casi toilns los iisi.ndos <ie Siid Ainerieti.' 

Aún mas, ni tan siquiera intentaron 
una honrosa cai)¡tulación que esti])ulara 
condiciones decorosas ]»ara una i)laza 
en estado de im])onerlas. 

Pues bien, esa negra i);igína histórica, 
presta fulgores de más viva intensidad 



o 



La Revista Uruguaya 



á la aureola de gloria que circunda á la 
lioméri<ja defensa de Pcxysandú, 

El parMni;ün de las dos defensas, real- 
za, ag"ii;anta mas aún, el civismo heroi- 
co de los valientes soldados de la inmor- 
tal ciudad; el Salto capituló, ]\lontevi- 
deo se rindió, Pavsandú v solo Pavsan- 
dú salvó el honor y los prest¡i;1os de la 
patria de Artiiras v de los Treinta v Tres 
en su resistencia á la inicua invasión 
imperialista de 18G4-18Ü5. 

La epopeya de Paysandú es alto ejem- 
plo de abnegación y sacrificio por la pa- 
tria y la libertad; la entrega de ]\lontc- 
video enseñanza de que la pérdida de 
una causa está decretada cuando los <;e- 
fes de fila dan espalda al deber y oídos 
á la traición solai)ada, 

(1) Arturo Pekko. 



PAYSANDÚ ! 



Este nombre sagrado para el Partido 
Xacional, debería de serlo igualmente, 
y lo es, con certeza, para todos los orien- 
tíiles ([ue no enceguecidos i)or la i)a- 
slón partidaria, saben responder á los 
dictados de una conciencia hom'ada, 
respetando y admirando con imparcial 



( I) A iiiKjur tfi\rnif>H ¡■Icint linnfuní i'ntntinfntc 

(//ríT.NVí.v II In.-i lid l)r. Arliirii Hi'frii, .<iihrr h i.< i-n.-¡(iii- 
h'.-i i¡üi' I rii ¡ri'nri lit i'ii ! I i'ij II, ilr M mi r_ii i¡lio, olirn. ili- 
rrrCii 1/ iil.iliiilit i/r Vi I In I hii , {<¡ II if!L ¡iilili) /i nci'i'i'ií i'.iii- 
lili' II iiL simihi'ii. i¡ I' In I II i'r;(i ilv.^rin linn-nil u ron .^¡i/Í/d 
</r li).^ hLtif ii.i':< . /(' i¡íi.i'!-rii f'.iCrií ni/i'r:í.-i ij ilr iitUL i iriiL 
<■ i m-u rahl.r nniiri¡ iiin , 'jiu' (icii.-'i.^nn ni . sin r:i.<(, .•¡icni ■ 
jiri' 11 iLr.<l}-iL,-< lic-oj t'íu-iiis) íji-sii il 1 1 t'¡'ii I iiti it Iiitmfríí 
llrijil II n.-ilJl In /jri)/:¡u en ¡lilulllvidH ilrl Sn/íil l/i(U/f 

i¡ iLr ni-'>i'iliun<>!< '¡ni' el ¡'<irii(¡ únij , a ¡ir.-<ii r Jf In--' inr- 
!//.//(.-.• f>i¡r il 1,11111 1 ti I II. < iLi> iiilriiiiii) i-iai ! rnliir Ivijiil- 
ii>''ii Ir II [iu ii;.i fin /lo.^iKros sirni/o (ilitulo sti!i> rn el 
iiniii hrr ij iiitr.<lrii ilr.-ii'i), ¡íLLhliriiiiii»í Í'lI rijiiio lu ilr.<rn 
rl i lil.<t,riiil I) l)r. ¡¡'Tri) i/ nn.s /o />iilc iij, nrrr.lrr ijiihinlr 
II /I iir.<rro rii/ iirrnii ii'it [ij ilr rooprrii r en r.^t.r nuiíiitro, 
fi n III ii'Ulirnriiiii iilijiniii su si-n.liil d í rnlin ¡i>, romo un 
li'iinrnn'jr " hi iiiisnin rinUrnl ili rri-rriirin ron naso 
ero-:, el o'iii I lo ronrr/)f.U'iniO-i //nñnílo i/r sinrrriihiil ij 
it/iior li lo riinsn // /)Oj'r/ur rslii. Ja'ri isln slnn/ti'i' .•<■• 
/i onr'iiri'i ron lo /m iuliro li oni'sr.ii ¡Ir un /:ii triorji romo 
lo i\< rl J)r . ^.{ r uro Jirrro. — Inlrrro'jiol o, Villntho, 
¡lor In ntls'ion 'Ir lo. Iroji'i il(;srin hiirrnilo liijo, crii 
fioro riii'liir lii' los i n irrcsrs (•.i-tj-iitii/rros ij linrrr rrs- 
jiriiij- II In rsmnil rn 1 1 ri isi Ici'd ij ili'tníli<, In zrinn i/uc sr 
ilin n .^r'iilnr /iiiriL rl J'uri/o ilrl l/onih'ir.lro. nnu 
ilr Ins I n rin ^ ¡, -rson. .•' inlrrjirlnntcs nrs /ni /inrrn,lo 
inns Je rn n ums rso. 



La ti kt) acción. 



criterio, y elevación de espíritu, los he- 
chos históricos, cuando en ellos, como 
en el que tuvo su epílogo el 2 de Enero 
de 18(55, hay motivos no para enor- 
gullecer á un bando, sino á toda una 
raza. , 

Simboliza cimas inaccesibles al va- 
lor vulgar, caballerescas altiveces, le- 
gendarios arrojos, y vértigos sublimes 
de un patriotismo imnaculado. 

El tiempo, g^ran depurador de hechos^ 
nó ha logrado arrojar sobre él la me- 
nor sombra, y si, por el contrario, cla- 
ridad á raiidnlcs, ({ue convierte al in- 
mortal acontecimiento en sol de nuestra 
historia. 

Por eso, á medida que transcurren 
los años, v.á agrandándose y adquirien- 
do los contornos y el relieve de una de 
nuestras mas puras glorias nacionales, 
aquella hazaña incomparable, aquellas 
jornadas gloriosas y aquel valor inaudi- 
to des})legaílo j)or un puñado de hom- 
l)res subliriies, que buscaron en la muer- 
te el medio exelso de salvar el honor 
iiac-ional afrentado por un¿i afianza hu- 
millante de nuestros adversarios políti- 
cos con el extran.iero. 

Es cual loco de luz purísima del que 
irradian destellos de un patriotismo 
ideal, y al que convergen las miradas 
de cuanto^ saben colocar por encima de 
todos los amores, el de la ])arria. y es 
grandioso, hasta revestir los caracteres 
de uua ej)oj)eya, el hecho que hoy con- 
memora La Revista Uiukmaya, porque 
al tes(>¡i es])artauo de los defensores, re- 
sistiendo las intimaciones del sitiador, 
en n'.omentos en qu(í falta])an pertrechos 
de boca y guerra, y la heroica guarni- 
ción había quedado reducida á menos 
de la mi;a;l, se agrega, la santidad de la 
causa porque pelearon hasta morir, ofren- 



La Revista Uruguaya 



(lando con mag-nanimidad de héroes sus 
preciosas vidas ante los altares de la 
patria. 

Este glorioso legado de gigantescos 
sacrificios, y de virilidades y actitudes 
que asombran, este ejemplo salido de 
nuestras filas, y, que por su épica gran- 
deza, mas que realidad parece fabulosa 
leyenda, al perdurar cual fuego sagrado 
en nuestra mente, explica porque el 



_1 




, Di;. Don Juan José de Heriíkka 

Ministro <lc Estado <¡ue cviilcnció iil 

manilo id/ilomátii-o l<i ¡fin razón de la rcvlamarión 

I/iiperial de Pí-dro II, cuijo monarca df.'fpec/iado 

/¡ruilu/o la lu^ratomhc di' Paysandú el 64.65 

Partido Nacional, no obstante hallarse 
desde hace cuarenta años desalojado del 
j)odcr, permanece fuerte y unido, enri- 
queciéndose día íí día con sangre nueva 
y generosa, aportada por numerosos 
adeptos, que no van á él, ciertamente, 
persiguiendo gajes y prebendas que 
nuil puede ofrecerles el partido del llano. 

Y es que la sangre deramada en ho- 
locausto á los ideales de una causa justa, 
y es que los sacrificios de todo genero, 
realizados en i)ró de la misma, jamás 
pueden resultar estériles. 

Cada vida que desaparece en aras de 
la lealtad partidaria, cada protesta vi- 



ril, cuando la guían la justicia y el de- 
sinterés y cada rasgo de carácter v de 
consecuencia exhibido francamente, sin 
temor á las contrariedades que estos 
actos de indei)endencia atraen de ordi- 
nario sobre quien los ejecuta, son cual 
prolífera semilla, que al germinar en el 
corazón de las multitudes y eristalizar 
después en idea, tras lenta elaboración 
cerebral dá de sí, en las grandes opor- 
tunidades históricas, figuras bizarras 
como las de Leandro Gómez, Lúeas Pi- 
riz, Aparicio Sarav ¡a y Diego Lamas, y 
esas inconmovibles milicias ciudadanas, 
que desde los talleres, desde las aula,s y 
desde el seno mismo de los más opu- 
lentos hogares, salen impávidas, cuando 
la patria ó el decoro partidario lo recla- 
ma, para soportar con admirable estoi- 
cidad las rudezas y los peligros de la vi- 
da militar. 

El silencio alrededor de memorables 
heéhos, destinados por sus méritos ex- 
traordinarios á enseñar el camino del 
deber, solo ])uede engentlrar generacio- 
nes egoístas. 

Por el contrario, es hacer labor par- 
tidaria y patriótica, el visitar con la me- 
moria en sus solemnes aniversarios, esas 
cumbres de nuestra historia, que como 
la defensa de Paysandú, saturan el espí- 
ritu, de ideasmievasy levántalas. 
Salto, Diciembre ;]1 de 1905. 

ROMAX ]\[ahtixez olascoa(;a. 



Paysandó 



Hay lugares que eyocan todo un mun- 
do de recuerdos, é inclinan el alma pen- 
sativa á las meditaciones profundas so- 
bre los hechos y circunstancias que le 
han dado notoriedad en la historia como 
que constituyen la representación viva 



8 



La Revista Uruguaya 



y genuina de un pasado feliz ó doloroso, 
en el desarrollo de los acontecimientos 
que dan fisonomía propia á una época 
peculiar al desenvolvimiento accidenta- 
do de la vida de los pueblos. 

Pavsandú, es uno de ellos, cuvo nom- 
bre no es posible pronunciar sin que 
se agolpen al espíritu tristes reminiscen- 
cias de los días grises y sombríos en que 
una de las luchas más memorables y 
sangrientas, empañó el azul de su cielo, 
dejando imi)resa en los anales de nues- 
tra exintencia política, la imborroble 
niímcha de las flagrantes injusticias con 
que procedieron los vencedores para 
con los vencidos, profanando hasta los 
cadáveres de aquellos que no tuvieron 
otro sudario de muerte, que los mismos 
escombros de la ciudad que defendían. 

Todavía hay muros ennegrecidos que 
atestiguan la magnitud del desastre y 
los horrores del combate, donde la pe- 
lea se hizo tan intensa, que de nada sir- 
vieron las barricadas, ni fueron obstácu- 
los los pozos y defensas materiales, para 
que los guerreros se buscaran en confu- 
sos entreveros, blandiendo cuei'po á 
cuerpo sus espadas, como desesperado 
esfuerzo de los sitiados en la salvación 
de la pureza y el honor de las institu- 
ciones mancilladas. 

]\Iuchos edificios, como la iglesia pa- 
rroquial, ostentan aún en sus . fachadas, 
cascos de metralla y fragmentos de 
granadas, arrojadas por el enemigo, en 
el momento en que el bunio de sus ca- 
ñones reemplazaba las nubes de incienso 
del templo, haciendo más téctrico y 
desconsolador el cuadro de la masacre. 

Todos esos vestigios son la prueba 
gráfica y i)alpitante del homérico acon- 
tecimiento de que fué teatro aquella 
ciudad heroica, la que solo se rindió el 
'2 de Enero de 1865, después de cincuen- 
ta y cuatro horas de fuego sostenido, 
marcando así el ejemplo sin precedentes 
hasta entonces, del valor tememario con 



que procedían los defensores de la plaza 
sitiada, en sus actos de arrojo delirante 
y crueles sacrificios. 

Y en medio de esta escena clareada 
apenas por los rubores del reflejo de la 
sangre allí vertida, dos figuras salien- 
tes se destacan con iguales proporcio- 
nes colosales, en las respectivas misio- 
nes que desempeñaron. 

El General Leandro Gómez, filán- 
tropo y guerrero, que multiplica su ac- 




LeANDKO GüME55 

tividad para que su presencia sea ad- 
vertida en todos los momentos y sitios 
de mayor peligro, infundiendo más áni. 
mo todavía á los que caerían muertos 
de coragc y resignación y sonrientss 
esperanzas, á los iiuitilizados en la titá- 
nica lucha. 

El doctor Vicente Mongrell, espíritu 
noble y levantado, que también se afana, 
sin reposo, en prestar piadoso amparo 
á los heridos, curando la carne desga- 
rrada por el plomo y el acero del adver- 
sario, y lleno de cristiana abnegación, 
alienta al desvalido con palabras de 
consuelo que llcgaíTaf alma y provocan 



DEFENSORES DE PAYSANDÚ 




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FuAxci.sco E. Peña 



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fensa de Paysandú, 64-65 
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Muertos ex la defensa de Paysandú, 05 




DEFENSORES DE PAYSANDÚ 





Eknesto ]>e las Carreras g - -^ ■ t ■ — - 




Knrk^h'k (>mvkk.\ 




TUTSTAX AZAMBUYA. 




Kafakl Fokmoso 



Fkknaxd!» Sfaosi w 



La Revista Uruguaya 



9 



sueños de ventura, como supremo ali- 
vio á los últimos adioces de la vida. 

Esto decimos sin amenguar la glo- 
ria igualmente inmortal de Lúeas Pi- 
riz, Tristan Azambuya, Pedro Rivero, 
Belisario Estomba, Raña, Bniga y tan- 
tos otros héroes que sellaron con su san- 
gre, el hecho más grandioso de heroís- 
mo legendario que conmovió á esta par- 
te de América, y cuyos ecos de angus- 
tia y de dolor, todavía repiten en las 
noches calladas de serrana soledad, las 
rumorosas ondas del Uruguay y capri- 
chosos remansos del apacible Sacra, 
solitarios testigos del imponente drama. 

Podrá el tiempo en su devastadora 
acción demoler edificios, derrumbar ár- 
boles seculares, modificar el cauce de 
los rios v las huellas de sendas anti- 
quisimas; pero lo que no borrará jamás, 
os el recuerdo perdurable que se tras- 
miti;;á siempre de generación en gene- 
ración, de la memorable toma de Pay- 
sandú. 

Siempre quedará allí, como en la ciu- 
dad eterna de los Cesares, una piedra, 
una vía, un monumento, un rio, para 
reflejar el eterno espirita del Lacio, que 
nos diga; no solo «Sagunto», «Numancia» 
y «Zaragoza,» merecen el alto concepto 
que una pública memoria ha consagi-a- 
do al patriotismo de sus hijos, sino tam- 
bién «Paysandú», tiene conquistado un 
título de imperecedera gloria, al que la 
gratitud nacional ha lapidado con la 
honrosa designación de «cuna del valor 
v el heroismo») 

Juan Coustau. 



pAYSANDÚ 



Rincón y Sarándí, —siempre han herido 
Las hordas de una testa coronada, 
Y en venganza pretenden sea enclavada 
La libertad de un pueblo esclarecido; 



Pronta la czuz del sacrificio,— han ido 
VjYi busca de la mártir sentenciada, 
Y ahuyadora, la impúdica mesnada 
Pone su planta sobre el patrio nido; 




~T 



Dr. Don Eustaquio tomé 



Uno lie los Ministro.': <l«'l Gobierno <h- Ajuirre cu<in<lo 
Puijstinilü. 64, 65 

Paysandú le dá el ¡altol, al observar 
Que ronda cautelosa sus colinas..... 
— Que vienes, le pregunta, -Aquí á 
, [buscar? 

-¡--Tú libertad. i)or cuya ley dominas! 
Escucha y dice el pueblo: ¡venia á hollar 
Pero antes, pasarás sobre mis ruinasl 

Pavsandú, 190l5. Enero 2. 

P. AVasiiíxíítox Berml'dez Acevkdo. 

Soneto 

¡Alusa patriota, que á la mente mía. 
Das la luz con destellos y fulgores! 
¡Acude al numen de mi lira;— en flores! 
¡Ofrece tus perfumes en su son! 

¡Paysandú!— La epopeya mas sublime. 
En los anales de la patria historia! 
¡Se siente sacudirse la memoria! 
¡Se siente palpitar el corazón! 



10 



La Revista TIiiucuTArA 



¡Eres emblema ác u]moiií\\ coiistniícin! Si eii lucha desigual fuiste vencida. 



:Pavsaiulú!- Tu m¡emoria es inmortal! 
¡Eres el sol de nuestra gran bandera, 
Y oriiullo. del Partido Naciouall 




Brkíadif:'.,' (iEM':i;Ar> Leandro (Io.me/; 

Cotí lii huni/fi'H i¡u(' ¡ifOiliim/(bn d los heroicos 
JJf'Jr/t^ori-S ili- Prj-<'i.n'li( — lii /y.'i. 

¡Leandro (ilómez! — De un i)uebIo(leIiranrc 
Héroe fuistel — v su eterna CTatitud, 
De un altar elevado cual gigante, 
Un liimno arranca al pecho palpitante 
¡Para vivar tu heroica Paysandúü 

Celina Si'ikermann y Mileins. 
^lontevideo, Enero 2 — IQOG. 



¡F»AYSAIMDÚr 

1 J^í)') -1^ de En ero - - 1 90(; 

La Numancia Uruguaya te llamaron 
Alabando lo« pueblos tu heroísmo; 
Desde el Plata á los Andes celebraron 
La victoria moral del patriotismo! 

¡Paysandú! ¡Paysandú! Timbro glorioso 
De abnegación sublime, de hidalguía: 
Tus hijos dieron un ejemi)lo hermoso 
Que honra la historia de la Patria mia! 



En saicasmo trocóse la victoriíi^ 
Yo prefiero mil veces in caída 
A los laureles de mentida gloria! 

No abatieron tu clásico civismo 

Elementos unidos, poderosos: 

Los soldados del vil mercantilismo^ 

Y las huestes de Jefes ambiciosos! 



•^V^^T^^STT^ ) 




.íi'AN Antonio Lavallria 

Jfú' tCf h( ln)triérii(t rruzínfn, de los '^i'-i . t¡<ic Irrijo l(t 
Jii(/('/)<'n(/fn<-iii i/el Ururjadj (i/'o 25. 

AI pió de tus hahiartes se luchaba 
Con late inquebrantable del derecho: 
El círculo de hierro «lue te ahogaba 
Quedó, más de una vez, pedazos hecho! 

Palmo á palmo lucharon como leones, • 
Defendiendo un derecho sacr<»santo; 
Eué defensa de homéricos campeones 
Qua la gloria cubrió con regio niantol 

Alfredo Ramfj.a. 
íYA Solitario. "^ ' 
"Montevideo, Enero 2 de I90(> 



PAYSANDÚ! 



^^^O se pu^de evocar 
^^ la ciudad fundada 



ir el nombre de 
a ])or Soto, sin 
<iue vengan á la mente los recuerdos d^ 
las homéricas hazañas., de los dias de 



La Revista Ueuguaya 



11 



inmarcesible gloria que á la Patria y al 
Partido Xacionallia dado la heroica Pay- 
Stíiuíú! 

Situada sobre hermosa colina, corre 
á su trente el ma.gestuoso Uruguay, á 
sus costados arroyos de impetuosas co- 
rrientes, »iue son otras tantas artorias 
de su constante progreso, teniendo por 
espaldas las praderas de opimos y abun- 
dantes frutos, todo lo que hace de aque- 
lla ciudad un importantísimo centro de 
industria v de comercio, de cultura y 
también de heroísmos inmortales. 

Pero se me ocurre una pregunta: 
¿Quienes eran Soto y el padre Sandú? 

Eran acaso unos guerreros de alma es- 
partana y carazones de leones, que su- 
pieron trasmitir á sus compañeros y su 
cesores, su aliento de gigante, su viril 
altivez? 

Eran acaso unos simples misioneros de 
rústica sandalia y roldo sayal, ó eran unos 
de esos hombres de humilde apariencia, 
])ero dotados de grandes virtudes, que al 
inculcar sus ideas religiosas, dejan en 
el espíritu desús oyentes la semilla que 
convertirá á sus semejantes en apósto- 
les del valor y de la abnegación? 

Yo no lo só: lo único que puedo de- 
cir es que aquellos hombres deben haber 
estado ])oseídos de grandes cualidades, 
de sublimes virtudes; deben haber sen- 
tido en alto grado el amor á la Patria, 
para tríismitir á los que los sucedieron, 
ese sentimiento, por el cual fué inmola- 
do uno (le los fundadores de la Roma 
pagana. 

Solo así se esplica que, en loque pue- 
de Ihunai'se su infancia, Paysandú, con 
Francisco lUcudo, nos enseñara como so 
lucha, como se muere i)or la Patria, que 
en aquella época, solo era una ilusión, 
soñada por Artigas! 

Con el general üiaz, nos demuestra 
mas tardo que «jíimás la i)la]ita del ex- 



tranjero profanará el suelo de la Putria 
en son de guer.ia y conífuista, sin (pie 
un reguero de sangre ])ro¡)ia «> extraña, 
señale sus i)asos.» i ] i 

Y con Leandro (íomez, Lúc.is Pinz, 
Pedro Rivero, í^milio Raña. .Juan :\I. Bra- 
ga, Tristan Azambuya, P^ederii-o Fer- 
nandez, Aberasturi, L:ir:-avid.', Arera. 
Estombay otros. hóro3s y mirtii-os do 
la inmortal defensa do 1854-1J5, se nos 
da la oportunidad de rendir un imevo 



r§í5irí-:gW!»^>"tía 




Quint'i ;/(■ Mu j-iminno RiriTi) i'd ,/'■)'},/,' i',i,- lii.<il,ii/u 

Li'iu'i-o (i.)ini';. lirin/ti. FcrnunJez. rh- . 

J'uj.-<'xii,lii — íi Itero 'J — 6o 



tributo de admiración y res¡)eto á la me- 
moria do los fin l.i lo!'v\s deesa Villa, 
que es cun;i d,> hh' o;'^. pero también 
tumba de márrires (h'l jiari-iDrismo y de 
la. Libertad ri-ngaaya. 

Es liic-udo, modesto ca¡)ir;ui de Arti- 
gas, quien (l'i elejem;)};) de moi'ir antes 
([ue rendirse, íintes (pvi'e ver flamear en 
la plaza, la bandera de la coinpiista Por- 
tuguesa! 

Es Antonio Diaz, ([uieu defendiei:do 
la bicolor bandera, euseña al invas.)!- ex- 
tranjero (pie el jx'eho de los urugua- 
yos es una muralla ante la cual se 
estrellarán las bayonetas di> los (,ue 
pretendan uncirlos al carro de l.i con- 
quista. 



(/) Artillas, por C M . liani'.u'p. 



12 



La Revista Uruguaya 



Es Leandro Gómez, es Lúeas Piriz, 
es esa brillante y lieróica guarnición de 
Paysandú, la que asombrando al Plata y 
al nunido entero, lucha dí;i y noche, sin 
techo, sin hoi^^ar^ devorados por el hani- 
])re y la sed, rodeados por las llamas 
que i>roduce el incendio, ])isando los ca- 
dáveres de sus dií^iios compañeros, caí- 
dos al pié de la bandera azul y blanca, 
enseña á propios y extraños que cuan- 
do el extravio de las ]^osiones ó el odio 
de partido, trae al extranjero, y juntos 
vienen ü clavar el puñal ensani>Tentado 
en el corazón de la Patria, hay un i)ar- 
tido que inspirándose en el ejemplo da- 
do por Artigas, mantiene vivo el culto 
sagrado de la Patria, sinibolizíMÍo por 
la bandera azul y blanca, á cuya som- 
bra exhala su último aliento, pero de- 
jando incólunme el honor de la Repú- 
blica y del soldado valeroso que tuvo 
á su cargo aquel baluarte de la inmor- 
taltdad v de la gloria, llamado Pav- 
sandú. 

Paysandú. de cuahiuier lado se lo mi- 
re, ha sido y ser;'i el más augusto pe- 
destal de gloria del Partido Xacioiud, y 
ante el, debe acndir la juventud ([ue so 
levanta, á beber insi)iraciones de sul)li- 
m(^ patriotismo, de a))negaci(')ii sin limi- 
tes, de tbitaleza de espíritu, de es])arta- 
no valor. 

I-]u ese momnnento de gloria, deberá 
aprenderse que A juramento hecho por 
Leandro (lomez, de vencíU' ó sejjultar- 
se en las ruinas, no era, no vlebe ser 
jamás, una frase de ocasión, sino la mas 
l)ura, la más India, la mas heroica (h> 
L'is resoluciones de un homí)re á <iuien 
se le habia coufia(h) la deíensa de hi 
bandera azul y blanca, la custodia de la 
honra nacional, la deí'ens¿i del territorio 
¡)atrioí 



Gloria eterna á los mártires del 2 de 
Enero!! 

Baldón para los aliados que á trai- 
ció vencieron!! 

Leonardo 8. Castro. 
Concordia. 



«^ A defensa de Paysandú, en la que 
Ji^ un grupo de valientes 'letuvo el 
paso, por largos y gloriosos dias, al 
ejército de una monarquía y no al del 
pueblo brasilero, (^ue no podía desear 



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Sffiutrro i!i:t ( t'ncral Li-nrulro Gómez 
fii Mon.trciib'o. 

nuí^stra ruina y nuestra afrenta: »sa de- 
fensa en la que rindieron la vida por 
la i)atria, Lí^andro Gómez, Lúcaz Piriz^ 
Azanibuya y tantos otros mártires del 
deber cindadsno, es, no solo tnia gloria 
nacional, sino la consagración luminosíi 
de las tendencias y carácter de un Par- 
tido. 

El Partido Nacional deni9stró enton- 
ces (|ue no tem'a })or fin la posesión del 
Poder, ni la.s concupiscencias del man- 



La Revista Uruguaya 



13 



do, prefiriendo caer gloriosamente an- 
tes que celebrar convenios ignominiosos 
arrancados á. la debilidad, antes que 
manchar con sumisiones abyectas el 
nombre y el prestigio de la patria. 

Y esa tradición nobilísima sellada 
con sangre de héroes, la ha conservado 
después presentándose en todos los mo 
montos al llamado del país siempre que 
ha sido necesario combatir gobiernos 
criminales v funestos. 

Cuando las instituciones eran el es- 
carnio y la burla de oscuras prepoten- 
cias, cuando la vida y el honor estaban 
á merced de audaces tiranuelos, cuando 
los caudales nacionales eran dilapida- 
dos en orgías cuarteleras, el Partido Na- 
cional, solo ó acompañado,' se presentó 
á combatir esas situaciones oprobiosas. 

No le detuvo entonces como no le ha- 
bía detenido antes la probabilidad de 
ser vencido, porque sabía bien que sus 
esfuerzos v sus sacrificios formarían 
algún día la base de gloriosos destinos 
para la Nación. 

Fué el Partido Nacional el que inten- 
tó, á costa de preciosas vidas, hacer ce- 
sar la usurpación, el 19 de Febrero del 
68, fué el Partido Nacional el que se alzó 
en armas contra el Gobierno estrecho y 
opresor de D. Lorenzo Batlle, fué él 
quien llevó el mayor contingente á la 
revolución tricolor y á la del Quebra- 
cho, quien produjo la muy gloriosa del 
97 y quien en Fray Marcos, Tupambae 
y MasoUer combatió heroicamente en 
defensa de pactos violados, que garan- 



tían la efectividad de la libertad políti- 
ca y de los derechos electorales de los 
ciudadanos. 

Para apreciar el alcance de la acción 
colectiva del Partido Nacional, })asta 
considerar que ha sido él la única fuer- 
za resistente á todos los atentados del 
Poder, y que ha sido también él quien 
ha prestado así los únicos servicios ab- 
negados, proficuos y grandes que pue- 
den señalarse honrosamente en nuestra 
historia, durante los últimos cincuenta 
años. 

Si se piensa hasta donde habrían 
llegado los gobiernos opresores y rapa- 
ces, si una colectividad, como la que 
forma el Partido Nacional, no se hubiera 
opuesto á sus desmanes, se comprende- 
ría, sin esfuerzo, que los que cayeron 
gloriosamente en Paysandú y los que 
dieron su vida en posteriores contien- 
das, han prestado á su país servicios 
positivos é importantísimos, desviando 
los sucesos del camino funesto traza- 
do por apetitos y concupiscencias sin 
freno . 

Llegará día en que la usurpación ce- 
da su puesto á los que sean la expre- 
sión libérrima de la voluntad popular, 
en que nuevos rumbos abran horizontes 
también nuevos á la acción ciudadana 
y entonces habrá llegado la hora de la 
justicia que reconozca, sin mezquinos 
prejuicios cuanto deben las conquistas 
alcanzadas á los que dieron su sangre 
en defensa de nobles ideales y de \n''m- 
cipios que no mueren. 

LAI'IIIR. 



14 



La Revista Uruguaya 



(1) 1 





Por la Redención Política!. 



NARRACIÓN 

SÜBEE LA EEV2LÜCI0H DEL 97 

ESCRITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 

(Continuación) 

Véase Nútn. 16 

La invasión se efectuó el 5 de Mar- 
zo, aniversario de la invasión del 70, de- 
bido á un pequeño retardo de las carre- 
tas que conducían el armamento de Catí, 
y nuestra columna se componía apenas 
de 390 hombres, bien armados pero mal 
montados, pero con la esperanza de ob- 
tener caballos, en la forma que mas ade- 
lante diré. En la columna iban jefes de 
probado valor: Yarza, los Mena, Basilio 
Muñoz, Chiquito y Mariano Saravia, y 
mucha juventud entusiasta y decidida. 
Los primeros que pisamos nuestro terri- 
torio, fueron Saravia y yo: hubo abra- 
zos, lágrimas de alegría, juramentos, 
trans^iortes de júbilo de toda clase. 

Al invadir nuestro país — á las 5 p. 
m. — por las inmediaciones de Aceguá, ó 
por Aceguá mismo, Saravia me pidió que 
hablara á la tropa, y así lo hice, después 
de formarse cuadro, en nombre de él y 
del Comité de guerra, haciendo vibrar 



(1) En los núrnaroíí sucesiro." irfin las narrado* 
nes </f loa Jrjcg Jt'rt olucionarioít ttohiw la tjuvrra ili'l 
Íf7, Juyc !•'. GonzaU-::, Basilio ¡j Sei'dio Muf/o:, Vele:, 
Alitritiy Gil, Blanco, Bictisr.a, Cortinas, A Idania. dui'- 
ri-ero, Ismael Vt'/íííy',íí'«, Nacarrelf, Várela Gómez, 
E.i'/ii'diciones Aparicio Sarania, Lamas, Montjrell, 
Benitez. asalío i-añonera, "Artillas", eu-/>osiciones de 
Cannneeris, Cibils, Gauna, Saaccdra ;/ Coronel Orcjaz 
Pamj)illún, etc etc., ¡f machas otras driles // milita, 
res, asi como toda la ilocument.ación jiolitica // militar 
tfue aireen de base ti nuestra "Historia del ¡)7". 

La Be, ¡accion- 



en mí discurso la nota patriótica, como 
hacía 230CO tiempo la hiciera vibrar en la 
gran asamblea celebrada en la ciudad de 
San José, 3^ recomendé especialmente, 
bajo las penas más severas para al que 
delinquiera, el respeto y consideración 
al vencido, la moral y disciplina del 
ejército, y la inviolabilidad de la propie- 
dad y de las personas ó habitantes de la 
República. 

Antes de seguir adelante, voy á deeir 
en breves palabras las precauciones que 
habíamos tomado para garantir, hasta 
donde fuera posible, nuestra arriesgada 
empresa; pues téngase en cuenta que in- 
vadíamos un país donde se contaban por 
miles los enemigos que nos esperaban, 
atisbando el momento de la invasión, y 
que lo invadíamos con pequeños grupos 
de hombres mal montados, con escasos 
recursos bélicos y sin saber, á ciencia 
cierta, por no haber llegado el enviado 
del Comité á tiempo, quienes y cuantos 
eran los amigos que nos esperaban en el 
territorio, ni donde los podríamos en- 
contrar. Lo único que sabíamos, y eso 
mismo con cierta vaguedad, pues las co- 
municaciones eran algo confusas, es que 
saldría gente de Buenos Aires y que se 
pronunciarían en el país algunos compa- 
ñeros, especialmente en los departamen- 
tos de Florida y Minas. Contábamos tam- 
bién, pero igualmente en las mismas 
condiciones, con una invasión por Ya- 
guarón, que al fin no se pudo efec- 
tuar. 

Continuará. 



La Revista Uruguaya 



15 



NARRACIÓN 



DEL 



g 



SOBRE LA 



Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



(Continuación) 

Véase níim. 16 

A las 6 acampamos. 

Dicen que el capitán Barcelos ha co- 
municado á Mongrell que los comandan- 
tes Abelardo Márquez y Celestino Alon- 
so nos están esperanno en Rio Negro, 
con 4(X) hombres. 

Abril 23. — Amaneció con gran ce- 
rrazón. 

El capitán Barcelos, Lapido GiraJdi y 
7 mas, fueron á Rio Negro para averi- 
guar ciertamente si hay compañeros que 
nos esperan. 

A las 10 a. m. Barcelos mandó chas- 
que diciendo que Rio Negro está impa- 
sable por cuatro ó cinco dias. 

Esta tarde ha llegado el comandante 
Abelardo Mairquez á lo de D. Leopoldo 
Antunez Maciel, — nuestro campamento 
del diá 20. — El coronel Vargas, Mongrell 
y Cabris fueron á verlo, regresando á 
las 9 p. m. 

Abril 24. — A las 7 de la mañana me 
dice el coronel Vargas que vamos á con- 
tramarchar; que al Norte del Rio Negro 
encontraremos compañeros para incor- 
porarnos. 

Son las 12 m. y nada conozco de la 
entrevista con Márquez. 

A las 2 y 40 marchamos con ruiubo 
á lo de D. Leopoldo Antunes Meciel. — 
Cúmplese pues, lo anunciado por Var- 



gas, 



A las o y 45 acampamos á la costa 
de una cañada, á 30 cuadras al Norte 
del campamento nocturno del dia 20 y á 
G cuadras de la línea divisoria. 



. Hemos contramarchado 4 leguas. 
Se dice que el General Saravia ha pa- 
sado el Rio Negro en el paso de Pereyra, 
y que viene hacia las «tres Vendas,» 
para recibir dos carros con municiones . 

7 p. m. ¡que bochinche! — doblemos la 
hoja. — A las 7 y 45 de la noche levanta- 
mos campamento. 

A las 10 y 2o acamjiamos en la «Ce- 
rrillada,» campo de Delfino Cuitiño, 
campamento del dia 20 á la tarde. 

Continuará. 



Mmm siilire la fMwm M 97 

ESCRITA POR 
EL .JEFE DE LaS*^. DIVISIOX REVOLUCIOXARIA 

Coronel Cicerón Marin 

(Continuación) 

Véase Núm. 16. 

Este fué el primer día de nuestro jjro- 
nunciamiento; á la misma noche di ór- 
denes al alféres D. Cipriano Pérez que 
el 3 de madrugada saliera con diez hom- 
bres, en comisión á sacar caballos y al 
mismo tiempo reunir algunos hombres 
que estaban jn'ontos, indicándoles el 
punto desde las ])untas de (xuaycnrú 
hasta la barra, j que tuviera toda clase 
de consideración 3' respeto con los veci- 
nos, ordenándole también que me aguar- 
dara el mismo dia en la sierra de Maho- 
ma, en casa del Sr. D. Victorio Diaz, 
marchando yo, esa misma tarde de la 
barra de Mahoma hacia lo de el Sr. D. 
Baiitista Echeverría donde me aguarda- 
ban algunos hombres. 

Llegado allí como á las 10 de la no- 
che, marchamos en seguida hacia la es- 
tancia de D. Eduardo López donde de- 
bían estar reunidos el maj^^or González y 
los tenientes Juan P. Martínez 3^ Hera- 
clio y Onofre Arias. Como á las 3 de la 
mañana llegaron á este punto el coman- 



IC 



La Revista Uruguaya 



dante Batista y capitán Bastarrica, y 
me dicen (pie se liabía suspendido el 
desembarco liasta el día o, con ese mo- 
tivo nos 'lirijimosliácia «Isla ]\[¿ila,^> en 
la sieiTa de «Mal Abrigo», donde car- 
neamos: así como lilas 11 a. m. del dia 
4 largué una partida ex]doradora, al otro 
lado del Rosario Grande á descubrir 
unas fuerzas del Gobierno (]ue se halla- 
ban acampadas sobre la costa: mas tarde 
alzaron su campamento y se retiraron 
liácia el «Paso de los Troncos.» 

Coxtimiará. 



(1) 



NARRACIÓN 



SOHKE EAS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTK 

Hoy General BASILIO M'JÑOZ (hijo) 



{Continuación) 

Atóase Xiini. Ki. 

Pero ])ara mileljuley)e fué mayor ])or- 
([ue lo fpie mevieron 'atrás, me cargaron 
por todos lados, consiguiendo al fin sa- 
lir unos ir)( ) ui'^tros de allí dond'^ me 
j)i"ot('j¡cro)i ]nis compafii-ros. Fué alli 
ta.inbicn que gasté el último cartuclio. 
ajirovecliándolo bien ])Or(piel(' ])egué en 
la cabeza á mi adversario: hasta enton- 
ces me había defendido con la espada; — 
mi caballo (]U(m1ó allí coa tres balazos. 

IMas tir 1(> supe quti el coronel Chi. 
(piito. bahía im})artido sus órdenes res- 
])ecto á la carga (pie di('). en mi conc(^])to 
o])ortuna y decisiva- en nuestro favor, 
si algunos compañeros no hubieran ol- 
vidado sus d<'l)t'rt-s de soldado. 



' /) I: it hi.-i c i-j,¡¡.-¡ii-¡o>u>ít o itni'riirloncis df (•¡rilfA ó 
1)1 ili tu res. i(i¡ nrllus jicij iifñisi ino.f r i nsii¡ ni fií-íiurf.-i ilc. 
ijilli'.-i. i/iii' un i'iLl.rcn i'ii cl/ilnn ilt' (\<r/c Ixcrisln jn.ilili- 
cnrlo.t /¡iir /■inaiti-.-: ilf (>/)(>rl,i( iliihijl , ctr, i'fr. . ifiil in- 
Iri/rns ci/n .<n.< iinfns rj i-diii'-iiIii ri i).< rr.<iicrl iros en nnf!'- 
irii lli ■<liiiiit . ilfl ¡>7". 



]\tis opiniones están confirmadas por 
la del general Muníz, que me dice tam- 
bién tpie si la carga la lleva Chiquito con 
70 II 80 hombres, en vez de los 20 y 
tantos que cargaron, no había nada que 
hacer, que estaban completamente per- 
didos: — agregando que lo mismo hubié- 
ramos sido dueños del campo, obteniendo 
un triunfo completo, si permanecemos 
lo ó 20 minutos más en nuestras posi- 
ciones—lo (pie nos había demostrado 
el hecho, que no pudo perseguirnos, 
que su situación era peor (n^Í7.ás que la 
nuestra, (]ue tenía muchas bajas y mu- 
chos dispersos. 

Resulta ])ues, que la batalla de Arbo- 
bto no se ])erdió en mi concepto por la 
Carga del horóico Chi(}uito. sino porque 
faltaron algunos jefes de escuadrones á 
los que él había ordenado: — la carp-a re- 
])ito fué tan 0])ortuna que hubiera deci- 
dido en pocos miinitps la acción en nues- 
tro favor si cargan los escuadrones de 
Jancei-os (¡ue (piodaron con órdenes de 
hacerlo. 

Coiifintnrti. 



ADVERTENCIA ! 



Sioiiiio nft*il»]iti»<le las «leinoeracias, la 
piiblicíiiail, disensión y control de li»s actos 
y resulucionos de los poderes piihHcos "!^a 
Kevista Urnstmya" admite en sus columnas 
el examen ante la ciencia jurídica y legis- 
lación ]>!>sitiva de las resolnciones, fallo de 
los Tribunales, .lueces Letrailos, asi como 
el de todos los demás poderes que pueden 
y deben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano por el ma«;isterio 
de la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la niodifícación <le las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la reAírma 
del personal judicial de la Kepiiblica y de 
su selección conveniente.— Se admiten tra- 
bajas ó estudios inédit¡>s so!»re medicin« 
popular y de todas las ciencias. 

La Riídaoctóx. 



lia Revista ÜFugaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía politica.-Órgano del Partido Nacional 



Ano L 



jMercedes, R. O.— Enero 15 de ,190(3 



Xúin. 18 



Director • 



: Dr. Lilis Santiago Botana 



ADMINISTRACIÓN • 



CALLE MONTEVIDEO 



Administrador A. Scuánez y Olivera 



tllTO 1 lEAlRO mu POl! AlillBAS 



Excmo. Sr. D. Gabriel Antonio Pe- 
reyra, Presidente de la República.— 
Montevideo, Noviembres 1856. 

Señor: Mi constante admiración por 
el ilustre Oriental D. José Artigas, hí- 
zome adquirir en Buenos Aires por el 
año 1842, la interesante noticia déla 
existencia de una prenda monumental 
que le pertenece. Era esta una espada 
de honor que le fué consagrada por la 
Provincia de Córdoba, en gratitud á los 
eminentes servicios del campeón orien- 
tal; joya dispersa, como otras muchas, 
por el huracán de la revolución, que un 
dia reunidas servirán de diadema glo- 
riosa á la República. La adquisición de 
esa espada, Excmo. Señor, me preocupó 
vivamente, y cuando la hube obtenido, 
formé la resolución de consagrarla al 
primer Gobierno de mi Patria que me- 
reciese el título de justo ^ap^-eciador de 
los méritos y distinguidos servicios del 
Patriarca de nuestra independencia.— 
Para honor del pueblo Oriental, la anhe- 
lada oportunidad ha llegado, visto que el 
ilustrado Gobierno de V. E, queriendo 
hacer revivir el espíritu de naciona- 
lidad, que tanto nos distinguía, se dis- 
pone á tributarle al inmortal General 
x\rtigas, los altos honores debidos á sus 
grandes virtudes y al elevado rango en 
que 4e colocaron v^us compatriotas. La 



espada que tengo la satisfacción de pre- 
sentar á V. E;. no encierra en si segu- 
ramente ningún mérito artístico, pe- 
ro posee la inestimable condición de 
ser una ofrenda de reconocimiento de 
un pueblo hermano hacia un oriental 
ilustre. 

Las inscripciones que le adornan pa- 
tentizan esta verdad; ellas dicen en la 
vaina: «Córdoba en los primeros ensa- 
yos, á su Protector j el inmortal Gene- 
ral I). José Aüigas, año de 1815.* — 
En el anverso de la hoja: «Córdoba In- 
dependiente á su Protector.* — En el re- 
verso: ^General D. José Artigas, año 
18 Jo.* — Tal es, excelentísimo Señor, la 
valiosa prenda que ofrezco respetuo- 
samente á V. E. en los momentos de 
tributarse los últimos v merecidos ho- 
ñores á las cenizas del malogrado Ge- 
neral Artigas. Quiera V. E, dignarse 
aceptarla como una prueba del respe- 
to que me merecen los grandes he- 
chos de nuestros compatriotas, y muy 
especialmente como la mas alta expre- 
sión de la veneración profunda que de- 
bo á la memoria del Patriarca de la 
Libertad é Independencia de mi Patria . 
Soy, Señor, con mi más profundo res- 
peto de V. E. muy atento servidor. — 
Leandro Gómez.» 

El Gefe de la Defensa de Paysandú, 
no solo era un orador de fuego, de pa- 
labra fácil y brillante, instruido, enca- 
riñado con las ciencias naturales á las 



'V-V'-F/i-' 



La Revista Uruguaya 



que consagTiira sus ocios militares, si- 
no que era escritor galano y serio, 
reflexivo. En el diario La República, 
en Noviembre del 56, cuando el go- 
bierno de Pereyra, hizo el repatrio de 
los restos de Artigas, Leandro Gómez, 
escribió con pluma de oro y de titán 
que era á la vez, un sensacional ar- 
tículo sobre la personalidad del funda- 
dor de la Patria. 

Esa producción retrata bien la gran- 
deza moral de Artigas, de su pueblo, 
del mismo momento histórico en que se 
escribe y el alma espartana de su au- 
tor, que á cada instante deja entreveer 
al observador menos atento y suspicaz 
su corazón que todo entero pnlpita sen- 
timiento nacional, enamorado enton- 
ces del ideal de Artigas, la ludcpen" 
dencia, que lo hará héroe á él mas 
tarde en los muros de la homérica Pay- 
sandú. — «Independencia ó muerte» es 
el lema que híiy en la historia en cada 
soldado de Artigas, que éste mismo gra- 
bara en el pecho de cada Oriental y 
también lo es de cada león en la nueva 
Numancia! 

Pero ese sentimiento de Independen- 
cia, que fué á la par concepción de 
cerebro privilegiado en el vencedor de 
las Piedras y que produjo nuestra na- 
cionalidad era en Leandro Gómez y 
sus compañeros no solo culto del alma 
adquirido en el hogar ó en el libro, y 
sí tradición honrosa de la colectividad, 
á que pertenecían, que constituye ca- 
racterística en el libro de oro de sus 
anales históricos y que fué legado do 
Artigas que conservó intacto en su lar- 
ga vida cívica sin que el amor al éxi- 
to lo hicieran mermar un solo ins- 
tante. 

Es por amor á ese sentimiento de 
independencia que nos hace respetar , 



no solo los derechos del Estado en que 
nacimos, sino la autonomía de los otros 
y en que descansa el principio de li- 
bertad y el derecho de neutralidad en- 
tre las naciones, que el intergérrimo 
Gobierno del año 35 á 38, prefiere caer 
envuelto en esa santa bandera, antes 
que mantenerse en el poder, como se 
lo proponía Leblanc, representante de 
la monarquía de Luis Felipe, violando 
esa neutralidad, con la República Ar- 
gentina que agravio ninguno nos había 




Gabriel Antonio Pereyra 

PresUente de la Repüblica 56 á 60, eminente estadista 

apóstol de la política nacional, liizo el repatrio 

de tos restos de A rtigas 

hecho. Es por ese mismo sentimiento 
de Independencia nacional, escuela en 
el Partido de Leandro Gómez, que el 
demócrata Giró rehusa la intervención 
imperial de Pedro II que con un po- 
deroso ejército, en Montevideo le ofre- 
ce la inmediata reposición en el mando 
y la repele sin vacilar, pues no quiere 
ese austero repúblico de corte catonia- 
no, que se violen en su benefiaio las 
leyes de neutralidad y ese Giró des- 
ciende del poder á tan vil precio. 4)ara 



:v^ 



La Revista Uruguaya 



subir eternamente al respeto y cariño 
de la posteridad que bendice siempre 
su nombre por haber ofrendado asi al 
alto sentimiento de la nacionalidad. Es 
ese mismo amor á la independencia, 
libertad de -nuestro país y de los que 
forman los demás Estados que no le 
permite á Berro ni á Aguirre, conser- 
var el poder para su partido en cambio 
de la ruina del Paraguay que en el mo- 
do que estilan las águilas imperiales, 
le proponen á esos ilustres patriarcas 
en las drastiendas» ó "^telones^ de una 
política Internacional artera que siem- 
pre usó la casa de Braganza y que hoy 
se encuentra bien donde está, corrida 
del escenario brasilero por el espíritu 
de libertad que anima al noble pueblo 
republicano para con todos los Estados 
Sud Americanos! 

Y esta serie de hechos preclaramen- 
te hidalgos, que son elocuentisiraos es- 
tán en el corazón de Loando Gómez y 
sus abnegados compañeros mártires sus- 
tentándolos y alentándolos en los mu- 
ros de la homérica Paysandú y sin do- 
lores que no anidan los que tienen ve- 
neración por esos puros ideales, brin- 
dan su vida por la independencia de 
la República, que es el lema de la Pa- 
tria de Artigas y de sus dignos suce- 
sores, que componen el Partido Nacio- 
nal V la aureola de la inmortalidad 
les otorga, sin reticencias ni reservas 
la mas bella de suá diademas y guir- 
naldas! 

Escritas estas líneas acabamos de 
recibir del Dr. Constan, que lo obtiene 
de Leandro Gómez (hijo), un documento 
inédito del defensor do Paysandú, que 
pone de relieve toda la generosidad que 
usaba con los prisioneros de guerra, 
que en la misma línea de fuego de la 



ciudad histórica, tomara al enemigo, 
conducta humanitaria y cristiana que 
no retribuj^eron su adversarios. Docu- 
mentos que sin mayores consideracio- 
nes exhibimos á nuestros lectores, di" 
ce así: 

Buenos Aires, Diciembre 20 de 1905. 
— Señor Dr. D. Luis Santiago Botana.^ — - 
Mi distinguido correligionario: Por ser 
de oportunidad, y á fin de demostrar 
con una prueba irrefutable el carácter 
bondadoso y altruista del General Leaa- 
dra Gómez, me permito trascribirle una 




Leandro Gómez 

carta de este, hasta ahora inédita, que 
obra en poder de su hijo, dírijida á D. 
Carlos Arteaga, referente á un prisione- 
ro que cayó en el primer sitio de Pay- 
sandú, la que dice así: 

«Señor D. Carlos Arteaga.— Pciysan- 
dú. Marzo 10 de 1864.— Querido Car- 
los: Tu estimable del 7 es en mi poder. 

El Sr. Baras ha caído prisionero en- 
tre perfectos caballeros y no solainente 
no hay nada que temer respecto á su 
vida, sino que es tratado perfectamente, 
y francamente como debia esperarse de 



La Revista Uruguaya 



nosotros por mucho que la cíiluiiinia 
infame en esa trate de colocarnos como 
monstruos, lo que por otra parte, na- 
die cree. 

Por lo demás, has hecho bien de di_ 
rijirte á mi, porque eso me hace creer 
que no olvidas que siempre te he que- 
rido. 

Dale un abrazo á tu mama y finos 
recuerdos á tu María Luisa. 

Te saluda con afecto, 

Leandro Gómez.» 

Sin mas, lo saluda su afñn". y S. S^ 
Jaan Couhtau. 

;Así procedían con los prisioneros 
de guerra los defensoaes de Píiysandú, 
los mismos que al concluirse esa epo- 
peya nacional fueron fusilados y mu- 
tilados, segundos después de aceptarse 
una capitulación. 

La Redacción. 



AFUSTES PARA M Í«JA DE SERVIfilOS 

Del General Guillermo García 



Guillenno García, inicióse en la po- 
lítica militante de su país formando par- 
te de la pléyade de selectos jóvenes, 
que con otra, no monos esclarecida, de 
edad ya madura, se congregó el 2S de 
Agosto del 55, en el « Fuerte de Gobier- 
no,y^ teniendo por Gefe £il Dr. José Ma- 
ría Muñoz, para echar abajo al Presi- 
dente Flores, que en Agosto de ese año, 

había abolido con el decreto del dia 
diez, la libertad de imjjrenta y librado 

inconstitucionalmente orden de prisión, 
art.** 50 del Código Fundamental, con- 
tra el mismo Muñoz, periodista y miem- 
bro de la Cámara de Rei)resent¿intcs. — 
lilas tarde, cuando el histórico pacto de 
Flores v Oribe, García fué uno de los 



ciudadanos que con real entereza en el 
terreno de la acción lo sustentó. 

Estos dos actos cívicos, formaron ca- 
dena en la vida del joven García y 
acentuaron, desarrollaron en su espíri- 
tu el amor á la carrera de las armas, 
mereciendo por sus condiciones mora- 
les ser nombrado abanderado en los 
gobiernos de Bustamante y Pereyra del 
batallón primero de Guardias Naciona- 
les que mandara el coronel Benito La- 
rraya. 

Producida la revolución del General 
Cesar Díaz contra el gobierno de Pe- 
reyra, García fué de los voluntarios que 
á órdenes del intrépido Señen Freiré, 
se halló en el combate de el «^Cohrado,» 
librado entre fuerzas de Poyo, Farías, 
Caballero, revolucionarías y las legales 
del citado Freiré, en cuya acción, con 
otros, perdió la vida el entonces comi- 
sario de la Aguada, Luis Pedro Herre- 
ra. García al dia siguiente de ese en- 
cuentro bélico, parcial, que dio por re- 
sultado ser adverso á la gente del Go- 
bierno, fué íiscendido por su valor á 
Teniente seg'undo. Los restos de la pe- 
queña fuerza de Freiré, entraron á pa- 
rapetarse en la histórica «Villa de las 
Piedras», aprovechando la oscuridad de 
la noche para llegar á Montevideo, bur- 
lando asi la persecución del ejército 
invasor. — Después pasó García al pri- 
mero de cazadores de línea que manda- 
ra el memorable gaierrero, do corte 
atlético, Bastarríca, haciendo con este 
(Jefe toda la campaña en el ejército 
Constitucional que á órdenes de Mediníi., 
concluyó con la revolución en Quinte- 
ros. Pacificado el país, García formó en 
la escolta do Perevra. 

Producido el movimiento de Flores 
el 63, Gai cía sostenedor del inmaculado 
gobierno de Berro, sirvió á órdenes del 



La Revista Uruguaya 



o 



valiente coronel Dionisio Trillo, forma- 
ron un escucidrón con los restos de San 
José que estaban á las órdenes del co- 
mandante Pedro Ferrer y fueron de 
guarnición al Durazno, figurando ya 
como jefe del detall Guillermo Garcia, 
quien continuó en toda la guerra de 
Flores, en la división San José, como 
gefe de los ayudantes del caudillo ma- 
rcigato Rafael Rodríguez, el cual fué 
herido en uno de los combates con Má- 
ximo Pérez, yendo entonces Garcia á 
Montevideo, donde sirvió hasta la con- 
clusión de ese sitio. 

El año 70, Garcia muestra al país en- 
tero sus condiciones tácticas y aptitu- 
des de caudillo valeroso y sereno, te- 
niendo en jaque en la revolución de 
Timoteo Aparicio, á las fuerzas situa- 
cionistas de San José que con triple 
número y mayores elementos lo perse- 
guían con el mas afanoso empeño, y 
apesar de ser sorprendido en Junio una 
mañana de inmensa cerrazón por Luís 
Eduardo Pérez que tiene 800 hombres 
y Garcia en el campo, no suma ni la 
mitad, resiste la persecución de once 
leguas, peleando, donde muere el heroi- 
co correligionario José Díaz en campos 
de Quevedo, llega al paso de los Loros 
del Arroyo Grajide, siempre reuniendo 
voluntarios, contra marcha esa noche, 
por medio de hábil operación, hacia la 
zona enemiga, gana la sierra de ]\Lal 
Abrigo, prepara sus reuniones y consi- 
gue con el coronel Ferrer, incorporarse 
con 400 hombres á Medina, con quien 
asisten la toma de j\[ercedcs. — Medina, 
que era experto veterano y sabía como 
tal conocer lors hombres, dióse pronto 
cuenta de las condiciones intelectuales 
de Garcia y confióle la difícil operación 
de marchar sobre un flanco del ejercito 
de Suarez, que pretendía evitar la in- 



corporación de ]\[edína y Aparicio y pa- 
ra lo cual hizo Suarez en vano infini- 
dad de extratagemas en las puntas de 
San Gregorio, siendo obligado el guber- 
nista por la conjunción de los ejércitos 
revolucionarios, á dar la batalla, que 
perdió en Severino, costa de Santa Lu- 
cia y producida la derrota de Suarez, 
Garcia esa tarde rodeó al enemigo, que 
con los restos de su infantería, aprove- 
chando las brumas de la noche huyó á 
Montevideo; fuerzas revolucionarias es- 




Bexemérito Gral. Guillermo GarcL\ 

VeU'rano <le nuestras f/uerrns, destie el 55 
hascn nnU 

peraron en las proximidades de las Pie- 
dras á los prófugos y entonces después 
de prolongados escopeteos, el ejército 
de Aparicio hizo un hábil movimiento, 
entrando por Ccisavalle, salió por el Cc- 
rrito, para ir á buscar á Caraballo, y 
obligarlo á dar la batalla de Corralito, 
y en ese indicado movimiento contribu- 
yó á su éxito García con su fuerza. 
Derrotado otra vez el ejército de Bat- 
Ue en la referida batalla de Corralito, 
vino en seguida el «Rincón de la Hi- 
guera^, donde Ángel JMuniz. confióle á 



La Revista Uruguaya 



García que marchara de vanguardia 
para continuar la persecución de Ca- 
raballo, que internado en su derrota 
en ese Rincón, tiroteado, diezmado, 
pasó al otro lado de Rio Negro. 

El ejército revolucionario, puso en- 
tonces sitio á ALontevideo, durante cua- 
renta dias, en cuyo intervalo de tiempo 
tuvo lugar el combate del 29 en la 
Unión, rechazo de las fuerzas del Go 
bierno v la toma de Cerro. Garcia en 
ese periodo muestra siempre su valor y 
conocimientos militares. Levantado el 
sitio, para perseguir á Suarez, Medina 




Di?. Don Ramón Vh^ardehíV 

ProJuMnbro (Ivl Partiila Nitcional, 

ejctinioJat-isconsulfAi, rjmn pf/isadnr, <lc Jo/uto ntoral 

severisinio, lemlcr ¡MtrluríieiUario, en la Atuiinblfa 

iii; lii r/KXMi del Gobierno de Rerrü, 

lie Ití rectd ¡¡olUicn. 

resuelve mandará (Jarcia al puerto del 
Inglés en ?.íaldonado donde el enemigo 
desembarcaba gente, permaneciendo allí 
Garcia, hasta que llegó Ángel Muniz 
ijuien fatalmente regresó al ejército esa 
tarde, pudicndo en la noche salir Sua- 
rez por el mismo claro ^ue le dejara 
l;i división Muniz para ir á Maldonado. 
Esa mañana, el general Aparicio, orde- 



nó á Garcia marchar para seguir al ene- 
migo, lo hizo, alcanzóse y permanecie- 
ron esa noche con líneas tendidas; Sua- 
rez, corrióse y acampó en el Manga, 
donde recibió grandes refuerzos de in- 
fantería, artillería, etc. y estuvo en ese 
paraje hasta que salió para el Sauce, 
donde se díó la batalla el 25 de Di- 
ciembre. — Continuó Garcia en el ejérci- 
to Nacionalista, hallándose en casi to 
dos los combates, sierra del Infiernillo, 
Salto, Queguay, en cuyo último lugar 
García tomó parte eficaz en la derrota 
que se le hizo á Genuario González; se 
encontró en el Cordobés, Arrayan, 
Mansevillagra y Manantiales y per- 
maneció en el ejérciio hasta la paz de 
Abril. 



En la tricolor el 75, estuvo Garcia 
con el pueblo, siendo gefe de la gente de 
San José actuando en casi todas las accio- 
nes hasta que terminó la guerra. Pro- 
ducida la revolución del Quebracho 
fué preso Garcia y no pudo prestar el 
contingente de su pericia. Antes se ha- 
bía distinguido el 74 en la pelea de 
Máximo Pérez en el Durazno con las 
fuerzas de Vázquez, Ministro hoy y en- 
tonces de la Guerra, quien le regaló á 
Garcia por su brillante comportamiento 
en esa lucha la célebre espada que to- 
dos conocen, asi como su actuación en 
1904, que le coloca á gran altura. Gar- 
cia es reflexivo, sereno, militar de alta 
escuela, pero que reúne el conocimieji- 
to á la vez do la guerra criolhi, *ea 
híKjneffuo» en todr. la República, hijo 
de distinguida familia, educado en Mon- 
tc\'ideo, cuyos salones ha frecuentado, 
lo misn^o dosemi>eña su papel de galante 
fino con la Jama mas exigente en la 
austera etiqueta social, que cumple con 
su misión de gefe en un cuartel ó cam- 



La Revista Uruguaya 



pamento de un ejército/ en todos lados 
se va á encontrar correcto, su fondo es 
severo con tinte de selecta cultura, pe- 
ro siempre con una energía clásica que 
le hará recordar y cumplir á quien lo 
olvide su deber, instruido sin afecta- 
ción, valiente entre los más, sin darse 
cuenta que lo es, vinculado por su ac- 
tuación lucida V familia á todo lo me- 




Dií. Don LEoruLDo Ola ve 

Nacionalista conspicuo, recto Juez <lel Crimen eñ el 
Goijicrno de Berro 

jor del país, jamás hace sentir á nadie 
su superioridad social ó política, ama 
el pueblo de verdad, es republicano de 
coriizón y tiene todos los prestigios que 
da una conciencia inmaculada, consa- 
grada al bien público y á la Patria y 
liov es á insto v veterano título la co- 
lumna mas poderosa del Partido Nacio- 
nal que vé en él su gran Patriarca y su 
gefe militíir. 

La Hedaccióx. 



Rimas 

REALIDADES Y SüENOS 

Rompieron las fibras sensibles del alma, 
Los roncos gemidos de acerbo dolor; 
Perdida la dicha, perdida la calma, 
Vago por el mundo, mendigo de amor! 

Horrible jornada! ¡Que largo camino! 
Cubierto de espinas, sembrado de abrojos; 
Con furia implacable llenóme el destino, 
De acíbar los labios, de llanto los ojos! 

Crucé la comarca de los desengaños, 
Do arraigan las flores délas decepciones; 
Llevando girones pasaron los años, 
Del manto de armiño de mis ilusiones! 

Tan sólo me dieron espinas las flores. 
Tan sólo del viento gemidos sentí; 
Negóme la brisa sus dulces rumores, 
Vi solo tristezas en torno de mí! 



Al fin, tras la noche, surgió en lontananza, 
El astro bendito que luz irradió; 
Trayendo en sus rayos la dulce esperanza, 
Con besos de fuego, mi sien coronó! 

Un ángel rodeado de luz rutilante, 
Plegando sus alas, posó junto á mí; 

Con voz que escuchaba mi alma anhelante, 
Borró mis pesares, hablándome así: 

«No llores, no llores! Jamás en la tierra 
«Perduran las horas de aniíxrgos dolores; 
«Por siempre en el fondo del alma se en- 

[cierra 
«Ladulce esperanzacon sus resplandores! 

«No temas de nuevo volver á la lucha, 
«Si vuelven las sombras, tu faro seré; 
«Mas ya se alejaron, y solo se escucha 
«El himno grandioso de amor y de fe! 

«Levanta lafrentc, mirando háciaelcíelo, 
«Un ser en la tierra, su amor te dará; 
«Con hondas ternuras, calmando tu anhelo, 
«Tu lira cansada, feliz templará!» 



;:r-y-3 



8 



La Revista Uruguaya 



Dejando rumores del rítmico acento, 
De nuevo sus alas, el ángel batió; 
Y hacia las regiones del azul firmamento 
Do moran los dioses, su vuelo emprendió! 

• • • • • '-^ • • • • • • •■ 

Oh! si, desde entonce, soñando he vivido 
Con esas mnjeres de ardientes miradas; 
Oh! sí, desde entonces,mi mente ha tejido 
Diademas con flores, del alma arrancadas! 

Alfiíedo R amela. 
(El Solitario.) 

Montevideo, Enero de 190C. 



Ley de leyes 



"P(ira «La Revista Uruf/uar/a.r» 

►Soberbio en la llanura, el apenado 

Y alto cerro de cumbre desafiante 
Miraba, en medio de un desdén constante 
Un hilo de agua, de su pie enroscado; 

- — Para reinar, he sido levantado 
Decía el cerro en una ínfula irritante, 

Y tú, para lavarme en todo instante 
]\Iis fuertes pies, has sido destinado; 

Sigue el agua corriendo, ove sin pena 
El denuesto que dice elcerro airado. 
Tornando de la vida, en la cadena, 

Y, á la vuelta de un siglo, seha observado 
Al cerro, convertido en fina arena 
Sobre ella, al hilo, en rio transformado! 

P. Washington Bekmüdez Acevei»o. 

Pavsandú Enero 11^-1906. 



Nuestra situación política 



■^^^L Director de esta interesante lie' 
■J^7 vistix, aprovechando nuestras va- 
caciones en el aristocrático balneario de 
Los Pocitos, hace votos para que nos 
inspiremos, y nos pide que escribamos 
un articulo sol)re el tema obligado de 



todos los anhelos patrióticos, es decir, 
sobre la situación política de la Repú- 
blica. 

¿Pero no seni algo anacrónico pedir 
inspiración en este sitio encantador, pa- 
ra escribir sobre cosas tétricas, ó por 
lo menos tristes y desgraciadas? ¿No 
sería lo mismo que pedir se describiera 
la mansión fúnebre de los muertos, en 
medio de un florido jardín, lleno úq ale- 
gres pajaríllos y de bellas perspectivas 
de vida lozana? 

Solamente por el contraste se espli- 
caria esa inspiración, esto es, por el con- 
traste entre lo risueño y lo lúgubre, 
entre el dolor v la alegría. 

Figuraos unas playas deliciosas, ro- 
deadas de espléndidos chalets y hermo- 
sísimos jardines, en cuya rampla ó te- 
rraza, saturada con sales marinas y re- 
I)leta de aire y de luz, se esparcen como 
arrogantes flores de esquísito perfume, 
en medio de un ¿mibiente social galante 
y fino, centenares de lindísimas muje- 
res, con ojos chispeantes , y seductores, 
vestidas de colores primaverales, anici- 
bles y juguetonas, ó en la arena ó la 
playa, retozando como las ondinas y síl- 
fidos de la leyenda, en trajes lijeros de 
baño, que describen y acentúan curvas 
encantadoríis, corren de aquí para allí, 
voluptuosas y espirituales: eso son los 
Pocitos. Y por otro lado, allá lejos, en- 
tre rocas y pedreg'ales, se vé ó se pre- 
siente una especio de ogro, cubierto 
grotescamente con la insignias del man- 
do de un país que se cree libre y de- 
mócrata, con todos los aires de un au- 
tócrata ruso, mofándose de las institu- 
ciones, i)isotcando leyes y principios de 
gobierno, y atisbando el momento opor- 
tuno con luirañoceño y la g-arra enhiesta, 
l)ara cul)rir con mayores cerrojos á la 
co(pieta ciudad montevideana, relamién- 
dose de puro gusto por devorarse á ti- 
rios y troyanos: eso es la situación po- 
lítica. 



La Revista Uruguaya 



9 



¿Puede haber inspiración en esa dis- 
paridad de situaciones? 

Y ahondando mas el estado actual de 
cosas, ¿puede nadie inspirarse para es- 
cribir las desgracias que pesan sobre la 
república, mientras se sumerge gozoso 
en la onda amarga de la playa veranie- 
ga? ¿Pueden inspirar los vejámenes y 
persecuciones que sufren los ciudada- 
nos honestos? — ¿los rumores fatídicos, 
pero hasta cierto punto justificados, de 
nuevas revoluciones, ó como quien 
dice, de guerra, muerte y desolación? 

La situación política de nuestro país, 
juzgándola patrióticamente, es casi de- 
sesperante. Arriba, en las alturas, un 
gobernante obcecado, partidario fanáti- 
co, arbitrario, que desoye completamen- 
te el clamor de la opinión pública, y 
que fomenta, como si solo ambicionara 
la destrucción do su pueblo, la revo- 
lución y el esterminio. 8e ha propuesto 
gobernar dictatorialmentc con su circulo 
ó facción, y quiere hacer tabla raza de 
sus adversarios, que son el país entero, 
en su inmensa mayoría. Y para que su 
dominación no tenga solución de conti- 
nuidad, se ha fabricado un sucesor, que 
dígase lo que se quiera en contrario, 
dada la nulidad del candidato, será sen- 
cillamente el editor responsable del 
nuevo gobierno para la influencia bat- 
llista directriz. — Sobre todo, haj-^ derecho 
á creer en ello, desde que se le impone 
á la Presidencia de la República y por 
ser asi como deben encararse las cues- 
tiones políticas, sin estar haciéndose 
ilusiones y cálculos tontos sobre remo- 
tas probabilidades de cambios y modi- 
ficaciones futuras. — En la llanura, prin- 
cipalmente en el Partido Nacional, hay 
ansias de una reacción cualquiera, pues 
la vida política es imposible en la for- 
ma establecida; pero al mismo tiempo 
existen temores de llevarla á cabo, en 
unos legítimamente y en otros ilegíti- 
mamente, por creer los primeros, erró- 



neamente quizas, que se le haria mal 
al país, matando sus pujos de progreso 
material. 

En este orden de ideas, entre lo que 
pasa en el gobierno y lo que pasa en la 
oposición, no falta quien indique, ó por 
decepción ó por utilidad, que nuestro 
partido debía hacer completa abstra- 
cción de sus sentimientos partidarios, es 




Comandante Calixto AauíLAE 

Veterano de nuestras guerras, hizo todas las 

campaña!? desn'e 57 hasta 1904, noble y valiente Jefe 

nacionalista, murió en 1905. 

decir, que desista de todo conato revo- 
lucionario y hasta de la lucha política, 
ó lo que es igual, en resumidas cuen- 
tas, que se conforme con la situación 
desesperante implantada por el 8r. Batlle 
y Ordoñez y su círculo. ¡Vive Dios! Esto 
seria la mas completa abdicación de 
nuestros derechos y de nuestros debe- 
res; ademas, que no son tampoco, en 
ninguna parte del mundo, los píirtidos 
de la llanura quienes provocan las 
revoluciones: es el gobierno el que debe 
plantearlas y ponerlas en práctica. La 
oposición no tiene otra misión, que ser 
oposición. 

Que si nosotros dejáramos de ser 
blancos — dicen los que sostienen seme- 



10 



La Revista Uruguaya 



jante absurda teoría — los secuaces del 
g-obierno dejarían de llamarse colorados, 
pues no tendrían oportunidad ni pretes- 
to para continuar dándose ese nombre; 
y que, entonces, desaparecerían los par- 
tidos tradicionales, y con su desapari- 
ción los g'obiernos partidarios y las re- 
voluciones, etc., etc. Pero tan denigran- 
te exigencia, ademas de que nada se 
conseguiría con claudicar vergonzosa- 
mente de nucstjo partido, seria una 
verdadera monstruosidad : importaría 
una debilidad sin ejemplo, pues renun- 
ciaríamos á la lucha que nos impone el 
deber y el derecho de llamarnos ciu- 
dadanos, y rol)usteccriamos al gobierno 
dejándolo campletamente libre para con- 
Sumarsus diabólicas combinaciones; i)re- 
parando por ese medio cobarde, la tini- 
nia y el despotismo. Sohimento los (es- 
píritus tímidos ó sin costaucia pnra con- 
tinuar líi lucha, es que jnieden acuiisc- 
jar tal temperamento. — Nuestro (l(>l)or, 
sí queremos llamamos hijos de un i)ais 
libre y dejar algo para la posteridad, es- 
tá en seguir lucliando en la forma que 

hemos luchado hasta ahora, caiga quien 
caiga y suceda lo que sucediera, hasta 

llegar al triunfo de nuestros ideales ó 
caer rendidos, exhaustos de fuerzas, pe- 
ro no vencidos; triunfar ó perecer en la 
demanda, como dijeron los héroes legen- 
darios del Arenal Grande. La enseña 
gloriosa del Partido Nacional, no se ha 
humillado nunca, ni se lunnillará jamás 
ante la adversidad ó la desgrcicia de su 
destino; mientras existan en sus filas 
ciudadanos que lleven con orgullo el tí- 
tulo de orientales. 

Si el gobierno quiere la tranquitidad 
del país, como debe quererla; si desea 
su prosperidad y cultura, que dé liber- 
tades al ciudíidano, sea colorado ó nacio- 
nalista; que cambie su política i)ai'tida- 
ria y esclusivista por un modo de ser 

mas encuadrado con las aspiraciones na- 
cionales, con la civilización actual v con 



los principios democráticos. No se en- 
vanezca, como no debe envanecerse na- 
die, del aparente progreso material que 
se nota en el país, interpretado por la 
suba de la propiedad raíz; prog-reso que 
nosotros negamos en absoluto, pues no 
es cierto que exista esa suba en la pro- 
piedad, sino que el dinero, aqui como 
011 todas partes del mundo, busca por 
ese medio ganar su interés que no lo 
tiene i)or si mismo. En una palabra, no 
os la propiedad la que aumenta en su 
valor, sino el dinero que disminuye en 
el interés, por su mucha abundancia y 
falta de colocación, inflando el valor de 
la i)rapieda'l. Puode ¿icjaso, haber pro- 
greso en un país donde no hay liberta- 
des públicas, donde se aumentan los im- 
puestos para poder sostener el presu- 
puesto oficial y donde, finalmante, en 
vez de acudir inmigración, emigran sus 
habitantes? 

La situación de la república; descon- 
tando ei pequeño progreso por la poten- 
cialidad del territorio feraz de la repú- 
blica y el aumento natural de población, 
— en las que n-ida tiene que ver la admi- 
nistración pública, — es mas grave hoy 
que ayer, y será mas grave mañana que 
hoy, pero sumamente grave, con la mar- 
cha política del gobierno y la imposi- 
ción del mievo gobernante. Todo el mun- 
do lo vé y lo sieiite; todos, menos el que 
por deber de su alta investidura y por su 
l)ropia conservación tendría no solamen- 
te que verlo y palparlo, sino que i)oner 
remedio inmediato para salvar, ó ate- 
nuar al menos, esa gravedad. 

FA Presidente de la República, ence- 
rrado en un sitio agreste, por la campiña 
montevideana, como el tigre en una cue- 
va entre breñas, trata de imitar á Rosas 
en los Santos lugares, ó al tirano Fran- 
ci¿i del Paraguay, que no so, dejaba ver 



La Revista Uruguaya 



11 



del pueblo —ó á cualquier tiranuelo, aun- 
que sea de opereta; lleno de temores por 
su mala conducta; con remordimientos — 
que los ha de tener — por las víctimas 
que ha ocasionado, viendo peligros por 
todas partes, como que últimamente 
creia en un movimiento mixto, esto es, 
de nacionalistas y colorodos, y un aten- 
tado contra su persona; desconfiado, ha- 
ciendo vigilar á unos y espiar á otros, 
produciendo con esos miedos y precau- 
ciones un estado tal de zozobra, que ade. 
mas de todas las calamidades de la si- 
tuación política creada por él, ha esta- 
blecido un estado de cosas materialmen- 
te imposible de sufrir. Ante el horror 
de esas visiones, anidadas en un cerebro 
enfermo, con la locura de las persecucio- 
nes, manda emisarios al Gobierno Ar- 
gentino para pedirle que no permita el 
embarque de armas, que nadie ha pen- 
sado contrabandear, ycDinasino fuera 
posible, á pesar de toda la enemistad que 
nos profesa el gobierno del Dr. Quinta- 
na, trasponer armas y gente- ó lo que 
sea, por las estensas costas argentinas, 
como seria juego de niños á cualquiera. 



queriendo conspirar, reírse de todo el 
espionaje y vigilancia de los esbirros 
del gobierno; causando la molestia úni- 
camante, como nos ha pasado á noso- 
tros, de tenernos que retraer en visitar 
amigos y correligionarios para no com- 
prometerlos tontamente con nuestra pre- 
sencia . . sospechosa. 

Esta es la situación política de la re- 
pública: situación terrible, en medio de 
una atmósfera cargada de electricidad 
patriótica, que en cualquier momento, 
quizas ya sin poderlo evitar, produzca 
una terrible explosión por donde menos 
se piense ó se suponga. 

Pedirle al gobierno una reacción, ó 
por lo menos medidas de una política 
conciliadora, es como pedirle peras al 
olmo ó á las fieras que sean humanita- 
rias. Esperar algo del candidato impues- 
to... es también otra majadería, fuera 
de lo indecoroso que seria transar con 
él, pues importaría una claudicación 
vergonzosa de los principios institucio- 
nales y de la política elevada del Parti- 
do Nacional. 

Abdón Arózteguy. 



(1) 



X 








Por ia Redención Política!... 



ISTARRAGION 

BOBBE LA KEV3LUCI0N DEL 37 

ESCRITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 

(Continuación) 

Véase Nüm. 17 

Érente á nosotros, esto es, por el pa- 
raje donde íbamos á invadir, teníamos á 
Mnniz con dos mil y tantos hombres, 3^ 

(1) En. la.f expnsiriones (i narraciones de cioiles ó 
niiliCaren, aíjuellos peí/uerasiiiios é insü/ni/icantes de. 
talles, (/ue no entren en el plan de esta h'eoistu publi- 
carlos por razones de oportunidad, etc. etc. .. irán ín- 
tegros con sus notas y comentarios resf,ec lieos en nues- 
tra, Ilisloria, del 97" . 



un poco mas hacía la derecha estaban 
otros gefes gubernístas con fuerzas igua- 
les ó mayores. Había que librarse de 
ellos, pues cualquiera de las dos divisio- 
nes tenían elementos de sobra para ani- 
quilarnos. Ideando lo mas j)ráctíco en 
aquellas circunstancias difíciles, ó lo úni- 
co quizas que se podia realizar, tratamos 
de rodear con bomberos la pequeña fuer- 
za del coronel Chaga, que como van- 
guardia del general Muniz estaba en la 
sierra de Aceguá á la espera de nues- 
tra invasión. Así dispuesto, formándole 
un círculo estrecho á los bomberos 



-• ..á¡-*V-%':.'íSí3 



12 



La Revista Uruguaya 



de Cliaga, nosotros lo vigilábamos á 
él, en vez de vigilarnos él á noso- 
tros. 

Seguros por este lado, liasta cierto 
punto, do que Mnniz no tendria eonoci- 
miento de nuestro ]>asaje y (|ue, por lo 
tanto, podríamos desviarlo, utilizamos 
el telégrafo y la clave teleg-ráfica del 
cónsul Oriental con el gobierno de Idiar- 
te Borda, que yo conocia, y le hicimos 
1111 telegrama á este último, en nombre 
del primero, diciendolc <pie los blancos 
invadirían por el Cuareim, dondc^ hasta 



n ■: 




Coronel Antonio Floricio Sa]{avia 

fC/n''/uií< I intiirto 'ilofi(f,-<'inn-icf.if rn su vitr'ja á Uinzrc 
( n tu /¡iiCnllií lie A rbíAito el !l7 

hacia ])ocos dias se encontraba el coro- 
nel Mena, qu*^ viajando de noche se in- 
corporó á luiestra columna en Pirahy. 
El efecto de esta travesura fué esplén- 
flido. A los dos dias de la trasmisión te- 
legráfica, y uno antes de la invasión, las 
fuerzas gnbernistas que nos esperaban 
á nuestra (Uavcha — tengo entendido que 
mandaíUis ]>or los coroneles Artigas 
y Escobar — se retiraban de su cam- 
j)amento, á marchas rápidas^ hacia lii- 
veiu. • . 

Ahora, faltaban cabaIlos---y;como con- 
sefuirlosV Desde un mes antes do inva- 
dir Ih'váb^imos u la cuenta exacta fie 



todas las caballadas que se internaban 
al Brasil de la República Oriental, y co- 
nociamos los sitios donde se encontra- 
ban. El dia de la invasión se nombra- 
ron tres comisiones para dar otros tan- 
tos malones en las estancias donde se 
encontraban algunas de esas caballadas, 
las que, al dia wguiente de madrugada, 
debían conducir al sitio en que se en- 
contrarla la fut-rza invasora, en la Re- 
pública Oriental, que seria sóbrela costa 
del Rio Negro, próximo á la frontera 
brasileña. Pero nuestros cálculos salie- 
ron fallidos. Ninguna de las tres comi- 
siones ])udo llennr su misión: fueron 
descubiertis por los guirliiu:>s de las 
caballadas y dispersadas unas y muer- 
tos otros (lelos compañeros que las for- 
maban. 

ConfiítfKirá. 



SiimiHím ü\n lii (iiiipi ilH 97 



ESCRITA POR 



EL .IKFK DK LA 8". l>IvrSION RKVOLir-IONARIA 

Coronel Cicerón Mirin 

i/JonfiytiKirió'/) 

VéaseXiim. IT. 

Como la expedición fnicazara el dia. 
indicado, ya no fué el punto de reunión 
en el «Paso de los Troncos,^> como ha- 
bíamos convenido, como yo supe estf> 
mismo de mañana que el coronel Gon- 
zález cruzaba por las puntas del Rosa- 
rio, con rumbos al «Puerto del Sance>- 
yo también ese mismo dia. hallándome 
en las sierras de ]\íal Abrigo, á las O de 
m. mande ensillar y ordené que todos: 
se pusieran las divisas é inmediatamen- 
t' me [inse en marcha, con dirección á 
la estancia del C<'rra Letá; hasta ese- 
punto fuimos bien; siendo la noche bas- 
tante obscura, mas adelante, entre ef 
Colla y Pichinango, siendo los campos 
muy (pi'brados y de mucha chilca se 



La Revista Uruguaya 



13 



perdió el vaqueano y lo que quiso acla- 
rar conocí el paraje donde me hallaba, 
encontrándome á 8 ó 9 leguas de distan- 
cia del «Pueito del Sauce»; forzando de 
alli la marcha, llegué de 10 y 1/2 á 11 a. 
m.; á una distancia de legua y media del 
puerto alcanc-é á divisar una columna de 
gente que se dirijia hacia donde yo ve- 
nia; hice alto y mandó una partida de 
tiradores á reconocerla; era el coronel 
González que regresaba del Puerto; alli 




Coronel Miguel Pereyk A 

nos reunimos y me dio la noticia que no 
habia llegado la expedición, diciéndome: 
«Amigo, tenemos que marchar para afue- 
ra» , contestándole yo que me era impo- 
sible pues mi gente venia rendida desde 
el dia antes venian á caballo; acorda- 
mos entonces acampar en el campo del 
ministro de Guerra D. Juan J. Diaz, y 
que alli después de comer la gente, 
acordariamos el rumbo que tomaríamos 
y que si el enemigo venia" alli, pelea- 
riamos por nuestra cuenta. Asi lo hi- 
cimos. 

Como á las 5 de m. cuando la gente 
terminaba de comer, llegó un chasque 
con una esquelita donde nos decia que 
el vapor habia arribado al puerto indica- 



do, hallándonos como á 3 leguas de dis- 
tancia del puerto. A esas mismas horas 
mandamos ensillar y convinimos con el 
coronel González que iria yo á protegt^r 
al coronel Lamas y él iria á descubrir 
unas partidas enemigas que se avistaban 
para afuera, asi lo hicimos; á esa misma 
hora mandé una partida exploradora con 
rumbos al puerto y yo también me puse 
en marcha, llegando á puestas del sol á 
donde se hallaba el coronel Lamas, á 
una legua del puerto para afuera, con 
dos vagones cargados de armas, muni- 
ciones y recados, paraje conocido por 
«los galpones del Medio.» 

La expedición se componía de 21 
hombres, diciéndome que no conocía la 
causa que motivaba el no venir el coro- 
nel Nuñez, que debía venir á trasbordar al 
mismo vapor; á esas mismas horas me 
pidió gente para descargar los vagones 
y desencajonar las armas y municiones, 
y como fuese tan tarde resolvimos que- 
darnos allí mismo, colocando guardias 
reforjadas y con toda vigilancia, por- 
que las escuadras del Ministro se halla- 
ban en el puerto. 

Continuará. 



NARRACIÓN 

DEL 

Co@ia¿a!it@ ¿polkarlo Teles 

SOBRE LA 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



(Continuación) 

Véase núm. 17. 

Abril 25 — Marchamos á las 10 a. m. — 
A esta hora, llegó á nosotros el capitán 
Montiel de la Policía del comandante 
Abelardo Márquez, con 4 hombres que 
dicen traer comunicaciones del (xeneral 
para el referido Jefe de Fronteras y co- 
ronel Vargas. 



14 



I.A REVrííTA llKlKitrAYA 



El ejército está eii Caraguatá. 

A las 12 m. acampamos en el mismo 
punto que el dia 19 á la noche. 

Esta tarde el coronel Vargas se sepa- 
ró de nosotros llevándose su gente y sus 
caballos. 

Ya sumamente enojado. 
Conózcase la causa. 

Un moreno del expresado Jefe en es- 
tado de ebriedad, tuvo un alteix^ado con 
el liijo del corojiel Vargas que no liabia 
sido hecho conocer de la trojja en cali- 
dad de oficial ó clase. 

Del altercado resultó que el hijo de 
Vargas dio un balazo al moreno atrave- 
sándole el cuello. 

El moreno fué arrestado y entregado 
á la custodia del plantel <j.(-íen(r,il Lean- 
dro Gómez»», á mis órdenes. 

En el acto del suceso el eoroütl Var- 
gas se l^allaba ausente (K- la columna. 

Alas .H }). m. vino á mi camp.i.nento 
acompañado de Mongrell y de] l>r. Luis 
M.'** Gil. Dijo allí el coronel Vargas que 
en el acto iba á ordenar el fusilamiento 
del detenido sin someterlo á consí^jo, de 
GueiTa V sin el mas leve sumario. 

Quo tal resolución adoptaba con el 
fin de establecer la mayor dioiplina y 
subordinación.— Que (jueria haL-er un 
ejemplo. 

Pidió al Sr. Mongrell que me ordena- 
ra la entrega del moreno ])ara ejecutarlo 
en seguida. 

Se me dio la orden poro me negué á 
cumplirla á mérito de las siguientes con- 
sideraciones: 

1.0 Por qué, informado de cómo se 
había producido el incidente, resultaba 
que el moreno no tenia culpa; 

2.° Por qué, estando el ])resunto reo 
bajo mi custodia y atento al desorden 
de la gente de Vargas, era un cargo de 
conciencia para mi, permitir la ejecu- 
ción del moreno constáudonKj su ino- 
cencia, y 

;3." Por qué, bien definida mi posi- 
ción en la columna, en cuanto á ([ue no 



reconocía Jefe superior á mi ínterin no 
me incorporara al ejército, me creía en 
el caso de proceder con arreglo á los 
dictados de mi criterio. — Vargas había 
mandado formar su gente para que pre- 
senciara la ejecución y cuando vio mi 
resistencia respecto á la entrega del mo- 
reno se puso bravo. 

De mi parte reforzó la griardia y for- 
mé mis infantes para precavernos de la 
gente de Vargas que se revelaba hostil 
á nosotros. ; 




. Dox Manuel R. Alüxzo 

Todo terminó ahí. — Vargas se fué 
después de arrancarse la divisa y hacer- 
la pisotear con su caballo. 

Rodolfo Háfliger quedó enfermo, de- 
jado por mi, en territorio brasilero, 
casa de D. Claro Suarez» — Tenia una 
picadura ponzoñosa en la cara. \ 

Abril 20 — Mareliamos á las' 6 a. m, 
llevando como vaquéanos, al alféres Ra- 
món Saráchaga y un sargento ambos 
del General Saravia, de los llegados en 
coiuisiíni con comunicar-iones ])ara el co- 
mandante Marpiez y coronel Vargas. — 
llevamos rumbo á. Caraguatá. I 

A las 11 acampamos en la costa del 
Arroyo Blanco. ; 

E i la casa comercial de los señores 



i. 



La Revista Uruguaya 



15 



Borges y Oscaber, de la que es depen- 
diente D. José Alonso Balado, saqué 
algún vestuario parala tropa. 

El gasto fué de | 106.00, ciento seis 
pesos oro. 

Firmé un conforme de la cuenta de- 
tallada y el Sr. Mongrell, una hora des- 
pués, libró la orden de pago contra el 
Comité Nacional de Guerra. 

A las 6 y 16 p. m. marchamos rum- 
bo al Cerro Blanquillo, donde, según se 
dice, acampará hoy el General Saravia. 

A la hora y tres cuartos de camino, 
suspendimos la marcha. 

Continuará. 



(1) 



NARRACIÓN 



SOBRE LAS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTE 

Hoy General BASiLlO MUÑOZ (hijo) 



{Continuación) 

Véase Núin. 17. 

Las cargas á lanza son oportunas ó 
se imponen más bien dicho, cuando dies- 
mado ya el enemigo, empieza á salir del 
campo en dispersión, y también en ca- 
sos extremos en que la necesidad, 
la oportunidad y conveniencia, impone 
la carga á lanza, como lo hizo nuestro 
General en Cerros Blancos. En estas con- 
diciones estaba el general Muniz, cuan- 
do Chiquito cargó al centro: la izquierda 
y derecha enemiga, sufría gran disper- 
sión. 



Marzo 20 — Campamento en estancia 
de Mimbres. — Llueve torrencialmente; 
solo un herido muere durante la marcha 
de la noche del dia 19. 

21 — Campamento en Frontera. — - Se 
mandan los heridos á cuchilla Seca; ¡dia 
de tristeza! 

22 — Campamento en campos de Chi- 
co Carlos — Se almorzó y marchó á las 
7. p. IQ. 

23 — Campamento en estancia Mendo- 
za^Se almorzó y marchó á las 4 p. m. 

24 — Campamento en Fraile Muerto — 
Se almorzó y marchó á las 3 V2 • 




Coronel Enrique Yarza 



Se 



(1) En los números sucesivo:' irán las narracio- 
nes de los Jefes lieoluvionarios sobre la guerra del 
97 Jo<é F. Gonzales, Basilio y Sergio Muñas, Veles. 
Marin, Gil, Blanco, BatisUi, Carlinas, A Idarna. Gue- 
rrero Ismael Velasquez, Naoarreie, Várela Gomes, 
Expediciones Aparicio Sarama, Lamas, Mongrell, 
Benites, asalto cañonera 'Artigas", exposiciones de 
Cannaoeris, Cibils, Gauna, Saa>;e¡lra y Coronel Orgas 
Pampillón, etc etc., y machas otras civiles y miUla. 
res, asi como toda la ilocumcntaciAn política y militar 
que sirven de base á nuestra '•Historia del 97". 

La Redacción, 



25 — Campamento en Tupambae 
almorzó y marchó á las 4 p. m. 

26 — Campamento en Tarariras — Se in- 
corporó el coronel Lamas. 

27 — Campamento en Fraile Muerto 

Se almorzó y marchó á las 2 p. m. Llueve 
copiosamente. 

28 — Campamento eñ Laguna del Ne- 
gro — Se fusilaron cuatro soldados del E. 
N. pertenecientes al escuadrón del co- 
mandante Barrios, autores del asesinato 
de Bruno Castro. 

29 — Campamento en Arbolito —Se al- 



16 



La Revista üimjcuiaya 



morzó y marclió ])recipitadameute en 
persecución de Muuiz. 

30 — Se marclió sin comer. 

31 — Se ('ictuvo la marclia solo para 
almorzar, emj)reiicliéndosc en seguida. - 
Se hacen prisioneros á Muniz. 

Abril 1." — Se continua la persecu- 
ción sin comer. — El E. ISÍ. alegre. por creer 
probable alcanzar al enemigo de Ar- 
bolito. 

2 — Camiiamento en campos del In- 
glés Departamento de 33. — Se incorporó 
nn gru]jo de compañeros entre los que 
recuerdo al valiente oficial det batallón 
Patria, L. Onetti, Dr. Moratorio y Palo- 
meque, ca])itau IMorales, Sí.ncbez, Iri- 
goyen, Hegui, Mercader y otros. 

3 -<'am])amento en Gutiérrez. -Me 
Separo del E. con 1(K) liombi'es. sohre la 
izquierda ú descubrir á IVÍuniz. 

4 Muniz ya lia })asado (Jebojjati y sigurí 
rumbo á Roclia. 

7— -Campamento en Nico Pérez.— Me 
incorporo al E. con caballada y dos pri- 
sioneros. E] coronel Lamas no viene en 
el E. 

8 — Campamento en 3íonzón.— Se co- 
mió desca'nsadamente, y se inarcli('> á 
las 4 a.'ín. 

I) — Campamento Punta de Pavas. — Se 
carneó bajo lluvia torrencial.- So incor- 
poró el corojiel Lanitis con 3(>') hombres. 

K ) — Cam[)amento en el mismo paraje, 
— Sigue la lluvia. 

11 — Camj)amento c-n ]Monzóu í)íq);ir- 
samento Elorida. — Se conii(') Ijien. 

12- Se marchó sin. comer: por la no- 
che se hizo alto y amanecinuis coii los 
cal)allos de la rienda. 

13 — (Jani])aiiiento en. cíampo de .lacdc- 
son.— Se sigu" la marcha. — \'adeamos de 
noche ]\íansevi!higTa en (4 Paeo de los 
Troncos y se comió. 



Se sabe (pie ]\[uñoz está á lU kilouné- 
tros de nosotros con 4.(H)() hombres. 

14 CanipanuMito en ciunpo San Co- 
i'óiuiíio. -l'e(|ueria jínrada. Ln retaguar- 
dia nuestiM, ,'K)0 hombres proximaiiieuto, 
se tirotea con la vaiígiuirdia de i\Iuñoz 
compuesta esta de 1.000 más ó menos. 
Se lo hacen al enemigo varios prisione- 
ros y heridos, tomándoseles caballos en- 
sillados. Nuestros hav 5 heridos v un 
])risionero que nos hicieron en la ma- 
ñana. 

15 — Campamos en Siinta Lucia. — A 

las 3 ]). ni. se marchó y á poca distancia 

se avistó á nuestra dere(dni una fuerte 

columna. 

lí)— Vs. Sto.ü en Cerro Colorado — A las 

12 se presentí) el enemigo con el cual se 

emix-fK) (1 couibat(^ de (^e¡ro Colorado. 

l'js ¡¡líliidable (|ue si el (¡cueral Don ]\íe- 
liioii jiuñoz. no ru.ese tan inepto como co- 

!);ii'de, las ¡'ueízas revolu(donarias se hu- 
!)i(>ran visto en serios aj)uros, dada la 
enornio desventaja en (pie so encontra- 
ba coü rela.cíón al Ejército enemigo, (pie 
no eran monos de 5.000 hombres l)ien ar- 
mados V municionados v con algunas 
])i(\':as de artillería contra 2.500 hombres 
con tíin escaso m'imcro de armas de fue- 
go y munición, que apenas entrarían en 
línea de fuego (iOO á 700 hombres, están- 
do el resto del ejercito distribuido en 
escuadrones de reserva. 

Continuará. 



-Kj33- 



ADVERTENCIA ! 



Sit»!ií5.:> !iti'5Í)!ií:> de Ijís deníísí-rsielas, la 
IMi!>l!í'i<ía:3, oisi jiíIósí y rísiiln»! do los actos 

y r4'ss>3!!í'3«3!u\-; ck' UrA ¡Míderes iiHoíIeos "lia 
í!eví.sí-i S.'í-jí-íMítya" aí5:stij.:>. <»¡i ¡¿ü.^^ «•oSuíaiía!* 
ol t'\;!!íii r. a:ití' hi eieiH'ia jiiriílíí'a y le^is- 
!a<-iv>sí piissííva 4^.» las rosohiriis'scs, Va!Iird« 
!!»:•< i iiéH?í¡a!e-. .?!;ieees I.oírad is, asi emna 
t'i «?o í's;í->s leí.-; dí'!>iá>< í):uSt'j-efí qsii' jMicdeu 
y di'^ien ¡vcr ftinüeiJtadaH y aaaíizaílos Oíi 
el sa«;li'-,»í;; rí'piih'Sk'-;;!!»» por *»? fna^-imtería 
de S.i pi-easa ¡Síííea.— Aníes de tj-aíaT- sobre 
la !i!!»3Í;(H'aeiiíiJ «ie las leyes, profjlo ii»s 
o; ijpai-esüíís ik' !a nefeMidad de ía reruMiia 
del persoEin! jjsdiejal de la «ej»jií>!ií'a y de 
su sí'Jeífciosi ei.usveaiejite.— Se adnii^eii tra- 
bajos ó eslüjHí.s ¡ní'ditíís so3)re nsedieitin 
l>í»pa!ar y de ísMhis las eieacias. 



aiü 



lia Revista ÜFagaaya 

Política, científica, literaria, historia y economía politica.-Órgano del Partido nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0.— Febrero 1". de 190B 


Núm. 19 


Director: Dr. Luis Santiago Itotana i 


ADMINISTRACIÓN '■ 

CALLE MONTEVIDfeO 


Administrador A. Seiláliez y Olivera 

1 



RAFAEL rodríguez "^''^^^ distiní;uía, por su prestigio, no- 
bleza de carácter y por su valor. 
■fSL b de Agosto del 94, entregaba su , , Tenia apenas, quince afios, cuando su 
M^l alma al Creador, el que en vida amor a la causa nacionalista llevóle á 
llamóse, Rafael Rodríguez, que habia sentar plaza de soldado y el año 89 era 




('oronel Rafael llodrigiiez 

Ocupado en la política militante de ya alférez, habiéndose emonrrado en 
nuesfrio país, puesto de tila entre los can- casi todos los combales en l.is diversas 
diiios (le su época, siendo uno de los que campañas que se reatlizaron para soste- 



2 



La Revista Uruguaya 



ner el gobierno Constitucional é intacha- 
ble que rigió la República desde el año 
35 á 38.- -Producida la intervención mo- 
nárquica de Luis Felipe, atentado inau- 
dito en el orden Internacional y que fué 
la causa i)rincipal que trajo la caída del 
integérrimo mandatario del 38, Rafael 
Rodríguez, como un acto de obsecuencia 
á sus propias ideas acompañó al ostra - 
cismo al benemérito General Oribe, 
quien sinceramente creyó servir la Inde- 
pendencia dQ la América y de su Patria 
al aceptar la alianza Argentina contra 
las intervenciones Europeas en el Plata, 
como asi lo reeenoce el tratado de Paci- 
ficación de Octubre del 51, refrendado 
entre otras altas personalidades históri- 
cas, por Joaquín Suárez y Manuel He- 
rrera, y Rafael Rodríguez, que así tam- 
bién pensaba, siguió á Oribe, en todas 
sus jornadas bélicas de la Confederción 
Argentina y encontróse, en sus filas en 
la denominada Guerra Grande en nues- 
tro país. En una época cruenta, para 
todos los que actuaban en nuestras lu- 
chas intestinas. Rodríguez no solo se 
hizo acreedor al respeto público, por su 
valor y pericia, sino que se destacó á la 
vez por su buen corazón y generosidad 
para con el vencido, mereciendo por ta- 
les actos hidalgos la estimación personal 
de sus adversarios políticos. He aquí 
compendiada Ja foja de servicios del ex- 
caudillo nacionalita del Departamento 
de San Jofeé: soldado á los quince años, 
alférez el año 39, teniente el 48, capitán 
el b2 y titiiladado Comandante, — el 56 
Teniente Coronel Graduado — el 58 Co- 
ronel Graduado, — el 63 Coronel efectivo, 
de G. G. N. N. continuando en los ascen- 
sos respectivos hasta merecer la efecti- 
vidad de Coronel de línea el 65. Fué 
herido en j\Ialdonado y Mercedes, encon- 
trándose en las batallas de Carpintería, 



Yucutujá, Palmar, Cagancha, Don Cris- 
tóbal, Sauce, Quebracho Herrado, en to- 
das las habidas en la campaña ya citada 
en la Argentina, en Cala, Monte-Grande, 
Arroyo Grande, sitios de Colonia y de 
Mercedes (2), Maldonado — el Polvorín, 
San Gregorio, Quinteros, Uruguay, Seve- 
rino. Sauce, Manantiales, en los comba- 
tes de las revoluciones del 75 y 86, re- 
tirándose después del Quebracho á 1^ 
vida privada, con el real y profundo 
aprecio de todos sus conciudadanos. 

La Revista Uruguaya, que no solo 
honra los vivos que lo merecen, publica 
hoy con unción republicana, el retrato 
del caudillo maragalo, pues considera 
acto de justicia perpetuar en la continui- 
dad de las generaciones la memoria de 
los muertos que se sacrificaron por la 
Patria y en ese recuerdo á los héroes 
del civismo en el pasado está el secreto^ 
siempre en el presente de no abatirse el 
ánimo de los pueblos, por los esfuerzos y 
renovación de las abnegaciones que de- 
manda toda redención política, el espíri- 
tu público se dilata, toma nuevos bríos, 
teniendo perenne en la mente la imagen 
de los ilustres fenecidos, que fueron 
apostóles de nuestra agitada democracia. 

La Redacción. 



pucótra óituación política 

Alguien ha dicho, que un gobierno es 
para un pueblo, lo que un padre para 
sus hijos. Ese pensamiento ó aforismo, 
es una gran verdad. La continuación de 
un gobierno moral ó inmoral, hace al fin 
moral ó inmoral al pueblo que gobierna, 
como un gobierno arbitrario y pasionista 
concluye por exaltar las pasiones y obli- 
gar al pueblo á que cometa cualquier 
exceso. Solamente las grandes virtudes 



La Revista Uruguaya 



o 

o 



republicaníis, los hombres dirigentes del 
pueblo de caracteres enérgicos y patrio- 
tas^ que no les importa toda clase de 
sacrificios, y aun las decepciones con 
sus amigos, pueden salvar á la comuni- 
dad cuando sus gol)ernantes la condu- 
cen por el sendero fatal del vicio ó del 
crimen. 

Kn micstro país — estudien concienzu- 
damente el asunto los hombres ])ensado- 
res — él gobierno de Hatlle- (pu^ por (d 
momento no parece, dcsdí^ (]ne impone 
un sucesor, (pie tuviera solución de con- 
tinuidad — i)resenta dos i'ases. (pie á no 
evitarlos.auncpicsea omplean<lo n^niedics 
heroicos, i)ueden ser funestas para nues- 
tra sociedad: una de ellas es la más 
comideta inmoralidad y la otra es la 
arbitrariedad y el lanatisnio ó ])asionis- 
mo ])arti(lario. 

La faz imnoral. e^tá acentuada en el 
orden político -desde que escaló la Pre- 
si(kMu-ia de la República: la constituye 
su alianza con la titulada j\Iinoria Na- 
cionalista ])ara atacar y disolver al Par- 
tido Nacional; y en el orden social. i)ara 
atacar y disolver la sociedad, se lia 
acentuado después y la constituyen cd 
fomento de las autopias socialistas, anai'- 
quístas y el proyecto do ¡a ley de divoi'- 
cio. En cuantt) á su arbitrariedad y i'.a- 
sionismo, 1)ast;i cnunciíirlas para demos- 
trar su comprobación: píM'o sobi-e todo. 
loque lo cíiracteriza tipicamente, fué la 
provocación de la revolución do 1904 y 
los deseos y medios puestos 2n pi'ácl ica. 
ahora y siempre, para destruir á miestro 
])artido y á los elementos conservado- 
ros de la socic'.lad. 

¿Cuales son las proyecciones ipie i)ue- 
d(Mi tener esas dos fases c;ond)inaílas pa- 
ra el poi'vonir (le nuestro ])aísV 

Fácil es demostrarlo, auncpie los efec- 
tos ])U(mI;ui i)i"osentarse coni)lejos por ser 



aparentemente contradictorios: pero so- 
bre todo, lo que se vé claro como la 
luz del (lia, de una (Videncia abruma- 
dora, es (d plan concebido y trazado 
por el señor Batlle y su (drculo j)ara 
l)ervei'tir á nuestro i)ueblo, sometiéndolo 
al mismo tienii)o á, la tiranía. 

No es el sistema de los gr¿indes tira- 
nos americanos — Rosas y Francia — el 
(]ue emplea este gobierno para someter 
á, miesti'o pueblo: nó, aquellos solo em- 




L()\ Nicolás í.i:n(;l;as 

i r,,„ srrriJ.,,- ,/,./ l:,,-ri,l,, Xa.-inn,,l 

Jileaban la violoncia y l;i arbitrariedad: 
el sisrenia. empleado por nuestro gobei*- 
nanto es ol (pKí usa¡-on los emi)eradores 
d(d bajo imperio ivnnano, (d ([ueemijloa- 
ban Nerón y Calígula. auiKpie en la apa- 
r¡en(da sus efectos so maniílostan dis- 
tintos: un sistema dobje Ovo violencia v 
corrupción. 

Ln este estado do cosas, durante (d 
proceso de las causas oi-iginarias. los 
l)artidos tien 1(mi á anaR[U izarse, sim^ 
selesjjone un remedio eficaz, hasta lle- 
gar al desquicio y i)erder su j»otoncia y 
vitalidad, cuando no á corrom])erse úo- 
finitivamente. Empieza la evolución i)or 



La Revista Uruguaya 



l'ormar al principio los lineaiiiiciitos de 
tres a*;riipacioiies, ainneiitaudo cada dia 
en prosélitos las dos últimas- primera: 
las altivas — sei;-.iinda: las osépticas — ter- 
cera: l;is corrompidas. 

Las primei'as, en el comienzo de la 
jornada, son numerosas; llenan el esce- 
nario, llegando por lo general á produ- 
cir un gran movimiento de opinión. Si 
tienen éxito en su patriótica empresa, 
bien; perfectamente: to lo liaT^ia conclui- 
do; — pero si salen mal, como sucede 
frecuentemente por la precipitación del 
ataque y hi dificultad de organizar el 
movimiento, en- 
tonci's se ralea- ■^"-^t.""-' 
i-án sus tilas v 

« 

engrosarán la do 
las segundas, es- \^ 
to es, l;i de los I 
esépticos, debili- 
tándose estos 
También i)OCO á 
])Oco par;i ir í'i ' , 
aumeiitar la ter- "■ 
cera agrup¿ición Stmidaii MUíni-.ici ejc 

— lo ([Ue no es 

mayormente díficil, pues de la decep- 
ción solo hay un jkiso ;'i la coriupci<'>n 
del ciudadano. 

Lsto es lo que ha pasado y está pa- 
sando entre nosotros, y de ahí la com- 
])robación del pensamiento ó aforismo, 
que el gol)ierno es pai'a un ])ucblo, lo 
que un padre para sus hijos: primero la 
violencia del gobierno, hace violento ai 
})ucblo; luego, la inmoralidad lo corrom- 
pe. La educacicn viene siempre de las 
aliui'a^, do las cdases más elevadas de 
la sociclad, y en ese concepto, el go- 
bierno está arriba de todas, es la figura 
más prominente del i)ueblo. 

Kl gobierno actual fué un engendrado 
de la traición y del despecho. Aun(iue 




se hayan llenado las formas constitucio- 
nales — nada más que las formas, — el 
fondo fué un verdadero bodrio y contu- 
bernio político. La subida al poder del 
señor Batlle, como prueba de lo que 
afirmamos, causó esturpor y disgusto én 
el pueblo; y más tarde, su provoc¿ición 
preconcebida á el Partido Nacional, insti- 
gado por los odios nibiosos de su tem- 
peramento neurótico y de sus aliados, 
que hablan defeccionado el dia anterior 
de nuestras filas, produjo los dos gran- 
des mov'm' ortos nrir.ndos de 190Sy 1904; 
siendo ambos, })or desgracia, un fracaso 

en la acción po- 
lítica. 

Si el gobierno 
i no hubiera teni- 
do concebido el 
plan de violen- 
cia que ha pues- 
to en práctica, 
habría buscado 
en seguida la 
* conciliación con 
su adversario : 
un gobierno tie- 
ne siempre el medio de ejercerla; pero 
no lo hizo así; por el contrario, aumentó 
la violencia del ataque, tratando de aba- 
tir la altivez ciudadana y i)ervertirla, al 
mismo tiempo que se propone herir de 
muerte las virtudes sociales, de honrosa 
tradición en nuestro ])aís, destruvendo 
pis liases constitutivas de la. sociedad, 
desquiciando el hogar cristiano. Por otra 
parte, sus aliados nacionalistas tratan de 
con(iuistarle prosélitos entre sus antiguos 
correligionarsos, buscando por todos los 
medios destruir las altiveces y las ener- 
gías del piírtido que en otrora los cobijó 
en su seno; y como del resultado de estos 
acontecimientos, por los reveces sufridos, 
ha disminuido un tanto la agrupación de 



¡•cito Nccrionnlístti rn 1904 



La Revista Uruguaya 



5 



los altivos, aumentando la de los esépti- 
cos, es ahí donde dirigen su pasos, en- 
contrando adeptos, para formar la ter- 
cera agrupación de los corrompidos. 

El problema que presentamos al estu- 
dio de nuestros hombres dirigentes que 
sepan pensar y quieran el bien del país, 
está basado en los lineamientos que ha- 
cemos de la situación. Por un lado nos 
amenaza la perverción y corrupción del 
pueblo, — que, con el plan político y so- 
cial implantado por el gobierno, favore- 
cido por la paz que disfrutamos, que se 
parece un tanto á la de barsovia, y por 
el pequeño progreso del país, debido 
principalmente á su potencialidad y al 
bajo interés del dinero, irán aumentan- 
do dia á dia, hasta llegar, como en las 
épocas de Julio Herrera y principios de 
Idiarte Borda, á el bizantinismo político, 
— y por otro lado está la lucha viril de 
los partidos de oposición — nada mas que 
la luchíi — o de nuestro partido, que los 
hombres de carácter pueden mantener 
siempre en constante actuación patrióti- 
ca, para evitar que se apodere en nues- 
tras filas, la decepción primero y luego 
la corrupción política, aceptando las di- 
versas evoluciones de mala ralea que se 
propondrán inevitabiemente por el oficia- 
lismo corruptor. 

El descanso político, en situaciones 
como la presente, de violencia y de in- 
moralidad, se produce fatalmente si los par 
tidos de la llanura no hacen vibrar cons- 
tantemente la fibra patriótica, cueste lo 
que cueste y suceda lo que suceda. 

Los ciudadanos nacionalistas deben 
elegir entre ser espartanos á atenienses. 
El dilema es de hierro, v no hav mo- 
mentó que perder para optar por una li 
otra cosa. 

La personalidad de BatUe, empleando 
términos de palpitante actualidad, habrá 



caracterizado la arbitrariedad y el cri- 
men, y la candidatura del Dr. Wlliman 
caracterizará la inmoralidad y el vicio: 
Atila y Heliogábalo; pero también el 
Partido Nacional, conducido donde debe 
y puede conducirse, abnegada y patrióti- 
camente, puede caracterizar el gobierno 
libre y la moral social. 
Nosotros optamos por esto último. 

Abdón Arózteguy. 
Pocitos, Enero de 1906. 




IL EZQDO ÜSVaVAYO 

OS luicsosde los héroes que con su 
valor, su abnegación, su constan- 
cia sin límites, fundaron la nacionalidad 
Oriental, deben estremescrse en sus he- 
ladas tumbas, al .sentir el retumbar de la 
tierra que abandonaron, quizá para siem- 
pre, sus descendientes. 

Hay muchos que cieen y consideran 
que la emigración urugunya no reconoce 
como ú'iica causa los teniores de una 
nueva guerra civil, si no que .señalan, en- 
tre otras, la escacez de tierras aptas 
para la ganadería y agricultura. 

Yo no creo ni una ni otra cosa. 

El descendiente de Artigas y de los 
Treinta y Tres, jamás rehusó ei contin- 
gente de su brazo, de su sangre ni de 
su fortuna, cuando se trata de defender 
uno idea, de servir á un partido. 

Menos acepto el que esa emigración 
reconoce como causa la falta de campos 
aptos para agricultura y ganadería, por 
que esa observación se contesta con esta 
otra: ¿porque esa emigración no se pio- 
ducia antes de la última guerra civil? 

Sencillaneamente porque antes y des- 
pués de la guerra, sobran terrenos para 
una y otra cosa: luego,- las causas son 



! C^'MÍt^fiÍ.?^¿¿-í^'f 



La Revista ürtigitaya 



otrns, que es ])atriótico indicarlas, aun- 
que bien sabemos que no so ])ondrá re- 
medio alguno para curarlas, mientras Dn. 
José Batlley Ordoñez ocupe un poder 
que felizmente ])ronto concluirá. 

Su odio intraiisií^enteliacia elpartidoque 
incondicionalmente acató su autoridad, 
dando muestras de su desinterés, de su 
patriotismo, de su íibnegació-n, es una de 
las causas que motivan la emigración de 
los orientales, que no quieren, qiie no de- 




(*()■>.! ANDANTE DN. (ÍKEfJORIO Bl.TN 

Yi'UTK iKi 'Ir hura ih< lii Piitriii dru'h' i'l nnf) '¡o, liizo 

I t i-iiiii¡i(i ñíi i:oi) Orilx' iln la A ri/t'nri/tií 

!/ rn 1(1 iiicu-rn urmulr, .■<ir' ifiiilo ili'.<¡>ur.< ./i>-./r' fl .'> I ti. 

l()iii>^ l-i-i Gol'ícj-/io.< i/t'l }'i(rci(l<) N'ii-ioniil . 

ih'iitro ■!<• Iii <li.<ri ¡,ti lili, J'iii- un ijrtiri corn^-un 

ilrs¡,ri'nili:l(>, rinif/ndnirní), el coinitídrio mií,-: '/'M-rí./o 

en ín ¡'nifin (i'f.-idí: t'l j7 uL lió 

sean ser víctimas de un mandón arhitra- 
rio, que nada rtispeta con tal de (;onse- 
uiiir satisfacer sus meng-uados ])roi)ósitos. 

La falta de garantías para todo aquel 
que, blanco ó colorado, no rinde culto á 
sus caprichos, ni inclina la cerviz ante la 
omnipotencia del circulito que lo rodea, 
hacen imposible la vida para todo ciu- 
dadano honesto. 

Los impuestos inmoderados que gravi- 
tan sobro la producción y el consumo. 



que encarecen la vida del rico y hacen 
imposible la del pobre, es otra de las 
causas no menos importantes que deter- 
minan la emigración de las clases traba- 
jadoras, dejamos al señor Batlle la tarea 
de contemporizar, y halagar á los huel- 
guistas, á quienes mira con complacen- 
cia, talvez por su odio á las clases aco- 
modadas. 

La emigración, el éxodo uruguayo^ 
solo lo detendrá una política amplia^ 
leal, que dé garantías positivas de órden^ 
de paz, para todos los orientales, sin ex- 
clusión de ningún elemento honesto: so- 
lo se contendrá abaratando la vida, de 
manera, que puedan nacer y desarrollar- 
se todas las industrias que es capaz de 
alimentar en su seno uno de los pedazos 
más ricos del continente sud-americano. 

Pero como de n;;(i;i tic esto es capaz de 
hacer el gobierüo actual, la despobUxción 
de la Patria de Artigns continuará, y 
cuando baje de la Presidencia, el señor 
Batlle' podrá decir, y con ra/.ón, que 
durante su i)eríod() presidericial, han de- 
saparecido cien mil oricnt;iles del suelo 
de la Patria!! 

Olvo ()0¡)iertto vjj'AU) este, y el País se 
irá del to'lo. á la ruina! 

Leonardo S, Castro. 
Dpto.Villaguay Enero 1900. 



¡POBRE PATRIA! 



Lsta es la, frase, que á cada instante 
])ronuucia el labio uruguayo más medido 
en el decir, al contemplar con honda pe- 
na,, todo nuestro escenario público, tanto 
en el orden social como, político ó econó- 
mico! - ¡Po]n-e Patria, repetimos nosotros, 
desde nuestra humilde celda, asociándo- 
nos al coro general sin odio alguno en eí 
corazón, (pie actuación ninguna nos de- 



La Revista Uruguaya 



pararon los sucesos y «nuestra estre- 
«11a desde el 97 á la fecha! Y este dolor 
del pueblo bien intencionado y del 
pensador experto, es santo, hay que 
respetarlo, porque él es ftel reflejo de 
lo que se sufre en cada hogar Oriental 
por lo fúnebre que ya ha habido y por 
lo no menos cinerario que el corazón y 
la mente unidas presagian que vendrá!.... 
Cada factor de nuestro progreso rural, 
que abandona nuestro suelo, fértil y rico, 




Capitán G.uíino Medina 

Valinne oficial, hizo la campaña del 97 con In gente 

de Basilio Muñoz (hii'o) yjué de los que se portaron 

heroicamente en A rbolito y tiernas batallas 

aquiense interrogue porque se aleja, de- 
clara no tener estabilidad en su faena, 
que vive en zozobra su espíritu, que no 
cree en lapaz contíuua y que busca un 
reposo para el desarrollo de su industria, 
que nosotros no podemos ofrecerle, por 
que siempre nuestro ser es de inquietud 
incesante, en resumen con otras frases, 
más graneas pero en lo sustancial idénti- 
cas, es como cuentan su salida de esta 
tierra, los actuales emigrantes. 

y este tensor de cierta parte del pue- 
blo, que no es actor en el mundo político 
no es una novedad en la historia, hacien- 
do predicción de futuros sacudimientos, 



aún lejos, se encuentra á Catinat Vau- 
ban, Saint-Simón en el Siglo Luis XIV 
que antes del 89 ya se asustaban del por- 
venir. Un magistrado, en Francia, Bois 
Guillebert desde 1697, anuncio la gran 
revolución Francesa. Y Fenelón, en 1710, 
ya dacía; *Esta es una anticua maqui- 
na arruinada que anda todavía al pri- 
mer impulso que se le dio y que acabará 
por romperse al primer choque* . La sin- 
gular muger que pretendió sacar á Luis 
XV, de su mal camino, la duquesa de 
Chateauroux, explicaba su noble afán, 
vaticinando ese 89, decía, *veo llegar un 
gran irastorno sino se pone remedio á la 
situación* y Voltaire fué más esplícito al 
al respecto, escribía el 2 de Abril de 1764, 
al marques de Chauvelin «IWo lo que 
veo esparce la semilla de una revolución 
que Ilegal á infaliblemente y de la cual 
no tendré el gusto de ser testigo.* Los su- 
cesos políticos que serán, pueden casi 
siempre proveerse en el presente, cuan- 
do hay dosis sumable de sentido común 
en ejercicio y existe cerebro mediana- 
mente reflexivo, la recta lógica que rige 
la acción humana y la filosofía que hay 
en la historia de todos los pue'obs así nos 
lo acreditan y abonan. Los males del 
porvenir no son otra cosa que sanciones 
naturales de los propios extravíos de un 
presente, que la actuación personal y la 
pasión ó el odio del medio no deja siem- 
pre observar y conocer debidamente. 
Tomar altura para leer en los sucesos v 
encaminarlos en lo posible á la recta 
senda, evitando el mal, es obligación de 
cada ser pensante de un estado y mavor 
del que dirija su destinos.— Todo gober- 
nante, dentro de lo justo, no debe d<}saí- 
rar su Patria oponiéndose á una política 
culta, fraternal, elevada, llena de nobles 
aspiraciones en el orden del bien v el 
señor Batlie es hoy, por el puesto que 
ocupa quien puede convertir en risuefio, 
el negro presente y porvenir que nos de- 
para el destino, dijera, nuestro altniist.i 



8 



La Revista Uruguaya 



criollo. — Es el gobernante, con medidas, 
eficaces quien puede contener la emigra- 
ción que nos despuebla y arruina y vol- 
ver la confianza en la estabilidad de la 
paz á cada habitante, basta para ello, un 
instante de santa inspiríición, que le ha- 
ga abandonar para siempre el tortuoso 
camino de intransigencia recorrido, que 
lleva la República á mayor abismo que 
los anteriores.-— No escuchar el latido 
público, que quiere gobierno ageno al 
feudo V al círculo, derecho ó institucio- 
nes para todos los Oientales, políticíi na- 
cional sin previlcgios de camarillas, pa- 
tria feliz por el amor de todos sus hijos 
sin guerras intestiníis es tener ninrchi- 
ta ya, en el alma, la llor moral del senti- 
miento y no aidielar la i)az perjícctua de 
'fósdiijos de Artigas, que al liind;ir la n;i- 
cionalidad, no quiso fuera i)atriinoHÍo d(í 
nadie v sí, don de todos sus asociados, es 
no quererse asi mismo He;lexíon(; coa 
calma señor ]íalll(% le repetimíis hoy lo 
de ayer, al mar los odios, sepulte en la. 
nada sus reales ó imaginarios agravios y 
cúbrase usted de verdad con la baulera 
de la Patria y envuelva en ella, (¡uí^ ( s 
pura, santa, imnaculada á todos los orien- 
tales, que amigos suyos ó adversarios, 
tienen perfecto derecho á exijir de S. E. 
esa actitud, que os la única cuerda, 
patriótica y eficaz. Y cuando esto haga 
deje sus «Piedras Blancas* y j)asee solo 
])or ^Montevideo que su buen oI)rar sci'á 
entór.ces invulnerable eír( udo y mejor 
escolta! 

Y los que no quieren que esa brillante 
bicolor asi se des])liegue, no son sus 
amigos, si sus cortesanos de hoy, que 
mañana se harán sus desconocidos, los 
mismos que serán en su descenso los mas 
cruel( s censores, los que actualmente 
(juemando mirra ante el Dios falso, ídolo 
de ocasión, que el país llama intemperan- 
cia, intransigencia, preparan sin piedad 
de ningún género, para con S. E. su rui- 
na moral, aípiienes pormediihi de higie- 



ne pública y privada debe S. E. con su ro- 
busto punfa-pie, arrojar para siempre del 
escenario público, pues tales musicantes 
no son otra cosa, que los eternos merca- 
deres del templo político, verdaderos 
conspinidores del orden público. 

La Redacción. 



\m\m M Sp. Apóztcíjiiy á su arlíeiilo 



Después de escrito el precedente artí- 
culo nuestro que publicamos hoy, en el 
presente número de La Revista Uku- 
(íJAYA en las páginas dos á cinco, se han 
])roducido dos hechos que constituyen la 
nota de palpitante actualidad, agravan- 
(h) (íe una manera alarmante la situación 
política de la República. Uno de ellos es 




Dox Ismael Velazc^uez 

el conato de acercamiento ó tratativas 
de conciliación con el jiobierno, intenta- 
das por distinguidos correligionarios, 
mejor intencionados que 'inspirados, pe- 
ro (pie han servido admirablemente para 
d<'.^;)!'jai' la. situación, pues con la rotun- 
da declaración deBatlle rechazando ab- 
solutamente todo acercamiento con los 
l)artidos del llano, comprenderán nues- 
tros correligionarios, sobre todo, como lo 
hemos sostenido en nuestros anteriores 
artículos, que nada debe esperarse del 
gobierno, ni de evoluciones ó transacio- 



La Revista Uruguaya 



lies, siempre indecorosas, con nuestros 
adversarios políticos. El otro heclio es 
el asesinato del joven Lavecchia, perpe- 
trado por sus mismos guardianes en la 
cárcel de Meló; hecho monstruoso, que 
solo se concibe en gobiernos bárbaros, 
salvajes. 

Las proyecciones de este hecho, da- 
das las pasiones brutales fomentadas por 
el gobierno, pueden ser muy graves. Se 
trata, por lo que se vé, de darle carác- 
ter político á un crimen vulgTir, pues el 
asesinato cometido por el jóvcu Lave- 
cchía en la persona del Comandante 
Atanasildo Suárez, tenía tanto que ver 
con nuestro partido, como ha tenido que 
ver Batlle con la guerra do llusia y Ja- 
' pon. — Quien era Lavecchia? Sencilla- 
mente un loco ó un neurótico, que se 
llamaba nacionalista, como pudo haber- 
se llamado cualquier otra casn, pues 
nunca actuó para nada con nuestra co- 
lectividad política. Es el mismo caso de 
Arredondo, matador de Idinrte liorda: 
Arredondo se llamaba colorado, pero á 
nadie se le ocurrió por esc hecho hacer 
responsable de aquella muerte al Parti- 
do Colorado. Pero cu el presente caso, 
Batlle, que se le ocurre siempre lo malo, 
ha pretendido y pretende darle carácter 
politico á la muerte del Comandante Suá- 
rez; y decimos que ha pretendido y i)re- 
tcnde, pues fracasada la propaganda ca- 
lumniosa de sil gaceta que culpaba á 
nuestro ])artido de ese crimen, el asesi- 



nato de Lavecchia en su prisión, perpe- 
trado salvajamente por sus propios guar- 
dianes, ahonda aquella propaganda per- 
versa, provocando la matanza de nacio- 
nalistas al enarbolar ensangrentado el 
trapo rojo de partido. 

. Se dirá que el gobierno nada tiene 
que ver con ese crimen; que ha sido con- 
sumado por un fanático, queriendo ven- 
gar la muerte de su jefe. Pero esto nadie 
lo cree, en primer lugar: porque los sol- 
dados del ejército oriental no tienen fa- 
natismo por sus jefes; y en segundo lu- 
gar: porque no debió haberse custodiado 
al preso con las ílierzas del escuadrón ó 
regimiento del jefe asesinado por Lave- 
cchia. 

Todo es efecto de la provocación del 
tra])o rojo, que lo ve todo el mundo por 
calles y plazas, llevado guarangamente 
en pafiuelos de //o/iUa, ó en corbatas y 
flores por los adeptos del gobierno, y que 
lo cree tal talismán el señor Batlle v Or- 
doñez, que hasta en los ejercicios de tiro 
que hacen sus batallones, como lo han 
presenciado con disgusto todos los bañis- 
tas en los Pocitos — donde con el gusto 
más pésimo venían todas las mañanas á 
hacer ejercicio de tiro las fuerzas batllis- 
tas — se colocan trapos rojos en los blan- 
cos para exaltar, dicen los ottciales, el 
entusiasmo bélico y partidario de los 
soldados. 

AlJDÓN Arózteguy. 



10 



La Revista Uruguaya 



(1) 1 






Por la Redención Política!, 



NARRACIÓN 

SOBRE LA RE73LUCI0K DEL S7 

ESCRITA POR UNO DE SUS COOPERADORES 

El patriota Don Abdón Arósteguy 

(Continua i^ión) 

A'éase Núm. 18 

Este contratiempo no nos desanimó, 
sin embarg'o; pero nos hizo proceder con 
mayor cautela. Se mandaron nuevas co- 
miciones para operar í'i la noche si- 
guiente, dándoles instrucciones especia- 
les y severas para que no incurrieran en 
un nuevo fracazo, y ese dia se marchó 
con parte de la gente á pié y en carretas, 
exhibiéndose la columna por las cuchi- 
llas^ en marcha hacia Rivera, para disi- 
mular nuestra estratagema. 8e vadeó el 
Rio Negro por una picada, y á la noche 
volvimos á vadearlo por otra picada, y 
íi media noche campábamos en el mismo 
lugar, exactamente en el mismo lugai-, 
cada uno en su fogón, donde habiamos 
vivaqueado la noche anterior. Y esa ma- 
drugada, llegaron todas las comisiones 
con caballadas de primer orden: se mon- 
tó á toda la gente, llevando la mayor 
l)arte caballos de tiro y se í'ormai-on va- 
rios trozos de pequeñas caballadas, in- 
ternándonos en el país con rumbo híicia 



< 1} En ln.-í números succsicos irán lag mtrrncio- 
ne.s fia loa Jr/cs Jiccolucionarios sobre Ui ifuerní ilcl 
97 , Josi- F. González, Basilio ¡j Serrjio Mui'toz, Vele;, 
Marín, Gil, Bldiico, BaCisín, CorCiñus. A l<l(L/na. Gue- 
rrero, Isinuel VeUiZí/ae;, Navarrete, Várela. Goniez, 
E.r/ieiliciones Aparieio Sarafíia, Lamas, Moat/rell, 
BeniCe:, asalto cañonera ''A rf.i;/as", (í.vposiciories ¡le 
Cannurcris, Cihils, Gauna, Saai;e¡lra ;/ Coronel Orr/tts 
ParnpiHón, eCe ele . , ¡i niudias otras cinilfs y inilila. 
r,,',>>, asi como toda la ilocamentación política';/ militar 
yae sircen líe base á nuestra "Historia fiel !I7-'. 

La livilaveión 



Nico Pérez. — Fueron tan bien hechas es- 
tas operaciones, que el vecindario de 
aquellos contornos decía que habían in- 
vadino dos fuei*zas, una mal montada — 
á pié y en carretas — y la otra con magní- 
ficas caballadas. 

La invasión del general Saravia pro- 
dujo gran emoción en la ciudad de Bagé. 
►Se creía allí, dada la gran desproporción 
de elemento con que contaba, comparán- 
dolos con los del gobierno, que Íbamos 
derecho al sacrificio. Por mi parte, la 
emoción que esperimcnté fué de distinto 
orden: me ])arccía que estaba actuando 
en un episodio legendario; que me ha* 
bía trasportado á otra Gi)oca, y qi.ie aque- 
llos hombres que efectuaban la invasión 
^ no eran mis contemporáneos. En una pa- 
labra, por el patriotismo de los invasores, 
que más de uno, inclusive Aparicio y 
Chiquito Saravia, llevaban sus hijos al 
combate; por las ideas nobles y caballe- 
rezcas de los jefes de la invasión, por 
las proporciones pe<iueñas de esto y por 
los recursos con que se había lanzado, 
me hacía el mismo efecto de las heroicas 
invasiones de Artigas, aprendidas por 
mi en los libros de historia patria. 

Guardo en mi poder como una reli- 
quia los originales del manifiesto de Sa- 
ravia, los telegramas de la invasión v 
las comunicaciones que nos dirijimos en- 
tre el caudillo y yo por intermedio de sus 
hijos.— Al invadir el 97, ignorábamos 
completamente que invadían en la mis- 
ma fecha los coroneles Lamas y Nuí^oz, 
y menos por el paraje que invadieron, 
ni el punto fijado para nuestra incorpora- 
ción. Esos detalles, como antes lo hemos 
dic'.o, venían en la nota que enviaba el 



La Revista Uruguaya 



n 



Comité de Guerra, cuyo portador, el Dr. 
Vidal y Fuenfes, estaba en viaje á Porto 
Alcí^re. 

Varios dias aiidubimos por el territorio 
orieiittal, á pesar de nuestros temores, sin 
encontrar enemigo alguno. Parecía que 
á todos se los hubiera tragado la tierra, 
y Muniz liabia quedado á retaguardia es- 
~T)erándonos, como lo supimos por una 
carta que tomamos al Coronel Gutiérrez 
en una diligencia, que servia bajo las 
ordenes de aquel jete, dirijida a Idiarte 
Borda. Saravia dejó pasar la carta, es- - 
cribiéndole ' otra al Presidente con tal 
motivo, en la que le hacía un fenomenal 
titeo por el plantón que llevaría el Ge- 
neral ]\Iuniz esperando nuestra invasión. 
— Nadie tampoco se nos incorporaba, al 
punto que un dia me dijo Saravia si tenía 
yo la seguridad de que había otras in- 
vasiones y algunos pronunciamientos. 
Por mi parte le garantí hasta donde era 
posible, aunque también empezaba á 
abrigar ciertas dudas. El General, con 
ese arrojo temerario que tenía en los mo- 
mentos de peligro, me contestó, recuer- 
do, con estas valientes palabras: — Si in- . 
vaden ó se pronuncian algunos amigos, 
períectamente bien; que sean bien veni- 
dos; pero sino lo hacen, paciencia, pelea- 
remos con los que sean. 

Felizmente, dos ó tres dias después se 
nos incorporaron las divisiones de la 
Florida y de Minas, comandadas por Zi- 
I)itria, Echeverría, Trias y otros bravos 
compañeros. Fué indescriptible el entu- 
siasmo que esas incorporaciones produ- 
jeron (ín nuestra fuerza, qu<? ya también 
empezaba á desanimarse i)or la soledad 
en que mai"(rhábamos. 

Ycá con un pequeño ejército, aunque 
bastante mal armado, nos aproximamos 
á Treinta y Tres, incorj)orándosenos allí 
los coroneles Uturbev v Berro. No to- 
manios ese pueblo, cuyos jefes eran los 
coroneles Pigurina y Basilisio Saravia, 
1)01- evitar derramamiento de sangre. 



quizás sin ventajas prácticas para la re- 
volución, y marchamos hacia ]\[elo. — Ese 
dia, el General Saravia, deseando hon- 
rarme, insistió en un proyecto que me 
había propuesto desde antes de invadir: 
quería dar una orden del dia nombrándo- 
me Coronel; á lo que yo me rehusé siem- 
pre, hasta el punto de impacientarme. 
No haré la narración de nuestras mar- 
chas y de varios incidentes que se pro- 
dujeron en esos primeros dias de la inva- 




COMANDANTE NeI'OMICENO SaRAVIA 

ción, i)ero sí debo liacer me.ición de dos 
hechos (jue tuvieron lugar antes de las 
incorporaciones (pie he citado, por la im- 
portancia política que ellos encierran: 
pues debo hacer presente también, que 
mi carácter im la revolución de 1897. fué 
más político que militar. 

A los dos días de la invasión, se pre- 
sentaron á Saravia y á mi, algunos de 
los jefes invasores, representados por los 
coroneles Chiquito Saravia y .hian Fran- 
cisco ]\leiia. Querían esos jefes, que no- 
sotros le escribiéramos una carta al (íe- 
ncral Muniz, invitándolo á (pie tomara 
parte en la revblución. Nos rehusamos 
á este pedido; pues si bien, como antes 
he dicho, teníamos algunas inteligencias 



12 



La Revista Uruguaya 



con ese jefe, íuniqiie })or iiiteri)uesta8 
personas. eonsi>lei'amos iin])nidente se- 
mejante paso, ó ])or lo menos prematu- 
ro, abriiiando el temor (1(^ un rechazo en 
absoluto. quei)odria perjudicar las nego- 
ciaciones ])endientes, dado el carácter 
un poco agreste del (íeneral Muniz y que 
estaba todavía sugestionado por los de- 
seos de vengarse, con ó sin mzon, de la 
muerte de un hijo. Por otra parte, lo ha- 
blamos dejado á retaguardia por el mo- 
mento y no era, por lo tanto, apremiante 
la situación para dar un paso tan serio y 
arriesgado; cuyo rechazo, como cuahpi le- 
ra lo comprenderá, había sido deprimen- 
te para el justo renombre de la revolu- 
ción, que tanto Saravia como yo debía- 
mos cuidar escrupulosamente.- Estas ra- 
zones, dadas en carácter amistoso á esos 
jetas compañeros de la invasión, dio poi' 
terminada la gestión, aplazándola, sí lle- 
gaba el caso, para mejor opoj-tunidad. 

Confiínunn. 



ESCRITA POR 
KL .lEKK PE LaS''. ltTVlSTf)X HEVOLl'f'IOXA RI A 

Coronel Cicerón Marin 



tContinnacriótñ 

Véase Niim. 18. 

Armamos, y nnnücionainos. la gente 
enseguida, trayéndose dos carros en la 
noche donde pusimos el sobrante de ar- 
mas, nnmiciones y recados. Ai oti'o día 
nos pusimos en marcha como ci las 7 íi. m. 
con rumbo al pueblo del Rosario, llevá- 
bamos la idea de enti'ar al pueblo. (Jo- 
mo á 40 cuadi'as antes de llegar al pueblo 
so avistcVuua partida enemiga como de 
l»() hombres quo se hallaba sobre el i)ue- 
blo. ()i-den() el Coronel Lamas á Oonza- 
lez (pie oohara guerrillas, haciéndolo 
así. y ol resto de la gente formamos en 
lím\i on oi-den de pelea. Era la gente de 



Barrióla, en los primeros tiros, se retira- 
ron á trote y galope pasando estos por 
entre el pueblo en este orden, con rum- 
bo á las Colonias. Como el enemigo se 
retirase, nosotros seguimos nuestra mar- 
cha al rumbo que habíamos de seguir; 
como á las 4 leguas de allí, campo del 
Banco conocido por de Don Pedro Risso 
acampamos, y dormimos, cargando al 
otro día las armas v municiones en car 
güeros, para abreviar nuestra marcha, 
ese día acampamos en el campo de 




l).)CTi)i: .losK LriS P>AEXA 

^íendez costa del Colla, carneamos 'y 
(les])ues de comer la gsnte, nos pusimo.s 
en marcha con i-umbo á las puntas del 
Colla, como á las 10 a. m. acampamos en 
las mismas puntas, marchando -al otro 
día y acampamos en h\s puntas del Per- 
dido, saliendo de tarde con rumbo al 
Paso de las Tamberas, arrovo del Duraz- 
no. Departamento de Soriano. 

Marcliamos toda la noche.. 

Di;i Ij Sin novedad acampamos en la 
costa de Muga. 

l)ia 10 Sin novedad, Rio Negro, Pa- 
so 1 1 '/a a., m. 

Día 11 — Sin novedad, se incorpora el 
('Oronel Juan José Díaz Olivera con 50 
hombres y manchamos sobre la costa del 
Rio Xegro, acampamos á las 5 p. m., des^ 



La Revista Uruguaya 



13 



pues marchamos Rio abajo y acampa- 
mos á 1 V2 a. m. en la costa de Don 
Esteban. 

Día 12 -A las 10 a. m. llegaron chas- 
ques anunciando que en la costa de Dn. 
Esteban se había descubierto una fuerza 
enemiga como de 200 hombres; se man- 
do á descubrirlas al Comandante Basta 
rrica y haciendo ensillar en precaución 
de cualquiera eventualidad. 

Durante el dia se tomaron dos chas- 
ques con algunas comunicaciones. A las 
5 p. m. emprendimos marcha retroce- 
diendo Rio Negro arriba acampando á 
dos leguas de su desembocadura á las 

8 p. m.. 

Dia 13— Seguimos hasta el Paso Na- 
varro y nos incorporamos con el Coronel 
Núilez. 

Dia 14— A las 5 V2 P- ni. marchamos y 
acampamos en las puntas de Ramírez. 

Dia 15— Sin novedad, marchamos y 
acampamos á las 9 a. m. en la costa de 
Molles. 

Dia 16— Sin novedad marchamos y 
acampamos á las 9 p. m. en la costa de 
Tres Arboles. 

Dia 17— Batalla de Tres Arboles. 

Detalles de la uatalla de 
Tres Arboles 

El dia 16 de Marzo, antes de llegar á 
Tres xirboles, me ordenó el Coronel La- 
mas me hiciera cargo del servicio y que 
antes de distribuirlo fuera á recibir or- 
denes, así lo hice, ordenándome que le 
colocara dos guardias del otro lado del 
paso, lejos de la costa, y dos al frente á 
una regular distancia, particularmente 
las del otro lado del paso más distantes, 
á lo cual contesté al señor Coronel Lamas 
que me parecía bien el cuidar el frente 
del Ejército y que me parecía mejor co- 
locar tres guardias al frente, donde podía 
haber más peligro, y una en una portera 
que había del otro lado que estaría, más 
ó menos, á una cuadra y media de dis- 
tancia del i)aso, el Coronel Lamas acep- 



tó en esta forma el servicio en vista que 
el paso era bastante feo, él acampó á la 
izquierda del paso, el comandante (lon- 
zalez á la derecha v vo al frente de la 
división de González con el cuerpo de 
reserva. A las 3 de la mañana del día 17 
ensillamos, porque así acostumbrábamos 
á hacerlo, el díase presentaba nublado, 
había una gran cerraron de agua. 

El oficial que se hallaba en la portera 
era el Capitán don Antonio González, 
oficial muj^ valiente y muy dispuesto, á 
las 5 y li2 más ó menos este fué el prime- 
ro en mandar el parte que hasta aquel 
momento 110 había ocurrido ninguna no- 
vedad que más tarde lo que levantara 
la cerrazón haria la descubierta, lo que 
no tuvo tiempo de hacer, al regreso del 
soldado con quien mandó el parte, á po- 
cos instantes, llegó un muchacho corrien- 
do y le dice al oficial de guardia: cAquí 
viene llegando el Ejército del Gobierno». 
El oficial maneja que formarán y que 
tomarán las armas, escasamente tuvie- 
ron tiempo para toda esta maniobra, 
cuando las fuerzas del gobieruo llegaron 
á la portera, mandó hacer alto y le con- 
testaron los del Gobierno, mandó á sus 
militares que hicieran fuego logrando 
hacer un disparo de acaballo y ensegui- 
da ordenó echar pié á tierra y logró ha- 
cer otro disparo causándoles varias ba- 
jas pero siéndole imposible resistir á las 
masas de infantería que bajaban á la iz- 
quierda, mandó montar á caballo y se re- 
tiró dejando un solo muerto, vadeó el pa- 
so y echó pié á tierra y allí le mataron 
dos soldados é hirieron tres. Su guardia 
se com.ponía de 11 hombres así es que 
quedó reducida solo á 5, en ese momento 
empezaron fuertes descargas sobre nues- 
tro campamento sirviéndoles de blanco 
el vislumbre de los fogones pues los 
nuestros se hallaban tomando mate tran- 
quilamente, yo en esos momentos me en- 
contraba á caballo y había entrado al 
campamento del Coronel González, sobre 



14 



La Revista Uruguaya 



las barrancas del rio, cuando empezó el 
tiroteo eneniiffo. (Mitonces niirt'' hacia mi 
cani])amento y vi (\\\e mi <j;onte ^e me dis- 
persal)a y (\u>.'. me ]ial)ian lierido dos 
hombres en los fogones, á los primeros 
disparos, yo al ver este desbande hi(M> 
correr mi caballo y conseo-aí alcanzar la 
delantera,. al hablarles (pit> hicieran alto 
y formaran, obedecieron, formaron^ dan- 
do el frente al enemigo. 



Conf inflará. 



(1) 



NARRACIÓN 

SOItliK Í.AS 

'"T^am panas del gf) }' 97 

r<vi; Kf. KN'l'oXt'KS ('( »maM»A Nl'K 

Hoy General BASILIO MUÑOZ (hijo) 

{Cojifinutirián) 

Vóase X 11 III. Is. 

Abril 17 Oampamento rii Ilicscas. ;í. 
las \) p. m. nos incorporamos al Ejérciti». 
y\ys habíamos (.pietlado con el comandaiL- 
t<' Alanufl ]LÍ\a, haciendo la retagu-udui, 

|S ( 'ampami'iitn en (V-rro fMiato. Si^ 
almor/j) y marchó á San .Juan. ( 'ordo!)/-;. 

U> ('ampamcnto en Li'cliiguaiia. 

"Jl< > ('am[)amento en Pablo Pacz 8e 
(■arncó. Las Fuerzas ;i mis ordenes con 
la de ^Mai'iano Saravia, pasan Rio Negro 
y me dirijo á Churraco. 

21. - (,'amjmmento cu í'liun-aeo. Las 
deseubiertas del Comandante Muñoz i IJ.) 
llegaron hasta Caraguatá, el ('¡('rcito em- 
pieza á })asa,r Pereira. 

•22 — Cam[)amento en Cerro de Pereira. 
Tja fuerza de B. Muñoz, se halla sol)i'e 
(yaraiiiiat;í. 



( I ) l'.n lii.-i cjr/iosicioiií's a mirriiíÍDiii'S ilf rii ilc.< i) 
mili 1(1 i-i'.<, iii/iifltos /if'i/urrii.<i/)i(i.-< !■ i n.-^iij ni Jii'dnrf.-i ¡le. 
tíilirs, (/nr no rni.irn rii id ¡iluil ilf (•■<l.n I-! cristn ¡nilili- 
citrio.-í /ii>r fii.zonu-i </<-' o/>(}rfnniil(iíl, ei.c. i'r.c... inin in- 
ifi/ru.-i ion sus /lorits y lOinr/iCnrins rr.</tr<fii:i)s fn. nnr.-i- 
Ira líi.sforiii. drl !/7" . 



28 — Campamento en cam])Os de Teles- 
foro IbañeV;, Departamentos de Tacua- 

remb('). i 

24 (^impamento en campo de Fruc- 
tuoso ISTando, Departamento de Tacua- 
rembó. 

25 ('am|>amedto eu Coronilla, Depar- 
tamento de Ilivera. 

2(5 Campamentoencampr.de Netto. 
no hay novedad. 

27 — Cam[)amento en -(,\-ibal, no hay 
novedad. 

2S- ('ampamento en (,'eilial, no hav 
uoveijad. 




II 



CoROXKL Chlkstino Ai.oxso 

2íl -Campamento cu Ceibal, se incor- 
])(n-ó ]\Iongre]l con t,K> hombres, regular- 
mente armados. - ; 

Bo -Campamento en Caraguatá, Se in- 
corporó Julio Yar-la Gómez. 

Mayo 1".— Campamento en Caraguatá. 

2 Campamento en Caraguatá, se si- 
gue arroyo abajo, se dice que el enemigo 
está en el Paso de Pereira. 

o Caüipanii'nto en Caraguatá, sr» in- 
corpora al e¡('roito el (^'oronel Alonso: 
Aeevedo y Koxlo, con 100 hombres, el 
ejt'i-eito se halla á 4(.) kilómetros del [)aso 
de Pereíi-a I Rio Xegroi como se halla el 
enemigo pues ^[ariano Saravia, se cutre- 



La Revista Uruguaya 



15 



visto con Basilisio y Trelles, el coman- 
dante Basilio Muñoz (hijo) recibe orden 
de ir inmediatamente á Pereira. Se sabe 
la defección de Nuñez. 

4— Campaniento en Las Toscas. Se in- 
corpora el coronel Jara con 250 hombres 
y Martirena, Muniz y Peralta con 300. 

5 — Campamento en el mismo campo. 
Los comandantes Basilio Muñoz (hijo) y 
Mariano Saravia se mantienen en Perei- 
ra, donde está el enemigo. Se sabe la 
aproximación de Villar á Yaguarí donde 
ya dan á Escobar. 

Continuará. 



NARRACIÓN 

DEL 
SOBRE LA 

Expedición Revolucionaria del Norte 

EL 



(Continuación) 

Véase niiin. !8. 

Según dicen, el General Saravia vá por 
la costa de San Luis, — hacia el punto 
que ocupábamos nosotros el 24 por la. 
mañana. 

A las 8 y 30 p. m. contramarchamos. 

A las 12 y 20 a. m. acampamos en la 
costa del Arroyo MoUes del Hospital — 
Hemos marchado seis horas y estamos á 
una y media legua del campamento de la 
tarde. 

Abril 27 — Es un expléndido dia. 

A las 10 y 45 a. m. emprendimos la 
marcha. 

A las 12 a. m. acampamos en costa del 
Arroyo Hospital. 

28 — Hoy á las 7 y 20 a. m. pasaron por 
nuestro campamento dos diligencias — 
se sacaron 4 números de La Prensa de 



Buenos Aires, fecha 18, 19, 20 y 21 del 
corriente. 

Marchamos á las 9 y 25 de la mañana, 
acampamos á las 12 m. en costa del Hos- 
pital. 

29 — Incorporados! 

Esta madrugada pasaron cerca de noso- 
tros, dos carretas con municiones — Van 
escoltándolas el comandante Abelardo 
Márquez, doctor Luis Maria Gil, Rodolfo 
Hapliger ya restablecido, y otra porción 
de compañeros. 




Don Federico Arkoleya y Arboleya 

MarchaiQOs á las 8 y 20 a. m. 

Acampamos á las 11 de la mañana en 
la costa del Ceibal, cerca de la casa co- 
mercial de don Miguel Padilla y Cobo. 

Marchamos á las 3 y 50 p. m. — Entra- 
mos al Ejército á las 5 de la tarde. El 
Ejército está acampado en la costa del 
Arroyo Tamboras. 

He tenido el gusto de saludar al señor 
General y al Coronel Lamas. 

30— A las 8 y 25 a. m. se j)uso en mar- 
cha el ejército. 

Nuestra gente forma en la columna del 
coronel González. 

Acampamos á las 2 y 20 p. m. en Cara- 
guatá, campo del General Saravia. Los 



16 



La Revista Uruguaya 



planteles de infantería lucieron ejercicio 
de 4 y 16 á 5 y 15 p. m. 

Mayo 1°. — Marchamos á las 6 y 10 a. m. 
con rumbo al Paso de Pereyra del Rio 
Negro. 

Acampamos á las 10 y 45 en Caraguatá . 

A las -4 y 25 nos pusimos en marclia. 

A las G y 20 acampamos en Caraguatá. 

2 — Marchamos á las 6 y 30 a. m. 

A las 11 y 20 acampamos en costa Ca- 
raguatá. . . 

líoy visité al Caronel Lamas — He te- 
nido el gusto de hablar largamente con él 
— Tuve ocasión de poner ciertos puntos 
en las íes y cerciorarme de (jue no faltó 
quien pretendiera vana é injuí>tamente 
hacerme una desleal zancadilla. . 

3 Marchamos á las 8 y 25 a. m. 
Acampamos á las í> y 5() en Caraguatá. 

Hoy han logrado incorporarse al Ejér- 
cito nuestros compañeros de expedicii^u 
coronel Enrique Olivera, doctor Eduardo 
Acevedo Diaz, comandante Emilio Rive 
ro. Juan Poncp Olivera, capitán (la- 
briel Muniz, José María Aguirre, Carlos 
Roxlo Y demás amigos que acompañan á 
Olivera y Acevedo. 

4 Marchamos á las 6 y 30 a. m. 
Acampamos á las 9 y 3U en Caraguatá 

El señor General me mandó llamar por 
intermedio del coronel José (Tonzalcz, y 
una vez en su presencia y del coronel ina- 
nias, y me dijo: Be pedido á lodos los 
Gejes de División (jue me manden los 
mrjores Itradores (¡ue tengan. Ahora va- 
mos hacer un ensaijo de tiro y después le 
comunicaré el objeto de su llamado. 

Se (lió comienzo al ejercicio de tiro á 
20< ) metros y concluido él, se me ordení'» 
(pie tomara los nombres, grado y Divi- 
si(')n á que j)ertenecían los mejores tira- 
(.lf)res. 



He aquí la nómina: ■- i 

Luis Arballo, ayudante, 9*. División — 
Gregorio Sellanes (1), alférez, 9*. Divi- 
sión — Pablo Lurati, teniente, Plantel 
«General L. Gómez» — Eufemio Lapido 
(2) ciudadano Plantel «General L. Gó- 
mez» — JuanM*^. Vera, alférez, 7'^. Divi- 
sión — José Antonia de los Santos (3), sar- 
gento 2'\, G*^. División — Bonifacio Barbo- 
za, sargento 2'.. G*. División — Martin 
Amaral, alférez, G'\ División — Gilberto 
Cerra, ciudadano, 5'\ División — Luis Da- 
neri, ciudadano. 5*. División — Nemesio 
Escaron, ciudadano, 5'\ Diúisión — Félix 
Lazcano, sargento 1"., 2'\. División — Ra- 
món Torres, alférez, 2^., División — Enri- 
(pie S, Britos, alférez, 2'\ División — Juan 
líarreto. sargento 1°., 2^. División -Don- 
guin Araordevin, soldado, 2'^. División 
1-íodolfo Ponce de León, teniente 1".. Co- 
niandancia en Gefo. i 

Seguidamente se me hizo conocer jjor 
él (Tcneral Saravia y Coi*onel Lamas, la 
comisión que se me confiaba. 

Continuará. 



ADVERTENCIA 1 



Siendo utribiito de las democracias, la 
publicidad, discirsión y control de los acto» 
y resoluciones de los poderes^ piil>lico«; "La 
Revista ürusii;i> a" admite en sus columna» 
el examen ante ¡a ciencia jurídica y legis- 
lación p(»sitiva de las resoluciones, fallo de 
los TriUunales. .lueíres Lftca'.los, «si como 
el de todos los di'rnás p;)deres que puede» 
y deben ser comentados y analizados en 
el sistema republicano por el magisterio 
de la prensa idónea.— Antes de tratar sobre 
la niodific;ación <!e las leyes, pronto nos 
ocuparemos de la necesidad de la reforma 
del persoaal judicial de la Kopübiica y de 
su selección conveniente.— Se admiten tra- 
bajos ó esttKüos inéditos sobre medicina 
popular y de todas las ciencias. 



/ — //ít/'/o i/c Itnld cii Cierros Blancos. 
'-' — ('(lili :i.<<i ,1c liiiln vn. (Uirros Blancus. 
3 — Ih'ri'h) (If hala cu Cerros Blancos. 



U Revista ÜFoguaya 

Política, científica, literaria, historia y economía política.--Órgano del Partido Nacional 



Año I 


Mercedes, R. 0.— Febrero 15 de 1906 


Núm. 20 


Director: Dr. Liiis Santiago Botana 


ADMINISTRACIÓN •' 

CALLE MONTEVIDEO 


Administrador A. Scuáuez y 01i%'era 



[ucótra dituación política 

Cualquiera que estudie un tanto nues- 
tro medio político y social, va á encon- 
trar con facilidad dos fuerzas poderosas 
en lucha, que de una manera ostensible 
y exigente, tratan de señalarle rumbos 
al Partido Nacional. Una de ellas es la 
acción del gobierno, provocándonos torpe- 
mente á la revolución, dándonos una 
bandera revolucionaria á cada momento, 
á cada paso, en cada medida que adopta; 
y la otra es la prédica de ios elementos 
conservadores, del progreso material, 
pidiéndonos la paz, aconsejándonos mo- 
deración y, porque no decirlo también, 
suplicándonos el sacrificio, la abnega- 
ción de nuestros resentimientos patrióti- 
cos y partidarios. 

¿Qué hacer entre estas dos fuerzas an- 
tagónicas, entre ideales tan diametral- 
mente opuestos, para dar una satisfac- 
ción cumplida á nuestros deberes y dere- 
chos de ciudadanos? ¿Qué hacer para 
no tomar un rumbo equivocado, que sal- 
ve nuestra responsabilidad ante el país y 
ante la historia? 

Si ponemos la mano sobre nuestro co- 
razón, si consultamos nuestra altivez cí- 
vica y graduamos el deber que nos im- 
ponen los principios republicanos, elegi- 
ríamos sin titubear el primero de los 
rumbos trazados; iríamos nuevamente á 
la lucha armada, por nuestros ideales pa- 
trióticos, hasta triunfar ó perecer en la 



demanda. La situación con Batlle es ina- 
guantable, y nuestro partido, aunque 
amante de la paz y del orden, sabe lu 
char, no lo doblega la adversidad, cuan- 
do se trata de sostener los principios 
constitutivos de la república. Pero por 




General Don Gerónimo Amilivia 

E/ más veterano de los militares de la República, 
valiente, magnánimo 

otra parte, si consultamos á nuestro ce- 
rebro, si consultamos sobre todo á la ra- 
zón política moderna, esa razón que ha- 
ce primar el cálculo frió, la idea positi- 
vista y materialista, sobre el ideal ciu- 
dadano, sobre el altruismo noble y gene- 
roso, entonces optaríamos quizás por la 
paz, aunque fuera la paz de Bizancio, ó, 
usando una frase muy común, aunque 
nos molieran á palos, como hicieron los 



La Revista Uruguaya 



SíiiTacenos con los cristianos, seí;iiii dice 
la tipica leyenda. 

¿Qué hacer, que opinar en tan críticos 
momentos? 

]\^r nuestra ])arte, — lo declaramos con 
íVaii([Ueza, no nos atrevcnuis á opinar, 
ni (le-)omos tauipoco emilir (tpini(';n en 
un sentl.lo tan riLÜral. P;i:-a i'so est;'in 
nuesíias aiuo; . !.í;í^'> >iij'i\'nias; está el 
Directorio.- -pai'a (¡uiiMí jx^ljiuos á í)io>! 
inspiraeitMi. — <\\\.} es el encariñado de de- 
cidir, de resolver la an/ftd siiiimzza. A 
nosoti'os solo nos toca obedecía'; somos 




{\ 



D; .: Iúanuel 1>a.. 



///', ri ,■', /.■.-■ / , ,■.■ ■■.! ii/i'i ,', lis iKirirj/inli sru.-i ilrg n; 
il ', i I! -l'.ri'i— \ iilicnlf ij jiiil.riut.n Jclv 

soiia.lws iW ia idea: uuicaniento nos es 
(!,í:;¡i> ( si.iiil'.M'or esta ]>remisn. (pu' es lo 
(jiio (■"ii-^! ii wN'c s ( rd.-idei'anicntc la disíd- 
¡ ¡:i;;¡ pMii; ;;;! \i\ y la eons('i'va(d('in do las 
(•íiniiMiidadcs políticas: maincnernos 
si('nii:re con la niayoria dcd partido. 

i'd directorio, en cuyo seno hay eíiula- 
(huu)s de i'cconocido ])atriotisnu) y de 
verdíulera ilustración, rt'Conocer;i, como 
rcconocensos lo:lüS y él ha dado i)ruel)¿i 
do iTccüov ello sicmiire, (pu' las mayo- 
rías SO Svisilciicn en política enari)u'ando 



bien alto la bandera de los principios y 
procurando sinceramente, por todos los 
medios lícitos, las conveniencias parti- 
darias. No está demás, en consecuencia, 
dejar sentados estos principios: Las evo- 
luciones políticas no so producen del 
Ihuio; debe concederlas el gobierno: 
t uando este cierra la puerta á toda evo- 
hudón, provoca la revolución en los 
l)aíses democráticos. La coparticipación 
de los i)art¡dos en el í;-obierno, inadmisi- 
ble en los países donde existe el sufra- 
íiio libre y que van al poder los parti- 
dos de principios económicos ó socia- 
les, es necesaria en miestro })a.'s, indis- 
pensablemente necesuria, j)ara cambiar 
la taz de i'Uesti'os partidos y para con- 
(duir con hi dominación absorventc, 
que ha sentr.do cojno ¡jriiiciiiio de í;"0- 
bierno el Partido Colora 1): rcc iiíar la 
coparticipación, es ])i-o(damar la revo- 
lución. -No puedvMi existir ]>a:: n\ pro- 
íi'reso --es unicanu-nte una iicción — con 
un gobierno provocador, como 1') es el 
actual, no solanijiite coriti-a los j>artidos 
de oposición, sino también contra la so- 
ciedad, (pie amenaza pervertirla con la 
ley de divorcio, y contra el eomercio, el 
capital y el trabajo, que los tiene en 
'noue, fomentando el anarquismo polili- 



•■' i ■ ' V .^ li 1 1 ; U 



.11; 1 " i ( L O " 



das ])artes (ud mando. 

Ai;i)/)x Ak('>zt¡':í;ijv. 



M IDclir lijii Jiiiíji, üHi^i.iii 

l'OSICIÓNKS DlíFINIDAS 

La suertíí y el porvenir de los parti- 
dos i)olíticos. dej)enden solo de la acti- 
tud deñiuda que adopten en la lucha 



La Revista Uruguaya 



3 



empeñada para la realización de sus 
fines y propósitos. 

Los acuerdos y las componendas con 
las fracciones contrarias, no producen 
sino el desquicio y desaliento en sus fi- 
las, la pérdida de los entusiasmos y el 
abandono natural que se apodera de los 
partidarios, que ven desaparecer en esa 
forma, toda esperanza de triunfo en la 
conquista de sus lejítimas aspiraciones. 

El partido nacionalista tiene en sus 
anales la cruel esperíencia, de haber 
sufrido, más de una vez, el doloroso re- 
sultado de esos pactos indignos que 
hasta comprometieron, por un momen- 
to, su propia existencia, tan grande f-ié 
el decaimiento que se operó en el áni- 
mo de sus más fieles v constantes sos- 
tenedores. 

La única forma en que imestra colec- 
tividad política, lia adquirido vigor y lo- 
zanía, es combatiendo solo á la sombra 
de su bandera de principios, mostrándo- 
se fuerte con sus poderosos elementos 
de acción, sin ir á ofrecer á otros su 
apoyo, ó requerir de estos ayuda para 
na(hi, ' 

Cuando i)or desgracia, el error de sus 
miembros dirigentes, lo ha llevado á ce- 
^'''- "ni" uniones electorales con los 

' T¡-sto=;, los resultados fueron 

quía en su seno y ei iic>.v:unCLJiio geiicral 
en sus afiliados. 

Y la razón es obvia, desde que ella 
surge precisamente del ingrato espectá- 
culo que representa para un partido de 
acción y convicciones arraigadas, la de- 
gradante actitud de ir á mendigar de los 
poderes públicos ó del adversario, una 
participación cualquiera en el gobierno 
futuro. 

Semejante abyección, relaja los resor- 



tes de una institución política, disminu- 
ye su nivel moral y amengua su impor- 
tancia como factor respetable en las 
contiendas electorales. 

Lo que enaltece, honra y dignifica á 
un partido político, es la independencia 
del mismo, su elevación de miras y las 
energías de lucha con que aspira á lle- 
var á término feliz los ideales que for- 
man el credo de su causa. 

Las participaciones aisladas que los 




Valentín A. G(')me¿ 

Tenienje 7*. de Artillería , ai/ ufante del comandante 

Dionisio Viera en 1904, manó con su hermano 

Esteban otro héroe en ¡ upumhue, ambos 

,7/o,-/.,>-ox /:,',',^,'./ ,.-.■ ,,vi„ ,,/,r//io.s del coronel Tumái 
(rriifi ,ir lu.s Jreincu ¡/ Tres Orientales 

Poderes ó las colectividades contrarias, 
puedan ofrecerle en la cosa pública, son 
limosnas que solo satisfacen la ambición 
de algunos desesperados, en detrimento 
de la dignidad y nobles aspiraciones del 
elevado propósito que persigue. 

Es verdaderamente triste, que un par- 
tido que ha costado tantos sacrificios pa- 
ra mantenerlo en el ambiente de pureza 
con que todos veneran sus antecedentes 



La Revista Uruguaya 



de rectitud y acrisolada honradez, caiíí'a 
en el ridículo de querer medrar en mez- 
quinas coparticii)aciones, cubriéndose 
de oprobio y de veriíüenza. 

Para mantener semejante situación, 
mejor le valiera remmciar á todos sus 
derechos, como colectividad, y dejar li- 
brada á su voluntad esclusiva, la suerte 
de sus afiliados, para que adoptaran el 
tempcramenro que mejor Irs (u)viniese 
en la contienda comicial. 

Pero nó, el partido nacionalista debe 
reaccionar, inspirándose en las duras en- 
señanzas del pastido, y mantenerse firme 
V constante en sus anhelos de reiícnera- 
ción política en imestro país, sostenien- 
do candidatos de su agTupación que sean 
una realidad, en vez de una efímera es- 
peranza de consecuencia incorruptible y 
fanatismo partidario. 

Vale más Ja intransií>'encia ([ue naco 
de la virtud cívica y el amor al eni;ran- 
decimiento institucional de la ])atria, 
que el poderío humillante que se obtiene 
á fuerza de doblegarse, arrastrándose on 
demanda de un mendrui>'o de pordiosero. 

Nada de pactos ni componendas coi» 
enemii;os tradicionales, y sigamos el ca- 
mino de la linea recta, que siem])re ye r- 
g'ue y no doblega el ánimo de los que, en 
la vidíi. })roceilen con lealtad y justicia. 
como suprema aspiraci«)n .de grandeza, 
de bienestar y {»rogre:^-: ¡^.i ■ ! ' • 'i 
volvimiento de las instiiucioiu-s ic uue:->- 
tro país- 

Juan (/oistau. 

- — ^saa — - - 

D(3n Manuel de Castro 

Fué un<-) de esi»s liididgos. iiijos. de hi 
madre pafriíi, (pie como los ("ibils. Ro- 
sseudo, ]>aena, Ihixareo, Curbelo, los 
Garcías, etc. etc., vinieron á nuestro sue- 
lo, á honrarlo con sus virtud(^s y á enri- 



quecerlo con su trabajo, inmigración que 
nos ofrece la poblada p]uropa y que noso- 
tros debiéramos siempre atraer, con un 
género de vida más tranquilo que el que 
hace años llevamos, repleto do inquietu- 
des y de desacertadas medidas econó- 
micas y políticas, las cuales retraen 
aquella benéfica corriente y provocan 
otra contraria, nuestra emigración hacia 




I)<).\ Mam:el de Castro 

el extrangero, buscando una tierra que 
no es tan fecunda como la nuestra y un 
clima que no es tan sano como el guo 
disfrutamos, pero ([ue tiene menos ím- 
I)ucstos y tranquilidad continua, que la 
■ :i::!iS!'jvi"''-- •'•' 'mw (,!}<. mnndnn. no 
., ■■ '■ ■ " ■■' ■■ : - ?;•'■• .-i-os h-ihltn,,, 

rastro (¡a ií:i eatactci', arable, virtuo- 
so, lleno de b'ondades, con todas las abne- 
gaciones que el corazón de un buen lati- 
no encierra, desprendido, propagandista 
efectivo del progj-eso y á poco esfuerzo, 
su esj)íritu inteligente y honesto aplica- 
do á Id /(lena (le la iñda consiguió una 
posiidón de fortuna, (pie acrecentó la. 
que hal)ía ya traído de Es])aña y sirvió 
con ella la sociedad en que vivía, ha- 



La Revista Uruguaya 



ciendo bien á todo el mundo, mereciendo canicterizados tuvieron vinculaciones 
por sus actos el respeto y cariño de to- intimas con Mannel de Castro y actual- 
das las personas que en este país le cono- mente en el histórico Departamento do 
cieron, sin distinción de nacionalidades la Colonia no hay un habitante de relati- 
y de colores políticos — Castro, era un va antigüedad, que no recuerde con afee- 
nacionalista convencido, no escatimó sa- to ese nombre, que nosotros exhibimos 
crificios de dinero y de otro género por en esta Revista, publicando con estas lí- 
luiestra causa, pero era tal la bondad de neas su retrato como ofrenda merecida 
su corazón, que sería difícil averiguar en á la justicia, 
que campo era más querido si en el rojo La Redacción. 

ó en el Wrtwco, para todos fué su muerte _^^ 

sentida por que su vida fué ejemplo edi- 

ficante de virtudes. ¡Felices los que mué- Df BlieStfO eíimSPSOSal tu M\¡tSM 



ren habiendo actuado y luchado en un ~ 

, ^ j • j j. i. Fehrern 14 — La actual u ilesastrofa 

país como el nuestro, de vida tormento- a./«»//««m«dn Batiie.-inurre. 

sa casi perenne, siendo su memoria ve- santes notas. leactuau.iad. 

nerada por sus correligionarios y por El eterno cliché: BatUe cahmitátibus. 
sus más decididos adversarios! Conse- En veidad que se necesita una dosis de 
guir esto, aún en la más modesta y silen- voluntad superlativa, para quien no es- 
ciosa de las esferas, es obtener la más cribe por encargue y á un tanto la línea, 
bella de las guirnaldas morales á que para continuar manoseando la tan deba- 
])uede aspirar un obrero del bien y Ma- tida y decantada administración Batlle. 
iiuel de Castro alcanzó con brillo esa Ni siquiera como el poeta: «¡Hoy, como 
corona. Todos los que saben historia, re- ayer.... y siempre igual!..» porque vamos 
cuerdan que Castro era desde la revolu- de mal en peor. Continuaremos pues ha- 
ción de Flores á Berro, el 63, una poten- ciendo variaciones sobre el mismo tema, 
cía en Colonia por su influencia, serví- que después de todo, no será más que 
cios al Partido Nacional desde esa época confirmar todo cuanto hemos dicho y va- 
hasta el mes de Agosto de 1902 en que ticinado: Que nuestro caro gobernante, 
murió de Vico. Cónsul en Palmira. En emparedado en Piedras Blancas, vive 
' :^ nerras del 70, 75, 86, 97, Castro puso armado asi como su servidumbre: redeá- 
'- "ti! nn en forma bien desinte- le la Escolta de Gobierno; á esta le cir- 
rvsatia id ^-t^ u .. .-i r riítM.» Nju-ional, cunda el Regimtento de Extramuros, y á 
habiendo prestado igual concursu á las este, las policías seccionales de seis le- 
revolucioues de Ricardo López Jordán guasa la redonda, apostadas en los ca- 
en Entre-Rios, hospedado y anUado se- minos, vijilando á quienes los transitan 
cretamente á este caudillo en su estancia y con orden expresa de reconcentrarse 
del Departamento de la Colonia, hasta en Piedras Blancas al menor indicio de 
que consiguió del Gobierno Oriental, que grupos sospechosos ó movimiento revo- 
ese General gozara de la libertad y ga- lucionarío! Sus dóciles ministros desa- 
rantías Constitucionales y pudiera andar fiando las inclemencias del tiempo co- 
libre en nuestro territorio por donde fue- rren veloces al primer llamado de S. E. 
re de su voluntad y agrado. Si antes desempeñaban el papel do Se- 
Todos luiestros políticos y Jefes más cretarios de Estado hoy quedan reduei- 



6 



La Revista Uruguaya 



dos al simple y desairado papel de ama- 
nuenses ó sirvientes. El que quiera ver 
al señor Batlle, y si este quiere, tiene 
que hacer el sacrificio de transponer 
las dos Ici^uas que median entre esta 
capital y su cliacra sacrificando algu- 
nas lioi'as. y las de la tarde, en caro y 
pesado coclie, ó en más caro pero rápi- 
do auf ornó vil. Los deberes 4ue como 
gobernante, contrae con el ])ueblo y lias- 




1)()N Tomás Péhez 

/í/v^/vo Jvt'c ilir 1(1 Dirisitirt Sorinno. teniente en 1^97 , 
Siiií/i'/ito A'Jíii/(if hcflto i'iL iimi/jo <(i: l/uíiillcí en U/Oí 

ta los deberes exigidos para con los re- 
preseulanre^ extranjeros losecliaen saco 
roto el señor Batlle. Para que no uos ol- 
videmos de su monumental físico, se 
eucarga su diario «£1 Dia» de ofrecer- 
nos su fotogi"afía rodeado de: sus eternos 
pauiagualos amigos y en traje de cha- 
carero falsificado, piíra estar en conso- 
nancia su pei'soua con la del |)erio(lista 
chabacano y batallador revolucionario. 
El señor Batlle se encuentra dominado 
por mía obsesión (^ntre los blanco^ y su 
desconfianza y recelos de los colorados 
que no comulgan en sus altares, unos y 
otros son objetos de una vigilancia ex- 



trema pudiendo afirmarse que más do 
la mitad del presupuesto de la Jefatura 
se destina á espionaje, empleándose 
para ello un centenar de guardias civi- 
les con lo que se cersenó gravemente el 
ya exiguo mímero de ellos. Con loteros^ 
mozos de café y hoteles, boteros, coche- 
ros, etc., etc. Hoy no hay blanco ni co- 
lorado de cierta significación que no sea 
espiado. Los delegados del P. E. en to- 
dos los departamentos del interior lienen 
la severísima consigna de telegrafiar al 
gobernante cuando un blanco sale de 
su casa, á donde se dirije y los móviles 
que lo llevan. Sentado esto no es pues de 
poner en duda las denuncias que la 
prensa del interior concreta sobre arrea- 
da de gente, para remontar ó formar 
ejército y el consiguiente desbande de 
elementos pacíficos y trabajadores para 
buscar en los vecinos países las garan- 
tías individuales que aquí se le niega. Hi 
por política se entiende el que el gober- 
nante busque el medio de residtar ex- 
clusivamente favorecido en el poder y 
asegurarse su bienestar en la futura 
presidencia, el señor Batlle vive consa- 
grado d hacer eso. Muéstrase contraria- 
do i)or el desencanto que refieja en su.s 
amigos la candidatura Williman y para 
dtirse cuenta de ello vamos á reproducir 
un diálago sostenido entre el señor Bat- 
lle y el diputado Lacoste, uno de los ami- 
gos (le Bí'itUe ([ue como Travieso é Igna- 
cio (Jarcíase negaron afirmar el com- 
promiso de sostener la candidatura del 
doctor AVilliman, ])ara presidente en el 
próximo período. El doctor Lacoste fué 
lle\ado á Piedras Blancas por Arena^ 
Viera, \'i(lal. Roca y otros y á pedido de 
Batlle pues este no quería canvencer-se 
de la actitud índependtente de Lacoste 
— No me he querido convencer amigo 
Lacoste que Vd. se negara á firmar el 



La Revista Uruguaya 



compromiso á favor de la candidatura 
de Williman, dijóle el señor BatUe. — No 
he visto señor Presidente las razones pa- 
ra que con un año largo á la elección 
presidencial, se vean obligados los le- 
gisladores á comprometer su voto por 
determinada candidatura. Al Sr. Willi- 
man le juzgará un candidato viable en 
momento oportuno pero se le ha inuti- 
lizado al imponerlo al país sin consul- 
tarle previamente — Es que hay razones 
de orden político muy atendibles y dig- 
nas de tenerse en cuenta: El doctor 
Williman es un decidido partidario de la 
situación y es el hombre preparado pa- 
ra proseguir mi política. Si esperamos 
que se discutan candidaturas pudiera 
resultar electo el menos indicado, ase- 
gurando esa candidatura afianzamos la 
paz, dejando tranquilo el país sobre un 
problema que como el de la presidencia 
trae consigo aparejada la intranquili- 
dad, la zozobra v hasta la revolución. 
Vd. como amigo personal y de mi ad- 
ministración debiera cooperar al afian- 
zamiento de esa candidatra — Vd. 

perdonará señor presidente, pero juzgo 
que con el expediente seguido lejos de 
afianzar la tranquilidad se da pábulo á 
las zozobras y hasta puede llevar al 
país á la revolución un proceder en for- 
ma tan inconsulta con la opinión, lo que 
es más grave es que ese proceder parta 
de la propia Representación Nacional 
la que desconociendo sus deberes se re- 
baja y pierde todo su prestigio moral 
como representante del pueblo. El señor 
Batlle se levanta v todo colérico ante ta- 
' les censuras le increpa en esta forma á 
su interlocutor. — Se olvida Vd. de que 
ha sido mi discípulo? — Por lo mismo que 
he sido su discípulo es que he aprove- 
cha io bien las lecciones del maestro y 
al opinar asi no hago más que sostener 



las mismas teorías que Vd. nos enseñó 
en la prensa, en toda su vida consagra- 
da á combatir la inmoralidad política, 
recriminando la influencia directriz de 
Julio Herrera v censurando á los nobier- 
nos electores La entrevista ter- 
minó como fácilmente i)uede calcular el 
lector, como el rosario de la aurora. Bat- 
lie se retiró en busca de un ambiente 
menos caldeado, diciendo entre regaña- 
dientes: ¡¡Pucha con el tamheritoH que 
ha salido retobado! Arena mustio como 
pasa de higo increpa á Lacoste por su 
falta de comedimiento para con el presi- 
dente. — Mira, le dice Lacoste— que tu 
llanto no sea pretexto para obligarn.e 
á pagar el automóvil, porque yo no lo 
pedí. La actitud de ese joven diputado 
ha sido muy bien recibida y, como lo di- 
jimos antes producido el desconcier- 
to y desmoralización en las reglamenta- 
das filas BatUistas de la cámara. El se- 
ñf/r Batlle ha perdido enormemente en 
ol concepto piíblico y aun entre sus más 
decididos partidarios ante el período ál- 
gido á que han llegado las huelgas y de 
lo que exclusivamente á el se culpa por 
haber puesto su influencia como gober- 
nante y su diario «El Día» á merced de 
los anarquistas que han encontrado con 
ello ancho y favorable campo para im- 
poner entre el elemento obrero sus ten- 
dencias demoledoras reñidas con el so- 
cialismo moderado, que evoluciona con 
pié firme mejorando la situación del 
obrero sin menoscabo del capital y ha- 
ciendo antes que nada que el obrero no 
pierda su entidad moral para con sus 
patrones á la inversa de lo que ocurre: 
que la actitud revolucionaria del emplea- 
do reduzca su libertad de acción á la de 
simple máquina de trabajo á tanto })or 
hora y que dada la actitud subversiva y 
el menos precio al capital que las pro- 



8 



La Revista Uruoítaya 



pagandas anarquistas les inculcan el 
trabajo del obrero hoy no rinde lo que 
debiera y con la reducción de horas y 
aumento do salario la vida ha encareci- 
do de manera tal ([ue se hac-e poco me- 
nos ([lie imposible. El señor Batlle ha 
encontrado en el coronel -lerez un diií- 
no ejecutor de sus planes anarquistas 
ese jefe al que tanto la prensa consintió 
aplaudiéndole incondicionalmente sus 
actos mientras nosotros con toda inde- 
pendencia y sinceridad le atacábamos 
es la misnuí que hoy le ataca sin compa- 
sión. El coronel Jerez debió renunciar 
mil veces antes que poner sus servicios 
á favor de los anarquistas negándoselos 
al capital que reclamaba de él gíirantias 
para los obreros que deseaban trabajar 
y en vez de tener batallones policiales 
con lujo de estado mayor que á nada 
conducen como no sea la desmoraliza- 
ción V deslmiule de guardias civiles de- 
bió preocuparse de teiKU' civiles y no 
milicos pcira dar garantías por iguales á 
todos. 

El Coryespo}ts<ii 

rarezás'de s. e. 

Cuando so rige los destinos d(.' un país 
es cuando menos se pertenece el hombre. 
Si siempre t<ínemos obligaciones inelu- 
dibles, siendo njandatario, ellas aumen- 
tan en grado progresivo hasta el punto 
de tener ({ue consagrar la propia perso- 
na y tiempo al servicio público, priman- 
do tiste debei' sobre cualquier otro por 
exigente que fuere. De gobernante, no 
se estotalniente liln-e hasta tener el dere- 
clio de vivir "n perpetua soledad, lejos 
del centro de población, de la C'apital del 
Estado, por que la naturaleza del cargo, 
(^ue es esencialmente sociable y ejecuti- 



vo se opone á ello, esto es elemental, de 
sentido comiin y proceder en contrario 
es tener en muy poco lo que se debe á 
la misma sociedad en que se manda á 
la luz del claro dia, debiendo el Presi- 
dente en las Repúblicas estar casi siem- 
])re. en general visible y en fácil dispo- 
nibilidad del elemento intelectual pre- 
parado (|ue desee para el mismo bien 




(iKNKiíAi. ^Mariano Sakavia 

público cambiar ideas con el mandatario, 
etc. como asi lo han hecho todos los pa- 
tricios de miestra democracia en este 
coiUineme iunericano! -Aparto que re- 
sidiendo en el cam})0 S. E. no solo so 
l)rivade ese bien, pues la gente pensan- 
te no ocurre á la morada Presidencial, 
cuando S. E. por un cúnnilo de hechos 
(pie constituye procesos de historia, de- 
muestra de (jue no suma para nada el 
criterio que no sea el propio, siiu') quc^ 
se resienten de eücacia todos los resortes 
de la administraciós del P. E. — Y esta ra- 
reza del señor Batlle, que destierra de su 
gobierno la culta y variada sociabilidad, 
que es el bafio más higiénico para el es- 
píi-tu en todo estadista de equilibrado 



La Revista Uruguaya 



cerebro la está pagando el país con su- 
bidos réditos. 

Es en el choque de las ideas con las 
verdaderas entidades é ilustraciones de 
un pais, que el gobernante puede con 
ventaja ratificar ó rectificar sus juicios, 
fenómeno natural y obligado de la vida, 
que sino se ejercita en su medio idóneo 
se marcha seguro, como irreflexivo ha- 
cia el abismo sin salida.— Ese aislamien- 
to, opera entonces como poderoso motor 
refractario al progreso, haciendo preva- 
lecer sobre el Gobernante su exclusivo 
criterio sobre todo otro, en fonna ilimi- 
tada, absorvente, brota de él absolutismo 
sin riberas y nace lo arbitrario en todos 
los órdenes de su manifestación. Y en 
este caso, encuéntrase el país con el se- 
ñor BatlJe, que no oye más voluntad que 
la suya, más ley y Constitución que su 
deseo. ¡Rarezas de 8. E. que á todos nos 
sacrifica de antemano, antes que nade- 
mos en otros mares sin fondos mas bra- 
vios que ios ya habidos ¡Poder hacer to- 
do género de bien, al país en que .«se nació, 
á poco esfuerzo y casi sin ningún precio 
y no ejecutarlo, porque se desea man- 
dando vivir, solo, aislado sin escuchar el 
chunor público que es de concordia na- 
cional, reproducir guerras que ya se 
provocaron con la ruina y duelo de san- 
gre de toda una sociedad cuando con 
medidas necesarias y apropiadas al sen- 
timiento patrio se pueden ahuyentar con 
el aplauso dsl mismo pueblo es ser cuan- 
do menos superlativamente excéntrico, 
sintir en el alma todos los componentes 
que fecundan y alientan á un postulante 
á reinado sombrío o Presidente opresor y 
no á un Lincoln, continuador del gobier- 
no libre que implantara Washington en 
la América del Norte. — Tales hurañías, 
en el hombre están reñidas con su pro- 
pia naturaleza que es fundamentalmente 
sociable y en el gobernante son amas, 
agentes contrarios al bien público por la 
alta misión que desempeña de ser el 
gran factor del progreso político, econó- 



mico y social de un país. Esas rarezas de 
querer vivir aislado, divorciado con el 
pueblo y que no le permiten traducir 
asi los anhelos públicos deben suprimir- 
se, pues ellas estimulan, acentúan, la 
tendencia á quererlo absorver todo, para 
ejercitar un poder sin tasa ni medida y 
colocar la voluntad presidencial por arri- 
ba de todas las disposiciones constitucio- 
nales y de ley, haciendo asi también una 
burla completa de la opinión pública. 

Esa dominación personal de 8. E., ha- 
ciendo omiso caso de las Instituciones, 
ha permitido que en el Siglo XX el país 
saboree una lev de confiscaciones de 
bienes por actos políticos, como amane- 
ce un simple particular con unos cuan- 
tos grados de linea ó improvisado en 
entidad política, como el Ejército hace 
la caza del hombre y juegos de prestid í- 
gitación con el sufragio libre, como por 
una ley del mal tercio se ahuyenta para 
siempre al pueblo de la urna comicial y 
como por la impunidad en que quedan 
los delitos cometidos con prisioneros de 
guerra indefensos y sus mutilaciones se 
preparan otros mayores talvez en cer- 
cano porvenirlll! 

Tales humoradas, que han costado al 
país sendos millones y ríos de sangre 
S. E. debe eliminarlas, desde ahora para 
que aquellos males no se renueven. Deje 
esas rarezas S. E., dismimiva los im- 
puestos del pueblo que está ])obre, re- 
duzca el presupuesto á su más mínima 
y necesaria expresión, reconcilíese solo 
con la opinión pública por medio de una 
política nacional, reparadora, no pien.se 
en darnos sucesor, y haga práctico el 
sistema republicano que esto es lo único 
que atenuaría su actuación de (iober- 
nante absoluto!.... y si en las postrime- 
rías de su período no se siente con fuer- 
zas ni para hacer ese bien, renuncie 
cuánto antes que el país entero se lo 
agradecerá, pues talvez encuentre en 
ello la base de una nueva era! 

No olvide S. E, que es en el trato fre- 



10 



La Revista Uruguaya 



cuento con gente de selecta sociedad 
que el hombní se educa, ])erí'efciona y 
aumenta sus fuerzas nuirales y domina 
las naturales asperezas de su carácter y 
que los mandatarios tienen en ello fuen- 
tes encientes para conocer con exacti- 
tud las corrientes de opinión en cuestio- 
nes fundamentales como las que hoy es- 
tán sacudiendo el corazón de la Repú- 
blica entera y que no examinarlas ni 
auscultarlas ó despreciarlas es ser á to- 
das veras, un temerario, irreflexizo y 

peligroso. 

La Redaccióx. 



W- 1 



Junta <le Guerra del 96, anterior 
al Comité Itefdlueionario del UT . 

En la ciudad de Buenos Aires, Capital 
de la República Argentina, á los dos dias 
del mes de Septiembre de mil ochocien 
tos noventa y seis, los que suscriben se- 
ñores doctor Juan Ángel Girolfarini, don 
Rodolfo Bellozo, doctor Jacobo Z. Berra 
y doctor Duvimioso Terra, bajo la pre- 
sidencia del doctor Golfarini, este dio 
cuenta del objeto de la reunión manifes- 
tando que (d doctor Eduardo Acevedo 
Diaz,á quien se había citado,no habia po- 
dido concurrir por tíireas premiosas que 
lo retenían en Montevideo,pero que ya en 
conocimiento del objeto de la reunión, 
adheríase á lo q' en ella se acordara; que 
ese objeto era resolver la actitud que 
debiera asumir el Partido Nacional ante 
la situación política en que se halla la 
República Oriental. 

Discutiendo el ])unto se convino en 
que. dada la aiiigento anormalidad d(^ 
tal situación, liabía llegado ol casu (W. 
apelar al recurso extremo de la liuvolu- 
ción. que constituye un derecho áo todo 
])ueblo libre; que esíos son i js pro;n'>sitos 
del Partido como lo ha mauií'estado cate- 
góricamente ])()r su (Jrgano en hi prensa 
y cu las variiis reuniones i)úblicas (j[ue 
han tenido lugar, y que en tal caso todos 



y cada uno de los miembros de esa co- 
lectividad política tienen el deber de 
proporcianar los medios materiales para 
el ejercicio de ese derecho, sin otras as- 
piraciones que las impersonales de ser- 
vir la causa que han declarado ser la 
de sus afecciones cívicas; que partiendo 
de esii creencia se constituyen en Junta 
para proporcionar por todos los medios 
á su alcance los elementos necesarios al 
fin indicado, nombrando también para 
formar parte de ella al doctor Eduardo 
Acevedo Diaz. 

Presentes al acto los señores Antonio 
Paseyro y Dionisio Viera, quienes habían 
sido invitados teniendo en cuenta su im- 
portancia política y el hecho de encon- 
trarse accidentalmente en esta Capital, 




C*()1'í).\I':í, Juj.ií) Ark'L'e 

Ve/iriul',r do Perácieraiiu 

manifestaron que ou su opinión la reso- 
lución que so adopta liebe recibir la me- 
jor acojida y desde luego aseveran que 
la i'eci'oiiá del Departamento do Soriano 
(.[ue renreseutan. í'^írmado: Juan Ángel 
(íolfarini— iiodolfo Vellozo — Jacobo Z. 
Borra -Antonio Paseyro— D. Terra — E. 
Acevedo Diaz -Dionisio Viera. — Es có- 
l)ia íiel del original existente en el ar- 
chivo. 



La Revista Uruguaya 



11 






me ^ 




Por la Redención Política!... 



KameÉ siilire la CaiiiiiaÑa ild 97 

ESCRITA POR 
EL JEFE DE LA 8*^. DIVISIÓN REVOLUCIONARIA 

Coronel Cicerón Marin 



(Continuación) 

Véase Niim. 19. 

El Coronel González logró también 
rehacer su gente que también se había 
dispersado, é hizo formar dando el frente 
al enemigo. Los coroneles Lamas y Nuñez, 
con sus infanterías ocupaban el paso donde 
sostenían un fuerte combate, enseguida 
me ordenó á mi y también al Coronel 
González que avanzáramos sobre la cos- 
ta, desplegando nuestras fuerzas en gue- 
rrillas, ocupando yo la izquierda del Co- 
ronel Lamas, y González la izquierda 
mia. El Coronel Diaz Olivera y el Co- 
mandante Bastarrica pro tejían la dere- 
cha de la infantería, parte del escuadrón 
del Coronel Batista protejia el centro 
donde se hallaba el Coronel Lamas, igual 
protejia la derecha el Coronel Martirena 
V Comandante (Vú. En este orden em- 
pezó el combate, serían próximamente 
las G menos cuarto cuando el combate 
empezó durando 6 horas 20 minutos poco 
más ó menos. 

Pronunciada la derrota de nuestros ad- 
versciriüs me ordenó el Coronel Lamas, 



Cl) En los números sucesico-' irán las narracio- 
nes de los Jefes Jiecoluciunarin»- .toOre la guerra del 
97, Jone F. Gomales, íiasilio 1/ Sen/io Maños, Veles, 
Aíarin, Gil, Blanco. Balis'.a, Coranas, Aldama. Gue- 
rrero. Ismael' VelaS'/ue^, Naoarreie, Várela Gomes, 
Expediciones Aparicio Saraoia, Lamas, Monyrell, 
Benitez. asalto cañonera '■Arti(¡as", exposiciones de 
Cannaveris, CiOils, Gauna, Saaeedra y Coronel Ort/as 
Pampillón, etc etc., ¡/ muchas otras cioiles y milita, 
res, asi como toda la documentación política ¿/ militar 
yue sirven de base d nuestra " Historia ilel 97". 

¡.a liedawióii 



que me retirara de la costa para reta- 
guardia en calidad de reserva y el Co- 
ronel González, Comandante Gil y parte 
del escuadrón de Martirena 4ue pasaran 
al otro lado en persecución del enemigo, 
y el empezó á recoger nuestros heridos, 
se juntaron las caballadas de la infante- 
ría y también la del enemigo, terminado 
todo esto, después de curar los heridos, 
organizamos las divisiones y nos pusi- 
mos en marcha rumbos á la Estación 
Francia, acampando á tres leguas *del 
campo de la pelea. Al aclarar del dia 18 
llegamos á la Estación Francia y conti- 
nuamos la marcha con rumbo al Paso de 
los Toros, acampando en el arroyo Salsi- 
puede Grande. 

El dia 19 á las 10 a. m. llegamos al Pa- 
so de los Toros y llendo de vanguardia 
la octava división á órdenes del que sus- 
cribe, se descubrió una fuerza enemiga 
compuesta de 600 hombres más ó menos, 
que las mandaba el Comandante Balsa- 
mo (a) Querido. 

p]ste se retiró, dejando una emboscada 
frente al paso, la cual nos hizo un fuego 
nutrido, siendo rechazados por imestras 
fuerzas y álos pocos instantes emprendie- 
ron su marcha, abandonando el paso. 

Seguimos la marcha con rumbos al 
Este sin novedad digna de mención has- 
ta el dia 25 que estando acampados en 
la costa de San José (Departamento Du- 
razno) y siendo las 11 a. m., se sintió un 
tiroteo próximo al campamento y esto 
era la vanguardia del Ejército del Gene- 
ral Arribio que tiroteaba al Jefe de ser- 
vicio que lo era el Coronel Juan José 
Diaz Olivera. 

Al aproximarse el enemigo h nuestro 



12 



La Revista Uruguaya 



Cíimpamento, el coronel Lamas me orde- 
nó á mi Y al coronel (González (^iie sa- 
liéramos á sil encuentro y con la ui,i;en- 
cia del caso hicimos montar á caballo, 
despleii'anbo nuestras tuerzas en guerri- 
lla y sostuvimos con el enemigo un fuer- 
te tiroteo el cual duró luia hora más ó 
menos. 

FA enemigo ahaudonó sus posiciones 
según lo demuestra el plano número :i. 

Emprendimos nuevamente la marcha, 
con rumbo al Este, hastíi el dra 28 en 
cuyti techa nos incorporamos con el se- 
ñor (leneral en ia costa de Tubambae, 
Departamento de Cerro Largo y después 
át las ceremonias de estilo, esto es, el 
saludo de los jetes superiores al señor 
General, seg"uimos nuestra marcha, yen- 
do á carai)ar á la costa de Fraile Muerto. 

p]l (íia .'JO estando acampado en los ba- 
ñados-de Medina y después de tener co- 
nocimiento el señor (íleneral, de un ci'í- 
men cometido por cuatro soldados d(^ 
las fuerzas al mando del Coronel Mena 
y una vez tomados prisioneros, tuei'on 
s'ometidOs á un (Joiisejo de (íuerra y este 
Consejo en atención a la ferocidad del 
hecho, fueron sentenciados á muerte y 
ejecutados en el mismo din. 

El día 1°. de Al)ril se sei)ar<') elíieiieral 
Saravia. con su fuer7;i v ■■'"■ '• - ü •' 'í^>- 
ne^ <le los ('oroueic- » 
Olivera para efectuar la ¡í(í.~,v. . 
úeneral Muniz, haciéndola con lo.ia tu- 
nacidad. 

El coronel Lamas á. la cab*^za de las 
fuerzas que mandaban los coroneles Nu- 
ñez, Marin, Batitta, Pampillón y coman 
daníes Martirena. y (íil, siguiendo rum- 
bos al i)uebl(.)de Ti'eint;i y Tivs y así mis- 
mo nuirchaba con estas fuerzas el delega- 
do deCuerra, l)r. 'Ferni. 

Antes de llegar al ])ueblo de Treinta y 
Tres, cami)os(l(d (\:)ronel Basilisio Sara- 
via, se sepai'ó el Coronel Nuñez con sus 
fuerzas y más el Coronel Batista y Co- 



mandante ]\[artirena, tomando rumbo á 
Cerro Largo. 

El resultado de esa fuerza, me es tris- 
te mencionarlo y la infamia cometida por 
el Coronel Nuñez es por demás conocida 
por los habitantes de la República. 

El Coronel Lamas acompañado de la 
fuerza á mis ordenes v las del coman- 
daníe (lil quedamos completamente cor- 
tadas y después de una porción de dias^ 
nos incorporamos con el señor (leneral 
próximos á Nico Pérez. 

Sin novedad seguimos marcha con 



^ .^^iJJIliyj^W 




■M 






Dií. I)\. AiíTLiJo Ramos Suakez 

rumbos á la Florida y el dia 14 \\ las 

7 a. m. acampamos en la costa del Tala y 

\'!S 9 mas ó menos se sintió el tiroteo 

Inmedlaiuiuente el coronel Lnmas me 
ordenó salier;i con las fuerzas á mi man- 
do ni encuentro del enemigo que era la 
vanguardia delÍTcneral Meliton Muñoz y 
cuin])liendo esa orden, desplegue mis 
guerrillas y las coloí|ue en el orden que 
iiulica el plano número 3 y después de un 
fuerte tiroteo se retiró el enemigo, siendo 
mi i)osiciónelan'oyoSan Gerónimo. 

El dia 10 estando acampados en el Ce- 
rro Colorado nos alcanzó nuevíimente las 
fuerzas del (ieneral JMuñoz á las 11 a. m. 
másómenosy desi)ues del tiroteo de las 



La Kevi&ta Üküüuaya 



13 



guardias avanzadas se trabó un fuerte 
combate entre nuestras fuerzas que se 
componían de 2.500 hombres mas ó me- 
nos mal armados y los del gobierno que 
según informes fidedignos se componía 
de más de 6.000 hombres de las tres 
armas. 

Continuará. 



(1) 



NARRACIÓN 



SOBRE LAS 



Campañas del 96 y 97 

POR EL ENTONCES COMANDANTE , 

Hoy General BASILIO MUÑOZ (hijo) 

(Continuación) 

Véase Ni'im. 19. 

]\layo (i — Campamento en las Toscas 
-Llueve copiosamente. 

7 — Campamento en lo de Manuel Dio- 
nisio— Se carnea y almuerza bien, no hay 
novedad. 

<s — Campamento en Caraguatá trente 
iV lo de Romero — Llueve torrencialmente. 

9— En el mismo campo — Sin novedad, 
sigue la lluvia. ■ ' ' 

i()_Se muda cami)© — Sin novedad y 
sigue la lluvia. 

1 1 — En el mismo campo — Sin novedad. 

12 — Campamento en Bañado Coronilla 
— Sin novedad. 

I ;i- (Campaña de Aparicio Saravia)— 
Campamento en Caraguatá — Pasó el día 
sin "i'^^vpdad. 

; --/Maiia i'*' Airoyo Blanco — Serían 
las i 1 a. 111. cutiiiv-iw tii .>Lnjii ¿i Lilia aiiura 
avis'tamos el ejército enemigo, el encuen- 
tro fué inesperado, aunque lo buscábamos 
pues teniímios que pelear á Villar si no 
queríamos exponernos á que nos persi- 
guiera y obligara quizá á que el desbaii- 



<í) En las exposiciones n narraciones de cimles ó