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Full text of "Tratado teórico práctico de homeopatía : o sea organon del arte de curar : seguido de la Medicina doméstica por C. Hering, y precedido de un estenso prólogo sobre las enfermedades mas comunes en Santiago, etc."

SURGEON GENERAL'S OFFICE 

LIBRARY. 



ANTCEX 
Section, . 



o. J..£ÁC/)M W 



M 



# . 






JUMADO TEÓRICO PRACTICO 



DE 



HOMEOPATÍA 



o SEA 



CBGANON DEL ARTE DE CURAR, 
V. POR S. BiBIIHil. 

SEGüíIK) DE LA MEDICINA DOMESTICA 
por v. ssexsxg, 

Y PRECEDIDO DE UN ESTENSO PROLOGO 
SOBRE LAS ENFERMEDADES MAS COMUNES EN SANTIAGO, ETC. 

POR EL DR, B. GARCÍA FERNANDEZ. 





SANTIAGO DE CHILE. 

IMPRENTA CHILENA, calle de Montevideo (Tcatinos). núm. 39, 
— 1855. — 





VJ3K 

VU48»' 

IS5S 



AL S.i D, SILVESTRE OCHAGMfA 

EX-MINISTRO DE JUSTICIA, CULTO E INSTRUCCIÓN PÚBLICA DE CHILE. 



mi muí querido amigo: 

La homeopatía se va haciendo lugar en todas las clases de San- 
tiago; a la curiosidad siguió la duda, y a esta la convicción. Al 
principio me llamaban jeneralmente los enfermos desahuciados o los 
que estaban aburridos con largos e inútiles tratamientos; y algunos 
otros, con cualquier pretesto, por el vano deseo de conocerme o de 
conocer el nuevo sistema. Mas ahora, las cosas suceden de otro 
modo: mi clientela, que es mui numerosa y a la cual no puedo dar 
cumplimiento, eslá convencida de que la homeopatía es una verdad 
práctica, y todos los días, desde lo mas alto a lo mas bajo, recor 
rro la escala social, viendo enfermos de diferentes dolencias, que 
no quieren ya curarse con otro método que con el homeopático. 
Este paso, en el sentido del progreso, tengo la dulce satisfacción 
de haberlo dado, sin el ruido y escándalo de los demás países don- 
de se ha introducido la homeopatía. 

Los resultados prácticos, sorprendentes muchos de ellos, han 
despertado en los aficionados el vivo deseo de conocer los funda- 
mentos de la homeopatía, y sus aplicaciones prácticas a los enfer- 
mos, para socorrerse a sí mismos en los casos apurados y para llevar 
algún consuelo a los pobres de los campos, que mueren en el ma- 
yor desamparo. 

Este vacío, que no han podido llenar las librerías de Santiago y 
Valparaíso, me propuse llenarlo yo, reimprimiendo dos obritas de 
la mayor importancia; una teórica, que es el órganon de Hahne- 
man, y otra práctica, que es la Medicma doméstica de Hering, que 
ha merecido ser traducida a todos los idiomas cultos. 

Como mí objeto era ofrecer al público un Tratado de homeopa- 
tía, teórico y práctico a la vez, para que a poco costo satisfaciera las 
necesidades de todos, y que al mismo tiempo presentara la ciencia 
en su estado actual, con aplicación a Santiago, escribí el adjunto 
prólogo, que es mas />ien una obiita que una introducción. En él 



T1 DEDICATORIA. 

espongo las leves fundamentales de la homeopatía, las virtudes de 
los medicamentos mas usados, los accidentes que padece la mujer 
en cierto estado interesante de su vida, las enfermedades de la in- 
fancia y entre ellas el ataque al cerebro en los niños, las afeccio- 
nes del corazón, pulmón e hígado, que son los padecimientos ha- 
bituales de la capital, terminando con algunas consideraciones sobre 
la causa principal de las enfermedades que aquí se sufren. 

Algunas reglas de Hijiene individual y de Hijiene pública, re- 
la! ivas a Santiago, con un plan de mejoramiento de la población y 
los medios de llevarlo a cabo, aumentan todavía este largo Prólogo. 

Yo desconfio de haber desempeñado bien este trabajo, escrito co- 
mo está a ratos cortos, robados al sueño y a los enfermos; pero tal 
como es, yo me tomo la confianza de ofrecerlo a U. de lodo co- 
razón, como una pequeña prueba de mi amistad y de las simpatías 
que hacia su persona, despertaron en mí, su vivísimo anhelo de 
instruir al pueblo y sus acertadas disposiciones para conseguirlo. 

Todavía hai otro sentimiento que mueve mi corazón a dedicarle 
esta pequeña oferta. 

Yo no he nacido en Chile, y Chile me ha dado esposa, hijos, 
buenos amigos, honrosas distinciones y una tan favorable acojida, 
cual yo no podía esperar de ningún modo. Y a nombre de tan caros 
objetos, que forman las deliciasde mi corazón, yole dedico a U., no 
solo la obra, porque esta vale poco, sino el bien que de ella resulte; 
y mas que todo, la buena intención que yo he tenido al escribirla, 
deseando hacer algún servicio al pais que, con sus bondades, me 
hace olvidar el mió propio, en muchas circunstancias. 

En cuanto a la obrita de Hijiene que, siendo U. Ministro, se 
dignó encargarme que escribiera, con aplicación a Chile, acaso en 
el verano próximo haga un ensayo, si no me retrae la justa des- 
confianza en mis propias fuerzas y la seguridad de que otros pue- 
den mejor que yo desempeñar esta empresa. 

No puedo concluir aun sin rec'amar su induljencia sobre un de- 
fecto importante del Prólogo. 

La infracción de las leyes hijiénicas, así déla hijiene individual 
coma de la hijiene pública, es la causa mas ¿enera) délas enferme- 
dades de Santiago. Yo he calificado estas faltas con una severidad 
que acaso no me es permitido, sin que pueda disculparme otra co- 
sa que el haber escrito esas pajinas a la cabecera de los enfermos, 
teniendo en cuenta que sus males eran una especie de suicidio, 
por quebrantar habitualmente las leyes de conservación. 

Si este y otros defectos son mirados por U. con benevolencia, que- 
darán en gran parte recompensadas las aspiraciones de su amigo 

BFN1T0 GARCÍA FF.RNA,NÍ>tíÉ. 



ADVERTENCIA IMPORTANTE, 

Mi doctrina sobre el ayuno, pajina lxix, 
xciv, hasta la c inclusive, cvn y cvm, que tai- 
vez aparecerá de mal sabor católico a los ojos 
de ciertas personas, de ninguna manera se ha- 
lla en pugna con la sabia disposición de la San- 
ta Iglesia; porque si bien es verdad que según 
los principios hijiénicos, comprobados por lar- 
ga esperiencia , abrigo la profunda convic- 
ción de que en Santiago, por las costumbres 
radicadas en las familias, por la calidad de los 
alimentos y por otras circunstancias,, no se 
puede ayunar impunemente, salvas peque- 
ñísimas excepciones, también es cierto que, 
sin embargo de esto, no es mi ánimo estable- 
cer una doctrina con que se intente vulnerar 
los fueros de la autoridad competente, para 
modificar la forma del ayuno: antes bien de- 
seo y me someto espontáneamente al juicio 



de la Santa Iglesia. 



BENITO GARCÍA FERNANDEZ. 



ÍNDICE 

DE LAS MATERIAS CONTENIDAS M EL- PRÓLOGO. 



Dinamismo vital « 

DOSIS INFINITESIMALES Vi 

LF.I DE LOS SEMEJANTES Xll 

ESl'ElllMENTM.lON PÜItA ...... t . XIV 

CONSIDERACIONES JENEBALES XV( 

MOCIONES JENEliALIS SOBRE LOS MEDICAMENTOS QIE SE EMPLEAN EN LA 

MEDICINA DOMÉSTICA ,.'...♦... XXI 

Acónito. — Agaricus . . '*'• 

Agnus castns. — Alumina. — Antimonium crud. — Árnica .... x\u 

Arsénico.— Barita. — Belladona . . . . • xxnt 

Biionia Alba. — Calcárea carbónica xxiv 

Cannabis. - Capsicum.— Garbo vegétabilis. — Causticum . . . . xxv 

Chamomilla. — Clima. — Ciña.— Cocculns . : . XXVI 

Coffea. — Colchicum. — Colocín this.— Comium. — Crocus.— Cuprum. 

— Drosera dulcamara xwn 

Enphrasia.— Ferrum. — Hepar.— Hyosciamus.— Ignalia.-lodium. — 

Ipecacuana. — Lacliesis xwiu 

Licopodium.— 31ercurio. — Natrum-m.— Nux moschata.— Nux vom. 

Opium. . . .......... . . • • • • x ^ ,x - 

Petroleum.— Phosphorus. — Phosph. acid.— Platina. — Pulsatilla — 

Hlieum.— Rbododendron chrisant . . . ... . • • • • XXK 

Rhus toxic — Ruta.— Sambucus.— Sécale. — Sepia. — Silícea. — Spi- 

gelia. — Spongia. — Stapliisiigria xxxl 

Siilfur.— Tartaiusemei.— Thuya vxxu 

TI". ATA M UNTO HOMEOPÁTICO DE LAS ENFEUMEDADES MAS COMUNES EN 

SAN'IIAOO XXXIII 

Hijieue del embarazo - • • K ' - 

Enfermedades délas mujeres embarazadas— Plétora.— Vómitos.— 

Estitiquez . . • ll1. 



ÍNDICE 

Diarrea.— Cólico o dolores de flato.— Dolores de caderas. — Ganas 
frecuentes de orinar. — Insomnio. —Palpitaciones de corazón. — 
Síncopes. — Dolores de muelas. -Antojos. --Hemorrajias del útero. xxxiv 

Calambres de las piernas.— Hinchazón de las venas de id.— Grietas 
del vientre.— Tos. — Opresión al pecho y cansancio. — Hincha- 
zón de las estremidades inferiores. — Preservación de las en- 
fermedades hereditarias.— Remedios homeopáticos para que el 
parlo sea bueno xxxv 

Accidentes durante el parto.— La lipotimia. — Conjeslion cerebral. 
— Convulsiones. — Hemorrajias. — Muerte de la criatura. — Re- 
tención de la placenta xxxví 

Cuidados en el sobreparto jd # 

Caidadel útero. — Lesión de las parles jenilales. — Retención de orina 
— Incontinencia de orina. — Almorranas. — Entuertos. — Inflama- 
ción de los pechos. — Grietas de los pezones. — Inflamación 
del útero xxxvu 

Peritonitis puerperal. — Flemasia alba dolens,— Estitiquez, — Dia- 
rrea.— Abultamiento del vientre.— Fiebre de la leche. — Falta 
de leche. — Supresión de la leche. — Leche. — Derrame de leche. 
— Retirarse la leche. — Supresión de los loquios xxxviu 

Debilidad.— Dolores de caderas xxxix 

Cuidados que reclaman los recien nacidos. — Cuidados hijiénicos. id. 

Preservación de muchas enfermedades. — Dolores de flato. — Esti- 
tiquez.— Asfixia. — Chichones en la cabeza. — Deformidades. — 
Quebraduras.— Tupición de narices.— Enfermedades de la vista. 
— Insomnio. — Retención de orina. — Escoriaciones. ... xl 

Algorra. —Ictericia.— Diarrea. — Erisipela. -Costras de leche.— 

Vacuna.— Viruela. — Dentición XLÍ 

Fiebre. — Odiosidad.— Enfermedades de la vista.— Id de los oídos. 
— Paperas.— Hinchazón de la nariz y del labio superior.— Vómi- 
tos. — Diarrea. — Tos. — Lactancia artificial. ....... xlii 

Lactancia mista. —Alimentación de la criatura durante la lactancia. 

Destete. — Cualidades de una buena nodriza. ...... xuu 

ATAQUE AL CEREBRO EN LOS NIÑOS x , , v 

ENFERMEDADES DEL CORAZÓN , ( 

DE LA CALENTURA < I.XVII 

ENFERMEDADES DEL HÍGADO LXXXI 

CAUSAS DE LA DEBILIDAD x , |( 

REGLAS DE HIJIENE INDIVIDUAL, RELATIVAS AL APARATO DIJESTIVO. XCIV 
JtEGLAS DE HIJIENE O SALUBRIDAD PÚBLICA, RELATIVAS A SANTIAGO 
I'ROYECTO DE CONTRIBUCIÓN MUNICIPAL TARA EL MEJORAMIENTO DE l.A 

I'OBI.ACION . <;x 



PROLOGO. 



Reimprimo el órganon de Samuel Hahneman y la medicina doméstica del 
doctor Constantino liering, por ser las dos obrilas que de homeopatía con- 
vienen mas al público. 

El que quiera tener una idea de lo que es la homeopatía, puede leer el 
órganon del. arte de curar o sea la esposicion de la doctrina de Hahneman; 
y el que quiera curar o curarse con el sistema homeopático puede consul- 
tar la medicina doméstica, donde se encuentran espuestas con bastante cla- 
ridad, V al alcance de todo el mundo, las enfermedades que jeneralmente 
se sufren en todos los climas, con el tratamiento homeopático que la expe- 
riencia ha confirmado ser mas eficaz. 

Reúno las dos obritas en un solo volumen para que, con el menor costo 
posible, se tengan a la mano la teoría y la práctica, los principios homeopá- 
ticos y su aplicación a los enfermos. 

Con esta publicación me propongo principalmente tres finesí el \°. es 
propagar una verdad conocida de mui pocos; el 2.° hacer un gran bien al pais; 
y el 3.° proporcionarme algún descanso en mi práctica. 

i ° Propagar una verdad conocida de mui pocos. En efecto, la homeopatía en 
Chile, es casi enteramente desconocida; todos los que hablan de ella, asi en 
pro como en contra, no conocen mas que el nombre de homeopatía y a lo su- 
mo, alguna que otra aplicación empírica. No siendo esta introducción el lugar 
a propósito para hacer un curso de homeopatía, me limitaré únicamente a 
reasumir los principios fundamentales de la teoría hahnemaniana„ 

Las verdades principios, las bases sacramentales que \ahomeopatia ha creido 
demostrar, teórica y prácticamente, en todos los paises del mundo, reduci- 
das a su espresion mas jeneral, son las siguientes: 1° dinamismo vital: 
2.° dosis infenilcsimales. 3.° experimentación pura; 4.° lei de los semejantes: 

Explicaré rápidamente cada uno de estos principios, sin descender a mi- 
nuciosidades, para la mayor ¡ntelijencia del público. 

Dinamismo vital. Se entiende por tal la existencia en el cuerpo vivo de 
una fuerza, distinta del alma inmortal, distinta también de las fuerzas físi- 
cas y químicas y distinta, por último, del calórico, electricidad y magne- 
tismo, la cual preside a todos los movimientos orgánicos, que nos son 
comunes a los animales y a las plantas. Esta faena vital o dinamis- 
mo preside ala respiración, principalmente en los fenómenos íntimos de la 



II PnOLOGO. 

aanguificacion; preside a la di jes lian en las alteraciones fundamentales que 
sufren los alimentos en el tubo dijestivo; preside a la absorción, asi del qui- 
lo como de la que se verifica en el intersticio de los órganos; preside a la cir- 
culación, a la calorificación, y por último preside a la que es el complemen- 
to de todas las funciones orgánicas, a la nutrición. Esta fuerza vital es la que 
únicamente funciona en las plantas y en los árboles; es la que únicamente 
existe en los animales de orden inferior; es la que únicamente da señales 
de existencia en la criatura humana durante la vida intrauterina o antes de 
nacer. En el sueño, sin ensueños, en el letargo completo y en la apoplejía 
¿quién es sino la fuerza vital la que conserva nuestra existencia? ¿(Juién 
sino ella ordena y desordena nuestros movimientos orgánicos en la salud 
y en la enfermedad, desde el instante mismo de la concepción hasta la 
muerte? 

Ahora bien, en esta fuerza vital o dinamismo es en la que cree Hahneman 
y con él toda la Escuela homeopática, que tienen su asiento todas las enfer- 
medades, asi agudas, como crónicas, pero no un asiento secundario sino pri- 
mitivo i fundamental. 

Algunos ejemplos hacen mas patente el pensamiento de Hahneman. Lo 
que aqui llama el vulgo histérico nervioso, manifestado por convulsiones, so- 
llozos i llantos, es una enfermedad que tiene sn asiento, no en los nervios, 
como se cree jeneralmente, sino mas allá, en la fuerza vital. 

Una fiebre, manifestada por mucho calor, pulso muí desarrollado, gran 
sed, estraordinaria ajítacion, eto.es una enfermedad que tiene su asiento, 
no en la sangre, como se cree jeneralmente; sino mas allá, en la fuerza vi- 
tal. 

Una enfermedad del hígado, manifestada por dolor al hipocondrio dere- 
cho que se estiende al pulmón, al hombro y brazo del mismo lado, y aun 
hasta la paletilla derecha; que acompañan a este dolor la hinchazón del mis- 
mo hígado, la inapetencia, el gusto amargo, el venirse la bilis por sí sola a 
la boca; la mala dijeslion, la cargazón de bilis, flemas y alimentos, al es- 
tómago, hígado y vientre, etc. etc., no es una enfermedad que tiene su asien- 
to primitivo en el hígado, como se cree jeneralmente, sino mas allá del hí- 
gado, en ia fuerza vital. 

Una hipertrofia o aneurisma, manifestada por grandes palpitaciones del 
corazón, que se estienden a lo largo de las arterias y se oyen a mucha dis- 
tancia, como en la cabeza, que acompañan mucho cansancio al menor mo* 
\imiento, dolor y opresión al corazón, hinchazón de las estremidades etc. 
etc., son unas enfermedades que tienen su asiento primitivo, no en el co- 
razón, como se cree jeueralmente, sino mas allá del corazón, en la fuerza 
vital. 

Una calentura, manifestada por dolor i ardor al pulmón, opresión al pe- 
cho, cansancio, tos con desgarro de flema purulenta, en las que hai ya pe- 
dacitos como de queso añejo acompañado todo este aparato de sínto- 
mas de fiebrecita con sudores abundantes, evacuaciones que no se pueden 
contener con nada, enflaquecimiento, suma debilidad etc. etc., es una en- 
fermedad que tiene su asiento primitivo, no en el pulmón, como se cree jene- 
ralmente sino mas allá del pulmón, en la fuerza vital. 

Lo que he dicho del histérico, de la fiebre, del hígado, del aneurisma y de 
la tisis, es aplicable a todas las enfermedades que padece la especie huma- 
na, incluyeudo el zaratán y los lobanillos. 

En efecto, el zaratán, que semejándose a un voraz carnívoro va destru- 
yendo los órganos que ataca, es una enfermedad que tiene su asiento pi t- 



MtOI.OGO. ni 

nuiivo, no en los pochos o en el órgano uterino, donde se manifiesta ron mas 
frecuencia, sino mas allá de los pechos y del útero, en la fuerza vital. 

Y el lobanillo, que parece la enfermedad mas esencialmente local que se 
conoce, es una afección que tiene su asiento primitivo, no enlre cuero y 
carne, como se dice y se creejeneralmenle, sino mas allá, en 1 1 fuerza vital. 

Aun las berrugas mismas, que aparecen en los dedos de las manos, no 
es su asiento primitivo el culis de los dedos, sino la fuerza vital, como lo 
prueba, entre otras cosas, el que las berrugas desaparecen con una dosis 
infinitesimal de thuya, ácido nítrico etc., administrado al interior, sin que 
haya necesidad de tocarles con nada a las mismas berrugas. 

De modo que, las enfermedades tienen todas su asiento, primitivamente 
en la fuerza vital o en el dinamismo; y secundariamente en la sangre, el hí- 
gado, cerebro, pulmón, corazón, ríñones, vejiga, glándulas etc. etc., del 
cuerpo humano. 

Digamos también cuatro palabras sobre las causas de las enfermedades, 
para la mayor inMijaneia de la teoría del dinamismo o fuerza vital. Y ya 
que no-portemó? estendernos mucho sobre esta materia, por la naturaleza 
del escrito, valgámonos de algunos ejemplos para mayor claridad. 

Lus eausas de las grandes epidemias que azotan a la especie humana co- 
mo el cólera, la fiebre amarilla, la peste de levante, el tifus, la viruela, la 
escarlatina, el sarampión, etc. etc., aunque obran sobre la sangre, obran 
principal y primitivamente sobre la fuerza vital. 

El aire infecto y corrompido que respiramos en Santiago, alterado en su 
composición por las sustancias vejetales y animales que inundan las calles, 
en plena putrefacción, y que es la causa principal de todas las enfermeda- 
des que sufrimos y de la estraordinaria mortandad que tenemos; aunque 
este aire así corrompido obra en los pulmones alterando la sangre, obra 
primitiva y principalmente sobre la fuerza vital, produciendo esa jeneracion 
débil y escrofulosa, diezmada o quintada en los primeros meses de su exis- 
tencia y que sucesivamente emigra a la eternidad antes que llegue a su com- 
pleto desarrollo, salvándose únicamente los que Dios quiere que sobrevivan, 
porque no hai otra razón plausible para esplicar filosóficamente el por qué 
no sucumbe eñ pocos años toda la población de Santiago, atendiendo a la 
infracción constante de las leyes hijiénícas en que voluntariamente o por 
necesidad incurrimos. 

El maldito desarreglo y condenador abuso de los alimentos que, mas o 
menos, salva alguna que otra mui rara escepcion, todos tenemos en San- 
tiago; donde parece que únicamente vivimos para comer y para satisfacer 
nuestras sensualidades del paladar, estómago y vientre, y quenada nos 
debemos a nosotros mismos, a la familia, a la patria, a la humanidad y a 
Dios mismo, este desarreglo digo, causa segunda y mui principal de tan- 
tas y tantas enfermedades como aquí sufrimos, aunque obra este desorden 
en el estómago y tubo intestinal desarreglando, entre otras cosas, la secre- 
ción de la bilis, obra primitiva y principalmente sobre la fuerza vital produ- 
ciendo el tan crecido núm-ro dé afecciones al hígado que espenmeutamos, 
puesto que, de los cien mil habitantes, mas bien mas que m «os, que tie- 
ne la población, acaso ochenta mil padecen del hígado, en mayor o menor 
escala. 

El no menor sino mayor abuso de los purgantes y lavativas, desde que 
se nace hasta qu? se muere, puesto que el primer alimento del niño es el 
lamedorcito de aceite de almendras, con palmacristi; y cuando se muere, 
aunque sea a los cien años, se va al cementerio con purgantes y lavativas 



It PROLOGO. 

dentro del cuerpo; esto abuso, digo, causa tercera de tantas enfermeda- 
des, y segunda de las del hígado, aunque obre sobre el estómago, híga- 
do e intestinos, obra primitiva y principalmente sobre la faena vital produ- 
ciendo tantas estitiqueces y almorranas, causas a su vez ambas de los fla- 
tos e infinidad de males que con ellas tienen relación. 

El estraordinario y nunca visto abuso del preparativo del purgante, pil- 
dora mercurial, administrada jeueralmenie la noche anterior al evacuante, 
causa poderosa de muchas enfermedades, pero principalmente de la mala 
dentadura y sobre todo de la fetidez del aliento, que tan comnn se va ha- 
ciendo en Santiago; este abuso del preparativo, digo, aunque obra sobra 
el estómago, hígado y tubo intestinal y acelera en alto grado la secreción 
de la bilis, obra primitivay principalmente sobre la fuerza vital, impiimiéu- 
dole una dirección viciosa para mucho tiempo, meses, años y aun (oda la 
vida, dejando huellas indelebles para siempre, y acaso trasmitiendo a los 
hijos una infección mercurial, como se trasmite el venéreo, y no menos 
perjudicial que este. 

Las demás causas, como el aire, el frió, la humedad, loí^ambios repen- 
tinos de temperatura, aunque obran sobre el culis suprimiendo la traspi- 
ración, obran primitiva y principalmente sobre la fuerza vital produciendo 
el sinnúmero de afecciones bronquiales, pulinouales, etc., que aumentan 
el ya bien crecido catálogo de padecimientos que hemos indicado. 

Lo que de estas pocas, pero eficaces causas, he dicho es aplicable en 
su acción primitiva a todas las demás, sin escepluar las causas mecánicas. 

Un golpe por caida, pedrada, palo, etc., o por una herida por instruí 
mentó cortante, arma de fuego, etc., es verdad que obra dividiendo o ma- 
gullando los tejidos, pero también obra, y mui principalmente sobre la fuer- 
»a vital, produciendo la reacción nerviosa inflamatoria que, ya en bien, ya 
en mal, tanta influencia tiene en las lesiones traumáticas. 

La etiolojía o el estudio de las causas de las enfermedades se encuentra 
mui lejos de hallarse agotado; yo no he hecho mas que indicar algunas de 
ellas y el cómo obran primitivamente sobre el organismo vivo; pero las cau- 
sas en sí no solo son ajentes materiales que, hiriendo el principio vital, 
inician las enfermedades, sino que son materia y fuerza lodb junto, que si 
tienen poder etiolójico o productor de enfermedades, lo hacen mas bien 
como fuerza que como materia. Si el mercurio produce para siempre, en- 
tre otros males, la fetidez del aliento en las personas que lo han tomado, 
no tanto lo hace como mercurio sino en virtud de una fuerza o principio 
imponderable que tiene en sí, análogo, pero distinto de la electricidad, 
calórico y magnetismo, principio imponderable como el principio vital etc., 
causa de los bienes y estragos que hace en el hombre. No obra el mercu- 
rio atomísticamente o en masa sobre el cuerpo vivo, al menos no es esta su 
acción principal, acción física y química, sino en virtud del principio vital f 
digamolo así, que tiene retenido en la materia. Porque existe en él este 
principio vital o dinámico es por lo que tiene poder de curar o dañar, sin 
negar por esto que pueda obrar física y químicamente cuando se administra 
en gran canu !ad. 

Lo que del mercurio acabo de indicar es aplicable al hierro y sus pre- 
parados ya todos los medicamentos que se conocen. 

No solo los medicamentos obran sobre el organismo vivo en virtud de la 
materia de que están formados y de la fuerza principal o dinamismo vital 
que en sí tienen, sino todos los ajentes naturales, aire, alimentos, bebidas, 
etc., obran del mismo modo. El aire puro del campo entona a un convule- 



PROLOGO. > 

dente no solo por ser mas ocs'ijenado que el de te ciudad v por tener me- 
nos sustancias putrefactas, sino por el calórico, la electricidad y la fuerza, 
principio o dinamismo vital que retiene en sus moléculas. Las aguas y los 
alimentos hacen lo mismo; nutren y entonan, cuando son de buena calidad 
y se toman como se debe, no solo porque reponen nuestras pérdidas, sino 
por los ajemos imponderables que nos comunican principalmente su fuerza 
O dinamismo vital» 

Compendiando este resumen sobre el dinamismo vital, cuya responsabili- 
dad, no solo pertenece a Samuel Hahneman, sino a los vitalistas de todos 
los siglos, la cual yo acepto con sumo gusto, digo; que existe en nues- 
tro globo, umversalmente repartido, ademas del calórico, electricidad v 
magnetismo, un fluido, imponderable también, que yo llamo vital, común 
al hombre, a los animales, a las plantas y a los minerales; cuyo fluido en 
el hombre preside a todas las funciones orgánicas, que cuando está en ar- 
monía con la organización y los ajentes que la rodean, la salud completa 
es la forma bajo que se nos revela , y cuando se halla en desacuerdo, 
la enfermedad bajo sus distintas formas nos indica su estado anárquico: 
cuyo fluido en los animales y en las plantas es causa de su conservación, 
desarrollo y propagación: y el cual por último, en los minerales es la cau- 
sa de que estos cuerpos tengau acción fisiolójiea, patolójica y medicinal so- 
bre el hombre. 

Para que esta teoría tenga en lo escrito la misma significación que yo le 
doi en mi intelijencia, y para que ninguna alma escrupulosa pueda escan- 
dalizarse, según el sentido en que se tomen ciertas espresiones y segun la 
estension que se le dé al vitalismo, me esplicaró con toda la claridad que 
me sea posible. 

Yo admito en el hombre tres cosas: 1.°, un cuerpo que de la tierra sa- 
Hó y a la tierra ha de volver: 2.°, un fluida nervioso, principio vital, dina- 
mismo o fuerza, o llámese corno se quiera, sumamente sutil, impondera- 
ble como el calórico y la electricidad, pero ma'erial en último resultado, 
análogo al que existe en los animales, en las plantas y en los minerales, 
que vela por la existencia desde la concepción hasta la muerte, asi en el 
sueño corno en la vijilia, asi en la salud como en la enfermedad y que, cuan- 
do la vida se acaba, pasa al depósito común, formando parte del fluido je- 
neral del globo: y 3.°, un alma espiritual, inmaterial e inmortal que de 
un modo evidente, aunque misterioso en el cómo, influye en nosotros mis- 
mos y se eleva a la contemplación de una primera causa etc, 

En esta unión misteriosa del alma, del cuerpo y del principio vital, las 
funciones propias del alma son la intelijencia y la voluntad; las funciones 
propias del principio vital son de tres clases: 1. a , los instintos animales y 
la sensibilidad están bajo su jurisdicción: 2. a , sirve de mensajero al alma 
para llevar a los órganos las determinaciones de la voluntad, y sirve tam- 
bién para llevar al alma las impresiones que se reciben en los sentidos es- 
temos y en les órganos internos; y 3. a , preside a las funciones de nutri- 
ción. ¡El cuerpo es una máquina o instrumento admirable, donde vive el 
alma durante la vida, y de la cual se sirve por el intermedio del principio 
vital! 

En las enfermedades, ni el alma ni el cuerpo sufren primitivamente . El 
alma no puede sufrir enfermedad porque es un espíritu puro, y los espíri- 
tus no padecen enfermedades. El cuerpo no sufre tampoco, al menos pri- 
mitivamente, porque el cuerpo no es mas que materia y la materia es inerte. 
Solo el principio vital o sensible es el que padece en realidad- Cuando él es- 



Vf PROLOGO. 

tú afectado no puede desempeñar bien sus funciones y participa al cuerpo 
y al alma el estado en que se encuentra. Si no puede desempeñar y presidir 
bien a las funciones de nutrición, se alteran entonces la dijestion, la circu- 
lación etc. etc., y viene la numerosa clase de afecciones orgánicas porque 
se halla enfermo el ordenador de todas ellas; sino preside bien a la sensi- 
bilidad, viene la numerosa clase de dolores, histéricos etc.; si no sirve a la 
íntelijeneia, viene el delirio, las aberraciones, la locura, etc. etc. 

Esto sucede, es decir; las enfermedades tienen lugar cuando el principio 
vital preside vial; pero cuando falta enteramente su presidencia, las funcio- 
nes orgánicas respiración, circulación etc., cesan porque les falta el prin- 
cipio que las dirijia; el cuerpo se descompone, el alma no teniendo ya a su 
disposición el mensajero que le servia, marcha a su destino; el principio de 
la vida va a formar parte del fluido jeneral del globo, equilibrándose con él 
como se equilibra el calórico. De este modo concibo yo que tiene lugar la 
muerte. 



DOSIS INFINITESIMALES. 



Los medicamentos en homeopatía se administran siempre a fracciones de 
grano, ya veces en cantidades tan sumamente pequeñas, que la imajinacion 
mas colosal no alcanza a concebir. Este modo de administrar los medica- 
mentos, que es una consecuencia del dinamismo vital, se considera como 
uno de los punios capitales de la nueva doctrina, al cual no se debe faltar 
nunca según los puristas homeopáticos. Administrar los medicamentos por 
libras, onzas, dracmas y granos, es seguir el método antiguo u alopático. 
Pero administrarlos por centésimas, milésimas, millonésimas, bi.. tri... cua- 
tri.. quinti.. deci.. ventillonésima etc. , paite de grano, es seguir el método 
nuevo u homeopático. 

Es ya doctrina corriente el dividir y administrar los medicamentos en 
cantidades infinitamente mas sutiles que las anunciadas anteriormente, 
puesto que se dá a un enfermo una cenlillonésima, ducenti... tricenti... 
sexcenti... ochocentillonésima etc., parte de grano. Otras veces se dan en 
cantidades infinitamente mas pequeñas que estas últimas, no habiendo has- 
ta ahora palabras en ningún idioma con que poder espresar su esíraordi- 
naria exigüidad y diminutez. Podrá uno formarse idea algo aproximada 
si se. las representa por un renglón de guarismos que tenga la unidad se- 
guida de diez mil, veinte mil, treinta mil y mas ceros. Los medicamentos 
que a dosis mas pequeñas he administrado y administro a mis enfermos es- 
tán representados por un renglón de guarismos que tiene la unidad segui- 
da de diez y seis mil ceros. 

El arsénico preparado a este último grado me ha correspondido en los 
casos que era específico de un modo maravilloso. 

Estando yo diiijiendo en la Habana un hospital de coléricos el año 50, se 
presentó entre otros enfermos un cabo de granaderos con el cólera 
en tercer grado, o sea cuando ya suelen morir casi todos los enfer- 
mos, presentando los síntomas siguientes: vómitos y evacuaciones violen- 
tísimos y frecuentes; sed inestinguible y rabiosa; dolores calambroideos en 
el pecho y vientre y sensación de un fuego como rescoldo ardiendo en es- 
tas cavidades; calambres agudísimos en todo el cuerpo; cara descompuesta 
y desencajada espresando la ansiedad, angustia y desesperación que precede 



PROLOGO. Vil 

a la muert», cuando el principio de la vida sufre en tan alio grado, etc. etc. 
La mudad patolójiea de este enfermo era mili característica del arsénico y 
la certeza de la homeopatía tan grande en este caso que anuncié a los cir- 
cunstantes, (entre los cuales estaba el actual Párroco de la Caldera), la cu- 
ra infalible del enfermo y el que se quedaría dormido antes de tres minu- 
tos, de cuyo sueño dispertaría bueno y sano administrándole un glóbulo de 
arsénico preparado a la atenuación 8000, cuya cantidad infinitésima se re- 
presenta por un renglón de guarismos que tenga la unidad seguida de diez 
y seis mil ceros. 

Mi pronóstico se cumplió al pin de la letra y a nuestra presencia. El en- 
fermo se durmió a los dos minutos y medio y dispertó bueno y sano, pidien- 
do que comer, a las cincuenta y dos horas, con dos momentos de interrup- 
ción, el primero a las veinte y dos horas y el segundo a las cuarenta y tan- 
tas, sin haber vomitado, evacuado ni orinado en todo este tiempo. 

Otro caso mui notable ocurrió en Santiago a los pocos meses de mi llegada. 

Una señorita, de familia mui distinguida, estaba atacada de disenteria ha- 
cia ya algunos meses y el tratamiento alopático, acordado en juntas y di- 
rijido por buenos profesores, no había dado resultado satisfactorio. Yo me 
encargué de la enferma en un caso ya casi desesperado. . . Administré en 
el primero y segundo día tres antídotos de mercurio, medicamento que se 
había empleado a manos llenas... Al tercer día la enferma estaba mui nial... 
Y por la noche como a las once y media, se me avisó con urjencia que la 
enferma se estaba muriendo. . . Y efectivamente, apenas habia ya pulso; 
un frió como el déla muerte se apoderaba de las estremidades... la voz ca- 
si apagada... el deseiieajamíento de las facciones y una angustia indescrip- 
tible anunciaban una muerte próxima aquella misma noche. 

Y yo, en un momento de inspiración, porque también huí inspiraciones en 
la medicina, vi con toda evidencia, en aquel momento solemne, que el ar- 
sénico era el medicamento específico y salvador... Disolví en un poco de 
agua un glóbulo de arsénico, del grado infinitésimo que dejo referido; di 
unas cuantas golas de esta agua a la enferma diciéndole que ya estaba bue- 
na y anunciándolo asi a toda la familia con lamas completa seguridad, reu- 
saudo quedarme allí toda la noche, pues asi me lo exijian los dolientes, 
por la plena confianza que yo tenia en la virtud casi divina del arsénico en 
aquel caso tan estraordinario. Encargué no le diesen mas medicina a la en- 
ferma volviendo a reiterar que ya estaba buena sin mas que aquellas gotas 
que habia lomado. 

Mi pronóstico se cumplió a las mil maravillas: las evacuaciones, se cor- 
taron completamente aquella misma noche; la enferma entró en calor y se 
fue reanimando; se aumentó gradualmente ya los diez y ocho dias de esti- 
tiquez absoluta obró naturalmente, sin haber empleado en este tiempo lava- 
tivas ni remedio alguno, cosiándome los mayores esfuerzos el poder con- 
seguir que en estos diez y ocho dias, en que la enferma no obró una sola 
vez, se dejara de administrar un purgante suave como aconsejaba sin cesar 
su antiguo médico de cabecera. 

Tres años y meses han trascurrido y la enferma no ha vuelto a tener mas 
disenteria. 

Lo que de la eficacia del arsénico a dosis tan reducida acabo de referir, 
es aplicable a lodos los demás medicamentos, aun en las enfermedades que 
parecen absolutamente incurables y superiores a lodos los recursos del arte. 

Una distinguida señora sufría en esta capital hacía ya veinte o mas horas 
un cólico miserere. El diagnóstico se habia hecho por los primeros prole- 



VIH PltOLOCO. 

sores y so h:ib¡a confirmarlo en junta por unanimidad... En el lado derecha 
del vientre, debajo del hígado, se percibía \\\\ bulto, mui sensible al tacto, 
que semejaba el nudo que forman los intestinos en semejante enfermedad. 
Antes y después de la junta o juntas se aplicaron a la enferma interior y 
esleriormenle infinidad de remedios, incluyendo un baño hirviendo. . . El 
caso se consideraba como desesperado... En estas tristes circunstancias 
me hice cargo déla paciente... Disolví en medio vaso de agua un glóbulo 
decolocynthis (coloquintida) al trieentillonésimo de grano y di a la enferma 
una cucharadita, de las de café, de esta agua milagrosa Preguntóme an- 
tes su esposo, qué que iba hacer...; a poner buena ala enferma, contesté...; 
preguntóme también la enferma, si para una enfermedad tan grave alcan- 
zaría la homeopatía...; no solo alcanza, dije, sino que, es tan infalible la 
curación en este caso que yo no salgo de aquí sin que V. esté buena... Díle 
en efecto la misteriosa cucharadita y a los tres minutos y medio, con reloX 
en mano, la enferma dijo que ya se sentia un poquito mejor... Eran como 
las diez de la noche...; la enferma siguió mejorándose de momento en mo- 
, mentó y antes de las dos de la madrugada la paciente me dijo que ya se 
sentia buena y que podia retirarme a descansar... Ya irán trascurridos cerca 
dedos años y la enferma no ha vuelto a tener novedad; 

Cuando yo vi a don Zoilo León y León (cito el nombre porque él mismo 
se citó en los periódicos) estaba tullido de pies y manos, dándole acciden- 
tes epilépticos hasta treinta y cuarenta veces pordia, teniendo ademas una 
aneurisma considerable; según me dijo la familia lo habían visto en los 
años que llevaba de sufrimiento todos los facultativos de Santiago, y se ha- 
bían tenido muchas juntas. El último profesor que lo asistía," uno de los 
mejores de la capital, hacia como seis meses que lo medicinaba inútilmen- 
te...; yo mismo, cuando lo vi flaco como un esqueleto, encojido como un 
ovillo y con accidentes que, privándole del sentido, le repetían tan ame- 
nudo, desesperé de la curación...; di medicina, mas por humanidad y con- 
suelo de la familia que por las probabilidades que yo tuviera en la" cura- 
ción... ;Cuál no seria mí sorpresa al saber que al día siguiente el enfermo 
estaba bueno...! En efecto, ha cumplido ya tres años que el enfermo tomó 
ignatia amara.y desde entonces no ha vuelto a tener novedad: bueno y sano 

recorre a pie todos los dias las calles de Santiago. Si esta fuera una 

obra pi-áctiea y no una introducción, citaría muchos cientos de casos en que 
la curación ha tenido lugar, no por los esfuerzos de la naturaleza, como 
quieren los enemigos de la homeopatía, ni por el uso de remedios anterio- 
res, sino por el eficacísimo poder de las dosis infinitesimales. 

Mas este punto de doctrina está sujeto, no al capricho de los homeópatas, 
sino a la experiencia. El que tenga duda de si obran o no los medicamentos 
a dosis tan estraordinariamente pequeñas, que experimente, sujetándose a 
preceptos científicos que impone la homeopatía. Hahneman no ha dicho ni 

los homeópatas decimos créase, sino experiméntese El maestro empleó 

los medicamentos jeneralmente al decillonésimo de grano; sus discípulos son 
los que han descubierto el que obran tan infinitesimalmente. 

En la administración de los medicamentos homeopáticos se tienen siem- 
pre presente dos reglas importantes: la 1. a es que no dañen al enfermo, aun 
suponiendo equivocación en el remedio, ya sea en niño, ya en anciano, ya 
en persona mui delicada. La 2. a regla es, que no se den sino e»i | itidad 
puramente necesaria para curar— Si una decillonésima parte de g: l!u^Mnuez 
vómica basta para curar una enfermedad crónica del hígado, con estitiquez 
y almorranas, en un bebedor y tomador de café, que sigue una vida seden- 



l'ROLOGO. JX 

tarín, en cuyas circunstancias es especifico, la razón natural aconseja que 
no se dé medio o un grano de estrado alcohólico del mismo remedio. Si ha- 
ciendo tanteos observamos que el mismo electo se consigue, pero con mas 
suavidad y rapidez, administrando una cenii o sexcentillonésima parte de 
grano, la razón dicta que se dé el remedio del último modo y no del 
primero. 

Lo que se dice de la nuez vómica, es aplicable al acónito para las fiebres 
inflamatorias, a la piUsuLilla para las aflicciones del corazón, al árnica para 
las consecuencias de una contusión etc. etc. 

He dicho antes que los medicamentos homeopáticos jamas pueden hacer 
daño aunque se padezca una equivocación, y asi es la verdad Kilos curan, 
en esa cantidad tan sumamente pequeña, cuando son semejantes a la enfer- 
medad, cuando hai afinidad, digámoslo así, entre el mal y el remedio, pero 
cuando son heterojéueos o desemejantes pasan desapercibidos en el organis- 
mo y no causan impresión alguna. 

Otras muchas cuestiones tienen relación con la de las dosis infinitesima- 
les, de las que voi a hacerme cargo rápidamente. 

1. a ¿Cómo puede dividirse un grano de medicamento siendo sólido, en 
tanta infinidad de partes? Veamos como se procede y asi podrá formarse 
juicio cabal de lo que se afirma. Se toma un grano de la sustancia qué se 
quiere preparar y se mezcla con 99 de azúcar de leche, y se tritura bien. 
Cuando la mezcla está hecha, se toma un grano de ella y se une a 99 del 
azúcar referido; se tritura y mezcla bien. Se toma un grano de esta 2. a mez- 
cla y se anadea 99 del mismo azúcar y se tritura y mezcla. Hecha esta 5. a 
trituración todas las sustancias de la naturaleza son ya perfectamente so- 
lubles en el alcohol acuoso, incluyendo el oro, la plata, la sílice etc. etc. 
Para seguir en la división se toma un grano de la 3. a trituración y se he- 
cha en 99 gotas de alcohol acuoso, y se revuelve bien, sacudiéndolo con 
fuerza. De este modo queda completada la cuarta operación, que se l'laiñu 
atenuación o dilución. Para formar la 5. a se tomi una gota de la 4. a y se 
hecha en 99 del alcohol referido, y se sacude bien. Por el mismo procedi- 
miento se eleva el medicamento a la 6. a 10. a 100. a 1090. a 20009. a etc. 

Si el medicamento es el jugo de una planta, el ácido sulfúrico, nítrico 
etc. etc., se toma una gota y se echa en 99 de alcohol, y se procede co- 
mo en el caso anterior. 

De este modo se preparan los medicamentos en la homeopatía, usando 
siempre frasquitos nuevos par-a cada operación. Si alguna duda queda de si 
se hacen o no bien las mezclas y disoluciones, consúltesela farmacopea ho- 
meopática y se verá que hai todas las garantías científicas que pueden ape- 
tecerse. 

Otra cuestión es saber si en las atenuaciones altísimas, en esas que se 
necesita para concebirlas, espresarlas por la unidad seguida de muchos mi- 
les de ceios, hai o no hai sustancia medicinal. 

Esta cuestión, mas bien de curiosidad que de interés científico, no pue- 
de resolverse por la esperiencia. 

Si suponemos que la materia es divisible al infinito y que las divisiones se 
hacen bien, habrá que estar por la afirmativa. Mas si suponemos lo con- 
tar-— <•», ráenos que la división no está bien hecha, que es lo mas proba- 
Lli^'LmOique estar por la negativa. En ambos casos la cuestión está llena 
de dificultades. Felizmente la eficacia de los medicamentos, curando las en- 
fermedades mas rebeldes, nos saca de la duda y nos enseña que la virtud 

ii 



X PROLOGO. 

curativa de los remedios no se ha desvanecido en tanta* divisiones y siib- 
divisiones. 

Mi opinión en esta materia es la siguiente : los medicamentos son, 
como ya se dijo en el párrafo anterior, materia i fuerza a la vez. La mate- 
ria creo que se pierde en las primeras divisiones, por ejempío, desde la i.* 
a las 100 a o 200% pero en pasando de aquí, queda solo el principio vital o la 
fuerza del medicamento, cuyo principio o fuerza se une al líquido alcohó- 
lico en que se hacen las diluciones, el cual lo comunica a los glóbulos de 
azúcar de leche, estos al agua en que se disuelven y de aquí al principio 
vital del enfermo. 

El deseo de saber y aun mas la curiosidad hace que me pregunten mu- 
chas personas, cómo, pueden obrar los medicamentos homeopáticos en do- 
sis tan pequeñas. Yo no siempre estoi dispuesto a entrar en esplicaciones 
con todo el que me pregunte, por lo poco fructuosas que suelen ser y por- 
que mis numerosas ocupaciones no me permiten distraer el tiempo que 
necesito para los enfermos y los libros. Mas ahora, puesto que lo puedo 
hacer de una vez para siempre y para todos los enfermos y aficionados, 
voi a tantear una esplicaeion del cómo obran los medicamentos y si bien 
en esta materia los hechos y no las teorías son las que deben hablar. 

Por lo que llevamos dicho en el párrafo del dinamismo vital, ya sabemos 
que las enfermedades son todas vitales y que el principio de la vida, y no 
el alma y eí cuerpo, es el que está afectado : sabernos también q,ue en el 
medicamento hai una materia que es inerte, y que no tiene virtud alguna, 
y una fuerza o principio vital en el cual reside únicamente la virtud cu- 
rativa. 

Ahora bren, si se me pregunta cómo obran los medicamentos, contesto 
que no lo sé; pero si se me obliga e insiste en que dé alguna razón diré : 
que concibo su modo de obrar del modo que sigue. Sabemos que 
no es el cuerpo ni el alma los que están afectados, el primero porque es 
materia y el segundo porque es espíritu, cuyas enfermedades son la igno- 
rancia, la mentira etc. sino el principio de la vida, el cual, influyendo mal 
en el cuerpo y sirviendo peor al alma, causa los trastornos que conocemos 
con el nombre de enfermedades. El principio de ia vida se afecta en can- 
tidad y calidad : en cantidad, mas o menos, como sucede en las fiebres y 
en la astenia o debííidad : y en calidad, como acontece en las enfermeda- 
des crónicas, en las cuales existe ademas del principio vital afectado, otro 
principio vital morboso, verdadera entidad pafcolójica, que comparte con el 
principio de la vida sus influencias morbíficas en el cuerpo y en el alma. 
El medicamento lleva siempre una fuerza vitaí o dinamismo, por lo cual 
es medicamento, que sí no, no lo seria jamas; que tiene Ta virtud, en unos 
casos, de modificar el mas o el menos del principio de la vida del enfermo, 
y en otros, el de destruir la fuerza estraña, la verdadera entidad patolójt»- 
ca que estaba unida con él, causando la enfermedad. Si esta modificación 
del principio de la vida o destrucción de la fuerza estraña qne cansa la en- 
fermedad, se hace por semejanza o por contrariedad, en el fenómeno ínti- 
mo de la curación, se pudiera ver después al tratar de la leí de los seme- 
jantes. 

Si colocados ya en este terreno queremos decir cuatro palabras sobre el 
modo de obrar de los medicamentos alopáticos o de los que se suministran 
en grandes cantidades podemos hacerlo ; y aun servirá esto para el mayor 
esclarecimiento de un punto que, por cierto, no deja de ser algo tne- 
taíisico. 



VROLOGO. Xl 

Cuando una gran cantidad de mercurio, dijital, opio, etc. entra en el 
cuerpo humano, quien cura o daña al enfermo, es ki fuerza vital -del medi- 
camento : la parte atomística del mercurio, dijital, etc. o la materia de que 
están compuestos son en lo interior, lo que una espina en los tejidos cu- 
táneos, que solo pueden salir del organismo a beneficio de una larga y 
penosa reacción, qne suele durar meses y años y aun toda la vida. Por esto 
no deben administrarse los medicamentos, principalmente el mercurio, e« 
dosis tales, (en granos o cantidades parecidas) que el organismo no pueda 
desembarazarse de ellos en la primera reacción o esfuerzo : por esto de- 
ben administrarse de modo que la virtud curativa del remedio sea llevada 
al enfermo envuelta o retenida en un vehículo inocente como el agua i el 
azúcar de leche. 

Hecho el gran descubrimiento, cuya gloria pertenece a la homeopatía, de 
que los medicamentos pueden obrar en el organismo, conservando todas 
sus virtudes curativas i aun desenvolviéndolas en mas alto grado, indepen- 
diente de la materia de que están compuestos, es decir, que puede aislarse 
Ja virtud mediciital Oel remedio i unirla a una cosa inocente como eJ agua 
y azúcar de leche, dejando a un lado las partículas o átomos que los cons- 
tituyen „• sabiendo esto, digo, seria una barbaridad dar los remedios, prin- 
cipalmente el mercurio, el arsénico, etc., en grandes cantidades, porque de 
esto resultaría, como se ve en la actualidad, que muchos enfermos., aun- 
que llegan a curarse de sus enfermedades con los remedios <que se íes ha 
suministrado, quedan sufriendo para toda su vida Jas males que les han 
producido los medicamentos. 

Consiguiente a estos principios, la homeopatía se opone a que los medi- 
camentos todos se den en sustancia a los pacientes, porque entre ellos bat 
algunos, el mercurio, sobre todo, que no salen jamas del organismo en la 
jeneralidad de los casos, produciendo enfermedades medicinales para toda 
Ja vida. 

Con ras prepara clon es homeopáticas se consigne indudablemente en todos 
Jos casos despojar al medicamento de su materia, que es inerte y que no 
.tiene virtud curativa ninguna como tal materia, y conservar su virtud me- 
dicina! -en <el alcohol acuoso, con el cual se humedecen los glóbulos de azú- 
car de leche, trasmitiéndoles por este medio la especie de electricidad me- 
dicinal o Juerga vital del remedio, qae es en lo que existe el poder cu- 
rativo, 

La cantidad en que se dan los medicamentos homeopáticos es otro pun- 
to de curiosidad para los enfermos y personas que los rodean. 

ÍVegúntanme con frecuencia icón una especie de asombro .¿qué stveede- 
ria si se tomase de una sola vez el medio vaso de agua en que yo disuelvo 
¡un glóbulo o pMdocita? Nada sucede, contesto siempre; porque si está sano 
«J que toma el remedio, no guardando dieta homeopática, esta pequeña 
cantidad no llega a impresionarle; si está enfermo, pero de otro padeci- 
miento del que curaría el remedio, tampoco le hace nada por ser este he- 
terojéneo; mas si el remedio es el verdaderamente curativo, entonces cura 
siempre pero causando cu aUjxmos casos una impresión un poco mas 

fuerte. ,. , 

Todos los dias me oyen decir 1os enfermos, qne los medicamentos homeo- 
páticos cumn o no hacen nuda. Ivsta es una verdad que la esperiencia con- 
ttrmn sin que haya una sola excepción. La razón es mui sencilla : si el re- 
medio es semejante a la enfermedad, si con ella tiene analojía y afinidad, 
basta pura curar o aliviar al méuys la pequeñísima dosis homeopática ; mas 



XII I'ROT.OGO. 

por el contrario, si el remedio os hete.rojéneo al mal, si con él no tiene se- 
mejanza ni analojía, pasa desapercibido en el organismo. 

También desean saber los enfermos, si con estos remedios se pueden to- 
mar otros o al cuanto tiempo de haber lomado un medicamento horneo- 
pálico pueden, si no les va bien, cambiar de método i tomar un purgante 
o unas pildoras etc. La contestación es mui terminante : acto continuo de 
haber lomado un remedio homeopático, se puede tomar cualquier brebaje 
alopático; pero en este caso ya se deja entender que no debe esperarse na- 
da de la homeopatía, ni tampoco temer ninguna consecuencia que pueda 
atribuirse a ella : la enorme dosis del purgante, por ejemplo, basta i sobra 
para destruir los efectos del remedio. Mas, la prudencia aconseja una con- 
ducta que sea racional. Si no se tiene convicción homeopática o fé, como 
se dice jeneralmenie, no se varié de método; sígase con la antigua rutina. 
Si hai fe, debe esperarse algún tiempo, sobre todo si el medicamento ha 
sido administrado en conciencia, precediendo el estudio i consulta de 
los libros. En una enfermedad crónica debe esperarse para cambiar de 
método desdo un dia hasta una semana, y en una enfermedad aguda desde 
«na a seis horas al menos, según los casos. 

En el curso de un tratamiento homeopático se repiten los remedios va- 
rias veces, segnn que las enfermedades sean agudas o crónicas. En las 
primeras se repiten cada seis, cuatro o dos horas, y a veces cada diez o 
cada cinco minutos como yo lo he hecho con buen resultado en el cólera 
morbo asiático con el arsénico y veratrun álbum. En la fiebre amarilla es ne- 
cesario repetir el acónito cada media hora en el primer dia de enfermedad. 
En un dolor de muelas repentino repilo el remedio cada diez minutos o 
cada cuarto de hora. En una enfermedad crónica conviene dar unas cuan- 
tas dosis de remedio y esperar el resultado tres, cuatro o seis días, y aun 
mas según los casos. 

Variación de remedio. En un dolor de muelas repentino y agudo, yo va- 
rio de remedio al cuarto de hora y aun antes si no hai modificación algu- 
na en bien o en mal. En una fiebre, si el remedio está bien elejido y no 
líai cosa que entorpezca su acción, a la media hora, y antes si se noia al- 
gún cambio en la enfermedad ; y si a las tres o cuatro horas a lo simo no 
se percibe mejoría o agravación homeopática, si el caso urje, yo vario de 
remedio. Es muí frecuente en las enfermedades agudas sentirse mejoría an- 
tes de la media hora y a veces casi instantáneamente. En los padecimientos 
crónicos no vario remedio hasta los tres, cuatro o mas dias, suponiendo 
que no se haya percibido cambio en la enfermedad. Es inútil advertir que 
mientras la mejoría vaya en aumento ni se debe repetir el remedio ni dar 
otro distinto. 

LEi DE LOS SEMEJANTES. 

Esta lei se formula del modo siguiente: similia similibwt curandtr. 
Los semejantes, se curan con los semejantes. Una fiebre ancfiotenicn o in- 
flamatoria , con irritación principalmente del sistema vascular, pulso 
frecuente y fuerte, gran calor, mucha sed, njitacion y desasosiego, sus 
to, miedo a la muerte y creencia que se va a morir de aquella enferme- 
dad, si recae en una persona joven, robusta y de temperamento san- 
guíneo, se cura siempre con el acónito, porque este medicamento pro- 
duce en el hombre sano síntomas análogos. Toda fiebre grande, en que al 



i'r.oi.or.o. - xmi 

parecer sea necesario sacar mucha sangre siguiendo el método antiguo, 
se cura o se alivia al menos con el uso repetido del acónito. La fiebre que 
suele dar tan frecuentemente a los niños en la época de la dentición, se 
cura a las mil maravillas con tomar a tiempo una o dos veces el acónito 
disuelio en agua, sin que la enfermedad se convierta jamas en ataque al 
cerebro. Aunque no hiciera yo otra cosa que jeneralizar el uso del acónito 
en las fiebres, y sustituirlo con gran ventaja a la sangría, sanguijuelas, 
ventosas, cáusticos, etc. etc. particularmente en las fiebres de los niños 
en la época que sale la dentadura, habría hecho un bien inmenso, ahorran- 
do médico, botica y sobre todo impidiendo que se muera tanto niño en la 
primera infancia. El acónito hace éstas rápidas y seguras curaciones en 
virtud de la leí de los semejantes, es decir, cura al" enfermo porque en el 
sano produce síntomas mui análogos a los que se presentan en las fiebres 
inflamatorias. 

Guando estas fiebres, particularmente las que se presentan en los 
niños en la época de la dentición, vienen con una gran propensión 
al cerebro, predominando de un modo manifiesto la afección cerebral, 
conviene siempre dar primero una dosis de acónito, pero teniendo presen- 
te que el medicamento específico es la belladona, especialmente cuando hai 
un calor vivo y quemante en la cabeza, encendimiento y tnrjencia del ros- 
tro, delirio, gran propensión a asustarse, etc. En este caso la belladona co- 
rresponde de un modo maravilloso obrando así, porque en el sano produ- 
ce síntomas mui análogos. En efecto, cuando la belladona se administra a 
una persona perfectamente sana y obra sobre el sistema vascular principal- 
mente, se ve que activa de un modo estraordínario la circulación cerebral 
y llama la sangre hacia la cabeza; por esta razón sana cuando se administra 
en los ataques cerebrales. 

Cuando las fiebres loman un carácter grave, presentándose síntomas 
tifoideos, pútridos y adinámicos, y el enfermo está con delirio, carfologia 
y todos los síntomas que Hipócrates llamaba malos, todavía hai dos medi- 
camentos en homeopatía de un poder estraordínario, a saber: la brionia y 
el rhux toxicodcndmm; el J.° se da cuando el enfermo está postrado en ca- 
ma, pasándose las horas enteras sin variar de postura; y el 2.° cuando hai 
una ajilacion y desasosiego continuos, sin encontrar postara buena en la 
cama. Varios enfermos que se encontraban ya para morir han vuelto a la 
vida prontamente con uno u otro de los medicamentos referidos, brionia o 
rhux, los cuales tienen esta virtud porque en el sano producen síntomas 
análogos. 

La alaos' r a o aftas, tan frecuentes en los niños de pecho, sobre todo cuan- 
do loman mamadera, se cura con toda seguridad con el mercurio soluble y 
con sulfur, alternando, sulfitr por la noche y mercurio soluble por la maña- 
na, sin necesidad de recurrir a los medios inciertos e incómodos de la alo i 
patia que son causa a veces de que la enfermedad haga una metástasis al 
cerebro y venga la muerte. Sulfur y mercurio si dublé curan esta enfermedad 
porque en el sano producen simonías bastante parecidos. 

Lo que se ha dicho de los medicamentos referidos es aplicable a veratrum 
álbum y arsénico para el cólera morbo asiático y las lipidias de calambres 
etc. etc.; lo mismo que para todos los medicamentos sin excepción. Curan 
al enfermo porque en el sano producen síntomas semejantes. 

Ahora bien, si se quiere investigar la razón de por qué curan los medi- 
camentos semejantes y no los contrarios o los heterojéneos, se entraría en 
cuestiones íisiolójico-metaíísícas ajenas de una ¡nli olíuccíoii y del fin partí- 



XI V MtOf.OCO. 

«Hitar que me propongo, cual es consignar los principios fundamentales de 
la homeopatía, esplicando aquellos que sean mas oscuros y que no §e hallen 
suficientemente esplanados en el organon del arte de curar. 

ESPEIUMENTACION PURA. 

Preparado un medicamento homeopáticamente, sea mineral, vejeta! o ani- 
mal, se administra a una persona perfectamente sana y se observ:» bien lo 
que pasa, así en lo moral como en lo físico. Los cambios que sobrevienen 
«se consideran romo síntomas del medicamento administrado. Para que no 
h;iya equivocación en atribuir al medicamento lo que pudiera ser efecto de 
otras causas, se toman las precauciones siguientes. 

i .* La persona que se somete a la esperimentacion ha de estar perfecta- 
mente sana. Su ánimo ha de estar tranquilo todo el tiempo que dure el es- 
pertmenlo. En la cabeza, ni en el cutis de todo el cuerpo no ha de haber 
granitos, manchas, ni erupción de ninguna clase. Los órganos de los sen- 
tidos han de estar sanos y las funciones que desempeñan se han de veri- 
ficar perfectamente. Todos los órganos que contribuyen a la dijeslion des- 
de la boca y dientes inclusive hasta el ano, han de estar sanos y desempe- 
ñar bien sus respectivas funciones. Los órganos de la jeneracion, de uno y 
otro sexo, sanos y dispuestos a funcionar bien. Los órganos de la respira- 
ción y circulación en estado (isiolójico. La locomoción, sueño, vijilia, fa- 
cultades intelectuales ele. en el estado mas cabal de salud que puede 
darse. 

El estado habitual del enfermo ha de ser el de perfecta salud. 

En Santiago seria muí difícil hacer esperiencias en personas sanas: fuera 
del señor jeneral don Francisco Antonio Piulo, yo no conozco una sola per- 
sona que goce de cabal salud. 

2." El medicamento ha de estar preparado según las reglas de Hahne- 
man, y se ha de administrar a dosis infinitesimales, porque si se adminis- 
trara como los vomitivos y purgantes, entonces, no se obtendrían los sín- 
tomas vitales del remedio, sino efectos groseros y mecánicos, trastornos y 
sacudidas violentas que el organismo verifica para desembarazarse de la 
gran cantidad de cuerpos estraños que se le ha obligado a iragar, como 
en el vomitivo hidropático. 

5. a El que se somete a la esperiencia debe estar en la tranquilidad mas 
completa. Los esludios serios y forzados, el escribir sobre asuntos que re- 
quieren gran contracción, las a ¡ilación es del ánimo por sustos, incomodi- 
dades, seuliuiientos, ele. quedan prohibidos; y si durante el liempo de la espe- 
riencia sucede alguna de estas cosas, desde ese momento cesan de anotarse 
como síntomas del remedio los cambios que tengan lugar. La dieta debe 
ser estricta, en calidad y en cantidad, debiendo comerá sus horas habitua- 
les. Los condimentos, como la canela, el clavo de especia, la pimienta, el 
ají, etc. las ensaladas de todas clases, las salsas de todas clases, los gui- 
sos con aliño, el chancho, el pavo, el pato, los fiambres etc. quedan pro- 
hibidos. Los perfumes, olores y todas las aguas y pomadas de tocador que- 
dan prohibidas, para toda persona que tome la homeopatía, así sana para 
experimentar, como enferma |*ara curarse. 

La perfecta salud del que esperimenia, la pureza del remedio homeopá- 
tico, y la dieta mas estricta en cantidad y calidad, suprimiendo los licores, 
vinos, chichas, café, té, mate, aguas calientes para el flato, como la de ce- 



rtíotorío. xv 

dron, hojas do naranjo ele. son las regla* principales que haí que seguir en 
una esperiinenlacion homeopática. 

Aunque en oiro lugar he dicho que un medicamento homeopático no 
hace efecto cuando lo loma una persona sana ose loma equivocadamente, 
debe entenderse, que no hace efecto ninguno, ni bueno ni malo, cuando el 
que lo toma falla a las reglas que acabo de indicar. 

Si equivocadamente un niño, como sucede con frecuencia en mi prácti- 
ca, se toma, como si fuera agua pura, la medicina del enfermo, no le su- 
cede nada porque el niño sigue comiendo de todo, juega, corre y salla 
como antes, todas sus funciones permanecen en una ajitacion continua y el 
remedio ni siquiera impresiona al niño. Para que pudiese hacer algo el me- 
dicamento era necesario que estuviese en ayunas o con el estómago vacio, 
tranquilo, etc. y que pasaran muchas horas en este estado. 

Cualquiera puede salir de dudas sobre el poder o no poder de los me- 
dicamentos homeopáticos sometiéndose a la esperimentacion, ya esté sano 
o enfermo, con tal que guarde la dieta mas estricta y se halle en una 
tranquilidad completa, asi física como moral. Si el que esperimenta se en- 
cuentra enfermo, se cura o se alivia al menos en llegando a lomar el medi- 
camento especiíico y si el remedio no es el que conviene, con tal que el en- 
fermo guarde un réjimen homeopático, sentirá alguna impresión en su or- 
ganismo aunque mui pasajera. Si el que esperimenta está sano requiere 
aun mas estrictez en el réjimen, porque en fumando, comiendo y bebiendo 
de todo, y ajilándose física y moralmente, el medicamento pasa desaper- 
cibido en la naturaleza. 

Algunos compañeros y amigos mios, pero no de la homeopatía, se han to- 
mado en las casas particulares los remedios que yo habia dejado para los 
enfermos, con objeto de probar, según ellos, hasta la última evidencia la 
nulidad de los infinitesimales — ; yo podría citar aquí sus nombres y sa- 
carles los colores a la cara, pero no quiero ofender a nadie porque mi co- 
razón no tiene hiél para ninguno de mis semejantes, y menos para mis 
comprofesores; ¿cómo han de sentir efeclos, si al mismo tiempo fuman, to- 
man rapé y se hallan en la mayor ajitacion? Si de buena fé quieren averiguar 
la verdad sométanse al réjimen homeopático y esperimenten, que yo les ase- 
guro a fé de caballero que han de sentir efectos de los remedios. 

flahuemau experimentó los medicamentos en ambos sexos, en todas las 
edades y en lodos los temperamentos, y la serie de esperiencias que hizo 
sobre un solo remedio es la que se llama patogenesia del medicamento. 

Una sola esperiencia no da lodos los síntomas del medicamento sino un 
corto número de ellps y a veces uno solo. 

Ilahneinan recojíó de sulfur que es la sustancia que tiene mas patogenesia, 
mil novecientos setenta y nueve síntomas, pero no de un enfermo sino de 
un crecido número de ellos, y aun recojió también de otros esperimenta- 
dores lo que eslos habían observado. 

Los medícamenos en homeopatía no se dan al enfermo hasta que se co- 
nocen bien sus efectos en una persona sana, lo que no sucede en la medi- 
cina antigua, en la cual de buenas a primeras se administran al paciente 
sustancias de efeclos desconocidos. 



XVI FliOLOGO. 



CONSIDERACIONES JENERALES. 

Comparando l;i verdad, sencillez y grandeza de los principios homeopá- 
ticos con el raquitismo y estéril nulidad de la antigua medicina, mi enten- 
dimiento se pasma y asombra al considerar que hombres tan honrados y 
tan sabios como son mis comprofesores de Santiago, y lo es en ¡enera I la 
respetable clase médica de todo el mundo, me admira, digo, verlos seguir 
la rutina de los siglos y adorar como ciencia a un montón de hechos ha- 
cinados, sin conexión alguna, y que una yerbatera de instinto médico sabe 
apreciar mi significación si es que la tienen, tan bien como mi muestro el 
Exmo. señor don Bonifacio Gutiérrez, que es el primer médico de los tiem- 
pos modernos. 

Yo reto a mis comprofesores de Santiago y de Chile, reto también en nom- 
bre de todos a la Academia de Parts, y reto sobre todo a los tres grandes 
médicos que ha tenido la humanidad* Hipócrates, Sydhenam y mi maestro 
Gutiérrez, los reto para que me citen un solo principio de su medicina que 
se aproxime en importancia a los que yo acabo de consignar sobre la ho- 
meopatía. En homeopatía lodos los hechos fisiolójicos descansan sobre el 
dinamismo vital, y lodos los actos patológicos, que llamamos enfermedades, 
tienen igualmente el mismo apoyo; la terapéutica, en fin, que forma el 
complemento de la ciencia de curar, con la acción de los medicamentos, 
no tiene otra base sino el dinamismo. Por esta razón, el célebre homeópa- 
ta español, el Exmo. señor don José NÜñez, afirma que la verdad-principio 
de la homeopatía está en el dinamismo . Este sirve de base única y suficien- 
te a todo el edificio médico, fisiolojía, palolojía y terapéutica. Las dóús in- 
finitesimales son una consecuencia y una prueba práctica al mismo tiempo 
del dinamismo. La leí de los semejantes abraza una sola rama del arle, la 
terapéutica; y la esperimenlacion pura es base únicamente de la materia 
médica. 

En la antigua medicina no existe nada que se parezca a una ciencia. La 
fisiolojía es un montón de hechos esplicados de distinto modo por cada au- 
tor, según su afición a la física y a la química, y cuando los esplican por 
el priucipio vital, lo hacen a medias, sin darle la unidad que debe tener uu 
cuerpo de doctrina para que se llame ciencia. 

La patolojia es con mas razón uu amontonamiento de hechos aislados, 
confundidos con las esplicaciones y teorías mas absurdas que pueden con- 
cebirse. En esta parle sí que se ha dado rienda suelta a la imajinacion y 
se han forjado los sistemas mas contradictorios, olvidando casi siempre el 
principio de la vida. En la fisiolojía se acuerdan una que otra vez del prin- 
cipio vital, pero en la palolojía el olvido de este es casi absoluto. Aquí ya 
no se habla mas que de la sangre, de la bilis, de los malos humores, de su 
acritud, etc. etc., como si estos pudieran vivir ni enfermar por consiguien- 
te, sin que su priucipio motor tomara la iuicialiva en lodos los actos, así 
•fisiolójicos como patolójicos. 

La materia médica escrita, que es el repertorio donde el médico debe 
encomiarlas armas para combatir las enfermedades, despojada de las no- 
ciones físicas, químicas, botánicas y zoolójicas de los medicamentos des- 
pojada también de las teorías tisiolójicas y patolójicas con que se adornan 
las sustancias medicinales, queda reducida a cero y puede escribirse loda 
en una cuartilla de papel. Y si no, dígaseme, qué se sabe en la medicina 



t'ROLOGÓ. XVÍI 

antigua del opio, sino que calma los dolores, del emético, que hace vomi- 
tar, do los purgantes que mueven el vientre, del mercurio, que altera la 
sangre y segrega la bilis etc. etc. 

En la fisiolojía, patolojía y materia médica hai algo, al fin, aunque amon- 
tonado sin orden ni método, para constituir una ciencia porque faltan los 
principios, pero en la terapéutica, que es lo mas práctico que tiene la me- 
dicina, nada hai absolutamente. Cada médico tiene sus reglas, su método y 
sus medicamentos; y la única cosa que hace semejantes a los médicos eu 
su práctica, es el no parecerse ninguno a su compañero; y si no compáren- 
se las recetas de los unos con las de los otros y se verá la diferencia mas 
grande aun en el tratamiento de una misma enfermedad. Al parecer todos 
piensan lo mismo, como se ve en las juntas, pero en realidad cada uno re- 
ceta a su manera. Y si esto no es una prueba evidentísima de que la me- 
dicina no tiene principio* fijos, y de que cada médico sigue los que él se 
ha formado, dígaseme entonces loque significa ese espantoso desorden. 

En homeopatía sucede lo contrario, lodos admitimos el dinamismo vital, 
la lei de los semejantes, la esperirrtentacion pura y las dosis infinitesimales, 
como verdades inconcusas: todos los homeópatas están conformes en la, 
práctica y lo estarán hasta la consumación de los siglos. Todos han dado 
y darán arsénico y veratrum en el cólera; acónito en el primer periodo de 
la fiebre amarilla, con el cual se corta la enfermedad; belladona en la escar- 
latina; nux v. y sulfuren las almorranas, sobre todo cuando están relacio- 
nadas con una afección del hígado; árnica para las malas consecuencias de 
una contusión; ignatia para las consecuencias de un pesar profundo, como 
el que se esperimenta por la muerte de una persona amada; pulsa tilla en. 
las indisposiciones del estómago por haber coñudo cosas grasientas, chan- 
cho etc.; dulcamara en las diarreas por enfriamiento; chamomilla en los 
arrebatos de cólera; china en la debilidad por pérdidas de humores, san- 
gre, etc. 

Apesar de la calificación algo dura que, por amor a la ciencia y al pro- 
greso, acabo de hacer de la antigua medicina, no puedo menos de recono- 
cer con el mayor gusto los importantes servicios que en todas épocas ha 
prestado a la humanidad la respetable clase médica. No son estos servicios 
hijos de la ciencia sino de los heroicos esfuerzos de los que a ella se han de- 
dicado. La ciencia en sí, si se exceptúa la viruela, para la cual se descu- 
brió la vacuna como preservativo, deja morir a los enfermos en la época 
actual lo mismo que en los tiempos de Hipócrates, veinte y tres siglos ha- 
ce. Las enfermedades que eran mortales en jeneral para el Padre de la 
Medicina lo son actualmente y aun mas si se quiere; las fiebres tifoideas, 
los ataques al cerebro, las pulmonías, las tisis, las afecciones del corazón, 
etc. etc. son hoi tan moríales como en la época griega, apesar de haber 
trascurrido mas de veinte siglos, trabajando sin cesar con el mayor ahinco, 
disputando a la muerte la vida de los enfermos. Yo no sé que admirar mas, 
si el heroísmo y abnegación de los médicos esponiendo su vida en los an- 
fiteatros anatómicos, en los hospitales y en las epidemias, combatiendo con 
la muerte al lado del qué sufre, entre ayes y lamentos, o la inutilidad de 
los resultados prácticos. 

Es cierto que la Anatomía ha llegado a la última perfección y que la ci- 
rujía, en su parte mecánica y artística ha marchado a la par con ella; es 
cierto también que la fisiolojía ha hecho muchos adelantos, al menos en la 
parte esperimental, descubriendo las funciones de casi todos los órganos; 
pero ni la una ni la otra sirven gran cosa a la cabecera del enfermo. Uno 

ni 



XVUl l'KOLOOO. 

puede ser gran anatómico y gran fisiólogo y ser al mismo tiempo mui mal 
médico: y al contrario, ser mediano en los dos ramos dichos y sobresalir 
a la cabecera del enfermo. Lo que al paciente aprovecha y al médico da fa- 
ina y renombre es el curar pronto al que sufre, lo cual se consigue sabien- 
do la patolojía, la materia médica y la terapéutica. En patolojía algo mas 
se sabe ahora que en los tiempos hipocráticos, en materia médica algunas 
sustancias mas se usan al presente, pero en la terapéutica, que es lo mas 
esencial, lo mismo o menos se practica ahora que en la cuna del arte, en 
los tiempos del anciano de Coos. 

El mérito de la medicina antigua consiste en haber llegado a conocer al 
hombre, considerado orgánicamente, ya en la salud, ya en la enfermedad, 
aunque de un modo incompleto; pero en curar sus enfermedades no ha 
dado un paso que pueda llamarse científico. A la homeopatía estaba reser- 
vado llenar este importante vacío. La nueva medicina da importancia a la 
Anatomía y a la Fisiolojia, pero tía mas a la Patolojía, y sobre todo a la 
Materia Médiea y a la Terapéutica, siendo en estas dos últimas ramas 
del saber médico donde ha hecho hincapié y plantado su bandera, sacándo- 
las de la rutina y elevándolas al rango de ciencia. 

En esta materia quiero esplicarme, si es posible, con mas claridad que 
en ninguna, y dejar bien consignadas mis opiniones. 

Para mi, el mérito de la antigua medicina, como ciencia, e independiente 
de los que la profesan, consiste en haber contribuido al adelanto de las 
ciencias naturales, en haber proporcionado datos útiles a la lejislacion y aj 
la moral, y mas que todo, en haber dado consuelos morales a los enfer- 
mos, curándolos algunas veces, jeneralmente de un modo empírico. 

En los tiempos anteriores a Hipócrates, la medicina era esencialmente re- 
ligiosa. La cólera de los dioses producía las enfermedades; los enfermos 
iban a curarse a los templos; los médicos eran los sacerdotes de los ídolos; 
y las medicinas, ciertas prácticas místicas. Uno de los grandes méritos de 
Hipócrates consiste en haber sacado la medicina de los templos, haciéndola 
entrar en el torrente jeneral de los demás conocimientos humanos para que 
tuviese una vida propia y corriera la misma suerte que todos ellos. Hipó- 
crates esplicó las enfermedades por los ajenies naturales, aires, alimentos, 
bebidas, etc. etc., haciéndolas consistir en alteraciones de la bilis, atrabi- 
lis, linfa, etc. etc. y esplicando su curación por los solos esfuerzos de la na- 
turaleza, ajiudada muchas veces por los remedios que se empleaban. Desde 
entonces, la Anatomía, que casi puede decirse que no bahía nacido ha lle- 
gado ya a la perfección; la Fisiolojia, aunque fallándole unidad, ha descu- 
bierto las funciones de casi todos los órganos; la Patolojía ha descubierto 
también las enfermedades que sufren los órganos y líquidos del cuerpo hu- 
mano, aunque mezclados estos conocimientos con teorías que los oscurecen; 
sin embargo, esta parte no ha progresado tamo como las dos primeras. 
Pero, la materia médica, y la Terapéutica que en aquella época eran una 
colección de hechos y reglas empíricas, han continuado lo misino hasta nues- 
tros dias, salvo alguno que otro hecho o regla empírica mas, que la casua- 
lidad ha ido proporcionando. 

En este estado se encontraba la ciencia a la venida del inmortal Hahne- 
man, y el mérito de este gran reformador consiste principalmente en haber 
sacado a la materia médica del ciego empirismo en que la dejó Hipócrates 
hace mas de dos mil años, elevándola al rango de ciencia exacta por medio 
de la espcñmeniaáon pura; otro de sus méritos es, el haber descubierto la 
lú de los semejantes o lu leí terapéutica, la cual, cuuudu se aplica bien, la. 



mologo. xíx 

curación o el alivio del paciente es tan infalible como la caida de un cuer 
po si le falta el apoyo que lo sostiene. 

Es decir, los médicos conocen bien al hombre por medio de la Anatomía 
y Fisiolojía; conocen al enfermo por medio de la Patolojía, pero como no 
tienen medicamentos de virtudes bien conocidas, no pueden curar bien por 
mas esfuerzos que hagan; y si alguna cosa saben de ios medicamentos es 
puramente empírica, cuyo empirismo se aumenta mas al llegar a la Tera- 
péutica, donde su ciencia no tiene principio ninguno que les sirva de guia 
segura. 

Por esta razón, cuando el joven médico, lleno de ilusiones empieza su 
práctica particular, se le cae el alma a los pies al ver que sus enfermos no 
se curan, porque los medicamentos tienen virtudes dudosas y porque las re- 
glas de su administración son aun mas inciertas. 

Por la misma razón un médico joven emplea muchos remedios y cree 
que todo lo va a curar, y un médico viejo, lleno de esperiencia, usa pocos 
remedios, deja la curación a la naturaleza y desconfía mucho de los libros, 
escarmentado con tantos desengaños. 

La homeopatía, al contrario, firme en su materia médica, e infalible en 
su lei terapéutica, asegura curaciones asombrosas, cuando la otra medici- 
na tiene que usar un método espectante. 

En una fiebre angioténiea, agudísima, el acónito es infalible, al paso que 
la sangría puede ser dudosa. 

En la algorra que sufren los niños en Santiago, mercurio soluble y sulfur 
son infalibles, al paso que los refregones con la miel de llagas, yerba mo- 
ra, etc., suelen ser perjudiciales. 

En las fatigas con ardor al estómago, por el abuso de las frutas, arsénico 
es infalible; al paso que los vomitivos y purgantes son mili dudosos. 

En las enfermedades del corazón, con aflicciones, desórdenes menstrua- 
les, en niñas histéricas, pulsalilla es infalible; y los antiespasmódicos de la 
otra medicina son ineficaces. 

En las enfermedades del corazón por grandes pesares, sentimientos pro- 
fundos, con tristeza concentrada, etc. ignalia es infalible; al paso que la alo- 
patía tiene que estarse con los brazos cruzados, o si hace algo no puede ser 
mas que daño. 

En la fiebre amarilla acónito en el primer periodo es infalible. 

En el cólera morbo arsénico, veratrum, camph. cupr. etc. son infalibles si 
el médico no se separa del enfermo hasta que decline la enfermedad etc. 

Eu las gangrenas de la garganta lacliesis y arsénico son infalibles. Recien- 
temente he tenido un caso notable en un niño de doce años; las amígda- 
las, los pilares anteriores y posteriores del paladar y la campanilla estaban 
gangrenados: los refregones con un grueso hisopo empapado en un líqui- 
do antipútrido eran inútiles: en estas circunstancias, cuando uno délos mé- 
dicos dijo que el paciente no viviría 48 horas, yo aseguré con mi pescuezo 
Ja vida del niño...; el uso alternado de arsénico y lachesis tiene al enfermo 
bueno, etc. ete. 

De lo espuesio y de lo que dice Hahneman y sus discípulos, pudiera in- 
ferirse que, la homeopatía es la ciencia definitiva, la perfección de la me- 
dicina y el bello ideal del arle de curar; que con ella se curan todas las 
enfermedades y se preserva uno de muchas, y en una palabra, que los 
hombres morirán de viejos el dia que se jeneralice tan sublime ciencia. 

Estas pretensiones, a corta diferencia, tiene la homeopatía y los discípu- 
los puristas del inmortal reformador. 



XX l'BOLOCO. 

Pero yo que miro las cosas con mucha serenidad y despreocupación; que 
me importa poco el triunfo de la homeopatía o de la alopatía, a considerar 
solo el nombre: si triunfa la primera, nada tengo que temer, porque esos 
son mis estudios especiales de algunos años a esta parle: si triunfa la alo- 
patía tampoco tengo que temer nada, porque aquellos esos los esludios 
de mi juventud, seis años de esludios preparatorios y siete de estudios es- 
peciales, sacando en ellos desde el primer año de filosotía la nota de sobre 
saliente; en la alopatía he recibido el grado de Doctor; en ella hice oposi- 
ción a una plaza de facultativo en el Hospital Jeneral de Madrid, sacando la 
primer censura; en ella estoi recibido de Médico Cirujano en Chile y lo es- 
taré én cualquier parle donde me lleve el viento; en ella tengo a mis maes- 
tros, amigos y afecciones de colejio; por consiguiente nada tengo que te- 
mer, caliente el sol que quiera. 

Y aun si yo considerase solo mi interés y las afecciones de mi corazón 
seguiría la alopatía esclusivamente y renunciaría para siempre a la homeopa- 
tía, entre otras cosas, por el aislamiento en que me encuentro. 

Pero el amor a la verdad, por la cual estoi dispuesto a sufrir alguna co- 
sa y a dar mi vida si es necesario, hace que me separe de la orgullos» ig- 
norancia de los alópatas y de las exajeradas pretensiones de los homeópatas, 
apesar del respeto santo que me merecen sus personas y las doctrinas quo 
ellos veneran. 

La alopatía es una ciencia incompleta y en la homeopatía hai verdades de 
un valor inmenso, pero la medicina definitiva no ha llegado todavía, como 
pretenden los homeópatas. 
Me espliearé: 

El conjunto de sistemas médicos, que tienen importancia histórica, vita- 
listas, humoristas, solídistas y mistos, que han aparecido desde Hipócrates 
a nuestros dias, no son mas que ramas de un árbol, fracciones de un gran 
todo y verdades particulares, que se utilizarán un dia para constituir la me- 
dicina completa o definitiva. 

Para llegar a esta tenemos mucho adelantado. De la alopatía se puede to- 
mar la Anatomía, cuyo estudio puede considerarse casi acabado; de la Fi- 
siolojía, se puede utilizar la parte esperimental, que es "muí considerable; 
de la Patolojía podemos tomar la Anatomía-Palolójica, que está bastante 
adelantada. Esto por lo que hace a la alopatía. 

De la homeopatía podemos lomar los síntomas funcionales de los órganos 
y los síntomas vilales o dinámicos de los mismos, cuyo estudio mira con 
indiferencia la alopatía; de la materia médica se puede tomar la esperimen- 
tacion pura como base infalible para conocer las virtudes de los medica- 
mentos, y de la Terapéutica se puede tomar \nleide los semejantes, infalible 
también cuando se aplica con acierto. 

Faltan para la medicina definitiva i.° completar el estudio de la Fisíolojía 
por la via esperimental, relacionando todos sus datos a la unidad dinámica 
o vital del organismo; 2.° completar el estudio de la Patolojía, bajo el as- 
pecto alopático y homeopático, en todos los climas: 3.° estudiar con la es- 
perimentacion pura, todas las sustancias medicínales de la naturaleza; y 4.° 
descubrir una lei terapéutica mus jeneral que la lei de los semejantes, porque 
esta lei, aunque es infalible siempre que se aplica bien, no es la lei absoluta de 
curación. Iodos los dias veo en la práctica particular casos de curación, que 
tienen lugar según una lei, que no es la de los semejantes aunque yo no la pue- 
do formular aun. 

El día que la. medicina esté acabada, tendremos preservativos para todas 



l'ROLOC.O. XXI 

las enfermedades contajiosas y epidémicas, como lo tenemos para la virue- 
la; tendremos remedios seguros para curar lodas las enfemedades agudas 
en el primer periodo; las enfermedades crónicas disminuirán en sus cuatro 
quintas partes, y si la moral con la hijiene vienen en nuestro auxilio, como 
es de esperar, el término medio de la vida, gozando en todos sus periodos, 
será de ochenta a cien años, en lugar de veinte y cinco que es ahora. 

Mis aspiraciones médicas se dirijen a este bello ideal, y, ya que tengo el 
sentimiento de no poder llevar piedra alguna para la construcción del glo- 
rioso templo de la salud, me considero dichoso porque puedo amar la ver- 
dad, independiente de las preocupaciones de mis comprofesores. 

Si estos quieren sacudir el yugo de la autoridad de sus maestros y de los 
libros, yo estoi dispuesto siempre a entrar en discusión pública o privada, 
con tal que las personas se respeten como una cosa sagrada, y que solo las 
doctrinas se ventilen con la hidalguía y nobleza que corresponde a nobles 
caballeros. 



NOCIONES JENERALES SOBRE LOS MEDICAMENTOS QUE SE EMPLEAN EN LA ME- 
DICINA DOMÉSTICA. 

Acónito. — Es una planta que se cria en la cima de los Alpes y altas mon- 
tañas de Europa; la parte que se usa es el jugo de la yerba fresca mezcla- 
do con partes iguales de alcohol, lo que constituye la tintura madre de la 
cual se preparan las atenuaciones al grado que se quieren, mezclando una 
gota con 90 de alcohol acuoso, etc. 

El acónito es bueno en las fiebres inflamatorias, en el primer periodo de 
todas las fiebres; en las inflamaciones locales con fiebre; en el reumatismo 
agudo o crónico; (acónito curó un reumatismo crónico a la señora doña 
Rafaela Bezanilla, que se había resistido muchos meses a todos los remedios 
de la antigua escuela) en las conjestiones sanguíneas activas, siempre que 
al parecer haya que sacar sangre; en las fiebres de dentición de los niños; 
en el primer periodo de ataque al cerebro; en la pulmonía, particularmen- 
te cuando hai puntada; en las inflamaciones del corazón y de su cubierta; en 
las inflamaciones del hígado, intestinos, ríñones, vejiga, etc.; en las infla- 
maciones de los ojos, de la garganta y en el primer período del crup.; ha- 
ce bien jeneralmente en las enfermedades que sufren las personas sanguí- 
neas y biliosas; es bueno en todo dolor agudísimo e insoportable: los ma- 
les que siguen a un susto, a una incomodidad, a la impresión de una co- 
rriente de aire, sobre todo frió y seco, suelen ceder al acónito. Cuando las 
niñas se elevan después de un susto, obra soberanamente para volver la 
menstruación. 

El acónito es el remedio que tiene la homeopatía para sustituir con ven- 
taja las sangrías, sanguijuelas y ventosas de la otra medicina, excepto en la 
apoplejía fulminante donde esiá mas indicado belladona. 

Agáricus: agárico. Es una seta, de olor desagradable y sabor acre y cáus- 
tico. Para el uso homeopático se le quila la epidermis, se corta a pedacitos 
y se riegan con un volumen de alcohol igual al suyo, obteniendo así la tin- 
tura madre. 

Este medicamento es de poco uso, pero se ha empleado con buen resul- 
tado en la debilidad consiguiente al abuso de la venus, en la debilidad en 
la vista, en las palpitaciones de los párpados, convulsiones, erupciones pru- 
filosas, en el estado llatulento del vientre etc. 



XXII PROLOCO. 

Agnus castus: cordero casto. Esta planta lleva el nombre de cordero cas- 
to porque se dice que las mujeres griegas cubrían su cama con las hojas 
de esta planta durante la ausencia de su marido, porque le reconocían la 
virtud de moderar los deseos amorosos. Para el uso homeopático se emplea 
el jugo de las hojas, flores y vainas, mezclado con alcohol, constituyendo la 
tintura madre con la que se componen las diluciones sucesivas. 

Conviene esta sustancia en la impotencia, supresión de las reglas, en la fal- 
ta de leche en las recien paridas, enfermedades del bazo, hidropesía, flujo 
blanco, reumatismo, gonorrea, etc. 

Alumina: alumbre. Sustancia bien conocida, de la cual se toma un grano 
para hacer primero tres trituraciones con azúcar de leche, después se di- 
suelve y se hacen las demás atenuaciones al alcohol. 

Es de poco uso en homeopatía, pero se ha usado ya con buen resollado 
en la debilidad intelectual, jaqueca con vómito, en algnas clases de herpes, 
irritaciones a los ojos, supinación de oidos, flujo purulento por las narices, 
dolores de estómago, estitiquez, flujo blanco, etc. 

Antimonium crudum: antimonio crudo. De esta sustancia se toma un gra- 
no para hacer las tres primeras trituraciones con el azúcar de leche y des- 
de la 4.» en adelante se hacen con el alcohol. 

Es bueno en las fiebres intermitentes, pero donde desplega mas su acción 
es en el estómago para las incomodidades de una iudijestion, en las indijes- 
íi ones habituales, gastraljius, afecciones biliosas, asma, induraciones callosas de 
los pies, etc. 

La tintura de ant. crud. acto, es mucho mejor que la creosota, opis etc. 
para calmar los dolores de una muela cariada. Se empapa un algodoncito 
en (a tintura y se pone en la picadura de la muela. Si el dolor está solo en 
la muela picada o si depende de ella principalmente, calma el dolor en el 
acto, de cinco veces tres a lo menos. El antimonio para las muelas, el acó' 
mío para las fiebres y el árnica para los golpes deben tenerse siempre en 
casa o llevarlos consigo, si se sale fuera. 

Árnica, es una planta que se cria también en la cúspide de las montañas; 
para el uso homeopático, se esprime la planta entera, cuando está fresca, 
en la época de la florescencia, y se mezcla el jugo con partes iguales de 
alcohol, y se tiene la tintura madre, con la cual se hacen las atenuaciones 
que se quieren etc. 

El árnica es el medicamento mas específico que se conoce para curar y 
cortar las consecuencias de una caída, golpe, contusión, etc.; las sangrías, 
sanguijuelas, ventosas, agua blanca, agua con vinagre, agua y sal, etc. son 
nada en comparación del árnica. El acónito y el árnica deben tenerse a 
prevención en todas las casas, el 1.° para las fiebres y el 2.° para los gol- 
pes. Se pone uno o dos glóbulos o gotas de una dilución de árnica en me- 
dio vaso de agua, y se dá por cucharadas al paciente, poniendo pañitos 
mojados en esta misma agua al sitio del golpe o se dá una frotación con 
agua cargada de tintura de árnica, si la parte machucada es mui eslensa. 
Si se usa a tiempo el remedio basta tomarlo una o dos veces en el espacio 
de dos horas y darse una frotación o dos para evitar toda consecuencia gra- 
ve. Repito, que el árnica es un medicamento sin igual en estos casos y 
que puede usarse con toda confianza, seguros de que siempre correspon- 
derá bien. En las reliquias que suelen quedar por meses y años, a conse- 
cuencia de un golpe, árnica suele curar por sí solo alternado con otro es- 
pecífico; las fiebres que se desarrollan después de las grandes operaciones 
quirúrjicas, fracturas, torceduras etc., ceden bien al uso del árnica; es es- 



rnoLoco. xxiíi 

perífico también papa las hemorrajías por la misma causa; una dosis de 
árnica después del parlo prepara una buena convalecencia, sobre lodo si 
ha habido operación; las escoriaciones y grietas de los pezones se curan bien 
lavándose con agua de árnica, aunque a veces se tiene que alternar con 
sulfur: las picaduras de insectos, los diviesos, las conjestiones de sangre a 
la cabeza, y aun la apoplejía sanguínea, la hemorrajia de los pulmones, 
muchos reumatismos etc., ceden bien al árnica. 

Arsénico: el que se emplea en homeopatía es el ácido arsenioso, cuyo po- 
der destructor es bien conocido. Se prepara lomando un grano y mezclán- 
dolo Gon 99 de azúcar de leche; se mezcla y tritura bien: de esta mezcla 
se toma un grano y se une a 99 de azúcar de leche; se mezcla y tritura 
bien. De esta 2. a mezcla se toma un grano y se incorpora con 99 de azú- 
car de leche, se une a él y se tritura etc., tomando un grano, el cual se di- 
suelve en 99 golas de alcohol acuoso, se revuelve bien etc. etc., y se pre- 
paran las atenuaciones que se quieren. 

El arsénico preparado así jamas puede dañar, aunque sea a un niño a 
quien se administre. 

Es uno de los medicamentos mas poderosos que tiene la homeopatía y 
de un uso mui común en Santiago, con buen resultado casi siempre. En 
verano y otoño lo uso mucho para los desórdenes del estómago y vientre 
por el abuso de las frutas, que tantos daños causan en la rotería; hai ma» 
ñaña que lo doi a 25 y 30 enfermos en la Dispensaría de Yungai. Siempre 
que por el abuso de las frutas los enfermos tienen gran sed, ardor al es- 
tómago y evacuaciones prueba bien el arsénico; en las lipidias, aunque sea 
con calambres, por las frutas, con frialdad del cuerpo es divino: en cual- 
quier enfermedad, en que se presentan ardores internos, sudores fríos 
abundantes, desesperación y gran sed se puede dar con confianza: convie- 
ne en los padecimientos de los borrachos, en los que han abusado del sul- 
fate de quinina, a los que les hacen daño los baños de mar, a las perso- 
nas débiles; en los herpes, en las úlceras malignas, en las gangrenas, es- 
crófulas, escirros y cánceres, en las fiebres intermitentes, en las tifoideas 
con putridez, en el vómito de sangre negra, en la liña, en las irritaciones 
a la vista con ardor, en las indijesiiones por los helados, en los cólicos, 
en las diarreas y disenterias graves, en las afecciones crónicas de la gargan- 
ta, de los bronquios, del pulmón, del corazón; en el asma, y sobre todo en 
el cólera morbo asiático, en el cual se usa como preservativo y como curati- 
vo. Con el arsénico, tomado diariamente, me preservé en la última epide- 
mia y preservé a todos los que lo lomaron, haciendo curaciones maravillo- 
sas con él en los casos mas desesperados. 

Barita carbónica: subcarbonalo de barita. De esta sustancia mineral se ha- 
cen tres trituraciones, y luego se preparan las atenuaciones por la vía hú* 
meda, como en las sustancias secas etc. 

La barit. carb. es uno de los medicamentos tónicos que usa la homeopa- 
tía por lo cual conviene en la debilidad física y nerviosa de los niños y de 
los viejos; conviene en los dolores de muelas y esquinencia sobre lodo 
cuando resultan de un enfriamiento, es bueno en la tifia, y masque en nin- 
guna otra cosa, en los infartos glandulares del cuello, en la especie de rosa- 
rio nudoso que se presenta desde la oreja hasta el hombro; yo tengo en San- 
tiago curaciones de esta enfermedad con solo el uso repetido de bar. carb.; 
el infarto crónico de las amígdalas cede a este remedio, cuando se usa coa 
constancia ahorrando la operación que suele hacerse en estos casos, etc. 

Belladona: es una planta que se cria en toda Europa. Se usa en horneo» 



xxiv rr.oLOCO. 

palia la planta entera, qme se toma al principio tic la florescencia y se es- 
prime el jugo, el cual se mezcla con partes iguales de alcohol, obteniendo 
de este modo la tintura madre, con la que se preparan las atenuaciones 
sucesivas. 

Es buena la belladona en las enfermedades de los niños, de las mujeres, 
en las de las personas linfáticas con disposición a infarto de las glándulas, 
en las que han abiisado de la quina, del opio, de la manzanilla, de la vale- 
liana, del mercurio, del sécale cornntum; en los que han tenido un susto o 
una incomodidad o han sufrido un enfriamiento; es buena en las conjes- 
tiones sanguíneas al cerebro, en el ataque al cerebro de los niños con con- 
vulsiones o sin ellas; en el infarto de las glándulas con supuración, en las 
escrófulas, en los diviesos, sabañones, herisipelas simples o flemonosas, en la 
escarlatina: en el deürium tremens de los borrachos, en la hidrofobia como 
curativo y preservativo; (con el uso diario de este medicamento creo haber 
preservado a un joven mordido por un perro rabioso); en las enfermedades 
de la vista, esquinencias, cólicos, fiebres de sobre parto, herisipelas de los 
pechos, afecciones del corazón con susto etc. 

La bell: hace bien jeneralmente en cualquier enfermedad que ha sido pro- 
ducida por un susto, o que la persona sea mui asustadiza. Las convulsio- 
nes que van acompañadas de susto y en que el paciente salta como un pes- 
cado cuando se saca del agua ceden bien a bell. 

Brionia alba: es una planta, de la cual se toma la raiz ante que florezca 
y se prepara la tintura alcohólica para el uso homeopático: con la cual se 
hacen las atenuaciones correspondientes, 

La bri. conviene a las personas nerviosas, biliosas y coléricas, con dispo- 
sición a las inflamaciones de las membranas; conviene en los padecimien- 
tos a consecuencia de un enfriamiento, de una vida sedentaria, de esfuer- 
zos físicos, de una incomodidad; conviene en las fiebres con fuerte escita- 
cion del sistema sanguíneo y nervioso, en las fiebres tifoideas, sobre todo 
cuando el enfermo está postrado en cama, guardando por mucho tiempo 
una misma postura; conviene por regla jeneral en todo padecimiento que se 
aumenta con el movimiento y el contacto y se mejora con el reposo; es bue- 
na la bri. en las hidropesías, en los reumatismos articulares, en las erup- 
ciones con flictenas, en algunos herpes, en las irritaciones de la vista, en 
las hinchazones de la nariz y del labio superior, afecciones gástricas y bilio- 
sas, en la estitiquez, en las fiebres del sobreparto, en las bronquitis agudas 
y crónicas; en las pulmonías después del uso del acónito es un medica- 
mento soberano etc. etc. 

Calcárea carbónica, cale. carb. subearbonato de cal. El que se emplea en 
homeopatía no está exactamente puro, porque se toma del repino animal, 
del que suministra la concha de ostra. Para esto se rompe una de las con- 
chas y se loma un grano de la sustancia calcárea que está entre las dos su- 
perficies. Se mezcla con 99 de azúcar de leche, se tritura etc., haciendo 
las atenuaciones que se quieran. 

Yo no conozco en homeopatía un remedio mas poderoso que calcárea; ni sul- 
fur, ni arsénico, que prolongan su acción, de una sola dosis a 40 y mas dias 
llegan a cale. En Santiago he tenido casos de prolongarse la acción de una 
sola dosis a 70 dias; en la Habana tuve un caso, (curación de una hemorra- 
jia intesiinal hacia IG años) que se prolongó una sola dosis hasta cinco me- 
ses. Cale, es el médicamente» tónico por excelencia, usado en la verdadera de- 
bdidad, en la radical, y en casos en que el hierro, el sulfate de quinina, etc. 
han sido inútiles; es uno de los 4 o 5 medicamentos que vo uso con mas 



t'tlOUU.O. XXV 

preferencia y con mejor éxito en Santiago. Los niños escrofulosos y raquí- 
ticos, cuyos huesos permanecen ternillosos por mucho tiempo, por lo cual 
no pueden andar, se entonan maravillosamente mil veces mejor que con el 
aceite de bacalao. Cale, es divino para fortalecer a los que han tenido pérdi- 
das debilitantes. Como tónico conviene dailo una o dos veces y dejar obrar 
al remedio por mucho tiempo, guardando una dieta estrictamente homeo- 
pática. Ün niño de tres años no se tenia sentado aun por la debilidad de 
sus huesos, y al mes y medio de haber tomado una dosis de cale andaba por 
todas parles. Conviene, a las mujeres que se enferman mucho, a las perso- 
nas débiles, a los borrachos, en los padecimientos que sobrevienen a una 
mojadura, en los que han abusado de la quina y del mercurio, en las con- 
vulsiones epilépticas, enfermedades de los huesos; pólipos de la naris, de los 
oidos y del útero; herpes costrosos y húmedos, úlceras fistulosas, grietas, be- 
rrugas, delirium Iremens, caída de los cabellos en la convalescencia de en- 
fermedades graves, afecciones a la vista en los niños escrofulosos, supura- 
ciones detras de las orejas, hinchazón de la nariz y del labio superior, in- 
farto en las glándulas del cuello, supuraciones escrofulosas; dolores de mue- 
las por debilidad, debilidad de la dijestion, vientre abultado en los niños, 
estitiquez o demasiada soltura habitual del vientre, diarreas de los tísicos, 
d< bilideíd de las funciones jenitales, flores blancas, dolores a las caderas, tisis 
en todos sus periodos, afecciones orgánicas del corazón, desviación de la 
columna vertebral: este remedio se repite pocas veces. 

Cannabis sativa: el cáñamo cultivado es una planta orijinaria de la India 
y que se cultiva hoí en casi toda la Europa. Para el uso homeopático se 
toman las estremidades floridas de las plantas machos y hembras, se espri- 
me el jugo y se hace la tintura madre mezclándolo con partes iguales de 
alcohol etc. 

Esta sustancia tiene una acción particular sobre los riñones y vejiga, por 
lo cual se emplea con buen éxito en las afecciones de estos órganos; pero 
el uso jeneral de cann. es en la gonorrea aguda en la que tiene un poder in- 
menso, sobre todo cuando es mui aguda, y existe un dolor quemante a lo 
largo de la uretra cuando sale la orina; en las palpitaciones del corazón y 
en la pulmonía sirve tembien etc. 

Capsicum: pimienta de Cayena. Para el uso homeopático se toman las cáp- 
sulas y los gianos maduros, se pulverizan y se hacen las tres primeras ate- 
nuaciones por la trituración y los siguientes por la via húmeda. Es de po- 
co uso, y se emplea en las fiebres intermitentes, en las afecciones de per- 
sonas de un temperamento flemático, en la nostaljía, malas dijesliones, en el 
estado flatulento del vientre, en algunas disenterias, en las irritaciones a 
las vias urinarias, etc. 

Carbo vejetabilis: carbón véjela! . El carbón bien quemado de cualquier ma- 
dera que sea, es uniforme en sus efectos, después que se ha desarrollado 
convenientemente la virtud medicinal que le es inherente. Hannemann usaba 
el carbón de álamo blanco. 

Este es un medicamento de mucho uso y conviene en las enfermedades 
por el abuso del mercurio y de la quina, en los padecimientos por un tiem- 
po caliente; en la sensibilidad a las mutaciones del tiempo, en la debilidad 
por pérdidas debilitantes; en la sarna y otras afecciones cutáneas, en las 
úlceras, abeesos linfáticos, aneurismas; en la caida de los cabellos por gra- 
ves enfermedades, cólicos flatulenlos, catarros crónicos, laringitis crónica, etc. 

Causlicum: cáustico o tintura acre sin potasa. La que se usa en homeopa- 
tía se obtiene del modo siguiente: se toma una libra de cal recientemente 

IV 



XXVI PROLOGO. 

quemada, y después de haberla empapado por un minuto en agua desti- 
lada, se coloca en una fuente bien seca, donde después de haber dado mu- 
cho calor y vapor, se vuelve al instante polvo, etc. etc. El cautiicnm con- 
centrado es líquido y se preparan sus atenuaciones por la via alcohólica etc. 
Es de bastante uso y conviene en las enfermedades mui crónicas; como 
en la gola crónica con acortamiento de los tendones, en las convulsiones y 
epilepsias, parálisis, en la sarna, tumores enquistados, verrugas, herpes, 
varices, oftalmías escrofulosas, flujo de oidos, sordera, flujo por la nariz, 
escorbuto, mudez, dijestion difícil, almorranas, estitiquez, flujo blanco, fal- 
la de leche, catarros crónicos, afecciones del corazón etc. Este remedio 
suele tardar mucho en hacer efecto, pero es de una acción poderosa. 

Chcunomilla: manzanilla común. Se obtiene la tintura madre esprimiendo 
el jugo de la planto entera fresca y mezclándole con partes ¡guales tTfc al- 
cohol. 

Es de muchísimo uso y se emplea en las enfermedades de los niños y de 
las mujeres, particularmente de los recien nacidos y parturientas; en las 
malas resultas del café y de los paliativos narcóticos; en los padecimientos 
por un enfriamiento o por una cólera; en las convulsiones de todas clases, 
en las escoriaciones de la piel; en las fiebres biliosas y nerviosas; en oftal- 
mía de los recién nacidos; en los dolores de muelas con hinchazón de la ca- 
ra y de las glándulas del cuello, con rabia y deeesperacion, afecciones gás- 
tricas y biliosas, en los cólicos, en las diarreas de los niños, en la tos cata- 
rral con ronquera; en los dolores de parto cuando son desesperantes y ha- 
cen gritar a la paciente. 

China: quina o cascarilla. Sustancia bien conocida. La que se usa en ho- 
meopatía es la de hoja o la quina amarilla real; las tres primeras atenua- 
ciones se preparan por trituración y de aquí en adelante por el alcohol. 

La superioridad de las preparaciones homeopáticas se manifiesta eviden- 
temente en la quina. Como tónico obra mas radicalmente preparado del úl- 
timo modo que dándole en bruto. Ademas cura muchas enfermedades sobre 
las que no tiene poder en grandes cantidades. Conviene a las personas bi- 
liosas, flemáticas, pituitosas, las que padecen diarreas, en las que han 
abusado del mercurio, a las que les hace daño el té, o que han tenido una 
incomodidad que deja señales en el organismo, en las afecciones hidrópi- 
cas, hemorrajias por debilidad, sangre abundante por las narices, fiebres bi- 
liosas y de los pantanos, oftalmía escrofulosa, debilidad de la vista, malas 
dijesliones, obstrucciones del hígado y del bazo, cólicos flalulenlos, diarreas 
debilitantes, etc. etc. 

Ciña: semen contra o artemisa de Alepo. Para el uso homeopático se toma 
toda la yerba y se hacen las tres primeras atenuaciones por trituración. 
Conviene en lrs enfermedades de los niños, debilidad por pérdida de hu- 
mores, afecciones escrofulosas, en todas las convulsiones de los niños so- 
bre todo cuando hai lombrices, para las cuales es específico, fiebres inter- 
mitentes, debilidad de la vista por pérdida de humores, afecciones gástri- 
cas, costumbre de orinarse en la cama los niños, tos convulsiva en los ni- 
ños escrofulosos o que padecen de lombrices, etc. 

Coccidus: cuesco de levante. Estos frutos van a Europa de Levante, tienen 
una corteza leñosa que encierra una almendra de sabor amargo y acre. Las 
tres primeras atenuaciones se obtienen por trituración y las otras por el 
alcohol. 

Esta sustancia es de un uso frecuente y conviene, en las personas de 
temperamento dulce y flemático o biliosas y colérico, que han abusado de 



PROLOGO. XXVII 

la manzanilla o que han tenido un arrebato de cólera; es bueno para el 
mareo y para combatir las incomodidades que suelen padecer algunas per- 
sonas cuando van en carruaje; en las parálisis, sobre todo de los miem- 
bros inferiores, en las convulsiones, sobre todo histéricas y de mujeres mal 
regladas, fiebres lentas con debilidad nerviosa, afecciones gástricas y bilio- 
sas, gasiraljia, cólicos espasmódicos y flalulenios, afecciones del útero, sobre 
todo en las que no han tenido hijos. 

Coffea: café de Moka. Para el uso homeopático se toma el mejor café de 
Moka, sin tostar y se tritura hasta reducirlo a polvo mui lino con el cual se 
hacen las tres primeras atenuaciones por triluraciou y las demás por el 
alcohol. 

Conviene en la sobre-cscitacion nerviosa, en las neuraljias excesivamente do- 
lorosos, en el insomnio por oscitación nerviosa, en los dolores de muelas 
cruelísimos, en las afecciones de la garganta mui dolorosas, en los dolores 
de parto insufribles, y siempre que haya dolores tan violentos que parezca 
que el enfermo va a perder la vida. 

Colchicum: colchico. Es una planta, de la cual se toma la raíz en prima- 
vera, se espriine el jugo, se mezcla con el alcohol \ se trata como el de 
las demás plantas frescas. 

Esta planta es de poco uso en homeopatía, aunque es bueno para los 
reumatismos, hidropesías, parálisis, cólicos íiatulentos y enfermedades de 
las vias urinarias. 

Colocinthis: coloquinlida. En homeopatía se usa el fruto seco de esta plan- 
ta, preparando las tres primeras atenuaciones por trituración, y las demás 
por el alcohol. 

Eb de bastante uso, principalmente en las incomodidades que siguen a 
una fuerte rabia o cólera violenta. En los cólicos agudísimos, aun los de mise- 
rere, que reconocen por causa una rabia o una humillación, es específico. 
La curación de todo violento cólico debe empezarse por este medicamento, 
según Hering: es bueno en los dolores calambroideos, etc. 

Conium: cicuta Se usa en homeopatía la yerba fresca, lomada cuando 
empieza a florecer, de la que se estrae el jugo y se trata por el alcohol etc. 

Se usa con frecuencia, sobre todo en las enfermedades de las personas de 
una vida casta y de abstinencia sensual o en las que han abusado de estos 
¡placeres; en las afecciones de los viejos, de las embarazadas, de los que 
han recibido contusiones principalmente en las glándulas: los zaratanes, los 
herpes, los males males crónicos de essómago, los calambres de la ma- 
triz, los ahogos, sobre todo en los viejos, las debilidades etc. suelen ceder 
a este medicamento. 

Crocus: azafrán. Sustancia bien conocida, de la cual se hacen por tritura- 
ción las tres primeras atenuaciones etc. Es de poco uso. Sirve para el bai- 
le de S. Vito, el histerismo, las hemorrajias de la matriz. 

Capsum: cobre. Se preparan por trituraciones las tres primeras atenua- 
ciones. Es mui bueno en las convulsiones, afecciones crónicas del estóma- 
go, cólera asiático, asma etc. 

Drosera: id. Se recoje toda la planta cuando está en flor; se estrae el ju- 
go y se trata como el de todas las plantas. 

Es el mejor remedio para tos convulsiva; es bueno en las ronqueras, afec- 
ciones gástricas, intermitentes, etc. 

Dulcamara: id. Se usa el jugo de las hojas y de los tallos, cojiendo la 
planta antes que florezca. Se trata como el de las demás. Es buena en las 



XXVIII I'HOJ.OCO. 

enfermedades que sobrevienen n ua enfriamiento, sobre todo de las menú 
brunas mucosas, herpes, diarreas, catarros de la vejiga, etc. 

Euphrasia: id. De esta planta se toma el jugo y se trata como el de to- 
das las plantas frescas. Este remedio es soberano en las enfermedades graves 
de la vista, como nubes, úlceras, inflamaciones, etc. y en las contusio- 
nes etc. 

Ferrnm: hierro. Las tres primeras atenuaciones van por trituración y las 
demás por la via húmeda. Es de un uso menos jeneral en homeopatía que 
en la otra medicina, y cuando se emplea suele hacerse, a corta diferencia, 
para las mismas enfermedades. 

¡lepar sulfuris calcarenm: hígado de azufre calcáreo: sulfuro de cal. Las tres 
primeras atenuaciones por .trituración y las demás por alcohol. 

Es uno de los grandes y poderosos remedios que tiene la homeopatía 
para combatir las malas consecuencias del mercurio, las supuraciones de las 
glándulas, las herisipelas graves, los herpes, tina, la mortal membrana. Con 
este remedio he salvado a un niño de membrana, de cuya enfermedad ha- 
bía muerto un hermaniío suyo. 

Hiosciamus: id. Se esprime el jugo y se trata como el de las demás plan- 
tas frescas. 

Se usa en homeopotía pero no tanto en la alopatía, principalmente en 
las convulsiones, histerismo, dolores de muelas, etc. 

Ignatia: haba de S. Ignacio. Es un fruto, especie de almendra de la cual 
se preparan por trituración las tres primeras atenuaciones vías demás por 
el alcohol. 

Es uno de los remedios mas útiles que tiene la homeopatía sobre todo en 
las enfermedade que sobrevienen a los grandes sentimientos, como la muer- 
te de una persona mui amada, padre, hijo, esposo, etc.; en los pesares con- 
centrados, en que el paciente no puede desahogarse, es un remedio precio- 
so para tranquilizar el corazón; en los sustos y contrariedades sirve de mu- 
cho también. Yo he curado una enfermedad del corazón de hacia 18 años, 
producida por estas causas, con el uso de ignatia. Siempre que una perso- 
na nerviosa ha tenido mucho que sufrir, ignatia es soberano. Las enferme- 
dades del corazón que se sufren en Santiago, disminuirían uua tercera par- 
te con solo jeneralizar el uso de ignatia cuando hai que sentir, que por 
cierto no falta. Las incomodidades reprimidas, que tan malas consecuencias 
dejan, con el uso de ignatia se libra uno de ellas etc. Acónito para las fie- 
bres, árnica para los golpes e ignatia para los pesares e incomodidades con- 
centradas, los debe uno tener siempre a la mano. Cuando una persona se 
accidenta por la muerte de una persona amada el mejor cordial es ignatia. 

Yodium: godo. De la tintura alcohólica de esta sustancia se forman las ate- 
nuaciones hasta el grado que se necesitan. Es de poco uso y esto solo 
para algunos reumatismos, glándulas, raquitis, consunciones, etc. 

Ipecacuana. Para el uso homeopático se tritura la raiz con el azúcar de le- 
che en las tres primeras atenuaciones y las siguientes por la via húmeda- 

Se usa en las indigestiones, hemorragias bronquiales o uterinas, en las con- 
vulsiones, los convulsiva, etc. 

Lacheas: id. Es el veneno dentario de una culebra que lleva este nom- 
bre. Tiene de particular este veneno, como el de la culebra de cascabel, 
el del crotalus, etc. que puede tragarse impunemente, aunque sea en gran- 
des cantidades, sin que se diferencien sus efectos de los del aceite de al- 
mendras, y que mata cuando se introduce en una herida. Para el uso ho- 



I'ttOLOC.O. XXIX 

meopático se loma una gota de azocar de leche; so preparan por trituración 
las lies primeras atenuaciones, y las demás por la vía húmeda etc. 

Este medicamento es esclusivo de la homeopatía y sirve en los padeci- 
mientos de los borrachos, en los que han abusado del mercurio, debilidad 
por pérdida de humores, melancolía, romadizo crónico, esquinencias, gan- 
grenas, ¡stericia afecciones del hígado, estitiquez, padecimientos de las mu- 
jeres en la edad crítica, enfermedades del corazón ele. 

Licopodium: licopodio. El polvo de este musgo se une con el de azúcar 
de leche para las tres primeras trituraciones y luego se procede por el al- 
cohol etc. 

Este polvo que es inocente en el estedo grosero, adquiere un poder ma- 
rabilloso con preparaciones homeopáticas, y llegando a curar las enferme- 
dades mas crónicas, como los infartos de las glándulas, las varices, escró- 
fulas, diviesos, liña, calvicie, romadizos, flujo de pus por los oidos, afeccio- 
nes gástricas, estitiquez crónica, padecimientos de los tísicos, aneurisma etc. 
Mercurio. En homeopatía se usa jenerahnente el mercurio soluble y el 
mere, vivo. El primero fué el que preparó Hannemann y el de mas uso. Las 
demás preparaciones se usan poco. 

El mere, es de un uso bástanle común en el venéreo, escrófulas, supura- 
ciones, herisipelas, en toda enfermedad con disposición a sudar mucho, en 
las enfermedades de ojos, de oidos, de nariz, de boca, de garganta de hí- 
gado, en la disenteria, cólicos, dolores de muelas, loses bronquiales y pulmo- 
nales etc. 

Nuirum murialicum: sal común. Se prepara como las sustancias minera- 
rales, primero por trituración y luego por el alcohol. Es un medicamento 
poderoso en los reumatismos con acortamiento de los teudones, melancolía, 
jaqueca, enfermedades de la vista, del oido, de la nariz, del estómago, esti- 
tiquez, impotencia, etc. 

ISux moschata: nuez moscada. Se prepara como las sustancias secas etc. 
Es bueno en las enfermedades de las mujeres, de los niños, en los ma- 
les ocasionados por el pis, en los histéricos, en los dolores de muelas y 
mal estómago de las embarazadas, en los infartos del hígado, en las dia- 
rreas de los niños, asmas, ele. 

Nux vómica: nuez vómica. Es la semilla de un árbol. Se prepara como 
las sustancias secas. 

Es el medicamento que acaso uso mas frecuentemente en Santiago y]cou 
mejores resultados. 

Es el remedio de los que remuelen mucho y de todas maneras, de los de 
vida sedentaria, de los que esludiau y meditan mucho, de los que abusan 
de las bebidas y del café. Es bueno en las convulsiones, debilidad, diviesos, 
males de cabeza, de ojos, de oidos, nariz, dolores de la cara y de muelas, 
«postemillas en el paladar, Magüitas en la boca, inapetencia, males de estó- 
mago, de hígado, cólicos, estitiquez, almorranas, hernias, padecimientos de 
las embarazadas y recien paridas, los convulsiva con vómito de alimentos, 
asmas etc. 

Oplum. El opio se usa poco en homeopatía y se prepara como las sus- 
taneias secas: las tres primeras atenuaciones por trituraciou y las siguien- 
tes por la via húmeda. 

Sirve en los padecimientos de los borrachos; afecciones de los viejos, en 
las malas consecuencias de un susto, en las convulsiones, parálisis, fiebres 
soporosas, dolores de cabeza coujesiivos vómito estercaráceo, esiiii- 
quez, etc. 



X 



XXX PUOLOÍJO. 

Petroleum: aceite de petróleo. Se une al azúcar de leche y se hacen por tri- 
turación las tres primeras atenuaciones. 

Se usa poco y sirve en los sabañones, herpes, desvanecimientos habitua- 
les, dolores de cabeza causados por contrariedades, liña, sordera, afeccio- 
nes gástricas, grietas de las manos y pies etc. 

Phosphosms: fósforo. Se toman cinco granos de fósforo puro y 500 go- 
tas de alcohol lo mas anhidro posible, se deja que el alcohol se sature y se 
procede por la via húmeda. 

El fósforo es de mucho uso y sirve en las personas débiles, y en la de~ 
bilidad física y nerviosa, a consecuencia de largas onfermedades; en los 
reumatismos crónicos, supuraciones linfáticas, úlceras fistulosas de los pe~ 
chos; vértigos, dolores de cabeza, enfermedades graves de la vista, sudores, 
dolores en la cara, enfermedades crónicas del estómago, diarreas, sobre 
todo en los viejos; diarreas de los tísicos; ronquera crónica, asma; pade- 
cimientos tísicos; úliimo periodo de la pulmonía, cuando el enfermo pare- 
ce que ya va a morir. 

Phosphoricum ácidum: ácido fosfórico. La 1.» atenuación se prepara con 
el agua destilada; la 2.» con agua y alcohol, a partes iguales, y la 3. a con 
el alcohol ordinario. 

Es buen tónico en la debilidad por enfermedades graves, pérdida de hu- 
mores, onanismo, pesares concentrados, amor desgraciado etc. Sirve en las 
fiebres tifoideas; enfermedades de los huesos; diarreas después de un sen- 
timiento; diarreas epidémicas; derrames y poluciones etc. 

Piatina. El platino se prepara como las sustancias sólidas, por tritura- 
ción primero y luego por dilución. 

Es de mucho uso en las enfermedades de las mujeres, sobre todo cuan- 
do son de reglas abundantes; en el histerismo, dolores nerviosos, dolores 
de la cara, dolores de lujada, hemorragias del útero etc. 

Puhatilla. Se loma el jugo y se trata como el de las demás plantas fres- 
cas. Es la sustancia que mejor se ha estudiado en homeopatía y de un uso 
mui jenera!. 

Sirve principalmente en las enfermedades de las mujeres, sobre todo las 
de temperamento nervioso, carácter suave, propensas a reir y llorar fácil- 
mente; en los que han abusado del mercurio, del azufre, de la cascarilla, 
etc.; en los padecimientos a consecuencia de un enfriamiento en el agua, 
de una indijestion, sobre todo de cosas grasicntas etc.; reumatismo de las 
coyunturas, flujos mucosos, clorosis, sarampión, supuraciones; consecuen- 
cias de golpes, caídas etc.; muchos padecimientos por la supresión de las 
reglas; dolores de cabeza; enfermedades de la visla, orzuelos, supuración de 
los oídos; sangre de narices; dolores de la cara y de las muelas; afecciones del 
estómago y del hígado; dolores cólicos; diarreas; catarro de la vejigí; nono- 
rreas; inflamación de un testículo a consecuencia de un golpe o de una go- 
norrea suprimida; diferentes padecimientos de las mujeres cuando mens- 
trual!; catarros húmedos; asmas; afecciones del corazón y diferentes padeci- 
mientos de las personas aflijonas. 

lihcum: ruibarbo. Se prepara como las sustancias secas, por trituración 
primero y luego por el alcohol. 

Se usa principalmente en las diarreas de los niños y de las recien pari- 
das; acedías, cólicos, insomnio y gritos de los niños. 

Bhododendron chrisanlum, oleandro de flores blancas. Se prepara como las 
sustancias secas. 



MtOLOGO. XXXl 

Y sirte en los reumatismos de las coijunturas, hidrocete e induración de 
los testículos. 

Rhus loxicodendron: zumaque. Se esprime el jugo y se trata como el de 
las plantas fiestas. 

Es medicamento de mucho uso y sirve en las enfermedades de los ten- 
dones, ligamentos y tejidos articulares; parálisis; erupciones ampollosas; her- 
pes, he ri si pelas, fiebres tifoideas, afecciones gástricas, incomodidades a con- 
secuencia del destete ele. 

Ruta: ruda. Se esprime el jugo y se trata como el de las plantas frescas. 

Es de poco uso, aunque también en la enfermedad de la vista, parálisis a 
consev-uencia de lesiones mecánicas, padecimientos por un tiempo lluvioso, 
lombrices, etc. 

Sambucas: saúco. En homeopatía se usa el jugo de la 2. a corteza de las 
ramas tiernas, el cual se prepara como el de las plantas frascas. 

Sirve en las gidropesías, en el asma espasmódico, en los calambres de pul' 
«o, sobre todo después de un enfriamiento, fiebres con sudores excesivos etc. 

Sanguinaria. Se usa el jugo de la raíz y se trata como el de las plantas 
frescas. 

Sirve en los reumatismos, afecciones de la garganta, membrana etc. 

Sécale: tizón del centeno. Se trata como las sustancias secas. Sirve en las 
hemorrajias, de los sujetos débiles; histéricos de las mujeres caquécticas y 
débiles; en las diarreas debilitantes; diferentes padecimientos de las partu- 
rientas sobre todo si son de constitución débil etc. 

Sepia: tinta de jibia. Líquido negruzco que tiene el animal con el cual 
enturbia el agua cuando se ve perseguido o quiere asegurarse de su presa. 
Se mezcla con el azúcar de leche y se hacen por trituración las tres pri- 
meras atenuaciones, siguiéndose después por la via húmeda. 

Es un remedio de mucho uso y de una acción poderosa para las enfer- 
medades siguientes: debilidad por el onanismo; escrófulas; tumores linfá- 
ticos; herpes; manchas del culis; muchos padecimientos de las embarazadas; 
liña; oftalmía; dolores de muelas; afecciones crónicas de la garganta; afec- 
ciones de estómago; ebullamiento de vientre en las mujeres de edad; dia- 
rreas; gonorrea; dolor de hijada; flores blancas; elevación; padecimientos tí- 
sicos y del corazón etc. 

Silícea: sílice. En homeopatía se usa la que se estrae del cristal de roca; 
se preparan por trituración las tres primeras atenuaciones y las siguientes 
por el alcohol. . . 

Es uno de los medicamentos mas poderos que tenemos, principalmente 
en la raquitis, reblandecimiento de los huesos, corbadnras del espinazo, supu- 
raciones, tumores linfáticos, úlceras, padecimientos tísicos; afecciones orgá- 
nicas del corazón con mucho cansancio al andar, Estoi curando una corta- 
dura del espinazo oon este remedio y el joven se siente muí mejor. 

Spigelía: espigelia antihelmíntica. Se usa yerba seca con la cual se hacen 
las tres primeras atenuaciones, etc. , r i ., 

Sirve en los dolores de cabeza, de cara y de muelas; en las enfermedades 
del corazón etc. 

Spongia: esponja. Se tuestan, se reducen a polvo fino y se trata como las 
sustancias secas. , ., . 

Sirve para las enfermedades de las glándulas y de los vasos linfáticos; en 
la membrana o erup., afecciones del corazón etc. 

Slaplúsagria: estafisagria o yerba piojera. Se usan las semillas, con las cua- 



XXXÚ MOLOGO . 

les se hacen las tres primeras trituraciones y luego se procede por la via 
húmeda. 

Es buena en los padecimientos por contrariedades y despechos, debilidad 
por el onanismo; heridos por instrumentos cortantes, enfermedades de los 
huesos, tina, dolores de muelas y padecimientos de las encías etc. 

Slranwninm: estramonio . Se toma el jugo de la planta y se trata como 
el de las sustancias frescas. 

Sirve para todas las afecciones espasmódicas, convulsiones, epilepsia, etc.; 
delirium tremens etc. 

Sulfur: azufre. Con las flores lavadas de azufre se procede por trituración 
o por la via alcohólica para obtener las atenuaciones que se quiera. 

El azufre es el medicamento mas usado qne tiene la homeopatía por ser 
nquel cuya patogenesia de 1905 síntomas corresponde mejor al sin número 
de enfermedades que padece nuestra especie en todos los climas del globo. 

En toda enfermedad crónica, sea del culis, de la cabeza, del pecho, del 
vientre o de las estremidades, incluyendo las afecciones venéreas, se da 
sulfur para la curación o bien al fin de ella, si ya estáhecha, para confir- 
marla e impedir una recaída, bien sea de mal agudo o mal crónico. 

En todo tratamiento homeopático, cuando los medicamentos mas indi- 
cados no corresponden debe darse sulfur con objeto de disponer el orga- 
nismo a que los demás remedios obren bien. 

Cuando no se si«be porque medicamento empezar la curación, adminístre- 
se sulfur, con el cual siempre se hace bien. 

Tártaras eméticas: tártaro emético. Con el r íarí. emet. se procede por tri- 
turación como en sustancias secas. 

Es de poco uso en homeopatía, y se administra en las afecciones de los 
bronquios, pulmones, estómago, hígado, etc. 

Th'tya. Es una planta de la cual se estrae el jugo de las hojas tiernas y 
se procede después por la via alcohólica etc. 

Este medicamento tiene una acción específica sobre las berrugas, donde 
quiera que se presenten, manos, partes etc. 

Para mas detalles sobre estos sesenta medicamentos, debe consultarse la 
materia médica de Hannemann o el compendio de Jhar, que es mui bueno 
para los profanos. 

Yo hubiera quitado algunos de estos medicamentos y puesto en su lugar 
otros de uso mas frecuente, pero he preferido lo primero por ser estos de 
los que Bering hace uso en su medicina doméstica. 

Si los medicamentos homeopáticos son venenos, como propaga la envidia 
o la ignorancia, medítese sobre los que acabo de indicar, en cuya reduci- 
da lista, no falta uno solo de los principales. 



PROLOGO. XXXIII 



TRATAMIENTO HOMEOPÁTICO DE LAS ENFERMEDADES MAS COMUNES 

EN SANTIAGO. 

Aunque en la medicino doméstica se dan nociones al alcance de todos 
de las enfermedades mas comunes en todos los climas, no me creo dispen- 
sado de consignar en este prólogo el fruto de mi esperiencia en la capital 
de la República, sobre los males que jeneralmente se padecen; limitándo- 
me únicamente alas enfermedades de la infancia, a las del hígado, cora- 
zón y pulmón. 

Las enfermedades de la infancia jeneralmente son precedidas de algunas 
consideraciones sobre los padecimientos de las embarazadas, alumbra- 
miento etc. 

Hijietie del embarazo. — Desde que una mujer sospecha que está embara- 
zada debe observar las reglas siguientes: 1. a , abandonar el corsé. El corsé 
perjudica a la madre y a la criatura; a la madre porque la dispone a las 
enfermedades del corazón y del útero, siendo causa también de las malas 
posiciones del feto que tanto dificultan el parto: perjudica al feto, produ- 
ciendo el hidrocéfalo y otros vicios de conformación; 2. a , alijerarse de ro- 
ya. El cargamento de enaguas, 5, 4, 6, 8 y aun mas, que usan las seño- 
ras en Santiago, tiene en el embarazo casi los mismos inconvenientes que el 
corsé, y ademas dispone a sufrir de la cintura; 3. a , usar alimentos de /a- 
cil dijeslion: el chancho, fiambre, guisos mui aliñados, té, café, vinos, li- 
cores etc., quedan prohibidos. La esperiencia me hace ver que el uso del 
té, en las embarazadas es una de las causas de ataque al cerebro de los ni- 
ños; 4. a , ejercicio suave al aire libre y tranquilidad de espíritu. Toda emo- 
ción violenta, asi de placer como de pena, debe evitársele a la señora que 
se halle en estado interesante, por lo impresionable que se halla su siste- 
ma nervioso, el cual, exaltándose, puede causar los accidentes mas gra- 
ves; 5. a , abstinencia sexual. Esta regla, útil a todas las embarazadas y que- 
brantada casi en todos los casos, es de absoluta necesidad en las que es- 
tan dispuestas al aborto etc. 

Enfermedades de las mujeres embarazadas. — Comprendemos bajo esta de- 
nominación los accidentes propios del embarazo, como los vómitos, la es* 
titiquez, etc., para los cuales poco o nada tiene que hacerla medicina 
común. 

Plétora.— Muchas señoras, hacia el tercer mes del embarazo o hacia el 
fin, pedecen de cargazón de sangre, como aquí se llama. Este estado de- 
saparece con acónito dos o tres veces, con un dia de intervalo, seguido de 
una dosis de belladona si la sangre tiene tendencia a subir a la cabeza, o 
de nux vom. si el estómago está malo y hai estitiquez. 

Vómitos.— Los vómitos son el accidente mas común de las embarazadas 
particularmente los tres o cuatro primeros meses, los cuales desaparecen o 
se alivian mucho con el uso de acónito, nux vómica, ipecacuana, sepia, co- 
nium, pulsatilla etc., según los casos. Los remedios se disuelven en bas- 
tante cantidad de agua y se loman por cucharaditas, una vez al dia. 

Estitiquez.— Es mui común en Santiago esta enfermedad y mas en las 
embarazadas. El uso de los purgantes suaves que se acostumbra en tales 
casos puede causar el aborto y no deben usarse. La homeopatía cu- 
ra estas indisposiciones coa el uso de nux v. y sulfur, tomafido una dó- 



XXXIV rnoLoco. 

sis de la primero y dejándola obrar tres o cuadro días, después de los cua- 
les se dá sulfur. Brionia repelido tres o cuatro veces en una mañana sue- 
le hacer efecto el mismo día. 

Diarrea —La diarrea no es tan común como los vómitos pero es mas 
peligrosa, porque suele producir el aborto, pulsalilla, dulcamara, chamo- 
milla, sulfur y calcárea, bastan, según los casos, para contenerla, siempre 
que se guarde un réjimen melódico. 

Cólicos o dolores de ¡lato.— Chamomilla, si el vientre está movido, nux v. 
si hai estitiquez, o bien colocijntis bastan jeneral mente para curar este mal 
incómodo. Los medicamentos se disuelven en bastante cantidad de agua y 
se dan por cucharaditas pequeñas, a cortos intervalos. 

Dolores de caderas.— Mucho sufren de esta enfermedad en Santiago las 
embarazadas: nux v., árnica, rhus, brionia, sulfur, calcárea c, etc., son los 
medicamentos, que mejor corresponden, particularmente el primero. 

Ganas frecuentes de orinar.— Es mas frecuente de lo que jeneralmente so 
eree esta enfermedad, la cual se ignora porque no la comunican las que 
la sufren, sino en casos mui estreñios; nux v., y pulsalilla suelen ser es- 
pecíficos. 

Insomnio.— El uso del café y del té suele quitar el sueño, pero musa las 
embarazadas. En este caso chamomilla o nux v., bastan para remediar el 
accidente; en el caso contrario, es decir; cuando no se hace uso del café 
ni del té, una dosis de coffea (café) preparado homeopáticamente es sufi- 
ciente para conciliar el sueño. 

Palpitaciones de corazón.— Es mui común en Santiago esta enfermedad, 
que alarma tanto mas, cuanto que son mui comunes los padecimientos de 
esta entraña. Si hai cargazón de sangre, acónito y belladona bastan; sino 
)a hai, pulsalilla lo suele remediar lodo. 

Síncopes.— Es poco frecuente este accidente, y cuando existe cede a ig~ 
valia, si la enferma es de carácter triste y dispuesta a llorar, a chamomi- 
lla si es de carácter colérica, a nux v., sí es biliosa y estíptica, a china y 
sulfur si es de debilidad, a acónito si hai cargazón de sangre, y a árnica 
si depende de llevar los vestidos apretados. 

Dolores de muelas.— Este accidente es mui común aun sin estar embaraza- 
da: si es mui violento y ocasiona gritos cede a coffea (café) chamomilla o 
acónito, si hai cargazón de sangre; si la enferma es apacible y causa aflic- 
ción la fuerza del dolor, cede a pulsalilla; si se agrava el dolor con el ca- 
fé, el vino, y la meditación nux v., es buena; si hai conjeslion de sangre a la 
cabeza, belladona es superior; slaphisagria es buena en muchas clases de 
dolores cuando las muelas están picadas; y sepia conviene en un sin núme- 
ro de casos. Ademas otros muchos medicamentos. 

A Mojos. -Hai muchos medicamentos, según los casos, pero el principal 
es sulfur. 

Hemorrajia del ulero. — Este accidente es uno de los mas graves que pue- 
den sobrevenir a una embarazada, por ser precursor del aborto en la je- 
neralidad de los casos. Conviene tomar desde el principio todas las pre- 
cauciones hijiénicas y dietéticas que se acostumbran en tales casos y ade- 
mas usar los remedios siguientes: se usará árnica si la hemorrajia ha sido 
producida por un esfuerzo, una andanza, un golpe etc.; ipecacuana si el 
flujo es continuo, con retortijones al vientre etc.; chumomiUa si la sangre 
sale seguido y hai dolores como de paito etc., brionia si la sangre es os- 
cura y hai dolores de ríñones y de cabeza etc.; china es buena si la sangre 
sale a a chorros o hai ya uuu grají debilidad; lujosciamus si a la sangre 



PU0I.OG0. XX¡XV 

acompañan síntomas nerviosos, como convulsiones etc.; belladona cuando 
hai un dolor violento al hueso de las caderas y se siente una cosa como si 
fuera a salir la madre por abajo; ■platina cuando la sangre es negra etc. ; 
ferrum cuando la sangre varía de color, la cara está roja etc.; croáis si 
la sangre es mui negra etc.; sabina si la sangre es mu i roja o sale en cua- 
jarones etc.; sécale si la sangre es negra y la enferma está muí débil. En 
estos casos los medicamentos se dan en bastante cantidad de agua, por cu- 
cbaradilas y con frecuencia. 

Calambres en las piernas. — No son raros e impiden el sueno, mortifican- 
do mucho. Veralrum, nux ?>., coffea, sulfar etc., son escelentes. 

Hinchazón de las venas ile las piernas. — Se corrije ose alivia esteaccidente 
con pnlsalilla, nux v. sulfur, silícea, licopodio etc. 

Grietasen el vientre. — Las fricciones de cuando en cuando con el agua 
de árnica son muí eficaces. 

Tos. — La tos seca y nerviosa que sufren las embarazadas se cura con 
acónito y nux v.; sí viene con vómitos ipecacuana; si es húmeda pulsatilla 
o sepia. 

Opresión al pecho n cansancio. — Si es después de comer nux v., es especí- 
fico; si persiste fuera de la hora de la ríijesiion y hai cargazón de sangre 
acónito; si hai sed e hinchazón de pies, arsénico; si hai dolores al pulmón y 
un oslado sospechoso de esta entraña, fósforo. 

Hinchazón de las eslremidades inferiores. — Si la hinchazón se estiende has- 
ta los muslos y dificulta el andar, brionia y sulfur son escelentes. 

Preservación de las enfermedades hereditarias. — Los hijos heredan de sus 
padres, no solo los bienes de fortuna y las costumbres, sino las enferme- 
dades y malos humores y aun estos con mas seguridad que aquellos. La 
prole de padres achacosos y enfermizos es siempre raquítica y miserable. 
Pues bien, la homeopatía en tales casos puede hacer mucho en favor de 
los hijos. Medicinándose la madre durante el embarazo, con los remedios 
homeopáticos adecuados, los hijos nacen sanos y robustos. Mercurio solu- 
ble si los padres tuvieron venéreo, sulfur si son mui enfermizos y calcárea 
si son mui débiles, administrados alternativamente y a largos intervalos, 
son los remedios mas eficaces. 

Las señoras que tomen remedios homeopáticos durante su embarazo, 
para remediar los diferentes achaques que son consiguientes a semejante 
estado, pueden estar seguras de que sus partos serán felices y sus hijos sanos 
y robustos. 

Remedios homeopáticos que conviene tomar para que el parto sea bueno. — 

El parto es una función natural que, en la jeneralidad de los casos, se 
desempeña con toda felicidad para la madre y para la criatura, sin nece- 
sidad de auxilio estraño. Y yo espero que los buenos resultados serán mu- 
cho mayores, el dia que se jeneralíce el uso de la homeopatía en las em- 
barazadas. 

Por algún tiempo se corrió la voz en Santiago de que yo tenia un re- 
medio que facilitaba mucho el parto, cuya idea tuvo oríjen en que algunas 
señoras notables tuvieron partos mas felices que otras veces, por la circuns- 
tancia de haber tomado un remedio homeopático administrado por mí con 
tal objeto. Este remedio es la pulsatilla, la cual tiene una virtud particular 
sobre el útero. Los dolores falsos de parto desaparecen con una sola dosis, 
de pnls.; los dolores morosos e insuficientes que hacen el parto pesado, se 
convierten en dolores eficaces que apresuran la salida pronta de la criatura. 
Está averiguado que las malas posiciones del feto, causa de los malos 



xxxvt vnoi.or.0. 

parios, se convierten en buenas posiciones, con una o das dosis, de pnh. 
cuando el paito no esiá aun mui avanzado. Una señora habia tenido nueve 
partos trabajosos, algunos con operación, y el que tuvo tomando pnls. ter- 
minó bien en cuatro horas. Aunque puls. es el principal remedio para faci- 
litar el parto, no es el único. Chamomilla tiene también una acción particu- 
lar. Yo la doi con mui buen resultado, principalmente cuando los dolores 
son atroces y hacen gritar a la enferma, sin que el parto adelante mucho. 
Cuando hai cargazón de sangre y la enferma tiene ansiedad y está muí 
asustada, acónito obra maravillosamente. Belladona es buena cuando el parlo 
no progresa, apesar de fuertes dolores, por la rijidez que suele presentar 
el cuello del ulero. Ademas, suelen estar indicados para facilitar el traba- 
jo del parlo, cojfea, nux v., opium, sécale, calcárea, acónito y belladona. 

Accidentes niJitANTE el parto. — Los principales son la lipotimia, la con- 
gestión cerebral, las convulsiones y las hemorragias. 

La lipotimia o desmayo se remedia si es de debilidad, con un pocilio de 
buen caldo, ya solo, ya mezclado con un poco de vino añejo o de cascari- 
lla; si depende de cargazón de sangre, se dá acónito; si es que hai una gran 
disposición a esta enfermedad, nux v. es específico; si el desfallecimiento vie- 
ne al menor movimiento, se dá veratrnm. 

Conjestion cerebral. — Si la parturiente es sanguínea, si la rubicundez de 
la cara persiste mucho tiempo pasado el dolor, o si hai dolor de cabeza, 
acónito, repetido, previene todo accidente; si la conjestion esiá mui ade- 
lantada con tendencia a parálisis del lado izquierdo, árnica dá buen resul- 
tado; si el conocimiento se pierde y se inician convulsiones, belladona es 
buena. En semejantes casos, puede consultarse opium. 

Convulsiones. — Son un accidente terrible que compromete la vida de la 
madre y de la criatura, aunque se administren los anti-espasmódicos, se prac- 
tique una sangría, se apliquen sanguijuelas etc.; acónito, belladona, ihamo- 
milla, la chésis, cóffea, hyosciamus, stramonium, opium, etc , bastan, según 
los casos, a remediar este accidente. 

Hemorrajia. — La hemorrajía durante el parto se remedia con los mismos 
medicamentos que se han recomendado en el mismo artículo durante el 
embarazo. Aquí solo mencionaremos el árnica y la pulsalilla. La primera es 
mui eficaz cuando proviene la sangre de una implantación viciosa de la pla- 
centa; y la segunda conviene darla para provocar las contracciones del 
útero, cuando se quiere terminar pronto el parto, sin recurrir a operacio- 
nes manuales. 

La muerte de la criatura, aunque haya muchos dias, no exije operación 
ninguna. Si la persona es débil, china y sécale, aceleran el parto: si no es 
débil, pulsalilla es mui eficaz. Una señora en Santiago, parió con prontitud 
y facilidad, después del uso de pulsalilla, una criatura muerta como de 
Ocho días; y su convalecencia fué buena. 

Retención de la placenta o parias. — El uso de puls. o de sécale si la per- 
sona es débil, ahorran todas las maniobras que se practican en semejantes 
casos para eslraer las parias; puls., sobretodo tiene una acción específica 
para esciíar las Contracciones del útero. 

La hemorrajia después del parlo reclama en primer lugar pulsalilla y sé- 
cale, cuando depende de la falta de contracciones del órgano uterino. Son 
también' buenos en semejantes casos, bellad., sabina, nux v. t ipecacuana, 
crocus, lujos., etc. 

Cuidados cn el sobreparto.— La tranquilidad física y moral es mas nece- 
saria en este estado que en ningún otro por grave que sea la enfermedad. 



ruoLoc.o. xxxvii 

Como hijiene presorvütiva, la homeopatía aconseja las lociones a las parles 
jemtales con el agua de árnica, y aun el uso interno de dicho medicamen- 
to una vez siquiera. 

Apesar de todos los cuidados médicos, se presentan algunas veces acci- 
dentes que reclaman un tratamiento particular, cuales son: 

La caida del ulero.— Es un accidente muí grave que, cuando tiene lu^ar 
suele dejar liciadas a las enfermas para toda su vida, esto es, si se aplica 
el tratamiento común. La homeopatía tiene en nux v., y en sepia, particu- 
larmente en el primero un recurso poderoso para volver el útero a sil es- 
tado normal. Yo tengo un caso de curación en Santiago, en e\ cual la caida 
de la matriz era completa; la enferma, después de curada, ha tenido un 
hijo, en cuyo desembarazo no sufrió descenso el útero. 

Lesión de las partes jenitales .—E\ uso del árnica en lociones e interior- 
mente basta para curar pronto este accidente. Los dolores que suelen dejar 
en pos de si los lirones imprudentes de algunas parteras, ceden como por 
encanto al árnica. Mercurio soluble es superior sise forma algún acceso o 
apostema. De ambos casos tengo curaciones lindísimas. 

Retención de orina. — 'Cede al uso de bellad., una sola dosis. 

Incontinencia de orina.— Árnica, bellad., sepia y sulfila curan pronto es- 
ta incomodidad, contra la cual nada puede hacer la otra medicina sino ad- 
mislrar una buena dosis de paciencia. 

Almorranas — En algunos partos trabajosos se irritan las almorranas y 
causan dolores insoportables, con otros accidentes, en el sobreparto. Pul- 
salilla es el específico en este caso. 

Entuertos.— Los dolores consecutivos llamados entuertos, que apenas los 
sufren las primerizas, son muí molestos en las señoras que llevan muchos 
partos. Árnica, coffea, cfiam., nux v., etc., son excelentes para quitarlos 
en pocas horas. 

Inflamación de los pechos.— Es esta enfermedad mui común en el sobre- 
parlo y masen Santiago que en otros países. La homeopatía es de una efi- 
cacia soberana y el médico que no crea en la homeopatía y quiera ver 
efectos evidentísimos de los infinitesimales, haga uso de los medicamentos 
siguientes, suprimiendo las cataplasmas, unturas etc., que jeneralmente 
hacen daño. Acónito, en el principio y mejor aun si hai fiebre, suele cor- 
tar la enfermedad en pocas horas; si el pecho está mui hinchado y doloro- 
so, pero sin rubicundez erisipelatosa, brionia es específico; si hai dicha infla- 
mación dolorosa con rubicundez, bellad., es soberano; si la supuración ha 
empezado ya, mercurio soluble y hepar, son particulares; pero el específico 
por excelencia, cuando hai supuración avanzada, es fósphoro; este mismo 
remedio y silícea son los curativos cuando hai fistolas en los pechos. Son 
innumerables las curaciones que tengo hechas en todos estos casos. 

Grietas de los pezones. — Esta enfermedad, que imposibilita a veces que el 
niño mame, se cura con toda seguridad lavándose los pezones con el agua 
de árnica varias veces al dia; y a Jo sumo habrá necesidad de administrar 
sulfura! interior, o lavarse también con agua de este medicamento. Yo he 
curado siempre con estos remedios; pero otros autores, en casos mui gra- 
ves, han tenido que recurrir a grafites, calcárea y licopodio. 

La simple inflamación de los pezones, sin escoriación, se cura con cham. 

inflamación del útero. — Esta enfermedad es grave y solo un médico espe- 
rimeutado puede tratarla bien, el cual encontrará el específico jeneralmente 
en nuxv.f acón., bellad., mer. sol., coffea. , cham., puls., etc., estarán in- 
dicados según los casos. 



XXXVIII NIW.OOO. 

Peritonitis puerperal.— Lr\ peritonitis es mas grave aun que la metritis, y 
solo un buen profesor puede diri.jir convenientemente el tratamiento; el 
acónito es el remedio principal en el primer período; bellad., brionia, coloc; 
mere, sol., etc., son remedios excelentes. 

Flecmasia alba dolens.— lia recibido esle nombre la inflamación venosa 
del bajo vientre y de las estremidacles inferiores, con hinchazón dolorosa de 
estas. Árnica, biyon., y país, son los principales. Con el último medicamento, 
puls. curé una enferma, hace tres años, frente a la dispensaría deYungay. 

Estitiquez. — El estreñimiento en el sobreparto es tan natural y necesario 
para que los órganos vuelvan a su estado íisiolójíco, como el flujo loquial 
para que el útero se desengurjite de la superabundancia de humores. La 
homeopatía respeta este estado y solo cuando han trascurrido muchos días 
sin obrar o lo reclama otra necesidad, se administra nux v. o brionia para 
mover el vientre. 

Diarrea.— La diarrea en el puerperio es peligrosa porque desarregla la 
secreción de la leche o el flujo loquial: puls.,dulc, antim. etc., son exce- 
lentes remedios para correjirla. 

Abultamiento del vientre.— A lasque han tenido muchos hijos suele que- 
darles el vientre muí abultado lo cual no deja de causar algunas incomodi- 
dades, prescindiendo de lo que afea. Sepia, repelido dos veces al mes, por 
Instante tiempo, corrije esle estado; y si no basta, calcárea y silícea pueden 
servir. Con nux v , he curado un caso notable en Santiago. 

Caída délos cabellos. — Esle precioso adorno de las señoras sufre mucho 
detrimento en el sobreparto, jeneralmente a causa del mucho abrigo de la 
cabeza y de los sudores abundantes que se provocan en dicho estado. Sitl- 
fnr, calcárea, natrmnmuüaticum, licop., ¡lepar, silícea y china, si hubo gran- 
des pérdidas remedian este estado. 

Fiebre de la leche o láctea. — Esta fiebre jeneralmente es sencilla y para 
sin necesidad de remedios, pero, cuando es mui fuerte, cede a acónito, co- 
ffea y árnica, jeneralmente al primero. 

Falta de leche.- Si es efecto de una disminución en la vitalidad de los 
pechos, lo que en medicina se llama ¡diosincracia, se corrije con puls., caust., 
rhnx, calcárea, etc. 

Id _s¡ es efecto de un exceso de vitalidad en los pechos, desaparece 
con acónito, brionia, chamomilla, etc. 

Supresión de la leche. — Si tiene lugar después de una fuerte emoción mo- 
ral, incomodidad, rabia, etc. brionia, coffeay ckamom, hacen que reaparez- 
ca pronto, uno u otro de dichos medicamentos, según los casos. 

/ ( /. — Si es efecto de un enfriamiento, una corriente de aire por ejemplo, 
bellad., cham., dulcam., pul sal., etc., bastan, uno u otro, según el caso, 
para que reaparezca la leche. 

Leche mala. — Cuando es mala la leche, mui clara o que repugna al niño, 
ciña, mercurio, silícea y aun bórax y la chésis, le dan buenas calidades. 

Derrame de leche.— Cuando la leche se derrama fuera del momento en 
que el niño mama, y que el vulgo cree que es de debilidad, calcárea suele 
bastar para contenerla en los pechos. 

Retirarse la hclie.— Cuando una señora quiera retirarse la leche, sin incon- 
veniente alguno, lo consigne con el uso repetido de pulsatilla. 

Supresión délos loqnios.— Cuando el flujo loquial se suprime repentina o 
casi repentinamente, se consigue su pronta reaparición con uno u otro do 
los medicamentos siguientes: coloc, hyosc., nux v., plat. f puls., rhus t seca* 
le, veralr.. zinc, etc., según los.casos. 



l'IíOLOfíO. XXXIX 

Loquwsmui abundantes.— La abundancia del flujo que sigue al parlo debí- 
lita mucho y predispone a enfermedades graves del útero, si se prolonga 
por mucho tiempo. Este inconveniente se remedia con el uso de alguno^o 
algunos de los medicamentos siguientes: brionia, calcárea, crocus, ^ hepar, 
platina, pulsalilla, rhus, sécale, etc. 

Debilidad.— En algunas señoras es tanta la debilidad, sobre todo cuando 
el parto ha sido trabajoso o las pérdidas abundantes y prolongadas, que es- 
te accidente reclama una terapéutica especial. El uso del sulfate de quini- 
na o el carbonato de fierro, que se aconseja en semejantes casos, no está 
exento de inconvenientes: calcárea, kalicarb., nux v., etc., son mil veces 
mejor y no tienen inconvenientes. 

Dolores a las caderas. — Este accidente viene a ser una enfermedad aparte, 
que reclama en Santiago, por su frecuencia y gravedad, toda la atención 
del facultativo. Muchas veces, estos dolores no son mas que un síntoma de 
una enfermedad interior bastante seria; pero en otras, ellos por sí consti- 
tuyen toda la enfermedad. El uso sucesivo de nux v., calcárea, sulfur, silícea 
pulsalilla, (arsénico, y cantáridas cuando predomina el ardor) brionia etc., 
administrado a largos intervalos haceu mas provecho que todas las otras 
medicinas. 

CU1I>AB0S QUE RECLAMAN LOS RECIÉN NACIDOS. 

Cuidados hijiénicos. — El primer cuidado que reclama el niño es ligarle 
bien el cordón umbilical, impidiendo siempre la salida de la sangre cual- 
quiera que sea el estado en que se encuenire; el 2.° es quitar las flemas de 
la boca y garganta que suelen obstruir el paso del aire a los pulmones; 
el 3 ° es lavarle bien, en un sitio abrigado, con agua tibia pura, si la sus- 
tancia grasienta del cutis se desprende fácilmente, o con agua y jabón si 
está mui adherida. Lavando y limpiando bien al niño se le preserva de al- 
gunas enfermedades del cutis que en adelante puede sufrir. El tercer cui- 
dado es aplicarle el ombliguero y fajero, de modo que no esté mui suelto 
ni mui apretado. El 4.° que corresponde al facultativo, es ver si tiene al- 
guna deformidad y si sus aberturas naturales están hábiles para desempe- 
ñar sus respectivas funciones; 5.° vestir al niño, lo cual debe hacerse con 
pañales y mantillas; proscribiendo el sistema ingles de los paños. La moda 
es a la inglesa, pero la moda cuesta bien caro a las criaturas, porque los 
paños no abrigan mas que la parte inferior del vientre y dejan desabrigadas 
las partes media o del ombligo y la superior o del estómago. Este abrigo 
desigualen el vientre hace que la primera parte de la dijestion se verifique 
con dificultad, sobreviniendo flato y otras incomodidades mas graves. 

En una obrita de Hijiene que estoi meditando hace tiempo fundaré con 
mas razones este pensamiento. 6.° Si es niña, perforarle las orejas. Esta 
operación se hace sin dolor en aquella tierna edad, sobre todo si se aprie- 
ta primero el pulpejo de la oreja entre las yemas del dedo índice y pulgar, 
para que la circulación capilar se suspenda por un momento, atrave- 
sando en seguida el lóbulo de la oreja con una aguja gruesecita enhebra- 
da previamente. Esta costumbre de hacer un agujero en las orejas, por 
mas que la clase ilustrada la siga puntualmente, es una costumbre bárbara, 
antinatural, hija de los tiempos salvajes de la humanidad que, por mi parle 
queda prohibida para siempre, como un resto de barbarie; y sino ¿qué 
diferencia existe entre esta costumbre y la de perforar la nariz o el labio 
como lo hacen algunas tribus africanas? ninguna. 6.° Primer alimento del 
niño. El único alimento que conviene a! recien nacido, es el que la natu- 
raleza misma le prepara en el calostro o primera leche de la madre, la cuul 



XXXX MIOLOCO. 

debe darle el pecho pasadas las sois u ocho primeras horas después del 
parlo, cuando haya descansado de las fatigas del alumbramiento. Los chu- 
pones de aguas para el flato y de aceites para mover el vientre quedan 
prohibidos en la hijiene homeopática. Si se quiere que el niño padezca del 
flato y tenga mal estómago toda su vida no hai mas que darle desde que 
nace el chupón antiflalulento. El aseo y limpieza, mudando de ropa al 
niño cuando lo necesite, el abrigo y darle de mamar únicamente cuando se 
conozca que tiene hambre, completan los cuidados que mas reclama la 
criatura luego que nace. 

Preservación de muchas enfermedades. — La mayor parte de las enferme- 
dades que sufre la humanidad son de carácter crónico, y el modo que la 
homeopatía ha descubierto para verse libre de tantos males, gozando de 
buena salud toda la vida, consiste en administrar a la criatura lo mas pron- 
to posible una dosis de sulfur, a una dinamizacion mui alta, otra de calcá- 
rea a los tres meses con la cual se favorece mucho la dentición, y a veces 
conviene dar silícea a los cinco meses. La eficacia de estos remedios, solo 
puede comprenderse viendo los resultados. Hai en Santiago familias con 
muchos hijos, todos enfermizos escepto el último que ha sido medicinado 
con la homeopatía desde el principio. 

La preservación de los hijos empieza antes de nacer, si las madres toman 
la homeopatía para las diferentes indisposiciones que hemos indicado. Con 
este método se consiguen dos fines; uno preservar a los hijos y el otro 
quedar las madres mucho mas sanas. 

Dolores de fíalo. — Estos dolores son los que mas atormentan a los niños 
en los tres primeros meses, por lo menos. Yo atribuyo esta enfermedad, 
que lo es en realidad, i .°,a una disposición hereditaria, 2.°, a la frialdad de 
la leche, 3.°, al abuso del chupón y 4.° al desorden en dar de mamar al 
niño. 

Nux v. y sulfur. — Suelen bastar para dominar este estado; si los gritos 
son mui fuertes, cham. bellad., rhab. bórax, jalap. ipec. senn. etc. son es- 
celenles remedios. 
Estitiquez. — Nux v. sulf. brion. opium y alumina son los específicos. 
Asficsia. — Si el niño nace asficsiado por cargazón de sangre, acón. tart. 
emet., y opium son buenos; si es por debilidad, china es preferido. 

Chichones en la cabeza. — Desaparecen pronto, lavándolos con la tintura 
de árnica o simplemente con el agua de árnica. 

Deformidades.— L¿s deformidades, las monstruosidades, las manchas, lu- 
nares (cuando convenga quitarlos), desaparecen o por lo menos disminu- 
yen con el tiempo, tomando de cuando en cuando sulfur, calcárea y silícea. 
Quebraduras.— Nux v. y sulfur curan las hernias de los recien nacidos. 
Tupición de narices. — El coriza de los niños, obstruyéndoles las narices, 
les impide mamar, lo cual molesta mucho a las pobres criaturas: nux v. 
suele ser el específico y si no, sambucus, cham. carb.veg., odulc. curan 
la enfermedad. 

Enfermedades de la vista — La oftalmía de los recien nacidos que, a veces 
se hace tan rebelde, se cura pronto con acón , sulf., cale, y dulc., jeneral- 
menle con el primero. 

Insomnio. — Coffea, cham, y opium si la cara está roja, son buenos. 
Retención de orina. — El niño padece este accidente por lo cual suele llo- 
rar muchas veces; camph., acón., puls. o nux v., bastan, uno u otro. 

Escoriaciones.— Las escoriaciones suelen ser efecto del poco aseo pero 
en ocasiones se presentan como una verdadera enfermedad: sulf., cham. 



IT.OLOliO. XLI 

gmfttcs y licop., curan; jeneralmeiue los dos primeros bastan, cham. sobre 
lodo, cuando el niño llora mucho. 

Algorra.— La que sufren en Santiago los niños, la curo siempre con sul- 
fur y mercurio soluble alternados. Los autores homeopáticos aconsejan ade- 
mas, ácido sulf., dinamizado y bórax. 

Ictericia. — El color amarillo de los recien nacidos desaparece por sí mis- 
mo en la jeneralidad de los casos, pero cuando pasa a ser una enfermedad, 
mercurio, cham. y chin., la curan en pocos dias. Tengo una curación lindí- 
sima con china en un niño moribundo; hoi está tamaño de gordo y robusto. 
Diarrea — Giíando la dentición no puede aun ocasionar "la diarrea y esta 
se presenta, jeneralmente es efecto de un desarreglo de la madre o del 
ama, en cuyo caso, debe remediarse, sin hacer nada al niño; pero también 
se presenta naturalmente, sin esta circunstancia. Ipecacuana suele ser es- 
pecífico o cham., si el niño está mui odioso, o dulcam., si es de costipado, 
arítim., si es de indijestion, brion., si es del calor de la temperatura etc. 

Erisipela. — La erisipela de los recien nacidos, que suele ser mortal sin 
la homeopatía, se cura con bellad. y rhus, alternados. 

Costras de leche. — Aparece esta enfermedad jeneralmente en la época de 
la dentición y aun antes, durando hasta que sale el último colmillo. Aeo- 
nit., sí huí fiebre, cham., si sufre mucho de los dientes y tiene insomnio 
por la noche, rhus si el humor que purga es acre y siaph si el humor es 
amarillento, preparan la curación y alivian mucho. El específico es viola- 
tricolor, seguido de sulf., y calcárea. 

Vacuna. — Del 3.° al 5.° mes o del 4.° al 6.°, conviene vacunar al niño 
para preservarlo de la viruela, que es uno de los azotes mas terribles que 
han afiijido a la humanidad. Cuanto mas sano esté el niño que se vá a va- 
cunar y mas sano también el que váa prestar el humor vacuno, mucho me- 
jor. En la vacuna hai una trasmisión de humores, como en la jeneracion 
y como en la leche de las amas y sino se tiene cuidado, el niño mas sano 
puede quedar infectado para toda la vida. 

Viruela. — Si por un descuido de la vacunación, llega a manifestarse la 
viruela natural, la homeopatía tiene una influencia estraordiuaría en esta en- 
fermedad. Un discípulo de Hahneman, alemán también, Boeninghausen, el 
cual, si mal no recuerdo, ha medicinado al señor don Rafael Larrain en 
uno de sus viajes, ha hecho un descubrimiento mejor que el de la vacuna 
en la thuua, con la cual se cura la enfermedad natural- en pocos dias sin 
dejar señal en el culis. Desde que estoi en posesión de este importante des- 
cubrimiento, he tenido un caso de viruela natural en una señorita, como 
de 18 años, la cual sanó sin quedarle señal alguna, haciendo uso de la thnya 
preparada homeopáticamente. Yo invito a nombre de la humanidad al pro- 
fesor encargado de la sala de apestados del Hospital de San Juan de Dios a 
que use este medicamento, el cual remedio lo tengo preparado a satisfac- 
ción y estoi dispuesto a darlo y a dar las instrucciones necesarias sobre su 
administración. 

Dentición. — S\ la madre tomó remedios homeopáticos durante el embara- 
zo para curar o aliviar sus padecimientos, si el niño ademas tomó sus pre- 
servativos después de nacer, estemos tranquilos con respecto a su dentición, 
a no ser que una mala leche o influencias mui perjudiciales deterioren la 
organización del niño. Todos los accidentes de la dentición conviene res- 
petarlos hasta cierto punto; solóla homeopatía, que obra con tanta suavi- 
dad y seguridad puede encargarse de los niños en esta edad. Enumeraremos 

algunos accidentes de este estado. 

vi 



XUI 1'llOLOGÓ. 

Fiebre.— Van fiebrecita de carácter sanguíneo anuncia casi siempre el mo- 
vimiento dentario; acónito es el remedio divino en tales casos; al cuarto de 
liora y antes el niño está mejor. Dando el «con., a tiempo, no se necesita 
mas remedio. 

Odiosidad.— Antes que la fiebre, evacuaciones etc., suele ponerse el niño 
muí odioso, sin motivo. Esta primera variación de la criatura conviene re- 
mediarla a tiempo, para impedir otros males. Acónito, una sola dosis, es 
el remedio santo. 

Enfermedades de la vista.— En la época de la dentición son largos y pe- 
ligrosos estos males; vale mas no hacer remedio alguno o seguir un trata- 
miento paliativo que apurarla naturaleza con un tratamiento activo; alivian 
los niños, pero a cada diente, muela o colmillo, el mal se reproduce y li- 
brando bien, suelen quedar nubes para toda la vida. Algunos padres llo- 
ran la pérdida de sus hijos por no haber seguido estos consejos. La ho- 
meopatía, que no destruye la naturaleza, proporciona alivio y aun la cura- 
ción, teniendo un poco de paciencia: acón., cham.,dulcam., mere., bellad., 
brion., cale, nuxv., puls., s-ulf., son los remedios mas jeneralmente em- 
pleados. 

Enfermedades de los oidos.— Sin necesidad de que haya malos humores, 
por solo la simpatía que provoca sobre los oidos la irritación de las en- 
cías, duelen aquellos, purgan y se forman escoriaciones detras de las ore- 
jas que manan un humor corrosivo. Todo remedio local, como aceititos, 
pomaditas, ungüentos secantes etc., quedan prohibidos. En su rebeldía y 
en su consecuencias, se parecen estas enfermedades a las de la vista: mere., 
puls., sulf., cale, silic, hepar., barita etc., son exelentes remedios, se- 
gún los casos. 

Paperas y glándulas del cuello. — Bastante común es durante la dentición 
esta enfermedad: mere, bellad., cham., dulc, barita etc., convienen, se- 
gún los casos. 

Hinchazón de la nariz y del labio superior. — Este suele ser un primer 

síntoma de escrófulas y conviene mirarlo con detención, arn.,ars., aurum., 

bell., brion., cale, hepar., mere, sep., sulf., etc., convienen sucesivamente. 

Vómitos. — Los vómitos, corno síntoma de irritación de las encías, se 

combalen con acón., nuxv., puls., ipecacuana etc. 

Diarrea. — La diarrea de la dentición conviene respetarla mucho, porque 
si se suprime refluye sobre el cerebro: se combate con puls., chani., 
dulc., etc. 

Tos. — La los, independíente de un costipado, se presenta también como 
síntoma de la dentición y se combate con acón., y nux v., sí es seca, y 
con pulsat., si es húmeda. 

Lactancia artificial.— Jamas esta puede sustituir a la natural; solo una 
necesidad imperiosa autoriza recurrir a ella. En este caso, aunque las leches 
de vaca y de yegua siguen en buenas calidades a la de mujer, debe em- 
plearse la de cabra, por la facilidad que hai de tenerla en casa y alimen- 
tarla como se quiera, y aun por su mansedumbre y por el cariño que le 
loma al niño, al cual ellas mismas llegan con el tiempo a ofrecerles el pe- 
cho o a colocarse en la postura conveniente para que este mame directa- 
mente del pecho. La cabra debe ser de color blanco porque se ha observado 
que estas tienen una leche sin olor estraño y de mejores cualidades. Al 
animal debe sacársele al campo de cuando en cuando, si posible es todos 
los dias. Su alimento debe ser pasto sano, cebada y a2ucar que se le puede 
dar para amansarla. 



PROLOGO. XLÍIl 

Lactancia mhia.— Si la leche de la madre o déla nodriza no basian para 
las necesidades de la criatura, conviene darle una o dos veces al dia leche 
de la clase que hemos indicado, y si esto no es fácil, dése la leche de 
vaca, al principio terciada con agua o mejor terciada con buen suero en 
lugar de agua. Terciada la leche con aguas antiflatulenias o con té no con- 
viene en una hijiene homeopática; no porque así lo diga el sistema, sino 
porque esas aguas'contribuyen a producir las malas dijesiiones, que es lo que 
con ellas se trata de evitar. Si la madre es la que cria y no le merma la 
leche dejando de dar de mamar a media noche, puede dársele al niño la 
leche estraña a la media noche y que la madre le dé solo de dia, con ob- 
jeto de librarse de las malas noches. Yo prefiero acostumbrar al niño a quo 
tome su leche con la cuchara a tomarla con mamadera; esta requiere un 
grande aseo, porque sino se les llaga la boca y vienen las malas dijes- 
iiones. 

Alimento de la criatura durante la lactancia.— Si todas las cosas marchan 
bien ; es decir, si el niño goza de buena salud y no le falta la buena leche 
de su madre o ama, conviene que desde el cuarto al quinto mes, empiece 
a tomar algún alimento con objeto de que vaya aprendiendo a tomar 
aquello con que ha de pasar toda la vida. El primer alimento estraño debe 
ser, como hemos dicho, la leche de animal, terciada con agua o con suero; 
cuando agregado se vea que lo toma bien y que no le hace daño, se ensa- 
yará el caldito de pollo y sucesivamente el chuño [en agua o en leche], el 
zapayo, las sopitas, el arroz en agua o en caldo, el caldo de vaca, el pollito 
cocido y luego asado, masamorras, cordero, carnero, vaca, etc., etc. 

Siguiendo este método, si el ama se enferma, hai el recurso de poder 
sostener al niño mientras pasa el accidente y después no cuesta trabajo el 
despecluu le. 

Les queda prohibido a los niños el té y el café [como venenos], las ros- 
quitas, los bollitos, el dulce, la fruta a discreción y todo alimento pesado. 

En los cuidados hijiénicos de la infancia conviene evitar dos estreñios; el 
uno es no darles lodo lo que pidan, todo lo que vean y a todas horas, cuya 
costumbre dá ocupación a los médicos, a los curas y que sentir ajos pa- 
dres; el otroestremo es no ser demasiado ríjidos, teniendo a los niños sin 
¿tro alimento que el del pecho hasta que tienen mas de un año. 

Destete o despecho de la criatura. — La época del destele debe variar según 
las circunstancias. Si la criatura está sana y tiene buena ama, debe mamar 
basta que salga el último colmillo. Si el niño es enfermizo y tiene una 
mala dentición, no debe quitársele el pecho hasta que hayan pasado todos 
los accidentes, y la lactancia puede prolongarse por mas tiempo si el niño 
no logra restablecerse pronto, porque es un gran recurso en las enferme- 
dades de esta época de la vida, tener a disposición una buena leche de pe- 
cho. Si por el contrario, el niño goza de buena salud, si tiene gusto par- 
li( ular por la coñuda y el ama no es buena o la leche escasea, o bien el 
niño no avanza, sin saber por qué, debe quitársele el pecho desde luego, y 
confiar el porvenir del niño a la sola comida. En este caso conviene que la 
madre misma sea la que dé al niño de comer o que pase al menos el ali- 
mento por su mano. 

Si las circunstancias no son mui apremiantes, bueno es esperar que la 
criatura tenga uno o dos dientes antes de quitarle el pecho, para ver como 
se porta su naturaleza a la salida de los primeros incisivos, porque una vez 
quitado el pecho, jeneralmente ya no lo vuelven a tomar. 

Cualidades de una buena nodriza.^ Casi es inútil indicarlas, porque a ve- 



XL1V l'ROl.OGO. 

ees estamos tan apurados que hai que tomar la primera que se encuentra 
a la mano. Sin embargo, por si alguna vez tenemos donde elejir, indicare- 
mos las principales: 1. a sanidad y robustez aparente, digo aparente, porque 
no es fácil que el médico entre en un examen interior y reservado: 2 a abun- 
dancia de leche y sanidad de los pezones: 3. a leche de consistencia regular, ni 
mu i clara ni mui gruesa, inodora y bastante azucarada: 4. a edad de la leche, 
es decir, que esta corresponda a la que tiene el niño, poco mas o menos: 
5. a buena dentadura: 6. a que el ama no sea ni mui niña ni de mucha edad; 
las mui niñas no suelert alcanzara criar : 7. a que tengan buen jenio y sean 
cuidadosas de los niños. Esta última circunstancia se conoce al primer exa- 
men ; son cuidadosas si tienen bien desarrollado el órgano de la fdojenitura, 
que está situado encima del hoyito del pescuezo. Una prominencia en el lugar 
dicho indica que son cuidadosas : 8. a si es posible que sean del campo : 9. a si 
es posible que no sean mui brutas y tengan alguna educación. Las primo- 
ras inspiraciones que recibe el niño vienen del ama y no de los padres. 

El ama debe cuidarse mejor de lo que se hace jeneralmente; primero por 
la leche y segundo para que estos cuidados vuelvan al niño con usura. Su 
alimento debe vijilarse como el del niño, porque las cosas dañinas que ellas 
comen, al niño esa quien hacen daño. El te, café, mate, chancho y cosas 
pesadas, frutas verdes, dulces y golosinas les quedan prohibidos ; buenas 
cazuelas, buenos caldos, bastante carne de vaca, harinas tostadas y masa- 
morras son los alimentos que mas le convienen a ellas y a las criaturas. 

ATAQUE AL CEREBRO EN LOS NIÑOS. 

La enfermedad que lleva mas niños al panteón, por su frecuencia y su 
mortalidad, es el ataque al cerebro. A veces se presenta antes de la den- 
tición y en otras después, pero mas jeneralmente en esta época. Siento no 
poderla tratar aquí con la estension que se merece y que acaso lo haga en 
un tratado particular; por ahora me'contentaré con hacer algunas indica- 
ciones, sin descender a probar los fundamentos en que me apoyo. 

Las causas las reduzco a las siguientes: 1. a , debilidad del niño: 2.*, irri- 
tabilidad nerviosa: 3. a , retroceso de exantemas o de otros humores; 4. a , 
causas morales; 5. a , disposición conjénita: 6. a , influencia del tempera- 
mente de Santiago ¿hai alguna influencia oculta y misteriosa? 

1. a Debilidad del niño. — Mis observaciones sobreestá enfermedad y so- 
bre las que son mui comunes en Santiago, como las del corazón por ejem- 
plo, reconocen por causa individual y fundamental una debilidad jeneral. 
Todos los niños mui débiles están naturalmente dispuestos al ataque al 
cerebro; todos los niños que en el curso de una enfermedad se debilitan con 
el tratamiento o con el mucho sufrir, témase el ataque al cerebro. Causa- 
do estoi de ver casos de esta naturaleza. Al fin de un tratamiento, cuando 
la enfermedad parece ya vencida, viene el ataque cerebral y se lleva al ni- 
ño, sin que basten los poderosos recursos que se emplean. 

2. a Irritabilidad nerviosa. — Considero esta causa de ataque al cerebro la 
4.* en importancia después de la debilidad. Los niños nerviosos, irritables 
y de inteligencia precoz son los mas dispuestos a esta enfermedad. La cau- 
sa de esta irritabilidad la encuentro unas veces en el temperamento del 
niño y otras en el uso que del té ha hecho la madre durante el embarazo u 
aun qtie suele hacer la persona que da de mamar a la criatura. Lloran las 
madres la pérdida de sus amados hijos, y no se privan del té, desde que 
sospechan que están embarazadas, ni privan a las amas que se los crian. 



rnoLono. xlv 

Según mis observaciones, mirando las cosas con la mayor imparcialidad y 
con el deseo del mejor acierto, el uso del lé mata a muchos niños dispo- 
niéndolos al ataque cerebral. 

5. a Retroceso de exantemas o de otros humores.— Las erupciones de los 
niños, cualesquiera que sean y cualquiera que sea el lugar que ocupan, 
deben respetarse; jamas a la erupción debe hacérsele remedio ninguno, ni 
aun los purgantes que se cree botan el humor por abajo y curan interior 
y radicalmente. Este es un error que cuesta la vida muchas veces. La erup- 
ción es verdad que suele, aunque no siempre, desaparecer del cutis con 
unos purgantilos, pero no por eso el humor de la erupción ha sido votado 
fuera por los intestinos; no ha hecho con este trasiego mas que variar de 
sitio, trasladarse del cutis, donde no había riesgo, al interior, donde hace 
estragos en el hígado, cerebro etc. 

4. a Causas morales. — El meter miedo D los niños con entes ¡majinarios 
que vienen a llevárselos, cuando lloran, costumbre la mas bárbara y cri- 
minal que yo he visto en la educación de la infancia. La voz severa de un 
Padre o de una Madre es la que debe imponer respeto y silencio, pero no 
las ridiculeces que se acostumbran. Los sustos de cualquier clase que sean, 
las contrariedades etc., son bastantes para disponer al ataque al cerebro o 
para iniciarle si hai ya disposición. El aspecto de un objeto feo y horrible, 
o de una persona espantosa son de una influencia extraordinaria Lo que 
comunmente se llama mal de ojo, no es otra cosa que la impresión pánica 
que una cosa horrible, vieja jeneralmente, causa en la imajinaciou de la cria- 
tura. El niño, herido por una fisonomía de máscara, como son las de 
ciertas personas, no puede desecharla idea de esa fantasma que lo persi- 
gue hasta en el sueño, por lo cual se entristece, se pone caidilo, nada le 
gusta, ningún objeto le distrae, le entra como una melancolía, se enfla- 
quece y muere al fin atacado del cerebro. 

5. a Disposición conjénita. — Padres hai, sanos y robustos por otra parte, 
cuyos hijos mueren todos o la mayor parte atacados al cerebro. Al pare- 
cer, los cuidados son esmerados y los niños atendidos al primer amago de 
enfermedad. Bien examinados estos casos, que son mui raros, no puedo yo 
esplicarme bien la gran disposición al ataque cerebral, sino admitiendo una 
disposición conjénita en los niños. 

ü. a Influencia del temperamento de Santiago ¿Jiai alguna influencia oculta 
y misteriosa? — Con frecuencia oigo en la práctica particular quejarse de 
este temperamento, por lo que hace relación al ataque al cerebro. Confieso 
francamente que, después de haber indagado y meditado mucho, no en- 
cuentro perniciosidad alguna en este temperamento para el cerebro, ni 
existe oculto misterio que produzca una enfermedad tan terrible como la 
que estamos considerando. Las causas anteriormente dichas, particularmen- 
te las cuatro primeras, son mas que suficientes psra esplicar la frecuencia 
del ataque cerebral. 

Como este tratado está destinado para el pueblo y no para los profeso- 
res, dejaré a un lado las consideraciones sobre si la enfermedad es unas 
veces meninjilis, cerebrilis, hidrocéfalo, eclampsia etc. 

Los síntomas de la enfermedad, la marcha jeneralmente insidiosa y trai- 
cionera, la terminación y lo infructuoso de ios medicamentos, son bien co- 
nocidos de iodos, por la frecuencia con que se observa la enfermedad. 

Esta enfermedad mas bien debe prevenirse que combatirse. Evítense, en 
cuanto sea posible, las causas que hemos asignado al mal, trátense las ma- 
dres durante el embarazo con los remedios homeopáticos adecuados al ca- 



XLV i piiolooo. 

so, medicínense los niños, en sus diferentes padecimientos de la infancia 
con los medicamentos qne hemos apuntado o con otros semejantes, y es- 
tén seguros los padres que los ataques al cerebro no los veremos mas o los 
veremos mui raramente. 

Una de las cosas en que debemos fijarnos mas es en los síntomas pre- 
cursores o anunciadores de la enfermedad, porque conociendo al enemigo 
con tiempo y atacándolo desde luego, acaso podamos salir bien en todos o 
en la mayor parte de los casos 

SÍNTOMAS PRECURSORES. 

\.° Cualquier enfermedad, principalmente una fiebre. — Sino siempre, en 
Santiago al menos, cualquier enfermedad que tengan los niños es necesa- 
rio mirarla como un despertador del ataque al cerebro; conviene estar siem- 
pre en guardia cuando el niño está enfermo, porque la disposición a su- 
frir del cerebro es tan grande que la causa mas distante a veces trae en 
pos de sí un ataque cerebral, bien sea porque el niño se debilite o por- 
que se pone mas irritable o porque ha i retroceso de algún humor o por 
todo junto. Pero de todas las enfermedades que disponen ai cerebro^ nin- 
guna como la fiebre para traer consigo el ataque. Parece que los niños en 
Santiago, todas sus fiebres, aun las de costipado, son fiebres cerebrales 
hasta cierto punto. El acónito es el remedio soberano casi siempre. 

2.° Síntomas de debilidad.— Bien que los niños sean débiles por natura- 
leza o que siendo fuertecitos, sin motivo alguno, su cuerpo se pone yuyón- 
cito, como aquí se dice, sus piernas flaquean, tropiezan en cualquier cosa, 
se caen en el piso mas suave etc., deben atenderse estas y otras señales 
de debilidad, porque en pos de ellas suele venir el ataque cerebral. Hai t- 
mann dice haber empleado con éxito en este caso el causlicum.; puls., cale., 
silícea, sulf., etc., son excelentes también. 

Alteraciones morales. — El niño se pone triste, caidito y nada le alegra o 
bien está odioso, insufrible y llora por todo, aunque consiga lo que pide. 
En el primer caso puls., e ignatia son los remedios que convienen; en el 
segundo cham., nux v., brion., acón., etc., son los principales. 

Exantema. — Algunos homeópatas han observado en la parte posterior del 
hombro y en la cara un engranujadito, que no purga y que no tiene color 
particular, el cual suele preceder a los ataques al cerebro: yo no recuerdo 
haber visto ninguno. Pero si se presentase un caso asi, bell., es el especifico. 

Alteración de la orina. — En algunos casos la secreción de la orina dis- 
minuye, volviéndose turbia y de un color parecido al suero. Puls., en este 
caso es el que conviene. 

Desgano y estitiquez. — Es frecuente alterarse la dijeslion, disminuyén- 
dose la secreción de los humores que afluyen al tubo intestinal; d-e aquí la 
sed, la inapetencia, la tardanza en la dijeslion, y la estitiquez, mas o me- 
nos completa; nux y., es primoroso en casos de esta clase. 

Bochornos. — Yo no conozco síntoma precursor mas importante que los 
bochornos o las alternativas de rubicundez y palidez del rostro, la cabeza 
suele estar ardiente, auuque el pulso no presente alteración ninguna y 
el resto del cuerpo esté fresco. Acón., y bell., son tan buenos que, sin es- 
cepeion, en todos los casos que los he usado, y han sido muchos, siempre 
me han correspondido perfectamente. 

Sustos.— Si hai calor a la cabeza o bochornos el niño suele oslar asusta- 
dizo, pero este síntoma de susto se presenta también como una cosa ner- 
viosa, independiente de otra alteración. Acón., y beüad.; son también en 
este caso específicos. 



lMIOi.OGO. XLVll 

Sueño ajitado.— Los niños que presentan este síntoma tienen mal dor- 
mir, despiertan a cada rato, se destapan, dan muchas vueltas y no tienen 
sosi.'go. En ocasiones depende este estado de una dijeslion laboriosa y de 
no tener el vientre corriente, pero en otras es un síntoma nervioso qne in- 
dependiente de la dijeslion, precede al ataque cerebral: acón., coff., cham., 
y nux v , son los que convienen. 

Gritos. — Los gritos suelen ser efecto de dolorcitos de flato, de oidos etc., 
pero también son un síntoma nervioso que prende o acompaña al ataque 
cerebral. Los tubérculos cerebrales producen este síntoma con frecuencia, 
bellad., y cham. , están indicados. 

Llevarse la mano a la cabeza. — Como los niños no pueden espresar lo 
que sienten, mas cuando son de corta edad, se llevan niaquinalmente la 
inano hacia la cabeza, unas veces hacia el lado y otras hacia atrás. En tal 
caso puede inferirse que tienen dolorcitos en el cerebro, y que instintiva- 
mente se llevan la mano hacia la parle dolorida, bell , caust., coceul., 
cupr. , hyosc. , ign.,nux v. , stram. , etc., pueden convenir seguu los 
casos. 

Vómitos— Vor muchos motivos se pueden presentar vómitos en los ni- 
ños, pero también se presentan como un síntoma precursor de ataque al 
cerebro, sobre todo cuando huí tubérculos cerebrales; nux v., si el vientre 
eslá reseco, ipecacuana y puls., si está corriente o movido son excelentes. 

Sensibilidad al menor raido.— Esta exaltación déla sensibilidad, que tie- 
ne bastante significación en esta enfermedad, se remedia con acón., nux v,, 
cham.., y coffea. 

Vientre hundido. — Algunos homeópatas han observado que el vientre pe- 
gado al espinazo, sin que hayan precedido copiosas evacuaciones, es un 
síntoma precursor de esta enfermedad. La falta de secreciones intestina- 
les que hemos dicho se presenta algunas veces, puede esplicar este sínto- 
ma. Nux v., ars., y veratr., están indicados. 

Rechinamiento de dientes. — Cualquier irritación de los intestinos la pue- 
de producir, pero a veces es un síntoma nervioso que precede acompaña 
id ataque. En este caso, acón., bell., hyosc., licop., stram., veratr., son 
excelentes. 

Lombrices.— Las lombrices es una enfermedad aparte que se debe com- 
batir con seriedad, no solo por lo que vale en sí, sino por lo que le dispo- 
ne al ataque cerebral. Los medios hijiénicos ocupan un lugar importante en 
el tratamiento de esta enfermedad; buenos y sanos alimentos por una par- 
te; y por otra, prohibición de dulces, fruías verdes etc. En cuanto a me- 
dicamentos en homeopatía, tina., mere, salf., acón., etc., ocupan el lugar 
preferente. 

Casi podemos estar seguros que el ataque cerebral no pasará adelante, sí 
combatirnos los pródromos o síntomas precursores del modo que hemos 
dicho. Pero si apesar de todo o por no haber llegado a tiempo, emprende- 
mos la curación cuando la enfermedad está desarrollada, procederemos del 
modo siguiente. 

Advertiremos que en homeopatía no hai un específico para esta enferme- 
dad, sino una serie de medicamentos que vienen a ser específicos segua 
los síntomas que se presentan. 

Aunque en el fondo se parecen mucho lodos los casos, en la forma se 
presenta bajo tres aspectos distintos febril, convulsiva y soporosa. 

Forma febril. — Esta es la forma mas benigna; hai una fiebre alta, mucho 
calor jeuGiul, puteo frecuente y grande, sed, estraordiuaria ajitacion, cara 



XLVIM l'ROLOCO. 

encendida, cabeza ardiente, mas o menos delirio, desconoce a los suyos, 
estado semiconvulso y aun tetánico, evacuaciones suprimidas, orinas esca- 
sas etc. En este estado, acón., repetido, de media en media hora al princi- 
pio y después de larde en tarde, seguido de bellad., una o dos tomas, cu- 
ran en la jeneralidad de los casos; cham., corresponde también a esta for- 
ma y yo tengo un caso de curación en pocas horas, en una niñita de tres 
meses desandada, cuya madre había tenido una incomodidad. 

Forma convulsiva. — Esta es la alferecía o eclampsia propiamente dicha. 
El niño, con preludios o sin ellos de enfermedad cerebral, se ve acometido 
de un ataque como de gola coral; todos sus miembros entran en convul- 
sión, se tuerce jeneralmente hacia un lado, dando un aspecto horrible a Su 
fisonomía, cuya caray ojos se tuercen también, con un color pálido como 
la cera, verde o amoratado, dá muchas sacudidas y después de ajilarse por 
unos cuantos minutos o por mas tiempo, con pérdida de conocimiento, 
pasa el ataque, quedando bueno como antes. Los ataques se repiten, jene- 
ralmente sin regularidad, siendo cada vez mayores y dejando en pos de él 
una modorra maso menos larga, hasta que se convierte en sopor profun- 
do, si la enfermedad ha determinar mal. Esta forma, a la cual acompañan 
otros síntomas accesorios, suele encontrar su remedio entre bell., caust., 
cham., ignat., nux v., plat., cicuta, ciña., stram., etc. 

Esta misma forma toma otras veces el carácter tetánico; el niño está tieso, 
ríjidos todos sus miembros, las quijadas apretadas, los ojos fijos, y de cuan- 
do en cuando se aumenta la rijidez y tiesura, torciendo un poco las manos, 
encendiéndose el rostro y a lodo esto el conocimiento perdido; pasa el 
ataque y siempre queda ríjido y convulso. Esta forma es mui común en 
Santiago, y mui grave, encontrando su remedio entre alguno de los siguien- 
tes: ang., bell., biion., camph., cham., ¡pee, mosch., op., pial., sécale. , 
stram., arn., cann., canlh., cic, cin., ign., lach., nux v., rhus., stanu., 
y otros. 

Forma soporosa.— Desde el principio de la enfermedad, el síntoma que 
predomina es un sueño profundo del cual sale el niño con mucha dificul- 
tad; hai también mas o menos fiebre y un estado semiconvulso algunas 
veces. También es grave esta forma la cual suele encontrar remedio en 
alguno de los siguientes: bell. f cham., opium., puls., ant., carb., veg., lach., 
mere, rhus.,tart , etc. 

Hai otros muchos casos que presentan matices particulares que no pue- 
den agruparse, para formar una clase aparte. 

Para facilitar un poco la elección del medicamento, consideraré aislada- 
mente cada uno de los que convienen en esta enfermedad y en los casos 
que deben emplearse. 

Acónito.— La irritabilidad nerviosa, la aj ilación, desasociego, insomnio, 
sustos, fiebre, sed, encendimiento del rostro, estado convulso mas o menos 
tetánico, apretamiento de las quijadas, rechinamiento de dientes, en un ni- 
ño robusto, vivo y que se sospecha tiene lombrices, sobretodo si las ha 
votado por la boca, cede por encanto todo este aparato de síntomas al acó- 
nito, diluido en agua y repelido cada media hora o cada hora según la gra- 
vedad. 

Belladona.— Este es acaso el medicamento que tiene mas aplicaciones en 
la enfermedad que nos ocupa: conviene; \.°, cuando la fiebre tiene un 
gran predominio en la cabeza y hai sopor, delirios, sustos, estremecimien- 
tos, pupilas dilatadas, inyección vascular en todos los vasos de la cabeza 
latidos de las anuías y demás síntomas que indican un agolpamiento de 



l'KOMN'.O. XL1X 

Sangre al cerebro; 2. e , cuando las convulsiones son como una especie de 
sacudidas eléctricas, renovándose por el movimiento o por el contacto del 
niño; 5.°, cuando el estado convulso es una especie de leíanos, abriendo 
mucho los ojos, teniendo fija la vista, apretadas las quijadas y tiesos los 
miembros, sobre lodo si este estado se empeora moviendo o tocando al 
niño. Hai una especie de convulsión tetánica, esclusiua de bellacl., en la que 
el niño adquiere un color lindísimo y su vista está como la de un magneti- 
zado. En este caso es específico. Bellud., es un remedio que no sedebe 
dar sino con mucho cuidado, porque según mis observaciones es el que 
obra en los niños con mas enerjía. 

Briunia. -Cuando al ataque cerebral precede una fiebre tifoidea, de ca- 
rácter pútrido y adinámico, y el enfermo está soporoso, sin movimiento en 
la cama, presentándose un estado convulso tetánico, es de utilidad esle 
medicamento. Una niñita, aliviada de esta enfermedad y conociendo ya a sus 
padres, se quedó estacionaria su mejoría, observándose que lo único que 
le faltaba para estar buena era darse vuelta en la cama y tener libres sus 
movimientos; brion., en este estado produjo mucho bien. 

Mercurio soluble.— Es bueno en los niños que han tenido erupciones, que 
padecen de lombrices, con propensión a sudar mucho y que las convulsio- 
nes son tetánicas, atacando mas por la noche. 

Nux v. — Es de mucha utilidad este remedio, sobretodo cuando el niño 
es nervioso, bilioso, de vientre estíptico y que haya usado de café, vino 
etc., presentándose las convulsiones mas bien de un carácter tónico y con 
la cabeza inclinada hacia atrás, estremecimiento de los miembros, tos 
seca, etc. 

Pulsalilla. — Es buena en los niños de carácter suave, de vientre movido, 
tos húmeda y en que el ataque es mas bien nervioso cerebral que con- 
vulsivo. 

Árnica. — Varios homeópatas la han usado con utilidad cuando empieza el 
derrame seroso en las membranas del cerebro, particularmente cuando han 
precedido golpes o contusiones en la cabeza del niño. 

Arsénico. — En los niños débiles, comedores de fruta, bebedores de grandes 
cantidades de agua y que sientan ardores en el estómago y entrañas, con 
convulsiones mas bien tetánicas. 

Chamomilla. — Es uno de los remedios buenos para esta enfermedad y 
conviene a los niños irritables, irascibles, biliosos, tercos, que tienen mu- 
cha fiebre con convulsiones espasmódicas, estremecimientos de los miem- 
bros etc. 

Lachesis. — En las convulsiones de carácter epileptiforme, con gritos, pa- 
lidez del rostro, sopor, latidos del corazón etc. 

Sulfur. — Cuando los niños son débiles, sudan mucho, tienen lombrices, 
han sufrido alguna erupción y la enfermedad no cede a los medicamentos 
indicados. Es esle buen medicamento y acaso no se presente un niño con 
este mal en quien no convenga administrarlo. 

Hyosciamus.— Es bueno cuando hai conjestion cerebral con abutagamien- 
to del rostro, color azulado de la cara durante las convulsiones, y estas se 
repiten por accesiones espasmódicas, con mucha angustia, gritos, apreta- 
miento de las quijadas etc. 

Ipecacuana.— Bien que las convulsiones sean tetánicas o por sacudidas, 
sobre todo cuando la respiración es corla, y el paciente tiene náuseas, vó- 
mitos o diarrea. 
Ignaiia.—Es uno de los mejores remedios y conviene cuando los niños son 

vii 



l moroco. 

amables, de cafrácler dulce y la enfermedad proviene de la. tristeza que les 
causa el mudarles de ama o haberlos separado de una persona que amaban 
mucho, especialmente si las convulsiones son de los miembros, ojos, pár- 
pados, músculos de la cara, labios, etc., con cara azulada o alternativa- 
mente pálida y roja, bostezos, suspiros profundos, gritos, risas involun- 
tarias, etc. 

Opiam.— Cuando hai un sopor profundo, accesos de sofocación, insensi- 
bilidad, convulsiones particularmente de los brazos de carácter tetánico o 
por accesiones de sacudidas, cabeza inclinada hacia atrás, y que son pro- 
ducidas por el miedo o un gran susto. 

Slramonium.—S'i la enfermedad proviene de un susto y hai pérdida del 
conocimiento, insensibilidad, abutagamiento del rostió, aspecto estúpido, 
risa sardónica, convulsiones de diferentes clases, particularmente en la paite 
superior del cuerpo y del vientre, inclinación de la cabeza hacia atrás, etc. 

Cicuta. — Conviene a los niños a quienes afectan las cosas tristes, miedosos, 
que han tenido o tienen erupciones herpélicas y que el ataque es mas bien 
convulsivo que de otra forma. 

Coffea. — Puede convenir al principio de la enfermedad cuando hai fie- 
bre con excesiva movilidad de todos los sistemas, insomnio, ajitacion y 
amagos espasmódicos. 

Platina. — Conviene cuando los accesos convulsivos se presentan al ama- 
necer y aunque se pierde la palabra durante las convulsiones no se pierde 
el conocimiento. 

Stannum. — Cuando hai desanimo, mal humor, taciturnidad, sueño tardío 
y poco reparador, ajitacion nocturna, ensueños vivos y ataques como de 
gota coral. 

Dijital. — Cuando empieza el derrame de serosidad en las membranas del 
cerebro, con convulsiones, angustia estrema, disposición a llorar, sueño 
interrumpido con sobresaltos. 

Zincum. — En la forma no convulsiva, cuando hai sueño no reparador, 
ensueños fantásticos, humor colérico, sacudidas y temblor violento de los 
miembros. 

Ciña. — Cuando hai insomnio con ajitacion, calor, gritos; humor llorón, 
caprichoso y antojadizo; convulsiones de todas clases, sobre todo si estas 
tienen relación con la existencia de lombrices. 

Moschus. — Cuando se presenta somnolencia o insomnio toda la noche 
con desasosiego: delirios incoherentes, humor excesivamente quejoso, 
convulsiones de todas clases, sobre todo cuando afectan la respiración y se 
agravan por el frió. 

Ciiprum.— Cuando el ataque viene con sopor, interrumpido por sacu- 
didas en los miembros; delirios, demencia, furor, y convulsiones vio- 
lentas. 

Helleborus. — Cuando hai somnolencia, con los ojos medio abiertos y las 
pupilas vueltas hacia arriba; angustia exesi^a, melancolía, algunas con- 
vulsiones, tendencia a parálisis y al derrame seroso del cerebro. 

Cumplí. — Alcanfor. — Cuando hai sopor o insomnio, ronquido y ajitacion 
durante el sueño; delirios, furor, pérdida del conocimiento, convulsiones 
de todas clases y gran sensibilidad al frió. 

Existen aun otros medicamentos que pueden tener aplicación en casos 
escepcionales, pero raros. 

En esta enfermedad, cuando hai ataques de convulsiones, se dará el me- 
dicamento pasudo el acceso o al terminar este; si apura mucho. Durante 



PKOLOfJO. LI 

fos convulsiones no conviene dar remedio n no ser que se prolongue tuu« 
cl»o, en cuyo caso se dá a oler el espíritu de alcanfor. 

En todas tas enfermedades que llevamos indicadas, así de las embarazadas, 
como de las paridas y los niños, pero mas en el ataque al cerebro, conviene 
llar los remedios diluidos en bastante cantidad de agua, lomándolos por cn~ 
charaditas de las pequeñas, y repetirlos con mas o menos frecuencia, eseeplo 
ia belladona que en los vinos de ataque al cerebro no debe repetirse, sino 
rara vez. 

ENFERMEDADES DEL CORAZÓN. 

Reúno en un solo grupo y con esta denominación el aneurisma^ la hipfa 
íro/m, la pericarditis, la carditis, la endocarditis, y la estrechez de los con- 
ductos del corazón, no porque dejen de ser enfermedades distintas, sino 
porque se asemejan mucho en sus causas, síntomas, curso, pronóstico, 
tratamiento y terminaciones. 

No tengo noticia de ningún país del mundo en el que las enfermedades 
del corazón sean tari frecuentes como en Santiago. Apenas se encuentra una 
persona que no sienta alguna cosa al corazón, y muchas que no sienten, 
tienen algo a pesar de no sentir. Con frecuencia encuentra uno niños de 
cuatro o cinco años y aun de menos edad en los que se nota una palpita- 
ción que simula un principio de aneurisma o de hipertrofia; es cierto que, 
en la mayoría de casos, estas palpitaciones son nerviosas o dependen de 
una cargazón habitual del estómago, hígado y vientre, pero no por eso 
deja de ser verdad que el corazón tiene una gran disposición a enfermarse. 
Y no se crea que esta disposición se halla solo en tal o cttal dase de la 
sociedad, y que están preservadas las restantes, no; las enfermedades del 
corazón son un patrimonio que nos pertenece a todos desgraciad a mente, 
hasta los mismos esiranjeros. Pocos días hace hemos tenido que sentir la 
pérdida de Mr. Brunet de Bainez, víctima en pocos años de esta enferme- 
dad. Muchos que han nacido al otro lado de los mares, conozco y visito 
que al poco tiempo de residir en Santiago han sentido en su corazón la in- 
fluencia patolójica de este clima. No pasa año, qué digo año, no suele pasar 
mes, particularmente los de invierno y primavera, que no lamentemos la 
pérdida de alguna persona notable, muerta de enfermedad al corazón, y lo 
que es aun peor, muerta repentinamente. • 

Cualesquiera medida que tomara la autoridad con objeto de estimular a 
los Médicos a que hicieran un estudio especial de esta enfermedad, descu- 
briendo, si era posible, sus causas principales y oponiéndoles remedio, 
estaría justificada por lo importante del objeto. 

Si hubiera verdadera unión científica entre nosotros, los que ejercemos 
en la capital siquiera, y nos juntáramos una vez por semana o por mes 
con un objeto práctico; si tuviéramos una Academia o Instituto Médico, 
donde los Profesores habláramos o hablaran de lo que cada uno observara en 
su práctica, llevando un periódico de lodo lo que se tratase, creo que po- 
dríamos hacer un gran servicio al país. 

Causas de las enfermedades del corazón en Santiago.— Aunque en lodos 
los climas las enfermedades del corazón reconocen a corta diferencia nnas 
mismas causas, en cada uno de ellos hai algo particular que influye espe- 
cialmente. Yo no tengo la pretensión de haber descubierto el quid ocidlum, 
como decía Hipócrates, (pie en Santiago influye directamente sobre el cora- 
zón disponiendo a sufrir esta entraña con tanta frecuencia y tan grave- 



Llí ÍT.OI.OOO. 

píente, Pero voi a enumerar las causas que yo he visto y veo obrar todos 
los días sobre el corazón, produciendo ya el aneurisma, ya la hipertrofia o 
alguna de las oirás enfermedades que se refieren a este órgano, 

1. a causa y lv mas esencial.^- La debilidad. — Al frente de la etiolojía del 
corazón coloco la debilidad; si se quiere, no corno cansa directa, sino como 
la condición mas importante para que el corazón se resienta de la in- 
fluencia morbífica de los deinas ajenies. Es la debilidad ul corazón lo que 
un terreno cultivado a la semilla que en él se quiere fructifique. Si se bota un 
puñado de-trigo o de maíz en un terreno vírjen, que la mano del bombre 
)io haya tocado, apenas nacerá alguno que otro grano o no cebará raices 
ninguno. Una cosa parecida acontece en un sujeto fuerie. Bien pueden 
influir ensu organismo las causas morbíficas del corazón que, como no sean 
las traumáticas, golpes y beridas, no bai cuidado que se enferme. Si por 
el contrario, la industria del hombre ha preparado bien la tierra y dije 
para sembrar el tiempo oportuno, el trigo o maíz jerminai á todo y cada 
grano producirá ciento por uno. Pues bien, así es la debilidad en nuestro 
organismo; ella hace lo que la mano industriosa del hombre en la tierra; 
prepara el corazón para que sea afectado por cualquier causa morbífica y se 
desarrolle una enfermedad tanto mas grave cuanio mejor es el terreno, es 
decir, cuanto mas débil está el organismo. 

Cuando se ve palpablemente la influencia de la debilidad es en la conva- 
lecencia de las enfermedades graves, en las que pasada la fiebre, que sos- 
tenia las fuerzas, se siente el caimiento en su mas alto grado. Entonces la 
emoción mas lijera, el susto mas leve, la mas sencilla incomodidad o el 
mas pequeño sentimiento conmueven la organización y el corazón se afecta 
profundamente. 

No solo en la convalecencia de las enfermedades, sino en cualquiera 
situación de la vida en la que la debilidad esté posesionada del organismo, 
el corazón se resiente desde luego. El mas leve cambio de temperatura, 
en tales casos, el mas pequeño exeso en la bebida, bastan y sobran para 
que el corazón salga de su estado normal. 

La debilidad, no solo es condición que favorece las enfermedades del co- 
razón sino que es causa también, por cuanto la función suya, que es el 
movimiento impulsivo de la sangre, se aumenta considerablemente en pro- 
porción de la debilidad, cuyo aumento de función lo dispone al agranda- 
íniento aneurismálico . 

Felizmente, esta causa está en nuestra mano poderla remediar. Una buena 
híjiene basta en casi lodos los casos. 

Dada ya la debilidad, la homeopatía tiene recursos especiales que acon- 
sejar en este caso. Ante todo, si la debilidad es un síntoma de otra enfer- 
medad, como vemos con frecuencia, es esta la que debemos combatir; 
pero si es efecto de una gran pérdida de bumores, como la que se tiene 
después de las sangrías, de las sanguijuelas repelidas, de muchos purgan- 
tes, de sudores copiosos, de escesos sexuales o causas análogas, chin, es 
mui apreciado, y si no basta, cale, carb., cin., laches, nux v., fosfor ac, 
sulf y verair. son exelentes. 

Causas morales. — Después de la debilidad, las influencias morales son 
las quemas poderosamente influyen sobre el corazón Las épocas tormen- 
tosas délas naciones, cuando la sociedad se conmueve hasta sus cimientos 
son las mas fecundas en afecciones al corazón. Las revoluciones y los 
alzamientos populares traen en pos de sí, no solo sangre, desolación y 
ruina, sino cambios de fortuna y de posición social y lo que es peor hu- 



MtOLOíiOk LUÍ 

radiaciones, rencores y enfermedades del órgano mas noble de nuestro 
cuerpo, del corazón. Muchos dolores al corazón y muchos aneurismas tienen 
la misma fecha que ciertas agitaciones populares. Asi se ha observado en 
todos tos países y así lo vemos en Santiago, aunque mas raramente que 
en otros pueblos. Para mayor claridad dividiré este grupo en tres clases, 
incomodidades, sanlimienlos y suslos. 

incomodidades. — Estas, no faltan en todas partes, viniendo a ser una 
especie de cruz que llevamos todos constantemente cargada. No es nece- 
sario que las incomodidades sean mui grandes para que afecten el corazón; 
basta que sean medianas con tal que se repitan con frecuencia. Las que 
se tienen con los sirvientes, por su estraordinaria frecuencia, sobran para 
enfermar a la persona mas robusta, cuanto mas, las que se tienen con 
los peones y con lajente con que se lidia todos los dias. Los pleitos, apenas 
hai uno que no haga enfermar a los interesados. Las incomidades tienen 
aquí un carácter que no tienen en otros países, en España, por ejemplo, 
a saber: en Santiago se traga uno las incomodidades, se las como y las 
aguanta; cuya circunstancia hace que sean peor que un veneno; promueven 
la bilis, circula esta con la sangre y parece que se deposita en el corazón. 
Cuando el corazón llega a resentirse tina sola vez por una incomodidad, 
parece que esta no impresiona el cerebro sino que va derechita al corazón 
y le hiere como un rayo. Una vez herido el corazón, no es necesario te- 
ner incomodidades para subir, basta que uno vea castigar aun perro, ca- 
ballo o cualquier otro animal para que el órgano de la circulación se 
estremezca de rabia y se avive'el fuego que estaba medio apagado. Las 
injusticias en personas estrañas hacen el mismo efecto y no solo las injus- 
ticias, sino una piedra que esté mal puesta en medio de la calle basta para 
estremecer el corazón. Es necesario sufrir de esta entraña por esta causa 
pata comprender lo que voi diciendo y estoi convencido que apenas me 
creerán lo que digo, si estas pajinas se leen fuera de Chile. En España, o 
al menos en lo que yo he visto de mi país, pasan las cosas de otro modo. 
Cuando se tiene una incomodidad, aunque sea con el sursum corda, como 
allá se dice, se desahoga uno, diciendo cuatro palabras redondas o rom- 
piéndole a uno la cabeza. Pasa esto, se sigue su camino y ya no se acuerda 
uno mas de la tal incomodidad. Pero aquí no, se traga uno el veneno que 
a la larga mata como si fuera el de una serpiente de cascabel. Uno de los 
caracteres morales que distinguen al pueblo chileno del español es el que 
dejo indicado. En España, en una población del vecindario de Santiago, 
apenas se pasa un día que no haya puñaladas y aun muertes; en Santiago 
creo que se pasan años y aun siglos que no se vé' tal cosa; en cambio, lo- 
dos los dias tenemos muertes repentinas resultantes de incomodidades que 
maltratan el corazón. 

En arsénico y en nux v. he hallado antídoto paliativo para este estado, no 
solo en mí sino en muchas personas; cham., coloc, staph., brion., cocc, etc. 
son divinos, según los casos. 

Sentimientos.- Estos hacen los mismos estragos que las incomodidades; 
minan poco a poco el organismo y a la larga el corazón sufre una enfer- 
medad mortal. Los hai de diferentes clases. Unos, corno los que resultan 
después de la muerte de una persona amada, padre, hijo, mujer, etc., en- 
cuentran un bálsamo consolador en ignatia. Este remedio es tan soberano 
en los casos dichos, que basta oler el medicamento o tomar una pequeña 
dosis, para sentir una caima resignadora que con nada puede conseguirse. 
La ausencia de un buen amigo o de otra persona que se ame, si deja huella 



m v i>]\oi.or.o. 

en el corazón, oncnentra su antídoto en ignalia. Lo que llaman pensión en 
los niños, que es muí jeneral, lo cual sucede cuando se les muda de ama o 
se les separa de una persona a quien tienen cariño, se cura maravillosa- 
mente con ignalia. 

Otra clase de sentimientos que se parecen a los anteriores, son las hu- 
millaciones, vejámenes, desaires y mortificaciones que se sufren en la vida. 
£1 marido que humilla a su esposa, dando preferencia a lo que está pro- 
hibido; el superior que ofende la dignidad del que está a sus órdenes o 
posterga injustamente a una persona de mérito distinguido, hieren con una 
arma terrible y atraviesan mortalmente, a veces, el corazón de la persona 
vejada. En estos casos, ignalia puede servir de mucho consuelo. Siempre 
que hai penas que es difícil desahogar, como las penas de amor contraria- 
do, a ignalia debe recurrirse como a un amigo que siempre dá algún con- 
suelo. Fosfr. acid., staph., arsen., graph., larh., hyosc, plat., puls. y algún 
otro, curan si ignalia, no hace mas que aliviar. 

Sustos. — Los sustos conmueven el corazón y enferman como las otras 
emociones morales. Los temblores, la presencia de ladrones n otras cansas 
poderosas, si llegan a dañar una vez el corazón lo dejan tan impresionable 
que el mas leve ruido o la cosita mas sencilla basta para escitar las con- 
tracciones del corazón, disponiendo a sufrir continuamente. Acón., bell., 
puls., lach., hyosc, ign., opium , veratr., etc., bastan,'para que no dejen 
huella los sustos o para aliviar y aun curar las que dejaron. Una mujer vino 
a consultarme sobre una enfermedad al corazón qué sufría diez y ocho años; 
en su curación habia gastado cuanto tenia y ¡la habían visto runchos mé- 
dicos; tenia dolor y palpitación como en el aneurisma, y le habia provenido 
todo de un gran susto por la presencia en su casa de las ánimas, según 
ella creía. Ignalia, repetida, la sanó radicalmente. 

Las personas enfermas del corazón por cansas morales se afectan mas 
por una emoción que por otra, segnn la que haya provocado el mal, cuya 
distinción conviene hacer siempre a la cabecera del enfermo. 

Hai otras causas morales, como la alegría y la nostalgia (deseo de volver 
al pais donde se ha nacido) que juegan aquí poco en las enfermedades del 
corazón, pero que tienen remedios particulares cuando hacen daño al es- 
píritu. 

5. a causa. — Enfermedades de otros órganos. — Los males del pulmón, del 
hígado y los dolores golosos de las coyunturas, influyen particularmente en 
el corazón. En estos casos la curación debe empezar por separar la causa, 
atendiendo al mismo tiempo o con preferencia al pulmón, hígado, etc. El 
diagnóstico en estos casos suele confundirse y de esto vemos equivoca- 
ciones en la práctica todos los dias. 

Es bien conocido este orden de causas para que me detenga mas en él. 

4. a causa. — Cambio de temperatura. — Por primera vez en mi práctica, he 
venido a ver en Santiago costipados al corazón; es decir, dolores y palpi- 
taciones que se curan, como se cura un coslipado común, sudando y abri- 
gándose. Muchas enfermedades del corazón se hacen graves, por desconocer 
esta causa en su oríjen. Un sudor a tiempo lo hubiera remediado lodo. 

5. a Bebida*, -^Las bebidas alcohólicas, vino y chichas, Aumentan las con- 
tracciones del corazón, irritando al sistema nervioso y enardeciendo la 
sangre, por cuya razón son causa de las enfermedades de esta entraña. 
El aguardiente y las diferentes clases de licores obran del mismo modo, 
pero de una manera mas intensa. El café se encuentra en el mismo caso; 
estimula los nervios e irrita la sangre, aumentando por estas dos vías las 



I'KOLOGO. LV 

contracciones del corazón. El té, por el estraordinario abuso que se hace 
de él eu Santiago, es una de las causas mas poderosas para provocar lodu 
clase de enfermedades al corazón. Su acción es muí directa sobre los ner- 
vios de esta entraña, siendo temibles sus enfermedades porque no se le 
conoce antídoto como al café, vino, aguardiente, etc. 

Las personas que estén afectadas del corazón por cualquiera de estas 
causas, o que conozcan que les hace daño evidentemente alguna de las be- 
bidas enunciadas, pueden hacer uso de los remedios siguientes: 

Si los padecimientos son a consecuencia de un esceso en la bebida, 
nnx v., sulf., carb v. luch. o bien ars., bell., chin., mere, natr.c, puls. f 
etc. suelen correjir y aun curar algunas enfermedodes. 

Si son efecto del abuso del café, nux v., cham., cocc, ign. o bien bell. t 
carb v., mere , rhus., puls. y sulf., curan o a lo menos alivian. 

Si son efecto del abuso del lé, china, fcrrwn, thuija y coffea, suelen 
hacer algún bien. 

6. a Intemperancia. — El desorden en las comidas y el mezclar toda clase 
de alimentos, fríos y cálidos, dificultando la dijestion y desarrollando una 
gran cantidad de flato, hace subir el diafracma, oprime el corazón y le hace 
salir de su estado normal. Si esta causa obra seguido, todos los dias, se 
convierte en un verdadero motivo de eufermedad al corazón. El remedio es 
bien conocido, la moderación. 

7. a Abuso délos placeres sexuales. — De todas las causas enumeradas hasta 
aquí, esta es una de las mas poderosas, particularmente en el hombre. Lle- 
ga a tal grado su influencia que, en el tercer grado de la aneurisma, puede 
ser mortal repentinamente un acto sexual. Si los padecimientos del corazón 
reconocen esta causa, adminístrense los remedios que hemos recomendado 
para la debilidad. 

Hai ademas otras causas, pero las dichas son las principales. Evítense 
en cuanto se puedan, que si bien el corazón recibe las simpatías de todos 
los órganos; si por él pasa la sangre con todas las alteraciones que sufre 
durante la vida; si su función es continua, empezando antes de nacer y con- 
cluyendo al tiempo de morir, siendo por todos estos motivos mas suscep- 
tible de enfermarse que otros órganos, el sabio autor de lodo lo creado lo 
ha dispuesto así para que admiremos mas sus portentosas maravillas. El 
vivir, en medio de tantos ajenies que tienden a destruirnos, es un milagro 
continuo, y si la mano protectora de la Providencia nos abandonara un 
solo instante, en aquel mismo concluiría nuestra frájil existencia. 

Síntomas.— El conjunto de enfermedades que sufre el corazón se mani- 
fiesta por un sin número de manifestaciones, como dolores de diferentes 
clases, palpitaciones, angustia, opresión, ardor, ruidos esiraños, cansancio, 
dificultad de acostarse de tal o cual lado, disnea, irregularidades del pulso, 
alteración del semblante, pesadillas, hinchazón de las estremidades, etc. 

En cada caso no se presentan lodos los síntomas; basta uno o dos de los 
principales para conocer la enfermedad. 

Con el objeto de facilitar el uso de los remedios convenientes, estudia- 
remos separadamente algunos de estos síntomas, procurando no omitir nin- 
guno de los esenciales. 

Doloues.— El dolor al corazón es un síntoma muí frecuente y el primero 
que suele notar el enfermo. Ocupa jeneralmente la rejion del corazón, es- 
tendiéndose al hombro y al brazo izquierdo; otras atraviesa el pecho de 
parle a parte y se deja senlir en el pulmón izquierdo, a diferente apura. 
Unas veces se presenta bajo la furnia de ardor o de punzada; otras bajo la 



LYl PROLOGO. 

de opresión, peso, ocupación o llenura. Las diferentes clases de dolores 
ocupan jeriera! menté la cubierta del corazón o pericardio y algunas la sus- 
tancia misma del órgano. Pero liai una numerosa clase de enfermedades 
del corazón, qne tienen su asiento en la membrana interna o en los orifi- 
cios, las cuales no presentan dolor alguno. 

Ardor o dolor quemante al corazón. — Ocupa la rejion de este órgano en 
una estension mas o menos grande, desde un peso, por ejemplo, hasta 
muchas pulgadas. El ardor es uno de los síntomas de la pericarditis o de la 
carditis (inflamación o irritación de la cubierta del corazón o de su propia 
sustancia); jamás corresponde al aneurisma ni a la hipertrofia, por mas que 
estas puedan cohexistir con aquellas. El ardor lo siente el enfermo como 
si tuviera un fuego o un rescoldo en el corazón; cree percibirlo con la mano 
aplicada a la rejion cardiaca, y encuentra alivio aplicando cosas frías al 
sitio del ardor. El ardor, cuando existe, es de los síntomas mas constan- 
tes, acompañando al enfermo a todas partes, noche y día; disminuye a cier- 
tas horas y se aumenta en otras; la renovación de la causa que le produ- 
jo incomodidad, bebida, etc., lo exacerba mas que nada. 

Cuando este síntoma es el predominante, aunque acompañe alguna palpi- 
tación, con tal que falte el cansancio y otros síntomas, puede y debe aten- 
derse al ardor de un modo especial, teniendo siempre en cuenta el conjunto. 

Carbo vejelabilis: carbi-n vejctal, que es uno de los remedios mas pode- 
rosos contra las enfermedades, del corazón, sobre todo en el aneurisma, es 
también uno de los remedios indicados en este caso, particularmente si en 
la enfermedad ha tenido influencia la debilidad por pérdida de humores o la 
que se esperimenla en la convalescencia de las afecciones graves. Convie- 
ne, sobre todo, si el paciente se constipa fácilmente, si es muí sensible a 
las mutaciones de tiempo, si el tiempo caloroso le afecta mucho, si padece 
del flato y este se gana a veces a la cavidad del pecho, si tiene almorranas 
y sufrimientos del hígado; si es bilioso, colérico y asustadizo: esto es por 
lo que hace a las condiciones del enfermo. En cuanto a la enfermedad, el 
remedio es soberano «si el ardor se estíende ademas al pecho y hai ardo- 
res parciales en los miembros; si junto con el ardor hai conjestion de 
sangre al pecho y violentas palpitaciones de corazón, sintiéndose las pul- 
saciones en diferentes partes del cuerpo; si hai gran dificultad de la res- 
piración, opresión y ansiedad al pecho, necesidad frecuente de respirar 
profundamente y falta de aliento sobre lodo en la cama.» 

Opium, (opio).— El opio tiene aplicación en esta enfermedad, no como 
paliativo, sino como curativo, sobre lodo cuando el ardor está concentrado 
en la rejion del corazón, estendiéndose el dolor quemante al pecho. Aumén- 
tase su indicación, cuando existe una respiración sonora y estertorosa; o 
cuando es difícil, lenta e intermitente; o cuando va asompañada de angus- 
tia y sofocación. Si ademas, acompañan pesadez, pulsación y conjestion a 
la cabeza, mucho mas seguro es el alivio. 

Pulsalilla. — Está indicada en los temperamentos suaves, en el secso fe- 
menino, en las personas aflijonas y en la sensación quemante del corazón. 
Se aumenta su indicación cuando hai pesadez, presión y ansiedad al cora- 
zón; accesos frecuentes y violentos de palpitaciones al corazón, principal- 
mente después de comer, o después de emociones morales, o provocadas 
por la conversación; opresión de la respiración, sobre lodo acostándose 
del lado izquierdo. 

Si el conjunto de síntomas, dolores, palpitaciones, opresión, cansancio 
ele, indican otro medicamento, aunque no abrace el síntoma' del ardor* 



litCl.dGO. LVH 

debe darse el tal remedio, que el ardor se aliviará también por si mismo. 
La enfermedad al coraron que yo tengo, presenta esta fisonomía, la de do- 
lor quemante, el cual se me alivia también con arsénico y nux v., aunque 
en su patogenesia no tiene este síntoma. 

Punzadas, dolor punzante o de clavo en el corazón. — Esta clase de dolól- 
es de muchas variedades y tiene tamos matices que no es posible especifi- 
carlos con toda claridad. La verdadera punzada suele ser pasajera, y da en 
determinadas circunstancias, al reir, toser, estornudar, al hacer tal o cual 
movimiento, etc.; otras, sin dejar de tener el dolor la circunstancia de pun- 
zante, es fijo y seguido como un puñal, atravesando a veces el pecho de 
parte a parte; otras es de un carácter poco marcado, pero se aproxima a 
punzante mas bien que a otra clase de dolor. 

E\ dolor punzante, fijo y seguido, es mui propio de la pericarditis, (y no 
del aneurisma o hipertrofia); la punzada fina, seca y pasajera, es mas bien 
de la carditis (irritación de la sustancia del corazón). 

Cuando en la enfermedad del corazón predomina el síntoma de dolor pun~ 
zante y quiera atenderse a esta circunstancia, no olvidando el conjunto, pue- 
den consultarse muchos medicamentos, pero los principales son : 

Sulfur. — Conviene, no solo cuando ha i punzadas sino en muchas clases 
de enfeimedades al corazón, particularmente cuando hai conjeslion de san- 
gre al pecho y al corazón, sensación de vacío en la rejion de este órgano, 
presión, y como si el corazón no pudiera dilatarse bien, ansiedad y grandes 
y frecuentes palpitaciones, etc. 

Calcárea. — Este es un medicamento precioso en las enfermedades del co- 
razón. Las punzadas en que este remedio conviene son tan fuertes que 
llegan a corlar la respiración; si ademas de este síntoma hai ansiedad a la 
rejion del corazón; palpitaciones enormes y mui fuertes, con pulso desigual y 
presión dolorosa y constricción espasmódica, calcárea es divino. 

Anacardiuni.- Las punzadas en que conviene este medicamento parece que 
atraviesan el corazón y se suceden rápidamente, de dos en dos; otras veces 
las punzadas se manifiestan en la inspiración, y otras son de un carácter 
pulsativo y se presentan un poco encima de este órgano. 

Nux v. — Las punzadas en que conviene aparecen o se agravan por la ma- 
ñana, un rato después de haberse levantado; otras se presentan a distintas 
horas, o son golpes dolorosos en la rejion del corazón, isócronos al pulso; 
otras hai constricción al corazón que dificulta la respiración; palpitacio- 
nes violentas a distintas horas, o acostándose a dormir después de comer; o 
frecuentes y pequeños accesos de palpitaciones. 

Zincum.— La esfera de acción de zinc sobre el corazón, se manifiesta del 
modo siguiente: fuerte punzada en la rejion cardiaca, que se aumenta al 
espirar; punzadas encima y debajo d*d corazón, a prima noche; ardor en 
el costado izquierdo del pecho; pulsaciones dolorosas en el costado iz- 
quierdo, al medio día; palpitaciones frecuentes, con ansiedad; palpitaciones 
dolorosas que son cada una acompañadas de una punzada. 

Existen, ademas, muchos otros medicamentos, (pie tienen influencia so- 
bre las enfermedades del corazón, cuando predomina el dolor punzante. 

Dolor de opresión al corazón.— Li\ opresión al corazón es un síntoma que 
puede acompañar a casi todas las enfermedades de éste órgano. Unas veces 
se presenta como si el corazón estuviera encerrado en una capacidad que 
no le pudiera contener, o bien como si lo empujaran hacia adentro, o co- 
mo si él rechazara las partes inmediatas, etc.— Los medicamentos que 
pueden consultarse cuando predomina este síntoma son: 

vm 



I/VIH IR0L0GO. 

Cannabis. — Ln esperiencia lia confirmado que cann. es uno de los mas 
poderosos remedios cuando, en un ataque violento, ha pasado la fiebre y 
queda un estado semicrónico, caracterizado por tensión; opresión y ple- 
nitud en la rejion cardiaca: su esfera de acción es punzadas violentas al 
corazón, calor al rededor de este órgano ; martilleo y palpitaciones en el 
costado izquierdo; palpitaciones con ansiedad, y pulsaciones grandes que 
se oyen un poco mas abajo. 

Causticum. — Su esfera de acción en este órgano es, grande opresión al 
corazón, al costado izquierdo y al pecho; violentas punzadas al corazón y 
al costado, y grandes palpitaciones con ansiedad y pulso desigual, ele. 

Para los males crónicos del corazón es soberano este remedio. 

Magnesia müriálica.—Su esfera de acción es opresión en la rejion del 
corazón; punzadas en el corazón, que suspenden la respiración; palpitacio- 
nes de corazón estando sentado, que desaparecen poniéndole en movi- 
miento. 

Ifai mas medicamentos que convengan en la opresión al corazón. 

Ansiedad y angustia al corazón. — Este síntoma corresponde principal- 
mente al aneurisma c hipertrofia de las cavidades derechas del corazón, a la 
estrechez de los orificios y a la hidropesía del pericardio. Es taníbien uu 
síntoma nervioso. 

Los remedios que convienen en este caso, sin olvidar el conjunto , son: 

Arsenícutn. — En las enfermedades crónicas y avanzadas cuando el edema 
de las eslremtdades, la anasarca y el sudor frío se manifiestan ; cuando la 
dificultad de la respiración llega a su mas alto grado con opresión y an- 
gustia excesiva; cuando las palpitaciones del corazón son violentas o inso- 
portables, principalmente acostado sobre la espalda, o cuando estas palpita- 
ciones son irregulares y angustiosas, se puede alcanzar algo del arsénico 
aun en este avanzado período. 

Platina. — Su esfera de acción es, angustia excesiva de corazón con miedo a 
la muerte que se cree muí cercana, acompañada de temblor, palpitación al 
corazón y opresión de la respiración; latido angustioso del corazón; respi- 
ración oprimida y angustiosa, etc. 

Veralrmii. — Su esfera de acción es, palpitación violenta del corazón, con 
accesos de fuerte angustia; pecho mui oprimido con dolor en el costado, 
angustia mtrtal ; desanimo y desesperación, sueños angustiosos, etc. ' 

Mosckés. — Su esfera de acción es, temor excesivo a la muerte; angustiosa 
palpitación del corazón, etc. 

Otros muchos medicamentos tienen también este síntoma. 

Aflicción al corazón. — Este es un síntoma nervioso que existe casi siem- 
pre independiente de toda enfermedad orgánica; suele ser también y\n sín- 
toma de debilidad que desaparece con los tónicos comunes; va acompañado 
de opresión, peso y a veces susto al mismo corazón, y se alivia llorando. 
Cuando la aflicción es mui grande y prolongada o seiepite con frecuencia, 
las palpitaciones se presentan cada vez mas fuertes; y a la larga, se hace 
orgánica uua enfermedad que solo era nerviosa en un principio. En este 
caso el específico es pulsaiilla, repetida, y seguida de sepia o licopodium. 

Tristeza, pena o pensión al corazón. — Es distinto este síntoma de la aflic- 
don; esta va siempre con sollozos y llantos, con los cuales se desahoga y 
alivia; aquella, la tristeza, es una especie de melancolía al corazón que nos 
presenta de un modo triste y oscuro el porvenir de todas las cosas. En 
algunos casos va acompañada de un abatimiento al ánimo que parece que 
se concluye la vida; no hai lágrimas ni desahogo ninguno, y solo los con- 



PROLOGO. L\X 

suelos de la amistad vienen a servir de algún paliativo Este síntoma jene- 
ralmente es nervioso, pero lo he visto también acompañando a un aneuris- 
ma considerable. 

Igual, fosf.-acid. rhus. nitri-ac. y staph. se pueden consultar en estos 
casos con seguridad de alivio al menos, particularmente ignat. 

Susto al corazón: — Este síntoma, esencialmente nervioso, es muí común 
en Santiago. Las personas que lo sufren sienten conmoverse su corazón al 
menor ruido, al hablarles fuerte, al darles cualquiera noticia, al crujir los 
muebles de la habitación, etc., ect. En estas personas se han cambiado los 
frenos ; no es el cerebro ya el que siente, percibe y juzga, es el corazón 
el que se ha encargado de estas funciones. La palpitación viene a ser en es- 
tos casos un estado tumultuoso y un aleteo del corazón. La continuación de 
este estado trae en pos de sí las enfermedades orgánicas si no se combate 
a tiempo. Acón., bell., opiuni. son los tres medicamentos que bastan jene- 
raímente para curar esta afección nerviosa, y si no bastan, véase Emociones 
morales. 

Desesperación al corazón —Es lo mismo que el susto un síntoma nervioso, 
pero mas ligado ya con afecciones orgánicas. Asi es, que se manifiesta sin 
necesidad que una causa eslerior venga a probarlo; el solo impulso interior 
basta. La persona que sufre este síntoma se pone insufrible aun para ella 
misma; no quiere que le hablen; si está sola se aburre y si acompañada todo 
le disgusta. Aunque el enfermo sufre en el ánimo, conoce que haialgo m su 
corazón que le pone en este estado, durante el cual se aumentan todos 
los padecimientos. La desesperación dura un rato, algunas horas y aun dias; 
pasa sin hacerse remedios y vuelve aun sin motivo. 

Ars. es buen medicamento, sobre todo cuando la desesperación viene 
acompañada de disgusto de la vida, tendencia al suicidio, temor excesivo 
de la muerte, impaciencia, despecho, deseo de criticar, repugnancia por 
la conversación, etc ; aur., cale, carb.-v., cocc, etc., están indicados. 

Sensaciones diversas en el corazón. — Algunas veces parece que el corazón 
está comprimido, en cuyo caso conviene árnica. Esta conviene también cuando 
liai palpitaciones y punzadas dolorosas con accesos de desfallecimiento. 
Otras veces se esperimenta en el pecho la sensación como si el corazón 
estuviera contraído. Kali. y cale, convienen en este caso; o corno si estuviera 
escoriado; magn. c. conviene para esta circunstancia; o como si se estreme- 
ciera; natrum. m. Si el corazón parece que da vueltas conviene tart.-emet ; 
si se siente ondulación en el mismo, spig.; si se siente como una rueda en el 
pecho y en el corazón, spig; si hai tiranteces en la rejion del corazón, 
bell.. nux-m. y rhus; si hai temblor en el corazón, spig.; si se siente 
como un vacío en el corazón, sulf. ; si se esperimenta la sensación como 
si el corazón diese un vuelco, bell. 

Síncopes. — En el síncope el corazón cesa de latir, la circulación de la 
sangre se suspende y el cerebro y demás órganos no recibiendo el estimu- 
lante de la vitalidad, cesan en sus funciones. Si el síncope es completo, 
la muerte inmediata es su consecuencia; si es incompleto, la vida h:;ce una 
pausa y tenemos la muerte aparente. En este último caso, no hai respiración, 
ni movimiento alguno; la sensibilidad jeneral está apaga la y no pudiendo 
apreciar, por los actuales medios de investigación, los restos de circulación 
que existen, se cree que la muerte es verdadera y enterramos a una persona 
viva, creyéndola un cadáver. El enterramiento de vivos, creyéndolos muer- 
tos, esiá desgraciadamente mui justificado, üe algunos datos que tengo a 
la vista resulta que, de 181, recojidos por Bruhier, 12 i fueron entenados 



i.x pnoLOOo. 

vivos, cuatro abiertos por el cirujano antes de morir, cincuenta y tres 
vueltos a la vida espontáneamente después de eslar encerrados en la caja. 
Leguern cita ciento diez y ocho casos, de los cuales veinte y cuatro fueron 
enterrados vivos, y los restantes volvieron a la vida al tiempo de enterrar- 
los. Muía, refiere casos análogos, y trae también el de una señera de Ma- 
drid, de la ilustre familia de los Lasos, que fué tenida por muerta y ente- 
rrada a los tres días de estar de parto sin haber podido parir. La madre y la 
criatura se creyeron muertos. Algunos meses después abrieron la sepul- 
tura, y encontraron que el cadáver de la señora tenía un feto muerto en 
el brazo derecho. La infeliz madre parió en la sepultura y recobró la vida 
para perecer en tan lóbrega mansión. Hoi mismo me ha referido el señor 
don Salvador de Tavira, digno Encargado de Negocios de España, el caso 
de una señora de la grandeza española, a cuyas tertulias dice haber asistido 
muchas veces, que estuvo ocho días en el ataúd, y que pasados los cuales 
volvió a la vida. Todos la creían muerta, y cuando se la iban a llevar al 
panteón se opuso su marido, teniendo probablemente algunas dudas. Cuando 
la afortunada señora volvió a la vida, contó los tormentos horribles que 
Labia pasado. Ella oía todo, temía que la enterrasen viva, quería hablar y 
no podia. 

Una respetable señora de Santiago, bien conocida de todos, me contaba 
hace dos años que en uno de sus ataques nerviosos, en los cuales queda como 
muerta, sus hijitos pequeños la encontraron en esta situación, en la cual le 
iban a punzar los ojos para ver si despertaba; quería moverse y quería ha- 
blar, pero todo inútil. Felizmente, algún ánjel la sacó de aquella horrible 
situación, antes que sus hijos le atravesaran o sacaran ios ojos. 

Yo, apenas he hablado en Santiago de lo que ahora escribo; pero no ha- 
bían trascurrido dos meses de mi llegada, sin saber que un caballero, per- 
sona algo visible, empleado, habia sido enterrado vivo. 

El conocimiento de estos hechos, despertó en mí, cuando era estudiante, 
el deseo de conocer los signos ciertos de la muerte, sobre los cuales tengo 
Lecho estudios especiales. Y a instancias mías se estableció en Madrid, en 
una sociedad de socorros mutuos, de la cual soi fundador, un artículo de 
los estatutos, en el que se manda que a ningún asociado se le dé sepul- 
tura sin que un profesor entendido en la materia, examine el presunto ca- 
dáver y certifique que real y verdaderamente está muerto. {La tiesura del 
cadáver es uno de los signos ciertos de la muerte, y mientras no se haya 
presentado, conviene que el cuerpo permanezca en la cama sin to- 
carle). 

La importancia del asunto, en donde las muertes repentinas son tan fre- 
cuentes, algunas de ellas por sincope ha hecho que me estravie en esta 
digresión. 

El síncope se presenta: 1.° como síntoma de una enfermedad grave del 
corazón: í2.° como resultado de una emoción moral moi fuerte: 3° por la 
violencia de dolores agudísinfos: 4.° por pérdidas debilitantes: 5.° en la 
convalecencia de enfermedades largas y graves. 

Como acompañante de enfermedades del corazón, el síncope es el síntoma 
mas grave que puede ocurrir. Se presenta en la pericarditis, carditis y en- 
docarditis en un periodo avanzado de la enfermedad, acompañado o pre- 
cedido de un susto mortal y de una angustia extraordinaria. Nuestro des- 
graciado amigo don Santiago Meló, cuya prematura muerte sentimos toda- 
vía, tuvo este síntoma en las últimas horas de su enfermedad, y terminó en 
uno de ellos. En este periodo avanzado del mal son inútiles todos los reme-' 



l'ROLOGO. LXI 

dios: acón , carb.-v., lach., vcrair., ars., etc., pueden prestar algún alivio, 
según los casos. 

Cuando el síncope reconoce por causa una afección moral, dése acón., 
cliain ., coff., ign., lach., op., etc., y consúltese el artículo Emociones 
morales. 

Cuando proviene de la violencia de los dolores, acón., cham., coff., etc. 

Cuando las pérdidas de sangre u otros humores es la causa, consúltese 
chin., carb.-v., nux.v., veratr., y véase el artículo debilidad; y los mismos 
remedios sirven cuando se presenta en la convalescencia de las enferme- 
dades graves. 

Palpitaciones.—?,] exceptuamos la atrofia o pequenez del corazón y la 
hidropesía del pericardio, las demás enfermedades del corazón todas tie- 
nen de común la palpitación, pero se diferencian las de cada enfermedad. 
Asi es que en la hipertrofia son grandes, levantan las costillas y 
se perciben a simple vista; ademas son seguidas, percibiéndose distinta- 
mente aunque el paciente esté en la mayor tranquilidad; si se aplica el oido 
al enfermo, el médico las oye en toda la circunferencia del pecho y aun 
fuera de esta cavidad. En el aneurisma son tambieu grandes y estensas, 
pero no tan seguidas, y eñ|el mayor sosiego el corazón tiene un latido mucho 
mas suave. Las palpitaciones son nerviosas en una infinidad de casos. 
Cuando esle síntoma es el que predomina, y no hai dolor, ni opresión, ni 
angustia, ni aflicción, ni otra señal de padecimiento, o si lo hai ocupa el 
segundo lugar en importancia, pueden convenir alguno de los medicamen- 
tos indicados ya o bien cualquiera de los siguientes: 

Asa-fétida. — Está indicada cuando hai palpitaciones en el corazón; pulsa- 
ción y latido en el pecho; pulsación visible y sensible en el epigastrio (boca 
del estómago); pulsación muí sensible en el dedo gordo del pie; presión en 
el pecho; opresión de pecho, con respiración acelerada y pulso pequeño, 
inquietud y angustia, etc. 

Cocculus. — Su esfera de acción es, palpitaciones de corazón; conjestion 
en el pecho con ansiedad; cansancio al pecho leyendo en alta voz; cons- 
tricción del pecho con embarazo déla respiración; presión en el pecho co- 
mo por una piedra; sueños angustiosos; propensión a ausentarse; grande 
aprensión con inquietud y miedo de la muerte. 

Phosphorus. — Su esfera de acción es, palpitaciones de corazón de diversas 
naiundezas, sobre lodo después de la comida, a consecuencia de las emo- 
ciones morales; palpitacioues con opresión de la respiración; conjestion de 
sangre en el pecho con sensación de calor qne sube a la garganta; angus- 
tia en el pecho; presión en el pecho: respiración difícil, latido y pulsación 
en los oidos; zumbido de oídos; ensueños augustiosos, espantosos y ho- 
rribles; angustia sobre el éxito de su enfermedad, y disposición al suici- 
dio, etc. 

Veratrum. — Su esfera de ación es, palpitaciones violentas de corazón que 
levantan las costillas, con sofocación y accesos de angustia excesiva; pecho 
mui oprimido con dolor en el costado al respirar: presión en el pecho, so- 
bre todo en la rejion del esternón; respiración corla al menor movimiento; 
grande disposición a asustarse; sueños angustiosos, etc. 

Thuija. — «Hervidero de sangre en el pecho y palpitaciones violentas de co- 
razón, sobre iodo subiendo; palpitación de corazón con náuseas; sensibi- 
lidad incómoda en la rejion del corazón; palpitación en el espinazo; palpi- 
tación en el centro del epigastrio (boca del estómago); angustia y palpita- 
ciones después de comer; martilleo pulsativo en el oido por la noche; 



i.xii i»noi.oco. 

pulsación en las sienes; opresión en el costado izquierdo; dificultad de la 
respiración con necesidad de respirar profundamente; en cuanto se duerme, 
ensueños penosos de peligros y de muerte, sobresaltos y gritos, sobre lodo 
acostándose del lado izquierdos 

Plumbum. — «Hervidero en el pecho con angustia en la rejion del corazón 
y palpitaciones sensibles; palpitación profunda en el vientre; accesos de 
sofocación; opresión y presión en el pecho; inquietud, angustia y disgusto 
de la vida, ele.» 

Casi todos los medicamentos de la materia médica pueden convenir, se- 
gún los casos, para curar o calmar este síntoma. 

Las palpitaciones del corazón tienen algunas circunstancias que en homeo- 
patía significan mucho. Si son irregulares conviene ars. hidrac; si se 
sienten en la cabeza, bell.; si se manifiestan después de haber bebido, co- 
nium, si después da la comida, cale, camph., Ucop., nux v., puls., thu- 
ya, etc.; si por la violencia de los dolores del pecho, lach., si acostado de 
espaldas, ars., si acostado de lado, barit. car., natr., nux v., puls., etc.; si 
después de emociones morales, phosf. y puls.; si después de un esfuerzo 
corporal, am.-c: si después de haber hablado, pul.; si inclinándose hacia 
adelante, spig.; si andando, nitr.-ac; si por el trabajo intelectual, ign. y 
staph. 

Ademas de las dichas, hai otras circunstancias que suelen ser mui alen- 
dibles, según los casos. Las palpitaciones son ansiosas, irregulares e inter- 
mitentes, comunicando o no al pecho estas variaciones. En el curso de la 
enfermedad, las palpitaciones que eran mui visibles en un principio, se van 
alejando y apagando después, no obstante que la gravedad vá en aumento. 
Esto sucede jeueralmente en la pericarditis con derrame. La matidez del 
corazón aumenta en estension y viene el abovedamienlo de la rejion car- 
diaca. 

Esta faz de la enfermedad tiene pocos remedios, Solo ars., dig., bell , 
sulf., etc., pudieran producir algún alivio. 

En muchos casos, sobre todo en los orgánicos, se presentan ruidos anor- 
males en el corazón, que el médico conoce con los nombres de fuelle, de li- 
ma, de escofina, etc. Estos ruidos se oyen en mas o menos estension y en 
partes mui distantes del corazón, como en el costado derecho, en la cabeza, 
en el hombro, y yo le he oido en un caso auscultando la arteria poplítea 
(en la corva). Contra estos ruidos, no tiene remedios específicos la horneo- 
tía. Solo spigelia ha manifestado algo en la esperiinentacion pura. 

No puedo abandonar estas consideraciones, sin decir algo sobre las sim- 
patías que desarrollan estas enfermedades en otros órgauos, particular- 
mente en los pulmones. 

La disnea o dificultad de respirar, acompaña casi siempre a las afeccio- 
nes del corazón, manifestándose con un sin número de formas, indicando 
por este medio el sitio de la enfermedad en muchas ocasiones. 

Si la enfermedad del corazón es mui grande, según los síntomas, y la 
dificultad de respirar mili poca, indica que tiene su asiento en el ventrículo 
izquierdo del corazón. 

Si al contrario, la enfermedad parece mediana o pequeña y la dificultad 
de respirar es mui grande, indica que tiene su asiento el mal en las cavida- 
des derechas del corazón. 

La dificultad de respirar, conocida vulgarmente con el nombre de can- 
sancio, y que, según acabo de decir, indica que tiene su asiento en el lado 
derecho del corazón, encuentra su remedio en silícea. La acción de silícea 



PROLOGO. LXMI 

sobre las enfermedades del ludo derecho del corazón que loman !a forma 
aneurismática es poderosa y evidentísima. Puede que asciendan a trescientos 
los casos en que lie usado este remedio, siempre con buen resultado, es 
decir, aliviando por lo menos. Si el aneurisma del lado derecho manifiesta, 
entre otros síntomas, cansancio al andar, sobre todo repechando, silícea cura 
o alarga la vida. En jeneral, ningún medicamento me ha correspondido tan 
bien para el aneurisma que se sufre en Santiago como silícea. A veces, ea 
el mismo dia se siente la mejoría. 

Tendremos en cuenta algunas circunstancias de la respiración, indicando 
los remedios especiales que convienen, según los casos, para facilitar un 
poco la elección del medicamento. 

Si la respiración es corta y breve, (con tal que esta circunstancia tenga 
relación con una enfermedad del corazón, sea la que quiera), puede elejirse 
alguno de los medicamentos siguientes: anac , ars., cale, carb. v., con., 
lach., lieop., mere, natr. c, uatr. m., phosf., plat., plum., puls., sep., 
silie, sulf., veratr., etc. 

Si la respiración es con ansiedad, consúltense acón., ars., arn., bel!., 
plat., spong., puls. 

Si la respiración es irregular, consúltense bell., op., nux v. 

Si solo puede respirar estando derecho, cann. 

Si la respiración es profunda [necesidad de respirar profundamente], con- 
súltese arn., bell., cale, carb. v., cham., lach., mere, nux v., plat., rhus., 
sil., spong., thuya. 

Si es sofocante, por accesos, consúltese ars., camph., cham., chin., 
graph., mere, nux v., plat., puls., spig., sulf., veratrum, etc. 

Si la dificultad de respirar es mayoral aire libre, consúltense ars., aur., 
graph., lie, puls., sulf., etc. 

Si se manifiesta al andar, ars., bell., carb. v., con., lie, nux v., puls., 
sep., stann., etc. 

Si la dificultad de respirar es bajándose, cale, sil.; si es después de haber 
bebido, bell., nux v.; si es levantando los brazos, spig.; si es moviéndose en 
la cama, sep. 

Haí muchas otras circunstancias que convienen tener presente en los 
casos difíciles que facilitan encontrar el especifico apropiado. 

Hemoptisis o sangre por la boca. — Este síntoma alarmante mas aun para el 
enfermo que para el médico, es común a muchas enfermedades, éntrelas 
cuales están las del corazón. La hipertrofia del ventrículo derecho, el 
aneurisma de las cavidades derechas y la estrechez del orificio aurieulo-ven- 
tricular izquierdo pueden presentar este síntoma. Los enfermos que mue- 
ren repentinamente de una afección al corazón y pasadas algunas horas de 
la muerte votan sangre por la boca al dar vuelta al cadáver o al incorpo- 
rarlo para amortajarlo, han muerto por la aurícula izquierda. La sangre al 
llegar a este punto para, y se acumula en esta aurícula, en los pulmones 
y en las cavidades derechas del corazón; esta sangre acumulada en el pul- 
món es la que se derrama, no por rotura, sino por eslravasacion en los 
bronquios. 

Por lo alarmante que es la hemoptisis y por las consecuencias que trae 
consigo, conviene atenderlo de un modo particular. En este caso puede 
consultarse alguno de los medicamentos siguientes: acón., arn., bell., 
carb. veg. , chin. , dule, ferr., hyose, ¡pee , nux vómica, op., puls., 
rhus, ele 

Acón; conviene si la hemorrajiu es grande; si hai conjestíon al pecho y 



1.x iv ¡moroco. 

al corazón; latidos en este órgano; angustia y ajilacion y que la mas lijera 
tosecilla exita la salida de sangre. 

Arn; conviene si la causa ocasional o provocadora de la sangre ha sido 
un golpe; caida, fuerza, ajilacion, andanza, etc. 

China; conviene si hai ya una estremí debilidad y se lia perdido mu- 
cha sangre; en loscasos mas desesperados cuando ya se acaba la vida, chin., 
puede aun hacer un semi-milagro. 

Ipecacuana; conviene después de acón., cuando hai gusto a sangre en 
la boca; tos con sangre, provocada por el mismo esfuerzo. 

Opium; conviene a veces en los casos mas graves, sobre todo en los be- 
bedores, o cuando la sangre es espesa y espumosa, sofocación con angustia, 
ardor en el corazón, temblor jeneral, voz débil, frió en las estremidades y 
calor en el pecho y tronco. 

Si logra emplearse el específico indicado; el éxito de la curación es sor- 
prendente. 

Tos.- La dificultad de circular la sangre en el corazón, sobre todo en 
el lado derecho, hace que los pulmones y bronquios estén siempre con- 
jeslionados y que exisla una tos sintomática para espectorar las fiemas que se 
acumulan. La los es seca cuando el estado conjestivo empieza o cuando o 
la enfermedad reside en el ventrículo izquierdo, y húmeda cuando la con- 
jestion lleva algún tiempo o cuando predomina la enfermedad en el lado 
derecho. Si es seca, acón., repelido a cucharaditas, y vttx v. suelen bastar 
para quitar o disminuir la conjestion. Si la tos es húmeda y flemosa puls., 
ars.,sulf., sil., hep., etc., según los casos, curan o hacen mucho bien. 

Fiebre. — La fiebre, como síntoma de una enfermedad del corazón, solo 
viene en los casos agudos de carditis, pericarditis y endocarditis. El acón: 
mui repetido, es mil veces mejor que la sangría, sin tener jamas los incon- 
venientes de esta, entre los cuales está la hidropesía. 

Los demás síntomas que desarrollan estas enfermedades sobre el cere- 
bro, hígado y estado jeneral, como son la descompostura del semblante, el 
abulagamiento y lividez de la cara, la dilatación de las ventanillas de la na- 
riz, la epistacsis, el abultamiento de los ojos, el ruido de oidos isócrono al 
pulso, la pulsación cerebral y de las sienes, los desvanecimientos, la pesa- 
dez de cabeza, la inaptitud a los movimientos y a los trabajos intelectuales, 
convulsiones; conjestion al hígado, hipo, dijestion difícil, edema e hidropesía, 
etc., son otros tantos síntomas importantes que es necesario tener en 
cuenta para garantir el buen éxito del tratamiento. 

Por no alargar mas este trabajo, paso por alto los medicamentos que 
convienen a cada uno de estos simonías, y también por tener una impor- 
tancia de segundo orden. 

La pericarditis, la carditis, y la endocarditis, bien fáciles de conocer en 
conjunto, pero difíciles de distinguir una de olía a no ser un médico bien 
esperimentado, tienen de común el desarrollar una gran fiebre, el dolor, 
opresión, angustia y desesperación a la rejion cardiaca, las palpitaciones 
tumultuosas y el inminente riesgo en que ponen la vida. 

En lugar de la sangría, aconsejada por la otra medicina, la homeopatía 
opone el acónito repetido, con el cual se logran mejores y mas prontos re- 
slutados: con este medicamento suele quedarla enfermedad mui disminuida, 
conviniendo después alguno de los medicamentos dichos, entre los cuales 
se pueden contar cu primer lugar, canil., bell., dig., ars., colch., spig., 
puls., phosf., sulf., etc. 

Aneurismas, hipertrofias y estrecheces de los orificios del corazón. — Es opi- 



prologo . lxv 

nion corriente y doctrina admitida, entre e! vulgo y los médicos de la otra 
escuela, que estas enfermedades aneurisma, etc., son de absoluta incura- 
bilidad una vez que lian llegado a cierto desarrollo; es decir, que el 
aneurisma del corazón, asi como la hipertrofia y las estrecheces de sus ori- 
ficios a lo sumo a que puede aspirarse en un tratamiento bien clirijido, es 
a suspender su curso, a que el mal no progrese y a paliar algunos sín- 
tomas. 

La homeopatía puede presentar a los pacientes unas ideas mas consola- 
doras; toda enfermedad orgánica del corazón en primer periodo es curable; 
2.° Iiai muchas probabilidades de curar radicalmente cualquier enfermedad 
del corazón aunque baya llegado el segundo periodo: 3.° la curación de las 
enfermedades orgánicas del corazón cuando han llegado al último periodo 
jeneralmente es mortal, pero todavía si el tratamiento homeopático es bien 
dirijido, y dócil y constante el paciente puede conseguirse la curación o 
por lo menos suspenderse el curso del mal. 

La teoría o sea la razón y la esperiencia vienen en apoyo de esta doc- 
trina. 

¿Qué nos dice la homeopatía en uno de sus principios fundamentales, el 
fundamental por excelencia? Nos dice que todas las enfermedades son diná- 
micas o vitales en su principio, en su curso y en sa terminación; que si la 
enfermedad empieza a desarrollarse es porque se ha afectado el principio 
vital; que si continua su curso es poique el principio de la vida sigue afec- 
tado y que si termina por la muerte es porque el espíritu vital, no el a Lar a; 
se ha gastado. Nos enseña también que las alteraciones de los órganos, aneu- 
rismas, hipertrofias, etc., son una consecuencia de la desarmonía del prin- 
cipio vital. Esto sentado, que es de una evidencia irresistible cuando no se 
quieren cerrar los ojos a la luz del día, fácilmente puede comprenderse que 
desaparezca un crecimiento sustancial del corazón, si logramos destruir la 
causa de que provenia. La causa es la alteración vital y sobre esta es sobre 
la que llevan su influencia los infinitesimales, y únicamente ellos porque 
los remedios administrados a pelotones y en mazamorras, los arroja por 
indijestion el estómago o el vientre. 

Esto es por lo que hace a la teoría, que en cuanto a la práctica los ana- 
les de la homeopatía están llenos de curaciones aneurismáüeas e hipertró- 
ficas. Recuerdo en este momento un caso de aneurisma de los grandes va- 
sos, clasificado así en varias juntas, tenidas en meses sucesivos, entre los 
catedráticos de la Facultad de Medicina de Madrid. El caso se consideró 
fuera de los recursos del arte, y la homeopatía dio un mentís a todos cu- 
rando al enfermo en pocos dias con las altas potencias depulsaiilla. 

El 2.° caso de gravedad que yo tuve en la Isla de Cuba fué el de un aneu- 
risma del corazón en tercer grado, según los facultativos que la asistían 
desde el principio de la enfermedad, el enfermo no sentia alivio con nada 
y estaba ya imposibilitado en su casa. A los cinco meses del uso homeopático 
de nux v. y sulf. el enfermo estaba bueno, ájil y dispuesto para todo trabajo 
fuerte porque era administrador de un injenio. Tres años trascurrieron 
después, y a mi salida, el antiguo paciente estaba mas gordo y ájil que 
nunca. 

En Santiago tengo entre otros casos dos, uno de un joven como de 16 
años, de aneurisma entre el primero y segundo periodo que está ya casi 
enteramente bueno. El otro es de una señorita que tenia algo avanzada su 
enfermedad de modo que no podia andar media cuadra sin esperimentar uu 
eüíisancio que la ahogaba; y hoi, a los seis meses de tratamiento, anda 15, 

IX 



LXVI I'IIOLOCO. 

20 y 30 cuadras sin sentir nada al corazón. Silícea hizo aquí la mayor parte 
de la curación. 

¿Por qué, se me dirá, no hace aquí, curaciones la homeopatía si con tan- 
tos recursos se cuenta? Contestaré terminantemente: En Santiago, los en- 
fermos se mueren por tres razones; 1. a por el hambre que tienen de tomar 
drogas empachosas; 2. a por comer hasta rebentar; 3. a por inconstancia; y 
aun puede agregarse otra, porque son ellos o la familia, o los compadres 
los que dirijen el tratamiento, y mui pocas veces el médico. Si exceptua- 
mos algunas familias decentes y algunas personas de juicio, lo que acabo 
de indicar es lo que pasa en Santiago, a corta diferencia. 

Tratamiento de las enfermedades orgánicas del corazón, aneurismas, hi- 
pertrofias y estrecheces de los orificios. — Todos los medicamentos indicados 
pueden convenir segun los casos, en particular carb. v., lach. y licop.; 
guay., puls. ysulf.; cale, caust. y graphit, etc. 

Véase carb. v. 

Lachesis. — Su esfera de acción es, «palpitaciones de corazón con ansiedad, 
excitadas por dolores calambroideos; con tos y accesos de sofocación; 
espasmos del corazón y pulsación desagradable en los oidos, punzadas cu 
la rejion del corazón, respiración corta, accesos de desvanecimiento y 
sudor frió; estravasacion de sangre en los pulmones; opresión en el pecho; 
respiración difícil, particularmente por la noche en la cama, etc., etc. 

Licopodium. — Su esfera de acción es, «palpitaciones de corazón, sobre 
todo durante la dijeslion o por la noche en la cama, algunas veces angus- 
tiosas y con temblor; peso y presión continua en el pecho; respiración 
difícil durante casi todos los movimientos corporales, etc.» Don Mariano 
Santander, músico, que tiene una aneurisma de la aorta ascendente que ha des- 
truido ya parte del esternón y los cartílagos de algunas costillas, formando 
un tumor al esterior, está mui aliviado con licop. 

Guatjacum. — Su esfera de acción es mas bien clínica o esperimental en 
los enfermos que patojenética o esperimental en los sanos. Los homeó- 
patas citan este medicamento como un remedio contra el aneurisma. 

Gra files. — Su esfera de acción es, «palpitaciones de corazón al menor mo> 
vimiento; dificultad de respirar y opresión de pecho, etc., etc.» 

Spigelia, — Latidos del corazón violentos, sensibles a la vista y al oido, fre- 
cuentemente con opresión angustiosa de pecho, que se agravan encorbándose 
y sentándose; sensación de temblor en el corazón; los latidos del corazón 
no corresponden a los del pulso; movimientos del corazón como una on- 
dulación; punzadas en la rejion del corazón; ruido en el pecho como el de 
un torno de hilar, sobre todo en la rejion del corazón; peligro de sofoca- 
ción al menor movimiento, sobre todo levantando los brazos; accesos de 
sofocación con palpitación de corazón y angustia; opresión de pecho; 
grande dificultad de respirar moviéndose en la cama, e imposibilidad de 
estar echado sino sobre el lado derecho y casi sentado, etc.» 

Spongia.—Su esfera de acción es, «dolores y ansiedad en la rejion del 
corazón; hervidero de sangre en el pecho después del mas lijero esfuerzo 
y del menor movimiento, con dificultad de respirar, angustia, etc.; pleni- 
tud y presión en el pecho, etc., etc. 

Hai otros muchos medicamentos que tienen influencia en las enfermeda- 
des que acabo de describir, y que omito porque ocupan un cuarto o quinto 
lugar en la jeneralidad de los casos. 



PROLOGO. LXV1I 



DE LA CALENTURA . 



No entraré en la clasificación y descripción del numeroso catálogo de pa- 
decimientos que sufre el órgano ptrlmonal; me ocuparé ún icamente de lo que 
se conoce en Santiago con el nombre de calentura, qne no es otra cosa 
que lo qne conocemos los médicos con el nonbre de tisis* 

Sn frecuencia es tanta y son tantos los qne en la flor de la edad nos 
arrebata todos los anos esta enfermedad, qne no liai para qué encarecer la 
importancia de las consideraciones en qne vamos a entrar, basadas como 
están en la esperieneia adquirida en la capital de la República. 

Dejo a un lado la pulmonía porque esta es poco frecuente, al menos la 
pulmonía verdadera. Acón, y brion., snJf. yphosf. bastan en la jeneralidad 
de los casos para curar con prontitud y segundad, sin tener que sacar una 
gota de sangre. 

Las cuestiones que yo considero de mayor importancia en esta enferme- 
dad son las siguientes: 1.' porqué la calentura es tan común en Santiago? 
2. a ¿es posihle aquí prevenir esta enfermedad? y o." ¿es posible curarla una 
vez que se baya manifestado? 

Aunque estos tres puntos no queden resueltos definitivamente, siempre 
creeré que hago un bien al pais intentando su resolución. 

i.* cuestión. — Por qué la calentura es tan coman en Santiago? 1. a causa: la 
debilidad. Ya hemos visto a la debilidad oeupar el primer lugar entre las 
que producen el ataque al cerebro en los niños, y el primero también entre 
las que produce el aneurisma y otras enfermedades del corazón. Tero en 
la calentura ocupa algo mas que el primer lugar; ocupa el primero, segun- 
do, tercero y último lugar. La eliolojía entera de la calentura; es decir, 
la causas todas de la calentura se reducen a la debilidad. La debilidad pre- 
cede siempre a la calentura y la acompaña en todos sus periodos: no quiero 
decir por esto que toda persona débil padece de calentura, no; lo qne quiero 
significar es que toda persona calenturienta es débil, y que la debilidad es 
la puerta única por donde entra dicho enemigo. En el examen que voi a 
hacer de las causas particulares de esta enfermedad, veremos que todas 
obran lentamente; que todas son de carácter crónico; que todas van dete- 
riorando poco a poco el organismo, empobreciendo la sangre y aumentan- 
do la debilidad. 

Aunque yo no doi importancia a la clasificación que voi a hacer de causas 
individuales o internas y de causas esternas, la seguiré porque así me aco- 
modo mejor para emitir las ideas que tengo formadas sobre la materia. 

Causas internas. — Temperamento linfático. — Este es el temperamento débil 
por excelencia y nada mas crónico que él, puesto que es una cosa con la 
cual se nace; las personas que le tienen son las mas dispuestas a sufrir de 
calentura. En este hai un exceso de fluidos, cuyo exceso se encuentra tam- 
bién en el temperamento que sen. llamos. Por supuesto, que no todos los 
que le tienen han de sufrir la calentura: con dicho temperamento tienen 
una probabilidad mas en favor de este mal terrible. 

Cutis fino. — Señalan los autores la piel fiua, alba y delicada; el cabello 
rubio y los ojos azules como una causa que predispone a la calentura; pero 
esi:;s circunstancias individuales son mas bien señales de un temperamento 
Ji.jfálico, que causas separadas a quienes se lus deba tener en considera 



IXVÜI M10LO0O. 

clon. Sin embargo el Cutis delicado puede por su sensibilidad ser mns im- 
presionable a los cambios de temperatura e influir de este modo pernicio- 
samente en el pulmón, independiente o no de que el tal culis pertenezca a 
un temperamento linfático. 

Sexo femenino. — Por las razones dichas, de temperamento linfático, que 
también se llama femenino, y por la furnia del culis, la mujer tiene mas 
disposición a !a calentura. Independiente de estas causas hai otras por 
las cuales se debilita la mujer mas que el hombre, adquiriendo así el triste 
privilejio de la tisis; udes son, la menstruación abundante, el sobreparto, 
la lactancia; y aun otras. 

Edad. — Autiqüe en todas las edades pueden sufrir esta enfermedad, la 
de i 8 a 50 o 56 es la mas predispuesta. Los niños y los viejos la sufren 
también pero no tanto. Si en esta edad de 18 a 50, se sufre mas la calen- 
tura es porque en esta época está sujeta !a naturaleza a trastornos consi- 
derables que gastan las fuerzas y debilitan el organismo. 

Conformación tísica. — La estatura alta, la cavidad torácica reducida, el 
pecho aplanado, los homóplatos o paletillas elevados, el cuello largo y del- 
gado, (el temperamento linfático, el cutis fino, los ojos azules y el cabello 
rubio, son los rasgos mas característicos de esta conformación). 

Herencia —Los padres trasmiten a sus hijos una parte de su vida, una 
parle de su sangre y de sus humores, y con esta trasmisión vá el tempera- 
mento, la fisonomía, el semblante, el aire de familia y la conformación 
interna y oculta de los órganos. La enfermedad no se trasmite, pero sí se 
trasmite la disposición orgánica y con ella la predisposición a la enferme- 
dad. La esperiencia confirma todos los dias que los hijos de padres tísicos 
corren un riesgo inminente al llegar a la edad en que murieron sus padres 
y aun antes. 

Coniajio. — Esta no es una causa de calentura porque en realidad no se 
yeija la enfermedad, como vulgarmente se dice y se cree; y si la menciono 
aquí es mas bien para combatirla y para contribuir a desterrar esta preocu- 
pación. Si la calentura se pegara ¿dónde estaríamos los médicos, viendo 
como vemos todos los dias tanto calenturiento^ Lo que en realidad hace 
daño es el respirar el ambiente del enfermo, no porque tenga calentura sino 
porque está enfermo. 

Excesos sexuales. — Todas las causas juntas, enumeradas hasta aquí, no 
contribuyen tanto a producir la calentura como los excesos de la Venus, 
Nada mas debilitante que la cópula cuando se lleva al eslremo, y nada 
tampoco que tenga mas relación con el pulmón que los órganos de la je- 
ueracion. Abusar de las funciones de estos órganos es abusar de la vida 
del pulmón, y el que está ya un poco resentido del órgano respiratorio 
muere pronto si dá rienda suelta a la pasión sexual. 

Vicio solitario. — Todas las causas dichas, incluyendo la anterior, y las 
que me restan por decir; no valen nada en comparación del inmenso po- 
der que tiene este vicio en la calentura. Creo yo que si una persona na- 
ciera con todas las disposiciones anti calenturientas imajinables y se entre- 
gara a e-te vicio, llevado al estremo, llegaría a sucumbir de calentura. To- 
dos los médicos, de todas las edades y países, han dado y dan a esta causa 
una importancia estraordinaria, colocándola al frente de todas ellas. 

Enfermedades del hígado. — Estas enfermedades, cuando son aginias sue- 
len inflamar el pulmón del mismo lado y cuando son crónicas, comunican 
también al pulmón su estado patolój'ico por contigüidad de tejidos. Si el 
hígado sufre, aunque no haya dolor en esta entraña, suele haber dolor eu 



MIOLOGO. LXIX 

el pulmón derecho y en el hombro del mismo lado. Este dolor al pulmón 
se hace causa poco a poco de que la función respiratoria se debilite, empe- 
zando así un estado morboso lento que puede traer mui malas conse- 
cuencias. 

Sarna y erupciones.— La curación de estas enfermedades por medio de 
pomadas o ungüentos secantes que retiran el humor del culis, trae consigo 
la tisis muchas veces. 

Elevación [amenorrea]. — La elevación en una joven es en Santiago causa 
casi infalible de calentura. Esta palabra la hemos oído por primera vez en Chile 
y creo que está tan bien aplicada que no encuentro ninguna que tenga 
tanta significación. La sangre huye de las parles inferiores y circula con 
mas actividad en los órganos torácicos, en el pulmón principalmente, dis- 
poniéndolo así a la calentura. 

Corsé. — La costumbre del corsé y la peor costumbre aun de apretar a las 
niñas desde mui chiquitas con objeto de formarles la cintura, oprime el 
pecho, impide que sus cavidades se ensanchen y los pulmones permane- 
cen aplanados, pudiendo apenas funcionar. Y como los pulmones peque- 
ños no pueden elaborar baslante cantidad de sangre para nutrir todos los 
órganos, la constitución se debilita y tenemos una causa mas de ca- 
lentura. 

Lactancia. — En otros países es saludable para la madre el dar de mamar 
a sus hijos, pero aquí, al menos las hijas de Santiago, sobre lodo las se- 
ñoras, les cuesta' caro a las que se dedican a criarlos. Jeneralmenle no 
pueden criar arriba de un mes, algunas solo tres o cuatro y ninguna o 
casi ninguna alcanza a criara su hijo hasta el fin porque pronto se resien- 
ten del pulmón la que no se mete a valiente. Yo que soi mui partidario, o 
mejor dicho era, de que las madres criaran a sus hijos, he tenido aquí que 
modificar mis convicciones. A ninguna madre aconsejo que crie, sobre todo 
sola; ayudándose con una ama les suelo permitir que den de mamar unos 
cuantos meses, pero nunca hasta el fin de la lactancia, y la que lo hace es 
sin mi consentimiento, porque veo lo que esio debibia el pulmón. Me com- 
place mucho ver en algunas casas buenas, como curan a las amas que se 
enferman del pulmón. 

Ayunos. — Si en España u otro pais católico se dijera que el ayuno es 
cansa de tisis nadie lo creería, pero las cosas que uno vé con sus propios 
ojos, por mas que sean contrarias a lo que parece sentido coman, no hai 
mas remedio que darles asenso. Los ayunos continuados privan directa- 
mente a la sangre de sus cualidades reparadoras, empobrecen este líquido, 
poniéndolo mas acuoso; debilitan el sistema jenerál y el pulmón se resien- 
te. Si ademas de esta causa existen otras, esternas o internas, la lísis se 
declara y el ayunador peligra. No hai médico en Santiago que no vea pere- 
cer todos los años a muchas personas de las que han ayunado la cuares- 
ma; pero no solo las personas casadas contraen esia enfermedad por el 
ayuno y los pobres que viven de su trabajo, sino los célibes que tienen mas 
motivos para estar robustos. 

Ejercicios espirituales. — La vida reeojida y sedentaria que se tiene en las 
casas de ejercicios; los ayunos, mortificaciones y «laceraciones que los pe- 
nitentes se imponen en los nueve dias de reeojimiento; la influencia debi- 
litante de la santa palabra sobre el espíritu quilantb una parle de la vida al 
organismo y amortiguando las pasiones; el espirita de compunción, el apo- 
camiento y timidez con que vuelven al mundo los ejercitantes; la vida de 
privaciones que después se imponen por algún tiempo los arrepentidos, iu- 



LXX PROLOCO. 

fluyen cstrnordinariaraente en la organización, la debilitan en alto grado; 
y por escasa disposición cpie haya a la tíxix, esta se inicia y el enfermo 
sucumbe si no pone remedio a tiempo. No hai necesidad de advertir que 
esta influencia solo tiene lugar en la clase pobre o ignorante, que toma 
las cosas a pedio y no sabe contenerse en el justo medio; asi en lo mui 
bueno como en lo malo. A la dispensaría de Yungai van de cuando en 
cuando hombres y mujeres, de la rotería por supuesto, atacados de esta 
enfermedad, siendo la causa principal del mal el motivo que vengo consi- 
derando. 

Causas estertores. — Cambios atmosféricos. — No he vivido en ningún pais, 
ni tengo noticia que exista otro igual, donde sean las mutaciones atmosfé- 
ricas tan frecuentes, tan repentinas y tan notables. En el rigor del verano 
y del invierno tenemos a veces en un mismo dia bis cuatro estaciones del año: 
verano, a las dos de la tarde; invierno, a las tres o las cuatro; primavera 
y otoño, por la noche y por la mañana. En los dias mas hermosos, suele 
venir de repente un aire de nieve que lo deja a uno helado; o al contrario, 
sale uno abrigarlo por la mañana y a las once del dia tiene calor. Estas 
bruscas variaciones nos ponen mui sensibles el cutis y los bronquios, por 
cuyas puertas entra a veces la tisis. Por esta razón, sin que en Santiago se 
tengan fríos bajo cero, ni excesivos calores, siente uno aquí mas el frió que 
en el norte de Europa. Los alemanes que yo he tratado y curado sienten 
aquí mas el frió que en su pais, siendo así que aquí apenas cuaja la nieve y 
en su tierra nieva una vara y mas, permaneciendo semanas y meses sin 
derretirse. 

Constipados.— La causa anterior, las mutaciones atmosféricas, traen con- 
sigo los frecuentes y tenaces constipados, los cuales, si caen al pecho, 
como se dicejeneralmente, pronto atacan al pulmón, viniendo la tisis en 
seguida. Un constipado mal curado esaqui, mas que en otra parte, una causa 
frecuente de calentara. Es por esta razón, que no están de mas las precau- 
ciones que se tomen para no constiparse, y para curarse bien, como si 
fuera una enfermedad grave, luego que se sienta uno con el enemigo en- 
cima; cuántos y cuántas no tienen que arrepentirse, aunque tarde, por no 
haberse curado un simple constipado! 

Supresión de la traspiración.— Felizmente, aquí se suda mui poco, aun 
en el rigor del verano. El temperamento es mui seco y el aire se roba el 
humor de la traspiración antes que se acumule en el cutis bajo la forma de 
sudor. Sin embargo, la pequeña traspiración que por regla jeneral aquí se 
tiene, conviene respetarla como si fuera un sudor copioso en otros países; 
¿qué digo, pequeña traspiración? hasta el desabrigarse estando el cuerpo 
acalorado para que se resientan los bronquios y todo el órgano pulmonar. 
Suprimida la traspiración o espantada, digámoslo así, la acción vital del 
cutis y trasladada al pecho, tenemos un motivo mas de calentura a los 
numerosos que hemos apuntado. 

Aire infecto y corrompido. — El aire cargado de miasmas vejetales y ani- 
males que se hallan en plena putrefacción envenena la sangre, y a lo que 
mas dispone es a sufrir del pulmón, porque allí es donde el aire funciona 
y se pone en contacto con la sangre y con la vida. En otras partes hai la 
ventaja que en saliendo a los paseos o alejándose de ciertas calles, se res- 
pira buen aire, pero en Santiago no: vivimos en el centro de una atmós- 
fera corrompida que yo no sé corno podemos resistir. 

Habitaciones. — Los sirvientes que tenemos son desaseados; las acequias 
interiores que atraviesan son un canal continuo de inmundicias; las esteras 



PROLOGO. LXXl 

y alfombras de nuestras piezas nos sirven para tener encubierto el polvo y 
otras cosas, todo lo cual contribuye, con lo que ya viene de la calle, a 
que tengamos un aire irrespirable. 

Luces en los cuartos. — Es mui jeueral en otros países dormir a oscuras y 
aquí, a cansa de los temblores, es casi de necesidad el dejar luz en los 
cuartos de dormir. Si esta luz fuera de fina esperma o de cera pura no 
tendría mas inconveniente qne el consumir el oxíjeno del aire y dejarnos 
una porción de ácido carbónico, que es un gas irrespirable; pero todas las 
luces no son de esperma ni de cera, sino que son de hediondo aceite o 
de asqueroso sebo, que al inconveniente indicado de consumir el oxíjeno y 
producir ác ido carbónico, se agrega el tufo de óxido de carbono y de gases 
empírreumáiicos que envenenan mas el aire, y lo hacen casi irrespirable. 
El buen alumbrado de esperma no ha pasado aun de los salones y me dá 
no sequé de lástima cuando en las piezas interiores, donde viven los niños 
chiquitos con sus amas, veo un velón de sebo con tamaña pavesa, hedionda 
como la misma hediondez, que quisiera sustraerá las pobres criaturas de 
aquel foco inmundo, en una época en que necesitan respirar el mejor aire 
para que su sangre se robustezca y sus órganos adquieran solidez. Esto 
mismo sucede en los cuartos de los pobres enfermos. Están sufriendo acaso 
del pulmón \ tienen a su lado la hedionda vela de sebo que los mata; ¡qué 
efectos han de producir las medicinas si no se quitan las causas de ios 
males! 

Mala alimentación. — Los alimentos de mala calidad o insuficientes, los 
consideran todos los autores como una poderosa causa de tisis. Aqui na- 
die se muere de hambre y los alimentos pasados, como se dice, o adulte- 
rados tampoco los hai; pero en cambio, el exceso de una alimentación fría 
como son las frutas, empobrecen la sangre, debilitan y predisponen a la 
calentura. 

Helados. — No sé que en ningún pais se tomen tantos helados como en 
Santiago, ni que se tomen en tanta cantidad. Esta causa, unida a otras 
muchas, entorpece la dijestion, roba uua gran cantidad del calor natural al 
organismo, corta el cuerpo como se dicejeneralmente, y coslipa el pecho; 
empezando asi la afección al pulmón que se agravará cada dia con la re- 
petición de la misma causa. 

Golpes al pecho. — Las vueltas dea caballo, las ajitacíones que sufre el 
órgano pulmonar después de grandes galopes y otras causas semejantes, 
contunden los tejidos internos, infiltran la sangre y se forman focos de 
inflamación que con el tiempo llegan a-ser apostemas que ponen en peli- 
gro la vida del enfermo. 

El mucho escribir.— Parece que el suave movimiento de la mano al es- 
cribir y el lijero peso de la pluma no podrían influir en el pulmón hasta el 
punto de ser esta una causa de calentura; pero la esperiencía me enseña 
todos los dias ejemplos notables de lo que influye en el pulmón el mucho 
escribir. Empiézase por sentir al pulmón derecho o a toda la espalda 
un dolor como de cansancio, pasajero al principio y permanente después, 
que debilita poco a poco la respiración de ese pulmón; se infiltra de hu- 
mores blancos y viene la calentura en seguida, sino se echa a un lado, por 
algún tiempo siquiera, las pesadas tareas de la pluma. La postura encor- 
vada que se toma para escribir, impidiendo que se dilaten bien los pulmo- 
nes, contribuye al daño que el uso de la pluma hace en el pulmón. De todas 
las personas, cuyo oficio o profesión es la pluma, ninguno se resiente 
tanto como los pobres taquuj rufos sino fuera porque su trabajo dura una 



I/XX1I PROI.OOO. 

parte del año nada mas, morirían todos del pulmón en poco tiempo, como 
los birlocheros de la carrera, echando sangre por la boca. 

La costura. — Esta causa es poderosísima para la tisis; obra del mismo 
modo que la anterior, el pulmón derecho se pone dolorido, se debilitan 
sus funciones i pronto se pica de calentura si no se vota a un lado la costura . 
Todos los días veo enfermas del pulmón por esta causa en la Dispensaría 
de Yungai. 

El canto, los gritos y la costumbre de hablar alto fatigan el pulmón, lo 
debilitan y disponen a esta enfermedad. 

El estudio de las causas que dañan el pulmón no lo creo agotado, ni 
con mucho; pero me contento con haber señalado todas las principales in- 
fluencias para que cada uno evite aquellas que mas daño le hagan, o en 
cuya esfera de acción está metido. 

Ya que el estudio de la 1. a cuestión que me habió propuesto lo consi- 
dero concluido, aunque no agotado, voi a resolver la 2. a cuestión que es la 
siguiente: 

¿Puede prevenirse la calentura en Santiago'} — Mi contestación es afirma- 
tiva, pero afirmativa en el mas alto grado. La razón es rnui sencilla: todas 
las causas enumeradas, y cuidado que no falta una siquiera de alguna im- 
portancia, todas, tienen su antídoto en la hijiene o en la materia médica, 
pero no un antídoto cualquiera sino uu antídoto poderosísimo, capaz de 
destruir toda predisposición. Y sino recorramos las principales. 

El temperamento linfático, el culis fino y la conformación tísica tienen su 
correctivo poderoso en el ejercicio al aire libre, en la jimnasia y en la buena 
alimentación. 

La edad, el sexo femenino, el corsé, ¿quién no conoce lo que puede hacer 
en su favor la hijiene y la terapéutica? 

La herencia parece escapar a nuestra influencia, pero la hijiene, la jim- 
nasia, los viajes y la separación de las causas que puedan debilitarlo, bastan 
a mi modo de ver para destruir su predisposición. 

Los excesos sexuales, el vicio solitario y las demás enfermedades que tie- 
nen relación cou el pulmón bien pueden evitarse, y cuando ya existen, la 
homeopatía sabe curarlas radicalmente. 

Las influencias atmosféricas, los constipados etc., bien pueden prevenirse 
con las ablusiones hidropáticas o mejor aun con los remedios que la ho- 
meopatía aconseja. 

La respiración de un aire de malas condiciones, puede evitarse por los 
remedios que están al alcance de todo el mundo. 

Santiago debia ser el pais mas sano del mundo, porque aquí naturalmente 
no haí epidemia ninguna y por lo que hace al pulmón, falla siempre la causa 
principal que en otros países produce la calentura; a saber, el aire frió y 
húmedo. Aquí al contrarío, tenemos todo el año un temperamento seco. 

En Santiago se padece de calentura a fuerza de debilitar tanto la natura- 
leza; que sino, no se vería un solo caso de tisis. Si tuviéramos un tempera- 
mento frió y húmedo, la calentura no podría evitarse, pero no teniéndolo, 
es lo mas fácil si no dejamos que se debilite la naturaleza o si la fortificamos 
cuando ya está debilitada. 

¿Hui alguna persona que tema padecer calentura? no se debilite y pasará el 
peligro. 

¿Haí alguna persona que ya sufra calen'ura? fortifiqúese y aun puede tener 
remedio. 
A esta tan poca cosa se reduce la calentura. Sin embargo, por si en un 



M\0L0G0. LXXllf 

caso los tónicos comunes no alcanzaren a contener la enfermedad, vo¡ a in- 
dicar los tómeos homeopáticos que convienen, según los casos, para que 
el enemigo desaparezca. 

5.» cuestión. — ¿Se puede curar la calentura una vez que se haya manifes- 
tado?— Cuando la enfermedad ha llegado a un periodo muí avanzado, son 
pocos los recursos que cuenta la medicina para curarla. Yo dejo a un lado 
los recursos, mas o menos poderosos, de la otra medicina en su aceite de 
hígado de bacalao, que entre paréntesis es mui bueno (porque es tónico), 
en sus fuentes, en sus revulsivos y en sus espectorantes. 

Dejo también á un lado los consejos hijiénicos que lodos pueden deducir 
del estudio de las causas, que anteriormente hemos enumerado; y me limi- 
taré únicamente a considerar la enfermedad en sus manifestaciones o sín- 
tomas, prescindiendo del sitio que ocupa en los pulmones, de las fases que 
presentan los tubérculos, etc., etc. 

Síntomas de calentura. — Tos. — Es la tos el síntoma mas constante de la ca* 
Untura, acompañándola desde el principio hasta el fin: a veces este es el pri- 
mer síntoma que se presenta, sin necesidad de que haya precedido un cons- 
tipado. La los es producida por la irritación que producen en los conductos 
aéreos los tubérculos incipientes que se diseminan en las partes pulmonares: 
a veces es una comezón, cosquilleo o una irritacioncita nerviosa de la trá- 
quea o larinje la que provoca la tos; otras es una flemiía que se adhiere 
a tal o cual parte de la iráquea o bronquios lo que obliga a toser. La tos 
sospechosa es la que se presenta sin antecedente alguno, es mas bien tosed- 
lia que verdadera tos; aparece indistintamente a cualquier hora y es seca 
jeneralmente. Esta tos que llaman los nerviosa, conviene atenderla cuando 
otras circunstancias nos hagan temer, porque la tos por sí sola es un sín- 
toma mui insignificante. La curación de esta tos se obtiene pronto con acón, 
nuxv., bri. o sulf.; ademas pueden estar indicados bell., cham., cin., dros., 
hep., hyosc, mere, lach., phos., rhus., spon., spig., etc. 

Ademas, si el aire frió provoca la tos está indicado phosf. 

Si se manifusta después de haber bebido, ars. y phosf. 

Si es lo mismo, a corta diferencia, por el día que por la noche, licopo* 
clium, spong . 

Si se manifiesta mas estando acostado, ciña, hijos., sulf. 

Si viene después de un enfriamiento, nux m. 

Si es mayor por la mañana, alum. ant., chin. 

Si es mayor por la noche, acón., bell., bri. cale, nux v. 

Si es mayor a la tardecita y a prima noche, ars., bar., cale, hep., mere, 
sulf. 

Hai otra tos, losecilla también, que conviene atender desde el principio; 
no es seca como la anterior, sino húmeda, la cual se manifiesta en los su- 
jetos linfáticos, humorosos y pituitosos: precede o no a la tos la comezón 
en la ollita del cuello y se especlora una flemita mucosa que viene de 
los bronquios: los tubérculos incipientes promueven esta secreción en la 
mucosa bronquial y la tos consiguiente para arrojarla. Esta los, por sí sola, 
nóvale nada, pero sí se agregan otras circunstancias, y la losecilla que se 
manifestó naturalmente, sin previo constipado, se vé que no desaparece, en- 
tonces conviene atenderla como síntoma de importancia. Puls. es jeneral- 
mente específico en este caso, pudiéndose consultar ademas dale, cale., 
carb. v., cans., lie, mere., sep., sulph., stann., ele. 

Si la los húmeda se manifiesta al aire libre, nux v,, si después de comer, 

x 



ixxiv rnoi.or/O. 

bell., si por la mañana; cale, silc, ele, si por la tarde, sep., sloph.,e\.c> 
si por la noche, tari. 

Puede haber una los minia, seca por el día y húmeda por la mañana; en 
este caso nux v. es específico. 

La ios, por lo mismo que acompaña a todas las variedades que presenta 
esta enfermedad, es unas veces hueca y profunda; otras violenta, convul- 
siva, espasmódica y sofocante; otras áspera y sonora, invitante, corta o de 
inspiraciones pequeñas, etc., etc. Estas particularidades de la tos son muí 
atendibles en homeopatía, y yo me remito al mismo artículo tos en la medi- 
cina doméstica. 

Los que hayan tenido los muchas veces saben que, ademas de las varie- 
dades dichas, y las circunstancias enumeradas, hai síntomas q»e acompañan 
a la ios, los cuales contribuyen a hacerla mas incómoda. La los viene 
acompañada de dolores en la cabeza, en el pecho, en la espalda, en el ts- 
tómago, en los vacíos, en el vientre y aun en otras pai tes del cuerpo; otras 
varía de color la cara; hai sangre por las narices, por la boca, por los 
ojos y por los oídos; se presentan vómitos, evacuaciones, orina, etc. To- 
das estas particularidades influyen en la elección del remedio de la) modo 
que ellas por sí bastan para indicarle muchas veces. 

Si con la tos viene disnea, sofocación y padecimientos asmáticos, están 
indicados alum., am., ars., bel!., cin., cupr., lie, nux m., op., etc. 

Si con la tos viene agua a la boca, lach.; si hai conjestion de sangre a la 
cabeza, anac. ; sí viene con dolores a la cabeza, a manera de golpes o sa- 
cudidas, ars , cíIc, ipec, natr. m., rhus.; si el dolor de cabeza es como si 
ésta fuera aabrirse, bri., caps., natr. m.,nux v. T sulf., pbosf.; si es simple- 
mente dolor de cabeza, am., bri., cale, nux v., sulf., etc.; si los dolores 
son en los brazos, dig.; si en las caderas, bell., caust., sulf.; si punzadas en 
el dorso, mere, puls., sep.; silos dolores que acompañan a la tos obligan 
a gritar, chin ; si la tos empieza con dolores al estómago, bell.; si los 
dolores de estómago son al mismo tiempo que la tos, bell., ipec., licop., nitr. 
ae, phosf., rhus.; si los dolores son en la misma boca del estómago, ars., 
bri., lach., phosf., thuya; si son en la garganta, caps., carb. an., chin., 
hep., nux v., phosph.; si son punzadas en la garganta, kali., nitr. ae, nux 
vom., mere; si dolores en el pecho, ars., bell., cale, carb. v., chin.,dros., 
natr. m , phosf. ae, rhus., sulf., várale, zinc; si el dolor en el pecho 
que acompaña a la tos es como áe quebrantamiento o magullamiento, ara., 
ferr., veratr., zinc; sí es como una debilidad en el pecho, sep.; si con la 
los se siente el pecho como lastimado, ais., cale, carb v., caust., lach , 
magn. m., mere, nitr. ae, nux v., phosf., sulf., spong., spig.; si parece 
que el pecho vá a estallar o abrirse, brion., mere, zinc; si hai presto», 
chin., sil., sulf.; sipunzadas, acón., bri., stdf. si los dolores son en el vien- 
tre, ars., bell., coloe, con phosf., stann., sulf , verat, etc. En todos estos 
casos, parece que la tos vá a herir las parles indicadas, y que forman una 
sola enfermedad la los y los dolores que la acompañan, viéndose palpable- 
mente la unidad palolójica. Si se desatiende est unidad, el enfermo viene 
a curarse únicamente por los solos esfuerzos de la naturaleza, al cabo de 
mucho tiempo; al paso que, si se dá el remedio indicado, el alivio se siente 
desde luego después de una lijera agravación homeopática, si se ha dado 
mas remedio del necesario. 

Algunas veces con la los se vomita lo que se ha comido o bien las fle- 
mas y bilis del estómago; no es la fuerza de la tos la que hace vomitar, sino 
una circunstancia morbosa del estómago. Eu este caso, si son los ali- 



momeo. i.xxt 

mentos los que con preferencia se vomitan, conviene anne, bri., dig., dros., 
íerr., ipee, phosf. ac, rhus., stann., tart.; si con preferencia los vómitos 
son de bilis o flemas, etc., anac, bri., cale, cari», v., dig., dros., fer., 
kali., lach., nrnc v. phosf. ac, puls., sep., sil., sulf., tart., veratr., zinc; 
otras no alcanza a vomitarse, sino que es una náusea con vomituracion; 
en este caso conviene bell., carb. v., clin., dros., hep., ¡pee, kali., kreos., 
mere, mezer., natr. ni , nux. v., puls., sep., stann., sulf., etc. 

Aunque la tos de los calenturientos es jeneralmente tosecilla, sin embargo 
conviene no despreciar las circunstancias dichas, porque en estos últimos 
tiempos la tos convulsiva, con sus infinitas variedades de loa nerviosa, ha 
invadido también a los adultos, ocultándose así la calentura. Tísicos estamos 
viendo lodos los días, cuyo primer periodo de la enfermedad ha sido lo 
que podemos llamar una rama de los conoulsiua, que se hubieran curado 
radicalmente si su los, nerviosa corno se dice jeneralmente, se hubiera 
atacado como corresponde, sirviendo de guia las circuntancias que acabo 
de indicar. ' 

Hai algunas otras circunslancias de la tos, ma« o menos interesantes, 
<jue conviene tener en cuenta y que omito por no estenderme dema- 
siado. 

Espectoracion. — Es un síntoma tan constante de la calentura la especlora- 
cion que puede decirse que no falta nunca, como la tos: es cierto que hai 
calenturientos que espectoran muí poco, pero por regla jeneral los pulmo- 
nes se van arrojando poco a poco con el desgarro. Tiene muchas varie- 
dades; unas veces es serosa, acuosa, acida, amarga, amarillenta, blanque- 
cina, y otras salada, dulzaina, fétida, herbácea, etc., etc. 

Cada una de estas circunstancias influye en la elección del medicamento; 
si es acida, conviene lach.; si acuosa o serosa, magn. c, stann.; si amari- 
llenta, cale, con., puls., stapk., sulf., thmja., etc.; si blanquecina, acón, 
chin., puls., sulf.; si dulzaina, cale; phosf.; stann.; si espumosa, ais., lach ; 
si fétida, ars., cale, sidf., stann., natr. e; si jclatinosa, laux ; si grisácea , 
dros., lie, thuya.; si en masas redondeadas, magn. e, thuya.; í¡ mucosa, 
am. c, ars., bell., bri., carb. v., dulc., hep., laeh., mere , phosf., puls., sep ,sil., 
stann. sulf., thuya., etc.; si es purulenta cale, carb. an, chin., dros., lie, phosf., 
sil , sulf., etc.; si mucosa-sanguinolenta, acón., arn., ars., bri., ferr., Iae> 
natr. m.. phosf., zinc , etc.; si es verdosa, cann., carb. an., carb. v., dros., 
lie, magn. c : phosf., sep., stann., sulf., thuya.; si es viscosaij tenaz, ars., 
conu., cham., chin., nux v., phosf., puls., stann. staph., etc. 

Ademas, si la espeeloracion es mui abundante, reclama cuphras., hep., 
lie, puls.,5amí>., sep., sil., stann., sulf., veratr.; si es difícil de despren- 
derse, ars., chin., kali., lach., sep., stann., sulf., aui\, zinc, si es mui 
fácil, kreos , veratr.; si se aumenta al aire libre, nux v.; y si después de 
comer, bell.; si por la mañana, cale, carb. an., cham., dros., eufr., kali, 
magn. c, nux v., phosf., sep, etc.; si por la noche, cale, staph., tari.; 
si por la tarde, phosf., sep., staph., etc. 

Hemoptisis o sangre por la boca. — Este síntoma es poco común en San- 
tiago, comparativamente como yo lo he visto en otros paises; se presenta 
en el primer periodo de la enfermedad; suele desaparecer en el segundo 
para volverse a presentar en el tercero. Al principio la sangre proviene de 
la mucosa bronquial y es producida por la violencia de la tos: al fin de la 
enfermedad proviene de las úlceras o cavernas y es producida por la rotura 
de algún vaso pequeño. 

Independiente de los remedios que exije la tisis, requiere este síntoma 



LXXYÍ I'ROT.OCO. 

que se le atienda especialmente. Cuando la sangre proviene de las infla- 
maciones parciales que se forman en la circunferencia de los tubérculos, 
en lugar de las sanguijuelas que se aplican jeneralmenie, el acón, es el re- 
medio específico; y si proviene de la rotura de algún vaso orn. debe pre- 
ferirse. Ademas, están indicados, según los casos, ais., bell., bri., cale, 
carb. v., chin., dulc, fer., hep., byosc, ipec, lach., nux v., op., pu!s., 
rhus., sil., staph., sulf., etc. 

Opresión al pulmón o al pedio —Este síntoma es mui común y a veces 
viene con la los y antes que la espectoracion: aparece en uno u otro 
pulmón, mas arriba o mas abajo, o en medio de la espalda; otras se es- 
perimenla en la tabla del pecho o a los lados, debajo de la islilla. Cuando 
este síntoma sobresale parece que se tiene un peso enorme en la parle 
afecta que impide sacar la respiración; su existencia y constante perma- 
nencia tiene bástanle valor. Suele ser nada mas que un síntoma nervioso, 
y otras, que es lo mas jeneral, proviene de la debilidad del pulmón en el 
sitio correspondiente y aun alguna vez acompaña a una aglomeración 
de tubérculos. Como en homeopatía no hai ningún síntoma desprecia- 
ble, los remedios que en este caso convienen son . acón. , avac. , avt., 
ars., asaf. , bell., bri., cale, ramph., canih., carb. i/., cham., chin., 
cin., dulc, ign., lie, phosf. ^plal., rhus., sec, sep., silic, stann., sulf., 
zinc, etc. 

Sensación de escoriaeion o de lastimadura. — El dolor de lastimadura ocupa 
el mismo lugar que la opresión, bien el pulmón, que es lo mas jeneral, 
bien el pecho o los costados. Este síntoma no siempre, ni con mu- 
cho acompaña a un estado ulceroso del pulmón o de los bronquios; es, 
por el contrario, mas bien un síntoma nervioso, que cuando la tos re- 
tumba en el lugar que ocupa merece la pena de atenderlo mui particu- 
larmente. Los remedios que pueden convenir, según los casos, son:c<c/e, 
carb. v., colch., ipec, lach., lie, magn. c, mere, phosf, rhus., sep., 
stann., slaph., etc. 

Prendimiento al pulmón o al pecho.— La palabra prendimiento, aplicada 
a cierta clase de dolores que se sienten en la caja del cuerpo, la he oido 
por primera vez en Chile, y creo que tiene mas significación que la de 
constricción, que se aplica en otros países con igual objeto. El prendi- 
miento se puede sentir en los mismos sitios que la opresión y la escoria- 
ción; cuando existe, impide bastante sacar la respiración; tiene menos sig- 
nificación que la opresión, y la escoriación; es algunas veces un síntoma 
flatulento. Cuando incomoda mucho y es consiante merece una atención 
particular. En otro caso, consúltense acón., alum., arn.,ars., aur., carb. 
an., carb. v., caust., cham., bell., ign., ¡pee, magn. c, magn. m , phosf., 
plat.,puls., sil., spig., stann., sulf., etc. Pero el medicamento por exce- 
lencia para estos dolores y que la esperiencia me ha confirmado en algu- 
nos miles de casos, es nux v. 

Ademas de estos dolores, que son bien marcados, hai otros que afectan 
en distintas formas, corno cortantes, dilacerantes, punzadas, etc., los cua- 
les corresponden mas bien a lesiones de las pleuras que de' los pul- 
mones. 

Mutidcz o sonido a macizo en los pulmones o el pecho. — Cuando el pulmón 
está permeable o penetrable al aire, dá un sonido hueco la percusión que 
se hace en el pulmón o en el pecho, excepto en la rejion del corazón. 
Pero cuando el aire no puede entrar en el pulmón bien sea porque lo ¡ur- 
dida una masa tuberculosa bien por debilidad, el sonido es a cosa maciza. 



PROLOGO. LXXYII 

Este signo, que jeneralmente ocupa una pequeña parte del pecho o del 
pulmón, tiene mucho valor en la enfermedad que nos ocupa. El, por sí 
solo, puede marcar la estension del mal y cuando se aplican remedios loca- 
les, indica el punto donde debe ponerse el cáustico, el parche o las san- 
guijuelas. A veces ocupa toda la estension de un pulmón; otras solo un 
pequeño punto; y algunas, aunque raras, dos porciones considerables de 
ambos pulmones. Cuando aparece en un punió estenso, en otro hai un 
sonido mucho mas claro que lo ordinario; y es común auscultar el médico 
un pulmón y si encuentra en él una respiración parecida a la de un niño, 
ya sabe que recorriendo toda la cavidad, ha de encontrar matidez en algún 
punto. Conviene distinguirlo de otras enfermedades. 

La homeopatía no tiene remedios qie en la experimentación pura, hayan 
dado este síntoma; por consiguiente, cualquiera que sea el remedio que se 
dé en este caso, como sulf., cale, sil., etc., se va tan a ciegas como van 
los médicos de la otra escuela. 

Lo mismo digo de los ruidos anormales que se presentan a la ausculta- 
ción en el curso de la enfermedad. Estos ruidos, como la egofonia, bron- 
cofonia, tañido metálico, gorgoteo, estertor cavernoso, etc., tienen mucha 
significación para el diagnóstico y para el pronóstico, pero ninguna para 
el tratamiento, asi en una medicina como en otra. 

Alteración de la voz. — Es esta a veces el primer síntoma de la tisis, apa- 
reciendo antes que la tos misma y que la opresión. El que una vez haya 
percibido este síntoma le queda grabado para siempre y lo sabe distinguir 
de otras alteraciones de la voz. Esta es una voz como de tiple, si es- que 
puede compararse con alguna cosa. Este síntoma, que lo he observado mu- 
chas veces, es de mal pronóstico y no conozco remedio particular que le 
esté indicado. 

Ronquera y afonía. — La ronquera es un síntoma común también a muchas 
clases de constipados que tiene grande importancia para el diagnóstico; 
depende de que la irritación bronco-pulmouar se. ha propagado a las cuerdas 
bucales situadas en la larinje; cuando este síntoma persiste y acompaña a la 
enfermedad es de mal agüero. La afonía o falla de voz es mas rara: también 
acompaña a ciertos constipados, pero desaparece o disminuye mas pronto 
que la ronquera; cuando se manifiesta gradualmente en el último periodo 
de la enfermedad es un signo mortal jeneralmente. La homeopatía tiene un 
gran número de poderosos medicamentos que aplicar, según los casos, sir- 
viendo de guia estos síntomas accesorios o concomitantes de la calentura. 
Asi es que pueden consultarse bell., bri., carb. v., caust., cham., dros., 
dulc, hep., mere, natr. e, nux v., phosf , puls., rhus., sil., sulf., etc. 

Para la ronquera catarral ordinaria, con tos o sin ella, consúltense, cham., 
carb. v., dulc. mere,, nux v., puls., rhus., sulf., etc. 

Para la ronquera Clónica, carb. v., caust., hep., phos., sil., sulf., etc. 

Para la afonía están indicados los mismos remedios que para la ronquera. 

Di mea. — A los síntomas enumerados ya como la tos, espectoracion, etc. 
acompaña la dificultad de respirar en un grado mas o menos alio. Este 
síntoma es muí variable; suele faltar en los dos primeros períodos de la 
enfermedad y manifestarse únicamente al fin de ella: oirás existe desde el 
principio un poco de cansancio, sobre todo cuando se ajila el paciente, 
que puede confundirse con el que se esperímenta en las enfermedades del 
corazón. 

En la disnea o respiración difícil se pueden consultar muchos medica- 
mentos, casi lodos los de la materia médica, pero principalmente, acón., 



i.xxvnt PROLOGO. 

agar.,alumb., amb., am. e, anae, ars., aur. bar. e, boíl., rase, cann., 
earb. un , carb. v., cuasi., con., dig., dros., dulc, dios. , hep., kuii ., 
lie, lach., mere, natr. e, natr. m., nitr. ae, nux. v., plum., puls., sep., 
siT., stann., sulf., eic, etc. 

Fiebre .—La fiebre de los tísicos es mas bien una fiebrecilla que se suele 
manifestar por la tarde y a prima noche; se suda por la madrugada y el 
resto del dia se está bueno. Tiene bastante insignifieacioii este síntoma, 
cuando persiste por mucho tiempo y lo acompañan otros, por que la esperien- 
cia ha confirmado que entonces es cuando se empiezan a reblandecer los 
tubérculos. Por sí solo este síntoma no requiere una medicación especial; 
a no ser que él sobresalga mucho y los demás síntomas estén adormeci- 
dos. En este caso pueden consultarse a cale, ars., chin., coce, phosf., sil., 
sulf., etc. 

Coloración de las mejillas.— Con la fiebre y hacia la misma hora en que 
esta aparece , y por el mismo motivo, se presenta una eh apela lacre en una 
délas mejillas, con mucho calor enja parte que disminuye o desaparece 
con la liebre. Este síntoma no es mui común en Santiago; yo lo he visto 
ron mas frecuencia en otros países. Tienen tanto o mas significación que la 
fiebre porque si es contante todos los días, indica un foco de supuración en 
el pulmón del mismo lado. Si a este síntoma acompañan los demás, el diag- 
nóstico llega a ser evidente. Como síntoma aislado no merece un trata- 
miento particular, pero si se presentan algunas dudas entre los remedios 
que deben darse al paciente, se da la preferencia al que en igualdad de cir- 
cunstancias tenga esta particularidad. Puede consultarse a cale, acón., dnle, 
lach., lie, phosf., sulf., etc. Si estos remedios no están indicados por el con- 
junto de síntomas, en lugar de dar al enfermo cosas frescas (pie pudieran 
agravarle latos, se le dá una dosis de acón, que sirve para moderar la in- 
flamación del foco pulmonar. 

Ardor en la palma de las manos. — También con la fiebre viene en el último 
periodo de la enfermedad un ardor en la palma de las manos que es bas- 
tante mortificante. Si por los demás síntomas, hai dudas de cual es el re- 
medio que debe preferirse, el ardor de las manos indica lie, petr. phosf , 
sep., stann. 

Ardor en la planta de los pies. — Se presenta este síntoma en la misma épo- 
ca y por el misino motivo que el ardor de las manos: él ñor sí solo indica 
a calcárea, amb., anac, kreos., licop., mago, m , phosf. ac.,fuls. t sulf., 
sil., etc. 

Frió en lospiés. — El hielo y frialdad constante de los pies es mui común en 
Santiago, y personas hai que ni aun en la cama logran calentarse sino a fuerza 
de friegas y botellas calientes. Este síntoma, que se esperirueniu aqui aun 
en la mejor salud, si es que salud cabal puede haber con él, es común 
a muchas enfermedades. Cuando está relacionado con la calentura se pre- 
senta mas bien en el principio de la enfermedad; no tiene jamas tanto va- 
lor diagnóstico como el ardor. Cuando se duda en la elección del remedio, 
y existe el [rio de pies, consúltese a carb. an , alum., anac, cansí., coce., 
con., graph., kali., licopodium, natr. e, nitr. ae, phosf., sep., sil., sulf., 
sianu., etc. 

Síntomas morales.— Los enfermos de verdadera calen'ura o sea tisis tu- 
berculosa presentan con frecuencia el fenómeno raro de no tener aprensión 
y creer que no tienen nada oque están mejores cuando se están muriendo. 
Hablan de sus negocios, de todos sus proyectos y del porvenir como si 
estuvieran sanos y buenos, aunque les quede solo unos cuantos días de vida. 



rnouxio. lxxix 

Cuando yo veo un paciente de esta enfermedad, o que se sospecha que 
tiene calentura y lo veo mui aprensivo, digo para rní mismo, esta es buena 
señal; el enfermo no tiene calentura. Si por el contrario, los sintonías son 
ciertos o casi ciertos y el enfermo oculta su enfermedad y la busca en otra 
parle, mala señal. Si en esle síntoma consistiera la elección del remedio, 
por equilibrarse los demás, debe preferirse a sulf.; carb. an., lie-, inang., 
phosf. ac, plum., stann., etc. 

Diarrea.- En toda enfermedad del pulmón la diarrea es mal síntoma. Se 
presenta jeneralmente a lo último del mal y proviene de la irritación ulce- 
rosa gue bai en los intestinos: aunque la sangre se depura mucho con esta 
evacuación y la espectoracion disminuye, sin embargo, ella por sí sola de- 
bilita mucho al paciente y conviene atenderla cuanto se pueda, mereciendo 
a veces un tratamiento particular, aunque paliativo: ar., chin., veratr., 
phosf., phosf. ac, secal., etc., so» excelentes. 

Sudores. — Como el temperamento de Santiago es seco, no hai aquí mucha 
disposición a traspiarr; con todo no dejan de presentarse algunos casos en 
que los sudores son abundantes desde el principio d<;l mal. Lo mas jene- 
ral es que solo vengan en el último periodo y comparlan con la diarrea y 
la espectoracion la depuración de la sangre. Asi es que si con algunos reme- 
dios se logra disminuir la abundancia de los sudores, aumenta la especio- 
ración o la diarrea y vice versa. Los sudores son comunmente de medio 
cuerpo para arriba; a veces se limitan al pecho, cuello, cabeza, etc., o 
solo a una de estas partes, y suelen ser tan abundantes que llegau a pasar 
el colchón y a humedecer las tablas del catre. Cuando son tan abundantes 
y acompañan a la enfermedad en todos sus periodos, ellos por sí solos pue- 
den variar la elección del remedio, con tal que no se halle en oposición 
con oíros síntomas característicos. El remedio cuando hai sudores copiosos, 
se encuentra en sulf. o mere, jeneralmente; también convienen chin., ars., 
cale, phos., sil., verair., ele. 

Decúbito o postura que puede lomar el en fermo. — Sobre esto hai muchas ano- 
malías, aun en el estado de salud: personas hai, y es lo mas jeneral, que 
duermen indistintamente, ya de un lado ya de otro; otras que solo duermen 
del lado del hígado, o solo del lado del corazón. Todo esto debe averi- 
guarse antes de darle importancia a la postura que ahora loma el enfermo. 
Este duerme a veces mejor del lado sano, otras del lado aféelo y aun en 
oirás solo puede descansar de espaldas o incorporado. Si estas circunstan- 
cias sorr mui marcadas, deben tenerse en cuenta al elejir el remedio. Si se 
duerme de espaldas, convienen acón., ars , dros., nux v., puls., plat., sulf.; 
si se duerme del lado izquierdo bar. c; sino se puede eslar acostado, lie, 
sulf.; si no se puede eslar acostado del lado derecho, bri.; si del lado iz- 
quierdo, lie; si -de espaldas, phosf. 

Los síntomas esenciales de la enfermedad se encuentran jeneralmente en 
un corlo número de ellos; hai tisis que es un toser noche y dia de no aca- 
bar; otras en que la espectoracion es abundantísima, sin que la tos sea de- 
masiada; en otras preponderan las diferentes clases de dolores; en otras 
los sudores, la fiebre, etc., etc. Pues bien, en estos casos, conviene bus- 
carle el específico a la enfermedad por la via analítica que he seguido. El 
trabajo no deja de ser ímprobo, pero la recompensa es grande, pues solo 
así se llevan todas las garantías de acierto que pueden apetecerse. 

Los mejores medicamentos para lalísis, según eljórdeiijcon que los colocan 

algunos son; en primer lugar: cale, hep., kal., lie, phosf., puls., stann., 

spoug.; en segundo lugar, ars., chin., dros., lerr., lach., nilr. ae, sep.» 



LXXX MIOLOGO. 

sil., sulf.: en tercero bri., carb. v., con., dulc, kreos., laur., mere, 
nntr. m. 

La tisis que sobreviene a una pulmonía mal curada reclama: I.° lie, 
2.° ferr., hep., lach., mere, sulf.; la que viene después del abuso del 
mercurio, carb. v., hep., lach., nitr. ac, sulf. 

Cuando no queda duda de la existencia de tubérculos, hep. alternado 
con espongia; o cale, kal., lie, phosf., puls., stann.; o ars., carb. v., 
lach., mere, nitr. ae, samb., sil., sulf., etc. 

En el primer periodo conviene particularmente, amm., cale, carb. v., 
lie, phosf., nitr. ac, sulf.; en el segundo hep., spong., o cale, kal., lach., 
lie, phosf., puls., sep., sil., sulf. 

En las familias de muchos hermanos que algunos hayan muerto de ca- 
lentnra, lícop. puede prevenir la enfermedad tomándolo a la aparición de /os 
pi ¡meros síntomas sospechosos. Creo tener un caso de curación de esta 
clase en Santiago; hace año y medio o masque el paciente tomó licop. con 
el cual se suspendió la losecilla, la opresión al pulmón, etc., y después acá 
no ha tenido quebranto su salud. Algunos hermanos habían muerto de tisis 
tuberculosa. 

No he descendido a la distinción de las diferentes clases de calentura por- 
que no las considero de mucha importancia para la elección de los me- 
dicamentos, aunque sí lo sea para el pronóstico. 

El curso de la enfermedad es mas o menos rápido y su duración desde 
algunos meses, a uno, dos o mas años. 

Se presentan algunas veces calenturas de un curso mui rápido y termina- 
ción fatal, cuyo asiento parece ser mas bien la sangre que los pulmones 
mismos, aunque en realidad no es así. Los síntomas culminantes son una 
íiebrecilla continua, con lijeras exacerbaciones; un calor abrasador en las 
entrañas y una sed insaciable; acón, ars., y canth., a dosis pequeñas y re- 
petidas, solos o alternados, me han producido siempre alivio. 

Cuando esta enfermedad ha llegado al enflaquecimieuto colicuativo, con 
sudores, diarreas, postración en la cama, etc., cuenta pocos casos 
de curación; yo solo he obtenido hasta ahora dos, uno en la llábana, en 
una señorita asistida largo tiempo hacia por los primeros médicos, de la 
cual me encargué después de una junta en laque se confirmó ser una tisis 
tuberculosa 1 en tercer periodo e incurable absolutamente; nuxv.y sulf. la 
curaron en poco tiempo. 

El enfermo de Santiago no lo cito por si acaso él no lo tomase a mal. 
Pero aquí también hubo juntas a la que asistió uno de los catedráticos de la 
Facultad de Medicina, y en ellas se consideró el caso fuera de los recursos 
comunes. Vimos todos la espectoracion tuberculosa: sulf., cale y mere 
curaron radicalmente; van ya tres años y el enfermo está bueno: 

Tengo ademas, según aparece, curaciones en el primer periodo, en per- 
sonas que mis comprofessres creyeron tuberculosas. 

Indico eaos casos porque no se desespere de la curación, cualquiera 
que sea el estado del enfermo y el periodo de la enf rmedad. 

Los tónicos comunes y al fíente de ellos el aceite de hígado de bacalao, veo 
que produce mui satifactorios resultados en manos de mis compañeros, lo 
cual no tiene nada de estraño, si consideramos que la calentura es siempre 
una debilidad esencial. 

Este trabajito sobre la calentura, estoi mui distante de considerarlo 
acabado. 



MIOLOCO. LXXXl 

ENFERMEDADES DEL HÍGADO. 

Llegamos por fin a la enfermedad por excelencia de Santiago; todos los 
padecimientos juntos que aquí se sufren no igualan en número ni en con- 
secuencia a la enfermedad del higndo. Los sufrimientos del pulmón son 
mui comunes, los del corazón mucho mas, pero los del hígado son en 
mayor número que todos ellos. Según mis observaciones, sufren del hígado 
en Santiago, calculando en grande y contando en números redondos, 
óchenla mil, de los cien mil habitantes que tiene la población. La enfer- 
medad del hígado la considero aquí en toda su estension y en todas sus 
variedades, desde el simple estado bilioso o de superabundancia de bilis, 
que poco o nada altera la salud, hasta la hipertrofia, la apostema y los 
cálculos biliarios. 

Una monografía o tratado especial de la enfermedad del hígado seria un 
trabajo digno de mis comprofesores, particularmente de los que llevan 20 
y mas años de práctica en la capital. 

Yo no voi a considerar aquí mas que las causas, las manifestaciones o 
síntomas de la enfermedad biliosa y el tratamiento homeopático, reserván- 
dome para otro tiempo acaso el hacer otra cosa mas completa. 

La hepatitis aguda o ataque violento y febril al hígado lo voi a dejar a un 
lado, 4.° porque no es mui frecuente; y 2.° porque su tratamiento es mui 
sencillo y mui seguro en homeopatía: acón., cham., nux v., y sulf., bastan 
jeneralmente para curar pronto y bien esta enfermedad. 

Lo que importa saber curar es el estado crónico del hígado, ese estado que 
parece que no es nada y dura toda la vida. Sobre esto es sobre lo que yo 
llamo la atención y voi a ocuparme. 

Causas— 1 .* la debilidad. — También la debilidad la cuento en los padeci- 
mientos del hígado como causa principal, o mas bien como una condición 
indispensable para que hagan mella las demás causas que voi a enumerar. 
El hígado necesita cierto grado de vida, de enerjía y de tono para segregar 
la cantidad de bilis necesaria a los actos dijestivos, cualesquiera que sean 
los estimulantes de su vitalidad, con tal que no recorran en poco tiempo 
«na escala de muchos grados. La tonicidad funcional del hígado conviene 
que esté a cierta altura, para que la secreción biliaria no se altere, por el 
poco mas o poco menos estímulo de las cosas que habitualmente operan 
sobreestá entraña. Si el hígado está mui débil, todo lo que llega al estó- 
mago, refiriéndonos solo a eite orden de causas, juega, por decirlo así, 
con la bilis o con el órgano que la produce; este no resiste la impresión que 
recibe y la debilidad misma convierte en bilis la gran cantidad de sangre 
que pasa por el órgano hepático. Por el contrario, un hígado entonado, con 
tal que esté sano, contiene su secreción biliaria en ciertos límites y no dá 
la bilis que le piden, sino la bilis necesaria para la dijestion de los alimentos. 

La práctica viene también en apoyo de esta teoría. En jeneral, los tónicos 
bien dirijidos hacen provecho a todas las enfemedades del hígado; yo no he 
visto, en mi numerosa clientela y en aquellos que me consultan solo por 
curiosidad, que les hagan daño los tónicos, mas que a cuatro o cinco en- 
fermos; y aun a estos creo que les hacen daño Ios-tónicos comunes, porque 
en un principio les irritaron su estómago con una medicación enérjica; 
pues veo que les sientan los tónicos homeopáticos. En uno de ellos, a quien 
le hacía daño el hierro y el sulfate, hice la prueba de darle acónito, que es 

XI 



I/XXXIl PROLOGO. 

un remedio fresco, pero nrtii bilioso, y vi con admiración que le había hecho 
daño, aunque mili pasajero. 

Idiosincrasia biliosa. — Llámase asila preponderancia vital del órgano he- 
pático, que otros lo llaman temperamento bilioso. Es demasiado evidente y 
está al alcance de todo el mundo esta influencia, en pro de las enfermeda- 
des del hígado, para que me detenga a probarla. 

Plétora abdominal. — Doi este nombre a la abundancia de humores en el 
vientre, así en el hígado como en todas las entrañas de esta cavidad. La 
circulación en este caso es mas activa, las venas llevan al hígado mas can- 
tidad de sangre y de humores, sobre todo si el sujeto es comedor y eJ mo- 
vimiento orgánico del parénquima hepático es mucho mas activo; de donde 
resulla la mayor disposición a enfermarse. 

Mal réjimen. — Aquí es donde yo he venido a conocer la influencia perni- 
ciosa de esta causa que, por ser tan jeneral en la capital, podemos llamar la 
causa sanliaguina. El comer a toda hora, desde la mañana hasta la noche, 
haciendo un revoltijo de alimentos lo mas incoherente que puede imajinar- 
te, es la costumbre que se sigue en todas parles. No hai horas para almor- 
zar, ni para comer, ni para cenar; o bien si en esto se signe algún orden, 
en los intermedios se come de todo lo que se encuentra a mano. El niño 
empieza el dia comiendo algo al instante que despierta; si se le viste ha de 
ser comiendo, si se le entretiene ha de ser con alguna cosa de comer, que 
tenga en la mano: llega la hora de almorzar y apenas prueba de lo que se 
pone en la mesa, a no ser quesea el té, la mantequilla, etc.; sigue el resto 
del dia como empezó la mañana y suele quedarse dormido con algo en la 
boca que lo entretenga. Esta costumbre viene desde muí chiquitos. Así que 
nacen, y a veces antes de lavarlos, ya se les pone el chupón en la boca: em- 
piezan después a mamar y siempre están con el pecho en la boca, fuera de 
las horas del sueño; si lloran, aunque sea por dolorcitos y no por hambre, 
allá vá el pecho; con nada parece que se les puede acallar sino mamando. 
Crece la criatura y ya hemos visto lo que sucede; come de todo: crece mas 
y sé hace grande, y entonces pocas veces se tiene el estómago vacio a no 
ser que la naturaleza misma rechace todo alimento. Esta continuidad de 
alimentarse pervierte las secresiones del hígado y de todos los actos dijes- 
livos, que desde el primero, que es la masticación, hasta el último, son 
esencialmente intermitentes. El hígado, acosado por la continua necesidad de 
saturar los alimentos que llegan al duodeno (el primer intestino que es don- 
de desagua la bilis), trastorna el orden funcional a que Dios lo habia some- 
tido y enpieza a enfermarse para siempre. La plétora abdominal y la idio- 
sincrasia biliosa dependen casi siempre de este desorden de alimentarse. Es- 
la causa ocupa lin lugar preferente entre las que hacen enfermar al hígado. 

Las frutas.— Estas son mui ricas en la provincia de Santiago y necesita 
uno ponerse en guardia para no estar comiéndolas a toda hora. La fruta es 
un alimento sano y un recurso para los pobres en todas partes donde se dá 
con abundancia, pero aquí por lomarla verde y comerla hasta reventar, es 
causa de muchas lipidias y de muchos ataques al hígado. Aquí se llama 
fruta madura la que está pintona nada mas; y no creerían en otros países, 
como yo lo he visto en Santiago, en tiempo de brevas, que un brevero no 
venda su carga enlodo el dia si están bien maduras, y que las despacha 
luego si están liesecitas. Lo que de las brevas digo pasa con los durasuos, 
con las peras, etc. La fruta verde, sobre todo cuanto se loma en gran canti- 
dad y se come a toda hora, aunque sean las doce de la noche, necesita para 
dijerirse una gran cantidad de bilis, obligando de este «iodo al hígado a que 



PROLOGO. LXXMM 

mímente sus funciones secretorias, que es lo que constituye ya un primer 
grado de enfermedad. 

Dulces.— Con dificultad habrá un país donde se consuma, proporcional- 
mente, mas azúcar y se coma mas dulce que en Santiago. El dulce se toma 
a toda hora, no solo los niños para quienes es veneno, sino los grandes. El 
desengraso es tomar una gran cantidad de dulce, jeneralmente variado, co- 
mo si fuma el único alimento. Personas hai cuyo alimento es un poco de 
asado y postres, frutas, dulces, etc. El dulce, casi todo se convierte en fle- 
mas, que necesitan una gran porción de bilis para dijerirse, lo cual obliga al 
hígado a funcionar como en un primer grado de enfermedad. 

Helados. — Los helados después de la comida o cuando la dijestion está a 
medio hacerse son perjudiciales al hígado, por cuanto interrumpen la di- 
jestion misma y alteran la secresion biliaria, iniciando así un primer grado 
de padecimiento bilioso. Los helados suspenden en su primera impresión las 
secresion es mucosas de las partes que atraviesan y del estómago, cuyo re- 
troceso de humores vá al hígado y le dispone a enfermar. 

Agua fría.— Obra del mismo modo que los helados, aunque en un grado 
inferior. La esperiencia nos enseña que el beber agua fria durante la comida 
o cuando la dijestion no está hecha, interrumpe esta función, lo cual no 
deja da afectar al hígado también. El agua fria en el estómago, bebida du- 
rante la comida, conjela la grasa que se ha tomado en los guisos, la apelo- 
tona en el estómago y hace que se demore la dijestion; y como todo retardo 
en esta función perjudica al hígado, viene a convertirse en causa morbífica 
por este medio, una cosa tan inocente, al parecer, como es el agua fria. 

Grasa.— El aceite de olivo y la manteca de chancho están desterrados 
aquí de nuestras cocinas, teniendo que hacer uso de la grasa de vaca, mez- 
clada con sebo, para lodos los guisos, fritos y demás aliños que necesitan 
las cosas que comemos. Aunque esta sustancia parece inocente, como se usa 
en gran cantidad jeneralmente y tiene disposición a conjelarse en el estó- 
mago, su dijestion es dilícil y obliga a que el hígado funcione con mas activi- 
dad de lo ordinario, constituyéndose así en causa morbífica de esta entraña. 

Agua de Santiago. — Esta es de mui mala calidad porque o se loma barro- 
sa, tal como viene de Maipo, o se toma filtrada o destilada en nuestras 
piedras, privada de! aire atmosférico, que es lo que la hace dijestible. En 
el primer caso, el concho barroso que deja el agua en reposo, lo deposita 
en el estómago e intestinos, el cual, parle se absorve y vá al hígado; y par- 
te se ad'iiere al estómago e intestinos, para dificultar la secreción de los 
jugos necesarios a la dijestion, convirtiéndose de este modo en causa mor- 
bífica del hígado. En el segundo caso, es decir, cuando el agua está filtrada 
o destilada, y por consiguiente privada de su aire atmosférico, su dijestion 
es de lo mas penoso que puede imajinarse, lo cual como es sabido perju- 
dica al hígado. Para conocer lo mala que es el agua de Santiago, no huí 
mas que lener en cuenta lo siguiente. En todas partes las aguas de pozo son 
de inferior calidad y aquí son al contrario, mucho mejor que el agua des- 
tilada; es verdad que hai que tener en cuenta la corriente subterránea que 
tienen las aguas, lo cual las hace mas saludables. 

Falla de condimentos. — Antiguamente, según los dalos que yo he adqui- 
rido, se usaba ají picante en todos o en la mayor parte de los guisos, lle- 
gando a lomarse por este medio una comida cálida, confortante g iónica, 
que la hacia mas agradable y sabrosa que la del presente: privada como 
está de este y otros condimentos, que la hacen de fácil dijestion. La razón 
que yo veo para este cambio, es la siguiente. A un médico de París se le 



LXXX1V FKOI.OCO. 

ocurrió decir un día, que todas las enfermedades provenían de irritación: 
esta proposición fué probada entonces o al menos todos los médicos creye- 
ron que la había probado, cuya creencia se esparció por todo el mundo, 
donde llegaron los apóstoles del nuevo Hipócrates. En Santiago se predicó 
esta doctrina y se creyó en ella, por cuya razón se desterró el picante y 
demás condimentos estimulantes, llegando a prepararse por este medio una 
comida fría y pesada, como un plomo, en lugar de la cálida y iónica que 
se tomaba antes. Esta influencia llegó basta Talca inclusive; es decir, hasta 
donde llegaron los médicos; porque desde el Maule para allá el picante está 
en uso como aquí lo estaba hace cuarenta anos. Cuando yo tuve el honor 
de acompañar, hace tres años, a S. E. el señor Presidente de la República, 
en su viaje a las provincias del sud, hice esta observación. Las comidas que 
nos dieron en Raueagua, Rengo, San Fernando, Cuneó y Talca, estaban to- 
das aliñadas con poco o ningún ají y otros estimulantes; pero lo mismo fué 
pasar el Maule y llegar a Longomilla, que se nos preparó una comida con 
tanto ají que parecía que tenia fuego. Desde Longomilla en adelante, el ají 
y los estimulantes se prodigaban en las comidas a manos llenas, y cuál no 
seria mi sorpresa al ver que a todos nos sentaban bien estas comidas cálidas, 
sin causarnos inflamaciones de las entrañas, como yo esperaba que sucedie- 
ra, ni aun a los mismos enfermos que llevábamos en la comitiva. Todo lo cual 
me llamó mucho la atención y no he cesado desde entonces de hacer mis 
observaciones sobre este particular. La comida sin estimulantes larda mu- 
cho en dijerirse, y es'uiia causa poderosa de enfermedad al hígado. Por ser 
exclusivamente mías estas ideas y estar en oposición con las que veo profe- 
sar a todo el mundo, no las emito, sino después de numerosas observacio- 
nes y de mucha meditación. 

Comer demasiado. —La demasiada cantidad de aumentos en una sola comi- 
da, llenando el estómago hasta que no cabe mas, hace las dijesliones difí- 
ciles, y el hígado tiene que funcionar doblemente para saturar de bilis el 
alimento, lo cual es ya un principio de enfermedad. El alimento debe to- 
marse lo bastante para vivir y que nuestra regla de conducta en la mesa sea, 
comer para vivir, y no la contraria vivir para comer. 

Mala masticación.— La mala dentadura, que en Santiago es mui común, 
hace que no se puedan mascar bien los alimeutos, y que lleguen al estóma- 
go tal y como vinieron a la mesa. Esta circunstancia hace que el estómago 
ejecute dos funciones, la suya propia y la de los dientes, lo cual retarda 
mucho la dijestion y refluye sobre el hígado esta demora, obligándole a que 
prolongue su función. 

Bebidas a medio fermentar. — Las diferentes clases de chicha, los vinos del 
paisa medio fermentar, y los vinos estranjeros aliñados en Valparaíso, de- 
sarrollan una gran cantidad de gases en el estómago e intestinos, cuya cir- 
cunstancia, flatolenta en alto grado, altera la secreción biliaria y dispone a 
la enfermedad del hígado. 

Mate.—E\ uso del mate, particularmente en ayunas, con mucha azúcar 
y pan de la jen te, produce una gran cantidad de tremas y estimula altamente 
la secreción de la bilis, llegando a constituir por este medio un primer grado 
de sufrimiento hepático. 

Uso de remedios. — Entre las poderosas causas de que el hígado sufra tan- 
to en Santiago, cuento, como una de las principales, el uso diario de medi- 
cinas, desde que se nace hasta que se muere. No he visto ningún país, ni 
tengo noticia de que lo haya en el mundo, donde se tome mas remedios 
que en Santiago. Para cualquier indisposición, por insignificante que sea, 



rnoLooo. lxxxv 

alh van drogas y mas drogas al estómago, sin reflexionar que los pequeños 
niales está encargada de curarlos la sabia naturaleza. Los remedios que 
entran en el estómago, van todos al hígado o influyen sobre la secreción de 
la bilis, como los purgantes; cuya circunstancia activa las funciones bilia- 
rias y dispone el hígado a enfermarse. 

Vomitivos.-— Estos, dicho se está por sí mismo, al hígado van a parar, y 
no liaren buen efecto sino cuando se arroja con ellos una gran cantidad de 
bilis. Por de pronto, el hígado queda desahogado y el estómago limpio, pe- 
ro al dia siguiente tenemos la misma ocupación o mayor aun, porque el im- 
pulso secretorio, que recibió el higado, de los vomitivos, sigue todavía y la 
cargazón aumenta. 

Purgantes. — De los vomitivos se hace uso mediano en Santiago, pero de 
los purgantes se hace el mayor abuso que yo he visto. No tanto culpo a 
quien aconseja los purgantes, sino a los mismos enfermos y allegados, que 
se empeñan en que se les recele siempre purgantes, lista es una me- 
dicina que todos los pacientes reciben a gusto, y cuando les hace obrar 
bastante, aunque estén peor de sus males, ellos se hallan muí satisfechos. 
Cualquier medicina, aunque sea buena, la suelen rechazarlos enfermos, pe- 
ro los purgantes rara vez o nunca. En diciéndoles que su enfermedad con- 
siste en una cargazón de bilis y flemas o en un ocupación de los intestinos, 
y que, para sacarlos, es necesario tomar unos purgantitos, aunque sean 
media docena, se dan por rnui satisfechos y aceptan la medicación. Los pur- 
gantes obran todos sobre el hígado y lo dispouen a enfermarse, corno una 
poderosa causa morbífica. 

Mercuriales. — El mercurio, bien como preparativo la noche anterior, bien 
como ayudante de la purga, se dá con tanta jeneralidad y profusión que yo 
no sé, como no se mueren todos los enfermos. Es verdad que la fetidez de 
su aliento, la boca corrompida, la dentadura en el aire o picada, y su con- 
tinuo sufrir del hígado, indica que no han tomado impunemente el mas per- 
judicial de todos los medicamentos conocidos. Es tanta la influencia que el 
mercurio tiene sobre el hígado que, el que quiera estar enfermo de esta entra- 
ña, no tiene mas que tomarlo de cuando en cuando, aunque no sea mas que 
como preparativo, y halagado con la idea de que el purgante del dia siguien- 
te se lo hará botar. El mercurio, una vez que se apodera del organismo, no 
sale jamás, ni con todos los purgantes de la droguería, ni con todos los 
sudores que se pueden tomar en los baños de Chillan o de Cauquenes. 

Lavativas. — También las lavativas, por el estímulo que producen en el rec- 
to, cuyas simpatías con el hígado son tan conocidas, aumentan la secreción 
de la bilis y disponen al hígado a enfermarse. 

Almorranas. — Esta enfermedad, que suele ser nada mas que un síntoma 
de padecimiento al hígado, se convierte a su vez en causa morbosa de esta 
entraña, por el estímulo secretorio que produce en la función biliaria. Los 
remedios estemos, que se aplican a las almorranas, si calman la irritación 
de estas, perjudican al hígado, porpue refluye a él la vitalidad hemorroidal, 
que estaba acumulada en el recto. Tanto peor son los remedios estos para 
el hígado, cuanto mas bien hacen a las almorranas. 

Disenteria. — La irritación intestinal, que acompaña a la disenteria, y sobre 
todo, la del intestino recto, determinan simpáticamente un aumento de se- 
creción biliar que, continuado por algunos dias, semanas, etc., produce 
una afección hepática, mas o menos grave, que dura mucho tiempo, y es 
causa a su vez de que se reproduzca la disenteria bajo el aspecto bilioso. 

Supresión de diarreas.— La supresión intespesliva o repentina de una día- 



LXXX.VI PROLOGO. 

rrea, sobre todo en los niños cuando esián dentando, es una causa poderosa 
de enfermedad al hígado o al cerebro, porque refluye a estas entrañas la 
irritación intestinal, que producía la evacuación. 

Supresión de erupciones. — La desaparición de cualquiera humor cutáneo, 
bajo la influencia de ciertas pomadas o de otros remedios, aunque sean pur- 
gantes, suele traer consigo afecciones hepáticas, tanto mas rebeldes, cuanto 
es mas difícil el que vuelva a su lugar primitivo el humor cutáneo. 

Lombrices. — Los vermes intestinales, cualquiera que sea el punto que 
ocupen, estómago o intestinos, irritando la mucosa, aumentan la secreción 
biliar y disponen a las enfermedades del hígado. 

Golpes, caídas, etc. — Las lesiones traumáticas del hígado son causas de- 
terminantes de su influencia, pero esta entraña tiene ademas la particula- 
ridad que no tiene ninguna otra, cual es la de afectarse por golpes que se 
reciben en partes mui lejanas, como en la cabeza, o por caídas, que magu- 
llan el cuerpo a mucha distancia del hígado. Los golpes y vueltas de a caba- 
llo son mui apropósito para conjeslionar el hígado e inflamarlo. 

Enfriamientos y constipados.— Esta es una causa poderosa de enfermedad 
al Jugado; la supresión de la traspiración refluye sobre el hígado, lo mismo 
que cualquier enfriamiento por variación de temperatura o por tomar una 
cosa fria, aunque sea fruta, estando el cuerpo acalorado. Todos los autores 
dan importancia a esto orden de causas, pero no creo que en ningún pais 
se puedan apreciar mejor sus efectos que en Santiago. Constipados hai pu- 
ramente del hígado, sin tos, sin romadizo, sin dolor a los huesos, etc., 
que se curan, o se alivian al menos, guardando abrigo y sudando. Los cons- 
tipados al hígado, yo no los había visto mas que en Santiago, los cuales, 
si se descuidan o no se conoce la causa, se convierten en padecimientos 
crónicos que duran toda la vida; porque un constipado del Jugado mal cu- 
rado, tiene los mismos resultados que tino del pulmón. 

Afecciones morales. — Las incomodidades, las rabias, la ira, el despecho y 
todos los arranques del ánimo que conmueven el espíritu, refluyen mas o 
menos sobre el hígado, donde parece que tienen su asiento y morada natu- 
ral. Los afectados del hígado por estas causas, parece que tienen su órgano 
de percepción en el hipocondrio derecho, donde van a impresionar las mas 
pequeñas incomodidades. Cuando estas se tragan, sin el consuelo del desa- 
hogo, se convierten en veneno para la bilis. Esta adquiere cualidades irri- 
tantes, y el hígado del pobre enfermo esquíen lo paga. 

Trabajos inielecluales. — El estudio y la meditación tienen sobre el hígado 
una influencia morbosa, apreciada en lodos tiempos. Parece que el cere- 
bro en estas circunstancias, atrayendo liácia sí todas las influencias vitales, 
dificúltala secreción biliaria y deja que esta se estagne en c! hígado, convir- 
tiéndose de este modo en una poderosa causa de enfermedad biliosa. 

Vida sedentaria. — El modo de obrar de esta causa morbífica, se parece 
al de la anterior; también en esta circunstancia la bilis no se segrega con fa- 
cilidad y se queda reposada en el hígado, pana convertirse en una especie de 
espina o cuerpo estraño, que lo irrita e inflama. Para que el hígado funcio- 
ne bien, necesita un reposo completo del cuerpo y del espíritu, como en el 
sueño, o una suave ajitacion jeneral, como la que resulta de un paseo a 
pié, conversando agradablemente con unos amigos. 

Andar a pié. — Las señoras, acostumbradas como están al poco ejercicio, 
se resienten mucho del hígado, cuando andan a pié unas cuantas cuadras. 
El peso del hígado, aumentado como está de volumen, no teniendo en que 
apoyarse, gravita perpendicularmente y se resienten todos los ligamentos 



miologo. lxxxth 

que lo sostienen en su lugar, poniendo delicadas las partes y aumentando 
el dolor. 

Cargar macha ropa. — Ya en otra parte hemos hecho mención de esta cau- 
sa, según la cual las muchas enaguas que llevan las señoras, lastiman el 
hígado, y hace que se resienta toda su sustancia parenquimatosa. 

Hincarse o ponerse de rodillas. — Esta postura, la mas violenta que puede 
adoptarse para el layado, es matadora en los padecimientos de esta entra- 
ña. Estos tres órdenes de causas se parecen mucho en su modo de obrar, 
y la última no deja de ser aquí una causa bastante jen eral. 

Oirás enfermedades. — Los padecimientos de los órganos vecinos al hígado 
o de los que con él tienen muchas simpatías, son causa también de la en- 
fermedad hepática. 

Clima. — Los autores señalan un clima cálido como la influencia mas po- 
derosa de enfermedad al hígado, pero en Santiago felizmente no tenemos 
que sufrirla. 

Edad y sexo. — La edad adulta es en todas partes, y el sexo femenino en 
la época crítica, los mas dispuestos a sufrir del hígado; pero en Santiago 
padecen a corla diferencia lo mismo uno y otro sexo; y en cuanto a la edad 
desde mu i niños se empieza a padecer. Yo he reconocido hipertrofias en 
los niños a los siete meses de edad y aun a los seis. 

Indicadas ya las principales causas de los padecimientos del hígado, aun- 
que no agotado su estudio, pasemos a considerar sus manifestaciones o sín- 
tomas. 

Síntomas de las enfermedades del hígado.— Dolor. —El dolor es uno de los 
síntomas que aparecen primero y que acompaña a la enfermedad en todos 
sus períodos, sin que jamás le abandone. El dolor se siente en toda la re- 
jion que ocupa el hígado, o bien un poco mas arriba o un poco mas abajo. 
Cuando ocupa la rejíon posterior es común que se eslienda a lo largo del 
pulmón derecho, hasta la paletilla esclusive, o inclusive otras. Cuando ocu- 
pa la rejion lateral o la anterior, suele también propagarse hacia arriba, 
pero no tanto ni tan frecuente, como cuando ocupa la parte posterior. El 
dolor se propaga también hacia abajo hasta la mitad del vientre, y hasta el 
hueso de las caderas, por los lados y por atrás. Cuando el dolor se estien- 
de hacia arriba por contigüidad dé órganos, lo verifica, conservando su 
mayor intensidad en el mismo hígado y disminuyendo hacia la periferia; 
mas cuando lo hace hacia abajo, no siempre es así: el dolor es algunas ve- 
ces mas intenso fuera del lugar que ocupa la entraña; y aun algunas veces, 
hai mui poco o ningún dolor en el hígado, y sí lo hai un poco mas abajo, 
en circunstancias que todos los síntomas de la enfermedad revelan un pa- 
decimiento hepático. El dolor salta a veces a partes distantes, dejando ile- 
sos los órganos intermedios: yo lo he observado mas de quinientas veces en 
nlguuo de los puntos siguientes: i." en la islilla o rejion supra clavicular; 
2.° en la articulación del hombro; 3.° en la paletilla solo y no en la articu- 
lación del hombro; 4.° en la articulación dicha y en la paletilla; 5.° en el 
brazo derecho, desde el hombro hasta el codo; G.° en toda ía estremidad 
derecha, hasta las últimas falanjes de los dedos inclusive; 7 «en la articula- 
ción de las caderas con el muslo; 8° en el muslo hasta la rodilla inclusive, 
y no mas abajo; 9.° en toda la estremidad derecha inferior, hasta el pie 
inclusive; 10° en todo el lado derecho, incluyendo ambas estremidades. 

En todos estos casos la enfermedad del hígado era evidentísima y se podía 
diagnosticar, prescindiendo absolutamente de todos los dolores simpáticos. 
Es mui frecuente en el estado crónico encontrar estos dolores simpáticos, que 



txxxvitt rnoLoco. 

los ve uno disminuir y desaparecer según los progresos que hace la cura- 
ción hepática. 

Cuando existen estos dolores simpáticos, hai siempre o casi siempre dolor 
al hígado; es común que se estiendan mas en la estremidad superior, en 
parte o en todo, que a la inferior; suelen aparecer en una estremidad y 
no en otra; yo he visto dos casos de existir solo el dolor en la estremidad 
inferior. 

Estos dolores simpáticos parece que tienen su asiento en el centro mismo 
de las articulaciones y a lo largo de los huesos. 

Cualquiera que sea la naturaleza de los dolores hepáticos y cualquiera que 
sea la enfermedad del hígado, todos los dolores simpáticos tienen de común, 
el que se parecen a un quebrantamiento, molimiento o caimiento de Ja parte 
que ocupan. Los pacientes se acusan de estos dolores, diciendo que tie- 
nen caido el hombro o caido el brazo; pesada la pierna o caida la pierna o 
que tienen caido y sin fuerzas todo el lado; que no pueden tomar la aguja o 
la pluma en la mano, que llevan la pierna a la rastra, etc. 

Esto es por lo que hace a la estension del dolor que por lo que hace a su 
naturaleza, tiene infinitas variedades, siendo las principales, las que siguen: 
Dolor quemante o ardor al hígado. — Se siente en la misma parte del higa- 
gado, hacia el lado, mas bien que atrás o adelante, y ocupa a corta dife- 
rencia la estension de la mano. Parece que tiene su asiento en la superficie 
del hígado y se alivia co» la aplicación de cosas frías a la parte afecta: acón., 
am. c, ch., kal., labry., mere, stann., etc., son los remedios que convie- 
nen a este síntoma. 

Dolor constrictivo o de prendimiento. — Este dolor es mui común en las 
enfermedades que se sufren en Santiago. Suele ocupar toda la estension del 
hígado, y se propaga con frecuencia al estómago y a una parte del vientre 
o del costado: nux. v., es el que yo he visto mas eficaz, y después sulf., 
puls., acón., bell., carb. an., chin., etc. 

Dolor punzante o de clavo. — También este dolor es mui común. Convie- 
nen para este síntoma acón., brí., cale, carb. v., caust., chin., kal., lie, 
nux. v., mer., sep., sulf., etc. Para las punzadas pasajeras convienen los 
mismos remedios y algunos mas como mag. c, magn. m., natr. e, natr. 
ni., etc. 

Dolor presivo o como si apretaran el hígado. — Convienen acón., am. c, 
anae, arn., cale, carb. an., carb. v., chin., con., nux v., phost., stann., 
sep., sulf., etc. 

Dolor pídsativo o como si estuviera madurando alguna cosa. — Convienen 
nux v., sep., sil. 

Dolor incisivo o como si estuvieran cortando o revanando el hígado. — 
Convienen carb. an., lach. 

Dolor de escoriación o de ulceración o como si el hígado estuviera lasti- 
mado.— Convienen lact., sabad., sil. 

Dolor al hígado, que se parece a un calambre; phosf., ae 
Dolor sordo y constante al hígado; hyose, acón., amb., dig., nux v. t 
mere, etc. 

A veces parece que hai una venda al rededor, en cuyo caso conviene con. 
o lie; en otras ocasiones es tan variable y tan raro que los pacientes no 
pueden compararlo a ninguna cosa conocida, sino al dolor mismo. En este 
caso conviene elejir el remedio según el resto de síntomas. 

Hinchazón al hígado (hipertrofia).— La hipertrofia del hígado se considera 
en homeopatía cuino un síntoma de la enfermedad y no como la enfermedad 



WWLOISO. LXXXlX 

misma. Esta es siempre dinámica o vital y sus síntomas son dolor, hiper- 
trofia, secreción aumentada de bilis, etc. 

Cuando el sintonía hipertrofia se presenta en un padecimiento hepático y 
las circunstancias del caso exijan que se atienda a él con preferencia, con- 
vienen acón, ars., cale, cann., chim., graph. lie, magn. c, magn-m., mere, 
nux v., sil., sulf., ele. 

Aumento de secreción biliaria. — El aumento de bilis es uno de los sínto- 
mas mas constantes de la enfermedad que nos ocupa; unas veces se re- 
tiene en el mismo órgano y forma una conjestion biliosa, que se derrama 
por cámaras o viene al estómago y se presenta en el vómito. El acón., el 
mere, la nnx v., sulf., son los medicamentos que pueden correjir mejor 
esta disposición. 

Diarrea biliosa o bilis por el ano. — Si la bilis es amarilla convienen, ars., 
asnf., cham., chin., cocc, coloc, ign., ¡pee, magn. m., mere, nalr. c, 
pliosf., plumo., puls., etc.; si la bilis es verdosa, conviene aui. m., ars., 
bell., canil)., cham., coloc. dulc, hep., ¡pee, magn. c, mag. m., mere., 
nux v., phosf., puls., sep., stann., sulf., veralr., etc.; si la bilis es oscura 
y negrusea, convienen agar., amb., ars., asa f., camph , dulc, magn. c.¡ 
magn. m., ¡pee, mere, op., pliosf., sulf., veratr., etc. 

Si la bilis se retiene en el hígado y el escremento es blanquecino, con- 
vienen, acón., ars., bell., cale, caust., chin., cham., cin., colch., dig., hep,, 
ign., mere, nux v., puls., sulf, etc. 

S¿ la bilis no corre bien y hai estitiquez, convienen ars., bri., cale, cann., 
causl., con., graph., lach., natr. m., nux v., ¿op., plat., puls., sep., slaph., 
sulf., veralr., etc. 

Si por no correr bien la bilis, el escremento es duro, conviene acón., agar., 
am.c., am. m , arit., asa., bri., cale, cocc, con., hep., ign., mere, nux v., 
plumb., sil., sulf. 

Si por la misma causa el escremento sale en forma de pelotillas (escre- 
mento caprino) conviene, magn. m., plumb., sep., bar. e, carb. am., caust., 
cale, graph., plumb., sil., stann., sulf., etc: 

Si por la misma causa, la necesidad de obrar se presenta, pero sin re- 
sultado, conviene anae, arn., carb. an., caust., ign., lie, mere, nalr. c. t 
nalr. m., nuxv., sep., sil., sulf. 

Si por la misma causa, el vientre anda perezoso, convienen am. e, hyose, 
lach., magn. m., nux m., phosf , rhus., sep., sil., slaph. 

Si por la misma causa el estreñimiento alterna con la diarrea, convie- 
nen, ant., bri., lach., nux v., rhus., ele. 

Si la bilis se presenta por vómitos amargos, convienen acón., ant., ars., 
cann., cham., ipec , nux v., phosf, puls , sep., sulf., etc. 

Si la bilis vomitada es verdosa, acón., ars., cann., ipec, lach., lie, phosf., 
plumb , puls., etc. 

SiJa bilis vomitada es negruzca, art., cale, chin., ipec, nux v., phosf., 
plumb., sulf., veralr., etc. 

Si la superabundancia de bilis se manifiesta bajo un gusto mui amargo, 
convienen acón., ant., am., bri., cale, carb. am., carb. v., cham., chim., 
lie, nalr. e, nux v., puls. sil., veralr., etc. 

Si la bilis se presenta en la lengua bajo de una capa amarillenta, con- 
vienen bell., bri. cham. chin., cocc, coloc, ipec, nux v., plum., puls., 
veralr., ele 

Si la bilis se presenta en el culis y en los ojos bajo la forma de ictericia, 

xu 



xc rnoLOfíQ. 

convienen mere, chin, hep., lach., nux v. t sulf., bell., cale, ars., acón., 
carb. v., dig. etc. 

Si se présenla en la orina, dándole a esta un color ictérico o amarillento, 
conviene agar.,carb. v., cham, natr. e, veratr. 

Si la bilis afecta al ánimo y pone colérico y violento al paciente, convie- 
nen acón., bri., nuxv., ars., cham., sulf. coloc, cocc, etc. 

Si la bilis pone al enfermo triste y melancólico f conviene nux v., sulf., 
ign., staph-, etc. 

Si el estado bilioso quita la gana de comer, convienen anl., arn., bri. t 
cale, chin., hep., mere, nux v., puls., sulf., etc. 

Si el estado bilioso retarda la dijestion y la hace pesada, difícil, flatulen- 
ta, convienen arn., bri., cale, carb. v., chin., lach., nalr. e, natr. m., 
mere, nux. v., puls., sep.,s¡L, hep., sulf. 

Si el agua fria es lo que mas daño le hace, convienen ars., caps., cham , 
chin., nalr. e,nux v., sulf., etc. 

Para los demás estados gástricos consúltese la medicina doméstica. 

La fatiga o acabamiento al estómago depende de la presencia de la bilis 
en esta entraña y el acónito es buen remedio. 

Para los padecimientos hepáticos, que afectan los órganos respiratorios 
y circulatorios, nos referimos a lo que se ha dicho ya hablando de sus en- 
fermedades. 

El agrietamiento délos labios y el desprendimiento del culis, de las pal- 
mas de las manos, en partes pequeñas, revelan jeneralrnente un estado 
crónico del hígado y reclaman, sulf., cale, graph., etc. 

Para el ardor de las manos y pies, y para la frialdad de estos, que tam- 
bién se presentan en las enfermedades del hígado, nos referimos a lo dicho 
en las del pulmón. 

En la cabeza se presentan también dolores simpáticos para los que con- 
vienen consultar acón., bell., mer., nux v., puls., etc. 

Las almorranas sintomáticas de una enfermedad del hígado, reclaman 
principalmente, nux v. y sulf., y también acón., anl., ars., bell., cale, 
carb. v., caps., cham., ign., puls., etc. 

Lo dicho hasta aquí se refiere principalmente al estado crónico, que es 
lo que se sufre en Santiago; los ataques al hígado violentos son fiebre alta, 
ect., se presentan pocas veces y ya hemos dicho que su curación es muí 
sencilla, con acón., nuxv., cham., sulf, etc. 

Si una enfermedad del hígado ha terminado por supuración y se forma 
una apostema, lach. es soberano, y también sil. y sulf., para favorecer su 
resolución o el que esta se abra paso al esterior sin comprometer la vida. 

Si junto con un padecimiento del hígado se presentan señales evidentes 
de cálculos biliarios, bien porque se arrojen algunos de estos o porque el 
curso y tenacidad de los dolores así lo indiquen, junto con otros síntomas, 
convienen dos clases de medicación, una durante los dolores, y otra en los 
intermedios. Durante los dolores conviene elejir el medicamento, según los 
síntomas que se presenten, que jeneralrnente corresponden a bell., mere, 
nux v., cham., coloc, y sus semejantes; pasado el ataque conviene sulf., 
nux v., lie, cale, y algún otro según los antecedentes del enfermo. 

Cham. me calmaba en el acto los violentísimos dolores calculosos de una 
paciente, cuyos gritos se oian a mucha distancia; p3ro reaparecían mas 
larde y al fin no sirvió ya cham.: nux v. me hizo lo mismo, aunque no tan, 
pronto el efecto, pero la calma era por mas tiempo; ars. producía igual 
efecto y demoraba el ataque algunos meses. Al fui todo fué inútil; los cal- 



PROLOGO. xr.i 

culos no pudieron salir de la vejiga de la hiél y terminó mal el caso: treinta 
y dos gruesos cálculos formaban el depósito. 

En otro caso, los padecimientos se prolongaban indefinidamente y a las 
primeras dosis de nux v. y de sulf. alternados, el paciente empezó a arro- 
jar cálculos Itasia el número de cuarenta próximamente, de todos tamaños. 
El paciente sanó radicalmente al parecer. Este enfermo, que padecía del 
hígado hacia mucho tiempo, tomó dos años antes del último ataque, en otro 
parecido, nux v., y el mal desapareció por entonces, sintiéndose los efectos 
del medicamento en los primeros instantes de haberlo tomado. 

Otros casos he tenido que han pasado los ataques con alguno de los 
medicamentos dichos, pero no se ha confirmado la existencia délos cálcu- 
los en las deposiciones. 

Reasumiendo ahora las indicaciones que corresponden a cada medicamen- 
to, resulta: que el acón, debe emplearse al principio del ataque, sobre to*« 
do cuando hai fiebre o irritación; es uno de los medicamentos antíbiliosos 
por excelencia que basta por sí solo para disipar muchos síntomas o para 
preparar el camino, y que otro remedio haga el bien; cuando hai fatiga, 
causada por la presencia de la bilis en el estómago o bien que haya vómitos 
biliosos y verdosos, o que la bilis esté retenida en el hígado, presentándose 
blanquizco el escremento, acón, repetido sienta muí bien. El dolor queman- 
te, las punzadas, la presión y la delicadeza del hígado corresponden al acón. 

Nux vómica. — La esfera de acción de este remedio es muí estensa, así 
en el estado agudo como en el crónico. Está indicado cuando el hígado se 
halla sensible a lodo contacto ya cualquier movimiento, aun los de la respi- 
ración; cuando los dolores del hígado son pulsativos, lancinantes, presívos 
y tensivos; cuando los dolores se eslienden al hombro y brazo derecho, 
hasta la mano; y lo mismo a la estremidad inferior; cuando el hígado está 
hinchado y duro; cuando la bilis no corre bien por los intestinos y se pré- 
senla la estitiquez, el conato inútil de obrar y el escremento es duro; o hai 
alternativas de estreñimiento y diarrea; o inapetencia, gusto amargo y vó- 
mitos de bilis, almorranas, humor bilioso, etc. 

Sulfur.— Su esfera de acción es, cuando hai tirantez, presión, tensión y 
punzadas en la rejion del hígado; cuando los dolores se estienden a la es- 
tremidad superior e inferior derecha; cuando hai plenitud, pesadez y ocu- 
pación en la boca del estómago e hipocondrio; cuando hai estreñimiento y 
deposiciones duras, nudosas e insuficientes; deposiciones blanquizcas, ver- 
dosas; almorranas que dan sangre; olor fétido de la boca, sabor malo y 
amargo, inapetencia, dijestion muí difícil; vómitos amargos, negruzcos, etc. 

Sin usar estos tres medicamentos, yo no podría curar en Santiago, sino 
un reducido número de enfermedades del hígado, porque apenas habrá un 
caso en que no estén indicados, uno u otro o los tres alternativamente. De 
cíen casos en que se administren en Santiago para esta enfermedad, ten- 
dremos por lo menos alivio en los noventa. 

Podría presentar ahora la cuestión de si es o no curable en Santiago la 
enfermedad del hígado. Mas ya se despreude naturalmente la contestación 
de las consideraciones que preceden. 

Creo, pues, que todas son curables, cuando se medicinan con tiempo y 
es bien dirijido el tratamiento homeopático, separando por supuesto las 
causas de la enfermedad. 



xcn rooLOf.o. 

CAUSAS DE LA DEBILIDAD. 



Hemos visto que la causa primera, y la fundamental por escelencia, del 
ataque al cerebro en los niños, y de las enfermedades del corazón, del pul- 
món y del hígado, es la debilidad, unas veces como causa dilecta y otras 
como una condición indispensable para que hagan mella en los órganos los 
demás ajenies morbíficos. Fáltanos, pues, para completar estas ideas, indi- 
car las causas de la debilidad, lo cual voi a hacer de un modo mas rápido 
de lo que yo deseo, atendida la importancia del asunto. 

Herencia. — Es una lei de la naturaleza orgánica el que, de una mala se- 
milla, sembrada en un terreno, malo también, no puede resultar una planta 
jigantesca. Y lo que en las plantas vemos, se observa en los animales do- 
mésticos, en los ganados y, en jeneral, en todos los animales. La especie 
humana, en su reproducción, obedece a la misma lei que los animales y las 
plantas. Los hijos de padres achacosos nacen enfermizos, y los de padres 
robustos, jeneralmenle vienen al mundo con todas las señales de una larga 
viavilidad. Esto, que es la lei jeneral, en todos tiempos y países, lo vemos 
confirmado en Santiago. Las criaturas nacen todas, salvo alguna que otra 
excepción, con señales evidentísimas de una debilidad radical. La primer 
señal de debilidad, aun en medio de la robustez aparente, que presentan 
los niños es, el estado flalulento de su vientre; mas tarde, el entorpeci- 
miento de su dijeslion, con alguna tendencia a la estitiquez; tendencia que 
suele quedar para toda la vida; mas adelante, se presentan, como señales 
de debilidad, un temperamento linfático, la predisposición escrofulosa, la 
impresionabilidad a las causas morbíficas, y la frialdad de pies, que tam- 
bién suele durar toda la vida. 

Desorden en las horas de tomar alimento. — De esta causa ya nos hemos 
hecho cargo, hablando del hígado, y nos volveremos a ocupar de ella en 
las reglas hijiénicas. Aquí solo diremos, que este desorden gasta las fuerzas 
dijestivas; del misino modo que el mucho leer a poca luz gasta la vista, y 
que se agota la facultad jeneralriz con los goces continuos. 

Uso prematuro de alimentos pesados que gastan la fuerza dijesliva. — No es 
la misma la lei del estómago, en su dijestibilidad, que la de los músculos 
en sus movimientos. Piensan muchos, que asi como los antiguos esparta- 
nos adquirían una constitución atlctica con los ejercicios jimnásticos, así 
también puede tenerse un estómago robusto, acostumbrándolo desde muí 
temprano a dijerir alimentos pesados. De aquí la costumbre de cargar el 
tierno estómago de un niño con las cosas mas indijestas que comen los 
adultos. Esia costumbre consume en poco tiempo las fuerzas dijestivas y, 
en lo sucesivo, no puede bastar para proporcionar el nutrimento necesario 
de los órganos; de lo cual resulta una debilidad constante por inanición y 
falta de alimento. 

Abuso de las frutas y heladas. — Todas las frutas, sí exceptuamos las 
nueces y los higos secos, son alimentos frios y esencialmente debilitantes,. 
El uso o mejor el abuso quede ellas se hace en Santiago, causa lipidias, 
llena de Hato y debilita en el mas alto grado, proporcionando a la sangre 
y a los órganos, en lugar de un qnilo reparador, un quilo acuoso que lleva 
la debilidad a todas partes. Los helados, entorpeciendo la dijestíou y sus- 
trayendo una gran cantidad de calórico al estómago, vienen u debilitar del 
mismo modo. 



PROLOGO.. XC.'H 

Dulces, bollos, rosqnilas, pan de huevo, etc.— Todas estas sustancias son 
flemosas y biliosas en el mas alio grado, cuyas flemas y bilis, ocupando el 
estómago y los intestinos, quitan la gana de comer, entorpecen la dijeslion 
de los buenos alimentos y debilitan de este modo el hor^anismo. 

_ Té, café, mate y aguas calientes.— Estas bebidas agradables y que sientan 
bien cuando la comida es una alimentación sustanciosa, se convierten en 
ajenies dañinos, debilitantes, cuando de ellas se hacen un abuso tan grande 
como el que aquí vemos todos los dias. 

La comida sin condimentos.— Ya en otra parte nos hemos hecho cargo de 
esta causa, la cual es una de las mas poderosas de la debilidad que se sufre 
en Santiago. 

Enorme cantidad de alimentos.— Creo que con el alimento que se consu- 
me en Santiago, podría mantenerse bien una población de trescientas mil 
almas. Si el autor del ensayo sobre el principio de la población Malthus, 
hubiera escrilo su libro en Santiago, en lugar de haberlo hecho en Ingla- 
terra, otros hubieran sido sus caballos sobre el crecimiento de la población. 
Los muchos alimentos, no robustecen, sino al contrario, debilitan masque 
los pocos, con tal que no pasen de cierto límiie. 

Uso prematuro de remedios. — Podemos asegurar sin temor de equivocarnos 
que, por la via dijestiva, entra la debilidad en el organismo, mas que por 
ningún otro sistema; y si los alimentos, cuando son indijeslos o se tornan 
en mucha cantidad, debilitan en alto grado, gastando las fuerzas dijestivas 
¿qué no liarán los remedios, sobre lodo los vomitivos y purgantes? Creo 
que esia causa es una de las mas destructoras de la vida y una de las mas 
causantes de enfermedades, por la circunstancia especial de usarlos desde 
que se nace. El agua bautismal de la criatura suele ser un purgante de 
aceite o un chupón antiílalulenio. 

Abuso de remedios durante el curso de la vida. — Como si fuera la cosa mas 
natural del mundo, lo mismo se loman aquí las medicinas de enero a enero 
que si fueran alimentos; cuando no son vomitivos o purgantes, son las 
pildoras A. o B , o lavativas o cualquiera otra droga venenosa; todo lo cual 
debilita o destruye el estómago y aun la vida. 

La jestacion mui repelida. — Acaso no l);ii pais en el mundo, donde la mu- 
jer sea tan fecunda como en Chile, y sabido es que los muchos partos acaban 
y destruye la naturaleza. 

Lactancia. — La lactancia es en todas partes una causa poderosa de debi- 
lidad, y siéndolo en todas partes, con mas razón en Santiago, donde la 
naturaleza es de suyo ya mui débil. 

La comida de viernes. — El único alimento regular que tenemos en Santia- 
go es la carne de vaca, y corno en las vijilias nos privamos de él, el resto 
de la comida es altamente flalulenia y debilitante. 

Los ayunos. — Estos son, no diré causa debilitante, sino la muerte del 
cuerpo, y todos lósanos mueren personas excesivamente piadosas, víclima 
de los ayunos llevados al estremo. 

Aire impuro. — El aire privado de una gran cantidad de oxíjeno por los 
miasmas que lo alteran, es una de las causas mas destructoras de nuestra 
salud en Santiago. Ya en otra parle nos hemos hecho cargo de esta cir- 
cunstancia. 

Uso prematuro de los órganos de la jeneracíon y abuso de los mismos en los 
primeros años de la pubertad. —Como esla causa se refiere solo al sexo mas- 
culino, no hago mas que indicarla porque con esto basta para que se me 



XCIV l'UOI.OCO. 

comprenda. Después de la vía dijesliva, este es el otro camino por donde 
mas se debilita la organización. 

Aunque liai otras causas de debilidad en Santiago, las principales son las 
indicadas, y para mas pormenores puede verse la ettolojia del cerebro, co- 
razón, pulmón e hígado. 

De modo, que si se me pregunta, el por qué en Santiago hai tantas en- 
fermedades, contesto; porque la naturaleza es mui débil. 

Y si se me exije que enumere las causas de la debilidad, digo, que son, 
la herencia, el continuo y mucho comer, el gastar las fuerzas dijeslivas an- 
tes de tiempo en los niños, con alimentos indijeslos, el olvido del condi- 
mento antiguo (ají picante), el abuso de alimentos fríos, (como las frutas), 
el uso de remedios, particularmente los purgantes; el aire cada vez mas 
impuro que se respira en la población, etc. 

Aun queda otra cuestión que resolver, a saber: ¿es ahora la población 
mas enfermiza que ahora cuarenta años? Mi esperiencia personal no alcan- 
za, afortunadamente para mí, a esa fecha; pero la razón y los datos que 
he recojido me permiten resolverla desde luego. 

Anteriormente, las costumbres eran mas sencillas, las afecciones mora- 
les que ahora juegan tanto en la producción de las enfermedades, se han 
aumentado mucho, las comidas uo eran acaso tan variadas y eran mas tó- 
nicas, aliñadas como estaban con su picante correspondiente; era descono- 
cido el te, que aquí hace tanto daño; el aire que se respiraba era mas puro; 
porque la población uo estaba tan estendida; la vejelacion del llano de 
Santiago era distinta; pues al sano espino se ha sustituido el álamo, que 
acaso sea enfermizo, y por último, a la clara agua de Mapocho, ha reem- 
plazado el barroso Maipo. Por todas estas razones, y acaso porqua las cos- 
tumbres no son tan puras, y porque el vicio venéreo se haya eslendido 
mas, Santiago es mas enfermizo. 



REGLAS DE H1JIENE INDIVIDUAL, RELATIVAS AL APARATO DIJESTIVO. 



Alimenlividad. — Así llaman los Frenólogos al instinto, impulso interior, 
propensión o inclinación de alimentarse que tienen los animales y el hom- 
bre, desde el momento que nacen. En virtud de este instinto, el niño y 
los mamíferos toman el pecho luego que vienen al mundo, el polluelo pica 
el trigo y no los granos de arena, los rumiantes comen la buena yerba en 
un potiero donde el pasto saludable está mezclado con el venenoso, etc. 
Este instinto nos acompaña toda la vida, y sino fuera por él sucumbiríamos 
de inanición, distraídos con las obligaciones continuas, que reclaman nues- 
tra presencia en todas partes. Cuando en una enfermedad se les loma odio 
a los alimentos, porque el órgano de la alimenlividad participa del cft»- 
sensus jeneral, hai otro instinto, que es el de la propia conservación que 
viene en nuestro auxilio y nos obliga a tomar alimentos, a veces con la 
mayor repugnancia y como si fueran amargos remedios para no sucumbir. 

Cali y Spuszheim presintieron la existencia de un órgano cerebral que 
presidiese al instinto de alimentarse, pero no llegaron a describirlo. Esta 
gloria se le debe al Dr. Hoppe, de Copenhague, al Dr. Crook, de Londres y 
al Dr. ingles Jorge Combe, autor de una escelente obra de Fren ol ojia: todos 
tres, por distintas vias, llegaron al mismo resultado desde el año 1819 al 
4825, colocándolo en la parte inferior y posterior de la fosa cigomáiica 



VliOLOGO. xcv 

encima del areo clgomático, delante del conducto auditivo estemo o un 
poquito mas arriba; es decir, delante de la destructividad y debajo de la 
aüqmsividad. La existencia de un órgano cerebral que presida a la alimen- 
tividad y la situación que he indicado en la fosa cigomálica, se consideran 
en Frenolojía, evidentemente demostradas. 

Ahora bien, si el instinto de alimentarse tiene en el cerebro un órgano 
que lo represente y dirija en todas las situaciones de la vida, se presentan 
naturalmente tres cuestiones de la mayor importancia: 1," ¿puede dirijirse 
el instinto de alimentarse'! 2. a debe dirijirse'! y 5. a si puede y debe dirijirse, 
¿desde cuándo ha de empezar su educación'! 

i. a ¿Puede dirijirse el instinto de alimenturse? — Los instintos todos son 
unas inclinaciones ciegas a satisfacer algunas necesidades de nuestro orga- 
nismo, sin reparar en los medios, ni preveer las consecuencias. Hai idiotas, 
cuyos órganos morales e intelectuales fallan enteramente, pero que con- 
servan ilesos sus instintos, entre otros el de la amatividad o inclinación al 
otro sexo. En este caso procuran satisfacer su desordenado apetito del mo- 
do mas escandaloso, sin reparar en los medios ni preveer las consecuen- 
cias; en otros sobresale el instinto de destruir, o bien tienen enfermo el 
órgano de la destructividad, en cuyo caso hacen daño y matan a los anima- 
les o a sus semejantes, por solo el gusto de satisfacer al instinto que pre- 
domina. 

Seria una ofensa imperdonable al Autor de iodo bien, si llegáramos a du- 
dar por un momento, que el instinto sexual y el de la destructividad, así 
como los demás instintos que nos igualan con las bestias, no loshubiera co- 
locado Dios en el hombre bajo la autoridad y pleno dominio de los órganos 
morales. ¿En qué nos diferenciaríamos de los animales, si los instintos nos 
dominaran en todas las situaciones de la vida? ¿para qué nos servirían los 
órganos morales sí su poder no había de alcanzar a tener sujetos, hasta cier- 
to punto siquiera, los órganos de los instintos? 

Lo que es cierto en jeneral de los instintos, y en particular de la amati- 
vidad y de la destructividad, lo es igualmente de la alimenlividad. ¡Lástima 
fuera que el instinto de alimentarnos, brutal corno el mas brutal de los ins- 
tintos, se escapara a nuestra influencia! La esperiencia nos enseña todos los 
dias que podemos comer o dejar de comer, a voluntad, les cosas que se 
nos presentan a la vista. Es cierto que en una convalecencia o cuando el ór- 
gano está irritado por una larga abstinencia, se obscurece la razón, esta 
abandona las riendas del gobierno y el instinto brutal se proclama reí y se- 
ñor de nuestro cuerpo, satisfaciendo su necesidad; pero también es verdad 
que, hasta cierto punto, lo podemos dominar y tenerlo sometido a la razón. 

2. a Supuesto y probado que la razón puede dirijir el instinto de alimen- 
tarnos ¿debe hacerlo'! ¿Debe la razón mezclarse en estos asuntos, interponien- 
do su autoridad entre el instinto, que pide alimento hasta saciarse, y los 
sabrosos manjares que se presentan a nuestra vista en una mesa opípara- 
mente servida? o ¿debe dejarnos como si fuéramos unos animales? ¡Tambieu 
aquí se presenta la doble leí o naturaleza de que habla San Pablo y que 
han reconocido los SS. Padres y con ellos todos los pensadores que ha 
tenido la humanidad; doble leí o naturaleza que todos sentimos en nosotros 
mismos! Por una parte, tenemos una inclinación brutal, igual a la que tie- 
nen los animales, a satisfacer la sensualidad de alimentarnos; y por otra una 

voz interior que nos grita ¡basta! ¡no mas allá! ¡come pero nada 

mas que lo necesario para vivir!.... ¡Si pasas de esta línea eres ua 

bruto...] un animal,.... como el que se alimenta de pasto! 



XCVI W0L0G0. 

Preguntar ahora sí la razón debe mandar en el instinto de alimentarnos, 
es lo mismo que preguntar ¿/a razón debe mandar en las pasiones*! porque 
en realidad, el apetito desordenado a comer y beber, no es otra cosa que un 
estado pervertido de la alimenlividad. La razón, aquí, está en su esfera de 
acción, en su justo dominio y debe maridar con todo el imperio que en 
otros instintos o pasiones, en el del amor desordenado, por ejemplo, o en 
el de la adqtúsividad o codicia. Debe, pues, mandar siempre, y si no puede 
en todas ocasiones salir victoriosa, debe luchar hasta morir. 

¿Qué es el ayuno católico? el ayuno, ademas de ser un precepto obliga- 
torio de nuestra santa madre la Iglesia Católica, y del cual nos dio el Sal- 
vador del mundo un tan divino ejemplo en los cuarenta dias del desierto, 
considerando hijiénicamente, es un mandato a la razón para que luche con 
el instinto de alimentarnos, el cual lo satisfacemos algunas veces mas allá 
de lo necesario para vivir, igualándonos por este medio a los brutos que 
viven en los montes. 

En la santa y divina Institución del ayuno, reconozco, no solo una ins- 
titución cristiana y obligatoria a los católicos, sino una Institución obligato- 
ria a toda la humanidad, cualesquiera que sea su civilización y su relijion. El 
espíritu que dictó la lei del ayuno, no fué otro que el espíritu divino, entre 
otras razones, porque es una lei universal, obligatoria, como son todas las 
leyes de Dios, hasta para los mismos que viven fuera de nuestra santa 
relijion: esto es, considerando el ayuno como un precepto hijiénico. 

Probado ya que la razón puede y debe mandar en el instinto de alimen- 
tarnos, falta saber ¡¿cuándo debe empezar este mandato*! ¿debe dejarse a la ra- 
zón individual y personal de cada uno o debe intervenir la razón ajena, al me- 
nos en cierta edad y en ciertas circunstancias? 

Cuestión es esta de una importancia tan grande en Santiago, que si se 
diera asenso a mis razones y se pusieran en práctica mis consejos, estoi 
lirmemente persuadido que desaparecerían las cuatro quintas partes de las 
enfermedades que se sufren. 

La razón natural dice, que una planta debe dirijirse desde que empieza a 
crecer, porque la planta, abandonada a sí misma, toma cualquier direc- 
ción, lo mismo la buena que la mala. Pues bien, el instinto de alimentarnos 
es una especie de planta también, tan ciego en sus resultados como la plan- 
ta misma que crece al aire libre, cuyo instinto debe dirijirse desde el mo- 
mento que empieza a funcionar, así como la planta desde que empieza a 
crecer. Y como este instinto dá señales de vida, así en los animales como en 
el hombre, desde el momento que se nace, es por esta razón que desde dicha 
época debe empezar su educación. 

A la razón de que debe educarse el instinto de alimentamos desde el dia 
en que se nace, puesto que desde ese dia empieza a funcionar, hai que 
agregar otra de mas importancia todavía, puesto que es la causa de la fun- 
ción del órgano; a saber: el órgano cerebral de la alimenlividad es el único 
que está completamente desarrollado y formado al tiempo de nacer; sus 
fibras tienen ya en esta época la misma consistencia que las de otros órga- 
nos a los 20 años de edad: todo el cerebro está blando y pulposo cuando 
nace el niño, y solo el órgano de la alimenlividad o instintos de alimentar- 
nos es el que está perfectamente desarrollado. Por este cabal y pronto de- 
sarrollo, es por lo que el niño llora cuando le falta el sustento; por esto, 
sin que nadie le haya enseñado, sabe tomar el pecho, y distinguir pronto 
el verdadero alimento de los remedios o de otras cosas estrañas a la di- 
jeslion. 



1'hOLOGOi XCV11 

Si el órgano cerebral, donde liene su asiento el insumo de alimentarnos, 
está desarrollado al nacer, como lo ha probado la ciencia frenolójica; si 
desde las primeras horas de ver el niño la luz del dia, el órgano empieza 
a funcionar» no hai razón plausible para negar el que desde esa misma ¿po- 
ra debe empezar su educación: al contrario, la Anatomía frenolójica, la 
Fisiolojia del cerebro, la Hijiene, la Fatolojia y la Terapéutica, prueban, ca- 
da una en su esfera, que la educación de la alimenlividad o del instinto de 
alimentarnos, debe empezar desde el dia en que el órgano empieza a fun- 
cionar. 

Mas, como en esta época, las facultades intelectuales y morales del niño 
no están aun desarrolladas, la razón natural dice que es la iutelijencia de los 
padres la que debe intervenir hasta que el niño pueda dirijirse por sí mismo. 

Hai también algunas circunstancias de la vida, en épocas mas adelanta- 
das, como sucede en las enfermedades graves, en las que ia razón ajena, 
como la del médico y asistentes, debe intervenir con plena autoridad. 

Si por lo esclavos que somos de la carne, en el instinto brutal de alimen- 
tarnos, se nos castiga en la otra vida con penas proporcionales a las que 
en esta sufrimos con las enfermedades que nos vienen por esta causa, creo 
que nadie se salva, sobre lodo en Santiago, donde, desde el virtuoso céli- 
be y ministro del Altísimo hasta el ignorante roto, se vive tan esclavos de 
esto instinto, como viven los animales. 

Si Dios toma en cuenta a los padres, como lo lomará, las faltas que se co- 
meten con los hijos, dejándolos sometidos al imperio brutal de la carne, 
en el instinto animal de sustentarnos, creo que no habrá penas en la otra 
vida, a no ser las terribles de la eternidad, con que poder satisfacer las 
deudas que se contraen. 

La razón es lo último que se desarrolla en un niño, y mientras este de- 
sarrollo no llega, la razón délos padres es la que debe dirijir los instintos 
del hijo. 

Si un niño, en virtud del órgano de la destructividad, que es un instinto 
como el de la alimenlividad , rompe, mata o pega fuego con intención ¿quién 
duda que debe correjírsele? 

Si un niño, en virtud del órgano de la adquisividad, que es un instinto 
como los anteriores, pilla y roba cuanto encuentra a la mano ¿quién duda 
que debe correjírsele? 

Y sí el matar y robar se toma como un hábito ¿con cuánto mas motivo 
lio debe intervenirse en la educación del niño? 

Lo mismo que digo de estos instintos es aplicable al de la alimenlividad. 

Hai instintos, cuya satisfacción inmoderada, perjudica al prójimo, como 
el robar y el matar; otros que perjudican a la especie, sí se satisfacen in- 
moderadamente, como el de la amatividad o insiinio sexual; y otros, por 
Último, que perjudican principalmente al individuo, como el de la alimen- 
iividad, sise le dú rienda suelta. 

Una sociedad sin ¡deas morales es inconcebible; un pueblo en el que el 
instinto sexual se satisfaciese a voluntad seria una reunión de bestias; un 
pueblo en el que la adquisividad no tuviera sus leves, seria un pueblo — 
Prondhon; un pueblo en el que la destructividad reinase libremente, solo 
podría subsistir con el despotismo absoluto que concebía Oi,bes; y un pue- 
blo, por último, en el que el instinto de alimentarse se satisface hasta re- 
bentar, es un pueblo enfermizo como el de Santiago, en el cual apenas 
liaí persona que pueda cumplir con su deber a causa de su mala salud. 

Esas sociedades de templanza, de que nos hablan algunas veces los dia- 



XCVIÍ1 I'IUH.OGO. 

rios de Norte- América ¿qno son, sino una protesta de la razón contra el 
insumo de aumentarnos, cuando se satisface brutalmente? Pero estas so- 
ciedades no prestan utilidad a los pueblos, porque los pueblos no se corrí- 
jen en cabeza ajena, ni por consejos que les vienen de sus iguales o infe- 
riores. 

Solo Santiago entre todas las poblaciones de la cristiandad, presenta las 
circunstancias mas favorables para una corrección completa; porque solo 
aquí es donde concune mas pueblo a la casa de Dios a oír la palabra di- 
vina, y a tributar el culto que debemos al Soberano de Jos cielos y de la 
tierra. Mas para esto seria necesario que las ideas emitidas, miradas bajo el 
aspecto moral, las tomara por su cuenta la única clase que tiene autoridad 
sobre el puebla, la clase sacerdotal, y que les diera el desarrollo que puede 
y debe hacerse, so pena de aniquilarse la especie o de llegar a una debi- 
lidad tan grande que no se sirva para nada. 

Probado ya que puede jk debe educarse el instinto de alimentarnos, y que 
su educación debe empezar desde el dia en que se nace, conviene saber ya 
¡.cual debe ser esta educación*! 

Todas las cuestiones anteriores están resueltas para mí de un modo ab- 
soluto, y con aplicación a todos los paises y a todas las épocas de la hu- 
manidad, mas por lo que mira a su aplicación podemos variar según las 
localidades. 

Por lo que hace a Santiago, yo aconsejo lo siguiente: 

1.° Nada debe lomar el recien «acido hasta que, con su llanto, (que e.< 
su único lenguaje en aquella tierna edad) nos indique que tienen hambre o 
necesidad de satisfacer el instinto de alimentarse. 

2.° Jamás debe tomar alimento el niño, sino cuando con su llanto o con 
otro signo de importancia indique que tiene hambre. 

3.° Jamás, en el curso de la vida debe lomarse alimento, sino cuando el 
hambre, la fatiga, etc., indique que hai necesidad de reparar las pérdidas 
de los órganos. 

A.° Satisfecha que sea la necesidad, no debe volverse a tomar alimento 
hasta que el hambre nos dispierte otra vez la obligación que tenemos de 
atender a la alimenliuidad. 

5.° Debe acostumbrarse al niño a que mame a ciertas horas, por ser bue- 
no para su dijestion y bueno también para quien le dá de mamar. 

6.° Cuando el niño no mama ya, conviene que lome alimento variado 
cuatro, cinco o seis veces al dia, porque su dijestion es mas rápida que 
en los grandes, cuidando que no adquiera la costumbre de estar siempre 
con la papa en la boca. 

7.° En el niño debe irse sucesivamente de los alimentos mas sencillos 
a los mas pesados, para que se acostumbre a aquellos con los cuales ha 
de pasar loda lu vida. 

8.° Los niños no deben tomar dulce, a no ser en corta cantidad y des- 
pués de una buena coñuda. 

9.° En tiempo de frutas, puede dársele al niño este alimento una vez al 
dia por única comida, y una vez mas en lugar de dulce, después de co- 
mer, cuidando qne esté madura» 

10. El uso habitual de las rosquitas, bollitos, alfajores, caramelos, bo- 
litas de goma, pan de huevo, etc., queda prohibido a los niños. 

1 1 . Las ftutas son todas un alimento esencialmente frió, debilitante y 
flatuleirto. 



l'UOLOGO. XCIX 

12. De todas las frutas, la mas ¡ndijesta, la mas fría y la mas biliosa es 
la sandia. 

15. El alimento azucarado y todas las cosas on que prepondera el azúcar, 
son muí flemosas, biliosas y esencialmente debilitantes. 

14. Las diferentes clases de leches, el chuño, arroz, huevos frescos blan- 
dos, liulpo, dieta de pollo, zapayo, sopa de caldo del hervido y la carne 
de vaca son los alimentos, cuya escala debe recorrer el niño sucesivamente, 
antes de acostumbrarlo a los guisos y fritos, que son las formas mas pe- 
sadas que se les dá a los alimentos. 

15. l)o todos los alimentos que tenemos en Santiago, la carne de vaca 
es el mejor de todos, sobre todo el lomo en forma de beaftek, hecho a 
la parrilla. 

16. El té y café, a no ser mui claro y con bastante leche queda prohi- 
bido a los niños. 

17. El té, café y aguas calientes de todas clases son mui secantes y es- 
típticas. 

18. El chocolate es un alimento mui pesado y debe estarles prohibido 
a los niños. 

19. La estitiquez y el flato, que ee una de sus consecuencias, debe bus- 
cársele la contra en los alimentos, ya en la calidad, ya en la cantidad, yu 
en las horas de tomarlos, y solo en un caso estremo debe recurrírse a los 
remedios. 

20. La debilidad debe correjirse 'con el uso bien dirijido ert alimentos 
sanos y nutritivos, y solo en un caso eslremo debe recurrírse a los tóni- 
cos, aunque sean el hierro, la cascarilla, el sulfate, etc. 

21. El alimento animal, usado esclusivamente, predispone a la estitiquez. 

22. La comida en el adulto debe ser de animales y vejetales, y debe es- 
tar aliñada con el ají, usado con mucha moderación. 

23. El hombre, en el estado sano por supuesto, puede y debe lomar de 
todas las cosas que Dios ha criado, pero de tiempo eu tiempo y con mo- 
deración. 

24. Habitualmente debe uno levantarse con hambre de la mesa, mas 
bien que repleto. 

25. Dicen los autores de Higiene que, en el estado sano, conviene hacer 
algún disparate de cuando en cuando. 

*2Q. Lo mismo sea tener algún síntoma de enfermedad, lo primero que 
debe hacerse es no comer o a lo sumo tomar cosas mui sanas y en corta 
cantidad. 

2". En la convalecencia de las enfermedades debe recorrerse la escala de 
alimentos sucesivamente, desde lo mas sencillo a lo mas pesado. 

28. El hombre tiene bastante para vivir con una comida buena cada vein- 
te y cuatro horas, y dos medias comidas mas en horas proporcionadas. 
Dos comidas fuertes en el dia, a no ser los peones, uo lo considero sa- 
ludable. 

29. Debe comerse despacio y masticarse bien, para que el estomago no 
tenga que trabajar demasiado, desempeñando también la función de los 
dientes. 

50. En la infancia, antes que se desarrolle la razón, y durante una en- 
fermedad en la edad adulta, conviene que intervenga la razón ajena en el 
alimento que debe tomarse. 

El niño, a quien sus padres han acostumbrado desde chiquito a gobernar 
el órgano de la aümenítvidacl, posee un bien precioso al desarrollarse su 



C pnoi.oco. 

razón, y empozar él mismo a diiijir por su cuenta y riesgo las Inclinacio- 
nes de sus órganos; so encuentra a cierta edad, con que su naturaleza tiene 
ya dominio sobre uno de los instintos que mas nos acercan a los anima- 
les. Como el hábito es una segunda naturaleza, si el niño a cierta edad 
manda, por hábito, en el instinto de alimentarse, él mandará también ra- 
cionalmente después en sus demás instintos; alejándose por este medio 
cada vez mas de los animales, y acercándose en la misma proporción a su 
oríjen celestial. Si el hombre ha de vencer todos los obstáculos que se opo- 
nen a su dicha y a la de sus semejantes, haciéndoce digno de recompensas 
temporales y eternas, es necesario que empiese por vencerse a sí mismo, 
y que lo haga primero en el órgano de la alimentividad, que es el primero 
que se desarrolla, para lo cual tendrá mucho adelantado si desde mui chi- 
quito sus padres lo acostumbraron a vencerse. 

El niño, a quien sus padres dejaron abandonado al instinto de alimen- 
tarse, satisfaciéndolo caprichosamente, se encuentra esclavo de este instinto 
brutal cuando llega la edad de la razón, sin que jamás pueda verse libre 
y mandar como hombre; es siempre el juguete de la carne, y aunque su 
razón le advierta el deber, el hábito mismo de ser vencido, lo lleva siempre 
de derrota en derrota hasta la esclavitud absoluta de sus pasiones, que es 
su perdición, así temporal o carnal como espiritual y eterna. 

¿Qué es el vicio de la bebida, sino una perversión del órgano de la ali~ 
menlividadj causado por una mala educación de este instinto? 

¿Qué otra cosa es el vicio del cigarro, sino un estado pervertido de la. 
alunen tividad? ¡Y cuan pocos pueden vencerse para dejar este vicio! ¡Y cuán- 
tos no lo conseguirían si tuvieran bien educado el órgano de la alimenti- 
vidadl 

REGLAS DE HIGIENE SALUBRIDAD PUBLICA, RELATIVAS A SANTIAGO. 

La Higiene individual, que también se llama privada, tiene por objeto 
conservar la salud de las personas, consideradas aisladamente, cualquie- 
ra que sea su edad, temperamento, estado, profesión, etc.; y la Higiene 
pública examina las cuestiones de salubridad que tienen relación con una 
población, una provincia o toda una nación. 

Los médicos, por los conocimientos especiales que tenemos en la mate- 
ria, y por estar siempre en contacto con los enfermos, nos hallamos en las 
circunstancias mas favorables para apreciar las influencias morbosas, que 
influyen sobre el organismo y traen en pos de sí tantas enfermedades como 
ios aquejan. 

De aquí resulta que, si el médico se interesa por el bien de sus seme- 
jantes, no puede mirar con sangre fria los obstáculos, mas o menos reme- 
diables, que se oponen al mayor de los bienes que ¿leseamos tener en esta 
vida, cual es la salud. 

Por esta razón, deseando como deseo con el mayor ahinco la salud del 
país y en particular la de Santiago, voi a indicar, aunque con alguna des- 
confianza, las medidas que yo creo convendría adoptar para que se mejo- 
rase la salud pública de la capital; porque no solo nos enferman las fallas 
derejimen, sino que contraemos muchas enfermedades por el mal aire que 
se respira, por las malas aguas que bebemos, por las humedades que recibe 
uno en las calles, por las malas costumbres, etc., etc. 

En esta materia, poco o nada nuevo tengo que decir, que no esté ya 



PROLOGO. ci 

poniéndolo en práctica la Municipalidad o bien que su necesidad no se 
haga sentir por todo el inundo. 

Como yo no conozco población que esté situada en mejore* circunstan- 
cias que Santiago, para ser una de las mas sanas y hermosas del mundo, 
me da pena el ver que se haya descuidado su hijiene en tales términos que, 
de la mas sana que podría ser, es una de las mas enfermizas, por cuya 
razón apenas podemos sanar a uu enfermo radicalmente sino lo mandamos 
al campo o a la costa, 

Primeva regla hijiénica.— Proveer de agua buena y abundante a toda la 
población. — Felizmente la Municipalidad se está ocupando ya de esta cedida 
y dentro de poco tiempo tendremos agua clara en la Plaza de Armasy aun 
en las casas particulares, las personas que quieran hacer un pequeña sa- 
crificio. Mas, para que esta medida sea verdaderamente hijiénica con vene 
llevar el agua, no solo al centro o parte pelucona de Santiago, sino a to- 
dos los barrios adyacentes, y aun mejor a estos que al centro, porque bs 
pobres no tienen destiladeras que les pongan clara el agua. 

Ademas, las fuentes que hai son mui pocas para tanta jente y conven- 
dría aumentarlas mucho, para que fuera fácil satisfacer esta necesidad. En 
las partes escenificas de la población convendría hacer pequeñas plazuelas, 
como la de la Compañía, por ejemplo, de dos en dos cuadras, con una pe- 
queña fuente en medio, de agua buena y clara, y no de la de Maipo. 

Muchos creen que, teniendo una buena destiladera, no necesitan otra 
cosa para beber siempre un agua mui rica; pero este es un error. La 
destiladera mejora el agua, aclarándola y privándola de muchas impurezas, 
pero también es cierto que la priva del aire atmosférico que se interpone 
entre sus moléculas, haciéndola indijesta en alto grado. Así es, que vemos 
todos los días personas delicadas, a quienes les hace daño el agua eu San- 
tiago, y les sienta bien la que beben eu el campo tomada de la que corre 
en una quebrada. 

Las casas que puedan proveerse del agua pura de Ramón, que la Muni- 
cipalidad está trayendo, se quitan de encima una causa poderosa de enfer- 
medades, cun tal que no destilen el agua, aunque no venga lau clara como 
la que íilira una buena destiladera. 

Las ayuas de Ramón, de Peñalolen y en jeneral las de todas las quebra- 
das de la cordillera, incluyendo las del cristalino Mapocho, creo que son 
pguas excelentes para la población de Santiago. 

Segunda regla hijiénica. — Limpieza de las calles. — La policía dg las calles 
está en el mayor abandono, barriéndose solo de larde eu larde las del cen- 
tro, y las de afuera nunca o casi nunca; y no es raro ver animalís muer- 
tos, perros y gatos en medio de ellas, permaneciendo allí hasta \a plena 
putrefacción. El Í27 de marzo de este año, estuvo muerto un enormt perro 
hasta su corrupción completa, en la Plaza de Armas, en uu pequeño nnuitoii 
de escombros del edificio del Sr. Tagle; el viento era sud y tuve que ctrrar 
los balcones de mi casa, que dista media cuadra, porque el olor infecto no 
podía resistirse en las habitaciones. Yo que recorro todos los dias las diíe- 
rentes calles de Santiago, veo mas que nadie el abandono en que se en- 
cuentran; no hai día que no tropiece con animales muertos y corrompidos. 
El modo como se hace la policía viene a aumentar mas la hediondez y 
suciedad de las calles; los carretones de la basura se pasean todo el día por 
la población, parándose de puerta en puerta con un montón de inmundi- 
cias, que impiden la libre entrada en ¡as casas. Apenas hai día, que no tro- 
piece con ellos en la pueria de los enfermos. 



CII PROLOGO. 

En otros países, donde la policía so hace como debe, he visto lo siguien- 
te: a las doce de la noche los sirvientes de las casas sacan la basura a la 
calle, y desde esta hora hasta el amanecer, los carretones la llevan a su 
destino. Al amanecer se hace una segunda policia: las calles se barren del 
centro a la circunferencia, y al mismo tiempo es recojida por los cairelo- 
nes correspondientes, quedando la población barrida y limpia y concluida 
toda la operación a la salida del sol. 

Yo no veo imposibilidad para que una cosa semejante se hiciera en San- 
liago, con la pequeña variación de empezar a la una de la noche, en ve- 
rano al menos. 

Tejera reqla.— Acequias délas calles y casas,— Las acequias que corren a 
lo largo de Tas calles deben quitarse, porque sirven de obstáculo al libre 
tránsito, y porque solo vienen a servir para receptáculo de inmundicias; el 
agva que algunas veces corre por ellas, valia mas que no corriese, porque 
erra iodo serviría menos para el aseo y limpieza. Felizmente ya se vá adop- 
tando esta medida, así de hijiene como de comodidad. 

Los puentes de las calles atravesadas deben mejorarse, procurando que 
no tengan por los lados piedras levantadas, viniendo a ser cada uno de 
estos agujeros un lugar común, donde con la mayor desfachatez, ofendiendo 
el pudor de los transeúntes, hacen sus necesidades así los hombres como 
las mujeres, a cualquiera hora del dia. Confieso francamente que no he po- 
dido aun acostumbrarme a ver esto sin causarme la mayor repugnancia, y 
estaría dispuesto a hacer cualquiera sacrificio con objeto de (pie desapa- 
reciese esta costumbre india. Me parece que no es digno de una población 
civilizada consentir esto por mas tiempo. 

Las acequias que atraviesan lo interior de las casas, conductoras de las 
aguas sucias, son el mayor foco de inmundicia y corrupción que tenemos, 
envenenando el aire del patio que atraviesan y espesando algunas veces el 
aire de tal modo que parece podría cortarse con un cuchillo. Este aire es 
el que penetra en las habitaciones y es también el que respiramos toda la 
noche y gran parte del dia. Las cocinas dan jeneralmente al patio en que 
atraviesan estas acequias y mas de cuatro veces acaso depositará el aire en 
los alimentos que lomamos un concho miasmático como el que dejan en 
una vasija Iss aguas barrosas. Las habitaciones de nuestros sirvientes están 
jeneralmenie también en este patio. Y en vista de esto ¿estrenaremos toda- 
vía el estado sanitario de Santiago? Lo que yo estraño es que aquí podamos 
gozar de silud un solo dia en la vida. 

La nivelación de estas acequias no siempre está bien hecha, y la corrien- 
te de Iss aguas por consiguiente no es uniforme, resultando de aquí un 
depóslo inmundo, en los sitios bajos de las mismas, que aumenta la in- 
feccicn. 

P«r otra parte, a las acequias se bota, no solo las aguas sucias sino lo- 
do? los desperdicios de la cocina, cascaras de todas frutas, medias sandias, 
pUtos rotos, etc., todo lo cual se amontona de trecho en trecho y forma 
i;n taco que impide la corriente del agua, y esta se derrama en los patios 
de las casas, entra en las habitaciones, lo inunda todo, pone en alarma y 
movimiento a loda la casa, y se pasan horas a veces hasta que se logra 
cortar el mal. Escusado es decir que esta inundación, que así la llaman, 
deja un concho blando en la casa, que por mucho tiempo se hace sentir 
en el olfato. Si esto tiene lugar de noche, como sucede con frecuencia, la 
confusión y los males son mayores. 



Ahora bien, indicado ya el mal ¿cuál es el remedio y el modo de llevarlo 
a cabo? 

Por do pronto, lo que yo recomiendo para 'remediar esta gran necesidad, 
que es la mayor de Santiago, es hacer todos un esfuerzo, así los particu- 
lares como la Municipalidad y el Gobierno, y sin reparar en sacrificios, 
cueste lo que cueste, hacer una reforma radical, consultando antes a los 
hombres mas entendidos. 

Mi opinión, la cual emito con alguna desconfianza, es la siguiente: \.° su- 
presión de las acequias de las calles largas: 'i. nivelación de las calles atra- 
vesadas, dejando solo donde ahora están los puentes una pequeña altura, 
un pié o menos, para favorecer la corriente de las aguas a las calles lar- 
gas: 3. r sistema completo de nivelación de acequias, con ramales laterales 
en las cuadras que necesiten para favorecer la limpieza en todas las casas: 
4.° profundizar y agrandar mas las acequias para que la humedad no se es- 
tienda tanto en las casas, haciéndolas de cal y ladrillo, con toda la soli- 
dez posible: 5.'° que en la travesía por las casas estén bien cubiertas, 
escepto en el sitio donde haya de estar el lugar común y otro punto cual- 
quiera, de pequeña ostensión que sirva de botadero para las aguas malas: 
6.° y último, que se punga en la acequia a la conclusión de cada pertenencia 
una reja de fierro inamovible, de una medida igual para todas, con objeto de 
que no puedan pasar los cuerpos extraños que suelen formar el taco. De este 
modo se tendrá cuidado de no botar a la acequia las medias sandias y otros 
cuerpos voluminosos que impiden la corriente del agua; y si se botan no 
pasarán de la misma pertenencia para hacer el daño al vecino inferior. 

Cuarta regla. — Empedrados y veredas. — Los empedrados contribuyen ¡n- 
direetamente a la salubridad pública, favoreciendo la corriente de las aguas 
en tiempo de lluvia, impidiendo la estancación de estas y la formación de 
lagunas y pantanos que llegan a ser unos focos de infección por la acu- 
mulación de las sustancias vejelales y animales que allí se reúnen. El estado 
de las calles es tan pésimo que, cualquier camino del campo está mucho 
mejor que ellas. 

Las veredas contribuyen a mejorar la salud pública impidiendo que haga 
daño el andar .a pié, como en un desigual empedrado, y enjutando pronto 
el piso en tiempo de lluvia para que la humedad sea menor y no haga daño. 

Veo con placer que, en este último tiempo, la Municipalidad no descuida 
este asunto. 

No sé lo que haya vijenteen esta materia con respecto a los particulares, 
pero sino se les obliga a que pongan vereda en en su pertenencia y a que 
empiedren su calle bajo el plan que adopte la Municipalidad al tiempo de edi- 
ficar o reedificar sus casas, creo que se les debía obligar a ello: a lo mismo 
creo que debería obligárseles a los que tienen sitios donde termina la po- 
blación, y levantan tampias para cercar sus pertenencias, indicando que 
se prolonga la calle en aquel sentido. 

Quinta regla. — Ensanchamiento de las calles.— En los tiempos de la con- 
quista se concibe la utilidad del apiñamiento de las casas, como se ven en 
el lugar donde se situó Valdivia, atendida la inseguridad de aquellos tiempos 
y la necesidad que tenían de estar unidos. Pero ahora que tales temores no 
existen, que la población ha crecido de un modo pasmoso, que el tráfico se 
lia estendido mucho y que los carruajes son ahora mas en número que en- 
tonces eran los habitantes, las calles, qme para aquella época eran mui an- 
chas, son para nosotros mui estrechas. 

Yo creo que siguiendo un sistema que está adoptado en Europa, en de- 



r.iv mioloc.o. 

terminadas circustancias, podrían aun ensancharse las calles de Santiago. 
Este sistema consiste en obligar a todo el que edifique una casa, a que se 
retire una, dos o mos varas para adentro, dejando en beneficio de la calle 
las varas o pies que se baya retirado, Si este sistema se hubiera seguido 
desde la independencia, a la fecha ya tendrían las calles de Santiago la an- 
chura que debían tener. 

Lo que hubiera podido hacerse de 50 años a esta parle, verían nuestros 
hijos dentro de un siglo, si la reforma empezase ahora. 

La estrechura de las calles cada dia lia de tener mayores inconvenientes, 
no solo desde que los ferro-carriles partan de la capital para lodas partes 
y por su medio se aumente el tráfico, sino por lo que la población se irá 
estendiendo, y así tendrá cada dia mayores dificultades que vencer para re- 
novarse. 

Yo propondría el ensanchamiento forzoso de dos varas en cada lado en el 
centro de la población, y en las de afuera lo necesario para que la» calles 
fueran tan anchas como es la Cañadilla. 

Nuestros descendientes, hasta la última jeneracion, nos agradecerían esta 
medida, aunque la jeneracion actual sufriese algo. 

La población que en Chile, tiene calles mas anchas, es laque fundó hace 
dos años el ilustrado marino Sr. Martínez, en el puerto Montt. 

Sesla regla — Aliara de los edificios. — Si a las calles estrechas, que son 
mas o menos insabibles, porque impiden o dificultan la circulación del aire', 
y porque el suelo no puede ser bañado por el sol, se agrega la manía que 
se va tomando de ponerles altos, se aumenta doblemente su insalubridad 
por las dos razones espuestas. En las viejas poblaciones de Europa, donde 
la altura de las casas es estraordinaria, las Municipalidades han tenido que 
intervenir en la altura de los edificios, para que no pasen de cierto número 
de pies. Y en Santiago, por las razones dichas y por la de los temblores, 
creo que se está en el caso de impedir el que se edifique con altos, al me- 
nos con altos que den a la calle. El airé, la luz y el sol de una población, 
no pertenecen a ninguno en particular sino a lodos sus habitantes en jene- 
ral. Y como los altos roban al público el aire, el sol y la luz, es por esta ra- 
zón que la Municipalidad que representa los intereses jenerales esiá en su 
derecho sí quita el que se hagan mas casas con altos. También creo que 
eslaria cu su derecho si impusiera una contribución especial a las casas con 
altos, uno o dos pesos por vara, etc. 

Al paso que vamos, dentro de pocos años tendremos todas las casas con 
altos, poique esta es la moda. 

Séptima regla. — Conviene que intervenga la Municipalidad en que sean ha' 
bilables las casas donde viven los pobres. — Los cuailos redondos que son 
de una sola pieza, donde no hai departamento para cocina, ni se tiene agua 
corriente, ni lugar común donde hacer las necesidades del cuerpo, no son 
habitaciones para seres humanos, y si se quiere ni aun para animales; ¿qué 
policía hemos de tener en las calles, ni qué aire hemos de respirar, vivien- 
do los pobres en estas habitaciones sin ventilación y sin desahogo? El due- 
ño que quiera alquilar una habitación debe alquilarla con las comodidades 
necesarias a la conservación de la salud, y sino lo hace, la autoridad puede 
y debe intervenir para bien de la comunidad. 

Después de los cuartos redondos, que los leñemos en el centro de la po- 
blación, vienen los casuchos y ranchos que hai en la parte escéntrica de 
Santiago. Yo he visto los ranchos de Arauco y los bohiyos de los negros 
de África, pero en poco o nada se diferencian éotos de los que tenemos 



IUOLOGO. CV 

eiv Santiago. Todos los días visilo enfermos en las habitaciones, si asi pue- 
den Humarse de estos desgraciados: y confieso francamente que cuando 
contemplo desde allí la mortalidad de Santiago me asombra, no el que 
mucian tantos, sino el que muera un número tan reducido! ¡cuando con-, 
templo desde uno de esos miserables rancbos las sumas que se invienen 
en la inmigración, dejando morir a tantos chilenos, que tienen mas derecho 
que los estranjeros a que se mire por ellos, desapruebo altamente la mala 
inversión que se <lá a los caudales públicos! ¡cuando veo a esos infelices 
en tan tristes habitaciones y peores camas, y miro el superfino lujo de cier- 
tas casas, mi corazón se llena de amargura! ¡cuando miro, por último, la 
pobreza en todo su desamparo, muriendo nuestros semejantes en habita- 
ciones que no parecen hechas para hombres, y recuerdo los gastos que se 
hacen, aunque santos y buenos, en importar monjas y relijiosos donde hai 
bastantes para las necesidades espirituales de la capital, digo que mejor 
empleada estaría la plata en socorrer a nuestros hermanos! 

El que quiera ver con sus propios ojos lo que yo digo, vaya al otro lado 
del puente y vea las habitaciones en que viven los que están entre la Reco- 
leta Francisca y el Carmen bajo. En vista de estas razones, que son hechos 
mas bien que razones, creo, que la autoridad debe intervenir con todo su 
poder en que las habitaciones de estos pobres se mejoren cuanto sea posible. 

En la calle Angosta hai unas casitas que llaman del Jeneral Blanco, que 
son un modelo bellísimo que poder imitar. Tienen todas las comodidades 
de una casa grande, con su agua corriente, y hasta hace poco tiempo solo 
valían cuatro pesos al mes. 

Séptima regla. — Desagüe de las acequias^ — La acequia atravesada que hai 
antes de llegar a Yungai donde desaguan las acequias de la población, es 
un foco de enfermedades para aquellos barrios, y conviene hacerla de cal y 
ladrillo, llevando cubiertas las aguas hasta uu paraje mui distante de San- 
tiago. 

Octava regla. — Los carretones de la basura no deben descargar en cualquier 
parte. — Las basuras deben llevarse a uu sitio distante de la población y no 
a la orilla del rio, en toda la estension del tajamar; y menos descargar en 
las plazuelas como suelen hacerlo en la que hai en la calle de Duarte afuera, 
o en la cañada arriba, etc.; tal como se hace ahora, las basuras quedan 
siempre dentro de la población y nos infeccionan el aire que respiramos. 
De este modo se esplica el por qué revive un convaleciente cuando se aleja 
una legua de Santiago. 

Nona regla. — Blanqueo de las calles paralas fiestas del 18. — Un bando de 
la autoridad anuncia todos los años al aproximarse las fiestas del 18, que 
se blanquee el frente de las casas y que será multado el que no lo haga, 
etc. Esta es una contribución forzosa de quince o veinte mil pesos que se 
impone todos los años a Santiago. 

Mirado este asunto bajo el aspecto hijiénico, es altamente perjudicial a la 
vista. Muchos se enferman de los ojos en esta época por la fuerte refleccion 
de la luz en las paredes bjanqueadas. Yo creo que esta contribución po- 
dría dedicarse a remediar alguna de las necesidades dichas o si se quiere 
blanquear no se use el color blanco, ni el rojo, qué son los mas fuertes y 
los (pie mas daño hacen. 

Décima regla. — Alumbrados y escombros en las calles. — A juzgar por el 
alumbrado parece Santiago a la media noche una ciudad de difuntos; y para 
tan poca cosa, lo mismo daría el vivir a obscuras, pudiendo dedicarse a otra 
cosa los gastos que se malgastan para estar siempre en tinieblas. Santiago 

XIV 



CVI PROLOGO. 

merece un alumbrado de rico gas, por el número de sus habitantes y f or 
los capitales que representa; haciéndose esto tanto mas necesario, cuanto 
que apenas hai calleen que no tengamos un montón de escombros donde rom- 
perse la cabeza, o bien un hoyo o un puente desbaratado donde dejar una 
pierna. El mejoramiento del alumbrado para poder evitar los precipicios que 
hai en las calles, impidiendo las desgracias que suceden todas las noches, 
es de una necesidad mui grande. 

Undécima regla. — Advertencia, Médico legal.- Hablando del síncope en las 
enfermedades del corazón, pajina ux, he dicho que el enterramiento de 
personas vivas, creyéndolas muertas, tiene lugar de cuando en cuando en 
otros países; y que Santiago, donde las muertes repentinas son tan frecuen- 
tes, no estará eesento de esta horrible fatalidad. Con objeto de evitar que 
esto suceda, aunque no sea mas que una vez en cada jeneracion, conven- 
dría que un profesor intelijenie examinara todos los días los cadáveres en 
el panteón antes de darles sepultura. 

Duodécima regla. — Debe de haber un facultativo dotado por la Municipalidad 
para que asista de noche los casos graves estraordinarios. — En una población 
tan grande y de tantos enfermos como Santiago, apenas hai noche en que 
no se ande a carrera buscando médicos para algún enfermo que se esto 
muriendo, sin que se nos pueda encontrar a ninguno. La prensa que es 
hasta cierto punto el intérprete de la opinión pública y de las necesidades 
de los pueblos, se lamenta de cuando en cuando de que a los médicos no 
se nos halle a deshora de la noche y de que los enfermos se mueran por 
falta de asistencia, calificando de mas o menos inhumanos nuestra conduc- 
ta, sin hacerse cargo de los poderosos motivos que nosotros tenemos para 
negarnos a salir de noche. El médico que está viendo enfermos lodo el día, 
desde la mañana temprano hasta las 10, II o 12 de la noche se retira a 
descansar, fatigado de tanto trabajo, como puede estar el peón que ma- 
neja una herramienta de sol a sol. La necesidad del descanso y la no me- 
nor de reparar las fuerzas para tener alientos al dia siguiente y emprender 
de nuevo nuestra tarea, es la causa principal de que no dejemos nues- 
tras camas tan fácilmente. A esta causa se agrega otra que no deja de 
tener bastante influencia: a saber, la falta de recompensa de estas visitas 
nocturnas. En todas partes, estas visitas estraordinarias se agradecen y se 
pagan bien; pero aquí no es esto lo que sucede por regla jeneral. Si a todo 
Jo dicho se agrega el que no es impune levantarse a media noche porque 
le suele costar una enfermedad al pobre médico, tendremos esplicado el 
porque no se nos encuentra siempre que se nos busca. Yo creo que para 
las necesidades estraordinarias de la media noche, debería haber un facul- 
tativo pagado por Ja Municipalidad, el cual cobraría ademas su honorario 
correspondiente por cada visita, situáudose en un paraje céntrico para ma- 
yor comodidad de todos. 

Décima terciaregla.— Costumbres de Santiago contrarias a la salud. — La cos- 
tumbre de sacar dulce o fruta a las personas que vienen de visita, instándolas 
y aun obligándolas a que coman algo, es altamente perjudicial, no solo por 
ser dañino el dulce y la fruta, sino por tomarlo a deshora y cuando el cuer- 
po está acalorado, oprimido ademas con el traje y compostura de etiqueta. 
Persona hai que la obligan a que tome dulce, fruta o helados, según la 
estación, 4, 6 y ocho veces, según el número de visitas, en el corlo tiempo 
de dos horas a corta diferencia. 

Décima cuarta regla.— Andar con zuecos.— El peso de los zuecos, cuyo uso 
en tiempo de aguas, por lo malo de las calles, es de necesidad, predispone 



PROLOGO. CVtl 

a las enfermedades de la cintura en las mujeres, y a las del hígado y pul- 
món a los dos sexos. 

Décima quinta regla. — Ropa larga.— Los vestidos a la rastra que lle- 
van hasta las sirvientes, son perjudicialísimos a la salud en tiempo de aguas. 
Los pisos se ponen mili malos, y la humedad y el barro se propagan vesti- 
do arriba hasta la rodilla, y mas aun, resultando de aquí una gran frialdad 
de pies, las elevaciones, los constipados, etc. 

Décima sesla regla.— Cargamento de ropa en las señoras. — Las 4, G,-8 o 
\ 2 enaguas que se ponen las señoras algunas veces, hacen un daño'eslraor- 
dinario a la salud. La cintura, las caderas, y el ulero que con ellos está re- 
lacionado, el hígado, el pulmón, etc., sufren horriblemente. 

Décima séptima regla.— Prohibición de las vijilias. — Las comidas de viernes 
son altamente flatulentas y debilitantes en el mayor grado; y como aquí a 
nadie hai que debilitar, y por otra parte, todo el mundo padece de flato, 
resulta que jamas debe comerse de viernes, ni aun el viernes San'o, si es 
que se quiere mirar por la salud. 

Décima octava regla.— Prohibición de los ayunos.— La dispensa del ayuno en 
Santiago seria el bien mas grande que la Iglesia podría hacer a la salud pú- 
blica. Por lo mismo que Santiago es la primer población óei mundo con 
respecto al ayuno, y donde se observa mas este precepto católico, afectan 
sus mortíferas consecuencias a toda la sociedad. Aquí ayunan los dueños 
de casa y ayunan los sirvientes; hallándose en pié, aunque se estén cayendo 
de fatiga y debilidad y el médico les prohiba el ayuno, ellos hacen poco juicio 
y se salen con la suya, cumpliendo el precepto de la iglesia. Todos los 
años se nos mueren muchos enfermos a consecuencia del ayuno; y es tan 
jeneral de enfermarse después de ayunar que no conozco a ninguna persona 
que ayune impunemente. En la actualidad estoi curando a \n\ respetabilí- 
mo sacerdote, bien conocido en todo Santiago, que se halla desahuciado de 
los médicos, siendo el ayuno la única causa de su enfermedad. ¿Qué mé- 
dico en Santiago, por poco que visite, no tiene todos ios años casos morta- 
les a consecuencia del ayuno? ¿Cuántos enfermos no se nos mueren del 
pulmón por haber ayunado? 

Las vijHias y los ayunos, considerados helénicamente, quedan prohibidos 
de un modo absoluto. Yo creo que la autoridad eclesiástica, apoyada en un 
dictamen que podríamos dar todos los médicos de la capital, debía elevar 
a Su Santidad una representación con este objeto. 

No se crea que yo quiero desterrar este precepto y dejar la libertad de 
comer a todo el mundo, a la hora que quiera, no; lo que yo quisiera fuera 
conservar el precepto en los dias por lo menos que son de obligación, y 
variarlo en la forma, del modo siguiente; 

Ayuno hijiénico.— En el ayuno que me tomo la libertad de proponer, 
sustituyéndulo al ayuno de la Iglesia, el ayunador puede almorzar, comer 
y cenar bien, lomando en los intermedios una laza de caldo si tiene fatiga 
o una rebanada de beafstek; pero le está prohibido la fruta, el dulce, el ma- 
te, las aguas calientes, el té, el café, el chocolate, bollilos, rosquistas, pan 
de huevo y el comer a deshora. El cigarro, los vinos, chichas y licores que- 
dan también prohibidos, fuera de las comidas. 

El ayuno hijiénico tiene las ventajas siguientes para la salud, sobre el 
ayuno de la Iglesia: 1. a es observable por lodo el mundo hasta por los en- 
fermos mismos, evitando de este modo el pecado que se comete con no ayu- 
nar: 2. a es fortificante en lugar de ser debilitante como es el otro; y 3. a 
es mus meritorio porque tiene prohibiciones mas duras. 



r.vm rnoLoco. 

De modo que si a mi so me consultase, en conciencia, por la autoridad 
competente, mi dictamen seria, que so prohibiese el ayuno y las comidas de 
viernes; poro con la añadidura de sustituirlo con el ayuno hijiénico que he 
propuesto. 

Décima nona regla. — Lavaderos públicos. — Una ciudad europea de medio 
millón de habitantes no dá al lavado tanta ropa como Santiago; sin que las 
pobres lavanderas tengan aquí el recurso de lavaderos públicos, ni abun- 
dancia de agua clara con que lavar, ni espaciosos sitios donde poderlo ha- 
cer desahogadamente y secar su ropa. En muchas casas el lavado se hace 
en el último patio con agua clarificada por el alumbre o por el inucilago 
de la tuna. Esta costumbre es perjudicial a la salud de la casa, por cuan- 
to se convierte en un foco de corrupción un departamento importante, 
cual es uno de sus patios; y si esta costumbre es jeneral en muchas casas, 
se convierte en una de enfermedades que abarca toda la población; por 
lo cual yo recomiendo el mayor aseo en esta operación hijíenica q mejor 
aun el que se lave fuera de las casas. 

Las lavanderas de oficio y que viven en sus casas de este trabajo, se en- 
cuentran aun en peores circunstancias, porque viven en un cuarto redondo, 
en un rancho o en una cuartería con puertas a un largo y estrecho patio, 
teniendo que traer o comprar el agua con que han de lavar, agua que, co- 
mo les cuesta plata, la aprovechan cuanto pueden, llegando a estar co- 
rrompida cuando la botan al suelo o mejor cuando la dejan caer allí mismo 
donde lavan, o bien la botan a la calle si viven en un cuarto redondo. Esta 
corrupción envenena el aire de estas pequeñas localidades, que como son 
tantas, llega a influir perniciosamente en la atmósfera jeneral de la po- 
blación. 

Para obviar estos inconvenientes pueden ponerse lavaderos públicos, dis- 
tribuidos melódicamente, donde las pobres puedan ir con su ropa, lavando 
al abrigo en invierno y a la sombra en verano, teniendo a su disposición el 
agua clara que necesiten. 

Yijésima regla. — Baños públicos. — Los baños en toda estación y particu- 
larmente en el verano, son una medida .hijíenica muí importante, porque 
limpiando el cutis desostruyen los poros y favorecen la traspiración; ade- 
mas roban al cuerpo una gran cantidad de calórico y refrijeran la sangre 
por este medio. Los pobres en Santiago, a pesar de que no falta el agua, 
no tienen donde bañarse, y creo yo que a muí poco costo podría haber ba- 
ños públicos, con separación dé sexos por supuesto, colocados a cierta 
distancia unos de otros de modo que pudieran satisfacerse bien las nece- 
sidades de los pobres. 

Vijésinm primera regla. — Que no anden perros por las calles. — Los perros 
en Santiago se pasean libremente como en una pampa sin que nadie se lo 
impida. Creo yo que este ramo de policía no habrá estado abandonado siem- 
pre y que alguna ordenanza debe haber que tenga relación con esto; pero 
exista o nó, lo cierto es que las calles de la capital se ven llenas de perros 
a cualquiera hora del dia, resultando de aquí varios perjuicios. Uno de ellos 
es, que suelen morder a los muchachos que andan por la calle y a veces 
a los grandes también; rara es la semana que no van' algunos mordidos 
en las calles por estos anímales a la Dispensaría; los sustos que suelen dar 
a los niños y a las personas nerviosas, no están siempre exentos de in- 
convenientes: la locura o rabia que es tan común en ellos puede ocasionar 
las consecuencias mas terribles. Poco tiempo hace que una señora en la 
calle de la Merced fué acometida por un peno rabioso; felizmente no al- 



moroco, cix 

canzó con los dientes a depositaren las carnes su mortífera baba, y se con- 
tentó con desgarrarle el vea lid o de alto a bajo. Agregúese a lo dicho lo que 
aumenta la suciedad de las calles la presencia continua de estos animales. 

Dispensarías. — Yo, que soi mui aficionado a las instituciones de bene- 
ficencia pública y que he procurado siempre estar al corriente de los ade- 
lantamientos y formas distintas que toma ha caridad para alivio y consuelo 
de nuestros semejantes, me sorprendí agradablemente cuando encontré en 
Chile esta nueva institución. En Santiago tenemos tres Dispensarías, una 
en San Juan de Dios, otra en la Cañadilla y la tercera que está a mi cargo 
hace cuatro años, se halla situada en la calle de Santa Ana abajo, cerca de 
Yungay. El Gobierno dá 3,000 pesos para todo gasto, y con ellos se paga 
local, médico, practicantes y botica. En la que está a mi cargo sucede lo 
siguiente: a las 8 de la mañana se reúnen todos los enfermos que quieren, 
en el local de la Dispensaría, y a la misma hora concurren un practicante 
farmacéutico, otro de cirujía, que saca también muelas, y yo, que soi el 
médico. Examino los enfermos uno por uno y mando que les den la medi- 
cina que juzgo conveniente, la cual toman allí mismo o se la llevan a su 
casa, con las instrucciones correspondientes. Al (lia siguiente se repite la 
misma operación y así lodo el año. Está por demás el advertir que en mi 
Dispensaría no se usa en la actualidad otra medicina que la homeopática; 
y en el tiempo que está a mi cargo he visto ya en ella odíenla mil enfermos, 
próximamente. 

Con el pequeño sacrificio que hace el Supremo Gobierno resulta un bien 
inmenso a los pobres, porque así tienen el recurso de que los vea un mé- 
dico todos los dias y que puedan curarse en sus casas con la medicina que 
se les proporciona, evitando que se pongan en mano de las médicas. Si los 
enfermos están mui graves y no pueden trasladarse a la Dispensaría, sus 
-deudos suelen ir a pedir un remedio, el cual se les manda también por si 
algún bien pudiera hacerles. 

Sensible es que no se pueda aumentar el número de Dispensarías, parti- 
cularmente en invierno, por lo trabajoso que es poder venir los enfermos 
media o una legua en busca de médico y botica. 

Con 3,000 pesos y un pequeño auxilio que creo dá el Hospital, propor- 
cionando algunas medicinas, se logra poder asistir todos los años a sesenta 
mil enfermos próximamente. 

Me consta que el Supremo Gobierno tiene los mayores deseos de poner 
Dispensarías en todas las poblaciones de alguna importancia. Me parece 
que si todas las capitales de provincia hicieran algún sacrificio pecuniario, 
acaso no seria difícil conseguir d,000 pesos para una Dispensaría en cada 
población grande. 

Por el mucho bien que hacen las Dispensarías, considero su institución 
como una medida importante de hijiene pública. 

El señor don Tomas Reyes es el digno Director de estos establecimientos 
de caridad; el señor don Joaquín Iglesias el Tesorero, y el boticario que 
hace una rebaja considerable en la medicina, el señor don Vicente Buslillos. 

Hermandad de caridad o Instituto de caridad evanjélica. — Hai otra institu- 
ción da caridad, de la cual también es Director mi mui amigo el señor 
don Tomas Reyes, cuyos fondos salen de la caridad particular, con la que 
•se socorre a domicilio a los pobres enfermos que no tienen otro amparo 
que el de Dios, proporcionándoles también un real diario para dieta. El 
enfermo que quiera ser asistido por el Instituto de caridad, tiene que sacar 
un certificado del í'árroco, donde conste que es pobre de solemnidad. Con 



CX PROLOCO. 

este certificado se dirije al Director del Instituto, el cual le dá una tarja 
impresa que dice: Instituto de caridad, y con ella busca a cualquiera de los 
médicos que pertenecemos al Instituto, los cuales tenemos obligación de 
hacerles cuantas visitas sean necesarias, las que se pagan al fin del mes, 
según la cuenta que pasamos, abonándolas a la mitad de como se lleva a 
los particulares. 

Con esta institución, cuyas limosnas creo que se recojen principalmente 
en la Compañía, se hace también mucho bien a los pobres, por lo cual la 
considero como una medida hijiénica interesante. 

Al hablar de estas benéficas instituciones, omitiendo otras muchas que 
hai en Santiago, me complace el consignar aquí una verdad frenolójica. El 
órgano de la benevolencia, donde Dios ha colocado el deseo innato de ha- 
cer bien a nuestros semejantes está desarrollado en Chile tanto como yo no 
lo he visto mas en ninguno otro pais del mundo. Por esta razón las insti- 
tuciones de caridad tienen tan hondas raices en el pueblo chileno, y su hos- 
pitalidad es tan grande. 

Y ya que de Frenolojía hablo, no puedo prescindir de consignar otras dos 
buerras cualidades innatas en el pueblo chileno. La una es el estraoniinario 
desarrollo de la filojenilura en la mujer, donde Dios ha colocado el instinto 
de amar a los hijos. Las chilenas tienen este órgano en el mayor desarro- 
llo que se conoce en Frenolojía. 

El otro órgano, altamente desarrollado, es el de la veneración, donde 
Dios ha colocado el deseo innato en el hombre de amarle y reverenciarle. 
Un pueblo que tiene esta feliz organización cree siempre en Dios y obe- 
dece a la autoridad. 

PROYECTO DE CONTRIBUCIÓN MUNICIPAL PARA EL MEJORAMIENTO DE 

LA POBLACIÓN. 

En las reglas hijiénicas que preceden pedimos a la Municipalidad: 1.» 
abundancia de agua poiable, bien distribuida en toda la población: 2.° que 
quite las acequias de las calles largas, y que las calles estén todas bien em- 
pedradas y con veredas: 3.° que las acequias interiores se agranden y se 
profundicen, haciéndolas de cal y ladrillo, en forma de alcantarilla o con- 
ducto para que las aguas sucias vayan cubiertas, dejando en cada casa dos 
agujeros, uno de botadero y otro para el lugar común, y poniendo al fin 
de toda pertenencia una rejilla de fierro, inamovible, igual en todas partes 
para que no deje pasar los cuerpos voluminosos que forman el taco: 4.° que 
la policía de las calles se haga de las doce de la noche en adelante; que se 
obligue al ensanchamiento forzoso de las calles; que se prohiba edificar con 
altos; que el alumbrado sea de gas, etc. 

Como la mayor parte de las medidas de Higiene pública que he aconse- 
jado, por creer que mejorarían el estado sanitario de la población, deman- 
dan gastos considerables; me voi a tomar la libertad de hacer algunas in- 
dicaciones en el sentido de proporcionarle recursos a la Municipalidad; 
porque si bien nosotros tenemos derecho a pedirle el mejoramiento de las 
calles, acequias, alumbrado, etc., también es verdad que tenemos la obli- 
gación de pagar estos servicios. Los gastos que demandan estos servicios 
no los debe tampoco pagar la nación, sino que deben salir de los habitantes 
de Santiago; no de sus personas, ni de sus industrias, ni de sus capitales 
en movimiento, sino de sus terrenos y de sus edificios. 



MIÓLOS. ¿XI 

Al terreno que ocupan los edificios impondría de uno a cinco centavos 
por vara cuadrada, (quien dice esta cantidad, dice mas o menos). 

Como medida de Higiene pública, y también para contribuir al embelle- 
cimiento de la población, debe la Municipalidad fijar la altura media de los 
edificios, que deben ser de un solo piso. 

Fijada ya la altura de los edificios, el que pase de ella, edificando altos, 
por ejemplo, pagará un lanío por cada pié o vara que se eleve de la altura 
convenida. 

Dada ya la anchura que tienen las calles, cuyo espacio pertenece al público, 
el que ocupe parte de este espacio con las puertas, columnas, ventanas, etc., 
de sus casas, pagará un tanto por cada pulgada que tome de la calle. 

El aire de una población pertenece a la comunidad y no a los particula- 
res, y como regla de Higiene importante debe conservarse lo mas puro que 
se pueda. Por esta n.zon, el que haga uso de este aire en perjuicio de la 
jencraUdad, justo es que lo pague. Y como las puertas, ventanas y balco- 
nes, son otras tantas vias o respiraciones por donde se hace uso del aire 
esterior, unas veces tomándolo y otras impregnándolo con los miasmas 
que salen de la casa, impondría yo un tanto por cada puerta, balcon,*ven- 
tana o agujero que tuviera la casa. 

Pagarían un tanto los edificios que causaran daño por las aguas que caen 
de los tejados y de éstos van a la calle, bien sea por las canales comunes 
que la dejan caer en medio de las veredas, bien sea por los tubos de zinc, 
hoja de lata, etc., que la botan fuera en perjuicio del público. 

Los tejados que sobresalen de la perpendicular del edificio, invadiendo 
la atmósfera del público; de modo que las calles son dos varas mas estre- 
chas al nivel de los tejados que en el suelo, pagarían un tamo, etc. 

Los que ponen escombros, madera, etc., en la calle, o sea en lo que es 
propiedad pública, con notable perjuicio de los transeúntes, ademas do 
poner una luz que dure toda la noche para que no se mate nadie, pagarán 
un tanto diario mientras ocupen la propiedad ajena. 

Los que, por razón de tener enfermos en sus casas, quieran impedir con 
notable perjuicio del público, que pasen carruajes por las calles, pagarán 
un tanto diario, mientras disfruten de este beneficio. 

Las aguas que, de los patios de las casas, salen a la calle perjudican al 
público, porque le inundan su propiedad, que es la calle, y le infectan el 
aire por las inmundicias que arrastran consigo. Por esta razón yo impon- 
dría un tanto a las casas que hicieran este perjuicio. 

Las chimeneas de las casas, las de herrerías u otros establecimientos 
donde se consume carbón de piedra o bien otro combustible, infeccionan 
la atmósfera en perjuicio del público; yo impondría un tanto por este daño 
que nos causan. 

Las calles, el aire, la luz y el sol son propiedades de todos y el que en 
una población haga uso de ellos en perjuicio de la jeneralidad, justo es 
que lo pague. 

Sobre estas bases, a corta diferencia, establecería yo un impuesto sobre 
la población; y una vez que estuviese aprobado y se supiese a cuanto ascen- 
día, levantaría un empréstito de uno o dos millones de pesos y con ellos 
haría las reformas que acabo de indicar. 

El Gobierno o la nación debe contribuir con un tanto por los edificios 
públicos que ocupe, los cuales de ninguna, manera deben exhimirse de la 
contribución. 



C.XIt ritOLOGO. 

Los conventos deben contribuir con sus continjentes, como si fueran 
edificios particulares. 

Quedan exceptuados de la contribución: 4.° los edificios que ocúpela 
Municipalidad: 2.° los establecimientos de beneficencia: 3.° la catedral y 
todas las parroquias: y 4° el convento de las monjas Capuchinas. 

Adoptada la idea del ensanchamiento de las calles, exhimiria de toda con- 
tribución, convenida ya en su anchura fija, a lodo edificio que fuera edifi- 
cado según la nueva lei; pero lo exhirniria no para siempre, sino por 15, 
20, años, etc.; o bien calculando el perjuicio que se le seguiría y la contri- 
bución que debería pagar. 

El vivísimo de'seo que yo tengo de ver mejorada la población y de que 
nuestros hijos vivan en la mejor ciudad del mundo, ha hecho que me eslra- 
vie en estas consideraciones, que espero me dispensarán, atendido a mis 
buenos deseos y a L importancia del asunto. 

¡Dichoso mil veces este hermoso pais donde pueden hacerse las reformas, 
sirviendo de escarmiento la esperiencia ajena! ¡Cuánto no progresaría hoi 
la vieja Europa si para sus reformas no tuviera que luchar con las preocu- 
paciones de tantos siglos de estravíos! 

Bien poco se dejan recomendar nuestros padres si los miramos bajo el 
punto de vista de la Hijíene Pública; nos fundaron a Santiago en una délas 
situaciones mas bellas del mundo, en un estenso y bien ventilado valle, en 
un plano uniformemente inclinado, a la orilla de un cristalino rio aunque no 
inui abundante, sin aguas pantanosas en sus inmediaciones, y a tres leguas 
de los encumbrados Andes, cuyas nevadas cimas, con sus pintorescas vistas 
a la postura del sol, no se cansa de contemplar el estranjero que por prime- 
ra ocasión ve tanta maravilla. Pero a tanto bueno como la naturaleza ha 
prodigado a Santiago para ser una de las ciudades mas bonitas y sanas del 
inundo, viene desgraciadamente a unirse el criminal abandono de nuestros 
mayores, dejándonos suciedad e inmundicias por do quiera y angostas ca- 
lles que nos impiden el libre tránsito por cualquier friolera, etc. etc. 

Pero aunque el mal es tanto, no es irremediable, y a nosotros, que so- 
mos sus hijos, herederos también de todas sus glorias, nos corresponde dar 
un avanzado paso en el sentido del progreso, mejorando la capital para que 
nuestros descendientes tengan la noble satisfacción de vivir en la primera 
ciudad del mundo. 

Las grandiosas miras de un gobierno altamente reformador que tiene la 
gloria de conducir su pueblo por la senda pacífica del verdadero progreso, 
favoreciendo las grandes asociaciones de los primeros capitalistas para las 
finpresas de utilidad pública, que él mismo promueve y fomenta, quedarían 
defraudadas, lo mismo que los esfuerzos de todos, si nuestras viviendas y 
la mansión habitual de nuestras familias fueran por mas tiempo el manan- 
tial perpetuo de padecimientos y dolencias que amargan nuestra ya bien 
penosa vida. 

A remediar tanto mal tienden mis esfuerzos; y ya que no puedo contri- 
buir con gran cosa al logro de tan buena causa, dejo consignado el peque- 
ño «continjente de mis ardientes deseos para que esta población sea la ciu- 
dud-paraiso del globo. 



B. GARCÍA FERNANDEZ. 



EXPOSICIÓN 



DE LA 



DOCTRINA MÉDICA HOMEOPÁTICA, 

U ORGAKON DEL ARTE DE CURAR. 



INTRODUCCIÓN. 



Ojeada sobre los métodos alopático y paliativo «le las es* 
cuelas que Han dominado Hasta el dia en medicina. 



Desde que existen los hombres sobre la tierra han estado espuestos indi- 
vidualmente o eu masa a la influencia de causas morbíficas, físicas o mora- 
les. Mientras que han permanecido en el estado de pura naturaleza, les ha 
bastado un corto número de remedios, porque la sencillez de su jénero de 
vida les hacia accesibles a pocas enfermedades. Pero las cansas de alteración 
de la salud y la necesidad de socorros se han aumentado en proporción a 
los progresos de la civilización. Desde entonces, es decir, desde los tiempos 
que han seguido de cerca a Hipócrates, o hace dos mil quinientos años, hubo 
hombres que se dedicaron al tratamiento de las enfermedades, cuyo número 
se aumentaba cada dia, y a los que la vanidad condujo a buscar en su ima- 
ginación medios para aliviarlas. Tantas cabezas diferentes produjeron una 
infinidad de doctrinas acerca de la naturaleza délas enfermedades y de sus 
remedios, a las que se condecoró con el nombre de sistemas, y que todas 
estaban en contradicción las unas con las otras, como consigo mismas. Cada 
una de estas teorías sutiles admiraba al mundo en un principio por su pro- 
fundidad inintclijible, y atraía a su autor una multitud de entusiastas pro« 



2 OJEADA 

sólitos, de los que sin embargo ninguno podía sacar de ella nada que le 
fuera úlil en la práctica, hasta que un nuevo sistema, muchas veces del 
lodo opuesto al precedente, hacia olvidar éste, y a su vez se apoderaba por 
algún tiempo del renombre. Mas ninguno de estos sistemas estaba conforme 
con la naturaleza, ni eon la esperiencia. Todos eran un tejido' de sutile- 
zas fundadas sobre consecuencias ilusorias que no podían servir de nada a 
la cabecera de los enfermos, y que solo eran a propósito para sostener 
vanas disputas. 

Al lado de estas teorías, y sin ninguna dependencia de ellas, se formó un 
método que consiste en dirijir mezclas de medicameutos desconocidos con- 
tra formas de enfermedades arbitrariamente admitidas, todo con arreglo a 
miras materiales en contradicción con la naturaleza y la esperiencia, y por 
consiguiente sin resultado ventajoso. Esta es la antigua medicina que se 
llama alopatía. 

Sin desconocer los servicios que un gran número de médicos han hecho 
a las ciencias accesorias del arte de curar, a la física, a ¡a química, a la 
historia natural en sus diferentes ramos, y a la del hombre en particular, 
a la anlropolojia, a la fisiolojía, a la anatomía, etc., me ocuparé aquí de 
la parte práctica de la medicina, para demostrar cuan imperfecto es el modo 
con que se han tratado las enfermedades hasta ahora. Mis miras se elevan 
mucho sobre esa rutina mecánica que juega con la vida tan preciosa de los 
hombres, lomando por guia colecciones de recetas, cuyo número cada dia 
creciente prueba cuan estendido se encuentra todavía por desgracia su uso. 
Mas dejo este escándalo a la plebe del pueblo médico, y voi a ocuparme 
solamente de la medicina reinante, que imajina que su antigüedad la da real- 
mente el carácter de ciencia. 

Esta antigua medicina se alaba de ser la única que merece el título de 
racional, porque también es ella sola, dice, la que se detiene a investigar y 
separar la causa de la enfermedad, es la única también que sigue los pasos 
de la naturaleza en el tratamiento de estas. 

Talle eausam! grita sin cesar; pero se limita a este vano clamor. Se figura 
poder encontrar la causa de la enfermedad; pero no la encuentra en reali- 
dad, porque no se puede ni conocerla, ni por consiguiente encontrarla. En 
efecto, siendo la mayor parte, la inmensa mayoría de las enfermedades, de 
oríjen dinámico, su causa no puede someterse a nuestros sentidos. Se veía, 
pues, reducida a imajinar una. Comparando, por una parte el estado normal 
do las parles internas del cuerpo humano después de la muerte (anatomía) 
con las alteraciones visibles que estas partes presentan en los sujetos muer- 
tos de enfermedades (anatomía patolójica); por otra, las funciones del cuer- 
po vivo (ñsiolojía) con las aberraciones infinitas que éstas sufren en los 
innumerables estados morbosos (patolojía semeyótiea), y deduciendo de esto 
consecuencias con arreglo al modo visible con que se efectúan los cambios 
en el interior del hombre enfermo, se llegaba uno a formar una ¡majen vaga 
y fantástica, que la medicina teórica miraba como causa primitiva de la en- 
fermedad (1), de la cual se hacia en seguida la causa próxima y al mismo 

(1) Su conducta hubiera sido mas conforme a la sana razón y a la naturaleza de 
las cosas, si para ponerse en estado de curar una enfermedad hubieran tratado de 
descubrir su causa ocasional, y si, después de haber puesto fuera de toda duda la 
eficacia de un plan de tratamiento en todas las afecciones dependientes de una mis- 
lun causa ocasional, hubieran podido después aplicarle igualmente con buen resul- 
tado a aquellas cuyo orijen era el mismo, como por ejemplo el mercurio, que con- 
viene en todas las úlceras venéreas, es apropiado también a las úlceras del glande 



SOOT.K LA MIÍDICINA ALOPÁTICA. 5 

tiempo la esencia íntima de esta enfermedad, o la enfermedad misma, aun- 
que el baen juicio diga que la causa de una cosa no puede serlo la cosa 
misma. Ahora bien: ¿cómo se podiü, sin querer engañarse a sí mismo, hacer 
de esta esencia inapreciable un objeto de curación, prescribir contra 
ella medicamentos cuya tendencia curativa era igualmente desconocida, al 
menos de la mayor parte de ellos, y sobre todo acumular muchas de estas 
sustancias desconocidas en lo que se llaman fórmulas? 

Sin embargo, el sublime proyecto de encontrar apviori una causa interna 
e invisible de la enfermedad se reducía, al menos en los médicos reputados 
por los mas razonables de la antigua escuela, a investigar, tomando también, 
i\ Ja verdad, por base los síntomas, lo que se podia presumir que era el ca- 
rácter jenérico de la enfermedad presente, (I). Se quería saber si era el es- 
pasmo, o la debilidad, o la parálisis, la fiebre o la inflamación, la induración 
o la obstrucción de tal o cual parte, la plétora sanguínea, el exceso o la 
falla de oxíjeno, de carbono, de hidrójeno o de ázoe en ios humores; la 
exaltación o la disminución de la vitalidad del sistema arterial, venoso u 
capilar; una alteración en las proporciones relativas de los factores de la 
sensibilidad, de la irritabilidad o de la nutrición. Estas conjeturas, honradas 
por la escuela con el nombre de indicaciones procedentes de la causa, y 
miradas como la única racionalidad posible en medicina, eran demasiado 
hipotéticas y falaces para que pudieran gozar de la menor utilidad en la 
práctica. Incapaces, aun cuando hubiesen sido fundadas, de dar a conocer 
el mejor remedio que se podia emplear en tal o cual caso dado, halagaban 
demasiado el amor propio del que las habia construido a fuerza de labo- 
riosidad; pero en la mayor paite de casos les inducían a error, cuando 
pretendían obrar con arreglo a ellas. Obraban así mas bien por ostenta- 
ción, que con la esperanza real de que les sirvieran de algún provecho 
para llegar a la verdadera indicación curativa. 

¿Con cuánta frecuencia no sucedía que el espasmo y' la parálisis parecía 
que existían en una parte del organismo mientras que la inflamación apa- 
rentaba encontrarse en otra? 

Por otra parle ¿de donde podían salir remedios seguros para cada uno de 
fistos pretendidos caracteres jenerales'/ Semejantes remedios no hubieran po- 
dido ser otros que los específicos, es decir, medicamentos análogos i la 

determinadas por un coito impuro ; si hubiesen descubierto, repilo, que (odas las 
tiernas enfermed >des crónicas {no venéreas) reconocen por causa ocasional la infec- 
ción reciente o antigua del miasma psórico, y hubiesen encontrado con arreglo a esto 
un método euralivo común, modificado solamente por las consideraciones terapéuti- 
cas relativas a cada caso individual, que permitiese curarlas todas; enlónees hubie- 
ran podido decir que tenian a la -vista la única causa de las enfermedades crónicas 
no venéreas, a la rpie se dehia atender para tratarlas con feliz éxito. Pero después 
de tantos siglos no han podido curar innumerables afecciones crónicas, porque igno- 
raban que deben su orijen al miasma psórico, descubrimiento que pertenece a la 
homeopatía, y que la lia puesto en posesión de un método curativo eficaz. Sin em- 
.bargo, se alababan de ser los únicos cuyo tratamiento era racional y dirijido contra 
(a (mus i primitiva de jas enfermedades, aunque no han tenido jamas la menor sos- 
pecha de esta verdad tan útil, que todas ellas proceden de up orijen psórico, y por 
consiguiente no las hayan curado jamas en realidad. 

(1) Todo médico que trata las enfermedades con sujeción a caracteres tan jenera- 
les, aunque se apropiase él mismo el dictado de homeópata, no por eso dejaría de 
ser en realidad un alópata jeneralizndor, porque no se puede concebir homeopatía 
sin la individualización mas absoluta. 



4 OJEADA 

irritación morbífica en sn modo de obrar (I ); poro la antigua escuela los 
proscribía como mui peligrosos (2), porque, en efecto, la esperíeiicíu había 
demostrado que con las fuertes dosis consagradas por el uso comprometían 
la vida en las enfermedades, en que la aptitud a sentir irritaciones homo- 
jéneas está tan desarrollada. Pues la antigua escuela no sospeehaba que se 
pudiesen administrar los medicamentos a dosis mui débiles y aun en eslremo 
pequeñas. Asi ni se debia, ni se podía curar por la vía directa y la mas natu- 
ral, es decir, por medios bomojéneos y específicos, puesto que la mayor 
paite de los efectos que los medicamentos producen eran y quedaban desco- 
nocidos, y poique, aun cuando se les hubiese conocido, no se hubiera po- 
dido jamás, con semejantes hábitos de jeneralízaoíon, adivinar la sustancia 
que era mas apropósito emplear. 

No obstante, la antigua escuela que, conocía mui bien que era mas racio- 
nal seguir el camino derecho que no meterse por sendas tortuosas, creía toda- 
vía curar directamente las enfermedades eliminando su supuesta causa mate- 
rial , porque le era casi imposible renunciar a estas ideas groseras al tratar, 
ya de formarse una ¡majen de la enfermedad, ya de descubrir las indicaciones 
curativas, del mismo modo que no estaba en su poder el reconocer la natura- 
leza a la vez espiritual y material del organismo por un ser tan elevado como 
las alteraciones de sus sensaciones y acciones vitales, que se llaman enferme- 
dades, que resultan principal y aun casi únicamente de impresiones diná- 
micas, y no podrian ser determinadas por ninguna otra causa. 

La escuela, pues, consideraba toda materia alterada por la enfermedad, 
ya estuviese solamente en estado de orgasmo, ya fuese arrojada al esterior, 
como la causa escitadora de esta enfermedad, o al menos, en razón de su 
pretendida reacción como la que la sostiene , y esta última opinión la admite 
aun en el día. 

He aquí por qué creía verificar curaciones obrando sobre las causas, y 
empleando todos sus esfuerzos para espeler del cuerpo las causas materia- 
les que ella suponía a la enfermedad. 

De aquí su cuidado en hacer vomitar, para evacuar la bilis en las fiebres 
biliosas (5), su método de prescribir vomitivos en las afecciones del estóma- 
go (4), su conato de evacuar la pituita i los vermes intestinales en la palidez 

(1) Llamados en la actualidad homeopáticos. 

(2) «En los casos en que la esperiencia había revelado la virtud curativa de me- 
« dicamentos que obraban de un modo homeopático, cuyo modo de acción era iries- 
« plicable, se salia de la dificultad declarándolos específicos, i esta palabra, hablando 
« en propiedad, destituida de sentido, les dispensaba en adelante de reflexionar so- 
« bre el objeto en cuestión. Pero hace ya largo tiempo que estos estimulantes homo- 
« jéneos, es decir, específicos u homeopáticos han sido proscriptos por ejercer una 
« influencia en eslremo peligrosa». Rau, Uebcr d. homceopath. lleilver. Heidelberg, 
1824, p. 401 y 102.) 

(3) Rau (loe. cit., p. 176), cuando no estaba perfectamente enterado de la ho- 
meopatía, pero que sin embargo me encontraba íntimamente persuadido del carác- 
ter dinámico de la causa de estas fiebres, las curaba ya con una o dos pequeñas do- 
sis de un medicamento homeopático, sin administrar ningún evacuante, de lo cual 
refiere dos casos notables 

(4) En una afección gástrica que sobreviene de uní manera pronta, con cruptos 
continuos i repugnantes de alimentos corrompidos, y jcneralmenle con abatimiento 
del moral, frió en los pies y en las manos, etc., la medicina ordinaria no se ha 
ocupado hasta ahora mas que de las sustancias alteradas contenidas en el estómago. 
Debe darse según ella un buen vomitivo para provocar la espulsiun de dichas mate- 



SOBKE LA MEDICINA ALOPÁTICA. 5 

de la cara, la bulimia, los dolores de tripas i la lumefaccíon del vientre en 
los niños (I). Su costumbre de sangrar en las heiüorrajias (2), y principal- 
rías. La mayor parte de las veces se llena esla indicación con el tártaro entibiado 
mezclado o no con la ipecacuana. ¿Vías recobra el enfermo la salud así que ha vomi- 
tado? jOh! no. Estas afecciones gástricas de oríjen dinámico son producidas ordina 
ñámente por algún trastorno moral (contrariedad, disgusto, terror) por un enfria- 
miento, por un trabajo intelectual o corporal al que se ha entregado uno inmedia- 
tamente despuesde comer. El emético y la ipecacuana no son a proposito para hacer 
cesar este desarreglo dinámico, y el vómito revolucionario que determinan no lo es 
tampoco. Ademas, los síntomas morbosos particulares, cuya manifestación provocan 
ellos mismos, han ocasionado un nuevo ataque a la salud, y la secreción biliar se 
desarregla de suerte que si el enfermo no goza de una constitución mui robusta, debe 
resentirse por algunos dias de este pretendido tratamiento dirijido contra la causa, 
aunque todo lo contenido en el estómago haya sido espelido de una manera |violcn- 
ta. Pero si en lugar de estos evacuantes, que le perjudican siempre, se hace respirar 
al enfermo una sola vez un glóbulo de azúcar, tan grueso como un grano de mos- 
taza, que esté empapado en el jugo mui dilatado de pulsatila, lo que infaliblemente 
restablece el orden en la economía entera y en el estómago en particular, se encuen- 
tra curado en el término de dos horas. Si se presentan todavía algunos eruptos, son 
debidos a gases privados de olor y sabor; las sustancias contenidas en el estómago 
no están ya alteradas, y a la comida próxima el sujeto ha recobrado su apetito habi- 
tual, y se encuentra bueno y ájil. Hé aquí lo que se debe llamar una verdadera cu- 
ración que ha destruido la causa. La otra no lleva este titulo mas que por usurpa- 
ción ; no hace mas que molestar al enfermo y dañarle. 

Jamas reclama vomitivos un estómago lleno de alimentos, aunque sean difíciles de 
dijerir. En semejantes casos la naturaleza sabe desenib trazarse de ellos por los vómi- 
tos espontáneos que escita, y que solo puede permitirse apresurarlos por medio de 
titulaciones mecánicas ejercidas en el velo del paladar i las fauces. Asi se evitan los 
efectos accesorios que resultarían de la acción de los eméticos y una corta cantidad de 
infusión de café basta para hacer pasar a los intestinos las materias que permaneciesen 
todavía en el estómago. 

Pero si el estómago, después de haberle llenado mns de lo regulir, no poseyese o 
si hubiese perdido la irratibilid id necesaria para la manifestación espontánea del 
vómito, si y el enfermo atormentado por dolores agudos en el epigastrio, no esperi- 
menlaseel menor deseo de vomitar, en una parálisis semejante de la viscera gástrica 
el vomitivo no haría mas que producir una inflamación peligrosa y aun mortal de 
las vías dijestivas : mientras que dosis pequeñas i repelidas con frecuencia de una 
fuerte infusión de café reanimarían dinámicamente la escitabilídad disminuida del 
estómago, y le pondrían en estado de espeler por sí solo por arriba o por abajo las 
materias conlenidas en su interior, por grande que fuese su cantidad. También faltan 
en este caso los médicos ordinarios a su pretensión de dirijir el tratamiento contra 
la causa. 

Cuando el ácido gástrico se hace mui abundante, i refluye a la boca, lo que no es 
raro, se acostumbra en el día, aun en las enfermedades crónicas, a administrar un 
vómito para desembarazar deél al estómago. Pero desde el dia siguiente o algunos dias 
después se encuentra en la misma cantidad o mayor todavía. Al contrario las acedias 
cesan por sí mismas, ruando se ataca su causa dinámica con una pequeñísima dosis 
de ácido sulfúrico muí dilatado, o mejor todavía de un remedio antipsórico homeo- 
pático a los otros síntomas. Asi es como en muchos tratamientos, que en el sentir de 
la antigua escuela se diríjen contra la causa morbífica, el objeto favorito es espeler 
penosamente y con detrimento del enfermo el producto material déla desarmonía di- 
námica, sin inquietarse en lo mas mínimo por reconocer el orijen dinámico del mal, 
para combatirle homeopáticamente, lo mismo que todo lo que de él dimane, y tra- 
tar asi las enfermedades de un modo racional. 

(1) Síntomas que dependen únicamente de una miasma psóric, y que ceden fácil- 
mente sin vomitivos ni purgantes a suaves antipsóricos (dinámicos). 

(?) Aunque casi todas las hemorrajias morbosas dependen únicamente de una dc- 
sarmonia dinámica de la fuerza vital, sin embargo la antigua escuela les asigna por 



C OJEADA 

mente la Importancia que da a las emisiones sanguíneas de toda especie f I) 
como indicación principal que hai que llenar en las inflamaciones. Obrando 
así cree obedecer a las indicaciones verdaderamente deducidas de la causa, 
y tratar las enfermedades de una manera racional. Ella cree igualmente que 
ligando un pólipo, esiirpando una glándula infartada o haciéndola destruir 
por la supuración producida a beneficio de los irritantes locales, disecando 
un quiste esteatomatoso o melicérico, operando un aneurisma, una fístula 
lagrimal o una fístula del ano, amputando un pecho canceroso o un miem- 
bro cuyos huesos están afectados de caries, etc., ha curado las enfermeda- 
des de un modo radical, y ha destruido sus causas. La misma creencia tiene 
cuando emplea sus repercusivos, y deseca úlceras antiguas de las piernas 
con el uso de los estrinjenles, de los óxidos de plomo, de cobre y de zinc, 
asociados, es verdad, a los purgantes que-en nada disminuyen el mal fun- 
damental, y no hacen mas que debilitar; cuando cauteriza las úlceras sifilíti- 
cas, destruye localmente las vejetaeiones y verrugas y rechaza de la piel la 
sarna por medio de los ungüentos de azufre, de plomo, de mercurio o de 
zinc; en fin, cuando hace desaparecer una oftalmía con las disoluciones de 
plomo o de zinc, y combate los dolores de los miembros por medio del bálsa- 
mo de Opodeldok, de las pomadas amoniacales, o de las fumigaciones de ci- 
nabrio i de ámbar. En todos estos casos se figura haber destruido el mal, y 
haber empleado un tratamiento racional dirijido contra la causa. ¡Mas cuá- 
les son las consecuencias! Nuevas formas de enfermedades, que se manifies- 
tan infaliblemente mas temprano o mas tarde, que se loman, cuando apare- 
cen, por enfermedades nuevas, y que son siempre mas peligrosas que la 
afección primitiva, refutan sobradamente las teorías de la escuela. Esto 
debería abrirla los ojos, probando que el mal tiene una naturaleza inmate- 
rial profundamente oculta, quesuoríjen es dinámico, y que no puede ser 
destruido mas que por una potencia dinámica. 

causa una super-abundancia de sangre, y no puede menos de prescribir las sangrías 
para desembarazar al cuerpo de esta pretendida plenitud-. Las funestas consecuen- 
cias que de ellas resultan como la pérdida de las fuerzas, la tendencia o la tran- 
sición al tifus, son atribuidas por ella a la enfermedad, de la que suele no poder 
triunfar entonces. En una palabra, aun cuando el enfermo no haya librado de la 
enfermedad, cree haberse conducido conforme al adajio Úécáusamtollé, haber hecho, 
valiéndome de su lenguaje, cuanto se podía hacer por el enfermo, y no tener nada 
de que reconvenirse en cuanto al resultado. 

(1) Aunque no haya quizá nunca una sola gota dé sangre en esceso en el cuerpo 
humano vivo, no por eso deja de mirar la antigua escuela su pretendida plétora o 
superabundancia de sangre, como la causa material principal de las inflamaciones 
que debe combatir con sangrías, ventosas escarificadas i sanguijuelas. Esto es lo que 
llama obrar de un modo racional, i dirijír el tratamiento contra la causa. Aun lle- 
ga a consideraren las fiebres inflamatorias jenerales y en las pleuresías agudas a la 
linfa coagulable que existe en la sangre, o lo que se llama costra flojística como la 
materia pecante, y se esfuerza en hacerla salir en la mayor cantidad posible por 
medio de sangrías reiteradas, a pesar de no ser raro ci ver que esta costra se hace 
mas gruesa y mas densa a cada nueva emisión sanguínea. Asi es como cuando la lie- 
bre inflamatoria no quiere ceder, vierte sangre a veces casi hasta el punto de matar al 
enfermo, pira hacer desaparecer la costra o la supuesta plétora, sin sospechar que la 
sangre inflamada no es mas que un producto de la fiebre aguda, o sea la irritación 
inflamatoria morbosa, inmaterial o dinámica,- que esta última es la única causa del 
grande desorden que existe en el.sislema vascular, y que se la puede destruir con una 
dosis mínima de un remedio homeopático ; por ejemplo, con un glóbulo de azúcar 
empapado en el jugo del acónito al decillonésimo grado de dilución, proscribiendo 
ios ácidos véjeteles ; de tal manera que la mas violenta liebre pleurélica, con todos 



SOBRE LA MEDICINA ALOPÁTICA. 7 

La hipótesis que jeneralmente La preferido la escuela hasta en los tiem- 
pos unís modernos, y aun pudiera decirse que hasta el dia, es la de los 
principios morbíficos ydelasacromonías, que a la verdad ella sutilizaba mu- 
cho. Era preciso desembarazar de estos principios a los vasos linfáticos, y 
sanguíneos por los órganos urinarios y las glándulas salivales; al pecho por 
las glándulas traqueales y bronquiales, al estómago y al tubo intestinal por 
el vómito y las deyecciones albinas; sin lo cual no se creían con facultades 
para decir (pie el cuerpo había sido limpiado de la causa material escitante 
de la enfermedad, y que se había hecho una curación radical conforme al 
principio iolle causam. 

Practicando en la piel aberturas, que la presencia habitual de un cuerpo 
estraño convertía en úlceras crónicas (cauterios, sedales), ¡majinaba trasegar 
la materia pecante del cuerpo, que jamás se halla enfermo sino dinámica- 
mente, como se hace salir la hez de un tonel dándole un barreno. Creia 
también atraer los malos humores al esterior por medio de vejigatorios sos- 
Ios síntomas alarmantes que la acompañan, se encuentra completamente curada en 
el espacio de veinte y cuatro horas a lo mas, sin ninguna emisión sanguínea y sin 
el menor antiflojislico ; de modo que un poco de sangre sacada entonces de una 
vena, por via de esperimento, no se cubre ya de costra inflamatoria, mientras que en 
otro enfermo de circunstancias enteramente semejantes que haya sido tratado según 
el pretendido método racional de la antigua escuela, si se libra de la muerte des- 
pués de numerosas sangrías y crueles padecimientos, sufre muchas veces meses ente- 
ros llaco i debilitado, antes de poder tenerse de pié, y en otros casos sucumbe a una 
fiebre tifoidea, a una leucoílegmasia o a una tisis ulcerosa, consecuencia frecuente de 
semejante tratamiento. 

El que ha observado el pulso de un sujeto enteramente normal una hora antes del 
escalofrió que precede siempre a la pleuresía aguda, no puede menos de sorprenderse 
cuando se trata de persuadirle, dos horas después, luego que el calor se ha manifes- 
tado, que existe entonces una enorme plétora que hace necesarias evacuaciones san- 
guíneas reiteradas, y se pregunta a sí mismo qué milagro ha podido introducir las 
libras de sangre que se quieren evacuar en los vasos del enfermo, que él ha visto la- 
tir dos horas antes con un movimiento tan regularizado. ¡Sin embargo, no puede 
existir en sus ven is ni una onza desangre mas de laque habia dos horas antes, cuan- 
do el sujeto estaba bueno! 

Asi, cuando el partidario de la medicina alopática practica sus emisiones sanguí- 
neas, no es la sangre snp¿rílua la que quila al enfermo atacado de una liebre aguda, 
pues este líquido no puede jamás existir en esceso, sino que le priva de esta cantidad 
de sangre normal e indispensable para la vida y para el restablecimiento de la salud, 
pérdida enorme que no está en su mano el poderla reparar. Sin embargo imajina 
haber obrado según el axioma de Causam talle, al cual da tan falsa interpretación, 
mientras que la única y verdadera causa de la enfermedad es no una superabundan- 
cia de sangre que jamas existe en realidad sino una irritación inflamatoria dinámica 
del sistema sanguíneo, como lo prueba la curación que se obtiene en semejantes ca- 
sos por la administración a dosis prudijíosamente débiles del jugo del acónito, que 
es homeopático a esta irritación. 

Tampoco escasca la antigua escuela las emisiones sanguíneas tópicas, sobre todo 
las aplicaciones copiosas de sanguijuelas, en el tratamiento de las inflamaciones lo- 
cales. El alivio paliativo que de ellas resulta en los primeros momentos no es coro- 
indo por una curación rápida y completa ; lejos de esto, la debilidad y el estado va- 
letudinario a que queda siempre expuesta la parle que ha sido tratada de este modo, 
y muchas veces también el resto del cuerpo, demuestran demasiado cuan injusta- 
mente atribuían la inflamación local auna plétora local, y cuan Instes son los resulta- 
dos de las emisiones sanguíneas, mientras que esta irritación inflamatoria de apa- 
riencia local, que es puramente dinámica, puede ser destruida de una manera pronta 
y dumdera, con una pequeña dosis de acónito, o según las circunstancias, de bella- 
dona ; a favor de cuyo medio se encuentra curada la enfermedad, siu necesidad de 
recurrir a las sangrías, que nada es capaz de justificar. 



8 OJKAhA 

tenidos perpetuamente. Pero todos estos procederes absurdos y contrarios 
a la naturaleza no hacia» mas que debilitar a los enfermos, y en fin hacer- 
Jos incurables. 

Convengo en que era mas cómodo para la debilidad humana suponer, en 
las-enfermédades que había que curar, un principio morbífico, cuya materia- 
lidad pudiese concebir el entendimiento, tanto mejor cuanto que los mismos 
enfermos se prestaban mui gustosos a semejante hipótesis. Efectivamente» 
admitiéndola no había mas que ocuparse en hacer tomar suficiente cantidad 
de medicamentos para purificar la sangre y los humores, escitar el sudor, 
facilitar la espectoracion, y barrer el estómago y los intestinos. He aquí por- 
qué todas las materias médicas que han aparecido desde Dioscórídes guar- 
dan un silencio casi completo acerca de la acción propia y especial de cada 
medicamento; y se limitan, después de haber enumerado sus virtudes su- 
puestas contra tal o cual enfermedad nominal de la patolojía, a decir que 
promueve la secreción de la orina, el sudor, la espectoracion o el flujo mens- 
trual, y sobretodo que tiene la propiedad de espeler por arriba o por abajo 
los materiales contenidos en el tubo dijestivo, porque en todos tiempos los 
esfuerzos de los prácticos han tenido por objeto principal la espulsion de 
un principio morbífico material y de muchas acrimonias que ellos pensaban 
que eran la causa de las enfermedades. 

Todo esto eran vanos ensueños, suposiciones gratuitas, hipótesis desti- 
tuidas de todo fundamento, hábilmente ¡majinadas para la comodidad de la 
terapéutica que se vanagloriaba de tener un objeto mas fácil de conseguir 
cuando se tratase de combatir por medio de ella los principios morbíficos 
materiales. 

Mas la esencia de las enfermedades y su curación no se acomodan a nues- 
tros desvarios y a los deseos de nuestra pereza. Las enfermedades no pue- 
den, por complacer a nuestras locas hipótesis, dejar de ser aberraciones 
dinámicas que nuestra vida espiritual esperimenta en su modo de sentir y 
de obrar, es decir, cambios inmateriales en nuestro modo de ser. 

Las causas de nuestras enfermedades no pueden ser materiales, puesto 
que la menor sustancia material estraña (I) por ¡nocente que nos parezca, 
que se introduzca en los vasos sanguíneos, es espelida inmediatamente como 
un veneno por la fuerza vital, o sino puede serlo ocasiona la muerte. 

Si se introduce el mas pequeño cuerpo eslraño en nuestras partes sensi- 
bles, el principio de vida que está esparcido por todas parles en nuestro 
interior no descansa hasta que ha promovido la espulsion de este cuerpo 
por el dolor, la fiebre, la supuración o la gangrena. ¿Y en una enfermedad 
de la piel que cuento veinte años de existencia este principio vital, cuya 
actividad es infatigable, sufriría con paciencia durante veinte años en nues- 
tros humores un principio exantemático material, un virus herpético, es- 
crofuloso o gotoso? ¿Que nosolojista ha visto jamás ninguno de estos prin- 
cipios morbíficos de que habla con tanta seguridad, y sobre los cuales 
pretende construir un plan de conducta médica? ¿Quién pondrá jamás a la 
vista de nadie un principio gotoso, un virus escrofuloso? 

Aun cuando la aplicación de una sustancia material a la piel, o su intro- 



(I) La vida coso de repente por la inyección de un poco de a*ua pura en una 
vena [véase Muller. en Birch, Ttistory of royal society, vol. IV). EU i re atmosférico 
introducido en las venas, ha causado la muerte [véase J.-H Voisrt Maaaíim fuer 
den nuesíen Zustand der Naturknnde, t. III, p. 25). Los líquidos, aun los mas ino- 

jC^C> iTp Í° S 7§4 .) miaS ' PUCSl ° 1S VÍÜa e " pC " Sr0 [vt!ase AttteBriellí, 



SOBttfc LA MEDICINA ALOPÁTICA 9 

duccion en una herida, haya* propagado las enfermedades por infección, 
¿quién podría probar, como se afirma tan amenudo en nuestras paiojénias, 
que la menor partícula material de esta sustancia penetre en nuestros hu- 
mores o se halle absorvida? (I) Por mas que se laven las partes jenitales 
con el mayor cuidado y con toda la prontitud posible, esta precaución no 
libra de las úlceras venéreas. Basta un débil soplo de un hombre atacado . 
de viruelas para producir esta terrible enfermedad en un niño sano. 

¿Qué cantidad debe penetrar así de este principio material en los humores 
paja producir, en el primer caso, una enfermedad (la sífdis) que sino se lu 
cura durará toda la vida y solo se estingtiirá por la muerte, y en el segundo, 
una afección (las viruelas) que a menudo hace perecer con rapidez en me- 
dio de una supuración casi jeneral? (2) ¿Es posible admitir en estas dos cir- 
cunstancias y otras análogas un principio material que haya pasado a la san- 
gre? Se ha visto muchas veces que cartas escritas en el cuarto de un enfermo 
han comunicado la misma enfermedad miasmática al que las leia. ¿Se pue- 
de pensar entonces en alguna cosa material que penetre en los humores'.' 
¿Pero a qué todas estas pruebas? ¿Cuántas veces no se ha visto a algunas 
espresiones injuriosas ocasionar una liebre biliosa que ponía la vida en pe- 
ligro, a una profecía indiscreta causar la muerte a la época predicha, y a 
una sorpresa agradable o desagradable suspender súbitamente la vida? Don- 
de está entonces el principio morbífico material que se ha introducido en 
sustancia en el cuerpo, que ha producido la enfermedad que la sostiene, y 
sin cuya espulsion mateiial por medio de medicamentos toda curación ra- 
dical seria imposible? 

Los partidarios de una hipótesis tan grosera como la de los princi pios 
morbíficos deberían avergonzarse de desconocer hasta este punto la nalu-» 
raleza espiritual de nuestra vida, y el poder dinámico de las causas que dau 
oríjen a las enfermedades, y de humillarse de este modo al innoble papel 
déjenles que en sus vanos esfuerzos para barrer las materias pecantes cu- 
ya existencia es una quimera, matan a los enfermos en lugar de curarlos. 

(1) A una niña de ocho años que habia sido mordida por un perro rabioso en 
Glasgow, un cirujano le cortó inmediatamente toda la parle en que habían obrado 
los dientes, lo que no impidió el que padeciese la rabia treinta y seis dias después; 
de la que murió a los dos dias. (Med. comment. of Edinb., dec. II, vol II, 1793). 

(2) Para explicar la producción de la cantidad, muchas veces tan considerable, 
de materias fecales pútridas, y de licor ulceroso que se observa en las enfermedades, 
y poder presentar estas sustancias como la causa que promueve y sostiene el estado 
morboso, aunque no se haya vislo pendrar en el cuerpo nada material en el mo- 
mento de la infección, se ha imajinado otra hipótesis, que consiste en admitir que 
ciertos principios contajiosos mui sutiles obran en el cuerpo como fermentos, con- 
ducen los humores al mismo grado de corrupción que ellos, y los convierten de esta 
manera en un fermento semejante a ellos mismos, que sostiene y alimenta la en- 
fermedad. Mas ¿por medio de qué tisanas depurativas se esperaba poder librar al 
cuerpo de un fermento que renacía sin cesar, y espelerle tan completamente de la 
masa de los humores, que no quedase de él la mas pequeña molécula, la cual, en la 
hipótesis admitida, hubiera debido corromper también estos humores, y reproducir 
como anteriormente, nuevos principios morbíficos? ¡Seria, pues, imposible curar 
jamás estas enfermedades a la manera de la escuela alopática! Uien se demuestra 
en esle caso a qué inconsecuencias tan groseras conducen las hipótesis, aun las mas 
sutiles, cuando se fundan en un error. La sífilis, aun la mas constitucional, después 
de haber combatido la psora que la complica con frecuencia, se cura bajo la influen- 
cia de una o dos pequeñas dosis de la trijésima dilución de mercurio metálico, y la 
alteración sifilítica jeneral de los humores, se encuentra destruida asi para siempre 
de una manera dinámica. 



40 OJEADA 

Los esputos a menudo tan repugnantes, que se observan en las enfermeda- 
des, ¿serian pues precisamente la materia que los enjendra y los sostiene? 
(I) ¿Noson mas bien siempre productos de la enfermedad, es decir, de la 
desarmonía puramente dinámica que la vida ha sufrido? 

Con estas ideas materiales tan falsas acerca del orijen y la esencia de las 
enfermedades, no es sorprendente que en iodos tiempos asi los pequeños 
como los grandes prácticos, y aun los inventores de sistemas los mas subli- 
mes, hayan tenido por objeto principal la espulsion y la eliminación de 
nna supuesta materia morbífica, y que la indicación mas frecuentemente 
establecida haya sido la de atenuar esta materia, hacerla movible, y procurar 
su salida por medio de la saliva, la espectoracion, el sudor y la orina; la 
de purificar la sangre por medio de la acción intelijente de las tisanas; la 
de desembarazarla así de las acrimonias e impurezas que no existieron en 
ella jamás; la de trasegar el principio imajinario de la enfermedad por me- 
dio de sedales, de cauterios y de vejigatorios permanenies; pero principal- 
mente la hade hacer salir por el conducto intestinal la materia pecante a bene- 
ficio de los laxantes y de los purgantes agraciados con el título de los 
aperitivos i disolventes, a tin de darles mas importancia y un esterior mas 
imponente. 

Ahora bien; si admitimos, lo que no se puede dudar, que a escepcion de 
las enfermedades producidas por la introducción de sustancias del todo 
indijestas o nocivas en los órganos dijestivos u otras visceras huecas, por 
la penetración de cuerpos estiaños al través de la piel, etc., no existe nin- 
guna que tenga por causa un principio material, sino que por el contrario 
todas son únicamente y siempre el resultado especial de una alteración vir- 
tual y dinámica de la salud, ¿cuan absurdos no deben parecer a todo hom- 
bre sensato los métodos de tratamiento cuya base es la espulsion (-2) de 

(1) Si asi fuese bastaría sonarse bien los mocos para curarse infalible y rápida- 
mente cualquier coriza, aun el mas inveterado. 

(2) La espulsion de las lombrices tiene cierta apariencia de necesidad en las en- 
fermedades llamadas verminosas. Se encuentran lombrices en algunos niños y esca- 
ndes en la mayor parte de ellos. Mas estos parásitos dependen deuna afección jeneral 
(psora), unida a un jónero de vida insalubre. Mejórese el rejimen y cúrese homeo- 
páticamente la psora, lo que es mas fácil, en esta edad que en ninguna otra época 
de la vida, y dejarán de ser incomodados por las lombrices los niños, mientras que 
se las ve reaparecer prontamente en gran número depues del uso de los purgantes 
solos o asociados al semen-contra. 

Pero, se dirá, no se debe seguramente perdonar ningún medio para arrojar del 
cuerpo la lombriz solitaria, ese monstruo criado para tormento del jénero humano* 

Sí, se hace salir algunas veces al tenia. ¡Pero a cosía de qué padecimientos conse- 
cutivos y de peligro para la vichi! ¡No quisiera tener sobre mi conciencia la muerte 
de todos los que han debido sucumbir a la violencia de los purgantes dirijidos con- 
tra ese gusano, y los años de" languidézque han sufrido los que escapaban de la muer- 
te! ¡Y cuántas veces no sucede también que después de haber repetido muchos años 
seguidos estas superpurgaciones destructoras de la salud y la vida, el animal no sale 
o se reproduce! ¿Qué seria pues de este tratamiento si no hubiese la menor necesidad 
de procurar cspeierle y matarle por medios violentos y crueles, que con lanía fre- 
cuencia comprometen la vida de! enfermo? Las diversas especies de tenia solo se en- 
cuentran en sujetos psóricos, y desaparecen siempre luego que se ha curado de la 
psora. Uasla el momento de la curación viven, sin incomodar mucho al sujeto, no 
inmediatamente en los intestinos, sino el residuo de los alimentos, donde sumerjidon 
como en su mundo propio permanecen tranquilos y encuentran lo que es necesario 
para su nutrición'. Mientras continúan estas circunstancias, no tocan a las paredes de 
los intestinos, ni causan ningún daño a aquel en cuyo cuerpo se encuentran cncerra- 



SOtilUi LA MKBÍCINA ALOPÁTICA 4 1 

este principio imajinario, puesto que de ellos nada bueno puede resultar al 
hombre en sus principales enfermedades crónicas, y por el contrario 
perjudican siempre enormemente? 

Las materias dejeneradas y las impurezas que se hacen visibles en las 
enfermedades no son otra cosa (nadie dejará de convenir en esto) que pro- 
ductos de la enfermedad, de los que sabe librarse el organismo de un modo 
a veces demasiado violento sin el auxilio de la medicina evacuante, y que 
renacen por to lo el tiempo que dura la enfermedad, listas materias se pre- 
sentan muchas veces al verdadero médico como síntomas morbosos y 
ayudan a trazar el cuadro de la enfermedad, del que se sirve después para 
buscar un ájente medicinal homeopático apropiado para curarla. 

Pero los partidarios de la antigua escuela no quieren que se mire como 
principal objeto desús tratamientos el espeler los principios morbíficos ma- 
teriales. Dan a las diferentes y numerosas evacuaciones que emplean, el 
nombre de método derivativo, y pretenden no hacer con esto mas que imi- 
tar a la naturaleza del organismo enfermo, que en sus esfuerzos para resta- 
blecer la salud resuelve la fiebre por el sudor y la orina; la pleuresía por 
la hemorrajia nasal, los sudores y los esputos mucosos: otras enfermedades 
por el vómito, la diarrea y el finjo de sangre; los dolores articulares por 
ulceraciones en las piernas; la anjina por salivación, o por metástasis y abs- 
cesos que produce en partes distantes del sitio del mal. 

Con arreglo a esto, creen que nada mejor tienen que hacer que imitar a 
la naturaleza, y siguen un camino mui desviado del verdadero en el trata- 
miento déla mayor parte de las enfermedades. Imitando también a la fuerza 
vital enferma abandonada a sí misma, proceden de una manera indirecta 
(I) aplicando Irritaciones heterojéneas mas fuertes sobre parles distantes 
del asiento déla enfermedad, promoviendo y sosteniendo también de ordi- 
nario evacuaciones por los órganos que mas difieren de los tejidos afecta- 
dos, a fin de desviar en cierto modo el mal hacia este nuevo sitio. 

Esta derivación ha sido y es todavía, uno de los principales métodos cu- 
rativos de la escuela reinante hasta el dia. 

Imitando así a la fuerza medicatriz de la naturaleza, según la espresion 
empleada por otros, tratan de escitar violentamente, en las parles mas sa- 
nas y que mejor pueden soportar la enfermedad medicinal, nuevos simó- 
los. Pero luego que una enfermedad aguda cualquiera se apodera del sujeto, el con- 
tenido de los intestinos se hace insoportable al animal, que dá muchas vueltas, irriia. 
las paredes sensibles del tubo alimenticio, y escita una especie de cólico cspasmódíeo, 
que contribuye bastante a aumentar los padecimientos del enfermo. Del mismo mo- 
do el niño no se ajila ni se mueve en la matriz, sino cuando la madre eslá enferma, 
y permanece tranquilo en medio del agua en que nada mientras que aquella es- 
ta buena. , . 

Es di'Mio de notar que los síntomas observados en esta época en los sujetos que 
tienen una lombriz solitaria son de tal naturaleza, que la tintura de helécho macho, 
a una dosis la mas pequeña, proporciona rápidamente su estincion de un modo ho- 
meopático, porque hace cesar lo que la enfermedad causaba la ajitacion del parásito. 
Encontrándose en adelante el animal a su gusto, continúa viviendo Iranqudameníe 
en las materias intestinales, sin incomodar al enfermo de un modo sensible, hasta 
que el tratamiento anlipsórico está bastante adelantado para que el verme no encuen- 
tre ya en el contenido del conducto intestinal las sustancias propias para servirle de 
alimento, y desaparece por sí mismo para siempre, sin que sea necesario el mas li- 
jero purgante. 

(1) En vez de estinguir el mal con prontitud, sin dilación y sin agotar las fuer- 
zas, como lo hace la Homeopatía, con el auxilio de potencias medicinales dinámicas 
diríjid is contra los puntos enfermos del organismo. 



i 2 OJEADA 

mus, que, bajo la apariencia de crisis y la forma de evacuaciones, deben 
segnn ellos derivar la enfermedad. primitiva (1), a fin de que las fuerzas me- 
dieatrices de la naturaleza puedan efectuar poco a poco la resolución (2). 

Los medios de que se sirven para conseguir este objeto son el uso de 
sustancias que promueven el sudor y la orina, las emisiones sanguíneas, los 
sedales y canterios, y de preferencia los irritantes del tubo dij estivo propios 
a determinar evacuaciones ya por arriba, ya principalmente por abajo, yes- 
tos últimos han recibido también los nombres de aperitivos y de disol- 

ventes [3]. 

En auxilio de este método derivativo se recurre a otro que tiene mucha 
afinidad con él, y que consiste en emplear irritantes antagonistas: corno los 
tejidos de lana sobre la piel, los baños de pies, los nauseabundos, los tor- 
mentos del hambre impuestos al estómago y al conduelo intestinal, los me- 
dios que escitan el dolor, la inflamación y la supuración en partes próxi- 
mas o distantes del mal; como los sinapismos, los vejigatorios, el torvisco, 
Jos sedales, los cauterios, la pomada de Autenrielh, el moxa, el hierro he- 
cho ascua, la acupuntura, etc. En todo estose sigue también la marcha de 
Ja grosera naturaleza, que entregada a sí misma trata de desembarazarse 
déla enfermedad dinámica, por dolores que produce en partes distantes 
del cuerpo, por metástasis y abscesos, por erupciones cutáneas o úlceras 
supurantes, y cuyos esfuerzos para esto son enteramente inútiles cuando 
se trata de una afección crónica- 

No es pues un cálculo razonado, sino solamente una indolente imitación 
lo que ha puesto a la antigua escuela en la senda de estos métodos indirec- 
tos, tanto derivativo como antagonista, lo que la ha conducido a procedi- 
mientos tan poco eficaces, tan debilitantes y tan nocivos, para aparentar 
que alivia y libra de las enfermedades durante algún tiempo, pero sustitu- 
yendo al antiguo un mal mas peligroso. ¿Y semejante resultado puede lla- 
marse curación? 

Se han limitado a seguir la marcha instintiva de la naturaleza en los es- 
fuerzos que ésta intenta, y que solo son coronados de un mediano éxito (4) 

(1) Como si las cosas inmateriales pudiesen derivarse! Asi es siempre para ellos 
una materia morbífica, por sutil que se la suponga. 

(2) Las enfermedades medianamente agudas son las únicas que acostumbran a 
terminarse de una manera tranquila cuando han llegado al término de su curso na- 
tural, ora se empleen remedios alopáticos que no tengan demasiada enerjia, ora no 
se use ningún medio semejante: la fuerza vital, reanimándose, sustituye entonces 
poco a poco el estado normal al estado anormal, que se ha debilitado gradualmente, 
íilas en las enfermedades mui agudas y en las crónicas, que forman la inmensa ma- 
yoría de aquellas a que está sujeto el hombre, falta este recurso tanto a la grosera 
naturaleza como a la antigua escuela; en estas, los esfuerzos espontáneos de la fuer- 
za vital y los procederes imitadores de la Alopatía son impotentes para producir la 
resolución; y a lo sumo puede resultar de ellos una tregua de corta duración, du- 
rante la cual el enemigo reúne sus fuerzas para reaparecer tarde o temprano mas 
terrible que nunca. 

(3) Esta espresion anuncia también que se suponía una materia morbífica que di- 
solver y espeler. 

(4) La medicina ordinaria consideraba los medios que emplea la naturaleza del 
organismo para aliviarse, en los enfermos que no hacen uso de medicamento alguno, 
como modelos perfectos dignos de imitarse. Mas se engañaba mucho. Los esfuerzos 
miserables y sumamente incompletos que hace la fuerza vital para auxiliarse n sí 
misma en las enfermedades agudas, son un espectáculo que debe escitar al hombre 



SOBRK LA MEDICINA ALOPÁTICA {% 

en las enfermedades agudas poco intensas. No so ha hecho mas que imitar 
a la potencia vital conservadora abandonada a sí misma, que, fundándose 
únicamente en las leyes orgánicas del cuerpo, no obra mas que en virtud 
de estas leyes, sin pensar, ni reflexionar sus actos. Se ha copiado a la gro- 
sera naturaleza, que no puede, como un cirujano intelijente, aproximar los 
labios apartados de una herida, y reunijlos por primera intención; que en 
una fractura es impótente, por mas materia osea que derrame, para ende- 
rezar y poner los dos estreñios del hueso enfrente el uno del otro; que no 
sabiendo ligar una arteria herida deja a un hombre lleno de vida y de fuer- 
za sucumbir por la pérdida de sangre; que ignora el arle de volver a su 
situación normal la cabeza de un hueso que ha sufrido una luxación, y hr?ce 
también imposible su reducción en muí poco tiempo con los auxilios de la 
cirujía por el infarto que produce en los alrededores; que para librarse de 
un cuerpo esiraño violentamente introducido en la córnea transparente, 
destruye el ojo entero por la supuración; que en una hernia estrangulada 
no sabe destruir el obstáculo mas que por la gangrena y la muerte; y en 
fin, que en las enfermedades dinámicas hace muchas veces, por el cambio 
de forma que les imprime, la posición del enfermo mucho mas peligrosa 
que lo era antes. Hai mas todavía: esa fuerza vital no intelijente admite sin 
perplejidad en el cuerpo las mas grandes plagas de nuestra existencia terres- 
tre, las fuentes de las innumerables enfermedades que aflijen a la especie 
humana hace muchos siglos, es decir, los miasmas crónicos, la psora, la sí- 
fdis y la sicosis. Mui lejos de poderse librar el organismo de estos miasmas, 
ni aun tiene el poder de suavizarlos; por el contrario, les deja ejercer 
tranquilamente sus estragos hasta que la muerte viene a cerrar los ojos 
del enfermo, las mas veces después de largos y tristes años de sufri- 
mientos. 
¿Cómo la antigua escuela que se llama a sí misma racional, ha podido, 

a no contentarse con una estéril compasión, y a desplegar todos los recursos de su 
intelijencia, a fin de poner término, con una curación real, a los tormentos que se 
impone a sí misma la naturaleza. Si la fuerza vital no puede curar homeopática- 
mente una enfermedad ya existente en el organismo, produciendo otra enfermedad 
nueva y semejante a esta (§.43-46), lo que en efecto rara vez está a su disposición 
(p.50),y si el organismo, privado de lodos los auxilios esteriores, tiene que triunfar 
por si solo de una enfermedad que acaba de presentarse (su resistencia es del todo 
impotente en las afecciones crónicas), no vemos mas que esfuerzos dolorosos, y coa 
frecuencia peligrosos, para salvarse a toda costa, esfuerzos que no es raro tengan por 
resultado la muerte. 

No sabiendo lo que pasa dentro de la economía en un hombre sano, no podemos 
tampoco ver lo que sucede cuando la vida se encuentra desordenada. Las operacio- 
nes que se verifican en las enfermedades solo se anuncian por los cambios percepti- 
bles, por los síntomas, único medio por el que nuestro organismo puede espresar 
las alteraciones sobrevenidas en su interior; de suerte que en cada caso dado no sa- 
bemos siquiera cuáles son, entre los síntomas, los que se deben a la acción primi- 
tiva de la enfermedad, y los orijínados por las reacciones a beneficio de las que la 
fuerza vital trata de librarse del peligro. Los unos y los otros se confunden entre sí 
a nuestra vista, y no nos presentan mas que la imájen reflejada al csterior del con- 
junto del mal interior; puesto que los esfuerzos infructuosos con que la vida abando- 
nada a sí misma trata de hacer cesar la enfermedad, son también padecimientos del 
organismo entero. He aquí por qué las evacuaciones que la naturaleza escita al fin 
de las enfermedades cuya invasión ha sido repentina, y que se Human crisis, causan 
muchas veces mas mal que bien. Lo que la fuerza vital hace en estas pretensas crisis 
y el modo como las realiza, son para nosotros misterios, del mismo modo que todos 
los actos interiores que se efectúan en la economía orgánica de la vida. Lo que es 
cierto no obstante es, que en el curso de estos esfuerzos hai mas o menos partes quo 



\i OJEADA 

en una cosa tan importante como la curación, en una obra que exije tantas 
meditaciones y tanto juicio, lomar a esta ciega fuerza vital por sustiluidora, 
por su única guia, imitar sin reflexión los actos indirectos y revolucióna- 
nos que desempeña en las enfermedades, seguirla en fin como el mejor y 
el mas perfecto de los modelos, mientras que la razón, ese don magnífico 
de la divinidad, nos ha sido concedida para poderla esceder infinitamente 
en los socorros que hai que dará nuestros semejantes? 

Cuando la medicina dominante, aplicando así, como acostumbra a ha- 
cerlo, sus métodos antagonista y derivativo, que se fundan solamente en 
una imitación no reflexionada de la enerjía grosera, automática y sin inle- 
I¡j<-ocia, que ve desplegar a la naturaleza, ataca órganos inocentes, y los 
afíije con dolores mas agudos que los de la enfermedad contra la que se 
dirijen; o lo que sucede en el mayor número de casos, les obliga a eva- 
cuaciones que disipan inútilmente las fuerzas y los humores; su objeto es 
desviar hacia la parte que irrita la actividad morbosa, que la vida desplegaba 
en los órganos primitivamente afectados, y desarraigar asi violentamente la 
enfermedad natural, produciendo una enfermedad mas fuerte de otra espe- 
cie, en un punto que hasta entonces habia estado libre; es decir, sirviendo* 
se de medios indirectos y no apropiados, que agotan las fuerzas, y la mayor 
parte da las veces producen dolor (I). 

padecen y se encuentran sacrificadas por salvar lo restante. Estas operaciones de la 
tuerza vital que tienen por objeto únicamente el combatir una enfermedad aguda 
con arreglo a las leyes de la constitución orgánica del cuerpo, y no con sujeción a 
las inspiraciones de un pensamiento bien reflexionado, no son la mayor parle de las 
veces mas que una especie de alopatía. A fin de librar por una crisis los órganos 
primitivamente afectos aumenta la actividad de los órganos secretorios, hacia los 
cuales deriva asi la afección de los primeros; sobrevienen vómitos, diarrea, abundan- 
te secreción de orina, sudores, abscesos, etc.; y la fuerza nerviosa, atacada dinámi- 
camente, trata de descargarse en cierto modo por medio de productos materiales. 

La naturaleza del hombre abandonada a sí misma no puede librarse de las enfer- 
medades agudas mas que por la destrucción y el sacrificio de una parte del organis- 
mo mismo, y sino se sigue a esto la muerte, la armonía de la vida y de la salud no 
puede restablecerse sino de una manera lenta c incompleta. 

La glande debilidad a que los órganos que han estado espucstos a los ataques del 
mal y aun el cuerpo entero quedan sujetos después de esta curación espontánea, el 
enflaquecimiento, etc., prueban demasiado la exactitud de la proposición que se aca- 
ba de sentar. 

En una palabra, toda la marcha de las operaciones por la que el organismo trata 
de librarse por si solo de las enfermedades de que es atacado, solo hace ver al obser- 
vador un tejido de padecimientos, y nada le muestra que pueda o que deba imitar, 
si quiere ejercer realmente el arte de curar. 

(I) La esperiencia diaria prueba cuan pocos resultados proporciona esta maniobra 
en las enfermedades crónicas. Solo en el menor número de casos puede conseguirse 
la curación. Mas ¿se atrevería uno a alabarse de haber conseguido una victoria, si 
en lugar de atacar al enemigo cara a cara y con armas iguales, y terminar la con- 
tienda por su muerte, se limítase a incendiar el pais detrás de él, a cortarle toda re- 
lirada, y a destruirlo todo en deredor suyo? Se consigue si, con tales medios, que- 
brantar el valor del adversario; pero con esto no se logra el objeto principal; el ene- 
migo no está anonadado, existe allí todavía, y cuando haya podido abastecer sus 
almacenes, levantará de nuevo la cabeza, mas feroz que antes. Mientras tanto el po- 
bre pais está enteramente ¡nocente de aquella querella, queda tan arruinado que no 
podra reponerse en mucho tiempo. !Ie aquí lo que sucede a la alopatía en las en- 
fermedades crónicas, cuando sin curar la enfermedad arruina y destruye el organismo 
por medio de ataques indirectos contra órganos inocentes, distantes del asiento de 
esta última. He aquí lus resultados de que no tiene motivos de alabarse. 



SOBRE LA MEDICINA ALOl'ÁTICA 15 

Es cierto que con estos falsos maques, la enfermedad, cuando es aguda, 
y por consiguiente su curso no podía ser de larga duración, se traslada a 
paites distantes y no semejantes a las que ocupaba al principio; pero por 
eso no eslá curada. Nada hai en eso tratamiento revolucionario, que se re- 
fiera de una manera directa e inmediata a los órganos primitivamente en- 
fermos, y que merezca el titulo de curación. Si se hubiera abstenido dees- 
tos peligrosos ataques hechos a la vida délo restante del organismo, se hu- 
biera visto con frecuencia que la enfermedad aguda desaparecía por sí sola 
de una manera mas rápida, dejando tías sí menos sufrimientos, y causando 
una consunción de fuerzas mucho menor. Por otra parte, niel proceder se- 
guido por la grosera naturaleza, ni su copia alopática, se pueden poner en 
paralelo con el tratamiento homeopático directo y dinámico, que, conser- 
vando las fuerzas, estingue la enfermedad de una manera inmediata y rápida. 

Mas en la inmensa mayoría de las enfermedades crónicas, estos trata- 
mientos perturbadores, debilitantes e indirectos de la antigua escuela, no 
producen casi nunca ningún bien. Su efecto se limita a suspender por un 
corto número de dias tal o tal síntoma incómodo, que vuelve tan luego 
como la naturaleza se ha acostumbrado a la irritación distante; renace la 
enfermedad mas peligrosa, porque los dolores antagonistas (1) y las eva- 
cuaciones imprudentes han debilitado la enerjía de la fuerza vital. 

Mientras que la mayor parte de ios alópatas, imitando de un modo je- 
neral los saludables esfuerzos de la grosera naturaleza entregada a sus pro- 
pios recursos, introducían así en la práctica esas derivaciones, que ellos 
llaman útiles, y que cada una variaba según las indicaciones sujeiidas por 
sus propias ideas, otrosdirijiéndosea un fin mucho mas elevado, favorecían con 
todo su poder la tendencia que manifiesta la fuerza vital a desembarazarse 
délas enfermedades por medio de evacuaciones y de metástasis antagonis- 
tas, trataban en cierto modo de sostenerla, activando estas derivaciones y 
estas evacuaciones, y creían poderse abrogar por esta conducta el título 
de ministros de la naturaleza. 

Como sucede con bastante frecuencia en las enfermedades crónicas, que 
las evacuaciones promovidas por la naturaleza proporcionan algún alivio, 
aunque pequeño, en los casos de dolores agudos, de parálisis, de espasmos, 
etc., la antigua escuela se figuró que el verdadero medio de curar las en- 
fermedades era favorecer, sostener y aun aumentar estas evacuaciones. 

Pero no víó que todas las pretendidas crisis producidas por la natura- 
leza abandonada a sí misma, no proporcionan mas que un alivio paliativo y 
poco duradero, y que lejos de contribuir a la verdadera curación, agravan 
por el contrario el mal interior primitivo, por la consunción que producen 
de las fuerzas y de los humores. Jamas se ha visto a semejantes esfuerzos 
de una naturaleza grosera, proporcionar el restablecimiento duradero de 
un enfermo; jamas estas evacuaciones escitadas por el organismo (g) han 

(I) s Que resultado favorable han tenido jamas esos cauterios empleados con tanta 
frecuencia, que estienden a lo lejos su olor fétido? Si en los primeros quince días 
mientras no causan todavía muchos dolores, parece que por antagonismo disminuyen 
lijeramenlc una enfermedad crónica, mas tarde, cuando el cuerpo se lia habituado 
al dolor, no lienen mas efecto que debilitar al enfermo, y abrir así un eampo mas 
vasto a la afección crónica. ¿Se encontrarían pues todavía en el siglo XIX, médicos 
que considerasen estos exutoriós como albañales por donde sale la materia pecante? 
Casi se ve uno inclinado a creerlo. 

(?) Tampoco lo han hecho nunca las evacuaciones producidas por el arte. 



16 OJRADA 

curado una enfermedad crónica. Por el contrario, en todos los casos de 
este jénero se ve a la afección primitiva después de un corto alivio, cuya 
duración va siempre disminuyendo, agravarse manifiestamente, y los acce- 
sos hacerse mas frecuentes y mas fuertes, aunque no cesen las evacuacio- 
nes. Del mismo modo, cuando la naturaleza, abandonada a sus propios 
medios en las afecciones clónicas internas que comprometen la vida, no sa- 
be socorrerse mas que promoviendo la aparición de síntomas locales ester- 
nos, con el objeto de desviar el peligro de los órganos indispensables a la 
existencia, transportándole por metástasis a aquellos que no lo son; estos 
efectos de una fuerza vital enérjica, pero sin intelijencia, sin reflexión y sin 
previsión, conducen a todo, menos a una mejoría real, a Ja curación; no 
son mas que paliaciones, cortas suspensiones impuestas a la enfermedad 
interna a espensas de una gran parte de humores y de las fuerzas, sin que 
la afección primitiva haya perdido nada de su gravedad. Pueden a lo mas, 
sin el concurso de un verdadero tratamiento homeopático retardar la muer- 
te, que es inevitable. 

La alopatía de la antigua escuela, no contenta con exajerar mucho los 
esfuerzos de la grosera ^naturaleza, les daba una falsísima interpretación. 
Imajinándose sin fundamento que son verdaderamente saludables, trataba 
de favorecerles, y de darles un desarrollo mayor, con la esperanza de lle- 
gar así a destruir el mal completamente, y conseguir una curación radi- 
cal. Cuando en una enfermedad crónica la fuerza vital parecía que mejoraba 
tal o tal síntoma incómodo del estado interior, por ejemplo, por medio de 
un exantema húmedo, entonces el que ella llama ministro de la naturaleza 
aplicaba un epipástieo u otro cualquiera exutorio sobre la superficie supu- 
rante que se había establecido, para sacar de la piel una cantidad de hu- 
mor mucho mas grande todavía, y ayudar así a la naturaleza a curar, ale- 
jando del cuerpo el principio morbífico. Mas, ya sucedía que cuando la 
acción de este medio era demasiado violenta, el herpe mui antiguo, y el 
sujeto mui irritable, la afección esterna aumentaba mucho sin ventajas para 
el mal primitivo, y los dolores haciéndose mas vivos quitaban el sueño al 
enfermo, disminuían sus fuerzas, y con frecuencia determinaban también 
la aparición de una erisipela febril de mal carácter; ya que cuando el re- 
medio obraba con mas suavidad sobre la afección local, acaso reciente 
todavía, ejercía una especie de homeopalismo estenio sobre el síntoma lo- 
cal que la naturaleza había producido en la piel para aliviar la afección 
interna, renovaba así esta última, a la que acompañaba un peligro mucho 
mayor, y esponia a la fuerza vital, por esta supresión del síntoma local, a 
producir otro mas peligroso en alguna parte mas noble. Sobrevenía en 
reemplazo una oftalmía temible, la sordera, espasmos del estómago, con- 
vulsiones epilépticas, accesos de sofocación, ataques de apoplejía, enfer- 
medades mentales, etc. (■!)- 

La misma pretensión de ayudar a laenerjía vital en sus esfuerzos curati- 
vos, conducía al ministro de la naturaleza, cuando la enfermedad hacia afluir 
la sangre a las venas del intestino recto o del ano (hemorroides ciegas), a 
recurrir a las aplicaciones de sanguijuelas, muchas veces en gran numero, 
para abrir una salida a la sangre por este punto. La emisión sanguínea 
ocasionaba un corto alivio, algunas veces demasiado lijero para merecer 
que se hablase de él; pero debilitaba el cuerpo, y daba lugar a una con- 

(1) Estas son las consecuencias naturales de la supresión de los síntomas locales 
de que se trata consecuencias que el médico alópata mira las mas do ias veces como 
cnlcrmcaades de todo diícrcntes y nuevas. 



SOBUH LA HKD1CIIU ALOPÁTICA. 17 

jeslion mas fuerte todavía en la estremidad del conduelo intestinal, sin 
producir la mas pequeña disminución del mal primitivo. 

En casi todos los casos en que la fuerza vital enferma trataba de eva- 
cuar un poco de sangre por el vómito, la espectoracion, etc., con el objeto 
de disminuir la gravedad de una afección interna peligrosa, se apresuraba 
a favorecer con enerjía estos pretendidos esfuerzos saludables de la natu- 
raleza, y sacaba sangre en abundancia de las venas; lo que jamas estaba 
exento de inconvenientes para lo sucesivo, y debilitaba manifiestamente 
el cuerpo. 

Cuando un efermo padecía frecuentes náuseas, bajo el pretesto de entrar 
en las miras de la naturaleza, se le propinaban vomitivos que jamas hacían 
bien, y muchas veces acarreaba peligrosas consecuencias, accidentes gra- 
ves y aun la muerte. 

Algunas veces la fuerza vital, para disminuir un poco el mal interior, pro- 
ducía infartos fríos en las glándulas esteriores. El ministro de la naturaleza 
crfee servir bien a su divinidad, trayendo estos tumores o supuración por 
medio de fricciones de todas especies y deaplicaciones estimulantes, para 
introducir después el instrumento corlante en el absceso llegado a madu- 
rez, y hacer salir al esterior la materia pecante. Mas la experiencia ha ense- 
ñado mil y mil veces cuáles son los males interminables que casi sin escep- 
cion resultan de esta práctica. 

Como el. alópata ha visto muchas veces grandes padecimientos que se 
aliviaban un poco, en las enfermedades clónicas, por sudores nocturnos 
sobrevenidos espontáneamente, o por ciertas deyecciones naturales de ma- 
terias líquidas, se cree llamado a seguir estas indicaciones de la naturaleza ; 
piensa también que debe ayudar el trabajo que se hace a su vista, prescri- 
biendo un tratamiento sudorífico completo, o el uso continuado muchos 
años de lo que él llama laxantes suaves, a fin de librar con mayor seguridad 
al enfermo de la afección que le atormenta. Pero esta conducta de su parte 
no tiene jamás sino un resultado contrario, es decir, que agrava siempre 
la enfermedad primitiva. 

Cediendo al imperio de esta opinión, que ha abrazado sin examen, a pe- 
sar de su falta absoluta de fundamento, el alópata continúa en ayudar (I) los 
esfuerzos de la fuerza vital enferma, en exajerar también las derivaciones y 
evacuaciones, que no conducen jamás al objeto, sino mas bien a la ruina de 

( I) Sin embargo, no es raro que la antigua escuela se permita una marcha inversa, 
es decir, que cuando los esfuerzos delaenerjh vital que tienden a aliviar el mal inter- 
no por medio de evacuaciones o por la producción de síntomas locales al esterior, 
perjudican evidentemente al enfermo, desplegue contra ellos todo el aparato de sus 
repercusivos : que combata asi los dolores crónicos, el insomnio y las diarreas anti- 
guas con el opio a grandes dosis, el vómito con pociones efervescente?, los sudores 
fétidos de los pies con pediluvios frios y fomentos aslrinjenles, los exantemas con pre- 
paraciones de plomo y zinc, las hemorrajias uterinas con inyecciones de vinagre, los 
sudores colicuativos con el suero aluminoso, las poluciones nocturnas con una gran 
cantidad de alcanfor, los accesos de calor en el cuerpo y en la cara, con el nitro, los 
ácidos vejetalesy el ácido sulfúrico, las epístasis con el taponamiento de las narices 
con torundas de hihs empapadas en alcohol o en líquidos astrinjen les, las úlce- 
ras de las piernas con los óccidos de zinc, plomo, etc., Pero millares de hechos ates- 
tiguan cuan tristes son los resultados de esta práctica. El prosélito de la antigua es- 
cuela se alaba de viva voz y por escrito de que ejerce una medicina racional, i deque 
busca la causa de las enfermedades para curar siempre radicalmente : pues héaquí 
que no combale mas que un síntoma aislado, y siempre con gran detrimento del 
enfermo. 

3 



48 ojiíaüa 

los enfermos, sin ver que todas las afecciones locales, evacuaciones y apá- 
renles derivaciones, que son efectos esciíados y sostenidos por la fuerza vital 
abandonada a sus propios recursos a fin de aliviar un poco la enfermedad pri- 
mitiva, forman ellas mismas parte del conjunto de los síntornas'de la enfer- 
medad contra cuya totalidad no hubiera habido remedio mas verdadero y 
pronto que un medicamento eiejido con arreglo a la analojía de los fenó- 
menos determinados por su acción sobre el hombre sano; o en otros térmi- 
nos, un remedio homeopático. 

Como todo cuanto hace la grosera naturaleza para aliviarse en lac enfer- 
medades ya agudas, ya sobre todo las crónicas, es mui imperfecto y aun 
constituye una enfermedad, es mui natural creer que, trabajando los esfuer- 
zos del arle en el mismo sentido de esta imperfección, para aumentar sus 
resultados, perjudican todavía mas ; y que al menos en las enfermedades 
agudas no pueden eorrejir lo que tienen de defectuoso las tentativas de la na- 
turaleza, puesto que no encontrándose / el médico en estado de seguir las 
\ias ocultas, por la que laque fuerza vital efectúa sus crisis, no podría obrar 
mas que al esterior con medios enérjicos, cuyos efectos son menos benéficos 
los de la naturaleza entregada a sí misma, pero en cambio mas perturbado- 
res y mas funestos. Porque este alivio incompleto que la naturaleza llega a 
conseguir por medio de derivaciones y de crisis, no puede él alcanzarlo si- 
guiendo el mismo camino; se queda todavía, por mucho que haga, muí in- 
ferior a este miserable socorro, que al menos puede proporcionar iu fuerza 
vital abandonada a sus propias fuerzas. 

Se ha tratado, sacrificándola membrana pituitaria, de producir hemorrá- 
jias nasales imitando las epístasis naturales, para aliviar, por ejemplo, los 
accesos de unacefalaljia crónica. Sin dudase podría asi sacar bastante san- 
gre de las narices para debilitar al enfermo; pero el alivio era mucho me- 
nor del que se había conseguido en otra ocasión en que, por su propio im- 
pulso, la fuerza vital instintiva habia hecho correr solamente algunas gotas 
de sangre. 

Uno de esos sudores o diarreas llamadas críticas, quela fuerza vital ac- 
tiva incesantemente, escitada a consecuencia de una incomodidad súbita pro- 
ducida por un disgusto, el terror, un enfriamiento, un cansancio, tiene mu- 
cha mas eficacia para disipar, momentáneamente al menos los agudos pade- 
cimientos del enfermo, que lodos los sudoríficos o purgantes de una ofi- 
cina, que solo consiguen empeorarle. La esperieneia diaria no permite dudar 
de eslo. 

Con todo eso, la fuerza vital, que no puede obrar por sí misma mas que 
de una manera conforme a la disposición orgánica de nuestro cuerpo, sin 
intelijencia, sin reflexión, sin juicio, no nos ha sido dada para que la mire- 
mos como la mejor guia que hai que seguir en la curación de las enfermeda- 
des, ni mucho menos para que imitemos servilmente los esfuerzos incom- 
pletos y morbosos que hace para restablecer la salud, añadiendo a ellos ac- 
los mas contrarios que los suyos al objeto que se propone alcanzar, para que 
nosotros nos ahorremos el trabajo dé intelijencia y de reflexión necesario 
para el descubrimiento del verdadero arte de curar : en fin para que en el lu- 
gar del mas noble de todos los artes humanos pongamos una mala copia de 
los socorros poco eficaces que la grosera naturaleza puede dar, cuando se 
la abandona a sus propios recursos. 

¿Qué hombre de sano juicio querría imitarla en sus esfuerzos conservado- 
res;' Estos esfuerzos son precisamente la enfermedad misma, y la fuerza vital 
afectada morbosamente, es la que crea la enfermedad que se ve. El arlo 



SOIiRE LA MF.DICINA ALOPÁTICA. 19 

pues debe por necesidad aumentar el mal cuando la imita en sus procede- 
res, o suscitar mayores riesgos cuando suprime sus esfuerzos Pues la alopa- 
tía hace lo uno y lo otro. ¡Y es esto lo que ella llama una medicina racional! 

¡No! esta fluerza innata, eu el hombre, que dirije la vida déla manera mas 
perfecta durante la salud, cuya presencia se hace sentir con igualdad en to- 
das las partes del organismo, en la fibra sensible como en la fibra irritable, 
y que es el resorte infatigable de todas las funciones normales del cuerpo, 
no ha sido creada para socorrerse a si misma en laá enfermedades, para 
ejercer una medicina digna de imitación. ¡No! la verdadera medicina, obra 
de la reflexión y del juicio, es una creación del ¡ajenio humano; que, cuando 
la automática euerjía de la fuerza vital ha sido arrastrada por la enfermedad 
a acciones anormales, sabe imprimirla por medio de un remedio homeopáti- 
co, una modificación morbosa análoga, pero un poco mas fuerte de manera 
que la enfermedad natural no pueda ya influir sobre ella, y que después de 
la desaparición, que no se hace aguardar mucho tiempo, de la nueva enfer- 
medad producida por el medicamento, vuelva a las condiciones del estado 
normal, a su destino de presidir al sosten de la salud, sin haber sufrido, du- 
rante esta conversión, ningún ataque doloroso o capaz de debilitarla. 'La me- 
dicina homeopática ensena ios medios de llegar a este resultado. 

Ungían número de enfermos tratados según los métodos de la antigua es- 
cuela (pie acabamos de examinar, se libraban de sus enfermedades, no en 
los casos crónicos (no venéreos), sino en los casos agudos que presentan 
menos peligro. Sin embargo solo conseguía esto por medio de rodeos tan 
penosos, y de una manera tan imperfecta, que no podia decirse que fuesen 
deudores de sus curaciones a la influencia de un arte agradable en sus pro- 
cederes. En las circunstancias en que el peligro no era nada inminente, unas 
veces se contentaban con reprimir las enfermedades agudas por medio de 
emisiones sanguíneas, o por la supresión de uno de sus principales síntomas 
a beneficio de un paliativo enanüopáüco; otras veces se las suspendía por 
medio de irritantes y revulsivos aplicados sobre sitios distantes del órgano 
enfermo, hasta que se hubiese terminado el curso de su revolución natural, 
es decir, que se les oponían medios indirectos que causaban una pérdida de 
tuerzas y de humores. Obrando de este modo, la mayor parte de loque ha- 
bía <pie hacer para destruir enteramente la enfermedad, y reparar las pér- 
didas experimentadas por el sujeto, quedaba a cargo de la fuerza conserva- 
dora de la vida. Esta, pues, tenia que triunfar del mal agudo natural y de las 
consecuencias de un tratamiento mal dirijído. Ella era la que, en ciertos ca- 
sos designados solo por la casualidad, tenia que desplegar su propia euer- 
jía para volver las funciones a su ritmo normal, lo que no hacia muchas ve- 
ces bino con trabajo, de una manera incompleta, y no sin accidente de na- 
turaleza diversa. 

Es dudoso que esta marcha, seguida por la medicina actual en las enfer- 
medades agudas, abrevie o facilite realmente un poco el trabajo a que debe 
entregársela naturaleza para proporcionar la curación, pues que ui La alo- 
patía uila naturaleza pueden obrar de un modo directo, porque los métodos 
derivativo i antagonista de la medicina solo son a propósito para producir 
un ataque mas proíuudo eu el organismo, y ocasionar una pérdida mayor 
de fuerza. 

La antigua escuela posee también otro método curativo, que se llama 
escitaute y fortificante (I), y que obra con el auxilio de sustancias llamadas 

(I) Est? es propiamente hablando enanüopáüco, volvere todavía a ocuparme de 
él en el texto del órginon. 



20 ojhada 

escitantés, nervinas, tónicos, confortantesy fortalecientes. No puede uno 
inenosdesorprendersealverque.se atreves ostentar semejante método. 

¿Ha conseguido jamás disipar la debilidad que produce y sostiene o aumen- 
ta con tanta frecuencia una enfermedad crónica, prescribiendo como lo ha 
hecho tantas veces, el vino del Ruino el de Tokay? Como este método no 
podia curar la enfermedad crónica, orí jen de la debilidad, las fuerzas del 
enfermo disminuían tanto mas, cuanto mas vino se le hacia tomar, porque 
a las escitaciones artificiales, opone la fuerza vital un descaecimiento duran- 
te la reacción. 

¿Se ha visto jamás a la quina, o a las diversas sustancias que se conocen 
con el nombre colectivo de amargos, volver a dar las fuerzas en estos casos 
que son tan frecuentes? Estos productos vejetales, que se suponía que eran 
tónicos y fortificantes en todas circunstancias, no tenían, como las prepa- 
raciones marciales, la perogativa de añadir frecuentemente nuevos males a 
los antiguos en consecuencia de su acción morbífica propia sin poder hacer 
cesar la debilidad dependiente de una enfermedad antigua desconocida? 

Los ungüentos nervinos, o lo demás tópicos espirituosos y balsámicos, ¿han 
disminuido jamas de un modo verdadero, ni aun solamente momentáneo, la 
parálisis incipiente de un brazo o de una pierna, qne proceda, como sucede tan 
a menudo, de una enfermedad crónica, sin que esla misma haya sido curada? 
Las conmociones eléctricas y galvánicas, ¿han tenido jamás otro resultado, 
en semejantes circunstancias, que el de hacer poco a poco mas intensa i final- 
mente total la parálisis de la irritabilidad muscular y de la escitabilidad ner- 
viosa (1)? 

Los escitantes i afrodisíacos tan decantados, el ámbar gris, la tintura de 
cantáridas, las criadillas de tierra, las cardamomos, la canela y la vainilla, 
¿no concluyen constantemente por convertir en una impotencia total la debi- 
lidad gradual dejas facultades viriles, cuya causa es en todos los casos un 
miasma crónico desapercibido? 

¿Cómo se puede decantar- una adquisición de fuerza y de escitacion que 
dura algunas horas, cuando el resultado quea esto se sigue acarrea el es- 
tado contrario, que dura para siempre, con arreglo a las leyes de la natura- 
leza de todos los paliativos? 

El poco bien que los escitantes y fortificantes proporcionan a las personas 
tratadas de enfermedades agudas según el antiguo método, es mil y mil ve- 
ces superado por los inconvenientes que resultan de su uso en las enferme- 
dades crónicas. 

Cuando la antigua medicina no sabe que hacer para atacar una enferme- 
dad crónica, usa a ciegas medicamentos que designa con el nombre de al- 
terantes. Echa mano de los mercuriales, los calomelanos, el sublimado co- 
rrosivo, el ungüento mercurial, terribles medios que estima sobre todos los de- 
mas hasta en las enfermedades no venéreas, i que dispensa con tanta pro- 
digalidad, y hace obrar durante tanto tiempo sobre el cuerpo enfermo, que 
la salud acaba por ser arruinada completamente. Ella produce sí grandes 

(I) Un boticario tenia una pila de volla, cuyas descargas moderadas mejoraban por 
algunas horas el estado de las personas atacadas de dureza de oído. Bien pronto es- 
tos sacudimientos no producían efecto, y se vcia obligado, para obtener el mismo 
resultado, a hacerlos mas tuertes, hasta que a su vez negaban estos a ser también 
un íicaees; después de lo cual los mas violentos, tenían todavía al principio la facul- 
tad de devolver el oido por algunas horas a los enfermos, pero concluían por dejar- 
los sujetos a una sordera absoluta. 



SOBUE LA MEDICINA ALOPÁTICA. 21 

cambios; pero pstos cambios jamás son favorables, y la salud se encuentra 
constantemente destruida, sin recurso por un metal que es pernicioso én 
alto grado, siempre que no se sabe usarlo con oportunidad. 

Cuando en todas las fiebres ínlerrninentes epidémicas, estendidas ron fre- 
cuencia en vastas Comarcas, prescribe a ¡días dosis la quina, que solo cura 
homeopáticamente la verdadera fiebre intermitente de los puníanos, aun 
admitiendo que la psora no se oponga a ello, da una prueba palpable de su 
conducta tijera e inconsiderada, pues que estas fiebres afectan un carácter 
diferente cid a vez, por decirlo así, que se presentan, y por consiguiente re- 
claman también casi cada vez otro remedio homeopático, del cual una pe- 
queñísima dosis, única o repetida, basta entonces para curarlas radicalmen- 
te en algunos dias. Como estas enfermedades vuelven por accesos periódi- 
cos; como la antigua escuela no consideraba mas que el tipo en todas las 
fiebres intermitentes , finalmente, como no conoce ni quiere conocer otros 
febrífugos mas que la quina, se persuade que para curar estas fiebres le bas- 
ta estinguir, el tipo con dosis acomuladas de quina o de quinina, lo que el 
instinto inconsiderado, pero bien inspirado en este caso, de la fuerza vital, 
trata de impedir con frecuencia durante muchos meses. Mas el enfermo, en- 
gañado por este tratamiento falaz, jamas deja, después que se ha suprimido 
el tipo de su fiebre, deesperimeniar padecimientos mas vivos que los causa- 
dos por la fiebre misma. Se pone pálido y asmático, sus hipocondrios parece 
que están comprimidos por una ligadura ; pierde el apetito ; su sueño jamás 
es tranquilo ; no tiene ni fuerza, ni ánimo; la hinchazón se apodera frecuen- 
temente de sus piernas, de su vientre d aun de su cara y de sus manos. Sale 
así del hospital, curado, según pretenden, y con muchísima frecuencia son 
necesarios después años enteros de un tratamiento homeopático penoso, no 
para volverle la salud, sino para libertarle de la muelle. 

La antigua escuela se jacta de que con el auxilio de la valeriana, que en 
semejante caso obra como medio antipático, consigue disipar por algu- 
nas horas el profundo estupor deque van acompañadas las fiebres nerviosas. 
Pero como el resultado que obtiene no es de duración; como se ve precisada 
a aumentar incesantemente la dosis de valeriana para reanimar al enfermo al- 
gunos instantes, no larda en ver que las mas altas dosis no producen ya el 
resultado que espera, mientras que la reacción determinada por una sustancia, 
cuyo impresión estimúlame no es mas que un simple efecto primitivo, para- 
liza enteramente la fuerza vital, y entrega al enfermo a una muerte próxima, 
que este pretenso tratamiento racional hace inevitable. Sin embargo, la es- 
cuela no conoce que mata con seguridad en semejante caso, y solo atribuye 
la muerte a la malignidad del mal. 

Un paliativo quizá mas temible todavía es la dijital purpúrea, con la cual 
la escuela reinante se muestra tan ufana, cuando quiere hacer lento el pulso 
en las enfermedades clónicas. La primera dosis de este medio poderoso, que 
obra aquí de una manera enantiopática disminuye seguramente el númerode 
pulsaciones aliénales durante algunas horas; pero el pulso no larda en re- 
cobrar su frecuencia. Se aumenta la dosis para conseguir que se retarde to- 
davía un poco, lo que en efecto se consigue, hasta que las dosis cada vez mas 
fuerte y no producen ningún resultado ; y durante la reacción, que ya no se 
puede impedir, la frecuencia del pulso es mui superior a la que había antes 
de la administración de la dijital : el número de pulsaciones se aumenta en- 
tonces en términos que ya no se las puede contar, el enfermo no tiene na- 
da de apetito, ha perdido teclas sus fuerzas, en una palabra se ha irasforma- 



22 OJEADA 

do en un verdadero cadáver. Ninguno de los que se tratan así se libra de la 
muerte, a no ser para caer en una manía incurable ( !). 

Hé aquí cómo dirijía el alópata sus tratamientos. Mas los enfermos se 
veian obligados a someterse a esta triste necesidad, pues ninguna mejora 
hubieran hallado en los demás médicos, porque lodos liabian tomado su 
instrucción en un mismo manantial, y este era impuro. 

La causa fundamental délas enfermedades crónicas no venéreas y los me- 
dios capaces de curarlas eran desconocidas de estos prácticos que se pa- 
vonean con sus curaciones dirijidas, según ellos, contra las causas, y con 
el cuidado que dicen que tienen que remontarse en el diagnóstico al oríjen 
de estas afecciones, (2) ¿Cómo habrán podido curar el inmenso número de 
las enfermedades crónicas con sus métodos indirectos, imperfectas i peli- 
grosas imitaciones de los esfuerzos de una fuerza vital automática, que no 
han sido destinados para servir de modelos de la conducta que debe seguirse 
en medicina? 

Mirando lo que creían que era carácter del mal como la causa de la enfer- 
medad, y con arreglo a esto dirijian sus pretendidas curaciones radicales 
contra-el espasmo, la inflamación (plétora), la fiebre, la debilidad jeneral y 
parcial, la pituita, la puridez, las obstrucciones, etc., que imajinaban disi- 
par con el auxilio de sus antiespasmódicos, antiflojísticos, fortificantes, es- 
citantes, aniisáptieos, fundentes, resolutivos, derivativos, evacuantes, y otros 
medios antagonistas, que los mismos no conocían mas que de un modo su- 
perficial. 

Mas no bastan indicacioues tan vagas para encontrar remedios que sean 
deiin verdadero auxilio, y menos que en cualquiera otra parte en la materia 
médica de la antiagua escuela, que como he hecho ver en otro lugar (3), se 
fundaba las mas de las veces en simples conjeturas, i en consecuencias de- 
ducidas de efectos obtenidos en las enfermedades. 

Se procedía igualmente de un modo del todo aventurado, cuando dejándose 
guiar por indicaciones todavía mas hipotéticas, se obraba contra la falta o 
superabundancia de oxíjeuo, de ázoe, de carbono o de hídrójeno en los hu-' 
inores ; contra la exaltación o la disminución de la irritabilidad, de la 
sensibilidad, de la nutrición, de la arlerialidad, déla venosidad o delacapi- 
laridad ; contra la artenia, etc., sin conocer ningún medio de conseguir unos 
fines tan quiméricos. Todo esto era pura ostentación. Eran sí tratamientos, 
pero que ninguna ventaja reportaban a los enfermos. 

Mas hasta toda apariencia de tratamiento racional de las enfermedades de- 
saparece con el uso consagrado por el tiempo, i aun erijido en leí, de aso- 
ciaren conjunto sustancias medicínales diversas para constituir lo que se 

(1) Y sin cmbnrgo uno de los corifeos de la antigua escuela, Hufeland* alaba to- 
davía la dijital para llenar esta indicación «Nadie negará, dice, que la enerjía de la 
circulación puede ser calmada por la dijital.» La esperiencia diaria niega este efecto 
por parle de un remedio enanliopático en grado heroico. 

(2) En vano quiere Hufeland honrar a su vieja escuela diciendo que se entrega 
ae.-ta investigación, porque sabe que, antes déla publicación de mi Tratado de las 
enfermedades crónicas, la alopatía habia ignorado durante veinte i cinco siglos el 
verdadero oríjen de estas. Debió pues asignarles otro, que era falso. 

(3) Véase en los Prolegómenos de mi tratado de materia, médica pura el capitulo 
sobre las fuentes de la materia médica ordinaria. (T. I. P. í.j 



SOfiRK LA MKDICIKA ALOPÁTICA. 25 

llama una receta o una fórmula. Se coloca a la cabeza de esta fórmula, bajo 
el nombre de base, un medicamento que no está conocido respecto a ia 
estension de sus efectos medicinales, pero que se cree que debe combatir 
victoriosamente el carácter principal alribr : do a la enfermedad por el mé- 
dico; se añaden a él, como ayudante, una o dos sustancias no menos desco- 
nocidas en cuanto a ia manera con que afectan el organismo, y que se des- 
tinan ya a llenar alguna indicación accesoria, ya a corroborar la acción de 
la base, después se añade un supuesto correctivo cuya virtud medicinal pro- 
piamente dicha no se conoce muclio mejor; todo esto se mezcla entre si, 
haciendo entrar todavía a veces un jarabe o un agua destilada, que poseen 
igualmente virtudes medicinales propias, y se cree que cada uno de los 
ingredientes de esta mezcla hará en el cuerpo del enfermo el papel que le ha 
asignado el pensamiento del médico, sin dejarse perturbar, ni inducir a error 
por los domas ajenies de que está acompañado, lo que razonablemente no 
se puede esperar. El uno de estos ingredientes destruye al otro, en su tota- 
lidad o en parte, en su modo de obrar; o le da lo mismo que a los restantes, 
un nuevo modo de accionen que no se había pensado, de manera que no 
pueden producir el efecto que se esperaba. Muchas veces el inesplicable 
enigma de las mezclas prodúcelo que no se esperaba ni se podia esperar, 
una nueva modificación de la enfermedad, que no se advierte en medio del 
tumulto de los síntomas, pero que se hace permanente cuando se prolonga 
el uso de la receta; de consiguiente una enfermedad facticia que se añade a 
la enfermedad orijinal, una agravación de la enfermedad primitiva; o si el 
enfermo no hace uso largo tiempo de la misma receta, si se le dan otra u 
otras compuestas de diversos ingredientes, resulta al menos un aumento de 
la debilidad, porque las sustancias que están prescritas en semejante sen- 
tido, tienen jeneralmenie poca o ninguna relación directa con la enfermedad 
primitiva y no hacen mas que atacar sin utilidad los puntos donde menos 
han obrado sus tiros. 

Aun cuando fuese conocida la acción de los medicamentos sobre el cuerpo 
humano (y el medico que dispone una fórmula no conoce muchas veces la 
de la centésima parte de ellos), mezclar entre sí muchos, de los cuales al- 
gunos son ya muí compuestos, y de los que cada uno debe diferir mucho de 
los otros en cuanto a su enerjía especial, para que el enfermo tome esta 
mezcla inconcebible a dosis copiosas i repetidas frecuentemente, y sin em- 
bargo pretender que se espera do ella un efecto curativo determinado, es 
uno de aquellos absurdos que indignan a lodo hombre sin preocupaciones 
y acostumbrado a reflexionar (H. El resultado está naturalmente en conlra- 

(I) Se han encontrado aun en la escuela ordinaria hombres que han reconocido lo 
absurdo de las mezclas de medicamentos, aunque ellos mismos sigan esta eterna rutina 
condenada por su razón. Asi, Herz, se espresa del modo siguiente (Journal de Ihtfe- 
land, lí, p. 33): «Se trata de hacer cesar c¡ estado inflamatorio, no empleamos solos 
ni el nitro, ni la sal amoniaco, ni los ácidos vejetales, sino que ordinariamente mez- 
clamos muchos anliflojísticos, o bien los hacemos alternar unos con otros. Se trata 
de oponerse a la putridez, no nos basta para conseguir el objeto administraren gran 
cantidad uno de los antisépticos conocidos, la quina, los ácidos minerales, el árnica, 
la serpentaria, etc.; nos gusta mas unir en una fórmula, y esperamos mejores resul- 
tados de su acción combinada: o bien por ignorancia de lo que convendría mas en 
el caso presente, acumulamos cosas opuestas, y dejamos a la ventura el cuidado de 
hacer producir por unas o por otras el alivio que nos proponemos. Asi es mui raro 
que se oscile el sudor, que se purifique la sangre, que se resuelvan las obstrucciones, 
que se promueva la espeeloracion, y aun que se purgue a beneficio de un solo medio. 
Nuestras fórmulas, para llegar a este resultado, son siempre complicadas, casi nunca 



24 OJEADA S0B11E I.V MEDICINA ALOPÁTICA. 

dicción con lo que se espera de un modo tan positivo. Sobrevienen cambios, 
es cierto, pero no bai entre ellos uno solo que sea bueno, ni conforme al 
fin que se propone. 

¡Desearía saber a cuál de estas maniobras ejecutadas todas a ciegas, en el 
cuerpo del hombre enfermo, se podria llamar una curación ! 

No se debe esperar la curación mas que de la fuerza vital que le queda 
todavía al enfermo, después de haber restituido esta fuerza a su ritmo nor- 
mal de actividad por medio de un medicamento apropiado. En vano se espe- 
raría conseguir esto esteuuando el cuerpo según los preceptos del arle. ¡Sin 
embargo, la antigua escuela no sabe oponer a las enfermedades crónicas 
mas que medios a propósito para martirizar a los enfermos, para agotar los 
humores y las fuerzas, y abreviar la vida! ¿Puede pues salvar cuando des- 
truye? ¿Merece el título de arte de curar? Obra lecje anis de la manera mas 
opuesta a su fin, y hace, podria uno creer que con intención, precisamente 
lo contrarío de lo que debería ejecutar. ¿Se la puede pues preconizar? ¿Se la 
debe tolerar por mas tiempo? 

En estos últimos tiempos se ha escedido a sí misma en su crueldad para 
con los enfermos y en lo absurdo de sus acciones. Todo observador impar- 
cial debe convenir en ello, y hasta médicos salidos de su propio seno como 
Kruger-Hansen, se han visto precisados, por el aviso de su conciencia, a 
confesarlo públicamente. 

Ya era tiempo de que la sabiduría del divino Criador y conservador délos 
hombres pusiese término a estas abominaciones, y que hiciera aparecer una 
medicina inversa, que lejos de agotar los humores i las fuerzas con vomiti- 
vos, purgantes, baños calientes, sudoríficos o sialogogos; de verter a torren- 
tes la sangre indispensable para la vida; de torturar con medios dolorosos; 
de añadir incesantemente nuevas enfermedades a las antiguas, y de hacer, 
en fui, estas incurables por el uso prolongado de medicamentos heroicos 
de acción desconocida: en una palabra, de tomar las cosas al revés, y de abrir 
desapiadadamente un ancho camino a la muerte, economiza todo lo posible 
las fuerzas de los enfermos, y les conduce con tanta suavidad como prontitud 
a una curación duradera, con el auxilio de un pequeño número de ajentes 
simples, perfe< tamente conocidos, bien elejidos, y administrados a dosis 
mínimas. Era ya tiempo de que hiciese descubrir la homeopatía. 

simples i puros; asi no se las puede considerar como ? espcriencias relativas a los efec- 
tos de las diversas sustancias que entran en su composición. A la verdad en nuestras 
fórmulas establecemos doctoralraente una jerarquía entre los medios, y llamamos 
base a aquel a quien confiamos propiamente hablando el efecto, dando a los demás 
el nombre de ayudantes, correctivos, et. Pero es evidente la arbitrariedad de esta 
clasificación. Los ayudantes contribuyen lo mismo que la bise al efecto total, aunque, 
a falla de escala, no podamos determinar su grado de participación. Tampoco puede 
ser del todo indiferente la influencia de los . correctivos sobre las virtudes de los de- 
mas medios, deben aumentarlas, disminuirlas o comunicarles otra dirección. El cam- 
ino saludable que producimos por medio de semejante fórmula, debe considerarse 
siempre corno el resultado del conjunto de su contenido, y nosotros no podemos con- 
cluir jamás cosa alguna relativa a la utilidad especial de cada uno de los ingredicn. 
tes de que se compone. Sabemos mili poco de lo que hai que conocer de esencial en 
lodos los medicamentos, y nuestros conocimientos son mui limitados respecto a las 
afinidades que desplegan quiza por centenares cuando se mezclan los unos con los 
\itros, para que podarnos decir con certezi cuáles serán el modo y «rado deenerjía 
de una sustancia, aun la mas indiferente en apariencia, cuando luya sido introdu- 
cida en el cuerpo humano, combínadü con otras sustancias.» 



Ejemplos de curaciones honieo|ts»tieas hechas involuntaria- 
mente por médicos «le la antigua escucSa. 



La observación, la meditación y la esperiencia me han hecho conocer 
que, a la inversa de los preceptos trazados por la alopatía, la marcha que 
hai que seguir para obtener verdaderas curaciones, suaves, prontas, cier- 
tas y duraderas, consiste en elejir, para cada caso individual de enfermedad, 
un medicamento capaz de producir por sí mismo una afección semejante a 
la que se qui'*« curar. 

Este método homeopático ni habia sido enseñado, ni puesto en práctica 
por persona alguna antes de mi. Pero si él solo es conforme a la verdad, 
como cada uno podrá convencerse de ello conmigo, se debe esperar que 
cada siglo ofrezca señales palpables de él (1). En efecto, esto es lo que 
sucede. 

En todos tiempos las enfermedades que han sido curadas de un modo 
real, pronto, duradero y manifiesto, con medicamentos, y que no han debi- 
do su curación a que se haya hallado alguna circunstancia favorable; a que 
la enfermedad aguda hubiese acabado su revolución natural; o en fin a qué 
las fuerzas del cuerpo hayan recobrado poco a poco la preponderancia du- 
rante un tratamiento alopático o antipático [porque ser curado directamente 
difiere mucho de ser curado por una via indirecta], estas enfermedades* 
digo, han cedido, aunque sin saberlo el médico, a un remedio homeopático, 
es decir, dolado del poder de suscitar por sí mismo uu estado morboso se- 
mejante a aquel cuya desaparición proporcionaba. 

No hai, hasta en las curaciones reales obtenidas por medio de medicamen- 
tos compuestos, y cuyos ejemplos por otra parte son bastante raros, una 
sola en la que no se reconozca que el remedio, cuya acción dominaba a la. 
de los demás, era siempre de naturaleza homeopática. 

Pero esta verdad se nos presenta mas evidente todavía en ciertos casos 
en que los médicos, violando la costumbre que no admite mas que mezclas 
de medicamentos dispuestos bajo la forma de recetas, han curado con ra- 
pidez a beneficio de un medicamento. Entonces se ve con sorpresa que la 
curación fue siempre efecto de una sustancia medicinal capaz de producir 
ella misma una afección semejante a la que padecía el enfermo, aunque no 
supiese el médico lo que hacia, y solo obrase así en un momento de olvido 
de los preceptos de su escuela. Administraba precisamente el medicamento 
contrario al que le prescribía administrar la terapéutica admitida, y solo 
por esto se curaban sus enfermos con prontitud. 

Voi a esponer aquí algunos ejemplos de estas curaciones homeopáticas, 
que encuentran su interpretación clara y precisa en la doctrina hoi dia re- 
conocida y existente de la homeopatía, pero que no es menester mirar como 

(1) Porque la verdad es eterna como la Divinidad misma. Los hombres pueden, 
desconocerla durante largo tiempo, pero llega al fin el momento en que, para oí 
cumplimiento de los decretos de la Providencia, sus rayos atraviesan la nube de las 
preocupaciones, y esparcen sobre el jénero humano una claridad benéfica que nada 
es capjz de estinguir en adelante* 

4 



26 CURACIONES HOMEOPÁTICAS 

argumentos en favor de esta última, en atención a que no necesita de sosten 
ni de apoyo (I). 

Ya el autor de! Tratado de las epidemias, atribuido a Hipócrates [2], habla 
de un cólera-morbo rebelde a todos los remedios, que se curó únicamente 
por medio del eléboro blanco, sustancia que escita por sí misma el cólera, 
como lo han visto Foreest Ledel, Raimaríri y muchos otros (5). 

Lasudeta inglesa que se presentó por primera vez en 1485, y que, mas 
mortífera que la misma peste, hacia perecer en mui poco tiempo, segun el 
testimonio deWillis, de cien enfermos los noventa y nueve, no se la pudo 
sojuzgar hasta el momento en que se empezó a dar los sudoríficos a los en- 
ferinos. Desde aquella época hubo mui pocos que murieran de ella segun 
hace notar Sennert (4). 

Un flujo de vientre que duraba hacia muchos años, que amenazaba con 
una muerte inevitable, y contra el cual todos los medicamegtos habían sido 
nulos, se curó, con grande sorpresa de Fischer (5) y no mia, de una mane- 
ra rápida y duradera por un purgante que administró un empírico. 

Murray, al que elijo entre muchos otros, y la esperiencia diaria colocan 
el vértigo, las náuseas y la ansiedad entre los principales síntomas que pro- 
duce el tabaco. Pues precisamente de vértigos, de náuseas y de ansiedad 
fué de lo que se libró Diemerbroeck (0) por el uso de la pipa, cuando se 
vio atacado de estos síntomas en medio de los auxilios que prestaba a las 
victimas délas enfermedades epidémicas de Holanda. 

Los efectos perjudiciales que algunos escritores, Georgi entre otros (7), 
atribuyen al uso del Acjaricus muscarius en los habitantes del Kamtschatka, 
y que consisten en temblores, convulsiones, epilepsia, se han hecho salu- 
dables en las manos de C. G. Whisling '8), que han empleado este hongo 
con felices resultados contra las convulsiones acompañadas de temblor, y 
en las de J.-C. Berhardt (9), que también se ha servido ventajosamente de 
él en una especie de epilepsia. 

(1) Si en los casos que voi a referir, las dosis de los medicamentos hnn sido ma- 
yores que la que prescribe la medicina homeopática, naturalmente se ha debido se- 
guir de esto el peligro que en jeneral llevan consigo las altas dosis de medicamentos 
homeopáticos. Sin embargo, diversas circunstancias, cuya in!luencia no siempre es 
posible conocer, hacen que dosis mui considerables de medicamentos homeopáticos 
curen sin causar perjuicio notable, ya porque la sustancia vejetal haya perdido algo 
de su enerjía, ya porque hayan sobrevenido evacuaciones abundantes, que tienen por 
resultado el destruir la mayor parte del efecto del remedio, ya en fin, porque el es- 
tómago haya recibido al mismo tiempo otras sustancias capaces de contrarrestarla 
fuerza de las dosis, por su acción anlidótica. 

(2) Lib. V. al principio. 

(3) P. Fokekst XVIII, o6s, 44, Ledel, Mise. nal. cur. dec. III, ann. I, obs. 6.j- 
Rkimann, Bresl Samml 1724, p. 535. — (Ion toda intención he omitido en este ejem- 
plo y en todos los siguientes mis propias observaciones y las de mis discípulos acerca 
de las virtudes especiales de cada medicamento, y he cüado solamente las de médi- 
cos de tiempos pasados. Mi objeto al conducirme así, ha sido el hacer ver que la 
medicina homeopática podia haberse encontrado antes de mi. 

(4) De fébribus, IV, capitulo 15. 

(5, En IIufeland S. Journal fuer pfaktische Heilkundc, X, IV, p. 127. 

(6) Tractatus de peste. Amsterdam. 1665, p. 273. 

(7) Beschrcibung aller Nationcn des russischen Reiches, p. 78, 267, 281, 321, 
329, 352. 

(8) Diss. de virt. agaric. muse. Jena, 1718, p. 13. 

(9) Chyni. Vcrs. und. Erfahrunjcn. Leipsick, 175 i; obs. 5 p., 32í— Cruse"- 
De viribus agar. mus. Jena, 1778, p. 13. 



DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 27 

La observación hecha por Murray (1), de que el aceite de anís calma 

los dolores de vientre y los cólicos gaseosos causados por los purgantes; 
no nos sorprende, sabiendo que J.-l\ Albrecht (2) lia observado dolores de 
estómago producidos por este liquido, y P. Foreest (3) cólicos violentos de- 
bidos igualmente a su acción. 

Si F. Hoffmaun alaba la ciento-en-rama o yerba de San Juan en muchas 
hemorrájias; si G.-E. Slabl, Buchwald y Loeseke han encontrado mui útil 
este vejetal en el flujo hemorroidal escesivo; si Quarin y los redactores de 
la Colección de Breslau hablan de hemoptisis cuya curación ha producido 
esia planta; si en fin Thomasius, según refiere Haller, la ha empleado con 
feliz éxito en la metrorajia; estas curaciones se refieren evidentemente a la 
virtud que goza la planta de producir por sí misma flujos de sangre y la 
hematuria, como lo ha observado G. Hoffmann (4), y sobre Lodo de escitar 
la epístasis, como lo ha comprobado Bockler (3). 

" Scovolo (6), entre otros muchos, ha curado una emisión dolorosa de ori- 
na purulenta por medio de la uva ursi; lo que no hubiera podido verificarse 
si esta planta no tuviera la facultad de promover por sí misma ardor al 
orinar, con emisión de una orina viscosa, como lo ha reconocido Sau- 
vages [7]. 

Aun cuando las numerosas esperiencias de Stoerck, Marges, Planchón, 
Dumonceau, F.-C. Junker, Schinz, Ehrmann y otros no hubieran estable- 
cido que el cólchico cura una especie de hidropesía, debería ya esperarse 
de él esta propiedad, en razón de la facultad especial que posee de dismi- 
nuir la secreción renal, al mismo tiempo que escita continuos deseos de 
orinar, y de dar lugar a la salida de una corla cantidad de orina de un rojo 
ardiente, como lo han visto Stoerck (8), y de Berge (9). 

Es evidente también que la curación de un asma hipocondríaco, efectuada 
por Goerilz (10) con el auxilio del cólchico, y la de un asma complicado con 
hidrotorax, conseguida por Stoerck (II) a beneficio de esta misma sustan- 
cia, están fundadas en la facultad homeopática que posee de provocar por 
sí misma el asma y la disnea, efectos cuya realidad ha confirmado de 
Berge (12). 

Muralto (1 5) ha visto que la jalapa, independientemente de los cólicos, 
ocasiona una grande inquietud y mucha ajitacion, efectos de que puede uno 
convencerse todos los días. Todo médico familiarizado con las verdades de 
la homeopatía hallará pues muí natural que de esta propiedad derive la que 

(1) Appar. medie, I. p. 429, 430. 

(2) Mis. nat. cur., dcc. II, ann. 8, obs. 169. 

(3) Ob ser val. et cur aliones, I ib. 247. 

(4) De medicam. officin. Lcidem, 1738. 

(5) Cynosura mal. med. cont. p. 552. 

(f>) En Girardi, de uva ursi Padua, 4 764. 

(I) Nosolog. , III, p; 200. 

(8) Lib. de cólchico. Vicn.i, 1763, p. 12. 
(§) Journal de medecine, XXII. 

(10) A.— E. bukciinf.r, Miscell. phys. med. matkem, ann. 1728. ful. p. 12I2, 
12I3. Erfurt, 1732. 

(II) II Ibid, cas, II, 13, Cont. cas. 4, 9. 
(\1) Ibid., loe. cit. 

(13) Miscell. nat. cur. cap. dcc. II. a. 1, obs. U2. 



2S CURACIONES HOMEOPÁTICAS 

G. W. Wedel la atribuye con razón (1) de calmar frecuentemente los retor- 
tijones que ajilan y hacen gritar a los niños de corta edad, y de proporcio- 
nar un sueño tranquilo a estos pequeños seres. 

Se sabe, como está suficientemente atestiguado por Murray, Hillary y 
Spielmann, que las hojas de sen ocasionan cólicos; que producen segnn 
G. Hoffmann (2) y F. Hoffmann (5) flatos y ajitacion en la sangre (4), causa 
ordinaria del insomnio. En consecuencia de esta virtud homeopática del sen, 
es como Detharding (5) ha podido curar con su auxilio cólicos violentos, 
y librar a muchos enfermos del insomnio. 

Sloerck, que era tan sagaz, llegó a conocer que el inconveniente que 
liabia hallado en el díctamo de producir a veces un flujo mucoso por la va- 
jilla (0), derivaba precisamente del mismo oríjen que la facultad en virtud 
de la cual esta raiz le había servido también para curar una leucorrea 
crónica (7). 

Sloerck hubiera debido admirarse igualmente de haber curado una espe- 
cie de exantema crónico jeneral, húmedo yfajedénico, con la demanda (8), 
después de haber reconocido el mismo (í)) que esta planta puede producir 
una erupeion psóriea én todo el cuerpo. 

Si la eufrasia ha curado, según Murray (10) la lipitud o abundancia de la- 
gañas y una especie de oftalmía, ¿cómo ha podido producir este resultado, 
sino <>s por la facultad que Lobel (11) ha notado en ella, de excitar una es- 
pecie de inflamación de los ojos? 

Según J.— H. Lange (12), la nuez moscada se ha mostrado muí eficaz en los 
desmayos histéricos. La causa natural de este fenómeno es homeopática, y 
depende de que, cuando se administra dicha sustancia en alta dosis a uu 
hombre sano, da lugar, según J. Schmid (15) y Cullen (14), al embotamien- 
to de los sentidos y a tina insensibilidad jeneral. 

La antigua costumbre de emplear el agua de rosas al esterior contra las 
oftalmías, parece un testimonio tácito de la existencia de una propiedad cu- 
rativa de los males de los ojos en las flores del rosal. Dicha propiedad se 
funda en la virtud homeopática que tienen estas flores de escilar por sí mis- 
mas una especie de oftalmía, efecto que Echlius (lo), Ledel ()10 y Rau (¡7) 
las han visto realmente producir. 

(1) Opiolog. lib. I, p. I, II, p. 38. 

(2) De medicin. offin , lib.. I, cap. 36. 

(3) Diss. de marina, párrafo 16. 

(4) En Murray, loe. cit. II. p. 507. 

(5) Ephcm. nal. cur cent. 10, obs. 76. 

(6) Lib. de flamm. Jovis. Viena, 1769, cap. 2. 

(7) Ibid., cap. 9. 
(V Ibid., cap. 13. 
(V) Ibid., cap. 33. 

flOJ Appar. medie., II, páj. 221. 

(\\) Síirp. adversar., páj. 219. 

(12) Domcst. Bruns vic. 136. 

fi3) Mise. nal. car., üec. II, ann. 2, obs. 120. 

(14) Arzncimitellhre, II, p. 233. 

(15) En Adami, Tita medie, p. 72. 

(16) Mise. nat. curios, dec. II, aun. 2, obs. 140. 

(17) Ueber den Werth des homéop. Hcilverf., p. 73. 



DEWDAS A LA CASUALIDAD. 29 

Si el zumaque venenoso tiene la propiedad, según DeRossi (I), Van Mons 
(2) J. ¡Monti (3), Sibel (4) y otros, de híicer salir en la piel granos que poco 
a poco la cubren en totalidad, se concibe fácilmente con tales antecedentes 
que esta planta haya podido curar homeopáticamente algunas especies de 
herpes, corno Dufresnoy y Van Mons nos enseñan que realmente lo lia he- 
cho. ¿Qué es lo que ha dado al zumaque venenoso, en un caso citado por 
Alderson (5), el poder de curar una parálisis de los miembros inferiores, 
acompañada de debilidad de las facultades intelectuales, si no es la pro- 
piedad de que goza evidentemente de producir por sí mismo una total pos- 
tración de las fuerzas musculares, desordenando las facultades intelectuales 
del sujeto en términos de hacerle creer que va a morir, como lo ha visto 
Zadig (G)? Según Carrére (7), la dulcamara ha encadólas mas viólenlas en- 
fermedades causadas por un enfriamiento. Esto solo puede consistir en que 
dicha yerba es muy propensa a producir, en tiempos fríos y húmedos, in- 
comodidades semejantes a las que resultan de un enfriamiento, como lo han 
observado el mismo Carrére (8) y Starcke (0). Frita? (10) ha visto a la dulca- 
mara producir convulsiones, y De Haen (II) la ha visto igualmente dar lu- 
gar a convulsiones acompañadas de delirio. Pues, convulsiones acompaña- 
das de delirio han cedido, en manos de este último médico a pequeñas dosis 
de dulcamara. En vano se buscaría en el imperio de las hipótesis la causa 
que hace que la dulcamara se haya mostrado tan eficaz en una especie de 
herpe, a la vista de Carrére (12) de Fonquel (13) y de Poupart(U); pero la 
sencilla naturaleza, que reclama la homeopatía para curar con seguridad, la 
ha puesto a nuestro alcance, en la facultad que tiene la dulcamara por su 
parte de ocasionar una especie de herpe. Carrére ha visto producir con el 
uso de esta planta una erupción herpélica que cubrió todo el cuerpo por 
espacio de quince dias (15), otra que se estableció en las manos (10), y una 
tercera que fijó su asiento en los labios de la vulva (17). Iluecker (18) ha vis: o 
a la escrofularia causar una anasarca jeneral, y por esta razón Gatakor (19) 

(1) O j js de nonnullis plantis quee pro venenalis halcnlvr. Pisa, 1707. 

(2) En Dufrksnoy Ueber den wurzclnden Sumach, p. 206. 

(3) Acta Ins. Bonon. se. ct art. III, p, 165. 
(í) En Med. Annalen., 1811, julio. 

(5) En Samml. aus. Abh. f. pr. Arztc. XVIII, 1. 

(6) En Hufeland' S. Journal der prakt. Hcilk.V, p. ?,. 

(7) Carrére ct Starcke, Abhandl. neber die Eigcnschafft des JS'achts chalens 
oder Bittersuesse. Jena, 17 86, p, 20 23. 

(8) Ibid. 

(9) En Carrére ibid., 

(10) Annalen des Kliftischen Instituís, III, p. 45. 

(11) Ratio medendi, t. IV, p. 228. 

(12) Ratio medendi, t. IV, p. 92. 

(13) En Razzolz, Tablas nesolójicas, p. 275. 
(14J Traite des darlres. Paris, 1782, p. 184, 192. 
(15/ Ibid. p. 96. 

(16) íb.p. 149. 

ai) Ibid.p. 164. 

(18) Commcrc. liler. Norte, 1731. p. 372. 

(19)^ Ver suche und Bermcrh der Edim. Gesellschafl Allemburgo, 1762. Víí p. 



30 CUIlACTONES HOMEOPÁTICAS 

y Cirillo (1) han conseguido con su auxilio curar (homeopáticamente) una 
especie de hidropesía. 

Boerhaave (2), Sydenham (3) y Radcliff (1) han curado otra especie de 
hidropes a a beneficio del sanco; porque, como nos enseña Haller, (o) con 
solo la aplicación tópica de esta sustancia se produce una tumefacción serosa. 

De Haéu (6>, Sarcone (7) y Pringle (8) han respetado la verdad y la es- 
periencia confesando fjue han curado pleuresías con la escita, raiz cuya gran* 
de acritud debia hacerla proscribir en una afección de este jénero, en la 
que el sistema reinante solo admite remedios dulcificantes, demulcentes y 
refrigerantes. No obstante esto, el dolor de costado no ha dejado de desa- 
parecer bajo la influencia de la escila, ya consecuencia de la lei homeopáti- 
ca; poique J. — G. Wagner (9) ya habrá visto que la acción libre de esta plan- 
la producía una especie de pleuresía y de inflamación al pulmón. 

Un gran número de prácticos, D. Cruger, Hay, Kellner, Kaau-Boerhaave y 
otros (10), han observado que el estramonio escila un delirio estravagante y 
convulsiones: y a esla facultad precisamente esa la que deben los. médicos 
el haber podido curar con su auxilio la demonomanía (11) (delirio fantásti- 
co, acompañado de espasmos en los miembros) y otras convulsiones, como 
lo han hecho Sidren (12) y Wedenberg (13). Si, en manos de Sidren (14), se 
han curado con dicha planta dos casos de corea, que habían sido producidos 
el uno por el edío, y el otro por el vapor del mercurio, es porque tiene 
en sí misma la propiedad de escitar movimientos involuntarios en los miem- 
bros, como lo han observado Kaau-Boerhaave y Lobstein. Diferentes obser- 
vaciones, entre otras las de Schenk, establecen que el estramonio puede 
destruir la memoria en muí poco tiempo; por lo que no es sorprendente 
que, según dicen Sauvages y Schinz, posea la virtud de curar la amnesia. 
En fin Scfnalz (15) ha llegado a curar por medio de esta planta una melan- 
colía que alternaba con la manía, porque según Da Costa (i ¡i administrada a 
un hombre sano, tiene la facultad de promover un estado análogo en las fun- 
ciones cerebrales. 

Muchos médicos, entre ellos Percival, Stahl y Quarin, han observado que 
el uso de la quina producía pesadez de estómago. Otros han visto que esta 
sustancia producía vómitos y diarrea (Morton, Friborg, Baner y Quarin), el 

(1) Consult. mcdichi, T. III, Ñapóles, 17 38, en 4.° 

(2) Historia plantaram, P. I. p. 20?, 

(3) Opera, '_p.§496. 

(4) En Haller ArzneimHtellchre, p. 349. 

(5) En Vicat, Plantes veneneuses, p. 123. 

(6) Ratio medendi, P. I, p. 13. 

(7) Geschichet der Krankh. in Neapcl, 1. I, párrafo 17,5. 
(<S) Obs. on the discases of Ihe army. ed. 7, párrafo 143. 

(9) Obscr cationes clinico?, Lubeck, 1737. 

(10) C. Oruger, en la Mise, nat. ctrr.í, decj III, nño 2, obs. 88. Kaau-Boerhaave, 
Impetum faciens. Leidcn, 1745, p. 282. Kellner, en lircscl. Samml. 17 2. 

(11) Vedioskrifit for La'karc VI, p. 40. 

(I'2) Diss. de stramonii usu in malis convulsivis . Vpsal, 1*73 

(13) Diss de stramonii usu. Ups. 1773. 

(14) Diss morborum casus, spec. I. Ups. 1785. 

(.15) Chir. und. median. Vorfaclle, Lcipziik, 1781: p. 178. 
(16) En Schenckl. obs. 139. 



DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 51 

sincope (D. Crnger y Morlón), una gran debilidad, una especie de ictericia 
(Thomson, Richard, Stahl y C. — E. Fischez) amargor de boca (Quarin y Fris- 
cher), en fin tensión del bajo vientre. Pues precisamente cuando estas in- 
comodidades y estos estados morbosos se encuentran reunidos en las fiebres 
intermitentes, es cuando Torti y Cleghorn recomiendan recurrir solamente 
a la quina. Del mismo modo, el uso ventajoso que se hace de esta corteza 
en las dijesiiones laboriosas, en la falta de apetito y el oslado de estenuacion 
que son consecuencia de las fiebres agudas, sobre lodo cuando han sido 
tratadas por medio de la sangría, de los evacuantes y los debilitantes, se 
funda en la propiedad que tiene de producir una postración estrema de fuer- 
zas, de anodadar el cuerpo y el alma; de hacer la dijeslion penosa, y de 
abolir el apetito, como lo han observado Cleghorn, Friborg, Cruger, Romberg, 
Stahl, Tomson y otros. 

¿Cómo se hubieran detenido mas de una vez flujos desangre con la ipe- 
cacuana, como lo han conseguido Baglivio Barbeyrac, Gianelia, Dalberg, 
Bergiris y oíros, si no encerrase en sí misma la facultad de escitar hemorra- 
jias, lo que efectivamente han notado Muiray, Scott y Geoffroy? ¿Como po- 
dría ser saludable en el asma, espasmódico, como Akenside (I), Meyer, (2), 
Bang (3), Sloll [41, Fouquel (5) y Ranoe (0) nos lo enseñan, si no poseyese 
la facultad de producir por sí misma, sin escitar ninguna evacuación, el 
asma en jeneral, y el asma espasmódico en particular, que Mur-ray (7), 
Geoffroy (8) yScotl(9) han visto nacer de su acción sobre la economía? ¿Pue- 
den exijirse pruebas mas claras de que los medicamentos deben ser aplica- 
dos para la curación de las enfermedades en razón de los efeclos morbosos 
que producen? 

Seria imposible comprender como el haba de S. Ignacio ha podido ser 
tan eficaz en una especie de convulsión, como lo afuman Herrmann (10), Va- 
lentín (11) y un escritor anónimo (1 2), sino promoviese por sí misma convul- 
siones semejantes, comose han convencido de elIoBergius (15) Camelli (14 
y Durius ( 15). 

Las personas que han recibido golpes y contusiones esperimentan dolores 
de costado, ganas de vomitar, punzadas y ardor en los hipocondrios, todo 
esto acompañado de ansiedad, de temblores y estremecimientos involunta- 
rios semejantes a los que ocasionan las conmociones eléctricas; durante la 
vijilia y durante el suefiG hormigueo en las paites afectas, etc. Pues pu- 

(1) Medical. írans., I, numero 7. p. 39. 

(2) Diss. de ipecac. refracta dosi usu, p. 34. 

(3) Praxis medica, p. 346. 

(4) Prcelectioncs, p. 221. 

(5) Journal de médecine, t. 62, p. 137. 

(6) En las Act. rcg. soc. med. Hafn. II, p. 163 III, p. 361. 

(7) Medie pract. Bibl. p. 237. 

(8) Traite de la maliére medicóle, II, p. 157. 
OJ En Mea,, comment. of. Edimb. IV, p. 74. 

(10) Cynosuramat. med. II, p. 331. 

(11) Hist. simplic. reform., f>. 194 párrafo' 4. 

(12) En las Act. Berol., dec. II, vol. 10, p. 12. 

(13) Materia médica, p. 150 

(\\) Philox. trans., vol. XXI n.° 250. 

(15) Misccll. nal. cur. dec. III, ann. 9, 10. 



32 CtÍRAClOKES hobíeopAticas 

diendo el árnica producir por sí misma síntomas semejantes, como lo ates- 
tiguan las observaciones de Meza, Vicat Crichthon, Collin, Aaskow, Sloll y 
J-G. Lange, se concibe fácilmente que esta planta cúrelos accidentes que 
proceden de un golpe, de una caída o de una contusión, segun lo han espe- 
rimenlado hace algunos siglos una multitud de médicos y pueblos enteros. 
Entre los desórdenes que la belladona produce en el hombre sano, se 
encuentran síntomas cuyo conjunto compone una imajen que se parece 
mucho a la especie de hidrofobia que causa la mordedura de un perro ra- 
bioso, enfermedad que Mayherne (1), Munch (3>, Bucbh >lz (3) y Neimike 
(4) han curado real y perfectamente con esta planta (5) El sujeio no puede 
dormirse; tiene dificultad de respirar; le devora una sed ardiente y acom- 
pañada de ansiedad; apenas se le presentan líquidos cuando inmediata» 
mente los rechaza; su cara está encendida, sus ojos fijos y centelleantes 
(F.-C. Grimm); esperimenta sofocación al beber (E- Camerarius y Sauter); < 
jeneralinenie no puede tragar nada (May, Lotlinger, Sicelius, Buchave, 13' 
Hermon, Mariéti, Vicat, Cullen); esperimenta alternativamente terror y de- 
seos de morderá las personas que le rodean (Sauler, Diimoulm, Buchave, 
Mardorf); escupe a su alrededor (Sauter); trata de escaparse (D.imoulin, !•]. 
Gmelin, Buclu 1 ); en fin, su cuerpo está en una continua ajilaeion (Boucher 
E. Gmelin y Sauter). La belladona ha curado también varias especies do 
manía y melancolía en los casos referidos por Evers, Schmukcr, Schmalz, 
Munch padre e hijo y otros, porque posee en sí misma la facultad de produ- 
cir ciertas especies de demencia, tales como las que han sido señala las por 
Rau, Grimm, Hasenest, Mardorf, Hoyer, Dillenius y otros. Hvnning (6) des- 
pués de haber tratado inútilmente por espacio de tres meses una amaurosis 
con manchas abigarradas delante de los ojos, con una multitud de medios 
diversos, llegó a imajinarse que esta afección podia mui bien ser debida a 
la gota, de la que no obstante el enfermo no había tenido ningún ataque, 
y la casualidad le condujo así a prescribir la belladona (7), que proporción 

(\) Prdxeos in morbis internis syntagma alíerum. Viena, 1697 p. 13G. 
(2) Beobacchtungen bey angioendeter Belladonne bey den Merischen. Stendal 
1789. 

(3> Heilsame Wirkungen der Belladonne in ausgebro chener Wuí/t. Erfurt. 

■ 1785. 

(4) En J.-II. Munch' S. Beobacchtungen, Th I, p. 7 4. 

(5) Si ha sucedido con frecuencia que la belladona no ha tenido buen éxito en 
la rabia declarada, no se debe perder de vista que solo puede curar en este caso por 
la facultad que tiene de producir efectos semejantes a los de la enfermedad, y que 
de consiguiente no debería haber sido administrada, sino a dosis sumamente peque- 
ñas, como lodos los remedios homeopáticos, loque se demostrará en el Organon. Pe- 
ro la mayor parte de las veces so la ha administrado a dosis enormes, de modo que 
los enfermos.se veian morir necesariamente no de la enfermedad sino del remedio. 
Sin embargo, puede mui bien suceder que haya mas de un grado o de una especie 
de hidrofobia y de rabia, y que por consiguiente, segun la diversidad de los sínto- 
mas, el remedio homeopático mas conveniente sea unas veces el beleño y otras 
también el estramonio. 

(6) En Hufeland' s Journal, XXV, IV, p. 7 0*74. 

(6) Solo por conjetura se ha dispensado a la belladona el honor* de colocarla en 
el número de los remedios contra la gota. La enfermedad que podría tener todavía 
algún derecho a abrogarse el nombre de gola, ni puede ni podrá jamas curarse con 
la belladona. J 



DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 33 

íió una curación rápida y exenta de iodo inconveniente. Nadie duda que 
él hubiera elejido esle remedio desde el principio, si hubiera sabido que no 
se puede curar mas que con el auxilio de medios que produzcan síntomas 
semejantes a los de la enfermedad, y que la belladona no podia dejar, se- 
gún la lei infalible de la naturaleza, de curar homeopáticamente en este 
caso, puesto que según el testimonio de Sauter (1) y de Buchholz (-2), escita 
ella misma una especie de amaurosis con manchas abigarradas delante de 
Jos ojos. 

El beleño ha hecho desaparecer en presencia de Mayerne (3) Stcerk, Co- 
llin y otros, espasmos que lenian grande semejanza con la epilepsia. Ha pro- 
ducido este efecto en razón a la facultad que posee de escitar convulsiones 
muí análogas a la epilepsia, como se halla indicado en las obras de E. Ca- 
merarius, C. Seliger, Hunerwolf, A. Hamilton, Planchón, Da Costa y otros. 

Folhergill (i) Stoerk, Hellwig y Ofterdinger han empleado el beleño coa 
buenos resultados en ciertos jéneros de enajenación mental. Pero hubiera 
probado aun mucho mejor en semejantes casos en manos de mayor número 
de médicos sino se hubiera tratado de curar con su auxilio otras enajenacio- 
nes mentales, que la que tiene analojía con la especie de locura estúpida que 
Van Helmont, Wedel, J.-G. Gmelin, Laserre, Hunerwolf, A. Hamilton, Kier- 
nander, J. Stendmann, Tozzetli, F. Faber y Wendt han visto seceder a la 
acción de esta planta sobre la economía. 

Reuniendo los efectos que estos últimos observadores han visto producir 
al beleño, se forma la imájen de un histerismo llegado a un grado conside- 
rable. Pues encontramos en J.-A.-P Gesuer, en Sicerck y en las Actas de 
los curiosos de la naturaleza (o), que un histerismo que tenia mucha seme- 
janza con el referido fue curado con el uso de esta planta. 

Schenkbecher (6) no hubiera podido curar jamás con el beleño en vértigo 
que contaba veinte años de duración, si este vejetal noposeyese en alto gra- 
do la facultad de producir jeneralmente un estado análogo, como lo ates- 
tiguan Hunerwolf, Blom, Navier, Planchón, Sloane, Stedmann, Greding, 
Wepfer, Vicat y Bernigau. 

Mayer Abramsom (7) atormentaba hacia mucho tiempo a un maniaco ce- 
loso con remedios que no producían en él ningún efecto, cuando al fin le hi- 
zo lomar como soporífico el beleño, que produjo una rápida curación. Sí 
hubiera sabido' que esta planta escita los celos y manías en los sujetos sanos, 
y hubiera conocido la lei homeopática, única base natural de la terapéutica, 
hubiera podido desde el principio administrar el beleño con toda seguridad, 
y evitar asi el molestar al enfermo con remedios, que no siendo homeopáticos, 
de nada podrían servirle. 

Las fórmulas complicadas que Kecker (8) empleó con el mejor resultado 
en un caso de constricción espasmódica de los párpados hubieran sido inú- 

fl) En IIufeland' s. Journal, XI. 

(2) Ibid., V, I, p. 252. 

(3) Prax. tned., p. 23. 

(4) Mcm- of (he. med. soc. of. London, I, p. 310, 31 í. 

(5) IV, obs. 8. 

(f>) Von dcr Kinkina, Schicrling, Bilsenhraut, [u. s. W. Riga, 1769, páj. 1 G2 
Anhang. 

(7) En Hufkland' s Journal XIX, II, p. 00. 
fSJ Ibid.. I, p. 354. 

5 



3-4 f.URACíOKES HOMGOl'ATICAS 

tiles, si felizmente la casualidad no hubiera hecho entrar en ellas el beleño 
que, según Wepfer (1), produce una afección análoga en los sujetos sanos. 

Wilhering (2) no llegó tampoco a triunfar de una constricción ospasmódi- 
cade la larinje con imposibilidad de tragar, hasta el momento en que admi- 
nistró el beleño, cuya acción principal consiste en determinar una constric- 
ción espasmódica del istmo de las fauces con imposibilidad de ejecutar la 
deglución, efecto que Tozzetti, Hamilton, Bernigau, Sauvages yHunerwolfle 
han visto producir y en alto grado. 

¿Cómo podría el alcanfor ser tan saludable, como pretended verídico Hux- 
ham (5), en las fiebres llamadas lentas nerviosas, en las que el calor está dis- 
minuido, la sensilidad embolada y las fuerzas jenerales considerablemente 
disminuidas, si el resultado de su acción inmediata sobre el cuerpo no fuese 
la manifestación de un estado semejante en un todo a aquel, comoG. Alexau- 
der, Cullen y Hoffmann lo han observado? 

Los vinos jenerosos tomados a pequeñas dosis curan homeopáticamente 
la fiebre inflamatoria pura.C. Crivellati [i], H. Augenius (5), A. Mundella(6), 
y dos anónimos (7) han recojido todas las pruebas de esto. Ya Asclepiades 
(8) habia curado una inflamación del cerebro con una pequeña dosis de vino. 
Un delirio febril acompañado de respiración estertorosa y semejante a la pro- 
funda embriaguez que el vino produce fué curado en una sola noche con vi- 
no, que Rademacher (9) administró al enfermo. ¿Es posible desconocer aquí 
el poder de una irritación medicinal análoga? 

Una fuerte infusión de té ocasiona a las personas que no eslán acostum- 
bradas a él palpitaciones de corazón y ansiedad : asi tomado a pequeñas dosis 
es un excelente remedio contra estos accidentes producidos por olías cau- 
sas, como lo ha puesto fuera de toda duda G L Rau [10]. 

Un eslado semejante a la agonía, en el cual el enfermo esperimentaba con- 
vulsiones que le privaban del conocimiento, y que alternaban con accesos de 
respiración espasmódica y entrecortada, a veces también suspirosa y ester- 
torosa, y que se acompañaba de un frío glacial en la cara y en el cuerpo, con 
lividez de los pies y de las manos y debilidad del pulso (estado enteramente 
análogo al conjunto de accidentes que Schweikert y otros han visto resultar 
de la acción del opio) fué al principio tratado sin éxito por Stutz (J I) con el 
álcali, pero se curó en seguida de un modo rápido y duradero con el opio. 
¿Quién no reconoce aquí el método homeopático puesto en práctica sin sa- 
berlo el mismo que le emplea? El opio produce también, según Vicat, J.-C. 
Giimm y otros, una fuerte y casi irresistible tendencia al sueño, acompaña- 
da de sudores abundantes y delirio. 



f\) De cicuta aquaíica Bále. T 1716, p. 60. 

Cl) Edinb. med. commeni, dec. II, B, VI. páj. 263. 

(3) Opera, t. I, p. 172, t. II, p. 84. 

(h) Traltalo dcll' uso e modo di daré il vino nelle fcbbri acule, Roma 1600, 

(5) Epist. T. II, lib. 2 ep. 8. 

(6) ¿pist. 4 4. Bale, 1538. 

(7) Eph. nat. cur., dcc. II, ann. 2, obs. 53 Gazettc de santé, 1788. 

(8) Cal. Aurcl. Acul. lib. I, c. 16. 

(9) En Hufeland' s Journal, XVI, I, p. 92. 

(10) Vcbcr den Werth des honwopaíhischen Hcilf. Hcidclberg, 1824. p. 75. 
fll) En Hufelakü' s Journal, X, IV, 



MBUUS A LA CASUALIDAD. 38 

Esto fué un motivo para que Osthoff [1] no le administrase en una fiebre 
epidémica que presentaba síntomas mui análogos; porque el sistema cuyos 
principios seguía prohibía recurrir a él en semejante circunstancia. Sin em- 
bargo, después de baber agotado inútilmente todos los remedios conocidos, 
y creyendo a su enfermo próximo a morir, tomó el partido de darle un poco 
de opio, cuyo efecto fué saludable, y efectivamente debía serlo según la lei 
eterna de la homeopatía. J. Lind confiesa igualmente ( c 2) que el opio quita 
los dolores de cabeza con calor en la piel y dificultad de sudar, que la cabe- 
za se despeja, el calor ardiente de la fiebre desaparece, la piel se pone flexi- 
ble y bañada de un sudor abundante. Pero Lind no sabía que este efecto sa- 
ludable del opio es debido a que a despecho de los axiomas de la escuela, 
esta sustancia produce en el hombre sano síntomas mui análogos a aquellos. 
Han existido sin embargo algunos médicos por cuya imajinacion ha pasado 
esta verdad como un relámpago, pero sin dar oríjen a la mas mínima sospe- 
cha de la lei homeopática. Alston (o) dice que el opio es un medio calefacien- 
te, pero que no es menos a propósito para moderar el calor cuando ya existe. 

De la (¡uerenne (4) administró el opio en una fiebre acompañada de un 
violento dolor de cabeza, detención y dureza del pulso, sequedad y aspere- 
za de la piel, calor urente, en fin de sudores debilitantes, cuya difícil exha- 
lación era continuamente interrumpida por la ajilacion estraordínaria del 
enfermo. Este medio le produjo buenos resultados; mas no sabia que si el 
opio había producido efectos ventajosos, había sido porque posee la facul- 
tad de producir un estado febril enteramente análogo en los sujetos sanos, 
según lo han reconocido muchos observadores. En una fiebre soporosa, eu 
que el enfermo privado de la palabra se hallaba tendido con los ojos abier- 
tos, los miembros ríjidos, el pulso pequeño e intermitente, la respiración 
difícil y estertorosa, síntomas perfectamente semejantes a los qne el opio 
puede escitar por sí mismo, según relación de Delacroix, Rademacher, Crum- 
pe, Pyl, Vicact, Sauvages y otros muchos, esta sustancia fué la única a que 
CE. Hoffmann (5) vio producir buenos efectos, que fueron naturalmente un 
resultado homeopático. Wirthenson (6), Sidznbam (7) y Marcus (8) han con- 
seguido también curar con el opio fiebres letárjicas. El letargo que De Meza 
(9) curó no pudo ser vencido mas que por esta sustancia que en semejante 
caso obra homeopáticamente, pues ella misma ocasiona el letargo. Después 
de haber atormentado largo tiempo con remedios inapropiados a su situa- 
ción, es decir, no homeopáticos, a un hombre atacado de una enfermedad 
nerviosa pertinaz, cuyos principales síntomas eran la insensibilidad y entor- 
pecimiento de los brazos, de los musios y del bajo vientre, C.-C.Mátbsei [10] 
le curó por último con el opio, que, según Slutz, J. Young y otros, tiene la 

(!) En Salzb. med. chirure). Zeitung, 1805, III, p. 110. 

(2) Vers. ueber die Krankheiten denen die Europcecr in heisen íUimatcn linter- 
worfen sind. Riga 1773. 

(3) En Edimb, Versuchen. V. P. I. art. 12. 

(i) En Roemer, Annalcn der ArzncimitteIJhcr. I, II, p. 6. 

Co) Yon Scharbock, Lustscuvhe, u. s. w, Munster, 17 87, p. 295. 

(r>) Opii vires flbrac coráis debilitare, etc, Munster, 1775. 

(7) Opera, p. 654. 

(8) Magazin fuer Therapir, I, I, p. 7. 

(9) Act. rcg. soc. med. Iltfn. III, p. 202. 

(10) En Strdye' s Triumph. der JJeilk. III- 



5(3 CURACIONES HOMEOPÁTICAS 

propiedad de escitar por sí mismo accidentes semejantes de uria grande in- 
tensidad, y que por consiguiente como cada uno ve no ha verificado la cu- 
racionen este caso si no de una manera homeopática. ¿Con sujeción a qué 
lei se verificó la curación de un letargo que databa de muchos dias, y que 
Ilufeiand obtuvo por medio del opio, (I) sino con sujeción a la homeopatía 
que ha sido desconocida hasta el presente? Un enfermo padecia una epilep- 
sia que no se manifestaba mas que durante el sueño ; De Haen conoció que 
no era aquel un sueño natural, sino un adormecimiento lelárjico, con respi- 
ración estertorosa, semejante en todo al que el opio suscita en los sujeto.» 
sanos; y únicamente con el auxilio del opio fuá como le transformó en mi 
sueño sano y verdadero, al mismo tiempo que libró al enfermo 'de la epilep- 
sia (-.?) ¿Cómo podría el opio, que según nadie ignora, es entre las sustancias 
vejetales aquella cuya administración a pequeñas dosis produce el estreñi- 
miento mas fuerte y mas pertinaz, ser sin embargo uno de los remedios con 
que mas se puede contar en las astricciones de vientre que ponen la vida en 
peligro, sino en virtud de la leí homeopática tan desconocida, es decir, si la 
naturaleza no hubiese destinado los medicamentos a vencer las enfermeda- 
des naturales por una acción peculiar que les es propia, y que consiste en 
producir una afección análoga? El opio, cuya primera impresión están po- 
derosa para estreñir el vientre, fué para Tralles (3) el único medio de salva- 
ción en un caso que había tratado inútilmente hasta entonces por medio de 
los evacuantes yde otros medicamentos no apropiados a las circunstancias. 
Lentilius [4] y G.-W. Wedel (o) Wirthenson, Bell, Heister y Richter [6] han 
comprobado igualmente la eficacia del opio, aun administrado solo, en esia* 
enfermedad. Bolín se habia convencido también por la esperiencia deque 
los opiados por sí solos podían desembarazar a las entrañas de su conteni- 
do en el cólico llamado miserere [7] ; y el grande Huffman n, en los casos mas 
peligrosos de este jénero, se limitaba solo al opio combinado con el licor 
anodino [8]. ¿Todas las teorías contenidas en los doscientos mil volúmenes 
de medicina que pesan sobre la tierra, podrían darnos una esplicacion ra- 
cional de este hecho y de tantos otros semejantes, siendo todas ellas ente- 
ramente eslrañas a la lei terapéutica de la homeopatía? ¿Son por ventura 
sus doctrinas las que nos conducen al descubrimiento de esta lei natural tan 
francamente espresada en todas las curaciones verdaderas, rápidas y dura- 
bles, a saber: que, cuando se aplican los medicamentos al tratamiento de las 
enfermedades, es preciso tomar por guia la semejanza de los efectos que 
producen en el hombre sano con los síntomas de estas afecciones? 

Raye (9) y Wedekind [10] han detenido metrorrajías alarmantes con el 
auxilio déla sabina, que, como todos saben, determina hemorrajías uterinas, 

(1) En Hufeland' s Journal, XII, I. 

(2) Ratio medcndi, Y. p. 126. 

(3) Opü usus et abu.ius, sed. II, p. 260. 

(4). Eph. nat. cur., dec. l!l, ann. I. App. p. 131. 

(5J Opiolnjía, p. 120. 

(6; Anfangsgruende der fundar zncilnmdc, V, § 328. Cronische ¡uaniáciten- 
Berlín, 1816. II. p. 220. 

Hj De officio medid. 

\B) Mcdicin. rat. system. t. IV, P. II, p, 297. 

(9) Bcobachtungen und Schlucsse, II, p. 7. 

(10) En jpFELAND' s Journal, X, l, p. 77. 



DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 37 

y por consiguiente el aborto en las mujeres sanas. ¿Podrá desconocerse aquí 
la leí homeopática que prescribe curar sim'üia simililms? 

¿Seria el almizcle especifico, con mui pocos escepciones, en las especies 
de asma a que se ha dado el nombre de Millar, sino produjese por sí mismo 
sofocaciones espasmódicas sin tos, como lo ha observado F. Hoffmann? (1) 

¿Es posible que la vacuna garantice de las viruelas mas quede una mane- 
ra homeopática? Porque, sin hablar de otros grandes rasgos de semejanza 
que existen con frecuencia entre estas dos enfermedades, tienen de común, 
el que no pueden manifestarse mas que una sola vez en el curso de la vida ; 
que dejan igualmente cicatrices profundas ; que las dos determinan la tume- 
facción de las glándulas axilares; una fiebre análoga, una rubicundez infla- 
matoria al rededor de cada grano; y en fin la osialmia y las convulsiones. 
La vacuna destruiría bien la viruela recien manifestada, es decir, curaría esta 
afección ya existente, sino la escediesen las viruelas en intensidad. No le fal- 
ta, pues, para producir este efecto, masque rn exceso deenerjía que, según 
la lei natural, debe coincidir con la semejanza homeopática para que pueda 
efectuarse la curación (§ 152). Así la vacuna, considerada como medio ho- 
meopático, no puede tener eficacia sino cuando se la emplea antes de que 
aparezcan en el cuerpo las viruelas, que son mucho mas fuertes que ella. De 
esía manera provoca una enfermedad mui análoga a la viruela, y por consi- 
guiente homeopática, después de la cual el cuerpo humano que, porlojene- 
ral no es atacado mas que una vez de este ¡enero de enfermedad, se encuen- 
tra en adelante al abrigo desemejante contajio [tí]. 

Se sabe que la retención de orina es uno de los accidentes mas frecuentes 
y penosos que producen las cantáridas ; aserción que ha sido puesta fuera 
de toda duda por J. Camerarius, Baccius, Fabricio de Hidlen, Foreest, J. 
Lanzoni, Van der Wiel y Werihoff (5). Por consiguiente las cantáridas admi- 
nistradas al interior con precaución, deben ser un remedio homeopático mui 
saludable en casos análogos deiscuria doloiosa. Pues esto es lo que efecti- 
vamente sucede. Sin contar lodos los médicos griegos, que en lugar de nues- 
tra cantárida usaban Meloe cidhorii de Fabricáis, Fabricio de Aguapendente, 
Capo di Vaca, Riedlin, Ti). Bartolino [4], Young (;>), Smitli (6), Raimond (7) 
de Meza (8), Brisbane (9) y otros han curado perfectamente con las cantári- 
das iscurias mui dolor osas, que no dependían de vn obstáculo mecánico. 
SidenlKvm ha visto a este medio producir los mejores efectos en casos del 
mismo jénero, le alaba mucho, y le hubiera empleado gustoso si las tradicio- 
nes de la escuela que creyéndose mas sabia que la naturaleza, prescribe dul- 

(\) Mcd. ration. sistem. III, p. 92. 

(i) E^ta curación homeopática anticipada (que se llama preservación óprofilaxia) 
nos parece posible también en algunos oíros casos. Asi creemos que llevando uno 
consigo azufre pulverizado puede preservarse de la sarna de los trabajadores en lana, 
y que tomando una dosis de belladona, por pequeña que sea, se libra también de la 
fiebre escarlatina. 

(3) V. mis Fragmenta de virihus medicamentorum positivis. Lcipzick, 180-5, I, 
p. 83. 

~(V Epüt. í, p. 315. 

0>) Phil. Trans., número 280. 

(GJ Medie, comunications, lí, p. 505. 

(7) En Auserles. Abhandl. fuer prect. Acrzíe, Iíí, p. 460. 

(8) Act. rey. soc. mcd. Hafn., íí, p. 302. 

(9) Auserles. Fuelle, Altenb. 1776. 



38 curaciones homéopItic.vs 

cificantes y demulcentes en semejantes circunstancias, no le hubiesen induci- 
do, contra sus propias convicciones, a no emplear el remedio que es especíii- 
cou homeopático (I). En la gonorrea inflamatoria reciente en que Sachs de 
Lewenhcin, Hanníens, Barttolino, Lister y antes de lodos estos WerlhofFhan 
administrado las cantáridas a pequeñísimas dosis con un completo resultado; 
esta sustancia ha hecho desaparecer manifiestamente los síntomas mas gra- 
vesque empezaban a declararse (2). Solo ha producido este efecto en virtud 
de la propiedad de que goza según el testimonio de casi iodos los observa- 
dores, de ocasionar una iscuria dnlorosa, ardor al orinar, inflamación de la 
uretra (Wendt), y aun por su simple aplicación al esterior, una especie de 
gonorrea inflamatoria (Wichmann) (3). 

El uso del azufre al interior causa con frecuencia en los sujetos irilables 
un tenesmo acompañado algunas veces de dolores en el bajo vientre y de 
vómitos, como lo aürma Walther (4). Pues solo en virtud de esta propiedad 
concedida al azufre es como se han podido curar por medio de él (5) afec- 
ciones disentéricas, y un tenesmo hemorroidal, según Werlhof (6), y, según 
Rave(7), cólicos acasionados por las hemorroides. Es bien sabido que las 
aguas deTaeplitz, como todas las demás aguas sulfurosas tibias y calientes, 
determinan la aparición de un exantema, que se parece mucho a la sarna de 
los trabajadores en lana. Pues esta virtud homeopática es la que justamente 
las hace a propósito para curar diversas erupciones psóricas. ¿Qué medio 
hai mas sofocante que el vapor del azufre? Sin embargo, Bucquet (8) cita el 
vapor del azufre en combustión como el medio que mejor prueba, para rea- 
nimar a los sujetos asfixiados por cualquiera otra causa. 

Leemos en los escritos de Beddoes y otros, que los médicos ingleses han 
encontrado en el ácido nítrico un poderoso medio contra la salivación y las 
úlceras de la boca ocasionadas por el uso del mercurio. Este ácido no hubie- 
ra podido ser útil en semejante caso, sino poseyese la facultad de producir, 
pof sí mismo la salivación y úlceras en la boca, bastando, para que se ma- 
nifiesten dichos efectos, aplicarle en baño a la superficie del cuerpo, según 
testimonio de Scott [0] y Blair (10), y como se ve sobrevenir igualmente des- 
pués de su administración al interior, como lo atestiguan Alyon (11), Lucke 
(12), J. Ferriar (15) y G. Kellie (14). 

(I) Opera, ed. Rcichcl, t. II, p. \2l. 

(~) Digo «los síntomas mas graves que empiezan a declararse», porque lo restan- 
te del tratamiento exije otras consideraciones; pues si bien hai algunas gorroneas tan 
leves que pronlo desaparecen por sí misma, y casi sin auxilios, existen otras muchas 
mas graves, principalmente aquella que tanto se ha jeneralizado desde las campañas 
de los Franceses, y que se comunica por el coito como la sífilis, aunque sea de una 
naturaleza enteramente diversa. 

(3) Ausivahl ans den Numbergcr gctehrten Unterhaltungen. I, p. 249. 

(4) Prog. de sulphure et marte. Leipziek, -1 7 43, p. 5. 

(5) Mcd. Nacional- Zcitung,\Ti%. p. 153. 

(6) Obscrvat. de febribus, p. 3, §. 6. 

(7) En Hufeland' s. Journal, VII, II, p. 168. 

(8) Edimb. med. comment., IX. 

19) En HuFF-LANn' s. Journal, IV, p. 3o3. 
(10) Ncueste Efabrungen. Glogau, 1801. 

(I I) En las Mém. de la Soc. d' émulation, I, p, 195. 

(12) En Beddoes. 

(13) En Sammlung auserks. Abhandl. fuer pract. Aerzte, XIX, II. 
¡14) bid. XIX, I. 



DEBIDA6 A LA CASUALIDAD. o$ 

Fritze (I) ha visto a'un baño cargado de potasa cáustica producir'una es- 
pecie de tétanos, y A. de Humboldt (2) ha llegado por medio de la sal de 
tártaro fundida, especie de potasa semi-cáustica, a aumentar la irritabili- 
dad de los músculos hasta el punto de producirla rijidez tetánica. La virtud 
curativa que la potasa cáustica ejerce en todas las especies de tétanos, en 
que Stulz y otros la han hallado tan ventajosa ¿podría esplicarse de una ma- 
nera mas sencilla y mas verdadera que por la facultad deque goza este álcali 
de producir efectos homeopáticos? 

El arsénico, cuya inmensa influencia sobre la economia hace que no se 
atreva uno a decidir si puede ser mas temible en manos de un imprudente, 
que saludable en manos de un sabio, el arsénico no hubiera hecho tan sor- 
prendemos curaciones de cánceres de la cara a la vista de una multitud de 
médicos, entre los cuales citaré solamente a Falopio(3) Bernhardi (4) y Roe- 
iinow (o), si este óxido metálico no tuviera la facultad homeopática de dar 
oríjen _en los sujetos sanos a tubérculos mui dolorosos y muí difíciles de cu- 
rar, según Amatus Lusitanus (6), a ulceraciones mui profundas y de mal ca- 
rácter, según Heinreich (7) y Kuape (8), y a úlceras cancerosas, según el tes- 
timonio de Heinze (9). Los antiguos no estarían unánimes en el elojio que 
hacen del emplasto magnético o arsénica! de Anjel Sala (10) contra los bu- 
bones pestilenciales y el carbunco, sino tuviese el arsénico, como aseguran 
Degner (11) y Pfann (12), la propiedad de producir tumores inflamatorios 
que pasan prontamente a la gangrena, y carbuncos o pústulas malignas, co- 
mo lo han observado Verzascha (15) y Pfann (14). ¿Y de dónde le vendría la 
virtud curativa que manifiesta en algunas especies de fiebres intermitentes, 
virtud confirmada por tantos millones de ejemplos, mas para cuya aplica- 
ción práctica no se tiene todavía bastante precaución, y que proclamada ha- 
ce ya muchos siglos por Nicolás Myrepsus, ha sido después puesta fuera de 
duda por Slevogt, Molilor, Jacobí, J.-C. Bernhardt Jungken, Fauve, Brera, 
Darwim, May, Jackson y Fowler, sino fuese por la facultad que tiene de pro- 
vocar la fiebre que han señalado casi todos los observadores de los incon- 
venientes de esta sustancia, en particular Amatus Lusitanus, Degner, Bu- 
chholz, Heun yKnape? Podemos creer a E. Alexander (lo), cuando dice que 
el arsénico es un remedio soberano contra la anjína de pecho, puesto que 
Tacheniús, Guílberl, Preussius, Thileuius y Pyl le han visto ocasionar una 

(1) En Hufeland' s. Journal, XII, I, p. 116. 

(2) Verssuch ncber die gercizte Munskcl und Nervenfaser. Posen y Berlín, 1797. 

(3) De ulccribus et lumoribus, lib. 2, Venecia, 1563. 

(4) En el Journal de méd., chir. et pharm., LVII, 4752. Mars, 
(bj Konigl. vclensk. Handl. f. a. 1776. 

(6) Obs. et cur., cent. II, cur. 34. 

(7) Act. nat. cur., II, obs. so. 

(8) Annalen der Staatsarzneykunde, I, I. 

(9) En Hufeland 1 s. Journal. 1813, setiembre, p. 48. 

no) Anatom. vitrioli, Ir. II. In Opp. mcd. chym., Francfort, 1647, p 381, 463, 

l\ 1) Act. nal. cur. , VI. 

(12J Annalen der Staatsarzneykunde, loe. cit. 

(13) 065. med. cent. Bale, 1677, obs. 66. 

(14) Sammlung merkwuerd. Fa'lle. Nurcmberg, 1750, p. 119, 130. 

(15) Med. comm of Edimb., dcc. II, t. I, p. 85. 



40 CURACIONES HOJÍEOI'AflCAS 

viva opresión de pecho, Griselius (!) una disnea que llegaba casi hasta la so* 
tocación ; en fin, Majault sobre todo (2) accesos de asma excitados repenti- 
namente por la progresión y acompañados de una grande postración de 
fuerzas. 

Las convulsiones que determinan el cobro, y según Tondi, Ramsay, Fa- 
bas, Pyl y Cosmier, el uso de alimentos cargados de partículas cobrizas; 
los ataques reiterados de epilepsia que han producido a la vista de J, Lazer- 
ne (5), la introducción de una moneda de cobre en el estómago, y a la de 
Pfuridel (4), la iujestion de la sal amoniaco cobriza en las vias dijcstivas, 
esplican sin dificultad a los médicos que se tomen la molestia de reflexionar 
cómo el cobre ha podido curar la corea, según refieren R, Willan (5), Wal- 
cker (ü), Thuessimk (7) y Delaiives (8); como las preparaciones cobrizas 
han proporcionado con tanta frecuencia la curación de la epilepsia; como 
lo testifican los hechos referidos por Batty, Baumes, Bierlig. Boerhaave, 
Causland, Cullen, Duncan, Feuerstein, Hevelius, Lieb, Magennis, G.-F Mi- 
chaelis, Beil, Russel, Stisier, Thilenius, Weissmann, Weízenbreyer, Whi- 
thers y otros. 

Si Poteiius AVepfer, F. Hoffman, R.-A._ Vogel, Thierry y Albrecht han 
curado con el estaño una especie de tisis, una fiebre héctica, catarros cró- 
nicos y un asma mucoso, es porque este metal tiene la propiedad de pro- 
ducir por sí mismo una especie de tisis, como Stahl (9) había ya podido 
convencerse de ello. ¿Y cómo hubiera podido curar unos dolores de estó- 
mago, como se lo atribuye Geischlaeger, sino pudiese determinar por sí 
mismo una cosa semejante? Pues ¡esta facultad de que goza la ha puesto 
fuera de toda duda el mismo (10) Geischlaeger yantes que este Sthal (II)? 

El desagradable efecto que tiene el plomo de ocasionar una atriceion 
pertinaz de vientre y aun la pasión ilíaca, como lo han notado Thumberg, 
Wilson, Luzuriaga y otros ¿no nos da a entender que este metal posee tam- 
bién la virtud de curar estas dos afecciones? Porque debe, como todos los 
demás medicamentos del mundo, poder combatir y curar de un modo du- 
radero, por su facultad de oscilar síntomas morbosos, los males naturales 
que tengan semejanza con los que él enjendra. Pues Anjel Sala (12) ha cu- 
rado una especie de íleo, y J. Agrícola (13) un estreñimiento, que compro- 
metía la vida del enfermo, con el uso del plomo al interior. Las pildoras 
saturninas con las que muchos médicos, Chirac, Van Helmont, Naudeau, 
Gererius, Rivinus, Sydenham, Zacutus Lusitanus, Bloch y otros han curado 

(1) Mise, nat. cur., dec 1, ann. 2, p. 149. 

(2) En Sammlung aurserles. Abhandl., Vil, I. 

(3) De morbis int. vapitis. Amslerdam, p. 1 7 18, 25;). 

(4) En Hufeland' s. Journal, 11, p. 204; y según testimonio de Burdacb, en su 
System, der Arznien. I, Leipzick 1807, p. 284. 

(5) Samml. auserlcs. Abhandl., XII, p, 62. 

(6) Ibid. XI, 3, p. 672. 

(7) Waarnemingen n.° 18. 

(8) En Kuiin' s. phys; med. Journal 1800, Enero, p. 58. 

(9) Mat. med., cap. 6. p. 83. 

(10) En HuFErAND 1 s. Journal, X, III, p. 165. 

(11) Mat. med. loe. cit. 

(12) Opera, p. 213. 

(13) Comment. in J. Poppii chynt. med., Leipzick, 1638, p. 223. 



DF.BIDAS A l A CASUALIDAD. 41 

la pasión iliaca y el estreñimiento inveterado no obraban solamente de una 
manera mecánica y por su poso; pues si de esto hubiera dependido su efi- 
cacia, el oro, cuyo peso específico escede mucho al del plomo, se hubiera 
mostrado mas eficaz en semejante caso; sino que producían su efecto sobre 
todo como remedio saturnino interno, y curaban homeopáticamente. Si Ot- 
ton Tachenius y Sa\torph han curado en otro tiempo hipocondrías pertina- 
ces con el auxilio del plomo, es preciso recordar que ese metal tiende por 
sí mismo a producir afecciones hipocondríacas, como puede verse en la des- 
cripción que hace Luzuriaga (I) de sus efectos perjudiciales. 

No debe causar admiración e! que Marcus (2) haya curado rápidamente 
una hinchazón inflamatoria de la lengua y- de la farinje con un remedio (el 
mercurio) que, según la esperiencia diaria y mil veces repetida por los mé- 
dicos, posee una tendencia especifica a producir la inflamación y la tume- 
facción de las partes internas de la boca, fenómenos a que da también lu- 
gar solo por su aplicación a la superficie del cuerpo bajo la forma de ungüento 
o de emplasto, como lo han esperimentado Degner (5), Friese (4), Alberti 
(5), Engel (6) y otros muchos. La debilidad de las facultades intelectuales 
(Swediauer) (7), la imbecilidad (Degner) (8), y la enajenación menfil (Larrey) 
(9), que se han visto resultar del uso del mercurio, unidas a la facultad ca- 
si especifica que se conoce en este metal de producir la salivación, esplican 
como G. Perfect (10) ha podido curar de un modo duradero con el mercurio 
una melancolía que alternaba con una sialorréa. ¿Porqué los mercuriales 
han tenido tan buen éxito en manos de Seelig (II) contra la anjina acom- 
pañada de púrpura, en las de Hamillon (12) Hoffmann (lí>), Marcus (14), Rusíi 
(15), Colden (16), Bayley y Micaélis (17), contra otras esquinencias de mal 
carácter? Evidentemente ha sido porque este metal suscita por sí mismo una 
especie de anjina de las mas incómodas (18. ¿No es homeopáticamente como 

(1) Rccueil, periód.de litterature, I, p. 20. 

(2) Magazin, II, II. 

(3) Act. nat. cur. VI, app. 

(4) Geschichte und Ver suche einer chirurg. Gesellschaft. Copenhague, 1774. 
(5, Jurisprudentia médica, V, p, 600. 

(6) Specimina médica, Berlin, 1781, p. 99. 

(7) Traite des maladies venér., II, p. 368. 

(8) Loe. cit. 

(9) En la Descript. de l'Egipte, t. I. 

(10) Annalem einer Austalt fuer Wahnsinnige. Hanovre. 1804. 

(11) En Hufelad 1 s Journal XVI, I, p. %h. 

(12) Edinb. mtd. comment., IX, I, p. 8. 

(13) Medie Wochenblatt, 178, núm. I. 

(14) Magazin fuer speciellc Therapie, II, p. 33 í. 
(lo) Medie, inquir, and observ., núm. 6. 

(16) Mcd, obs. and. inquir., núm. 19, p. 211. 

(17) En Riciitkr' s. chirurg. Bibliotli., V, p. 737-739. 

(18) Se ha tratado también de curar el croup por medio del mercurio, pero casi 
siempre sin buen resultado; porque este metal no puede producir por si mismo en 
la membrana mucosa de la traquea arteria un cambio análogo a la modificación 
particular que ocasiona en ella esta enfermedad. El hígado de azufre calcáreo, que es- 
cita la tos dificultando la respiración, y mejor tadavia como lo he probado la espon- 
ja qucmida obran de una manera mucho mas homeopática en sus efectos especiales, 

6 



42 CURACIONES HOMEOPÁTICAS 

Sauíer (1) ha curado una inflamación ulcerosa de la boca, acompasada de 
aftas y de una fetidez del alientu semejante a la que acompaña al pl y alte- 
rno, prescribiendo gargarismos con la disolución del sublimado; y corno 
Bloch (2) ha hecho desaparecer las aftas de la boca con el uso de las pre- 
paraciones mercuriales, puesto que esta sustancia, entre otras ulceraciones 
bucales, produce particularmente una especie de aftas, como uos lo asegu- 
ran Schlegel (3) y Th. Acrey [&)? 

Hecker (o) ha empleado con éxito muchas mezclas de medicamentos en 
una caries sobrevenida a consecuencia de las viruelas. Por fortuna entraba 
en todas estas mezclas el mercurio, a cuya acción se concibe que podía 
ceder la enfermedad, puesto que es uno de los pocos ajantes medicinales 
que tienen la facultad de producir por sí mismos la caries, como lo prue- 
ban tantos tratamientos mercuriales exajerados, ya contra la sífilis, ya tam- 
bién contra otras enfermedades, entre otros los de G.-P. Miehaélis (6). Este 
metal, tan temible cuando se prolonga su uso, a causa de la caries de la que 
se bace entonces causa escitante, ejerce sin embargo una influencia homeo- 
pática muí saludable en la caries que sucede a las lesiones mecánicas de los 
huesos, de lo que J. Schlegel, (7), Joerdens (8) y J.-M. Muller (9) nos han 
trasmitido ejemplos mui notables. Las curaciones de caries no venéreas y 
de diferente jénero que las anteriores, obtenidas igualmente con el mer- 
curio por J. — F.— G. Neu (10) y J. — D. Melzger (11), suministran una nue- 
va prueba de la virtud curativa homeopática de que está dotada esta 
sustancia. 

Leyendo los escritos que se han publicado acerca de la electricidad médi- 
ca, se sorprende uno al ver la analojía que existe entre las incomodidades 
o accidentes morbosos que a veces ha determinado este ájente, y las en- 
fermedades naturales, compuestas de sír.tomas en todo semejantes, cuya 
curación permanente ha proporcionado por homeopatía. Es inmenso el nú- 
mero de los autores que han observado la aceleración del pulso entre los 
primeros efectos de la electricidad positiva; mas Sauvages (12), Délas (la) 
y Barillon (14) han visto paroxismos completos de fiebre que habían sido 
escitados por la electricidad. Esta facultad, que tiene de producir la liebre, 

y prestan por consiguiente un auxilio mucho mas eficaz, sobre todo a las dosis mas 
pequeñas posibles. 

( 1 ) En Hufeland' s Journal, XII, II. 

(2) Medie. Bemcrlc, p. 4 6L N 

(3) En Hufeland' s Journal, Vil, 14. 

(4) Lond. med. joum.j 1788. 

(T>J En Hufeland' s Journal, I, p. 362. 

(6j En Huflland' s Journal, 4809, VI, junio, p. 57. 

(7) Ibid. V, p. 605, 610. 

f8) Ibid. X, II. 

(V) Obs. med. chir., II, cas. 10. 

flO) Disi.med. pract. Goltinga, 1776. 

(\\J Adversaria, P. II, sect. 4. 

(12) Bertholon de St.— L izare, Mcdizinische Elcktricitzct. Lsipzick. 1788 T. I 
p. 239, 240. ' 

(13) Ibid., p. 232. 

(14) Bcrtliolon de St.— Lazare, Mcdizinische Elektricitact, Lcioziek, 1788, T. I. 
p. 233. 



BEBIDAS A LA CASUALIDAD. 43 

es la causa a que se debe atribuir que solo ella haya bastado a Gardini (I), 
Wükiiíson f2), Sime (3) y Wefey (4), para curar una liebre terciana, y a 
Zetzel (5) y Willermoz (G), aun para hacer desaparecer fiebres cuartanas. 
Se sabe que la electricidad determina ademas en los músculos, contrac- 
ciones que se asemejan a los movimientos convulsivos. 

De Saus d) podía también producir por su influjo, siempre que quería, 
movimientos convulsivos duraderos en el brazo de una muchacha. Pues en 
virtud de esta facultad propia de la electricidad es por lo que De Saus 
(8) y Franklin (9) la han aplicado con feliz éxito al tratamiento de las con- 
vulsiones, y Theden (10) ha llagado a curar con su auxilio a una niña de 
diez años, ala que un rayo la había privado de la palabra y del movimiento 
del brazo izquierdo, lodo ello dando lugar a un movimiento involuntario 
continuo de los brazos y de las piernas acompañado de una contracción 
espasmódica de los dedos de la mano izquierda. La electricidad determina 
igualmente una especie de ciática, como Jallabert (II) y otro (lü) lo han ob- 
servado: así ha podido curar homeopáticamente esta afección, según lo han 
demostiado Hiortberg, Lovet, Arrigoni, Daboueix, Mauduyt, Syme y Wesley. 
Muchos médicos han curado una oftalmía con electricidad, es decir a benefi- 
cio del poder que tiene esta última de producir por sí misma inflamaciones 
de los ojos, como resulta de las observaciones de P. Dickson (13) y Beriho- 
lo» (14). 

Últimamente en manos de Fushel ha curado también varices, y debe esta 
virtud curativa a la facultad que Jallabert (lo) ha demostrado que tiene do 
producir tumores varicosos. Albers refiere que un baño caliente a cien 
grados del termómetro de Fahrenheit disminuyó mucho el vivo calor de unu 
liebre aguda en la que el pulso latía cíenlo treinta veces por minuto; y que 
redujo el número de pulsaciones a cíenlo diez. La?ffler ha reconocido que 
los fomentos calientes son muí útiles en la encefalitis producida por la in- 
solación o por la acción del calor de las estufas (10), y Callisen (17) mira 
las afusiones de agua caliente sobre la cabeza como el medio mas eficaz cu 
la inflamación del cerebro. 

Sí se hace abstracción de los casos en que los médicos ordinarios han 
llpgado a conocer, no por sus propias investigaciones, sino por el empirís- 

(1) Ib. p. 232. 

(2) Bcrtholon de St.— Lazare, T, I, p. S5K 

(3) Ib. p. 250. 
(í) Ib. p. 219. 
(5) Ib. p. 52. 
(<5) Ib. p. 259. 

(7) Ib. p. 274. 

(8) Ib. p. 274. 

(9) Rccueil sur 1' élect. medie. II, p. 586. 

(10) Njuc Uemcrkunjcr und Er fahrun jen, III. 

(\ 1) Expérienccs el observntions sur, l'cleclricilé. 

(12) Philos. trans., vol. 63. 

(I3J Bcrtholon, loe. cií., p. iG6. 

(14) Loe. cit., II, p, 296. 

(1o) Loe. cit. 

(Ifc) En Hufeland 1 s Journal, III, p. 690. 

(17J Act. soc. mcd. Ilifn, IV, p. 4 19. 



i i CURACIONES HOMEOPÁTICAS 

mo del vulgo, el remedio específico de aquellas enfermedades que permane- 
cen siempre semeja Mies a sí mismas, por consiguiente uquel con cuyo au- 
xilio puede curarse de un modo directo, como el mercurio en las enferme- 
dades venéreas, el árnica en las producidas por contusiones, la quina en 
las fiebres intermitentes délos pantanos, el azufre en polvo en la sarna re- 
tiente, etc. ; sí, repito, se dejan a un lado estos casos, veremos que por to- 
das partes, casi sin ninguna escepcion, los tratamientos de las enfermeda- 
des crónicas, emprendidos con ton grandes apariencias de capacidad y 
suficiencia por los partidarios de la antigua escuela, no han tenido otro re- 
sultado que atormentar a los enfermos, agravar su situación, conducirlos 
al sepulcro, e imponer gastos ruinosos a las familias. 

Algunas veces también una mera casualidad les conducía al tratamiento 
homeopático (I); pero conocían la lei natural en virtud de la cual se veri- 
fican y deben verificarse las curaciones de este jénero. 

Es pues de la mayor importancia para el bien del jénero humano averi- 
guar cómo se han verificado, hablando en propiedad, estas curaciones tan 

(l) Asi, por ejemplo, creen espeler de la piel la materia de la traspiración dete- 
nida, según ellos, en esta membrana después de los enfriamientos, cuando en medio 
del frió de la fiebre dan a beber una infusión de flores de saúco, planta que tiene 
ja facultad homeopática de hacer cesar una fiebre semejante, y de restablecer al en- 
fermo, cuya curación es mucho mas pronta y segura, sin sudar, tomando poca can- 
tidad de esta infusión, y no haciendo uso de otra cusa. Cubren con cataplasma» 
calientes frecuentemente renovadas los tumores agudos y duros, cuya escesiva infla- 
mación acompañada de dolores insoportables, no permite que se establezca la supu- 
ración: bajo la influencia de este tópico no tarda en ceder la inflamación, los do- 
lores se mitigan, el absceso empieza a manifestarse, como se conoce por el aspecto 
reluciente del tumor, por su tinte amarillento i por su blandura. Entonces creen 
que se ha reblandecido el tumor por la humedad, cuando no han hecho mas que 
destruir homeopáticamente el esceso de inflamación por el calor mas fuerte de la 
cataplasma, y hacer posible de este modo la pronta manifestación de la supuración. 
¿Por qué emplean con éxito en algunas oftalmías el óxido rojo de mercurio, que 
forma la base de la pomada de Saint-Ives, y que si se concede a alguna sustancia 
el poder de inflamar el ojo, debe necesariamente poseerle? ¿lis difícil conocer que 
obran en esto homeopáticamente? ¿Cómo un poco de jugo de perejil produciría un 
alivio instantáneo en la iscuria tan frecuente en ¡os niños, y en la gonorrea ordi- 
naria, que se conoce principalmente por los inútiles y dolorosos esfuerzos para ori- 
nar, que la acompañan, si este jugo no gozase ya de la facultad de eseitar por sí 
mismo en los sujetos sanos conatos dolorosos para orinar, que casi es imposible sa- 
tisfacer; si de consiguiente no curase homeopáticamente? La raía de saxífraga ma- 
yor, que promueve una abundante secreción de mucosidades en los bronquios y en 
Ja larinje sirve para combatir con buenos resultados la anjina llamada mucosa, y se 
detienen algunas melrorajias con una pequeña dosis de las hojas de sabina que po- 
see la facultad de determinar por si misma hemorrajias uterinas: en una y otra cir- 
cunstancia se obra sin conocer la lei homeopática. En el opio a pequeñas dosis que 
produce el estreñimiento, se ha encontrado uno de los remedios mas principales y 
seguros contra el estreñimiento que acompaña a las hernias estranguladas y al íleo 
sin que este descubrimiento haya conducido al de la leí homeopática, cuya influen- 
cia sin embargo era tan sensible en semejante caso. Se han curado úlceras no vené- 
reas en la farinje con cortas dosis de mercurio, que obraba entonces homeopática- 
mente. Se ha detenido muchas veces la diarrea por medio del ruibarbo que determina; 
evacuaciones albinas. Se ha curado la rabia con la belladona, que ocasiona una 
especie de hidrofobia. Se ha hecho cesar como por encanto el coma, tan peligroso 
en las fiebres agudas, a beneficio de una pequeña dosis de opio, sustancia dotada de 
virtudes calefacientes y estupefacientes. ¡Y después de tautos ejemplos que tan alto 
hablan, se ve todavía que los médicos persiguen la homeopatía con un encarniza- 
miento que no puede anunciar mas que el despertamiento de una conciencia ator- 
mentada de remordimientos en un corazón incapaz de enmendarse! 



DEBIDAS A LA CASUALIDAD. 4i> 

flotables por su rareza como por sus efectos sorprendentes. El problema 
es de grande interés. Efectivamente encontramos, y los ejemplos que acaban 
de citarse lo demuestran demasiado, que estas curaciones solo se han hecho 
con medicamentos homeopáticos, es decir, que poseían la facultad de pro- 
ducir un estado semejante a la enfermedad que se trataba de curar. Se han 
verificado de una roanera pronta y duradera por medicamentos de que se 
babian servido por casualidad los que los prescribían; apesar de estar en 
contradicción con todos los sistemas y todos los principios terapéuticos de 
su tiempo, muchas veces sin saber lo que hacían, ni porque obraban de 
este modo, confirmando así con los hechos y contra su voluntad la nece- 
sidad de la única lei natural en terapéutica, la de la homeopatía, lei a cuya 
investigación no han permitido entregarse hasta el día las preocupaciones 
médicas, a pesar del gran número de hechos y de indicios que debían ha- 
ber puesto en estado de descubrirla. 

La medicina doméstica misma, ejercida por personas estrañas a nuestra 
profesión, pero'doladas de un sano juicio y de un jenio observador, había 
conocido que el método homeopático era el mas seguro, el mas racional y 
el menos espuesto a fallar. 

Se aplica colicostra helada sobre los miembros que acaban de conjelarse, 
o bien se los frota con nieve (1). 

(I) M. Lux ha establecido sobre estos ejemplos sacados de la práctica doméstica 
su método curativo, per idem íaequalia aequalibus), que designa con el nombre de 
Isopatia, y que algunas cabezas escéntricas miran como el nec plus ultra del arte de 
curar, sin saber como podrían realizarle. 

Pero si se juzgan sanamente estos ejemplos, aparece ya la cosa bajo muí diferen- 
te .aspecto. 

Las fuerzas puramente físicas, son de una naturaleza muí diferente de las dinámi- 
cas de los medicamentos en su acción, sobre el organismo vivo. 

El calor y el frió del aire ambiente, del agua o de los alimentos y bebidas, no 
ejercen por c i mismos una influencia n&civa absoluta sobre el cuerpo sano. Una de 
las condiciones para el mantenimiento de la salud, es que el frió y el calor alternen, 
y por sí mismos no son medicamentos. Así que cuando obran como medios curativos 
en las enfermedades del cuerpo, no es envirtud de su esencia, o como sustancias nocí- 
vas por sí mismas, como lo son los medicamentos, aun a las dosis mas pequeñas, si- 
no únicamente en razón de su cantidad mas o menos considerable, es decir, del gra- 
do de temperatura; del mismo modo que, para tomar otro ejemplo de fuerzas pura- 
mente físicas, una masa de plomo aplasta dolorosamente mi mano, no porque es de 
plomo, puesto que una lámina delgada no produciría este efecto, sino porque tiene 
jnuebo metal y es muí pesada. 

Si pues el frío y el calor son útiles en ciertas afecciones del cuerpo, tales como las 
conjelaciones y las quemaduras, solamente lo son en razón de su grado, del mismo 
modo que solo atacan la salud del cuerpo, cuando llegan a un grado estremo. 

Esto bien establecido, hallamos que en los ejemplos de la 'práctica doméstica, noes 
la aplicación prolongada del grado de frío a que so ha conjelado el miembro el que 
le restablece isopáticamen'. 'e , puesto que mui lejos de esto, extinguiría en él la vida 
sin recurso, sino la de un (Vio aproximado solamente a aquel (homeopáticamente), y 
llevado poro a poco hasta una temperatura soportable. Así la colicostra helada que 
se aplica en una habitación sobre un miembro conjelado, no tarda en deshelarse, cu 
lomar por grados la temperatura de la habitación, y en curar así al miembro de un 
modo físicamente homeopático. Del mismo modo, una quemadura hecha en la mano 
con agua hirviendo no se cura por la reaplicaeion de agua hirviendo, sino solamente 
por la acción de un calor un poco menos vivo, por la inmersión del miembro en un 
líquido a sesenta grados, cuya temperatura disminuye a cada instante hasta igualar- 
se con la del aposento. Así también, para presentar otro ejemplo de acción física, el 
dolor y Ja tumefacción causados por un golpe recibido en la frente, disminuyen ho- 
meopáticamente, cuando se apoya el pulgar sobre la parte, primero con \igor, y des- 



-4G CURACIONES HOMEOPÁTICAS 

El cocinero, que acaba do escaldarse una mano, la presenta al fuego a 
una cierta distancia, sin atender al aumento de dolor que de ei.to resulta en 
un principio; porque lia aprendido de la esperiencia que de este modo pue- 
de en mui poco tiempo, y muchas veces en pocos minutos, curar perfecta- 
mente la quemadura y hacer desaparecer la menor señal de dolor [i]. 

Oirás personas inielijentes, igualmente estrañas a la medicina, por ejem- 
plo los barnizadores, aplican sobre las quemaduras una sustancia que por 
sí misma escita una sensación semejante de ardor, a saber : el espíritu de 
vino (%J caliente o la esencia de trementina (5J, y se curan así en pocas ho- 

pucscon una fuerza siempre decreciente, mientras que un golpe semejante al que los 
ha ocasionado, lejos de calmarlos no haría mas que aumentar isopáticamente el mal. 

Respecto a los hechos, que refiere M. Lux como curaciones isopáticas, tales como 
algunas contracturas en hombres, y una parálisis de los ríñones en un perro, oca- 
sionadas unas y otras por un enfriamiento, y que cedieron al poco tiempo al baño 
frío, no (¡ene rizón para pretender esplicarlos por la isopatía. Los accidentes que se 
designan con el nombre de enfriamientos, se atribuyen impropiamente al frió, pues- 
to que se los vé sobrevenir en los sujetos predispuestos después de la acción de una 
rápida corriente de aire, que ni aun podía llamarse frtsco. Los diversos efectos del 
baño frío sobre el organismo vivo en el estado de salud y de enfermedad, no pueden 
tampoco mirarse bajo un solo punto de vista de modo que se esté autorizado para 
fundar sobre ellos un sistema tan atrevido. Que el medio mas seguro de curar la 
mordedura de las serpientes venenosas sea el aplicar sobre la herida porciones de es- 
tos animales, como lo dice JM. Lux, es una aserción digna de archivarse entre las fá- 
bulas que nos han transmitido nuestros padres, hasta que se haya confirmado por cs- 
perimentos que no dejen la menor duda. En fin, que un hombre hidrófobo haya si- 
do curado, según se dice, en Rusia con la administración de la saliva de un perro 
rabioso, este se dice, no es suficiente para inducir a un médico concienzudo a repetir 
semejante prueba, ni para justificar la adopción de un sistema tan poco verosímil, 
como el de la isopatía. 

(\) Fernel (Therap., lib. VI, cap. 20) consideraba ya la esposicion de la parte 
quemada al luego como el medio mas a proposito para hacer cesar el dolor. J. Hun- 
ter (On the btood, p. 218) refiere los graves inconvenientes que resultan del trata- 
miento de las quemaduras con el agna fría, y prefiere mucho el método de aproxi- 
mar las partes al fuego. Se separa en esto de las doctrinas médicas tradicionales, que 
prescriben los rcfrijcranles contra la inflamación (contraria contrariis); porque la 
esperiencia le había enseñado que un calor homeopático (similia similibus) era el 
medio mas saludable que había. 

(2) Sydenham (Opera, p. 271) dice que las aplicaciones reiteradas de alcohol son 
preferibles en las quemaduras a todos los demás medios. B. Bell (sistem of surgery, 
17 89) respeta igualmente a la esperiencia, que indica los remedios homeopáticos co- 
mo los únicos eficaces. Hé aquí como se espresa : «el alcohol es uno de los mejores 
medios contra las quemaduras de toda especie. Cuando se le aplica, al principio pa- 
rece que se aumenta el^Jolor (véase mas adelante. 1 G í ) pero este no tarda en dismi- 
nuirse para ser reemplazado por un* sensación agradable de calma. Nunca es tan po- 
deroso ejte método, como cuando se sumerje la parte en alcohol ; pero si no puede 
verificarse esta inmersión es preciso tener continuamente cubierta la quemadura con 
una compresa empapada en dicho líquido». Yo añado que el alcohol caliente, y aun 
mui caliento alivia de un modo mas pronto y seguro, porque es mucho mas honieo- 
pálico que ei alcohol frío. Esto es ¡o que la esperiencia confirma. 

(3) E. Kenlish, que tenia que tratar a los quemados, con frecuencia de un modo 
horrible, en las minas de ulia, por la es plosión de gases inflamables, les hacia apli- 
car esencia de trementina caliente o alcohol, como el mejor remedio que se podía em- 
plear en las quemaduras graves (E.isay ou burus, Londres, 17 98). Ningún tratamien- 
to puede ser mas homeopático que este, ni luí tampoco otro que tenga mas eficacia. 

íleisler, cirujano hábil y lleno de buena le, recomienda también esta práctica por 
su propia esperiencia flnstit. chirurg., I. I, p. 333); alaba la aplicación de la esen- 
cia de trementina, del alcohol yde lus cataplasmas lun calientes como pueda resis- 
tirlas el enfermo. 



DEBIDAS A LA CASUALIDAD. Al 

ras, sabiendo mui bien que los ungüentos llamados refrijerantes no produ- 
cirían el mismo resollado en igual número de meses, y que el agua fria no 
harta mas que empeorar el mal (\). 

Un segador ya algo antiguo, por poco acostumbrado que esté a los lico- 
res fuertes, no bebe jamás agua fria cuando el ardor del sol y el cansancio 
del trabajo le han puesto en un estado de fiebre ardiente; conoce mui bien 
el peligro de obrar de este modo, y toma un líquido escitante, por ejemplo, 
un trago de aguardiente. La experiencia, oríjen de todas las verdades, le ha 
convencido de lodas las ventajas y de la eficacia de este proceder homeopá- 
tico. El calor y la laxitud que esperímentaba no tardan en disminuir C2). 

Ha habido también de cuando en cuando médicos que han sospechado que 
los medicamentos curaban las enfermedades, por la virtud de que gozan de 
producir síntomas morbosos análogos [3]. 

Médicos menos antiguos han conocido y proclamado igualmente la verdad 
del método homeopático. Así Boulduc (4) ha visto que la propiedad purgan- 
Pero nada demuestra mejor la asombrosa preeminencia del método homeopático, 
es decir, de la aplicación a las partes quemad is de sustancias que excitan por sí mis- 
mas una sensación de calor y de ardor, sobre el método paliativo, que consiste en ha- 
cer uso de medios refrijerantes y frigoríficos, que las espericnclas puras en las que 
para comparar los resultados de estos dos procederes contrarios se los ha aplicado si- 
multáneamente sobre un mismo sujeto y en quemaduras de igual grado. 

Así J, Bell, teniendo que tratar a una señor;) que se había quemado los dos brazos 
con caldo, cubrió el uno con esencia de trementina, e hizo sumerjir el otro en agua 
fria. El primero, a la media hora, no causaba ya dolores, mientras que el segundo 
continuó doloroso por espacio de seis horas ; luego que la enferma le sacaba del 
agua, sentía en él dolores mucho mas agudos; y la curación de este brazo exijíó mu- 
cho mas tiempo que la del otro. 

J. Andcrson (en Kentish., loe. cit. p. 43) ha tratado del mismo modo a una mu- 
jer que se había quemado la cara y los bra/os con manteca hirviendo. «Pocos minu- 
tos después del accidente, se cubrió la cara, que estaba muí roja y dolorosa, con 
aceite de trementina;. en cuanto al brazo, le había ya metido la misma en agua fria, 
y manifestó deseos de esperar algunas horas el efecto de este tratamiento. Al cabo de 
siete horas estaba mejor la cara, y la enferma mui aliviada. En cuanto al brazo, al 
que se había renovado con frecuencia el liquido en que estaba sumerjido, se hacían 
sentir en él vivos dolores, luego que se le sacaba del agua, y la inflamación había au- 
mentado de un modo manifiesto. Al dia siguiente supe que la enferma habia pasado 
grandes dolores; la inflamación se habia estendido por encima del codo; se habían 
reventado muchas y grandes ampollas, y se habían formado escaras gruesas en el bra- 
zo y en la mano, que se las cubrió entonces con una cataplasma caliente. La cara no 
causábala menor sensación de dolor; pero fuénecesario emplear los emolientes por 
mas de quince dias, para conseguir la curación del brazo». 

¿Quién no ve aquí la inmensa ventaja del tratamiento homeopático, es decir, de 
un ájente que produzca efectos semejantes a los del mal, sobre el método antipático 
que prescribe la antigua escuela? 

(1) J. Huntcr no es el único que señala los graves inconvenientes del tratamiento 
de las quemaduras con el agua fria. Fabricio de Hilden (De combustionibus libellus, 
Jlále, 1607, cap. V, p. II) asegura igualmente que los fomentos fríos son muí per- 
judiciales en esta clase de accidentes, que producen los mas desagradables efectos, y 
que con su resultado la inflamación, la supuración y la gangrena. 

(2) Zimmermann [De l' Esperience, t. II) nos enseña que los habitantes délos 
países cálidos usan también de él con el mejor éxito, y que acostumbran a beber 
una corta cantidad de licor espirituoso cuando se sienten mui acalorados. 

(3) Mi intencional citar los pasajes siguientes de escritores que han presentido 
la homeopatía, no es la de probar la cscelencia de este método que se establece por 
si mismo, sino la de evitar que se me tuche de haber pasado en silencio estas espe- 
cies de presentimientos, para apropiarme la prioridad de la idea. 

(4) Mcm. de l'Ac. roy., 1710, 



48 CUBAÍ.IONES HOMEOPÁTICAS 

te del ruibarbo, era la causa de la facultad que tieue esta raíz de detener la 
diarrea. 

Detharding ha descubierto (1) que la infusión de sen alivia los cólicos en 
los adultos, en virtud de la propiedad que tiene de producir cólicos en los 
sujetos que gozan de buena salud» 

Bertholon (2) dice que la electricidad disminuye y llega a hacer desapare- 
cer en las enfermedades, un dolor mili análogo al que ella misma provoca. 

Thoury (3) asegura que la electricidad positiva acelera el pulso; pero que 
también le hace lento cuando tiene ya demasiada aceleración por causa de 
la enfermedad. 

Stcerck |4] ha imajinado que, teniendo el estramonio la propiedad de de- 
sarreglar el espíritu produciendo la manía en los sujetos sanos, se le podría 
administrar a los maniacos, con el objeto de volverles la razón, determinan- 
do un cambio en la marcha de sus pensamientos. 

Pero de todos los médicos, aquel cuya convicción respecto de esto se en- 
cuentra espresada de modo mas formal y convincente, es el Danés Stahl (5), 
que habla en estos términos : 

«La regla admitida en medicina, de tratar las enfermedades con remedios 
contrarios u opuestos a los efectos que estas producen (contraria conirariis), 
es completamente falsa y absurda. Estoi persuadido que por el contrarío las 
enfermedades ceden a los ajentes que determinan una afección semejante 
(similia shnilibnsj; las quemaduras, con el ardor del fuego a que se aproxi- 
ma la parle ; las congelaciones, con la aplicación de la nieve y del agua fria; 
las inflamaciones y las contusiones, con la de los espirituosos. De este modo 
es como he conseguido hacer desaparecer la propensión a las acedías con 
pequeñas dosis de ácido sulfúrico, en casos en que se habían administrado 
inútilmente una multitud de polvos absorventes». 

Así mas de una vez se ha estado cerca de la grande verdad ; pero jamás se 
ha pasado de una idea fujiíiva, y de este modo la indispensable reforma que 
la antigua terapéutica debía sufrir para reemplazarla por el verdadero arte 
de curar, por una medicina pura y cierta, no ha podido establecerse hasta 
nuestros días. 

(1) Eph. nat. cur., cent. X, óbs. 76. 

(2) Medizinische Elcktricilaet, II, p. 15 y 282. 
(ZJ Mém. leida en la Acad. de Caen. 

(i) Libell. de stramon., p. 8. 

(5) J. Hummiíl, Gomment. de arlhrítide tam tartárea, quam scorbulica, scu poda- 
gra et scorbuto. Budingae, 1738, en 8, p. 40-42. 



ORGMON DE M MEDKMA. 



i. La primera, la única misión del médico, es la de dar la salud a los 
enfermos (I); esto es lo que se llama curar. 

2. El bello ideal de la curación consiste en restablecer la salud de un 
modo pronto, suave y duradero; en quitar y destruir completamente la en- 
fermedad por el camino mas corto, mas seguro y menos nocivo, procedien- 
do según inducciones fáciles de comprender. 

3. Cuando el médico percibe claramente lo que hai que curar en las 
enfermedades, es decir, en cada caso morboso individual [conoeimienio de 
la enfermedad, indicación]; cuando tiene una noción precisa de lo que hai de 
curativo en los medicamentos, esto es, en cada medicamento en particular 
{conoeimienio de las virtudes medicinales); cuando, guiado por razones evi- 
dentes, sabe elejir l*a sustancia que por su acción es la mas apropiada a 
cada caso [elección del medicamento), adoptar para ella el modo de prepara- 
ción que mas conviene, estimar la cantidad a que se la debe administrar y 
juzgar del momento en que esta dosis necesita ser repetida, en una palabra, 
hacer de lo que hai de curativo en los medicamentos a lo que hai de indu- 
dablemente enfermo en el sujeto una aplicación tal que deba seguirse la 
curación; cuando, en fin, conoce los obstáculos que se oponen al restable- 
cimiento de la salud en cada caso especial, y sabe alejarlos para que sea 

(1) Su misión no es, como lo han creido tnntos médicos que han perdido su vida 
y sus fuerzas en alcanzar eelebridad, la de forjar sistemas, combinando vaciedades e 
hipótesis sobre la esencia íntima de la vida, y la producción de las enfermedades en 
el interior invisible del cuerpo, o la de tratar incesantemente de cspücar los fenó- 
menos morbosos y su causa próxima, que se nos ocultará siempre, sumerjiendo todo 
esto en un fárrago de abstracciones iníntelijibles, cuya pompa dogmática engaña a 
los ignorantes, mientras que los enfermos suspiran en vano por socorros. Bástanlo 
número tenemos de estos desvarios científicos, a que se dá el nombre de medicina 
teórica, y para los que hasta se han establecido cátedras especiales. Ya es tiempo de 
que todos los que se llaman médicos, ces^n al fin de engañar a los hombres con pa- 
labras que nada significan, y que empiecen a obrar, es decir, a aliviar y curar real- 
mente a los enfermos. 

7 



Al IMPOSICIÓN 

duradero, entonces solamente obra de un modo racional y conforme al ob* 
jeto que se propone conseguir, entonces solamente merece el titulo de ver- 
dadero médico. 

4. El médico es al mismo tiempo conservador de la salud, cuando cono- 
ce las cos:is que la desarreglan, que producen y sostienen las enfermedades, 
y sabe separarlas del hombre sano. 

o. Cuando se trata de efectúa!- una curación, el médico se sirve de todo 
lo que puede ilustrarle, ya con relación a la causa ocasional mas verosiiñil 
de la enfermedad aguda, ya respecto de las principales fases de la enferme- 
dad crónica, que le permitan encontrar su causa fundamental, debida las 
mas de las veces a un miasma crónico. En este jénero de investigaciones, se 
debe atenderá la constitución física del enfermo, sobre todo si se trata de 
una afección clónica, al cambio de su jenioy de su carácter, a sus ocupacio- 
nes, a su jénero de vida, a sus relaciones sociales y domésticas, a su edad, 
a su sexo, etc. 

6. El observador exento de preocupaciones; el que conoce la futilidad 
de las especulaciones metafísicas a las que la experiencia no presta apoyo, pos* 
mucha perspicacia de que esté dotado, no vé en cada enfermedad individual 
mas que modificaciones accesibles a los sentidos del estado del cuerpo y def 
alma, simples signos de la enfermedad, accidentes, síntomas, es decir, des- 
viaciones del precedente estado de salud, que son sentidas por el enferme* 
mismo, notadas por las personas que le rodean, y observadas por el médi- 
co. El conjunto de estos signos apreciables representa la enfermedad en to- 
da su estension, es decir, que constituye su forma verdadera, la única que 
se puede concebir (I). 

7. Como en una enfermedad en la cual nada hai que separar de la cansa? 
que manifiestamente la ocasiona y la sostiene [causa occasiunttlís] (2), no pue- 

(1) No sé como ha podido suceder que a la cabecera del enfermo, sin observar 
con cuidado los síntomas, y dirijir el tratamiento en su consecuencia, so haya ima- 
jinado que no se necesitaba buscar, y que ni aun se podría hallar lo que una enfer- 
medad tiene que curar, sino en el interior del organismo que es inaccesible a núes- 
Iros sentidos. No concibo como ha podido tenerse la ridicula pretensión de recono- 
cer el cambio sobrevenido en ese interior invisible, sin atenderá los síntomas; de 
volverle a las condiciones del orden normal por medio de medicamentos (¡descono- 
cidos!), y de presentar este método como el único fundado y racional. Lo que se ma- 
nifiesta a los sentidos por medio de los síntomas ¿no es para el medico la enferme- 
dad en si misma, puesto que nunca puede ver el ser espiritual, la fuerza vital, que 
crea esta enfermedad, que no necesita verla jamás, bastándole la intuición de sus 
efectos morbosos para ponerle en estado de curar? ¿Pues qué mas quiere la antigua 
escuela con esta prima causa, que va a buscar en el interior sustraído a nuestros sen- 
tidos, mientras que desdeña la parte sensible y manifiesta de la enfermedad, es de- 
cir, los síntomas, que nos hablan un lenguaje tan claro? «El médico, que se entre- 
tiene en investigar cosas ocultas en el interior del organismo, puede encañarse todos 
los días. Pero el homeópata; trazando con cuidado el cuadro íiel del grupo entero 
de los síntomas, se proporciona un guia, con que puede contar, y cuando ha conse- 
guido hacer desaparecer todos los síntomas, ha destruido también con toda seguri- 
dad la causa interna y oculta de la enfermedad», (liau loe. cit., p. IOS). 

(2) No hai necesidad de decir que todo médico que raciocina, empieza por separar 
la causa ocasional; la enfermedad cesa después ordinariamente por si misma. Asi 
se quitan las llores demasiado olorosas que ocasionan el sincope y accidentes histé- 
ricos, se estrae de la córnea el cuerpo estriño que produce una oftalmía, se levanta, 
para aplicarle mejor, un aposito mui apretado, que amenaza producir la gangrena 
de un miembro, se pone a descubierto y se li^a la arteria, cuya rotura da lugar auna 
hemorrajia alarmante, se trata de hacer salir con el vómito las bayas ele belladona 
que se hin tragad?, se eslraen los cuerpos cslraños que se han introducido «n las 



t>Z L.i DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 43 

de verse otra cosa mas que los síntomas, es preciso también, teniendo en 
cuenta la presencia posibíe de un miasma y las circunstancias accesorias 
(V. 5), que los sintonías solo sirvan de guia en la elección de los medios 
apropiados para curar. El conjunto de los síntomas, esa ¡majen reflejada al 
esterior de la esencia interior de la enfermedad, es decir de la afección de 
la fuerza vital, debe ser el principal o el único medio por el que el mal dé 
a conocer ei medicamento que necesita, el único que determine la elección 
del remedio mas apropiado. En una palabra, la totalidad.(l) de los síntomas 
es lo principal, lo único de que el medico debe ocuparse en cualquier caso 
morboso individual, lo único que tiene que combatir con el poder de su ar- 
te, a bu de curar la enfermedad y de transformarla en salud. 

S. No se.'podria concebir ni probar por ningún esperimento del mundo, 
que después de la estincion completa de los síntomas, y del conjunto de ac- 
cidentes perceptibles, quede, o pueda quedar otra cosa que la salud, y que 
el cambio morboso que existía en el interior del cuerpo, no baya sido ente- 
ramente extinguido [2]. 

0. En el estado de salud, la fuerza vital que anima dinámicamente la par- 
te material del cuerpo, ejerce un poder ilimitado. Sostiene todas las partes 
del organismo en una admirable armonía vital, respecto del sentimiento y 
de la actividad, de suerte que el espíritu dotado de razón que reside en nos- 
otros, puede emplear libremente estos instrumentos vivos y sanos, para con- 
seguir el elevado objeto de nuestra existencia. 

ÍO. El organismo materia!, supuesto sin fuerza vital, no puede ni sentir, 
ni obrar, ni hacer cosa alguna para su propia conservación (3). Únicamente 

aberturas naturales del cuerpo (la nariz, la farínje, el oído, la uretra, el recto, la 
vajina), se tritura la piedra en la vejiga, se abre el ano imperforado del recien naci- 
do, etc. 

(1) La antigua escuela, no sabiendo muchas veces a que otro espediente recurrir, 
ha tratado mas de una vez de combatir y suprimir con medicamentos solamente uno 
de los síntomas que producen las enfermedades. Este método se conoce con el nom- 
bre de medicina sintomática. Ha escitado con razón el desprecio jeneral, no so!,> 
porque no produce la mas pequeña ventaja positiva, sino también porque de él re- 
sultan graves inconvenientes. Un síntoma solo no constituye la enfermedad en sí 
misma, como tampoco una pierna constituye un hombre entero. Este método era 
tanto mas perjudicial, cuanto que atacando a un síntoma aislado, únicamente se le 
combatía con un remedio opuesto (es decir, de un modo enantiopático o paliativo), 
de suerte que después de un alivio de corta duración, se ie veía reaparecer niaa gra- 
ve que antes. 

(2) Cuando un hombre ha sido curado por un verdadero médico, de modo que 
no quede la menor señal, ni el mas lijero síntoma de la enfermedad, y cuando todos 
los signos de la salud hayan reaparecido de un modo verdadero, ¿se puede suponer, 
sin ofender al entendimiento humano, que todavía existe la enfermeda"d entera en el 
interior? Esto es, sin embargo, lo que pretende uno de los corifeos de la antigua es- 
cuela, Hufeland, ruando dice que «la homeopatía puede mui bien hacer desaparecer 
los síntomas, pero que la enfermedad permanece,» ¿Obra de este modo por despecho 
de los progresos que hace la homeopatía para la felicidad del jenero humano, o porque 
tiene aun formada una idea mvi grosera de la enfermedad, porque la considera, no 
como una modificación dinámica del organismo, sino como una cosa material, capaz 
de permanecer escondida después de la curación en algún rincón del interior del 
cuerpo, y de tener cualquier di a el capricho de presentarse, aun en medio de la sa- 
lud mas floreciente? He aqui hasta donde llega todavía la ceguedad de la antigua pa- 
tolojia. Con estoá antecedentes, no debe causar admiración que esto haya podido 
producir una terapéutica, cuyo único objeto es barrer el cuerpo del pobre enfermo. 

(3) Se halla muerto y sometido desde entonces a la potencia del mundo físico es- 
terior, enlra en putrefacción, y se resuelve en sus elementos químicos. 



\l EXPOSICIÓN 

al ser inmaterial que le anima en el estado de salud y de enfermedad, os a 
que debe el sentimiento y el cumplimiento de sus funciones vitales. 

11. Cuando el hombre cae enfermo, esta fuerza espiritual, activa por sí 
misma y presente en todas las partes del cuerpo, es la única que al principio 
siente la influencia dinámica del ájente hostil a la vida. Ella sola, después de 
haber sido desarmonizada por esta percepción, puede proporcionar al orga- 
nismo las sensaciones desagradables que esperimenta, y compelerle a las ac- 
ciones insólitas que llamamos enfermedad. Siendo invisible por sí misma y 
apreciable únicamente por los efectos que produce en el cuerpo, esta fuerza 
no espresa, ni puede espresar su desarmonía mas que por una manifestación 
anómala en el modo de sentir y de obrar de la porción del organismo acce- 
sible a los sentidos del observador y del médico, es decir, por síntomas de 
enfermedad. 

12. Solo la fuerza vital desarmonizada es la que produce las enfermeda- 
des (1). Los fenómenos morbosos accesibles a nuestros sentidos espresan, 
pues, al mismo tiempo todo el cambio interno, es decir, la totalidad de la 
desarmonia de la potencia interior. En una palabra, ponen la enfermedad 
toda entera en evidencia. Por consiguiente la curación, es decir, la cesación 
de toda manifestación morbosa, la desaparición de todos los cambios apre- 
ciares que son incompatibles con el estado normal de la vida, tiene por con- 
dición y supone necesariamente que la fuerza vital esté restablecida en su in- 
tegridad, y todo el organismo vuelto a la salud. 

15. Se sigue de aquí que la enfermedad, inaccesible a los procedimien- 
tos mecánicos de la cirujía, no es, como la pintan los alópatas, una cosa 
distinta del todo viviente, del organismo y de la fuerza vital que le anima, 
oculta en el interior del cuerpo, y siempre material, cualquiera que s^a por 
otra parte el grado de sutileza que se la quiera atribuir. Semejante idea solo 
podía nacer de cabezas imbuidas en las doctrinas del materialismo. Ella es la 
que durante millares de años ha llevado a la medicina a los falsos caminos 
que ha recorrido y en los que se ha separado de su verdadero destino. 

14. De todos los cambios morbosos invisibles que sobrevienen en el in- 
terior del cuerpo, y cuya curación se puede realizar, no existe uno solo que no 
se dé a conocer al observador atento por medio de los signos y los síntomas. 
Así lo ha querido la bondad infinitamente sabia del soberano conservador de 
la vida de los hombres. 

15. La desarmonia invisible para nosotros de la fuerza que anima a nues- 
tro cuerpo, no forma, en efecto, mas que un ser, con el conjunto de sínto- 
mas que esta fuerza produce en el organismo, que impresionan nuestros sen- 
tidos, y que representan la enfermedad existente. El organismo es sí el ins- 
trumento material de la vida; mas no se le podría concebir no animado por 
la fuerza vital, que siente y gobierna de una manera instintiva, del mismo 
modo que no puede concebirse esta fuerza vital independientemente del or- 
ganismo. Los dos no forman mas que un ser, aunque nuestro espíritu divida 
esta unidad en dos ideas, pero únicamente por su propia comodidad. 

16. Siendo nuestra fuerza vital una potencia dinámica, la influencia no- 
civa sobre el organismo sano de los ajen tes hostiles que vienen del esteriora 
turbar la armonía del juego de la vida, no podría, pues, afielarla mas que 

(I) De ninguna utilidad podría sor al medico saber, como la fuerza vital doler" 
mina al organismo a producir los fenómenos morbosos, es decir, ri)mo crea la enfer- 
medad; y lo ignorará tamhicn eternamente. El dueño de la vida no ha hecho accesi- 
ble a sus sentidos mas que lo que le era necesario y suficiente conocer en la enfer- 
medad, pa¡*a poderla curar. 



bK LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 43 

de una manera puramente dinámica. Así, pues, el médico solo puede reme* 
diarsus desarmonías (las enfermedades), haciendo obrar sobre ella sustan- 
cias dotadas de fuerzas modificadoras, igualmente dinámicas o virtuales, cu- 
va impresión percibe por medio de la sensibilidad nerviosa, presente en to- 
das partes. Así los medicamentos no pueden restablecer, y no restablecen 
realmente la salud y la armonía de la vida, mas que obrando dinámicamen- 
te sobre ella, después que la observación atenta de los cambios accesibles a 
nuestros sentidos en el estado del sujeto (conjunto de síntomas) ha suminis- 
trado al médico nociones déla enfermedad, tan completas como necesita te- 
nerlas, para encontrarse en estado de curarla. 

i7. La curación que sucede a la estincion de todo el conjunto de signos 
y accidentes perceptibles de la enfermedad, teniendo al mismo tiempo por 
resultado la desaparición del cambio interioren que se funda esta última, es 
decir, en todos los casos, la destrucción del total de la enfermedad [1], es 
claro, según esto, que el médico solo tiene que quitar la suma de síntomas, 
para hacer desaparecer simultáneamente el cambio interior del cuerpo, y 
cesar la desarmonía morbosa de la fuerza vital, es decir, para estinguir el to- 
tal de la enfermedad la enfermedad misma (2). Mas destruir la enfermedad, 
es restablecer la salud, primero y único objeto del médico que está penetra- 
do de la importancia de su misión, que consiste en socorrer a su prójimo, y 
no emperorar con un tono dogmático. 

iü. De esta verdad incontestable que, fuera del conjunto de síntomas, 
nada puede encontrarse en las enfermedades, por lo que sean susceptibles 
de espresar que necesitan de auxilios, debemos concluir que tampoco puede 
haber en ellas otra indicación para la elección del remedio, mas que la su- 
ma de síntomas observadas en cada caso individual. 

19. No siendo las enfermedades mas que cambios en el estado jeneral 
del hombre, que se anuncian por signos morbosos, y no siendo posible la 
curación masque por la conversión del estado de enfermedad al de salud.se 
concibe fácilmente que no podrían los medicamentos curar las enfermeda- 
des, si no tuviesen la facultad de cambiar el estado jeneral del hombre, que 
consiste en sensaciones y acciones, y que únicamente en esta facultad se 
funda su virtud curativa. 

20. No haí medio de reconocer en sí misma, solo por los esfuerzos de 

(1) Un sueño, un presentimiento, una supuesta visión forjada por una imajina- 
cion supersticiosa, una profecía solemne de muerte infalible a cierto día o a cierta 
hora, han producido muchas veces todos los síntomas de una enfermedad incipiente 
y progresiva, los signos de una muerte próxima, y la muerte misma en el momento 
indicado; lo que no hubiera podido suceder, si no se hubiese verificado en el inte- 
rior del cuerpo un cambio correspondiente al estado que se espresaba al esterior. 
Por la misma razón en casos de esta naturaleza se ha llegado a veces, ya engañando 
al enfermo, ya insinuándole una convicción contraria, a disipar todos los signos 
morbosos que anunciaban la aproximación de la muerte, y a restablecer la salud, lo 
que no hubiera podido suceder, si el remedio moral no hubiese hecho cesar loscam- 
bios morbosos internos y estemos, cuyo resultado debia ser la muerte. 

(2) El soberano conservador de los hombres no podia manifestar su sabiduría y 
su bondad en la curación de las enfermedades que losaflije» mas que haciendo ver 
claramente al médico lo que tiene que quitar a estas enfermedades, para destruir- 
las, y restablecer así la salud. ¿Qué deberíamos pensar de su sabiduría y de su bon- 
did, si, como pretende la escuela dominante, que afecta introducir una mirada adi- 
vinadora en la esencia íntima de las cosas, lo que se necesita curarse en las enfer- 
medades, se encontrase envuelto de una mística oscuridad, y encerrado en el inte- 
rior oculto del organismo, y el hombre se viese por csli razón en completa imposi- 
bilidad de reconocer el mal y por consiguiente de curarle? 



40 EXPOSICIÓN 

la intelijencia, esta facultad, oculta en la esencia intima de los medicamentos, 
esta aptitud virtual para modificar el estado del cuerpo humano, y por con- 
siguiente, para curar las enfermedades. Únicamente por la esperiencia y 
por la observación de los efectos que produce, influyendo sobre el estado 
jeneral de la economía, es como llega uno a conocerla, y a formarse una 
idea clara de ella. 

2}. No siendo apreciable en sí misma la esencia curativa de los medica- 
mentos, lo que nadie se atreverá a poner en duda, y no pudiendo los espe- 
rimentos puros, hechos aun por los observadores dolados de la mas rara 
perspicacia, darnos a conocer nada que sea capaz de hacer los medicamen- 
tos o medios curativos, sino esta facultad de producir cambios manifiestos 
en el estado jeneral de la economía, sobre todo en el hombre sano, en el 
que suscitan muchos síntomas morbosos bien caracterizados, de esto debe- 
mos concluir que, cuando los medicamentos obran como remedios, no pue- 
den igualmente ejercer su virtud curativa, mas que por esta facultad que . 
poseen de modificar el estado jeneral de la economía, dando oríjen a sínto- 
mas particulares. Por consiguiente, es preciso atenerse únicamente a los ac- 
cidentes morbosos que los medicamentos producen en el cuerpo sano, como 
a ra única manifestación posible de la virtud curativa de que gozan, si se 
quiere saber, con respecto a cada uno de ellos, las enfermedades que pueden 
curar. 

22. Mas como nada se descubre que quitar en las enfermedades para 
convertirlas en salud, mas que el conjunto de sus signos y síntomas ; como 
nada se vé tampoco de curativo en los medicamentos, mas que su facultad 
de producir síntomas morbosos en los hombres sanos, y de hacerlos desa- 
parecer en los enfermos; sigúese de esto, que los medicamentos no toman el 
carácter de remedios, y no son capaces de estinguir las enfermedades, sino 
escitando ciertos accidentes y síntomas, o, para espresarme con mas clari- 
dad, una enfermedad artificial que destruye los síntomas ya existentes, es 
decir, la enfermedad natural que se quiere curar. De aquí se sigue también, 
pue para disipar la totalidad de los síntomas de una enfermedad, es preciso 
buscar un medicamento que tenga tendencia a producir síntomas semejan- 
tes o contrarios, según que se haya aprendido de la esperiencia, que el mo- 
do mas fácil, mas cierto y mas permanente de quitar los síntomas de la en- 
fermedad, y de restablecer la salud, es el oponer a estos últimos, síntomas 
medicinales semejantes o contrarios (I). 

25. Pues todas las esperiencias puras, todos los ensayos hechos con cui- 
dado nos enseñan que síntomas morbosos continuos, lejos de poder ser bo- 

(i) El otro modo, diferente de estos dos, de emplear los medicamentos en las en- 
fermedades, es el método alopático, en el que se administran remedios que produ- 
cen síntomas que no tienen ninguna relación directa con el estado del enfermo, y 
que no so.t, ni semejantes ni opuestos, sino absolutamente heterojéneos. Ya he de- 
mostrado en la introducción que este método es una grosera y nociva imitación de 
los esfuerzos imperfectos que una impulsión ciega y puramente instintiva obliga a la 
fuerza vital, desordenada por cualquiera influencia desagradable, a tentar para sal- 
varse a todo trance escHando y sosteniendo una enfermedad en el organismo; porque 
la ciega fuerza vital no ha sido creada mas que para sostener la armonía en el orga- 
nismo mientras dura ¡a salud, y una vez desarreglada no es ya apta para restituirse 
al estado normal, así como los síntomas no constituyen la enfermedad misma. Sin 
embargo a pesar de sus inconvenientes se sirve de él hace tanto tiempo la escuela 
actual, que no puede ya el médico pasarle en silencio, así como el historiador no 
puede callar las opresiones que el jénero humano ha sufrido durante millares de años 
h ajo los gobiernos despóticos y absurdos. 



DE LA DOCTIUVA IIOiltOVÁTICA. 4-7 

rrados y csiingnidospor síntomas medicinales opuestos, como los que escita 
el método antipático, enamiopático o paliativo, reaparecen por el contrario 
mas intonsos que lo habían sido hasta entonces, y agravados de una manera 
bien manifiesta, después de haberse calmado al parecer durante algún tiem- 
po. (V. 58, 62 y 69). 

24. No queda, pues, otro modo de emplear con éxito los medicamentos 
contra las enfermedades, mas que recurrir, al método homeopático, en el 
que se busca, para dirijirle contra la universalidad délos síntomas del caso 
morboso individua!, entre todos los medicamentos, aquel cuyo modo de obrar 
sobre el hombre sano se conoce bien, y que posee la facultad de producirla 
enfermedad artificial mas semejante a la enfermedad natural que se tiene a 
la vista. 

25. Mas el único oráculo infalible del arte de curar, la esperiencia pura 
(I), nos enseña en todos los ensayos hechos con cuidado, que en efecto el 
medicamento que obrando sobre hombres perfectamente sanos ha podido 
producir síntomas los mas semejantes a los de la enfermedad que nos pro- 
ponemos tratar, posee también realmente, cuando se le emplea a dosis sufi- 
cientemente atenuadas la facultad de destruir de una manera pronta, radical 
y duradera, la universalidad de los síntomas del caso morboso, es decir, (V. 
13, 16) la enfermedad presente toda entera; ella nos demuestra que lodos los 
medicamentos curan las enfermedades cuyos síntomas se asemejan todo lo 

isiblea los suyos, y que entre estas últimas, no hai ninguna que no ceda a 



acción. 

26. Este fenómeno se funda en la lei natural déla homeopatía, lei desco- 
nocida hasta el dia, aunque se haya tenido alguna vaga sospecha de ella, y 
a pesar de haber sido en todos tiempos el fundamento de toda curación ver- 
dadera, a saber : que una afección dinámica, en el organismo viviente, es es- 
iintjuida de un modo duradero por una mas fuerte, cuando esta, sin ser de la 
misma especie que eüa, se le asemeja mucho en cuanto al modo de manifestar- 
se (2). 

(1) No "quiero hablar de una esperiencia semejante a la de que se alaban nuestros 
prácticos vnigires después de haber combatido durante largos años con un montón 
de recetas complicadas una multitud de enfermedades que jamás han examinado con 
cuidado, pero que, fieles a los errores de su escuela, han mirado como suficientemen- 
te conocidas por los nombres que tienen en la patolojía, creyendo ver en ellas un 
principio morbífico imajinario u otra cualquiera anomalía interna no menos hipoté- 
tica. A la verdad, ven siempre en ellas alguna cosa, pero no saben lo que ven. y lle- 
gan a resultados que solo un Dios podría desembrollar en medio de un tan gran con- 
curs.o de fuerzas diversas que obran sobre un sujeto desconocido, resultados de los 
queno se puede sacar ninguna inducción. Cincuenta años de semejante esperiencia 
son como cincuenta años pasados en mirar por un caliscopio, que lleno de cosas des- 
conocidas y variadas, jirára continuamente sobre si mbmo; se habrían ví;lo milla- 
res de figuras que variaban a cada instante, sin poder esplicar ninguna de ellas. 

(2) Asi es como se tratan también los males físicos y morales. ¿Por qué el bri- 
llante Júpiter desaparece con el crepúsculo de la mañana de los nervios ópticos del 
que le contempla? Porque una potencia semejante, pero mas fuerte, la claridad del 
nuevo día, obra entonces sobre nuestros órganos. ¿Con qué se acostumbra a calmar 
los nervios olfatorios ofendidos por olores desagradables? Con tabaco, que afecta a 
la nariz do un modo semejante pero mas fuerte. Ni con la música, ni con sustancias 
azucaradas se podria curar el disgusto del olfato, porque estos objetos son relativos 
a los nervios de otros sentidos. ¿Por qué medio se sofocan en el oido compasivo de 
los concurrentes los lamentos dei desgraciado condenado al suplicio de los azotes: 
Con el agudo sonido del pito unido al ruido del tambor. ¿Como se disfraza el ruido 
lejano del cañón enemigo, que causaría terror en el alma del soldado? Con el cstre- 



48 r.xr-osicioN 

27. La potencia curativa de los medicamentos está fundada (V. 12, 16) 
en la propiedad que tienen de dar oríjen a síntomas semejantes a los de la 
enfermedad, y que esceden en fuerzo a estos últimos. De donde se sigue que 
la enfermedad no puede ser destruida y curada de un modo cierto, radical, 
rápido y duradero, sino por medio de un medicamento capaz de producir el 
conjunto de síntomas lo mas semejante a la totalidad de los de la enfermedad, 
y dotado al mismo tiempo de una enerjía superior a la que ella posee. 

28. Como esta lei terapéutica de la naturaleza se manifiesta altamente en 
todos los ensayos peros y en todos los esperimentos con cuyo resultado se 
puede contar; y como por consiguiente el hecho es positivo, poco nos im- 
porta la teoría científica del modo como se verifica. Yo doi muí poca impor- 
tancia a las esplicaciones que se pudieran proponer al efecto. Sin embargo, 
la siguiente me parece que es la mas verosímil, porque se funda únicamen- 
te en los datos que suministra la esperiencia. 

29. Toda enfermedad que no pertenece esclusivamente al dominio déla 
cirujía, no proviniendo mas que de una desarmonía particular de nuestra 
fuerza vital, respecto al modo de desempeñarse las sensaciones y las accio- 
nes, el remedio homeopático ocasiona a esta fuerza una enfermedad medici- 
nal o artificial análoga, pero un poco mas fuerte, que reemplaza a la enfer- 
medad natural. Cediendo entonces a la impulsión del instinto, la fuerza vi- 
tal, que ya no está enferma mas que de la afección medicinal, pero que lo 
está un poco mas que antes, se vé obligada a desplegar mas enerjía contri 
esta nueva enfermedad; mas teniendo poca duración la acción de la fuerza 
medicinal que la desarmoniza (1), no larda en triunfar de ella, de suerte que, 
como habia sido librada en primer lugar de la enfermedad natural, queda 
también libre entonces dé la enfermedad medicinal artificial, sustituida a 
aquella, y que por consiguiente, capaz de volver la vida del organismo a la 
salud. Esta hipótesis, que es mui verosímil, se funda en las proposiciones 
siguientes : 

30. Los medicamentos, sin duda también porque depende de nosotros 

pitoso ruido de los tambores. Esta compasión y este terror no le hubieran podido re- 
primir, ni las amonestaciones, ni la distribución de uniformes brillantes. Del mismo 
modo la tristeza y los disgustos se estinguen en el alma con la noticia, aunque sea 
falsa, de una desgracia mayor que ha sucedido a otra persona. Los inconvenientes de 
una alegría mui viva se evitan con el café, que por si mismo dispone el alma a im- 
presiones agradables. Ha sido preciso que los alemanes, sumerjidos después de mu- 
chos siglos en la apatía y en la esclavitud, fuesen arruinados bajo el yugo tiránico 
del eslranjero para que el sentimiento de la dignidad del hombre se despertase en 
ellos, y levantasen al finia cabeza por primera vez. 

(1) La poca duración de acción de las potencias aptas para producir enfermedades 
artificiales, a que damos el nombre de medicamentos, hace que, a pesar de su supe- 
rioridad sobre las enfermedades naturales, le cueste mucho menos trabajo a la fuerza 
vital el triunfar de ellas, qne de estas últimas. Teniendo las enfermedades naturales 
una duración mui larga, las mas de las veces tan larga como la misma vida (psora, 
sífilis, sicosis), no pueden ser vencidas por la fuerza vital sola. Es preciso, para es- 
tinguirlas, que el médico afecte mas enéticamente a esta, por medio de un ájente 
capaz de producir una enfermedad mui análoga, pero dotado de una potencia supe- 
rior (remedio homeopático). Este ajenie introducido en el estómago, o respirado por 
la nariz, violenta en cierto modo a la ciega e instintiva fuerza vital, y su impresión 
reemplaza a la enfermedad natural existente hasta entonces, de suerte que la fuerza 
vital solo queda sujeta en adelante a la enfermedad medicinal, y esto pur poco tiem- 
po, porque la acción del medicamento (o el curso de la enfermedad producida por él) 
no dura mucho tiempo. La curación de enfermedades que contaban ya muchos años, 
proporcionada (V. 46) por la aparición de la viruela y del sarampión, (que una y otro 
solo duran algunas semanas), es un fenómeno del mismo jéncro. 



fifi LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 40 

variur su dosis, parece que tienen un poder de desarmonizar el cuerpo hu- 
mano muí superior al de las irritaciones morbíficas naturales; porque las 
enfermedades naturales se curan y se vencen con medicamentos apropiados. 

51. Las potencias enemigas, tanto físicas como morales, que atacan 
nuestra vida acá en la tierra, y que se llaman influencias morbíficas, no po- 
seen de un modo absoluto la facultad de alterar la salud (I); solamente en-* 
fermamos bajo su influencia cuando nuestro organismo está suficientemente 
predispuesto a sentir los ataques de las causas morbíficas, y a dejarse po- 
ner por ellas en un estado en el que las sensaciones que esperimejita y las 
acciones que ejecuta son diferentes de las que tienen lugar en el estado nor- 
mal. Así, pues, estas potencias no determinan la enfermedad, ni en todoslos 
hombres, ni en un mismo hombre en todas ocasiones. 

52. Pero es muí diferente lo que sucede con las potencias morbíficas na- 
turales que llamamos medicamentos. Efectivamente, en todos tiempos y en 
todas circunstancias, un verdadero medicamento obra sobre todos los hom- 
bres, escita en ellos los síntomas que le son propios, y aun produce algunos 
apreciables por los sentidos, cuando se le administra a dosis bastante fuer- 
tes ; de manera que todo organismo humano viviente, cualquiera que sea, 
debe en todos tiempos y de una manera absoluta, ser atacado y en cierto 
modo infectado por la enfermedad medicinal ; lo que, como acabo de de- 
cir, no sucede respecto de las enfermedades naturales. 

55. Resulta pues incontestablemente de todas las observaciones (2), que 
el organismo humano tiene mucha mas propensión a dejarse desamor- 
nizar por las potencias medicinales que por las influencias morbíficas so- 
lo tienen un poder subordinado, y aun con frecuencia mui condicional, de 
producir enfermedades, mientras que las potencias medicinales le tienen ab- 
soluto, directo e infinitamente superior; 

54. La mayor intensidad de las enfermedades artificiales que se producen 
por medio de los medicamentos, no es sin embargo la única condición exiji- 
ble para que aquellas tengan el poder de curar las entermedades naturales. 
Es necesario, ante todas cosas, para que se efectué la curación, que haya la 
mayor semejanza posible entre la enfermedad que se trata de combatir y lu 
que el medicamento puede suscitar en ul cuerpo humano, a fin de que esta. 
semejanza, unida a la intensidad un poco mayor de la afección medicinal* 
permita a esta reemplazar a la otra, y quitarle así toda su influencia sobre 
la fuerza vital. Tan cierto es esto, que la misma naturaleza no puede curar 
una enfermedad ya existente añadiendo a ella otra desemejante, por fuerte 
que esta sea, e igualmente el médico no puede efectuar curaciones, cuando 

(1) Cuando digo que la enfermedad es una aberración o una desarmonía del esta- 
do de salud, no trato de dar una esplicacion metafísica de la naturaleza íntima de 
las enfermedades en jcneral, o de cualquier caso morboso en particular. Solo quiero 
decir con esto, lo que ni son ni pueden ser las enfermedades, es decir, espresar que 
no consisten en cambios mecánicos o químicos de la sustancia material del cuerpo, 
que no depende de un principio morbífico material, y que son esclusivamente altera- 
ciones espirituales o dinámicas de la vida. 

(2) Hé aquí un hecho notable de este jénero : cuando antes del año de 1801 rei- 
naba todavía de cuando en cuando de un modo epidémico entre los niños la liebre es- 
carlatina lisa de Sydenham, atacaba sin escepcion a los que no la habían padecido en 
una epidemia precedente ; mas en la epidemia de que yo mismo fui testigo en 
Koenigslutler, todos los niños que lomaron con anticipación una pequeñísima dosis de 
belladona se libraron de esta enfermedad sumamente contajiosa. Para que puedan los 
medicamentos preservar de una enfermedad epidémica, es preciso que su potencia do 
modificar la fuerza vital sea superior a ella. 

8 



&0 Exposición 

emplea medicamentos incapaces de ocasionaren el hombre sano un estado 
morboso semejante a la enfermedad que tiene a la vista. 

35. Para hacer resaltar mas estas verdades, vamos a examinar tres casos 
diferentes, a saber : la marcha de la naturaleza en dos enfermedades natura- 
les desemejantes, que se hallan a la vez en un mismo sujeto, y el resultado 
del tratamiento médico ordinario délas enfermedades con medicamentos alo- 
páticos, incapaces de producir un estado morboso artificial, semejante al 
que se trata de curar. Este examen demostrará, por una parte, que la mis- 
ma naturaleza no puede curar una enfermedad ya existente, con otra enfer- 
medad desemejante aunque sea mas fuerte; y por otra, que los medicamen- 
tos, aun los mas enérjícos, jamás podrían producir la curación de una en- 
fermedad cualquiera, no siendo homeopáticos. 

36. I. Si las dos enfermedades desemejantes que se hallan a la vez en el 
hombre tienen igual fuerza, o si la mas antigua es mas fuerte que la otra, la 
nueva enfermedad será rechazada del cuerpo por ¡a que existía ya antes que 
ella, y no podrá establecerse en él. Así un hombre, atormentado ya por 
una' afección crónica grave, no será atacado de una disenterra otoñal, ni de 
ninguna otra epidemia moderada. Según Larrey (1), la peste de Levante no 
se presenta en los lugares en que reina el escorbuto, ni las personasque pa- 
decen herpes, sufren tampoco su infección. El raquitismo impide, según Jen- 
ner, que la vacuna se desarrolle. Hildenbrand asegura que los tísicos no se 
resienten de las fiebres epidémicas, a no ser que estas sean muí violentas. 

57. Del mismo modo una enfermedad crónica antigua, no cede al método 
ordinario de curación con medicamentos alopáticos, es decir, que no pro- 
ducen en el hombre sano un estado análogo al que la caracteriza. Resiste a 
los tratamientos de este jénero, prolongados aun durante años enteros, con 
tal que no sean demasiado violentos. Esta aserción se verifica cada dia en la 
práctica, y no necesita ser apoyada por ejemplos. 

58. II. Si la enfermedad nueva, que no se parece a la antigua, es mas 
fuerte que esta última, la suspende hasta que ella haya acabado su curso o se 
haya curado; pero entonces reaparece la antigua. Tnlpius dice (2) que dos 
niños que contrajeron la tina, dejaron de sufrir accesos de epilepsia que ha- 
bían padecido hasta entonces; pero que volvieron a presentarse después de 
la desaparición del exantema de la cabeza. Schoepf ha visto estinguirse la 
sarna por la manifestación del escorbuto, y renacer después de la curación 
de esta última enfermedad (3). Un tifus Violento ha suspendido los progresos 
de una tisis pulmonar ulcerosa, que siguió su marcha inmediatamente des- 
pués de la cesación de la afección tifoidea (4). La manía que se declara en un 
tísico borra la tisis con lodos sus síntomas ; pero la enfermedad del pulmón 
renace y mala al enfermo si llega a cesar la enajenación mental (5). Cuando 
reinan a la vez el sarampión y la viruela, y han atacado los dos a un mismo 
niño, ordinariamente el sarampión ya declarado es detenido por la viruela 
que empieza a manifestarse, y no vuelve a seguir su curso hasta después de 

(1) Métnoires el olservations dans la descriplion de l'Egyplc, t. I. 

(2) Obs. lib. L obs. 8. 

[y En el Journal de Huffeland, XV, II. 

(i, Chcvalier, en los Nouvelles Anuales de la Me'decine francaise de Huffeland» 
II, p. 192. 

(o) Mania thisi superveniens eam cum ómnibus suis fenomenis auffert, verum 
mox redil thisis el occidit, obcunlc mania. Rcil, Memor fase, III, V, p. 172, 



M LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. Si 

la curación de esta; con todo, Manget ha visto también (1) a la viruela com- 
pletamente declarada a consecuencia de la inoculación, ser suspendida duran- 
te cuatro dias por haber sobrevenido el sarampión, y después de la desca- 
mación de est« se reanimó para recorrer en seguida sus periodos hasta el fin. 
Se ha visto también a la erupción del sarampión, al seslo dia de la inocula- 
ción, detener el trabajo inflamatorio de esta última, y no presentarse la vi- 
ruela hasta que el exantema hubo terminado su periodo septenario (2). En 
una epidemia rubéolica, se presentó el sarampión en muchos inoculados 
cuatro o cinco dias después de la inserción, y retardó hasta su entera desa- 
parición la erupción de la viruela, que no se hizo hasta entonces, y marchó 
después de un modo regular (5). La verdadera fiebre escarlatina de Syden- 
ham (4) con anjina, fué eclipsada al cuarto dia por la manifestación de la va- 
cuna, que continuó hasta su fin, y solamente después de su terminación se 
vio a la escarlatina manifestarse de nuevo. Pero como estas dos enfermeda- 
des parece que son de una fuerza igual, se ha visto también ser suspendida 
la vacuna al octavo dia per la erupción de una verdadera escarlatina, y desa- 
parecer su areola roja, hasta que esta terminó su curso, en cuyo momento la 
vacuna continuó el suyo, y le acabó con regularidad (o). Una vacuna estaba 
próxima a su perfección, al octavo dia, cuando se presentó el sarampión, que 
al punto la hizo estacionaria, y solo después de la descamación de este con 
tiiiUÓ y acabó aquella su marcha, de modo que, según Kortum (0), tenia al 
décimo sesto dia el aspecto que ordinariamente presenta al décimo. Se ha 
visto a la vacuna prender aun en medio del sarampión desarrollado, mas no 
lia empezado a recorrer sus periodos hasta que la otra afección ha pasado; 
estoes lo que nos demuestra igualmente Kortum (7). Yo mismo he tenido 
ocasión de ver desaparecer una antigua paratidea luego que se estableció el 
trabajo particular de la vacuna. Solo después que la vacuna acabó su curso, 
y desapareció la aureola roja de ¡os granos, fué cuando se manifestó en las 
glándulas parótidas y maxilares una nueva inflamación acompañada de fiebre, 
y recorrió su periodo ordinario de siete dias. Lo mismo sucede con todas las 
enfermedades desemejantes; la mas fuerte suspende a la mas débil, a me- 
nos que se compliquen mutuamente, lo que rara vez sucede a las afecciones 
agudas; pero jamás se curan recíprocamente. 

39. La escuela médica ordinaria ha sido testigo de estos hechos hace mu- 
chos siglos. Ha visto a la misma naturaleza impotente para curar ninguna 
enfermedad, con la adición de otra, por intensa que fuese esta última cuando 
la nueva no es semejante a la que ya existe en el cuerpo. ¿Qué se debe de 
pensar de ella, puesto que por eso no lia dejado de continuar tratando las 
enfermedades crónicas coli medios alopáticos, es decir, con sustancias que 
las mas de las atices solo podian producir por sí mismas un estado morboso 

(1) En Edimb. med. commeyít., t. I, L 

(2) Juan Hunler, Traite desmatadles véneriennes. 

(3) Raimy, en Med. comment. of Edimb.Ul, p. 480. 

(í) Ha sido descrita con mucha exactitud por Wiihcring y Plenciz. Pero se diftr 
rencia mucho de la mühr purpúrea (o del Roodeonk) a la que se tenia placer en dar 
H nombre de fiebre escarlatina- Solo en estos últimos años es cuando estas dos enfer- 
medades, ordinariamente mui diferentes, se han parecido la una a la otra por sus sín- 
tomas. 

(5) Jenner, en Mediziniscke Annalen, 1800, agosto, p. 747. 

(15) En el Journal de Huffelar.d, XX, III, p. 50. 

(7) Loe. cit. 



:i c > EXVOSlCtOTÍ 

desemejante déla afección, cuya curación estaba en problema? Y aun cuan- 
do los médicos no hubiesen observado basta entonces a la naturaleza con 
bastante atención, ¿no habrían podido conocer por los tristes efectos de sus 
procedimientos, que se encontraban en un camino estraviado, a propósito 
tínicamente para alejarles de su objeto? ¿No advertían que empleando, según 
su costumbre, medios alopáticos violentos contra las enfermedades crónicas, 
do hacían mas que crear una enfermedad artificial, desemejante de la primi- 
tiva, que acallaba a esta sí, y la suspendía durante todo el tiempo de su pro- 
pia duración, pero la dejaba reaparecer, luego que la disminución de las 
fuerzas del enfermo no permitía ya continuar minando el principio de la vi- 
da, por por los vivos ataques de la alopatía? Así es como los purgantes enér- 
jicos y frecuentemente repetidos limpian realmente con bastante prontitud la 
piel del exantema psórico ; pero cuando el enfermo no puede ya soportar la 
afección desemejante que se ha producido violentamente en sus entrañas, 
cuando se ve obligado a renunciar a los purgantes, la erupción cutánea rea- 
parece tal como existía antes, o bien la psora interna se manifiesta por un 
síntoma cualquiera desagradable, atendido que ademas de la afección primi- 
tiva, que no ha disminuido nada, el enfermo tiene entonces desarregladas 
sus dijestiones, y sus fuerzas aniquiladas. Del mismo modo, cuando los mé- 
dicos ordinarios producen y sostienen ulceraciones en la superficie del cuer- 
po, creyendo destruir por medio de ellas una afección crónica, jamás consi- 
guen el objeto que se proponen, es decir, que jamás curan ; porque estas úl- 
ceras facticias son del todo estrañas y alopáticas al mal interno. Sin embar- 
go, como la irritación causada por muchos cauterios es a menudo un mal su- 
perior, aunque desemejante, al estado morboso primitivo, le sucede a veces 
que reduce a este al silencio por algún tiempo; pero no hace mas que sus- 
penderle, debilitando por grados al enfermo. Una epilepsia que habió sida 
suprimida durante un gran número de años por medio de cauterios, reapare- 
cía constantemente y mas violenta que nunca, cuando se trataba de supri- 
mir el exutorio, como lo atestiguan Pechlin (\J y otros. Pero ni los purgantes 
son mas alopáticos respecto de la sarna, o los cauterios respecto de la epi- 
lepsia, que las mezclas de ingredientes desconocidos, de que se hace uso en 
la práctica vulgar, lo son relativamente a las otras formas innumerables de 
enfermedad. Estas mezclas tampoco hacen mas que debilita!' al enfermo, y 
suspender el mal durante un espacio de tiempo muí corto, sin poder curar- 
le, ademas de que su uso repetido jamás deja de añadir un nuevo estado mor- 
boso al antiguo. * 

40. 111. Puede también suceder que la nueva enfermedad, después de ha- 
ber obrado largo tiempo en el organismo, concluya por aliarse con la antigua^ 
afección, a pesar de su falta de semejanza, y que de aquí resulte una enfer- 
medad complicada de tal modo, sin embargo, que cada una ocupe una r ejión. 
especial en el organismo, y que se instale en los órganos que la convienen, 
abandonando los demás a la que no se la asemeja. Así un sujeto sifilítico pue- 
de también hacerse sarnoso, y vice- versa; porque siendo las dos enfermeda- 
der desemejantes no podrían destruirse y curarse recíprocamente. Los sínto- 
mas venéreos se obscurecen al principio cuando la erupción psóríca empie-t 
za ; mas con el tiempo, siendo la enfermedad venérea al menos tan fuerto 
como la sarna, se alian las dos afecciones la una con la otra (?.), es decir, que 

(1) Obs.phys. me.i. Ub. 2, obs. 30. 

(5) Esperi metilos exactos y curaciones que he obtenido de esta especie de afeccio- 
ne» complicadas me han convencido que no resultan de un amalgama de dos enfer-s 



1>1J LA DOCTRINA* HOMEOPÁTICA- 65 

cada una se apodera únicamente de las partes del organismo que la son mas 
apropiadas, y con esto el sujeto se pone mas enfermo y mas difícil de curar. 
Eu caso de coincidencia de dos enfermedades agudas conlajiosas cpie no 
tienen semejanza entre sí ; por ejemplo la viruela y el sarampión, ordinaria- 
mente la una suspende a la otra, como ya queda dicho. Sin embargo, se han 
visto algunas epidemias violentas en las que, en casos raros, dos enfermeda- 
des agudas desemejantes han invadido simultáneamente a un mismo cuerpo, 
y se han, por decirlo así, complicado la una a la otra durante un corto espa- 
cio de tiempo. En una epidemia en que las viruelas y el sarampión reinaban 
a la vez, hubo trescientos casos en que una de estas dos enfermedades sus- 
pendió a la otra ; en que el sarampión no brotó hasta veinte dias después de 
la erupción de la viruela, y la viruela diez y siete o diez y ocho (lias después 
déla del sarampión, es decir, después del curso total de la primera enferme- 
dad ; pero hubo uno en el que P. Rusel! (1) halló estas dos enfermedades de- 
semejantes simultáneamente en el mismo sujeto. Rainey (2) ha observado las 
viruelas y el sarampión a la vez en dos niños. J. Maurice (Tí) dice que no ha 
encontrado mas que dos casos de este jcnero en su práctica. Se encuentran 
también ejemplos semejantes en Ettmuller (4) y también en algunos otros. 
Zencker (5) ha visto a la vacuna seguir su curso regular juntamente con el 
sarampión y la fiebre miliar purpúrea, y Jenner ha visto también a la vacuna 
recorrer tranquilamente sus periodos en medio de un tratamiento mercurial 
dirijido contra la sífilis. 

41. Las complicaciones o coexistencias de muchas enfermedades en un 
mismo sujeto, que resultan de un largo uso de medicamentos no api-opiados, 
y que deben su oríjen a los malhadados procederes de la medicina alopática 
vulgar, son infinitamente mas frecuentes que las a que dá lugai la misma na- 
turaleza. Repitiendo sin cesar el uso de remedios que no convienen, se con- 
cluye por añadir a la enfermedad natural que se trata de curar los nuevos 
estados morbosos, muchas veces mui pertinaces, que estos remedios son lla- 
mados a producir por la naturaleza misma de sus facultades especiales. No 
podiendo estos estados curar, por una irritación análoga, es decir, por ho- 
meopatía, una afección crónica con la (pie no tienen ninguna semejanza, se 
asocian poco a poco con esta última, y añaden así una nueva enfermedad fac- 
ticia a la antigua, de suerte que el sujeto se pone doblemente enfermo y mu- 
cho mas difícil de curar, y con frecuencia también incurable. Muchos hechos, 
consignados en los diarios o en los tratados de medicina, apoyan esta aser- 
ción Se encuentra una prueba de esto también en los casos frecuentes, en 
que las úlceras sifilíticas, complicadas, sobre lodo, con la afección psórica, 
y aun con la gonorrea o la sicosis, lejos de curarse por tratamientos largos o 
repetidos, con dosis considerables de preparaciones mercuriales nial elejidas, 
se colocan en el organismo al lado de la enfermedad mercurial crónica, que 

medades, sino que estas existen simultáneamente en la economía, ocupando cada una 
[iíS partes que están en armonía con ella. En efecto, la curación se verifica de un mo- 
do completo, alternando oportunamente el mercurio y los medios apropiados pira 
curar la sarna, administrados unos y otros a dosis y bajo la forma de preparación mas 
adecuadas. 

(1) Transactions of a soc. for thc improvem. of med. and. clár. Knowl, II. 

(2) Med. comment. of Edinb., III, p. 480, 
(?») Med. and phys. journal, 180o. 

(i) Opera, I!, p. I, cap. 10. 

(5) En el Journul de Huffeland, XVII. 



5 4 EXPOSICIÓN 

se desarrolla poco a poco (I), y forman con ella una monstruosa complica- 
ción, designada con el nombre de sífilis larvada, que si no es absolutamente 
incurable, no puede al menos convertirse al estado de salud sino con la ma- 
yor dificultad. 

42. La misma naturaleza, como ya llevo dicho, permite a veces la coinci- 
dencia de dos y de tres enfermedades espontáneas en un mismo cuerpo. Mas 
se debe notar mui bien que no existe esta complicación mas que con respec- 
to a enfermedades desemejantes, que según las leyes eternas de la naturaleza 
no pueden extinguirse y curarse recíprocamente. Esta complicación se efec- 
túa a lo que parece de tal manera, que las dos o tres enfermedades se re- 
parten, por decirlo así, el organismo, y cada una de ellas ocupa en él las 
paites que mas la convienen, división que puede hacerse sin perjudicar a la 
unidad de la vida, a causa de la falta de semejanza que tienen entre sí.. 

43. Pero es muí diferente el resultado, cuando dos enfermedades seme- 
jantes llegan a encontrarse en el organismo.; es decir, cuando a la enferme- 
dad ya existente se une otra mas fuerte que la es semejante. Entonces es 
cuando se vé como la curación puede efectuarse por la vía de la naturaleza, 
y como debe conducirse el hombre para curar. 

44. Dos enfermedades que se parezcan, no pueden, ni rechazarse mutua- 
mente, como en la primera délas tres hipótesis precedentes, ni suspenderse 
la una a la otra, como en la segunda, de suerte que la antigua reaparezca 
después déla estincion de la nueva, ni, en fin, como en la tercera, existir la 
una al lado de la otra en un mismo sujeío, y formar una enfermedad doble o 
complicada. 

45. ¡ No ! Dos enfermedades que difieren la una de la otra en cuanto al 
jénero (2j, pero que se asemejan mucho en cuanto a sus manifestaciones y 
sus efectos, es decir, los síntomas y sufrimientos que determinan, se destru- 
yen siempre mutuamente luego que llegan a encontrarse en un mismo orga- 
nismo. La mas faerle destruye a la mas débil. Este fenómeno no es difícil de 
concebir. La enfermedad mas fuerte que sobreviene, teniendo analojía cou 
5a antigua en su modo de obrar, ataca, y aun de preferencia, las partes que 
babia atacado hasta entonces esta última, que mas débil que ella se esiingue, 
«o encontrando ya donde ejercer su actividad (3). En otros términos : luego 
que ia fuerza vital, desarmonizada por una potencia morbífica, llega a ser 
afectada por una nueva potencia mui análoga, pero superior en enerjía, no 
siente mas que la impresión de esta última sola, y la precedente, reducida a 
la condición de una simple fuerza sin materia, debe dejar de ejercer una in- 
fluencia morbosa, y por consiguiente de existir. 

46. Se podrían citar muchos ejemplos de enfermedades que la naturale- 
za ha curado homeopáticamente por otras enfermedades que producen sín- 
tomas semejantes. 

Mas si se quieren hechos esactos y esentos de toda duda, es preciso ate- 

(í) Porque independientemente de los síntomas análogos a los de la enfermedad 
venérea, que le permiten curar homeopáticamente esta última, el mercurio produce 
también otros muchos, que no se parecen a los de la sífilis, y que cuando se le ndmi- 
r.istra a altas dosis, sobre todo en la complicación tan común con la psora, produ- 
cen nuevos males, y ejercen grandes estragos en el cuerpo. 

(2) Véase anteriormente 26 la nota. 

Ci) Del mismo modo que la ¡majen de la llama de una lámpara desaparece rápi- 
damente del nervio óptico por un rayo de sol que impresiona nuestros ojos con 
ttkss fuerza. 



BE LA DOíMíMA HOMEOPÁTICA. 85 

nerse al pequeño número de enfermedades siempre semejantes a sí mismas 
que nacen de un miasma permanente, y que por esta razón, son dignas de 
recibir un nombre particular. 

Entre estas afecciones se presenta en primer lugar, la viruela, tan famosa 
por el número e intensidad de sus síntomas, y que ha curado una multitud 
de males caracterizados por síntomas semejantes a los suyos. 

Uno de los accidentes mas comunes de las viruelas, son ofialmias violen- 
tas, que amenazan la abolición de la visia. Pues Dezoteux (I.) y Leroy (2) re- 
fieren cada uno nn caso de oftalmía crónica, que se curó de una manera 
perfecta y duradera por la inoculación. Una ceguera que databa de dos años, 
y que había sido causada por la repercusión de la liña, cedió completamente 
a la viruela, según Klein f3). 

¿No ha sucedido muchísimas veces a la viruela ocasionar la sordera y la 
disnea? J. F. Closs (4) la ha visto curar estas dos afecciones, cuando llegó a 
su máximun de intensidad. Es también un síntoma frecuente de la viruela, 
una tumefacción mui considerable de los testículos. Así se ha vistor según 
Klein (5 a este exantema curar homeopáticamente una tumefacción volumi- 
nosa y dura del testículo ¡zquú rio, que era el -resultado de una contusión. 
Se curó igualmente con ella un infarto análogo del testículo, a la vista de 
otro observador (6). 

Se cuenta también una especie de disenteria en el número de los acciden- 
tes desagradables que determina la viruela : por eso ha curado esta afección 
homeopáticamente la disenteria en un caso que refiere F. Wendet (7). 

Nadie ignora que, cuando sobreviene la viruela después de la inserción 
de la vacuna, aquella destruye inmediatamente a esta de un modo homeo- 
pático, y no la permite llegar a su perfección, tanto porque tiene mas 
fuerza que ella, como porque se la parece mucho. Mas, por la misma razón, 
cuando la vacuna llega al término de la madurez, su grande semejanza con 
la viruela hace que homeopáticamente disminuya y modere al menos mu- 
cho esta última, cuando llega a declararse, y la imprime un carácter mas 
benigno, como lo testifican ¡\Juhry (8) y otros muchos autores. 

La vacuna, ademas de las pústulas preservativas de las viruelas, produce 
tombien una erupción cutánea jenerál de otra naturaleza. Consiste este exan- 
tema en granos cónicos, ordinariamente pequeños, rara voz gruesos y su- 
purantes, secos, apoyados sobre aureolas rojas poco extensas, mezcladas 
con pequeñas manchas redondeadas, de un color rojo y acompañadas a ve- 
ces del mas vivo prurito. En muchos niños precede este exantema algunos 
dias a la aparición de la aureola roja de la vacuna; pero las mas veces se 
declara después, y desaparece al cabo de algunos dias, dejando en la piel 
unas manchitas encarnadas y duras. Únicamente en razón de su analojía 
con este exantema es como la vacuna, tan luego como ha prendido hace 
homeopáticamente desaparecer de un modo completo y duradero las erup- 

V 

(1) Traite de l'inoculation, p. 189. 

(2) Heilkundc für Muttcr, 384. 
(■V Interprcs clinicus, p. 293. 

(4) Neué Heilart der Kindcrpocken. Ulm, 1769, p. 68 ; y Specim, obs. p. 18. 

(5) Interprcs clinicus. 

(6) Nov. act. nat. cur., vol. I, obs. 22. 

(?) Nachricht von dem Krankeninstüut zu Erlangcn. 1783. 
(8) En Robert Willam, sur la Vaccine, 



3G liXp'osiao:* 

ciones cutáneas con frecuencia mui antiguas e incómodas que existen en 
ciertos niños, como 1 oaseyeran nn gran número de observadores (I). 

La vacuna cuyo síntoma especial es cansar una tumefacción del brazo [3], 
ha curado después de su erupción, un brazo que estaba hinchado y medio 
paralizado (3). 

La fiebre de la vacuna, que sobreviene a la época en que se. forma la au- 
reola roja, ha curado homeopáticamente dos fiebres intermitentes, como 
nos lo demuestra Hardege(í); lo que confirma la observación hecha ya por 
J. Hunier (5) que dos fiebres (o enfermedades semejantes) no pueden sub- 
sistir juntas en un mismo cuerpo (6). 

El sarampión y la coqueluche tienen mucha semejanza entre sí en cuanto 
a la fiebre y el carácter de la tos. 

Así Bosquillon (7) ha notado en una epidemia en que estas dos enferme- 
dades reinaban a la vez, que entre los niños que tuvieron el sarampión* 
hubo muchos que no fueron atacados de la coqueluche. Todos se hubieran 
librado de ella, y para siempre, del mismo modo que quedaban inaccesibles 
en adelante al coniajio del sarampión, si la coqueluche no fuese una enfer- 
medad que solo se asemeja en parle al sarampión, es decir, si tuviese un 
exantema análogo al de esta última; he aquí por qvé el sarampión no pudo 
librar homeopáticamente de la coqueluche mas que a cierto número de ni- 
ños, y esto tan solo durante aquella epidemia. 

Pero cuando el sarampión encuentra una enfermedad que se parece a él 
en su síntoma principal, el exantema, puede sin dificultad extinguirla y cu- 
rarla homeopáticamente. Así es como se curó un herpe crónico (8) de un 
modo pronto, perfecto y duradero por la erupción del sarampión como lo ha 
observado Kortumjü]. Una erupción miliar que hacia seis años que cubria la 
cara, el cuello y los brazos, donde causaba un ardor insoportable, y que se 
renovaba siempre que habia variación atmosférica, se redujo por la aparición 

O) Principalmente Clavier, Hurel y Désormeaux, en el Bulletin des Sciences de 
l'Eure, 1808. V. también Journal de médec. continué, XV, 206. 
(2) Balhorn. en el Journal de Huffeland. X, II. 
(\) Stevenson, en los Aunáis of Medicine de Duncan, vol. I, p. II, núm. 9. 

(4) En el journal de Huffeiand, XXIII. 

(5) Traite de la maladie véncricnne. París, 1787; en 8, fig, 

(6) En las anteriores ediciones del Organon he citado en este lugar ejemplos 
de alecciones crónicas curadas por la sarna, que según los descubrimientos que he 
comunicado al público en el pri mer tomo de mi Tratado de las enfermedades cróni- 
cas, solo pueden considerarse b,.jo cierta punto de vista como curaciones homeo- 
páticas. Los grandes males disipados así (asmas soto-cativos y tisis ulcerosas) eran ya 
de orijen psórico desde el principio; eran los síntomas, que habían llegado a amenazar 
la vida, de una antigua psora completamente desarrollada en el interior, a los que 
la aparición de una erupción psórica producida por una nueva infección reducía a 
la forma simple de una enfermedad psórica primitiva, lo que hacía desaparecer. el 
mal antiguo y los síntomas alarmantes de la- existencia. Esta vuelta a la forma primi- 
tiva no puede por consiguiente considerarse como un medio curativo homeopáticode los 
síntomas mui desarrollados una psora antigua, sino bajo el concepto de que la nueva 
infección pone a los enfermos en el estado infinitamente mas favorable de poder cu- 
rarse en lo sucesivo mas fácil i completamente de la psora con el uso de los medica- 
mentos antipsóricos. 

(7) Elementos de medie. práct, de Cullen, p. II, 1. 3, cap. 7. 

(8) O al menos desapareció este síntoma. 

(9) En él Journal de Huffeland, XX, III, p. 50 



nr, la no<:tmvA iio'meoi ática. 57 

del sarampión a lina simple tumefacción de la piel, que cesó también en^ 
loramente cuando aquel hubo desaparecido, y no volvió a reproducirse 
jamas (1). 

47. Nada puede enseñar al médico de un modo mas claro y mas persua- 
sivo cual es la elección que debe hacer entre las potencias capaces de sus- 
citar enfermedades artificiales (los medicamentos), para curar de un modo 
cierto, permanente y pronto, a imitación de la naturaleza. 

48. Todos los ejemplos que acaban de exponerse hacen ver que jamas, 
ni los esfuerzos de la naturaleza, ni el arte del médico, pueden curar una 
enfermedad cualquiera con una potencia morbífica desemejante, por enérji- 
ca que sea, y que solo es practicable la curación a beneficio de una potencia 
morbífica capaz de producir síntomas semejantes y un. poco mas fuertes, lia 
causa de esto se encuentra en las leyes eternas e irrevocables de la natura- 
leza, que han sido desconocidas hasta ahora. ' 

49. Hallaríamos un número mucho mayor de estas verdaderas curacio- 
nes homeopáticas naturales, si por una parte, los observadores hubiesen fija- 
do mas la atención en ella, y si por otra la naturaleza tuviese a su disposi- 
ción muchas mas enfermedades capaces de curar homeopáticamente. 

50. La naturaleza misma casi no tiene a su disposición otros medios 
homeopáticos que las enfermedades miasmáticas poco numerosas que rena- 
cen siempre semejantes a sí mismas, como la sarna, el sarampión, la viruela 
(2). Mas de estas potencias morbíficas, las unas (la viruela y el sarampión) 
son mas peligrosas y mas alarmantes que el mal que podrían remediar; y la 
otra fia sania; exije ella misma, después de haber efectuado la curación, el 
uso de medios capaces de extinguirla a su vez ; circunsianeías que un:i 
y otra hacen su uso, como medios homeopáticos, difícil, incierto y peligroso. 
¡Y por otra parte, cuan pocas se encuentran ademas en el número de las 
enfermedades del hombre que pudieran tener un remedio homeopático en 
las viruelas, el sarampión y la sarna! 

La naturaleza, pues, solo puede curar mui pocas enfermedades con estos 
medios arriesgados. No puede servirse de ellos sino con peligro para el en- 
fermo; porque las dosis de estas potencias morbíficas no son, como las de 
los medicamentos, susceptibles de ser atenuadas en razón de las circuns- 
tancias, y para curar la antigua enfermedad análoga de que un hombre so 
encuentra atacado, le abruman con la pesada y peligrosa carga de la en- 
fermedad en totalidad, variólica, rubeólica o psórica. Sin embargo, se ha vis- 
to que su concurso ha producido a veces hermosas curaciones homeopáti- 
cas, que son otras tantas pruebas irrecusables en apoyo de esta grande y única 
leí terapéutica de la naturaleza: curad las enfermedades con remedios que 
produzcan síntomas semejantes a los de aquellas. 

51. Estos hechos habían de haber bastado ya para revelar al jénío del 
médico la leí que acaba de enunciarse. ¡Mas véase que ventaja tiene aquí 
el hombre sobre una naturaleza que obra sin reflexión! ¡Cuánto no multi- 
plican los medicamentos esparcidos por toda la creación, las potencias mor- 
bíficas de que él puede disponer para alivio de las dolencias de sus herma- 
nos! En ellos encuentra los medios de escilar estados morbíficos tan varia- 
dos como las innumerables enfermedades naturales a que deben servir de 
remedios homeopáticos. Constituyen otras tantas potencias morbíficas cuya 

(\J Rail, loe. cit., pi 85. 

(2) 1 el miasma exantemático que coexiste con el de la vacuna en la linfa vacú- 



niea. 



58 EXPOSICIÓN 

fuerza se extingue por sí misma después de haber producido ía curación, y 
que noexijen, como la sarna, otros medios para extinguirla a su vez. Son 
verdaderas influencias que el médico puede atenuar al infinito, y cuya dosis 
puede disminuir hasta no dejarlas mas que una fuerza un poco superior a 
la de la enfermedad natural semejante, en cuya curación deben emplearse. 
Con tan preciosos recursos, no se necesita dirijir violentos ataques al or- 
ganismo para eslirpar un mal antiguo y pertinaz, y el paso del estado de 
enfermedad al de salud duradera se verifica de un modo suave e insensible, 
aunque con frecuencia rápido. 

52. Después de ejemplos de una evidencia tan palpable, es imposible a 
lodo médico que raciocine, el perseverar todavía en la aplicación del méto- 
do alopático ordinario, en la administración de medicamentos cuyos efectos 
tío tienen ninguna relación directa u homeopática con la enfermedad, y qtie 
atacan al cuerpo en sus partes menos enfermas, escitando evacuaciones, 
contra irritaciones, derivaciones, etc. (I) Lees imposible persistir en la 
adopción de un método que consiste en producir, a expensas de las fuerzas 
del enfermo, la manifestación de un estado morboso enteramente diferente 
de la afección primitiva, con dosis elevadas de mezclas de medicamentos, 
la mayor parte desconocidos. El uso de semejantes mezclas no puede tener 
otro resultado que el que dimana de las leyes jenerales de la naturaleza 
cuando una enfermedad desemejante se une a otra en el organismo huma- 
no; es decir, que la afección lejos de curarse se encuentra siempre agrava- 
da. Tres efectos podrán resultar entonces: 1.° Si el tratamiento alopático, 
aunque muí largo, es suave, la enfermedad natural permanecerá en el mis- 
mo estado, y el enfermo solo habrá perdido parte de sus fuerzas, porque, 
como se ha visto mas arribadla afección que existia antiguamente en el 
cuerpo, no permite a una afección nueva desemejante y que es mas débil 
establecerse también en él. 2.° Si los remedios alopáticos atacan la econo- 
mía con violencia, el mal primitivo parecerá que cede por algún tiempo, 
y reaparecerá animado al menos con la misma fuerza, luego que se inte- 
rrumpa el tratamiento; porque como se ha dicho ya igualmente, siendo la 
nueva enfermedad mas fuerte, acalla y suspende por algún tiempo a la mas 
débil y desemejante que exislia antes que ella. 3.° En fin, si se emplean las 
potencias alopáticas a dosis elevadas y durante largo tiempo, este tratamien- 
to, sin curar jamás la enfermedad primitiva, no conseguirá mas que añadir 
a ella nuevas enfermedades facticias, y hará mas difícil de obtener la cura- 
ción, porque como hemos visto ya también, cuando dos afecciones crónicas 
desemejantes y de igual intensidad llegan a encontrarse, se colocan la una 
al lado de la otra en el organismo, y se establecen en él simultáneamente. 

53. Las curaciones verdaderas y suaves se verifican, pues, únicamente 
por el proceder de la homeopatía. Este proceder, como lo hemos reconoci- 
do ya anteriormente (7 — 23), consultando a la experiencia y valiéndonos 
del raciocinio, es el único con el cual el arte puede curar las enfermedades 
del modo mas seguro, mas rápido y mas duradero; porque se fundan en 
una lei eterna e infalible de la naturaleza. 

54. Ya he hecho notar antes (45 — 49) que el proceder homeopático es 
el único cierto; porque de los únicos tres modos corno pueden emplearse 
los medicamentos contra las enfermedades, solo aquel es el que conduce 
en línea recta a una curación suave, segura y duradera, sin perjudicar al 

[\) V. anteriormente la Introducción, yernas adelante el opúsculo acerca de la 
alopatía. 



Dlí LA DOCTRINA DOKBOI'AtICA. 59 

enfermo por otro lado, o sin debilitarle. El método homeopático puro es 
también seguramente el único con el que el arte del hombre puede efectuar 
curaciones, del mismo modo que es cierto que no se puede tirar mas que 
una línea recta de un punto a otro. 

55. El segundo modo de emplear los medicamentos en las enfermeda- 
des, al que yo llamo alopático o heteropálico, es el que se ha empleado con 
mas jeneralidad basta el dia. Sin atender en lo mas mínimo a lo que pro- 
piamente hablando hai enfermo en el cuerpo, ataca las parles que mas lia 
i espetado la enfermedad, para derivar o atraer el mal hacia ellas. Ya he tra- 
tado de este método en la Introducción (l),, y no hablaré aquí mas de él. 

56. El tercero y último modo (2) de emplear los medicamentos contra 
las enfermedades, es el antipático, enaníwpátko o paliativo. Esie es el mé- 
todo de que mas se han servido los médicos hasta el dia para hacer creer 
que aliviaban a los enfermos, y con el que mas han contado para ganar su 
confianza, engallándolos con un alimento instantáneo. Vamos a demostrar 
cuan poco eficaz es, y hasta que punto es nocivo en las enfermedades que 
no tienen un curso muí rápido. A la verdad, es lo único que, en la ejecución 
del plan de tratamiento de los alópatas, tiene relación con una parte de 
los padecimientos causados por la enfermedad natural. ¿Mas en qué consiste 
esta relación' 7 vamos a ver que por su naturaleza es precisamente la que 
mas se debiera evitar, si no se quisiera engañar a los enfermos, ni burlar- 
se de ellos. 

57. Un médico vulgar que quiere proceder con sujeción al método an- 
tipático, solo atiende a un síntoma, aquel que mas aqueja al enfermo, y des- 
cuida todos lo^demas por numerosos que sean. Prescribe contra este síntoma 
un remedio que se sabe produce el efecto directamente contrario; porque 
según el axioma contraria conlrariis proclamado hace mas de mil y quinien- 
tos años por la antigua escuela, de este remedio es del que debe esperar 
el auxilio (paliativo) mas pronto, Así, da grandes dosis de opio contra los 
dolores de toda especie, porque esta sustancia embota rápidamente la sen- 
sibilidad. Prescribe la misma droga contra las diarreas, porque en poco 
tiempo detiene el movimiento peristáltico del canal intestinal al que priva 
de su sensibilidad. Le administra igualmente contra el insomnio, porque 
produce prontamente un estado de estupor y de entorpecimiento. Emplea 
los purgantes cuando el enfermo se halla molestado después de algún tiem- 
po por el estreñimiento. Hace meter en agua fría la mano escaldada, que 
por su frialdad parece que quita de pronto, y como por encanto, los dolo- 
res escocientes de la quemadura. Cuando un enfermo se queja de que tiene 
frió y de que le falta el calor vital le hace meter en un baño caliente, que le 
reanima al instante. Al que acusa una debilidad habitual, le aconseja beber 
vino, que le reanima inmediatamente y parece restablecerle las fuerzas. Se 
emplear; igualmente algunos otros medios antipáticos, es decir, opuestos a 
los síntomas; sin embargo, quedan niui pocos después de los que se acaban 

(1) V. la Introducción. 

(2) Podría quererse admitir cuarto modo de emplear los medicamentos conln 
los enfermedades, a saber: el método isopático, el de tratar una enfermedad por el 
misino miasma que la ha producido. Mas, aun suponiendo que esto fuera posible, lo 
que ciertamente sería un descubrimiento precioso, como no se administra el miasma 
;i los enfermos sino después de haberle modificado hasta cierto punto por las pre- 
paraciones que se le hacen sufrir, no se verificaría la curación en esle caso, sino 
oponiendo simillimum simillimo.^ 



GO EXPOSICIÓN 

do enumerar, porque el médico ordinaria solo conoce los efectos propios o 
primitivos de un cortísimo número de medicamentos: 

58. No insistiré en el vicio {veáse 7, la nota) que tiene este método de 
no sujetarse mas que a un solo síntoma, y por consiguiente a una pequeña 
parte del todo; conducta de la que evidentemente nada puede esperarse para 
alivio del conjunto de la enfermedad, que es lo único a que el enfermo as- 
pira. Sin embargo, consultaré a la esperiencia para saber de ella, si, entre 
los casos en que se ha hecho así una aplicación antipática de medicamentos 
contra una enfermedad crónica o continua, podría citarnos tan solo uno en 
el que, el alivio de corta duración que por medio de él se obtiene, no haya 
sido seguido de una agravación manifiesta, no solo del síntoma así paliado 
desde luego, sino de la enfermedad toda entera. Pues lodos los que han ob- 
servado coii atención convendrán en que después de este lijero alivio anti- 
pático, que no dura largo tiempo, el estado del enfermo empeora siempre y 
sin excepción, aunque el médico vulgar trate ordinariamente de esplicar 
este aumento demasiado evidente, atribuyéndole a la malignidad de la en- 
fermedad primitiva, o a la manifestación de una enfermedad nueva (I). 

59. Jamas se ha tratado todavía ningún síntoma grave de una enferme- 
dad continua con dichos remedios opuestos o paliativos, sin que al cabo de 
algunas horas haya dejado de reaparecer el mal, aun agravado evidentemen- 
te. Así, para disipar la tendencia habitual a adormecerse, se administraba 
café, cuyo efecto primitivo es mantener despierto al sujeto; mas luego que 
< j sta a'ceion Había pasado, reaparecía la propensión al sueño mas fuerte que 
antes. Cuando un hombre padecía insomnio sin cuidar lo mas mínimo de los 
demás síntomas de su enfermedad, se administraba, en el momento de me- 
terse en la cama, opio, que en virtud de su acción primitiva le proporcio- 
naba por aquella noche un sueño de entorpecimiento y de estupor ; pero el 
insomnio se hacia mas pertinaz las noches siguientes. Se oponia el opio a 
las diarreas crónicas, sin atender a los oíros síntomas; porque su efecto 
primitivo es producir la astricción ; mas el flujo de vientre, después de ha- 
ber sido suspendido por algún tiempo, reaparecía mas molesto que antes. 
Los dolores vivos y que se presentaban por accesos frecuentes se calmaban 
momentáneamente bajo la influencia del opio, que embota la sensibilidad ; 

, pero jamas dejaban de renovarse con mayor violencia, y aun a veces lam- 
bien en un grado insoportable, o eran reemplazados por otro mal mucho 
mas incómodo. El médico vulgar no conoce ninguna cosa mejor que el opio, 
eontra una tos anjigua cuyos accesos se presentan principalmente durante 
Ja noche; porque el efecto primitivo de esta sustancia es estinguir toda es- 

(\) Aunque los médicos no hayan acostumbrado hasta el dia observar, sin embar- 
go, no ha podido ocultárseles que el uso de los paliativos es seguido infaliblemente 
de una agravación del mal. Se encuentra un ejemplo sorprendente de este jéñero en 
J. — II. Schulzc [Diss.qua corparis humani momentánea rum alteralionvm specimina 
quísdam expenduntur. Halle, 1741, §2tí). Una cosa semejante vemos testificada puf 
Willis. CPharm. ral., sect. 7. cap, I, p. 298): opiata dolores alrocissimos plerum- 
que sedant atque indolenliam...procurant, eamquc...aliiuamdiu etpro slole quodam 
tempore continuant, quo spatio elapso dolores mocp recrtidescunt ct brevi ad solitam 
feVctclam augentur. Y p 29i>: Exoctis opii viribus illkoredeum formina, re- atro- 
citutem suam remiftunt, nisi dum ab eodem pharmaeo rursus incantantur. Del 
mismo modo J. Humtor (en su tratado, de las enfermedades venéreas) dice que el vi- 
no aumenta la erierjía en las personas débiles, sin comunicarlas un verdadero vigor, 
y que las fuerzas disminuye en seguida en la misma proporción que habían sido es- 
cii¡idas; de -manera que nada gana el sujeto con él, y por el contrario pierde la ma- 
yor de sus fuerzas, 



DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA . 61 

peeie de irritación : puede muí bien suceder que note el enfermo algún ali- 
vio la primera noche; pero en las noches siguientes la tos se presentará mas 
molesta que nunca, y si se obstina el médico en combatirla con el mismo 
paliativo, aumentando gradualmente la dosis, se juntan a la los la fiebre y 
los sudores nocturnos. Se ha creído disipar la debilidad de la vejiga y la re- 
tención de orina, que es su consecuencia, administrando tintura de cantári- 
das qve estimula las vías urinarias; de esto resultan sí al principio algunas 
evacuaciones forzadas de orina; pero la vejiga se hace después menos irrita- 
ble, menos susceptible de contraerse, y está próxima a la parálisis. Se ala- 
ban de poder combatir una disposición inveterada al estreñimiento con pur- 
gantes a altas dosis, que promueven abundantes y frecuentes deyecciones; 
pero el efecto secundario de este tratamiento es poner el vientre mucho 
mas estreñido. Un médico vulgar aconseja beber vino para hacer desapare- 
cer una debilidad Clónica; pero este líquido solo estimula mientras dura su 
efecto primitivo, y la reacción que se sigue a él tiene siempre por resultado 
disminuir todavía mas las fuerzas. Se espera calentar y confortar un estó- 
mago frío y perezoso con el uso de los amargos y de las especias; pero el 
efecto secundario de estos paliativos, que solo excitan durante su acción 
primitiva, es acrecentar la inacción de la viscera gástrica. Se ha imajinado 
que con venían los baños calientes para remediar la falta habitual de calor 
vital ; pero, al salir del agua, se encuentran los enfermos todavía mas de- 
caídos, mas sensibles al frió, y entran en calor con mas dificultad que antes. 
La inmersión en el agua fría alivia instantáneamente los dolores ocasionados 
por una fuerte quemadura; pero este dolor se aumenta después a un grado 
increíble, la inflamación se estiende rápidamente en las parles circunveci- 
nas (1), y adquiere por este procedimiento mucha mas intensidad. Se preten- 
de curar un romadizo anligco con los estornutatorios, que excitan la secre- 
ción de las mucosidades nasales, y no se ha notado que este medio conclu- 
ye siempre por agravar el accidente, para cuya curación se le cree apropósi- 
to. La electricidad y el galvanismo, potencias que en utiprincipio ejercen una 
grande influencia sobre el movimiento muscular, restituyen con prontitud 
ia facultad de obrara miembros largo tiempo debilitados y casi paralizados - 
pero su efeelo secundario es la eslincíon absoluta de toda irritabilidad mus; 
rular, y una parálisis completa. La sangría es a propósito, según dicen, pa- 
ra hacer cesar el aflujo habitual de sangre a la cabeza; pero de su uso se 
sigue siempre que la sangre se dírije en mas abundancia a las parte* supe- 
riores. Lo único que la jeneralidad de los médicos sabe oponer al aniquila- 
miento casi paralítico de lo físico y de lo moral, que es un síntoma predomi- 
nante en muchas especies de tifus, es la valeriana a altas dosis; porque esta 
planta es uno de los mas poderosos estimulantes que se conocen; mas se les 
ha ocultado que la excitación producida por la valeriana es un puro efeelo 
primitivo, y que después de la reacción del organismo, el estupor y la im- 
posibilidad de obrar, es decir, la parálisis del cuerpo y la debilidad del espí- 
ritu aumentan infaliblemente : no han notado que los enfermos a los que se 
ha prodigado la valeriana en semejante caso opuesto o antipático, son preci- 
samente los que la muerte arrebata casi con seguridad. Cuando el pulso es 
pequeño y acelerado en las caquexias, los médicos de la antigua escuela (2) 
consiguen el hacerle lento por bastantes horas con una sola dosis de dijital 
purpúrea, cuyo efeelo primitivo es inducir lentitud en la circulación ; pero 

(1) Véase la Introducción al final. 

(2) Véase Huffcland en su opúsculo titulado : Die horneopatic, p. 20. 



62 fcxi'OsicioN 

el pulso no tarda en recobrar la misma celeridad qne tenia; las dosis repe- 
tidas y sucesivamente mas fuertes dedijital cada vez tienen menos éxito, y 
concluyen por no poder hacerle mas lento; lejos deesio, el número de pul- 
saciones se hace incalculable durante la reacción, se pierde, el sueño, el ape- 
tito v las fuerzas, y una muerte pronta es inevitable si no se declara la ma- 
nía. En una palabra la antigua escuela no ha tenido jamás en cuenta cuántas 
veces sucede que el efecto secundario de los medicamentos antipáticos es 
acrecentar el mal o aun ocasionar alguna cosa todavía peor; pero la espe- 
riencia nos suministra bastantes pruebas de esto, capaces de llenar al alma 
de horror. 

60. Cuando estos desagradables resultados, que deben naturalmente es- 
perarse de los medicamentos antipáticos, llegan a manifestarse, el médico 
vulgar cree salir de la dificultad administrando una dosis mayor, cada vez 
que el mal empeora. Pero tampoco se sigue de esto mas que un alivio de 
corta duración; y de la necesidad en que se encuentra de aumentar incesan- 
temente la dosis del paliativo, resulta unas veces que se declara una enfer- 
medad mas grave, otras que la vida se halla en peligro, y aun mas que el 
enfermo sucumbe. Pero jamas se obtiene así la curación de un mal que hace 
algún tiempo que exiue, o con mas razón inveterado. 

61. Si los médicos hubiesen sido capaces de reflexionar sobre los tristes 
resultados de la aplicación de los remedios antipáticos, hace mucho tiempo 
que hubieran encontrado esta grande verdad : que solo siguiendo una marcha 
directamente opuesta a aquella es como se debe, llegar a un método de trata- 
miento que produzca curaciones reales y duraderas. Hubieran conocido que 
así como un efecto medicinal contrario a los síntomas de la enfermedad (re- 
medio administrado antipáticamente) no proporciona mas que un alivio de 
corta duración, después del cual el mal empeora constantemente, del mis- 
mo modo el método inverso, es decir, la aplicación homeopática de los me- 
dicamentos, su administración fundada en la analojía éntrelos síntomas que 
producen y los de la enfermedad debe proporcionar una curación perfecta y 
duradera, con solo tener cuidado de sustituir a las enormes dosis de que ha- 
cen uso, las mas débiles que sea posible emplear. Mas a pesar de las pocas 
dificultades que presenta esta serie de raciocinios; a pesar de que es un he- 
cho demostrado que ningún médico ha producido una curación duradera en 
las enfermedades crónicas, sino cuando en sus fórmulas entraba por casuali- 
dad un medicamento homeopático predominante; a pesar de este otro he- 
cho, no menos positivo, que la naturaleza jamás ha conseguido una curación 
rápida y completa, sino por medio de una enfermedad semejante añadida 
por ella a la antigua; a pesar de todo esto, no han podido, durante una 
serie tan dilatada de siglos, llegar a una verdad, la única en que se encuen- 
tre la salud de los enfermos. 

62. Tratando de esplicarme a mí mismo, por una parte los perniciosos 
resultados del tratamiento antipático o paliativo, por otra los felices efectos 
que produce por el contrario el método homeopático, lo he conseguido con 
el auxilio de las consideraciones siguientes, que emanan de hechos nume- 
rosos, y que nadie ha encontrado antes que yo, aunque se les tenia, por de- 
cirlo así, a la mano, aunque eran de una evidencia perfecta, y de una im- 
portancia por la fuerza medicinal y por la fuerza vital. 

63. Toda potencia que obra sobre la vida, todo medicamento desarmo- 
niza mas o menos la fuerza vital, y produce en el hombre cierto cambio 
que puede durar mas o menos tiempo. Se dá o este cambio el nombre de 
efecto primitivo. Aunque producido a la vez por la fuerza vital, pertenece 



I)R LA DOCTltlNÁ HOMEOPÁTICA. 63 

sin embargo mas a la potencia cuya acción se ejerce sobre nosotros. Pero- 
nuestra fuerza vital tiende siempre a desplegar su enérjía contra esta influen- 
cia. El efecto que de aquí resulla, que pertenece a nuestra fuerza vital de 
conservación, y que depende de su actividad automática, llena el nombre de 
efecto secundario o de reacción. 

64. Mientras dura el efecto primitivo de las potencias morbíficas artifi- 
ciales (medicamentos) sobre uu cuerpo sino, la fuerza vital parece que de- 
sempeña un papel puramente pasivo, como si estuviera obligada a sufrir las 
impresiones de la potencia esterior, y a dejarse modificar por ella. Mas algún 
tiempo después parece que se despierta en cierto modo. Entonces, si ha¡ 
algún estado directamente contrario al efecto primitivo o a la impresión que 
ha recibido, manifiesta una tendencia a producirle, que es proporciona! a su 
propia enerjía y al grado de influencia ejercida por la potencia morbosa ar- 
tificial o medicinal; si no existe en la naturaleza un estado directamenie 
opuesto a este efecto primitivo, trata de establecer su propia preponderancia 
borrando el cambio que ha, sido producido en ella por una acción esterior 
(la del medicamento), y sustituyendo a él su propio estado normal. 

65. Los ejemplos del primer caso resaltan a la vista de lodo el mundo. 
Una mano que se ha tenido sumerjida en agua caliente tiene desde luego mu- 
cho mas calor que la otra que no ha sufrido la inmersión [efecto primitivo] ; 
pero que algún tiempo después de haberla sacado del agua y enjugado bien, 
se enfria y lle^a a tener mucho menos calor que la del lado opuesto (efecto 
secundario). El gran calor que procede de un ejercicio violento [efecto pri- 
mitivo], es seguido de escalofríos y de frió [efecto secundario]. El hombre 
que se había calentado ayer bebiendo vino con abundancia (efecto primitivo), 
es sensible hoi a la menor corriente de aire [efecto secundario]. Un brazo 
que ha permanecido largo tiempo en agua de nieve está desde luego mas pá- 
lido y mas frió que el olio (efecto primitivo) ; pero sáquesele del agua y en- 
jugúesele con cuidado y se pondrá no solo mas caliente que el ot*o, sino 
aun quemante, rojoe inflamado (efecto secuudario). El café fuerte nos esti- 
mula al principio (efecto primitivo); pero nos deja después una pesadez y 
una tendencia al sueño (efecto secundario^, que dura largo tiempo, si no las 
hacemos desaparecer de nuevo por algún tiempo y de un modo puramente 
paliativo, volviendo a tomar café. Después de haberse proporcionado el sue- 
ño, o mas bien un entorpecimiento profundo por medio del opio (efecto pri- 
mitivo), se tiene mucho mas trabajo para dormirse a la noche siguiente (efec- 
to secundario) Al estreñimiento producido por el opio (efecto primitivo), su- 
cede la diarrea (efecto secundario): y a las evacuaciones determinadas por 
los purgantes (efecto primitivo), un estreñimiento, una astricción de vien- 
tre que dura muchos dias (efecto secundario). Asi es como al efecto primi- 
tivo de las altas dosis de una potencia que modifica profundamente el estado 
de un cuerpo sano, la fuerza vital, por su reacción, jamás deja de oponer 
un estado directamenie contrario, cuando puede producir alguno. 

66. Mas se concibe fácilmente que el cuerpo sano no da ningún signo 
de reacción en sentido contrario después de la acción de una dosis débil y 
homeopática de las potencias que cambian el modo de su vitalidad. Es ver- 
dad que aun una pequeña dosis de lodos estos ajentes produce efectos pri- 
mitivos apreciables, cuando se emplea para ello la atención necesaria; pero 
la reacción que ejerce en seguida el organismo viviente no excede jamas al 
grado necesario para el restablecimiento del estado normal. 

67. Estas verdades incontestables que se nos presentan por sí mismas 
cuando consultamos a la naturaleza y a la experiencia, esplican por una 



64 exposición 

parte, por qué el método homeopático es tan ventajoso en sus resultados^ 
y demuestran por otra Jo absurdo del que consiste en tratar las enfermeda- 
des con medios antipácos o paliativos [i]. 

68. Vemos a la verdad, examinando lo que sucede en las curaciones ho- 
meopáticas, que las dosis infinitamente pequeñas que bastan para vencer y 
destruir las enfermedades naturales, por la analojía que existe entre los 
síntomas de estas últimas y los de los medicamentos, dejan al principio en 
el organismo, después de la estincion de la enfermedad primitiva, una lijera 
afección medicinal que sobrevive a aquella. Pero la exigüidad de las dosis 
hace esta enfermedad tan lijera, pasajera y susceptible de disiparse por si 
misma, que el organismo no necesita desplegar contra ella una reacción 
superior a la que es necesaria para elevar el estado presente al grado habí- 
tual de la salud, es decir, para restablecer completamente esta última. Pues 
habiendo sido estinguidos todos los síntomas de la enfermedad primitiva* 
do necesita grandes esfuerzos para conseguir este objeto (V. 6o), 

60. Pero lo contrario precisamente sucede en el método antipático o 
paliativo. El síntoma medicinal opuesto por el médico al síntoma morboso 
[como e! entorpecimiento que constituye el efecto primitivo del opio, opues- 
to a un dolor agudo], no es del todo estraño y alopático a este último. Hai 
entre estos dos síntomas una relación evidente, pero inversa. La destrucción 
del síntoma morboso debe efectuarse en este caso por un síntoma medici- 
nal opuesto. Pues hé aquí lo que es imposible. Es cierto que el remedio an- 
tipático obra precisamente sobre el punto enfermo del organismo, tanto 
como podría hacerlo un remedio homeopático; pero se limita a cubrir en 
cierto modo el síntoma morboso natural, y a hacerle insensible por cierto 

(O Solo en casos mui urjentes en que el peligro que corre la pida y la inminen- 
cia de la muerte no diesen tiempo para obrar a un medicamento homeopático, y no 
admitiesen una espera de algunas horas y a veces ni aun de algunos minutos en en- 
fermedades sobrevenidas de repente en sujetos que poco antes estaban buenos, como 
las asfixias,, la fulguración, la sofocación, la conjelacion, la sumersión, etc., solo en 
estos casos es permitido yconviene empezar al menos por reanimar la irritabilidad y 
la sensibilidad por medio de los paliativos, tales como lijeras conmociones eléctri- 
cas, labativas de café fuerte, olores escitanles, la acción progresiva del calor, etc. 
Luego que la vida física se encuentra reanimada, el juego de los órganos que la sos- 
tienen recobra su curso natural, porque no había aquí enfermedad (o), sino solamcn* 
te suspensión u opresión de la fuerza vital que, por otra parte, se encontraba por sí 
misma en el estado de salud. Se colocan también en este caso diversos antidolos en 
los envenenamientos repentinos i los álcalis contra los ácidos minerales, el hígado 
de azufre contra los venenos metálicos, el café, el alcanfor fy la ipecacuana) contra 
los envenenamientos por el opio, etc. 

No se debe creer que un remedio homeopático hi sido mal elejido contra un caso 
dado de enfermedad, ¡jorque algunos de sus síntomas solo correspondan antipática- 
mente a algunos síntomas morbosos de mediana o ninguna importancia. Gon tal que 
los otros síntomas de la enfermedad, los que son mas fuertes y mas marcados, en 
fin, los que la caracterizan, encuentren en el remedio síntomas que los cubran, los 
estingan y los aniquilen; los síntomas antipáticos poco numerosos, que han podido 
manifestarse, desaparecen por sí mismos luego que el remedio ha dejado de obrar, 
sin retardar en lo mas mínimo la curación. 

(a) La nueva .secta ecléctica (la de los insuficicnlistas), se apoya, pero en vano, 
en esta advertencia para admitir por todas partes escepciones de Ja regla en las en- 
fermedades, y poder aplicar a su gusto los paliativos alopáticos ; se podria decir que 
no obraba asi, mas que para ahorrarse el trabajo de buscar el remedio homeopático 
que conviene exactamente a cada caso morboso, o mas bien por no tomarse el de ha- 
cerse médico homeópata, al mismo tiempo que se dá el aire de tal j pero sus hechos 
corresponden a sus principios, y se reducen a mui poca cosa. 



DK LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 63 

espacio de tiempo. Ea el primer momento de la acción del paliativo no sien- 
to el organismo ninguna afección desagradable, ni por parte del síntoma 
morboso, ni por la del medicinal, (pie parece que se han destruido recípro- 
camente y neutralizado de una manera, por decirlo así, dinámica. Esto es lo 
que sucede, por ejemplo, al dolor y a la facultad estupefaciente del opio: por- 
que en el primer momento el organismo se siente como en estado de salud, 
no experimentando ni sensación dolorosa ni entorpecimiento. Mas no pu- 
diendo el síntoma medicinal opuesto ocupar en el organismo el mismo sitio 
de la enfermedad ya existente, como sucede por el método homeopático, en 
que el remedio excita una enfermedad artificial semejante a la natural, y so- 
lamente mas fuerte que ella, no pudiendo por consiguiente la fuerza vital en- 
conu-arse afectada, por el medicamento que se emplea, de una nueva enfer- 
medad semejante a la que la atormentaba hasta eniónces, no puede extin- 
guirse esta última. La nueva enfermedad hace ciertamente insensible el or- 
ganismo en los primeros momentos, por una especie de neutralización diná- 
mica (1), si puede espresarse así, pero no tarda en extinguirse por sí misma, 
como toda afección medicinal; y entonces no solamente deja a la enferme- 
dad en el mismo estado en que se hallaba anteriormente, sino que también, 
como jamás pueden administrarse los paliativos mas que a grandes dosis para 
proporcionar un alivio aparente, pone a la fuerza vital en la precisión de 
producir un estado opuesto [V. 63 — 65) al que habia producido el medica- 
mento paliativo, de determinar un efecto contrario al del remedio, es decir, 
de dar oríjen a un estado análogo a la enfermedad natural, todavía no des- 
truida. Proviniendo, pues, esta adición de la misma fuerza vital (la reacción 
contra el paliativo) no puede dejar de aumentar la intensidad y la gravedad 
del mal [*!}. Así el síntoma morboso (parte de la enfermedad) se agrava lue- 
go que el efecto del paliativo ha cesado, y tanto mas cuanto mayores han si- 
do las dosis que se han administrado de él. P.ara no salir del ejemplo de que 
nos hemos servido ya, cuanto mayores la cantidad de opio que se ha dado 
para calmar el dolor, tanto mas se aumenta este sobre los límites de su vio- 
lencia primitiva, después que el opio ha dejado de obrar (5). 

(I) Las sensaciones contrastantes u opuestas no se neutralizan de un modo per- 
manente en el cuerpo del hombre vivo, como las sustancias dotadas de propiedades 
opuestas lo hacen en un laboratorio de química, donde se ve, por ejemplo, que el 
ácido sulfúrico y la potasa forman, uniéndose, un cuerpo enteramente diferente do 
ellos, una sil neutra, que ni es ácido, ni álcali, y que no se descompone en lo mas 
mínimo por el fuego. Tales combinaciones, que producen alguna cosa do estable y 
de neutro, no se verifican jamas en nuestros órganos sensitivos relativamente a im- 
n res ion es dinámicas de naturaleza opuesta. Ha i ciertamente al principio una aparien- 
cia de neutralización o de destrucción recíproca, pero lis sensaciones opuestas no se 
borran una a otra de un modo estable. Un aílijido solo suspende un instante la es- 
presion de su dolor a la vista de un espectáculo divertido : olvida bien pronto las 
distracciones y vuelven a correr sus lágrimas con mas abundancia que nunca. 

(2' Por clara quesea esta proposición ha sido no obstante mal interpretada, y se 
ha objetado contra ella que un paliativo debe curar por su efecto consecutivo, queso 
parece a la enfermedad existente, tan bien como lo hace un remedio homeopático por 
su efecto primitivo. Pero, al poner esta dificultad no se ha reflexionado que el efecto 
consecutivo jamas es un producto del medicamento, y que resulta siempre de la reac- 
ción que ejerce la fuerza vital del organismo, que por consiguiente esta reacción de 
la fuerza vital, cuando se emplea un paliativo es un estado semejante al síntoma de 
la enfermedad que h i quedado intacto por el medicamento, y que aun se encuentra 
aumentado por el mismo. 

(3) Así en el obscuro calabozo;, en que el prisionero apenas distingue los objetos 
que le rodean, si se enciende un poco do alcohol esparce al rededor de él una claridad 

<i0 



CG líXl'OSICIOM 

70. Después de lo que acaba de decirse no podráu desconocerse las ver- 
dades siguientes : 

1 .° El médico solo tiene que curar los padecimientos del enfermo y las 
alteraciones del ritmo normal apreeiables por los sentidos, es decir, la tota- 
lidad de los síntomas por medio de los cuales la enfermedad indica el medio 
mas apropiado para socorrerla; todas las causas internas que podrían atri- 
buirse a esta enfermedad, todos los caracteres ocultos que se pretendiera 
asignarla, todos los principios materiales de que se quisiera hacerla depen- 
der, serian otros tantos sueños vanos. 

2.° La desarmonía, que nosotros llamamos enfermedad, no puede transfor- 
marse en salud mas que por otra desarmonía excitada por medio de medica- 
mentos. La virtud curativa de estos últimos consiste pues únicamente en el 
cambio que hacen experimentar al hombre, es decir, en la provocación de 
síntomas morbosos específicos. Los experimentos hechos en personas sanas 
son el medio mejor y mas puro de conocer esta virtud. 

5. u Según todos los hechos conocidos, es imposible curar la enfermedad 
natural por medio de medicamentos que poseen por sí mismos la facultad de 
producir en el hombre sano un estado morboso o un síntoma artificial dese- 
mejante. Así el método alopático jamás proporciona realmente la curación. 
La misma naturaleza tampoco produce jamás una curación en la que una en- 
fermedad se extinga por medio de una segunda enfermedad desemejante aña- 
dida a la anterior por fuerte que pueda ser esta nueva afección. 

A.° Todos los hechos concurren también a demostrar que un medicamento 
susceptible de dar lugar en el hombre sano a un síntoma morboso opuesto 
a la enfermedad que se trata de curar no produce mas que un alivio fujilivo 
en una enfermedad ya antigua, no proporciona jamás su curación, y la deja 
siempre reaparecer al cabo de cierto tiempo, mas grave de lo que era ante- 
riormente. El método antipático y puramente paliativo es, pues, en un todo 
contrario al fin que uno se propone en las enfermedades antiguas y de algu- 
na importancia. 

5.° El tercer método, el único que queda a que poder uno dirijirse, la ho- 
meopatía, que calculando bien la dosis, emplea contra la totalidad de los 
síntomas de una enfermedad natural, un medicamento capaz de producir, en 
el hombre sano, síntomas tan semejantes como es posible a los que se ob- 
servan en el enfermo, es el único realmente saludable, el único que destru- 
ye las enfermedades o las aberraciones puramente dinámicas de la fuerza vi- 
lal de una manera fácil, completa y duradera. La naturaleza misma nos dá un 
ejemplo de esto en ciertos casos fortuitos en que añadiendo a una enferme- 
dad existente una enfermedad que se la asemeja, la cura con prontitud y pa- 
ra siempre. 

71. Como no se puede ya dudar que las enfermedades del hombre solo 
consisten en grupos de ciertos síntomas; y que la posibilidad de destruirlas 
con-medicamentos, es decir, de volverlas a la salud, objeto de toda curación 
verdadera, depende únicamente de la facultad inherente alas sustancias me- 
dicinales de producir síntomas morbosos semejantes a los de la afección na- 
tural, la marcha que se debe seguir en el tratamiento está reducida a los tres 
puntos siguientes : 

i.° ¿Porqué vía llega el médico a averiguar lo que necesita saber relati- 
vamente a la enfermedad, para poder emprender su curación? 

consoladora, pero cuando se ha apagado la llama, cuanlo mas brillante ha sido esta, 
mas profundas le parecen al desgraciado las tinieblas que le envuelven ; y le cuesta 
también mucho mas trabajo que antes el distinguir todo lo que le rodea. 



1>F. LÁ DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 67 

2.° ¿Cómo debe estudiar los instrumentos destinados a la curación de las 
enfermedades naturales, es decir, la potencia morbífica de los medicamen- 
tos? 

3.° ¿Cuál es el mejor modo de aplicar estas potencias morbíficas artificia- 
les (los medicamentos) en la curación de las enfermedades? 

72. Por lo que respecta al primer punto, es necesario que entremos pri- 
meramente en algunas consideraciones jenerales. Las enfermedades de los 
hombres forman dos clases : las unas son operaciones rápidas de la fuerza 
vital saudade un ritmo normal, que se terminan en un tiempo mas o menos 
largo, pero siempre de mediana duración. Estas se llaman enfermedades agu- 
das. Lí.s otras, poco claras y aun con frecuencia imperceptibles ai principio, 
se apoderan del organismo cada una a su modo, le desarmonizan dinámica- 
mente, y poco a poco le alejan de tal modo del estado de salud, que la auto- 
mática enerjía vital, que se llama fuerza vital, destinada al mantenimiento de 
este, solo puede oponerles una resistencia incompleta, mal dirijida e inútil, y 
que en la impotencia en que se encuentra de extinguirlas por sí misma, se vé 
obligada a dejarlas crecer, hasta que al fin ocasionan la destrucción del or- 
ganismo. Estas se conocen con el nombre de enfeimedades crónicas, y de- 
penden de la infección por un miasma crónico. 

73. Respecto a las enfermedades agudas, se las puede dividir en dos ca- 
tegorías. Unas que atacan a hombres aislados por efecto de causas morbífi- 
cas cuya influencia han sufrido. Los excesos en comer y en beber, la falta de 
los alimentos necesarios, las violentas impresiones físicas, el enfriamiento, 
el acaloramiento, las fatigas, los esfuerzos, etc., o las excitaciones, las afec- 
ciones morales, son frecuentemente su causa. Mas la mayor parte de las ve- 
ces dependen de recrudescencias pasajeras de una psora latente que vuelve 
a su estado de sueño e inacción cuando la enfermedad crónica no es muí 
violenta, o cuando ha sido curada de una manera pronta. Otras atacan a mu- 
chos individuos a la vez y se desarrollan aquí y allá (esporádicamente), bajo 
el imperio de influencias meteóricas o telúricas, cuya acción se encuentran 
dispuestos a sentir por el pronto pocos hombres. A esta clase pertenecen las 
que atacan a muchos hombres a la vez : dependen entonces de una misma 
causa, se manifiestan con síntomas mui análogos (epidemias) y suelen hacer- 
se contajiosas cuando obran en masas unidas y apiñadas do individuos. Estas 
enfermedades o fiebres (I) son todas de naturaleza especial ; y como los ca- 
sos individuales que de ellas se manifiestan tienen el mismo oríjen, ponen 
también constantemente a los que atacan en un estado morboso idéntico en 
todo, pero que abandonado a sí mismo, se termina en poco tiempo por la 
muerte o la curación. La guerra, las inundaciones y el hambre son frecuen- 
temente las causas de estas enfermedades; pero pueden depender también 
de miasmas agudos, que reaparecen siempre bajo la misma forma, y a los 
que por consiguiente se dan nombres particulares : de estos miasmas los 
unos solo atacan al hombre una vez en el curso de su vida, como la viruela, 
el sarampión, la coqueluche, la fiebre escarlatina (2) de Sydenham, etc., y 

(1) El médico homeópata, que no participa de las preocupaciones de la escuela 
medica ordinaria, es d^cir, que no asigna como ella a estas liebres un número de- 
terminado del cual no pueda pasar la naturaleza, ni les impone nombres que le obli- 
guen a seguir tal o cual nnreha determinada en el tratamiento, no reconoce tampo- 
co las denominaciones de liebre de las cárceles, fiebre biliosa, tifus, liebre pútrida, 
fiebre nerviosa, fiebre mucosa; cura todas las enfermedades tratando cada una según 
lo que ofrece de particular. 

(2) Después de 1801 han confundido los médicos una miliar purpúrea venida del 



08 KXI'OMCION 

los oíros pueden atacarle repetidas voces, como la peste de Levante, ia fie- 
bre amarilla, el cólera morbo asiático, elíc. 

74. Desgraciadamente debemos contar también en el número de las en- 
fermedades crónicas, estas afecciones tan jeneralizadas que producen los 
alópatas con el uso prolongado de medicamentos heroicos a dosis crecidas 
y siempre en aumento, con el abuso d." los calomelanos, del sublimado co- 
rrosivo, del ungüento mercurial, del iodo, del opio, de la valeriana, de la 
quina y de la quinina, de la dijital, del ácido prúsico, del azufre y del ácido 
sulfúrico, de los purgantes propinados durante años enteros, de las sangrías, 
de las sanguijuelas, de los cauterios, de los sedales, etc. Todos estos medios 
debilitan desapiadadamente la fuerza vital, y cuando esta no sucumbe a ellos 
poco a poco y de una manera particular a cada uno, alteran su ritmo nor- 
mal de tal modo, que para garantir a la vida de ataques hostiles, se vé obli- 
gada aquella a modificar el organismo, a extinguir o exaliar sin medida la 
sensibilidad y la excitabilidad en un punto cualquiera, a dilatar o estrechar, 
endurecer o reblandecer ciertas parles, a producir acá y allá lesiones or- 
gánicas, en una palabra, a mutilar el cuerpo tamo al exterior como al inte- 
rior (\). No le queda otro recurso para preservar la vida de una destrucción 
total, en medio de los ataques sin cesar íeiierados de potencias lan destruc- 
tivas. 

75. Estos trastornos de la salud, debidos a las fatales prácticas de la alo- 
patía, y de las que jamás se lian visto mas tristes ejemplos que en los tiempos 
modernos, constituyen las mas peligrosas e incurables de todas las enferme- 
dades crónicas. Siento decir que parece imposible [descubrir o imajiuar ja- 
más un medio para curarlas, cuando han llegado a cierto grado. 

76. El Todopoderoso al crear la homeopatía solo nos ha dado armas 
ronira las enfermedades naturales. En cuanto a estos desórdenes, que un 
falso arte ha fomentado con frecuencia por espacio de años enteros en el in- 
terior y el esterior del organismo humano, con medicamentos y ti atamien- 
tos nocivos, solo pertenece a la fuerza vital el repararlos, cuando no ha si- 
do debilitada demasiado, y cuando puede, sin que nada la turbe, consagrar 
muchos años a una obra lan laboriosa. Todo lo mas que puede hacerse es 
auxiliarla con medios dirijidos contra algún miasma crónico que pudiera muí 
Jateo encontrarse todavía oculto. No hai ni puede haber medicina humana 
para reconducir al estado normal estas innumerables anomalías enjendradas 
con lanía frecuencia por el método alopático. 

77. Cou mucha impropiedad se dá el epíteto de crónicas a las enfermeda- 
des de que son atacados los hombres que están sometidos incesantemente a 
influencias nocivas, de las que podrían sustraerse, que hacen habilualmenie 
uso de alimentos o de bebidas perjudiciales a la economía, que se entregan 

Oeste (roodvon) con la fiebre escarlatina, aunque los signos de estas dos afecciones 
son enteramente diferentes, aunque el acónito es el medio curativo y preservativo de 
la primera y la belladona el de la segunda; en fin, aunque la primera afecta siem- 
pre la forma epidémica, mientras que la otra no se presenta las mas veces mas que 
de un modo esporádico. Estas dos afecciones parece que se han confundido en varias 
localidades, en estos últimos tiempos, con una fiebre eruptiva de especie particular, 
contra la cual no han sido perfectamente homeopáticos ni el uno ni el otro de estos 
dos remedios. 

(1) Si el enfermo sucumbe al fin, el que le ha tratado, descubriendo a la abertu- 
ra del cadáver los desórdenes orgánicos, que son el resultado de su impericia, jamás 
deja de presentárselos a los parientes inconsolables como un mal primitivo e incu- 
rable (Véase mas adelante mi opúsculo sobre la Alopatía). Los tratados de anatomía 
patolójica contienen los productos de estos lastimosos errores. 



VM LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 00 

a excrsos ruinosos para la salud, que carecen a cada instante de los objetos 
necesarios a la vida, que viven en parajes mal sanos, y sobre todo en sitios 
pantanosos, que no habitan masque cuevas u otros lugares pequeños y sin 
ventilación, que carecen de aire o de movimiento, que se debilitan por tra- 
bajos excesivos de cuerpo o de espíritu, y que se encuentran continuamente 
devorados por el pesar, etc. Estas enfermedades, o mas bien estas privacio- 
nes de salud que se acarrea uno a sí mismo, desaparecen solo con el cambio 
deréjimen, a menos que exista algún miasma crónico en el cuerpo, y no se 
les puede dar el nombre de enfermedades crónicas. 

78. Las verdaderas enfermedades clónicas naturales, son aquellas que 
deben su oríjen a uq miasma crónico, que bacen progresos incesantemente 
cuando no se les oponen medios curativos específicos, y que, a pesar de to- 
das las precauciones imajinables relativamente al rejimen del cuerpo y del 
espíritu, abruman al hombre con padecimientos, que siempre van en aumen- 
to hasta el término de su existencia. Estos son los tormentos mas numerosos 
y mas grandes de la especie humana, puesto que el vigor de la constitución, 
la regularidad del jénero de vida y la enerjía de la fuerza vital nada pueden 
contra ellos. 

79. Entre estas enfermedades miasmáticas crónicas, que cuando no se 
las cura, solo se extinguen con la vida, la única que se lia conocido hasta el 
dia es la sífilis. La sicosis, de la que tampoco puede triunfar la fuerza vital 
por sí sola, no ha sido considerada como una enfermedad miasmática cróni- 
ca interna, que formase una especie aparte, y se la creía curada después de 
la destrucción de las escrescencias de la piel, sin atender a que su foco o 
manantial existia siempre. 

80. Pero un miasma crónico sin comparación mas importante que estos 
dos, es el de la psora. Los otros dos revelan la afección interna específica 
de donde dimanan, el uno por medio de úlceras y el otro por escrescencias 
en forma de coliflores. Después de haber infectado iodo el organismo, es úni- 
camente cuando la psora anuncia su inmenso miasma crónico interno por 
una erupción cutánea del todo particular, a la que acompañan un prurito 
voluptuoso e insoportable y un olor especial. Esta psora es la única verda- 
dera causa fundamental y productora de lis innumerables formas morbosas 
(I) que bajólos nombres de debilidad nerviosa, isterisrno, hipocondría, ma- 
nía, melancolía, demencia, furor, epilepcía y espasmos de toda especie, re- 

(1) Me han sido necesarios doce años de investigaciones para encontrar el oríjen. 
de este increíble número de alecciones crónicas, pira encontrar esta grande verdad, 
que se halda ocultado a todos mis predecesores y contemporáneos, establecer las ba- 
ses de su demostración y reconocer al misma tiempo los principales medios curativos 
apropiados, pira combatir todas las formas deeste monstruo de mil cabezas. Mis ob- 
servaciones relativas a este punto se encuentran consignadas en el Tratado de enfer- 
medades crónicas que publiqué en 1828. 

Antes de haber profundizado esta importante materia solo podia enseñar a comba- 
tir todas las enfermedades crónicas como individuos aislados con las sustancias me- 
dicinales conocidas hasta entonces por sus efectos sobre el hombre sano, de modo 
que mis dísciptdos trataban cada caso de afección crónica como una enfermedad 
aparte, como un grupo distinto de síntomas, lo que no impedia el que las aliviaran 
con frecuencia lo bastante, para que la humanidad doliente tuviera que felicitarse de 
los beneficios de la nueva medicina. ¡Cuánto mas satisfecha debe estar la escuela 
moderna ahora que se aproxima mucho mas a la perfección, y que ha encontrado 
para la curación de las enfermedades crónicas debidas a la psora remedios todavía 
mas homeopáticos (los anlipsóricos;, entre los que el verdadero médico elije aquellos 
cuyos sintonías medicinales corresponden mejor a la enfermedad crónica que quiere 
curar .' 



70 IMPOSICIÓN 

blandocimicnto de los huesos o raquitis, scoliosis y cífocis, caries, cáncer, 
fungus hematodes, tejidos accidentales, gola, hemorroides, ictericia y cia- 
nosis, hidropesía, amenorrea, gastrorrajía, epistaxis, hemoptisis, hematu- 
ría, melrorrajía, asma y supuración de los pulmones, impotencia y esterili- 
dad, hemicránea, sordera, catarata y amaurosis, mal de piedra, parálisis, 
abolición de un sentido, dolores de toda especie, etc., figuran en las patolo- 
gías como otras tantas enfermedades propias, distintas e independientes unas 
de oirás. 

81. El paso do este miasma al través de millones de organismos huma- 
nos en el curso de algunos centenares de jeneraciones, y el estraordinario 
desarrollo que ha debido adquirir con este motivo, esplican hasta cierto pun- 
to, como puede en la actualidad manifestarse bajo formas ían diferentes, 
sobre todo si se atiende al número infinito de circunstancias (i), que contri- 
buyen ordinariamente a la manifestación de esta gran diversidad de afeccio- 
nes crónicas (síntomas secundarios de la psora), sin contar la variedad infi- 
nita de complexiones individuales. Así, pues, no es sorprendente que orga- 
nismos tan diferentes penetrados del miasma psórico, y sometidos a tantas 
influencias nocivas exteriores e interiores, que muchas veces obran sobre 
tilos de un modo permanente, ofrezcan también un número incalculable de 
afecciones, de alteraciones y de males, que la antigua patolojía (2) ha citado 

(1) Algunas de estas causas que, modificando la manifestación de la psora, le im- 
primen la forma de enfermedades crónicas, dependen evidentemente, ya del clima 
y de la constitución natural especial del sitio que se habita, ya de las diversidades 
que presenta la educación fisica y moral de la juventud, en unas partes descuidada-, 
en otras retardada largo tiempo, y en otras llevada al exceso, del abuso que se hice 
de ella en las relaciones de la vida, del réjimen, de las pasiones, de las costumbres, 
de los usos y de los hábitos. 

(2) ¿Cuántos no se encuentran en el número de estos nombres, que tienen un do- 
ble sentido, y por cada uno de los cuales se designan enfermedades mui diferentes no 
teniendo muchas veces relación las unas con las otras mas que por un solo síntoma, 
como fiebre intermitente, ictericia, hidropesía, tisis, leucorrea, hemorroides, reuma- 
tismo, apoplejía, espasmo, histerismo, hipocondría, melancolía, manía, anjina, pa- 
rálisis, etc., que se tienen por enfermedades fijas, siempre semejantes a sí mismas, y 
que en razou del nombre que se les hi dado, son tratadas siempre con el mismo 
plan? ¿Cómo justificar la identidad del tratamiento médico con la adopción de se- 
mejante nombre? Y si el tratamiento no debe ser siempre el mismo ¿a qué un nom- 
bre idéntico, que supone también coincidencia en el modo de ser atacado por los 
ajenies medicinales? Nihil sané inartem medicam pestiferum magis unquárn irrep- 
sit malum, quam generalia queedam nomina morbis impnnerc, iisque optare velle 
generalcm quamdam medicinam .- así es como se espíes» Uuxham [ópp. phys, mcd., 
t. I), médico tan ilustrado como concienzudo. Fiitzc se lamenta también fAnnalen, 
I. p. t S'0), de que se dé el mismo nombre a enfermedades esencialmente diferentes, 

«Hasta las enfermedades epidémicas, dice, que probablemente se propagan por un 
« miasma especifico en cada epidemia, reciben nombres de la escuela médica reinan- 
« te, como si fuesen enfermedades estables, ya conocidas, y se presentasen siempre 
« bajo !a misma forma. Asi es que se habla de una fiebre de ¡os hospitales, de las 
« cárceles y de los campamentos, de una fiebre pútrida, biliosa, nerviosa y mucosa, 
« a pesar de que cada epidemia de estas fiebres erráticas se muestra bajo la forma de 
« una enfermedad nueva, que jamás se habia presentado aun, y que varia mucho, 
« tanto en su curso, como en sus síntomas ma estables, y en el modo de compor- 
« tarse. Cada una de ellas se diferencia de tal modo de todas las epidemias anterio- 
« res, que no dejan por eso de llevar el mismo nombre, que seria necesario querer 
« oponerse a todos los principios de la lójica para dar a enfermedades tan diversas 
<t uno de los nombres que h in sido introducidos en la patolojía, y arreglar después 
« su conducta médica con arreglo al nombre de que se hubiera abusado asi. Sydcn- 
« Lam es el único que ha comprendido esta verdad: [Opp. cap. 2, Morb. epid. p. 



1)F. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA . 71 

hasta ahora como otras tantas enfermedades distintas, designándolas con 
una multitud de nombres particulares. 

8 V 2. Aunque el descubrimiento de este gran manantial de afecciones era- 
nicas baya hecho dar a la medicina algunos pasos mas hacia el de la natura- 
leza del mayor número de enfermedades que se presentan para curar, sin 
embargo, en cada enfermedad crónica (psórica) para cuyo tratamiento es 
llamado el médico homeópata, uo debe cuidar menos que antes de apode- 
rarse bien de los síntomas perceptibles, y de todo cuanto tengan de particu- 
lar; porque no es mas posible, en estas enfermedades que en las otras, el 
obtener una verdadera curación, sin individualizar cada caso particular 
de un modo rigoroso y absoluto. Solamente hai que distinguir si la en ■ 
fermedad es aguda o crónica, poique en el primer caso, los síntomas prin- 
cipales se manifiestan con mas rapidez, el cuadro de la enfermedad se traza 
en mucho menos tiempo, y hai muchas menos preguntas que hacer, por 
presentarle por sí mismos la mayor parte de los signos a los sentidos del 
observador (1). 

85. Este examen de un caso particular de enfermedad, que tiene por 
objeto presentarle bajo las condiciones formales de la individualidad, solo 
exije de parle del médico un espíritu sin prevención, sentidos perfectos, 
atención a observar, y fidelidad al trazar el retrato de la enfermedad. Me 
limitaré a poner aquí los principios jenerales de la marcha que se debe se- 
guir, y solo se adoptarán aquellos que son aplicables a cada. caso especial. 

84. El enfermo hace la relación de lo que esperimenta ; las personas que 
le rodean refieren de qué se ha quejado, cómo se ha conducido, y cuanto 
han notado en él : el médico vé, escucha, en una palabra, observa con to- 
dos sus sentidos lo que existe de alterado y de estraordinario en el en- 
fermo. Lo escribe todo en el papel, en los mismos términos de que se han 

a 43); porque insiste en que no se debe jamás creer en la identidad de unaenferme- 
« dai epidémica con otra que ya se ha manifestado, y tratarla en consecuencia de 
« esta semejanza ; porque las epidemias que han estallado en diversos tiempos, han 
« sido todas diferentes las unas de las otras : Animum admiratione percellit, quam 
« discolor et sui plañe dissimilís morborum epidemicorum facics ; qua¡ tam aperta 
« borum morborum diversitas tum propiis ac sibi pecularíbus symtomatis, tum 
« ctiam medendí ratíone, quam hi ab Mis disparent sibi vindicant, satis illucescit. 
« Ex quibus constat, morbos epidémicos, ulut externa quatantenus specíe et symp- 
« tomatis aliquot utrisque pariter conv'enire paullo íncautioribus videanlur, re ía- 
« men ipsa, si benc adoerteris animum, alicnae esse admodum indolis et distare ut 
« aera lupinis». 

Es claro, después de esto, que todos esos nombres inútiles de enfermedades, do 
que tanto se abusa, no deben tener ninguna influencia en el plan de tratamiento 
adoptado por un verdadero médico, que sabe que no debe juzgar ni tratar las enfer- 
medades con arreglo a la semejanza nominal de un síntomn aislado, sino con suje- 
ción al conjunto de todos los signos del estado individual de cada enfermo, pues su 
deber es estudiar escrupulosamente los miles, y no el presumirlos a beneficio de hi- 
pótesis gratuitas. Sin embargo, sí se cree necesitar algunas veces de nombres de en- 
fermedades para hacerse ¡ntelijible en pocas palabras al vulgo, cuando se habla de 
un enfermo en particular, no deben al menos emplearse mas que palabras colecti- 
vas. Puede decirse, por ejemplo, el enfermo tiene una especie de corea, una especio 
de hidropesía, una especie de fiebre nerviosa, una especie de fiebre intermitente, ele. 
Pero no se debe jamás decir : tiene el corea, la hidropesía, la fiebre nerviosa, la fie- 
bre intermitente, etc. ; porque seguramente no existen enfermedades permanentes y 
siempre semejantes a si mismas que merezcan estas denominaciones. 

(1) Según esto, la marcha que voi a trazar para entregarse a la investigación de 
los síntomas, solo conviene en parte a las enfermedades agudas. 



72 fixi'OsiaoN 

servido el enfermo y los asistentes. Les deja concluir sin interrumpirles [1], 
a menos que no se pierdan en digresiones inútiles. Tiene cuidado solamente 
al empezar de exhortarles a que hablen con lentitud, a fin de poder seguir- 
les al escribir todo cuanto juzgue necesario anotar. 

85. A cada nueva circunstancia que el enfermo i) los. asistentes refieran, 
debe el médico empezar un nuevo renglón, a fin de que los síntomas estén 
todos escritos separadamente los unos debajo de los otros. Procediendo de 
este modo, le será fácil añadir a cada uno de ellos, ademas de las noticias 
vagas que le hayan sido comunicadas al principio, las nociones mas exactas 
que pudiera adquirir después. 

8G. Cuando el enfermo y las personas que le rodean hayan acabado lo 
que tenian que decir por su propia impulsión, el médico se informará con 
mas precisión de cada síntoma, procediendo para esto del modo siguiente. 
Vuelve a leer todos cuantos le han sido señalados, y al tratar de cada uno en 
particular, pregunta, por ejemplo : ¿a qué época se verificó tal accidente? 
¿fué antes del uso de los medicamentos que el enfermo ha tomado hasta el 
día, mientras que los lomaba, o solamente algunos días después de haber de- 
jado su uso? ¿Qué dolor, qué sensación, exactamente descritos, se han ma- 
nifestado mi tal pinte del cuerpo? ¿Qué sitio ocupaban con exactitud? ¿Se 
hacia sentir el dolor solamente por accesos? o bien ¿era continuo y sin ce- 
sar? ¿Cuánto tiempo duraba? ¿A qué época del dia o de la noche, y en qué 
situación del cuerpo era mas violento, o cesaba del todo? ¿Cuál era el carác- 
ter exacto de tal accidente, de tal circunstancia? 

87. El médico hace que le precisen de este modo, cada uno de los indi- 
cios que le habían dado al principio, sin que jamás estén concebidas su pre- 
guntas de suerte que en cierto modo dicten la repuesta (Í2) o pongan al en- 
fermo en caso de no tener que responder mas qne sí o nó. Obrar de otro mo- 
do seria esponer al que se pregunta, íf afirmar o a negar por indiferencia o 
por complacer al médico, una cosa falsa, o verdadera solamente a medias, o 
del todo diferente de loque realmente sucede. Así, pues, de esto resultaría 
un cuadro infiel de la enfermedad, y por consiguiente una mala elección de 
los medios curativos. 

88. Cuando el médico halla que en esta relación espontánea no se ha he- 
cho mención ya de muchas partes o funciones del cuerpo, ya de las dispo- 
siciones del espíritu, pregunta si no tienen todavía alguna cosa que decir 
relativamente a tal parte o a tal función, o a tal o cual disposición moral (3); 
pero tendrá gran cuidado de sujetarse a términos jenerales, a fin de que la 
persona que le suministre las aclaraciones, se vea obligada a explicarse de 
un modo categórico acerca de estos diversos puntos. 

89. Cuando el enfermo (porque a él es, escepto en las enfermedades si- 

[\J Tod.i interrupción rompe el enlace de las ¡dens del que habla, y no le vuel- 
ven después las cosas a la memoria del misino modo que quería decirlas al principio. 

(2) Por ejemplo, el médico no debe decir, ¿tal o cuál cosa ha sucedido de este 
modo o del otro? Dar semejante jiro a sus preguntases sujerir al enfermo respuestas 
falsas o indicaciones engañosas. 

(3) Por ejemplo : ¿hace del cuerpo el enfermo? ¿cómo orina? ¿cómo es el sueño 
durante el dia y durante la noche? ¿cuál es la disposición de su espíritu, de su hu- 
mor? ¿hasta qué punto es dueño de sus sentidos? ¿dónde siente la sed? ¿qué gusto 
esperimenla en la boca? ¿qué alimentos y bebid.is le gustan mas? ¿cuáles son los que 
mas le repugnan? ¿encuentra a cada alimento y a cada bebida el sabor que debe te- 
ner, o algún otro gusto eslraño? ¿cómo se encuentra después de haber bebido o co* 
mido? ¿tiene alguna cosa que decir relativamente a su cabeza, a sus miembros o a 
su vientre? 



T>E LA TíOCTKirÚ HOMÉorÁrir.A. 73 

muladas, a quien debe uno referirse de preferencia en lodo lo que tiene re- 
lación con las sensaciones que experimenta) ha suministrado de este modo 
por sí mismo todas las noticias necesarias, y completado bastante bien el 
cuadro de la enfermedad, puede el médico hacerle algunas preguntas mas 
especiales, si no se encuentra todavía suficientemente ilustrado (I). 

90. Después que el médico ha acabado de poner por escrito las respues- 
tas, anota ademas lo que él mismo observe en el enfermo ( v 2), y trata de sa- 
ber si lo que él vé exista o nó mientras que el enfermo gozaba todavía de 
salud. 

91. Los síntomas que existen y los que el enfermo esperimenta mientras 
hace uso de un N medicamento,opoco tiempo después, no representan la imájen 
pura de la enfermedad. Por el contrario, los síntomas y las incomodidades 
que se han manifestado antes del uso de los medicamentos, o muchos dias 
después que se ha cesado de administrarlos, dan una verdadera noción de lu 

(U Por ejemplo : ¿cuántas veces ha obrado el enfermo? ¿de qué naturaleza eran 
has materias? ¿y las deyecciones blanquecinas eran mucosas o fecales? ¿la salida de 
los escrementos iba acompañada de dolores o nó? ¿de qué naturaleza son' precisamen- 
te estos dolores, y dónde se hacen sentir? ¿qué es lo que el enfermo ha espeüdo por 
arriba? ¿el mal gusto de boca es pútrido, ácido, amargo o de otra naturaleza? ¿se ha- 
ce sentir antes, durante o después de beber y comer? ¿a qué época del dia se esperi- 
menta particularmente? ¿qué gusto tienen los eruptos? ¿la orina sale turbia o solo 
se pone así algún tiempo después de su espulsion?¿de qué color es el en momento de 
su salida? ¿cuál es el color del sedimento? ¿cómo se comporta el enfermo mientras 
duerme? se queja? jime? habla? grita? ¿se despierta sobresaltado? ¿ronca al inspirar 
o al espirar? ¿está siempre echado de espaldas, o de qué lado se echa? ¿se tapa bien 
por sí mismo o no puede aguantar la ropa? ¿se despierta fácilmente o tiene un sue- 
ño mui profundo? ¿cómo se encuentra al despertar? ¿se manifiesta con frecuencia 
tal o cual incomodidad? ¿y con qué motivo? ¿es cuándo el enfermo está sentado, 
echado, de pié o andando? ¿es solamente en ayunas, por la mañana temprano, o so- 
lamente por la noche, o después de la comida? ¿cuándo se ha presentado el frió? 
¿ha sido solamente una sensación de frió o tenia a) mismo tiempo un frió verdadero? 
¿tenia la piel caliente mientras se quejaba de frió? ¿esperimenlaba solamente una: 
sensación de frió sin escalofríos? ¿tenia calor sin que estuviera encendida la cara? 
¿qué partes dei cuerpo se advertían calientes al tacto 7 ¿se quejaba el enfermo deca- 
Jor sin tener la piel caliente? ¿cuánto tiempo ha durado el frió y cuánto el calor? 
¿cuándo se ha pretentado la sed? ¿durante el frió, el calor, antes o después? ¿era 
mui intensa? ¿qué deseaba beber el enfermo? ¿cuándo se ha presentado el sudor? ¿ha 
sido al principio o al fin del calor? ¿cuánto tiempo ha- transcurrido entre uno y otro? 
¿ha sobrevenido durante el sueño o estado despierto? ¿cuál era su abundancia? ¿era 
caliente o frió? ¿en qué partes del cuerpo se presentó? ¿qué olor tenia? ¿de que se 
quejaba el enfermo antes, o durante el frío, durante o después del calor, durante o 
después del sudor, etc? 

(2) Por ejemplo : ¿cómo se ha conducido el enfermo durante la visita? ¿estaba 
de mal humor, irritado, brusco, lloroso, tímido, desesperado o triste, tranquilo o 
confiado, etc.? ¿se hallaba sumido en el estupor o en jeneral no estaba en su sano 
juicio? ¿está ronco? ¿habla mui bajo? ¿dice cosas que no vienen al caso? ¿se nota al- 
go de insólito en su conversación? ¿que color tienen su cara, sus ojos o su piel en je- 
neral? ¿cuál es el grado de espresion y de vivacidad del rostro y de sus ojos? ¿cómo 
están la lengua, la respiración, el olor del aliento y el oido? ¿las pupilas están dila- 
tadas o mui contraidas? ¿con qué prontitud y hasta qué grado se mueven en la luz 
y en la obscuridad? ¿cuál es el estado del pulso y del vientre? ¿la piel está madoro- 
sa o caliente? ¿fría o seca? ¿en tal o cuál parte del cuerpo o en todo él? ¿está echa- 
do el enfermo con la cabeza doblada hacia airas, con la boca medio o enteramente 
abierta, o con los braoos cruzados por encima de la cabeza? ¿está acostado de espal- 
das o en cualquiera otra posición? le cuesta mas o menos trabajo el incorporarse en 
la cama? En una palabra, el médico tiene en cuenta todo lo que ha podido observar 
y que le parece di¿no de ser anotado. 

M 



"74 EXPOSICIÓN 

forma orijinaria de esta enfermedad. Estos son, pues, los que el médico de- 
be anotar de preferencia. Cuando la afección es crónica, y ha hecho ya uso 
el enfermo de remedios, puede dejársele algunos días sin administrarle nin- 
guno, o al menos sin administrarle otra cosa que sustancias no medicina- 
Jes, y se defiere durante todo este tiempo el examen riguroso; poique este 
es el medio de obtener los síntomas permanentes en toda su pureza, y de 
poder formarse una imajen fiel de la enfermedad. 

!J2. Mas cuando se trata de una enfermedad aguda, que presenta dema- 
siado peligro para" no permitir ninguna dilación, y cuando el médico nada 
puede averiguar respecto del estado que ha precedido al uso de los reme- 
dios, entonces se limita a observar el conjunto de síntomas tal como le ha- 
yan modificado aquellos, a fin de apoderarse o comprender bien el estado 
presente de la enfermedad; es decir, de poder abrazar en un solo y mismo 
cuadro la afección primitiva y la afección medicina! adjunta, que, hecha or- 
dinariamente mas grave y mas peligrosa que la otra con medios las mas ve- 
ees contrarios a los que habrían debido administrarse, reclama frecuente so- 
corros mui prontos, y la rápida aplicación de un medicamento homeopático 
apropiado, para que el enfermo no perezca del tratamiento ¡nacional que 
ha sufrido. 

9~>. Si la enfermedad aguda ha sido ocasionada poco tiempo antes, o si 
la enfermedad crónica lo ha sido hace mas o menos tiempo, por un suceso 
notable, que el enfermo o sus parientes preguntados en secreto no quieren 
descubrir, es preciso (jue el médico se sirva de* destreza y circunspección 
para llegar a conocer esta circunstancia (1). 

94. Cuando se informa del estado de una enfermedad crónica, es nece- 
sario pesar bien las circunstancias particulares en que ha podido encontrar- 
se el enfermo respecto a sus ocupaciones ordinarias, a su jénero de vida ha- 
bitual, y a sus relaciones domésticas. Se examina, si no hai nada en estas cir- 
cunstancias, que haya podido dar oríjen o que sostenga la enfermedad, a fin. 
de contribuirá la curación separando las que se creyeren sospechosas (2). 

95. El examen de los síntomas enumerados precedentemente y de lodos 
los demás signos de enfermedad, debe pues en las afecciones croi.icas, ser 

(1) Si las causas de la enfermedad tienen algo de humillante o ruboroso, y los 
enfermos o los que les rodean vacilan en confesarlas, o al menos en declararlas es- 
pontáneamente, el médico debe tratar de descubrirlas con preguntas hechas con con- 
templación, o por medio de informes tomados en secreto. Se coloean en el número 
de estas causas las tendencias al suicidio, el onanismo, el abuso de los placeres del 
amor, los desórdenes contra-naturales, los excesos en la comida o en la bebida, el 
abuso de alimentos nocivos, la infección venérea o psórica, un amor desgraciado, los 
celos, las contrariedades domésticas, la indignación, la tristeza debida a las desgra- 
cias de familia, los malos tratamientos, la imposibilidad de vengarse, un terror su- 
persticioso, el hambre, una deformidad en las partes jcnitalcs, una hernia, un pro- 
Japsus. etc. 

(2) En las enfermedades crónicas de las mujeres, es preciso sobre todo tener en 
consideración el embarazo, la esterilidad, la propensión al acto venéreo, los partos, 
los abortos, la lactancia y el estado del flujo menstruo. Por lo que concierne a este 
último, jamás se debe olvidar de preguntar si se presenta a épocas demasiado apro- 
ximadas o distantes, cuanto tiempo dura, si fluye la sangre sin interrupción o por 
intervalos, cuál es la cantidad del flujo, si la sangre es de color subido, si se mani- 
fiesta la leucorrea antes que aparezca este o después que ha cesado de fluir ; pero se 
cuidará sobre todo de averiguar cuál es el estado físico y moral, qué sensaciones y 
qué dulons se manifiestan antes, durante y después de las reglas; si la mujer es ata- 
cada de flujo blanco, de qué naturaleza es, cuál es su abundancia, qué sensaciones 
le acompañan, en fin, en qué circunstancias y en qué ocasiones ha aparecido. 



bE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 7o 

tan rigoroso como sea posible, y aun descender a minuciosidades. En efecto, 
en estas enfermedades es en las que son mas pronunciados, en las que se ase- 
mejan menos a los de las afecciones agudas, y en las que se exijen ser es- 
tudiados con mucho mas cuidado, si se quiere que el tratamiento tenga buen 
éxito. Por otra parle, los enfermos se han acostumbrado de tal modo a sus 
largos sufrimientos, que fijan poco a nada la atención en síntomas lajeros, 
muchas veces característicos y aun decisivos para la elección del remedio, 
mirándolos, por decirlo así, como enlazados de una manera necesaria con 
su estado físico, como forman lo parte de la salud, cuya verdadera sensa- 
ción han olvidado después de quince o veinte años que hace que padecen, y 
respecto de los cuales ni aun les -viene a la imajinacíon que puedan tener la 
menor conexión con la afección principal. 

96. Por otra parle, los enfermos mismos tienen un humor tan diferente, 
que algunos, notablemente los hipocondriacos y otras personas sensibles e 
impacientes, pintan sus padecimientos con colores demasiado vivos, y se sir- 
ven de espresiones exajeradas para inducir al médico a que los socorra con 
prontitud (I). 

97. Oíros por el contrario, ya por pereza, ya por un pudor mal enten- 
dido, ya en fin, por una especie de melindre y timidez guardan silencio res- 
pecto a muchos males, solo los indican en términos oscuros, o los señalan 
como de mui poea importancia. 

98. Si, pues, es cierto que debe uno referirse sobre todo a lo que el mis- 
mo enfermo diga desús males y sensaciones, y preferir las espresiones que 
Je sirven para pintarlos, porque sus palabras se alteran casi siempre al pa- 
sar por la boca délas personas que le rodean, no lo es menos que en todas 
las enfermedades, pero especialmente en las que tienen un carácter cróni- 
co, el médico necesita poseer en alto grado circunspección, lacio, conoci- 
miento del corazón humano, prudencia y paciencia para llegar a formarse 
una imájeu verdadera y completa de la enfermedad y de lodos sus detalles. 

99. En jeneral, el estudio de las enfermedades agudas y de las que se 
ban declarado recientemente, presenta mas facilidad, porque el enfermo y 
los que le rodean tienen mui presente en la imajinaciou la diferencia que 
existe entre el estado de cosas aclual y la salud destruida hace tan po- 
co tiempo, cuya ¡majen conservan todavía recientemente en la memoria. El 
médico debe igualmente saberlo todo en este caso; mas no necesita antici- 
parse a los indicios, que, la mayor parte, se presentan por sí mismos. 

100. Por lo que concierne a la investigación del conjunlo de los sínto- 
mas de las enfermedades epidémicas y esporádicas, es enteramente diferente 
que haya o no existido ya en el mundo, bajo tal o cual nombre, una afección 
semejante. La novedad o el carácter de especialidad de una afección de este 
¿enero no induce ninguna diferencia, ni en el modo de estudiarla, ni en el 
de tratarla. En efecto, se debe mirar siempre la ¡majen pura de cada enfer- 
medad que domina actualmente como una cosa nueva y desconocida, esiu- 

(l) El hipocondriaco, aun el mas insoportable, jamás irmjina accidentes e inco- 
modidades que no sienta en realidad. Puede uno asegurarse de esto comparando sus 
quejas a épocas diferentes, mientras que el médico no le c!á nada, o ¡ni menos no le 
administra ninguna sustancia medicina!. Solo se debe rebajar alguna cosa de sus la- 
mentaciones, o al menos atribuir la enerjía de las espresiones de que se sirve a su 
excesiva sensibilidad. Bajo este aspecto, la misma exajeracion del cuadro que hace 
de sus padecimientos se convierte en un síntoma importante en la serie de los de 
que se compone la i majen de la enfermedad. El caso es enteramente diferente en los 
maniacos, y en !os que finjen estar enfermos por malicia o cualquiera otra causa. 



73 EXPOSICIÓN 

diarla a fondo fin sí misma, si se quiere ser verdaderamente médico, es de- 
cir, no reemplazar jamás la observación con la hipótesis, y no mirar jamás 
un caso dado de enfermedad como conocido, ya en totalidad, ya solamente 
en parte, sino después de haber profundizado con cuidado todas sus mani- 
festaciones. Esta conducta es tanto mas necesaria en este caso, cuanto que 
toda epidemia reinante es bajo muchos aspectos un fenómeno de especie 
particular, que, cuando se le examina con atención, se encuentra que difiere 
mucho de otras epidemias antiguas, a las que sin razón se había puesto el 
mismo nombre. Es preciso, sin embargo, escepluar las epidemias que proce- 
den de un miasma siempre semejante a sí mismo, como la viruela, el saram- 
pión, etc. 

101. Puede suceder que el médico que trata por primera vez a un hom- 
bre atacado de una enfermedad epidémica no encuentre inmediatamente la 
iinájen perfecta de la afección, puesto que no se llega a conocer bien la to- 
talidad de los síntomas y signos de estas enfermedades colectivas, sino des- 
pués de haber observado muchos casos. No obstante, un médico ejercitado 
podrá muchas veces, desde el primero o segundo enfermo, acercarse de tal 
modo al verdadero estado del mal, que conciba una imájen característica de 
él, y aun que posea los medios de determinar el remedio homeopático a que 
debe recurrirse para combatir la epidemia. 

102. Si se tiene cuidado de poner por escrito los síntomas observados en 
muchos casos de esta especie, el cuadro que se ha trazado de la enfermedad 
va siempre perfeccionándose. No se hará ni mas estenso, ni mas verboso, si- 
no mas gráfico, mas característico y abrazará mejor las particularidades de 
la enfermedad colectiva. Por una parle, los síntomas jenerales (por ejemplo, 
la falta de apetito, la pérdida del sueño, etc.) adquieren un grado mayor de 
precisión; por otra, los síntomas que mas sobresalen, especiales, raros, aun 
en la epidemia, y propios ademas solo de un pequeño número de afeccio- 
nes, se diseñan y forman el carácter de la enfermedad (I). Las personas 
atacadas de la epidemia tienen todas, ciertamente, una enfermedad proce- 
dente del mismo oríjen, y por consiguiente igual; pero la estension toda en- 
tera de una afección de este jénero, y la totalidad de sus síntomas, cuyo co- 
nocimiento es necesario para formarse una imájen completa del estado mor- 
boso, y elejir en virtud de ella el remedio homeopático que esté mas en ar- 
monía con este conjunto de accidentes, no pueden observarse en un solo en- 
fermo; es preciso para conseguirlo deducirlos por abstracción del cuadro de 
padecimientos de muchos enfermos dotados de una constitución diferente. 

105. Este método, que es indispensable seguir en las enfermedades epi- 
démicas, que la mayor parle son agudas, he debido aplicarle también, de un 
modo todavía mas riguroso de lo que se ha hecho hasta el dia, a las enfer- 
medades crónicas producidas por un miasma que permanece siempre seme- 
jante a sí mismo en cuanto al fondo, y particularmente a la psora. Estas 
afecciones exijen en efecto que se estudie el conjunto de sus sintonías; por- 
que cada enfermo no presenta mas que algunos, no ofrece, por decirlo así, 
mas que una porción de los fenómenos morbosos cuya colección entera forr 
ma el cuadro completo de la caquexia considerada en su conjunto. Así, 
pues, únicamente observando muchas personas atacadas de estas clases de 

(1) Entonces es cuando el estudio de los casos subsiguientes mostrara al médico 
que con el socorro do los primeros ha encontrado ya un remedio aproximativamente 
homeopático, si la elección fué buena, o si debe recurrir a un medio mas apropiado 
todavía, 



BE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 77 

afecciones es como llega uno a apoderarse de la totalidad de los síntomas 
que pertenecen a cada miasma crónico, y al de la psora en particular, condi- 
«ion indispensable para llegar al conocimiento de los medicamentos, que 
siendo apropiados para curar homeopáticamente la caquexia entera, son al 
mismo tiempo los verdaderos remedios de todos los males crónicos indivi- 
duales de que ella es oríjen. 

404. La totalidad de los síntomas que caracterizan el caso presente, o en 
otros términos, una vez puesta por escrito la ¡majen de la enfermedad (I) es- 
tá hecho lo mas difícil. El médico debe después tener siempre a la vista esta 
¡majen, que sirve de base al tratamiento, sobre todo en las enfermedades 
crónicas. Puede considerarla en todas sus partes, y hacer resaltar de ella los 
signos característicos, a fin de oponer a estos síntomas, es decir, a la en- 
fermedad misma, un remedio exactamente homeopático, cuya elección haya 
sido determinada por la naturaleza de los accidentes morbosos a que él mis- 
mo da oríjen en su acción pura. Durante el curso del tratamiento se infor- 
ma de los efectos del remedio y de los cambios sobrevenidos en el estado 
del enfermo, para borrar del cuadro primitivo de síntomas los que han de- 
saparecido en totalidad, anotar aquellos de que todavía quede alguna cosa, 
y añadir las nuevas incomodidades que han podido sobrevenir. 

10-j. El segundo punto del deber del verdadero médico es el examinar 
los instrumentos destinados a la curación de las enfermedades naturales, es- 
tudiar la potencia morbífica de los medicamentos, a fin de que, cuando se 
trate de curar, pueda encontrar entre ellos una cuya serie de síntomas cons- 
tituya una enfermedad facticia tan semejante como sea posible al conjunto 
de los síntomas principales de la enfermedad natural que se propone hacer 
desaparecer. 

•106 Se necesita conocer en toda su estension la potencia morbífica de 
los medicamentos. En otros términos, es preciso que todos los síntomas y 
cambios que son susceptibles de sobrevenir por la acción de cada uno de 
ellos sobre la economía, hayan sido observados en lo posible antes de poder 
uno entregarse a la esperanza de encontrar entre ellos remedios homeopáti- 
cos contra la mayor parte-de las enfermedades naturales. 

407. Si para llegar a este objeto, no se administrasen los medicamentos 

(1) Los médicos de la antigua escuela se encuentran mui descansados en este pun- 
to. No solo no se entregan a una investigación rigurosa de todas los circunstancias de 
la enfermedad, sino que frecuentemente interrumpen al enfermo en la relación de- 
tallada que quiere hacer de sus padecimientos, para apresurarse a escribir una rece- 
ta compuesta de ingredientes, cuyo verdadero efecto les es desconocido. Ningún mé- 
dico alópata se informa con precisión de todas las particularidades de la enfermedad 
que tiene a la vista, y ninguno de ellos h:i pensado todavía mucho menos en poner- 
las por escrito. Cuando vuelve a ver al enfermo, al cabo de bastantes diis, ha olvi- 
dado en gran parle o del todo las lijeras nociones que le habían dado, y que han 
borrado de su memoria las visitas multiplicadas que ha hecho a otras personas. To- 
do ha entrado por un oido y salido por el otro. L'n su nueva visita se limita igual- 
mente a algunas preguntas jenerales, aparenta que loma el pulso, mira la lengua, e 
inmediatamente, sin motivo racional, escribe olía recela o hace continuar la antigua. 
Después, despidiéndose cortcsmcnle, corre a la casa de los oíros cincuenta o sesenta 
desgraciados entre quienes lienc que dividir la mañana, sin que se fatigue su inleli* 
jencía por el menor esfuerzo. lié aquí como, lo que hai de mus serio en el mundo, 
el examen concienzudo de cada enfermedad y el tratamiento basado en esla esplora- 
cíon, es tratado por hombres que se llaman médicos y que pretenden ejercer una 
medicina racional. El resultado es casi jcncralmcntc malo, como so debia mui bien 
esperar de esto, y sin embargo los enfermos se ven obligados a dirijirse a csías jen- 
ics, ya porque no hai oíros mejores, ya por seguir la costumbre. 



78 EXPOSICIÓN 

mas que a personas enfermas, aun prescribiéndolos simples y uno auno, se 
veria muí poco o nada de sus efectos puros ; porque mezclándose los sínto- 
mas de la enfermedad natural ya existente con los que los ajenies medicina- 
les son aptos para producir, seria mui raro que se pudiesen percibir estos úl- 
timos de un modo bien claro. 

108. No hai, pues, medio mas seguro y mas natural para encontrar infa- 
liblemente los efectos propios de los medicamentos sobredi hombre, que en- 
sayarlos separadamente los unos de los otros y a dosis moderadas sobre 
personas sanas, y anotar los cambios quede esto resulten en el estado físico 
y moral, es decir, los elementos de enfermedad que estas sustancias son ca- 
paces de producir (1), poique, como hemos visto anteriormente [V. 24 — 27], 
toda lajvirtud curativa de los medicamentos está fundada únicamente en el 
poder que tienen de modificar el estado del hombre, y procede de la obser- 
vación délos efectos que resultan del ejercicio de esta facultad. 

409. Yo he sido el primero en seguir este camino con una perseverancia 
que no podia nacer ni sostenerse (3) mas que por la última convicción de es- 
ta grande verdad, tan preciosa para el jénero humano, que la administra- 
ción homeopática de los medicamentos es el único método cierto de curar las 
enfermedades (3). 

410. Recorriendo lo que los autores han escrito sobre los efectos noci- 
vos délas sustancias medicinales que por descuido, intención criminal o de 
otro cualquiera modo habían llegado en gran cantidad al estómago de perso- 
nas sanas, he visto cierta coincidencia entre estos hechos y las observacio- 
nes que habia recojido en mí mismo y en otros, con motivo deesperimentos 
cuyo objeto era reconocer el modo de obrar de las mismas sustancias en el 
hombre sano. Se las cita como casos de envenenamiento y como pruebas de 
los efectos perniciosos inherentes al uso de estos ajenies enérjicos. La mayor 
parte de los que los refieren se han propuesto en ello señalar un peligro. Al- 

(1) Ningún médico, que yo sepa, cscepto el grande e inmortal Hallcr, ha sospe- 
ch ido, en el curso de veinte y cinco siglos, este método tan natural, tan absoluta- 
mente necesario y tan únicamente verdadero de observar los efectos puros y propios 
<le cada medicamento, para concluir de aqui cuales son las enfermedades que seria 
apto a curar. Solo Haller, antes que yó, ha comprendido la necesidad de seguir esta 
marcha (véase el prefacio de su Farmacopea Hclvet , Bale, 4 771, en fol., p 12) : 
Nempé primum in corpore sano medela tcntanda cst, sine peregrina tilla miscela; 
odoreque ct sapore rjus exploratis, exigua illius dosis ingerencia et ad omnes, quai 
resplratio, quaenam excretiones, attendendum. lude ad ductum phacnomenorum, in 
sano obviorum, transcas ad experimenta in corpore aegroto, cíe. Mas ningún médi- 
co se ha aprovechado de este precioso pensamiento, ni aun ha fijado nadie en él la 
atención. 

(2) He consignado los primeros frutos de mis trabajos, talos como podian ser, en 
un opúsculo titulado : Fragmenta de viribus medicamentorum positivis, sive in sa- 
no corpore humano observatis, p. I, 11, Leipzíck, 4 805, en 8.° Otros mas maduros 
lo han sido en las diversas ediciones de mi Materia médica pura, y en mi Tratado de 
las enfermedades crónicas. 

(3) No puede haber otro método mas verdadero de curar las enfermedades diná- 
micas (es decir, no quirúrjicas) que la homeopatía, del mismo modo que no se puede 
tirar mas que una línea recta entre dos puntos dedos. Es preciso, pues, haber pro- 
fundizado mui poco el estudio de la homeopatía, no haber visto jamás ningún tra- 
tamiento homeopático bien motivado, no haber subido juzgar hasta qué punto están 
•destituidos do fundamento los métodos alopáticos, e ignorar qué consecuencias, las 
unas malas, las otras hasta espantosas, ocasionan, para querer hacer marchar estos 
detestables métodos a la par con la verdadera medicina, y presentarlos como herma- 
nos sin los que esta no podria pasarse. La homeopatía pura, que casi nunca falta a 
fiu objetOj que tiene feliz éxito casi siempre, rechaza toda asociación de este jencro. 



HF. f.A DOCTRIftA IIOMEOrÁTlCA. 79 

gnnos los enuncian también para hacer ostentación de la habilidad que han 
desplegado, encontrando medios de restablecer poco a poco la saíud de 
hombres, que la habían perdido de una manera tan violenta. Muchos, en 
lin, para descargar su conciencia de la muerte de los enfermos, alegan la 
malignidad de eslas sustancias, que llaman entonces venenos. Ninguno de 
ellos ha sospechado que los sintonías en quienes solo querían ver pruebas de 
la venenosidad de los cuerpos capaces de producirlos, eran indicios ciertos 
que revelaban la existencia, en estos mismos cuerpos, de la facultad de es- 
tiwguir, a título de remedios, los síntomas semejantes de enfermedades na- 
turales. Ninguno ha pensado que los males que excitan, son el anuncio do 
su homeopaticidad saludable. Ninguno ha comprendido que la observación 
de los cambios a que dan lugar los medicamentos en las personas sanas, era 
el única medio de reconocer las virtudes curativas de que aquellos están 
dotados; porque no se puede llegar a este resultado ni por raciocinios 
a prior i, ni por el olor, el sabor, o el aspecto de las sustancias medicinales, 
ni por el análisis químico, ni administrando a los enfermos recetas en que 
se hallen asociadas en mayor o menor número otras drogas. Ninguno, en fin, 
ha presentido que estas relaciones de enfermedades medicinales suministra- 
rían un dia los elementos de una verdadera y pura materia médica, ciencia 
que, desde su oríjen hasta el día, solo ha consistido en un cúmulo de con- 
jeturas y de ficciones, o que en otros términos, no ha tenido todavía olra 
existencia real (1). 

111. La conformidad de mis observaciones sobre los efectos puros de 
los medicamentos con estas antiguas advertencias que habían sido hechas 
con miras muí diferentes, y aun las de estos últimos con otras del mismo jé- 
nero que se encuentran esparcidas en los escritos de diversos autores, nos 
proporcionan fácilmente la convicción que las sustancias medicinales, dando 
oríjen a un cambio morboso en el hombre sano, siguen las leyes naturales, 
positivas y eternas, y que en virtud de estas leyes son capaces de producir, 
cada una en razón de su individualidad, ciertos síntomas morbosos queja- 
más dejan de excitar. 

112. En las descripciones que los autores antiguos nos han dejado de las 
consecuencias frecuentemente funestas que acarrean los medicamentos to- 
mados a dosis tan exajeradas, se encuentran también síntomas que no se han 
mostrado al principio de estos tristes sucesos, sino solamente hacia el fin, y 
que son de naturaleza enteramente opuesta a los del período incipiente. Es- 
tos síntomas, contrarios al efecto primitivo [V. 65] o a la acción propiamen- 
te dicha de los medicamentos sobre el cuerpo, son debidos a la reacción de 
la fuerza vital del organismo. Constituyen el efecto secundario (V. 62 — 67) 
del que rara vez se observan señales cuando se emplean a dosis moderadas, 
a título de ensayo, y del que nunca o casi nunca se vé el mas pequeño vesti- 
jio cuando las dosis son mas débiles; porque en las curaciones homeopáticas 
la reacción del organismo viviente no pasa mas allá de lo que es rigurosa- 
mente necesario para establecer el estado natural de salud (V. 67). 

i 15. Las sustancias narcóticas son las únicas que se esceptuan en esta 
parte. Como en su efecto primitivo, estinguen tanto la sensibilidad y la sen- 
sación, como la irritabilidad, sucede con bastante frecuencia, cuando se las 
ensaya en sujetos sanos aun a dosis moderadas, que se observa durante la 



(\J Véase lo que con respecto a esto he dicho en mi memoria sobre las fuentes de 
la Materia médico ordinaria (Prolegómenos de la Materia médica pura, t. I}. 



80 EXPOSICIÓN 

reacción una exaltación de la sensibilidad y un acrecentamiento de la irrita- 
bilidad. 

lli. Pero, esceptuando los narcóticos, todos los medicamentos que se 
ensayan a dosis moderadas en sujetos sanos, solo dejan percibir sus efectos 
primitivos, es decir, los síntomas que denotan, que modifican el ritmo habi- 
tual de la salud, y que excitan un estado morboso destinado a durar mas o 
menos tiempo. 

lio. Entre los efectos primitivos de algunos medicamentos, se encuen- 
tran muchos que son opuestos en parte o al menos bajo ciertos aspectos ac- 
cesorios, a otros síntomas que aparecen ya antes, ya después. Esta circuns- 
tancia no basta, sin embargo, para hacerlos considerar como efectos conse- 
cutivos propiamente dichos, o como un simple resultado de la reacción vi- 
tal. Forman solamente una alteración de diversos paroxismos de la acción 
primitiva, y se les da él nombre de efectos alternantes. 

116. Algunos síntomas son producidos por los medicamentos frecuente- 
mente, es.decir, en un gran número de sujetos; otros lo son rara vez, o en 
pocas personas, y algunos solo en un pequeño número de individuos. 

117. A esta úitima categoría es a la que pertenecen las idiosincracias. 
Por estas se entiende las constituciones particulares que aunque sanas, tie- 
nen sin embargo tendencia a dejarse poner en un estado mas o menos pro- 
nunciado de enfermedad por ciertas cosas, que parece que no hacen ningu- 
na impresión, ni producen cambios en muchas personas [-1]. Mas esta falta 
de acción sobre tal o tal persona no es mas que aparente. En efecto, como 
la producción de todo cambio morboso cualquiera supone en la sustancia 
medicinal la facultad de obrar, y en la fuerza vital que anima el organismo 
la aptitud a ser afectada por ella, las altera* iones manifiestas de la salud, que 
se observan en las idiosincracias, no pueden atribuirse únicamente a la cons- 
titución particular del sujeto. Es preciso referirlas al mismo tiempo a las co- 
sas que las han dado oríjen, y en las que debe residir la facultad de ejercer 
la misma influencia sobre todos los hombres, con la sola diferencia que, en- 
tre los sujetos que gozan de salud, no se encuentra mas que un corto núme- 
ro que tenga tendencia a dejarse poner por ellas en un estado tan evidente- 
mente morboso. Lo que prueba que estas potencias hacen realmente impre- 
sión sobre todos los hombres es, que curan homeopáticamente, en todos los 
enfermos, los mismos síntomas morbosos que aquellos cuya manifestación 
parece que ellas mismas producen solamente en las personas sujetas a las 
idiosincracias ( c 2). 

118. Cada medicamento produce efectos particulares en el cuerpo del 
hombre, y ninguna otra sustancia medicinal puede dar oríjen a otros que sean 
exactamente semejantes [3]. 

(1) El olor de las rosas produce desmnyos a algunas personas, oirás contraen en- 
fermedades, a veces alarmantes, después de haber comido almejas, cangrejos o hue- 
vos de barbo, o después de haber tocado las hojas de ciertos zumaques, etc. 

(2) Así es como la princesa Muría Porphyragénéte, en presencia de su tía Eudo- 
xia, hacia volveren sí, rociándole con agua de rosas a su hermano, el emperador 
Alexis, que padecía con frecuencia síncopes. (Hist. bys. Alexias, lib. 15, p. 503, 
ed, Posser.j Horstius [Opp. III, p. 59] ha encontrado muí eficaz en el síncope, el vi- 
nagre rosado. 

(3) Esta verdad había sido también reconocida por Hallcr, que dice (prefacio de 
su Hist. stirp. Heio.): Latet immensa virium diversitas in iis ipsis plantis, qua- 
rum ficics externas dudum novimus, animus quasi et quodeumque ceelestius habent, 
nondum pcrspeximiis. 



I>P. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 81 

119. Del mismo modo que cada especie de planta difiere de todas las 
domas por su configuración, su modo propio de vejetar y de crecer, su sa- 
bor y su olor; del mismo modo que cada mineral difiere de los demás res- 
pecto a sus cualidades estertores y a sus propiedades químicas, circunstan- 
cia que habría debido ya bastar por sí sola para evitar toda confusión, así 
también lodos estos cuerpos difieren entre sí respecto a sus efectos morbífi- 
cos y por consiguientea sus efectos curativos (l). Cada sustancia ejerce en 
la salud del hombre una influencia particular y determinada que no permite 
se la confunda con ninguna otra (2). 

120. Es menester, pues, distinguir bien los medicamentos unos de otros, 
puesto que de ellos es de quien dependen la vida y la muerte, la enfermedad 
y la salud de los hombres. Para esto es necesario hacer con cuidado espe- 
riencias puras, que tengan por objeto el manifestar las facultades que les 
pertenecen, y los verdaderos efectos que producen en los sujetos sanos. 
Procediendo de este modo se aprende a conocerlos bien, y a evitar toda equi- 
vocación al aplicarlos al tratamiento de las enfermedades; poique solo un 
remedio bien elejido puede volver al enfermo, de un modo pronto y durade- 
ro, el mayor délos bienes de la tierra, la salud del cuerpo y del alma. 

12 1. Cuando se estudian los efectos de los medicamentos en el hombre 
sano, no se debe perder de vista que basta administrar las sustancias llama- 
das heroicas a dosis poco elevadas, para que produzcan cambios aun en la 
salud de las personas robustas. Los medicamentos de naturaleza menos fuer- 
te deben administrarse a dosis mas elevadas cuando se desee también expe- 

(1) El que sabe que la acción de cada sustancia sobre el hombre se diferencia de 
la de todas las demás, y aprecia la importancia de este hecho, tampoco tiene dificul- 
tad en comprender que, médicamente hablando, no puede haber succedáncos, es de- 
cir, medicamentos equivalentes o capaces de reemplazarse mutuamente. Únicamente 
aquel, para quien los efectos puros y positivos de las sustancias medicinales son des- 
conocidos, puede incurrir en la insensatez de querernos persuadir, de que un reme- 
dio puede reemplazar a otro y producir el mismo efecto saludable en un caso dado de 
enfermedad. Asi es como los niños en su simpleza confunden las cosas mas esencial- 
mente diferentes, porque apenas las conocen mas que por su csterior no teniendo la 
menor idea de sus propiedades intimas, ni de su verdadero valor intrínseco. 

(2) Si esta es exactamente la verdad, como no cabe duda, un médico deseoso de 
pasar por un hombre razonable, y de tener tranquila su conciencia, no puede pres- 
cribir en lo sucesivo mas medicamentos que aquellos cuyo verdadero valor conozca 
perfectamente; es decir, aquellos cuya acción haya estudiado en el hombre sino con 
bastante esmero pira estar persuadido de que aquel que elije entre todos ellos es el 
único que puede producir un estado morboso el mas análogo a la enfermedad que se 
trata de curar; porque, como anteriormente se ha visto, ni el hombre, ni la natura- 
leza proporcionan jamás una curación completa, pronta y permanente, sino con el 
auxilio de un medio homeopático. Asi, pues, ningún médico puede evitaren adelan- 
te el entregarse a investigaciones de este jéncro, sin las cuales tampoco podria ad- 
quirir respecto a los medicamentos los conocimientos indispensables al ejercicio de 
su profesión, y que tan descuidado ha estado hasta el dia. La posteridad creerá di- 
fícilmente que se hayan limitado hasta aquí los prácticos a administrar siempre a cie- 
gas, en las enfermedades, remedios cuyo verdadero valor ignoraban, y cuyos efectos 
puros y dinámicos jamás se habían estudiado sobre e| hombre sano; que luyan teni- 
do la costumbre de asociar muchas de estas sustancias desconocidas, cuya acción es 
tan diversificada, y que hayan abandonado después al azar el cuidado de arreglar to- 
do lo que de esto podía resultar para el enfermo. Así es como un insensato entra en 
el taller de un artista, coje con ambas manos todas las herramientas que se le pre- 
sentan a la vista, y se figura que con su auxilio podrá concluir una obra que vé bos- 
quejada. ¿Quién puede dudar (pie la echará a porder por su ridiculo modo de traba- 
jar, y también que acaso la mutilará irreparablemente? 

42 



82 r.xi'OsiaoK 

rimentar su acción. En fin, cuando se léate de conocer la de las sustancias 
mas débiles no se pueden elejir para sujetos de la esperíehcia mas que per- 
sonas exentas de enfermedad, (es cierto; pero dotadas ademas de una consti- 
tución delicada, irritable y sensible. 

4 22. En las esperiencias de este jénero de donde depende la certeza det 
arle de curar y la conservación de todas las jeneraciones venideras, solo se 
emplearán medicamentos que se conozcan bien, y respecto de los que se ten- 
ga la convicción de que están puros, que no lian sido falsificados y que po- 
seen toda su enerjía. 

423. Cada tino de estos medicamentos debe tomarse bajo una forma sim- 
ple y exenta de lodo artificio. Por lo que toca a las plantas indíjenas se es- 
prime sujugo, que se mezcla con un poco de alcohol, para impedir que se 
corrompa. -Respecto a los vejetales exóticos se los pulveriza, o bien se pre- 
para con ellos una tintura alcohólica, que se mezcla con cierta cantidad de 
agua, antes de administrarla. En fin, las sales y las gomas rio deben disol- 
verse en agua hasta el momento mismo que se van a tomar. Si no se puede 
proporcionar la planta mas que en estado seco, y si tiene esia por su propia 
naturaleza virtudes poco enérjicas, se la ensaya bajo la forma de infusión, 
es decir, que después de haberla picado en pedazos mui menudos, se vierta 
sobre ella agua hirviendo en la que se la deja permanecer durante algún 
tiempo : la infusión debe beberse inmediatamente después de su preparación, 
y estando todavía caliente; porque todos los jugos de las plantas, y todas 
las infusiones vejetales, a que no se añade alcohol, pasan rápidamente a la 
fermentación y a la corrupción, y pierden así su virtud medicinal. 

424. Toda sustancia medicinal que se somete a ensayos de este jcnero 
debe emplearse sola y perfectamente pura. Debemos guardarnos mui bien de 
asociar a ella ninguna sustancia estraña y de tomar ningún medicamento, ya 
el mismo dia, ya menos todavía en los siguientes, mientras que se quiera 
observar los efectos que es capaz de producir. 

123. Es preciso que el repinen sea mui moderado mientras dure la espe- 
riencia. Hai que abstenerse todo lo posible de especias, y limitarse a alimen- 
tos simples y que solo sean nutritivos, evitando con cuidado las legumbres 
verdes (1), las raices, las ensaladas, las sopas de yerbas, alimentos que, a 
pesar de las preparaciones de cocina que han sufrido, conservan siempre 
algo de enerjía medicinal, que turbaría la acción del medicamento. 

La bebida será la misma que la de que se hace uso diariamente, solo se 
tratará de quesea todo lo menos estimulante posible (2). 

4 26. El que intenta la esperiencia debe evitar, mientras esta dure, en- 
tregarse a trabajos penosos de cuerpo y espíritu, a excesos y a pasiones de- 
sordenadas. Es preciso que ningún negocio urjente le impida observarse con 
cuidado; que por si mismo ponga una atención escrupulosa en iodo lo que 
suceda en su interior, sin que nada le distraiga de ello, en fin, que una a la 
salud del cuerpo el grado de intelijencia necesario para poder designar y 
describir claramente las sensaciones queesperimente. 

127. Deben ser esperimentados los medicamentos tanto en hombres co- 

(1) Se puede permitir, el uso de los guisantes, de las judías verdes y aun de las 
zanahorias, por ser legumbres verdes que tienen mui poco o nada de medicinales. 

(2) La persona que se somete a las esperiencias, det;c no estar acostumbrada al 
uso del vino puro, del aguardiente, del cale o del té, o al menos ha de hacer ya lar- 
go tiempo que ha abandonado estas bebidas nocivas, de las cuales las unas son exci- 
tantes y las otras medicinales, 



DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 83 

mo en mujeres, a fin de poner en evidencia las modificaciones relativas al se- 
xo que son aptos a producir. 

128. Las observaciones mas recientes lian demostrado que las sustancias 
medicinales no manifiestan, ni con mucho, la totalidad de sus fuerzas ocul- 
tas cuando se las loma en estado grosero, o tales como la naturaleza nos las 
presenta. No desarrollan completamente sus virtudes sino después de haber 
sido llevadas a un alto grado de dilución por medio déla trituración y la suc- 
cucion, modo imii sencillo de manipulación, que desarrolla a un grado in- 
creíble, y pone en plena acción sus fuerzas ocultas hasta entonces, y hasta 
cierto punto sumidas en el sueño, Lstá reconocido en el dia que el mejor 
modo de ensayar aun una sustancia reputada débil, consiste en tomar duran- 
te muchos dias seguidos, cuatro o seis glóbulos empapados en su trjjésima 
dilución, que se humedecen con un poco de agua y se toman en ayunas. 

129. Si esta dosis produce efectos mu i débiles, se puede, para hacer es- 
tos mas pronunciados y mas sensibles, aumentar cada dia algunos glóbulos, 
hasta que el cambióse haga apreciable; porque un medicamento no afecta a 
todos los sujetos con la misma fuerza, y en este punto reina mucha diversidad. 
Se vé algunas veces que una persona, que parece delicada, apenas se afecta por 
un medicamento que se sabe es mui enérjico, y que habia sido administrado 
a dosis moderadla, mientras que lo es de un modo demasiado fuerte por otras 
sustancias mucho mas débiles. Así mismo hai sujetos mui robustos que es- 
perímentan síntomas morbosos considerables por parte de ajenies medicina- 
les suaves en la apariencia, y qu k e por el contrario sienten poco los efectos 
de otros medicamentos mas fuertes. Pero como jamás se sabe de antemano 
cual de estos dos casos tendrá lugar, conviene que cada uno empiece por 
una dosis pequeña, y que después la aumente de dia en dia si lo juzga ne- 
cesario. 

150. Si desde el principio, y por primera vez, se ha dado una dosis de- 
masiado fuerte, resulta de esto una ventaja, y es que la persona (pie se so- 
mete a la esperiencia aprende cual es el orden con que se suceden los sínto- 
mas, y puede anotar con exactitud el momento en que cada uno aparece, 
cosa mui importante para el conocimiento del carácter de los medicamen- 
tos; porque así se manifiesta del modo menos equívoco el orden de los efec- 
tos primitivos y el de los efectos alternantes. Así también muchas veces 
basta una pequeña dosis, cuando el sujeto que se somete a la esperiencia 
está dolado de una gran sensibilidad, y ademas se observa con mucha aten- 
ción. En cuanto a la duración déla acción de un medicamento, solo se llega 
a conocerla comparando entre sí los resultados de muchas esperiencias. 

-131. Cuando se vé uno precisado, para adquirir solamente algunas no- 
ciones, a da;- por espacio de muchos dias seguidos dosis progresivamente 
mayores del medicamento a un mismo sujeto, se aprende mui bien de este 
modo a conocer los diversos estados morbosos que esta sustancia puede 
producir en jeneraJ ; pero no se adquiere ninguna noticia acerca de su suce- 
sión ; porque la dosis siguiente cura con frecuencia algunos de los síntomas 
provocados por la precedente, o produce en su lugar un esiado opuesto. Los 
síntomas de esta naturaleza deben ser anotados entre des paréntesis, como 
equívocos, hasta que nuevas esperiencias mas puras hayan decidido si se de- 
be ver en ellos una reacción del organismo, o un efecto alternante del me- 
dicamento. 

132. Mas cuando nos proponemos únicamente la investigación de los 
síntomas que una sustancia medicinal, sobre lodo débil, puede producir por 
si misma, sin atender a la sucesión de estos síntomas y a la duración de ac- 



Si EXPOSICIÓN 

cion del medicamento, es preferible aumentar diariamente la dosis por es- 
pacio de muchos dias seguidos. De esta manera se manifestará el efecto del 
medicamento, todavía desconocido, aun el mas suave, sobre todo si se le en* 
saya en una persona sensible. 

153. Cuando la persona que se somete a la experiencia siente una inco- 
modidad cualquiera por parle del medicamento, es útil y aun necesario, para 
la determinación exacta del síntoma, que tome sucesivamente diversas posi- 
ciones y observe los cambios que de esto se sigan. Así examinará si por los 
movimientos comunicados a la parte que padece, andando en la habitación o 
al aire libre, manteniéndose de pié, sentada o echada, el síntoma aumenta, 
disminuye o se disipa, y si vuelve o no, tomando la primera posición, si cam- 
bia bebiendo o comiendo, hablando, tosiendo, estornudando o desempeñando 
cualquiera otra función del cuerpo. Debe observar igualmente a qué hora 
del día o de la noche se manifiesta de preferencia. Todas estas particularida- 
des descubren lo que hai de peculiar y característico en cada síntoma. 

151. Todas las potencias exteriores, y principalmente los medicamentos, 
tienen la propiedad de producir en el estado del organismo viviente cambios 
particulares que vai ian para cada una de eilas. Mas los síntomas propios de 
Tina sustancia medicinal cualquiera no se manifiestan todos en la misma perso- 
na, ni simultáneamente, ni en el curso de una misma experiencia; por el con- 
trario, se vé a una misma persona sentir de preferencia ya este, ya aquel, en 
una segunda o lercei a experiencia, de manera, con todo eso, que en la cuar- 
ta, octava décima, etc., personas se veían quizá reaparecer muchos de los 
síntomas que se han manifestado ya en la segunda, sesta, novena, etc. Tam- 
poco los síntomas vuelven a presentarse a las mismas horas. 

135. Únicamente por medio de observaciones multiplicadas en un gran 
número de sujetos de ambos sexos convenientemente elejidos y tomados de 
todas las constituciones, escomo se llega a conocer de un modo casi com- 
pleto el conjunto de todos los elementos morbosos que un medicamento tie- 
ne la facultad de producir. Solo se tiene la certeza de estar al corriente de 
los síntomas que un ajenie medicinal puede ocasionar, es decir, de las facul- 
tades puras que posee para modificar y alterar la salud del hombre, cuando 
las personas que le ensayan por segunda vez advierten muí pocos accidentes 
nuevos, y solamente observan casi siempre los mismos que habían sido ob- 
servados por otras antes que ellos. 

156. Aunque, como acaba de decirse, un medicamento sometido a la es- 
pei ¡mentación en el hombre sano no pueda manifestar en un solo sujeto to- 
das las alteraciones de salud que es capaz de producir, y no las ponga en 
evidencia mas que en cierto número de sujetos diferentes los unos de los 
olios, respecto a la constitución física y a las disposiciones moraVes; sin em- 
bargo, tampoco es menos cierto que una lei eterna e inmutable de la natu- 
raleza le ha dispensado la tendencia a excitar dichos síntomas en todos los 
hombres [V. 1 10). De aquí procede el que determine lodos sus efectos, aun 
los que se le ven producir rara vez en las personas sanas, cuando se le ad- 
ministra a un enfermo atacado de males semejantes a los que nacen de él. 
Administrado eniónces, aun a dosis las mas débiles, promueve en el en- 
fermo, sí ha sido elejido homeopáticamente, un estado artificial parecido a 
la enfermedad natural que la cura de un modo rápido y duradero. 

157. Cuanto mas moderada sea la dosis del medicamento que se quiere 
ensayar, sin pasar con lodo eso mas allá de ciertos límites, tanto nías pronun- 
ciados serán también los efectos primitivos, que son los que importa conocer 
sobre lodo; no se verán mas que estos, ni habrá ninguna señal de reacción. 



DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA.- 85 

Suponemos desde luego que la persona a quien está confiada la experiencia 
ama la verdad, que es modelada bajo todos conceptos, que tiene una sensi- 
bilidad bien desarrollada, y que se observa con toda la atención de que es ca- 
paz. Al contrario, si la dosis es excesiva, no solamente se manifestarán mu- 
chas reacciones entre los síntomas, sino que también los efectos primitivos 
se presentarán de un modo tan precipitado, tan violento y confuso, que será 
imposible hacer ninguna observación precisa. Añadamos también el peligro 
que de ello puede resultar al esperimentador, peligro que no es dado mirar 
con indiferencia al que respeta a sus semejantes, y vé un hermano hasta en 
el último hombre del pueblo. 

138. Suponiendo que todas las condiciones asignadas precedentemente 
a una experimentación pura para que sea válida (V. 124-127) hayan sido 
cumplidas, las incomodidades, los accidentes y las alteraciones de la salud 
que se manifiestan, mientras que dura la acción de un medicamento, depen- 
den de esta sola sustancia, y deben anotarse como pertenecientes esclusiva- 
mente a ella, aunque el sujeto hubiese mucho antes esperimentado espontá- 
neamente síntomas semejantes. La reaparición de estos síntomas en el curso 
de la experiencia prueba solamente que en virtud de su propia constitución, 
este sujeto tiene una predisposición especial a que se manifiesten en él. En 
el caso presente son efectos del medicamento ; porque no se puede admitir 
que hayan venido por sí mismos en una ocasión en que un poderoso ájente 
medicinal domina toda la economía. 

159 Cuando el médico jio ha experimentado el remedio en sí mismo, y 
le ha hecho ensayar por otra persona, es preciso que esta escriba las sen- 
saciones, incomodidades, accidentes y cambios que experimente en el ins- 
tante mismo que las sienta. Es preciso que indique también el tiempo trans- 
currido desde que ionio el medicamento hasta la manifestación de cada sín- 
toma, y que haga conocer la duración de este, si se prolonga mucho. El mé- 
dico lee esta relación en presencia del que ha hecho la experiencia, inme- 
diatamente después de concluida; o si dura muchos dias, hace la lectura ca- 
da dia, a fin de que el experimentador, conservando todavía fresca la me- 
moria, pueda responder a las preguntas que juzgue conveniente dirijirle re- 
lativamente ala naturaleza precisa de cada síntoma, y ponerle en el estado 
ya de añadir los nuevos detalles, que receje, ya de hacer las rectificaciones 
y modificaciones necesarias [I]. 

l'íü. Si la persona no sabe escribir, será necesario que el médico la pre- 
gunte cada dia, para saber de ella todo cuanto ha experimentado. Pero este 
examen debe limitarse en gran parle a escuchar la narración que haga ella 
misma. Se guardará el médico cuidadosamente de querer adivinar o conje- 
turar alguna cosa : preguntará lo menos posible, o si lo hace, deberá ser 
con la misma prudencia y la misma reserva que he recomendado anterior- 
mente (V. 84*99) como precauciones indispensables, cuando se toman las 
informaciones de que se necesita para formar el cuadro de las enfermedades 
naturales. 

141. Mas de todas las experiencias puras relativas a los cambios que los 
medicamentos simples producen en la salud del hombre, y a los síntomas 
morbosos cuya manifestación pueden promover en las personas sanas, las me- 

(i) El que comunica al público el resultado de semejantes experiencias, es res- 
ponsable del carácter de la persona que se ha sometido a ellas y de las aserciones que 
emite refiriéndose a esta misma persona. Esta responsabilidad es de derecho, puesto 
que se trata del bienestar de la humanidad doliente, 



86 HXPOSICION 

jo;-es serán siempre las que un médico dolado de buena salud, exento do proo- 
ctipacioues y capaz de analizar sus sensaciones, haga en sí mismo con las 
precauciones que acaban de presci-ibir.se. Nunca se osla mas cierto de una 
cosa que cuando la ha experimentado uno por sí mismo (I). 

iAil. l'or lo que hace a saber el modo de conducirse en las enfermeda- 
des, sobre lodo las crónicas, que casi todas permanecen semejantes a sí mis- 
mas, para descubrir entre los síntomas de la afección primitiva algunos de 
los que pertenecen al medicamento simple aplicado a la curación (2), es un 
objeto de investigaciones, que exije una grande capacidad de juicio, y que 
es preciso confiar a los maestros el en arle de observar. 

143. Cuando, después de haber esperimentado de este modo un gran nú- 
mero de medicamentos simples en el hombre sano se hayan anotado cuida- 
dosa y fielmente todos los elementos de enfermedad, todos los síntomas que 
pueden producir por sí mismos, como potencias morbíficas artificiales, en- 
tonces solamente se tendrá una verdadera Materia médica, es decir, un cua- 
dro de los efectos puros e infalibles (5) de las sustancias medicínales simples. 
Así se poseerá un código de la naturaleza en el que estarán escritos un nú- 
mero considerable de síntomas propios a cada uno de los ajenies que se ha- 
yan sometido a la esperimentacion. Estos síntomas, pues, son los elementos 
de las enfermedades artificiales con cuyo auxilióse cunarán algún dia muchas 
enfermedades naturales semejantes. Estos son los únicos verdaderos instru- 
mentos homeopáticos, es decir, específicos, capaces de producir curaciones 
derlas y ¿maderas. , 

(I) Las experiencias hedías en uno mismo tienen también una ventaja que es im- 
posible obtener de olro modo. En primer lugar proporcionan la convicción de esta 
grande verdad; que h virtud curativa de los remedios se funda únicamente en la 
facultad que tienen de producir cambios en el estado físico y moral del hombre. En 
segundo lugar enseñan a comprender sus propias sensaciones, sus pensamientos, su 
moral, oríjen de toda verdadera sabiduría, y hacen adquirir el talento de la observa- 
ción, sin el que no puede pasarse el médico. Las observaciones hechas en oíros no 
tiericn el mismo atractivo, que las que uno hace en sí mismo. El que observa a los 
demás siempre debe temer que no esperimente exactamente lo que dicen, o que no 
espliquen de un modo conveniente lo que sienten. Jamás hai una seguridad de no ha- 
ber sido engañado al menos en parle. Este obstáculo para el conocimiento de la ver- 
dad, que jamás puede evitarse enteramente, cuando se observan los síntomas morbo- 
sos escitados en otro por la acción de los medicamentos, no existe en los ensayos que 
hace uno en si mismo. El que se somete a la experiencia sabe con exactitud lo que 
siente, y cada nuevo ensayo, que hace en su propia persona, es para el un motivo 
de dar mas estension a sus investigaciones, haciéndolas con otros medicamentos. Se- 
guro, como lo está, de no engañarse, se hace por lo mismo mucho mas hábil en el 
arte tan importante de observar, y redobla al mismo tiempo su celo, porque este le 
enseña a conocer el verdadero valor de los recursos del arte cuya escasez es todavía 
tan grande. No se crea tampoco que las pequeñas incomodidades que se contraen en- 
sayando los medicamentos son perjudiciales a la salud. Al contrario, la experiencia 
prueba que hacen al organismo mas apto para rechazar todas las causas morbosas, 
naturales o artificiales, y le endurecen contra la influencia. La salud se hace mas só- 
lida, y el cuerpo mas robusto. 

(2J Los síntomas, que en el curso de toda la enfermedad, solóse han hecho notar 
mucho tiempo antes, o que ni aun han sido observados jamás, y por consiguiente son 
nuevos y pertenecen al remedio. 

(3) En estos últimos tiempos se ha confiado el cuidado de esperimentar los me- 
dicamentos a personas desconocidas y distantes que se hacían pagar retribución por 
este cargo, y cuyas observaciones se publicaban después. Pero este método parece 
que priva de garantía moral, de certeza y de lodo valor real a este importante traba- 
jo, sobre el que deben fundarse bis bases de la .única medicina verdadera. 



]>F. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 87 

141. Esclúyase severamente de esta Materia médica todo lo quesea con- 
jetura, aserción gratuita o ficción. En ella solo debe hallarse el lenguaje pu- 
ro de la naturaleza interrogada con cuidado y buena fé. 

143. Se necesitaría seguramente un número muí considerable de medi- 
camentos, cuya acción pura sobre los sujetos sanos fuese bien conocida, pa- 
ra que nos bailásemos en estado de encontrar un remedio homeopático con- 
tra cada una de las innumerables enfermedades naturales que aílijen al hom- 
bre, es decir, una potencia morbífica artificial que fuese análoga a cada una 
de ellas (I). Sin embargo, gracias a la multitud de elementos morbíficos que 
cada uno de los medicamentos enérjicos que se han ensayado hasta el dia en 
el hombre sano han dejado ya observar, solo quedan en el dia un pequeño 
número de enfermedades contra las que no se pueda encontrar entre estas 
sustancias, un remedio homeopático razonable (2), que restablezca la salud 
de una manera suave, segura y duradera, es decir, con una seguridad infini- 
tamente mayor que la que se tendría recurriendo a las terapéuticas jenerales 
y especíales de la medicina alopática, cuyas mezclas de medicamentos des- 
conocidos no hacen mas que desnaturalizar y agravar las enfermedades cró- 
nicas, y retardan mas bien que aceleran la curación de las enfermedades 
agudas. 

140. El tercer punto del deber de un verdadero médico es emplear las 
potencias morbíficas artificiales (medicamentos), cuyos efectos puros ha com- 
probado en el hombre sano, del modo mas conveniente para efectuar la cu- 
ración homeopática de las enfermedades naturales. 

147. Aquel, de entre estos medicamentos, cuyos síntomas conocidos tie- 
nen la mayor semejanza con la totalidad de los que caracterizan una enfer- 
medad natural dada, debe ser el medicamento mas apropiado, el mas cier- 
tamente homeopático que se puede emplear contra esta enfermedad, es su 
remedio específico. 

148. Un medicamento que posee la tendencia y la aptitud a producir 
una enfermedad artificial semejante en lo posible a la enfermedad natural 
contra la que se emplea, y que se administre a justa dosis, afecta precisa- 
mente, en su acción dinámica sóbrela fuerza vital morbosamente desarmo- 
nizada, las partes del organismo que hasta entonces habían estado sujetas a 
la enfermedad natural, y excita en ellas la enfermedad artificial que puede 
producir por su naturaleza. Pues esta, en razón de su semejanza y prepon- 
derancia, se sustituye a la enfermedad natural. De aquí se sigue que, desde 
el momento en que la.fuerza vital no sufre de esta última, solo está afectada 
de la otra. Mas habiendo sido muí débil la dosis del remedio, la enfermedad 
medicinal desaparece muí pronto por sí misma. Vencida como loes toda 
afección medicinal moderada por la enerjía desarrollada de la fuerza vital, 
deja al cuerpo libre de todo padecimiento, es decir, en un estado de salud 
perfecta y duradera. 

149. Cuando ha sido bien hecha la aplicación del medicamento elejido de 

(1) En un principio fui yo solo pora cstudinr los efectos puros de los medica- 
meiUos, que er.i la principal y mas importante do mis ocupaciones. Después me han 
ayudado en este trabajo algunos médicos jóvenes, cuyas observaciones he examinado 
escrupulosamente. Pero ¡qué no se conseguirá hacer en materia de curaciones, en el 
inmenso dominio de las enfermedades, cuando numerosos observadores, de cuya exnc- 
tilud podamos estar seguros, hayan contribuido con investigaciones hechas en sí mis- 
mos a enriquecer esta materia medica la única verdadera que puede haber ! líl arle 
de curar se aproximará entonces a las ciencias nialcniálicas en cuanto a su certeza, 

[2} Véase anteriormente IOS) la ñola. 



88 r/xr-osiciois 

modo que sea perfec tomento homeopático (\), la enfermedad natural aguda 
que se trata de combatir, por maligna y dolorosa que pueda ser, se disipa en 
pocas horas, sijes reciente, y en un pequeño número de dias, si es un poco 
mas antigua. Toda señal de mal desaparece; no se vé ninguno o casi ningún 
vestijio de enfermedad artificial o medicinal, y se restablece la salud per una 
transición rápida e insensible. Por lo que toca a los males crónicos y princi- 
palmente a los que están complicados, exijen mas tiempo para curarse. Las 
enfermedades medicinales crónicas que la medicina alopática produce con 
tanta frecuencia al lado de la enfermedad natural que no ha podido destruir 
exijen sobre lodo un tiempo mni largo, y aun frecuentemente son incura- 
bles a causa de las sustracciones de fuerza y de jugos vitales que son el re- 
sultado de los medios de tratamiento que gustan emplear los partidarios de 
esta medicina. 

150. Si alguno se queja de uno o dos síntomas poco pronunciados, que 
hace poco tiempo ha notado, el médico no debe ver en esto una enfermedad 
perfecta que reclame seriamente los auxilios del arte. Una pequeña modifica- 
ción en el réjimen y en el jénero de vida basta ordinal '¡amenté para disipar 
tau lijeras indisposiciones. 

151. Mas cuando los síntomas poco numerosos de que se queja el enfer- 
mo Tienen mucha violencia, el médico observador descubre ordinariamente 
muchos mas que no se hallan tan bien marcados, y que le dan una imájen 
completa de la enfermedad. 

152. Cuanto mas intensa es la enfermedad aguda, tanto mas numerosos 
y pronunciados son ordinariamente los síntomas que la componen, y es mas 
fácil también encontrar un remedio que le convenga con tal que los medica- 
mentos conocidos en su acción positiva, y entre los que debe elejirse, sean 
bastante numerosos. Entre las series de síntomas de un gran número de me- 
dicamentos no es difícil encontrar uno que contenga elementos morbosos de 
los que se pueda componer uu conjunto de síntomas muí análogo a la tota- 



(I) A pesar de las numerosas obras destinadas a disminuir las dificultades de esta 
investigación, a veces muí trabajosa, del remedio mas apropiado homeopáticamente 
bajo todos conceptos a cada caso especial de enfermedad, exije todavía que se estudie 
en los mismos manantiales, que se proceda con la mayor circunspección, y que nada 
se resuelva, sin haber pesado seriamente una multitud de circunstancias diversas. La 
mas hermosa recompensa del que se entrega a este estudio, es la tranquilidad de 
una conciencia segura de haber desempeñado fielmente sus 'deberes. -Cómo un tra- 
bajo tan minucioso, tan penoso y sin embargo, el único apto para poner en estado 
de curar con seguridad las enfermedades, podría agradar a los partidarios de la nue- 
va secta bastarda que. no adoptando mas que las formas exteriores de la homeopa- 
tía, prescriben los medicamentos, por decirlo así, sin reflexión (Quidquid in buceara 
venü), y que, cuando el remedio mal elejído no alivia inmediatamente, se atienen 
no a su imperdonable incuria, sino a la misma doctrina que acusan de imperfecta? 
Estas hábiles jen les se consuelan mui pronto con el mal éxito de los medios apenas 
medio-homeopálicos que emplean, recurriendo en seguida a los procederes de la alo- 
pitía, que les son mas familiares, como algunas docenas de sanguijuelas, las inocen- 
tes sangrías de ocho onzas, etc. Si el enfermo sobrevive, esclaman que no hubieran 
podido salvarle con ningún otro método, dando claramente a entender que estos me- 
dios tomados, sin molestarse mucho la cabeza, de la rutina de la antigua escuela han 
tenido en el fondo todo el honor de la curación. Sí sucumbe consuela°n con ellos me- 
jor a sus allegados, diciéndoles que se ha hecho cuanto humanamente era posible ha- 
cer para salvarle. ¿Quién querrá honrar a estos hombres inconsiderados y peligrosos 
con admitirlos entre los adeptos del arle penoso pero saludable a que se dá el°nou> 
bre de medicina homeopática ¿' 



Í)F. LA DOCTRIXA HOMEOrÁTICA. 89 

lidad de los déla enfermedad natural que se tiene a la vista. Pues este medí* 
camento es justamente el remedio que se desea. 

153. Cuando se busca un remedio homeopático específico, es decir, cuan- 
do se compara el conjunto de los signos de la enfermedad natural con las 
series de síntomas de los medicamentos bien conocidos, para hallar entre 
estos últimos una potencia morbífica artificial semejante al mal natural cuya 
curación está en problema, es necesario sobre lodo y casi esclusivamente, 
atenerse a los síntomas predominantes, singulares., estraordinarios y carac- 
terísticos (I) porque a estos es principalmente a los que deben corresponder 
los síntomas semejantes en la serie de los que nacen del medicamento que 
se busca, para que este último sea el remedio, con cuyo auxilio convenga mas 
emprenderla curación. Por el contrario, los síntomas jenerales y vagos, co- 
mo la falta de apetito, el dolor de cabeza, la languidez, el sueño ajilado, el 
malestar jeneral, etc., merecen poca atención, porque casi todas las enfer- 
medades y casi lodos los medicamentos producen estos efectos y otros bas- 
tante análogos» 

454. Cuanto mas efectos semejantes contenga la contra-imájen formada 
con la serie de síntomas del medicamento, que parece merecer la preferen- 
cia, y cuanto mas parecidos sean estos a los síntomas estraordinarios, pro- 
nunciados y característicos de la enfermedad natural, tanto mayor será de 
una y otra parte la semejanza, y con tanta mas razón será el medicamento 
conveniente, homeopático y específico en esta circunstancia. Una enferme- 
dad que no cuenta muí larga fecha, cede ordinariamente sin graves incomo- 
didades a la primera dosis de este remedio. 

4.55. Digo sin graves incomodidades, porque, cuando un remedio perfec- 
tamente homeopático obra sobre el cuerpo, solo son eficaces los síntomas 
correspondientes a los de la enfermedad que trabajan en extinguir estos úl- 
timos ocupando su lugar. Los demás síntomas, con frecuencia numerosos, 
que la sustancia medicinal produce y que en nada corresponden a la enfer- 
medad presente apenas se manifiestan, y el enfermo se mejora por instan- 
íes. La razón de esto es que la dosis de un medicamento de que quiere ha- 
cerse una aplicación homeopática, necesitando ser muí pequeña, se encuen- 
tra dicha sustancia mucho mas débil para manifestar aquellos síntomas, que 
no son homeopáticos, en las partes del cuerpo exenias de enfermedad. No de- 
ja, pues, obrar mas que a sus síntomas homeopáticos sobre los puntos del 
organismo que están ya atacados de la irritación que resulta de los síntomas 
análogos de la enfermedad natural, a fin de excitar a la fuerza vital a produ- 
cir una afección medicinal análoga, pero mas fuerte, que extinga la enferme- 
dad natural. 

15G. Sin embargo, casi no existe remedio homeopático, por bien elejido 
que haya sido, que, sobre todo a dosis poco atenuadas, no produzca al me- 
nos, duranle su acción primitiva, incomodidades lijeras, o algún pequeño sín- 
toma nuevo, en enfermos mui irritables y sensibles. Es casi imposible, en 
efecto, que los síntomas del medicamento cubran tan perfectamente a los de 
la enfermedad, como un triángulo puede hacerlo respecto a otro que tenga 
ángulos y lados iguales a los suyos. Pero esta anomalía, insignificante en uu 
caso favorable, es obscurecida sin trabajo por la enerjía propia del organis- 
mo viviente, sin que ni aun lo note el enfermo, a menos que no sea de una 
sensibilidad excesiva. El restablecimiento de la salud no deja de progresar 

(I) M. de Bcenninghansen ha hecho un gran servicio a la homeopatía con su Ex- 
posición do los síntomas que caracterizan a los medicamentos antipsóricos. 

43 



90 i:xr>osir.iof< 

por cslo, si no lo impiden influencias medicinales estrañas, como errores de 
léjimen o pasiones. 

157. Pero, aunque sea cierto que un remedio homeopático administrado 
ü corta dosis extingue suavemente la enfermedad aguda que le es análoga, 
sin manifestar otros de sus síntomas no homeopáticos, es decir, sin exitar 
nuevas y graves incomodidades; sin embargo, se observa casi siempre que 
produce poco después de haberle tomado el enfermo, ai cabo de una o mu- 
chas horas, según la dosis, una especie de pequeña agravación tan parecida 
a la afección primordial, que el mismo enfermo la toma por un aumento de 
su propia enfermedad. Pero en realidad solo es una enfermedad medicinal 
inui análoga al mal primitivo, y que le excede un poco en intensidad. 

158. Esta pequeña agravación homeopática del mal durante las primeras 
horas, presajio feliz, que las mas veces anuncia que la enfermedad aguda ce- 
derá a la primera dosis, nada ofrece que no sea regular; porque la enferme- 
dad medicinal debe naturalmente ser un poco mas fuerte que el mal a cuya 
extinción se la destina, si se quiere que le venza y le cure, del mismo modo 
que una enfermedad natural no puede destruir y hacer cesar otra que se le 
asemeja, sino cuando tiene mas fuerza y mas intensidad que ella (V. 43-48). 

159. Cuanto mas débil es la dosis del remedio homeopático, tanto mas 
lijero y de corla duración es también el aumento aparente de la enfermedad 
en las primeras horas. 

460. Sin embargo como es casi imposible atenuar bastante la dosis de un 
remedio homeopático para que este no sea susceptible de aliviar, de exceder 
y curar las enfermedad que le es análoga (véase la nota de 249), se concibe 
fácilmente que toda dosis de este medicamento, que no es la mas pequeña 
posible, puede todavía ocasionar una agravación homeopática durante la pri- 
mera hora que transcurre después que el enfermo la ha tomado (1). 

■161. Si refiero a la primera o a las primeras horas la agravación homeo- 
pática, o mas bien la acción primitiva del medicamento homeopático, que 
paiece (pie acrecienta un poco los síntomas de la enfermedad natural, este 
plazo se aplica solo a las afecciones agudas recientes (2). Mas cuando medica- 

(!) Esta preponderancia de los síntomas medicinales sobre los morbosos natura- 
les, que simulc\onn exasperación de la enfermedad, ha sido notada también por 
otros médicos cuando la casualidad ponía en sos manos un remedio homeopático. 
Cuando el sanioso después de haber tomado azufre se queja de que se le aumenta la 
erupción, el médico que no conoce la causa de esto, le consuela diciéndole que es 
preciso que salga al exterior toda la sarna para poderla curar, pero ignora que es un 
exantema provocado por el azufre, que toma la apariencia de una exasperación de la 
sarna. Leroy asegura que el pensamiento (Viola tricolorj empezó por empeorar una 
erupción de la cara, cuya curación produjo después; pero no sabia que este aumento 
aparente del mal provenia únicamente de que se había administrado a mui fuerte 
dosis el medicamento que en este caso era homeopático. Lysons [Metí, trans., vol. II, 
Londres, 1772) dice que las enfermedades de h piel que ceden con mas seguridad a 
la corteza del olmo, son las que esla sustancia hice aumentar al piincipio. Si él no 
hubiera administrado, según la costumbre de la medicina alopática, la corteza del 
olmo a dosis enormes, sino que como exijia su carácter homeopático, la hubiera he- 
cho tomar a dosis mui pequeñas, los exantemas contra que la prescribía se hubieran 
curado sin experimentar este aumento de intensidad, o al menos hubiera sido mui 
poco pronunciado. 

(-) Aunque el efecto de los medicamentos que están dotados por si mismos de la 
ercion mas prolongada, se disipa rápidamente las enfermedades agudas, dura 
largo tiempo en las crónicas (que preceden de la psora), i de aquí proviene que los 
medicamentos ántipsóricos no producen muchas vece esla exasperación homeopática 
en las primeras horas; pero la determinan mas Urde i a horas diferentes de los echo 
o diez primeros días, 



m la nocTwrd HOiifcot'ATír.A.. ÜI 

méritos cuya noción se prolonga mucho tienen que combatir un mal antigua y 

mui antiguo, que por consiguiente una dosis debe continuar obrando durante 
muchos <!hs seguidos, entonces se ven pronunciarse de cuando en cuando 
durante los seis, ocho o diez primeros dias algunos de los efectos primitivos 
de estos medicamentos, algunas de estas exasperaciones aparentes de los sín- 
tomas del mal primordial que duran una o muchas horas, mientras que el 
alivio jebera! se pronuncia de una manera sensible en los intervalos. Una voz 
transcurrido este pequeño número de dias, el alivio producido por los efec- 
tos primitivos del medicamento continua todavía durante muchos dias casi 
sin que nada le turbe. 

U¡2. Siendo todavía mui limitado el número de medicamentos cuya ac- 
ción verdadera y pura sobre el organismo se conoce exactamente, sucede 
algunas veces que solóse encuentran en la serie de síntomas del medicamen- 
to mas homeopático una porción de los síntomas de la enfermedad que hai 
que curar, y que por consiguiente se vé uno obligado a emplear esta imper- 
fecta potencia morbífica artificial a falla de otra que lo sea menos. 

463. En este caso no debe esperarse del remedio de que se ha hecho uso, 
una curación completa y exenta de inconvenientes. Se ven sobrevenir du- 
rante su uso algunos accidentes que no se notaban antes en la enfermedad, 
y que son síntomas accesorios dependientes de un medicamento imperfecta- 
mente apropiado, liste inconveniente no impide, es verdad, que el remedio 
extinga una gran parte del mal, es decir, los síntomas morbosos semejantes 
a los medicinales, y que de aquí resulte un principio de curación bien pro- 
nunciado; pero tampoco deja de observarse la provocación de algunos males 
accesorios, que tienen la ventaja de ser siempre mui moderados cuando se 
ha cuidado de atenuar suficientemente la dosis. 

464. El pequeño número de síntomas homeopáticos que se encuentra en- 
tre los del medicamento al que hace recurrir la falta de otro mas apropiado, 
jamás perjudica a la curación, cuando se compone en gran parte de los sín- 
tomas extraordinarios que distinguen y caracterizan la enfermedad; no deja 
de seguirse la curación sin graves incomodidades. 

465. Mas cuando entre los síntomas del medicamento elejido, no se en- 
cuentra ninguno que se asemeje perfectamente a los síntomas mas marcados 
y característicos de la enfermedad ; cuando el medicamento no corresponde 
a esta última mas que respecto a los accidentes vagos e indeterminados (des- 
fallecimiento, languidez, dolor de cabeza, etc.); y cuando entre los medica- 
mentos conocidos no se puede elejir otro mas homeopático, no debe el mé- 
dico prometerse un resultado ventajoso inmediato de la administración de 
un remedio tan imperfecto. 

406. Sin embargo este caso es mui raro, porque el número de medica- 
mentos cuyos efectos puros se conocen ha aumentado mucho en estos últi- 
mos tiempos, y cuando se presentan los inconvenientes que de él dimanan 
disminuyen luego que se puede emplear en seguida un remedio cuyos sínto- 
mas se asemejen mas a los de la enfermedad. 

467. En efecto, si el uso del remedio imperfectamente homeopático, que 
se emplea al principio, acarrea males accesorios de alguna gravedad, no se 
nguaida en las enfermedades agudas a que la primera dosis haya concluido 
completamente su acción ; antes que esto suceda, se examina de nuevo el 
estado modificado del enfermo y se añade lo que queda de los síntomas pri- 
mitivos a los síntomas recientemente aparecidos para formar de lodo una 
nueva ¡majen de enfermedad. 

468. Entonces se encuentra mas fácilmente entre los medicamentos co- 



05 rxrosiaox 

nocidos un remedio análogo, del que bastará hacer 11*0 una sola vez, f'" f ' 
para destruir enteramente la enfermedad, al menos para hacer la curaciou 
mucho mas fácil. Si este nuevo medicamento no basta para restablecer com- 
pletamente la salud, se vuelve a examinar loque queda del estado morboso, 
y se elije en seguida el remedio homeopático mas apropiado a la ¡majen que 
se obtenga. De este modo se continúa basta haber llegado a nuestro fin, es 
decir, hasta volver al enfermo el pleno goce de la salud. 

169, Puede suceder que examinando por primera vez una enfermedad, y 
ebjiendo también por primera vez el remedio, se encuentre que la totalidad 
de los síntomas no esté suficientemente cubierta por los elementos morbífi- 
cos de un solo medicamento, lo que depende del pequeño número de estos 
cuya acción pura es bien conocida; y que dos remedios rivalicen en conve- 
niencia, siendo el uno bomeopático para tal parte de los síntomas de la en- 
fermedad, y siéndolo el segundo mas para tal otra. Sin embargo no es ad- 
misible emplear aquel de estos dos remedios que se juzgue mas convenien- 
te, y dar inmediatamente después el otro; porque habiendo variado las cir- 
cunstancias, este último no convendría ya al resto de los síntomas todavía 
subsistentes, y porque en semejante caso se necesitaría examinar de nuevo 
el estado de la enfermedad, pura juzgar, según la imájen que de ella se for- 
mase, cual seria el remedio que homeopáticamente convendría mejor enton- 
ces a su nuevo estado. 

4 70. En este caso, como siempre que se ha verificado algún cambio en 
el estado de la enfermedad, es necesario examinar lo que queda todavía ac- 
tualmente de los síntomas, y elejir un remedio tan conveniente como sea po- 
sible al nuevo estado presente del mal, sin atender en lo mas mínimo ni me- 
dicamento que en el principio había parecido ser el mejor, después del que 
se ha empleado. Pocas veces sucederá que el segundo de los dos remedios 
que al principio se habían juzgado convenientes, lo sea todavía en este mo- 
mento. Mas si después de un nuevo examen del estado del enfermo se en- 
contrase que entonces todavía convenía, este seria un motivo mas para 
darle la preferencia. 

171. En las enfermedades crónicas no venéreas, las que por consiguien- 
te proceden de la psora, se necesita frecuentemente para curar, emplear 
lino después de otro muchos remedios, cada uno de los cuales ya se dé sola 
una dosis de él, ya se le repita muchas veces consecutivas, debe ser elejido 
homeopático al grupo de síntomas que aun subsista, después que el prece- 
dente ha agotado su acción. 

172. Semejante dificultad nace del demasiado corto número de síntomas 
de la enfermedad, circunstancia que merece igualmente fijar la atención, 
pues que en llegando a separarla se vencen casi todas las dificultades, que 
ademas de la penuria de los remedios homeopáticos conocidos pueda pre- 
sentar el mas perfecto de todos los métodos curativos. 

4 73. Las únicas enfermedades que parece que tienen pocos síntomas, y 
que por lo mismo se prestan con mas dificultad a la curación, son las que 
se podrían llamar parciales, porque no tienen mas que uno o dos síntomas 
principales y predominantes que encubren a casi todos los demás. La mayor 
parle de estas enfermedades son crónicas. 

174. Su síntoma principal puede ser o un mal interno, por ejemplo, una 
cefalaljía de muchos años de fecha, una diarrea inveterada, una antigua car- 
dialjía, etc., o una lesión esterna. Estas últimas afecciones son las que con, 
mas particularidad se llaman enfermedades locales. 

17o. Por lo que respecta a las enfermedades parciales de la primera es,-* 



DE LA DOCTRINA HOMFOI'ÍTIí'.A. 93 

prcie, In falta de atención (Je parte del médieo es con frecuencia la única 
causa que le impide ver los (jemas síntomas con cuyo auxilio podría com- 
pletar el cuadro de la enfermedad. 

170. Hai, sin embargo, algunas enfermedades, en corto número, que a 
pesar de todo el cuidado con que se las examine en el principio (V. 84 98) 
solo muestran uno o dos síntomas fuertes y violentos, y lodos los demás no 
existen sino en un grado poco pronunciado. 

177. Para tratar con buen éxito este caso, que por otra parte se presen- 
ta rara vez, se empieza por elejir, según la Indicación de los síntomas poco 
numerosos que se observan, el medicamento que parece ser el mas borneo- 
pático. 

4 78. Podrá mui bien suceder que este remedio, elejido según todas las 
exijeucias de la lei homeopática, ofrezca la enfermedad artificial que su an;i- 
lojia con hi enfermedad natural hace apropiada para verificar la destrucción 
de esta última; y esto será tanto mas posible, cuanto mas notables, mas 
pronunciados y mas característicos sean los síntomas del mal natural. 

179. Pero lo que mas frecuentemente sucede es que solo convenga en 
parte a la enfermedad, y que no se adapte a ella de un modo exacto, por no 
haberse podido hacer la elección, fundada en un número suficiente de sín- 
tomas. 

480. Así, el medicamento, obrando entonces sobre una enfermedad a la 
que no corresponde mas que en parte, producirá males accesorios, como 
en el caso (V. 162 y siguientes) en que la elección ha sido imperfecta por la 
penuria de remedios homeopáticos. Dará, pues, oríjen a muchos accidentes 
pertenecientes a la serie de sus propios síntomas. Mas estos accidentes son 
igualmente síntomas propios a la enfermedad misma, los cuales no había no» 
lado el enfermo hasta aquel momento, o no los habia esperimentado mas 
que rara vez, y que no hacen entonces mas que desarrollarse en un grado 
superior. Se manifestarán o se exasperarán accidentes que poco antes no 
percibía el enfermo, o que solo los seniia de un modo muí vago. 

181. Se objetará quizá que los males accesorios y los nuevos síntomas de 
enfermedad que entonces aparecen, deben atribuirse al remedio que acaba de 
Ser administrado. Tales su oríjen en efecto [1]. Sin duda provienen de este 
remedio (V. 105). Pero no son menos por eso síntomas que la enfermedad 
era apta por sí misma a producir en el sujeto, y el medicamento, en su ca- 
lidad de provocador de accidentes semejantes, los ha hecho solamente ma- 
nifestarse, los ha obligado a aparecer; en una palabra, la totalidad de los 
síntomas que entonces se manifiestan, debe considerarse como pertenecien- 
te a la enfermedad misma, como constituyendo su verdadero estado actual, 
y bajo este punto de vista se la debe considerar también al tratarla. 

482. Así es como la elección de los medicamentos casi inevitablemente 
imperfecta a causa del demasiado corto número de síntomas presentes, hace 
sin embargo el servicio de completar el conjunto de los síntomas de la en- 
fermedad, y facilita de este modo la investigación de un segundo medio mas 
homeopático. 

485. A menos, pues, que la violencia de los accidentes nuevamente de- 
sarrollados exija prontos socorros, lo que debe ser mui raro a causa de la 
exigüidad de la dosis homeopática, y lo es sobre todo en las enfermedades 
muí crónicas, es necesario, cuando el primer medicamento no produce ya 

(O A menos que no sean debidos a un gran exceso en el réjimen, a una pasión 
violenta o a un movimiento tumultuoso en el organismo, como el establecimiento q 
cesación de las reglas, la concepción, el parto, etc. 



DI exposición 

rada ventajoso, trazar un nuevo cuadro do la enfermedad, con arreglo al 
cual se elije un segundo remedio homeopático, que sea exactamente confor- 
me a su estado actual. Esta elección será tanto mas fácil, cuanto mas nume- 
roso y mas completo se haya hecho el grupo de síntomas (1). 

184. Se continua del mismo modo, después del efecto completo de cada 
dosis, anotando el estado en que queda la enfermedad, señalando los sínto- 
mas todavía subsistentes; la ¡majen que de aquí resulta sirve para encontrar 
un nuevo remedio tan homeopático corno sea posible. Esta es la marcha que 
es preciso seguir hasta la curación. 

185. Entre las enfermedades parciales, las que se Maman locales ocupan 
un lugar importante. Se entienden por estas últimas los cambios y padeci- 
mientos que sobrevienen en las partes exteriores de! cuerpo. La escuela ha 
enseñado hasta el dia que en semejante caso solo estaban afectadas las par- 
tes exteriores, y que el resto del cuerpo no tenia parte en la enfermedad ; 
proposición absurda en teoría y que ha conducido a aplicaciones terapéuti- 
cas las mas perniciosas. 

486. Délas enfermedades llamadas locales, aquellas cuyo oríjen es re- 
ciente y que proceden únicamente de una causa exterior, parecen ser las úni- 
cas que tienen realmente derecho a este nombre. Mas entonces es preciso 
que la lesión sea mui poco grave, porque, cuando tiene alguna importancia, 
el organismo viviente se resiente todo entero, se declara la fiebre, etc. A la 
ciiujía es a la que pertenece tratar estos males, mientras que se necesita dis- 
pensar socorros mecánicos a las parles dolientes, para alejar y extinguir los 
obstáculos igualmente mecánicos, que se oponen a la curación, la que solo 
debe esperarse de la fuerza vital : en esta categoría se colocan, por ejemplo, 
las reducciones, la reunión de las heridas, la estraecion de los cuerpos es- 
traños que han penetrado en las partes vivientes, la abertura de las cavida- 
des esplánicas, ya s«i para estraer un cuerpo que molesta a la economía, ya 
para dar salida a derrames o colecciones de líquidos, la coactacion de las 
estremidades de un hueso fracturado, la consolidación de una fractura por 
medio de un vendaje apropiado, etc. Mas cuando a consecuencia de seme- 
jantes lesiones el organismo entero reclama auxilios dinámicos activos para 
poder desempeñar el yabajo de la curación, cuando por ejemplo se necesi- 
ta recurrir a medicamentos internos para hacer cesar una fiebre violenta 
procedente de una grande contusión, de una disiaceracion de las partes 
blandas, carnes, tendones y vasos; cuando es preciso combatir el dolor cau- 
sado por una quemadura o por una cauterización, entonces empiezan las 
funciones del médico dinamisla, y se hacen necesarios los auxilios de la ho- 
meopatía. 

4 87. Pero es mui diverso lo que sucede respecto a los males, cambios y 
padecimientos que sobrevienen en la superfiecie del cuerpo, sin ser causa- 
dos por una violencia exterior o al menos a consecuencia do una lesión ex- 
terior casi insignificante. Estas enfermedades tienen su oríjen en una afec- 
ción interna. Es, pues, tan absurdo como peligroso el tomarlas por sínto- 
mas puramente locales, y tratarlas esclusivamente o con corla diferencia por 

(l) Un caso mui raro en las enfermedades crónicas, pero que se encuentra con 
bastante frecuencia en las agudas, es aquel en que, a pesar de la pequenez de los 
sintonías, se siente no obstante el enfermo mui mal, de manera que puede atribuirse 
este estado al entorpecimiento de la sensibilidad, que no permite al sujeto percibir 
distintamente los dolores y las incomodidades. En semejante caso el opio hace cesar 
este estado de estupor del sistema nervioso, y los síntomas de la enfermedad se ma.i 
íiitíeslan claramente durante la reacción del organismo. 



Lli LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. ÍK> 

medio de aplicaciones tópicas, como si se traíase de un caso quirúrjico, se- 
gún lo han hecho hasta el día los médicos de todos los siglos. 

■188. Se dá a estas enfermedades el epíteto de locales, porque se las cree 
afecciones fijas exclusivamente en las panes exteriores, y en las que el or- 
ganismo toma poca o ninguna parle, como si en cierto modo ignorase su 
existencia (i). 

189. Sin embargo, basta la menor reflexión para concebir que un mal 
esterno, que no ha sido ocasionado por una grave violencia ejercida del ex- 
lerior, no puede ni nacer, ni existir, ni menos todavía empeorar, sin una 
causa interna, sin la cooperación del organismo entero, por consiguiente sin 
que este último esté enfermo No podría manifestarse si la salud jeneral no 
estuviese desarmonizada, si la fuerza vital dominante, si todas las partes sen- 
sibles e irritables y todos los órganos vivientes del cuerpo no lomasen parte. 
Ni aun sería concebible su producción, si no fuese el resultado de una alte- 
ración de la vida entera. ¡Tan íntimamente enlazadas están entre sí las unas 
con las otras las parles del cuerpo y forman un todo indivisible, atendido ti 
modo de sentir y de obrar ! 

190. Todo verdadero tratamiento médico de un mal sobrevenido en las 
parles exteriores de! cuerpo sin violencia ejercida del exterior que haya da- 
do lugar a él debe pues tener qoc objeto la estincion y la curación, a benefi- 
cio de remedios internos, del mal jeneral que padece el organismo entero. 
De este modo es solamente como puede ser racional, seguro y radical. • 

191. Esta proposición está puesta fuera de duda por la experiencia que 
manifiesta que todo remedio interno enérjíco produce, inmediatamente des- 
pués de haber sido administrado, cambios considerables en el estado jeneral 
del enfermo, y en particular en el de las parles exteriores afectadas, que la 
medicina vulgar mira como aisladas, aun cuando estas partes estén situadas 
en las estremidades del cuerpo. Y estos cambios son de una naturaleza la 
mas saludable; consisten en la curación del hombre todo entero, que hace 
desaparecer ai mismo tiempo el mal local, sin que se necesite emplear nin- 
gún remedio exterior, con tal que el remedio interior, que se dirije contra 
el todo de la enfermedad, haya sido bien elejido, y sea perfectamente homeo- 
pático. 

192. El mejor modo de llegar a este objeto consiste en tomar en consi- 
deración, cuando se examina el caso de enfermedad, no solamente el carác- 
ter exacto de la afección local, sino también todas las demás alteraciones que 
se observen en el estado del enfermo, sin que se las pueda atribuir a la ac- 
ción de los medicamentos. Todos estos síntomas deben reunirse en una ¡ma- 
jen completa, a fin de que se proceda a la investigación de un remedio ho- 
meopático conveniente entre los medicamentos, de los que se conocen Jos 
síntomas morbíficos que son capaces de determinar. 

193. Este remedio, dado únicamente al interior, y del que una sola dosis 
bastará si el mal es de oríjen reciente, cura simultáneamente la enfermedad 
jeneral del cuerpo y la afección local Un efecto semejante por su parte debe 
probarnos que el mal local dependía únicamente de una enfermedad de todo 
el cuerpo, y que es preciso considerarle como una parte inseparable del to- 
do, como uno de los síntomas mas considerables y mas predominantes de la 
enfermedad jeneral. 

194. No conviene en las afecciones locales agudas que se han desarrolla- 
do rápidamente, ni en las que existen ya de larga fecha, hacer la aplicación 

(1) Este es uno de los numerosos absurdos perniciosos de la antigua escuela. 



00 F.Xt'OSIClOK 

sobre la parte enferma de ningún tópico, aun cuando este fuese la misma 
sustancia que tomada interiormente seria homeopática o especifica, y aun 
cuando se administrase simultáneamente este ájente medicinal al interior. 
Pues las afecciones locales agudas como las inflamaciones, erisipelas, etc., 
que han sido producidas no por lesiones externas de una violencia propor- 
cionada a la de aquellas, sino por causas dinámicas o internas, ceden de or- 
dinario a los remedios interiores susceptibles de producir un estado interno 
y externo semejante al que existe actualmente (I). Si con estos medios no 
desapareciesen enteramente, si, a pesar de la regularidad del jénero de vida, 
queda todavía algún vestijio de la enfermedad que la fuerza vital no ha po- 
dido volver a las condiciones del estado normal, entonces la afeoeion local 
aguda era, como sucede con frecuencia, el producto de la animación de una 
psora adormecida hasta entonces en el interior del organismo, y que se halla 
ya a punto de manifestarse bajo la forma de una enfermedad crónica. 

195. En estos casos, que no son raros, es preciso, para obtener una 
curación radical, dirijir un tratamiento antipsórico apropiado a la vez, contra 
las afecciones que persisten todavía, y contra los síntomas que el enfermo 
esperimentaba antes ordinariamente. Por lo demás, el tratamiento antipsó- 
rico interno es el único que se necesita en las afecciones locales erónicasj 
que no son manifiestamente venéreas. 

-190. Podría creerse que la curación de estas enfermedades se efectua- 
ría de una manera mas pronta, si el medio reconocido homeopático por la 
totalidad de los síntomas se emplease no solamente al interior, sino también 
al exterior, y que un medicamento aplicado también al punto enfermo debe- 
ría producir en él un cambio mas rápido. 

\\)~. Mas este método debe desecharse, no solamente en las afecciones 
locales que dependen del miasma de la psora, sino también en las que pro- 
ceden del miasma déla sífilis o del de la sicosis. Porque la aplicación simul- 
tánea de un medicamento al interior y al exterior, en las enfermedades que 
tienen por síntoma principal una afección local fija, ofrece el grave inconve- 
niente de que la afección exterior [2] desaparezca de ordinario mas pronto 
que la enfermedad interna, lo que puede hacer creer injustamente que la 
curación es completa, o al menos hace difícil y a veces imposible el juzgar si 
la enfermedad total ha sido extinguida por el remedio dado interiormente. 
198. El mismo motivo debe hacer desechar la aplicación puramente lo- 
cal, a los síntomas exteriores de una enfermedad miasmática, de los medica- 
mentos que pueden curar esta última, cuando se les administra al interior. 
Porque si nos limitamos a suprimir localaiente estos síntomas, una obscuri- 
dad impenetrable se difunde en el tratamiento interno, necesario para el 
restablecimiento perfecto de la salud ; pues el síntoma principal, la afeCcion 
local, ha desaparecido, y solo quedan ios demás síntomas mucho menos sig- 
nificativos y constantes, que con frecuencia son muí poco característicos [ja- 
ra poder deducir de ellos una imájen clara y completa de la enfermedad. 

499. Si no se hubiese hallado todavía el remedio homeopático de la en- 
fermedad [3], cuando ha sido destruido el síntoma local por la cauterización, 
la escisión o las aplicaciones desecantes, el caso se hace mucho mas embara- 
zoso, a causa de la ¡ncertidumbre y de la inconstancia de los síntomas que 
quedan todavía ; porque el síntoma externo que mejor que otra chcunslan- 

(1) Por ejemplo el acónito, el rhus, 1.1 belladona, el mercurio, etc. 

(2) La erupción psórica reciente, las úlceras, las verrugas. 

¡3) Corno suced.a ánlcs de mí respecto a los remedios antipsóricos y antisicósicos. 



í>í: La ¡mcTiuxA. bombóI» ática. 97 

cía hubiera podido guiar en la elección del remedio e indicar cuanto tiempo 
se le debe emplear al interior para extinguir enteramente la enfermedad, se 
halla sustraído de la observación. 

200. Si existiese todavía osle síntoma, se hubiera podido encontrar un 
remedio homeopático conveniente al conjunto de la enfermedad ; una vez 
descubierto este remedio, la persistencia de la afección local anunciaría que 
la curación no era todavía perfecta, mientras que su desaparición probaria 
que se babia extirpado el mal de raíz, y que la curación era absoluta, venta- 
ja que jamás se sabría apreciar lo bastante. 

•201. FiS evidente que la fuerza vital, abrumada poruña enfermedad cró- 
nica de la que no puede triunfar por su propia enerjía, no se decide a pro- 
ducir una afección local en una parte exterior cualquiera, mas que para ali- 
viar, abandonándole órganos cuya integridad no es absolutamente necesaria 
a la existencia, un mal interno que amenaza romper los resortes esenciales 
de la vida, y destruir la vida misma. Su objeto es transportar en cierto modo 
la enfermedad de un punto a otro, y sustituir un mal externo a otro interno. 
La afección local acalla de esta manera la enfermedad interior, pero sin po- 
der curarla ni disminuirla esencialmente (I ) Sin embargo, el mal local mili- 
ta es otra cosa que una parte de la enfermedad jeneral, pero una parte que 
la fuerza vital orgánica ha exajerado mucho, y que ha transportado a la su- 
perficie exterior del cuerpo, donde el peligro es menor, a fin de disminuir 
otro tanto la afección interior. JMas por eso no se cura esta última, todo al 
contrario, hace progresos poco a poco, de suerte que la naturaleza se ve 
forzada a aumentar y agravar también el síntoma local, a fin de que pueda 
continuar reemplazándola hasta cierto punto, y proporcionarle cierto alivio. 
Asilas úlceras antiguas délas piernas hacen progresos, mientras no se cura 
la psora interna, y las úlceras venéreas aumentan mientras no se combate la 
sífilis interna, a medida que con el transcurso del tiempo la enfermedad to- 
tal toma mas desarrollo y adquiere mas intensidad. , 

202. Si el médico imbuido en los preceptos de la escuela ordinaria des- 
truye el mal local con remedios exteriores, en la persuacion en que está de 
curar así la enfermedad toda entera, la naturaleza reemplaza este síntoma 
despertando los padecimientos interiores y los demás síntomas que si bien 
existían ya, parecía sin embargo que habían estado adormecidos hasta enton- 
ces, es decir, exasperando la enfermedad interna. Es, pues, falso que, como 
se acostumbra a decir, los remedios exteriores hayan hecho entrar entonces 
el mal local en el cuerpo, o que le hayan repercutido sobre los nervios. 

203. Todo tratamiento externo de un síntoma local que tiene por objeto 
extinguirle en la superficie del cuerpo sin curar la enfermedad miasmática 
interna; que se propone, por ejemplo, hacer desaparecer la erupción sar- 
nosa de la piel por medio de unturas, cicatrizar una úlcera venérea cauteri- 
zándola, destruir una vejetacion por medio de la ligadura o del hierro rusien- 
te, este pernicioso método, tan jeneralmente empleado hoi dia, es el princi- 
pal manantial de las innumerables enfermedades crónicas, que tienen nom- 
bre o que están sin él, bajo cuyo peso jime la humanidad entera. Es una de 
las acciones mas criminales de que ha podido hacerse culpable la medicina. 

(I) Los cauterios de los médicos de la antigua escuela producen un efecto análo- 
go, listas úlceras, que el arte produce en el exterior, apaciguan ciertamente muchas 
enfermedades crónicas internas, pero solo las reducen a silencio por un espacio da 
tiempo muí corto, sin poder curarlas; por otra parte debilitan el organismo, y le 
causan una impresión mucho mas profunda que la que le producirían la mayor par- 
to de las metástasis producidas instintivamente por la fuerza vital. 

1i 



08 IMPOSICIÓN 

Sin embargo, así es como jeneralmente se ha procedido íiasla el presente, y 
no se enseña lodavía oirá regla tle conducta en las escuelas [1]. 

204. Si se esceptúan los males crónicos que dependen de la insalubridad 
del jénero de vida habitual, y las innumerables enfermedades medicinales 
(V. 74) producidas por los falsos y peligrosos métodos de tratamiento, cuyo 
uso gusta tanto prolongar en afecciones frecuentemente lijeras a los médicos 
de la antigua escuela, todas las demás enfermedades crónicas, sin eseepcíon, 
dependen de un miasma crónico, de la sílilis, de la sicosis, pero sobre todo 
de la psora, que se hallaba en posesión del organismo entero y penetraba to- 
das sus partes, aun desde antes de la aparición del síntoma local primitivo, 
erupción psórica, úlcera y bubón, o vejetacion, y que cuando se le quita es- 
te síntoma, estalla inevitablemente tarde o temprano, dando oríjen a una 
multitud de afecciones, de las cuales ninguna seria tan frecuente, si los mé- 
dicos se hubiesen entregado siempre a curar los miasmas mismos, y a extin- 
guirlos en el organismo con remedios homeopáticos internos, sin atacar sus 
síntomas locales, por medio de tópicos. 

205. El médico homeópata jamás trata los síntomas primitivos de los 
miasmas crónicos, como tampoco los niales secundarios que resultan de un 
desarrollo, con medios locales que obren, ya de un modo dinámico (2), ya 
mecánico. Cuando llegaría aparecer los uñoso los otros, se dedica única- 
mente a curar el gran miasma que constituye su base, y de este modo los 
síntomas primitivos y los secundarios desaparecen por sí mismos. Mas como 
no era este el método que se seguía antes de él, y como desgraciadamente 
encuentra las mas de las veces los síntomas primitivos (5) borrados ya del 
exterior por los médicos que le han precedido, casi siempre tiene que ocu- 
parse de los síntomas secundarios, de los males producidos por el desarrollo 
de los miasmas, y sobre todo de las enfermedades crónicas nacidas de una 
psora interna. Remito, acerca de este punto, a mi tratado de las enfermeda- 
des crónicas, en el que he indicado la marcha que hai que seguir de un 
modo tan riguroso como era dado a un hombre solo hacerlo, después de 
largos años de experiencia, de observación y meditación. 

206. Antes de emprender la curación de una enfermedad crónica, es ne. 

(1) Porque todos los medicamentos que se prescribían al interior en semejantes 
casos solo servían para agravar el mal, puesto que no poseían la virlud especifica 
de curarle en su totalidad, pero que sin embargo atacaban el organismo, le debilita- 
ban y ie ocasionaban otras enfermedades medicinales crónicas. 

(2) En consecuencia, no puedo aconsejar, por ejemplo, la destrucción local del 
cáncer de los labios o de la cara (¿fruto de una psora muí desarrollada?] con la po- 
mada de Frai Cosme ; no solo porque este método es mui doloroso, y falla muchas* 
veces, sino también, y sobre todo porque semejante medio dinámico, aunque libre 
localmente al cuerpo de la úlcera cancerosa, no disminuye en lo mas mínimo la en- 
fermedad fundamental, de suerte que la fuerza conservadora de la vida se vé obliga- 
da a trasladar el foco del gran mal que existe en el interior, a una parte mas esen- 
cial (como sucede en todas las metástasis), y a producir de este modo la ceguera, la 
sordera, la demencia, el asma sofocatívo, la hidropesía, la apoplejía, etc., pero la 
pomada arsenical tampoco llega a destruir la úlcera local, sino cuando no es muí es- 
tensa, y la fuerza vital conserva grande enerjía; pues en tales circunstancias todavía 
es posible curar enteramente el mal primitivo. La estirpacíon del cáncer, ya en la ca- 
ra, ya en el pecho, y la de los tumores enquistados dan absolutamente los mismos 
resollados. La operación es seguida de un estado un poco mas peligroso todavía, o a 
lo menos se ha anticipado la época de la muerte. Estos efectos han tenido lugar en 
un sin número de casos; pero la antigua escuela no por eso persiste siempre menos 
en su ceguedad. 

(¿) Erupción psórica, úlceras (bubones), vejelacioncs. 



l>r. LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 90 

cosario investigar con el mayor cuidado (I) si el enfermo lia sido infectado 
de sífilis o de gonorrea:; porque, si así fuese, el tratamiento debería recibir 
HP impulso especial en este senüdo, y aun no tener otro objeto si solo exis- 
tiesen signos de sífilis o de sicosis, lo que en el dia es mui raro. Mas, aun 
en los casos en que tenga que curar la psora, es preciso igualmente tratar 
de saber si ba habido una infección de este jénero, porque enlónces habría 
complicación de las dos enfermedades, lo que sucede cuando los signos no 
son puros ; poique siempre o casi siempre cuando el médico cree ver una anti- 
gua enfermedad venérea es' mas bien una complicación de la psora y de la sí- 
filis lo que liene a la vista, por ser el miasma psórico interno la causa fun- 
damental mas frecuente de las enfermedades crónicas, que tan a menudo 
desfiguran y exasperan monstruosamente las aventuradas maniobras de la 
alopatía. 

207. Si lo que precede es cierto, el médico homeópata debe también in- 
formarse de los tratamientos alopáticos a que ha podido estar sometida has- 
ta entonces la persona atacada de la enfermedad, de los medicamentos que 
se han usado de preferencia, y mas frecuéntemele, de las aguas minerales 
a que se ha recurrido y de los efectos que su uso ha producido. Estas no- 
ciones le son necesarias para concebir hasta qué punto ha dejenerado la en- 
fermedad de su estado primitivo, correjir en parte estas alteraciones artifi- 
ciales, si es posible conseguirlo, o al menos evitar o huir de los medicamen- 
tos de que se ha abusado hasta entonces. 

208. Lo primero quehai que hacer en seguida es informarse de la edad 
del enfermo, de su jénero de vida, de su réjimen, de sus ocupaciones, de su 
situación doméstica, de sus relaciones sociales, etc. Se examina si éstas di- 
versas circunstancias contribuyen a aumentar el mal, y hasta qué punto pue- 
den favorecer el tratamiento o serle desfavorables. Tampoco se descuidará 
en investigar si la disposición del espíritu y el modo de pensar del enfermo 
ponen obstáculo a la curación, si es preciso imprimirles otra dirección, fa- 
vorecerlos o modificarlos. 

209. Únicamente después de muchas conferencias consagradas a pro- 
porcionarse todas estas nociones previas, es cuando el médico procura tra- 
bar, según las reglas precedentemente espueslas, un cuadro tan completo co- 
mo sea posible de la enfermedad, a fin de poder anotar los síntomas predo- 
minantes y característicos, con arreglo a los cuales ebje el primer remedio 
antipsórico u otro, tomando por guia al principio del tratamiento la analojía 
tan grande como sea posihle de los síntomas. 

210. A la psora se refieren casi todas las enfermedades que antes he lla- 
mado parciales, y que parecen mas difíciles de curar en razón de este mismo 
carácter, que consiste en que lodos sus demás accidentes desaparecen delante 
de un gran síntoma predominante. A esta clase pertenecen las enfermedades 
del espíritu y de la moral. Sin embargo, estas afecciones no forman una cla- 

(I) Cuando se loman informes de este jénero, es preciso no dejarse engañar con 
las aserciones de los enfermos y de sus parientes que asignan por causas' a las enfer- 
?nedades crónicas, aun las mas graves e inveteradas, un enfriamiento sufrido muchos 
años antes, un susto recibido en otro tiempo, ^¡n esfuerzo, un pesar, etc. Ejtas cau- 
sas son demasiado lijeras para enjendrar una enfermedad crónica en un cuerpo sano, 
para sostenerla años enteros, y hacerla mayor cada año, como sucede a todas las afec- 
ciones crónicas que proceden de una psora desarrollada. Causas mucho mas podero- 
sas que estas deben haber presidido al nacimiento y progresos de un mil crónico, 
grave y pertinaz, y las que acaban de enumerarse son, a lo mas, a propósito pan 
sacar a un miasma de su adormecimiento lelárjico. 



1 00 r.xfosinioN 

so a parte y enteramente separada de las demás ; porque el estado de Id mo- 
ral y del espíritu cambia eu todas las enfermedades llamadas corporales (1), 
y se le debe comprender entre los síntomas principales que importa anotar, 
cuando se quiere trazar una imájen fiel de la enfermedad, con arreglo a la 
cual se pueda en seguida combatirla homeopáticamente con éxiio. 

21 1. Esto llega a tener tal importancia, que el estado moral del enfermo 
es muchas veces el que decide sobre todo en la elección del remedio homeo- 
pático; poique este estado esam síntoma característico, uno de los quéme- 
nos debe dejar escapar un médico habituado a hacer observaciones exactas.. 

212. El criador de las potencias medicinales ha atendido también singu- 
larmente a este elemento principal de todas las enfermedades; el cambio del 
estado de la moral y del espíritu; porque no existe un solo medicamento 
heroico que no produzca un cambio notable en el humor y eu el modo de 
pensar del sujeto sano al que se le administra, y cada sustancia medicinal 
produce uno diferente. 

21o. Jamás, pues, se curará de un modo conforme a !a naturaleza, es de- 
cir, de una manera homeopática, mientras que a cada caso individual de en- 
fermedad, aun aguda, no se atienda simultáneamente al síntoma del cambio 
sobrevenido en el espíritu y la moral, y se escoja por remedio un medica- 
mento susceptible de producir por sí mismo no solamente síntomas seme- 
jantes a los de la enfermedad, sino también un estado moral y una disposi- 
ción del espíritu semejantes (2). 

214. Lo que tengo que decir del tratamiento de las afecciones del espí- 
ritu y de la moral se reducirá, pues, a mni poco, porque no se las puede cu- 
rar de otro modo que todas las demás enfermedades ; es decir, qué en cada 
caso individual es preciso oponerles un remedio que tenga una potencia mor- 
bífica tan semejante como sea posible a la de la enfermedad misma, aten- 
diendo al efecto que produce sobre el cuerpo y sobre el alma de personas 
sanas. 

215. Casi todas las enfermedades que se llaman afecciones del espíritu y 
de la moral no son otra cosa (pe enfermedades del cuerpo, en las que la al- 
teración de las facultades intelectuales y morales se ha hecho tan predomi- 
nante sobre los demás síntomas, cuya disminución se verifica mas o menos 
rápidamente, que concluye por tomar el carácter de una enfermedad parcial 
y casi de una afección local. 

2 i 6. No son raros los casos en las enfermedades llamadas corporales que 

(1) ¿Cuántas veres no se encuentran enfermos que, a pesar de estar sujetos Irce 
muchos añosa afecciones mui dolorosis, han conservado sin embargo un humor apaci- 
ble y complaciente, de suerte qne se siente uno lleno de respeto y do. compasión par;* 
con ellos? Pero cuando se ha triunfado del mal, lo que frecuentemente es posible por 
el método homeopático, se vé a veces presentarse un cambio de carácter el mas te- 
rrible, y reaparecer la ingratitud, la dureza de corazón, la maldad refinada y los ca- 
prichos repugnantes, que formaban el carácter del sujeto ánlcs de que oyese enfer- 
mo. Muchas veres un hombre que era pacifico, cuando estaba bueno, se hice 
atolondrado, violento, caprichoso, insoportable, o impaciente y desesperado cuando 
cae enfermo. No es raro que la enfermedad embrustezca a un hombre de tálenlo, <|ue 
haga de un injenio limitado una cabeza mas capaz, y de un ser apático un hombre 
lleno de presencia de espíritu y resolución. 

(2) Rara vez produce el acónito, o acaso nunca, una curación rápida y duradera, 
cuando el humor del enfermo es igual y apacible; ni la nuez vómica, cuando el c, - 
ráeter es suave y flema tico; ni la pulsatila, cuando es alegre, sereno y obstinado ; ni 
el haba de San Ignacio, cuando el humor es invariable y poco sujeto a sentir penas, 
ni sustos, 



DE LA DOCTRINA «OfiflEOl'ÍTlCA. 101 

amenazan la existencia, como la supuración u>I pulmón, la alteración de cual- 
quiera otra viscera esencial, la liebre puerperal, etc., en los que el síntoma 
moral aumentando rápidamente en intensidad, la enfermedad dejenera en 
una especie de manía, de melancolía o de furor, lo que aleja el peligro de 
muerte que resultaba hasta entonces de los síntomas físicos. Estos se alivian 
basta el punto de volver casi al estado de salud, o mas bien disminuyen de 
tal modo, que ya no puede percibirse su presencia mas que poniendo mucha 
perseverancia y destreza en las observaciones. De este modo dejenera n en 
una enfermedad parcial, y por decirlo así, local, en la que el síntoma moral 
antes muí lijero, ha lomado una preponderancia tal, que se ha hecho, el mas 
predominante de todos, que ocupa en gran parte el lugar de los demás, y 
que alivio su violencia, oblando sobre ellos a la manera de un paliativo. En 
una palabra el imd de los órganos groseros del cuerpo ha sido trasladado a 
los óiganos casi espirituales del alma, (pie ningún anatómico ha podido lo- 
car todavía y ni tocará jamás con su escalpelo. 

2i7. En las afecciones de este jénero es preciso proceder con un cui- 
dado del lodo particular a la investigación del conjunto de signos, tanto bajo 
el aspecto de los síntomas corporales, cuanto notablemente bajo el del sín- 
toma principal y característico el estado del espíritu y la moral. Este es el 
medio de llegar en seguida a encontrar, en el número de los medicamentos cu- 
yos efectos puros están conocidas, un remedio homeopático que tenga la po- 
tencia de extinguir la totalidad del mal a la vez, es decir, cuya serie de sínto- 
mas propios contenga los que se asemejan todo lo posible no solamente a 
los síntomas coi perales del caso presente de enfermedad, sino también y so- 
bre todo a sus síntomas morales. 

218. Para llegar a poseer la totalidad de los síntomas es preciso en pri- 
mer lugar describir exactamente todos los que la enfermedad corporal ofre- 
cía antes del momento en que por el predominio del síntoma moral, ha deje- 
nerado en afección del espíritu y del alma. Estas nociones la suminístraián 
las personas que rodean al enfermo. 

219. Comparando estos síntomas precedentes de la enfermedad corpo- 
ral con las señales que aun subsisten de ella actualmente, pero casi borra- 
das, y que aun a esta época se hacen a veces bastante sensibles cuando hai 
algún momento lucido, o cuando la enfermedad mental sufre una disminu- 
ción pasajera, nos convencemos plenamente de que, aunque encubiertos, 
jamás han dejado de existir. 

220. Si a todo esto se añade el estado de la moral y del espíritu que las 
personas colocadas al rededor del enfermo y el médico mismo han observa- 
do con el mayor cuidado, se obtiene una imájen completa de la enfermedad 
y se puede después proceder a la investigación del medicamento homeopáti- 
co apropiado para curarla, es decir, si la afección mental tiene ya algún tiem- 
po de duración, de aquel de entre los medios antipsóricos que tenga la pro- 
piedad de producir síntomas semejantes, y principalmente un desorden aná- 
logo en las facultades morales. 

221 . Sin embargo, si el estado de calma y de tranquilidad ordinario al 
enfermo, ha sido súbitamente reemplazado bajo la influencia del miedo, del 
pesar, de las bebidas espirituosas, etc., por la demencia o por el furor, ofre- 
ciendo así el carácter de una enfermedad aguda, no se puede, aunque la 
afección proceda casi siempre de una psora interna, traiar de combatirla des- 
de luego con el uso de los remedios antipsóricos. Es preciso primeramente 
oponerle los medicamentos apsóricos, por ejemplo, el acónito, la bellado- 
na, el estramonio, el beleño, el mercurio, etc., a dosis muí débiles, a fia de 



102 r.xi'osif.toN 

disminuirla lo bastante para volver la psora a su ulterior condición latente, 
lo que hace que el enfermo parezca restablecido. 

222. Mas hai que guardarse mui bien de mirar como curado al sujeto 
que se ha librado así de una enfermedad aguda de la moral o del espíritu 
con remedios apsóricos Mui lejos de esto, es menester apresurarse a hacer- 
le sufrir un tratamiento antipsórico prolongado para librarle del miasma cró- 
nico que se ha hecho latente, es verdad, pero que no está menos dispuesto 
a reaparecer de nuevo (1). En efecto, no hai que temer un acceso semejante 
al que se ha hecho cesar, cuando el enfermo observa fielmente el jénero de 
vida que se le ha prescrito. 

223. Pero si no se recurre al tratamiento antipsórico, se puede estar ca- 
si seguro deque bastará una causa mucho mas lijera todavía que la que pro- 
dujo la primera aparición de la manía, para ocasionar un segundo acceso 
mas grave y mas prolongado, durante el cual la psora se desarrollará casi 
siempre de un modo completo, y dejonerará en una afección mental perió- 
dica o continua, cuya curación será mas difícil obtener después por medio de 
los antipsóricos. 

224. En el caso en que la enfermedad mental no estuviera todavía ente- 
ramente formada, y hubiese duda de si resulta realmente de una afección 
corporal, o si es mas bien la consecuencia de una educación mal dirijida, de 
malas costumbres, de una moralidad pervertida, de un espíritu descuidado, 
de la superstición o de la ignorancia, el medio siguiente podrá hacer salir de 
Ja dificultad. Se exhortará amistosamente al enfermo, se le presentarán mo- 
tivos de consuelo^ se le harán serias amonestaciones, se le propondrán ra- 
ciocinios sólidos : si el desorden del espíritu no procede de una enfermedad 
corporal cederá mui pronto ; pero si por el contrario fuese esta su causa, el 
mal empeorará rápidamente, ¿i -melancólico se hará todavía mas sombrío, 
mas abatido y mas inconsolable, el maniático mas malicioso y exasperado, y 
el demente mas imbécil (2). 

22o. Pero hai también, como acaba de verse, algunas enfermedades men- 
tales en corto número, que no proceden únicamente de la dejeneracion de 
una enfermedad corporal, y que estando el cuerpo mismo mui poco afecta- 
do, traen su oríjen de afecciones morales, como un pesar prolongado, las 
mortificaciones, el despecho, las ofensas graves, y sobre todo el miedo y el 
terror. Estas influyen también con el tiempo en la salud del cuerpo y mui a 
menudo la comprometen en alto grado. 

226. Únicamente en las enfermedades mentales producidas así y alimen- 

(t) Sucede mui rara vez que una afección del espíritu o de la moral, que tenga 
ya algún tiempo de fecha, cese por sí misma (por la traslación de la enfermedad in- 
terna a los órganos mas groseros del cuerpo). En estos casos poco comunes es en los 
que se vé a algunos hombres salir de las cosas de Orates curados en apariencia. Fue- 
ra de estos casos, dichos establecimientos están siempre llenos, y los nuevos enajena- 
dos r.o encuentran cabida en ellos, hasta que la muerte ha establecido algunas va- 
cantes. ¡Ninguno sale curado de un modo real y duradero! Prueba evidente entre 
otras, de la nulidad de la medicina, a que ridiculamente se dá el epíteto de racio- 
nal. ¿Cuántas veces, por el contrario, no ha consegurdo la pura y verdadera medici- 
na, la homeopatía, devolver a los enajenados la posesión de la salud del cuerpo y del 
espíritu, restituyéndoles al mundo, para el cual ya estaban perdidos? 

(2) Parece que el espíritu conoce, a pesar suyo, la verdad de estas representacio- 
nes, y obra sobre el cuerpo como si quisiera restablecer la armonía destruida ; pero 
osle se rehace por medio de su enfermedad sobre los órganos del espíritu y del alma, 
y aumenta el desorden, que ya existe en ellos, descargándose sobre estos mismos de 
sos propios padecimientos. 



1)K LA D0CTUINA HOMEOPÁTICA. 103 

tadas por el alma misma, es en las que se puede contar con los remedios 
morales, pero solamente mientras son todavía recientes, y no han alterado 
mucho la salud del cuerpo. En este caso es posible que la confianza que se 
demuestra al enfermo, lus exortaciones afectuosas que se le prodigan, los 
sensatos discursos que se le dirijen, y muchas veces un engaño disfrazado con 
arle, restablezcan prontamente la salud del alma, y mediante un réjimen con- 
veniente vuelvan también el cuerpo a las condiciones del estado normal. 

227. Mas estas enfermedades deben igualmente su oríjen a un miasma 
psói ico, que no estaba todavía a punto de desarrollarse de una manera com- 
pleta, y la prudencia exije que se someta al sujeto a un tratamiento aniipsó- 
rico radical, si se quiere evitar que se reproduzca la misma afección mental, 
lo que sucede con mucha facilidad. 

228. En las enfermedades del espíritu y de la moral producidas poruña 
afección del cuerpo, cuya curación se obtiene únicamente con un medica- 
mento homeopático antipsórico, ayudado de un jéuero de vida sabiamente 
calculado, es bueno no obstante unir a estos medios cierto réjimen, al que 
debe estar sujeta el alma. Es preciso que bajo este aspecto el médico y los 
que rodean al enfermo observen escrupulosamente, para con él, la conduc- 
ta que se haya juzgado conveniente. Al maniaco furioso se opone la calma 
y la sangre tria de una voluntad firme e inaccesible al temor; al que se de- 
sahoga desús padecimientos con lágrimas y lamentos, se le manifiesta una 
compasión muda con la espresion délas facciones y el caráter de los jestos; 
se escuchan en silencio las habladurías del insensato, sin aparentar sin em- 
bargo que no se le atiende a nada, como se hace al contrario con aquel cu- 
yos°aclos o discursos son repugnantes. Por lo que hace a los estragos que 
podría cometer un maníaco huí que limitarse a prevenirlos o impedirlos sin 
reprenderle jamás por ellos, y es preciso disponerlo todo de modo queja- 
más haya que recurrir a los castigos y tormentos corporales (I). Esta últi- 
ma condición es tanto mas fácil de cumplir, cuanto que el uso de los medios 
coercitivos no puede tampoco jusiiíicarse con la repugnancia de los enfer- 
mos para tomar los remedios; porque en el método homeopático son tan pe- 
queñas las dosis, que jamás se descubren por el gusto las sustancias medi- 
cinales, y se le pueden hacer tragar al enternit>en su bebida sin que llegue 
a recelarlo. . . 

229. La contradicción, las amonestaciones muí vivas, las exhortaciones 
demasiado acerbas y la violencia son tan perjudiciales como una condescen- 
dencia débil y tímida, y no perjudican menos que esta en el tratamiento de 
las enfermedades mentales. Pero sobre todo la ironía y el engaño que pue- 
den llegar a notar, es lo que mas irrita a los maniáticos, y agrava su estado. 
El médteo y el que los vijila deben siempre aparentar que creen, que gozan 
de su razón. Deben también dedicarse a alejar de ellos todos los objetos ex- 
teriores que pudieran turbar sus sentidos o su alma. No hai distracciones 

l\) Nunca se admirará uno demasiado de la durezi y del rigor absurdo que d.>s- 
plLkn en muchas casas de locos en Inglaterra y en Alemania, los medióos que sin 
conocer el único método verdadero de curar las en ermedadts mentales, el emp ea, 
contra ellas medicamentos homeopáticos ant.psoncos, se contentan con tortura y 
agoviar a fuerza de golpes a los seres mas d.gnos de compasión entre todos os oe - 
Saciados. Usando de medios tan indignantes, se humillan mucho m s que los ca - 
Scleros en las casas de corrección ; porque estos obran asi únicamente en razón de la 
m Lio. S"e para ello han recibido y sobre criminales, mientras que aquellos dema- 
ndo igno.antes o perezosos para buscar un método conveniente de tratamiento pa- 
rece que solo ejercen tanta crueldad sobre enfermos inocentes, de rabia de que no 
los pueden curar. 



104 KXPOSICÍON 

para su espíritu nebuloso. Para su alma sublevada o esclavizada en tas ca- 
denas de un cuerpo enfermo, no lia i ni recreos saludables, ni medios de ilus- 
trarse, ni posibilidad de calmarse con palabras, lecturas o de otro cualquier 
modo. Nada puede proporcionarles la calma mas que la curación. La tran- 
quilidad y el bienestar no vuelven a su alma, mas que cuando su cuerpo lia 
recobrado la salud. 

250. Si el remedio antipsórico que se ha elejido pora un caso dado dé 
enajenación mental, afección que, como se sabe, se encuentra diversificada 
al infinito, es perfectamente homeopático a la imájeu fiel, del estado de la en- 
fermedad; conformidad tanto mas fácil de encontrar cuando el número de 
los medicamentos bien conocidos es bastante considerable, cuanto que el 
síntoma principal, es decir, el estado moral del enfermo, se pronuncia alta- 
mente; entonces la mas pequeña dosis basta con frecuencia para producir 
en poco tiempo un alivio mas pronunciado que el que se hubiera podido ob- 
tener de lodos los demás medios alopáticos administrados a dosis las mas 
fuertes, y prodigadas cas : . hasta él punto de ocasionarla muerte. Puedo tam- 
bién afirmar, después de una larga experiencia, que la superioridad de la 
homeopatía sobre todos los demás métodos curativos imajinables, en ningu- 
na parle se manifiesta con mas brillo que en las enfermedades mentales anti- 
guas, que deben su oríjen a afecciones corporales, o que se han desarrollado 
al mismo tiempo que ellas. 

231. Hai todavía una clase de enfermedades que merece un examen del 
lodo particular. Estas son no solamente las que reaparecen a épocas fijas, 
como las innumerables fiebres intermitentes y las afecciones en apariencia no 
febriles que afectan la misma forma, sino también aquellas en lasque ciertos 
estados morbosos alternan con otros a épocas irregulares. 

232. Estas últimas, las enfermedades alternantes, son igualmente muí 
diversificadas (1), pero pertenecen todas a la grande serie de las crónicas. 
La mayor parte son un resultado del desarrollo de la psora, algunas veces, 
aunque mui raras, complicada con un miasma sifilítico. Por esta razón es por 
la que se las cura en el primer caso con los medicamentos aniipsóricos, al- 
ternando con los antisifilílicos, como lo he enseñado en mi Tratado de las 
enfermedades crónicas. 

233. Las enfermedades intermitentes propiamente dichas o típicas son 
aquellas en las que, un estado morboso semejante al que existia auterior- 

[\) Es posible que dos o tres estados diferentes alternen a la vez. Puede suceder, 
por ejemplo, por lo que concierne a la alternativa de dos estados diversos, que se 
manifiesten ciertos dolores en las eslremidades interiores liie'go que desaparece una 
oftalmía, y que vuelva después esta apenas hayan cesado los dolores; o que los es- 
pasmos y las convulsiones alternen inmediatamente con otra cualquiera afección, ya 
de todo el cuerpo, ya de alguna de sus partes. Pero también puede suceder en casos 
de una triple alianza de estados alternativos en una enfermedad continua, que a una 
superabundancia aparente de salud, a una exaltación de las facultades del cuerpo y 
del espíritu (alegría insólita, viveza excesiva, sensación exajerada de bienestar, ape- 
tito inmoderado, etc.), se vea suceder repentinamente un humor sombrío y melan- 
cólico, una insoportable disposición a la hipocondría con desarreglo de muchas fun- 
ciones vitales, de la dijeslion, del sueño, etc., y que a este segundo estado reemplace 
de un modo mas o menos pronto la sensación del mal estar que el sujeto experimen- 
ta habitualmente. Muchas veces no existe el menor veslijio del estado anter.or cuan- 
do se establece el nuevo. Muchas veces también quedan aun algunas señales de él. 
En ciertas circunstancias los estados morbosos que alternan a la vez, son por su na- 
turaleza enteramente opuestos el uno al otro, como por ejemplo, la melancolía y la 
locura alegre y el furor, 



T>F. U DOCTIUXA HOÜEOrATlCA. lOíí 

mente, reaparece después do un intervalo bastante regular de bienestar apa- 
rento, y se extingue de nuevo después de haber durado un espacio de tiem- 
po igualmente determinado. Este fenómeno se verilica no solamente en las 
numerosas variedades de fiebres intermitentes, sino que también ,en las en- 
fermedades en apariencia apiréticas, (pie aparecen y desaparecen a épocas 
fijas. 

254. Los estados morbosos en apariencia apiréticos que afectan un tipo 
bien pronunciado, es decir, que reaparecen a épocas fijas en un mismo suje- 
to, y que en jeneral no se manifiestan de una manera esporádica o epidémica, 
pertenecen todos a la clase de las enfermedades crónicas. La mayor parte de- 
penden de una afección psórica pura, rara vez complicada con la sífilis, y se 
las combate con feliz éxito cotí el jénero de tratamiento que exije esta enfer- 
dad. Sin embargo es a veces necesario emplear como medio intecurrente 
una pequeña dosis homeopática de quina para extinguir completamente su 
tipo intermitente. 

c 253. Respecto a las fiebres intermitentes (1) que reinan de un modo es- 
porádico o epidémico, y no de las que son endémicas en lugares pantanosos, 
encontramos con frecuencia que cada uno desús accesos o paroxismos está 
compuesto igualmente de dos estados alternantes contrarios, frió y calor o 
calor y frió ; pero lo mas frecuentemente es de tres, frió, calor y sudor. Por 

(I) Hasta ahora la patolojía, que todavía no ha salido de la infancia, no conoce 
mas que una fiebre intermitente, a la que llama también fiebre fria. Tampoco admi- 
te otra diferencia mas que las del tiempo en que se reproducen los accesos, y en esto 
t'stán fundadas las denominaciones de fiebre cotidiana, terciana, cuartana, etc. Pero 
ademas de la diversidad que ofrecen relativamente a sus épocas de reaparición, pre- 
sentan todavía las fiebres intermitentes otras diferencias mas importantes. Entre es- 
tas fiebres hai muchas a las que no se puede dar el nombre de frias, porque sus ac- 
cesos consisten únicamente en calor; otras que no están caracterizadas mas que por 
el frió seguido o no de sudor ; y todavía en otras el cuerpo del enfermo está helado, 
y sin embargo le hacen experimentar una sensación de calor, o bien excitan en él la 
sensación de frió, aunque su cuerpo parezca muí caliente a la mano que le loca ¡ en. 
muchos, uno de los paroxismos se limita a escalofríos o a frió, que reemplaza inme- 
diatamente el bicneslar, y el que sigue a aquel no consiste mas que en calor seguida 
o no de sudor ; en unos casos, el calor es el que primero aparece, y el frió se declara 
después; en otros, al frió y al calor reemplaza una apirexia completa, mientras que 
el paroxismo siguiente, que frecuentemeute no aparece sino al cabo de muchas ho- 
ras, está caracterizado únicamente por sudores; en ciertos casos no se observa nin- 
guna señal de sudor; en otros, los accesos se componen únicamente d<; sudor sin friu> 
u sin calor, o de sudor que se presenta solamente durante el calor. Todavía existen 
una infinidad de diferencias, relativas sobro todo a los síntomas accesorios, al carác- 
ter particular del dolor de cabeza, al mal gusto de boca, al dolor de estómago, a la 
diarrea, a la falta o al grado de sed, al jénero de los dolores que se sienten en el 
cuerpo y en los miembros, al sueño, al delirio, a las alteraciones del humor, a los 
espasmos, etc., que se manifiestan durante el frió o después de él, durante o después 
del calor, durante o después del sudor, sin contar todavía otra multitud de varieda- 
des. Todas estas fiebres intermitentes son seguramente muí diversas unas de otras, 
de las que cada una reclama un método de tratamiento homeopático que le sea pro- 
pio. Verdad es, debe confesarse, que casi todas ellas pueden ser suprimidas (lo que 
sucede mui a menudo) por grandes y enormes dosis de quina o de sulfato de quini- 
na, es decir, que estas sustancias impiden su reaparición periódica, y destruyen su 
tipo; mas cuando el medicamento ha sido empleado contra fiebres intermitentes a 
que no convenia, el enfermo no está curado porqua se haya extinguido el tipo de su 
afección; está enfermo de olio modo, y muchas veces lo está mucho mas que antes; 
está sujeto a una enfermedad quinica especial y crónica, que es mui difícil a la ver- 
dadera medicina poder curar en un corto espacio de tiempo. ¡Y esto es lo que so 
quiere llamar curjr ! 

4.T 



40G EXPOSICIÓN 

esto es por lo que se necesita que el remedio que se eíije contra ellas, y que 
se toma en jeneral de la clase de los absúricos esperimentados, pueda igual- 
mente, que es lo mas seguro, excitar en las personas sanas dos (o tres) esta- 
dos alternantes semejantes, o al menos que tenga la facultad de producir por 
sí mismo, con lodos sus síntomas accesorios, aquel de los dos o tres estados 
alternantes, frió, calor y sudor, que sea mas fuerte y mas pronunciado. No 
obstante deben servir de guia, principalmente para elejir el medicamento 
homeopático los síntomas del estado del enfermo durante la apirexia(l). 

236. . El método que mas conviene y que es mas útil en estas-enfermeda- 
des, consiste en dar el remedio inmediatamente, o al menos muí poco tiem- 
po después del fin del acceso. Administrado de este modo tiene tiempo de 
producir en el organismo todos los efectos que dependen de él, para resta- 
blecer la salud sin violencia y sin desorden; al paso que si se le hiciera lo- 
mar inmediatamente antes del paroxismo, aun cuando fuese homeopático o 
específico en el mas alto grado, su efecto coincidiría con la renovación natu- 
ral de la enfermedad, y determinaría en el organismo un combate tal, una 
reacción tan viva, que por lo menos perdería el enfermo mucha parte de sus 
fuerzas, y aun su vida podría correr riesgo (2). Mas cuando se dá el medica- 
mento inmediatamente después del fin del acceso, y antes que el paroxismo 
próximo se prepare aun de lejos a reaparecer, el organismo se encuentra en 
la mejor disposición posible para dejarse modificar tranquilamente por el re- 
medio, y volver así al estado de salud. 

257. Si el tiempo de la apirexia es muí corto como en algunas fiebres 
graves, o si está caracterizado por accidentes que se refieren al paroxismo 
precedente, entonces es necesario administrar el remedio homeopático tan 
luego como el sudor o los demás síntomas que indican el fin de acceso em- 
piecen a disminuir. 

238. Solo cuando el medicamento conveniente haya extinguido con una 
sola dosis muchos paroxismos, y devuelto manifiestamente la salud, pero 
que sin embargóse ven reaparecer al cabo de algún tiempo indicios de un 
nuevo acceso, es cuando se puede y se debe repetir el mismo remedio, con 
tal que la totalidad de los síntomas sea todavía la misma. Mas esta reapari- 
ción de la misma fiebre después de lín intervalo de salud no es posible, sino 
cuando la causa que ha producido la enfermedad por primera vez continúa 
todavía ejerciendo su influjo sobre el sujeto, como sucede en los lugares pan- 
lanosos. En semejante caso no se llega muchas veces a obtener "una cura- 
ción duradera, mas que alejando al sujeto de esta causa ocasional; por ejem- 
plo, aconsejándole ir a habitar a un pais montañoso, si la fiebre de que está 
atacado es producto de los efluvios de los pantanos. 

239. Como casi todos los medicamentos, en el ejercicio de su acción 
pura, excitan una fiebre particular, y aun una especie de fiebre intermitente, 
que difiere de todas las fiebres producidas por oíros medicamentos, la nu- 
merosa lista de sustancias medicinales nos ofrece los medios de combatir ho- 
meopáticamente todas las fiebres intermitentes naturales. También encon- 
tramos ya muchos eficaces contra estas afecciones entre el corto número de 
medicamentos que han sido ensayados hasta el dia en personas sanas. 

(1 ) M. de Bamninghausen ha sido el primero qne ha discutido esta vasta materia, 
y ha facilitado con sus investigaciones la elección del remedio que conviene en las 
diversas epidemias de fiebres intermitentes. 

(2) Se tiene la prueba de esto, en los casos desafortunadamente poco raros, en 
los que una dosis moderada de opio, administrada durante el frió de la" fiebre, ha 
causado de un modo pronto la muerte del enfermo. 



DE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 407 

240. Cumulo se ha reconocido que un medicamento es homeopático o 
especiíico en una epidemia reinante de fiebres intermitentes; cuando se en- 
cuentra sin embargo un enfermo que no se cura de un modo completo, y no 
se opone a la curación la influencia de una comarca pantanosa, el obstáculo 
procede constantemente, entonces de un miasma psórico oculto, y por con- 
siguiente se deben usar los medicamentos antipsóricos, hasta que se haya 
restablecido perfectamente la salud. 

241. Las fiebres intermitentes que se declaran epidémicamente en luga- 
res en que por otra parte no son epidémicas, son enfermedades crónicas 
compuestas de accesos agudos aislados. Cada epidemia especial tiene su ca- 
rácter propio común a todos los individuos que ataca, y que cuando se lia re- 
conocido con arreglo al conjunto de síntomas comunes a todos los enfermos, 
indica también el remedio homeopático o específico que conviene en lodos 
los casos. En efecto, este remedio cura casi jenéralmente los enfermos que 
antes de la epidemia gozaban de una salud soportable, es decir, que no esta- 
ban atacados de una afección crónica debida al desarrollo de la psora. 

2 '¡2. Mas si en una epidemia de fiebres intermitentes se han dejado pa- 
sar ios primeros accesos sin curarlos, o si los enfermos han sitio debilitados 
por falsos tratamientos alopáticos, entonces la psora, que desgraciadamente 
existe en un tan gran número de individuos, aunque en estado de sueño, se 
desarrolla, reviste aquí el tipo intermitente, y hace en apariencia el papel 
de la fiebre intermitente epidémica; de suene que el medicamento que hu- 
biera sido saludable en los primeros paroxismos, y que rara vez pertenece a 
la clase de los antipsóricos, deja de convenir, y ya no puede ser de ningún 
auxilio. Desde entonces ya no se tiene a la vista mas que una fiebre inter- 
mitente psórica, de la cual se triunfa ordinariamente con una pequeñísima 
dosis de azufre o de hígado de azufre, que rara vez hai necesidad de repetir. 

245. En las fiebres intermitentes, con frecuencia mili graves, que afectan 
a un individuo aislado, exento de toda influencia de emanaciones pantanosas, 
se debe, así como en las enfermedades agudas en jeneral, alas que se apro- 
ximan bajo el punto de vista de su oríjen psórico, empezar por ensayar, por 
espacio de algunos dias, un remedio no anlipsórico, homeopático al caso que 
se presenta ; mas si tarda en conseguirse la curación, es ¡irneba de que se tra- 
ta de una psora que está próxima a desarrollarse, y que desde entonces los 
antipsóricos son los únicos medios de que se puede esperar un socorro eficaz. 

244. Las fiebres intermitentes endémicas en los parajes pantanosos y en 
los países sujetos a inundaciones, embarazan mucho a los médicos de la es- 
cuela reinante. Sin embargo, un hombre puede acostumbrarse en su juven- 
tud a la influencia de un pais cubierto de pantanos, y vivir en él sano, con 
la) que se sujete a un jénero de vida regular, y que no sea asaltado por la 
miseria, las fatigas o las pasiones destructivas. Las fiebres intermitentes en- 
démicas le atacarán a lo mas á su llegada al pais; pero una o dos dosis de 
quina preparada homeopáticamente bastarán para librarle de ellas con 
prontitud, si en lo/lemas no se separa de la regularidad en su modo de vi- 
vir. Pero cuando un hombre que hace bastante ejercicio, y que sigue un ré- 
jimen conveniente en todo lo que hace relación al espíritu y al cuerpo, no se 
cura de una fiebre intermitente de los pantanos por la influencia de este solo 
medio, se debe estar cierto de que existe en él una psora próxima a desa- 
rrollarse, y que su fiebre intermitente solo cederá a un tratamiento anlipsó- 
rico (I). Sucede algunas veces, si este sujeto abandona sin dilación el lugar 

(t) Dosis considerables y frecuentemente repetidas de quina y el sulfato de quiñi- 



408 EXl'OSlCION 

pantanoso para ir a habitar otro 6eeo y montuoso, que parece que renace en 
él la salud, que la fiebre lo abandona cuando todavía no había echado raices 
profundas, es decir, que la psora vuelve a pasar a su estado latente, poique 
do había llegado todavía a su último grado de desarrollo; pero jamás se cu- 
ra, ni goza nunca de una salud perfecta si no se someto al uso de los remo 
dios anlipsóricos. 

245. Después de haber visto que consideración se debe tener en los trata- 
mientos homeopáticos a ias variedades principales de las enfermedades ya 
las circunstancias particulares que puedeu ofrecer, pasaremos a los reme- 
dios mismos, al modo de servirse de ellos, y al jénero de vida que el enfer- 
mo debe observar mientras está sometido a su acción. 

Todo alivio en las enfermedades agudas o crónicas que se descubre fran- 
camente y hace progresos continuos, es un estado que, por mucho tiempo 
que dure, prohibe formalmente la repetición de un medicamento cualquiera; 
porque aquel de que ha hecho uso el enfermo, continúa todavía producien- 
do el bien que de él puede resultar. Toda nueva dó¿>is de un remedio cual- 
quiera, aun del que se ha dado últimamente, y que hasta entonces se ha ma- 
nifestado saludable, no tendría otro resultado que turbar el trabajo de la cu- 
ración. 

240. Sucede ciertamente algunas veces, cuando la dosis del medicamen- 
to homeopático es mui pequeña, que si nada turba a este remedio en su ac- 
ción, continúa aliviando lentamente el estado del enfermo, y hace en cuaren- 
ta, cincuenta o cien dias lodo el bien que se puede esperar de él en la cir- 
cunstancia en que se le emplea. Mas por una parte este caso es mui raro, y 
por otra importa mucho al médico, del mismo modo que al enfermo, que es- 
te largo período se reduzca a la mitad, a tres cuartas partes o aun mas si 
puede ser, a fin de obtener una curación mucho mas pronta. Observaciones 
Lechas recientemente, y repetidas un gran número de veces, nos han demos- 
trado que se puede llegar a este resultado bajo tres condiciones, sin embar- 
go : primeramente, que la elección del medicamento haya sido perfectamen- 
te homeopática bajo todos aspectos, en segundo lugar que se administre a la 
dosis mas pequeña, la que es menos susceptible de desordenar la fuerza vi- 
tal, conservando no obstante bastante enerjía para modificarla conveniente- 
mente; en fin, que esta débil pero eficaz dosis del medicamento, elejido con 
un cuidado escrupuloso, se repita en los intervalos (1) que la experiencia en- 
seña que conviene mejor para acelerar cuanto sea posible la curación, sin 
que con lodo eso la fuerza vital que debe crear por medio de él una afec- 
ción medicinal análoga a la enfermedad natural pueda sentirse impelida a 
reacciones contrarias al objeto que se quiere conseguir. 

247. Con estas condiciones, las dosis mínimas de un remedio perfecta- 
mente homeopático pueden repetirse con un resultado manifiesto, muchas 
veces increíble, a distancias de catorce, doce, diez, ocho y siete dias. Se las 
puede todavía aproximar mas en las enfermedades crónicas que difieren po- 
co de las afecciones agudas, y que demandan socorro ctm urj encía. Aun 
pueden disminuirse los intervalos en las enfermedades agudas, y reducirse 

na pueden librar al enfermo de los accesos típicos de la fiebre intermitente de los 
pantanos; pero no por eso queda menos enfermo de otro modo, mientras no se le 
administren remedios antipsórieos. 

(4) El autor coloca cu este lugar una larga nota que nosotros suprimimos, por- 
que la hemos reproducido enten en el primer tomo de nuestra traducción del Tra- 
tado de materia médica pura. (Prolegómenos, sobre la repelicion de un medicamento 
homeopático). — (¡Nota del traductor). 



bE LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 100 

a veinte y cuatro, doce, ocho y cuatro horas. En fin, pueden ser de una ho- 
ra y aun de cinco minutos solamente en las afecciones agudísimas. Finalmen- 
te, servirá de regla para la conducta qué debe seguirse en estos casos la ra- 
pidez mayor o menor del curso de la enfermedad y de la acción del medica- 
mento que se emplea. 

248. La dosis de un mismo medicamento se repite muchas veces en ra- 
zón de las circunstancias. Mas solo se la reitera hasta la curación, o hasla 
que dejando el remedio de producir alivio, el resto de la enfermedad ofrez- 
ca un grupo diferente de síntomas, que reclame la elección de otro remedio 
homeopático. 

249. Todo medicamento prescrito para un caso de enfermedad, que en 
el curso de su acción produce síntomas nuevos y graves no inherentes a la 
afección que se quiere curar, no es a propósito para producir una verdade- 
ra curación (I). No se le puede mirar como homeopático. En semejante caso 
es preciso, si la agravación es considerable, apresurarse a recurrir al antí- 
doto para extinguirla eu parte, antes de elejir un medicamento cuyos sínto- 
mas se asemejen mas a los déla enfermedad, o si los accidentes no son mui 
graves dar en seguida otro remedio que tenga mas conformidad con el esta- 
do actual del mal. 

250. Esta conducta será todavía mas indispensable si en un caso urjen- 
te el médico observador, que espía con cuidado los resultados, advierte al 
cabo de seis, ocho o doce horas que se ha equivocado en la elección del úl- 
timo remedio, porque el estado del enfermo empeora un poco de hora en 
hora, y porque se manifiestan síntomas nuevos. En semejante caso le es per- 
mitido y aun está obligado a reparar la falta que ha cometido, elijiendo otro 
remedio homeopático que no convenga solamente de un modo mediano al 
estado presente de la enfermedad, sino que sea también el mas apropiado 
posible. [V. 161]. 

251. Hai algunos medicamentos, por ejemplo, el haba de San Ignacio, el 
zumaque venenoso y quizá también la brionía, cuya facultad de modificar el 
estado del hombre consiste principalmente en efectos alternantes, especie' 
de síntomas de acción primitiva que son en parte opuestos los unos a los 
otros. Si después de haber prescrito una de estas sustancias en consecuencia 
de una elección rigurosamente homeopática, el médico no viese sobrevenir 
ningún alivio, una segunda dosis tan exigua como la primera, y que podría 
administrarse ya al cabo de algunas horas si la enfermedad fuese aguda, lo 
conduciría prontamente a su objeto en la mayor parle de los casos (2). 

252. Mas si en lo que concierne a los demás medicamentos se viese en 
una enfermedad crónica, (psórica) que el remedio mas homeopático (antip- 

(t) Habiendo probado la experiencia que es casi imposible atenuar tanto la dosis 
de un remedio perfectamente homeopático, para que no baste a producir un alivio 
pronunciado en la enfermedad contra quien se dirije (véase 161-179), seria obrar en 
sentido inverso al objeto que nos proponemos, y querer dañar al enfermo, el imitar 
a la medicina vulgar, que cuando no obtiene alivio, o que aun vccmpeorarel estado 
del enfermo, repite el mismo medicamento, y aumenta todavía su dosis, porque esU 
en la persuacion de que no ha servido, por haberlo administrado en una cantidad de- 
masiado pequeña. Si el enfermo no ha cometido ningún estravíoen el rejimen, ya fí- 
sico, ya moral, todo aumento, toda agravación que se anuncia por síntomas nuevos, 
demuestra solamente que el remedio clcjido no era adoptado al caso; pero nunca 
prueba que la dosis haya sido demasiado pequeña. 

(2) Como lo he demostrado ampliamente en los Prolegómenos del artículo consa- 
grado al haba de San Ignacio. (Traía'dO de Malcría ]UJJ;ca Pura, lomo j.° de la lía 
úucaon castcllan-:)), 



110 ' r.xi'OsiciON 

sonco) administrado a la dosis conveniente (la mas pequefia posible) no pro- 
porcionaba ningún alivio, este seria nn signo cierto de que la causa quesos- 
tiene el muí subsiste todavía, y que liai en el jénero de vida del enfermo, o 
en lo que le rodea, alguna circunstancia que debe empezarse por alejar, si 
se quiere hacer duradera la curación. 

255. Entre los signos que en todas la enfermedades, sobre todo aquellas 
cuyo carácter es agudo, anuncian un lijero principio de alivio o de agrava- 
ción, que no todos tienen el talento suficiente para discernir, los nías mani- 
iíestos y mas seguros se deducen del humor del enfermo, y del modo con que 
se conduce bajo todos conceptos. Si e' nial empieza a aliviarse, por poco que 
sea, el enfermo se encuentra mas a su gusto, está mas tranquilo, tiene mas 
libertad de espíritu, renace en él el ánimo, y todas sus maneras se hacen, 
por decirlo así, mas naturales. Lo contrario sucede si el enfermo empeora 
aunque sea muí lijeramente ; en este casóse advierte en el humor y en el es- 
píritu del enfermo, en todas sus acciones, en todos sus jestos y en todas las 
posiciones que loma alguna cosa de insólito, que no se oculta a un observa- 
dor atento, pero que se encuentra mucha dificultad en describir (1). 

254. Si se añade ademas, ora la aparición de nuevos síntomas, ora la 
exasperación de los que existían ya, o por el contrario, la disminución de 
los síntomas primitivos, sin que se hayan manifestado otros nuevos, el mé- 
dico dolado de un espíritu observador y penetrante no podrá menos de co- 
nocer bien pronto si el enfermo se ha agravado o mejorado, aunque en el 
número de los enfermos se encuentren algunos incapaces de decir si están 
mejor o peor, y otros también que no quieren decirlo. 

255. Sin embargo aun en este último caso se puede obtener una plena y 
entera convicción, volviendo a servirse de todos los síntomas que se han 
anotado en el cuadro de la enfermedad, y revisándolos uno después de otro 
de acuerdo con el enfermo. Cuando este último no acusa otros síntomas di- 
ferentes de aquellos de que habia hablado antes, cuando ninguno de los ac- 
cidentes se ha agravado, en fin, cuando se ha notado ya cierto alivio en las 
facultades morales e intelectuales, es indispensable que el medicamento ha- 
ya producido una disminución esencial de la enfermedad, o si todavía ha 
transcurrido poco tiempo desde su administración, que esté próxima a pro- 
ducirla. Mas si habiendo sido bien elejido el remedio tardare runcho en ma- 
nifestarse el alivio, deberá atribuirse o a alguna falla cometida por el enfer- 
mo, o a la excesiva duración de la agravación homeopática (V. 57) producida 
por la sustancia medicina!, y en este último caso concluir que la dosis no ha 
sido bastante pequeña. 

25ü. Por otra parte, si el enfermo se queja de algún síntoma importante 
desarrollado recientemente, y que anuncia que el medicamento no ha sido 

(1) Los signos de alivio relativos al humor y al espirilu del enfermo se manifies- 
tan poco tiempo después que ha lomado el remedio, cuando la dosis ha sido suficien- 
temente atenuada, es decir, tan pequeña como sea posible. Una dosis mas fuerle de 
lo que exije la necesidad, aunque sea del remedio mas homeopático, obra con mucha 
violencia, y produce en seguida un desorden demasiado grande y prolongado en las 
facultades intelectuales y morales, para que pueda conocerse con tiempo el alivio en 
el estado de eslas últimas. Haré notar aqui que esla regla tan importante es una de 
aquellas contra laque mas pecan los homeópata? principiantes y los médicos que pa- 
san de la antigua a la nueva escuela. Estos, alucinados por las preocupaciones, temen 
en semejante caso recurrir a las dosis mas pequeñas de las mas alias diluciones de 
los medicamentos, y así se privan de las grandes ventajas, que mil y mil veces reite- 
radas se han obtenido de ellas; no pueden hacer lo que rculha la verdadera horneo- 
palia, y se creen injustamente sus adeptos. 



de l.v nacTRinl iiOméoi'Atica. 1 1 1 

perfectamente homeopático, por mas que tenga la condescendencia de decir 
que se siente mejor, el médico lejos de creerle debe por el contrario consi- 
derar su estado como mas grave que antes, y tendrá muí pronto ocasión de 
convencerse de ello por sus propios ojos. 

257. El verdadero médico se guardará mui bien de tomar cariño o afi- 
ción a ciertos remedios que la casualidad le ha proporcionado con frecuencia 
ocasión de emplear con feliz resultado. Esta predilección le haría descuidar 
muchas veces otros que serian mas homeopáticos, y por consiguiente mas 
efieaces. 

2">8. Evitará igualmente el tener prevención contra los remedios que le 
hayan hecho sufrir algún revés por haberlos elejido mal, es decir, por cul- 
pa suya. Deberá tener siempre presente en la memoria esta grande verdad, 
que de todos los medicamentos conocidos uno solo merece la preferencia, 
aquel cuyos síntomas tengan mas semejanza con la totalidad de los que ca- 
racterizan la enfermedad. Ninguna pasión miserable debe escucharse en un 
asunto tan serio. 

23D. Como es necesario en la práctica homeopática que las dosis sean 
mui pequeñas, se concibe fácilmente que es preciso separar del réjimen y 
del jénero de vida de los enfermos lodo lo que pudiera ejercer sobre ellos 
una influencia medicinal cualquiera, a fin de que el efecto de dosis tan exi- 
guas no sea extinguido, vencido o turbado por ningún estimulante eslía- 
ño(l). 

260. En las enfermedades crónicas sobre todo es donde importa alejar 
con cuidado todos los obstáculos de este jénero ; pues que ya se hallan or- 
dinariamente agravadas por estos o por otros errores del réjimen frecuente- 
mente desconocidos (2). 

261. El réjimen que mas conviene en las enfermedades crónicas mientras 

(I) Los dulces sonidos de la flauta que, nidos desde lejos y en el silencio de la no- 
che, disponen a un corazón sensible al entusiasmo rclijioso, hieren en vano al vien- 
to, cuando están acompañados de gritos y ruidos disonantes. 

(i) Por ejemplo, el café; el té, la cerveza que contiene sustancias vejeíales dotadas 
de propiedades medicinales que no son apropiadas al estado del enfermo, los licores 
preparados con aromas medicinales, todas las clases de ponche, el chocolate con es- 
pecias, las aguas de olor y perfumes de todo especia, los ramilletes de llores mui olo- 
rosas, las preparaciones dentrílicns, pulverulentas o liquidas, en que entran sustan- 
cias medicinales, las bolsilas perfumadas, los manjares mui condimentados, las pistas 
y sorbetes aromatizados, las legumbres que consisten enyerbas, raices o renuevos 
medicinales, el queso añejo, las carnes manidas, el tocino y la manteca de puerco, de 
ganso y de pato, la ternera mui joven, los alimentos ácidos. Todas estas cosas ejer- 
cen una acción medicinal accesoria, y debe abstenerse de ellas el enfermo. Se prohi- 
birá también el abuso de los placeres de la mesa, aun del azúcar y de la sal. Tam- 
poco se permitirán las bebidas espirituosas, el calor excesivo de las habitaciones, los 
vestidos de (rancla sobre la piel 'que deben reemplazarse en verano con vestidos, 
primero de algodón y después de lienzo), la vida sedentaria en lugares no ventila- 
dos, el abuso del ejercicio puramente pasivo (a caballo, en coche, o en columpio), y 
de la lactancia, el hábito de acostarse para dormir la siesta, el dormir mucho tiem- 
po, los placeres nocturnos, la falta de limpieza, los placeres sexuales contra-natura- 
les', las lecturas eróticas. Se evitarán los motivos de cólera, de pesar, y de despecho, 
el juego tomado con pasión, los trabajos corporales e intelectuales forzados, la per- 
manencia en sitios pantanosos, el habitar lugares en que no se renueva el aire, las 
necesidades urjentes, etc. Todas estas influencias deben evitarse o alejarse en lo posi- 
ble, si se quiere obtener la curación, que estos obstáculos harían difícil o acaso im- 
posible. Algunos de mis discípulos parece que quieren hacer mas difícil de observar 
rl réjimen a los enfermos, prohibiendo todavía olías cosas bastante indiferentes, lo 
que no merece aprobarse. 



I ¡ 2 EXPOSICIÓN 

se hace uso de medicamentos consisto en alejar todo lo que pueda estorbar 
la curación, y cu proporcional' según la necesidad las condiciones inversas, 
prescribiendo por ejemplo las distracciones ¡nocentes, el ejercicio activo al 
aire libre y sin atender al tiempo, los alimentos convenientes, nutritivos y 
privados de virtudes medicinales, etc. 

20:2. Por el contrario, en las enfermedades agudas, excepto la enajena- 
ción mental, el instinto conservador de la vida babla de un modo tan claro 
y tan preciso, que el médico solo tiene que recomendar a los asistentes que 
no contraríen la naturaleza rehusando al enfermo lo que pide con instancia, 
o tratando de persuadirle a tomar cosas que podrían perjudicarle. 

203. Los alimentos y bebidas que pide una persona atacada de enferme- 
dad aguda no son, es verdad, la mayor parte mas que cosas paliativas y ap- 
tas a lo mas para proporcionar un alivio, momentáneo, pero no tienen, pro- 
piamente hablando, cualidades medicinales, y corresponden solamente a una 
especie de necesidad. Con tal que la satisfacción que bajo este aspecto se 
proporciona al enfermo no salga de los justos límites, los débiles obstáculos 
que podría oponer a la curación radical de la enfermedad {\) están compen- 
sados y con exceso por la potencia del remedio homeopático, por la libertad 
en que quédala fuerza vital, y por la calma que sigue a la posesión de un ob- 
jeto ardientemente deseado. La temperatura de la habitación y el número de 
cubiertas de la cama deben igualmente regularse según los deseos del en- 
fermo, en las enfermedades agudas. Se cuidará de evitar todo lo que pudie- 
ra causarle una fuerte atención de espíritu o conmover su moral. 

204. El verdadero médico no puede contar con la virtud curativa de los 
medicamentos, sino cuando los posee tan puros y tan perfectos como es po- 
sible. Asi que, es preciso que sepa apreciar él mismo su pureza. 

205. Es para él un caso de conciencia tener una íntima convicción de 
que el enfermo toma siempre el remedio que le conviene realmente. 

200. Las sustancias que proceden del reino animal y del vejelal no gozan 
plenamente de sus virtudes medicínales, mas que cuando están crudas (2). 

(t) Sin embargo, esto sucede rara vez. Así, por ejemplo, el enfermo casi nunca 
tiene sed mas que de agua pura en las enfermedades francamente inflamatorias, que 
reclaman tau imperiosamente el acónito, cuya acción seria destruida por la introduc- 
ción en el organismo de bebidas activadas con ácidos vejetales. 

(2) Las sustancias animales y vejetales crudas tienen todas ellas mas o menos vir- 
tudes medicinales, y pueden modificar el estado del hombre, cada una a su rniuh}. 
Las plantas y los animales de que se alimentan los pueblos civilizados tienen sobro 
los demás la ventaja de contener mayor cantidad de parles nutritivas y virtudes me- 
dicinales menos cnerjicas, que disminuyen todavía con las preparaciones que se les 
hace sufrir, como la espresion del jugo nocivo (la cazabe, en América), la fermenta- 
ción (la de la pasta de que se hice el pan, la de la colicostra, etc.), las fumigaciones, 
la cocción, la torrefacción, etc., que destruyen o disipan las parles a que se adhieren 
estas virtudes. La adición de la sal (salazón) y del vinagre (salsas, ensaladas; produ- 
ce también este efecto, pero resultan de esto otros inconvenientes. 

Las plantas doladas de virtudes medicinales las mas enerjicas, se despojan igual- 
mente de ellas en todo o en parte, cuando se las trata del mismo modo. Las raices 
de lirio cárdeno, de rábano silvestre, de peonía y de aro seguino se hacen casi iner- 
tes por la desecación:, El jugo de los vejetales mas violentos se reduce frecuentemen- 
te a una masa totalmente inerte por la acción del calor que sirve para preparar ¡os 
estrados ordinarios. Basta dejar quieto algún tiempo el jugo de la plañía mas peli- 
grosa para que pierda todas sus propiedades; pasa rápidamente por sí mismo a la 
fermentación vinosa, cuando la temperatura es moderada, inmediatamente después 
se agria, en seguida se pudre, lo que acaba de destruir en el toda virtud medicinal ; 
el sedimento que se deposita entonces en el fondo no es mas que una fécula inerte, 



fcR LA DOCTRINA HOMEOPÁTICA. 1 13 

liíyl. El modo mas perfecto y seguro de apoderarse de la virtud medici- 
nal de las plantas indíjenas, y que pueden obtenerse frescas, consiste en es- 
primir el jugo, que se mezcla en seguida exactamente con partes iguales de 
alcohol. Se deja quieta la mezcla por espacio de veinte y cuatro horas en 
un frasco tapado* y después de haber decantado el líquido claro, en el fon- 
do del cual se encuentra un sedimento fibroso y albuminoso, se le conserva 
para uso medicinal (I). El alcohol que se ha añadido al jugo se opone al de- 
sarrollo de la fermentación, así para el presente como para el porvenir. Se 
tiene el líquido al abrigo de los rayos del sol en frascos de vidrio bien tapa» 
dos. De este modo se conserva la virtud medicinal délas plantas entera, per- 
fecta y sin la menor alteración (-2). 

268. En cuanto a las plantas, cortezas y raices exóticas que no pueden 
obtenerse en el estado fresco, un médico prudentejamás se fiará de otro pa- 
ra proporcionárselas en forma de polvo. Antes de usarlas en su práctica de- 
be procurar tejerlas entecas, y no preparadas, para poderse convencer de su 
pureza (3). 

Las yerbas verdes, que se ponen en montones, pierden también la 'mayor parte de 
lo que tenian de medicinal por la especie de exudación o de sudor quo esperi- 
me ntan. 

(1) IJuchobz (Taechcnbuch fuer Schcidekucnstlcr und Apofheker, 1815, L VI) ase- 
gura a sus lectores (y el que ha dado cuenta de su libro en la Leipziger Lileralur~ 
zcitung, 1816, núm. 82, no lo censura), que se debe este excelente modo de preparar 
los medicamentos a la campaña de Rusia (1812), de donde ha venido a Alemania. 
P< ro refiriéndole en las mismas palabras de la primera edición de mi Orgmon, se 
le ha olvidado decir que soi yo el inventor : ya le habia yo publicado dos años antes 
de la campiña de Moscou (en 1810). ¡ Se prefiere mas bien aparentar que se cree que 
un descubrimiento ha venido de los desiertos del Asia, que atribuir el honor de él a 
un compatriota ¡ Antiguamente, es verdad, se mezclaba el alcohol con los jugos de 
las plantas, con el fin, por ejemplo, de poder conservarlas algún tiempo antes de 
preparar con ellas los estrados; pero jamás se ha hecho esta adición cou la mira de 
administrar después esta mezcla como remedio. 

(2) Aunque jeneralmcnte convenga mezclar partes iguales de alcohol y de jugo re- 
cientemente esprimido para hacer que se precipite la materia fibrosa y la albúmina, 
sin embargo, hai plantas muí cargadas de raucosidides, como la consuelda, el pen- 
samiento, etc., que exijen ordinariamente doble cantidad de alcohol. En cuanto ;i 
las piar/las poco ricas en jugo, como el oleandro, el boj, la sabina, el galo (cerezo de 
Luisiana), el lódano, etc., es preciso empezar por machacarlas hasta que formen una 
pasta homojénea y húmeda, a la que se añade después doble cantidad de alcohol, que 
se une al jugo vejetal, y permite obtenerle por la acción de la prensa ; pero pueden 
también triturarse estas plantas secas con azúcar de leche hasta el millonésimo grad<» 
de atenuación, disolver entonces un grano de este polvo, y servirse de la disolución 
para oblencr lis diluciones siguientes. (V. 271). 

(3) Para conservarlas en Corma de polvos se necesita una precaución no usadl 
hasta el dia en las boticas, donde no pueden guardarse, sin que se alteren, ni aun los 
polvos bien desecados de sustancias animales y vejetales. Esto consiste en que las ma- 
terias v, jétales, aun cuando estén perfectamente secas, conservan todavía cierta can- 
tidad de humedad, condición indispensable para la coherencia de su tejido, que no 
impide que la droga permanezca incorruptible mientras se conserva entera, pero que 
se hace supérflua luego que se la pulveriza. De aquí se sigue que una sustancia ani- 
mal o vejetal, que estaba bien seca de entera, da un polvo lijeramentc húmedo, que 
no tarda en alterarse y enmohecerse en los frascos, por bien tapados que estén, »í 
antes no se ha tenido el cuidado de privarles de toda su humedad. El modo mejor de 
conseguirlo consiste en cslcnderlc sobre un plato de hoja de lata de bordes elevados, 
que se calienta en un baño de María, y en moverle hasta que sus partes no se aglo- 
meren en burujones, sino que se deslicen las unas sobre las otras, como arena fina. 
Secados de este modo, y conservados en frascos bien tapados y sellados, son inaltera- 
bles para siempre, y conservan completamente sus virtudes primitivas, sin enmohe- 

16 



114 rxi'"Of.rcíoR 

209. La medicina homeopática por un procedimiento que le es propio, 
y que jamás se habia ensayado ánles de ella, desarrolla de tal modo las vir- 
tudes medicinales dinámicas de las sustancias groseras, que proporciona a 
todas ellas una acción de las mas penetrantes, aun a aquellas que antes de 
haber sido tratadas de este modo no ejercían k» menor influencia medicina! 
sobre el cuerpo del hombre. 

270. Se loman dos golas de la mezcla de partes iguales de un jugo veje* 
tal fresco y alcohol, se las echa en noventa y ocho gotas de alcohol, y se dan 
dos fuertes sacudidas al frasco que contiene el líquido. Se tienen en seguida 
otros veinte y nueve frascos Henos en sus tres cuartas partes con noventa 
y nueve golas de alcohol, ven cada uno de los cuales se echa una gota deí 
líquido contenido en el precedente, cuidando siempre de dar dos sacudidas 
a cada frasco [I] El último o el trijésimo contiene la dilución al decillouési- 
mo grado de potencia (X), (2) la cual se emplea con mas frecuencia. 

27 1 . Todas las demás sustancias destinadas a los usos de la medicina ho- 
meopática, como los metales puros, los óxidos y sulfuros metálicos, las de- 
mas sustancias minerales, el petróleo, el fósforo, las parles y jugos de las 
plantas que solo pueden proporcionarse en el estado seco, las sustancias 
animales, las sales neutras y otras, etc., se llevan al millonésimo grado de 
atenuación pulverulenta por medio de una trituración que dura tres horas; 
después de la cual se disuelve un grano de polvo, y se nata la disolución en 
veinte y siete frascos sucesivos, del mismo modo que se ha hecho respecto 
de los jugos vejetales, a fin de elevarlas al trijésimo grado de desarrollo de 
su potencia (">). 

272. En ningún caso es necesario emplear mas de un medicamento a la 
vez (i). 

273. No se concibe que pueda quedar la menor duda respecto a si es 
mas razonable y mas conforme a la naturaleza no emplear a la vez en una en- 

earse jamás, ni criar mitas. Debe tenerse singular cuidado de poner los frascos al 
abrigo de la luz, en cajas o en gabelas. Cuando penetra el aire en estos frascos, 
cuando están espuestos a la acción de los rayos del sol o de la luz difusa, las sustan- 
cias animales y vejetales pierden cada dia mas sus virtudes medicinales, lo que ya; 
las sucede cuando están en grandes porciones, y principalmente bajo la forma de 
polvo. 

(1) Fundándome en experiencias multiplicadas y observaciones exactas, y que- 
riendo fijar un término preciso y medio al desarrollo déla virtud de los medicamen- 
tos líquidos, he prescrito que no se den mas que dos sacudidas a cada frasco, en lu- 
gar de dar mas, como lo hacia antes, lo que desarrollaba demasiado la potencia de 
Jos remedios. Hai homeópatas que llevan consigo los medicamentos homeopáticos en 
forma liquida, mientras hacen sus visitas, y que pretenden que las virtudes no ad- 
quieren exaltaciones con el tiempo por este medio. Sostener semejante lésis, es pro- 
bar que no se tiene un jénio de observación bien riguroso. Yo he disuello un grano 
de anatron (sal común) en media onza de agua mezclada con un poco de alcohol, y 
he ajilado sin interrupción durante media hora el Irasco que contenía el líquido, y 
que ocupaba las dos terceras partes de el ; y he visto después que esta mezcla igualaba 
en enerjía a la trijésima dilución. 

(2) En un principio se emplearon en homeopatía los números romanos para de- 
signar las diluciones, y con cada uno se designaban tres : asi, por ejemplo, el diez 
romano (X) espresaba la 30. a el VI, la -18. a , etc.; en el dia para mayor claridad se 
emplea el sistema de numeración arábigo. (¿V. del T). 

(3) Como se ha dicho con mas estension todavía en los discursos que preceden a 
la exposición de los síntomas de los medicamentos que comprende el primer tomo 
del Tratado de Materia Médica Pura. 

(4) A la verdad, algunos homeópatas han ensayado, en los casos en que un me- 
dicamento convenia a una parle de los síntomas y otro a otra, el dar dos medicamen- 



1>E la DOCTRINA U01ÍP.01>ATICA. \ 15 

fermedad, mas que una sola sustancia medicinal bien conocida, o prescribir 
una mezcla de muchos medicamentos diferente*. 

27-4. Como el verdadero médico encuentra en los medicamentos simples 
y no mezclados todo lo que puede desear, es decir, potencias morbíficas ar- 
tificiales que por su facultad homeopática curan completamente las enferme- 
dades naturales, y como es un precepto mui prudente no emplear nunca mu- 
chas fuerzas para lo que puede hacerse con una, jamás le ocurrirá dar a la 
vez como remedio mas que un sólo medicamento simple : porque sabe que 
aun cuando se hubieran estudiado en el hombre sano los efectos específicos 
y puros de todos los medicamentos simples, no podríamos por eso encon- 
trarnos en estado de prever y calcular el modo con que estas sustancias 
mezcladas entre sí pueden contrariarse y modificarse recíprocamente en sus 
efectos. Tampoco ignora que un medicamento simple administrado en tina 
enfermedad cuyo conjunto de síntomas se asemeja perfectamente a los suyos, 
basta por sí solo para curarla de una manera perfecta. Está bien convenci- 
do, en fin, deque, aun en el caso menos favorable, aquel en que el remedio 
no estuviese enteramente en armonía con el mal, respecto a la semejanza de 
Jos síntomas, produciría al menos algún provecho a la materia médica, con- 
firmando, los nuevos síntomas que en semejante caso excitase, los que ha- 
bía producido anteriormente en las experiencias hechas en sujetos sanos, 
ventaja de que se priva haciendo uso de medicamentos compuestos (1). 

27o. La apropiación de un medicamento a \\x\ caso dado de enfermedad 
no se funda solamente en su elección perfectamente homeopática, sino tam- 
bién en la precisión o mas bien en la exigüidad de la dosis a que se le ad- 
ministra. Si se dá una dosis demasiado fuerte de un remedio, aunque sea del 
todo homeopático, perjudicará infaliblemente al enfermo, a pesar de ser sa- 
ludable por su naturaleza la sustancia medicinal ; porque la impresión que 
<le ella resulta es mui fuerte, y tanto mas vivamente sentida, cuanto que en 
. virtud de su carácter homeopático, el remedio obra precisamente sobre las 
partes del organismo, que mas han esperimentado ya los ataques de la en- 
fermedad natural. 

270. Esta es la razón por la que un medicamento, aunque sea homeopá- 
tico, perjudica constantemente cuando se le administra a dosis mui elevada; 
yes tanto mas nocivo, cuanto mas fuerte es la dosis. Pero la misma eleva- 
ción de la dosis ocasiona tanto mas perjuicio al enfermo, cuanto mas homeo- 
pático es el remedio, y su potencia dinámica ha sido mas desarrollada (i , 
y una fuerte dosis desemejante medicamento hará mucho mas daño que una 
dosis igual de una sustancia medicinal alopática, es decir, sin relación nin- 
guna de conveniencia con la enfermedad, pues entonces la agravación homeo- 
pática, (V. 157-160) es decir, la enfermedad artificial mui análoga a la enfer- 
medad natural que el remedio ha excitado en las partes <Jel organismo que 

tos n la vez o casi al mismo tiempo; pero encargo seriamente que se este prevenido 
contra semejante maniobra, que jamás será necesaria, aun cuando a veces parezca que 
debe ser útil. 

(t) El médico que raciocina se contenta con dar al interior el remedio que haya, 
elejido lo mas homeopático posible; dejará a los rutineros las tisanas, las aplicacio- 
nes de saquitos de yerbas, los fomentos con cocimientos vejctales, las lavativas y las 
fricciones con tal o cual especie de ungüento. 

(2) Los elojios que algunos homeópatas, poco numerosos, han dado en estos úl- 
timos tiempos a las fuertes dosis, dependen por una parle, de que habían elejido las 
primeras diluciones del medicamento, como yo mismo lo lucia cin corta diferencia 
hace veinte años, cuando todavía no había sido ilustrado por la experiencia, y por 
otra, deque los medicamentos elejidos por ellos no eran perfectamente homeopáticos. 



116 KXPOsK'.IOX * 

mas padecen, llega Iiasta el punto de dañar (!), mientras que, s¡ no hubiera 
excedido los justos límites, hubiera efectuado suavemente la curación. El 
enfermo a la verdad no padece ya déla enfermedad primitiva, que ha sido 
destruida homeopáticamente; pero padece mucho mas de la enfermedad me- 
dicinal, que ha sido mucho mas fuerte, y de la debilidad, que es su conse- 
cuencia natural. 

277. Por la misma razón, y porque un remedio dado a dosis bastante pe- 
queñas se muestra tanto mas maravillosamente eficaz, cuanto mas cuidado se 
lia tenido de elejirle bien homeopático, un medicamento cuyos síntomas pro- 
pios estén perfectamente en armonía con los de la enfermedad, deberá ser 
tanto mas saludable, cuanto mas se aproxime su dosis a la exigüidad a que 
necesita reducirse para proporcionar suavemente la curación. 

278. Se trata ahora de saber cuál es el grado de exigüidad que mascón- 
viene para dar a la vez el carácter de certeza y de suavidad a \os benéficos 
efectos que se quieren producir, es decir, cuánto debe disminuirse la dosis 
del remedio homeopático en un caso dado de enfermedad para obtener la 
mejor curación posible de esta última. Se concibe fácilmente que no es a 
las conjeturas teóricas alas que debemos dirijirnos para obtener 1 la solución 
de este problema, que no es por medio de ellas como puede establecerse, 
considerado cada medicamento en particular-, a que dosis es suficiente admi- 
nistrarle para producir el efecto homeopático, y conseguir una curación tan 
pronta como suave. Todas las sutilezas imajinables de nada sirven en este 
caso. Solo a beneficio de experiencias puras y de observaciones exactas es 
como puede llegarse al resultado. Seria absurdo objetar con las altas dosis 
que emplea la práctica vulgar, cuyos medicamentos no se dirijeu a las mis- 
mas paites dolientes, sino solamente a las que no están atacadas por- la en- 
fermedad. Nada puede concluirse de esto contra la pequenez de la dosis, cu- 
ya necesidad en los tratamientos homeopáticos la demuestran las experien- 
cias puras. 

279. Pues las experiencias puras establecen de un modo absoluto que 
cuando la enfermedad no depende manifiestamente de una alteración pro- 
funda de un órgano importante, aun cuando sea de la clase de las crónicas 
y de las complicadas, y cuando se tiene cuidado de alejar del enfermo toda 
influencia medicinal eslraña, la dosis del remedio homeopático jamás podrá 
sev bastante débil para hacerle inferior en' fuerza a la enfermedad natural, 
que puede eslinguir y curar esta última, mientras conserje la enerjia nece- 
saria para provocar, inmediatamente después de haberla tomado, síntomas 
semejantes a los suyos, y un poco mas intensos. (V. 157-1 bO). 

280. Esta proposición, sólidamente establecida por la experiencia, sirve 
de regla para atenuar la dosis de todos los medicamentos homeopáticos, sin 
escepcion, hasta un grado tal, que. después de haber sido introducidos en 
el cuerpo, no produzcan masque una agravación casi insensible. Poco im- 
porta entonces que la atenuación llegue hasta el punto de parecer imposible 
a los médicos vulgares, cuya imajinacion solo se alimenta con ideas materia- 
les y groseras (2). Las declamaciones deben cesar cuando la infalible expe- 
riencia ha pronunciado su fallo. 

(1) Véase la nota del 246. 

(2) ¡Que aprendan de los matemáticos, que cualquiera quesea el número de par- 
tes en que se divida una sustancia, cada parle contiene sin embargo todavía una cor- 
ta porción de ella, que, por consiguiere, la mas pequeña partícula que se pueda 
imajinar no deja de ser algo, y jamas se convierte en nada ! ¡Que aprendan de los 
físicos que hai inmensas potencias que no tienen peso, como el calórica, la luz, ele, 



DE LA DOCTRINA HOMEOL'ÁTICA . 117 

281. Todos los enfermos llenen, principalmente por lo que respectas 
su enfermedad; una tendencia increíble a sentir la influencia de las potencias 
medicinales homeopáticas. No liai un hombre, por robusto que sea, que, aun 
atacado solamente de una enfermedad clónica, o de lo qne se llama un mal 
local, no advierta bien pronto un cambio fovorable en la parle enferma, 
después de haber tomado el medicamento homeopático conveniente, a la 
mas pequeña dosis posible; en una palabra, que no esperimente por efecto 
de esta sustancia una impresión superior a la que produciría en un niño de 
veinte y cuatro horas, pero que estuviese sano. ¡ Cuan ridicula es, pues, la 
incredulidad puramente teórica, que rehusa sujetarse a la evidencia de los 
hechos ! 

282. Por débil que sea la dosis del remedio, con tal que produzca la mas 
lijera agravación homeopática, con tal que pueda dar orijen a síntomas se- 
mejantes a los de la enfermedad primitiva, pero un poco mas fuertes, afecta 
de preferencia y casi eselusivamente las parles del organismo que ya pade- 
cen, que están fuertemente irritadas, y mili predispueslas a recibir una irri- 
tación tan semejante a la suya. De este modo, sustituye a la enfermedad natu- 
ral otra enfermedad artificial que se la parece mucho, y que solamente es un 
poco mas fuerte. El organismo viviente no padece ya mas que de esta última 
afección, que con arreglo a su naturaleza, y en razón de la exigüidad de la 
dosis por la que ha sido producida, cede bien pronto a los esfuerzos de la 
fuerza vital para restablecer el orden normal, y deja así, cuando la afección 
ha sitio aguda, al cuerpo libre de padecimientos, es decir, sano. 

283. Para proceder de un modo conforme a la naturaleza, un verdadero 
médico solo administrará el remedio homeopático a la dosis exactamente ne- 
C( saria para sobrepujar y estinguir la enfermedad presente; de modo que 
s¡ por uno de aquellos errores perdonables a la debilidad humana, hubiese 
elejido un medicamento que no conviniese, el daño que de esto resultara se- 
ria tan lijero, que basiaria para repararle la enerjia de la fuerza vital, y la 

y que, por esta misma razón son infinitamente mis lijeras todavía que el contenido 
medicinal de las mas pequeñas dosis de la homeopatía! ¡Que pesen, si pueden, las 
palabras ofensivas que producen una liebre biliosa, o la noticia aflictiva de la muerte 
de un hijo único que luicc perecer a una madre cariñosa! ¡Que loquen, por espacio 
de un cuarto de hora solamente, un ¡man capaz de sostener cien libras, y los dolores 
que experimentarán les enseñarán que las influencias imponderables pueden también 
producir sobre el hombre los electos medicinales mas violentos! ¡Que, de entre ellos, 
los que sean de una complexión débil se hagan aplicar suavemente a la boca del es- 
tómago durante algunos minutos la eslremidad del pulgar de un magnetizador que 
haya fijado su voluntad, y las sensaciones desagradables que experimentarán les ha- 
rán arrepentirse bien pronto de haber querido asignar limites a la actividad de la 
naturaleza ! 

El alópata que, ensayando el mélodo homeopático, no se atreva a tomar a su' 
cargo el dar dosis tan débiles y tan atenuadas, solo tiene que preguntarse qué arries- 
ga con prescribirlas.' Si no hubiese en ellas mas de cierto que lo que tienen de peso, 
si todo loque no hubiese debiera juzgarse igual a cero, una dosis que le parece que 
no es nada no podría tener otro resultado peligroso mas que el no producir ningún 
efecto, lo que al menos es una cosa mucho mas inocente que los resultados a que con- 
ducen las fuertes dosis de medicamentos alopáticos. ¿Por que quiere creer a su ines- 
periencia flanqueada de preocupaciones, mas competente que una experiencia de mu- 
chos años que se apoya sobre hechos? Por otra parle, el medicamento homeopái ¡ro- 
en cada división o dilución adquiere un nuevo grado de poleneia por las sacudidas 
que se le imprimen, medio de desarrollar las virtudes inherentes a las sustancias me- 
dicinales, desconocido antes que yo lo anunciase, y que es tan enérjico que en estos 
últimos tiempos ¡a experiencia me ha obligado a reducir a dos el número de sacudi- 
das, cu. lugar de diez que prescribía ánles a cada dilución , 



\\H Ty.r-ostr.tON 

administración de otro remedio mas homeopático, dado también a la mas 
pequeña dosis posible. 

284. El efecto de las dosis tampoco se debilita en la misma proporción 
que disminuye la cantidad material del medicamento en las preparaciones ho- 
meopáticas. Ocho gotas de tintura tomadas de una vez no producen sobre el 
cuerpo humano un efecto cuatro veces mayor que una dosis de dos gotas; 
solo le producen con corta diferencia doble; del mismo modo, una gola de 
la mezcla de una gota de tintura con diez golas de un líquido sin propiedades 
medicinales, no produce un efecto décuplo del de una gota diez veces mas 
dilatada, sino solamente un efecto apenas doble. La progresión continúa así, 
según la misma leí, de manera que una gota de la dilución mas dilatada de- 
be todavía producir, y produce realmente, un efecto mu i considerable (1). 

283. Se atenúa también la fuerza del medicamento disminuyendo el vo- 
lumen de la dosis, esdecir, que cuando en vez de hacer tomar una gota en- 
tera de cualquiera dilución, solo se administra una pequeñísima fracción de 
esta gota (2), se consigue perfectamente el objeto que se desea, que es hacer 
su electo menos pronunciado. La razón de esto es fácil de concebir; ha- 
biendo disminuido el volumen de la dosis, se sigue naturalmente que debe 
ponerse en contado con menos nervios, y si bien estos comunican igual- 
mente la virtud del remedio a lodo el organismo, solo la transmiten en un 
grado mucho mas débil. 

286. Por la misma razón el efecto de una dosis homeopática se aumenta 
en proporción de la masa del líquido en que se la disuelve para hacerla tomar 
al enfermo, aunque la caniidad de la sustancia medicinal sea la misma. Mas 
entonces el medicamento se encuentra puesto en contacto con una superficie 
mucho mas estensa, y el número de nervios que sienten su efecto es mucho 
mas considerable. Aunque pretendan los teóricos que se debilita la acción 
del medicamento dilatándole en un líquido, la experiencia dice precisamen- 
te lo contrario, al menos en lo que concierne a los medios homeopáticos [5]. 

(I) Supongamos que una gota de una mezcla que contiene un décimo de gnno 
de sustancia medicinal, produce un efecto = a; una gota de olra mezcla, que conten- 
ga solamente un centesimo de grano de esta misma sustancia, solo producirá con 

a 
corla diferencia un efccto= — , si contiene un diez milésimo de grano del medicaruen- 

a 2 a 

to, el efecto será=— -; si contiene un millonésimo, el efecto scrá=— , y así sucesiva- 

4 8 

mente, en igiwl volumen de dosis; el efecto del remedio sobre el cuerpo humano so- 
lo se debilita la mitad poco mas o menos, cada vez que su cantidad disminuye las 
nueve décimas parles de lo que era antes. Yo he visto muchas veces a una gola de 
tintura de nuez vómica al decillojiésimo grado de dilución producir exactamente la. 
mitad del efeelo que otra al quintillonésimo grado, cuando las administraba una y 
olra a una misma persona y en las mismas circunstancias. 

(2 Lo mejor que puede hacerse para esto es emplear pequeños glóbulos o grajeas 
de azúcar del tamaño de un grano de la semilla de adormidera. Uno de estos glóbu- 
los, impregnado del medicamento e introducido en el vehículo, forma una dosis que 
contiene cerca de la trescenlésima parle de una gota, porque trescientos glóbulos de 
este tamaño se empipan lo suficiente con una gota de alcohol. Poniendo sobre la 
lengua uno de estos glóbulos, sin beber nada después, se disminuye considerablemen- 
te la dosis. Pero sí, siendo mas sensible el enfermo, hai necesidad de emplear la do- 
sis mas débil posible, y obtener no obstante el mas pronto resultado, se limita a una 
simple y única inspiración. 

(3) El vino y el alcohol, los mas simples de lodos los excilanles, son los únicos 
cuyos efectos estimulante y embriagante disminuyen cuando se los dilata en mucha 
aguj. 



t)fc LA DOCTlUNA HOMEOPÁTICA. ilO 

287. Debe advenirse, sin embargo, que hai una grande diferencia enlre 
mezclar imperfectamente la sustancia medicinal con cierta cantidad de líqui- 
do, y hacer esta mezcla de un modo tan íntimo, (I) que las menores fraccio- 
nes del líquido contengan una cantidad de medicamento proporcionalmente 
igual a la que exista en todas las demás. En efecto, la mezcla Aiene mucha 
mas potencia medicinal en el segundo caso que en el primero. De aquí pueden 
deducirse las reglas que se deben seguir en la disminución de las" dosis, 
cuando sea necesario debilitar todo lo posible el efecto de los remedios, pa- 
ra que puedan soportarlos los enfermos mas sensibles (2). 

288. La acción de los medicamentos líquidos (5) sobre nosotros es lan 
penetrante, se propaga con tanta rapidez, y de un modo tan jeneral, desde 
el punto irritable y sensible que ha recibido el primero la impresión de la 
sustancia medicinal a todas las demás partes del cuerpo, que casi se vé uno 
inclinado a llamarle un efecto espiritual, dinámico o virtual. 

289. Todas las partes de nuestro cuerpo que poseen el sentido del tacto 
son también susceptibles de recibir la impresión de los medicamentos, y de 
propagarla a todas las demás (í). 

290. Después del estómago, la lengua y la boca son las partes del cuer- 
po mas susceptibles de recibir las influencias medicinales. Sin embargo, el 
interior de la nariz, el recto, los órganos jenitales y todas las partes dotadas 
de una grande sensibilidad tienen casi la misma aptitud para sentir la acción 
de los medicamentos. La misma causa hace que estos últimos se introduz- 
can en el cuerpo por la superficie de las heridas y de las úlceras, casi con 
tanta facilidad como por la boca o las vías aéreas. 

291. Aun los órganos q'ue han perdido el sentido a que especialmente 
estaban destinados, por ejemplo, la lengua y el paladar privados del gusto, 
ia nariz privada del olfato, comunican a todas las demás partes del cuerpo 

(!) Cuando me sirvo de la palabra íntima quiera decir que sacudiendo una vea 
la gota del líquido medicinal con cien gotas de alcohol, es decir, que tomando en la 
mano el frasco que contiene el todo, y haciéndole mover con rapidez a beneficio de 
un fuerte movimiento de flexión y otro de estension del brazo, obtendré ya una mez- 
cla exacta, pero que harán mas intima todavía dos, tres o diez movimientos semejan- 
tes, es decir, desarrollarán mas la virtud medicinal, desplegarán en cierto modo la 
potencia del medicamento, y harán mucho mas penetrante su acción sobre los ner- 
vios. Así, pues, cuando se procede a la dilución de las sustancias medicinales, es mu¡ 
prudente no dar mas que dos sacudidas a cada uno de los veinte o treinta frascos su- 
cesivos, cuando solo se quiere desarrollar moderadamente la potencia activa. Será 
bueno también al atenuar los polvos, no insistir demasiado en la trituración en el 
mortero : así, cuando sea menester mezclar un grano entero de medicamento con 
los primeros cien granos de azúcar de leche, no se molerá con fuerza mas que duran- 
te una hora, espacio de tiempo del que tampoco se debe pasar en las atenuaciones 
siguientes, para que el desarrollo do-ia fuerza del remedio no pase de los justos li- 
mites. 

(2) Cuando mas se progresa en las diluciones, teniendo cuidado de comunicar a 
cada una dos sacudidas, tanto mas rápida y penetrante parece que se hace la acción 
medicinal, que la preparación ejerce sobre la fuerza vital y el estado del sujeto. Su 
fuerza disminuye mui poco por este medio, aun cuando se eleve la dilución dema- 
siado, y en lugar de detenerse, couio de ordinario sucede en la X, que casi siempre 
es bastante, se llegue a fe XX, L, C o mas ; únicamente la duración de acción pare- 
ce que disminuye progresivamente en este caso. 

(;{) Omitimos la nota que pone aqui el autor, por encontrarse ya en los Prolegó- 
menos del primer tomo de nuestra traducción del Tratado de Materia Médica Para, 
Sobre lodo bajo la forma de vapor, etc., hasta el fin del párrafo.— (Nota del T.). 

(4) La falta de olfato en un enfermo no impide que los medicamentos que hue- 
le, ejerzan completamente sobre el su acción medicinal y curativa. 



120 r.xi'ostr.ioft 

el efecto de los remedios, que solo obran inmediatamente sobre ellos, de üli 
modo tan perfecto como si poseyesen su facultad propia. 

292. La superficie del cuerpo, aunque cubierta de piel y de epidermis* 
tampoco deja de ser a propósito para recibir la acción de los medicamentos, 
sobretodo de los que son líquidos. Sin embargo las porciones mas sensibles 
de esta cubierta son también las man aptas para sentirla (1). 

203. Creo necesario hablar también aquí del magnetismo animal, enya 
naturaleza difiere tanto de la de los demás remedios. Esta fuerza curativa* 
que debería llamarse mesmerismo por el nombre de su inventor, de cuya rea- 
lidad solo pueden dudar los insensatos, y qne hace afluir al cuerpo de un 
enfermo la voluntad firme de un hombre benévolo, por medio de tactos, obra 
de un modo homeopático excitando síntomas semejantes a los de la enfer- 
medad, objeto que se consigue a beneficio de una sola pasada ejecutada con 
la voluntad medianamente firme, deslizando lentamente la palma délas ma- 
nos sobre el cuerpo desde el vértice de la cabeza hasta la estremidad de los 
pies (2). Conviene el mesmerismo bajo esta forma, por ejemplo, en las he* 
morrajías uterinas aun en su último período, cuando están próximas a cau- 
sar la muerte. Obra también repartiendo la fuerza vital con uniformidad en 
el organismo, cuando se encuentra en exceso en un punto, y falta en otro, 
como cuando la sangre se dirijo a la cabeza, cuando un sujeto debilitado ex* 
peiimenta un insomnio acompañado de ajitacion y de mal estar, etc. En es- 
te caso se practica una sola pasada semejante a la precedente, pero un poco 
mas fuerte. En fin, obra comunicando inmediatamente fuerza vital a una par- 
le debilitada o a todo el organismo, efecto que ningún otro medio produce 
de una manera tan cierta y ménosapropiada a perturbar lo restante del trata- 
miento médico. Se llena esta tercera indicación tomando una voluntad lija y 
bien pronunciada, y aplicando las manos o las puntas de los dedos sobre la 
parte debilitada, de la cual ha hecho el asiento de su síntoma local principal 
una enfermedad crónica interna, como por ejemplo, en las úlceras antiguas, 
la gota serena, la parálisis de un miembro, etc., (3). A esta clase pertenecen 

(1) Parece que la frotación no favorece la acción de los medicamentos, sino por* 
que hace a la piel mas sensible, y a la fibra viviente mas apta no solo para sentir en 
cierto modo la virtud medicinal, sino también para comunicar a lo restante del orga- 
nismo esta 'sensación modificadora del estado jeneral en que aquel se encuentra. Guan- 
do se empieza por frotar la parte interna de los muslos, basta después aplicar sim- 
plemente en ella el ungüento mercurial para producir el mismo resultado medicinal 
que si se hubiera frotado directamente con el ur.güento. Porque se ignora todavía si 
esta última operación tiene o no por resultado, ya el hurr penetrar el metal en el 
cuerpo, ya el que le absorvan los linfáticos. No obstante, la Homeopatía casi nunca 
necesita, para curar, recurrir al uso de ningún medicamento en fricciones. 

(2) La dosis homeopática mas pequeña, que no obstante produce muchas veces 
resultados milagrosos, cuando es empleada convenientemente. No es raro que los 
médicos incompletamente homeópatas se imajinen que obran con mas sensatez, pres- 
cribiendo a los enfermos atacados de afecciones graves, dosis mui poco distantes do 
medicamentos diferentes,- elejidos por otra parle homeopáticamente, y empleados a 
altos grados de dilución. Deesle modo los sumerjen en un estado tal de sobre-excita- 
cion, que se encuentran fluctuando entre la vida y la muerte, y basta después el me- 
nor medicamento para acarrear una muerte inevitable. En semejante caso basta una 
suave pasada magnética, o la aplicación, pero poco prolongada, de la mano de un 
hombre bien intencionado, sobre la parte que especialmente padece, para restablecer 
la armonía en la repartición de la fuerza vital, y producir de este modo descanso, 
sueño y curación. 

(3) Aunque la operación de completar localmentc la fuerza vital, operación que 
se debe reiterar de cuando en cuando, no pueda producir una curación duradera, 
cuando la afección local, siendo antigua, depende, como siempre sucede, de un mías- 



w. i..v doc.tui\*a noMEoiÁTici. 121 

lampien ciertas curaciones apárenlos, que en lodos tiempos han hecho los 
inagucti/.adores dolados de grande fuerza natural. Pero él resultado mas 
brillante de la comunicación del magnetismo a todo el organismo es el haber 
vuelto a la vid a a personas sumidas largo liempo en un estado de muerte 
aparente, con solo la voluntad (irme y bien fija de un hombre lleno de fuer- 
za vital (1), especie de resurrección de que refiere la historia muchos ejem- 
plos incontestables. 

294. Todos estos métodos de practicar el mesmerismo se fundan en el 
aflujo de una cantidad mayor o menor de fuerza vital al cuerpo del enfermo. 
Por esta razón han recibido el nombre de mesmerismo positivo (2). Mas 
existe otro que merece el de mesmerismo negativo, porque produce el efec- 
to inverso. A este se refieren las pasadas que se usan para hacer salir a un 
sujeto del estado de somnambulismo, y todas las operaciones manuales de que 
se componen los actos de calmar y ventilar o airear. El modo mas seguro y 
mas sencillo de descargar por el mesmerismo negativo la fuerza vital acu- 
mulada en exceso en una pane del cuerpo de un sujeto que no ha sido debi- 
litado, consiste en mover rápidamente la mano derecha estendida a una pul- 
gada de distancia del cuerpo desde el vértice de la cabeza hasta la estremi- 
dad de los pies (3). Cuanto mas lápida es esta pasada, tanto mas fuerte es la 
descarga que produce. Puede, por ejemplo, cuando una mujer antes sana (¡) 
ha sido sumida en un estado de muerte aparente por la supresión de sus re- 
glas, debida a una conmoción violenta, volverla a la vida, quitándola la fuer- 
za vital probablemente acumulada en la rejion precordial, y restableciendo 
el equilibrio en todo el organismo (o). Del mismo modo unalijera pasada ne- 
ma interno jcncr.il, sin embargo, esta corroboración positiva, esta saturación inme- 
diata de fuerza vital, que se halla tan distante de ser un paliativo en este caso, como 
el comer y el beber respecto del hambre y la sed, no es de poco auxilio en el trata- 
miento real de toda la afección con los medicamentos homeopáticos. 

(t) Principalmente de uno de esos hombres, de los que se encuentran pocos, que 
con una constitución robusta y una grande bondad do alma tienen poca propensión 
a los placeres del amor, y aun pueden sin mucha dificultad imponer silencio a sus 
deseos, en los que, por consiguiente todos los espíritus vitales empleados otras veces 
en la secreción del esperma, están dispuestos, y en grande abundancia, a comunicar- 
se a los demás hombres por efecto de los tocamientos fortificados con una voluntad 
lirme. Algunos de los magnetizadores dotados del poder de curar, que he tenido oca- 
sión de conocer, se encontraban en este caso. 

(2) Al tratar aquí de la virtud curativa, cierta y decidida del mesmerismo posili- 
), no hablo del abuso que de él se ha hecho con tanta frecuencia, cuando, rcpilien- 



., y ... 
vimienlo de intentar curar las enfermedades crónicas. 



(3) Es una regla conocida que la persona que se quiere magnetizar positivas nc- 
s alivamente no debe llevar tejidos de sed i en ninguna parle de su cuerno. 

(i) Por consiguiente una pasada negativa, sobre lodo mui rápida, seria mui per- 
judicial a una persona atacada de debilidad crónica, y en la que la vida tuviera po- 
ca enerjía. 

(ó) Un joven y robusto aldeano, de diez años de edad, fué magnetizado a causa 
de una 1 i jera incomodidad por uní mujer, que practicó sobre él muchas y mui fuer- 
tes pasadas con la estremidad de lus dos pulgares en la reí ion precordial por bajo de 
las costillas ; inmediatamente cayó pálido como un cadáver en un estado tal de in- 
movilidad e insensibilidad, que fueron inútiles todos los medios que se emplearon 
para volverle a la vida, y se le creyó muerto. Mandé a su hermano mayor que le hi- 

47 



1-2-2 EXPOSICIÓN 

gativa menos rápida calma la ajitacion, a veces muí grande, y el insomnio 
molesto que resultan de una pasada positiva mui fuerte practicada sobre un 
sujeto mui irritable, etc., 

cicsc una pasada negativa tan rápida como le fuera posible desde el rértice de la ca- 
beza hasta la eslremidad de los pies i al momento volvió en »i ton «ano y ájil, como 
si nada le hubiera sucedido. 



DE LAS 



ENFERMEDADES CRÓNICAS EN JEÑERAL 



§ I. División de fas enfermedades en agudas y crónicas. — Cantidad y ¿¿petición 
de las dosis en las enfermedades crónicas. — Utilidjd de los descubrimientos 
fisiolójicos y analómico-palolójicos. 

T,n división délas enfermedades en agudas y crónicas es enteramente ar- 
bitraria ; y si la he adoptado, ha sido con el doble objeto de tener mi pumo 
de apoyo, y de continuar la obra de Hahnemann quien tanta importancia la 
ha dado en su Tratado de enfermedades crónicas. 

Esta división, sin embargo, es útil al médico homeópata respecto al menos 
a la cantidad y repetición de las dosis : asi es que en las enfermedades agu- 
das se adniinistian los medicamentos a dosis mas materiales y mas fuertes 
que en las crónicas, profundamente arraigadas en casi lodos los sistemas 
orgánicos. Por olía parle, la repetición de las diluciones mas elevadas, en 
Jas enfermedades crónicas, exije la mayor circunspección y debe ser a mas 
largos intervalos que en las enfermedades agudas. Mi larga ¡experiencia me 
ha permitido apreciar el valor de esie precepto de Hahnemann, cuyos nume- 
rosos y felices resultados por él obtenidos en enfermedades crónicas, no sé 
deben solamente al descubrimiento de los medicamentos aulipsóricos, sino 
mas bien a su terapéutica circunspecta y reflexiva. 

En la descripción de cada enfermedad, recordaré los descubrimientos y 
observaciones fisiolójieas y patológicas nuevas, que han contribuido esencial- 
mente a esclarecer el diagnóstico, única ventaja a la verdad que ha reporta- 
do a la medicina práctica. Sensible es que alópatas distinguidos, médicos do 
instrucción y experiencia se hayan desanimado hasta el punto de abandonar 
Ja materia médica por creerla impotente para modificar y curar las enfermé- 



4 24 ENFERMEDADES CRÓNICAS. 

dades, aunque bien a su pesar, los progresos de la ciencia les ha hecho des- 
pués observar mejor ; pues eslos preciosos descubrimientos, solo han pro- 
ducido un resultado uegalivo, impidiendo agravar la enfermedad con un tra- 
tamiento intempestivo y hacerla incurable como sucede lanías veces. Eu 
una palabra, eslos mismos progivsos íisiolójica y patológicamente considera- 
dos, han dado un golpe funesto a la alopatía, porque desconfiando en la ma- 
teria médica especulativa, etc., han perdido la poca fé (pie en ella tenían, 
por dedicarse a investigar remedios mas seguros En el ínterin se contentan 
con sostener sabiamente el carácter y desarrollo de la enfermedad, recurrien- 
do por todo remedio a la fuerza medicatriz de la naturaleza, o mas bien, 
abandonando a los enfermos. 

Hé aquí lodo el fruto de estos nuevos descubrimientos : los hospitales es- 
tán atestados de enfermos abandonados a los caprichos del acaso ; en la prác- 
tica civil, el médico que carece de un principio regulador y cierlo, no puede 
menos de confesar su impotencia. 

Felizmente existen médicos que han sabido aprovechar estos descubri- 
mientos, imprimiéndoles una nueva y útil aplicación a la ciencia. Eslos mé- 
dicos son los homeópatas desdeñados y perseguidos por los alópatas que se 
vanaglorian de ser ellos los únicos médicos racionales. 

Lo que nos dá la ventaja sobre nuestros adversarios, es la materia médica 
íisiolójica que de dia en día avanza en la verdadera vía del progreso; esta 
nos pone a la verdad en contacto mas intimo con las observaciones pura-" 
mente íísiolójicas, y con los resultados patolójicos obtenidos perlas autop- 
sias ; de suerte que podemos justipreciar mejor los fenómenos íisioiójicos su • 
ministrados por la esperimentacion pura (síntomas patojenélicos), y ¡a apli- 
cación mucho mas útil de estos síntomas a los diversos estados patolójicos. 

§ II. Opinión de Ilahnemann sobre las enfermedades crónicas. 

Antes de entrar en materia, creo necesario recordar las ideas de Hahne- 
mann sobre las enfermedades crónicas. Después de rechazar ¡a jenerahza- 
cian de las enfermedades y denominaciones ríe la antigua escuela, después 
de combatir con ardor todas las hipótesis sobre la naturaleza íntima, se lan- 
za con admiración de adeptos y adversarios en una via que él creyó lau pe- 
ligrosa. Pero no; un examen reflexivo y profundo del primer volumen de 
su Tratado de enfermedades crónicas en el que ha consignado las pruebas que 
tenia en apoyo de su opinión ; en ese libro escrito con lan rara erudición y. 
con un razonamiento tan lleno de fuerza y claridad y con la lójica sagacidad 
que caracteriza sus primeras obras, basta, este examen, repito, para refutar 
victoriosamente y aniquilar ¡as objeciones de sus adversarios. 

La doctrina de ilahnemann habia ya adquirido un notable desarrollo en la 
época en (pie se dedicó especialmente a investigar la causa de la impotencia, 
de la medicina en las enfermedades crónicas, con el objeto de bailar un tra- 
tamiento mas seguro. Ya habia hecho todo lo que humanamente era posible 
para aclarar todos los detalles de su nueva doctrina y para facilitar mas y 
mas la práctica de la misma, ensayando sin cesar nueves medicamentos y 
comunicando a sus discípulos los mas minuciosos preceptos sobre el modo 
de hacer las esperieiicias. Creia poder descubrir por este medio la causa de 
ios reveses de su método curativo en muchas enfermedades especialmente 
crónicas, y a pesar de que su método curativo estaba ya hacia mucho tiem- 
po reconocido como superior a todos los demás, no pudo menos de decir, 
que ¿si el principio en que basaba su tratamiento, !e inspiraba tüníiauza, 



KSFERMGDADEs U'.ÓJÍICAS. . Í11} 

los pocos resultados que aun obtenia en las enfermedades crónicas le desa- 
nimaban y destruían su esperanza (!)>. 

En 1817 asistía yo casi diariamente a las consultas de Hahnemann y oía 
con frecuencia preguntar a los enfermos si Intuían tenido sarna. Poco tiem- 
po después, deeia de un modo terminante : U. ha tenido sarna; y me sor- 
prendía sobremanera la respuesta afirmativa de la mayor parte de los enfer- 
mos. Desde esta época, jamás descuidé interrogar a mis enfermos respecto 
a este punto y puedo decir que antes que Hahnemann hubiese publicado su 
Trenado de enferinedudes crónicus, muchas veces hallé en el sul¡>h., o hepsulph., 
el remedio apropiado. Esta pregunta llamaba mí atención y me conducía a 
creer que Hahnemann consideraba las enfermedades clónicas bajo un punió 
de vista diferente que los demás médicos. Continuando sus investigaciones, 
creia ver en los hechos la continuación de la idea que abrigaba respecto a la 
existencia de una afección psóriea latente, oríjen de las enfermedades cró- 
nicas y de la naturaleza miasmática crónica déla enfermedad primiva, «por- 
que nunca, dice Hahnemann he visto qne la enerjía vital haya sido suficiente 
para eonibalirle, ni que ceda a los esfuerzos de una constitución vigorosa, 
al réjimen mas severo, o al jénero de vida mas regular, antes por el contra- 
rio, se perpetua hasta el fin de la vida, se agrava sin cesar tomando formas 
nías o menos graves». — Llamaba psora (afección psórica interna, con o sin. 
erupción) a la enfermedad primitiva, oríjen de tantas otras y por consiguien- 
te antipsóricos, a los medicamentos cuya eficacia contra las mismas habia ya 
esperimentado. La acción curativa de estos ajenies terapéuticos en mucha* 
enfermedades crónicas, le sirvió de prueba en favor de la naturaleza psóri* 
ca, resultándoie ademas la firme convicción de que «casi todas las enferme- 
dades de la piel, la mayoría de las seuüo-organizaciones desde las verrugas 
de los dedos hasta los tumores enemistados mas voluminosos, desde las sim- 
ples deformidades délas uñas hasta la hinchazón de los huesos, las devia- 
ciones déla columna vertebra! y muchos olios reblandecimientos o distor- 
siones de los huesos, en la infancia o en la edad avanzada; que las hemo- 
rrajías frecuentes de la nariz, las eoujeslioues sanguíneas en las venas del 
recto, los (lujos de sangre por el ano, la hemoptisis, la hematemesis y la he- 
maturía, la amenorrea y ¡a melrorraji i, los sudores nocturnos habituales y 
la aridez de la piel que se pone seca corno pergamino, las diarreas habitua- 
les, el estreñimiento pertinaz, los dolores crónicos errantes acá y allá por el 
cuerpo, y las convulsiones reproduciéndose muchos años seguidos; que las 
ulceraciones y flecmasías, las atrofias, la sobreescitadon, los diversos vi- 
cios de la abolición de la vista, liel oído, del olfato, del gusto y del tacto, 
los excesos y la eslñicíon del apetito venéreo las perversiones de las faculta- 
des intelectuales, desde la demencia al éxtasis, desde la melancolía, hasta el 
furor, las lipotimias, los vértigos y las enfermedades del corazón, las afec- 
ciones del bajovientre con todo el ■síndrome de los padecimientos llamados 
histeria e hipocondría, en una palabra, que los millares de afecciones cróni- 
cas a las cuales la palolojía, asigna nombres diferentes, no son, con pocas 
escepciones, mas que reproducción de la psora polimorfa ( v 2). Sus observa-? 
rioi'.es y espeiíencias uosteriores ie enseñaion que las afecciones crónicas 
que tanto Vanan bajo el aspecto de los síntomas que determinan y de las for- 

(1) D.irínnc et traitcment hnmocop.iihin.ne des maladies chroniqnes. trad. de 
r.illeinand par J. A L. Jourd;m, 5 editan; l'oris, <8iG; t. 1. p. 6 el suiv. 

(?) Doctrine et traiiemeni ho'moeopáthiqué des maladies chroniques, t, l,~p. 13 
el. suiv. 



128 fc-\Ti:MIi:i>ADES HIÓ.MC.AS. 

riónos duras o diarrea, hemorroides secas, o flueni.cs, orina encendida ; ve- 
nas hinchadas, y dilatadas en las piernas (varices); sabañones y dolores cu los 
mismos aun en eslío; dolores en los clavos sin presión esterior del calzado ; 
disposición a las luxaciones ; crujido en las articulaciones durante el movi- 
miento ; dolores tirantes, traclivos en la nuca, dorso, miembros y sobre lo- 
do en los dientes; agravación de los dolores en el reposo y alivio con el mo- 
vimiento ; renovación ó agravación de casi lodos los síntomas por la noche, 
cuando el barómetro está mui bajo, con los vientos del Norte y de Este, en 
invierno y primavera; sueños ajilados, piel enfermiza, forúnculos; frecuentes 
y panadizos; piel seca en los miembros, y con mas frecuencia en las meji- 
llas; descamación déla piel en diferentes sitios, acompañadas algunas veces 
de prurito y ardor; aparición de vesículas aisladas que se llenan de pus y 
producen un prurito voluptuoso, seguido de ardor». 

Estos son los síntomas lijeros y poco incómodos de la psora latente que 
pueden existir por años enteros, sin tomar un carácter de gravedad, hasta 
que en una edad avanzada, influencias esteriores les despiertan y producen 
una alteración mas considerable. Entonces es, cuando se exaltan los sínto- 
mas e incrementa el desarrollo de las enfermedades crónicas como Hahne- 
mann lo ha probado con los hechos recojidos de diferentes autores y que ha 
consignado en su Tratado de enfermedades crónicas (!), cuales son : 

Asma con o sin tumefacción jeneral ; catarro sofocante ; asma e hidropesía; 
pleuresía e inflamación del pecho, con punzadas y tos violenta; espectora- 
<:ion sanguinolenta, hemolisis y tisis pulmonar ; colecciones de pus en el pe- 
cho, y en el mesenterio, alteración notable de gran número de visceras; hi- 
drocéfalo ; ulcerasen el estómago; esfacelo de este y el duodeno; ascilis ; 
hidrocele; ictericia; infacto de las parótidas y jánglios linfáticos del cuello; 
oscurecimiento de la vista y presbiopía, catarata y amaurosis ; sordera; infla- 
mación de las visceras, diabetes, supresión de orina ; erisipela ; flujos acres, 
¡corosos; úlceras, caries; exostoses en la rodilla; dolores osteocopos; ra- 
quitismo y tabes mesentérica en los niños; fiebres de diferentes especies y 
tipos; vértigo y pérdida total délas fuerzas; vértigo epiieptiforme ; convul- 
siones; epilepsia; apoplejía, parálisis; melancolía; enajenación mental, etc. 

§ V. Tratamiento de la sarna según Hahncmann. 

Cuando el exantema se présenla bajo la forma de granos primero transpa- 
rentes, que se llenan después de pus, con una pequeña aureola roja, y del 
volumen de las papilas miliares, aisladas, y con el aspecto ya de granos es- 
coriados, ya de pequeñas costras, no puede dudar el médico un solo instante 
en que la erupción es sarnosa, máxime si el niño frota y rasca sin cesar el 
punto afectado, o cuando el adulto esperimenta un cosquilleo pruriloso in- 
soportable, particularmente por la tarde y la noche que le impele a rascarse 
y que después produce un ardor quemante. 

Cuando el médico nota estos síntomas a tiempo, le basta, evitando toda 
aplicación esterior, administrar uno o dos glóbulos empapados en alcohol 
sulfurado y dinamizado para curar prontamente un niño en dos, tres o cua- 
tro semanas, de la afección psóiica entera, es decir, de la erupción y de la 
psora interna. En algunos casos es necesario una dosis de carb—v., dinami- 
zado y en otros una dosis de sepia. 

Cuando la enfermedad es antigua, pero manifestada todavía por su exanie- 

(1) T. I, p. 58 y siguientes. 



ÜNFEUMIÍDADÉS CRÓNICAS. 120 

ma primitivo y que no lia bastado una dosis de tulfuf, es menester antes de 
repetirle, administrar uno o dos glóbulos de n — v., 50 para combatir si lia 
lugar la sensibilidad excesiva que impide ülsalph., desplegar su acción. Este 
medicamento está ademas indicado cuando el enfermo ofrece los síntomas 
siguientes : repugnancia al aire libre ; grande propensión a estar sentado o 
echado; humor hipocondriaco y apesadumbrado y resistencia tenaza los de- 
seos de otro. La segunda dosis de sulph., que se dará en seguida y cuya ac- 
ción se aguardará por treinta y seis a cuarenta dias, no tardará en manifes- 
tarse, cuando una enfermedad crónica cualquiera tiene el síntoma tan incó- 
modo de un estreñimiento de muchos dias con deposiciones duras y nudo- 
sas y con conato frecuente e inútil de deponer. Hé aquí, pues, en pocas pa- 
labras el resumen de la terapéutica de la sarna indicada por Hahnemann en 
su Tratado de enfermedades crónicas (1). 

(l) T. I, p. 4 39, ct suiv. 



13 



MEDICINA 

HOMEOPÁTICA 



DOMESTICA, 



&3ra& aa &&S ®&m$ s h%&® 



ú 



PARA QUE PUEDAN TRATARSE POR SI MISMOS HOMEOPÁTICAMENTE 

EN LAS INDISPOSICIONES LIJERaS Y PRESTAR AUXILIOS EFICACES A LOS ENFERMOS 

EN LOS CASOS LTUENTES HASTA LA LLEGADA MEL MEDICO. 

pon EL 



Dr. C. HERING (de Filadelfia. 



REDACTADO 

\ 

Con ttrrc<\Vo a \as wtyms oVtos, ViomwpoAVco* 
\j a su ^YO^va i?>\>mwda tow aAldonts (VeAos dotVovts GOY^LIAAN , (jW.OSS \\ SA \?\\. 

TRADUCIDA AI.' CASTELLANO 

POR 0. ROMÁN FERNANDEZ DEL RIO , 

Doctor en medicina y cirujía , 

socio fundador y secretario .jcncral de la Sociedad Ilalinemanniana Matritense, 

socio corresponsal de la Suciedad Hahnemanniana de París, etc. etc. 



La experiencia es el medio mas 
seguro de conocer la verdad. 

Washington. 



SANTIAGO DE CHILE. 

IMPRENTA CHILENA, CALLE DE SAN" GARLO.-, >V *&. 



INTRODUCCIÓN. 



Este libio ha sido escrito para enseñar a los profanos a la medi- 
cina a aliviar un gran número de enfermedades, ora con remedios 
domésticos inocentes, ora por medio de medicamentos homeopáti- 
cos que jamás perjudican y siempre son útiles cuando se los admi- 
nistra oportunamente. 

Se ofrece a aquellos a quienes la esperiencia ha convencido de 
las ventajas de la medicina homeopática, con la familiaridad de un 
antiguo amigo, y reclamando de los que no han tenido ocasión de 
adquirir este convencimiento, de los que nada han oido hablar de 
la homeopatía o solo han oido hablar mal de ella, que la examinen 
sin prevención. 

A estos últimos les bastará hacer algunos ensayos en esas enfer- 
medades de poca importancia que se presentan diariamente, como 
dolor de muelas, de cabeza, dolores reumáticos, etc., para los cua- 
jes ordinariamente no se llama al médico, o en los casos graves 
hasta que llegue, les bastarán estos ensayos, repito, para conven- 
cerse de la acción real, pronta y sorprendente de los medicamentos 
homeopáticos. El que haya sido testigo una sola vez de los efectos 
de estos medicamentos se opondrá en adelante a ese hábito banal y 
funesto de tomar dosis masivas de medicamentos, tales como pur- 
gantes, pildoras, opiatas, etc., etc. ; se opondrá también a las san- 
grías y sanguijuelas, ventosas, vejigatorios, emplastos y toda clase 
de remedios que, como estos, hacen sufrir mucho, alivian muí po- 
co y frecuentemente también agravan la enfermedad. 

Ésta obrila puede considerarse ademas como un médico domés- 
tico, al cual pueden recurrir los padres en un gran número de en- 



45 \ INTRODUCCIÓN. 

f'ermedades de su familia, evitándoles el consultar al médico en on- 
da caso frivolo que en ellas ocurra. A las personas que viven en 
pueblos pequeños o que acostumbran a pasar algunas temporadas 
en el campo, les será particularmente útil, puesto que a causa de 
las distancias no es fácil tener al médico en el momento que se le 
necesite, ni puede frecuentemente obtenerse tampoco esta asisten- 
cia sino a costa de mucha incomodidad, gasto y retardo. Con esta 
guia en la mano cualquiera puede obviar estos inconvenientes y al- 
canzar alivio siguiendo las reglas pue prescribe. 

Como este libróse dirije a la gran masa de la sociedad, para ha- 
cer el método homeopático intelijible y útil a lodos, el autor ha 
procurado que haya en él toda la claridad y sencillez posible, pre- 
firiendo aun la redundancia, con el fin de ser jeneraíniente com- 
prendido, al crítico laconismo en el que hai probabilidad de ser os- 
curo para algunos. Estando todos sujetos a enfermedades, se ha 
esforzado el autor en presentar esta obra en un estilo familiar, pa- 
ra conseguirasí que todos, ya el estudiante en su gabinete, ya el 
viajero, el sencillo labrador, o el opulento comerciante, la madre 
que cria a sus hijos, o el marinero sobre el Océano, sean hasta 
cierto punto médicos de sí mismos. Nubes de obstáculos, y objecio- 
nes cargadas con no pequeña parte de envidiosa malignidad, se 
han agrupado de cuando en cuando sobre los estudiosos y entusias- 
tas discípulos de Hahnemann, empero antes de mucho tiempo se- 
rán disipadas o dispersas por ios rayos de la esperiencia práctica, 
así como la densa niebla se desvanece ante el sol de la mañana. La 
objeción (única de que tenemos tiempo y deseo de hacernos cargo), 
de que los médicos homeópatas no han juzgado útil ni absoluta- 
mente necesario el estar impuestos en el antiguo sistema de medi- 
cina, es indudablemente errónea en todos conceptos. No puede ser 
aventajado discípulo de Hahnemann el que no está bien versado en 
el conocimiento de las escuelas médicas, y le seria tan imposible 
obrar juiciosamente sin un conocimiento de la anatomía, cirujía y 
materia médica, ele.., juntamente con la mineralójia, química y bo- 
tánica, etc., como fuera para un hombre ignorante de la navega- 
ción y de la maniobra de un buque, el dirijirlo con seguridad al 
puerto sin compás ni caita. 

Al dar al público esta pequeña obra, resultado de mucho trabajo, 
ha cedido el autor tan solo al deseo de introducir un sistema de 
práctica doméstica mas juicioso y racional, y de ponera la sociedad 
alerta contra los notorios absurdos del antiguo sistema de medicina, 
según al presente se practica, y en muchos casos, se persevera obs- 
tinadamente. 



MODO DE SERVIRSE DE ESTE LIBRO. 



Deben observarse exactamente en el uso de este libro las siguientes pre- 
venciones. 

Cualquiera que sea la indisposición que haya que tratar, se consultará la 
tabla de los capítulos y Ja tabla alfabética de las materias que van al fin de 
Ja obra : en ellas se encontrará la pajinacion que debe servir de guia. 

La obra está dividida en dos partes ; la primera trata de las causas mas 
comunes de las enfermedades y los medios curativos que las convienen, y la 
segunda de las enfermedades mas comunes. Por esta razón cuando la causa 
de la indisposición sea conocida o presumible examínese primero lo que de 
ella se dice en la primera parte y luego véase lo que se dice de la enfermedad 
en la segunda. Estas están clasificadas según un orden anatómico, a fin de 
facilitar las investigaciones concernientes a los diversos estados morbosos, 
empezando por la cabeza para llegar sucesivamente a cada órgano y a la en- 
fermedad que le es propia ; concluyendo con las enfermedades que afectan 
lodo el organismo; a saber las enfermedades jenerales, las del sistema ner- 
vioso, las fiebres intermitentes, etc. 

Espliquémoslo con un ejemplo. Supongamos que a consecuencia de un en- 
friamiento es uno atacado de dolor de cabeza y de diarrea, se buscará pri- 
meramente el artículo enfriamiento, y después dolor de cabeza y diarrea ; y 
en una afección cuya causa no se puede apreciar, pero que se manifiesta en 
muchos sitios a la vez, pregúntese a cada uno de los órganos que padecen. 
Si se queja uno de dolor de cabeza, del cuello y de un dolor en el lado de- 
recho, diríjase la atención a estas tres partes. De este modo, será mas fácil 
encontrar el remedio apropiado a este conjunto de padecimientos. 

Regla jeneral.— Nunca se ha de dar mas que un remedio a la vez, y no de- 
be recurrirse a un segundo sino cuando el primero haya cesado de obrar. 

Cuando alguno se sienta indispuesto o esté seriamente enfermo ; o también 
cuando la enfermedad interese muchos órganos a la vez, es bueno anotar to- 
dos los sintonías antes de consultar el libro; porque, preguntar al enfermo 



JíjiS MEDICINA DOMÉSTICA. 

por el libro es esponerse a no lener el cuadro fiel de sus sensaciones. Guia- 
do o sujerido por el interrogatorio dirá mas bien lo que le parezca que espe- 
ri menta, que loquesienla realmente. Sus respuestas pueden inducir a error 
en cuanto a la elección del medicamento. Asi, pues, se escribirá antes lo 
que el enfermo diga, después se le preguntará acerca de cada punto en par- 
ticular, y de este modo se completará el cuadro de los síntomas. 

En este cuadro, se anotará : i.° el sitio preciso del órgano que padece ; 
2.° cuáles son las manifestaciones de este padecimiento, a qué puede com- 
pararse, si con una sensación de tirantez, de punzada, de latido, de ardor, 
de corladura, etc. ; 3.° cuándo y por qué influencia el dolor se agrava o se 
mejora ; a qué hora del dia, si es por la mañana, por la tai de o por la noche : 
según el estado de la atmósfera, por el aire húmedo, seco, frió o caliente ; 
según la situación del cuerpo, durante el reposo o durante el movimiento, 
estando sentado o echado ; antes o después de la comida, después del sueño, - 
o todavía por la presión o el contacto de las cosas estertores, etc. ; 4.° los 
síntomas que coinciden, como por ejemplo la tos con dolor de cabeza, o do- 
lor de cabeza con gana de vomitar, o bien náuseas con escalofríos, etc. 

Después de haber anotado todo esto con el mayor cuidado, se procederá 
a buscar en la guia cada síntoma característico ; obrando así, no se puede 
dejar de encontrar el remedio apropiado. No se debe desmayar porque se 
encuentre dificultad para elejir con prontitud el remedio ; esia dificultad se 
irá desvaneciendo según vaya uno familiarizándose con el libro. 

Si no se encontrase un remedio apropiado al conjunto de los síntomas, 
tómese entonces el que cubra el mayor número, cuidando siempre de que 
sea el que corresponda mejor a los padecimientos agudos del enfermo. 

Dando un remedio que no corresponda a la enfermedad no se proporcio- 
nará ningún alivio; pero tampoco se perjudicará el enfermo, como sucede 
con tanta frecuencia en la medicina alopática. El método homeopático es tal, 
que alivia si se le aplica bien, y no perjudica esencialmente si se le emplea 
mal. En este caso la enfermedad continúa lo mismo y frecuentemente tam- 
bién sufre una lijera modificación. Entonces debe buscarse un medio mas 
análogo a los padecimientos que queden. 

Se puede no obstante perjudicar con los remedios homeopáticos : 1 .° cuan- 
do se les da en mucha cantidad : 2.° cuando se les repite muí a menudo : 
o.° y cuando se les cambia sin haber esperado a que acaben completamente 
su acción. Para evitar esto, es preciso dejar a los medicamentos el tiempo 
necesario para el completo desarrollo de sus efectos; esta advertencia es 
importante y esta es la razón de por qué se encuentra consignada muchas 
veces en este libro. Respétese siempre un principio de alivio, y, por poco 
pronunciado que sea, permánezcase con firmeza en inacción, y espérese ei 
momento oportuno de dar otro medicamento, si huí necesidad de ello. 

©el i&Bodo de emplear los mcdienaneflAlos. 

Los medicamentos se emplean de diferentes modos : l.° en olfacion; 2. 9 
en uno o muchos glóbulos ; o.° disueltos en agua ; 4.° en fricción y en loción, 
estando también disuelto en agua el medicamento. 

\.° En olfacion, en los padecimientos violentos que sin embargo no ofre- 
cen peligro, como en los dolores de cabeza, de muelas, en los cólicos y las 
afecciones de pecho, y principalmente en los niños y en las personas muí 
sensibles y que se impresionan fácilmente por la acción de los medicamen- 
tos. En estos diversos casos hai que limitarse a hacer oler el frasco desta- 



MEblCÍNA DOMÉSTICA. 137 

pado que contiene el medicamento apropiado; una o dos inspiraciones na- 
sales bastan. En los niños se elije el tiempo del sueño. 

9.° En glóbulos, en todas las enfermedades de larga duración, en los in- 
dividuos fuertes, en los casos en que los padecimientos no son demasiado 
agudos, en los accidentes ocasionados por las caidas, en las indisposiciones 
del estómago acompañadas de vómitos frecuentes y viólenlos. En estas di- 
versas circunstancias se administran uno o muchos glóbulos medicamento- 
sos.— Para esto se sacan del tubo donde se tienen, tantos glóbulos como se 
piensan da!-; los recibe el enfermo en su mano y los recoje con la lengua; 
o bien se ponen en una cuchara bien limpia y bien seca, y se echan en la 
boca del paciente. 

3.° En disolución, en los casos mas graves o en las enfermedades cróni- 
cas, tratadas precedentemente con remedios alopáticos, y profundamente 
agravadas por el abuso que de ellos se ha hecho, así como en los casos en 
que la olfacion y los glóbulos secos no hacen efecto. — Para hacer convenien- 
temente este modo de administración, deben emplearse vasos que no hayan, 
servido mas que para agua o leche; de no ser así es preciso lavarlos con 
mucho cuidado en agua fría, después enagua caliente; y después de haber- 
los enjuagado bien, colocarlos al calor de un hornillo, lodo lo que pueda 
soportarlo el vaso y después se le deja enfriar antes de usarle. El agua co- 
mún potable puede servir siempre. Después de haber puesto los glóbulos en 
el vaso, se le llena de agma hasta la mitad ; entonces se toma otro vaso tam- 
bién mui limpio, y se trasvasa el agua del primero al segundo y así sucesiva- 
mente hasta cinco o seis veces. De este modo se hace ¿ma mezcla perfecta 
del medicamento y del agua. En caso que no hubiera mas que un vaso, se 
efectúa la mezcla ajitando el agua circularmente en el vaso con una cuchara 
de madera, marfil, etc., y se le administra después al enfermo a cucharadas 
de las de sopa, y de las de café, si se trata de niños pequeños. 

4.° En fricción y en loción, en las afecciones puramente locales y que ocu- 
pan las parles esteriores del cuerpo, y sobre todo cuando duran hace algún 
tiempo y cuando se han resistido a la administración de muchos medios. So 
prepara la disolución acuosa como se ha dicho mas arriba; y se la emplea en 
loción, según que el caso es grave, cada dos horas, todos los días o cada 
tres o cuatro dias, una sola vez. 

Hemos cuidado de designar en todo el transcurso de esta obra la forma que 
ha sido adoptada para el medicamento empleado. Así o significa olfacion ; ooo 
fijará el número de glóbulos que se deben dar en estado seco; D indicará diso- 
lución acuosa. Donde no haya ningún signo, entiéndase que se ha hecho uso 
de uno o dos glóbulos enseco.— En cuanto a las trituraciones se empleaián en 
dosis del grueso de una lenteja (I). 

En las circunstancias mas importantes, nos haremos un deber de mencio- 
nar el tiempo y el modo de administración deJ medicamento. 

En jeneral, establecemos como regla repetir los medicamentos mui de 
larde en tarde y dar la menor cantidad posible. — La olfacion y los glóbulos 
en estado seco se administrarán a distancias mas largas; la disolución se em- 
pleará con mas frecuencia.— Bajo cualquiera forma que se empleen los me- 
dicamentos, es esencial observar con grande atención los cambios o modifi- 
caciones que pueden verificarse en el estado del enfermo. Se debe permane- 

(I) Los medicamentos en estado líquido son sacados lodos del reino véjela! y ani- 
mal ; y los medicamentos en estado sólido proceden del reino mineral. — Eslos no 
son solubles en el agua o en el alcohol sino después de haber sido triturados en va- 
rios grados. 

19 



4 38 wi:nVci>\ bümístic*. 

cer olí expectación, en las enfermedades agudas, una o dos horas í rn la* 
enfermedades crónicas un dia. Este tiempo basta para producir e alivio o 
agravación, o en fin para ver si ia enfermedad permanece estacionaria. 

Si hai alivio, por poco que sea, hai que abstenerse de repetir el medica- 
mento mientras que dure este alivio, pero, luego que se suspenda hai que 
volver a repetir el mismo medicamento. — Si se ha agravado hv enfermedad, 
hai o exacerbación en ios mismos síntomas sin ningún cambio en su natura-^ 
leza, o bien la agravación se ha aumentado con nuevos padecimientos, es" 
t ranos a la 'enfermedad. 

En caso de agravación con cambio en la naturaleza de las manifestaciones, 
cambíese de medicamento. — Por el contrario si hai solamente exacerbación 
en el estado primitivo de? mal, s-ín que haya síntomas nuevos, debe esperar- 
se mas. Cuando inmediatamente después de haber tomado el refliedio, se 
exaspera el estado del enfermo es una buena señal ; es prueba positiva de 
que el medicamento ha obrado dot?de convenía y deque desarrolla su acción. 
Cuídese mucho de no trastornar eáífl trabajo, porque es seguido ordinaria- 
mente del alivio que se desea. Sí, no obstante, la agravación se prolongase 
demasiado o se mostrase mili intensa, dése o oler el alcanfor o el éter nitrieov 

Si la enfermedad no se disminuye, repitase* el medicamento después á& 
cierto tiempo. Este debe ser en los casos de enfermedad aguda, cada hora, 
y en las enfermedades crónicas cada tres, cuai.ro, 'ineo y siete días.- La di- 
solución acuosa podrá administrarse, en las ení'tjrmedade& agudas cada ho- 
ra ; en las enfermedades de larga duración, todas las mañanas a cucharadas, 
hasta que el alivio sí* manifieste, pero luego que aparezca** no se hará nada 
por largo y lento que sea. Interrumpiendo el curso de un aíivie» empezado 
por la repetición intempestiva de un medicamento, con frecuencia se corre 
el riesgo de comprometer la mas hermosa curación. 

Durante el tratamiento, y sobre todo mientras continúe el alivio, e& pie-, 
ciso observar un réjimen conveniente. Así que debe uno privarse de alimen- 
tos cargados de especias, hai que renunciar al café, abstenerse sobre lodff 
del uso interno y estenio de todo medicamento eslraño a la homeopatía ; sin 
estas precauciones no se adelantará nada. 

Si, en el curso de la mejoría, una causa accidental, como por ejemplo, un 
olor demasiado fuerte que no se puede evitar, un enfriamiento, etc., etc., 
llegan a interrumpir la acción del medicamento, para detener este acciden- 
te, lómese un medicamento apropiado para neutralizarlo, y después vuelva- 
be al primer medicamento que ha sido útil, y repítasele según se necesite. 

IScg'gueu «¿5tc debe segseás'se «Icnraxite el tratamiento 

EfiOEBftCOltfttBCO. 

El réjimen diélico necesario durante el tratamiento homeopático, está 
comprendido en la siguiente regla jeneral, a saber : el enfermo se abstendrá 
de toda sustancia de naturaleza medicinal, y tomará solamente un alimento 
Jijero y dijestivo para satisfacer el apetito, y aquellas bebidas que requiero 
la naturaleza para aplacar la sed. Seguuesta regla, el alimento debe clasifi- 
carse bajo las siguientes subdivisiones : 

I.— ALIMENTOS PERMITIDOS. 

I. En las enfermedades agudas se pierde jeneralmente el apetito, y solo 
son bueuos los alimentos mas Ujeros, y simples; pero en estos casos la mis- 



MKMCINA DOMÉSTICA. 1SD 

mn naturaleza proscribe ordinariamente la necesaria abstinencia, y al pacien- 
te le es permitido : 

Agua pura de preferencia a cualquiera otra bebida, agua de pan con la 
adición de azúcar o jarabe de frambuesa o fresa ; agua de cebada y de arroz, 
caldo claro, de harina de avena, panada; agua de goma arábiga, suero, le- 
che y agua, preparaciones de arrow root, saga, y tapioca, sin ningún otro 
•condimento que un poco de sal, o de azúcar, o uno de los jarabes arriba 
mencionados. 

La mayor parte de las frutas buenas, bien maduras, que tienen poco o 
ningún ácido, ya se tomen frescas, o bajo cualquiera preparación, y comidas 
en moderada cantidad a la vez, lates como uvas, melones, frutas secas, hi- 
gos, pasas, ciruelas, grosella seca, manzanas, melocotones, fresa, frambue- 
sa, y cerezas dulces; pero no debe lomarse fruta alguna en easus de cólico 
o d : arrea. 

II. Después de haber cedido los síntomas mas violentos de una enferme- 
dad aguda, y cuando el apetito reclama un alimento mas nutritivo, o en la 
mayor parte de las enfermedades crónicas debe adoptarse un plan mas lato 
en la elección de alimentos ; y en tales casos, los siguientes artículos, en 
adición a los ya enumerados, están permitidos: 

Todo jénero de pan de flor y galleta que no contenga potasa, sosa, dema- 
siada sal u otros ingredientes semejantes, bizcochos que no sean muí fres- 
cos; bollos compuestos de harina, huevos, azúcar o miel, y un poco do 
manteca; bollos de trigo negro no compuestos con polvos que fermenten o 
con sustancias aromáticas; arroz, garbanzos, judías, etc. 

Patatas, nabos, zanahorias, espinacas, berzas, coliflores, espárragos, gui- 
santes o h; has verdes o secas ; (pero estos vejelales no deben usarse en cóli- 
cos o diarrea). 

Leche/recién ordeñada, suero, manteca, leche cocida, cacao cocido con 
Jecheo agua, chocolate puro y claro, té negro y flojo. 

Manteca fresca, crema, queso blando, cuajadas, y otras preparaciones sen- 
cillas de leche, natillas claras. 

Huevos (frescos) o cocidos blandos, y té de huevos (huevos batidos), es- 
cepto cuando haya diarrea. 

Sopas y caldos de sustancia? animales y vejetales son también per- 
mitidos, sazonados con un poco de sal solamente, caldo de vaca, caldo de 
pollo. 

Pollos, pichones, pavos, venado o gamo. 

Vaca, carnero, la parte magia del jamón, lenguas de ganado vacuno. 

Pescado fresco de escama, escepto salmón. 

Sal, azúcar, leche helada, amerengada, y sorbetes de Jas frutas permiti- 
das, pero que no tengan aromas. 

[I."— ALIMENTOS KST MOTAMENTE PR0IÍI111DO3. 

Carne manida, salada o ahumada, pescado salado, ternera, ganso?, pa- 
los, el hígado, corazón, pulmones, o tripas de los animales. 

Manteca rancia, queso añejo y fuerte, tocino, manteca de puerco, tortu- 
ga, almejas, ostras crudas o guisadas, huevos duros, revueltos o en tortilla. 

Pescado qne no tenga escama, tales como la anguila, lamprea, langos- 
tas, cangrejos, y sopas preparadas con ellos, etc. 

Toda clase de nueces, café y té verde. 

Alimento preparado coa sangre y mucha grasa animal, como la morcilla. 



\ iO itf.wcina DOMÉSTICA 

Chuletas de ternera, toda clase de salchichas, particularmente aquellas 
que están ahumadas. 

La carne de todos los animales jóvenes. 

Todas las salsas con especias. 

Bollos preparados con mucha grasa o aromas. 

Todojénero de dulces o cosas de pastelería, pintados. 

Las golosinas pintadas, si los colores no son lijos, no se les deben dejar 
a los niños en ninguna ocasión. 

La cidra, vinagre, ensaladas o pepinos preparados en vinagre, adobos 
o escabeches. 

Alcachofas, adobos preparados con especias, o teñidos de verde por me- 
dio del cobre; salsas picantes hechas de setas, chirivias, apio, rábanos pi- 
cantes, ajo, cebollas crudas o escabechadas, toda clase de pimienta, aceite 
dulce, mostaza, azafrán, nuez moscada, jenjibre, corteza de limón o na- 
ranja, vainilla, hojas de laurel, almendras amargas, la pepita o almendra y 
las hojas de melocotón, clavo, canela, pimienta de la Jamaica, cilantro, hi- 
nojo o anís, mejorana, salvia, tomillo, chocolate con canela, setas, tóma- 
les, acelgas, rábanos, maiz verde cocido o tostado, pimientos, guindillas, etc. 

Todo jénero de licores destilados o fermentados, limonadas y bebidas 
aciduladas. 

Todas las aguas minerales naturales y artificiales. 

Vinagre de vino, de cerveza, vinagre adulterado, y ácidos minerales 
disueltos. 

NOTAS. 



Cuando no convenga al paciente cualquiera de los artículos permitidos 
en razón de alguna particularidad constitucional, o de la naturaleza de la 
enfermedad, debe evitarlo, aunque sea perfectamente saludable para otros. 

Se procurará que esté el estómago vacío cuando se haya de lomar algún 
medicamento. 

El enfermo no debe sobrecargar su estómago con varios o incongruentes 
platos. Las exijencias de! apetito respecto a sólidos, deben satisfacerse con 
orden y no en mui frecuentes periodos. La regularidad en las horas de co- 
meres mni importante. 

La dieta de los niños de pecho no debe alterarse mientras estén enfer- 
mos, pero en tales casos la dieta de la madre o nodriza debe acomodarse 
a las precedentes prevenciones. 

A fin de guardarse contra toda influencia estraña que pueda alterar el de- 
bido efecto de los remedios homeopáticos, debe prohibirse toda medicina; 
no solamente las que se hallan en las boticas, y todas las que son empíri- 
cas, sino también todas las medicinas domésticas, tales como las infusio- 
nes de yerbas, jarabes, cataplasmas medicinales y sustancias irritantes o 
medicinales aplicadas a la piel. 

Las sangrías, sanguijuelas, escarificaciones, y lavativas laxantes, escepto 
las de agua tibia, están igualmente prohibidas. 

Todo perfume en particular almizcle, alcanfor, agua de Colonia, agua de 
,Luce, u otras aguas aromáticas, flores mui olorosas, cosméticos, y polvos 
denlríficos, también deben evitarse. 

La curación puede impedirse con el uso dé baños calientes o aromá- 
ticos, sulfurosos o de olía especie, por lo que no deberán usarse. 



HEMCINA DOMESTICA A\\ 

Abrigos de lienzo, algodón o enero en coniaclo con la piel son preferi- 
bles a los abrigos de lana. 

Siempre que lo permita la naturaleza de la enfermedad deberá el paciente 
hacer ejercicio moderado al aire libre por una hora o mas lodos los días; 
y su habitación debe igualmente ventilarse todos los días. 

Un buen réjimen moral, sobre lodo, pondrá al paciente en la mas favo- 
rable condición para la curación. 

Un trabajo que distraiga el espíritu, al mismo tiempo que ejercite el cuer- 
po, es mui útil en las enfermedades crónicas, por lo que deberá usarse se- 
gun lo permitan las fuerzas del paciente. 

Los medicamentos homeopáticos deben lomarse en ayunas, y por espa- 
cio de una hora después de tomados, debe el paciente abstenerse de co- 
mer, beber, fumar, y si es posible de todo trabajo mental o corporal. Los 
medicamentos deben guardarse en un sitio limpio, seco, y fresco, y donde 
no haya olores. 



De la proTision «Se Sos K&eúie&menlOH , 

La mayor dificultad que se ha presentado al publicar por primera vez este 
libro, ha sido la cantiiad numérica de los remedios homeopáticos. Era im- 
portante ponerlos al alcance de todas las fortunas; por esta razón su nú- 
mero se limitó primero a 50. Durante la impresión se añadieron 13 por ser 
tan indispensables como los primeros. En Alemania, se ha aumentado este 
número; se han añadido muchos medicamentos igualmente útiles, y su nú- 
mero en el dia se ha elevado a 60. 

Por otra pane, como algunos medicamentos obran mejor a altas dinami- 
zaciones, otros a bajas, y ciertos otros producen tan buenos efectos a ba- 
jas como alias potencias, se ha duplicado el número de todos estos ajenie» 
terapéuticos; este es un mal, porque sube mucho su precio. Para obviar 
esta dificultad, era preciso encontrar un espediente. 

En consecuencia nosotros copiamos aquí la lista de todos los medicamen- 
tos citados en esta obra [i). — Es indispensable proporcionarse aquellos 
cuyos nombres están impresos en letras versalitas, porque son indispensa- 
bles; los que están impresos en letras comunes no son rigorosamente útiles 
para los que no sean médicos Entiéndase que no hablo mas que de los me- 
di< amentos de que se trata en este libro. 

Se ha tenido cuidado de indicar con una cifra el número de la dilación que 
conviene a cada caso; cuando en lugar de número hai una T, esta quie- 
re decir tintura, y cuando no hai signo se supone que se trata al menos de 
la 50 dilución, y mejor todavía de las altas potencias de Jenichen. 

Así pii'-s la siguiente lista contiene una serie de 50 medicamentosa alta dilu* 
cion en glóbulos, y 20 a baja dinamizacion; es una provisión suficiente. El 
que quiera y pueda proporcionarse toda la colección liará bien de tenerla a su 
disposición; pero en la elección que haga de ellos, debe consultar a su mé- 
dico, que le íijaiá el número, y la potencia de los medicamentos necesarios 

H) La quinta edición alemana y la francesa contienen la lista de medicamentos 
que damos a continuación, en la ¡nglcía su número osla limitado a 46. Si hubiera 
de destinarse osla obra solo a los profanos a la medicina, los 46 medicamentos que 
pone la edición inglesa eran mas que suficientes, pero pudiendo cor úlil l;.mljit n a 
los médicos hemos creído conveniente poner la lista de la edición francisa (iY. tiel T), 



M2 



m'.DICINA DOMÉSTICA 



oslo es muí prudente, porque lo que nosotros llamamos experiencia no es 
muchas vece* mas que una opinión. 



Aconitum. 

Aconittun. —6. 

Agaricus. 

Agnur cas t us. -r 5. 

Alumina. 

AíNTlMONIUM CKUDIM. 

Anlimonium erudum.— 3, 
Árnica. 

ÁRNICA.— tí. 
AlINICA.— T. 

Arsemum. 
belladona . 
Bryonia. 
Brionia.— 12. 
Calcárea carbónica. 
Caléndula.— T. 
Capsicum. 
Capsicum.— tí. 
Garbo vecetarius. 
Curbo •vpgt j tabJlis.— 3. 
Causticum. 
Causlicumi— 3. 

ClIAMOMILl A. 

Chamomiila. — 6. 

CíltNA. 

China.— 3. 

CiNA. 

Ciña. -6. 
Cocculus. 
CüíTea. 

CüFFEA. — tí. 

Colchicum. 

CoLOCINTHlS. 

Cüiicisiihis. — 6. 
Conium. 
Croe cus.. 
Croccus.— 3. 
CupRUM aci.ticum. — 3. 
Drosera. 
Dulcamara. 
D.ilccniara.— 3. 
Euphrasia. 
Edi'hrasja.— 3. 

FfRRUM ACÉTICUM. 

Hkpaií sulfuris calc. 

HEPAK SULFURIS CALC — 3. 

Hidiophobin. 

HlOSClAMUS. 



Hipericum. 
Hhericum. — T. 

lCNATIA. 

Jgnalia. — 3. 

ludiúin. 

Ipecacuanha. 

i peca cu ais ha. — 3. 

Lachesis. 

Lkopodium. 

Mi rcurius solurilis. 

Mercurius solurilis. — 3. 

MeRCURIUS SUBLIMA! US. 

Natrum muriaiicum. 
Nux moschata. — 3. 

NüX. VÓMICA. 

Opium. 
Opium. — tí. 
Petroleum. 
Phosphorus 
Pliosphorus.— T. 

PllOSPHORICUM ACIDUM. 

Phosphoricum acidum. — 6. 

Platina. 

Pulsatilla. 

Pulsatilla. — 13. 

Rheum. 

Rhf.um. — 3. 

Rhododendron. 

RHUS TOX1CODENDRON. 

Un La. 
Ruta.— T. 

Sambucus. 

Sanguinaria. 

Sécale. 

Sécale. — 3. 

Sepia. 

Silícea. 

Spigelia. 

Spongia.— 3. 

Staphisagkia. 

Stramonium. 

Sniphur. 

Sulpiiuu — 3. 

Simphituu. — T. 

Tarlarus emeticiis. 

Tarta rus emcticus. — 3. 

Theridion. 

Tuuya. 



MEDICINA DOMÉSTICA Í-Í3 

Única Dioica. ~T. Vi.ratrum. 

Vaccinn. Yeratrum— 6. 

Yaceinn.— 3. 

Estos medicamentos se pueden comprar en las boticas homeopáticas don- 
de los venden en cajas convenientemente preparadas. 

Recomendamos que se tengan en cajas separadas si es posible los medi- 
camentos a bajas y a altas dinamizacionea, asi como el tener de reservo al- 
gunos frascos vacíos y sin estrenar. No es indiferente tapar cuidadosamente 
los frascos siempre con el mismo tapón; una confusión en esto infalible- 
mente echaría a perder los medicamentos y no seria posible valerse d<í ellos 
con fruto. Tampoco debe descuidarse el tener la caja de los medicamentos 
en un paraje seco, y libre de todo olor o vapor fuerte, etc., etc. 

De la elección del médico. 



Puesto que se ha hablado en esta obra de la necesidad de servirse de au- 
xilios y luces de un médico, no estará demás decir cuatro palabras acerca 
de la elección que de él deba hacerse. 

No espondré aquí el grande arte de elejir un médico; seria preciso decir 
sobre esto cosas que no les agradaría a muchos oír; pero desde el momento 
que se ha establecido que hai entre los homeópaias subdivisiones y sectas, 
no es malo hablar un poco de ellas. 

Como todas las cosas, los homeópatas se dividen en diferentes especies^ 
í.° Se dividen en homeópatas puros o enteros y en medio-homeópatas. No 
debe sin embargo entenderse esta espresion en el mismo sentido que en el 
sistema monetario, en el que dos medias pesetas hacen una peseta entera o 
dos medios duros un duro entero; no. Los medio-homeópatas se encuen- 
tran, es cierto, a la mitad del buen camino; y una vez allí, o adelantan o se 
hacen progresivamente homeópatas completos, o se reducen a la nada. 
Abandonad a estos últimos. 

2.° Entre los homeópatas puros, los hai buenos y malos. Los primeros; 
deben ser preferidos, sin duda; y en esto, deberá uno conducirse como en 

la elección de mujer ¿Pero cómo juzgarlos de antemano? ¿Si sobre esto 

se escribiese un grueso libro, quién le leería? ¿Y aun cuando fuese leido, 
quién seguiría sus consejos?... En materia de matrimonio, como en la elec- 
ción de médico, los hombres mas razonables cometen con frecuencia estra- 
va^antes yerros ...Elija pues cada uno su médico como él lo entienda, es 
decir, conforme a su carácter y a su modo de ver. Se comprenderá muí bien, 
que en este consejo, yo indemnizo a los malos, no pueden pues tenerme ma- 
la voluntad. 

5.° Entre los buenos, se cuentan todavía tres especies. — Los de la prime- 
ra dan gustosos muchos medicamentos, y hasta muchas gotas; creen demos- 
trar de este modo mucho valor : también pretenden que obtienen muchas 
curaciones, y hai otra cosa mejor, y es que un gran número de jenles les 
creen. Ellos se dirijen conforme a la conducta que Hahnemann ha seguido 
desde 1790 hasta 1810, y aun hasta 1820. — A contar de esta época, su vie- 
jo maestro, al cual muestran el mas grande respeto después de que ha muer- 
to, le consideran como un niño, o un loco inofensivo.— Los déla segunda 
especie dan pocos remedios, algunos glóbulos acá y allá, y nada mas. Sos- 



~\U MlÍDfCttü ttol&ftrjü 

tienen que en esto muestran mas valor,' y por tanto mas ciencia ; y c|Ue tie- 
ne uno tanta mas seguridad de lo que hace cuanto mejor sabe esperar et 
efecto del remedio. Toman por regla lo que hacia Hahnemuun en los diez 
últimos años de su vida. Creen que su maestro estaba entonces en toda la 
madurez de su razón; y si se esceptúan algunas tijeras estravaganeias, vie* 
jos restos de cierras ideas del siglo pasado, encuentran que ha conservado 
.ese ojo recto y seguro, que le ha proporcionado hacer las mis sorprenden- 
tes curaciones, hasta la víspera de su muerte. ¡ Quieren, con todas sus fuer» 
zas, imitarle y aun ir mas adelante! Uno de ellos se ha elevado tan alto, que 
ha tenido la audacia de pasar del punto donde Hahnemaon se halda deteni- 
do! ha descubierto las altas potencias : y así es como esta segunda especie 
se ha aumentado con una nueva roma, que se distingue por el uso de las al- 
tas dinamizaciones. Pero, para esto, es preciso saber elejir bien el medica- 
mento, y esto no se llega a conseguir no estando bien versado en la materia 
médica, lo cual no es muí fácil» — Los homeópatas de la tercera especie obran 
como parle de la segunda; pretenden que hai circunstancias particulares y 
determinadas en que el uso de las tinturas o de las gotas y trituraciones de- 
be ser preferido, y que, en la mayor parte de los casos, las alias potencias se- 
rán de mejor uso para los que sepan servirse de ellas. 

Ademas, hai que convenir en que entre estas diferentes sectas que tienen 
todavía sus subdivisiones y susjéneros transitorios, hai discusiones frecuente- 
mente mui útiles. Hé aquí porque nosotros aconsejamos prudentemente a los 
profanos que no se mezclen en ellas; deben dejar a estos doctores que de- 
batan entre sí, esto no debe impedirles el elejir su médico ; pero que lo lla- 
gan siempre conforme a sus opiniones propias, con arreglo a sus conviccio- 
nes particulares. 



MEDICINA HOMEOPÁTICA DOMÉSTICA. 



PRIMERA. PARTE. 



DE LAS CAUSAS MAS FRECAEXtES DE ENFERMEDAD. 



A. — Cima»» maraíe*. 

t,as emociones morales súbitas van acompañadas frecuentemente de con- 
secuencias desagradables que se manifiestan o inmediatamente o mas tarde. 
Será siempre bueno remediarlas. Si la causa produce una sorpresa agrada- 
ble, que a pesar de la satisfacción que proporciona, produce una grande os- 
citación, un temblor, un estado de síncope o pérdida de conocimiento, co- 
mo sucede con frecuencia en las mujeres y en los niños, dése coff., y si no 
basta repítasele, pero en disolución. 

En caso de un susto ordinario, producido por un ruido repentino o cual- 
quiera otra impresión, deseen seguida op.; pero si ha pasadjo ya media o 
una hora después de esla emoción, acón., conviene mejor. Si no produce 
efecto, dése op., una hora después; luego debe esperarse media o hasta una 
bora, e:¡icnces dense alternativamente estos dos medicamentos. 

Si el susto va acompañado de una sensación de miedo, op. es el medio que 
debe preferirse^ en cuanto a los demás ajentes, se trata de ellos en el artícu- 
lo Biinm.— Si el susto es seguido de contrariedad acón, es el que conviene; 
si producé tristeza o pena prefiérase ign. 

í'cro ti susto puede tener consecuencias mucho mas graves como ir acom- 
pañado de un dolor frontal, de eruptos o vómitos ácidos, de debilidad con 
sudor frío ; de estupor con calor interno, ajitacion y pesadez del vientre; a 
frío jenerul coa temblor o estirones nerviosos, coubtriccion del pecho, riji- 

20 



Í4G MF.tHCIS.l DOMÉSTICA 

dez de los miembros, somnolencia con ronquido y dificultad de respirar, ete : 
en este caso dése op. diluido una cucharada de café eada e Bario de hora; 
si, una hora después, no hai alivio, sattib. itíg, o. Si otra hora después no 
se lia pronunciado todavía el alivio, dése acón, muchas vece* repitiéndole 
cada dos o tres horas. 

Si el susto es seguido de estirones en los miembros y convulsiones, y el 
enfermo pierde el conocimiento, no ve, tiembla, respira difícilmente,, o liene 
evacuaciones involuntarias, dése op. oo; si después de inedia boira no bai un 
alivio considerable, adminístrese icjn. ooo. 

Cuando los niños tienen accesos de sobresalto, que grifan, tiemblan, es- 
perimentan sacudidas y estirones cu los brazos y en las piernas, tienen la» 
cabeza caliente con rubicundez y sudor de la cara, dése op., y después belL 
sino hai alivio. Si se ponen pálidos, dése ign.; si se ponen fríos y tienen 
evacuaciones involuntarias, dése veralr. alb. En caso de simple vómito y do- 
lor de estómago «con. En las diarreas a consecuencia de una soi presa, de 
ansiedad o de alegría, dése op., en caso de recaída, y continuando el en- 
fermo bajóla influencia del miedo o temor, acón., y sino basta adminístrese 
media hora después veralr. alb. En los desmayos producidos por el sobre- 
salto op. Si el enfení?o se pone frío rocíesele la cara con agua fría y láven- 
sele igualmente los pies con agua fria, si se desmaya de nuevo, hágasele 
oler el alcanfor. 

Cuando, a consecuencia de un susto o sobresalto, la sangre se dirije con 
■violencia ala cabeza, dése primero op.; si no basta acón. Si este estado se 
renueva algunos momentos después, al dia siguiente o a los dos dias, dése 
bell., pero una sola toma. Si el enfermo después de haberse asustado, per- 
manece en una larga ansiedad, y los den?as medios no han tenido buen éxi- 
to, adminístrese bell.; una vez solamente. 

Si el susto o cualquier otro motivo de moTlificacron producen enajena- 
ción mental, dése bell. Si bell. no produce efecto, o se muestra insuficiente 
para cortar la enfermedad, y sobre todo si el paciente tiene indiferencia & 
profunda tristeza, interrumpida por carcajadas de risa, o si mnesira orgullo 
o desprecio hacia los demás, sí manifiesta grande ansiedad y temor de una 
muerte próxima, y si, relativamente a las mujeres, la regla fluye en demasia- 
da abundancia, désep/aí.; y si el flujo monstruo es escaso,, dése pvls. Si 
después de haber administrado bell., el enfermo continúa inquieto, y la me- 
nor ocupación le hace temblar, le ajita la sangre y le turba el sueño con vi- 
siones espantosas, si padece mas por la noche que por el dia, no puede so- 
portar el calor de la cama, quiere escaparse, se pone pendenciero, se que- 
ja de su familia y de sus amigos, entonces désele mere. viv. 
. El miedo o el /eworva frecuentemente acompañado de sobresalto; esta <?& 
la razón de por que convienen para él los remedios de que se acaba de ha- 
blar. Cuando los niños son miedosos se les dá con éxito acón, por la noche 
o bell. por la mañana. En la diarrea causada por el miedo, dése veralr. alb: 
Si el vientre está caliente y los miembros frios puls. es el que conviene. 
Cuando sobrevienen los demás síntomas, particularmente si hai estupidez, 
dificultad de tragar (disfagia), convulsiones, risa durante el sueño, sobresal» 
tos, temor continuo y deseo de escaparse, dése hyosc. 

Las penas morales, tristeza o pesar, tienen consecuencias mas desagrada- 
bles que las demás afecciones del alma; estas consecuencias son o inmediatas 
o sábilas, o se declaran a la larga o se hacen a menudo peligrosas. Se pue- 
de siempre contener las primeras, pero rara vez es posible contener las se- 
gundas. Si en esto iraiatniento no se cuenta con una acción cntciainciite 



MttMClXA DOMÉSTICA i 47 

woral, «e debe esperar poco de lo» otros medios; y e\ que no encuentre es- 
U palanca mora!, se lisonjeará eu vano de obtener efectos saludables con 
los remedios que tenemos que aconsejar. Para fui pesar profundo y silen- 
cioso en que el amor propio ha sido ofendido; para una indignación concen- 
trada, seguida de una grande aflicción que no puede uno dominar: para las 
penas qne nacen de un amor desgraciado; para los cuidados que proceden 
de grandes pérdidas; en fin para una tristeza profunda que roe el. espíritu, 
tómese ign, que en algunos casos puede repetirse uno o dos dias. Cuando 
a consecuencia de estos pesares, hai vómito, indisposición del cstómag, do- 
lor de cabeza y vértigo, dése también ign.; si no produce efecto ácid^ 
phosph. =Eu la epilepsia produciJa por esius causas; adminístrese primero 
ign. Si no basta déseo^». durante ei ataque, y después ácid. phosph. que de- 
berá repetirse después de cada acceso, y iodos los dias durante^na se- 
mana diluido en medio vaso de agua. 

En las punas mí amor, dése primero í^n. y algunos dias después acid. phosph. 
si no hai alivio, o si el enfermo está silencioso, concentrado en sí mismo, o 
si hai una Tijera fiebre lenta. Si el enfermo padece por efecto de una viva y 
profunda simpatía, los padecimientos físicos o morales de una persona ami- 
ga, o por consecuencia de largas y penosas vijilias, dése acid phosph. aun 
a la tintura madre, una o dos veces al dia. Si desvaría, está celoso y enco- 
lerizado, -conviene hyosv. o. 

En las alteraciones mentales causadas por otras penas morales debe pre- 
ferirse hell, y después acid. phosph. Empléense también mere. viv. y pial, si 
Ja alteración de las facultades iiueleciuales se presenta en las circunstancias 
indicadas en «I artículo susto. Si depende del deseo de volver atu país, (Nos- 
talgia) y hai insomnio con rubicundez y calor de la «ara, dése hgosc. Si, 
después de algunos dias, no hai alivio, dése caps. Si estos medios no bastan, 
y el enfermo es acometido de una especie de enflaquecimiento, que no ha- 
b'a, transpira mucho por la mañana, y está soñoliento y como estúpido, 
adminístrese acid. phosph. Cuando tiene grande debilidad, tiembla, está in- 
quieto y ajitado, principalmente por la noche, -cuando tiene escalofríos y 
sudor nocturno, dése menc. vio. En las mujeres si la impresión moral, el 
susto, el temor, el miedo, el pesar y la cólera provocan las reglas, algunas 
veces hasta demasiado abundantes, acompañadas de fuertes padecimientos, 
o si ocasionan su supresión, dése pial. 

En las afecciones crónicas por consecuencia de pesares y ■cabilaciones, y 
si el enfermo está irritable, inquieto, miedoso, triste, temeroso del porve- 
nir, se preocupa siempre y ss apesadumbra, sobre todo si duerme por el 
dia y está despierto de noche, cuando transpira casi continuamente, cuando 
se le cae «I pelo y se debilita la voz, dése siaph.; si no habla por obstina- 
ción, si se enflaquece y está ajilado a causa de fiebre, dése acid. phosph. Si 
se pone quisquilloso, "contraria nte, irritable y se apodera de él regañas ve- 
ces una sensación de temor y de ansiedad, adminístrese mere. vio. 

La vejación, la indignación, o la contrariedad son impresiones del alma 
•unidas con frecuencia apenas ocultas, sea vergüenza o pesar : en este caso 
dése ign. Si se esperimentan escalofríos, si el frió se estiende a todo el cuer- 
po y si e.l enfermo se pone irritable, dése hryon ; y tntx, vom. si bryon. 
no basta. Cuando la vejación provoca una justa indignación con sentimiento 
de horror hacia el que es la causa de ella, cuando el enfermo está furioso 
y se irrita hasta el punto de tirar lodo ¡loque tiene a mano, rechaza lodo lo 
que está delante de el y a su alcance sobre la mesa, dése siaph. Algunas 
veces csteremedio es iusuficieiite, y no se hace saludable sino alternado con 



I4fi MWÍC1RA T>05t¿STICA 

coloc. En una disposición a encolerizarse, si hai padecimiento del vientre, 
sobre todo si se manifiesta o se agrava después de la comida, dése coloc 
Cuando la indignación va acompañada de una grande cólera seguida de ira 
y de calor, pretiérase cham., que conviene siempre después de un acceso de 
cólera. Si la, contrariedad llega hasta el punto de provocar tos, palpitaciones 
de corazón, y grande dificultad de respirar con espasmo y constricción del 
pecho, y con inminencia de sofocación, dése cham, ; entonces también es 
bueno meter las manos en agua fría durante algunos minutos, y si esto no 
basta, introdúzcanse los brazos en agua caliente hasta que este estado se 
mejore. 

Si a consecuencia de fuertes contrariedades, la boca se pone amarga, hai 
vomiturición o vómito bilioso, dolor de cabeza, presión precordial; cólicos, 
diarrea, fiebre con calor, gran sed, cara y ojos rojos, fiebre biliosa con co- 
lor ictérico (ictericia), dése cham. Después de seis, ocho o doce horas se 
puede repetir una segunda toma, pero es raro que sea necesaria. Esto de- 
pende de las circunstancias. Pero si el enfermo esperimenta al contrario frió 
y escalofríos, dése bryon. Si después de ocho horas no hai alivio adminís- 
trese veralr. alb. 

Si alguno se ha enfadado poco después de haber lomado una infusión de 
manzanilla, o también si ha lomado esta infusión por fiebre, dése coff ; z\ no 
basta nux vom. Si después de esto quedan todavía algunas incomodidades^ 
dése cham. Si el enfermo es de un carácter imable y cham. no ha produci- 
do ningnn alivio, adminístrese puls. Si, después de una contrariedad, se co- 
me o se bebe, y de aqui resultan mal gusto de boca, ernptos amargos, vó- 
mito bilioso, dolores de vientre, calora la cabeza, inquietud, sueño ajilado, 
etc., dése cham. una o dos veces. Si esíe estado se renueva, sin ser aliviado 
por cham., recórrase a puls. o nux vom. 

La cólera que estalla en Jas personas de un temperamento violento y de 
v,n carácter impetuoso, exije nux vom. Sí la cólera va acompañada de un 
justo motivo de indignación en un enfermo de humor hipocondriaco, dése 
siaph.; si va seguida de trastorno de la razón, plai. A los niños pequeñilos 
qtie tienen una rabia de cólera tan violenta que les hace perder la 'espira- 
ción y que les ataquen convulsiones, dése cham. Si los gritos y las lágrimas 
provocan tos, am.; si lloran mucho tiempo y no se dejan consolar, dése 
bcll.; si este remedio no basta, hep. sulf. Una vez dado este último no se de- 
bo á repetir. 

La impresionabilidad y la irritabilidad son, en ciertos individuos, oríjen de 
padecimientos tanto mas deplorables, cuanto que se afectan por lodo, por 
Ja causa mas lijera, la mas pequeña emoción moral. Si la sensibilidad va uni- 
da a penas, a cuidados que se tienen ocultos i que causan insomnio, desa» 
rrollan dolor en las partes afectas, y hacen fáciles y escocientes l a s lágri- 
mas, dése coff. muchas veces. Téngase cuidado de prohibir su uso ordina- 
rio.— Lu una fuerte sobre-escitacion de! sistema nervioso y de les órganos 
de los sentidos, con facilidad de asustarse, de acongojarse, con disposición 
a eslar echado y a huir del aire libre, cuando se eslá violento, indómito, y 
Aereo ; cuando, en las mujeres la regla se adelanta, dura mas tiempo y re¿ 
«•orre su periodo de un modo irregular, nux vom. conviene. Pero si el pa« 
diente está sosegado, con inclinación a las lágrimas, y cuando, en la mujer 
las menstruaciones se retardan o corren poco o nada absolutamente, dése 
¡juls. Si estos medios no producen efecto, y cuando el enfermo eslá inquie- 
to y triste, adminístrese iyn.\ si está irascible y violento, cham. ; si está so- 
bre-esciíado, forma constantemente proyectos y está lleno de viveza, sobre 



MEDICINA UOMÉSTtCA U0 

todo por la tarde, dése chin. ; si la pena le exulta coff. es el remedio qué 
conviene; si no produce efecto, y cuando hai simonías de liebre con dureza 
y celeridad del pulso, dése acón, y si no basta cham. 

Cuando alguno es demasiado sensible al dolor y cuando por él se exaspe- 
ra basta el estremo, o cuando siente que se agravia de un modo insoportable! 
por el cambio de tiempo ox;l menor enfriamiento o presión, dése chin. Si no 
hai alivio a las seis horas," dése mere v'/v. ; y si el dolor se exaspera hasta 
hacer perder la razón, adminísirece entonces veratr. nlb-, 

B -DE LOS ENFRIAMIENTOS. 

Los enfriamientos producen varias indisposiciones o enfermedades, seguir 
el lempira rúenlo y las disposiciones de los sujetos. Ya es un romadizo cor* 
tos y fiebre; otras veces, son dolores de muelas, de oidos o de los miem- 
bros, como se verá mas adelante. 

Algunos enfriamientos se diferencian también según que son producidos 
por un frió seco o húmedo, por una corriente de aireo por la lluvia, y seguit 
que estos efectos coinciden con una temperatura mas o menos elevada, o 
con el cuerpo enhesté y transpirando. 

La primera regia qne hai que observar para evitar las consecuencias de- 
sagradables de un enfriamiento es procuar conservarse moderadamente ca : 
liente, tener los pies secos, abstenerse de licores espirituosos que pueden 
agravar el padecimiento; es preciso también privarse de alimento animal y 
con especias. 

Cuando no se sienten en seguida los efectos manifiestos del frió, y cuan- 
do hai motivos para temerlos, tómese acón., o por la noche, nux vom., val 
acostarse tin buen vaso de agua fría, sea en verano o en invierno, y espérese 
asi que se establezca la transpiración. Al día siguiente por la mañana, o a lo 
mas al mediodia, se sentirá la mejoría. 

Cuando no se puede hacer que los niños beban agua fría, o cuando se ha" 
convencido uno de que no produce la transpiración, dése entonces leche y 
agna, partes iguales de una y otra, bien caliente y azucarada. 

En las mujeres paridas cham. o, hace volver la transpiración. Si tienen 
dolor de cabeza, sobre lodo en el lado derecho, a consecuencia de una co- 
rriente de aire, o dolor en la nuca por haber estado destapadas estando sen- 
ladas, dése bcll. ; si hai ademas dolor en los hombros, por la fatiga qne re- 
sulta de tener al niño, dése riins. ; si estos padecimientos ocupan el lado 
izquierdo, con sensación de punzada y de latido, conviene dar bryon. o 
spig; — el primer remedio cuando las sensaciones se estienden a la mandí- 
bula inferior, a ios hombros y al pecho; el último cuando se esperimentan 
en las sienes, en los ojos, en la mandíbula inferior o en el pecho, hacia la 
rejion del corazón. 

En cuanto a les hombres de una constitución fuerte y a las mujeres ro- 
bustas por lo demás, qne se han enfriado después de haberse acalorado 
mucho, déseles, "pe* la noche, una mezcla de agua azucarada y úe aguar- 
diente o de ñor. 

El que, en invierno, se siente tieso o como entumido a consecuencia dé 
un frió húmedo, tome una tasa de cafe mui fuerte; y si está desvelado, ad- 
minístrese por la noche nux vom. 

Si, consecutivamente a una supresión de la transpiración por el frió, so- 
breviene dolor de cabeza, de oidos, de muelas o de .vientre conviene cham. 

Si, durante un sudor copioso, es uno sorprendido por una fuerte )luvia r 



1 SO MEDICINA DOMESTICA 

y se siento uno. acometido de (Vio, dése entonces rhus, ooo;- y si no bas* 
tase y hubiese grande fatiga bryon. 

Hacia el fin del eslío, cuando, después de un fuerte calor la temperatura 
se enfria súbitamente, y cuando todo el mundo se queja y está incomodado 
por ella bcll. convendrá en la mayor parte del tiempo. 

Para establecer la transpiración de los pies suprimida por el frió o por 
cualquiera otra causa, después de haber hecho calentar mucho en un hor- 
nillo una cantidad suficiente de salvado de trigo o de centeno, se pone en 
un barreño de dar baños de pies o en una cubeta, la cantidad necesaria pa- 
ra cubrir el fondo a la altura de cuatro traveses de dedo, y después de ha- 
ber metido las piernas en el barreño o en la cubeta se vierte encima salva- 
do, siempre mui caliente, hasta que llegue por encima de las pantorrillas. 
Se debe permanecer en este baño media hora. — Si no es seguido de ningún 
efecto, tómese s'úic. o dos mañanas seguidas, y si fuese necesario, otra ter- 
cera dosis una semana después. 

Si, después del enfriamiento, se declara un romadizo (coriza) y se lia per- 
dido el olfato y el gusto, dése pu's. ; si el romadizo va acompañado de mu- 
cho calor a la cabeza y a los ojos, y duele la nariz, bcll., si las narices es- 
tán completamente obstruidas nux vom., y algunas. veces ipec. 

Si hai tos o se ha resistido a los otros medicamentos, y es seca, adminís- 
trese nux vom. si es tan seca que llega a producir el vómito ipec. ; si es ca- 
vernosa y produce vómitos carb. veg. ; si va acompañada de una especlora- 
t-ion tenaz, pero particularmente en los niños, en invierno, dése cham. ; si 
es húmeda dése dulc. o pttls. En cuanto a los demás remedios véase el artí- 
culo tos. — Si la tos se reproduce siempre que se recibe un poco de aire 
frió, dése acid. phosph. ; si se renueva siempre que se descubren en la ca- 
ma los brazos o los pies, y si, por otra parle es cavernosa y fatigante, ló- 
mese licp. sulf. 30. 

Cuando la los, proviniendo de aire frió, es seca y convulsiva, con vómito 
y aun espectoracion sanguinolenta, entonces dése o bryon. si va acompaña- 
da de dolor punjilivo en el costado, o si a cada esfuerzo ha habido dolor de 
cabeza y dolores en las costillas, si se anuncia por sensación de arañamiento 
en la larinje, y si, ademas de esto, el pecho duele como si estuviese disla- 
cerado, si el pulso está frecuente y duro : o bien desecaré», vcg. si el pulso 
está menos duro, si hai dolor de escoriación constante en el pecho, menos 
punzada, pero mas ardor, opresión y palpitación de corazón. 

Cuando el romadizo es repercutido por el enfriamiento, dése yuh. ; si hai 
agravación de los padecimientos después del mediodía, o si el enfermo está 
abatido y dispuesto a llorar; si padece por la noche o hacia la madrugada, 
si está triste, sensible, e irritable, dése chin. Si hai retropulsion do una 
erupción, ipec. cada dos horas; si esta no basta bnj. una o dos veces ; y si 
esta no produce efecto, dése puls. Si, después de la supresión del romadizo 
se declara dolor de cabeza por encima de los ojos con padecimientos mas 
pronunciados del lado derecho, y la cara está roja, tómese bell. ; si el lado 
izquierdo es el asiento del mal o la cara está pálida, spig. 

Si, a consecuencia de un enfríame» lo, sobreviene opí-.íísion uk i>echo, co- 
mo si el enfermo se fuera a sofocar, dése ipec. D. de hora en hora, y si es 
necesario, cada media hora; si esto no basta ersen. alb. D. de hora en ho- 
ra, hasta que haya alivio. Algunas veces conviene también dar los remedios 
de que se traía en el artículo asma, pero mas particularmente nux vom. 

Si sobreviene una ihaiihua repentinamente después de un enfriamiento, 
¿ése op i sí este uo alivia, o si la diarrea no se ba declarado inmediatamen. 



le después del enfriamiento, o si cuenta ya algunos dws de duración, ú sí 
hai, al mismo tiempo, dolor y cólico abdominales, dése dulc. Si no ha i có- 
licos, y la diarrea ha empezado después de mediodía y lia disminuido por la 
noche, entonces debe administrarse ferr. ; pero si la diarrea se agrava des- 
pués de media noche o hacia la madrugada, áés&phasph. 

Para la diarrea provocada por el uso de los helados o por las bebidas 
friaS véase la segunda parle de la letra D, en la que se trata de las enferme- 
dades por desarreglos del réjimen. 

Brtfon. conviene en las diarreas a consecuencia de enfriamientos que pro* 
ceden de la impresión del agua Fría cuando se esiá sudando, después de un 
fuerte calor, y sobre lodo si va acompañada de calor a la cabeza, procedido 
de t»n- lijero cólico, o si el dolor en el epigastrio y en el vientre se manifiesta 
por cualquiera presión, sea la de la mano o por cualquiera otra causa, y sí 
los materiales de la diarrea están cargados de materias no dijeridas; y cuan- 
do brifini. no basta, entonces dése chin.; si va acompañada de flatule.n- 
cia, de cólico al rededor del ombligo durante la cámara, con tenesto y gran- 
de debilidad, siendo mucosas las cámaras y hasta sanguinolentas, y si el 
enfermo está habituado a las bebidas fuertes, dése nux vom. — Si es de nial 
carácter y tiene moco y sangre, dense los remedios apropiados a la disen- 
teria ; y si se prolonga este estado, sulf. Si se esperirnenlau dolores de tri- 
pas (cólicos) y son viólenlos, calambroideos y presivos, precedidos de dia- 
rrea, y siesta es líquida, pardusca, acre y ardiente, dése chin. 

Si el dolor de vientre va acompañado de flato, si es tan intenso y dilace- 
rante que el enfermo se ve obligado a andar de ¡m lado a otru, si esperi- 
menta una sensación como si una bola gruesa se hubiese rolo en uno de los 
vacíos, o si el vientre le parece como vacío, hai nauseas y vómitos acompa- 
ñados de diarrea acuosa, mucosa o verdosa, con olor a huevos podridos, 
dése cham. 

Si el enfriamiento procede de la frescura de la noche, y la diarrea es ver- 
de y acuosa, si va acompañada de grandes esfuerzos para espeter cámaras- 
en corta cantidad; si hai disposición a desmayarse; si el dolor presivo que 
hai en el ombligo toma el carácter de retortijones y van acompañados de 
constante malestar y tenesmo; o también si el enfermo conoce que va a te- 
ner diarrea y esperimenta borborigmos, dolores de estómago, dolores di- 
lacerantes en el abdomen, que entonces parece frió al tacto, y si estos di- 
versos síntomas van acompañados de náuseas, temblores y frió, dése en- 
tonces mere, viv» 

Si a este enfriamiento se une descomposición de vientre por el uso de 
carne de puerco, alimentos grasicntos, masas de pastelería, etc. , etc. , y 
si el cólico es mas fuerte después de mediodía, y sobre todo por la larde y 
por la noche; si los fíalos se mueven y suben al estómago, o si tí abdomen 
está doloroso y sensible a la presión de la mano, dése ¡mis. El mismo re- 
medio debe darse a las mujeres embarazadas en las que los cólicos se pare- 
cen a los dolores del parto. 

Si el enfriamiento da lugar a dolouks acompañados de grande sensibili- 
dad, de insomnio y de disposición a llorar, dése cojf. Cuando ¡os dolores 
son tan violentos que ponen al enfermo ftiera de sí, cham, es el qne conviene. 
En el dolou de caukzA por enfriamiento, con disposición de la sangre a 
dirijirse a la cabeza, el cual se agrava por H andar, a cada paso ¡ ai menor 
movimiento, ya subiendo tina, escalera o inclinándose hacia delante; si es 
roas fuerte en una corriente de aire, y se esperimenta una sensación como 
Si la cabeza fuese a estallar con pulsación o latido interior, lómese bcll. & 



loi MHTUCIN.l DOilésTÍCA 

!a ccfala'jia es mns bien compresiva, y está limitada a algunos puntas y va 
acompañada de zumbido en ios oídos y dificultad para oir, dése dulc. 

Si el dolor de cabeza es ocasionado por una corriente de aire y es este- 
rtor, dése mix vom.; si es ¡nterioir btll. Si es producido por un baño, y bdl. 
no basta, y sobre lodo si ha i náuseas, vértigos y descomposición de vien- 
tre, si se agrava por el humo del tabaco, dése entonces aniim. crud. 

Las afecciones de los ojos por enfriamiento reclaman los mismos medios, 
£ero conviene dar mas amenudo bell. y dulc, ya el uno, ya el otro, o los 
dos consecutivamente. 

Si hai dolor, calor, inflamación de losojos, fotofobia y lagrimeo, dése6e¿/.; 
si no basta este mere, vio.; y si este no produce efecto, hep. sulf. 

Si el doior no es intenso, y el enfermo tiene dificultad para leer y para 
fijar la vista en los objetos: si ve chispas delante de ios ojasj o pade«:e de 
los ojos después de cada enfriamiento, dése dulc, y después sulf. D ; y si es- 
le no basta cale. carb. 

Con frecuencia se declaran por un enfriamiento afecciones de los oídos. Si 
hai zumbido con torpeza del oído, dése duí-c., si reaparece después de 
algunas semanas, sulf. 

Ademas si hai presión en los oídos, tirantez esteríor, punzada por den- 
tro ; si los oídos están secos y el enfermo de mal humor, dése cham. En los 
mismos casos dése también nux vom. Si el enfermo es de un carácter dulce, 
llora fácilmente, si sus oídos están húmedos y supuran, o si están calientes 
y rojos, son asiento de sacudidas dislacerantcs que se propagan algunas 
Veces a la cara, entonces pids, es preferible; cuando hai punzadas y esti- 
rones con gran zumbido, con calor y rubicundez moderados; cuando la ore- 
ja está escoriada por el pus y sangra, y cuando las glándulas del rededor 
de las orejas y del cuello están infartadas, dése mere, vio, y si este no cura 
completamente y queda un poco de calor, rubicundez y estremecimiento, 
si, al sonarse, se sienten punzadas, latidos y zumbidos, dése hep. sulf. una 
vez; si queda un flujo purulento con zumbido y ardor en los oídos dése 
entonces sulf. 

Los doloíu:s dk muelas producidos por un enfriamento se curan ordina- 
riamente con cham, o con »7i/ts v Consúltese para esto el artículo doi.okks nrc 
muidas. Si estos medios no bastan, dése dulc. Si, a cada enfriamiento, vueL 
ven los dolores de muelas, empiécese entonces chin, y sulf. Este irltimo re- 
medio se administrará solamente cada ocho dias, o bien se tomará en di- 
solución. 

Ll DOLoa dk gargayia por enfriamic si :o se cura las mas veces con bell. y 
dulc, pero es preciso saber esperar cft») paciencia el resultado de su acción. 
Cuando procodo de haber tomado agiu; fría es preciso preterir bell.', cuan- 
do es consecuencia de un f;io jenerai, dése entonces dulc. Cuando la gar- 
gansa está constantemente caliente y seca, con esfuerzos frecuentes para 
IKtgíM'i y se llena la boca de saliva, las amígdalas están hinchadas y ''.oloro- 
sas al hablar o al tragar; cuando el enfermo escupe mucho, traga con di- 
ficultad, con temor de ahogarse, la garganta le parece que está estrecha al 
ir a tragar, las bebidas que toma salen por las narices, y está impaciente y 
colérico, dése bcll.l), si no hai alivio sulf., segunda trituración. Ciando 
el dolor es menos fuerte, la lengua está como paralizada, hai mucho sudor 
hasta de un olor desagradable, sin alivio, estando el enfermo de un humor 
pendenciero, dése entonces dulc. Si estos medios uo bastan, adminístrese 
7/ierc vil*., o cualquier otro remedio de los que se citan en el articulo asgi* 
isa, como subordinados a indicaciones particulares. 



Miniara doméstica. 155 

Las nvcseas y vómitos después de un enfriamiento, sobre lodo cuando 
Coinciden cou la retropulsion del sarampión o de cualquiera otra erupción, 
reclaman el uso de ipec. cada dos o tres horas. Si esta no basta y el vómito 
es ácido, amargo y seguido de muchos esfuerzos impotentes, dése bcll. Si 
el enfermo vomita mucosidades espesas, dése dulc. D. Si sh reproduce sin 
cesar, acompañado de náuseas, sobre todo después del ejercicio, las comi- 
das, la palabra, el sueño, o el paseo a caballo o en carruaje, dése cocc. ; si 
se manifiesta a cada movimiento del cuerpo y sin embargo el paciente no 
puede estarse quieto, aunque esté mui débil, si tiene sed y no sopona las 
bebidas, entonces dése urscn. alb. D; y si lo vomita amen. o. 

En los casos del enfriamiento por frutas, agua de nieve, véase el fin del 
artículo de la letra D. 

Si a consecuencia de un enfriamiento se manifiestan dolores en los miem- 
bros (reumáticos) si hai sensación de inquietud en la parle afecta, que obli- 
ga al enfermo a cambiar constantemente de sitio, si por lodos lados encuen- 
tra la cama mui dura; o si el miembro está como entorpecido, dislocado y 
doloroso, sobre lodo durante la marcha; y si el enfermo esperimenla un 
efecto penoso de la menor conmoción producida al rededor de él, y esto 
hasta el punto de hacerle gritar antes de la conmoción que va a sentir por 
los pasos de las personas que andan en la habitación, o bien si se habla de- 
masiado alto o cuando se le loca o también cuando se acerca uno a él, en- 
tonces désele ata. que es el medicamento indicado. Si hai calor y fiebre, dé- 
se ucon, ; y dos horas después, añt. Hai casos en que es bueno alternar es- 
tos dos medicamentos.; pero antes, cuando hai agravación de los padeci- 
mientos, se debe siempre emplear otro remedio. Si quedan todavía algunos 
síntomas de la enfermedad, adminístrense los medicamentos indicados eu 
el articulo reumatismo. Si los dolores son mas fuertes durante la quietud, 
por la noche, s^ hai frío y entorpecimiento en los miembros, con palidez de 
la cara y calor de los pies, o hinchazón roja de los dedos gordos de los pies ; 
si hai rijidez de la nuca, piel seca, o transpiración fétida, y si esta uo ali- 
via , dése dale.; y si no basta, mere, vid. 

Si se recae con frecuencia de estos dolores después de un nuevo enfria- 
miento, y sobre toJo, cuando el enfermo teme que se acerquen a él las per- 
sonas que le rodean, o también durante la deglución; sise aumentan duran- 
te la quietud y se alivian paseándose en la habitación, y si hai hinchazón, 
tirantez, ardor y pulsación en los dedos gordos de los pies, dése ácid phospk. 
Si hai al misino liempo hinchazón de la rodilla, nodosidades eu las articu- 
laciones de la mano y de los dedos, dése sulf. , y después cale. carb. 

Cuando el enfriamiento produce calor y fiebre, dése acón. Si la fiebre 
se aumenta o lleva ya algunos dias de duración, elíjase uno de los medica- 
mentos que se citan en el artículo fiebre, en el que oslan mejor determi- 
nados; tales son, nux vom. o ekam. bcll. o dulc , ign. o pula, y aun otros 
que fuesen mas apropiados. 

En jeueral, eu las afecciones producidas por un enfriamiento, que, siendo 
agudas, van acompañadas de dolor, hai que dinjirse las mas veces a coff. o 
a acón. , cham. , rlius. , nux voñt. , o a puls. , bcll. o coloc. Si son poco do- 
Jorosas dése dulc. o ipec. Si son crónicas y reaparecen ton frecuencia, y si 
el enfermo ha lomado untes mucho mercurio, adminístrese carb. vey. o sulf. ; 
después de estos, silic. o fwp. sulf. , cale. carb. Si reaparecen después de 
haberse bañado, dése antim. crud. o sidf. ; y algunas semanas después, carb» 
v<'<j. o cale. carb. 

Si el enfermo padece por fallado transpiración, dése cham, o chin. , bcll. 

2 i 



jT'.i MEDICINA DOMÉSTICA. 

o ditlc; y si éí sudor no alivia silie. Si los padecimientos dependen de una 
transpiración excesiva, será con frecuencia útil dar mere, vi», o ac'id. phtii- 
]>h. , después chin, o carb. vcg., o también sulf. o hep. sulf. y scp. seguí» 
los síntomas concomitantes. 

La excesiva sensibilidad al mío. cuando no puede uno librarse de él con- 
venientemente, se remedia bebiendo mas bien frío que caliente, modelando 
el uso de las bebidas fuertes y absteniéndose de café; y esta susceptibilidad 
desaparece mas completamente empleando, según las circunstancias, los re- 
medios siguientes: coff. , bell., nux vom. , chin. , dulc ; y sobre todo silie. 
carb. vcg. y cale. earb. a largos intervalos. Durante esta especie de trata- 
miento, debe uno lavarse con agua friü y acostumbrarse insensiblemente at 
aire frió, en lugar de evitarlo; es preciso igualmente acostumbrarse a los 
cambios de tiempo. 

Pero si no puede uno babituarse a esto y la menor frescura produce es- 
calofríos, dése nux. vom. o cham. Si el frío provoca mas particularmente 
dolores, tómese ars. alb. Si se tiene disposición a sabañones en los dedos o 
en la nariz, y el estado jeneral no reclama ningún tratamiento, es preciso 
friccionar estas partes con alcohol alcanforado ; si los sabañones so lian de- 
senvuelto ya, recórrase a los remedios indicados en este artículo. Si enfer- 
ma uno siempre que se é'spono al aire frió, entonces, según las circunstan- 
cias, se emplearán bryon. o rhus veralr. alb. o mere. viv. ; y si estos reme- 
dios no producen efecto, tómese carb. vcg. o ealc. carb. ; si no se puede so- 
portar el viento, carb. vcg.; si se tiene mucha sensibilidad a las corrientes 
de aire bell. , sulf. ; silie. o cale. carb. , unos después de olios, en el inter- 
valo de cinco a seis semanas. 

Si no se tiene sensibilidad masque al aire de la tarde ysi selesoporta difí- 
cilmente mere. viv. es el que entonces es útil, y después, pasado cierto tiem- 
po, sulf. o mejor carb. vcg. Si sulf. no produce efecto, si es el aire húmedo 
el que causa el trastorno, dése la preferencia a dale. , rhns. o veralr. alb. , 
y mas larde, carb, veg. o cale. carb. ; si es el pecho el que sufre sus efectos, 
dulc. o carb. veg. 

Si no se puede aguantar el mai. tiempo sin padecer, dése bry. , después 
silie. o rhodod. Sulf. empleado durante el mal liempo, produce lambieu 
buenos efectos. 

Si se padece a cada cambio de tiempo, empiécese por (hrtftere. viv. , rheum. 
o rhns. Si esto no basta sulf. y después silie. En las transiciones del calor 
iíl fiio dulc. y algunas veces rhus. ; del frío al calor, carb. veg o laches ; 
durante la tempestad rhodod. ; en liempo húmedo nux mosch. 

En los enfriamientos durante la primavera, se dan apropósito y a merulo 
veralr. alb. , rhus. o carb. veg.; EN estío, bell. bryon., earb. veg.; en otoño 
veralr. alb. , mere. viv. , o rhus. ; durante el invierno, si es seco, acón, o bell. 
bnjon. o nux. vom. , cham. sulf. , algunas veces ipec.; si es húmedo, dulc. 
veralr. alb. , carb. veg. 

Todavía, antes de hacer uso de estos diversos remedios, es necesario es- 
tudiar con cuidado las afecciones especíales de que se trufa en cada capítu- 
lo ; allí se encontrarán las razones para hacer una aplicación mas esacta de 
estos medicamentos, de que hacemos mención aquí con solo el objeto dé 
enseñar cuales son los que deben ser los preferidos. 



tfETOCINA DOMESTICA i oá 



G. — Del acalora m i cuto, «leí raissaiieio y del aniquila- 
miento o estenuncion. 

Después de todo esfuerzo excesivo será bueno tomar un baño caliente de 
media hora; y si el quebrantamiento de los miembros es intenso, .friccione-, 
siles en el baño con la disolución alcoholizada de jabón: esto hace desapa- 
recer el dolor y alivia el ardor. 

Después de un gran acaloramiento por el trabajo, en estío, es bueno 
tomar algunas gotas de rom o aguardiente fuerte en un terrón de azúcar, o 
un sorbo de vino muí fuerte; y después de un buen rato bébase agua fría., 
Si se está cansado, lómese una laza de una infusión lijera de té verde; y 
cuando se está cansado por un tiempo frió, es mejor beber cerveza fresca, 
cuando hai necesidad de volver a salir al frió ; y un caldo de pollo mezclado 
con cerveza caliente, si se ha de permanecer en casa. Las bebidas fuertes 
no son buenas an invierno puesto que aumentan la sensibilidad al frió, no 
convienen en estío sino cuando uno se ha acalorado; pero tomadas en gran 
cantidad producen una debilidad que se nota a! dia signiente. Si se esperi- 
menta un poco de abatimiento por efecto del calor, es conveniente tornar un 
poco de café pero es preciso abstenerse de bebidas espirituosas. 

Los que, después de haber estado cspuesios mucho tiempo a un gran 
frió, sienten una especie de estupor y una propensión invencible al sueno, 
se libran con prontitud y seguridad de este accidente y del peligro de la eon- 
jelacion con la olfacion del alcanfor o del alcohol alcanforado, o también 
tragando un pedacito de esta sustancia. Entonces es útil que el que se va 
obligado a permanecer espuesto mucho tiempo a un frió rigoroso, tenga con- 
sigo un frasco de alcanfor. 

Contra los efectos de una insolación, después de haber estado o haberse 
dormido con la cabeza y el cuello descubiertos bajo la influencia de los ra- 
yos de un sol ardiente, o también cerca deuu horuoencendido, dése acón.; 
repítasele si el caso se agrava, y dése después bcll , que casi siempre es se- 
guida de buen resultado. 

En el dolor de careza por efecto del calor, que va acompañado de una 
sensación de plenitud como si se dislocara el cráneo, que se agrava bajando 
la cabeza y que se hace sentir sobre todo en la frente, como si el cerebro 
fuese a salir por ella; si se exaspera andando, subiendo, por la menor im- 
presión moral; si es seguido de fiebre ardiente como sed o si hai vómitos e 
insomnio, dése beíl. o brij. 

Bcll será preferido, si'hai grande ansiedad e inquietud, furor rea! o ac- 
tividad incesante de ideas y grande abatimiento susto y miedo de las cosas 
presentes, con llanto fácil, jemidos y gritos: bry., si el enfermo está débil 
y de mal humor por la mañana, si no puede soportar sus vestidos, y si está 
mas bien colérico c irritable que abatido y llorón y si tiene miedo del por- 
venir 

Pero si el menor calor provoca dolor de cabeza, y si hai pesadez, pulsa- 
ción, presión por encima de los ojos, y si el ejercitar la vista los pone dolo- 
rosos, dése entonces carb. vry. 

Si este dolor es producido por el calor del eslío, después de haberse can- 
sado, espuesto al sol o a causa de un acaloramiento cerca del fuego, o tam- 
bién aplanchando, y si entonces se esperimenta una sensación como si la 



4o6 mroiciftá domi'stIca. 

cabeza estuviese demasiado llena, falta el apetito, sobro todo por la mañana, 
y si hai ademas gran sed, fiebre, temblor, y algunas teces hasta náuseas y 
vómitos, o también diarrea, en este caso está indicada la brumi. 

Las diarreas causadas por los calores del estío, sobre todo cuando la leche 
produce cólicos y hai fiebre, se curan muí pronto con el uso de bnjon. — 
Algunas veces hai necesidad de repetirla al dia siguiente. 

Si no se pueden soportar los calores del estío, o si no se puede trabajar 
al calor, sobre todo si hai sudores nocturnos, mucha propensión al sueño, 
y dolores de estómago y de vientre, y si no ha bastado brynri. , en este ca- 
so, dése amint. cruel. — Si el calor produce náuseas y estas reaparecen a pe- 
sar del uso de los medios indicados, adminístrese entonces srlic. 

El cansancio después de haber andado mucho, después de un trabajo ex- 
cesivo, particularmente en verano, es a veces tan grande que no permite 
descansar, y en estos casos, hasta lo que debería aliviar no hace mas que 
aumentar la mala disposición del cuerpo. Si no se tiene proporción de lo- 
mar un baño caliente, tómese al menos un pediluvio, con un puñado de sal" 
común. Si por este medio no se llega a descansar, tómese coff. — Lo mas que 
alivia en este caso es una taza de una infusión moderada de té verde de bue- 
na calidad. Si la fatiga llegase hasta el punto de producir el desmavo, verntr. 
olb. está perfectamente indicado en este caso; si hace bastante tiempo que 
no se ha comido, dése coff. —Si ha sobrevenido debilidad por efecto de su- 
dores excesivos, o si se está ya débil o aniquilado por sudores nocturnos, 
adminístrese chin. 

Si el acaloramiento es interior, hasta el punto de ser la respiración ealien- 
le, y el pulso frecuente, dése acón. ; y sí no disminuye bryón. Si después de 
algunos días se siente una ajitacion de la sangre, o si, después de una nue- 
va fatiga, la sángrese dirije a la cabeza, la cara y el pecho, dése mere. viv. 
Pero si se sienten los miembros, sobre todo las carnes, como quebranta- 
dos, am. aliviará con prontitud; sí los pies están hinchados y duelen al an- 
dar, échese una cucharadita de tintura dearn. en media taza de agua fresca, 
y después de haber lavado los pies con agua pura, mójeselos con esta agua 
así preparada y hágaselos secar al aire. 

Cuando duelen las articulaciones por esfuerzos hechos para levantar o lle- 
var peso, y cuando estos dolores se aumentan moviéndolas y aun teniéndo- 
las quietas, dése rhua., o bnjon. cuando se manifiestan principalmente en 
los ríñones y se hacen fuertemente lancinantes por el movimiento. Si no es 
posible hacer el mas pequeño movimiento de la espalda sin provocar horri- 
bles padecimientos, dése entonces sulf. — Compárese este con los medios 
empleados contra las torceduras. 

Si alguno, aun en estado normal, se cansa fácílmenie por el menor traba- 
jo y el mas pequeño esfuerzo; si todo le desazona, hasta la conversación, 
désele cocc. ; sí no basta vcralr. alb. dos veces en algunas horas, y en fin 
cale, earb. 

Cuando a causa de una carrera precipitada se queda uno como ahogado y 
casi sin aliento, o cuando sobrevienen los, punzada en el costado y dolores 
en los miembros, adminístrese cada dos o tres horas ncov.; si queda el do- 
lor del costado dése nrv. , y doce horas después, si el dolor sigue, bríjoñ. ; 
si el ahogo continúa o se agrava andando de prisa o subiendo rápidamente, 
si la tos complica este estado y va acompañada fie esputos mucosos, dése s'dic. 

En el mareo, dése cocc. ; conviene siempre, pero es preciso cuidar de 
repetirle. 

Pío todos Jos individuos se afectan igualmente por el vaivén o balance de 



MttltCIXA ÜOMÚSTIC.l. Vil 

Un buque; unos se liabitúan a él fácilmente, otros con dificultad y a algunos 
les hace padecer sin interrupción. Conviene entonces tratar a cada enfermo 
según las incomodidades que le produce el mareo. Unos, tomarán agua con 
aguardiente, otros jamón crudo espolvoreado con pimienta negra; siempro 
será conveniente hacer mucho ejercicio, esforzarse en comer, aplicarse a la 
boca del estómago un papel de estraza empapado en ron o aguardiente fuer- 
te. Si no se puede soportar el olor del navio, ni el del alimento, tómese 
colch.; si incomoda el ruido ¡herid., sobre lodo si se esperimenta fuerte do- 
lor de cabeza. Si se apetecen ácidos o sustancias cordiales, entonces convie- 
ne tomar sep. una o dos veces; en los casos de debilidad muí grande, pctrol. 
Para la imposibilidad de orinar y para el estreñimiento producido por el mo- 
vimiento del navio, se hará uso del polo ñor de una barra imantada. Si se 
declara un gusto pútrido de boca, con hemorrájia de las encías y estreñi- 
miento, sinph. 

Las vijilias prolongadas debilitan siempre, y no obstante es bueno que lo- 
dos se encuentren en estado de soportarlas encaso de necesidad. Si pi orill- 
een una debilidad mui considerable, mas grande de lo ordinario, y no pue- 
de uno tener ni una hora de descanso, adminístrese cocc. o una gota de 
acid. phosph. en agua. Cuando por trabajar de noche y por velar se encuen- 
tra uno mui desazonado, en términos de nacerse insoportable la cosa mas 
pequeña, y cuando el olor más lijero sobre todo el de los alimentos, inco- 
moda, tómese colch. Si, efecto de las vijilias, sobreviene dolor de cabeza "y 
se ha procurado estar despierto con el uso del café o del vino y de otras 
bebidas fuertes, dése nux vom. Si no se han usado bebidas espirituosas, y sí 
aunque se padezca, no es posible acostarse, o se sienten ganas de vomitar, 
adminístrese ipec. — Si hai agravación por la larde, y por la mañana se está 
mejor, o, en las mujeres, cuando pueden descansar un poco por la mañana, 
dése puls. Si las vijilias producen conjestion de sangre a la cabeza, si ocasio- 
nan pesadez por el movimiento de los ojos, si estos padecimientos se ali- 
mentan al aire libre, durante el movimiento, por la conmoción qne produce 
el andar, sobre todo en los individuos ardientes y vivos, dése nux vom. Si 
la cabeza está como vacia y Tijera, o si hai pesadez con imposibilidad de 
soportar la luz fuerte, con alivio al aire libre, y exasperación estando echa- 
do, y con quebrantamiento mientras se anda, y si se trata de personas ama-, 
bles y de un carácter deferente, adminístrese pttls. Si la cabeza está comple- 
tamente lijera y quemante, con sofocos a la cara, los ojos rodeados de un 
circulo azulado (ojeras), la boca seca sin sed, con repugnancia a los alimen- 
tos, eruptos, náuseas hasta el desmayo por accesos, plenitud en el vientre, 
respiración oprimida; si hai agravación al aire libre, hablando, con el uso 
del café; si los sujetos están tristes, se despiertan sobresaltados y están aji- 
lados por sueños penosos, dése cocc. Cuando se está mui irritado por la tar- 
de, cuando se ha tenido mal sueño y se está cansado por la mañana, tómese 
chin. ; sintiéndose como quebrantado, arn. es el que conviene. 

Para la pesadez de cabeza, como por embriaguez, con zumbido de oídos y 
palidez, alteración de la cara, pesadez de la frente, hasta el punto de no po- 
der sostener la cabeza, acompañada de náuseas, escalofríos, debilidad y tris- 
teza, dése nux vom. 

Después de una noche de broma, se debe dar pul*, o nux vom. con arre- 
glo a los caracteres que son propios de cada uno de estos remedios ; o bien 
varh. vetj : lodo esto consultando el artículo relativo al abuso de las bebidas 
espirituosas. » 

La vida skdlm abia y los esludios serios debilitan el cuerpo, como lo ha 



158 MEDICINA DOMÉSTICA. 

observado ya-Siracli; si se puédese deben reducir las ocupaciones, y pasear 
todos los días una hora al aire libre. —Pero si por estas causas hai ya pade- 
cienlos del vientre, o se tiene el hábito de tornar café o bebidas ardientes, 
tómese nnx vom. por la tarde; y si el mal reaparece después de cuatro o cin- 
co dias, sulph. ü. durante cinco o seis días, todas las mañanas; si hai nece- 
sidad, se le podrá repetir a las cuatro semanas. Si los padecimientos ocupan 
de preferencia la cabeza, nnx vom. será también en este caso el mejor re- 
medio; después bell. ; algunas veces país.; véase para esto dolor de cabeza., 
Si todos estos medios no van seguidos de buen resultado, y si cada esfuerzo 
intelectual produce el dolor de cabeza, hágase uso de cale. carb. en olfa- 
don. Si no hai mas que una sensación de embriaguez y de deslumbramiento, 
dése para los temperamentos violentos nnx vom.; para los flemáticos puls. 
Durante el dolor de muelas, la tos y otras indisposiciones a consecuencia de 
fuertes atenciones del espíritu, conviene nnx vom., o algunos otros de los 
remedios citados. 

Los escesos mantienen al cuerpo y al alma en la mayor tensión. Por lo que 
respecta a los escesos de comida y bebida, se tratará de ellos en el artículo 
D.— Pero si estos escesos son de tal naturaleza que ocasionan la pérdida de 
los productos esenciales al organismo, entonces es preciso, observando una 
abstinencia indispensable, hacer uso de los medios siguientes. 

El medicamento principal que se debe emplear desde el principio, y tam- 
bién después que se han usadootros, es cli'ni. Mas tarde, y cuando el enfer- 
mo se aflije por sus vicios, dése achí, phosph. Finalmente, búsquese mas 
adelante la naturaleza de los padecimientos del enfermo, y elíjanse entonces 
mas particularmente los remedios entre chin., acid. phnsph., phosph. siaph., 
nnx vom. o sulf. y dulc. según el que convenga mejor. 

Los mismos preceptos son aplicables a los enfermos estenuados por vicios 
contra-naturales: se empezará por darles chin., o slapli., o nnx vom.; des- 
pués achí, phosph., o sulf., o cale. carb. Al mismo tiempo es preciso reani- 
mar la moral del enfermo, animarle para que haga un esfuerzo sobre sí mis- 
mo, y sustraer a la tentación su imajinacion desordenada, por medio de un 
trabajo atento y sostenido, dándole poco de comer, dejándole dormir poco, 
aconsejándole la abstinencia de toda bebida escilante, la cesación de toda re- 
lación peligrosa, y la supresión de la lectura de malos libros. Y si a esto se 
hne una irritación morbosa, lo que sucede con frecuencia en los niños, re- 
cúrrase entonces de preferencia a los medios siguientes chin., mere, viv., 
carb. veg., vuxvom., puls., staph , o anlim. crud., güic, pial., cale, carb., 
coce., sep. Muí a menudo, cuando chin, y carb: vea. son insuficientes, mere, 
viv. produce buenos efectos, y uno sulf — En el intervalo de estos medica- 
mentos, que rara vez deben repetirse, se administrarán, según la ocasión, 
coff., op., acón., ign. 

Si a consecuencia de estos viciosos hábitos se ha debilitado la naturaleza 
■en términos de sentir sus funestas consecuencias en el matrimonio, aun cuan- 
do sea con moderación, y si entonces se esperimenta turbación en la cabe- 
za, dése cale. carb. En el caso de una grande debilidad a consecuencia de. 
una cópula, con temblor de las piernas, dése el mismo remedo. — Contra la 
opresión, siaph.; contra la sensación de ardor en las parles, mere. viv. o 
carb. veg. Si después del coito hai debilidad en las piernas, quebrantamiento 
y pesadez de los miembros, aturdimiento, mal humor y abatimiento, cace. 
obra con prontitud. — Para hacer cesar a la mayor brevedad el dolor de es- 
trangulación en los cordones espermáticos y en las tripas, producido por el 
acto sexual,, adminístrese una dosis de iod. 



MKIUC.INA 1) )?.Il'sT1CA. i OÍ) 

La pf.rimiu bf tiuíioiiKS efecto de sudores abundantes, supuraciones, dia- 
rrea de larga duración, lactancia mui próJóii«3iía y de un flujo espontá- 
neo de leche, asi como por efecto de sangrías copiosas u olías pérdidas 
de sang«e produce con frecuencia enfermedades incurables, si no se admi- 
nistra pronto i7ií)i., que se repetirá según las circunstancias a cierlas épocas. 
Solamente en algunos casos, será necesario dar después staph. o sulf. Si a 
consecuencia dé la misma causa, y por la efusión inmoderada desangre 
en los niños, consecutivamente a la aplicación de sanguijuelas, que se lia 
hecho en la misma noche en que se verifica el flujo, sin advertirlo los asis- 
tentes, y que ocasiona el desmayo o convulsiones, dése inmediatamente 
chin, y nada mas: o bien, hágase una infusión caliente de la raíz de cá- 
lamo aromático y dése una cucharada de las de sopa de esta infusión cada 
dos horas. Luego que el enfermo vuelve en sí, si siente sequedad en la 
boca, o ajila y mueve la lengua, hágasele tragar un poco de agua fresca: 
Si vuelve a desmayar» y a tener convulsiones, o si no recobra completa- 
mente los sentidos, adminístresele una cucharaditadebuen vino añejo, y poco 
tiempo después, si es preciso, repítanse la chin, y la cucharadita de vino. 
— Después, permítasele beber toda el agua fresca que quiera; pero al prin- 
cipio poca a la vez. — Si quedan algunos padecimientos consecutivos, que 
chin, no ha podido quitar, dése acid. phosph.; y si es insuficiente nux 
vom, pasados ocho dias, y después ars. alb, 

D. — Déla ¡iisüijestáoM y «le la i»Seiiií«d! sEe3 esty¡¡Bt«go. 

Cuando alguno ha comido mucho o ha hecho uso de alimentos pesados, y 
siente inmediatamente después o un poco mas tarde, indijestoel estómago, 
désele café puro, mas si llegan a presentarse dolor de cabeza u otra indis- 
posición, sobre lodo la opresión, dificultad de respirar, i en los niños tem- 
blor y escalofríos, adminístrese inmediaiaments pnls. en disolución, una do- 
sis cada media hora, hasta que sobrevenga un vómito o hayan desaparecido 
los síntomas. Sí, después del dolor de cabeza, quedan todavía pesadez y 
presionen el estómago con náuseas, dése c/iam., y si pasadas dos horas, 
no hai alivio, nux. vom. Si al dia siguiente por la mañana se siente todavia 
incomodidad, si se espeiimentan náuseas, vomiturición, eruptos de mal 
gusto y de olor do moho, o un gusto que recuerde los alimentos que se 
han lomado, adminístrese ant. crud.; para los eruptos amargos bnj ; podri- 
dos nux. vom.; de olor de huevos podridos, arri., ácidos, pule.; grádenlos 1 , 
jmls.; acres y amargos, ars. alb. Véase para algunos otros padecimientos lo 
que se dice mas adelante. En lodos los casos, es preciso abstenerse, du- 
rante muchos dias de una alimentación sólida, no deben permitirse mas 
que caldos lijeros, para que el estómago pueda restablecerse. 

Una alimentación dkmasiauo abundante en los niños, sobre todo si se 
compone de manjares difíciles de dijerir, como pastas farináceas, pan mal 
cocido, etc., es oríjen de frecuentes indisposiciones, sobre todo cuando 
están mui fajados o se les acuna a menudo, y cuando por otra parte se 
les atormenta con purgantes, como ruibarbo, sal de Giaubcr, aceite de rici- 
no, etc. Ante todo, es preciso suspender el uso de todas estas cosas que 
son perjudiciales; después, contra el vómito, dése muchas veces ipec, 
principalmente si hai diarrea; si esto no produce un alivio pronto, dése 
¡>uls. Si solo hai diarrea de materias no dijeridas i el niño está ya debilitado 
por el uso délos purgantes o la larga duración de la diarrea, adminístrese 
chin., y conua, el estreñimiento con vómito nux vom. 



100 MUnCLNA DOMÉSTICA 

No debe alimentarse a los niños constantemente con las mismas sustancias; 
la leche debe de ser cocida, pero no mucho. Hai niños que soportan medio 
cocidos los mueilagos lijeros de harina de avena mondada,* no deben darse 
papillas farináceas, conviene preferir la hariua de cebada mondada. Vale mas 
hacer hervir durante tres horas en una muñeca de Lienzo un poco de harina 
de trigo, y después de haberla dejado enfriar, se separa del lieneo el grumo 
endurecido, se desmenuza, y se hace de él papilla con leche, o con caldo, o 
■simplemente con agua y azúcar Los bizcochos convienen a los niños, pero 
no deben estar demasiado cocidos. 

Las descomposiciones de vientre debidas al uso de grasa, carne de puer- 
co, masa de pastelería, manteca rancia, S3 curan con puls., y sino con carb. 
ve y. 

La misma indisposición a consecuencia de otros alimentos, pero con erup- 
los que tienen el gusto de los alimentos que se han tomado, náuseas y vomi- 
turición, se cura también con ani'un. crud. y puls., algunas veces alternán- 
dolos. 

La indijestion por frutas se cura con puls. 

La indijestion ocasionada por un vino ácido malo, acompañada de mu- 
chas náuseas, exije ant'un. crud.; por vino azufrado ¡mis.; por cerveza acida 
o vinagre, acón., sobre lodo si hai dolor presivo en <;l estómago, náuseas, 
vomiturición, vómito mucoso o sanguinolento, Pero cuando el vómito es áci- 
do, con ardor en la garganta, cólico y diarrea, hep. sulf.; cuando hai vómi- 
to de los alimentos, ardor eu el estómago y en el vientre, cólico con escalo- 
frío, ansiedad y sed, dése ars. a/6.; si a esto se agrega gran debilidad, con 
impresionabilidad por el tiempo caliente o frió, seco o húmedo, adminístrese 
verb. veg . 

Si el padecimiento del estómago depende del uso de pescados o de cau- 
nks podridas, dése inmediatamente carbón reducido a polvo mui fluo, mez- 
clado con aguardiente; si pasado algún tiempo la indijestion continúa, diin.; 
si todavía quedan eruptos pútridos, con el mismo gusto en la boca, adminís- 
trese puls. 

Si la afección del estómago depende de alimentos salados empléese carb. 
vcg., en la indijestion por abuso de la sal común, ars. alb., o la olfacion del 
éter nítrico o sulfúrico. 

La indijestion por la berza y sobre todo por la colicosira exije bnj. 
Para la indijestion por queso añejo, salchichón rancio, carnes ahumadas 
o podridas etc., véase mas adelante el artículo knvencnamilntos. 

El ítOLoit nr. cabi.za consecutivo a una indijestion, como si el cráneo estu- 
viese magullado hasta la base de la lengua, con náuseas, exije ipcc. Para el 
dolor de cabeza presivo con calor en el cerebro, agravado después de haber 
comido, andado o leído, con gusto pútrido en la boca, dése arn. Si este do- 
lor es pulsativo, lancinante, mas fuerte hablando y con grandes ganas de vo- 
mitar, dése acón.; si es jeueral, obtuso; si se aumenta subiendo una escale- 
ra, o fumando, y va acompañado de falta de apetito, boca amarga, eruptos, 
hipo, náuseas y vomiturición, y sobre todo si se agrava con el uso del vino, 
adminístrese anúm. crud. Contra el dolor de cabeza quemante, presivo, es- 
plosivo, mas fuerte inclinándose hacia adelante con una sensación como si 
todo fuese a salir por la frente, latido, dislaceraciou, lancinaciones al andar, 
o fluctuación como de agua en el cráneo, que se exaspera la mas veces por 
la mañana, y es seguido de escalofríos, dése bnj. para el dolor dilacerante, 
pulsativo y por sacudidas, que se agrava por la noche cuando se está acos- 
tado, o que ocupa la mitad del cráneo, acompañado de gusto pútrido o le- 



MEDICINA DOMÉSTICA 161 

rroo de la boca, sin sed, puls. Contra la pesadez de cabeza, que eslá sensi- 
ble esteriormente, con temblor de las mandíbulas, gusto salado, calambre 
de estómago, sobre todo en las personas que han hecho uso del mercurio, 
dése carb. veij. Para los padecimientos de la misma naturaleza, véase cefa- 
lalgia. 

El vómito a consecuencia de indisjestion, si la lengua eslá sucia, exije 
ipec. : cuando está limpia tari, eniet. Por esceso en el pan, con presión eti 
la boca del estómago y en el vientre, bnjon. Después de haber comido mu- 
cho, cuando los alimentos tienen un gusto amargo masticando, y si queda 
una sensación de ardor en el gaznate después del vómito, puls.,h\ hai erup- 
tos ruidosos, caloren la cara y palpitación de corazón, sep. 

Los calambres de estómago por efecto de indisjestion se curan a menudo, 
con los mismos remedios que están indicados en la indisjestion. — Para los 
demás medios, véase el artículo calambres di: estómago. 

La flatuli;ncia, que distiende el vientre, oprime y dificulta la respiración, 
y después del uso de un alimento llatulento, como berzas o colicostra, se 
cura con biy. ; si es producida por cerveza recien hecha y otras bebidas 
análogas, con chin., pero, sobre todo, si el vientre está dolorosamente dis- 
tendido, si hai cólico, presión al rededor del ombligo, con salida de vento- 
sidades fétidas, y cada vez que se bebe, se manitiestan escalofríos y frió ; o 
con nnxvom. si, después de haber bebido, se declara una presión en el epi- 
gastrio que impide la respiración, hace insoportable el contacto de los ves- 
tidos sobre las costillas, y comprime el vientre como con una piedra. Puls. 
conviene cuando la flaiulencia es producida por comidas grasientas, encima 
de las cuales se ha bebido agua fresca, con rotación de flatos en el vientre 
que está entonces tenso y duro, y si se exaspera por la noche. 

Cuando los gases se concentran en el pecho y ocasionan, en muchos sitios 
sucesivamente, punzadas y sacudidas dolorosos, y cuando el epigastrio y los 
hipocondrios parecen tensos, sin hinchazón real, y hacen imposible el me- 
nor descanso, entonces plwsph. 30/00 será útil. Para combatir la grande dis- 
posición a la reproducción de flatos y a la salida frecuente de ventosidades 
fétidas, se empleará con fruto carbón pulverizado, del que se lomará un po- 
quito con la punta de un cuchillo una o dos veces todos los dias. 

Ehcónco por indijeslion o por exceso en la comida, si se manifiesta sú- 
bitamente, desaparece de ordinario con el uso del café negro; si no basta 
con puls. o cualquiera otro medio de los indicados en el artículo cólico. 

La diarrea producida por la misma causa, se trata con puls.; en los niños 
que espeí mientan al mismo tiempo náuseas y vómitos, con ípec; si tienen 
insomnio, están de humor irritable o despiertos, con coff.; con dolor de 
vientre, que sube de abajo arriba, produce malestar y grande debilidad des- 
pués de cada deposición, con nux vum. y oíros remedios aconsejados con- 
tra la DIARREA. 

El insomnio que sobreviene después de haber comido mucho, cede con 
frecuencia a coff., sobre todo en los niños, o a puls. o. Si proviene del uso 
del café nux vom. Si se ha cenado mucho, conviene tomar un vaso de agua 
azucarada, si produce agrio en el estómago, lómese agua pura. 

No debe pensarse en prevenir la pesadilla, si depende de excesos en la co- 
mida, un vaso de gua azucarada a lo sumo la alivia. El que eslá sujeto a ella 
debe abstenerse de un alimento demasiado abundante y deberá lomar los 
medicamentos aconsejados contra la pesadilla. 

La fiebre que sobreviene con escalofríos y frió, y va acompañada de un 
desarreglo constante del vientre, sea diarrea, sea estreñimiento, cu los 

22 



1G2 medicina: doméstica' 

individuos de carácter viólenlo y arrebatado, se cura con bnf. En íatf prf' 
souas llemáiieas, pesadas, y que loman las cosas en mal sentido, con cap». 
Si reaparece la fiebre , al tercero dia dése antim. crud.; si es cotidiana,- 
/pee. En el dia libre de fiebre se dan cuairo dosis de ¡pee. 5; en el dia de 
fiebre, dos veces, con el cuidado de no darla durante el frío o el calor\ 
El sétimo dia, dése nux vom. 50. Durante este ti afcaniicnfo conviene abs- 
tenerse de frutas. 

El saiu'uilido ola miliar a consecuencia de una indijestion, con esca- 
lofríos y mal humor, desaparece a menudo con puls., con náuseas y di' 
licultad de respirar, con ¡pee; y si este medio no basta con bry. Si la al" 
teracion que se verifica en la piel depende de la injestion de cosas inaf 
sanas, véase el artículo envenenamientos. — Para otras especies de erup- 
ciones, consúltese el artículo exantemas. 

Todo el mundo debe poder soportar el agua por bebida; pero las per- 
sonas adultas pueden usar la cerveza y también el vino, principalmente 
si se lian entregado a trabajos penosos. Si alguno, después de haber be- 
bido agua, se encuentra indispuesto, esto prueba que está enfermo su? 
estómago o alguna otra parle de su organismo. Entonces puede recurrir 
a los medias siguientes-; 

Si se encuentra descompuesto por haber lomado esta bebida, y espe- 
rimenta turbación en la cabeza , con náuseas y calor, tome cocc.; dolor 
de cabeza y tos acón.; tos r vómitos y escalofríos ars. alb. Si deja mal 
gusto en la boca, como si el' agua estuviese podrida r y provoca sensa- 
ción de frió en el vientre r cólicos y escalofrío, adminístrese chin. Si liar 
náuseas y dolor de vientre,, empléese puls., y si esto no basta rhus. 

Algunas veces se cura un grave dolor de estómago crónico q-ue se repro- 
duce siempre que se bebe agua lomando un poco de saF coman, la canti- 
dad que se puede cojer con la punta de un cuchillo. Si el agua produce 
hipo, lómese ign.; si presión en el estómago, ferr. aeel. Si el vientre estar 
muí meteorizado, como por flatos, con presión en el epigastrio y _opresioirr 
de la respiración y escalofríos, dése nux vom. Contra el tenesmo y la dia- 
rrea, caps.; contra el dolor en el pecho y escalofríos, veratr. alb. Para 
combatir el dolor de muelas ocasionado por el uso del agua, empléese bry, 
o,, según las circunstancias, mercur. viv. o slctpk. Si hai solamente sensibi»^ 
ñdaé sin dolor real mercur. viv. o sulf. 

Cuando una persona siente habkualmente frió en ef estómago* por beber 
agua fría, o por otra razón, se ha acostumbrado a mezclarla con algnn licor 
espirituoso, y desea perder esta costumbre,, debe ensayar los medicamentos? 
que acabamos de recomendar. Si esto no basta, es preciso poner una gota- 
de ácioto sulfúrico puro en un cuartillo de agua, mezclarlo perfectamente pa- 
sándolo de un vaso a olio, y lomar una o dos cucharadas por la mañana» en» 
ayunas, de este modo s.e entonará el estómago, y volverá a poder soportar eí 
agua fría» 

Si se descompone el estómago por beriír agua gon mucha precipitación, 
empléese silic. 

Cuando solamente el agua fuia es la que causa incomodidades, enton> 
ees será útil el uso de nux vom. y siaph. o cate. carb. 

Si los padecimientos producidos por el agua de nieve, o por el agua fría 
durante el fuerte calor, se manifiestan de pronto y se anuncian peligro- 
sos, serán combatidos felizmente por op., sobre todo si hai conjeslion de 
sangre a la cabeza, pérdida de conocimiento, convulsiones en los músculos 
de la cara, y vértigo hasta caer. En los bebedores de licores fuertes, seiú 



MKIMCIVA DOMÍSTÍC.V *0T> 

^preciso nnx vom.i Si la cara está pulida, si se han hecho esfuerzos para 
vomitar, y si hai estrnuada debilidad, se podrá administrar aguardiente al- 
vunforado. Contra la indisposición consecutiva, y sobre lodo contra el dolor 
•de cabeza con conjestion hacia esta repon, dése betl. Si el dolor es fuerte- 
mente lancinante, bnj. Para las indisposiciones de vientre con fiebre y oirás, 
carb. veg. o ais. alb. como va a verse en lo que sigue. 

En los padecimientos (Tónicos n consecuencia del uso del agua de nieve en 
estío, acompañados de grande debilidad, de poco apetito; si ademas el alimeu- 
•lo produce peso en el estómago, o si es vomitado con un gusto ácido, si el 
estómago está doloroso: si hai al tacto, 'hincharon al epigastrio y del vien- 
tre porta presencia de flatos, cuando estos Hatos fatigan con mucha fuerza 
y los sufrimientos se agravan al aire libre, dése carb. veg. 

Cuando ei estómago está doloroso, y llegan a manifestárselos demás ac- 
cidentes, después de haber tragado pedazos de hielo, como hacen los niños, 
•convendrán ars. alb , o algunas veces piiis. 

Ais. alb. convendrá también si hai presión violenta en el estómago, sobre 
todo si hai sensación de ardor en un punto, y ardor en lodo el estómago y 
el vientre, acompañado de angustia, de inquietud y de una fisonomía que 
espresa la ansiedad; cuando hai ademas sequedad de la lengua, gran sed, 
sabor salado de todo lo que se toma, náuseas por el movimiento y des- 
pués de haber bebido, hasta el vómito, algunas veces bilioso. 

Se usará puls. cuando haya presión como calambroidea en él centro epi- 
gástrico y en el estómago, cuando sea mas fuerte después de la comida, y 
cuando llegue hasta producir él vómito de los alimentos; cuando la caía 
esté triste, la lengua mucosa, y conserve un gusto insípido de paja; cuando 
la sed sea nula haya náuseas después de haber comidoo bebido, con exacer- 
bación por la tarde y por la noche, seguida de eruptos ácidos o con él 
£usto de los alimentos injeridos. 

Los mismos medios serán igualmente útiles en los desórdenes de la di- 
jestion ocasionados por el] uso de fruías fkus u otras sustancias frías, he- 
ladas, etc. 

Casi todos los Individuos de buena salud soportan bien la leche, y es 
preciso que su estómago no se encuentre en estado normal para que les pro- 
duzca incomodidades. En este caso, deben remediarse. Si produce mi $11*10 
agrio en la boca, dése nnx vom.; si cólicos y diarrea, b*y. o lycop., si hai 
eruptos y vómito mucoso, con otros padecimientos gástricos, y si estos re- 
medios 110 han producido efecto, empléese snlf.; si después de haber tomado 
leche se sienten náuseas continuas, dése cale. carb. 

Si la cerveza incomoda, lo mejor es abstenerse de ella, y sobre todo si es 
cerbeza fuerie^-hiime ordinariamente se confecciona con sustanciasieireno- 
sas, a fin de hacerla mas amarga y mas activa- Pero si la eerbeza es buena y 
do se puede evitar fácilmente el bebería , tómese por la mañana, si afecta 
la cabeza rhus; si no alivia bell. una sola vez, y si la cerveza provoca cons- 
tantemente vómitos, ferr. acet; si náuseas ars. alb., si (óticos, coloc. La 
cerveza buena debe prepararse con cebada moderadamente desecada y lú- 
pulo puro. Todas las adiciones y mezclas artificiales son mas o menos nocí- 
-vas, muchas hasta eminentemente peligrosas. — Si después de haber bebido 
•cerveza por la tarde, se espécimen la por la mañana al despertarse o des- 
pués de haberse levantado dolor de cabeza, eslo indica que esta bebida de 
ningún modo es conveniente, al menos al que la bebe. 

,Si el uso del aguardiente produce padecimientos, el que lo esperin¡en!a 



4(U MEDICINA DOMÉSTICA 

debe felicitarse por ello; porque el mejor medio es evitarlos, y al mismo 
tiempo el mas racional es abstenerse de bebería para siempre. 

E. — Consecuencias de las bebidas escalantes y espirituosas^ 
«leí tabaco, de !as especias y de los ácidos. 

embriaguez. — Esta vergonzosa condición, en la cual vemos aun tantas 
personas, no necesita descripción. Algunas veces se requiere el auxilio mé- 
dico para volver al que la sufre a su conocimiento. Todos sabemos que para 
malquiera que esté borracho, el mejor medio es dejarle dormir; pero algu- 
nas veces puede ser necesario volverlo en sí mas pronto, a lo menos hasta 
el punto que pueda ser alejado de la escena de sus excesos. El mejor reme- 
dio es una aplicación esterna de agua fría. Asi cuando un borracho esté 
tendido en el suelo, rocíesele con agua lo mas fría que pueda hallarse; si 
esto no produce resultado, échesele agua con un cubo... desde cierta al- 
una, de modo que le dé con gran fuerza. Si vomita y tiene náuseas désele 
tafé puro, tanto como quiera beber, pero muí caliente. 

Cuando la embriaguez no ha llegado hasta tal punto es suficiente a me- 
nudo para disiparla aplicar lienzos mojados con agua fria, en el abdomen y 
Jas partes inmediatas. 

Si la borrachera ha sido producida por la cerveza, dése té verde con leche; 
si por el vino, dense a comer una o dos almendras amargas (pero no a Ios- 
niños); si por licores o aguardiente dése a beber agua salada, y si esto no 
produce ningún efecto póngase tiii ajo machacado en la boca. 

Si la cara de tíu hombre embriagado tiene un color rojo oscuro, si sus 
ojos están fijos, si no vuelve en sí y el echarle agua fría produce un solo 
efecto momentáneo, si los músculos de la cara están convulsos o un ca- 
lambre le impide abrir la boca — en este caso no se use nada excepto agua 
íria en Ja cabeza, y servilletas mojadas, y adminístrese op cada cuarto 
de hora hasta que se mejore; si se advierte que op. ha cesado de obrar 
favorablemente adminístrense acón, o bell. según las circunstancias. 

l^os niños suelen sera veces emborrachados por personas descuidadas, 
imprudentes o culpables; o beben aguardiente inadvertidamente; en estos 
casos lávense su cabeza y abdomen con agua fria; y déseles cada cuarto 
de hora una cucharadita de agua caliente, en un cuartillo déla cual, se 
hliya echado en infusión una almendra amarga. Si no caen pronto en un 
buen sueño, déseles nux vom. Si caen en un sueño lelárjico , con ron- 
quido, si la cara está encarnada y la cabeza caliente, déseles op. Si están 
demasiado animados y alegres, y no pueden dormir, déseles coff. Si tie- 
nen fiebre violenta déseles acón, y si esto no la alivia al cabo de dos ho- 
ras, dése bell. D. Si les dan calambres o convulsiones, dése primero op. a; 
si este no alivia, nux vom. o, y si esta no produce efecto, cham. 

Muchas mujeres recien paridas beben, ya por ignorancia, ya por cos- 
tumbre tonta o por ppnsejq de parleras estúpidas, licores espirituosos para 
lograr dormirse ellas y su hijo. Esta es una costumbre vergonzosa y abo- 
minable, que las