(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Obras escogidas del Dr. D. Tomás Romay: precedidas de una noticia historico-biografica de su vida y escritos (Volume 3-4)"

1 




! 



E 



JATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 





Jütfc 

NiDiaaw jo Aavaan tvnouvn 



\2 



■JATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

4= 



I t 

1 - 

NI3I03W jo Aüvagn ivnouvn 




3NIDIQ3W jo Aavaan ivnouvn 3NiDia3w jo Aavaan ivnouvn 



1 



f I 



i r i : 

X =■• X S 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 



4 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

! 






SNiDiasw jo Aavaan tvnouvn 




/ ¿% i > l 



Nma3w jo Aavaan tvnouvn 3nidiq3w jo Aavagn tvnouvn 



3NIDIQ3W JO AMV88IT TVNOUVN 



i i 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

„ y \ y 

f I 2 

^ I ° 

2 ° ? 

Q- i/i 9- 

z5 

SNiDiasw jo Aavaan tvnouvn 



i I 




NiDiasw jo Aavaan tvnouvn 



! 






MATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

2 S 

I 



3 

I 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 



3NIDIC13W JO AÜVÜ9IT TVNOUVN 



I 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

i 



I j 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 




3NIDI03W JO ASVaflll TVNOUVN 3 

o ~ o 

O- 3 O- 

* í I 

r i 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

%# i 



3 IN I _^HJ3" ÍU 




RY OF MEDICINE 



avagn ivnouvn 



! 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

I 

i 

i 

3NIDIQ3W dO Aavagn IVNOUVN 



d 

6 

o 
RY OF MEDICINE 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

i 

i 



3NIDI03W i 



NATIONAL LIBRAR 




\ 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 



i 
1 



NATIONAL LIBRAI 



ug 



OBRAS ESCOGIDAS 



DEL 




D R . D. TOMAS ROMA Y. 



PRECEDIDAS DE UNA NOTICIA IIISTÓRICO-BIOGRAFICA DE SU 
VIDA Y ESCRITOS 



POR 



llamón áfratuieco $ aloes. 




TOMO III. 






iC>\ 



HABANA. 



Imprenta del Gobierno y Capitanía General por S. M. 

CALLE DEL TENIENTE-UEY NUMERO 13. 



V7C 

"R76/©- 

IS5S 
t. 3. 




1/ 



SOBRE LA INTRODUCCIÓN Y PROGRESOS 

DE LA VACUNA 

en" la isla de cuba; 
leída en juntas generales celebradas 

POR LA 

SOCIEDAD ECONÓMICA 'DE LA HABANA 

el 12 de Diciembre de 18G4. 

POR EL 

DE. Y MAESTKOD. TOMAS^ROMAY. 

Socio Numerario en la clase de Profesor sobresaliente, Secretario de la 

Junta Central de la vacuna, vocal de la Junta de Sanidad, 

Ex-Catedrático del texto de Aristóteles y de vísperas 

de medicina en esta Universidad, y Académico 

corresponsal de la Real Academia de 

medicina de Madrid. 



Los benéticos efectos que producía la vacuna en toda la Eu- 
ropa y eu las vecinas colonias estrangeras, llegaron á nuestra 
noticia por medio de sus papeles públicos. Al verla tan gene- 
ralmente adoptada y aplaudida no solo por los profesores mas 
distinguidos, sino también por otros sugetos tan respetables 
por su literatura como por sus altas dignidades, los cuerpos 
Económicos de esta Ciudad y varios vecinos ilustrados no du- 
daron de su virtud preservativo, y procuraron eficazmente ad- 
quirir el virus vacuno, haciendo conocer sus ventajas en toda 
la Isla. Para conseguirlo, esta Real Sociedad y la Junta Eco- 
nómica del Real Consulado, acordaron reimprimir á sus es- 
pensas quinientos ejemplares de la memoria que tradujo el Dr. 
D. Pedro Hernández; ofreciendo por medio del papel Perió- 



— 4 — 
dico publicado el 3 de Febrero del año prócsimo pasado, un 
premio de trescientos pesos á quien condujese el virus vacuno 
de otros países, y de cuatrocientos á quien lo encontrara en 
nuestras vacas. Ambos Cuerpos me comisionaron para que lo 
recibiera y egecutase los primeros ensayos. 

Por mas que los hacendados de esta Isla, afirmaban ser muy 
frecuente en sus vacadas dicha enfermedad, se pasó mas de un 
año sin que ni el interés del premio, ni el bien de la humani- 
dad hubiera conseguido me presentase uno solo de estos ani- 
males con los granos que tanto se anhelaban (1) En este ticm- 

(1) En la primavera y en el otoño esperimentan las vacas de esta Isla una erup- 
ción de granos en las ubres y en los pezones, tan numerosa en algunas de ellas que 
pueden ordeñarse sin grande dificultad. Los hacendados llaman á estas pústulas 
viruelülas, y creyeron fuese el verdadero nombre cowpox: reconocí muchos de estos 
animales y en ninguno de sus granos encontré los caracteres que describe Jenner. Al 
contrario, son casi berrugosos, y cuando llegan á supurar arrojan una pequeña can- 
tidad de humor sanioso y prontamente se desecan. ~No creo por esto sea imposible 
encontrar alguna vez el cowpox en las vacas que pastan en los prados mas feraces 
de nuestra Isla; la reunión de varias circunstancias atmosféricas y locales, pueden 
contribuir á producirla. Los descubrimientos que se han hecho posteriormente en 
diferentes climas, acreditan que esta enfermedad es constitucional, como dice Mo- 
reau, y no endémica en las vacadas del condado de Glocester. Se ha encontrado en 
muchos otros de Inglaterra; y aun en el mismo continente de Europa la descubrió 
el Dr. Nissen en el ducado de Holstein y Sacchi en la Lombardia; no siendo tampo- 
co desconocida ni en el departamento de Laudes, ni en la república Cisalpina. 

La Gaceta de Madrid núm. 79 de este presente año 1804 refiere: que con motivo 
de haber llevado los ingleses la vacuna á Bombay, un príncipe indio probó, habia 
mucho tiempo que los Bramines tenían alguna idea de ella, practicándola aunque 
misteriosamente en los niños de los que adoran á la diosa Bhoway, abogada de los 
viruelientos. En la Gaceta de Méjico del 6 de octubre del mismo año se anuncia que 
el cirujano D. Jaime Gursa, que habia introducido y propagado la vacuna en las 
provincias internas, tenia esperanzas de hallarla en aquellos ganados, mediante la 
observación hecha en unas vacas que al efecto le hicieron conducir, en cuyas ubres 
descubrió algunas pústulas secas, por la distancia de donde las trajeron. Finalmente 
el Dr. D. Francisco Xavier de Balm is, Director de la Real Espedicion. en carta del 
31 del propio mes y año me escribe desde Méjico: « participo á V. con suma compla- 
« cencía como logré encontrar el verdadero cowpox en una vaca del valle que se di- 
«ce de Atrisco. (30 leguas al S. E. de Méjico) Re : tiré mis observaciones con el mas 
«feliz éxito, y queda repitiéndolas el profesor D. Mariano Anzures con igual suceso. 
« de forma que hasta ahora llevamos cuatro vacunaciones con el cowpox v en casi 
«todos los niños ha resultado constantemente la verdadera vacuna.» Xo me dice si 
los primeros sugetos inoculados con el pus tomado inmediatamente de la vaca, es- 
perimentaron los dolores, tumores en las axilas, fiebre aguda y demás síntomas que 
observó Jenner en iguales circunstancias: si carecieron de esas incomodidades, es aun 
mas importante su descubrimiento supuesta la legitimidad de osa vacuna. 

Tampoco me insinúa si el cowpox de esa vaca fué espontáneo, ó producido por in 



po, el Sr. Presidente, Gobernador y Capitán General me pro- 
porcionó tres veces el virus vacuno eutre cristales hermética- 
mente cerrados, y aunque le apliqué inmediatamente con to- 
das las debidas circunstancias, no sé porqué fatalidad jamas 
produjo el menor efecto; aun habiendo llegado una ocasión á 
los veinte y tres dias de haberse tomado en Filadelfia. (1). Con 
el propio tiempo le recibió igualmente el Dr. D. Bernardo Go- 
zar, y sin embargo de concebir en los primeros dias de su in- 
serción algunas esperanzas de que prendiera en un niño, se 
frustraron estas como otros ensayos que anteriormente habia 

sercion casual ó artificial del pus que manaba el gabarro de algún caballo. Su silencio, 
y la opinión que seguía cuando tratamos sobre este asunto, me hace presumir lo pri- 
mero y en este ca.su no habiendo una diferencia muy notable entre el clima de esta 
Isla y el de aquel valle, hay menos dificultad para que nuestras vacas pueden ado- 
lecer de esa enfermedad. Del otro modo seria mas difícil, pues me han asegurado 
diferentes albeitares que rarísima vez han visto en sus caballos el gabarro, aunque 
tanto se parece á la úlcera que> llamamos mazamorra. Además, los ensayos ejecutados 
por Wood-ville, Simmons y Pearson en Inglaterra; por Touret, Tessier y Ilusard en 
Francia, inhiriendo el pus del gabarro en las ubres de las vacas sin resultado algu- 
no, prueban que se equivocó Jenner cuando juzgó que el cowpox siempre tenia ese 
origen. Esta opinión aunque sostenida con empeño por Ring, Redman Coxe, y Ran- 
kin, queda impugnada incontestablemente con los hechos que refiere Moreau; y aun 
antes que publicase su Tratado histórico práctico, Aikin llegó á dudar (pie el cowpox 
procediese siempre de la causa que supone el Dr. Jenner. Últimamente los profeso- 
res D. Alejandro Arboleya y D. Antonio Serrano, residentes en Méjico, han inocula- 
do infructuosamente algunas vacas con el pus del gabarro. 

(1) El ilustre Jenner se sirvió del pus vacuno con feliz éxito á los tres meses de 
haberlo extraído de la pústula: lo mismo que experimentó el Dr. Marshall citado 
por Redman Coxe. Este vacunador no habiendo encontrado en las vacas de las Co- 
lonias Anglo-americanas el cowpox, encargó sus virus á Inglaterrra, y habiendo reci- 
bido cuatro porciones que ningún efecto le produjeron, lo consiguió con otra que te- 
nia cerca de tres meses; y refiriéndose el caso 47 de sus tablas, sospecha que logró 
escitar la infección vacuna con semilla de cuatro meses, aun no habiendo cuidado 
de preservarla del aire. Estos hechos son tan raros que él mismo confiesa haberse 
encontrado ineficaz el virus vacuno á los dos ó tres días de tomado. Lo propio ob- 
servó el C. Odier, por lo cual concluye, que sin embargo de las mayores precaucio- 
nes, la inoculación hecha con el pus vacuno seco, es menos segura que cuando se 
ejecuta del mismo modo con el virus varioloso. 

En Cuba, Puerto Príncipe y en otros lugares de esta Isla se ha vacunado eficaz- 
mente con el virus que he remitido entre cristales desde esta Ciudad, y tenia cuan- 
do se aplicó diez y seis y diez y ocho dias. No me consta que pasado este tiempo ha- 
ya producido algún efecto. Si el mas leve calor es capaz de enervarlo, como dice 
Jenner, sin duda el que esperimentamos en el verano y estío, que ha llegado hasta 
los 28 grados en el termómetro do Reaumitr. pueda ser la causa de su pronta ine- 
ficacia. 



egecutado con diferentes cristales que remitieron de Inglater- 
ra y de España. 

Entretanto, una epidemia de viruelas empieza á propagarse 
en esta Ciudad desde el mes de Diciembre anterior, y viendo 
que en los de Enero y Febrero sucesivos hacia algunos estra- 
gos, no obstante la benigna temperatura de la atmósfera, pre- 
sagiamos que aun serian mayores entrando la estación calurosa 
del verano. En este conflicto, sabiendo que estaba muy distante 
de estas costas la espedicion en que la beneficencia de nuestro 
Soberano nos enviaba en la vacuna el mas eñcaz preservativo 
de las viruelas; no juzgábamos casi sin recursos para salvar las 
vidas de nuestros hijos y domésticos. 

Tal era la consternación de este pueblo cuando muchas ca- 
sualidades felizmente reunidas, introdugeron en él á D. rt 
María Bustamante el 10 de Febrero del presente año, la cual ha- 
bia hecho vacunar á su único hijo y á dos mulatica ssus criadas 
en la Aguadilla de Puerto-Rico, el dia primero del propio mes 
dando la vela el siguiente. (1) Reconocidos estos granos el dia 

(1) El Dr. D. Francisco 011er, residente en la ciudad de San Juan, Capital de la 
Isla de Puerto-Rico, viendo aparecer la viruela natural en el mes de noviembre 
de 1803, solicitó con la mayor eficacia el fluido vacuno del Dr. Mondeher vecino de 
la isla holandesa de Santómas. Se lo remitió en hilas; pero tan enervado que fueron 
inútiles los primeros ensayos. Repitió el encargo, y habiéndolo recibido entre crista- 
les el 28 del propio mes, lo inhirió inmediatamente en sus dos hijos. Verificada en 
uno de ellos la erupción con todos los caracteres de verdadera vacuna, empezó á pro- 
pagarla en aquella Ciudad. Al mismo tiempo su Gobernador y Comandante General 
consiguió que el Gobernador de Santómas le enviase otros cuatro cristales cargados 
con dicho virus, y una niña vacunada. Con ella, y con las personas á quienes ya la 
habia comunicado elDr. 011er, empezó sus vacunaciones públicas el 17 de diciem- 
bre, y en 29 que celebró hasta el 9 de febrero del siguiente año inoculó 1557 sujetos. 
Varios otros facultativos difundieron con ellos la vacuna por toda la Isla, y habien- 
do llegado ala Aguadilla la recibió el niño de doña María Bastamente y sus dos 
criadas el dia primero del propio mes. Salieron para este puerto al siguiente, y tan- 
to el frió de la estación, como las alteraciones que causa la navegación especialmen- 
te en unas naturalezas tiernas y delicadas, contribuyeron á retardar el desarrollo v 
progresos del virus vacuno, de suerte que el dia 12 estando sus granos en perfecta 
sazón, tomé el pus de uno de uno de ellos y con los restantes continué vacunando el 
siguiente. 

Si, observando el precepto del inmortal Jenner, hubiera respetado la areola como 
un término sagrado que no debe traspasar la lanceta; habria sin duda privado á mi 
patria de las ventajas de su importante descubrimiento, en ocasión que la desolaba 
el contagio varioloso. Pero tuve presente que el C. Aubert solia vacunar con el hu- 
mor extraído á los doce ó trece dias; que Mr. Waschel lo ejecutó felizmente toman- 



12 y encontrándolos legítimos y en perfecta sazón, vacuné in- 
mediatamente á mis cinco hijos y á otras treinta y una perso- 
nas de diferentes edades sexos y condiciones. Solo en nueve 
de ellas se verificó la erupción; pero fueron suficientes para 
que la junta Económica del Real Consulado informada por mí 
de una adquisición tan importante, adjudicase á dicha Señora 
el premio de trescientos pesos que habia ofrecido. Sin perder 
tiempo anuncié por el Periódico esa plausible noticia, prome- 
tiendo comunicar el virus vacuno á todos los que quisieran re- 
cibirle. 

El día de la erupción de esas pústulas, sus progresos y su 
figura muy diferente de cuantas habia visto hasta entonces, y en 
todo conformes á los caracteres que describen los mas ilustres 
vacunadores, no me dejaban dudar fuesen verdaderos granos 
vacunos. (1) Sin embargo, para mas cerciorarme y convencerme 

dolo á los catorce de un grano que no habia retardado su curso, y Redman Coxe lo 
extrajo con el mismo éxito una vez al décimo quinto de la vacunación y otra al dé- 
cimo octavo; bien que en este caso los progresos de la vacuna fueron interrumpidos 
por la presencia del sarampión. 

Tampoco ignoraba que la erupción de este grano no se verifica necesariamente en. 
tic el tercero y cuarto dia de la inserción, y por consiguiente no puede entonces pre- 
sentarse la areola del octavo al onceno. El Dr. Cappe advirtió varias ocasiones no 
haberse divisado la borboja hasta el dia nono. Mr. Taynton descubrió en un niño las 
primeras señales de la infección al duodécimo; Ring cita dos ejemplares en que no 
aparecieron hasta el décimo quinto, y uno al décimo sesto; y la Junta Médica de 
Reims refiere haberse demorado nada menos que á los veinte y dos dias. No solo he 
observado las mismas anomalías, sino también otras mas extraordinarias. He visto 
tres ocasiones presentarse en un brazo la erupción del tercero al cuarto dia, seguir 
todos sus trámites, y no advertirse alteración alguna en las incisiones del otro brazo 
hasta los dias nueve, once y veinte y uno. 

Estos hechos, y el feliz resultado de mis primeros ensayos demuestran, que tiene 
algunas escepciones la regla que prescribe el tiempo en que debe estraerse el pus 
vacuno. La temperatura de la atmósfera, la particular constitución delsugeto, su gé- 
nero de vida y su pasiones pueden contribuir á retardar ó acelerar el desarrollo de 
este grano, su incremento y supuración. Estando pues sugeto á estas alteraciones 
juzgo, que la eficacia del virus vacuno no debe calcularse tanto por los dias de la in- 
sersion como por su blancura trasparencia y viscocidad. Estos caracteres siendo inal- 
terables en todos los sugetos, en todos los climas y estaciones, serán por consiguien- 
te mas seguros y mas fáciles de comprenderse. Infiriéndose de aquí, que cuando los 
vacunadores presagian el dia la erupción del grano vacuno, su aumento progresivo, 
la aparición de la areola y su total extinción, proceden según lo que han notado con 
mas generalidad y frecuencia; reservando á la observación práctica las exepciones 
de estas reglas universales. 

( 1 ) La falsa vacuna, la tardía erupción de la verdadera, la inflamación erisipe- 
latosa que suele presentarse, y otras anomalías de esta saludable enfermedad, ocu. 



— 8 — 
de su legitimidad á los vecinos de este pueblo, determiné reco- 
nociesen á mis vacunados tres facultativos que habían visto 
esos granos en España y en Puerto-Rico. La tarde del dia sé- 
timo de la vacunación se egecutó este examen por el Dr. D. 
Bernardo Cózar en consorcio de D. José Pérez Carrillo y D. 
Francisco Gutiérrez, médico-cirujanos de la Armada, los cua- 
les atestaron unánimente que todos tenían la verdadera vacu- 
na, debiéndose tomar su virus al dia siguiente. 

Designada la hora de egecutarlo, dichos profesores y el Dr. 
D. Andrés Terriles, me ausiliaron con el mayor celo y desinte- 

parán en su tabla nosológica el mismo lugar que los monstruos en el cuadro de la 
naturaleza. Colocados como sombras al lado de los seres perfectos, realzarán su her- 
mosa organización, y la misma rareza de aquellos fenómenos, será una prueba nada 
equívoca del orden constante que produce los otros. La contemplación de estas leyes 
inmutables excita en el alma del Filósofo un placer puro é incomparablemente su- 
perior al que imprimen las mas gratas sensaciones. Séame lícito decir que experi- 
menté esta dulce complacencia, y fomentada por varias otras circunstancias, cuando 
vi en nueve de mis vacunados que entre el tercero y cuarto dia se enrojecían las in- 
cisiones, brotaba la pústula, crecía, supuraba, se deprimía en su centro y la circuns- 
cribía la areola, reuniendo todos los caracteres y observando exactísimarnente los 
mismos trámites que advirtieron Jenner, Woodville, Aikin y otros en Inglaterra, 
Carro en Viena, Husson en Reims, Odier en Ginebra, las comisiones de la Sociedad t 
de la Escuela de Medicina y del Instituto en Paris, Balmis y Hernández en Madrid, 
y Redman Coxe en Filadelfia. 

No siendo posible convencer por medio de esta inducción á todo el pueblo, me va- 
lí de un argumento nada menos incontestable, aunque mas sencillo y proporciona- 
do á su comprensión. Hice inocular públicamente con el virus varioloso cuatro de 
los primeros niños vacunados, y el feliz resultado de esta operación se atestó por el 
tribunal facultativo. Se esforzó esta prueba con otras aun mas decisivas. Los Docto- 
res D. José Caro y D. Nicolás Rodríguez, el Br. D. José Gregorio de Lezama y don 
Vicente Uriarte depusieron, haber visto cuatro niños vacunados alimentarse hasta 
doce dias con la leche de sus nodrizas cubiertas de viruelas, sin esperimentar la mas 
leve infección. Estos hechos son mas decisivos que la misma inoculación; porque en 
ella solo se introducen algunas gotas del pus valorioso; pero estos niños mamaron 
en la leche una grande cantidad de ese virus, comprimían todo su cuerpo con las 
pústulas supuradas, y existieron mucho tiempo dentro de una atmósfera contagiada 
de suerte que interior y exteriormente fueron atacados sin efecto por todos los me- 
dios mas eficaces para comunicar el contagio. 

Entre tanto, la epidemia variolosa se hacia tan general y maligna que solo en el 
cementerio de loa RR. PP. Capuchinos se inhumarou este año ochocientos cadáveres 
de niños viruelientos. Estos mismos demostraban hasta la evidencia la virtud pre- 
servatíva de la vacuna; pues se veia diariamente residir con ellos en una misma 
pieza, y aun en una propia cama sin que se les comunicasen las viruelas, á los va- 
cunados en quienes este virus había ya destruido la predisposición al contagio va- 
rioloso. 

La vacuna en los mulatos solo me ha presentado la novedad, de no permitir su co- 



— O — 

res, no siendo yo solo bastante para satisfacer el anhelo con 
que solicitaba ese eficaz preservativo. Fué tan numeroso el 
concurso en los dias 21 22 y 23, que no pudieron numerarse 
las personas que se vacunaron; pero no temo asegurar que pa- 
saron de doscientas Con ellas quedó radicada la vacuna en es- 
ta ciudad, y varios facultativos se dedicaron á propagarla con 
una inteligencia y generosidad digna del mayor elogio. Entre 
ellos se han distinguido losDres. D. Bernardo Cózar, D. Juan 
Pérez Delgado, D. José Bohorquez, I). Andrés Terriles, y D. 
Francisco Martínez: y los licenciados D. Marcos Sánchez Ru- 
bio y D. Manuel Hernández. 

Pero al mismo tiempo que estos profesores difundían la ver- 
dadera vacuna, otros menos inteligentes propagaban la falsa, 
vacunando con los granos de los tres niños que vinieron de 
Puerto-Rico un dia después de haber yo estraidosu virus. Pre- 
vi desde entóuces el resultado de una maniobra tan contraria 
á los principios de la vacunación, y para que no se la imputa- 
sen sus funestas consecuencias, las anuncié por el periódico 
abominando un abuso que podía inferir tantos perjuicios. 

No fueron vanos mis temores: muchos de estos inoculados 
á quienes resultó la falsa vacuna, fueron invadidos de las virue- 
las naturales al cabo de algunos dias, dudándose por estos 
ejemplares que la vacuna preservase de ellas. Para disipar un 
un error que tanto se opone á los progresos de la nueva inocu- 
lación, no satisfecho con publicar varios papeles manifestando 
la causa de esa novedad, ocurrí por último á una prueba la 
mas incontestable. Propuse al Sr. Presidente, Gobernador y 
Capitán General que deseaba inocular con las viruelas natura- 
les algunas personas vacunadas, y para dar á este acto toda la 
autenticidad posible, supliqué á S. S. se dignase disponer lo 

lor nativo adquiera la areola aquel hermoso rosado que advertimos en los blancos, 
Mis observaciones sobre los negros no convienen con las del C. Dupuytren. Aunque 
la epidermis sea en ellos mas fina que en los blancos, especialmente en la parte in- 
terna de los brazos, sin embargo los demás tegumentos son mas gruesos y apretados. 
Sea por esta causa, ó por su poca excitabilidad me ha sido preciso para conseguir en 
ellos la infección, introducir la aguja una ó dos líneas mas que en los blancos, No 
obstante, deja de verificarse con mucha frecuencia, y cuando se logra siempre se 
demora en ellos un dia mas que en los blancos, retardándose igualmente la supura- 
ción. En los adultos nunca se percibe la areola, y en los parvulitos tiene un rojo os- 
curo, semejante al color de caoba. 

2 



— 10 — 
presenciara el Real Tribunal del Protomüdicato y algunos 
otros facultativos. S. S. accedió gustoso á mi solicitud, y el 23 
de Marzo se ejecutó dicha contraprueba por el Dr. Gozar en 
dos de mis hijos y en otros dos niños vacunados el 11 de Febre- 
ro, en presencia de aquel Tribunal, de otros varios profesores y 
sugetos caracterizados. Con fecha 16 de Abril informó el Sr. 
Protomédico Regente al Sr. Capitán General el feliz resultado 
de dicha operación, cuyo estracto se publicó por orden de S. S. 
en el suplemento al Periódico número 34. 

Al mismo tiempo presenté al Sr. Presidente gobernador, 
un plan que contenia en nueve artículos los medios de con- 
servar la vacuna mientras arribara la Real espedicion, sospe- 
chando por la timidez y desconfianza con que llegó á mirarse 
que podia estinguirse en esta ciudad en la crítica ocasión de 
hacer los mayores estragos el contagio varioloso. También le 
suplicaba me destinase una sala con doce camas en el Rea 1 hospi- 
tal de S. Ambrosio, para ir vacunando sucesivamente los reclu- 
tas que vienen de Europa á los regimientos de esta plaza, pre- 
sumiendo, que así como la vacuna preserva á los asiáticos de 
la peste, también redimirá á los europeos del vómito negro, 
Concedió S. S. á mis instancias, y desde el 27 de Marzo em- 
pecé mis operaciones, siendo tan favorobles hasta la fecha, que 
ninguno de los que han tenido el grano vacuno con los carac- 
teres de verdadero ha esperimeutado el vómito negro, cuando 
sus compañeros no vacunados han perecido con esa enferme- 
dad. EL mismo feliz éxito he observado en varios otros euro- 
ropeos no aclimatados, en quienes ejecuté dicha operación. (1) 

(1) Habiendo observado el Dr. Hunter que los efectos déla inoculación de las vi- 
ruelas se interrumpieron en un niño, después de haberse presentado inopinadamen- 
te el sarampión, y que terminada esta enfermedad se desarrolló el virus variólos» 
corriendo todos sus trámites; concluyó que el cuerpo humano no podia ser afectado 
á un mismo tiempo por dos virus, ni sufrir una misma parte dos afecciones morbífi- 
cas. Creyéndolo así, rehusé vacunar una negra que me presentaron cubierta de bu- 
bas ó frambuesas, no solo por juzgarla incapaz de actuarse en ella la vacuna, sino 
también porque temia se le imputase cualquiera adversa novedad que por otra cau- 
sa le ocurriera. Sus amos se la presentaron segunda vez al Dr. D. José Bohorques, quien 
se negó igualmente á vacunarla: pero reconviniéndole con que estaba muy espuesta al 
contagio varioloso, y que en este caso serian mas funestas las resultas, condesciendo 
al fin á su solicitud. La vacunó, y verificándose una perfecta erupción, fue esta mas 
eficaz que muchos anti-venéreos. Antes de un mes, á instancia del mismo profesor, 
la reconocí enteramente libre de las pústulas ñsilítieas. y muy mejorada stl consta- 



— 11 — 

Mientras que en la ciudad se suscitaban dudas y recelos con 
motivo de atacar las viruelas á los que habían tenido la falsa 
vacuna, y de complicarse aquellas con la verdadera en los que 
se vacunaban después de estar infestados del contagio variolo- 
so, el nuevo descubrimiento se iba difundiendo por sus barrios 
estramuros y otros pueblos del campo. En el mes de Marzo 
vacuné en S. Lázaro, en el Sr. de la Salud, en Jesús del Mon- 
te, y en una hacienda del Sr. Conde de Casa-Bayona, seis le- 
guas distante de esta ciudad. A instancia de este Sr. concur- 
rieron allí el Bachiller 1). Ramón de Castañeda, médico de la 



tucion: posteriormente me han informado sugetos fidedignos de otros 'los casos 
idénticos. 

Con estos egeinplares no temí vacunar á los sarnosos, y observé que ademas de 
actuarse en ellos la vacuna, se disminuía la erupción psórica, y que inoculando con 
su pus vacunó á trece niñas en la casa de Beneficencia, resultó á todas este grano 
perfecto y á ninguna ni uno solo de la sarna. Alentado con esta observación el fa- 
cultativo D. Tomas Breac, tomó el pus vacuno de un muchacho que estando ya in- 
ficionado del contagio varioloso cuando se vacunó le resultaron ambas enfermedades 
v siguieron su respectivo curso: vacunó tres personas con aquel virus, y en ellos se 
esperimentó lo que tantas veces habia observado el Dr. "Woodville, apareció en todas 
ellas la vacuna sin ninguna pústula variolosa; infiriendo de aquí ese ilustre vacu- 
nador, que el virus vacuno no se mezcla en el cuerpo humano con otro alguno, y que 
conserva indeleblemente su virtud especifica. 

Prescindo ahora de la afinidad que puede tener el virus vacuno con el psórico, si- 
filítico y varioloso, puesto que no se ofenden recíprocamente en un propio sugeto, y 
ni aun en una misma parte. Si se hubiera hecho el análisis de esos tres, como lo ege- 
cutaron Hudsson y Dupuytren con el vacuno, podría esplicarse con menos dificul- 
tad ese fenómeno de la economía animal. Me contraigo solamente á los- efectos que 
este produce curando las dos primeras enfermedades, y destruyendo hasta la pre- 
disposición á recibir el contagio varioloso. 

Desde el año pasado de 1803 no cesan los papeles públicos de Europa y de las 
colonias Anglo-amerieanas, de referirlas ventajas que consiguen en el Asia los pro- 
fesores Auban, la Font y Valli preservando de la peste con la inoculación de la va- 
cuna. El Dr. Carro, cuyo juicio es muy respetable, ha sido el conducto por donde 
uos han comunicado sus observaciones, mereciéndole publicarlas posteriormente en 
su historia de la vacunación en Turquía. Lapeste y la fiebre amarilla ó vómito ne- 
gro tienen tanta analogía, que cuando este se presenta en su último grado de ma- 
lignidad en ningún síntoma se distinguen. Varias veces lo he visto terminarse en 
tres dias con petechias, bubones y carbuncos, ademes de los caracteres que le son 
patón mónicos. Brown, reformando las nosologías de Sourages y de Cullen, colocó 
la peste en el ínfimo grado de las astenias, y yo creo que ninguna otra enfermedad 
puede estar tan inmediata á ella como la fiebre amarilla. La comparación de sus 
caracteres, me hace concebir entre ellos la mas grande afinidad. ¿ Y no podrá pre- 
sumirse que la vacuna preserva también del vómito negro? ¿ Y qué perjuicios resul- 
tarían de egecutar algunos ensayos ? A mas del analogismo, una feliz observación 
acaW de decidirme á ejecutarlos. Cuatro jóven«9 españoles quese vacunaron ante* 



— 12 — 

ciudad de Sta María del Rosario, D. Estaban Gonezara, cirujano 
del ingenio S. José, y otro facultativo del pueblo de S. José 
de las Lajas. En su presencia egecuté dicha operación en diez 
y seis personas de la hacienda y de otras vecinas; y el virus 
que restaba lo comuniqué la primera vez á un vaca, en la cual 
se verificó también la erupción de verdaderos granos vacunos. 
Entre esos facultativos se distinguió desde entonces D. Es- 
taban Gonezara, y por la aplicación con que observaba mis 
operaciones, por el agrado con que me escuchaba y las pre- 
guntas que me hacía, conocí sus deseos de instruirse en la ma- 
je salir de su país para preservarse de las viruelas, permanecieron ilesos en las epi- 
demias del vómito negro que esperimentamos este año y el anterior. Estando exen- 
tos de esa enfermedad los naturales de esta isla, es muy difícil encontrar europeo 5 
que no hayan tenido las viruelas naturales. ¿ Y podrá verificarse en estos la erup- 
ción déla verdadera vacuna? He aquí un programa en cuya resolución discordan 
los mas ilustres vacunadores. 

Su inmortal Corifeo, después de referir varios hechos, deduce los siguientes coro- 
larios puede esperimentarse muchas veces la vacuna; la viruela no preserva de la vacuna. 
El C. Aubert los juzga poco importantes y menos auténticos en lapág. 6 de una me- 
moria que publicó en el año 1800; y en la pág. 12 dice espresamente: nos ha enseña- 
do la esperiencia que es raro padecer dos ocasiones la vacuna, y que esta no se des- 
arrolla sino imperfectamente ó de ningún modo, en las personas que han tenido las 
las viruelas naturales. Moreau, refiriendo en diferentes partes de su obra las obser- 
vaciones con que Genner, Pearson y Pinel intentaban persuadir que el virus vacuno 
podia afectar después de haber pasado las viruelas, duda siempre que en esos caso? 
se observase la verdadera vacuna, sino solamente la falsa. Mas V\'oodville tratando 
de Sara Puse, que habia tenido anteriormente las viruelas, no solo afirma que sintió 
exactamente todos los síntomas de la vacuna, sino también que Simmons, Pearson 
y Willian observaron en esajóoen el grano que constituye el principal fenómeno de esta 
enfermedad. Aikin, proponiendo los medios de conducir la vacuna á países lejanos 
no escluye á los sugetos que han padecido las viruelas; pues en ellos, dice. puede for- 
marse una pústula perfecta. Del mismo dictamen es Redman Coxe en sus observa- 
ciones prácticas sobre la vacuna. 

Las mias me han manifestado que algunas veces se presenta con casi los caracteres 
de verdadera en personas afectadas anteriormente contagio varioloso. Reconocí cinco 
Señoras vacunadas por el Dr. D. Bernardo Cozar después de haber tenido muchos 
años antes aquella erupción, y sus granos vacunos en nada se distinguían del ma s 
legítimo: algunas de ellas sintieron dolores y tumores en las glándulas axilares. Vi 
otra, y también la vio el Dr. D. José Caro, que se vacunó ella misma en el antebra- 
zo siniestro con una aguja de coser, y sin embargo de la delicadeza con que lo eje- 
cutaría, se presentó la pústula del tercero al cuarto día, y siguió sucesivamente todo 
su curso deprimiéndose en el centro, formando el rodete lleno de un líquido crista- 
lino, apareciendo y disipándose la aureola en su debido periodo, desecándose sin 
formar ulcera y dejando una estigma bien visible. Un profesor de esta ciudad, que 
como esta señora habia ya tenido las viruelas, se vacunó en la mano siniestra, v le 



— 13 — 

teria, previendo que el descubrimiento de Genner tendría en él 
un celoso Corifeo. No fué vana mi previsión: pasan (Je tres 
mil las personas que ha vacunado en esa comarca; de ellas 
estrajo el virus para tres vacas, y habiéndolas resultado la ver- 
dadera vacuna volvió á inherirlo en los hombres. Las reflec- 
eiones que hacen las listas que no ha cesado de remitirme, 
acreditan que su celo es igual á su instrucción. 

Las mismas circunstancias debo recomendar en el bachiller 
1). José Gregorio de Lezama. Después de haber introducido 
y propagado la vacuna en el pueblo de Regla, inoculó una va- 

resultó un grano tan perfecto que inoculó con su pus á varias personas, mas en todas 
se presentó la falsa vacuna. 

Este resultado comprueba lo que refiere el C. Odier. Habiendo pedido al Dr. Gar- 
ro el virus vacuno, le remitió el que habia tomado del grano de un hombre de 51 
años, el cual aunque tuvo en su infancia Jas viruelas, quiso vacunarse para decidir 
la cuestión que se habia suscitado en Londres, sobre la posibilidad de esperimen- 
tar ambas enfermedades. La insicion se inflamó prontamente en este hombre y dio 
abundante supuración. Le sobrevino una liebre que duró tres dias, sintió dolores 
en las asilas, y todos los síntomas que anunciaron la verdadera vacuna, aunque muy 
precoces. Este virus comunicado por el profesor de Ginebra á veinte niños, se desar- 
rolló en todos con tanta rapidez que á las siete horas sé inflamaron las insiciones y 
todo el brazo, esperirneutaron fiebre y algunos vómitos; pero todo calmó en 48 horas. 

Resulta de estos antecedentes, que el virus vacuno no solo puede producir un gra- 
no con muchas señales de perfecto en algunos sugetos que han tenido anteriormen- 
te las viruelas, sino también que causa una afección general, la única diferencia 
que he notado entre el grano vacuno de las personas que no han sufrido las viruelas. 
y el que suele resultar á las que ya las han esperimentado, consiste en el efecto que 
produce el pus, y en los caracteres del mismo ¡ms. El de las primeras es blanco trans- 
parente y viscoso, y produce la verdadera vacuna siempre que se observen las debi- 
das reglas; el de las segundas siempre produce la falsa, y aunque este pus sea blanco 
y transparente, carece de viciosidad, es líquido como el agua. La comparación del 
pus vacuno legítimo con la clara del huevo fresco, es exactísima en todas sus cir- 
cunstancias. 

Todos estos hechos y reflexiones precedieron á los primeros ensayos que egecuté 
para observar si la vacuna preserva, del vómito negro. Los verifiqué en el hospi- 
tal Real de tí. Ambrosio en consorcio del Dr. D. Francisco de Córdoba, su primer 
cirujano, presenciándolos el Sr. Protomédico Regente, el Dr. D. José de Ayala y 
los demás facultativos de dicho hospital. De veinte y cuatro reclutas que se inocu. 
laron a los pocos dias de haber llegado de Europa; diez tuvieron el grano vacuno 
con muchos caracteres de verdadero; nueve lo tuvieron falso; y á los cinco restantes 
nada resultó aunque se vacunaron dos ocasiones. De todos ellos uno solo no ha. 
bia padecido las viruelas, y este esperimentó la verdadera vacuna. Ninguno de los 
diez que igualmente la representaron ha sentido el mas leve ataque del vómito ne- 
gro; y de los nueve á quienes resultó falsa, uno solo fué invadido de ella, pero con 
mucha benignidad. Consta todo esto del diario que llevó el Dr. Córdoba con la ma- 
vor exactitud, y se conserva en el archivo del referido hospital. 



— 14 — 
ca con su virus tomado de los granos de un hombre. La reco- 
nocí el £6 de xVíarzo, (1) y el 4 de Abril descubriendo todas 
las señales de legítima vacuna en varios niños que inoculo con 
el virus de aquel animal, lo comuniqué á veinte personas, va- 
rias entre ellas de esta ciudad. No he cesado de transmitir el 
virus de ellas á muchas otras sucesivamente presentándose 
siempre inalterable. 

El Bachiller D. JoséBernal, médico de la Ciudad de. Jaruco, 
remitió un joven para que llevase la vacuna á sus compatriotas. 
Con este pretendió difundirla en los pueblos comarcanos; pe- 
ro la ignorancia y el fanatismo se opusieron tanto á sus pro- 
gresos, que á fines de Abril solo había vacunado doscientos 
nueve sugetos, cesado de pugnar contra esos obstáculos con 
una constancia imperturbable, y á ella ha debido no perder ab- 
solutamente su importante adquisición. Mas feliz ha sido en 
la villa de Santiago el profesor D. Pedro Simancas. Recibien- 
do sus vecinos la nueva inoculación con la mayor docilidad 
y confianza, hicieron aquel pueblo impenetrable al contagio 
varioloso. De aquí transmitieron el fluido vacuno con mucha 
inteligencia y acierto á la villa de S. Antonio y á los frondo- 
sos cafetales de Alquizar y Pendencias, el Doctor D. Diego Sil- 
veira, y el cirujano D. Francisco Durand. La villa de Guana- 
Fuera de él vacuné otros cinco europeos advenedizos: en dos de ellos observé la 
verdadera vacuna, y en los restantes no produjo efecto alguno: los dos primeros han 
permanecido ilesos del vómito, é ignoro la suerte de los otros. Este número de ob- 
servaciones y el tiempo que ha ocurrido es demasiado precario para decidir una cues- 
tión tan importante: es preciso repetirlos esperimentos y esperar el resultado des- 
pués de algunos años: pues suele seceder que no invade el vómito á los estrangeros 
en el primero ni segundo verano que pasan en este clima. He consultado al Dr. D. 
José María Pérez, residente en Veracruz, y á lo Sociedad Filosófica de Filadelfia. 
en cuyos países atacando la fiebre amarilla indistintamente á los forasteros v natu- 
rales, es mas fácil observar los efectos de la vacuna, inoculada especialmente sin 
que precedan las viruelas. 

(1) Estos granos eran en todo conformes á los que observó en igual ensayo la 
Junta de Reims, cuya historia refiere Moreau en la pag. 154 de su tratado histórico 
práctico de la vacuna. Aíkin, tratando de la reríproca infección de la vaca 6 el hom- 
bre, y de este á ella, se esplica en estos términos ,,Lo que si es muy notable en la 
historia de esta enfermedad es. que el virus vacuno después de haber pasado por 
varias personas, puede volverse á comunicar á la vaca por una directa inoculación 
en los pezones, y resultar de ella la vacuna casual en los ordeñadores que manosean 
la hubre del animal vacunado. Semejante esperiencia prueba que la naturaleza de 
la infección continúa la misma en medio de estas variedades.." 



— 15 — 

bacoa y el pueblo de Güines recibieron la vacuna desde la se- 
gunda ocasión que la inoculé en esta ciudad. Dos de mÍ3 her- 
manos la condugeron á ellos en sus propios hijos, y los profe- 
sores, y los profesores D. Rafael Valdes y D. Domingo Mari- 
ñas se encargaron de su propagación. D. José de Castro la 
llevó también en otra niña á la ciudad de Matanzas, y habien- 
do vacunado por sí mismo los esclavos de su ingenio, estimuló 
con este egemplo á muchos otros hacendados. 

Desde la villa del Puerto Príncipe solicita el virus vacuno 
elSr. Oidor D. Andrés Alvarez Calderón: se le remitió en cris, 
tales, y el 9 de Marzo se vacunaron con él cuatro niños por el 
cirujano Mr. Raineau. Verificada en todas la erupción, se de- 
dicaron otros profesores á difundir ese preservativo. El 19 de 
Mayo habia trescientos veinte y nueve vacunados por D. Nico- 
lás Coupetel, y para cerciorarse de su legitimidad, inoculó sin 
resultado alguno á dos de ellos con las viruelas naturales. El 
Illmo. Sr. Obispo, que el propio mes se hallaba en la villa de 
Santa Clara, visitando su Diócesis, apenas supo que yo habia 
adquirido la vacuna, me escribe solicitándola con todo celo de 
un verdadero pastor y con toda la confianza de un hombre 
ilustrado. ,,Como en mis mansiones, son sus palabras, se veri- 
fica la concurrencia general y reunión de todos los niños de 
„la circunferencia, se podrá estender prodigiosamente este sa- 
ludable remedio; siendo muy agradable la combinación de 
,,que viniendo á recibir el Espíritu Santo por la confirmación, 
„vuelvan con aquel preservados de una enfermedad destructo- 
ra en lo temporal, y con este fortalecidos para la carrera es- 
piritual." 

No limitándose la solicitud de S. S. I. á que le remitiese el 
virus vacuno, sino encargándome también le enviase á sus es- 
pensas un facultativo con dos niños vacunados, mientras pro- 
porcionaba estos le dirigí aquel con los instrumentos y las ins- 
trucciones necesarias para aplicarlo con acierto. Lo recibió en 
el propio lugar, y en su presencia se vacunaron nueve niños. 
Antes de verificarse la erupción le fué preciso trasladarse á la 
villa de San Juan de los Remedios, donde le encontró el ciru- 
jano D. Juan Castellanos, que salió de aquí con un negrito va- 
cunado, ofreciéndome con un celo y humanidad muy reco- 



— 16 — 
mendable, acompañar á S. 8. I. en toda la visita para ir ditun- 
diendo la vacuna por los lugares internos de la Isla. El 25 de 
Marzo celebró Castellanos en aquella Villa su primera vacu- 
nación, precedida de una exórtacion que hizo el Párroco al 
pueblo por insinuación de su dignísimo Prelado. El 29 paso 
Castellanos á la villa de Santa Clara, y encontrando actuada la 
vacuna en cuatro de los nueve niños que habían sido inocula- 
dos con su virus, lo comunicó á treinta y seis personas. Con- 
cluida esta operación, presenciada por los facultativos de aquel 
pueblo, volvió al de los Remedios, doude vacunó mas de cua- 
tro mil 4 indivicluos, asociándosele el Bachiller D. Eugenio de la 
Plaza. Este distinguido profesor, no satisfecho con la instruc- 
ción que proporciona sobre la vacuna el escrito traducido por 
el Doctor Hernández, me encardó otro mas luminoso: y ha- 
biendole remitido la memoria que publicó en ingles el Doctor 
Aikin, la vertió á nuestro idioma ilustrándola con unas notas 
muy curiosas. De aquí pasó Castellanos á Sancti Spíritus don- 
de vacunó mil ciento veinte personas; en Trinidad ciento no- 
venta, y continuando en compañía delllustrisimo Sr. Diocesa- 
no el resto de su visita, fué difundiendo por todas partes ese 
admirable preservativo de las viruelas. 

La ciudad de Cuba disfrutaba de él un mes antes que la Ha- 
bana. Mr. Vignard, cirujano francés procedente de Santomas. 
vacunó el 12 de Enero una niña con el virus que trajo entre 
cristales desde aquella Isla. Lográndose en ella la erupción de 
unos grauos verdaderos, se encargó de propagarla el Dr. D- 
Miguel Rolland, y el 26 de Febrero la había comunicado á 
ciento quince personas, lamentándose de que la desconfianza 
y algunas preocupaciones vulgares, obstruían sus progresos en 
un pueblo numeroso que tanto necesitaba de aquel auxilio. 

Por los mismos obstáculos no se difundía la vacuna en la 
parte Occidental de la Isla. A principios de Abril salió de es- 
ta ciudad D. José Matías Martinez con un niño vacunado por 
mí, calificado su legitimidad con un certificado, y autorizado 
por este Superior Gobierno para propagarla en esos lugares. 
Sin embargo, me escribe desde los Palacios el dia 7 de Mayo 
que solo habia vacunado cincuenta y dos personas. 

Tales eran los progresos de la vacuna en toda la isla de Cu- 



— 17 — 
ba, cuando el 26 de Mayo arribó á este puerto la Real espedi- 
cion. Al día siguiente fué recibida con todo el aplauso y de- 
coro que merecía una prueba tan incontestable del amor pa- 
ternal con que mira á estos pueblos el mas benéfico Soberano. 
Su permanencia en esta ciudad por espacio de veinte dias fué 
sumamente importante. Los vastos conocimientos y dilatada 
práctica de su Director el Sr. Dr. D. Francisco Javier de 
Balmis , médico honorario de la Real Cámara ; el celo y 
eficacia con que contribuyó á difundir y consolidar la nue- 
va inoculación, la sencillez y felicidad de sus operaciones el 
inalterable agrado y constancia con que las egecutaba, deci- 
dió la opinión vacilante de algunos profesores, ilustró y recti- 
ficó las ideas de otros, confundió las imposturas y maquinacio- 
nes de los antivacunistas, disipó la desconfianza y triunfó por 
último de la obstinación con que varias personas habian rehu- 
sado tenazmente vacunarse. Quinientas setenta y ocho reci- 
bieron de su mano en seis actos el antidoto benéfico que pre- 
serva de la muerte mas horrorosa. 

Y como el objeto de su misión no se limitaba á introducir 
la vacuna, sino también á establecer todos los medios de per- 
petuarla, determinó inocular algunas vacas con aquel virus, 
presumiendo que comunicándose á otras se haría esta enfer- 
medad epidémica entre ellas. Instruido de que yo habia ege- 
cutado anteriormente dicha operación, me hizo la honra de su- 
plicar al Sr. Gobernador y Capitán General, me asociase á él 
para repetirla. Obedecí con la mayor complacencia, y el 15 de 
Junio vacunamos en la casa de Beneficencia seis de esos 
animales, tres paridas y otras tantas preñadas. Verificándo- 
se en todas una perfecta y abundante erupción, comuni- 
qué oportunamente su virus á siete personas que se me pre- 
sentaron. 

No confiando únicamente en este recurso, presentó el Di- 
rector al Sr. Capitán General, un plan científico y económico 
para establecer en esta ciudad una Junta central de vacuna, 
cuyo patriotismo y humanidad conservase inalterable ese de- 
pósito sagrado. Examinado ese papel por esta Real Sociedad, 
y reconociendo su distinguido mérito, acordó significarle su 
gratitud de un modo muy honorífico y nada común, lo eli- 

3 



— 18 — 
gió socio numerario en la clase de profesor sobresaliente. 

Mientras se organizaba y podía egercer sus funciones la Jun- 
ta de vacuna, me confió su conservación este Superior Gobier- 
no, en virtud del juicio que formó el director de mis opera- 
ciones, calificando por verdadera y legítima la vacuna que ha- 
bía propagado antes que arribase á este Puerto. El 18 de Ju- 
nio dio la vela para el de Campeche dejando dentro de estos 
muros mas de seis mil prosélitos de Genner. 

El Bachiller D. José Govin, residente en el pueblo de Mu- 
nagua, presentó un memorial atestado, esponiendo que desde 
el mes de Marzo habia introducido y propagado la vacuna sin 
interés alguno en dicho partido y en los de Giaraco y Calvario, 
ofreciendo conservarla en ellos constantemente con la misma 
generosidad, siempre que sus respectivos párrocos anunciasen 
en las misas los dias festivos, las casas y dias que designara 
para celebrar las vacunaciones. Penetrada la Junta de la hu- 
manidad y desinterés de este profesor, dirigió su instancia al 
Illmo. Sr. Diocesano, suplicándole se dignase ausiliarle del mo- 
do que juzgase mas oportuno S. S. Illma. espidió inmediata- 
mente sus órdenes á los espresados ministros, para que acor 
dándose con el bachiller Govin contribuyesen eficazmente á 
un fin tan loable, iíb satisfecha la Junta con significar priva- 
damente á ese profesor su gratitud y complacencia, quiso dar- 
le un testimonio público anunciando por el periódico su ge- 
nerosa oferta, con el doble objeto de aplaudir la conducta de 
ese facultativo, y de estimular á sns compañeros á que imita- 
sen su ejemplo. 

Desde el 2 de Agosto hasta la fecha, ha celebrado la comisión 
en las casas Capitulares treinta y cinco vacunaciones, recibien- 
do en ellas ese eficaz preservativo, ciento treinta y dos perso- 
nas blancas, ochocientas setenta y cuatro de color. En los bar- 
racones se ha egecutado la misma operación en cuatrocientos 
sesenta y nueve negros bozales, cujeas tres partidas suman mil 
cuatrocientas setenta y cinco personas. 

Este informe, ilustres Patriotas, es la historia mas fiel y sen- 
cilla de la introducción y progresos de la vacuna en esta ciu- 
dad y en toda la Isla de Cuba. La justicia y la verdad me han 
dictado las espresiones con (pie recomiendo á los profesores 



— 19 — 
que han contribuido á difundirla: la Junta calificando su me- 
recimiento les concederá, al menos, las consideraciones que 
merecen unos ciudadanos útiles á la humanidad y á la patria. 
Una y otra exigen transmitamos á las generaciones futuras el 
bien que disfrutan nuestros hijos. Para conseguirlo, no bastan 
las activas eficaces providencias de nuestro dignísimo Presi- 
dente, ni el celo filantrópico de la Junta, ni la inteligencia y 
actividad de la Comisión; es preciso que el pueblo la solicite 
con anhelo y confianza. Semejante al fuego sagrado de las 
Vestales, necesita la vacuna de un pábulo continuo y de una 
perenne vigilancia. Si llega á estinguirse no debemos esperar 
que S. M. espense otra espedicion para remitírnosla, ni tampo- 
co que se reúnan las felices circunstancias que ocurrieron el 
10 de Febrero. Desesperemos, pues, de todos los recursos ul- 
tramarinos, cuando podemos fácilmente perpetuar en nuestros 
hijos y domésticos ese monumento glorioso, consagrado á la 
conservación de la humanidad y á la beneficencia de nuestro 
Augusto Soberano. 



— 21 



Sr. Redactor: (1) 

Un amigo de la Real Sociedad Patriótica de esta ciudad di- 
rige á V. el adjunto papel para que se sirva publicarlo en un 
periódico, como asunto interesante á la salud pública, á que 
todos debemos contribuir. 

CEMENTERIOS PÚBLICOS. (*) 

Por escribanía de Cámara y de Gobierno del Consejo Real, 
se ha comunicado con fecha de 26 de Abril de este año la cir- 
cular siguiente. 

Los funestos efectos que ha producido siempre el abuso de 
enterrar los cadáveres en las iglesias, se han comprobado con 
mucha especialidad en los años próximos y en el presente, en 
que afligidas las mas de las provincias del Reino, y muy seña- 
ladamente las de las dos Castillas, con enfermedades malig- 
nas, han esperimentado un lastimoso estrago, que apenas han 
bastado á contener el incesante desvelo y auxilios de S. M. y 
las oportunas providencias del Consejo. El paternal amor que 
tiene S. M. á sus vasallos movió S. Real ánimo á encargar á 
este Supremo Tribunal en el año de 1799 tomase en conside- 
ración nuevamente este importantísimo asunto con respecto á 
Madrid, sin embargo de lo que estaba determinado general- 
mente por su Augusto Padre en la Real Cédula de 3 Abril de 
1787, y se ocupase seriamente y con la mayor brevedad en pro- 

(1) Papel periódico de la Habana; del Jueves 2 de Agosto de 1804. 
(*) Gaceta de Madrid de 8 de Mayo de 1804. 



poner medios sencillos para establecer fuera de sus muros ce- 
menterios en que indistamente se hubiesen de enterrar los ca- 
dáveres de toda clase personas. Sucesos posteriores demasiada- 
mente lamentables han convencido de las benéficas ideas de 
S. M. aun á los que por una adhesión poco reflexiva á toda cos- 
tumbre estuvieron entonces mas distantes de conocer su impor- 
tancia; pues han sido mucho los pueblos que, viendo fomentar- 
se rápidamente las enfermedades en su recinto, y do pudien- 
do dudar que llegarían á causar su total desolucion, si no 
adoptaban como una de las medidas esenciales la de suspen- 
der los enterramientos en las iglesias, la han abrazado espon- 
táneamente, disponiendo se hiciesen en parages ventilados y 
distantes de poblado; bien que con dos inconvenientes graví- 
simos, porque ni esta tardía providencia podia remediar los 
males que habia causado ya el aire infestado de las iglesias, ni 
podían observarse en su egecucion el decoro y religiosidad 
conque corresponde sean tratados los cadáveres de los fieles, 
por no permitirlo la urgencia de las circunstancias, y la falta 
de disposiciones anticipadas. Concurre ademas otro motivo efi- 
císimo para el religioso corazón de S. M. y es la consideración 
del respeto y veneración debidos á la casa de Dios, que habien- 
do de ser, aun en lo esterno, los lugares mas puros, se miran 
convertidos por un trastorno lamentable de ideas en unos de- 
pósitos de podredumbre y corrupción, sin que hayan bastado 
á evitar esta profanación ni las repetidas sanciones canónicas 
que la han prohibido, y el dolor con que la ha tolerado la igle- 
sia, ni el ver que es causa de que, retrayéndose muchos de los 
fieles de frecuentarlos templos, que son los lugares destinados 
especialmente para sus ruegos, se debiliten sucesivamente los 
sentimientos y actos de piedad y religión, ó de que á lo menos 
prefieran la concurrencia á las iglesias en que son menos co- 
munes los enterramientos, dejando casi abandonadas las par- 
roquias con grave ofensa de la disciplina eclesiástica, y men- 
gua de la instrucción que deben recibir de sus pastores. Una 
providencia dirigida á los dos objetos, que llaman mas princi- 
palmente la atención de él y que interesan mas al público, el 
respeto á la religión, y la conservación de la salud de sus vasa- 
llos, no puede dejar de ocupar incesantemente los desvelos de 



— 23 — 
S. M. y de su Consejo, mayormente al considerar que se au- 
mentan progresiva y rápidamente los males que dimanan de la 
dilación que se esperimenta en su egecucion, y que puede ve- 
rificarse esta sin alteración substancial en el sistema actual de 
funerales y sufragios. Para activarla en todo el Reino con la 
eficacia que corresponde á su importancia, se ha servido S. M. 
resolver, á consulta del Consejo, que se nombren por el Escmo. 
Sr. Gobernador, Conde de Montarco, los Sres. Ministros del 
mismo, á cuyo cargo haya de correr respectivamente en los 
Obispados que se les señalen, para que, acordando por si las 
providencias que consideren mas conducentes, según las cir- 
cunstancias de cada pueblo, y sin necesidad de acudir al conse- 
jo, fuera de los casos en que lo conceptúen conveniente por su 
gravedad, se simplifique aquella, y se logre el mas pronto y 
cumplido efecto etc. 



Hace mucho tiempo que de conformidad con las ilustradas 
intenciones del Gefe de esta Isla el M. I. A. de esta ciudad, y 
la Sociedad patriótica se ocupan del establecimiento del ce- 
menterio público, y dar cumplimiento á las sabias disposicio- 
nes de nuestro Soberano en el particular; y aunque se habia 
elegido el terreno, y se concillaban los medios para proceder á 
la construcción de fábricas necesarias á la seguridad y deco- 
ración del sitio, algunos obstáculos detenían su conclusión, 
cuando el cuerpo Patriótico tuvo la atinada elección de con- 
fiar la dirección de sus tareas á nuestro Illmo. Prelado, quien 
desde luego en confirmación de sus esperanzas se anunció 
promoviendo la conclusión de espedientes para que quedasen 
realizados los establecimientos útiles, dando la preferencia de- 
bida al Cementerio, manifestando los términos en que hizo 
la proposición en un discurso tan elocuente como conciso el 
zelo que lo animaba, pues entregó quinientos pesos por pri- 
mera contribución: y dio el piadoso ejemplo de proponer no 



- 24 - 

elegiría otro lugar para depositar su sagrado cadáver, que e. 
que cupiese á un particular en el Cementerio, sin otra distin- 
ción que una lápida conveniente á su dignidad y carácter pu- 
blico; proposición que fué adoptado por el Sr. Presidente y Ca- 
pitán General, por el suyo, y á la que se suscribió en el momen- 
to que llegó á su noticia el Escmo. Sr. General de Marina; era 
preciso que intenciones que tenian por objeto un fin tan bueno 
tuviesen imitadores: el Cabildo Eclesiástico tan unido á su 
Prelado, declaró que sus miembros querian no separárseles ni 
aun en el sepulcro, eligiendo los lugares para ello en el Cam- 
po Santo universal, y ofreciendo contribuir de su peculio á las 
obras que se necesitaren, y con su personal asistencia para ace- 
lerarla. Aunque la salida ala visita del Obispado del Sr .Dioce- 
sano ha demorado la conclusión en esta ciudad el haberse 
establecido en todos los partidos del campo, ha sido un bien 
para aquellos vecinos no menos acreedores al beneficio. Agual- 
daba solo su regreso el Sr. Presidente para dar la última mano 
y finalizar laj obra, y dichosamente ha llegado este momento 
tan deseado por las personas instruidas que convencidas de la 
utilidad y precisión del establecimiento han visto con dolor no 
ser este de los primeros pueblos que lo han tenido; pero esta 
involuntaria demora no quitará la gloria que merecen sus fun- 
dadores, y la posteridad reconocida bendecirá sus nombres, 
incluyéndolos con el elogio que merecen entre los que contri- 
buyen á la salud pública. Los cuerpos corruptibles, sin que 
sea capaz lugar ninguno en que se depositen á conservarlos, 
quedan reducidos al polvo y á la nada, pero las virtudes jamas 
perecen. Llega el dia en que se olvida el lugar en que yacen 
las cenizas de los hombres que merecieron la estimación y 
aprecio de los demás, pero que quedan á su vista los estable- 
cimientos que formaron para su bien y utilidad, y al ense- 
ñarlos jamas se olviden recordar al que los observa los nom- 
bres de las personas á quienes se debe el beneficio, libres 
los templos de los aires ménticos y desagradables que exhalan 
la acumulación de los cadáveres no inspirándose en ellos sino 
los suaves inciensos; se unirán las oraciones de los fieles pa- 
ra pedir al Todopoderoso por la salud y prosperidades de los 
que consagran sus trabajos y vigilias á su bien. 



— 25 — 



IL&¥1§®. (*) 



VACUNA. 

En el correo de Boston del 18 Julio, prócsimo pasado se es- 
tractó de un papel público de Londres la siguiente observación. 

Por una carta del Dr. Carro escrita en Viena al Dr. Genner 
consta, que las partidas de muertos en aquella capital el año 
1804 solo presentan dos de viruelas naturales, y estos contra- 
jeron la enfermedad á una gran distancia de la ciudad, y des- 
pués fueron llevados á ella. Viena era uno de los pueblos que 
mas sufrían los estragos de las viruelas los que se han suspen- 
dido con la inoculación de la vacuna. Se espera que sus ene- 
migos encontrarán en este ejemplar una prueba irrefagable de 
de la eficacia de ese preservativo. 

El pueblo de la Habana no necesita de este argumento para 
estar íntimamente convencido de la virtud preservativa de la 
vacuna, esceptuando una ú otra persona tenazmente obstinada 
ni la ínfima plebe duda que por ella se precave el contagio va- 
rioloso. En este mismo año se esperimentó un hecbo muy se- 
mejante al que ha sucedido en Viena, y aunque se ha publicado 
anteriormente, las circunstancias exigen repetirlo. Habiéndose 
presentado las viruelas confluentes y malignas en diez y ocho 
marineros de la fragata Pomona, fueron trasladados al hospital 
del Arsenal; y sin embargo de la facilidad con que podía di- 
fundirse el contagio á esta ciudad y á sus arrabales por medio 
de los facultativos y sirvientes, solo esperimentaron aquella 
enfermedad algunas personas que rehusaron vacunarse. ¿ Y 

(*) Papel periódico de la Habana; Jueves 10 de Octubre de 1805. 



— 26 — 
cuando el año anterior se enterraron solo en el cementerio de 
los RR. PP. Capuchinos cerca de ochocientos cadáveres de ni- 
ños virolentos, á que otra causa sino á la vacuna puede atri- 
buirse el corto número de los que han enfermado y muerto de 
viruelas naturales en este presente año? 

A pesar de la opinión que resulta de un convencimiento tan 
incontestable, no se solicita la vacuna con aquella eficacia que 
merece un preservativo tan ventajoso y sencillo, y que puede 
conseguirse con tanta facilidad. Los profesores encargados de 
inocularla en las casas Capitulares, observando que las frecuen- 
tes lluvias impedian la concurrencia, por la tarde, se presentan 
en aquel lugar desde las once del dia con perjuicio de otras 
atenciones y de sus intereses, lo anuncian por medio de este 
Aviso, esperan con impaciencia á los que necesitan el fluido 
vacuno y deben anhelar por conseguirlo, y después que nada 
omiten para comunicarlo generosamente solo llegaron á reci- 
birlo cincuenta y seis personas en las ocho vacunaciones que 
celebraron el mes anterior. A dos de ellas ocurrieron tres su- 
getos en cada una, y de estos los cinco fueron de color. En 
otra vacunación un negro bozal fué el único en quien se depo- 
sitó entonces el fluido vacuno; ese don precioso é inapreciable 
que tantos votos y ansias nos costó conseguirlo, que la huma- 
nidad y munificencia de nuestro Soberano nos le remitió á tan- 
ta costa, y que este Superior Gobierno hace los últimos esfuer- 
zos para perpetuarlo en esta Capital y difundirlos por toda 
la Isla. 

Este negro bárbaro, incapaz de conocer el mérito de lo que 
recibia para que pudiese apreciarlo y conservarlo se rascó los 
granos, como lo egecutan casi todos ellos, inutilizó su pus, y se- 
guramente se habría estinguido la vacuna, si los facultativos á 
quienes se ha confiado su conservación no la hubieran salvado 
inoculándola á dos niños que solicitaron en sus propias casas, no 
siendo esta la única ocasión que han ocurrido á semejante 
recurso. 

Tal es el desprecio con que miran muchos padres, el único, 
el eficaz, el facilísimo medio con que pueden preservar á sus 
hijos de una enfermedad inmunda y dolorosa, que tantas ve- 
ces los desfigura por toda la vida, y otras los priva de ella. ; Y 



— 27 — 
es esta la terneza con que nuestras madres asisten á sus hijos? 
Si no los vacunaran porque dudasen de la eficacia de esta ope- 
ración, serian menos culpables; pero omitirla creyendo que por 
ella los precaven de una enfermedad esterminadora, es un cri- 
men que al menos las hace dignas de la execración de la hu- 
manidad; y quizás llegará dia en que las leyes las hagan res- 
ponsables de unas vidas que pueden salvar tan fácilmente 
y que la Religión vibre sus anatemas contra esos filicidas 
por omisión. 

El año pasado de 1803 se bautizaron en las parroquias de 
esta ciudad, en las de Guadalupe y Jesús María, y en la casa 
de espósitos 4271 niños: el año anterior de 1804 se bautizaron 
en las mismas pilas 4203 de donde resulta que en esta ciudad 
y sus arrabales nacen poco mas ó menos 317 criaturas en cada 
mes, con las cuales superabundantemente se puede perpetuar 
la vacuna, aunque no concurriera á recibirla mas que el tercio 
de ellas. Habana y Octubre 4 de 1805. 




PRESENTADO EN JUNTAS GENERALES, 



POR LA 



REAL HUÍ ECONÓMICA DE U Mili. 

el 12 de Diciembre de 1805. 

POE EL DR. D. TOMAS ROMAT. 

Socio numerario de la clase de Profesor sobresaliente, 

Secretario de la Junta Central de la Vacuna, 

y Académico Corresponsal de la Real 

Academia de Medicina 

de Madrid. 



La Junta Central de la vacuna, considerada como una de las 
diputaciones de este cuerpo Patriótico por habérsela unido des- 
de su instalación, debe informarle en las presentes juntas gene- 
rales de todas sus op eraciones, para que insertándolas en sus 
memorias se perpetúen de un modo auténtico, y reconozca la 
posteridad, el zelo y la inteligencia de los ilustres Gefes que 
la autorizan, y de los vocales que la constituyen. 

Conservar el fluido vacuno en esta ciudad, y difundirlo por 
toda la Isla ha sido el principal asunto de su discusión en 
las doce sesiones que ha celebrado en el año que hoy conclu- 
ye. Para conseguir ese objeto tan recomendado por nuestro 
benéfico Soberano, la fidelidad y el patriotismo le han inspira- 
do los medios mas eficaces y oportunos. 

Ad virtiéndose que cada día era menor el número de perso- 
nas que ocurrían á vacunarse á las Casas Capitulares, se pro- 



— 30 — 
curó atraerlas, publicando en el Aviso-Periódico vanos hechos 
muy recientes que confirman la eficacia de ese preservativo; 
se recomendó el peligro á que se esponian las que tenazmente 
lo despreciaban, habiéndose presentado con viruelas confluen- 
tes y malignas diez y ocho marineros que arribaron á este puer- 
to, y se trasladaron á uno de sus hospitales; y para facilitar mas 
la concurrencia á esas públicas vacunaciones, se anticipo la 
hora de celebrarlas á las once de la mañana. 

No produciendo estos recursos todo el efecto que se deseaba, 
suplicó la Junta al Ilustrísimo Señor Obispo nuestro Director, 
se dignase prevenir á los Curas-Párrocos, así urbanos cou*) ru- 
rales, exhortasen á sus feligreses en el acto de administrarles 
el Sacramento del Bautismo, á que vacunasen prontamente 
aquellos párvulos, recomendándoles la sencillez y seguridad 
de esta operación. Accediendo S. S. I. á la instancia de la Jun- 
ta, expidió inmediatamente sus órdenes á los Ministros de las 
Parroquias del campo para que así lo ejecutaran; reservando 
comunicarlas á los de esta ciudad por medio de un edicto que 
ya está en la prensa. 

Entretanto, previno á estos párrocos exigiesen de los padri. 
nos que en las papeletas que presentan espresando el nombre 
de los padres, ó amos del ahijado, designen también la calle y 
el número de la casa en que habitan y que conserven estos 
apuntes hasta que ocurra á recogerlos todas las semanas, algu- 
no de los profesores encargados de vacunar en las Casas Capi- 
tulares. Por estas noticias se han dirigido á solicitar esos niños 
para inocularlos, y conservar en ellos la vacuna, cuando la fal- 
ta de concurrencia en los dias que se anuncian por el Aviso- 
periódico, les ha hecho temer que pudiera estinguirse. 

Para asegurar mas su permanencia, y remitir prontamente 
el fluido vacuno donde se solicite, en todas las vacunaciones 
se toma una porción suficiente, y se reserva en cristales ó en 
sedas. El amigo D. Marcos Sancho Rubio, ha observado que 
del primer modo conserva su eficacia á los veinte dias de ha- 
berse extraído de la pústula; del segundo se ha dilatado hasta 
los treinta y cinco, y la postilla la retiene algunos mas. 

Radicada por esos medios la existencia de la vacuna en esta 
ciudad, se han tomado otros para difundirla y conservarla en 



— Si- 
los lugares interiores de la isla. El cirujano D. Estévan Gone- 
zara, continuando sus operaciones con la misma eficacia que 
el año anterior, ha vacunado en el partido de San José de las 
Lajas 262 personas, y á muchas otras han privado de igual 
beneficio ciertas preocupaciones vulgares, que á pesar de sus 
esfuerzos no ha podido disiparlas. 

El Bachiller D. José Govin, que tlesde el mes de marzo del 
año próximo pasado, introdujo la vacuna en los partidos del 
Calvario, Xiaraco y Managua, propuso á la Junta Central, se 
facilitaría en ellos su conservación, estableciéndose una Junta 
Subalterna en la ciudad de Santa María del Rosario, donde sin 
mucha dificultad podian concurrir á vacunarse todas las sema- 
nas los vecinos de aquellos pueblos y de otros inmediatos, in- 
cluyendo el plan que debia observarse para su organización y 
subsistencia. Reconocida la Junta á este nuevo testimonio del 
zelo y desinterés de ese facultativo, suplicó al Sr. nuestro Pre- 
sidente tomase en consideración un proyecto tan conforme á 
las intenciones de S. M. y tan benéfico á los vecinos de estos 
lugares. Convencido su Señoría de las ventajas que otrece, per- 
mitió la erección de la citada Junta, designando los vocales 
que debían componerla, y previniendo se arreglase en cuanto 
fuera posible al plan que presentó á este Superior Gobierno, el 
Dr. D. Francisco Xavier de Balmis, director de la Real Espe- 
dicion de la vacuna. El 31 de julio dio principio ásus sesiones 
y las ha repetido todos los meses siguientes, instruyendo á es- 
ta Junta Central de sus acuerdos, y del número de personas 
que se vacuuan por medio del Bachiller Govin, á quien esta 
Junta nombró Secretario de aquella en renumeracion á sus 
distinguidos méritos. 

Acreditando la esperiencia que esas Diputaciones eran el 
medio mas seguro de conservar el fluido vacuno, propuso el 
Sr. Presidente Gobernador, se estableciesen otras en la. ciudad 
de Cuba y en la villa de Sancti Spiritus. Esta moción fué reci- 
bida con todo el aplauso que merece, y unánimemente se acor- 
dó que la Diputación de la Sociedad que reside en Sancti Spi- 
ritus, se encargue de establecerla y refundirla en ella misma, 
con arreglo al plan que oportunamente se le comunicaría. Pa- 
ra onranizar en Cuba la otra Junta, ofreció el Sr. Presidente 



— 32 — 
pedir al Gobernador de aquella plaza los informes necesarios, 
y yo quedé encargado de instruirme por el Dr. D. Miguel Ko- 
lland, si la contribución de dos reales por cada negro bozal de 
los armazoues que entran en aquel puerto, seria suficiente pa- 
ra gratificar al profesor que se encargue de conservar el fluido 
vacuno. 

No he recibido contestación de aquel facultativo, á quien 
participé en el mismo oficio haber presentado á la Junta Cen- 
tral la Memoria que me dirigió el 31 de mayo del presente año, 
refiriendo el modo con que introdujo la vacuna en dicha ciu- 
dad el 12 de enero del año anterior, y cuanto le ha ocurrido en 
su propagación hasta aquella fecha. Su relación ninguna otra 
cosa añade á lo que contiene sobre este particular, la Memoria 
presentada por mi en las anteriores Juntas Generales, sino la 
extensión del nuevo preservativo hasta cerca de Puerto-Princi- 
pe, y las indagaciones practicadas para descubrir el cowpox. Lo 
primero se debe á D. Tadeo Maldonado, el cual instruido por 
el Dr. Eolland en el modo de vacunar; y provisto de algunos 
cristales con virus, inoculó el primero en llolguin á un núme- 
ro considerable de personas de todas edades y condiciones. De 
aquí pasó al Bayamo, llevando el pus en seis niños, y con 
ellos lo difundió en aquella villa con el mas feliz éxito: se tras- 
ladó sucesivamente á Jiguaní, y después á las Tunas, que no 
dista mucho del Príncipe, á donde fácilmente podia transmi- 
tirse la vacuna, si acaso se habia estinguido la que introdujo 
en esa villa D. Nicolás Coupetel, y la conservó hasta que salió 
de ella para esta ciudad. 

Las diligencias practicadas para encontrar el grano vacuno 
en las reses de las haciendas de Barlovento, fueron hechas por 
el mismo Dr. Iiolland. Asegura haberlo hallado con todos sus 
caracteres, en una vaca que llevaron á Cuba del Bayamo, cuyo 
pus hubiera producido el mejor efecto, si veinte y cuatro horas 
antes se le hubieran presentado: pero ya habia perdido con la 
mayor desecación su virtud prolífica. Confirma la posibilidad 
de encontrar ese grano, otro hecho muy semejante observado 
también en vaca del Bayamo por un cirujano francés avecin- 
dado cerca de Cuba. 

Estas observaciones comprueban los fundamentos con que 



— 33 — 

he dicho otras ocasiones, no ser imposible descubrir en ciertas 
circunstancias el grano vacuno en las vacadas de esta Isla. 
Con este objeto hice un viage á la parte occidental de ella en 
el mes de Mayo, en cuya estación fertilizando las lluvias sus 
feraces prados atraían los ganados de los bosques, y se facili- 
taba reconocerlos; pero estas lluvias fueron entonces tan esco- 
sivas que haciendo intransitables los caminos y los rios, difícil- 
mente pude llegar al corral S. Cristóbal, 26 leguas de esta 
ciudad. En San Juan de Contreras alentaron mis esperanzas 
informándome, que poco antes de mi arribóse habia presenta- 
do una vaca con tantos granos en las ubres que no solo resis- 
tía la ordeñasen sino que los comunicó á los labios de su ter- 
nero. Esta circunstancia es muy singular, pues aunque la viru- 
lilla, de que adolecen con mucha frecuencia, suele impedir 
aquella operación, no se ha verificado que las pústulas se pro- 
paguen al becerro por mas numerosa que haya sido la erup- 
ción de la madre. 

Sin embargo de no haber encontrado lo que tanto importa 
para hacer indefectible la vacuna en esta Isla, no fue absoluta- 
mente inútil aquella espedicion. Proveído de un número su- 
ficiente de cristales cargados con su virus, empecé á inocular- 
lo desde el Cerro, y continué egecutando la misma operación 
por todos los lugares que transitaba en presencia de sus facul- 
tativos ó de alguna persona á quien podia encargar la repitie- 
se oportunamente. Conocí entonces que aunque varios profe- 
sores se habían dedicado el año auterior á difundir la vacuna 
en aquellos pueblos, todos la habían abandonado, privando de 
este importante beneficio á una parto muy considerable de 
sus vecinos. Es cierto que algunos rehusaban recibirla, pero 
otros muchos ocurrían con la mayor confianza. En Arroyo 
Arenas especialmente, me presentaron en menos de media ho- 
ra mas de treinta niños, de los cuales vacuné quince, y reco- 
mendé al facultativo del lugar continuase inoculaudo á los de- 
más con el virus que dejaba inherido. 

D. José Matías Martínez ha sido el único que ha proseguido 
vacunando en la parte de sotavento, y en unos parages donde 
por la mayor distancia de esta ciudad, le ha sido muy difícil 
recuperarla, cuando la ha perdido por no encontrar á quien co- 

5 



— te — 
municarla. Su constancia ha superado todas las dificultades, y 
desde los palacios donde reside, le ha difundido por toda la 
jurisdicción de Filipinas, en cuyos pueblos habia vacunado 
hasta el 3 del corriente 244 personas, empleando en algunae 
con feliz éxito la postilla pulverizada y humedecida. 

No debe imputarse á la Junta Central la omisión ó la insen- 
sibilidad de aquellos facultativos. Ella conserva una porción 
suficiente de virus vacuno, siempre pronta y eficaz para remi- 
tirla donde quiera que se solicite: ella ha dado pruebas nada 
equívocas de su gratitud á los que se han distinguido en la pro- 
pagación de la vacuna. Y cuando en las anteriores Juntas Ge- 
nerales acordó este Ilustre Cuerpo, se imprimiesen ejemplares 
de la Memoria que leí en ellas, sobre su introducción y progre- 
sos en esta Isla, ningún otro objeto se propuso, sino dar un 
testimonio público de su predilección á los profesores que re- 
comendaba en aquel escrito por la inteligencia, zelo y desinte- 
rés que manifestaron en esta importante operación; y para es- 
presarles sus sentimientos de un modo mas sensible; me en- 
cargó se los significase por un oficio incluyéndoles dos ejem- 
plares de la citada Memoria. 

Pero la Comisión de la vacuna ha cumplido exactamente 
sus deberes, conservando con ventajas ese depósito sagrado. 
Ninguna semana ha dejado de presentarse dos dias en las Ca- 
sas Capitulares, para dispensarlo con la mayor complacencia 
á cuantas personas han querido contribuir á su incremento. 
También ha ocurrido á los barracones á ofrecer el mismo be- 
neficio, uo obstante la repulsa que ha sufrido varias ocasiones. 
Su inteligencia y celo presenta en este Santuario de la huma- 
nidad y del patriotismo 4990 individuos preservados en este año 
por la vacuna de una enfermedad esterminadora. Aunque es- 
te número es muy iuferior al de los nacidos en esta ciudad en 
ese tiempo, y al de negros bozales introducidos en ella, siu 
embargo la comisión se lisongea de que en muchos pueblos de 
América, aun mas populosos que la Habana, no ha tenido tan- 
tos prosélitos el descubrimiento del inmortal Genner. A los 
amigos Cózar y Sánchez Rubio, les debe especialmente nues- 
tra patria la preservación de estos ciudadanos. Ellos salvaron 
el fluido vacuno en los dias borrascosos que estando yo ausen- 



— 35 — 

senté, no se presentó ni una sola persona á recibirlo en las 
Casas Capitulares. Superiores á cuantos obstáculos les oponían 
la omisión y la intemperie, emplearon eficazmente todos los 
recursos que inspira la beneficencia á las almas generosas y 
sensibles. 





muí m imam 



FUERA ©I LOS PUEBLO 



Salus populi suprema lex. 
Cicerón. 



La escribió el Dr. D. Tomás Roinay el año 1805 por insinuación del 
Escmo. é limo. Sr. D. Juan de Espada, Obispo de esta Diócesis, 
para persuadir al pueblo, mas con hechos que cou razones, la nece- 
sidad del Cementerio que construía estramuros de esta ciudad. 



La costumbre de enterrar los muertos lejos de las habitacio- 
nes de los vivos, tuvo su origen en el primero de los difuntos. 
Cain, horrorizado con el crimen que habia cometido, y con el 
espectáculo que le presentaba la muerte en el cuerpo de su 
hermano Abel, no satisfecho con apartarle cuanto pudo del 
domicilio de sus padres, le ocultó en el seno de la tierra. Sus 
primeros habitadores imitaron este ejemplo, sin esceptuar ni 
aun aquellas personas á quienes amaron con la mayor terneza. 
Abraham compró un campo á los hijos de Heth, para inhumar 
en la cueva de Hebron el cadáver de su esposa Sara; y después 
fueron allí mismo sepultados aquel Patriarca, Isaac, Jacob, Re- 
beca y Lia. La sepultura de Rachel se hizo en el camino de 
Bethlehen; y Débora, ama de Rebeca, fué enterrada en la fal- 
da de Bethel. 



Las generaciones subsecuentes continuaron ejecutando sus 
enterramientos en los campos desiertos; y si acaso se sojuzga- 
ron á la práctica de los egipcios mientras permanecieron bajo 
su opresión, luego que salieron al desierto la rehusaron volun- 
tariamente, hasta que la Ley publicada sobre el Sinaí autorizo 
la ceremonia de sus padres. El sumo sacerdote Aaron, Mana, 
hermana de Moysés, este mismo caudillo del pueblo israelita, 
todos fueron sepultados fuera de sus reales. Conquistaron en 
ñn la tierra de Promisión, y lejos de alterarse aquel rito, ni los 
jueces y reyes, ni los pontífices y profetas merecieron sepultar- 
se en el centro de los pueblos. Edificaudo el templo ¿quién 
osaría profanarle con la inhumación de un cadáver, cuando su 
tacto dejaba ilegal al hebreo, las casas quedaban inmundas si 
en ellas se enterraban, y los viageros huian de transitar por los 
parages donde encontraban los sepulcros? El de José de Ari- 
maréa en que fué colocado el cuerpo sagrado de Jesucristo; el 
campo que compraron los sacerdotes con el precio de su san- 
gre para enterrar á los peregrinos, y otros pasages del !N"uevo 
Testamento, acreditan que en aquella época observaban los 
judíos escrupulosamente la costumbre de sus Patriarcas. 

Los egipcios y lacedemonios, aunque miraron los cadáveres 
con menos horror, procuraron eficazmente evitar las funestas 
consecuencias de su corrupción. Los bálsamos y aromas, las 
semillas mas fragantes que producían sus países y los vecinos 
las empleaban con profusión para hacerlos iucurruptibles. De 
este modo los conservaban en las casas y en los templos; los 
primeros por lujo y vanidad, y los segundos para acostumbrar 
la juventud á no intimidarse con la muerte. El resto de la Gre- 
cia, ni tan austera como Esparta, ni tan profusa como Egipto, 
enterró constantemente sus difuntos distante de los pueblos. 
Los generales mas ilustres de Atenas, fueron los únicos á quie- 
nes se concedió sepultura en el arrabal de Cerámico. 

Mas los persas, los asirios, los fenecios, los partos y los ti- 
rios, no dispensaron ni á sus reyes aquella distincion:"lo mis- 
mo ejecutan desde la mas remota antigüedad los chinos, los 
japones, los pueblos de la Corea, del reino de Sian y del Mo- 
gol, los primeros habitadores de las islas Canarias, y del impe- 
rio de las Incas. Los mahometanos, aunque sumergidos en la 



— 39 — 
barbarie y en el fanatismo, separan de sus moradas las cenizas 
de los muertos. 

Una de las leyes de las Doce Tablas prohibía absolutamen- 
te quemar ó enterrar algún cadáver dentro de los muros de 
Roma. Ni las innovaciones del gobierno, ni la anarquía de los 
Triunviros, ni el despotismo de los emperadores derogó jamás 
esta sanción; al contrario, notándose algunas infracciones en 
el consulado de Druilio, la ratificó el Senado sin escepcion al- 
guna, y en los tiempos de Marco Tulio y de Varronse erigían 
los sepulcros y columbarios distantes de los caminos públicos. 

La salud del pueblo, esta ley suprema origen de la felicidad 
pública y privada, ha sido todo el fundamento estos rescriptos 
y de la costumbre de las naciones que he citado. Y cuanto pro- 
hibían tan severamente sepultar los muertos en las casas par- 
ticulares, en las calles y plazas, ó donde su corrupción pudiera 
ofender á los vivos ¿permitirían que los templos, esos lugares 
consagrados A la Divinidad, según la concebía cada pueblo; 
donde todo él se congregaba para tributarle culto y adoración 
donde solo quería percibir el olor de los sacrificios, y de los 
aromas mas suaves y fragantes; toleraría acaso que estos luga- 
res tan supersticiosamente respetados se profanasen con la in- 
mundicia y fetidez que exhalan los cadáveres ? ¿Consentiría 
que ella no solo interrumpiera sus votos y holocaustos, sino 
también los infestase, y atosigara en un breve momento ? Sacri- 
legio horrendo, incivilidad bárbara, que no la ha sufrido ni la 
religión, ni la política del supersticioso romano, del idiota mu- 
sulmán, del chino y del antiguo peruano. Todos ellos alejaban 
de sus templos, de sus mezquitas y pagados esos espectáculos 
inmundos y horrorosos, tan contrarios ala purezay decoro del 
santuario de la Divinidad, como á la existencia de sus ado- 
radores. 

La piedad cristiana, posponiendo la vida temporal á la eter- 
na, no ha omitido ni el medio mas remoto de conseguirla. Cre- 
yendo los fieles que reposando sus cenizas en los templos, par- 
ticiparían las almas con mayor eficacia del mérito infinito de 
los sacrificios, de la intercesión de los Santos que en ellos se 
veneran, .y de las preces y oraciones de sus hermanos condes- 
cendió la iglesia á sus ruegos importunos é indiscretos. Mas 



— 40 — 

esta tolerancia no la ha tenido ni en todos los lugares de sa es- 
tensiou, ni ha prescrito con su silencio el derecho de restaurar 
la antigua disciplina. Los fastos de la religión, y las diferen- 
tes obras luminosas, así nacionales como estrangeras,quesehan 
escrito sobre este asunto, me suministran los argumentos mas 
incontestables para probar esas tres proposiciones; pero habién- 
dose omitido de propósito por nuestro dignísimo y celoso Pas- 
tor en el edicto que ha publicado con motivo del Cementerio 
estramuros , me abstendré de tocar con una mano profana esos 
venerables monumentos. Las disposiciones civiles serán los 
los hechos con que proseguiré manifestando, que la costumbre 
de enterrar los muertos fuera de los pueblos, ha sido la mas 
autorizada en todos los siglos de la iglesia; y si acaso inhiriese 
algunos rasgos de su historia será tan solo ó para acreditar la 
obediencia de los fieles á sus príncipes: ó porque ios eclesiás- 
ticos fueron muchos años los historiadores de las naciones 
y los únicos depositarios de las ciencias y artes. 

Los primeros cristianos, sometidos fielmente á las leyes que 
no se oponían á los dogmas, ni á sus costumbres, egecutaron sus 
entierros en el lugar que lo practicaban los judíos, los griegos 
y romanos, entre quienes la iglesia empezó á propagarse. El 
tiempo que quedaron en volver los que llevaron á sepultar el 
cadáver de Auanías, las reliquias de S. Esteban, de S. Pedro, 
ÍS. Pablo, y de otros infinitos mártires, exhumadas fuera de 
Jerusalen y de Roma, en las Catacumbas y en las heredades, 
acreditan que los cristianos se euteraba» entonces lejos de las 
poblaciones. Ademas de exigirlo así las leyes y los ritos de 
los gentiles y hebreos, el odio con que estos miraban hasta los 
cadáveres de los fieles, les obligaba á sepultarlos ocultamente 
para evitar que los profanaran, y castigasen á les que egercian 
aquel acto de humanidad y religión. 

Continuaron estas persecución es mas de tres siglos, autoriza- 
das muchas veces por los emperadores; en cuyo tiempo Elio 
Adriano dio mas vigor á la ley de las Doce Tablas, multando 
en cuarenta escudos á los que se enterraseu dentro de la ciu- 
dad, y Antonino Pío, su inmediato sucesor, revalidó aquel res- 
cripto: Diocleciano y Maximiano lo estendierou á los munici- 
pios; pero en este edicto, ni en otro que hublicaron esos dos 



— 41 — 

emperadores para perseguir álos cristianos y arruinar sus igle- 
sias, se fundan cu qué estos hubiesen sepultado en ellas sus 
difuntos; si lo hubieran egecutado, seguramente lo espondrian 
esos tiranos para justificar su impiedad, acriminando las infrac- 
ciones de las leyes. 

El año 313 les concedióla paz el Grande Constantino; mas 
como no derogó los rescriptos cpie prohibían enterrar en los 
pueblos, al mismo tiempo que los fieles erigían templos, y 
consagraban los que habían servido á los ídolos, construían 
también cementerios para sepultarse sin escepcion alguna. El 
Papa Julio I estableció tres en las cercanías do Roma, y su- 
cesivamente se aumentaron hasta el número de cuarenta. La 
iglesia latina siguió inmediatamente el egemplo de su metrópoli, 
y la griega no rehusó imitarla. Teodoreto afirma que los cris- 
tianos de Alejandría se enterraban en los cementerios, y lo 
mismo se egecutaba en Constantiuopla. Esta costumbre debía 
ser muy general en el oriente, cuando el mismo Constantino 
que edificó en aquella capital la Basílica de los apóstoles, solo 
aspiró á sepultarse en el vestíbulo; cuya gracia le fué concedi- 
da por 8. Juan Crisóstomo, como una distinción sin egem- 
plar, debida mas bien á sus virtudes que á su augusta digni- 
dad. Por las mismas piadosas circunstancias se permitió el 
propio lugar á Teodosio el Grande, á su hijo Arcadio y á Teo- 
dosio II. 

El primero de estos Césares de acuerdo con Graciano y Va- 
lentiniano II, promulgó el año 381 en todo el imperio romano 
una constitución, imponiendo graves penas á los que erigiesen 
sepulcros en las ciudades, ó se enterrasen en ellas de cualquier 
modo, sin esceptuar los templos de los mártires. "Es verosí- 
mil, dicen Masdeu y Villalba, que algún contagio ó epidemia 
acaecida de resultas de enterrar en semejantes lugares, hubie- 
sen precisado al emperador español á dictar tan sabia provi- 
dencia. El joven Teodosio, tan celoso como el Grande de la 
pureza de los templos y de la salud pública, multó en la ter- 
cera parte de su patrimonio á los que contraviniesen á esa ley 
construyendo en los pueblos sepulcros, urnas, sarcófagos, ó 
depósitos privados para las cenizas de los muertos. Justiniano 
habría dejado muy imperfecto su Código si hubiese omitido 

6 



— 42 — 
esa parte útilísima de la política: ninguno crea, dijo en la ley- 
segunda, ninguno crea que le es concedido enterrarse en la 
Iglesia de los Apóstoles. 

Sin embargo de estas prohibiciones, algunos pretores mas 
piadosos que exactos en la observancia que en la legislación, 
consintieron que varios Prelados, tan repetables por sus virtu- 
des como por su ciencia, se inhumaron dentro de los templos. 
Concedióse al principio esta distinción á la eminente santidad 
de algunas personas; después á los que debían ser santos por 
su carácter y profesión, como los obispos, los sacerdotes y 
monges: últimamente los potentados, mas por vanidad que por 
devoción, consiguieron la misma indulgencia; mas el resto del 
pueblo, cuyo número era muy superior al de los privilegiados 
se enterraba en los cementerios estramuros, ó en los que al fín 
se construyeron al rededor de las paredes de los templos. Per- 
mitiólo así el emperador León VI, derogando por otra cons- 
titución aquella parte de la Teodosiana, que prohibíalos entier- 
ros en el recinto de las ciudades. Es muy estraño que este prín- 
cipe, preciándose de filósofo, y tratando familiarmente á los 
mas distinguidos de aquella época, autorizase un abuso tau 
contrario á la política y á la higiene pública. 

Pero al mismo tiempo que los Gregorios, los Ambrosios, los 
Paulinos y Cesáreos introducían en sus diócesis esta novedad, 
S. Efren encargaba con las imprecaciones mas terribles que 
no se profanara el Santuario con su cuerpo,|y S. JuanjCrisósto- 
mo conservó ileso el pavimento de los templos de Constantino- 
pla. El Papa Pelagio II, ordenó en un decretal, que dentro délas 
iglesias no se enterrasen ni los cadáveres de los príncipes, se- 
gún se observaba en algunas Basílicas de España. El Grande 
S. Gregorio espidió varios decretos para reprimir los abusos 
que se propagaban en otros reinos, y en una de sus epístolas ad- 
vierte al obispo Juan, que no consagre la iglesia de Cápri si se 
habia profanado con la inhumación del algún difunto. El Con- 
cilio Eliberitano, congregado á principio del siglo cuarto, pro- 
bará siempre que era práctica de España enterrar en los ce- 
menterios; y el de Braga, celebrado el año de 561, dijo en uno 
de sus cánones: que si las ciudades tenían el privilegio de no 
enterrar los muertos dentro de sus muros, ¿cuánto mas sede- 



— 43 — 

be observar esto por reverencia á las Basílicas de los mártires? 

El fundamento de este canon dá una idea mas exacta de las 
leyes la y 2a del libro 11, título 2o del Fuero Juzgo, y corrobo- 
ra la opinión de los eruditos autores del informe dado al Con- 
sejo de la Real Academia de la Historia sobre sepulturas. De 
las citadas leyes infieren los académicos que en tiempo de los 
godos, no solo no se hacían los entierros en las ciudades ni en 
las iglesias, pero ni tampoco en cementerios que tuvieran al- 
guna inmediación á los pueblos, sino en campos distantes de 
ellos. Observáronse estas leyes inviolablemente hasta el siglo 
once; mas notándose después algunas infracciones con desaire 
de los cadáveres reales, que aun permanecían en los cemente- 
rios, el rey Don Alonso el Sabio mandó á los monges de Oña 
los trasladasen á la capilla de Nuestra Señora, y en una de las 
leyes de sus Partidas determinó quienes eran las únicas perso- 
nas que podían tener sepultura en los templos, enterrándose 
en los cementerios todas las demás que no eran esceptuadas. 
Oonsérvanse aun en varias iglesias esos antiguos monumentos, 
y en ellos los sepulcros de los reyes, de los obispos y de otros 
sugetos, tan distinguidos por sus virtudes como por sus altas 
dignidades. 

Los reyes de España no fueron los únicos que purificaron los 
templos y las ciudades de esas cloacas religiosas. Carlo-Magno 
ordenó en sus famosos Capitulares, que ninguna persona se en- 
terrase dentro de las iglesias. El cementerio de los Inocentes, 
dice Mr. Desbois, era común á todas las parroquias de la anti- 
gua y verdadera ciudad de Paris, y la fundación de ellas toca 
en los primeros tiempos de la monarquía. Las ordenanzas de 
Felipe el Hermoso y Felipe VI acreditan la antigüedad de ese 
útil establecimiento. 

Desatendido por la potestad Real en los siglos posteriores 
este ramo importante de la policía de salubridad, se empeña- 
ron eficazmente los Prelados en conservarle y restablecer la an- 
tigua disciplina. Varios Concilios celebrados en España, Fran- 
cia y Alemania desde el siglo décimo sesto hasta el décimo 
octavo, las Bulas y las epístolas de diferentes Sumos Pontífices 
atestaron su celo por la salud publica, y por la pureza del san- 
tuario. 



— 44 — 

Pero el siglo que espiró dejaría de ser el mas ilustrado, si la 
Filosofía elevándose hasta el trono no hubiera manifestado á 
los principes, que la conservación de los pueblos era el princi- 
pio de su grandeza y prosperidad. La misma ciencia, rasgando 
el velo del fanatismo y de la hipocresía, les hizo ver que el pa- 
vimento del templo nada aprovecha al cadáver del cristiano 
que jamás se humilló en él, y lo regó con sus lágrimas; ó que 
si acaso le hollaba alguna voz, era tan solo para profanarlo 
con su indevoción y libertinage; mientras que las cenizas del 
justo, aunque se arrojen en los páramos y selvas, como las de 
Pablo, las de Antonio y Macario, serán respetadas en los siglos 
mas remotos, y gozarán su espíritu de una felicidad intermi- 
nable. 

Así hahlaron los obispos y los sabios de España, de Francia, 
de Italia y de Alemania al inmortal Carlos III, á Luis XVI, á 
Víctor Amadeo Rey de Cerdeña, al Gran Duque de Toscana y 
á la Emperatriz Maria Teresa de Austria. Convencidos con la 
antigua y constante disciplina de la iglesia, con las leyes civi- 
les, y con los hechos y razones físicas que reprueban las se- 
pulturas en los templos, mandaron construir eementerios-estra- 
muros de sus capitales y otros pueblos. Carlos IV, que heredó 
con el trono la religión y la política de su augusto padre, en- 
ternecido y consternado con la desolación que causaban en sus 
provincias las frecuentes y mortíferas epidemias, consultó á los 
físicos mas ilustrados de su reino, y opinando éstos que ios va- 
pores de muchos cadáveres reconcentrados en el corto recinto 
de las iglesias, fomentaban aquellas calamidades, espidió el año 
prósimo pasado una Real Cédula circulará todos sus dominios 
de España y de ludias, para que se construyeran cementerios 
fuera de los pueblos, por exigirlo así la salud de éstos, y el ma- 
yor decoro y decencia de los templos. 

A la verdad, es preciso carecer de olfato, para no sentir la 
impresión que hacen en nuestros órganos los hálitos que exha- 
lan los cadáveres. Estos hálitos tienen un olor muy fétido y 
picante, y luego que los percibimos, esperimentamos náuseas 
vértigos, desmayos y los demás síntomas que produce en los 
nervios una potencia sedativa que los enerva. Xo hay olor tan 
desagradable y nocivo, ni veneno tan violento que aítere y des- 



— 45 — 
ordene con igual velocidad la economía animal. El vapor que 
ha salido al abrir un sepulcro, cuyos cadáveres no se habian 
corrompido completamente, ha solido matar en aquel acto á 
cuantos les inspiraron, y difundiéndose después por el pueblo 
produjo enfermedades contagiosas y pestilentes. La historia de 
la Medicina me ofrece mil hechos funestos que comprueban 
esta verdad; pero citaré tan solo algunos de los mas recientes. 
El abate Rossier refiere, que abriéndose una sepultura en el ce- 
menterio de Montmorency, á los trece meses de haberse inhu- 
mado en ella un cadáver, y cerca de la cual se habia enterrado 
otro poco antes, salió un vapor que privó de la vida al sepultu- 
rero. La epidemia pestilencial que desoló á Montpeller el año 
de 1744 la atribuye el Dr. Jíanguenort á la apertura de una 
bóveda sepulcral en la, iglesia de Nuestra Señora. La villa de 
Tarma, en el reino del Perú, se llamaba el pais de las tercianas 
á causa de las epidemias que continuamente la afligían; se to- 
maron varios recursos para evitarlas, y siendo todos ineficaces, 
se advirtió que la iglesia era demasiado estrecha para contener 
el gran número de cadáveres que en ella se enterraban. Esta- 
blecióse inmediatamente un Campo-Santo distante del pueblo 
el año de 1790, y desde entonces cesaron las fiebres, y es uno 
de los mas saludables de la provincia. Nueve años antes habia 
acontecido lo mismo en la villa delPasage, provincia de Gui- 
púzcoa. Asolada por una epidemia de fiebres contagiosas, se 
atribuyó su origen al hedor que salia de la parroquia por los 
muchos cadáveres sepultados en ella. Privóse su entrada, se 
destejó para ventilarla, trasladándose la iglesia á otro lugar, y 
se formó un cementerio lejos de ella, con cuya providencia ce- 
só inmediatamente la epidemia. 

Este infausto acontecimiento dio motivo al piadoso Carlos 
para encargar al Consejo discurriese los medios mas eficaces 
de precaverlos. En cumplimiento de esa Real orden, consultó 
aquel Supremo Tribunal á la Real academia de la historia le 
instruyese sobre tan interesante; y este ilustre Cuerpo, des- 
pués de un examen muy detenido, y con presencia de las obras 
clásicas imblicadas en esta materia, le informó en 10 de Ju- 
nio de 1783, que las sepulturas en las iglesias, no solo eran 
perjudiciales á la salud, sino contrarios á la disciplina eclesiás- 



- 46 _ 

tica antigua y moderna. En virtud de ese escrito luminoso, se 
construyó por orden de S. M. un cementerio en el Real sitio 
de S. Ildefonso, otro en Yévenes y varios otros en diferentes 
pueblos del reino. Antes que la Academia diera su dictamen, 
el presbítero D. Félix del Castillo, profesor de Fisica en Mála- 
ga, le habia presentado un discurso físico-histórico-legal, sobre 
el abuso piadoso de enterrar los cuerpos muertos en las igle- 
sias. También se habia remitido á su censura una disertación 
físico-legal acerca de los sitios y parajes que se deben destinar 
para las sepulturas, por el presbítero y médico D. Francisco 
Bruno Fernandez, el que prueba ser perjudicial el uso de enter- 
rar en los templos. D. Benito Bails, director de Matemáticas en 
la Real Academia de S. Fernando, el Padre Fray Miguel de 
Azero, y el Ldo. D. Ramón Cabrera, D. Mauricio Ehandi y 
varios otros sacerdotes y físicos escribieron casi al mismo tiem- 
po, apoyando el dictamen de la Academia- La facultad de Me- 
dicina de Paris deseando satisfacer la consulta que le hizo el 
gran Maestre de Malta, por medio de su embajador el año 
1781, sobre las sepulturas eclesiásticas, encargó su decisión á 
siete profesores de los mas distinguidos de aquel Cuerpo, y 
unánimes probaron con muchos hechos } r razones, que los va- 
pores mefíticos exhalados de las sepulturas, no son como quie- 
ra, perjudiciales sino capaces de producir una epidemia ma- 
ligna. 

Es una verdad inconcusa que las enfermedades contagiosas 
y pestilentes se hacen mas generales y malignas á proporción 
de la mayor cantidad de hálitos pútridos que espelen los en- 
fermos, y cual de estos arrojará en un dia tantos cómo un ca- 
dáver corrompido en solo una hora? El aire que los recibe, y 
es tan necesario para nuestra existencia, es al mismo tiempo 
tan susceptible de alteraciones nocivas, que el ejercicio de aque- 
lla operación por la cual nos conserva la vida, le hace capaz de 
arruinarla. Privándose de su elasticidad y consumiéndose el 
gas pirógeno por la respiración, queda inútil para servir á la 
misma función. Si á este defecto se añade el calor del clima 
la falta de veutilacion, y los vapores de muchos cuerpos reu- 
nidos aunque estén sano3, resulta un tósigo que puede sofo- 
carnos con la mayor violencia. 



— 47 — 

El virey de Bengala hizo encerrar en un calabozo demasia- 
do estrecho 140 prisioneros: en poco tiempo se aumentó el ca- 
lor escesivamente, perdieron la respiración los que estaban dis- 
tantes de las ventanas, se quejaban todos de una sed ardientí- 
sima, y pedian agua con desesperados gritos. Concedióseles 
una corta porción, y se arrojaron á ella con tanta ansia que al- 
gunos se ahogaron. Instruido el virey de esa escena terrible 
mandó abrir el calabozo, y salieron de aquella mansión horro- 
rosa 23 personas, resto de 146 que entraron en ella dos ho- 
ras antes. No es este el único hecho con que preden probarse 
los estragos que produce el aire inficionado con los hálitos ani- 
males. El año 1599 se presentaron varios reos en una sala de 
Oxford para ser juzgados, y de repente ellos, los jueces y todos 
los circunstantes perdieron vida: igual infortunio sucedió en 
Tauton, según refiere Zin merman en el tratado de la esperiencia. 

Concluyamos de aquí, que si la inspiración y espiración con- 
sumen aquella parte del aire que lo hace útil para esta opera- 
ción; si el calor lo enrarece demasiado, y le priva de su elasti- 
cidad; si los vapores que exhalan muchos cuerpos reunidos, 
aunque estén sanos, lo corrompe hasta el grado que hemos vis- 
to ¿qué efectos no producirá este aire, si á todas esas causas se 
añaden los vapores mefíticos que arrojan los cadáveres? Pues 
todas ellas se reúnen en los templos de esta ciudad, y concur- 
ren de un modo, que solo la piedad ó la costumbre, nos hace 
entrar en ellos sin estremecernos. Todos son reducidos; carecen 
de la ventilación necesaria; están cerrados la mayor parte del 
dia y la noche entera; el calor del clima es ardiente casi 
todo el año: este calor se hace mas intenso con el número esce- 
sivo de luces que se encienden en muchas festividades; la con- 
currencia es entonces estraordiuaria, pues ambas contribuyen 
á la mayor solemnidad; la respiración de los concurrentes, y 
la combustión de las velas, consumen el gas oxígeno ¿cual pues 
será el aire de nuestras iglesias en tales ocasiones? Un aire sin 
elasticidad, exhausto del principio vital y muy saturado de gas 
ázoe. Semejante atmósfera, lejos de ser proficua para conser- 
var la vida; puede destruirla en muy pocos instantes. 

Se hará mucho mas nociva, si en tales circunstancias se le 
agrega el gas amoniaco que espelen los cadáveres. Percibimos 



— 48 — 
en nuestras parroquias con demasiada frecuencia ese olor féti- 
do nauseabundo, hasta retraernos de asistir á ellas, debiendo 
ser los templos mas concurridos. Por lo que á mí hace, una 
ocasión sali con las mayores ansias y fatigas de la auxiliar del 
Santo Cristo, antes de concluirse la Misa que oia; y no inten- 
té volverá ella, hasta el día en que se enterró el cadáver de mi 
amigo el profesor D. José Oolleit; mas yo y cuantos le acompa- 
ñábamos, nos retiramos con precipitación desde la puerta, los 
ministros formaron el coro en el presbiterio, y festinadamente 
celebraron los oficios: tal era la fetidez que arrojaba el sepul- 
cro que se habia preparado. 

Es preciso que así suceda con harto detrimento de la piedad 
y de la salud. "Para que un cadáver se corrompa completa- 
mente, dice el ilustre Chaptal después de Mr. Petit, se necesi- 
tan tres años si la sepultura tiene cuatro pies de profundidad, 
y cérea de cuatro cuando se profundiza seis pies. Este térmi- 
no ofrece algunas variaciones, con respecto á la naturaleza del 
terreno, y de la constitución de los sugetos inhumados: mas 
nosotros le miramos como un término medio." Examinemos 
ahora si la estension de nuestras parroquias y de sus cemente- 
rios, permite que no se abran los sepulcros hasta cumplidos 
tres años. Paréceme que es imposible. El año prócsimo pasa- 
do fallecieron en ellas, y en las de Guadalupe y Jesús María 
2280 personas, el año 1803 murieron eu las mismas 2331, y el 
año de 1802 llegaron á 2422. Aunque supongamos que solo se 
han enterrado en ellas 2000 cadáveres, } T los restantes en las 
iglesias de los regulares, si de los dichos terrenos cercenamos 
tres codos delante de cada altar, según un decreto de la con- 
gregación de ritos, y la porción que ocupan las bóvedas y los 
sepulcros particulares, donde son menos frecuentes los entier- 
ros, no pueden cmedar útiles tres mil varas planas que se ne- 
cesitan para sepultar dos mil difuntos. De aquí resulta que sien- 
do preciso abrir todos los años las sepulturas, y no habiéndo- 
se corrompido enteramente los cuerpos que contienen, se in- 
festan las iglesias con el hedor que exhalan, y nos esponemos 
á esperimentar una catástrofe semejante á las que he referido. 
Ninguna ha resultado hasta el presente, sin embargo de esas 
causas que tanto exageran, y del propio modo nos conservare- 



— 49 — 
raos, careciendo de la actividad necesaria para ofendernos. Si 
hubiese alguno tan obcecado que así discurra, aunque su pé- 
sima dialéctica y su ignorancia en la Física me eximan de con- 
testarle con razones, le preguntaré al menos ¿qué privilegio 
nos ha concedido la naturaleza, que negó á los pueblos mas 
cultos y aseados de Europa, y de un país que tanto ha favore- 
cido como el peruano? Ellos permanecieron también muchos 
siglos sin esperimentar ninguna epidemia que los consternase: 
pero al fin, cuando se creían mas seguros por la salubridad del 
clima, por su ventajosa situación, y por la observancia de la mas 
rígida policía, la apertura de un sepulcro frustró todas sus pre- 
cauciones, y disipó en un momento la confianza que inspira, 
ban muchas centurias. 

No esperemos á preservarnos después de llorar como ellos 
una calamidad irreparable. Escarmentemos en su desgracia, y 
reconozcamos que la situación topográfica de esta ciudad, } 7 el 
desprecio de las órdenes tan repetidas para su limpieza, no ne- 
cesitan de la corrupción de los cadáveres para inficionar su at- 
mósfera. Los muladares, las aguas estancadas y los pantanos 
que la circundan por el occidente; los que existen casi todo el 
año en sus mismas calles y plazas; las fabricas de velas de se- 
bo; los almacenes de carnes y de varios alimentos corrompidos 
son otros tantos hogares de infección, estimulados por las es- 
creciones de su numerosa población y de escesivas caballerías 
por las fraguas y hornos, por el ardiente calor y la humedad 
del clima. Y como los vapores mefíticos que arrojan todos es- 
tos cuerpos son muchos graves que el aire atmosférico, según 
han demostrado los mejores químicos, se precipitan hacia aba- 
jo, nos rodean continuamente y quedan reconcentrados den- 
tro de sus muros. La estrechez de las calles no permiten sean 
espelidos fuera de ellos, ni renovado el aire de las habitacio- 
nes por el viento mas general y saludable que reina entre los 
trópicos, y del cual nos priva considerablemente la elevación 
de la Cabana y de los montes vecinos. 

El celo y vigilancia de nuestros Ilustres Gefes no se limita 
á mejorar la policía de esta ciudad, ratificando las anteriores 
disposiciones, sino valiéndose de unos medias que estirpando 
radicalmente los abusos, precaven sus funestas consecuencias. 

7 



— 50 — 
Un canal por donde corran al mar las aguas estancadas y cor- 
rompidas en las concavidades de las canteras, es una de las pro- 
videncias mas útiles del Sr. Presidente Gobernador: al mismo 
tiempo que el Ilustrisimo Señor Diocesano construye un Ce- 
menterio con toda la decencia y decoro de que son capaces ta- 
les monumentos, y á distancia que no pueden ofender sus va- 
pores á esta población. Es cierto que no tiene toda la estension 
que ella necesita; pero se proyecta formar otro de igual capa- 
cidad que rodee el actual; y además, los cadáveres se cor- 
romperán en él con mas prontitud que en las iglesias. "Los 
diversos principios de los cuerpos, dice el sabio ministro 
de Francia Mr. de Ohaptal, absorvidos por la tierra ó deshechos 
por las aguas se disipan en un grande terreno, atraidos por las 
raices de los vegetales, y desnaturalizados poco á poco. Ved 
aquí lo que sucede en los cementerios que están al aire libre; 
no acontece lo mismo en las sepulturas queso hacen en los tem- 
plos ó en los lugares cubiertos: allí no hay ni agua ni vegeta- 
ción, y por consiguiente ninguna causa que pueda atraer, disol- 
ver y desnaturalizar los jugos de los cadáveres: por lo cual 
aplaudiré siempre la sabiduría del Gobierno que ha prohibido 
las inhumaciones en las iglesias: este es al mismo tiempo un 
objeto de horror y de infección." 




DESCRIPCIÓN 



HEI, 



CEMENTERIO GENERAL 

DE LA 

HABANA. 

POR EL DOCTOR DON TOMÁS ROMAY, SOCIO NUMERARIO DE LA SOCIEDAD 
ECONÓMICA DE LA HABANA EN LA CLASE DE PROFESOR SOBRESA- 
LIENTE, Y ACADÉMICO CORRESPONSAL DE LA REAL ACADEMIA 
DE MEDICINA DE MADRID. 



La erección de un Cementerio General estramuros de la Ha- 
bana, como establecimiento religioso y político, exigía que las 
Potestades Civil y Eclesiástica convencidas de su importancia 
se ausiliasen reciprocamente, empleando con la mayor activi- 
dad todas sus facultades y recursos. La difícil combinación de 
estas circunstancias lia frustrado varias veces los deseos de sus 
gefes; pero al fin, llegó la época en que felizmente reunidas, 
restaure el Santuario su primitiva pureza y dignidad; las leyes 
civiles y canónicas se observen inviolablemente, y la policia 
do esta Ciudad adquiera muchas ventajas, alejando de su re- 
cinto unas cloacas de horror y de infección. 

Al genio ilustrado, al zelo y constancia y á la buena armo- 
nía que reina entre el Señor Marqués de Someruelos, Presi- 
dente Gobernador y Capitán General de esta ciudad é Isla, y 
el Ilustrísimo Sr. D. Juan José Diaz de Espada, Obispo de es- 
ta diócesis, debemos en el Cementerio Campal un monumento 
que hará grata y perpetua su memoria. 



— 52 — 

Desde que la Real Sociedad Económica de esta Ciudad, por 
una elección que la recomienda, confió á Su Señoría Ilustrisi- 
ma el año de 1802 el empleo de Director, la manifestó en sus 
primeras sesiones por un sencillo discurso, que la disciplina 
eclesiástica, las leyes civiles, los cánones, y la misma razón, 
abominaban el abuso piadoso de enterrar los cadáveres en los 
templos; y que si en otros pueblos eran convenientísimo3 los 
cementerios-estramuros, en este eran mucho mas necesarios, 
por su localidad, por el calor del clima, y por varias otras cir- 
cunstancias; y ofreciendo en seguida quinientos pesos á dispo- 
sición de la Sociedad, indicó que parte de ellos podia ser para 
el arquitecto que hiciese un buen plano del edificio. El Señor 
Presidente, interesado en la observancia de las novísimas rea- 
les disposiciones, y en la conservación de la salud, esforzó la 
moción del Ilustrísimo Señor Director, y la Sociedad conven- 
cida con unas pruebas tan incontestables, acordó se establecie- 
ra un cementerio en el parageque se juzgase mas conveniente. 
Formóse el plano de la obra, se calculó el costo que tendria, y 
pareció que podia ejecutarse en el terreno que media entre las 
puertas de Tierra y del Arsenal. Mas advirtióse que entonces 
se colocaba en el centro de esta ciudad y sus arrabales, donde in- 
mediatamente llegarían los vapores mefíticos que exhalase, im- 
pelidos por los vientos del Este y Oeste: defecto gravísimo que 
no podia compensarse con la fácil conducción de los cadáveres, 
que es la única ventaja que resultaría de situarse el cementerio 
en aquel lugar. Al mismo tiempo ¿ qué idea se formaría de la 
moral y de la policía de este pueblo, si hubiese edificado un 
monumento lúgubre que debe exitamos las reflexiones mas 
tristes y humillantes, junto al paseo público, el único lugar de 
recreo donde salen unos vecinos á solazar el espíritu, y des- 
cansar de graves y complicadas atenciones, y otros á ostentar 
su lujo y hermosura? Añadióse por último, que las leves de 
fortificación no permitían construir cerca de los muros de esta 
plaza ni el débil cercado, mí lu capilla que debia tener el ce- 
menterio; aunque todo fuese de madera. 

La dificultad de encontrar en estas inmediaciones un terre- 
no en que no concurriesen los mismos inconvenientes, y aun 
algunos otros; la escasez de foudosde la Sociedad para costear 



_ 53 — 
la obra, y algunos incidentes de los que suelen ocurrir en los 
Cuerpos Económicos, retardaban la empresa mucho mas de lo 
que podia sufrir el anhelo con que Su Señoria Ilustrísima de- 
seaba su ejecución. Conociendo, pues, que la Sociedad no podia 
proporcionarle los ausilios necesarios, ocurrió al venerable Ca- 
bildo de la Santa Iglesia Catedral, y franqueándole con la ma- 
yor generosidad de las rentas de su fábrica el sobrante que te- 
nia en arcas, y cuanto Su Señoría Ilustrísima juzgase conve- 
niente decretar, de acuerdo con el Señor Presidente, se eligió 
para formar el Cementerio una parte de la huerta- pertenecien- 
te al Hospital de San Lázaro, y situada;! su fondo. Dióse prin- 
cipio á la fábrica con una actividad extraordinaria; y estando 
ya sacados todn sus cimientos, el Señor Presidente y el 
Ilustrísimo Señor Obispo recibieron una Peal Cédula espedida 
el 15 de mayo de 1804, eu qué Su Magéstad prevenía á nues- 
tro Gefe y Prelado, (-orno á todos los demás de América, que 
á la mayor brevedad construyeran cementerios-cstramuros, y 
no permitiesen sepultar ningún cadáver en las Iglesias; inclu- 
yéndoles también el plan de ese edificio. 

Era este tan conforme al que se había adoptado, que nada 
hubo que innovar; al contrario, la orden de Su Magéstad fué 
un estímulo poderosísimo para continuar la obra, y acelerar su 
conclusión. El Ilustrísimo Señor Obispo, presenciándola muy 
de continuo; activaba los trabajos tan eficazmente, que no solo 
consiguió estuviese concluido en el mes de enero todo el Ce- 
menterio, sino también un puente muy sólido y ancho, que 
por su dirección se hizo sobre el arroyo que pasa por San Lá- 
zaro, un caño subterráneo para las aguas que derrama la fuen- 
te de la Casa de Beneficencia, y allanado todo su camino has- 
ta el Cementerio. A la construcción del puente y conducto 
contribuyeron considerablemente los Señores Intendente y Co- 
mandante de Ingenieros, cediendo para una obra pública tan 
importante una porción necesaria de grandes piedras sillares, 
las mas propias al intento. 

Habiéndose anunciado por el Aviso-Periódico que el dia 2 
de febrero debía bendecirse, se depositaron desde aquella ma- 
ñana en la capilla de la Casa de Beneficencia los huesos del 
Señor Don Diego Manrique, Gobernador y Capitán General 



— 54 — 
que fué de esta Ciudad é Isla, y los del Ilustrísimo Señor Don 
José González Candamo, Obispo de Milasa, Ausiliar de esta 
Diócesis, y canénigo de esta Catedral. Se contenían en dos ca- 
jas forradas en terciopelo negro guarnecidas con "galones de oro 
distinguiéndose por las insignias que tenia cada una, peculia- 
res á los empleos de estos Señores. A las, cuatro y media de la 
tarde se dio principio en este lugar á la traslación de esas 
respetables .cenizas al Cementerio General, entonando y can- 
tando la música de la Catedral los salmos correspondientes. Un 
piquete de dragones de América precedía la procesión, dete- 
niéndose á cada paso por la gente que obstruía toda la carrera. 
Bajo la cruz de la Catedral se colocaron por su orden todas las 
comunidades religiosas y el clero secular con sobrepelliz. Se- 
guia el venerable cabildo eclesiástico acompañando los huesos 
del Señor Candamo, conducido por cuatro criados con libreas 
del Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano. Dos regidores de 
este Ilustre Ayuntamiento y dos coroneles llevaban las borlas 
de la caja del Señor Manrique, que iba en hombros de otros 
cuatro lacayos del Señor Presidente Gobernador y Capitán 
General. El Señor Dean con capa pluvial negra hacia de Pres- 
te, acompañándole dos ministros con dalmáticas, presididos 
por el Ilustrísimo Señor Obispo con capa magua. Continuaban 
la procesión los vecinos mas distinguidos de esta Ciudad, los 
cuerpos militares y políticos, con sus respectivos gefes, el Señor 
Intendente de ejército y de Real Hacienda, el Ecsmo. Señor 
Comandante General de este Apostadero, y el Muy Lustre 
Ayuntamiento autorizado por el Señor Presidente, cerrando la 
procesión una compañía de granaderos del regimiento Fijo de 
la Habana. 

Otra de Cuba la esperaba en el Cementerio, eu cuyo centro 
se habia formado un túmulo de seis varas por cada frente, 
compuesto de varias gradas adornadas con blandones de cera 
y geroglíficos, sobre las cuales se elevaba un obelisco de cuatro 
varas jaspeado de blanco y morado, ceñida su cúspide con una 
corona. En la primer grada de este túmulo se colocaron las dos 
cajas, estando ya iluminado el altar de la capilla y todo el re- 
cinto del Cementerio con muchas hachas que se habían puesto 
á distancias proporcionadas. El Señor Don Julián del Barrio. 



— oo 

canónigo, de esta Catedral, pronunció inmediatamente una 
oración, manifestando el objeto de !a ceremonia que iba á 
practicarse. Concluida esta, el limo. Señor Obispo, revestido 
de medio pontifical, ejecutó con la mayor solemnidad la ben- 
dición de aquel santo lugar, ministrándole ambos cleros, y el 
cabildo eclesiástico. Terminado este rito, se inhumaron los 
huesos del Señor Manrique en el sepulcro destinado para los 
Señores Gobernadores de esta Ciudad, y los del Ilustrísimo 
Señor Candamo en el que se había construido para las digni- 
dades eclesiásticas. La Capilla de la Catedral acompañó todos 
los oficios con una música muy patética que se acataba de com- 
poner para esta función. Concluyóse después de las siete de la 
noche; pero la luna que estaba en su oposición, iluminaba con 
tanta claridad, que sin desorden alguno se retiró el inmenso 
concurso que presenció aquella ceremonia religiosa con un 
placer respetuoso. 

El Cementerio está situado una milla al Oeste de la Ciudad 
cerca del mar y de un camino muy frecuentado; pero oculto 
de los transeúntes por el Hospital de San Lázaro. Es un cua- 
drilongo de ciento cincuenta varas Norte-Sur, y ciento' de Este 
á Oeste, cercado de pared de manipostería mixta, con caballe- 
te de sillería labrada. Lo interior tiene pintado un festón de 
cipreses sobre fondo amarillo jaspeado. La superficie total del 
terreno pasa de veinte y dos mil varas planas, inclusos los 
atrios, con capacidad dentro del Cementerio para mas de cua- 
tro mil seiscientas sepulturas, inclusas las de los párvulos. 

En los cuatro ángulos se elevan cuatro obeliscos, imitando 
el jaspe negro, con la inscripción: Exultabunt ossa humíliata, 
correspondiente á los osarios construidos en los mismos ángu- 
los en forma de pozos. Dos calles enlosadas con una piedra 
color de pizarra, bastante sólida y tersa, llamada en el pais 
piedrade San Miguel, por el lugar de donde se extrae, lo divi- 
den en cuatro cuadros iguales. La una calle se dirige de la 
portada á la Capilla, y la otra de Este á Oeste, terminando en 
dos pirámides del mismo color que los obeliscos. 

La capilla, colocada en el centro del lado Norte, es semejan- 
te á los templos antiguos: tiene un pórtico de cuatro colum- 
nas rústicas aisladas, y el frontispicio abierto de un arco de 



— 56 - 
medio punto adornado con las inscripciones: Ecce nune in pul- 
ver e dormiam, Job VI. JEt ego resucitabo eum in novíssimo die. 
Joann. VII., en letras de bronce doradas: rematando con una 
cruz de sillería. El pórtico y todo lo exterior de este edificio 
se lia pintado de color amarillo bajo jaspeado de negro. 

El Altar, que está aislado, es de una sola piedra de San Mi- 
guel, en forma de túmulo, con su grada de la misma piedra, y 
sobre ella un crucifijo de marfil de tres cuartas de largo en una 
cruz de ébano, sentada en una peña. En el centro del frontal 
tiene grabada y dorada una cruz de aureola, y á los lados dos 
pilastras estriadas y doradas. En la parte posterior contiene va- 
rias gavetas y cajones donde se guardan los ornamentos y va- 
sos sagrados. La tarima y solería de la capilla y pórtico son de 
la misma piedra. La puerta es de balaustres, y sobre ella esta 
inscripción: Beati mortui quiin Domino moriuntur: opera enirn il- 
lorum sequuntur illos. Apoc. Frente al altar, y en medio del pór- 
tico está una lámpara encendida dia y noche. 

En el centro de la Capilla, detras del Altar, se ha pintado 
al fresco un cuadro que representa la Resurrección de ios 
muertos. La parte superior la ocupa un ángel con una trom- 
peta diciéndoles: Surgite mortui et venüe in judicium. A su de- 
derecha salen de los sepulcros varios predestinados, y á la iz- 
quierda los reprobos horrorizados, y queriendo volver á sus 
tumbas: en el fondo se divisan otros muchos cadáveres reani- 
mándose, y saliendo de los sepulcros del mismo cementerio 
figurado en el cuadro. Üncima déla puerta y de las dos ven- 
tanas de los costados están pintadas en bajo relieve las tres 
virtudes Teologales: Fé, Esperanza y Caridad. El resto de 
la Capilla lo ocupan diez y seis pilares blancos con adorno de 
color de oro. Entre estos pilares se han colocado ocho matro- 
nas afligidas con los ojos vendados, y un vaso de aromas en 
las manos, los que consagran á las cenizas de los muertos. Es- 
tas figuras son todas blancas sobre un fondo negro contornea- 
do de arabescos blancos. 

Frente al pórtico y contiguos á su cimiento se han construi- 
do de ladrillos ocho sepulcros mayores con marcos de piedras 
de S. Miguel y lápidas de la misma materia, escepto los dos 
principales que las tienen de marmol. El primero de estos, al 



— 57 — 
lado del Evangelio, se ha destinado para los Ilustrísimos Se- 
ñores Obispos; el segundo para las Dignidades Eclesiásticas; 
el tercero para los beneméritos de la iglesia; y el cuarto para 
los Canónigos. Los otros cuatro del lado opuesto son para los 
Señores Gobernadores, el primero; para los Generales de las 
lieales armas, el segundo; para los beneméritos del Estado, el 
tercero; y el cuarto para los Magistrados. A estos sepulcros 
seguirán los de la primera nobleza, como títulos, gefes, mili- 
tares y Políticos, Regidores etc. y ocuparán todo el ancho de 
este cuadro, y cuarenta varas de largo, dividiéndose del segun- 
do tramo por una línea de ladrillos. A continuación de las 
otras cuatro sepulturas se colocarán las de los Curas párrocos 
y demás clero secular y regular por el orden de precedencias 
que tienen en la Iglesia; ocupando estas la otra mitad del pri- 
mer tramo hasta donde sea necesario. 

El segundo es para todas las personas mas honradas de la 
ciudad; y el tercero para la clase común. Todas las que ten- 
gan sepulturas propias y distinguidas en las Iglesias, Parro- 
quias y Conventos, conservarán análogamente el mismo dere- 
cho en el Cementerio, y las que jquisieren elegirlas en él se les 
concederán según sus clases. En cada cuadro se ha destinado 
cerca de las pirámides un parage para sepultar esclusivamente 
á los párvulos. Al rededor de la cerca, y de las dos calles que 
cruzan el Cementerio, se ha formado con ladrillos un arriate 
para sembrar flores y yerbas aromáticas. 

La portada, vista por dentro, es toda abierta y forma tres 
luces, que dividen dos pilastras sencillas con su cornisa y pre- 
til, cubierta de azotea, y enlosada con piedra de S. Miguel. 
El frente esterior consta de cuatro pilastras de orden toscano 
con ático encima; la puerta es un arco de medio punto elevado 
en el ático, y acompañado de dos arcos rectos balaustrados. 
La imposta del arco central contiene tres lápidas unidas: en la 
parte superior de la que ocupa el centro está grabada y dora- 
da esta inscripción: A la Religión: A la Salud Publica. 
MDCCCV. En la parte inferior de la colatera ala derecha: El 
Marques de Someruelos, Gobernador; y en el mismo parage 
de la otra: Juan de Espada, Obispo. 

En la luz del arco superior se ha colocado un grupo bron- 



— 58 — 
ceado que representa el Tiempo y la Eternidad: esta tiene en 
la mano una serpiente en forma de círculo, y manifiesta estar 
llorando, por que el hombre en cuanto á su existencia corporal 
ha perdido por el pecado la incorruptibilidad. La otra apagan- 
do una antorcha, indica que ha finalizado la vida. En medio 
de estas figuras está un gran vaso de perfumes significando 
que el tiempo todo lo destruye y convierte en humo. Al lado 
derecho de la puerta se ha pintado en bajo relieve la Religión 
con sus respectivos atributos; y á la izquierda la Medicina re- 
presentando la salud pública. El ático remata con dos macetas 
de piedra de San Miguel, puestas en los estreñios de su corni- 
sa. La portada tiene diez varas, yá continuación de ella por 
uno y otro lado siguen las viviendas del capellán, sacristán y 
sepulturero, cuyas fábricas completan cincuenta varas. 

El atrio ocupa todo el ancho del Cementerio, y cuarenta va- 
varas de largo, cercado de un pretil de manipostería á modo 
de asiento, con su banqueta de sillería, y adornada su entrada 
y ángulos con seis pequeñas columnas. Se ha emj ezado á 
plantar en él naranjos, cipreses y otros árboles, como también 
en el terreno esterior inmediato á toda la cerca. En caso ne- 
cesario se estenderá el Cementerio construyendo otra cerca pa- 
ralela á la presente, rodeándolo por todos los costados menos 
por el de su portada. En el cuchillo Sur-Este del atrio se fabri- 
cará una casa de cuarenta varas de frente, destinada para vi- 
viendas de los conductores de cadáveres al Cementerio, colo- 
cación de carruages y caballerías. 

Ha costado la obra ya hecha, con todos los artículos necesa- 
rios para conducir y sepultar los difuntos, treinta y nueve mil 
pesos, de los cuales la fábrica de la catedral ha contribuido 
cerca de veinte y cinco mil y sobre Prelado Dioo- quien 

ademas sigue costeando de sus rentas la manutención de los 
empleados en dicho obgeto, con la del sacristán v Cap an, su- 
pliendo á este lo que no alcanza el rédito de las o; ellanias 
que le hadado de su dignidad; debiendo ascender el ce to anual 
y permanente de estas atenciones á cerca de tres mil p sos, que 
por no gravaren nada al público con este nuevo orden de 
sepulturas, se ha pensionado á sí mismo este Señor Ilustrisi- 
mo, con ánimo de suplicar áS. -M. que para el mismo fin, y 



— 59 — 
para que sea duradero, se cargue perpetuamente á la Mitra 
con esta pensión. 

La utilidad de esta grande obra y todas sus circunstancias 
me han parecido dignas de hacer una descripción individual 
de ellas. No son menos recomendables la docilidad de este pue- 
blo á las disposiciones de sus muy esclarecidos Gefes, y á la 
generosidad con que el dignísimo Prelado y su Venerable Ca- 
bildo hai contribuido á erigir y decorar ese monumento, in- 
virtiendo unas sumas cuantiosas, sin ninguna esperanza de 
reasumí- as. De este modo han confundido la procacidad de 
Képper y do todos los que han osado decir, que la superstición 
du los í eles y la codicia de los Eclesiásticos habian profanado 
los templos, introduciendo el abuso de sepultaren ellos los ca- 
da ven 



mmm 

PRESENTADO EN JUNTAS GENERALES, 

CELEBRADAS 

POR LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA 

mm s*& m&m¿km& 9 

el 13 de diciembre de 1806. 

Socio numerario en la clase de profesor sobresaliente, Secretario de la 

Junta Central de la Vacuna, y académico corresponsal de la 

Real Academia de Medicina de Madrid. 



El informe que la Junta Central de la vacuna present» al 
Cuerpo Patriótico en las Juntas generales que hoy celebra, 
ocupará un lugar muy distinguido en la historia de la nueva 
inoculación. No consistirá su mérito ni en la brillantez y ener- 
gía de las frases, ni en la novedad y elevación de sus pensa- 
mientos. Providencias activas y eficaces, acciones generosas y 
benéficas, establecimientos consagrados ala conservación déla 
humanidad, millares de vidas preservadas de una epidemia de- 
soladora ¿ qué títulos mas poderosos para que este rasgo me- 
rezca insertarse en los fastos del mas útil descubrimiento ? La 
sencilla relación de estos hechos, será el resumen de los acuer- 
dos celebrados en este año por la Junta Central de la vacuna. 

En todos ellos estimulada y dirigida por el celo y patriotis- 
mo de los ilustres gefes que la presiden, ha empleado eficaz- 
mente los medios mas oportunos para conservar en esta Ciu- 
dad el virus vacuno, y difundirlo por toda la Isla. La comisión 



— &2 — 
encargada de aquel primer objeto de su instituto, se ha presen- 
tado coustan teniente en las Casas Capitulares todos los miér- 
coles y sábados desde las once de la mañana. Fijado el lugar, 
el dia y la hora de vacunar públicamente, y anunciándose siem- 
pre por el Aviso-periódico, no solo ocurren á recibir ese bene- 
ficio los habitadores de esta Ciudad, sino también los del cam- 
po y de los lugares inmediatos. Mensualmente informa la Co- 
misión á la Junta Central del número de personas que se han 
vacunado por ella en este lugar y en los barracones por el Li- 
cenciado D. Marcos Sánchez Rubio. De sus registros consta 
que el presente año han sido 4879 entre párvulos y negros bo- 
zales. 

No satisfecho este profesor con desempeñar los deberes á que 
se ha constituido, ofreció practicar graciosamente la misma 
operación en los barrios-estramuros de Guadalupe, Jesús Ma- 
ña, Jesús del Monte, en el Cerro, en Regla, y en la villa de 
Guanabacoa. Autorizado por este Superior Gobierno, y per- 
mitiendo el Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano inoculase en 
las sacristías de las Iglesias, anunció anticipadamente por el 
Aviso-periódico los dias y las horas en que hablan de ejecutar- 
lo en cada uno de esos lugares. Presentóse en ellos conducien- 
do suficiente número de niños con el grano vacuno, cuyo pus 
comunicó á 446 personas. 

No ha sido esta la única ocasión en que el Ilustrísimo Señor 
Director encargó á sus ministros, así urbanos como rurales, ex- 
hortasen sus feligreses á recibir el nuevo preservativo délas vi- 
ruelas. Para que lo ejecutasen con mas inteligencia y acierto, 
les remitió varios ejemplares de los informes que el Br. Don 
José Govin y yo, presentamos en las anteriores Juntas Gene- 
rales, y cuya impresión fué costeada por S. S. I. Incluyóles 
también una exhortación que se habia dignado escribir, ma- 
nifestando las ventajas de la nueva inoculación sobre la que 
antiguamente se practicaba en todas las naciones cultas; reco- 
mendando la facilidad y sencillez con que aquella se ejecuta; 
alentando la pusilanimidad de algunas almas indiscretamente 
sensibles, reprochándoles al fin de un modo el mas patético con 
los crueles dolores que sufre un virueliento de los últimos ins- 
tantes de la vida, y de los cuales pudo preservarse por una 



— 63 — 
operación incruenta é insensible. La religión, la filosofía, la 
misma naturaleza inspiraron á este dignísimo prelado unos ar- 
gumentos que no lian concebido los mas ilustres corifeos déla 
vacuna. Esta exhortación repetida tres dias festivos en todas 
la iglesias de su Diócesis, ha sido el homenage mas glorioso 
que ha consagrado la filantropía al inmortal autor de ese útilí- 
simo descubrimiento. 

La fuerza de las razones que espone, la autoridad que les in- 
funde el alto carácter del sugeto que las ha dictado, la voz de 
los párrocos, el mismo lugar donde excitaban los pueblos á re- 
cibir la nueva inoculación, todo contribuía á disipar los errores 
de la ignorancia y del fanatismo, y á que deseasen con impa- 
ciencia un antídoto, cuya virtud y eficacia seles anunciaba con 
tanta dignidad. 

Cuando así estuvieron preparados en favor de la vacuna, 
cumplió su munificencia la oferta que les hizo su celo y huma- 
nidad. Tres facultativos expensados por S. S. L, y recomenda- 
dos á los ministros de las iglesias del campo, recorrieron todos 
los pueblos y hasta las haciendas mas distantes. El Br. D. José 
Gregorio de Lezama, destinado á la parte Oriental del obispa- 
do, llegó á la villade Santa Clara por el norte de lalsla, y vol- 
viendo á Managua por el Sur, vacunó 427 personas blancas 
y 199 de color. La parte de sotavento se confió al Br. D. Igna- 
cio García y al cirujano D. Juan Castellanos: el primero, en- 
cargado de comunicar el virus vacuno en los pueblos y hacien- 
das situadas al Sur, lo ejecutó en 856 de sus vecinos; y el se- 
gundo, dirigiéndose por el Norte hasta Mantua, inoculó 1801 
persona. Estas operaciones presenciadas y atestadas por los cu- 
ras ó sus tenientes, acreditan la exactitud con que estos profe- 
sores desempeñaron tan importante comisión. 

Al mismo tiempo que el Ilustrísimo Sr. Director difundía la 
vacuna por toda su dilatada Diócesis, el Señor Presidente, Go- 
bernador} 7 Capitán General, dictaba la providencias mas acti- 
vas para perpetuarla en los principales pueblos de lalsla, y pa- 
ra precaver á esta ciudad del contagio varioloso, que regular- 
mente se ha introducido en ella por los armazones de negros 
bozales. En el presente año han entrado en este Puerto tres 
buques conduciendo algunos de estos negros infestados de las 



— 64 — 
viruelas naturales. En el momento que la visita de sanidad lo 
informó á S. S. no solo prohibió que se desembarcasen ni aun 
los sanos, sino también dispuso que las embarcaciones ancla- 
sen en un parage de la bahía el mas distante de esta población 
y de los caseríos que están en su ribera. Poco satisfecho con 
estas precauciones, ordenó que la Comisión de la vacuna ino- 
culase á todos los negros, y que permanecieran á bordo^ hasta 
que ella le informase estar preservados del contagio varioloso. 

Sin embargo de tanta vigilancia logró introducirse en el hos- 
pital- de San Juan de Dios un joven anglo-americauo con vi- 
ruelas confluentes y malignas, de las cuales falleció pronta- 
mente; mas fué bastante para que difundiéndose el contagio 
por las casas inmediatas, se comunicase á varias personas y mu- 
rieran tres de ellas. La Junta Central luego que comprendió 
esta novedad, la hizo anunciar por el Aviso-periódico, exhor- 
tando áque se precaviesen con la vacuna los que podian ser in- 
festados de las viruelas. En efecto, la concurrencia á las vacu- 
naciones públicas fue estraordinaria en aquellos dias, y por es- 
te medio se contuvo el contagio, quedando reducido á una pe- 
queña parte de aquel barrio. 

Este hecho, aunque funesto para aquellas desgraciadas víc- 
timas de una criminal negligencia, ó de la ignorancia mas su- 
pina, ha sido convenientísímo al bien público y á la opinión 
de la vacuna. Invadiendo las viruelas solamente á los que re- 
husan la nueva inoculación, se escarmienta y confunde su con- 
tumasia, ratificándose mas y mas la confianza de los prosélitos 
de la vacuna. Si desapareciera enteramente la viruela, falta- 
ría el argumento mas incontestable de la eficacia de su preser- 
vativo, y perdiéndose el horror y hasta la idea de aquella en- 
fermedad, no se procuraría precaverla. Es, pues, necesario á 
la conservación del virus vacuno, que haya algunas personas 
tan idiotas ó negligentes que desprecien su virtud para que ce- 
bándose en ellas el contagio valioroso, dejando ilesos á los va- 
cunados, se perpetué aquel fluido benéfico, recomendándose 
con repetidas contra-pruebas. 

Convencido el Señor nuestro Presidente de que la erección 
de Juntas Subalternas era e! medio mas poderoso de radicar 
en los pueblos la vacuna, propuso á la Junta Central se esta- 



— 65 — 
Mecieran no solo en la ciudad de Cuba y en la villa de Sancti- 
Spíritus, sino también en la ciudad de Trinidad y en las villas 
de Puerto Príncipe y Santa Clara. Para facilitar este proyecto 
el mismo Sr. Presidente se encargó de insinuarlo á los Tenien- 
tes Gobernadores de esos lugares, recomendándoles lo propu- 
sieran á sus vecinos, y los estimulasen á realizarlo. El éxito cor- 
respondió á sus deseos: los Ayuntamientos de esos pueblos co- 
nociendo las ventajas que les resultarían, acordaron cuanto 
fué necesario para organizar sus respectivas Juntas, y ocurrie- 
ron á la Central suplicándola les dictase el plan que debían 
observar después de autorizado por este Superior Gobierno. 

El Lie. D. Domingo Várela y Morales, los cirujanos D. Mi- 
guel Meneses y D. Joaquiu de Zepeda, propuestos por el ca- 
bildo de Sancti Spíritus para vocales de su junta Subalterna, 
uniéndose á los ministros y Socios de la Diputación del Cuer- 
po Patriótico que reside en dicha villa, dieron principio á sus 
sesiones desde el 11 de Abril, y entre otros puntos acordaron 
que todos los jueves y domingos se vacunase públicamente. 
Confió este encargo al Lie. Morales, eligiéndole al mismo 
Secretario de la Junta, en consideración al mérito que habia 
contraidp conservando la vacuna en este pueblo desde el mes 
de Marzo, en cuyo tiempo consiguió comunicarla á 316 perso- 
nas. El Br. D. José María Castañeda, que por ausencia del 
Lie. Morales le sucedió en el empleo de Secretario, continuó 
estas vacunaciones auxiliado por D. Miguel Meneses, y en ofi- 
cio que dirigió á la Junta Central el 20 de Octubre le partici- 
pa, que á fines de Setiembre llegaba el número de vacunados 
por ellos á 616, interrumpiéndose desde eutonces esa operación 
por haberse perdido el fluido vacuno: la Junta acordó se le re- 
mitiese por la Comisión, y esta lo egecutó en el próximo correo. 

El Ayuntamiento de Cuba no encontrando arbitrios con que 
gratificar á los profesores á quienes debia confiar la propaga- 
ción de la vacuna, ha demorado la instalación de su Junta. 
No obstante, empezaron á inocularla en las casas Capitulares 
desde el 7 de Setiembre el Dr. D. Miguel Rolland, el Br. D. 
Joaquín Navarro, D. José Caridad, D. Baltasar Segura, D. Ni- 
colás Salazar y D. Juan Castellanos, los cuales ofrecieron ege- 
cutarlo constantemente alternando por semanas, sin exigir 





— 66 - 
ninguna remuneración. Antes de esa época no había carecido 
aquella cuidad de ese beneficio, desde que lo introdujo en ella 
el Dr. Eolland el 11 de Enero de 1804. Este profesor, cuyo ze- 
lo y patriotismo merece la gratitud de sus conciudadanos, ha- 
bia vacunado generosamente á 2625 de ellos. Otros facultati- 
vos egecutaron en mas de 1000 la propia operación. 

Debiendo ser uno de los vocales de la Junta Subalterna de 
Puerto-Príncipe el Cura Vicario de aquella iglesia, el Sr. Pre- 
sidente se dignó escribir al Illmo. Sr. Arzobispo de Cuba, á 
cuya jurisdicción pertenece, exhortándolo á que le prestara su 
anuencia para concurrir á una obra tan benéfica y tan confor- 
me á las piadosas intenciones de S. M. Este Illmo. Prelado 
habiendo recomendado anteriormente la inoculación de la va- 
cuna en una pastoral dirigida á todos sus fieles: accedió pron- 
tamente á solicitud del Sr. Capitán General. 

D. Andrés José de la Parra, Secretario de la Junta Subal- 
terna de la Villa de Sta. Clara y encargado de propagar en ella 
el virus vacuno, lo habia comunicado en los meses de Setiem- 
bre y Octubre á 104 personas. La misma comisión ha desem- 
peñado en Trinidad D. José Silvestre Recio, inoculando des- 
de el 5 de Marzo hasta 18 de Octubre 308. 

El Lie. D. José León Valdes, residente en la villa de S. Juan 
de los Remedios, y el Br. D. Rafael Antonio de la Maza, mé- 
dico déla ciudad del Bejucal, deseando radicaría vacuna en 
estos pueblos de un modo que la autorice y recomiende, repre- 
sentaron á la Junta Central que el modo mas seguro de con- 
seguirlo sería el establecimiento de unas Juntas Subalternas. 
Oyóse esta emoción con todo el aprecio que merece, y después 
de significárselo á esos profesores, se les previno propusieran 
el proyecto á sus respectivos Ayuntamientos, para que estos 
se dirijan á la Junta Central, como lo han ejecutado los de 
otros pueblos. 

La Junta de Sta. Maria del Rosario escitó la emulación de 
todos ellos, y les manifestó las ventajas que proporcionan se- 
mejantes establecimientos, siempre que sean dirigidos por 
unos presidentes tan interesados en la salud pública como lo 
han sido los de aquella Junta, y por unos facultativos que imi- 
ten la coiistaucia y humanidad de su Secretario el Br. D. José 



— G7 — 
Govin. Aun no residiendo en esa Ciudad lia concurrido á to- 
das las sesiones celebradas en el presente año, y superando 
muchas y grandes dificultades, ninguna semana lia dejado de 
vacunar en ella, ó en los partidos del Calvario, Xiaraco y Ma- 
nagua, participando inmediatamente sus acuerdos y operacio- 
nes á esta Junta Central. De ese modo ha conservado cons- 
tantemente el fluido vacuno, comunicándolo sin interés algu- 
no en Santa Maria del Rosario y su jurisdicción á 348 vecinos, 
en el Calvario á 387 y en Managua á 485. 

No son estos los únicos facultativos ilustrados y benéficos 
que han contribuido á los progresos de la nueva inoculación. 
El Br. D. Estevan Gonazara, continuando sus operaciones en 
el pueblo de San José de las Lajas con el mismo acierto que 
en los años antecedentes, presentó á sus moradores un niño 
con los granos vacunos, y los exhortó á recibir su pus con un dis- 
curso tan enérgico que le entregaron en el mismo acto 38 pár- 
vulos para que les comunicase aquel preservativo, y sucesiva- 
mente otros 343. La Junta Central no satisfecha con hacer im- 
primir en el Aviso-periódico este rasgo de su victoriosa elo- 
cuencia, le concedió el titulo de diputado por ella para propagar 
la vacuna en aquellos pueblos. 

Son también muy loables los esfuerzos que ha hecho D. Jo- 
sé Matias Martínez para radicaría en los palacios y en toda la 
jurisdicción de Filipinas. Hasta el 30 de noviembre habia va- 
cunado 417 personas, y cuando llegó á los Palacios D. Juan 
Castellanos, lo proveyó del virus necesario para continuar su 
comisión. 

La villa de Guanabacoa no ha carecido de un facultativo de- 
dicado á comunicar generosamente ese fluido benéfico: este ha 
sido el Br. D. Rafael Valdés, el cual inoculó en los meses de 
abril y mayo 209 vecinos. 

Resulta, pues, que en el presente año se han vacunado en 
toda la Isla 15824 habitadores. Estos, y todos los demás que 
han recibido el mismo beneficio, y cuya suma no se puede cal- 
cular con exactitud, porque muchos profesores no han cuidado 
de numerarlos, todos ellos preservados de una enfermedad que 
cercenaba al menos una décima parte del género-humano, au- 
mentarán considerablemente la población de esta colonia, y 



— 68 — 
fomentarán su agricultura, sus artes y comercio. Convencidos 
por propia esperiencia de la eficacia de la vacuna, la transmi- 
tirán á sus hijos con la mayor confianza y complacencia. Y 
cuando estos admiren la hermosura y perfección de su nume- 
rosa prole; cuando la viruela, ese monstruo devorador de laju- 
ventud, ecsista solamente en los fastos nosológicos, entonces 
los padres sensibles mostrando á su hijos el cuadro horroroso 
que representa los caracteres y estragos de esa enfermedad, los 
harán pronunciar y bendecir el nombre gratísimo de aquel ge- 
nio, cuyas indagaciones han sido mas benéficas á la humani- 
dad, y mas gloriosas á su nación que los proyectos científicos 
de Verulamio y los cálculos de Newton. SI nombre de Jenner 
será la primera palabra que articulen esas lenguas balbucien- 
tes. Repetirán después el de aquel monarca pió, generoso ilus- 
trado que nos remitió ese don, incomparablemente mas pre- 
cioso que las perlas y el oro que le tributa nuestro amor y fide- 
lidad. Tampoco ignorarán los nombres ilustres de aquellos ge- 
fes á quienes las Juntas Central y Subalternas han debido su 
existencia y conservación. Y vosotros, carísimos amigos y com- 
pañeros, Cózar y Sánchez Rubio, dignos vocales de la Junta 
Central y de la Comisión de la vacuna, vosotros cuya inteli- 
gencia é infatigable constancia ha preservado las vidas de tan- 
tos ciudadanos, también merecéis la gratitud de las generacio- 
nes futuras. 



RELACIÓN 

DEL. OBSEQUIO QUE SE HIZO 
AL SERENÍSIMO SEÑOR 

PRÍNCIPE GENERALÍSIMO 

I). IMW NDIDIDI, 

CON MOTIVO DE SU ELEVACIÓN 

A I,A DIGNIDAD 

BE ALMIRANTE GENERAL EN ESPAÑA 
E INDIAS, 

el señor Intendente de ejército Don Rafael Gómez Roubaud, 

Superintendente Director General de la Renta de Tabacos 

en esta Isla, el 23 de setiembre de 180T. 

ESCEIBIALA 

DR. i. TOMAS ROM AY, 



AL PUBLICO. 

Deseaudo el Señor Intendente del ejército D. Rafael Gómez 
Roubaud, Superintendente Director General de la Renta de 
Tabacos, manifestar su júbilo y complacencia por la elevación 
de S. A. Serenísima el Señor Príncipe Don Manuel Godoy, 
Generalísimo de las Armas, á la dignidad de Grande Almiran- 
te en España y en las Indias, y por el restablecimiento del tri- 
bunal del Almirantazgo, ha dispuesto se engalane la Real Fac- 
toría y todo su rededor el veinte y tres del corriente. Dentro 
de ella estarán colocados con el decoro y maguificencia posible 



— 70 — 
el Real Retrato de Nuestro Augusto Soberano y el de S. A. 
Serenísima, en el testero de la gran galena principal con la 
iluminación, entreoirás, de veinte y una arañas de cristal; y si 
el tiempo lo permite, se iluminará exterior é interiormente to- 
do el edificio, sus contornos y avenidas. 

Para que el pueblo pueda disfrutar desde las oraciones de un 
divertimiento agradable, habrá varias músicas repartidas en el 
muelle, en la portada que se ha dispuesto, y en los arcos que 
se han formado; á las demás personas, con particularidad las 
de distinción, que gustaren igualmente concurrir, se les ha des- 
tinado en el interior de la casa una buena y escogida serenata 
de cuarenta músicos, y serán recibidas y colocadas con el cui- 
dado, atención y miramiento propios de su caráter; para lo que 
el Señor Superintendente tiene dadas todas sus disposiciones á 
fin de evitar incomodidades, y agradecerá á las mismas perso- 
nas de distinción que se dignen acompañarle á unos obsequios 
que dedica con tan noble objeto, y al reconocimiento de las 
bondades concedidas por S. A. Serenísima. Y habiendo varios 
de estos propios sugetos pedido y deseado ver la mesa de no- 
venta cubiertos, y el ramillete alegórico en que el mismo dia 
se ha de celebrar el convite y el brindis por la importante sa- 
lud y ecsaltacion de S. A. Serenísima, ha ordenado también el 
mismo Señor Superintendente quede abierta é ilumiuada con 
toda brillantez esterior é interiormente su habitación, y la gran 
pieza del banquete, para que este otro objeto sirva de diversión 
á los que gusten asistir á dar todo el lucimiento que apetece y 
anhela. 

A este fin, y para el complemento de tales obsequios, ha 
dispuesto el Señor Marques de Someruelos, Presidente, Gober- 
nador y Capitán General, que el castillo de Atares que mira á 
la Real Factoría y se halla próximo á ella, salude al cañón en 
el acto de brindar por S. A. Serenísima; y el Excmo. Señor 
Don Juan María Villavicencio, Comandante General de Ma- 
rina, ha mandado, con tan aplausible motivo, si sitúen las lan- 
chas cañoneras empavesadas frente al muelle de la Real Fac- 
toría, para que al mismo tiempo hagan el propio saludo: cuyas 
dignas disposiciones de dichos Señores gefes en obsequio de 
S. A. han llenado de gozo al Señor Superintendente por las 



— 71 — 

consideraciones que merece, y se completará su júbilo y grati- 
tud si el pueblo con su acostumbrada urbanidad, observa las 
leyes de la policía, y verifican su asistencia las personas dis- 
tinguidas. 

Habana 21 de Setiembre de 1807. 



— 72 — 



CARTA DE CONVITE. 



El Intendente de Ejército D. Rafael Gómez Roubaud; 
Superintendente Director General de la Real Renta de Taba- 
cos en esta Isla, suplica á V. se sirva acompañarle á comer en 
la Real Factoría el 23 del corriente á las 2 en punto, y á brin- 
dar, con las primeras Autoridades de esta Plaza, por la impor- 
tante salud y exaltación de S. A. Serenísima, EL SEÑOR 
PRINCIPE DON" MANUEL GODOY, Generalísimo de las 
Armas, á la dignidad de Almirante General en España é In- 
dias, y Protector del Comercio en todos los dominios del REY. 

Habana 19 de Setiembre de 1807. 



La elevación á S. A. Serenísima el Sr. Príncipe generalísi- 
mo D. Manuel Godoy, á la dignidad de grande Almirante de 
España y de las Indias, y restablecimiento de ese importantí- 
simo Tribunal, no ha sido menos plausible al Sr. Intendente 
de Egército D. Kafael Gómez Roubaud, Superintendente Di- 
rector General de la Renta de tabacos de la Habana, que á los 
otros Señores Gefes de la misma plaza. Ademas de las circuns- 
tancias personales que escitaban en S. Sria. la mas sincera sa- 
tisfacción, por la nueva honorífica preeminencia de S. A. Se- 
renísima, los empleos que egerce en esta ciudad le obligaban 
á manifestarla de un modo sensible y decoroso. Como Inten- 
dente de Real Hacienda prevee y se complace del incremento 
que debe resultarla protegida la marina mercantil por el tri- 
bunal del Almirantazgo: como Superintendente de la Renta de 
Tabacos no desconoce, que facilitándose la esportacion de los 
frutos de esa colonia, progresará necesariamente su agricultu- 
ra, fomentándose también el cultivo de aquella preciosa plan- 
ta, que tantas veces le ha recomendado S. M. poniéndola bajo 
su inmediata y única dirección. 

Tan justos y nobles motivos obligaron al Sr. Superinten- 
dente á dar una prueba nada equívoca de su júbilo por las fu- 
turas prosperidades de la nación, y de su gratitud á las merce- 
des recibidas de S. A. Serenísima. La estension y comodidad 
de la Real Factoría de Tabacos le brindaba cuanto desear po- 
día para una función la mas brillante y concurrida. Este edifi- 
cio no solo escede á todos los demás de la Habana en capaci- 
dad y en el repartimiento de sus piezas, sino también en su deli- 
ciosa situación. Fundado en la misma ribera del fondo de la 
bahía, tiene á su izquierda los talleres, gradas y almacenes 
del Real Arsenal, y tras ellos se descubre una parte conside- 

10 



— 74 — 

rabie de este Pueblo. Su frente hacia el medio dia le propor- 
ciona tanta variedad de objetos, que difícilmente pueden reu- 
nirse en el mas hermoso pais. Embarcaciones carenándose y 
arboladas^ grandes y pequeñas surcando aquellas aguas casi 
inalterables; arroyos que descienden á ellas; el castillo de Ata- 
res situado á corta distancia sobre una eminencia en la mar- 
gen opuesta; colinas elevadas y desiguales, valles profundos 
que dilatan el horizonte, siempre cubiertos de todas las gra- 
cias y dones de la Primavera y del Otoño; caseríos, quintas y 
pueblos esparcidos enlaestension de seis leguas; tal es el cuadro 
que se presenta á la vista desde los balcones de la Real Factoría. 

A estas bellezas constantes se añadieron el dia veinte y tres 
de Setiembre cuantos adornos pudo inventar el mas grande 
deseo de complacer y de lucir. Ciento noventa banderas de di- 
versos colores flameaban en los tejados y azoteas de esa casa. 
Todas las piezas de la habitación del Sr. Superintendente, y 
algunas otras de la Factoría estaban alhajadas con muebles de 
mucho gusto y valor. Destinóse para un convite de noventa 
cubiertos la mas grande y cómoda de sus salas. Una colgadu- 
ra de color rosado con flecos blancos, recojida á trechos con 
cordones y borlas iguales á la guarnición, y entrelazada con 
festones de laurel; arañas y bombas de cristal, cornucopias do- 
radas y países muy vistosos, adornaban sus paredes y techo. 
El pavimiento lo ocupaba una mesa de treinta varas de largo, 
cuyo ramillete era un canal de veinte y siete, con una de an- 
cho y una tercia de elevación, lleno todo de agua y con varios 
pececillos nadando en ella. En su estremo principal pendía de 
una cadena de oro, entre las columnas de Hércules, el Real 
escudo de las armas de S. M., y tras ellas un muelle semejante 
al de la Factoría. Al estremo opuesto se colocaron entre otras 
dos columnas, las armas del Serenísimo Sr. Príncipe Almiran- 
te, y á continuación la grada de un navio de ochenta cañones 
de una vara de longitud, el cual tenia un costado perfectamen. 
te concluido, y el otro en esqueleto; obra de mucho gusto y 
de tanta inteligencia que puede presentarse por modelo. 

Cuatro promontorios de peñas marítimas dividían el canal 
en cinco partes. Sobre los dos mayores se elevaban tres cuar- 
tas dos templos esféricos de mármol con ocho columnas de ór- 



— 75 — 
don jónico, doradas sus basas, chapiteles y cornisas. En el uno 
estaba la imagen de Anfitrite, y en el otro la de Neptuno. So- 
bre los otros dos peñascos habia otros dos templos mas pe- 
queños de alabastro oriental; el uno consagrado á la paz, 
y el otro á la inmortalidad. Once embarcaciones de diversos 
portes flotaban en el canal: cinco de ellas eran todas de crista, 
les de diversos colores, y hasta los aparejos tan finos y bien 
colocados como si fueran de seda; las otras cuatro de madera 
pintadas y doradas. El centro de este ramillete alegórico lo 
ocupaba otro navio de ochenta cañones á la vela, cuyo casco 
tenia mas de una vara de largo, todo su aparejo banderas y 
velamen era de seda, y en el palo mayor estaba enarbolada la 
insignia del Serenísimo Sr. Príncipe Almirante con sus armas 
bordadas de oro. 

La parte esterior del canal se habia cubierto con riscos y 
arena, adornándola con ovas, conchas y otras producciones 
marinas. Entre ellas se presentaban á igual distancia veinte y 
ocho Ninfas de alabastro en diferentes actitudes, sosteniendo 
otros tantos escudos de armas perfectamente pintados de co- 
lores, en láminas de seis pulgadas de largo y tres y media de 
ancho. A la derecha de las Reales armas seguian las del Esce- 
lentísimo Sr. primer Secretario de Estado; las del Esoelentísi- 
mo Sr. Patriarca Vicario General de la Armada; la cifra (1) 
del Escelentísimo Sr. D. Ignacio María de Alaba; la del Sr. 
Auditor General del Almirantazgo: las del Sr. Contador del 
mismo Cuerpo; las armas de esta Ciudad de la Habana, y la 
del Sr. Marqués de Someruelos, Presidente, Gobernador y Ca- 
pitán General de ella y de toda la Isla. 

Por el lado izquierdo las del Excelentísimo Señor Ministro 
de Estado y de Hacienda; las del Señor Tesorero General del 
Reino, las cifras del Excmo. Sr. D. Antonio Escaño, y la áe\ 
Excelentísimo Señor D. José Justo Salcedo; las armas del Ex- 
celentísimo Señor D. Feliz de Tejada, Capitán General del 
Departamento del Ferrol, las de la Real y Pontificia Universi- 
dad de la Habana, y las del Ilustrísimo Señor Don Luis Penal- 
ver y Cárdenas, ex-Arzobispo de Goatemala. 

(1) Por ignorarse los escudos de armas de los Señores Ministros que comporten 
el Consejo Supremo del Almirantazgo, se pusieron sus cifras en figura de escudo 
con lo9 atributos y distinciones que ácada uno de dichos Señores corresponde. 



— 76 — 

A continuación de las armas de su S. A. Serenísima se colo- 
caron por la derecha las del Escelentísimo Señor Ministro de 
Estado de Gracia y Justicia y de la Guerra; las del Escelentísi- 
mo Sr. Baylio Frey Don Antonio Valdés y Bazan, Capitán 
General de Marina; la cifra del Señor Intendente General del 
Almirantazgo; las armas del Escelentísimo Señor Don José 
Mazarredo, Capitán General del Departamento de Cádiz; la ci- 
fra del Escelentísimo Señor Tesorero General del Almirantaz- 
go; las armas de la Real Sociedad Económica de la Habana, y 
las del Ilustrísimo Señor Don Juan José Diaz de Espada, Obis- 
po de esta Diócesis. Seguían por la izquierda de las armas del 
Serenísimo Señor Príncipe Almirante las del Escelentísimo 
Señor Ministro de Estado y de Marina; las del Escelentísimo 
Señor Don Francisco de Borja, Capitán General del Departa- 
mento de Cartagena; la cifra del Señor Don José de Espinosa 
Tello, Secretario del Almirantazgo; las armas de la Real So- 
ciedad Económica de San Lúcar de Barrameda; (1) las del Se- 
ñor Superintendente Director General; las del Real Consulado 
de la Habana; y las del Escelentísimo Señor Don Juan María 
Villavicencio, Comandante General de este Apostadero. 

No se esmeró menos el Señor Superintendente en decorar 
los contornos y avenidas de la Real Factoría. En la puerta de 
su atrio se pintó al fresco por el Señor Peruani (2) una porta- 
da sencilla pero magestuosa, colocando en ella una lápida con 
esta inscripción: 

AL GRAN ADMIRANTE, 

El- SUPERINTENDENTE. 

Desde aquí hasta la puerta de la Ciudad, llamada del Arse- 
nal, se habían plantado la noche anterior en toda la estension 
de esa calzada, dos hileras de hermosos árboles, y á proporcio- 
nada distancia arcos de ramos y palmas adornados con flores y 

(1) A causa de ser el Señor Superintendente Socio de mérito de la Real Sociedad 
de San Lucar de Barrameda, su patria, y tener este cuerpo patriótico por su Direc- 
tor perpetuo al Serenísime Señor Príncipe Generalísimo Almirante, colocó S. Seño- 
ría su escudo de armas. 

(2) Este hábil profesor que tantas pruebas ha dado de su inteligencia y buen 
gnsto, dirigió también el ramillete y demás adornos de la casa. 



- 77 — 
frutas naturales. La repentina aparición de esta alameda sor- 
prendió y agradó tanto como su orden y frondosidad. 

Seis músicas de otros tantos regimientos de esta guarnición, 
se situaron desde las doce de aquel dia en la glorieta formada 
en la esquina del Real Arsenal, en la portada del atrio de la 
Factoria, en su muelle, en sus dos ángulos al occidente, y en 
la puerta de la habitación del Señor Superintendente. Toca- 
ban con frecuencia alegres piezas, especialmente cuando llega- 
ron el Señor Marques de Someruelos, Presidente, Gobernador 
y Capitán General, el Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano, el 
Ilustrísimo Señor ex- Arzobispo de Goatemala, los Señores Ge- 
fes de los Cuerpos militares, políticos y económicos de esta 
Ciudad, y varios otros Caballeros particulares convidados á co- 
mer. A las dos de la tarde se presentó en una falúa muy enga- 
lanada el Escelentísimo Señor Don Juan María Villavicencio, 
Comandante General de este Apostadero á la vanguardia de 
catorce lanchas cañoneras empavesadas que le seguiau al re- 
mo; y después de algunas evoluciones anclaron en linea frente 
al muelle de la Factoria, y Su Escelencia desembarcó en él 
acompañado de varios Oficiales de la Real Armada. 

A las tres se principió el banquete, y entonces pareció la 
mesa mas hermosa por la simetría y variedad de los manjares 
que contenia, tan abundantes como delicados, servidos todos 
en plata, y los postres en porcelana muy fina. Los celebrados 
vinos de Constanza y del cabo de Buena Esperanza se reserva- 
ron para brindar por la importante salud y elevación de S. A. 
Serenísima el Señor Don Manuel Godoy á la dignidad de 
Grande Almirante de España y de las Indias. El Señor Supe- 
rintendente ejecutó este plausible obsequio en consorcio de to- 
dos los Señores Gefes militares, civiles y eclesiásticos de esta 
Ciudad, de su muy Ilustre Ayuntamiento, y demás Cuerpos 
políticos, literarios y económicos. Luego que concluyó S. Se- 
ñoría resonaron á un tiempo dos orquestas que habían tocado 
alternadamente todo el tiempo de la comida; y por orden del 
Señor Presidente, Gobernador y Capitán General, saludó con 
su artillería el castillo de Atares. Las lanchas cañoneras, que 
para este efecto habían sido conducidas, repitieron el propio 
saludo; concluyéndose aquel acto con los vivas y aclamaciones 



— 78 — 
de los concurrentes, la armonía de los instrumentos y el hor- 
rísono estampido del canon; cuyo contraste de sonidos llevo 
hasta el estremo la alegría y complacencia de todos los circuns- 
tantes, pero sin propasar los límites de la circunspección y de- 
coro. Y para que todos los dependientes de la Factoría parti- 
cipasen del júbilo y generosidad del Señor Superintendente, 
dispuso otra mesa de cuarenta cubiertos, la cual fué servida 
con la misma esplendidez y delicadeza que la principal. 

Entre tanto, el espacioso pórtico de aquella casa, las calles 
del barrio de Jesús María, en cuyo estremo está edificada, la 
calzada del Arsenal y hasta el Campo de Marte se llenaba de 
un gentío inmenso, que concurría en tropas de esta Ciudad y 
de sus arrabales, á gozar del espectáculo que se le habia ofre- 
cido desde el dia anterior por medio de un papel público. La 
noche lejos de interrumpir la concurrencia y privarla de los 
objetos que tanto la embelesaban, aumentó el número de aque- 
lla y la hermosura de estos. Las seis músicas continuaron to- 
cando en los mismos lugares que habían ocupado aquella tar- 
de: seis mil trescientos morteretes ardiendo en los terrados y 
azoteas de aquel edificio; dos mil entre hachas, bujías ó coda- 
les en su interior; mil setecientas ombas y faroles de cristales 
colocados en los portales y avenidas, disipaban las tinieblas á 
mucha distancia; y vista aun mas lejos la grande claridad que 
resultaba de diez mil luces reunidas con un orden simétrico, 
presentaba la Real Factoría un espectáculo estraordinario que 
sorprendía y admiraba. 

Francas sus puertas á todo el pueblo, recibía el Sr. Superin- 
tendente con el mayor agrado y urbanidad á las personas de 
distinción que se dignaron concurrir; recomendándolas des- 
pués á varios sugetos que habia encargado las acompañaran y 
mostraseu cuanto podía interesar su atención. La merecieron 
hasta las piezas mas interiores de su morada; pero mas dete- 
nidamente la sala en que se dio el convite, cuyo ramillete se 
habia también iluminado, y la galería en que estaban coloca- 
dos con el mayor decoro y magnificencia, los retratos del REY 
Nuestro Sr. y del Serenísimo Príncipe Almirante. Su colgadu- 
ra era igual ala que tenia la pieza en que se sirvió la comida 
y ademas de las muchas luces contenidas en las bombas que 



— 70 — 
pendían de sus arcos, y en las cornucopias doradas clavadas 
en las paredes, veinte y una arañas de cristal eran muy sufi- 
cientes para la mas brillante iluminación. Cuarenta músicos 
escogidos separados en dos coros, tocaron hasta las diez de la 
noche las mejores sinfonías de Hayden y de Pleyel. 

Después de aquella hora, inflamada la juventud con la ar- 
monía de los instrumentos, y encontrando reunido en aquel lu. 
gar cuanto puedo conducir al baile mas agradable y lucido, 
suplicó al Sr. Superintendente permitiera ejecutarlo, confian- 
do en su afabilidad y franqueza accedería gustoso á esa solici- 
tud. No fueron vanas sus esperanzas; S. Señoría que solo as- 
piraba á complacer y contribuir á cuanto pudiera realzar esta 
función, hizo separar las orquestas colocando una de ellas en 
el extremo opuesto de aquella grande pieza, para que sin con- 
fundirse danzaran á un mismo tiempo en diferentes partes. 
Así se ejecutó con el mejor orden y respeto hasta la madruga- 
da del dia siguiente, en que cansado y satisfecho de divertirse 
y reconocido á los obsequios y atenciones del Sr. Superinten- 
dente, se retiró de aquella casa un concurso muy numeroso de 
personas de todas clases y condiciones. ~Y por que algunas no 
pudieron ver entonces el ramillete y demás adornos estraordi- 
narios de ella, dispuso S. Señoría que nada se alterase, y que 
por otros cinco dias quedase todo en el mismo estado, y visible 
á cuantos sugetos se presentasen con alguna decencia. 



— 80 — 



Con el Señor Marqués de Someruelos, Presidente, Gober- 
nador y Capitán General de esta Isla, y con todo el Ejército 
del REY Nuestro Señor. 

Con el Excelentísimo Señor D. Juan Maria Villavicencio, 
Comandante General de Marina en este Apostadero, y con to- 
do el Cuerpo de la Real Armada. 

Con el Ilustrísimo Señor D. Juan José Díaz de Espada, 
dignísimo Obispo de esta Diócesis, con el Ilustrísimo Señor 
D. Luis Peñalver y Cárdenas, ex-arzobispo de Guatemala, y 
con todo el Estado Eclesiástico, secular y regular: 

Con el Cuerpo de Real Hacienda. 

Con el Muy Ilustre Ayuntamiento, Ciudad y pueblo de 
la Habana. 

Con los Señores Prior, Cónsules, Junta Consular y Cuer- 
po de Comercio. 

Con la Real Sociedad y Junta Patriótica. 

Con la Real y Pontificia Universidad, y con los Gefes 
Oficiales y Subalternos de la Real Factoría y Renta de Taba- 
cos; brinda el Superintendente Director General de ella por la 
importante salud, y exaltación de S. A. Serenísima, EL SE- 
ÑOR PRINCIPE DON MANUEL GODOY, Generalísimo 
de las Armas, á la dignidad de Almirante General de España 
é Indias, y Protector del Comercio en todos los dominios del 
REY; que VIVA. 



— 81 — 



SEÑOR PRESIDENTE GOBERNADOR V CAPITÁN GENERAL, 



En cumplimiento de la orden de V. E. pasé la tarde del 11 
del corriente á reconocer las aguas del pozo del castillo del 
Príncipe, en presencia de los Sres. Comandantes de Ingenie- 
ros y de aquella fortaleza, el Ministro Interventor de Real Ha- 
cienda y del Proto-médico Regente Dr. D. Nicolás del Valle. 

Habiéndose estraido á las dos de aquella misma tarde toda el 
agua que contenía, observamos que á las cinco habia recibido 
nueve pulgadas, que equivalen á tres por hora. Probamos el 
agua del citado pozo y no la encontramos desagradable al gus- 
to. La comparamos con la de la Zanja y la lluvia poniendo ca- 
da una de ellas en tres diferentes vasos, y sin embargo que per- 
manecía muy turbia el agua del pozo y saturada de partículas 
terreas; calculada su gravedad específica con el areómetro de 
Baumé, resultó que no era mas grave que la lluvia, y sí mas 
leve que la de la Zanja. La temperatura era en esta y en la del 
pozo igual á la de la atmósfera, pues estando el Termómetro 
de Farenheit en los 76 grados, permaneció en el mismo pun- 
to después de haber estado sumergido un minuto en cada una 
de estas aguas; en igual tiempo bajó en la lluvia á los 74. 

La tintura de apallasno produjo en ninguna de las tres la 
menor alteración, prueba de que no contienen ni hierro, ni vi- 
triolo: el nitrato de plata las dio á todas un color de violetas 
en la parte superior, mas claro en el agua del pozo y en la llu- 
via que en la de la Zanja, resultando después en esta un preci- 
pitado parduzco. 

11 



— 82 — 

Antes de sacar del pozo el agua que analizamos, vimos cu- 
bierta toda su superficie con una nata atornasolada, el olor y el 
sabor del agua era bastante para persuadirnos que el cuerpo 
que sobrenadaba en ella era un petrolio disuelto con todas las 
propiedades de aceite escurial, en cuyo estado los químicos lo 
llaman naphta. Las piedras que poco antes se babian sacado 
del fondo del pozo eran ollares, de un color muy oscuro y en 
su olor y sabor manifestaban estar saturadas de petrolio. Fi- 
nalmente, el Comandante del Castillo, me dio un pedazo como 
de dos onzas de este mineral puro y concreto estraido ante- 
riormente del mismo lugar, el cual aplicado á la llama de una 
vela se inflamó y derritió prontamente presentando todos los 
caracteres déla pez mineral llamada vulgarmente chapapote. 

Resulta, pues, de este ensayo, que en el citado pozo existe 
una mina de petrolio disuelto y concretado, en cuyas partículas 
mezclándose con el agua lejos de privarla de aquellas cualida- 
des físicas que la hacen potable y preferible al agua de la Zan- 
ja, le comunican también algunas virtudes medicinales. 

El petrolio y las aguas saturadas con este aceite mineral, for- 
tifican el estómago y todos los nervios, disuelven los humores 
crasos, y han solido curar la perlesía y el reumatismo. 

Dios guarde á V. E. muchos años. Habana y Marzo 19 de 
1807. 

Señor Marques de Someruelos, Presidente Gobernador y Capitán 
General de esta Ciudad é Isla. 



INFORME 

Leído en Juntas Generales celebradas por la Real So- 
ciedad Económica de la Habana el 15 de Enero de 
1808, por el Dr. D. Tomas Boma?/, socio numera- 
rio en la clase de profesor sobresaliente, secretario 
de la Junta Central de la Vacuna, académico de la 
Real Academia de Medicina de Madrid, y Médico 
honorario de la Real Familia. 

Se realizaron en el año 1807 los proyectos que en el anterior 
habia concebido la Junta Central de la Vacuna para radicaría 
en los principales pueblos de esta Isla. Organizar sus Juntas 
subalternas, proveerlas del virus vacuno, inspirarles los me- 
dios de conservarlo, remitirlo á paises ultramarinos, propagar- 
lo constantemente en esta ciudad y en sus barrios estramuros; 
hé aquí el resultado de las doce sesiones celebradas mensual- 
mente el año próximo pasado, por esa Junta filantrópica: 

En las 10-4 vacunaciones ejecutadas en las casas Capitulares, 
anunciándose siempre por el Aviso-periódico el dia y labora, 
han recibido el nuevo preservativo de las viruelas 1286 perso- 
nas. El Dr. D. Marcos Sánchez Rubio, ademas de asistir á es- 
tos actos con la mayor exactitud, ha inoculado en los barraco- 
nes 1428 negros bozales. 

Al tiempo de hacer aquellas vacunaciones públicas se han 
cargado con ese eficaz virus 84 cristales, para remitir 8 á Ma- 
tanzas, 2 á Filipinas, 4 al Bejucal, 2 al hospital del Consulado, 



— 84 — 
2 al Corralillo, 6 á Puerto Príncipe, 2 á Baracoa, 2 al Guaya- 
val, 2 á San Diego, 10 á Alquizar, 12 á Nueva Orleans, 2 á San 
Juan délos Remedios, 4 San Antonio, 2 á San Gerórnimo, 2 á 
Santiago, 2 á Guanajay, 2 á la Güira, 2 Ceiba Mocha, 2 al 
Quivican, 2 á Rio-Blanco, 2 á Jaruco, 2 á Managua, 6 á Cu- 
maná, 2 á Guara, 4 á la villa de Santa Clara y 6 á San Luis. 

No solo en las casas Capitulares y en los barracones han 
inoculado públicamente la vacuna los facultativos de su Co- 
misión. El Ilustrísimo Sr. Obispo Diocesano, que no omite 
ocasión alguna de recomendarla y proporcionar á su grey to- 
do el bien posible, asi en el orden moral como en el físico, 
comprendió que seria muy oportuno vacunar á los párvulos y 
adultos que se presentaban á recibir el sacramento de la Con- 
firmación. Lo propuso con aquella unción y energía que ca- 
racteriza SU3 discursos, y el pueblo dócil á la voz de su digní- 
simo Prelado, y convencido por la fuerza de las razones que 
les exponía, accedió con la mayor prontitud y complacencia. 
El Dr. Sánchez Rubio, que acompañaba á S. S. I. en estos ac- 
tos, inoculó en las sacristías de las iglesias ausiliares de esta 
ciudad y de sus barrios extramuros 846 personas. 

Como la indigencia y la distancia, mas bien que la falta de 
confianza' en la vacuna, impedia á los vecinos de esos barrios 
ocurrir á las casas Capitulares á inocular sus hijos y domésti- 
cos, los facultativos D. Francisco Sandoval y D. Juan Bautista 
Soriano ofrecieron á la Junta Central vacunarlos gratuitamen- 
te en las sacristías de sus respectivas iglesias, siempre que lo 
permitiera el limo. Sr. Obispo Director, y previniese á los 
Párrocos anunciaran á sus feligreses el dia y la hora de las va- 
cunaciones, exhortándolos á concurrir á ellas. S. S. I. anuen- 
te á sus instancias, ordenó cuanto solicitaban, y con estos au- 
silios el Br. Sandoval inoculó en Guadalupe 122 vecinos y el 
Br. Soriano en Jesús María 63. 

Presidir todas las sesiones de la Junta Central; autorizar los 
planes que ha dirigido para la erección y gobierno de las su- 
balternas; recomendar su observancia á las Autoridades de los 
pueblos interiores; proporcionar arbitros con que gratificar á 
los facultativos encargados de conservar y difundir en ellos el 
virus vacuno; no han sido las únicas pruebas que le ha dado 



— 85 — 
de su protección el Señor Presidente Gobernador y Capitán 
General. Sus benéficas providencias lejos de limitarse á pro- 
pagar el nuevo preservativo de las viruelas, se han estendido 
con la misma eficacia á impedir se introduzcan en esta Ciudad 
ese mortífero contagio. Apenas informó á S. S. en el mes de 
Octubre la visita de sanidad que habia entrado en este puerto 
una embarcación con negros bozales, y que dos de ellos tenían 
viruelas naturales, prohibió que ninguno se desembarcarse, y 
que el buque anclara en el parage de la bahia mas distante de 
esta población, y de los caseríos situados en su ribera. Dis- 
puso inmediatamente que la Comisión de la vacuna inocu- 
lase á todos los sanos, y que los dos enfermos fuesen trasladados 
á otra embarcación. A los primeros no se les permitió desem- 
barcar hasta que la misma Comisión participó á S. S. hallarse 
absolutamente libres del contagio varioloso; y para mas pre- 
servar á este pueblo, se les hizo lavar sus cuerpos y ropas, pu- 
rificándose todo después y hasta el mismo buque y su carga, 
mentó, con las fumigaciones ácido minerales de Morveau. Los 
otros dos negros viruelientos se detuvieron á bordo 40 dias, y 
fueron también purificados con el propio aparato. 

Estas precauciones evitaron entonces introducirse en la Ha- 
bana esa epidemia desoladora; y aunque anteriormente apare- 
ció en ella, fué su duración tan efímera, que en el Cementerio 
público solamente se han sepultado en todo el año anterior dos 
cadáveres de párvulos viruelientos ¡Que diferencia tan enorme 
comparada con la mortandad del año 1804, en el cual se inhuma- 
ron en una sol a Iglesia cerca de 800 víctimas de esa enfermedad! 

No han sido menos felices los demás pueblos de la Isla, sin 
duda por los progresos que hace en ellos la vacuna. La Junta 
subalterna de Santa María del Rosario ha continuado sus se- 
siones con el mismo zelo y patriotismo que la ha distinguido 
desde su erección. Nada ha podido interrumpir sus tareas, ni 
privar á su Secretario el Br. D. José Govin concurrir á todas 
ellas. Este infatigable profesor ha vacunado constantemente 
un dia en cada semana en ese pueblo, ó en los del Calvario, 
Xiaraco y Managua 657 personas. Esta Junta ha excitado hasta 
ahora la emulación de las subalternas, y merece se les propon- 
ga por modelo en todas sus operaciones. 



— 86 — 

La de Santí-Spíritus que había interrumpido sus sesiones 
desde el 11 de Abril de 1805, volvió á reunirse el 30 de Diciem- 
bre del siguiente año; y desde aquella fecha hasta el mes de 
Abril anterior habia vacunado su Secretario el Br. D. José Ma 
Castañeda 188 personas. 

En 2 de Enero de 1806 quedó establecida y organizada la 
Junta subalterna de la ciudad de Trinidad; pero su Secretario 
el Licenciado D. José Silvestre Recio no me ha instruido, como 
debia, ni de los acuerdos que ha celebrado, ni de las personas 
que han sido vacunadas en el año próximo anterior. 

Con mas exactitud ha procedido D. Andrés José de la Par- 
ra, Secretario de la Junta de la villa de Santa Clara, erigida 
' el 3 de Marzo. En las diferentes sesiones que ha celebrado, 
presididas muchas de ellas por el Teniente Gobernador D. Ig- 
nacio Curo, le propuso un recurso muy poderoso para que ni 
en ella, ni en los lugares inmediatos faltase nunca el virus va- 
cuno. Previno por una circular á los Secretarios de las Juntas 
de Trinidad, de Santa Clara y San Juan de los remedios, que 
en el correo ordinario que sale á principios de Enero, Marzo, 
Mayo, Julio, Setiembre y Noviembre lo remitieran entre cris- 
tales herméticamente cerrados al Secretario de la Junta de 
Santi-Spiritus; y que este ejecutase lo mismo con aquellos tres 
en los primeros correos de Febrero, Abril, Junio, Agosto, Oc- 
tubre y Diciembre; designando sobre el papel en que se en- 
vuelven los cristales el dia en que se estrajo el pus del grano 
vacuno. Con esta recíproca correspondencia se ha conseguido 
radicarlo en esos cuatro lugares, sin interrumpir su benéfica 
propagación, especialmente en la villa de Santa Clara, donde 
se han inoculado 663 personas. 

Cuando se dictó esa saludable providencia, se suponia esta- 
blecida ya la Junta de la villa de San Juan de los Remedios. 
Ese pueblo, que ha sufrido, no sé por qué fatalidad, los estra- 
gos de las viruelas mas que alguno otro de la Isla, y que. á 
pesar de todas sus precauciones, se ha visto muchas veces 
asolado, deseaba eficazmente preservarse de semejante catás- 
trofe. Su Ayuntamiento, instigado por el Licenciado D. José 
León Valdés, ocurrió á la Junta Central, proponiéndole y fa- 
cilitando cuanto fuese necesario para establecer una subalterna 



— 87 — 
que vigilase sobre la conservación del único preservativo de 
esa horrorosa enfermedad. Formado el plan que debía obser- 
varse, autorizado y dirigido por el Señor Presidente Goberna- 
dor y Capitán General, dio principio á sus sesiones el 11 de 
Agosto, y su Secretario, el bachiller Valdés, me participa con 
fecha de 14 de Octubre que habia vacunado ochenta y cuatro 
personas. 

El 7 de Marzo de 1807 fue instalada la Junta subalterna de 
la ciudad de Cuba, y ha continuado sus sesiones el dia 10 de 
cada mes, estableciendo en ellas varios reglamentos para con- 
servar el fluido vacuno, comunicarlo á los pueblos inmediatos 
y preservarse del contagio varioloso. Sus cuatro vocales facul- 
tativos se comprometieron á inocular todas las semanas en las 
casas capitulares, alternando cada quince dias; y desde aquella 
época hasta el 11 de Diciembre habían ejecutado esa ope- 
ración en 599 personas, incluyendo los indios que ha inocu- 
lado en los pueblos de Higuani y Caney el Licenciado Don 
José Joaquin Navarro, Secretario de esa Junta. En sesión ce- 
lebrada el 10 de Setiembre, presentó este facultativo una Me- 
moria sobre dos anomalias que ha observado en la propaga- 
ción de la vacuna. Primera: que ese virus puede afectar toda 
la constitución y preservar del contagio varioloso, sin presen- 
tarse la pústula característica. Segunda: que en muchos vacu- 
nados se retarda la erupción del grano por defecto de incita- 
bilidad. 

La Junta de Cuba remitió á esta Central una copia de ese 
escrito para que lo examinara y calificase su mérito; y habien- 
do confiado esta censura á sus cuatro vocales facultativos, la 
informaron: que el Licenciado Navarro probaba suficiente- 
mente las dos cuestiones que proponía, con un número sufi- 
ciente de observaciones ejecutadas con mucha crítica, y con 
una exacta combinación de circunstancias necesarias para for- 
mar una legítima y verdadera inducción; añadiendo última- 
mente varias razones de congruencia. 

La Junta Central, conformándose con el dictamen de la 
Diputación, acordó, que el Secretario remitiese al Licenciado 
Navarro testimonio de ese informe, participándole también 
que habia dispuesto se sacase una copia de su Memoria para 



dirigirla por el Señor Presidente Gobernador y Capitán Ge- 
neral al Excmo. Sr. Ministro de Gracia y Justicia con el obje- 
to de manifestar á S. E. los progresos que hace la vacuna en 
esta Isla, y la intelijencia y patriotismo de los profesores que 
la conservan. 

Ambas cualidades reúne el Br. I). Rafael Antonio de la 
Maza. Desde el año 1806 propuso á la Junta Central estable- 
ciera una subalterna en la ciudad del Bejucal, donde reside; y 
advirtiéndosele que á su Ayuntamiento correspondía solicitar- 
la, nada omitió para realizar su proyecto. Obtenido el plan 
que debia observar, autorizado por este superior Gobierno, ce- 
lebró su primera sesión el 21 de Julio del año prócsimo pasado, 
y las ha continuado todos los meses con utilidad de aquellos 
vecinos y comarcanos; pues su Secretario el Br. Maza, y los 
profesores D. Meólas Jacquet y D. Remigio Conde, han vacu- 
nado 160 de ellos; los 116 blancos y los restantes de color. 

En el mes de Setiembre último fué erigida la Junta subal- 
terna de Puerto Príncipe, acordando repetiría mensualmente 
sus sesiones el primer dia que se congregase el ayuntamiento. 
Los facultativos vocales ofrecieron vacunar un dia en cada se- 
mana, y egecutándolo constantemente, han comunicado el vi- 
rus vacuno á 515 personas, según informa su Secretario el Br. 
I). Felipe Santiago de Moya. 

El celo y humanidad de otros profesores ha contribuido 
también á la propagación de la vacuna en el año anterior. Dis- 
tingüese entre ellos el Br. D. Estévan Gonezara, Diputado por 
la Junta Central para difundirla en el partido de San José de 
las Lajas, donde ha inoculado 311 personas. Los vecinos de la 
villa de Guanabacoa han participado también de ese impor- 
tante beneficio, dispensándolo á 357, de ellos el Br. D. Rafael 
Valdés. Finalmente D. José Matías Martínez ha vacunado 59 
personas en los Palacios y en toda la jurisdicción de Filipinas. 

De aquí resulta que en el año prócsimo pasado han sido va- 
cunadas en toda la isla 6675 personas: número tan fausto á la 
humanidad, que lo inscribirá algún dia entro los trofeos glo- 
riosos que adornarán la estatua del inmortal Jenner; aquella 
magnífica estatua de bronce que la Francia, sin embargo de 
la rivalidad con que mira á la Inglaterra, intenta erigirle en 



— 89 — 
la misma capital de su imperio. En vano la política inflama en 
los pueblos el furor y la saña; en vauo rios de sangre preten- 
den separarlos. La filosofía, inaxcesible á las pasiones estermi- 
nadoras, reúne á los sabios de todos los paises, y semejantes al 
Geómetra de Siracusa, no perciben ni los alarmas de la discor- 
dia, niel estampido del canon. Absortos en la inquisición de la 
verdad, enagenados con el placer de haberla adquirido, soio 
tratan de comunicársela reciprocamente, y tributarse aquellos 
homenages que merece la sabiduría y beneficencia. ¡Grata 
y perpetua sea la memoria del genio mas ilustrado y filantró- 
pico! Séalo también entre nosotros la del Monarca clementísi- 
mo que nos comunicó el precioso fruto de sus ensayos y me- 
ditaciones. Jamas olvide nuestra posteridad á los ilustres ge- 
fes que tanto han contribuido á su conservación, confiándola 
al celo, inteligencia y patriotismo de los vocales de la Junta 
Central de la vacuna. 



VACUNA. (1) 



En el cementerio general de la Habana, donde se entierran 
todos los que fallecen en esta ciudad y en sus barrios estramu- 
ros, solo se lian sepultado el año anterior de 1807 dos cadáve- 
res de viruelicntos. ¡Que diferencia tan enorme, comparada 
con la mortandad del año 1804, en el cual se inhumaron en 
una sola iglesia ochocientas víctimas de esa enfermedad! En 
aquel mismo año se introdujo la vacuna en esta ciudad y en 
toda la Isla, y desde entonces casi han desaparecido las virue- 
las en todos sus pueblos. Este beneficio se debe sin duda á los 
progresos que hace en ellos la nueva inoculación. En el año 
prócsimo anterior se han vacunado en esta ciudad y en sus 
barrios 3745 personas, y en toda la isla 7358. Este número es 
muy inferior al de los nacidos en ella y de negros bozales in- 
troducidos en este puerto; por tanto no debe estrañarse que 
alguna vez sean acometidos de las viruelas los que han despre- 

EL AVISO. — Papel periódico de la Habana. — Domingo 7 de Febrero de 180S. 

12 



— 90 — 
ciado su eficaz preservativo. En la actualidad las tienen tres 
negros en el barracón número 3, en el hospital de San Juan 
de Dios un joven anglo-americano, un negrito en la casa del 
Capitán D. Pedro Armenteros, y una negra en la de D.Pedro 
Recoy frente á la]casa del Sr. Teniente de Rey; también se han 
difundido en las haciendas de Alquizar, San Marcos y San 
Andrés. El Sr. Presidente Gobernador y Capitán General, in- 
formado de esta novedad por la comisión de la vacuna, ha da- 
do las mas eficaces providencias para contener los progresos 
del contagio, disponiendo se vacunasen inmediatamente todos 
los negros bozales que hubiese en los barracones; separando lo 
mas distante posible á los tres viruelientos, donde solo comu- 
niquen con las personas que necesariamente deben asistirlos; 
y haciendo purificar el barracón número 3 y todas las ropas, 
muebles y negros que en él habia, con las fumigaciones ácei- 
dos minerales de Morveau. En el hospital de San Juan de Dios 
se trasladó á otra pieza sin comunicación al joven virueliento, 
y á los amos de los otros dos enfermos se les ha prevenido ob- 
serven las mayores precauciones. Pero como sin embargo de 
todas ellas, este contagio se comunica por el airea mucha dis- 
tancia, no están libres de ser atacados de su malignidad los 
que no se han precavido con la vacuna. Los padres de familia 
que la han despreciado serán responsables, al menos, á la hu- 
manidad y á la patria de las vidas de sus hijos y domésticos. 

En las ciento y cuatro ocasiones que la comisión de la va- 
cuna la ha inoculado públicamente en las Casas Capitulares 
el año próesimo pasado, ha remitido 84 cristales con el virus 
vacuno á diferentes lugares: 8 á Matanzas, 2 á Filipinas, 4 al 
Bejucal, 2 al hospital del Consulado, 2 al Corralillo, 6 á Puer- 
to-Príncipe, 2 á Baracoa, 2 al Guayabal, 2 á San Diego, 10 á 
Alquizar, 2 á Nueva-Orleans, 2 á San Juan de los Remedios, 
4 á San Antonio, 2 á San Gerónimo, 2 á Santiago, 2 á Guana- 
jay, 2 á la Güira, 2 á Ceiba Mocha, 2 al Quivican, 2 á Rio- 
blanco, 2 á Jaruco, 2 á Managua, 6 á Cumaná, 2 á Guara, 4 á 
la villa de Santa Clara y 6 á San Luis. Habana y Febrero 3 
de 1808. 



CONJURACIÓN BE BQNAPARTE 

Y 

DON MANUEL GODOY 

CONTRA LA MONARQUÍA ESPAÑOLA. 



Dos mil leguas distante de la escena mas pérfida que han 
visto los siglos; dedicado á la conservación de la humanidad 
ánguida y afligida; siento, no obstante, agitarse mi espíritu 
por todos los afectos que inflaman á los fieles españoles, testi- 
gos de esa catástrofe horrorosa. La distancia no me permite 
marchar bajo los estandartes euarbolados por el patriotismo 
y lealtad, para redimir á un Rey arrancado alevosamente de su 
trono por el vasallo mas favorecido, y por aquel íntimo amigo 
á quien tantas pruebas habia dado de su confianza y sincera 
adhesión; para restaurar su corte usurpada por unos asesinos, 
que han cometido las mayores atrocidades en aquel mismo pue- 
blo que los habia recibido con la mas afectuosa hospitalidad; 
que pretenden abolir sus leyes fundamentales, arrogarse la au- 
toridad, y esponer la nación á las desolaciones de una guerra 
intestina. Pero si no me es concedido verter toda mi sangre 
por causas tan justas, humedeceré al menos la pluma en la 
mas ardiente de mi corazón, para declamar contra una felonía 
tan negra y detestable. ¡Cielos, por que no me concedisteis la 
vehemencia de Tulio, la energía de Demóstenes? ¿Fué acaso 
Catiiina mas infiel á Roma que Godoy á la España ó es Bona- 
parte méuos abominable á ella que Filipo á la Grecia? 



— 92 — 

La España será la última victima que decore Bonaparte, dijo un 
Ministro de Inglaterra mucho antes que nuestro ejército se hu- 
biera enervado desterrando veinte y cinco mil hombres al nor- 
te de Europa; cuando el Rey de Ñapóles no habia sido lanza- 
do á la isla de Sicilia; cuando la Reina de Etruria permanecia 
en su trono; cuando todavia el príncipe Regente de Portugal ? 
y toda su Real Familia perseguida por las tropas francesas, no 
pensaba buscar un asilo en sus remotas poseskmes de Améri. 
ca; y cuando ejércitos mas poderosos de la Francia no habian 
entrado pacíficamente en la Península; y á pretesto de ampa- 
rarla y protegerla de una invasión, que ellos mismos ejecuta- 
ban, se apoderaron de todas las fortalezas de la frontera, y 
plantaron sus reales al rededor de la corte Carlos IV. 

Entre tanto, un valido sin el talento de Grauvella, sin la políti- 
ca de Alberoni, sin alguna de las virtudes de Jiménez y exce- 
diendo á todos en ambiciou, avaricia y otros vicios: un Favorito 
déspota absoluto déla voluntad de su Príncipe, de la existencia 
y propiedades de sus vasallos; D. Manuel Godoy, aun mas insi- 
dioso y pérfido que el mismo Bonaparte, permite debilitar 
nuestro ejército, pudiendo evitarlo fácilmente con los millo, 
nes que atesoraba; mira inalterable arrojar de sus solios á un 
hermano y dos hijas de aquel Rey que lo habia exaltado á las 
mas altas dignidades; consiente entrar en España cien mil 
franceses armados con todo lo necesario para una conquista, y 
aunque su general reserva esplicar las ideas que los conducen para 
cuando el Emperador se presente delante de sus egércitos, les entre- 
ga todas las plazas fuertes, preparándoles- alojamiento en la 
corte que ya sitiaban amistosamente. 

Lejos de tomar las precauciones mas activas y enérgicas por 
tanto aparato marcial y un silencio tan sospechoso; lejos de ha- 
cer retirar las tropas que teníamos en Portugal, doude no eran 
necesarias, y donde nunca debieron haber ido, mucho menos 
en aquellas circunstancias; lejos de alarmar al pueblo de Ma- 
drid, y á toda la Península, ó dejarla que 'fomentase sus des- 
confianzas y recelos para que privadamente cada cual se aper- 
cibiese; lejos por fin de emplear otros recursos que no omitiría 
el -hombre mas incauto; se empeña en tranquilizar la nación 
y disipar sus muy justas sospechas, hasta ofrecer al mismo So- 



— 93 — 
berano por garante de las sinceras y amistosas intenciones de 
los franceses. 

Antes de esta época siempre lamentable, confiado en la cie- 
ga condescendencia de Carlos IV á sus mas desreglados deseos 
consiguió casarse con una infanta su prima. Arbitro sin lími- 
tes del poder y autoridad, se elevó sobre todos sus vasallos, ar- 
rogándose las primeras dignidades y el tesoro de la nación. Sin 
otra campaña que la escaramuza con los portugueses el año 
de 1801, y no habiendo visto el mar sino desde Cádiz y Barce- 
lona cuando el viage de los Reyes á Sevilla y las bodas del Prín- 
cipe de Asturias, tuvo la impudencia de conferirse los títulos 
de Generalísimo de los egércitos y Almirante General de Es- 
paña y de las Indias con emolumentos y honores no concedi- 
dos nial heredero presuntivo déla Corona. Este derecho era 
lo único que mortificaba su ambición, y para degradarlo deesa 
preeminencia, osó pretender se declarase al Príncipe fatuo é 
incapaz de reinar, para que recayese en él la Regencia de la 
Monarquía por los graves aehaiues de Carlos IV. jSíada fué 
tan fácil como disipar aquella impostura, ni dada tan justo co- 
mo reprimir el orgullo de su infame autor. Mas lejos de que- 
dar confundido y escarmentado, protesta vengarse de un mo- 
do aun mas inicuo. Sin mas razón que su despotismo, separa 
del Consejo y de la corte á los fieles ministros que resistieron 
su proyecto, y coloca en sus plazas á los que podían cooperar 
al sórdido plan que estaba intrigando. En el mes de Octubre 
del año próximo anterior suplantó alevosamente al Príncipe de 
Asturias el horroroso crimen de regicida y parricida; le obligó 
á firmar dos cartas dirigidas á sus augustos Padres en que de- 
testaba la atrocidad que nunca pensó cometer, y llegó su ini- 
quidad hasta el estremo de prevenir el juicio del Tribunal que 
conocía de esta causa, estendiendo anticipadamente la senten- 
cia que habia de pronunciar contra todos los que suponía cóm- 
plices con S. A. R. Sus notorias virtudes sociales y cristianas, 
la opinión general de todo el reino, y la rectitud de aquellos 
Jueces, incorruptibles hasta entonces, declararon unánime- 
mente la inocencia de todos los calumniados, pura y libre del 
menor indicio. 
De esta suerte Bonaparte y Godoy confederados contra Car- 



— 94 — 
los IV y su dignísimo sucesor, preparaban la ruina de la Mo_ 
narquia Española. Sin ejército, sin marina ni tesoro; espatria- 
dos ó perseguidos los vasallos mas ilustres por sus talentos y 
virtudes; abatida la nobleza; humillada y envilecida la Nación, 
después de diez y ocho años de un gobierno despótico, en que 
los vicios y crimen.es eran aplaudidos y renumerados: creyeron 
inevitable su proyecto, y que la España indefensa, é incapaz 
de resistir el poder invencible de cien mil franceses, con oliva3 
y palmas conduciría al trono á Bonaparte, y postrada á sus 
pies le tributaria el homenage de todas sus Colonias. 

Lo ocurrido en Aranjuez desde el 17 hasta el 21 de Marzo 
acreditará siempre, que las virtudes de los españoles pudieron 
ser sofocadas, pero no estinguidas. Llegó al colmo la perfidia 
y despotismo de Godoy, apuró todo el sufrimiento y resigna- 
ción del pueblo, y semejante á un volcán oprimido, reconcen- 
tra sus fuerzas y arroja de sí la inmensa mole que lo abrumaba. 
El pueblo solo tuvo bastante energía, valor y fortaleza para 
evitarla emigración de los Reyes, y para hacer sufrir á su exe- 
crable autor las mas grandes humillaciones. El pueblo tantas 
veces calumniado de injusto y sedicioso, ha solido ser el juez 
mas recto é inflexible. Si entonces lo hubieras conocido, no su- 
frirías ¡ó España! la vejación de ver á ese monstruo enseñorear- 
se ahora con todos sus títulos y dignidades cerca del trono de 
Napoleón: allí solo puede existir; allí solo remunerarle sus ser- 
vicios. 

El mas importante que le hizo, y el que debia facilitarle la 
usurpación de la España, era la fuga de los Reyes. No la pro- 
puso á SS. MM.hasta el momento en que sospechándola los 
vecinos de Madrid, se reunieron para evitarla. Eutonces, lejos 
de manifestar al Rey el verdadero motivo de aquella fermen- 
tación, le hizo concebir que el pueblo atentaba contra su au- 
gusta Persona, y que era preciso abandonarlo para no esponer- 
se á un desacato. No es creíble que el traidor intentaba reali- 
zar la emigración ¿Cómo podían llegar los reyes á los puertos 
de la Península sin que los Consejos, los pueblos por donde de- 
bían transitar, las tropas españolas y francesas que á cada paso 
encontrarían, y la Nación toda no lo impidiera? ¿Cómo el ava- 
ro Godoy no se preparó para ella, estrayendo de su casa todo 



— 95 — 

su tesoro, sus riquísimas alhajas, y aquellos papeles que com- 
probaron sus crímenes contra el Estado y contra el Príncipe 
de Asturias? ¿Y Bonaparte consentiría que se trasladasen á la 
América, y conservaran estos vastos dominios, privándose pa- 
ra siempre de la porción mas importante de la Monarquía es- 
pañola? ¿Se satisfaría su odio á la casa de Borbón con arrojar- 
la de la Europa? ¿Miraría con indiferencia que estableciera en 
las Indias un imperio formidable, unida intimamente con la 
Inglaterra, con los portugueses del Brasil, y con los Estados 
de la América septentrional? ¿M como se podia verificar el 
viage de la Familia Real sin el ausilio de los ingleses, ó espo- 
niéndose á ser presa de sus escuadras? De aquí debe inferirse 
que la fuga de los reyes, no obstante el aparato que la anun- 
ciaba, fué una simulación urdida entre Bonaparte y Godoy 
con el doble objeto de hacer á SS. MM. odiosos á sus pueblos, 
porque los desamparaba cuando era tan necesaria su presen- 
cia, y por este abandono autorizarse Napoleón para ocupar la 
Península sin la menor resistencia. 

¡Vanas, detestables esperanzas! Este proyecto tan detenida- 
mente combinado, y cuyo éxito se juzgaba infalible, quedó frus- 
trado con dos palabras; y aquel coloso que estremecía la nación 
entera, fué confundido por la débil voz de un anciano Ministro- 
Ved aquí el traidor: el pueblo pide su cabeza: dijo Caballero á Car- 
los IV señalando á Godoy; y este cobarde como si oyera el es- 
tampido de un trueno, calla, teme, huye, y temblando se ocul_ 
ta del cielo y de la tierra. Asi permanece dos dias atormenta- 
do déla sed, del hambre, por las imprecaciones délos hombres 
y los remordimientos de su conciencia. El traidor de Roma, ó 
por menos fortaleza, ó por mas pudor, prefirió la muerte al 
escarnio del pueblo. 

Mientras el de Madrid con el mayor orden y moderación, y 
sin derramar otra sangre que algunas gotas de la de Godoy, 
despojaba su casa, y á las de todos sus satélites, entregando 
á las Autoridades cuanto en ellas encontraba; el Rey Carlos 
desconfiando de todos sus vasallos, sensiblemente convencido 
de la infidelidad é ingratitud de aquel á quien mas habia exal- 
tado y distinguido, y no permitiéndole los achaques de que adole- 
cía soportar por mas tiempo el grave peso del gobierno, determinó 



— 96 — 
después de la mas seria deliberación, abdicar libre y expontanca- 
mente la Corona de España y de las Indias en su legitimo sucesor 
al Príncipe de Asturias Don Fernando. El Consejo autorizó la 
renuncia como ejecutada con todas las solemnidades prescrip- 
tas por nuestras leyes, los pueblos todos la sancionan, y con 
el mayor júbilo y aplauso es proclamado Fernando VII en Es- 
paña su rey y libertador. 

Sube al trono, comoel sol al horizonte después de una noche 
la mas oscura y tempestuosa; disipando las tinieblas, arrollan- 
do las nubes, y restituyendo la serenidad, la hermosura y la 
vida á toda la naturaleza. Asi el deseado Fernando desde los 
primeros momentos de su exaltación, nos hace concebir las 
mas lisonjeras esperanzas de que la nación española recupera- 
ría toda la dignidad, todo el poder y opulencia que gozaba en 
los tiempos gloriosos del primer Carlos, de Felipe segundo y 
del último Fernando. La elección de ministros; la reforma del 
lujo asiático de la Casa Real; la abolición de los cotos en be- 
neficio de la agricultura y de las artes; la construcción de ca- 
minos y canales que facilitasen el comercio interior; la estin- 
cion de los derechos de almirantazgo; la confiscación de todos 
los bienes y propiedades usurpadas por D. Manuel Godoy; la 
reparación de los perjuicios y vejaciones que causó á tantos 
fieles vasallos; el indulto á favor de los que habia desterrado; 
la restitución al Consejo de la Superintendencia general de 
policía, su jurisdicción y rastro de Madrid; tales fueron las 
providencias que dictó en los seis primeros dias de su feliz go- 
bierno: cuando apenas tenia tiempo para recibir los homena- 
ges de los tribunales y de los pueblos: ni para tranquilizar á 
los vecinos de Madrid, todavía agitados contra Godoy, y mu- 
cho mas por las tropas francesas que los rodeaban; y cuando 
la presencia de su Augusto Padre no le dejaba la libertad ne- 
cesaria para reprimir y reformar todos los vicios y abusos in- 
troducidos por su déspota favorito. ¿Y qué no haria después 
que removidos tantos obstáculos, y ausiliados con las luces y 
conocimientos de los ilustres varones que redimía del mas in- 
justo destierro, se dedicase únicamente á la prosperidad de sus 
vasallos? ¿Cuando pacificado el continente, regenerara su ejér- 
cito y marina, se fomentase la agricultura, las artes y la in- 



— 97 — 
dustria, y renovándose las relaciones con estas colonias recibiera 
sus inmensos tesoros, y ]sus producciones todavía mas preciosas? 
Bonaparte no ignorando las circunstancias que concurren en 
la España para ser la potencia mas formidable de la Europa, 
previo que bajo una administración sabia y activa se elevaria 
á ese rango, con mengua de su poder y de su gloria. Añade 
á su ambición insaciable, el temor que le inspiraba nuestra 
futura grandeza; y aunque frustrados los primeros medios que 
habia elegido para sojuzgarla, su inmoralidad é impolitica le 
sugiere otros aun mas detestables. No encuentra ninguna ra- 
zón ni pretesto que lo autorize, para entrar como un conquis- 
tador en las provincias de un aliado y de un amigo tan íntimo 
que habia arruinado sus pueblos sosteniendo dos guerras dila- 
tadas y sangrientas, sin otro interés que aumentar sus triunfos 
y estender su imperio. Válese, pues, de las cautelas, de la si- 
mulación y perfidia: significa los deseos mas sinceros de recon- 
ciliar á Carlos IV con Fernando VII suponiéndolos desaveni- 
dos con las ocurrencias en Aranjuez á fines de Marzo; ofrece 
mejorar nuestro sistema de gobierno con incalculables ventajas 
de la Nación; protesta una y muchas veces que sus tropas no 
habían entrado en la Península sino para redimirla de la 
opresión y despotismo, y preservarla de una invasión proyec- 
tada contra ella por los enemigos del Continente. Confiado en 
la sinceridad de estas promesas, garantidas con la palabra 
inviolable de un Monarca, no dudó Fernando VII concederle á 
D. Manuel Godoy; le devuelve la espada inapreciable de Fran- 
cisco I; recomienda á los vecinos de Madrid la mas estrecha 
y afectuosa unión con las tropas francesas, y parte para Ba- 
yona á celebrar con Napoleón el pacto mas ventajoso á la 
España. En vano sus fieles vasallos postrados á los reales pies 
los bañan con lágrimas tiernísimas; en vano pretenden cortar 
con sus manos respetuosas el camino que lo conduce á una 
espatriacion infausta; en vano los presagios mas funestos ha- 
cen estremecer á los mismosPirineos. Nada lo enternece, nada 
lo intimida: el sensible, el inocente y generoso Fernando mar- 
cha imperturbable, y sin percibir otro objeto que lafelicidad de 
su reino, corre á sacrificarse por ella, recibiendo un abrazo se- 
mejante al que Bruto dio á Cesar colluminvasit 

13 



— 98 — 

Después que Bonaparte hizo en su real persona una presa 
inestimable, seduce con los mismos alhagos y ofertas á sus 
Augustos Padres, y á toda la Familia Real. La retiene en Ba- 
yona, y violando los derechos mas antiguos y sagrados, las le- 
yes de la Naturaleza y de todas las naciones, la buena fé, y 
hasta aquellos actos de recíproca confianza respetados por las 
órdenes mas salvajes; erige un tribunal hasta entonces descono- 
cido, y se arroga la facultad de juzgar á losReyesy decidir de 
su suerte, como lo haria el Sultán con los Reyes del África. 
Declara nula la abdicación de Carlos IV en el principe de As- 
turias, como la ejecutada con violencia en un acto de sedición; 
pretenden que Fe 7 ando VII vuelva la corona á su padre, y 
que los Infantes su aermano y tio renuncien igualmente los 
derechos que á ella tienen; y como si Carlos IV fuera arbitro 
absoluto de la Monarquía española, como si pudiera por sí so- 
lo derrogar sus leyes fundamentales, cede su soberanía en fa- 
vor de Bonaparte. ¿Se ha visto jamás una farsa mas ridicula, 
ni una depredación perpetrada con menos pudor? 

Fué nula la abdicación de Carlos IV por violenta, como ejecutada 
en un acto de sedición. La sedición no era contra el Monarca, si- 
no contra el traidor, el pueblo aclamaba el Rey, y le ratificó 
su lealtad, su obediencia y respeto; pero ansiosamente le exijia 
la cabeza del cruel déspota, que por tantos años lo habia opri- 
mido, y trataba entonces de privarlo de su real persona, aban- 
donándolo á una potencia estrangera. Y aun suponiendo que 
hubo alguna violencia en la renuncia hecha en su misma cor- 
te ¿podría ser libre y espontánea laque posteriormente ejecutó 
el mismo soberano y todos sus sucesores, en un país estraño 
rodeados de tropas, tratados como reos, y en presencia de un 
tirauo? Es nula la renuncia en el Principe de Asturias; ¿y será vá- 
lida en favor de un estranjero, proscriptos todos por nuestras 
leyes? La abdicación de Carlos IV en su hijo fué protestada inme- 
diatamente. La protesta vino de Bayona: mientras el Rey Car- 
los estuvo eu España nadie la trascendió, y ni en sus acciones 
ni en sus palabras manifestó el menor disgusto por lo que 
habia ejecutado. Al contrario cuando su amado hijo debia sa- 
lir de Aranjuez para Madrid á ser reconocido en la capita 
de su Imperio, le ruega varíe la carrera que estaba prevenida, 



— 99 — 
y la dirijía por delante de sus balcones; esponiéndose al sen- 
timiento que habia de causarle su separación, por la compla- 
cencia que recibiria al verle partir entre las aclamaciones y 
aplausos de un pueblo enagenado por su exaltación; cuyo al- 
borozo el mismo Carlos IV fomentaba con sus mas afectuosas 
y sensibles espresiones. 

En Bayona reasumió el rey Padre la Soberanía dos dias an- 
tes que se le devolviese Fernando VIL En Bayona se declaró 
que Carlos IV quería consagrar los últimos dias de su vida al go- 
bierno y felicidad de sus vasallos; y cuatro dias después juzgán- 
dose incapaz de gobernarlos y hacerlos felices, los entrega á 
Napoleón, renunciando en él la corona de España, con facultad 
espresa de que este la pudiera ceder á quien quisiese. El Diván 
del Serrallo no hubiera procedido con mas violencia, mas idio- 
tismo y torpeza que el Consejo de Bayona. 

En cualquier tiempo podia Carlos IV abdicar la corona, co- 
mo lo verificaron Carlos I, y Felipe V; pero no estaba en su 
arbitrio elegirse sucesor. La nación lo tenia reconocido, des- 
de el momento que juró á su hijo Fernando Príncipe de Astu- 
rias. Por este acto adquirió un derecho tan irrevocable al tro- 
no, que su mismo padre no podia exheredarlo de él sin una cau- 
sa justificada ante la misma nación. Ella fué la que calificando 
los fundamentos que esponian el duque de Anjou y el archi- 
duque Carlos, dictó el testamento de Carlos II, concediendo 
al primero y á sus descendientes la soberanía de España, pres- 
cribiendo el orden inalterable de las sucesiones, y reservándo- 
se la facultad inadmisible de instalar otra dinastía, cuando la 
de Borbon se estinguiera absolutamente en sus dominios. 

No podia ocultarse á Bonaparte esta ley e la nación espa- 
ñola se impuso voluntariamente, y que ella „.>la podia derogar- 
la; pero su corazón corrompido por las mas viles pasiones ob- 
secó también su entendimiento. Creyó que los habitadores de 
la Península intimidados unos con las tropas francesas que la 
ocupaban, disgustados otros por la supuesta abdicación de su 
rey, y seducidos muchos mas con los infames libelos que ha- 
bia esparcido se le someterían servilmente sin atreverse á re- 
sistir su fuerza ni sus sofismas. 

No fueron estos los únicos medios de que se ha valido para 



— 100 — 
engañar y oprimir á los españoles. Conociendo el respeto y ve- 
neración con que miran al Sumo Pontífice Pió VII, tuvo la 
osadia de justificar su tiránica usurpación con la autoridad del 
Vicario de Jesucristo. ¡Hipócrita, y cuando le has concedido 
sinceramente la facultad de conceder reinos? ¿Cuándo has res- 
petado su sagrada persona, ni su alta dignidad? ¿No fuÍ3tes tú 
el que en Egipto adjuraste públicamente la religión Católica, 
despreciastes el nombre de Napoleón por el de Alí, y para re- 
comendarte con los mulsumanes te jactabas de haber destro- 
nado y perseguido hasta el sepulcro al Pontífice de los cristia- 
nos? Y á Pió VII á quien por tus miras políticas forzastes á eje- 
cutar tu coronación ¿no lo has privado de sus Cardenales, y 
anuncias despojarlo de sus estados, y llevar tu impiedad al últi- 
mo estremo? ¿Por ventura le consultastes para usurpar las 
monarquías de Ñapóles, Cerdeña, Etruria y Portugal; las re- 
públicas de Venecia, Genova, Suiza y Holanda? ¿Para estin- 
guir el Imperio germánico, sojuzgar toda la Italia, desmembrar 
la Prusia y la Polonia; invadir el Austria, la Rusia y la Sue- 
cia; desolar la Europa, teñir los mares con sangre de los 
hombres, perseguirlos y esterminarlos en África, Asia y 
América? Españoles: nada ha omitido Bonaparte para insul- 
tar nuestra obediencia y lealtad á los reyes, nuestra piedad y 
sumisión á la silla apostólica. ¿Y cuántas veces nos habrá be- 
fado por esa virtud, llamándonos idiotas y fanáticos? 

Cuando la pluma de un Salustio presente á la posteridad el 
cuadro horrible que solo he bosquejado, durará de la fidelidad 
de su autor; y por masque repare la conjuración de Catiliua, 
y la historia de los monstruos que han deshonrado la humani- 
dad en todos los siglos y países, no formará una inducción 
capaz de persuadirla lo que á nosotros mismos sorprende 
Catilina, aunque de ilustre estirpe, no mereció el consulado 
por sus atroces vicios; los de Godoy siendo mayores no le obs- 
taron para ser exaltado de una pobre cuna á los empleos mas 
brillantes de la monarquía española. Catilina se despecha son- 
rojado porque no obtuvo la dignidad que dos veces solicita 
Godoy solo dejó de conseguir lo que despreciaba su ambición 
y avaricia. Catilina fué declarado parricida y enemigo del 
pueblo, por el senado y los cónsules, luego que traslucieron 



— 101 — 

aus perversas maquinaciones; las de Godoy no se ignoraban 
en Madrid cuando fué proclamado Padre de la Patria, lo respeta- 
ban y temian todos sus ministros y dominaba el corazón de 
Carlos IV. Los galos, dice Salustio, enemigos implacables de Ro- 
ma solicitados por los rebeldes, rehusan contribuir á sus desig- 
nios, y aunque el Senado babia desatendido sus quejas contra 
]as exacciones de los Magistrados, le revelan la conspiración 
y ponen en sus mamos á los colegas de Catilina; el emperador 
de los franceses íntimo amigo y aliado del rey de España, es- 
timula á Godoy á conspirar contra su augusta persona, le ocul- 
ta la conjuración y la protege con ejércitos poderosos, sin los 
cuales el traidor nada hubiera emprendido. 

Esta perfidia escede en mucho á la de Tolomeo con Pompe- 
yo, aun reputándola Lucio Floro por sumo crimen cometido en la 
guerra civil. Derrotado por César en Farsalia y abandonado de 
sus legiones, se refugia en Egipto confiado en la protección de 
Tolomeo, á quien antes habia favorecido. El ingrato rey olvi- 
da cuanto le debe, y juzga complacer al veneedor, presentán- 
dole la cabeza de Pompeyo. César la riega con sus lágrimas, y 
y sucediendo la indignación á la terneza, jura vengarla del ase- 
sino. Entra en Egipto con su ejército victorioso y Tolomeo 
desesperado y con fundido se arroja y sepulta en las aguas del 
Nilo. 

Reyes, Príncipes de la Europa y de todo el mundo: Bona- 
parte os presenta en el centro de la Francia, no á un estrange- 
ro advenedizo que implora su clemencia, sino á Fernando VII 
su fiel amigo que exige la vuestra. Allí le ha conducido, no 
con la magestad y gloria que Carlos V introdujo en Madrid á 
Francisco I, sino cubriéndose de infamia y de oprobio. Allí lo 
despoja de su trono, no por la fuerza de las armas, sino de la 
mas torpe traición. Lo separa de sus vasallos, no le deja un so- 
lo confidente, lo abandona á las mas tristes reflecciones, y lo 
entrega á los asesinos que por su orden despedazaron al duque 
de Enghien. ¿Y seréis menos sensibles á la suerte de vuestro 
hermano que Julio César á la de su enemigo? ¿Esperareis á 
vengarlo después que se vierta esa sangre inocente? ¿Confia- 
reis todavía en su alianza, en sus pactos, y en sus mas solemnes 
juramentos? Escarmentad en el rey de las Españas; precaved 



- 102 — 
igual destino; unid vuestro poder y energía á la de una nación 
valerosa y magnánima; imitad su exemplo, y reasumid vuestras 
provincias usurpadas y vuestra antigua dignidad. Si despreciáis 
ocasión tan oportuna, esperad que volviendo sobre vosotros os 
despojará de la grandeza precaria que os ha dispensado, mien- 
tras convenga á sus secretos designios. Lo dudais?Pues yo pre- 
sumo que después de haber admitido Bonaparte con la mayor 
impudencia que un adulador sacrilego le concediera una fuerza 
todo-poderosa; en un frenesí de su ambición pretenderá reno- 
var la guerra de los titanes, escalarlos cielos, y arrojar de su 
trono al mismo Dios. 

Transportado de la mas ardiente lealtad discurría por extra- 
ños países, mientras que la capital de mi patria clamaba por la 
capital de mi patria clamaba por la presencia, la compasión y 
venganza de todos los españoles. Con engaños y cautelas se 
pretendió sacar de la Corte el 2 de Mayo al último resto de la 
Familia Real: el pueblo lo resiste presintiendo el objeto de 
aquella general espatriacion; y Murat, el fiero Murat gefe de 
los áspides que esos incautos vecinos habían abrigado en su 
seno vuelve contra ellos sus armas emponzoñadas: los acomete 
indefensos, los despedaza sin esceptuar sexos ni edades, y llena 
de sangre, de lágrimas, de luto y de desesperación todas las 
calles de Madrid. Habitadores de esa villa desolada, tomad los 
vestidos ensangretados de vuestros padres, hijos y esposos, y 
como el Senado presentó al pueblo romano la túnica de César 
teñida con su sangre, para escitarlo á indignación contra los 
asesinos; corred vosotros todas las provincias de España, mos- 
tradles esos trofeos del valor y probidad francesa, y decidles: 
Compatriotas, ved aquí una de las inauditas hazañas de aquel 
héroe que arrebataba la admiración de nuestro rey Fernando. Asi 
protege á sus vasallos, así les restituye sus derechos, y los re- 
dime de la opresión y despotismo. Esta es la recompensa de 
nuestra confianza, de nuestra hospitalidad y de los grandes sa- 
crificios que por espacio de trece años nos han arruinado para 
sostoner su trono vacilante, dilatar sus conquistas y victorias. 
¡O negra, indigna retribución! ¿Y mirareis con indiferencia la 
muerte alevosa de vuestros hermanos, el destierro de vuestro 
rey, la usurpación de su trono, la infidelidad y cobardía 



— 103 — 
Españoles: Murat reina en Madrid por Bonaparte, y reinará 
muy pronto en toda España, sino preferís una muerte gloriosa 
á una vida infame. 

¡Murat reina en Madrid! repiten todos los pueblos de la Pe- 
nínsula con una voz mas horrísona que el bramido del león, 
cuando desperezándose restituye á sus miembros el vigor ener- 
vado. ¡Murat reina en Madrid! perj su gobierno será efímero, 
no traspasará el recinto de esa villa sin ventura; y aunque la 
Europa entera humillada á los pies de Bonaparte, incline la 
cerviz para que le imponga un yugo de hierro, la España, la 
magnánima España mas firme y erguida que la roca tarpeya 
arrojará con indignación las cadenas que insidiosamente a- 
prócsimaba á sus pies, empuñará el acero, y marchará impávi- 
da á redimir su religión, su rey, su libertad, y la de todo el 
continente. 

Este fué el voto unánime de las provincias que no estaban 
oprimidas por los franceses; y todas ellas simultáneamente, 
sin convenirse antes ni esperarse, impulsadas de aquel valor 
y lealtad que caracteriza á los españoles, concurrieron á un mis- 
mo fin empleando los propios medios. Asturias, cuyas mon- 
tañas vibraron en ocasión muy semejante aquellos ardientes 
rayos que inflamaron al godo contra el sarraceno; Asturias, 
siempre la primera en fidelidad y patriotismo, tremola el 
pendón de su libertad nunca perdida, establece una Junta de 
gobierno, toma las armas y vuela á repelar los invasores. Gali- 
cia la encuentra en su gloriosa carrera, y el Reino de León ar- 
mado buscaba impaciente al común enemigo Aragón y Va- 
lencia no les ceden en bravura, ni necesitaron oir su alarma. 
Los clamores exhalados en Madrid, fueron la señal de la in- 
surrección y venganza. La percibieron también los cuatro rei- 
nos de Andalucía, y erigen en Sevilla una Junta Suprema, 
reconocida inmediatamente por Estremadura y Castilla la Nue- 
va, concediéndole la autoridad de gobernarlos á nombre de 
Fernando VII mientras consiguen redimirlo á costa de su san- 
gre y de los mayores sacrificios, ó hasta que la nación congre- 
gada en cortes reasume la Soberanía. 

Estos heroicos esfuerzos de los españoles han merecido la 
protección mas eficaz y enérgica del muy noble y generoso Jor- 



—104— 
ge III y de todos sus vasallos. Superando á su rivalidad con la 
España, el bien que resultarla á la Europa y á todo el mundo 
deprimiendo y esterminando al Genio desolador, han franquea- 
do con la mayor liberalidad armas, municiones, caudales, tro- 
pas, buques y cuanto necesita la Península para su defensa, y 
para informar á estas colonias de las calamidades que sufre y 
exigen sus ausilios. Con ellos, y la mas sincera alianza con In- 
glaterra, confundirá la España á todas las potencias manifes- 
tándoles: que el maquiavelismo de Bonaparte no es infalible 
que la victoria no milita siempre bajo sus estandartes; y que 
ningún poder es suficiente para instalar un rey cuando lo re- 
siste una nación armada. 

El genio tutelar de la española cubriendo con sus alas be- 
néficas á Saavedra, Moñino, y Jovellanos los preservó de las 
cadenas, de los venenos, y de todas las insidias y rigores de un 
tirano; para que fuese su esperanza y consuelo en estos dias 
de confusión y abatimiento. El ilustre Saavedra es el alma, 
el espíritu vivíficamente de la Junta de Sevilla; el anciano y 
respetable Conde de Florida-blanca, el inflexible Jovellanos, 
viven aun, y viven entre los españoles para inflamarlos y diri- 
girlos con los consejos de su sabiduría y prudencia. Si estos 
patriotas esclarecidos, que conocen mejor que otro alguno la 
situación moral y política de la Península, os afirman que pue- 
den defenderse; no lo dudéis: si trazan y combinan el plan de 
vuestras operaciones; ejecutadlas: si os anuncian la victoria, 
prevenid los laureles. Mas estos no se cortan sino en el campo 
de Marte, cubriéndose de sangre y de polvo; no temáis. 

Cada pueblo de España es un monumento consagrado por 
las virtudes de vuestros ascendientes al turnen de la guerra. 
Fuenterrabia desmantelada por seis minas y once mil cañoza- 
zos, será un padrón eterno déla constancia invencible con que 
resistieron sesenta y nueve dias al ejército de Conde, derrotado 
al fin y perseguido hasta Francia por el Almirante de Castilla. 
Koncesvalles y sus gargantas fueron tan funestas á los franceses 
como las Termopilas á los persas. Alfonso el Noble y Fernan- 
do el Católico los arrojaron de las Navarras: D. Juan de Aus- 
tria les obliga á levantar el sitio de Lérida, recupera á Barcelona, 
y los espele de toda la Cataluña. En la decisiva batalla de Villa- 



— 105 — 
viciosa ¿no fueron Valdecañas, Aguilar, Torres, Almenclariz, 
Velazco y otros españoles los que ciñeron las sienes de Felipe 
V con el laurel inmarcesible y la corona de España? 

Si ascendemos á siglos mas remotos, no son menos admira- 
bles las pruebas de su lealtad y patriotismo. Alfonso de Guz- 
inan ofrece la espada para degollar á su propio hijo, antes que 
rendir la plaza de Tarifa. Las llanuras de Albelda y de las Xa- 
vas serán tan gloriosas á la España, como las de Platea y Ma- 
rathón para la Grecia. Viriato y Sertório ¿cuantas veces ahu- 
yentaron las águilas romanas de las fértiles campiñas de la 
Bética y Lusitania? ¿Y cuanta sangre no hizo derramar el Ca- 
pitolio para privarlas de su independencia y libertad? La mis- 
ma Roma, y la fiera Cartago ¿consiguieron acaso doblegar la 
cerviz de Sagunto y de Xumancia? Esta última sin otros mu- 
ros que el pecho de sus habitadores, desamparada de sus alia- 
dos y amigos, sin esperanza de socorro alguno, sola, confiada 
únicamente en su valor y fortaleza, sostuvo catorce años el 
sitio mas estrecho y activo que jamás pusieron los romanos. 
Al cabo de este tiempo exánimes por el hambre y los trabajos, 
convertidos los hombres en espectros, prefirieron las llamas á 
las cadenas, murieron libres antes que vivir esclavos. 

Españoles: estos héroes han sido vuestros padres; si su ilus- 
tre sangre no ha degenerado en vuestras venas; si aspiráis á 
la gloria que han' merecido; jurad sobre esas ruinas y cenizas 
respetadas de loa siglos, y toda inflamadas con el fuego sagra- 
do del patriotismo, jurad seguir su ejemplo, imitar sus virtu- 
des. Si alguno rehusa este voto, ó le violase, sea declarado 
traidor á la patria, indigno del nombre español, indigno de 
existir entre vosotros, y fulminad contra su memoria las impre- 
caciones mas terribles. ¡Plegué al cielo que vuestras manos no 
se tiñan en propia sangre! Reservad el acero, embotadlo en 
esos cobardes asesinos que aterrorizados por sus crímenes y 
vuestras virtudes marciales, tiemblan, huyen de vuestra pre- 
sencia, y se refugian en las fortalezas que juzgan inespugna- 
bles: semejantes al lobo audaz con el tímido rebaño á quien 
despedaza impune, y prontamente se refugia entre los montes 
y breñas inaccesibles. Purgad la Península de tales monstruos, 
acosadlos allende de los Pirineos, y perseguidlos hasta eu sus 

14 



— 106 — 
propias cavernas. La espada de Murat, y aun la del mismo 
Napoleón, no merece ser colocada donde tan dignamente de- 
positaron vuestros mayores la de Francisco I; sin embargo, 
este trofeo será para vosotros mas glorioso que á los franceses 
esa propia espada reasumida, no en el campo de batalla, como 
la adquirieron vuestros padres, sino con engaños y perfidias. 
Vengadlas todas; no dejéis las armas hasta redimir á Fernan- 
do nuestro legítimo y adorado rey; restituidlo á ese trono que 
él solo merece por el derecho, imprescriptible de la sangre, 
por sus amables virtudes, y por el voto constante y sincero de 
toda la nación. Purificad el solio de la Francia, profanado con 
los crímenes atroces del mas abominable usurpador. Romped 
las cadenas con que abruma á la Europa, y pretende dilatar- 
las por el resto del mundo. La religión, la patria y la humani- 
dad os esperan con los brazos teudidos para estrecharos en su 
seno y adornar vuestra frente con la guirnalda victoriosa. 

La América, la fidelísima América absorta de tanta gloria, 
sino pudiere por la distancia participar de vuestros triunfos, 
tendrá al menos la complacencia de contribuir á ellos con sus 
ausilios y con los deseos mas eficaces. En Caracas, en la Ha- 
bana y en toda la Isla de Cuba, en Puerto-Rico, en Cartagena, 
en ambas Floridas, en la provincia de Yucatán, en el reino de 
Mégico, y en toda la América septentrional ha sido ya pro- 
clamado Fernando VII con las mas estraordinarias demostra- 
ciones de lealtad y complacencia. Los pueblos situados desde 
el istmo de Panamá hasta el cabo de Hornos, tal vez mani- 
festarán en este mismo instante los propios sentimientos de 
que estamos penetrados: sentimientos de amor, de fidelidad y 
júbilo por la exaltación de Fernando VH; sentimientos de 
odio, de ira y de venganza por la felonía de Napoleón. 

En vano ha pretendido sorprendernos y seducirnos para con- 
ciliarse nuestra obediencia y respeto. Sus viles emisarios han 
escitado la indignación pública en Caracas, en Veracruz y 
Puerto Rico; y si el Gobierno de esa Isla lo ha preservado en 
una fortaleza del furor de un pueblo inviolablemente adicto á 
su Monarca, será sin duda para hacerle sufrir el castigo que 
imponen nuestras leyes á los sediciosos y traidores. En Vera- 
cruz prófugo el comisario francés con la mayor velocidad an- 



— 107 — 
tes de ser visto, temiendo lo despedazaran y convirtieran en 
cenizas aquellos fieles vecinos, como lo ejecutaron en medio 
de una plaza, con los infames papeles de Bonaparte que con- 
ducía para el reino de Mégico. Desista, pues, de nueva pre- 
tensión sobre la América, y esté persuadido de que en lugar 
de oro y plata, de sumisión y deferencia, no encontrará en to- 
da ella sino balas y bayonetas, y unos espíritus invencible- 
mente preparados contra sus pérfidas seducciones, y unos pe- 
chos de bronce que resistirán inflexibles su esfuerzos; y si al- 
guno fuere traspasado exhalar;) el último aliento pronuncian- 
do el nombre adorable de Fernando VIL 

Los Pirineos serán el término de sus conquistas; mas si por 
una fatalidad inesperada, después de anegar toda la España en 
propia y agena sangre, las dilatase hasta las columnas de Hér- 
cules, entonces ¡oh españoles, los que sobreviviereis A la ruina 
y desolación de la madre patria! aquí encontrareis un asilo 
inaccesible á su espada esterminadora. Nuevos Eneas, libertad 
de ella y de las llamas á vuestros Anchises, Ascanios y Creu- 
sas; no espongais á la impiedad de los sucesores de Xatillon 
vuestras santas imágenes; salvadlas todas y conducid esas sa- 
gradas reliquias á estas regiones mas feraces, mas ricas y dila- 
todas que las de la antigua Hesperia. Sus habitadores esceden 
en hospitalidad á los aborígenes: todos somos de un mismo 
idioma; todos observamos las propias leyes, y aquella divina 
religión que tanto recomienda la terneza y caridad Aquí en- 
contrareis campiñas y collados siempre verdes, y que solo es- 
peran brazos robustos y activos que rasguen sus entrañas, pa- 
ra ofrecer frutos mas útiles y preciosos que sus ricos metales. 

En estos países tan favorecidos de la naturaleza conservare- 
mos la monarquía española, elevando su esclarecido solio sobre 
los tronos de Moctezuma y de los Incas. Entonces, concluida 
la revolución del grande año anunciado por el discípulo de Só- 
crates, se renovarán los reinos de Saturno; y como los descen- 
dientes de Eneas, no cabiendo ya en el Lacio, y siendo aun 
mas estrecho para limitar su poder y su gloria, se dilataron 
por las vecinas comarcas, subyugaron la Grecia y en las mis- 
mas cortes de Agamenón y de Aquiles vengaron la muerte de 
Priamo y la estincion de su imperio, así también los españo- 



— 108 — 
les, multiplicados y engrandecidos con las producciones y pre- 
ciosidades de estos vastísimos y fértiles países, volverá á Euro- 
pa, recuperarán la España, conquistarán la Francia, y si acaso 
existiese en ella la raza de Napoleón, será restituida á su pri- 
mitivo ser, tan oscuro y desconocido como el caos de la 
nada. 

Españoles americanos: apartemos de nuestra imajinacion 
exaltada unas ideas tan remotas, aunque muy alhagiieSas, y 
fijemos la vista en la escena horrorosa que nos ofrece la Espa- 
ña. El estampido del canon, el ruido de las armas, los instru- 
mentos bélicos, los clamores y alaridos de los moribundos re- 
suenan por todas partes. No hay labradores, ni artesanos, ni 
comerciantes, ni alumnos de Minerva; todos siguen las ban- 
deras de Marte, y toda la Península es un campo de bata- 
lla: incendios, ruinas, sangre y cadáveres: ved aquí los ú- 
nicos objetos que presenta. Nuestros padres, nuestros hijos, 
nuestros hermanos y amigos, yacen sepultados bajo su mis- 
mo triunfo. ¿Y no volareis á" sostener la gloria que han ad- 
quirido, á conservar sus laureles y concluir la grande obra de 
nuestra redención y libertad? Allí se vierte nuestra propia 
sangre; una mano pérfida despoja de su trono al monarca ama- 
ble anhelando constantemente por toda la nación; se le priva 
de su presencia y de su autoridad en el momento que empe- 
zaba á romper las cadenas que por espacio de diez y ocho años 
la habían agoviado y envilecido: nuestras leyes, y todos los 
derechos han sido vulnerados; la esclavitud mas ignominiosa 
está preparada á todos los españoles, después de reducirlos á 
la indigencia y á la miseria; la religión de nuestros mayores se 
ha profanado sacrilegamente; las esposas y aun las vírjeues sa- 
gradas están espuestas á la brutalidad de un conquistador des- 
almado y voluptuoso; los templos pueden ser convertidos en 
establos, y las formas consagradas (me horrorizo al presagiar- 
lo), el Cuerpo de Jesucristo Sacramentado, se volverá á pre- 
sentar en sus mismos copones para que lo devoren los caballos, 
como lo ejecutaron en Tirlemon los impíos franceses! ¿Y qué 
causas puede haber mas justas para autorizar una guerra? ¿Ni 
qué estímulos mas poderosos para escitarnos á concurrir á ella 
con nuestras personas y caudales? 



— 109 — 

Las personas no son tan necesarias, aunque sí muy dignas 
de mayor elogio. Quinientos mil hombres resueltos á defender 
cuanto interesa á su existencia y tranquilidad, no pueden ser 
vencidos por ninguna potencia. Trescientos espartanos com- 
prometidos á morir por salvar á su pueblo, fueron bastantes 
para derrotar el egército innumerable de Xerxes. Caudales 
para la subsistencia de esos valerosos patriotas, y para los tre- 
nes y armas de egércitos tan numerosos y desproveídos, es 
cuanto pide á nosotros la madre patria, y lo que podemos fá- 
cilmente tributarle. La justicia y la gratitud exigen que di- 
vidamos con ella lo que por ella misma disfrutamos. La paz 
con la Inglaterra, la libertad de los mares, la restauración de 
nuestro comercio, es debida á la guerra con la Francia. De 
aquí es que nuestros puertos se abren por las heridas que re- 
ciben los españoles; nuestros campos se fertilizan con su san- 
gre; el valor de nuestros frutos se aumenta, porque ellos de- 
jan de cultivar los suyos; nuestra gula y el lujo se sacia por- 
que ellos están hambrientos y desnudos; y la América ya se 
lisonjea segura de las calamidades de una invasión, porque la 
España sufre todos los rigores de la guerra mas sangrienta. 

La Isla de Cuba, aunque espuesta á un asedio mas que otras 
colonias españolas; y aunque por una omisión, de que ya se ar- 
repiente, dependa de ellas para satisfacer sus primeras necesi- 
dades; ni se ha intimidado con la fuerza de un enemigo dueño 
de los mares, ni ha sentido todas las privaciones que eran con- 
siguientes á su defectuoso sistemade Agricultura. El vigilautí- 
simo Gefe que tan dignamente la gobierna, ha empleado los 
medios mas eficaces para su defensa, subsistencia y prosperi- 
dad; y en las presentes circunstancias, tan estraordinarias é 
imprevistas en la Monarquía española, no han sido menos sen- 
sibles los testimonios de su fidelidad, prudencia y previsión. 
Pero no es suficiente para la felicidad de un pueblo que su 
Magistrado reúna aquellas virtudes cívicas que lo constituyen 
digno de dirigir á los hombres; es también necesario que los 
subditos concurran con otras, sin las cuales no puede resultar 
el orden y armonía social. Confianza, respeto y obediencia á 
las Autoridades; concordia, honradez, humanidad y patriotis- 
mo entre los ciudadanos; ved aquí los vínculos poderosos que 



— lió- 
los estrechan de un modo indisoluble; que hacen innecesarias 
las mejores leyes; y que les concilian el temor y veneración 
de los pueblos vecinos. 

Habaneros: sin estas virtudes no podemos vivir tranquilos ni 
gozar de las prosperidades que ofrece nuestro suelo, ni conservar 
la reputación que hemos adquirido. Nuestra patria puede glo- 
riarse de no haber dudado ni un solo instante que Fernando 
VII debia ser su legítimo Soberano; de todas las ciudades de 
la América, solo Caracas lo proclamó antes que ella; sus hijos 
han sido los primeros que, prefiriendo los peligros de la guerra 
á las comodidades de este pais, han marchado á verter su san- 
gre en España por redimirla y restaurar á su Rey; y sin em- 
bargo de la calamitosa situación de esta plaza, presenta ya 
algunos auxilios para socorrer á la Metrópoli. Repetid estas 
pruebas de vuestro patriotismo y lealtad, y sea una de las mas 
gloriosas, vuestra constante adhesión y obediencia al M. I. 
Gefe que nos preside. Sostenedlo con vuestros sufragios y es- 
fuerzos en la silla que ocupa, con tanto aplauso de los vecinos 
honrados, hasta que una autoridad reconocida por toda la na- 
ción, se digne remunerar su distinguido mérito, elevándolo á 
la mas alta dignidad. 

Lejos de vosotros el espíritu de insurrección y anarquía. 
Ahora, mas que nunca, respetad nuestras leyes y á sus minis- 
tros: reunid vuestras fuerzas y votos por la pública tranquili- 
lidad. Sea una misma vuestra opinión, no discorden vuestros 
sentimientos, diríjanse todos á un propio fin, y este sea la mas 
íntima unión entre todas las clases y pueblos de esta colonia. 
Estrechad vuestras ^relaciones políticas y amistosas con las 
demás posesiones nacionales, principalmente con el reino de 
Méjico, cuyos subsidios nos son tan necesarios; pero nuestra 
posición le es muy ventajosa para su defensa y comercio. Fo- 
mentad el vuestro: buscad en ese feraz suelo los grandes recur- 
sos que nos brinda para que no debamos nuestra conservación 
á otros países, especialmente á los estranjeros; sus precarios 
auxilios establecen la inacción y producen una dependencia 
ruinosa. El cultivo de aquellos frutos, siu los cuales no pode- 
mos existir, sea preferido al de otros que solo aumentan las 
necesidades facticias. Ya habéis visto que su valor pende de 



— 111 - 

mil circunstancias, que no está en vuestro arbitrio reunirías, 
cuando el consumo de los primeros alimentos no se sujeta al 
capricho de los hombres sino á una exijencia constante de su 
naturaleza. Ella misma, y la política, os incitan á que mejo- 
réis vuestra agricultura, único manantial de la abundancia y 
riqueza, y á que seáis mas industriosos y precavidos. ¡Feliz yo 
si estas ideas, que solo me es concedido insinuarlas, contribu- 
yen á la prosperidad de mi patria! 



VACUNA. (1) 

Estrado del informe leído en juntas generales celebra- 
das por la Sociedad económica de esta ciudad el 13 
de diciembre de 1809, por elJDr. D. Tomas Bomav, 
secretario de la junta de vacuna. 

"Hace cincuenta y nueve años que un orador muy distin- 
guido por su elocuencia y abominado por sus errores, sostuvo 
en la academia de Dijon que las ciencias habían contribuido á 
corromper las costumbres, y que los pueblos, cuanto mas ilus- 
trados, eran mas criminales, conservándose la inocencia y la 
virtud en las tribus incultas y salvajes. Si hubiera existido en 
nuestros dias ¿con cuántos argumentos capciosos no habría 
comprobado esa paradoja tan injuriosa á la sabiduría como á 
su justísimo autor? Al ver que la nación mas culta de la Euro- 
pa, la que se jactaba de poseer todas las ciencias en el ápice de 
la perfección, profando las leyes sociales, los principios de la 
moral, los pactos mas solemnes y sagrados, habia cometido 
horrores y atrocidades, que no pueden referirse sin ofender á 
la misma insensibilidad y á la impudencia. ¿Qué pruebas no 
encontraría sin recorrer los fastos de la historia?" 

(1) Diario de la Habana del Sábado 13 de Octubre de 1809. 



— 112 — 

"Y si de la Europa envilecida y degradada volvia los ojos á 
estas regiones injustamente llamadas inhospitales y bárbaras, 
exornaría su antítesis con nuevos y seductores sofismas. En- 
contraría en ellas protegidos los derechos del ciudadano, res- 
petadas sus propiedades, socorrida la indigencia, sostenido el 
orden público, la concordia, la unión y fraternidad, y en mil 
monumentos erigidos por el patriotismo y la humanidad, ve- 
ría también conservada su existencia." 

Gratitud eterna, adhesión y loa sea tributada al gefe ilustre 
que nos preserva de aquellas calamidades, nos dispensa prospe- 
ridad y justicia, y con un celo infatigable ha ilustrado y pre- 
sidido las doce sesiones celebradas por la Junta central de la 
vacuna en el año que hoy termina. En todas ellas se han pro- 
movido y empleado los medios mas eficaces para perpetuar en 
esta ciudad ese admirable preservativo, difundirlo por toda la 
isla y ridimirladel contagio varioloso. El éxito ha correspon- 
dido á sus deseos. Mil ochocientas treinta y siete personas se 
han inoculado en las casas capitulares y en los barracones; 
doscientos diez cristales se han remitido con ese virus á, los 
pueblos de esta isla y á muchos otros de ultramar; y en el ce- 
menterio general de esta ciudad y de sus barrios no se ha se- 
pultado un solo cadáver de virueliento. 

No han sido menos felices I03 pueblos del Calvario, Mana- 
gua y Santa María del Rosario. El licenciado D. José Govin, 
secretario de la Junta subalterna de esa ciudad, ha inoculado 
en dichos partidos, trescientos setenta y cuatro vecinos. 

Tan benéficas y dignas del aprecio de la Junta central, han 
sido las operaciones de la Junta de Cuba. Su infatigable se- 
cretario, el Ldo. I). Joaquín José Navarro, vacunó en esa ciu- 
dad, en el Cobre y el Caney setecientas noventa personas. Al 
mismo tiempo presentó una memoria en que persuade, que 
para rectificar el pus vacuno y conservarle iualterable, será 
conveniente comunicarlo alguna vez del hombre á las vacas y 
de éstas á los racionales. 

La villa de San Juan de los Remedios, asolada muchas ve- 
ces por las viruelas, se consternó sabiendo en el mes de Enero 
que se difundía en sus inmediaciones esa mortífera epidemia. 
Congregada su Junta de vacuna, confió la preservasen al se- 



- 113 — 

cretario Ldo. D. Josó León Valdes y al Ldo. JD. José Martín 
de Rojas. Estos profesores inocularon novecientos cuarenta y 
cuatro individuos, y el pueblo se conservó ileso. 

Si es muy inferior el número de vacunados en la grande po- 
blación de Puerto Príncipe, pues solo asciende á ciento siete 
personas, no debe imputarse este defecto ni á la falta de celo 
en los vocales de la Junta de vacuna, ni á omisión de su se- 
cretario el Ldo. D. Felipe Santiago de Moya. Nada escusó pa- 
ra cumplir sus deberes; pero los vecinos no han contribuido á 
realizarlos. Mas dóciles los de la villa de Santa Clara, consi- 
guió inocular á seiscientos veinte y tres de ellos el secretario 
de su junta D. Andrés José de la Parra. En sesión celebrada 
por la junta central el 3 de Noviembre, se confió al Ldo. D. 
Juan Nepomuceno Rodríguez, el encargo de secretario de la 
villa de Saucti-Spiritus, vacante por fallecimiento de D. José 
María Castañeda, cuya pérdida nos ha privado del estracto de 
sus vacunados y vacunaciones en el presente año. 

En este tiempo han inoculado en la villa de Guanabacoa, 
doscientas diez y nueve personas el Br. D. Rafael Valdes; en 
el partido de San José de las Lajas doscientas veinte y seis el 
Br. I). Esteban Gonezara, y noventa y tres en los Palacios D. 
José Matías Martínez. El profesor D. Juan Bautista Alech, 
que llevó de esta ciudad á Panzacola el virus vacuno, lo ha 
comunicado á cincuenta y cinco individuos, dirigiéndolo tam- 
bién á Mobila. 

Sin incluir este número, se han inoculado en la Isla de Cu- 
ba en el presente año, cinco mil doscientas trece personas. 
El hombre sensible se consuela y complace al ver que la hu- 
manidad desapiadadamente perseguida en otros países, en- 
cuentra en este un asilo donde salvarse y reparar sus pérdi- 
das enormes. Este espectáculo penetra su corazón, y arrasa- 
do los ojos con lágrimas de gratitud y júbilo, bendice la mano 
benéfica, que conservando al hombre y protegiendo sus dere- 
chos, se erige un monumento mas glorioso y perpetuo que 
cuantos ha consagrado la abyección y lisonja á los conquista- 
dores. El nombre de estos monstruos, no puede pronunciarse 
sin que las naciones palpiten de pavor, su busto teñido con la 
sangre de sus semejantes y apoyado sobre las ruinas de la hu- 

15 



— 114 — 
manidad, se mira con horror y execración; mientras que la 
imagen del hombre benéfico es presentada por los padres á los 
hijos, y por los gefes á los subditos como un modelo el mas 
digno de su emulación, de su reconocimiento y de su amor. 
Tales son los homenages que tributamos y repetirán las gene- 
raciones mas distantes al inmortal Jenner, y á todas las almas 
privilegiadas que protegen y le trasmiten su importante des- 
cubrimiento." 



— 11¿ 



DISCURSO 



SOBRE LA DEFENSA BE 2ARAG02A. 

¡por ti Rociar ^Bon dornas |lomag. (*) 



Al escelentisimo sr. d. salvador josé de muro y zalazar, 
marques de someruelos, gobernador de la habana, ca- 
pitán general de la isla de cuba y presidente de su real 
audiencia &c. &c. 

Escelentisimo señor: 

Nacido y educado á dos mil leguas de la Península, y distante mu- 
cho mas de la tribuna, no he tenido otro objeto en la formación de este 
papel que tributar á los defensores de Zaragoza el mas sincero testimo- 
nio de mi respeto y admiración, y socorrer á sus viudas y huérfanos con 
el producto de esta edición. Si tales motivos, y el nombre ilustre de V. E. 
cuyo patrocinio imploro, pueden hacer disimulables los defectos que con- 
tienen; dígnese V. E. dirigirle á los reales pies de S. M. en prueba de 
mi obediencia á sus soberanas insinuaciones. 

Dios guarde á V. E. muchos años. Habana y Marzo 2 de 1810. 

ESCMO. Sr. 

Tomás Romay. 

(*) Hay ciertos hechos entre las naciones grandes que jamás perecen y que si 
bien están consignados en el eterno monumento déla Historia merecen recordarse 
con frecuencia. Tal es el que ha sido objeto del discurso que aquí insertamos, escri- 
to y dado á la prensa hace 36 años, y que no por esto ha perdido su eminente mé- 
rito, como todas y cada una de las producciones de nuestro sabio y respetable com- 
patricio. Nuestros suscritores habrán visto que hemos ocupado con frecuencia la3 
páginas de este periódico con las obras del Sr. D. Tomás Romay ya inéditas ó ya 
agotadas las antiguas ediciones en que se dieron á luz, y estamos persuadidos de que 
se aprobará nuestra determinación, porque de este modo, si bien en diferentes pe- 
ríodos, ofrecemos la reunión de escritos no solo útiles por su contenido, no solo apre- 
ciables por los objetos á que se consagran, sino también dignos de elogio, modelos 
preciosos que atravesando una larga serie de años han llegado á nosotros llenos de 
vigor y recto juicio, de pureza y elegancia. — (Nota del Director délas Memorias de 
la Real Sociedad Económita. Año de 1846.) 



116 — 



¡Macte esse fortissimam, et, meo, judi- 
ciobeatissiman in ipsis malis civitatem! 
Asse, ruit cura fide socios: populum orbis 
terrarum viribus iultúm, sua mano, átate 
tam longa sustinuit. Xovissime máximo 
duce oppresa civitas, nullum de se gau- 
dium hosti reliquit... Triumphus fuit tan- 
tum de nomine. 

Lúe. Flor. Lib. 2. Cap. ] 8 de bcll. Numant. 



Recomendar á la memoria y admiración del siglo presente 
"y de la posteridad el valor, la constancia y patriotismo de 
"Zaragoza; inflamar con la mayor vehemencia el entusiasmo 
"nacional, y llenar los corazones españoles del mismo amor 
"á la la libertady del mismo horror á la tiranía." Ved aquí los 
grandes objetos que se propone la Junta Suprema de España 
y de las Indias, cuando incitan á los poetas y oradores nacio- 
nales á describir con fuego y energía el sitio horroroso de la 
capital de Aragón. 

La Europa envilecida bajo el yugo mas ignominioso y opre- 
sivo, oye atónita anunciar un programa que juzgaba reservado 
á Esparta y Atenas en los dias de su mayor independencia y 
gloria; cuando esos pueblos contaban tantos héroes como ciu- 
dadanos; cuando la educación, las costumbres, las institucio- 
nes y las leyes inspiraban todas las virtudes republicanas, y 
cuando ellas escitaban los sentimientos mas nobles y su- 
blimes. 

Pero en medio del abatimiento y degradación de las nacio- 
nes; entre los mismos puñales de los asesinos: bajo el trono 
profanado de Fernando VII, se eleva un Gobierno legítimo y 
augusto; un Gobierno tan generoso y magnánimo que á la 



— 117 — 
faz del tirano y de sus legiones esterminadoras, desprecia las 
cadenas con que pretendian aherrojar los pueblos, tremola el 
estandarte de la libertad, los exhorta ala lid mas justa y glo- 
riosa y les ofrece la defensa de Zaragoza como un modelo de 
virtudes que deben imitar, y como el asunto mas digno de ejer- 
citar sus talentos. El literato y el guerrero; el que puede ilus- 
trar la patria con su pluma ó defenderla con la espada; el que 
debió á la naturaleza el don sublime de la palabra ó aquel va- 
lor iutrépido que nos hace verter la propia y agena sangre, 
que nos conduce impávidos á los mayores peligros, y los sufre 
con una constancia invencible; todos los que sientan inflama- 
do su espíritu por el fuego sagrado del patriotismo, todos en- 
contrarán en las ruinas de la inmortal Zaragoza egemplos que 
seguir, acciones que elogiar. 

Genios venales que habéis prostituido á la adulación y á la 
lisonja las bellezas de la Oratoria y Poesía; que profanasteis el 
santuario de las Musas introduciendo en él al monstruo estú- 
pido que las impuso silencio y pavor, persiguiendo la virtud y 
devorando la nación mas grande y opulenta: purificad ese sa- 
grado recinto cou los suaves aromas del aticismo castellano; 
consagradlos todos en el ara de la patria á los manes ilustres 
de Aragón; y erigidles con vuestras plumas un monumento 
mas hermoso y durable que las obras de Fídias y Praxisteles. 

Zaragoza no ha debido al arte ni á la naturaleza el ser ines- 
pugnable. No está situada sobre una roca inaccesible como el 
castillo de Gaeta; no la circundan fosos profundos y anchu- 
rosos, ni elevados y fuertes muros erizados con estacadas y ca- 
ñones como los de Mantua y Breslau: no puede ser socorrida 
por el mar como Dantzick; ni la guarnecían treinta^ y seis mil 
veteranos como á Ulma; ni confiaba en un egército numeroso y 
aguerrido como la capital de Austria en la presente campaña. 

Zaragoza, la inerme Zaragoza, en el centro de un valle es- 
pacioso sembrado de olivos y de mieses, descollaba tan erguida 
y magestuosa, como la robusta encina entre los tiernos mim- 
bres. Dos collados dominan sus pacíficos hogares y sus monu- 
mentos piadosos, únicos edificios fuertes. Una tapia tan acce- 
sible como deleznable era toda su defensa. Divídele de un 
barrio el caudaloso Ebro, y debilita sus fuerzas, enerva sus 



— 118 — 
recursos, multiplica los puntos de ataque y dificulta resistirlos. 

No obstante, Zaragoza de todo exhausta, menos de virtu- 
des, se juzga por ellas mas invencible que esos prodigios de 
la Polémica. Confiada en su lealtad, en su valor y constancia 
se presenta en Victoria á su infelice y adorado Monarca; y 
convecida igualmente de su inflexible resolución y de la in- 
fausta suerte que le esperaba: concededme, le dice cuando la es- 
citó á que usase de su Real beneficencia, concedzdme la gracia 
de que yo sea la 'primera ciudad que se sacrifique en vuestra defen- 
sa. ¡Presagio terrible que habria hecho palpitar el corazón de 
otro príncipe menos noble y generoso que Fernando! Sigue 
inmutable á Bayona, y aun previendo ya el éxito de aquel di- 
ván de oligarcas, concurre á él con la misma dignidad que 
César al Senado cuando sorprendido le privaron del imperio 
y de la vida. 

Arrancaron entonces á Fernando la corona, perdió la liber- 
tad, le despojaron hasta de aquellos homenages y honores que 
merecia por su augusta estirpe, por su confianza y sincera 
amistad: se petrificaron las entrañas de sus mismos padres á 
unos sentimientos que no rehusan las fieras á sus hijos; y 
con asombro de la naturaleza todo lo obtuvo el poder de Napo- 
león. 

Mas no pudo alterar en el pecho de los españoles la fidelidad 
y veneración á su legítimo Monarca. Cuanto mas se esforzaba 
en abatirle y degradarle, tanto mas se arraigaba en ellos el 
amor y respeto á su Principe, el odio y aversión al déspota. 
Inflamada por estos atectos la ilustre sangre de un joven mili- 
tar, toda la hubiera vertido si posible le fuera mezclarla y te- 
ñirla con la del tirano. Siendo impracticable cuanto le inspira- 
ba su ardiente celo y pundonor, se aparta despechado de aquella 
escena proditoria, y vuelve á su pais llevando impresas con ca- 
racteres de fuego las vejaciones que sufre su Rey la impuden- 
cia y perfidia de Bonaparte. Centellando sus ojos, secas las 
fauses no podia exhalar un suspiro ni verter un lágrima. Ven- 
ganza y guerra, prorrumpe al fin con una voz horrísona. Ven- 
ganza y guerra, clamaba ya desde el Prado la sangre española 
derramada alevosamente. Venganza y guerra, repetían los pue. 
blos de la Península desde el Pirineo hasta Calpe. 



— 119 — 

Esta alarma tremenda retumbaba en todo el recinto de Za- 
ragoza: el valeroso Jorge (*) la proclamó el primero y su eco 
resonaba incesantemente en los labios de la tierna virgen y 
del robusto-jóven, del trémulo anciano y del niño balbuciente. 
No, no era un grito vago, exbalado sin espresion, vacio de 
afectos: era sí el suspiro del dolor mas acerbo, el ronco alarido 
de la saña y despecho, el clamor de un liey cautivo, de bonor 
mancillado y de la patria ultrajada. 

Entusiasmados por estímulos tan poderosos, Aragón solo 
carecía de un caudilo capaz de conducirle al templo de la 
gloria. Yo te venero, te admiro y aplaudo ¡ob tú Ulises! cuyo 
nombre debe inscribirse colateral al de Jorge en el monumento 
glorioso que transmita á la posteridad los héroes de Zaragoza. 
¿Qué inspiración, dime, te hizo preferir á los bravos y fornidos 
aragoneses un joven iuesperto, educado en una corte mas afe- 
minada y corrompida que la de Escyros, mas célebre en las sel- 
vasdeCiteréa que en el campo deMarteytan desconocido álos 
guerreros españoles como Aquiles á los griegos? ¿Qué genio 
benéfico protector de la España te auguró felizmente que él 
solo podia salvar el honor de Zaragoza elevando su sitio sobre 
el memorable de Troya? ¿Como descubriste virtudes tan eclip- 
sadas por aquella que refrigiendo su esplendor las hace mas 
preciosas? 

Modesto por carácter, afable, generoso y sincero, D. José 
de Palafox merecía únicamente la opinión de un militar cor- 
tesano, apreciado en las sociedades de Madrid por la dulzura 
y los hechizos de su trato. Festivo con decoro, flexible sin ba- 
jeza, obsequioso sin lisonja, irreconciliable con el crimen y la 
adulación, jamas doblegó su cerviz al privado orgulloso que 
aterraba y envilecía la nación. En un cuerpo débil, bajo los 



(*) Antes de la invasión délos franceses labrador honrado y vecino del Rabal. 
Como aquellos primeros romanos de antigua y venerada memoria, abandonó la tier- 
ra que había cultivado por espacio de 49 años, y empuñó el acero destinado á re- 
dimir la patria y castigarla bárbara osadia del opresor. Lidió con los secuaces odio- 
so valido, convocó y armó á los patriotas inflamando en sus pechos la llama sagrada 
del patriotismo, para combatir con los satélites del tirano, y defender la justa causa 
en que está enpeñada la España. Mereció por sus hazañas el grado de coronel y 
capitán de la guardia del capitán general de Aragón. Sewan Pairioi núm 13. 



— 120 — 
modales mas suaves y apacibles, se ocultaba un alma grande, 
enérgica y fuerte. Semejante á esas montañas que cubiertas de 
arbustos y de flores se conservan inalterables muchos siglos, 
pareciendo destinadas solamente á hermosear el globo con su 
elevación y figura, hasta que inflamado y enrarecido el fuego 
que contenían en sus entrañas, las estremece con un ruido 
pavoroso, las despedaza y las penetra arrojando llamas, lavas 
y peñascos; así Palafox permaneció tranquilo en los dias mas 
impetuosos de su juventud, ignorando él mismo el estro divino 
que encerraba en su seno; pero electrizado en Bayona, y en- 
contrando un volcán en cada pecho de los aragoneses, desar- 
rolla y presenta aquellas virtudes marciales' qne arrebatan 
nuestra emulación y estupor. 

Los aragoneses le aclaman por su gefe, y él se manifiesta 
digno de presidirlos en el campo del honor. Doscientos veinte 
soldados era todo el egército de Zaragoza, dos mil reales todo 

el tesoro de la provincia. Dictaba la prudencia Su voz no 

debía escucharse en aquel caso; la prudencia era entonces co- 
bardía, y la cobardía traición. Palafox no podia ser cobarde 
ni traidor; y renunciaría á la prudencia si exigiera someterse 
al déspota, abandonando la Religión de sus padres el Rey ha- 
bía jurado obedecer la patria, la libertad y el honor. Resuelto 
á sellar con su sangre el voto que había pronunciado, sin con- 
sultar á los demás Reinos ignorando el partido que tomarían, 
y sin esperar sus auxilios, declara la guerra al Emperador de 
los franceses del modo mas enérgico y solemne. Sus tropas 
presidiaban pérfidamente las fortalezas de Monjuich,Figueras 
y Pamplona; Murat con sesenta mil vándalos dominaba á Ma- 
drid, varias divisiones de los mismos asesinos provistas de 
trenes municiones y víveres ocupaban puestos militares en 
Castilla, Navarra y Cataluña; el paso de los Pirineos les estaba 
espedito; por todas partes asestaban al reino de Aragón, iso 
importa; su general ve los peligros como si estuviese preser- 
vado de ellos; los provoca como si no los conociera. Soldado, 
gefe y héroe en un mismo dia, toca con la velocidad del rayo 
los estreñios mas distantes en la milicia. 

Ocho mil infantes y novecientos caballos se dirigen contra 
Zaragoza. El intrépido Palafox no los espera atrincherado en 



— 121 - 
sus calles, como en las gargantas de las Termopilas recibieron 
á los persas los trescientos espartanos. Con menos soldados y 
mucha menos pericia, sin cañones, sin caballería y escaso de 
municiones acomete al enemigo en una llanura. La posición 
no podia serle mas ventajosa: su escesivo número, la caballería 
y artillería maniobró sin el menor obstáculo. Los aragoneses 
esperimentaron las efectos de tanta superioridad; pero también 
quedaron convencidos los franceses de que no podían ofender- 
los impunemente. En otras circunstancias esta acción habría 
sido un arrojo criminal; en aquellas fué digna del mayor elo- 
gio por el respeto que impuso al enemigo el valor, intrepidez 
y firmeza de nuestras tropas, y por el orden y serenidad con- 
que se replegaron en Zaragoza. 

La sitian inmediatamente desde la margen opuesta de.l 
Ebro. Un destacamento de caballería osó penetrar en la ciudad; 
no le favorece el terreno, y fué destrozado en sus calles. El 
ejército se oculta tras un bosque de olivos; estos árboles eran 
tan útiles como agradables; contribuían con su frondosidad á la 
hermosura y recreo del pueblo, y con su fruto á su comercio 
y subsistencia. Pero los zaragozanos prefiriendo la conserva- 
ción de la patria á todos los deleites y conveniencia, salen al 
campo, provocan al enemigo; y mientras unos los desalojan y 
espelen de los puestos que allí tenían, otros arrasan y queman 
los olivares, las quintas, los caseríos y jardines y cuanto ocul- 
taba su aprocsimacion. Con la misma generosidad se privan 
y ofrecen todo lo que podían contribuir á la defensa. Personas, 
caudales, provisiones y utensilios, nada se reservan. Abren 
fosos delante de las puertas de la ciudad: con todos los lienzos 
que hallaron útiles, y hasta con las cortinas de las casas hacen 
sacos, los llenan de arena, forman parapetos, y montan preci- 
pitadamente los cañones que les ofrece la casualidad. Horadan 
la pared que circundaba el pueblo y los muros de las casas in- 
mediatas para servirles de troneras donde colocar la mosque- 
tería. Cortan con profundas zanjas las calles principales, y con 
la misma tierra levantan trincheras. 

Tales eran los obstáculos que oponía Zaragoza á los inven- 
cibles que superaron la cima escarpada y aterida del S. Ber- 
nardo, que forzaron el puente de Lody, asaltaron las fortalezas 

16 



— 122 — 
de Dantzick, y han llevado la desolación hasta las márgenes 
heladas del Báltico y del Vístula. Pero los franceses no habian 
lidiado hasta entonces con un pueblo noble y magnánimo que 
prefería su independencia á la vida, y que habia resuelto morir 
libre antes que vivir esclavo. Este voto era mas firme y mas in- 
contrastable que cuantas barreras ofrece el arte y la naturaleza. 
Este voto ratificado constantemente por los habitantes de Za- 
ragoza, los escitaba á los trabajos mas penosos, los conforta- 
ba en ellos, disipaba el cansancio y la fatiga, y los hacia insen- 
sibles á las mayores privaciones. Jóvenes y ancianos, niños, 
mugeres, sacerdotes y militares, todos se empleaban á propor- 
ción de sus fuerzas y aptitud, todos se hacian útiles y ninguno 
repugnaba lo que podia egecutar. La voluntaria actividad, la 
confianza y alegría reinaba en todas sus acciones. Y al verlos 
tan afanados y festivos ¿quien presumiría que se preparaban 
por resistir un asedio? Parecia mas bien que interesados todos 
en solemnizar sus triunfos futuros, prevenían los áreos, corta- 
ban laureles, y las esposas y las madres entonando alegres 
himnos tegian guirnaldas para ceñir las sienes victoriosas. 

¡Ah! Un rio de sangre mas caudaloso que el Ebro debia 
fertilizar antes el árbol inmarcesible. La muerte, la ineesora- 
ble muerte, sobre un carro fúnebre erigido con las ruinas de la 
humanidad, habia de enseñorearse muchas veces por las calles 
de Zaragoza primero que brillase día tan plarusible. Y cuando 
se presentaba ese horrible espectro precedido de todas las ca- 
lamidades y desvastaciones ¿cual de los zaragozanos manifes- 
tó pusilanimidad ó pavura? Cuando por todas partes resonaba 
el estampido del bronce, la esplosion de las minas, el choque 
de las armas, y el sonido de la trompeta esterminadora ¿quien 
oyó jamás suspirar ni gemir? Quien rehusó ocurrir á los puestos 
mas peligrosos, cerrar con su pecho la brecha del muro, salir 
á la campaña, afrontarse á los cañones y á la caballería 
francesa, penetrar sus filas, perseguirlos y embotar en sus es- 
paldas las bayonetas y los sables? 

Si alguna vez el corazón del impertérrito Palafox se cons- 
ternaba y abatía, era presisamente cuando el pueblo embrave- 
cido, á guisa de un león aprisionado cuya saña se irrita y pro- 
voca sin poder emplear las garras y los dientes, clamaba por 



— 123 — 

municiones y armas, y no podia satisfacer su ardiente anhelo. 
Era presiso tomarlas de las manos yertas de los cadáveres ó 
arrancarlas con violencia al enemigo. En tan estrema penuria 
y mengua habia sumergido á Zaragoza y ó toda la Peninsula 
aquel Ministro inepto y pérfido que, sin mérito alguno, fué co- 
locado en la silla de Gravella, de Alberoni y de Giménez para 
derrocar el trono de nuestros Príncipes, exaltado por esos va- 
rones esclarecidos á la cumbre de la opulencia y de la gloria. 
Godoy, parricida mas ingrato que Lucio Catilina, nada habia 
omitido para envilecer la nación, desarmarla y enervar sus 
fuerzas físicas y morales. La rapacidad de ese monstruo, tan 
insaciable como la de Bonaparte, después de apurar el tesoro 
de la corona, los caudales de los vasallos de ambos mundos, y 
cuanto producian las inagotables minas de Méjico y del Perii, 
no respetó ni las propiedades ni las alhajas de los templos. Por 
su vil abyección á las sórdidas y estúpidas maquinaciones de 
la Francia, perdimos el honor y las escuadras en los combates 
de Finisterre, S. Vicente y Trafalgar. Nuestro ejército fué des- 
membrado alevosamente confinando diez y seis mil hombres 
escogidos en el norte de Europa y otro cuerpo en Portugal, 
destinado por un padre á perseguir y destronar una hija, sin 
otro motivo que satisfacer la ambición del tirano universal. El 
comercio yacia interrumpido, las colonias emancipadas, los 
campos agostados, los talleres desiertos, las artes paralizadas, 
las fundiciones de cañones, las herrerías y fábricas de pertre- 
chos abolidas ó abandonadas. 

Zaragoza, como toda la España, solo tenia aquellos recursos 
y armas que la suministraba su furor. Empero, ellas fueron 
bastantes para triunfar de los invencibles. El quince de Junio 
todos sus puestos esteriores fueron atacados, al mismo tiempo 
que una formidable columna se dirigió contra la ciudad preten- 
diendo asaltarla por el portillo y otras puertas. Los aragoneses 
casi desarmados, sin orden ni disciplina, sin inteligencia en el 
manejo de la artillería la sirve el que se halla mas próximo, 
obedecen y mandan alternativamente. Pero todos eran anima- 
dos de un mismo espíritu, todos combaten despechadamente, 
y en todas partes encuentran los agresores la misma resisten- 
cia, el mismo valor y osadía. El campo y las calles quedaron 



— 124 — 

cubiertos con sus cadáveres, y Lefevre confundido y escarmen- 
tado con este segundo desastre se retira fuera del tiro de canon. 
Palafox, confiado en su desaliento y en el nuevo entusias- 
mo que habían adquirido los zaragozanos, les previene lo que 
debian hacer, y sale á solicitar refuerzos para sostener un sitio 
y alarmar todo el reino de Aragón. Recluta cerca de mil cua- 
trocientos soldados, los une á una pequeña división de las mi- 
licias de Calatayud, y cediendo á los deseos de estas tropas, re- 
suelve batir las francesas situadas entre Zaragoza y la Muela- 
Se dirige á Epila y comunica sus órdenes á la capital, para que 
simultáneamente la guarnición atacase el frente y él la reta- 
guardia. Este plan tan bien combinado, y cuyo éxito debia ser 
muy glorioso, fué prevenido por Lefevre. Con fuerzas superio- 
res le sorprende una noche en Epila, y después de una exis- 
tencia obstinada y sangrienta vuelve á Zaragoza. 

Se refuerza con estos auxilias y mucho mas con la pre- 
sencia de su Gefe ; pero los enemigos también reciben de Pam- 
plona nuevas tropas, artillería y municiones. ¡Oh negra indig- 
na alevosía! Los mismos cañones, las balas y pertechos que fa- 
bricamos con nuestras propias manos para emplearlos en 
nuestra defensa , esos mismos se sacan de nuestros parques y 
se dirigen contra nosotros; mientras que Zaragoza, careciendo 
de todo, no tiene donde ocurrir á proveerse. Se sitúa el ene- 
migo en diversos puntos, establece otras baterías, y por todas 
partes ofende á la ciudad y la priva de todo socorro. Lo perci- 
ben los aragoneses desde sus soberbias torres, como la fiera 
que mira tendérsele la red, estrecharla y celebrar su prisión. 
Salvan las barreras, se abalanzan, y en los mismos puestos 
fortificados acreditan su osadía y corage. Los franceses se ir- 
ritan con unos esfuerzos que jamás habían esperimentado; pe- 
ro no se presentan hasta que la metralla y la bala fulminante 
hayan arrasado todos los obstáculos. Entonces al través de las 
ruinas, del polvo y del humo, y sostenidos siempre por la ar- 
tillería se apoderan del monte Torrero y de una batería inme- 
diata. El Comandante de ella, no habiéndola defendido como 
zarragozano, espió su cobardía con una muerte ignominiosa. 

Las calles y las casas eran ya el campo de batalla. Cada ca- 
sa se disputa como una fortaleza, y cada cuadra como un pues- 



— 125 — 
to muy importante. Unas y otras se llenan de cadáveres, y ni 
su corrupción ni la piedad alcanzan treguas para inhumarlos. 
Entretanto la artillería no cesaba de arrojar balas, bombas y 
granadas contra unos edificios no dispuestos para recibirlas 
¿cuál, pues, serian los estragos? Incendian el mas fuerte desti- 
nado para almacén de pólvora, y en un instante se convierte 
en cenizas una calle entera. Devoran también las llamas la ca- 
sa de espósitos que servia de hospital, después de arruinarse 
todos los que habia erigido la humanidad en tiempos menos 
calamitosos, y merecieron la admiración de los mismos fran- 
ceses. Desplómanse varios templos y monasterios sepultando 
bajo sus escombros las casas vecinas. Destrúyense todos los 
molinos que habia en las riberas del Ebro, y queda Zaragoza 
sin pan, sin pólvora, sin hospitales, sin un solo lugar preser- 
vado de la artilleria, y espuesta á todas las calamidades de una 
atmósfera contagiada. En esos momentos de amargura y deso- 
lación, cuando la naturaleza enagenada por la misma acerbi- 
dad de las penas y tribulaciones no pueden gemir ni suspirar, 
y conesesilenciomasespresivo que todas las frases, reclámala 
compasión de los seres menos sensibles; entonces era cuando 
los dignos soldados del bárbaro Atila lejos de enternecerse, ómi- 
tigar al menos su furor, lo exaltan mas y mas: y con una fie- 
reza desconocida hasta entonces en los hombres, redoblan sus 
fuegos, avanzan por todas partes, destruyen lo que respetaron 
las llamas y las ruinas, y entre ellas mismas se ceban y recrean 
aumentando las postreras ansias de aquellas ardidos ó yertos 
moribundos. 

Mas no lo egecutan impunemente. La voz de la patria era 
mas imperiosa á los aragoneses que la vista del padre y del 
hijo espirando. Apartan sus ojos de objetos en otras circuns- 
tancias preferidos, y sucediendo la indignación á la terneza, 
vuelven contra esos monstruos desapiadados, y les hacen sen- 
tir las propias agonías que causaban. Palafox, espíritu vivifi- 
cante de aquel cuerpo lánguido y exánime, destituido de todo 
auxilio estraño, busca en sí mismo los últimos recursos para 
restituirle á la vida. Tan imperturbable en las trincheras co- 
mo en las calles, en los incendios como en las esplosiones, to- 
do lo presencia, todo lo reanima, lo agita, lo repara y precave. 



— 126 — 
A vista de los franceses arroja á las calles los prisioneros ata- 
dos fuertemente con cuerdas para que retiren los heridos y 
cadáveres, hace curar los primeros y sepultar los segundos. 
Construye tahonas movidas por caballos para moler el trigo; 
establece hospitales en el parage menos espuesto de la ciudad; 
y requiriendo en ella todo el azufre y saliere que existia, fabri- 
ca pólvora con carbón de cáñamo. 

No era bastante para reponer la necesaria. Los valientes de 
Aragón se dan mas prisa en consumirla que los artífices en fa- 
bricarla; faltan las balas y se escasean todas las municiones. 
En ese terrible conflicto llega al campo el general Verdier con 
tropas mas aguerridas, mejores trenes, grandes provisiones de 
víveres y pertrechos, mayor saña y osadía. ¿Qué hizo enton- 
ces Palafox? Almas viles, que habéis pretendido imputar vues- 
tra cobardía y perfidia al pueblo mas fiel y valeroso, oid para 
confusión vuestra, para honra y gloria de la España, oid lo 
que contestó el pueblo de Zaragoza en ocasión la mas desespe- 
rada, cuando su general recorriendo las calles y los puestos, 
recibía nuevos testimonios de su inflexible carácter: nos sepulta- 
remos, decía unánimemente, nos sepultaremos bajólas ruinas de la 
patria; mientras haya cuchillos, tendrá defensores. ¡O pueblo dig- 
no de la protección y admiración del cielo y de los hom- 
bres! (*) 

Parecía no merecerla hasta que hubiese dado las últimas 
pruebas de fidelidad, valor y constancia: no las rehusa. Cin- 
cuenta dias del sitio mas activo y rigoroso ya le habían fami- 
liarizado con el hambre y las vigilias, con todas las privacio- 
nes y calamidades, con los dolores y angustias, eon la misma 
muerte. En buen hora inventen los franceses máquinas mas 
desoladoras, esfuércenlas ventajas funestas de su pericia y tác- 
tica, rectifiquen las atrocidades de su ferocidad y barbarie. 
Zaragoza, inalterable en la resolución que había votado, mi- 
raba ya su total esterminio como el principio de una existen- 
cia interminable y gloriosa. 

Las baterías distantes un solo tiro de pistola de la puerta y 



(*) ¡O populum dignum favore, etadmiratione hominuin ac Deorum. Couipulsus 
ad últimos metus, ab incepto non destitit. Luc Flor. lib. 2 cap. 6. 



— 127 — 
convento de Santa Engracia, rompen un fuego hornee. En 
un instante desaparece cuanto allí descollaba, y aquel hermo- 
so edificio solo presenta ruinas y cenizas. Por esa brecha im- 
prevista se precipitan inmediatamente las columnas francesas. 
En vano los aragoneses pretenden reprimirlas presentando sus 
pechos descarnados, y combatiendo con la mas despechada 
obstinación. Superándolo todo llegan hasta la calle del Coso, 
y antes de la noche ocupaban los enemigos la mitad de Zara- 
goza. Lefevre entonces convencido de que no podia dar un 
paso adelante sin arruinar completamente su egército, harto 
disminuido con la matanza de aquel dia, se atrinchera y pro- 
pone capitulación. Palafox ignora el significado de esa voz : 
los patriotas españoles no deben sino vencer ó morir. Guerra 
y cuchillo, contesta con toda la energia y laconismo de un es- 
parciata; y sus soldados, cuyos sentimientos eran unos mismos 
con los del jefe, oyen su respuesta como la orden de atacar. 

Ya lo ejecutaban casi sin otras armas que los puñales, cuan- 
do atravesando el real de los enemigos entra en Zaragoza 
D. Francisco de Palafox con tres mil hombres y un gran con- 
voy de provisiones y pertrechos. Recuperan los estenuados 
aragoneses su primitivo vigor y energia, y los nuevos vetera- 
nos estimulados con los heroicos egemplos de un paisanage in- 
disciplinado, combaten con un encarnizamiento sin igual; 
arrollan por todas partes á los franceses, y en once dias los es- 
trechan á la octava parte de la ciudad. 

No eran menos sangrientos ni repetidos los ataques en las 
puertas del Carmen y del Portillo. Muchas veces las balas y 
bombas destruyeron los parapetos de sacos de tierra que las 
defendian, y otras tantas faeron construidos bajo el fuego de 
la artillería y de las columnas enemigas. Allí competían el des- 
pecho con la magnanimidad, la ambición con el amor de la 
gloria, la tiranía con la libertad, la filáucia con el patriotismo. 
¡Pero qué espectáculo se presenta á mis ojos! Llega una joven 
al Portillo con la refacción que acostumbraba llevar á los de- 
fensores de aquel punto: ya no era necesaria. Todos yacían, 
muertos los unos, espirando los otros. Descubre una mecha 
encendida, y sin que la arredre la metralla que en derredor 
cruzaba, se acerca y la toma de uua mano lívida: ella lo sien- 



— 128 — 
te, la cede y vuelven á la luz aquellos ojos lánguidos, la miran 

y la dicen yo no acierto á repetirlo; ni el mismo Tulio 

poseyó en grado tan sublime la elocuencia. Pero Agustina lo 
comprende: divisa un canon cargado de metralla, le dá fuego 
y lanza mil muertes. Los franceses se intimidan, huyen, y ella 
salta denodada sobre el bronce humeante todavía; pregona su 
triunfo, y llama á sus compatriotas que absortos la miraban. 
Vuelan hacia ella, la admiran y bendicen. ¿Y por qué no ha 
de representarse Agustina en esta brillante actitud? Semíra- 
mis dirigiendo sus ejércitos á la victoria, ¿aparecería mas glo- 
riosa? 

No fué esta la única heroína de Zaragoza: fueron tantas 
cuantas eran las mugeres que contenia aquel alcázar de virtu- 
des cívicas. Las mas ilustres esparciatas podían aprender de 
ellas muchos rasgos que no manifestaron después de la famosa 
batalla de Leuctres. Acompañar las madres y las esposas en 
el combate á sus hijos y maridos, lidiar á su lado, confortar- 
los, conducirlos sobre sus hombros después de heridos ó muer- 
tos, curarlos ó sepultar sus cadáveres cubriéndolos de flores y 
entonando himnos ; nada era tan frecuente en aquellas muge- 
res varoniles, que sofocaban todos los sentimientos de la natu- 
leza, y exaltaron su sexo mucho mas que las Porcias y Crate- 
silas. Mas quién es la que congregó á todas, las presidia en las 
batallas y en los hospitales, la que escitaba su ira contra el ene- 
migo ó su compasión con los enfermos, la que en todos los pe- 
ligros se presentaba la primera y ninguna la accedió en satis- 
facer los deberes de la humanidad? Delicada por educación, 
fuerte por carácter, modesta y hermosa, impávida y sensible, 
la joven condesa de Bureta llevando en sus tiernas manos 
auxilios y socorros para los heridos, penetraba por las filas de 
los combatientes, y se veia cubierta de balas y metralla, con 
la misma serenidad que solia pasearse por un jardín que solo 
presentaba flores y delicias. 

¿Y" fué acaso menos imperturbable, ni menos exactos en des. 
empeñar las funciones de sacerdote y ciudadano, el venerable 
y virtuoso Sass? Imitador del Phinés, postrado unas veces ante 
el tabernáculo dirigía fervientes votos al Dios de paz y de mi- 
sericordia, y otras al frente de los guerreros inflamaba su celo 



— 129 — 
invocando al Dios de los ejércitos y de las venganzas. Con la 
una mano presentaba á los ñeles el pan celestial que concede 
la vida eterna, y con la otra esgrimiendo el acero daba á los 
impíos muerte interminable. Digno depositario de los secretos 
de Palafox, le confiaba las comisiones mas importantes, se le 
ofrecia espontáneamente á cuanto era arduo y peligroso, y 
acaudillando cuarenta patriotas decidió la suerte de Zaragoza, 
introduciendo en ella la pólvora suficiente para continuar su 
defensa. 

¿Y podia sucumbir un pueblo de héroes, cuyas virtudes eran 
mas formidables que todas las armas? ¿Inclinarian la cerviz á 
un yugo de hierro, los que execraban la abyección de los viles 
esclavos del tirano? ¿Apreciarían una vida infame aquellos 
que perseguían y retaban la muerte en las trincheras y en las 
brechas, entre las llamas y las ruinas, y donde solía encontrar- 
se mas horrible y certera? ¿Rendirían á Lefevre los mismos 
cuchillos con que le amenazaron, y temió esperarles aun ro- 
deado de fusiles y cañones? 

Triunfó en fin Zaragoza, y después de sesenta y un días en 
que el arte infausto de esterminar y destruir apuró todas lits 
atrocidades y devastaciones, los invencibles de Marengo y 
Friedland, los conquistadores de Mantua y Dantzick cubier- 
tos de heridas y de oprobio, huyeron de aquella ciudad abier- 
ta, guarnecida únicamente con los pechos y brazos de sus mo- 
radores. Mas de veinte mil cadáveres tendidos en sus calles 
y en las eras, muchos prisioneros, un gran parque de artille- 
ría, municiones y víveres, el terrror y el escarmiento fueron 
los trofeos de esa victoria: trofeos ilustres que adornarán al- 
gún dia el monumento eterno que prepara la patria á esos in- 
victos guerreros. 

Entre tanto, nuestra gratitud, nuestra admiración y alaban- 
za sea el primer homenage que se tribute á sus virtudes. Pero 
no una admiración estéril, que embelesando la mente la ena- 
gene y prive de sus funciones. Sea, pues, una admiración ac- 
tiva y enérgica que penetrando hasta el corazón, escite en nos- 
otros los mismos sentimientos y acciones; que nos represente 
la defensa de la patria, del honor y libertad con todos los de- 
rechos que la autorizan para exigir los mayores sacrificios ; y 

17 



— 130 — 
que apartando de la muerte cuanto tiene de horrorosa y funes, 
ta la presente como el único tránsito al templo de la inmorta- 
lidad. 

No habrían conservado el distinguido lugar que en él mere- 
cieron Palafox y los aragoneses, si, como Aníbal y su egército 
después de la batalla de Canas, embriagados con el triunfo y 
con los aplausos de toda la nación, se hubieran entregado á 
los regocijos y placeres, juzgándose libres para siempre de un 
enemigo derrotado y fugitivo. Pero el Caudillo de Aragón mas 
religioso y precavido que el vencedor de Terencio y Emilio, 
habiendo perseguido á los franceses en su vergonzosa retira- 
da, vuelve al campo, elige entre sus despojos los mas dignos 
de presentarse al Dios de las batallas, se dirige al templo, y 
entonando cánticos de alabanza y gratitud, le consagra aque- 
llos trofeos de su diestra sola invencible. 

Después que hubo satisfecho este deber el mas sagrado, pa- 
sa revista á sus victoriosas huestes, aplaude su valor, constan- 
cia y fortaleza; las exhorta á la perseverancia en las mismas 
virtudes y las cede toda la gloria que le pertenecia por el triun- 
fo. Recorre los hospitales y consuela y bendice á los valientes 
que derramaron su sangre por la patria; reconoce el parque, 
los edificios arruinados, las murallas y las puertas demolidas; 
y trata de repararlas y restablecer en todas partes la seguri- 
dad, el orden y la abundancia. Lejos de mirar la precipitada 
fuga de José á Pamplona y el viage de Napoleón á Erfurt con 
el mismo desprecio que el hijo de Amilcar la retirada de los 
cónsules á Roma comprende todas las maquinaciones de su 
insaciable ambición, todos los resortes que emplea su política 
y ya le veia volver desde el septentrión al frente de otras le- 
giones de bárbaros mas crueles que los antiguos hunos, ván- 
dalos y godos. 

El tesoro de Zaragoza , que nada importaba antes del ase- 
dio, quedó mas exhausto que el de Roma después de la cuarta 
victoria obtenida por los cartagineses; la falta de soldados, de 
armas y pertrechos era muy semejante. Pero si los senadores, 
los patricios y las matronas se despojaron hasta de sus alhajas 
y preseas, reservándose únicamente las precisas insignias de 
bu dignidad, para armar nuevos egércitos y redimir el Capito- 



— 181 — 

lio de la espada de Aníbal; los vecinos y las damas de Zarago- 
za eficazmente interesadas en sostener la gloria que hablan ad- 
quirido, presentan cuanto les quedaba, no retienen ni los ador- 
nos femeniles, y Palafox encuentra recursos donde las almas 
vulgares los juzgan todos apurados. 

Se reedifican las murallas y los edificios públicos, levanta 
nuevas trincheras, fortifica otros puntos, solicita mas artillería 
y de mayor calibre; se provee de las municiones y víveres que 
pudo adquirir; recluta en todo el reino de Aragón los hombres 
aptos para tomar las armas, los regimenta, les da gefes capa- 
ces de instruirlos en su manejo y en las principales evolucio- 
nes; y con la eficacia de un genio creador dice, y todo se hace. 

Si en las demás provincias hubiera reinado la misma activi- 
dad, el propio celo y patriotismo, quizá ¡oh España! no habrías 
sufrido las depredaciones y atrocidades que han cubierto tus 
pueblos de sangre, de cenizas y de luto. Pero mientras algu- 
nas de nuestras tropas no pudieron llegar á lag riberas del 
Ebro, Bouaparte vuela desde Bayona hasta Erfurt, conferencia 
con Alejandro, le fascina y vuelve con doscientos mil guerre- 
ros atravesando una gran parte de Alemania y toda la Fran- 
cia, entra en la Península por Irun, y como un torrente impe- 
tuoso y entumecido, inunda, arrasa y arrolla cuanto encuentra. 

El ejército de Blake fué atacado en Durango por fuerzas 
muy superiores, y disputándolas el terreno paso á paso con la 
mayor tenacidad y pericia, se replegó á Balmaseda y después 
á Espinosa. Sus campos se hicieron eternamente memorables 
por la constancia con que los patriotas resistieron en ellos dos 
dias sucesivqs las divisiones combinadas de Víctor , Soult y 
Lefebvre. Lograron dispersarlos, pero no rendirlos; y reunién- 
dose prontamente á otros cuerpos han contribuido á recupe- 
rar las Asturias y Galicia. La vanguardia de Estremadura, 
aunque compuesta casi toda de visónos, sostuvo con bizarría 
en Gamonal y Burgos los ataques repetidos de dos mariscales, 
retirándose á Lerma y Aranda. El 23 de noviembre, cuya me- 
moria será siempre infausta á los españoles, los cuerpos aguer- 
ridos y numerosos del mariscal Lefebvre y Mathieu manda- 
dos en gefe por el duque de Montebello, se afrontaron en Cas- 
cante y Tudela á los ejércitos del centro y de reserva, mientras 



— 132 — 

que Ney y Desolles apostados á la espalda debían concurrir á 
su total esterminio. Frustróse en esta parte el plan de Na- 
poleón; los vencedores de Bailen sostuvieron mucho tiempo la 
reputación que tan justamente habian merecido, pero ocupan- 
do los enemigos desde el principio de la acción muchos pues- 
tos ventajosos, cortados y oprimidos por unas evoluciones muy 
rápidas y sostenidas, y perseguidos constantemente por el ge- 
neral Lagrange, llegaron no obstante á Tarazona. 

En su retirada salvaron también el honor de las armas es- 
pañolas los aragoneses y valencianos, y algunos cuerpos de la 
quinta división del centro. Tomadas las alturas y obstruido el 
paso por dos formidables columnas enemigas, el general O'Xey- 
lle se coloca al frente de la suya, y mientras una parte de ella 
destrozando con las bayonetas y los sables las filas francesas, 
penetraba su centro, abriéndose una ruta ensangrentada; Saint 
Marc en la retaguardia rechazaba otro cuerpo de ocho mil in- 
fantes y dos mil caballos que le ataca improvisamente. Mar- 
chando y combatiendo al mismo tiempo, avanzando y resis- 
tiendo ocho horas continuas, rodeados y seguidos en las llanu- 
ras y desfiladeros, salvan por parages intransitables todo el 
parque y la mitad de la artillería, dejando clavada la restante. 
Ocho mil cadáveres franceses tendidos en el campo fueron las 
huellas de su marcha hasta Illueca. Entran en Zaragoza, y el 
pueblo recibe á esos campeones con tanto aplauso y admira- 
ción como Pérgamo á Xenofonte y á los diez mil griegos con- 
finados en la Persia. (*) 

Todavía estaban cubiertos de sangre y de polvo, cuando se 
descubre desde el monte Torrero el mariscal Moncey. Llega, 
le reconoce y numera entre SU3 triunfos; no habrían sido mas 
rápidas ni felices las conquistas de Escipion en España. Parte 
á Alagon, y trazando con el duque de Treviso el plan que de- 
bían observar, vuelven con cuarenta mil hombres de todas ar- 
mas por ambas márgenes del Ebro. Aun permanecían teñidas 
con sangre francesa; también encontraban á cada paso entre 
los olivos y las mieses mil vestigios de su anterior derrota. Allí 
se marchitaron los laureles que tan faustamente habian corta- 

(*) Sernan patriot, núm. 15 y 21. Gaceta de Zaragoza 3 de Diciembre de 1S0S. 



— 133 — 
do en las riberas del Rhin, del Danubio, del Vístula y Prégel; 
y humillada allí por manos débiles la gloria de Bonaparte : es- 
termínese Zaragoza, dijo en un frenesí de su relación, conviértase 
en polvo y humo ese padrón ignominioso de mi impotencia. Y aque- 
llos viles satélites que solo existen para egecutar servilmente 
sus mas depravadas insinuaciones, se dan prisa á complacerle, 
superando, si es posible, su atrocidad. 

Moncey y Mortier, elevados por sus criminales servicios á 
las primeras dignidades del imperio, en un mismo dia se a- 
proximan á Zaragoza y la atacan con todo el vigor que les ins- 
piraba su natural fiereza y el deseo de lisongear al tirano. El 
primero al frente de diez y seis mil infantes y dos mil caballos 
divididos en varias columnas se dirige contra las baterías del 
Torrero, Casa-blanca y Buena-vista. Flanqueada esta y cruza- 
da por los fuegos contrarios que la abrasaban sin poder cor- 
responderles, incendiado por una granada el repuesto de pól- 
vora que habia en aquel punto; resiste su guarnición á la ba- 
yoneta mas de veinte y ocho horas sin alimentarse ni descan- 
sar un solo instante. Su retirada no fué menos admirable que 
su defensa. Perseguida por la caballería francesa que desboca- 
da pretendió cortarla, el segundo regimiento de voluntarios 
de Aragón, tan impenetrable como un muro de bronce, repri- 
me su impetuosidad y sufre todo el fnego del egército contra- 
rio. Entre tanto, nuestra tropa salva toda la artillería, pasa el 
puente de América sin alterar su marcha, lo vuela inmediata- 
mente preparado ya con barrenos y hornillos, y llega al reduc- 
to del Pilar. Moncey la respeta en aquella posición y desiste 
de su empresa. 

Aun fué menos feliz el mariscal Mortier. Victorioso en An- 
klam, en Belling y en casi toda la Pomerania sueca, creyó que 
incendiaria el arrabal de Zaragoza con la misma facilidad y 
barbarie que el de Stralsundo. La artillería precede y sostiene 
el ataque de siete columnas. Cinco horas continuas cañones y 
fusiles no cesan de esparcir estragos; las bayonetas y los sa- 
bles llegan á teñirse en sangre y embotarse en los pechos; na- 
die retrocede. Españoles y franceses se estrechan y confunden, 
la muerte sola los separa. Manso y Velasco exhortan con las 
palabras, estimulan con su ejemplo: dirigiendo y operando si- 



— 134 — 
limitáneamente son mas bien imitados que obedecidos. Lasan- 
gre francesa corre en la Huerta, inunda el rastro y aumenta 
su inmundicia. Mortier despechado se retira, y reforzándose 
con el cuerpo de reserva repite el ataque redoblando su cora- 
ge y osadía. Desprecia todos los peligros, ensordece á los ge- 
midos de los moribundos, los cadáveres hacinados no le ater- 
ran; marcha impasible sobre ellos, solo percibe su fama depri- 
mida, las águilas holladas; nada omite para reparar su men- 
gua. Ya entonces Palafox, O-Neylle y Saint Marc recorriendo 
las filas y los puestos donde la lid era mas sangrienta y dudo- 
sa, daban con su presencia vida y victoria á loa españoles, 
muerte ó fuga ignominiosa á los franceses. Sus espadas corta- 
ron mil palmas inmarcesibles; y los oficiales, los soldados y los 
vecinos del arrabal también se adornaron con ellas, y mere- 
cieron la gratitud de la patria, la admiración de los siglos. 

En los mas remotos seria muy grato entre los españoles este 
dia, y hubiera decidido la suerte de Zaragoza, si el hombre fu- 
nestamente ingenioso contra su propia existencia no hubiera 
inventado mil medios de esterminarla. Empleando el aire y el 
fuego en los combates, ha inutilizado la agilidad y la fuerza 
muscular de los atletas. El valor, la intrepidez, la constancia y 
todas las virtudes marciales, aun los muros mas sólidos y ele- 
vados ceden al impulso repetido de un globo de hierro. Ora 
se lance horizontal, ora descienda arrojando fuego, sus estra- 
gos son siempre inevitables y terribles. Los hombres se ofen- 
den y anaquilan sin aproximarse ni aun verse: se conoce el 
peligro, se esperimenta el daño, y no es posible precaverle. El 
mas débil vence impunemente al mas fuerte, y el ínfimo en- 
tre los cobardes al primero de los héroes. El arma de estos ha 
sido en todos tiempos la espada, su escudo el pecho; mientras 
el cobarde oculto y muy distante ha solido conseguir algún 
triunfo alevoso con pólvora y bala. 

A estas armas, á ese modo de hostilizar ocurrieron los du- 
ques de Cornegliano y de Treviso, desengañados de que no po- 
dian conseguir ninguna ventaja luchando cuerpo á cuerpo con 
los aragoneses. Diez y ocho dias se pasaron sin que osaran 
presentárseles: todos los emplearon en abrir zanjas, formar pa- 
rapetos y reductos, levantar trincheras y guarnecerlas con to- 



— 135 — 
da especie de artillería. Aun para esto se resguardaban con 
los olivares y algunos edificios, que por una inadvertencia, 
demasiado funestad los zaragozanos, no los destruyeron opor- 
tunamente. Advierten su error, y procuran repararlo á costa 
de su sangre. Pequeñas partidas de aquellos mismos hombres 
que en número de cincuenta mil no se hubieran sostenido en campo 
raso contra tres regimientos franceses, (*) salian con frecuencia 
de la ciudad y de sus puestos esteriores, atacaban los que for- 
tificaba el enemigo, destruian sus obras, los arrojaban de las 
casas y quintas que poseian arruinándolas sucesivamente, cor- 
taron mas de ochocientos olivos que ocultaban su* trabajos, 
los lanzan del bosque de la Mezquita persiguiéndolos hasta el 
monte de San Gregrorio, se introducen en el primer campa- 
mento, lo incendian todo y alarman el egército. Sorprendido 
y agitado dia y noche, disminuido en gran parte por el denue- 
do y bizarría de los sitiados, encontrando en ellos un obstáculo 
insuperable á la intrepidez francesa, vacilante Moncey, arre- 
drado Mortier, hubieran levantado el sitio, si Bonaparte no 
mirase necesaria la conquista de Zaragoza para proseguir de- 
vastando otras provincias, y para reparar la opinión de sus ar- 
mas deprimidas en aquellos débiles muros. Nuevas y mejores 
tropas reemplazan á las batidas, y los generales mas arrojados 
á los que no habían satisfecho sus deseos. El duque de Abran- 
tes sucede al de Treviso, y queriendo complacer al déspota, y 
recuperar los laureles que habia perdido en los campos de Por- 
tugal, determinó instalarse en el mando del egército con una 
acción brillante. 

Seis cañones, seis obuses y tres morteros arrojan sin cesar 
balas, bombas y granadas contra el fuerte de San José. Se 
prolongan las paralelas, y aumentadas las baterías dirigen to- 
dos sus fuegos á ese punto. Desplómanse al fin las cortinas y 
baluartes y creyendo Junot irresistible el asalto, lo confia al 
general Lassalle. Diez veces lo repite en una noche con toda 
la fiereza y osadía que caracteriza á los soldados de Napoleón, 
otras tantas los resisten los aragoneses con aquel vigor y fir- 
meza que les es peculiar. Las zanjas y el campo se llenan de 

(*) Boletín francés número 33. 



— 136 — 
cadáveres franceses, avanzan sobre ellos, llegan hasta las rui- 
nas del muro, y atravesados en las bayonetas de los patriotas, 
caen unos sobre otros y les sirven de parapeto. En vano Junot 
presintiendo un desastre mas ignominioso que el de Mafra, 
pretendió reforzarlos con todos los auxilios que podia sumi- 
nistrarles; en vano Lassalle veloz y ardiente como el rayo, re- 
coma las trincheras y las columnas para inspirarlas el mismo 
furor que abrasaba sus entrañas. En vano las recuerda la in- 
trepidez con que, bajo sus órdenes, derrotaron la caballería ru- 
sa en el puente de Bergfried; la reputación de los soldados 
franceses, el nuevo timbre que podían adquirir, los aplausos 
y premios del Emperador, el rico botin que ofrecía Zaragoza, 
todo faé inútil. Sus esfuerzos se estrellan en aquellos escom- 
bros, como las olas entumecidas contra la roca siempre infle- 
xible; y el coronel Renovales priva al duque de Abrantes del 
resto de honor concedido en Cintra por el general Dalymple. 

Repelido, pero no escarmentado, exaltada su rabia cuan- 
to mas se vejó su orgullo, quiso satisfacerse atacando el re- 
ducto del Pilar. Este nombre augusto tan venerado por los 
aragoneses, inflamaba su celo y entusiasmo haciéndoles mirar 
aquel punto como el mas interesante y sagrado. De aquí los 
prodigios de valor y constancia con que le sostuvieron; de 
aquí el placer con que morían aquellos mártires de la religión 
y de la patria, la prontitud con que volaban otros á socorrerlos 
y ocupar sus plazas, y la espectacion con que todo el pueblo 
fijó en ellos sus ojos, esperó muchos días el éxito de la lucha 
mas dilatada y sangrienta. Al arrojo y tenacidad de los fran- 
ceses solo era comparable á la impavidez y fortaleza de los za- 
ragozanos. 

Después de arruinado enteramente aquel reducto y batién- 
dole aun con el mismo tezon por el frente y flancos, entre rui- 
nas y cadáveres, miraudo venir la muerte por todas partes y 
alimentándose con un pan ensaugretado, permaneció ocho 
días el segundo regimiento de voluntarios de Aragón. Allí 
fué donde ese ilustre cuerpo, honor de aquel reino y de toda 
España, después de haberse distinguido en muchas otras ac- 
ciones, contribuyendo á inmortalizar el sitio de Zaragoza, qui- 
so perecer antes de permitir profanasen los impíos aquel lugar 



— 137 — 
consagrado por el nombre que tenia. Pereció casi todo; pero 
dejando impresa con su misma sangre la inscripción gloriosa 
que colocada en el monumento patriótico, perpetuará su me- 
moria, escitando la emulación y respeto de las generaciones 
futuras. 

Las ventajas conseguidas por el duque de Abrantes no com- 
pensaban el destrozo y disminución que sufria su ejército. Ca- 
da puesto le costaba muchos centenares de hombres, y la con- 
servación de aquellos inútiles escombros no era menos difícil y 
ruinosa que su conquista. Abraza en fin el mismo recurso que 
adoptaron sus antecesores, y pretende doblegar con la artille- 
ría á los que le humillaban con la espada. ¡Cobardes, y sois 
vosotros los que en Marengo, en Jena, en Eylauy la Filandia 
arrollasteis las huestes de Carlos XII, de Pedro el Grande, de 
Federico II y de Daun? Los insurgentes y rebeldes que juzgáis 
indignos del título de soldados, ¿son acaso mas invulnerables 
que esos veteranos aguerridos? ¿Cuál es su disciplina? ¿Cuáles 
son sus armas? ¿Dónde aprendieron ese arte execrable que ha- 
béis ejercitado constantemente por espacio de diez y ocho años? 
Mugeres tímidas y delicadas hasta el dia de nuestra insurrec- 
ción y venganza, han hollado la erguida cerviz de los impene- 
trables coraceros. Cañones de madera, lo repetiré para vuestra 
eterna confusión y vilipendio, cañones de madera baten y des- 
trozan aquellas columnas que se jactaban de haber sido siem- 
pre irresistibles. Ciudadanos pacíficos dejan la pluma, el arado 
y los instrumentos de otras artes amigas y conservadoras del 
hombre para empuñar la espada ó el fusil. Sus talleres y ho- 
gares son los parques y gimnasios donde se han armado y apren 
dido esas evoluciones, esas reglas de fortificar las plazas, de 
atacar y defender, desconocidas á Vauban y Cohorn; pero muy 
bastantes para enervarlos sublimes principios que aprendieron 
vuestros padres del conde de Saxe, y mas que suficientes para 
reprimir el feroz vandalismo que os ha inspirado la táctica de 
Bonaparte. 

Solo ha sido invencible cuando sus legiones, mas desmora- 
lizadas que las de Sylla, han oprimido á los débiles con su in- 
mensa superioridad; cuando ministros ó jefes pórfidos y prosti- 
tuidos como Godoy y Mack, les han entregado las fortalezas y 

18 



— 138 — 
las plazas; cuando la inmunidad garantida por todos los dere- 
chos y por los pactos mas solemnes y sagrados, ha sido viola- 
da y sorprendida introduciéndose en países neutros y amigos 
como en Anspach, en Venecia y España: cuando ofreciendo á 
los holandeses, suizos y polacos independencia y protección, 
les ha impuesto un yugo de hierro: y cuando príncipes inep- 
tos y obcecados han permitido socavar las bases de los tronos, 
para elevar sobre sus ruinas el imperio de la oligarquia. 

Empero, cuando el varón constante ha despreciado igual- 
mente sus amenazas y promesas; cuando el patriotismo ha so- 
focado el amor propio y todas las pasiones viles; cuando la sa- 
biduría, la integridad, el valor y constancia han prevalecido en 
los consejos y en el campo de Marte; entonces á la manera que 
el astro del dia rechaza y precipita los negros vapores que pre- 
tendan eclipsarlo, así se han disipado y confundido sus abomi- 
nables sugestiones, frustándose todos sus esfuerzos. ¡Oh, y 
que testimonio tan irrefragable y glorioso nos ofrece la Ingla- 
terra! No, no es el mar que la separa del Continente quien la 
preserva de las cadenas que lo abruman. Los romanos, los sa- 
jones y otros conquistadores menos poderosos que Bonaparte la 
han sojuzgado en diversas épocas.- Si conserva su opulencia y 
libertad, si los mismos medios empleados para esterminarla y 
abatirla, han exaltado mas y mas- su poder y esplendor; si ha 
purgado los mares y domina en todos ellos de un modo que 
la perpetúa su cetro; si después de triunfar %u. Portugal, en 
España, en el Adriático y en ambas Indias, alarma las costas de 
uno y otro hemisferio: todo lo debe á la dignidad cou que Jor- 
ge III ha sostenido su augusto carácter, á la ciencia luminosa y 
á la incorruptible probidad de sus ministros, al valor y pericia 
de sus ejércitos y armadas, al patriotismo del pueblo mas ilus- 
trado ó generoso. 

Y qué, ¿en la vasta superficie de la Europa no habrá otro 
pueblo que quiera defender su honor, su independencia vía 
integridad de sus derechos? ¿Estenderá el déspota su infame 
coyunda desde el Tañáis hasta las columnas de Hércules? No: 
el Pirineo será el término de sus devastaciones, si el Gobierno 
instalado por el pueblo español conserva fielmente y resigna 
sobre las aras de su constitución el depósito sagrado que se 



— 139 — 
dignó confiarle; si protege y fomenta las grandes virtudes que 
desplegó desde el momento de su santa insurrección. Repre- 
sentantes y gefes de la nación española, su destino está en 
vuestras manos. ¿Queréis ver lo que pueden esos hombres des- 
armados y oprimidos cuando se resuelven á no ser esclavos? 
Fijad los ojos en Madrid el 2 de Mayo; volvedlos después á la 
capital de Aragón. Inerme y sola ha resistido el poder de Bo- 
naparte mucho mas tiempo que algunos reinos, y todos ellos 
no presentarán tantos rasgos heroicos como esa íuclita ciudad. 
¡Amor sagrado de la patria, sentimiento cardinal y sublime, 
tú solo pudiste inspirar á los aragoneses esa generosidad sin 
límites, ese valor intrépido, esa fortaleza indomable, esa in- 
sensibilidad del cuerpo y del espíritu, ese odio al tirano, esa 
fidelidad á su Rey, ese cúmulo de afectos y de acciones que no 
pueden numerarse ni aplaudirse dignamente! 

Sus mismos rivales les tributaron en sus hechos el mas so- 
lemne homenage de respeto y pavor, aunque con imposturas 
ridiculas y groseras pretendían en vano disminuir el esplendor 
de tanta gloria. ¡Contradicción absurda, propia solamente de 
la impudencia francesa! Si los aragoneses eran unos fanáticos in- 
fatuados por los eclesiásticos que ejercían todos los empleos civiles y 
militares; si Palafox fué un cobarde que jamás se presentó en los 
puestos peligrosos ¿quién dirigió esas operaciones tan acertadas 
y activas, que desconcertaban los planes mas bien combinados 
y sostenidos? ¿Por qué no fué completo el ataque del 19 de enero, 
y todos los demás que le habían precedido desde el 21 de Di- 
ciembre? ¿Qué muros, qué fosos, qué artillería contuvo el ím- 
petu de vuestro arrojo y obstinación? ¿Por qué Junot escar- 
mentado al fin desiste de provocar á los aragoneses, se refugia 
en sus puestos, los fortifica con nuevas estacadas y fosos, y con 
mas de cincuenta piezas de artillería? ¿Por qué desmantelada 
ya con su incesante fuego la frágil tapia que rodeaba á Zara- 
goza, y desplomados sus principales edificios, no intentó ocu- 
parla ni volvió á embestirla, ni osó salir de sus trincheras? 

Este modo de sitiar, aunque el mas seguro y menos peligroso al 
ejército, retardaba sus progresos (*) y parecía demasiado lento el 



(*) Este período y los demás que preceden con letra cursiva son traducidos del 
mismo boletín núm. 33, 



— 140 — 
implacable Napoleón. Tan pródigo de la sangre de sus solda- 
dos como de la de sus enemigos, miraba impaciente la firmeza 
con que Zaragoza se conservaba inflexible, rechazando y dis- 
minuyendo sus legiones. Desde Miranda del Ebro confia al 
mariscal Latines el mando en gefe de aquel sitio, y le inspira 
en sus órdenes toda la saña y todo el furor de que estaba po- 
seído. Lannes, que se jactaba de haber derrotado los prusianos, 
los austríacos y rusos en Jena, en Averstad, en Austerlitz, en 
Plusthush y Elau; Lannes, cuyo natural orgullo se había exal- 
tado con la fácil conquista de Ulma, de Viena y de Varsovia; 
Lannes, que con cuatro batallones atravesó el Vístula y derro- 
tó la reserva de los rusos; Lannes que apreciaba la gracia y 
preferencia del Emperador mucho mas que el ducado de Mon- 
tebello; el mariscal Lannes, ferozmente erguido con tantos 
honores y triunfos, desprecia cuanto le informaron sus prede- 
cesores, y no dudó humillar al primer amago á la inexpugna- 
ble Zaragoza, 

Reúne sigilosamente en el Torrero las tropas que sitiaban el 
arrabal, y haciéndolas desfilar todas á la vista del pueblo, las 
dirige al puente de barcas sobre el rio. Creyeudo sorprendidos 
y aterrados á los aragoneses temiendo les atacase en aquel 
punto con fuerzas tan superiores, y en otros distantes con el 
grueso del ejército que debía conservar en el Torrero, intima á 
Palafox ó la muerte irremisible de todos los habitadores de 
Zaragoza, ó la pronta rendición de una plaza que, agotados los 
últimos recursos, no debia esperar socorro alguno, rendida ya 
la capital del Reino, dispersos los ejércitos patriotas y precipi- 
tadamente reembarcados los ingleses. 

La situación de Zaragoza era muy semejante á la de JSu- 
mancia cuando cumplidos trece anos de un guerra casi conti- 
nua, en que habían perecido sus mejores combatientes, apura- 
dos ya los pertrechos y víveres y abandonada de todos sus con- 
federados, viene Escipion á vengar los ultrages que había in- 
ferido á la República batiendo á Pompeyo, Popilio y Pisón, y 
forzando á Mancino al convenio mas afrentoso que jamás se 
había estipulado. Plantadas las águilas por su mano victoriosa 
sobre las ruinas de la opulenta y belicosa Cartago, la fama de 
tan esclaresido capitán arrastró tras sí la juventud patricia y 



— 141 - 

estrangera que residía en Roma y llega á Numancia con cua- 
renta rail guerreros escogidos. La circunda con anchos y pro- 
fundos fosos, levanta en su contorno un muro insuperable á 
la rabia y despecho de los sitiados, fortifica con torres las már- 
genes del Duero, intercepta su navegación, castiga cruelmen- 
te á los jóvenes de Lucia que pretendieron auxiliarla, y la pri- 
va hasta de la esperanza de ser socorrida ó perecer ofendien- 
do á sus contrarios. Entonces el numantino Aluro se presenta 
al cónsul, y cuando esperaba que las anteriores calamidades y 
el temor de las futuras hubiesen abatido el ánimo de aquel 
pueblo malhadado, quedó sorprendido de la constancia y dig- 
nidad que manifestó el legado en su discurso. 

Y por ventura fué menos enérgica la contestación de Pala- 
fox? La arrogancia del nuevo caudillo de los vándalos, el po- 
der que ostentaba, sus amenazas y ofertas, la capitulación ig- 
nominiosa de Madrid, la dispersión de nuestros ejércitos, la 
retirada de los aliados, la falta de alimento y de municiones 
que esperimentaba Zaragoza, la disminución, el cansancio y 
languidez de sus defensores, los estragos que causaba una epide- 
mia mas desoladora que el piorno ó el hierro ¿le hicieron vaci- 
lar un solo instante? "El General de Aragón, contesta, ni te- 
rae, ni se rinde: el mariscal Lannes se cubrirá de gloria si se 
apodera de esta ciudad cuerpo á cuerpo y con la espada, no 
con bombas y granadas que solo aterran á los cobardes." 

Pero el duque de Montebcllo era incapaz de los nobles sen- 
timientos que pretendia inspirarle Palafox. Su respuesta sir- 
vió tan solo para darle una idea de su carácter mucho mas 
exacta que las deposiciones de Monooy, Mortier y Junot, Sin 
embargo; demolido el débil muro que cubria á Zaragoza, cada 
calle le presentaba una brecha muy accesible, y cada edificio 
un puesto donde fortificarse, recibir socorros, avanzar, ó en 
caso necesario replegarse. Alentado con una perpeotiva tan 
halagüeña; con su perioia, sus triunfos, el número y osadía de 
sus tropas, ataca oon la fuerza prinoipal la batería de Santa 
Engracia; y para distraer y enervar la atención y resistencia 
de los sitiados, otros diez mil hombres asaltan por varios pun- 
tos, mientras que la artillería no cesaba de batir á otros dife- 
rentes. Pero loa aragoneses se multiplican: el amor de la pa- 



— 142 — 

tria y de la gloria inflama y eleva su espíritu cuanto mas se 
aumentaban los peligros, y á su natural valor y constancia aña- 
den la impavidez y fiereza que inspira la desesperación. Por 
todas partes rechazan, atacan, destrozan y persiguen; y el Ge- 
nio tutelar de Zaragoza, semejante á el alma universal de los 
estoicos, se hallaba todo en todas partes. Vuela la mina de 
Santa Engracia sepultando en sus abismos mas de tres mil 
franceses; los restantes despavoridos, envueltos en el polvo y 
el humo, y atacados por los aragoneses antes de volver de la 
sorpresa, abandonan el puesto y las armas, se dispersan y va- 
gan errantes temiendo encontrar á cada paso un nuevo preci- 
picio. 

Convencido Lannes de que era necesario ser batido con ho- 
nor ó vencer con ignominia, prefirió el partido de la almas vi- 
les. ( Aumenta las baterías que encontró en el campo con otras 
mas formidables, y á la sevicia con que las habian empleado 
sus antecesores, agrega la invención mashorribley destructora 
de la humanidad. Aquella que mata y sepulta á un mismo 
tiempo centenares de hombres; aquella que estremeciendo los * 
fundamentos mas sólidos y profundos, triunfa en un solo ins- 
tante de todos los principios de la arquitectura; aquella en fin 
que profanando la mansión respetable de los muertos, intro- 
duce á los vivos en las entrañas de la tierra, para labrarse mu- 
chas veces su propio sepulcro, cuando intentan prepararlo á 
sus semejantes. ¡Oh abuso de aquella razón que concedida al 
hombre para elevarse hasta la esfera de las puras inteligencias 
ha solido servirle para degradarse y esceder eu atrocidad á las 
bestias mas feroces! Como si el mar y la tierra no tuviesen 
bastante superficie donde saciar su saña; como si el fuego 
y el aire no le suministrasen hartos medios de estermi- 
narse: siempre implacable, y sediento siempre de sangre hu- 
mana, se forma un nuevo teatro donde debia reposar en una 
paz imperturbable. 

Sesenta cañones y treinta morteros asestados contra las tor- 
res y chapiteles cruzaban la ciudad sin respetar ningún edifi- 
cio; cuatro mil zapadores y minadores socavando sus cimien- 
tos facilitaban la mas pronta y ruidosa esplosion. Los aragone- 
ses, aunque inexpertos en este género de lucha, no dejan de 



— 143 — 

aceptarla. Abren minas contra minas, penetran los senos tor- 
tuosos de la tierra y buscan en ellos á esos móntruos indig- 
nos de la luz del dia; el instinto de la venganza los conduce á 
sus lóbregas cavernas, se encuentran, se avalanzan, y no sien- 
do posible la fuga, españoles y franceses perecen todos sofoca- 
dos, ó á la punta certera del cuchillo. 

Mas felices los sitiadores en otros puntos penetran y desplo- 
man los monumentos consagrados á la religión, á la humani- 
dad, á las ciencias y á las artes. Se ocultan entre sus escom- 
bros humeantes todavia, abren en ellos una brecha transitable 
y dirigidos por el genio de la destrucción, preparan la ruina 
de otros edificios. Las granadas y las camisas incendiaras in- 
flaman y devoran los fragmentos que dejaban las minas y hor- 
nillos; y las balas y bombas alcanzando donde ellos no podían 
ofender, esparcian la muerte y desolación por todo el recinto 
de Zaragoza. 

De este modo tué desapareciendo progresivamente esa an- 
tigua y famosa capital. Sus magníficos templos, sus monaste- 
rios, los hospitales, los teatros y las casas eran ya un montón 
informe de ruinas ensangrentadas, de cenizas, de cadáveres y 
moribundos. Sobre ese teatro, capaz de inspirar pavor ó com- 
pasión á los habitadores del Cáucaso, se presentaron setenta 
veces en el espacio de veinte y dos días los soldados de Lan- 
nes, y setenta veces los repelieron con mengua y oprobio unos 
hombres estenuados y lánguidos por la inedia, las vigilias, la 
incesante agitación del cuerpo y del espíritu, y la indigencia 
de lo mas necesario para subsistir. 

Estas causas, aunque tan ominosas, ni el acero, ni la pólvo- 
ra fueron las únicas que privaron á Zaragoza de muchos cam- 
peones que quizás habrían salvado su existencia. Teñido con 
sangre humana el pavimento de esa ciudad sin ventura, cu- 
bierto de cadáveres insepultos, empozoñan el aire con el mas 
nocivo de los hálitos, y se inspira la muerte en el pábulo de 
la vida. Atacada en todos sus principios, corrompida la san- 
o-re enervados los fornidos músculos de los aragoneses, caen 
de sus manos lánguidas y yertas aquellas armas terror de los 
franceses, aquellas armas con que habían cortado tantos lau- 
reles en el campo del honor. ¡Morir sobre otro lecho que su arena! 



— 144 — 

¡Morir sobreviviendo los enemigos de la religión, del rey y de la pa- 
tria! Tales eran las únicas quejas que articulaban con voz 
ronca y seca, en el frenesí de un patriotismo aun mas ardiente 
que la misma fiebre que los devoraba. 

Si la constancia y fortaleza se alteró alguna vez en aquellos 
pechos magnánimos, era tan solo cuando presentían que Zara- 
goza podia ceder al rigor del hado, después de tantos y tan 
grandes sacrificios. Después de haberse inmolado en sus aras 
mas de treinta mil patriotas; después que otros diez y seis mil 
combatian con una epidemia que arrebataba al sepulcro cen- 
tenares de ellos cada dia; después que vosotras ¡ilustres heroí- 
nas! reemplazando á los hombres con la espada y el fusil, 
superasteis los portentos que admiraron Grecia y Roma. Si la 
pluma de un Thornas (1) era necesaria para elogiar digna- 
mente á los valientes de Aragón ¿cómo podré describir sin 
ella los caracteres sublimes que brillaron en sus matronas du- 
rante el sitio mas encarnizado y sangriento? ¡Gloria intermi- 
nable, admiración y loa sea concedida á la muger fuerte (2) 
que acaudillando muchas otras, buscaba al enemigo, le ataca, 
destroza y confunde! ¡Ministros del Santuario! también voso- 
tros en su pavimento y en las calles sellasteis con vuestra san- 
gre la independencia, la fidelidad y el culto que jurasteis con- 
servar. 

¿Y qué mas debió hacer Zaragoza para sacrificarse en de- 
fensa de su rey? Sesenta y dos dias habia resistido los ejérci- 
tos de cuatro mariscales sin recibir socorro alguno; su nume- 
rosa guarnición fué reducida á menos de tres mil espectros, ya 
no podian reunirse doscientos vecinos para ocurrir á los pues- 
tos atacados: las obras de fortificación todas demolidas, y sin 
medio de repararlas; las municiones se escaseaban y no era 
bastante la pólvora que diariamente se fabricaba; el edificio 
en que se hacia y los demás que pudieron preservarse, esta- 
ban minados con cuarenta mil libras de pólvora; O'Neylle y 
el barón de Versage habian terminado gloriosamente su car- 



(1) Autor de varios elogios premiados por la Academia franeesa, y del Ensayo 
sobre el carácter y espíritu de las mugeres. 

(2) La señora esposa del Sr. Regente de la Real Audiencia de esa ciudad. 



— 145 — 
rera; el general Palafox herido del contagio lachaba con la 
muerte; y Saint Marc, el bravo y perito Saint Marc, último 
gefe de aquella ciudad desventurada cedió al fin postrado por 
la fiebre. 

Así solo pudo ocupar Lannes el yermo en que fué Zaragoza. 
Entró en ella como Escipion en Numancia, hollando sus es- 
combros convertidos en carbones, pisando sangre y tumbas, 
muertos y moribundos. Ningún botin encontró el cónsul eu 
aquel pueblo miserable; el duque de Montebello satisfizo su 
rapacidad sacrilega con las alhajas del templo del Pilar: los 
numantinos quemaron todas sus armas; los zaragozanos las 
hicieron inútiles pedazos. Escipion no pudo atar á su carro un 
solo numantino, con sus alfanges y venenos se redimieron de 
esa infamia; Lannes aprisionó algunos aragoneses, porque es- 
cedian en piedad y fortaleza á los moradores de Numancia. 
El suicidio es una flaqueza criminal del corazón ó de la men- 
te. Atilio Regulo volviendo á Cartago para ser aherrojado y 
morir sufriendo los mayores tormentos, me parece mas gran- 
de, mas admirable y magnánimo que Catón atravesándose el 

pecho con su espada Lannes como Escipion, no se gozó 

de su triunfo, porqué en ambos fué un nombre insignifi- 
cante. (1) 

Habitadores de las provincias meridionales de la España: á 
la defensa de Zaragoza debéis la vida, la libertad, la posesión 
de vuestros bienes, culto público y solemne de la religión ba- 
jada de los cielos. Traspasado el Ebro, batidos nuestros ejér- 
citos, forzadas las gargantas de Somosierra, rendida la Corte, 
errante el gobierno, sorprendida y consternada la nación; las 
huestes vándalas habrian llevado fácilmente la esclavitud y 
desolación hasta las playas del Atlántico. Empero, Zaragoza 
opuso una barrera insuperable á su impetuosidad y fiereza. 
Mas de dos meses reprimió el rápido curso de sus victorias; 
mas de cuareuta mil invencibles sepultó en sus ruinas. Entre- 
tanto, se salva la autoridad Suprema y recibe nuevos testimo- 
nios de la obediencia, lealtad y entusiasmo de los pueblos; se 



(1) Nu'lum dése gandium hasti relinquit triunphus fuit tantum de nomiuc. 
— L. Flor. 

19 



— 146 — 
organizan otros ejércitos, se fortifican nuestras plazas y los 
puntos mas importantes, llegan los inmensos tesoros de la fiel 
y generosa América, nuestros aliados redoblan sus esfuerzos y 
auxilios, se desconciertan los planes de Napoleón : y como 
Aníbal próximo ya á colocar su estandarte sobre la Cúpula 
del Capitolio, abandona aquel teatro de sus triunfos para so- 
correr á Cartago sitiada por Escipion, Bonaparte deja la Es- 
paña y vuela á sostener su trono vacilante en Alemania. 

¡Manes inmortales de Aragón! recibid los homenages mas 
sinceros del respeto, gratitud y admiración de esas provincias 
y de toda la España de ambos mundos. Si conserva su exis- 
tencia política; si ha visto aquel dia plausible anhelado cons- 
tantemente por mas de cuatro lustros; si recupera su antigua 
dignidad, sus fueros y prepotencia; si escita la emulación y 
estupor de todos los pueblos presentándoles el grandioso es- 
pectáculo de una nación noble y fieramente celosa de su in- 
dependencia, todo lo disfruta por vuestra sangre y vuestras 
virtudes. Ni ellas ni vuestros nombres perecerán ocultos bajo 
la losa del sepulcro. Allí reposarán esas respetables cenizas, 
siempre inflamadas con el fuego sagrado del patriotismo, pe- 
ro vuestros nombres, vuestras acciones se inscribirán con ca- 
racteres indelebles en el código de nuestra regeneración y 
prosperidad; se ofrecerán á la imitación y reconocimiento de 
la presente y de las futuras generaciones, en los suntuosos mo- 
numentos que la patria os consagra con las propias manos que 
redimisteis de las cadenas; y las mismas ruinas de Zaragoza 
serán hasta la consumación de los siglos el padrón mas glo- 
rioso de vuestra lealtad, valor y constancia. 



— 147 — 



INFORME leído en juntas generales celebradas poi % 
la Sociedad económica de esta ciudad ell2 de di- 
ciembre de 1810, por el Dr. D. Tomás Romay, 
secretario de la Junta Central de vacuna. (1). 

Exmo. Sr. Presidente: 

La junta central de vacuna instalada y protegida por V. E. 
es un monumento, que transmitirá á las generaciones futuras 
el nombre de su ilustre fundador, su celo y humanidad. ínter, 
prete de los sentimientos de ese cuerpo, no he debido has- 
ta ahora ofrecer sus operaciones en este santuario del patrio- 
tismo sin tributar á V. E.. como su numen tutelar, los mas 
sinceros testimonios de gratitud y admiración. Wi la crisis ter- 
rible que sufre la Península, ni las convulsiones políticas que 
agitan las Américas, ni las activas providencias con que ha 
pretendido V. E. tranquilizarlas, socorrer á la metrópoli, y 
conservar esta isla, tan impenetrable á la seducción y anarquía 
como á las olas que por todas partes la circundan; tan gran- 
des, tan complicadas y urgentes atenciones, bastante cada una 
á ocupar la atención de un gefe fiel y vigilante, todas ellas y 
muchas otras no han impedido á V. E. presidir las doce sesio- 
nes celebradas en este año por esta junta filantrópica, (a) 

(1) Diario de la Habana del miércoles 19 de junio de 1811. 

(a) Es muy reparable que el Exmo. Sr. Presidente no haya faltado á ninguna de 
la» juntas de vacuna, siendo sus atenciones tan grandes y ejecutivas, y que algunos 
de los presidentes de las juntas subalternas no concurrieran ni á una sola sesión, 
procediendo de aquí la decadencia de la vacuna en eioa lugareí, con notable perjui- 
cio de su población. 



— 148 — 

La presencia de V. E. sorprendiendo gratamente á sus vo- 
cales, ha sido el estímulo mas poderoso para inflamar su celo. 
Aspirando todos á un mismo fin, y empleando los medios mas 
oportunos para conseguirlo, se han satisfecho cumplidamente 
sus deseos. Para acreditarlo no haré un análisis prolijo de sus 
acuerdos, ni recomendaré la importancia de sus tareas, ni la 
docilidad y confianza con que el pueblo ha recibido sus insi- 
nuaciones. Hechos notorios é incontestables serán la mejor 
prueba de la eficacia y utilidad de sus discusiones. ¿Y cuál 
pueda ser mas proficua á la humanidad, ni mas gloriosa á la 
junta de vacuna que el haberse inoculado en esta ciudad y en 
sus barrios, en el término de un año, 9315 personas, remitién- 
dose al mismo tiempo el virus vacuno á diversos pueblos de 
la isla y Ultramar en 168 cristales. Preservados de las viruelas 
esos individuos y mas de 24,000 inoculados eu este pueblo en 
los años anteriores, no es estraño que en los dos últimos no se 
Laya sepultado en el cementerio general un solo cadáver de 
viruliento, pudiendo lisongearnos de que esa horrorosa enfer- 
medad desaparecerá por siempre de este recinto. 

Mas no es este el único objeto á que aspira la junta central. 
Quiere también, y eficazmente procura, preservar de las virue- 
las á todos los habitadores de esta isla. Ko siendo suficientes 
para conseguirlo las juntas subalternas establecidas en sus 
pueblos principales, suplicó al Exmo. Sr. Presidente encargase 
á las justicias de los menores, eligieran el facultativo que juz- 
gasen mas apto para propagar la vacuna entre sus vecinos. 
Anuentes á dispensar un beneficio tan importante, se ofrecie- 
ron ultróneos en Guadalupe el Ldo. D. José María Sotoma- 
yor, en Jesús Mana D. Domingo Galeano, en Jesús del Mon- 
te el Br. D. Mariano Rodríguez, en el Cerro D. Francisco Ta- 
gle, en Guanabacoa el Br. D. Rafael Valdés, en San José de 
las Lajas el Br. D. Esteban Gouezara, en Matanzas el Br. don 
Antonio Cañizares, en Baxa D. Basilio García y en los Pala- 
cios D. José Matías Martínez. 

En junta ordinaria, celebrada por esta Real Sociedad el 15 
de agosto, se presentó una instancia dirigida al Exmo. señor 
presidente por el Dr. D. Marcos Sánchez Rubio, ayudante de 
la diputación da la vacuna, suplicando se le eximiera de ese 



— 149 — 
encargo. Comunicada su solicitud á la Junta central, le fué 
admitida en sesión del 7 de setiembre, nombrándose para 
sucederle al doctor don Juan Pérez Carrillo, en considera- 
ción á ser uno de los profesores que contribuyeron á propagar 
la vacuna en esta ciudad desde que fué introducida el año 
de 1804. 

En la sesión del 2 de noviembre suplicó también el licen- 
ciado D. Juan Neporuuceno Rodríguez, secretario de la Junta 
subalterna de Sancti-Spiritus, que de los Propios de esa villa 
se le asignase alguna gratificación , que compense la eficacia 
con que conserva y propaga en ella el virus vacuno; compro- 
bándolo con un atestado del mismo ayuntamiento, en que 
acredita no haberlo ejecutado por carecer de facultades para 
disponer de ese fondo. La Junta central convencida de la jus- 
ta pretensión de este facultativo, acordó se elevase al escelen- 
tísimo señor Presidente recomendándole su distinguido méri- 
to, é igualmente á los secretarios de las juntas de Cuba, Santa 
María del Rosario y otros pueblos, los cuales son muy acree- 
dores al reconocimiento y remuneración de sus vecinos. 

Quizá no habrá uno solo de la Ciudad de Cuba, que no ha- 
ya sido beneficiado por el Ldo. D. Joaquín José Navarro. 
Desde la erección de esa Junta no ha cesado de contribuir á 
sus progresos, empleando los recursos que inspira un genio 
activo y benéfico. En este año han recibido de su mano el vi- 
rus vacuno 1247 personas residentes en dicha ciudad, en el 
Cobre y Caney. Si estas operaciones acreditan su constancia y 
humanidad, otras comprueban su inteligencia y meditación. 
Presumiendo que el virus vacuno puede alterarse y perder su 
virtud, pasando sucesivamente por diversos cuerpos y consti- 
tuciones, escribió una memoria recomendándola necesidad de 
inocular laa vacas tomando el pus de los granos vacunos del 
hombre, y volverlo reetificadojde aquellas á los racionales. ¡Pre- 
caución ingeniosa, pero innecesaria! No es menos recomenda- 
ble el extracto que ha remitido de los doce acuerdos celebra- 
dos por aquella junta en el presente año. En él refiere varias 
anomalías, que ha observado en la aparición y progresos del 
grano vacuno, discurriendo sobre ellas con discernimiento y 
propiedad. 



— 150 — 

Si el Ldo. D. José Govin, secretario de la Junta de Sta. Ma- 
ría del Rosario, no ha presentado el resumen de sus operacio- 
nes, ni un número de vacunados igual al de los años anterio- 
res, no debe imputarse ni á omisión de ese laborioso faculta- 
tivo, ni á falta de celo en los vocales de aquella corporación. 
En unos meses las escesivas lluvias poniendo intransitables 
los caminos, impedian á los habitadores de las haciendas con- 
currir á los pueblos á recibir la vacuna, y en los de julio, agos- 
to y setiembre una epidemia de fiebres pútridas, que asoló los 
campos, cubrió de consternación y luto las familias, ocupan- 
do todo el tiempo y atención del Ldo. Gobin. Sin embargo, 
en esa ciudad, en el Calvario y Managua ha inoculado 206 
personas. 

No habiendo ocurrido tales obstáculos en la villa de Sancti- 
Spiritus ha celebrado su junta de vacuna varias sesiones en 
consorcio de los ministros de la diputación de esta sociedad, 
discurriendo siempre sobre los medios mas oportunos para 
disipar las preocupaciones contra la nueva inoculación. El se- 
cretario de ella, Ldo. D. Juan .Nepomuceno Rodríguez, escri- 
bió uua memoria manifestando su benignidad y eficacia, y 
otra demostrando que no habia sido erupción variolosa la que 
se observó en algunos vacunados, con las cuales consiguió 
atraer á recibir el virus vacuno á 1,462 vecinos; siendo la prue- 
ba mas incontestable de su virtud preservativa no haber falle- 
cido un solo viruliento, lo que comprueba con atestado del 
cura vicario. 

Igual felicidad ha disfrutado la villa de Sta. Clara, debién- 
dola sin duda á la inteligencia y constancia con que el secreta- 
rio de su junta don Andrés José de la Parra ha vacunado en 
ella 440 personas. En Puerto-Príncipe, habiendo faltado seis 
meses ese benéfico pus, solo pudo inocular á 91 de sus veci- 
nos el Ldo. D. Felipe Santiago de Moya. 

Aun siendo la población del Bejucal muy inferior á la de 
aquella villa, se han vacunado 209 personas, reuniéndose su 
junta todos los meses, y celebrando acuerdos muy útiles á la 
conservación de la vacuna. Tan eficaz y constante ha sido en 
congregarla y presidirla el alcalde ordinario D. Ramón de Ri- 
bas, digno de la gratitud de sus compatriotas, y de la emula- 



— 151 — 

cion de los presidentes que le sucediesen. Pero sus esfuerzos 
habrían sido ineficaces á no encontrar las mejores disposicio- 
nes en el Br. D. Rafael de la Maza, secretario de esa junta, y 
en los vocales facultativos D. Nicolás Sacgaet y D. Remigio 
Conde. 

Es también muy loable la conducta de los alcaldes de la vi- 
lla de San Juan de los Remedios, D. Justo Asencio Carrillo y 
D. Francisco Rodriguez, de los vocales de su junta de vacuna 
y del secretario Ldo. D. José León Valdes. Los primeros, por 
el interés con que la han congregado casi todos los meses, los 
segundos por su pronta y constante asistencia, y el último por 
haber vacunado 393 personas. 

Sin mas ausilio ni remuneración que su patriotismo y hu- 
manidad, el Br. D. Rafael Valdés ha inoculado en Guanaba- 
coa 330 vecinos; el Br. D. Esteban Gonezara 142 en San José 
de las Lajas y don José Matías Marti nez 82 en los Palacios; 
ascendiendo el numero de vacunados en toda la isla en este 
presente año á 13,477 personas. 

Loado sea por todas ellas y por las generaciones que han de 
sucedemos, el ente privilegiado á quien debe la especie hu- 
mana su conservación y hermosura. Cánticos, monumentos de 
gratitud y alabanza tribútenle las naciones que habitan am- 
bos hemisferios, y descollando entre ellas la que produjo ese 
hombre inmortal, y ha sabido protegerle y distinguirle exija 
los homenages que merece el mas importante descubrimiento 
y el que indistintamente les ha dispensado con mano munífi- 
ca y piadosa. Presénteles ufana á Eduardo Jenner, y los sa- 
bios de todos los siglos le cederán las guirnaldas que ceñían 
sus sienes; preséntelo, aun mas confiada á los guerreros y con- 
quistadores, y la humanidad reconocida humillará á los pies 
del genio mas benéfico aquellos trofeos execrables. No sea in- 
ferior nuestro reconocimiento al gefe mas esclarecido á quien 
debe la isla de Cuba ese inapreciable beneficio, y él solo sea 
bastante para hacernos grata y perpetua su memoria. 



152 — 



Informe sobre la inalterabilidad del virus vacuno. 



La Diputación elegida por la Junta central para examinar 
la memoria que la dirigió el licenciado D. Joáquin José Na- 
varro, secretario de la Junta de Cuba, sobra la necesidad de 
inocular las vacas de cuando en cuando, -para que el virus vacuno 
sostenga con toda pureza su actividad primitiva', habiéndola leido 
muy detenidamente, discutiendo después tan importante asun- 
to, presenta su dictamen. 

El licenciado Navarro prueba la referida opinión con varias 
inducciones, deducidas unas de las alteraciones que por las 
leyes de la afinidad y atracción han esperimentado en el dis- 
curso de los siglos los seres orgánicos, y aun en el mismo glo- 
bo; otras de los diversos caracteres con que suelen presentar- 
se algunas enfermedades, hasta llegar á desaparecer muchas 
de las que solian afligir á la humanidad, apareciendo otras 
desconocidas á los padres de la medicina, añadiendo finalmen- 
te, los distintos síntomas que se observan en el cowpox de las 
vacas, en el hombre á quien primero se le comunica ese pus, 
y en los demás que lo reciben sucesivamente. 

En cuanto, á lo primero, para inferir el licenciado Navarro 
la posibilidad de alterarse y degenerar las obras de la natura- 
leza que la misma forma esterior de la tierra, supone las hi- 
pótesis de Bowles y Boulanger< sobre la formación del globo 
terráqueo. Semejantes teorías, no solo se oponen á la historia 
sagrada de la creación, sino también á infinitos hechos que 
comprueban la invariable uniformidad y constancia en lasre- 



— 153 — 

generaciones progresivas de los entes sin la menor alteración 
en sus caracteres específicos. Y aunque es cierto que algunos 
animales, y con mas frecuencia las plantas trasladadas á un 
pais estraño se esterilizan y al fin perecen, también es incon- 
testable que otras muchas se conservan y reproducen fuera 
del suelo nativo. El buey, el caballo, la cabra, el cerdo y mu- 
chos otros animales fueron conducidos de Europa á esta Isla, 
y sin embargo, en el espacio de tres siglos no se advierte en 
ellos detrimento alguno. Son también exóticos el cafeto, la 
caña, el algodón, y otras plantas cuyas producciones nada han 
desmerecido. 

No sufren menos coartaciones las pruebas fundadas en la 
nosología thesapecítica de las enfermedades. Basta leer las 
descripciones que hicieron de ellas Hipócrates y sus coetáneos 
para conocer cualquiera que se nos presente; con sola la alte- 
ración que causa el temperamento del enfermo, su edad, sexo, 
clima y estación, cuyas circunstancias las previnieron aquellos 
escritores, y no varían los síntomas característicos. Si la 
pica-polaca y la raquitis son tan raras en nuestros dias; si el 
escorbuto y la lepra no hacen los estragos que en los siglos 
remotos, es sin duda, porque se han precavido las causas que 
las producían, encontrándose también remedios para curarlas. 
Esto mismo ha sucedido con el gálico y las viruelas. Descono- 
cidas estas plagas de la humanidad hasta los siglos XV y XVI, 
se ignoraban sus respectivos específicos; pero descubierta la 
eficacia del mercurio para la primera, y otros auxilios profi- 
cuos contra la segunda, han sido sus estragos menos genera- 
les y funestos. 

El último argumento con que persuade el licenciado Na- 
varro la posibilidad de alterarse el virus vacuno, parece mas 
cierto que los anteriores. Los caracteres que presenta en la 
vaca el cowpox original, son distintos de los que se obser- 
van en otra vaca inoculada, con el mismo pus tomado del 
hombre. También hay una diferencia muy notable entre los 
síntomas que esperimenta el primer hombre inoculado con la 
materia del cowpox ó viruela natural de la vaca, y los que apa- 
recen en los demás hombres á quienes progresivamente se les 
comunica: en aquel hay una grande inflamación, dolor, fiebre 

20 



— 154 — 
aguda y aun delirio; en los demás, la inflamación es muy li- 
jera, que regularmente no se percibe fiebre ni incomodidad 
sensible. 

Mas á estos hechos se oponen otros que acreditan la inalte- 
rabilidad del virus vacuno. El doctor Woodville, habiendo 
inoculado varias personas, con diferencia de dos ó tres dias, 
en un brazo con el pus varioloso y en el otro con el vacuno, 
se presentaron ambas enfermedades sin coafundirse en sus 
respectivos períodos, conservaron sus propios caracteres y 
continuaron su curso natural. Mezcló después igual cantidad 
de esos dos virus, y con este humor misto inoculó en un mis- 
mo dia veinte y ocho personas. El resultado de este esperi- 
mento, dice Moreau, que en mas de la mitad de estos inocu- 
lados, se presentó la vacuna con todos sus caracteres distinti- 
vos y en los restantes los de las viruelas ordinarias, parecien- 
do escluirse mutuamente para quedar triunfante una de las 
dos. sin resultar jamás una enfermedad mixta. 

De estos ensayos y de otros semejantes, á los que propone 
el licenciado Navarro, 'ejecutados por los facultativos de la 
Junta de vacuna establecida en Reims infirieron; que el virus 
vacuno, lejos de alterarse y de perder su actividad sobre la es- 
pecie humana, la conserva aun bastante después de muchísimas 
trasmisiones sucesivas para comunicar á las vacas una enferme- 
dad absolutamente semejante á laque el doctor Tennez ha ob- 
servado en las vacas, de las cuales sacó el virus para inocular 
á la especie humana. 

A estos hechos, y á la autoridad de los primeros vacunado- 
res, pueden añadirse varias observaciones hechas por los pro- 
fesores que suscriben. La epidemia de viruelas que asolaba 
esta ciudad el año de 1804, cuando felizmente se introdujo en 
ella la vacuna, obligó á inocularla indistintamente á todas las 
personas que la solicitaban. Entre ellas se presentaron varias 
sarnosas, escrofulosas, herpéticas, escorbúticas y algunas con 
las señales mas sensibles del vicio venéreo. Sin embargo, en 
todas ellas no solo apareció el grano vacuno sin la menor al- 
teración, sino que tomado su pus é ingerido en otros sugetos, 
resultó en todos ellos la verdadera vacuna, sin notarse algún 
síntoma de haber contenido los vicios de que estaban infesta- 



— 155 — 

dos los transmitentes. Sucedió también que vacunados otros 
individuos estando ya atacados del contagio varioloso resulta- 
ron ambas enfermedades con los peculiares caracteres de cada 
pústula; y habiéndose inoculado otro con el pus de aquellos 
granos vacunos, solo aparecieron estos y ninguno de los va- 
riolosos. 

Finalmente desde el mes de Julio de 1804 hasta la fecha se 
han celebrado en las casas capitulares 592 vacunaciones; es 
decir, un mismo pus vacuno ha pasado otras tantas veces por 
diferentes personas. Ese propio virus se habia conservado en 
esta ciudad por repetidas transmisiones desde el 12 de febrero 
de aquel año, recibiéndolo de Puerto Rico en donde existía 
muchos meses antes. A esa isla se llevó de Santómas, consi- 
guiéndolo de Dinamarca ó de Inglaterra. De aquí se infiere 
que hace lo menos ocho años que está pasando continuamen- 
te por diversos cuerpos el virus vacuno que en la actualidad 
propagamos; no obstante, ni en el dia de la erupción del gra- 
no, ni en su figura, ni en alguno de sus caracteres y períodos 
hemos observado la mas leve innovación. 

Aunque convencida por estos datos de la inalterabilidad 
del virus vacuno, la diputación ha leido con mucho placer la 
citada memoria del licenciado Navarro. En ella ha visto un 
profesor celoso del bien público, y de la conservación de la 
humanidad; acredita una instrucción nada vulgar, un genio 
laborioso y observador. Por lo cual juzga que tomando de su 
escrito lo mas útil, se publique un estracto, que se inoculen 
algunas vacas con el objeto de hacer mas durable aquel virus, 
y que á nombre de la Junta central se den gracias á este fa- 
cultativo por su constante interés en los progresos de la nue- 
va inoculación, escitándole á continuar sus loables tareas. Ha- 
bana y Febrero 3 de 1810. — Dr. Bernardo de Zoza. — Dr. Juan 
Pérez Delgado. — Dr. Marcos Sánchez Rubio. — Dr. Tomás 
Romay. 



— 156 



ESPOSICION 

DIRIGIDA A LA REAL JUNTA DEL CONSULADO. 



Exmo. Sr. Presidente: 

Asociado á la visita de Sanidad para vacunar los negros bo- 
zales que llegan á este puerto, he visto con horror lo que no 
puedo menos de informar á V. E. y V. SS. , conjurándolos, á 
nombre de la humanidad, de la Religión y de cuanto puede 
penetrar un corazón sensible, para que reformen abusos que 
degradan y envilecen á una nación que se precia de piadosa y 
cristiana. 

El 19 de mayo de este año arribó la fragata española Bri- 
llante Rosa, su capitán D. Miguel Nuñez, procedente de An- 
gola, con 464 negros, de los cuales perdió 130 en 52 dias de 
navegación. El 9 del corriente visité el bergantin español Con- 
sejero, su capitán don Juan Martin 'Lauz, con 58 dias de via- 
je desde Loango, de donde sacó 207 negros, pero en el mar 
habian muerto 54, otro el dia anterior á la visita, dos al tiem- 
po que esta se ejecutaba, y los pocos restantes; gozaban de 
perfecta salud. Eq la costa de África pereció también el capi- 
tán que salió de este puerto, el sobrecargo y tres marineros. 

Inquiriendol as causas de semejante catástrofe, vi ese buque 
muy desaseado, supe que solo tenia 122 toneladas, y que no ha- 
bía llevado facultativo alguno para unaespedicionenque es tan 
necesario. La Brillante Hosa es de 230 toneladas, y puedo de- 
cir que tampoco tuvo cirujano ni caja de medicinas, pues el 
que llevó con aquella plaza no estaba recibido por el Protome- 



— 157 — 
dicato, ni fué propuesto al ayudante director de la Armada, 
quien debia también reconocer las medicinas. Sin embargo, 
no es el único origen de tan estraordinaria monstruosidad. 
Tampoco tenia cirujano ni provisión de remedios el bergantin 
portugués Puchiligo de 130 toneladas, que con 319 ne- 
gros salió de la babía de Los Santos y arribó á Fernanbuco, 
desde donde en 34 dias llegó á este puerto el 1.° del corriente, 
no habiendo perdido en toda la navegación mas que un solo 
negro. Los demás no podian estar mas sanos ni robustos, sien- 
do muchos de ellos de una estatura gigantesca, que ocupaba 
cada uno el lugar de dos comunes. Admirado de que asi pu- 
dieran conservarse en un buque tan reducido, supe por el ca- 
pitán D. José Pereira Liza que todo lo debia al aseo que ha- 
cia observar á los negros, en lo interior de la embarcación y 
en la cubierta, á la franqueza con que les permitía salir á ella 
á respirar un aire puro, á no haberlos aprisionado infundién- 
doles terror, á la cantidad y especie de alimentos, y á la abun- 
dancia de agua potable. 

Resulta pues, que por la inobservancia de estas reglas, ó 
por la economía miserable y mezquina de dos individuos, han 
perecido 192 hombres! ¿Y en qué ocasión, Sr. Exmo., se pre- 
sentan estos rasgos de la ignorancia y codicia mas criminal? 
¿con cuánta vehemencia y justicia no declamarían contra ese 
bárbaro comercio los Sres. Arguelles y Alcocer, si compren- 
dieran unos hechos tan execrables? La conservación de la 
agricultura de esta isla, la prosperidad de algunos particula- 
res, preguntarían, ¿ es acaso preferible á la vida de un solo 
hombre? ¿Cuáles son las decantadas ventajas que adquieren 
esos infelices con la esclavitud, si apenas se les arranca de sus 
hogares cuando son sepultados en los abismos del mar? ¿No 
es menos malo vivir, aunque errante entre las selvas, sin do- 
micilio, sin propiedad, sin leyes ni religión, que morir al im- 
pune arbitrio de unos hombres que no reconocen otro derecho 
que el de su propio y sórdido interés? 

Yo estoy persuadido de que no es necesario pisen este sue- 
lo los negros bozales para merecer la protección de nuestras 
leyes y los sentimientos que exije la benéfica religión que pro- 
fesamos. Desde que pertenecen á propiedad española son muy 



— 158 — 
dignos al amparo y protección de su gobierno, y pues que esos 
traficantes no lo respetan, ni temen los remordimientos de la 
conciencia, ni se compadecen de La humanidad afligida, ni es- 
peculan rectamente sobre su propia utilidad y provecho,es pre- 
ciso que V. E. y V. SS., ó quien tenga autoridad bastante, les 
haga observar los deberes de hombre y de ciudadano español. 

El Parlamento británico, aun mas seloso en proteger la hu- 
mauidad que á su privilegiado comercio, precavió semejantes 
abusos con un reglamento en que prescribía el número de ne- 
gros que podia transportar cada buque con proporción á sus 
toneladas; arregló su distribución y economía, los facultativos 
que debia llevar y la medicina necesaria; asignó también pre- 
mios por la salud y vida de los negros, y nada importante de- 
jó á la arbitrariedad del especulador. 

Nuestro Reglamento general, número 787 nada previene so- 
bre el comercio de negros; pero contiene algunas reglas que 
deben observarse en tales espediciones. Del artículo 26, trata- 
tado 5.° de las reales Ordenanzas del colegio de Cádiz, pu- 
blicadas en 1791, infiero, que aquel código marítimo se desig- 
nan los facultativos con que deben dotarse los buques de to- 
das clases según el número de su tripulación. Aunque mu- 
chos de los que salen de nuestros puertos para los de África 
no tengan á la ida el equipage necesario para obligarles á lle- 
var cirujano ó sangrador; pero á la vuelta transportan treinta, 
ciento y aun muchas mas personas se constituyen en la indis- 
pensable obligación de proveer ambas plazas. No son fardos 
ni bultos los que han de retornar; saben muy bien que han de 
ser hombres, y aunque negros y esclavos deben proporcionar- 
les todos los auxilios que exige la humanidad y ordenan nues- 
tras leyes. . 

Previendo estas que algunos comadrones podrían eludir el 
espíritu de la que acabo de insinuar, eligiendo por sí los 
facultativos menos idóneos, y proveyéndoles de medicinas, 
tal vez ineficaces, reprimió su arbitrariedad, disponiendo en 
los artículos 5.° y 40, título V de la citada ordenanza, que el 
director del colegio de Cádiz, ó los ayudantes directores de 
los departamentos, inspeccionen y arreglen las cajas de medi- 
cina, no solo de los buques de S. M. sino también en los mer- 



— 159 — 
cantes. Suponiendo á estos profesores instruidos en las enfer- 
medades mas frecuentes en cada pais, á ellos mas bien que á un 
idiota en la facultad, compete proporcionar los remedios mas 
eficaces para curarlas Por las mismas circunstancias están 
autorizados para examinar los facultativos particulares y san- 
gradores de los barcos de comercio "prohibiendo absoluta- 
mente á los dueños y capitanes de ellas que admitan ó puedan 
llevar otros cirujanos ni sangradores que los propuestos y apro- 
bados en dichos términos." 

La inobservancia de estas reales disposiciones ha contribui- 
do notablemente á la mortandad esperimentada en los citados 
buques. En vano intentó precaver tan funestas consecuencias 
reclamando su cumplimiento, el ayudante director de este 
Apostadero, doctor D. Bernardo Cozan; sus instancias no han 
tenido efecto, y posteriormente han salido de este puerto para 
los de África varias embarcaciones sin sangrador, ni cirujano, 
ni caja de medicinas. 

El temor de que se continúe este abuso, repitiéndose los 
mismos resultados, me obligó á prevenir á V. E. y á V. SS. 
para que tome las providencias que tan imperiosamente recla- 
man nuestras leyes conculcadas y la humanidad atrozmente 
ofendida. No dudo que este rasgo de mi sensibilidad me con- 
cillará el odio de aquellas almas degradadas que sufocan por 
el lucro mas torpe cuantos afectos inspira la naturaleza y la 
religión: no importa. Ellos conocerán al cabo que lejos de 
perjudicarlos en sus intereses, procuró aumentárselos con me- 
nos riesgo y responsabilidad. El costo de mil pesos, que será 
cuanto puedan importar las soldadas de un cirujano en el via- 
je redondo y la caja de medicinas, se compensarán con éxito 
curando y conservando sanos tres negros solamente. Y se 
convencerán también de la rectitud de mis intenciones cuan- 
do consideren, qué teniendo yo un motivo particular para con- 
tribuir á que se aumente mas y mas la introducción de negros 
bozales en este puerto, si propendo disminuirla con la presen- 
te moción, será sin duda porque prefiero el bien común á mi 
propia utilidad y conveniencia. 

Si mis atenciones me lo permiten, estractaré sencillamente 
lo mejor que se ha escrito sobre el método que deben observar 



— 160 — 
para conservarse sanas en las costas de África las tripulacio- 
nes de los buques que arriban á ellas y retornan con negros á 
estos paises; y seguidamente trataré de las enfermedades mas 
frecuentes así en el viaje como en aquellas regiones, para que 
teniendo á la vista este compendio los facultativos que se de- 
dican á esas peligrosas espediciones puedan proceder sin sor- 
presa y dificultad. Habana y Julio 12 de 1811. (*) 



(*) Enterada la Junta del consulado del papel que V. se sirvió dirigirla con fe- 
cha de 12 del corriente acerca de la conservación de blancos y negros en las espedi- 
ciones al África y su travesía desde ella á este pais, cree que no podremos desenten- 
dernos de cuantas reglas coactivas sean conformes con las de humanidad y poli- 
cía que adoptaron los ingleses para que la codicia no abusase de sus fines mal en- 
tendidos, para lo cual se ocupa de buscar un ejemplar de la letra de la Ley del Par- 
lamento Británico, que lo arregló; pero cree al mismo tiempo que los defectos y desgra- 
cias que nota V. con tanta razón, nacen principalmente de la inesperiencia de los 
que entre nosotros corren con estas espediciones. Por tanto piensa que es de la mayor 
importancia la breve instrucción que V. ofrece estender sobre las prácticas de aseo, 
policía interna y precauciones que conviene introducir tanto durante la residencia 
de los buques en las costas del África como en sus travesías. 

Así es que después de estampar en sus actas las espresiones de la geatitud que á 
V. merece, ha acordado rogarle encarecidamente realice á la mayor posible breve- 
dad el referido pensamiento y se sirva mencionar cuantos auxilios pueda necesitar 
para llevarlo á cabo, pues tantos debe el consumidor proporcionar para el logro de 
tan importanteo bjeto. 

Lo participamos á V. por disposición de dicha Junta para su inteligencia y satis- 
facción. 

Dios guarde á V. muchos años. Habana 20 de Julio de 1811. — El conde de Santa 
María de Loreto. — Francisco de Layseca. — Sr. Dr. D. Tomás Romav. 



161 -- 



(1) 



Informe leído en juntas generales celebradas por la 
Sociedad Económica de esta ciudad el 11 de di- 
ciembre del presente año , por el Dr. D. Tomás 
Romay, secretario de la Junta central de vacuna. 

Las operaciones de la Junta central de vacuna en el año que 
hoy termina no han sido menos constantes que en los anterio- 
res, ni menos útiles á los habitadores de esta ciudad y de to- 
da la isla. Los objetos de su instituto se han satisfecho cum- 
plidamente en las doce sesiones que ha celebrado, presididas 
todas por el Exmo. Sr. Marqués de Someruelos. Pruébalo de 
un modo incontestable el número de personas inoculadas por 
la diputación y el no haberse observado ni un solo viruelien- 
to en el recinto de esta grande población, ni en sus barrios ex- 
tramuros. Ascienden á 7521 los que han recibido en estos lu-' 
gares el virus vacuno, remitiéndose al mismo tiempo en 278 
cristales á diferentes pueblos interiores y ultramar. 

En sesión celebrada el 18 de octubre por esta real Sociedad 
espuso el Dr. D. Marcos Sánchez Rubio, que habiendo cesado 
las atenciones que le obligaron á separarse de la diputación 
de la vacuna el año anterior, deseaba volver á incorporarse en 
ella, para continuar los servicios que habia hecho á esta ciu- 
dad desde que se introdujo la nueva inoculación. La sociedad 
remitió su instancia ala junta central, y considerando ésta la 



(l) Diario de la Habana, Viernes 27 de Diciembre de 1811. 

21 



— 162 — 
eficacia con que habia contribuido ese facultativo á los progre- 
sos de la vacuna, fué unánimemente admitido en la sesión del 
8 de noviembre. 

El ilustrísimo señor obispo diocesano, propenso siempre á 
beneficiar su grey, comisionó en el mes de setiembre á D. Jo- 
sé Matías Martínez para que difundiese la vacuna en todos los 
pueblos de su diócesis, recomendándolo á sus respectivos par. 
róeos; cuyo encargo aun no se ha concluido. 

Los dignos vocales de la junta subalterna de Santa María 
del Rosario, continuando sus tareas con el mismo celo y hu- 
manidad, que acreditaron desde su instalación, se han reuni- 
do diferentes ocasiones, inoculando su secretario el licenciado 
D. José Govin 467 personas en dicha ciudad y en lo& partidos 
inmediatos. 

No son menos acreedores á la gratitud de los vecinos de 
Cuba los miembros de su junta de vacuna, especialmente el 
licenciado D. Joaquín José Navarro, secretario de ella. No sa- 
tisfecho con haber vacunado en ese pueblo y en otros inme- 
diatos 1530 personas, recorrió en los meses de junio y julio 56 
haciendas de ganado vacuno solicitando en ellas el cowpox. Es- 
ta esperanza lo alentaba y lo hacia soportar los obstáculos 
que le oponían los caminos y los rios intransitables por las con- 
tinuas lluvias. No consiguió el objeto que tanto anhelaba, y 
que tan útil puede sernos si lo encontramos en nuestro suelo; 
pero hallando algunas señales de no ser imposible adquirirlo, 
se propone continuar sus indagaciones en la siguiente prima- 
vera. 

La Junta de Puerto Príncipe ha celebrado constantemente 
sus sesiones, promoviendo en todas ellas los medios mas opor- 
tunos de conservar y difundir entre sus vecinos el eficaz pre- 
servativo de las viruelas. No solo ha prevenido se ejecute to- 
dos los jueves á las 11 de la mañana en las casas capitulares, si- 
no también encargó á su secretario el licenciado T). Felipe 
Santiago de Moya, comunicase el mismo beneficio á los veci- 
nos de los barrios, los cuales por la distancia ó por carecer de 
la decencia necesaria no podían concurrir al lugar señalado. 
Este facultativo condescendiendo á esta insinuación, ha inocu- 
lado 449 personas. 



— 163 — 

Cinco ocasiones se ha congregado lajunta de Santi-Espíri- 
tu, y habiéndose indicado en una de ellas que en las hacien- 
das del presbítero D. Andrés Peiret se habian observado algu- 
nas vacas con erupciones en las ubres, ofreció gratificar á 
quien encontrase en ellas el verdadero grano vacuno. En otra 
sesión, de acuerdo con el ayuntamiento de esa villa, propusie- 
ron á este Superior Gobierno remunerar con alguna parte de 
sus propios el desinterés y constancia con que el licenciado D. 
Juan Nepomuceuo Rodríguez, secretario de esajunta, conser- 
va y propaga entre sus vecinos el antídoto de las viruelas; y 
aunque todavia no se ha resuelto esajusta instancia, ha ino- 
culado en este año 618 de ellos, remitiendo el virus vacuno en 
20 cristales á diferentes pueblos. 

Si el número de vacunados en la villa de Santa Clara solo 
llega á 246 personas, no debe imputarse á omisión del secre- 
tario de su junta, el licenciado D. Andrés José de la Parra. 
Desde el mes de Agosto se perdió en ese lugar el pus vacuno 
por no concurrir los que debían suministrarlo y recibirlo. Por 
igual efecto no pasan de 67 los vecinos del Bejucal que ha con- 
seguido inocular el Br. D. Rafael Antonio de la Maza. Mas 
dóciles los de Matanzas, se han presentado 612 de ellos al Br. 
D. Manuel Calves á recibir la nueva inoculación. La ciudad de 
Jaruco no ha carecido de ese beneficio. El Br. D. Manuel Mi- 
chelena se ofreció á dispensarlo gratuitamente y lo ha veri- 
ficado en 124 vecinos. 

Resulta, pues, haberse vacunado en la isla de Cuba en el 
presente año 11,634 personas. ¿Y en cuantos reinos, mucho 
mas populosos que esta provincia no será igual el número de 
los prosélitos de Jenner? Asoladas por la guerra las institucio- 
nes mas benéficas, arrastrada la juventud desapiadadamente 
para ser inmolada en países muy lejanos á la ambición mas 
despótica; es menos sensible á los padres ver á sus hijos pade- 
cer en la cuna por las enfermedades, que por el hierro y el 
plomo en un campo de batalla, ó asaltando los muros de una 
plaza. ¡Gracias al cielo, la isla de Cuba no ofrece á sus mora- 
dores un destino tan funesto! lilla es la mansión de la paz y 
tranquilidad, mientras el resto del globo se cubre de sangre y 
de cenizas. La existencia de nuestra prole nos es todavia gra- 



— 164 — 
ta y deliciosa, y el genio protector de la humanidad aco3adoen 
ambos hesmiferios, busca entre nosotros un asilo seguro y per- 
manente. Concedámoselo en buen hora por nuestro propio in- 
terés y prosperidad. Sacrifiquemos nuestros personales resen- 
timientos sobre las aras de la obediencia y concordia: compa- 
remos nuestra situación con las de otras provincias circunve- 
cinas, y sabremos entonces cuanto importa conservar el orden 
y armonía social. Execrados sean por todo el pueblo, proscrip- 
tos y esterminados por las autoridades los que osaren ofender 
su opinión y dignidad, introduciendo en los subditos la des- 
confianza y discordia. Esos hipócritas políticos invocando res- 
petuosamente esos nombres sagrados, patriotismo, fraternidad 
Fernando, ocultan en su corazón el mas pérfido egoísmo, y so- 
cavan insidiosamente las bases fundamentales del trono de 
Fernando y de toda sociedad. Monstruos hambrientos de oro 
y de sangre, nuestra tranquilidad devora sus entrañas y solo 
aspiran á saciar su rapacidad con nuestros bienes, nuestra vi- 
da y la de sus hijos, que con tanto amor y eficacia preservamos 
con la vacuna de una muerte menos horrorosa. ¡Compatriotas, 
conocedlos, detestadlos! 



— 165 — 



(1) 



Cuatro años hace hoy, habaneros, que derrocado de su trono 
el despotismo, y arrojadas con indignación las cadenas, que 
insidiosamente presentaba el mas pérfido de los tiranos, re- 
cuperó el pueblo español su antigua dignidad, la independen- 
cia y soberanía. Cuatro años también hace que este mismo 
pueblo sostiene inflexible aquel primer ímpetu de la lealtad 
de su pecho y déla fortaleza de su brazo. Semejante á la na- 
ve que erguida en medio de los mares embravecidos resiste 
impávida los embates que amenazan sumergirla, así este pue- 
blo, modelo de lealtad y de heroísmo, resiste y triunfa de las 
infames é infructuosas maquinaciones que se le forjaban; con 
su acero zanjó los fundamentos de la constitución que se ha 
dictado, sellóla con propia y enemiga sangre, y en ella misma 
se teñirán las manos del héroe que la publique y haga cumplir 
en la capital del imperio español. 

Tal es, compatriotas, el destino de ese pueblo digno de la 
protección y admiración del cielo y de los hombres. Guerre- 
ro como el romano, sabio como el griego, á un mismo tiem- 
po discute y sanciona en ese código inmortal las bases de su 
futura felicidad y grandeza, arrolla y destruye cuantos obstá- 
culos le impidan hacerlo observar y obedecer. Majestuoso y es- 
traordinario en todas sus funciones, reúne los diversos caracte- 
res de las naciones rivales. Sobre ruinas y trofeos, á la faz de la 
muerte y de la victoria, entre lamentos y aplausos eleva un 



(l) Diario de la Habana, Sábado 2 de Mayo de 1812. 



— 1GG — 
templo consagrado simultáneamente al uúm en de la guerra y 
al genio de la sabiduría. En él retumba el rumor de las armas 
y el estampido del bronce. Estos ecos horrís onos alternan con 
las arengas de sus oradores, y ellos tan imperturbables y aun 
mas felices que el geómetra de Siracusa, meditan, calculan y 
resuelven los problemas mas difíciles de la política. Descien- 
den de la tribuna para esponerse en la brecha ó en el campo 
del honor; y los guerreros cubiertos de polvo y humeando to- 
davía sus aceros manchados con sangre de los vándalos, llegan 
intrépidos y ufanos á tributar sobre las aras de la patria los 
homenages de su fidelidad, valor y constancia. 

Pero, ¿qué espectáculo por grandioso que sea, que rasgos 
de virtudes patrióticas y marciales no ofrecerá un pueblo que 
desde el momento de su insurrección arrebató el estupor de 
todas las naciones? Cuando las mas aguerridas y poderosas 
vacian encorvadas y envilecidas, bajo el yugo del tirano de la 
Europa: cuando uncidas á su carro le conducían en triunfo 
desde el Vístula hasta la cumbre del Pirineo; la España, la 
oprimida, inerme y pérfidamente vendida España, encontró en 
su mayor impotencia y penuria cuantos recursos prostituye- 
ron las otras en su prosperidad y opulencia. Su indignación, 
su lealtad la suministró armas y ausilios, y la sangre vertida 
el dos de mayo, voló al trono de la divinidad, pidió venganza, de- 
cretóla el cielo, y obediente la tierra, brotó españoles que cumpliesen 
sus decretos. 

Ved aquí, compatriotas, el motivo sagrado de la solemnidad 
de este dia, por siempre memorable en los fastos de la España. 
Ella misma la ordenó, ejerciendo plenamente su autoridad y 
soberanía; y la divina religión que profesamos, concurre tam- 
bién á santificarla con toda la pompa y magestad de su culto. 
Por la eterna felicidad de los que fallecieron el dos de mayo, 
ofrece la nación mas piadosa y reconocida las preces y sufra- 
gios de la iglesia santa, menos perseguida y desolada por Ti- 
berio y Domiciano, que por ese hipócrita apóstata. La sangre 
vertida el dos de mayo, ese cuadro* horrendo y glorioso es el 
modelo que nos presenta para inspirarnos las mismas virtudes 
que tanto glorifican á esos primeros mártires de la libertad es- 
pañola. Sacrificios, hechos heroicos, no deseos ineficaces, ni 



— 167 — 
una fria admiración nos pide la patria imperiosamente, solo 
ellos pueden salvarla, solo ellos pueden colocarnos entre 
Daoiz y Vdarde. Conservad en vuestra memoria estos nom- 
bres gratísimos; pero grabad mas indeleblemente en vues- 
tro corazón su ardiente patriotismo, su fidelidad, ese va- 
lor intrépido, esa coustancia inflecsible, ese cúmulo de 
acciones sublimes que los condujeron al templo de la in- 
mortalidad. Ved como ascienden á esa mansión dichosa 
aprocsimándose á las aras de la patria. Observad con que an- 
helo buscan y retan la muerte; miradlos yá cubiertos de heri- 
das y de una gloria interminatle. 

Si aspiráis á la misma remuneración, seguid la senda que 
os han marcado con su sangre; pronunciad el juramento que 
os ecsijen con mas derecho que Amilcaral rapaz Anibal. Ese 
voto tremendo y solemne será la ofrenda mas aceptable que 
podéis consagrarles en este dia plausible, su cenotafio el altar 
mas digno. Juremos, pues, sobre ese augusto monumento eri- 
gido á Jesucristo y para escitar la emulación de todos los es- 
pañoles, juremos cuantos nos gloriamos de merecer ese nom- 
bre, salvar la patria, observar su constitución, redimir á Fer- 
nando, esterminar á su opresor y restituir á la monarquía es- 
pañola su integridad, esplendor y opulencia. 



168 



INFORME leído por el Dr. D. Tomás Romay, se- 
cretario de la junta central de vacuna, en juntas ge- 
nerales celebradas el 13 del corriente por la socie- 
dad económica d» esta ciudad. (1) 

Entre las piadosas instituciones, que debió Roma al virtuo- 
so ífuma, fué una de las mas loables, tributar gracias á Júpi- 
ter Stator no solo cuando la concedía algún beneficio, si tam- 
bién cuando la preservaba de alguna calamidad inminente. 
El pueblo entonces y los patricios y los guerreros, congrega- 
dos en el capitolio entonaban himnos de alabanza y gratitud, 
y mientras los sacerdotes tenían el pavimento con la sangre 
de las víctimas, los adivinos buscaban en sus entrañas palpi- 
tantes los destinos de la patria. 

Faustos y muy propicios los inaugura el pueblo de la Haba- 
na, cuando consternada todo este año, la villa de Puerto-Prín- 
cipe por una epidemia de viruelas, que la ha cubierto de ca- 
dáveres y luto; cuando difundiéndose hacia el Bayamo y co- 
municándose también á otros pueblos mas próximos á esta 
capital, ella constantemente espuesta por una comunicación 
no interrumpida, se han conservado tan ilesa é impenetrable 
á ese mortífero contagio, como á las convulsiones políticas, 
que agitando ambos hemisferios, la invaden y circundan por 
todas partes. 

Gloria interminable sea concedida, gratitud y loa tribútese 
en ese Santuario del patriotismo al genio ilustrado y benéfico, 
que ha contribuido mas que otro alguno á la propagación y 

(1) Diario del Gobierno de la Habana, miércoles 16 de Diciembre de 1812. 



- 1G9 — 
hermosura déla especie' humana. Cánticos, fervientes votos 
resuenen en su recinto por la existencia y prosperidad del ge- 
fe ilustre que zanjó los fundamentos de la junta central de va- 
cuna con un celo y filantropía nada inferior á la probidad, á la 
prudencia y á la política que admiraron los buenos ciudada- 
nos en su dilatado y difícil gobierno, que la protegió con su 
presencia y facultades, difundiendo sus benéficos efectos hasta 
los únicos confines de esta grande provincia. 

Si en toda ella no ha correspondido el écsito á sus deseos, 
si la viruela aun devora aquella porción de la humanidad mas 
digna de nuestra vigilancia y compasión; execrada sea la in- 
dolencia ó la ignorancia de ciertos entes desapiadados y estú- 
pidos que desprecian su sencillo y eficaz preservativo. Des- 
ciendan sobre ellos las imprecaciones de las almas sensibles, 
y sufran la coacción y la severidad de un gobierno generoso 
y paternal, que pretendió reparar en este hemisferio las cala- 
midades que le introdujo jSTarvaez, remitiendo dos veces allen- 
de de sus límites al benéfico infatigable Balmis. 

Tuya fué la idea ¡ó Jenner de las Españas! tu concebiste el 
proyecto de instalaren esta ciudad una junta de vacuna; reci- 
be, pues en remuneración á tan importante beneficio, la grati- 
tud de un pueblo que se ha preservado ocho años del contagio 
varioloso; recibe el placer gratísimo de ver las tareas de este 
cuerpo, obra de la ingeniosa terneza de tu alma, y sea la pri- 
mera, la mas aceptable ofrenda, que consagre sobre esta ara 
de la patria, 9270 personas marcadas en este año con las cica- 
trices saludables de la vacuna. 

Empero no se ha limitado el celo y constancia de los profe- 
seres vocales de su comisión á propagarla en el recinto de es- 
ta ciudad y de sus barrios estramuros. La isla toda, las pro- 
vincias vecinas nacionales y estrangeras han recibido de su 
mano ese virus precioso en 298 cristales. 

No ha necesitado de este auxilio la ciudad de Cuba. El li- 
cenciado D. Joaquín Navarro, secretario de dicha junta, ade- 
mas de haber vacunado en ella y en varios pueblos inmediatos 
84(1 personas, ha remitido el pus vacuno á los pueblos mas 
orientales do esta isla, ;i la de Jamaica, á Santa Marta y Ma- 
racaibo de donde fué solicitada con «1 mayor anhelo, y á la 

22 



— 170 — 
villa del Bayamo que le remitió tres jóvenes, para que reci- 
biéndolos en sus brazos lo condujeran con todos sus caracteres 
y eficacia. La memoria que ha dirigido este profesor estrac- 
tando los acuerdos celebrados por aquella junta, las observa- 
ciones que contiene, y las refiecsiones que hace sobre ellas, se- 
rá siempre un testimonio incon (estable de su inteligencia y 
constancia. 

Emulo de una conducta tan aprcciable el Dr. D. JoséGovin 
secretario de la Junta de Santa María del Rosario, lia vacuna- 
do en esa ciudad, y en los partidos de Jiaraco, el Calvario y 
Managua 230 individuos. 

No es menos digno de la gratitud de los vecinos del Baya- 
mo el bachiller D. Manuel Anacleto Bustillos. Llevando de 
esta ciudad el virus vacuno lo comunicó á 113 personas, des- 
de el 21 de diciembre anterior hasta 30 de enero último. Re- 
cibió entóm-es el que condugeron los tres jóvenes inoculados 
en Cuba; mas ignoro el resultado de sus posteriores operacio- 
nes, en ocasión de esperimentar esa villa los estragos de Jas 
viruelas. jSTo obstante, los vecinos menos preocupados contra 
la vacuna, han encontrado en ella un seguro preservativo, re- 
cibiéndolo del Ldo. D. Francisco Montero, que autorizado 
por esta junta, inoculó desde agosto hasta el 4 de noviembre 
102 personas. 

Aun mas atiijido por el contagio varioloso los habitadores 
de Puerto Príncipe, no han sido menos obstinados en preca. 
verlo ofreciéndoselo constantemente el licenciado D. Felipe 
Santiago de Moya, secretario de su junta de vacuna, que no 
omitiendo diligencia alguna para recomendarla y esterminar 
las viruelas, solo ha podido inocular en una población tan 
numerosa 695 vecinos. 

Mas dóciles los de Sancti-Spíritu á las eficaces insinuacio- 
nes del Ldo. D. Juan Nepomuceno Rodríguez, ha vacunado 
en este año por sí solo y sin ausilio de aquella junta, que nin- 
guna sesión ha celebrado, 734 individuos, y 427 el Ldo. D. 
Andrés de la Parra, secretario de la junta de la villa de San- 
ta Clara. 

Los secretarios de otras juntas subalternas, faltando ai ar- 
tículo 8.° de su Rccrlamento, no me han remitido ni el estrac- 



— 171 — 

to do los acuerdos que han celebrado, ni de las personas va- 
cunadas en el presente ano. Pero la Junta central, vigilando 
siempre sóbrela conservación de nuestros pueblos, ha repa- 
rado esa omisión autorizando al doctor don Manuel Rodrí- 
guez Otis, para que, propagando la vacuna en San Juan de 
los Remedios, precava las epidemias de viruelas, que tantas 
veces ha desolado esa villa malhadada. Comisionó también 
para el propio objeto en Matanzas al bachiller D. José Gal- 
vez, en San José de las Lajas al bachiller D. Manuel Cañiza- 
res, en Alquízar al Ldo. D. José María Ájala, que ha va- 
cunado 112 personas, y otras 130 en el mismo partido el ba- 
chiller Francisco Soriano, y en Guanabacoa 229 el licenciado 
I). Rafael Valdes. 

Ignoro las que han recibido el propio beneficio del presbí- 
tero D. Nicolás de la Madrid, capellán del hospital de Güines. 
Su modestia, igual á su celo y humanidad, ocultó mucho tiem- 
po á la Junta central el bien que dispensaba á sus vecinos; 
pero instruido por el cura párroco y por el capitán de aquel 
partido, de la loable ocupación de este ministro de la relijion 
mas pía y munífica, aplaudió sus virtudes sociales y le conce- 
dió todas sus facultades para que continuase ejerciéndolas. 
Igual testimonio de aprecio y alabanza mereció á su dignísimo 
Prelado, cuando visitando aquella iglesia le presentarou varios 
niños inoculados por ese imitador de su predilección á la 
vacuna. 

La ha manifestado su señoría ilustrísima con varios hechos 
desde el momento que fué introducida en esta ciudad el año 
1804, y en el presente comisionó á D. José Matías Martínez 
para que la llevase á todos los pueblos de su dilatada diócesis. 
JN"o ha recorrido hasta ahora masque quince partidos, y en 
ellos ha vacunado 1387 personas. 

Resulta, pues, que en el presente año han recibido el virus 
vacuno en toda la isla 14331 individuos. Ellos serán algún día 
útiles á la patria; á esta patria que tanto necesita de brazos 
robustos y activos para elevarse á la opulencia y prosperidad. 
Su área, este suelo que hollamos sin apreciarlo, porque todavía 
no le conocemos, oculta producciones aun mas preciosas que 
el oro y la plata. Su feracidad no se limita á producir tabaco, 



— 172 — 

canas y cafetos; Amaltea ha derramado en nuestra isla todos 
los bienes que su cornucopia contenia. La sociedad económi- 
ca ilustrada y dirigida por su Escmo. presidente, nos ha ma- 
nifestado alguno de los tesoros que oculta en su seno. Seamos 
dóciles á sus benéficas insinuaciones; fomentemos el cultivo 
de otras plantas proficuas á nuestra agricultura é industria; 
perfeccionémoslos ensayos que acaban de ejecutarse; empren- 
damos otros, y dia vendrá en que digamos á las colonias veci- 
nos, ya no necesitamos de vosotras para existir y prosperar. 



— 173 — 



HASANiL 



(i) 



Representación del Sr. I). Francisco de Arango y 
Parreüo, diputado para las Cortes ordinarias, 
hecha d la diputación provincial de esta ciudad. 

Escmo. SEÑOR: 

Si pudieron mía dolencias quitarme la satisfacción de felici- 
tar á V. E.al tiempo de su instalación, ellas, mediante Dios, no 
me podrán estorbar que salga luego para Cádiz á cumplir con el 
precepto de mi adorada patria, y todas las prevenciones que 
en eu obsequio quiera hacerme el cuerpo, que en la provincia 
tiene su representación. Me voy en la fragata Diana, y vengo 
á pedir á V. E. que con sus grandes luces auxilie las pequeñas 
rnias, y con sus repetidos encargos alimente y ejercite mi 
ardiente y fiel patriotismo. El me impele y autoriza á hacer á 
V. E. no una advertencia de maestro, sino una insinuación 
de amigo con la sincera protesta de que lejos de pensar en 
censurar las tareas de esa respetable junta, ni aun de ellas 
tengo noticia por mis tenaces achaques. 

Veinte y cinco años de esperiencia y desengaños en el manejo 
de la causa pública, me han hecho conocer que el escollo de 
que mas deben huir los cuerpos que la promueven, es el de 
emprender mucho y de emprenderlo sin plan. Para hacer algo 
es preciso emprender poco, y escoger entre lo mucho lo mas 



(1) Diario del Gobierno de la Habana, jueves 8 de julio do 1813. 



— 174 — 

esencial y urgente. Yo concibo que en nuestra isla lo que mas 
importa, después de procurar á la nación los estraordinarios 
socorros, que en su actual angustia necesita, es, primero: po- 
nerlos medios de asegurar su tranquilidad interior; y segun- 
do: establecer sin demora el mas indispensable, el mas firme 
apoyo de nuestra libertad política. 

Sobre lo primero, sírvase V. E. llamar á su vista el espe. 
diente, que instruyó nuestro antiguo ayuntamiento, cuando 
en cierto modo hacia las veces de esta diputación, y acabar la 
obra que allí se empezó, rectificando las ideas y cumpliendo 
la gran promesa que contiene la representación de 20 de ju- 
lio de 1811, que yo estendí para las Cortes por comisión de 
aquel cuerpo. 

En cuanto á lo segundo, antes de decir cosa alguna, copiaré 
cuatro palabras de oro vertidas no ha muchos años. "El ar- 
ranque de un pueblo hacia la libertad será siempre de una du- 
ración efímera, si no es sostenido en los espíritus por el con- 
vencimiento, y en los corazones por el sentimiento. El que 
no tiene luces, no sabe ser libre; y el que no tiene virtud no 
os digno de serlo." 

¡Qué campo tan vasto abren ú la meditación estas poquísi- 
mas frases! ¿De qué servirá habernos dado Constitución, si no 
se ponen los medios de que sepamos lo qué es, y la amemos á 
la inglesa? ¿Y podemos saberlo, podremos amarla subsistien- 
do en la ignorancia y con los vicios políticos á que debieron 
conducirnos tres siglos de despotismo? ¿De qué servirán las 
leyes contra la tiranía y abusos que nos rodean, si su raiz que- 
da intacta si no se constitucionan (permítase esta expresión) 
todas nuestras cabezas y todos nuestros corazones? Tendremos 
esas santas leyes con la misma indiferencia y lo misma inob- 
servancia con que se mantenía en nuestros antiguos códigos, 
la que prohibía á los reyes establecer gravámenes sin consen- 
timiento del pueblo. !N"i es este lugar, ni el momento en que 
debo detallar el sistema, que conviene seguir en el particular; 
pero no estará de mas que indique el paso primero que á mi 
parecer debe darse, y también contribuir al logro de tan gran 
fin, con los medios efectivos que me pueden permitir mis ac. 
tu ales facultades. 



— 175 — 

Casi toda la población rústica Je nuestra isla (esto es, los 
principales instrumentos de nuestra fortuna) y gran parte de 
la urbana, no sabe leer ni escribir. No sabiendo leer, no pue- 
de saber como corresponda lo que es Constitución; y no sabien- 
do como corresponde lo que es Constitución, ni puede amarla 

ni defenderla como corresponde Séame lícito no concluir 

esta aflictiva bilacion, y poner en su lugar un rasgo bien espre- 
sivo de una gaceta anglo-americana, que describiendo las abo- 
minaciones y defectos de un atroz asesino de aquel pais, dijo 
para coronarlas: "por fin, no sabia escribir ni leer este mal hom- 
bre." Tan raros como todo esto son en los paises libres los 
hombres que no saben leer. Esforcémonos pues, para que 
lo sean en esta isla: transformémosla en esta parte: hagamos 
(pie en poco tiempo reciban todos sus habitantes con la debi- 
da perfección la mas útil de todas las enseñanzas, que es la 
de primeras letras; y mientras no se consiga esto con la gene- 
ralidad necesaria, lejos de oír proyectos, ó de destinar fondos 
[•ara nuevas enseñanzas y establecimientos, apliqúese á tan 
grande objeto lo que se gasta en otros, que le son muy infe- 
riores en orden y utilidad. 

A impulsos del celo respetable del cura y sacristán mayor 
do Güines, D. Agustin Ilermosilla y D. Gerónimo Pérez, so 
ha establecido allí en regular pié una escuela de primeras le- 
tras; tienen ya un buen maestro, y tienen para esto y para to- 
do lo bueno la mejor disposición; pero les falta un ediñcio ca- 
paz de recibir todos los niños del partido, y les falta dinero 
para costear la escuela y hacerla gratuita. En tales circunstan- 
cias no quiero dejar mi país llevando el doloroso escozor de 
que se pueda perder esta preciosa semilla; y en la víspera de 
mi salida, me vengo á obligar con la diputación de mi provin- 
cia por este papel, que subscribo, y por una escritura publica, 
que otorgarán, si se cree necesaria, mis apoderados generales 
D. José Ignacio de Echegóyen, D. Ciríaco y D. Mariano de 
Arango: 1.° á poner luego por obra, concluir y entregará 
quien V. E. disponga en un año, lo mas tarde, el edicio de- 
seado, haciéndolo en el solar destinado ya para este fin, y en 
los decorosos términos que el adjunto plano y su nota espli- 
can: 2.° que si concluido el edificio no llegare por tasación á 



— 176 — 
ocho mil pesos, completaré esta cantidad en nuevas obras 
análogas al intento: 3.° entregado que sea, corresponderá en 
plena propiedad al vecindario de Güines; pero precisamente 
para el fin á que lo destino: 4.° me comprometo á dar desde 
el día de mi salida hasta el de mi regreso trescientos pesos 
anuales; y en caso de que en el intermedio fallezca, se hará 
por mis albaceas ó herederos,, imposición formal de seis mil 
pesos para asegurar el rédito de los trescientos, con la condi- 
ción espresa de que necesariamente se han de destinar al ob- 
jeto á que los aplico; pero si Dios me concede el gusto de vol- 
ver con salad y sin notable menoscabo en mis bienes, será mi 
mayor complacencia costear la escuela en un todo y auxiliar 
con cuanto pueda las demás fundaciones de igual clase, que 
en el progreso de su población necesitare el partido: hay en 
él pudientes é ilustrados hacendados, que con la mejor volun- 
tad contribuirán al entretenimiento de esta obra pía, y entre 
ello? nombro á mis apreciables amigos D. Ignacio de Herrera 
y I). Pedro Diago; porque pasan en sus fondos mas de la mi- 
tad del año; y creo que serán muy gustosos en que la diputa- 
ción los encargue, que abran y realicen una suscricion propor- 
cionada al objeto. 

No puedo concluir siu recomendar á la diputaciou, que en 
nuestro actual estado los párrocos deben ser los mas útiles 
agentes de que pueden echarse mano para semejantes empre. 
sas; y espero al menos, que no se desairará el mérito de los de 
Güines, en cuyo favor me hace hablar mi amor á la justicia; 
así como el de la causa pública me ha arrancado en momen. 
tos de tanto apuro, esta desaliñada y difusa esposicion. Dios 
guarde á V. E. muchos años. Habana 1.° de julio de 1813. — 
Francisco de Arango. — Escmo. Sr. presidente y señores vocales 
de la diputación provincial. 

CONTESTACIÓN. (1) 

Aun antes de ejercer V. S. el importante encargo que le ha 
confiado esta provincia, empieza ya á realizar las lisongeras 
esperanzas que concibió desde el momento en que fué elegi- 

(1) Esta y el acta que la sigue fueron redactadas por el Sr. Eomay, como Se- 
cretario de la Escclentísima Diputación Provincial. 



— 177 — 

do V. S. su diputado eu las próximas Cortes ordinarias. Vein- 
te y cinco años consagrados por V. S. á la ilustración y pros- 
peridad de esta isla, eran el garante mas fiel de sus futuras 
operaciones. Esa misma convicción reunió en favor de V. S. 
los sufragios de la junta electoral de estas provincias; y esa 
misma esperiencia hizo que el pueblo justo y reconocido de 
la Habana, aplaudiera la elección de V. S. con las mas estraor- 
dinárias y afectuosas espresiones. 

j^o fueron menos sinceras las que vertió la Diputación Pro- 
vincial oyendo el oficio de V. S. de 1.° del corriente, en que, 
participándola su próxima salida para Cádiz, la indica V. S. 
con el idioma del verdadero patriotismo, el medio mas seguro 
de cumplir sus sagrados deberes. Comprendiendo con el pla- 
cer que inspira la demostración de una verdad importante, 
cuanto V. S. la insinúa sobre educación y enseñanza de pri- 
meras letras; aun fué mayor su convencimiento y complacen- 
cia, admirando V. S. erigir en el pueblo de Güines uno de 
esos monumentos de pública utilidad. Lo será sin duda para 
los vecinos de esa comarca, y cuando sus alumnos ejerzan al- 
gún dia los derechos de ciudadano español, bendecirán la ma- 
no benéfica por quien disfrutan de esta dignidad. 

La Diputación recibe bajo sus auspicios esa obra predilecta 
de V. 8. y tan análoga á su instituto, esperando con la ma- 
yor confianza del ilustrado patriotismo de V. S. que no serán 
menos favorecidos los demás pueblos de esta provincia. V. S. 
conoce muy bien lo que cada uno de ellos necesita, y lo que 
interesa al bien común y á la prosperidad general, y siendo 
esta el objeto secundario de la misión de V. S. no es presu- 
mible omita medio alguno para promoverlo y conseguirlo. 

Tales fueron las ideas y afectos que escitó la esposicion de 
V. S. en la Diputación Provincial, y queriendo perpetuar en- 
tre sus acuerdos un testimonio irrefragable del alto aprecio y 
consideración, que V. S. la merece, celebró el acta de que in- 
cluyo copia, protestando á V. S. que mis particulares senti- 
mientos hacia su persona no son inferiores á los del cuerpo 
que represento. 

Dios guarde á V. S. muchos años. Palacio del Gobierno de 

23 



— 178 - 
la Habana á 3 de julio de 1813.— Juan Buizde Apodaca.—Sr. 
Diputado en Cortes D. Francisco de Arango. 



Certifico que en sesión celebrada el 3 del corriente por la 
diputación provincial y presidida por el Excrno. Sr. D. Juan 
Ruiz de Apodaca, capitán general, gefe superior político de 
esta provincia, se leyó un oficio del Sr. D. Francisco de Arango, 
diputado por esta provincia en las próximas cortes ordinarias, 
en que, participando á la diputación su inmediata partida para 
aquel destino, se ofrece á desempeñar con el mayor celo y 
eficacia cuanto se digne recomendarle este cuerpo; insinuándole 
al mismo tiempo, que para conservar nuestra tranquilidad in- 
terior, convendría tuviese á la vista la representación que el 
Exmo. Ayuntamiento de esta ciudad hizo á las cortes generales 
en 20 de Julio de 1811: y para facilitar nuestra libertad políti- 
ca, debia con antelación á otros objetos y enseñanzas, dedicar- 
se eficazmente á establecer en los campos escuelas de prime- 
ras letras, porque sin saber leer no puede saberse como corres- 
ponde lo que es constitución, y no sabiéndose como corresponde 
lo que es constitución, no puede amarse ni defenderse como 
corresponde. Para realizar tan inútiles ideas, presentó el plano 
de una casa que ha dispuesto se edifique inmediatamente en 
el pueblo de Güines, destinándola á ese fin , cediéndola en 
propiedad á sus vecinos y asignando ademas trescientos pesos 
anuales para sus gastos necesarios; cuya escuela deberá diri- 
girse por ahora por el mismo maestro de primeras letras, que 
han elegido el cura párroco y sacristán mayor de dicha igle- 
sia; añadiendo que para hacer mas general este beneficio, es- 
tableciendo otras en el mismo partido, se encargue abrir una 
suscricion á los señores D. Ignacio de Herrera y D. Pedro 
Diago. Convencida la diputación, aun mas por los hechos que 
por las razones, del generoso é ilustrado patriotismo del señor 
D. Francisco de Arango; propuso al Escmo. señor su presiden- 
te significase á S. S. el alto aprecio y consideración con que 
habia oido sus insinuaciones y aceptado sus ofertas, como tan 



— 179 — 
análogas unas y otras á los priucipales objetos de su instituto; 
esperando con la mayor confianza de su acreditado celo por 
el bien público y de los vastos conocimientos que tiene acerca 
de los intereses de esta provincia, que no omitirá en el Con- 
greso nacional medio alguno conducente á su fomento y pros- 
peridad, incluyéndose copia certificada de este acuerdo en el 
oficio, que se servirá dirigir á S. S. el Excmo. Sr. Presidente, 
é imprimiéndose uno y otro documento en el Diario del go- 
bierno para hacer mas públicos los sentimientos de esta dipu- 
tación. Habana 6 de Julio de 1813. — Tomás Romay, secretario. 



180 — 



VACUNA. 



Consternada esta ciudad y toda la isla de Cuba desde el 
año 1803 por una epidemia de viruelas, la mas general y ma- 
ligna que ha sufrido, la Sociedad Patriótica y la Junta eco- 
nómica del Consulado, instruida de los benéficos efectos que 
ya producía el virus vacuno en otros países, ofrecieron un 
premio de trescientos pesos á quien lo condujere de ultramar. 
y de cuatrocientos al que lo encontrara en las vacas de esta 
isla, haciendo imprimir á sus espensas quinientos ejemplares 
de una memoria sobre la nueva inoculación, para hacerla mas 
conocida y anhelada. El 10 de febrero del siguiente año lle- 
garon á este puerto, procedentes de Puerto Rico, tres niños 
vacunados en la Aguad illa y con los granos no secos todavía. 
El profesor que suscribe este informe y los doctores D. Bernar- 
do Cozar, D. Juan Pérez Delgado, D. Marcos Sánchez Rubio, 
I). Juan Pérez Carrillo, D. José Bohorgues, D. Antonio Ara- 
gón y algunos otros, inocularon inmediatamente varios niños 
y con ellos sucesivamente muchos centenares. 

El 16 de mayo del propio año arribó á este puerto la real 
espedicion de la vacuna, y aunque ya se disfrutaba de su be- 
neficio, recibióse no obstante por las autoridades y por todos 
los vecinos de este pueblo como el don mas precioso de la mu- 
nificencia de nuestro augusto Soberano. Pero como la misión 
del Dr. D. Francisco Javier de Balmis, director de esa espe- 
dicion, no se limitaba á introducir en estos países la nueva 
inoculación, sino también á establecería de un modo permanen- 



— 181 — 

te, presentó al Escrao. Sr. Capitán General de esta isla un 
plan científico y económico, señalado con el número 1.°, para 
establecer en esta capital una Junta que cuidare de conservar 
el virus vacuno, y lo comunicase oportunamente á todos los 
demás pueblos de la provincia. 

En uno de los artículos de este proyecto recomendaba para 
vocales de la espresada junta al Ilustrísimo Sr. Obispo Dioce- 
sano, al Regidor decano, al Síndico procurador general, á cua- 
tro vecinos los mas interesados en los progresos de la vacuna 
y á otros tantos profesores de medicina y cirujía que reunie- 
sen á la inteligencia la misma circunstancia; eligiéndose entre 
estos uno que desempeñara el encargo de Secretario en la par- 
te científica, y otro entre los vecinos para que cuidase de lo 
económico; presidiéndose esta junta por el Gefe Superior de 
la isla. Considerando S. E. que el limo. Sr. Obispo Diocesano 
era entonces director de la Sociedad Económica, y que tam- 
bién eran individuos de ella el Regidor decano, el Síndico 
procurador, varios otros capitulares y vecinos muy distingui- 
dos por su beneficencia, patriotismo y adhesión á la vacuna, y 
que los cuatro profesores do medicina y cirujía que mas ha- 
bían contribuido á propagarla en esta ciudad eran igualmente 
socios numerarios, acordó en sesión celebrada por el cuerpo 
patriótico en 13 de junio del propio año, previa la lectura del 
plan propuesto por el Dr. Balmis para la instalación y gobier- 
no de la Junta Central de Vacuna, que esta se reuniese á ia 
Sociedad, celebrando sus sesiones el viernes primero de cada 
mes, siendo Director y Secretario económico los mismos suje- 
tos que lo fueren de la Sociedad, y se elijió para Secretario fa- 
cultativo al profesor que hace este informe. 

Desde entonces se ha congregado la junta constantemente 
el dia señalado para sus sesiones, y en la primera encargó es- 
pecialmente á tros de sus vocales facultativos la observación 
del virus vacuno, comunicándolo gratuitamente los miércoles 
y sábados de cada semana en las casas capitulares á todas las 
personas que lo soliciten, recordándose siempre el dia y la ho- 
ra por el Diario del Gobierno. Recomendó también á los mis- 
mos profesores que remitieran el pus vacuno entre cristales 
á todos los pueblos de la isla y de ultramar que lo pidan y 



— 182 — 
que vacunasen á los negros bozales que se conducen á este 
puerto de la costa de África antes de permitirse su venta por 
el Gobierno, á quien deben informar del estado de salud en 
que llegan. Si alguno ha tenido en el viaje viruelas naturales, 
se hace observar á toda la tripulación y negros la mas riguro- 
sa cuarentena, situando el buque en lo mas distante de la ba- 
hía, hasta que se considere incapaz de propagar el contagio va- 
rioloso. 

Para remunerar el celo y constancia con que esos profeso- 
res han desempeñado estos encargos, preservando á esta ciu- 
dad desde aquella época hasta la fecha de las viruelas natura- 
les, el Eecmo. Sr. Capitán general, de acuerdo con el Esce- 
lentísimo Ayuntamiento asignaron una contribución de dos 
reales por cada negro bozal que se introduce en este puerto, 
en consideración al cuidado que se tiene en preservarlos de 
las viruelas, y por que ellos han sido losqueregularmentehan 
introducido esas epidemias en esta ciudad y en toda la isla. 
Por real orden de 31 de julio de 1801, se dignó S. M. aprobar 
todas las providencias adoptadas por el Escmo. Sr. Capitán 
general de esta isla para perpetuar y difundir en ella la va- 
cuna. 

Uno de los medios mas eficaces á que ocurrió la Junta Cen- 
tral desde su erección para conservar el virus vacuuo en los 
demás pueblos de esta provincia, fué establecer en las ciuda- 
des y villas principales otras juntas subalternas bajo el plan 
copiado con el núm. 2.°. Tales son las de Cuba, Trinidad, 
San Felipe y Santiago, Sta. María del Rosario, Sto. Espíritu, 
Sta. Clara, Puerto Príncipe, San Juan de los Remedios, y el 
ayuntamiento de la villa de Santiago solicita actualmente eri- 
ja otro en ese pueblo. Además de estos establecimientos, hay 
también en muchos pueblos menores facultativos que volun- 
tariamente se han dedicado á propagar la vacuna entre sus 
vecinos. íío ha contribuido menos á sus progresos la benefi- 
cencia y generosidad del Ilustrísimo Sr. Obispo Diocesano. 
Estando en la visita de su diócesis en febrero de 1804, cuando 
se adquirió la vacuna en esta ciudad, solicitó inmediatamente 
se le remitieran á sus espensas dos niños vacunados y un fa- 
cultativo instruido en la nueva inoculación, para irla difun- 



— 183 — 
diendo por todos los pueblos de su tránsito. Con su presencia 
y con una enérgica exhortación que dirigió á todos los pueblos 
de su obispado, consiguió se vacunasen entonces cinco mil 
trescientas cuarenta y tres personas que quizás no tenian no- 
ticia alguna de la virtud y eñcacia del virus vacuno. En los 
años posteriores ha remitido también por tres ocasiones á un 
activo profesor para que lo difunda hasta en las haciendas 
mas lejanas de su dilatada diócesis. 

Los profesores de las Juntas y los encargados de propagar 
en los pueblos la vacuna, no satisfechos con haber conserva- 
do fielmente ese depósito sagrado, no han omitido medio al- 
guno para perpetuarlo de un modo indefectible. Con eso ob- 
jeto han hecho varias espediciones á las haciendas de criar 
ganado, solicitando entre sus vacadas el cowpox. Ko habiéndo- 
lo conseguido, porque la naturaleza no ha dispensado ese 
importante beneficio sino á muy raros paises, lian ino- 
culado las tetas de las vacas con el pus vacuno toma- 
do de los granos del.hombre, y habiéndose verificado en esos 
animales la mas perfecta erupción, han vuelto á comunicar ese 
virus rectificado al cuerpo humano. Sobre esta operación es- 
cribió una memoria muy injeniosa el Ldo. D. José Joaquin 
Navarro secretario de la Junta subalterna de Cuba, el que 
también publicó otra refiriendo los fenómenos y anomalías 
que ha observado en la propagación de la vacuna. Acerca del 
mismo asunto han escrito con reflexión y propiedad los doc- 
tores D. Marcos Sánchez Rubio, D. José Govin, D. Miguel 
Rolland, el Ldo. D. Juan Nepomuceno Rodríguez y el bachi- 
ller D. Esteban Gonezara. 

Las observaciones que se han hecho en los negros no con- 
vienen con las del ciudadano Dupuitren. Aunque la epidermis 
sea en ellos mas fina que en los blancos, especialmente en la 
panoc interior de los brazos, sin embargo, los demás tegu- 
mentos son mas gruesos y apretados. Sea por esta causa ó por 
su poca excitabilidad, ha sido preciso para conseguir en ellos 
la erupción, introducir la aguja ó lanceta una ó dos líneas mas 
que en los blancos. No obstante, deja de verificarse con mu- 
cha frecuencia, y cuando se logra; siempre se demora en ellos 
un dia mas que en los blancos, retardándose igualmente la 



— 184 — 
supuración en los adultos nunca se percibe la aureola, y en los 
parvulitos tiene un rojo obscuro, semejante al color de la ama- 
pola; la vacuna en los mulatos solo ha presentado la novedad 
de no permitir, ni en los nativos, adquiera la aureola aquel 
hermoso rosado que advertimos en los blancos. También se 
ha observado que la postilla del grano vacuno conserva su 
virtud mucho mas tiempo que el mismo pus vacuno conser- 
vado entre cristales herméticamente cerrados, pues este no 
pasa de diez y ocho ó veinte dias, y en aquel llega hasta los 
treinta. 

En cumplimiento del artículo 8.° del Reglamento que de- 
ben observar las Juntas subalternas de esta isla, los secreta- 
rios de todas ellas remiten al de esta Central, á fin de octu- 
bre de cada año, un estracto de todos los acuerdos que han 
celebrado, la suma de las personas que han sido vacunadas, 
las observaciones que hubieran hecho sobre los fenómenos y 
anomalías de la vacuna. El secretario de la Central, resumien- 
do todas estas noticias, y reuniéndolas en los estractos de va- 
cunados celebrados por ella, al número de personas vacunadas 
en esta ciudad y á las observaciones que hubiere hecho por si 
ó por otros facultativos, informa de todo lo ocurrido en este 
asunto á la Sociedad patriótica en las juntas generales que ce- 
lebrará en el mes de diciembre de cada año. Estas memorias 
se han impreso constantemente por acuerdo del mismo cuer- 
po patriótico, y forman la historia de la introducción y pro- 
gresos de la vacuna en esta ciudady en toda la isla. 

Habana y Agosto 2 de 1813. 



— 185 — 



SOCIEDAD PATRIÓTICA. 



[i] 



Memoria leída por el Dr. D. Tomás Bomay, vice- 
censor de la Sociedad Económica de esta ciudad, 
en juntas generales celebradas el once del corriente. 

• Cuando el augusto congreso nacional interesado eficazmen- 
te en la prosperidad de los puetlos, ha recomendado, como el 
medio mas eficaz de obtenerla, la erección de sociedades eco- 
nómicas, derramando con mano munífica sobre las que ya exis- 
ten, gracias, protección y facultades, cuando el Ecsmo. Sr. 
presidente procura escitarnos con su asistencia y sus insinua- 
ciones al cumplimiento de los deberes, que voluntariamente 
contraimos inscribiéndonos en estos fastos sociales; permitid, 
señores, que autorizado por vuestra indulgencia y por el títu- 
lo muy grato que nos une, dispensad os ruego, que en presen- 
cia de tan beneméritos patriotas esprese yo los sentimientos 
de que seguramente estáis penetrados. 

No es posible al ver la falta de concurrencia á las juntas 
ordinarias, y casi desierto este lugar en los dias mas solem- 
nes de nuestro instituto, que dejemos de lamentar la tibieza 
de nuestro celo, y la próxima estincion de nuestro patriotis- 
mo; de ese fuego sagrado, germen fecundo de virtudes cívicas. 
Si nuestro corazón ratificó los votos que pronunciamos sobre 
esta ara de la patria, si no es vano para nosotros ese nombre 



[1] Diario del Gobierno de la Habana, Martes 21 de Diciembre de 1813. 

24 



— 186 -- 
precioso, ¿porqué nuestros hechos están en contradicción con 
las palabras? ¿Porqué miramos con una fria indiferencia sus 
privaciones y calamidades? ¿Y por qué, amigos, somos in- 
sensibles á nuestro propio interés, al grande interés de nues- 
tra conservación y subsistencia? 

Como si existiéramos en el suelo mas ingrato y árido de la 
tierra, como si la naturaleza hubiera limitado sus produccio- 
nes á las menos necesarias ala vida, nos hemos constituido en 
una dependencia de otros países, harto sensible en diversas 
épocas. Basta que un buque enemigo surque nuestros mares, 
basta que los anglo-amaricanos interrumpan su comercio, pa- 
ra que carezcamos hasta de un pan con que alimentarnos; la 
grande, la muy feraz isla de Cuba puede ser bloqueada, hos- 
tilizada, reducida á la extrema indigencia, sin ejércitos ni es- 
cuadras; cuando la Europa y parte de la América confedera- 
das bajo el ruinoso sistema continental, han hecho conocer á 
la Gran Bretaña, á esa estéril aterida isla, que por sí misma 
puede elevarse á la mayor opulencia, encontrando recursos 
muy superiores á la saña de su implacable enemigo. 

Las cosechas de trigo, que se logran en los lugares interio- 
res de esta provincia, y los ensayos repetidos en el presente 
año en los campos vecinos, deben convencernos de que la 
misma tierra que produce aquellos frutos, que sacian con el 
mayor placer nuestras necesidades ficticias, no rehusará satis- 
facer las verdaderas. El distinguido socio D. Gonzalo de Her- 
rera hizo traer dos barriles del mejor trigo de Filadelfia, y 
entregando á la Sociedad esa semilla para que la repartiese 
entre los hacendados, debe esperar la informen del éxito de 
sus operaciones. Este amigo pensó ofrecer un premio al que 
cosechase mayor cantidad de trigo; pero su viaje á la Penín- 
sula nos ha privado de ese estímulo. Considerándolo como 
uno de los mas poderosos para escitar á su cultura, recomien- 
do á la Sociedad proponga para el siguiente año un programa 
sobre este importante asunto. 

No es menos útil la adquisición de un aceite que supla en 
nuestros usos domésticos al de olivo, de que tantas veces he- 
mos carecido. El laborioso amigo D. Juan de Lara uos ha 
manifestado que nuestro suelo produce espontáneamente, ó 



— 187 — 
con muy poco cultivo, varias plantas, cuyas semillas contie- 
nen gran cantidad de ese líquido; tales son el ajonjolí, el ma- 
ní y la higuereta. Sus observaciones habrían progresado en 
beneficio de este pueblo, por la generosidad de los amigos 
marqueses de Monte-Hermoso y D. Próspero Amador García, 
que se ofrecieron á costear dos tahonas para exprimir esos 
granos; pero por una fatalidad casi anexa á los primeros en- 
sayos, no se ha satisfecho la expectación de la Sociedad, ha- 
biendo concebido fundada las mas lisongeras esperanzas. El 
bien público exige se realice y perfeccione esa máquina; y la 
Sociedad no debe omitir medio alguno para verificarlo, em- 
pleando los que franquea el soberano decreto de 8 de junio 
del presente año. 

No me olvido, señores, antes bien se penetra mi espíritu 
de las ideas y afectos mas lúgubres, al contemplar esa casa 
de Beneficencia, esa obra predilecta de la Sociedad. Yo no 
puedo acordarme sin deplorar la inconstancia del hombre, 
de aquella noche por siempre memorable en que os felicité 
por el hecho mas plausible, que se registra en los anales de 
esta Sociedad. Con esa frase me congratulé en este lugar, y 
en dia muy semejante al presente, por la traslación de las ni- 
ñas educandas á ese alcázar de piedad. Y cuando entonces 
juzgué inoportuno y superfino exitar nuestra generosidad y 
compasión para concluir la grande obra que habíamos em- 
prendido; cuando las imágenes mas gratas y halagüeñas em- 
belesaban mi fantasía, representándome reunidos ya en ese 
sagrado asilo de la indigencia y castidad, los huérfanos y 
mendigos, lo porción mas débil y frágil de la humanidad, 
¿quién hubiera dicho entonces, esa voz que es ahora el intér- 
prete de la gratitud y admiración de este pueblo, será algún 
dia el órgano por donde esprese su amarga previsión? ¿Esta 
voz que ahora recomienda nuestras virtudes sociales, rehusará 
algún dia tributar un homenage, que solo ha consagrado á la 
verdad y á la justicia? 

A una y otra ofendería si no dijese que la compasión, la 
policía, nuestra reputación, todas las virtudes cristianas y ci- 
viles exigen, claman imperiosamente por la reparación do 
esa obra grandiosa, cuyos fundamentos miro socavados. Ella 



— 188 — 
ha sido cerca de cuatro lustros un monumento de honor y 
gloria consagrado por la piedad de sus esclarecidos fundado- 
res; sus ruinas serán hasta la consumación de los siglos un 
padrón ignominioso de la inconstancia, de la insensibilidad y 
del egoismo de este pueblo. ¿Para qué preservamos esas ni- 
ñas de la indigencia ó de la muerte, si después de educadas y 
adultas las exponemos á la prostitución? ¿Qué hicimos con 
socorrer las necesidades de las mendigas haciéndolas gozar 
de unos dias plácidos y tranquilos, si desapiadadamente las 
arrojamos de aquel refugio cuando mas imploran nuestros 
auxilios? 

Frecuentes y muy dignos de la gratitud de la Sociedad han 
sido los que el Escmo. Sr. nuestro presidente ha dispensado 
á la Casa de Beneficencia desde el principio de su gobierno. 
Enervaría su merecimiento si pretendiera referirlos y reco- 
mendarlos. El amigo secretario de su diputación nos hará 
disfrutar muy pronto el dulce placer que inspira en las almas 
sensibles la narración de las obras benéficas. Elogiará tam- 
bién la generosidad y celo con que sus muy respetables di- 
putados han sostenido ese edificio vacilante. Y los constantes 
socios, que sin mas estímulo que su patriotismo, han reani- 
mado con su presencia y sus luces este cuerpo lánguido y 
exánime, concurriendo á las juntas ordinarias y desempeñan- 
do casi solos diferentes comisiones, ocuparán en sus Memo- 
rias un lugar muy distinguido. 



— 189 — 



A LA CASA BE BENEFICENCIA, 

En eí «lia de sus exámenes, (i) 



Numen que inspiras frases armoniosas 
Con que se expresan las acciones grandes, 
Baja del cielo, y tu divino estro 
Pon en mi labio. 

No de Alejandro las victorias canto 
Que sobre el galo reportó tremendo 
Cuando de Alexis la opulenta corte 
Convierte en humo. 

Ni cuando impávido por el yelo y nieve 
Bu pecho inflama fuego inestinguible 
Con que devora en Borodino y Leípsick 
Vándalas huestes. 

También te admiro; pero ni en Vitoria 
Fabio Wellington redimiendo á España, 
Ni superando de Pirene el monte 
Mi plectro ocupas. 



(1) Publicados en el Suplemento al Diario del Gobierno de la Habana, del do- 
mingo 17 do Abril de 1814. 



— 190 — 
Vate mas digno con heroica trompa 
Lleve sus triunfos al opuesto polo; 
Tu gloria eclipse la del Macedonio 
Nuevo Alejandro. 

Menos brillante, pero mas plausible, 
Mucbo mas grato á las tiernas almas 
Es el grandioso admirable objeto 
Que me transporta. 

Ruinas contemplo restituidas boy 
A lo que fueron en plausibles dias, 
Sobre esas ruinas lágrimas vertieron 
Ojos sensibles. 

Enjugad el llanto los que lamentasteis 
Desplomado el templo de Beneficencia, 
Venid y vedlo, firme, indestructible 
Nunca mas grande. 

Lánguida hambre, desnudez, miseria, 
Mano insensible ya gravado habia 
Sobre los tiernos delicados cuerpos 
De sus alumnas. 

Lanzarlas lejos de este asilo santo 
O vivir gimiendo dentro de sus ruinas, 
Era el destino que las preparaba 
El hado adverso. 

Vivid tranquilas, almas inocentes, 
En este alcázar de beneficencia, 
Ella ha inspirado útiles recursos 
Para vosotras. 

Tributad loores, gratitud eterna, 
Consagrad al genio ilustrado y pío 
Que vuestra hambre, desnudez, miseria 
lia reparado. 



— 191 — 

Su busto grave ingenioso Fidias 
Sobre estos muros que serán eternos; 
Obra de Luises [1] restaurada eres 
Por Apodaca. [2] 

Repetid sus nombres, niñas educaudas, 
Repetidlos siempre, y con bendiciones 
Haced los pronuncien vuestros tiernos hijos 
Si madres fuereis. 

Elevad al cielo vuestras puras manos 
Dirigidles votos gratos, inocentes 
Por las piadosas liberales almas 
Que os favorecen. 



(1) El escelentísimo señor D. Luís de las Casas, gobernador que fué da esta ciu- 
dad, y el ilustrísimo señor D. Luís de Peñalver y Cárdenas, obispo auxiliar de esta 
diócesis, esclarecidos fundadores de esta casa. 

(2) El escelentísimo señor D. Juan Ruiz de Apodaca, capitán general, gefe su- 
perior político de esta provincia, actual protector de dicbo establecimiento. 



— 192 — 



HABANA. -VACUNA. 



(D 



Informe presentado en juntas generales celebradas 
por la Sociedad económica de esta ciudad el 13 
de diciembre de 1814, por el Doctor D. Tomás 
Romay, secretario de la junta central de vacuna. 

Once anos hace hoy que informé la vez primera á este ilus- 
tre cuerpo de las operaciones de la Junta central de Vacuna. 
En este tiempo, lejos de haberse disminuido súrcelo y cons- 
tancia, se ha conservado tan inalterable como el virus be- 
néfico, que después de haberse transmitido sucesivamente en 
esta isla á mas de ciento sesenta mil personas, conserva toda- 
vía su primitiva virtud y. eficacia. Los caracteres que aun ad- 
vertimos en esa pústula extraordinaria, las calidades de su 
pus y la confianza con que se presentan todos aquellos que lo 
han recibido en medio del contagio varioloso; son las pruebas 
mas incontestables de que no ha sufrido la menor alteración. 

El celo y constancia de la junta se acredita con los acuer- 
do de las doce sesiones que ha celebrado en este año, autori- 
zadas todas por el Escmo. gefe que tan dignamente nos pre- 
side, y por el número de personas que se han inoculado, no 
solo en los lugares y dias señalados, sino también en otros 

(1) Diario del Gobierno de la Habana del domingo 5 de febrero de 1S15. 



— 193 — 

varios. Ascienden á cinco mil ciento treinta y seis personas 
las que han recibido el virus vacuno en las casas capitula- 
res de esta ciudad y en los barracones; remitiéndolo al mismo 
tiempo en trescientos cincuenta cristales á los lugares inte- 
riores de esta isla y á muchos de ultramar. 

A pesar de la vigilancia de la junta y de las providencias 
que ha tomado el gobierno para preservar este pueblo del con- 
tagio varioloso, confinando los negros bozales que han llega- 
do á su puerto con esa enfermedad, prohibiendo su feria has- 
ta cumplir la mas rigurosa cuarentena, y purificando el bu- 
que y todo su cargamento; no obstante, al depósito de los 
negros cimarrones y del real Consulado se llevó uno con vi- 
ruelas naturales, el que inficionó á otros . varios. Apenas lo 
comprendió S. E. recomendó al real tribunal del Protomedi- 
cato y á la Junta de Vacuna le propusieran cuanto estimasen 
conveniente para contener la propagación de este mal. Nada 
se omitió para conseguirlo, hasta inocular á todos aquellos ne- 
gros que no mostrasen señales muy sensibles de haber tenido 
viruelas naturales. 

Sin embargo, se transmitió el contagio al barrio de S. Ni- 
colás, y se presentaron cuatro niños con esa horrorosa enfer- 
medad. Instruido S. E. de esta calamidad por un facultativo 
interesado en la salud pública, lo participó á los de la Junta 
de vacuna. Reconocen en el mismo dia á los enfermos, y al 
siguiente congregados con antelación los vecinos por el capi- 
tán de aquel suburbio, previa orden de S. E., se vacunaron 
cuarenta y ocho personas en presencia de los profesores ba- 
chiller D. José Pérez Delgado, bachiller D. José Germán Ma- 
chado y D. Antonio González, ofreciendo el primero repetir 
esa operación cada ocho dias en el barrio de ÍTtra. Sra. de 
Guadalupe, y los dos segundos en los de S. Nicolás y el Hor- 
cón. En éste inoculó la comisión de vacuna en dos diferentes 
dias cincuenta y seis personas ; en el barrio de S. Lázaro, 
veinte y uno; en la Casa de beneficencia, diez niñas y una 
criada; y en Jesüs María veinte y siete personas, concurrien- 
do á este acto los facultativos D. Domingo Galeano y D. José 
Eorsate, los que, convencidos de la imposibilidad de concur- 
rir aquellos vecinos á vacunarse en las casas capitulares se 

25 



— 194 — 
comprometieron con la mayor generosidad á ejecutar todas 
las semanas esa operación en la sacristía de aquella iglesia. 

Impetróse la anuencia del limo. Sr. obispo diocesano, y su 
señoría lima, que tantas pruebas ha dado de su interés por la 
propagación de la vacuna en toda su diócesis, no solo accedió 
á esa solicitud, sino ofreció también prevenir nuevamente á 
los párracos de las iglesias extramuros que en la misa mayor 
y el acto de administrar el bautismo recomendasen á sus feli- 
greses la nueva inoculación. Y habiendo insinuado el mismo 
ilustrísimo señor que le seria muy grato asistiese algún facul- 
tativo á las confirmaciones que debia celebrar en aquellas 
iglesias, para que inoculase I03 niños que recibían ese sacra- 
mento, lo ejecutaron puntualmente el bachiller D. José Pérez 
Delgado y D. Autonio González en la parroquia de Guadalu- 
pe inoculando ciento diez de ellos; D. Domingo Galeano con- 
currió á la auxiliar de Jesús María y comunicó el virus vacu- 
no á ciento cuarenta y cuatro. 

Cumpliendo su oferta, el bachiller Pérez Delgado ha prose- 
guido vacunando cada ocho días en el barrio de Guadalupe, 
recibiendo de su mano la nueva inoculación cuarenta y cinco 
personas. Con la misma exactitud se ha comportado D. Au- 
tonio González en ei barrio de S. Nicolás, consiguiendo va- 
cunar setenta y dos. Reconocida la junta central al celo y 
desinterés de estos facultativos, les concedió el título de dipu- 
tados de ella para propagar la vacuna en sus respectivos bar- 
rios. * 

El Ldo. D. José Joaquín Navarro, secretario de la junta su- 
balterna de Cuba, continuando sus tareas con la misma inte- 
ligencia y constancia que ha merecido siempre la considera- 
ción de la junta central, ha vacunado en el presente año en 
aquella ciudad mil noventa y tres personas, remitiendo al 
mismo tiempo el virus vacuno entre cristales á diferentes pue- 
blos inmediatos. Este profesor, que inocula observando aten- 
tamente los progresos y anomalías del grano vacuno, refiere 
en una memoria que me ha dirigido, un caso digno de inser- 
tarse en la historia de la vacunación. 

En 21 de julio se vacunó una joven de constitución débil, 
clorótica y mal alimentada. A las seis horas de esta operación 



— 195 — 
so le notó calentura, y lo siguió con el carácter de doble ter- 
ciana intermitente. Secáronsele las cisuras, y quedó sobre ellas 
la postilla regular que cayó al séptimo dia; dejando una im- 
presión blanca, sin ninguna señal de inflamación. Habían cor- 
rido ya diez y ocho dias de la vacunación, y cuatro de la ter- 
minación de la fiebre, cuando empezaron á sentirse al tacto 
pequeñas elevaciones en los puntos picados con la aguja; pro- 
siguieron aumentándose con el orden que guarda la vacuna, 
y los granos recorrieron sucesivamente los trámites de esa 
erupción, con calentura inflamatoria, sed grande y dolor bajo 
los brazos; cuyos tres síntomas aparecieron al cuarto dia de la 
erupción, y según el orden con que se ban referido fueron ce- 
diendo hasta el noveno, que cesó la tumefacción de las glán- 
dulas axilares, se estableció la supuración de la materia vacu- 
na en sus cápsulas, y quedó la enferma como en su anterior 
estado de salud. 

La historia de este fenómeno presenta uno de aquellos ca- 
sos que acreditan que la naturaleza no confunde sus operacio- 
nes ni los recursos de que se vale; y aunque no penetremos el 
mecanismo con que procede, admiramos no obstante el orden 
y uniformidad de sus efectos. 

A pesar de los constantes esfuerzos del Ldo. D. Juan Nepo- 
muceno Rodríguez, secretario de la Junta de Sto. Espíritu, 
no ha conseguido que celebren en el presente año ni una sola 
sesión; sin embargo, ha comunicado el virus vacuno á ciento 
ochenta y cinco personas de ese vecindario. 

Mas eficaces han sido los conatos del Ldo. D. Felipe San- 
tiago de Moya, secretario de la Junta de Pto. Príncipe, pro- 
tegida por la diputación del cuerpo patriótico á quien está 
unida aquella corporación, y auxiliado por los demás vocales 
facultativos, han vacunado en este año cuatrocientos sesenta 
y nueve niños. JEn la villa de Sta. Clara ejecutóla misma ope- 
ración en doscientos sesenta y siete el secretario de su Junta 
Ldo. D. Andrés José de la Parra. 

Por renuncia que hizo el Dr. D. José Govin de la secreta- 
ría de la Junta de Sta. María del Rosario se nombró al Doc- 
tor D. Benito Morales; y para facilitar la propagación de la 
vacuna en el pueblo y jurisdicción del Calvario, se instaló en 



— 196 — 
él una junta subalterna á propuesta del referido Dr. Govin, 
eligiéndose para secretario de ella al Ldo. D. Vicente Meza; 
estos dos profesores han vacunado en el corto tiempo corrido 
desde su erección, ciento sesenta y tres personas. 

Los demás secretarios de las Juntas establecidas en otros 
pueblos de la isla, con el importante objeto de preservarlos de 
las viruelas, no me lian remitido ni el extracto de los acuerdos 
que han celebrado en este año, ni el resumen de las personas 
que han vacunado. 

Sin embargo, de lo espuesto consta que en esta ciudad y 
en varios otros lugares han recibido la nueva inoculación sie- 
te mil ochocientas cuarenta y siete personas: consta igualmen- 
te que la Junta central y su Escmo. presidente no han omiti- 
do medio alguno para extinguir el contagio varioloso y preser- 
var á esta isla de esa calamidad. Si el éxito no ha correspon- 
dido á sus deseos, si esa horrorosa enfermedad devora todavía 
en nuestros suelos algunas víctimas inocentes, la humanidad 
y la patria reprocharán á sus desnaturalizados padres tan cri- 
minal indolencia é idiotismo. 



197 



VACUNA. 



Su inalterabilidad. 

Escmo. Sr. : 

Para acallar el rumor que se ha esparcido acerca de haberse 
alterado la vacuna, perdido su virtud preservativo de las virue- 
las, ha parecido conveniente presentar ki prueba mas incon- 
testable de que conserva todavía su primitiva pureza y eti- 
cada. 

Consistía esta prueba en hacer inocular con el pus variolo- 
so cuatro ó seis niños de los que se hayan vacunado por los 
facultativos de la comisión de ese ramo en el presente año. Y 
para dar á ese acto la mayor autenticidad posible, se servirá 
V. E. participarlo al señor Protomédico Regente para que lo 
autorice con todo su tribunal y los demás facultativos que 
quieran presenciarlo, eligiendo S. E. el que haya de ejecutar 
la operación, el miércoles cinco del corriente á las cinco de la 
tarde, en el barrio de S. .Nicolás, calle de Peñablanca, frente á 
la panadería del Padre D. José Agustín García, donde existen 
los cuatro virulientos que me participó V. E. con fecha 30 del 
pasado, transcribiendo el parte del facultativo D. José Manuel 
Choisy. 

Los Sres. del tribunal del Protomedicato continuarán visi- 
tando diariamente á los inoculados todo el tiempo que juz- 
guen necesario, para que informen á V. E. del resultado de 
esta operación, publicándose después en el Diario del Gobier- 
no, si V. E. lo estima conveniente, á fin de disipar un error 
que tanto ofende á la salud pública, creyendo algunas 1 perso- 
nas vulgares que ya es ineficaz la vacuna para preservarla de 
las viruelas. — Dios, etc.— Julio 3 de 1815. 



198 



HABANA, (i) 



REAL SOCIEDAD PATRIÓTICA. 

Informe leído por el Dr. D. Tomás Romay, secre- 
tario de la Junta Central de vacuna, en juntas 
generales celebradas por la Real sociedad Econó- 
mica de esta ciudad en\?> de diciembre de 1815. 

Escmo. señor: 
¿Quién creyera que en la isla de Cuba habia de dudarse de 
la eficacia del virus vacuno, después de haberse esperimenta- 
do en toda ella por espacio de doce años sus benéficos efectos, 
preservándose de las epidemias de viruelas que con tanta fre- 
cuencia desolaban sus pueblos, aumentándose estraordinaria- 
mente sus vecinos, y apareciendo mas hermosas y perfectas 
las generaciones que han sucedido á esa nueva inoculación? 
Juzgándose equivocadamente por su misma facilidad y senci- 
llez, que no es necesaria ninguna teoría para ejecutarla con 
acierto, confundiendo el verdadero grano vacuno con el falso, 
concediendo á éste igual virtud preservativa, y cometiéndose 
en su práctica otros varios errores y abusos, se ha mancillado 
el mérito incontestable del mas útil descubrimiento, con men- 
gua de la población y prosperidad de esta provincia. 

(1) Diario del Gobierno de la. Habana del viernes 26 de enero de 1S16. 



— 199 — 

Pero su junta central de vacuna invariable en el concepto 
que formó de ella, mas y mas convencida por una constante 
experiencia, satisfecha de que se conserva por su comisión 
pura é inalterable, y de que la propaga con la mayor inteli- 
gencia y constancia, no ha omitido medio alguno para disipar 
aquellos errores y remover cuantos obstáculos impedían sus 
progresos. 

Tales han sido los objetos de su discusión en las doce sesio- 
nes que ha celebrado en el año que hoy termina. Instruida por 
el Escmo. gefe que la preside de que en los barrios extramu- 
ros se difundia la viruela natural, exigiéndola 8. E. le propu- 
siera las providencias mas eficaces para contener su contagio, 
la junta no encontró otras por entonces, sino anunciar por el 
Diario del Gobierno el inminente peligro á que estaban es- 
puestos los que eran susceptibles de esa infección, y recomen- 
dar á sus facultativos que los inoculasen á la mayor brevedad. 
Ejecutáronlo así, y sin faltar á las Casas capitulares los dias y 
horas de costumbre, comunicando en este año el virus vacuno 
á diez mil trescientas cincuenta y nueve personas, se presen- 
taron también en aquellos barrios á dispensar el mismo bene- 
ficio. Ausiliados en el de Guadalupe por el bachiller 1). José 
Pérez Delgado , en Jesús María por D. Domingo Galea- 
no, en S. Nicolás y el Horcón por D. Antonio González, en 
Jesús del Monte por D. José Ayala, en el Cano por D. José 
Trujillo, en llegla por el Dr. ü. Lorenzo Hernández, y en la 
villa de Guanabacoa por el Br. D. Rafael Valdés, inocularon 
cuatrocientas sesenta y dos personas. Y aunque estos faculta- 
tivos se comprometieron á repetir todas las semanas esa ope- 
ración en sus respectivos barrios, sin embargo, permaneciendo 
muchos niños sin recibirla, los profesores de la Junta central, 
concurriendo á las parroquias extramuros de Guadalupe y Je- 
sús María, cuando el limo. Sr. obispo diocesano administraba 
en el sacramento de la confirmación, inocularon en la primera 
ciento y quince párvulos, y ciento treinta y tres en la segunda. 

El mismo señor deseando instruirse del número de virue- 
lientos que existia en esta ciudad y sus barrios para precaver 
la propagación de su contagio, y cerciorarse al mismo tiempo. 
si afectaba á los que habían tenido el verdadero grano vacuno, 



— 200 — 
previno á todos sus facultativos que inmediatamente le infor- 
masen de los enfermos que asistieran con ese mal. Estos par- 
tes los remitia S. E. al secretario de la Junta central, quien 
reconocia al virueliento, indagando el origen de su infección, 
si había sido ó no vacunado, y todas las demás circunstancias 
concernientes á calificar si el virus vacuno habia degenerado 
ya en esta ciudad ó conservaba aun su primitiva virtud y efica- 
cia. Comunicaba á la Junta en la sesión inmediata el resulta- 
do de sus indagaciones, y esta consultaba á S. E. cuanto con- 
venia á los benéficos efectos que se habia propuesto. 

De aquellas observaciones consta, que el número de virue- 
lientos de que se ha dado parte á S. E. solo asciende á treinta 
y dos en esta ciudad y sus barrios, y á catorce en un cafetal 
de Alquizar; que ninguuo de ellos ha tenido el verdadero gra- 
no vacuno; que estos se han conservado ilesos en las casas y 
en los mismos cuartos de los viruelientos; que han experimen- 
tado nuevamente esta enfermedad varias personas que la ha- 
bían padecido en otros tiempos; que en algunos que se juzga- 
ban exentos de ella por haber sido inoculados con el virus va- 
cuno, no se habia verificado la erupción del grano, ó no exis- 
tió todo el tiempo necesario y con los caracteres precisos para 
extinguir la predisposición al contagio varioloso; y por último, 
que muchos de los que en la actualidad lo han sufrido, no han 
sido de ningún modo vacunados. 

Para evitar las funestas consecuencias de esta omisión y de 
aquellos errores, el secretario de la Junta central no ha cesa- 
do de estimular por el Diario -del gobierno á que concurran 
prontamente á preservarse de las viruelas con la vacuna, pre- 
viniendo á todos los que la reciben en las casas capitulares, 
que á los ocho dias vuelvan á presentarse en el mismo lugar 
para reconocer si el grano es legítimo ó falso, ó para revacu- 
narlos en caso de no haberse verificado la erupción. 

Y resultando también de los informes que tomaba el secre- 
tario que la mayor parte de los treinta y dos viruelientos, eran 
negros bozales, los que no deben feriarse, hasta que el gobier- 
no lo permita previo el reconocimiento de los facultativos en- 
cargados de vacunarlos, se indagó eficazmente el origen de una 
novedad que perjudicaba á la salud pública, á la opinión que 



— 201 — 
merece la vacuna y á los intereses de los que compran esos 
negros en el concepto de estar preservados del contagio vario- 
loso. Descubrióse al fin, y se comprobó con hechos incontes- 
tables el abuso que cometen algunos de los que ¿e emplean 
en ese tráfico, vendiendo negros sin permiso del gobierno, y 
sin declararlos espeditos aquellos profesores. Instruido S. E. 
por la Junta central de un procedimiento que eludia sus ante- 
riores órdenes, las repitió mas eficaces y severas, previnieudo 
que la visita de sanidad, no solo informe del número de ne- 
gros pertenecientes á cada armazón, sino también de los que 
conducen los oficiales y pasajeros del buque; que todos juntos 
se desembarquen y sean conducidos á los barracones donde se 
inoculen por los facultativos de la junta de vacuna, quienes 
los reconocerán á los ocho dias de esa operación, y participa- 
rán á S. E. los que puedan venderse, reservando los otros para 
revacunarlos y volverlos á reconocer, hasta que por repetidos 
actos se verifique la erupción del grano, ó se cercioren de ha- 
ber tenido antes viruelas naturales. 

Para mas precaver aquel abuso, estimular al pueblo á que 
se vacune, convencerle de la eficacia de ese virus y de que se 
conserva puro é inalterable, la Junta central propuso al Ex- 
celentísimo Señor su presidente que la venta de los negros 
bozales no se verificase hasta el dia décimo de la vacunación, 
porque retardándose en los adultos la erupción del grano un 
dia mas que en los blancos, no llegaba hasta entonces en 
aquellos á su perfecto incremento y supuración. Que hiciera 
observar S. E. la real orden de 15 de abril de 1785, en que 
previene S. M. á los j efes de América, que luego que se presente 
algún virueliento en los pueblos de su jurisdicción, lo hagan 
trasportar á una casa tan distante de ellos, que no pueda in- 
festarlos su contagio, cuya soberana disposición fué cumplida 
en esta ciudad el año de 1808, con motivo de una epidemia 
de viruelas muy semejante á la presente, y ahora dispuso S. E. 
de acuerdo con el Excmo. Ayuntamiento, se preparase un 
lazareto para confinar aquellos enfermos. Por último, se espu- 
so al mismo Excmo. Sr. que en presencia del tribunal del 
protomedicato y demás facultativos que quisieran concurrir 
se inoculasen con el pus de las viruelas algunos niños de los 

26 



— 202 — 
vacunados en todos los meses corridos de este año, observan- 
do aquellos ministros el resultado de esa operación todo el 
tiempo que estimasen conveniente para publicarlo por el Dia- 
rio del gobierno. (1) 

¿Pero á qué ocurrir á otras pruebas del estado en que se 
conserva la vacuna en esta ciudad y de la opinión que gene- 
ralmente merece, cuando el mismo número de los individuos 
que han tenido viruelas es el argumento mas convincente de 
que permanece pura é inalterable, y de qae este pueblo la 
solicita con el mayor anhelo y confianza? ¿Qué suponen trein- 
ta y dos, ni aun dos centenares de viruelientos, en una pobla- 
ción que escede de noventa mil almas, cuando en una sola 
parroquia de Braga han muerto en pocos meses mas de cua- 
trocientas personas, sesenta en otra de Liverpool, y en una 
escuela de Londres, donde el inmortal Jenner se ha tributado 
tantos homenajes de admiración y gratitud y donde su descu- 
brimiento es tan protegido por el gobierno y por los sabios, 
se iufestaron once alumnos, de los cuales fallecieron ocho, 
transitando por la calle una madre con un niño viruelien- 
to? (2) Y si en aquellos tiempos calamitosos en que esa 
plaga desolaba la humanidad, se habia calculado que de 
diez enfermos fallecia uno, debemos inferir que siendo sesenta 
los que murieron en la feligresía rural de Liverpool, debieron 
existir seiscientos viruelientos. 

Y por mas que la ignorancia ó la procacidad de un corto 
número de individuos haya querido exagerar los estragos de 
la presente epidemia, ¿osará alguno sostener que en toda la is- 
la podrán numerarse otros tantos enfermos de ese horroroso 
mal? Para preservarla de semejante calamidad, la Junta cen- 
tral, extendiendo su beneficencia aun mas allá de sus límites, 
ha esparcido el pus vacuno en trescientos cincuenta cristales, 
recomendando su inoculación á los facultativos mas distingui- 



(1) Esta prueba se ejecutó con las mismas circunstancias y con el éxito mas fe- 
liz el año dt 1804 en dos hijos mios y otros dos niños vacunados treinta dias antes 
de inocularse con el pus de las viruelas naturales. Suplemento al Peri4dico de la 
Habana, núm. 34, del año 1804. 

(2) Gaceta de Madrid de 7 de marzo de 1S15. Diarios del Gobierno de la Haba- 
na del 17 de mayo, 3 de agosto y 8 de setiembre del propio año. 



— 203 — 
dos por su inteligencia y humanidad, y erigiendo otra junta 
subalterna en la villa de Güines. 

El Ldo. D. José Joaquin Navarro, secretario de la estable- 
cida en Cuba, y que siempre ha sido el modelo de todas las 
otras, por sus constantes tareas en beneficio de toda esa pro- 
vincia, este recomendable profesor, después de haber inocula- 
do en esa ciudad mil quinientas siete personas, ha remitido el 
virus vacuno en setenta y seis cristales y en varias postillas al 
Bayamo , Baracoa , Holguin , Tiguabos y á la jurisdicción de 
Limones; como también á la Jamaica, á Maracaibo y Santa 
Marta, en ocasión de estar muy consternada por una epidemia 
de viruelas. Y como este facultativo opera siempre observando 
los resultados, ha comprobado que á los cinco días de la erup- 
ción del grano, produce la inoculación de su pus el mismo 
efecto que extraído el dia décimo. 

El secretario de la Junta de Sto. Espíritu, Ldo. D. Juan Ne- 
pomuceno Rodríguez, sin embargo de las graves enfermedades 
que ha sufrido en este año, vacunó no obstante cuatrocientas 
setenta y cinco personas. Con igual celo ha inoculado en la vi- 
lla de Puerto-Príncipe el secretario de su Junta D. Felipe San- 
tiago de Moya, cuatrocientas cuarenta y ocho; y habiéndose 
ausentado en el mes de setiembre, substituyó en ese encargo 
al licenciado D. Pedro Nolaeco Almanza, quien publicó en 
un periódico de esta villa un elocuente discurso, recomendan- 
do las ventajas y eficacia de la nueva inoculación, cuyo papel, 
mereciendo la consideración de aquel ayuntamiento, acordó 
formar un reglamento para cuidar inmediatamente de la pro- 
pagación del pus vacuno en su jurisdicción. 

Del informe que me ha dirigido el secretario de la Junta 
del Bejucal, bachiller D. Rafael Antonio de la Maza, consta, 
que en el año próximo pasado se vacunaron en aquella ciudad 
noventa y cuatro individuos; que en Junta de 14 de abril del 
presente, tuvo la satisfacción de ver realizado el proyecto de 
introducir y propagar la vacuna en la isla de Pinos, cuyo en- 
cargo desempeñó con el mayor celo y eficacia el teniente á 
o-uerra de ese partido don Andrés de Acosta, comunicando 
aquel virus la vez primera á sesenta y dos personas ; consta 
finalmente, que en este año ha celebrado esa junta varias se- 



— 204 — 
siones, dictando providencias muy activas para evitar en bu 
distrito la introducción de las viruelas, y que el bachiller Ma- 
za, en consorcio del profesor D. Nicolás Jacquet, inocularon 
ciento veinte y tres personas. 

Con el pus remitido de esta ciudad á la de Sta. María del 
Rosario, ha vacunado el doctor D. Benito Morales ciento no- 
venta niños; y dirigiéndolo también la misma Junta central al 
licenciado D. José Miguel Valdés, lo comunicó en Rio-blanco 
del Norte á cuarenta y nueve personas; en Caraballo á treinta, 
y á doce en Gibacoa. 

Los secretarios de las juntas establecidas en la ciudad de 
Trinidad y en las villas de Sta. Clara, San Juan de los Reme- 
dios, Santiago y Güines, no me han remitido el extracto de 
los sesiones que han celebrado en el presente año, ni de las 
personas que han vacunado. Sin embargo, de lo expuesto cons- 
ta que en varios pueblos de esta isla han recibido el virus va- 
cuno catorce mil cuarenta y nueve individuos. ¿Y dónde y en 
igual tiempo se contarán tantos prosélitos del genio mas be- 
néfico á la humanidad? ¿Donde se encontrará una sociedad de 
amigos tan generosamente consagrados á la conservación y 
prosperidad de su especie? ¿Y adonde un jefe que reuniéndo- 
los y estimulándolos con su presencia, sus luces y su celo, pro- 
teja y promueva los progresos de la vacuna con la sensibilidad 
y terneza de un padre, y con el patriotismo de un ciudadano 
eficazmente interesado en la felicidad del país en que reside? 



— 205 — 



VACUNA. 



(i) 



Ulteriores pruebas de su eficacia. 

El Escmo. Sr. presidente y capitán general, con fecha del 5 
de febrero último, remitió al secretario de la Junta central de 
vacuna, para que ella le consulte, un parte que habia recibido 
S. E. del Dr. D. Marcos Sánchez Rubio, informando haber 
visto cubierta de viruelas naturales á una hija del Dr. D. Juan 
Pérez Delgado, la que once años antes fué vacunada por el 
Dr. D. Bernardo Cózar, quien después de reconocer sus gra- 
nos en tiempo oportuno, los juzgó tan verdaderos y legítimos 
que inoculó con su pus diferentes personas. 

En su consecuencia, expuso el infrascrito secretario en se- 
sión celebrada por dicha junta el 17 de mayo anterior, que 
habiendo reconocido á esta niña el dia 2 del citado febrero por 
noticia que tuvo del estado en que se hallaba, le informó su 
madre ser cierto que en el mes de febrero del año 1805 la ha- 
bia vacunado el Dr. Cózar, y que no solo este facultativo, sino 
también el Ldo. D. Francisco Luvian, y su mismo padre el 
doctor Delgado, estimaron por verdaderos los granos que le 
resultaron, estando todos tan convencidos de su legitimidad, 
que los dos primeros profesores inocularon con ellos en su 
propia casa otros varios niños. 

También le instruyó la referida señora que el domingo 28 
de enero, cuando su hija volvió de misa se sintió indispuesta, 

(1) Diario dol Gobierno de la Habana del miércoles 10 de julio de 1816. 



— 206 — 
le entró fiebre, y continuándole hasta la noche del martes, le 
advirtió una erupción general de puntillos rojos, los que cre- 
cieron con tanta rapidez, que el repetido 2 de febrero, que era 
tercero no completo de la erupción, ya estaban todos los gra- 
nos elevados y llenos de pus. Considerando entonces no ser 
posible que se equivocaran en caracterizar los granos vacunos 
de aquella niña tres facultativos , entre los cuales hay dos vo- 
cales de esa misma junta que constantemente los habian ob- 
servado por espacio de un año, y estando firmemente persua- 
dido de que solo en las viruelas volantes ó chinas pueden es- 
tar supuradas las pústulas al tercer día de su erupción, pues 
en las viruelas naturales, aun en las mas benignas, no se per- 
cibe hasta el quinto un pequeño punto de supuración en su 
parte superior, concluyó de estos antecedentes que eran chi- 
nas y no viruelas los granos que tenia aquella enferma. 

Para mas rectificar este juicio, preguntó á la esposa del doc- 
tor Delgado, que personas se habian vacunado con el pus de 
su niña, y habiéndole dicho que solamente se acordaba de una 
hija de D. Manuel Melendez S. Pedro, la reconoció inmedia- 
tamente el mismo secretario, ratificándole sus padres ser cier- 
to haberse vacunado once años antes por el Dr. Cózar en la 
casa del Dr. Delgado con el pus de su hija, y aunque conser- 
vaba la niña Melendez cuatro cicatrices, de las cuales dos al 
menos no dejaban la menor duda de haber tenido verdaderos 
granos vacunos, informándole sus padres al mismo tiempo, 
que no se había preservado de entrar con frecuencia en el 
cuarto de un niño que estaba actualmente en su casa con vi- 
ruelas naturales, volvió no obstante á vacunarla con pus va- 
cuno que llevaba entre cristales. No resultándole efecto algu- 
no, repitió la misma operación el 2 de marzo con pus líquido 
tomado en aquel acto de los granos vacunos de un niño. Sien- 
do también eficaz esta segunda inoculación, fué conducida la 
niña á las Casas capitulares el 6 del propio mes, donde la re- 
pitió al Dr. D. Juan Pérez Carrillo, haciéndola cuatro incisio- 
nes. No observando el dia octavo resultado alguno de ellas, 
propuso á S. E. el secretario, se sirviera prevenir al real tri- 
bunal del protomedicato que concurriera con el Dr. Sánchez 
Rubio el 14 del mismo á la casa de Melendez San Pedro, pa- 



— 207 — 
ra que este profesor repitiera en su hija aquella operación. Así 
se verificó, ejecutándola también en otro niño su hermano 
que no habia tenido viruelas naturales. En ninguno de los 
dos se logró la erupción del grano vacuno, lo que observado 
per el mismo Dr. Sánchez Rubio, volvió á practicarla en am- 
bos á los seis dias, con pus de los granos de un niño que eli- 
gió este profesor. Resultando al fin el desarrollo de esas pús- 
tulas al hijo de Melendez San Pedro, pero no á la hija cinco 
veces vacunada en estos dias, expuso últimamente el secreta- 
rio á S. E. que para no omitir prueba alguna que demostrase 
hasta la evidencia haber sido verdaderos y legítimos los gra- 
nos vacunos que tuvo esa niña, seria conveniente que el refe- 
rido Dr. Sánchez Rubio, en presencia de aquel tribunal la 
inoculase con el pus de las viruelas naturales de otra niña 
que existia con ellas en la calle de O-Reilly, casa número 121, 
frente á la portería del convento de Sto. Domingo. Accedien- 
do S. E. á esta solicitud, y no rehusando Melendez San Pedro 
esponer su hija á esa operación, se ejecutó la tarde del 22 del 
citado marzo, por el Dr. Carrillo, á quien eligieron los seño- 
res protomédicos por no haber concurrido el Dr. Sánchez Ru- 
bio, y después de haber reconocido su señoría los granos de 
la viruelienta, se inhirió á su satisfacción el pus de ellos en 
ambos brazos de la niña Melendez. 

El secretario continuó visitando con frecuencia á la inocu- 
lada, y atestó que hasta el dia de la citada sesión de la Junta 
de vacuna no habia observado en ella síntoma alguno que anun- 
ciara viruelas naturales, resultándole solamente una erupción 
de manchas rojas en la caray en el cuello, la que ya se iba 
disipando. Con fecha 11 del corriente informó el señor proto- 
médico regente al Excmo. Sr. Gobernador y Capitán General 
que sin embargo de la anomalía que observaron su señoría y 
otros facultativos en la hija del doctor Delgado, tuvo esta la 
verdadera vacuna, cuyo pus no dejeneró en la de Melendez San 
Pedro, habiéndose conservado ilesa del contagio varioloso en 
la inoculación practicada en presencia de aquel tribunal, y 
que aunque se le comunicó ese virus, habiendo cesado desde 
el mes anterior la epidemia de viruelas que se experimentaba 
en esta ciudad, sin que esta niña fuera infestada, no es de es- 



— 208 — 
perar que extinguida aquella pueda padecer esa enfermedad, 
'siendo de otra especie la erupción que su señoría y otros pro- 
fesores advirtieron en ella después de la inoculación. 

De estos hechos suficientemente calificados resulta, que fue- 
ron verdaderos y legítimos los granos vacunos que tuvo hace 
once años la hija de D. Manuel Melendez San Pedro; lo pri- 
mero porque habiéndose vacunado cinco ocasiones desde el 
28 de enero hasta el 20 de marzo último, no le resultó nin- 
gún grano vacuno ni aun falso; lo segundo, porque estando 
expuesta al contagio de las viruelas que tenia otro nifio en su 
propia casa, y habiéndola inoculado con el pus de ella, no le 
resultó esa enfermedad ni síntoma alguno que la anunciara, 
infiriéndose de aquí que necesariamente fueron también legí- 
timo» y verdaderos los granos vacunos de la hija del doctor 
D. Juan Pérez Delgado, con cuyo pus se inoculó la de Melen- 
dez, y por consiguiente que no fué variolosa la erupción que 
experimentó aquella en el mes de febrero, lo uno porque no 
se presentó con los caracteres que son peculiares á esa enfer- 
medad, y por los cuales la distinguen todos los autores de los 
demás sistemas; y lo otro, porque si la Melendez permaneció 
ilesa de ese contagio, aun habiéndosele comunicado del mo- 
do mas activo y eficaz, menos debió inficionar á la Delgado, 
no habiéndose expuesto á recibirlo con toda su fuerza y acti- 
vidad, deduciendo por último que el verdadero grano vacuno 
preserva indubitablemente de las viruelas naturales. — Habana 
y junio 22 de 1816. 









i 






9> 









— 209 — 




Del Dr. D. Ensebio ValliA médico ordinario del 
hospital militar de Dijon, individuo de la Aca- 
demia Virgiliana de Mantua, del colegio médico 
de Edimburgo, de las sociedades de medicina de 
Venecia, Burdeos, Óc. Leido en sesión ordinaria 
de la Sociedad Económica de la Habana el 22 
de noviembre de 1816, por el Doctor D. Tomás 
Komay , individuo de mérito del mismo Cuerpo 
Patriótico, y publicado en el número 105 de las 
Memorias del mismo cuerpo. 



Utinam Dii immortales fecissent, ut vivo 

potius gratias ageremus, quam mortuo 

honores quereremus. 

Cicer. pro Serv. Sulp. 

Cuando la sociedad pierde algún genio que ha concluido 
sus obras, ó que al menos las trazó de tal modo, que no es di- 
fícil darles toda la perfección de que son susceptibles, se con- 
suela en su desolación con la memoria de los beneficios que 
ha recibido, y solo vierte sobre su sepulcro lágrimas de admi- 
ración y gratitud. Pero cuando la muerte sorprende al hom- 

27 



— 210 — 
bre benéfico en el mismo instante que anunciaba á la huma- 
nidad afligida los grandes auxilios que le preparaba, cuando 
esperimenta las calamidades de que pudo redimirse, y vé sú- 
bitamente frustradas cuantas lisonjeras esperanzas habia con- 
cebido, entonces la resignación y conformidad faltan al cora- 
zón sensible, busca en vano al Numen que habia ofrecido con- 
solarle, y convencido ya de que no existe, se arroja despecha- 
do sobre sus cenizas, pretendiendo restituirles con suspiros y 
lamentos aquella vida tan necesaria á la conservación de mu- 
chas otras. 

Tales son los sentimientos que nos inspiran la filosofía y 
la humanidad por la prematura muerte del Dr. D. Eusebio 
Valli cuando empezaba á practicar sus ensayos sobre la eufer- 
medad mas esterminadora en este clima, y serán sin duda 
muy semejantes á ellos los que esperimenten los pueblos de 
la Europa y del Asia, donde le condujo su impávida filantro- 
pía para observar en sí mismo los efectos del contagio de la 
peste. 

Ponsaco no fué la patria de Valli, como juzgaba el Sr. Pac- 
dioni. Contestándole sobre este particular un vecino de aquel 
pueblo, le diceno haber encontrado en ningún archivo su par- 
tida de bautismo, y que creia haber nacido en Mou-feltrd, pe- 
queño lugar en los confines de la Romanía, donde residió su 
padre con toda la familia por los años de 1778 ejerciendo la 
cirujía. Ninguna noticia he podido adquirir de su educación 
literaria ni en las aulas donde la recibió. Pero nada importa 
ignorar estos pasos preliminares á su ilustración. El grado de 
doctor en medicina que le confirió la Universidad de Pisa, log 
varios idiomas que poseía, entre ellos, el griego, las obras 
que ha publicado y las que permanecen inéditas, las conside- 
raciones que mereció á diferentes Cuerpos y á sus mas distin- 
guidos profesores, serán las pruebas menos equívocas de sus 
progresos en la literatura y en las ciencias naturales. 

No es solo el Dr. Valli quien lo afirma; el mismo Jadelot 
en el discurso preliminar á su traducción francesa de los En- 
sayos del Barón de Humboldt sobre el galvanismo, atesta que 
el físico de Pisa observó la electricidad animal mucho antes 
que el naturalista de Berlín. Desde el año de 1793 escribió en 



— 211 — 

inglés un tratado acerca de este fenómeno desconocido basta 
entonces, y sucesivamente publicó en su idioma patrio doce 
cartas sobre el propio asunto, mereciendo casi todas las re- 
imprimiera el Dr. Brugnatelli en los Anales de química y de 
historia natural que redactaba en Pavía; y traducidas al fran- 
cés algunas de ellas, se insertaron el año próximo pasado 
en el Diario de física, de química y de historia natural de 
Paris. En esos escritos prueba el doctor Valli con repeti- 
dos esperimentos ejecutados en las ranas, que el escitador 
metálico recomendado por Galvani, Volta y Aldini, no es ne- 
cesariamente el motor de la electricidad animal, puesto que 
tocando un nervio con cualquier cuerpo se escita el movimien- 
to en su respectivo músculo, observándose algunas veces has- 
ta treinta minutos después de la muerte de aquel animal; re- 
sultado que tal vez contribuyó al ingenioso sistema de la vida 
orgánica tan ilustrado por Dumas, Richerandy otros fisiólogos. 
La carta del Dr. Valli á Mr. Astiers, sobre la propiedad 
antipútrida y anti-fermentable del óxido rojo de mercurio, y 
la contestación de ese profesor acreditarán siempre, que el 
primero descubrió aquella virtud en el azogue, y que antes 
del otro ningún químico habia observado en el alcanfor los 
mismos efectos. 

Si aquella Memoria y el elogio que por ella mereció al pri- 
mer farmacéutico de Francia, no hastasen para acreditar los 
conocimientos químicos del Dr. Valli, acabará de comprobar- 
los el prospecto de una obra sobre la vejez, en la cual manifes- 
tó igualmente su instrucción en la higiene, en lafisiologiay en 
la anatomía. 

Ilustrado con estas ciencias auxiliares á la de Esculapio, 
Valli se inscribe entre sus prosélitos y mereció ser iniciado 
en los misterios mas sublimes. Semejante á aquel héroe que 
despreciando los reptiles recorrió la tierra para purgarla de 
los grandes monstruos que la desolaban, el intrépido Valli 
peregrina por la Europa, el Asia y la América solicitando 
aquellas enfermedades mas horrorosas y funestas á la huma- 
nidad. 

Si esceptuamos el ensayo sobre diferentes enfermedades 
crónicas, todas sus investigaciones y tareas las dedicó á exa- 



212 

minar la teoría de la epidemia en general, á la tisis heredita- 
ria, á la peste del Levante y á la fiebre amarilla. En la prime- 
ra parte de su tratado sobre la tisis, establece varias proposi- 
ciones que á no fundarlas en una erudición vastísima se juz- 
garían paradojas. 

Hasta el año de 1794 la Europa habia sido el teatro de sus 
benéficas incursiones, "pero como ningún obstáculo, decia el 
mismo Valli, arredra el corazón devorado por la ambición de 
la gloria ó por el amor de la humanidad" parte á Smyrna, es- 
pera con impaciencia que la peste se difunda en aquel pueblo 
malhadado, la observa sin intimidarse y escribe sobre ella un 
tratado que mereció la mas honrosa aprobación del célebre 
Tissot. 

Advirtiendo después de Ingrasias y de Orreo, que existien- 
do alguna epidemia de viruelas no se presentaba la peste, y 
que esta cesaba luego que aquella aparecía; sospechó que el 
contagio varioloso estinguia ó al menos neutralizaba el pesti- 
lente; deduciendo de aquí que la inoculación del pus de las 
viruelas preservaría de la peste ó enervaría su malignidad en 
los que ya estuvieran infectados. Esta hipótesis la concibió el 
año 1785 estando en Scio, donde la peste es muy frecuente; 
pero no encontrando en ella ni un solo virueliento, no pudo 
fundarla en las observaciones necesarias. Las recomendó á un 
facultativo de aquella isla y á otro de Smyrna, prescribiéndo- 
les varias reglas para ejelcutaras con acierto. 

Ocupada la Italia por los franceses el año 1800, fué emplea- 
do el Dr. Valli en sus ejércitos, y con permiso de aquel go- 
bierno, pasó á Constantinopla el de 803 desolada entonces 
por la peste. En el mes de junio ejecutó en sí mismo el 
primer ensayo, inoculándose el pus varioloso mezclado con el 
que arrojaba la úlcera de un apestado, y por espacio de seis 
dias esperimentó varios síntomas de esa enfermedad, cuya 
historia escrita por el mismo paciente es mas interesante á la 
humanidad, en sentir de Kalogera, que la historia de seis si- 
glos. Juzgándose ya preservado de la peste, fué improvisa- 
mente atacado de ella el primero del siguiente agosto, con 
síntomas tan terribles y malignos, que él mismo se admiraba 
de sobrevivir á ellos. Así permaneció veinte y tres dias, que- 



— 213 — 

dando por otros muchos tan atormentado de los carbunclos y 
bubones, que al fin perdió parte del talón del pié izquierdo. 
Restablecido de esa enfermedad, ejecutó otros varios esperi- 
mentos, inoculando algunas veces el pus de los apestados con 
el varioloso, otras con el jugo gástrico de diferentes animales, 
otras mezclado con aceite, y por último vacunó también algu- 
nas personas, lisonjeándose ese infatigable observador de ha- 
ber correspondido el éxito á sus esperanzas. 

Disipada la peste en Constantinopla pasó á la Natolia, don- 
de perecían los ganados por una epizótia pestilente, sospe- 
chando que la peste de las reses tiene tanta analogia con la del 
hombre, como la vacuna con la viruela natural. Mas esta es- 
pedicion no fué tan feliz como lo deseaba, según escribió á 
Mazarowich, porque aquella enfermedad, no siendo contagiosa 
al hombre, no podia preservarle su inoculación de la peste de 
Levante. Volvió del Asia á Constantinopla, y de allí á Italia, 
donde el año 1805, siendo catedrático de química y primer 
médico del hospital civil de Mantua publicó su diario de la re- 
ferida peste, y á continuación dos memorias sobre varias en- 
fermedades de los ganados, dirigida una al príncipe Ipsilanti 
y la otra al príncipe regente de Moldavia, su digno y generoso 
Mecenas. La primera de ellas la cita con frecuencia Bonuisset 
en su Memoria sobre el modo de comunicarse el contagio de 
la "peste á los hombres y á los brutos. 

Ignoro hasta qué año permaneció en Mantua ejerciendo 
aquellos destinos; mas por el borrón sin fecha de una instan- 
cia que dirigió desde Ragusa al ministro de la guerra, he com- 
prendido que después de haber observado en aquella provin- 
cia la fiebre amarilla, solicitó emplearse en el ejército de Dal- 
macia, en cuyo país esperi mentaban los ganados una epizótia 
contagiosa. 

Restábale aun á ese Atleta combatir bajo la Zona Tórrida 
con aquel monstruo fiero, inexorable como la peste de Levan- 
te. No le intimida la inmensa distancia que lo separa, ni la 
posición inaccesible que ocupa hace mas de una centuria. Ar- 
mado con la meditación de lo que se ha escrito con mas crite- 
rio sobre la fiebre amarilla, ilustrado con la comparación de 
sus teorías á los casos que había observado en Italia y en Es- 



— 214 — 
paña, como lo indican sus manuscritos, resolvió dirigirse á los 
Estados-Unidos, donde esa enfermedad es epidémica casi to- 
dos los veranos, para rectificar con nuevas observaciones sus 
diferentes hipótesis, y conciliarias si posible fuera en una obra 
luminosa. Con fecha 14 de diciembre del año próximo pasado 
le comunicó el duque de Feltre, ministro de la guerra del 
rey de Francia, la orden en que se le permitía emprender ese 
viaje, conservando la distinción y todo el sueldo que gozaba 
como médico ordinario del hospital militar de Dijon. 

Arriba á Filadelfia, y significándole el doctor Moore el pe- 
ligro á que se esponia, le contestó imperturbable en estos pre- 
cisos términos: "convencido del carácter contagioso de la fiebre 
amarilla, me propongo inocularme con el sudor de los moribun- 
dos ó con la bilis de los cadáveres, modificando el veneno con 
los mismos reactivos de que me serví en mis ensayos con la 
peste del Oriente. Si está escrito en el libro del destino que 
yo perezca víctima de ese grande esperimento, mi muerte no 
será sin gloria, y los filántropos de esta región afortuna- 
da correrán en tropa á esparcir sobre mi tumba olorosas flo- 
res." 

Una felicidad muy rara en la América Septentrional la pre- 
servó de la fiebre amarilla en el verano anterior. Impaciente 
por satisfacer su anhelo, ó mas bien, conducido por una Pro- 
videncia inescrutable, pasa á New- York y se embarca para 
esta ciudad, funesta también á los forasteros por esa maligna 
enfermedad. Llegó á ella el 8 de setiembre último recomen- 
dado alExcmo. Sr. Capitán general y al Sr. Intendente de esta 
Isla por el Enviado de nuestra corte en los Estados Unidos, 
"como un sabio, son sus palabras, que se habia propuesto ser 
útil á la humanidad á costa de grandes sacrificios, y que des- 
pués de haber viajado con ese objeto por la España, Francia, 
Italia, Inglaterra y Alemania, fué á Constantinopla y se ino- 
culó la peste para esperimentar en sí mismo sus síntomas y 
efectos: y deseando observar del propio modo la fiebre ama- 
rilla, habia venido desde Europa á estas provincias, donde no 
encontrándola se proponía buscarla en esa Isla, mereciendo 
por tanto se le proporcionaran los auxilios necesarios para 
realizar un servicio tan importante á la humanidad." 



— 215 — 

Presentóse inmediatamente al Tribunal del Protomedicato 
esponiéndole lo que se habia propuesto en sus investigacio- 
nes, y pidiéndole nombrara dos facultativos que le acompa- 
ñara en ellas para atestar oportunamente sus resultados, y le 
comunicasen al mismo tiempo su opinión acerca del diagnós- 
tico de esa enfermedad, y de los remedios que hubieran es- 
perimentado mas eficaces. El doctor D. Antonio Machado 
fué uno de los elegidos, cuyo honor se me dispensó igual- 
mente. 

Con este motivo traté al Dr. Valli, á quien conocia desde 
el año 1804 por los ensayos qué hizo en Constantinopla em- 
pleando el antídoto de Jener para precaver le peste. Y si en- 
tonces le tributé el mas público homenage de consideración 
y respeto citando esos esperimentos en una Memoria sobre la 
introducción y progresos de la vacuna en esta isla, cuyo vi- 
rus, imitando su ejemplo, inoculé a varios europeos para pre- 
servarlos de la fiebre amarilla, que tanta analogía tiene con 
la peste; ahora admiré con la mas noble emulación su ardien- 
te amor á la humanidad, sus vastos conocimientos, la solidez 
de su juicio y la actividad de su genio. 

El 20 del propio mes fué conducido al hospital de San Juan 
de Dios por el doctor D. Antonio Mendoza, solicitando algún 
enfermo de fiebre amarilla para principiar sus ensayos. Uno 
solo encontraron, y en tan estrema agonía que temieron exa- 
lara el último aliento antes que concurrieran los diputados 
del Protomedicato. Le mira el doctor Valli y se sorprende, 
advierte la sangre negra y corrompida que fluia por su boca 
y otros órganos, observa su cuerpo teñido con una ictericia 
muy oscura, reconoce la disolución de los diferentes sistemas 
que constituyen la vida orgánica, le pulsa y un sudor copioso 
y frió hiela su mano. Entonces aquel físico impertérrito que 
en medio del contagio de la capital de Turquía dijo á Kaloge- 
ra: "No me retiro, esperaré todavía la peste y aun la muerte," 
que escribió á Moore lo que ya he referido, y que desde el 
Norte de la Francia vino hasta la mas occidental de las Anti- 
llas á inocularse el vómito negro, apenas lo encuentra se hor- 
roriza y consternado se retira solicitando vinagre para lavarse 
y precaverse. Empero, sofocando el amor de la humanidad al 



- 216 — 
de su propia conservaron, vuelve al hospital al siguiente dia, - 
busca al enfermo y lo encuentra en el féretro. 

Plinio el naturalista reconociendo el Vesubio fué devorado 
por sus llamas; los bárbaros de la Abysinia asesinaron en sus 
páramos al botánico Lippi; el anatómico Bichat contrajo en 
el anfiteatro de Paris el germen de una muerte prematura; 
Vallí, cuyo entusiasmo no era inferior al de esos mártires de 
la naturaleza, se aparta de ese asilo de piedad llevando impre- 
sa en su fantasía aquella horrorosa imagen. Llega á su posada 
y anuncia conturbado que ya estaba invadido de la fiebre ama- 
rilla. En la tarde del siguiente dia me solicitan, y advierto 
aun mas grabados en su alma que en su cuerpo los caracteres 
mortales menos equívocos. Pálido, yerto, exánime, apenas 
pronunciaba algunas palabras desordenadas é interrumpidas 
con suspiros. Mi destino es irrevocable, me dice con lengua bal- 
buciente, yo muero En vano se apuraron los recursos de la 

ciencia y los consuelos de la amistad mas afectuosa; losausilios 
de la Religión, aunque divinos, no siendo bastantes para rea- 
nimar su espíritu, lo exhaló al tercer dia de la enfermedad, y 
á los cuarenta años de una vida digna 4e prolongarse hasta 
concluir y perfeccionar la grande obra que habia concebido (a) 

Pero las que ha publicado, su nombre y su memoria no 
han perecido, ni se ocultarán bajo la losa que cubre sus ceni- 
zas. Este ilustre Cuerpo, justo remunerador de las virtudes 
sociales y de las luces, habría inscripto al Dr. Valli entre sus 
beneméritos individuos, si por los sentimientos que escitó su 
muerte no hubiera comprendido que existió tan pocos dias en- 
tre nosotros. Pero deseando reparar esa omisión, aunque in- 
culpable, y manifestar del modo mas auténtico el alto aprecio 
que le han merecido los servicios que hizo á la humanidad, y 
los que preparaba en beneficio de este pueblo; acordó que se 

(a) Se ha dicho que el Dr. Valli contrajo la fiebre amarilla por haberse puesto 
la camisa sudada de un enfermo. No me lo refirió ni tampoco ninguno de sus asis- 
tentes, ni observé en él alguno de aquellos tres síntomas que son tan propios deesa 
enfermedad que es conocida por dos de ellos, fiebre amarilla poar la ictericia, ó vómito 
negro por los vómitos atrabiliarios; las hemorrajías no son menos frecuentes. Ni he 
visto jamás terminar esa enfermedad al tercer dia de su ivasion: al contrario, se 
advierte entonces intermitir la fiebre y los síntomas por ocho ó diez horas, siendo 
este un fenómeno que la distingue de las otras fiebres. 



— 217 — 
colacára su retrato en la Biblioteca pública , cuya honrosa 
distinción solo ha dispensado á dos de nuestros amigos, que 
se grabe en la lápida de su sepulcro un epitafio recomen- 
dando su ardiente amor á la humanidad y el aprecio que ha- 
bia merecido á esta corporación, y que escogiendo en el cam- 
po ameno que cultivó con sus ciencias y virtudes las flores 
mas hermosas, las esparciera sobre aquella tumba la propia 
mano que recibió sus impresos y manuscritos del gefe ilustre 
tan eficazmente interesado en proteger al doctor Valli cuando 
vivia, como en honrarle después de muerto. (1) 

¡Plegué al cielo que esta libación que le consagro penetrado 
de dolor y de respeto, sea igualmente aceptable al genio que 
la ha discernido, y al que preside la Academia Virgiliana de 
Mantua, las sociedades de medicina de Venecia y Burdeos, el 
colegio médico de Edimburgo y otros cuerpos literarios que 
se gloriaban de enumerar al Dr. Valli entre sus mas dignos 
profesores, y que todos ellos reconozcan que este filántro- 
po no pereció en la Isla de Cuba como en las de Sandwich el 
célobre Cook. 

D. O. M. 

AQUÍ YACE 

EL DOCTOR EUSEBIO VALLI, 

VICTIMA DE SU AMOR A LA HUMANIDAD; 

LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE LA HABANA 

RECOMIENDA SU MEMORIA. 

AÑO 1816. 



(1) El Sr. D. Alejandro Ramírez, Intendente de ejército y Real Hacienda de 
esta isla, digno de grata y perpetua memoria, y dignísimo director de esta sociedad 



28 



218 



HABANA. 



POBLACIÓN BLANCA. 



Excmo. Sr.: 

La comisión encargada por el Cuerpo patriótico de presen- 
tarle los medios qne estime convenientes para aumentar la 
población blanca de esta Isla, íntimamente convencida de la 
importancia del asunto, ha celebrado varias sesiones, arreglan- 
do en ellas sus tareas á los dos puntos que se le indicaron en 
el acuerdo de 6 de setiembre último. Primero lo que pueda 
y deba hacerse de pronto dentro de los límites que permiten 
nuestras leyes; segundo, lo que sea necesario impetrar del 
soberano con el apoyo de las respectivas autoridades á quie- 
nes corresponda, según las atribuciones de su conocimiento. 

Contrayéndose la comisión á ese plan, se propuso coloni- 
zar con preferencia, no solo á muchos vecinos blancos de esta 
ciudad que son en ella inútiles y aun gravosos, sino también 
á los hijos de algunos labradores honrados que carecen de ter- 
renos donde emplear su industria y aplicación al trabajo. Para 
hacer útiles estos ciudadanos, la comisión ha concebido el 
proyecto de reunir un fondo de mas de cien mil pesos, cuyas 
acciones serán de quinientos, con el cual se comprarán tier- 
ras suficientes para establecer cuatrocientos colonos, asignan- 
do al menos á cada uno dos caballerías, proveyéndoles tam- 



— 219 — 
bien de los animales é instrumentos necesarios para la agri- 
cultura. Este plan se presentará al examen de la sociedad, lue- 
go que reciba toda la perfección de que es susceptible. 

Entre tanto, no perdiendo de vista la comisión la segunda 
parte del encargo que se le hizo, persuadida de la necesidad 
de evacuarlo á la mayor brevedad por la estraordinaria emi- 
gración que se hace de toda Europa á los Estados Unidos y 
por las ventajas que ofrece la Rusia á los artesanos y labradores 
que quieran establecerse en sus dominios, consultó á varios 
extranjeros antiguos vecinos y hacendados de esta ciudad 
acerca de las proposiciones que deban hacerse á sus paisanos 
para atraerlos á este suelo de las provincias de Europa, donde 
con menos costo y dificultad podrán conseguirse colonos ca- 
tólicos romanos, do buenas costumbres, labradores ó artesa- 
nos. Instruida la comisión sobre estos particulares por las 
contestaciones que ha recibido, se ocupa en formar una, carti- 
lla que deberá imprimirse en varios idiomas para circularla 
por medio de nuestros enviados ó cónsules en sus respectivos 
paises, previa la soberana aprobación. En ella se dará una 
idea sucinta de la naturaleza de nuestro terreno, de los frutos 
que en él se cosechan y demás que podrán cultivarse, del 
precio de ellos, de las tierras y de los animales, de las artes y 
oficios que mas se ejercitan, de las obras de que carecemos 
por falta de artífices, y de cuanto mas sea conveniente á esci- 
tar su interés. 

Pero como este trabajo necesita de algún tiempo para eva- 
cuarse en todas sus partes, la comisión ha juzgado que sin es- 
perar su conclusión se ocurra inmediatamente á S. M. supli- 
cándole se digne concedernos las gracias y franquicias que 
son absolutamente necesarias para que los estranjeros y aun 
los españoles se resuelvan á establecerse en esta Isla; las cua- 
les, habiéndolas dispensado á la de Puerto Rico en real cédu- 
la de 10 de agosto del año próximo pasado, cuyos artículos 
en copia se incluyen, y á continuación las aclaraciones que 
hicieron á ellos las autoridades de aquella provincia, debe- 
mos esperar de su real munificencia que hará transcedental á 
nosotros los mismos beneficios. 

El fomento de nuestra agricultura y de las artes útiles es 



— 220 — 
únicamente lo que pedimos á S. M. en la representación que 
en borrón acompañamos, para que exornada por el cuerpo pa- 
triótico con sus superiores luces, la eleve á los pies del trono. 
Y á fin de esforzar nuestras preces y asegurar el éxito mas fa- 
vorable de esta solicitud, sería de la mayor importancia que el 
Excmo. Sr. Presidente se sirviera invitar al Excmo. Ayunta- 
miento y al real tribunal del consulado, para que simultánea- 
mente dirijan al soberano las instancias que ya tienen acorda- 
dadas sobre el propio asunto. — Habana y diciembre 11 de 
1816. — José Kicardo O-Farrill. — Juan Montalvo. — Andrés 
Jáuregui. — Antonio del Valle Hernández. — Tomas Eomay, 
secretario. 



— 221 — 



ssmtetott a $* m* 

y d la que se contrae el anterior escrito sobre po- 
blación blanca en esta Isla. 

Señor: 

El Ayuntamiento, el Real Consulado, y la Sociedad econó- 
mica de la Habana, á L. R. P. de V. M. con el mas profundo 
respeto dicen : 

Que la Isla de Cuba, cuya extensión es de 6,764 leguas cua- 
dradas vulgares, contiene únicamente 600,000 habitantes, de 
los cuales 274,000 son blancos y los restantes negros del Áfri- 
ca ó descendientes de ellos; de estos una tercera parte son li- 
bertos y las otras dos esclavos, según el censo del año de 1811. 

Esta sencilla esposicion es por si sola bastante para acre- 
ditar que se halla despoblada é indefensa una de las mas im- 
portantes posesiones de V. M., y yermos unos campos que 
cultivados no solo producirían el mejor tabaco, el azúcar y el 
café, sino también otros frutos igualmente preciosos y anhe- 
lados por las demás naciones. 

Aun siendo tan precaria nuestra agricultura por falta de 
brazos para fomentarla, solo una necesidad irreparable por 
otros medios nos obligaría á valemos de una servidumbre tan 
gravosa como la de los negros, por los grandes capitales que 



— 222 - 
en ellos se invierten, por la poca utilidad que produce su tra- 
bajo á causa de su natural rudeza y desidia, y por el temor 
que nos inspira el aumento de ellos sobre el número de blan- 
cos. 

Esos temores no son tan antiguos como la esclavitud de I03 
negros. Mas ,de dos siglos hemos vivido tranquilos, aunque 
disgustados con su servicio. La protección que les dispensan 
nuestras leyes, la humanidad con que son tratados por los 
amos, la propiedad que adquieren á ciertos bienes, y la liber- 
tad que al fin consiguen con su industria, los conserva fieles á 
las autoridades, obedientes á sus amos y conformes con su 
suerte. Pero las ideas filantrópicas que empezaron á difundir 
los ingleses, y sancionó en el Guarico la asamblea de Francia 
con la sangre de sus colonos; las mociones prematuras que se 
hicieron en las llamadas Cortes generales, y por último, las 
discusiones tan vehementes como importunas que se tuvieron 
en las estraordinarias, esponiendo al riesgo mas inminente las 
propiedades y aun la existencia de los españoles de la Améri- 
ca, cuya emancipación déla Metrópoli habria sido necesaria- 
mente el resultado de la manumisión de los esclavos; este de- 
recho, que desde entonces concibieron á la libertad á costa de 
nuestras vidas, y de privar á V. M. de algunos provincias, nos 
inquieta todavía y nos hace desear eficazmente una fuerza fí- 
sica capaz de reprimirlos, y estinguir en ellos hasta la mas re- 
mota esperanza de insurrección y violencia. 

Esta fuerza física de que tanto necesitamos, se conseguirá 
únicamente aumentando la población blanca, ninguna otra 
será menos gravosa á V. M., ni tan permanente y aun progre- 
siva, ni tendrá tampoco tanto interés en la conservación del 
orden y de la pública tranquilidad. La parte Oriental de esta 
isla, que es la mas exhausta de gente blanca, es precisamente 
la que clama por ella con mas exigencia. Solo dista diez le- 
guas de la isla de Santo Domingo, donde los negros y otras 
castas, después de haber asesinado á sus amos y á todos los 
blancos del modo mas bárbaro y atroz, convirtieron en ruinas 
y cenizas los pueblos y aquellas fértiles campiñas. Sobre ellas 
han erigido un gobierno, cuya constitución reconoce por ba- 
se fundamental la independencia é igualdad, ofreciendo pro- 



— 223 — 
tegerla en todos sus semejantes. Para conseguirlo organizan 
ejércitos y arman buques de varios portes, que se alejan ya de 
sus costas ejerciendo en las nuestras su rapacidad. A principio 
de este año los negros ausiliaron y protegieron la insurrección 
de los esclavos de la isla de la Barbada. Poco después el rebelde 
Bolívar estrajo de esaisla mas de cuatrocientos de ellos, los in- 
trodujo en la provincia de Venezuela y volvió á inflamar el 
fuego de la insurrección. Y en este mismo momento en que 
dirigimos á V. M. las mas humildes y eficaces preces, sabe- 
mos con igual evidencia y consternación que el pérfido Mina 
se halla en sus puertos reclutando esos caribes, para trans- 
portarlos en los buques que armó en los Estados-Unidos con- 
tra alguna de las posesiones de V. M. 

Ninguna debe recelar y temer tanto como esta isla, por la 
inmediación á aquella, por la facilidad con que puede hacer- 
se un desembarco en sus dilatadas é indefensas costas llenas 
de radas y bahías muy seguras, y por el ausilio que aquellos 
negros encontrarían en nuestros esclavos ofreciéndoles la li- 
bertad y las riquezas de sus amos. 

ElJefe superior de esta provincia, vigilante y celoso en 
conservarla á V. M. ha empleado ya, con aplauso de las hom- 
bres buenos, cuantos recursos están en sus facultades para re- 
peler cualquiera estraña agresión, y observar en los pueblos 
y en los campos la mas activa y severa policía. Pero estas pre- 
cauciones no pueden ser tan constantes como el peligro que 
nos amenaza. Se apurarían las arcas de V. M. si por mucho 
tiempo permaneciera la fuerza armada que se necesita para 
rechazar una invasión, y los vecinos que con ese objeto se alis- 
tarían abandonando sus campos y talleres, abismarían al ca- 
bo sus familias en la indigencia y miseria. Mina podrá tal vez 
descargar ese golpe en otro punto distante de esta isla, pero la 
de Santo Domingo subsistirá siempre, engrandeciéndose y 
cebándose como un volcan, que al fin cubrirá súbitamente de 
cenizas y de sangre las colonias vecinas, si no precaven opor- 
tunamente tan horrenda erupción. 

No es este el único rival que altera nuestra tranquilidad- 
Otro se nos presenta, aunque mas distante, no menos formi. 
dable. La guerra que los Estados-Unidos acaban de terminar 



— 224 — 
contra su antigua Metrópoli, ha convencido al mundo atóni- 
to del poder y opulencia á que se han elevado esos pueblos. 
El numen y disciplina de sus tropas, la pericia y valor de su 
marina, sus progresos en la arquitectura naval y en todas las 
artes hostiles, de comodidades y de lujo, todo es efecto de la 
emigración que hacen á esas provincias los artistas y los la- 
bradores de Europa desde el principio de la revolución de 
Francia. 

Allí se han reunido igualmente los proscriptos en todos los 
paises, y los españoles rebeldes á V. M. en la península y en 
estas colonias: en sus puertos arman y tripulan los corsarios 
que inundan estos mares, hostilizando nuestro comercio y 
aun los buques de la real marina. En esos mismos puertos se 
equipó también la escuadrilla del traidor Mina, y se proveen 
de pertrechos y municiones los disidentes de Méjico, Caracas, 
Buenos Aires, y otras provincias de la América meridional. 
Fortificados ya los anglo-americanos en la Nueva Orleans, se 
han aproximado tanto á las fronteras del reino de Méjico, co- 
mo á las costas de esta Isla. Sus escuadras podrán arribar á 
ellas en menos de diez dias, y estando abolida la esclavitud 
en casi todas sus provincias, encontrarían en los siervos de 
esta tantos aliados como enemigos nuestros. 

No es, señor, un pánico terror quien nos presenta tantas ca- 
lamidades. Una prudente previsión nos hace inferir lo futuro 
de lo que ya esperimen tamos. El gobierno de los Estados 
Unidos, protestando á V. M. la mas sincera paz y amistad, 
permite que Mina, Bolívar y otros pérfidos españoles se armen 
en sus puertos para cometer la mas criminal agresión contra 
los dominios de V. M. y sus fieles vasallos. 

¿Y qué confianza merecerá una potencia que así profana 
los pactos mas sagrados? ¿Qué recelos no inspirará cuando su 
ambición crece á la par de su poder, y ese poder es ya tan co- 
losal, que enagenada con los triunfos que consiguió en las 
márjenes del Misisipí, y en los lagos del Canadá llegó á pre- 
sagiar, que muy pronto apoyaría un pié sobre esa provincia y 
estenderia el otro hasta el istmo de Panamá? 

Para reprimir los efectos de ese orgullo frenético, oponien- 
do á los Estados Unidos una resistencia igual á la enorme 



— 225 — 
potencia que adquieren con las familias europeas que se esta- 
blecen en su ^territorio; para evitar que los negros de Santo 
Domingo repitan en esta Isla las atrocidades que cometieron 
en aquella, y últimamente, para cultivar estos campos yermos 
todavia por falra de brazos que recojan las riquezas que brin- 
da su feracidad, de las cuales resultaría necesariamente la 
opulencia del Erario de V. M.: estas corporaciones, después 
de haber meditado muy detenidamente sobre asunto tan im- 
portante, no han encontrado otro medio capaz de conciliar y 
satisfacer plenamente tan diversas exigencias, sino aumentan- 
do la población blanca de esta Isla con españoles de la Penín- 
sula ó de las islas Canarias y á falta de ellos con europeos ca- 
tólicos de las potencias amigas, esceptuando solamente los 
franceses proscriptos por el actual gobierno; en cuya virtud: 
á V. M. humildemente suplican que en consideración á lo es- 
puesto se digne estender á esta Isla las gracias concedidas á 
la de Puerto-Rico en los artículos de la Real cédula de 10 de 
agosto del año próximo pasado, que en copia se incluyen, y á 
continuación las aclaraciones que hicieron acerca de ellos las 
autoridades de aquella provincia, no siendo inferiores á las de 
ella, ni las privaciones que esta sufre, ni los peligros que la 
amenazan. En 9 de enero de 1817. (1) 



(1) Esta representación, redactada por el Dr. Eomay, fué firmada también por 
el Ayuntamiento y el Consulado, y en su consecuencia se espidió la Eeal cédula de 
21 de octubre de 1817, permitiendo que se establecieren en esta isla los estranjero3 
católicos, artesanos y labradores de las potencias amigas ó neutrales. (L. E.) 



29 



— 226 — 



Sobre su conservación y propagación. 



Para disipar las preocupaciones contra la inoculación de la 
vacuna y vencer la apatía de ciertas almas insensibles y des- 
naturalizadas, no ha bastado ni que la munificencia de nues- 
tro augusto soberano enviase á estos países aquel preservativo 
á costa de su real erario, ni que las autoridades y corporacio- 
nes de esta isla lo recibieran y recomendaran como el don mas 
precioso que podia dispensar á sus vasallos, ni que el Ilustrísi- 
mo señor obispo de esta diócesis la hubiera propagado por 
toda ella en la santa visita que ejecutó el año de 1804, demos- 
trando después la sencillez y eficacia de e3a operación en una 
pastoral en que igualmente se admira su celo y su ciencia, 
previniendo al mismo tiempo á todos los párrocos urbanos y 
rurales que exhortasen á sus feligreses á recibir la vacuna en 
las misas solemnes y en el acto de administrarles el sacramen- 
to del bautismo. 

Tampoco ha sido suficiente para triunfar de la ignorancia 
de algunos y de la criminal indolencia de muchos otros, el fe- 
liz resultado de la inoculación que publicamente se ha ejecu- 
tado repetidas ocasiones en esta ciudad del pus varioloso, á 
varios niños vacunados; ni, por último, la constaute esperien- 
cia que por espacio de 13 años ha manifestado en todas las ca- 
sas y á todos sus individuos, que las personas legítimamente 



— 227 — 
vacunadas habitan en una misma pieza y tratan sin reserva 
alguna con los viruelientos, sin contraer ese contagio. 

Publicados y repetidos estos bechos por el Diario del gobier- 
no, apurados ineficazmente todos los medios de persuadir y 
convencer, la salud pública, esa ley suprema de la policia y de 
la higiene, exige imperiosamente ocurrir á la coacción para 
conservar la perfección y aun la vida de muchos ciudadanos, 
sobre los cuales tiene el gobierno un derecho incontestable. 
S. M., es muy cierto, no obligó á ninguno de sus vasallos á que 
se inoculara el virus vacuno cuando se dignó remitirlo á estas 
regiones. Su predilección y generosidad, el ejemplo de las na- 
ciones mas cultas de la Europa, el voto unánime de sus sabios 
y literatos, el feliz y constante resultado de las observaciones 
ejecutadas por algunos años en diferentes países, fueron úni- 
camente los medios que empleó para introducir y propagar 
una operación que, aun cuando fuera ineficaz, no es sensible 
ni gravosa. 

Pero el inmortal Carlos III, queriendo recomendar la anti- 
gua inoculación, cuyas ventajas eran muy inferiores á la de 
Jenner, previno á todos los jefes de América, por real orden 
de 11 de abril de 1785, que luego que se presente algún virue- 
liento en cualquier pueblo de su jurisdicción, lo hagan trans- 
portar, sin distinción de sexo ni calidad, á un lugar distante 
y privado de comunicación. En observancia de esa ley, la pri- 
mera autoridad de esta isla, de acuerdo con el Escmo. Ayun- 
tamiento de esta ciudad, ha establecido dos ocasiones esos la- 
zaretos para confinar en ellos á los viruelientos, en otras 
tantas epidemias que se han esperimeutado desde el año 
de 1804. 

Reservando ese medio riguroso para castigar la obstinación 
de ayunos padres de familia, pueden adoptarse otros que in- 
directamente produzcan el mismo efecto, siu causar los per- 
juicios inevitables en aquel: tales son: 

Proponer al Escmo. señor Capitán general prevenga á los 
maestros y maestras de primeras letras no admitan en sus es- 
cuelas ningún alumno sin que acredite estar vacunado, para 
cual presentará un atestado de cualquiera de los tres profeso- 
res de la Junta de vacuna, los cuales sin interés alguno espon- 



— 228 — 
drán sencillamente si Fulano de tal está ó no legítimamente 
vacunado. 

Que se haga igual prevención á todos los maestros de oficios 
mecánicos. 

Que lo mismo se recomiende, para quien corresponda, á los 
prelados de las órdenes religiosas donde se enseña latinidad, y 
al de la escuela de Belén. 

Que se suplique al limo. Sr. Obispo diocesano, que asi co- 
mo en la casa de Beneficencia no se recibe ninguna persona, 
sin calificar previamente estar preservada de las viruelac por 
haber tenido esa enfermedad, ó haber sido vacunada; se eje- 
cute lo propio en el colegio-seminario de San Carlos, en el de 
Ursulinas y en el de San Francisco de Sales. — Habana y ma- 
yo 20 de 1817. 



— 229 — 



¿Las aguas de Cayajabos podrán sustituir á las 
de San Diego ? 

SEÑOR SUPERINTENDENTE GENERAL: 

Para determinar con exactitud si las aguas de Cayajabos po- 
drán sustituirse á las de San Diego; es indispensable haber 
examinado ambas analíticamente, reconociendo los priucipios 
de que constan y las proporciones en que existen. Sin estos 
conocimientos solo se procederá por inducciones empíricas, 
que esponen á cometer errores muchas veces irreparables. 

El año de 1801, habiendo estado en una hacienda inmediata 
á la de Cayajabos, me proporcionó su dueño, el caballero re- 
gidor D. Carlos Pedroso, cuatro botellas de agua del manan- 
tial llamado azul. El olor fétido que exalaba me convenció 
inmediatamente que contenia una gran porción de gas hidró- 
geno sulfurado, comprobándolo al ver que introduciendo en 
ella una moneda de plata, adquiría un color semejante al do- 
rado; careciendo de máquinas y reactivos no pude llevar ade- 
lante mis indagaciones. 

Pero reñriendo en estos dias al profesor D. José Esteves la 
comisión que V. S. me habia confiado, no solo convino en que 
esas aguas estaban saturadas de aquel gas, sino también que 
lo contenían en mayor cantidad que las de San Diego, aña- 
diendo haber encontrado en las primeras carbonato de mag- 
nesia y sulfato de cal, sin atreverse á determinar las cantida- 
des, por no haber observado en su análisis todas las operacio- 
nes necesarias para calcular esos principios y encontrar los de- 
más que pudieran tener. 

Constando solamente hasta ahora que el gas hidrógeno sul- 
furado es el único agente en esas aguas, que por su cantidad 
puede influir en la economía animal; el uso de ellas aprove- 
chará para promover la orina, la transpiración y la menstrua- 



— 230 — 
cion suprimida ó disminuida por debilidad ó alguna obstruc- 
ción linfática. Convendrán también para restablecer el apetito 
y la digestión, y curar las afecciones crónicas del estómago, 
cuya causa sea la inercia de esa visura, ó materiales viscosos 
y ácidos. Serán útiles en la parálisis, epilepsia, histerismo y 
demás afecciones nerviosas; y asimismo en los herpes anti- 
guos, la sarna, la tina y otras enfermedades de la cutis. Se re- 
comendarán en las hidropesías, en la gota y reumatismo cró- 
nico, en las obstrucciones linfáticas de cualquier visura y en 
las escrófulas. 

Los mismos efectos producen las aguas de la paila de Ma- 
druga, por que es uno mismo el principio que predomina en 
ellas el gas hidrógeno sulfurado. Por tanto, en el uso de las 
aguas de Cayajabos debe observarse lo que previenen cuantos 
han escrito sobre la eficacia de las aguas sulfúreas, y especial- 
mente D. Miguel María Ximenes en sus observaciones acerca 
de la virtud de las aguas de Madruga, que escribió por encar- 
go de la Sociedad Económica, á consecuencia del análisis que 
hizo de ellas el teniente coronel D. Francisco Ramírez. 

« Aunque estas aguas convengan en los referidos males, no 
se pueden usar en todos los casos indistintamente. Hay circuns- 
tancias que en todo tiempo las repugnan y contradicen; tales 
son la disposición inflamatoria en que puedan hallarse los en- 
fermos, ó aquel otro estado que se le aproxima mucho, en el 
cual hay un aumento estraordinario de sensibilidad é innitabi- 
lidad en las fibras matrices, que supone ó constituye un tono 
exesivo, y se distingue por esta razón de la movilidad propia 
de los débiles. t 

M este escritor, ni el sabio médico y chínjco Faureroy en el 
análisis de las aguas de Enghien, opinan que las sulfúreas sean 
capaces de curar radicalmente el virus venéreo; lo mas que con 
ellas se consigue es paliar sus síntomas. 

No habiendo reconocido el terreno de Cayajabos, ni las pro- 
porciones que ofrece para alojar los enfermos de las tropas de 
esta guarnición, y proveerse de alimentos y demás auxilios ne- 
cesarios, no puedo tampoco informar á V. S. si conveudrá en- 
viarlos á esta hacienda por estar menos distante que la de San 
Diego. — Habana y enero 8 de 1818. 



— 231 — 



CÁTEDRA DE CLÍNICA. 



a) 



Con fecha del 18 del mes anterior se sirvió V. S. dirigirme 
un oficio original del señor Protomédico regente Dr. D. Nico- 
lás del Valle, primer médico del real hospital de San Ambro- 
sio de esta ciudad, sobré que en él se establezca una cátedra 
de clínica, según se propuso por esta intendencia en el año de 
1816, encargándome V. S. le presente el plan que debe obser- 
varse para la ejecución de ese proyecto, y cuanto mas juzgue 
conveniente en beneficio de la humanidad y del Real servicio. 

Las ventajas que resultarían de semejante establecimiento 
son demasiado notorias y trascendentales para que V. S. ne- 
cesite que yo las manifieste. Prescindiendo en la enseñanza de 
la medicina práctica de los diferentes sistemas que han obs- 
truido sus progresos, impidiéndola adquirir la perfección á 
que se han elevado otras ciencias físicas ; se dedicará toda la 

(1) Pasoá V. un oficio original del señor Protomédico Dr. D. Nicolás del Va- 
lle, primer médico del real hospital de San Ambrosio, sobre que en él se establezca 
una cátedra de clínica, según se propuso por esta intendencia en el año de 1816. Y 
teniendo de V. la justa opinión que merecen sus distinguidos conocimientos facul- 
tativos y literarios, le ruego me informe cuanto se le ofrezca y parezca, para que 
enseñándose la medicina en dicho Real hospital por el método de Hipócrates y de 
Esculapio, se logren sus utilidades en esta isla, á beneficio de la humanidad y del 
Real servicio, estendiéndose V. á proponer el plano de ejecución que ha omitido e* 
señor Protomédico, y estimo preciso para dar cuenta de este pensamiento á S. M., á 
fin de que obtenga su soberana aprobación. 

Dios guarde á V. muchos años.— Habana 18 de agosto de 1818.— Alejandro Ra- 
mírez.— Sr. Dr. D. Tomás Romay. 



— 232 — 
atención á observar los signos sensibles que nos presenta el 
enfermo. El será el único libro que se ofrezca á nuestra medi- 
tación, y la impresión que causen sus síntomas en nuestros 
sentidos, nos conducirán á clasiñcar las enfermedades con la 
misma exactitud y precisión que los demás objetos de historia 
natural. 

La medicina entonces, exenta de opiniones hipotéticas y 
vanas teorías, será una ciencia de hechos razonados, y la apli. 
cacion de ellos á otros casos semejantes, no ofrecerá mas difi- 
cultad, sino las' modificaciones que exijan las circunstancias 
individuales de cada sugeto. 

Aunque tan convencido de la importancia del estudio de la 
medicina práctica, como de la necesidad de ejecutarlo bajo un 
plan metódico, su organización me ha presentado dificultades 
que juzgué insuperables. No encontrando un modelo que imi- 
tar, ni un solo profesor que haya cursado en Europa esa aula, 
no podia instruirme en su régimen económico para proponer 
á V. S. lo que debe aquí observarse, teniendo en consideración 
el clima y demás causas locales. Meditando muy detenidamen- 
te sobre la medicina clínica de Pinel, he comprendido lo que 
él ejecutaba en la escuela establecida en el hospital de Salpe- 
triere, y de aquí he deducido lo que podrá adoptarse en la que 
V. S. pretende instalar. 

Además, al estudio de la medioina práctica debe preceder 
el de fisiología, patalogía y anatomía. Sin conocer el cuerpo 
humano en su estado natural, las partes de que se compone, 
la conexión de ellas, sus funciones y sus propiedades físicas y 
vitales, no es posible determinar con exactitud los desórdenes 
que en ellas producen las enfermedades. 

Lejos de proporcionar estos conocimientos la fisiología y 
patología que se enseña en las aulas de esta Universidad, le- 
jos de ilustrar á los que han de ejercer el arte sublime de sa- 
nar al hombre con verdades útiles y hechos incontestables, 
adquiridos por la asidua meditación, la esperiencia y análisis, 
aun se estravía y abruma su razón, no solo con las frivolas 
cuestiones del peripato, sino también con errores muy perju- 
diciales á la conservación de la humanidad. Todavía se les en- 
seña, que los cuatro elemeutos son los principios constitutivos 



— 233 — 
de todos los seres; que la sanguificacion y segregación de los 
otros tres humores que se dicen primarios, se ejecuta en el hí- 
gado; que todas las enfermedades son similares, orgánicas y 
comunes; que las similares se llaman intemperies, etc. 

Pero ¿cuál puede ser la teoría de Lázaro Riverio habiendo 
escrito en el siglo décimo sesto? Cuando Harves no habia des- 
cubierto la circulación de la sangre, ni Aatler habia trazado 
las primeras lineas de la fisiología, ni Ludwig concebido su 
patología, ni Bichar la Anatomía aplicada á la fisiología y á la 
medicina. 

Esta obra luminosa y el feliz pensamiento que ha ocurrido 
á V. S. de establecer en el mismo hospital otra cátedra de 
anatomía, ha disipado en gran parte los obstáculos que me ar- 
redraban para formar el plan que debe observarse en la escue- 
la de clínica. Traspasando el preceptor de anatomía la esfera 
en que se habian circunscrito los antiguos profesores de esta 
facultad, enseñará no solameute los nombres de las partea del 
cuerpo humano, su figura y situación, sino también sus prin- 
cipios, usos, relaciones físicas y vitales, iniciándose los alum- 
nos en algunas verdades ya demostradas en la fisiología y pa- 
tología. 

De este modo se suplirán los defectos de aquella enseñanza, 
según propongo en el adjunto plan, el que podrá V. S. pasar 
á examen de otros profesores ilustrados, para que, rectificán- 
dolo con sus superiores conocimientos, merezca elevarse por 
V. S. á obtener la soberana aprobación. 

Dios guarde á V. S. etc. — Habana y setiembre de 1818. — 
Sr. D. Alejandro Ramírez, intendente de ejército, superinten- 
dente general de real armada. 



30 



— 234 



PLAN para el establecimiento de una escuela, de 
Medicina Clínica en el Real Hospital de San 
Ambrosio de esta ciudad. 

1.° En este hospital se destinará una sala suficiente- 
mente ventilada, donde se colocará un termómetro y los en- 
fermos destinados á la observación y enseñanza. 

2.° El número de estos será igual al de los alumnos. 

3.° Concurrirán á esta clase los que habiendo concluido 
los cursos que previeuen los Estatutos de esta universidad, 
hayan recibido el grado de Bachiller en medicina, cuyo título 
presentarán al catedrático de clínica, para que pueda recibir- 
los en su aula. 

4.° Asistirán á ella dos años completos, y el "Real Tri- 
bunal del Protomedicato no los admitirá á examen para ejer- 
cer la facultad, sin que lo acrediten con certificación del cate- 
drático de Clínica. 

5.° A las siete de la mañana concurrirá con sus alum- 
nos á la sala de los enfermos que hubiere elegido, observará 
el termómetro y hará que todos apunten en un cuaderno la 
temperatura de la atmósfera y los meteoros que hayan ocur- 
rido el dia anterior. 

6.° Seguidamente ecsaminará los enfermos, y destinan- 
do uno á cada alumno para que lleve un diario ecsacto de la 
historia de la enfermedad, asentarán en el mismo cuaderno 
el nombre del enfermo, su edad, temperamento, egercicio, na- 
turalidad, el tiempo que reside eu esta Isla, enfermedades que 
haya padecido anteriormente, dia en que contrajo la actual, si 
es simple ó complicada, causas que la produjeron, síntomas con 



— 235 — 
que se presenta, partes que padecen, funciones que ofende, 
carácter de ella, remedios y dieta que se prescribe, efectos de 
ellos, término de la enfermedad, fenómenos que preceden á la 
salud ó á la muerte. 

7.° Concluidas estas apuntaciones, pasará el catedrático 
con los discípulos á otra sala destinada á la enseñanza, y alli 
les esplicará uno de los efectos que han observado, lo clasifica- 
rá nosológicamente espondrá sus especies y variedades, las 
causas que lo producen, las partes y funciones que suele ofen- 
der, los síntomas y anomalías que generalmente se han notado 
los países, la edad y estación en que mas se esperimenta, los 
autores que mejor lo han descripto, los remedios mas eficaces 
y la terminación mas frecuente. 

8.° A las cuatro de la tarde volverán á reunirse en la 
sala de los enfermos el maestro con los discípulos, les hará 
observar el termómetro y el estado en que se halla cada en- 
fermo, los síntomas que se hubieren agravado ó disminuido, ó 
los que hayan sobrevenido, el efecto de los remedios que se 
han administrado, y cuanto mas sea digno de asentarse en el 
diario, 

9.° El practicante de Medicina encargado de esa sala 
notará por escrito lo que advirtiere en cada enfermo de noche 
ó en el tiempo intermedio á las visitas, y lo presentará al ca- 
tedrático para que examinándolo y comparándolo con el esta- 
do del enfermo, determine si merece transcribirse en su res- 
pectiva historia. 

10.° Luego que sane ó muera algún enfermo, recojerá 
el Freceptor la historia que se haya escrito, la examinará de- 
tenidamente, advertirá con discreción los defectos que con- 
tenga, los corregirá, y reduciéndola á un estilo aforístico, se- 
mejante al de Pinel en su Medicina Clínica, la conservará en 
su estudio. 

11.° Al fin de cada mes reunirá el Catedrático estas his- 
torias, deducirá cuales han sido las enfermedades que se han 
esperimentado, y la que entre ellas ha predominado, y si han 
influido ó no las cualidades sensibles de la atmósfera y las 
afecciones meteorológicas. 

12.° Concluido el año las resumirá con precisión y exac 



— 236 — 
titud, y íormará un cuaderno nosográfico de todas ellas, redu- 
ciendo las variedades á una especie particular, las especies á 
un género, los géneros á un orden y los diferentes órdenes á 
una clase general: designando al - mismo tiempo la temperatu- 
ra máxima, media é ínfima en cada mes y las enfermedades 
mas frecuentes en ellos. 

13.° Este resumen y las historias de cada año se archi- 
varán en la sala de enseñanza. 

14.° En la de enfermos habrá siempre alguno, si posible 
fuere, de aquellos efectos mas frecuentes y funestos en este 
pais, como las enfermedades del hígado y la fiebre amarilla 
ó vómito negro. 

15.° En las salas de enfermedades contagiosas como la 
tisis y los afectos venéreos, elegirá el Catedrático un enfermo 
y en ella misma lo hará observar á los discípulos. 

16.° Asistiéndose en este Hospital hombres solamente, 
y siendo necesario para egercer la Medicina instruirse tam- 
bién en las enfermedades de las mugeres y de los niños; con- 
cluida la clase por la mañana saldrán los alumnos á visitar los 
enfermos de este pueblo con el profesor que eligieren, procu- 
rando que sea de instrucción y crédito, dedicándose entonces 
especialmente á observar los afectos del sexo femenino y de 
la puericia. 

17.° Como la Fisiología y Patología que se enseña en 
las aulas de esta Universidad por Lázaro Eiverio, no propor- 
cionan los conocimientos previos y necesarios para aprender 
la Medicina práctica, podrá de algún modo suplirse ese defec- 
to, concurriendo los estudiantes de tercero y cuarto curso en 
las vacantes de 14 de marzo hasta igual dia de setiembre á la 
clase de anatomía que so establecerá en el mismo Hospital de 
San Ambrosio. 

18.° Al mismo tiempo que ese Catedrático impondrá á 
cada parte de nuestro cuerpo su nombre peculiar, y manifes- 
tará su figura y el lugar que ocupa, no le será difícil esplicar 
también su composición, sus conexiones, usos y funciones, y 
hasta los desórdenes que esperimentan en las enfermedades. 

19.° Y no permitiendo el escesivo calor del clima que 
en esos meses se disequen los cadáveres, continuarán asistien- 



— 237 — 
do á la misma clase de anatomía los dos años siguientes, des- 
pués de concluida por la tarde la observación de los enfermos 
en la sala de Clínica. 

20.° Cuando este preceptor juzgue conveniente disecar 
algún cadáver para manifestar á sus discípulos la causa de al- 
guna enfermedad ó los estragos que ha producido, lo propon- 
drá al Inspector del Hospital, y este prevendrá al Director 
anatómico que ejecute aquella operación. 

21.° Todo lo demás concerniente á esta enseñanza se 
arreglará á lo que se observa en el Real Estudio de Medicina 
práctica de Madrid. 

Habana etc. 



— 238 



ESTRACTO de los acuerdos celebrados en el pre- 
sente año por la Junta Central de Vacuna, y 
de una memoria presentada en ella sobre las 
funestas consecuencias provenidas de algunos 
errores que se han cometido en su inoculación, 
leido por su Secretario en juntas generales de 
la Sociedad Económica de esta ciudad, el 12 
de diciembre de 1818. (1) 



Cesó al fin la epidemia de viruelas que, difundida en los 
barrios estramuros desde el año de 1816, se comunicó á esta 
ciudad en los últimos meses del próximo pasado. Ya no se 
conmueve el corazón sensible al ver sufrir dolores muy acer- 
bos y la misma muerte, á la porción mas débil de la humani- 
dad; la que no pudiendo cuidar por si de su conservación y 
existencia, merece por tanto el amor mas solícito y compasi- 
vo. Sea cual fuere la causa de sus penas, la Junta Central de 
Vacuna, interesada eficazmente en evitarlas, y preservar esta 
isla de aquella horrorosa enfermedad, nada ha omitido para 
propagar por toda ella el antídoto mas poderoso, escitando la 
indolencia de unos, disipando las preocupaciones de otros 
contra esa operación nunca funesta, ilustrando á los profeso- 

(1) Memorias de la Sociedad Económica de la Habana, publicadas en 30 de 
abril de 1819. 



— 239 — 
res encargados de ejecutarla, manifestándoles las observacio- 
nes mas recientes, á fin de que rectificando su práctica, pro- 
duzca siempre ese virus benéfico los efectos mas saludables. 

Tales son los objetos que ha discutido esa sociedad filan- 
trópica en las sesiones celebradas en el presente año, presidi- 
das todas por el Escmo. Sr. Capitán General. Apurados ya los 
medios de persuadir y convencer, demostrada hasta la evi- 
dencia la sencillez y eficacia de la inoculación de la vacuna, 
propuso á su Escmo. Presidente los recursos indirectos que 
juzgó oportunos para escitar á una operación que tanto inte- 
resa ,á la salud pública, y que aun suponiéndola ineficaz, 
nunca es sensible ni gravosa. 

Tampoco protestará la omisión de algunos padres indo- 
lentes, que es difícil obtener ese beneficio. Una comisión de 
la misma junta concurre á las Casas capitulares todos los 
miércoles y sábados para dispensarlo generosamente á cuan- 
tos quieran recibirlo. En este año ha inoculado 20,177 perso- 
nas, remitiendo al mismo tiempo el virus vacuno en 1,134 
cristales á los pueblos interiores y muchos á ultramar. 

También ha proveido al barrio de Ntra. Sra. de Guada- 
lupe de un facultativo de inteligencia y celo, que ejecute en 
sus vecinos esa operación. El Dr. I). Francisco Sandoval ha 
empleado diferentes medios para hacerles conocer sus venta- 
jas; y aunque por el "Diario del Gobierno" anuncia el dia en 
que la ejecuta, solo la ha verificado en 383 niños. Este facul- 
tativo, deseando que los habitantes del pueblo de Ntra. Sra. de 
Reo-la participen de un bien tan importante, ofreció en el mes 
anterior vacunarlos un dia cada semana, y hasta la fecha ha 
comunicado ese virus á 20 de ellos. La Junta Central, en re- 
muneración á la eficacia y desinterés con que este profesor 
contribuye desde el año de 1807 á los progresos de la nueva 
inoculación, primero en el partido de Alquízar y después en 
los barrios estramuros, le ha dado un testimonio honorífico 
del aprecio y consideración que le merece, asignándole al pro- 
pio tiempo una pensión de sus fondos. 

El barrio de Jesús del Monte no carece de otro facultativo 
diputado por esta Junta para el mismo objeto. El Ldo. don 
Francisco de Ayala, después de inocular 211 personas de su 



— 240 — 
jurisdicción, traspasó loablemente los límites de ella, ejecu- 
tando lo mismo en 68 vecinos del Luyanó y 145 del partido 
del Calvario. 

En varios otros lugares residen también profesores comi- 
sionados al efecto, los cuales aun no me han instruido de sus 
operaciones en el presente año; y esceptuando tres, tampoco 
lo han verificado los demás secretarios de las doce juntas su- 
balternas establecidas en los pueblos mayores. Uno de aque- 
llos, el Dr. D. Benito Morales que ejerce dicho encargo en la 
ciudad de Santa María del Rosario, sin embargo de su eficacia 
ha inoculado solamente 60 personas. 

El Ldo. D. Andrés José de la Parra, secretario de la Jun- 
ta de la villa de Santa Clara, operando en un pueblo mas dó- 
cil, ó intimidado con los estragos que hacían las viruelas en 
los circunvecinos, ó auxiliado eficazmente por las Autorida- 
des, ha conseguido mayores ventajas. Reuniendo la Junta de 
aquella villa su alcalde presidente, luego que comprendió ha- 
ber llegado á ella un virueliento, lo hizo confinar á una legua 
de distancia privándolo de comunicación; ejecutó lo mismo 
con otros tres sin esceptuar sexo ni condición fijó cedulones 
anunciando el peligro y el medio mas seguro de precaverlo, 
y conminando á los que después de haber sido vacunados no 
volvían á suministrar el virus para otros. 

Entretanto, el profesor Parra auxiliado por el Ldo. D. José 
Manuel de Beitia inoculó en el recinto de esa población 1283 
personas, y proporcionando aquel eficaz antídoto á los facul- 
tativos D. Manuel Mendoza y D. Miguel Bolanger, el primero 
lo comunicó á 1023 vecinos y el segundo á 190 de diferentes 
lugares y haciendas, sin incluir en ellas la de San Miguel don- 
de recibieron ese beneficio 214. A unas providencias tan a- 
certadas y activas ha debido la villa de Santa Clara conservar- 
se impenetrable al contagio de las viruelas, rodeada por todas 
partes de otros pueblos que ha cubierto de lágrimas y luto. 

La ciudad de Puerto-Príncipe aunque no pudo preservar- 
se enteramente de esa calamidad, logró al menos redimir de 
ella 2178 personas, que vacunó con el mayor desinterés y 
constancia el Ldo. I). Pedro Nolasco Almanza, secretario de 
su Juuta subalterna. 



241 

Consta de lo espuesto, que en el presente año se han va- 
cunado en esta isla al menos 25,952 personas; y si de cada sie- 
te viruelientos perecía uno, según el cálculo del Dr. Jurin ra- 
tificado por Sauvages, resulta que nuestra población debe á la 
vacuna un aumento de 3707 individuos. 

No ha sido la Junta de Vacuna menos solícita en ilustrar 
á los profesores encargados de propagarla, comunicándoles las 
observaciones y anomalías que han ocurrido en la práctica de 
esa operación. Ellas acreditan, que sin embargo de su sen- 
cillez, exige para ejecutarse con acierto, mas teoría, mas re- 
glas y precauciones que aquellas que generalmente se han juz- 
gado bastantes. A la falta de esos conocimientos, deben atri- 
buirse algunos hechos que se han imputado á ineficacia del 
virus vacuno para precaver de las viruelas. 

Cuando ese contagio se propagaba por esta ciudad al 
principio del presente año, se citaban varias personas que ha- 
bían sido infestadas después de haber tenido el verdadero gra- 
no vacuno. El Secretario de la Junta Central juzgándose obli- 
gado á examinar esos casos en cumplimiento de sus deberes, y 
por su íntima convicción en favor de la vacuna, se asoció con 
el Dr. D. Andrés Terriles para proceder con mas exactitud, 
reconociendo simultáneamente los enfermos que se les pre- 
sentaban, comunicándose sus observaciones y discutiendo so- 
bre ellas. 

En una sesión celebrada por esa Junta en agoste último 
leyó una memoria esponiendo, que en consorcio de aquel fa- 
cultativo habían observado en el espacio de cuatro meses las 
viruelas naturales en catorce personas que conservaban cica- 
trices de verdaderos granos vacunos: caracterizada suficiente- 
mente aquella enfermedad por una fiebre aguda que en ningu- 
no de ellos duró menos de tres dias, con inquietud, sed insa- 
ciable, dolor gravativo de cabeza, rostro encendido, vigilia y 
algunos con delirio en la accesión de la calentura, remitiendo 
muy poco sin sudor alguno; hasta que en la declinación del 
tercero ó cuarto parasismo empezaba la erupción, siguiendo 
en el aumento y figura de las pústulas y en el carácter del 
humor que contenían, el mismo orden que la viruela natura!; 
sin otra diferencia que ser los períodos de supuración y dese- 

31 



242 
caciou mas cortos que los observados en las viruelas con- 
fluentes ó en las discretas muy numerosas; pues en estos casos 
dura la enfermedad hasta el dia, veinte y uno, y en aquellos 
cesó del décimo al duodécimo. 

Concurriendo otros sintonías, no es bastante esa diferen- 
cia para alterar la clasificación de este exantema. Sauvages 
(1) y Duplanil (2) observaron una variedad de viruelas 
naturales discretas que en el séptimo dia no presentaban su- 
puración alguna, y terminaban felizmente por resolución mu- 
chas veces sin fiebre sensible; muy diferentes de aquellas pús- 
tulas que desaparecen por retroceso del pus, y son siempre 
funestas; distinguiendo también estas viruelas de las llama- 
das volantes, varicela ó viroleta. Sydenham y Wan-swieten 
advirtieron la fiebre eruptiva variolosa sin verificarse la erup- 
ción, quedando no obstante esas personas preservadas de a- 
quel contagio. (3) El mismo comentador de Boerhaave con- 
viene con otros autores igualmente clásicos en que los perío- 
dos de esa enfermedad pueden ser cortos ó dilatados, y todos 
los síntomas malignos ó benignos, según el temperamento del 
enfermo, hábito de su cuerpo, edad, estado de sus humores, 
dieta, género de vida, tiempo del año, constitución epidémica 
y régimen que se observa en su curación. (4) 

Sin embargo, los observadores quizá no se habrían deci- 
dido á caracterizar por variolosas esas erupciones, á no haber- 
se presentado otro caso que reunió todos los síntomas de una 
viruela casi confluente. El Secretario habia vacunado el año 
de 1804 una niña su sobrina á los quince dias de nacida; para 
precaverla de una epidemia de viruelas que desolaba esta ciu- 
dad; dos circunstancias que le obligaron á proceder con el 
mayor cuidado. Resultóle un solo grano, pero tan perfecto 
que á los siete dias comunicó su pus á otros niños. Confiada 
ella y toda su familia en que estaba exenta de viruelas no te- 



(1) ÍTosolog. Metkod. class. 3 ord. 1 genr. 2 espec. 1. 

(2) Medeg. domestig par Buchan, traduid par Duplanil, tom 2, par 2. cap. 12' 
art. i. 

(3) Comment. aphor. 1387. 

(4) Comment. aphor. 1396. Cullen element. de Medie, pract tom. 2, cap, 1 
pág. 65. 



— 243 — 
mió esponerse á su contagio en diferentes epidemias. Mas el 9 
de mayo último fué acometida de una fiebre inflamatoria con 
todos los caracteres de eruptiva, sin esceptuar el delirio. El 
Ldo. D. Manuel Hernández que la asistía, no advirtiéndola 
remisión alguna al cabo de tres dias, concibió peligro y solíci- 
to al Secretario. Reconocieron la cicatriz del grano vacuno, 
y encontraron en ella todas las señales que imprime el verda- 
dero. No obstante, en la declinación del cuarto paroxismo se 
advirtió todo su cuerpo, principalmente el rostro, lleno de 
punticos encarnados, los que progresivamente crecieron y su- 
puraron observando todos los períodos y caracteres de la vi- 
ruela natural. La fiebre no intermitió hasta el dia once, del 
trece al catorce sucedió la desecación, y en el veinte y uno 
conservaba muchas postillas, dejando al desprenderse encar- 
nada la epidermis y algunas cicatrices. [1] 

Lejos de imputar este profesor un fenómeno tan estraor- 
dinario á ineficacia del virus vacuno, indicó cual debia ser su 
verdadera causa. Esta joven solo tuvo un grano vacuno, cuyo 
pus se estrajo al dia séptimo para inocular otras personas; y 
los facultativos del establecimiento nacional de la vacuna en 
Inglaterra habían observado repetidas veces, y hasta en un 
caso muy semejante al presente, que cuando esto se ejecuta- 
ba, el vacunado no quedaba exento del contagio varioloso: por 
lo cual convinieron en su informe de 25 de mayo de 1815 en 
que cuando resulte un grano únicamente, no debe punzarse, 
ni alterar su curso en manera alguna, conservándolo ileso 
hasta concluir todos sus períodos. (2) 

La razón, la esperiencia y el consentimiento de los mas cé- 
lebres vacunadores autorizan ese canon, añadiendo que el vi- 
rus vacuno, aun cuando resulten al inoculado muchas pústu- 
las, no debe estraerse de todas ellas hasta cumplido el dia oc- 
tavo de la inoculación. Es incontestable, que solo el primer 
humor de esos granos es capaz de producir otro verdadero; de 
suerte que estraido ese primer líquido, aunque prontamente 
vuelva á llenarse la vejiguilla, y se inocula algunapersona con 

(1) El Dr. D. José Bohorques reconoció esta joven en principio del presente 
mes, y aun conservaba algunas cicatrices y manchas rojas. 

(2) Diario del Gobierno de la Habana de 3 de abril de 1816. 



— 244 — 

el segundo pus, resulta siempre la falsa vacuna, y por consi- 
guiente queda espuesta á contraer las viruelas. 

Es también indudable que la disposición ó aptitud á re- 
cibir ese contagio no la destruye el virus vacuno, hasta que 
absorbiéndolo según se esplica el ilustre Jenner, ó por la sim- 
patía de todos los sistemas con la parte donde existe el grano, 
se afecta toda la constitución del individuo, lo que siempre 
sucede entre el dia octavo y noveno; estraido, pues, el pus va- 
cuno antes que se verifique esa alteración universal, el vacu- 
nado no queda exento del contagio varioloso. 

Hasta el dia séptimo de la inoculación, el contagio de ese 
virus está reconcentrado en el grano, constituyendo una en- 
fermedad particular, circunscripta al punto que ocupa. En nin- 
guna otra parte del cuerpo se advierte síntoma alguno que 
indique estar afectada por ese virus. Si se difundiera por to- 
da la constitución del vacunado luego que el grano empieza á 
desarrollarse, lo preservaría desde entonces de las viruelas. 
Kepetidos hechos atestados por los vacunadores mas célebres 
y observados por varios facultativos de esta ciudad prueban 
lo contrario. (1) 

«Del dia octavo al noveno, escribe Kedman Coxe, habien- 
» do llegado el grano á toda su perfección, empiezan á mani- 
«festarse los síntomas constitucionales; la indisposición es ge- 
neral y precedida de hinchazón y dolor en la pústula con la- 
» tidos hacia la axila, y á veces hasta la espalda; las glándulas 
«se hinchan y duelen, principalmente al mover el brazo; el 
» sistema corresponde con desfallecimiento, sopores, amarillez, 
«escalofríos, dolor de cabeza, en los ríñones y en la espalda, 
«dolor gravativo en los ojos, desgano, náuseas y aveces vómi- 
cos, pulso frecuente, sed y lengua crapulosa. No por esto ha 
«de suponerse que en cada paciente se reúnen todos estos sín- 
tomas; al contrario, es difícil en muchos casos descubrir al- 
aguno de ellos; mas por lo regular ocurre uno ú otro, y conti- 



(1) He visto posteriormente la Instrucción sobre la Vacuna, hecha por la Co- 
misión Central de Paris en sesión de 20 de junio de ISIS, y contiene lo siguiente. 
El grano vacuno no preserva de otras enfermedades durante su curso. Puede su- 
ceder que alguna persona contraiga las viruelas algún tiempo antes, y aun algunos 
dias después de la inoculación, etc. 



— 245 — 
»núan con mas ó méuos violencia, á ocasiones hasta ser pre- 
ciso recojerse una, dos y tres horas y aun algunos dias; hasta 
«que espontáneamente se desvanecen sin alguna mala conse- 

«cuencia Mas aunque estoy tan persuadido de la benig- 

«nidad de esta enfermedad, no soy del dictamen de aquellos 
«que tienen por indiferente la indisposición constitucional, pa- 
»ra la eñcacia permanente de la vacuna. Tengo por absoluta 
«verdad, que debe ocurrir alguna alteración en toda la máqui- 
»na, aunque sea muy leve, para que resulte el asombroso tras- 
» torno que vemos efectuado en la economía animal. Parece 
» del todo imposible, que una indisposición precisamente lo- 
«cal, sea bastante para producir efecto tan general.» (1) 

«La inoculación de la vacuna, dice Ailkin, no es capaz en 
«sus primeros grados de preservar al enfermo del contagio de 
«las viruelas. Cuando una persona inoculada con el virus va- 
«cuno recibe el contagio varioloso en el primero, cuarto ó 
«quinto dia de la inoculación, cada enfermedad progresa se- 
» paradamente.» (2) Por último, Moreau de la Sarthé, que com- 
piló las observaciones y teorías de los mas distinguidos vacu- 
nadores, se esplica en estos precisos términos: «Los diferentes 
«movimientos febriles que provienen de un mayor grado de 
«intensidad de la afección local, son distintos del movimiento 
«que hace en el sistema general, que es el que tiene la facul- 
«tad de libertar del contagio varioloso; y los ligeros accesos 
«de calentura, simple efecto de la irritación local, se diferen- 
«cian también de la calentura constitucional, por lo que se 
«pueden con razón colocar en la clase délos síntomas acciden- 
* tales.» (3) 

De aquí inferia el autor de la memoria que estracto, que 
cuando se toma el pus vacuno, ó involuntariamente se derra- 
ma ó se altera de cualquier modo el curso de ese grano antes 
del dia octavo, cuando todavía no se ha manifestado sensible- 
mente la alteración de todos los sistemas, e) sugeto vacunado 
no queda exento del contagio varioloso. 



(1) Pract. observat. ou vaccinat. p. 20 & 33. 

(2) Jenner, discov. chap. 2 g 5. 

(3) Tratado histórico y práctico de la vacuna, pág. 211. 



— 246 — 
La Junta Central, enterada de lo espuesto, y deseando 
rectificar aquellas observaciones, precaviendo cuanto pueda 
influir contra la opinión que generalmente ha merecido la 
vacuna; acordó en sesión celebrada el primero de agosto, que 
por el Diario del Gobierno se advierta á los profesores encar- 
gados de propagarla, que á los adultos hagan al menos cuatro 
incisiones á suficiente distancia una de otra, para que no se 
encuentren los granos ni tampoco las aureolas, aumentando 
las picaduras cuanto posible sea en los negros, á fin de que, 
permaneciendo ileso aunque sea un solo grano, se preserven 
de las viruelas que esperimentan con mas frecuencia que los 
otros vacunados, procediendo la repetición de esos casos de la 
incapacidad de ellos para cuidar de la conservación del grano 
vacuno; que á los niños hasta cumplido un año bastarán tres 
incisiones, una en cada pierna y otra en un brazo, procurando 
que en las hembras se ejecute en la parte superior, preca- 
viendo así queden visibles las cicatrices; y que en todos los 
inoculados, asi adultos como párvulos, se conserve alguna de 
las pústulas sin punzarla ni turbar en manera alguna el curso 
de sus períodos, para que, afectando toda la constitución del 
individuo, destruya la disposición á recibir el contagio vario- 
loso. Y á fin de comprobar la esposicion que motivó esta ac- 
ta, recomendó á los mismos facultativos que por medio de su 
Secretario, la comuniquen los casos en que hubieren observa- 
do las viruelas naturales en personas que hayan tenido el ver- 
dadero grano vacuno. 

En su consecuencia, varios facultativos le dirigieron sus ob- 
servaciones, ratificando casi todas las del Dr. Terriles y el Se- 
cretario de esta Junta; pero ninguna pareció tan circunstan- 
ciada como la del Dr. D. Antonio Machado. Después de refe- 
rir prolijamente la historia de una enfermedad exantemática, 
que por espacio de diez y seis dias asistió á una joven que con- 
servaba cicatrices de verdaderos granos vacunos, y con cuyo 
pus inoculó otras personas el Ldo. D. Luis Mesías, cita once 
profesores de acreditada inteligencia y práctica (1) habiendo 

(L) El Sr. Protomédico Regente, el segundo protomédico Dr. D. Lorenzo Her- 
nández, el doctor fiscal don José Antonio Bernal, los Dres. D. Pascual Morales, 
D. José Bohorques, D. Andrés Terriles, D. Pedro Andreu, D. Antonio Viera, don 
Simón de Hevia, D. Antonio Eduardo Castro y D. Pablo Marin. 



— 247 - 
reconocido repetidas veces á esa enferma en diferentes perío- 
dos, convinieron unánimes en que era variolosa aquella erup- 
ción, y el Secretario, que también la habia observado muy de- 
tenidamente, se adhirió á ellos. Sin embargo, otros tres facul- 
tativos fueron de contrario dictamen. (1) 



(1) Los Dres. D. Juan Pérez Carrillo y D. Marcos Sánchez Rubio y el Licen- 
ciado don José Gregorio Lesama; fundándose uno de ellos en que los granos no ha- 
bían dejado alguna cicatriz; y sosteniendo el otro que todas las postillas se habían 
desprendido antes del dia 13, siendo tan delgadas y tiernas que fácilmente las par- 
tió con unas tijeras. En cuanto á lo primero, la cicatriz no es un carácter esencial 
de las viruelas, sino mas bien un efecto de ellas cuando son confluentes. Si la cica- 
triz fuera un síntoma necesario de las viruelas, todos aquellos que las han padeci- 
do naturalmente ó por la antigua inoculación, conservarían tantas cicatrices cuan- 
tos fueron los granos que tuvieron. Lo contrario observamos, y en las mujeres espe- 
cialmente con dificultad se hallará una sola cicatriz de viruelas en la mayor parte 
de ellas. En cuanto á lo segundo, el Dr. D. Pascual Morales, estrañó haber encon- 
trado á la enferma con muchas postillas el dia 14; yo la vi al siguiente, y no eran 
pocas las que todavía conservaba, y el Dr. Machado, que concluye su historia el 16 
asegura que aun tenia algunas. Para que esas postillas no pudieran dividirse con 
unas tijeras peñas, era necesario que fueran tan gruesas y duras como los cuartos 
de Murcia. 



— 248 — 



ES TE ACTO de los acuerdos celebrados por la Co- 
misión del Gobierno encargada de proponerle 
los medios de fomentar la población blanca de 
esta isla, conforme a lo prevenido en la real 
Cédula de 21 de octubre de 1817, leído por 
su secretario D. Tomás Romay en juntas ge- 
nerales de la Sociedad Económica de esta ciu- 
dad el 11 de diciembre de 1818, con un es- 
tado que manifiesta los colonos nacionales y 
estranjeros que han entrado en esta ciudad ij 
en la de Matanzas , desde abril último hasta 
30 de noviembre de 1818. (1) 



La comisión de la Sociedad Económica encargada de 
proponerla los medios de fomentar la población blanca de es- 
ta isla, la recomendó como el primero y mas importante im- 
petrar de la Real munificencia las mismas gracias y privile- 
gios que dispensó con el propio objeto á la isla de Puerto-Ri- 
co. Elevados á los pies del trono los votos de esa corporocion, 



(1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, publicadas en 
31 de marzo de 1819. 



— 249 — 
esforzados por el Escmo. Ayuntamiento y real Consulado, y 
eficazmente recomendados por las primeras autoridades de 
esta isla, lejos de interrumpir sus tareas la espresada comi- 
sión, quedó autorizada para continuarlas, no dudando obte- 
ner del Soberano la resolución mas favorable. 

El éxito correspondió á sus esperanzas. La real cédula do 
21 de octubre de 1817 se admirará con eterna gratitud como 
el antemural mas inespugnable para resistir cualquiera agre- 
sión estraña, y conservar la tranquilidad interior, y como un 
cauce fecundo de opulencia y prosperidad. La beneficencia 
del monarca, escediendo á nuestras preces, no solo se dignó 
concedernos cuanto le pedimos, sino también otras exencio- 
nes y franquicias que no mereció la isla de Puerto-Rico. 

Recibido y acatado ese soberano rescripto por el escelen- 
tísimo señor Capitán general y el Sr. Intendente de ejército 
Superintendente general de real hacienda encargados de su 
exacto cumplimiento, lo comunicaron á las autoridades y cor- 
poraciones de esta isla, y al ministerio de S. M. en los Esta- 
dos-Unidos, imprimiéndose un número competente de ejem- 
plares en el idioma original, en inglés y francés, para que cir- 
culando por todas partes, de todas ellas vengan á este país 
colonos nacionales y de las potencias amigas labradores ó ar- 
tesanos católicos romanos y de buenas costumbres. 

Los mismos jefes, en uso de las facultades que seles con- 
ceden en la citada real cédula para nombrar tres vecinos res- 
petables que les propongan y faciliten la ejecución de cuanto 
en ella se previene, ratificaron la elección hecha por el Cuer- 
po Patriótico, recomendando á los mismos individuos que 
perfeccionaran los útiles trabajos que habian empezado, y em- 
prendieran la formación de un plan que abrazara todos los de- 
signios de aquella soberana disposición (1). 

Ya habia previsto la Comisión que era de la mayor im- 
portancia suministrar á los nuevos colonos al menos los ausi- 

(1) Loa señores brigadier D. José Ricardo O-Farrill, coronel D. Juan Montal- 
vo, D. Andrés de Jáuregui, y secretario D. Tomás Romay, asistiendo también á las 
sesiones D. Antonio del Valle Hernández por los conocimientos que tiene en la 
ii. Posteriormente se nombraron sustitutos para suplir en sus ausenciasó en- 
fermedades al señor coronel D. Juan O-Farrill, al teniente de regidor D. Rafael 
González y D. José María Peñalver, secretario de la Sociedad. 

32 



— 250 — 
líos de hospitalidad, mientras ellos proporcionaban su esta- 
blecimiento. La ocurrieron varios arbitrios para satisfacer una 
necesidad tan urgente, discurrió detenidamente sobre ellos; 
pero ninguno encontró que con tanta prontitud proporcionara 
un fondo capaz de cumplir esos sagrados deberes, ni tan fun- 
dado en razones de pública utilidad y conveniencia, como la 
exacción de seis pesos por cada negro varón que se introduz- 
ca del África por cualquier puerto de esta isla, esceptuando á 
las hembras no solo de esa pensión, sino también de todos los 
derechos municipales, menos el de tonelada por no admitir 
división de personas, y el de vacuna por el beneficio que ellas 
mismas y la población reciben. De este modo se estimula á la 
introducción de negras, cuyo número es tan inferior al de va- 
rones, y contribuyen estos á fomentar la población blanca. 
Aprobado este arbitrio por los espresados jefes, dispusieron 
interinamente su cumplimiento, y S. M. se dignó aprobarlo, 
é igualmente los acuerdos de esta comisión celebrados hasta 
el 27 de abril último, por real orden de 4 de agosto comunica- 
da al Sr. Intendente de ejército. (1) 

Al mismo tiempo, convencida la comisión de la genero- 
sidad con que estos vecinos contribuyen al bien público y á 
satisfacer los deberes de la humanidad, recomendó á sus auto- 
ridades comitentes, que por una circular propusiesen á los ha- 
cendados que admitieran en sus fincas por dos meses algunos 
colonos indigentes ó que ofrecieran los auxilios que estimasen 
menos gravosos. Así se verificó, y en pocos dias se formó una 
su8cricion de 14,523 pesos 4 reales. Con aprobación del go- 
bierno se nombró depositario de esos fondos al Sr. D. Próspe- 
ro Amador García, quien deberá administrarlos conforme al 
reglamento que se le ha prescrito. Muchos otros propietarios 
se comprometieron á recibir en sus fundos no solo algunos 
individuos, sino también familias numerosas, suministrándo- 
las en el espresado tiempo los socorros necesarios; y algunos 
cedieron varios terrenos en absoluto dominio y propiedad. 

(1) El rey de Portugal y del Brasil, en el artículo i", del Albalá de 25 de abril 
último, establece el derecbo adicional de 9,600 reis, que son 12 pesos 2 reales de 
nuestra moneda por cada esclavo que se introduzca en sus dominios y pase de tres 
años sin escepcion de sexo; destinando los 600 reis á gastos de la policía interna, y 
los 9,000 para ausiliar á loa colonos blancos que se establezcan en el Brasil. 



— 251 — 
Los colonos nacionales y estranjeros, labradores ó artesa- 
nos que en adelante lleguen, ó que estando ya en esta ciudad 
y sus barrios quisieren establecerse en los campos, y no pu- 
dieren sor admitidos por los hacendados, serán socorridos con 
tres reales diarios por el tiempo de dos meses si fueren viu- 
dos ó solteros ó padres de familias, y con la mitad cada uno 
de sus hijos. Si alguno de ellos eufermare en esta ciudad, los 
varones tendrán en el hospital de San Juan de Dios la mejor 
asistencia en una sala muy cómoda destinada al efecto, satis- 
faciéndose por los fondos de la Comisión las Dietas que cau- 
saren, y las mujeres se curarán eu el hospital de San Fran- 
cisco de Paula, dispensándolas de toda erogación el ilustrísi- 
simo Sr. Obispo Diocesano, protector de ese establecimiento. 
Conviene á la salud de los mismos colonos y á la policía 
de esta ciudad que no permanezcan en ella vagando por sus 
calles, se ha proyectado establecer en la villa de Guanabacoa 
una hospedería, donde inmediatamente serán transportados, 
si posible fuere, desde el mismo buque que los conduce. Allí 
encontrarán alojamiento, alimeuto y la asistencia que necesi- 
ten si enfermaren en el tiempo de dos meses, debiendo entre 
tanto proporcionarse algún destino. Mientras se realiza este 
proyecto, pasarán por igual tiempo á la propia villa, ó á la de 
Güines, á la ciudad de Matanzas ó al pueblo de Guanajay, 
donde les proporcionarán' los mismos socorros varios vecinos 
propuestos al Gobierno por esta Comisión, pagándoles el ba- 
gage á razón de un peso por legua á los adultos y la mitad á 
los párvulos. Los espresados auxilios se concederán por espa- 
cio de cuatro años, contados desde el mes de mayo del pre- 
sente. 

Y habiendo comprendido la Comisión que en los Esta- 
dos-Unidos existen algunos artesanos indigentes que se tras- 
ladarían á esta isla si se les pagara el pasage, ha suplica- 
do al ministro de S. M. en esas provincias, por medio del 
Sr. Intendente de Ejército, que se sirva conceder pasaporte á 
cien de los oficios mas necesarios, y en quienes concurran las 
circunstancias prevenidas en la real cédula de población, ase- 
gurándoles que no solo se les satisfará el flete si se establecen 
en esta ciudad, sino también se concederán las demás asisten- 



-* 252 — 
cías designadas para alimento y bagage á los que quieran 
trasladarse á los pueblos interiores. 

A fin de facilitarles estas diligencias, se eligieron vecinos 
antiguos y de conocida probidad y buen nombre que ejerzan 
los oficios de patronos y protectores con los individuos de ca- 
da nación. Se dirigirán á ellos luego que lleguen á este puer- 
to, y calificando su catolicismo, buenas costumbres, ejercicio ó 
profesión, el capital que conduzcan ó su insolvencia, los pre- 
sentarán al Gobierno para obtener el pasaporte si fueren es- 
pañoles, ó la carta de domicilio si estrangeros, prestando pre- 
viamente el juramento prevenido en el artículo 2 de la citada 
real cédula, sin exigirles derecho alguno por esos documen- 
tos. Con ellos y el informe del patrono ocurrirán al presiden- 
te de la comisión para concederles las asistencias ofrecidas si 
las necesitaren, y filiarlos el Secretario en el libro de matrí- 
culas. 

Si algún colono introdujere bienes ó caudales para gozar de 
la gracia concedida en el artículo 5o de dicha real cédula, de- 
berá el Patrono presentar en la real aduana un manifiesto de 
ellos; y escediendo de dos mil pesos, quedará sujeto á los re- 
quisitos que se exijan por la real Hacienda para justificar su 
legítima propiedad, en precaución de los abusos que pudieran 
cometerse. 

En la provincia de Cuba, en Matanzas, en Trinidad y los 
cuatro lugares procederán sus jefes por delegación de estas 
primeras autoridades, conforme á las reglas prescriptas en to- 
do lo adaptable, nombrando una comisiony patronos semejan- 
tes, y dando cuenta á este superior gobierno de las cartas de 
domicilio que fueren expidiendo. 

Pero las de naturaleza solo las concederán en la provin- 
cia de la Habana el Escmo. Sr. Capitán general de la isla, go- 
bernador de esta plaza, y el Sr. Intendente de Ejército supe- 
rintendente general de real Hacienda; y en la de Cuba los se- 
ñores gobernador é Intendente de esa provincia. Para mere- 
cerla deberán residir los colonos en esta isla cinco años conti- 
nuos bajo la protección y vigilancia de los patronos en cuanto 
fuere posible, los cuales informarán al gobierno si han acre- 
ditado su religión, moralidad, obediencia á las leyes, fidelidad 



— 253 — 
al Soberano, y cuanto mas se previene en los artículos 24 y 27 
de la espresada real cédula. 

Previniendo en ella S. M. que se fomente la población en 
la parte Oriental de esta isla, y convencido su gobierno de las 
imperiosas y urgentes circunstancias que lo exíjen ha reco- 
mendado eñcazmente á la comisión, que penetrándose de la 
importancia de esta medida, dedique á ella con preferencia su 
interés y celo. La comisión deplora la emigración de algunos 
millares de estranjeros lanzados por un error político de la 
posición mas ventajosa. Arrasados sus ojos mira yermos y 
agostados aquellos campos cubiertos poco antes con las pro- 
ducciones mas apreciables de este suelo. Al Sud y Norte des- 
cubre en sus costas radas accesibles y puertos anchurosos. Fi- 
ja siempre su vista en punta do Maisí, provee cuanto puede 
atentar la ferocidad, la ambición y el orgullo; y convencida ín- 
timamente de la necesidad de oponer un dique que reprima 
ese torrente de calamidades, no encuentra otro tan insupera- 
ble como aumentar la población blanca en Baracoa, Ñipe, 
Guantánamo, G-ivara, Jágua y Nuevitas. 

Este último puerto aunque menos capaz que algunos otros 
y mas distante del Cabo Oriental, ha merecido poblarse con 
preferencia por las circunstancias que reúne. Servirá de único 
asilo á los buques que navegan desde Baracoa á San Juan de 
los Remedios, facilitará el tráfico de cabotage, y la comunica- 
ción con los pueblos interiores, principalmente con la ciudad 
de Puerto-Príncipe, donde reside la real audiencia del distri- 
to, y cuyos vecinos han manifestado con sus ofertas y donati- 
vos el mas eficaz y generoso interés en su fomento, distin- 
guiéndose entre ellos el presbítero D. Agustín Cisneros, que 
ha cedido con ese objeto una legua de tierra donde debe fun- 
darse el pueblo. 

Para que se verifique á la mayor brevedad, el escelentísi- 
simo señor Capitán general y el señor Intendente de ejército 
comisionaron con especial encargo al Sr. D. Joaquín Bernar- 
do Campuzano, regente de esta real audiencia, esperando de 
sus conocimientos y amor al real servicio y bien público, que 
pondrá en esa empresa toda la eficacia posible, sin perjuicio 
de las atenciones de su ministerio. 



— 254 — 

Al efecto convinieron en el plan que debia observar, y 
acordándose en lo necesario con el Ayuntamiento de dicha 
ciudad y sus vecinos principales, con un oficial del real Cuer- 
po de Ingenieros, un arquitecto y agrimensor proceda á des- 
montar el terreno, elegir el sitio mas conveniente para esta- 
blecer la nueva población, con respecto á su futura estension 
y á todas las reglas de policia, salubridad y ornato, levantando 
un plan formal de toda ella, y separadamente de los edificios 
públicos y de la fortificación que debe defenderla , abriéndose 
al mismo tiempo un camino que facilite una comunicación de 
ese pueblo con aquella ciudad, para cuyas obras se destinan el 
fondo de suscricion y algunos arbitrios municipales. 

También fué autorizado el señor Regente para conceder 
carta de domicilio á los estranjeros que allí se establezcan, 
arreglándose á los artículos 13 y 14 de la real Cédula, y á lo 
prevenido por este superior gobierno á los jetes subalternos 
de la isla. Y á fin de atraer aquellos colonos, y con preferen- 
cia á los españoles europeos ó del país, podrá repartir entre 
los labradores indigentes bajo reglas y condiciones equitativas 
y ventajosas al cultivador, no solo las tierras ya cedidas, sino 
otras que se presumen realengas en las inmediaciones de 
aquellas sobre cuya aclaración trabaja ya S. S. con la mayor 
eficacia. 

Los víveres y provisiones, y los instrumentos y máquinas 
de agricultura ó industria que se introduzcan por el puerto de 
Nuevitas y se destinen á sus pobladores, se lian dispensado de 
todo derecho por el tiempo de dos años, contados desde que 
se verifique la primera expedición de esa clase. Y en cuanto 
á los demás efectos y mercancías, que sean para uso y consu- 
mo de los mismos colonos, gozarán de la gracia concedida á 
los de Baracoa por real orden de 13 de diciembre de 1816. 

A fin de acelerar los progresos de esa población, se ha 
dispuesto por las mismas autoridades; á propuesta de la comi- 
sión, que sean trasladadas á ese lugar trescientas familias de 
españoles canarios y de otras provincias, que residen en la 
Nueva-Orleans hace mas de cuarenta años, conservando en 
todo ese tiempo su religión, idioma, usos y costumbres, sin 
mezclarse de modo alguno con las naciones que han poseído 



— 255 — 
esas provincias, ejercitándose únicamente en la agricultura. 
Y deseando continuar en el mismo ejercicio bajo el paternal 
gobierno de su legítimo soberano, han resuelto abandonar las 
propiedades que allí poseen y emigrar á esta isla, siempre que 
en ella se les compensen. 

La comisión, oyendo con el mayor agrado e3a proposición, 
y conociendo las ventajas que adquirirá este país con un 
aumento tan considerable de agrícolas nacionales y aclimata- 
dos, no solo ña convenido en darles tierras equivalentes en 
Nuevitas, sino también costearles el rancho y pasaje hasta ese 
puerto, y conceder á los indigentes las demás asistencias ofre- 
cidas. Han llegado ya algunas de esas familias, calificadas sus 
circunstancias por el Cónsul de S. M. en aquella provincia y 
otros dos españoles comisionados por este gobierno. Con ellos 
y varios otros colonos nacionales y estranjeros se ha dado 
principios á esa nueva población bajo los auspicios mas favo- 
rables, debiendo esperarse de la inteligencia y actividad del 
Sr. Regente, del patriotismo y generosidad de los vecinos de 
Puerto-Príncipe, y de los recursos que ofrece este suelo al 
hombre laborioso, que el pueblo de San Fernando de Nue- 
vitas será muy pronto uno de los mas hermosos y arregla- 
dos de esta isla. 

Pero nunca llenará el vacío que encuentra la comisión, 
ni podrá satisfacer los objetos que ha previsto. Hacia el Occi- 
dente descubre los famosos puertos del Mariel, Bahía-honda 
y Cabanas; se complace al ver sus campiñas y hasta las mis- 
mas riberas del mar cubiertas con los frutos mas preciosos; 
calcula el valor de los edificios y esclavos que exijen esas fin- 
cas, y se convence de que si las bahías de la parte Oriental 
por incultas y yermas facilitan una irrupción, estas por las ri- 
quezas que presentan escitan la rapacidad doméstica y estraña. 

La seguridad de esos fundos y de todo el país, la facilidad 
ele estraer sus frutos por mar, la utilidad que resultaría á los 
propietarios de terrenos incultos vendiéndolos ó repartiéndo- 
los á hombres industriosos que los hagan productivos, y las 
adquisiciones que en todo género conseguiría el estado con 
esa cultura; todo pide imperiosamente que se pueblen esos 
puertos y bahías. 



— 256 — 

Para conseguirlo, son muy iueficaces los socorros ofreci- 
dos hasta ahora á los nuevos colonos; es de toda necesidad 
bridarles al menos lo mismo que se les concede en los Esta- 
dos-Unidos, en el Brasil, en Rusia y en todos los países que 
se quieren poblar; tierras que posean en absoluta propiedad, 
ó con un canon muy moderado. Creyéndolo así la comisión, 
ha tratado comprar varios terrenos; ha suplicado á S. M. con 
especial recomendación del Sr. Superintendente de Real ha- 
cienda les ceda las tierras que pertenezcan á la real Factoría 
de tabacos, y no estén cultivadas con esta planta; ha tomado 
en consideración los perjuicios que resultan á la agricultura, 
á la crianza y á los mismos condueños délas haciendas que 
en lo interior de la isla se poseen en comunidad, á fin de fa- 
cilitarles que puedan dividirse y enagenarlas ó cultivarlas; y 
por último, si la abolición de la doble alcabala en la venta de 
tierras á censo reservativo, y la exención hasta de este solo 
derecho en las enagenaciones ó repartimientos que se hagan 
á mas de 25 leguas de esta ciudad, concedida por real orden 
de 22 de febrero del presente año; si la plena y absoluta li- 
bertad declarada en la real cédula de 30 de mayo de 1815 á 
los dueños de terrenos montuosos de esta isla para hacer de 
ellos lo que mas les acomode sin sugecion á las antiguas leyes 
y ordenanzas; y si la esposicion de esta soberana resolución he- 
cha en 27 de noviembre de 1816 por la Junta superior directi- 
va de Real Hacienda, ratificando los títulos de las anticuas 
mercedes y ampliando á sus poseedores la facultad de ena°-e- 
nar esas haciendas, dividirlas ó cultivarlas; si todas estas ora- 
cias no fueren bastantes para estimularlos, ni tampoco la con- 
minación de privar de esos terrenos á los que en el término 
prescrito no los labraren ó repartieren ó enagenaren; la Co- 
misión entonces propondrá al gobierno cuanto estime conve- 
niente para que el bien público, la utilidad y conveniencia 
procomunal, la conservación y prosperidad de esta isla, pre- 
valezca contra el interés personal, ó mas bien contra las preo- 
cupaciones de la educación y del hábito. 

De otra suerte quedarían sin efecto los votos de las cor- 
poraciones de esta ciudad y de sus vecinos mas respetables, y 
los privilegios y exenciones que accediendo á ellos se dignó 



— 257 — 
prodigar S. M. con mano munífica para atraer colonos á es- 
te país. Ineficaces también serian los estímulos con que ha 
procurado escitar al fomento del azúcar, café, algodón, añil y 
tabaco, si permanecen monopolizados los terrenos que deben 
emplearse en tan útiles culturas. 

Sin embargo, confiada firmemente la Comisión en que 
dispondrá muy pronto de algunos terrenos realengos ó de 
otros que adquirirá con sus fondos, ha formado un plan para 
repartirlos, tan ventajoso á los capitales que se le han confia- 
do, como á los colonos que los soliciten. Los concederá no so- 
lo á los que ahora lleguen, sino también á los naturales del 
país; y considerándolos como verdaderos colonos, ha suplicado 
á S. M. exima de diezmo y reales derechos por quince años á 
los que hagan nuevos rompimientos en tierras montuosas, ó 
establezcan nuevas culturas en las yermas y eriales; que unos 
y otros sean dispensados de la alcabala por cinco años en las 
reventas que hagan de esas posesiones estén ó no concluidas; 
y que las gracias concedidas al azúcar, café, algodón, añil y 
tabaco, sean estensivas á cualquiera cultura que emprendan 
en nuevos terrenos los labradores pobres. 

Al mismo tiempo que la comisión, sin perder de vista la 
letra y el espíritu de la real Cédula cuya ejecución se le ha 
confiado, procura aumentar la población blanca de esta isla 
atrayéndola de los países mas lejanos; se ha conservado infle- 
xible con algunos capitalistas de las colonias vecinas que han 
pretendido introducir sus domésticos rurales, para fomentar 
con ellos otros fundos. Ha querido mas bien privar á esta isla 
de aquellos colonos, de la riqueza que conducían, y de la que 
aumentándose con su industria, redundaría en nuestro en- 
grandecimiento, que infringir una ley dictada principalmente 
para conservar el orden y tranquilidad anterior. 

Con ese objeto, tan necesario como la defensa exterior, 
ha presentado á las autoridades que la han constituido un plan 
muy meditado para mejorar la policía de los campos, y el go- 
bierno civil y militar en la vasta jurisdicción de esta capital. 
La administración de justicia, la autoridad de los magistrados 
y las providencias mas importantes del primer jefe de la isla, 
se enervan con la distancia ó por la ineptitud de algunos mi- 

33 



— 258 — 
nistros subalternos encargados de ejecutarlas, ó por carecer 
de facultades para hacerlas respetar. El aumento de población 
en los campos después que se establecieron los jueces pedá- 
neos, y el que progresivamente adquirirá con los nuevos co- 
lonos nacionales y estranjeros que se radiquen en ellos; las 
ocurrencias que acontecerán por sus diferentes idiomas, usos 
y costumbres; el cumplimiento de lo prevenido en el artículo 
11 de la real cédula de población; los capitales invertidos en 
muchas fincas; las depredaciones que se han cometido en ellas, 
y que ya repiten los piratas; la ocupación de la Nueva-Orleans 
por una potencia marítima y emprendedora; el padrón formi- 
doloso que se eleva hacia el Oriente; todo exige un nuevo 
sistema de gobierno en los campos y en sus pueblos. 

La Comisión nada ha omitido para desempeñar el hon- 
roso pero vastísimo encargo que se le ha confiado. Su amoral 
real servicio y al bien público, su celo por la conservación y 
prosperidad de este país, sus tareas y discusiones habían sido 
muchas veces ineficaces, si el Sr. intendente de ejército don 
Alejandro Ramírez, concurriendo constantemente á todas sus 
sesiones, no la hubiera ilustrado con sus conocimientos y 
práctica en este propio asunto, facilitándola al mismo tiempo 
con sus facultades, su fidelidad y patriotismo, lo que proyecta- 
ba y proponía. Habana y noviembre 30 de 1818. 









— 259 - 












Anglo-americanos .... 


il 

lo 

ja co 


í 

Q 

H 



H 
? 






wi : ; ¡ ¡ ¡ to 

tO . MM 313 

oí : h-: : : o* : MüiWhKo^í'^ 


Agricultores. 






OS I ; • • to to 


Carpinteros. 






mi ; ; ¡ ; ; : : • 


Albañiles. 






«el; í : r : : ; : : >-> t-¡ *- o*'. 


Toneleros. 






o I : : : : : o : m : : : : h : 


Pulperos. 






iss 1 :::::::::::: to : 


Arquitectos. 






^ 1 ::::::::::: ^ : : 


, Picapedreros. 






oo I : : : : : t-¡ : : um: : to : 


Comerciantes. 






w 1 : : : : : 


: : : : m : m : 


Curtidores. 




H 


u. l : : t-< : : 


: i : : : : ** : 


Plateros. 




» 

g 
& 


w 1 .:' : : : : 


: : m m '. : '. '• 


Ebanistas. 




o \ '.'.:: : 


: : i-* w : : co : 


Zapateros. 




«i 1 : : : : : 


: i-> : : ; : *>. : 


Faroleros. 




CO 


h 1 : ! : ¡ h 




Escultores. 






m i : : : : : 


'.:>-''.'.'.'.'. 


Torneros. 




CD 


co 1 : : : : : 


'. y-' *■* i- 1 >-■ >-• co : 


Herreros. 




P 


te 1 : : : : : 


: : m! : : i-> : 


Panaderos. 




Resú 

ovie" 


^ I : : : : : i-i : : to : : : i-* : 


Destiladores. 




^ 1 : : : : : 


: : : : : hw: 


Pintores. 




B B 

<o CU? 

í^ D 

O fí> 

H 

}-í P 


t- 1 : : : : i 


: : i : : i m: 


Talabarteros. 




H» 1 I * • • • 


:::::: m: 


Jaboneros. 




-* 1 i ! ! : ¡ 


: to : to m >-• : : 


Marineros. 




co 1 : : : : : 


:::::: co : 


Relojeros. 




>p* \ ':':':': : 


io to : : : : : : 


Caldereros. 




de t 
318.- 


t» 1 : : : t : 


:::::: co : 


Sombrereros. 




bo 1 :.::.:: m : : : : : • h»; 


Químicos. 




1 t 


m 1 : ¡ ¡ ¡ ¡ ! i : ! ¡ : : h¡ 


Fundidores. 






m| : : ¡ : ¡ i ¡ : : : ! ¡ h! 


In^resores. 




ndivi 

mas 


i— ■ I : : : : : i— ■: : ►-"►-': m es h- • 


Méd. y cirujan. 




co I :::::::::: m : to : 


Sastres. 




fe 

o 

1 


O 
y. 


Mugeres de todas 

Hijos de familia 
de todas nacio- 

Suma todo.... 






t 


_ -J iyi 


i 





g 





H 


<-t- 


> 


p 


tí 


o 


O 


I-". 




p 


►o 


p- 


P" 


p 


o 


o- 






u 


■<! 


p 


o 


p 


P 


P> 




<p 


t— 1 

p 


03 


p 


P 


o 


►— ' 




O 


g 


(A 


p 


O 


<-+ 


O 


p 
P 

N 


o 


P 


o 


P 


p 


rr> 


p 


ro 


o 


P- 
o 


o 

p 


BO 


p 


o- 






CQ 




*<1 


& 


<T> 


c-K 


CO 


o 


p 



p" 




p 


*-t 


Cfl 


O 


rt 


CO 


P 




»— i 
P 


P 




o 


Hh 




O 


P - 


o 


p 


p" 


p 


p 




" 


o 


p> 


p 




c+ 


en 


•-1 


P 


P 


O 1 


P- 


o 


O 


H 




. . 


o 




p 




o 




CQ 



260 



DICTAMEN del Dr. D. Tomas Romay, médico de 
la real Familia, sobre las indagaciones acerca de 
las funciones que ejercen el bazo, el hígado, el 
panchreas y la glándula thiroides, por Benja- 
min Rush, socio de la academia de Pensüvania, 
y catedrático de clinica, traducidas por el Dr. 
D. Florencio Pérez Comoto, de la real Sociedad 
Patriótica de la Habana, consultor de la de Gua- 
temala &c. c#c; remitido por su autor al mismo 
ilustre Cuerpo de esta ciudad. (1) 



Señor Director: 

Las indagaciones acerca de las funciones que ejercen el 
bazo, el hígado, el panchreas y la glándula thiroides, escritas 
por Benjamin Rusch, y traducidas al castellano por el Dr. D. 
Florencio Pérez Comoto, que se sirvió V. S. confiar á mi exa- 
men para que le informase, si las juzgaba dignas de imprimir- 
se en las Memorias de nuestra Sociedad; contienen hechos 
atestados por varios fisiologistas y algunas opiniones oriji- 
nales. 

Careció siempre de fundamento el error de aquellos que 

(1) Memorias de la Real Sooiedad Económica de la Habana, publicadas en 31 
de Agosto de 1819, 



— 261 — 
miraron el bazo como una entraña de poca utilidad y de nin- 
guna influencia activa en la economía animal. Mas bien ha 
prevalecido la opinión contraria, concediéndole, no solo las 
cuatro funciones que supone el Dr. Rush, sino también algu- 
nas otras. Hipócrates le atribuyó la virtud de atraer del estó- 
mago y de las venas toda la linfa superabundante para trasmi- 
tirla á los riñones. La escuela de Galeno estableció en el bazo 
la secreción de un humor ácido que comunicaba al estómago 
para facilitar la digestión de los alimentos. Mas general ha 
sido el dictamen de aquellos que le concedieron la propia ac- 
ción sobre un líquido amargo que estraia de la sangre, y lla- 
maban melancolía ó atrabilis. No ha faltado quien juzgara á ese 
órgano destinado á disolver la sangre, atenuarla y hacerla mas 
líquida. 

Dúmas, después de impugnar esas opiniones, y la segun- 
da y cuarta que refiere el Dr. Rush, despreciando otras por 
demasiado inverosímiles, concibe en esa entraña dos funciones 
las mas naturales, y mas conformes á su estructura y á las ob- 
servaciones de los fisiólogos y de los médicos. La primera es 
alterar, preparar y modificar la sangre que recibe la artería es- 
plénica, para que, comunicada al hígado por la vena porta 
ejecute la secreción de la bilis. El bazo no es otra cosa en es- 
ta operación que un órgano preparador donde adquiere la 
sangre ciertas cualidades que la disponen á formar el humor 
que perfecciona el hígado. 

Siendo tan íntima la conexión entre estas dos visceras, y 
estando tan generalmente admitida su recíproca influencia, 
no puedo menos de estrañar que reconociendo el Dr. Rush esa 
simpatía, y numerando entre las enfermedades que resultan 
por la pérdida del bazo el aumento del hígado y de la secreción 
de la saliva, de la orina y otras afecciones menos temibles y 
mucho menos comprobadas por las observaciones, omita la 
primera de todas ellas y la que se advierte inmediatamente, 
tal es la alteración en las cualidades de la bilis, resultando 
después de la estirpacion del bazo mas espesa, viscosa y pálida. 

Para que el bazo pueda ejercer aquella función, Dúmas 
le supone otra, aunque no tan generalmente reconocida, pero 
sí muy fundada en hechos y razones, y aun en la respetable 



— 262 — 
autoridad de Boerhaave. Consiste en recibir del estómago lo 
supérfluo de los jugos gástricos después de hecha la digestión, 
resultando de aquí que el bazo es un reservatorio de esos lí- 
quidos, como lo es la vegiga de la hiél segregada en el híga- 
do. Esta comunicación entre el bazo y el estómago puede ve- 
rificarse ó por el intermedio de los bazos breves, ó por la con- 
tinguidad de sus superficies. Los bazos breves se dirigen del 
estómago al bazo, y nada se opone á que la sangre que por 
ellos corre se impregne de las moléculas de aquellos líquidos. 
Al mismo tiempo las membranas del bazo constan de infinitos 
poros, por los cuales pueden penetrar libremente los jugos 
gástricos. Estos se han encontrado así en los bazos breves, co- 
mo en el mismo bazo, muy semejantes á los que se contienen 
en el estómago, y se arrojan por vómitos. Mezclándose esos 
líquidos en el bazo con la sangre que recibe de la arteria es- 
plénica, la preparan y disponen para que el hígado pueda se- 
gregar la bilis. 

La hipótesis que establece como original el Dr. Rusch, no 
carece de probabilidad en las doctrinas de otros fisiólogos. 
Richerand, al contemplar la inacción del bazo, su parenchi- 
ma espongiofo y la lentitud con que circula la sangre por sus 
pequeños y tortuosos bazos, no dudó confesar que su estruc- 
tura propendía á detener y estancar ese líquido. Otros le han 
mirado como un órgano musculoso capaz de contraerse y en- 
sancharse, no solo por la compresión del estómago, sino tam- 
bién al tiempo de correr ó ejecutar cualquiera ejercicio vio- 
lento. Finalmente, Dúmas atesta que la sangre forma una par- 
te especial y constitutiva del bazo, que penetra con abundan- 
cia en su tejido poroso y laxo donde permanece y se fija como 
uno de sus elementos y como base de su organización y de su 
sustancia, escediendo tanto ese líquido en esta viscera, como 
el albumen en el cerebro, la gelatina en las membranas mu- 
cosas, la fibrina en los músculos y el phosphate calcáreo en 
los huesos. 

Que además de la secreción de la bilis ejerza el hígado en 
la economía animal otra función no menos importante, no lo 
dudan algunos de los fisiólogos modernos, al encontrar esa 
viscera en casi todos los animales, al considerar su magnitud, 



— 263 — 
la antelación con que 8e forma y desarrolla respecto de otros 
órganos, y las diferentes partes de que consta. Se ha dicho en 
estos dias, que el hígado suple á los pulmones convirtiendo en 
roja la sangre negra del sistema- abdominal, privándola del 
hidrógeno y del carbón. El célebre Bichat, aunque no concibe 
como puede ejecutarse esa operación, conviene, no obstante, 
en que el uso desconocido que tiene el hígado después de la 
secreción de la bilis, es de los mas importantes, y que la in- 
dagación de este uso es uno de los puntos mas dignos de fijar 
la atención de los fisiologistas. 

Que sea esta función la que indica el JL>r. Rush, yo no me 
atrevo á decidirlo, tíus pruebas, aunque ingeniosas, necesitan 
todavía rectificarse con ulteriores observaciones. Las opiniones 
mas generalmente recibidas en la fisiología, dice el mismo 
Bichat, aquellas que se hallan consagradas por el consenti- 
miento de todos los autores, se apoyan muchas veces en bases 
muy inciertas. Estamos aun muy lejos de aquel tiempo en 
que esta ciencia sea solo una serie de hechos deducidos los 
unos de los otros. 

¿Y serán tan sólidos los fundamentos del Dr. Rush acer- 
ca del uso de la glándula thiroides? Distante del cerebro y sin 
adherencia alguna á ese órgano, no concibo como puede pre- 
servarle de los afectos morbosos de todas aquellas causas que 
dirigen hacia él con mucha fuerza una cantidad escesiva de 
sangre. Es muy cierto que hasta ahora no se ha descubierto 
que segregue algún líquido, por lo cual juzga Bichad, que no 
merece colocarse entre las glándulas. Convengo igualmente 
en que es mayor en las mujeres que en los hombres, resultan- 
do de aquí que el broncocele sea mas frecuente en aquellas que 
en estos; y aunque esa enfermedad es tan común en los países 
inmediatos á los Alpes, como en varios otros de la América 
Meridional, donde es llamada Güegüecho ó Coto, se ha obser- 
vado que en estos ofende las funciones de la mente con mas 
facilidad que en aquellos. 

Y como el Dr. Rush aunque ofreció tratar de las funcio- 
nes del panchreas solo lo ejecuta por incidencia, concluiré 
el examen [de su memoria resumiendo lo que han observa- 
do en él los modernos y mas célebres fisiólogos. El panchreas, 



264 - 
colocado en la parte interior y posterior del estómago, es una 
glándula conglomerada ó compuesta de muchas otras muy pe- 
queñas, cuya estructura tiene la mayor analogía con las glán- 
dulas salivales, y segrega un humor muy parecido á la saliva 
en todos sus caracteres. Este líquido corre por un conducto 
particular al intestino duodeno, donde se derrama por un orifi- 
cio común al colídoco que conduce la bilis. Uniéndose este con 
el jugo pancreático, se mezclan con el quimo, y concurrien- 
do simultáneamente otras diferentes causas, lo penetran, lo 
disuelven, y al cabo de varias alteraciones químicas y mecá- 
nicas, separan la parte quilosa de la porción escrementicia, 
absorviéndose aquella por las venas lácteas y precipitándose 
en los intestinos gruesos todo lo que es inútil á la nutrición. 
Estas reflecsiones no son capaces de privar al fisiólogo de 
Filadelfia, del concepto que tan justamente ha merecido por 
sus diferentes escritos, ni de disminuir el mérito de las pre- 
sentes indagaciones, ni el que ha contraido el Dr. Pérez Co- 
moto traduciéndolas á nuestro idioma. Conviniendo aquel 
autor en muchas verdades fisiológicas ya demostradas, y ma- 
nifestando siempre sus vastos conocimientos en la ciencia del 
hombre; lejos de calificar por errores sus opiniones particula- 
res, las miro como ensayos ejecutados por un genio observa- 
dor sobre varios fenómenos de la economía animal, que no 
han sido hasta ahora examinados detenidamente. Escitando 
con ellos la atención y curiosidad de otros físicos, se repetirán 
las observaciones, se rectificarán los resultados, y tal vez se 
descubrirán nuevas y útiles verdades. Si el ilustre Haller no 
hubiera tirado las primeras líneas de la fisiología, ¿Dúmas, Ri- 
cheran y Bichat habrían erigido el grandioso monumento que 
admiramos en sus obras luminosas? Por tanto, juzgo que esta 
traducción merece imprimirse donde V. S. lo estime conve- 
niente. Habana y junio 16 de 1818: — Dr. Tomás Romay. — Se- 
ñor don Alejandro Eamirez, intendente de ejército y director 
de la Real Sociedad Económica. 

NOTA. — Cuando en esta Memoria y en el informe sobre ella 
*e trata del bazo, debe entenderse una entraña situada en la parte 
izquierda y superior del vientre : y cuando se dice ó debió decirse 
los vasos, se entenderán las arterias y venas. 



265 — 



MEMORIA en que se manifiestan las ventajas que 
conseguirán los colonos que pretendan establecer- 
se en esta isla, prefiriendo su parte oriental, y 
las reglas de higiene que deben observar para 
conservarse sanos, escrita por el Secretario de 
la Comisión del Gobierno, encargada de pro- 
ponerle los medios de fomentar la población 
blanca de esta isla. (1) 



Los estragos que hace la fiebre llamada vulgarmente 
amarilla o vómito negro en los forasteros que llegan á esta ciu- 
dad, ha ocupado muy detenidamente la consideración de la 
Comisión del gobierno encargadas de fomentar la población 
blanca de esta isla. Los medios que ha empleado para atraer 
á ella colonos labradores ó artesanos de la Península y de las 
potencias amigas; los ausilios de hospitalidad que les dispen- 
sa, y los terrenos que les concederá en absoluta propiedad ó 
con un canon muy moderado; todos estos estímulos añadidos 
á las gracias y exenciones contenidas en la real cédula de 21 
de octubre de 1817, no serán bastantes para satisfacer el im- 
portante objeto de su instituto, si una enfermedad, plaga hor- 

(1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, publicadas en 31 
de diciembre de 1819. 

34 



— 266 — 
rorosa de la especie humana y demasiado frecuente en estod 
países, invade con la mayor violencia á los que abandonan el 
suelo patrio por mejorar su fortuna ycontribuir á nuestra opu- 
lencia y tranquilidad. 

Ese interés por si solo suficiente, la gratitud que merecen 
estos hombres laboriosos y los deberes que exige la humanidad 
desvalida; habían inspirado á la Comisión el proyecto de esta- 
blecer en la villa de Guanabacoa una hospedería donde inme- 
diatamente serian transportados, si posible fuera, desde el mis- 
mo buque que los conduce. Mientras se realiza ese estableci- 
miento conforme al plan que ha concebido, ha tomado en ar- 
rendamiento dos casas contiguas á este pueblo, en las cuales 
se han alojado varios colouos, suministrándoles por tiempo de 
dos meses los socorros necesarios para alimentarse los sanos y 
curarse los enfermos, proporcionándose entretanto algún des- 
tino en los campos ó en los pueblos interiores. 

Esa villa, distante una legua al E. de esta ciudad, situada 
sobre una eminencia de piedra Ollar, tan abundante en piritas 
como en manantiales, los unos de aguas sulfúreas, otras satu- 
radas con petrio 1 ©, y muchas otras muy puras y cristalinas; 
ventilada libremente por todas partes, y provista de cuanto es 
necesario para la mas cómoda subsistencia; había sido mirada 
hasta ahora por esas circunstancias como un asilo seguro para 
precaver el vómito negro, curar varias enfermedades y conva- 
lecer de muchas otras. 

Mas en la estación presente han perdido sus habitantes la 
inmunidad de que habían gozado preservándose en ella de esa 
fiebre. En el año próximo anterior, habiendo sido muy escasas 
las lluvias tan necesarias entre los trópicos, especialmente des- 
de mayo hasta octubre, faltando en los meses posteriores has- 
ta fines de mayo último casi absolutamente, volviendo á in- 
terrumpirse desde entonces hasta los últimos días de julio, y 
subiendo el mercurio el 18 de ese mes á los 89 grados en el 
termómetro de Farenheit; no solo los europeos advenedizos, 
sino también los mismos naturales del país que llegaron á es- 
ta ciudad después de haber nacido y morado en los campos 
respirando un aire puro, esperimentaron entonces la maligna 
influencia de una admósfera escesivamente caliente y seca, y 



— 267 — 
alterada la proporción de sus elementos por varias causas re- 
unidas en el recinto de este pueblo capaces de disminuir el 
oxígeno y aumentar el gas ázoe. 

El concurso de todas ellas produjo el vómito negro en el 
presente estío con mayor frecuencia y malignidad que en los 
primeros meses de este año y en muchos otros anteriores. La 
generalidad con que esa fiebre ha invadido á los europeos y á 
los habitantes del campo que por primera vez han venido á es- 
ta ciudad, la violencia cotí que ha corrido sus períodos, y el 
término tan funesto y horroroso que regularmente ha tenido, 
solo se observó el año de 1794 cuando arribó á este puerto la 
escuadra del Escmo. Sr. D. Gabriel de Aristizabal. Y como 
los mismos agentes han influido, aunque con menos actividad 
en los barrios estramuros y en la villa de Guanabacoa, tam- 
bién se han esperimentado en esos lugares los propios efectos, 
frustrando la confianza que se tenia de preservarse en ellos del 
vómito negro. 

Previendo la comisión que en los años sucesivos puede 
hacer los mismos estragos una enfermedad que, sin ser conta- 
giosa, no esceptúa ningún temperamento, ni sexo, ni consti- 
tución, ni edad, y que cuanto mas fuerte y robusto es el indi- 
viduo le ataca con mayor violencia; sin desistir de realizar en 
la villa de Guanabacoa la hospedería que ha proyectado, en- 
carga y recomienda eficazmente á los colonos nacionales y es- 
trangeros que quisieran establecerse en esta isla, se dirijan á 
los puertos de Matanzas, Nuevitas, Cuba y Trinidad, donde el 
vómito negro es mucho menos frecuente que en esta ciudad, 
por su diversa situación topográfica, ó porque en esos pueblos 
aun no concurren las causas^que alteran en éste los elementos 
de su atmósfera. 

Además de disfrutar en ellos de todas las gracias y exen- 
ciones concedidas por la citada real Cédula, se abonarán por 
sus respectivas autoridades tres reales diarios para alimento 
á los padres de familia y á los adultos, y la mitad á cada hijo 
ó menor de quince años por tiempo de dos meses, y si les acó. 
modare situarse en los campos ó en otros lugares interiores ó 
marítimos, se les dará un peso por legua para bagage á los 
primeros y la mitad á los segundos. 



— 268 — 

Los víveres y provisiones, y los instrumentos y máquinas 
de agricultura ó industria que se introduzcan por el puerto de 
Nuevitas en buques nacionales ó estranjerosy se destinen á sus 
pobladores, están exentos de todo derecho por tiempo de dos 
años contados desde que se verifique la primera espedicion de 
esa clase. Y en cuanto á los demás efectos y mercancías de 
lícito comercio que sean para uso y consumo de los mismos 
colonos, pagarán solamente la mitad de los derechos que se 
satisfacen en esta administración principal de rentas Reales, 
disfrutando de esa gracia concedida á la ciudad de Baracoa 
por real orden de 13 de diciembre de 1816. Las autoridades de 
Nuevitas podrán conceder permisos parciales para que los car- 
gamentos ó efectos que allí no se espendieren puedan inter- 
narse á Puerto-Príncipe, presentándose en su aduaua y pagan- 
do los derechos establecidos. 

En los puertos de Nuevitas y Guantánamo, no solo se 
concederá á los pobladores el terreno necesario para construir 
su habitación en el pueblo, sino también para cultivarlo á los 
que se dediquen á la agricultura. También se repartirá entre 
ellos la hacienda Santo Domingo, situada hacia la costa del 
Norte, distante diez leguas al Oeste de la villa de Santa Cla- 
ra, cinco de una iglesia auxiliar de su parroquia, setenta de la 
Habana y dos y media al Norte del camino real de esta ciudad 
á la de Cuba. Su estension es de cuatro leguas y media, que 
contienen seiscientas de nuestras caballerías y diez y nue- 
ve mil doscientos noventa y seis acres de los Estados-Uni- 
dos. 

La tierra es muy llana, parte negra y parte arenisca en su 
superficie; pero toda de la mejor calidad, no solo para las cul- 
turas ya establecidas en esta isla, sino también para todas las 
demás que quieran emprenderse. En sus inmediaciones se co- 
secha el trigo que se consume en aquellos pueblos; y si el cul- 
tivo de este grano se fomenta en proporción de la feracidad 
del suelo, no dependeremos del estranjero en un artículo tan 
necesario, ni volverá á pagarse en la Habana hasta 50 pesos 
por un barril de harina de ocho arrobas no completas. 

Sus bosques son alterosos y muy poblados de cedros, cao- 
bas, ácanas y otras maderas útiles y preciosas. Además de va- 



— 269 — 
ríos manantiales y arroyos que fertilizan ese terreno, el rio 
Sagua la Grande lo divide por medio, y en sus hermosas ve- 
gas puede prosperar mucho y eseelente tabaco. El embarcade- 
ro de ese rio dista poco mas de siete leguas del centro de la 
hacienda, cuyas maderas bajarán fácilmente por sus aguas has- 
ta aquel punto. Allí se ha construido una ermita donde se ce- 
lebra los días festivos, y se cuentan ya cien casas distribuidas 
en tres calles, con cuatro almacenes de víveres y otros efec- 
tos. Aunque la embocadura del rio en la costa del Norte solo 
dista de este lugar tres leguas y media por tierra, las tortuosi- 
dades que forma en su curso alejan esos puntos mas de siete 
leguas. Sin embargo, por aquella entran goletas y otros bar- 
cos menores que suben hasta el embarcadero, y conducen á 
esta ciudad las mejores maderas para sus edificios y menages, 
y pueden también proveerla de lefia, carbón y otros artículos. 

A cada persona blanca de ambos sexos que llegue ó esce- 
da déla edad de diez y ocho años y sea capaz de trabajar, si 
estuviere ya en Nuevitas ó se estableciere en su jurisdicción 
antes del mes de abril de 1821, se concederá una caballería de 
tierra ó treinta y dos acres en absoluto dominio y propiedad, 
con la precisa condición de empezar su desmonte y cultivo 
en los seis meses primeros, contados desde la posesión, y de 
tener abierta y aprovechada su mitad al menos en los siguien- 
tes dos años. Al que así no lo cumpliere, se le privará de su 
suerte y se dará á otro colono. 

Los que pretendieren situarse en la famosa bahía de 
Guantánamo ó en la hacienda Santo Domingo desde enero de 
1820 hasta diciembre de 1821, gozarán de la misma gracia ba- 
jo las condiciones espresadas. Cumplido ese término en estos 
dos parajes, y en ííuevitas desde abril ¿le 1821, la concesión 
de tierras será á censo redimible, estimándolas el primer año, es 
decir, en Guantánamo y Santo Domingo desde enero de 1S22, 
y en Nuevitas desde mayo de 1821, á razón de 100 pesos ca- 
ballería ó treinta y dos acres, á el segundo siguiente se aumen- 
tará este valor á 125 pesos, y progresivamente otros 25 pesos 
cada año hasta el décimo inclusive, en que se dará nueva regla 
acerca de este punto según las circunstancias. Sobre el valor 
respectivo de las tierras se pagará el rédito de 5 por 100 anual 



— 270 — 
desde el cuarto año de la posesión en adelante, entendiéndose 
muertos ó gratuitos los tres primeros. 

Cuando la Comisión adquiera en propiedad seis leguas de 
tierra que solicita en la bahía de" Jagua, y no eluda conseguir- 
las, se repartirán entonces en los mismos términos que las 
anteriores. Hasta ahora se ha emprendido la población de esa 
bahía un contrato particular celebrado con el teniente coronel 
D. Luis de Clouvuet, á quien se concedieron cien caballerías 
para que las divida entre las doce familias que ha conducido 
ya, y las demás que debe transportar: 

El tiempo mas oportuno para llegar á esta isla los euro- 
peos no aclimatados en ella, es desde principio de octubre 
hasta febrero. Disminuido entonces el calor, y sucesivamente 
las grandes lluvias, los artesanos que se establezcan en los pue- 
blos marítimos no sentirán una diferencia tan sensible en las 
cualidades del clima, y los colonos que se dediquen á la agri- 
cultura podrán emprender con menos peligro sus mayores 
trabajos, que son desmontar y limpiar el terreno. En las otras 
estaciones el calor no solo ofende á los labradores estimulán- 
doles escesivamente, sino también por los vapores que estrae 
de la tierra cuando se abre y rompe la vez primera, y de los 
vegetales corrompidos entre los bosques por las lluvias que los 
inundan. Pare evitar los nocivos efectos de esas mismas cau- 
sas, solo en aquellos meses se abrirán pozos y zanjas, ya sean 
para dividir y acotar las heredades, ó para dar curso á las 
aguas estancadas, cuyas exhalaciones producen muchas enfer- 
medades. 

Donde hubiere esos pantanos, se alejará la habitación 
cuanto sea posible, eligiendo siempre para construirla el ter- 
reno mas seco y elevado. N"o se plantarán árboles inmediatos 
á ella, ni se pondrá ningún obstáculo á la libre y continua ven- 
tilación. Y siendo los vientos del Este que llamamos brizas 
los únicos que nos refrigeran en él verano y estio. y el Sud el 
mas desagradable, convendrá situar las casas de modo que 
participen de los primeros y eviten el segundo. Tanto en ellas, 
como en la ropa y personas se conservará el mayor aseo y 
limpieza. 

Los sugetos que llegaren muy robustos, con el rostro y 
los ojos notablemente encarnados, sintieren dolor y peso en 



— 271 — 

la cabeza, y que siendo laboriosos no pudieren ejercitarse por 
pereza y estraordinario cansancio después de un corto trabajo 
estos, cuyas fuerzas están oprimidas por la escesiva cantidad 
de sangre, deberán disminuirla con las sangrias convenientes 
se abstendrán de toda fatiga al sol, tomarán á las once de la 
mañana un vaso de agua de tamarindo ó naranjas, y se baña- 
rán en agua de pozo ó de rio. 

Los que estando en ayunas percibieren un gusto desagra- 
dable por tener en la lengua una costra blanca ó amarilla, se 
sintieren inapetentes, con indigestiones, náuseas ó diarreas; á 
estos convendrá evacuarlos con un suave laxante ó emético, y 
se abstendrán de bebidas áccidas y frutas. 

Todos vivirán frugalmente así en los pueblos como en el 
campo; solo en las comidas tomarán un poco de vino los que 
estuvieren acostumbrados á beberlo; del aguardiente y demás 
licores espirituosos usarán únicamente mezclándolos con agua 
cuando sea gruesa, y no se encontrare otra de meior calidad. 
Ni esta podrá tomarse fria ó sin algún licor, cuando el cuerpo 
está sufocado por el trabajo ó ejercicio al sol. Entonces será 
aun mas nocivo bañarse, esponerse á las lluvias ó desnudarse 
al aire húmedo ó frió. Siempre ofenderá la salud dormir en 
lugares húmedos, ó que no estén cubiertos del sereno. 

Si en todos los paises es preciso para gozar de salud ob- 
servar la mayor sobriedad no solo en la bebida y comida, sino 
también en el ejercicio y la quietud, en el sueño y la vigilia, 
en los placeres, en las pasiones y en todas las causas físicas y 
morales que pueden alterar nuestra constitución; mucho mas 
es necesaria esa templanza en unas regiones donde el europeo 
advierte en todo novedad ó diferencia. Y aunque es imposible 
evitar absolutamente aquellas enfermedades que proceden de 
una alteración muy sensible y repentina en las cualidades de 
la atmósfera, ó en la proporción de los gases respirables; sin 
embarco, muchas personas se preservarán de ellas con las pre- 
cauciones indicadas, y en otras se disminuirá la gravedad de 
los síntomas. 

En prueba de esta aserción solo referiré un hecho muy 
reciente. De las tropas que llegaron de la Península á esta 
plaza en fines de agosto último, se destinaron sesenta hombres 



— 272 — 
al cuerpo de dragones de América. Estos se bañaban en el 
mar todos los días á las cinco de la mañana. Volvían al cuar- 
tel situado en un barrio de estramuros, se desayunaban y per- 
manecían en una cuadra espaciosa y ventilada, cuidando sola- 
mente de sus armas armas y montura. A las once se daba un 
vaso de agua de tamarindos al que no tenia ninguna indispo- 
sición que lo impidiera. Comían frugalmente, volvian abañar- 
se á las cinco de la tarde, y continuaban paseándose al rede- 
dor del cuartel hasta las ocho de la noche, custodiados cada 
diez hombres por un sargento ó cabo de la confianza de los 
Gefes, para evitar que entrasen en las tabernas y cometieran 
otros escesos. Se recogían á esa hora y cenaban un gaspacho. 
Observando este régimen por espacio de dos meses, muy po- 
cos de ellos han enfermado, y ni uno solo ha fallecido en esta 
fecha. — Habana y noviembre 20 de 1819. 



— 273 — 



.ESTRATO de los acuerdos celebrados en este año 
por la Comisión del Gobierno , encargada de 
proponerle los medios de fomentar la pobla- 
ción blanca de esta isla. (1) 



La espresada recomendación que hace S. M. en la real 
cédula de 21 de octubre de 1817 para que con preferencia se 
pueble con europeos la parte Oriental de esta isla; el engran- 
decimiento político y militar que va adquiriendo la antigua 
Haití; la ocurrencia que en principio de este año alarmó la 
provincia de Cuba, y mereció la atención del primer jefe y de 
varias corporaciones de esta capital; el estraordinario aumen- 
to de su población, pues escediendo de cien mil almas es muy 
desproporcionada á la del resto de la isla, resultando de aquí 
desaliento y mengua en su industria y agricultura; los estra- 
gos que hacen las enfermedades epidémicas en ios forasteros 
que llegan á este puerto, cuando en otros se desconocen ó son 
menos funestas; tantos y tan poderosos motivos de obediencia 
y gratitud al Soberano, de interés y celo por nuestra conser- 
vación y prosperidad, de compasión y beneficencia con el 
hombre incauto y desvalido, han ocupado m,uy detenidamen- 
te la consideración de la Comisión del Gobierno encargada 
de proponerle los medios de fomentar la población blanca de 
esta isla. 

Ninguno ha omitido de cuantos juzgaba oportunos para sa- 
tisfacer el importante objeto de su instituto. Tan solícita en 

(1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, publicada en SI 
do marzo de 1S20. 

85 



— » 274 - 
atraer colonos europeos, como en conservarlos después de ad- 
quiridos, lia visto con horror que una enfermedad desolado- 
ra, invadiéndoles con la mayor violencia luego que pisan este 
suelo, frustraba sus esperanzas y las nuestra?. Para preservar- 
los y cumplir sus deberes, no considera ya la villa de Guana- 
bacoa como un asilo seguro contra la fiebre amarilla ó vómito 
negro. Hasta ahora se habían circunscripto sus mayores epi- 
demias dentro del recinto de esta ciudad; mas la presente lo 
ha traspasado, y en sus barrios estramuros y aun en aquella 
villa se han visto por primera vez algunas víctimas de esa en- 
fermedad. * 

Previendo la Comisión que en los años sucesivos, si con- 
curren las mismas estraordinarias causas que en el presente, 
pueden esperimentarse iguales resultados; sin desistir de rea- 
lizar en Guanabacoa la hospedería que ha proyectado, para 
transportar á ella los colonos que lleguen á este puerto, si po- 
sible fuera desde el mismo buque que los conduce, ha em- 
pleado caantos recursos están al alcance de sus facultades pa- 
ra persuadirles á que se dirijan desde Europa á los puertos de 
Matanzas, Nuevitas, Cuba y Trinidad. En ellos se les abona- 
rán por sus respectivas autoridades los mismos ausilios que 
perciben eu esta ciudad; tres reales diarios para alimento á 
los adultos de ambos secsos, y la mitad á los menores de quin- 
ce años, por tiempo de dos meses; un peso por legua para ba- 
gage á los primeros, y cuatro reales á los segundos que quie- 
ran establecerse en los campos ó en otros pueblos interiores ó 
marítimos; y si fuere mas cómodo hacer el viage por mar, 
también se les pagará el pasaje. 

En el pueblo de San Fernando de Xuevitas, que ya con- 
tiene mas de cuatrocientas personas, la mayor parte de ellas 
artesanos y labradores, proveídos de todo lo necesario con va- 
rios almacenes de víveres, ropas y otros efectos, no solo se 
concederá á cada colono un solar para construir su habitación, 
sino tambieu tierras de la mejor calidad á los que se dediquen 
á la agricultura. 

Iguales terrenos encontrarán en mil caballerías ó treinta 
y dos mil acres de los Estados-Unidos, contiguos á la famosa 
bahía de Guantánamo. Las grandes ventajas que ofrece su 



— 275 — 
población por las circunstancias que reúne, han escitado á los 
ilustres gefes que pr< -ta comisión, á solicitar de S. M. 

habilite ese puerto en clase de menor con las gracias conce- 
didas al de Baracoa en real orden de 13 de diciembre de 1716, 
V que entretanto so permita la entrada de embarcaciones y su 
despacho bajo las reglas que rigen en la aduana de Cuba, pa- 
gando los mismos derechos y el adicional de dos por ciento 
sobre los frutos de esportacion. Su producto se ha destinado 
para construir una batería que defienda el puerto, la aduana 
y una vigía, siendo ese gravamen muy inferior á los costos que 
sufren los hacendados de aquellas inmediaciones, conducien- 
do por tierra sus frutos á los puertos de Cuba ó Baracoa. 

También so repartirá entre nuevos pobladores la hacien- 
da Santo Domingo, cuya propiedad adquirió la Comisión en 
precio de veinte mil pesos. Está situada hacia la costa del 
Norte, distante diez leguas al Oeste de la villa de Santa Cía- 
ra, cinco de una iglesia auxiliar de su parroquia, setenta de la 
Habana y dos y media al Norte del camino real de esta ciudad 
á la de Cuba. En las seiscientas caballerías ó diez y nueve mil 
doscientos noventa y seis acres que contiene ese fundo, solo 
en sus linderos se encuentra algún terreno pedregoso. El res- 
to de la tierra es muy llana, en parte negra y alguna porción 
arenosa en su superficie; pero toda de la mejor calidad, no solo 
para las culturas ya establecidas, sino tambieu para todas las 
demás que quieran emprenderse. En sus inmediaciones se co- 
secha el trigo que se consume en aquellos pueblos; y en las 
hermosas vegas que forma el rio Sagua la Grande, que divide 
por medio esa hacienda, puede cultivarse mucho y escelente 
tabaco. Las maderas de cedro, caoba, ácana y otras útiles y 
preciosas de que abundan sus montes, bajan fácilmente por ese 
rio hasta el embarcadero, que dista poco mas de siete leguas 
del punto céntrico de la hacienda, y desde aquel parage, don- 
de se ha formado una población, y llegan barcos menores, se 
conducirán á esta capital con las demás producciones de la in- 
dustria y agricultura. 

A cada persona blanca de ambos sexos que llegue 6 esce- 
da déla edad de diez y ocho años y sea capaz de trabajar, si 
estuviere ya en ISTuevitas ó se estableciere en su jurisdicción 



— 276 — 
antes del mes de abril de 1821, se concederá una caballería de 
tierra ó treinta y dos acres en absoluto dominio y propiedad, 
con la precisa condición de empezar su desmonte y cultivo 
en los seis meses primeros, contados desde la posesión, y de 
tener abierta y aprovechada su mitad al menos en los siguien- 
tes dos años. Al que así no lo cumpliere, se le privará de su 
suerte y se dará á otro colono. 

Los que pretendieren situarse en la bahía de Guan- 
tánamo ó en la hacienda Santo Domingo desde enero de 
1820 hasta diciembre de 1821, gozarán de la misma gracia ba- 
jo las condiciones espresadas. Cumplido ese término en estos 
dos parajes, y en ISTuevitas desde abril de 1821, la concesión 
de tierras será á censo redimible, estimándolas el primer año, es 
decir, en Guantánamo y Santo Domingo desde enero de 1S22, 
y en ISTuevitas desde mayo de 1821, á razón de 100 pesos ca- 
ballería ó treinta y dos acres, á el segundo siguiente se aumen- 
tará este valor á 125 pesos, y progresivamente otros 25 pesos 
cada año hasta el décimo inclusive, en que se dará nueva regla 
acerca de este punto según las circunstancias. Sobre el valor 
respectivo de las tierras se pagará el rédito de 5 por 100 anual 
desde el cuarto año de la posesión en adelante, entendiéndose 
gratuitos los tres primeros. 

La población de la bahía de Jagua tan recomendada en 
diversos tiempos por S. M., y emprendida varias ocaciones sin 
efecto alguno, se ha verificado al fin bajo los auspicios de las 
primeras autoridades de esta isla, y con loe auxilios que por 
su orden ha franqueado la Comisión al teniente coronel D. 
Luis de Clouvet. Este antiguo oficial del regimiento de la 
Luisiana, siempre fiel y adicto á nuestro augusto Soberano, 
se comprometió á transportar de aquella provincia á ese punto 
en el tiempo de dos años, cuarenta familias de los españoles 
que fueron vasallos del Rey nuestro Señor, y que desean serlo 
y establecerse en sus dominios, ó de naturales de otros países 
arreglándose á las circunstancias prevenidas en la real Cédula 
de población, y á las que estipuló en un contrato particular 
celebrado con los referidos Gefes. En su consecuencia, ha con- 
ducido ya á Jágua doscientas cuarenta y una personas de am- 
bos sexos, dividiendo entre los labradores algunas de las cien 



— 277 — 
caballerías que se le concedieron con ese objeto. Entre tanto, 
la Comisión ha hecho proposiciones á seis leguas de tierra in- 
mediatas á ese puerto; y luego que adquiera su propiedad, co- 
mo lo espera confiadamente, las repartirá en los mismos tér. 
minos que las de Nuevitas, Guantánamo y Santo Domingo. 

Los negros bozales que tengan preciso destino á los co- 
lonos ó á la nueva población de Jágua, las provisiones de bo- 
ca, los instrumentos y útiles de agricultura é industria se han 
eximido de los derechos reales y municipales por tiempo de 
cinco años. Las manufacturas de algodón, lino, seda, lana y 
demás géneros y mercancías de comercio, solo pagarán por el 
mismo tiempo la mitad de los derechos establecidos, ó que se 
establecieren en los demás puertos habilitados de la isla. 

A fin de preservar á los colonos que lleguen á esos lugares 
ó á otros de ella, de lus enfermedades que esperimentan los 
primeros dias por la. variedad del clima y otras causas locales, 
ha hecho publicar la Comisión (1) varias reglas de higiene ma- 
nifestando la estación mas oportuna para arribar á estos puer- 
tos, y la sobriedad que deben observar no solo en la bebida y 
comida, sino también en el ejercicio y la quietud, en el sueño 
y la vigilia, en los placeres, en las pasiones y en todas las cau- 
sas físicas y morales que pueden alterar nuestra constitución. 
Y aunque no es posible evitar absolutamente aquellas enfer- 
medades que proceden de una alteración muy sensible y re- 
pentina en las cualidades de la atmósfera ó en la proporción 
de los gases respirables; sin embargo, la esperiencia tiene acre- 
ditado que muchas personas se preservan de ellas con las pre- 
cauciones indicadas, y en otras se disminuye la gravedad de 
los síntomas. 

Para esos casos y los demás que inevitablemente ocurran 
en los campos, donde muchas veces se carece de facultativo, 
por el corto número de ellos y la grande distancia que media 
entre los pueblos y algunas haciendas, cuya falta será mas 
sensible cuanto mas se aumente la población; ha suplicado á 
S. M. la misma comisión, por el conducto del Escmo. Sr. Ca- 



(1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana, número 36, pá- 
gina 313. 



— 273 — 
pitan generalj el señor Intendente de ejército, se digne per- 
mitir que vengan á esta ciudad sois alumnos del colegio de 
Cádiz que hayan concluido la teoría y práctica de la medici- 
na y cirujía, á los cuales se les dará al menos alojamiento en 
una hacienda de campo y quinientos pesos anuales, debiendo 
esperar de su pericia mayores emolumentos; y que para no 
hacerles gravoso el pasaje, se trasporten en clase de segundos 
profesores en los correos de ti. M. que sucesivamente salgan 
de dicho puerto. 

Tales son los objetos que la comisión ha juzgado dignos 
de proponer á las autoridades que la han constituido, esperan- 
do con la mayor confianza de su interés y celo por la conser- 
vación y tranquilidad de esta isla, por su engrandecimiento y 
prosperidad, que recomendándolos eficazmente á la benefi- 
cencia de nuestro augusto Monarca se dignará sancionarlos, 
para que sean efectivas las gracias y exenciones que concede 
en la Real cédula de población. Habana y noviembre 30 de 
1819. 



— 279 — 



RESUMEN de kts operaciones de la Jarda Central 
de vacuna en el presente año. (1) 

Los votos de las almas sensibles y las precauciones pro- 
puestas por la Junta central de vacuna á su Escmo. Sr. Presi- 
dente para estinguir en esta ciudad el contagio varioloso, se 
han satisfecho cumplidamente en el año que hoy termina. Wi 
en el recinto de este pueblo, ni en sus barrios estramuros, se 
ha visto un solo virueliento, al mismo tiempo que otra enfer- 
medad tan de-soladora como aquella, ha hecho los mayores 
estragos en los europeos no aclimatados. 

El infatigable y desgraciado Valli habiendo observado en 
Constantinopla, en Smirnay en la isla de Scio, que ecsistien- 
do alguna epidemia de viruelas no se presentaba la peste, y 
que ésta cesaba luego que aquella aparecía, presumió después 
de Ingracias y Orreo. que estos dos contagios eran incompa- 
tibles, que el uno cstinguia el otro, ó al menos lo neutraliza- 
ba. Para comprobar esa hipótesis inoculó unas veces el pus 
de los apestados mezclado con el varioloso, y otras el humor 
vacuno puro é inalterable, lisongeándose ese ilustre filántro- 
po de haber correspondido el écsifo á sus esperanzas. 

Su respetable autoridad y sus observaciones haciéndome 
concebir en otro tiempo que la vacuna preservaría de la fiebre 
amarilla, ejecuté algunos ensayos. Pero esta enfermedad y 
la [teste de Levante pertenecen á distintos órdenes; el carác- 
ter contagioso de la fiebre amarilla aun no está decidido: he- 
chos incontestables me persuaden que no se propaga ni por 
contacto, ni por la atmósfera. En otros años hemos visto con 
pavor difundirse simultáneamente las viruelas y la fiebre 
amarilla, invadiendo esta con toda su malignidad á los natu- 
rales de nuestros campos que por primera vez lian permane- 
cido en esta ciudad después que tuvieron el verdadero grano 



(1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana publicadas en 31 
de marzo de 1820, 



— 280 — 
vacuno; no le está, por consiguiente, concedido preservar 
también de aquella enfermedad. Sin embargo, el descubri- 
miento de Jenner será siempre oJ mas benéfico á la humani- 
dad, y las generaciones presentes y las futuras, los padres que 
ahora precaven sus hijos de una enfermedad horrorosa, y los 
que conservan por la vacuna su ecsistencia y perfección, to- 
dos bendecirán la mano munífica á quien deben tan impor- 
tantes beneficios. 

Dispénsalos generosamente y con un celo infatigable la 
Comisión de la Junta Central, inoculando el virus vacuno dos 
dias á la semana en las Casas Capitulares. En ellas y en los 
barracones lo han recibido en este año quince mil quinientas 
cincuenta y cuatro personas. Y como esa sociedad filantrópi- 
ca no se ha propuesto preservar solamente de las viruelas á es- 
ta ciudad, sino también toda la isla, y todos los pueblos que 
soliciten ese bien, al mismo tiempo que los facultativos de la 
Comisión inoculaban aquellos individuos, remitían al virus 
vacuno á las haciendas y lugares de esta isla } t á muchos de 
Ultramar en mil ciento sesenta y cinco cristales. Los efectos 
que ha producido en toda esta provincia y en la de Cuba, aun 
los ignoro. Los secretarios de las juntas subalternas no me 
han remitido el resumen de sus operaciones en el presente 
año, y solo lo han verificado algunos délos profesores encarga- 
dos de inocular en otros pueblos. 

El primero de ellos y que desempeña esa comisión en los 
barrios de Guadalupe y de Regla, el Dr. D. Francisco Sando- 
val, ha vacunado en el primero trescientas setenta y dos per- 
sonas, y catorce en el segundo. No ha sido menos eficaz el 
Ldo. D. José Francisco de Ayala. Después de inocular en el 
partido de Jesús del Monte, que tiene asignado, dos cientos 
treinta y siete vecinos, dispensó el mismo beneficio á ciento 
cincuenta del Luyanó y 86 del Horcón. El Dr. D. Juan de 
Corres, diputado para ejercer esa operación en San Marcos y 
Alquízar, la ha verificado en sesenta y nueve individuos. Los 
partidos de Carballo, Aguacate y Rio-Blanco se han preserva- 
do en este año de las viruelas naturales. Xo dudo lo hayan de- 
bido al celo con que el Ldo. D. José Miguel Valdés ha vacu- 
nado en ellos cerca de trescientas personas. 



— 281 — 

Sin comisión alguna de esa Junta, y sin otro estimuloque 
la compasión y caridad que debe ejercer con sus semejantes 
un ministro del Evangelio, D. José Piñeiro, cura del Guatao, 
sabiendo que en una casa de ese pueblo había en el mes de 
abril ocho hermanos con viruelas, inficionados por otro que 
habia llegado con esa enfermedad, se dedicó á preservar á los 
demás vecinos con la vacuna, al ver la indiferencia con que 
miraban los facultativos la propagación de ese contagio. Logró 
contenerlo inoculando con inteligencia ciento veinte y cuatro 
personas blancas y ochenta y nueve de color, y empleando 
cuantos recursos le dictaba el celo mas activo y generoso. 

Ad virtiendo la Junta Central que el número do vacuna- 
dos es muy inferior al de los párvulos que nacen anualmente 
en esta grande población, después de haber recomendado en 
diferentes escritos la eficacia del virus vacuno, la sencillez con 
que se inocula y la facilidad con que puede adquirirse ese pre- 
servativo, propuso al Escmo. Sr. su presidente varios recursos 
para obligar indirectamente á solicitarlo y recibirlo. Elevado 
tste proyecto por S. E. á la sanción de S. M., se sirvió resol- 
ver en real orden de 7 de octubre del año próximo pasado, que 
no siendo adaptables todos los medios indicados para aquel 
objeto, los dejaba á su discreción y á la de los jefes de esta is- 
la, encargando especialmente á S. E. que, empleando todos 
los arbitrios que le dicte su prudencia, procure exhortar á la 
propagación de la vacuna en todo el distrito de su mando. 

En cumplimiento de esta soberana disposición , ofició 
S. E. al Escmo. é limo. Sr. Obispo de esta Diócesis, que tanto 
ha contribuido á difundir por toda ella la nueva inoculación, 
al limo. Sr. arzobispo de Cuba y á los jefes subalternos de es- 
ta isla, recomendándoles que por cuantos medios les inspire 
su celo y humanidad contribuyan á satisfacer las benéficas in- 
tenciones de S. M. Si lo verifican, como debe esperarse, la is- 
la de Cuba será inaccesible al contagio varioloso. Habana y 
noviembre 30 de 1819. 



36 



282 — 



RESUMEN de las personas que se han vacunado en 
esta ciudad de la Habana y en toda la isla de 
Cuba, del año de 1804 al presente de 1819. (1) 



Años. 


En esta ciudad. 


En toda la Isla. 


1804 


7,469 


16,779 


1805 


4,990 


6,613 


1806 


4,879 


15,824 


1807 


2,714 


6,675 


1808 


2,150 


9,648 


1809 


1,837 


5,213 


1810 


9,975 


14,137 


1811 


7,751 


11,864 


1812 


9,270 


14,334 


1813 


6,275 


11,283 


1814 


5,136 


7,847 


1815 


10,359 


14,049 


1816 


16,497 


23,955 


1817 


27,948 


32,891 


1818 


20,177 


25,932 


1819 


15,554 


16,118 


Totales 


. , 152,981 


233,162 


Habana, 1.° 


de diciembre de 1819. 





(1) Habana, 25 de noviembre de 1819. — Deje la noticia que se pide por el 
Sr. Secretario de la Junta Central de vacuna. — Ramírez. 

Para esclarecer la estadística de la isla en la parte respectiva á salud públi- 
ca, necesito un estado por años y lugares, relativo á vacuna, desde 1S07, que se es- 
tableció, basta 817, inclusive. 

En las Memorias de la Sociedad veo lo correspondiente á SIS en relación dada 
a este Ilustre Cuerpo por el Sr. secretario de la Junta Central Dr. D. Tomás Romay 
y yo ruego á V. S. tenga á bien pedir su completo al mismo señor, para los fines 
propuestos. 

Dios guarde á V. S. mucbos años, como deseo. — Habana 28 de noviembre de 
1819. — Juan Miguel Calvo. — Señor superintendente, intendente general, D. Alejan- 
dro Ramírez. 



283 



PURGA URBEM. (1) 



Cieer, 



El segundo aviso patriótico, firmado por el Ldo. D. Die- 
go Tanco y la proclama que publicó el mismo dia el D. donr 
Tomás Gutiérrez de Piñeres, son la espresion de los senti- 
mientos de este pueblo y de todos los habitadores de la isla 
de Cuba. Convencidos íntimamente de que no puede haber 
sociedad, ni libertad civil, ni seguridad personal ni de propie- 
dad alguna sin orden y respeto á las autoridades, se ha con- 
servado tau incontrastable en medio de las convulsiones po- 
líticas que agitaron la Europa, y sufren todavía las Américas, 
como á las olas impetuosas que por todas partes la combaten. 
Siempre fiel á la madre patria, interesada eficazmente en la 
lid gloriosa que sostuvo, y adherida sin vacilar un momento 
al gobierno que ella reconocía, ha preferido el mas ilegal y 
despótico, á los horrores que esperimentan por la anarquía las 
provincias disidentes. 

Y cuando resuenan en nuestros oidos los votos y victorea 
con que juramos y aplaudimos la Constitución política, ouan- 



(1) Diario del Gobierno constitucional de la llábana, del sábado 20 de ma- 
yo de 1820. 



— 284 — 
do encorvados todavía por el yugo de hierro que nos abruma- 
ba, no podemos levantar la cerviz y presentarnos con toda la 
dignidad de hombres libres, cuando del uno hasta el otro ca- 
bo de esta isla se ha proclamado solemnemente ese Código 
dictado por nuestros mismos representantes, y empezamos á 
existir bajo su benéfico y liberal gobierno, y cuando todas las 
autoridades y todos los pueblos restablecen con la mayor acti- 
vidad y complacencia los Tribunales, los Cuerpos y todas las 
instituciones constitucionales, y cuanto mas ella prescribe pa- 
ra derrocar el despotismo, establecer la recta administración 
de justicia, garantir nuestros derechos, conservar la tranquili- 
dad pública y elevarnos á la opulencia y prosperidad á que so- 
mos destinados, ¿quiénes son, compatriotas, los que pretenden 
con mano sacrilega disolver el pacto que espontáneamente he- 
mos ratificado á la faz del cielo y de los hombres? ¿ Quiénes, 
los primeros infractores de la Constitución, queriendo manci- 
llarla con instituciones que ella desconoce? ¿Los presuntuosos, 
que aspiran á mejorar su sistema de gobierno, los que inten- 
tan privarnos para siempre de la paz y tranquilidad que hemos 
gozado esclusivamente por mas de veinte años? 

Inspirar á los incautos y pusilánimes un terror pánico y 
desconfianza á las autondades, exagerarles riesgos y peligros 
que exigen prontos y estraordinarios recursos, vociferar el ce- 
lo mas ardiente y generoso por la conservación y tranquilidad 
de la patria; tal ha sido en todos tiempos el lenguage especio- 
so de los Catílinas para desgarrar pérfidamente las entrañas de 
esa misma madre por cuya salud afectabau inmolarse. Imitán- 
doles los parricidas de la América y añadiendo á sus arterías 
la incomunicación con la Metrópoli y la divergencia de sus 
provincias, lograron establecer en algunas de nuestro continen- 
te juntas supremas de gobierno, para disolverlas con la misma 
violencia que las erigieron. Porque no habiéndose propuesto 
obedecer ninguna ley, ni respetar autoridad alguna, sino satis- 
facer impunemente sus pasiones, arrogándose con la mayor im- 
pudencia lo que no habían podido obtener por su ineptitud ó 
sus crímenes, apenas han concedido una duración efímera á 
esos débiles simulacros de gobiernos. Ellos han sido en to- 
dos esos países sin ventura el puente que han presentado los 



— 285 — 
hipócritas para facilitarles el paso á la independencia, y 
precipitarlos seguidamente en el abismo horroroso de la anar- 
quia. 

Decidme, sino, ¿cuál es la forma de gobierno que han es- 
tablecido los disidentes de Méjico? ¿Cuál subsiste en el reino 
de Santa Fé, en las provincias de Venezuela y del Rio de la 
Plata? ¿Dónde están los congresos, las asambleas, los dicta- 
dores y otros nombres pomposos con que han pretendido fas- 
cinar el pueblo para cebarse con su sangre y sus bienes? Des- 
pedazados intestinamente por los diversos partidos y faccio- 
nes, aspirando los mas osados ó mas fuertes á dominarlos con 
arbitrariedad y despotismo, ¿cuantos dias han gozado tran- 
quilamente de la libertad, de la independencia y demás pros- 
peridades que les ofrecieron para emanciparlos de la Metró- 
poli? Habrian ya implorado su clemencia, ó no existiría uno 
solo que rehusara su gobierno, si espectador pasivo los hu- 
biese abandonado al frenesí de sus pasiones. Artigas acaba de 
asaltar á Buenos-Aires, y dejándola cubierta de sangre y de 
luto, la despojó de todas sus riquezas, al mismo tiempo que 
las tropas del Brasil avanzan hostilmente en su territorio. Los 
habitadores de Santa Fé suplicaron al general Morillo los re- 
dimiera de las vejaciones que sufrían de los prófugos de Ve- 
nezuela, y á esta provincia no han sido menos funestos los 
triunfos de Bolívar que sus derrotasy las bárbaras atrocidades 
de Boules. 

Desengañémonos, compatriotas, las Américas no han 
producido mas que un Wasington y un Franklin, y la mis- 
ma Europa, Grecia y Roma, patrias de héroes, no han sido 
mas fecundas en los de ese género. La moderación } t la bene- 
ficencia difícil mente se han concillado con la suprema autori- 
dad. Sin embargo de esas virtudes y de otras que poseyeron 
en grado eminente esos genios privilegiados, no habrian con. 
cluido su grandiosa empresa, si la situación topográfica del 
país, los grandes recursos que ofrecía, el carácter de sus habi- 
tantes, su educación física y moral, sus relaciones políticas, 
sus instituciones, su gobierno municipal, y por último, si dos 
grandes potencias no hubieran ausiliado eficazmente sus es- 
fuerzos. Con todo, no reposaron tranquilos bajo el árbol de la 



— 286 — 
libertad, hasta cumplidos trece años de una guerra la mas 
sangrienta y desoladora. 

Y careciendo esta isla de esos elementos y recursos, y 
habiendo sido en los dos últimos lustros la provincia mas pri- 
vilegiada de las Españas, y debiendo desconfiar de la protec- 
ción de toda potencia estraña, habíamos de incurrir ahora en 
lo mismo que hemos abominado constantemente por nuestro 
propio interés y por la mas justa adhesión y gratitud á la ma- 
dre patria? Proyecto tan absurdo solo ha podido abortarle al- 
gún cerebro enervado y seco por la indigencia, ó escesivamen- 
te exaltado por la intemperancia, ó será tal vez la erupción de 
un pecho inflamado por las pasiones mas vehementes y atro- 
ces. 

¡Insensatos! ¿y cuál seria el éxito de vuestro delirio? Mi- 
rad ese padrón formidoloso que se eleva hacia el Oriente. Vol- 
ved los ojos desde el uno al otro estremo de la antigua Cuba- 
nacan, y advertiréis inflamada ya la pira borrosa que la con- 
vertirla en denso negro humo, si faltase la unión mas íntima 
y cordial entre todas las clases, todos los estados y todos los 
ciudadanos, sea cuál fuere su procedencia. Pero reunidos por 
los vínculos de mutua conveniencia y seguridad que formaron 
las primeras sociedades, y por los derechos y prerrogativas y 
exenciones que nos dispensa la carta magna de nuestra igual- 
dad y libertad civil, presentaremos un muro de bronce impe- 
netrable á los émulos de la opulencia y prosperidad de esta is- 
la. Purgadla, ciudadanos guerreros, purgadla de esos mons- 
truos advenedizos que descubrió vuestra vigilancia, y acosáis 
con el patriotismo mas celoso y esforzado: nuestra gratitud no 
será inferior á la hospitalidad que habéis merecido. 

Entretanto, proscríbase con execración el espíritu de 
cuerpo y de provincia, y de nación y de interés personal; el es- 
píritu publico dirija únicamente nuestras operaciones y afec- 
tos. No profanemos los nombres sagrados de patria y pacto; al 
pronunciarles los labios, inflámese el corazón con los senti- 
mientos que deben escitar. No hay patria sin unión, orden y 
grandes sacrificios, al menos de la libertad, obedeciendo; de 
la persona sirviendo, y de los bienes ausiliándola en sus nece- 
sidades. Ni puede existir algún pacto social, sin autoridad. 



— 287 — 
subditos y deberes recíprocos. Dejaría de ser inspirada por la 
sabiduría y la justicia nuestra Constitución política, si deroga- 
ra esos principios eternos de] derecho natural y de las nacio- 
nes. Al contrario, ella declara inviolable y sagrada la persona 
del rey, establece tribunales, gefes y magistrados, impone á 
cada uno de ellos y á cada ciudadano sus peculiares obligacio- 
nes, para que de la observancia de todas ellas, de la obedien- 
cia en los unos y de la rectitud en los otros, resulte el orden y 
armonía social. ¡Plegué al cielo que jamás se interrumpa en 
esta isla, y que la lápida de la Constitución sea la Egida que 
la conserve invulnerable! 



— 288 



HIi®iJA§ ilL PilOUBSQB, í 1 ) 

DEL DOCTOE DOX TOMAS GUTIEEEEZ DE PIÑERES. 



Jío hablar con sincero denuedo, 
Poca razón arguye, ó mucho miedo. 
Jorg. Pitill. 



Nunca dudé que el Dr. D. Tomás Gutiérrez de Piñeres 
contestaría al manifiesto que escribí por encargo de la esce- 
lentísima Diputación provincial, impugnando su papel de 21 
de junio anterior "sobre elecciones parroquiales"; pero estan- 
do concebida aquella esposicion con la dignidad que corres- 
ponde al cuerpo que representaba, y con la moderación pro- 
pia de mi carácter, creí desde luego que el Dr. Piñeres, obser- 
vando un ejemplo tan recomendable, y debiendo ser por su 
edad y estado mas comedido que yo, usaría en su defensa de 
armas iguales, absteniéndose de sarcasmos y personalidades, 
reservadas solamente á quien carece de razones. Mas, habien- 
do visto el Precursor que acaba de dar á luz, infiero cual será 
su ante-cristo. 

Publicando el Dr. Piñeres las dos instancias que ha pre- 
sentado á la Diputación provincial, manifiesta él mismo los 
motivos que ha tenido esa corporación para no acceder á sus 



(1) Publicadas en la oficina de Arazoza y Soler, impresores del gobierno 
Constitucional. 



— 289 — 
solicitudes. Aunque yo lo hubiera dicho y repetido, nadie se 
persuadida que un letrado pudiera incurrir en el error de so- 
licitar copias sueltas de algunos documentos. M los oficiales 
de cuadernos, ni los escribientes de las secretarías ignoran 
que está severamente prohibido suministrar testimonios ó co- 
pias certificadas de documentos contenidos en autos ó espe- 
dientes, porque nadie pedirá sino aquellos que podrán conve- 
nirle, omitiendo los que le perjudiquen. Aunque la Diputa- 
ción provincial es una corporación puramente económica, pe- 
ro obrando en ella las mismas razones que en los tribunales de 
justicia, con respecto al punto en cuestión, procedió conforme 
á la costumbre y á la ley, negando al Dr. Piñeres las copias 
que pedia. Y si aquella prohibición no esceptúa casos ni per- 
sonas, con mayor fundamento deberá comprender al Dr. Piñe- 
res, que solicita esos documentos, ó para atacar á la Diputa- 
ción, ó para indemnizarse de los cargos que puede hacerle por 
su libelo infamatorio y subversivo. Laquejadeesacorporacion 
se funda en un papel impreso, incapaz por tanto de alterarse; 
y las pruebas que tenga para acreditar que ese documento es 
injurioso y calumnioso ¿habrá alguna autoridad que pueda 
obligarla á que las entregue al mismo autor de su difamación? 
En tal caso, las partes tendrian derecho para exigirse recípro- 
camente los fundamentos de su defensa y acusación. 

Demasiado generoso fué el Dr. D. José Ferregur en ha- 
ber propuesto, y el Cuerpo en acceder que se le diera copia ín- 
tegra del espediente que ha de remitirse á las Cortes por el 
conducto del Sr. Gefe Superior Político. Quizá no se encon- 
trará en ninguna otra corporación una prueba de igual fran- 
queza ni de tanta confianza en la imparcialidad y rectitud con 
que procede. Pero no acomodándole al Dr. Piñeres todo el espe- 
diente, como si tuviera algún derecho para que se le conceda 
lo que le acomode, después de manifestar dos ocasiones en su 
segunda instancia, que le será indiferente se le den ó nieguen 
las copias pedidas, vuelve á insistir en que se le concedan no 
solo de la representación de los Diputados y del acuerdo cele- 
brado en su consecuencia, sino también de todos los que se han 
tenido desde el mes de abril anterior hasta el presente, contraidos d 
cumplimentar las atribuciones 2^, 5?, 6?, 7?, 8? y 9? del articulo 335 

37 



— 290 — 
denuestra sagrada Constitución. ¿Y por qué no pedirá de una vez 
que se le remitiera á su casa el libro de las actas para tomar 
todo eso y lo demás que le acomodase? La misma facultad tie- 
ne para exigir lo uno que lo otro; y sacando las copias á su ar- 
bitrio, evitaria que las alterase el secretario. 

A fin de intimidará la Diputación para que condescienda 
á unas solicitudes tan disparatadas, la amenaza dos ocasiones 
con la facilidad que tiene de instruir con los ciudadanos que con- 
currieron á entrambas juntas lo que le convenga ante autoridad 
competente. No dudo que sin dificultad alguna atestarán sus 
clientes cuanto quiera y le convenga, porque jamas han existi- 
do unos pitagóricos tan serviles; ¿pero acaso la deposición de 
todos sus prosélitos prevalecerá contra los acuerdos de una cor- 
poración presidida y autorizada por las primeras autoridades, 
aun suponiendo que algún tribunal admita semejante infor- 
mación? 

Cuando el Dr. Piñeres ignora unas cosas tan triviales y pro- 
pias de la facultad que profesa no estraño que siéndole des- 
conocido el sistema que observan las corporaciones económi- 
cas, y dando crédito á quien oye campanas y no sabe donde, 
baya incidido en tantas equivocaciones respecto alo que ocur- 
re en la Diputación Provincial. — Le dijeron sus emisarios y 
lo creyó á pie juntillas, que el 1.° del corriente se habia leido 
una representación hecha d voz de la Escma. Corporación para la 
Diputación misma. Esa esposicion después del vocativo empie- 
za así: los individuos de esta corporación que suscriben, res- 
petuosamente dicen ... y firman cuatro. Esto quiere decir lo que 
suena, y los que no comprendiéndolo refirieron al Dr. Piñeres 
lo que dice, carecen hasta de sentido común. 

"También está entendido el Sr. Dr. que leída la referida re- 
presentación acusatoria en la junta délo del presente, discuti- 
do su tenor se trató de pasar á votación, á que se opuso el Sr. 
D. Lorenzo Inarra, manifestando, que no habia junta por ha- 
berse constituido partes quejosas los cuatro diputados que for- 
maron aquella &c." Concluida la lectura de la referida espo- 
sicion tomó inmediatamente la palabra el Sr. Inarra, y vol- 
viéndose á mí, dijo lo siguiente: no hay junta, son cuatro los 
postulantes, los dos que quedan no podemos formar acuerdo. 



— 291 — 
Empezó entonces la discusión, se espusiéron varias razones 
para no ser escluidos de votar los individuos de cualquier cuer- 
po que hacen alguna moción, principalmente si es en favor de 
él mismo, se añadió que el acuerdo estaba celebrado por los 
cuatro que firmaban la representación, pues es indiferente que 
lo hicieran de palabra ó por escrito. Estendí entonces la mi- 
nuta, y solo me advirtió el Sr. Inarra que era peculiar al fiscal 
letrado denunciar las especies subersivas que contiene el pa- 
pel impreso del Dr. Piñeres; y cuando leí el borrón de esta 
acta nada me contradijo, cuyo silencio no procedería ni de de- 
bilidad, ni de una condescendencia escesiva, pues no la ha te- 
nido contra su dictamen, ni con el primer Ge fe. A las sólidas 
razones que entonces se espusieron para no ser inhibidos los 
esponentes, puedo añadir: que en los diarios de las Cortes se 
encuentran muchas representaciones firmadas por diferentes 
diputados, los cuales no se abstuvieron de discurrir y votar 
sobre el mismo asunto que proponían, aun cuando eran inte- 
resados, como sucedió en la esposicion de los diputados de 
América para que se aumentase su número. 

Pide también el Dr. Piñeres le certifique: «que el prime- 
ro de los cuatro nominados, el Dr. Ferregur, pronunció entre 
otras cosas, que esta Escma. Corporación es consultora nata 
del Gefe Superior político, y que cuando se empeñó el lance á 
la votación, y el secretario opinó á favor de ella, ó apoyó, pre- 
parándose para escribir los votos que debia verificarse. Des- 
pués de haberse traducido este período al castellano, convinie- 
ron unánimemente los señores vocales á continuación de di- 
cha instancia, en que no se empeñó ningún lance en la discu- 
sión de ese punto, ni se pensó en votación, ni se advirtió que 
el secretario la apoyase ó resistiera, ni menos que se prepara- 
ra para escribir los votos. El Dr. Ferregur virtió aquella pro- 
posición; los Sres. Inarra y Galainena opinaron de un modo 
diferente, y permaneciendo en silencio los demás Señores, se 
pasó á otra cosa. 

La opinión del señor Ferregur, aunque no me adhiero á 
ella, no carece de fundamento, ni merece que el Dr. Piñeres 
la inculque con tanto ahinco corno si hubiera infringido algún 
artículo de la Constitución. En el proyecto del reglamento 



— 292 — 
para los Gefes políticos propuso la comisión de Constitución 
en el- artículo 20 lo que sigue: todas las dudas que ocurran so- 
bre las elecciones de los oficios de ayuntamiento, serán deci- 
didas gubernativamente por el Gefe político oida la Diputa- 
ción Provincia], si se hallare reunida, y si no lo estuviere se 
agregarán al Gefe político el intendente y el individuo de 
la Diputación Provincial por el partido de la capital para de- 
cidirlas.» Todavía presta mas mérito el decreto de 23 de junio 
de 1813, que lejos de declarar lo contrario, como dice el Dr. Pi- 
ñeres, contiene lo siguiente á la mitad del articulo 15: «pero 
cuando sean de aquellos casos en que estuviere encargado á 
las diputaciones por la Constitución ó las leyes, solo el cuidar, 
velar ó promover, ó fomentar las cosas pertenecientes al bien 
público, la autoridad para las resoluciones y la responsabilidad 
será toda del Gefe político, oyendo en los casos señalados y 
graves el consejo de la Diputación, y valiéndose de sus luces; 
sin perjuicio de las prontas providencias gubernativas que 
pueda exigir la urgencia de las circunstancias.» !No son mas 
sólidos los fundamentos en que apoya el Dr. Piñeres su dic- 
tamen sobre elecciones parroquiales, ni sus gestiones para que 
se le concedan copias mutiladas. 

Aun siendo tan torpes los abusos que ha cometido el Dr. 
Piñeres como letrado en sus representaciones, son todavía mas 
negros los vicios morales que contienen las notas. Cada una 
de ellas es un tamal como el dice, de hojarascas cogidas, no en 
el campo de Minerva donde se combate pluma d pluma como la 
gente sino en una playa ó en la posilga mas inmunda, donde 
la gente soez se esplica con denuestos y puñales. Tales son 
las plumas con que ha pretendido despedazar la opinión de 
cuatro vocales de los seis que le negaron unánimes las copias 
mutiladas que ha pedido; y á mí me trata de intruso, porque 
solo él y sus espías ignoran cuáles son las funciones de un se- 
cretario. Si en todas las corporaciones puede y debe instruir 
é informar cuanto sea conveniente para el mas pronto y se- 
guro despacho de lo que ocurre, en la Diputación Provincial 
es mas necesario que así lo ejecute. Después de haber estado 
interrumpidas sus sesiones por espacio de seis años, difícil- 
mente se acordarán sus individuos de los acuerdos que se 



— 293 — 
hayan celebrado en la época anterior, sobre los asuntos que 
ahora se presentan, de los documentos y espedientes que 
existen en este archivo. Solo el Secretario, que tiene un in- 
ventario de ello, y que frecuentemente se le ofrece requerirlos 
y examinar el libro de las actas, puede informar acerca de los 
antecedentes; esto es lo que hago, y lo que debo ejecutar aun- 
que le pese al Dr. Piñeres. 

En cuanto á la connivencia que me supone con los cua- 
tro Diputados acusadores, la facilidad de substituir un papel 
á otro, los sentimientos anti-constitucionales que respiro, y los 
delitos en que estoy envuelto de que presentará datos irrefra- 
gables en su siguiente papel, lejos de temer esas arterías que 
maneja con tanta destreza, como los sarcasmos y diatribas pa- 
ra intimidar con las primeras á los incautos, y evadirse con 
las segundas de cantar la palinodia cuando se ve confundido, 
le prevengo desde ahora que si no lo verifica, le denunciaré á 
la opinión pública, como un impostor y calumniador: que no 
merece existir entre hombres que respetan lo mas sagrado que 
hay en la sociedad, que es la opinión de los ciudadanos. Re- 
posando tranquilo en el testimonio de mi conciencia, estoy 
muy distante de temblar con su refutación, y le advierto que al 
leer ese amago semejante al parto de los montes, me acordé 
de aquella sublime oda de Horacio, que traducido á nuestro 
idioma, concluye: 

Si el mundo se acabara 
mezclados entre sí los elementos, 
el justo pereciera y no temblara. 

Presentándose al mismo tiempo á mi fantasía aquel va- 
lentón de quien trata Juan de la Encina en una de sus cartas, 
muy parecido á Vasco Figueiras, que contaba entre sus triun- 
fos los porrazos que daban los castesaos con sus espingardas. 

Habana y julio 12 de 3820. 

NOTA. — Estando este papel en la prensa parieron los montes 
y dieron á luz la Satisfacción á la Vindicación de la Diputación tan 
convincente como gloriosos fueron los triunfos de Yasco Figueiras, 
según habia anunciado en vista del Precursor. Mientras contesto 



— 294 — 
ese despreciable folleto del modo que merece, advertiré: que es 
falso que «después de haber firmado el acta de la Diputación Pro- 
vincial de 5 de julio de 1814 el Gefe superior político é intendente, 
se rasparon los últimos renglones á fin de añadir, que en la Junta 
se habia leido dicho decreto de 4 de mayo y se habia acordado su 
cumplimiento.» Es una impostura que se raspase ningún renglón, 
ni tampoco la firma del Sr. Intendente Aguilar; y es una calumnia 
atroz haber ocurrido esas maniobras á los señores Ferregur. Ga- 
lainena, Mesa y Arredondo. Lo primero y lo segundo lo demostra- 
ré con el mismo libro á todo el que quiera convencerse de tanta 
procacidad y maledicencia. En cuanto á lo tercero, me consta que 
con la propia fecha que el señor Gefe superior político dirigió al 
señor don Manuel Beretervide, los oficios que tiene á su disposi- 
ción el Dr. Piñeres, y no lo dudo; ofició también al Sr. Ferregur y 
á otro diputado que rehusaron firmar esa acta. Hoy mismo me ha 
dicho el señor Ferregur que debe conservarle, y si no pareciere, 
en la secretaría de Gobierno estará el borrador. Los demás cargos 
del Dr. Piñeres, son todavía mas despreciables, como lo manifesta- 
ré oportunamente. 



— 295 — 



.(i) 



Volvió, españoles, á solemnizarse el dia por siempre me- 
morable DOS DE MAYO; volvió la patria á tributar el mas 
público homenage de admiración y gratitud á las primeras 
victimas que se sacriñcaron por su independencia y la libertad 
de su Rey, cautivo en Bayona por el mas pérfido de los tira- 
nos, y pretendiendo sus legiones arrancar del palacio de Ma- 
drid los últimos vastagos de la real estirpe, aquel pueblo im- 
pertérrito armado improvisamente por la mas justa indigna- 
ción y venganza, arrostra todos los peligros de un plan caute- 
losamente combinado para aherrojarle y deportar sus prínci- 
pes. Sentimientos tan generosos, impulso tan decidido y uni- 
forme, no pudo reprimirlo ni el número prepotente de los 
invasores, ni su formidable actitud, ni el fiero orgullo que les 
inspiraban sus trofeos y victorias. Ninguna habían obtenido 
hasta entonces de algún pueblo que apreciara su libertad y 
quisiera conservarla eficazmente. Al de Madrid fué reservado 
presentar á la Europa envilecida y degradada ese nuevo y 
grandioso espectáculo; y los invencibles de Marengo y Eried- 
land, los conquistadores de Mantua y Dantzik esperimentan 
por primera vez la fortaleza inflexible del hombre que prefie- 
re la muerte á la ignominiosa esclavitud. 

MORIR LIBRE ANTES QUE VIVIR ESCLAVO, fué 
el voto unánime de aquel pueblo heroico; y sellándole con pro- 
pia y enemiga sangre, resonó su eco horrísono desde el Piri- 
neo hasta las columnas de Hércules. Los habitadores todos de 

(1) Diario del Gobierno constitucional de la Habana, del miércoles 2 de ma- 
yo de 1821. 



— 296 — 
la Península, inflamados por los mismos sentimientos, fijan 
sus ojos centellantes en las calles y plazas de Madrid. Allí 
vieron combatir el amor de la patria con el despotismo mili- 
tar, la independencia con la tiranía, ciudadanos inermes, pero 
libres, con huestes mercenarias, aunque aguerridas ; y vieron 
por fin remunerada la hospitalidad mas afectuosa con la mas 
negra felonía. A ella y á la obediencia de aquel pueblo á sus 
autoridades, debieron los galos un triunfo momentáneo, mas 
no le gozaron impunemente. 

La túnica de César teñida con su sangre, no escitó tanto 
la indignación de los romanos contra sus asesinos, como en 
los españoles la sangre de Daoiz y Velarde, la sangre vertida 
alevosamente en las calles y Prado de Madrid. «Voló al trono 
»de la divinidad, pidió venganza, decretóla el cielo, y obe- 
«diente la tierra, brotó españoles que cumpliesen sus decretos.» 
Presididos por los manes inmortales de Padilla y de Lanuza, 
detestan todos las provincias con igual execración el yugo del 
tirano; y autorizadas por lo imperiosa ley de la necesidad, eri- 
gen una misma forma de gobierno; sin convenirse antes ni 
esperarse, empuñan todas simultáneamente las armas que les 
suministró su venganza, y vuelan á repeler los invasores, re- 
dimir su Rey y su primitiva independencia y dignidad. 

Seis años sostuvieron con una constancia indomable esa lid 
la mas sangrienta y designal. Una y otra vez fueron batidos 
y dispersados sus ejércitos; desplomáronse los muros de los 
pueblos convirtiéndose en ruinas y cenizas; los deliciosos cam- 
pos de la Hesperia quedaron yermos y agostados y sus fieles 
habitadores perseguidos desapiadadamente por los vándalos 
del Corso, se replegaban entre fosas y escombros. La ciudad 
de Alcides fué el último baluarte en que salvaron la patria, el 
gobierno, la religión de sus padres, sus leyes y virtudes. Em- 
pero, nada mas necesitaron para recuperar desde ese punto 
aquella gloria que habiendo ocupado el anchuroso ámbito de 
todo un mundo, se dilató por otro nuevo. Allí fué trazado 
aquel plan ingenioso que desarrollándose por el Fabio del Al- 
bion en rededor de los Arapiles, y realizado al fin en los cam- 
pos de Vitoria, libertó la Vizcaya, la Navarra, las Castillas, 
Aragón y Valencia, confinó los bárbaros en las plazas fuertes 



— 297 — 
de Cataluña, arrojó al intruso José á la margen opuesta del 
Vidasoa, y acosó sus legiones despavoridas hasta mas allá del 
ririneo. 

Al mismo tiempo, los legisladores de ese pueblo, guerre- 
ro como el romano y sabio como el griego, entre las alarmas 
y estampidos del bronce proyectan, discuten y sancionan las 
bases de sus imprescriptibles derechos, de aquellos derechos 
que empezó á conculcar el primer Carlos, y que después de 
haber sido proscriptos, pretendió una mano parricida arrancar- 
los de los antiguos códigos. Pero existiendo indelebles en la 
conformidad unánime de la nación, y ejerciendo esta la mas 
augusta función de su soberanía, los recopila en la Constitu- 
ción política; en ese momento indestructible elevado por la 
munificencia y sabiduría sobre las ruinas de la arbitrariedad y 
fanatismo. 

Divididos los poderes y prescribiendo á cada uno sus pecu- 
liares atribuciones, opuso una barrera insuperable al despo- 
tismo ministerial; protegió eficazmente la libertad civil, la se- 
guridad individual y las propiedades; restituyó la facultad in- 
nata á todo hombre de discurrir y publicar libremente sus 
opiniones políticas: proscribió los fueros y privilegios, y la 
distinción odiosa de Europeos y Americanos y cuanto mas ha- 
bía escogitado el orgullo y la barbarie para dividir los indivi- 
duos de una misma familia, y los pueblos de la nación mas 
grande y generosa. 

Dejaría de serlo, si desde el principio de su admirable rege- 
neración no hubiera consagrado para siempre este dia de hor- 
ror y gloria, de luto y júbilo á recordar aquel insigne aconte- 
cimiento, y al paso que resonando en toda la Monarquía es- 
pañola los cánticos de compasión y gratitud que se deben á 
los primeros mártires de su libertad; y suban hasta el cielo 
nuestros ardientes votos por el descanso de sus almas; sea su 
memoria constante estímulo de los esforzados, aliento de los 
débiles, vergüenza de los insensibles, y sempiterna aírenta de 
los infames, que cerrando los oidos á los clamores de la patria 
se afanan en balde por verla sujeta á la coyunda del ti- 
rano. (1) 

(I) Decreto de las Cortes de 2 de mayo de 1811. 

38 



— 298 — 
Ved aquí, compatriotas, los dignos objetos que ocupan nues- 
tra piedad y admiración. No sea, pues, una admiración estéril 
á la patria, ni una piedad ineficaz á los que merecen la retri- 
bución mas proficua. Preces puras y fervientes, patriotismo 
cordial y generoso, adhesión y obediencia á las leyes Consti- 
tucionales, fidelidad al rey, respeto á las autoridades, adver- 
sión á la tiranía y despotismo, unión íntima, fraternidad afec- 
tuosa entre todas las clases del pueblo; tales son los votos y 
libaciones mas gratas que podemos ofrecer sobre las aras de 
la patria y sobre el cenotafio en que ha depositado las cenizas 
de Daoiz y Velarde, de Lacy y Porlier, de todas las víctimas 
del Dos de Mayo y de todos los mártires de nuestra gloriosa 
insurrección. 



/ 

— 299 — 



ALEGATO producido por el Dr. D. Tomás Bo- 
may en la causa con el Pbro. Dr. D. Tomás 
Gutiérrez de Piñeres. 



Dr. D. Tomás Romay en los autos criminales que sigo 
contra el Dr. D. Tomás Gutiérrez de Piñeres sobre un libelo 
famoso, y lo demás como mejor proceda de derecho, digo: que 
se me entregaron para alegar de bien probado, cuyo paso se 
ha dilatado hasta ahora no solo por mis vastas y notorias ocu- 
paciones públicas; sino también porque habiendo fallecido el 
letrado que me dirigia, me ha sido muy difícil encontrar otro 
que se encargara de mi defensa, temiendo todos esponerse á 
los sarcasmos con que denigra el contrario en sus impresos 
aun á las personas mas respetables, y que ni remotamente le 
han ofendido. Pero, al fin, habiendo conseguido fundar com- 
pletamente mi acusación, se servirá V. condenar por su sen- 
tencia definitiva al mencionado Dr. Piñeres á seis años de re- 
clusión en un convento, y también en las costas, según debe 
determinarse en justicia. 

El párrafo 79 y siguiente del impreso titulado satisfacción 
á la vindicación de la Diputación (fóleo 6), contiene la acusación 
pública que me hizo el Dr. Piñeres, imputándome el crimen 
de haber falsificado el acta que celebró esa corporación el o 
de julio de 1814, por adversión al gobierno constitucional. 
Eligiendo las espresiones mas' injuriosas y denigrativas, no 
solo me presenta perpetrándolo con la mayor complacencia, 
sino también sometido servilmente á las órdenes de los dipu- 



— 300 — 
tados D. José Ferregurt, D. Juan Bautista Galainena, D. Mel- 
chor de Mesa y D. Fernando de la Masa Arredondo. Bastó 
una insinuación de estos señores para que el Constitucional Se- 
cretario, asi me llama con la mas insultante ironía, raspara los 
últimos renglones del acta y las firmas del Gefe superior polí- 
tico y de su vice-Presiclente el Sr. Intendente Aguilar, á fin 
de añadir que en la Junta se habia leido el decreto de 4 de 
mayo, acordándose su cumplimiento, y como si este delito lio 
fuera muy suficiente para hacerme indigno de aquel ministe- 
rio cubriéndome de oprobio y de infamia, me supone otro no 
menos infamatorio, cual es, haberlo ejecutado para contraer 
el mérito de ser uno de los primeros que obedecieron el man- 
dato de proscripción de la constitución, y que en odio de ella 
y afecto al servilismo firmé aquella falsedad con los demás in. 
dividuos de la diputación, menos el Sr. Beretervide, que con 
la dignidad de un ciudadano español, resistió los ataques que 
se le hicieron hasta por el mismo Sr. Geíe superior político, 
cuyos oficios tenia á su disposición. 

En dos crímenes igualmente enormes ha incurrido el Pa- 
dre Piñeres, mereciendo por cualquiera de ellos una rigurosa 
pena corporal, tanto según los cánones, como en conformidad 
de las leyes civiles. El primero es de calumniador de un fun- 
cionario público, imputándole falsedad y suplantación en el 
ejercicio de su encargo, y el segundo ser autor de un libelo* 
famoso en que no solo le disfama con injurias personales las 
mas denigrativas, sino también le espone al rigor de los tri- 
bunales y ala execración del pueblo, suponiéndolo enemigo 
de la constitución. Para vindicar á un mismo tiempo mi con- 
ducta pública y privada según los trámites que prescriben 
nuestras recientes leyes, denuncié su impreso á la Junta Pro- 
vincial de censura, y en su acta (folio 2) le declaró libelo in- 
famatorio que me injuria y disfama atrozmente como secreta- 
rio de la Diputación provincial, y que contiene igualmente 
injurias personales; debiendo, por tanto, ser detenido confor- 
me á los artículos 4.° y 18 del Reglamento de 10 de Noviem- 
bre de 1810 sobre libertad política de imprenta. Omitida esa 
diligencia por el tribunal, no dudé que en cualquiera tiempo 
podia promoverla, y hacer publicar la calificación. Nino-un 



— 301 — 

artículo de los decretos lo prohibe al actor; al contrario, el ar- 
tículo 27 del decreto de 11 de junio de 1813 concede al Editor 
facultad de darla á luz con cuantas observaciones quiera hacer 
en abono de su impreso, presentándolas á la Junta previa- 
mente. iSTo hice imprimir el acta con el único objeto de que se 
recogieran los impresos; quise también acreditar que habien- 
do emprendido indemnizarme legalmente de aquellas imputa- 
ciones, mi silencio á los libelos que repetía el Dr. Piñeres no 
procedía de convencimiento ni de falta de honor, según dijo 
en uno de ellos, infiriéndome esa nueva injuria, y provocan, 
dome á una lid de personalidades y sarcasmos. 

Cualquiera que no le conozca por sus escritos, al verla 
aseveración y confianza con que se esplica en aquel folleto, y 
la importuna y chocante procacidad con que repitió otros se- 
mejantes; esperaría encontrar en estos autos las pruebas mas 
convincentes de aquellos crímenes. Comprometido con el pú- 
blico por sus impresos, y conmigo en este juicio, donde un 
tribunal imparcial y recto ha de imponerle las penas que me- 
rece ¿quién no creería que para eximirse de ellas habría pre- 
sentado los documentos mas incontestables, cuando espresa- 
mente ofreció suministrarlos hasta en la dilijenciade concilia- 
ción? En ese acto, prevenido por nuestra sabia Contitucion pa- 
ra que los españoles acrediten que son justos y benéficos como 
ella recomienda; en ese acto, donde los enemigos mas irrecon- 
ciliables penetrados de aquellos deberes han depuesto sus re- 
sentimientos y agravios; allí mismo un ciudadano que tanto 
vocifera su amor y respeto á las instituciones liberales y un 
Ministro del Dios de mansedumbre y misericordia que debia 
inspirar á los legos esas virtudes diciéndoles con su ejemplo, 
imitatores mei stote sieut ei ego Christi en ese mismo juicio de paz 
despreció igualmente el artículo de la Constitución y el precepto 
del evanjelio dilijite mímicos vesiros y con una dureza que sor- 
prendió al tribunal, se lisonjeaba de su triunfo y de la ruina y 
humillación de un hombre de honor y Padre de familia. 

i f cuales son los medios legales que ha empleado para 
satisfacer su orgullo y su venganza? Ningunos se encuentran 
en los autos; ningunos repito con la mayor confianza; ora sea 
porque no existiendo ni uno solo, le ha sido imposible exibir- 



— 302 — 
lo, ó porque esperando en que lograría intimidarme con sus 
multiplicados y jactanciosos folletos, en que apuraba hasta las 
heces mas corrosivas de su bilis, abandonaria yo el curso de 
esta causa con mengua de mi reputación. 

Aprecióla demasiado y conozco igualmente al T)r. Pi- 
ñeres para cederle ignominiosamente por un terror pánico 
lo que aprecio mas que mi existencia. Interesado cuanto es 
posible en conservarla ilesa, mientras él se desgañitába con 
esos libelos que excitan el desprecio y náuseas en los hombres 
de menos educación y criterio, preparaba yo en silencio las ar- 
mas de mi defensa. El mismo tiempo le fué concedido para eje- 
cutarlo y apercibirse. Pero ¿qué pruebas habia de exibir cuando 
ni siquiera se atrevió á valerse del testimonio que le dieron 
los escribanos D. José Maria Rodríguez y D. José Ignacio Sa- 
linas del reconocimiento que practicaron á su instancia del 
acta anteriormente citada? ¿Quién dudará que este documen- 
tos le resultó contra produceníem no habiéndole agregado á estos 
autos, ni haciéndole imprimir aunque trunco y tergiversado, 
como lo ejecutó (folio 146) con la certificación que pedí de la 
misma acta á los propios Ministros? En prueba de su buena 
fé, dice, prefirió las armas del contrario á las propias. Sin du- 
da su fé es púnica, pues que suprimió todo lo que espresamente 
le perjudicaba y solo hizo imprimir lo que presumió podía fa- 
vorecerle. Como mi fé es mas sincera que la suya, exibí el 
testimonio integro de esa dilijeiicia folio (13 vta.) su confron- 
tación con el párrafo citado del impreso, demostrará hasta la 
evidencia las calumnias conque lia pretendido disfamarme co- 
mo funcionario público; y seguidamente manifestaré con do- 
cumentos no menos convincentes las injurias personales que 
me ha inferido para hacerme odioso y criminal. 

Si se hubieran raspado los últimos renglones de la repe- 
tida acta (aunque fueran solo dos) y las firmas de los Sres. Pre- 
sidente y Vi ce-Presidente, como asegura el contrario; tendría 
de largo la raspadura todo el ancho de un medio pliego de pa- 
pel menos el margen, y de ancho mas de dos pulgadas — Los 
espresados ministros certifican, que advertimos entre el ante- 
penúltimo y penúltimo renglón (del último párrafo) una pe- 
queña raspadura, y entre el penúltimo y último otra de este 



— 303 — 

largo y de ancho la distancia de un renglón á 

otro; que en la citada raspadura no caben, según la dimensión 
que ocupan las dos medias firmas del Sr. Presidente y Vice- 
presidente, ni una sola con su rúbrica." 

Raspados los últimos renglones y las firmas de los Gefes 
á fin de añadir (continúa el Padre Piñeres) que en la Junta se 
había leído dicho Decreto de 4 de Mayo y se había acordado su 
cumplimiento; seria preciso que los renglones suplantados en 
la raspadura aparecieran resumidos, y si acaso se pretendió evi- 
tar ese defecto salvando lo que se habia raido, mediana entre 
el penúltimo y último párrafo una distancia como de tres ren- 
glones que es lo menos que ocuparían los últimos y las firmas 
de los Gefes — Ni lo uno ni lo otro se percibe en el acto origi- 
nal. Los escríbanos atestan, que no hay alteración ó enmienda 
entre uno y otro párrafo; que no encontramos variada la dis- 
tancia de los renglones, y que solo se nota resumido en el 7.° 
renglón del último párrafo citado la silaba su, y en el penúl- 
timo del mismo párrafo de la palabra protestando las cuatro 
primeras letras." 

Si se rasparon los renglones y firmas para añadir, que en 
la Junta se leyó el citado Decreto y se acordó su cumplimiento 
¿como afirman los repetidos Escribanos, que examinado el 
penúltimo párrafo del acta que en testimonio antecede, en el 
original hallamos ser cierto que concluye con las palabras 
que presentó el Sr. Estrada, y el último comienza de este modo 
antes de concluirse recibió el Memo. Sr. Presidente un oficio y cierto 
que en la continuación de los once renglones de que se compo- 
ne, sigue tratándose sobre el Decreto de 4 de Mayo de 1814. 

De esta confrontación resultan demostradas tres negras 
calumnias. Primera, que no solo no se rasparon renglones, 
pero ni siquiera una letra del acta, siendo intelineares todas 
las raspaduras, segunda, que tampoco se rasparon las firmas 
del Presidente y Vice-Presidente, pues en la raspadura mayor 
no cabe ni una sola media firma con su rubrica. Tercera, que 
en el acta no se suplantó haberse leido en aquella sesión el De- 
creto de 4 de Mayo acordándose su cumplimiento; puesto que 
se trata de él en un párrafo entero, sin precederle la mas leve 
alteración en el papel ni en la distancia de los renglones. 



— 304 - 

No me detendré en abominar la venganza implacable con 
que el Presbítero Piñeres provoca en ese y otros párrafos del 
mismo impreso la indignación de este pueblo, no solo contra 
el Dr. Ferregurt porque dijo en una sesión de la Diputación 
que había triunfado el partido Piñerino; contra los demás Dipu- 
tados presentes, porque no le desmintieron, y contra mi, por 
haber aceptado el encargo que me hizo aquella Corporación 
de vindicarla de las imputaciones conque las difamaba en su 
impreso sobre elecciones Parroquiales', sino también contra los 
Diputados ausentes y Gefes del año de 1814 que ni remota- 
mente pudieron intervenir en aquella ocurrencia, harto com- 
probada con hechos repetidos. Prescindo igualmente del nuevo 
agravio que hace á los mismos Gefes presentándolos tan inep- 
tos y degradados que se atrevieron cuatro individuos sin ca- 
rácter ni representación alguno á disponer, que se rasparan 
sus firmas en un documento público, haciéndoles suscribir 
después lo que ellos quisieron suplantar. Y reservando para 
mas adelante acreditar que sin fundamento alguno, y solo por 
parcialidad y afección aplaude y recomienda la dignidad con 
que el Sr. Beretervide resistió los ataques que le hizo el Gefe 
superior Político para que firmara el acta, referiré lo que 
aconteció al tiempo de celebrarse la sesión y suscribirse: á fin 
de que el Tribunal quede convencido de que no es lo que há 
dicho el Padre Piñeres, ni hay sombra alguna de delito. 

El 5 de Julio de 814 estando reunida la Diputación Pro- 
vincial y leyendo yo un informe delSr. Estrada sobre el punto 
que se discutía, se presentó el Teniente D. José María Cana- 
to, Ayudante del Sr. Apodaca, conduciendo al Comandante 
de un Correo de España que acababa de entrar; y habiendo 
significado á S. E. que le traia un pliego de la mayor impor- 
tancia, se retiraron á otra pieza. Volvió prontamente el Sr. 
Presidente y me entregó un papel para que lo leyera y se en- 
terara la Diputación. Resultó ser un oficio del Sr. Comandante 
general de Andalucía participándole, que el Rey ocupaba ya 
el Trono de sus mayores con general aplauso y entusiasmo de 
la Península que en toda ella se había restablecido su gobier- 
no proscribiendo por tanto el constitucional, y disolviéndose 
las cortes en cumplimiento de un Decreto del Rey, del cual 



— 805 — 
acompañaba un ejemplar, asegurándole que muy pronto se le 
comunicaría por su respectivo Ministerio; no dudando su pun- 
tual obediencia de un Pueblo que se habia conservado unido 
á la Madre Patria en las épocas mas calamitosas. Seguidamen- 
te lei el citado Decreto de 4 de Mayo espedido en Valencia, 
y concluido dijo en sustancia el Sr. Presidente, que por el ofi- 
cio del Sr. Villavicencioy por los informes que le habia dado 
el comandante del Correo contaba, que las cortes quedaban 
disueltas y abolido en toda la península el;"gobierno constitu- 
cional y sus instituciones, desde que S. M. entró en la Cortes 
restableciendo su gobierno; y que habiéndose conservado esta 
Ciudad constantemente adherida al Rey y al Gobierno de la 
Metrópoli; esperaba que inmediatamente obedecerian cuanto 
se previene en aquel Decreto, quedándose en su consecuencia 
disuelta aquella Corporación. Sorprendidos y consternados to- 
dos sus individuos, manifestaron su conformidad con el mas 
lúgubre silencio, y siguiendo á S. E. se retiraron persuadidos 
de que no volverían á reunirse. Convencido igualmente deque 
no habría otra Junta en que pudiera leerse el borrador del 
acta, traté de estenderla, y lo hice con la mayor estencion en 
los dos primeros puntos que se habían tratado; y en cuanto al 
último usé de las mas sencillas y menos frases posibles para 
presentar la idea del restablecimiento del gobierno del Rey y 
disolución del constitucional. 

Hice copiar el acta en el libro, y me dirigí, como era de- 
bido, al Sr. Presidente; proponiéndome hacerlo sucesivamente 
con los demás vocales. Se la leí, y pareciéndole conforme, em- 
pezó á echar su media firma. Pero advirtiendo antes de con- 
cluirla que en el acta no se decia espresamente haberse pres- 
tado obediencia al decreto de 4 de mayo, me insinuó era pre- 
ciso que constara terminantemente. Mientras yo meditaba y 
estendia en un pedazo de papel lo que juzgué necesario para 
aclarar aquel concepto en pocas palabas, y las mas decorosas, 
hizo raspar S. E. lo que habia escrito de su firma. Apro- 
bado por S. E. lo que juzgó debía añadirse, lo presenté á 
varios individuos de la Diputación, significándoles ser preciso 
raspar la raya puesta después de la palabra sesión.' Las firmas 
de ocho individuos que aparecen bajo las cláusulas añadidas, 

39 



— 306 — 
son demasiado suficientes para acreditar su consentimiento á 
que constara espresamente lo que habian acordado, y omití, 
por parecerme supérfluo, estando virtualmente contenido en el 
período anterior. 

Esta sencilla esposicion, que lleva en sí misma todos los 
caracteres de verdadera, está comprobada por los autos, como 
voy á demostrarlo, y dejo para después el claro convencimien- 
to de que en todos estos 'pasos manifesté el mas escrupuloso 
respeto á la espirante Constitución, fui fiel á la ley de mi ofi- 
cio, y digno de elogio en lugar de las injurias que me ha pro- 
digado el Padre Piñeres. Entremos, pues, en la prueba de que 
todo sucedió como llevo referido. En el proceso existe testi- 
monio íntegro de aquella acta (fóleo 88, vuelta), y también 
otros documentos que iré citando sucesivamente. Supérfluo 
estimo ocurrir á las declaraciones del portero D. Juan Bor- 
dón (fóleo 122), del escribano D. Juan de Dios Corona (fóleo 
117), y del ayudante Canalejo (fóleo 109), á fin de convencer 
por la de este, que condujo á la sala donde estaba reunida la 
diputación al comandante del Correo, y por la de aquellos, 
que se leyó el oficio del señor Villavicencio y el decreto de 4 
de mayo. El mismo Dr. Piñeres lo reconoció en vista del tes- 
timonio de dicha acta, que*publicó en el impreso (fóleo 145) 
con el único objeto de disfamar y hacer odiosos á todos los 
que la suscribieron, sin respetar ni á los diputados ausentes 
ni tampoco á los jefes. Previendo que solo podría pretender 
aquel documento con intención tan depravada, aunque espuso 
otras preces en su instancia de 17 de julio último, resistí cons- 
tantemente se le concediera en otras tres que presenté hasta 
el 19 de agosto; pero al fin la obtuvo, sorprendiendo al asesor, 
constando todo del^espediente que existe en la Escribanía de 
Salinas. 

No es menos evidente que concluida la lectura del oficio 
y del decreto recomendó su obediencia al Sr. Presidente, y la 
prestaron tácitamente todos los vocales. En honor del señor 
Apodaca, no perdiendo ni en aquel momento la esperauza 
de que se restablecería la constitución, omití en el acta lo 
que dijo S. E., pero no es presumible que la sesión se suspen- 
diera sin que se esplicara en favor ó en contra de lo que pre- 



— 307 — 
venia el decreto. Bordón declara, aunque con impropiedad, 
«que manifestó el Sr. Apodaca luego que abrió dichos plie- 
gos, que se debía obedecer lo resuelto por el Rey, y que en 
consecuencia cesaba aquella Junta, insinuándolo así á sus vo- 
cales... Que ninguno manifestó oposición al obedecimiento de 
la orden del Re}', y á lo espuesto por el señor Apodaca sobre 
su cumplimiento.» El escribano Corona, que se encontró en 
aquel acto por el motivo que espresa al principio de su citada 
declaración, dice: Que inmediatamente que se leyeron los pa- 
peles recibidos de España, manifestó el señor Apodaca á los 
individuos de la Diputación, que se debia obedecer el decreto 
del rey, y que en consecuencia habia concluido aquella Jun- 
ta, y se levantó la sesión .. Que todos callaron y obedecieron 
y se levantaron sin hacer repugnancia ni contradicción.» Nin- 
guno de los dos testigos esceptúa al señor Beretervide, aun- 
que espresamente fueron examinados sobre este particular. 
El mismo Sr. Apodaca lo ratifica en su proclama (fóleo 82), 
espresando que los papeles remitidos por el capitán general de 
Andalucía los habia visto la Diputación provincial, cuyo voto 
unánime es el mismo de siempre, el de adhesión á la Penín- 
sula y á su gobierno. — Y siendo constante que la Diputación 
no volvió á reunirse después del 5 de julio, como acreditaré 
seguidamente, es incontestable que en la sesión de aquel dia 
vio el decreto y le prestó unánime obediencia. 

¿Y quién dudará que el señor Apodaca fué el primero 
que se decidió á observarle en vista de sus operaciones poste- 
riores? Suspendida la sesión entre diez y once de la mañana, 
según deponen Corona y Bordón, ó entre once y doce, como 
dice el teniente Canalejo, estando todos contestes en que las 
anteriores duraban hasta después de la una; entregó antes de 
las doce el decreto'al Sr. D. Tomás Agustín Cervantes, redac- 
tor que entonces era del Diario del Gobierno (fóleo 105) y á su 
impresor D. José de Arazoza (fóleo 111 vuelta) previniéndo- 
les que inmediatamente lo imprimiesen y publicaran en el 
Diario del siguiente dia. Sus declaraciones aparecen confor- 
mes con las de D. José Soreau, cajista de la misma imprenta 
(fóleo 119) y D. Antoniodel Valle Hernández (fóleo 114, vuel- 
ta). Seguidamente dispuso se publicara un bando aquella pro- 



— 308 — 
pía tarde, contraído á los documentos que acababa de recibir. 
Si en dicho bando no esplicó francamente sus deseos, y sus- 
pendió la publicación del decreto, substituyendo la Gaceta en 
que se referia la entrada del Rey en Madrid (fóleo 78), provi- 
no sin duda de la agitación que observó en el pueblo, según 
lo manifiesta el mismo bando (fóleo 12, vuelta) y lo comprue- 
ban las declaraciones del Sr. Cervantes, Arazoza y Corona. 
Sin embargo de las bullas que advertía, no dejó de insinuarle 
diciendo: «El Rey deseado, el adorado Fernando, está en Ma- 
drid, aclamado, obedecido y obsequiado de toda la nación.» 
Aun subsistiendo las mismas bullas el siguiente dia 6. comu- 
nicó, no obstante, al Escmo. Ayuntamiento el decreto y oficio 
del Sr. Villavicencio, concluyendo el suyo con estas palabras: 
«y avisarme de su acuerdo para satisfacción de este pueblo, 
cuyo voto general es y na sido siempre el de la unión con su 
rey y nación» (fóleo 16). ¿Y puede exigirle mas, no habiéndo- 
sele comunicado por su respectivo ministerio, y advirtiendo 
el disgusto con que fué recibido por el pueblo? 

Las actas que en consecuencia de esos documentos cele- 
bró el Escmo. Ayuntamiento y se agregaron á estos autos, 
por el contrario, habría sido con el objeto de recomendar la 
adhesión de aquel cuerpo al sistema constitucional, ó la con- 
ducta de espectador pasivo que observó su presidente en aque- 
llas discusiones, para deducir que se comportaría del mismo 
modo en la Diputación. Si lo primero, fué muy efímero el mé- 
rito que contrajo el Ayuntamiento, pues á los cuatro dias su- 
cumbió unánimemente. Si lo segundo, es una inducción sin 
premisas suficientes, sin exactitud en las circunstancias, y so- 
bre todo contrariada por hechos positivos. Wi estoy obligado 
á manifestar las causas porque no decidió S. E. en el empate 
de la votación el dia 8, ni me corresponde sostener lo que de- 
bió ejecutar en el Ayuntamiento, sino lo que hizo en la Dipu- 
tación provincial. Demasiado público fué entonces que va- 
cilaba entre el deseo de cumplir lo que prevenía el decre- 
to, y el temor de aumentar el desagrado del vecindario y de 
algunos capitulares. Asi fué, que apenas se convinieron to- 
dos estos en su observancia, se apresuró á publicar en el Dia- 
rio (fóleo 56) del modo siguiente: «cuando el voto mió fué desde 



— 309 — 
luego estar unido al gobierno de S. M., que se nos ha comuni- 
cado, aunque no lo fué del Escmo. Ayuntamiento hasta el dia 
9.» No pudo espresar de un modo mas terminante su decisión 
á cumplir y hacer observar el decreto desde luego que lo recibió. 

De aquí provino que suHpendiendo en aquel dia la sesión 
de la Diputación mucho antes de la hora acostumbrada, no 
volvió á reuniría después. Lo afirman el ayudante Canalejo y 
el portero Bordón, añadiendo que desde el siguiente dia em- 
pezó á despejar la sala de sesiones, pasando los muebles á otras 
piezas. Hasta el mismo Dr. Piñeres, no pudiendo rehusar á la 
verdad el testimonio que le pedí in verbo sacerdotis, se retrac- 
tó de lo que había dicho anteriormente , declarando confor- 
me á ellos, y espresando «que el secretario de casa en casa 
fué recogiendo las firmas <le los individuos que autorizaron 
el acta (fóleo 130, vuelta). ¿Y cómo pudo ocurrir á los ene- 
migos del Santo Código el pensamiento de la falsifiaccion 
en el instante mismo de estampar su media firma el Gefe 
superior político? (fóleo 144) ¿ Quién los citó para que con- 
currieran al palacio de B. E., cuando lo ignora el portero 
de aquella Corporación? ¿En que pieza se reunieron, que no 
lo comprendió Canalejo, existiendo constantemente en la mis- 
ma habitación? ¿Dónde se estendió el acta que celebraron, no 
encontrándola los escribanos Salinas y Rodríguez en el libro 
de sesiones? (fóleo 124.) Y si ocurrió la suplantación en el 
mismo instante de estampar su media firma el Presidente, ¿có- 
mo asegura que ya firmada (el acta) del Gefe político y su vi- 
ce-presidente el Sr. Intendente Aguilar, ocurrió á los desafec- 
tos del santo Código el pensamiento de ser los primeros 

para qu» raspara las firmas del Gefe superior político é inten- 
dente? (fóleo 6.) Mientras el Padre Piñeres no concilie esta 
contradicción apurando su dialéctica, resultará necesariamen- 
te que una misma idéntica operación se ejecutó en el instan- 
te de firmar el Gefe político, y después de haber firmado, no 
solo S. E. sino también el Sr. Intendente, sin que en uno ni 
otro caso estuvieran presentes los autores de aquella manio- 
bra. ¿Y de este modo se escribe á un pueblo ilustrado? ¿Así se 
disfaman tantos hombres de honor y de carácter? 

Convengamos, pues, en que solo el señor Apodaca pudo 



— 310 — 
disponer que se raspase lo que había escrito, con el objeto de 
que constara en el acta espresamente lo acordado. . El único 
cargo que pudiera hacérseme es haber consentido en esa ras- 
padura, debiendo dejar inteligibles las letras escritas, y siguien- 
do la costumbre de poner debajo No pasó; estender enseguida 
el acta tal cual debia quedar. Este, por cierto, no acredita la 
tacha de falsario que con tan poca caridad y con tanta publi- 
cidad me ha impuesto ese desapiadado sacerdote, y si bien se 
examina, ni aun puede llamarse cargo. — No hay ley que pres- 
criba esa orden. Estaba entre renglones la firma no concluida, 
y el papel por ser semidoble, permitia se raspara como si fue- 
ra un borrón. El señor Apodaca lo pretendió de buena fé, y lo 
hizo ejecutar. Las pocas palabras que se anadian, en nada al- 
teraban el sentido de las anteriores. Ninguno de los vocales 
que consintieron en la adición, y la firmaron, hicieron el me- 
nor reparo. — ¿Porqué, pues, se me hace un cargo de que á mí 
no me ocurriese? 

Mayores sin duda serian los vicios de que adolecen las 
actas del Esmo. Ayuntamiento, presentadas por el contrario 
como modelos de fidelidad y adhesión al sistema constitucio- 
nal. A la que celebró el 8 de Julio se añadió el siguiente dia, 
que sus individuos nemine discrepante habían estado y se con- 
servaban unidos al gobierno que se anunciaba del Rey nuestro 
Sr. no habiéndose acordado el dia antecedente sino su confor- 
midad á las dos proposiciones indicadas por el Caballero Sín- 
dico segundo, contraída la uua, á que se imprimiera el Ca- 
bildo estraordinario del 6 [en que resistió la mayoría reconocer 
el gobierno del Rey] y el Decreto ó impreso á que se refiere 
y la otra, á que también se publicara el deseo de esa cuerpo 
por el feliz momento en que le participo el Ministro Secretario 
del Despacho, haberse sentado en el trono de sus mayores con 
general aplauso de la Nación nuestro amado Monarca el Sr. 
D. Fernando Séptimo, para manifestar por cuantos medios 
estén á su alcance su júbilo y regocijo por tan fausto y sus- 
pirado acontecimiento folio (182, vta.) VA dia 19 del propio 
mes se adhirieron y firmaron el acta del 18 dos Regidores 
que no concurrieron á esa sesión, en la cual se acordó, dirij ir 
al Rey, una felicitación concebida en lenguaje mucho mas in- 



— 311 — 

decoroso, mas servil y depresivo del código fundamental que 
la moción del Sindico segundo (folio 187, y 188.) 

ífo preveo cuales sean los sofismas que prepara el Dr. 
Piñeres para indemnizar á los Regidores de un prevaricato tan 
repentino y degradante, tributando las lisonjas y adulaciones 
mas humildes, al mismo que poco antes abominaban como á 
déspota. La única razón con que puede salvarlos y también 
á su Secretario del crimen de falsedad y suplantaciou, será 
precisamente, no haberse firmado los actos cuando se hizo la 
adiccion á la primera y se adhirieron á la segunda los dos ca- 
pitulares. En este mismo caso estaba el acta de la Diputación 
de 5 de Julio cuando la presenté al. Sr. Presidente y demás 
vocales. Y si á la primera de aquellas pudo agregarse, aunque 
por una nota, lo que realmente no se acordó, y firmaron la 
segunda los que no concurrieron á la sesión? podrá negarse á 
los individuos de Diputación el derecho de espresar en los 
términos que mas les agradase lo mismo que habian acordado? 
Si después de aquel dia se hubiera celebrado otra sesión, y se- 
gún costumbres se leyera en ella el borrón del acta antece- 
dente ¿no podrian todos y cada uno de los vocales suprimir lo 
que estimasen supérfluo y agregar lo que faltase, hasta dictar 
materialmente las palabras conque debia entenderse? ¿Pues 
como es posible privarles de esa facultad tan solo, porque la 
vieron la vez primera estendida en el libro y no en un pliego 
de papel? Aunque se hubiera conservado completa y visible la 
media firma del Sr. Apodaca, no perdian los demás vocales el 
derecho de exijir que se espresara en ella lo que se habia 
acordado: mientras la mayoria no la subscribiera, no era inal- 
terable, ni formaba acuerdo. 

Lo que se añadió no está en contradicción con el sentido del ac- 
ta, ni es un pegote, (f. 145 vta.) Después de referirse, como dijo el 
Dr. Piñeres que se habia leido el oficio del Sr. Villavicencio y el 
decreto de 4 de Mayo, concluía con estas palabras: Y habiéndose 
enterado la Diputación de esta soberana resolución suspendió inmedia- 
tamente la sesión. Suspenderse la sesión á consecuencia de haber- 
se instruido del Decreto que disolvia las Diputaciones Provin- 
ciales suspenderse sin volver á tratar del punto que se discutía, 
cuando se recibieron aquellos documentos, y aun sin concluirse 



— 312 — 

la lectura del papel que se interrumpió por ellos; suspenderse 
mucho antes de la hora de costumbre; suspenderse tan intem- 
pestivamente y no volver á reunirse ¿no acredita que de hecho 
se cumplió lo que prevenia el Decreto, aunque no se espresa- 
ra materialmente en el acta? Véase pues ahora y confróntese 
la adiccion que ha merecido tantas execraciones del Padre, 
'■'■protestando su obediencia d los preceptos de S. M. y su constante 
adhesión al gobierno reconocido en la 3Ietrpóoli." La primera pro- 
posición está implícitamente contenida en la anterior, que 
manifiesta la precipitación con que se interrumpió el acta. El 
Sr. Apodaca esplicó espresamente su obediencia con lo que 
dijo después de la lectura de aquellos documentos y los 
demás individuos la prestaron con su resignación y silencio. 
La última proposición es la causal de las dos antecedentes. Si 
el Sr. Villavicencio aseguraba en su oficio y lo ratificó de pa- 
labra el comandante del Correo, que toda la Península habia 
reconocido, con aplauso y entusiasmo el restablecimiento del 
anterior gobierno ¿debería la diputación contribuir con su 
disentimiento á la emancipación de esta Provincia? ¿Debería 
esponerla á los horrores de la anarquía, después de haberse 
preservado felizmente en las épocas mas calamitosas? ¿Sor- 
prehendida por el mas ominoso Decreto, como si se hubiera 
lanzado un rayo sobre ella, aislada en aquel recinto sin poder 
consultar la opinión publica? ¿merecerá las imputaciones con 
que la disfama el Dr. Piñeres por lo que hizo en aquel mo- 
mento de amargura y desolación? ¿Que cuerpo se comportó en- 
tonces con mas firmeza y decoro? ¿Que importa que la mitad 
del Ayuntamiento después de veinte y cuatro horas en que 
pudo discurrir tranquilamente sobre el asunto y esplorar el 
voto del Pueblo, hubiera rehusado el cumplimiento del De- 
creto si á los cuatro dias, subsistiendo el mismos defectos que 
antes opuso, se prosternaron todos sus individuos ante el 
ídolo del despotismo, y adjuraron aquellas instituciones que poco 
antes proclamaban liberales? 

En el período con que terminaba el acta, y en el otro que 
se me hizo agregar ¿que palabra encontraran los ojos mas 
suspicaces y malignos que indique adversión al sistema cons- 
titucional, deseo de que se restableciera el arbitrario, adulación 



— 313 — | 

ó lisonja? ¿Pude acaso en aquella época esplicarme con mas 
laconismo ó con espresiones mas respetuosas á las Leyes que 
se abominaban y proscribían? Compárese esa acta con todas 
las que celebraron entóneos las corporaciones de esta Isla y 
de la Península, haciéndolas imprimir para dar ese nuevo y 
público testimonio de su adhesión y servilismo; compárese, 
repito, y por la mezquindad con que aparecerá estendida, se 
conocerá la violencia con que lo ejecuté. 

¿Y por esto se me acusa? ¿Pueden encontrarse palabras 
mas oportunas, menos indecorosas y contrarias á la ley cons- 
titucional? ¿Habrá un furioso que me denuncie y también á 
la Diputación, por decir que suscribía al decreto de 4 de ma- 
yo, precisamente para evitar que esta isla quedase en la anar- 
quía ó emancipada de la Madre Patria? El Padre Piñeres, que 
sin duda fué el autor de la humillante respuesta del Sr. Bere- 
tervide de 9 de agosto, después de haber tenido muchos dias 
para pensarla, acusa á la Diputación y me acusa á mi. ¿Y por 
qué? ¿Por no haber incurrido en la misma abyección, profirien- 
do las palabras mas dignas y respetuosas? ¿El Padre Piñeres 
elogia al Cabildo y nos insulta á nosotros? ¿á nosotros, que en 
la primera sorpresa dijimos tan poco, que no pudo ser menos? 
¿Qué necesitó esplicarse para que se entendiera, y después de 
amplificado permanece muy conciso? 

Se ha lisongeado en uno de sus impresos de haber encon- 
trado en la nota final de mi papel Herodias, un argumento 
invencible contra la unánime obediencia de los individuos.de 
la Diputación al decreto de 4 de mayo. Ratifico ahora con mas 
estension lo que allí dije, y se disiparán sus esperanzas. Cuan- 
do presenté el acta con la adición al Dr. Ferregurt y á otro 
diputado que entonces no podía determinar, y después estoy 
convencido de que fué el Sr. Galainena, se abstuvieron de sus- 
cribirla, no negando que hubieran prestado su obediencia á 
dicho decreto en la sesión, sino para haber reflexionado pos- 
teriormente, que no se había comunicado por su respectivo 
ministerio, y también porque advertían el disgusto que habia 
causado en el pueblo y la divergencia de opiniones en el Es- 
celentísimo Ayuntamiento; pero ofrecieron firmarla cuando 
se recibiera el decreto oficialmente. El señor Beretervide fué 

40 



— 314 — 
el único que rehusó suscribirla á pretesto <le que no había ma- 
nifestado obediencia en aquella ocasiou. Lo participé todo al 
Señor Gefe Político, y luego que le fué comunicado por el Se- 
cretario de Ultramar el referido decreto y la Real orden de 
24 de mayo, pasó ambos documentos á esos tres señores Di- 
putados en 29 de julio, y á los demás solo la Real orden. Los 
Sres. Ferregurt y Galainena firmaron inmediatamente el acta, 
y todos, á escepcion del Sr. D. Ignacio de Quesada, que esta- 
ba ausente, contestaron á S. E. ratificando espresamente su 
obediencia al Decreto y cumpliendo lo que prevenía la orden. 
Pareciéndole á S. E. que el Sr. Beretervide no lo esplicaba 
suficientemente, repitió otro oficio con fecha de 9 de Agosto, 
y en el propio dia le contestó con la mayor sumisión y bajeza, 
no solo reiterando su obediencia al decreto y Real orden, si- 
no también á cuanto S. E. se sirvió mandarle (folio 126.) E\ 
primer oficio que en 29 de julio dirigió el Sr. Apodaca á Be- 
retervide, y reconocí en el Tribunal, pidiendo el contrario se 
testimoniara á (fóleo 168), es de la misma fecha y de la pro- 
pia letra que todos los demás; yo hice el borrón y los copió 
D. Ruperto Saavedra, uno de los escribientes que tenia en 
aquel año. Conservo el que se dirigió al Dr. Ferregurt, y vie- 
ron en mi casa el Sr. D. Juan Echegoyen, D. Ramón Martelo 
y otras personas que concurrieron á ella el dia que se publi- 
có el impreso Herodias; el Sr. Galailena me asegura que tam- 
bién conserva el suyo. A las contestaciones que recibió el se- 
ñor Apodaca de los individuos de la Diputación, se contrae 
la nota rubricada por S. E. que encontraron los escribanos Sa- 
linas y Rodríguez en la única hoja que media entre las sesio- 
nes de 5 de julio de 814 y 19 de abril del año próximo pasa- 
do (tóleo 124.) 

Esta relación parecerá al Tribunal demasiado minuciosa 
y poco ó nada conducente al objeto de la cuestión; pero yo la 
estimo tan necesaria para precaver la objeción que indiqué, 
como para rebatir dos aserciones que abortó adephesios el doc- 
tor Piñeres. Si los Sres. Galainena y Ferregurt no suscribie- 
ron el acta de 5 de julio hasta el dia 29 que se les comunicó 
el decreto por un oficio, ¿es creible que tueran dos de los cua- 
tro que me dieron la orden de las raspaduras y suplantacio- 



— 315 — 
ncs para contraer el mérito de ser los primeros que obedecie- 
ron dicho decreto? ISTo es menos demostrable la injusticia con 
que pretendió deprimir á loe individuos de la Diputación y 
realzar al Sr. Beretervide, cuando dijo seguidamente, y todos 
firmaron esta falsedad, menos el Sr. Beretervide, que con la 
dignidad de un ciudadano español, resistió los ataques que se 
le hicieron hasta por el mismo Gefe Superior Político, cuyos 
oficios tengo á mi disposición.» Si hubiera procedido en este 
particular solo por informes, podría atribuirse á ligereza la 
aseveración y confianza, con que se esplica. Pero afirmar que 
tiene á su disposición los oficios en que el Gefe Superior polí- 
tico atacó á Beretervide para que firmara el acta, es lo sumo 
de la impudencia y de la obsecacion. Si tiene ese documento 
tan honroso á su prosélito, ¿porque no se presentó con prefe- 
rencia al de 2!» de julio': ¿Porqué ha reservado su humilde y 
servil contestación al de 9 de agosto? ¿El que se esplicó tan 
indecorosamente, podía remitir la mas leve insinuación de 
S. E. para que suscribiera ? Ni se lo exigió jamás, ni yo 

practiqué diligencia alguna para que lo verificara, ya fuese 
porque constaba su obediencia al decreto en el citado oficio y 
en la nota que hizo poner en el libro e 1 Sr. Apodaca, ó porque 
quise respetar su modo de proceder, ó porque estando firma- 
da por ocho individuos de los nueve que concurrieron á la se- 
sión, no era necesario que él lá autorizara. 

Si bastase que algún individuo de cualquiera corporaciou, 
por ignorancia, malicia ú otro motivo ilegal dejase de firmar 
un acuerdo, para que el secretario no los suscribiera, y queda- 
sen sin efecto, según opina el Dr. Piñeres, (fóleo 151) esta seria 
labora en que nuestro Código fundamental no se habría san- 
cionado, y carecería toda la nación de los beneficios que por él 
disfruta. Habiendo rehusado uno de los individuos de la co- 
misión de Constitución suscribir la primera parte de su pro- 
yecto, tampoco lo había verificado el secretario, frustrándose, 
por consiguiente, los votos de las Cortes estraordinarias y de 
todos los españoles de ambos mundos. . 

Con harta confusión del Dr. Piñeres se habrán disipado 
también 'as esperanzas que concibió de implicarme con la no- 
ta final de las llerodias, y de recomendar la dignidad del se- 



— 316 — 
ñor Beretervide. Solo ha podido aplaudirla el que se prevalió 
de su felonía contra los jefes, contra sus colegas, y contra la 
misma corporación á que pertenecia, para mancillarla y espo- 
nerla á la pública execración, imputando á sus individuos, y á 
mí especialmente, el crimen de falsedad. Me abstendría de es- 
plicar la verdadera acepción de esa palabra, hablando en un 
Tribunal ilustrado; pero lo exije mi defensa: «Falsedad, dice 
la Ley de Partida, es mudamiento de la verdad. E puédase fa- 
cer la falsedad en muchas maneras; asi como si algún Escri- 
bano del Rey, ú otro que fuese notario público de algún con- 
sejo, ficiese privilegio, ó carta falsa á sabiendas, ó rayase, ó 
cancelase, ó mudase alguna escritura verdadera ó pleito, ú 
otras palabras que eran puestas en ella, cambiándolas falsa- 
mente." Está demostrado que no rayé ni una sola palabra del 
acta, que lo añadido no cambia falsamente lo que estaba es- 
crito, que no lo hice por mi voluntad ó capricho, que no es 
contrario á lo que ocurrió en los últimos instantes de la sesión 
y se mandó espresar por los mismos individuos del Cuerpo que 
suscribieron la adición. Y si no lo ejecutó el Sr. Beretervide, 
lejos de haber motivo para recomendarle y hacerme cargos de 
no haber tomado su firma, solo los habrá para elogiarme, 
pues teniendo en mi mano un medio, cuando no de perderle, 
al menos de mortificarle, en lugar de haberlo usado, procedí 
con tan generoso secreto, que puedo en verdad asegurar que 
él, su director y yo éramos las únicas personas que en aquella 
peligrosa época estuvieron enteradas de semejante falta, des- 
pués que se le comunicó el decreto. ¿Y así se corresponde 
mi noble proceder? ¿Es creíble que me insulten los que debie- 
ran admirarme? ¿Que esa misma consideración ó indulgencia 
les preste materia para acusar de inconstitucional, á quién asi 
respetó hasta los delirios de los constitucionales? ¡Oh negra 
indigna retribución! 

Mas yo espero, y con la mayor confianza, de la ilustra- 
ción del Tribunal, que estará plenamente convencido de que 
las únicas letras que se rasparon pertenecían á la media firma 
del Sr. Apodaca, la misma que se repuso completa y hasta con 
su rúbrica; que lo añadido fué dispuesto por los mismos indi- 
viduos que celebraron el acta, y que no habiéndola firmado, 



— 317 — 
pudieron, no solo amplificar la que se indicaba en el período 
antecedente, siuo también reformarla. Espero igualmente que 
su prudencia habrá reconocido, y aun admirado, que la espre- 
sada adición fué lo menos y más decoroso que pudo hacerse 
en tan críticas circunstancias; lo menos, repito, pues hizo mu- 
cho mas el Cabildo y su secretario, á quien tanto elogia el Doc- 
tor Piñeres; y lo mas decoroso, vuelvo á decir, porque en lu- 
gar de las bajas sumisiones que tributaron todos los Cuerpos 
al poder arbitrario, la Diputación usó de una causal que ni es 
enemiga de la Constitución, ni amiga de aquel poder. Por úl- 
timo, no dudo de su imparcialidad y rectitud que procederá 
conforme á las Leyes y los Cánones, convencido el reo del 
atroz delito de calumniador. 

No son menos graves las penas que imponen á los auto- 
res de libelos famosos, ni es fácil encontrar entre los que mas 
se han distinguido por su maledicencia, algún otro que haya 
publicado tantas injurias personales como el Presbítero Piñe- 
res contra mí. En el impreso denunciado, y justamente califi- 
cado de libelo infamatorio, dice en la página cuarta «que en el 
papel Purga Urbem del Dr. D. Tomás Romay, sentó la siguien- 
te proposición incendiaria y anti-constitucional.» El apostrofe 
que cita no fué dirigido, como supone, á los soldados ni aun 
á los oficiales subalternos de esta guarnición; sino precisamen- 
te á sus jefes encargados por el Escmo. Sr. Capitán general de 
ejecutar lo que ha divulgado el Dr. Piñeres, y omití yo por 
consideración á los purgados. — En la página sesta espresa que 
los desafectos al Santo Código, queriendo dar el ejemplo de 
servilismo y sumisión al gobierno absoluto, dieron la orden á 
su digno secretario el Dr. Romay.» La palabra digno, aplicada 
por antítesis, indica que soy igualmente enemigo de la Cons- 
titución, y sometido al gobierno arbitrario y servil. Lo com- 
prueba la odiosa ironía que añade llamándome constitucional 
secretario. En el párrafo siguiente repite «que los cuatro diputa- 
dos propietarios, cou su presidente, vice-presidente y secreta- 
rio falsificaron el acta para marcar cou^un crimen su amor á 

la tiranía y servilismo y que con su asemejado secretario 

el Dr. Romay están envueltos en el espresado crimen. — Con- 
trayéndose al manifiesto en que impugné su impreso «sobre 



— 318 — 
elecciones parroquiales, y consecuente á la identidad de senti- 
mientos que me supone con los cuatro diputados propietarios, 
y á la connivencia en la suplantación del acta, pregunta en la 
página séptima: «¿Los que han hecho traición á la provincia, 
y pisando crímenes, se precipitaron á derrocar la constitución, 
¿cómo pueden empeñarse en su observancia y ser adictos á 
los defensores de ella?» Ya no solo he cometido el crimen de 
falsedad; son «crímenes» los que he pisado para derrocar la 
Constitución; y antes de precipitarme en ese, había ya perpe- 
trado otros. — Concluiré la enumeración de las injurias mas 
notables que me infiere en dicho impreso, con este período 
del último párrafo; porque, como la mayoría de sus individuos 
traga por fuerza la constitución, según el testimonio indica- 
do, no es mucho trabajo en barrenarla y desacreditarla por to- 
dos los medios y caminos. Si hubiera dicho Mayoría de sus Di- 
putados ó Vocales, desde luego me habría escluido; pero con- 
traerse á mayoría de individuos, según el testimonio indicado, 
en el cual me habia comprendido; acredita que estoy -mear- 
so entre los que barrenan la constitución y trabajar en desa- 
creditarla por todos medios y caminos. Esto es lo mismo que 
afirmar, que conspiro directamente y por diferentes medios 
contra nuestras leyes fundamentales. 

Si decia San Bernardo que núges in ore sacerdotis sunt blas- 
phemis, ¿cómo llamaría las imputaciones con que un sacerdote 
ha pretendido privar de la honra á uu ciudadano, del empleo 
á un funcionario público y de !a libertad á un padre de fami- 
lia, denunciándole una y muchas veces por haber conspirado 
contra la misma Constitución? Mas el Dr. Piñeres, lejos de 
reconocer las injurias y perjuicio que ha podido causarme con 
ese libelo; lejos de respetar la calificación de la Junta de Cen- 
sura y la providencia del Tribunal que mandó recojer todos 
los ejemplares, para que no se hiciera mas pública mi dista - 
macion y se perpetuara en esos documentos; ha estimado in- 
justo y amañado el dictamen de la Junta por afección y par- 
cialidad hacia mi, frustrando al mismo tiempo los efectos de la 
detención de los impresos, prevenidos en favor del agraviado 
por los Decretos de libertad de imprenta. 

Con la mas escandalosa contumacia repitió las mismas 



. — 319 — 
injurias y calumnias en siete papeles que hizo imprimir des- 
pués de la satisfacción titulados: Análisis del impreso Herodias. 
Reconvención. Cargo. Aumento al cargo. Estraordinaria ocur- 
rencia. A los amantes de la verdad y complemento de pruebas. 
No pude agregar á los autos un ejemplar de todos ellos por 
que no me fué posible encontrarlos; pero en cualquiera pági- 
na de los que existen en ellos se presentan aquellas imputacio- 
nes con los rasgos mas negros y horrorosos. Se resiente dema- 
siado mi pudor al recordarlos, y el Tribunal se mortificaría 
igualmente si pretendiera transcribirlos todos. Baste uno, y 
sea el siguiente: solo el que prostituyó la fe de Secretario á la 
adulación y á la lisonja y al idolo del servilismo, puede pre- 
sumir de individuos que no conoce ni ha comunicado, lo que 
pasó por si mismo" (folio 140 vta). 

Ahora, pues, si el Dr. Piñeres no me conocia ni jamas 
me ha tratado ¿como ha podido reputarme enemigo del sis- 
tema constitucional y adherido servilmente al Despótico? ¿Co- 
mo afirma y vocifera que cometí el crimen de suplantación, 
para facilitar el restablecimiento del gobierno arbitrario y 
abolir las instituciones liberales? ¿Que hechos ha observado 
en mi conducta pública ó privada para asegurar que pisando 
crímenes me precipité en el de falsedad el 5 de Julio de 814? 
Y después de ese dia para siempre infausto ¿que pruebas he 
dado de complacencia por el nuevo orden, ó de reprobación 
del antecedente? ¿Cuales tiene agregadas á estos autos para 
comprobar esa injusticia? Las mismas que exhibió para justifi- 
car la suplantación del acta; y si demostré anteriormente 
aquella calumnia del modo mas incontestable, no serán ahora 
menos auténticos los comprobantes de su maledicencia y pro- 
cacidad. 

En el mes de Setiembre de 1808, cuando el Sr. Piñeres 
era espectador indiferente de la lid gloriosa que sostenía la 
Madre Patria; cuando su nombre no aparecía entre los de 
aquellos generosos patriotas que la auxiliaron con sus dona- 
tivos, ni entre los escritores que aplaudieron su heroica insur- 
rección; en aquellos dias dignos de eterna memoria, publiqué 
en la imprenta del gobierno un papel titulado Conjuración de 
Bonaparte y Godoy contra la Monarquía española, y después de 



— 320 — . 
esponer los derechos que tenia la Nación para resistir al tirano 
y al favorito, dije en la página 11 como si Carlos 4.° fuera ar- 
bitro absoluto de la Monarquía Española; como si pudiera por 
si solo derrogar sus Leyes fundamentales; cede la soberania 
en favor de Bonaparte. ¿Se ha visto jamas una farsa mas ridi- 
cula, ni una depredación perpetrada con menos pudor? '"En 
la página 13" Ella fué (la Nación) la que calificando los de- 
rechos del Duque de Anjou y del Archiduque Carlos, dictó 
el testamento de Carlos 2.° concediendo al primero y á sus 
descendientes la Soberanía de España; prescribiendo el orden 
inalterable de las suscesiones y reservándose la facultad inad- 
misible de instalar otra nueva dinastía, cuando la de Borbon 
se estinguiera absolutamente en sus dominios." Por último, en 
la página 20 habiendo tratado de las Juntas que se establecieron 
en las Provincias de la Península concluía con estas palabras 
concediéndole la autoridad de gobernarlos á nombres de Fer- 
nando Séptimo, mientras consiguen redimirlos á costa de su 
sangre y de los maj'ores sacrificios, ó hasta que la Nación 
congregada en cortes reasuma la soberanía." ¿Y este es acaso 
el idioma de los serviles? 

Era si el mió dos años antes que las cortes estraordinarias 
hubieran sancionado el augusto Decreto de 24 de Setiembre 
de 1810 y con mayor anterioridad el artículo 3o de nuestro 
código fundamental. Rectificada mi opinión sobre la soberania 
con esas leyes y la lectura de algunos publicistas, hice impri- 
mir posteriormente los rasgos colocados desde (folio 99) hasta 
103. Cualquiera de ellos, cualquiera de sus párrafos me hon- 
rará siempre por haber sido uno de los mas acérrimos defen- 
sores de la Soberania nacional abominando con execración el 
poder absoluto y arbitrario. Elija el Dr. Piñeres de esos im- 
presos el periodo que quiera, y presente otro entre todos los 
que há publicado que contenga en tan pocas palabras, y tan 
castellanas y souoras,tantasideasy sentimientos liberales, tan- 
ta adhesión al despotismo ministerial, tanto amor á la libertad 
civil y tanta adhesión por principios y convencimiento á las 
instituciones liberales. 

No se diga, que hice del hipócrita en aquella época, El 
último Dos de Mayo se publicó cuando ya sabíamos que el Rey 



— 321 — 
habiendo salido de Valencey se dirigia á nuestras fronteras; y 
aunque ignorábamos cual sería su resolución, repeti no obstan- 
te con la misma franqueza y energia cuanto habia dicho ante- 
riormente. Véanse si no los últimos párrafos, y vuélvanse á 
requerir las declaraciones del Sr. Cervantes y Arazosa. En 
ellos se encontrará la firmeza imperturbable conque me espuse 
no solo el desagrado de un Gefe respetable, sino también á 
ser delatado á la Junta de vigilancia establecida en Madrid 
por mis doctrinas liberales y contrarias al sistema de opresión 
y arbitrariedad. Con ese objeto se solicitaron dos ocasiones y 
con la mayor eficacia los originales de aquellos impresos, y 
la honradez de los Sres. Cervantes y Arazosa me privó quizá 
de haber conocido y admirado á los ilustres Arguelles y Her- 
reros. Yo quisiera haber visto en aquel conflicto al Dr. Piñe- 
res y tantos gárrulos que se desgañitan ahora para persuadir, 
nos que son constitucionales, á fuerza de repetirlo con la mas 
fastidiosa importunidad, sin haber dado una prueba decisiva 
de sus sentimientos. 

Si en los seis años posteriores no manifesté los mios pu- 
blicamente; tampoco hé dado señal alguna de haberlos adju- 
rado. ¿Y quien há sido el que no ha respetado ó tenido el go- 
bierno dominante? El mismo Padre Piñeres que con infracción 
la mas reprehensible de la orden de la Regencia de 24 de 
Junio de 1813 declamó antes y ahora igualmente contra las 
autoridades y Tribunales ¿es posible que en ese intermedio 
no advirtió su exaltado patriotismo un solo abuso que mere- 
ciera reformarse? ¿Porqué mauifestó su conformidad al menos 
con el silencio mas inviolable? Yo hé dado pruebas mas posi- 
tivas de mis constantes sentimientos Constitucionales. Preci- 
sado á escribir en cumplimiento de los encargos que me han 
sido confiados, se imprimieron algunos de esos papeles, prin- 
cipalmente en las Memorias de la Sociedad. Examínelos de- 
tenidamente el Padre Piñeres; apure la suspicacia de sus ojos 
maléficos; y si encontrase en ellos una sola palabra que sos- 
peche lisongero al gobierno arbitrario, irrespetuoso al cons- 
titucional; deteste en hora buena con toda la acrimonia de su 
pluma ese torpe prevaricato. 

Pero mientras no lo ejecute, mientras que permitiéndole 

41 



— 322 — 
generosamente lo que le niega la Ley de Partida, no presente 
alguna prueba de las injurias personales conque me há disfa- 
mado en sus libelos; será habido y castigado como impostor 
público, agravando ese delito su mismo sagrado carácter. To- 
davía lo hace mas punible el espíritu de contumelia con que 
ha procedido. Lejos de contestar en esos folletos á las razones 
con que vindiqué á la Diputación en el Manifiesto folio 135 
impugnando al mismo tiempo los peligrosos delirios qne pu- 
blicó acerca de la soberanía de las Juntas Parroquiales; solo 
en uno tocó la cuestión como por incidencia, dirigiendo todos 
sus dardos contra mi opinión pública y privada. Irritándole 
mi silencio, cuando debia disipar su saña, nada omite para que 
lo interrumpiera atribuyéndolo á convencimiento, y mi mode- 
ración á defecto de consecuencia y pundonor. Inalterable en 
mi propósito, me consolaba con el testimonio de mi concien- 
cia, con el aprecio y estimación que no desmerecía de los ciu- 
dadanos imparciales y rectos, y con el resultado de este jui- 
cio. No lo esperaba con igual confianza el Dr. Piñeres, cuan- 
do no satisfecho con repetir en sus folletos aquellas imputa- 
ciones para darles toda la publicidad que le era posible, acri- 
minándolas en cada uno de ellos con los sarcasmos mas inju- 
riosos; se precipitó hasta el estremo de dirigir al Sr. Gefe Su- 
perior Político el oficio folio 155 vta. Este documento, sufi- 
ciente por sí solo para demostrar el espíritu que le ha dirigido 
y el fin que se ha propuesto; acabó también de convencerme 
de que no obstante sus detracciones y anterior se conservaba 
ilesa mi opinión, quedando frustrados ignominiosamente has- 
ta los últimos esfuerzos de su impoteute venganza. 

Mas prudente que D. León Ruiz de Azua, á quien insti- 
gó para que contribuyera á mi deposición de la Secretaria, es- 
poniéndole á ser unánimemente repelido por la Diputación y 
á que le reprehendiera públicamente el Supremo Gobierno, 
me retiré á otra pieza mientras se trataba sobre dicho oficio 
en aquella Corporación. Allí me presentó D. Santiago Cha- 
rum un certifícalo de Escribano de la Junta de lo Conten- 
cioso de la Hacienda pública igual al que obra en los autos 
que le sigue por injuria* el Padre Piñeres, en el cual atesta 
aquel Ministro, que en su archivo existe un espediente contra 



— 323 — 
ese Dr. en Cánones cobrándole diez mil pesos que retenía per- 
tenecientes á los Espolios del Ilustrísimo Sr. Tres-Palacios; 
incitándome Charnm á que entorpeciera con ese documento 
la delación del Presbítero Constitucional, pues siendo deudor 
á la Hacienda pública, no podia usar contra ningún ciudada- 
no de la acción popular. Pero tranquilo y muy confiado no 
menos en mi inocencia que en la rectitud de los Sres. Dipu- 
tado?; me abstuve de una evasión que si no era capaz de in- 
demnizarme legitímente, habría entorpecido al menos aquella 
acusación, dejando á un mas desairado y confundido al que 
osó promoverla. 

Compárese esta generosidad con en el ahinco infatigable 
I Dr. Piñeres por ofeuderme y denigrarme; compárese mi 
silencio con sus reiterados libelos, compárese por último mi 
iiKiTiidesto cotí todos y cualquiera de los papeles que impri- 
mió posteriormente. Aquel aparecerá escrito con dignidad y 
decoro; estos no presentan sino chocarrerías y sarcasmos; en 
aquel se encontrarán verdades demostradas con leyes y razo- 
nes; en estos injurias y calumnias improbables: *en aquel se 
respetan las autoridades, la moral y la decencia pública; en 
estos se insultan los primeros Gefes, las Corporaciones y mu- 
chos vecinos honrados y constitucionales, esponiéndolos á ser 
escarnecidos y vejados por el pueblo. Si se leyeran esos im- 
presos sin las firmas de sus autores, se diría seguramente que 
eí Manifiesto fué escrito por el Presbítero y los folletos por el 

Lego. 

No es esta, á la verdad, la conducta que observó San Ci- 
priano con el cismático Donato. Habiendo perseguido impía- 
mente á los católicos no solo con la pluma sino también con 
las armas, escribiéndole no obstante el Obispo de Cartago, le 
dice: da. veiiiam, si quid liberius dlxit, non ad coniumcham tuam, 
sed ad defeusionem mean. Dispensa, ó Donato, si algo hubiere 
dicho libremente, no ha sido con ánimo de ofenderte y agra- 
viarte, sino tan solo por ser conveniente á mi defensa. ¿Y se 
ha comportado de ese modo el Sacerdote Piñeres? ¿Ha prefe- 
rido su defensa á mi disfamacion en todos sus líbelos? ¿En 
esos líbelos tan contrarios á la mansedumbre y lenidad que 
exio-e su carácter? ¿En esos líbelos en que abusó con el ma- 



— 324 — 

yor escándalo de la libertad de imprenta? ¿En esos libelos que 
si los hubiera denunciado habrían merecido justamente la 
misma censura que la satisfacción? ¿En esos libelos escritos 
con sangre y dictados por las pasiones mas abominables? ¿En 
esos libelos comparables solamente áMi voto sobre Jueces de Le- 
tras, sobre Reglamento de Urbanos, sobre Ge/es Políticos subalter- 
nos, A los desengaños y á cuanto mas escribe la misma pluma 
dirigida siempre por intereses personales? 

¿Y hasta cuando abusará el Dr. Piñeres de la inmunidad 
de su estado, de la paciencia de los ciudadanos, de la indul- 
gencia de las autoridades? ¿Cuando se convencerá de que no 
tiene privilegio alguno para ofender impunemente ni al veci- 
no mas infeliz y desvalido? ¿En que st funda para anunciar- 
me que vá á contraquerellarse de mí? ¿Será porque dije en la 
Herodias, que debia ser por su edad y estado mas comedido 
que yo? ¿Y quién duda que me escede en algunos años, y que 
debiendo por ellos llevarme ventaja en moderación y pruden- 
cia resulta lo contrario de sus escritos? ¿Por su estado? Escu- 
che lo que escribe San Gerónimo al Presbítero Iíeliodoro: 
in te oculi omnium diriguniur: donus tua et conversatis tua quasi in 
specula constituía magistra est publice discipline: quidquid feceris, 
id Ubi omna faciendam putant. Si esto no le convence, si todavía 
se considera autorizado por su carácter para injuriarme v 
ofenderme sin que yo pueda reconvenirle; lea y medite la se- 
sión 14 del Decreto de reformación del Concilio de Trento. 

¿Se quejará porque dije en un escrito, que en la época 
anterior concurrió dos ocasiones á las elecciones Parroquia- 
les, y que aceptando los encargos de Compromisario y Elec- 
tor infringió la constitución, por ser deudor á la Hacieuda 
pública? Lo primero, consta de las actas de aquellas eleccio- 
nes y de los Diarios del Gobierno; y lo segundo de la certifi- 
cación que agregó Charum á los autos que ha tenido en su po- 
der. 

¿Se habrá ofendido su eecesiva delicadeza porque afirmé 
en el mismo escrito, que en fines del año de 814, ó principio 
del siguiente, le hizo comparecer en su presencia el Sr. Apo- 
daca y le intimó un Escribano que aun vive una Real orden 
reprehendiéndole severamente por las declamaciones que ha- 



— 325 — 
bia publicado contra los Ministros de la Exma. Audiencia 
Territorial? No he presentado testimonio de dicha Real or- 
den, porque siendo reservada, me fué negado; pero habiendo 
dicho que vive el Escribano que la intimó, si me hubiera pre- 
guntado quién era, le habría nombrado, y él no rehusaría 
comprobarlo. El Dr. Piñeres no ha debido estrañar que en 
dicha época y á consecuencia de lo espuesto por aquellos Se- 
ñores se hubiera espedido la Real orden indicada; cuando ha- 
biéndose disimulado en estos dias tantos abusos en la libertad 
de imprenta, y sin que la Diputación Provincial nada hubiera 
representado acerca de los papeles que publicó contra ella el 
mismo Dr. Piñeres, contraidos á la repulsa del suplente Azua 
y á mi continuación en la Secretaria; se recomienda no obs- 
tante al Exmo. Sr. Gefe Superior Político por Real orden de 
13 de Enero último, manifieste al espresado Azua que guarde 
siempre el mayor respeto á las Disposiciones de la Diputación, sin 
calificarlas de desaciertos en el público. D. León no imprimió 
ningún papel contra lo resuelto por la Diputación: el Dr. Pi- 
ñeres es el autor de los tres folletos en que se calificaron de 
desaciertos sus acuerdos sobre uno y otro asunto, y agregados 
á la información que promovió el suplente, ante el Sr. Alcal- 
de D. Felipe Valdés, representó á S. M. solicitando la corres- 
pondiente declaración á su favor. Al mismo tiempo el Señor 
Gefe Superior Político dio cuenta de todo lo ocurrido en 
aquella sesión con copia íntegra del acta que comprendía am- 
bos puntos. Y en vista de esos documentos resolvió el Rey 
aprobando espresamente la conducta de la Diputación con 
Azua, y respecto á mí la aprobó también tácitamente, des- 
preciando cuanto dijo en aquellos papeles el Padre Piñeres 
sobre la necesidad de removerme de la Secretaría por el cri- 
men de falsario, que aseguraba haberme^probado ante el mis- 
mo Sr. Gefe Político. 

Si todavía se resiutiere el muy¿sensible amor propio del 
contrario por alguna otra espresion, que sin duda la mas de- 
nigrativa de las mias será levísima comparada con la mas li- 
songera de las suyas; quede compensada con las demás que 
me ha prodigado su admirable facundia en sarcasmos y dia- 



— 326 — 
trivas, sin escluir los crímenes que dice haber pisado para pre- 
cipitarme á derrocar la constitución. Pero no le remito las 
calumnias de falsedad y suplantación del acta, ni las injurias 
que me infiere imputándome haber conspirado contra el go- 
bierno constitucional para restablecerel arbitrario y despótico. 

¿Y porqué motivo aquella indulgencia? ¿Po.drá deman- 
darme en este Tribunal, aun cuando yo no gozara de un tue- 
ro muy privilegiado? ¿Puede convertirse de reo en actor? El 
acusado no se queja, se esculpa para ser absuelto, y mientras 
lo consigue no tiene voz ni persona para querellarse. Así es- 
taba dispuesto por antiguos principios, y no habiéndose dero- 
gado, subsisten en todo su origen. Mal puede acusar el que 
se halla en la incertidumbre de la suerte que debe caberle, y 
tiene suspensos los derechos de ciudadano, conforme al pár- 
rafo quinto del artículo 25 de nuestra constitución política. 
Desde que es procesado criminalmente no goza de alguna 
prerrogativa, cesan sus funciones civiles ¿y podrá egercer una 
de las mas principales de la Sociedad? Debe al contrario espe- 
rar con humillación las penas que merece por los dos enor- 
mes crímenes que ha cometido; el primero, calumniando á un 
funcionario público en el ejercicio de su ministerio; el segun- 
do, injuriando á un ciudadano fiel y obediente á las Leyes 
por medio de libelos famosos. 

Supuesta la subscripción de los miembros de la Diputa- 
ción y la prueba plenísima agregada ¿qué fué lo que se ana- 
dió al acta qué no sea conforme á lo ocurrido en la sesión? 
¿Dónde se mudó la verdad con el dolo y perjuicio que consti- 
tuye el delito de falsedad? Es preciso ignorar los principios 
para imputarlo, y crasa, supina ó afectada la ignorancia para 
repetirlo con tanto descaro. Las Leyes son claras y terminan- 
tes y los autores las espiarían de un modo que no dejan duda 
para conocer lo que es en sí y forma la perpetración. Requié- 
ranse á los Sres. Mateu y Caldero, á Gómez, Julio Claro, 
Guarimo, Peguera y demás criminalistas. Piden uniformes: 
mutatis veritatis, dolus est aptitudo nocen.di in perjudicium alterius. 
Montalvo y Paz comentando las de los fueros escriben lo mis- 
mo, y refieren sus palabras, como lo hace el Sr. López en sus 
glosas á las de partida. 



— 327 — 

Si el Dr. riñeres hubiera probado, que se rasparon algu- 
nas palabras del acta, que lo añadido está en contradicción 
con lo que estaba escrito, que no se hizo por orden de los 
mismos Vocales de la Diputación, que no ñrmaron el acta 
después que se agregaron aquellos períodos, que alguno no lo 
ejecutó voluntariamente protestando de violencia, y que real- 
mente en la sesión no se leyó el Decreto ni se acordó su cum- 
plimiento; entonces le favorecería el artículo 29 del Decreto 
de 11 de Junio de 1813. Pero no habiendo cumplido lo que 
ofreció con tanto orgullo y dureza en el juicio de concilia- 
ción, pretendiendo frustrar con el mayor desprecio la califica- 
ción de la Junta de Censura y la providencia del tribunal para 
recoger los impresos; reincidiendo obstinadamente en los 
propios delitos cuantas veces repitió sus libelos esforzando 
mas y mas cuantos recursos le sugiera el odio mas implacable, 
para privarme de la honra, del empleo y de la libertad; no 
merece por cierto indulgencia alguna; ni podrá favorecerle su 
carácter ni sus achaques verdaderos ó supuestos. Con ellos 
delinquió, con ellos ha reincidido; sufra, pues, con ellos lo 
que previene el artículo 4. ° del Decreto de 10 de Noviem- 
bre de 1810. Vigentes aquellas leyes principió esta causa, ha 
continuado observando los trámites que prescriben; debe por 
consiguiente concluirse con arreglo á ellas, no derogadas, an- 
tes si muy conformes al artículo 7 ° título 2 o de la novísima 
de 12 de Noviembre del año próximo pasado. 

Los Cánones, y todas la3 jurisprudencias conocidas ful- 
minan los mas terribles anatemas contra semejantes delin- 
cuentes. El Decreto de Graciano los contiene, se publicaron 
en las Decretales, el código Romano los promulgó y el patrio 
los incluyen en sus volúmenes. Trae consigo la infamia de de- 
recho en que se iucurre para la sentencia y pronunciamiento 
en que el Juez debe espresarla. Sigue la irregularidad, y aun- 
que se mire con indiferencia por el que no sacrifica; el buen 
Sacerdote la teme y se consterna. Si no ha llegado á las últi- 
mas órdenes, no puede promoverse ni ministrar en las que ha 
recibido. Queda inhábil para las dignidades y beneficios 
eclesiásticos por la nota que le acompaña. 

En el Douteronomio impuso el Legislador Supremo la 



— 328 — 
pena del Talioa con palabras terminantes, copiándolas en 
nuestras partidas el sabio que las compuso. La Santidad de 
Pió 5 ° la recordó en su famosa constitución publicada en 
Roma en 27 de Marzo de 1506, reformando solamente los azo- 
tes; y Gregorio López la ratifica también comentando la Ley 
3. tí título 9. Part. 7. * 

El Dr. Piñeres no procedió á denunciarme en fuerza de 
su Ministerio, no ejerce ningún carácter por que le obligara á 
ejecutarlo, ni ha podido usar tampoco de la acción popular. 
Solo se descubre y manifiesta un ánimo deliberado de ofen- 
derme, un verdadero espíritu de contumelia, tanto mas re- 
prehensible cuanto mas obligado está por su carácter á ser jus- 
to y benéfico, á predicar mansedumbre, concordia, caridad y 
moderación. Lejos de recomendar esas virtudes, autorizando 
su doctrina con el ejemplo, ha conspirado con sus impresos á la 
disfamacion y ruina de un ciudadano que desde sus primeros 
años se dedicó á servir á la Patria, al Rey y á sus semejantes. 
Su opinión pública y privada atrozmente ofendida exige se le 
retribuya lo que la injuria y calumnia le hubieren defraudado; 
la vindicta pública lo pide imperiosamente; y para que la sa- 
tisfacción repare cuanto hubiere desmerecido por aquellas im- 
putaciones, recomendando además de lo espuesto lo que cons- 
ta de los autos. — A V. suplico se sirva resolver definitiva- 
mente según propuse al principio. 



— 329 — 



CONTESTACIÓN 

del Dr. D. Tomas Romay d los nueve libelos famosos 
que ha publicado el Presbítero Dr. D. Tomas Gu- 
tiérrez de Piñeres, imputándole el crimen de haber 
falsificado una acta de la Exma. Diputación pro- 
vincial. 

SENTENCIA. 

En la siempre fiel ciudad de la Habana en veinte de agosto 
de mil ochocientos veinte y uno, el Sr. Dr. D. Luis Pórtela, 
presbítero abogado de los tribunales nacionales, catedrático 
de prima de sagrados Cánones y Constitución, en esta Ponti- 
ficia y nacional universidad, provisor y vicario general auxi- 
liar de este Obispado &c. Habiendo visto estos autos seguido 
por querella del Dr. D. Tomas Romay, contra el presbítero 
Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, por las que le infirió en 
el impreso titulado Satisfacción á la vindicación y manifiesto da- 
do por la Diputación de esta provincia, con fecha de seis de Ju- 
lio del año antecedente publicado en la imprenta de Palmer é 
hijo: vista la acta de la estinguida junta de censura que califi- 
có dicho impreso de libelo infamatorio, que contenia injurias 
personales contra el citado Dr. Romay, cuya acta se halla co- 
locada á fojas dos: visto el acto de conciliación de la3 tres, en 
que el Dr. Piñeres ratificó cuanto habia dicho en el impreso, 
comprometiéndose á justificarlo por conducto de su persone- 
ro D. Félix Castells: el mismo impreso injurioso de la cuatro, 
libelo de querella de la diez, testimonio de reconocimiento de 
la doce, escrito de la diez y seis, representación fiscal de la 

42 



— 330 - 
veinte, auto de la veinte y dos vuelta, acusación de la veinte 
y tres, contestación de la veinte y cinco, impresos de la treinta 
y treinta y dos, libelo de la treinta y siete y treinta y nueve, 
auto de prueba de la cuarenta, las que respectivamente minis- 
traron las partes, corrientes las del actor desde la foja setenta 
y seis, hasta la ciento cincuenta y cinco, y las del reo, desde 
la ciento cincuenta y seis, hasta la ciento noventa: los alega- 
tos de buena prueba colocados á las doscientas tres y doscien- 
tas cincuenta, con todo lo demás que ha sido digno de notar- 
se y tenerse en judicial consideración, dijo su merced, que ad- 
ministrando justicia debia declarar y declara que el Dr. D. 
Tomas Romay ha fundado bien su querella, probando cuanto 
probar le convino para sincerarse del crimen de falsedad que 
en el nominado impreso le acusó el Dr. D. Tomas Gutiérrez 
de Piñeres; y que éste no lo ha hecho en bastante forma para 
justificar su aserto, y eximirse de la pena que la ley impone á 
los autores de libelos famosos, en el grado en que fué califica- 
do el predicho que ha dado causa á este procedimiento; pues 
si bien ha justificado que en el último párrafo de la acta de 
cinco de julio del año de mil ochocientos catorce, hay raspa- 
duras, y que después de asentadas sin firmarse de los vocales 
que componian la Diputación provincial, se agregaron algu- 
nas palabras; como que éstas ni alteran ni mudan el sentido 
de dicho último párrafo, sino que son en todo conformes con 
lo que antes en él se ha dicho, no se verifica mutación de la 
verdad, cual debe haberla para que se cometa el crimen de 
falsedad; mucho menos cuando todos los vocales subscribie- 
ron dicha acta en los términos que aparece hoy, escepto uno 
cuya falta no destruye la adopción que con su firma hicieron 
todos los demás de las últimas indicadas espresiones; á lo que 
se agrega estar calificado, que dichas raspaduras son unas in- 
terlineales, y otras insignificantes, no apareciendo por consi- 
guiente verdadera suplantación de palabras: en cuyo concep- 
to y el de haber sido denunciado y calificado el impreso antes 
que sesaucionase la novísima ley de imprenta, por lo que en 
casos tales deben arreglarse los jueces á las que entonces re- 
gían conforme con su espíritu, debia condenar y condena al 
Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, á la pena de reclusión 



— 331 — 
por un año en el convento de San Francisco de esta dicha 
ciudad, y al íntegro pago de las costas causadas, que por ésta 
que su merced pronunció definitivamente juzgando, así lo de- 
claró, mandó y firmó de que doy fé. — Dr. Luis Pórtela. — An- 
te mí. — José Martínez. 



Cuba Abril 29 de 1822. 
Vistos: Absuélvese al Presbítero Dr. D. Tomas Gutiér- 
rez de Piñeres, del año de prisión impuesta por la sentencia 
de primera instancia, confirmándose en lo restante de su te- 
nor, sin especial condenación de costas en esta segunda; de- 
clarándose como se declara, que las cláusulas, y espresiones 
del impreso de fojas cuatro, no ofenden, ni degradan la con- 
ducta, y procederes del Dr. D. Tomas Romay, Secretario de 
la Exma. Diputación Provincial de la Habana, su integridad 
y reputación pública, que hasta ahora se ha merecido. — Dr. 
Miguel de Herrera y Cangas. 

En el pleito y causa que ante Nos ha pendido y pende 
por recurso de alzada en 3? instancia entre partes de la una 
apelante el Dr. D. Tomas Romay Secretario de la Exma. Di- 
putación Provincial de la Habana, y á su nombre D. Joaquin 
Leandro de Solis como su apoderado, y de la otra apelado el 
Pbro. Dr. D. Tomas Gutiérrez de Piñeres, que no habiendo 
comparecido sus poderes y acusada la rebeldía, se siguieron 
los autos en estrados, sobre injurias inferidas en un papel pú- 
blico impreso. Vistos los autos y mérito del proceso, con lo 
representado por el Promotor fiscal: fallamos que la senten- 
cia dada y pronunciada en esta causa por el Sr. Provisor Vi- 
cario general auxiliar de la ciudad de la Habana que de ella 
conoció en primera instancia en 20 de agosto de 1821, en 
junta arreglada y conforme á derecho y como tal la debemos 
confirmar y confirmamos en todas sus partes, revocamos la 
pronunciada en el Tribunal metropolitano de Cuba, en cuanto 
contraria la primera, y en lo demás que no lo sea también la 
confirmamos: condenando al Dr. Piñeres en las costas de este 
recurso, y por esta nuestra sentencia definitiva en 3? instan- 
cia, administrando justicia, asi lo pronunciamos mandamos y 
firmamos. Dr.José Rendon. — Pto. -Rico 3 de Setiembre de 1823. 



— 332 — 



JUNTA GENERAL DE LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA 

DE 20 DE DICIEMBRE DE 1823. 

El amigo Rornay leyó el siguiente informe. — Convencido 
el cuerpo patriótico de la imperiosa necesidad de fomentar la 
población blanca de eBta isla constándole por los padrones del 
año de 1816 que solo llegaba á 274,000 almas, cuando la de 
color escedia de 326,000, aumentándose rápidamente con la 
libre introducción de esclavos: confió tan importante asunto á 
los Sres. D. José Ricardo O-Farrill, D. Juan Montalvo, D. 
Andrés Jáuregui, D. Antonio del Valle Hernández y al ami- 
go que informa, nombrado posteriormente secretario por la 
misma comisión. Penetrada íntimamente de la gravedad y 
urgencia del encargo que se le confiaba, procuró desempeñar 
con la mayor eficacia los dos puntos que le fueron recomen- 
dados, á saber, lo que podia y debia hacerse de pronto dentro 
de los límites que permitían nuestras leyes; y lo que era nece- 
sario impetrar de S. M. con apoyo de las autoridades de esta 
isla con este objeto presentó á la Sociedad para que elevase al 
supremo gobierno una representación á la cual se adhirieron 
el Escmo. Ayuntamiento y la junta económica del Real Con- 
sulado, suplicando se concedieran á la isla de Cuba las mis- 
mas exenciones y franquicias que se dispensaron á la de 
Puesto-Rico en real cédula de 10 de agosto de 1815, siendo 
una de las principales admitirse en ella á todos los españoles 
europeos y americanos que quisieran establecerse, y también 
á los estrangeros labradores y artesanos de las potencias ami- 
gas ó neutrales, acreditando ser católicos romanos. Por real 
cédula de 21 de Octubre de 1817 no solo se dignó el Rey re- 
petirnos aquellas gracias, sino también algunas otras reserva- 



— 333 — 
das á su real munificencia, confiándose su ejecución al Exmo. 
Sr. Capitán General y al Sr. Intendente de Egército. Previ- 
niendo uno de sus artículos que dichos señores nombrasen 
tres vecinos respetables para que les propusieran cuanto esti- 
masen mas conducente al objeto; reeligieron á los mismos se- 
ñores O-Farrill, Montalvo y Jáuregui, nombrando para su- 
plentes á los Sres. D. Juan O-Farrill, D. José María Peñalver 
y D. Rafael González, permaneciendo el mismo Secretario. — 
Estimándose indispensable proporcionar algunos auxilios á los 
nuevos colonos, propuso la comisión entre otros artículos la 
exacción de 6 ps. por cada negro varón que se introdugera de 
África por todos los puertos habilitados de esta isla, eligiendo 
para depositario de ese fondo al Sr. D. Próspero Amador Gar- 
cía. Aprobada dicha pensión por las autoridades locales, y 
confirmada por S. M. produjo lo suficiente para socorrer con 
22^8. 4 rs. á cada uno de los 5000 colonos indigentes que en- 
traron hasta Marzo de 1820 para fomentar las poblaciones de 
Jagua y Nuevitas y para adquirir en precio de 20u/ ps. la ha- 
cienda de Santo Domingo, distante 10 leguas al O de la villa 
de Santa Clara, cuya estension de 4 leguas de terrenos los mas 
feraces, ofrece ventajas muy considerables á la población y 
agricultura. — Instalada la diputación de esta provincia en el 
siguiente Abril reasumió ese encargo en uso de sus atribucio- 
nes; pero terminando en noviembre inmediato el tráfico de 
negros, y rehusando algunos deudores al fondo de población 
satisfacer sus créditos; careció aquella corporación de medios 
con que facilitar la colonización de blancos, Sin embargo, 
muchos se establecieron en Jágua, invirtiendo en sus progre- 
sos sumas considerables, é igualmente en Nuevitas. Se adqui- 
rieron 20 caballerías de tierra en la hacienda de S. Carlos de 
las Cabezas, jurisdicción de Filipinas cedidas por el Sr. conde 
de Baynoa, y en cumplimiento de la real cédula de 26 de Fe- 
brero de 1820 promovió la habilitación del puerto del Mariel 
obstruyéndose las lisongeras esperanzas que ofrecía en favor 
de nuestra agricultura y comercio, por el nuevo reglamento 
de aduanas que no incluyó ese puerto de primer orden ni en- 
tre los de segunda clase. — Derogada esa ley por el feliz resta- 
blecimiento de S. M. á la plenitud de sus derechos, exige la 



— 334 — 
obediencia á sus órdenes y la pública autoridad y convenien- 
cia que se habilita dicho puerto á comercio libre en los mis- 
mos términos que lo estaba el de Matanzas en 1820 allanando 
las dificultades que se presentan acerca del local que debe ele- 
girse para la población. Está pendiente el informe que se pi- 
dió á la estinguida diputación por dos reales órdenes, sobre 
las gracias que ha solicitado el Sr. Coronel D. Luis de Clouset 
como poblador de la colonia de Jagua. Esceden de 20n: ps. 
los que se deben á su Sría. por gastos hechos en ella, á virtud 
del contrato que celebró con las primeras autoridades de esta 
isla. El fondo de población es acreedor á cerca de 30u" ps. de 
varios individuos de comercio de esta plaza, interesados en el 
tráfico de negros; ha suplido mas de 20p á la Real Hacienda y 
7357 á la estinguida diputación provincial. Permanecen abso- 
lutamente yermas las 20 caballerías de tierra en la hacienda 
San Carlos; casi en el mismo estilo la grande y fértil hacienda 
Sto. Domingo; la población de Jágua no está concluida, res- 
tan por repartirse algunas caballerías de tierra de las que ce- 
dió D. Agustin de Santa Cruz, cuyo valor no se le ha satisfe- 
cho todavía, ni se ha evacuado el informe prevenido por S. M. 
sobre la gracia que pretendió de título de Castilla. Por último, 
la necesidad de aumentar la población blanca de esta isla 
principalmente en su parte oriental, es ahora mucho mas ur- 
gente que el año de 1716. Habana y Diciembre 18 de 1823. — 
Tomas Romay. — Y en su vista se acordó se insertara en esta 
acta y que con copia certificada de ella se oficie al Exmo. Sr. 
Gobernador y Capitán general para que S. E. en uso de sus 
facultades y atendida la urgente é imperiosa necesidad que 
hay de aumentar la población blanca de esta isla, se sirva a- 
doptar todas las medidas necesarias para conseguir tan útil y 
benéfico objeto. 



— 335 — 



Esposicion elevada á S. M. por la Real Sociedad 
Económica, d consecuencia de la Real orden de 
21 de febrero de 1^21. (1) 

Señor: 

La Real Sociedad Económica de la siempre fidelísima Ha- 
bana postrada á los R. P. de V. M. dice: Que se ha instruido 
con la mayor complacencia de la Real orden de 21 de Febrero 
último, en que se digna V". M. llamar cerca de su augusta per- 
sona el Real Obispo de esta diócesis, para emplear sus luces y 
conocimientos en el mejor real servicio, y el de la iglesia. 

Difícil sería reunir en tan sucintas palabras tantos y tan 
generosos sentimientos, si felizmente no abundase en el mag- 
nánimo corazón de V. M. La sociedad admira su real y perspi- 
caz comprehension en el concepto que le merece el Obispo 
de la Habana por su ilustración y piedad: reconoce igualmen- 
te la justicia con que V. M. dispensándole su confianza preten- 
de remunerar su ciencia y servicios: y por último bendice el" 
celo paternal con que se interesa V. M. por el gobierno mas 
recto y benéfico, para la mayor prosperidad de sus leales y fe- 
lices vasallos. 

Escnio Sr. 
(1) Necesitando el Rey N. S. de las luces y conocimientos de V. E. cerca de su 
persona, para su mejor Real servicio y el de la Iglesia, ha resuelto que se traslade á la 
Península en el primer buque que salga de ese puerto para ella; siendo también de 
bu real agrado, que nombre V. E. durante su ausencia para Gobernador de esa mi- 
tra, al R. Obispo de Guamanga D. Pedro Gutiérrez con residencia en esa ciudad y 
caso de su fallecimiento á D. Gregorio Rodríguez, que lo es de Cartagena. S. M. que 
está persuadido de loa sentimientos de V. E, no duda serán cumplidas esactamente 
sus soberanas intenciones, que de Real orden le comunico para los fines espresados. 
Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 21 de Febrero de 1824.= T. T.de C. 



— 336 — 

Nada, Señor, sería tan grato á esta diócesis como ver á su 
obispo aprocsimarse al trono, y contribuir á los grandiosos fi- 
nes que se ha propuesto la munificencia de V. M. Se consola- 
ría en su ausencia con la esperanza muy fundada de que ten- 
dría el mediador mas eficaz y solícito entre ella y su augusto 
soberano: y habiendo recibido de este prelado tan repetidas 
pruebas de su generoso anhelo para que el culto se celebre en 
toda la diócesis con la dignidad que corresponde á la divina 
religión que profesamos; para que la beneficencia se ejerza en 
sus establecimientos con la mayor compasión y humanidad, y 
para que las luces y las verdades útiles se propaguen cual me- 
rece la ingeniosa juventud de esta isla, no duda, señor, que in- 
cesantemente impetraría de la clemencia de V. M. cuantas gra- 
cias y auxilios estimase oportunos para concluir las obras que 
ha emprendido, dando á todas ellas la perfección de que son 
susceptibles. 

El cuerpo patriótico se abstiene de molestar la atención 
de V. M. refiriendo prolijamente las que ha realizado, y las 
que tiene ya principiadas; pero faltaría á la gratitud sin reco_ 
mendarse algunas de las que ejecutó y continúa todavía den. 
tro de la esfera de sus atribuciones; no solo en los tres bienios 
en que por unánime aclamación fué elegido su director, sino 
después que le obligaron sus enfermedades á exhimirse de un 
encargo, que aun desempeñaría con general aceptación. Ape- 
nas se indicó en una de sus sesiones la necesidad de establecer 
un cementerio en estramuros de esta ciudad, ofreció su direc. 
tor quinientos pesos para el plano de la obra. Se interrumpió 
por entonces la ejecución; pero convencido intimamente de su 
importancia y urgencia, la emprendió con una generosidad y 
constancia que perpetuará en este pueblo y en toda la Améri- 
ca su sabiduría, su celo infatigable por la salud pública, y 
por el decoro y magestad de los templos. El método de 
Pestalozi se recomendaba en Europa por las ventajas que 
ofrecía para la instrucción primaria; y reconociéndolas el Dioce- 
sano de la Habana, espensó un joven que mereció su elección 
para que lo aprendiera en Madrid, y volviese á plantearlo en 
esta ciudad. Sostuvo en ella muchos años la primera escuela 
gratuita, cediendo además el local en que fué establecida. Vi- 



— 337 — 
sitando la Diócesis el año de 1804 á tiempo que arribó á este 
puerto la Keal espedicion que conducia la Vacuna, solicitó un 
Profesor que inoculándola sucesivamente en varios niños, la 
condujere al lugar en que se hallaba, y desde allí continuó 
propagándola por todos los pueblos, recomendando personal- 
mente aquella operación. Les repitió con la misma generosi- 
dad ese beneficio en tres diferentes épocas, después de haber 
publicado una Pastoral manifestando su benignidad y eficacia 
con las razones mas convincentes, y previniendo á los Pár- 
rocos que en el aeto de administrar el sacramento del Bautismo 
escitasen á los padres á vacunar sus hijos. Erigió en el colegio 
seminario una cátedra de Economía política, y la confió á la 
vigilancia y protección de la sociedad. Por muchos años la 
proporcionó las medallas de oro y plata con que premia en los 
exámenes públicos de primeras letras. Desde el de 1805 socorre 
con treinta pesos mensuales la casa de Beneficencia, y tam- 
bién contribuye con igual cantidad [tara la subsistencia de las 
escuelas gratuitas de instrucción primaria. 

Cesarán tantos beneficios, y á las esperanzas muy lison- 
jeras que concibió la Diócesis de la Habana al enterarse de la 
citada Keal orden, han sucedido las previsiones mas funes- 
tas. Teme, y casi con evidencia, que la edad septuagenaria de 
su Pastor, los achaques de que adolece habitualmente hace ya 
algunos años, y la estén u ación y languidez á que le han redu- 
cido, no le permitirán arribar á la Península, ni acercarse al 
trono de la luz para refiectir sus rayos benéficos sobre esta 
Isla, elevándola al grado de ilustración y prosperidad á que es 
destinada por las circunstancias que reúne. V. M. no logrará 
emplear sus conocimientos en el mejor Real Servicio y el de 
la Iglesia. Esta perderá un prelado y la nación un dignatario 
tan respetable para su ciencia, como por sus virtudes cristia- 
nas y civiles; y la Diócesis de la Habana que en cada año de 
su Pontificado le lia visto erijir otros tantos monumentos con- 
sagrados á la Religión, á ia Beneficencia, á la Instrucción pú- 
blica, á la utilidad y conveniencia de los pueblos, llorará su 
ausencia con una amargura inconsolable, y el esceso de su do- 
lor quizá la privaría de conformidad y resignación. 

No es presumible Ócüor, que el benigno corazón de V. M. 

43 



— 338 — 
quiera remunerar los servicios de este R. Obispo con peligro 
inminente de su vida, ni probar el amor y veneración que me- 
rece de su grey con un sacrificio tan sensible como infructuo- 
so. Ahora mas que nunca necesita esta Diócesis de la presen- 
cia, del ejemplo y doctrina de ese Pastor. Si en las épocas an. 
teriorea de subversión y anarquía estrechaba intimamente la 
unión mas afectuosa entre esta Islay la madre patria; si enton- 
ces era el modelo de aquella fidelidad á la augusta persona de 
su Rey que la hizo digna del título mas honroso y apreciable; 
no han cesado, Señor, cou el feliz restablecimiento de V. M. 
á la plenitud de sus derechos las convulsiones políticas que la 
invaden y agitan por todas partes. Situada en el centro de las 
Provincias disidentes, concillándose la implacable odiosidad 
de todas ellas por su inalterable lealtad y adhesión á la Me- 
trópoli; repiten sin intermisión sus esfuerzos y maquinaciones 
para hostilizarla ó seducirla. Pero tan inflecsible á las calami- 
dades como á las instigaciones mas halagüeñas, no aparta los 
ojos de la razón constante que preside su iglesia, y en cuyo 
pecho se estrellan, como en una roca incontrastable, la fiere- 
za y astucia de aquellos pérfidos, asi como antes confundía y 
aterraba á los enemigos del trono y del altar. 

Si V. M. se interesa en la tranquilidad de esta Provincia, 
si los votos fervientes de sus habitantes merecen elevarse has- 
ta su escelso trono y penetrar su Real y sensible cora- 
zón; no temen, Señor, que sean ineficaces. Acostumbra- 
dos á obtener de la munificencia de V. M. otras gracias me- 
nos accesibles; esperan confiadamente se dignará concederles 
que su Prelado, tan digno de la confianza conque V. M. se ha 
servido distinguirle por sus luces y conocimientos, como de 
compasión y humanidad por sus años y achaques, y del respe- 
to y veneración por sus virtudes cristianas y civiles; continúe 
edificándolos y sosteniéndolos con su ejemplo v doctrina y 
termine entre ellos los diasque le conceda el autor de vida; para 
que al bendecirlos por última vez con mano trémula, se reanime 
su lengua balbuciente, y repita el mismo consejo que no ha ce- 
sado de recomendarles: fidelidadal Rey, unión á la Metrópoli. 
Dios guarde la importante vida de V. M. los muchos años 
que la nación necesita.— Habana y Junio 12 de 1824. — Señor. 
—A. L. R. P. de V. M. 



339 — 



MEMORIA (1) 

Sobre la epidemia de fiebres exantemáticas que se esperimenia en la 
Habana desde el año próximo pasado, leida en sesión ordinaria 
de la Junta central de Vacuna, celebrada el 15 de abril de 1825 
por su Secretario el Dr. D. Tomas Romay, individuo de mérito 
de la Sociedad económica de esta ciudad y corresponsal de la real 
Academia de Medicina de Madrid, déla Comisión central de Va- 
cuna de Paris y de las Sociedades de medicina de Bordeaux y de 
la Nueva- Orleans, médico principal del Hospital Militar de esta 
Plaza y honorario de la real Familia. 

Conformándose el Exmo. Sr. Gobernador y Capitán Ge- 
ral con el dictamen de la Junta de Sanidad en sesión de 25 
de Marzo del año anterior, manifestó en el Diario de esta Ca- 
pital de 28 del mismo, que habiéndole participado el Sr. en- 
cargado de S. M. en los Estados-Unidos de América, que en 
Filadelfia y otras ciudades se propagaba una epidemia de 
granos contagiosos llamados variolid, que atacaba indistinta- 
mente á los que no liabian tenido viruelas naturales, á los que 
habían sufrido esa enfermedad, y también á los vacunados, 
haciendo los mayores estragos en la gente de color; convenci- 
do sin embargo de la eficacia de la vacuna para preservar de 
ese contagio, recomendaba eficazmente á los padres de fami- 
lia que penetrados de los sentimientos que inspira la humani- 
dad, el celo por la salud pública, y su propio iuterés ocurrie- 
ran inmediatamente á vacunar sus hijos y domésticos, para re- 
dimirlos de una epidemia que podia introducirse en este 
puerto ó en algún otro de la Isla, frustrando todas las provi- 

(1) Publicada ea las Memorias de la Real Sociedad Económica de 1° de Abril 
de 1S2Ó. 



J 



— 340 — 
dencias que Labia dictado para precaverla y contener sus pro- 
gresos. 

Desgraciadamente se ha cumplido lo que previo S. E. y 
procuró evitar con etilo muy loable. Posible es sin duda que 
la epidemia de dos diferentes exantemas que se ha difundido 
en esta ciudad y en algunos pueblos inmediatos, se haya in- 
troducido en las tripulaciones ó efectos transportados de los 
pnert03 de la América Septentrional; [tero la esperiencia de 
muchos anos ofrece otra causa mucho mas activa^ la que elu- 
dirá la vigilancia de las autoridades y la severidad de las le- 
yes, siempre que el sórdido interés prevalezca contra los dere- 
chos de la humanidad, de nuesira propia conservación y de 
la pública tranquilidad. 

D03 han sido las especies de granos epidémicos que se han 
observado desde el mes de abril del año próximo pasudo, pre- 
cedidas arabas erupciones de una fiebre aguda que ha durado 
tres y hasta cuatro dias sin notable remisión, haciéndola aun 
mas temible el delirio, las convulsiones, los vómitos y otros 
síntomas que se advertían en algunos enfermos. Cumplido 
aquel período, se presentaba en la mayor parte de ellos una 
erupción de pústulas poco numerosas, las que al cuarto dia 
llegaban á su mayor incremento llenas de un humor cristali- 
no y transparente que nunca se espesaba, como el pus de las 
viruelas: al quinto dia empezaba á secarse, y al séptimo ó no- 
veno ¡o mas tarde, se desprendían las postillas, que eran muy 
delgadas y no dejaban cicatriz alguna, sin esperímentarse 
otra fiebre después ole la eruptiva. 

Los granos en la otra erupción eran regularmente mas 
numero ->os y algunas veces confluentes. Termiuaudo la fiebre 
al tercero o cuarto dia ó remitiendo solamente, se observaban 
primero en el rostro y después en todo el cuerpo unos punti- 
llos rojos apenas eminentes, los que se elevaban con lentitud, 
y hasta el quinto ó sesto dia no presentaban en su parte supe- 
rior una vejiliilla clara y transparente, la que se estendia en 
los dos dias sucesivos, y al octavo se levantaba en figura esfé- 
rica, llena de humor mas espeso, opaco y aun amarillo, ro- 
deados los granos de uu círculo encarnado que ocupaba toda 
la cutis cuando eran muy abundantes. En este caso aparecía 



— 341 — 

otra fiebre el dia onceno, y entonces se notaba una mancha 
oscura en la parte superior de las pústulas de la cara, derra- 
maban éstas y sucesivamente las de todo el cuerpo un pus es- 
peso, amarillo y fétido, se arrugaban después y el resto de la 
materia se convertía en una costra gruesa y dura, que no se 
desprendía enteramente basta cumplido el dia veinte y uno, 
dejando señales muy encarnadas y algunas escoriaciones. A- 
demas de estos caracteres se presentaban también todos los 
que son peculiares á las viruelas discretas ó á las malignas. 

En vista dé unos síntomas tan diferentes no es posible 
que ambas erupciones deban llamarse viruelas naturales. Aun- 
que la fiebre que las ha precedido Laya durado el mismo 
tiempo en una y otra, observándose en ambas algunos síntomas 
de grav lo, el curso que han seguido los granos, el 

color y con cía del humor contenido en ellos, el tiempo 

en que se ha verificado la desecación y el desprendimiento de 
las postillas, han sido en todas épocas y en todos los países los 
caracteres por donde los nosologistas y los prácticos han dis- 
tinguido la viruela natural de la volante ó varicela, llamada 
vulgarmente china en este pais. Es cierto que la particular 
constitución del enfermo y otras circunstancias individuales y 
atmosféricas pueden acelerar ó retardar los períodos de las vi- 
ruelas; pero no alterar absolutamente sus peculiares caracte- 
res. 

La primera de estas erupciones ha sido mas general, ob- 
servándose indistintamente en los vacunados, en los que ha- 
bían tenido viruelas naturales, y en los que no habían sufrido 
esta enfermedad ni aquella inoculación. La segunda la esperi- 
mentaron muchos que no habían sido afectados del contagio 
varioloso, algunos que conservaban señales muy sensibles de 
haberlo padecido, muchos que se juzgaban vacunados, y algu- 
nos que tuvieron el verdadero grano vacuno. 

Estos han sido muy raros, ó al menos en muy pocos se 
ha comprobado de un modo incontestable. Tres solamente he 
observado después de asistir y reconocer algunos centenares 
de viruelientos; pero se citan algunos otros por varios faculta- 
tivos, que me han comunicado sus observaciones en cumpli- 
miento de lo acordado por esta Junta en sesión de 5 de octu- 



— 342 — 
bre último,- y se sirvió prevenirles el Exmo. Sr. Gobernador y 
Capitán general por el Diario de esta capital el 17 del propio 
mes, para deducir de ellas si el contagio varioloso han infesta- 
do á los habian tenido la verdadera vacuna. Cual haya sido la 
causa de repetirse con frecuencia lo que desde el año de 1804 
en que se introdujo la vacuna en esta ciudad, solo se advirtió 
dos ocasiones en 8l8; (1) yo no me atrevo á determinarlo, por 
que aventuro congeturas en asunto tan importante y descono- 
cido á los mas célebres vacunadores. 

Algunas personas fundándose en papeles públicos de Eu- 
ropa que dicen haber visto, han opinado, que el virus vacuno 
preserva de las viruelas por tiempo determinado, como diez ó 
doce años, y que cumplido ese período es preciso repetir la 
inoculación para precaverse otros tantos años. Otras han crei- 
do, que el virus vacuno que se propaga en. esta ciudad ha- 
biéndose trasmitido sucesivamente por espacio de veinte y un 
años de uno en otro individuo, ha debido alterarse por sus 
particulares humores, perdiendo por consiguiente la virtud 
preservativa. 

En cuanto á lo primero, no se me han proporcionado los 
papeles que se citan, aunque los he solicitado con la mayor 
eficacia; ni tampoco concibo como pueda suceder que destrui- 
da por la vacuna la predisposición al contagio varioloso vuelva 
á, reproducirse. O la nueva inoculación estingue absoluta- 
mente la aptitud á recibir aquel contagio, ó solo la enerva 
y disminuye. Si lo primero, las personas que han tenido el 
verdadero grano vacuno deben quedar para siempre escentas 
de aquel contagio, como sucede á las que han sufrido las mis- 
mas viruelas naturales, las volantes, el sarampión y otras en- 
fermedades contagiosas que por lo regular solo una vez se es- 
perimentan en la vida mas dilatada. Pero si el grano vacuno 
no hace mas que disminuir ó enervar la predisposición á las 
viruelas; en cualquier tiempo que se espongan los vacunados 
á recibir ese contagio de un modo activo y eficaz, esperimen- 
tarian sus efectos. Ni el virus vacuno es un agente que se 
conserva en el cuerpo humano resistiendo la impresión de 
aquel contagio, ni el humor de que se llenan los granos de las 

(1) Memorias de la Sociedad Económica de la Habana número 28, año de 1S19- 



— 343 — 
viruelas que existia en el individuo antes de escitarse su erup- 
ción; como supone los que ignorando hasta los primeros ele- 
mentos de la ciencia mas vasta y complicada, se atreven á dis- 
currir acerca de algunos fenómenos de la economía animal, 
que no se puede comprender ni esplicar sin conocer sus leyes 
y el modo conque obran los contagios. 

Los cuatro hijos que tenia en febrero de 1804 fueron los 
primeros que se vacunaron en esta ciudad, y con ellos algunos 
otros niños en quienes ejecuté la misma operación, se propagó 
aquel virus en todos los que quisieran recibirle. Cumplido trein- 
ta dias la de la inoculación, y convencido hasta la evidencia de 
que estaban escentos del contagio varioloso, no dudé someter- 
los á la prueba mas incontestable, con objeto de inspirar la 
misma confianza, no solo con razones y autoridades como ya 
lo habia practicado, sino con hechos que suelen ser mucho 
mas eficaces. Propuse al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán ge- 
neral, marqués de Someruelos, que deseaba inocular algunos 
de los primeros vacunados con el pus de las viruelas naturales, 
y que para autorizar ese acto dándole toda la autentidad posi- 
ble, convendría lo presenciase el real tribunal del Protomedi- 
cato. Persuadido igualmente S. E. del feliz resultado, y de que 
contribuiría necesariamente á los progresos de la nueva inocu- 
lación, accedió á mi instaucia y la comunicó al referido tribu- 
nal. El dia 23 de Marzo de dicho año, concurrió con otros fa- 
cultativos citados al efecto á la casa de D. Francisco Laboyé, 
frente á la del cabellero D. Nicolás Peñalver. Conduje á mis 
dos hijos mayores, al Dr. D. Francisco de Córdoba, que tenia 
entonces seis años y fué vacunado en 23 del referido febrero, yá 
unamulatica de dos años, esclava de D. Francisco Basabé y Cár- 
denas, vacunada el 27 del propio mes. Después que los 4 vacu- 
nados estuvieron sentados algún tiempo en Ja cama de un ni- 
ño de Laboyé, cubierto de viruelas naturales, según recono- 
cieron todos los facultativos, tomó uno de ellos, Dr. D.Bernar- 
do Cósar, en una ahuja el pus valioroso que estimó bastante pa- 
a comunicar el contagio á cualquier persona que fuese 
c apaz de recibirle, y lo introdujo en las incisiones que hizo 
en ambos brazos de los cuatro vacunados, renovando el pus 
para cada de ellas, exigiendo el Sr. Protomédico, Regente que 



— 344 — 
entonces era, y nunca fué prosélito de Jennerque la operación 

se hiciese con todo el rigor del arte. 

Sin embargo, con fecha de 16 de Abril siguiente, informó 
á S. E. lo que he referido, añadiendo que en los 16 dias sub- 
secuentes á la operación no habia dejado de visitarlos, ni tam- 
poco los demás individuos del Protomedicato, conviniendo 
unánimes en que no habia advertido en ninguno de los cuatro 
vacuno-inoculados síntoma alguno que indicase haber sido in- 
festados del contagio varioloso, y que el resultado de la vacu. 
na en este pais era idéntico al que se habia reconocido en Eu- 
ropa. (1) 

M en la presente epidemia, ni en las que han precedido 
desde que se vacunó el Dr. Córdoba, ha sentido ni levemente 
los efectos de aquel contagio. Ignoro donde exista la criada del 
Sr. Basabé; pero mis dos hijos inoculados en aquel mismo ac- 
to, otros dos que se vacunaron cuando ellos, cuatro mas que 
tuve posteriormente, y cuatro hijos de los primeros, vacuna- 
dos por consiguiente en diversas épocas, todos se conservan 
ilesos en mi casa, pudiendo yo mismo infestarlos diariamente. 
Desde el mes de abril del año pasado, asisto constantemente 
en el real hospital de San Ambrosio ocho ó diez viruelieutos, 
entre ellos algunos naturales de Costa-Firme que han tenido 
'.a erupción mas horrorosa y maligna: en casas particulares de 
esta ciudad visito casi igual número de estos enfermos; y aun- 
que mi ropa debe estar impregnada del contagio, permanez- 
co con ella sin reservarme de tratar á mi hijos y nietos, 
y solo tomo aquellas precauciones que exige el ;>seo y lim- 
pieza. 

En los dias 12 y 13 de febrero de 1804 se vacunaron tam- 
bién dos niñas del Sr. Coronel D. Pedro Moritalvo, dona Ma- 
ría de los Dolores y doña María del Carmen; otra del Sr. Co- 
ronel D. Juan Manuel O-Farrill, doña María Luisa; tres hijos 
de D. Ignacio Pedroso, D. Martin, J). Joaquín y D.Francisco; 
una niña de D. Juan de Zayas, doña María Catalina; y otra de 
D. Jeremías Guereca, doña María Ignacia. ninguna de estas 
personas ha esperimentado las viruelas, sin embargo de hnber 
estado muy espuestas, existiendo en sus casas algunos criados 

(1) Suplemento al periódico de la Habana número 34, del año de 1S0¿. 



— 345 — 
con esa enfermedad. Dos hijos de la última la padecieron en 
el mes de Diciembre inmediato, y ella los asistió con toda la 
eficacia y terneza de una madre; lo mismo ejecutó con unaher- 
manita y no se reservó de contribuir personalmente á cuanto ne- 
cesitaba una criada, que falleció por una erupción maligna. — 
Si han corrido veinte y un años desde la vacunación de estos 
individuos hasta la fecha; no es tan cierto como se supone, 
que la virtud preservativa de la nueva inoculación solo dura 
diez ó doce años. Paramas convencerme de su constante efi- 
cacia, volví á vacunar el dia 14 de enero anterior seis de mis 
hijos, y á todos les resultó la falsa vacuna; lo que prueba en 
mi concepto que la primera fué verdadera y estinguió absolu- 
tamente la predisposición á las viruelas. 

No son menos evidentes los hechos conque espero mani- 
festar que el virus vacuno que se propaga actualmente en esta 
ciudad, conserva su primitiva virtud y eficacia, sin haberse al- 
terado ni disminuido por la constante comunicación de unos 
individuos á otros en el espacio de veiute y un años. Si se hu- 
biera alterado, se conoceria necesariamente alguna diferencia 
en sus caracteres y en sus efectos. Ahora como la vez prime- 
ra que se inoculó ese virus, no se percibe ninguna alteración 
en las incisiones hasta después de la cuarenta y ocho horas de 
haberlas hecho. Del tercero al cuarto dia presentan un punto 
rojo semejante á la señal que deja la picadura de un mosqui- 
to. Se aumenta del quinto al sesto y en la parte superior se 
percibe una vegiguita blanca. Al séptimo es mucho mayor el 
grano; se deprime en su centro que aparece oscuro, y en su 
circunferencia se forma un rodete lleno de un líquido claro y 
transparente. Desde ese día empieza á circunscribirse el grano 
por un círculo encarnado, que se estiende mucho mas al oc- 
tavo y suele esperimentarse algún movimiento febril, boste- 
zos, dolor bajo los brazos, picazón en los granos, calor y dis- 
plicencia en todo el cuerpo. Desde el dia noveno al oncen 
se disipa progresivamente la inflamación y se empieza á for- 
mar la postilla en el centro del grano, la que al principio es 
amarilla y después se oscurece; del dia veinte y cinco al trein- 
ta, se desprende y deja un hoyo pequeño. Picado el grano no 
se derrama de una vez todo el líquido contenido en el rodete; 

44 



— 346 — 
de cada una picadura sale una pequeña gota tan cristalina y 
de la misma consistencia que la clara del huevo. Cualquiera 
que compare esta descripciou con la que han publicado loa 
vacunadores de Europa, y ambas con alguuo de los verdade- 
ros granos vacunos que actualmente se presentan, observando 
diariamente sus progresos, se convencerá de la exactitud de 
aquella y de la inalterabilidad y pureza del virus que se pro- 
paga en esta ciudad y en sus barrios. 

Sus etectos suministran constantemente pruebas irrefraga- 
bles de que no ha sufrido la mas leve alteración. Si todos los 
que se han vacunado en estos dias, en el año próximo pasado 
y en los anteriores no se han preservado de las viruelas, será 
sin duda por las causas que espondré adelante; pero no teme- 
ré afirmar que la mayor parte de ellos han esperimentado ese 
beneficio, habie/ndo dentro de sus propias casas hermanos y 
criados con aquella enfermedad. Difícil sería redimirlos de 
ella aun cuando se hubiesen tomado las mas eficaces precau- 
ciones; puesto que el contagio de las viruelas no se comunica 
precisamente por contacto, como el de la peste de Levante y 
algunos otros, sino que se difunde á muy larga distancia. Es- 
ceden seguramente de cuarenta mil personas las que existen 
en esta ciudad y sus barrios vacunadas desde el año de 804 
hasta la fecha. Si todas ellas estuvieran espuestas á sufrir las 
viruelas ¿qué casa no contaria muchos enfermos y se lamenta- 
ría de sus estragos? 

En el colegio de San Francisco de Sales habitan veinte y 
cinco niñas y concurren diariamente á educarse sesenta y ocho, 
reuniéndose noventa y tres todas vacunadas, entre ellas la ma- 
yor cuenta trece años y algunas menos de cinco: con todo, una 
sola de las colegialas y otra de las esternas han esperimentado 
las viruelas y de un modo muy benigno. La casa de beneficen- 
cia está continuamente espuesta á ese contagio: por su costa- 
do se conducen al Cementerio geueral muchos cadáveres v 
todos pasan precisamente por su frente, introduciéndose por 
las ventanas los hálitos que exhalan los de aquellos que han fa- 
llecido de viruelas. El departamento de educandas cuenta se- 
senta y tres niñas de cuatro años á veinte y seis, todas vacu- 
nadas, aunque no reconocidos los granos de todas ellas: el de 



— 347 — 
indigentes contiene noventa y nueve la mayor parte vacuna- 
das; á cinco únicamente entre ciento sesenta y dos he asistido 
con viruelas, sin que ninguna de ellas ofreciera el menor pe- 
ligro; la erupción que observé en otras al mismo tiempo fué 
muy diferente, pues el dia séptimo ó noveno se habian caido 
las postillas. Aun aquellas mismas familias que mas han su- 
frido en estos dias perdiendo á sus hijos y domésticos despe- 
dazados por esa cruel enfermedad, no pueden dejar de reco- 
nocer que son muchos mas los que ha preservado la vacuna 
en medio de la malignidad de aquel contagio. 

ISTo es esta la vez primera que se ha dicho, que el virus 
vacuno debe enervarse por las continuas transmisiones hasta 
perder absolutamente su eficacia. Así se discurría en Inglater- 
ra y Francia casi al mismo tiempo que Eduardo Jenuer ejecu- 
taba sus primeros ensayos; y cuando yo los repetía en esta 
ciudad el año de 804 se reprodujo la misma objeccion en el 
número 34 de un papel que se titulaba periódico. En mi con- 
testación publicada en los números 38, 43 y 44, después de 
esponer varias reflecciones y lo que habian decidido sobreesté 
particular las juntas médicas de París, Reims y Ginebra en 
consecuencia de las investigaciones que practicaron, añadí que 
el 23 de Marzo del mismo año inoculé en la casa de Benefi- 
cencia con el virus vacuno de una niña que tenia una antigua 
erupción de sarna, quince personas de la propia casa, resul- 
tando á todas ellas la verdadera vacuna y á ninguna la sarna. 
El 26 del siguiente Abril reconocí el grano vacuno de un ni- 
ño del Exmo. Sr. Marqués Cárdenas de Monte-hermoso, que 
contaba diez y ocho dias de nacido, el cual presentaba todos 
los caracteres de verdadero, escepto tener muy amarillo el ro- 
dete. Juzgué que este color no se comunicaría al líquido que 
contenia, limitándose solamente á la epidermis, tinturada 
como todas las demás de su cuerpo, de aquella ictericia tan 
frecuente en esa edad por la deteucion del meconio en el duo- 
deno. Piqué el rodete y salió un humor no muy líquido y tan 
amarillo corno una tintura de azafrán. Me detuve un momen- 
to considerando que podia estar alterado y producir la falsa 
vacuna; pero ocurriéndome que seria fácil reparar prontamen- 
te ese resultado, me resolví á observar hasta donde llegaba la 



— 348 — . 
eficacia del virus vacuno. Lo comuniqué al teniente de navio 
D. Francisco Javier Pineda y áD. Pedro Ruiz, dependiente 
de la casa del Sr. Intendente D. Francisco de Arce. Al dia ter- 
cero advirtiendo que las incisiones de uno y otro no presenta- 
ban ninguna señal de erupción, presura! que el virus estaba 
tan alterado que no podia producir ni la falsa vacuna, y los 
volví á vacunar con otro en diferentes parajes. Fué inútil esta 
segunda operación; al dia siguiente observé un punto encar- 
nado en cada una de las cuatro primeras incisiones que hice 
al Sr. Pineda, y al sesto manifestaron todos los caracteres de 
granos verdaderos, sin amarillez alguna en el rodete: lo mis- 
mo aconteció á D. Pedro Ruiz. Me propuse inocular otras 
personas con el virus de esos granos para reconocer sus efec- 
tos; pero el Sr. Pineda me significó que deseaba conservar in- 
tactos los suyos con el objeto de vacunar con ellos los criados 
de una hacienda, donde efectivamente pasó el dia subsecuen- 
te: los de Ruiz se inutilizaron por habérsele rebentado casual- 
mente. Comprobé por último estos casos con otro que me 
comunicó el Ldo. D. Manuel Hernández Otero. Vacunó un 
criado del Teniente Coronel D. José de Cotilla, sin advertir 
que estaba ya infestado del contagio varioloso. Verificóse la 
erupción de los granos vacunos, y al quinto dia de su inocula- 
ción le invadió la fiebre eruptiva variolosa, cubriéndose sucesi- 
vamente de sus pústulas. Estas y las vacunas siguieron su 
curso natural, sin alterarse en manera alguna; y el Ldo. Her- 
nández no temió inocular con el virus de los granos vacunos 
otros dos negros de la propia casa, á quienes resultó la verda- 
dera vacuna sin una sola viruela natural. 

Estos resultados son muy conformes á los que esperimen- 
tó el Dr. "Woodville en el hospital de inoculados de Londres. 
Practicó esa operación en número muy considerable de indi- 
viduos, ingiriéndoles en un brazo el pus de las viruelas uatu- 
les, y en el otro el virus vacuno. En todos se verificó el desar- 
rollo de la vacuna y de las viruelas, siu confundirse ni alte- 
rarse sus peculiares caracteres ui su respectivo curso. Apuró 
todavía mas sus esperimentos para convencerse de la inaltera- 
bilidad del virus vacuno. Mezcló perfectamente una porción 
de ese líquido cou otra del pus varioloso, y con ese humor 



— 349 — 
misto inoculó en un mismo dia veinte y ocho personas. En 
ninguna se manifestó una tercera enfermedad que participa- 
se de los síntomas de aquellas: al contrario, en mas de la mi- 
tad se presentó la vacuna únicamente con todos sus caracte- 
res distintivos, y en los restantes los de las viruelas naturales. 

Sin embargo, deseando remover cuan tos obstáculos puedan 
oponerse á los progresos de la nueva inoculación, usando de un 
virus estraido inmediatamente de las vacas, me resolví á ejecu- 
tar una operación indicada por Jenner, aunque inútilmente 
practicada por otros vacunadores y repugnada por algunos 
que han encontrado la viruela espontánea en las vacadas 
de varias provincias de Europa. Pero habiendo dicho 
el primero, que ese grano siempre es producido por comuni- 
cación del pus del gabarro de los caballos, lo inoculé el mes 
de enero anterior en consorcio del Dr. 1). Juan Pérez Car- 
rillo, en los pezones de una vaca que proporcionó D. Pedro 
Diago, quien solicitó también con la mayor eficacia el caba- 
llo que tenia aquella enfermedad, muy rara en este pais. ~No 
produciendo efecto alguno, repetimos algunos dias después lo 
mismo que en otras ocasiones habia ejecutado con el mas fe- 
liz écsito. Ingerimos en el propio lugar á la misma vaca el 
virus vacuno estraido de los granos de un niño, y al quinto 
dia se presentaba otro grano con todos los caracteres de ver- 
dadero. Al séptimo juzgándole en perfecta sazón, conduje 
dos niños para inocularlos con aquel humor, acompañándome 
el Dr. D. Francisco Sandoval. Pero desgraciadamente aquel 
mismo dia reconoció el Sr. Diago que estaba reventado, frus- 
trándose el esmero con que habia procurado conservarle, y 
mis deseos de propagar su virus. Convencido de la facilidad 
de conseguir nuevos granos mediante esa operación, me pro- 
pougo reiterarla en otra vaca que prepara al efecto el mismo 
señor Diago. 

No se presuma por este empeño en rectificar el virus va- 
cuno, que yo considere alterado el que se inocula actualmen- 
te, y que proceda de su ineficacia que no se preserven de las 
viruelas los que se juzgaban escentos de su contagio. Son 
otras en mi concepto las causas que han contribuido á ofen- 
der la opinión que tan justamente merecía la vacuna. Des- 



— 350 — 
pues que en los dias 12 y 13 de Febrero de 804 inoculé varias 
personas con los primeros granos vacunos que se vieron en 
esta ciudad, algunos facultativos ejecutaron esa operación el 
dia siguiente con el humor que encontraron en los mismos 
granos, ignorando ó no creyendo que á las ocho horas de ha- 
berse picado una pústula vacuna y estraido su virus, aunque 
vuelva á llenarse resultará siempre la falsa vacuna á los que 
se inoculasen con ese secundo humor. Siendo esto inconte9- 
table, no es de estrañarse que hayan sufrido las viruelas natu- 
rales los que entonces fueron vacunados, incurriéudose en 
aquel error. 

El número de estos es incomparablemente inferior al de 
aquellos que han esperimentado las consecuencias de ese con- 
tagio por la omisión de los padres de familia. A todos los que 
llevan á vacunar alguna persona á las casas Capitulares y de- 
mas lugares destinados á ese objeto, se les encarga que la pre- 
senten á los ocho dias para repetir la operación sino ha pro- 
ducido efecto, ó reconocer si resultó la falsa vacuna y si en el 
caso de haber sido verdadera, se habían alterado los granos 
antes de llegar al término de su incremento y perfección. Ra- 
rísimo es el que vuelve á someterse á un reconocimiento sin 
el cual no presta ninguna confianza la inoculación: es preciso 
conducir con violencia á uno ú otro de los vacunados para 
conservar el virus en los que ocurren á solicitarle, y absolu- 
tamente es indispensable repetir la operación en los que no 
produjo la primera efecto alguno, en aquellos á quienes resul- 
tó la falsa vacuna, y también á los que aun habiéndose pre- 
sentado granos verdaderos se reveutaron, ó de cualquier otro 
modo se interrumpió su curso antes del dia octavo; pues en 
ese ó en el siguiente es cuando se afectan todos los sistemas, 
produciendo solamente hasta entonces el virus vacuno, una 
alteración local circunscripta al punto que ocupa la pústula y 
su aureola. 

Tampoco están escentos del contagio varioloso todo9 a- 
quellos que tuvieron un solo grano verdadero, pero se estrajo 
su virus, ya sea casualmente ó picándole de propósito para 
inocular á otros, debiendo conservarse ileso hasta concluir to- 
dos sus períodos. Así se resolvió por los facultativos del esta- 



— 351 — 
blecimiento nacional de la vacuna en Inglaterra, en sesión de 
25 de Mayo de 1815. (1) En juntas generales celebradas por 
esta Sociedad Económica el 12 de Diciembre de 181 8, leí una 
memoria apoyando esa opinión con las autoridades terminan- 
tes de Aikin, Moreau de la Sarté y Redman Coxe. Este ilus- 
tre cuerpo se sirvió acordar que se insertara en el número 28 
su Memorias; y habiéndose presentado un ejemplar á la Co- 
misión central de vacuna de Paris en Setiembre de 819, se 
dignó apreciarle y distinguir á su autor. 

Estas han sido las verdaderas causas que han espuesto al 
contagio de las viruelas, muchas personas que se juzgaban 
preservadas por la vacuna, aunque en lo general ha sido muy 
benigna aquella erupción. Sin embargo de tantos hechos que 
podrian inspirar alguna desconfianza, el pueblo de la Habana 
tan ilustrado como dócil, no duda de su eficacia ni ha rehusa- 
do inocularse. En los meses de Enero y Febrero del año próxi- 
mo pasado, juzgándose muy distante el peligro, solo se eje- 
cutó esa operación en las casas Capitulares en 156 personas; 
mas luego que anunció el Escmo Sr. Gobernador y Capitán 
general que era inminente; siendo muy fácil conducirse el con- 
tagio varioloso en los buques que entran en este puerto pro- 
cedentes de los Estados-Unidos, donde esa enfermedad hacia 
los mayores estragos, se apresuraron á vacunarse los que po- 
dían ser infestados: y en todo el año concurrieron á ese mismo 
lugar 3905; en el barrio de Guadalupe inoculó el Dr. D. Do- 
mingo Rosain 1084; en Jesús María el Ldo. D. Diego Govan- 
tes775; en el Pilar el Ldo. D.Antonio Miyaya 552; en el pue- 
blo de Regla el Ldo. D. Pablo Humanes 740; en Jesús del 
Monte, Luyanó y Mordazo el Ldo. D. José Ayala, 750; en la 
villa de Sta Clara el Ldo. D. Andrés José de la Parra, 284; en 
el Corralillo el Ldo. D. Juan Nepomuceno de Prados, 106: re- 
mitiéndose al mismo tiempo el virus vacuno por la comisión 
de esta Junta en 312 cristales á diferentes pueblos de la Isla 
y de Ultramar. — Habana y Febrero 26 de 1825. 



(1) Diario de la Habana del 3 de Abril de 1816. 



— 352 — 



NOTA. 

Después de concluida esta Memoria, pude conseguir los 
papeles que habia citado en el párrafo 2.° de la página 4a y 
son ios estractos de dos obras publicadas por el Dr. Thom- 
son insertos en el número 74 de la Revista de Edimburgo, 
titulada la una, noticia de la epidemia varioloide de Edimburgo y 
otras partes de Escocia; y la otra Bosquejo histórico de las opinio- 
nes de los facultativos con respecto d las variedades y segunda ocur- 
rencia de las viruelas. 

En la la mauifiesta el Dr. Thomson que en 1818 á 819 
apareció una epidemia de viruelas en Edimburgo y sus inme- 
diaciones, y que habiendo visto 836 enfermos, los 281 de ellos 
no habian sido vacunados, ni padecido las viruelas anterior- 
mente. La mortandad en estos fué en razón de mas de uno por 
cuatro. En 71 casos los pacientes habian esperimentado ante- 
riormente las viruelas verdaderas, y de éstos murieron tres 
es decir, uno por veinte y cuatro. Los restantes 484 habian sido 
vacunados, y de este número solo falleció un individuo. * 'Re- 
sultado, dice el Dr. Tohmson, que me parece verdaderamente 
asombroso, cuando traigo á la memoria los síntomas general- 
mente graves de la calentura eruptiva, la gran variedad de sa- 
lud y constitución de los individuos que adolecieron de ella, 
y las desfavorables circunstancias en que se hallaban muchos 
de estos individuos." — "Al ver la general benignidad de la 
epidemia variolosa en los que Labian sido vacunados, y lo 
grave, maligno y funesto del mismo mal en los otros, era im- 
posible no convencerse de la grande y benéfica Virtud de la 
vacuna para modificar y enervar el virus de las viruelas. No 



— 353 — 
pueden imaginarse pruebas mas irresistibles de la eficacia de 
la vacunación, y del incalculable beneficio que su descubridor 
hizo á la humanidad, que las que yo he tenido el placer de 
observar." 

"También me fué de mucha complacencia ver disiparse 
gradualmente el terror que escitó al principio la aparición de 
la epidemia varioloide en las familias de los vacunados: y que 
al comparar las diversas formas bajo las cuates se presentaba 
en estos la epidemia, y en los que no lo habian sido, aun los 
mas ignorantes y preocupados, abrieron los ojos, y forzados 
á reconocer las ventajas de la vacuna, se determinaron al fin 
aponerse así mismos y á sus familias bajo la protección de 
una práctica que antes habian mirado con indiferencia ó des- 
precio." 

"Ocurrió un caso de una persona vacunada que adoleció 
de viruelas por tercera vez. En mas de cuarenta de los vacuna- 
dos se observó esa enfermedad dos ocasiones, en intervalo que 
variaron desde unos pocos dias, hasta cierto número de años. 
En algunos de estos casos el primer ataque pareció de virue- 
las locas, y el segundo de verdaderas viruelas: en otros al con- 
trario, y de ellas hubo en quienes ambas erupciones parecie- 
ron de un mismo género. Ya digimos que de 484 vacunados, 
uno solo murió. En esta epidemia nada se observó que favore- 
ciese la suposición de que la virtud preservativa ó modificati- 
va de la vacuna, se disminuye con el tiempo, de manera que los va- 
cunados se encuentran cada año mas susceptibles de recibir el contagio 
varioloso; lejos de ser así, se observó que la epidemia afectaba 
principalmente á los niños, demostrándose que el transcurso 
del tiempo parecía mas bien disminuir que aumentar la sus- 
ceptibilidad del contagio." 

"Es difícil concebir que la eficacia de la vacuna contra los 
ataques y peligros de las viruelas, se ponga jamás á una prueba 
tan rigorosa como la que esperimentó en la maligna, y casi 
universal epidemia de que he sido testigo. Según los mejores 
informes, la mortandad causada en ella por la viruela natural, 
varió en general desde uno por tres, hasta uno por cinco en 
las personas que no habian sido vacunadas; grado de fatalidad 
que rara vez se ha observado en las viruelas y de que en cuan- 

45 



— 354 — 
to me ha sido posible averiguar, no se ha visto ejemplar desde 
el descubrimiento de la vacuna. — El sentimiento que causó á 
mí y á otros, el vernos precisados á creer que la vacuna, de 
cualquier modo que se administre, no era en toda circuns- 
tancias un preservativo absoluto de las viruelas, en alguna ma- 
nera se mitigó por tan multiplicadas pruebas de sus maravi- 
llosos efectos, en moderar los síntomas de la enfermedad, y 
disminuir el peligro. Este agradable resultado, no puede me- 
nos según yo concibo, de arrastrar el ascenso de todo aquel 
que haya tenido ocasión de comparar los diferentes fenóme- 
nos y fatalidad de las viruelas, en razón de atacar individuos 
vacunados ó no vacunados." 

La estraordinaria mortandad que se esperimentó enton- 
ces, la repetición de las viruelas á muchas personas que antes 
las habían sufrido, y la erupción de ellas observada en un gran 
número de vacunados; todo lo atribuye el Dr. Thomson al ca- 
rácter naturalmente grave y maligno de la epidemia, y no á 
que se hayan deteriorado las virtudes del virus vacuno, ni á 
que se le hubiese administrado de un modo defectuoso: aña- 
diendo, que si el Doctor Jenner cuando sacó á luz su des- 
cubrimiento, hubiera encontrado en la atmósfera una cons- 
titución variolosa, semejante á la que se esperiment&ba en 
Edimburgo, era dudoso que la vacuna se hubiera estimado 
como un preservativo infalible de las viruelas; pero sí con 
bastante eñcacia para disminuir y enervar la malignidad de su 
coutagio. 

Mientras observaba el Dr. Thomson la epidemia descrita 
en la anterior Memoria, le ocurrió la duda, de si las viruelas 
espúreas y las- verdaderas eran ó no enfermedades distintas; y 
sus reflecciones sobre esta materia, le persuadieron que ambas 
proceden de un mismo coutagio, y que las variselas son una 
modificación de las viruelas. Sostiene esta opinión en la se- 
gunda Memoria, y aunque se le adhirieron algunos facultati- 
vos, han sido impugnados por otros de Inglaterra y Francia. 
Yo me lisougeo de haber convenido exactamente con ellos, 
y sobre todo con el dictamen de la Academia de medicina de 
París, mucho antes de haberlo visto. 

Encargada por el gobierno el año próximo pasado de exa- 



— 355 — 
minar, sí el virus vacuno conservaba su primitiva eficacia, ó 
se había alterado después de comunicarse de uno ú otro indi- 
viduo por espacio de muchos años, quedando por consiguiente 
espuestos los vacunados al contagio varioloso; resolvió en se- 
sión de cinco de octubre último, con presencia de todos los do- 
cumentos que se habían presentado impugnando la nueva ino- 
culación: "lo que cuando la, viruela natural parece atacar á 
los vacunados, puede afirmarse sin temor de errar, que la va- 
cuna no fué verdadera ó que no lo es la viruela, sino una en- 
fermedad que presenta algunos caracteres semejantes á los de 
ella, como la viruela volante, ó algunas otras erupciones anó- 
malas; las cuales nunca ofrecen al observador atento, los sín- 
tomas verdaderamente distintivos de la viruela natural; como 
son, su curso y figura regular, la gravedad de los fenómenos, 
la época de su desecación, la fiebre supuratoria, y sobre todo 
su olor peculiar y su propiedad contagiosa; y que por no ha- 
ber examinado con bastaute refleccion estos caracteres, prin- 
cipalmente por haber omitido en casos dudosos someter á la 
prueba de la inoculación el pus de esas erupciones, algunos 
profesores de grande mérito han incurrido en un error muy 
perjudicial á la propagación de la vacuna: 2.° que si, contra 
toda probabilidad, se observa la viruela natural en alguna per- 
sona que ha tenido la verdadera vacuna; este caso tan raro y 
estraordinario nada probará contra la utilidad de la nueva 
inoculación, ni impedirá que el gobierno se interese en pro- 
tejer tan benéfica operación, empleando todos los medios que 
estime mas eficaces."— Journ. de Paris, nouemb, 5 de 1824. — 
T. B. 



— 356 — 



Esposicion á S. M. redactada por el Dr. Romay pa- 
ra establecer en esta ciudad una Academia de 
Ciencias médicas regida por los estatutos que 
acompañaba para su Soberana aprobación. 

Señor. 

Los profesores que suscriben vecinos déla siempre fidelí- 
sima Ciudad de la Habana, postrados á los E. P. de V. M. 
con el mas profundo respeto dicen: Que deseando ser útiles á 
la humanidad y especialmente á los habitantes de la fiel Isla 
de Cuba y á los que arriban á ella de otros paises, han conce- 
bido el proyecto de establecer una Academia de ciencias mé- 
dicas, donde reunidos por el celo mas loable, se comuniquen 
recíprocamente sus conocimientos y observaciones, discutan 
sobre ellas con detenimiento y mediación, y rectificando sus 
opiniones aisladas hasta ahora, se determine el verdadero ca- 
rácter de las enfermedades endémicas en este suelo, los auxi- 
lios mas eficaces por combatirlas, y los medios de precaver- 
las. De este modo evitarán la muerte mas horrorosa y violen- 
ta las tripulaciones do los baques que llegau de la Península, 
y los cuerpos destinados á guarnecer esta Plaza, ó á restituir 
las provincias del continente al gobierno de V. M. pues mu- 
chas veces se han frustrado por la fiebre amarilla especial- 
mente, los planes mejor combinados y las mas lisonjeras es- 
peranzas. 

Aun cuando este fuera el único objeto de esa corporación 
no serian inútiles sus trabajos, y el solo bastaría para merecer 
la benéfica protección de V. M. que tanto se interesa en la 
conservación de sus fieles vasallos, principalmente de aquellos 
que arrostran los mayores peligros por cumplir las órdenes so- 
beranas. Las producciones de los tres reinos tan varias y pre- 



— 357 — 
ta Isla, - m también á la investigación 

ña de U Academia, y mientras los prosélitos de Escula- 
pio se dediquen á preservar la vida del hombre, loe Fi- 
los Químicos y Botánicos describirán la ;. ^pográfiea de 
3, analizará . ilustrarán la higiene 
pública, y formando la Flora Cuban., iráu á los vegeta- 
les exóticos los indíjenos, proporcionados sin duda por la natu- 
raleza á nue.-- ..Jes y doler. 

es el plan de las operaciones Je esa corporación en 
los Estatutos que eleva respetuosamente á la ilustrada com- 
prehencion de V. M. snplicándo. _me impartirles su so- 

berana sanción. Supérduo seria recomendar la utilidad de ese 

. jlecimiento cuando se han multiplicado en todas las capi- 

; de Europa y en los pueblos que mas se distinguen por su 
ilustración, riqueza y población. La América no carece de 
ellos: hace algunos años disfruta de sus beneficios la ciudad de 

>'ieva-Orleaus, y reeientemei. .de la Martinica. Mo- 

tivos mas imperiosos lo reclaman en la mas grande y opulen- 
ta de las Antillas. La estension de la Isla de Cuba, el aun. 
de su poblaciou. ind incultura y comercio, los rápidos 

progresos en las ciencias y en las artes, la numerosa concur- 
rencia de Nacionales y Extranjeros, las enfermedades á que 
están espuestos y las que esperinientan los naturales, la influen- 
cia del clima en todas ellas, los recursos y auxilios que la 
naturaleza á esparcido con mano generosa sobre este suelo 
privi todo exige el establecimiento, de una sociedad 

de hombres consagrados á la prosperidad pública y á la con- 
servación de su especie. Solo esperan que V. M. les permita 
reunirse para satisfacer su impaciente anhelo y no siendo 
esta gracia menos importante que otras muchas que la muni- 
ficencia de V. M. se ha servido conceder á sus fie -allos 
de este pueblo. 

A. V. M. humildemente suplican se digne aprobar los 
adjuntos Estatutos para instalar una Academia de ciencias 
médicas en esta fidelísima Ciudad. 

Dios guarde la importante vida de V. M. los años que 
necesite la prosperidad de su reino. — Habana y Mayo 11 de 
1526.— Señor.— A. L. R. P. d* V. M. 



— 358 



NECROLOGÍA DEI DR. D. RAFAEL GONZÁLEZ. (1) 

A las cuatro de la mañana del 20 de Marzo anterior fa- 
lleció en esta ciudad el Dr. D. Rafael González, auditor hono- 
rario de ejército y provincia, á los 70 años y cuatro meses de 
su edad; empleado la mayor parte en el desempeño de diferen- 
tes destinos. Aunque su padre no habia seguido la carrera de 
las letras, la apreciaba sin embargo con preferencia á las otras; 
y advirtiendo en el hijo desde sus primeros años las disposi- 
ciones mas felices para distinguirse en ella, procuró inclinar- 
le á que la abrazara con eficaz discreción. Las aulas de esta 
Universidad estaban regentadas por maestros tan respetables 
por su literatura como por sus costumbres, y por el celo 
y constancia con que desempeñaban sus deberes: en la provi- 
sión de oficios y cátedras se consultaba únicamente el mérito 
y la dignidad del cuerpo, y todas sus leyes se observaban con 
escrupulosa exactitud y decoro. 

En circuntancias tan favorables para instruirse y morige- 
rarse, estudió el Sr. González la gramática latina, la retórica, 
filosofía, teología, derecho civil y canónico; recibiendo sucesi- 
vamente los grados de Bachiller en esas cuatro facultades, no 
solo con unanimidad de sufragios sino también con aplauso 
de los espectadores. Sustituyó en diferentes épocas las cáte- 
tedras deprima de Cánones y la de vísperas de Derecho civil. 
Luego que cumplió los intersticios prevenidos por los estatu- 
tos de esa corporación, se le coufirió la borla de maestro de 
Artes; y en los egercicios literarios que precedieron, con im- 
parcialidad y rectitud, acreditó, aunque solo contaba 20 años, 

( ! ) Diario de la Habana de 6 de Abril de 1S27. 



— 359 — 
que era digno de aquella honrosa distinción. No fué menos 
aplaudida la oposición que hizo en Julio de 1781 á la cátedra 
de vísperas de Instituía concordada con el derecho Real, y re- 
sultando unánimemente aprobado en el examen y elección, se 
le dio posesión de ella y recibió la borla de Doctor en derecho 
civil. 

El 6 de Julio de 782 se presentó en la Real Audiencia de 
Méjico para recibirse de Abogado. Los de la terna á quienes 
se confió su primer examen, sorprendidos con la erudición y 
juicio del candidato y con la claridad y precisión de sus res- 
puestas, informaron á los ministros del modo mas favorable. 
Prevenidos para calificar por sí mismos si merecía aquel con- 
cepto, convirtieron el examen en un verdadero certamen, dis- 
cutiendo detenidamente las cuestiones mas arduas y sutiles de 
los derechos Romano y Patrio y de la Práctica forense. El 
tribunal quedó plenamente convencido de los conocimientos 
y aptitud del Sr. González, y le fué espedido el titulo de abo- 
gado como una retribución de rigorosa justicia. En el propio 
año se incorporó en la Real Audiencia de Santo Domingo, y 
en Enero del siguiente empezó á egercer la abogacía en esta 
ciudad. 

Hasta entonces nada mas habia hecho que prepararse en 
las aulas y en su "gabinete para consagrarse al servicio público 
en la noble profesión que habia elegido. Su estudio fué siem- 
pre el santuario de la justicia. Colocada la imagen de ese nu- 
men delante de su bufete, le recordaba tácitamente sus debe- 
res: la integridad y mansedumbre ocupaban sus lados. Las 
adversidades de los infelices le rodeaban y prevenían contra el 
orgullo y ambición del poderoso. Su vista perspicaz penetra- 
ba el caos de los procesos, arrollando las sombras con que la 
ignorancia y la malicia ocultaban la verdad y desfiguraban 
los hechos. Suplía con la refleccion lo que no debía á la espe- 
riencia, y con la equidad lo que exigian las circunstancias. 
Impasible como la ley que hablaba por sus labios, según la 
frase de Tulio, jamás se le vio alterado en las sesiones priva- 
das ni en las discusiones públicas mas altercadas. Nunca in- 
terrumpió á ninguno de sus colegas: á todos oia con agrado y 
atención sin prevenir su dictamen, ni contradecirlo humillan- 



— 360 — 
dolé con la fuerza de sus razones. Procuró siempre ser el úl- 
timo que esplicara su opinión; y cuando se adhería á la de 
otro la esforzaba con nuevos fundamentos. Si repetia los an- 
teriores, la modestia del semblante, la melodía de su voz, un 
estilo melífiuo y ciertas frases que le eran peculiares, presen- 
taban las mismas ideas con cierta novedad que parecían ori- 
ginales: convencia el entendimiento, concillándose la volun- 
tad y deleitando los sentidos. Su elocuencia no deslumhraba 
ni sorprendía como la luz ardiente y brillante del sol en el cé- 
nit semejante á los primeros crepúsculos de la aurora, se insi- 
nuaba y persuadía con suavidad y lentitud, y en el epílogo 
aparecía la verdad como el astro del dia en el oriente, disi- 
pando las tininieblas con una claridad muy grata, y ahuyen- 
tando á sus cavernas los monstruos nocturnos, el error y la 
impostura. 

Para comprobar la exactitud de este bosquejo, bastará 
referir rápidamente los diversos encargos que se confiaron al 
Dr. González desde sus primeros pasos en la carrera de la abo- 
gacía. Por tiempo de tres años desempeñó la alcaldía mayor 
de la ciudad del Bejucal, dejando impresa su memoria en el 
corazón de aquellos vecinos con rasgos indelebles de huma- 
nidad, desinterés y rectitud. El Escmo. Ayuntamiento de es- 
ta ciudad carecía de un letrado que le ilustrara y dirigiera eu 
las ocurrencias que exigen el consejo de la prudencia y sabi- 
duría. Convencido de que el Sr. González reunía esas calida- 
des, le nombró su consultor desde el año de 786. La esperien- 
cia le acreditó el acierto con que había procedido. En los di- 
ferentes cabildos á que fué citado quedó siempre convencido 
de sus razones, y nunca se arrepintió de haber deferido á su 
dictamen. No se complacía menos la juuta económica del 
Real Consulado de la elección que hizo en noviembre de 97. 
El tribunal mercantil tenia un solo asesor, sus ausencias y en- 
fermedades demandaban otro que le sustituyese. Calificada la 
necesidad de la plaza, no se vaciló en el sujeto que merecía 
ocuparla: el Dr. González fué aclamado unánimemente, y S. 
M. se dignó aprobar la creación y propuesta en Real orden de 
14 de Junio del siguiente afio. No podia ocultarse al discer- 
nimiento del Escmo. Sr. D. Luis de las Casas el mérito del 



— 361 — 
Sr. González, y conociéndole no podia privarle de su estima- 
ción y confianza. Repetidas veces Ib consultó en materias muy 
arduas, y cuando instaló la Sociedad Económica de esta ciu- 
dad, inscribió su nombre en el catálogo de los beneméritos 
fundadores de esa corporación. También aparece entre los vo- 
cales de la junta de población blanca, erigida por las prime- 
ras autoridades de esta Isla en cumplimiento de una Real cé- 
dula, para que les propongan los medios de fomentarla. Con 
alguna antelación le habia distinguido el claustro de esta U- 
niversidad nombrándole Censor regio, y el Sr. Superintenden- 
te de la renta de tabacos, con el oficio de fiscal de ese ramo 
en esta Isla y del tribunal de la Superintendencia. El despa- 
cho que la espidió hasta la Real aprobación, será en todos 
tiempos un documento incontestable de la opinión que gozaba 
el Dr. González por su literatura, probidad y desinterés. 

En virtud del tratado concluido entre nuestra corte y la 
de Londres para la abolición total del tráfico de negros, se dis- 
puso por la primera, que se reuniese en esta ciudad una de las 
comisiones compuestas de individuos elegidos por ambos go- 
biernos, para la decisión de los casos dudosos que ocurrieran. 
Por Real orden de 23 de julio de 818 se nombró al Sr. Gonzá- 
lez secretario de esa comisión mista. El tino, imparcialidad y 
exactitud con que sirvió tan difícil encargo, fué igualmente re- 
conocido por los gabinetes de Madrid y de S. James, y ambos 
le manifestaron que estaban muy satisfechos de su conducta. 
El Rey Ntro. Sr. se dignó concederle los honores de Auditor 
de guerra y de provincia; y el Sr. Ganning, ministro de Esta- 
do de S. M. B. instruido por el Sr. su juez comisario en es- 
ta ciudad, "que el Sr. González desempeñaba sus obligaciones 
en aquel destino con mucha rectitud, talento y celo," le signi- 
ficó el aprecio de su gobierno con fecha de 31 de octubre del 
año próximo pasado, encargando á los Sres. sus comisionados 
que le presentaran á su nombre una caja de oro en que está 
grabada la corona sobre el emblema del Reino Unido. Una 
espresion tan honorífica y lisongera, aunque penetró su cora- 
zón de gratitud, no fué bastante para alentar su espíritu, aba- 
tido por los achaques que habían estenuado y desfallecido su 
cuerpo. La recibió pocos dias antes de postrarse en el lecho 

46 



— 362 — 
del dolor; y previno á su familia que guardase aquel presente 
y á nadie lo revelara. Su voluntad fué cumplida tan religio- 
samente, que su mismo hermano político, sin embargo de 
merecerle la mayor predilección y confianza, no llegó á com- 
prenderlo hasta el dia anterior á su muerte. Después de ella 
leyó la carta, meditó sus expresiones, y humedeciéndola con 
tiernas y amargas lágrimas, espresó á la vez su dolor y com- 
placencia. Para mas comprobar la moderación del Dr. Gonzá- 
lez solo añadiré otro rasgo. Desde el año de 822 se le conce- 
dieron los honores de Auditor de guerra, y advirtiendo sus 
amigos que no trataba de hacer el uniforme que le correspon- 
día, aunque le proporcionaban lo necesario, uno de ellos 
se lo regaló en octubre último. Repetidas veces le instaron 
para que lo usara, y ocurriéndole siempre algún protesto con 
que evitarlo, al fin lo estrenó su cadáver para ocultarlo por 
siempre en el sepulcro. 

Como Auditor de ejército y provincia debia inhumarse en 
él que está destinado para los magistrados en el Cementerio 
general: pero el Escmo. Ayuntamiento deseando dar un tes- 
timonio público de la gratitud y consideración que le han me- 
recido los méritos y dilatados servicios del Sr. González, prin- 
cipalmente los que hizo á la misma corporación en el espacio 
de 40 años que fué su consultor, sin percibir ninguna remu- 
neración, y también como teniente de regidor del Sr. marques 
de Casa Peñalver; se reunió en cabildo estraordinario el pro- 
pio dia de su fallecimiento y acordó, que las cenizas del Dr. 
González reposaran en la misma tumba donde yacen las de 
sus capitulares, y que en la propia acta se trasmitiera á la pos . 
teridad el nombre de ese benemérito ciudadano, recomen- 
dando sus servicios. 

Este ha sido el hombre público; sus virtudes privadas no 
le hicieron menos apreciable. Padre vigilante y sensible; es- 
poso fiel y constante; sacrificó al honor y felicidad de su fa- 
milia las instigaciones mas lisongeras del orgullo y ambición. 
Satisfecho con el testimonio de su conciencia, con el amor res- 
petuoso de sus hijos, con la gratitud espresiva de una consorte 
próbida, y con las consideraciones de sus amigos, de aquellos 
que mas distinguia con su intimidad y confianza, no por las 



— 363 — 
dignidades y riquezas que poseía, siuo por la sineeridad de 
sus afectos; reposaba tranquilo en el seno de su familia dis- 
frutando de los placeres inocentes que solo proporcionaba la 
paz interior del hombre de bien. No fueron bastantes para al- 
terarla ni las adversidades domésticas ni del foro, ni tampoco 
las convulsiones políticas que agitaron á este pueblo con tanta 
violencia que, estremeciendo los fundamentos* de todas sus 
instituciones, temió sumirse en un abismo horroroso. En aque- 
lla época de anarquía y consternación, cuando las autoridades 
uo eran respetadas ni las leyes obedecidas; la morada del Dr. 
González era la mansión de la paz y la concordia. Tan im- 
pávido como el varón constante de Horacio, su voz suave- 
mente imperiosa reprimía la impetuosidad de unos, alentaba 
la pusilanimidad de otros, conciliaba la animosidad de los par- 
tidos, y á todos reducía al orden y al conocimiento de sus ver- 
daderos intereses. El voto público y espontáneo le colocaba 
en los primeros destinos; pero ya fuese por moderación, ó por 
que algunas leyes y la marcha precipitada de aquel sistema es- 
taban en oposición con la templanza de su carácter los rehusó 
constantemente, y solo admitió alguno de una duración efí- 
mera. 

Después de ese huracán impetuoso quedó el pueblo, como 
las aguas del mar calmada la furia de los vientos, sordamente 
agitado y vacilante. Algunos emigrados de las provincias del 
continente, que fueron recibidos en este suelo con generosa 
hospitalidad, empezaron á insinuar los sentimientos que ocul- 
taban en su pecho. Exageraban las vejaciones que habían su- 
frido sus compatriotas desde que los subyugó una nación am- 
biciosa y desapiadada, privándole de la libertad y de todos 
sus derechos; recomendaban la dignidad de hombres libres á 
que se habían elevado por su valor y constancia, sacudiendo el 
yugo ignominioso y opresivo que abrumaba su cerviz; se lison- 
jeaban de las prosperidades y consideraciones que ya disfruta- 
ban bajo la protección de un gobierno liberal y benéfico cons- 
tituido por ellos mismos, y apoyado con las virtudes de sus 
gefes, con la voluntad general de los pueblos, y las riquezas 
y recursos que les ofrecía aquel país privilegiado. Estas imá- 
genes presentadas con los mas seductores coloridos, afectando 



— 364 — 
al mismo tiempo un interés muy ardiente por nuestra inde- 
pendencia y felicidad, fascinaron á una juventud incauta y 
alentaron á ciertos hombres que no pudiendo distinguirse por 
las sendas del honor y la virtud, se gozaban de saciar su ca- 
pacidad y ambición enseñoreándose sobre las ruinas de la pa- 
tria, teñidas con la sangre de sus vecinos. 

El Sr. González siempre fiel al Monarca que habia der- 
ramado su munificencia sobre esta Isla, adicto á la Metrópo- 
li, convencido íntimamente de la santidad de nuestras leyes, 
satisfecho con las distinciones que habia recibido del gobierno 
y de sus compatriotas, con una fortuna mediocre y sobretodo 
con la tranquilidad que gozaba; descubrió el áspid oculto en- 
tre aquellas flores, y previo todos los horrores y calamidades 
inseparables de una guerra civil. Imitador del antagonista de 
Catilina, arrancó Ja máscara conque se cubrían aquellos hipó- 
critas que nos brindaban una copa emponzoñada. Repetía con 
frecuencia que esta Isla habia sido en todos tiempos la posesión 
mas favorecida del gobierno, no pudiendo desconocerlo sin 
incurrir en la mas negra ingratitud; que lejos de poseer los 
elementos necesarios para subsistir por sí misma, abundaba 
en principios demasiado heterogéneos y contrarios; que pri- 
vada de la garantía de una potencia respetable, la ocuparía 
por la fuerza, alguna de las que envidian su posición, fera- 
cidad yriqueza; y por último que nunca han disfrutado de 
las ventajas de las revoluciones políticas los que encendieron 
la tea de la discordia, siendo siempre los primeros que han 
sido devorados por ellas, como Saturno á sus propios hijos. 

Las enérgicas medidas dictadas oportunamente por el go- 
bierno, acabaron de disolver el volcan que se preparaba para 
estallará nuestros pies. Dias plácidos y serenos sucedieron á 
los que habían precedido turbando la tranquilidad y confianza; 
pero no estaba concedido gozar de ellos mas de dos años al 
que tanto habia contribuido á restablecer la bonanza. Una en- 
fermedad harto frecuente en este pais y cuya causa no ha po- 
dido encontrarse, aunque se ha investigado con la mas asidua 
meditación, molestaba al Sr. González habia mas de 6 años, 
obligándole por tres ocasiones á tomar en su propia fuente las 
aguas minerales de la villa de Guanabacoa. Esperimentaba con 



— 365 — 
ellas notable alivio; pero no se curaba radicalmente porque 
sus atenciones públicas no le permitían ausentarse de esta ciu- 
dad todo el tiempo necesario. Las mismas causas le impidieron 
trasladarse á ese pueblo desde enero último, en que empezó 
á observar que el hígado le incomodaba. Los consejos de sus 
amigos las reconvenciones de los profesores mas interesados 
en su salud, las instancias de una familia consternada; todo fué 
inútil. El mal progresaba lentamente; pero una fiebre inespe- 
rada acelera su curso, y aumenta el peligro. Lo conoce el Dr. 
González, y con la misma serenidad que siempre advertimos 
en su semblante, se dispone para recibir los últimos consuelos 
que dispensa la Divina Religión que profesaba. Su alma se 
trasporta con I03 sentimientos augustos que la inspiraron, y 
elevándose á otra región mas pura, disolvió los vínculos que 
le unian á la tierra. 

Su muerte fué sentida como una calamidad pública. Le 
lloraron con amargura su esposa y sus hijos, y todavía perma- 
necen sin consuelo. Sus domésticos no habrían espresado ma- 
yor sentimiento si hubiesen fallecido sus padres. Sus amigos 
y clientes encuentran un vacío, que no aciertan á llenar. Los 
alumnos de Justiniano lamentan la pérdida de un maestro fiel 
intérprete de las leyes, el foro la de un magistrado integérri- 
mo; y el pueblo, ese juez tantas veces calumniado, pero justo y 
recto cuando no se previene su opinión, manifestó sensible- 
mente al contemplar el féretro de ese varón respetable, que 
tributaba mas homenages al mérito y á la virtud que á las dig- 
nidades y riquezas. 



366 



INFORME (l) 

Dado á la Real Sociedad por el señor Secretario de 
la Junta Central de vacuna. 



Escmo. Sr. y Señores. 

Aunque no han sido muy frecuentes las sesiones que ha 
celebrado en el presente año la Junta Central de vacuna, no 
por eso han dejado de ser suficientes para satisfacer los ob- 
jetos de su instituto. Conservar el virus vacuno en esta ciudad, 
comunicarlo á los pueblos y partidos de toda la isla, proporcio- 
nar facultativos que lo inoculen, escitar á los vecinos á recibir 
ese eficaz preservativo de las viruelas, anunciar el peligro á 
los que están espuestos á su contagio; tales son las atenciones 
que han ocupado el celo y patriotismo de esa Corporación. En 
las casas Capitulares y en los barrios de Guadalupe, Jesús María, 
el Pilar y S. Nicolás, se han vacunado en este año 3611 per- 
sonas, las 1061 blancas y las restantes de color, y en el mismo 
tiempo se han remitido á los pueblos rurales 609 cristales con 
virus vacuno. El deseo de inocular con una sola á varias per- 
sonas, inducia á disolverlo con mas cantidad del agua necesa- 
ria, quedando por consiguiente enervado y sin la eficacia para 
la erupción del grano. A fin de evitar ese error escribió el Dr. 
D. Francisco Sandoval'una instrucción, aunque sucinta, muy 



(1) Actas de las juntas generales de la Real Sociedad Econónicas de amigos 
del Pais celebradas en los diaa 15 16 y 17 de Diciembre de 1831. 



— 3'67 — 
clara, esplicando lo conveniente para el feliz resultado de esa 
operación. Hizo imprimir doscientos ejemplares de ella, y el 
Escmo. Sr. Gobernador y Capitán General se sirvió circular 
la mitad de ellos con mayor número de cristales, á las justicias 
de los pueblos y á los jueces pedáneos, para que la comunica- 
ran á los facultativos encargados de ejecutar la nueva inocu- 
lación. El éxito ha correspondido á la previsión del Dr. Sando- 
val, pues desde entonces ha producido ese virus los efectos 
que eran de esperarse. Muchos mas cristales se habrían reparti- 
do, si las personas vacunadas hubieran vuelto á los ocho dias al 
lugar donde se les hizo esa operación. En vano se les recomen- 
daba la necesidad de verificarlo para reconocer si la pústula 
era falsa ó verdadera, siendo preciso revacunarlas en el pri- 
mero ó suministrar en el segundo, el humor que contenia 
para comunicarlo á otros, y recojer el restante entre cristales. 
Desentendiéndose de estas razones, llegó el caso de no va- 
cunarse un dia de los señalados en las casas Capitulares á los 
que habian concurrido con ese objeto, porque no hubo ni un 
solo grano conque hacerlo. Temiendo los profesores encargados 
de esa operación, que se les imputaran las consecuencias que 
serian inevitables si se repetia esa falta, la hicieron presente 
al Escmo. Sr. Gobernador y Capitán general, y S. E. tuvo 
á bien escitar por el Diario de esta^ciudad á sus habitantes, 
que contribuyeran á la conserva cion de ese admirable preser- 
vativo de las viruelas, retribuyendo para otros el beneficio que 
habian recibido, y que no siendo suficiente la persuacion, lo 
que no esperaba, atendiendo al bien general, tomaría las pro- 
videncias correspondientes á un objeto tan importante. No 
han sido necesarias. Este pueblo, tan dócil á las insinuaciones 
de sus Gefes como ilustrado y convencido de la eficacia de 
la vacuna, volvió á interesarse en hacerla permanente, pro- 
porcionando con una numerosa concurrencia los medios de 
conseguirlo. Ha sido notable desde que se anunció por el 
mismo periódico, que se habian observado dentro y fuera de 
sus muros algunos viruelientos, desgraciadamente se han 
multiplicado, sin embargo de las activas providencias del go- 
bierno y del celo eficaz de la Junta Central. — ÍTo satisfecha 
con el número de profesores destinados á inocular la vacuna 



— 368 — 
en los campos, autorizó á varios otros con el fin de facilitar 
á los pueblos la adquisición de ese beneficio. Defiriendo á 
las instancias de los Ldos. D. Francisco Muñoz, D. Diego 
Jiménez, D. Blas de Ariza y D. Francisco Romero, les per- 
mitió ejecutar esa operación en Güanes, Casa-Blanca, Bataba- 
nó y en la villa de Guanabacoa; también accedió á que los fa- 
cultativos D. José María González Morrilla, y D. Francisco 
de los Reyes, concurrieran como auxiliares á- las casas Capitu- 
lares y al Diorama. Para que celaran si los vacunadores 
de Guadalupe y Jesús María cumplían con puntualidad 
ese encargo, nombró inspector del primer barrio al Dr. 
D. Juan Pérez Carrillo y el segundo al Dr. D. Francisco 
Sandoval — Habia dos años que el Ldo. Enrique García ino- 
culaba generosamente el virus vacuno en la Nueva Filipi- 
na; pero considerando que él solo no podia propagarlo en 
una estension tan dilatada, ni satisfacer los deseos de todo3 
sus vecinos; propuso á la Junta Central se estableciera una 
subalterna en el pueblo de Pinar el Rio, capital de aquel par- 
tido. Y teniendo en consideración la distancia que lo separa 
de esta ciudad, su grande estension y aumento de población 
acordó de conformidad á dicha solicitud, observándose en su 
instalación y gobierno el reglamento prescrito á las otras que 
se han erigido en varios pueblos de esta isla, y ha merecido 
la sanción de S. M. haciéndose las modificaciones que exigen 
las particulares circunstancias de la reterida población, y 
nombrando secretario de ella al Ldo. García en remuneración 
de sus anteriores servicios, y de la eficacia con que habia so- 
licitado la erección de esa Junta, obtenida la aprobación del 
Escmo Sr. Gobernador y Capitán general, se verificó su ins- 
talación el dia I9 de octubre último presidida por el Sr. Te- 
niente Gobernador de la Nueva Filipina. — En sesión de 30 
de Abril último se enteró la Junta Central de un oficio del 
Ldo D. Pedro Nolasco Almasa, secretario de la subalterna de 
Puerto Principe, informando haber vacunado en el año 
próximo pasado 1164 personas, y que desde 1823 hasta di- 
ciembre anterior, practicó la misma operación en 8142. — Es- 
tañándose que el secretario de la Junta de Cuba Dr. D. En- 
rique Diaz Paez, no hubiera remitido al de esta Central en 



— 869 — 
los últimos años, el estracto de los acuerdos de aquella Corpo- 
ración ni el resumen de los vacunados; se suplicó al Escmo. 
Sr. Presidente, se sirviera oficiar al Sr. Gobernador de dicha 
plaza para que le advirtiera esa omisión. Inmediatamente 
dirigió copia certificada de las actas celebradas desde junio de 
1829, hasta diciembre de 830, y del número de personas 
vacunadas en ese tiempo, las cuates fueron 1136 las 322 blan- 
cas, y las restantes de color; y con fecha de 5 de noviembre 
anterior informó, y desde el mismo mes del año próximo pa- 
sado, hasta aquel dia comunicó el virus vacuno á 1290 indivi- 
duos. — El Ldo. D. Andrés José de la Parra, secretario de la 
Junta de la villa de Santa Clara, cumpliendo su deber con la 
misma exactitud que siempre lo ha ejecutado, participó que 
en el presente año hasta 6 del que cursa habia vacunado 112 
personas blancas y 97 de color, conservándose aquel pueblo 
preservado de viruelas. — Los secretarios de las otras Juntas 
subalternas y de los profesores encargados de inocular el 
virus vacuno en los partidos y otros lugares, no han dado 
cuenta de sus operaciones según se les tiene prevenido. 
Habana y diciembre 16 de 1831. — Dr. Tomas Romay. 



47 



— 370 - 



REAL SOCIEDAD PATRIÓTICA. 



En junta general de la Real Sociedad patriótica de 19 
del corriente fué leído, y mandado publicar por es- 
te medio el siguiente informe de la junta central de 
Vacuna. 



Escmo. Señor: 

La comisión de la Junta central de vacuna encargada de 
conservarla inoculando su virus dos dias á la semana en las 
casas capitulares, ha ejecutado esa operación en el presente 
año en 279 personas blancas y 558 de color, remitiéndolo al 
mismo tiempo en 700 cristales á diferentes pueblos y haciendas 
de la isla. No satisfecho el Dr. D. Francisco Sandoval con ha- 
ber desempeñado las obligaciones á que estaba constituido, 
vacunó 28 párvulos en los sitios de San José, cuyos padres no 
podian por su indigencia conducirlos á los lugares públicos 
destinados para esa inoculación; y habiendo recogido el virus 
de aquellos granos en 502 cristales, remitió 52 al señor gober- 
nador de la ciudad de Matanzas y los restantes los entregó en 
la secretaría de este gobierno político, con varios ejemplares 
de una instrucción que había impreso para inocular con acier- 
to aquel eficaz preservativo de las viruelas, comunicándose to- 
do por conducto de los jueces pedáneos alas haciendas y luga- 
res iuteriores. 

No fueron estos los únicos servicios que hicieron á la hu- 
manidad y á la patria ese facultativo y el Dr. D. Juan Pérez 



— 371 — 

Carrillo, individuos de aquella comisión: ejecutaron otro tanto 
raa3 apreciable y digno de gratitud cuanto mas espontáneo y 
gravoso. En aquellos días por siempre lamentables, cuando la 
muerte enseñoreándose sobre esta ciudad y sus barrios holla- 
ba igualmente el mas suntuoso edificio y la choza mas humil- 
de; cuando el cólera-asiático se presentaba en todas partes ins- 
pirando consternación y pavura en el pecho mas constante, y 
cuando las familias cubiertas de lágrimas y luto se aislaban en 
las casas para deplorar sus pérdidas ó evitar otras mayores 
¿quién entonces habia de ocuparse en precaver una enferme- 
dad remota y menos aguda y funesta que el cólera? ¿Quién 
despreciaría un peligro tan inminente por acudir á otro muy 
distante? ¿Quién ocurría á las casas Capitulares á recibir el vi- 
rus vacuno, temiendo infestarse antes de llegar á ellas por los 
cadáveres de coléricos que á cada paso se encontrabau? 

Entonces fué cuando esos profesores sin abandonar los hos- 
pitales que se confiaron á supericiay humanidad, ni los muchos 
enfermos que habían implorado su asistencia, privándoles de 
las horas mas necesarias al descanso, se decidieron á conservar 
el virus vacuno solicitando en las habitaciones desoladas á los 
que pudieran recibirlos, y convenciendo al mismo tiempo con 
razones á los que estabau alarmados contra esa operación, per- 
suadidos de que predisponía á recibir el contagio del cólera. 

Habría faltado á mis deberes sino hubiera recomendado á 
la Sociedad económica un servicio tan importante. Lo verifi- 
qué en la sección del 24 de Noviembre anterior con todo el inte- 
rés que me inspiraba el beneficio que habían dispensado y este 
ilustre cuerpo, remunerador del patriotísmoy demás virtudesso- 
ciales, se ha servido inscribir sus nombres en el catálogo de los 
socios demérito; lo han contraído, y de un modo incontrastable. 

Animados de los mismos sentimientos que tanto han 
distinguido á esos facultativos, los Dres. i). Domingo Ro- 
sains y 1). Diego Govantes han vacunado aun en los días 
de la epidemia, el primero 108 personas blancas y 132 de 
color en el barrio de Guadalupe; y el segundo 143 blancos y 
241 de color en el de Jesús María. Es igualmente recomenda- 
ble el celo que han manifestado los Dres. D. Vicente Pérez In- 
fante y D. Manuel Chaple, encargados de vacunar en el jDiora- 



— 372 — 
raa. Faltando absolutamente la concurrencia de los vecinos de 
aquel barrio al lugar señalado para esa operación, los solicita- 
ron en sus propias casas, y venciendo con su persuacion y 
constancia cuantos obstáculos les presentaban, lograron ino- 
cular 118 individuos de todas clases y edades. En los primeros 
meses de este año comunicó el virus vacuno en la villa de 
Cienfuegos el Br. D. José María Carbonel á 157 personas blan- 
cas y 111 de color, recomendando su conservación al facultati- 
vo que residía en aquel pueblo. 

El Secretario de la Junta subalterna de la ciudad de Cuba 
Dr. D. Enrique Diaz Paez, cumpliendo con la mayor exactitud 
lo prevenido en el artículo 7o de su reglamento, me ha re- 
mitido un estado de las personas inoculadas desde 1.° de 
Noviembre del año próximo pasado hasta el mismo dia 
de Octubre del presente, y copia de las actas, de las do- 
ce sesiones que ha celebrado en ese tiempo, presididas to- 
das por el Escmo. Sr. Gobernador de aquella plaza y muy 
concurridas de sus vocales. Consta del primero que en los re- 
feridos meses se inocularon 130 blancos y 550 de color. Por 
las actas se acredita el patriotismo y eticada con que sus dig- 
nos vocales han procurado facilitar la propagación de la va- 
cuna en todos los pueblos y haciendas de aquella provincia, con- 
siguiendo con medidas tan eficaces conservarla ilesa delconta- 
gio varioloso. De este modo la Junta de Cuba que por espacio 
de algunos años habia permanecido disuelta con notable perjui- 
cio de sus vecinos, se ha restablecido con tanto fervor y constan- 
cia que merece se proponga pormodeloá las demás subalternas. 

La central de esta capital solícita siempre en preservar de 
las viruelas á esta isla, no cesa de multiplicar los medios de 
conseguirlo. Al efecto, autorizó á los profesores D. Manuel de 
la Paz Silveira para inocular la vacuna en la villa de Cienfue- 
gos y toda su jurisdicción, al Dr. D. José Pambrun en la ciu- 
dud de Matanzas, á D. Pablo Caro, en Jesús del Monte, á D. 
Joaquín Ayala en el pueblo de Regla. Si alguuos otros facul- 
tativos pretendieren dispensar gratuitamente el mismo benefi- 
cio, esa corporación accederá á su solicitud con la mayor com- 
placencia. — Habana y Diciembre 19 de 1833. — Dr. Ibmas Ro- 
may. — Es copia. — Antonio Zambrana. 



— 373 — 



INFORME 



Leído por el Sr. Secretario de la Junta Central de 
Vacuna, en junta general, celebrada el 18 de Di- 
ciembre por la Real Sociedad Económica de esta 
ciudad. 



Escmo. SeSor. 

Cumplidos son 28 años que informé por primera vez á 
este ilustre Cuerpo de las tareas que habia desempeñado la 
Junta Central de Vacuna. En todo este tiempo ha permane- 
cido inalterable ese virus benéfico, debiéndose sin duda á la 
inteligencia y constancia de los facultativos encargados de 
conservarlo, y á la ilustración y docilidad de este pueblo. Con- 
curriendo á las casas Capitulares dos dias en cada semana han 
recibido ese eficaz preservativo de las viruelas en el presenté 
afio 1161 personas de todas edades, condiciones y sexos; y en 
el propio tiempo se han remitido 792 cristales con el virus va- 
cuno á diferentes pueblos y haciendas de esta isla. 

El Dr. D. Domingo Rosains encargado de vacunar en el 
barrio de Nuestra Señora de Guadalupe, ha ejecutado esa ope- 
ración en 257 vecinos; y el Dr. D. Diego Govantes que des- 
empeña la misma comisión en el barrio de Jesús María, la ha 
practicado en 444. En el pueblo de Regla solo ha inoculado 
31 personas el Ldo. D. Joaquín de Ayala por ocurrencias que 
no ha podido precaver. 



— 374 — 

En principio de Noviembre anterior salió ele esta ciudad 
para la villa de Cienfuegos el Br. D. José María Carbonel, lle- 
vando algunos cristales con virus vacuno; y con fecha del 5 
del corriente rae participa haber inoculado en esa población, 
pueblo y varias haciendas, 75 personas; proponiéndose repetir 
la operación mientras permaneciera en aquella comarca. 

Entre todos los secretarios de las juntas subalternas esta- 
blecidas en diferentes pueblos de la Isla para para propagar 
en ellos la vacuna, el de la villa de Santa Clara, Ldo. D. An- 
drés José de la Parra, ha sido el único que me ha instruido de 
sus operaciones, según se les previeue en su reglamento. Des- 
de I o de Enero de este año hasta 29 de Noviembre anterior, 
habia inoculado á 327 individuos. Con ese preservativo y las 
providencias dictadas por sus alcaldes, se ha conservado ilesa 
del contagio varioloso que en el pueblo de la Esperanza, dis- 
tante poco mas de tres leguas, habia infestado á 21 indivi- 
duos, délos cuales fallecieron dos. Al mismo tiempo ha co- 
municado ese distinguido profesor el virus vacuno entre cris- 
tales á las ciudades de Puerto-Príncipe y Trinidad, y á la villa 
de San Juan de los Remedios. 

Mayor habría sido el número de vacunados en esta ciu- 
dad y sus barrios, si todos aquellos en quienes se verifica la 
erupción del verdadero grano, volvieran á los ocho dias al lu- 
gar donde fueron inoculados, para retribuir á otros el benefi- 
cio que habían recibido. En vano se les recomienda en aquel 
mismo acto cou la mayor eficacia, en vano se solicitan en sus 
propias casas el dia séptimopara reconocerlas pústulas y recor- 
darles aquel encargo. Ineficaces también han sido las exhorta- 
ciones repetidas en los papeles públicos por el dignísimo an- 
tecesor de V. E. manifestando la necesidad de contribuir to- 
dos los vecinos á la conservación de ese eficaz preservativo, 
por su propio utilidad y porque así lo exige la salud pública. 
Sin embargo, siempre ha sido considerable el número de los 
que solicitan vacuuarse; mas eu el presente año no fueron su- 
ficientes los granos que se necesitaban para satisfacer sus de- 
seos, aunque no ha dejado de verificarse la erupción. Apura- 
dos inútilmente los medios que inspira la persuacion, el inte- 
rés público y el privado, corresponde ya á la autoridad em- 



— 375 — 
plear los recursos mas euérgicos, para que no vuelva á espe- 
ri mentar esta ciudad y toda la isla los horrores que han pro- 
ducido en ella las viruelas. 

El virus vacuno, como el fuego sagrado de las Vestales, 
necesita cebarse constantemente transmitiéndose de unos á 
otros para que no llegue á estinguirse. Si desgraciadamente 
sucediera, perderíamos para siempre el consuelo mas grande 
que la naturaleza y el arte han dispensado de consuno á la 
humanidad desolada. No es de repetirse otra espedicion se- 
mejante á la que Carlos IV, el mas benéfico de los soberanos 
de Europa dirigió desde la Península para reparar los estra- 
gos que habían hecho las viruelas conducidas por un criado 
de Panfilo Narvaez á la "virgen del mundo, la América ino- 
cente." Pero si aquel contagio corrió con la mayor velocidad 
desvastando los pueblos desde la costa Norte hasta el imperio 
de los Incas, y del cabo de Hornos á las Californias; la muni- 
ficencia, del clementísimo Carlos recorre las Antillas, se difun- 
de con la misma celeridad del uno al otro estremo del conti- 
nente español, atraviesa el mar pacífico, llega á las Filipinas, 
pasa á Cantón, y participan de ella hasta las islas amigas y ri- 
vales. Loor eterno al Monarca Pió, que salvó sus pueblos y 
los estraños de una calamidad horrorosa. Gratitud y gloria 
sea concedida al Jenner de la Iberia, tan infatigable y filán- 
tropo como aquel que produjo el Albion y será justamente ad- 
mirado y aplaudido por todas las naciones. — Habana y Diciem- 
bre 18 de 1832. 



376 — 



SALUD PUBLICA. (1) 



Habiéndose dignado S. M. la Reina gobernadora confiar- 
me la presidencia de la Real Junta superior gubernativa de 
medicina y cirugía de esta isla, faltaría al mas importante de 
mis deberes, si no me interesara eficazmente en la conserva- 
ción de la salud pública y en la tranquilidad de mis compa- 
triotas. Se ha turbado en estos dias por la imprudente locua- 
cidad de algunos noveleros que sin examinar los hechos ni 
comprobarlos cou datos suficientes, los divulgan y sostienen 
como si fueran incontestables. Abundan hombres y mugeres, 
que por no hacer en las sociedades un papel ridículo, obser- 
vando el silencio que debia imponerles su ignorancia, mortifi- 
can á los concurrentes con vaciedades importunas, y conster- 
nan á las personas tímidas y pusilánimes con noticias desagra- 
dables y funestas. Otros muchos como si no tuvieran en que 
egercitarse, ni asunto alguno de que tratar, vagan por las ca- 
lles, sorprendiendo á los que encuentran y aun se introducen 
en las casas para referir y publicar lo que tal vez no se quisie- 
ra oir, quedando tan satisfechos y complacidos como si hubie- 
ran celebrado el armonioso y espresivo canto de la Pedrotti, 
ó las escenas mas terribles de Fornasari y Monstressor en el 
Pirata. 

Esos han sido los que vociferan que en esta ciudad y sus 
barrios se han presentado desde el mes de Enero muchos en- 
fermos del cólera-mórbo asiático, y como si una ocurrencia 
tan infausta no fuera bastante para alarmar á un pueblo senci- 

(i) Diario de la Habana de 7 de Marzo de 1S34. 



— 377 — 
ble que acaba de esperiraentar los mayores estragos por esa 
horrorosa enfermedad, se atreven á pronosticar que repetirá 
todos los años y se hará endémica en esta isla; como la fiebre 
amarilla ó vómito negro, introducido en ella de otros paises. 
¡Terroristas sibilinos! ¿quién os ha inspirado esos oráculos de 
ruinas y desolación? ¿En que os fundáis para presagiar, que 
este pais tan favorecido por la naturaleza, haya de ser mas 
desgraciado que todos los otros que ha devastado el cólera? 
En todos ellos, terminada la epidemia se ha observado uno ú 
otro caso; mas en ninguno ha repetido aquella calamidad en 
Paris y Londres después de un año de haberla sufrido, se han 
visto algunos coléricos. En el Asia, donde es endémica, se 
presentan todos los años; mas nunca hasta cumplidos diez 
se multiplican lo nesesario para llamarse epidemia. De otra 
suerte, estaria desierto el Delta del Ganges y todas sus ri- 
beras. 

Demasiado infeliz seria la humanidad si hubieran de cum- 
plirse los presagios de esos agoreros de adversidades. Mejor 
sería no haber nacido, que vivir temiendo cada año una enfer- 
dad casi inevitable y de un éxito incierto. No es tan implaca- 
ble la cólera del cielo ni se reúnen con tanta frecuencia las 
causas que producen esas plagas desoladoras. En el estado 
cronológico de las pestes hecho por Papón, que comprende 
dos mil cincuenta y un años, solo numera diez memorables. 
La primera fué la de Atenas, descrita por el padre de la histo- 
ria Thucidides, 331 años antes de J. C. y la última la de 
Aix el de 1720. Desde entonces hasta el año de 817 que prin- 
cipió la del cólera-mórbo en el Asia, han mediado 97 años. 
Esta epidemia es la mas semejante á la peste llamada negra por 
el tiempo que han durado, por los paises que han recorrido, por 
la irregularidad de su curso y por los estragos que han cau- 
sado en todos ellos. Empezó aquella peste el año de 1346 
en el reino de Cattaj-, al N. de la China, ee difundió por toda 
el Asia, la Europa y el África, y después de haber estermina- 
do las cuatro quintas partes de los habitantes de Europa, según 
el cálculo de Villani, terminó en 1361. Desde entonces no se 
esperimentó alguna otra en Europa hasta la de Milán y León 
de Francia en 1628 y 29. ¿Por qué pues, hemos de temer que 

48 



— 878 — 
el cólera vuelva á desolarnos, cuando todavía está afligiendo 
dos partes del mundo? 

No son mas exactos los fundamentos que suponen para 
inferir y presagiar que el cólera so hará endémico en esta isla 
como la fiebre amarilla ó vómito negro. Estas dos enfermeda- 
des no tienen ninguna analogía; todo es en ellas diferente. Xo 
me detendré en hacer una comparación nosográfica; los profe- 
sores de la ciencia de curar no la necesitan, y parecería dema- 
siado minuciosa á los que no ejercen esa facultad. Para de- 
mostrar la diferencia que hay entre ellas, bastará decir, que la 
fiebre amarilla no fué transportada de otros países, sino que 
siempre ha sido endémica en las costas de la América, que en 
ellas existe su germen, y se desarrolla cuando el calor pasa de 
22 grados en el termómetro de Reaumur el cólera-morbo es 
endémico en el Asia, principalmente en las riberas del Gan- 
ges; desde donde asolando sus vastas regiones el año de 1817 
se dirigió á las orientales de Europa, penetró la Rusia y recor- 
rió casi todos los estados del continente, pasó á la Gran Bre- 
taña, de allí á la Irlanda, de ella al Canadá, se difundió pron- 
tamente por todas las provincias de la nación ha^ta la mas in- 
mediata á esta Isla, la ISTueva-Orleans, de donde probablemen- 
te recibimos esa plaga en 833. Jamás la fiebre amarilla ha se- 
guido un curso tan constante y dilatado, atravesando paises 
muy diferentes por su clima y posiciones topográficas; en la A- 
mérica nunca se ha internado mas de una milla de sus costas. 
El cólera con iguales síntomas y con la misma violencia se ha 
presentado en la Rusia cubierto de nieve y en los terrenos 
mas áridos de la Arabia, en Varsovia y en Sevilla, en Dublin, 
en Veracruz y en Méjico, en los pueblos litorales y en los mas 
interiores, en los inmediatos al polo ártico en el invierno, y 
bajo la zona tórrida en el estío. La fiebre amarilla invade con 
todos los síntomas de una calentura inflamatoria muy aguda; 
en el cólera no se percibe ni en su invasión algún fenómeno 
de fiebre, el pulso es muy débil y concentrado hasta hacerse 
imperceptible, el calor se disminuye rápidamente quedando 
toda la cutis tan fría como el hielo. Cuanto mas progresa el 
cólera.tanto mas blancas y líquidas son las evacuaciones y vó- 
mitos; eu la fiebre amarilla son mas obscuras y aun mas ne- 






— 379 — 
gras en el último período. En el cólera se coagula y espesa la 
sangre sin que el arte pueda estraerla; en la fiebre amarilla se 
disuelve tanto que se arroja por la boca, la nariz, la uretra, el 
ano, y filtra por los poros de la lengua y de las encías. Los en- 
fermos de esa fiebre y los cadáveres se tiíien de un color ama- 
rillo semejante al ocre; los del cólera se cubren de manchas 
azules. Los americanos que habitan en las costas están exentos 
de la fiebre amarilla; el cólera no los respeta. Hechos y obser- 
vaciones practicadas con meditación y criterio, prueban que la 
fiebre amarilla no es contagiosa; la opinión contraria prevale- 
ce respecto del cólera. Finalmente la autopsia de los que han 
fallecido por esas dos enfermedades, presenta desórdenes pa- 
tológicos muy diferentes. ¿Y porqué se supone entre ellas tan- 
ta analogía? 

Ya lo he dicho y no dudo repetirlo, en todas las grandes 
poblaciones invadidas por el cólera-morbo asiático, se han ob- 
servado algunos casos hasta un año después de haber termina- 
do la epidemia. Lo mismo ha sucedido en esta ciudad, desde 
Mayo hasta el presente mes en ninguno de ellos ha dejado de 
ocurrir uno ú otro colérico; pero siempre aislado, sin comuni- 
carse á ninguna otra persona de la familia. Xo obstante, en 
los dos meses anteriores se han supuesto casos mas repetidos, 
y exagerándose con la mayor indiscreción y ligereza, se ha 
consternado el pueblo, temiendo un funesto aniversario. Fe- 
lizmente se habrán disipado sus temores y para mas tranquili- 
zarlo atestaré, que desde principios de Enero hasta la fecha he 
recibido varios partes de enfermos con síntomas sospechosos; 
pero habiéndolos reconocido casi todos personalmente y otros 
por facultativos de mi confianza, solo cinco han tenido el có- 
lera-asiático en esta ciudad y sus barrios, es decir, en una po- 
blación que contiene mas de cien mil almas y en el espacio de 
dos meses, y todo3 cinco han cometido grandes escesos ó han 
despreciado los primeros síntomas de la enfermedad. 

A esta prueba añadiré otra que debe inspirar la mayor 
confianza. El cementerio general es un barómetro que presen- 
ta exactamente las alteraciones que esperimenta la salud de 
esta ciudad. Tengo á la vista los estados diarios délos cadáve- 
res enterrados en los meses de Enero y Febrero del año próxi- 



— 380 — 
mo pasado y del presente, y de Febrero de 832, comparados 



resalta lo siguiente: 



ENERO. 
1833. 1834. 



Cadáveres .396 en todo el mes 316. 

Máximo 21 en un día 19. 

Mínimo 5 en otro dia 4. 

iSfo consta en los asientos de dicho cementerio que desde 
su establecimiento en 2 de Febrero de 806 se hayan enterrado 
en ningún otro dia 4 cadáveres solamente, como sucedió el 
20 de Enero último. Para comparar los que fueron sepultados 
en Febrero anterior, no elegiré por término opuesto el mismo 
mes del año próximo pasado, porque habiendo empezado la 
epidemia del cólera el dia 24, necesariamente debería ser mu- 
cho mayoría mortandad. Por lo tanto preferiré el mes de Fe- 
brero de 832. 

FEBRERO. 

1832. 1834. 



. Cadáveres 370 en todo el mes 283. 

Máximo 19 en un dia 20. 

Mínimo 5 en otro dia 5. 

Por esta comparación se demuestra que en Enero último 
fallecieron 80 personas menos que en el mismo mes del año 
próximo pasado y que en Febrero anterior 87 menos que en el 
propio mes de 832. Ningún argumento mas convincente de 
la buena salud que se disfruta en esta ciudad. 

Mas no por eso hemos de despreciar las reglas que pres- 
cribe la Higiene, ni debemos entregarnos á cometer . escesos; 
la razón y la prudencia recomiendan la sobriedad en todos los 
placeres. El abuso de ellos altera en cualquier tiempo la salud. 



— 381 — 
ese beneficio que no conocemos ni apreciamos como merece 
sino después de haberlo perdido. Para conservarlo principal- 
mente en la estación que ya empieza, es necesaria la frugali- 
dad en la comida y bebida, sobre todo en los licores espirituo- 
sos, hacer un ejercicio moderado, llevar el vestido que corres- 
ponda á la temperatura de la atmósfera, no desabrigarse al 
aire libre estando el cuerpo acalorado, abstenerse entonces de 
bebidas frias, evitar el calor ardiente del sol, observar el ma- 
yor aseo en la persona y'habitacion, tomar baños templados ó 
frios cuando se ordenen por quien corresponda, finalmente re- 
primir y dominar las pasiones, porque todas pueden ofender 
la salud y aun privar de la vida si fueren escesivas. 

A los profesores de la ciencia mas benéfica al hombre, 
pertenece dictar reglas particulares según las circunstancias 
que concurran en aquellos que les consulten. Animados todos 
de los nobles sentimientos que exige nuestra profesión, espero 
con la mayor confianza, que continuarán ejerciéndola con la 
misma humanidad, inteligencia y constancia que manifesta- 
ron en los dias lamentables de la epidemia del cólera-morbo, 
arrostrando impávidos los mayores peligros, y que me partici- 
parán; como puntualmente lo ejecutan, los casos que se les 
presenten de esa enfermedad ó de cualquiera otra con sínto- 
mas sospechosos, ó con anomalías y complicaciones que les ha- 
gan vacilar. Consagrado á cumplir fielmente los deberes que 
me han sido confiados, me encontrarán dispuesto á todas ho- 
ras para acompañarlos donde quieran conducirme á reconocer 
los enfermos y comunicarles los conocimientos que ha}-a ad- 
quirido en 40 años de práctica, y cuando no me lo permita 
alguna atención mas urgente elegiré facultativos de, mi con- 
fianza que, no dudo, se sirvan aceptar esa comisión; y á todos 
generalmente encargo y recomiendo el mas exacto cumpli- 
miento de cuantas providencias de policía de salubridad ha 
dictado el Escmo. Sr. Gobernador y Capitán General, que con 
tanto celo y eficacia se interesa en la conservación de la salud 
pública. Habana y Marzo 2 de 1334. — Doctor Tomas Romay. 



382 — 



CLASE DE CLÍNICA. (1) 



En celebridad de los días de la Reina Mr a. Sra. Doña Isabel II, se 
verificó el 19 del corriente la abertura de esa clase en la nueva sala del 
Museo anatómico construida en el Hospital militar de esta plaza, au- 
torizando ese acto los Escmcs. Sres. Gobernador y Capitán General 
Superintendente general de Real Hacienda, consejero de Estado, é 
limo. Sr. Arzobispo, gobernador de este obispado, y con toda la solem- 
nidad que se describe en el número 322 de este diario. El Sr. Dr. D. 
Turnas Romay, catedrático de Clínica designado por S. M., pronunció 
la siguiente oración inaugural análoga á las circunstancias de tan 
plausible dia: 

* 
Escmo. SeXor: 

No será la Suecia en adelante la única nación que se glo- 
rie de haber sido gobernada por una Cristina, protectora de 
las ciencias y bellas artes. Discípula predilecta de aquel genio 
creador, que arrancando los astros de las esferas en que los 
habia enclavado Tolomeo, los arrojó en un espacio inmenso, 
sutil y etéreo, donde equilibrados por las leyes del movimiento 
describieran un curso inalterable; no podía Cristina elevarse á 
la contemplación de esos globos brillantes, sin reflejar sobre 
sus pueblos las luces que habia adquirido con su estudio y me- 
ditación. Establece universidades, colegios y academias, soli- 
cita con eficacia y generosidad los literatos y artistas mas dis- 
tinguidos en todas las naciones, y escitando con su presencia 
y liberalidades la emulación de los alumnos, disipa las densas 
nieblas de la ignorancia y del orgullo feudal. 

(1) Diario de 1» Habana á 29 de Noviembre de 1834. 



— 3S3 — 
i de Borboii, Reina gobernadora de las España?. 
sin haber sido iniciada por otro I - eu los sublimes mis- 

terios de la naturaleza, no cede á la Wasa en ilustración y 
munificencia. Xacida en una de las Cortes mas ©pulen : 
cultas de la Italia, donde - - rvs*n tantos monumento 

la antigua Panéuope, donde concurren con frecuencia 
eípulos de Torricelli y de Galbani, c 

de Rafael y de Canoya. donde las ruinas del Herculano y de 
Pompeya son dos minas riquísimas de los modelos mas admi- 
rable de y de Roma; Cristina dotada de una alma gran- 
reuerosa, inflamada con la llama celestial de un 
genio perspicaz, activo y fecundo, capaz de todas las id-: 
de todas las verdades ¿miraría con indiferencia objetos tan 
grandiosos que atraían su curiosidad y escitaban su imagina- 
ción? 

Enriquecida con el tesoro inapreciable de útiles conoci- 
mientos, y del buen gasto rectificado por su sexo y educación. 
abrasada en los as ardientes de la ilustración y pros- 

peridad de los españoles, vino á ocupar el trono de Fernando- 
Grata y perpetua será en los -oria la primera 
época de su reinado. Abriendo con mano fuerte y munífica las 
puertas del santuario de las ciencias, y derrocando las barre- 
ras que hacían inaccesible el suelo patrio, reúne eu loscole_ 
y universidades aquellos alumnos que serán algún dia gloria 
^amento de la nació ana hogares los varo- 
nes ilustres que gemían confinados en pa> - leja- 
nos, como Ovidio en el Ponto y el respetable Jovellauos en un 

lo de Mallorca. 

N ¿era menos plausibleel segundo periodo de su gobierno 
á nombre de su escelsa hija Isabel II S ..udo su generosi- 
dad á la de todos los soberanos que la habían precedido, am- 
plia mas y mas el memorabi. ) de amnistía. Erige á las 

.iS un monumento eterno en la Academia c 
2rada á sus progresos y lucubraciones. La música, la pintura, 
la dramática merecen su poderosa protección. Establece un 
ministerio encargado de formar todos los ramos de pública 

cridad. Oprimido su pecho por la consternación y amar- 
gura, al ver que desolaba las provine: _ía á la Corte 



— 384 — 
aquella epidemia, la mas general y funesta á la especie huma- 
na, repite los reglamentos de policía y de higiene que había 
promulgado, añade otros mas eficaces, organiza juntas desani- 
dad, prepara hospitales, promueve sociedades de caridad, dan- 
do con mano munífica ejemplos nada equívocos de compasión 
y beneficencia. Restablece aquella augusta asamblea, tan respe- 
table por su antigüedad, como por su inflexible rectitud, egida 
impenetrable de Jas libertades patriasyde los derechos del pue- 
blo, y donde tantas veces se habia estrellado el despotismo. 

Aun mas debemos á la ilustración y liberalidad de Cris- 
tina, y para ser mas semejante á la heroína de la Suecia, al 
mismo tiempo que con una mano fomenta y protege las cien- 
cias y las artes, y todas las instituciones y todos los estableci- 
mientos, con la otra debela, arrolla y persigue los enemigos 
de la constitución del Estado, y de su augusta Soberana. 

La Isla de Cuba mereció desde el principio de la primera 
época de su gobierno, un rasgo luminoso de las virtudes que 
tanto la distinguen. Los estragos que hacia en esta ciudad y 
sus campos aquel monstruo, que abortado por el Delta del Gan- 
ges el año de diez y siete, habia devastado el Asia, la Europa 
y la América septentrional, los acentos del dolor exhalados 
por la horfandad y por tantas familias desoladas, llegaron has- 
ta su trono, cuando desgarrado su corazón sensible por la 
muerte siempre lamentable del Séptimo Fernando, estaba mas 
dispuesto á la terneza y compasión. No vacila un instante, y 
decidida á enjugar nuestras lágrimas y precaver otra calami- 
dad semejante á la que sufríamos, previno en la Real orden de 
21 de Octubre del año anterior, que se estableciera en esta 
ciudad una junta superior gubernativa de medicina y cirujía, 
y una clase de clínica en este hospital militar, dignándose con- 
fiarme su regencia. Se ha instalado aunque privadamente la 
primera y hoy, en este dia el mas plausible para los fieles es- 
pañoles, en este lugar consagrado y perpetuar la memoria de 
Isabel II, y bajo sus auspicios Soberanos, se proceda á la aber- 
tura de la escuela de medicina.práctica. 

El Gefe ilustre de este Real establecimiento (1) tan exao- 

(1) El Escruo. Sr. Conde de Villanueva, Superintendente general de Real 
Hacienda. 



— 385 — 
to cu la mas puntual observancia de las soberanas disposicio 
nes, como en ejecutarlo del modo mas decoroso y digno del 
objeto á que se dirijeu, dispuso se trasladara el Anfiteatro á 
la pieza inmediata, y se construyera esta sala espaciosa con el 
doble objeto de colocar en ella la clase de clínica y en el 
Museo anatómico, enriqueciéndole con nuevas y perfectísimas 
figuras. Pensamiento feliz, que ha reunido y proporcionado en 
un punto la instrucción en diferentes ramos de la ciencia de 
curar. Al mismo tiempo que esplicaré á mis alumnos la his- 
toria de las enfermedades, los síntomas que las caracterizan, 
el curso que observan, las anomalías con que suelen presen- 
tarse, las simpatías que pueden resultar, los remedios con que 
desean combatirse, y su terminación favorable ó adversa; per- 
cibirán en esos objetos Jos órganos ofendidos en cada enfer- 
medad, su adherencia y relaciones con otros tejidos y sistemas, 
los medios por donde se transmiten las simpatías y su ejecutan 
las revulsiones, el mutuo consentimiento y armonía de todas 
las partes, y la tendencia con que todas concurren de consuno 
á un mismo fin, conservar la vida; á la manera que los rayos 
de una rueda se dirigen todos, se tocan y reúnen en un punto 
céntrico para aumentar la potencia de las máquinas artificia- 
les. Descubrimiento importante del Padre de la medicina ra- 
ticado por los modernos fisiólogos. 

Si pasamos de esta sala al vecino Anfiteatro, la anatomía 
patológica ilustrará muchas veces las teorías nosográficas. En 
la autopsia de los cadáveres descubriremos las lecciones que 
esperimentaron los órganos y tejidos en el tiempo déla enfer- 
medad, las alteraciones que sufrieron los líquidos, las causas 
que desordenaron las funciones, las partes donde deben dirijir- 
ho los remedios, y los efectos que pueden producir. En este 
examen es preciso proceder con el mas riguroso criterio y pers- 
picacia, para distinguir con la posible exactitud las lecciones 
que se desarrollan durante la enfermedad, de las que resultan 
después de la muerte. 

El enfermo tendido en el lecho del dolor, y el cadáver 
sobre la losa del Anfiteatro, estos dos libros trazados por la 
mano infalible de la naturaleza, serán en lo sucesivo el ob- 
jeto de vuestro estudio y meditación. En su presencia fundi- 

40 



— 386 — 
reís como en un crisol las teorías de todas las sectas que han 
desgarrado la medicina desde Erasistrato hasta Brousseais, 
desviándose de la senda luminosa que dejó marcada su vene- 
rable Legislador. Allí separareis las verdades útiles compro- 
badas por la observación y la esperiencia, de las hipótesis ar- 
bitrarias, de las sutilezas metatisicas del peripato, y de los 
hornillos y retortas, pretendiendo someter las leyes inescru- 
tables de la naturaleza á los productos inexactos de la alqui- 
mia. Como la abeja estrae de las flores el néctar mas puro para 
convertirle en una miel proficua y dulcísima, así también to- 
mareis de cada escuela las doctrinas mas conformes á la recta 
razón, á los hechos repetidos y analizados, á los principios 
generalmente admitidos, para formar un sistema colectivo, el 
mas seguro en la práctica de la difícil ciencia de curar. 

Empero, no será bastante para desempeñar cumplidamen- 
te el ministerio consolador á que somos destinados. Los do- 
lores que sufren los enfermos, las privaciones que esperimen- 
tan, la impotencia y languidez que los postra, las angustias y 
congojas que atormentan su espíritu; todo exige impetuosa- 
mente la mas constante y eficaz asistencia, una compasión 
sin límites, una afabilidad inalterable y todos los auxilios y 
todos los consuelos que pueden dispensar la ciencia mas be- 
néfica y la sensibilidad mas oficiosa. Si los merecen todos los 
enfermos, porque todos sou hombres y pertenecen á nuestra 
especie, en los que ahora se confiarán á vuestro cuidado y ob- 
servación, concurre una circunstancia especial que los hace 
mas dignos de la observancia de tan sagrados deberes. Todos 
ellos son comilitones de los valientes que con tanta decisión y 
constancia, vertiendo su sangre y despreciando la vida, defien- 
den los derechos de Isabel II, descendientes y heredera de la 
incomparable Isabel de Castilla. ¡Españoles, habitantes de la 
antigua Cubauacan, qué nombre he proferido! ¡Isabel de Cas- 
tilla! Yo siento al pronunciarle palpitar mi corazón, inflamarse 
mi espíritu, enaltecer con las mas sublimes ideas de benefi- 
cencia, de generosidad y de constancia. Alma grande, alma 
heroica de Isabel de Castilla, si te es concedido persistir los 
votos de tus subditos, acepta los mios é intercede con el dispen- 
sador de todas las gracias y de todos los dones para que Isabel II 



— 387 — 
no solo herede tu nombre y tu trono, sino también todas tus vir- 
tudes que su reinado sea tan glorioso como el suyo, y que ella se 
cumpla el oráculo repetido por aquel Genio inmortal, cuyas ceni- 
zasreposan en lapatria deCristina. ''Después de lagrande revo- 
lución de los siglos, se restablecerá el orden: bajará del alto 
cielo una nueva generación: aparecerá una Virgen, y se reno- 
vará el reinado de Saturno. Y si el grande Aquiles volviere á 
presentarse en los campos de Troya" (1) renacerán también 
Córdovas y Navarros, los Saavedras y Cervantes, los Argen- 
solas y Herrera, y todos los guerreros, y los sabios y artistas 
que hicieron temer y admirar al pueblo español, no solo en 
el mundo entonces conocido, sino en otro que descubrieron 
con su sabiduría y sojuzgaron con sus victorias 

¡Plegué al cielo que mis votos sean cumplidos y mis es- 
peranzas satisfechas/ Que la tierra en su diaria revolución 
presente constantemente á el astro del dia paises que obedez- 
can y adoren á Isabel II, y que ella sea para la isla de Cuba 
otra madre tan generosa y benéfica como lo fué su predecesora 
Isabel de Castilla la Católica. — Dixe. 

(1) Virg. Eglog. 



388 



Discurso pronunciado por el Sr. Dr. D. Tomas Romay 
en la inauguración solemne de la Real Junta Supe- 
rior gubernativa de medicina y cirugía de esta Isla 
y de la de Puerto Rico, verificada en la tarde del 
19 de noviembre de 1834. 



Sres. profesores de medicina y cirugía. 

Dificultades que no hemos podido superar han detenido 
hasta hoy la instalación pública de esta Real Junta superior 
gubernativa en medicina y cirujía. Debido era y muy justo 
tributar este solemne homenage de consideración y gratitud á 
la memoria siempre respetable de Fernando 7o Su mano mu- 
nífica trazó el plano de esa obra, la ilustrada y benéfica 
Cristina la erigió, y la lealtad y constante adhesión á nuestros 
soberanos, la consagra en este plausible dia á la escelsa Isabel 
2? su augusta imagen colocada sobre nosotros como un astro 
benéfico, nos inspirará aquellos puros y nobles sentimientos 
que adornan su inocente alma. Mis dignos colegas los recibi- 
rán inmediatamente y abundando en ellos ofrecerán á V. S. 
ejemplos incontestables su ilustración, rectitud, y celo el mas 
eficaz por el decoro y esplendor de la facultad que profesamos. 
Todos debemos contribuir á recomendarla para merecerla es- 
timación pública con la constante aplicación al estudio, con 
la asiduidad, desinterés y compasión en la asistencia de los 
enfermos, y con la observancia de todas las virtudes que erige 



— 389 — 
el padre en la medicina de su admirable juramento. Las obras 
de este fiel intérprete de la naturaleza son el código de nues- 
tras leyes. Meditense dia y noche, respetando sus sentencias 
como oráculos dictados por una observación y esperiencia ra- 
ciocinada de 80 años. 

Nos lisonjeamos con que los alumnos de la Universidad y 
del Hospital Militar corresponderán al celo y eficacia con que 
se interesan en su instrucción los ilustrados profesores que sir- 
ven las cátedras en ambos establecimientos. Hoy se ha instala- 
do la de clínica, que era tan necesaria para emplear los estu- 
dios académicos. Sucesor de Francisco Pinel, Jauregui y Seve- 
ro López, me esforzaré por sujerirlos aunque de lejos, respe- 
tando las huellas que dejaron impresas en aquellas salas, don- 
de fueron tan útiles á la medicina, á la humanidad y á la pa- 
tria. 



— 390 



RESUMEN (1) 

De las tareas de la Junta de vacuna, leído en las 
juntas generales de la Real Sociedad, que se pu- 
Mica por su acuerdo. 



Costumbre fué del antiguo pueblo romano presentarse los 
veteranos cubiertos de cicatrices y de canas en el templo del 
Dios de la guerra y ofrecer su ara enrojecida las armas con que 
habian triunfado de los enemigos de la patria. Reconocida 
ésta á sus servicios, coloca aquellos votos de lealtad y valor en 
los muros del augusto templo, inscribe sus nombres en los fas- 
tos marciales, y el tesoro público les suministra lo que ya no 
pueden adquirir sus miembros mutilados. 

No vengo, Sres, á consagrar sobre esta ara del patriotismo, 
víctimas inoculadas por el furor y la saña, ni el acero teñido 
con sangre de mis semejantes. Dedicado á su conservación 
por sentimientos y reflecsiones, presento en ella 3-11,342 ha- 
bitantes, que en el espacio de treinta y un años se han pre- 
servado en esta isla de la enfermedad mas general y funesta 
por el descubrimiento mas útil á la humanidad: el adjunto es- 
tado lo comprueba. Aumentada su población, se ha fomenta- 
do la agricultura, progresa el comercio, 'la industria y las ar- 
tes, y este suelo privilegiado por la naturaleza, se eleva al 
grado de prosperidad y opulencia á que le llama su destino. 



(1) Memorias presentadas d* la Real Booiedad Patriótica de la Habana Número 
5.— Marzo de 1836. 



— '¿\)l — 

La propagación de la vacuna ha contribuido á propor- 
cionarle ventajas tan importantes. Introducida en esta ciu- 
dad el 10 de Febrero de 1804 en ocasión que la desolaba una 
epidemia de viruelas, todos sus vecinos la solicitaron con el 
mayor anhelo, instruidos anticipadamente por los papeles pú- 
blicos de su eficacia para precaver aquel contagio. Difundida 
rápidamente hasta en sus barrios estramuros, se comunicó 
con la misma celeridad á los pueblos y haciendas inmediatas 
por todas direcciones. 

Hallábase entonces en la villa de ¡áanta Clara visitando 
su diócesis el Escmo. é Illmo. Sr. 1). Juan Diaz de Espada, 
cuya memoria nos será siempre grata y respetable por su 
ilustración y beneficencia, y desde alli solicita con todo el ce- 
lo de un verdadero pastor, y con toda la confianza de un hom- 
bre ilustrado, que se le remita á sus espensas un faculativo 
instruido en la nueva inoculación con dos niños, el uno ya 
vacunado, y el otro para que le hiciera la misma operación si 
se demoraba en el camino, "como eu mis mansiones (son sus 
palabras) se verifica la reunión de todos los niños de la circun- 
ferencia, se podrá estender prodigiosamente ese saludable re- 
medio; siendo muy agradable la combinación, que viniendo á 
recibir el Espíritu Santo por la confirmación, vuelvan con aquel 
preservador de una enfermedad destructora en lo temporal, y 
con éste fortalecidos para la carrera espiritual." Consiguió lo 
uno y lo otro dispensando ambos beneficios á todos los pue- 
blos de su grey, hasta que regresó á esta ciudad, donde publi- 
có una pastoral exhortando á la saludable inoculación de la 
vacuna. Habiendo llegado ese virus hasto el centro de la isla, 
fácilmente se transportó á la ciudad de Puerto-Príncipe y de 
su jurisdicción á la del Bayamo: en Cuba se habia propagado 
desde el mes de Enero, conducido en cristales de S. Tomas. 

Tales eran sus progresos en toda la isla, cuando el 26 de 
Mayo del propio año arribó á este puerto la real espedicion 
en que la munificencia de Carlos IV remitió la vacuna á todos 
sus dominios de América, interesado eficazmente en reparar 
con ese antídoto los estragos que habían causado en ella las 
viruelas conducidas por un criado de Panfilo Narvaez. Pero 
encontrándola difundida del uno al otro cabo, ninguna otra 



i 



— 392 — 
cosa hizo su director, sino presentar al Escmo. Sr. Goberna- 
nador y Capitán General marquez de Someruelos, un plan 
cientifico y económico para establecer en esta ciudad una jun- 
ta central encargada de conservarla y transmitirla á todo el 
distrito de su mando. 

Anticipadamente habia concebido el mismo proyecto y 
comunicó á S. E. otro plan el facultativo que inoculó prime- 
ro la vacuna en esta ciudad, ensayándola en sus propios bijos, 
á los que condujo cumplidos treinta dias á la cama de un vi- 
rueliento, con cuyos granos fueron publicamente inoculados 
por otro profesor sin resultado alguno; demostrando con esa 
prueba la mas peligrosa, pero también la mas incontestable, la 
confianza que tenia en el descubrimiento de Jenner, inspiran- 
do la misma confianza en todos I03 habitantes de esta capital. 
De ambos planos se escogió lo mas conveniente, y en sesión 
ordinaria de esta Real Sociedad, celebrada el 13 de Julio del 
repetido año quedó establecida, organizada y unida á ella la 
Junta central de vacuna, eligiéndose cuatro vocales facultati- 
vos, los que habian manifestado mas inteligencia y celo por 
su propagación, y entre ellos para secretario, el que suscribe. 

Considerando esta corporación que por si sola no podia 
conservar y difundir el virus vacuno en todos los puntos de 
esta isla, convino desde e\ principio de su erección, en que 
era indispensable instalar juntas subalternas en sus principa- 
les poblaciones. Asi se ha verificado sucesivamente contán- 
dose hasta diez, siendo la última la que en Agosto de este 
año se estableció en la villa de S. Antonio Abad. Al mismo 
tiempo ha nombrado en los pueblos menores y en los par- 
tidos rurales, facultativos de acreditada pericia y adhesión á 
la vacuna, para que la comuniquen á sus vecinos. 

Si estos y aquellos no han colmado las esperanzas que 
se habian concebido; si el número de vacunados no correspon- 
de al de los años que han transcurrido, disminuyéndose pro- 
gresivamente cuando debia aumentarse; no ha consistido en 
defecto de celo y constancia de los vacunadores. Otros obstá- 
culos han obstruido los progresos de una operación tan senci- 
lla como benéfica; pero la Junta superior de sanidad conven- 
cida de ellos, y eficazmente solícita en precaver esta isla de to- 



■ 



— 893 — 
das las enfermedades epidémicas y contagiosas, lia escogita- 
do medios poderosos para conseguir lo que tanto interesa á 
nuestra ecsistencia y tranquilidad. 

Sin embargo, nada ha sido bastante para arredrará mis 
dignos compañeros en la comisión encargada de inocular el 
virus vacuno dos dias á la semana en las casas capitulares. Su- 
perando los Dres. D. Juan Pérez y Carrillo y D. Francisco 
Sandoval, todos los inconvenientes y dificultades que se les 
han opuesto, el primero desde el año de 1810 en que fué ele- 
gido, y el segundo en 1816, han conservado puro é inalterable 
el benéfico depósito que se había confiado á su vigilancia y 
patriotismo, transmitiéndolo constantemente de unos á otros, 
hasta en aquellos dias por siempre lamentables de la epide- 
mia del cólera morbo, cuando todos los vecinos permanecían 
aislados en sus casas, los unos por no esponerse al contagio, 
los otros dedicados á la asistencia de sus enfermos, y mucho 
mas rehusando aquella operación, prevenidos de que dispo- 
nía para ser invadidos de la enfermedad que nos desolaba. 

También han dado pruebas muy sensibles de inteligen- 
cia y constancia los Dres. D. Domingo Rosains y D.Diego Ma- 
nuel Govantes, nombrados el año de 1822 para inocular la va- 
. cuna en los barrios estramuros de Guadalupe y Jesús María. 
Entre los secretarios de lasj untas subalternas se han distingui- 
do por el esacto cumplimiento de sus deberes el de CubaDr. 
D. Enrique Diaz Paez: de Trinidad Ldo. D. Joaquín de Estra- 
da, y el de la villa de Sta. Clara Ldo. D. Andrés José de la Par- 
ra, quien jamas en el espacio de 26 años ha dejado de comuni- 
carme al fin de cada uno, el resumen de las personas que habia 
vacunado, y de las sesiones de aquella Junta cuando se reunía. 

Este es un compendio de la historia de la vacuna desde 
su introducción en esta ciudad hasta 30 de Noviembre ante- 
rior. Me ha parecido oportuno consignarlo en este informe, 
porque espero sea el último que presente á este ilustre cuerpo. 
Mi edad, los achaques que la son aneesos y varias atenciones 
de que no puedo prescindir, merecen que cumplidos ya trein- 
ta v uno de Secretario y cuarenta y cuatro de socio, sea exi- 
mido de aquel encargo. La Junta central abunda en faculta- 
tivos que por su antigüedad, conocimientos y práctica desem- 

50 



— 394 — 
peñarán la Secretaria con el mayor acierto. No por eso deja- 
ré de concurrir á las sesiones de un cuerpo que tanto me ha 
distinguido y he mirado con predilección. Ni faltaré tampoco 
en las casas capitulares I03 dias destinados para vacunar al 
pueblo. Esta es una obligación que contrage con el Escelen- 
tísimo Ayuntamiento antes que existiera la Junta central y 
será siempre un testimonio de gratitud por la generosidad con 
que ha remunerado mis servicios. Habana y Diciembre 15 de 
1835. — Dr. Tomás Romay. 



Resumen de las personas que se han vacunado en esta ciudad de la Sa- 
bana y en toda la Isla de Cuba desde 12 de Febrero de 1804 hasta 
30 de Noviembre de 835, d saber: 

Años. En esta ciudad. En toda la Isla. 



1804 .7,469 16,770 

1805 4,990 6,613 

1806 4,879 15,824 

1807 2,714 6,675 

1808 2,150 9,648 

1809 1,837 5,213 

1810 .'. 9,975 14,137 

1811 7,751 11,864 

1812 9,270 14,334 

1813 6,275 11,283 

1814 5,136 7,817 

1815 10,359 14.049 

1816 16,497 23,955 

1817 17,628 22,S64 

1818 20,177 25,932 

1819 15,554 20,144 

1820 16,248 1S.324 

1821 14,621 15,532 

1822 3,840 4,628 

1823 3,165 3,972 

1824 2,956 3,183 

1825 3,226 3,946 

1826 2,819 3,214 

1827 2,359 2,882 

1828 1,611 4.7U5 

1829 2,421 3.542 

1830 3,123 3,367 

1831 3,611 4,142 

1832 1,161 1,520 

1833 1,524 2,204 

1834 3,019 5,119 

1835 2,214 3,S91 

Totales 210,579 3J1 342 



— 395 — 
Consecuente á la última parte de este informe y en aten- 
ción á los relevantes méritos contraidos en este y otros mu- 
chos ramos por el Sr. Dr. 1). Tomas liomay, acordó la Junta 
de la Real Sociedad, que como una muestra de gratitud, se 
contestase á su Sria. cuan satisfecha se hallaba la corporación 
de sus eminentes servicios impendidos en favor de la huma- 
nidad; y que deseando se conserve en un encargo, desempe- 
ñado por espacio de 31 años tan completa y satisfactoriamen- 
te, se le indicase que propusiera los medios suficientes á ali- 
viarle en lo posible, hasta facultarle para nombrar un sustitu- 
to; pues á la vez que se consideraba justo no recargarle por 
mas tiempo con un trabajo de suyo penoso, debia conservar 
en el honorífico destino de Secretario fundador al ilustrado 
compatriota que ha contribuido el primero á la introducción 
y conservación de tan seguro y acreditado preservativo. 



396 — 



VACUNA. (1) 



Desde que el ilustre Jenuer descubrió el cow-pox en las 
vacas de Glocester y empezó á inocularlo, los médicos france- 
ses no han cesado de solicitarlo en todos los departamentos de 
aquel reino. Inútiles habían sido sus investigaciones en los 
primeros años y aun en los posteriores, sin embargo de ha- 
berlas esforzado con mayor empeño, ya fuese porque temían 
que se enervara el virus vacuno que recibieron de Inglaterra, 
repitiéndose constantemente su inoculación, ó por aquella ri- 
validad tan común entre los individuos de ambas naciones, que 
no les permite cederse ventaja alguna en la industria, en las 
artes y las ciencias. 

Al fin su laboriosidad y constancia fué profusamente com- 
pensada. El año próximo pasado de 1836 se encontró el cow- 
pox en las vacas de Chaillot, de Passy, en los campos Elíseos, 
cerca de la capilla de San Dionisio y en otros diferentes luga- 
res de la Francia. "Si el coiv-pox inoculable ha sido en ella tan 
raro después de tantos años, es muy posible que haya consisti- 
do, según se ha dicho, en que el virus se estraía de los granos 
que resultaban después de aparecer en las vacas aquella erup- 
ción, en lugar de tomarlo de los granos primitivos, que son los 
únicos que gozan de la virtud de producir otros semejan- 
tes." (2) 

(1) Diario de la Habana de 22 de Julio de 1837. 

(2) Révue Medícale fraile, et étrang. tom. 2 pág. 147. En este volumen y en el 
siguiente se encuentran varios artículos sobro el mismo asunto. 



— 397 — 

El Sr. D. Ramón de la Sagra, residente en París remitió 
el 7 de Diciembre último al Ecsmo. Sr. Intendente conde de 
Villanueva, cuatro tubos herméticamente cerrados con el vi- 
rus de la vaca de Passy, y otros cuatro con el que se inoculaba 
anteriormente en aquella capital, los cuales recibió el 8 de 
Mayo anterior. Interesado eficazmente S. E. en cuanto puede 
contribuir al fomento y prosperidad de esta isla, se sirvió con- 
fiarme todos esos tubos para que los ensayara, considerando 
que el virus de Passy estaría mas puro y prolífico que aquel 
que usamos hace muchos años. Deseando emplearlo inmedia- 
tamente, aproveché el miércoles 10 del mismo en que debía 
vacunarse en las casas capitulares, y en unión de mis laborio- 
sos compañeros los doctores D. Juan Pérez y Carrillo y D. 
Francisco Sandoval se hicieron á ocho niños dos incisiones en 
el brazo y otras dos en la pierna del lado derecho con el vi- 
rus de Passy. Temiendo que pudiera fallar después de cinco 
meses de estraido del grano y también, por que estaba un po- 
co encarnado, lo que indicaba haberse picado algún vaso san- 
guíneo, se le hicieron otras tantas picaduras en el brazo y 
pierna izquierda cou el virus que teníamos. De estas operacio- 
nes resultó lo siguiente. 

Uno de estos niños que solo tenia dos meses, era del ca- 
ballero regidor D. Francisco Céspedes. Al tercer dia de la ino- 
culación se percibió en las cuatro incisiones del lado derecho 
un puntico rojo, semejante á la picada del mosquito, y suce- 
sivamente fueron desarrollándose hasta presentarse en el sesto 
todos los caracteres de verdaderos granos vacunos. El séptimo 
eran mayores, las areolas mas encarnadas y estendiéndose has- 
ta tocarse unas con otras, aunque los granos distaban mas de 
dos pulgadas, advirtiéndose al mismo tiempo muy aumenta- 
do el calor eu todo el cuerpo del niño, inquietud y otros sín- 
tomas de fiebre. El noveno empezaron á disiparse las areo- 
las, formándose en el centro de los granos una postilla oscura. 
El 23 del propio mes y décimo quinto de la inoculación se 
desprendió una de la pierna y otra el 25, las del brazo se caye- 
ron del 29 al 30, y correspondía á los diez y nueve ó veinte 
dias de la operación. Seguidamente se formaron otras nuevas 
postillas eu aquellos granos, las que se desprendieron en dife- 



— 398 — 
rentes dias. Desde el décimo quinto de la inoculación se advir- 
tieron en el brazo y pierna derecha algunos granillos seme- 
jantes á los de la varicela los cuales permanecieron hasta el 
vigésimo octavo. Las cuatro picaduras hechas en el lado iz- 
quierdo con nuestro antiguo virus no produjeron efecto algu- 
no. 

En otro délos niños de tres meses y medio, hijo de D, 
Francisco González Santos, se verificó también la erupción de 
las cuatro incisiones hechas con el virus de Passy, y en la tarde 
del dia séptimo los granos eran mayores que los comunes, una 
mancha erisipelatosa se estendia desde el hombro hasta la ma- 
no, y desde la rodilla hasta el pié, estando mucho mas roja 
la palma de la mano y la planta del pié, y esas mismas partes 
de la mano y pié izquierdo, donde no resultó ningún grano, 
se presentaron también muy encarnadas. Al mismo tiempo 
se advirtió en todo su cuerpo una erupción semejante al sa- 
rampión, aunque las pústulas fueron mas pequeñas, y fiebre 
con algunos caracteres de exautemática, la que terminó al si- 
guiente dia. Al undécimo empezó á disminuirse la erupción y 
al décimo cuarto se habia disipado enteramente, sin advertir- 
se aquella descamación semejante al salvado que se observa 
en el sarampión. 

Otro de los niños vacunados fué un hijo de Don Felipe 
Santini, como de tres meses al que le resultaron solamente los 
cuatro granos de las picaduras que se le hicieron con el virus 
de Passy, los que corrieron su curso natural sin presentar nin- 
gún fenómeno estraordinario. 

También se inocularon observando el mismo orden que 
en los anteriores, una niña y una negrita de cinco á seis años 
conducidas por Mr. Bayle. En la primera se desarrollaron 
únicamente los granos de las dos incisiones que se le hicieron 
en la pierna izquierda con el virus que teniamos y llegaron á 
su mayor perfección, y en la negrita falló éste y el de Passy. 

En un negrito como de cinco meses del Sr. Coronel Don 
Lorenzo Somera, se verificó la erupción de las cuatro picadu- 
ras hechas con el virus de Passy, y tres de las cuatro ejecuta- 
das en el lado izquierdo con el virus común. Todos siete gra- 
nos siguieron su curso ordinario sin notarse entre ellos lame- 



— 399 — 
ñor diferencia ni en el tamaño ni en la figura ni en los carac- 
teres del virus. Hasta la areola era en todos de un color rojo 
oscuro, semejante al de la caoba antigua, como se ha observa- 
do siempre en todos los negros, y un poco menos oscuro en 
los mulatos. El dia séptimo de la operación cuando estaban 
los granos en su mayor incremento, apareció en la espalda 
una pequeña erupción como salpullido, la que se fué aumen- 
tando y se hizo general y de carácter varioloso el dia catorce. 
Desde entonces empezó la desecación é igualmente délos gra- 
nos vacunos, 

Fué también vacunada con el virus de Passy en el lado 
derecho, y en el izquierdo con el antiguo una niña de tres me- 
ses del Sr. Niny Pons, á la que resultó únicamente la erup- 
ción de dos granos en las incisiones que se practicaron con el 
primer virus en la pierna derecha. Solo se le advirtió una li- 
gera alteración febril en los dias sétimo y octavo, y las posti- 
llas se desprendieron al décimo sesto de la operación. 

El último de los ocho en quienes se egecutó con ambos 
virus fué un niño de D. Antonio González, y habiéndose au- 
sentado inmediatamente al pueblo de Regla, no ha sido posible 
observar sus efectos. 

Resulta, pues de los siete que fueron reconocidos, que en 
cuatro se verificó solamente la erupción de las incisiones que 
se hicieron con el virus del cow-pox de Passy; en uno los granos 
correspondientes á ese virus y al que conservamos en esta ciu- 
dad; en otro se desarrollaron perfectamente las picaduras he- 
chas con este, y en otro fallaron ambos. Las fiebres, las erup- 
ciones, la estension estraordinaria de las areolas, las manchas 
irisipelatosas que se observaron en los que tuvieron mayor 
número de granos producidos por el virus reciente, es un efec- 
to muy propio de su mayor actividad y energía. 

El mismo Jenner advirtió esos fenómenos y algunos otros 
en los primeros que se inoculaban con el humor estraido in- 
mediatamente del cow-pox, siendo mas ó menos notables según 
la particular constitución de cada individuo. En los que su- 
cesivamente se han vacunado cada siete dias con aquellos 
granos, no hemos notado ninguno de esos síntomas. 

El sábado 13 del mismo Mayo se inocularon otros ocho 



— 400 — 
niños en el brazo y pierna derecha con el virus que se usaba 
en París, couteuido en otros tubos herméticamente cerrados, 
y en el lado izquierdo con nuestro antiguo virus. Y aunque 
estaba aquel muy claro y trasparente, semejante á la clara ó 
albumen del huevo, en seis que se reconocieron no se logró 
la erupción de un solo grano, y en todo ello algunos en las inci- 
siones que se hicieron con el virus que teniamos. Esto acredita 
que ese humor estraido inmediatamente de la vaca aunque esté 
mezclado con alguna sangre, como lo estaba él que recibimos 
de la de Passy, conserva su virtud prolífica mucho mas tiempo 
que aquel que se toma de los granos del hombre, sin embargo 
de parecer purísimo y preservado de toda alteración. 

De aquí no se infiera que el virus del verdadero grano 
vacuno comunicado sucesivamente de brazo abrazo á muchas 
personas de diferentes temperamentos idiosincracia y consti- 
tución, y aunque adolezcan de alguna enfermedad, llegue á 
mezclarse con otro virus, alterarse y perder al fin su virtud 
preservativa de las viruelas. Desde su feliz descubrimiento se 
ha dudado de su inalterabilidad y constante eficacia. Recien- 
temente, el año anterior, se publicó un articulo en el Monitor 
de París pretendiendo persuadir que eran absolutamente ne- 
cesarias las frecuentes transmisiones del hombre á las vacas, 
y de estas á ellos, para que ese virus no se enervara y degene- 
rase, según opinaba Mr. Fiard. Pero allí mismo los profesores 
Husson y Emery impugnaron victoriosamente una doctrina 
que estimaron errónea, cuyo efecto seria inspirar duda en los 
médicos y en el publico sobre uno de los principios mas in- 
contestables en la historia de la vacuna, la inalterabilidad de 
ese virus por la inoculación no interrumpida de hombre á 
hombre; y el primero escitó á la academia de medicina para 
que dirigiera una reclamación á los editores de aquel Diario 
declarando, que lejos de haber reconocido alguna alteración 
en la figura de los granos vacunos, lejos de haber observado 
la mas ligera irregularidad en el curso de la erupción, ó la 
mas débil disminución en su efecto preservativo de las virue- 
las; todos los hechos observados prueban cada día que la va- 
cuna no habia variado en su curso ni en sus efectos, después 
de la época de su introducción en Francia por Mr. Rochefou- 



— 401 — 
caul en Mayo do 1800. Emery apoyó vigorosamente esta pro- 
posición con pruebas incontestables. 

Hechos repetidos con frecuencia y observados muy dete- 
nidamente por espacio de veinte y tres años, me adhieren :'i 
esa opinión. El 12 de Febrero de 1804 inoculó por primera 
vez ese virus, tomándole de los granos de dos niños, que se 
vacunaron en la Aguadilla de Puerto-Rico el dia antes de sa- 
lir para este puerto. A esa isla fué llevado de la inmediata de 
San Tomas; á ella se conduciría probablemente de Dinamar- 
ca, y á este reino de Inglateraó del condado de Holstein, don- 
de entonces se encontraron algunas vacas con el coiv-pox. 
Después de haber transcurrido por climas tan diferentes, des- 
pués que no inoculándose en esta ciudad cada siete dias resul- 
ta que en 33 años ha pasado por mas de 1716 personas, supo- 
niendo que cada dia se vacunara una sola, después que en ese 
tiempo he inoculado con el mismo virus sarnosos, herpéticos, 
escrofulosos, á muchos que estaban infectados del contagio 
varioloso, y á muchos mas del venéreo, y por último, que el 
Ldo. D. Manuel Hernández Otero, facultativo del hospital de 
San Lázaro de esta ciudad, vacunó un hijo de seis años hijo 
de padres elefanciacos, teniendo ya síntomas muy marcados 
de esa enfermedad; después de tantas transmisiones y por su- 
getos que adolecían de enfermedades contagiosas de cuyos 
granos vacunos se tomó el virus para comunicarlo á otros, yo 
no advierto la menor diferencia en el dia de la erupción, en 
su curso y progreso en la figura, dimensión y demás caracte- 
res del grane, en las calidades del virus, y sobre todo en la e- 
ficacia casi infalible con que preserva de las viruelas. Hoy se 
presenta esegrauo benéfico en todoestraordinario, exactamen- 
te idéntico á los primeros que observé en Febrero de 1804; y 
habiendo continuado vacunando desde el 10 de Mayo último en 
las casas capitulares los miércoles con los granos que resultaron 
del virus de Passy, y los sábados con el que teníamos desde la 
citada época, comparados unos con otros aparecen perfecta- 
mente semejantes á cuantos los reconocen y examinan. Si es- 
tos hechos no son suficientes para manifestar la inalterabilidad 
del virus vacuno, espongánse otros que persuadan lo contra- 
rio. — Habana y Junio 30 de 1837. — Dr. Turnas Romay. 

51 



402 



POBLACIÓN BLANCA 



Escmo. SeStor. 

Con oficio del 2 del corriente se sirvió V. E. comunicar- 
me copia de una orden de la Regencia Provisional del Reino 
fecha 8 de Febrero último dirijida por el Escmo. Sr. Secre- 
tario de Estado y del Despacho de la Gobernación de Ultra- 
mar á consecuencia de una esposicion de la Junta de Fomento 
de esta ciudad, elevada por el Escmo. Sr. Intendente de Ejér- 
cito su Presidente, sobre la importante y urgente necesidad 
de aumentar la población blanca de esta Isla, previniéndome 
V. E. que con vista de los antecedentes de que tenga conoci- 
miento esta Junta de Población, emita mi opinión sobre I09 
particulares á que se contrae dicha orden; á saber, en que 
punto será mas conveniente invitar á la emigración, qué 
gracias y concesiones podrán proponerse para estimular á 
ella, y que recursos puedan escogitarse y se estimen practica- 
bles para conseguir se establezcan y radiquen en esta Isla los 
que emigraren de la Península, de las Islas Canarias y Balea- 
res y de otras naciones amigas ó neutrales. 

Sin embargo de las gracias, privilegios y franquicia con- 
cedidas por la Real Cédula de 21 de Octubre de 1817 á todos 
los colonos nacionales y estrangeros que se establecieron en 
esta Isla, y de la cual acompaño un ejemplar; la Junta de Po- 
blación deseando estimularlos mucho mas, ofreció abonarles 
el pasaje, tres reales diarios á los mayores de diez y ocho 
años de ambos sexos, real y medio á los menores de aquella 
edad en los dos primeros meses de su arribo á esta Isla, y la 
hospitalidad necesaria á los que enfermaren durante ese tiem- 



— 403 — 

po, siempre que fuesen Católicos Romanos, labradores, ó al- 
bafiiles, carpinteros, picapedreros, toneleros,} 7 herreros. A los 
labradores se les concedió también una caballería de tierra 
ó treinta y dos acres de loa Estados- Unidos á censos redi- 
mibles, sin pagar pensión alguna en los tres primeros años, 
y en los siguientes cinco pesos por cada caballería, con la pre- 
cisa condición de empezar su desmonte y cultivo en los seis 
primeros meses contados desde el dia de la posesión, y al que 
no lo cumpliese se le privaba de su suerte. A las esposas y á 
los hijos de ambos sexos mayores de diez y ocho años se les 
hacia la misma donación, y también porcada tres hijos meno- 
res de dicha edad. 

Esas promesas cumplidas religiosamente atrajeron á esta 
Isla mas de diez mil colonos desde el año 1818 hasta el de 
820, en. que estinguido con el tráfico de negros el único arbi- 
trio con que contaba esta Corporaciou, quedaron paralizadas 
todas sus empresas, y solo ha podido conservar las que habia 
principiado. Mas en el dia en que la Rusia, el Brasil, los Esta- 
dos-Unidos de la América Septentrional y las nuevas repúbli- 
cas de la Meridional hacen proposiciones muy halagüeñas 
para adquirir pobladores, es indispensable que nosotros esfor- 
cemos las anteriores con el objeto de que nos prefieran á esas 
naciones. Así pue3, ratificándola oferta de pagar el pasage y 
dos meses de ración á todo artesano, se estenderá á cuatro 
años la cscepcion de abonar el canon á los labradores por el 
terreno que se les consigne. Si fuere montuoso se les sumi- 
nistrará ademas ocho meses de raciones, á razón de tres rea- 
les diarios á los mayores de diez y ocho años, y la mitad á los 
menores, y á cada uno de los primeros que sea capaz de des- 
montar se le proveerá de dos hachas, dos hazadones y dos 
o-uatacas, absteniéndose de esos trabajos en los meses de 
Junio hasta Setiembre, en los cuales siendo muy frecuentes y 
copiosas las lluvias, y escediendo el calor de 30 grados se cor- 
rompe») los vegetales y ecsalan miasmas muy nocivas á la sa- 
lud, principalmente en los forasteros. A los que se destina- 
ren á tierras abiertas se les concederá seis meses de ración, 
una yunta de bueyes y los instrumentos y útiles necesarios 
para la labranza. 



— 404 — 

Estas ofertas -y las gracias y privilegios dispensados en la 
citada Real Cédula se comunicarán por V. E. á los Capitanes 
Generales de las Provincias de España, de las Islas Canarias y 
Baleares y á los Cónsules de S. M. en los puertos de las na- 
ciones amigas ó neutrales para que les hagan publicar del 
modo que estimen conveniente. 

Cuando los colonos se presenten á esta Capitanía General 
solicitando la carta de domicilio, se pasará su instancia al res- 
pectivo patrono para que con la mayor escrupulosidad y recti- 
tud informe sobre su Religión, ejercicio, conducta y demás 
circunstancias que podrán bacer útil ó perjudicial en esta 
Isla. Si el informe resultare favorable se espedirá la carta de 
domicilio, y la presentará al Sr. Vocal mas antiguo de la Jun- 
ta de población para que califique los auxilios que deben pro- 
porcionársele y con su decreto pasará al Secretario de esa 
Corporación, quien tomará su filiación en el libro de asientos 
y librará contra el Sr. Vocal depositario la cantidad que se le 
hubiere concedido, firmándose ese documento por el Sr. Vo- 
cal mas antiguo, según se practicaba anteriormente, cuando 
esta Junta contaba con fondos disponibles. 

No pudiendo sin ellos desempeñar el importante asunto 
que se le recomienda de facilitar á los colonos el pronto abo- 
no de las cantidades que se les concedan, evitándoles los trá- 
mites necesarios ^que deberian seguir para percibirlas en las 
oficiuas de Real Hacienda; propongo lo primero, que los tasa- 
dores de costas de esta ciudad y el de la villa de Guanabacoa 
entreguen mensual mente al Sr. depositario la cantidad que 
recaudaren por el arbitrio del cuatro por ciento sobre costas 
procesales, y que las Administraciones de las demás ciudades 
y pueblos de la Isla continúen recaudando esos fondos de sus 
respectivos tasadores de costas, previa la anuencia del Escmo. 
Sr. Superintendente para enterarse la Real Hacienda de I03 
suplementos que hubiere hecho á esta corporación, y propor- 
cionar á los colonos que arribaren á otros puertos los auxilios 
indicados. Segundo, que habiendo invertido esta Junta mas 
de ciento sesenta mil pesos en establecer y fomentar una po- 
blación en la bahía de Sagua, donde el año de 1819 solo se 
encontraban algunas chozas de pescadores estrayéndose por 



— 405 — 
ella clandestinamente las maderas mas preciosas y gran nú- 
mero de animales para la isla de Jamaica se suplique á S. M. 
se digne conceder para los objetos de esta Junta como réditos 
de aquel capital treinta mil pesos anuales de los ingresos de 
aquella administración, según se acordó en sesión de 4 de Di- 
ciembre de 1827, siendo en el dia mucho mas urgente y justa 
esta reclamación por las ocurrencias que se esperimentan y 
por haber ascendido aquellos ingresos en el año pasado de 
1839 á 136,764 pesos 4| reales para invertir la espresada can- 
tidad en fomentar poblaciones en otros puertos que al cabo de 
veinte años producirán al Real Erario iguales ingresos. 

Tercero: que V. E. se sirva oficiar al Ecsmo. Sr. Inten- 
dente de Egército para que tenga á bien recomendar á las ofi- 
cinas de Real Haciendaque evacúen la rectificación de la cuen- 
ta general que se presentó á esta corporación de las cantidades 
que ha sufrido para cubrir sus atenciones desde 3 de Marzo 
de 1830 hasta fin de Diciembre de 1838, y de lo que ha perci- 
bido de los tasadores de costas procesales de toda la Isla des- 
de que se estableció el arbitrio del cuatro por ciento deducido 
de ellas, para llenar los objetos de esta Junta hasta la última 
fecha; y se devolvió á S. E. con copia del informe de la comi- 
sión encargada de examinarla, y del acuerdo que le recayó en 
la sesión de 29 de Junio del año próesimo pasado, para que 
conste á esta corporación los fondos con que puede contar. 

Cuarto: que igualmente recomiende V. E. al Escmo. Sr. 
Superintendente, que escite el celo del Sr. Intendente de Cu- 
ba á quien remitió el espediente sobre las tierras de Moa se- 
gún participó S. E. en oficio de 2 de Febrero último para que 
se saquen á subasta pública, á fin de que se reintegre esta Jun- 
ta de los 4,765 pesos 3 reales que suplió para suministrar los 
mas precisos ausilios de hospitalidad, conducir y establecer en 
Moa los colonos que de las islas Canarias llegaron á Baracoa 
por cuenta del empresario D. Andrés Garro, ó se compense 
con los terrenos que correspondan á la cantidad suplida, prefi- 
riéndose los mas inmediatos á la bahía y por donde corre un 
rio que desagua en ella, en cuyas márgenes se han establecido 
algunos naturales de esta isla y de las Cauarias: pareciéndo- 
me conveniente en las actuales circunstancias que la Real Ha- 



— 406 — 
cienda remate por el tanto los restantes para repartirlos á los 
nuevos colonos, cumpliéndose así las benéficas intenciones de 
S. M. espresadas en la repetida real cédula, contiibuyendo al 
mismo tiempo á la defensa y prosperidad de este pais y á los 
ingresos del Real Erario. 

Llegado este caso los forasteros que eligieron esas tierras 
vírgenes y no escasas de maderas útiles, fertilizadas por cua- 
tro rios caudalosos y otros menores que dirigsn su curso á la 
costa N. en la esteusiou de doce leguas comprehendidas en la 
hacienda Moa y donde se encuentra una espaciosa bahía dis- 
tante veinte y cinco leguas de la punta de Maisí y quince al 
O. de la ciudad de Baracoa, arribarán á este puerto prefirien- 
do los meses de Octubre hasta Marzo, por que no siendo el 
calor tan intenso son menos frecuentes y agudas las enferme- 
dades, debiendo observarse la misma precaución en todo el li- 
toral de esta Isla. V. E. de acuerdo con el Escmo. Sr. Supe- 
rintendente, nombrará en esa ciudad un empleado de su con- 
fianza, para que previos los informes anteriormente indicados 
les concedan los auxilios ofrecidos, y ademas un peso por le- 
gua para bagaje hasta Moa donde se pondrá en posesión del 
terreno asignado si fuere labrador, espidiéndose la carta de 
domicilio por el Sr. Gobernador de Santiago de Cuba. 

En la colonia San Fernando de Nuevitas fundada en la 
ribera de una bahía de la costa N., distante veinte y dos le- 
guas al S. de la ciudad de Puerto-Príncipe, permanecen toda- 
vía yermos muchos terrenos de las dos leguas que cedieron 
dos vecinos de aquella ciudad para fomentar esa población: su 
Director ó el comisionado que tuviere en ese puerto se infor- 
mará de las circunstancias que concurren en los colonos que 
se les presentaren, observándose escrupulosamente cuanto se 
ha recomendado sobre su admisión, en caso de ser útiles les 
concederá la carta de domicilio el Sr. Teniente Gobernador 
de Puerto-Príncipe. 

Ningunos terrenos para labranza permanecen sin mercedar- 
seen la colonia Sto. Domingo, situada enlaparte oriental dis- 
tante siete leguas de la costa K, diez al O. de la villa de Sta. 
Clara y sesenta por el mismo rumbo de esta Capital. Com- 
prada esa hacienda el año 1818 por esta Junta en cantidad de 



— 407 — 
20.000 pesos, se ha repartido y poblado sucesivamente por es- 
pañoles, naturales de esta isla y emigrados de N. Orleans que 
perrnanecian en esa provincia desde que perteneció á la Espa- 
ña. El número de sus habitantes asciende en el dia á 1,680 
personas de las cuales 1,499 son blancas y 181 de color. Pero 
en el área destinada para fundar el pueblo, permanecen mu- 
chos solares sin fabricarse y se distribuirán entre colonos ar- 
tesanos. Los tributos de las tierras cultivadas esceden de 1000 
pesos al año, los cuales podrán invertirse en el fomento de la 
misma colonia proveyéndola de capellán, de maestro de pri- 
meras letras y de un facultativo de medicina y cirujía que asis- 
ta gratuitamente á los enfermos pobres. 

Aunque el director de la colonia reina Amalia estableci- 
da en la isla de Pinos el año de 1828 como punto militar mny 
importante para la defensa de esta no ha remitido todavía el 
estado que se le pidió en 8 de noviembre del año próximo pa- 
sado de las caballerías ó lotes de tierra que estuvieren reparti- 
dos espresaudo la estencion de cada uno de ellos; los que ac- 
tualmente no se hubieren mercedado y otras noticias muy ne- 
cesarias para proceder esta junta con el debido acierto en los 
progresos de esa naciente población, sin embargo me consta 
que permanece inculta una porción muy considerable de las 
tres leguas y cuarenta y una caballería pertenecientes á la ha- 
cienda la Merced que compró esta corporación el año de 1829 
para repartirla á los colonos, y de otra media legua y varios 
terrenos cedidos para el mismo objeto por diferentes hacenda- 
dos. Los nacionales y estrangeros que pretendieren establecer- 
se en ella se dirijirán á este puerto déla Habana, y ademas 
de suministrarles los socorros ya espresados y la carta de do- 
micilio, se le abonará un peso por legua para bagage hasta el 
surgidero de Batabanó y el pasage para trasladarse á la isla 
de Pinos, donde el director de esa colonia les dará posecion 
del lote de tierra que se le conceda. 

Habiéndose acordado por esta junta en la sesión de 6 de 
Octubre de 1828 que todos los espedientes, planos y documen- 
tos pertenecientes á la colonia de Sagua ó Cienfuegos se pasa- 
rán á la comisión regia establecida en esta ciudad en cumpli- 
miento de una Real cédula espedida aquel mismo año; no 



— 408 — 
puedo informar si aun permanecen algunos terrenos sin culti- 
varse y solares yermos en la población; pero V. E. como pre- 
sidente de aquella comisión podrá pedir esas noticias, previ- 
niendo al mismo tiempo que se verifique la mesura y deslin- 
de de las haciendas Caunao, Salado y otras inmediatas á la 
bahía para conocer si resulta algún realengo, que pueda desti- 
narse para nuevos pobladoros conforme á lo acordado en se- 
sión de 24 de Setiembre de 1827. 

En la de 5 de Mayo de 1828 accedió esta corporación á la 
solicitud de D. José Leitividal, sargento mayor de la plaza de 
Cuba, ofreciendo levantar una población en la bahía de ííipe 
ó Mayan la mayor de toda la Isla comprehendida en la ha- 
cienda San Gregorio de que era condueño, situada enlaparte 
Oriental de la costa N. de esta Isla, comprometiéndose á le- 
vantar el plano de la bahía y de la población, edificar en ella 
una iglesia y casa para el Capellán, ceder en absoluta propie- 
dad diez y seis caballerías de tierra para egido, proporcionar 
los materiales necesarios para que construyan veinte y cinco 
casas los primeros pobladores, y repartir á censo reservativo 
todas las tierras que les corresponda en dicha hacienda, exi- 
giendo solamente el cinco por ciento sobre el valor de 300 pe- 
sos por cada caballería y concediendo á todos los colonos ocho 
años muertos para el pago del canon referido, obligándose 
igualmente á las demás condiciones que prescriben nuestras 
leyes y reglamentos para merecer título de Castilla sin la ca- 
lidad de Justicia Mayor. En el mismo año se entregó al inte- 
resado copia de dicho espediente para ocurrir por conducto 
del Escmo. Sr. Capitán General á la saucion de S. M. y en es- 
ta fecha se ignora el resultado. Siendo tan interesante el fo- 
mento de la población blanca en aquella parte de la Isla, se 
servirá V. E. recomendar al Sr. Gobernador de Cuba se infor- 
me si ha merecido la aprobación Soberana, y en este caso se 
exigirá á D. José Leytevidal ó á sus herederos el cumplimien- 
to del contrato solemnemente estipulado con las primeras au- 
toridades. 

Por repetidas Reales órdenes se ha prevenido que se pue- 
ble y fortifique Guantánamo, justamente llamado por Colon 
Puerto Grande en la costa S. correspondiente al departamento 



— 409 — 
Oriental. Ignoro las cansas que han obstruido nna medida 
importantísima no solo para la prosperidad de la sericultura 
mercio de es sino también para precaverlo de una 

agresión estraña. E--:- puerto ea tan anchuro- _iro, con 

tanto fondo tales recursos que allí s^ _ v repuso 

la escuadra inglesa del Almirante Vernon cuandoá mediados 
del siglo anterior fué rechazada en C _ n de Indias y der- 
rotados los buques y el ejército. 

es menos importante para 1 .dicados la ofer- 

ta que hizo el Dr. D. José de la Cr ecino de 

Puerto-Príncipe, de establecer una población en el hermoso 
puerto de Bañes que corresponde á la costa HT. del dep 
mentó Oriental: presentando el plano d de aquella, 

cediendo para egidos y á los primeros poblad caballe- 

rías de tierra sin niuguna pensión, de una hacienda de su 
propiedad enrededor del pue ^ndo repartir el : 

de ella con un canon muy moderado siempre que se le anti- 
cipase alguna cantidad para conducir colonos y proporcionar- 
le los primeros auxilios. Pero estando enton 
fondos de esta Corporación, quedó paralizada esa empresa 
_ -:o de 1830. Xo dudo que si ahora se 
le proporcionan los auxilios que necesitaba reali- 

zarla. 

D. - ino de San Juan de los Reme- 

sepresentjá e- ¿ion ofreciendo ceder para 

fundar un pueblo en la ensenada de Caibarien el terreno ne- 
cesario paraigle- _ alian, Capitán delpuert: 
duana, hospital, cárcel, carnicería y un camino desde ese pun- 
to hasta aquella villa. La Junta disi mpre á facilitar 
tan útiles proyectos, propuso al Escmo. Sr. Gobernador y 
pitan General en sesión de 13 de Enero de 1534. comisionase 
al Subteniente D. Entraton Bansá agregado al cuerpo de In- 
genieros, para que dirigiera aquellasobras. Conde- 8. E. 
v salió para aquel destino en el mismo año, ignorándose los 
- de esa comisión, podrá V. E. requerirle si lo tiene 
á bien, para que le informe de lo que haya ejecutado en su 
desempeño. — Dios guarde á V. E. muchos años. — Habana v 
Abril -6 de 1S41.— Escmo. Sr. 

52 



— 410 — 



EXMO. SEÑOR. 

En oficio de 12 de Agosto anterior, se sirvió V. E. comu- 
nicarme la orden de S. A. el Regente del Reino de 15 de Ju- 
nio último, copia de la Nota pasada á nuestro Gobierno por la 
Legación Británica de España, y otra de un proyecto de con- 
venio que presenta la Inglaterra, sobre conceder la libertad á 
los negros del África introducidos en esta Isla desde 30 de 
Octubre de 1820; para que en vista de esos documentos infor- 
me lo que se me ofrezca y parezca, examinando la cuestión 
bajo el aspecto legal, el económico, el de diguidad nacional y 
cualquiera otro que, consultando á los verdaderos intereses del 
pais, conduzca ai esclarecimiento del punto indicado. 

Para proceder con el orden debido me parece convenien- 
te fijar la cuestión en un principio y manifestar, que no ha- 
biendo tenido la Inglaterra ningun derecho para exigir de 
España su consentimiento á los tratados de 1817 y 835, menos 
lo tendrá para que acepte los tres artículos que la propone en 
el nuevo proyecto de convenio, los cuales no fueron com- 
prehendidos en aquellos tratados, y que son en realidad otras 
tantas leyes penales, y muy severas, que pretende imponer el 
Gobierno Británico á los españoles que las hayan infringido. 

El derecho de las Naciones es uno mismo en todas ellas. 
La ilustración, el poder y las riquezas no autorizan á ninguna 
para intervenir en el gobierno de las otras, sea cual fuere su 
sistema, siempre que no las perjudique. Si esas circunstancias 
las concedieran alguna preeminencia, ninguna ventaja habrían 
conseguido los hombres renunciando su independencia y li- 
bertad primitiva para reunirse en sociedad, no pudiendo esta 



' — 411 — 
defender su existencia y propiedades de la fuerza física ó mo- 
ral de las otras. Como es una infracción del derecho de gen- 
tes ocupar alguna nación, estando en paz, el territorio que 
otra poseía, también lo es juzgar y castigar á los que habitan 
en cualquier lugar estraño. Lo primero es una usurpación del 
dominio, lo segundo de la autoridad; y la autoridad y el do- 
minio son dos atributos inviolables é imprescindibles de todo 
gobierno soberano. Podrá un Estado contribir á la perfección 
de otro mejorando sus instituciones para hacer felices á sus 
subditos; pero por mas benéficas que sean las innovaciones no 
podrá usar de otros medios sino la persuacion y el ejemplo. 
Para obligar á cualquiera á recibir un beneficio, es necesario 
tener alguna autoridad sobre él, y las naciones son absoluta- 
mente libres é independientes. 

De estos principios sancionados por los mas célebres pu- 
blicistas resulta incontestablemente, que la Inglaterra por mas 
abominable que considere la esclavitud, y mas contraria á la 
naturaleza, no ha podido exigir de la España que la proscriba 
en sus dominios, ni ecta condescender sin faltar á su propia 
dignidad, y al amparo y traición que ofreció por un pacto so- 
lemne á los pueblos que se sometieron á su obediencia y pro- 
tección, y le han dado las pruebas mas evidentes y constantes 
á fidelidad, patriotismo y adhesión. 

Pero la Inglaterra arrogándose una facultad que no le 
compete por ningún título ha pretendido que se cumpla y ob- 
serve el derecho natural, violando el de una nación cuyo de- 
coro y poder habría respetado y temido en tiempos menos ca- 
lamitosos que los presentes. Si en los de Carlos II no era mas 
que un pálido simulacro de lo que fué en los reinados de Car- 
los I y Felipe II; Felipe V. y sus dos hijos la restablecieron de 
aquella degradación y nulidad en queyacia; pero con la muer- 
te al último volvió á retrogradar precipitadamente hasta es- 
tinguirse y anonadarse los últimos restos de su antiguo es- 
plendor y poderío; al par que, la Gran Bretaña en el mismo 
período y por un orden inverso se ha elevado álaaltura de un 
coloso tan formidable, que á la vez impone leyes á los empe- 
radores de Turquía y de la China. Prevaliéndose de ese en- 
grandecimiento, de la impoteucia de la España, de la venali- 



— 412 — 
dad de su Ministro y de la debilidad de otro, ineptos sucesores 
de los Condes de Aranda y de Florida-blanca, consiguió por 
los convenios celebrados en 1817 y 835 que en la Isla de Cuba 
no se introdujeran negros del África desde 30 de Octubre de 
820, erigiéndose en esta capital un tribunal misto que cono- 
ciera de los buques apresados por los cruceros ingleses, esta- 
cionándose también en este puerto un pontón de la misma 
nación, para fines nada decorosos á la España. Y como si esos 
padrones ignominiosos no fueran bastantes para deprimir y 
vejar á una potencia que fué la mas grande y poderosa de la 
Europa, pretende ahora el Gobierno Británico humillarla mas 
y mas proponiéndola en un proyecto de convenio tres artícu- 
los que no fueron comprehendidos en los anteriores tratados, 
ampliando por ellos las facultades de ese tribunal hasta decla- 
rar libres los negros introducidos después del 30 de Octubre 
de 1820. 

Si ese tribunal fué instalado ilegalmente y con violencia, 
si es incompetente para juzgar á los españoles; no han podido 
subsanar esos vicios ni el tiempo que ha transcurrido, ni las 
nuevas atribuciones que se le conceden. Al contrario, ellas 
deprimirán mucho mas la dignidad nacional, haciéndole tam- 
bién mas odioso no solo á los propietarios de esta Isla, sino á 
los mismos esclavos, por la injusta diferencia que recomien- 
dan. Si todos tienen igual derecho para ser emancipados, si 
los sentimientos de compasión y humanidad son los que ins- 
piran á la Gran Bretaña el loable deseo de abolir la esclavitud 
¿por qué se limita á redimir de ella á los siervos de la Isla de 
Cuba, y entre ellos á los introducidos después de aquel año? 

Seguramente no es menos lastimosa la vida de los escla- 
vos del Brasil, de los Estados-Unidos y de la República de 
Tejas, cuya independencia reconoció el gobierno Británico en 
Diciembre último, sin embargo de establecer por base funda- 
mental de su constitución que continuase la esclavitud, sobre 
lo cual representaron eficazmente las Sociedades abolicionis- 
tas de Inglaterra y de Irlanda, y fueron desatendidas con eva- 
siones muy opuestas á lo que exigió de la España en aquel 
propio mes y año. ¿Haría otro tanto el gobierno de Haití? Y 
cuando en el caso de alguna preferencia parecía mas confor- 



— 413 — 
me á la equidad que se concediera á los que, han estado mas 
tiempo privados de la libertad y sufriendo los trabajos y hu- 
millaciones de la esclavitud ¿por qué se pretende lo contrario? 
Dos motivos me ocurren para esa preferencia. El uno esplici- 
tamente manifestado por la Inglaterra, el otro con cautela. El 
primero, porque la introducción de esclavos después del año 
820 se ha hecho clandestinamente infringiéndose aquel trata- 
do. Y que ¿un convenio entre dos naciones puede ser mas in- 
violable y sagrado, que una ley eterna consignada en el códi- 
go de la naturaleza? Si ella detesta la esclavitud, si todo hom- 
bre que nació independiente tiene derecho á la libertad, con- 
cederla á unos y condenar á otros á perpetua servidumbre, es 
sin duda hollar impíamente los deberes mas santos de la na- 
turaleza, de la justicia y de la humanidad; es arrojar con ma- 
no aleve la manzana de la discordia no solo entre amos y es- 
clavos, sino también entre ellos mismos. 

Hasta ahora la Inglaterra habia ocultado con el velo os- 
tensible de ilustración y humanidad, la verdadera causa de las 
gestiones que hacia en favor de la libertad; pero ella misma 
ha rasgado ese velo especioso con la diferencia de épocas que 
establece en su proyecto de convenio. Considera, y es el se- 
gundo motivo de aquella preferencia, que contando veinte 
años mas los que fueron importados antes de 820, estarán los 
unos poco útiles por su edad para la cultura del campo, otros 
impedidos por las enfermedades, otros por sus vicios y desar- 
regladas costumbres, muchos habrán fallecido y muchos otros 
rescatádose con su industria, ó por generosidad de los amos 
en remuneración á sus buenos servicios. De aquí calcula que 
no muy tarde dejara de concurrir á los mercados de Europa 
aquel azúcar tan justamente preferido al de sus colonias: el ca- 
fé, que compite con el de Moka en sabor y fragancia, y que el 
tabaco, esa planta privilegiada de nuestro suelo, que no encuen- 
tra rival en otro alguno y que es solicitada con anhelo por to- 
das las naciones, no satisfará muy pronto sus pedidos. La ri- 
queza, la opulencia y la prosperidad que esta Isla va adqui- 
riendo rápidamente con sus producciones, su situación topo- 
gráfica, la benignidad de su clima y sobre todo la crisis an- 
gustiada que esperimenta la Madre-patria; son las verdaderas 



— 414 — 
causas que impulsan al Gobierno Británico á comprar de un 
modo indirecto á su desolación y esterminio, yaque no es con- 
cedido á su política sumegirla en los abismos del Occeano, co- 
mo al Atlántico una revolución del globo. 

~No contenta la Inglaterra con haber hecho á los propieta- 
rios de esta isla de peor condición que sus esclavos por los tra- 
tados de 817 y 835, pretende ahora con ese nuevo proyecto de 
convenio inponerles las penas mas severas por haberlos infrin- 
gido, ningún amo en ella obliga á su esclavo á que continúe 
sirviéndole después de manifestarle su renuencia. Inmediata- 
mente le concede el tiempo suficiente para que solicite otro y 
lo elije á su voluntad. Tampoco es permitido al amo, privar al 
siervo de lo que hubiera adquirido con su industria, siendo mu- 
chas veces bastante para adquirir su libertad. Mucho menos 
escederse en el castigo, y por ninguna causa se le tolera y le 
prive de la vida. En tal caso se le hace comparecer en los tri- 
bunales y se le juzga por nuestras leyes con la misma severi- 
dad que si hubiera perpetrado ese delito en un hombre libre 
y blanco. 

Y nosotros los habitantes todos de esta isla sin que hubié- 
semos dado ninguna señal de repugnancia al gobierno de S. M. 
antes bien los testimonios mas incontestables de fidelidad y 
adhesión, sin habérsenos oido, ni consultado nuestra voluntad, 
sin que se ejecutara el año 817 lo que ahora se practica; fui- 
mos vendidos por cuatro buques inútiles á un déspota absoluto 
Señor de bienes y vidas, pues no solo confisca la propiedad de 
los españoles que se encuentran en los buques negreros, que 
es la presa del contrabando, sino también los declara piratas, 
y como á tales los condena al último suplicio. ¡Qué atrocidad! 
¡qué abuso de la fuerza y del poder! La muerte de un solo ciu- 
dadano de los Estados-Unidos inferida por Mac-Leod ha esci- 
tado en todos ellos la mayor indignación, y se estimó bastante 
para una guerra con su antigua Metrópoli. ¡Y la España no 
puede ni quejarse de tantas depredaciones y asesinatos! 

No se limitarán esos castigos á los que se han egercitado 
en el tráfico de negros, sean estensivos á todos los habitantes 
de esta isla hayan ó no adquirido esclavos después del año 
820 y aunque ellos mismos no sean los verdugos, los tienen 



— 415 — 

ya previstos y muy esperimentados. Si accede nuestro gobier- 
no al nuevo proyecto de convenio, si permite al tribunal mis- 
to las atribuciones que se proponen, formará con sus propias 
manos la funesta pira en que arda, se consuma y convierta en 
cenizas toda esta Isla, desde la punta de Maisí hasta el cabo 
de San Antonio. Me horrorizo, Escmo. Sr., al contemplar el 
cuadro terrible que se presenta á mi fantasía. No son, Señor, 
no ilusiones que me hace concebir un terror pánico: son he- 
chos reales y positivos recientemente ocurridos y muy pro- 
pios del carácter y de la índole de los negros. Yo veo los fran- 
ceses qne habitaban en Baluajá correr despavoridos á salvarse 
dentro del cuadro que formó nuestro regimiento de Cuba. 
Veo á otros arrojarse al mar y luchando con las olas y la 
muerte, buscan asilo en los buques españoles. Veo los pueblos 
y las haciendas incendiadas y los amos escarnecidos y atroz- 
mente asesinados por sus esclavos. Veo la opulenta colonia 
del Guasico, la grande Haití, la primera de las Antillas occi- 
dentales donde tremoló el estandante de Isabel de Castilla, re- 
ducida á escombros y carbones y enseñorearse sobre ellos muy 
erguidos las razas africanas. Veo en la Jamaica-mil oidos de 
esos caribes, y aunque no tan fieros como aquellos, pero igual- 
mente perezosos al trabajo, audaces y osados con los blancos. 
Veo que los negros y mulatos de la Barbada presentan á la 
Cámara colonial una petición para que se aboliesen todas las 
distinciones entre ellos y los blancos, y que todos los empleos 
de confianza, honor y emolumentos se distribuyeran igual- 
mente entre unos y otros. Veo finalmente, que según el as- 
pecto que van tomando las islas inglesas, no pueden menos de 
sucitarso celos y animosidades que las convertirán infalible- 
mente en otros tantos Santo Domingo, desoladas por la ma- 
tanza y abandonadas á los negros. Y por una inducción muy 
necesaria preveo, que si la emancipación de los esclavos es la 
causa de tantos horrores y atrocidades y vejaciones, todas se 
repetirán en esta Isla, si desgraciadamente prevalece en ella 
aquel fanatismo antipolético. 

El primer acto de manumicion que ejecute ese tribunal 
será la enseña de la rebelión de todos los esclavos domésticos 
y rurales. Todos ellos abandonarán las casas y las haciendas 



— 416 — 

de sus amos, correrán desbandados, se presentarán tumulma- 
riamente y exigirán con petulancia el mismo beneficio. Per- 
dido el respeto y el temor, únicas fuerzas morales que los con- 
servan subordinados, no es posible que cuatro ó cinco hom- 
bres blancos, que es el mayor número que se encuentra en las 
grandes fincas, puedan contenerá ciento ó mas negros, alen- 
tados con la esperanza de que muy pronto serán libres. Si 
usan de la fuerza física para reprimirlos, la emplearán tam- 
bién para defenderse, considerándose ya independientes. De 
aquí ¡qué desastres, que perjuicios y desórdenes en los 
campos! Los Jueces pedáneos y los cuerpos rurales no sa- 
brán donde ocurrir, siendo en todas partes necesaria su pre- 
sencia. 

Pero supóngase que vienen en el mejor orden, se presen- 
tan con la mayor circunspección, y que los amos concurren 
sin ser apremiados ¿cómo discernir los que fueron introduci- 
dos antes ó después del año 820? Los esclavos dirán que des- 
pués, los dueños que ante los testigos dispondrán en favor del 
que los hubiere citado. Para resolverse en justicia será preci- 
so ocurrir á los instrumentos públicos fehacientes. Estos no po- 
drán ser otros sino las partidas de bautismo y las escrituras 
otorgadas en las oficinas de escribanos. Las primeras no serán 
pruebas irrecusables. Muchos negros comprados algunos años 
antes del 820, habrán sido bautizados mucho después. Gene- 
ralmente rudos escasos, de memoria por que no la han ejerci- 
tado, sin ningún interés, por aprender nuestra idioma; nece- 
sitan no poco tiempo para entender lo que significan las voces 
mas triviales, retenerlas y pronunciarlas sin balbucencia. Mu- 
cho mas tiempo es necesario para catequizarlos y que com- 
prendan ó al menos recuerden lo que es absolutamente indis- 
pensable para administrarles aquel sacramento. No ofrecerán 
pocas dificultades encontrar las escrituras por donde fueron 
adquiridos, muchos compradores habrán fallecido ya, sin de- 
jar á sus herederos ninguna noticia del año y escribanía en que 
fué celebrado aquel contrato: otros que viven no tendrán pre- 
sentes esas circunstancias ni las conservarán escritas por que 
no previeron que pudiera hacerse una pesquiza de sus bienes 
tan.municiosa y severa. Preciso sería invertir mucho tiempo 



— 417 — 
y dinero para revolver antiguos y apolillados protocolos y 
compulsar esos documentos. 

Entré tanto los capitalistas y los vecinos pudientes reco- 
gen los fondos que pueden realizar, y precipitadamente emi- 
gran con ellos á paises que ofrezcan mas seguridad y protec- 
ción de su gobierno poderoso y respetable. Las haciendas per- 
manecerán desiertas, los campos sin cultura, el comercio inter- 
rumpido, las casas sin los mas necesarios sirvientes y la ciudad 
sin mercados, aumentándose los consumidores con miles de 
esclavos y vagarán por las calles cometiendo todo género de 
escesos, sino los precave la policía y la fuerza armada. 

Si solo de la instalación de ese ominoso tribunal envesti- 
do con las nuevas atribuciones que se proponen, resultarían tan- 
tos y tamaños males á la población blanca, á la riqueza numera- 
ria, al comercio y agricultura, al orden y tranquilidad pública y 
doméstica. ¿Cuales no deberán temerse si llevase á efecto su 
institución? Algunos lie indicado, y seria demasiado difuso si 
refiriese la decadencia que esperirnenta la agricultura y el co- 
mercio y la disminución de sus productos en cada una de las 
islas y colonias inglesas después de la emancipación. Pero 
reuniéndose esos frutos en la Metrópoli, el resultado de ellos 
será suficiente para comprobar uno y otro. El año próximo 
pasado fué tan escaso el azúcar en Inglaterra que se calculó 
ser indispensable para proveer de ese solo artículo al" Reino 
Unido, invertir anualmente do6 millones de libras esterlinas, 
diez millones de pesos, en los mercados estrangeros. "Gracias 
á Ja emancipación, y á )a resolución que han tomado los ne- 
gros de no trabajar por ningún precio mas que tres dias á la 
semana." (c) 

La Península no estrañará tanto la escasez del azúcar por 
que consume mucho menos que la gran Bretaña; pero sí se 
resentirá muy sensiblemente nuestro gobierno con la dismi- 
nución de los ingresos en las aduanas y administraciones de 
rentas reales de esta isla. Sin agricultura se paraliza nuestro 
comercio, y sin comercio y agricultura no recaudarán como en 
el año pasado once millones, seiscientos sesenta y nueve mil 
cuatrocientos dos pesos (d) faltando esa suma no podrá satis- 
facerse el prez á la guarnición de esta plaza y de los tres de- 

53 



— 418 — 
partamentos, ni los sueldos á los gefes y oficiales del ejército 
y marina, ni á los empleados civiles y políticos, ni cubrirse to- 
das las atenciones de la Real hacienda, remitiéndose ademas 
el supremo gobierno en el mismo año tres millones seiscientos 
cincuenta y un mil novecientos cuarenta y un pesos dos rea- 
les, y de Enero á Junio del presente dos millones doscientos 
cincuenta y dos mil cuatrocientos ochenta y nueve pesos dos 
reales. 

No pretendo que subsistan esos ingresos á costa de per- 
petuar la esclavitud y permitir un tráfico tan opuesto á la mo- 
ral cristiana, á la humanidad y á nuestros verdaderos y sóli- 
dos intereses. Suprímase uno y otro; mas no sea abandonan- 
do nuestras vidas y propiedades á la ferocidad de los esclavos ? 
ni á merced de una nación siempre émula de nuestra prospe- 
ridad, y que reconoce por base de su política aquella máxima 
tan impolítica como inmoral: el fin justifica los medios; y este fin 
es constantemente su propia utilidad y engrandecimiento. 
Sustituyanse brazos blancos á brazos negros para que no 
queden los campos eriales y nos defiendan al mismo tiem- 
po de una fiera doméstica que no cosa de espiarnos para 
lamerse sobre nosotros y devorarnos. Pero esta no es obra de 
los particulares, sino del Gobierno. Es uno de aquellos males 
que no pueden repararse, sino por la misma causa que los pro- 
duce. Así como el gobierno introdujo en esta Isla los prime- 
ros cincuenta negros para esplotar sus minas, y después auto- 
rizó su tráfico por espacio de tres siglos percibiendo cuantio- 
sos emolumentos; así también debe invertirlos en aumentarla 
población blanca, si quiere conservarla y que prospere. 

En los informes que V. E. se sirvió pedirme y fueron e. 
vacuados en 26 de Abril, 22 de Julio y 30 de Agosto último 
he manifestado los medios que se emplearon desde el año 1818 
hasta 820 para atraer y radicar en esta Isla mas de diez mil 
colonos nacionales y estranjeros, labradores ó artesanos, em- 
prendiéndose en el mismo tiempo las poblaciones de Xuevitas, 
Santo Domingo y Jagua, y posteriormente la de Reina Ama- 
lia en la Isla de Pinos y la de Moa: los puntos en que convie- 
ne establecer otras colcnias prefiriendo la parte oriental de es- 
ta Isla recomendada espresamente por S. M. como la mas in- 



— 419 — 

mediata á la Isla de Santo Domingo; y últimamente espuse 
que la Junta de población careciendo de fondos con que des- 
empeñar sus atribuciones las había interrumpido cerca de do- 
ce anos, y seguro que habrían quedados desiertas aquellas na- 
cientes poblaciones si el Escmo. Sr. Intendente Conde de 
Villanueva convencido de la imperiosa necesidad de aumen- 
tar la población blanca de esta Isla; no hubiera dispuesto que 
por la Real Hacienda se supliera con calidad de reintegro 
cuanto fuere preciso para su conservación y fomento; pero que 
con el arbitrio propuesto y aprobado por S. AL estaba ya rein- 
tegrada la Real hacienda de lo que había suplido, y contaba 
aquella, corporación con fondos suficientes para emprender la 
colonización en cualquiera de los puntos indicados, contribu- 
yendo con los ausilios ofrecidos, ademas de los privilegios y 
esenciones concedidas por la Real cédula de 21 de Octubre de 
1817. 

Sin embargo, todas las gracias que pueda dispensar la so- 
bera munificencia, las ofertas mas halagüeñas que haga aque- 
lla Junta, y el interés que V. E. ha tomado por aumentar la 
población blanca; no serán bastantes para que venga á esta- 
blecerse en este suelo el mas infeliz colono, mientras no se 
decida la cuestión pendiente con la Gran Bretaña sobre eman- 
cipación de los esclavos. Preferirán las nevadas selvas de la 
América septentrional, los áridos desiertos de la Siberia, y el 
ardiente calor de los campos de Arjel, á los fértiles y siempre 
verdes y fondosos de esta Isla. Al contrario emigrarán de ella 
á otros países todos los que puedan conducir alguna parte de 
sus bienes, resignados á vivir con menos comodidades, pero 
con mas tranquilidad. 

No puede disfrutarse de ella en esta ciudad mientras per- 
manezca el cónsul británico Mr. Trumbull. Es un espión que 
acecha constantemente las operaciones de V. E. y todo lo que 
ocurre en la isla para comunicarlo á su gobierno, no siempre 
con sinceridad y exactitud. Por medios nada decorosos á su 
carácter pesquiza la conducta privada y doméstica de losamos 
con sus esclavos, exagerándola de inhumana y cruel en un fo- 
lleto que ha escrito con la tinta mas negra y corrosiva que 
corre impreso y puede acarrear fatales y terribles consecuen- 



— 420 — 
cias. He dicho anteriormente que el pontón inglés que ecsiste 
en este Puerto es un padrón ignominioso que deprime la dig- 
nidad nacional, y ahora añado, que es nocivo y perjudicial al 
derecho de los amos sobre sus siervos y á la seguridad de es- 
tos. — La comisión mista se hace cada dia mas odiosa, y es mi- 
rada ya como un volcan que en su primera erupción, si se le 
conceden las facultades propuestas, cubrirá esta Isla con sus 
lavas ardientes y fenecerá por una general conflagración. 

No soy yo, Sr. Escmo. el primero ni el único previsor de 
tantas calamidades. En Madrid, donde no se esperiraentan los 
males que nos aquejan, ni interesa tanto nuestro porvenir, se 
escribe lo siguiente: "Si el gobierno español quiere que la 
Isla de Cuba permanezca tranquila progresando en su pros- 
peridad, si quiere que permanezca siempre adicta á su Metró- 
poli; que la liberte como es de su deber de los peligros que la 
rodean. Que salga el cónsul Trumbull de la Habana: que la 
comisión mista pase á Puerto-Rico, porque eu ambos tratados 
de 1817 y 835 se reservó el gobierno la facultad de removerla 
á su voluntad." (é) Y en el mismo sentido se esplica otro pe- 
riodista de esa corte. — "En cuanto á lo que indica el articulis- 
ta respecto al Coronel inglés, á la comisión mista y al malha- 
dado Pontón estamos tan de acuerdo, que no solo le prestamos 
nuestro débil apoyo, sino que protestamos de las fatales y ter- 
ribles consecuencias que ha de acarrear á la Isla de Cuba la 
permanencia de esos elementos perniciosos á la tranquilidad 
de aquel hermoso suelo." [f]. 

No obstante V. E. con su acostumbrado acierto informa- 
rá á S. A. el Regente del Reino lo que estime mas convenien- 
te para la conservación y prosperidad de esta Isla. — Habana y 
Setiembre 23 de 1841. 



421 



COMPROBANTES. 



(a) Esposicion de la Sociedad abolicionista de Inglaterra 
á Lord Palmerston reconviniéndole por haber consentido que 
continuara la esclavitud en la República de Tejas, y contes- 
tación del Secretario de S. G. al de aquella Corporación en 14 
de Diciembre de 1840, disculpándole por esa tolerancia. New- 
York Comercial List de 20 de Enero de 1841. Esposicion déla 
Sociedad abolicionista de Irlanda á Lord Palmerston sobre el 
mismo asunto y contestación de su Secretario al de aquella 
asociación en 24 de Diciembre de 1840 empleando iguales eva- 
siones. The Times de 9 de Enero de 1841. Y ese mismo Lord 
Palmerston, ese ministro de la Gran Bretaña tan tolerante con 
la República de Tejas, pasó al Gobierno de España por medio 
de la Legación Británica en Madrid, una nota fecha 17 del 
propio mes y año, incluyendo un proyecto de convenio para 
que se emanciparan todos los esclavos introducidos en la Isla 
de Cuba, después del 30 de Octubre de 1820. ¡Que inconsecuen- 
cia tan indigna de una gran nación! 

(b) New-Orleans Comercial bulletin de 19 de Setiembre 
de 1840. 

(c) La situación actual de nuestro mercado de azúcar 
escita mucho descontento é inquietud. La escasez del género 
y la elevación escesiva de los precios, son el objeto de medita- 
ciones muy serias á nuestros mas respetables comerciantes. 
Parece cierto que nuestras colonias occidentales no son ya ni 
pueden ser en adelante capaces de suministrar la cantidad que 



— 422 — 
reclama el Reino para su consumo. A diferentes causas se 
atribuye la disminución considerable que ha sufrido la im- 
portación este año (1840) comparada con la del año anterior 
y se han propuesto para remediarla. Por ahora no hablaremos 
de las causas alegadas, ni de los remedios propuestos; pero 
deseamos llamar la atención pública sobre la disminución de 
e3e artículo, y pensar si podrá acudirse á nuevas fuentes de 
abastecimiento para cubrir el déficit. Está perfectamente pro- 
bado que gracias á la emancipación y á la ¡determinación 
que han tomado los negros de no trabajar por ningún precio 
rnas que tres dias á la semana, nuestras colonias de América 
no han producido en estos dos últimos años sino una cantidad 
de azúcar muy inferior á los pedidos. Subsistiendo los mismos 
obstáculos, no es probable que produzcan mas en lo venidero. 
Resulta pues que Inglaterra tiene que soportar en el dia un 
aumento en el precio de uno de los objetos de mayor con 
sumo. Xo se nos tachará de ecsajerados si decimos, que este 
aumento de precios grave á la población del Reino Unido con 
una contribución anual de dos millones de libras esterlinas 
(dies millones de pesos) que componen la diferencia de lo que 
pagaria si pudiera proveerse en los mercados del continente. 
De suerte que después de haber sacrificado veinte millones de 
libras esterlinas (cien millones de pesos) para la libertad de 
los negros, ahora nos hallamos precisados á hacer ademas un 
sacrificio anual de dos millones de libras esterlinas para sos- 
tener la producción del azúcar en nuestras colonias emanci- 
padas. — Mas no es esto todo. La elevación escesiva del precio 
del azúcar producido por el trabajo libre en nuestras colonias, 
no puede menos de fomentar la producción del mismo género 
por el trabajo esclavo en ^s colonias estrangeras y patentizar 
la superioridad industrial del sistema antiguo sobre el nuevo, 
en ana palabra, de prolongar la duración de la esclavitud en el 
mundo. Asi tendremos la mortificación de ver que la grande 
y gloriosa esperiencia que nos ha costado tan caro, no habrá 
servido sino de dar nueva vida á la esclavitud, pouiendo de 
manifiesto sus ventajas materiales y aumentando el valor de 
sus productos. Ademas, la disminución del azúcar en nuestras 
colonias durante estos dos últimos años ha sido tan rápida, 



— 423 — 

que sino pudiésemos encontrar el medio de completar nuestro 
abastecimiento de otra parte, nos veríamos desde luego preci- 
sados á autorizar la admisión en el mercado inglés del azúcar 
fabricado en las colonias de esclavos, deshaciendo así nosotros 
mismos cuanto hemos hecho de cincuenta años á esta parte 
para abolir la esclavitud. Conocemos y apreciamos la repug- 
nancia que inspira á la población inglesa el azúcar fabricado 
por manos esclavas; pero conocemos también la naturaleza hu- 
mana, y no podemos esperar que esta repugnancia loable 
triunfe por mucho tiempo de las ecsijencias é importunidades 
de la necesidad. — The temps de 14 de Octubre de 1840. 

[d]. Estado al comercio, navegación nacional y estran- 
gera y rentas de la Isla de Cuba en el último quinquenio, for- 
mado por las balanzas de sus puertos habilitados &. — Habana 
2 de Mayo de 1841. 

[é]. Corresponsal de Madrid de 22 de Julio de 1841. 

[f]. Correo nacional de 28 de Julio de 1841. 



— 424 — 



DISCURSO 

que leyó el Sr. D. Tomás Rornay en la Junta general la noche del 

17 de Diciembre de 1842 al tomar posesión de la Dirección de 

la Real Sociedad Económica. 

Amigos y Sres.— Cuando en dias mas felice3 que los pre- 
sentes, concurría con todo el vigor de la juventud y con el 
mas ardiente patriotismo á organizar este ilustre Cuerpo, 
cuando admiraba y bendecia al genio inmortal [1] que consa- 
gró este monumento á nuestra ilustración y prosperidad, ¿quién 
me hubiera dicho entonces, "de aquí á 50 años, cuando ya solo 
exista alguno de tus colaboradores, una nueva generación es- 
citada por la mas afectuosa benevolencia, te colocará en el 
mismo lugar que tan dignamente debe ocuparse por ios Pe- 
ñalveres, Espadas, Ramírez y otros varones muy respetables 
por sus talentos y virtudes?" 

Destituido de ese merecimiento, abrumado con el peso de 
los años, enervadas mis fuerzas físicas y morales, ahora menos 
que nunca podré desempeñar el difícil, aunque honroso desti- 
no que con tanta generosidad me habéis concedido. Pero si 
conñais en que esta elección corresponderá á vuestras esperan- 
zas y deseos, si no teméis que obstruya los rápidos progresos 
que ha debido la educación á vuestrb celo y vigilancia, si 
queréis que prospere la agricultura y el comercio, la industria 
y las artes, preciso será que reforcéis, señores, mis lánguidas 
facultades con vuestras luces, perseverancia y patriotismo, con 
ese noble y generoso sentimiento que sin violencia nos obliga 
á sacrificar los mas caros intereses por el bien procomunal. Lo 
espero así con la mayor confianza, para que no se imputen á 
vuestra imprevisión los defectos que involuntariamente come- 
tiera, y para que seáis mucho mas diguos de merecer el glo- 
rioso título de amigos del pais. — Tomas Romay. 

(1) £1 Escmo. Sr. D. Luis de las Casas. 



— 42o 



REPRESENTACIÓN 

que en su oportunidad dirigió d la Jteina : ¿Nlra. Sra. la Real 
Sociedad Económica de esta\ciudad. 

Señora. — La Sociedad Económica de^a siempre fidelísi- 
ma ciudad de la Habana, llega con el mayor respeto á los rea- 
les pies de V. M., no solo á ratificar su constante lealtad y ad- 
hesion/i vuestra 'persona, sino también á manifestarla com- 
placencia conque se ha enterado de que los Representantes de 
la Nación reconociendo' la mayor edad de^V.^M. han declara- 
do solemnemente j3u aptitud y capacidadjjjjpara^regirla y go- 
bernarla. — Esa plausible proclamación anhelada por los bue- 
nos españoles como el vinculo mas indisoluble de fraternidad 
y concordia reunió y reconciliaba al rededor^ del trono de V. 
M., ofreciéndole el mas firme apoyo, los partidos y facciones 
que desgarraran el seno de la madre patria, y los pueblos que 
rehusaron someterse á un gobierno efímero, y muy diferente 
del paternal y benéfico de sus legítimos Soberanos; se ^apresu- 
ran á prestar obediencia y homenaje á la dignísima sucesora 
de Fernando V. y Carlos III, por un derecho imprescriptible 
y por una aclamación general.— ¡Plegué al cielo que sean 
cumplidamente satisfechos los votos y ^esperanzas ¡ de esta 
Corporación! Que en el reinado de V. M. recupere la magná- 
nima nación española, el esplendor, dignidadjy¿poder ¡que la 
hicieron tan grande y¡respetable en los, tiempos gloriosos de 
aqucllos^mon arcas. Que la tierra en su diariajrevolueion vuel- 
va á presentar constantemente al astro del dia, países que 
obedezcan á V. M. con predilección y gratitud; y que seáis, 
Señora, para la Isla de Cuba, otra madre tan generosa.: y be- 
néfica, como lo fué vuestra ilustre predecesora Isabel de Cas- 
tilla, la Católica. 

Dios guarde la importante vida de V. M. muchos anos.— 
Habana y Enero 29 de 1844,-Señora, A L. R. P. D. V. M.- 
Tomas Romay, director.— Rafael Matamoros, Secretario. 

54 



426 



ORACIÓN | IN AÍJGDRaIj 

'presentada por el Sr. D. Tunas Romay, director de la Real Socie- 
dad Económica de esta ciudad, y leida por el Ldo. D. Rafael 
Matamoros, su secretario, en la instalación de sus dependencias 
en el edificio que fué oratorio de San Felipe Neri, el dia 24 de 
Noviembre de 1844. 

Escmo. Sr. 

Como la nave que arriba al puerto de su destino sin dejar 
ningún vestigio en las aguas que surcaba, así llegaría yo al tér- 
mino de la dirección de la Sociedad Económica, si la munifi- 
cencia de los gefes ilustres que presiden los destinos de esta 
isla, y al patriotismo de mis beneméritos colegas no hubieran 
realizado una empresa que fijará la época mas gloriosa en los 
fastos sociales. Sin duda, señores, no será tan memorable y 
plausible el presente dia por haberse reunido en este edificio 
los estatlecimientos que existían en otros lugares, sino princi- 
palmente por la consagración que hace de este monumento á 
la augusta Isabel II, como el homenaje mas diguo de nuestra 
fidelidad y gratitud. Bajo sus Reales auspicios permanecerá 
tan indestructible como si fuera de bronce, desempeñará esta 
corporación con mas decoro y utilidad pública las atribuciones 
de su instituto, progresarán los medios que ha empleado para 
conseguirlo, y cuando se restablezca el país de las recientes 
calamidades que ha sufrido, volverá á ser la mansión feliz de 
la paz, de la abundancia de todos los goces; y de la mas inal- 
terable prosperidad. 

No la disfrutaría si la educación, no se defundierapor to- 



— 427 — 

das las clases del pueblo. El hombre inculto é incivilizado so- 
lo goza de aquella prosperidad que ofrecen los placeres sensua- 
les, ora sea satisfaciendo las necesidades de la naturaleza, ó 
los vicios y pasiones. La educaciun modera las ecsigencias na- 
turales, reprime las pasiones, estirpa los vicios, suaviza las 
costumbres, establece relaciones sociales, ilustra el espíritu, 
y persuadiendo al hombre á renunciar de grado su indepen- 
dencia, le conserva la seguridad de su persona y propiedades 
garantidas por una autoridad justa y poderosa. 

Convencida la Sociedad de las ventajas civiles y morales 
que se adquieren con la educación la ha considerado siempre 
como la primera desús atribuciones y el mas importante de 
sus deberes. Para cumplirlo ha dedicado con preferencia su 
celo y constancia á mejorar la enseñanza primaria. Proscribe 
los abusos y prácticas que obstruiau sus progresos, propone 
los métodos mas sencillos y luminosos, recomienda nuevos 
ramos de instrucción que sejuzgaban superiores á la inteligen- 
cia de los niños, nombra á cada escuela un individuo desuse- 
no para que con la mayor vigilancia y asiduidad, observe las 
operaciones y conducta de los preceptores y alumnos; esta- 
blece exámenes públicos anuales y economizando para otras 
atenciones sus escasos fondos invierte la mayor parte de ellos 
en sostener 914 niños pobres de ambos sexos en las escuelas 
de esta capital y de los pueblos inmediatos. 

No se ha limitado su patriotismo á mejorar la instrucción 
primaria, lo ha estendido á facilitar la secundaria y superior. 
Con ese objeto ha fundado esta biblioteca ofreciendo al públi- 
co las obras clásicas y las mas selectas en todas las ciencias, 
en todos los ramos de literatura, en las bellas artes, en las me- 
cánicas y en cuanto puede ser útil ó agradable. 

Si á todos no es dado ir á Corinto, en este mismo lugar, 
sin salir de sus estrechos límites observaremos en "Winkelmann 
las bellezas artísticas de Corinto, se percibirán, siuo con el oí- 
do, pero sí con la vista, las sublimes lecciones de Platón en la 
Academia y de Aristóteles en el Peripato; las elocuentes y 
enéro-icas arengas de Perícles y Demóstenes en la tribuna de 
Atenas, y las de Marco Tulio en los Rostros y en el Senado; 
inspirarán horror ó placerlos hechos atroces y los heroicos que 



— 428 — 
presentan con tanta exactitud Tácito y Livio en sus anales; 
sin navegar hasta el archipiélago y á la nueva vizancio consul- 
taremos á Justiniano y al oráculo de Co. Porque viven toda- 
vía y existen entre nosotros esos genios inmortales en sus ideas 
y pensamientos, en sus sentencias y preceptos, en los Íntimos 
sentimientos de sus corazones, y en aquellas verdades eternas 
que descubrieron y no han perecido ni en el incendio que de- 
voró la Biblioteca de Alejandría, ni en las irrupciones de las 
hordas septentrionales, ni en las tinieblas délos siglos de ig- 
norancia y barbarie. 

Desde el duodécimo las ciencias y las artes empezaron á 
salir con paso tímido de la oscuridad de los claustros donde se 
habían ocultado. Dispensándole su protección los príncipes y 
proceres, deponen el pavor que las habia enmudecido, y lenta- 
mente fueron desarrollándose aquellas ideas, que en sentir de 
Platón y Descartes yacen aletargadas hasta que las escita al- 
gún objeto. A principios del siglo quince aparece Guttemberg 
como un astro en el hemisferio literario, y reflejando con la 
celeridad que se difunde la luz la que recibía de otros soles, 
la esparce por todo el mundo civilizado. La tipografía, arte 
conservador de todas las artes, de todas las ciencias y de cuan- 
to ha producido el espíritu humano, reproduce los escritos de 
todas las épocas y naciones y los multiplica hasta el infinito. 
La Europa se inunda cou los libros que salen de las prensas, 
atraviesan el Atlántico, y \& sociedad reúne en esta Biblioteca 
mas de seis mil volúmenes. Lejos de colocar sobre su puerta 
aquella inscripción que puso un sabio en el pórtico de la Aca- 
demia: no entrará el que ignore la geometría: ella ha inscripto con 
el énfasis mas lacónico: Biblioteca jnddiea, como si dijera, para 
todo el pueblo, y para todo el orbe. 

Con la misma franqueza ofrece la entrada á la Academia 
de dibujo y pintura que se gloria de conservar el nombre de 
su respetable fundador y dignísimo director de este Cuerpo 
patriótico. (1) Interesados sus alumnos en contribuir á solem- 
nizar este dia, presentau á la espectacion pública y á la cen- 
sura de los periódicos las tareas del presente año. Ko esperéis, 

(1) El Sr. Intendente que fué de esta Isla D. Alejandro Ramírez. — (Xota d-el 
autor). 



— 429 — 

señores, admirar en ellas los rasgos sublimes ni las bellezas 
que arrebatan y embelesan en el Pasmo de Sicilia, en el San 
Gerónimo del Dominiquino, en la Transfiguración de Rafael, 
ni en los cuadros de Velazques, Cano, Murillo y otros célebres 
profesores de las escuelas de Sevilla y de Córdoba. La natu- 
raleza no prodiga sus dones, ni el arte concede lo que ella re- 
husa. Pero si encontrareis proporción én las partes y armonía 
con el todo, naturalidad en los escorzos, espresion en las fac- 
ciones, fuerza en el claro oscuro, variedad y lozanía en el pai- 
saje. Estos principios anuncian mayores progresos, acreditan 
ingenio, aplicación y gusto, y merecen elogiarse desde ahora 
para estimular á la perseverancia. 

Aunque la Sociedad proteje con preferencia el arte en- 
cantador de la pintura, no por eso priva de su celo y vigilan- 
cia á las demás artes ni á les oficios mecáuicos mas rudos. En 
sus talleres han establecido 2441 jóvenes dejando á su arbitrio 
la elección, comprometiéndose los directores y maestros, los 
padres y tutores por un documento público á observar el Re- 
glamento aprobado por este superior gobierno, evitándose así 
la vagancia y holgazanería, origen de tantos vicios y crímenes 
y acreciendo el número de artesanos laboriosos y honrados. 
Aunque esta institución sea conocida de pocos y de menos 
apreciada, es sin embargo muy importante para mejorar la 
policía, conservar el orden público y fomentar la prosperidad 
del pais. [1] Me lisonjeo de que llegará el dia en que lo redi- 
ma de la ruinosa dependencia del estranjero á que lo ha some- 
tido el lujo y el capricho, con mengua y baldón de la indus- 
tria nacional. Entre tanto esta Corporación ejerce las funcio- 
nes de aquella autoridad que propuso un filósofo se estable- 
ciera en todos los pueblos, para que examinase la vocación de 
los jóvenes, y les facilitara seguirla sin que nadie osase con- 
trariarla. Si Pascal cediendo á las instigaciones de su padre 
se hubiera dedicado al foro, sin duda no habría sido tan esce- 
lente jurisconsulto como fué geómetra. 

Y cuando esta Corporación se interesa con tanto esmero 

(1) Es debida esa institución al patriotismo del Sr. D. Juan Agustín de Fer- 
rety, y desempeña sus funciones con el mayor celo y constancia el Sr. D. Joaquín 
José García, secretario de la Sección de Industria y Comercio. (Nota, del autor). 



— 430 — 
en los progresos de las artes menos necesarias á la vida y pros- 
peridad de los pueblos, ¿se olvidaría de aquella por quien sub- 
sistimos y ha debido el pais su engrandecimiento y opulen- 
cia? Una de las tres secciones en que está dividida se ocupa 
casi esclusivamente en el fomento de la ganadería, en mejorar 
la cultura y elaboración de nuestros frutos y en introducir 
otros ramos de cultivo que compensen la disminución que se 
esperimenta en el valor de los antiguos. Para conseguirlo pro- 
mueve con actividad el establecimiento de una escuela prácti- 
ca de Agricultura donde se ejecuten los ensayos convenientes 
á uno y otro objeto, y circula por toda la provincia el progra- 
ma de una esposicion de ganados que debió haberse verifica- 
do, pero se ha transferido hasta el mes de Marzo del siguiente 
año por las calamidades que han desolado los campos. 

A este edificio se ha trasladado también la Academia de 
contabilidad mercantil fundada y sostenida por la Sociedad 
con auxilio de la Real Junta de Fomento como una de las 
atribuciones de ambos cuerpos, y muy conveniente en una 
plaza de comercio que tanto ha contribuido á su esplendor y 
riqueza. Con esa instrucción se facilita una carrera honrosa y 
productiva á la juventud que no pueda entender la literaria 
por su escasa fortuna., aunque le sobre ingenio y vocación, ni 
ejercer públicamente algunas artes degradadas y envilecidas 
por sus profesores. 

La munificencia con que la naturaleza ha enriquecido este 
suelo, la inmensa variedad y belleza de sus producciones, tan 
útiles á las artes, al comercio y á la industria, como agrada- 
bles y deliciosas para la vida social; mereciau que se ostenta- 
ran en un monumento donde se admirase y loara la Omnipo- 
tencia y sabiduría del Creador, manifestándose su grandeza, 
como decia Plinio, hasta en los seres mas pequeños: tal es un 
Museo de historia natural. Siete años hace que la Sociedad 
concibió ese grandioso proyecto, y siete años han transcurrido 
sin encontrar un local donde erigirle. Reservado estaba lo re- 
fiero, señores, con la mayor gratitud, estaba reservado al Gefe 
superior de Real Hacienda repetir las pruebas del espíritu pú- 
blico que tanto le distingue, satisfaciendo generosamente "los 
deseos de la Sociedad, proporcionándola este edificio, donde 



— 431 — 

no solo ha colocado el Museo, sino también todas sus depen- 
dencias con suficiente capacidad y decencia. El tiempo que se 
ha invertido en arreglar algunas de sus piezas para los fines 
que se destinaban, no ha permitido que el laborioso amigo (1) 
á quien se confió la dirección de aquel establecimiento lo pre- 
sente hoy tan ordenado y espléndido como se prometía de la 
numerosa y escogida colección que ha formado de objetos muy 
interesantes por su singularidad y belleza. Determinar los que 
correspondan á cada uno de los tres reinos en que la ciencia 
ha dividido el anchuroso é ilimitado espacio que fecundiza la 
Naturaleza, subdividirlos en clases, órdenes, géneros, especies 
y familias, es operación sumamente minuciosa, que exije vas- 
tos conocimientos, mucha constancia y mucho mas tiempo. 

La gloria de verle concluido con todo el orden y grande- 
za de que es susceptible, y de ejecutar en el edificio las mejo- 
ras que aun necesita, será del benemérito colega que me suce- 
da en este honroso destino, y lo desempeñe con mas decoro 
de la Corporación y utilidad del pais; será también de las pri- 
meras Autoridades que tan dignamente nos presiden, y con- 
tinuarán dispensando su protección y auxilios á esta obra de 
sus manos: y será principalmente del gobierno de S. M. que 
se dignó concederla, y se interesa muy eficazmente en la ilus- 
tración y felicidad de sus pueblos. 



(1) D. Felipe Poey. (Xota del autor). 



432 ~- 



NOTA. NECROLÓGICA. [1] 



El dia 18 del próximo pasado falleció en esta capital el 
Sr. Coronel D. Manuel Zequeira y Arango, uno de los funda- 
dores de la Real Sociedad de Amigos del pais, y altamente 
conocido por sus importantes y útiles servicios, y por su es- 
clarecido y malogrado talento. Este acontecimiento ha dado 
motivo á la demostración sincera por parte de uno de sus an- 
tiguos amigos y compatricios; y como tenemos el honor de 
contarle entre nuestros mas distinguidos colaboradores, ha 
creido deber ocupar algunas páginas con un rasgo tan senti- 
mental. Nada no es mas grato que complacer al respetable 
amigo cuya acreditada pluma ha demostrado en todos tiempos 
su elocuencia sublime en el lenguaje del Apoteosis. 



m&m@® mm MM%ñw&m, 



Ilusa vetat morí. 

Hor. 

íTo pretendo esparcir con mano trémula herm osas y fra- 
gantes flores sobre la tumba del Sr. D. Manuel Zequeira y 
Arango. El dolor y amargura de que está penetrado mi cora- 
zón por una muerte aunque muy prevista, pero siempre la- 
mentable, no me ofrece sino adelfas y lúgubres cipreses. Mas 
esta no seria la libación que merecen sus cenizas, ni la que de- 
be consagrarle la mas sincera y constante amistad. 

Eramos todavía jóvenes, cuando el ilustre Casas, semejan- 
te al astro del dia, se presentó en nuestro horizonte disipando 

(1) Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana. — Mayo, 1846. 



— 433 — 
con sus luces los errores y preocupaciones, reuniendo en una 
Sociedad de amigos los hombres que ecsistian dispersos por sus 
intereses y opiniones, y estrechando intimamente sus relacio- 
nes y afectos; donde entonces Zequeira y yo identificados en 
ideas y sentimientos, nos dirigimos con frecuencia á un mis- 
mo objeto, aunque por medios diferentes: él observando con 
exactitud y el éxito mas plausible los preceptos de Aristóteles 
y Horacio, y yo venerando y siguiendo de lejos con paso lento 
las huellaR sagradas de Quintiliano y de Tulio. 

Confiada la dirección del Papel Periódico á la Sociedad 
Económica por su ilustrado fundador, Zequeira y yo fuimos 
elegidos entre sus primeros redactores. — Poco después propu- 
se á ese Cuerpo, á consecuencia del programa que pífblicó, 
que se erigiera una estatua en el paseo estramuros al Sr. I>. 
Carlos 3° como el mas justo y digno homenaje de nuestra fi- 
delidad y gratitud, por habernos redimido del yugo británico. 
Zequeira aplaudió su inauguración con el mismo júbilo y ar- 
diente entusiasmo que los Atenienses las de Armodio y Aris- 
toginton — Juzgué también merecedor de otro monumento 
tan glorioso y perdurable al almirante Cristóbal Colon; Ze- 
queira ya con laura, ya con la trompa cantó las eminentes 
acciones de aquel héroe, cuando se trasladaron sus respeta- 
bles cenizas de la isla de Santo Domingo á la Catedral de esta 
ciudad. — Preparé la opinión de sus vecinos en favor del Ce- 
menterio que se construía lejos de la población, y describí des- 
pués su parte arquitectónica y funeraria; una y otra mereció 
que Zequeira las recomendara en un Poema, persuadiendo 
con las razones mas eficaces que la Religión y la salud públi- 
ca exigían imperiosamente aquel establecimiento. 

El 2 de Mayo de 1808 que aun escita en el corazón de loe 
españoles los sentimientos mas nobles y sublimes, ese día de 
gloria y de luto, de estupor y venganza, me inspiró la "Con- 
juración de Bonaparte y Godoy contra la España," y cinco 
arios sucesivos celebré su aniversario, in Humando el odio á la 
perfidia, la fidelidad al legitimo soberauo, y los mayores sa- 
crificios por la independencia nacional; Zequeira enajenado 
por un astro divino comparó en un Poema el valor y decisión 
de Daoiz v Velarde al heroísmo de Leónidas, cuando resig- 

55 



— 4:¿4 — 
nándose á morir con sus trescientos compatriotas, sellaron 
ese voto con propia y enemiga sangre, hasta obstruir con loa 
cadáveres el paso por los Termopilas, y continuando aquel 
paralelo en varias circunstancias, concluye con este exactísi- 
mo epílogo. 

En hora buena recomiende el griego 
El valor de sus huestes distinguidas 
Por su gloriosa memorable hazaña; 
Que si á la Grecia eternizó Leónidas 
Daoiz y Velarde ilustrarán á España. 

Entre los dos sitios que sufrió Zaragoza en la guerra de 
la independencia, y en la de Numancia descrita por Lucio 
Floro, no encueutro otra diferencia sino en el tiempo que du- 
raron: esta se prolongó muchos añc s, y aquellos pocos meses. 
Pero siendo incomparablemente superior la potencia destruc- 
tiva de los fusiles, cañones, minas, bombas y otros proyectiles 
á la de los dardos, flechas, arietes y demás armas que usaban 
los romanos; resultaron en un período mucho mas corto, las 
mismas calamidades, desolaciones, muertes y general estermi- 
nio. Los habitantes de esos dos ínclitos pueblos soportaron to- 
das aquellas adversidades con igual fortaleza, constancia, va- 
lor y patriotismo; y si Escipion no encontró un solo Xumanti- 
no para uncirle á su carro, Lannes halló úuicamente cadáveres 
y moribuudos, escombros y cenizas. Xi el uno ni el otro pu- 
dieron gozarse de su triunfo, porque en ambos fué un nombre 
insignificante. Tan heroicas virtudes y hechos tan eminentes 
los referí en un discurso; Zequeira las ensalzó como justamen- 
te merecían en un poema, por si solo bastante para ser cono- 
cido y apreciado de los críticos menos indulgentes. 

Al fin, la Sociedad Económica por una elección muv hon- 
rosa me confió el elogio del Escmo. Sr. I). Luiz de las Casas, 
su fundador, primer Presidente y Socio honorario: Zequeira 
aplaudió en diferentes metros y de mérito distinguido sus vir- 
tudes marciales y civiles, y los importantes beneficios que dis- 
pensó á esta isla su ilustración y munificencia, el dia memora- 
ble que la misma Corporación y la Junta de Comercio y Agri- 



cultura de esta ciudad le tributaron el ruad solemne y religio- 
so testimonio de dolor y gratitud cuando ya nada podian es- 
perar de su benevolencia, ni temer de su autoridad. — Tan re- 
petida coincidencia por un impulso espontáneo, sin previo 
acuerdo ni alguna indicación, supone la simpatía mas intima 
entre las funciones del cerebro y del corazón. 

Mas esas poesías, ni las contenidas en la colección de 
ellas publicadas en New-York, son las únicas que produjo su 
fecunda y ardiente imaginación, ni tampoco se dedicó esclu- 
sivamente á gozar de los placeres que inspira ese arte encan- 
tador. Sócrates y Descartes manifestaron que la filosofía no 
era incompatible con la milicia: á las Musas de Cervantes y 
Ercilla no infundieron pavor el estruendo de las armas ni el 
horrísono estampido del cañón; Zequeira ciñó sus sienes con 
los laureles que cortaba alternativamente en el monte Parna- 
so y en el campo de Marte. Otro genio mas favorecido del 
Dios de las batallas le seguirá por esta difícil carrera demasia- 
do estraña aun tímido prosista aterido ya y enervado por la 
edad. Pero siempre le admiraré como al primero que enseñó 
en Cuba con su ejemplo los tropos y preceptos, la cadencia y 
armonía, las gracias y bellezas del arte de Apolo á los preco- 
ces ingenios que con grata sorpresa se desarrollan, ofreciendo 
las mas lisonjeras esperanzas; descollando entre ellos por los 
rasgos con que ha imitado á Virgilio en la Epopeya, á Hora- 
cio en las Odas y Epístolas, á Juvenal en la Sátira y en los 
Epigramas á Marcial, aunque menos picante y profuso, y en 
las Anacreónticas al venerable autor de esas rimas. Por ellas 
y otras vive todavía, y nunca se olvidará su nombre. — T. JR. 



FIN DEL TOMO CIERTO 1 ÜLTIMU. 



43 



ÍNDICE general 

BE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN LOS CUATRO TOMOS. 



TOMO 1° 



Páginas. 



67 



Prólogo '^ 

Noticia histúrica-biográfica :j 

Notas 59 

Vacuna " 4 

Vacuna.— Estracto del informe leido en juntas gene- 
rales, celebrada por la Sociedad Económica de esta 
ciudad el 13 de Diciembre de 1808, por el Dr. D. 
Tomás Komay, secretario de la Junta central de 
la Vacuna 

Contestación al Mercurio Peruano '1 

Remitido al mismo periódico •••■ '° 

Piezas justificativas.— Certificaciones.— Como mejor 
puedo y debo, certifico: que en el cabildo ordinario 
celebrado en 4 de Marzo del año pasado de 1804, 
á que concurrió la Justicia y Regimiento que de él 
parecerá, entre otras cosas se trató y acordó lo si- 
guiente ; •••••* 

Discurso premiado por la Sociedad Patriótica de la 
Habana, en Junta que celebró el dia 24 de Julio 
del año de 1799.— Su autor el Dr. D. Tomás Ro- 
may, socio numerario 1^' 

Inscripciones 

Discurso sobre los cuatro sujetos que por sus buenas 
obras son mas acreedores á la gratitud de toda la 
Isla de Cuba 131 

TOMO 1". 

lilis qui aberrant á veritate ignoscendum est, qui stu- 
dio autem mentiuntur implacabiliter succeden- 
dum.-Polyb. lib. 12 3 

Omii vero affectus Qumerosi, siftt, asigue eorum sua 
est curationia indicatio. (Jalen, lib. 9. Metho. Med. 
cap. 17 ¡¡ 

Amare liceat. si potiri non lieet. Cicer de Orat 9 



— 438 — 

Páginas. 

El atrabiliario Juvenal atribuyendo á Marco Tulio 
este verso bárbaro. "¡O fortunatam, natam me 
Consule Román! 15 

Deprecación de la ciudad de la Habana á el astro del 

día • 17 

Memoria de la clase de ciencias y artes para mejorar 

la enseñanza de la gratimatica latina 20 

Homine vitam suam et amant simul, et oderunt. — 

Senec 22 

Da espatium vitae, multos da Júpiter annos 26 

Informe dirijido á la Sociedad Patriótica, por los di- 
putados que nombró para la elección de terrenos 



en que se ha de establecer un jardin botánico. 



27 

Al trasladarse á esta ciudad las cenizas de Godoy 30 

Religio vera est firmamentum reipublies pías lib. 2. 

reipubs. A. R. de Legib 33 

Memoria sobre los obstáculos que han impedido pro- 
gresen las colmenas en la Isla de Cuba y medios 

de fomentarlas 30 

Al cabello de Pradina 59 

Disertación sobre la ñebre maligna llamada vulgar- 
mente vómito negro, eníermedad epidémica en las 

indias occidentales 62 

Elogio del arquitecto gadino D. Pedro Medina 101 

Antigüedades históricas referentes á la Isla de Cuba. 115 
Elogio del Exmo. Sr. D. Luis de las Casas y Arra- 

gorri 129 

Vacuna 156 

TOMO Sí 

Memoria sobre la introducción y progresos de la va- 
cuna en la Isla de Cuba 3 

Cementerios públicos 21 

- Vacuna 23 

— Informe presentado en juntas generales sobre vacuna. 29 
Memoria sobre las sepulturas fuera de los pueblos.... 37 
Descripción del Cementerio general de la Habana.... 51 

— Informe presentado en juntas generales sobre vacuna. 61 
Relación del obsequio que se hizo al Serenísimo Sr. 

Príncipe generalísimo D. Manuel Godoy 69 

Sr. Presidente Gobernador y Capitán General 81 

Informe leido en juntas generales sobre vacuna 83 

Conjuración de Bonaparte y D. Manuel Godoy con- 
tra la monarquía española s yi 



— 4áy — 

Páginas, 

Vacuna» 111 

Discurso sobre la defensa de Zaragoza 115 

Informe sobre vacuna 147 " 

Esposicion dirijida á la Real junta del Consulado 156 

Vacuna 161 

Dos de Mayo 165 

Informe sobre vacuna 168 - 

Representación del Sr. D. Francisco de Arango y 
Parreño, diputado para las cortes ordinarias, hecha 

á la Diputación provincial de esta ciudad 17o 

Vacuna 180 - 

Sociedad Patriótica 185 

A la casa de Beneficencia, en el dia de sus exámenes. 189 

Vacuna 192 

Vacuna. Su inalterabilidad 197^ 

Keal Sociedad Patriótica. — Informe 198 

Vacuna. — Ulteriores pruebas de su eficacia 205 

TOMO 4V 

Elogio del Dr. D. Ensebio Vallí 209 

Población blanca 218 

Esposicion á S. M 221 

Vacuna. Sobre su' conservación y propagación 22G 

¿Las aguas de Cayajabos podrán sustituir á la de San 

Diego? 229 

Cátedra de Clínica 231 

Plan para el establecimiento de una escuela de me- 
dicina Clínica en el Real hospital de San Ambro- 
sio de esta ciudad 234 

Estracto de los acuerdos celebrados en el presente 
año por la Juuta Central de Vacuna y de una me- 
moria presentada en ella sobre las funestas conse- 
cuencias provenidas de algunos errores que se han 

cometido en su inoculación 238 

Estracto de los acuerdos celebrados por la Comisión 
del Gobierno encargada de proponerle los medios 

de fomentar la población blanca de esta Isla 248 

Dictamen sobre las indagaciones acerca de las fun- 
ciones que ejercen el bazo, el hígado, el panchreas 

y la glándula thiroides, por Benjamín Rush 260 

Memoria que manifiesta las ventajas que consegui- 
rán los colonos que pretendan establecerse en esta 
Isla, prefiriendo su parte oriental y las reglas de 
higiene que deben observar para conservarse sanos. 265 
Estracto de los acuerdos celebrados en este año por la 



— Uv — 

Comisión del Gobierno,. encargada de proponerle i 

medios de fomentar la población blanca de estalsla. 273 
Resumen de las operaciones de la Junta Central de 

Vacuna en el presente año 279 

Resumen de las personas que se han vacunado en es- 
ta ciudad v en toda la Isla de Cuba desde 1804 al 

presente de 1819 2 

Purga Urbem 283 

Herodias del Precursor, del Dr. D. Tomás Gutiérrez 

de Piñeres 288 

Dos de Majo 295 

Alegato producido por el Dr. D. Tomás Romay en la 
causa con el Pbro. Dr. D. Tomás Gutiérrez de Pi- 
ñeres 299 

Contestación del Dr. D. Tomas Romay á los nueve 
libelos famosos que lia publicado el Pbro. Dr. D. 
Tomas Gutiérrez de Piñeres, imputándole el cri- 
men de haber falsificado una acta de la Escma. 

Diputación provincial 329 

Junta General de la Real Sociedad Económica de 20 

de Diciembre de 1823 332 

Esposicion elevada á S. M. por la Real Sociedad Eco- 
nómica, á consecuencia de la Real orden de 21 de 

Febrero de 1821 33.5 

Memoria sobre la epidemia de fiebres exantemáticas. 339 
Esposicion á S. M. para establecer en esta ciudad una 

academia de ciencias Médicas 356 

Xeeroiogía del Dr. D. Rafael González 358 

Informe sobre vacuna 355 

Sobre el mismo asunto 379 

Sobre las mismas circunstancias 373 

Salud pública ; 37^3 

Clase de Clínica 330 

Discurso pronunciado para la inauguración solemue 
de la Real Junta Superior Gubernativa de medici- 
na y cirujía de esta isla y de la de Puerto-Rico :;.■ 

Resumen de las tareas de la -lauta de Vacuna 390 

Vacuna ggg 

Población blanca 4^.) 

Discurso del autor, al tomar posesión de la dirección 

de la Real Sociedad Económica 4^4 

Representación que en su oportunidad dirijió á la 

Reina, la Rea! sociedad Económica '. 42.5 

Oración inaugural 40^ 



Por equivocación involuntaria se ha unido el elogio del arqui- 
tecto D. Pedro Medina, con el informe que hace relación al Sr. D. 
José Pablo Valiente, en la pajina 105. 



IBRARY OF MEDICINE 



§ 






X 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 






I í I 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

1 I 



í 



I 



10 Aüvaan tvnoiívn 3nidiq3w jo Aavaan tvnoiivn 3nidio3w jo Aavaan tvnoiivn 3noiq3w 




IBRARY OF MEDICINE 



i I 



± 

NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 







I 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL L 

/ I 









o Aavaan tvnoiivn snidiqsw jo Aavaan tvnoiivn 



E 

§- 

S 

O. </} P- 

=3 

3NIDIQ3W JO AavaaiT TVNOIIVN 3NIDIQ3W ¡ 






í-, i 






K 



BRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL L 



1 I 




IBRARY OF fc 

8 









D AavaSIT TVNOIIVN 3NIOI03W JO AavaaiT TVNOIIVN 



| | 

! i 






3NiDia3w jo Aavaan tvnoiivn snidiosw j 






oí 
| 



\ 



• 



\ 



BRARY OF MEDICINE 






o Aavaan tvnoiivn 




3 
BRARY OF MEDICINE 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 

1 



i 



3NiDia3w jo Aavaan tvnoiivn 



I 
I 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL L 

O T 









3NIDIQ3W JO AavaaiT TVNOIIVN 3NIDIQ3W 









I 









o 
/ J 3 



io Aavaan tvnoiivn iniiiíito -m xxvxnn ivn<~>mvn 



NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE 




NATIONAL 1 


o 

] 


c 

■o 





luí "imav, 



5 I I 



INE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICII 






1VN 3NIDI03W dO AÜVaan 1VNOI1VN 

c 

a 



* 



aNiolaaw jo Aavaan tvnoiivn snidiqsw do Aavaan tvnoii> 




I 



I i I 

. IN 

N 




i 



INE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICI 



8. 



1VN 3NI3IQ3W dO AavaaiT 1VNOI1VN 



SNiDiasw jo Aavaan tvnoiivn snidiosw do Aavaan tvnou> 



I 



o 






b 1 ; 









INE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICII 

? 8 f ? I l 

™ J T " l 

} 1 | í 

3NIDI03W do Aavaan tvnoiivn 3nidic]3w do Aavaan ivnoija 

III 



1 



LVN 3NOIQ3W dO AavaaiT TVNOIIVN 



\ 



i í i 

I í 



$ 



INE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICI 






* a 



ñ ,£1 , 

n, 0) <t ai 

vn 3NOia3w jo Aavaan tvnoiivn 3nidiq3w do Aavaan tvnoiivn snidiqsw do Aavaan tvnoii> 






I | 



» ■? » v . ' X c * c 

5- 5 3- S 3" 8 



NE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE NATIONAL LIBRARY OF MEDICI 

E E 

J I * 2 ? * 

! ! I / i 









13W ^n AMvxfiii wwnnww