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Full text of "Books about Maghreb and Andalus"

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JUNTA PARA. AMPLTAClfix DE BSTUDtOS e iNVfiSTtC ACIOHE3 CIENT^ICAS 

CENTRO DE ESTUDEOS H1ST6rIC0S 



HISTORIA DE LOS JUECES 

DE CORDOBA 



POR 



ALJOXANl 



THXTO ARaBE Y TRADUCCIOJJ ESPANOLA 



POR 



JUUAN ribera 



1>H LA RKAI. ACA1>EMIA BSPaSOLA 



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MADRID 
Impbenta IbiIrica,— E. Maestre 

POZAS 12.— TELIIPOKO 3,854 
1914 




INDICE GENERAL 



Pr6logo del traductor vn 

Erratas en la traduccion > xlvii 

Proemio del autor 3 

Capftulo en que se trata de aquellos cordobeses a qulenes 

se ofrecid el cargo de juez y no lo quisieron aceptar 9 



Capitulo en que se trata de la historia de Cdrdoba y de sus 
Jueces en tos tlempos anteriores a los calif as. 

Del juez Mahdt ben M6siim 23 

Del juez Antara ben Felah 3' 

Del juez Mohichir ben Naufal El Goraxf 33 

Del juez Yahia ben Yecid ElTochibI 35 



[Capftulo en que se trata de los jueces nombrados por los 

calif as]* 

Del juez Moavia ben S&lih El Hadramf , 3^ 

Del juez Omar ben Xarahil 5° 

Del juez Abderrahmen ben Tarlf El Yahsobl S 2 

Del juez Almosab ben Iinr&n El Hamadani 55 

Del juez Mohimed ben Baxir 62 

Del juez Said ben Moh&med ben Baxir El Moaferl 83 

Del juez Alfcrech ben Quinena El Quincni 89 

Del juez Cat&n ben Chaz El Temimf 96 

Del juez Obaidala ben Muza El Gafequt 96 



33 



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Pags. 



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Del juez Hamid ben Mohamed El Roaioi 

Del juez Masrnr ben Mohamed ben BaxirEl Moaferl 

Del juez Yahia ben Maamar EI Ilhanf. 

Del juez Elasuar ben Ocba El Nasri t 

Del juez Yahia ben Maamar, segunda vez . . , . 

Del juez Ibrahim ben Elabas El Coraxl 

Del juez Yojamir ben Otmdn El Xabani 

Del juez All ben abi Bequer El Quilabl 

Del juez Moad ben Otman El Xabani 

Del juez Mohamed ben Ziad El Lajmi 

Del juez Said ben Soleiman El Gafequf 

Del juez Ahmed ben Ziad El Lajmi , 

Del juez Amer ben Abdala ben Leit El Cobaa 

Del juez Soleiman ben Asuad El Gafequf 

Del juez Amer ben Abdala en la segunda epoca de su man- 
do, que fue en el ano 260 - ^ 1 75 

Del juez Soleiman ben Asuad en la segunda epoca; fue nom- 

brado en 263 < 7 8 

Del juez Amir ben Moavia El Lajmi 191 

Del juez Anadar ben Selma El Quilabi * -. 195 

Del juez Muza ben Mohamed ben Ziad El Chodamf 200 

Del juez Mohamed ben Selma 202 

Del juez Anadar ben Selma, por segunda vez 211 

Del juez Mohamed ben Selma, por segunda vez 212 

Del juez Elhabib Ahmed ben Mohamed ben Ziad El Lajmi, la 

primera vez 215 

Del juez Aslam ben Abdelaziz , 225 

Del juez Ahmed ben Mohamed ben Ziad, por segunda vez. . 234 

Del juez Aslam ben Abdelaziz, pOr segunda vez 237 

Del juez Ahmed ben Baqul ben Majlad 238 

Del juez Ahmed ben Abdala ben abi Talib El Asbahi 251 

Del juez Mohamed ben Abdala ben abi Isa, 252 

Del juez Mondir ben Said ben Abdala El Belloti 256 

Del juez Mohamed ben Ishac ben Asalim 257 

Indice de nombres proplos 261 

Correccl6n al t&xto irabe ■ . . 271 






PR6L0G0 DEL TRADUCTOR 



La plena conviction de que la crdnica de Aljoxani 
es una de las mas interesantes y que mejor se prestan a 
realizar estudios acerca de la vida social de la Espana 
musulmana durante el emirato de los Omeyas, ha sido 
el principal motivo que me ha impulsado a publicar 
el tcxto afabe y su traduccitfn espaflola. A mi modo 
de ver, es la crdnica que nos pone en contacto mas di- 
recto con aquella sociedad: ninguna otra permite que 
penetremos tan adentro ni tan objetivamente. Para 
que el lector pUeda cerciorarse de los fundamentos de 
esta opinidn mfa, voy a esbozar, a guisa de prdlogo, 
un somero indice de las materias que en elja pueden 
ser estudiadas. 

El autor y su obra — Aunque el cronista, Abuab- 
dala Mohamed ben Harit El Joxanf, fue un extranjero, 
nacido en Cairuan y avecindado en Andalucia (1), el 

(A Pov-S Boigues, en su Ensayolio-MHotrAfico.iobr* los kisto- 
riaLs y getgrafos arM^af*** (>*■*", '*9«). ^edica un ca- 
? itulo a la vida y obras de este autor Pag. 76. 



VIII 



proyecto de realizar su obra debidse, sin duda alguna, 
a sugestiones de Alhaquem II, y los materials que le 
sirvieron para redactarla fueron exclusivamente espa- 
noles: colaboraron multitud de personas de Cordoba 
y de Andatucia, desde el monarca hasta individuos de 
las clases mas populares. Para probar este aserto bas- 
tard enumerar 

Las fuentes.— Tuvo a su alcance todos los me- 
dios de informacion que podlan proporcionarle las re- 
comendaciones del prlncipe (1). Unas son escritas: el 
archivo de la Casa Real, donde se conservaban aun en 
aquel tiempo copias de cartas reales expedidas por 
rnonarcas anteriores (2); el archivo de la curia de los 
jueces de Cordoba (3), en donde quiza se encontrara 
alguna providencia judicial que se cita como docu- 
mento histdrico (4); documentos particulars que se 
conservaban por ciertas familias (5); y algunos libros, 
de cuyo autor apenas dice nada (6), o si nombra el au- 
tor (7) omite el titulo y naturaleza de la obra (8). 

(i) AlhAquem II tenia apuntes personates suyos acerca de los 
jueces de C6rdoba. Vide AlfaradJ, edicttn Coders, biog. 1.4307 
biog. 1.605, 

(2) Veanse pdga. 92 y 93 de la traducci6n, 

(3) P*B- '38- 

(4) »B- 35- 

(5) Entre cllos se desltearon algunos evidentemente falsos, como 
la carta citada en la p&g. 47, inventada, sin duda, por vanidadea fa- 
miljares. 

(6) P&ga, 63/91, 

(7) P&g- 147- 

(8) Una vez nos dice que lee una noticia hisl6rica, pig. 56, y 



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IX 



Pero esta se halla principalmente fraguada median- 
te tradiciones orales, por narraciones que corrian en- 
tre las varias clases sociales de Cordoba, desde las que 
se referian en las tertulias de los palacios, del monar- 
ca y de la nobleza, hasta las que recitaban publicamen- 
te los narradores de plazuela en los arrabales y barrios 
bajos. 

Cada clase social conserva aquellos relatos histdricos 
o novelescos que por simpatia o interes propio le son 
mas caros o agradables, bien porque halagan su vani- 
dad o porque favorecen la causa politica o religiosa a 
que esta adherida. El asunto mismo de la narracidn o 
la manera de contar el suceso hacen bastante visible el 
medio social en que se ha transmitido: se nota con su- 
ficiente claridad que en esta crdnica hay narraciones 
que suponen la transmisidn entre familias de raza o 
abolengo arabe (1); otras tradiciones han debido con- 
servarse vivas en centros Hterarios y religiosos, entre 
gente letrada clerical, ulemas y faquies (2); otras han 



no cita la naturaleza del documento u obra en que se halla consig- 
nada. Indudablemente debi6 utilfzar algunos apuntes o libros al re- 
ferir sucesos contados por Abdelmelic ben Habib, Ahmed ben Oba- 
da El.Roaini, Jalid ben Sad, Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman, 
Mohauidd ben Guadah, Mohamed ben Omar ben Lobaba, Ahmed ben 
Baqui y Obaidala ben Yahia, testimonios que cita a menudo, pues 
casi todos ellos escribieron apuntes hist6ricos o libros acerca de An- 
dalucia. El unico libro que cita en la pag. 147, es desconocido. 
(1) Tale3 cofflo las contenidas en las pags, 60, 6l, 98, ioo, 134 

y >35- 

(2J Pags. 73, 83, 87, 89, etc., etc. 



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sido forjadas y transmitidas por sujetos algo rebeldes, 
mal avenidos con el regimen politico o social domi- 
nate y aun sospechosos de heterodoxia, como ciertos 
ascetas y ermitattos (1); y muchas son anecdotas popu- 
lares que la plebe de todas partes gusta de repetir, 
porque son censuras acerbas contra curiales, a quie- 
nes detesta, o contra beatos con quienes no simpati- 
za (2). Algunas de ellas conservan todavia rastros de 
haber sido transmitidas en lengua vulgar romance de 
Cdrdoba, traducidas al arabe por nuestro autor, el 
cual las traslada ordinariamente integras. Alguna vez, 
sin embargo, suprime parte de la narracidn o nos da 
un mero resumen, porque consideraba el que ciertas 
narraciones eran demasiado corrienles y muy sabidas 
y divulgadas (3), o tan desproporcionadamente iar- 
gas (4) que no cabian en su obra. 
Esta se halla constituida por todas esas narraciones, 

^ 

sin que el autor se meta en digresiones largas ni ex- 
plicaciones personales suyas: despues de exponer en 
el proemio por cuenta propia lo que el cree perti- 
nente para explicar la formacion de su libro, comien- 
za ya desde luego a inserlar las narraciones ajenas, 
sin hablar por si personalmente mas que en poquisi- 
mas ocasiones. Cuida casi siempre, eso si, de autori- 



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fags. 5*43.44. 57> 7'. 132, etc. 
Pags. I iz y 159. 

Pags. 101 y 143. 



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XI 

zar las noticias con el nombre o naturaleza de la per- 
sona que se las ha comunicado. 

Critica del autor.— No es muy severa ni escru- 
.pulosisima: se muestra excesivamente credulo en ad- 
mitir ciertastradiciones forjadas por personas que no 
eran de fiar; pero hay que decir que aquellas se refieren 
principalmente a los primerosliempos, epoca sobre la 
que reina mucha osCuridad en los testimonios o hay 
casi carencia de noticias; y es dificil que un autor de 
aquellas edades y aun de otras se contente con decir 
que no sabe una palabra: ortodoxos y heterodoxos se 
dieron el gusto de inventar fabulas histdricas que fa- 

vorecicsen a su secta respectiva. 

Para informarse acerca de algunas invenciones de 
los malequies ortodoxos, leanse las pa"ginas 38, 41 , 43, 
45 y 62; y respecto de heterodoxos, es muy curiosa la 
invencidn de la historia de los tres primeros jueces de 

Cordoba. Este asunto merece consideraciones espe- 
ciales que vamos a exponer. 

Dozy, ensus Recherches sur I'histoire et la llttera- 
tare de V Espagne pendant te Moyen Age (3/ edicidn, 
tomo I, pag. 34 y sigs.) , presenta como ejemplo de la 
credulidad y falta de critica de los tedlogos espafloles 
de aquella epoca el haber creido las falsedades que 
acerca de los primitivos jueces de Cdrdoba forjaron 
los sabios de Oriente,particularmente los egipcios. Tal 
afirmacidn es completamente inexacta. Dozy, quetra- 

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duce en las p&ginas anteriormente citadas un largo 







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XII 

pasaje de nuestra crdnica, y se ve que la estudio con 
gran carifto, no se enlerd, sin embargo, de la verdad 
en este punto. 

El verdadero inventor de esa novela no es un orien- 
tal, como 61 afirma, sino que es un andaluz, un cor- 
dons, Ahmed ben F£rech ben Montel; y el que la 
acepto" como verdadera no era un tedlogo espaflol, 
sino AJjoxani, es decir, un extranjero. 

Hay indicios de que los tedlogos espafioles ortodo- 
xos de aquella edad y de tiempos posteriores tuvieron 
buen cuidado de no aceptar aquella novela: Aifaradi, 
que en su Hlstoria de los uletnas de EspaHa copia de 
Aijoxanf la mayor parte de las noticias biogrdficas de 
los sabios espafioles consignadas en esla crdnica, no 
dice una palabra de los tres primeros jueces (l),a pesar 
de haber tenido delante una copia autSntica de Aijoxa- 
nI (2): indicio vehemente de que no acepto" la false- 

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dad. Es mas: en la biografia num. 127, quees la de 
Ahmed ben F^rech (inventor de aquella), nos pre- 
senta a 6ste como sujeto muy sospechoso (3). El autor 
que posteriormente tuvo la debilidad de aceptarla fue 

(l) Henalcutja da noticias de ca B i todoa los juecee del perio- 
do del omlrato y no inenciona a esos trea primeros jueces. Ajbm 
Mackmua,v&**\o 9 primitives jueces militares„pero no a esos. 
Bbnadari, nombra a muchos jueces de C6rdoba; a esos no. 

(a) Vease pag. 6 de su Historia de los uhmas, edicidn Codera, 
donde dice que leyo la obra en un manuscrito aut6grafo de Al- 
joxani. 

(3) Tambien tnsmua que son sospechosos algunos de los testi- 
monioa que AijoxanI uliliza en esta crdnica, v. gr., Mohamed ben 






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XIII 

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el historiador Abenhayan, de cuyas obras pasd a la 
Tecmila (1), diccionario biografico que escribio Bena- 
labar: este copio como verdaderas las noticias referen- 
tes a los tres primeros jueces. 

La invencidn tiene su intringulis que no era fficil 
descifrar en tiempos de Dozy. Hoy, despues de los es- 
tudios del docto historiador de la filosofia y de la teo- 
logia musulmanas, D. Miguel Asin, sobre Abenma- 
sarra y su escuela: origenes de la filosofia hispa- 
no-musulmana (Madrid, 1914), se puede ya vislum- 
brar claramente la explication de aquella fantasia his- 
tdrica. 

La invencidn esta hecha con el propdsito de favore- 
cer a una sectapolitico-religiosa, que tenia muchosse- 
cuaces en Andalucia. Ahmed ben Farech ben Montei 
era, segun dice Alfaradi (obra y biografia citadas), un 
masarri, es decir, un nacionalista andaluz, unmistico- 
heterodoxo del partido antiarabe, sujeto que pertene- 
cia a una escuela que ocultaba sus doctrinas tras el 
veto de los simbolos. La invention tiene el simbolismo 
que caracteriza la enseflanza y la doctrina de los masa- 
rries. Basta fijarse con un poco de atencidn en el nom- 
bre y apeliido de los tres jueces y observar lo que de 



Gualid (vide la edici6n Codera de AtFA^Abi, biog. 1.178), Ali ben 
abi Xaiba (biog. 918) y Otman ben Mohamed (biog, 900), De este 
dice que ersimentiroso* 

(j) Tecmila, biogs, 1,162 y 1,163, fcdicitin Codera, De esta pas6 
a otras obras posteriores, v* gr, t la de Almaccakl Vease tonio II 
(ediclon de Leyden), pag. 40. 






XIV 



cada uno de ellos dice, para descubrir el simbolismoy 
la intencion politico-religiosa del inventor. 

El primer juez de Cordoba fue, segun la novela for- 
jada por el masarri, Mahdi ben Moslim (apeliidos 5ra- 
bes que traducidos literalmente al castellano significan 
un mesi'as hijo de un converso o renegadq). Cuenta 
de el que era un espafiol converso procedente de muy 
buena familia; hombre tan sabio que escribid, en el 
diploma de su nombramiento que el mismo redactd, 
las pritnitivas constituciones por las que hubierpn de 
regirse tos posterioTes jueces de Cdrtfoba, 

Con esto el inventor seguramente trataba de afirmar 
que el Mesias, o restaurador de la ley islamica, no ha- 
bla de ser de raza arabe; y que a la sabiduria de un 
andaluz se debe la fijacidn de la pauta a que habia de 
sujetarse el ejercicio del cargo de juez. Casa todo esto 
perfectamente con los ideales nacionalistas masarries. 
Al segundo juez Ilamdle Antara ben Felah (es decir, 
un intrepido hijo 'de un labrador). Cuenta de el que 
era hombre poco instruido y tan ignorante, que no 
sabla hablar; sin embargo, tuvieron tal eficacia sus ora- 
ciones, que mediante su intercesidn con Dios las llu- 
vias fueron muy copiosas en toda la Andalucia. 

En este juez se simbolizaron indudablemente las ten- 

dencias democniticas y socialistas del partido masarri. 

Al tercer juez de Cordoba le apellidd Mohachir ben 

Naufal EI Coraxi (es decir, uno de la tribu de Co- 

mix, de los que salieron de la Meca con Mahoma, hijo 



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de una calamidad). Cuenta de el que en las audiencias 
publicas estaba siempre hablando de Dios y dando 
buenos consejos; pero despues de su muerte, al ser 
enterrado, ocurrid un suceso maravilloso que indicaba 
de modo inequivoco que aquel noble arabe que siem- 
pre tenia el nombre de Dios en la boca, se fu£ de ca- 
beza al infierno. 

Se ve, pues, bien claro que el masarrl inventor de 
la historia de estos tres jueces, como buen nacionalista 
espafiol, odiaba a la nobleza arabe, y era partidario de 
que 1os cargos religiosos fueran desempefiados por es- 

paftoles. 

En una palabra, la invencidn obedecio a impulsos 

de parcialidad de una secta genuinamente andaluza. 

Pons Boigues (1) tuvo la debilidad, no solo de acep- 

tar las opiniones de Dozy, sino de atreverse, extre- 

mando las cosas, a estampar frases muy despectivas 

contra la crdnica de Aljoxani, que no tienen fundamen- 

to ni justificacidn alguna. 

Pons cree advertir en esta cronica "el espiritu nove- 
lesco y fantastico, la misma tendencia a lo spbrenatu- 
raly maravilloso, mezclandose la verdadera historia 
con las consejas y leyendas (de importacion egipcia 
segfin Dozy) que corrian entre el vulgo, y embrollan- 
do con esto la historia arabigo-hispana de los prime^ 

ros tiempos„. 



(,) En si. Ensayo l>io-biblio V Afico sobre hs historiadorts antes 
citado, pag. 76 y siguientes. 



ft 



XVI 



Yo no advierto en esta obra de Aljoxani, ni creo 
que nadie adverting el menor rastro de lo sobrenatu- 
ral, ni el prejuicio teoldgico, ni aun siquiera el fanatis- 
mo politico o adulacidn en favor de la dinastia reinan- 
te. El autor respeta y venera, claro es, a los monarcas 
cordobeses, que le favorecen y sustentan; pero el prin- 
cipe Alhaqnem debid ser hombre de criterio tan hol- 
gado, que dejd a Aljoxani que pusiese en esta obra, 
entre las narraciones populares, algunas que no disi- 
mulan graves defectos de los monarcas antepasados 
suyos o que suponen desden hacia cosas respetables 
para la ortodoxia dominante. Realmente, en los tiem- 
pos de la juventud de Alhaquem, reind en Andalucia 
un espfritu mucho mds amplib del que suponen las 
ah'rmaciones de Dozy; hablan pasado ya los tiempos 
en que los temores politicos o religiosos pudiesen im- 
pulsar a no consentir que los subditos recordaran 
ciertas debilidades de los difuntos monarcas. 

Es cierto que alguna vezse observa en Aljoxani deli- 
berada intencidn de callar, silencio quesupone oculta- 
cicSn voluntaria de verdades sabidas por muchos, verbi- 
gracia, al hablar de los jueces de Alhaquem I (1); pero 
debemos decir que no sustituye la verdad con menti- 
ras: lo umco que hace es omitir ciertos relatos, de|an- 
do translucir que los omite por razones de prudencia. 
Importancla de la obra.— En resumen, Aljoxani 
ha compuesto un precioso mosaico histdrico formado 

(r) Pags. 95y 9 6. 



XVII 



con multitud de pequenas narraciones, agrupadas. 
linicamente por personas, es decir, poniendo bajo el 
epigrafe de cada juez las diversas noticias de proce- 
dencia variada que a el se refieren, sin intento de ha- 
cer una narracidn original suya, antes bien trasladando 
integras, las mas de las veces, las noticias sin transi- 
cidn alguna, sin afiadidos ni pegaduras retdricas. Por 
consecuencia, no es su obra un cuadro sintetico para 
cuyo conjunto uniforme se hayan fundido las noticias, 
sino una conlinuada sucesidn de relatos expuestos tal 
ycomo han Ilegado a su conocimiento. 

Esa acumulacidn de materiales podra" constituir una 
obra de poco atractivo, por la escasa belleza literaria 
dela forma; tal vez parezca pesada, mondtona e insu 
frible al lector distraido que vaya en busca de la ame- 
nidad; mas si 6ste es curioso y observador y desea 
conocer a fondo aquellos tiempos, encontrara" ana 
mina de anecdotas interesantfsimas, cuadritos pro- 
saicos, pero reales, de escenas contadas, en la mayo- 
rfa de los casos, por testigos presenciales. 

El estudioso que trate exclusivamente de enterarse 
de la verdad, tal como es referida por personas senci- 
Uas, podra" ver en esta crdnica con cuanta realidad se 
han retratado ciertos personajes, cual en fotografla 
instantanea: monarcas como el duro y nervioso Abde- 
rrahmen I (1); el suave, manso y bondadoso Hi- 
xem I (2), y el energico y resuelto Alhaquem I (3); 

4 

(i) Wg- S* (2) Pag. 57. (3) P&g. 58. 

B 



XV in 



jueces como el acicalado y elegante Abenbaxir (1), e 
silencioso y grave Amer ben Abdala (2) y el escrupu- 
losisimo, pero vanidoso, Mohamed ben Selma (3), 6 
el tipo soberbio del teologo jurista Yahia (4). 

Algunas clases sociales de aquel imperio se nos pre^ 
seritan con ciertos rasgos muy acentuados, v. gr., la 
ambicibsa y ladrona nobleza de Coraix (5). Con fre- 
cuencia se ven aparccer, como en escena cinematogri - 
fica, a Ios pajes de palacio, los eslavos, como reca- 
deros o intermediarios entre el monarca y sus subdi 
tos (6); se puede percibir la intervencidn en los nego- 
cios de Estado de ciertas familias de abolengo espa- 
flol, como los Beniabiabda (7), los Benimuza (8), 
los Benimajlad, etc.; a veces salen a escena persona- 
jes cristianos, ascetas y ermitanos musulmanes (9) y 
hasta una monja de esa misma religidn, cosa que a 

primera vista sorprende (10). 

Aparte de esto, deja Iranslucir en algunas ocasiones 
el movimiento de partidos politicos y facciones, inclu- 
so nacionalistas (11); nos presenta al pueblo de Cordo- 
ba y de Andalucia con sus preocupaciones sociales (12) 



(i). Pag. 71. (2) Pag. US- (3) Pag. : 206. (4) Pag- '.. 

(5) I'ags. 53, 54, 55, 58, [45. etc. 

(6)' Pags. 58, 59,74- 82, 87, 128, 163, 179, 188," 193 y 2t 9- 

(7) P^g- 9'. 

(8) Pag. 96. 

{9) Pags. 76, 84 y 210. 
(lol Pag. 203 " ' ' 

(11) Pags. 12, 17, 18, 20, 21, etc. 

(12) ' Pags. 10 y 123. ' 






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XIX 



y religiosas (en los procesos de su Inquisicidn) (1), con 
su puntillo de amor propio andaluz (2), su veneracidn 
por la nobleza del saber religioso (3) que no rifle con 
el desden mas soberano hacia el infeliz maestro de 
escuela (4). En muchos casos nos hace conocer cos- 
tumbres populares de la vida piiblica y dom&tica; 
nos traslada adagios y frases del pueblo (5); y hasta 
inserta una coleccidn de chistes a que en ciertas epo- 

cas fueron los andaluces, por lo visto, muy aficio- 
nados (6). 

En una palabra, la crdnica nos pone en medio de 
Cdrdoba en los tiempos del emirato, dandonos la im- 
presidn de la realidad, cual ninguna otra historia eru- 
dita o literaria es capaz de producir. Nos cuenta cosas 
futiles, escenas vulgares, sin grandezas ni aparato de 
conjunto; pero esa inatencidn artfstica, esas descuida- 
das narraciones consienten el estudio de fendmenos 
sociaks, que en otras crdnicas no aparecen siquiera 
esbozados m* aludidos. Vamos a examinar uno de 
ellos que pueda servir de ejemplo, a saber: la lengua 
usada por el pueblo de Cordoba en aquella edad. 
Hasta no hace mucho, estudiada la historia de los 
:| mus'jlmanes espafloles unicamente en crdnicas gene- 

rales y narraciones forjadas por historiadores literatos, 
se habia formado !a opinidn de que el uso de la leri- 



(l) Pags. 127 y 154. (2) Pags. 223 y 347. 

(3) Pags- 15, "9y52- (4) Pag. 129. 

(5) Pags. 46, 108 y 166. (6) Pag. 229 y sigs 



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gua drabe, desde los primeros tiempos, se habia ge- 
neralizado en Andalucia, y que los musulmanes anda- 
luces hablaban todos o casi todos el arabe. Esa es la 
opinion que formd Dozy y la que expuso en sus obras. 
Nuestro Simonet, el docto historiador de los moza- 
rabes, nolo que se usaban en muchos libros arabigos 
palabras latinas y romances, y llegd a la conclusion 
de que estas debieron ser transmitidas por los moza- 

rabes (1). 

Pero la prescnte crdnica nos pone en relaci<5n in- 
mediata con el pueblo de Cordoba y permite certifi- 
carnos completamente de que, en tiempos de Alha- 
quem II, cerca de tres siglos despues de la conquista 
arabe, aun habia sabio espafiol musulman que se ufa- 
naba de hablar en romance (2) y afirmaba que a los 
espafioles les era muy diricil expresarse en arabe; que 
en los primeros siglos despues de la invasion habia 
en Espafia completa carencia de hombres instruidos 
en la ley religiosa (3); aun en epoca posterior hubo 
escascz de hombres couocedores de la cultura arabi- 
ga (4) y no chocaba el que el propio juez de Cordoba 
no supiese hablar. 

(i) Vease, para precisar el alcance de estas afirmaciones de 
Dozy y Simonet, mi Discurso leido ante la R. A. Espaiiola. Impren- 
ta Iberica, 1912, pags. 19 y siguientes. 

(2) Pag 23 t donde aparece que cl inventor de la farsa de tos 
tres primeros jueces de Cordoba se hace llamar achami, es decir, 
tatinado. 

(3) P^gs-38y39- 

(4) P*g- 107- 



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Por otra parte, nuestra cronica hace intervenir a 
los pajes de los monarcas, transmitiendo ordenes o 
recados a ministros, jucces y personajes de Cordoba, 
y esos pajes tienen apellidos latinos, v. gr., el paje 
Vicent (I) (nombre que parece Catalan); al padre de 
Nasar, el eunuco favorito de Abderrahmen II, nos lo 
presenta en la calle hablando en romance con las per- 
sonas del cortejo del juez de Cordoba (2); a un popular, 
y prestigioso cordobes, llamado Yenair (Giner) , leve- 
mos expresarse en romance ante el propio Consejo de 
ministros, los cuales transmiten al monarca las frases 
romances que aquel habia pronunciado. El propio juez 
de Cordoba habla en romance en la misma. sala del 
juzgado, a tiempo en que estaba despachando en au- 
diehcia publica (3). Hasta en tiempos de Abderra- 
nien III aparecen en escena varios sefiores de la no- 
bleza andaluza que eran Litinados (4), y nos cuenta 
Aljoxani que ese monarca, en cierta ocasidn, estuvo a 
punto de elegir para juez de Cordoba a un individuo. 
que era completamente latinado (5). 



(l) Dozy, en su Histoire des Musuimans d*Espagne t tomo II, 
pag< 6o, se decide por ltamar a esle paje Yacinto o Jacinto^ si- 
guiendo a uno de los mas modernos historiadores espanoles, Bena- 
labar. Sin embargo, el Ajbar Machmua escribe <i*tf {Bznt); BE- 
N*lcutia <*3ij4 (Brnt) (por faltarle un punto alas),y el manuscrito 
de nuestra cr6nica, que es bueno, coincide con el Ajbar Mackmtta 
I <iitf (Bsnt). La lectura que ofrecen los mejores y mas antiguog 

i manuscritos nos autorizan a Uamarle Vicent (en arabe no hay v). 

j (2) Pag, 136. (3) p ^g- ! 7>- 

(4) Tags. 237 y 234, (5) p *g- 234. 




XXII 

Por consecuencia, de la lectura de esta crdnica se 
infiere que la lengua romance, la nacional, era co- 
rriente en aquelia epoca entre musulmanes de toda 
clase social en la misma capital del islamismo (1). 

En cambio, como contraste digno de notar, nos 
presenta esta cronica ejemplos por Ios que se ve que 
ciertos cristianos de viso en la ciudad de Cordoba, in- 
fluidos por la cultura oriental, que iba infiltrandose en 
las clases superiores, mas acomodaticias, se habian 
arabizado hasta el punto que sobresalieron en el arte 
de escribir en arabe y llegaron a desempefiar la secre- 
taria del monarca cordobes, mientras algunos jueces 
musulmanes de la capital, inferiores en cultura litera- 
ria, eran incapaces de pronunciar en arabe un sermon 
aprendidode memoria. 

Pero el asunto m^s interesante de esta crdnica, na- 
turalmente, es su materia principal, es decir, 

La historia de los jueces.— Nos pone en comu- 
nicacidn con estos en su vida familiar, en su marcha 
por la calle, en las audiencias publicas dentro de la 
mezquita aljama. De ese modo podemos ir estudian- 

(i) Teniendo en cuenta estas observaciones, no ha de extraiiar 
que aparezcan relatos en las cr6nicas, que muestren huella de haber 
sido transmitidos en romance entre los mismos musulmanes. De 
uno de los narradores hist6ricos de C6rdoba de la tercera centuria, 
Mohamed ben (Jundah, que mas narraciones de sucesos histc-ricos 
comunicu a nuestro autor Aljoxani y van consignadas en esta crd- 
nica, se dice que no sabia arabe (veaae la biograffa 1 134 de la obra 

de ABASALfARADf,. 



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dp to das las funciones de esa dignidad, que consti- 
tuyo el mode^o de la organization judicial en la Es- 
pafia musulmana: fendmeno social quo no es ajeno a 
las organizaciones posteriores en los paises cristia- 
nos limitrofes (1) y no limitrofes. 

Qui6n nombra al juez de C6rdoba. — Lo nom- 
braba el soberano, en quien residtan de modo eminen- 
te todas las facjltades judiciales (2): consider&base al 
monarca como juez nato (3), y de la fuerza de su au- 
toridad pendla la eficacia de las resoluciones de los 
jueces (4); pero como el pueblo de C<5rdoba en [nu- 
chas ocasiones se mostrd muy celoso de sus intereses, 
y durante largo tiempo poseyo bastante vivo su civis- 
mo, insinud su intervencidn en la forma en que po- 
dia (5), imponiendo al monarca la condicidn de que 
el juez fuese grato y acepto al elemento popular (6). 
No ha de extranar, por consiguiente, que los monar- 
cas tomaran precauciones paia acertar en su nombra- 
miento (7): al efecto, consultaban con ministros y per- 
sonas.de prestigio en Cordoba, los cuales indicaban 



(i) Si yo hubiese podido aprovechar esta cr6nica cuando esori- 
bi los Origenes del yitsticia de Aragon, ciertas demostraciones las 
hubiera podidoexponer con pru'ebas mas completas. 
- Cada vez me afirnio mas en la creencia de que la .cultura cientf- 
fica, literarin, artistica, politics, etc*, de la Europa medieval no po- 
dra ser plenamente expiicada sin el estudio profundo de la historia 
de la cultura de los .paises musulmanes y, en particular, de Espaiaa. 

(2> Pag. 6. (3) rag. 58. 

( 4 > Pags. 6,. 88 7: 1 53- ■ " - (5) **&• <3> I02 > u6yi3o. 

(6) P&gs. 52 y 110. {7) Pags. 9, 1 r, 14 y 83. . 



XXIV 



candidates (1). Son raras las ocasiones en que los jue- 
ces de Cordoba fueron nombrados sin consulta pre- 
via (2), por consideraciones de mera simpatia personal 
o porintriga polttica (3). 

Numero de jueces.— Se nombraba uno solo, y 
este habia de desempeftar personalmente las funeio- 
nes sin delegar en otro que le sustituyera: cuando la 
edad o los achaques no consentian el ejercicio perso- 
nal y directo del cargo, se le destituia y se nombraba 
otro. 

En una sola ocasion se cuenta que el monarca es- 
tablecio turno entre dos jueces que alternaban ejer- 
ciendoun ailo cada uno de ellos; pero.se refiere a 
tiempos en que por su Iejanfa no es posible, a mi jui- 
cio, asegurar plenamente la veracidad de las tradicio- 
nes orales (4) en este punto. 

Cualidades de los jueces: cualidades intelec- 
ttiales.— No parece que en los primeros tiempos 
bubo de haber mucha exigencia en la instruccion lite- 
raria, ni siquiera'teologica ni aun juridica. Fueron 
nombrados bastantes jueces que no las tenian (5); al- 
guno de ellos fue tachado de supino ignoranton (6). 
Cuando verdaderamente eran instruidos (7), los narra- 
dores histdricos lo hacen notar: si algun juez es hom- 



(i) Pags. 63, I9r,2i 4 y2i5. (2) Pag. 139, 

i3) p ags- 234 y 235. (4) Pag. 50. 

i$) Pags. 61, 62, 200, 20 1 y Z09. (6) Pag. 116. 

(7). Pags. 98, 99 y 100. . 



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bre ducho en materiasnotariales (1), lo dicen; si sabe 
un poco de literatura (2), lo declaran; si es verdadera- 
mente literato, no dejan de consignar tal noticia, di- 
ciendo que sabe escribir al dictado (3) o redacta do- 

% cumentos en forma rctorica elegante (4), o es muy 

X culto (5), o es orador (6). 

1- No debe sorprendernos su poca instruction literaria 

-J y aun la juridica y teoldgica, si se tiene en cuenta, 

como luego vereraos, que en su curia habia casi siem- 
pre algfin letrado o letrados que eran consejeros tec- 
nicos suyos, los mufties, cuyo dictaraen pudiera seguir 
en sus decisiones. 

Cualidades morales.— Estas son las que princi- 
palmente exigia a sus jueces el pueblo andaluz. Los 
jueces de Cdrdoba se distinguieron generalmente por 
su integridad, de que era prenda la escrupulosa pu- 
blitidad de sus actos judiciales (7), acompanada or- 
dinariamente de la llaneza-de trato y la simplicidad de 
vida que rayaba frecuentemente en el ascetismo (8). 
La mayoria de ellos fueron popularisimos por la va- 
lentia de su equitativo criterio en la administracidn de 
justicia (9)'y su energica resolucidn (10); de modo que 



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Pag. 197. (2) Pag- * 57- 


(3) 


Pag. 89. (4) ^g. 142. 


(s) 


Pigs. 192, 239 y 256, (6) Pags. 194, 195, 196, etc 


(7) 


Pags. 115 y 139. 


(») 


Pags. 98, 104, 105, 107, I"*'. '37 y 20 3- 


(9) 


Pags. 53, 54, 55,76, 121, 197 y 205. 


(IO) 


P&g. 140. 



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XXVI 

por la constancia y firmeza de caracter de. los. que ocu- 
paron esa dignidad, convirtieronse en principios poli.ti- 
cos de aplicacion practica , las normas de igualdad so- 
cial establecidas por la ley religiosa (1): los jueces da- 
ban ejemplo con su resuelta actitud contra las demasfas 
y aun actos depredatorios de la despdtica nobleza de 
Coraix, contra palaciegos y cortesanos (2) y, en bca- 
siones celebres, contra los monarcas mismos (3), los 
cuales tuvieron que aceptar como criterio de go bier- 
no esas normas democraticas o igualitarias. 

Como fendmeno curioso puede citarse el cuidado 
que pusieron algunos monarcas en no elegir para el 
cargo de juez a sujetos que tomasen las cosas a bro- 

ma,sinoque escogian a los andaluces formalesy se- 
rios (4). 

La cualidad de hombres religiosos y buenos musul- 
manes la exigia la circunstancia de que el juez de Cor- 
doba habia de ser, por delegacidn del monarca, jefe 
de la oracidn en los oficios solemnes de la gran mez- 
quifa; pero como no era esencial que las dos dignida- 
des (la de juez y la de jefe de la oracidn) estuviesen 
desernpeiladas por un solo individuo, pudo' ocurrir el 
caso siguiente: llegd tiempo en que el monarca cordo- 
bes nombrd juez de Cordoba a un espaflol de raza; 
los arabes de, Cordoba no quisieron consentir que un 

(r) Pags. 57, 86 y 87. . ... 

(2) Pags. 1 1 , 63, So, 8 1 , 82, 90, 1 05, 1 24, 1 36, 1 46, 1 49, 1 52 y 1 58. 

(3) Pags. 65, 66 y 173. ... _ , 

(4) Pags ir 106 j 238. , . 



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individuo no arabe les presidiera en los oficios religio- 
sos. El monarca, en'onces, separo esos dos cargos, 
dando el juzgado al espanol y la presidencia de la ora- 
tion en la mezquita a un arabe. Desde entonces que- 
daron muchas vecesseparados(l). 

Los jueces, en su calidad de jefes de la oracion, en 
algunas ocasiones tuvieron sustituto (2). 

La raza de los jueces.— Mientras los hombres 
de estirpe arabe formaron casta aparte y conservaron 
preponderancia guerrera y politica y tuvieron fuerza 
para acaparar los cargos publicos, pudieron impedir 
que fuesen ocupadas las magistraturas por hombres de 
raza espafiola: mostr£ronse celososdel eleraento espa- 
flol (3); pero a medida que fueron mezcl&ndose con 
mujeres espaHolas y el correr de los tiempos hizo po- 
sible la intervencidn de los conversos espanoles en 
los asuntos publicos, fueron aquellos sobreponiendor 

se al elemento arabe. ■ 

El juzgado de Cordoba fue ocupado primitivamente 
y durante largo tiempo por Srabes siriacos (4), o por 
egipcios (5), es decir, por Jos arabes maVtivilizadosy 
mas educados para la vida ciudadana, por fiaber vivido 
sus antecesores en regiones enclavadasen el gran im- 



<i) Pags. 144, 2ri, 213, 237, 252 y 257. ■ 

(2) P&g. 216. 

(3) P^g. 91. 

(4) Pags. 38, 55, 89, 96, 98 y 200. Recuenjese que la historia de 
los tres primeros jueces de esta cr6nica es pura.invenci6n, 

(5) Pigs. 63 783. 









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XXVIII 

perio romano o bizantino. Se ve, pues, por este sold 
indicio que los Omeyas tuvieron cuidado de elegir, de 
entre losarabes, aquellos que mejor pudieran desem- 
pefiar esa magistratura. 

Luego, cuando los hombres de raza espailola se ini- 
ciaron en el conocimiento de la jurisprudencia y la 
teologla musulmanas y se hizo evidente a esos monar- 
cas que los espanoles eran superiores a los arabes. 
comenzaron a nombrar algunos jueces de raza es- 
paftola (1), los cuales fueron realmente los que or- 
ganizaron de modo mas perfecto y acabado aquella 
curia. 

Competencia de los jueces. — En el cargo de 
juez (cadi) reside de modo eminente, dentro de la on 
ganizacidn judicial musulmana, la competencia en to- 
dos los asuntos que han sido regulados por ley reli- 
giosa (2). En este senlido se halla por encima detoda: 
autoridad (3), incluso el propio monarca (4), sus mi- 
nistros (5), palaciegos (6) y la nobleza de Coraix (7). 
Con mucha mayoreficacia es superior a! zalmedina (8), 
al zabazoque (9), al almotacen (10) y a los nofa- 
rios (11), todos los cuales dentro de la ciudad de C6r- 
doba habian de reconocerle como autoridad superior. 



(i) Pags. 144, 238 y.239. (2) Pags. 90, 91, 120, 208, etc, 

(3) p ags. 58, 59, 159 y '63. (4) P4gB. 66yi4i. 

(5) Pag- 167- (6) Pag. 158- 

(7) P&g8.58y67. (8) Pags. 127, 128, 164 y 215. 

(9) Pags. 121 y 200. (ro) Pags. i6r y 244. 

(11) Fag. 247. 



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Hay que notar que la competencia del juzgado de 
la Corte no transpasaba los limites del territorio o pro- 
vinoia de C6rdoba. Las otras ciudades y provincias 
tentan jueces que no dependian de el en jerarquia: si 
en alguna ocasidn el juez de Cdrdoba residencid a al- 
guno de los jueces de provincia, durante el periodo dc 
nuestra crdnica, fue por delegacion expresa y taxativa 
del monarca que le encomendo ese oficio (1); no era, 
pues, el cadi de Cordoba un superior jerarquico de los 
jueces de provincias, aunque se le considerase de ma- 
yor categoria por el prestigio inherente al cargo de 
juez de la capital del reino. 

Los fallos del juez de Cordoba eran inapelables ante 
autoridad superior: unicamente tenia sobre el al mo- 
narca, el cual podia invalidar sus providencias, orde- 
narle que se inhibiese para atraer a si el asunto, o des- 
tituirle; pero los monarcas, en la inmensa mayoria de 
los casos, se abstuvieron de intervenir personalmente, 
y hasta para destituira un jueztomaron la precaucidn 
de abrir informaciones publicas entre los elementos 
mas prestigiosos de la ciudad, sobre lodo cuando las 
quejas del pueblo se hicieron muy patentes (2). 

El cargo era, en cierto modo, vitalicio; y las se- 
paraciones y destituciones se realizaron: o por dis- 
gustos o celos personates del soberano (3); o por ra- 
zones de Estado (4); o por lucha de jurisdicciones con 



<i) Pags. 12 y .65. (2) Pags- i3.8oy 103 

(3) Pftg. 115. (4) Pigs- 174 y 181. 



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otra autoridad (1); o por haberse indispuesto con 
los faquies de la secta malequi (2); o por verda- 
dera impopularidad (3); o por haber caido en desca- 
lificacidn (4) . 

La unica autoridad que podia reaimente reformar 
sus providencias (caso de que el propio juez, median- 
te queja, no las reformara) o residenciarleporsu con- 
ducia, era el nuevo juez que se nombraba al destituir 
al anterior (5); pero se ve que evitaban Jiegar a ese 
extremo, por el desprestigio que al cargo podia resul- 
tar con lassentencias condenatorias del juez destitui- 
do; se esquivaba ese procedimiento, apelando en ca- 
sbs apurados a la prueba de juramento obtenido se- 

cretamente (6). 

La importancia religiosadel cargo (7) y t*condne- 
ta ejemplar que siguieron en su ejercicio los jueces de 
Cdrdoba, hicieron (an respetada su autoridad y perso- 
na, que constituyd timbre de nobleza, por voto popu- 
lar, el hecho de haberlo ocupado (8). Algunas veces 
ejercieron altos cargos en la milicia (9) y sustituye- 
ron a los propios monarcas en sus ausencias de Cdr- 
doba (10). 

Criterlo jurfdico a que se atemperaron.— Aun- 

que en todos los paises musulmanes es ley el Alcordn 

(2) Pag. ioi. 

(4* Pags. 140 y 176. 

(6) Pag. (80. 

(8) Pags. 122, 147, 239 y 240. 

(10) Pag. 233. 



(') 


PAg. 77. 


(3) 


Pigs. 1 1 6, 118 y 177. 


(5) 


p ag9. I7S. 178,2367237. 


(7) 


PAg. 6. 


(9) 


Pags 42 y 87. 



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yla zuna, ha habido diferencias en la interpretation 
y en-su aplicacidn a los casos particulares; riaciero'n 
distintas escuelas ' jurldicas o ritos que fue.ron mas 
aceptos en unos paises que en otros. Habiendo sido los 
primeros jueces de Cordoba de procedencia siriaca, 
es natural que apKcasen a sus decisiones el criterio 
juridico de la escuela de El Auzai (1), jurisconsulto de 
■Siria; pero luego, merced.a las reiaciones frecuentes 
con Cairuan y Egipto (por los viajes de estudio que los 
espafioles realizaban, al cumplir con el deber de ir en 
peregrination a la Meca), fue imponiendose el criterio 
de la escuela de Malic queseguianlosjurisconsultosde 
esos paises; desde entonces menudearon los jueces ma- 
lequies en Cordoba (2); pero alguna vez fue nombrado 
{ quien no lo era (3); los hubo enemigos de esta sec- 

ta (4), y hasta ejercid el cargo uno que fue tachado de 
ateo (5). Yo sospecho que algunos jueces nombrados 
por Alhaquem I, no serian malequles, ni siquiera or- 
todoxos, por cuanto los his'.oriadores han tenido buen 
cuidado de omitir el expresaf su criterio- juridico en 
esta cr6nica y en otras semejantes. Ese monarca tenia 
motivo para odiar a los malequies. 

Dentro de la escuela de Malic, nuestra crdnica ex- 
. presamente consigna que, en aquel entonces, el pue- 



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. (i) Las obras de los jurfcconsultos mas acredUados han sido 
los veidaderos c6digos legalcs en todus los paises islamicos, 

(2) Pags. 78, 81, ioi, u 1, M2 y IZ2. 

f 3 ) Pag. 101. (4) Pag. 109.- ' (5) P*g. «*• 



5- 



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XXXII 

bio de Cordoba gustaba de seguir las doctrinas de 
Abenalc£sim con preferencia a las de Axhab (1). 

Pero por mas que se sujetaran a tales doctrinas, ha- 
bla ocasiones en que los jueces tenian que resolver 
por la equidad natural (2), lo cual les Ilevaba a tomar 
decisiones prudenciales (3), que vinieron a formar ju- 
risprudencia genuinainente espaflola (4), ya en parte 
sustantiva de doctrina (5), ya en materia procesal (6). 
Uno de los asuntos en que la conducta de los jueces 
de Cdrdoba no se atuvo estrictamente a la tradicidn 
musulmana fu6 el castigo de los borrachos: los jue- 
ces de Andalucia se vieron precisados a hacer la vista 
gorda en esta materia (7). 

Orden de proceder.— Al arbitrio del juez queda- 

ba la election del lugar en que habia de ejercer public 
camente sus funciones, bien en su casa (8), bien en 
una mezquita (9); pero lo m3s frecuente y usado fue 
tener el despacho o audiencia en la mezquita alja- 
ma (10). Alii se sentaba el juez, sin grande apara- 
to (11), y ante £1 acudian los litiganles. EI demandado 
tenia que presentarse mediante citacidn judicial (12). 
El orden se conservaba por el simple respeto que el 



(i) Pag. 108. Los dos son discipulos de Malic ben Anas. 

(2) Pag. 169. 

{4.) Pigs. 170 y 218. 

(6) Pfrg. 75- 

(8) Pag, no. 

(10) Pag. 143, etc. 

(13) Pags. 67, 68, 147, 152, 153, 165 y 168. 



(3) 


P&g. 1 72. 


(5) 


Pag, 124. 


<7) 


Pags. 125, 1 26, 208 y 243 i 


(9) 


Paga. 67, 137 y 148. 


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Pag. 72, 




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juez imponia, o porque el publico se interesaba eit 
que lo hubiese (1), o mediante la pena de azotes (2) 
que alii mismo se propinaban, o por amenaza de la 
pena de deshonra (3). 

Demandante y demandado, por turno, exponian he- 
chos y razones, oral y directamente al juez. 

Si al demandado no le era posible acudir, habia 
que comunicarle por escrito la demanda (4), conce- 
diendole para contestar un plazo prudencial que esta- 
ba al arbitrio del juez (5). 

Contestada la demanda, se procedia a la prueba, 
bien documental, bien testifical (6). 

Si el juez dudaba acerca de algun punto de dere- 
cho, podia consultar con los faquies de su consejo, los 
cuales le informaban. Estos informes, en los primeros 
siglos, se exponian oralmente; despues hubieron de ser 
comunicados por escrito, quedando en el archivo ju- 
dicial (7) en la misma forma que las sentencias, como 
documentos de consulta para estudiar la jurispruden- 
cia espafiola. 

Cuando el juez, penetrado bien del asunto, se deci- 
dia a resolver, formalizaba la sentencia con las firmas 
de testigos y procediase a la ejecucion (8). 





t ^uiia» r \ji tua 




<*> 


11 u.i:3[.i a \,iiriui_a dl 


0) 


Pag. J 69. 


Pag. 243. 


(3) 


Pags, 165 y 166. 




(4) 


Pag. 125. 


(5) 


Pags. 79, 248, 249 y 


250. 


(6) 


Pags. 68,69, 70, 71 y79. 


(7) 


Pag. 217. 




(8) 


Pag. 234, 





XXXIV 



puede inferir que para las actuaciones judiciales ha- 
bia un secretario encargndo de la redaccion de los es- 
critos que el juez ordenara (1), especialmente las ac- 
tas oficiales (2). A menudo se citan los adules o tes- 
tigos abonados, cuyo testimonio hace fe; los sayones 
o alguaciles, bien para citar a las partes, bicn para 
cumplir las 6rdenes de ejecucidn de sentencia, y los 
abogados o procuradores (3), que podian utilizar las 
personas de algun viso social, a quienes se dispensa- 
ba de acudir personalmente al juzgado (4). 

En algunas ocasiones, el juez, que era drbitro para 
aceptar o no aceptar la intervencion de esos interme- 
diarios, se oponia a tales representaciones exigiendo 
la comparecencia personal de la parte interesnda (5). 

Acer ca del archivo judicial se dan algunas referen- 
cias (6). Del sueldo que disfru'aban los jueces se ha- 
bla en varios pasajes (7). 

Comparaci6n con los jueces de otras comar- 
cas orientates. — Leyendo la cronica de Aljoxani, 
causa algo dc sorpresa la forma poco aparatosa, fa- 



(i) Pigs. 144, 209 y 210. 

(2) P& R . 77- 

(3) P*g- ■»<>. 

{4) Pag-*. 66, 1 1 4. y 148. Aparte <le estos funcionarios, dependfan 
del juez d J Cordnba los imf>ectores o adniinistradores de las ir^ados 
plos de la capital. Hi juez Ins nombraba y les hacia rendir cuentns. 

(5) P&g. '66. 

(6) Pags. 143. '80, 215 y 236. 

(?) P»g s - S'. '56, 302, 205 y 212. 






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XXXV 



miliar y patriarcal en que durante ese periodo se ejer- 
ce la funcion de enjuiciar en la capital del reino: se- 
meja a veces la simplicidad y llaneza de un juzgado 
de paz en un pueblecillo de la sierra, y cuesta traba- 
jo explicarse el prestlgio inmenso que esa auloridad 
ilegd a tener en Espaila; pero se hace evidente la 
alteza moral que fue adquiriendo el cargo, si se 
comparan los jueces de Cordoba con los de otras 
comarcas musulmanas orientales. El historiador ^ra- 
be EI Quindi escribio la historia de los jueces de 
la capital de Egipto (1). La compaction es muy 
sugestiva. 

Egipto fue una de las comarcas cuyos sabios influ- 
yeron mas en las doctrinas juridicas que se aceptaron 
en la Espafia musulmana; sin embargo', el juez de 
Cordoba apenas se parece al juez de Egipto. 

Et juez de Egipto tiene jurisdiccidn sobre extensisi- 
mo territouo: alguna vezllego hasta las provincias de 
Palestina, Jordan y Damasco (2). 

En su curia se detiden no solo los pleitos entre los 
musulmanes, sino tambien entre cristianos y enfre ju- 
dios (3)". 

No sc5to se cine el juez a entender en asuntos civi- 
les, sino que tiene tambien jurisdiction criminal (4). 

(i) Governors and judges of Egypt 'e by El, Ki.NDi. E. J. W. Gibb 
Memorial. Vol. XIX. 

(2) Vease pag. 480 de la edici6n de El Quindi antecitada. 

(3) Pi gs- 35' y 390 obracitada. 

(4) Pag. 309. 



-*-=-. -M 



^ 



XXXVI 

AI cargo de juez se unieron, algunas veces, cargos 
politicos, extraflos a su misidn religiosa (1). 

Esta acumulacidn de cargos produjo gran compli- 
caddn en la curia, y, por consecuencia, la necesidad 
de muchos secretaries y curiales para despachar los 
asuntos (2). Hubo de crearse, ademas, un registro y 
oficina especial para el examen de la veracidad y ho- 
norabilidad de los testigos (3). 

En medio de este cumulo de negocios, el juez no 
podfa atender a todo personalmente y fuele preciso 
delegar sus funciones (4), bien en sus secretarios (5), 
bien en otra persona que hiciera sus veces (6). 

Esto debid dar por resultado el que el juez se des- 
entendiera de inspeccionar directamente el despacho 
de los asuntos y, al desentenderse de ellos, se entro- 
metid en cosas ajenas a sus funciones y se mezcld 
inconsideradamente en las luchas politicas y religio- 
sas tan vivas en aquel pais (7), exponiendose al des- 
crfidito de su autoridad. 

Por la antedicha complicacidn de oficinas y la falta 



(i) Juez y tesorero, pags. 317 y 332; juez y alto cargo de poli- 
cia, pags. 311,322, 335 y 327; juez ordinario y juez extraordinario 

de injusticias, pAg. 481. 
(a) Varios secretarios, pags. 340 y 428; cuatro secretarios, pa- 

gina 394; seis secretarios, pag. 395. 

(3) P^g s - 385. 3 86 . 4 23 y 429- . 

(4) P^g- 393. 

(5) P*g-355- 

(6) Pags. 483, 491,492 y 493. 

{7) Pags. 440, 446, 447 y 453- 



^^^^77" 



XXXVII 



de inspection personal y directa, se explica el que los 
abusos fueran mayores en aquella curia (1), sobre 
todo en la administracidn de las fundaciones pias, que 
en ciertas epocas fue deplorable: alii robaban to- 
dos (2). 
Si a esto se utie el que los califas orientates no aten- 

dian al voto popular para nombrar los jueces (3), la 
falta de permanencia en el cargo por instabilidad fre- 
cuente y que en ocasiones recaia el nombramlen- 
to en personasfrancamente inraorales, borrachos, mu- 
jeriegos o ladrones, no extranara que los abusos lle- 
garan al extremo de levantar violentamente la furia del 
pueblo para sacudirse de su obediencia y apelar a las 

mds graves colisiones (4). 

En C6rdoba esa dignidad presentd caracteres muy 
distintos: aunque era la misma ley religiosa la que re- 
gulaba sus funciones, la pnictica fue casi antitttica. 

1 .° El juez de Cdrdoba tenia en su jurisdiction es- 

caso territorio. 
2.° No incluyd en sus atribuciones el dirimir con- 

(i) En el registro de las personas honorables que alll ae guar- 
daba se metieron nombres de personas que no mereclan ningan 
respeto, pag. 436. 

(2) PagB.4Soy4S'- 

(3) S6I0 en una ocasi6n he viato que consultiiran con personaa 

prestigiosas del pais para que indicascn candidate, pags. 482 y483- 

(4) El juez El Omari roba y deja robar al seeretario, pags. 404 
y 412. Se bebe ires vasos de vino antes de ir a la Audiencia, pagi- 
na 416. Un juez que bebla vino dentro de la mezquita es azotado, 
afeitado, pelo y barba, y paseado en burro, pags. 465 J 4°7- Encar- 
celado por descrcdito publico, pag. 441. 



y - - 



XX XVIII 



tiendas entre cristianos ni entre judios, los cuales te- 
uton en Cordoba sus autoridades judiciales propias. 

3.° Se cifto a entender en los asuntos civiles y re- 
Iigiosos, dejando los menudos y fastidiosos asuntos de 
policia al zalmedina y al zabazoque. 

■4.° Nodesempefto cargos poiiticos conjuntamen- 
te. Aun el cargo de jefe de la oracidn fue a veces des- 
empeflado por otras personas; y cuando el juez iba a 
la guerra, cesaba en su oficio de juez. 

5.° La curia era sencilla y poco numerosa: un solo 
secretario; ninguna oficina especial informadora de 
testigos. 

6.° EI juez atendia personal y directamcnte a des- 
pachar los asuntos, sin delegaciones ni sustitutos. 

7.° Nose mezclo inconsideradamente en las lu- 
chas religiosas ni politicas. Si alguno de palabra se 
desmandd, fue destituido imnediatamente. 

8.° Los abusos fueron parciales y corregidos a se- 
guida. 

9.° Hubo bastante estabilidad en el cargo. 

10. Los monarcas atendierori escrupulosamente al 
voto popular en la eleccion. 

11. Ningun borracho, mujeriego ni ladrdn ocupo 
esa dignidad; y si recayeron sospechas sobre alguno, 
fue prontamente destituido. 

Merced a tales circunstancias se hace evidente la 
justa adquisicidn del prestigio religioso y social que 
. esta dignidad disfruto en Andalucia. 






XXXIX 



Indudablemente, a ese efecto debieron contribuir en 
mucha parte las virtudes civicas del pueblo andaluz. 
Creo ver un indicio vehemente de esa influencia po- 
pular, en el criterio igualitario y democratic de los 
jueces de Andalucia, opuesto completamente al que 
mostraron en su conducta los jueces de Egipto. 

El juez de Egipto, en vez de estar prevenido contra 
la nobleza arabe, es precisamente el que forma y 
guarda en sus oficinas el registro de la nobleza arabe 
que habitaba en el pais (1). Los coptos, es decir, el 
elemento indigena egipcio, en vez de permanecer es- 
quivo y separado de los arabes, pretende adquirir 
abolengo arabe, por rr?edio de falsas.informaciones de 
nobleza (2), estimulado tal vez por la conducta de los 
jueces, los cuales, por parcialidad evidente, solian 
dar a la nobleza arabe la administracidn de los bienes 
de los huerfanos (3), etc. Et juez de Egipto, ademas, 
procura rodear su persona de imponente aparato: hasta 
prohibe a los faquies y personas principales el uso de 
prendas de vestir que considero como exclusivas su- 

yas (4). 

En Andalucia fue todo lo contrario: los jueces no 

se atreven a usar mas prendas de vestir que las nacio- 

nales: ni siquiera el turbante, que el pueblo no acep- 

"70~^e pags. 398, 4 , 3 y 4.4 de la obra de El Qu.Nni an- 

tecitada. 

(2) Pag. 399- 

(3) Pag- 396. 

(4) Pag. 460. 



i ^H 



XL 



taba; las audiencias se dan sin aparato; la vida del 
juez es sencilla, liana, humilde. Casi todos se distin- 
guen, como hemos dicho, por su criterio democratic 
contra la nobleza de Coraix, contra palaciegos y cor- 
tesanos. Esto no ocurriria si no tuviesen ellos la in- 
tencidn de contentar al pueblo de Cordoba, el cual 
fortalecia con su apoyo el prestigio de su autoridad. 
Tal vez algunas costumbres judiciales espaflolas de 
antiguo establecidas, perdurando despues de la inva- 
sion drabe, hicieron que esta dignidad conservase 
mayor pureza. ^Algunas de las costumbres de la curia 
musulmaua no estarian impuestas por la tradicidn pe- 
culiar espaftola? 

Yo creo que seria inuy curioso estudiar si algunas 
practicas de los jueces musulman.es de Andalucia de- 
rivan de otras anteriores a ia conquista arabe. Quiza 
sea pura coincidencia; pero a mi me han llamado la 
atencidn ciertas semejanzas. 

Los malequles espanoies trataron de imponer aqui 
en Andalucia el criterio de que solo se aceptase como 
ley musulmana un libro, la Almoata de Malic. Eso 
disponia precisamente el Fuero Juzgo: no usar de 
otro libro (1). 

Dealgunos jueces de Cordoba se dice que citaban 
a las partes con su sella. El Fuero Juzgo ordena que 

(■) Fueroju^o, "bra II, tftujo I, p4g . n de Ja cdici6|i de 



XL1 

I el juez debe llamar al demandado por su carta o por 

su sello (1). 

A los personajes de viso de Cordoba se ies consien- 
te nombr ar persorteros, abogados o procuradores, co- 
mo en el Fuero Juzgo a los principes, obispos y em- 
pleados reales (2). 

No deseo que se de valor real, ni menos definitivo, 
a esta sospecha; solo trato dc apuntar que quiza se pu- 
diesen obtener, con u'n estudio cuidadoso, algunos re- 
sultados mas demostrativos, sobre todo extendiendo 
las investigaciones a la historia de la organization ju- 
dicial en tiempos anteriores y sobre todo a la de Orien- 
te (3). Ese estudio ultimo podna servir hasta de medio 
critico para determinar mejor la veracidad de los tes- 
timonies que aparecen en esta cronica de Aljoxani. 
Exponiendo algunos casos tipicos se comprendera me- 

r 

jor mi idea. 

Varias narraciones de historiadoresandaluces dan a 

r 

entender que el primer juez de C<5rdoba fu6 nombra- 



*■ 

s 



* 



(i) F, J., libro II, tit 1, pag. 1 6. 

(2) F. J., libro II, tit. Ill, pag. 29. 

(3) El que desee estudiar la instituci6n del cadf en obras doc- 
trinales arabes puede ver la abtmdante bibliografia que Richard 
GoTthbil utiliza en su arilculo The cadi: the history of this institu- 
tion publicado en la Revue des Hudcs ethnographiques et sociology 
ques. Paris. Aout 1908- Es un trabajo de conjunto digno de ser te- 
nido en cuenta, aunque se note, por las citas que ha hecho de mi 
libro 0*if>enes*del ymticia algun ligero descuido, quiza por no enten- 
der bien el espanol. El Justicia de que trata mi libro no'es el cadi, 
aino el v^J^^J] va^JOj *l & l a $ infusticias, autoridad muy dis* 
tinta. 



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* 



XUi 

do por el califa de Oriente. Tal noticia me parecio 
sospechosa; pero no tenia motivo para creerla eviden- 
temente falsa; mas al leer en la obra de El Quindi (1) 
que el primer nombramiento de juez de Egipto expe- 
dido por los califas fue en el afio 154 de la Hegira, 
pude inferir ya la falsedad de aquella tradicidn espafto- 
la. <<Es moralmente posible que los califas orientales 
nombrasen los jueces de Andalucfa en £poca bastante 
anterior, cuando los jueces de Egipto, provincia cer- 
cana a su Corte, no eran nombrados por ellos todavia? 
. Por otra parte, los primeros jueces de Egipto eran, 
segun El Quindi (2), jueces militares, de la colonia mi- 
litar drabe: cada colonia militar tenia su juez. 

Esta noticia confirma otras tradiciones espafiolas, 
las cuales refieren que los primeros jueces de Cordoba 
fueron exclusivatnente jueces de la colonia militar y 
node la comunidad o pueblo de Cordoba. Lo cual es 
indicio de que todavia no se habia form a do comuni- 
dad musulmana en la Corte de los Omeyas espanoles. 
De esa manera aparece claro que el titulo y la institu- 
cion At juez de la aljama (o comunidad) de Cordoba, 
hubo de aparecer bastante tiempo despues de la veni- 
da de los Omeyas, es decir, cuando al menudear las 
conversiones al islamismo pudo existir en Cordoba una 
verdadera comunidad musulmana. 

De todo lo expuesto se infiere, a mi juicio, con bas- 



V - 



0) Obra antes citada, pag. 368. 
(2) Pag, 368. 




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J - 



tante claridad, que la cronica de Aljoxani, atentamen- 
te considerada, puede ofrecer ocasi6n a estudios muy 
interesantes para la historia espanola. 

Restanos tratar, por fin, del manuscrito de la cro- 
nica, y de como hemos realizado la edicion del tex- 
to y su traduction. 

El manuscrito. — Es unico y se conserva en la Bod- 
leyana de Oxford (1). Por mediation de nuestro ilustre 
y docto amigo D. Guillermo J. de Osma, obtuvo el 
Centro de Estudios Historicos- una excelente copia 
fotografica que haservido para la edicion. 

El manuscrito es de letra espafiola muy clara y le- 
gible en casi todas las paginas, excepto las primeras y 
la ultima, las cuales, como mas expuestas al roce, nan 
sufrido algunos desgastes que han impedido desci- 
frar ciertas palabras cuya omisidn apcnas altera el 

sentido . 
No aparecen en el manuscrito correcciones margi- 

nales que indiquen haber sido cotejado con otras co- 

pias; pero se ve que £sta se hizo cuidadosamente por 

Abdala ben Mohamed ben Ali El Laguati en el ano 695 

de la Hegira (2), es decir, alia por el 1295 de nuestra 



(l) Nfim. 127 del Catalogc de Nicoll. 

(2^ La copia se hizo sabre manuscrito autorkado por la inter- 
venci6n de Abubequer El Tochibi y Abumohamed ben Atab, los 
cuales hacen reinontar la versi6n hasta el autor mismo: El Tochibi 
fue discipulo directo de Aljoxani. (Vease la biografia 684 de la 
Aula de AiiENi'ASCUAi,.) 



- "3 




XI, IV 

Era, segunse desprende del siguicnte colofon que ei 
copista escribio en la ultima pagiua : 

O^ fcfcj»4-o ^ **« c*^! ^^9 *^oJ-«9 Jti^oj *J| ^J«3 *C&4£9 
fS^j j^aAJ ^»j^*J| 9 vwS»MI ^»«iJ1 «JJ ^ jiai s^JiJI ^ 

iao^ *»ii »JJ| b+C S*ib <***> ^-U »J jSXlui«J| SJj (U^.j ^1 
jrfjtS9 »f«$9 W3&J U* ^> *JJ| ^AjS sj,i*oa.| ^KoLaoJl 

VJ»X0>1 <MoW«Jl c*.*^ ^^1 JJjWoJlj *»&}\i »W i „ | g 

Tras del colofon aparece la nota siguiente: 

<si«^jJl Sue **i» ^«&4 ^ b*^o ^ ^-O^HJ tt4^9 «&« 
«*k ^ *i* »JJ1 lie 844 ^fc 8ai4 ^ ja4)JJi ^JjJJl 

!»o*l «*i» jot b-UI 1«!a|c| Ulii^^bjU »4-t£ 9 *1U w» .... 9 

v-ij ^*a«lji| »ii| 8i»»4 jou^aoJI ^»«>$» ^»| 

*J-J1 jii 4j*oa j*4)^l tt*ft»Jl ^^aa ^ b«^! *-*» j^ 

jtiUiU'i :»*» ^o*Ri-»9 iUioS^Ic 

en la que se lee que poseyd y utilizes este manuscristo 
el celebre viajero Abenbatuta; que posteriormente fue a 
parar a manos de un tal Omar ben Ahmed ben Yusuf, 
en Portugal; y de este paso a ser propiedad de su hijo 
Ibrahim, apodado Sograto, aflo 875de la Hegira=1470 
de J. C. De sospechares que a la Bodleyana de Ox- 
ford llegaria este manuscrito procedente de Portugal. 
La edici<3n.--Hemos procurado reproducirlo paleo- 
grificamente, a saber, tal cual el texto se encuentra en 
ese manuscristo, aunque evidentemente en el se hayan 
introducido algunas notasde copistas y algun afladido 
que en la obra primitiva seguramente no podian estar, 



XLV 



v. gr., las noticias de jueces que ejercieron el cargo a 
fines del reinado de Alhaquem (por el prdlogo se ve 
que fue escrita siendo esle principe heredero); pero 
hay que decir que estas adiciones han debido de ser 
escasas y de poca monta. 

Al estudiar las citas que otros autores musulmanes 
han hecho de la crdnica de Aljoxani, llegue a formar 
el proposito de colejar esos pasajes con el texto de la 
crdnica; pero me persuadi bien pronto de que la mayor 
parte de los autores citaron la obra sin haberla con- 
sultado directamente, o si la consultaron, no traslada- 
ban integroslos pasajes. Alfaradi, que pone biografias 
de casi todos los jueces de Cdrdoba, resume las noti ■ 
cias, sin transcribirlas; y Benalabar, que incluye en su 
Tecmila datos de personajes citados por Aljoxani, cita 
de segunda mano: de la historia de Abenhayan. Tal 
hecho da a entender que Benalabar no tuvo a disposi- 
cion suya ninguna copia de esta crdnica, lo cual hace 
sospechar que no seria facil encontrarla en su tiempo. 
Ha sido, pues, una gran suerte el que se haya conser- 
vado hasta nuestros liempos una obra de la que no 
eran comunes las copias en la Espana musulmana en 

el siglo XIII. 

Las unicas libertades que nos hemos tornado, al 
reproducir el manuscrito, son las que la practica real- 
mente ha impuesto: el ^ por el ^, el ^ por el ^; y 
el ^ final por el 1 que es costumbre exclusivamente 

occidental. 




XLVf 



La traducci6n. - Hemos procurado sobre todo ' 
que fuera fiel, exacta y clara, diciendo en espafiol lo 
que esta dicho en arabe, huyendo del literalismo me- 
canico que, por el prurito de tradueir palabra tras pa- 
labra, no traduce frasesni ideas. Ami con esta pre- 
venci(5n se me ha bran escapado seguramente, sin que- 
rer, algunos arabismos. 

Alguna vez me he pennitido afladir palabras mias 
para la inteligencia del texto; pero siempre he cuida- 
do de senalarlas incluyendolas entre [ ]. 

Cuando en el manuscrito aparece el nombre de una 
misma persona con distintas grafias, las he respetado 
en la edicidn arabe; pero en la tradticcidn las he uni- 
ficado, para que al lector no se Ie produzcan confusio- 
nes. Los apellidos de los monarcas los he traduci- 
do por su numero de orden; asi, v. gr., Abderrah- 
men I, por Abderrahmen ben Moavia, etc. 

En las paginas de la traduccion he seHalado las del 
texto arabe a que corresponded Para facilitar la inte- 
ligencia he separado parrafos que en el original es- 
tan juntos; y he dejado blancos de linea en los casos 
que he creido conveniente para que se distingan me- 
jor las distintas narraciones de los testimonios. 

Los indices.— Realmente, el indice de materias 
esta hecho en el presente prdiogo; por eso no lo he 
puesto aparte; solo he creido litii formar el indice de 
nombres propios. 



z ^ "- 



' -•" ■-- 



M 

s 
t 



ERRATAS EN LA TRADUCTION 



=■ ■_ 



Paginas • 


Linea, 


Dice- 


Debe decir. 


3 


7 


Almostansir 


(Almostansir) 


13 


28 


Moamar 


Maamar 


93 


18 


cara 


carta 


94 


30 


mantegais 


mantengais 


108 


21 


Abenhabid 


Abenhabib 


1 24 


■3y '7 


Abensahnun 


Sahnun 


156 


26 


que tenido 


que he tenido 


'99 


16 


tus 


tii 



Las notas de las paginas 75 y 76 deben suprimirse. 



*?.%&■:■• 



TRADUCCI6N 



f 



)- 






1 



L 

I 



. 4 . . ., 



".[Pag. .5] .En nombre de Ala clemente y miseri 
cordioso. Ala bendiga.y salve, a Mahoma y a su fami 

lia.(l). * " ' " ''■ 






Dice el autor Abuabdala Mohamed ben Harit El 

- ■ 

Joxani: ' 

Ante todo ruego a Dios que conceda al emir Alha- 

r 

quem Almostansir, principe heredero, todo lo que 
pueda contribuir a que su felicidad sea duradera, le 
haga perennemente glorioso y le colme con la gracia 
de su concurso divino. 

Ciiando el principe (cuya vida guarde Dios) conci- 
bio el hermoso proyecto y maduro su plan (que Dios 
dirija a buen-termino) [de fomentar (2)] el aprendizaje 
de las ciencias y de excitar a que se estudiara la his- 
toria; se conociesen las genealogfas de las familias; se 
pusieran por escrito las hazanas de las pasadas gene- 
raciones; se publicasen las excelencias y meritos de 
los antiguos (sin olvidar las noticias de las virtudes 

" F ■ 

de los modernos); se renovase el recuerdo de lo que 
ya se iba olvidando (aunque fueran narraciones de 



I 

(i) En el manuscrito aparece aqui, escrita por copista, la si- 
guiente clausula; «La narraci6n bist6rica contenida en este manus-. 
crito fue trasmitida por Abu Mohamed ben Atab qtiien la conE6 se- 
gun se la habia coniunicado su padre, cl cual la reliri6 conforme ae 
la' habia oldo relatar a Abubequer El Tochibi » * ] ' 

r 

(2) Suplo con esta palabra, una que no puede leerse en el ori-i 

- 

ginal. '- v *•* 






1 



- 4 



cosas menudas que se tienen como de poca impor- 
tancia), especialmente lo que concierne a la capital de 
Andalucia (tanto respecto a los tiempos antiguos , 
como a los sucesos contemporaneos), cosas todas es- 
tas que Dios establecio [pag. 6] como alimento para 
fortalecer la vida de los espiritus y para despertar y 
aguzar los entendimientos, los hombres [instruidos (1)] , 
excitados por el impulso que para ello recibieron del 
principe, comenzaron a recoger las dispersas noticias 
que estaban expuestas a perderse y pusieron por es- 
crito todos los conocimientos mas esenciales y las ma- 
terias cientificas que hasta entonces se habian descui- 
dado. A todos los que se dedicaron a semejante tarea f 
alcanz6 la gratificaeion del principe (cuya vida Dios 
guarde); de este modo las mas excelsas virtudes ;bri- 
llaron con esplendorosa luz, la fama las divulgd y se 
produjeron otra virtudes que dieron ocasion a nuevas 

glorias. 

Alabado sea Dios que hizo al principe, jefe el m5s 
distinguido, el primero en realizar el bier, y la virtud; 
guia que dirige por el derecho camino; director de 
sanas opiniones y costumbres; modelo que imitar por 
sus buenas obras; Have [con que se entra al camino] de 
la loable conducta; puerta [abierta] para los favores. 
Dios le haga feliz con su gracia, haga perdurable sn 
bienestar, [le colme (2)] con sus beneficios y acrecien- 
te su dicha haciendole sentir la satisfaccion que causan 
las acciones generosas dignas siempre de fama perdu- 
rable. 



(1) Suplo, con esta palabra, una que no puede leerse en el ori 
gin a]. 

(2) En eJ original no se lee una palabra que suplo. 



— o — 



Pues bien, cuando el principe (c. v. g. D.) ordend 
que se compusiera el libro de LOS JUECES, dedicado 
exclusivamente a aquellos que ejercieron el cargo aqui 
en tierras occidentales, en la gran corte de Cdrdoba, 
ciudad la mas ilustre, es decir, los jueces nombrados 
bien por los califas, bien por los gobernadores que en 
Cordoba hubo antes de venir aquellos, invite yo a los 
tiarradores histdricos a que me comunicaran las noti- 
cias que pudiesen recordar; interrogue" a los doctos 
acerca de los hechos de esos jueces; pregunte" a ios 
ulemas respecto a la conducta que aquellos hablan 
seguido en los tiempos pasados (no cifiendome exclu- 
sivamente a lo que los jueces dijeron de palabra, sino 
tambien lo que pusieron por obra) y me encontre con 
algunas cosas muy curiosas que causaran la admira- 
cidn de los hombres inteligentes que traten de estudiar 
a fondo las materias, algunas historietas o anScdotas 
que regocijaran a los que las oigan y algunas noticias 
que haran ver a los observadores, que deseen infor- 
marse minuciosamente, la solidez de entendimiento 
de aquellos varones ilustres, el vasto saber que po- 
seian, su tolerancia, su agudeza de ingenio [pag. 7], 
la superior sagacidad en penetrar el fondo de las co- 
sas (1), su correcta firmeza en la resolucidn (que no 
refila con la inclinacidn benevola a favorecer a todo 
el mundo), su recta administracicm de justicia y la pro- 

bidad de su conducta... 

Tambien indicare los califas que nombraron a tales 
jueces, y hare notar lo bien que supieron informarse 
para buscar y elegir a las personas; el cuidado que 



(i) Suplo en este parrafo algunas palabras que en el original rtO 
se leen con claridad. 



- (V — 

pusieron en cxhortarlcs (1); sit decidido empcfio en 
que fueran hombres sinccros; y la solicitud con que les- 
a'sistieron y ayudaron en el ejcrcicio de sus funciones,- 
cosas estas de las que se puede ai'irmar que son espe- 
ciales, caiactcristicas dc los pieces dc tan gran metro- 
poli, ciudad natal de los califas (2), sedc de la mas . 
alta autoridad religiosa, centro dc la comunidad mu-~ 
sulmana, mina de las virtudes, residencia de los hom- 
bres superiores, depdsito de las ciencias, punto de; 
reunion de los sabios, capital del mundo. 

Dios ha querido llevar al colmo la supcrioridad de 
esta metrdpoii y perfeccionar su hermosura, conce- 
diendole la gracia.de tener a su frcnte el pontifice, el 
justo, excelente soberano, principe de los creyentes, 
Abdcrrahmen III (c. : v. g. 0.), juntamente con el ele-- 
gido para hcredcro de su trono, Alhaqucm (II), el cual 
continuant mantcnieiido la gloria dc tan excelsa farrii- 
lia; pues Dios le ha constituido eu embiema de las 
virtudes y estandarte de las buenas acciones. 

Como el cargo de juez de Cordoba venia a ser la 
dignidad mas alta del imperio, despues del Iman, et 
quien Dios puso como jefe de la religion y encargado 
de dirigir los negocios temporales, especialmente -de 
hacer cumplir todas las.providencias que por dejega— _ 
cidn suya tiene que tomar el.juez, tales como la d^ 
ejecutar las.sentencias y .mantencr siempre en vigor 
sus decisiones (ya se irate d.c. materias criminates,,. 
como muertes. y heridas; ya de cuestiones delicadas 
de.h.onra; ya de .cuestiones pecuniarias; ya.de calurri- 



(i) jfld£ errata del manuscrilo por <afc&C 
,-. (a) ■ Aunque eoni'iisiimejite parcce que. sc lee en ei maiuiscrifco 



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nias o murmufaciones y, en general, todo lo favorable 
o desfavorable que con estas cosas se relacionan), las 
responsabilidades que esta autoridad tiene delante de 
Dios, hacen que este cargo sea muy gravei puesto te- 
rrible, empleo imponente. Las graves consecuencias 
espirituales que de su ejercicio se derivan, motivaron 
el que las opiniones de los hombres reflexivos y sa- 
bios fuesen divergentes [pag. 8]: muchos aceptaron la 
dignidad de juez por el vivo deseo de la honra mun- 
dana, con la esperanza de que Dios no les privarla de 
su concurso y hasta confiando en la amplitud de su 
perddn; pero hubo otros que experimentaron miedo 
de que pudiera ocurrirles algo desagradable en la vida 
futura y tuvieron temor de Dios, porque no solo ha- 
bian de responder de su conducta personal en los ne- 
gocios propios, sino ademas de los asuntos ajenos que 
a su direccidn se encomendaban. 

Hombres distinguidos por su saber y su piedad hubo 
en Andalucia, sobre todo en la capital, a quienes se 
les ofrecio el cargo de juez y no quisieron ser nom- 
brados; a quienes se les invito" y no se mostraron pro- 
picios a aceptar, sdlo por temor a Dios, consideran- 
do (1) las consecuencias que podrian sobrevenir a sus 

I almas en la vida futura. 

Yo he creido (2) que debia mencionar a esos hom- 
bres distinguidos y recordar la alta consideraci6n en 
que les tuvieron los califas, asi como tambien el temor 
que experimentaron de ocupar el puesto a que los so- 
beranos les invitaban. Para esto dedicare un capitulo 
al principio de esta obra; luego pasar£ a mencionar, 



(i) Suplo una palabra que no se lee en el original. 
(2) Suplo una palabra que no se lee en el original. 



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- 8 -- 



si Dios quiere, a los que ocuparon realmente el puesto, 
uno tras otro, cronologicamente, segun lo fueron des- 
empefiatido. 

Pido a Dios su buena ayuda para exponer la mate- 
ria con arreglo a la estricta verdad y componer la obra 
de manera que resulte laudable. El es el que guia por 
el recto camino. 



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CAPI'TULO EN QUE SE TRATA DE AQUELLOS CORDO- 
BESES A QUIENES SE OFREClO EL CARGO DE JUEZ 
Y NO LO QUISIERON ACEPTAR. 



Abderrahmen I pidid consejo a sus cortesanos acer- 
ca de la persona que debiera ser designada para el 
cargo de juez de Cordoba [pag. 9]. Su hijo Hixem (I) 
y el canciller Abenmoguit indicaron a Almosab ben 
Imran. Abderrahmen I, habiendo aceptado este con- 
sejo, mandrj llamar a Mosab. En cuanto este liegd a 
palacio, se le hizo entrar a presencia del monarca, el 
cual estaba acompanado de su hijo Hixem, del canci- 
ller Ahmed ben Moguit y de toda la corte. El sobera- 
no le ofrecio el cargo de juez; pero Mosab rehuso 
aceptar y expuso las razones que para ello tenia. El 
soberano las rechazd, dandole a entender que habia 
formado la firme resolucion de que Mosab ocupara el 
cargo, sin atender las excusas que este presentara para 
no aceptar. Mosab, sin embargo, se encerro en la ne- 
gativa y persistid con firmeza en rehusar el cargo. 
Cuando el monarca perdid la esperanza de reducirle a 
que accediera, calldse, bajo la cabeza y empezo" a re- 
torcerse el bigote con los dedos. Es de saber que Ab- 
derrahmen I, siempre que se incomodaba, retorciase 
con los dedos el bigote, y jay de aquel contra el que 
se airase! Los cortesanos comenzaron a temer por 
la-suerte de Mosab, expuesto a ser victima de un arre- 



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- 10 — 

bato de cdlera del soberano, en tales ocasiones terri- 
ble, y se pusieron a mirar al principe Hixem y al can- 
ciller Ahmed ben Moguit, como diciendoles: 

~jA que peligro habeis expuesto a este hombre! 

Pero, por fortuna, el soberano levantd la cabeza, y 
dirigiendose a Mosab dijo: 

-- -Vete, vete; contra ti... (esto y lo otro); y contra 
los que me han aconsejado que te nombrara... 

Se desfogd hablando y no tuvo otras' consecuencias 
el arrebato del monarca. Salio Mosab del palacio real 
y vivid en el retiro de su casa, alejado de la vida pu- 
blica, liasta que subid al trono Hixem I, el cual le ins- 
td a que ocupara el cargo de juez, suceso de que es- 
pecialmente trataremos mas adelante. 

Refiere Abumeruan Obaidala ben Yahia [pig. 10], 
por haberselo oido contar a su padre, que Hixem I 
quiso nombrar juez de Cordoba a Ziad ben Abderrah- 
men; pero, enterado este del propdsito del soberano, 
salio htiyendo de Cdrdoba. Hixem, al saberio, dijo: 

— jOjala fuesen todos como Ziad! De esa manera 
no me veria yo importunado por tantos pretendientes 
que piden empleos. 

El monarca le did a entender que podia vivir segu- 
ro y sin cuidado [sin temer su colera], y pudo volver 
tranquilamente a su casa. 

Refiere Otman ben Mohamed que oy6 contar a 
Mohamed ben G^lib io siguiente: 

Cuando ios ministros hicieron comparecer a Ziad 
ben Abderrahraen y le ofrecieron el cargo de parte de 
Hixem I, contestd aquel: 

—Si me obliges a aceptar, cosa que yo repugno, 



— 11 — 

os juj;o por lo mas caro a mi corazon que, si alguna 
vez'se presenta en la curia un demandante que pida 
algo que este en poder vuestro, ini primera providen- 
cia sera arrancaroslo de vuestras manos y poneros en 
situation "de ser vosotroslos demandantcs (1). 

Cuando se enteraron los ministros de estas pala- 
bras, en vez de insistir, trabajaron para que no fuese 
nombrado. 

Xontdme un narrador. de sucesos histdricos que, 
cuandpmurio el juez Mohamed ben Baxir, el monar- 
ca Alti&qucm 1 tuvo que tratar con sus ministros acer-. 
ca de la provision de ese cargo y de la persona a 
quien.habia de nombrarse. 

— :Yo cfeo — decia — que no hay en Cordoba otro 
faqUi que pueda desempefiarlo, si no es Mohamed ben 
Isa Elaxa; sin embargo, me impone un poco el humor 
excesivamente alegre y bromista que tiene. 

A pesar de esta consideration sc decidio, por fin, 
en favor de esta candidatura; mas uno de sus minis- 
tros le dijo: 

— Me' parece rhuy bien, a condition de que se le 
pohga. a prueba antes de comunicarle oficialmente el 
propdsito de nombrarle. 

El monarca invito a uno.de sus ministros para que 
fuese a hablar con el. Este fue a casa de Benisa, tuvo 
una.conferencia con el y le expuso francamente que 
el. soberano le reprochaba su excesivo humor bromis- 
ta.y rlsueno. Benisa contestd: 



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' (t) Es "deck, os obligare a presenter documeritos o pniebas que 
acrediten e] derecho que teneis a poseer vueatraa propicdadcs, cosa 
do;qiie careceiSjY porqtfe las "pbsecls sin titulo legale por habcriaa 
arrebatado'a eus legitimos duefioa. 



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— Antetodo debo decir que, por mi parte, juro que 
no aceptare ei cargo de juez de ningun modo, hagase 
conmigo lo que se haga; por consecuencia, no tiene 
el monarca que molestarse en ofrecerme ese cargo 
[pag. 11]; pero si me atrevo a decirle que Ali ben abi 
Talib no abandond, para ejercer ei alto cargo de cali- 
fa, el buen humor a que era propenso; ^tendrfa yo 
que dejar el mio para ejercer el humilde cargo de 
juez? 

Cuando al monarca le fueron comunicadasestaspa- 
labras ya no insistid en su candidatura: hubo de pen- 
sarse en otra persona. 

Alhaquem I tenia, en la circunscripcidn de Jaen, un 

juez sobre cuya conducta injusta habian elevado que- 

jas al monarca los habitantes de la region. El sobera- 

no encargd al juez de la aljama de Cdrdoba, Said ben 

Mohamed ben Baxir, que instruyera proceso contra el 

juez de Ja6n, con orden de que, si no resultaba pro- 

bada la injusticia y aparecia inocente, se le conservara 

en el cargo; pero si resultase culpable de lo que se le 

acusaba, fuera destituido. El juez de la aljama instru- 

yd el proceso y, como resultd que era inocente, le 
dijo: 

— Vete a ocupar tu juzgado. 

Pero el juez de Jaen replied: 

— |Ah! No, antes me divorcio de mi mujer, y juro... 
(taly tal)... y mantendre" y cumplire" el juramento que 
hizo tu padre (Mohamed ben Baxir) de no intervenir 
en ningun pleito, como juez,, hasta que comparezca 
ante la presencia de Dios. 

[Para entender la fuerza de esa contestation] se ha 
de recordar que Mohdmed ben Baxir, al ordenarie el 



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- 13 - 

monarca que cesara en su cargo, jurd que no volveria 
a desempefiarle jamas, prometiendo que se divorciaria 
de su mujer y manumitiria a sus esclavos, si faltaba al 
juramento. Pasado algun tiempo, sin embargo, el mo- 
narca le volvio a nombrar y aceptd, dejando de cum- 
plir el juramento, si bien cumpliendo la promesa de 
divorciarse de su mujer y de manumitir a sus esclavos. 
El monarca, en cuanto supo el sacrificio que habfa he- 
cho, le indemnizd cumplidamente. 

Me contd Otman ben Mohamed haber oido referir 
a Abumeruan Obaidala ben Yahia, que este habia oido 
contar a su padre Yahia lo siguiente: 

Cuando subio al trono Abderrahmen II me pidid 
con insistencia que aceptase yo el cargo de juez. Era 
en aquel entonces Tarfa jefe de la secretarfa real. Yo 

le dije a este: 

—El alto prestigio [pag. 12] de que gozo podia te- 
ner para vosotros un mejor empleo: si el pueblo eleva 
quejas contra un juez, vosotros podreis designarme a 
mi para que yo le procese, a fin de examinar su con- 
ducta; pero si yo ocupo el cargo y el pueblo acude en 
queja contra mi, i& quien pondreis para procesarme? 
iQuien hay que sea mas sabio que yo? dquien hay 
que este a la altura mia en la ciencia religiosa? 

Mi respuesta fue tenida en cuenta y se me eximid 
de aceptar el cargo. 

Dice Jalid ben Sad que Ahmed ben Jaiid contaba 
que, al morir Yahia ben Moamar, el pueblo de Cdrdo- 
ba qued6 sin juez, hasta que cierto dia la multitud se 
dirigio" a Ziriab, que iba por la calle cabalgando en di- 
reccidn a palacio, y le rogo que expusiera al monarca, 



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- -14 — 

de parte del pueblo, la mala situation en que este se 
hallaba por no tener juez. Ziriab, al entrar en palacio 
y ver al monarca, le comunicd la suplica que acaba- 
ban de hacerle. El soberano contestd: 

— jOh, Ziriab! En verdad puedo decirte que no me 
ha impedido el nombrar juez otro motivo, si no el de 
no encontrar persona idonea, a ini satisfaccion; sdlo 
hay una que me satisfaga completamente. 

— cQuien es?~ dijole Ziriab. 

— Yahia ben Yahia — conteslole el soberano — ; pero 
este, con scguridad, no aceptara mi ofreeimiento. 

—Si su majestad cree a Yahia— replied Ziriab— per- 
sona grata e idonea para desempefiar el cargo, puede 
exigirle, por lo menos, que indique el otro candidato, 

— Realmente— contestd el monarca— tu proposi- 
cidnme parcce muy aceptable. 

Y mandd Uamar a Yahia; pididle consejo acerca de 
la persona que mereciera ser nombrado, y Yahia in- 
died la candidatura de Ibrahim ben Elabas. EJ mo- 
narca, en consecuencia, nombro juez a este. 

Pero Jalid ben Sad aflade: otros ulemas me hart 
referido que Yahia no solo rehusd aceptar el cargo de 
juez, sino que se negd a indicar candidato. 

j 

[Pag. 13] Dice Jalid ben Sad: persona fidedigna me 
ha referido que Yahia ben Zacaria contaba lo si- 
guiente, por haberselo oido narrar a Mohamed ben 
Guadah: 

Despues que el monarca invito con insistencia a 
Yahia a que aceptara el cargo de juez, al ver que este 
decididamente rehusaba, dijole: 

— hidicame, al menos, algun candidatopara que yo 
pueda nombrarle. .:-■■-':■ 



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- 15 - 

; — Eso no lo hare— replied Yahia — porque, de ~ha- 
cerlo, vendria yo a ser culpable, en parte, de sus in- 
justicias, si es que lascometia. 

Esta contestation irritd en tal forma at soberano, 
que ordend a su secretario que pusiese guardias que 
vigilasen a Yahia [a fin de que este no se ausentara de 
Cdrdoba], y que a la manana siguiente lo condujeran 
a la mezquita aljama, le hiciesen entrega de la docu- 
rnentacidn del juzgado y dijeran a los litigantes: 
- — Este es el juez que ha de juzgaros. 

Asi se hizo; y en esta situation se mantuvo Yahia 
durante tres dias [es decir, teniendo que ejercer de 
juez a la fuerza]; pero cuando se convencid de que no 
podia salir de aquel trance apurado sin indicar perso- 
na, entonces aconsejd que fuese nombrado Ibrahim 
ben EIab£s. 

Otman ben-Ayub ben abi Salt, perteneciente a fa- 
milia que se habia distinguido en Cordoba por su 
ciencia y que.gozaba de posicidn desahogadisimai 
tampoco quiso aceptar el juzgado y lo rehusd. J&tid 
ben Sad dice. que oyd referir a Ismael, hijo de Olman, 
16 siguiente: 

—A mi padre sele ofrecid el cargo dejuezy, como 
no queria aceptar, pidid que se le dispensara. 

Entre los doctores de Cordoba que fueron invitados 
a aceptar el cargo y rehusaron, se cuenta a Ibrahim 
ben Mohamed ben Baz. El motivo que impulsd al so* 
berano a nombrarle fue, segun me refirid un narra- 
dor (1) de sucesos histdricos, el siguiente: 



(i) En el manuscrito tfUg en vez de Slgj. 



* * - 




- 16 — 

El monarca Mohamed I, hijo de Abderrahmen II 
hizo entrar un dia ante su presencia a Hdxim ben Ab- 
delaziz y le dijo: 

—(Oh, Hdxim! He tenido un ensneno extraordina- 
rio o maravilloso, en el que se me ha representado un 
hombre que no se quien es. He sonado que me halla- 
ba en la Almozara, donde me encontre [p£g. 14] con 
cuatro personajes que iban montados en sus respecti- 
vas cabalgaduras. No he visto nunca caras mds her- 
mosas en mi vida, ni mas esplendentes rostros. Los 
estuve contemplando maravillado, mientras subianal 
Alharaf; luego me fui tras ellos y les vi seguir su ca- 
mino por la izquierda, hasta que llegaron a una 
mezquita que tiene una casa enfrente; llamaron a la 
puerta de la casa y salid de ella un hombre; le dieron 
la mano, le saludaron, estuvieron hablando un rato 
con el y, por fin, se marcharon. Entonces pregunte:— 
dQuienes son esos?— , y me contestaron: -Son el Pro- 
feta Mahoma, Abubequer, Omar y Otmin, que han 
venido a visitar a ese hombre que esld enfermo. 

Y dijo el monarca a H£xim: 

--Ya habr^s podido reconocer la mezquita y la casa 
como si te hubiese yo conducido a ella; vete, pues, y 
enterate de quien vive en esa casa. 

—La conozco sin necesidad de ir a informarme— 
cohtestd Haxim— . Es la casa de Ibrahim ben Moh£- 
med ben Baz. 

—Pues bien— dijo el Emir—; yo desearia que fue- 
ses a enterarte de como se encuentra. 

Haxim se fue" y volvid luego a comunicarle que era 
verdad todo lo que el monarca le habia dicho antes 
como sonado, y que el hombre realmente estaba en- 
fermo. 



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- 37 - 

Esta fue la causa por la que el soberano ofrecixi ei 
j.uzgado de la aljama a Mohamed ben Baz; y lo hizo 
enviando a Haxim a casa de aquel para que se certify 
cara de su aceptacion; pero Abenbaz no quiso aceptar 
el cargo. EI monarca entonces ordend a Haxim que 
volviera a visitarle para decide lo siguiente: 
; — Pueslo que no aceptas el cargo de juez, seas por 
lo menos uno de los que vengan a verme a palacio, a 

fin de que podamos pedirte consejo en los negocios 
del gobierno. 

—Oh, Abu Jalid (Haxim)— contesto Abenbaz— si 
el monarca insiste en alguna de estas cosas, me vere 
obligado a huir de Cordoba. 

En cuanto el monarca se enterd de esa respuesta, 
ya no quiso insistir mas; al contrario, fingid no acor- 
darse de el, ni quiso saber mas de su persona. 

[Pag. 15] Oira version del hecho me contd Ahmed 
ben Obada El Roaini, y es la siguiente: que Almon- 
dir, hijo de Mohamed I, fue el que, siendo principe 
heredero, conferencid con Abenbaz para ofrecerle 
el cargo de juez; este rehusd aceptar, y Almondir 
dijo: 

— Si hubiera de seguirse mi consejo, yo propondria" 
que se obligara a Abenbaz a aceptar a la fuerza. 

Entre los que se mantuvieron mas tenaces en rehu-- 
sar el cargo de juez se cuenta a Mohamed ben Abde- 
salem El Joxani. El monarca Mohamed I mando que 
fuesen en busca de El Joxani y que se le dijera que 
iba a nombrarle juez de la region de Jaen. Al efecto, 
iueron los ministros y ie dijeron a. El Joxani: 

— El monarca desea nombrarte juez de Jaen. -s ^ 

2 



- -^ 



- 18 - 

El rehusd mostrando grandisima aversion a ejercer 
el cargo. En vano trataron de veneer su repugnancia 
y le prodigaron atenciones; no consiguieron otra cosa 
que aumentar la aversion que seutia y las negativas.a 
aceptar. Los ministros, en vista de esto, comunicaron 
por escrito al soberano lo que pasaba, diciendole que 
se habia encasquetado aquel hombre en no aceptar; 
y recibieron una nota del monarca en que ruda y du- 
ramente les decia lo siguiente, poco mas o menos: 
"Si se obs^ina en no acep'ar, hagasele entender que se 
expone a la muer'e.„ Cuando El Joxani oyo esa or- 
den, descubriose la cabeza quitaiidose elbonete, in- 
cline su cuello y comenzo a decir: 

— Rehuso, rehuso, como rehusaron los cielos y la 
tierra; no por desobedecer a su seflor, sino por simple 
temor, por miedo a Dios (1). 

Los ministros comunicaron al monarca textualmen- 
te la respuesta, y 6ste contesto que dejasen aquel 
asunto y que no se ocuparan ya en el; mas los minis- 
tros insis'ieron diciendo a El Joxani: 

— Esta noche medita acerca de este asunto y con- 
sulta con Dios respecto a es'a invitacidn que se te 
hace. 

El se fue [sin dar contestacidn a los ministros]. 

Dice Jalid ben Sad que Mohamed ben Fotais rete- 
ria que el monarca Mohamed I ordend a sus minis'ros 
que enviasen a llamar [pag. 16] a Aban ben Isa ben Di- 
nar y que le nombrassn juez de Jaen. Despues de en- 
viarle el aviso y de exponerle el asunto de que se tra- 



(i) AlusidD a la doctrina alcoranica contenida en la sura XXXIII, 
versiculo 72. 



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- 19 - 

taba, Aban rehusd, pidiendo que le dispensaseri de 
aceptar. Entonces el monarca Mohamed ordeno que se 
le pusiesen guardias que lo celaran hasta que fuera 
conducido a Jaen, se le hiciese ocupar su asiento en 
aquella curia y que juzgara. Los ministros pusieronle 
guardias, le condujeron a Jaen, lo hicieron sentar'en el 
juzgado y juzgo un solo dia; al llegar la noche huyd; 
y el pueblo, al amanecer, decia: "El juez ha huido.„ 
Cuando llegd la noticia a oidos del Emirexclamd: 

— Realmenle es un santo vardn; conviene que se le 
busque hasta saber en que sitio se ha metido. 

Hechas las investigaciones y sabido el lugar donde 
estaba, quedd muy complacido el soberano. Luego, 
cuando Aban fue a Cordoba, el monarca le nombrd 
jefe de la oracidn de la mezquita aljama. 

Algunos hombres de ciencia cuentan que en el acto 
de dirigir la oracidn solia poner en evidencia su hu- 
mildad: muchas veces lloraba; e inmediatamente des- 
pues de acabar los oficios del viernes, marchabase sin 
permanecer un momenta en la mezquita, siguiendo 
con esto las tradiciones del Profeta. 

Almondir, el monarca, honraba y distinguia extra- 
ordinariamente a Baqui ben Majlad. Un dia de gran 
parada o revista de tropas, en el campo de la Mosala, 
no quiso que este le besara la mano, y le hizo sentar 
en el propio tapiz en que se sentaba el monarca, en 
uno de sus lados, junto a los grandes dignatarios de 
la corte. Antes que Almondir subiera al trono, habia 
sido Baqui uno de sus amigos intimos y contertulios. 
El fue quien comunicd al monarca la buena nueva de 
su ascensidnal califato. Despues desubir al trono, no 
cesd, antes bien continud distinguiendole y honran- 



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-.20 - 

dole, hasta el punto que [pag. 17] cuando fue separa- 
:do del cargo de juez Soleiman ben Asuad, ordeno Al- 
rnondir que llamaran a Baqui ben Majlad y le ofrecid 
el puesto vacante. Baqui, sin embargo, rehusd, por- 
que realmente sentia repugnancia a ejercer ese cargo. 
El monarca le dijo: 

— c>Este es el pago que me das por el carifto y devo- 
cidn que te he profesado? Bien, bien... pero, supuesto 
que no quieres tii aceptar, dime, al menos, que te pa- 
.rece de la persona que me han indicado los ministros. 

— dQuien es?— preguntd Baqui. 

— Ziad ben MohAmed ben Ziad — contests el mo- 
narca! . 

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. .^^iValiente propuestalr— dijo Baqui. :..-.: 

— Si no te parece bien, propdn tu la persona que 
creas m&s apta para ser juez de los musulmanes— dijo 
el soberano. ' c 

— Yo te aconsejo— contestd Baqui — a un hombre 
que pertenece a la misma familia de Ziad yque es.co- 
nocido por Amir ben Moavia. 

Aceptd el monarca la candidatura que le proponfa 
Baqui, envid a llamar a Amir y le nombrd juez de la 
aljama de Cdrdoba. 

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■ *■ i j .■ 

- r 

Otro de los que rehusaion aceptar el cargo de juez, 
quese le habia ofrecido, fue Abugdlib Abderruf.ben 
Alfdrech. Abumoh&med Casim ben Asbag me refirid 
lo siguiente: Hodair se presentd en casa de Abug^lib 
ben Quinena y le ofrecio, en nombre del soberano 
Abdala, el juzgado de Cordoba; el rehusd aceptarlo. 

.Lin ulema me ha comunicado que cuando Ahuga- 
lib AbderrufbenAlMr.echvotvid.de. la peregrinac;dn-a 



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— 21 — 

lfMfeca, se dedicd a la vida ascetica, llena de priva- 
clones, devota, c6rao varon celosisimo que era en ma- 
teria religiosa. El soberano Abdala que estaba pren- 
dado [de este santo vardn] por las noticias que de 61 
habia tenido, le vino a deseo muchas veces el ver a 
ese hombre; pero no quiso introducirio en palacio. 
Por fin, cierto viernes, al volver Abdala de la aljama, 
por el corrector [que habia cons'ruido el] de paso de 
palacio a la mezquita, vio a ese asceta. Otro dia, en 
conversation con sus ministros, sali6 a relucir el nom- 
bre de ese asceta y dijo el soberano: 
— Tendre que nombrarle ministro [pag. 18] o 

juez. 

Abdala ben Moh&med ben abi Abda, que era entre 
los ministros de Abdala el que mas queria y respetaba 
a Abugalib, dijo al monarca: 

— Yo creo que no deben tratarse de improviso estas 
cosas con ese hombre; convendrfa sondear de antema- 
no su opinion acerca de estos asuntos. 

Sac^n, el secretario, refiere lo siguiente: 

El soberano Abdala me encargd a mi que fuera a 
hablar con Abugalib, a fin de exponer a este los de- 
seos del monarca. El hombre me recibio tan risueno y 
de tan buen humor, que me hizo concebir esperanzas 
de que aceptaria; pero luego se puso a decir: 

— Vosotros atendeis con esmero, muy seriamente, 
y mirais con mucho cuidado las cosas terrenas en que 
andais ocupados; por mi parte, se me da un ardite de 
todos esos cargos que podais otorgar, ni de los bene- 
ficios de que podais hacer participes a otros. 

Y anade Sac£n: 

Cuando llegue al punto de ofrecerle el cargo de 

Juez, me dijo: 



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22: — 



— rPardiez, si vuelves a repetir tal cosa, si me comu- 
nicas acerca de esto alguna orden del soberano, ten 
por.seguro que me marchare de Andaluda. 



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-" -/e ■_ - . 






CAPITULO EN QUE SE TRATA DE LA HISTORIA DE 
C0RDOBA Y DE SUS JUECES EN LOS TIEMPOS ANTE- 
RIORES A LOS CALIFAS. 



DEL JUEZ MAHDf BEN M6SLIM 

- r ■ 

-■ Entre los antiguos jueces que hubo en Cordoba, y 
cuyo nombramiento se debio, bien a los emires (de- 
pendientes), bien a gobernadores de provincia, pre- 
iectos de region o generates del ejercito, en la epoca 
anterior a la entrada de los califas omeyas en Andalu- 
cia, se cita a Mahdi ben Moslim [pag. 19]. Era un 
converso de familia devota, piadosa y sabia en la ley 
religsosa. Nombrole juez Ocba ben. Alhachach El 

Saluli. 
Refiridme Ahmed benFarech ben Montel que Abu- 

tabfis Ahmed ben Isa ben Mohamed El Mocri le contd, 
en la ciudad deTenes, lo siguiente: 
. Gobernd" a Espafla-Ocba ben Alhachach El Saluli, 
valeroso campeon de la guerra santa, batallador en las 
fronteras, intrepido y valiente, que ardia en deseos de 
hacer dafio a los politeistas. Su celo religioso llegaba 
hasta el pun l o que, cuando caia en su poder un pn- 
sionero de guerra, no lp mataba sin darie un espacio 
de tiempo durante el cual se le invitaba a abrazar el 
islamismo, se le inspirabaeldestodeconvertirse.se 
le hacian considerar las excelencias de la nueva reli- 



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24 



gidn y aun se le exponian los motivos de duda que 
pudiese ofrecer aquella que profesaba. Se dice que, 
por mediation suya y por virtud de tales medidas, se 
convirtieron al islam dos mil personas. Eligid como 
punto de residencia en Espana una ciudad que se llama 
Narbona. 

. Mahdi ben Mdslim fue hombre que se distinguid 
POtsu ciencia, por su ceio religioso, por su piedad. 
Ocba le dejd como lugarteniente suyo en Cordoba, or- 
denandole ademas que ejerciera el oficio de juez para 
resolver las causas 6 pleitos que pudiesen ocurrir entre 
el pueblo de Cordoba. Este Mahdi se distinguid, por 
otra parte, por su elocuencia y por su destreza en ex- 
presarse con arte y claridad. La prueba fehaciente esta 
en que, cuando Ocba quiso nombrarle juez, le dijo: 
—Escribe tu mismo la credencial del nombramiento 
que yo te otorgo. 

Mahdi escribid el documento siguiente: 
"En nombre de Dios misericordioso y demente. H 
"Estoeslo que Ocba ben Alhachach prescribe a 
Mahdi ben Mdslim cuando le nombrd juez:,, 

"Prescribidle el temor de Dios; que pusiera todo su 
conato en obedecerle; que realizara aquellas obras que 
debieran ser mas gratas a Dios, tanto en secreto como 
en publico, evitando todo lo que pudiera atraer su cd- 
Iera y ilenando su corazon del santo temor de Dios, 
buscando la defensa propia en el apoyo sdlido y la 
proteccidn segura de Dios, cumpliendo sus manda- 
mientos, poniendolo todo en manos de la providencia, 
conft'Sndose enteramente en El [pag. 20] y temiendole; 
pues Dios acompafia a los que le temen y a los que 
obran bien.„ 

"Le ordend que tomase el libro de Dios (el Alcoran) 



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- 25 



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y la zuria del profeta Mahoma (a quien Dios guarde y 

salve), como guias cuya luz le dirigiera por el recto 

camino, como meta ha:ia donde encaminarse, como 

lampara con que se alumbrara; pues con ambos se 

alcanza buena direccidn que evita todo extravio, se 

tiene clara explicacidn que disipa toda ignorancia, se 

cOnsigue solution concreta y ponuenorizada para toda 

dificultad u oscuridad, aclaracidn de toda cosa dudosa, 

argumento contundente, prueba categdrica, faro bri- 

Uante y elevado, remedio contra los movimientos pa- 

sionales del alma, guia y demostracidn evidente de la 

misericordia de Dios que irradia sobre todos los cre- 
yentes. „ 

"Le ordend que tuviese muy en la memoria que no 
lo habia elegido para los asuntos puramente munda- 
tios, ni politicos, pues la investidura del juez, cuyo po- 
der Dios ensalzd e hizo de el mencidn honorifica (1), 
fu6 ennoblecida precisamente por habersele conferidb 
la noble virtud de decidiry resolver, de parte de Dios, 
aquellos asuntos que se relacionan intimamente con la 
vida de la religion, la noble misidn de hacer cumpUr 
los deberes religiosos a los musulmanes, de obligar a 
obedecer los preceptos divinos a aquellos que tienen 
el deber de seguirlos. Al definir, pues, las prescrip- 
ciones legales a que deben someterse los que acudan 
| a su curia y al decidir acerca de lo que se le demande* 

[ en los asuntos que entren bajo su competencia, debe 

| el juez sujetarse a lo ordenado por Dios y debe tratar 

•de aproximarse en grado a Dios e irse acercando a el 



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(i) En alguaos versiculos del Alcoran se hace mencidn de los 

jueces, v, gr., sura V, versiculo 46: «D\os ama a los que juzgan con 
equidad.» 



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- 26 - 

y hacer exaraen de conciencia a cada instante, medi- 
tando acerca del pesado depdsito que se le confid y 
del fardo abrumador con que le ha cargado, porque 
de ello se le tomara cuenta, conforme Dios lo tiene 

ordenado y mandado. n 

"Le prescribid que, al intervener entre litigantes, exa- 
mine, pregunte, inquiera por los medios mas ingenio- 
sos y bien inlencionados y escuche con atencidn las 
deposiciones de los testigos; que se fije cuidadosamen- 
te en los [pag. 21] argumentos y pruebas que cada 
uno presente; que atienda con benevolencia y perdo- 
ne (1) el defecto que algunos tienen de no saber ex- 
presarse bien, o dispense al que no lo sabe hacer con 
claridad; pues el exigir que las partes expongarl sus 
argumentos no es obligacidn estricta que Dios haya 
impuesto 2l juez, ni se le impone como cosa necesaria, 
Litigantes hay que saben presentar, mejor que.otros, 
sus argumentos; que son muy expresivos en su len- 
guaje, rapidos en exponer bien las cuestiones de- 
mandasy muy habiles en ingeniar estratagemas sutiles 
en el modo.de plantear las cuestiones y, consagaridad 
y agudeza, saben contestar a todo; y si lo que ellos.se 
-Jlproponen conseguir, no es razonable; si su objetivo 
es.contrario a la justicia, el juez no esta obligado ni 
forzado a decidir en favor de setnejantes individuos; al 
contrarip, uno de los medios para atraerse la volun- 
tad, de Dios es el estar muy prevenido, muy despierto.; 
muy receloso, muy sobre si, para guardarse.de. Ia;gen- 
te cngafiadora, disputadora, pleitista e impostora (2) 



(t) La forum ,54(3*0$ no la enouentro : en los diccionarios co- 
Trie n tea. -.- , J;.- 

(a) **-uLiii parece slgmfic&r presttitar tcstigesfahas. 



TV^"-"""' * 



27 - 



que presenta testimonios falsos y violenta los derechos 
ajenos: no venga a resultar que el fuerte venza al de- 
bit, apropiindose los derechos que al debil correspon- 
dan. En atender el juez a esto, en ser muy escrupuloso 
en tales materias, en contar que Dios ha de recom- 
pensarle por esa conducta, consiste precisamente el 
que triunfe lo justo y verdadero sobre... (1) lo falso: 
ciertamente lo falso es perecedero.„ 

"Le ordend que los ministros suyos, sus consejeros 
y ayudantes, sean cual corresponden a la misidn tem- 
poral y_ espiritual que le esta" encomendada, es decir, 
hombres sabios en la ley religiosa, que sepan derecho 
y moral, hombres religiosos y de la completa confian- 
za de la persona que ha de aceptar sus consejos. Ade- 
m£s le ordend que se pusiese en correspondencia por 
escrito.con las personas que, teniendo esas nrismas 
laudables condiciones, vivan fuera de su distrito o ju- 
lisdiccidn; que cpntraste las opiniones de uno con la 
de otros y que se esfuerce en averiguar la verdad; pues 
Dios dice en su libro (2) que nos consumed por boca 
del veridico profeta Mahoma: "consultales en sus asun- 
tos y cuando hayas tornado la resolution, dejalo todo 
a la voluntad de Dios,, [p£g. 22]. Que los alguaciles 
y sayones, de quienes se haya de serv'ir para Uenar las 
funciones judtciales, sea gente honesta y continente 
[que se abstenga de lo Uicito], hombres que cumplan 
sus deberes religiosos, apartados completamente de la 
cr&pula; porque lo que ellos hagan se imputara al juez 
a quien sirven; el pueblo echara la culpa al juez; pero 
si el juez, al designarlos, procede con cautela y cp- 



(l) Una palabra que no se Ice en el manuscrito. 
(i) Alcor&n, sura III, verslculo 153. 






- 28 - 

rrecc&n, hi se le imputaran los yerros, ni se dudar£ 
de sus buenas intenciones y conducta, Dios mediante.,„ 
"Le mand6 que menudeey mantenga las audiencias 
y sesibnes, pgra favorecer a aquellas personas cuyos 
asuiitos Diosle encomendd queguardara celosamente-j- 
para eso le did la investidura de juez y le puso como 
obligacidrt anexa el que sentencie, bien en favor, biert 
en contra. Que se deje llevar pocas veces del enojon-i 
del enfado al oir a los reclamantes, antes bien em'plee 
su voluntad, su inteligencia.su cuidado, sus reflexion 
nes, su ingenio y su lengua no sdlo en procuracies 
ampliamente la justitia y la equidad, sino en tratar de 
reconciliar a las partes y avenirlas. Esto anima muchc* 
a los hombres y les hace concebir risuefias esperarizas 
y es medio seguro para atraerse el cariflo, la Jjuena 
voluntad y la confianza de todos, pues quedan pren-- 
<Jados de la temperancia, continencia y excelente ma. 
riera de obrar del juez. Hay que contar que, entre los 
que van a la curia, los hay dSbiles, inca.paces de 
atraerse la afeccidn de nadie y aim enfermos de enfer- 
dad crtfnicaj que son carga pesada para los otrbs; 
al juez corresponde, en todo tiempo, cuidar devque 
esos infelices sean atendidos; y no debe hacer nada 
en favor de ios pleiteadores, amigos de reflir o disr 
putar (1), ni de los perversos ni de los que se precis 
■pitan-en asuntos dudosqs. Que en la audiencias deja 
curia y en eldespacho y examen de las causas proceda 
activa 6 aceleradamente, sin retardos ni.languideces: 
esto le dar& autoridad y hara mas firmes sus providen- 
cias y resoiueiones, sobre todo en lo referente a la .po- 
licfa y orden que deben guardarse en el juzgado.„ 



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(i) b^fcJI debe significar Jisfiuta, riAd... 



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- 29 — 

.-; "Le ordeno que solo oyeia las aseveraciones de los 
testigos cuando el las juzgaseverdaderasy sinceras; en 
esto debe usar de mucha austeridad, hasta el pttnto 
que no quede nada de lo que se debe/oir, sobre todo 
.ja declaration de las personas que garanticen la vera- 
cidad o bondad de los testigos. Debe inquirir y escrii- 
tar prolijamente las condiciones de todos los testimo- 
nies; a este Jin debe preguntar a varones [pdg. 23] 
santos, religiosos, sinceros, de quienes pueda fiarse, 
sin que quede el menor escriipulo, que conozcan a los 
testigos y sepan con intimidad las cualidades de estos. 
No debe.apresurarse a dar sentencia hasta que haya 
examinado a fondo los argumentos de los. litigantes y 
sus pruebas y, adenias, a las personas que garantizari 
la probidad de los testigos. [Para no precipitarse] les 
debe seflalar plazos para sus alegatos y pruebas, de- 
biendo estos ser lo suficienteinente amplios para que 
pueda quedar bien clara y evidente la verdad y se 
descorran los velos que puedan ocultarla. Y cuando el 
jucz haya adquirido conviction profunda y esteseguro 
de la verdad, no debe demorar la resolution: inrae- 
diatamente que tenga evidencia, conocimiento cierto 
y firme, el y los faquies de su consejo, debe pronun- 
ciar sentencia. „ 

■ "Le ordeno. que recurra a estudiar en los libros, en 
los casos nuevos que se le presenten y exijan ese estu- 
dio, para dictar sus providencias, sobre todo en los 
dudosos y dificiles. Eso mismo tuvo que hacer el juez 
Ibrahim ben Harb, para sentenciar algunos pleitos, 
modelo cuya conducta se debe imitar, cinendose a la 
pauta que el se impuso, a fin de que los procesos. o 
causas se sustancien conforme a orden sistematico : en 
que los principios se.correspondan. con las consecuen* 



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- 30 - 

cias. De ese modo las resoluciones llevaran garantfa 
de solidez y firmeza, si Dios quiere.„ 

"Tal es la recomendacion, orden y encargo que ten- 
go que hacerte y la misidn que te confio: si la desem- 
penas conformandote preferentemente con lo que a 
Dios agrada y obedeciendole, haciendo cumplir las 
funciones de policia al almotacen y ayudando en su 
funcidn a los amines (o empleados de hacienda), esta 
credencial vendra a constituir uti acta y hasta un di- 
ploma en favor tuyo; pero si no obras con arreglo a 
estas instrucciones, vendra a ser un documento contra 
ti. Pidoa Dios que te ayude, te fortalezca, te haga 
marchar por ia recta via, te asista y dirija hacia el 
bien: 61 es el mejor ayudante y asistente. Dios salve a 
Mahoma.„ 

[Pag. 24] Aflade Ahmed ben Farech: yo dije a Ah- 
med ben Isa: 

— Tienes memoria privilegiada, puesto que te acuer- 
das de un documento tan largo como ese y de tales 
historias antiguas. 

—Las aprendi— contesto Benisa— siendo muy j ri- 
ven, de mi abuelo que me las contaba; el vivid lo 
bastante para que yo le pudiera tratar, y era uno de los 
hombres mas doctos en la historia de los paises occi- 
dentales: sabia muy bien los sucesos c!e su conquista 
y la historia de los Omeyas de Espaila. Yo poseia va- 
rios libros de mi abuelo, que contenian hermosas y 
peregrinas obras historicas; pero se perdieron en un 
incendio que ocurrid en mi casa. Me han dicho que 
algunos aglabies o quiza xiies, que viven en Andalu* 
cla, pretenden que este documento les pertenece, pues 
fue escrito para uno de los jueces suyos de esta secta; 



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pero eso no es verdad: la credencial fue expedida ett 
favor de Mahdi benMosiim; lo se desde hace mucho 
tiempo, desde mi juventud, cuando lo aprendi de mi 
abuelo. £Se acuerdan en Andalucia de este documento? 
—No he oido hablar de el en mi tierra- le conteste 
yo— ; ni se recuerda siquiera en Andalucia el nombre 

de este Mahdi. 

—He preguntado lambien a otros andaluces— dijo 
Benisa— y no le conocian; pero joh, latinado! (1), 
icdmo es que se ha perdido entre vosotros la me- 
moria de Mahdi? Quiza, creo yo, no haya dejado pos- 
teridad y se haya olvidado su memoria por las guerras 
civiles que en vuestro pais han ocurrido. 



DEL JUEZ ANTARA BEN FELAH 



Me ha contado Ahmed ben Farech ben Montel lo 

siguiente: 

Estando yo en Elarex de Siria, conoci a Abumoha- 
med Maslama ben Zora ben Ruh [pag. 25]. Era este 
un anciano que rayaba en In centuria, segun me dije- 
ron, y habia alcanzado a Harmala, discipulo de El 
Xafei; de el aprendi tradiciones del Profeta, las cuales 
habia aprendido el de Harmala y otros tradicionistas. 
Me dijeron que era cliente de los Omeyas, de los que 
era muy adicto y devoto partidario; lo que puedo ase- 
gurar es que sabia la historia antigua y moderna de 
los Omeyas, especialmente la historia de Andalucia. 
Pues bien; cierto dia vi, en una de las mezquitas alja- 



(i) Textualmeote aijamiado. 



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-- 33 - 

mas'de los beduinos, un sermon escrito en caracte- 
res rudos, en pergamino pegado a la pared, frente i 
frente del ptjlpito desde el cual se predicaba; y cuan- 
do Abenruh se ponia a predicar, miraba hacia el per- 
gamino y, claro es, no titubeaba, ni se paraba en el 
sermdn. Luego habie con el acerca de esto, y les eche 
en cara aquello, diciendoles: 

. — Vosotros sois orientales, a los que todo el mundo 
reconoce como h&biles para hablar la lengua arabe y 
diestros para expresarse muy bien y hasta para predi- 
car de repente y sin preparacidn alguna y, sin embar- 
go, necesitais acudir al expediente de leer el sermon. 
No he visto yo semejante cosa en las comarcas occi- 
dentales, a pesar de que no son hombresde elocucion 
fecil. 

— Aun es mds gracioso — contesto Abenruh — lo 
que ocurre en la capital de vuestro pais, en la corte 
de vuestros sultanes. Me contaba mi padre, por ha- 
berselo oido contar a mi abuelo, que alia* en Cordoba, 
vuestra patria, hubo en tiempos pasados un juez, 11a- 
mado Antara ben Felah, hombre piadoso y devoto, al 
cual, cierto dia en que presidia las rogativas publicas 
para pedir agua, despues que rezd perfectamente las 
oraciones y predico el sermon, presentdsele un hom- 
bre del pueblo bajo de C6rdoba, y le dijo: 

— |Oh juez misionero! Ya se ve que tii eres bueno 
en la apariencia; Dios haga que en el fuero interno lo 
seas tambien. 

—Si, si— contesto el juez— que nos haga buenos 
a todos. Y Jpor que has dicho eso, querido? 

— Si— contesto" el hombre—; con el chorro de tus 
indecentes discursos [pag. 26] ya hemos logrado la 
copiosa lluvia que pedias en tu rogativa. 



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- 33 - 

Al olr semej'ante reconvention, el juez se dijo a sf 
mismo: "Dios mio, prometo dar en limosna, en con- 
sideration a ti, todos los objetos comestibles que ac- 
tualmente sean de mi propiedad.,, E inmediatamente 
hizo el proposito de dirigirse a su casa y repartirentre 
j los pobres todo lo que habia ahorrado (1). 

i Dice Abenruh: Y aquel dia cayeron lluvias genera- 

f les en toda Andalucia. 

Aun anadid lo siguiente: Este juez Antara solia de- 
cir: "Yo no puedo hablar seguidamente, tenietido al 
[ pueblo delante. n Lo que hacia era que cuando predi- 

l caba se echaba una prenda de su traje para taparse el 

! rostro [y no ver a la gente]; pero otros dicen que no 

j se lapaba por eso, sino que Uevaba el sermdn escrito 

| en una hoja cosida en la parte del vestido con que se 

cubria la cara. Eso es semejante a lo que has visto 
que hacemos aqui; y no por eso dejan de tener efica- 
cia y producir buen efecto estos sermones. 



DEL JUEZ MOHACHIR BEN NAUFAL EL CORAXf 



Contdme Ahmed ben Farech ben Montel que Mas- 
lama ben Zora le refirid: oi contar a mi padre varias 
veces, por haberselo oido referir a su abuelo, el cual 
estuvo en Andalucia, lo siguiente: 

No he visto jueces semejantes a los andaluces, que 
se entreguen tan completamente al servicio de Dios y 
hagan vida tan piadosa. Yo vi en Andalucia a un juez 
Uamado Mohachir ben Naufal El Coraxi, el cual, al 



(l) Lease jS&| y no j&h| del manuacrito. 

8 



- 34 - 

acudir el pueblo para que el decidiera sus cuestiones, 
no cesaba de hablarles de Dios y de infundirles el te- 
mordivino; les recordaba que la colera divina alcan- 
za a los que en este mundo hacen vida frivola [sin 
acordarse de Dios]; les exhortaba poniendoles de ma- 
nifiesto los castigos de la otra vida y el terrible com- 
parecerante la presencia de Dios en el dia del j'uicio; 
luego solia hablarles [pag. 27] de la exquisita pruden- 
cia a que estaba obligado ei juez, a quien se impone 
como obligacidn atender escrupulosamente a los asun- 
tos que le han encomendado y estudiar la ley religio- 
sa; despues comenzaba a lamentarsc y aun a llorar de- 
lante de todos, hasta el punto que yo vi al pueblo 
marcharse llorando, imbuidos todos del santo temor 
de Dios, despues de haberse avenido ellos mismos, 
cediendose sus mutuos derechos [sin necesidad de 
sentencia]. En su muerte, segun me han dicho, ocu- 
rrid un caso maravilloso: murid sin dejar mujer ni hi- 
jos; fue enterrado en un cementerio, al orienle de Cor- 
doba, a la orilla de un gran rio que alii hay; el entie- 
rro se hizo de noche, por expresa disposition del di- 
funto, segun creo, y al echar tierra sobre el cadaver, 
los que presenciaban la inhumacidn oyeron unas pa- 
labras que salian del fondo del sepulcro; pusieron 
atencion y se oyd que el difunto gritaba y decia: 

— Os advierto que la tumba es por demas angustio- 
sa; y que trae muy malas consecuencias el haber ejer- 

cido el cargo de juez. 

Dice el narrador: Y quitaron la tierra con que lo ha- 
bian cubierto, figurandose que aun estaba vivo, y se 
lo encontraron con el rostro tapado, muerto realmen- 
te, en el mismo estado en que se encontraba cuando 
le enterraron. 



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35 ~ 



DEL JUEZ YAHIA BEN YECID EL TOCHIBf 

He oido referir a un ulema, como noticia muy di- 
vulgada, que cuando Abderrahmen I entrd en Cordo- 
ba y fue proclamado rey, se hallaba ejerciendo el car- 
go de juez de la capital Yahia ben Yecid El Tochibi, y 
el soberano le confirmd en el puesto sin destituirle. An- 
tes de esa fecha se decia de el y de los jueces anterio- 
res: "Fulano esjuez de la colonia milltar,; pero cuan- 
do El Fihri se rebeld en Granada y Abderrahmen I le 
forzd a [pag. 28] abdicar y tuvieron que hacerse las 
capitulaciones ante el juez Yahia, este, que estaba pre- 
sente, escribid en el documento en que se consigna- 
ron las estipulaciones, la siguiente frase: H y esto fu6 a 
presencia de Yahia ben Yecid, juez de la aljama„. As! 
lo he oido referir; pero yo he visto una providencia 
autorizada por Mohamed ben Baxir en que se dice: 
"Providencia de Mohamed ben Baxir, joe? de la colo- 
nia milltar en Cordoba. „ Realmente, el llamarse al 
juez de Cordoba juez de la aljama, es denominacidn 
moderna; en los antiguos tiempos no se empled ese 
titulo. 

Todas las personas con quienes he mantenido yo 
correspondencia, estan conformes en que Yahia ben 
Yecid El Tochibi fue nombrado en Oriente juez par- 
ticular de Andalucia y que vino a Andalucia con este 
caracter; pero en lo que no estan conformes es acerca 
de quien fue el que le nombrd; una versidn, autoriza- 
da por Abenguadah, dice que Yahia ben Yecid fu6 
nombrado juez de Andalucia por Omar ben Abde- 
laziz. 



- 36 - 

Yahia fue un santo vardn del que se cuenta que 
cuando entrd en Andalucia Abderrahmen I se man- 
tuvo separado de los partidos que mantenian la gue- 
rra: no quiso tenir sus manos de sangre; pero cuando 
file" reconocido soberano Abderrahmen I, se adhirio a 

la proclamation espontaneamente. 

Otros narradores de sucesos histdricos me han iefe- 
rido que despues que Balech ben Bixr vino a Espafla 
y tuvieron lugar los acontecimientos que todo el mun- 
do sabe con Abdelmelic ben Catan El Fihri, y que los 
hijos de este obtuvieron la ayuda de Abderrahmen 
ben Ocba (1) El Lajmi, y ocurrid el grave suceso de 
la muerte de Balech ben Bixr, Hegd la noticia a cono- 
cimiento de Hantala ben Safuan El Quelbi, jefe de 
Ifriquia, y envid a Espafia, en calidad de gobernador, 
a Abuljatar Hosam [pag. 29] ben Dirar El Quelbi, dis- 
poniendo a! mismo tiempo que Yahia ben Yecid El 
Tochibi viniera a Espafla, en calidad de juez, acom- 
pafiando a ese gobernador. Era Yahia un arabe siria- 
co que habitaba entonces en Ifriquia. 

Me han contado varios ulemas que el monarca Ab- 
derrahmen I, cuando entrd en el alcazar [de Cordoba] 
se encontrd alii con las hijas de Yusuf ben Abderrah- 
men EI Fihri con todo el resto de la familia de este. 
Una de las hijas de El Fihri le dijo a Abderrahmen I: 
"Hermano, ya que te has enseiloreado de Cordoba, 
pdrtate bien con nosotras.„ Abderrahmen I mando 11a- 
mar a Yahia ben Yecid, que era el juez, e hizo entre- 
ga a este de toda la familia de El Fihri, disponiendo 
que fuera atendida y guardada cuidadosamente. Pero 
cuando Abderrahmen I salid de Cordoba en busca de 



(i) En Ajbar Machmua se le llama Abderrahmen ben Alcama. 



— 37 - 

Yusuf El Fihri, hacia la region de Merida, este Yusuf, 
aprovechando la ausencia del soberano, se metid en 
Cordoba y se apoderd de dos muchachas de Abde- 
rrahmen I, a las cuales este amaba. Entonces el juez 
Yahia ben Yecid dijo al Fihri: "Eres un villano. Ab- 
derrahmen cogid a tus hijas y a tus mujeres principa- 
ls y las ha tratado bien, hasta el pun'o de trasladar- 
las a tu casa, sin que ningun accidente les ocurriera; 
tii, en cambio, te has apoderado de sus dos mucha- 
chas, que no son tan respetables como las tuyas, y te 
las has adjudicado.,, El Fihri, al oir esto.se avergonzd 
desuconducta y se las devolvid diciendo: "Aun no 
las he mirado siquiera la cara; tdmalasy entregaselas.. 
He visto en algunas anecdotas que Mohamed ben 
Guadah reieria que el hijo de Yahia ben Yecid El To- 
chibi fue uno de los complicados en la sublevacidn 
quesetramden Cordoba contra Abderrahmen I, en 
connivencia con Yahia ben Yecid ben Hixem y Abdel- 
melic ben Aban ben Moavia ben Hixem [pag. 30], y 
que fue metido a buenrecaudo, juntamente con estos 
dos antecitados y otros partidarios suyos, en los jardi- 
nes de la Ruzafa. 




fCAPlTULO EN QUE SE TRATA DE LOS JUECES 
NOMBRADOS POR LOS CALIFAS] 

1 

DEL JUEZ MOAVIA BEN SALIH EL HADRAMf 

Abuamer Moavia ben abi Ahmed Salih ben OtmSn, 
el conocido por Harir, ben Said ben Sad ben Fihr El 
Hadrami, procedia defamiliasiriaca, de Emesa; se le 
conocia por el sobrenombre de Ganat-abs; entrd en 
Andalucia antes de la venida de Abderrahmen I y fijd 
su residencia en Seviila. Fue uno de los uiemas m£s 
notables y de los tradicionistas que aprovecharon las 
ensefianzas de aigunos que fueron maestros de Malic 
ben Anas, tales como Yahia ben Said y otros. 

Narraron tradiciones citando la autoridad de Moa- 
via ben Salih una multitud de hombres distinguidos 
en las ciencias religiosas, tales como Sofian El Taurl, 
Sofi^n ben Oyaina y AMait. Se dice que el propio 
Malic ben Anas citd, como autoridad, el nombre de 
este Moavia, aunque no fuese mas que en una sola 
tradicion. Tambien se dice que Malic ben Anas tuvo 
un dia [en ocasidn de hallarse en Medina ese juez an- 
daluz] el propdsito de visitar a Moavia; pero al ir a 
verle a su casa, se volvid sin haberle visitado. 

Refiere Mohamed ben Guadah que Yahia ben Main 
le preguntd en cierta ocasidn: 

— .iHabeis coleccionado las tradiciones de Moavia 
ben S41ih? 



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— No— le dijo Abenguadah. 

— d Y que es lo que os ha impedido llevar a efecto 
este trabajo?-replico Yahia. 

—Vino a un pais [pag. 31] donde no habfa real- 
mente hombres que supiesen la ley religiosa - contes- 

\6 Abenguadah. 
—iAh! Habeis dejado perder mucha ciencia— ex- 

clamo Abentnain. 

Cuenta Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman que, 
cuando Abderrahmen I ordeno a Moavia emprendiese 
elviaie a Siria, aprovecho este la ocasi6n para hacer 
la oeregrinacion a la Meca, y los [estudiantes] del Irac 
pusieron por escrito muchas tradiciones quelescomu- 

nicd Moavia. u 

Y decia Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman: He 
podido evidenciarme de que las tradiciones profebcas 
que comunico Moavia son muy estimadas en el Irac, 
pues Mohamed ben Ahmed ben abi Jaitama me dijo 

3 "Hyo tendria mucho gusto de ir a Espafia para in- 
formant de los manuscritos originates que pertene- 

cieron a Moavia ben Salih. 

Taflade Abenayman: Cuando yo volv a Espana, 
busque los originales y manuscritos, y halle que por 
aUa de cuidado de! pueblo espaflol se habian ^perd.do 

Mohamed ben Abdelmelic ben Aymto d «eb tarn 
bien: He leido con mucho cuidado la H.ston d All 
med ben abi Jaitama, tratando de fuarme en las trad 
dones de Moavia a que pudiera aludirse en esa obr , 
sobre todo cuando este autor cita a persona de Sma 
y especialmente cuando relata nofc.as de los de Em 
sa , y no he encontrado que lo cite sino en dos o tres 
tradiciones. 



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— 40 - 

Ahmed ben Ziad refiere que Mohamed ben Guadah 
contaba que Yahia ben Yahia le dijo: "El primero que 
introdujo en Espafia las Iradiciones del Profeta fufi 
Moavia ben Salih de Emesa.,, 

Un ulema refiere que Moavia ben Salih fue narra- 
dor de tradiciones aprendidas de los sabios de Siria 
[pag. 32]; que vivid hasta edad muy avanzada y fue 
el que mas se distinguid en aquellos tiempos. Una 
prueba de que fue el principal y mas distinguido esta 
en que Zeid ben Alhobab El Ocii, uno de los sabios 
con quienes comunicd Abubequer ben abi Xaiba, fa- 
moso entre los tradicionistas, hizo un viaje a Espafia 
desdc Irac y aprendid aqui, de Moavia, multitud de 
tradiciones. Ahmed ben Jalid contaba que Abuabdel- 
melic Meruan ben Abdala El Faj'ar le dijo lo siguiente: 
•Of referir a Abusaid EI Axach que Zeid ben Alho- 
bab era cliente de Oct [por eso se Ilamaba El Ocli].„ 
Y he oido referir a Abda ben Abdala que Zeid ben Al- 
hobab decia: "Vine a Espafia y escribi tradiciones al 
dictado de Moavia ben Salih. „ 

Hemos dicho ya que Moavia ben Salih entrd en Es- 
pafia antes de que viniera Abderrahmen I y que fijd su 
residencia en Sevilla y en esa ciudad vivid hasta que 
vino el citado monarca. Al ser este proclamado por 
todos como rey de Espafia y apaciguarse y ordenarse 
los asuntos politicos, envid el soberano a Moavia a Si- 
ria para que trajera a su hermana Om Asbag. Pero 
esta hermana de Abderrahmen I no quiso trasladarse 
a Andalucia y dijo: "Yo ya me he hecho vieja; no esta 
muy lejano el dia en que haya de dar cuenta a Dios; 
no estoy en disposicidn de atravesar mares y desiertos; 
me basta con saber que Dios ha colmado de benefi- 
cios a mi hermano.- 



-*■* :■ 



■ 



.... 41 - 

Me dijo a mi Moh&med ben Abdemelic ben Ay- 
m&n: En ese viaje, algunos notables ulemas escribie- 
ron o anotaron tradiciones que Moavia les comunicd. 
Y afladia: Luego, cuando Moavia volvid a Cordoba, 
presentd a Abderrahmen I [pag. 33] algunos regalos 
que para el monarca le habian entregado sus amigos 
de Siria. Entre esos regalos se hallaba el granado que 
ahora es conocido en Espafia con el nombre de gra- 
nado assafari. Los contertulios de Abderrahmen I se 
pusieron a hablar de Siria y a manifestar la nostalgia 
que sentian al recordar su pais natal. En're esos con- 
tertulios habla uno que se llamaba Safar, el cual cogid 
una rama de aquel granado, la cuidd y plantd, hasta 
que pudo arraigar y prender muy bien (1) y dar fruto. 
El granado que hoy se conoce con el nombre de assa- 
fari tomd el nombre de ese Safar. 

Refiere Ahmed ben Jalid que cuando Abderrah- 
men I envio a Moavia ben Salih a Siria, hizo este la 
peregrination en ese viaje y, al entrar en la Caaba, en 
los dias en que se reunen los peregrinos en la Meca, 
asistio a las reuniones que alii tenian los tradicionis- 
tas, tales como Abderrahmen ben Mahdi, Yahia ben 
Said El CatSn y otros contemporaneos. Moavia, tier- 
to dia, acercdse a una de las columnas del templo, 
rezd con dos prosternaciones y luego se fue a inter- 
cambiar las enseflanzas con aquellos con quienes solia 
comunicarse. Estos le refirieron algunas tradiciones y; 
al tocarle su turno, comenzddiciendo: 

—Me refirid Abuazahiria Hodair ben Coraib, al cual 
se lo refirid Chobair ben Nofair, que a su vez habia 



(l) ^9 aal dice el manuscrito. Dozy leyo **♦* y pus° un ar- 
tfculo en su Supfl. aux dicc, que debe borrarse. 






- 42 - 

i 

recibido la tradicion de Abuaddarda, a quien se lo co- 
comunicd el mismo Profeta... 

Algunos de la reunion al oir estas palabras dijeron: 

— Maestro, tenga usted un poco de escrupulo y te- 
mor de Dios; no mienta usted; no hay nadie en la su- 
perfine de la tierra que haya oido tradiciones de Abua- 
zahiria, por conducto de Chobair ben Nofair y de 
Abuaddarda, mas. que un hombre, el cual debe de es- 
tar en Andalucia y se apellida Moavia ben Salih. 

— Ese Moavia ben Salih — les replied el— soy yo. 

Al oir eso, aquella asamblea ya no pudo mantener- 
se, porque en vez de atender a otros, se agolparon to- 
dos en derredor suyo y copiaron la mucha ciencia re- 
Hgiosa que el les hubo de comunicar durante el tiem- 
po que permanecid la peregrinacidn en Meca. 

[P3g. 34] Despues que Moavia ben Salih volvid de 
Siria y se presentd a Abderrahmen I, este soberano le 
nombrd juez y jefe de la oration. Un afio este monarca 
hubo de salir en expedicidn guerrera hacia Zaragoza, 
y Moavia ben Salih se incorporo al ejercito como mi- 
litar. Su vida era )a siguiente: pasaba la noche en com- 
pleta vigifia, orando hasta el amanecer, yentonces se 
arropatoa con el sobretodo, se revesti'a de las armas e 
iba a ocupar su puesto en las filas del ejercito rnien- 
tras duraba el combate; y alii se mantenia cumpliendo 
como bueno. 

Moh&med ben Omar ben Abdelaziz cuenta que AH 
ben abi Xaiba le refirid lo siguiente: Moavia ben Sdlih 
salio en expedicidn guerrera, siendo juez de la aljama 
[de Cordoba], en compafiia de Abderrahmen I, en di- 
reccidn a Zaragoza, donde tenia que guerrear contra 
Abenalarabi. Pues bien, cuando se llamaba a las ar- 



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_ 43 - 

mas al ejercito para entrar en batalla, Moavia presenta- 
base con su regimiento de la seccion egipcia y se man- 
tenia en su puesto, apoyado en su ballesta, hasta que 
cesaba el combate. 

Ahmed ben Ziad dice que Mohamed ben Guadah 
le conto que Harb, un sujeto del pueblo de Xobelar, 
narraba lo siguiente: Me encontraba yo en la mezqui- 
ta aljama, dentro de la macsara, un dia de viernes y, 
entre la gente que alii estabamos, hallabase un hom- 
bre que por devocion leia el Alcoran en voz tan alta, 
que se hacia oir de lcjos, a tiempo en que entro Moa- 
via ben Salih en la macsara. Era ei, entonces, juez y 
jefe de la oracion. Moavia oyo el ruido que armaba 
aquel hombre al recitar; se dirigio a el, le cogio el bo- 
nete o gorro que llevaba en la cabeza y se lo lanzo 
alia bien lejos en uno de los rincones de la macsara, 
a vista de toda la gente que estaba alii reunida; y dijo 
en voz baja a ese que recitaba el Alcoran: "<;Tu sabes 
adonde ha ido a parar tu bonete? Pues hasta ese pun- 
to ha Uegado la molestia que causas tu al publico. „ 
Moavia inmediatamente se fue a ocupar la presides 
cia para dirigir la oracion [pag. 35]. Luego, termina- 
dos los oficios, hubo persona que le pregunto a aquel 
hombre: "iQue es lo que te ha- dicho Moavia?„ Y el 
hombre repitio la frase que nemos antes referido. 

Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman cuenta que 
Moavia permanecio" algun tiempo, en el reinado de 
Abderrahmen I, retirado, cesante y oscurecido com- 
pletamente, hasta que un dia en que el soberano, sen- 
tado en la Azotea de palacio, le vi<5 pasar por el puen- 
te {del Guadalquivir] y se le renovd la memoria de 
aquel hombre, le vino a las mientes la desconside- 
racidn con que se le trataba y envio a Uamarle, 



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_ 44 - 

le hizo regalos y Ie admitid nuevamente a su gracia. 

Acerca de esto he oido referir otra version y es: que 
Said El Jair, hijo de Abderrahmen I, intercedio por el 
ante su padre, hasta que le restituyd a la gracia del so- 
berano; y le volvid este a tratar con la misma conside- 
racidn con que antes le habia tratado. 

Moavia ben SMih contrajo parentesco de afinidai 
con Ziad ben Abderrahmen, dando a este en casamien- 
to a su hija Hamida, de la que Ziad obtuvo descen- 
dencia. A Ziad le ocurrid un caso con susuegro Moa- 
via, suceso que entonces se divulgd y del que se ha 
hablado mucho; fue el siguiente: 

Ziad quiso ver a su esposa cuando esta se hallaba 
aiin en casa de su padre, antes de scr conducida a casa 
de su esposo, cosa que algunos suelen hacer; pero a 
las mujeres [de casa de Moavia] se les figurd que a 
este, su suegro, no le gustaria la licencia que pensaba 
tomarse el recien casado, por lo cual unicamente le 
consintieron que fuera despues de anochecido. Ziad, 
a esa hora, se metid en el zagu£n; pero tuvo la mala 
suerte de que la caballeria de Moavia, que estaba alii, 
se espantara y se armase con ese motivo un grande 
estrepito, cabalmente a tiempo en que Moavia, su sue- 
gro, salia de casa para ir a la mezquita a hacer la ora- 
ci(5n. Ai oir el ruido de la caballeria se extrafid; pidid 
que le trajeran una lampara y, al alumbrar, se encontrd 
con que Ziad se habia metido en el propio pesebre de 
la bestia, alia" en uno de los rincones del zaguSn. 
Moavia, en vez de disgustarse, no dijo ma's que la si- 
guiente frase: 

— jHombre, hombre, yo creo que se os debiera 

haber tratado con un poquito ma's de consideracidn! 

[P£g. 36] Ahmed ben Ziad refiere que a Isa ben 



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- 45 — 

Bequer, el pedagogo, le habia narrado persona fide- 
digna , la cual lo habia oido contar a Amir ben Moavia 
y a otros, lo siguiente: 

Moavia ben Satin hizo una segunda peregrination 
a la Meca despues de la anterior [que hemos mencio- 
nado], saliendo de Andalucia acornpanado de Ziad 
ben Abdeirahmen. Al llegar ambos a Medina, Ziad 
ben Abderrahmen se fue a casa de Malic ben Anas y 
ievisito. Ziad y Malic se conocian ya, porque Ziad 
en su viaje anterior habia asistido a la clase de Malic. 
Ziad, enesa visita, le dio a entender a Malic que 
Moavia acababa de llegar a Medina y Malic le rog6 
que le hiciera venir a su casa; ambos fueron a visitar 
a Malic. Moavia en aquella ocasion propuso a Malic 
cerca de doscientas cuestiones y Malic contest6 a to- 
das. Despues, otro dia, Ziad ben Abderrahmen quiso 
sondear a Malic [acerca de la opinion que habia for- 
mado de Moavia] y le preguntd: 

— <jQue le parece a usted Moavia? 

— N'adie me ha propuesto cuestiones semejantes a 
las que me ha presentado Moavia ben Salih— contes- 
ts Malic. 

Ziad luego interrog6 a Moavia acerca de Malic y 

Moavia contesto: 
—A nadie se me ha ocurrido presentar cuestiones, 

que pueda ponerse en parangon con Malic. 

Refiere Ahmed ben Hazam que MohSmed ben 
Omar ben Lobaba conto lo siguiente: 

Yiisuf El Fihri regalo una joven esclava a Moavia 
ben Salih, de la cual tuvo este un hijo. Cuando subi6 
al trono Abderrahmen I, le fue reclamada en pleito a 
Moavia ben Salih; pero se declaro que este tenia de- 



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- 46 - 

recho a conservar en su poder a la muchacha. Pregun- 
tdsele a Moavia acerca de esta cuestion y del motivo 
o razdn que habfa alegado para fundar su derecho, y 
contests : 

—He alegado el precedente de Abuazahiria ante e 1 
cual se sustancid un pieito sobre [pag. 37] un pilar 
que un hombre habia construido para sostener un mu- 
ro que pertenecia a otro, pilar que se consider^ como 
obra necesaria para que el muro no se derrumbase. 
Abuazahiria sentencid en favor de aquel que habia 
construido el pilar, pues se hizo la siguiente reflexion: 
"si sele quita ese pilar, el muro necesariamente ha de 
sufrir dafio„. Pues bien, yo creo que si a es*e hijo 
mlo se le quita a su madre, sufrira mas dafio que po- 
dia haber sufrido aquella pared al quitarle el muro. 

Este razonamiento se aceptd y esa es la jurisprudent 
cia que se ha mantenido [aqui en Andalucia] en tales 
casos. Pero [afiade el narrador] yo consults con Aben 
Lobaba, para que me dijera su opinion, y se cruzd de 
brazos y no quiso soltar prenda, aunque recordaba bien 
el caso, pues me dijo que esa esclava se llamaba Jola. 

Ahmed ben Said refiere que Abdala ben Mohamed 
ben abi Elgualid El Arach decia: Esta esclava Jola era 
deformey tea, y tenia a su se>vicio otra esclava muy 
guapa llamada Soad. Por eso entre el pueblo [de Cor- 
doba] ha quedado como adagio: "jQuediferencia entre 
Jola y Soad!,, 

Malic no se ha expresado de manera constante, sino 
que ha expuesto opiniones distintas, acerca de los de- 
rechos que derivan de la posesion de la manceba en 
caso semejante. En una ocasiCn dijo que debia que- 
darse con ella aquel que la habia hecho concebir, si 
bien pagando el valor de la manceba y pagando ade- 



- 47 - 

mSs el precio del hijo que de ella se hubiera tenido; 
pero cuando el mismo Malic me demandado ante el 
juez por causa parecida, declard como jurisconsulto 
que sdlo debia pagar el precio de la madre y nada mas. 

Jalid ben Sad cuenta que Mohamed ben Hixem ha- 
bia oido decir a Ahmed ben Yecid ben Abderrahmen 
que Mohamed ben Guadah referia que el monarca 
Hixem I asistid al entierro de Moavia ben Salih, el 
cual tuvo lugar en el arrabal [de Cordoba]; y anduvo 
a pie acompaflando al feretro. 

Dice JSlid que Mohamed ben Hixem le cont6 que 
Isa, el asceta, habia oido referir a Yahia ben Yahia 
[pag. 38] esta frase: "Aqui murio" Moavia ben Salih y 
fue enterrado en el arrabal.,, 

Moavia ben Salih tenia un hermano quese llamaba 
Mohamed ben Salih, cuya descendencia numerosa 
quedo en Siria, sin que ninguno de eilosviniese a Es- 

pana. 
Ahmed ben Moh&med ben Ayman me conto lo si- 

guiente: 

Yo he visto una carta que la familia de ese hermano 
que quedo en Siria escribid a la otra famila de Moa- 
via residente en Andalucia, la cual carta textualmente 

dice asi: 
"En nombre de Dios misericordioso y clemente.„ 

-A toda la iamilia de Moavia ben Salih El Hadrami, 

de parte de toda la familia de Mohamed ben Salih El 

Hadrami. Rogamos a Dios que os proteja con su 

guarda, os atienda con su divino cuidado, os colme 

de beneficios y multiplique sus favores. El Dios, cuya 

alabanza honra al que la hace y cuyos nombres deben 

ser benditos, puso entre los hombres la costumbre de 

qsar denominaciones familiares, por las cuales ellos 



1* 




48 



deben mirarse con simpatia unos a otros y permanecer 
unidos en amistad con el m&s solido de Ios vinculos, 
con fuerte firmeza. Vosotros, a quien Dios os de salud, 
sois para nosotros la parte de triDu mas cercana y la 
familia mas prdxima en parentesco, como que nos une 
a vosotros y a nosotros identico abuelo, conocido con 
el nombre de Hodair, es decir, que los lazos de . la 
sangre nos unen en igual grado por ambas partes. Si 
la providencia ha dispuesto que estuvieramos alejados 
residiendo desgraciadamente unos tan distanciados de 
los otros, eso no quiere decir que la separacidn deba 
aflojar los lazos que nos unen, ni la lejania que difi- 
culta nuestro trato, deba impedir las mutuas relacio- 
nes. Nosotros no hemosdejado de pensar en vosotros, 
a quien Dios honre, ni nemos dejado de preguntar por 
vosotros a los peregrinos de tierras occidentals, a 
quienes Dios ha concedido la gracia de poder venir 
por estas tierras de Oriente, con el ansia viva de que 
alguno de vosotros vinierais por aca o por lo menos 
de saber noticias vuestras; pero Dios no ha permitido 
que encontrasemos uno siquiera que nos indicara nada 
de vosotros [pag. 39] , ni nos diese noticias vuestras, 
hasta el punto que llegamos a sospechar, como era 
natural, que, con el transcurso de las noches y los dias 
y el pasar de los meses y de los aflos, vuestra familia 
se habria extinguido o desaparecido. Por fin, Dios nos 
hizo la gracia de proporcionarnos un medio de saber 
de vosotros, cosa que tanto anhelabamos, cuando ya 
casi se habia perdido la esperanza de lograr noticias 
vuestras. Ese medio es el portador de esta nuestra 
carta que ahora osdirigimos, Abulharit Bixr ben Mo- 
h£med ben Muza El Coraxi. Este sefior ha venido a 
Emesa, de vuelta de su viaje a Bagdad, en direccidn a 






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vuestro pais. El pregunto por nosotros, pues creydse 
obligado a ello en vuestro obsequio, porque sois, se- 
gun el nos comunica, tios suyos: su madre Om Amer 
es hija de Mohamed ben Moavia benSalih;el queria, 
al volver a Espafla, llevar noticias nuestras. Puesbien, 
-aqui 1c informaron del sitio en que viviamos y le in- 
dicaion como podria dirigirse a nosotros. Vino, de 
parte de el, un hombre que parece muy bueno, que 
tiene fa ma de vir'uoso, que nos dio" de vosotros y de 
vuestras cosas tales noticias que nosllenaron el pecho 
de alcgria y dc gozo: no le haciamos pregunta acerca 
de vosotros, inform andonos de lo que el sabia, que no 
oyeramos decir de vosotros algo que nos llenara de 
satisfaccidn: la alteza dc position que Dios os ha otor- 
gado y el prestigio de que gozais por vuestra conduc- 
ta y modo de pensar. Alabado sea Dios, sefior del 
univcrso, el favorcccdor, el honrado, el que nos ha 
hecho la gracia de que nos llegasen noticias tan agra- 
dables y supieramos con evidencia la alta posicion de 
que ahi gozais. A Dios pedimos que acabe de com- 
pletar las gracias de que os ha llenado, os colme de 
bienes y a nosotros nos conceda lo mismo, y que nos 
indemnice o compense a nosotros y a vosotros dc la 
dolorosa separacidn que su providencia nos ha im- 
puesto; y ya que Dios nos ha tenido scparados mucho 
tiempo aqui en la tierra, quiera el reunirnos en su pa- 
raiso, en la mansion celestial, morada de los escogi- 
dos. Dios es muy abierto a la misericordia [pag. 40] 
y atiende las suplicas de sus criaturas. Tal es la carta 
que os escribimos. Dios os libre de toda cosa des- 
agradable y a nosotros nos conserve en su gracia; 
toda prueba que de fil nos venga, la consideraremos 
como tin favor. Pertenecemos a la nobleza de nuestra 



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- 50 — 

tribu y toda nuestra familia y nuestro regimiento ocu- 
pamos el rango que podemosambicionar; todos viven 
en la opulencia y ocupan los primeros puestos. Bixr 
ben Mohamed se habra evidenciado de todo esto y os 
podra informar tal vez. Loado sea Dios, a el se deben 
gracias por los beneficios que dispensa y a el debe- 
mos rogar para que se sirva concedernos mas aun. La 
paz sea con vosotros, la misericordia de Dios y sus 
bendiciones.„ 



DEL JUEZ OMAR BEN XARAHIL 

Abuhafs Omar ben Xarahil El Moaferi era origina- 
rio de Beja y habitaba en Cdrdoba, en el derb de Al- 
fSdal ben Camil. Le nombro j'uez de Cdrdoba el mo- 
narca Abderrahmen I, para reemplazar a Moavia ben 
S^Iih; luego le destituyd y repuso a Moavia ben Saiih; 
y de esta manera fueron turnando siempre en el juzga- 
do: un aflo, Moavia; otro afio, Omar; asi permanecie- 
ron largo espacio de tiempo. 

Me contd Mohdmed ben Guadah, citando por au- 
toridad a persona que alcanzd el tiempo de los dos 
jueces antecitados, que cuando el monarca, al termi- 
nar el ano, se descuidaba en dar el cese a uno, el otro 

■ 

le elevaba suplica recordandole el asunto. Ambos te- 
m'an [pag. 41] ademas la siguiente costumbre: cuando 
por cualquier ocupacidn personal, algun dia dejaban 
de asistir al juzgado, dejaban de percibir el sueldo que 
por ese dia les debia corresponder. 

Me contd un ulema, hombre que merecia credito, 
que Abumeruan Obaidala ben Yahia le refirid lo si- 
guiente: 



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- 51 - 

El monarca Abderrahmen I hacia turnar en el juz- 
gado a Moavia ben Salih y a Omar ben Xarahil: un 
anonombrabaauno; otro, al otro. Una de las veces 
nombro a Omar ben Xarahil y, al terminar el alio, en 
lugar de removerlo, le confirmo en el cargo. Moavia, 
entonces, escribio al monarca suplicandole encareci- 
damente que le nombrara a el, puesto que el afio en 
que tocaba ejercer a su compaflero habiatranscurrido. 
El soberano, al leer la carta, sintiose molestado y dis- 
guslado, dio orden de que Moavia se presentara en 
palacio y, al tenerlo delante, le dijo: 
—iHas escrito tu esta carta? 
Moavia contests afirmativamente. 
— Y un hombre como tu —replied el monarca -se 
atreve a solicitar ese cargo sabiendo las malas conse- 
cuencias a que se expone aquel que lo solicita. 
Moavia se excuso diciendo: 
— Sefior, su majestad, a quien Dios guarde, me 
nombrd juez la vez primera y, aunque no era de mi 
gusto aceptar el cargo, acepte; al terminar el mes pn- 
mero me disteis sueldo cuantioso con que me pagas- 
teis esplendidamente; luego continue percibiendo ese 
sueldo hasta que a fin del ano me destituisteis. Con lo 
que me sobrd del sueldo del aflo primero en que ful 
juez, pude pasar holgamente todo el aflo en que per- 
maneci cesante. Pero esos ahorros se acababan al ter- 
minar el aflo. Volvisteis a nombrarme otra vez, y volvi 
a cobrar el sueldo, repitiendose el mismo caso. En tal 
situaci6n ha llegado la hora presente en que, al trans- 
currir el aflo de cesantia, los ahorros que me queda- 
ban del sueldo del aflo anterior se me han acabado 
[pag. 42]. Yo esperaba que al finalizar el ano volve- 
riais a nombrarme y que yo percibirja el sueldo; el 



>'"^53 



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- 52 - 

retraso en nombrarme me pone en apuro; por eso 
esc rib i a su majestad recorddndole el asunto. El so- 
berano debe tener en cuenta que el solicitar un empleo 
[no es cosa insolita o deshonrosa], pues personas de 
mucha mayor suposicidn que la mia, no se han aver- 
gozadode hacerlo: [el patriarca] Jose dijo [a Faraon]: 
pon a mi cargo los almacenes de la tierra y sere yo su 
guardian inteligcnte (1). 

El soberano acepto esta sincera explicaci6n y dis- 
puso que cesara en el cargo Omar ben Xarahil, para 
nombrar a Moavia. 

El cargo de alamin o intendente y el de juez de pro- 
vincias se concedio repetidas veces a individuos de la 
descendencia de Omar ben Xarahil: uno de estos, 11a- 
mado Abusaid Mohamed ben Omar, fue nombrado 
juez de Jaen y de Ecija: era hombre de mucho presti- 
gio entre los nobles y tenido por persona de alto ran- 
go entre el pueblo. Su descendencia ha sido nume- 
rosa. 



DEL JUEZ ABDERRAHMEN BEN TARIF EL YAHSOBf 



Dice Ahmed ben Jdlid: Era costumbre de los cali- 
fas el enterarse de las noticias que corrian por el pue- 
blo, hacer la pesquisa de quienes eran los hombres 
sabios y virtuosos que descollaban y averiguar los si- 
tios en que vivian, bien fuese en Cordoba, bien en 
otras comarcas fuera de la capital. De ese modo, cuan- 
do necesitaban de un hombre a propdsito para ocupar 






(i) Alcoran, XII, 55. 



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- 53 



alguno de los cargos, lo hacian venir a la corte de don- 
de quiera que fuese. Abderrahmen I, al tener necesi- 
dad de nombrar juez de la aljama de G5rdoba [pagi- 
na 43] , supo que en Merida se encontraba un hombre 
honrado, piadoso y de caracter energtco y fuerte, y le 
hizo venir. Este se condujo admirablemente en el ejer- 

cicio de su cargo. 

Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman dice: Uno de 
los que ocuparon el juzgado, por designacion o nom- 
bramiento de Abderrahmen I, fue Abderrahmen ben 
Tarif, que habitaba en Merida, santo varon de lauda- 
ble c'onducta. El juez Ahmed ben Motived ben Ziad 
me leyo un documento autentko en que se menciona 
ba una cantidad de dinero que [el juez] Abderrahmen 
ben Tarif adjudico, en virtud de disposicidn testamen- 
taria, a Om Elabas yaOm Elasbag, hermanas de Ab- 
derrahmen I. En dicho documento, al mencionar la 
adjudication, se decia que el difunto fulano era el pa- 
trono de ambas y que correspondia a ellas el heredar- 
le. Y ninguna de las dos estaba en Andalucia, porque 

se hallaban en Siria. 

Jalid ben Sad decia que a Mohamed ben Ibrahim 
ben El Chabab le habian contado lo siguiente: 

Habib El Coraxi se presento ' ante Abderrahmen I, 
quejandose del juez Abderrahmen ben Tarif. El Cora- 
xi decia que el juez iba a dictar sentencia contra el, en 
un pleito que se sustanciaba en el juzgado respecto a 
un cortijo que en aquel entonces poseia El Coraxi, y 
se pretendia que este lo habia arrancado violentamen- 
te'y con injusticia de manos del verdadero duefto.bl 
monarca envio un emisario al juez para que le habla- 
se y le ordenase que examinara detenida y lentamente 
ese asunto, con la prohibition expresa de que se pre- 



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54 



cipitara en dictar sentencia. El juez Abentarif, al reci- 
bir la orden, inmediatamente mando Uamar a los fa- 
quies y adtiles y dicto sentencia contra Habib; la hizo 
poner por escrito y la firmaron los testigos. Habib 
entonces se presents ante el monarca [pag. 44] y 
comenzd a hablarle contra el juez diciendole que 
este debia de odiar al soberano, puesto que lo habla 
tratado con desconsideracion o desprecio. Al monar- 
ca le molestd mucho la precipitacion del juez; le man- 
do" llamar, lo hizo entrar a su presencia y le dijo: 

— iQuien te ha impelido a dictar sentencia, des- 
puSs de haberte ordenado que examinaras despacio la 
cuestidn y sustanciaras el pleito lentamente? 

— Me ha obligado a sentenciar contra el— repuso 
Abentarif — aquel que te ha puesto en ese trono en 
que tu te sientas; si no fuera por el, lu no lo ocu- 
parias. 

— Tus palabras — replied el soberano— me admiran 
aun mds que tus obras. ^Quien es el que me ha he- 
cho sentar en mi trono? 

— El Profeta del Sefior del universo— contesto el 
juez — . Si no fuera porque tu eres pariente de el, no 
ocuparias el ttono; y ese Profeta nos ha impuesto la 
cbligacidn de obrar con justicia, la cual se ha de apli- 
car equitativamente a todos, a altos y a bajos. Sefior— 
continud diciendo el juez — ^por que razon has de 
mostrarte tu tan parcial en favor de un subdito contra 
otro? Tu seguramente podras encontrar algiin medio, 
aunque sea de tu bolsillo particular, para satisfacer a 
aquel por quien tanto te interesas. 

— Si estos -dijo entonces el soberano— que se con- 
sideran con derecho al cortijo lo quisieran vender, no 
tendrla yo inconvenienteencomprarlo de mi bolsillo 



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- 55 - 

particular para entregarselo a Habib; yo les satisfaria 

en el precio. 

— Yo les mandare llamar— contestd Abentarif— y les 
hablare en ese sentido. Si ellos se conforman con ven- 
derlo, bien; pero si no, mi sentencia ya esta" dada. 

El juez se fue; mando llamar a los que se creian con 
derecho al cortijo; les hablo de lo que se trataba, y ac- 
cedieron a la venta, a condicidn de que se les diese 
precio bastante subido. 

Habib solia decir despues: 

— Dios me ha favorecido con la intervencidn de 
Abentarif: poseia antes un cortijo ilicitamente adqui- 
rido; ahora debo a Abentarif el poseerlo como verda- 
dero dueiio, con justo titulo. 

He oido contar a un ulema que a este [pag. 45] Ha- 
bib le ocurrio un caso identico con el juez Aben- 
baxiry que luego, despues del suceso, Habib fue a 

ver al juez y le dijo: 

— Te doy las mas expresivas gracias: yo habia sen- 
tido la tentacidn de comer cosa prohibida; tii te opu- 
siste a ello; pero, en cambio, hiciste que yo lo logra- 
ra como cosa licita. 



DEL JUEZ ALMOSAB BEN 1MKAN EL HAMADANf 

Este juez, llamado Almosab ben Imran ben Xofa ben 
Cab ben Caabar ben Zeid ben Amer ben Amrilcais ben 
Zeid El Hamadani, era de los arabes sirios y estaba ins- 
crito en la division militar de Emesa. Entro en Andalu- 
cia antes de que viniera Abderrahmen I; se instalo en la 



— 56 — 

regidn de Jaen.en el pueblecillo Vado;luego se trasladd 
a un lugar de la provincia de Cordoba, al norte de Al- 
moddvar, es decir, del Almoddvar mas cercano [a Cdr- 
doba], fijando su residencia en el pueblecillo llamado 
Goliar, en las montanas de la region de Almoddvar. 
Su padre pertenecla a la division militar de Hixem ben 
Abdelmelic en Siria; se habia casado con una mujer 
de la familia de los Beni Hatib ben Baltaa. Abdcrrah- 
men I contrajo matrimonio con la hermana de esta 
mujer, de la cual tuvo a su hijo Soleiman y a su hija 
Azzaida, la cual vivfa en el palacio de su padre en Cdr- 
doba y hie enterrada en el cementerio del arrabal. 

Por una noticia histdrica que he leido se que Hi- 
xem I, el hijo [p£g. 46] de Abderrahmen I, al llegar a 
su mayor edad y salir de palacio para inslalarse en su 
casa, tuvo noticia de que Mosab era hombre muy de- 
voto y piadoso y tratd deatraersele a fin de que estu- 
viese completamente a su servicio, le hizo ministro 
suyoy contertulio, con quien entretenerse y hablar 
en las veladas. Por eso cuando Abderrahmen I tuvo 
necesidad de un juez de la aljama de Cdrdoba, Hixem 
propusole como candidato a Mosab. Al soberano le 
parecid muy bien esta propuesta y, al efecto, designd 
a Mosab para ocupar el cargo; pero este no quiso 
aceptar, como hemos referMo ya al principio de este 
libro, en el capitulo en que se trata de aquellos a 
quienesse ofrecid el juzgado y rehusaron aceptarle. 
Mosab, al no aceptar, retirdse a su casa [sin servir a la 
familia real]. 

Un narrador de sucesos histdricos me ha dicho que 
cuando Hixem I subid al trono, como califa, envid un 
emisario al cortijo donde se hallaba Mosab ben Imr£n. 
El narrador recordaba que cuando el emisario Uegd a 



— 57 — 

casa de Mosab, la mujer de este se hallaba tejiendo 
en un telar, y que Mosab estaba delante de su mujer 
preparandole los ovillos. Su mujer arregl6 con los 
dedos el telar, y luego, volviendose a Mosab, le dijo: 
".jRechazaras ahora el cargo de juez de Cdrdoba que 
te ofrece el monarca, cotno rehusaste aceptarlo cuan- 
do te lo ofrecio su padre?„, e inmediatamente continue" 
dando vueltas a los ovillos del telar. Cuando Mosab 
se presents ante Hixem I, le dijo este: "Ya se que a ti 
no te gustaba aceptar el cargo, por el cardcter y cos- 
tumbresque tenia mi padre. Tu conoces muy bien mi 
caracter. n Estas reflexiones, al pronto, no le decidie- 
ron aceptar el cargo y volvid a rehusarlo; pero Hixem 
insistio con tal fuerza, que al tin aceptd. Mosab solia 
predicar el sermon y dirigir los rezos en la aljama de 
Ctfrdoba, cuando el monarca Hixem I se ausentaba 

en la capital. 

Mosab, para aceptar el cargo de juez, impuso una 
condici<5n [pag. 47]: que se le permitiera ir a su corti- 
jo todos los sabados para poder estar en el campo el 
s&bado y el domingo de todas las semanas. Le fu6 
aceptada esa condicidn. 

Mientras ocupo el juzgado de Cordoba tenia su do- 
micilio en la plaza de Abdala ben Abderrahmen ben 
Moavia.Su secretario fue Moh4med ben BaxirEl Moa- 
feri. Mosab se portd muy bien en el desempeflo de su 
cargo: fue hombre justo y de loable conducta, rigido 
en lo estrictamente legal, y ejecutivo, lo mismo para 
los nobles que para los del pueblo. Asi transcurrid el 
reinado de Hixem I. Al morir este, su hijo, Alhaquem I, 
ratified su nombramiento de juez de la aljama y de 
jefe de la oracion. La severidad y resolucidn ejecutiva 
de Alh4quem I son bien conocidas: prestaba ayuda a su 



- 58 — 

juez y mantenia con brazo fuerte sus decisiones y, aun 
cuando a veces no fueran de su agrado, aprobaba sus 
actos y ejecutaba sus sentencias. 
He leido una anScdota de la cual se infiere lo si- 

guiente: 

Que Elabds ben Abdala El Meruani arranco violen- 
tamente uit cortijo a un hombre de Jaen. El hombre 
murio y dejd varios hijos. Cuando estos llcgaron a 
mayor edad y tuvieron noticias de la rectitud y justi- 
cia de Mosab ben Imran, se fueron a Cordoba, denun- 
ciaronle la injus'icia que con ellos se habia cometido 
y probaron ante el juez su derecho. El juez, en sa 
vista, mandd citar a Elab^s ben Abdala, haciendole 
saber lo que aquellos reclamaban y dandole noticia 
de los testigos que se habian presentado a declarar en 
contra suya. El juez le invitaba en la citacidn a que 
contestase la demanda; fuele concediendo plazo tras 
plazo para contestar; pero, al fin, se acabaron los pla- 
zos y, visto que de,sistia de defenderse, el juez le noti- 
fied que iba a dictar sentencia contra el. Entonces Ela- 
b£s se fue a ver al monarca Alhaquem I y le pidio" que 
ordenase al juez que se inhibiera en el asunto y que 
fuera el propio soberano quien sustanciase y deci- 
diese [pag. 48] el pleito. El monarca llamo a un paje 
suyo, que se llamaba Vicent, y le encargo que dijera 
a Mosab ben Imr£n que se inhibiese. Pero at cumplir 
el paje la orden del soberano, Mosab le dijo: "Los de- 
mandantes han probado su derecho, para lo cual se 
han visto obligados a hacergrandessacrificios y muy. 
perseverantes trabajos y molestias, porque viven lejos 
de Cordoba; y como han probado el derecho que les 
asiste en su demanda, yo no pucdo dejar de entender 
en este asunto hasta dictar sentencia. „ Ei paje volvio 



— 59 - 

a palacio a comunicar al monarca las palabras que le 
habia dicho el juez. Elabas entonces comenzb a ins- 
tigar y decir al soberano que el juez menospreciaba 
la dignidad del monarca y que aquel pensaba que co- 
rrespondia al juez por derecho propio, y no al monar- 
ca, la autoridad de juzgar. El soberano, en vista de , 
esto, volvib a enviar el paje para que dijese al juez: 
"Es preciso que te abstengas de intervenir en ese plei- 
to; quiero ser yo personalmente el juez que decida.„ 
Pero cuando el paje volvib a presentarse ante Mosab, 
para cumplir la orden del soberano, Mosab le ordenb 
que se sentara, e inmediatamente se puso a escribir: 
dictb sentenciaen favor de losdemandantes, diciendo 
que a ellos perteuecia el cortijo; luego autorizd la sen- 
tencia haciendo firmar a los testigos y, cuando ya to- 
dos los requisitos legales estaban cumplidos, dijo al 
paje: "Puedes ir a comunicar al soberano que yo he 
realizado ya todo lo que de ley me compete, como 
juez; si el, como soberano, quiere derogar la senten- 
cia, puede hacer lo que le plazca.„ El paje enton- 
ces se marchb a comunicar al soberano las palabras 
del juez; pero en vez de comunicarlas tal cual el juez 
las habia pronunciado, trabuco los terminos y dijo al 
monarca: "Me ha dicho el juez: yo he resuelto la cues- 
tion, como en justicia debe resolverse; el soberano, si 
puede, que derogue la sentencia.,, El soberano baj6 
la cabeza y se qued6 pensativo. Elabas insistio en azu- 
zarle y encenderle en colera; pero quiso la providen- 
cia que Alhaquem I se calmara un poco y se sere- 
nara, serenidad de animo que cuadra mejor yes mas 
convenient^ a los* que Dios ha puesto aqui en la tie- 
rra como califas y pontifices suyos. Alhaquem sdlo se 
desahogo" diciendo: "jCu^n vil es aquel que tiene que 



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- 60 - 

sufrir que la pluma del juez le pegue en el rostro„ [pa- 
gina 49]. El soberano se porto luego con el como si 
nada de esto hubiera ocurrido; no le opuso ninguna 
dificultad, y el juez pudo ejecutar su sentencia. 

Un ulema refiere lo siguiente: 
■ Mosab cayo enfcrmo en su cortijo. Alh&quem 1 desetf 
informarse de su estado y se le dieron noticias de la 
enfermedad que padecia. El soberano, cierto dia en 
que se fue de paseo por la parte de Almoddvar, se di- 
rigib a casa de Mosab y se aped en ella para visi- 
tarle. 

Mosab dijo al soberano: 

— Su majestad ha salido a explayarse; si a la vuel- 
ta me hiciera el honor de pasar por aqui, yo le prepa- 
rarfa manjares que fueran de su gusto. 

El monarca marchdse, did el paseo que tenia que 
dar, volvid por casa de Mosab y 6ste le presentd la 
comida. Un instante despues, AlhAquem I se fijo en 
un criada o esclava de Mosab, llamada Ala, y pidid a 
6sta que le diese agua. Mosab entonces dijo a la es- 
clava : 

— Nosirvastu. 

Y llamd a una hija suya que se Uarnaba Cucuya, a 

la que dijo: 

— Sirve agua a tu soberano. 

La chica no sdlo sirvid el agua al soberano, sino 
que presto personalmente todos los servicios que el 
caso requerla. Alhaquem dijo a Mosab: 

— iCucuya, es apodo o nombre? 

— Es el nombre de una abuela mi|— contestd Mo- 
sab— madre de Hatib ben abi Baltaa. Las mujeres de 
mi casa le han puesto ese nombre por ser costumbre 
de ellas el llevarlo. 



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- 61 - 

Entonces Alhaquem dijo: 

— Si Dios me concede una hija, la llamare con ese 

nombre. 
Y tuvo Alhaquem una hija y la llamd Cucuya. El 

fue el primero de los califas que usaron este nombre 

para sus hijas. 

Mosab murio de aquella enfermedad. Dej6 dos hi- 
jos; su descendencia es aun conocida ahora, y los ca- 
lifas nunca han cesado de proteger a los miembros de 
estafamilia. 

[Pag. 50] Me ha contado un narrador de sucesos 
que llegd en cierta ocasion, ante el palacio del mo- 
narca Alhaquem I, una multitud de gente dedistintas 
clases, diciendo que eran aptos para el servicio mili- 
tar y pidiendo al soberano que los comprara, de sus 
clientes, con el fin de entrar al servicio del monarca. 
El soberano orden6 que preguntasen los r.ombres de 
los clientes a quienes pertenecian. Habia entre ellos 
unesclavode los hijos de Mosab. Alhaquem ordeno 
que fuera devuelto a sus ducnos diciendo: 

— Este esclavo esta al servicio de los hijos de aquel 
juez; si el esclavo se les muere, yo no tengo mds re- 
medio que darles otro en reemplazo. <iC6mo he de 

arrancarselo? No quiero. 

Mosab no era hombre erudito en la ciencia de la 
zuna, ni sabio en materias histdricas. Ahmed ben Ziad 
decia que Mohamed ben Guadah contaba que Yahia 
ben Yahia solia referir que Ziad ben Abderrahmen fue 
el primero que introdujo en Andalucia la ciencia del 
derecho y la ciencia de la moral. El fue el que se 
jactd de haber introducido la coslumbre de cambiar 
de postura las mantillas o bufandas en las rogativas 



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62 



para pedir agua, siendo Aben Xofa (1) jefe de la 
oracion y juez de la aljama en aquel entonces. Para 
demostrar Yahia la ignorancia de este juez, afirma que 
este tenia la idea de que ese rito lo habia introducido 
Ziad como medio magico o encanto [para obtener la 
lluviaj. Pero Yahia aflade: — Yo parti de Andaiucia 
para ir a Oriente y asisti a las clases de Malic, de Al- 
lait ben Sad y varios otros maestros, y encontre que 
la costumbre de cambiar de postura la mantilla (o bu- 
fanda) era conocidisima y divulgada por todas partes. 

Recuerda Abdelmelic ben Alhasan haber oido refe- 
rir-a Mohamed ben Baxir que Malic decia la frasc si- 
guiente: "Las noticias que se tienen de Abenimran 
casi pueden formar ellas solas una historia. n 

Ahora bien; lo que no se con seguridad es a que 
Abenimran queria referirse Malic: podria ser que se 
refiriera a Mosab [pag. 51] ben Imran, puesto que 
Abenbaxir fue secretario de este juez andaluz y quiza 
este [secretario que estuvo en Medina] hubiera conta- 
do a Malic los sucesos de la vida de este juez. Podria 
fambien referirse a Mohamed ben Imran El Talhi, juez 
que fue de Medina. Yo creo que lo mas probable es 
que Malic aludiera a Mosab ben Imran, juez a quien 
Abenbaxir habia tratado con mucha intimidad, pues- 
to que habia sido secretario suyo y, como tal, daria a 
conocer a todo el mundo las noticias de la vida de 
este juez. 

mohamed ben baxir 

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Mohamed ben Baxir ben Xarahil El Moaferi perte- 
necia a la division militar de Beja, por ser de familia 

(i) Aqui escribe ,$£&■, antes ibu* . 



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— (i3 - 

arabe del Egipto. Ahmed ben Jalid cuenta que el juez 
Mohamed ben Baxir hizo sus estudios con los maes- 
(ros de Cdrdoba, hasta que logrd ser hombre muy ins- 
truido. Luego fue secretario de uno de los hijos de 
Abdelmelic ben Omar El Meruani, al que se acogid 
buscando refugio o defensa para librarse de una injus- 
ticia con que se vid amenazado. Llend su cometido a 
completa satisfaccidu de su principal; mas luego se 
separd de el y salid de Andalucia con el fin de hacer 
!a peregrinacidn a la Meca. 

Mohamed ben Baxir fue en su juvenlud secretario 
de Mosab ben Imran; despues salio de Andalucia para 
ir en peregrinacidn a la Meca. Encontrd a Malic; le 
tratd y fue condiscipulo suyo en la clase de varios 
maestros. Tambien estudid la ciencia religiosa en 
Egipto. Luego volvid a Andalucia y metidse en su cor- 

tijo de Beja. 

Un ulema que me merece entero credito me ha di- 
cho lo siguiente: Cuando murid Mosab ben Imran, 
Alhaquem I pidlo consejo [pag. 52] a Elabas ben Ab- 
delmelic El Meruani, acerca de a quien habria que 
nombrar juez de Cordoba. Elabas le dijo: "Aunque 
Mosab ben Imran haya sentenciado en contra mla y 
me haya causado disguslos, hasta el extremo de tener 
que romper yo las relaciones con el y ser enemigo 
suyo, esono obstante, hcde reconocer que era hom- 
bre de vtriudes y que sabia elegir bien las personas: 
eleligid, como secretario suyo, a Mohamed ben Ba- 
xir; ademas conozco a Abenbaxir de cuando fue se- 
cretario de mi hermano Ibrahim. „ El monarca aceptd 
el consejo de Elabas y ordend que se presentara en 
Cdrdoba Mohamed ben Baxir. 

He Ieido en un libro que Mohamed ben Baxir,cuan- 




- C4 - 

do por virtud del Hamamiento del monarca venia ha- 
cia Cordoba, no sabia aun para que era llamado y, al 
llegar al llano de Almodovar, se hie a ver a un amigo 
suyo que vivia alii: era este amigo un sicrvo de Dios 
[es decir, un ermitafio]. Pard en casa del eremita y 
hablo con el de su viajey de la orden del monarca; y 
hasta apuntd Mohamed la sospecha de que se le que- 
ria obligar a aceptar la secretaria del juzgado de Cor- 
doba, cargo de que antes habia dimitido. Su amigo 
el ermitafio le dijo: 

— Yo creo que te deben llamar para el cargo de 
juez, porque el que lo desempeflaba en Cordoba aca- 
ba de morir y Cordoba esla sin juez. 

— Puesto que tu dices eso— repuso Abenbaxir — 
y a li te ha ocurrido esa sospecha, quiero yo pe- 
dirte consejo en este asunto; te ruego que me acon- 
sejes y digas lo que tii creas mejor que deba yo 

hacer. 

—Antes de daite consejo— contestd el ermitafio — 
necesito preguntarte acerca de tres cosas; tu contes- 
tame con toda sinceridad, y luego no tendre inconve- 
niente en darte mi opinion. 

-— .jCuales son esas tres cosas?— preguntd Mohamed 
ben Baxir. 

— iTienes — le dijo el ermitafio — mucha aficidn a 
comer manjares exqutsitos y a vestir telas preciosas y 
a montar en agiles cabalgaduras? 

— No me preocupa— contests Mohamed [p^g. 53] — 
lo que haya de comer para matar el hambre, ni los 
vestidos con que haya de cubrir mi desnudez, ni la 
cabaigadura que haya de montar. 

— Esta es una de las cosas — le dijo el ermitaiio — . 
Ahora dime: itu tienesbastante fuerza moral para re- 



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- 65 - 

sistir la tentacidn de las caras bonitas y otros apetitos 
de esta indole? 

— Pardiez— repuso Abenbaxir- esas cosas'no me 
han preocupado jamas, ni he pensado en ellas, ni hago 
caso, aunque me fallen. 

—Esta es la segunda cosa— dijo el ermitaflo— . Va- 
mos a ver la lercera: ^gustas tu de que la gente te ala- 
be y ensalce? <tTe disgustaria el que te dejaran cesante, 
por haberte encariflado con el cargo? 

—Me importa poco— contest Mohamed— hacien- 
doyo justicia, de si me alaban o desalaban; ni me 
alegra el que me nombren; ni me entristecerfa por que 
me dejaran cesante. 

— Tomando las cosas en esta forma— dijo el ermi- 
taflo— debes aceptar el cargo de juez; nada hay malo 
en que lo aceptes. 

Mohamed llego a la corte del monarca y fue* nom- 
brado juez de la aljama de Cordoba y jefe de la ora- 
cidn. 

Una de las noticias mas divulgadas, que con ran'si- 
ma unanimidad se acepta por todo el mundo, es que 
Moh&med ben Baxir fue de los mejores jueces de An- 
dalucia, de los m&s notables que en ella hubo; era 
completamente irreductible, nose doblegaba, y ejecu- 
tivo en sus decisiones; prefeiia aplicar con rigor la ley; 
en materias de justicia era severo; no toleraba nada a 
la gente perversa, ni disimulaba nada por considera- 
ciones politicas al soberano mismo, ni atendia a reco- 
mendaciones de los cortesanos que estaban al servicio 
del monarca, ni a los que rodeaban a este, cualquiera 
que fuese su categoria. 

Dice Ahmed ben Jalid: Una de las primeras provi- 
dencias que tuvo que tomar, fu£ la de pronunciar sen- 

5 






- 66 - 

tencia contra el monarca Alhaquem I, negandole el 
derecho, que pretendia tener, sobre los molinos del 
puente [de C6rdobaj; pleito que tuvo que sustanciar 
en su juzgado [pag. 54]. Oyo primero las pruebas 
testificales que el demandante presentd y, despues, in- 
vitd al monarca a que nombrase procurador en el plei- 
to y respondiese a la demanda. Luego dicto" senlencia 
y la autorizd con los testimonios que tenian que fir- 
mar. Tras esto [una vez adjudicados los molinos a sus 
legitimos duettos] ya se encargo el de comprar esos 
molinos por cuenta del monarca, por medio de con- 
trato. Alhaquem I soliadecir, pasadasaquellascircuns- 

tancias, lo siguiente: 

—Mohamed ben Baxir se ha portado muy bien, ha- 
ciendo lo que ha hecho; yo poseia esos molinos con 
titulos muy dudosos; el ha hecho que se convirtie- 
ran en titulos legales; en tal forma ha legalizado esa 
propiedad, que ahora puedo licitamente y con justo 

tilulo poseerla. 

Dice Mohamed ben Guadah: Mohamed ben Baxir 
pronuncid sentencia contra Abenfotais, sin comunicar- 
le siquiera el nombre de los testigos que se habian 
presentado como prueba contra el. Abenfotais se pre- 
sents en palacio para exponer el caso al soberano, 
Alhaquem I. Este ordenb que se comunicara a Aben- 
baxir lo siguiente: "Me dice Abenfotais que tii has 
sentenciado contra el fundandote en la prueba testifi- 
cal de personas de las que el no sabe siquiera quienes 
son. Los ulemas sostienen que esto no debe hacerse. B 
El juez Abenbaxir did al monarca la siguiente contes- 
tacion: "No es Abenfotais persona a quien se deba co- 
municar el nombre de los testigos que declaran en 
contra suya, porque, caso de que el no pueda apelar 



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\ 



- 67 - 

contra su testimonio, tratar& de hacerles dafio etl 
otras cosas, incluso se atrevera a arrebatarles sus ha- 
ciendas. „ 

Jalid ben Sad cuenta que Moh&med ben Fotais re- 
feria que Yahia ben Yusuf ben Yahia el Moaferi oyo 
a Abdelmelic ben Habib emitir el siguiente juicio de 
Mohamed ben Baxir: Fue uno de los mejores musul- 
manes; hombre irreprochable por su espiritu justicie- 
ro. Y recordaba tambien que dirigia los oficios reli- 
giososde los viernes [en la aljama de Cordoba], te- 
niendo cubierta su cabeza con un bonete deseda. 

Un ulema recuerda que Mohamed ben Baxir, para 
juzgar, se sentaba en un banco que estaba adherido 
[a la pared], en la parte de la alquibla [pag. 55] de la 
mezquita de Abuotmany que su casa se hallaba en el 
derb [o calle] que esta en la parte oriental de esa mez- 
quita; que cuando se sentaba para juzgar hall&base 
solo, no se sentaba nadie a su lado; ppnia la cartera 
[o el saco donde conservaba los papeles] delante, 
apuntando fa mayor parte de lo que tenia que escri- 
birse con su propia mano. Los litigantes iban presen- 
t£ndose, segun el orden en que se inscribian en la 
nota que el personalmente tomaba. Se ponian de pie 
delante de el, presentaban sus argumentos y pruebas, 
e inmediatamente de alegar los contrincantes, decidia 
el ia cuestidn y ellos se marchaban. Abria la audiencia 
a la hora del alba y permanecia despachando los ne- 
gocios hasta un poco antes del mediodia; luego, des- 
puesde la oracidn del mediodia, volvia a abrir la cu- 
ria, hasta la oracidn de media tarde; pero en esta se- 
sitin vespertina no hacia mas que examinar las prue- 
bas; no admiti'a pruebas en otro tiempo, mas que en 
ese; y no consentia, fuera del lugar en que daba au- 



- 68 - 

diencia, que le hablaran de pleitos, ni siquiera en su 
casa, ni leia escrito que tratara de estas cosas. 

Dice Mohamed ben Guadah: Cuando iue nombra- 
do juez Mohamed ben Baxir, hizo estampar diez [pa- 
peletas de citacidn con sus] sellos, los cuales guardo" 
siempre en su cartera, hasta que murio. Cuando algun 
demandante le pedia una de esas papeletas, se infor- 
maba acerca de la persona a quien habia de citar: si 
estaba cerca, en la misma ciudad de Cordoba, le daba 
una papeleta de citation y ordenaba a su secretario 
que inscribiese el nombre y domicilio del demandado 
en el registro y tambien el nombre de la persona 
a la que entregaba esa papeleta de citation , a la 
cual decia: "Cuidado con que te sirvas de ella in- 
juslamente.,, Y le comprometia a devolver la misma 
papeleta. Pero si el demandado estaba fuera de Cor- 
doba, entonces seflalaba un plazo prudential para su 
comparecencia. Estas papeletas de citation volvian 
siempre a sus manos y pudo usarlas hasta que murio. 

Un narrador cuenta lo siguiente: 

Una de las personas principales de Cordoba estaba 
declarando como testigo, juntamente con otro hombre 
que habia sido [pag. 56] camarada del juez y com- 
paflero suyo en la peregrination a la Meca que juntos 
habian realizado. La gente creia que ese hombre, 
como amigo intimo que era del juez, debia ser tes- 
tigo de su completa confianza; pero el juez dijo al li- 
tiganteen cuyo favor esostestigos iniormaban: 

— Es preciso que presenteis otro testigo [dando a 
entender que no aceptaba uno de los dos testimonios 

presentados] . 

Esta declaration del juez se hizo publica, corrio 
entre el pueblo y algunos se enteraron de que el juez 



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— 69 - 



habia aceptado el primer testigo y que el testimonio 
que habia rechazado era el de su amigo y compaftero. 

_Ruego—dijo el litigante al juez— que se declare 
cual de los dos testigos presentados es el que se acep- 
ta y cual es el que se rechaza, a fin de presentar otros 
que abonenal testigo no aceptado, 

— Aquel testigo que no acepto — contestb el juez— 
es inutil que otros le abonen: es fulano, mi amigo y 

compafiero. 

Despues que el juez hubo declarado paladinamente 
esto, su camarada vino a presentarse en la curia a 
tiempo en que se hallaban alii las personas principa- 
les [de C6rdoba] y le dijo: 

— Sefior juez, se muy bien que no puedo conversar 
a solas contigo, ni preguntarte acerca de lo que deseo 
preguntar, si no es aqui delante de toda la multitud; 
no extrafles, pues, que yo crea deber mio venir aqui 
para preguntarte publicamente acerca de la causa por 
la que has debido rechazar mi testimonio. Sabes que 
nos hemos criado y educado juntos; hemos asistido a 
la misma escuela; hemos hecho la carrera juntos; jun- 
tos hemos ido a la peregrinaci6n; estas enterado de 
las cosas mas intimas mias, como estoy enterado de 
ias cosas mas intimas tuyas. Hazme el favor de decir- 
me la causa por la que has rechazado mi testimonio, 
a fin de que yo la conozca y pueda reconocer mi faita 

delante de toda esta asamblea. 

— Es verdad— contestd Abenbaxir— que nos unen 
ios lazos de amistad, etc., todo lo que has referido, y 
que tu me conoces como has dicho; yo no puedo se- 
ftalar en tu conducta vicio alguno feo; sin embargo, 
acuerdate de que cuando volviamos de la peregrina- 
cion y nos paramos en Egipto y empezamos asistir a 



- 70 - 

las clases de nuestros maestros con el proposito de 
permanecer algun tiempo en'ese pais, me dijiste tu a 
mi: "La abstinencia del goce sexual [por virtud del 
largo viaje] me ha perjudicado en la salud: no me 
siento bien; deseo comprar una muchacha.,, A mi me 
parecid muy bien tu prop6sito [pag. 57]; pero tu pa- 
saste revista a lasesclavas [del mercado] y me dijiste: 
"He encontrado una muchacha que, en realidad, vale 
tanto; pero posee un arte, y por ese arte o habilidad 
que posee, me pide su duefio tanto y cuanto, es decir, 
mas de lo que ella valdria, si no poseyese ese arte., 
Entonceste dije yo: ".{Que necesidad tienes tu del arte 
de esa muchacha? Si tu la compras solo para el goce 
sexual, deja esa y compra otra. Esa otra puede llenar 
el mismo oficio para que tu la quieres; no hay necesi- 
dad de dar mas precio por ella.,, Tu fingiste haber 
aceptado el consejo que yo te di; pero te marchaste y 
compraste aquella que era mas cara. Como entonces 
vi yo que la pasion te dominaba y te hacia comprar 
aquella muchacha y que despilfarraste el dinero com- 
prando cosas caras, he temido que tu te dejes llevar 
de la pasidn y que te domine tambien ahora en esta 
informacion de testigos, bien por dinero que pueda 
haber mediado o por simple inclinacidn de tu alma. 
Yo tengo que tomar todas las precauciones y proceder 
con escrupulosidad en ia decision de los asuntos y 
me veo en la precision de no aceptar tu testimonio. 

Un hombre, que era amigo suyo y persona princi- 
pal, de los que solian frecuentar la casa del juez, pre- 
sentdse en la curia a deponer como testigo: Ilamabase 
Abulyasa; el juez rechazd su testimonio. El hombre se 
enterd de esa decisidn, se dirigid al juez a tiempo 



- 71 



en que este iba andando hacia la aljama y le dijo: 
— ;Has rechazado mi testimonio por ser yo amigo 

tuyo y por el carino que nos une? 

— iEscrupuIos mios, oh Abulyasa! — le contesto 
Abenbaxir— . jEscrupulos que tengo, oh Abulyasa!... 

Y no did mas explicacion. 

Mohameh ben Ahmed El Xaibani, el asceta, conta- 
taba que Mohamed ben Guadah referia lo siguiente: 
Me cont6 persona que conocio al juez Mohamed 
ben Baxir, que le vio entrar por la puerta de la mez- 
quita aljama [de Cordoba] un dia de viernes, y Ueva- 
ba una mantilla [o bufanda] de color de azafran [pa- 
eina 58] y en sus pies unos zapatos que chirnaban y 
el pelo de su cabeza peinado en cabellera partida. 
Vestido de este modo solia rezar los oficios, predicar 
v iuzgar. [Esa manera de presentarse no argiiia mucho 
en su favor] pero cuando se enteraba uno bien de su 
conducta religiosa y moral, quedaba asombrado de la 
alteza de aquel hombre; se le veia alia, muy alto, en 
las propias Cabrillas [o Pleyades]. 

Uno de los sucesos que el pueblo contaba y corria 
en boca de todos, fue el siguiente: 

Al iuez Mohamed ben Baxir se le presentd un hom- 
bre que no le conocia personalmente y, al verle con 
aquel traje tanjuvenil, con la cabellera partida con 
la mantilla azafranada, con las trazas de haberse alco- 
holado, de haberse limpiado y frotado la dentadura y 
con las huellas de la alhefla en sus manos, no pudo 
imaginar que fuera el juez, y se volvi6 a uno de los 

asistentes para decirle: 
-Hagame el favor de indicarme quien es el juez. 
—Pero, hombre-le dijeron— si es ese. 



- 72 — 

Y le sefialaban al juez. 

— Miren ustedes - dijo el hombre— yo soy foras- 
tero;yocreo que ustedes estan bromeandose conmi- 
go; yo les pregunto por el juez y ustedes me senalan 
a un flautista. 

El hombre aquel tuvo que ir de un sitio para otro 
[preguntando y todos le decfan io mismo]. Al fin 
Mohamed ben Baxir le dijo; 

— Venga usted aca" y exponga el asunto que le trae 
a la curia. 

Al persuadirse aquel hombre de que aquel sefior era 
el juez, se avergonzo y se excustf; luego expuso el 
asunto que le interesaba exponer al juezy se encoutrd 
con que este era hombre muy justo y muy equitativo, 
cual no habia podido imaginar. 

Mohdmed ben Isa, bromista, socarrdny parlanchm, 
solfa decir al encontrarse con alguno de los amigos de 
Mohamed ben Baxir: 

iCuando vas a ver los diez pregoneros? ^Cuando 
te vas a visitar a los diez pregoneros? [aiudiendo, sin 
duda, a los die2 seiios o papeletas de citacidn que el 
juez hizo imprimir]. 

Esta frase Ilego a ofdos del juez Mohamed ben Ba- 
xir, y supo quien la decia; [lo peor fue que] se divulg(5 
mucho y hasta llego a moiestarle [el que se fuera re- 
pitiendo], Un dfa Mohamed ben Baxir se tropezd con 
Benisa y le increpd, diciendo: 

— Nadie puede evitar las consecuencias de su mala 
conducta; todo aquel que se complace en practicar el 
mal [pag. 59], es castigado por la providencia. El ser 
virtuoso no es cosa que se logra sino con pacientes 
esfuerzos y aplicando buena disciplina para domar las 



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- 73 — 

pasiones. Quiero decirte que no Charles ni repitas la 
frase esa que tu dices, segun ha llegado a mis oidos. 
Sera mejor para ti. 

Esta idea que Mohamed ben Baxir expresd, es pa- 
recida a la que expuso Malic a un poeta, segun me 
refirio un ulema en la ciudad de Tunez. Dos hombres 
[decia este ulema] pleitearon ante el gobernador de 
Medina: uno de los litiganles era poeta. El goberna- 
dor quiso desentenderse de esa cuestiony encomendd 
a Malic ben Anas que la resolviese. Ambos litigantes 
expusieron sus razones delante de Malic y discutieron; 
por fin decidid Malic el pleito condenando al poeta y 
resolviendo en favor de su contrincante. Entonces dijo 
el poeta, al cual la decision de Malic habia irritado: 

— (iPiensas que el Emir no va a conocer esta reso- 
luci6n que has tornado contra mi? Creiamos, al acudir 
a ti, que transigirias el pleito poniendonos en paz, y 
no lo has hecho. Pardiez, ya te sentareyo la mano. 

Al decir eso el poeta, inmediatamente se marcho. 
Malic entonces did orden para que lo trajeran y, al 

venir, le dijo: 

— Oye, (itu sabes por que te puedes llamar insensato 
y vil? Sepas que esas son cualidades que no puede 
uno quitarse de encima; pero hay otras sin las cuales 
tu mereceras, no que te sienten la mano, sino que te 
corten el cuello, y son: el ser hombre honrado y de 
buena educacidn, cual a ti te corresponde. 

Ahmed ben Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman 
me ha contado que su padre le refirio lo siguiente, por 
habSrselo oido referir a su abuelo: 

Habia en nuestra vecindad dos sefiores tan bien ca- 



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- 74 - 

lificados, que su testimonio hacia fe en aquellos tiem- 
pos; ambos eran amigos de Mohamed ben Baxir y 
solian con frecuencia tratarle; el los tenia en muy buen 
concepto, como hombres ambos muy virtuosos:" uno 
de ellos era el [pag. 60] abuelo de Ahmed ben t Ba- 
xir, el conocido vulgarmente por Abenelagbas. Pues 
bien, ocurrid que uno de los mas ricos comerciantes de 
Cordoba murid, y un esclavo que el difunto tenia pre- 
sentdse al juez Mohamed ben Baxir exponiendo que 
su senor, el difunto, le habia manumitido y le habia 
encargado que se casara con su hija, legandole para 
ese efecto el capital que poseia el difunto. El juez exi- 
gid prueba fehaciente de las pretensiones del esclavo, 
y este trajo a esos dos sefiores, los cuales testificaron 
que era verdad lo que el esclavo habia expuesto. El 
juez aceptd la deposicidn de los testigos y decreto en 
favor del esclavo, cual este habia solicitado. Pero poco 
tiempo despues, uno de estos dos testigos se puso en 
trance de morir y encargd que comunicaran al juez el 
deseo que el sentia de verle y hablarle. El juez recibid 
esta noticia hallandose en el cortejo de un entierro en 
el cementerio de Bilat Moguit y, al volver de este en- 
tierrro, fue a visitar a aquel senor. En cuanto este vio 
al juez, a pesar de la situacidn dolorida y agdnica en 
que se hallaba, luchando con la muerte, se puso a an- 
dar a rastras haciendo esfuerzos para acercarse al juez. 
Este le dijo: 

—Pero, hornbre, ^que te pasa? 

Creia el juez que aquella agitacidn violenta, aque- 
llos esfuerzos penosos, se debian a la enfermedad; pero 
el hombre aquel le contestd: 

—Me voy derecho al infierno, si no me salvas tii. 

—No, hornbre, no—replied el juez—; ten confianza 



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-- 75 - 

en Dios; el te librara del fuego del infierno. Vamos a 
ver, ique es lo que pasa? 

— (iTe acuerdas— replied el enfermo— de que fui yo 
testigo en favor de fulano, esclavo de zutano? Pues 
lo que entonces dije fue una mentira mla. Por temor 
de Dios, deroga la decision que tomaste. Ejecuta, por 
el contrario, aquello que debid haberse decidido [a no 
mediar mifalsedad]. 

Mohamed ben Baxir, el juez, se callo, puso las ma- 
nos sobre sus rodillas, levantose y se puso a decir: 

—La sentencia es firme... y tu te vas al infierno; la 
sentencia es firme... y tu te vas al infierno. 

Y se salid. 

[Pag. 61] Jalid ben Sad dice que a Mohamed ben 
Abdelala le habian contado lo siguiente: Mohamed 
ben Baxir fue nombrado juez de Cordoba en dos oca- 
siones distintas y, al ser destituido la primera vez,se 
fue a su pueblo. 

Jalid ben Sad dice que Ahmed ben Baqui, el juez, 

le conto lo siguiente: 

Uno de los amigos de Mohamed ben Said (1) ben 

Baxir le echo en cara a este el excesivo rigor y la ex- 

- cesiva severidad que empleaba en el desempeflo del 

cargo, y le decia: 
— Yo temo que por ese rigor te destituyan del 

cargo. 
— Ojala fuera asi — contestaba Abenbaxir— ; jquien 

pudiera ver a mi mulita rubia llevandome velozmente 
por la carretera en direccidn a Beja. 

(l) Asi en el manuscrito; debe decir Mohamed ben Baxir. 



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- 76 - 

Poco tiempo despues de haber tenido esa conversa- 
tion, ocurrid un caso en que la severidad del juez se 
puso tan de manifesto, que motivd su destitution, 
cosa que, por otra parte, deseaba: pero permanecid 
poco tiempo fuera del cargo: un correo de gabinete 
llegd a Beja para hacerle volver a Cordoba. Yendo a 
esta tiudad, quiso desviarse del camino para visitar a 
un amigo suyo asceta [o eretnita], con el que tuvo la 
siguiente conversation: 

— El monarca me ha enviado un emisario para de- 
cirme que vaya a Cordoba; seguramente querra que 
vuelva yo a ocupar el cargo de juez. ^Que te parece? 

—Si tu estas convencido — le contests su amigo as- 
ceta— de que serascapaz de realizar la justicia con todo 
el mundo, cualquiera que sea su condition, y que na- 
die podra echarte en cara cosa que pueda disgustar a 
Dios, yo creo que tu no debes privar al pueblo de los 
buenos servicios que puedes prestarle; pero si temes, 
por cualquier concepto, que tu no has de ser justo, 
mejor sera no aceptar el cargo. 

— Pienso — contests Mohamed ben Said (1) ben Ba- 
xir — aplicar estrictamente la justicia a todo el mundo, 
sin consideration a nadie, sea quien fuere. 

— Creo — lerepitidel amigo asceta — que debes acep- 
tar para no privar a la gente de tus buenos oficios. 

[Pag. 62] Al llegar a Cordoba, el monarca le con- 
h'rid de nuevo el cargo, y obrd rectamente al hacer- 
lo asi. 

Jalid ben Sad dice que un ulema le refirid lo si- 
guiente: En cierta ocasidn, a Mohamed ben Baxir se 



(l) Vease la nota anterior, 



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_ 77 - 

le pusieron obstaculos para que su autoridad se impu- 
siera sobre cierta persona de alto rango en C6rdoba. 
Al ver eso, jurd el que no ejerceria ya el cargo y, caso 
de vplverlo a ejercer, se imponia la obligation de di- 
vorciarse de su mujer y dar todo lo que poseyera a los 
pobres. El monarca Alhaquem I lo destituyd; pero 
luego, cuando quiso que volviera de nuevo a desem- 
pefiarlo, Mohamed se excusd alegando el juramento 
que habia hecho; el crela que con esto el monarca lo 
eximiria de aceptarlo; pero el soberano le regald una 
de sus esclavas de palacio y le did un capital en cam- 
bio del que habia de dar a los pobres. Con tales con- 
diciones hubo de aceptar el cargo. 

Me contd persona de credito que Ahmed ben Ziad 
referia que a Mohamed ben Guadah le conto CSsim 

ben Hilel lo siguiente: 

Una vez nos presentamos en la curia ante Mohamed 
ben Baxir para abonar [o declarar bueno] como testi- 
go a'un hombre. El juez nos dljo: 

— Jurad por aquel Dios, que no hay otro que el, 
que ese es un testigo irrecusable y debe ser aceptado. 

Los testigos, en vez de pronunciar la fdrmula del 
juramento, contestaron: 

— Dios te guarde. 

El juez, entonces, dijo al secretario: 

—No escribas hasta que realmente-juren. 
- Casim ben Hilel anadia: Yo era el m^s joven de to- 
dos ellos, y me escape dejando alii a los demas. 

A Abenguadah le preguntaron: 

— Y ^que hicieron los testigos? 

—No lo se— contesto. 

Cuando las opiniones de los ulemas [del consejo] 



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— 78 - 

no eran acordes y el negocio se presentaba oscuro, 
Moh&med benBaxir solia escribir a Egipto consultando 
a Abderrahmen ben Alc^sim y a Abdala ben Guahab. 

Otm&n ben Moh&med refen'a que a Obaidala ben 
Yahia le contd su padre Yahia lo siguiente: 

Mohamed ben Baxir me encargo a mi que consul- 
tara con Abenalcasim algunas cuestiones concretas; al 
propio tiempo hizo tambien ese encargo a Moh&med 
ben Jdlid, de hacer las mismas consultas. Cuando fui 
yo a Egipto consulte con Abenalcasim y me did con- 
testacidn [pag. 63] que puse por escrito. Por otro lado 
Mohamed ben J£lid, despues de haber estado en Me- 
dina, le consulto las mismas cuestiones y aquel le di6 
contestation que puso por escrito. Al reunirnos los dos, 
examine lo que Abenalcdsim le habia contestado a 
Abenjaltd respeclo a esas cuestiones, y encontre que 
habia divergencia en las dos contestaciones: no habia 
contestado a el lo mismo que me habia contestado a 
mi. Entonces me presents: denuevo a Abenalcasim, le 
expuse lo que pasaba y le dije: 

— Si volvemos los dos a nuestra tierra [Andalucia] 
Uevando cada uno contestacidn diferente, van con 
raz6n a recelar de nosotros y no creer&n que ambos 
nemos recibido de ti ese informe juridico; el juez, por 
otra parte, se vera" confuso, dudara y tendra que es- 
cribirte de nuevo. 

— Tienes razdn— contesto Abenalcasim. 

Entonces mandd este llamar a MoMmed ben Jdlid 
y le dijo: 

— Cuando yo te di la contestacidn, estaba ocupadi- 
sima mi mente en multitud de asuntos; haz el favor de 
escribir de nuevo las contestaciones, conforme las he 
contestado a Yahia. 






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Asi lo hizo; y volvimos con las contestaciones 
acordes. 

Mohamed ben Baxir era hombre sagacisimo, de 
mucha perspicacia. Un ulema me dijo: Era hombre 
que aceptaba algunas veces un testimonio handose 
tfnicamente por indicios; poseia el arte de leer en la 
fisonomia de las personas; inquiria lo mas secreto sin 
pararse en las apariencias que tienen en su favor las 
pruebas de formalismo legal. 

Otman ben Mohamed me conto que Obaidala ben 
Yahia le habia referido que Yahia ben Yahia le dijo al 
juez Mohamed ben Baxir: 

-Las circunstancias de las personas cambian de 
continuo; cuando en la curia depongan testigos en 
abono de otro, tu debes juzgar con arregto a lo que 
resulte probado por ese testimonio; pero si el proceso 
se prolonga y tiene que volver a declarar ese m.srno 
testigo, debes exigir otra vez que le abonen rcpitiendo 

la indagatoria. , 

Mohamed ben Baxir aceptd el consejo de Yahia y, 
al saber la gente que el juez tenia esto por norma, an- 
duvieron con mucho cuidado y precauci6n. 

Yahia ben Yahia rue uno de los que trataron con 
mas [pag. 64] consideraciones a Mohamed ben Baxir 
y mas le alabaron, durante la vida de ese juez Des- 
pues que este murio consultaron a Yahia tespecto a la 
costumbre de vestir turbante. Yahia contesto: 

-En Oriente usan el turbante: esa es la costumbre 

que tienen desde antiguo. 

-Si tu le usaras-dijeronle- seguramente el pue- 
blo te imitaria y lo usaria [aqui en EspanaJ. 

-No lo creo-contestd Yahia-: Abenbaxir llevaba 



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- 80 - 

vestidos de seda y el pueblo no le ha imitado; y eso 
que Abenbaxir era hombre de prestigio, a propdsito 
para imponer esa moda. Si yo me pusiera turbante, 
la gente me dejaria solo en este uso y no me imitaria, 
en la misma forma que no ha imitado a Abenbaxir. 

Yahia ha ensefiado algunas materias que aprendio 
de Mohamed ben Baxir, el cual, a su vez, las habia 
aprendido de Malic ben Anas. 

Un ulema refiere haber oido decir a Yahia ben Ya- 
hia, lo siguiente: 

Hamdun ben Fotais presento ante Alhaquem I que- 
ja de agravio contra el juez Mohamed ben Baxir, 
diciendo que este habia cometido una injusticia al 
sentenciar un pleito contra el. Hamdun me dijo a mi: 

~jOh Abumohamed! He pedido al soberano que 
forme tribunal de faquies para entender en esta causa 
mia y he solicitado, ademas, que ta formes parte de 
esa asamblea. 

—Considero cosa muy grave— contestd Yahia ben 
Yahia— eso de formar yo parte de un tribunal en que 
se sustancie queja de agravio contra un hombre como 
Mohamed ben Baxir. Si es que teneis que apelar a 
semejante extremo, yo os aconsejaria que nombraseis 
a mi maestro Yahia ben Modar el Caisi. Te digo esto 
porque creo que Mohamed ben Baxir, estando airado 
contra ti, sera mas benevolo contigo que yo, que- 
riendote favorecer. 

Al olr Hamdun esta contestacion, quedo muy co- 
rrido; y como era bastante sufrido y paciente, se abs- 
tuvo de instar que se reuniese el tribunal cuya forma- 
ci6n habia solicitado del monarca. 

Entre las cosas que Mohamed ben Baxir aprendio" 



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— 81 - 

de Malic, esta" la siguiente: Dice Abdelmelic [p£gi- 
na 65] ben Alhasan que Mohamed ben Baxir le refi- 
rid que habia oido decir a Malic estas palabras: M Es- 
tudiad estos librosy no los mezcleis con otros.„ 
Yo creo que Malic, en esta frase, aiudia a la Al- 

moata. 

Abdelmelic ben Hasan dice que Mohamed ben Ba- 
xir le refirio haber oido decir a Malic estas palabras: 
"Con las noticias de Abenimran casi se puede formar 
una historia,, (1). 

No se a que Abenimran quiso referirse M&lic ben 
Anas, si a Abenimran el Talhi, juez de Medina, oa 
Mosab ben Imran, juez de la aljama de Cordoba, Yo 
conjeturo que querria aludir a Mosab, porque Moha- 
med ben Baxir fue secretario de Mosab y, como tal 
secretario, sabria las noticias de ese juez. Despues de 
haber sido secretario de Abenimran asistio a las cla- 
ses-de Malic y quiz& contara a Malic las no.ticias de 
Mosab; estas causarian admiracion a Malic y por eso 

diria-lo que dijo. 

Mohamed ben Omar ben Abdelaziz me dijo que 
Mohamed ben Omar ben Lobaba y Mohamed ben 
Abdala ben Elcoc referian que Mohamed ben Baxir 
consultd a Malic sobre la licitud del uso de la le- 
che de burra, y a Malic le parecio que era Hcito 

beberla. 

He oido referir a un narrador de sucesos historicos 
que Muza ben Samaa, general de la caballeria, se 
quejo muchas veces ante Alhaquem I del juez Moha- 
med ben Baxir, porque, a su juicio, habia cometido 
injusticias contra el. El monarca contesto: 



(i) El autor repite aqui lo que antes lia contado. 

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- 82 - 

— Voy ahora, inmediatamente, a poner a prueba lo 
que dices: sal al instante y vete en busca de Abenba- 
xir y pidele permiso para verle: si te da ese permiso, 
ie destituyo; pero si no te da permiso para verle sin 
ir acompafiado de tu contrincante, puedo aftrmar que 
no es injusto [p£g. 66] y que solo se propone hacer 
justicia. 

Muza ben Samaa salid de palacio y dirigidse a casa 
de Abenbaxir. Al momento el monarca envio a un 
paje de palacio, de su completa confianza, que fuera 
siguiendo a Muza y se enterara de lo que a este suce- 
diera. Apenas habia pasado el tiempo preciso para ir 
y volver, cuando ya estaba de vuelta el paje y conta- 
ba al soberano lo siguiente: 

— En cuanto el ujier o alguacil del juzgado salid y se 
enterd de que Muza venia a visitar al juez, inmediata- 
mente se fue a informar a este de la persona que soli- 
citaba audiencia, y al momento salid el ujier otra vez 
para decir a Muza: "Si a usted se le ofrece algo, vaya 
a exponerlo alia en la curia, cuando el juez comien- 
ce a daraudiencias.,, 

El monarca, al oir la narracidn del paje, dijo: 

— Ya sabia yo que Abenbaxir es hombre justo, que 
no tiene tolerancias ni debilidades con nadie. 

Me refirid un ulema, hombre que merece entero 
credito, que Mohamed ben Guadah contaba dos anec- 
dotas del monarca Alhaquem I: una de ellas relacio- 
nada con Mohamed ben Baxir; la otra referiase a pre- 
dicciones de sucesos futuros. Mohamed ben Guadah 
solia decir cuando acababa de relatar estas dos anec- 
dotas: "Pardiez, aunque no tuviera Alhaquem I otros 
meritos en su vida que los que aparecen en estas do s 






*an£cdotas,tengo la creencia de que habra ido alcielo:. 
La anecdota relacionada con Abenbaxir es la si- 

guiente: 

Refiere un palaciego que una de las mujeres m&s 
estimadas de Alhaquem I contaba que una noche el 
soberano se levantd [de la catna donde ambos estaban] 
y se fue, dejando a la mujer sola. A esta le entraron 
sospechas, como suelen tener las mujeres, sobre todo 
cuando estan dominadas por los celos. Contaba ella: 

—Me fui detras de el y me lo encontre en cierto 
"sitio rezando y orando. Luego, cuando volvio [a la 
cama], le expuse lo que habia sospechado y lo que 
habia hecho y que le habia visto rezando y orando. 

[Pag. 67]— Se trata de lo siguiente — le dijo el- mo- 
narca— : habia yo nombrado juez de los musulmanes 
de Cordoba a Mohamed ben Baxir; mi alma estaba 
sosegada y mi corazdn, completamente confiado en 
el, muy tranquilo, sin tener que preocuparme de" los 
rumores, altercados y maleficios del pueblo, sabiendo, 
como sabia, que era persona justificada y muy de fiar; 
pero he sabido esta noche que se halla en la agonia 
y proximo a morir; hallabame yo turbado e inquieto 
por esto; me sentia molestado y me he levantado a esa 
hora a rezar e invocar a Dios, a implorar de el que me 
proporcione un hombre que pueda reemplazarle y con 
el que mi alma pueda descansar nombrandole juez de 
los musulmanes en cuanto se muera Abenbaxir. 



DEL JUEZ SAID BEN MOHAMED BEN BAXIR EL MOAFERf 

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L 

Said ben Mohamed ben Baxir ben Xarahil el Moaferl 
fue hombre de capacidad y merito: habia colaborado 



r*.=* 




- 84 - 

con su padre en la tarea de administrar recta justicia y 
contribuido a dar fuerza a sus decisiones perfectamente 
legales; fue tan sagaz como su padre, participo de las 
mismas sanas opiniones religiosas y continuo con iden- 
tica rectitud de conducta. 

J£Iid ben Sad refiere que un ulema le contd lo si- 

guiente: 

El pueblo de Ecija elevd instancia al sobcrano [pa- 
gina 68] rogandole que se sirviera nombrarles un juez. 
El monarca mando la solicitud al juez de la aljama 
de Cdrdoba, Mohamed ben Baxir, ordenandole que 
eligiera al que bien le pareciese. 

Jalid afiade: 

Me contd Ahmed ben Baqui que cuando Mohamed 

ben Baxir se entero" del contenido del documento que 
el monarca le transmitia, se lo leyo a su hijo Said y 

le dijo: 

— Tii conoces a todos los que suelen venir a nues*ra 
casa; icu^l crees tu que debemos recomendar al sobe- 
rano para que lo nombre? 

^ 

— No conozco a nadie— contesto" su hijo Said— que 
merezca ser nombrado; yo no daria ese cargo a nin- 
guno de los que vienen a casa. 

— (iQue te parece — insinub su padre — de ese asceta 
pedagogo que vive en Secunda y suele concurrir a 
nuestras reuniones? 

— Si— replicC el hijo—; de todos los que vienen a la 
tertulia es el mds a prop6sito; pero ni a 6se siquiera le 
recomendaria yo ni le propondria para ese cargo. 

— Puesyo — dijo el padre— lo nombraria; y voy a 
proponerselo al monarca. 

Tom6 un pliego de papel y cornenzd a escribir al 
soberano, dandole noticias de ese pedagogo, a tiempo 



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L- 

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* 



85 — 



en que se oyo Uamar a la puerta de casa. El padre r 
dirigiendose al hijo, dice: 

— Sal y veas quien es. 

El hijo salid, encontrose con varias personas que 
preguntaban por el juez y les dijo: 

—Mi padre esta muy ocupado en este momento. 

Pero mientras el hijo estaba hablando con aquella 
gente, vino el pedagogo asceta, el cual se disponla a 
entrar en la habitacidn en que se hallaba el juez. El 
hijo de este, al verle en esa actitud, se leinterpuso di- 

ciendo: 
E S t& muy ocupado escribiendo una carta al sobe- 

f rano. 

i — Precisamente -dijo el asceta— me urge mucho 

I hablarle por un asunto del que temo que la ocasidn 

| escape: se me ha dicho que el monarca le ha pedido 

1 que indique la persona que debe ocupar el juzgado de 

j Ecija; yo desearia que me propushse a mi. 

. Al oir esto el hijo del juez, entrd donde estaba su 

padre escribiendo y le dijo: 

-No es menester ya que escribas: el hombre cuya 

candidatura ibas a recomendar, se ha echado a perder 

el a si mismo. 

Y le contd [pag. 69] lo que acababa de decir el pe- 
dagogo. Mohamed ben Baxir ya no menciond el nom- 
bre del pedagogo en la carta que estaba escribiendo y 
propuso a otro. 

La causa ocasional que motivd el que Said ben 
Mohamed ocupara et cargo de juez, fue un suceso que 
le ocurrid, por la coincidencia de tener i\ un depdsito 
que le habian confiado. Jalid ben Sad refiere que un 
ulema que le merecia entero credito, oyd contar a 



m?m 



SG 



Xahia ben Zacaria, intimo amigo de Mohamed ben 
Guadah, que Asbag ben Jalil narraba lo siguiente: 

Estabamos de tertulia en casa de Yahia ben Yahia a 
tiempo en que vino a verle Said ben Mohamed ben 
Baxir, y se sentd con nosotros. Yahia notd que Aben- 
baxir estaba preocupado y triste, y le dijo: 

■ — iQue te pasa? 

— Un disgusto — contestd Abenbaxir — que de impro- 
viso me ha caido encima. 

- — iCual es? Di: aqui puedes estar tranquilo; nadie 
te oye ni te ve. 

■ — Pues mira, es lo siguiente: Rebia, el conde [cris- 
tiano], me did en deposito un cuantioso capital, y hete 
ahi que el pregonero esta gritando en la calle este pre- 
gdn: "Aquel que tenga dinero o cosa depositada per- 

teneciente a Rebia y no lo manifieste dentro de tres 
dias, serd casiigado con la pena de muerte y seran 
confiscados sus bienes.,, 

: :A Yahia causo mucha impresion esta noticia y que- 
do pensativo y aun atdnito> mirando al suelo largo 
rato; luego le preguntd: 

. — r^Y qu'epiensasrhacer? Yo creo, pardiez, que de- 
bes guardar ese pacto de deposito, conforme a aque- 
Ua tradicidn. del Profeta que dice: '1E1 depdsito debe 
devolverse, no. solo al hOnrado y justo, sino hasta al 
malvado o perverse; [Dios ha hecho estas cosas asi:] 
lo mismo se muere, tras del parto, la mujer honrada 
que la que no lo es.„ 
. El caso se traslucid y divulgd hasta que lo supo el 
monarca, e.1 cual,.pasados los tres dias [de publicado 
el pregdn] , lo mandd llamar. El ujierdel soberano [al 
presentarse en palacio Abenbaxir] le recibid y le dijo 
,;[de parte del monarca] : 



/" 



— 87 - 

— iQue te ha inducido a esconder lo que te did 
Rebia en deposito? Ya has oido lo que el pregonero ha 
publicado y [pag. 70] la resolution firme y proclama- 
da que hemos hecho a este propdsito. 

— Haz el favor — dijo Abenbaxir al ujier — de 
comunicar al soberano de mi parte que esto lo nice 
unicamente apoyandome en una tradicidn del Pro- 

feta. 
Y le citd el texto de la tradicidn, ailadiendo despues 

de las palabras "el deposito debe devolverse al justo 
como al perversa la siguiente coletilla: "Esta tradi- 
cidn del Profeta debe aplicarse a Rebia, porque no hay 
hombre mas perverso que 61. „ 

El ujier eunuco comunicd al soberano la contesta- 
tion de Abenbaxir, y el monarca, al enterarse de ella, 
lo recomendo a los visires diciendo que era un santo 

varon, y aun afladio: 

— Creo que debeis nombrarle juez. 

Esta fue realmente la causa de que se le nombrara 
juez de Cdrdoba. 

Said ben Mohamedben Baxir era amigo o compa- 
flero de Yahia ben Yahia, el cual te trataba con muchas 
consideraciones y atencion extraordinaria. Otman ben 
Mohamed me conto que Abumeruan Obaidala decia 
que Yahia ben Yahia le refirid lo siguiente: 

La longanimidad es prenda que adorna mucho a los 
hombres. Lo digo por lo siguiente: 
■ • Iba yo con Abdelmelic ben Moguit el dia del corn- 
bate de Narbona; habiamos salido de expedicion gue- 
rrera y venia con nosotros Said ben Mohamed ben 
Baxir. Abdelmelic nos habia enviado a buscar para pe- 
■dirnos consejo. Algunas veces me llamaba a mi espe- 






— 88 — 

cia.lmente, prescindiendo de Said ben Mohamed, pero 
yo le dije a Abdelmelic: 

—No hagas eso: puede saber mal a mi compafiero 
[el que me llames a mi exclusivamente]. 

Y Abdelmelic aceptd este consejo. Pues bien, un 
dia envid, en concepto de regalo, ocho dinares de oro 
para mi, y otra cantidad igual para Said ben Moha- 
med; pero yo me dije: 

— Por mi parte, puedo pasar sin esta cantidad; lo 
que debo hacer es juntarlos todos y enviarselos todos 
a mi compafiero, que verdaderamente los necesita. 

Cuando los musulmanes cogian botin y se acumula- 
ba en sus manos mucha cantidad, solia repartirse con- 
forme a nuestros consejos y a presencia nuestra. Cier- 
to dia, en una de aquellas ocasiones, le dije yo: 

— Desearia hablarte de un asunto [pag. 71], pero 
tengo vergtienza o miramiento de hablarte de esas 
cosas. 

— jOh, Abumohdmed! — me conlestd — cuando te 
venga algun escrupulo, desechalo. 

Y aflade Obaidala: A mi padre Yahia le complugo 
mucho esta contestation. 

Y dice Yahia: Al volver de la expedition de Nar- 
bona, me dijo [Abdelmelic ben Moguit]: 

— jOh, Abumohamed! Yo quisiera daros una mues- 
tra de mi consideration: desearia honraros a ti y a tu 
compafiero. 

— (iCdmo? icon que?— le conteste yo. 

— Haciendoos— me dijo— oir un buen concierto de 
buena musica. 

— Pardiez— le replique— tii no quieres honrarnos; 
tu lo que quieres es hacer un desprecio. 

—No lo areas— replied Abdelmelic—. Pardiez, per- 



*l"> - ' - 



89 



sonas de tu clase hay que no creen que se les hacen 
debidamente los honores hasta que se les obsequia con 
buena musica. 

— Pues Dios— dije yo entonces— no les galardonara 
esa action, ni a ellos, ni a ti; <ic6mo la ha de galardo- 
nar, si faltan a Dios y a su Profeta? 

Al oir esta respuesta mia, se avergonzo y no quiso 
ya insistir m£s. 



DEL JUEZ ALFARECH BEN QUINENA EL QUINENf 



Se llama Alfarech ben Quinena ben Nizar ben Atbdn 

ben Malic El Quineni. Se apodaba de este modo por- 
que pertenecia a la tribu de Quinena. Estaba ads- 
crito a la division militar de Palestina; vivia en Sido- 
nia; era hombre dedicado a la cientia religiosay sabia 
escribir al dictado de los profesores. Hizo tambien 
viaje a Oriente con el fin de estudiar y alii oyo a Ab- 
derrahmen ben Alcasim y otros maestros de ciencia 
religiosa. Luego, cuando volvid de su viaje, Alha- 
quem I lo aplico a su exclusivo servicio y le nombr6 

juez.de la aljama de Cordoba. 

[P&g. 72] El cargo de juez de Sidonia tut desempe- 
nado por los descendientes de este Alfarech, sucesi- 
vamente, pasando de unos a otros en tiempo de los 
califas, hasta que, al reinar el Principe de los creyen- 
tes Abderrahmen III, nombro juez de Sidonia a un 
hombre de esta familia, llamado Abulab&s, el cual se 
habia dedicado al estudio de la ciencia religiosa que 
aprendio de los maestros de Andalucia, siendo con- 



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90 ■- 



discipulo de Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman y 
otros contemporaneos suyos. 

Refiere Jalid ben Sad que im ulema le contd el si- 
guiente suceso que habia oido referir a un asceta per- 
teneciente a la familiade Alfarech ben Quinena: 

A un hombre se le acusd de haber tornado parte en 
el movimiento revolucionario de la celebre revuelta del 
Arrabal. Los esbirros del soberano asaltaron la casa de 
aquel para matarle; las mujeres gritaron y armaron 
gran vocerio. Alfarech oyd la griteria y preguntd: 

— iQue es eso? 

— A tu vecino fulano—se le dijo — han venido a 
buscarle los esbirros y se nan lanzado sobre el repenti- 
namente, de sorpresa, para matarle. 

Al oir eso Alfarech se fue a la puerta de la casa del 
vecino, se encard con los esbirros y les dijo: 

— Este vecino mio es hombre bueno a carta cabal 
y no se ha mettdo en esas cosas que sospechais. 

— Eso no te iriiporta a ti— le contestd el emisario 
del tnonarca que iba al frente de los esbirros — ; eso no 
tiene nada que ver contigo. Tu, como juez, metete en 
la administracidn de los legados piosy en sentenciar 
pleitos; no te metas en lo que no te incumbe. 

Alfarech ben Quinena se encolerizd al oir aquello y 
se marchd en seguida a ver a Alhaquem I; pidid au- 
diencia y, al entrar a presencia del soberano, despues 
de saludarle, le dijo: 

— iOh, monarca!, los de la tribu de Coraix comba- 
tieron contra el Profeta y le declararon abiertamente 
su enemiga; y el Profeta luego les perdond y les trato 
como amigos. Tu debes itnitarle con mds razdn que 
otros, puesto que eres de su familia. 
.. [Pag. 73J Tras estas palabras el juez le refirid el su- 



w-^'y 



- 91 - 

ceso y lo que le habia ocurrido. El monarca entonces 
ordend castigar al jefe de aquclla banda, por el des- 
acato, y perdond a todas las restantes personas de Cor- 
doba, haciendo extensivo el perddn a todo el mundo 
y dando a entender paladinamente a todos que podfan 
vivir tranquilos en sus casas. 

Refiere Mohamed ben Hafs lo siguiente: Lei en un 
Hbro, escrito de letra de Ahmed ben Fdrech, en el 
que habia una porcidn de noticias histdricas de Anda- 
lucia, que Alfarech ben Quinena fue de expedicidn 
guerrera hacia Galicia, como jefe de la division mili- 
tar de Sidonia del Algarbe, con [el general] Abdel- 
querimben Abdelguahed;.y que Abdelquerim ledesta- 
cd desde Astorga mandandale a [un lugar donde se 

habia tealizado] una concentracidn de cristianos. Al- 
ffirech los puso en fuga e hizo de ellos una gran ma- 
te nza . 

Y aflade: Lei tambien en ese Hbro que Alh&quem I 
hizo venir a Alfarech ben Quinena desde Sidonia [a 
Cdrdoba] y le nombrd juez de la aljama; y que cuan- 
do transfirid el mando de Zaragoza, que habia otor- 
gado a su hijo Abdermhmen, encomend&ndolo a Ab- 
derrahmen ben abi Abda, Omara, que era en realidad 
arabe, mird con desprecio a ese general [Benabiab- 
da], a pesar de que este venia a Zaragoza en auxilio 
suyo. Tuvo,por esta razdn, que encargarse del gobier- 
np de Zaragoza Alfarech ben Quinena, que era arabe 
[y no el general Benabiabda que no lo era]. Alfarech 
Uegd a tener bajo su mando la Frontera, permanecien- 
do en tal situacidn algun tiempo. Pero, luego, Omara 
se hizo amigo de un grupo de berberiscos, a los cua- 

r 

les metid en la ciudad [de Zaragoza] y, juntos, se su- 






>- X 



_ 92 ■ - 

blevaron contra Alfarech ben Quinena y se apodera-- 
ron de el. Despues se pusieron de acuerdo los arabes- 
y los principales berberiscos contra Omara y los su- 
yos; los combatieron y arrojaron de la ciudad; se apo 
deraron o cogieron a Omara y a su hijo y se fueron 
corriendo a presentarlos a Alfarech ben Quinena. Los 
arabes y principales berberiscos pidieron a Alfarech 
que escribiese a Alhaquem I haciendoie saber que 
ellos [pag. 74] se habian mantenido adictos a su go- 
bernador y habian ayudado a este. Alfarech escribio a 
Alhaquem en sentido favorable a estos y se arreglo el 
asunto, calmandose los animos. 

En el archivo real he leido la contestacidn que 
Alhaquem I did a Alfarech. ben Quinena, documen- 
to que confirma el anterior relato. He aqui copia li- 
teral: 

"He recibido tu carta en que refieres los esfuerzos 

que haces para ordenar los asuntos de esa provincia y 
el cuidado que pones en darme noticias del asunto de 
Omara, lo que el ha hecho y lo que han hecho los que 
con el se juntaron transgrediendo lo pactado, suble- 
vandose contra tu gobierno de Zaragoza y metiendo 
en la ciudad a los berberiscos. Me haces saber tatn- 
bi6n quienes fueron los que te ayudaron acudiendo 
en tu auxilio, tanto militares como notables de la ciu- 
dad ygente pacifica y de orden que se pusieron a tu 
lado, enterados de que lo mas provechoso y saluda- 
ble para los subditos es obedecer a las autoridades. 
TambiSn se, por tu carta, el asalto de que fuiste vfcti- 
ma de parte de la gente mala e insensata que ahi hay, 
asi como del cambio de conducta que luego se verifi- 
ed en ellos y de que ellos mismos reprocharon lo que 
sin meditacidn habian realizado y [que estaban arre- 



i-,iO- 



V 



- 93 — 

pentidos] del desliz que habian cometido; pero, en 
fin, ya se nan concertado todos los mejores, los nota- 
bles y los pacificos ciudadanos en ayudarte y en re- 
chazar a la gente villana que te asaltd. Esto borra 
la mala accidn del populacho, hace que uno olvide 
las violencias de los insensatos, incita a que se les 
perdone y se les dispensen las malas acciones. Yo es- 
_cribo al pueblo de Zaragoza, de acuerdo con el men- 
saje que me has enviado, accediendo a lo que me pi- 
des; y esto !o hago sin demora, porque apruebo (1) lo 
que tu propones aceptar, es decir, el concierto hecho 
por los dos bandos y el arrcglo [pag. 75] del asunto. 
Sabemos quealencomendarte a ti que pactes con ellos, 
has de proceder muy bien y rectamente; por eso te 
nombramos jefe con autoridad para arreglar esos asun- 
tos con ellos. Por nuestra parte te promelemos el re- 

conocimiento. Adids.,, 

Junto con esta cara [que podia ser piiblica] le in- 
cluyd otra [reservada] en que le decia: 

"Lo ocurrido con Omara y su hijo y el haber tu 
mediado para que se pusiesen de acuerdo los arabes 
de esa region para meterlos ambos en tu poder, es 
hecho que me certifica de tu fidelidad y lealtad y de 
que estan ellos dispuestos a obedecerte. Sin embargo, 
quiero que vigiles a Omara y su hijo, a toda hora, de 
dia y de noche; evita todo descuido en este particular; 
pon mucho cuidado, que no se te escapen hasta que 
vaya a esa Almoguira. Sabete que tii me respondes 
de que no han de escaparse. Cuida tu personalmente 
de que sean vigiiados estrecha y escrupulosamente; 
obra en esto como si fuese cosa de interes personali- 



(i) Parece que se lee '-i+Ol !>iij. 



YrJ&u 







- 94 

simo tuyo; no se te aceptara ninguna excusa, si en 
esto te descuidas. Adios.„ 

Alfarech ben Quinena al enviar la carta [de que son 
contestation las anteriores] al monarca Alhaquem I, 
mando una comisidn de arabes pacificos [de la Fron- 
tera], a los cuales el soberano ordeno que se les dieran 
vestidos y regalos, y hasta les dio otros regalos seme- 
jantes para las respectivas tribus o familias a que per- 

tenecian. 

He leido la contestation de Alhaquem I a Alfarech, 
en la que se trata de estos arabes que este envio, res- 
pecto a los cuales estaba en las mejores disposiciones. 
He aqui copia literal de esa carta: 

"He leido tu apreciable, en la que veo las buenas re- 
laciones que el pueblo arabe de tu region mantiene 
contigo y lo dispuestos que estan a obedecerte y la 
lealtad con que se conducen, especialmente aquellos 
que taxativamente nombras, los cuales han tenido que 
sufrir quebrantos por nuestra causa; a esos se les debe 
remunerar y recompensar. El mensajero que nos en- 
viaste, te lo volvemos a enviar llevando nuestra carta 
dirigida a ti y la carta que a ellos dirigimos. Les ne- 
mos recompensado por su venida con esplendida gra- 
tification. Adios.,, 

. He aqui copia de la carta que Alhaquem I escribifi 
a [pag. 76] Hobais ben Nuh y a los arabes de su par- 
tido: 

"Hemos recibido vuestra carta en la que mencio- 
nais el favor que Dios nos ha concedido en esa Fron- 
tera, al hacer que vosotros os mantegais firmemente 
en vuestros puestos y que vosotros trateis de apaci- 
guar el desorden que habia, y que compitais en ofre- 
cerme vuestras personas y vidas en apoyo y honra de 




- 95 - 

vuestro gobernador y en luchar contra quien se separe 
de su obediencia y defender sus ordeneshasta que 
Dios se sirva arreglar ese asunto, concertar las volun- 
taries y consolidar la obediencia. Todo lo que en este 
particular habeis escrito mencionando esto y haciendo 
vbtos porque se logre, lo he aceptado con el mayor 
reconocimiento y estoy dispuesto a galardonaros y a 
retribuiroslo. Debo deciros que he encomendado el 
gobierno de esa Frontera a Almoguira ben Alhaquem, 
y le he recomendado especialmente que se entere de 
la cuantia de los dafios que habeis sufrido por nuestra 
causa y reconozca vuestra obediencia y docilidad y 
que sea esplendido con vosotros, cosa para la que 
le he aulorizado, ya que de ello os habeis hecho dig- 
nos por vuestra docilidad u obediencia, vuestra ente- 
reza y lealtad, y por el merito de los actos que habeis 
realizado en esta ocasion. Dios esa quien se debe pe- 
dir ayuda. La paz sea con vosotros. „ 

No he encontrado entre los narradores de sucesos 
hist6ricos noticia alguna que se refiera a Alfarech ben 
Quinena, despues que volvid de la Frontera. 

Abdelmelic ben Ayman dice que la descendencia 
de Alfarech ben Quinena en Sidonia fue numerosa, y 

afiade: 

— -Yo alcance a uno de sus descendientes, llamado 
Abulabas, el cual fue condiscipulo mio en los estudios 
que hice con los maestros de mi pais, 

Mas tarde Abderrahmen III nombrd a este, Elabas, 

juez de Sidonia. 



-.?=5'>£vr" 




- 96 



[P5g. ??] DEL JUEZ CATAN BEN CHAZ EL TEMlMf 

Es Calin ben Chaz ben El-lachlach ben Sad ben 
Said ben Mohamed ben Otarid ben Habib ben Zora- 
ra El Temimi. Procedia de Jaen. Lo nombro juez de 
la aljama de C6rdoba Alhaquem I. No he encontrado 
acerca de el, entre los narradores de sucesos, noticia 
alguna que pueda yo consignar por escrito. Le suce- 
did en el cargo, luego, Bixr ben Catan, el cual volvid 
a ser nombrado en otra ocasidn distinta de esta. 



DEL JUEZ OBAIDALA BEN MUZA EL GAKEQUf 

Es Obaidala ben Muza ben Ibrahim ben Mdslim ben 
Abdala ben M6sltm ben Abdala ben Jalid ben Yecid 
ben Amar ben Obaid El Gafequi. Procede de los ara- 
bes de Siria, habiendo pertenecido especialmente a la 
divtsidn de Palestina, la cual tenia su asiento en la re- 
gidn de Algeciras. Su familia habitaba en Sevilla. Los 
hijos de Muza, el visir, pretenden que este Obaidala, 
a quien Alhaquem I nombro juez de la aljama de Cor- 
doba, es el patrono de quien ellos tomaron el apelli- 
do [pag. 78]. Los narradores de sucesos histdricos no 
recuerdan de el noticia alguna que pueda escribirse 
en este libro. Le sucedid luego Mohamed ben Talid 
ben Hamid ben Mohamed El Roaini. 



DEL JUEZ HAMID BEN MOHAMED EL ROAINf 

Este Hamid ben Mohamed ben Said ben Ismael ben 
Hamid ben Abdelatif El Roaini era de Sidonia. Le 







* -&---r\- . 



- 97 



nombro" juez de la aljama de Cordoba Alhaquem I, y 
no mencionan los ulemas cosa alguna referente a el. 



DEL JUKZ MASRUR BEX MOHAMED BEN BAXIR EL MOAFERl 

Es Masrur hijo de Mohamed ben Said ben Baxir 
ben Xarahil El Moaferi. Al principio de este libro esta~ 
el capitulo que trata de su padre Mohamed ben Ba- 
xir. Le nombro juez de la aljama de Cdrdoba el emir 
Abderrahmen II. Se ie contaba entre los varones San- 
tos y virtuosos. 

[Pag. 79] Me conto un ulema, persona muy digna 
de credito, que Mohamed ben Ahmed ben Abdelme- 
lie, conocido vulgarmente por Abenazzarrad, deria: 

En la ciudad de Cordoba, donde vivia yo, hubo un 
juez conocido por Masrur: era un asceta. Un dia pidio" 
permiso a los liti^antes que habia en la audiencia, 
para levantarse e ir a realizar una cosa que personal- 
mente le incumbia. Los que estaban presentes Ie die- 
ron ese permiso. Nuestro hombre se levantd y se salid 
llevando en la mano un pan que estaba aun en masa 
ysincocer, y se dirigio hacia el horno para que lo 
cocieran. Uno de los presentes se ofrecio" al juez para 
llevar al horno aquel pan; pero el juez Ie contestd: 

— Cuando me destituyan a mi del cargo, ^te he de 
buscar yo a cada momento, para que me prestes este 
servicio? No, no; el que llevaba el pan antes de ser 
yo juez, debe llevarlo tambien ahora. 

A este juez le sucedio en el cargo Said ben Moha- 
med ben Baxir, la segunda vez que se encargd del 
juzgado. 

7 



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DEL JUEZ YAHIA BEN MAAMAR KL ILHANf 

Era Yahia ben Maamar ben Imran ben Monir ben 
Obaid ben Onaif EI Atlumi, El Ilhani, de los arabessi- 
riacos. Su patria era Sevilla, y la calle donde se halia- 
ba su casa en esa ciudad llamabase Magrana,en un ba- 
rrio extremo de la capital por donde pasaba la carrete- 
ra. En ese tiempo estaba considerado como el mejor 
faqui de Sevilla, el mas vcrsado en el conocimiento de 
la ley divina. Habia ido a estudiar a Oriente, donde 
habia tratado con Axhab ben Abdelaziz y oido [pagi- 
na 80] sus lecciones y las de otros maestros en la cien- 
cia religiosa. Era, por caracter, hombre escrupuloso 
y abstinente, asceta, virtuoso, muy aficionado a per- 
manecer en su cortijo y ocuparse en sus negocios per- 

sonales. 
Mohamed ben Omar ben Abdelaziz me dij'o que los 

sevillanos deseaban que Yahia ben Maamar fuese 
nombrado juez de Cordoba. Y anadia: Un hombre de 
Sevilla, conocido con el nombre de Morra ben Day- 
sam, me conto lo siguiente: 

Estaba yo con Yahia sentado en su cortijo, en un 
caserio que habia por alii, a tiempo en que vimos un 
jinete correr a galope; iba bien pertrechado, como 
para largo viaje; andaba todo derecho por Ja carretera 
mayor. Yo le iba siguiendo con la vista. Al llegar al 
camino que conduce a la casa de Yahia ben Maamar 
pardse, asi como se paraaquel que, no conociendo un ' 
lugar, tiene que pedir a otro indicaciones para encon- 
trarlo. Yo me recele que ese caballero debia de ser un 
enviado del califa de Cordoba que venia por Yahia 



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ben Maamar para que este ocupara e! cargo de juez, y 
me volvi entonces a Yahia y Ie dije: 

—Oh, Abuzacaria, la gente desea que a ti te ha- 
gan algo; yo deseo saber realmente tus propdsitos, 
pues creo que va a suceder lo que todo el mundo de- 
sea. .jAceptas el cargo de juez o no lo aceptas? 

— Acepto— me contesto. 

— Cuando seas juez de la aljama de Cordoba— le 
dije yo - ^que participacidn corresponded a tu com- 
pafiero y amigo en ese caso? 

—Si Dios quiere— contesto— le corresponded par- 
ticipacidn esplendida. 

—Pues mira— afiadi— este es el emisario que vie- 
ne desde Cordoba a buscarte. 

Apenas hube acabado de pronunciar estas palabras, 
cuando el emisario que galopaba en busca de Yahia 
ben Maamar se pard a nuestra presencia. 

[Luego, pasado algun tiempoj, cuando Yahia estaba 
ocupando ya el juzgado de la aljama de Cdrdoba, fui a 
visitarle desde Sevilla y pare en su casa. El me saludd 
afectuosamente, me hizo los honores, me aposentd en 
una habitacidn; pero al llegar [pig. 81] la noche, me 
presentd una cena muy parca. 

— <iQue esesto?— le dije entonces—. <[Ddnde esta" 
la esplendidez con que me prometiste tratarme aqui en 
Cdrdoba? ^Esa es la variedad y abundancia de platos 
que ofreces [al amigo] siendo tu juez de la aljama? 
Temo— le dije luego— por Dios, arrepentirme de ha- 
ber hecho este viaje para verte. 

—No, hombre, no— me contesto. 

En efecto, al dia siguiente por la mafianita, Yahia 
ben Maamar se puso a escribir sin que yo lo supiese, 
y escribid una carta al monarca Abderrahmen II con- 



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- 100 - 

tindole, tal como habia pasado, todo lo que antes he 
referido y diciendole la promesa que habia hecho de 
dar un regalo cuantioso a su amigo Morra, y que este 
habia venido de Sevilla a exigirle que cumpliera lo 
prometido. Le pidio, ademas, que concediese a Morra 
el mando de su tribu durante un aflo entero y que le 
tratase esplSndidamente y le regalase vestidos precio- 
sos. Y cuando yo menos pensaba, desesperanzado ya 
de lograr nada bueno del juez, pues habia yo vis\> de 
cerca su abstinencia, la parquedad de medios de que 
disponia y la clase de vida que ilevaba, he aqui que 
viene un estandarte [signo de la jefatura de la tribu] a 
Yahia de pirte del soberano, juntamente con un rega- 
lo de doscientos dinares, una inula cargada de vesti- 
dos preciosos y una carta con todas esas cosas en que 

el monarea decia: 

— Cumplo yo la promesa que tu hiciste a Morra ben 

Daysam. 

Jalid ben Sad dice que le refirieron Ahmed ben Ja- 
lid y Otman ben Abderrahmen ben Abdelhamid ben 
abi Zeid (dando cada uno de ellos una version que se 
completan mutuamente) que Mohamed ben Guadah 
contaba lo siguiente: 

— Rece la oracidn del eclipse con Abenmaamar en 
la aljama de Cordoba, aflo 218. Este Maamar dirigia 
la oracion y sabia hacerlo muy bien. Apenas hubo 
acabado de hacerla, y en elia se enttetuvo bastante, 
comenzo a rezar la oracion de la maflana y, cuando 
aun no habia acabado de hacer este ultimo rezo, 
[pag. 82] el sol, pasado el eclipse, habia aparecido. 
Estabamos en el verano. 

Contaban Ahmed ben Jalid y Otman ben Abde- 



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- 101 - 

rrahmen que Mohamed ben Guadah referia que habia 
rezado la oration del viernes, siendo jefe de la oration 
Abenmaamar, haciendo en ella cuatro prosternaciones 
y estando presentes Abuisa, Said ben Hasan, Abdel- 
melic ben Zaunan, Harit ben abi Sad y Abdelmelic 
ben Habib. La mayor parte de la gente que estaba en 

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el patio de la mezquita hizo la oraci6n con dos pros- 
ternaciones. 

Cuando a Yahia ben Maamar se ie presentaba [en 
el juzgado] algun asunto de dificil resolution y los 
faquies de su consejo no se ponian de acuerdo, es- 
cribia a Egipto, a Asbag ben Farech y otros, para 
que estos le informaran de lo que deseaba saber. Yo 
mismo he leido algunas cartas muy bien escritas que 
Asbag ben Farech dirigio a Yahia ben Maamar, juez 
de la aljama de Cdrdoba, contestando a las consultas 
que este le hacia. En ellas se contiene extensa infor- 
macicm de algunas causas. Yo pense al pronto men- 
cionarlas aqui en este libro (1), transcribiendolas por 
extenso, pero despues me ha parecido mejor no salir- 
me de los limites que me trace, y no las pongo para 
no desviarme del plan primitive 

Cuenta Jalid ben Sad lo siguiente: A varios de los 
mas venerables ulemas he oido referir que Yahia ben 
Maamar y Yahia ben Yahia eran enemigos uno de 
otro y que Yahia ben Yahia trabajo, cerca de Abde- 
rrahmen II, para que fuese destituido el juez Aben- 
maamar; y hasta presento information testifical en la 
que varios ulemas y personas prestigiosas y de credi- 
to declararon, delante de los visires, contra Yahia ben 
Maamar, poniendo en evidencia negocios feos que se 

(i) Lease l«j£&4 ^U<wO. 




102 



le atribuian [pag. 83]. Yahia ben Maamar, por su par- 
te, hizo que llegaran al soberano informes acerca de 
la enemistad que Yahia le profesaba, dandole al pro- 
pio tiempo a entender que este habia forzado a los fa- 
quies y adules a declarar conforme a la pauta que el 
les habia impuesto. El monarca, entonces, expidio 
una orden dirigida a los visires, mandandoles que hi- 
cieran comparecer a los principales comerciantes de 
Cordoba y que preguntaran a estos la opinion que te- 
nian formada de Yahia ben Maamar. Los ministros 
hicieron comparecer a varios comerciantes y estos de- 
clararon de conformidad con los testigos anteriores. 
Estas declaraciones debieronse a las calumnias y falsas 
imputaciones que los faquies habian divulgado por 
aquel entonces. El monarca, en vis'a de eso, tuvo que 
destituirlo. 

Era Yahia, segun se infiere de las noticias que todo 
el mundo sabe que se conservan de el y por lo quese 
cuenta de las hazanas suyas, hombre que no se pres- 
taba a que le gobernaran los faquies de Cordoba, ni 
solia condescender a sus recomendaciones, ni gustaba 
de complacerles en lo que pedian; por eso esquivaron 
el tratarle todos ellos, y aun llegaron a formar un solo 
cuerpo contra el. Tanto le llegd a cargar a Yahia ben 
Maamar esta conducta de los faquies, que, encoleri- 
zado, proceso nada menos que a diez y siete de ellos. 
La consecuencia fue que todos se aunaran para lan- 
zarse contra el, como un solo hombre, para zaherirle y 
desacreditarle hablando mal de su persona. 

Otman ben Mohamed me conto que Abumeruan 
Obaidala ben Yahia le habia referido que Yahia ben 
Yahia narro lo siguiente: 

Cuando el pueblo levantd protesta contra Yahia ben 




103 - 



Maamar, juez de la aljama de C6rdoba, vino a decir- 

me Said ben Has5n: 

,jCrees tu que debo declarar como testigo en con- 
tra suya? 

—No hagas tal — le conteste — ; tu eres miembro del 

consejo y, como lal consejero, puede ser tu opinion 
en este caso mas eficaz, que [pig. 84] tu declaration 

como testigo. 

Pero a Said le domino la pasitfn y se fue y declaro 
contra el juez. Poco despues vino y me dijo: 

— Ya he declarado contra 61. 

Y anade Yahia: Inmediatamente despues de suceder 
esto, recibi carta de Abderrahmen II, en que me decia: 

"He cuidado de examinar minuciosamente las de- 
claraciones que se han hecho contra el juez Yahia ben 
Maamar, y no he visto en ellas la tuya. Ahi te las 
mando todas; examinalas y pon por escrito la opinitfn 
que tu formes acerca de ellas. „ 

Y conteste al soberano informdndole de lo que yo 
sabia por referencias, acerca de la conducta del juez, 
puesto que yo no podia informar por experiencia per- 
sonal, ya que no asistia a sus audiencias, ni el me con- 
sultaba en los negocios que tenia que resolver. En 
cuanto a las declaraciones de los testigos que contra 
el habian testificado, las examine detenidamente, y 
puedo decir que eran tales, que si se hubieran presen- 
tado contra Malic o contra El-lait, aun siendo estos 
personajes lo que ellos eran, imposible les hubiera 
sido ya en su vida levantar cabeza. Aquel mismo dia 
fue depuesto Abenmaamar. 

JaMid ben Sad refiere que Ahmed ben Abdelm&icle 
dijo que Otm&n ben Said, varon santo y virtuoso, le 
conto lo siguiente: 



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— 104 — 

Cuando fue destituido Yahia ben Maamar del cargo 
de juez de Cordoba, uno de los ministros del monar- 
ca, que era amigo intimo del jiiez, ordend a un hijo 
suyo que fuera a casa del juez con varias acemilas y 
servidores, diciendole: 

— Hijo mio, vete a casa del juez y dile que cargue 
sobre estas acemilas el bagaje suyo y lo que tenga por 
conveniente transportar. 

Cuando el hijo del ministro se presentd en casa del 
juez y le expuso a este el encargo de su padre, al oir 
lo de las acemilas, dijole el juez: 

— Entra, entra en mi casa y veas el bagaje que hay. 

El hijo del ministro entrd en la casa y se encontrd con 
que el juez no tenia m^s muebles que una estera, una 
tinaja donde metia la harina, una escudilla o plato [pA- 
gina 85], un jarro para el agua, un vaso y la cama 
para acostarse. 

El hijo del ministro le dijo: 

— <rDdnde estan los objetos que hemos de cargar? 

— Eso es todo lo que hay —replied el juez. 

Y dirigiendose este al mancebo que le servia de 
criado, dijo: 

— Mira, esa harina repartela entre los pobres que 
haya por ahi fuera, y esa estera y esos cacharros man- 
da a uno de esos hombres que han venido que los ha- 
gan pedazos. 

Luegosalid de la casa y dijo al hijo del ministro: 
— Saluda de mi parte a tu padre y dale las gracias 
por la atencidn que ha tenido conmigo. 

E inmediatamente se puso en camino, dirigiendose 
a Sevilla, su patria. 

Un ulema recuerda el siguiente hecho-de Yahia ben 



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— 105 - 

Maamar: En una de las grandes fiestas religiosas que 
hubo en Cordoba, la gente se agolpo para tomar si- 
tio tan precipitadamente, que cuando llego" el juez a la 
Mozala, los nobles de Cordoba y los empleados de 
palacio del monarca ya se habian colocado en su sitio, 
cerca de la alfombra que el jefe de la oracionhabia de 
ocupar. Cuando Yahia ben Maamar observd" esa preci- 
pitacion, ordeno a sus servidores que trasladaran mas 
adelante la alfombra. La multitud del pueblo que se 
agolpaba, aprovechandose de esa maniobra, se pusie- 
ron cerca del jefe de la oracion, en tal forma, que los 
que estaban delante ahora quedaban atras. Inmediata- 
mente el juez comenzo el rezo y predico el sermon. 



DEL JUEZ ELASUAR BEN OCBA EL NASRI 

I 

Abu Ocba Elasuar ben Ocba ben Hasan ben Abda- 
la El Nasri, natural de Jaen, juez de la aljama de Cor- 
doba nombrado por el monarca Abderrahmen II, era 
hombre muy observante de sus deberes, muy bueno, 
modesto o humilde, de conducta irreprochable: e! mis- 
mo Ilevaba a cocer su pan al horno y [pag. 86j gustaba 
de practicar los servicios domSsticos de su casa y fami- 
lia. Despues que el monarca lo destituyd,trato de repo- 
nerlo en el cargo; pero entonces rehuso aceptar. Ha- 
blando acerca de esto, decia: 

- [No puedo aceptar porque] tengo muchos impe- 
dimentos o tachas: mis hijos han crecido y mi cuerpo 
ya no tiene el vigor necesario. 

Tenia un hijo que se llamaba Hosdin. Alguien le dijo: 

.— (iTii crees que el haber llegado a mayor edad tu 
hijo es impedimento para que seas juez? 







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106 



— Ya lo creo— contestd— es el mas grave impedi- 
menta. 

Dice Ahmed ben Mohamed ben Aym^n: Yo he 
visto un auto o providencia de Elasuar ben Ocba, en 
el que se senalaban los limites del cementerio del 
Arrabal y se indicaban los puntos extremos a que por 
todos lados llegaba. Yo presencie el acto siguiente: 
Ahmed ben Baqui, que era juez de Cdrdoba en el 
tiempo a que me refiero, rue a caballo a ese sitio, 
acompaflado de los faquies; llevaba consigo ese docu- 
mento, a fin de someter a nuevo examen los limites 
del cementerio y conformarse con lo que en ese auto 
se decretd. 

Asbag ben Isa El Xacac me contd lo siguiente: Of 
referir a Ahmed ben Baqui que Moh&med ben Isa 
Elaxa fue a visitar a Elasuar ben Ocba y le dijo: 

— Hola, Abuocba, <icdmo esta usted? 

Pero Abuocba, el juez, calldse y no le did contesta- 
cidn. Luego Elaxa tuvo que oficiar de testigo en aque- 
11a misma sesidn y el juez le dijo: 

— Tu eres hombre demasiado bromista; yo no se si 
eso que tu declaras lo haces en serio o si lo haces 
de burlas. 

Estas palabras mortificaron a Elaxa. 



[P&g. 87] DEL JUEZ YAHIA BEN MAAMAR, SEGUNDA VEZ 

Mohamed ben Omar ben Abdelaziz me dijo que el 
motivo de haber sido nombrado por segunda vez Ya- 
hia ben Maamar fue lo siguiente: 



1-L 



- 107 - 

El monarca Abderrahmen II salid, durante la es- 
tacidn de otofio, en direction a Sevilla y las playas 
del mar, como solian hacer en aquel tiempo los cali- 
. fas, con el fin de esparcir su animo y distraerse. Uno 
de los cortesanos vid a Yahia ben Maamar que estaba 
en un huerto suyo, extrayendo el agua con un cigUe- 
nal, para regar las verduras. Al ver lo que Yahia esta- 
ba haciendo, fue el cortesano adonde estaba el mo- 
narca y le contd lo que acababa de ver, Entonces dijo 
el soberano: 

— Ya no dudo de las virtudes de ese hombre; estoy 
seguro de que es un hombre escrupuloso en su con- 
ducta; ahora creo que aquellos que lo denunciaron 
no dijeron mas que falsedades. 

Cuando volvid Yahia ben Maamar a Cordoba, como 
juez, jurd que no consultaria, para resolver las causas, 
con Yahia ben Yahia, ni con Said ben Hasan, ni con 
Zaunan; quedaron en suspenso todas las resoluciones 
de los negocios del juzgado hasta que volviera de su 
excursidn el soberano Abderrahmen II, el cual, al sa- 
ber la resolucidn del Juez, encargd que le dijeran que 
no aprobaba esa medida. El juez contestd: 

— No puedo hacer otra cosa, puesto que lo he ju- 
rado. En la ciudad de Elvira hay un hombre [pag. 88] 
entendido en la ley religiosa, y muy aventajado, que 
puede sustituira todos estos, a saber, Abdelmelic ben 
Habib, 

Se le hizo venir de Elvira y se encomendaron a el 
solo las decisiones juridicas (o fetuas). 

Cuenta Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman que 
un tio suyo, intimo amigo de Aben Maamar, contaba 
lo siguiente: 



- 108 — 

Estaba yo cierto dia en casa de Aben Maamar el 
juez, dentro de su propia habitation, la segunda vez 
que desempefid el juzgado, a iiempo que pidid per- 
miso para entrar Abdelmelic [ben Ha bib]. Una vez 
iniciada la conversation dijole Abdelmelic: 

— Yo desearia que la sentencia del pleito de fulano 
se ajustase al informe que yo he presentado: eso es lo 
que en justicia corresponde hacer. 

El caso es que Aben Maamar queria resolver la 
causa de acuerdo con la doctrina de Abenalcasim, y 
Abdelmelic queria que se decidiese conforme a la doc- 
trina juridica de Axhab. Yahia le contestd: 

— No, no, por Dios, no lo hare; no quiero alterar 
la costumbre del pais: aqui en Cddoba he encontrado 
que el pueblo se conforma o acepta la doctrina de 

Abenalcdsim, y tu quieres que yo cambie aceptando 
la doctrina de Axhab. 

Inmediatamente el juez le cit6 un proverbio, que el 
pueblo de Cdrdoba solia decir: "Un aflo nueces, otro 
aflo bellotas,,, La conversation se hizo algo viva; cru- 
zironse entre los dos palabras un poco duras, hasta 
que Abenhabid se levantd y marchdse amoscado. 

Y aflade Mohdmed ben Aymdn: Me dijo mi tio que 
el se atrevio a reprender a Yahia por haber tratado de 
esa manera a Abdelmelic, diciendole: 

—Este hombre era el que se mantenia mds firme 
contra tus enemig:s; yo creo que si ahora tu haces 
que sea el tambien enemigo tuyo, te van a destituir 
otra vez. 

— iCrees tu— replied el juez— que pueda yo tener 
miedo a la destitution? jDichoso el dia en que pueda 
yo galopar sobre mi mula por el llano de Almoddvar 
en direction a Sevillal 



109 



A mi tio se le qued6 muy grabada en la memoria 
ta frase: "jDichoso el dia en que pueda yo galopar!„ 

[Pag. 89] Jalid ben Sad refiere que Ahmed ben Ab- 
delmelic le contd que Otman ben Said (1), el asceta, 

narraba lo siguiente: 

Cuando Yahia ben Maamar se vid en trance de 
muerte en Sevilla y se hubo dado cuenta de que iba 
a morir, dijo a un cliente suyo, hombre bueno a carta 
cabal, que habia sido companero y amigo: 

— Te conjuro en nombre de Dios, sublime, que cuan- 
do yo muera te vayas a Cordoba, te plantes delante 
de Yahia ben Yahia y le comuniques que Yahia ben 
Maamar le dice la siguiente frase: "Aquellos que co- 
meten injusticia, saben seguramente a que sitio de 
turbacidn seran enviados [en la vidafutura]. H 

Y aflade el asceta: Cuando murio Yahia ben Maa- 
mar, se fue ese cliente a presentar delante de Yahia y 
le comunicd la frase que Aben Maamar le habia or- 
denado que le dijera. Entonces Yahia se puso a llorar 
hasta que se mojd las barbas con sus lagrimas y luego 

dijo: 
-De Dios somos y a Dios nemos de volver; yo creo 

que estuvimos engafiados respecto a ese hombre; con 

chismes y mentiras se rralearon nuestras relaciones. 

Luego compadecio su muerte y pidid perddn a Dios 

por 61, 

Esta anecdota que Mohamed ben Said (2) conto, da 
a entender que Yahia ben Maamar fue destituido por 
segunda vez y que no murio estando ejerciendo las 



(i) Mis abajo 1- llpma Mohamed ben Said. 
(2) Antes dice Otman ben Said. 



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- 110 



funciones de juez. Tambien se refiere de el otra anec- 
dota, a mi juicio no bastante autorizada, la cual daba 
a entender que Yahia ben Maamar murio siendo juez. 
Ya la mencionare al principio del capitulo siguiente, 
que trata 



DEL JUEZ IBRAHIM BEN ELABAS EL CORAXf 

Su apellido mas completo es Ibrahim ben Elabas 
ben Isa ben Algualid ben Abdelmelic ben Meruan. 

[Pag. 90]. Dice Jalid ben Sad que cuando murio el 
juez Yahia ben Maamar quedo el pueblo de Cordoba 
cerca de seis meses sin juez. El pueblo se agolpaba 
delante de los ministros cuando estos iban a caba- 
llo [hacia el alcazar] para rogarles que comunica- 
ran al soberano ese deseo popular, EI monarca, para 
satisfacer el clamor del pueblo, ofrecid el cargo de 
juez a Yahia ben Yahia; pero este no quiso aceptarlo. 
Todas las noticias que se refieren a este suceso las ex- 
pusimos ya con todos los pormenores al principio de 
este libro, en el capitulo que trata de aquellos ulemas 
de Cordoba a quienes se ofrecid el cargo y no quisie- 
ron aceptar. 

Fue Ibrahim ben Elabas ioado por sus sentencias, 
justo en sus decisiones, modesto en el modo de con- 
ducive, sin afectacidn ni descuido. Me contd Farech 
ben Selma ben Zohair el de Poley que Mohamed ben 
Omar ben Lobaba le refirid que Ibrahim ben Elabas 
solia despachar los asuntos del juzgado en su propia 
casa (1), y aunque se hallaba alii toda la gente de cu- 

(i) Por noticias que luego iaserta el autor, se desprende que 
juzgaba o despachaba en la mezquita aljama. 



- Ill - 

ria, la esclava que le servia estaba a su lado, en la 
misma habitation, tejiendo en su telar. 

Me contd uno de mis amigos, persona fidedigna, 
que Ahmed ben Ziad le habfa referido que Mohamed 
ben Guadah narraba lo siguiente: 

Cuando Yahia ben Yahia rehusd aceptar el juzgado, 
aconsejo que fuese nombrado juez Ibrahim ben Elabas 
y que se le nombrara como secretario suyo a Zaunan. El 
monarca acepto este consejo y nombr6 juez a Ibrahim 
ben Elabas. Un dia en que Yahia ben Yahia tenia que 
informar como testigo [en el pleito que se sustanciaba 
en el juzgado] acerca del agua que habia en el homo 
[llamado de] Berrel, cuya propiedad reclamaban los 
Benilabas y Abenisa, al salir [Yahia de declarar], uno 
de los litigantes le injurio. Yahia volvidse para presen- 
tarse de nuevo ante el juez y le dijo: 

[Pag. 91]— Este me ha injuriado; castigate. 

— ciQue castigo debo imponerle?-le preguntd el juez. 

— Mandalo a la carcel-contesto Yahia. 

El juez dispuso que fuera encarcelado; pero luego, 
despues de haber salido Yahia por la puerta del Almi- 
nar [de la mezquita aljama] y haber montado en su 
caballeria y Uegado cerca de la plazuela, volvidse 
otra vez, entrd [en la mezquita] donde estaba el juez y 

le dijo: 
— Ordena que suelten al que has encarcelado y cas- 

tigalo conforme tu creas que deba ser castigado [no 

por lo que yo digaj. 

El nombramiento de Ibrahim ben Elabas, la prime- 
ra vez que se le adjudicd el cargo, se hizo en el ano 
214 6 215; luego me destituido, y se nombrd a otro; 
despues, en el ano 223, sucediendo a Said ben Solei- 
man, ocupd de nuevo el cargo de juez. 



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- 112 — 

Esta frase sucediendo a Said ben Soleitnan me ha 
hecho pensar que debe de haber equivocacion: Said 
ben Soleiman fue juez tras Mohamed ben Ziad, y des- 
pues de ocurrida la muerte de Yahia ben Yahia; ahora 
bien, todo esto sucedio despues del 234, y no he po- 
dido ver, en las narraciones de aquellos sucesos, cosa 
alguna que permita suponer que Said ben Soleiman 
ocupara dos veces distintas el juzgado, a no ser lo que 
me refirid a mi Ahmed ben Obada El Roaini, el cual 
me dijo que Said ben Soleiman fue destituido un solo 
momento de un dia, por error, que inmediatamente fue 
reparado por el monarca Abderrahmen II, el cual or- 
deno su inmediata reposicion; pero ocurrio que cuan- 
do fueron a buscar al juez destituido para decirle que 
el monarca queria que continuase en el cargo, encon- 
traronse que se habia marchado ya a su tierra. Infor- 
mado de esto el monarca, dijo: "Ciertamente, es im 
santo vardn.„ El deseo de que continuara en el cargo 
se le avivd mas al monarca, el cual dispuso que fueran 
a buscarle, a fin de que volviese a ocupar el cargo. 
Le encontraron y volvid a ocupar, como antes, el car- 
go de juez. 

[Pag. 92] Pues bien, si Ibrahim ben Elabas era jue.z 
en el afio 223, hay que suponer que lo fuera despues 
de cualquier otro, pero de ningun rnodo despues de 
Said ben Soleiman. 

Dice Mohamed ben Guadah: 

Al ocupar por segunda vez el cargo Ibrahim ben 
Elabas, llegd a noticias del soberano que ese juez no 
aceptabalosconsejos de otras personas de Cordoba, 
que las que Yahia ben Yahia le indicaba; hasta le in- 
sinuaron que esta conducta era algo sospechosa, como 
intriga politica en que ambos se habian puesto de 



— 113 - 

acuerdo, para formar partido en favor de ese Coraxi. 
Abderrahmen II envid a llamar a Abdelmelic ben Ha- 
bib y le dijo: 

— Estoy seguro del respeto y estimacion que me 
tienes; deseo preguntarte una cosa, a la que quiero 
que contestes con toda sinceridad. 

— Muy bien— contestd Abenhabib — ; yo no te dire 
nada que no sea completamente sincero. 

— Se me ha denunciado— anadio el monarca— que 
Yahia ben Yahia y el juez traman algo contra mi, y 
debe de ser verdad, por la conducta que siguen. 

— El soberano sabe — dijo Abenhabib —que no 
son buenas las relaciones que existen entre mi y Ya- 
hia; eso no obsta, sin embargo, para que yo afirme 
sinceramente que de Yahia ben Yahia no puede venir- 
le cosa daflosa a S. M., sino, por el contrario, tan fa- 
vorable como yo la pudiera hacer; todo Io que contra 
£1 le hayan podido contar al monarca es falso. Ahora 
bien; debo decirle, tratandose del juez, que no es con- 
veniente que el soberano compartael poder de admi- 
nistrar justicia con un individuo que lleva el mismo 
apellido de la tribu de Coraix. 

EI monarca, siguiendo el consejo de Abenhabib, 
destituyo al juez. 

Un ulema me ha contado que, al volver Muza ben 
Hodair de su viaje de peregrinacion a la Meca, el mo- 
narca le ofrecio el cargo de tesorero y que. el no quiso 
aceptar, pues tenia el proposito de vivir retirado sin 
ocupar cargo alguno. El soberano acepto" su renun- 
cia fpag. 93]; pero poco despues una mujer que vivia 
en la vecindad de Muza ben Hodair presento contra 
este una denuncia ante el juez Ibrahim ben Elabas, en 

8 



I .- 
.- -ft' 



_ 114 - 

la que afirmaba que Muza la habia perseguido dentfo 
de su casa, contigua a la de Muza. Ibrahim ben Ela- 
bas dispuso que compareciera aquel y, al presentarse, 

dijo: 
— Esta mujer dice esto y esto; y demanda contra ti 

tal y tal cosa; tu <ique dices? 

— Yo nombrare procurador— contests Muza— para 
que me represente y sostenga el pleito con ella. 

—No, no— le dijo el juez-; tu debes afirmar o ne- 
gar personalmente; luego, despues de esa confesidn, 
lu nombra a quien quieras para que te represente en 

el pleito. 
—Nombrare procurador — repitid Muza— el cual 

afirmara onegara, autorizado por mi. 

Ibrahim no quiso aceptar lo que Muza proponia y 
le forzd a contestar a la demanda de la mujer, afirman- 
do o negando el hecho. Muza [viendo la persistencia 

del juez] contestd: 
— Pues bien, todo lo que alega esa mujer es verdad; 

todo lo que dice es verdadero. 

Inmediatamente se marcbo; mas en su pecho guar- 
do un odio profundo, odio terrible que manluvo muy 
en secreto. Excitado por la pasidn, se puso a escribir 
al monarca pidiendole que le nombrase tesorero, di- 
ciendo que se habia informado cuidadosamente de ese 
oficio y que lo encontraba facil de desempenar, por 
cuanto es un cargo cuya funcidn consiste en dar los 
dineros del mismo modo que los recibe. Abderrah- 
men II consintio en la demanda y le nombro tesorero. 
Al mes de estar en el ejercicio de ese cargo, escribio" 
al monarca pidiendole audiencia; el monarca lo reci- 
bid personalmente; el dijo al monarca: 

— Hesabido una cosa que me inquieta mucho, res- 



- 115 - 

pecto a la cual no cabe dudar, y es que el juez Ibrahim 
ben Elabas, en el propio Iugar de la audiencia, cuan- 
do esta ejerciendo funciones, se hace llamar /oh hijo 
de los califas! [cual si fuese realmente el soberano]. 

Abderrahmen II, por virtud de esta denuncia, des- 
tituyo al juez. 

He oido referir al principe heredero AlMquem [p&- 
gina 94], hijo de Abderrahmen III, que Muza ben 
Mohamed ben Hodair le habia contado que Muza 
ben Hodair tenia escondida en su casa a una mujer 
que pertenecia a uno de sus clientes; esta mujer [esca- 
po y] se presento al juez, cuando este iba andando por 
la calle, y le dijo: "jOh hijo de los califas! n Y [como] 
esta [frase constituia el tratamiento que correspondia 
s61o a los Omeyas que ocupaban el trono], fuela cau- 
sa por la que se destituyd a Ibrahim. 

Ahmed ben Mohdmed ben Ayman refiere lo si- 
guiente: 

Mi padre me conto que Abas el Coraxi, antecesor 
de los Benilabas, se presento" al soberano en son de 
queja contra el juez por cierto suceso que ocurrid, y 
el soberano le dijo: 

— Vete a verle a su casa y, si te da licencia para 
conferenciar a solas con el, yo lo destituire. 

Y al presentarse Ab^s en casa del juez, pididle au- 
diencia; el juez no se la concedid; por el contrario, 
encargo que le dijeran: 

—Si te ocurre algo en que yo deba intervenir, vete 
a la mezquita y estate alii hasta que yo saiga de mi 
casa a ejercer mi oficio de juez delante de todo el 
mundo; entonces me pondre a tu servicio en la misma 
forma en que sirvo a todos. 



- r^-fii 



» h 



116 



Cuando el monaTCa supo la contestacion que el juez 
le habia dado, lo estimo y considero aun mas de lo 
que hasta entonces lo habia estimado y considerado. 



DEL JUEZ YOjAMIR BEN OTMAN EL XABANf 

Llamabase Yojamir ben Otman ben Has&n ben Yo- 
jamir ben Obaid ben Acnan ben Guadaa ben Amer. 
Fuenombrado juez el ano 220. Era hermano de Moad 
ben Otman. Este Moad me el padre de Sad ben Moad 
el faqut. Ambos [Moad y Yojamir] eran de Jaen, 
del Castillo de Elaxat. El apellido que ellos usaban lo 
habian tornado [pag. 95] de la tribu drabe de Chodam, 
segun creo; y eran, segun se me dijo a mi, de la divi- 
sion militar de Quinesrina. Este juez trato al pueblo 
en formas tales, que eran dificiles de soportar: con 
maneras rudas (1), con mucha dureza, de tal modo 
que sobrepujaba la medida. El pueblo bajo no le pudo 
aguantar tales cosas. Esto hizo que se cebaran con el 
las lenguas y se multiplicaran las hablillas. Tuvo por 
rival a uno de los poetas de Cbrdoba que en aquel 
tiempo sobresalian, conocido por Algazal, el cual le 
satirizaba y le trataba de insensato y de ignorante. De 
entre los versos que de el se recuerdan, aludiendo a 
este juez, se halla el siguiente: 

jHosana al que te di6 violencia y fuerza! 
Alabado sea quien hizo juez a Yojamir. 

El prmcipe heredero [Alhaquem II] me dijo cierto 
dia, en que salieron a conversacion las noticias de 



(i) Creo debe leerse jCg en vez de jig 



- 117 - 

los jueces de Cordoba, que Mohfimed ben abi Isa le 
habia contado lo siguiente: 

Abenaxxdmer metio, enlre las cedillas (1) de Yojdmir 
ben Otm^n el Xabani, una cedula en la que estaban 
consignados [estos dos nombres]: Jon&s, hijo de Mati, 
y el Mesias, hijo de Maria. A Yojamir le fue presen- 
tada esta cedula, y no tuvo inconveniente de ordenaf 
que se citara a esos dos personajes. El pregonero 

gritd . 

— Jon&s, hijo de Mati, y el Mesias, hijo de Maria. 

Al oir este preg6n Abenaxx&mer, grito" tambten: 

— La aparicion de esa cedula es uno de los signos 
que anuncian el juicio final. 

Despues cogio Abenaxxamer otra cedula y escribi6 
en ella los siguientes versos: 

Yojamir, no cesas de cometer torpezas verdaderaniente vergon- 

[zosas. 

Has citado [como litigantes] al hijo de Mati y al Mesias, hijo de 

[Maria. 

Tal como tu los has citado ahora, te citarS. a ti despues algun pre- 

[gonero. 

Esos dos personajes son los que han de sobrevivir en el mundo y 

[ambos lo bar an saber* 
[Pag. 96]. Tu cogote es cogote rapado y tu cara esta cubierta de 

[tinieblas. 

Tu chirumen no vale una peseta de bofiigos. 

[Que vivas odiado! jQue vivas enfermo y achacoso! 

iQue al morir nadie lo sienta; y que mueras sin ser musulmanl 

r 

El pueblo de Cordoba, coaligado, elev6 quejas a 
Abderrahmen II, quejandose del juez. Tanto insistie- 
tieron en las denuncias que el soberano ordend a sus 



(1) Cedulas en que se citan los nombres de los litigantes de 
cada dla. 






MR 



minisfros que instruyesen proceso acerca de la con- 
ducta del juez. Se dijeron de el una multitud de ex- 
travagancias, que indicaban que era incapaz del trato 
de gentes, y, sobre todo, que habia olvidado las bue- 
nas costumbres que los jueces tenian cuidado de man- 
tener en el ejercicio de sus funciones. Habia en aquel 
entonces en la capital un anciano llamado Yenair, 
que s6Io hablaba en romance, de tal prestigio por su 
honradez y sinceridad, que su testimonio hacia fe en 
actas notariales y judiciales; era popularisimo en Cor- 
doba por sus virtudes y por sus ortodoxas doctrinas 
religiosas musulmanas. Lcs ministros le invitaron a 
declarar en aquel proceso; el anciano contesto en ro- 
mance: 

— Yo no le conozco a fondo y personalmente; pero 
si he oido decir al pueblo que ese es un Ho malvado. 

Y para expresar esta idea, empleo un diminutivo 
romance tan significativo, que el monarca, cuando le 
fue comunicado por los ministros el texto de la frase* 
queddse admirado y dijo: 

— Verdaderamente, esa frase no la hubiera proferido 
un santo var6n como este, si la sinceridad no se la 
Jmbiese dictado. 

Y destituyd entonces al juez. 

Me dijo Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman que, 
cuando el paje de palacio fue a llevarle a Yoj^mir la 
orden de destitucion de parte del monarca, el juez no 
tuvo reparo en pronunciar delante de las personas 
principales de Cordoba [que estaban a su lado] la si- 
guiente frase: 

— Diie al soberano que cuando el me nombro juez 
me mandd expresamente que me guardase de tener 



119 - 

relaciones con ciertas personas no bien calificadas; 
ahora me destituye por instigaciones injustas de esas 
mismas personas contra mi. 

Cuando el monarca supo, por referencias de su 
paje [pag. 97], las palabras que el juez habia contes- 

tado, dijo: 

— Dios le abomine por haber repetido ante las per- 
sonas principales de Cordoba lo que yo dije en se- 
crete 



DEL JUEZ AlJ BEN AB1 BEQUER EL QUILABf 

Al destituir Abderrahmen II a Yojamir, nombrd 
para el cargo de juez a un hombre de Cabra, llamado 
AH ben abi Bequer ben Obaid ben AH El Quilabl. 
Tenia por apodo Yoanes. De el no tengo mas noticias 
que estas. 



DEL JUEZ MOAD BEN OTMAN EL XABANf 

Abderrahmen II nombro" luego juez de la aljama a 
Moad ben Otman El Xabani. Era de Jaen. Ejercid el 
cargo durante diez y siete meses, pasados los cuales 

fue destituido. 

Por alguna anecdota que de el se cuenta ha podido 
inferirse que su destitucidn se debio a que [pag. 98] 
en ese espacio de tiempo despacho y resolvid setenta 
causas, numero que parecid excesivo. Yo creo, sin em- 
bargo, que esa anecdota es inventada o supuesta, por- 
que no encuentro reprochable el que un juez despa- 



■_ - -■ -^ 



- 120 - 

che y sentencie multitud de causas, si es que procede 
con justicia y trata de evidenciarse de la verdad. Yo 
he meditado acerca de ddnde haya podido proceder 
esta anecdota y sospecho que no es verdadera. El ali- 
tor de ella la conto y aim escribio para mandarsela al 
principe heredero [Alhaquem II], especificando que 
era fulano hijo de fulano el que la contaba, tal como 
la habi'a oido referir a su padre. Estoy dispuesto a 
creer que es verdad que fuera su padre el que se la 
contara; pero una cosa de dos; o la anecdota fue con- 
siderada como verdadera por los contemporaneos de 
Moad cuando este era juez, o no. Si era tenida por 
verdadera, eso no indica sino que se habia extinguido 
la luz de la virtud [de despachar pronto y bien los ne- 
gocios] y que los faquies o abogados de aquel tiempo, 
especialmente aquellos que pertenecian al consejo del 
juez, no querian reconocer como cosa justa el que se 
acelerara la resolucidn y se apresurara la ejecucidn de 
las sentencias en asuntos en que tuviesen interns, por 
ser amigos de prolongar los pleitos, pues cuanto mas 
se alargaran estos, mas ganancia podian reportarles. 
Los ulemas que andan en estos negocios, saben lo que 
quiero decir. Y si la anecdota no era considerada como 
verdadera, ella no tiene otra signification, sino la del 
prurito de difamar que tenia el fulano que la cont<5, 
echando en cara a los jueces la lentitud, puesto que 
no querian acabar los pleitos en favor de aquel a quien 
correspondia hacer justicia; y a eso aludimos antes al 
recordar esta idea primeramente. jOh gente perspi- 
caz, y c<5mo te dejas engaflar! 

Fue" Moad, segiin he oido decir, hombre de exce- 
lente conducta; de caracter suave, que trataba con mu 






- 121 - 

cha atencidn a la gente; no tenia el genio violento de 
su padre; por eso salio mejor librado de la considera- 
tion del pueblo. He oido tambien referir que era hom- 
bre de tan puras y sanas intenciones que no solia pen- 
sar mal de nadie. Por su excesiva bondad encomendo 
la administration de los legados pios [cuya inspection 
correspondia al juez] [pag. 99] de Cordoba, a un hom- 
bre que el creia honrado, y respecto del cual tuvo que 
cambiar de opinion. Acerca de esto dijo el poeta Al- 

gazal: 

El juez Moad me consulta y me dice, 
Despues de haber nombrado a un hombre a quien creia virtuoso; 
— Dime, querido, ique crees tu que hara ese hombre? 
Yo le contesto:-Hara lo que el oso con las abejas: 
Romper las colmenas y comerse la miel. 
iBenditos sean los tabanos, por la virtud [chupativa] que tienen! 

Moad era juez de Cordoba el ano 232, fechs en que 
ejercia de zabazoque de esa capital Ibrahim ben Ho- 
sain ben Jdlid. Moad ben Otman en ese afio casd o 
derogo la sentencia que el zabazoque habia pronun- 
ciado contra los Benicotaiba, por virtud de la cual 
Ibrahim habia de demoler las tiendas que estos po- 
seian. Realmente correspondia resolver esa causa a la 
privativa jurisdiction de Ibrahim benHosain ben Jalid; 
pero los faquies de aquel tiempo, Yahia, Abdelmelic y 
Zaunan, declararon publicamente que aquella provi- 
dencia no se ajustaba a la doctrina legal, y pusieron 
claramente de manifiesto el error del zabazoque. El 
juez aceptd esa doctrina de los faquies y derogo la 
sentencia de aquel. 



.:v*r 



- 122 - 



DEL JUEZ MOH A.MED BEN ZIAD EL LATMf 

Abderrahmen II nornbrd juez de la aljama, despues 
de Moad, a Mohamed ben [pag. 100] Ziad ben Abde- 
rrahmen ben Zohair ben Naxira ben Laudan ben Hais 
ben Halib ben Harita ben Raxida ben Zeid ben Harita 
ben Chadila ben Lajm ben Adf. 

Este Moh&med ben Ziad, padre del que en tiempos 
posleriores fue nombrado juez Elhabib ben Ziad, fu£ 
hombre de buena conducta; se recuerda con alabanza 
la epoca de su mando, por haber sido honrado y vir- 
tuoso. Fue discipulo de Moavia ben Salih, del que 
aprendid mucha ciencia. 

Mohamed ben Abdala ben abi Isa me ha referido 
que cuando Yahia se sintid en el trance de morir, en- 
cargd la ejecucidn de su ultima voluntad, en lo refe- 
rente a pagar deudas y cumplir los contratos que pu- 
dieran estar pendientes, a Mohamed ben Ziad, que era 
en aquel entonces juez de Cdrdoba. Yahia habia sido 
mandatario suyo mientras el otro era juez. 

Un narrador de sucesos histdricos me ha referido 
que cuando se estaba arreglando el sequito en el en- 
tierro de Yahia ben Yahia, [un hijo del difunto, llama- 
do] Obaidala ben Yahia, que tenia entonces diez y siete 
anos, invito al juez Mohamed ben Ziad a que presi- 
diera el cortejo funeral. En virtud de esta invitacidn 
se puso en la presidencia Mohamed ben Ziad; pero 
Ishac ben Yahia [otro hijo del difunto] quiso dirigir el 
rezo y, cuando el juez se puso a rezar, Ishac lo hizo 
tambien, hasta que ambos llegaron al saludo final: sa- 
ludd Mohamed ben Ziad y saludo Ishac ben Yahia, 



*,,"*•--'- 



123 



Asi tuvo lugar 3a oracidn funeral que hicieron a Yahia 
ben Yahia. Al terminar el rezo, Mohamed ben Ziad 
dirigidse a Ishac ben Yahia y 3e dijo: 

— iQuien te ha autorizado para presidirme en esta 
ocasidn? 

— ^Y quien te ha autorizado — contestdle Ishac — 
para presidirme, tratandose de los funerales de mi 
padre? 

—La presidencia de los funerales— replied el juez— 
me correspondia a mi de derecho [como jefe de la 
oracidn] y no a ti [pSg. 101]; ademas, tuhermano me 
ha invitado a que presidiera. Tu hermano haprocedi- 
do con mucha mas correccidn que tu. Pardiez, si no 
fuera por atencidn al difunto, ya verias lo que haria 
contigo. 

Se dice que estas frases laudatorias que el juez Mo- 
hamed ben Ziad pronuncid ponderando la correccidn 
de Obaidala ben Yahia en ese dia, fue causa de que 
Obaidala adquiriese el prestigio que le llevd a ser con- 
siderado como hombre m&s distinguido y fuese luego 
mas enaltecido y honrado. 

Esta anecdota se la conte yo a Mohamed ben Ab- 
dala ben abi Isa, el cual no la conocia, y dijo: 

— Pues sepas que Obaidala guardaba a su hermano 
muchisimas consideraciones: cuando este queria mon- 
tar, Obaidala iba respetuosamente a coger el estribo; 
y trataba a su hermano Ishac con atenciones que no 
se si las habria guardado con su mismo padre. 

Ahmed ben Ziad refiere que Abenguadah contaba 
lo siguiente: 

Se presentd un testigo a declarar ante el juez Mo- 
hamed ben Ziad. Garab se atrevid a decir a este: 






— -: _^ W_^ 



- 124 - 

— .iQuien es el testigo que se atreve a declarar con- 
tra mi? Aunque ese testigo fuese de la categoria de 
Al-lait ben Sad [no debia aceptarse su lestimomo], 

— (iA que cuento viene ahora — contesto el juez Mo- 
hamed ben Ziad — recordar aqui el nombre de Al-l£it 

ben Sad? 

Y ordend ei juez, estando en plena mezquita y sien- 
do Garab jefe superior de la guardia del monarca, 
que le arreasen una azotaina encima de la cabeza. 
Realmente aquello estuvo muy bien hecho. 

Dice Abenguadah que Abenalcasim sostenia que el 
soberano podia castigar al delincuente con pena de 
azotes en la mezquita; pero Abensahnun no lo autori- 
zaba. Y afiadia: Cuando Sahnun ben Said ejercia el 
cargo de juez castigaba con la pena de azotes al que, 
siendo solvents, no queria cumplir una obligacidn que 
sele imponla. A Abensahnun se le objetd diciendo: 

— iDe donde has sacado tu esa doctrina, de que es 
licito el castigo corporal en esos casos fpag. 102], 
siendo asi que nosotros no nos atrevemos a imponer 
mas que el castigo de prisidn, hasta tanto que cumpla 
lo que debe cumplir? 

— Derivo mi criterio— contestaba Sahnun— de una 
tradicidn del Profeta, que dice: "El retraso o aplaza- 
miento de aquei que realmente pudo hacer la cosa a 
su tiempo debido, es hecho que constituye por si solo 
una injusticia. n Y cuando el Profeta mismo tacha de 
injusta a una persona, yo creo que puedo castigarla 
por su injusticia. 

Mohamed ben Guadah contaba lo siguiente: 

Se presents una informacion de testigos contra uti 
personaje de la propia familia del soberano, ante el 



k2Ml - 



— 125 — 

juez Mohamed ben Ziad. El juez envio a la persona, 
contra la cual declaraban, dos emisarios que le di- 

jeran: 
— Fulano y zutano han declarado contra ti esto y 

lo de mas alia. Si tu tienes medios de defensa, pre- 

sentalos. 
EI juez [tuvo cuidado de comunicar esta orden de 

palabra y] no quiso comunicarla por escrito. El de- 
mandado dirigio una carta at soberano haciendole sa- 
ber que el juez no le queria comunicar el asunto por 
escrito. El monarca ordeno al juez que lo hiciera en 
debida forma; pero el juez MoMmed ben Ziad con- 

testo : 

— Temo que, al hacerlo yo en esa forma, se aprove- 
che de ella para esquivarla y transgredirla, amaflando 
las pruebas en favor suyo para destruir el valor de los 
testimonios. De eso estoy muy bien informado por 
hazafias suyas que todo el mundo sabe. 

Un ulema me dijo lo siguiente: Iba Mohamed ben 
Ziad cierto dia andando en compaiiia de Mohamed 
ben Isa Elaxa, cuando se encontraron con un borracho 
que caminaba vacilante e inseguro por efecto de su 
borrachera. El juez Mohamed ben Ziad mandd pren- 
derlo para aplicarle el castigo que la ley religiosa im- 
pone al borracho. Los sayones de! juez lo prendieron. 
Luego anduvo un poco y llego a un sitio tan estrecho 
que tuvo que adelantarse el juez y quedar detras Ela- 
xa. Al rezagarse e ir tras del juez, Elaxa se volvio ha- 
cia aquel say<5n que habia cogido al borracho y le 

dijo: 

—El juez me ha dicho que sueltes a ese borracho. 

El sayon lo solto" entonces. Luego se separaron am- 






— 12t> - 

bos,tomando cada uno su direccion. Al acabar su pa- 
seo y [pag. 103] entrar en su casa, el juez pregunto" 
por el borracho y le contestaron: 

— EI faqui Abuabdala nos dijo que usted habfa or- 
denado que lo soltaramos. 

—<iY lo habeis soltado?— pregunt6 el juez. 

— Si— le contestaron. 

— Bueno, bien — repuso el juez. 

Lo que se cuenta de la conduct de los jueces anda- 
luces en esta materia, es decir, el que los jueces ce- 
rraran los ojos para no ver a los borrachos, y su evi- 
dente negligencia en castigarlos y hasla la excesiva 
benignidad con que los trataban, no me lo explico de 
otra manera, visto que en Andalucia se hablaba de 
esas cosas en todas partes y se les excusaba el vicio, 
sino unicamente por la razdn que voy a exponer: la 
pena que ha de aplicarse al borracho es, entre todas 
las del derecho musulman, aquella que no esta mar- 
cada taxativamente en el libro revelado; ni siquiera 
hay una tradicion mahometica, admitida y segura; 
sdlo consta que al Profeta le presentaron un hombre 
que habia bebido vino, y el Profeta ordend a sus com- 
pafierosque le aplicaran unos azotes por haber falta- 
do a sus deberes; en virtud de esa orden le pegaron 
unos zapatazos y unos zamarrazos con las cimbrias de 
la mantilla [c bufanda que llevaban al cuelloj. Muri6 
el Profeta y no sefla!6 concretamente que debiera cas- 
tigarse al borracho con una pena que estuviese for- 
mando parte del cuadro de las otras penas. Cuando 
Abubequer (1) tuvo que intervenir en estas cosas, des- 



(1) En el margen se dice j^c como correcci6n. 



. ■■■- 



127 



pues que falto el Profeta, pidid consejo o consults 
con sus companeros. All ben abi TAlib le dijo: 

— Quien bebe, se emborracha; quien se emborra- 
cha, hace disparates; el que hace disparates, forja 
mentiras; y a quien forja mentiras, debe aplicarse la 
pena. Yo creo que deben darse ochenta azotes al que 

bebe. 
Los compafieros aceptaron esta opinion de Ali. Los 

Iradicionistas recuerdan que Abubequer, al tiempo 

de morir, dijo: lo unico que me preocupa es una cosa: 

la pena del que bebe vino, por ser cuestidn que dejd 

sin resolver [pag. 104] el Profeta, y es uno de esos 

asuntos sobre el cual no nemos pensado hasta despues 

que murid Mahorna. 
La causa que motivd la destitution de Mohamed 

ben Ziad de su cargo de juez, fue lo que ocurrio" con 
el sobrino de Achab, a saber, lo siguiente: 

Se hizo una information de testigos que declararon 
contra ese sobrino, por una frase [trrespetuosa para la 
divinidad] que pronuncio desdenosamente en un dia 
de liuvia. Abderrahmen II ordeno que se le metiera en 1 
la c&rcel. Achab solicitd con instancia que se le saca- 
ra del encierro. Esta Achab podia tomarse tal confian- 
za con el soberano, por la estima y consideration con 
que el padre de este la habia distinguido. El monarca 

le dijo a ella: 

— Examinaremos las opiniones de los ulemas a ver 
la penalidad en que ha incurrido por haber pronun- 
ciado esa frase y, luego, ya lo recomendare" yo para 
que se le favorezca. 

El monarca ordeno a Mohamed ben Asalim, zalme- 
dina en aquel entonces, que citase al juez y a los fa- 
quies de la ciudad y que los reuniera en asamblea 



— ■-_ - *-- - 



— 128 - 

magna (1) [o tribunal de inquisicidn]. Formaron parte 
de esta asamblea Abdelmelic ben Habib, Asbag ben 
Jalil, Abdelala ben Guahb, Abu Zeid ben Ibrahim y 
Aban ben Isa ben Dinar. Se les consultd acerca del 
caso, refiriendo ademastaxa'dvamente la frase pronun- 
ciada. No se decidieron por aconsejar la pena de muer- 
te el juez Moh£med ben Ziad, Abuzeid, Abdelala y 
Aban; e informaron que debia matarsele Abdelmelic 
ben Habib y Asbag ben Jalil. EI zalmedina, Mou- 
rned ben Asalim, dispuso que consignaran por escrito 
sus informes respectivos en un documento que luego 
habia de elevarse al monarca. Asi lo hicieron; y cuan- 
do el soberano examino detenidamente lo que ellos 
habian expuesto, se decidio en favor de lo que habian 
dicho Abdelmelic y Asbag, es decir, penso que debia 
condenarsele a muerte y ordeno a su paje Has&n que 
les comunicara su resolucidn [pag. 105]. El paje salio, 
y dijo al zalmedina: 

—El monarca se ha enterado del informe j'uridico 
que los faquies han presentado en el proceso de este 
impio. El soberano dice al juez: vete, porque te ne- 
mos destituido. Ahora, en cuanto a ti, Abdelala, sabe- 
mos que Yahia ben Yahia en cierta ocasion declaro 
que tu eras un ateo, y de los informes de aquel que es 
tachado de ateo no debe hacerse caso. En cuanto a ti, 
oh Aban ben Isa, habiamos pensado nombrarte juez 
de Jaen; pero ahora pensamos que no sirves para ocu- 
par ese cargo, porque una de dos: si has sido en esta 
ocasion sincero [eso quiere decir que no sabes dere- 



(l) EI nombre jj«MliJ] no tiene en diccionarios acepcion aplica ■ 
ble aqui. Puede signiticar asamblea formada por personas de distil - 
taa clases, o tribunal de inquisicidn, que es lo queparece. 



■* ■ ^.- 



— 129 - 

cho], y ya no es hora de que te pongas a aprender las 
decisiones legales; y si fuiste mentiroso, al mentiroso 
no se le bebe prestar creMito ni confianza. Y al otro 
[Abuzeid, que no quiso nombrar] le dirigio frases tan 
soeces, que ni entre criminales se emplean, ddndole a 
entender que el soberano pensaba que debia dedicar- 
se a ser maestro de parvulos. 

El paje Hasan dijo al zalmedina: 

—El monarca me manda que saigas ah;.ra mismo 
con estos dos sefiores, Abdelmelic y Asbag, y que va- 
yan con cuarenta sayones a cumplimentar la pena o 
castigo que ellos creen que merece ese impio. 

Abdelmelic salio diciendo: 

—EI Dios a quien servimos ha sido escarnecido; 
si no lo defendieramos, realmente seriamos unos ma- 
los siervos. 

Luego se saco de la carcel al impio, y esos dos se- 
fiores estuvieron delante de el hasta que me izado 
en el poste o cruz. EI impio decia entonces a Abdel- 
melic: 

—Oh Abumeruan, teme a Dios por haber sido cau- 
sa de que derramaran mi sangre. Yo testifico que no 
hay mas Dios que Ala y que Mahoma es su Profeta. 

—SI; ahora lo dices— contestaba Abdelmelic—; an- 
tes, sin embargo, eras un rebelde. 

Todo esto sucedia mientras lo estaban crucificando; 
luego los dos seflores se marcharon. 



A Mohamed ben Ziad no se le achacd [pag. 106] 
durante el tiempo de su mando nada de particular, se- 
gun cuentan los ulemas, fuera de una pequefia licencia 
que tolero (y se hizo publica) a su mujer, como las 
que suelen tomarse las mujerescon sus maridos; pero 

9 







- 130 - 

el vulgo, inclinadoa la maledicencia, la esparcio en 
seguidaa todos los vientos, y aun exagerd, sin que 
realmente fuera cosa grave, sino una pequenez que no 
debiera haber llamado la atencidn (1). Sumujerse 

llamaba Cafat. 
Ahmed ben Ayman dice que Mohamed ben Abdel- 

m£lic ben Ayman le refirid lo siguiente: 

Cuando Mohamed I subid al trono de los califas, se 
le reco:nendd que confiara de nuevo a Mohamed ben 
Ziad los cargos de juez y de jefe de la oracidn; pero 
ei monarca, aunque Abenziad habia sido protegido 
suyo antes de subir al trono, no quiso acceder, y con- 
testd al que le recomendaba: 

-—(iCrees tu acaso que he olvidado lo que el pueblo 
ha murmurado de el por el asunto de Cafat? 

Y le nombro unicamente jefe de la oracidn [pero no 
juez]. 

■ Mohamed ben Guadah refiere que oyd a Mohamed 
ben Ziad, cuando fue nombrado jefe de la oracidn la 
segunda vez, durante el reinado de Mohfimed I> que 
decia a los sacristanea o servidores de la mezquita a 
quienes habia citado: 

— Se me ha dicho de vosotros [algunas cosas cen- 
surables (2)]; yo os recomiendo que temfiis a" Dios; 
que cumpl&is con vuestros deberes y me secund£is, a 
fin de cumplir con las obligaciones que tenemos; sabed 
que si yo encuentro que alguno de vosotros hace algu- 



(i) Dozy (Suppliment aux dictionnaires arabes) lee so*** y le 

da acepcion nueva. El original dice **o^*a y bm significado no es 
dudoso. 

(a) Falta en el original. ' - 



\0 



- 131 - 

na cosa mala, le aplicare el consiguiente castigo. 
Y aiiadio: 

—Vosotros fijaos en lo que yo haga y poned la 
atencion en mi: si vierais que yo faltara, entonces os 
considerareis autorizados para falrar; pero si veis que 
yo cumplo con mi obligacidn, secundadme y no deis 
motivo para que os censuren. 



[Pag. 107] DEL JUEZ SAfD HEN SOLEIMAN EL GAKEQUf 

Abujalid Said ben Soleiman ben Habib era origina- 
rio de la ciudad de Gafec. Habia sido juez de Merida y 
de otras partes, antes de ocupar el cargo de juez de 
Cordoba; luego,el monarca Abderrahmen II le nombro" 
juez de la aljama de Cordoba. Tengase cuidado en no 
confundir a Soleiman ben Said [padre de este juezj 
con Soleiman ben Asuad,* que fue tambien juez de la 
aljama de Cordoba. 

EI faqui Abuotmin El Iraqui contaba, por habeiselo 
oldO referir a Abuabdala Moh^med ben Guadah, se- 
g&n me comunicd Fa re ch ben Selma, la siguiente noti- 
cia, que tambien referia Jalid ben Sad: cuatro perso- 
nas han ejercido el cargo de juez, cuya fama, de hbm- 
br6s justos, ha corrido por el mundo: Dohaim ben 
Elyatim, en Siria; Elharit ben Misquin, en Egipto; 
Sahmm ben Said, en Cairuan, y Abujalid Said ben So- 
leiman, en Cordoba. 

Respectode Dohaim ben Abderrahmen ben Ibrah im , 
se sabe que era deDamasco, y le nombrd juez de ( Siria 
Chafar El Motaguaquil. Murio Dohaim ben Abderrah-- 
men, conocido por Abeneiyatim, en Rambla, afto 245; 
pero no se lafecha [pag. 108] en que ocupo cl cargo. 






- 132 - 

En cuanto a Elharit ben Misquin, nombrole tambien 
juez de Egipto Chafar EI Motaguaquil el aflo 237, 
Cuando recibid la credencial de su nombramiento en- 
contr&base en Afejandria; luego se trasladd a Misra y 
fue juez en esa ciudad hasta que se le destituyd el vier- 
nes a siete noches restantes del mes de Rebia primero 

del ano 245. 

En cuanto a Sahnun ben Said El Tanuji, nombrole 
juez de Ifriquia Mohamed ben Elaglab El Temimi, 
aflo de 234; y murio Sahnun siendo juez, no cesante, 
el martes a siete dias corridos de Recheb del aflo 240. 

A Said ben Soleiman le nombrd juez de la aljama 
de Cordoba Abderrahmen II; y fue juez hasta que 
murid Abderrahmen II; luego, Mohamed I le confir- 
md en el cargo; y lo ejercio cerca de dos aftos; al fin, 
murio en Cdrdoba siendo juez, no cesante. No be 
oido decir la fecha en que fue nombrado, pero sin 
duda alguna debid de ser despues del aflo 234. 

Dice Jaiid ben Sad: me refirid un ulema, amigo 
mio, que Ahmed ben Abdala ben abi Jalid, que al- 
canzd" a vivir en los tiempos del juez Said ben Solei- 
man y presencid cdmo juzgaba este rodeado del pu- 
blico, contaba lo siguiente: 

Cuando el monarca Abderrahmen II quiso nombrar 
a Said juez de Cordoba, envidle un emisario [pag. 109J, 
el cual encontro a Said arando con su yunta de bue- 
yes en el cortijo que poseia en el Llano de las Bello- 

tas. Ei emisario le dijo: 

— Ponte a cabailo inmediatamente para ir a Cor- 
doba, porque el monarca tiene el proposito de nom- 

brarte juez. 
— Dejame ir antes a mi casa— le contestd Said— a 

preparar lo que sea precise 



- 133 - 

— Estate tu aquf conmigo— le dijo el emisario no 
queriendo dejarle marchar— y envia a alguienque va- 
ya a tu casa por la caballeria que hayas de montar y 
las provisiones que necesites. 

Asi se hizo; y cuando llegd a Cordoba, el soberano 
le nombro juez. 

Iba a la mezquita, donde tenia la curia, vistiendo 
un chupa blanca, Uevando en la cabeza un alto bonete 
de forma cdnica, tambien bianco, y una capa blanca 
de la misma clase. Cuando los curiales le vieron con 
aquella vestimenta les parecid, a primera vista, un 
hombre despreciable y hasta se atrevieron, en un rato 
en que el no estaba en la mezquita, a traer una es~ 
puerta llena de cortezas de bellotas y ponerlas debajo 
de la estera sobre la que habia de colocarse el juez 
para rezar. Al venir este, despues de realizada esta 
fechoria y ponerse encima de la estera, sintio que alii 
debajo habia una cosa que se resquebrajaba y, cuan- 
do acabd de rezar, levantd la estera y vi6 las cortezas 
de bellotas. Alguien le dijo que unos curiales habian 
hecho aquello, y el juez, persuadido de que efectiva- 
mente asi habria sido, al present&rsele aquellos, di- 

joles: 
—Oh asamblea de curiales, vosotros me echdis en 

cara el que yo sea del Llano de las Bellotas; os pro- 
meto que he de ser, pardiez, tan duro como la madera 

de carrasca, que no se hiende. 

Luego, tras estas palabras, les juro que ellos no 
ejercerian el oficio de abogado ni procurador en su 
curia durante un afio. Eso hizo que estuviesen a pun- 
to de arruinarse, quedando pobres. 

+ 

Me contd Farech ben Selma el de Poley [pag. 110] 



* " 



? 



- ia4 - 

que Sadiin ben Nasir ben Cais, anciano de vivo en- 
tendimiento, ie habia referido que su padre habia 
sido administrador o procurador de Said ben Solei- 
man, y que en cierta ocasidn vino, desde el Llano de 
las Bellotas, a casa del juez Said ben Soleiman [en 
Cordoba], y se encontrd que el juez tenia de visita en 
su casa varias personas, entre las cuales un matrimo- 
trio, hombre y mujer. 

Contaba Nasir ben Cais: 

Cuando entre en casa del juez, se levanto este para 
saludarme;- luego se sentd y dijo a las personas que 
estaban a su lado: 

— Sefiores, este es el que, Dios mediante, me man- 
tiene a mi y suslenta a mi familia. 

Despues me pregunto acerca dc la cosecha de aquel 
afio,y yo le dije que las tierras del juez habian produ- 
cido a razdn de siete modios de cebada y tres mo- 
dios de trigo. El juez did gracias a Dios y le atabd, e 
inmediatamente se puso a hablar con aquel hombre y 
aquella mujer que tenia de visita. El hombre dijo al 
juez: 

— Sefior, ordena a esta mujer que se venga con- 
migo a mi casa. 

La mujer se pegd al suelo y juro que no iria consu 
marido ni un palmo de terreno, y dijo ella al juez: 

— Por aquel Dios que no hay otro que el, si me 
mandas que vaya con ese hombre, yo me mato; y tu 
seras culpable de mi muerte. 

Dice N£sir: 
.. Cuando el juez oyd estas palabras de la mujer, vol- 
vidse hacia un sefior que tenia a su lado, que creo era 
faqui, y le dijo: ' 

-~c[Que te parece este caso? 



- 135 - 

. — Si al juez no le consta— contestd el faqui — que 
ese marido trata mal a su mujer, debc obligar a esta 
a que vaya con su marido, quiera ella'O no quiera, a 
menos que el marido se ccnforme con separarse de 
ella mediante una indemnizacidn u otra cosa que ella 
le oirezca; pero si el se niega a consentirlo sin que 
ella le ofrezca indemnizacidn, puede hacerlo; eso es 
cosa muy licita, porque el marido puede despojar a su 
mujer hasta de los pendientes que Ueva en sus orejas, 
si no le ha hecho ningun mal trato. 

[P£g. Ill] Al oir ese informe.del faqui, dijo el ma- 
rido: 

— |Por Dios, si ella es pobre y no tiene capital riin- 

guno! 
— Y si ella— dijo el juez— creyera que pudiese li- 

brarse de ti, ddndote indemnizacidn, <da dejarias ir se- 

parandote de ella? 
—En ese caso si que lo haria yo con mucho gusto— 

contestd el marido. 
Dice Nasir: 

Entonces el juez se volvio" hacia mi y me dijo: 
— ,iHas traido tu provisiones en este viaje? 
— Sdlo he traido un modio de trigo y dos modios 

de cebada— le dije yo. 

En aquel instante vi que el juez estaba moviendo y 
dando vueltas a los dedos [como quien cuenta], y lue- 

go dijo: 
—Provisiones para nueve mesesy aun mds. 

Despues dijo al marido: 

— Toma lo que resta de mi cosecha en mi cortijo y 
deja en paz a tu mujer; de ese modo te venis libre de 

ella. 
— Aceptarla esa oferta — dijo ai oir eso el ma- 




— 136 - 

rido — si esas provisiones estuviesen en Cordoba. 
— Ya veo — contests el juez— que eres hombre que 
sabe aprovechar la ocasidn. 

EI juez, entonces, puso las manos en tierra, se le- 
vantd, entro" en una de las habitaciones de su casa y 
sacd una pieza de tela blanca de lana y se la entregd 
al marido, diciendole: 

— Esta pieza de tela se ha fabricado aqul en mi rasa 
para que la pudiera yo usar este invierno; realmente 
puedo pasar sin ella; tdmala y vendela, y con el pre- 
cio que saques tendras dinero para los gastos de trans- 
porte de mi cosecha a tu casa. 

El hombre la tomo y dejd en libertad a su mujer. A 
mi me ordend que le entregara aquellas provisiones; y 
no tuve mas retnedio que entregarselas. 

Dice Jalid ben Sad que un ulema amigo suyo le 
contd, por referencias de un hombre virtuoso, de los 
mejores musulmanes, que vivia en tiempos del juez 
Said ben Soleiman, lo siguiente: 

Un dia, Said ben Soleiman estuvo juzgando en la 

mezquita hasta que transcurrio la primera parte del 

dia. Luego se levantd y marchdse a su casa. Ya estaba 

a piinto de entrar en ella, cuando el padre de Nasar el 

eunuco venia en busca del juez, rodeado por losguar- 

dias que le solian acompaRar. El no sabia hablar mas 

que en romance, y gritd desde lejos en romance: 

[Pag. 112] -Decidle al juez que se detenga, porque 
tengo que hablarle. 

—Decidle en romance- contestd el juez— que el 
juez esta cargado y rnoles'ado de estar despachando 
negocios en la curia. Al anochecer, cuando vaya a la 
mezquita a dar audiencias y resolver los asuntos pu- 



- 137 - 

blicamente ante el pueblo, que vuelva el y entonces 
entendera, si Dios quiere, en ese negocio que tanto 
le urge. 
El juez se metid en su casa y no quiso afenderle. 

Refiere Jalid ben Sad que Mohamed ben Omar ben 
Lobaba calificaba al juez Said ben Soleiman de hom- 
bre honrado, virtuoso, y alababale diciendo que era 
modesto y humilde. 

Mohamed ben Omar ben Lobaba dice que Moha- 
med ben Ahmed El Otbi le contd lo siguiente: 

Un viernes, en que asistiamos a los oficios divinos en 
la mezquita aljama de Cordoba, dirigid la oracidn el 
juez Said ben Soleiman. Una vez acabados los rezos, 
salimos acompanandole; el se puso a andar, no a ca- 
ballo, sino a pie, yendo en compania nuestra, hasta 
que llegd al horno, en el cual solia cocer el pan. El 
juez dijo al hornero: 

— <{Estd cocido ya mi pan? 

— Si -contestd el hornero. 

— Traelo— dijo el juez. 

Y se lo did; cogid los panes, se los metid debajo del 
brazo y nos fuimos andando hasta llegar a su casa, en 
la que entrd; nosotros nos marchamos dejdndolo alii, 

Refiere un ulema que el juez Said ben Soleiman 
acostumbraba a juzgar en la mezquita aljama y solia ir 
a ella andando por su pie. Uno de los dias yendo a la 
mezquita, seria ya a media inafiana, al llegar a la 
puerta de los Judios, se tropezd con Said ben Hasan 
el faqui. Este Said habia roto las relacionesy esqui- 
vaba tratar con ef juez [p3g. 113]. Este le increpd di 
ciendo: 



w#i 



- 13S — 

■ .- ■-- ( iPor que esquivas el tratarme? Ya no vienes"[por 
el.juzgado].. Por Dios; sabete que no me propongo 
m£s que hacer justicia; ni quiero otra cosa que afus- 
tar mi conducta a la ley. 

— |Ah, si yo lo hubiera sabido! — le respondid 
Said ben Hasan -no me hubiese apartado de'ti y 
habria tolerado que esa cartera [indicando la bali- 
ja dondellevaba los papeles] permaneciese en ius 

manos. 
. Despues de esta conversation, Said volvid a fre- 

cuentar el juzgado. 

Said ben Soleiman permanecid ejerciendo hasta que 
murio Abderrahmen II, aflo 238 (1). Contd Moh&med 
ben Abdelmelic ben Ayman que le hablan referido 
personas que habian asistido a la proclamation del 
monarca Mohamed I, que cuando el juez Said ben 
Soleiman fue a presentarse al nuevo soberano y'se 
puso cerca de el, dijole el monarca: 

—Oh, juez, continua ejerciendo tu cargo. 

Y continud siendo juez en los principios del reina- 
do de Mohamed, unos dos afios prdximamente. Des- 
pues murio ejerciendo el cargo. No se que haya deja- 
do descendencia. 

Encontre en una lista de nombres, que se extrajo 
del archivo de los jueces de Cordoba, que al juez Said 
ben Soleiman sucedid en el cargo Mohamed ben 
Said; pero no se si es Moh&med hijo de Said ben So- 
leiman o es otro; solo puedo decir que no he encon- 
trado noticia que a el pueda referirse, ni he oido con- 
tar nada de el a los ulemas que alcanzaron a vivir en 
aquel tiempo, sino es la mencidn de su nombre, que 



(i) En el manuscrito dice 288, fecha equivocada. 



— 139 — 

estaba inscrito juntamente con el de- todos losnom- 
bres de los jueces de la aljama, en la lista sacada del 
archivo mencionado. 



[P5g. II4] DEL TUEZ AHMED BEN ZIAD EL I.AJMf 

Ahmed ben Ziad ben (1) Abderrahmen es hermano 
de Mohamed ben Ziad, anteriormente mencionado 
como juez. El monarca Mohamed, por iniciativa per- 
sonal suya, lo eligid, le hizo venirde Sidonia y lo 
nombro juez de la aljama. Se condujo admirabiemen- 
te en el ejercicio de su cargo: era un santo vardn, de 
sanas ideas, de conducta irreprochable. Se dice que 
fue durisimo y severo, a pesar de su bondadoso ca- 
r&cter y de su natural recto. 

Un narrador de notices me dijo que Ahmed ben 
Ziad, el juez, era hombre que imponia muchisimo 
respeto temor con sus resoluciones; no consentia 
que nadie le hablase de los asuntos de curia sino en 
el lugar y hora de sus audiencias; no permitia que na- 
die se le acercara por la calle cuando iba a la mezqui- 
ta con su cortejo, ni que le acompafiaran al volver; al 
que insistia enalgo que el no consideraba convenien- 
te correcto, lo metia en la cancel. Recordaba el na- 
rrador que un dia Mohamed ben Yusuf [apodado Ela- 
rach] lo abordo junto a la puerta del Puente. El juez 
en aquel dia habia mandado encarcelara un hombre 
que se le habia presentado en mala forma, increpan- 
dolo y usando de palabras inconvenientes que no de- 



(1) En el manuscrito ***$), 



i*? 



m 



K" jtf"_ 



— 140 - 

bian emplearse. Elarach realmente era hombre de hu- 
mor un poco raro y fuerte, que se encolerizaba muy 
pronto. Al saber la orden del juez enviando a la car- 
eel a aquel hombre, dijo: 
— Es imposicidn de soberbios y conducta de orgu- 

llosos eso de no permitir que le hablen a uno por la 

calle. 

El juez Ahmed ben Ziad, al oir tales palabras, orde- 
nd meter en la carcel a Elarach. La noticia corrio de 
boca en boca entre la gente que estaba en la aljama, 
porque eso habia ocurrido en sitio muy cercano [pagi- 
na 115]. Hallabase en aquel momento en la aljama el 
jefe de la guardia del sultan, Mohamed ben Abderra- 
me.: ben Ibrahim, y salid inmediatamente a donde es- 
taba Ahmed ben Ziad, le reprocho lo que habia he- 
cho y desaprobd el criterio tan cerrado que el juez te- 
nia. Este volvio" sobre si, no insistio en su propdsito 
y ordend que sacaran de la carcel a Mohamed ben 
Yusuf. 

Ahmed ben Ziad permanecid en el cargo durante 
nueve aflos y algunos meses, hasta que uno de sus hi- 
jos hizo una calaverada en Sidonia. La noticia de este 
hecho llegd a oidos del soberano Mohamed, el cual, 
para examinarel caso, envid a un hijo de Mohamed 
ben Muza el visir, llamado Muza, hombre inteligente 
y de mucha sagacidad y viveza. Se llevd a cabo la in- 
vestigation, se vid que era verdad lo que se habia di- 
cho y el juez no tuvo mas remedio que sufrir, como 
consecuencia de la calaverada del hijo, su propio des- 
prestigio y degradacidn. 

Me contd Ahmed ben Mohamed ben Omar ben Lo- 
baba que Haxim ben Abdelaziz exigid del juez Ah- 
med ben Ziad que pusiera en venta una casa que ha- 




•,-^--v - 



- 141 — 

bia dentro de la ciudad, perteneciente a los huSrfanos 
de uno de los hijos del monarca Mohamed. El juezse 
opuso e insistid tenazmente en su negativa y dijo: 

— Yo no consiento que se venda. 

En aquel entonces era secretario del juzgado Amer 
ben Abdala, el cual ambicionaba el juzgado y anda- 
ba en connivencia con Haxim ben Abdelaziz. Este se- 
cretario persuadio al juez Ahmed ben Ziad de que en- 
tonces era ocasidn oportuna para que escribiese al so- 
berano rogandole que le consintiera dejar el cargo. El 
juez Ahmed ben Ziad aceptd el consejo y escribid al 
tnonarca presentando la dimisidn. Y cuando ya habla 
mandado la carta y era imposible deshacer lo hecho, 
se presentd ante el juez uno de sus mas intimos ami- 

gos y le dijo: 

— Tu eres hombre poco comunicativo (1), excesiva- 
mente callado; tu secretario tambien es hombre reser- 
vado y yo he sido tambien muy poco expansivo. No 
te fies de tu secretario Amer, el cual te engafla y me 
engana a mi. dQue [pag. 116] es lo que te ha aeon- 

sejado? 
—Me ha dicho— contestd el juez— que yo debia di- 

mitir; y que escribiese al monarca presentando mi di- 
misidn: asi lo he hecho. 
— Por Dios -replied entonces su amigo— ya pue- 

des considerarte cesante. 
Y aquel amigo suyo que contaba este suceso anadia: 

( i ) Dozy (en su Supplement atix dictionnaires arabesj da al jifO* 
de este texto el signiiicado de tonto, majade-o. Cuantas veces sale 
en esta cr6nica, significa corto de palabra, j>oco expansivo. Se hace 
evidentisima esta signiacaci6n en la pagina 194 del texto arabe, don- 
de el juez, para impedir la charla excesiva de una mujer, le dice: 

jjjO*! no charles tanto. 






— 142 — 

Apenas me marche yo [de casa del juez], vino el se- 
cretario del soberano y comunicd al juez lo siguiente: 

—El monarca te dice que entregues el archivo del 
juzgado al nuevo juez que ha elegido, Amer ben Ab- 
dala. 

Un ulema contaba lo siguiente: 

Cuando sobrevino el grave tropiezo de Ahmed ben 
Ziad y su desprestigio, por virtud de lo que habia 
hecho su hijo en Sidonia, pidid consejo a su secreta- 
rio, Amer ben Abdala, acerca de lo que debia hacer 
en aquel trance, vista la situation delicada que su 
hijo le habia creado. Su secretario le contestd: 

— Yo creo que debes escribir al soberano rogdndo- 
le que te admita la dimisidn; pues los reyes, en estos 
casos, cuando con entereza y virilidad se presenta la 
dimisidn, suelen confirmar en el cargo al que dimite, 
reiterando y renovando su confianza al dimisionario. 

El juez Ahmed ben Ziad consintio en esto y escri- 
bid una carta [de dimisidn], en la cual puso toda la 
elegancia de su estilo. 

En aquel entonces el juez Ahmed ben Ziad habia 

cpnfiado la inspeccidn de los legados pios a im hom- 

bre de los mas sagaces y astuios, eonoeido por Zeid 

El Gafequi.. Este Zeid fue a casa de Ahmed ben Ziad 

en el momento en que el secretario de este, Amer ben 

Abdala, acababa de salir. Zeid estaba enterado ya de 

que la carta se habia escrito [aunque no enviado]; y 
dijo al juez: 

. ..-7-jOh juez, este que acaba de salir, es decir, Amer, 
eshombre reservadisimo; yyo.he sido poco expan- 
sivo; y tatita reserva puede sernos daflosa. Yo creo que 
te engana. Por Dios, si tii presentas al soberano la di*. 



<&■■-: 



- 143 - 

misidn, seguramente aprovechara las circunstancias en 
que te encuentras para lograr sus deseos. 

[Pag. 117] El juez no quiso creer al inspector de los 
legados pios ni seguir sus consejos, y envio" la carta en 
la forma en que la habia redactado. El monarca le 
destituyd. 

Mohamed ben Ayman cuenta que Zeid le refirio" lo 
siguiente: 

Eslaba yo en el mercado, cuando se me acerca un 
guardia y me dice: 

— Tendras que ponerte a las drdenes del juez. 

— <iQue juez?— pregunto yo. 

— Amer ben Abdala— me dijo. 

Efectivamente: fuf a verle y me encontre que Amer 
ben Abdala estaba sentado en la aljama. 

Este Zeid contaba tambien un suceso que le ocurrid 
con Amer, relacionado con el hecho narrado; pero es 
demasiado largo para referirlo. 

Dice Jalid ben Sad: Uno de mis amigos me contd 

r 

que Yahia ben Zacaria le habla referido lo siguiente: 
Cuando Amer ben Abdala fue nombrado juez, no 
quiso incautarse del archive* del juzgado, sino de-ma- 
nosde Ahmed ben Ziad. Amer le envid a llamar y 
exigid que fuera el personalmente quien le entregara. 
ef archivo [o documentacion del juzgado], sin que en- 
comendara a nadie, que no fuera el, el hacerla entre-' 
ga. Vino Amer con Ahmed a la aljama y este le entre- 
gd el archivo; y cuando se levantd Ahmed, cogio del 

brazo a Amer y le dijo: 

.— Esa manera tuya de proceder para conseguir este 
cargo* es accidn cuya malas consecuencias no desea- 
ria yo que te alcanzasen a ti. - 



™'T&?0$§ 



144 - 



DEL JUEZ AMER BEN ABDALA BEN LEIT EL COBAA 

Era cliente de la hija (1) de Abderrahmen I; ilamaba- 
se Amer ben Abdala Abuabdala. Fue el primer clien- 
te que ejercio el cargo de juez de la aljama, nombrado 
por los califas [p£g. 118]. Este nombramiento caustf 
rnuy mala impresidn entre los &rabes (2) y se atrevie ■ 
ron a hablar de esa designacidn. Estas censuras llega- 
ron a oidos del monarca Mohamed I, y dijo. 

— He encontrado en ese hombre condiciones que en 
los arabes no he encontrado. 

— En cuanto al juzgado — contestaron los Arabes — 
no nos oponemos a que lo desempefie, porque es car- 
go politico; pero en cuanto a dirigir la oracion [en la 
mezquita aljama], a eso nos opondremos resueltamen- 
te: nosotros no rezamos dirigidos por un cliente. 

El monarca. atendiendo a estas indicaciones, nom- 
brd jefe de la oracion a El Nomairi Abdala ben Al- 
fdrech . 

Amer ben Abdala habia sido protegido del monarca 
Abdala antes de subir al trono, y este sabia que Amer 
era hombre virtuoso, inteligente, bien educado e ins- 
truido; le nombrd por conocimiento personal que de 
£1 tenia, por experiencia propia. Le encomendo el juz- 
gado de la aljama en el afio 250. 

Antes de que Amer ben Abdala fuese secretario del 
juez Ahmed ben Ziad habia sido tambien juez de la 
region de Ecija. 



(i) Sospecho que debe ser leido el $m) del manuacrito por So$|. 
(z) En el manuacrito no se lee una palabra. Queda, sin embar- 
go, claro el sentido, 




#•*•• 



r 



— 145 — 

Persona fidedigna me contd lo siguiente: 

Isa ben Fotais acudid al juez Amer reclamando con- 
tra una injusticia o agravio que le habia hecho Abenai- 
xa el Coraxi; repitid insistentemente la queja; pero 
Amer ben Abdala no le hacia caso: callabase y no le 
contestaba palabra. Abenfotais volvid a insistir [un dia 
tnientras iban por la calle]; al llegar Amer a la casa 
donde vivia, al entrar por la puerta, se volvid hacia 
Abenfotais y le dijo una frase muy significativa, muy 
corta, pero que queria indicar mucho y decisivamente: 

—El que tenga en su poderel corlijo, ese es el que 
gana, ese es el que gana el pleito. 

Abenfotais cayd en seguida en la cuenta de lo que 
el juez queria decir; fuese, junto a sus esclavos y otras 
personas devotas suyas que dependian de el, con las 
que podia contar para ir contra su Utigante, y arrebatd 
el cortijo del poder del Coraxi. Despues, ambos com- 
parecieron juntos ante el juez [pag. 119]. Abenfotais 
negd todo lo que Abenaixa arguia contra el y quedd 
libre de la obligacidn de probar; se le impuso a Abe- 
naixa el deber de presentar la prueba del derecho que 
demandaba [cosa que, por lo visto, les era imposible 
a lps dos],yfue declarado publicamente dueno Aben- 
fotais, como en realidad lo era en el fuero interno^ 

En resumen, podemos decir que Amer ben Abdala 
era de sano criterio, de excelente conducta, muy poco 
hablador y, cuando hablaba, apenas se movia: sus pa- 
labras parecian salir de la hendidura de una pefia; 
infundfa mucho temor o respeto; trataba a todos con 
exquisita urbanidad; apenas levantaba la vista para 
mirar a su interlocutor y hablaba siempre sonriendose 
amablemente. La epoca desu mando se ha puesto en 
■ parangdn con la de Moh^med ben Baxir, por la se- 

10 



146 



mejanza de cualidades que a ambos adornaban: ser 
integerrimos, escrupulosos, de inlachable conducta y 
decidido empeilo en mantener la justicia. Cuando 
Amer se sentaba para juzgar, no se le acercaba nadie, 
fuera litigante o no litigante; lo mismo ocurria cuan- 
do iba montado; no admitia familiaridad de amigo 
ninguno, ni consentia siquiera que se le pusiesen ai 
lado cabalgando. Era hombre de mucha tranquilidad 
de ammo y reposado en los movimientos del cuerpo; 
pero vigoroso y rapido en ejecutar: no guardaba tole- 
rancias niatenciones a los cortesanos, cualquiera que 
fuese su rango o categoria, por alta que fuera. 

Un narrador de noticias historicas me refirio lo si- 
guiente: En cierta ocasion Amer ben Abdala senten- 
ced contra Haxim ben Abdelaziz en un pleito en que 
se ventilaba el derecho de propiedad de una heredad 
o latifundio que £ste poseia en la region de Jaen. Para 
dictar sentencia se atuvo unicamente a lo que el per- 
sonalmente sabia, sin mediar informaciones ni prue- 
bas; sin notificarle siquiera la demanda: en tales con- 
diciones dictd sentencia, la legalizo con las firmas de 
los testigos y la hizo ejecutiva. 

Un ulema refiere que un anciano [que vivia en los 
alrededores] de la mezquita de Abuotm4n le cont6 lo 
siguiente: Se encontro Amer ben Abdala con Haxim 
ben Abdelaziz, y el juez no hizo mas [pag. 120] que 
el ademan preciso para saludar a Haxim, e inmediata- 
mente volvi6 la cabeza, sin retener siquiera con las 
riendas a su cabalgadura ni pararse un momento. 

Dice Jalid ben Sad que Mohdmed ben Misuar le re- 
firio que cierto dia rue 6ste a ver al juez Amer ben Ab- 
dala, un poco antes de mediodia. Decia: 

—Me encontre a la gente que estaba esperando que 



- 147 - 

el juez saliera de su casa para ir a la mezquita; y salid, 
efectivamente , yendo delante de el un hombre que 
llevaba la cartera con los documentos de la curia, y 
un anciano, que iba al lado suyo, el cual cuando no- 
taba que alguien hacia adem&n de acercarse al juez, 
para hablarle durante su marcha hacia la mezquita, 
se oponia dicienlole: Vete [no te acerques], hasta 
el momento en que el juez abra la audiencia en el 
juzgado. 

Un ulema refiere lo siguiente: Murid un hijo de 
Amer ben Abdala, y la nobleza de Coraix fue andari- 
do, formando parte de la comitiva del entierro, en tal 
rnultitud, cual no se ha presenciado nunca mas con- 
siderable, ni por la representacidn ni por el numero. 

Amer ben Abdala era hombre muy sufrido y calmo- 
so: sabia contenerse en el momento de la ira o cdlera, 
o cuando sentia desagrado, Cuenta Ahmed ben Moha- 
medben Abdelmelic, en su libro, lo siguiente: 

A Amer ben Abdala se le puso por apodo Eicobaa 
[la cogujada] porque era enanito y corto de talla: cuan- 
do se sentab a, casi se hacia invisible. Al tiempo de 
sentarse para juzgar exigia que los litigantes escribiesen 
sus nombres en una cedula; luego, se reunianesas ce- 
dulas y las mezclaban a presencia suya; y se iba Ua- 
mando a los inscritos en ellas por el orden con que las 
cedulas [pdg. 121] iban viniendo a las manos del juez, 
Un hombre [que no sabia escribir] fuese a buscar a 
Mumen ben Said, el poeta (que solia frecuentar mu- 
cho la mezquita en que tenia sus audiencias Amer ben 
Abdala, porque vivia cerca de esa mezquita), a pedirle 
que escribiese su nombre en una cedula. EI poeta le 
preguntd: ; ;- . 

. — (jCdmo te llamas? 



148 



—Me llamo Ocba— contesto el hombre. 

Mumen ben Said, en vez de escribir Ocba, puso Co- 
baa [apodo despectivodel juez]. Aquel hombre tomo la 
cedula y la puso entre las otras cedulas del juez. Cuan- 
do este cogi6 la cedula del hombre aquel [y leyd en 
ella su apodo despectivo] le produjo verdadero iurot; 
pero el juez [se contuvo y] fue retrasando la cedula 
aquella, hasta que las otras cedulas se acabaron. hi 
juez, cuando apenas quedaba ya publico, por haberse 

marchado la gente, dijo: 
— (iQuien es Ocba? '■ ■' 

Y el hombre se adelanto presentandose ante el juez. 

r 

Este le pregunto: 

—iQuien ha escrito esta cedula? 

Aquel hombre le describid la persona que le ha- 
bia escrito la cedula, dando senas por las que el juez 
conocio que se trataba del.poeta Mumen. EI juez se 

concretd a decirle: 
— Guardate otra vez de acudir a eseindividuo, para 

que te escriba tu nombre. . . 

Me dijo Otman ben Mohamed que su padre le refi- 

ri6 losiguiente: 

Yo presencie cierto dia una audiencia de Amer ben 
Abdala, en la mezquita que estaba cerca de su do- 
micilio, y le vi sentado haciendo justicia en medio de 
la gente- llevaba un vestido mexrlcab. Hallabase sen- 
tado en un angulo de la mezquita, rodeado de los 
que iban a pedirle audiencia, bien para resolver actos 
de jurisdiccidn voluntaria o bien litigios o pleitos.. En 
el angulo opuesto de la mezquita se encontraba Mu- 
men ben Said, el cual tenia alrededor suyo un corro 
de jdvenes estudiantes que iban a recitar versos.y a 



- 149; - 

aprender literatura. Los jovenes que asistian a la clase 
de Mumen tuvieron un altercado por no se que moti- 
vo; uno de ellos lanzo un zapato contra su compafie- 
ro.y despues de pegarle a este vino a caer el zapa- 
to (1) en medio del circulo donde el juez daba au- 
diencia, Los presentes creyeron que el juez [pag. 122] , 
aLver el desacato, se pondria seguramente furioso; 
sin embargo, no hizo otra cosa que decir: 

— Estos chicos nos molestan. 

Dice el narrador: Yo vi a los muchachos huir silen- 
ciosamente, escondiendose por miedo al juez, ame- 
drentados por lo que habia ocurrido. Y aflade: Ape- 
nas me aleje yo, Amer ben Abdala levantdse para 
marchar a su casa; la gente se levantd con el; y cuando 
llego a la puerta de su casa parose, cambio el aspecto 
de su semblante, se apoyo en su bastdn y dijo: 
--■—El que tenga algo que decirme, que me lo 

diga. 
- Algunos le expusieron los asuntos que les interesa- 

ban, y despues dijo Amer ben Abdala: -., = 

— (iDdndeesta el emisario del emir Abuishac? .- 

Y se acerco a el un hombre y le dijo: 

— Yo soy. 
. — Pues bien— le dijo Amer— saluda de mi parte al 

emir, es decir, al hermano del soberano y dile: "Has 
cometido injusticia y no has hecho bien en lo que has 
hecho: has apoyado a un hombre que estaba bajo mi 
jurisdiccion y lo has metido en tu casa para cubrirle 
con tu.egida. iQuieres oponerte a lo que en justicia 
se le exige? Si no lo sacas y lo.presentas, cumplire jp 
io-decretado contra £1 y tendra que pbedecer a lo man- 



■ .(i) Eri el inanuScrito "H^i Jease*^iJl. 



m ■ ■ ;*>*->3! 



■.i-*v-*^? 



v - 



— 150 — 

dado; de lo contrario enviare quien.cerrara y sellara 
las puertas de tu casa„ . 
Y despues de decir eso se metid en la suya. 

Un ulema contaba el siguiente caso: 

Dos hombres pleitearon ante el juez Amef ben Ab- 
dala; uno de ellos mostro una escritura de contrato; 
pero se la guardd y ocultd [dentro de la manga]. El 

juezledijo: 

— Saca ese documento. 

El litigante no quiso mostrarlo [otra vez]. El juez le 
invito a que lo sacara e insistid con resolucidn. Al fin. 
el litigante, incomodado, sacd de la manga el docu- 
mento y se lo arrojd al juez dandole un golpe en la 
cara. Amer palidecid hasta el punto que pudo notarse 
claramente el cambio de color. La gente creyd que 
daria una orden severa contra el litigante; pero el juez 
serendse, se calmd y, en vez de castigarle, cambid de 
talante y se puso a examinar [pag. 123] el documen- 
to. Acabado de leer, dijo al hombre: 

— (iNo es mejor esto? 

L 
\ 

Soleiman ben Imran, juez de Caiman, escribia a 
Amer ben Abdala en esta forma: De Soleiman benlm- 
rdn.juez de Cairudn, a Amer ben Abdala. Amer le 
consentia es l o y no lo desaprobaba y, al contestarle, 
aun pdnia el nombre de Soleiman delante y el suyo 
detras. Cuando Soleiman ben Asuad fue nombrado 
juez [de Cordoba], Soleiman ben Imran le trato del 
mismOmodo; pero Soleiman ben Asuad no se lo to- 
lerd y contestdle anteponiendo su nombre. Por esto 

Soleiman ben Imran decia: 
— [Que cosa mas extrafia: destituir del cargo de juez 



- 151 — 

a un hombre como Amer ben Abdala y nombrar a un 
imbecil e insensato como Soleiman ben Asuad! 

Mohdmed ben Abdelmelic ben Ayman contaba lo 

siguiente : 

Estaba sentado un dia Mumen ben Said, el poeta, en 
casa de Amer ben Abdala. Mumen, que era un soca- 
rrdn que tenia ocurrencias peregrinas, como todo el 
mundo recuerda y sabe de memoria, dijo: 

— Este Abuzeid el Hadari(l) ha tornado unos mu- 
chachos para su servicio y la gente dice tal y cual. 

Al hablar en esta forma dejaba translucir claramen- 
te que aludia al anciano juez, por lo cual los que es- 
taban en la tertulia se pusieron a reir estrepitosamen- 
te. Amer, sin embargo, no hizo mds.que llevar sus 
manos a la boca haciendo como quien se sonreia. 

Dice J&lid ben Sad que Gualid ben Ibrahim le con- 

t6 lo siguiente: 

Mi padre Ibrahim me envio cierto dfa a que llevase 
un recado a Amer ben Abdala, el juez, de quien 61 era 
amigo. Entre en la mezquita donde 6ste se hallaba 
fuzgando en medio de la gente [pag. 124], a tiempo 
en que un pordiosero cubierto de andrajos se le pre- 
sento a quejarse de uno de los gobernadores de pro- 



(l) Para entender la fuerza del chiste hay que tenet en cuenta 
•que en las gramaticas arabes se emplea, en los ejemplos, el nom- 
bre de Zdd, como el de Juan y Diego en las nuestras; y hay ciertas 
frases en que se dice: guardate de Zeid; no te fies de Zeid. De eaa 
frase form6 Mumen (que era maestro de nifios a quienes ense&aba 
literatura) el denominativo Hadari aplicado al juez de C6rdoba, 
■corao indicando que era persona poco de liar y aun insinuando en 
forma velada que el juez era sodomita. 



M* 



— 152 — 

vincia nombrados por el monarca Mohamed I. Este 
gobernador era persona de mucho prestigio y autori- 
dad; tanto, que era entonces el candidato para el car- 
go de zalfnedina de Cdrdoba; poco despues fue real- 
mente nombrado zalmedina. Aquel pobre dijo al juez: ' 

—[Oh juez de los musulmanes, Fulano me ha arre- 
batado una casa! 

■ — Toma papeleta de citation y citale — le contesto 

Amer ben Abdala. 
— (iY un hombre miserable, como yo, ha de ir a tin 

honrbre como el a citarle con una cedula? Yo no me 
atrevo; temo que pueda ocurrirme algo. 
— Toma papeleta de citacion y citale— volvid a re- 

petir el juez. 
Afiade Gualid: Yo me dije a mi mismo: voy a sen- 

tarme aqui hasta ver en que para la entereza del juez 
en este asunto . 

■ Apenas transcurrid un momento cuando el pobre 
aquel volvid y dijo: 

— |Oh juez!, yo le he enseilado desde lejos la pape- 
leta de citacidn, sin acercarme a 61, e inmediatamen- 
te he huidb. 

■. — Bueno.pues— le dijo Amer — ; sientate, que el 

vendra. 

Dice Gualid ben Ibrahim: De alii a poco se presen- 
ts con gran cortejo de caballeros y peones el perso- 
naje citado; plego sus piernas y . bajd de su caballo; 
luego entrd en la mezquita, satudo al juez y a todos 
los concurrentes, estuvo un largo rato alii derecho y, 
por fin, arrimd sus espaldas al muro de la mezquita. 
Entonces le dijo el juez: 

- -^-Venga ustedaca y sientese delante.de mi, al lado 
de su contrincante, • ■ 



=% K 



— 153 -- 

— Seflor juez — contests el persona je — estamos 
dentro de la mezquita y todo sitio de la mezquita es 
sagrado; lo mismo da este sitio que otro, todo es 

uno. 
— Venga listed aca [pag. 125] Ie he mandado— repi- 

t\6 el juez — y sientese aqui delante de mi, al lado de 

su contrincante. 

Al ver la firme resolution del juez, se acercd y se 
sentd delante de el; entonces el juez hizo sefia al hom- 
bre miserable para que se sentara con su contrincante 
delante de el, y, despues de seutado, dijo Amer al 
pordiosero: 

— ,jQue tienes que exponer? 

— Yo digo— contesto el pobre -que ese senor me 
ha robado mi casa arrebatandomela. 

— iQuSrespondes a eso?— dice el juez dirigiSndose 

al demandado. 

— Yo digo —contesto el personaje— que debo casti- 
garle por esa calumnia; es decir, por haberme impu- 
tado el crimen de robar. 

. —Si eso lo dijera un hombre honrado —replied en- 
tonces el juez— tendria realmente derecho a castigarle 
por calumnia, como tii dices; pero quien publicamen- 
te es conocido por ladron, no tiene derecho para re- 
chazarlo como calumnia. 

Y dirigiendose a la multitud de los sayones del juz- 

gado que el juez tenia delante, les dijo: 

7- Marchaos con el y vigiladle. Si devuelve la casa 
a este hombre, bien; pero si no, traGdmelo aqui, para 
que yo ponga una comunicacidn . al monarca dan- 
4ole-cuenta de esto y haciendole saber la ipjusticia y 
la insolencia que ha cometido. 
i ■: Aquel personaje tuvo que salir con los sayones. 






- 154 — 

Poco rato pasd cuando ya volvia el pobre y los guar- 
dias. El pobre dijo al juez: 

— Dios te lo pague: ya me ha entregado mi casa. 

— Vete, pues, enhorabuena — le contestd el juez. 

Dice Mohamed ben Gualid: EI juez Amer ben Ab- 
dala se mantuvo, en su primera epoca de mando, 
como hombre de mucha autoridad, evidente virlud, 
conocida justicia, hasta el punto de hacerse prover- 
bial; podiase desafiar a los malvados teniendo el re- 
curso de acudir a el: fue juez incomparable, con el 
que ningun otro se puede parangonar por su excelente 
conducta; pero su fama sufrid bastante al incoarse en 
su juzgado la causa contra Baqui ben Majlad, a quien 
se imputaban opiniones hereticas. Se presentaron a 
declarar contra Baqui los hombres m&s distinguidos de 
Cdrdoba y los faquies mas notables de la capital, los 
cuales decidieron que merecia la pena de muerte [pa- 
gina 126], puesto que se hacia preciso y urgente ex- 
tirpar los malos efectos que habian de producir sus 
doctrinas. Los faquies le acusaron ante el soberano, 
al cual produjo grave preocupacidn esta causa. El 
monarca consultd el negocio con Haxim, al cual dijo: 

— Los principales faquies de la ciudad y personas 
notables han declarado contra ese hombre lo que tu 
sabes. Si me decido por rechazar esos testimonios y no 
hacer caso de lo que ellos dicen, me pongo en situa- 
cidn ardua o dificil; y si castigo a este hombre, que 
evidentemente es piadosisimo y devoto, creo que co- 
meto un crimen. <{Que te parece? 

— Yo creo— contestd Haxim— que debes destituir 
al juez ante el cual se sustancia esta causa, Cuando tu 
lo hayas destituido, esa gente se apaciguara; se anula 



m 



_ * 



^"^ 



155 



entonces lo actuado y ya no es facil comenzar otra 
vez a sustanciar la causa ante el juez que le suceda. 

El monarca, atendido este consejo, destituyd a Amer 
ben Abdala. 



DEL JUEZ SOLEIMAN BEN A5UAT) EL GAFEQUf 



Soleiman ben Asuad ben Yaix ben Choxdib, de la 
ciudad de Gafec, habia sido juez de la region de M6- 
rida cuando su tio Said ben Soleiman ocupaba el juz- 
gado de la aljama de Cordoba y era juez del Llano 
de las bellotas este Jalid ben Said (1). 

En Merida se habia casado Soleiman ben Asuad 
con la hermana de Soleiman ben Soleiman ben Haxim 
el Moaferi. 

El monarca Mohamed I le nombrd [pag. 127] juez 
de la aljama de Cordoba, cuando destituyo a Amer ben 
Abdala. La causa de que el soberano le favoreciera y 
deseara enaltecerlo, y hasta de que se hubiera encari- 
flado con el para distinguirlo y honrarlo, fueron dos 
cosas, una de las cuales la siguiente: Estando e,n Meri- 
da el emir Mohamed, en vida de su padre Abderrah- 
men II, ocurrid que uno de sus guardiastuvo el atrevi- 
miento de arrebatar a un hombre su hija. Era entonces 
juez de Merida Soleiman ben Asuad. El hombre contra 
e! que se habia realizado ese delito, acudio al juez So- 
leiman e implord su ayuda. El juez escribid al "emir 



(l) Asi est& en el manuscrito. Debe de haber equivocaci6n. Sos- 
pecho que, en vez de b£JLui SJ4 :&)!&, debe leerse jaft*u*.si# (&1 
|&£ «un hermano de este Said*. 



■rTT^^w 



- 156 - 

Mohamed poniendo en su conocimiento la demmcia. 
El emir retrasd el contestar a esa peticidn de justicia 
que se le exigia, y el juez monto a caballo y se plants 
a la puerta del alcizar en Merida y escribid al emir lo . 
siguiente: "Estoy dispuesto a marchar a Cordoba a de- 
cirseio a tu padre, si no corriges lo que tus guardias 
han hecho.„ El emir Mohamed tuvo que acceder en 
justicia a loqueel juezsolicitaba. Y cuando Mohamed 
subio" al trono le dijeron a Soleiman: "No tienes mas 
remedio que hacer un agujero en tierra y sepultarteen 
el, despuSs de haber hecho con el emir Mohamed lo 
que hiciste cuando el estaba en Merida. „ Pero ocu- 
rridlo contrario: no solo no le hizo ningun dano, sino 
que lo considero y distinguio mucho, siendo una de 
las cuatro personas que entraban en palacio, cuando 
el monarca las necesitaba como testigos [en sus con- 
tratos] o para consultar como jurisconsultos. 

La segunda causa fue la siguiente: Al ser destituido 
Soleiman del juzgado de Merida, se presentd a la 
puerta del alcazar de Cdrdoba y entregd una carta 
para el soberano Mohamed, en que decia: "Tengo di- 
nero que he ahorrado y reunido, procedente de mis 
sueldos, el cual me considero en la obligation de de* 
volver al tesbro publico, porque es la parte de mi 
sueldo que corresponde a los dias feriados, de otros 
dias en. que tenido faenas personates propias mias 
[p£g. 128], y de otros en que teniendo yo el deber de 
acudir al juzgado, no he podido ir.„ Y recibioV contes- 
tacidn del monarca, que le decia: "Ese dinero. se te 
da de regalo de mi parte.„ El juez no quiso acep- 
tar ese regalo y tuvieron que incautarse de ; esa can- 
tidad. 

En cuanto a la primera causa, es cosa conocida y 






— 157 - 

muy divulgada entre el vulgo y la nobleza; pero esta 
se'gunda, me la refirio Farech bel Selma el de Poley, 
el cual me dijo que se la habia contado Mohamed 
ben Omar ben Lobaba. 

Ha llegado a mi noticia que Soleiman ben Asuad 
tenia su poquitillo de ciencia literaria y quiza hiciera 
algunos versos bien hechos, los cuales dirigiria a los 
califas y gente principal amigos suyos. 

Jalid ben Sad dice que Gualid ben Ibrahim ben 
Lebib le cont6 que Soleiman (1) ben Soleiman ben 
Asuad referia lo siguiente: 

Me hallaba yo en la aijama cuando mi suegro So- 
leiman btn Asuad fue nombrado juez y destituido 
Amer ben Abdala: ambos estaban en aquellos mo- 
mentos reunidos en esa mezquita. Los dos salieron 
juntos, el nuevamente nombrado y el destituido y, al 
llegar ambos a la puerta de los Droguerosy salir de la 
ciudad, se separaron. Toda la gente se fue con Solei- 
man ben Asuad, dejando que Amer ben Abdala se 
fuera solitario a su casa, sin que nadie le acompa- 

fiase. 
Antes de estos sucesos [Soleiman] habia sido juez 

en Pego. 

Dice Soleim (2): Yo pense marcharme con Amer 
ben Abdala, porque sentia verdadero bochorno y ver- 
gttenza al notar eso; me quede atonito al ver el aban- 
don© y defeccion de los hombresy su poca lealtad. 
Me hubiera marchado con el; pero tuve miedo a que 



(i) Debe de haber equivocaci6n. Mas nbajo dice Soleim en vez 
ds Soleiman. D«s todos modos ia narraci6n esta contada por un 
: yerno de Soleiman ben Asuad. 
(z) Ast en el manuscrito. 



- 158 - 

mi suegro, Soleiman ben Asuad, tomandolo a mala 
parte, me lo reprochara. 

[Pag. 129] Un ulema compaftero mio me ren'rid que 
Yahia ben Zacaria, uno de los mas gran grandes ami- 
gos de MohSmed ben Guadah, le contd lo siguiente: 

Estaba convidado Soleiman ben Asuad en casa de 
uno de los ministros, un dia de viernes. El ministro Le 
invito a que comiera estando solo, como estaba; el se 
excusd" diciendo que ayunaba. Le invito luego a que 
tomara algalia para perfumarse; el rehuso diciendo: 

— Hoy es viernes; he tenido que hacer la ablucidn 
[para purificarme]; si me perfumara, tendria que qui- 
tar con la ablucidn ese perfume, y se perderia. 
■ El minis f ro no se atrevid a insistir en esas materias. 
Cuando Soleiman ben Asuad salio de casa de aquel, 
dijo a uno de sus amigos: 

— Me hubiera repugnado mucho el ejercer hoy el 
oficio de predicador y misionero de los musulmanes, 
llevando encima de mi esos aromas. 

■i 

Varios ulemas me han referido que Soleiman ben 
Asuad era hombre de mucha virilidad, severo, preve- 
nido contra los palaciegos y poco amigo de alternar 
ni tratar con los h ombres mas distinguidos de la corte, 
nobles y ministros. 

Un narrador de noticias histdricas me ha contado 
que Haxim ben Abdelaziz referia lo siguiente:' 

El juez Soleiman ben Asuad escribid una carta al 
soberano en que insinuaba que yo merecia la pena de 
muerte; que Omeya ben Isa debia ser destituido del 
cargo de zalmedina, y que Abenabiayub El Coraxl 
debia ser metido en la carcel. 



- 159 - 

En la carta que dirigio al soberano venian.a expre- 
sarse las afirraaciones siguientes: que Abenabiayud 
habia salido a plena luz del dia, descaradamente, con 
la espada desenvainada y [pag. 130] habia herido con 
ella a un hombre e intimidado aotros. "Hechoscomo 
este los ha realizado varias veces. Yo-se los he comu- 
nicado al zalmedina, y este no ha tratado siquiera de 
impedir esos delitos, ni aim le ha dirigido la menor 
reconvention. Antes de esto, ya comunique lo que 
Obaidala ben Abdelaziz-, hermano del ministro, habia 
hecho, cuando cometio las atrocidades y fechorias que 
todo el mundo sabe. El ministro no hace caso de tales 
escandalos, es muy negligente, por lo cual las cosas 
han llegado al extremo de que el monarca se hade 
ver forzado a intervenir necesariamente.„ El juez con- 
to el suceso que se atribuye al hermano de Haxim 
[Obaidala], y en esa narration hizo alusiones despre- 
ciativas y reproches graves a Haxim, por la parte que 
este tuvo; acuso a Omeya, el zalmedina, por descui- 
do en el cumplimiento de sus deberes; y conto tam- 
bien el hecho criminal de Abenabiayud El Coraxi. EI 
monarca decreto que fuera este encarcelado. 

r 

\ 

F 

Me han referido que Haxim ben Abdelaziz puso ase- 
ehanzas contra el juez Soleiman ben Asuad, y mostro 
rivalidad encarnizada contra el, con motivo de la he- 
rencia de Comes ben Antonian, porque el juez en este 
asuntb no proveyo en favor del ministro, como.este 
queria. El caso fue el siguiente: 

Haxim era hombre de gran predicamento en la cor- 
te, distinguido especialmente por el soberano, de quien 
era valido: llevaba las cargasdel califato; despachaba 
los mas graves asuntos; a el se habia encomendado el 



- x- - \ - 



-- 160 — 

manejo y direction de los negocios; no se llevaba a 
efecto ninguna resolution, si no mediaba el, ni el so- 
berano disponla cosa alguna sin su intervention; no 
habia quien pudiera reemplazarfe, ni consentia que 
nadie le contradijera. En esta situation, comenzd a 
elevarse Comes ben Antonian: se puso en evidencia su 
gran valer como hombre instruidisimo; ocupd el cargo 
de secretario del monarca; demostro que tenia capaci- 
dad para encargarse de los asuntos mas dificiles y para 
llevar primorosamente la correspondencia; comenzo a 
tener renombre en la corte; se le vio dispuesto a afron- 
tar los mas arduos asuntos; y fue, grado a grado, pau- 
latinamente subiendo. Haxim, que no gustaba de ir 
detras de nadie, ni humillarse a un igual [pag. 131], 
comenzd a preocuparse de Comes y, creyendo que el 
prestigio que 6ste adquiria podria ser causa para obscu- 
recerle a el, pflsose a meditar su daflo y a calumniarle. 
En cuanto Comes ben Antoni&n columbrcS el efecto 
que su exa4taci(3n producia en el animo del ministro, 
comenzd a precaverse; el miedo se le impuso, y Uegd 
el extremo de su precaution y de su temor a lo si- 
guiente: 

Mohimed ben Yusuf ben Matruh, amigo suyo muy 
intimo, llamo una notiie a la puerta de su casa. Comes 
salid a ver quien era y [sin abrir] le habltf desde detrds 
de la puerta. El amigo le dijo: 
— -Abre. 

— Por Dios — contestd Comes — no te abrire; tu 
puedes decirme que es lo que quieres. 

— Se trata— dijo Mohamed ben Yusuf — de asuntos 
que no se deben tratar desde delMs de la puerta. 
— ^Pues dejalos para mafiana por la mafiana. 
El amigo se fue disgustado por no haberle abierto 







w-8V 



- 161 — 

siquiera la puerta, dejandoio fuera plantado. Moha- 
med ben Yusuf no durmid aquella noche y, despu£s 
de rezar la oracidn del alba, se fue muy de mafianita 
a casa de Comes, el cual le recibio" muy bien, le guar- 
dd todas las atenciones, le hizo los honores y hasta 
reverencias. Mohamed ben Yusuf le dijo: 

— iAhora me haces los honores? Cuando anoche 
vine, no me creiste digno siquiera de que se me abrie- 
se la puerta de lu casa. 

— Dispensame — contestd Comes— soy un hombre a 
quien se trata de hacer dafio; tu sabes muy bien quten 
es el que me persigue; yo tengo que tomar todas las 
precauciones que has visto. Esas precauciones que 
contigo he tornado, justifican el que yo las tome tam- 
bien con otros que no son amigos mios; no me repro- 
ches, pues, esta accidn. 

El amigo le expuso entonces lo que queria decirlt. 

Cuando murid Comes ben AntoniaX Haxim pre- 
sentd reclamaciones contra los herederos de Comes y 
su herencia; promovid una informacien de testigos de 
todas las clases sociales y logrd que un almotacSn ele- 
varael proceso al juez Soleiman ben Asuad afirmando 
que Comes ben Antonian habia muerto en el cristia- 
nismo y que los bienes que este poseia deblan ir a 
parar al tesoro publico. Al propio tiempo Haxim de- 
nuncid el hecho al monarca y dijo [pag. 132] a este: 

— Yo creo que tu, como representante del pueblo 
musulman, tienes mas derecho a poseer esa hacienda 
que los herederos del muerto; y debes ordenar al juez 
que intervenga en este asunto [puesto que a el corres- 
ponde la decision]. EI monarca Mohamed ordend a 
Soleiman ben Asuad que entendiera en ese asunto. Se 

li 



— 162 - 

presentaron ante el juez una multitud importantisiraa 

de testigos pertenecientes a las familias principales de 

C6rdoba, las personas mas calificadas, las cuales de- [ 

clararon que Comes habia muerto cristiano. Apenas \ 

dejaron de comparecer, para declarar, de entre la no- 

bleza de C6rdoba y faquies y cortesanos, poquisimos; 

entre los que no se presentaron a declarar se hallaba 

Mohamed ben Yiisuf ben Matruh, el cual al sentarse 

en la aljama no se escondia de decir publicarnente 

dirigi£ndose a los principales de Cordoba: 

— De un hombre como Comes, que siempre estaba 
rezando, que estaba siempre haciendo obras devotas, 
propias de un siervo de Dios, la paloma de esta mez- 
quita, se dice que ha muerto en el cristianismo! 

Y volvia a recalcar y repetir esta frase muchas ve- 
ces. El pueblo extranaba mucho que hubiese quien 
declarara contra Comes. Ese estado de opinidn Ueg6 
a noticia del monarca Mohamed, y encargd a los mi- 
nistros que enviaran a llamar al juez Soleiman ben 
Asuad y que le preguntaran que es lo que realmente 
constaba probado, a juicio de el, contra Comes ben 
Antonian. Comparecio" Soleiman ben Asuad y le dije- 

ron los ministros: 

—El monarca ha ordenado que te Uamaramos y se 
te sondeara acerca del proceso que en tu curia se ha 
sustanciado en el asunto de Comes.* 

Soleiman en aquel momento sac6 un tomo de den- 

tro de sus mangas y dijo: 

— Aqui esta la informacidn de testigos que en mi 
curia han declarado en el asunto ese; yo creo que se 
fa debe elevar al soberano para que pueda hojearla y. 
examinarla detenidamente; luego que ordene el lo 
que bien le plazca. 




r: 



— 163 



Haxim queria impedir que se realizara lo que pro- 
ponfa el juez y le dijo: 

— Sefior juez, el tomo es demasiado voluminoso y 
las declarations muchas; el soberano no conoce a 
todos los que han declarado; fijate especiaimente en 
los nombres de los testigos [pag. 133] que a tu juicio 
deban ser aceptados, indicaselos, e indica lo que ellos 
han declarado. 

Soleiman comprendid, al reflexionar sobre las pala- 
bras que acababa de decir el ministro, el plan que este 
se proponia, y contcstd: 

— Yo no hago eso; es preciso que el soberano vea 
las varias declaraciones que se han hecho. 

Y elevo" al monarca todo el volumen con todo lo 
que se habia actuado. Pero al poco rato salid un paje 
del monarca que dijo al juez: 

—El soberano te comunica que son demasiado lar- 

gas las informaciones para que el las examine. Expdn- 

le unicamente lo que a tu juicio este" demostrado y 
probado. 

— Dile al soberano— contestd Soleiman al paje — 
que,a mi juicio, nada reprochable se ha probado contra 
Comes, y es bien notorio que todos los testigos que se 
han presentado no han considerado siquiera que, al 
declarar, nombraban a Dios en su juramento. . 

-Pero, por Dios, seflor juez— dijo Haxim al oir eso 
—han declarado en tu curia [personas tan calificadas 
como] Abencdlzom y FulanO y Fulano. 

—Nada -replied el juez- lo que yo creo verdad, 
eso es lo que expongo al soberano. 

Y salid una minuta-orden del soberano para el juez, ■ 
la cual decia: 

"Precede a dividir la herencia de Comes entre sus 



— 164 - 



herederos [sin tener en cuenta las informaciones pre- 

sentadas contra el]." 

Y el juez hizo la particidn. Constituia la herencia 

un caudal cuanlioso. 

Refiere Jalid ben Sad que Mohamed ben Casim 
decia que su tio Mohamed ben Bazea, el administra- 
dor o procurador, le habia contado lo siguiente: 

Estaba yo en la curia junto a Soleiman ben Asuad 
en ocasidn en que vino un hombre y presento denun- 
cia de agravio e injusticia contra el zalmedina de Cor- 
doba. Como habia anochecido ya, Soleiman mandd a 
uno de sus ordenanzas, anciano que estaba alii delan- 

te, lo que sigue: 

— Manana por la manana te vas al encuentro del 
zalmedina; cuando este llegue al sitio donde se po- 
nen los guardias del tesoro y al tiempo en que vaya a 
bajardelacaballeria,'la coges por las riendas y le 
mandasdemi parte que venga aqui, porque se ha 
presentado denuncia de agravio contra 61. Si obedece, 
no se le dice mis [pig. 134]; pero, si no obedece, le 
arreas un varazo a la caballeria para traerlo hacia aca, 

aunque no quiera. 

Y afiade el tio de Aben Bazea: Me fui por la mafla- 
■fla con el viejo ordenanza, al que se le habia dado 
aquella orden tan rasa, y me pare, en compam'a suya, 
en el camino por donde debia venir el zalmedina, 
hasta que este llego acompaflado de su cortejo, consti- 
tuido por multitud de gente a caballo. El ordenanza le 
cogio las riendas; el zalmedina al ver eso form6 el 
propdsito de mandar que lo echaran fuera, a tiempo 
que el ordenanza le decia: 

—El juez me ha enviado por ti, porque un hombre 




£-7. 



— 165 - 

Ie ha presentado denuncia contra ti, por agravio que 
le has hecho; y tienes que ir, a las buenas o a las ma- 
las, segun sea tu gusto. 
— No, hombre, no; ire a las buenas— contesto el 

zalmedina. 
Y se fue hasta que llego a la curia del juez, donde 

se apeo. El juez intervino en aquel asunto, entre de- 

mandante y demandado; se entero a conciencia del 

asunto y resolvio el pleito, segun le hubo de parecer. 

Luego, el zalmedina se marcho. 

Me refirio Mohamed ben Omar ben Abdelaziz lo si- 

guiente: 

Cuando fue destituido Yusuf ben Basil del juzgado* 
de Sidonia, algunos individuos de esa poblacion acu- 
dieron al juez de Cordoba en demanda de cierta can- 
tidad de dinero que creian ellos les pertenecia y se 
habia guardado el juez de Sidonia. El de C6rdo- 
ba lo mando llamar por medio de una cedula; pero 
cuando se present6 al de Sidonia la cSdula del juez de 
C6rdoba, aquel la rechazo y aun quiso pegar al emi- 
sario. En vista de esto Soleiman reunirj los sayones y 
los envio" a que trajeran a Yusuf. Los sayones se apos- 
taron cerca de la casa de este y, en cuanto salid de 
ella, a la fuerza le trajeron ante el juez. Al presentarse 
ante el juez de Cdrdoba, este le intimd, obligSndoIe a 
que afirmara o negara el hecho que se le imputaba. 
El de Sidonia se nego" a contestar. El de Cdrdoba le 
amenazo con aplicarle la pena de degradacion o des- 
honra. Cuando se convencio de que era firme la reso- 
lucion del juez de Cordoba, sometiose y declare^. 

Dice Jalid ben Sad que un amigo suyo, persona 



- 166 — 

fidedigna, le habfa referido, por haberselo oido con- 
Jar a un anciano, vardn virtuoso, liamado Ahmed ben 
Jalid, el cual fpag. 135] habia alcanzado los tiempos 
del fuez Soleiman ben Asuad, que un hombre presen- 
ts demanda contra otro ante este juez. El demandado 
era Abdelmelic ben Elabas El Coraxi. El juez, sin ha- 
^er caso de la noble alcurnia del demandado, le im- 
puso el que tuviera el que afirmar o negar personal- 
wente. El Coraxi se negd a declarar. El juez le hizo 
ver que habia formado la firme resolution de degra- 
darlo o descalificarlo. Al cerciorarse de esa actitud del 
-juez, el publico que estaba en la curia roded a Abdel- 
melic y le dijo: 

— Teme a Dios por ti, por tu nobleza; conserva tu 
honor; si no haces lo que el juez te ordena, ejecutara 
lo que ha mandado y ser& una vergUenza para ti y 
para tu familia. 

Cuando El Coraxi se persuadi6 de las malas conse- 
cuencias que podian sobrevenirle, dijo: 

— Pues bien, yo corapro eso [que suponen que he 
arrebatado]. 

— Consta, como probado— se apresurd a decir el 
juez—, que tu compras. 

^ 

^ 

Esa frase la aplicaban algunos jurisconsultos, que 
tenian que dar decisiones juridicas, a los gobernadores 
reconocidamente ladrones e injustos. 

r 

- XJn.ulema que me merece credito me refirid que ha- 
bia oido .contar al visir Abumeruan Abdelmelic ben 
Chahuar elsiguiente suceso: 

El faqui Abenelmoldn se dedicaba al oficio de redac- 
tar contratos: era muy entendido en esta materia, horn- 



■_- "*2Vv 



- 167 - 

bre sagacisimo en tretas, consistentes en intercalar 
[ciertas frases] en el contenido de esos documentos; 
se le imputaba que tenia pocos escrupulosy que no le 
importaba transgredir las leyes divinas, dejando desli- 
zar engafios en ios contratos que redactaba. Soleiman 
ben Asuad quiso atraparlo; pero AbenelmoloX te- 
meroso de que el juez le cogiera, huyo y se escondid 
en casa del ministro Mohamed ben Chahuar, el cual 
le acogid y amparo para tenerlo seguro. Inmediata- 
mente envid este ministro a un hermano suyo para que 
intercediera con el juez por el perseguido, y que re- 
cordara al juez los lazos que unian al ministro con 
Abenelmoldn, por los que se creia obligado a prote- 

gerle. 
— Es preciso — contestd el juez — que la ley se cum- 

pla en el caso que [pag. 136] ha llegado a mi cono- 

cimiento. Se que el visir lo tiene en su casa escondi- 

do, para librarle de mi; pero eso no me consta oficial- 

mente; en cuanto me conste oficialmente, mandare 

que penetren en el domicilio del ministro y lo saquen. 

El ministro entonces comenzd a preocuparse de si 

mismo;ya no estaba tranquilo teniendo a Abenelmolbn 

en su casa, hasta que hubo de trasladarle a otra parte 

para que no estuviese en su propio domicilio. 

Abenomar ben Abdelaziz me dijo que un anciano 
de Sevilla, llamado HSxim ben Racin, le conto* lo si- 

guiente: 
Estaba yo un dia formando parte del cortejo (1) de 

Mohamed ben Muza el ministro. Era entonces 6ste el 

ministro de mayor prestigio del monarca MohSmed I 



>A«; 




— 168 - 

y e! mas estimado por el. Y cuando estuvo frente a la 
mezquita aljama,salid a su encuentro un pariente suyo, 
marido de su hija, y le dijo: 

— El juez esta sentado en la mezquita; esta es cedil- 
la de citacidn suya; y manda que te bajes para com- 
parecer en su curia. 

— Con mucho gusto— contests el ministro. 

Y did vuelta a las piernas y se bajd de la cabalga- 
dura. Cuando llegd a la puerta de la mezquita, los 
guardianes de ella se apresuraron a presentarsele; el les 
dijo: 

— Buscadme un prbcurador para pleitos. 

Se adelantd hacia la quibla de la mezquita, or6 con 
dos prosternaciones y, al acabar el rezo, encontrd que 
los guardianes de la mezquita le presentaron un hom- 
bre, como procurador para pleitos. 

— Vosotros sois testigos— dijo el ministro— de que 
he nombrado a este sefior, procurador para pleitear 
con mi pariente. 

Este pariente insistid en que el ministro debia pre- 
sentarse al juez, a fin de que personalmente afir- 
mara o negara. EI piiblico de ia curia reprimid severa- 
mente al pariente, dictendole: 

— El ministro ha obrado con equidad al encomen- 
dar ese asunto a un procurador que le represente en 
tu pleito. 

El pariente desistid y el ministro entonces saiid de 
la mezquita y se marchd a caballo. 

Dice Jalid ben Sad que Mohamed ben Omar ben 
Lobaba referia lo siguiente: 

Estaba yo de tertulia en casa [pag. 137] del juez 
Soleiman ben Asuad a tiempo en que -vino un hombre 



169 



a querellarse de su yerno, marido de su hija. La hija 
estaba bajo la tutela de su padre, y el marido vivia 
con su mujer en la casa propia de ella. El padre, como 
tutor, exigia del marido que sacara a la hija de la casa 
propia de ella y que la alquilara, para que su hija ob- 
tuviese algun beneficio del alquiler de su propia casa. 
El juez preguntd al marido: 

— iAcaso tienes tii casa propia? 

— No— contestd el yerno. 

El padre de la joven asegurd ser verdad que el ma- 
rido no tenia casa propia. El juez, al oir la afirmacidn 
del padre de la joven, dijo a este: 

— Seria deshonroso para ti el que tu hija saliera de 
su propia casa, para meterse en otra de alquiler, con 
su marido; y que vayan andando por la calle con su 
cama al hombro, de casa en casa, dando un escanda- 
lo. Eso no le hace ningun favor a ella. 

Abenlobaba admir&base de la solucidn que el juez 
habia dado a ese pleito y solia decir: 

— Yo he visto que Soleiman decidia las causas ate- 
niendose a la equidad natural, sin sujetarse a lo legal 
estrictamente. 

Un caso en que se decidid por la equidad natural 
fue el siguiente, que Ahmed ben abi Jalid contaba, 
por haberselo oido referir a Mohamed ben Omar ben 
Lobaba. Decia este: 

Me hallaba yo en la curia cierto dia en que se pre- 
sentd al juez un hombre en demanda contra otro, res- 
pecto de un homo cuyo propietario lo construyd en 
forma que los humos moleslaban al demandante y al 
vecindario. Acerca de esta cuestion Abencasim decia 



- 170 - 

que era ese un dafto que habia que evitar, no debiendp 
autorizarse el que se construyera el homo. Pero el 
juez Soleiman ben Asuad decidio, separandose de la 
opinion de Abencasim, que debia colocarse un tubo 
en la parte superior del horno, para que el humo sa- 
liera por la parte m£s alta y no perjudicase a los de la 
vecindad. Moh^med ben Omar aceptd esa doctrina y 
en conformidad con ella daba sus consejos o decisio- 
nes juridicas; y el pueblo le atribuia esa opinion, se- 
gun me informd Ahmed ben Jalid. 

[Pag, 138] Yo creo que Soleiman ben Asuad debid 
ver esta costumbre en alguna parte o, si no la vid, 
tuvo al menos noticia de que en Oriente los hornos se 
hacian asi, construySndose segun esta regla que se ha 
mencionado; y le parecid bien eso; y ordend que se 
imitara esa costumbre en Andalucia. 

Dice JSlid ben Sad: Me contd un ulema, maestro 
mio, que el juez Soleiman ben Asuad mando Uarnar 
a Abdala ben Jalid para que se presentara en la curia 
conobjetode oficiar de testigo en documentos del 
monarca. Abenjalid rehuso presentarse en la curia del 
juez. Soleiman ben Asuad escribid al soberano censu- 
rando mucho la negativa de Abdala ben Jdlid y po- 
niendo en evidencia que el faqui se tenia a menos el 
ir por la curia (1). Abdala ben JaHid, a su vez, escri- 
bid al monarca, a proposito de esta exigencia del juez. 
El monarca puso la siguiente nota en la carta de 



(i) El manuscrito dice sJilU; y como sale en varios lugares, 
v- gr-i pag. 186, linea filtima del texto arabe, con el mismo signifi- 
cado de desvto, apartamienio desdefloso, creo que debe copservarse 
esta lectura con eBte significado. 






- 171 - 

Soleiman ben Asuad: "Nosotros preferimos ser de los 
que honran a la ciencia y a los ulemas. Cuando tii 
quieras que el figure como testigo en algun documen- 
to mio, debes presentarte en casa del faqui Abdala 
ben J31id.„ 

Varios ulemas me han referido que Soleiman ben 
Asuad era hombre algo bromista, de un cierto buen 
humor que casaba muy bien con su caracter y que a 
todos soliacaer en gracia. Cuentan de el, acerca de 
este particular, un caso que recuerdan sucedid en su 
curia cuando actuaba como juez, y es el siguiente: 

Habia en su tiempo un adul [hombre bueno a 
quien se suele acudir para que informe como testigo 
en los pleitos o actos que se sustancian ante el juez] 
conocido vulgarmente por Abenamar, el cual tenia la 
costumbfe de ir a la curia o audiencia del juez y per- 
manecer alii, imperterrito , constantemente sentado 
hasta que el juez levantaba la sesidn. Este Abenamar 
tenia una mula flaca que se pasaba todo el dia royen- 
do el freno a la puerta de la mezquita: el trabajo la 
habia extenuado y el hambre [pag. 139] la habia en- 
flaquectdo. Un dia se presento una mujer ante el juez 
y le dijo en romance: 

— [Sefior juez, atiende a esta tu desdichada! 

— Tu no eres mi desdichada -— le contestd el juez en 
romance — ; la criatura mas desdichada que he encon- 
trado yo es la mula de Abenamar, que se pasa todo 
el dia royendo el freno a la puerta de la mezquita. 

r ■ ■ 

Me dijo Mohamed ben AbdelmSUc ben Ayman lo 
siguiente: 

Un faqui de la ciudad de Cordoba, Fulano, hijo de 
Fulano (y nombrd a un seflpr de mucho prestigio [que 



- 172 — 

no queremos mencionar]), acepto y tomd de otro una 
chupa verde que este le habia ofrecido por mero cum- 
plimiento y sin intencion real de regalarsela. Aquel 
que se vid desposeido de la chupa penso demandar 
en juicio al que se habia adjudicado la prenda, y co- 
munico al juez Soleiman el caso ocurrido. El anciano 
faqui, que,despu6sde todo, era hombrede sanas ideas 
y buenas intenciones, no se percataba de vestir ia chu- 
pa, aim en los sitios mas publicos donde se reunia 
mucha gente. El juez Soleiman dijo al dueflo de la 
chupa, al expresar este el deseo de reclamarla en juicio: 

— Cuando [aqui en !a curia] veas al anciano vistien- 
do la chupa, reclamaia; ysi, al reclamarla, contesta 
apoyandose en doctrinas legales, negandote tu dere- 
cho, dile: "Seflor juez, esesenor no habia por si pro- 
pio; la que habia es la chupa que lleva encima. n Cuan- 
do tu digas eso, yo te reprochare tu conducta [por 
faltar a las consideraciones debidas a un hombre de su 
categoria] y hasta ordenare que te metan en la carcel. 
Tu, por eso, no ceses de repetir esa frase. 

EI litigante hizo lo que el juez le habia mandado; y 
el anciano se avergonzd y cambio radicalmente de ac- 
titud, lleno de contusion y vergiienza. 

Me dijo Ahmed ben Obada El Roaini que le habia 
contado uno que habia oido a Soleiman ben Asuad, el 
juez, decir lo siguiente a los almuedanos de la aljama: 

—Cuando sea la hora de los oficios, no los retras£is 
ni un momento, aunque sepais que yo este bajando 
de !a cabalgadura junto a la puerta del alminar; no me 
espereis; Hamad a la oraci6n y rezad. 

Mohamedl destituyo [pag. 140] a su juez Soleiman 



•^ 



- 173 — 

ben Asuad y nombro de nuevo a Amer ben Abdala. 

Ahmed ben Obada me refirid que Abusalih Ayub 
ben Soleiman le habia dicho: "el primer juez que me 
nombro a mi consejero fue Soleiman ben Asuad„. 

Son varias las versiones que he oido acerca de la 
destitucidn de Soleiman ben Asuad. La primera expli- 
ca cdmo ocurrid y por que causa. 

Jalid ben Sad, por una parte, refiere que Abdala 
ben Yunus le contd que el monarca ordend a uno de 
sus ministros que enviara a llamar al juez Soleiman 
ben Asuad y le habtara de una casa que pertenecia a 
un huerfano [cuya tutela estaba encomendada a los 
jueces], la cual casa deseaba adquirir el soberano para 
un hijo suyo. El ministro envid de antemano a un ta- 
sador a ver la casa, para que indicara su valor o pre- 
cio, y luego mandd llamar a Soleiman ben Asuad para 
comunicarle los deseos que el soberano tenia de com- 
prar aquella casa por la cantidad en que los tasadores 
la habian tasado. El juez, al oir tal proposicidn, con- 

testdle: 
—Los materiales que pudieran quedar de esa casa, 

si se derribase, no los venderia yo por ese precio. 
«;Cdmo he de autoriza-r la venta de la casa entera cons- 

truida como ahora esta? 

El juez exigid, para el huerfano, el doble de la can- 
tidad en que se habia evaluado; el visir transmitid al 
soberano la proposicidn del juez; yel monarca dispu- 
so que no se comprara la casa por parecerle precio 

escesivo. 
El ministro ese odiaba a Soleiman y solia hablar con 

virulencia con'ra el en presencia del soberano antes de 

este suceso, pero no habia podido perjudicarle en 

cosa grave; mas cuando el juez se opuso a la venta de 



- 174 — 

la casa, el ministro aprovechd la ocasidn para recor- 
dar al soberano que el odio que el ministro senlia por 
el juez estaba muy justificado y que el juez, en ese 
caso particular, habia puesto en evidencia las odiosas 
cualidades que el ministro le habia echado siempre 
en cara. Y como el ministro insistid muchas veces, 
Uegd a hacer impresidn sobre el alma del soberano, el 
cual, por fin, ordend que el juez fuese destituido. 

[Pag. HI] Ahmed ben Abdelmelic [da otra version 
y] cuenta que Soleiman permanecid ejereiendo las fun- 
ciones de juez, en la primera epoca de su mando, 
hasta que el mbnarca salid de expedicidn guerrera, 
afio [doscientos] sesenta. Con el monarca salio" El Co- 
raxi Amer ben Ais, el cual excitaba de continuo al so- 
berano quejandose de Soleiman ben Asuad en todos los 
campamentos donde asentaban los reales, hasta que 
Uegaron a Calatrava. En este punto el monarca escri- 
bid a Omeya ben Isa, zalmedina [de Cordoba] que era 
entonces, ordenandole que destituyese a Soleiman del 
cargo de juez y que enviara cuatro personas de las ca- 
lificadas en Cordoba como (adules) irreprochabies, 
para que se incautasen del archivo del juzgado, a 
fin de depositarlo en el saldn donde se reunian los rhi- 
nistros. Omeya ben Isa hizo lo que se le mandaba'; y 
al volver el soberano de esa expedicidn, nombrd de 
nuevo, para el cargo de juez, al que antes lo habia ejer- 
cido, Amer ben Abdala. : 



175 



DEL JUEZ AMER HEN ABDALA EN LA SEGUNDA fiPOCA DE SU 

MANDO, QUE FU£ EN EL ANG 260 

Refiere Abuabdala Mohamed ben Abdelmelic ben 
Ayman (segiin version que nos ha transmitidosu hijo) 
que, cuando fue destituido Soleiman ben Asuad, an- 

duvo intrigado el pueblo de Cordoba acerca de quifin 
seria nombrado para sucederle. Y aflade: Me contd 
persona que oyo a Amer ben Abdala, que este solia 
decir, durante el intervalo de tiempo [en que Cordoba 
esluvo sin juez] estando sentado a la puerta de su casa: 

— jEI cargo de juez! jEl cargo de juez! Hay que de- 
cirle a aquel a quien la providencia se lo de, que 
jbueno esta ese cargo para ejercerlo! 

Y continuaba refiriendo el mismo narrador: Poco 
despues el soberano nombraba juez [p£g. 142] a ese 
mismo Amer ben Abdala. 

L 

Un ulema me conto lo siguiente: Cuando fue nom- 
brado Amer ben Abdala la segunda vez, se puso a exa- 
minar Sste los autos y resoluciones de Soleiman ben 
Asuad y encontro dignas de censura algunas senten- 
cias que este habia dictado y aun se atrevid a instruirle 
proceso. Tal actitud puso en situacion muy dificil y' 
embarazosa al juez anterior. Uno de los amigos del 
juez entrante le aconsejo, diciendole que no debia tne- 
terse enesas cosas cuyo resultado inevitable habia de 
ser atraerse la enemistad de Soleiman. Pero el juez 
instructor no pare.ce que estaba dispucsto a aceptarel 
consejo y continuo sustanciando la causa contra el juez 
destituido; mas, al fin, cesd de actuar y vi<5se Solei- 



-r 



176 



man libre de las dificultades en que le habia metido 
Amerben Abdala. 

Un ulema a quien tengo por persona fidediona me 
cont6 iosiguiente: Cuando Amer desempefio por se- 
gunda vez el juzgado, no se porto como la vez prime- 
ra: su con r iucta sufrio cambio en mal sentido; su modo 
de obrar se torcid completamente, Debiose esto a la 
circunstancia de haber llegado sus hijos a mayor edad, 
uno de los cuales, apellidado Abuamer, domino a su 
padre: desde entonces ofrendas y regalos entraban en 
su casa. 

Un narrador de noticias historicas contd lo siguiente: 

Estaba Abuamer, hijo del juez Amer ben Abdala, 
en la curia de su padre un dia en que habia grandisi- 
ma concurrencia y, dirigiendose a uno de los mercade- 
res que estaban por alii, dijo: 

— Quiero comprar un bocado que este repujado en 
forma de granitos, a propdsito para un caballo que he 
adquirido recientemente. Podia usted encargarse de 
proporcionarmelo. 

Dice el narrador: Antes del anochecer de aquel 
mismo dia, ya tenia diez y siete bocados que, como 
regalo, se los habian mandado todos a su casa. 

La gente habld mucho de Abuamer, el hijo del juez: 
se decia que falsificaba documentos del archivo, para 
sustraer cantidades guardadas alii en deposito. Ya lo 
referiremos explicandolo, si Dios quiere, conforme lo 
ha referido [pag. 143] persona enterada. 

A este tiempo alude el poeta Mumen ben Said en 
estos versos: 

■ 

Por vida m£a t Abuamer ha desacreditado a Amer, 
Y ;un ho nib re como Abuamer ha desacreditado a su padre? 
Amer parecia brillar con luz propia, . 



- 17? - 

Pero amanecia Abuainer y hubo de eclipsar a la luoa llena. 
No se le conocia a Amer, fogoso caballo, ninguna mala tacha- 
Pero, vamos a ver, psthn libres log mejores caballos de dar u'n tras 

[pie? 

Son varias las opiniones que corren entre el pueblo 
acerca de la causa por la que fue destituido Amer en 
este segundo periodo de su mando. Unos me han di- 
cho que estos tres versos que hizo Mumen Ilegaron a 
oidos del soberano, el cual dijo: 

— Mucho habla la gente de Amer y de su hijo. 

Y lo destituyd entonces. 

Otros dicen que a Haxim se le hizo insoportable el 
juez, por lo parcialisimo que se habia mostrado contra 
Baqui ben Majlad, y que, debido a esto, trabajd para 
que fuese destituido. 

Refiere Ahmed ben Abdelmelic que Amer ejercid, 
en su segunda etapa, desde el afio [doscientosj sesenta 
hasta que Gualid ben Haxim salio, en el ailo [doscien- 
tos] sesenta y tres, hacia tierra enemiga, expedicion 
que se conoce con el nombre de Expedicidn delos 
bereberes. En esa expedicidn iba tambien el juez Amer 
y, al volver de ella, no se le ordend que ejerciese el 
cargo de juez. Era costumbre entonces, cuando un 
juez iba a la guerra y volvia, el que no se pusiese de 
nuevo a ejercer, hasta tanto que se le ordenara expre- 
sa y concretamente. El pueblo de Cordoba quedd en- 
tonces sin juez cerca de seis meses. El soberano luego 
nombrd [p&g. 144] por segunda vez para ese cargo a 
Soleiman ben Asuad. Ocurria esto en el afio 263. 



12 



fl- 



178 - 



DEL JUEZ SOLEIMAN BEN ASUAD, EN LA SEGUNDA EPOCA*, 

KUE NOMBRADO EN 263 

Fu6 nombrado luego, por segunda vez, Soleiman 
ben Asuad, el cual se puso a examinar la conducta del 
juez anterior, Amer den Abdala, e hizo con 6ste lo 
mismo que este habia hecho antes con 61: inspecciond 
minuciosamente los documentos del archivo y encon- 
tr<5 nota de una cantidad cuantiosa, de cerca de dicz 
rail monedas de oro, que formaba el tercio del capi- 
tal de un comerciante conocido por El Cabisi, el cual 
habia ordenado en su testatnento que se repartiese 
[entre los pobres] . Ese capital se entrego" a tltulo de 
bienes de raanos muertas a uno de los adules [o per- 
sonas de confianza en Cdrdoba]. El juez Soleiman 
mandd llamar a ese adul, al que se habia entregado 

el capital, y le dijo: 

— Presentame esa cantidad. 

—La tuve en mi poder largo tiempo— le contests — ; 
pero, despu6s, el juez Amer ben Abdala se incauto" de 
ese capital, como juez que entonces era, y me did el 

correspondiente recibo. 
.— Pres6ntame el documento probatorio de lo que 

dices. 

-El hombre trajo una hoja en la que constaba el do- 
cumento de Amer ben Abdala, que entonces era |uez, 
en quese acreditaba que 6ste habia recibido de aquel 
hombre la dicha cantidad. Para confirmar el hecho se 
presentaron diez y seis testigos. Se le notified el caso 
a Amer ben Abdala y 61 negd, diciendo [pag. 145] que 
no habia recibido esa cantidad; y alegd que los testi- 




179 



gos habian dicho mentira, manifestando que eso sdlo 
era una estratagema o mala arte empleada contra 61 y 
una ocasidn buscada adrede para perjudicarle. EI juez 
Soleiman no se apresurd a darsentencta en el asunto. 
Entretanto Amer pidio la intercesidn del monarca Mo- 
hfiined I y elevd solicitud, en la cual tratd de justifi- 
carse del hecho de que se le acusaba. 

Me contd un ulema que un hombre, amigo de Amer 
ben Abdala, le habia referido lo siguiente: 

Estaba yo senlado en compafiia de Amer cuando 
vino a su casa, de parte del soberano Mohamed, un 
paje de palacio, empleado en la secretaria real, y le 
pidid una entrevista reservada. Amer se levantd y am- 
bos entraron en una habitacidn contigua. Estuvieron 
alii un buen rato; luego salid el paje, dejando a Amer 
en aquella habitacidn. Despues de salido aquel, pedi 
yo a este permiso para entrar donde 61 se hallaba y me 
lo concedid; enlre y encontremelo callado, con los 
ojos bajos, fijos en el suelo. 

— <iA que ha venido el paje?— le dije yo. 

Pero 61 mantuvose sin decirme una palabra largo 
rato; al fin, recitd este verso: 

Me levanto por la maBana con tniedo; me acuesto por la nocho 

[con miedo. 
[Maeca el freno y no hagas nada por esa gente! 

Luego me dijo: Ha venido el paje con un alcoran meti- 
do en las mangas y me ha ordenado que jurase que yo 
era inocentey que no tenia ese capital. Yo he jurado. 
Y aflade el narrador: EI monarca Mohamed le de- 
clard inocente y ordend que pagaran los herederos de 
El Cabisi un segundo tercio del capital que por heren- 
cia habian ellos recibido. Los herederos tuvieron que 



- 180 - 

pagar de nuevo una cantidad igual a la que antes ha- 
bian entregado. Se me dijo que eso fue causa de que 
los herederos se quedaran pobres. 

Refiere Ahmed ben Mohamed ben Abdelmelic que 
en las oficinas del juez habia un caudal cuantioso que 
se habia entregado en concepto de manda piadosa [o 
bienes de manos muertas] a un [pag. 146] adul. Este 
murid, y Abuamer, el hijo de Amer ben Abdala, se 
puso de acuerdo con los hijos del difunto para repar- 
tirse ese capital, del que Abuamer habia de coger la 
mayor parte, a condicidn de que el [como hijo del 
juez] sustrajera del archivo el documento probatorio. 
El archivo entonces no tenia inspectores que lo vigi- 
lasen y sdlo constaba el hecho en un cuaderno suelto 
[cuyas hojas eran faciles de arrancar] . El caso fue que 
se repartieron el capital y a Abua\mer se le olvidd sus- 
Iraer del cuaderno la nota correspondiente, y quedd 
alii la nota hasta que fue destituido su padre Amer, y 
el juez entrante, Soleiman, encontrd en el archivo ese 
documento referente al asunto. Con ese motivo ocu- 
rrieron incidentes muy desagradables entre ambos jue- 
ces; permanecid luego ia cosa indecisa hasta que el 
monarca pidid consejo a los faquies y todos ellos acon- 
sejaron que se exigiese juramento a Amer, excepto 
Baqul ben Majlad, que se opuso diciendo: 

—Si liegara a noticia de los Abasies de Oriente que 
aqui en Andalucia nos vemos en el caso de exigir ju- 
ramento a nuestros jueces, seguramente constituiria un 
esc&ndalo grave que nos podrian reprochar. 

Al soberano le parecid muy bien la frase de Baqui 
ben Majlad, y encargd a Amer que escribiera secreta- 
mente su declaracidn jurada. Y asi se hizo. 



- 181 — 

Uno de los argumentos que Amer esgrimia contra 
Soleiman, cuando tuvieron la entrevista ambos jueces 
a presencia de los ministros, fue: 

—Si yo hubiera sustraido— decia Amer— esa canti- 
dad, screes tu que hubiera dejado en el archivo la 
nota a ella referente? 

— [Ah!— contestaba Soleiman — Dios providencial- 
mente hizo que se olvidaran de sustraer esa nota. 

Realmente, los ulemas y hombres distinguidos por 
su sabiduria en aquel tiempo, sostenian que Amer era 
inocente, que estaba puro; pero aquel hombre perma- 
necid ya constantemente amargado por la tristeza y 
con el corazdn afiigido; quedo su alma agitada hasta 
que perdid completamente el seso: sdlo de esta ma- 
nera desdichada acabo" pena tan aflictiva. El pobre 
quedd como un insensato, hasta el extremo que salla 
por las calles desnudo, en cueros, jcuando tanta virili- 
dad habia desplegado y tan gran dominio de si propio 
habia mostrado en sus buenos tiempos! 

[Pag, 147] Jalid ben Sad dice que Abulabas Gua- 
lid ben Ibrahim ben Lebib le contd lo siguiente: Fuf 
a ver a Amer ben Abdala, despu6s que le destttuyeron 
del cargo de juez. El que trabajd realmente para que 
lo destituyeran fue Haxim ben Abdelaziz, por lo ocu- 
rrido con Baqui ben Majlad. El proceso o information 
de testigos contra Baqui se instruyd en su curia; y el 
juez sentia vivos deseos de sentenciar de acuerdo con 
las declaraciones contrarias a Baqui. Al decretarse su 
destitucidn, Haxim realizd contra el juez ciertas cosas 
que le amargaron tanJo, que el pobre juez perdid el 
juicio. 



■■■(&&&$*". 



■m -: 



- 182 - 

Refiere Gualid que Amer ben Abdala, antes de que 
perdiera corapletamente el seso, le dijo la siguiente 

frase: 

- Hijo mio, aquello por lo que uno puede desear la 
muerte, es mas duro de sufrir que la muerte misma; yo , 
de mi, se decirte que siento mucho no haber muerto ya. 

Jalid ben Sad dice: He oido referir a Aslam ben 
Abdelaziz que un dia, al anochecer, cuando acababa 
de salir del alcazar, se encontr6 con Baqui ben Maj- 
lad que venia a verle, a tiempo que Haxim salia tam- 
bien de palacio, y este comenzd a increpar a Baqui 
diciendole: 

— No te figures que lo que me ocurre con Amer se 
deba exclusivamente a la enemistad que entre el y yo 
media; yo, si he trabajado cerca del monarca para que 
este lo destituya, no ha sido mas que por tu causa, 
por lo que he visto que ha hecho contigo; y he pro- 
cedido asi por consideration a Dios, que es alto y 
noble. Tu, sin embargo, has dado hoy, en la causa 
de este juez, un informe juridico que derrumba todo 
lo que yo habia construido en este asunto: has infor- 
mado separdndote del parecer de todos los faquies 
compafieros tuyos. 

Aslam dice: [Mi hermano] H£xim habia mandado 
llamar a los faquies de antemano, y les habia pedido 
que expusieran su opinion acerca del caso; y ellos 
habian declarado que era preciso que Amer ben Ab- 
dala prestase juramento, para decidir en justicia el 
proceso incoado y formado acerca del capital de un 
hue'rfano, capital que por orden del juez se habia de- 
positado [pag. 148] en poder de persona de confianza. 
El juez, por todo descargo, habia dicho: 



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r^.jc - 



■■r. i 



183 



— No me acuerdo en manos de quien lo he depo 

sitado. 
Los ulemas emitieron la opinion de que debiera 

prestar juramento. 

Mi hermano Haxim no mando recado para que 
compareciera Baqui ben Majlad, por la confianza que 
en el tenia: suponia el que Baqui no habia de sepa- 
rate del parecer de sus compafleros en ese informe 
juridico, sobre todo pensando que seria haiagtieflo 
para Baqui, pueslo que Amer ben Abdala era enemigo 
suyo. El caso fue que los faquies se reunieron en la 
sala de los ministros y expusieron su opinion de que 
debia exigirse juramento; pero se presento Baqui ben 
Majlad y, despues que todos habian emitido sus opi- 

niones, dijo: 

— Yo creo que no debe exigirse el juramento a nin- 
gun juez; porque los jueces deben estar exentos de esa 
prueba, hasta el punto que contra ellos debe la verdad 
probarse por otros medios. Cuando el monarca le 
nombro" juez, hubo de nombrarle porque, a su juicib, 
era hombre recto y justo. 

Cuando al monarca Mohamed se le expusieron los 
pareceres, ordeno que en el proceso de Amer se acep- 
tara la opinitfn de Baqui ben Majlad. Y al pedir cuen- 
, tas mi hermano Haxim a Baqui por lo que este habfa 
hecho (conversation a que yo estuve presente) dijo 
Baqui a mi hermano: 

—Por Dios, (ite parece bien a ti que un anciano 
como yo, pronuncie decisi6n juridica contra tin ene- 
migo, sin tener el convencimiento intimo de la verdad? 
Por Dios, yo no pronuncie mi decision en aquel asun- 
to, sino con arreglo a mi conciencia, confonnecon lo 
que yo creia la verdad o la justicia. jNo me reproches! 



-;.^rap 



- 184 



Y afladia Aslam: Mi hermano Haxim estuvo algun 
tiempo, cerca de dos meses, disgustado con Baqui ben 
Majlad; pero despues se le fue borrando la memoria 
de este disgusto. 

Soleiman ben Asuad permanecio" ejerciendo el car- 
go, despues de Amer ben Abdala, en la segunda eta- 
pa, hasta que se hizo viejo y la edad puso en eviden- 
cia que s6Io era ya una ruina. El rnonarca Mohamed 
recibio" una carta que aparecia firmada por Amer ben 
Abdala, en que se le decia: "Soleiman ben Asuad ha 
entrado ya en la decrepitud [pag. 149]; se ha debili- 
tado completamente su vigor fisico y es incapaz ya de 
actuar como juez.„ El soberano ordeno a los ministros 
que mandasen llamar a Soleiman y a Amer: a Amer 
para preguntarle si el habia enviado al soberano aque- 
11a carta; y a Soleiman para preguntarle si se encon- 
traba con fuerzas para continuar ejerciendo su cargo. 
Los ministros hicieron comparecer en su propio des- 
pacho a los dos a un tiempo; y ambos se sentaron. 
Amer ben Abdala era hombre muy circunspecto y co- 
medido, tranquilo y reposado, mientras que Soleiman 
era todo lo contrario: vivo y ligero en los movimien- 
tosdel cuerpo. Los ministros sacaron la carta, la le- 
yeron delante de Amer y preguntaron a este: 

— dHas sido tu el que la ha dirigido al soberano? 

— Dios me libre— contests' Amer—; yo, por Dios, 
no la he escrito. 

—Oh Abuabdala— dijo Soleiman—; tu no la ha- 
brds escrito, pero la habrds dictado para que otro la 
escriba. 

+ 

—No, por Dios -dijo Amer-^no solo no la he dic- 
tado, sino que no s6 nada de esa carta.. 




r=*- 



- 185 — 

— Si tii quisieras ser sincero -replied Soleiman— 
dirias que el autor de la carta es tu hijo Abuamer. 

Soleiman continud hablando largamente en este sen- 
tido. A todo esto Amer ben Abdala,con la cabeza baja, 
sufria calmosa y pacienzudamente, conteniendose cor. 
extra ordinario dominio de si mismo. Soleiman, al fin, 
le increpo" diciendo: 

--Ahora haces tambien como quien no oye; haces 
como quien aguanta pacientemente, jcomo si no te co- 
nociera yo! 

—Todo sea por Dios— dijo por toda contestacidn 
Amer—; todo sea por Dios. 

Y puso las dos manos juntas en el suelo, con ade- 
man de levantarse. Al verle en esa posicidn, Soleiman 
da un brinco con ligero movimiento y con viveza, y 
le extiende su mano ofreciendosela y diciendo: 

—Dame la mano, oh Abuabdala, para que yo te 
ayude a levantarte. 

Entonces Amer se quedd mirandole, tranquilamen- 
te sentado, diciendo: 

—A Dios solo es a quien se debe pedir ayuda; solo 
a Dios hay que pedir ayuda; solo a Dios hay que pe- 
dir ayuda. 

E inmediatamente se. marcharon cada uno por su 
lado. 

(Pag. 150] Abuabdala Mohamed ben Abdelmelic 
ben AymSn me dijo: 

En cierta ocasion Soleiman ben Asuad cayd" grave- 
mente enfermo y estuvo a punto de morir. Era enton- 
ces jefe de la oracidn; e Ibrahim ben Cdlzom se consi- 
deraba a si mismo presunto candidato para sucederle; 
y con suficiente motivo, por cuanto disfrutaba de mu- 



-^? 



- 186 — 

cho valimiento con Haxim. Ibrahim un jueves se pre- 
sento en casa de Haxim y le dijo: 

— Ya sabes en que situation se encuentra Soleiman 
[por su grave enfermedad]; mafiana es viernes [dia fes- 
tivo en que el jefe de la oration debe ir a la mezquita]. 

Haxim escribio a Soleiman ben Asuad preguntan- 
dole si se consideraba con fuerzas suficientes para di- 
rigir al pueblo en la oration y, de no ser asi, que hi- 
ciera el favor de comunicarlo para ver a quien habia 
que encomendar el sermon y el rezo. Soleiman con- 

testd a Haxim: 

— Yo estoy bastante agil y tengo fuerzas sobradas 

para cumplir con mis deberes. 

Por la mafiana se impuso el trabajo de ir a la mez- 
quita y, aunque andaba con alguna dificultad, apoya- 
do en dos personas, aun tuvo aliento para pronunciar 
breves frases en el sermon. 

He ofdo referir a un narrador de noticias historicas 
una anecdota muy chistosa y divertida, en que inter- 
vienen Soleiman y Abencolzom, a proptfsito del rezo 
en la mezquita. Soleiman ben Asuad sabia los vivisi- 
mos deseos que Abenc<51zom tenia de llegar a ocupar 
el cargo de jefe de la oracidn, cargo para el que se 
consideraba como candidate Un viernes, a media ma- 
fiana, cuando Soleiman mas descuidado estaba sin 
pensar en tales cosas, se presenta Abencolzom en su 
casa pidiendo permiso para entrar a visitarle. Solei- 
man tuvo de improviso una ocurrencia muy peregrina: 
dice a su criado: 

— Sal tu a recibirle; pero has de ir llorando y excla- 
mando: jmi amo se esta muriendo! Despues de eso, 
dile que entre. 



- 187 - 

Soleimaninmediatamente se acosto, se tapd bien y 
se puso a fingir con mucha realidad los estertores de 
la muerte, como si estuviese agonizando. 

En esto entrd Abencdlzom y, al verle en ese trance, 
se puso a lamentar aquella desgracia, a llorar y afli- 
girse; pero al instante se salid, se fue [pag. 151] a ver 
a Haxim y le dijo: 

— Soleiman esta en los estertores de la muerte; yo 
creo que no llega a la hora del rezo del viernes, porque 
antes de esa hora habra muerto. Es preciso que escri- 
bas inmediatamente al soberano, pues el reemplazarle, 
en tan poco tiempo como falta para las oraciones del 
viernes en la mezquita, es muy dificil. 

— Pero... — le pregunto" Haxim — <itu le has visto real- 
tnente en ese estado? 

— Si, hombre, si — contesto— ; acabo ahora mismo 
de salir de su casa donde lo he visto con mis propios 
ojos. 

— Entonces— dijo Haxim — ya no hay que esperar. 

E inmediatamente se puso a escribir al soberano co- 
municandole que Abencdlzom se habia presentado en 
su casa y le habia referido que acababa de venir de 
casa del juez Soleiman al que habia encontrado en los 
estertores de la muerte. "El tiempo apremia, afladia. 
Vea el monarca que debe hacerse en caso tan apu- 
rado*„ 

El soberano, al leer la carta, estuvo pensando un 
poco: el caso es, se decia a si mismo, que ni el pue- 
blo ni la nobleza saben nada. Asi pensando y pensan- 
do se le ocurrid que Abencdlzom deseaba el cargo de 
jefe de la oracidn; antes de aquel momento no se ha- 
. bia oido hablar de achaques ni de enfermedad alguna 
que afectase a Soleiman. Al fin, cayd en la cuenta, en 



- 188 — 

que Haxim no habia caido: la sospecha de que debia 
de haber alguna mentira por medio; y dijo a uno de 
los eunucos de mas categoria que tenia en su palacio: 
— Vete ahora mismo, entra en casa del juez y veas 
cdmo esta y que le ocurre. Si encuentras que aun ha- 
bia y se express con lucidez, preguntale si se halla en 
disposition de pronunciar hoy el sermon y de dirigir 

el rezo. 

El eunuco se rue a casa de Soleiman, entrd a verle 
y se lo encontrtf muy bien sentado, como persona sana 
que no tiene enfermedad alguna. El eunuco, en vista 
de eso, se abstuvo de hablar (1) del asunto especial 
que se le habia encomendado y desvid la conversacion 
hacia otras cosas. Soleiman se levantd del asiento en 
que estaba, a presencia del eunuco, se sento en un si- 
licon y ordeno" que le trajeran agua para las abluciones; 
se lavd, se vistio y salio andando en compafiia del 
eunuco hasta llegar a la aljama. El eunuco volvid a 
palacio [pag. 152] e informd al monarca de lo que 
habia pasado tal como lo habia presenciado. El mo- 
narca dijo: 

—Soleiman se ha burlado de Abencolzom y se ha 

divertido con el todo lo que ha querido. 
. Y se rid mucho, cuando supo la jugarreta del juez. 
Soleiman aun se encontraba fuerte y agil; aun con- 
servaba lucidez y perspicacia, a pesar de su anciani- 
dad; e iba a pie desde su casa a la aljama. 

Mohamed ben Abdeimelic ben Ayman dice que 



(i) Elverbo vJImi sale variaa veces con esta significaci6n que 
lio eBtS, en los dicciotiarios: desviar la conversacion, no tra-tar de un 
asuftfo, esquivarse de hablar. 



s'- l ■ 



— 189 - 

Bequer ben Hamad, el divisor de herencias, vecino 
que era de Soleiman, contaba lo siguiente: Me pre- 
sente en su casa, en la ultima semana de su vida, y le 
invite a dar tin paseo; salid conmigo en direction de 
la aljama andando a pie; luego nos volvimos. Era 
esto en el reinado del monarca Abdala, siendo enton- 
cesjuez Anadar ben Selma. 

Soleiman, en su segundo periodo, permanecio" ejer- 
ciendo de juez durante diez afios, desde el afio 63 al 
73. En este afio murio Mohamed I. Entre el pueblo 
se susurraban noticias confusas e inciertas de que ha- 
bia fallecido el monarca; pero no se supo con certeza 
hasla que subio al pulpito Soleiman ben Asuad, ei 
cual, al Uegar en el sermon a la parte en que se reza 
por el monarca, embargado por la emotion, llord. De 
esa manera indirecta anuncid al pueblo la muerte del 
soberano, y el pueblo pudo certificate bien de que 
habia ocurrido. 

Inmediatamente despues de Mohamed I, ocupd el 
trono el monarca Almondir, el cual confirmo" a Solei- 
man ben Asuad en el cargo. Abumoharned Casim ben 
Asbag, el de Baena, me dijo que Soleiman ben Asuad 
continuo" en el cargo de juez, dentro del califato de Al- 
mondir, cerca de cuarenta dias, pasados los cuales 
Almondir lo destituyd nombrando a Abumoavia. 

[PSg. 153] Yo no creo que mediara causa especial 
para la destitucidn de Soleiman en su segundo perio- 
do, si no es la ancianidad y el que evidentemente 
aquel hombre era ya una ruina. 

Dice un ulema: Soleiman ben Asuad habia sido 
uno de los protegidos del emir Abdala antes de subir 
fete al trono. Soleiman estaba impaciente porque su- 
biese al trono Abdala, por el deseo que tenia de vol- 



"-*1 



- 190 - 

Ver a ser nombrado juez; pero cuando subid al trono 
y no se acordo de 61, se puso Soleiman a recitar, en 
una de aquellas ocasiones en que el entraba en pala- 
cio juntamente con los otros faquies, para ejercer el 
oficio humilde de testigos: 

Cuando ocurri6 el suceso que con tanta ansia esperabamos, 
Tuvimos que asistir en calidad de testigos jcomo cualquier otra per- 

[sona desconocida! 

Me conto un ulema lo sigmente: 

Unos^hombres entraron en casa de Soleiman a visi- 
tarle, en el mes mismo en que este habia de morir, 
y le preguntaron que edad tenia. El calld un momen- 
ta; pero luego llamd a una esclava negra que le ser- 
via y, al presentarse esta, le pidid que trajera un sa- 
quito que el tenia para guardar ciertas cosas. La es- 
clava se lo trajo y el sacd una hoja de [papel o per- 
gamino] que entregd a los visitantes diciendo: "leed n . 
Los hombres aquellos leyeron la hoja, que era una 
carta dirigida por el monarca Hixim I a su juez, de la 
parte norte de Andalucla, del Llano de las Bellotasy 
comarcas vecinas, Asuad ben Soleiman, en que se 
le ordenaba que recaudase las contribuciones que fue- 
ra preciso recaudar y que las distribuyese en la for- 
ma que se especificaba en aquella carta. Al fin de 
ella habia una nota, de letra del juez Asuad ben So- 
leiman, que decia: "Nacid Soleiman ben Asuad, Dios 
le conserve la vida, dia tal, de tal mes.„ Los hombres 
aquellos contaron los aflos transcurridos desde la fecha 
[pag. 154] en que Soleiman riacid, hasta la fecha. en 
que entonces se hallaban, y resultaron noventa y nue- 
ve anos y diez meses. Soleiman les dijo: 

—Si vivo dos meses mas, cumplire cien afios. 



- 191 - 

Pero murid en aquel mismo mes, antes de cumplir 
los cien anos. 



DEL JUEZ AMIR BEN MOAVIA EL LAJMf 

Al ocupar Almondir el trono, pensd sustitulr a So- 
leiman nombrando otro juez. Al efecto pidid consejo 
a sus ministros. Estos le contestaron que nombrase a 
Ziad ben Mohamed ben Ziad; pero Almondir ofrecid 
el cargo a Baqui ben Majlad, el cual no aceptd. En 
vista de esta negativa Almondir consultd a Baqui, 
acerca del candidato que propoman los ministros, a 
saber; Ziad ben Mohamed ben Ziad. Baqui le dijo: 

— jQue disparate! 

Al ok eso pididle que se sirviera Baqui indicar la 
person! que debia ser nombrada; y Baqui indicd a 
Abumoavia El Lajml. Este sefior se Uamaba' Amir ben 
Moavia ben Abdelmdslim ben Ziad ben Abderrahmen 
ben Zohairben Naxira'ben Laudan EI Lajmi. Almon- 
dir aceptd el consejo de Baqui y nombrd a Amir juez 

de la aljama de Cdrdoba. 

Jalid ben Sad me contd que habia oido referir a Ab- 
dala ben Yunus lo siguiente: Era Elhabid ben Ziad 
amigo intimo de Baqui ben Majlad, y habia alimenta- 
do la esperanza, en los dias del monarca Almondir, 
que Baqui lo recomendaria como candidato para el 
cargo de juez de Cdrdoba. Al saber que el monarca 
habia consultado con Baqui y que este habia indica- 
do [pag. 155] a Abumoavia, fuese Elhabib ben Ziad a 
casa de Baqui ben Majlad y le reprochd por el chasco 
que habia tenido. Baqui ben Majlad le dijo entonces: 



#F* 



- 192 - 

. — No me reprendas o censures por lo que he he- 
cho; yo solamente he recomendado a quien creo que 
es mas digno y virtuoso que tu. 

Elhabib ben Ziad, al oir eso, se calld. 

Abuabdala Mohamed ben Abdelmelic ben AymSn 
me dijo lo siguiente: Abumoavia El Lajmi pertenecia 
a la familia de los Beniziad y tenia su residencia en 
Raya. En los dlas de Abderrahmen II, se fue de viaje 
para estudiar; en ese viaje oyd a Sahnun en Caiman, 
a Asbag en Egipto y a otros maestros. Era hombre 
que referia tradiciones del profeta y, como tal tradi- 
cionista, era excelente. Yo he aprendido sus ensenan- 
zas, las cuales he oido y he puesto por escrito. 

En aquel tiempo se aprendia de el la obra de As- 
bag titulada Instruction para losjaeces; pero un ule- 
ma recuerda que se hizo sospechosa la versidn, que el 
di6 de esa obra y fue abandonada. 

Me dijo Abenayman que Abumoavia habia venido 
a Cdrdoba a fines del reinado de Almondir y aqui 
permanent hasta la muertc de ese monarca. 

Jalid ben Sad dice que Abuomar su amigo (1) le 

habia contado que Abuyahia. ben Jamis referia lo si- 
guiente: 

Cuando fue nombrado juez Amir ben Moavia y se 
sento" en la aljama, vid a Soleiman ben Asuad que le 
traia el archivo y, despues de saludar, le dijo: 

— Gracias a Dios, a cuya providencia sedebe el que 
se haya nombrado, como sucesor mio, una persona 
como tu. 



(i) En el maniiscrito »*a>lopero debe de ser errata, que no me 
atcevo a corregir, por no saber que ea lo que el autor quieo escribir, 




— 193 - 

Al salir Soleiman de ia aljama se le presentd un 
hombre [perteneciente a la nobleza] de Coraix [pagi- 
na 156] que habia tenido un pleito en ia curia antes 
de haber sido destituido Soleiman, y arreo a este un 
golpazo en el cuello con la mantilla o bufanda, al pro- 
pio tiempo que increpd al juez cesante con estas pa- 
la bras: 

— Gracias a Dios, que ha lanzado de la curia a ese 
hombre injusto y ha castigado a ese tirano. Ven con- 
migo ante el nuevo juez; yo te cito. 

Soleiman volvidse acompafiado del Coraxf ante el 
juez Amir ben Moavia a quien dijo: 

-Yo he sido destituido; tu estas ejerciendo; lo que 
tii hagas hoy conmigo, estate seguro que, en corres- 
pondencia, haran contigo mafiana. 

Y Amir ben Moavia sentencid en contra del Coraxi, 
librando al juez destituido de las impertinencias de 
aquel. 

Ahmed ben Mohuimed ben Abdelm&ic dice: 

Abumoavia sentencid en favor de Eiddn, el eunuco, 

adjudicandole el campo conocido vulgarmente por el 

campo Achal, a Ia otra parte del no, despues de largo 

pleito que acerca de esto se sustancio" en ia curia sien- 

do juez Soleiman ben Asuad. Dirigia ese pleito, como 

abogado, Mohamed ben Galib ben Asafar. Soleiman 

no queria pronunciar sentencia, y dijo un dia a Aben- 
asafar: 

—Ese hombre [Eiddn] se empeila en que yo sen- 
tencie en favor suyo; pero yo no encuentro motivo 
razonable para hacerlo: mientras no vea yo claramente 
la decision que deba tomar, que no me venga con re- 
comendaciones que me repugnan; de Jo contrario, re- 
Irasare la decision. 

18 






■■ - 



- 194 



En vista de esto Abenasafar obligo al eunuco a que 
se abstuvieta hasta que foe destituido Soleiman y nom- 
bmdo Abumoavia. Entonces se presentd de nuevo en 
la curia y alii se ponia siempre delante del ]uez, el 

cual, al verle, le decia: 
-^Quien erestu, de quien Dios se compadezca? . 
-Soy Mohamed ben Galib, como todo el mundo 

sabe — respondia. . 

Todos los dias se lo preguntaba Abumoavia con la 
mas pura intencidn. Mohamed ben Galib no cesd de 
insist' en aquel pleito hasta que el juez sentence en 
favor del patrocinado de Abengahb, ad|udicandole-d 
campo, y formalize la sentencia con la hrma de los 
testigos. Pero luego, despues de esto, aparecuS que d 
campo habia pasado [no a poder del eunuco, smo] a 
coder de Mohamed ben Galib [el abogado] . 

IPae 157] Abumoavia continud sin interrupcidn 
siendo juez y jefe de la oracidn hasta que muri6 Al- 

mondir. ,-., , 

Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman dice: 01 al 

juez Abumoavia predicar el sermon al pueblo en la so 
iemnidad de rogativas por agua; les predicd el sermon 
que Jeremias habia predicado a los Israelites Emo- 
cionaba tanto, que atraia los corazones y todo el mun- 
do se ponia a Uorar. 

: Jalid ben Sad dice que Ahmed ben Jalid y Moha- 
med ben Misuar, al describir a Abumoavia, lo pinta- 
ban como hombre virtuoso y bueno, si bien Ahmed 
ben Jalid referia de el una cosa chocante. Recordaba 
este Ahmed que habia ido a ver al juez para pedule 
que les ensenara las Tradiciones del Profeta que ha- 
bia aprendido de Asbag ben Alfarech, para lo cual se 
le rogd que abriese clase o curso; y cuando Ahmed 



195 - 



fue a la clase para aprender las Tradi clones, el maes- 
tro le sacd unos Iibros que trataban de los Principios 
.0 bases de la ciencia religiosa, obra de Asbag. El juez 
habia confundido [lastimosamente] las bases de la 
riencia religiosa [estudio critico y filosdfico] con las 
Tradiciones [materia de transmisidn mecanical. 



DEL JUEZ ANADAR BEN SELMA EL QUILABf 

Anadar ben Selma ben Gualid ben abi Bequer Mo- 
hamed ben Ali ben Obaid El Quilabi era originario 
de Cabra. Ejercia el cargo de juez en la region de Si- 
donia, cuando el emir Abdala estuvo en esa regidn; 
esteemirleadmitidentre susamigos, viniendo a ser 
uno de los mas intimos suyos [pag. 158]. Anadar era 
hombre de ingenio vivo y pronto y de mucha capaci- 
dadydespejo. Alsubir al trono Abdala, nombrd a 
Anadar ben Selma para que desempefiase simultanea- 
mente los dos cargos, el de juez de la aljama y el de 
jefe de la oracidn. Este se portd muy bien en el ejer- 
cicio de su cargo: trataba a la gente con correccidn 
exquisifa y predicaba el sermdn con mucha eiocuen- 
cia, EI soberano Abdala le ordend que pronunciara el 
sermon siempre que el monarca fuera a la mezquita: 
le gusto mucho el sermdn y fue muy celebrado por el 
pueblo. En la primera epoca de su mando, el se en- 
cargd constantemente de pronunciar el sermdn y, 
como durd ese periodo cerca de diez aflos, Uegaron a 
aprender de memoria ese sermon, que constituyd, por 
decirlo asi, la pauta que siguieron los jueces que vi- 
nieron despues, porque estos trataban de imitarle ai ser 



_-w== 



- 196 - 

tiombrados, especialmente al principio de su ejercicio. 
Tambien compuso otro sermon para las Pascuas y 
otras fiestas, muy bonito, muy bien arreglado y depu- 
rado, con arreglo a las tradiciones genuinamente mu- 

sulmanas. 

Refiere Ahmed ben Mohamed lo siguiente: 
Anadar ben Selma solia trabajar para el monarca en 
todos los asuntos, dedicandose completamente a ser- 
virle. Me conto persona que merece credito que el mo- 
narca un dia de viernes estaba en el Corredor esperan- 
do que llamaran a la oracion de media tarde, a tiempo 
en que llegC una carta de urgente despacho y que cau- 
sa viva impresidn al monarca, a pesar de que este era 
hombre muy tranquilo. Hubo que ir en busca de Ab- 
dala ben Mohamed el Zachali [secretario del monarca] 
para redactar la contestacion. Por coincidencia el se- 
cretario se hailaba fuera de Cdrdoba; el monarca estu- 
vo a punto de hacerle venir de donde estuviera; pero 
Anadar, que estaba alH presente, le dijo: 
— ,iQue asunto es ese que, por lo visto, inquieta 

tanto al monarca? 

Este le contestd explicandole el caso y, al fin, le en- 
treg6 la carta. Anadar se le ofrecid para contestar; el 
soberano le autorizo" para que lo hiciera y Anadar le 
expuso la fdrmuia que el usaria para la contestacicm; 
le pareci6 bien al monarca y Anadar la escribid y fuS 
expedida inmediatamente. El monarca quedd prenda- 
do [pag. 159] del despejo de entendimiento de Ana- 
dar y agradecidle el servicio como gran favor. 

Anadar conocia muy bien los defectos que cometian 
los notarios al redactar documentos y sabfa perfecta - 
mente los pasajes en que los errores se solian deslizar 
y aun los fraudes que empleaban. Anadar hacia notar 




— 197 - 

estas cosas a los faquies, y estos tenian que confesar 
que el juez tenia razdn y reconocianle su rara discre- 
cidn en estas materias. Anadar ben Selma fue el pri- 
mer juez que nombro consejero para las fetuas o res- 
puestas juridicas del juzgado a Mohamed ben Abdel- 
meiic ben Ayman. 

Ahmed ben Obada EI Roani me dijo losiguiente: 

Anadar ben Selma era de n?uy sanas ideas y hom- 
breentre cuyas cualidades brillaba la longanimidad. 
Un dia estando yo presente en su curia, entrd un hom- 
bre que se plantd delante de £1 y le dijo: 

—Oh juez, tu has sido injusto conmigo; has sido 
pmcial contra mi; pardiez, eso es, eso es... 

El juez se estuvo callado hasta que el hombre cesd 
de hablar, y le dijo entonces: 

—Si no fuera porque esas caiumnias no puedert di- 
rigirse a mi, por actos que yo haya realizado, sino 
que recaen sobie otro, ya te daria yo buena contesta- 
ci6n. 

El juez le did" imas chucherias, como regalo, y aquel 
hombre quedd muy complacido; y le expresd su reco- 
nocimiento, y hasta salid a mantenerle los estribos, al 
tiempo de montar, y todo se volvieron alabanzas en 
favor del juez. Anadar decia luego: 

—Si les das algo, estan contentos; pero si no les das, 
te maldicen. 

Jalid ben Sad dice que habia oido a Mohdmed ben 
Misuar lo siguiente: 

Oi hablar ai juez (y se referia a Anadar ben Selma) 
eh una conversacidn en la que le decian: 

— Mohamed ben Asbat te calumnia y te injuria. Es 
menester— afiadian— que tu le destruyas o aniquiles. 



-■m* 



- 198 — 

—No, por Dios — contestaba Anadar— ; ni si- 
quiera deseo contradecirie; mucho menos destruir 
a ninguna criatura, a quien Dios providente man- 

tenga. 
[Pag. 160] Un anciano me conto lo que sigue: 
En mi tiempo habia en Cordoba un hombre conoci- 
do vulgarmente por Abenrahm6n,sujeto muy bromista 
y charrador (1), el cual en la curia de Anadar se chun- 
gueaba de un litigante que mantenia un pleito en el 
juzgado, usando de bromas que hacian reir a todos los 
circunstantes. Anadar, en vez de incomodarse, aunse 

sonreia. El caso fue este: 

El litigante de quien se bromeaba Abenrahmdndijo 

al juez Anadar: 

— Este mi contrincante cuando se sale fuera de 
aquf, de la presencia de usted, no cesa de insultarme 
y de hablar [indecorosamente] de mi madre, 

Y volviendose a su contrincante afladia: 

— Yo no quiero darte nada, ni tomar nada de ti 
[frase con que querria expresar que deseaba no tener 
relacidn ninguna con su contrincante]. 

— <iVe usted? — decia al juez Abenrahmdn — . Senor 

juez, ese no acepta lo que yo quisiera hacer y tal y 
cual... su madre con el pregonero; no quiere, no, que 
yo le pague las cuarenta pesetas (2). 



( i ) Dozy, Die, artlculo j!ai, propone que en vez de *^#ia!i que 
eeta. en el manuscrito, se lea "-£fc^f. Es discreta la correcci6n; pero 
conforme esta en el manuscrito tiene significado bastante aceptable. 

(2) No es facil de precisar en que consistla el chiste: la gtafla 
vulgar de la palabra ^1^1 hace sospechar que ee trataba de bro 
ma indecente de sodomismo; pero las reticencias y alusiones deB- 
hontosas a ta madre de aquel infeliz, sugieren la sospecha de algu- 
na indecencia de b.tra categoria. 



;y- V 



-^* 



199 



Y se puso a reir y se rieron todos los presentes. Ana- 
dar toleraba esas cosas. 

L 

4 

Era Anadar ben Selma experto en la disciplina lite- 
raria; segun me han dicho, quiza, quiza, dirigiera ver- 
sos al monarca y a los empleados de categoria supe- 
rior dela secretaria real. He oido a un narrador de 

noticias contar lo que sigue: 

Un visir de la iamilia de los Benixohaid murid de* 
jando un hijo. Un sujeto que se las echaba de poeta 
compuso una elegia en verso a la muerte del ministro 
y trajo la composicidn a Anadar y se la recitd. Ana- 
dar, al oirla, vid que eran versos insignificantes y aun 
disparatados; pero le dijo al poeta: 

-El hijo del difunto es hombre de mento e mteti- 
gente, Presentale esos versos y quiza, quiza, com- 
prenda 61 que tus has querido hacer una elegia por la 

muerte de.su padre. 

El poeta le did las gracias por el consejo. 

Fue Anadar juez hasta que el soberano le encargd 
[pag. 161] la inspeccidn de los bienes plos que, como 
tales, estaban adscritos a la mezquita aljama de C6r- 
doba. Anadar aceptd este nombramiento; pero quiso, 
antes de encargarse de la administraci6n.de estos 
bienes, reunir a los ulemas y pedirles su parecer. 
Estos manifestaron divergencia de opiniones. Ana- 
dar se resistib a encargarse de esa administracidn y a 
trasladarse a la casa del tesoro, sin la unammidad 
de pareceres de los ulemas. Este hecho did raoti- 
vo a que corriesen dimes y diretes, que llegaron a 
oidos del soberano; se trastornd el senfidoide las 
frases que el juez habia pronunciado; se tomaron 
■en mal sentido y el monarca, por fin, lo destituyd. 



■ ^=-^_-H. 



- 200 - 



DEL JUEZ MUZA BEN MOHAMED BEN ZIAD EL CHODAMf 

Al destituir el soberano a Anadar, nombro como su- 
cesor suyo en el cargo de juez a Muza ben Mohamed 
ben Ziad ben Yecid ben Ziad ben Catir ben Yecid ben 
Habib el Chodami, el cual pertenecia a los drabes si- 
rios de la divisidn de Paiestina y era originario, ciflen- 
donosa su estancia en Andalucia [sin remontarnos a 
su antigua patria oriental], de la region de Sidonia. Al 
principio de su carrera, el monarca le nombro" jefe de 
la policia de Cdrdoba y del juzgado de apelacidn; lue- 
go lo trasladd a la guardia superior; despues al juzga- 
do de Cdrdoba. Un solo viernes dirigid los oficios re- 
ligiosos; para el siguiente, pidio que le relevasen de 
ese cargo. 

Jdlid ben Sad dice: He oido a Mohamed ben Omar 
ben Lobaba hablar de Muza ben Mohamed y me pa- 
rece que no apreciaba bien las buenas cualidades de 
este juez: le alababa bastante; pero le pinraba como 
hombre excesivamente tolerante. Referia [pag. 162] 
que en una ocasidn en que el se hallaba presente en la 
curia, el juez despues de haber mandado comparecer 
a un hombre y presentarse £ste, lo encomendd a los 
sayones con la orden de que le acompafiaran y no se 
separasen de su lado hasta que presentara un docu- 
mento que tenia en su casa. Los sayones se encarga- 
ronde aquel hombre y fueron con 61; poco despues 
volvieron con aquel hombre, el cual traia el documen- 
to [que le habia ordenado traerel juez; pero] al llegar 
a la curia, arrojd el documento con violencia y did un 
golpe en el pecho del juez Muza ben Mohamed. Como 




— 201 - 

el documento era grande [y pesado] el golpetazo le 
produjo baslante dolor. 

Afiade Abenlobaba: Yo no dude de que el juez le 
castigaria por aquello; pero el juez no hizo mas que 
leer el documento y devolverselo diciendole: 

— Toma tu documento, tio grosero. 

Y no dijo mas. 

Esta anecdota, que los faquies se complacian en 
contar, la refieren todos aplicandola a Muza. 

Cuando Muza ben Mohamed ascendid al cargo de 
juez incautose del dinero que, por concepto de lega- 
dos pios, estaba a disposicidn libre suya, es decir, 
aquel dinero sobre cuya administracidn se hablan di- 
vidido los pareceres de los uleinas en tiempos ante- 
riores, cuando quiso adjudicarsela Anadar benSelma. 

He oido referir a algunos ulemas que Muza ben 
Ziad era hombrede buena conducta, instruido y urba- 
no, y con todo el aspecto de hombre serib y grave; 
pero realmente era un ignorantdn: ni siquiera sabfa 
hablar. Dicese que en cierta ocasidn contaba Moha- 
med ben Galib ben Asafar que el juez habia dicho que 
habta ayunado todo el mes de Ramaddn incluso el dta 
(^Elarafa; luego, eldlade... es decir, cometid [en 
una sola palabra] dos errores garrafales. Imaginaba 
qne en el mes de Ramadan habia un dia de Arafa, 
como le hay en el mes de Dulhicha; y adem^s metid 
indebidamente el articulo el al nombrar el dia de Ara- 
fa. He oido tambien referir que al nombre de. vez le 
ponla allfy al plural le ponia he [faltas gramaticales 
que suponen escasisima instruccidn]. 

.[Pag. 163] Muza ben Ziad sirvid al monarca en 
muchos cargps: unas veces en la secretaria real, olras 
.como ministro, etc. En una ocasidn le permitid que 



- 1 c-i!?:-.^ 



■flffl 



- 202 — 

fuera a la Meca a hacer la peregrination; realizd el 
viaje y vo!vi6. Al morir el soberano, Muza ben Ziad 
estaba cesante, sin tener cargo ninguno, compietamen- 
te oscurecido. A esa situation Uegd porque se habia 
atrevido a meterse en lo que no era de su incumben- 
cia:habld,sin que nadie le pidiera consejo, de los asun- 
tos mds graves y de los negocios mas escabrosos y de- 
licados, de los que pende la suerte del califato; natu- 
ralmente, tuvo que sufrir las consecuencias que esto 
trae. Dios le castigo haciendo que sufriese los malos 
resultados que esa imprudencia suele acarrear: en rea- 
lidad le sucedio lo que el se merecia. 



DEL JUEZ MOHAMED BEN SELMA 

.- 

F 

Al destituir el soberano a Muza ben Ziad del cargo 
de juez, nombrd para sucederle a Moh&med ben Sel^ 
ma El Quilabi. Era este hermano de Anadar ben Sel- 
ma y hombre de sanisimas ideas, muy religioso y de 
muy buena salud corporal, a pesar de su ascetismo y 
austeridad. El haber ascendido al cargo de juez, no 
introdujo cambio alguno en su manera de vestir, ni 
le sirvio el cargo para ganar dinero, pues ni siquiera 
gand lo suficiente para comprarse una casa: vivid en 
habitacidn alquilada dentro del recinto amurallado de 
la ciudad, cerca de la mezquila aljama. Realmente no 
era tan vivo de entendimiento ni tan despierto o ex- 
pedito en los negocios [pag. 164] como lo fue su hef^ 
mano; sin embargo, aunque era muy trariquilo, mos 
trd mucha severidad para exigir el cumplimiento de 
las buenas tradiciones religiosas; huia del trato de la 



i 



— 203 - 

gente, viviendo por lo comun en el campo, costumbre 
que contribuytf tal vez a que corriera entre el pueblo 
la fama de que era hombre excesivamente duro o 
aun quiza de ser injusto por partial, derivada de su 
manera de expresarse, mas que de sus actos. 

Jalid ben Sad dice: He oido a Mohamed ben Omar 
ben Lobaba hablar de este juez y lo alababa y lo des- 
cribia como hombre honrado y virtuoso. 

Dice Jalid ben Sad que Mohdmed ben Haxim, el 
asceta, le contd lo siguiente: 

—Una santa mujer, de esas que viven apartadas de 
los hombres y retiradas en su domicilio haciendo vida 
austera, me conto que rue ella personalmente a casa 
del juez cierto dia, un poco antes de mediodia, y Uam6 
a la puerta. EI juez salio a abrirle: ella no le conocia. 
El juez traia las manos impregnadas de masa, como 
que estaba amasando el pan. Ella le dijo: 

— Deseo hablar con el juez, porque me veo en la 
tiecesidad de acudir a el. 

— Vete a la mezquita aljama — le contest^— y encon- 
traras alii al juez dentro de un momento. 

Decia aquella mujer: Yo me fui a la aljama, rece e 
inmediatamente senteme a esperar al juez; a poco, 
aparecid alii en la mezquita aquel hombre que habia 
salido a abrirme [cuando llame en casa del juez] y 
que llevaba en las manos las huellas dela masa. Hizo 
aquel hombre sus rezos; pregunte yo quien era y me 
dijeron que era el juez. Cuando acabd de rezar, pre- 
senteme a el, le hable del asunto que me urgia y me 
r'esolvio el caso inmediatamente. . : 

Jalid beri Sad dice que Abdala ben Casim le refirid 
que su padre le habia contado lo siguiente: 

Me encoritre en cierta ocasidn con el juez Mohamed 



— 204 — 

ben Selma y me pidid que le comprara un alquicel, 
de la clase que en Cdrdoba llamaban borrocdn. 

Yafiade Abdala: Mi padre me mandd que bajara a 
la calle de los pafieros, a buscarel alquicel [pag. 165]. 
Baje y le compre un alquicel por veinticuatro dinares 
y medio; y se lo lleve a mi padre, el cual se lo trajo 
personalmente al juez. A este le agradd y dijo: 

— ({Cuanto te ha costado? 

—A ti te cuesta— contestdle— diez dinares. 

El juez, creyendo que ese era el precio que habia 
costado le entregd los diez dinares. Pero unos mo- 
mentos despues vino a vera mi padre Abuyahia, el 
inspector de los legados pios, y le dijo: 

—El juez te saluda y te ruega que tomes el alquicel 
y que le devuelvas los diez dinares, porque necesita 

ahora ese dinero para otros gastos, y no necesita el al- 
quicel. 

— Yo le dare el dinero que ahora necesita — respon- 
did mi padre no queriendo tomar el alquicel— y que 
lo utilice hasta que le sea faci! devolvermelo. 

Pero el inspector de legados pios se negd a aceptar, 
porque el juez habia dicho: 
. — Yo no puedo aceptar eso. 

Y al preguntarle mi padre que es lo que le habia 
obligado a devolver el alquicel, el juez, que ya habia 
sabidp cual era su verdadero precio, no quiso aceptar 
y dijo: 

— Yo creia que el precio del alquicel era el de diez 
dinares, que es la canlidad que yo di; pero cuando 
he sabido que el alquicel vale mas, ya no lo quiero. 
Me sabe mal, muy mal, que otros carguen con el gas- 
to [que sdio a mi correspondej . 

Abdala dice: Entre mi padre y Mohamed ben Sel- 



^js-v- - 



— 205 — 

ma mediaba amistad y hasta intimidad: las mujeres 
de ambos se visitaban unas a otras. Cierto dia la hija 
de Mohdmed ben Selma, que entonces era juez, vino 
a mi casa de visita, y mi padre ordend a las mujeres 
que pusieran a la hija del juez un veto iraqui [es decir, 
del Irac]; las mujeres se lo pusieron; pero al volver a 
su casa, notd el juez que su hija Uevaba aquel velo; 
eso no le gusto, y le dijo: 

— tDe ddnde has sacado tu esa prenda? 

Ella contdle lo que habia ocurrido, tal como ha- 
bla pasado, y el padre le dijo: 

—Hija mia [pag. 166], a ti no te corresponde usar 
de ese velo; porque el que lleva ese velo, es preciso 
que lleve un traje a propdsito para el, y has'a una 
mantilla que cuadre con el velo. 

Inmediatamente le mandd que devolviese el velo y 
que no loaceptara. 

Mohamed ben Omar ben Lobaba referia to si- 
guiente: 

Fui a visitar al juez Mohamed ben Selma y advert! 
que en su escribania o tintero no habia mds que unos 
cdiamos rotos. Tome" unos buenos calamos que yo te- 
nia, los afile" y se Ios lleve a su casa; pero 61 no quiso 
aceptarlos, diciendo: 

— Si yo aceptara regalos, aceptaria el tuyo. 

Y los rechazo. 

Soleiman ben Mohamed ben abi Rebia me cont6 lo 

siguiente: 

— Tenia yo un pleito en la curia del juez Mohamed 
ben Selma. Hube de soportar intrigas o calumnias que 
se tramaron contra mi ante el juez; hasta el juez mis- 
mo se encolerizd en contra mia, al extremo que, cuan- 
do yo ibaa la curia, se lanzaba contra mi hablando 



^-■T?-7 



- 206 — 

mal delante de toda la gente. Fui a quejarme de esta 
conducta del juez ante Mohamed ben Omar ben Loba- 
ba y a rogarle que me amparara con su recomenda- 
cidn. Abenlobaba era en aquel tiempo el hombre cuya 
influencia pesaba m£s en el animo del juez y a quien 
este m&s consideraba, respetaba y queria. Pero Aben- 
lobaba medijo: 

— Yo creo que ni mi recomendacidn, ni la de nadie, 
pueda servirte de nada absolutamente; pero yo me 
atrevo a indicarte un medio ingenioso que conlio ha 
de serte util para conseguir la justicia que pides. Veas 
de procurarte una conferencia con el juez en sitio re- 
tirado. Aunque te grite, no te amedrentes por sus gri- 
tos, por mucho que grite; tu contestale respetuosa- 
mente empezando con estas palabras: joh sefior juez 
de los musulmanes, a quien Dios ha conferido el 
cargo!... 

Efectivamente hice lo que Abenlobaba me habia 
aconsejado, le di ese tratamiento y desde entonces 
miido" por completo de actitud y ceso en todo lo que 
a mi me molestaba. 

Jalid ben Sad dice que oyd referir a Mohamed ben 
Omar ben [pag. 167] Lobaba lo siguiente: 

Nos presentamos yo y Elhabib ben Ziad ante Moha- 
med ben Selma, para abonar con nuestro testimonio el 
valor del testigo Abenxarahil, conocido vulgarmente 
por El Ocheiza [la viejecita], y, en efecto, declaramos 
en su favor delante del juez. Luego marchdse Elhabib 
y me qued6 solo con el juez. Este me dijo: 

— Oh Abuabdala^que" piensas que debe hacer el juez 
ante el cual abonan el valor de un testigo de quien 
el juez sabe personalmente que su testimonio no debe 
ser aceptado? (tQue" criterio debe seguir ese juezP^Debe 



7' . 



- 207 - 

regirse por su juicio propio, es decir, por lo que sabe 
personalmente, o por el testimonio de los que abonan? 
—Si el juez — le dije yo — sabe por ciencia propia 
que el testigo merece ser recusado o que no tiene va- 
lor moral su declaracidn, debe atenerse al juicio que 
61 mismo haya jormado y no a lo que otros le digan. 
" — Pues bien — contestd el juez— ese testigo que 
vosotros habeis abonado me consta que no es de con- 

* 

fianza. 
—El juez debe regirse— le conteste -por el cnteno 

propio, por lo que el sabe; nosotros, si le nemos abo- 
nado es por lo que nosotros nemos oldo decir de el. 
El que conoce las interioridades merece mas credito 
que el que solo conoce las apariencias. 

Dice Jalid ben Sad: Esta anecdota se la recorde yo 
a Mohamed ben Abdelmelic ben Aym^n, y este me 

dijo: 
—Pues sepas que Mohamed ben Selma realmente 

no podia saber de Abenxarahil ninguna cosa deshon- 

rosa, por la que pudiera ser recusado; lo que ocurno 

fue que un vecino y amigo del juez, obedeciendo a 

estimulos poco nobles, sdlo porque no se avenla bien 

con el testigo, le calumnio o difamo, y el juez creyd 

esa infamia. 
Ahmed ben Obada me cont6 lo siguiente: 
Iba yo un dia andando con Mohamed ben Selma, 
en tiempo en que ejercia el cargo de juez, y nos tro- 
pezamos con un hombre que Uevaba encima de la. ca- 
beza un saco, el cual contenia algo que no podia verse; 
pero en la mano Uevaba un tamboril. El juez mandd 
que hiciesen pedazos el tamboril y, comosuponia con 
bastante fundamento y tenia por cierto que el saco es- 
taba Ueno de tamboriles, dijo: 







- 208 — 

—Que eche a tierra el saco y que se registre lo que 
lleva dentro. 

[Pag. 168] —A ti no te incumbe— dije yo al juezal 
oiresa orden— hacer inquisiciones sobre los cbjetos 
ocultos que la gente ileva, ni descubrir las cosas es- 
condidas: a ti solo te toca corregir lo que pubtica y 
externamente sea reprobable. 

El juez se abstuvo de ordenar que registrasen io que 
habia en el saco. Luego continuamos nuestro paseo y 
nos encontramos con Mohamed ben Omar ben Loba- 
la, al cual consults" el juez el caso, contandole lo que 
habia sucedido. Abenlobaba contestole cosa identica 
a la que yo le habia dicho. El juez mostrose muy 
complacido de mi y me dijo: 

—Oh Roaini, tu amistad rae ha sido muy titil en el 
dia de hoy. 

Dice Admed ben Obada que un hombre que estuvo 
al servicio de Mohamed ben Selma y le solia acompa- 
fiar cuando iba por la calle, le refirid lo siguiente: 

Un dia andando por la calle, el juez vid" a un borra- 
cho y me dijo: 

— Pr6ndelo para aplicarle la pena con que la ley 
castiga la borrachera. 

— iSenor juez!— exclamd el borracho al oir esa or- 
den—. Ven tu mismo y prendeme. Rediez, si me to- 
cas, te voy a arrear un sopapo que te sentara" muy 
bien. 

El juez, al ver el cariz que la cosa presentaba, 
se desvi6 del camino o direccidn que el borracho 
llevaba, y^ndose por otra parte. El juez me dijo 
luego: 

— .{Has oido lo que decia el borracho? Pardiez, yo 






- 209 - 

creo que es capaz de hacerlo. Gracias a Dios que nos 
hemos librado. 

Moh4med ben Selma, a los principios de su judica- 
ture andaba de raalas relaciones con Mohamed ben 
Galib. Este una vez solicitd volver a su gracia y acom- 
pafiarle; pero Moh^med ben Selma no quiso aceptar 
su compafiia y le ordeno que se alejara de su lado, 
porque no queria sufrir a un sujeto a quien considera- 
ba enojoso. Mohamed ben Galib se separo de el; pero 
poco despues de haberse separado encontrb a un eu- 
nuco o paje de los de la secretaria real, que iba en 
busca del juez, llevando en la mano una carta del mo- 
narca. Abenasafar, al ver la carta, penstf que el juez 
no [pig. 169] se atreveria el solo personalmente a con- 
testarla, y cambid de direccidn, yendose tras del eunu- 
co hasta entrar en la mezquita donde se hallaba el juez. 
Alii se encontro con que el juez tenia la carta en la 
mano, mientras el eunuco le apremiaba exigiendo la 
respuesta. El juez estaba sin saber que hacer, hasta 
que pudo advertir que alii se hallaba Abenasafar, y le 
dijo: 

— iC6mo es que has vuelto? 

—Dios te bendiga— contesto" Abenasafar—; he en- 
jontrado a este (seflalando al eunuco) y he sospecha- 
do que vendria a buscarte; y le he seguido, por si pue- 
do servirte yo para dar la conteslacidn y ahorrarte a 
ti el trabajo. 

El juez le autorizo a que contestara, y Abenasafar 
contests por el. Lo hizo perfectamente, por lo cual el 
juez se mostro agradecido y le admitio" de nuevo a su 
gracia.Desdeaquel entonces.MohamedbenGalibpudo 

considerarse seguro y firme [en su cargo de secreta- 

14 



-m.^^>% 



- 2l0 - 

no]. Mientras Abertsefma fue juez, Abenasafar, su se- 
cretario, era el que realmente dirigia la curia, hasta 
que aquel murio en el afio 91, sucediendole Elhabib. 

Del soberano Abdala puede decirse que fue un jefe 
religioso que dirigid al pueblo por la via recta, de los 
califas que verdaderamente sobresalieron por su pie- 
dad y -de los mas distinguidos en la austeridad y de- 
votion. En su tiempo vivia un asceta, dedicado exclu- 
sivamente a la vida reiigiosa, virtuoso, conocido con 
el nombre de Asayad. Un dia el soberano preguntd a 
Anadar ben Setma: 

— iDesde cuando no has hablado tu con Asayad? 

--No tengo relaciones con Asayad— contesto el 

juez. 

— fY un hombre como tu— dijo el monarca— no se 

trata con Asayad? 

Esta frase del monarca le hizo bastante impresidn. 
Pasado algun tiempo volvio a preguntarle el monarca: 

— iHace mucho que no has hablado con Asayad? 

—En este momenta— contesto el juez— le acabo 
de ver en la mezquita aljama; me he dirigido a el, le 
he saludado y le he preguntado como estaba. 

— iY un hombre como tu— replied el soberano al 
oir eso— intima relaciones con un sujeto como Asayad? 

[Pag. 170] Entonces conocid el juez la opinion ver- 
dadera, el sentir del monarca. Este admiraba la reti- 
giosidad, las virtudes y la santidad y pureza de inten- 
tion que tenia Anadar. 

Mohamed ben Selma fue" juez de Cordoba el tiem- 
po que Dios quiso; luego, el soberano lo destituy6. La 
causa fue que Anadar ben Selma [hermano del juez ejer- 
ciente] quiso volver a desempenar esc cargo; lo de- 



- 211 - 

seaba vivamente, aun a costa de que fuese destituido 
su hermano Mohamed. Para lograr su objeto, hizo 
creer a su hermano que se habia presentado ocasidn 
oportuna para que escribiese al soberano, rogandole 
queaceptarasuretiuncia.Su hermano Mohamed acep- 
td el consejo y escribid al monarca, pidiendo que 
aceptase su renuncia, y este le contestd afirmativamen- 
te a lo que solicitaba, eximiendole.de esa carga, con- 
forme a los deseos que habia mostrado. 



DEL JUEZ ANADAR HEN SELMA POR SEGliNDA VEZ 

Cuando el soberano Abdala aceptd la renuncia que 
su juez Mohamed ben Selma habia presentado, decre- 
tando su destitution, volvio a nombrar para el cargo 
de juez a Anadar ben Selma, y confirmd en el cargo 
de jefe de la oration y predicacidn de la aljama a 
Mohamed ben Selma. De este modo quedaron los dos 
hermanos ejerciendo cada uno de ellos su oficio: Ana- 
dar, el.de juez; Mohamed ben Selma, el de jefe de la 
oracidn. 

He oido decir [pag. 171] a varios ulemas que Ana- 
dar, en su primer periodo de mando, se portd de ma- 
nera mas laudable que en el segundo: no llegd ni de 
mucho a la altura a que habia llegado en el primero. 

En esta situation permanecio algun tiempo, hasta 
que el monarca pensd nombrarle minisiro.de la coro- 
na; y efectivamente, le destituyd del cargo de juez y le 
nombrd ministio. Enronces, su hermano Mohamed 
reunid los dos cargos que an*es desernpenaba, a sa- 
ber: el de juez de la aljama y el de jefe de la .oration. 




- -m 



DEL JUEZ MOHAMED BEN SELMA POR SEGUNDA VEZ 

Ahmed ben Obada el Roaini me contd lo siguiente: 
Cuando Mohamed ben Selma fue de nuevo nombra- 
do juez, hubo de cargar sobre sus espaldas con un 
asunto repugnante,. que tuvo que aceptar por virtud de 
su cargo; [de el no se puede dudan] era varon santo, 
virtuoso, de sanas ideas religiosas, Ya enumeranios 
anteriormente sus buenas prendas y recordado .sus 
virtudes, al narrar la historia de su primera epoca de 
mando: no es necesario ni oportuno repetir lo mismo 
aqui. 

Farech ben Selma el de Poley y J&lid ben Sad con- 
taban haber oido referir a Mohamed ben Omar ben 
Lobaba lo siguiente: 

El juez Mohamed ben Selma me envio a llamar 
y me pidid que redactara yo su testamento [pag. 172] ; 
se lo redacte, conforme a sus indicaciones y deseos, 
declarando que el queria disponer del tercio de sus 
bienes. Despues comenzd a distribufr el tercio, segun 
lo que me iba especificando, y distribuyd como perte- 
neciente a ese tercio unos diez dinares poco m£s o 
menos. Al llegar a esa cantidad, se paro y no dispuso 
ya de mas. Yo le dije: 

— ^No hay mas que eso? 

—Esa cantidad— co ntesto—es lo que yo considero 

como el tercio de mi fortuna. 

Yo me puse a dar vueltas con la vista a todos los 
objetos que habia en su casa; el comprendio lo que 
yo queria decir con esa mi actitud y dijo: 

— Por Dios, en esta casa no hay nada que sea rnio 




— 213 - 

(se referia el a la nuda propiedad de la casa y no al 
usufructo); esta casa pertenece a mi hija Afia. 

Y afladia Mohamed ben Omar ben Lobaba: A su 
muerte asisti a los calculos que se hicieron para re- 
partir su hacienda y, realmente, no pasaba esta de 
treinta o de treinta y cinco dinares. 

Murio Mohamed ben Selma durante el reinado de 
Abdala, ejerciendo el cargo de juez, sin que se le hu- 

biese destituido. 

Un ulema me refirio lo siguiente: 

Cuando Mohamed ben Selma entrd en el periodo 
mas agudo de su enfermedad, en que ya no podia ir 
a predicar en los oficios del viernes, pididle su hijo 
que escribiera al soberano y le rogara que le nombra- 
se a el como sustituto, para desempeAar el oficio de 
dirigir el rezo; pero el contestd: 

—No lo hago, por Dios; yo no quiero elegir para 
el rezo de los musulmanes, ni indicar candidato para 
que el soberano lo nombre, si no es a persona que 
realmente merezca ese cargo y sea digno de el. 

Y escribio al monarca recomendandole que nom- 
brara a Mohamed ben Omar ben Lobaba. El monar- 
ca acepto esa indication y ordend que Abenlobaba di- 
rigiese el rezo en la mezquita aljama. 

Un narrador de noticias historicas me ha contado lo 

siguiente: 

Al morir Mohamed ben Selma, el soberano Abdala 
hubo de pensar en candidato que le reemplazase, y se 
decidid por Abulgamer ben Fahd; al efecto lo man- 
do llamar [pag. 173];' pero este hailabase entonces 
ausente de Cdrdoba, en un cortijo que poseia en 
Cabra. Despues de haber dado esta orden (tomada sin 
duda en consejo) los ministros se fueron cada cual por 



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- 214 — 

su lado. Chidmir EI Achami [el Iatinado] se entero y, 
al salir del alcazar, fue a casa de Ahmed ben Mohamed 
(Elhabib), informole de lo que ocurria y le dijo: 

— Es cosa rara lo que los ministros hacen: un hom- 
bre como tu, que eres de familia de jueces, no es 
nombrado para el cargo a que tiene derecho. Tu no 
tienes necesidad de titulos que acrediten tu aptitttd, 
ni pruebas; si tienes en palacio quien pueda insinuar 
tu candidatura y recomendarte, no te descuides; que 
lo haga. 

Elhabib marchose inmediatamente, tuvo una confe- 
rencia con Abdala El Zachali en la que trataron de 
eso y, despues, hablo tambien aquella misma noche 
con Mohamed ben Omeya. Luego, por la mafiana, 
Chidmir se presento an'e el soberano Abdala y le dijo: 

— Ayer por la noche pensaba haber vuelto a ver al 
soberano; pero como no me gusta molestarle, me 
marche; pero debo decide que, al salir de palacio, 
me encontre con una multitud de gente pobre de Cor- 
doba que estaban llorando y lamentandose de la reso- 
lucion que ha tornado el soberano de nombrar juez a 
Abenfahd. Esa gente decia: "Si nombra a ese sujeto, 
se comera el dinero destinado a los pobres, por e! 
afan y avidez que ese hombre tiene; seguramente con- 

r 

sumirS los legados pios que nos corresponden a los 
pobres. „ 

— Cierlamente — dijo el monarca al oir eso — Aben- 
fahd es un afanoso. 

Entraron luego en palacio los ministros y el monar- 
ca les comunico que habia cambiado de opinion, es 
decir, que no queria nombrar a Abenfahd. El Zachali 
propuso como candidato a Elhabib, y apoydsu can- 
didatura diciendo que Abenomeya habia encomenda- 




X _ 






- 215 - 



do a Ethabib la tutela de sus propias hijas; y para co- 
rroborar su dicho mandd que trajeran el testamento 
original en que lo consignaba. El monarca examino el 
documento y, tras eso, dispuso que fuera nombrado 
juez Elhabib; y, en efecto, fue nombrado. 



[Pag. 174] DEL JUE7- ELHABIB AHMED BEN MOHAMED 
BEN Z1AU EL LAJMf, LA PRIMERA VEZ 

Al morir el juez Mohamed ben Selma, ordeno el 
monarca a Mohamed ben Omeya, zalmedina enaquel 
entonces, que se incautara .del archivo judicial y lo 
coiocara en sitio donde pudiese estar bien guardado y 
conservado, hasta tanto que nombrase juez a persona a 
proposito, el cual se encargaria, como tai, de la guarda 
del archivo. Asi lo hizo el zalmedina. El pueblo de 
Cordoba quedo sin juez durante largo tierapo: el sobe- 
rano Abdala anduvo consultando, aconsejandose, es- 
tudiando reiteradamente y examinando con deteni- 
miento quien habia de ser designado para suceder a 
Mohamed ben Selma. Un dia reunio a sus ministros 
y decidio consultaries, para que le propusieran candi- 
date Se levanto Mohamed ben Omeya, y dijo: 

— Dios bendiga al soberano. Seguramente nadie 
encomienda la ejecucion de su ultima voluntad, ni 
confia a su propia familia y bienes, sino a aquel de 
entre los hombres que. mas confianza le inspira. Aqui 
esta mi testamento. Vea el monarca a quien nombro 

• testamentario o albacea. 

-Efectivamente — contesto el soberano — es ver- 

; dad lo que dices. 



— 216 — 

Despues examind el documento y encontrd qu^ 
nombraba testamentario a Elhabib Ahmed ben Moham- 
med bed Ziad. EI monarca, en consecuencia, aceptd 
esta candidatura y nombrd juez a Elhabib Ahmed [pa- 
gina 175] ben Ziad ben Abderrahmen ben Zohair El 
Lajmi. Esto fue en el alio 291. 

Algunos sefiores inteligentes y sabios me dijeron 
que el juez Ahmed ben Mohamed ben Ziad, conocido 
vulgarmente por Elhabib, era uno de los hombres mas 
ins'ruidos, de los mas resueltos en favorecer a los ami- 
gos, lleno del mas generoso celo en el ejercicio de su 
cargo; se desvivia por atender a cualquier necesidado 
recomendacidn que se le pidiese, dispensando liberal- 
mente dinero o proteccidn; sabia manejar muy bien 
los asuntos, era perspicaz en los negocios y, sobre 
;todo, mal enemigo para quien quisiera daftarle, pues 
era constante lo mismo para el odio que para el ca- 
riflo. 

Un ulema me referia lo siguiente: Ahmed ben Mo- 
hamed ben Ziad fue siempre, desde su juventud, ami- 
go intimo de los califas: el monarca Mohamed ya le 
honrd pidiendole consejo,junta mente con los alfaquies, 
en algunas resoluciones que hubo de tomar; Elhabib 
presidid tambien rogativas para pedir lluvia en el rei- 
nadode Almondir, como sustituto del juez Abumoa- 
via, sin que realmente el hubiese sido nombrado juez; 
y obtuvo exito, porque llovidycayd abundance lluvia 
[como resultado de sus rogativas]. 

Elhabib era uno de los hombres de mejor posicidn 
que habia en Cordoba: realmente era opulento, muy 
experto en el comercio, pues conocia bien las diver- 
ts jnaneras de trah'ear. Un anciano me dijo: 

La fortuna que hizo Elhabib, en.cuanto se refiere a 



— 217 - 



su caudal en metalico, se la debe unicamente al ju e 
Soleiman ben Asuad, el cual mostrd porElhabib una 
solicited extrema. Elhabib en los principios de su ca 
rrera comercial no tenia caudal ninguno. Soleiman le 
excitd y exhorto y aun recomendd que mirara por si 
mismo, y que viera de adquirir un patrimonio; le hizo 
verla conveniencia de no despreciar el dinero y las 
ventajas que el tener dinero proporciona; le indico que 
la raejor manera de lograr un capital era dedicarse al 
comercio y le alento a emprender los negocios. Pero 
[pag. 176] Elhabib le contestd: 

—Si, esoesta muy bien, pero el comercio no puede 
hacerse mas que con dinero, y yo no lo tengo. 

Soleiman, al oir esa respuesta, calldse; mas pasados 
unos dias le ilamo y le entrego cinco mil dinares di- 
ci£ndole: 

-Manejalos; comercia con ese dinero tu mismo 
personalmente. 

Ese fu6 el origen de su fortuna y e! medio de liegar 
a la opulencia. 

A! ser nombrado juez Elhabib Ahmed ben Moha- 
nied ben Ziad (suceso que tuvo lugar en el aflo 291) 
no quiso aceptar dictamen juridico de ningun jurista a 
quien el consultara sin que el jurisconsulto redactase 
por si mismo, por su propia mano, la respuesta juri- 
dica. El fue el primer juez que obligd a los alfaquies 
de quienes correspondfa pedir consejo en las resoiucio- 
nes judiciales, a redactar [las respuestas o] fetuas, e in- 
trodujo la costumbre de registrar las opiniones que 
elios emitian escritas por sus propias manos, sin en 
comendar la tarea de inscribirlas al secretario ni si- 
quiera al mismo juez. Ademas se impuso el trabajo de 
coleccionar providencias y sentencias, para formar con 







— - 218 — 

ellas tomos o volumenes que pudieran servir de infor- 
mation a los que quisieran estudiarlas, de evidente 
utilidad para quien deseara instruirse; pero entiendase 
que unicamente se hacia con aquellas resoluciones en 
que no pudiera seguirse daflo alguno al ser estudiadas, 
ni se faltara en lo mas minimo al dejarlas consignadas 

en esos tomos. 

En esta su primera epoca de ejercer el cargo, no 
anduvieron en buenas relaciones con el, y aun le es- 
quivaban, los dos maestros Mohamed ben Omar ben 
Lobaba y Ayub ben Soleiman, los cuales realmente 
eran los dos hombres mas prestigiosos dc su tiempo 
y los dos mas distinguidos tedlogos y jurislas; pues 
ademas de ser venerables por sus aiios, muy ilustres 
y famosos por su pericia en la ciencia candnica y en 
la moral, poseian mucha experiencia y larga pragtica, 
como hombres que de antigua fecha se habian dedi- 
cado a estos asuntos y entregado exclusivamente al 
estudio de los principios de la jurisprudencia y a toda 
. clase de cuestiones legales. Cuando Elhabib not6 el 
desvio de ambos y se cercioro de que los dos esquiva- 
ban presentarse en la curia, resolvid utilizar los servi- 
cios de Mohamed [pag. 177] ben Gualid el faqui, y de 
Mohamed ben Abdelmelic ben Ayman, como conse- 
. jeros, prescindiendo durante muy largo espacio de 
tiempo, de los dos maestros antedichos; perp luego, 
Omar ben Yahia ben Lobaba se esforzd en arreglar esa 
disidencia y consiguio, por fin, que el juez estuviese 
muy dispuesto a la reconciliacidn. Mas ocurrio cabal- 
mente entonces otra dificultad, a saber, ,que se rom- 
. pieron las buenas relaciones que habia entre los dos 
ancianos y Mohamed ben. Omar ben Lobaba, especial- 
mente [por concretarlo, mejor] entre este y Ayub ben 







— 219 - 

Soleiman. Omar consiguio avenirlos en casa de As- 
lam ben Abdelaziz; pero ambos pusieron, por condition 
.para esta avenencia, el que Mohamed ben Ayman ce- 
sara en el cargo de consejero del juez Elhabib ben 
Ziad. 

Sucedieron en aquella ocasion acontecimientos que 
seria demasiado largo referir. Ocurrid lo que suele 
ocurrir cuando median dos adversaries; pues no hay 
mas grande contrariedad que la que producen la con- 
currencia (es decir, el concurrir muchas personas para 
pocos cargos) y la rivalidad en los rangos o dignida- 
des, sobre todo si hay dos que se proponen un mismo 
objeto con ambiciones para cuya justificacidn hay que 
apelar a distintps drdenes de razones, por ser distintos 
los meritos que han de apreciarse: uno de ambos po- 
dia alegar muchos meritos por ser hombre venerable y 
. prestigioso; el otro podia alegar muchos meritos por 
su ciencia y gran talento. Lo que en puridad ocurria 
es que cada uno de los rivales negaba al otro lo que 
• enrealidad poseia, y no queria confesar las buenas 
prendas [que al contrario adornaban], rechazando de 
. piano todo lo que el otro pudiera alegar. 
Un anciano me contd lo siguiente: 
Un sujeto ya entrado en afios, se presento ante 
. Elhabib ben Ziad en calidad de testigo y expuso su 
^declaration. El juez le dijo: 

— <iDesde cuando conoces tu este asunto? 
El testigo, al contestar, dejandose Ilevar de la hi- 
perbole y extremando la f rase, dijo: 
— jOh! mucho: desde hace cien afios. 
— iCuantps-anos tienes? — le pregunto" el juez. 
■ . [Pag.. 1.78J — Sesenta— dijo el testigo. 

— £Y cdmo conoces este asunto desde hace- cien 







- 220 - 

aflos? iTe figuras tu que lo conociste c'uarenta afios 

antes de nacer? 
— Esto— contestd el testigo — lo he dicho como 

comparanza; es un decir. 

—En las declaraciones de testigos— replied el juez — 
no deben emplearse figuras retoricas. 

E inmediatamente ordeno que azotaran al testigo. 
Y le arrearon varios azotazos. Despues dijo el juez: 

—Si Ibrahim ben Hosain ben Asim hubiese estado 
un poco prevenido contra semejantes hiperboles, no 
hubiese crucificado a un hombre a quien injuslamente 

condend. 
Ei caso del crucificado a quien Ibrahim ben Hosain 

condend injustamente es el que sigue: 

En tiempo del monarca Mohamei ocurrid un ham- 
bre horrorosa; menudearon en ese ano multitud de 
hechos criminales por espacio de mucho tiempo, de- 
bidos, sin duda alguna, a ser un ano verdaderamente 
malo. Con este motivo se elevaron muchas quejasal 
monarca y tuvo que contestar a muchas consultas [que 
las autoridades le hacian] en procesos cuya sentencia 
era de pena de muerte, amputacidn de manos y cosas 
parecidas. Ejercia en aquel entonces el cargo de zaba- 
zoque de Cdrdoba Ibrahim ben Hosain ben Asim. El 
monarca recomendo a este mucho celo y le aconsejo 
que se mantuviese en su puesto sin guardar muchas 
contemplaciones con los criminales; hasta le aulorizd 
para que ejecutase las penas de amputacidn y crucifi- 
xion, sin necesidad de elevar la causa al soberano, ni 
consultarle, ni pedir autorizacidn para ejecutar las 
penas. Con tales prevenciones, Ibrahim, ejerciendo de 
zabazoque en su curia, al traerle a un criminal a quien 
se acusaba de grave delito, solia decide: 




f_ -_ 



— 221 — 

—Dicta tu testamento. 

Y llamaba a unos ancianos, los cuales eran testigos 
de la ultima voluntad del criminal, e inmediatament.e 
lo crucificaba y degollaba. Para ejecutar esas drdenes 
tenia alii delante una gran turba de verdugos. 

Ocurri6, pues, que unos hombres trajeron a un 
mancebo, vecino de ellos, quejandose y ponderando 
mucho las fechorias que realizaba el mozalbete [pa- 
gina 179]. Ellos no deseaban que se le aplicara gran 
castigo; figurabanse que el zabazoque le daria un buen 
escarmiento y que a lo mas le meterfa en la carcel. El 
zabazoque dijo al mas anciano y respetable de aquel 
grupo que habia traido al muchacho: 

—([Que pena merece este chico a juicio tuyo? 

El anciano contestd hiperbolicamente , en sentido 
figurado y exagerando mucho: 

—Merece que le entregues a esos. 

Y sefiald a los verdugos. Entonces Ibrahim ben Ho- 
sain dijo al anciano y al grupo de hombres que ha- 
bian traido al muchacho: 

— Marchaos. 

Ellos se fueron. Y dirigiendose al muchacho dijo ei 

zabazoque: 

—Dicta tu testamento. 

—Oh, por Dios— dijo entonces el muchacho -no 
hagas tal; la falta que yo he cometido no llega a mere- 
cer la pena de muerte ni la de crucifixion. 

—Los testigos - contestd el zabazoque — han decla- 
rado que la mereces. 

Y lo mat 6 y crucified. Cuando los testigos se ente- 
raron de lo que habia sucedido, presentaronse de nue- 
vo al zabazoque para decirle: 

- —Contra ese muchacho no se ha declarado aqui en 



- 222 — 

la curia que haya cometido falta que exigiera la pena 
de rauerte. 

■ — (J?ues no ha dicho— replied el zabazoque— aquel 
que ha dedarado por vosotros, que el muchacho me- 
recia ser entregado a los verdugos? 

— No, seflor— contestaron ellos— ; aquello lo dijo 
por via de comparanza. 

— Pues ese crimen — contestd el zabazoque — debe 
recaer sobre vosotros, por no haber sabido expresar 
lo que queriais decir. 

* 

Ha llegado a mi noticia que Elhabib sento" a su 
mesa a un mercader de Cordoba que era amigo o pro- 
tegido suyo. El mercader [siguiendo quiza su costum- 
bre de todos los dias] nabia sacado de su casa y me- 
tido en las mangas de su traje un pan, para comerse- 
lo en su tienda como almuerzo a la hora del desayunc*. 

El juez le rogd que se sentara hasta que trajeran la 
mesa. El hombre se acercd a esta y se atrevio a gas- 
tar con el juez una broma de dudoso gusto: sac 6 el 
pan que traia metido en sus mangas y dijo: 

— Por mi parte me he traido un pan y me lo co- 
mere. 

Elhabib, que era hombre generoso y magnanimo, y. 
sobre todo muy despierto, le dijo: 

— iQue es lo que dices? Si lo dices por broma, aun 
es [pag. 180] mayor ignominia o verguenza. . 

Inmediatamente ilamo a su criado, y le dijo: 

— Coge a ese hombre de la mano, quitalo de la 
mesa y echalo fuera de casa: un tipo de esa ralea no 
debe ser considerado como amigo. 

Otm&n ben Moh&med me refirid lo siguiente: Exis- 



— 223 - 

tia entre Elhabib ben Ziad, antes de ser nombrado 
juez, y Chafar ben Yahia ben Mozain un motivo de 
enemistad y malevolencia. Chafar era de los que so- 
lian ir a rezar a la tnacsura [sala especial] de la mez- 
quita aljama. Pues bien, al ser nombrado juez Elha- 
bib, un viernes ordend a uno de los criados (o sacris- 
tanes) de la mezquita que cuandd Chafar ben Yahia 
ben Mozain fuera a entrar por la puerta de la tnacsu- 
ra, se plantara a prevention el sacristan en dicha puer- 
ta, la cerrara en sus propias narices y no le dejara en- 
trar. El sacristan hizo lo que le habian mandado: Cha- 
far se quedd junto a la puerta, en la parte de fuera; 
hizb alii los rezos e inmediatamente se march6 a su 
casa. Se dice que se le declard una ictericia de la que 
murid al tercer dia. Este es un caso que prueba lo que 
antes dijimos nosotros: que Elhabib era hombre que 
gustaba de castigar duramente a los que dejaban de 
ser amigos suyos o se desviaban de el. 

Un ulema referia acerca de Mohamed ben Ibrahim, 
conocido vulgarmente por Abenelchabab, lo siguiente: 

Un sujeto que vivia en la vecindad de Mohamed 
cometid contra este un atentado. Mohamed era enton- 
ces muy joven. Tal accidn le molestd mucho, produ- 
ciendo el encono que suelen producir las rencillas y 
etiquetas que mantienen la enemistad entre los veci- 
nos. Mohamed ben Ibrahim se presentd ante Elhabib 
ben Ziad, en la primera epoca de su mando, quejan- 
dose de aquel hombre. El juez ordend que lo metie- 
ran en la carcel. Pero Mohamed ben Omar ben Lo- 
bada y Abusalih Ayub ben Soleiman, intercedieron 
para que fuera puesto en libertad. Estos decian: 

— ^Metes en la carcel a un hombre sin mas razdn 
que la de haberlo pedido el contrincante suyo? 




- 584 -- 

Elhabib, sin embargo, no lo solto, y contestaba: 
— Ni mi padre ni mi tio se atreverian a pedirme tal 
cosa en favor de quien ha sido denunciado por un 
hombre de ciencia [pag. 181], que es ademas hom : 
bre de bien a carta cabal. No debe ponerse en liber- 
tad, sino a peticidn de aquel por quien se puso preso. 

Si esa anecdota fuese verdadera [tal como se relata], 
aplicada a Elhabib, daria a entender que el era capaz 
de cometer erorres crasisimos y deslices que solo pue- 
den ocurrir a un ignorante; el adjudicarie esa frase en 
que aparece su padre y su tio, da a entender que es 
falsa. Aun cuando imaginaramos que fuera verdad, eso 
no constituiria argumento en favor de una tesis acer- 
ca de la cual ya nadie tiene ninguna duda. Y (jque 
verdad puede haber en esto, tratandose de uno de los 
hombres mas distinguidos por su celo religioso, por su 
sabiduria, por su instruction, por su educacidn exqui- 
sita? Si alguna persona pidiera judicialmente un mise- 
rable ochavo, ese ochavo no se le concederia, por la 
sola virtud de la demanda ante el juez; ^cdmo se le ha 
de conceder cosa de mayor importancia, cual es la de 
meter a una persona en la carcel? Es aun mas evidente 
que la pena no se debe aplicar a nadie sdlo porque 
haya uno que la pida. Es verdad que aquel que se 
esfuerza en cumplir sus deberes y ser hombre justo, 
merece siempre premio; pero [de aqui no se sigue la 
afirmacidn contraria, es decir, que el que cometa] una 
falta [deba ser castigado, porque] cabe que la cometa 
involuntariamente, sin poderlo evitar, por no ser due- 
no de si, y en ese caso hay exencidn o dispensa de 
castigo. [Los hombres tienen necesidad de pruebas, 
pues no son como] Dios [que] ve lo oculto de las con- 




— 225 - 

tiencias y es el que sabe lo secreto de las intenciones. 
y asi como al ulema, por ser ulema, no debe impu- 
table todo lo que haga como falta, tampoco debe 
negarse que pueda faltar. Dice Dios en el Alcordn (1): 
"David y SaIom6n pronunciaron sentencia [en un plei- 
toj en que se trataba de un campo cultivado donde los 
ganados de una familia hablan ido a pacer: Nosotros 
asistimos a aquel juicio. Ditnos a Salomon la inteli- 
gencia para resolver ese asunto. A ambos ditnos poder 
y sabiduria.„ En este texto Dios paladinamente con- 
ficsa, para honra del profeta Salomon, que Sste obro" 
justamente al resolverlo; pero no reprocha a David por 
su falta, puesto que inmediatamente les alaba a los 
dosy les dice: "A ambos dimos poder ysabiduria„. 

Ahmed ben Mohimed ben Ziad no ceso" [p5g. 182] 
en el cargo, de juez, en su primer periodo, desde el 
ailo 291 hasta que murid el soberano Abdala, y aun 
continuo, puesto que al subir al trono Abderrah- 
men III le confirmd en el cargo, siendo juez durante 
un breve espacio de tiempo; luego fue" destituido. 



DEL JUEZ ASLAM BEN ABDELA/JIZ 

Se llamaba Abulchad Aslam ben Abdelazizben HA- 
xim ben Jdlid ben Abdala ben Hosiin ben Chad ben 
Aslam ben Abdn ben Amer,cliente de Otman ben Afdu. 
La relacidn de clientela de sus antepasados se trabd 
con Otman ben Af&n. Era hombre que gozaba de gran 
prestigio y consideration, de casa ilustre, de linaje no- 

(l) Cap, XXI, versiculoa 78 y 79, 

15 



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— 226 - 

r 

ble, famoso por la sinceridad de sus consejos, de reco- 
nocida franqueza y lealtad para con los califas, ademas 
de ser, por otra parte, hombre muy distinguido en la 
cienciareligiosa, muyentendido en tradicionesmusul- 
manas (viajo para realizar sus estudios) y estimado por 
la pureza y sanidad de sus ideas religiosas. Estudio pri- 
fnero con -los maestros de Andalucia y despues se fue 
al extranjero: en Egipto tuvo por maestros a Mohamed 
ben Abdala ben Abdelhaquem y a Ismael ben Yahia 
El Mazani,y en Caiman a Yunus ben Abdelala ya 
Soleiman ben Imran. Fue esto en el aflo 260. 
. [Pag. 183] Jalid ben Sad dice que oyo referir a As- 
lam ben Abdelaziz lo siguiente: 

Entre un dia en el baflo del Astil y, al salir, me en- 
contre con Mohamed ben Abdala ben Abdelhaquem, 
que iba montado en burro. Me saludo, pues me cono- 
cia por haber asistido a su clase, y me dijo: 

— <iDe dtfnde sales? 

—Del baflo— le dije yo. 

~iDe que baflo?— preguntome. 

—Del baflo del Astil— le conteste. 

— iY un hombre como tii sale del bafio del Astil? 

— iQu6 tiene que ver eso?— replique. 

—Hombre, en ese baflo no es Hcito entrar, porque 
el propietario, si lo posee, es porque lo robo. 

— ^Y quien lo robo? 

— Pertenece a los Omeyas— me dijo. 

— Aunque fuera cosa ilicita y prohibidapara alguien, 
habria de ser licita para mi. 

,— iCdmo es eso?— me dijo. 

— Tu dices. que el bafio es de la familia Cmeya, ino 

es eso? Pues yo soy cliente suyo. 
Y se puso a reir Abenabdelhaquem. Y afiade Aslam: 



- 227 — 

Yo, despues de ocurrir lo que he narrado, asistl'a'su 
clase; habia en ella mucha gente, y me dijo: 

— Ven aca, ponte aqui delante. 

Me invito a que me pusiera cerca de el, me distin- 
guio con atencionesy me dijo: 

— Ese camino es el mismo. 

Frase con que queria significar Abenabdelh^quem 
que estaba enlazado con los Omeyas con la relacidn 
de clientela, lo mismo que yo. 

Despues de cumplir Aslam su peregrinacidn a la 
Mecayacabar sus estudios.volvidse a Andalucia y con- 
siguid alta consideration y elevado rango. Abderrah- 
men III estaba perfectamente enterado de sus buenas 
costumbres y modo de pensar, de su excelente y cum- 
plida education y de sus buenas prendas; y, al desti- 
tuir a Ahmed ben Mohatned ben Ziad del cargo de 
juez, nombro a Aslam ben Abdelaziz juez de la aljama 
de Cdrdoba, aflo [pig. 184] 300, dia de miercoles, 
siete dias quelaban del ines-de Chumada poslrero. 
Este juez puede considerarse como uno de los jueces 
modelosque mas se distinguieron en Cdrdoba, por-su 
destreza en inquirir lo verdadero y justo, y eri cumplir 
la ley. Fue hombre en^rgico, riguroso, sin tolerancia 
para el que comete cualquier injusticia, ni indulgen- 
Cia con los disolutos. 

Me conto un ulema, a quien tengo por persona fide- 
dignff, losiguiente: 

Habia en Cdrdoba un hombre [de raza espaflola] 
que hablaba solo el romance [y ni siquiera era musul- 
man], de esos rebeldes sefiores que se habian rondido 
por capitulation en las plazas fuertes que [hasta en- 
tonces] se habian mantenido independientes sin obe- 



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— 228 — 

decer [al monarca de Cordoba]; este sefior tenia una 
mujer noble musulmana, la cual imploro la proteccion 
del jue2 Aslam ben Abdelaziz. Este acogio su deman- 
da y erapezd a instruir diligencias en el asun o. Era en 
aquel entonces canciller del imperio Beder ben Ah- 
med, el cual gozaba de gran predicamento con Abder- 
rahmen III. Apenas iniciado el proceso por el juez 
Aslam, presentosele Yala, de parte del canciller Beder, 

y le dijo: 

—El canciller te saluda y te dice que a estos sefio- 
res que hablan en romance [espafloles no arabizados] , 
los cuales solamente se han rendido o capitulado me- 
diante pacto, no se les debe tratar con desden; tii sa- 
bes perfectamente que es lo que debe hacerse para 
cumplirlo pactado; convendria que no intervihieses 
entre ese espafiol latinado y la esclava que est& en su 

poder. 
— Dile de mi parte— contesto Aslam— que estoy 

obligado, por todos los juramentos, a dejar todos los 
asuntos de la curia, para dedicarme exclusivamente a 
ejecutar, contra ese sefior latinado, todo lo que manda 
la ley religiosa en favor de esa mujer libre musulmana 
que esta en poder de ese hombre. 
Yala se marchd; pero volvio inmediatamente a de- 

cir al juez: 

—El canciller te saluda y dice: yo no me opongo 
a que se cumpla la ley, ni siquiera considero licito el 
hacerte tal recomendacion osolicitud [pag. 185]; solo 
te ruego que cumplas lo que de derecho se debe a 
esos-aliados con quienes el monarca ha pactado. Tu 
sabes muy bien las consideraciones que se les deben 
guardar, y eres hombre razonable que est! muy ente- 
rado de lo que en tales casos se debe hacer. 



— 229 — 

El. juez Aslam ben Abdelaziz era hombre muy des- 
pierfo, que distinguia muy pronto lo verdadero de lo 
falso,sin necesidad de dar muchas vueltas al asunto. 
Cuando el soltaba una frase en la que anduviera en- 
vuelto un chiste, era de admirar que esa frase al propio 
tiempo tenia un sentido natural recto;. pero se podia to- 
mar en sentido de broma o alusion humoristica. Un ule- 
ma que solia contar anecdotas, me refirid la siguiente: 

Una vez entraron Abusalih Ayub ben Soleiman y 
Sad ben Moad en casa del juez Aslam y, al comenzar 
la conversacidn con ambos, les echo una mirada . e 
inmediatamente dijo: 

— Parid lo que hay&is de parir (1). 

Y les dejd asombrados por la agudeza del chiste, 
consistente en un equivoco, pues la frase totnada en 
sentido recto, era muy apropiada al momento: Jexpo- 
ned lo que hayais de exponer], 

Un dia fue, a casa de este juez, Mohdmed ben Gua- 
lid el faqui, el cual le hablo de un asunto que le inte- 
resaba; el juez [en vez de contestarle con el tradicional 
te oigo y accedo, frase a>abe equivalente a me parece 
muy bien, lo hare con mucho gusto] le contesto: 

— Te oigoy me rebelo (2), 

Al oir esta contestacidn Abengualid se apresurd a 
decir: 



(i) No tengo la seguridad de haber acertado con el sentido ver- 
dadero del equivoco. Entre los varios sentidos posibles, elijo el que 
me ha parecido mas apropiado a las circunstancias. 

r 

(2) La gracia del chiste esta en que la palabra arabe que se tra- 
duce por accedoj no se distingue de la que se traduce por me 'rebelo 
mas que en una letra* la cual al ser pronunciada rapidamcnte da lu- 
gar a confusibn. 






- 230 - 
— Lo digo yo y considerolo ya como obtenido. 

En otra ocasion se lc pre.sento un hombrc de los que 
tenian pleito pendiente en la curia. Ese litigante lc dijo: 

— Le he (raido al j'uez un testigo que declarara en 
mi favor; ese testigo es de Scviiia y va a entrar aqui. 

El juez mostro quedarse atonito, maravillado, de 
que viniese un testigo de Sevilla y, cuando el testigo 
sevillano se presents, dijole: 

— c;Tu eres un mohtdseh (hombre que cumplc es- 
trictamentc con sus deberes religiosos) o un moctasebr 
(un afanoso que quiere sacar ganancia) (1). 

El sevillano [que sin duda era muy vivoj se amosco 
y dijo [muy resuclto]: 

— Scilor juez, ustcd no tiene derecho a haccrme ta- 
les preguntas; a mi me toca aqui hablar [para decla- 
rarcomo tes'igo], a usted le toca oir; dcspties, elija 
usted: si quiere aceptar, acepte; si no [pag. 186] quie- 
re aceptar, no acepte lo que yo diga. 

Aslam, al oir estas frases del testigo que venian muy 
a cuento, se quedtf plantado sin saber al pronto que 
decir; luego dijo: 

— Declare usted. 

Y el hombre dijo lo que tenia que declarar; e inme- 
diatamente puso las manos en tierra, se levanto y se 
rnarchb. 

Esta muy divulgada una frase que el juez dijo a un 
seftor de Niebla, 



(i) Son chiates de palabrns; las que en la frase emplea no se 
difcrcncian mas que en una letra, que en pronunciaciftn rapidi 
apenng se distingue. 



— 231 — 

Este senor le visilo, le saludd e inmediatamente des- 

pues de sentarse dijo: 

— Senor juez, ^tne conoce usted? 

—No, sefior— contestd Aslam. 

—Soy cadiLebla (el juez de Niebla). 

— Hombre-contesto Aslam — no niegue usted la 

providcncia de Dios (1). 

Llego a oidos del juez Astam que uno de los faquies 
que habian de declarar ante el, habia recibido en ca- 
lidad de regalo, del cliente en favor del cual habia de 
declarar, una alfombra; y cuando ese faqui cntrd en 
casa del juez, tras quitarse las botas, ai ir a ponerse a 
andar sobre la alfombra [de la habitation del juez), le 

dijo este: 

jOjo! [Ten mucho cuidado con la alfombra! 

La alusidn le produjo tal efecto, que no se atrevi6 
a declarar en aquel asunto para el que venia en cah- 
dad de testigo. 

He oido referir que en cierta ocasion se presents en 
la curia un cristiano pidiendo la muerte para si mismo. 
El juez Aslam le echo una severa reprimenda dicien- 

dole: , . , 

— Desdichado, iqiiien te ha metido en la cabeza el 

que tu mismo pidas tu propia muerte, sin haber dehn- 
quido en nada? 

(,) Para entender el chinte hay que tencr en euenta que al juez 

solian darle por tratamiento fa formula «JJU ^iWI (•! )«« P« la 

gracia de Dios) (v. pag. 195 ** tCJtt ° * rabe >> * la palabra ^f "T 
bre geografico de Niebla, en la prommciaci6n andaluza vulgar U 

bla^w&<* no P or la pelade Dior, te maner. que al Jectr soy 
cadi Lebla, se podia entender. soy juez sin el poder o la gract* de Dtos. 



- 232 — 

. La necedad o ignorancia de los cristianos les Ueva- 
ba a atribuir a esa action, de ofrecerse a la muerte, un 
gran merito, cuando nada semejante se podia citar 
como ejemplo, dignp de ser imitado, en la vida del 
profeta Jesus, hijo de Maria. El cristiano respondio (I): 

— Pero cree el juez que si el me raata, <;sere yo el 
muerto? 

— iQuien ser6, pues, el muerto? — le replied el juez. 

— El muerto ser& una semblanza mia que se ha me- 
tido en un cuerpo; esa semblanza es la que el juez ma- 
tara. En cuanto a mi, yo subire inmediatamente al 
cielo. 

— Mira— dijo entonces Aslam — aquel a quien tu 
te encomiendas en estas cosas, no esta aqui conmigo, 
y aquel que te pudiera informar bien, para desenga- 
fiarte de esa falsedad, tampoco lo tienes delante de ti; 
pero aqui hay un medio para poner en evidencia lo 
que haya de cierto, y nos podremos ceitificar [pagi- 
na 187] tu y yo. 

— <iCual es ese medio?— dijo el cristiano. 

El juez Aslam volvi6se hacia los sayones o verdugos 
que alii estaban y les dijo: 

— Traed el azote. 

Ordend luego que desnudaran al cristiano; lo des- 
nudaron, e inmediatamente mando que le atizaran. 
Cuando el cristiano comenzd a sentir el efecto de los 
azotes, pusose a agitarse y a gritar. El juez Astern le 
dijo: 



(l) EI musulman narrador de este suceso es posible que atribu- 
ya al cristiano respecto de N. S. Jesucristo, ideas que eran corrien- 
tes entre musulmanes, por estar expuestas en varios pasajes del 
Alcor&n, v,,gr<,eura IV, versiculo 156. 



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- - 233 - 

— iEn que espalda van cayendo los azotes? 

—En mi espalda — repuso el cristiano. 

— Pues hombre— dijole Aslam — asimismo ocurri- 
ria, pardiez, si cayera la espada sobre tu cuello. ^Ima- 
ginas que podria ocurrir otra cosa? 

Fue Aslam juez de loable conducta y desempefld su 
cargo con un celo que merecia gratitud, desde el ano 
300 hasta el 309. Durante ese tiempo fue jefe de la 
oracidn Mohamed ben Omar ben Lobaba. Abderrah- 
men III dejd muchas veces, como lugarteniente suyo, 
a Aslam ben Abdelaziz en la Terraza del Alcazar, cuan- 
do aquel soberano salia de expedition guerrera. Des- 
pues, Aslam insistid cerca de Abderrahmen III para 
que este le autorizara para dejar el cargo; al fin le ad- 
mitid la dimisidn. 

Mohamed ben Abdelbar me dijo: 

Estaba yo de tertulia en casa de Aslam cuando vino 
el eunuco de parte de Abderrahmen III con el decreto 
de destitucidn. Aslam bajd los ojos con disgusto, ca- 
lldse meditabundo un momento y luego dijo: 

— Gracias a Dios que me ha autorizado para cesar 
en el cargo; mucho tiempo ha tardado en concederme 
lo que le habia pedido. 

Dice Mohamed ben Abdala (1): Y yo corrobore la 
perspicacia que en esto demostrd y le recorde los mu- 
chos deseos que habia manifestado de verse libre de 
aquella carga. 

Un narrador de noticias me. dijo: 

Sonaba [pag. 188] entonces, como candidato para 
el cargo de juez, un sujeto que era descendiente, 



(i) Asi en el ma.; parece que debe ser Abdelbar. 



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- 234 - 

por parte de madre y padre, de familia completamente 
latinada. Y cuando fue destituido Aslam y nombrado 
Elhabib, se puso a decir aquel: 

— Alabado sea Dios, porque me ha hecho la gracia 
de que yo sea de los que dicen: No hay mas Dios que 
Ala. 

En estas frases aludia al sujeto que sonaba como 
candidate y cuyos padres se sabia que eran latinados 
[de dudosa ortodoxia por tantoj. 



DEL [UEX AHMED BEN MOHAMKD BEN ZlAD, POR SEGUNDA VEZ 

Un narrador de noticias historicas me dijo: La causa 
de que volviese a ser nombrado juez de Cordoba El- 
habib fue el haber tratado Aslam, al ocupar el cargo, 
como hombre despreciable a Elhabib; y no solo a este, 
sino a sus amigos y protegidos; les tratd con gran se- 
veridad: el juez mismo, personalmente, montado en 
una caballeria fue a derrumbar el muro o pared de la 
almunia de Elhabib para tomar un trozo de terreno de 
esa almunia, dos hileras de arboles, con el fin de en- 
sanchar la carretera, segun el juez creia que debia ha- 
cerse por constar inscrito ese derecho en la curia. 
Elhabib, por su parte [al verse maltratado], no cejo" en 
su empefio: comenzd a atraerse el favor de la man- 
ceba de Beder y, cuando obtuvo su amistad o gracia, 
esta misma sehora hizo que cayese tambien en gra- 
cia de su marido, a casa del cual fu6 Elhabib varias 
veces. Un dia dijo Elhabib al canciller: 

— Me has olvidado a mi, oh Abulgosn; aqui en el 
curso de la conversacion se ha mencionado a los ami- 



.-7* 



— 235 — 

gos tuyosy a los enemigos: centre cuales me cuentas? 
^Entre cuales coiocas a Aslam? 

En realidad, Beder se habia olvidado de el, pero 
le dijo: 

— No creas que he descuidado tu asunto. 

Poco despues Abderrahmen III se preparaba para 
salir en una de sus [pag. 189] expediciones guerreras. 
Elhabib salid a despedir a Beder. Este le dijo: 

—El monarca no te conoce personalmenle, porque 
no te ha tratado; convendria que te tratara,.que es 
como verdaderamente se conocen las personas. Para 
eso debes tii escribirle mientras el est£ en esta expe- 
dicidn; [no tengas reparo:] escribe muchasveces; y, 
luego, cuando este de vuelta, sal tu y cuida de que 
saiga mucha gente a recibirnos. 

Asi lo.hizo: escribio e insistid en escribir y se le 
contesto. Luego, cuando volvian de esa expedicidn, 
salid de Cordoba y se fue al encuentro del soberano a 
distancia de una Jornada. El soberano cohsintid en 
que se lo presentaran y se puso en contacto con el, 
yendo en la cabalgata; y hasta le procurd B6der algu- 
na conferencia a solas con el soberano en la misma 
marcha del cortejo o acompanamiento. Y como El- 
habib era hombre que sabia mantener la conversacidn 
con noticias interesantes, se hizo duefio de la conver- 
sacidn con el monarca, manteniendola el solo-.de un 
tirdn hasta que el cortejo llegd a la almunia de N&sar. 
A Abderrahmen III le produjo excelente efecto y habld 
con Beder del asunto de Elhabib; por lo ctial, des- 
pues de aquellas conferencias, le nombrd juez, apro- 
vechando la oportunidad de la renuncia de Aslam que 
habia solicitado retirarse. 

Cuando el monarca admitid la renuncia de Aslam 



— 236 - 

ben Abdelaziz y le destituyo del cargo de juez, nom- 
bro de nuevo a Ahmed ben Mohamed ben Ziad juez 
de la aljama y jefe de la oracion. Al volver a entrar 
en funciones este Juez, fueron molestados los adrni- 
nistradores de hacienda que habia nombrado Aslam 
ben Abdelaziz y se les sometio a examen de cuentas 
respecto de los depositos que se les habia confiado, y 
se les obligo a presentar el dinero que debian tener en 

su poder. 

Ahmed ben Obada me dijo: 

Yo mismo fui en persona y estuve presente cuando 
Elhabib, sentado en la mezquita aljama, examinaba a 
la gente y ponia al descubierto las cantidades que 
cada uno de elios tenia. Permaneci alii sentado un 
rato; luego me levante para marcharme, a tiempo en 
que por orden del juez nadie debia levantarse sin 
permiso de el y aun expreso mandato suyo; el juez se 
fijo en mi y me miro [pag. 190]; uno de los que esla- 
ban p. su lado debio decirle.quien era yo y, dirigiendo- 
,se el juez a mi, cuando estaba yo levantandome, dijo: 

— No creo que ese hombre deba nada al juzgado, es 
decir, no tendra dinero que a este pertenezca. 

—Creo que no — conteste yo. 

Aftade Ahmed ben Obada: 

Pero cuando menos podia yo esperarlo, pasados 
algunos dias, un emisario del juez Elhabib viene a 
mi casa oidenandome que comparezca en la curia. 
Alia me fui; el juez me dijo: 

—He encontrado en el archivo una nota, en la que 
consta que tu te has incautado de un dinero pertene- 
ciente a un huerfano; y no he encontrado documento 
de cancelacidn en que conste que el huerfano lo ha 
recibido de ti. 




- 237 - 

— El huerfano— contests yo al juez— esta vivo, en 
todo su conocimiento; se ha emancipado ya de la tu- 
tela; le he entregado todo lo que habia en mi poder 
que pudiera pertenecerie. Si el viniera a rectamar algo 
de lo que en mi poder estaba, debe ser creido, sin 
necesidad de prueba alguna, ni siquiera juramcnlo. 

— Tengo el convencimiento intimo— dijo el juez — 
de que es asi; pero me sabe mal unicamente que aqut 
en el archivo aparezca una nota de haberte tu incau- 
tado de una cantidad, sin que haya otra nota de can- 
celacibn. 

E inmediatamente me marche. 

Elhabid no ceso de ejercer el cargo de juez en esta 
su segunda epoca, ni el de jefe de la oracidn, hasta 
que murio, aflo 312, sin haber sido destttufdo. 



JJBL JUEZ ASLAM HEN ABDELAZIZ, POR SEGUNDA VEZ 

Al mortr el juez Ahmed ben Mohamed ben Ziad, 
Abderrahmen III volvi<5 a nombrara Aslam [pag. 191] 
ben Abdelaziz para que ocupase el catgo de juez, y a 
Ahmed ben Baqui ben Majlad para jefe de la oracidn. 
Aslam ben Abdelaziz hizo entonces con Elhabib lo 
mismo que este habia hecho con 61: tratar con gran 
severidad a los administradores de bienes nombrados 
por la curia, poni6ndoles en e! caso de rendir cuentas 
escrupulosamente y sometiendotos a gran rigor. 

En esta segunda epoca Aslam fu6, en el ejercicio 
desu cargo, hombre muy debil en sus resoluciones. 
Los anos habian hecho mella en su caracter; vino 



I ■■- 



— 238 — 

gran decadencia; sin embargo, aun conservaba lucidez 
de entendimiento; mantuvola lo bastante para poder 
enseflar la ciencia religiosa y exponer loslibros de va- 
rias materias, de hadices y jurisprudential puede de- 
cirse que el buen juicio nunca le abandono, ni la de- 
crepitud afectd a su entendimiento, si no es en la mis- 
ma inedida que es ordinaria a los que llegan a avan- 
zada edad y vejez. Mantuvose asi hasta que se volvid 
ciego, se debilito su cuerpo o su vigor fisico y se hizo 
incapaz para ejercer el cargo. Entonces le destituyd 
Abderrahmen III del cargo de juez, alio 314. Algunos 
aflos despues, murid Aslam, en 317. 



DEL JUEZ AHMED BEN BAQUf BEN MAJLAD 

Al destituir Abderrahmen III a Aslam ben Abdelaziz 
del cargo de juez, nombrd a Ahmed ben BaquI [pagi- 
na 192] ben Majlad juez de la aljama y le confirmd 
ademas en el puesto de jefe de la oration, cargo que 
ya ejercia. Fue esto en 314. Era Abenbaqui hombre 
muy sensato, de irreprochable conducta, de muy loa- 
bles intenciones, serio y reposado: cualidades que ya 
no eran comunesensu tiempo, porque sus contem- 
poraneos las habian abandonado. 

Yo he tratado a Ahmed ben Baqui durante algun 
tiempo y puedo afirmar que era inteligente, de enten- 
dimiento sdlido, perspicaz; instruido, de car^cter abier- 
to y generoso., de maneras elegantes; sabia realizar 
con destreza cuanto se proponia., bien sea hablando, 
bien hacien.do; poseia fluidez y copia en el hablar, 
claridad en sus discursos, elocuencia en sus piaticaso 




* ■. 



— 239 — 

sermones y cuando escribia solia hacerlo larga y ex- 
tensamente; en su trato era afabilisimo y su conversa- 
tion iba esmaltada de multitud de an6cdotas. 

Al principe heredero Alhaquem II, una vez que 
sati6 a conversation el nombre de Ahmed ben Baqui, 
oi decir de este que era hombre muy sincero y modes- 
to. Y afladla: A mi me dijo el canciller Muza ben Mo- 
hamed ben Hodair lo siguiente: 

— He preguntado a Ahmed ben Baqui por su linaje 
y clientela, y me ha dicho: "Nuestra familia obtuvo 
relacidn de clientela con una mujer del pueblo de 

Ja6n.„ 

El principe heredero, despues de hacer esta rela- 
tion, pusose a admirar la sinceridad de aquel hombre 
y su espiritu de justicia, y afiadid: 

—Si el quisiera, podria presumir de descender de 
la mas noble progenie, porque, despuSs de todo, na- 
die se atreveria a desmentirle. 

Es publica y ha corrido entie el pueblo la siguiente 
frase atribuida al canciller Muza ben Mohamed: 

— Dios nos ha librado de [un rival tan temible como] 
Ahmed ben [pag. 193] Baqui, haciendo que su voca- 
ci6n le inclinara hacia los asuntos de la otra vida y 
marchara por ese camino. Si el hubiese hecho profe- 
si6n de meterse en politica, seguramente me hubiera 
tenido yo que preocupar de su persona. 

Ahmed ben Baqut fue desde su juventud, y entoda 
su vida no ceso de ser, hombre prestigioso, muy con- 
siderado, reconocido por virtuoso y tenido en todas 
partes como persona principal y noble. El monarca 
Abdala le tuvo por consejero cuando Ahmed apenas 

tenia veinticinco anos. 
A uno de ios ulemas he oido referir lo siguiente: 



- 240 - 

El soberanb mandd a los ministros que llamaran a 
Abumeruan Obaidala ben Yahia ben Yahia y a Abuah- 
dala Ahmed ben Baqui ben Majlad y les pidio con- 
sejo en un asunto. Despues se marcharon los dos- 
luego de haberse marchado, piisose Nadar (1) ben 
Selma a hablar con sus compafieros [los ministros], 
admirandose de cdmo cambian los tiempos y de las 
vueitas que el mundo da por el rodar de los sucesos 
y les dijo lo siguiente: 

En cierta ocasidn, siendo yo juez, en vida de Baqui 
ben Majlad, vino a verme Obaidala ben Yahia y me 
dijo: 

— A mi no me gus^a, voto a Dios, el que me cites 
para pedirme consejo, juntairente con Baqui ben Maj- 
lad, al mismo tiempo, en la misma sesidn. Esto pare- 
ce indicar que tu me tienes a mi por un igual a el. No, 
eso no debe ser; si tu quieres consultaries a los dos, 
llama a el a una hora y a mi me llamas a otra hora; 
no nos juntes a los dos. 

Y el ministro afiadia: Y apenas ha muerto Baqui, el 
soberano llama al hijo, Ahmed ben Baqui, y [a! mis- 
mo] Obaidala y consulta a los dos juntos en la misma 
conferencia [sin repugnancia por parte de Obaidala]. 

7 

Ahmed ben Baqui tenia las mismas costumbres, ef 
mismo caracter que su padre Baqui ben Majlad; en 
su vida publica dispensaba y aun trataba muy bien a 
sus propios enemigos; era generoso en perdonar las 
injusticias que [pag. 194] con el habian cometido. 

Abderrahmen ben Ahmed ben Baqui me dijo lo 
siguiente: Yo estaba con mi padre, en ocasion en que 



(t) En el manuscrito dice *wj; pero debe ser errata por j*Di 



*z- 



- 24! - 

vino uno a decirle que cierto sujeto habfa elevado 
una carta al monarca Abderrahmen III denuncidndole. 
Mi padre al saberlo, no solo evitd toda demostracidn 
de disgusto por ese acto, sino que se puso a rogar a 
Dios por el denunciante a fin de que se arrepintiera. 
jaiid ben Sad dice: 

El dia que enterraron al hijo de Elhabib ben Ziad, 
me encontre yo con Ahmed ben Baquf y me dijo: 
— iPiensas ir a casa del difunto? 
— Si— conteste. 

Y nos fuimos los dos andando desde la mezquita a 
casa del muerto. Ibamos por una de las calles, cuando 
me dijo: 

-Este que ha muerto me ha hecho bastante dano: 
mientras estuvo en el mundo, tuve que sufrir con el; 
pero yo no he querido pagarle con la misma moneda. 
Ahora que ha muerto, el pobre tiene mas necesidad 
de mi perddn. Yo te declaro que le perdono y que 
puede considerate completamenie Hbre de todo lo 
que ha hecho conmigo. 

r 

Ahmed ben Baqul era de muy buen corazon, suave 
en la imposicidn de penas; en este particular se cuen- 
tan de el anecdotas que deberian coleccionarse, por- 
que se salen de lo que es ordinario y conocido. Me 
contaron Ahmed ben Mohamed ben Omar ben Loba- 
ba y Farech ben Selma el de Poley, lo siguiente: 

Es&bamos un dia en la curia de Ahmed ben Baqul, 
se hallaba este ejerciendo, y se le presents una mujer 
que habia entablado pleito con su propio marido. Ella 
hablaba largamente y con exceso, hasta el punto que 
el juezse molestaba ya de su impertinente charla. EI 
juez se encard con ella y le dijo; 

16 



(j 




242 



— Amaina lu locuacidad, porque, de lo contrario, te 
castigo. 

La mujer queddse de pronto un poco cortada; pero 
en seguida volvid a la charla impertinente. El juez 
volvid a decide: 

— No Charles tanto, porque si no, te castigo. 

La mujer paro un momenta, pero luego volvid a la 
charla. 

Al fin, el juez Ahmed ben Baqui se lanzd [pdgina 
195] sobre ella y comenzd a decirle: 

j — Eres una criminal; tii eres una criminal. 

Lo dijo tres veces e inmediatamente afiadid el 

juez: 

—Pero mujer, <;no me has tenido miedo? 

El que contaba el suceso decia: Este fue, en suma, 
todo el castigo que impuso a aquella n.ujer por su 
charla impertinente; el decirle eres una criminal tres 
veces. 

1 H 

Fdrech ben Selma me refirid el siguiente suceso: 
Estaba yo presente en la curia de Aslam; una mu- 
jer habia venido reclamando contra su m3rido la cuo- 
ta legal que 6ste le debia; el juez Aslam dijo a Abuab- 
dalaMohamed ben C.^sim: 
. .,— SeflAlale la cuota que deba corresponderla. 

El/[jurisconsultoj la fijd; pero la mujer no quiso 
aceptar esa cuota; le parecid poca la cantidad sefiala- 

daydijo: 

— No hay aqui nadie que le diga,a Dios... 

Aslam ,al oir la charla impertinente de esa mujer, pi- 
djd que trajeran los azotes e inmediatamente ordend 
que le prppinaran;una.azotaina, dandole los azotes en 
la cabeza. La mujer tapdse la cabeza con las mangas. 




1= 



- 243 - 

de su traje, hasta que la azotaina acab6. Al terminar, 
esta 5irigidse al juez diciendo: 

— Al obrar asi, senor jucz, has hecho perfectamen- 
te; asi hacen los jueces que son jueces por Ea gracia de 
aquel Dios que no hay otro queei...;pero... nopuedo 
aceptar la cuoia que se me ha sefialado. 

Y anade Farech: Cuando yo presencie el hecho de 
Ahmed ben Baqui con la mujer [que anteriormcnte se 
ha narrado], celebre su mansedumbre y su dutzura y 
!e conte lo que en caso semejante habia hecho Aslarn. 
Ahmed ben Baqui me coi:test6 [modestamcntej; "Dios 
es el unico a quien se debe pedir ayuda; pido a Dios 
que me asista con su gracia. „ 

He oido referir a muchos, que lo sabtan por voz pu- 
blica y como cosa divulgada y sabida, que en toda su 
larga epoca.de mando, Ahmed ben Baquf no casUgd 
a nadie con azotes, excepto a un sujeto que se llama- 
ba Monajal, hombre perverso a quien castigo coo-azo- 
tes. Y no hubo nadie que no alabara a Ahmed ben 
Baqui, por haberlo hecho asi. 

[Pag. 196J Asbag ben Isa e! Xacac me conto" lo si- 
gutente: 

Un dia iba yo en compania del juez Ahmed ben 
Baqui a tiempo en que casi nos tropezamos con un 
borracho que iba delante de nosotros. El juez tiro" de 
las-riendas de su cabalferia y refreno su marcha, espe- 
rando que el borracho advirtiera o notara que el juez 
estaba cerca y se largase apresuradamente; perocuan- 
to mas lentamente iba el juez, el borracho se paraba 
raas.Jiasta que el-. juez no tnvo mas remedio queacer- 
carse y darse ponentendido. Yo pude notar, vi6ndole 
perplejo ante ese espectaculo y sabiendo que era horn - 
brede.muy blando corazdn, la repugnancia que sen- 



- 244 — 

tia en imponer a nadie la pena de azotes, y dije en- 
tre mi: 

— [Ah caramba! A ver como te las compones para 
salir de esle apuro, joh Abenbaqui! 

Y al acercarnos al borracho, me veo, con gran es- 

tupefaccidn mia, que se vuelve hacia mi y me dice: 

— Mira, mira ese desdichado transeunte, me pare 
ce que ha perdido el seso. 

— Si — contestele — es una gran desgracia. 

EI juezse puso a compadecerse de el y a pedir a 
Dios que le curase la locura y le perdonara sus pecados. 

Tambien cuenta Asbag lo siguiente: Estabamos un 
dia en su casa, yo y su secretario Abenhosn, cuando 
se presents un almotacen trayendo un hombre que 
olia a vino. El almotacen le denunciaba como bebe- 
dor. El juez dijo a su secretario Abenhosn. 

— -Huelele el aliento. 

Y el secretario se lo olio" y dijo: 
— Si, si, huelea vino. 

Al oir eso pintdse en la cara del juez la repugnan- 
cia y ei disgusto que esto le causaba, e inmediatamen- 
te me dijo a mi: 

— Huelelo tii. 

Yo lo hice y le dije: 

— Efectivamente encuentro que huele a algo; pero 
no percibo con seguridad que sea olor de bebida que 
pueda emborrachar. 

Al oir eso brilld en la cara del juez la alegria y dijo 
inmediatamente: 

— Que lo pongan en Iibertad; no esta probado le 
galmente que haya cometido esa falta. 

Ya hemos [pag. 197] expuesto anteriormente, en el 
capitulo dedicado al juez Mohamed ben Ziad, la ra- 



— 245 - 

zon legal en que se fundaban los jueces de Andaiucia 
para hacer la vista gorda y no aplicar la pena al bo- 
rracho. No es preciso repetir ahora lo que entonces 
dijimos. 

Uno de mis amigos me contd lo siguiente: 

Hallabame yo en casa de Ahmed ben Baqui a tiem- 
po que ordenaba que fuese metido en la carcel un 
hombre; pero inmediatamente dijo en secreto a las 
personas que le rodeaban: 

— Pedidme que lo suelte. 

Los presentes entonces se pusieron a pedir al juez 
que lo soltara, y el juez accedid diciendo a aque) cuya 
prisidn habia decretado: 

— Si no fuera porque estos sefiores me han pedido 
que te suelte, con seguridad te hubiera metido en la 
carcel. 

Abderrahmen ben Ahmed ben Baqui me dijo: 
Cuando venia a casa por la noche algun huesped o 
convidado, no se mataba ningun ave [del corral]. 
Mi padre decia que la noche constituye un seguro para 
la vida de esos animates. La cena se reducia a miel, 
manteca, huevos y cosas por el estilo.Eso es lo que 
se ofrecia al huesped. 

Ahmed ben Baqui era hombre que poseia instinto 
crftico y sagacidad especial en materia de redaccidn 
de contratos. No ponia su firma para autorizar ningun 
documento, a menos que lo leyera todo integramente, 
desde el principio hasta el fin; para eso tenia mucha 
paciencia; lo leia de cabo a rabo, aunque tuviese que 
esiar de pie durante algun tiempo. 

Ahmed ben Obada El Roaini me cont<5 lo siguiente: 



— 246 - 

En cierta ocasidn redacte y escribi yo un documetl- 
to en que hacia constar que un sujeto me debia cierta 
cantidad de dinero. Me vi en la precision de poner en 
ese documento una clausula [que me convenia]; pero 
esa clausula invalidaba en cierto modo el contrato. 
Encargue a un colono mio que fuera a recoger [acom- 
paflado dei deudor] las firmas de ios testigos que ha- 
bian de autorizar el documento en que se consignaba 
la deuda de aquel hombre. El colono llevo a Ahmed 
ben Baqui el documento para que este lo firmara; 
pero, al leerlo y notar [pag. 198] aquel defecto que 
invalidaba e! contrato, se encontro perplejo en la si- 
guiente situacidn: no gustaba, por una parte, poner 
su firma en documento que contenia aquel defecto; 
tampoco gustaba, por otra, dejar de firmar, porque 
con esa abstencidn o negativa podia molestar al ami- 
go que le pedia ese favor; tampoco queria adverlir a 
la persona que se obligaba por ese contrato, que en el 
documento habia una clausula que quitaba fuerza le- 
gal al contrato. Por fin levantd la cabeza para mirar a 
aquel hombre, y le dijo: 

— Lo que tu pides es que sea testigo de que tu tie- 
nes.en tu poder tal cantidad de mizcales que son de 
fulano, y que este te concede un.plazo de tanto tiem- 
po para devolverlos, ^no es eso? 

— Si, eso es^— coniesto" el hombre. 

Entonces Ahmed ben Baqui puso su testimonio 
alii, redactfindolo de manera que unicamente se refi- 
riese a esas frases, y a ninguna otra mas. 

Un narrador de noticias me conto lo siguiente: 

Mohamed ben Ibrahim ben Elchabab era un hom- 
bre que se habia dedicado al ohcio de redactar con- 
jatos. Ahmed ben Baqui ordeno quese inspecciona. 



- 247 - 

se escrupulosamente lo que ese notario hacfa; desde 
ese instante los documentos que redactaba fueron so- 
rnetidos a revision. Abenelchabab, al notar esto, dijo 

cierto dia: 

— <iDe d6nde se ha sacado ese Abenbaqui que el 
sabe redactar documentos mejor que yo? 

Estas palabias llegaron a oidos de Abenbaqui; pero 
este se calld, hasta que aquel notario hubo de redac- 
tar unos contratos y se los presentaron a Ahmed ben 
Baqui para revisarlos. Abenbaqui puso todosu ahinco 
en examinarlos escrupulosamente hasta que encontrtf 
aigunas clausulas que puso en evidencia, como defec- 
tuosas, y le dijo en seguida: 

— Hay que cambia r las. 

El notario las cambio. Luego le trajo otros docu- 
mentos y Ahmed ben Baqui se los censuro" tambien. 
AI fin Elchabab le mandd a decir: 

— Confiesote que sabes tu de esta- materia mas que 
yo y estoy dispuesto a proclamarlo publicamente; 
pero te suplico que dejes de hacer esa inquisicidn y 
examen tan minucioso y tan repetido porque, de con- 
linuar haciendo eso, juro que no redactare un solo 

documento. 
Abenbaqui, de alii en adelante, no sdlo no le dijo 

nada, sino que le trat6 con indulgencia. 

Me ha contado Ahmed ben Obada lo siguiente: 
Estaba yo un dia en casa de Abenbaqui; haltebase 
tambien alii un sujeto de baja extraccitfn, desconside- 
rado sbcialmente, no era reconocido como, persona 
bien calificada; no habia alii presente nadie mas que 
nosotros. En esta situacion presentCse otro su;?*o que 
[pag. 199] vino a decirle: 



■- 248 ~ 

— Puedes utilizar como testigos en favor mio a Abu- 
omar [Ahmed ben Obada] y a Abu-Fulano, es decir, 
el hombre de baja extraction a que antes nos refe- 
rimos. 

Abenbaqui, al oir esa peticidn, calfdse y no quiso 
contestar. El hombre insistia con mucha pesadez 
ensuproposicidn. Yo me dije entonces a mi mismo: 

—A ver si el juez me coloca en el mismo nivel que 
a ese tio y nos hace firmar como testigos a los dos 
juntos en ese asunto en que 61 ha de juzgar. 

Peroeljuez levantd la cabeza y encarandose con 
aquel hombre que tanto solicitaba, le dijo: 

— Yo conozcoque a Abuomar [Ahmed ben Obadal 
le repugna mediar como testigo en esta informacidn; 
peroyo hare" que entre Fulano, a quien hare firmar 
con Abu-Fulano. 

Y ordeno- que entrara un hombre de la misma clase 

social que el otro. 

Ahmed ben Baquf, en los pleitos que se sus'ancia- 
ban en su curia, se distinguia por el siguiente rasgo, 
que le. caracterizaba: si el asunto era claro y habia 
bastante prueba, era rapido y ejecutivo; pero si el 
asunto era algo embrollado, usaba de calma y lentitud: 
no resolvla los dudosos hasta que apareciera muy clara 
la verdad o el derecho, o estimulaba a los litigantes a 
que se concertaran o avinieran. Abderrahmen ben 
Ahmed ben Baqui me refiriC lo siguiente: 
Vino un hombre a ver al juez y le dijo: 
— Algunos personajes de la corte de Abderrah- 
men III han hablado de ti en su tertulia diciendo que 
eres hombre de caracter debil y que retrasas mucho la 
resolucidn de lascausas. 



— 249 - 

— Dios me libre — contestd el juez — de la condes- 
cendencia que trae por fruio la debilidad; pero Dios 
me libre tambien de la severidad que viene aparar en 
violencia. 

E iumediatamente se puso a recordar la corrupcidn 
de los tiempos, la arrogancia de la pillerla y lo que se 
contaba de negocios dudosos en que no aparecia clara, 
para el, la justicia y cuya razdn no era evidente; luego 
dijo: 

—A Omar ben Aljatab le parecid oscuro el pleito de 
unos hombres y detuvo [pag. 200] el proceso, entre- 
teniendose mucho en sustanciar la causa, porque ie 
disgustaba sentenciar en cosa dudosa; por fin, orde- 
nd que se comenzara otra vez el pleito desde el prin- 
cipio. 

Un ulema me contd lo siguiente: 

Entablaron un pleito, ante Ahmed ben Baqui, dos 
hombres. El juez vio que uno sabia explicarse bien en 
lo que tenia que decir; en el otro notd que no sabia 
explicarse; parecidle por algunos indicios que el que 
no sabia hablar debia de tener razdn y le dijo: 

— jAhl Si hubieras encomendado a otro que habla- 
seporti...; pero lo que veo es que tu contrincante 
sabe decir muy bien las cosas. 

— jOh! seflor juez-le contestd el torpe— -sola men- 
te el... tiene razdn... yo lo digo... eso es (1). 

El juez [al oir estas palabras en que, por torpeza, 
venla a decir que su contrincante tenia razdn] dijo: 



(0 Parece que este litigante, torpe en el hablar, quiflo decir: so- 
lamtntc es verdad lo que yo digo; pero lo dijo en tal forma que daba 
a entender lo contrario. 



- 250 — 

jCuantos hay a quienes pierde su excesiva sin- 

ceridad! 



■* - 



Un dia se presentd ante el juez un sujeto para co- 1 
municarle el siguiente mensaje: 

-r-Seflor mio, el canciller Muza ben Mohamed te 
saluda y dice: "Ya sabes la amistad y carifio qiie te 
profeso y el interes decidido que me tomo por todas 
tus cosas. En tu curia se tramita el pleito, que tu ya 
conoces, contra Yahia ben Ishac; testigos bien califi- 
cados han informado ya, viniendo a ser cosa probada; 
sin embargo, yo creo que debes diferir el pronunciar 
sentencia, evitando resolver de conformidad con lo 
que resulta probado.„ 

—Saluda de mi parte al canciller— contests el juez 
al recadero-y hazle saber que yo le digo: "Cierla- 
mente nuestros lazos de amistad solamente se mantie- 
nen en cuanto puede ser grata a Dios y en considera- 
cidn a el. Yahia ben Ishac y cualquier otro hombre, 
en materia de justicia, son para mi completamente 
iguales. Me han entrado dudas a mi en este negocio, 
y no resolverS nada, voto a Dios, contra Yahia ben 
Ishac, hasta que en su causa no vea yo tanta luz corao 
la del sol que ilumina al mundo. Ahora bien [en el 
dia del juicio], a mi no me protegera nadie de [una in-i 
justicia que yo cometa en favor de] Yahia ben Ishac, 
si me tralaran con rigor en el proceso que me han de 
instruir delantede Dios.„ 

El emisario conto lo siguiente [pag. 201]: - : 

Yo referi las palabras del juez al canciller... Este.se 
calld;.pero su hermano el visir Abuomar se puso ha- 
blar de eso, atacando al juez e insistiendo repetida- 
mente; al fin se encard con el el canciller, y le dijo: 



- 251 - 

— Hermano mio, el juez, voto a Dios, es hombre 
integerrimo; no por hacer eso dejare yo de tratarle con 
las consideraciones debidas; sus dudas mismas me 
certifican claramente de la bondad de sus intenciones. 
Eso no significa, sin embargo, que yo haya abando- 
nado a Yahia ben Ishac . ^No hemos sido nosotros los 
que le hemos encomendado ese asunto y hemos plies- 
to la confianza en el? Lo que hace el juez, voto a Dios, 
aun es mayor motivo para mi cariflo y para que yo 
estime en mas sus virtudes. 

L 

Abderrahmen III habia puesto completa confianza 
en este juez, y le trataba con mucha consideracion; 
sabia bien que era hombre justisimo. No le destituyd 
del cargo hasta que murio" el juez a la edad de sesenta 
y cuatro anos en el 324. 



DEL JUEZ AHMED BEN ABDALA BEN ABI TALIB EL ASBAHf 

Al morir Ahmed ben Baqui,. Abderrahmen III nom- 
brd juez a Ahmed ben Abdala ben abi Talib Gosn ben 
Talib ben Ziad ben Abdelhamid ben Asabah ben Yezid 
ben Ziad EI Asbahi; le citd para tener conferencia per- 
sonal con el y hacerle las recomendaciones que el mo- 
narca solia hacer a los persoriajeis a quiehes nombra- 
ba para el cargo de adules y los de la jerarquia judi- 
cial. Recomendabales que enaltecieran el cargo y le 
honraran Jpag. 202j; que ante todo debian ajustarse a 
10 estrictamente legal y que juzgasen y resolviesea los 
hegocios cuando creyesen que estaba bien clara la jus- 
ticiary que no se diesen prisa cuando el asunto se,pre- 



fe - 



— 252 — 

sentase oscuro. Diole amplia explication, definiendo 
y delimitando las atribuciones de los juecesyexpo- 
niendole el criterio que debian seguir en sus provi- 
dencias, sefialdndole los derechos y las obligaciones 
de los jueces, en cada caso, tanto en lo que se ha de 
decir, como en lo que se ha de hacer. Abderrahmen III 
nombrtf, en aquel entonces, jefe de la orati6n a MohA- 
med ben Aym£n, quedando cada uno de los dos ensu 
cargo: Ahmed ben Abdala, en el de juezde la aljama; 
Abdelmelic ben Aym&n, en el de jefe de la oracion. 
Ahmed ben Abdala procedia de familia noble, de 
ilustre apellido; era muy serio, taciturno; su actitud 
imponia respeto; en los asuntos judiciales era horribre 
muy pr&ctico, y en los negocios experto; porque an- 
tes, al principio de su carrera, Abderrahmen III le ha- 
bfa nombrado zabazoque y administrador de los bie- 
nes de algunas de sus mujeres; luego le habia nom- 
brado para ciertos cargos de hacienda en algunas re- 
giones; despues le habia nombrado juez de la regidn 
de Elvira, ciudad en que se hallaba cuando el sobera- 
no le traslado - al juzgado de la aljama de Cdrdoba. Fue 
juez de la capital dos aflos y pocos meses mas: mtiri6 
en el mes de Dulhicha del aflo 326. 



. DEL JUEZ MOHAMGD BEN ABDALA BEN ABI ISA 

Al morir Ahmed ben Abdala ben abi Taiib, Abde- 
rrahmen III orden6 que viniera a Cordoba [pag. 203j 
Moh4med ben Abdala ben abi Isa Catir ben Guasl&s 
El Masmudi, el cual antes de esto habia ejercido el 
cargo de juez en la region de Elvira. Mohdmed ben 



„ 253 - 

Abdala ben abi Isa se presentd en la puerta del pala- 
cio real y el monarca ordeno que entrase a verle; le 
hizo el honor de conversar con el; le comunicd que le 
habia elegido y nombrado juez de la aljama y le expu- 
so las recomendacionesoprescripciones, exhortaciones 
y encargos que soh'a hacer aquel monarca. 

Me dijo Abuomar Ahmed ben Obada El Roaini lo 
siguiente: 

EI juez Mohamed ben Abdala ben abi Isa me des- 
cribio la conversacidn que habia mantenido con Abde- 
rrahmen III cuando este le nombro" juez; me expuso 
las recomendaciones que le habia hecho; las exhorta- 
ciones que le habia dirigido y los encargos que le ha- 
bia dado, el plan bien definido que en tales materias 
hubo de trizarle, marcando taxativamente las prescrip- 
ciones a que debia atenerse, explicandole juridica- 
mente los asuntos del juzgado y explan£ndole las va- 
rias clases de providencias que ha de tomar el juez. 
Dljoje Ahmed: 

— Hay que confesar que si tu padre viviese y se esfor- 
zara en exhortarte, no habria llegado, en los sanos con- 
sejos, al extremo a que el monarca ha llegado contigo. 

Abderrahmen III confirm^ a Moh&med ben Abdel- 
melic ben Ayman en el cargo de jefe de la oraciGn, 
que ejercio durante algun tiempo. Suceditf, pues, que 
Mohamed ben abi Isa era juez y AbenaymSn jefe de 
la oracidn, hasta que a Abenayman se le debilitaron 
las fuerzas fisicas y perdid su vigor y tuvo que presen- 
tar la renuncia del cargo de jefe de la oracidn. Admi- 
tida la dimisidn de este, el soberano adjudicd a Mo- 
hamed ben abi Isa los dos cargos a la vez: el de juez 
y el de jefe de la oracidn. 



254- 



[Pag. 204] Antes de esto, Mohamed ben Abdala 
ben abi Isa, en su juventud, aim en la mocedad de su 
vida, no.ceso de ser hombre considerado y estimado 
por sureligiosidad, como persona principal y notable, 
como hombre muy estudioso de la ciencia jeligiosa. 
Fue discipulo de. Ahmed ben Jalid Elchabab y de 
otros maestros de Cordoba, especialmente; luego se 
fue a hacer la peregrination en el afio 312 y fre- 
cuentd el tratb de los maestros de Caiman, Elbacha- 
li Mohamed ben Ali, Ahmed ben Ahmed ben Ziad, 
Moh&med ben Mohamed El-labad e Ishac ben Nor 
man; oy&tambien las lecciones de varios maestros :de 
Egipto, que fueron mis propios maestros y frecuentd 
en la Meca las dases de Abubequer Almondir, El 
Ocaili y otros. Volvid a Andalucia en el aflo 314, y el 
juez de la aljama, en aquel entonces, Ahmed ben Ba- 
qui, utilizd como consejero a Mohamed ben .Abdala 
benabi Isa j.untamen'e _con todos los demas faquies, 
Abderrahmen III le nombro para varios ; cargos de .ha- 
cienda; el, por su parte, desempe.no cumplidamente 
todos los. que. se- le encomendaron,.contentSndose 
siempre con aquellos que se le conferian. Despues le 
nombrd sucesivamente juez de la region de Jaen, de 
la de Elvira y de lade Toledo; se le probd de todos 
modosy. en todos. sentidos, y quedd satisfecho deeste 
exameny.de estas pruebas.el monarca^encontrando-. 
lo.sirieeroy leal; y cuando se convencid, poii todas' 
estas experiencias, deque era hombre. digno;Je nom-. 
brd juez de la aljama de Cdrdoba, confor;me;anterior- 
mente hemos dicho. Desempefld esteimportante.cargo^ 
de manera loabie, haciendo que se cumplieia la jus- 
ticiay se mantuviese el ordenrlegal, y examinando.es-, 
crupulosamente Jas pruebas, tanto en.su.parte secreta 






- 255 - 

co'mo en la publica, ajustandose a.Ia ley de [pag. 205] 
un modo abierto y paladino, sin andar en contempla- 
ciones con el que quiere enganar, ni usando de las 
estratagemas a que suelen apelar los que desean cu- 
brir sutilmente las apariencias; no.temia a la gente 
maleante ni usaba de indulgencia con los caciques, 
ni hacta la vista gorda a las personas principales que 
estaban emplcadas en palacio, ya se tratara.de negd- 
cios importantes y de mucha transcendencia, ya de 
pequefios asuntos que fueran despreciables pot su 
escasa cuantia. 

Ahmed ben Oba'da me conto lo siguiente; Estaba 
yo con Mohamed ben Abdala ben abi. Isa en cierta" 
ocasidn en el cementerio del arrabal, a tiempo en que 
el juez se fijo en un objeto que evidentemente era un 
instrumento de musica que manejaban unos esclavos. 
El juez ordeno que fuera hecho trizas. Se le adviftio 
que ese instrumento era de fulano (y ;efectivamente se 
vi6 por el apellido que era unpersonaje importante en 
Cdrdoba); pero el juez no hizo caso de esa adverten- 
cia^.ni esta le hizo cambiar la resolucidn tomada de. 
de que lo hiciesen pedazos. ; , ., 

Respecto a la severidad -y resoluciCn en mantener, 
la justicia y aplicar las prescripciones -legales: a. todO; 
el mundo, especialmente a la gente nialeartte.'o' per-; 
versa, se cuentan del juez Mohamed ben Abdala ben- 
abi Isa muchas noticias, famosas y divulgadas entre 
el bajo pueblo y conocidas entre la nobleza de Cor- 
doba. 

Yp fui tertuliano de Mohamed ben Abdala ben abi 
Isa varias veces, y he podido certificarme- derque.e/ra 
hombre.de conducta irreprochable, de sanas- convic-; 
ciones o doctrinas,.de caracter generosO..Despues de 



- 256 - 

haberle yo tratado, fue elegido juez de la aljama, y 
de ninguno de sus amigos, que fuera persona de recto 
criterio, puedo recordar que le reprochara haber cam- 
biado en su trato, por el hecho de haber sido elevado 

r 

a esa dignidad; ni le echara en cara haber alterado 
sus buenas dispositions, antes bien todos sostenian 
lo contrario a eso, lo cual verdaderamente es propio 
de persona bien educada y lo que mejor sienta en 
hombres cabales. 

Aparte de todo esto, Mohamed ben abi Isa era 
hombre instruidisimo, de vastisima ins'ruccibn, elo- 
cuentlsimo [pag. 206], no solo hablando, sino escri- 
biendo: merecia realmente el que el soberano le hu- ' 
biese elegido, pues la persona que ejerce la suprema 
autoridad judicial en la ciudad y corte del soberano, 
debe tener las nobles prendas morales e intelectuales 
que en el brillaban. 

Mohamed ben abi Isa salio de Cdrdoba en el aflo 
338 y, al pasar por Toledo, al acampar en un pueble- 
cillo de su jurisdiction llamado Nohares, cerca de la 
capital, ocurrio su defuncion; muri6 en ese puebieci- 
llo el s&bado fines de Safar del aflo 339, a la edad de 
cincuenta y cuatro aflos. Se dice que habia nacido en 
el mes de Dulhicha, trecenoches pasadasdel misrno, 
aflo 284. Fue enterrado en Toledo. Dios le haya per- 
donado. 



DEL JUEZ MONDIR BEN SAID BEN ABDALA EL BELLOTl 

Fue nombrado juez de la aljama y jefe de la ora- 
cidn Mondir ben Said el dia de viernes a cinco [no- 
ches] pasadasdel mes de Rebia postrero, afio 339. 



- 257 - 



Se portd como hombre severo, inrrepido, nada teme- 
roso ni perezoso. Fue juez durante el reinado de Ab- 
derrahmen III y [pag. 207J al morir el soberano, el 
pontifice, el virtuoso, y subir al trono el pontlfice Al- 
hdquem II, confirmd este a Mondir ben Said en los dos 
cargos. Nunca cesd de ser juez y jefe de la oracion. Los 
rezos que el dirigia se hicieron en la mezquita aljama 
de Azahra durante el largo tiempo que fue" juez, des- 
de ios principios de su ejercicio hasta el fin. Murid la 
noche del jueves, dos nochesquedaban de Dulcada, 
fines del afio 355, a la edad de ochenta y cuatro aftos.' 



DEL JUEZ MOHAMED HEN ISHAC BEN ASALIM 

Despues del anterior fue nombrado Mohauied ben 
Tshac ben Asalim, dia de sabado a quince noches pa- 
sadas de Almoharram del ano 356. Se distinguid por 
su saber, por su inteligencia, su discreta manen de 
despachar Ios negocios, su excelente caracter en el 
trato social, cosa que... (l)losjueces que le prece- 
dieron. 

Mohdmed ben Yahia quedd ejerciendo el cargo de 
jefe de la oracion en Cordoba hasta que enfermd y 
presentd la dimision, que le fue aceptada. Entonces 
fue" nombrado jefe de la oracion en Cdrdoba el juez 
MohSmed ben Ishac ben Asalim. Esto fue en el dia 
de Pascua de Alfitar, ailo 358. 

(i) Palabra que no se lee. 



17 



iNDICE DE NOMBRES PROPIOS 



INDICK DE NOMBRKS PROPIOS 



Abin ben Isa ben Dinar, 18. 19, . 

128,. 
Abas El Coraxf, 115.. 
Abasfes de Oriente, 180. 
Al>da ben Abdala, 40. 
Abdala (el emir), 20. 21 144. 

i8g 195 ... 2eo. 211. 213.. 

214. 215. 225. 239. 
Abdala ben Abderrahmen ben 

Moavia (plaza de), 57. 

Abdalaben Alfarech El Nomai- 

rf,i44- 
Abdala El Zachali = Abdala ben 

Moh£med El Zachali. 

Abdala ben Jalid, 170.,. 171. 

Abdala ben Casim, 203, 

Abdala ben Guadah, 78, 

Abdala ben Mohamed El Zacha- 
li, 196. 214*. 

Abdala ben Mohamed ben abi 

Abda } 2i, 

Abdala ben Mohamed ben abi 

Elgualid El Arach, 46. 
Abdala ben 1 Yunus, 173, 191. 

Abdelala ben Guahb, 128. . . 
AbdelmGllc ben Aban ben Moavia 

ben Htxem, 37. 
Abdelmelic ben Alhasdn^Zaunfin, 

62. Si. . 
AbdelmGHc ben Ayman (debe ser 
Mohamed ben Abdelmelic ben 
Aymin),95- 252. 



AbdelmSHc ben Catan El Fihrf, 36 
Abdelmelic ben Chahuar, 166. 
Abdelmelic ben Elabas El Cora- 

xi, 166. 
Abdelmelic ben Habib, 67. 101. 

107, 108, 1 13. 121. 128.,, 129 

Abdelmelic ben Omar El Menla- 

ni, 63. 
Abdelmelic ben Moguit, 87. 88. 

Abdelmelic ben Zaunan, 101. 

Abdelquerlm ben Abdelguahed, 

91. . 

Abderrahmen I, 9- .< 35- - 36 

.. 37-- 3 8 - 39' 40. 41 ■• 4^v 
43. 44. 45. 50. 51. 53.... 55- 

56... 144- 
Abderrahmen II, 13- 16- 9 l * 97- 
99. roi. 103, 105. 107. . 112. 
113, 114. 115. 117. 119- 122. 

127. 131. 132. 138. 155- ! 92- 
Abderrahmen III, 6. 89. 95. tig. 
225. 227. 228. 233-.. 235*. 
237. 238.. 241. 248. 251. 252. 

■ ■ 253-- 254. 257. 
Abderrahmen ben abi Abda, 91. 

Abderrahmen ben Ahmed ben Ba- 

quf, 240. 245- 2 48. 
Abderrahmen ben Alcasim, 78. 

89. 
Abderrahmen ben Mahdf, 41 ■ 
Abderrahmen ben Ocba (o ben 

Alcama?) El Lajmf, 36- 



- 2G2 - 



Abderrahmen ben Tarif El Yah- 
sobi, S 2, 53... S4 .. S5 ... 

Abderruf ben Alfarech Abugalib, 
20,. 

Abenablayub EI Coraxi, 158. . 159, 
Abenalxi El Coraxi, 145... 

Abenalarabf (rebelde en Zarago- 
za), 42. 

Abenalcaslm (jurisconsulto de 
Egipto. Abenjalican da su bio- 
grafia en tomo I, pap. 493f e( jj_ 

ci<5n Wustcnfeld), 78 108. . 

f24. 167. 170. 

Aben^mar (adul del juzgado de 
Cordoba), 171... 

Abenaxxatner (el poeta), 1 17. . . 

Abencaslm = Abenalcasim . 

Abencdlzom = Ibrahim ben C61- 
zom, 

Abenelagbas (abuelo dc Ahmed 
ben Baxir), 74. 

Abenelmoldn (notario en C<5rdo- 

ba) = Mohamed ben Safd, 166. 
167... 

Abenfahd (veasc tambien Abulgi- 
mcr), 214... 

Abenfotals = Mohamed ben Fo- 
trtis. 

Abenguadah = Mohamed ben 
Guadah. 

Abenxofa=Mosab ben Imran. 
Abenhosn (secretario del juez Ah- 
med ben Baquf), 244,. 

Abenlmram=Mosab. 
Abenlsa, in. 

Abenlobaba = Mohamed ben 
Omar ben Lobaba. 

Abenomar ben Abdelaziz=Moha- 
med ben Omar ben Abdelaziz. 

Abenmaamar = Yahia ben Ma- 
amar. 

Abenmogult=Ahmed ben Moguit. 
Abenrrahmdn (bromista cordo- 
bis), 198. . , 



Abenxarahil, conocido vulgar- 
meiUe por KI Ocheiza, 206. 207 . 

Abuabdala = Mohamed ben [sa 
Elaxa, 126. 

Abuabdala -= Amer ben Abdala, 
184. 185. 

Abuabdala^-Mohamcd ben Omar 
ben Lobaba, 206. 

Abuaddarda (tradicionista orien- 
tal), 42. 

Abuamer (hijo del jnez Amer ben 

Abdala), 176... 177. 1S0...1S5, 

Abuazahiria fjurista oriental), 42. 
46. 

Abulabas (descendiente del juez 
Alfarech ben Quincna\ 89. 

Abubequerfel califa oriental), 16. 
126. 127. 

Abubequer El Tochibf = Abde- 
rrahmen ben Ahmed ben Moha- 
med KI Tochibi (biog. 63; de 
Adenpascual), 3. 

Abubeqjer ben abi X.iiba = Alf 

ben abi Xaiba?, 40. 
Abugalib ben Quincna^Abderrul 

ben Alfarech, 20. 
Abu J41id=Haxim ben Abdehziz, 

"7- 
Abulsa, 101. 
Abulshac (el emir), 149. 

Abuocba^Elasuar ben Ocbn,eI 
juez, 106.. 

Abuomar?, 192, 

Abuomar (hermano del canciller 
Muza ben Mohamed), 250. 

Abuotman (mezquita de) en Cor- 
doba), 67. 146.. 

Abuotman El Iraquf (el faqui), 

Abulgamer ben Fahd, 213. 214. 

AbuIgo8n=Ueder, el canciller de 
Abderrahmen III, 234. 

Abufyasa (persona principal en 
C<Jrdoba), 70. 71.. 



- 2153 - 



Abumeru&n^Abdelmelic ben Ha- 

bib, 129. 
Abumoavia — Amir ben Moavia T 

189. 191. 192. 193. 194 2l6 * 

Abumoavia El Lajmf— Amir ben 

Moavia, 191, 192, 
AbumohAmcd^Yahia ben Yahia, 

80, SS., 
Abumoh&med ben Atab = Abde- 

rr ah m en ben MoMmcd ben Atab 

(biog. 744 de Abcnpascual), 3. 
Abusaid El Axacb, 40. 
Abuyahla (inspector de los Icga- 

dos pi'os en Cordoba), 204 ■ 
Abuyahla ben famis, 192 . 
AbuzacarIa=Yahia ben MaAmar, 

99. 
Abuzeid ben Ibrahim, 128,. 129* 
Achab (cortcsana), 127, . - 
Achal (campo, en Ctfrdoba), 193. 
Afla(hija del jucz Mohamcd ben 

Selma), 213. 
Ahmed ben Abdala ben abi J4- 

lid, 132. 
Ahmed ben Abdala ben abi Tilib 
Gosn ben Talib El Asbahf t 25 1 . . 

252... 
Ahmed ben Ahmed ben Ziad, 254. 
Ahmed ben Abdelm61ic^Abmed 

ben Mohamedben Abdelm61ic, 

103. 109. 174- *77- 
Ahmed ben Ayman — Ahmed ben 

Mohdmedben Abdelmelic, 130 
Ahmed ben Baquf ben M&jlad, 75 

84. 106.. 237, 238 239, , . 

240. . 241- 242. 243 z 44 

245.. 246..- 247 ;■ 2 48. 

249- 251. 
Ahmed ben Baxir, 74. 
Ahmed ben F£rech ben Montel, 

23- 3*>. 3'- 33- 91- 
Ahmed ben Hazam, 45- 
Ahmed ben Isa ben Moh&mcd El 

Mocri, Abulabds, 23. 30, 



Ahmed ben abi Jaitama, 39. 
Ahmed ben jalid, 13. 40, 41. 52. 
63. 65, 100, [66, 170. 194,, 

254. 
Ahmed ben abi Jalid, 169. 

Ahmed ben Obada El Roanf, Abu- 

omar, 17. 112, 172, 173, 197, 

207. 20S, 212. 236. 247, 248.. 

253- 254- 255. 
Ahmed ben Mohamad, 196 (vease 

cl siguiente). 
Ahmei ben Moh&med ben Abdel- 

melic, 147. 180. 193 (v6asc el 

siguiente). 
Ahmed ben MohSmcd ben Abdel- 

melic ben Ayman, 73 (igual al 

anterior). 
Ahmed ben MohAmecl ben Aymrtn, 

47. 106. 115 (igual alanterior). 
Ahmed ben Mohamcd ben Omar 

ben Lobaba, 140. 241. 
Ahmed ben Mohamed ben Ziadj 

53, 214. 216, 225, 227, 234, 

236. 237- 
Ahmed ben Mognit (el cancillcr de 

Abdcrrah'iicn I), 9* • 10. 

Ahmed ben Sa(d T 46. 

Ahmed ben Yecid ben Abderrah- 

men, 47- 
Ahmed ben Ziad ben Abderrah- 

men El Lajmf, 40- 43* 44. 61. 

111. 123. 139. .* 14° W** 

142 143- 144* 

Ala (criada o esclava dc Mosab), 

60, 
AlcorAn, 24- 25, 27- 43- 225. 
Alejandrta, 132. 
AIfadalbenCamn\50. 
Alfarechben Quinena ben Nizar 

El Quinenf, 89.. 90., 9* 

92 9-1 ■■ 95- ■ 

Algazal (el pocta), 116. 121. 

Algeclras, 96. 

AlhdquemI, lit 12, 57- 5^- 59- 



- 2U - 



6o,.,6i 63. 66... 77. 80. 

81. 82,, 83. 89. 90. 91. 92... 
94,,, 96,. 97. 
Alhaquem II, 3, 6. 115. 116. 120. 

239 • 257- 
Aiharaf (en C6rdoba), 16. 
All ben abi Bequer ben Obaid El 

Quilabf 119., 
AH ben abi Tdlib, 12. 127, t 
All ben abi Xaiba, 42, 
Al-lait ben Sad, 38. 62. 124.. 
Almlnar (puerta del), in. 
Almoata (de Malic), 81 , 
Altnoddvar, 56. . . 60. 64. 108. 
Almogulra ben Alh&quern, 93. 95. 
Almondlr (el emir), 17,, 19,.. 

189.,. 191 192. 194. 216. 

Almondlr El Ocailf Abubequer 

(maestro en Meca), 254. 
Almosab ben ImrAn ben Xofa El 

Hamadanf, 9. 55.. (veasc tarn- 

bien Mosab) 
Almozara (en Ctirdoba, r6, 
Amer ben Abdala ben Leit El Co 

baa Abuabdala, 141,. 142.. 

143 J 44 145 ■■■ 

146, . . . 147. . , . 148. 149, . 

'5° 15'- ■ ■ ■ 152-- 153 

"54- 155- - '57- .. 173- '74 
175 176,. 177 178,. . 

179 'So- .,. i8i 182. 

183.. 184 185... 

Amer ben Ais El Coraxi', 174, 
Amir ben Moavia ben Abddmtfs- 
lim ben ZiadEl Lajrai\ 20. , 45. 

191.. 193- 
Artadar ben Selma ben Gualid El 

Quilabf, 189. 195 196 

. . * 197. . * . [98. , - . 199 

200. 201. 202, 210. , . 2tl 

Antara ben Felah, 3 1 ( 32. 33. 

Arrabal de C6rdoba (revnelta 
del), 90, 106, 

Asayad (el ascela), 210, 



Asbag ben I''arech, iok. 192,. 

194. 195. 
Asbag ben Isa El Xacac, jo6. 

243- 244. 
Asbag ben Jaltl, 128,., 129. 
Aslam ben Abdelaziz ben Haxim 

ben J&lid Abulchad, 182. 184. 

219. 225.. 226.. 227., 228.., 

229,. 230. 231.... 232... 233.. 

■■■■ 234.. 235... 236. 237 

238.. 242. 243- 
Astil (bafios del), en C6rdoba 1 

226... 
Astorga, 91. 

Asuad ben Soleiman, 190. . 
Axhab ben Abdelaziz (Abenjali- 

cAn, I, i27) 1 98. 108.. 
Ayub ben Soleiman Abus&lih, 173. 

218. . 223, 229, 
Azahra, 257. 

Azotea en el pa'acio real de C6r- 

doba, 43- 
Azzalda (hija de Abdorraliinen 1), 

56. 
Baena, 1S9. 
Bagdag, 48, 

B£iech ben Bixr {jefe siriaco), 36. . 
Baquf ben Majlad, 19. . 20 

154- 177- 'So.. 181 182,. 

183 184, 191 

. . . 240, , , . 
BSder ben Ahmed Abulgosn, can- 

ciller del Imperio, 228. . 234, 

235- 
Beja,5o, 62. 63.75, 7&- 
Benablabda = Abderrahmen ben 

abi Abda, 91. 
Beitfcotalba, 121, 

Benl HAtlb ben Baltaa r 56. 
BenElabds, ill, 115. 

Benlsa = Mohimed ben Isa El- 

axd, II. . 72. 
Benlsa = Ahmed ben Isa, 33, 
Benjxohald, 199, 



265 - 



Bettlzlad 'familia de lo&), en Raya, 

192. 
Bequer ben Hamad, 189. 
Barrel (homo ds) en Cirdoba, 

HI. 

Blxr ben Catan, 96. 

Blxr ben Mohamed ben Muza El 

Coraxf, Abulharit. 48, 50. 
Bllat Moguitj 74. 
Borrocan (tela), 204. 
Caaba, 41. 

Cabra, 119. 195. 213. 
Cafat (mujer del juez Moharaed 

ben Ziad), 130. . 
Cafruin, 131, rso. . 192. 226. 
Calatrava, 174. 
Caslm ben Asbag, Abumohamcd, 

189. 

Caslm ben I-Iilcl, 77.. 

Castillo dc Elaxat, 116. 

CatAn ben Chaz ben El-lachlacli 

benSadElTemimf, 96. . 
Comes ben Antonian, 159. 160,. 

- ,. t6i r62. • . 

Coraix, 9. 113. 147. 193. 
CoraxI- Ibrahim ben Elabas, 113. 
CoraxI — uno de la nobleza de 

Coraix, 193. 

CoraxI = Abenaixa, 145. 
Corredor (pasadizo vol ado entre 

el palacio de los Omeyas y la al- 

jama de C6rcloba), 196. 
Cucuya (hija de Mosab) 60, 
Cpcuya fhija de Alhaqucm I), 61, 
CMfar El MotajruAquil, 131. 

132. 
ChAlar ben Yahia ben MozAin, 

223... 

Chldmlr EI Achamf, 214, . . 
Chobalr ben Nofair, 42. 
Damasco, 131, 
David, 225 . 

Do halm ben Abderrahmen ben 
Ibrahim, conqcido por Aben- 



clyalim juez de Siria), 131., 
Ec(ja, 52. 84. 85. 144, 
Egtpto, 63,. 69, 78, 101. 131. 

132. 192. 226, 254. 
Eid6n (el eunuco", 193, 

Elabas ben Abdala El Meruam, 

58. . 50. . 

Elabas ben Abdelmelicel Merua- 
ni, 63,.. 

Elabas o Abulabas, descendientc 
de Alfarech benQuinena, 95, 

Elarach^Mohamed ben Yusuf, 
139, 14c 

Elarex de Siria, en las fronteras 

deKgipto,3l. 
Elasuar ben Ocba ben Hasan El 

Nasrf, Abu Ocba, 105. . 106. , 

Elaxa^Mohamed ben ha, 106. 

125., 

ElCabisf, 178. 179. 
Elcobfra^Amer ben Abdala, 147. 

El CoraxI, 53, . 166. 

E!chabad=Mohamed ben Ibra- 
him, 247, 

Elhablb = Ahmed ben Mohamed 

ben Ziad ben Abderrahmen ben 

ZohairElLajmf, 122. 191. . 192, 

206., 210. 214- 215.. 216. .. 

... 217, 219., 222, 223,... 

224-- 234 235,.. 236,. 

237- 241. 
Elharlt ben Misqufn [juez de Egip 

to), 131. 132. 
El Fihrf=Ytisuf ben Abderrah- 

men, 35. 36.. 37. 
EMalt= Al-lait ben Sad, 103, 

El Ocheiza=AbenXarahil, 
Elvira, 107,, 252/. 254. 
ElXafef, 31, 
Emeaa r 33. 39. 48. 55, 

Espafia, 23. 24. 30, 36.. 39.. 40. 

.... 41. 47. 49. 79. 
Faradn, 52 1 
Fftrech bei) Sulma ben Zohair <Jq 



— 266 



Poley, no, 131. 133. 157- 212. 

241. 242. 243, 
Oifec, 131. 155- 
Oallcla, 91. 
Ganat-abs tsobrenombre de Moa- 

via ben S41ih), 38. 
Garab (jefc superior de la guardia 

real), 123. 124. 

Qoliar (piteblccillo en los mon- 
ies dc la region do Alrao^d- 
var), 56. 

Granada, 35. 

Guadalquivir, 43, 

G 4a lid ben Ibrahim ben Lebid, 
AbuInbAs, 151, 152. . 157. 181, 
182. 

Giialfd ben Iftixim, 177. 

Hablb Kl Coraxf, 53. 54. . 55 

Hamld ben Muhimed ben Said 

El Roainf, 96. . 
Hamlda (hi> dc Moaviabcn Sit- 

lih, esposad* Ziftd ben Abdc- 

rrahmen) E 44. 
HamdAn ben Fotdis, 80, , 
Hantala ben Safuin Ei Quelbf 36, 
Harb (aojeto dj Xobdsrj, 43- 
HArmala (juiisconsulto discipulo 

de Kl Xafrf. AbenjalicAn l t 227), 

HasAa(e) pajc), 128, 229. 

HAtIbbeniibiUaltaa J <>0. 

rUxIm bin Abdelaziz, 16 

17,, 140, [41 - 146-- '54-. 
158.. 159..* 160, 161. . 163.. 

I67, l8l.. [SiZ.. 183.. 184. 
186.... 187... 188. 189, 

fUxim ben Racln, 167. 

Htxem I, 9. 10 47- 56.,. 

57, ... 190, 
HIxe.11 ben Abd^lmellc, 56. 
HobAli ben Null, 94, 
Hodair (politico cordobGs), 20. 
Hoialr (aacendicnte de la familia 

deMoavia ben S«lih)4S B 



Hodilr ben Coriib, Abuazahirfa 
(tradicionista oriental) 41 _ 

Hosam ben Dirar El Quelbf, 36, 

Hosain (bijo del juez Elasuar), 
105. 

Ibrahim ben C6hom, 163, 185. 
186 1S7... iSS. 

Ibrahim ben Elab's ben Isa ben 
A I uualid ben Abdelmelic ben 
MeruAn El Coraxi, 14, 15. 63. 
110.... in., . 1 12, . 113. 114,. 

1 15 - * 
Ibrahim ben Harb, 29. 
Ibrahim ben Hos&in ben Asim 

220. . . . 221. 
Ibrahim ben Hos£in ben Jalid, 

121. . - 
Ibrahim ben Mohdmed "ben Baz, 

15- 17 

IfrJquia, 36. , 

Ijistruceldn para los jueces (obra 

de Asbag), 192. 
Irac, 39- 40. 205, 
Isa (el asceta),47. 
Isa ben Bequer,44. 
Esa ban Fot£is, 145. 
Ishac ben Nomrin, 254. 
Ishac ben Yahia, 122.,, 123.. . 
Ismael ben Yahia El Mazam', 

226, 
Ismael {hijo de OtmAn btn Ayub), 

15- 
Jaen, 12.. . 14.. 17- - l8 - *9- 5 2 - 
56. 58. 96. 105. 116. 119- 128, 

146- 239. 254. 
Jftlld ben Sad, 13. 15, 18. 47- 
53- 67. 75- 76- 84.. 85, 90, 
100. ioi. 163. 109. no. 131, 
132. 137- 146, 151- 155- *57' 
164- 165- 168. 170, 173. 181. 
182. 191. 192. 194. 197- 20 °- 
203. 206^ 207. 212. 226, 241. 
Jesus {el Mesias), 232, 
Jeremias (el profeta), 194* 



- 267 - 



Jon&s, hijo de Mati {pcrsonaje bi- 
blico), 1 17* , - 

loll (esclava de fealdad prover- 
bial), 46. . . 

Jos6 (el pat,riarca). 52. 

Judljs (puerta delos;, 137. 

Llano de las Bcliotas (Los Pedro - 
ches en la provincia de Cordo- 
ba), 132, 133.13*- 155. 190. 

Macsura (sala reservada en la al- 
jama de C<5rdob:i), 43., 2^3.. 

Magrana (calle dj Scvilla), 98. 

Mahdi ben M6slim, 23,." 24 

31... 

Mahoma, 25. 27. 12; (veasc tain- 

bifcn Profeta). 
M&tlc ben Anas, 38. . . 45 

, .. 46. 47- 62 63. 73 

.. 80. 81 103, 

Maria (madre de Jesus). 117... 

232. 

Maslama ben Zora ben Rub, Abu- 

mohimed, 31. 32. . 33. . 
Masrur ben Mohrimed ben Uaxir 

El Moafcri, 97, . 
Meea, 21, 39. 41. 42. 45, 63. . 

68, 113. 202. 227, 254. 
Medina, 38. 45.. 62.. 73. 78. 81 . 
Mirlda, 37. 53.. 131. 155 

156- . - 
Meruin ben Abdala El Fajar 

AbuabdelmeliCj 40, 
Mesfas, 117. i( 

Mexricab (veslido o traje), 148. 
MIsra, 132. 

Moad ben Otradn Ei Xabani, 1 e6, 
.. 119.. 120.. 121.., 122. 

Moavia ben Silih El Hadrami 

Abuamer, 38 39 40' 

4i. 42 43 44. - 

"•• 45 ■ 47- ■■ So- 

51 52- 122. 

MohSchlr ben Naufal El Coraxi, 



Mohdmed ben Abdala ben Elcoc 

81. 

Moh&med ben Abdala btn Abdcl- 
haquem, 226... 227. 

Mobftincd ben Abdala ben nbi Isa 
Caiir ben Guashis El Masmudf, 
122, 123. 252.. . 253. 254.! 

255- ■■ 
Mohamed ben Abdelala, 75. 

Mohitned ben Abdclbar, 233. . 

Moh&mel ben Abdclmelie ben 

AyrnSn Abuabdala, 39 41 . 

43- S3- 9°- 107- 1 iS. 130. 138. 

151- 171. 175. 185. 18?. 192.. 

194. 197, 207. 218. 253., 
Mohamed ben Abdorrahmon ben 

Ibrahim, 140. 
Moh&med ben Abdesalem El Jo- 

xam'j 17. 
Mohimed ben Ahmed ben Abdel- 

mfilic, couocido por Abcna&za- 

rrad,97. 

Moh&med ben Ahmed ben abi Jni- 

tama, 39. 
Mohdrned ben Ahmed El Qtbf, 

137. 
MohAmed ben Ahmed El Xaiba- 

m',71. 
Moh&med ben Ah' El Bachalf, 254. 
Moh&med ben Asalim, 127. 128. 
Mohdmed ben Asbat, 197* 
Moh4m;dben Aymin = Mohamed 

ben AbdelmeJic ben Ayman, 

108. 143. 219. 252. 
Moh&med ben Baxtr ben Xara 

hii El Moafcri (vfiase tambiGi 

Moh&med ben Safd\ it, 12 

35 • 55- 57- 62 63 

64.. 65.. .. 66 67.. 68. 69 

71.. 72..-. 73- 74-- 75- 77 
78. 79 80 81.... 

82 83, 84. 85. 86,. . 97 

*45- 
Moh&med ben Bazca, 164. > 



-ii 



- 268 



MohAmed ben C&sim Abuabdala, 

i64. 242. 
MohAmed ben Chahuar } 167, 
MohAmed ben Elaglab, El Tcmi- 

mf, 132, 
MohAmed ben Fotdis, 18 . 66 

67- 145 

MohAmed ben G&lib ben Asafnr, 

10. 193. . 194 201, 209. . . 

210, 

MohAmed ben Guadah Abuabdala, 

14- 35- 37- 38- 39- 4o. 43- 
47, 50. 61. 66.68. 71. 77. . 82.. 

86. roo. 101. in, 112. 123. 

134.. 130, 131. 158. 
MohAmed ben Gualid el faqui, 

154. 218. 229. . 
MohAmed ben Hafs, 91. 
MohAmed ben Harit El Joxani, 

Abuabdala, 3. 
MohAmed ben Maxim, 203. 

MohAmed ben Hixem, 47. . 

MoMmed ben Ibrahim ben Elcha- 

bab t S3. 223.. 246. 247. 
MohAmed ben Imran El Talhf, 62. 
MohAmed ben Isa Elaxa, II. 72. 

106. 125. 
MohAmed ben abi Isa, 117. 253.. 

2560 
MohAmed ben Ishac ben Asalim, 

257.,. 
Mohamed ben Jalid, 78. , , 
MohAmed ben Moavia ben Sa- 

Hh P 49- 
MohAmed ben Mohamed EMabab, 

254. 
MohAmed ben Misuar, 146. 194, 

197. 

MohAmed ben Muza, 140. 167, 
MohAmed ben Omar, Abusafd, 52. 
MohAmed ben Omar ben Abdela- 

ziz (Abenalcutfa), 42. 81. 98. 

to6. 165. 167. 
MohAmed ben Omar ben Lobaba, 



45. 46. 81. no. 137. . 157. 168.. 

169.. 170, 200. 201. 203. 205. 

206. . 208,. 212. 213. . 218. 

223. 233. 
MohAmed ben Omcya, 214. . 215.. 
MohAmed ben Said ben Baxir ben 

Xarahil El Moaferi, 75. 76. 97. 

109. 138. 147, 
MohAmed ben Salih El HadramC 

(hermano de Moavia ben Salih), 

47- 
MohAmed ben Selma EI Quilabi, 

202. . '203. 204 . 205., . 206. 

207. , 208. 209. . 210, 211. 

213. . . 215. , 
MohAmed ben Talid ben Hamid 

ben Mohamed El Roaini, 96. 
MohAmed ben Yalria, 257, 
MohAmed ben Yusuf ben Matruh 

Elarach, 139. 140- 160.. 161. 

162, 
MohAmed ben Ziad ben Abderrah- 

men ben Zohair El Lajmi, 112. 

122 123... 124. 125.. 

.. 127, 128. 129- 130. 139, 

244- 
MohAmed l t 16. 17.. lS. 19- 130. 
132, 138... 139. 140. 141- 144- 

152. 1SS-- '56 l61 - l6 *« 

167, 172- 179- - • l§3* l8 4- 189.. 

2l6. 220, 

Monajal, 243- 

Mondlr ben Said ben Abdala El 

Belloti, 256.. 257. 
Morra ben Daysam, 98. 100. . « 
Mosab ben Imran, 9 10.. 

56 57 5 8 "- 59- • 

60 63, . , Si . . . . 

Mosala o Mozala (de C6rdoba), 

19, 105. 

Mumen ben Said, 148. . . 149, 

151. . . 176. 177- 
Muza ben Hodair, 113,. 115. 
Muza ben Mohamed ben Hodair 



- 269 - 



El canciller, 115. 239.. 253. 

Muza ben MoMmed ben Ziad 
ben Yecid ben Ziad El Choda- 
mi, 200 201 . .. 202.. 

Muza ben Sarnaa, Sr> 82. 

Nadar ben Selma - Anadar 240. 

Narbona, 24. 87. S8. 

Nasar (almunia de; en C6rdoba, 

235- 
NAsir ben Cais, 134-- C3S- T 3 6 - 

Nlebia, 230. 231. 

Nohares (pucblecillo de la juris- 

dicci6n de Toledo), 256. 
Obaldala ben Addelaziz, 159. 
Obaldala ben Muza ben Ibrahim 

ben M6slim El Gafequi, 96,.. 
Obaldala = Obaidala ben Yahia 

Abumeruan, Si. 123,, . 240* 
Obaidala ben Yahia Abuineruan, 

10. 13, 50, 78- 79- s 7- <° 2 ' 
122. 123. 240.. 
Ocba ben Alhachach El Saluli 

(el emir), 23.- 24., , 

0c1»4O- 

0.n Amer (madre de Bixr ben 

Mohamed), 49- 
Om Asbag u Om El Asbag t,her- 
mana de Abderrahmen I), 40. 

53- 

Om Elabas (hennana de Abde- 
rrahmen I), 53. 

Omar (calif a oriental), 16. 

Omara (arabe de Zaragoza), 91 • - 

92.-- 93- ■ 
Omar ben Abdelaziz, 35. 

Omar ben Aljatab, 249. 

Omar ben Mohamed, 322, 

Omar ben Xarahil El Moaferf, 

Abuhafs, 50.. 51.. 5 2 - ■ 
Omar ben Yahia ben Lobaba, 

218. 
Omar = Omar ben Yahia, 219, 
Omeya ben Isa, 158- 159. 174. - 
Omeyas, 30. 31.. 115- 226 - 23 7- 



Orlente, 48. 62. 79. 89. 98. 170. 

Otman (califa oriental), 16. 

Otman ben Abderrahmen ben 
Abdelhamid ben abi Zeid, 100. . 

OtmAn ben Attn (cl califa orien- 
tal), 225.. 

Otmin ben Ayub ben Abi Salt, 15. 

Otmin ben Said, 103, 109.. 
Otman ben Mohamed, 10, 13* 78, 

79, 87, 102. 148. 
Palestine, 96, 200. 
Pego, 157. 

Poley, 133. 157- 212, 241. 
Puente (de C6rdoba) J 139. 
Profeta (Mahoma), 16. 19* 40* 

42. 86. 87.. 89, 124.. 126. . . 

127.. 194- 
Qulitena (tribu de), 89. 
Quinesrlna, 116. 
Rebia el Comes (condc cristiano), 

86,. 87.. 
Rambia (ciudad oriental;, 13 1 - 
Raya(regi6n de Malaga), 192. 
Roaini^ Ahmed ben Obada, 208. 
Ruzafa ^de C6rdoba), 37* 
Sacan ( sccretario del monarca 

cordobGs Abdala), 21 . , 
Sad ben Moad, 116. 229, 
Sadun ben Nasir ben Cais, 134- 
Safar (contertulio de Abderrah- 
men I), 4*- * 
Sahnfin ben Said El Tanuji (Aben- 

jalican, I, 522), 124--- IJI- 
132.. 192- 

SaidElJair,44* 

Said ben Hasan, 101. 103., 107- 

137.. 138- • 
Said ben Mohamed ben Baxir ben 

Xarahil El Moaferf, 12, 83.. 

$4.. 85. 86, 87., 88.. 97- 
Said ben Soleiman ben Habib El 

Gafequi, Abujalid, 111. 112.. 

. .. 13* ■■ l i 2 I34, 

136.. 137- - - J 3* — r 55' 



- 270 - 



Salomon, 225. 1# 

Secunda, $4. 

Sevllla 38, 40,. 96, 98... 99. 

100. 104. 107. 108, 109. 167, 
230.. 

Sldonla, 89.,, 91. 95, , 96, 139. 

140, 142. 165 r95_ 200. 

SIdonIa del Algarbe, 91. 

Slrla, 31. 39., 40- 41... 42. 47- 

53. 56. 96. i3r.. 
Soad (csclava de hermosura pro* 

vcrbial), 46. 
Soflan ben Oyaina, 38. 
SofUn El Taurf, 38. 
Sotelm&n, hijo de Abdcrrahmen I, 

Solelmin ben Asuad ben YAix ben 

ChoxAib EI Gafcquf, 20. 131. 
150., 151. 155. , p 156,, i 57> , 4 

>5^ 161,. 162.. 164. 165, 

166. 167. 168, 169^ 170..., 
171.. 172.. r73.... 174, 175, p 

177- 178- . ■ 79- 180. i8k. 184,. 

■•- 185-186 187..,. 188. 

■ -■ 189 190 I9 j_ 

19-2- 193- 194, 217.. 

Solelman ben Imran, 154 226. 

Solelman ben Mobilised ben nbi 

Rcbia, 205, 
Solelman ben Safd, 131, 
Solelman ben SolcimAn ben Asuad, 

'57- 
Solelmdn ben SolcimAn ben H4- 
xim EI Moafcri, 155, 

Tarfa (secretario de Abderrah- 
men II), 13, 
Tenes, 23, 

Terraza del alcazar de Ctfrdoba, 

*33- 

Toledo, 254. 256., 
Timez, 73, 

Vado (pueblccillo de la provincia 
dejaen), 56. 

Vlcent 'paje de Alhftquem I), 58, 



Xobelar (pueblo), 43, 

Yahia ben Ishac, 250 25 [. 

Yahia ben Madmar ben Imr£n ben 

Monir El Ilham, 13. 98 

99, . . 100. . 101 102 

103. , , 104. . 105. 106. . ro7 

108 109 no. . 

Yfthia \ >cn Main, 38. 39. 
Yahia ben Modar El Caisf, 80, 
Yahia ben Said El CatAn, 38. 41. 
Yahia ben Yahia, {3. 14 15. 

. - 40. 47- Or. 62.. 78,, 79.. . 

... 80... 86... 87. . 88.. 101.. 

102, 107. 109. no. in 

112, W3... I2T. 122.. . 123. 
128. 

Yahla ben Yecid El Tochibf, 35. . 

■ ■■■■ 36 37. 

Yahia hen Yccid ben Hixem, 37, 
Yahfa ben Zacarfa, 14, 86- 143. 

158. 

Yala (rccadero de Hedcr, caneille r 
de Abdcrrahmen III), 228. , 

Yenalr (personajc cordob£s que 
s6Iohablaba en romance), ir8, 

Yoanes (apodo latino del juez Alf 
ben abi Bequcr), 119. 

Yojamlr ben Otmrfn ben Hasan 

ben Yojimir El Xabanf, 116. .. 
117. ,. ri8. 119. 

Yiinus ben Abdclala, 226. 

Yfisuf ben Abderrahmen El Fihr/, 

36, 37.. 45. 

Yusuf ben Uasil, 165.. 
Zaragoza, 42.. 91.... 92. 93, 

Zaunan = Abdelui61ic ben Alha- 
san, 107. in. 121. 

Zeldben Alhobab El Ocli, 40. . . 
Zeld El Gafcquf, 142. . . 143. , 

Zlad ben Abdcrrahmen 10... 

44 45 6i. 62, 

Zlad ben iMohAmed ben Ziad, 20- , 

191,. 
Ziriab(cl miisico), 13, i4..,,