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Full text of "Books about Maghreb and Andalus"

CEXTRO DK ESTUD!OS HISTdRlCOS 



LOS CARACTERES Y LA CONDUCTA 



THAIADO DE MORAL PRAcTICA 
FOR ABENHAZAM DE CORDOBA 



TruducciOD espaAolR 



por 



MIGUEL ASiN 




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MADRID 
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Imprenla Ib^rlca, E. Maeslr«,-t^>zi5'» [2, Madrid —Tel6rono 3.354 



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Al Excmo, Sr. O. Giiiilermo J. de Osnia, 



El, TKAlU'C't'OR 



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fNDICE GENERAL 



Pi»*- 



Prologo del trftducto'". 

La obra ^^'^ 

K\ autor ^^^" 

La lraducci6Ti '^^^^" 

Addenda et corrigenda. -. ^^^^^ 



1 



Traduocfon. 

Proemio 

Capllulo I, Sobrc la mcdicina de Ihr almas y arreglo dc 

]a3 costumbres 3 

CapUuIo II, Que la conducta mas digna de la razAn y xtik» 
apta para consegir la paz del ftlma estriba en no hacer 
caao de las palabras de los honibrcs, prcocupAndose 
b6Io de las palabraa del Crcador. Dije mal: esta con- 
ducta ea la linica dEscrcta y la linica imperturbable.. . . 9 

Capltulo III. Sobre la ciencin ^7 

Caplturo IV. Sobre los caractetes y la conducta 27 

Capitulo V. Sobrc los amigos, la annistad leal y la amislad 

sincera • ' ■ • • SS 

Capltulo VL Sobre laa espccies del amor 75 

Caplfulo VII. Sobre Us especicB de bcllcza dc las formas 89 
Capltulo VIIL Sobre el trato social y los caracterea mo- 
rales 91 

Capltulo IX. Sobre la medicina de laa enfcrmedades de 

los malos habUos » '*^7 



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vin 



Capitulo X. -Sobrc algunas cosas peregrina? .ine sc oh?cr- 
van en los habitos morales del abna 

Capitulo XL Sobre el insano afan de tnquirir et scntido 
ocuho (ie las reficencias que henios otdo en con- 
versacionea 6 dc Us ccsas que s61o en parte hemos vis- 
to. Item; sobre el desco inmodcrado dc alc.Ttij:ar fanui y 
celebridad perpetua k travcs de los slglo^, ... : 

Capitulo XIL De la asistencia fi ?as reunfoncs cientiHoas. 

Indioe alTab^tioo de materfas 

Indice de nombres proplos 



Pags. 



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^5^ 

i67 
<79 



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PKOLOGO DEf. TKADUCTOR 



Uiio de los mas fecundos poligratos y originales 
pensadores dc la Espaila musuimaiia, cuya figiira 
apenas si lia sido bosqtiejada a estas feclias, es el 
filosofo cordobes del siglo Xl de luiestra era, Abcn- 
hazam el Tahiri. Mistoriador, poeta, gramatico, li- 
terato, jurisconsulto. teologo, exegeta, nioralista, 
Ibgico, escritor de politica, psicologo, polemista y 
metafisico, a todas las ramas de la enciclopedia 
griega y jnusulmana consagro su pasniosa activi- 
dad, exccpEuando la maternalica en que se confiesa 
profano; ^ todas ellasaplico, con la relativa rigidez 

■ ■ r 

que tan varias matcrias permitian, im inismo crite- 
rio sisteniatico: la negacion de foda autoridad hu- 
mana, siistituyendola por ct sentido literal dc los 
textos sagrados, cii materia religiosa, y por la pura 
razon apodlctica, exeiita de prcjuicios de cscuela, 

en cuestiones profanas. 

Esta unidad de pensamiento que informa su sis- 
tema» esta origiualidad e independencia en el exa- 



s 

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"1 



men de todos los problemas de la ciencia y de la 
vida y en la critica de todas las escuetas, sectas y 
religiones (exceptuado el islam), debiera haber co- 
locado a tan genial pensador en el primer piano 
del cuadro historico del perisamiento medieval es- 
pailolj al mismo nivel que Averroes y Avempace, 
Avicebrdn y Maimonides. 

Sin embargo, su nombre falta por complete en 
las historias generates de la filosofla, y, hasta hace 
muy pocos ailos, apenas si se le consagraban per 
Ids especialistas algunas breves lineas que muy va- 
gamentc sngerlan la trasccndencia de su sistema 
para la teologia y derecho del islam (1). 



(i) El mismo Munk, principe en este linaje deestudios, pasa 
en silencio el noiubre dc Abenhazam al hablar de los fil^aofos 
espaiioles en su3 Alelanges de philosop/iie Jttivs et arabe (Pa- 
ris, 1 859). -Dozy fue el primero que en su Ilutoirs des musul- 
mans d'Espagne (Leyde, 1861) trai6 los rasgos uias salientes de 
su biografia y desfior6 alganos pasajes de sus dos principale^ 
libros entonces conocidos, Histo7-ia critica ds las reii^ioneSf hi- 
rejiai y tsctttlas y Libra del amor (lU^ 261 » 309, 341)- ^ Gold- 
zlber en su Die Zahiritcn ^ tkr Lekrsystcin und ihre Ge^ckichtf 
(Leipzigj 1884) estiidJ6 a Abenhairam <::.C}\\\o jurist a, colocandolo 
entre los mas itustres defensores de la escuela takiri {paginas 
J 15, 185)^ — Schreiner en sns Beitracge zttr Geschichte der tkeo- 
io^ischen Betofgnn^en im Islam (zdmg, 1898, pags. 464-486) ex- 
pose algunas aplisacioneg del criterio tahiri de Abenhazam a la 
teologia dogmatica. En el mismo ZOmG (iSSS, pags. 615 y 657) 
habia dado antes a conocer algiin capitulo de fu Hist, crit. de 
las reli^, — Goldziher y Schreiner analizaron sus polemicas anti- 
judaicas en el ZGJ (1873), pag. 81, y en e! Kohiifs Semitic Stu- 
dieSy p&g. 498. — Friedlaender en un btcvisimo articulo, Zuf 






XI 



Esta oscuridad que ha cnvuelto su nombre, de- 
bese, ante todo, a la misma caracteristica esencial 
de su sistema: adversario decidido y violento de to- 



Konipontion 'Von Ib>i Harm's MUol loan Nihal, inserto en lo.^ 
OruntaL SUcdini en honor de Th. Noeldeke (Gieszen, T906), 
p^g- 267, ha dado una sintesis del plan de la Hist criU de l<ts 
religiones, y en el jaos (1907- 1 90S) hatra^^ado el ciiadro delahe- 
Tftjia dc los jciies, tal conio Abenhazani la expone y refuta: The 
heterodoxies of the Shiites in the presentation of Bn Ilmm,— 
Macdonald en su Development if muilim theology ^ pirisprudaict 
And comtiiidiomilihcury (New-York, i903)»P*'^g- »f^^> ^^ ^^^^^ 
ya nna vision de conjiinto, &obria pero exacta, dc sus ideas teo- 
16gico-juridicas.-Finalmente, Horten en su Die philosophischin 
Systeme der spektdativen Jheologen ini Mam (Bon, Cohen, 1912), 
pags. 564-S93* ^a caracterizado a Abenhazam como adversario 
(ie los axaries, ademas de aprovcchar su UiH, crlU de las retig. 
como fuente de informaci6n para su estudio. — Como /i?j/ffWflfl^tf? 
ha sido retratado mny jiistamente por Dozy en la Introduction 
de su Bayano'l-Moorib (Leide, 184S), pag. 65. - Pons en sn 
Ensayo bio~HHiop'dfico sobre los hist, y geo^rafos araiigo-espa- 
noles (Madrid, 189S). P^E- '3o, reprodujo el juicio de Dozy. En 
su articulo Dos obras impoHantisimas de Aben-Uazani, inserto 
en el Homenaje a Menend&% y Pelayo (Madrid, 1899), !» 5^9* ^^^ 
breve noticin de las dos solas obras de Abenhazam entonces. 
conocidas, Libr^ del amor e Hist. cHt. de las reli^-, aiguiendo 
exclusivamertc el indice arabe de ambas, publicado por Dozy 
en el Catalogus cod, orient, de Leiden. -La revista arabe de Da- 
masco AUnmabas (I, i.") pubHc6 recientemonte una biografla 
de Abenhazam en que se utilizan las fuentes mis conocidas,- 
Nosotros, finalmente. hemos dado la version castellana del ca- 

pituto de su Hist. crit. di las reli^, (V, 1 19-124}. en que expone 
la doctnufl esceptica de ios defensores de la religi6n universal, 
enun articulo insctto en Cultt4raEspanola{¥<thx<^to,-i<^OlY La in- 
diferencia religiosa en la EspaiiH mmulmana. En la misma revis- 
ta (Febrero, Mayo, 1909) dimes algunos extractos del libro que 

ahora traducimos, bBJo el titulo La moral gnomica de Abenkoz^m. 



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das las gscuelas'^teologicas y juridicas, todas eUas 
se asociaron por igual en el odio comun contra su 
virulento censor, cuyas obras condenaron al fuego 
como hereticas. Por eso, dentro del miindo musu!- 
man no pasaron muchos siglos, cuando del copiQ- 
so cat^logo de aquellas apenas si sus bidgrafos 
nicncionan ya el titulo tan solo de imas pocas; y 
aim de estas pocas, son contados los ejemplares 
que se conscrvan en las bibliotecas europeas y 

■ 

orientates. 

Agreguese a csta causa ^ que las criticas demoic- 
doras y sagacisimas, aunque brutales c irrevercnies, 
de que Abenliazam sc sirvc en sus apologias del 
islam, contra la religion judia y la cristiana, debie- 

w 

ron for^osamente hacer odiosas todas sus obras A 
losojos de los traductores hebreos y cristianos de 
la edad media, que tampoco encontraban en ellas, 
si cs que lasconocieron, un trasunto fiel y puramen-. 
te filosdfico de !a ciencia griega, Por eso, dentro de 
la escolastica medieval, no suena jamas su nombre 
al lado de Averroes o Maimdnidcs. 
, .Y ya en los tiempos modernos, la rutina de con-" 
siderar como pensadores dignos de estudio s61o a 
Htos que la edad media consagro con su plebiscite, 

■ ■ 

ha cpntribuido tambien arctardar m^s de lo justo 
la rehabilitaci6n del nombre de Abenhazam. Esto,^ 

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sin tener en cucnta cl rclativo olvido para todas las 
obras filosdficas y teoldgicas de los musulmanes. 






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que se advierte en Europa desde los albores del 
arabismo. La poesia, las bellas letrasja hisloria 
politica ban absorbido casi por completo la aten- 
cidn de los espccialistas, ya por el mayor interes ge- 
neral de estas materias, ya per la relativa facilidad 
de su divulgacioii entre el gran piiblico, ya por exi- 
gir su eskidio menor espccializacidn tecnica en los 
traductores y en los lectores. 

Mas desde que la imprenta sc lia ido aclimatan- 
do cntre los musulinanes de orionte, y sus casii^; 
editorlales han publicado las obras macstras de los 
grandes teologos dc! isSam medieval, la atcncidn 
de los arabistas europeos sc lia visto ya solicitada 
con m.ls fuerza y continuidad por cstos estudios^ 
hasta entonces prcteridos, porqiie los contados 
ejcmplares manuscritos que deaqucllas obras guar- 
daban las bibliotecas europeas eran casi inaccesi- 
bles para la mayoria de los arabistas, Esto sin con- 
tar con que otros muchos libros de los grandes doC- 
tores musulmanes, que la Europa sabia conslderaba 
perdidos, han ido aparcciendo en inexploradas bi- 
bliotecas orientales, nierccd al celo teoldgico de los 
alfaqules de nueslros dias, ayudado no poco por el 
interes industrial de los impresores del Cairo o de 
Constantinopla. Baste decir, en cstc respeclo, que 
del numeroso caudal bibliografico dc Algazel, ape- 
nas si se habian publicado unoo dos follctos insig- 
nificaiUes^ liace una veintena dc afios; y en este bre- 



T 



XIV 



ve periodo, la casi totalidad de sus libros han visto 
ya la luz publica. 

Mucho de esto ha ocurrido con nuestro poligra- 
fo cordobes. La mayor parte de los breves y frag- 
mentarios estudios, arriba catalogados, acerca de 
su sistema teologico^juridico^ hubieron de redactar- 
se A la visla de contadssimos ejemplares manuscri- 
los de'algLinas de sus obras, accesibles solo en las 
bibliotecas de Leiden, Viena 6 Berltn, La obra ca- 
pital, la que mejor condensa su pcnsaniiento, la 
Historia criiica de las religlones, fierejias y escue- 
laSf s61o en 1903 vio la luz publica en las prensas 
del Cairo. Claro es que esa Historia basta, por si 
sola, para fraguar la siiitcsis dc su sistema filos6fi- 
co-teol(3gico, ya que no del jurldico; peio, aparte 
de que todavia no ha sido sometida al trabajo de 
an^lisis, metodico y completo^ que es indispensa- 
ble preAmbulo de aquella sintesis, otros libros de 
Abenhazam habrian tambien de ser despojados para 
extraer de ellos sus ideas sobre la.logica, psicolo- 
gia, moral y inetafisica: el que susbidgrafos titulan 
Introduccldn a la logkay vulgarlzadon de su con- 
tenldo; el que Dozy rotuld Llbro del amor, el que 
Almacari llama Libro de los caraderes del alma^ y 
el que el mismo Abenhazam asegura haber escrito 
bajo el titulo de Refutacion de la metafisica del me- 
dico AnazL Pero de estoscuatro libros— excepcidn 
hecha del segundo, recientemente editado y analiza- 



XV 



do por un arabista ruso (1)— el primero y el cuarto 
nosesabe que existan, y del tercero, hasta hace 
ocho anos, no se tenia noticia de que seconservase 
en biblioteca alguna» oriental o europea. He aqui, 
sin embargo, que de improvise aparere editado en 
1908 en la imprenta Asaada del Cairo, sin indica- 
cion del origen del cddice, pero con todos los sig- 
iios de autenticidad, imposibles de adulterartrat^n- 

■ 

dose deun opusculo autobiografico. Esta sorpresa 
con que el oriente nos ha obsequiado, es muy ficil 
que se repita con los olros libros de Abenhazam 
que hagan posible un defiaitivo estudio de su pen- 

samiento. 

Entre tanto, la patria de Abenhazam tenia dere- 
cho a las primicias de su precioso opilscuio dtico- 
social, cuya versic3n castellana ofrezco en estas pd- 
ginas bajo el titulo de Los caraderes y la condacta. 
Su naturaieza autobiogrAfica y las alusiones que 
contiene, fugaces y concisas casi sietnpre, ^ algu- 
nas de lascardinales tesis de su sistema, exigian 
para los lectores y reclamaban del traductor un es- 
tudio previo sobre la vida, cardcter e ideas filos6fi- 
co-teol6gicas de Abenhazam, fraguado con todos 
los libros que del autor existen ya publicados y 
aprovechando los datos que nos conservan susbi6- 



(j ) Diniitry Petrot: Abu-Muhnntmcd A 11 Un-IIazm Al-Anda- 
iusl. Tauk AUHamttina, ptfblU d' aprh Puniqui manuscrit de 
la Bibiiothiqut de rUuivirsiU de Lade (Leide, Brill, 1914). 



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X.¥I 



grafos. Desde Iiace varies afios, tengo preparados 
para empresa cje tan largo empefio copiosos niate- 
riales, reducidos a sintesis y en gran parte, hasta 
dispueslos para ver la luz; pero la extension de ese 
cstudio previo ^eria tan desmesurada en relacion 

r 

con la brevedad del opuscule que hoy traducinios, 
que, en lugar de prologosuyo, constituye mas bien 
un libro aparte. Per eso, y per no dilatarnias tiem^ 
po la publicacic5n de Los caracteres y la conducta 
de' Abenhazam, nos liniitamos, por ahora, d dar 
una breve noticia sobre cste solo opusculo y sobr.e 
su autor, reservando para otra ocasion e! extenso 
estudio de conjunto a que arriba aludimos. 

La obra. — El titulo completo del opusculo que 
traducimos es: Libro de los caracteres y de la con- 

■ 

ducla, [que trataj de la medlcina de las almas (1). 



Consta tie io6 p^ginas en S.**, y ha sido editado en la imprenta 
A^'foiiiia d<*l Caii^o por Ahmed Omar el Mahitiasani, pfofesor (?) 
de la Universidad AldKhar, No ileva feeha de edici6n; perO es 
de !9oS. El editor^ ademas dc atender con esji^ero a la correc- 
ci6n del texto, ha anadido algunas sobrias notas lexicolbgicas 
(en Arabe, por supuesto), para facilitar la inteiigencia.de los ter- 
jujnos algo arcaJcos y con exceso clasicos de Abenhaxam- Ade?- 
nlas ha escrito un pr61ogo brevisinio y una nota bio-bibliogriH- 
ca sobre el autor, sacada dc las fiientcs mas vulgiirizadas. Ni eh 
esta noticia ni en el pr6logo dice una palabra acerca deloflgen 
del.c6dice.que edita. Por eso sospecho que procedera de algiina 
biblioteca particular. . Posteriorniente, aunque tambien sin feoha 
(creo quc.e& de 1.911), haapai^cklo otra. edici^n en-el -Caire 



^ 



1: 





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1 



XVII 



Casi todos los btografos de Abeiihazam enunieran 
entre sus obras otra titulada Libro de los hdbitos mo- 
rales del alma (1), que bien pudiera indentificarse 
con esta, a primera vista; pero el editor egipcio de 
nuestro opusculo parece rechazarimplicitamente tal 
identificacion, puesto que las cita A ambos como 



(7S pags< en 8-^), publicada por el librero Moh&med Efendi 
Adham, bajo doble lUuIoi uno, en la cubierta f^^=^ ^ ^i^b 

^. .'.)\, jj^A^' .^;li^: ^^A<!1 »^1^- ^Lv-J! 

, ^a. .^-J ^jI' '^^ (Filosofia de las eosttimbres^ llamada me- 
dicina de las almas^ correccion de los hnHtos morales y fti^a de 
hi vhios, de Ahenhazain); otro, en la portadu ^.■*^a)i 5U!J-^ 
Jjji ,)i M Jijilj ^jiXii ^^^iXi^i^ (Medicina de las i\l- 

mas, correccion de los apetitcs y continencia de tos viciQSj. Debe 
proceder de un c6dice peor» pues se advierte mayor desordcn 
en el texto y faltan mucbos parrafoa de la edici6n /r/^f^j^^J, ver- 
bigracia, los seiialados en mi liaduccidn con los niimeros 222, 
3 '8, 336, 340 jr 344 hasta el fin. Carece odemAs de divisi6n de 
parrafos, de notas y de la vocalizaci6n cuidadoaa dc la ediciin 
anterior. Fareoe, pues, aer una reimpresi6n apresurada para 
atender d los pedidoa del libro, agotado en su primera edici6n. 
El ^xito de este opiisculo ha sido, efectivamente, tal, que doa 
aaos mas tardc, en 1913, ha vuelto a editarse por otra imprenta 
del Cairo (la Chimalia), pero adicionindole una cotecci6n dc 
penaamientos sobre moral social, debidos a la pluma del eglpcio 
Casim Bee Eniln, y dando k este hibrido conjunto el titulo co- 



fAient&s acerca de las cosiumbres 6 medicina de las almas). Cons- 
ta de 108 pAgs. en 8.^, de laa cuales las 53 primeras contienen 
el optisculo de Abenhazam. 

(i) En ferabe: ^j^\ '^^^ ■_.- 1^ . 




Jfl- 



xVill 



distintas, al organizar la lista dc lasobras dc Abcii- 
hazani, dandoles difcrenles numeros (el 8 y et 13) 
e individualizando a la que el cdita, en esta forma: 
"Libro de la niedicina de las almas, que es este libro 
que aiiora nos ocupa; tambicn se le conocc con el 
nonibre dc Los hdbltos morales y la condiicta,, (1). 
Por olra parte, parecc muy verosimd la sospecha 
de que ambos libros scan dc distinta indole, aunque 
el titulo sea analogo: uno, el Libro de las hdhttos 
morales del alma, al ruodo dc las obras de los peri- 
pateticosniusuliuanes que calcaron sus tratados dc 
etica cu los de Aristoteles, scria quiz^ m\ manual 
didactico conteniendo las dcfiniciones y divisiones 
dc ias pasiones y habitos con indicacidn somera de 
los metodos naturalcsdc correccion moral (2); otro, 
el que ahora se ha publicado y traducimos, no tie- 
nc nada de diddctico, en cl sentido pedagdgico de 
este adjetivo: el autor no se preocupa jamds de or- 
ganizar las ideas ni de sistematizar ias malerias den- 
tro de claves mnemonicas, ni de definir los conccp- 
tos segun las normas rigidas de la l(5gica, ni de ar- 
gxxmtnidiX en forma, coino lo hace en las paginas 



(i) Esta (hii>licitlad do tiUiIo obetlccc, i\ mi juicio, a que se 
copiO del cncabezaiiiienlo dc los capitulos IX, IV y I del 

opusciilo. 

{2) De este gcnoro cs el Hbro Coryeciion <U hi httUtos tno- 

ralis ( i^^-''^^^ ^^.•w\.^j) del rd6soro persa Abenmisciijiuaiht, 

coiUemporAtico de Abotihazam, 












Xl'X 



poiemicas de su Hlstoria crltka de las religiones; 
lejos de adoptar la actitud fria e impersonal del tra- 
tadista de etica, del hombrc de ciencia, que estudia 
en abstracto los fenoinenos de la vlda moral, Aben- 
hazani en su opuscule se nos ofrece con todos los 
caracteres del moralista practice, del hoinbfe de 
mundo, de! obscrvador atento de los liechos que 
en su derredor pasfin d en los que el interviene y 
cuyos sedimentos de experiencia va escrupulosa- 
mente rcgislrando, hastn que su reiteracion no dcs- 
nientida le pcrmite traducirlos en formulas geneiales 
6 seiitencias. Es, pucs, mas bien un libro dc moral 
gnomica; pero no como tantos otros que en el islam 
y fiiera dc el se lian escrtto y cscriben copiando de 
aqu! y dealli las infinitas verdades de moral practi- 
ca, las moralUiades univcrsales que k travis de to-^. 
das las civili^.aciones y pueblos se han transmitido 

poT sapienfeSj fab'jlistas^ etc., dcsde las m^s remotas 
edades, y coilsignaSo en antologias, sino que cs una 
coleccidn de m^ximas de moral individual y de 
priidencia de la vida, vistas por su autor en si mis- 
riio y en los otros, cxperimenladas en la realidad 

■ w 

personalmente, no aprendidas de mode muerto en 
los libros de apotegmas y proverbios. 

Gonsta de an brcvisimo proem io, seguido de ca-^ 
torce capitutos de muy desigual extension d interes. 
El contenido de estos capitulosno corresponde por 



^ . 



completo d los titulos que los encabezan; tras de 



-'""-I 



XX 



las primeras sentencias de cada capituto, que sieni- 
pre son coherentes con el titulo, vienen A menudo 
otras de cardcter hcterogeneo, Ni tampoco todos 
los capitulos responden plenamente al titulo del li- 
bro: los hay que tocan temas ajenos ti la moral, 
como el VII » en que se definen algunas voces de ca- 
tegorias esteticas (1). 

La forma de exposicidn tampoco es homogenea: 
predomina el metodo gn6mico 6 sentencioso, que 
da A todo el opusculo un caracter analogo al de los 
Versos Aareos de Pita^oras, d mejor ^ las maxi- 
mas en prosa de Demdcrito 6 Plutarco, de Varrdn 
6 de Seneca, d^ tos manuales de Epicteto 6 de 
Boccio; pero no faltan largos pasajes en que se 
abandona el tono sentencioso y el estilo cortado, 
para adoptar la actitud del predicador ascetico que 
anatematiza razonada y elocuetitemenle algunos vi- 



(i) Kse capitulo VII, dentfo de su brevedad^ es una precio- 
sa. contribuciCin a la hiatoria de las ideas c3tctica:4, Cumparadu 
ttu doctrina con la de los fil63ofo3 griegos (PlatOu, AristOtele*, 
Plotino) y routatios (Cicer6n y lloracio) o con U de loa Santos Pa ■ 
dres y escritores escolasticos (San Agustin, San Isldoro, Santo 
Tom^s), y hasta con la de los pcnsadores nuisulmanes y hebreos 
de nuestra patria (Avempace, Aberitofail, Averroes, Avicebr6n. 
Maiminides), a todos los supcra no si^Io por la preoisi6n y cla- 
rtdad de sua definicionea^ sino por la riqueza y finura de la ob- 
ftervaci6n objctiva accrca de las notas esenciales de lo beUo y 
de sua eategoriaa seciindarias, Leage^ en cojnprobaci6n el eatu- 
dio que Mcnende^ y Pelayo consagra a los pensadores arriba ci* 
tados en su //isi<fHa dt las ideas estHicaSt tomo T, y compirese 
defipues con et capUulo Vll de nucstro opO^cuto. 



I 






-L 



xx\ 



. \ 



cios, como ocurre en todo el capitulo XI, que es 
una hermosa peroracion contra la vanidad, no infe- 
rior en merito i las de los mascelebradosescritores 
asceticos del islam; otras veces (en el cap. IV por 
ejemplo), el autor vuelve contra si mismo la ferula 
del moralista para confesarse publicamenle reo de 
algunos vicios morales, con tal sinceridad y humil- 
de contricion, que nos parece su voz un eco de la 
deSan Agustin en sus Confesiones, aunque muy 
pronto se torne vioienta y cuasi agresiva en la apo- 
logia pro se que a aquella confesidn sigue; tanto 
ese capitulo como multitud de otros pasajes, con- 
tienen tales pormenores de su vida y de su persona, 
que semeja el opusculo en tales casos un libro de 
memorias para uso del autor (I), m^s que un trata- 
do de moral para el prdjinio. Ni faltan, en fin, pa- 
sajes 6 capitulos enteros en que la descripcidn ob- 
jetiva de los caracteres huinanos ofrece tan viva, 
concreta y palpitante realidad que su lectura sedu- 
ce con atractivo comparable al de los Caracteres de 
Teofrasto y de La Bruyere d al de los Ensayos de 
Moral y Polltica de lord Bacon, A quien en tantos 
rasgos de su vida y tcmperamento se asemeja 

Abenhazam, 

Esta abigarrada heterogeneidad de formasyde 
tono en la exposicidn quita unidad al opiisculo, que 



(l) Cfr§2. 




"- "-^ 



XXfl 



ihas parece un cuaderno de apuntes 6 borraddr; 
que no libro definitivo; pero, en cambiOj el cardcter 
6 psicolo'gia de su autor y la idea que inspire todos- 
estos apuntes fragmentarios no plieden estar acusa- 
das con mas claridad y persistente energia.. 
■ El opuscule, en efecto, es un documento pre- 
cioso para fijar definitivainente; y pbr modo all-- 
tentico e irrecusable, el temperamento moral, se- 
vero, dure, pundonoroso, nsda flexible, de esfe 
hbmbre d quien Dozy creyo un romdntico cristia- 
no y que tenia, scgun otros, un alma candorosay 
sencilla (1). 

'En cuanto a la idea inspiradora de toda su moral/ 
no es otra que el pesimismo mlstico. Esa idea fiin-.' 
damental esta consignada ex profeso en el proemio 
y en los dos primeros capitulos en que se esboza 
una demostracidn de su cardinal tesiSj original solo 
en la manera de formularla: el bien sumo y el fin 
ultimo de ios actos humanos es huir de toda pre- 
ocupacidn penosa; el medio unico de conseguirlo 
son las obras realizadas porfin sobrenatural y ultra- 
terieno; las virtudes son dones grafuitos del Crea- 
dor; el hombre es bueno o malo por natufaleza, es 
decirj scgun el temperamento fisio-pslcoldgico con 
que ^ Dios le plugo crearlo;"la educacion poco 



(t) Cfr. §§45, 56, 88,90. 97, 105, 107, nj, [74, 125, 127, 
184, rgi, 388, 296. ■ ■ ' " 






I 









XSIII 



puede (i). Su elica es, como se ve, esencialmente 
religiosa, amiquc son coritadas las veces en que 
cila, en apoyo de sus afirmaciones, el testimonio 
del Alcoran 6 de Mahoma (2). En cambio, se ad- 
viertoa, aunqiie pocas tambien, reminiscencias de 
Ja.doctrina etica de los filosofos, y especialmente 
cierta aficion a las clasificaciones apriorlsticas y ar- 
tificiosas de las virludes y vicios, que denuncian el 
inQujo dlalectico de !a escuela ari^totelica "^Irabe, 
bien conocida de Abenhazam. Estos pasajesenque 
la influeiicia de las ideas mas vulgarizadasde la filo- 
Sofia griega es palpable, no merecen, d mi juicio, 
tanta ateiicion como aqucllos otros— yson los mas 
en- que Abenhazam rcvela una personal manera de 
observar los fendmenos de la vida. 

En ellos creo yo que estriba el interes excepeio- 
nal, el valor trascendental y humano de este optis- 
culo, el cual, a pesar de su exiguo voluuien, ofrece 



(i) lie aqni un verso en que pinta su pc&iinismo (Prbiogo 

del editor egipcio, p. 4): 

«iAcaso, es la vida otra cosa que lo que hemos conocido y ex- 
perimentado? [El haiiibie de vivir perdura siempre, pero sus de- 
leitcs se disipan presto! Asi que Dios tc otorga unahora de ale- 
gria, huye tan veloz como pasa un abrir y cerrar de ojos, para 
dcjarle en herencia la triste2a.» 

(2) Ea digno de notar&e, en un musulman tan ccJoso de la 
superioridad de su religion, c\ amplio espiritu de; tolcrancia que 
maniftesta hat;ia todo el quo profesa sinceramente una religibn 
cualq.uicTa.. Abenhazam lo preficre al hombre irrcligioso 6 indi- 
fefent,e.rCf-:§§ lO, 79, 




:^xiv 



ai lector europeo, y mas aiin al lector espafiol, el 
cuadro real y vivo de la psicologia y etica social de 
los musulrnanes espailoles durante el siglo XI, visto 
y valorado ademds por un pensador tan original e 
independiente, que tuvo el prurito de vivir siempre 
como ciudadano libre en la republjca de las letras 
isMmicas, desligado de toda adhesidn rutinaria A las 
escuelas tradicionales. 

Infidrese de aqui, que el estudio de las fuentes de 
que dependa la doctrina moral contenida en este 
opuscule, ofrece ya un interes muy relativo, limita- 
do tan sdio a aquellos pensamientos cticos o socia- 
lesque noderiven de su personal experiencia. Y 
para csa exigua parte del opiisculo, bastarji aqui 
sugerir tan solo al lector los varios conductos a tra^ 
v^s de los cuales^penetrd en la literatura isl^mica 
el caudal copioso de las ideas etico-sociales de las 
civilizaciones anteriores, y que pueden reducirse a 
tres: la moral biblica, asi judaica como cristiana, 
que tanto influyd en el Alcordn y en los escritores 
asceticos; la moral indo-persa, de car^cter mas pro- 
fane que religioso, la cual penetrd a (raves de los 
libros populares de literatura amena, como Calila y 
Dimna; y la moral filos(5fica de los griegos, median- 
te las traducciones que se hicieron de las obras de 
Aristdteles principalmente (I). 

(l) He aqui ajgunos paaajes en que se vifilunibran estas va- 
rias influencias: §§ 9, 26, 25, 36, 43, 48, 91. 92, '3^. '5*, 



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XXV 



El auton^Pocos hombres como Abenhazam se 
habran hallndo tan preparados por su vida para es- 
cribif una obra del genero de esta que traducimos- 
Nacido{l) en medio de la opulencia y de los es- 
plendores de la nobleza cortesana^ como hijo que 
fue de un ministro de Almanzor, su infancia y su 
juventud gozo de todos los halagos de la fortuna po- 
litica, llegando a los treinta aflos a desempeflar, si- 
quiera moment^neamente, el mismo cargo que su 
padre, cerca del califa de Cdrdoba AbderramAn V; 
pero muy pronto las discordias civiles que prccedie- 
ron a la desaparicion de los Omeyas y al fracciona- 
miento de su imperio en los reinos de Taifas, lan- 
zaron a Abenhazam de la elevada posici6n social y 



i6i» t83r 185, 190, 218, 263. 295.Sobre loa origenes At la eticA 
musulmana, cfr Carra de Vaux, CoitzA/i (Paris, 1902), pig. 139 y 
Rtguientes. Actttca del elcmcnto persa, vease a InostranUev^ M^^ 
moires derAcadhme Imph-iaU das ScUnc^s (San Petereburgo^ 
rgog, V[I, 1 3). Un analisia exlcnso de esU cfttudio puedc vorac en 
la Hivuedu monde muudman \^.^^x^^ &^ "9»0j P^g«' 109-127. 
Sin grande esfiicT?.^ podrian enconUarae pensamiontoa dc Aben- 
hazam an&logos, hatita en la forma dc exprcsi6n, a sontenclas de 
su paisano Seneca; sin embargo, no estimo que tnl analogU hc 
deba a nexo real y directo entre e! penftador muaulmAn y la tra- 
dici6n senequhia espaftola, sino m^s bien a mflujo de los morft- 
Hstas arabes del orienle. Cfr. Asin, Abtnmasarra y su escueU 

(Madrid, I9i4)» pag. 16, 

(\) En Cifdoba. ct afto 384 de la hegira (994 de J, C), 
bajo el cftlifato de Hixem H y gobernando en su nombro Al- 
manzor, de quien fue viair el padre de Abenhazam, El nombre 
completo de este ultimo ea Abu MohAmed Ali, hljo de Ahmed. 
htio de Said, Abenhazam, 



"^ 



XXVI 



politica que el y su familia ocupaban desde hacia 
tres generaciones. Fiel a sus ideas legitimistas, ne- 
gose a transigir con los usurpadores de los Omeyas, 
y vidse en un instante sometido a las n}As duras 
pruebas.de ia vida: la miseria, el destierro, la per- 
secticidn y la deshonra. 

Crisis de tal naturaleza y tan violentas, son las 
m^s aptas para destemplar un cardcter y agudizar 
las tendencias escepticas y pesimistas de un espiri- 
tu coino el de Abenhazam. Mas no pararon en 
aquello sus desgracias: otros motives religiosos y 
cientificos vinieron a anadirse a los politicos para 
colmar su inforfunio. Enfrente de las doctrinas juri- 
dicas y teoldgicas de la escucla maleqai, profesadas 
por la casi totalidad de ios alfaquies espanoles, 
Abcnhazam tuvo la audacia, casi !a iniprudencia, 
de levantar su voz acusandoies de fanaticos, rutina- 
rios e intransigentes rutniadores de una doginalica. 
afilosofica y de una moral casuista, petrificadosen 
los textosy manuales de las escuelas, porque care- 
cian del talento necesariopara libertarse de la tu-' 
tela de los maestros tradicionales e ira beberen las 
mismas ftientes del dogma y del derecho candnico.- 
las solucionesde todos los problemas. Esta actitud 
de independencia respectO:de.los maestros consa^ 
grados por la rutina de los siglos, cuya autoridad" 
qiiejia el.sustituir cbiila letra misma del Alcor^fj' v 
de las tradiciones del Profeta, fuetacWida'deincre- 




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dulidad y de hefejia. Los alfaquies, ademaS, abo- 
miilabaii cordialmente a Abenhazam, cayas fornias 
en la discusion, asi hablada como escrita, distabail 
mucho dc ser stiaves y benignas. Tan violentO' y 
acre debio ser en sus disputas, que en Espatla y eti 
oriente quedo como proverbio:"La lengua deAbeti- 
hazam y la.espada de Alhacliach, son hermanasge- 
melas (1), Todas estas causas hubieron de atracfle 
la enemiga de los alfaquies, que buscaronla revan- 
cha ensanandose en la desgracia de su violento ad- 
vers^rio, tan pronto como vieron que se eclipsaba 
la estrella de su fortuna, Acusado por los teologos 
de hereje, el pueblo y los grandes comenzaron a 
hacer el vacio en su derredor, y hubo de salir dc 
su tierra para emprender humiUante peregrinacion 
a traves de todas las cortes dc los reye/Aielos de 
Espana, buscando ia recuperacidn de su rango so- 
cial y la rehabilltacion de su nombre. Pero fodo 
fue en vano. En los ultimos aHos de su vida, se le 
vio regresar a sus lares, abatido ya y sin esperanza , 
para buscar en el ascetismo un ultimo consuelO, 
apartado del mundo, en una alqueria del distrito dc 
Niebla, donde murid el 456 (1064 de J. C). 

(i) Cfr. Abenjaludn, edic. Cairo, U, 23, lln. ro inf. Ei Alha- 
chach de este proverbio fue el celebrc general arabe al scivicio 
del calif.1 omeya de oriente Abdemelic, que muri6 el afio 95 <1^ 
la heg. {715 de J. C.).-for lo demas, el mismo Abcnhazam re-. 
conocia su propio mal huuior e irritabilidad, atribuyendola a t^na 
enfermedad que Je produjo hipertrofia del bazo. Cfr. % 24S. 




xxvrn 



Siendo el opusciilo de Abenhazam, que traduci- 
mos, algo asi como el reflejo fiel de los vaivenes de 
su voluble fortuna y el poso amargo que ea el fon- 
do de su conciencia dejaron las desgracias de la 
vida, parece natural suponcr que en ese retiro a que 
se acogid en sus ultimos ailos y en el cual murid, 
es donde debid dar forma definitiva a sus apati- 
tes, ya que en gran parte son algo as[ como sus con- 
feslones; y obras de esta indole, aunque siempre su- 
pongan una elaboracidn len(a y meditada durante 
largos afios, tambien cs cierto que solo en la vejez 
se ultiman y dan por conclusas. Ahora bien; su- 
pucsto que lodes sus biografos coinciden en afirmar 
que los liltimos ailos de su vida los pasd en la casa 
solariega dc sus antepasados, sita en el distrito de 
Niebla, es indudable que en aquella misma alque- 
ria 6 cortijo redactd dcfinitivamente su opuscule. EE 
nombrc de esta aiqueria, segiin sus bidgrafos^ era 
el de Mania Lixam 6 Motiichant, de origen roman- 
ce, evidentemente. Dejando para otra ocasidn el 
anaiisis documentado de las razones en que nues- 
tras inferencias se apoyan, podomos dar como muy 
probable la localizacidii actual de la casa solariega 
de los Beni Hazam, en una linca rural, denomina- 
da hoy Casa Montija, sita en los alrededores de 
Huelva, i dos kildmetros prdximamente de esta 
ciudad. 



sxix 



I 



La traducci6n, — Por lo que loca 5 nuestra tra- 
duccion, pocas palabras bastardn para justificar el 
criterio de discreta libertad en que nos liemos ins- 
pirado. Toda versidn servilmente atada A ia letra, 
peca de infiel a fuerza de pretender lo contrario; el 
prurito de fidelidad literal traiciona el pcnsamiento 
del autor traducido y descoyunta (\ la vez la sintaxis 
de la lengua ^ que se vierte. El empefio capital del 
traductor debe consistir en penctrar hasta el fondo 
de las ideas, ocullas bajo el velo del idionia extra- 
fto, para acomodarlas liicgo A las palabras y ^^iros 
del idiotna propio. Esta librc acoinodoci(5n es m<1s 
necesaria cuando se trata de dos lengiias, como la 
espaflola y la arAbiga» que no ^luirdan cnlre si rela- 
clones de afinidad 6 parcdtesco. AdemAs, el opus- 
cule de Abenhazam carece. en su mayor parte (ex- 
cluidas las contadas sentencias inspiradas on la mo- 
ral peripat^tica), del car^cter tecnico de un librode 
ciencia abstracta, el ciial justificarla y hasta cxigiria 
una estricla fidelidad literal, at menos en lo que 
toca al l^xico, ya que no en la sintaxis, 

A pesar de esta libertad, la version ha oErecido 
en muchos pasajes dificultades no pequeilas, dcbi- 
das A causas muy diversas: de una parte, los anaii- 
sis, que el autor hace i cada paso, de los vicios y 
virtudes humanas, exigen distinciones sutilcs entre 
ellas, cuyos delicados malices se exprcsan medianlc 
variadisimas voces sinonimas, de que la tcngua ^ra- 



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be es tan prddiga, y cuyas equivalentcs 6 paralelas 
en nuestro idioma no siemprc es facil cncontrar; 
ademas, el estilo gnomico d sentencioso de una 
gran parte del opusculo priva al traductor del auxi- 
Ho del contexto para intcrpretar Jas frases oscuras, 
por lo breves y cortadas, en funcion dc sus antece- 
denies y consiguicntcs; y por si todo eiio fuese 
poco, Abenhazam parece tocado en todas sus obras^ 

y mis en este opusculo, del prurito de escribir en 
una lengua rebuscada por su lexico, clasica y pu- 
rista por sus giros, conio quieii no maneja su pro- 
pio y inaterno idioma, sino el acadcmico que so 
aprcndo gramaticalmente en los libros. 

Para aclarar aquellos pasajes en que fugaces alu- 
sioncs a hechos y pcrsonajes histdricos oscurecen 
el senlido^ d para confirmar con textos de olras 
obras del autor ideas aqni tan solo esbozadas, d 
bien para documentar al lector sobre temas que en 
el opusculo se (ocan de pasada, he puesto al pie de 
las pi^ginas algunas breves y sobrias notas. 

A cada uno de los pdrrafos del opusculo, que ti 
mi entender encerraban un pensamiento d senten- 
cia completa, Ic he dado un numero dc orden, aun- 
que el texto ^rabe no los lleva. Con esta nume- 
racidn ha podido redactarse lucgo un /ndice alfabe- 
tko de materiaSj que facilitara la busqueda de tos 
pSrrafos que atailen ^ un mismo vicio d virtnd 6 
que completan entrc si el desarrollo de un mismo^ 



xxxi 



tema, los cuales se hallaii diseininados en capitulos 
divcrsos, ciiyos titulos no correspouden i\ veces A su 
contenido total. 

Al jovcn arabista Dr. Gonzalez Palencia debo la 
esmerada y diligente selcccion de los matcriales 
para este indice. 



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ADDENDA ET CORRIGENDA 



Pdgina, 

9, linea 19, dice «defeto» y debe decir «defecto». 

32, nota I, afiddanse los siguientes datos bibliograficos so- 
bre el espoctaculo de las sombras cbinescns en orien- 
te: Georg Jacob, Aitnutayyatn ein arahhcher Sckaus- 
pieiefur die Schattenbiihne btHimmt. (Erlangen, 1901), 
G. Jacob, fiftuahnurr^en der Sckatientheate7' in der 
Welt- Litter atu7- (IJerlin^ J 906). Cfr. Rivista degli studi 
ovimtali, Bolietino de 1907, pag. 340. - Mobiditi Aben- 
arabi, mSptico murciano del siglo Xll de nuestra era, 
sirvese tamljien de esle espectaculo como simtl de ta 
vida humana y de su relaciOn con la providencia. Con- 
fr6ntese Fotuhatt 1 11^ 89. 

45, Ifnea 2 de la nota i, trasladense al principio de la Hnea 

laa palabras [= xac - lege]- 

l6o» Unea i, dice «coiisegiras» y deOe dicir «conseguiras». 
160, Unea 32, diet ^covencerle» y debt decir «coDvencerle». 



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1. Loado sea Dios por ios grandes beneficios de 
que nos ha colmado! Derrame sus bendiciones so- 
bre Mahoma su siervo, sello y consumacidn de la 
serie de sus profetas y mensajeros! Salvel 

Toda la confianza de mi poder y {uerza, en Dios 
la pongo. En su ayuda confio para que, en esta 
vida, me libre dc todo lo que mi corazdn pueda te- 
mer y mi alma aboiniuar, y, en la otra, me salve de 
Ios terrores y angustias del infierno. 

2. En este libro mio he reunido muchas ideas 
que el Autor de la Iuk de la raz<5n me ha ido inspi- 
rando, & medida que Ios dias de mi vida pasaban y 
las vicisitudcs de mi existencia se sucedian. Y es 
que Dios me otorgo el favor de ser un hombre que 
siempre se ha preocupado de lo que son Ios vaive- 
nes de la fortuna y sus inminentes versatiUdades. 
Tanto, que en este genero de meditaciones he con- 
sumido la mayor parte de mi vida, prefiriendo pa- 
saria consagrado al examen y estudio de estas ma- 
terias, mejor que entregado al goce de Ios deleites 
sensuales, a que la mayoria de Ios hombres se sien- 
iQn atraidos, d amontonar superfluas riquezas. Y 
todas las ensefianzas que la experiencia me ha su- 






2 



gerido, las he ido guardando soUcitamerite dentro 
de este libro, para que Dios haga que aquellos 
siervos suyos [pag. 8], a cuyas manos por acaso lle- 

gare, saquen algun provecho de lo que a mi tantas 
fatigas y esfuerzos y meditaciones tne ha costado. 
Aceptenlo, pues, como un regalo que yo gustoso 
les ofrezco; regalo, en verdad, de mas valla que los 
tesoros todos de oro y plata y las riquezas todas de 
la tierra, siempre que cl que lo reciba lo estudie 
atentamente y Dios le ayude para utilizarlo con 
acierto. Yo, por mi parte, solo espcro dc Dios la 
recompeiisa, porque mi unico prop6sito hasido ser 
util a sus siervos, corrigicndo sus habitos inmorales 
y curando las cnfermedades do sus almas. En Dios 
solo pougo mi refugio. 



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CAPITULO I 






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3, El placer que el hombrc inteligente experi- 
menta en ci ejcrcicio de su razonar, el sabio en su 
saber, e! prudente en su discrete disponer y el de- 
voto en su ascctico combate, es mayor que el dc- 
leite que sienteu cl coniilon en su comer, el bebe- 
dor en su beber, cl lujiirioso en su liviandad, el 
uegociante en su ganancia, el jugador eu su di- 
version y eljefe en cl ejercicio del mando. La prue- 
ba cstd, en que el prudente, el inteligente, el sabio 
y el asccta experimentan tambi^n cstos otros delei- 
tes que acabamos de nombrar, lo mismo que los 
experimenta el que en ellos solo vivc enccncgado, y 
los sienten como los siente cl que A ellos s6\o vivc 
consagrado; pcro, csto no obstante, los abandona- 
ron, se apartaron de ellos y prefirieron buscar las 
virtudes. Ahora bien; solamente puedc juzgar con 
acierto sobre dos cosas, el que ambas conoce, uo 
el que conoce la una e ignora la otra. 

4. Cuando examinas las cosas todas, adviertes 
que todas se te desvanecen, y llegas, en este examen 
sobre lo caducas que son las cosas de este mundo» 
d la conclusion de que la realidad ilnica (p^g. 9[ 
est^ en las obras utiles para la otra vida, y nada 






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4 



mds, pues toda esperanza que llegas aqui a vcr rea- 
lizada, seguida va de tristeza, ya porque la cosa 
ansiada huye de ti, ya porque tiji tienes que aban- 
donarla. Nada escapa A uno de estos dos peligros, 
sino la obra buena hecha por amor de Dios; sola 
ella va seguida siempre de alegria en lo presente y 
en lo future; en lo presente, porque estaras exento- 
de las preocupaciones sin numero que turban la 
tranquiiidad de los mundanos y porque, adem^s, 
amigosy enemigos coincidiran en alabarte; y en lo* 
futuro, porque ganards el cielo. 

5. Yo he buscado con empefio un fin de lasac- 
clones huiTianas que lodos los hombres juzgascn 
un^nimemente como bucno y que todos apetecie- 
ran, y no encontre sino uno tan solo: el fin de evi- 
tar ia prcocupacidn. Y cuando hube reflexionado^ 
acerca de toda la trascendencia de cstc fin, adverii, 
no s6\o que la humanidad cntera lo tiene por bueno 
y lo apetece, sino fambien que, a pesar dc la con- 
tradictoria variedad de opiniones, proposilos, de- 
y fines de los hombres, nadie se mueve A obrar 
ni se decide A pronunciar palabra alguna, si no es- 
pera con sus actos 6 palabras desechar la preocu- 
pacidn y ahuyentarla de su espiritu, Claro es que 
unos yerran el camino recto que conduce d este fin, 
otros andan casi extraviados y otros, los menos y 
en el menor numero de casos, aciertan; pero siem- 
pre el evilar la preocupacion ha sido el designio 
comiin de los liombres de todas las ra^as y pueblos, 
desde que Dios crio al mundo, y lo serd hasta que 
acafae... Todos sus empeflos, en este proposito tie- 
nen su unico fundamento. 



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En cambio, cualquier otro fin distinto de Sste 
{pdg. 10], no merece ya el mismo un^nime y favo- 
rable juicio de los hombres. Hay, en efecto, hom- 
bres sin religion, los cuales no pueden obrar por el 
fin de la vida futura; los hay malvados, que no 
quieren el bien morat, la fidelidad ni la verdad; los 
hay que prefteren satisfacer sus pasiones en un obs- 
euro rincon, antes que gozar de los halagos de ia 
fama; los hay que no quieren las riquezas y prefie- 
ren ser pobres, como la mayor parte de los profetas 
y de sus imitadores, los ascetas y los filcisofos; ios 
hay que por natural inclinacion abominan delos 
deleites sensuales y tienen por imperfecto al que los 
apetece, como los que acabamos de decir que pre- 
fieren la privacion dc las riquezas ^ su posesi(5n; los 
hay que prefieren la ignorancia A la ciencia, como 
se ven muchos entre el vulgo de la gente indocta. Y 
cuenta que todos estos son los fines de lasacciones 
humanas. Pues bien; no ha existido en el mundo, 
desde que comenzo, ni exislird hasta que cese, hom- 
bre alguno que considere !a preocupacion como 
cosa buena, y que no quiera rechazarla de si. 

6, Despues de que en mi alma se grabd esta 
verdad sublime y se me descubri6 este admirable 
misterio y alumbro Dios mi raz6n para que cono- 
ciese este importante secreto, trate de averiguar el 
m^todo seguro de liegar realmente & desechar toda 
preocupacion, a conseguir ese propdsito que und- 
nimemente forman todos los humanos, necios y 
sabios, Santos y malvados, y encontre que este m^- 
todo no era otro, sino dirigirse hacia Dios con obras 
utiles para la vida futura. 



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7. En efccto: apetecen las rique^as los que las 
buscan, tan solo para ahuyentar con ellas de su es- 
piritu la preocupacion de la pobreza [pag. 1 IJ; bus- 
can otros la gloria, para librarse de la preocupacion 
de ser despreciados; los deleites sensualcs se pro- 
curan, para evitar la pena que da su privacion; la 
ciencia se apetece, por desechar la preocupacion de 
!a ignorancia; se coinplacen algtinos en oir contar 
noticias y en conversar con los denuis, porque bus- 
can con ello disipar la tristeza de la soledad y el 
aislamiento. En una paiabra: el hombre come, 
bebe, se casa, viste, juega, vivo bajo techado, mon- 
ta, caniina 6 esta en rcposo^ solamcnte con el fin 
de ahuyentar de si lo contrario de lodas esas ac- 
clones y, en general to.dos los demas cuidados. 

Pero cs niAs: cada una de esas acciones es ^ su 
vez un semillero de preocupaciones nucvas, impo- 
sibles de evitar: trastornos imprevistos en su reali- 
zacidn, dificullades que se atraviesan de pronto, 
perdida de lo ya conseguido, impotencia para lle- 
varlo A feliz tennino por desgracias que sobrevie- 
nen; y despues de esto, las consecuencias desagra- 
dables que la misma satisfaccidn lleva consigo: el 
tejnor A la competencia del rival, la animadver- 
sidn dei envidioso^ el latrocinio del avaro, el dis- 
gusto de ver en nianos del enemigo aquello que an- 
siamos, las criticas, las calumnias^ etc., etc. 

8. En cambio encuentro que la obra buena, 
util para la vida futura, esta exenia de todo defecto, 
libre de toda tacha, y ademas es medio seguro para 
desechar realniente toda preocupacion. Yo he ob- 
servado, en efecto [pag. 12], que todo el que obra 



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pOT cse lin de la vida iutura, aunque se vea some- 
tido a desagradables prnebas en el camino de la 
vida, no solo no se preocupa^ sino que se regocija, 
porque la espcranza que tiene puesta en el termino 
de su vida presente le da ayuda para buscar lo que 
desea y le anima para seguir en direccion aJ fin A 
que tiende. Y si algiin obstdciilo se le cruza en su 
camino, he observado tambien que no se preocupa 
de el, porque como no ha sido el quien lo ha bus- 
cado, no lo considera como castigo que se le ini- 
pone. Tambien he visto que si alguien le infiere al- 
gun dano, se alegra, y si alguna calamidad le so- 
breviene, se alcgra igualmcnte; es m*1s: si en aquello 
que esta hacicndo cxperimenta dolor d fatiga, tam- 
bien se alegra. Constantemente vive en perpetua 
alegria, mientras A los demAs hombres les pasa lo 
contrario. No olvides, por tanto, que una sola cosa 
merece ser buscada, la ausencia de toda preocupa- 
cion; y que un solo camino conduce ^ ella, la obra 
buena hecha por Dies, Todo lo que noes esto, ex- 
travio es y necedad. 

9- No consagres tu alma, sino A algo que sea 
m^s alto que clla, es decir, a la esencia de Dios. 
ConsAgrale, pues, a invitar A tus hermanos A la ver- 
dad, A la defensa de las cosas santas, A evitar toda 
vil humillacidn que no te sea impuesta como nece- 
saria por tu Criador y a proteger k los que son vic- 
timas de la injusticia. E! que consagra su alma k 
alguna de las cosas del mundo, es como quien ven- 
de el precioso jacinto por un guijarro (1). 



(i) Evidenle alusi6n a la parabola evangclica de la 







8 



10. No merece sertratado como hombre ei que 
notiene religion, 

tl. El intetigente no encuentra precio digno 
para su alma, si no es el paraiso* 

12. Hasta en el odio contra la devocion fingida, 
encuentra el diabio medios para tender lazos & las 
almas, pues algunas se abstienen de obrar el bien, 
scSlo por tenior de que lasgentessospeclicn que sus 
buenas obras son simuladas. 



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peria piedosa, AfaM., XIU, 46. Cfr. A/gasei, Dogmdii- 
£a, moral, ascitka, por M. Asb (Zaragoza, Comas, 1901), 
pig. 564. 




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CAPITULO II 



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QUE. LA CONDUCTA mAS DlGNA l>K LA RAZ6n Y mAs APTA. 
PARA CONSKOUtR TwV VA'A DKI. ALMA ESTRlHA EN NO 
HACER CAS(J 1)K LAS PALAliRAS DK LOS HOMBRES, PREO- 

cupAndosk solo [>E LA-S palahras okl creador. dije 

MAT-; ESTA C0N01K:TA ES LA UNlCA DISCRETA V LA 
UNICA IMPERTURIUKLi':. 



13. El que crea poder estar libre de las maledi- 
cencias y calumnias de las gentes es un locO. 

14. El hombre dotado de espiritu reflexivo, el 
hombre que este habituado a permanecer tranquilo 
enfrente de las realidades de la vida, aunque 6stas 
al primer embate le hagan sufrir, ese hombre se ale- 
grar^ de las censuras de las gentes m^s que de sus 
aiabanzas, porque aunque estas sean fundadas, si 
llegan a sus oidos, despertardn en su corazrtn la 
vanidad que destruir^ todo el merito de sus virtu- 
des; y si son infundadas, al conocerlas se alegrari 
y caerA en el defeto no pequeilo de alegrarse de la 

jnentira. 

En cambio, las censuras de las gentes, si son fun- 
dadas y llegan ^ su noticia, quizd le muevan 4 corre- 
girse de los vicios de que le ceiisuran, y esta es una 
ventaja despreciable s61o para el que no busque la 
propia perfeccidn; y si careceti aquellas censuras de 



4 



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~- 10 

fundamento y el ias conoce y las suirc con pacien- 
cia, obtiene iin merito mticho mayor con la man- 
sedumbre y la conformidad; sale, ademas, ganan- 
do, porque esas injusfas censuras son ocasidn de 
actos de virtud, Ids m^s necesarios- para la salva- 
cion, cuya recompensa conseguira en el olro mun- 
do, y esto mediante actos en los cuales no ha teni- 
do que poner esfuerzo ni fatiga, lo cual es tambien 
una ventaja grande que nadie, si no es un loco, de- 
jari de apetecer. Finalmente, si los elogios de las 
gentes no llegan .1 sus oldos, igual dcbe importarle 
que hablen 6 que callen; pero no es Jpag. 14] lo 
mismo si las gcntes Je censuran, pues cntonces saca 
provecho en ambos casos, enlcrese 6 no de las cen- 
suras. 

15, Si el Profeta no hubiese dicho que el eJo- 
gio de las buenas obras es como las albricias que 
cl creyente rccibe, aunen estc mundo, en pago de 
sus virtudes, deberla el discrete preferir que lo vi- 
tuperasen injustamente, antes que dcsear que lo 
alabascn con razdn. Pero, ya que eso dice el Profe- 
ta, conviene tambien ailadir que las albricias solo se 
dan por algo bueno que realmente sucede, no por 
una buena noticia falsa. Luego el que las recibe, 
solo debe alegrarse de la virtud que Ic alaban, no 
de ser alabado por ella, 

16. Entre las virtudes y los vicios, como entre 
las buenas y las maJas obras, no hay otra diferen- 
cia realmente que la que media entre dos movi- 
mientos del alma: la aversion, alejamiento 6 fuga y 
la inclinacidn, amor d familiaridad; es feliz aquel 
cuya alma se ha faniiliarizado con las virtudes y 






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11 — 

buenas obras, hasta sentir aversion a los vicios y 
pecados; es desgraciado aqiie! cuya alma esta fanni- 
liarizada con los pecados y los vicios, hasta sentir 
repiignancia hacia las virtudes y buenasobras. Y 
en todo esto no existe otra cosa que obra de Dies 
Altisimo y preservacidn de su parte. 

17, Elquebuscala vida futura para saivarse 
en eila, se asemeja a los angeles. El que apetece el 
mal, sc parece 6 los demonios. El que busca la su- 
perioridad y cl predominio, se asemeja i las fieras. 
El que apetece los deleites, se parece a las bestias. 
El que busca las riquezas solo per las riquezas y no 
para satisfacer con ellas las obligacioncsde la ley 6 
aplicarlas a obras de piedad supererogatorias, ese 
es de condicion asaz abyecta y vil para que se en- 
cuentre algun animal con quien compararlo. A lo 
unico que se parece es ^ las aguas estancadas en 
el fondo de las cavernas que se encuentran en lu- 
garcs abruptos e inaccesibles, que por eso no pue- 
den aprovecharlas [p^g. 15| los animales. 

18, El hombre discreto no se debe gioriar de 
poseer cualidades en que le superan las fieras C) las 
bestias d los seres inanimados. Solo es razonable 
que se regocije de poseer aquclla excelencia per 
medio de la cual cl Altisimo Dios lo dislinguio de 
las fieras, de las bestias y de los seres inorg^nicos, 
quees la inteligencia que posee en comtin con los 

Sngeles, 

19, El quese envanece de su valentia puesta al 
servicio de fines ajenos a la gloria de Dios, tenga 
bien entendido que el tigre es mas bravo que ci, y 
que el leon, ei lobo y ei elefante le ganan en coraje- 



- 12 

20. El que de su fuerza corporea se jacta, sepa 
que la inula, el buey y el elefante son mas fuertes 
que el. 

21 . El que se envanece de poderse cargar gran- 
des pesos, piense en que el asno los soporta ma- 
yores. 

22. EI que de su buena voz se gloria, advierta 
que muchas aves tienen m^s hermosa voz, y que el 
son de las flaufas es m^s duke y deleitoso que el 
de su garganta. 

23. iQ\xt vanagloria, pues, cabe ni que jactan- 
cia en cosas en que todas esas bestias superan al 
hombre? 

24. En cambio, el que tenga un entendimiento 

Iticido, una cultura cientifica extensa y una conduc- 
ta moral intachable, ese si que puede regocijarse 
de lo que posee, porque en esas cualidades no le 
aventajardn mas que los Angeles y los i^iejores de 
los humanos. 

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25. Estas palabras de Dios Altlsimo (I); "El 
que liemble ante la majestad de su Sefior y prohi- 
ba A su alma las pasiones, tendr^ el paraiso por 
morada„, son cifra y compendio de toda virtud; 
porque prohibir al alma las pasiones equivaie i 
dominar el apetito irascible y el apetito [pag. 16] 
concupiscible, ya que ambos caen bajo la denomi- 
nacidn colectiva de pasiones; y per tanto, obrando 
asi, ya no le queda al alma otro camino que poner- 
se al servicio de la razdn que Dios le otorgd y por 
la cuai se diferencia de las bestias, insectos y fieras. 

(I) Aicordn.LXXiX, 40, ^i. 



13 



26. Estas palabras que el Profeta de Dios con- 
testd a uno que le pedia consejos: "jNo le encole- 
rices!,, (1), y este otro precepto suyo: "EI honibre 
debe querer para su projimo lo mismo que para si 
quiera,, (2) son cifra y compendio de toda virtud, 
porque evitando encolerizarse domina el alma, que 
est^ dotada de apetito irascible, sus pasiones de 
este genero; y en el precepto de querer para los de- 
mis lo que uno quiere para si, va implicita la re- 
presion del apetito concupiscible, ademds de tener 
sujetas las riendas de la justicia, que es el fruto ifitil 
de la razon, puesta per Dios en el alma racional. 

■27. He visto siempre que la mayoria de las gen- 
tes (excepto aquellas contadas personas a quienes 
el Altisimo Dios preserva de tal error) se buscan en 
este mundo para sus propias almas grandes disgus- 
tos, cuidados y ansiedades, a la par que se echan 
^ la espalda un pecado gravisimo acreedor al in- 
fierno en la vida futura, y todo ello solamente por 
una cosa que ningun provecho positivo les granjea 
en mode alguno; es i saber, por las intenciones 



(i) Este /^a^i^i^ 6 tradici6n clt; Mahoma se cita por 
los escritores asceticos del islam, como argumento de 
revelaci6n, en cabeza de todos los tratados de la ira. Asi 
Algazel en su 7///^ (Cairo, 13 12 heg.). Ill, 114. Cfr. Ithaf 
(Cairo, 13 11 heg.), de Said Mortada, VII, 4-6, donde se 
hace la critica de la autenticidad de t^t^hadis, cuyo ori- 
gen es indudablemente evang^lico, {Matth,, V, 22,). 

(2) Este hadiz de Mahoma, copiado titeralmente del 
evangelio {Matth., VII, 12), puede verse con sus fuentes 
apud Ithaf ^ VI, 215. 



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perversas o males deseos que abrigan en su cora- 
zon; cuales son el desear, porejemplo, el mercader 
que los articuios de primera necesidad se encarez- 
can extraordinariamente, aunque con esa caresfia 
perezca de hambre el pueblo, sobre todo Jas cla- 
ses humildes, completamente inocentes; 6 como el 
desear la muerte a las personas A quienes odtan. 
Ahora bien, ellos saben de seguro que esas perver- 
sas mtenciones en nada han de influir para aceJe- 
rar el advenimiento de [pag. 17] lo que desean d la 
reahzacion de lo que forzosaniente tenga que suce- 
der; y saben ademas que si justificasen sus inten- 
Clones y las convirtiesen de nialas en buenas in- 
mediatamente conseguirian una cosa: la tranquili- 
dad de espiritu, con la cual, libres de todo cuida- 
do, podn'an ocuparse en la mas atinada gestidn de 
sus propios negocios, y ademas se granjeari'an 
grandes meritos para la otra vida; y todo esto sin 
que su conducta influyese en nada para retardar la 
reahzacion de lo que antes deseaban d para impe- 
dirla. ,;Que ilusidn cabe, pues, que exista raas en- 
gaflosa que esta que acabo de reprobar? Y ^que 
fehcidad mayor que esa otra ii que os invito? 

28. Si bien examinas la duracion de esta vida 
encontrarSs que no es mas que el memento presen- 
ce, es decir, la separacidn entre dos mementos y no 
ni^s, pues lo que ya pasd y lo que ha de venir son 
dos tiempos incxistentes, como si no fueran Y 
ccabe aberracidn mayor que vender una permaneti- 
cia eterna per una duracion menor que un abrir y 
cerrar de ojos? ' 

29. Cuando el hombre duerme, sale del muiido 



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y olvida toda alegria y toda tristeza. Si hictese esto 
mismo despierto, seria del todofeliz, 

30. El que hace mal a sus parientes y amigos, 
es mas vil que ellos; el que les devuelve el mal que 
le han hecho, es semejaute d ellos; el que no lo de- 
vuelve, esel seflor de ellos, mejor y mas noble. 



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CAPITULO in 



SOBRE LA CIENC!A 



31. Aunque la ciencia no tuviese otra virlud 
que la de hacer que los ignorantes te respeten [p5- 
gina 18] y reverencien, y los sabios te amen y hon- 
ren, bastaria para que te creyeses obligado ^ bus- 
carla, (jCdmo, pues, ser^ posible no buscarla, co- 
nociendo las otras muchas ventajas que proporcio- 
na en este y en el otro mundo? 

32. Aunque la ignorancia no tuviese otro in- 
conveniente que el de engendrar en el corazdn del 
ignorante envidia de los sabios, al par que viva 
emulacion contra sus semejantes en la ignorancia, 
bastaria para huir de ella, (jCdmo, pues, ser^ po- 
sible no huir de ella, atendidos los otros muchos 
dafios que acarrea en esta y en la otra vida? 

33. Aunque la ciencia y el estudio sirviesen solo 
para librar al hombre de tentaciones imporlunas y 
de vanos e ilusorios proyectos que s61o le propor- 
cionan cuidados y preocupaciones rnolestas y aun 
dolorosas, esa sola utilidad seria el mayor estimu- 
lo. Pero sus ventajas son muchisimas mcis^ la me- 
nor de las cuales es esa que acabamos de citar; pqr 
conseguiria se esfuerzan imitilmente los pobres re- 
yes buscando diversion que los distraiga de esos 



- 18 




cuidados y preocupaciones, ya en el juego dc aje- 
drez 6 de los dados (1), ya en el vino y la miisica, 
ya en los deporles hipicos y en [a caza, ocupacio- 
nes insustanciales que a la postre acarrean dafio 
en esta y en la otra vida; pero ventaja, ninguna pro- 
ducen, 

34. Si hiciese el sabio un balance escrupuloso 
del empleo que ha dado a las horas de su vida pa- 
sada y pudiese apreciar mediante el como le ha 
bastado el estudio de ia ciencia para redimirle de 
todo vilipendio social, elevdndole sobre la casta de 
los ignorantes, de toda preocupacion y cuidado, 
abstrayendole de las realidades de la vida, y de 
toda emulacion y envidia, dandole el convencimien- 
to intimo de que su dominie de los misterios de la 
ciencia le distingue de los demas hombres,„, es se- 
guro que su corazdn estaria m^s Ueno de gratitud 
hacia su Dios por el favor que le ha otorgado, m^s 
Ueno de satisfaccidn por la ciencia que ha adquiri- 
do, mas Ueno de ansiedad poraumentarla [p^g. 19]. 

35. El que emplea sus talentos en el estudio de 
una ciencia inferior y deja de dedicarse ^ otra m^s 



(i) El juego denominado por los arabes nard (-^ . J) 
parece equivalente al chaqnete espanol (jacquet y tric- 
trac)^ en que se comblna el de damas con el de dado. 
Cfr. Dozy, Supplement y Freytag, s. v, Este lo define 
• Calculorujn 'ludus qui in abaco scu albeo exercetur>. 
Sin embargo, parece que en Espana era simplemente el 
juego de dado, pues el Vocabtdario de Schiaparelli y el 
del P, Alcali lo traducen respecttvainente por taxillus 
y dado de sets hazes. 



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alta, pudiendo hacerlo, 65 como el quesietnbra un 
solo granito en tierra fertil en que el trigo se 
puede cosechar en abundancia, 6 como el que plan- 
ta drboles silvestres (1) en donde se da muy bien la 
palmera y el olivo. 

36. Divulgar la ciencia entre los que de ella son 
incapaces es tan perjudicial para ellosj como si die- 
ras de comer miel y confituras A aquel a quien con- 
sume el ardor de una fiebre violenta 6 como si das 
a oler almi2cle y ambar a! que tiene jaqueca por 
pirosis biliosa (2). 

37. El avaro de la ciencia que posee, es mds 

I 

vil que el avaro de lasriquezasque atesora, porque 
la avaricia de este ultimo nace del temor de perder 
lo que en sus manos tiene, pero aquel guarda ava- 
ramente una cosa que, aunque la dilapide y regale 
generosamente, jamas la perdera, 

38. El que teniendo aptitud natural para una 



(i) El texto da la palabra axxara {Aj*^±M) cuyo sig- 
nificado es dificil precisar. Los diccionarios cUsicos ira- 
bes, citados en nota por el editor egipcio, la expHcan 
tan vagamente, que lo mismo puede significar el cardo y 
\ la acedera que el ciruelo 6 el albaricoque, pero silves- 

tres, no ingertos, Quizi, en boca de Abenhazam, sea si- 
n6nimo de S;*.-)! que en Espana decimosytfr^. 

(2) Este pensamiento es un eco de la doctrina aris- 
tocritica de los fil6sofos griegos que reservaban la cien- 
cia para una minon'a selecta. Su influjo dentro de la teo- 
logia del islam y su^^ relaciones con el esoterismo evan-r 
g^Uco pueden verse en mi opusculo La Psicologia de 
la creencia segtin Algazel apud Revista de Aragdn (Za- 
ragoza, 1902). 



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^ 20 

ciencia cualquiera, menos importante que otras, se 
dedica, sin embargo, a ^stas y abandona aquella, 
es como el que planta cocoteros en Espaila u oli^ 
vos en la India: ni unos ni otros dan fruto. 

39. La m^s noble de las ciencias es la que te 
aproxima d tu Criador Altisimo y te ayuda A que 

llegues d serle grato [pag. 20]. 

40. En materia de riqueza, posicion social y sa- 
lud, compArate con los que tienen menos que td. 
En materia de religiosidad, ciencia y virtudes mo- 
rales, con los que tienen m^s. 

41. Las ciencias abstrusas son como los medi- 
camentos energicos, que curan ^ los cuerpos robus- 
tos y matan A los organismos debiles. Asi tambien 
las ciencias abstrusas acrecientan el talento de la in- 
teligencia vigorosa y la pulen mds y mas quitando- 
le sus dcfectos; en cambio matan al hombre de in- 
teligencia debiL 

42. Poncn algunos tal esfuerzo y perseverancia 
en profundizar problemas disparatados y absurdos, 
que, si aplicasen igual trabajo A cuestiones raciona- 
les, acabarian por ser mds sabios que Alhasln de 

Basora y Platdu el Ateniense y Buzurchomihr el 
Persa (1). 



(i) Alhasdn de Basora, gran te61ogo ortodoxo de la 
dpoca de los omeyas y maestro del fundador de la he- 
rejfa de los motdzileSf Waail Benata^ inviri6 el afio no 
de la h^gira (720 de J. C). Cfr. Abenjalicdn (edic, Cai- 
ro), I, 227 y Huart, Litter atur e arabe (Paris, Colin, 1902),. 
pdg. 60. 

Buzurcliomihr es el cdebre ministro de Cosroes Anu- 



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43, Quedase perpleja ia razon ante la idea de 
<jue sus esfuerzos son inutiles si no van ayudados 
por el auxilio divino, en cosas de religion, 6 poria 
buena suerte, en los negocios de la vida pr^ctica. 

44, No hagas dafio a lu propia alma obligdndo- 
:la a examinar y criticar las doctrinas perniciosas^ 
para convencer de su malicia al que sobre ellas 
pidatu opinion, porque siesto haces te perderas. 
Mejor te sera contradecirle pura y simplemente, 
sin razones, aunque con ello te ganes sus reproches, 
que no consegitir que te confiese su error y se arre- 
pienta, pues en el primer caso te habrds librado del 
contagio desus perniciosas doctrinas» mientras que 
■en el segundo es fdcil que quedes contaminado. 

■45. Guardate de dar gusto a tu projimo hacien- 
■dole algo que a ti te desagrade, a no ser que a ello 
ie obligue la ley divina 6 una virtud moral. 

4G, La ciencia humana se detiene ante su igno- 
rancia de los atributos del Creador (1) [p^g. 21]. 

xirvdn, rey de Persia, y preceptor de su hijo Hormuz que 
le sucedi6 en el trono. Algunos historiadores orientales 
le atribuyen la tradacci^n del Ubro indio Calilay Dim'- 
na^\ persa. Parece que abjur6 del mazdefsmo y se hizo 
cristiano, por lo cual fa^ condenado i muerte por Par- 
viz, sucesor de Horrnuz. Cfr. D'Herbelot, BibliotMque 

orientale, 200 a. 

(I) Segun el criterio tahlr£ de Abenhazam, no es H- 
cito en teologia emplear el razonamiento anal6gico para 
h.ferir la esenciade los atributos divinos por compara- 
ci6n con las perfecciones de las criaturas. Su doctrina 
en este punt j se aparta igualmente del antropomorfismo 
exagerado de los herejes partidarios de un Dios corp6- 






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22 



47. Nadie hace m^s dafjo a las ciencias que los 
intrusos, los que ^ ellas se dedican siendo ineptos, 
porque se creen sabios y son ignorantes, y les pare- 
ce que hacen labor util, cuando todo lo trastornan. 

48. El que quiera conseguir la felicidad en la 
vida futura, la sabiduria practica en la vida de aca 
abajo, la justicia en la conducta, todas las buenas 
cualidades de los habitos morales y hacerse ade- 
m^s digno de todas las virludes, imite a Mahoma, 
el Profeta de Dios, y practique sus costumbres y su 
conducta, en cuanto le sea posible. ] Ayudenos Dios 
con su gracia para que le imitemos] jAsi sea! (1). 



reo, que del mis discrete de los te6logos axar/es, que 
afirmaban en Dios los atribiitos de perfecci6n de las 
criaturas. Abenhazam rehusa admitir hasta la patabra 
atributo, que califica de novedad her^^ttca, contraria ^ la 
tradici6n musulmana y de la cual no hay huella alguna 
en el texto de la revelaci6n. Per eso la raz6ti humana 
debe litnitarse, respecto de los atributos divinos, i. abs- 
tenerse de juzgar, ya que la revelaci6n nada de ellos 
dice. Cfr. Abenhazanij Historia critica de las religiones^ 
W» ^73) '^1^ et alibi passim. 

(i) Esta doctdna de Abenhazam tiene cierto interns 
para la evoluci6n hist6rica de la ^tica en el islam* El 
ideal 6 prototipo de la perfecci6n moral a cuya imita- 
ci6n debe y puede consagrarse el hombre, fu^ colocado, 
los primeros siglos del islam, en la persona de los com- 
pafieros del Profeta, que, per ser meros hombres, se les 
jiizgaba imitables. M^s tarde, se di6 un paso adelante, 
considerando ya como capaz de ser iraitado, aunque im- 
tierfectamentc, el mismo Profeta, segiin se ve en este 
pasaje de Abenhazam. For fin, el sufismo introdujo en 



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Dos veces en mi vida me ofendieron los ig- 
norantes: una, cuando eh los dias de mi ignorancia 
me hablaron de cuestiones que no conocian; otra, 
cuando se abstuvieron de hablar en mi presencia 
sobre cuestiones que entendian. De modo que siem- 
pre guardaron silencio sobre !o que les era util y 
hablaron de lo que les perjudicaba. 

50 Dos veces en mi vida me proporcionaron un 
gusto los sabios: una, cuando en los dias de mi ig- 
norancia me ensenaron; otra, cuando en los dias en 
que ya era sabio, conversaron conmigo. 

51" Una de las excelencias del saber y de la vir- 
tud en este mundo estriba en que Dios no las otor- 
ga sine & los que de ellas son dignos y capaces. En 
cambio, el signo de la imperfeccion de todas las 
grandezas mundanas, v. gr„ la fortuna y la fama, 
est^ en que casi siempre recaen en sujetos incapa- 

ces e indignos. 

52 El que desea adquirir virtudes, no trata la- 
miliarmente mas que a los virtuosos, ni se acompa- 



el islam la doctrina neoplatonica y evangdUca de la imita- 
ci6n de Dios. For eso Abenhazam, que abotntnaba del 
sufismo como doctrina especuiativa, no adopta para su 
aica este prototipo que,dentro de su sisteraa teolog.co, 
seria una irreverente blasfetnia. En cambio los sut(es pos- 
teriores d 61, como Algazel, ptoponen ambos ideales de 
perfeccidnr el Profeta, para el comto de los hombres 
(Mia, II. 248), y Dios, para los misticos perfectos {Mac- 
sad, ed. Cairo, 1322, pdg. 23). Cfr. mi Alga.ei,Dog^- 
Hca, moral. asMca, pdgs. 398 y 496. Item Goldziher, 
Vorksungen iiber den islam (Heidelberg, Winter, 191 o), 
pigs. 20, 30, 31. 



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— 24 — 

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fia en su [p%. 22J camino mas que de amigos ge- 
nerosos y sinceros» escogidos de entre los hombre^ 
adornados de caridad fraterna, ingenuidad, buena 
fe, nobleza de sentimientos en el trato social, pa- 
ciencia, fidelidad en las promesas, lealtad, induk 
gencia, rectitud moral y sinceridad en el carino. 

53, El que desea adquirir honores, riquezas y 
deleites, no trata familiarmente mas que a loshom- 
bres que porsus cualidades se asemejan a los perros 
rabiosos y. voraces y a los zorros arteros y capcio- 
sos, ni se acompafla en su camino mas que de horn- 
bres de intenciones hostiles e inclinaciones depra- 
vadas . 

54, Grande es la utilidad que la ciencia reporta 
para la prdctica de las virtudes: ella nos hace apre- 
ciar la hermosura de la virtud, y nos mueve, aun- 
que raras veces, a ponerla en practica; ella nos hace 
ver la fealdad del vicio, y nos mueve, aunque po- 
cas veces, ^ evitarlo; ella nos ensena cuanto vale la 
buena reputacion, y nos anima a procurarnosla; ella 
nos muestra los darlos de la mala fama, y nos la 
hace abominable, De estas premisas se infiere que 
la ciencia tiene su parte de influjo en la practica de 
toda virtud, como la ignorancia lo tiene en todo 
vicio. Infierese tambien que de los hombres na 
adornados de ciencia, linicamente practicar^n la 
virtud aquellos que tengan un corazon purisimo y 
un temperamento moral muy excelente. En esta ca- 
tegoria entran especialmente los profelas, porque 
Dies les ha comunicado la ciencia del bien, sin que 
hayan tenido que aprenderla de los hombres. 

55. Sin embargo, entre la turbamulta del vulgo 



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ignorante he visto algunos hombres, aunque en ver- 
dad pocos, observar una conducta tan irreprocha- 
blemente justa y loablemente virtuosa, que nadie 
los aventajaba, ni aun el honibre sabio y prudente, 
consagrado ex professo a mortificar sus apetitos. Eu 
cambio, entre los que se dedican k los estudios 
cientificos y que conoccn perfectamente los precep- 
tos religiosos de los profetas y las recomendaciones 
^ticas de los filosofos, he visto muchisimos que 
aventajaban a los hombres mas malvados de la tie- 
rra [pag. 23] en su conducta abominable y corrom- 
pida, asi en publico como en secreto. Esto me ha 
hecho pensar que las virtudes son dones gratuitos 
de Dios que El otorga 6 niega a quien le place. 




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CAPfTULO IV 



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y. LOS CARACrE:RlvS V L\ t.ONlHXTA 



56. Dcsea que tc tachen tie candido y gu^rdate 
de que te tengan por astuto, porque la mayoria de 
las gentes evitardii tn trato, y eslo fe perjudicar^ 6 
quiz^ te acarreara la nuiertc. 

57. Procura cslar sicmpre dispuesto ^ recibir 
cualquier golpe desagradablc; de ese modo, si el 
golpe llega, tu pena serA nieiior y nada habr^s per- 
dido preparandotc a rccibirlo; y si, en cambio, te 
sobreviene algo agradable qnc^no esperabas, tu 

alegria ser^ doblada. 

58. Cuando los cuidados y preocupaciones lle- 
gan ^ ser muchisimos, todos se desvanecen. 

59. Con e! afortunado, hasta el hombre perfido 
cs leal; con el desgraciado, hasta el leal es p(5rfido. 
jFeliz aquel que en las cosas de cste mundo no se 
ve obligado por los azares de la vida A poner & 
prueba la lealtad de sus projimos! 

60. No te preocupes de pensar quien te ha de 
hacer dano; porque si la fortuna te favorece, el se 
perder^, y en cambio tu, con tu buena suerte, ten- 
dr^s bastante; pero si la fortuna te es adversa, to- 
dos y cualquiera tc perjudicar^^n. 

61. Feliz aquel que de sus propios defectos co- 




28 



noce un numero mayor que el que las gentes ad- 
vierten en el. 

62. . Hay tres maneras de paciencia contra las 
itijurias del prdjimo: aguantar al que tiene autori- 
dad sobre ti, sin que tu la tengas sobre el; sufrir a 
quien no la tienesobre ti, teniendola tu sobre el fpa- 
gina 24]; soportar al que ni la tiene sobre ti, ni tu 
sobre eL 

La primera es vil humillacidn y desprecio de si 
mismo, pero no virtud; en tal caso» lo mas discrete 
y cdmodo es huir y alejarse, si se teme un mal in- 
sufrible. 

La segunda es virtud, porque es continencia; se 
llama mansedumbre y es propia de los hombres 
magnanimos. 

La tercera es de dos modos: si la injuria te ha 
side inferida por quien erroneamente creyo ser su- 
perior k ti, pero que reconoce despues la fealdad de 
su conducta y se arrepiente, entonces la paciencia 
es obligacion y virtud; se llama tambien manse- 
dumbre; pero si el que te la infirio, ignorando su 
propia condicion, sigue creyendose superior a ti y 
con derechos 4 los que tu debes someterte, y no se 
arrepiente de lo pasado, entonces la paciencia es 
una humiilacion vH para el que la sufre y un moti- 
ve de corrupcidn para el que la causa, porque con- 
tribuye ^ hacerle mas soberbio en lo sucesivo; mas, 
por otra parte, responder a sus injurias con injurias, 
es propio de espiritus mezquinos; por eso, lo mas 
discrete es, en tales cases, advertirle que estas en 
condiciones de vengarte de el, pero que te abstienes 
de ello unicamente porque lo consideras indigno de 



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tu trato, y porque quieres evitar que reincida en sus 
violencias, y nada.mas. Fiiialmente , las injurias de 
la gente de baja estofa no merecen otra cosa que un 

castigo ejemplar, 

G3. El que hace vida social no podr^ evitar cui- 
dados que !e atormenten, ni pecados de que se 
arrepentira en la otra vida, ni movimientos de cole- 
ra que le quemaran las entrafias, ni humillaciones 
que echaran por tierra sus ilusiones. ^En que pien- 
sa, pues, el que vive entre los hombres y los trata ^ 
toda hora? La fuerza, la tranquilidad de espiritu, la 
alegria y la salvacion estdn en la soledad. Trata a 
los hombres como tratas al fuego: te calientas con 
el, pero no te metes en medio de sus llamas. 

64. Aunque la vida social no tuviese mds que 
los dos siguientes peligros, con ellos bastaria. Uno 
es la tentacion que se siente, cuando uno adquiere 
gran familiaridad con otros, A comunicarles secretos 
de gravisimas consecuencias para si y para el prdji- 
mo, los cuales secretos no se habria permitido re- 
velar jam^s, fuera de la intimidad. Otro es el peli- 
gro de tener que concurrir ^ tertulias en que reina 
la charlataneria indiscreta, tan perjudicial para la 
otra vida. Y no hay camino de librarse deestasdos 
calamidades, si no es aisldndose en absoluto de todo 

trato social [pag, 25]. 

65. Las cosas que hayas de hacer matiana, no 
te descuides en asegurar su realizacidn apresur^ndo- 
te a hacerlas hoy mismo, aunque sean de pequeila 
importancia, porque de las cosas pequetlas se for- 
man las grandes y quiz^ maflana no puedas realizar 
esas cosas pequefiasy destruyas asi el resultado total. 






66, No- desprecies obra alguna, por pequefla 
que sea, si de ella esperas que ha de inclinar a tu 
favor la balanza en el dia del juicio; antes bieii, 
apresiirate desde ahora mismo a realizarla, porque 
te servirA de compensacidn de otros defectos tuyos, 
pequeflos si, pero tantos en ntimero, que reunidos 
bastarian para lanzarte al fuego eterno (1). ■ 

67, No pueden darse cuenta de lo que es el do- 
lor fisico, la pobreza, el dolor moral y el miedo, 
sino aquellos que lo sufren; los que no pasan por 
ello, lo ignoran. En cambio, los que viven en el 
error, en la degradacion d en el vicio, no se dan 
cuenta de su fealdad moral, que solo conocen los 
que viwen fuera de tal ambiente. 

68, No conocen el valor de la paz, la salud y 
la riqueza, sino los que nogozan de ellas [pag. 26]; 
en cambio, los que las poseen, ignoran cuanto 



(i) Kn la doctrina escatologica del islam existe la 
creencia, basada en el Akordn, XXI, 48, de que el jui- 
cio final de los hombres se hard mediante una balanza 
(misdn), en cuyos platilios se pondrdn separadamente 
las buenas y malas acciones, Muchos te6Iogos ortodo- 
xos de la escuela malequi en Espana tomaban d la letra 
el texto dogmitico y lo interpretaban de un modo gro- 
seramente realista. En cambio, los fiI6sofos y motdziles 
tomaban la balanza por un simbolo del juicio espiritual. 
Abenhazam^ en su His tor ia critica de las religiones, IV, 
65, 66, acepta, fiel d su criterio tahiri 6 exteriorista, la 
letra del texto y se abstiene de toda interpretaci6n, asi 
antropom6rlica como aleg6rica, para concluir que la ba- 
lanza es una realidad, pero que ignoramos en absoluto 
su naturaleza y forma. 



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valeti. La excelencia de la verdad, de la virtud y 
de las buenas obras» solo es apreciada por los que 

las practican. 

69. El primero que se pone en guardia contra 
ei traidor es cabalmente aquel en cuyo favor come- 
tio el traidor su traicion. El primero que odia al 
testigo false es precisamente aquel en cuyo favor 
depuso. El primero que tiene en poco a la adiilte- 
ra es el que con ella cometio adulterio. 

70. No hemos visto cosa alguna que, despues 
de alterada y corrompida, se restablezca y cure 
sine tras de lentos, dificilesy empefladosesfuerzos. 
^iCotno, pues, ha de restablecerse un cerebro so- 
metido todas las noches sin interrupcion al trastorno 
mental de la borrachera? A fe mia, que un enten- 
dimiento tan ciego, que no vea como su duefio se 
afaiia en trastornarlo todas las noches, es un enten- 
dimiento de cuya clarividencia hay que dudar. 

71. El camino es recorrido y las zauias conce- 
denhospitalidadgenerosa. Se desea poseer gran- 
des riquezas, y con bien poco basta (1). 

72. El discrete malogra, a las veces, el buen exito 
de sus bien concertados planes; no es, pues, posible 
que el necio acierte en la realizacion dc los suyos. 

73. No hay cosa que mas perjudique al rey, que 



(I) La salvia (^;^\} era en la Espana musulmana, 

como lo es actualmente en el norte de Africa, una instt- 

tuci6n mixta de convento, colegio y hospederia gratui- 

[. ta, donde, i semejanza de los monasterios cristianos de 

I la Edad Media, se daba albergue y sustento i los pobres 

y caminantes. Cfr. Dozy, Supplement, s,'v.,l,6iS- 



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el rodearse de mucha gente desocupada y holgaza- 
na. Por eso es principe discrete el que obliga A to- 
dos sus palaciegos d ocupar su actividad en algo, 
aunque sin perjudicarles en sus derechos; de lo 
contrario, ellos le obligardn A ocuparse en empre- 
sas que le perjudiquen en los suyos propios, Y no 
hablemos del rey que toma por favorifos a sus ene- 
migos: ese es un verdadero suicida. 

74. El espiar con insistencia a una persona, le 
facilita y allana la rea!izaci6n de sus actos [pagi- 
na 27] (1). 

75. Mantener A todas horas un mismo talante y 
aire de persona grave, para dejar ^ las gentes turu- 
latas, adoptar una actitud de seriedad casi feroz y no 
permitirse jamds expansion alguna, son velos que 
para ocultar su propia estulticia emplean los necios 
cuando quieren gozar de autoridad ante el mundo, 

76. No se deja seducir el discrete por. las ines- 
peradas amistades que se le brindan en los dfas de 
sufortuna, porque entonces todo e) mundo quiere 
ser amigo suyo, 

77. Procura buscar para tus negocios la ayuda 
de aquel que espere sacar de ellos el mismo prove- 
cho que tii, no la de aquel que de tus negocios es- 
pere el mismo provecho que de otros negocios que 
no son tuyos. 

78. No respondas 5 palabras que te transmitan 
de parte de alguien, hasta que no te conste con cer- 

(I) Parece significar que los que se sienten espiados 
ponen m^s atenci6n y empefio para no fracasar en sus 
empresas* 



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teza que el las ha dicho; de lo contrario, te expo- 
nes a que el que te las haya transmitido te traiga 
una mentira y se Ileve de tu parte una verdad, 

79, Fiate del hombre religiose, aunque profese 
religion dislinta de la tuya, y jamas fies de! horn- 
bre ligero y descreido, aunque parezca profesar tu 
propia religion. Para las cosas encomendadas d tu 
cuidado no pongas tu confianza en el hombre que 
desprecie las prohibiciones divinas. 

80. He observado que son muchos mds los 
hombres que se asocian entre si por los lazos del 
espiritu, que los que se asocian por los lazos ccono- 
micos/De este fcnomeno tengo hechas largas y 
prolijas expericncias, y en ningun caso, de los mu- 
chos que heexperimentado, pude encontrar otra 
cosa. Muchos esfucrzos me costd dar con la causa 
de tal fendnieno, hasta que supuse que se debia ^ 
algo que es natural al hombre. 

fiL Una de las pedres injuslicias es la de no re- 
conocer que uno ha obrado bien en un caso excep- 
clonal, porque son muchas las ocasiones en que ha 

obrado mal [pag. 28]. 

82. Al que ya est^ tranquilo y seguro de un 
solo enemigo, le nacen otros muchos. 

83. No he visto cosa mds parecida ^ este niun- 
do, que las sombras chinescas de la linterna ni^igi- 
ca; son Unas figuras montadas sobre una rucda de 
madera, la cuai da vueltas con rapidez: un grupo 
de figuras desaparece, cuando otro grupoasoma (1)* 



(I) , Dozy, en su Lettre h M, Fleischer (Leyde, Brill, 
1871). pdg. iSo y en su Supplement, I, 41S a, sospech6 

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84- Hace largo tiempo que pensando en 
muerte no salgo de mi extrarleza. Digo esto por- 
que yo he vivido con algunas personas en tan es- 
trecha union, como el alma con el cuerpo, por el 
sincero carifio quenosunia; y cuando alguna de 
esas personas murieron, las volvi a ver en suenos, 
mientras que a otras de esas misnias personas no 
las vi ya jamas. Y eso que en vida habiamos hecho 
pacto de visitarnos en el sueno, despues de que 
murieramos, si esto nos era posible; y, conio digo, 
no las vi jamas en mi sueno, despues que mc hu- 



sagazmente que la frase J-Jj)! JL 



(fantasmas de la 



sombra) significaba el juego infantil de las sombras chi- 
nescas 6 linterna mdgica, pero no pudo presentar un tex- 
to espanol, como este pasaje de Abenhazam, en que dicha 
frase va seguida de una dcscnpci6n, siquiera breve, del 
aparato 6 maquina de que se trata. Son, en efecto, poqui- 
simas las noticias que los autores arabes espanoles nos 
dan acerca de sus juegos y diversiones, si se exceptda 
el ajedrez y ios dados (cfr. supra^ num. 33, nota). 

Kn mi Algaz&l^ Dogmdtica^ morale ascitica (p^g- 313, 
nota), senate por vez primera la existencia, entre los 
musulmanes de oricnte, de! teatro de titercs 6 fantoches 
movidos por hilos sutilisimos, segiin un interesante pa- 
saje del Ikia que recicntemente ha vuelto d seilalar Broc- 
kelmann^ aunque sin atreverse a decidir si en el se trata 
del juego de tfteres 6 del de sombras chinescas que i 
mi juiclo esti exclufdo por la frase *hiios sutiHsimos», 
Cfr. Brockelmannj Fine alte Erwhdnung des Sckattens- 
pieles (?) apud Melanges Harhvig Derenbourg (Pan's, 

Lcroux, 1909), pig. 334. 

El mismo Abenhazam, en su Hist, de las relig,^ da 
algunas interesantes noticias sobre otros juegos de ma- 



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bieron precedido eii su viaje a !a mansion de la 

vida Mura. No se si es que se han olvidado del 
.campromiso 6 si las ocupaciones se lo itnpiden. 

85. Ei olvido y falta de recuerdo, que et alma 
siifre en esta mansion de desgracias, respecto de la 
vida que hizo antes de bajar a aposentarse en et 
■cuerpo, es como el olvido del que cae en el cieno 
de un lodazal, que ya no se acnerda de io que antes 
de caer habia visto y conocido. Tambien sobre 
este problema he reflexionado larganiente,y he con- 
seguido vislumbrar algo mas de claridad, Porque 
yo veo que el alma del hombre que duerme, como 

gia blanca 6 presLidigitaci6n que el presenci6 en Espana. 
He aquf !os pasajcs mds notables: 

{Hist, de las relig., I, iio.) «Yo mismo descubn y 
confutidi las trampas de un ta! Abu Mohdmedj conocido 
per El Mojric (El mila^rero), que hacia que en su pre- 
sencia oycsen las gentcs hablar sin que se viesc quitin 
■era el que hablaba. Desafie yo i uno de los defensores en- 
■tusiastas de aquel prestidigitador k que ^ste consiguiese 
-hacerme otr a mi aquello mismo en otro lugar cuaiquiera 
■que no fuese la mezquita 6 en un sitio completamente 
abiertOj sin paredes ni construcci6n alguna; pcro rchus6 
.aceptar mi reto y asi qued6 ai descubierto ta trampa de 
que se seryfa. Y era un trozo de cafia agujereada por 
ambos extremos, metido en la pared por detriis, i tra- 
ves de un orificio disimulado; un individuo pronunclaba 
tinas pocas palabras, dos 6 tres no mis, desde el otro 
extreme del canuto, en el momento en que eJ publico de 
ia mezquita estaba distraido, y asi nadie de los que en ella 
se encontraban en compania de aquel milagrero impos- 
tor, podfa sospechar que las palabras cran emitidas por 
-un individuo que estaba cerca de elios, y que era cabal- 




que estd A punto de separarse del cuerpo, y sus- 
facuifades de representacidn sensible se aguzati 
tanto, que ve intuitivameiite las cosas ocultas, llega 
a olvidarse de todo lo que le ha sucedido antes del 
sueilo, y esto con un olvido absolutoy completo, A 
pesar del poco tiempo que ha transcurrido desde 
entonces; otros estados psicoldgicos le nacen al 



mente Mohimed Ben Abdald el Secretario, c6mpHce dt 
aquel farsante.» 

ilbid.^ V, 5, 6,) «Hay fen^menos extraordinarios que 
dependen de prestidigitaci6n, como las artimanas dei 
escamoteador, que las gentes ven con sus propios ojoSj. 

sin que scan otra cosa que operaciones sutiles que en 
nada alteran las leyes de la naturaleza. 

Asf, e! prestidigitador da una punalada ci un hombre 
con un cuchillo; los que ven aquello, sin conocer la 
trampa, creen que el cuchillo penetra realmente en e\ 
cuerpo del agredido^ y no hay tal cosa, sine que el man- 
go del cuchillo estd hueco, y en ese hueco es donde se 
introduce la hoja del cuchillo. 

Del mismo modo^ el escamoteador hace pasar per 
dentro de un anillo un hilo cuyos dos extremos entrega 
d un espectador (que nada sospecha) orden^ndole que 
tome cada uno con una mano; seguidamente toma el 
prestidigitador con su boca aquel anillo y, en tal situa- 
cidn, se lo mete en su mano tapando con esta la boca;. 
dentro de la boca ya llcva preparado otro anillo que pa- 
rece exactamente el mismo del hilo^ y asi al quilarse la 
mano de la boca hace creer i los espectadores que ha 
extraido del hilo el anillo; vuelve luego i tomar en su. 
boca el anillo del hilo y^ scparando las manos de la boca, 
muestra de nuevo el anillo dentro del cual esti el hilo- 
Y como este escamoteOj son todos los que yo he visto.a^ 






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37 

alma en aquella situacidn, puesto que durante el 
sueRo discurre, siente, experimenta placer y dolor 

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y hasta del mismo deleite del sueiio tiene concien- 
cia sensitiva. El que duerme, efectivamente, se de- 
leita y ensuena [pag. 29] y teme y se entristece 
mieutras duerme (1). 

86. La familiaridad del cariilo solo se mantiene 
entrelas almas; el cuerpo se nos hace fastidioso y 
como inutlK La prueba de eso est^ en la prisa con 
que el hombre trata de sepultar el cuerpo de su 

(r) En estos dos pdrrafos, 84 y 85, Abenhazam alude 
ciaramente d los dos graves problemas de psicologfa me- 
tafisica que ban preocupado hondamente i todos ]o3 
pensadores: la vida del alma humana despu^s de la 
muerte y su preexistencia anterior i la unidn con ei 
cuerpo. Respecto del i.'^, la doctrina de Abenhazaiii,en su 
IfisL de las relig, (V, 88 y IV, 69), es, autique no en 
todo, conforme con la ortodoxia isldmica: el alma no 
«e aniquila por la corrupci6a del cuerpo, sino que so- 
brevive i dste, permaneciendo en el barzaj hasta el dfa 
de la resurrecci^n en que volverd a unicse con aqu^I, 
para entrar defiaitivamente en el cielo 6 en el infierno; 
s6lo las de los profetas y mdrtjres (que mueren sin pe- 
cade alguno) entran en el cielo al morir. La doctrina 
ortodoxa comiin en el islam dificre de esta en creer que 
las almas no esperan la resurrccci6n en el barzaj^ sino 
en los recintos de las sepulturas en que los cuerpos es- 
tdn enterrados. Por lo que atafie d la vida de las almas 
en ese estado transitorio, Abenhazam la describe como 
algo puramente espiritual 6 Inorgdnico (Cfr. op. cit.^ II,. 

106 et alibi). 

El 2,* problema, el de la preexistencia de las almas, 
ofrece en Abenhazam una soluci6n inesperada, si se tiene. 



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amigo, tan pronto como el alma sc scpara de eJ, y !a 
pena que siente cuando el alma se Ic escapa, aun- 
quetenga entre los brazes su cadaver, 

87, No he visto ardid mas artero, mas mal in- 
tencionado, ni por otra parte mas necio, que el 
que emplea el demonio cuando sugicre a sus ado- 
radores dos frases que pone en sus iabios: la pri- 
mera es cuando tratan de disculparsc de haber pe- 
cado, diciendo que fulano peco antes que ellos; y 
la segunda, cuando quieren disminuir la gravcdad 
del pecado que comcten hoy, diciendo que tam- 

en ciienta su animadversion contra los peripatdticos 
musulmanes i quienes i menudo tacha de incrt-dulos 6 
licrcjes; no obstante, aquf adopta (ciaro es que sin de- 
cirlo) la tesis neop!at6nica y hasta alguna dc las imdge- 
nes 6 similes de los alejandrinos, segun los cuales el 
alma es por si sola substancia complcta; dc modo que su 
uni6ii con el cuerpo es accidental y obscurece ademds 
el recuerdo de las ideas puras que tuvo en su vida ante- 
rior i la uni6n;los neoplat^nicos consideraron, por eso, al 
cuerpo como cdrcel tcncbrosa que dificulta la operaci^n 
esencial del alma, y como materia grosera c Impura que 
afea y ensucia su pureza esencial y nativa (cfr. Ritter, 
f/ist de la Philos. ancknne^ trad, Tissot, II, 253). 
Abenhazam, por su parte (^^ cit.^ IV, 70), diceresuel- 
tamentc que Dios cre6 las almas humanas todas dc una 
vez, antes de unirlas con los cuerpos, y las coloc6 en el 
barzaj, del cual va sacindolas para infundirlas en los fe- 
tos, i medida que ^stos sc hallan en disposici6n de ser 
animados. El lugar 6 mansi6n de las almas en ambos es* 
tados, antes de unirsc con el cuerpo y despu<Ss de sepa- 
rarse de i\, es llamado por Abenhazam con an mismo 
nombre: harzaj. 



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39 



bien aycr lo cometieron, 6 de im pecado contra tal 
precepto, diciendo que ya han cometido otros con- 
tra otTOs preceptos. Estas dos frases resultan ser una 
excusa, que solo sirve para allanar el camino del 
mal y para que la corrupcidn llegue hasta un ex- 
treme que todos reconocen, que todos soportan, 

que nadie niega. 

88. Piensa mal de tu projiino, cuaiido estes en 
condicioncs de hacer lo que reclama de ti esa mala 
opinion, cs dccir, cuando te sea posible guardarte 
de tu projimo y tomar precauciones contra el. Mas 
cuando no este en tu mano dl tomar precauciones, 
m^s te vale tcner de todos buena opinion; ganar^s 
con ello tranquilidad de espiritu. 

89. El extreme y colmo de la generosidad con- 
siste en que destines todo cuanto te sobre i obras 
de beneficencia. De eslas obras, las m^s meritorias 
son socorrer al vecino necesitado, al pariente po- 
bre, a! rico venido a menos, al infeliz a quien el 
hambre acosa. Dejar de aplicar lo que te sobre al 
socorro de estas necesidades, entra ya [pAg. 30] en 
la categoria de la avaricia. Segun que la cantidad 
que & esos fines dediques sea mayor 6 menor, se- 
ras mAs digno de alabanza 6 de vituperio. Aphcar 
lo que te sobre a otros fines distintos de los dichos, 
ya es prodigalidad y despilfarro vituperable. Dar 
parte de lo que tu necesitas para vivir, & otro que 
este mas necesitado, ya es pasar el llmite de la 
obligacion, ya es caridad, y, por tanto, algo mds 
perfecto que la generosidad. Dejar de hacerlo, ni 
merece alabanza ni vituperio: esla pura equidad. 

Entregar lo que debemos, es cumplir una obliga- 



40 



cidn. Darlo que no necesitamos para vivir, es ge- 
nerosidad. Privarle de aquelia porcidn de tu sus- 
tento, que no te es absolutamente indispensable, 
para darla d tu projimo, es virtud. Rcsistirsc a dar 
aquello a que estamos obligados, escosailicita. No 
dar lo que iios sobra para el sustcnto, cs avaricia y 
mezquindad. Negarse a dar al projinio una parte de 
lo que necesitamos para vivir, es excusable. Privarse 
^ si inisnio d a ia familia de todo 6 parte de lo ne- 
cesario para el sustcnto, es sordidez, ruindad y pe- 
cado. Ser generoso y esplendido con los bienes que 
defraudaste 6 injustamente adquiriste, es refinada 
iniquidad, que no merece alabanza, sino vituperio, 
porque no regalas realmente tu dinero^ sino el de 
tu projimo, Pagar^ los deinds aquello A que tienen 
derecho, no es generosidad, sino debet, 

90. La fortaleza consiste en sacriticar la propia 
vida en defensa de la religion d de la familia 6 del 
projimo oprimido 6 del debil que busca apoyo con- 
tra la injusticia de que es vlctima 6 de la propia 
fortuna y del honor propio menoscabados inicua- 
mente, d de cualquier otro derecho; y esto, scan 
pocos los adversarios d sean muchos. La tibieza en 
la defensa de cualquiera de estos objetos que he- 
mos enumerado, es cobardia y debilidad. Prodigar 
el valor en defensa [p^g. 31] de interescs puramen- 
te mundanales, es sintoma de irreflexiva precipita- 
cidn y estulticia. Mas estultos son aun los que di- 
lapidan la propia energia para impedir la realizacidn 
de un derecho 6 el cumplimiento de un deber, asi 
propio como ajeno. Y m^s necias todavia que estas 
gentes son otras que yo con mis propios ojos he 




41 



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visto como sacrificaban sus vidas, sin que ellos 
mismos supieran por que las sacrificaban: unas ve- 
ces combatiendo a Zeid en defensa de Amru; otras 
combatiendo a Ainru en defensa de Zeid (1); y 
estOj a las veces, en un niismo dia, exponiendose d 
los mas graves peligros sin motive racional alguno; 
ecMndose de cabcza en medio de voraz incendio 6 
huyendo de el para caer en la infamia (2). A estos 
es a quienes el Profeta aludio en su predicci6n, 
cuando dijo: "Vendran sobre las gentes unos tiem- 
pos en que no sabra el matador por que mata, ni la 
victima por que la asesinan,, (3). 



(r) Estos dos nombres propios no se refieren aqui d 
personas determinadas; son nombrcs proverbialcs, cm- 
pleados A la nianera que, entre nosotros, los de Juan, 
Pedro, Diego, para dcsignar una persona cuaiquicra. 

(2) Literalmente dice: «echdndosc al fuego 6 huyen- 
do hacia el oprobio*. En esta frase, las voccs/«^^<?( -U) 

y oprobh f iL^) riman entre si, como si Abenhazam hu- 
biese querido hacer uso de uu proveibio 6 refrdn. Y, 
efectivamente, su sentido se aproxima i. los adagios cas- 
tellancs: «Saiir de lodazales y cntrar en cenagalcs*, «Sa- 
X\x del charco y entrar en el lago», *Saltar de la sart^n 
y dar en las brasas^^i etc.; cs decir, huir de un peligro 
para caer en otro pcor. Entre los musulmancs de Arge- 
lia y Marruecos se usa todavia un refran en el cua! se 
considera el oprobio como \m mat mayor que ser que- 

made vivo. Dice asi: y^\ !^^ j'-'i: *EI fuego cs preferi- 
ble at oprobio 6 ^ la infamia.* Cfr. M. Ben Cheneb, Fro- 
verbes arabes de PAlgerle etdn Maghreb (Paris, Leroux, 
1907}, tom. IIIj pig, 2, ndm. 1869. 

(3) Alude, sin duda, Abenhazam en cste p^rrafo k la 



^- 42 



9L La continencia tiene su limite en que apar- 
tes tu vista y todos tus mienibros, respecto de todo 
cuerpo que no te sea licito. Traspasar este HmitCj 
esfornicacion d lujuria. Pero privarse hasta de la 
que Dios permite, es ya debilidad e jmpotencia(l)/ 

92. La justicia estriba en que espontaneamenie 
des k cada cual su derecho y en que tomes el tuyo; 
La injusticia consiste en que lo tomes, pero no lo 
des. La generosidad, en. que de buen grade y moto 



serie no interrumpida de conspiraciones, pronuncia- 

mientos y revoluciones politicas que durante la primera 

mltad del siglo v de la hdgira ensangrentaron et trono 

de los liltimos omeyas espanoles y de los primeros rei- 

nos de taifas. Hixem II, Moh^med II y Suleimdn (366 zi 

407) subieron ai trono, pava ser luego depuestos y vuel- 

tos d proclaraar segunda vez- Alcasem y Yahya (408 i 

417) exiperimentaron iguales alternativas en su fortuna, 

Dentro ya del periodo de taifas, las luchas intestinas d^ 

unos reyezuelos con otros se suceden de continuo. . 

Abenhaiiam fue^ pues, testigo de uno de los periodos mas 

andrquicos en que la violencia de las armas se ponfa sirt 

ningua escriipulo al servicio de las ambiciones politicas 

mis desatadas. 

(i) Se ve en este pasaje, que Abenhazaiti, lejos de 

considerarcomo unavirtud la virginidad y el celibato 

voluntarios por motives sobrenaturales, los caliiica de 

iraperfeccion. Esta doctrina es consecuencia de su actfr 

tud adversa enfrente de las ideas ascetico-misticas d^ 

los sufies. A su vez, es un eco liel de la dtica de Arist6^ 

teles, para la cual la virtud de la continencia 6 tem- 

planza es el justo medio del apetito concupiscible/- 3' 

igual distancia entre su exceso, ta lujuria, y su defecto, 

la insensibilidad sexual, que son vicios 6 imperfecciones. 



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43 



propno otorgues a tu projimo aquello que le es de- 

bido, a la vez que cedas gustoso de tu derecho en 

■ favor de los demas, pudiendo no ceder. Esto ya es 

virtud, porque excede del limite ju&to (1). 

■ 93. Un momento de descuido destruye el es- 

fuerzo de un afio, 

94. Preferible es e! error de uno solo en la di- 
reccion de los negocios, que el acierto de unannil- 
titud no armonizada por uno solo; porque el error 
de uno solo cabe repararlo, pero el acierto de una 
niultitud tienta d perpetuar el descuido, y ese des- 
cuido acarrca la ruina. 

95. La flor dc la guerra civil es infecunda. 

96. Yo he tenido algunos defectos, pero asidua- 
mentc, con celo, he puesto grande cmpefio en co- 
rregirlos por medio de la disciplina ascetica y estu- 
diando lo que acerca de los h^bitos morales y la 
educacion de las pasiones enseftan los profetas y 
los mas eximios filosofos antiguos y modernos. 
Dios me ha ayudado con su gracia y su auxilio d 



f (i) Siguen dos lineas en que el autor distingue el 

matiz que separa en la lengua drabe i los dos sin6nimos 
:>.=^ y ^ S, equivalentes i generosidad -j liberalidad, Se- 

giin ^1, toda gcnerosidad es liberalidad, pero no recfpro- 

camente. 

Como ha podido observarse en estas definiciones de 

las virtudes morales y de sus vicios opuestos por excesa 
y delecto, Abenhazam se inspira en la ^tica de Arist6te- 
!es, aunque vista de una manera personal y muy concre- 
ta, huyendo de las formulas abstractas y muertas de los 
libros. 



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corregir ya la mayor parte de esos defectos; pero 
creo que el confesarlos pijiblicamente, para que al-. 
g&n dia esta confesidn sirva dc ejemplo y exhorta-' 
cidn A los demas, es propio de un alma recta que 
ha dominado ya sus pasiones, y que sabe tener en 
sus manos las riendas de la realidad, 

97. Uno dc esos defectos era el mal humor y la 
ira violenta, que yo no he cesado dc combatir has- 
ta que he togrado reprimir sus manifestaciones ex- 
teriores, es decir, las explosiones dc la colera cuan- 
do estalia en improperios, en golpcs 6 en atrope- 
llos, y hasta he llegado a refrenar los deseos ilicitos 
de secreta venganza. Para conseguirio, hube de su- 
frir graves molestias y soportar penosos disgustos, 
que A veces me hicieron casi enfermar, lo cual me 
impedia tener buen humor [pag. 33]; adem^syo 
creia, al principio, que el reprimir la ira y el mal 
humor era signo de bajeza dc caracter, y por eso 
me reprimia menos. 

98. Otro dcfecto era una inclinacidn irresistible 
A la burla en son de chiste, porque el hablar en se- 
rio me parecia fastidioso y propio dc gente sober- 
bia. Mi enmienda en este punto se limit6 A abste- 
nerme de toda burla capaz de excitar la ira de la 
victima de mis burlas. 

99. Otro dcfecto fue una grande vanidad; pero 
mi razdn, que conocia muy bien los defectos de mi 
alma, discutio con clla hasta conseguir que toda 
aquella vanidad se disipase, sin quedar, gracias A 
Dios, rastro atguno; es mds: obligue A mi alma a 
reconocer lo despreciable de su ser y a practicar la 
humildad. 



45 






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100. Olro dcfecto era el habito de ciertos mo- 
vimicntos extravagantes, contraido desdela infan- 
cia per dcscuido y por la debilidad de los iniem- 
bros (1); pcro me cmpefie en evitarlos y lo con- 

segui. ^ 

101. Otro dcfecto era el amor de la fama y del 

prestigio cientifico; en la curacion de csta enfcrme- 
dad he llegado solo a evitar cuanto !a religion con- 
sidera ilicito, y en Dies espcro que nie ayudar^ A 
corregir e! resto, si bien es verdad que el niovimien- 
to irascible del alma sensitiva cs virtud y habito 
laudable, siemprc que cst.4 somctido al alma racio- 

nal (2), 

102. Otro dcfecto era un exceso tal dc pudor, 
que lieguc A seiitir repugnancia absoluta y dificul- 
tad insUntiva para el mairimonio y hasta imposibi- 
lidad de veneer estc cxagerado pudor, cuya imper- 
feccion yo reconocia. Causa de este defecto fueron 
algunos sucesos adversos que mc acaecicron, con- 
tra los cuales solo la ayuda de Dios sirve (3). 

103. Dos defcctos tuve tambien que Dios per- 



(i) .^^c^l wi^.^j 'U^Ji 'ij\ji UJ J c->lS'c>lS'^* 
La vagucdad y concision de^ia frase no [^'^^^^1 lege] 
permite prccisar d qud movirriientos se refiere. 

(2) Para comprendcr el scntido de estc i\ltimo inciso 
del pdtrafo, hay que tcner en cuenta que Abcnhazam se 
refiere sin duda al fervor y empeno que 6\ ponfa en to- 
das sus discusiones teol6gicas y en sus libros poli^micos. 

{3^ Refidrese quizd i sus primeros amores con la jo- 
ven que vivia en cl mismo palacio de su padre. La des- 
cripci6n de estos amores contrariados, hccha por Aben- 
hazam en su Lidro del amor, ha sido aprovechada por 



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46 - 



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mitid que siempre permaneciesen ocultos, ayudan- 
dottie ademas con su gracia a combatirlos. Uno de 
ellos desaparecio ya para siempre, a Dios gracias. 
Desde entonces me parece como si la felicidad se 
me hubiese adherido de una manera inseparable 
[pag. 34]. Alguna vez vuelve a aparecer, *como el 
brillo de un relampago; pero lo reprimo. El segun- 
do me ha durado largo tiempo, Siempre que el fm- 
petu de sus avenidas me asalta, conmuevense los 
cauces por donde circula y parece inminente su 
aparicic5n; pero Dios hace siempre con su gracia 
que me sea facil reprimirlo y que persevere en e! 
bien (1). 

104, Otro de mis defectos' fue un rencor exce- 
sivo que con la ayuda de Dios he conseguido guar- 
dar oculto y bien escondido y hasta reprimir la ma- 
nifestacidn de algunos de sus efectos; pero des- 
arraigarlo en absolute, jamas, no me ha sido posible. 
El, ademas, me ha impedido siempre trabar amistad 
con aquellos que alguna vez fueron mis enemigos, 

105, En cuanto a la costumbre de sospechar 
mal de! prdjimo, algunos la creen delecto en abso- 
luto, pero no es tal, sino cuando nos induce a co- 
meter algun acto que la religion 6 las leyes socia- 



- ^3 



Dozy, J^lst des nmsulmans d'Espagne^ III, 344, y Pons^ 
Ensayo bio-bibliogrdfico sobre los historiadores j geogra- 
fos ardbigo-espanoles {^IdAnd, 1898), pdg. 132-5. 

(i) No me es posible conjeturar siqutera los vicios 
ocultos a que se refiere Abenhazam en este parrafo, cuya 
estudiada vaguedad e imprecisi6n hace pensar en hdbi- 
tps vergonzoaos e inconfesables. 



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les coiisideran ilicito; en los demas casos, se con- 
funde con la pmdencia y discrecion, que es una 

virtud, 

106. Eucuanto a la acusacidn que contra mi 

lanzan niis necios enemigos, diciendo que cuando 
yo tengo una cosa por verdadera no me importa 
el ponerme enfrente de cualesquiera, aunque estos 
cualesquiera sean todos los hombres que ocupan la 
superficiede la tierra, y que tampoco me cuido 
de acomodarme a muchos de los usos y costumbres 
adoptados sin causa razonable por mis compatrio- 
tas, esta cualidad de que me acusan es para mi una 
de mis mayores virtudes, que no sufre comparacion 
con ninguna otra de mis cualidades, Y por mi vida 
aseguro que si yo no la poseyese (lo que Dios no 
permita) [pag. 35), clla seria una de las gracias que 
yo mas apeteciera y pidicra a mi Creador. 

Y esto mismo aconsejo a todo aquel a quien lle- 
guen estas palabras mias: ningun provecho sacara 
de seguir a los demas en las cosas vanas y super- 
fluas, cuando con ello provoque la ira de Dios^ d 
defraude los fueros de su propia razon 6 se perju- 
dique en el alma 6 en el cuerpo d se imponga un 
trabajo penoso, completamente iniitiU 

107. Algunos, para quienes el fondo esencial 
de las cosas permanece oculto, me han acusado 
tambieu de dejar pasar con absoluta impasibilidad 
. las calumnias de que he sido vlctima, e igualmente 
de haber permitido eso mismo, cuando ya no se 
trataba solo de mi, sino de mis amigos, que eran 
difamados en mi presencia, sin que yo me tomase 
la molestia de irritarme por defenderlos. 



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A esto digo que el que asi me acusa, es- 
tablece afirmaciones generates sin precisar en con- 
creto su alcance; y claro es que toda afirmacidn ge- 
neral, por la ambigtiedad que encierra, puede im- 
plicar, segiin se entienda, el elogio de un crimen 6 
el vituperio dc una virtud. ^No te parece que si al- 
guien afirmara que fulano ha cohabitado con su 
hermana, habrfale acusado de una atrocidad, abo- 
minable para todos los que la hayan oido? Y, sin 
embargo, tan pronto como el hubiera aclarado su 
acusacioHj diciendo que se trataba de una herma- 
na suya en el Islam, apareceria claro que lo atroz y 
abominable estaba en lo general y vago de la afir- 



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macion. 



109. Asi, pues, por lo que ^ mi se refiere, si yo 
dijese que he pernianecido impasible ante las ca- 
lumnias de que he sido victima, no diria verdad, 
porque el disgusto en tales cases es una cosa ins- 
tintiva e inevitable para todos los hombres; sin em- 
bargo, yo he procurado siempre reprimir ese dis- 
gusto, ^ fin de no dar sefiales de ira, cc51era d eno- 
jo; si merced a esta preparacidn me era Mcil abste- 
nerme en absoluto de responder al que me injuria- 
ba, eso era lo que, con la ayuda de Dies, me ha- 
bia propuesto; y si e! ataque era imprevisto, enton- 
ces respondia ^ el con palabras mortificantes, si, 
pero no indecentes ni inspiradas por la cdlera 6 
la estulticia, sino Uenas de franca sinceridad [pd- 
gina 36], Y hasta eso solo me repugnaba; si lo ha- 
cia era, porque una necesidad me obligaba a ello, 5 
saber, la necesidad de domar un poco el impetu 
dd que me difamaba 6 de poner un freno d la len- 






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gua del que me transmitia la calumnia, pues la ma- 
yoria de los hombres gustan de molestar al prdji- 

mo refiriendole las cosas desagrables para el que 

en boca de otros ban oido, y no hay cosa que mds 

les contrarie que esta actitud impasible, pues con 

e!!a se ven ya privados de ejercer su oficio: llevar 

y traer noticias mortificantes A unos y otros, oficio 

que sdio sirve para perturbar los espiritus y propa- 

gar la calumnia- 

110. Pero^ adem^s, una de dos: el que habla 

mal de mi, 6 dice mentira 6 dice verdad. Si dice 

mentiraj Dios se apresurara d vengarme, emplean- 

do como instrumento la misma calumnia de mi ene- 

migo, el cual, ademas de quedar ya, en virtud de 

ella, incluido dentro de la categona de los embus- 

teros, llama la atencion de todos acerca de mis bue- 

nas cualidades, desde el momento en que me acu- 

sa de cosas de que mi reputacion estd bien libre, y 

cuya falsedad, la mayoria de los que se las oyeron 

decir, d la conocen ya en aquel mismo momento 6 

la averiguan pronto, tras un ligero examen. 

' Si, por el contrario, dice verdad, tres casossola- 

mente pueden darse: d que yo mismo le haya co- 

municado en secreto la falta de que me censura, 

poniendo en el la contianza que se acostumbra d 

poner en un hombre k quien se supone iiel y leal, 

y en este caso, la misma indignidad de su accldn 

es suficiente prueba de la vileza y bajeza de su ca- 

rdcter; 6 que me censure por una cosa que el cree 

mala sin serlo, y entonces su propia estupidez me 

venga, pues el es el que queda en mal lugar y no 

aquel A quien censura; 6 que, finalmente, me acuse 



50 



de una falta de que realmente yo sea reo [pagi- 
na 37] y que el por si solo haya descubierto; en 
este case, puesto que el dice verdad, contra mi 
mismo, mejor que contra el, debo enojarme, pues 
m^s juste es que yo me irrite contra mi propia 
alma, que no contra el que me censura con razon. 

Mi. Ahora, por lo que se refiere ^ mis amigos, 
nunca he dejado de tomarme la molestia de salir 
en su defensa, pero una defensa delicada, sin hacer 
m^s que excilar el arrepentimiento en el corazon 
del que contra ellos hablaba delante de mi, y ha- 
cer que se avergonzase de su accion, se cubriese de 
rubor y me presentase sus excusas. Y esto lo con- 
segula sencillamente afeando ante sus ojos la con- 
ducta del que se dedica ^ difamar A los dem^s, ha- 
ci^ndole ver que le conviene m^s al hombre pen- 
sar en los negocios de su propia persona y preocu- 
parse de corregir sus propios defectos, que no ir si- 
guiendo la pista A los demds para enterarse de sus 
malos pasos; despues, ponderdndole las buenas 
cualidades de mis amigos, le echaba en cara su 
mezquindad de alma que solo tenia en cuenla los 
defectos del prdjimo olvid^ndose de sus virtudes, y 
le decia que mis amigos no se darian por satisfe- 
chos, si le juzgasen i el con esa misma mezquin- 
dad, y que^ por tanto, eran m^s generosos que el, 
y el tambi^ii a su vez no debia contentarse con 
aquel juicio tan niezquino. 

Estas 6 parecidas razones empleaba; porque ar- 
mar disputas y refiir con el maldiciente, sdlo hu- 
biese servido para enardecerle, excitar su irascibi- 
lidad y provocar el estallido de su cdlera, hacien- 



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61 

p dole prorrumpir en nuevas invectivas doblemente 

^ -graves contra mis amigos, de las cuales entonces 

■ ■ yo solo seria el responsable, adem^s de serlo de la 

repeticion de las invectivas anteriores y de que 
Unas y otras llegasen d oidos de quienes antes no 
las oyeron y, oyendolas» se sintiesen excitados A 
odiar A mis amigos; hasta quizc^ me hiciese enton- 
ces reo tambien de un dano contra mi mismo: el 
'" dano de perder el carifto de mi amigo, d quien se- 

ria natural que no agradasen los modales violentos 
y repugnantes que yo emplease para defenderlo. 

Yo, por mi parte, no quisieraque un amigo mio 
emplease para defenderme mds medios que [p^gina 
38] estos que acabo de citar, pues si se excediera en 
mi defcnsa has^a el extreme de injuriar^ mi calum- 
niador, provocaria seguramente, no solo dobladas 
invectivas de parte de este contra mi, sino ofensivas 
replicas contra el mismo y quiz^ hasta contra mis 
padres y los suyos, segiin fuese de insolente, des- 
vergonzado y procaz el calumniador; es m^s: po- 
dria ser que la disptita acabase d golpes. Y este 
modo de obrar irracional, lejos de merecer mi 
agradecimiento, mereceria mi desaprobaci6n y mis 
m^s sentidos reproches, . 

1 12. Tambien me ban acusado algunos, de esos 
que hablan sin discernimiento ni discrecidn, de ha- 
ber dilapidado mi fortuna; pero la explicacidn de 
esta censura estd en decir que de mi capital no he 
gastado sino aquellas cantidades cuya conservacidn 
representaba, 6 un vicio que la religidn condena, 
6 un dailo en mi reputacidn, 6 una preocupacidn 
penosa para mi espiritu. Y esto, porque para mi 



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era mAs precioso el tesoro, siquier pequeflo, de es- 
tas tres cosas (mi religion, mi reputacion, mi Iran- 
quilidad), que fa parte de mi fortuna diiapidada,. 
aunque hubiese valido tanto como todo lo que el 
sol alumbra. 

113. En suma; yo creo que la mayor gracia 
que puede Dios hacer al hombre, es otorgarle una 
conciencia naturalmente recta y amiga de la justi- 
cia, un espiritu equitativo y amante de que el de- 
recho triunfe. Y yo creo que para resistir a todos 
los embates corruptores de la pasidn, como para 
realizar todo acto bueno con bondad religiosa 6 na- 
tural, no he ido nunca a buscar ayuda m^s que en. 
estos dones naturales que puso en mi conciencia el [ 
Creador, en quien toda energia y fuerza tiene su 
principio, Porque todo el que nace con natural in- 
clinacion ^ juzgar con parcialidad y a obrar injus- 
tamente sin experimentar remordimiento alguno, 
ese puede desesperar de que su alma se enmiende 
6 de que sus tendencias instintivas se rectifiquen 
jam^s, y puede estar cierto de que no alcanzarA la 
perfeccion moral ni en la pr^ctica de los deberes 
religiosos ni en la adquisicion de los h^bitos natu- 
ralmente buenos [pAg. 39]. 

1 14. Finalmente, el orgulio, la envidia, la men- 
tira y la traicidn, jam^s los henotado en mi carac- 
ter, sino ai reves, una instintiva repugnancia hacia 
tales vicios; de modo que no creo merecer alaban- 
za al evitarlos. jY gracias sean dadas a Dios! 

1 15. Uno de los males que implica el amor de 
la fama es que esteriliza el fruto de las buenas- 
obras, supuesto que quien las.realiza lo hace sdlo- 












63 



porque desea que las gentes hablen bien de el. De 
modo que el amor de la fama viene A ser casi como 
una especie de politeismo, ya que el hombre obra 
'Cl bien entonces por un fin distinto de Dios. Ade- 
tnSs, afea la hermosura de la virtud, puesto que el 
hombre entonces casi no obra el bien por amor del 
bien mismo, sine para que por el bien lo alaben. 

116. Tu mas elocuente censor es el que te alaba 
de virtudes que no posees, puesto que llama la 
atencion de todos acerca de lo que te falta. 

117. Tu mds elocuente apologista es el que te 
censura de vicios que no posees, puesto que llama 
la atencion de todos acerca de tus virtudes; el mismo 
•se constituye en defensor tuyo con su propia con- 
ducta, ya que con ella se expone A las protestas y 
reproches de los demas, 

i 18. Si el imperfecto se diese cuenta de su im- 
perfeccion, seria perfecto. 

119. No hay criatura exenta de defectos. Es 
ieliz el que tiene pocos y levcs. Los m^s de los de- 
fectos son los que uno mismo no sospecha tener. 
jY se llama virtud el estar preparado sdlo contra 
los defectos que uno de si propio sospecha! [Glori- 
ficado sea el que asi orden6 las cosas para que el 
hombre reconozca su impotencia y la necesidad 
que tiene de su Creador! 



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CAPITULO V 



SOBRE LOS AMIGOS, LA AMISTAD LEAL Y LA AMiSTAD 

SINCERA 



!20. Por tu bicn mira ei que tereprende, y 
poco caso hace de ti el que con tus vicios es in- 

dulgente [pdg. 40]. 

121. El amigo sometidoA la reprensidn es como 
el lingote de metal precioso sometido ^ la fusion: si 
no es puro, se pierde. 

122. Mas desleal es el amigo que te oculta un 
secreto que a ti especialmente interesa, que no el 
amigo que revela A los dem^s un secreto tuyo; por- 
que quien revela tu secreto A los demSs, te hace 
traicidn, pero nada m^s; en cambio,el que te oculta 
su secreto, te hace traicion y te trata como a traidor. 

123. No busques la amislad del que te desdeHa; 
solo ganaras decepciones y afrentas. 

124- Nodesdefies al que busque tu amistad; por- 
que, en cierto modo,esunainjusticiay una indigni- 
dad el no corresponder a la benevolencia del prd- 

■ 

jimo contu benevolencia. 

125, Quien tuviere la desgracia de vivir en me- 
dio de la sociedad, guardese bien de comunicar to- 
dassus ideas a su projimo; jam^s pairta de otro su- 
puesto, sino de que todo projimo es enemigo irre- 



56 



■1 



(i) No me ha sido posible encontrar dato alguno so- 
bre este amigo de Abenhazam^ ni en sus bi6grafos ni en 
las varias noticias autobiogfcificas que contiene su Histo- 
ria critica de las religiones. 



\ 
1 



conciliablesuyo; que no amanezca mafiana alguna 
sin esta rojo avizor para precaver las traidones de 
sus amigos y sus malas partidas, igual que se guar- 
daria de sus m^s dedarados enemigos. Si de tales 
perfidias se ve libre, de gracias a Dios; y si le ocurre 
io contrario, el disgusto le cogera ya preparado y 
asi no morira de pena. 

Yo te confieso, oh lector, que alguno de mis ami- 
'gosque me profeso siempre leal y muy sincera 
amistad, asi en la fortuna como en la desgracia, en 
la pobreza como en la riqueza, dandole gusto lo 
mismo que contrariandole, acabo al fin por hacer- 
se mi peor adversario, despues de doce anos de un 
cariilo el mas fiel y nunca interrumpido, y eso por 
un motivo [pag. 41] en extremo insignificante, que 
nunca pude yo suponer ilegase a hacer mella en 
hombre alguno; y jamas, desde aquella fecha, ha 

vuelto a reconciliarse conmigo; lo cual, durante lar- 
gos alios, me produjo una pena intensisima (1). 

No debes, sin embargo, tratar con malas formas 
k quien se haya portado contigo como esle tal, pue5 
te rebajarias entonces al nivel de los hombres mal- \ 

vados y villanos. 

126. Existe, por el contrario, para esos casos 
otro camino, arduo, en verdad, penoso y dificil de 
recorrer, que exige que, quien por el ande, tenga 
m^s perfecto instinto de orientacidn que la alca- 









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57 

ia (1) y mas cautela que la urraca (2), para poder 
vivir en paz con los hombres, caminando hacia 
Dios, su Sefior. Ese camino es el camino del exito 
■en los negocios espirituales y teraporales; el que 
por el anda, no destruyc, sine que conserva Integra 
la sinceridad de las buenas intenciones que en favor 
suyo abrigan los hombres de corazon sano y de 



(I) S'i')\^ segiin la explicad6n dada por el editor 
egipcio del opusculo, es un <ave como la paloma 6 de 
una familia de la misma especie*. Dozy (Sn'fifi-, s. v,) dice 
que es la perdiz de Egipto. Sin embargo, Damirf, en su 
Diccionario de historia natural {Hayat el-hajmimin, edic. 
Cairo, 1292 hegira, tOTH. \\, pags. 276-2S0). la descri- 
be con caracteres que no corresponden d la paloma ni d 
la perdiz, couocidas en.nuestros climas. A mi juicio» 
Abenhazam uso de esta palabra, sin conocer quizd con- 
cretamente el ave que significaba y solamente porque 
^ra proverbial entre los arabes su instinto de orientacion. 
Cfr. Damirf, loc, ciL, pag. 278, Ifn. 2, donde se explica el 
fundamento de este juicio proverbial, nacido de que esta 
ave hace su nido en el dcsierto y va d buscar el agua 
para sus polluelos a largas distancias, regresando en linea 
recta a su nido sin titubear siqulera, a pesar de la falta 
<le puntos de mira en ei desierto. 

(2) ^-ii»Jt es indudablemente la urraca 6 picaza 
propia u^ todos los climas. Asi lesulta de la descripci6n 
dada en nota por el editor egipcio que la toma de Dami- 
xi (torn. II, pdg. 162): «Ave del tamano de la paloma y de 
Ja forma del cuervo, calificada de cauta y que no anida 
bajo techado.» La cautela que se le atribuye obedece 
quiza d que, como asegura Damirf, oculta ku huevo en 
una hoja de plitano, para que no lo devoren los murci^- 
Jagos. Es tambi^n proverbial por sus iustintos de rapina. 



58 



buenos sentimentos, los que no coiiocen la hipocre- 
slay la doblez.,,; pero, ademds, y no obstante eso, 
este camino sirve para librar al hombre de la artera 
traicidn de sus prdjimos perfidos, malvados y des- 
leales, 

127. Consiste este metodo en que guardes ecu!" 
to el secrete que te haya encomendado todo aquel 
que en ti ponga su confianza, y no comuniques A 
ninguno de tus amigos, aunque sea de los mds in- 
timos, ni en general ^ ninguno de tus prdjimos, 
aquellos secretos tuyos que de alguna manera pue- 
das guardar ocultos. Igualmente, que cumplas tus 
promesas ^ todo aquel que en ti fie, y que no con- 
fies A nadie negocio alguno de los tuyos, per cuyo 
exito temas, si no es [p^g. 42] que una necesidad 
inevitable te obligase 4 ello; trabaja tu mismo y es- 
fuerzate, que con la ayuda de Dios te bastard. 

(28. Reparte generosamente tu iortuna y ios fa- 
vores de tu influencia d todos los que te necesiten 
y A quienes tii puedas servir de aigo, tanto si te pi- 
den como si no te piden y aunque tus protegidos 
vengan A ti sin buena voluntad. 

129, No esperes por tus favores recompensa al- 
guna de nadie, mas que de Dios, ni partas de otro 
supuesto jamds, sine de que aquel A quien otor- 
gaste tus favores habri de ser el primero que trate 
de hacerte dano y de perseguirte, porque los hom- 
bres de indole depravada odian, por la envidia que 
los consume, 4 todo el que les ha hecho algOn 
favor, puesto que lo ven ocupar un rango superior 
al que ellos ocupan. 

130. Trata d todo el mundo con afabilidad y 



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buenas formas, y esfuerzate por olvidar los males- 
que en lo pasado le infirieron; porque todo pasa 
con el correr de los dias y las noches; asi viviris 
tranquilo y libre de cuidados. 

13L No des consejo, bajo condici6n de que te 
sea aceptado; ni intercedas, bajo condicion de set 
atendido; ni hagas regalos, bajo condicion de ser 
correspondido. Al reves: haz todo eso con el solo 
fin de practicar el bien y A titulo de justa retribu- 
cion de los consejos, recomendaciones y favores- 
[. que en tu obsequio han hecho los dem^s, 

! 132. La definicion perfecta de la amistad leal 

consiste en que el amigo se aflija de lo que aflige 4 
su amigo, y se alegre de lo que le alegra. El que d 
este grado no llega, ya no es amigo leal; lo es tan- 
solo el que tal condicion cuniple. Cabe, sin embar- 
go, que el hombre sea amigo leal de quien no lo- 
searespecto de el; pero la lealtad, para que sea 
[pAg. 43] reciproca, exige que el acto esencial an- 
tedicho se realice por los dos sujetos, pues cabe 
que el hombre ame A quien le odia, como ocurre 
principalmente con los padres respecto de sus hi- 
jos, los hermanos entre si, los esposos y» en gene- 
ral, con todo aquel ciiyo amor es tan excesivo que 

llega A la pasion. 

133. De otra parte, no todo amigo leal es sin- 
cere, aunque todo amigo sincero sea leal en las co- 
sas en que es sincero. La definicion perfecta de la 
amistad sincera consiste en que el amigo se afiija. 
de lo que a su amigo le perjudica, tanto si este per- 
juicio le apena a este como si no le apena; y en 
que el amigo se alegre de lo que d su amigo le es 



60 



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provechoso, alegrele i este 6 no le alegre. Esta es 
la condicion esencia! de la sinceridad, sobreanadi- 
<Ja A las de la lealtad. 

134. El colnio de la perfeccidn en la amistad 
leal consiste en que tu amigo te haga participe de 
su misma persona y de todas sus riqiiezas, sin que 
exista causa que A ello le obligue y prefiriendote A 
todos los denies hombres. Si yo no hubiese cono- 
cido personalmenle A Moddfir y a Mobarec, sefio- 
resde Valencia, habn'a supuesto que esta virtud de 
la lealtad perfecta no existia ya en nuestros tiem- 
pos; pero yo no lie visto jamds dos hombres que 
come estos cumpliesen los deberes todos de la 
lealtad, A pesar de que la situacidn politica en que 
Vivian parecla reclamar necesariamente la ruptura 
■entre am bos (1). 



(0 Mobdrec y Moddfir eran dos eslavos, clientes de 

los Amirfes, que desempefiaban en Valencia cl cargo de 

comisarios del gobierno centra! dc C6rdoba para la admi- 

tiistraci6n de los riegos y recaudaci6n de los impuestos 

por tal concepto, en los liltimos afios del siglo iv de la h^- 

gira, siendo gobernador de la ciudad Abderraman Benya- 

sar. Al estallar la guerra civil que precedi6 d los reinos 

de taifas, estos dos cslavos, apoyindose en el pueblo, 

se hicieron senores de Valencia, en el ano 401 (loio de 

J. C-). La amistad que unfa d estos duunviros era tan es- 

trecha y leal, que todo absolutamente lo posefan en co- 

miin: palacio, mesa, caudal^ etc, excepto las mujeres. 

Y eso, i pesar de que s6Io Mobdrec era jurldicatnente el 

prfncipe, ya que su nombre, y no el de Moddfir, se pro- 

nunciaba en la y£>/^$tf li oraci6n piibHca. Parece tambi^n 

resuttar que ae distribuyeron la jurisdicci6n del pafs, que- 



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135. De todas las cosas buenas, ninguna hay 
que taiito sc parezca a las malas, como el poseer 
muchos amigos y Icales companeros. En efecto; 
esta es una cosa excelente, sin duda, y que supone 
un conjunto do muchas virtudes, puesto que los- 
buenos amigos no sc adquieren, sino mediante la 
dulzura de caracter, la liberalidad, la paciencia, la 

■ 

fidelidad, niostrandoies un afecto sincere [p<ig. 44], 
haciendoles coparticipes de todo cuanto poseemos, 
absteniendonos de molestarlos con peticiones, d^n- 
doles, en cambio, cuanlo tengamos con esponL^nea 
generosidad, conumicandoles nuestra ciencia, y, en 
general, mediante todo linajc de cualidades lau- 
dables. 

Pero entiendase bien que no hablanios de ios 
amigos mercenarios 6 asalariados, de los pardsitos 

I que nos siguieron en los dias de la prosperidad. 

I Esos son ladrones de sus amigos y p^simos compa- 

fieros. Se cree que son leales partidarios, pero no 
hay tal; y la prueba estA en que se apartan, asi que 



dando Valencia bajo Mobdrec y adjudicdndose Moddfir 
el gobiertio de Jdtiba y Denia. Pero esta divisi6n no afec- 
taba en nada d la autoridad que ejercfan pro indiviso. 
Asf lo acredita el hechr) de que acunaran monedas con 
los nombres dc ambos, uno en cada irca. Cfr, Vivos, Mo- 
nedas de las dlnastias ardbigo-espanolas (Madrid, 1893), 
nijm, 805. La historia de este duunvirato no ha sido he- 
\ cha todavia. La fucnte principal para su redacci6n es la 

Dajira de Abenbasam (Ms. XI[ de la Col. GayangoSjCn 
la Bibi. de la Acad, de la Hist, f. 2-4 y f. 43 v.'*), comple- 
tada con otros historiadorcs, como Abensaid (Ms. Acad. 
Hist., f, 18 r." y 59 v.°). 




la prosperidad mundana de aquel ^ quien seguian 

•declina. 

Tampoco nos referimos a los,quG se profesau 
mutua amistad, por satisfacer reciprocamente sus 
ainbiciones, ni A los compinches que se asocian 
s61o para sus fraiicachelas, ni A los complices que 
se juntan solo para sus vergonzosos vicios, ni a los 
camaradas a quienes solo une el comun afan de la 
maledicencia y difamacion del prdjimo 6 de la 
<:harla iniitil e indiscreta. No son eslos tampoco los 
.amigos leales a que nos referimos; y la prueba estd 
en que unos a o^ros se difaman y rompen las rela- 
clones, asi que desaparecen los .vergonzosos moti- 
vos que les unieron. 

Nos referimos, pues, linicamente a los que son 
puros y fraternales amigos, no por otro fin que por 
Dios, ya para prestarse mutuo apoyo en la adqui- 
sicidn de las vir^udes que exigen serio esfuerzo, ya 
pura y simplemente por inera simpatia. 

Pues bieu; si ahora te pones A analizar los incon- 
venientes que se siguen de tener muchos amigos de 
6stos, las dificultades con que se tropieza para te- 
nerlos propicios, los riesgos que se corren, nacidos 
de la mancomunidad; las obligaciones que en fa- 
vor de ellos contraes tan pronto como alguna des- 
•gracia Ics sobreviene, porque si les eres traidor d 
los abandonas perfidamente, obras como un villano 

<ligno de toda clase de reproches, y si cumples 
lealmentetus deberes, te perjudicas d ti mismo y 
quizi te pierdes (y claro es que el hombre honrado 
optard solo por este segundo extremo del dilema, 
ya que d ello le obtiga el compromiso de la amis- 



63 






^ 



tad leal); cuando ademas reflexionas sobre las pre- 
ocupaciones que te asaltar^n por las calamidades 
que a ellos les puedeii sobrevenir 6 ^ ti por motivo 
de ellos, v. gr., su muerte, su separaci6ti 6 lastrai- 
ciones [pag. 45] de que alguno de ellos puede ha- 
certe victimaj casi resulta que las alegrias que nos 
proporcionan no compensan las tristezas y angus- 
tias que por su causa sufrimos. 

136. No hay vicio que tauto se parezca ^ la vir- 
lud, como el gusto de ser alabado. Y la prueba es 
que este vicio » aunque evidentemente arguye nece- 
dad en la persona que se paga de ser adulada y 
aunque el Profcta ha dicho contra los aduladores lo 
que es bien sabido (1), sin embargo, cabe que al- 
gunas veces el adulado saque algun provecho de la 
adulacidn, porque en virtud de ella se resuelva ^ 
adquirir realinente las buenas prendas de que le 
alaban, y de esta manera llegue ^ corregirse de al- 
gun vicio 6 k perfeccionar alguna de sus virtudes. 

A mi me consta positivamente un case de estos^ 
en que cierto gobernante h^bil se encontr(5 con uno 
de esos malhechores d quien se hacia responsable 
de varies crimenes, y de buenas & primeras comen- 
z6 por elogiarle diciendo que ya habia llegado k 
sus Oidos la fama de lo agradecido que era k los be- 
neficios que se le hacian y de su caridad y compa- 



(i) Las sentencias atribufdas d Mahoma contra el vi- 
cio de ta aduiaci6n pueden verse en el Ihia de Algazel 
(op, cit, HI, iio-ui) y en sucomentaristaSaidMortada 
(VII, 570 sig.) que hace la critica de las fuentes de tales 
tradiciones. 




si6n para con los necesitados. Y esto solofue causa 
de que aquel criminal se enmendase en lo sucesivo 
de muchos de sus habituales crimenes. 

(37. Hay algunos casos en que es dificil distin- 
guir entre el consejo sincero al amigo y la denuncia 
calumniosa. El que oye A uno hablar mal de otro 
injustamente 6 que le est^n preparando un lazo para 
perderle, si despues de oir eso deja de comunicdr- 
selo d la persona que es victima de aquella tna- 
ledicencia 6 de aquella emboscada, es claro que 
merecera por su inicuo silencio la m^s absoluta re- 
probacidn. Mas si, por el contrariOj se lo denuncia 
todo directamente y en su misma cara, es facil que 
esa denuncia provoque en el contra los autores de 
aquella niaiedicencia 6 de aquella emboscada un 
castigo prcventivo de mayor gravedad que el que 
habrian mcrccido despues de realizar su fechoria, 
De modo que en este caso el delator ha sido causa 
determinante de una injusticia, puesto que no es 
justo tomar represalias que sean mas graves que el 
crimen que se intenta castigar. Es pues, como se ve, 
muy dificil sortear estos dos escoUos [p^g. 46] ^ 
cuando el delator carece de discrecidn. 

138. Lo que el hombre discreto debe hacer en 
casos tales es advertir a la victima que se guarde 
bien de fulano que va hablando mal de el; pero 
nada mds: sin denunciarle textualmente que cosas 
son las que de el va diciendo. Asi la victima se pre- 
cave de su enemigo trattlndolo ya con mayor reser- 
va, a fin de evitar en lo sucesivo todo peligro. 

Cuando se trate de asechanzas 6 lazos tendidos 
contra uno, entonces lo prudente es advertir a la 



3->. 



65 



victima para que este ojo avizor contra tal artimafla 
que ie prepaian por tal lado, pero usando en la de- 
nuncia de la mayor delicadeza posible para no re* 
velar quienes son los autores, 5 la vez que deJa 
claridad m^s explicita respecto al peligro de que 
deba guardarse. 

139- En cuanto a la calumnia propiamente di* 
Gha, tambien consiste en comunicar A alguien las- 
cosas que uno ha oido, pero sin que se trate de co- 
sas perjudiciales para aquel i quien se coniunican-. 
(40. El consejo sincere al amigo debe darse dos 
veces: la primera es obltgacidn moral yreligiosa; la 
segunda es advertencia y recomendaci6n; pero la 
tercera ya es reconvencion y reprimenda, tras de la 
cual nunca viene otra cosa que los puntapies y las 
bofetadas,., Esta parsimonia, sin embargo, debe 
emplearse solo en los asuntos que no ataflen A la 
religion, pues en los que k esta se refieren est^ 
obligado el hombre ^ reiterar sus amonestaciones- 
sinlimitacidn, tanto si al amonestado Ie agradan> 
como si provocan su colera,*. 

Y cuando amonestes, amonesta en secreto, no en 
publico; y por medio de alusiones indirectas, no 
expiicitamente, menos en el caso de que el amo* 
nestado no entienda tus alusiones y sea precise ha*- 
blarle conclaridad, 

Ni amonestes con la- condicidn previa de que tlr 
eonsejo sea aceptado. 

Si omites todos estos requisites, serds opresorili"- 
juste de tu projimo y no consejero sincere, porque 
habrds buscado solo dominarlo y someterlo A tu au- 
toridad, no cumplir los deberes que te impone la 

5 




lealtad y la fraternidad para con tu amigo; y eso no 
es io que la razon y la sinceridad reclaman; es uni- 
camente [p^g. 47] conducta propia del tirano con 
sus vasallos o del seHor con sus siervos. 

No exijas de tu amigo, sine lo mismo que 
tu espont^neamente estes dispuesto a dark con ge- 
nerosidad, pues si le exiges m^s, eres injusto. No 
adquierasganancia, sino con ia condicion de que 
la has de perder. No tomes posesidii de un cargo 
politico, sino con la condicion de que has de verte 
depuesto. De lo contrario, tu alma estd perdida, tu 

conducta no sera noble. 

142. Tratar con benevolcncia a los amigos 
egoistas y absorbentes, disimulando y haciendo 
como si no lo advirtieramos, no es cortesia ni es 
virtud,sino rebajamiento y debilidad de car^cter, 
ademds de ser un eslimulo para que se aninien d 
perseverar en su vituperable conducta, un motivo 
de satisfaccicin para ellos y, por io tanto, una ver- 
dadera cooperacion que prestamos A sus malas ac- 
etones. 

La benevolencia es cortesia, tinicamen^e cuando 
se emplea en favor de ios amigos que scilo inspiran 
su conducta en la equidad y que en todos los casos 
se adelantan ^ cumplir espont^neamente lo que la 
justicia reclama y aun i excedersecongenerosidad. 
Con fetos si que estd obligado todo hombre, que se 
precie de virtuoso, A obrar exactamente igual que 
ellos, sobre todo si la necesidad en que se ven es 
mds urgente 6 la desgracia que les aflige mds te- 
rrible. 
;. 143. Pero alguien dir^: "De eso que dices se 



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67 



infiere que no debe usarse de indulgencia con los 
amigos ni disimular sus faltas; y, per tanto, segQn 
eso, habremos de tratar exactamente igual al ami- 
go » al eneniigo y ai extrafio; lo cual es evidente- 
mente incorrecto,^ 

A esto respondere, con la ayiida de Dies, que no 
hay tai cosa, pues de mis palabras unicamente pue- 
de inferirse que la indulgencia, el benevolo trato y 
la generosidad no deben emplearse con los egois- 
tas que todo lo quieren para si, sino [p%. 48] solo 
con los que sean amigos nuestros de verdad (1). 

144, Y si deseas saber c<5mo debenis obrar en 
estos casos, para que ia justicia sea tu norma, has 
de tener presente que cada uno de los dos que sean 
amigos, esta obligado d examinar atentamente 
quien de los dos se haila en circunstancias que re- 
clamen con m^s prontitud el desprendimiento del 
otro, es decir, quien de los dos tiene mds urgente 
necesidad 6 se ve en angus^ia m^s indiscutible, 
pues el otro estar^ entonces obligado, per los fue- 
ros de la humanidad y de la amistad leal^ i acudir 
en auxilio de su amigo, antes que en el suyo pro- 
pio; y si no lo hiciere, serA un egoista y absorbente 
con quien jam^s deber^ usarse de desprendimiento, 
puesto que no es- amigo leal ni verdadero hermano, 

Ahora, en los casos en que la necesidad y an- 



(i) Para dar cste sentido d toda la clausula, me ha 
sido necesario suponer que la palabra Lilf (p^g, 47^ \in. 2 
inf.) debia leerse dividida en dos, asf: I/* iiS"; y ademds 
suplir la conjunci6n .,1 {^ue) detrds de Jc (ibid.', Hn. i 
inf.). 



68 

gu^tia de los dos araigos sea exactamente iguaU ios 
fueros de la adiistad leal exigen que cada uno de 
ambos se apresure d acudir en auxilio del otro, y si 
axnbosasflo hicieren, ambos son lealcs amigos; 
pero si el uno se adelanla ^ hacerlo y e) otro no, 
y esa es su habitual conducta, este ultimo no es 
leal amigo ni convieue tratarlo como i tal. En 
cambio» si ^ la primera ocasidn nueva que se le 
olrece se apresura ^ corresponder con un desprendi- 
miento andlogo, entonces tambien son anibosleales 

amigos. 

145. Cuando quisieres satisfaccr una neccsidad 

de tu pr6jimo, tanto si este ha dcmandado tu ayu- 
da, como si tii te has adelantado a satisfaccrla sin 
pedirlelo ^1» jam^s hagas sine aquello que tu pr6- 
jimo desea, y no lo que deseas tu; de !o contrario, 
abstente» pues al traspasar los limites de la voiun- 
tad de tu prdjimo, ya no ser^s su bienhechor, sina 
suofensor, y te har^s digno de reproche, no de 
gratitud, para 61 y para los dem^s, y acreedor al 
estigma de enemigo, no al dictado de amigo leal 

146. No transmitas i tu amigo noticia alguna 
que k mortifique sin servirle de ningiin provecho; 
eso esdegentes viles y abyectas- Ni tampoco le 
Qcultes noticias cuya ignorancia le perjudique; eso 
es de malvados. 

147. No te alegres de ser alabado por cualida- 
des que no poseas; antes al contrario, eso debe en- 
tristecerte.profundamente, porque tus defectos rea- 
les UamarSn la atencidn de las gentes, y al, darse 
cuenta de ellos, ser^s objeto de risa y se burlardn 



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de ti, y eso A nadie le agrada, si no es al necio y a1 
nientecato, Ni te desespercs cuando te veas acusa- 
<io de defectos que no tienes; antes al6grate de ello, 
porque tiis bucnas cualidades servirdn de aviso & 
las g:entes contra tal acusacion. 

148. De lo que siemprc debcs alegrarte es de 
poseer realnicnte cualidades dignas de alabanza, 
tanto si te alaban por ellas, como si no te alaban, Y 
de lo que debes entristecerte es de tcner defectos 
dignos de reprochc, vituperentc por ellos 6 no, 

i49. El que oyere hablar mal de la niuier de sa 
amigo, no debe en modo alguno cont.^rsclo A ^stc, 
sobre todo cuando ci que iiaya hablado mal de ella 
sea una persona de esas de lengua mordaz, quelle- 
nen por oficio la maledicencia y la calumnia, 6 de 
esas otras que creen echarsc de cncima la mala 
fama que de publico tienen por su conducta, di- 
ciendo que son muchos ios que se les.parecen. Y 
€stas dos clases de personas abundan. Ahora bien; 
el hombre no debe referir sino io que sea verdad; 
pero lo que tales personas ie ban dicho> t\ ignora 
S! es verdadero 6 falso, Lo unico que sabe es que 
la maledicencia es cosa muy grave y prohibida por 
la religion. 

En cambio, si el rumor de la maledicencia ha 
llegado A sus oidos por muchisimos conductos y 
estS seguro de que su origen no puede atribiiirse 4 
una sola persona porque es noticia muy divulgada 
ya entre las gentes, 6 si el est5 convencido de que 
el rumor tiene fundamento real (pero no le sea po- 
sible Uevar al ^nimo de su amigo esa convicci6n 
misma [p^g. 50] que 61 abriga), en estos casos pue- 






de ya comunicar A su amigo el rumor, pero 5 solas^ 
en la intimidad, s61o por indirectas e insinaaciones, 
sin darle la noticia escueta y brutalmente. Digale, 
por ejempio: "jLas mujeres son muy.-J, 6 "[Guar- 
da bien tu casa!„ d "jCorrige las costumbres de 
tu familiaU 6 "jEvita tal cosa!„ 6 "jSecauto en 
tales circunstancias!„ Si su amigo entiende la re- 
comendacidn y toma precauciones, es que ha te- 
nido la fortuna de acertar; pero si le ve que no usa 
de cautela en lo sucesivo ni se preocupa, cdllese 
ya y no insista de nuevo con palabra alguna; eso 
no obstante, siga tratindole con la misma leal amis- 
tad que hasta entonces, porque no es suficienle 
razdn para romper las relaciones con su amigo el 
solo hecho de que este no haya dado credito A sus 
palabras. 

Finalmente, si esta convencido de que el rumor 
tiene fundamento real y ademds le es posible llevar 
al ^nirno de su amigo esa conviccidn misma de un 
modo evidente, entonces est^ ya obligado A infor- 
mar A su amigo sin ningun genero de reservas. Que 
su amigo en virtud de la denuncia pone remedio, 
perfectamente. Que ve que no pone remedio, en- 
tonces huya de su amistad y compaftia, pues su 
conducta es innoble, mala ^ inexcusable. 

150, El hecho de que un hombre penetre & es- 
condidas en la casa del marido, es ya por si solo^ 
sin necesid^d de m^s pruebas, mala seftaL igual- 
mente el entrar la mujer d hurtadillas en la casa de 
un hombre, Exigir mds pruebas que estas dos, es 
boberia, EI marido debe ya, sean cualesquiera las 
circunstancias, separarse de una mujer como esa.y 



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71 



y 



repudiarla. El que tal no haga, ya casi merece que 
le Uamen marido burlado (1). 

151, Los hombres, por razdn de sus costum- 
bres, son de siete clases: Una, la de los que te ala-. 
.ban delante y te difaman detr^s, que son los tnal- 
dicientes hipocritas, vicio tan extendido entre las 
gentes, que es el predominante. Otra, la de los que 
te vituperan delante [pag, 51] y detr^s, que son los 
maidicientes desvergonzados e insolentes. Otra, la 
de los que te alaban delante y detrciSj conducta pro- 
pia de los aduladores y ambiciosos. Otra, la de los 
que te injurian delante y te elogian detrds, que son 
necios y mentecatos. Los hombres virtuosos se abs- 
tienen de aiabar y de vituperar cara ^ cara, y elogian 
lo.que esbueno, pero detr^s^ 6 tambien se abstie- 
nen en absoluto de vituperar. Por lo que toca ^ los 
murmuradores, que ni son hipocritas ni insolentes, 
se^bstienen de la maledicencia delante y murmu-. 
ran detr^s tan solo. Finalmente, los que estin libres 
de todo defecto son los que evitan la alabanza y el 
vituperio delante y delris. De todas estas. clases de 
horribres hemos visto y hemos tenido que soportar 
d algunos. 

152. Cuando hayas de dar k tu amigo un con- 
sejo sincero, hazlo A solas, con palabras delicadas, 
y sin poner en boca de otra persona los reproches 
que A tu amigo le dirijas, pues en este caso obra- 
rias como el maldicienle que se goza en enemistar 
A iinos con otros; y si amonestares A tu amigo con 
palabras gruesas, solo conseguirias provocar su ira 



^ \ 



(i) £1 texto emplea un calificativo menos cuf^mico.. 



5-_ 




einspirarle aversion hacia ti; asi lo dice ei Altisi- 
mo (1): "Habladle con palabras blandas„; y por 
eso tambi^n el Profeta nos hace dgua! reconienda- 
eidn, cuando dice; ''No os hagais odiosos.^ 

Si ademds aconsejas exigiendo que tu .consejo 
sea aceptado, obraras injustamente, porque es fdcil 
que tu consejo sea desatinado y entonces te podrd 
pedif cuentas tu amigo porque le hiciste aceptar tu 
desatino y abandonar el camino del exito. 

153. Todas las cosas tienen alguna utilidad, Yo 
he sacado un gran provecho hasta de tropezar con 
los necios; su trato ha sido para mi conio el choque 
con el eslab6n; me encendia el dnimo, hacia her- 
vir de c61era mi espiritu, ponia en tension mi enten- 
dimiento y excitaba mi actividad; todo lo cual fue 
causa determinante de la redaccion de algunas de 
mis obras m^s utiles, pues si no me hubiese soli- 
viantado el roce con alios y los choques que con 
ellos tuve, de seguro que no me habria yo movido 
A redactarlas (2). 

154. No contraigas con tus amigos ni parentes- 
co ni relaciones de eomercio, pues jam^s he visto 
que ambas cosas produjeran otro resultado que la 
ruptura de la amistad. Aunque hay necios que creen 
que ambas cosas contribuyen d fortalecer la uni6n 



(i) Aicor-dn^ XX, 46. El texto se reliere dla embaja- 
da de Mois6s y Aar6n, cuando Dios les encargo que ha- 
blase n al Fara<5n en favor deJ pueblo de Israel. 

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(2) Alude indudablemente i sus obras poldmicas de 
tjologfa y derechOj que son realmente las mis impor- 
tAntes. 



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intima de los amigos, no es asi, pues esos dos ia- 
zos, el del parentesco y el de la sociedad mercan- 
til, excitan A cada uno de los dos amigos a buscar 
elinteres propio, y son poquisimos los que obran 
con generosidad y desprendimiento; por consi- 
guiente, desde el momento en que ambos amigos 
coinciden en buscar su interes propio, tiene que so- 
brevenir la discordia y desaparecer con ella las bue- 
nas formas de la vida social. 




CAPITULO VI 



SOBRE LAS ESPECIES DEL AMOR 



155. Se me ha pedido una exposicion exacta 
del amor y de sus especies. El amor es, todo el, de 
un solo genero. Su descripcion es esta: el deseo de 
la cosa amada, el disgusto que su aversion nos pro- 
duce y el deseo que sentimos de que la cosa ama- 
da nos corresponda con amor. Si las gentes supo- 
nen que en el amor hay especies diferentes, es tau 
solo por razon de los fines de la voluntad, los cua- 
les A su vez solo difieren entre si. por razon de los 
objelos deseados, asi como por la intensidad mayor 

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d manor del deseo, d bien [pag. 53] porque, al ce- 
sar una aspiracion, el apetito se inclina en otro sen- 
tido, 

AsI, por ejemplo, existe en el hombre un amor 
por DioSj un amor de Dios (1), un amor de que se 
reallcen algunas de sus aspiraciones; existe el amor 
del padre, el del hijo, el de la familia» el de los 
amigos, el amor al rey, el amor.de la concubina, el 
del bienhechor, el amor de lo que esperamos,el 



(1) £1 amor por Dios.parece ser el amor de las cria- 
turas por consideraci6n -A Dios- EI amor as Dios es el que 
tiene per objeto directo la mismaesencia divina. 



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amor de lo que con pasi(5n apetecemos. Todos es- 
losamores constituyen un solo genero, diversifica- 
do en varias especies, como hemos dicho» segun lo 
que esperamos poder conseguir del objeto amado, 
A esto solo obedece la diferericia entre Ids varios 
modos del amor. Nosotros hemos visto morir de 
pena al padre enamorado de su hijo, igual que al 
amante apasionado de su amada. Y hemos oido re- 
ferir de uno que, turbado por los encontrados afec- 
tos del temor y del amordivino, moria despues de 
exhalar profundos suspires. Tambien observamos 
que el hombre siente celos de su rey y de su ami- 
go, igual que de su manceba, 6 de su amada. 

(56. El infimo bien que el amante puede apete- 
cer como objetivo de su amor es la buena estima 6 
■consideracidn ^ Jos ojos de su amado y el verse 
honrado por el. Esto ocurre siempre que el amante 
' no juzga posible ni, por tanto, apetecible para el, 
un bien mayor. Y este objetivo minimo es, sin em- 
bargo, el colmo de las aspiraciones de los que 
aman A Dios. 

157, Cabe, despues de este objetivo, uno ma- 
yor, que consiste en acompaflar al amado, conver- 
sar con ^1, ayudarle y asistirle, Estos son los anhe- 
Jos del que ama a su rey, d su amigo> ^ sus pa- 
rientes* 

158. Summa denique amantis cupiditas in eo 
sistil quod mutuam membrorum, suimet scilicet at- 
que amassiae, commixtionem appetat, si tamen banc 
commixtionen utpote possibilem speret. Hac quippe 
de causa amantem videbis qui, excessu ambris erga 
concubinam accensus, coiturn venereum cum ipsa 



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vehementer concupiscat multis diversisque modis, 
io.cis et adjunctis, ea mente ut multipliGem adipis- 
catur copulam. Hue etiam pertinet contactus corpo- 
ris leciprocus, necnon et oscula, 

Algunos de estos ultimos deseos existen tambifin 
en el amor del padre d su hijo, que puede llegar k 
niantfestarse extremosa mente per medio de besos 
[p4g. 54] y abrazos. 

159, Todas estas variedades del amor obedecen. 
finicamente k los varios deseos que el amante espe- 
ta. poder satisfacer. Y asi, cuando el deseo no surge 
respecto de uno cualquiera de esos objetos, por al- 
guna causa que lo impide, entonces el apetito se 
inclina hacia otro objeto que espera poder alcanzar, 

160. Asi observamos que el que cree firmemen- 
te el dogma de la visjon bej tifica_de Dios en el cie- 
lOj arde en vivisimos deseos de conseguirla y anhela 
por llegar hasta ella, sin que se satisfaga con un. 
grado inferior de gloria; y esto» porque estimadicha 
vision como cosa posible y esperable por ende. Ea 
cambiOj aquel que la niega, no la ansia ni ^ ella 
aspita porque no la cree posible; y asi se limita uni- 
camente A desear conseguir el ser acepto k los ojos- 
de Dios y el morar en la mansi6n celestial, y no 

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otra cosa, porque su esperanza no llega k mis alta 
llmite (1). 



(i) El dogma ortodoxo de ia vision beatifica iw^ 
negado en el islam por los herejes motdziles y por algu-- 
noa doctores aisladoa, no pertenecientes A esta secta, Se 
apartaronide ]a ortodoxia, por el exlremo opuesto, los- 
herejes antropomorfistaa {almochasima) que, at concebir 



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I6L Observamos igualmente que el que creeli- 
cito el matrimonio con mujeres de su propia san- 
gre, no se queda satisfecHo absteniendose de con- 
traerlo, cottio se satisface otro que lo cree iltcito, ni 
se detiene su amor sexua! ante los limites en que se 
detiene el amor de este otro, que no lo considera 
posibie y esperable. Asi, encontraras que el zoroas- 
tra y el judiOj que tienenpor licito el matrimonio 
con sus propias hijas y sobrinas, no ponen A su 
amor respecto de ellas iguales limites que el mu- 
sulm^n pone, Es m4s: los ver^s tart perdidamente 
-enamorados de sus propias hijas y sobrinas, como 
el musulm^n pueda estarlo de cualquier mujer ex- 
trafia con la que le sea posibie contraer relaciones 



A Dios como cuerpo, concluian que era visible, con viai- 
bilidad fr'sica 6 corp6rea, ass en el cielo <omo en este 
muiido. La fc ortocioxa, defendida por Abenhazam en su 
J/isforia cHHca de las religiones (HI, 2), niega esta visi* 
biiidad fisica, pero admite contra los motdziles una visi- 
biiidad espiritual. He aqui sus palabras: <Dios seri visto 
en el cielo mediante una facultad 6 virtud distinta de la 
actualmente locaUzada en el 6rgano de nue^tra visi6n 
'Corp6rea; lo serd mediante una virtud infundida por Dios 
y que algunos te6iogos denominan sexto sentido. Y esto 
«s bien explicable, puesto que en este mundo conoce- 
raos i Dios con conocimiento propiamente dicho^ en 
nuestro coraz6n. De eso nadie duda. Asf tambidn, Dies 
tnfundird en Iqs ojos de los bienaventurados una virtud 
por la cuai tengan la mtuici6n 6 experiencia de Dios, 
jandloga i la virtud que en esta vida ha puesto en nues- 
*ros. corazones para conocerlo.» (Cfr. Asb, Algazel 
-Pogtt^tica, moral, ascdtica^ jpig^. 248), 



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sexuales- En cambio, no encontraremos un rhusul* 
man que llegue hasta este extreme respecto de su 
hija 6 sobrina, aunque se^n ellas inAs hcrrnosas que 
el sol, y el sea el ra^s libertino y mujeriego de los 
hombres. Y si» por acaso, se encontrase un nuisul- 
man asi por excepcidn, habria de ser forzosatnente 
un hombre irreligioso e impio, desligado por com- 
plete del freno de la religion, y en quien, por lo 
tanto, se hubiera ensanchado sin limites la esfera 
de ias aspiraciones posibles y se hubiesen abierto 
de par en par las puertas de la concupiscencia (1), 
De igual manera, cabe creer que un musulmAn 
llegue a amar A su prima con un cariHo tan excesi- 



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(i) La Hcitud del incesto dentro do la antigua reli- 

gi6n de los persas es cosa bien sabida. La pureza, tan 

recomendada por Zoroastro^ en las relacioncs sexuales^ 

consistia exclusivamente en la absteiici6n de los actos 

contra naturam, Cfr. Chantepie de la Saussaye, Manuel 

dhist des rellg.. Parts, Colin, 1904, pag. 468. Hasta los 

cristianos que convivfan con los zoroastras bajo el impe- 

rid sasinida se contaminaron tanto de este libertinaje 

sexual de los persas, que los concilios y prelados hubie- 

ron de consignar taxativamente la prohibicion de coha- 

bitar con sus propias hijas y sobrinas. Cfr. Labourt, Le 

christianisme dans V empire perse ^Y^xh^ Lecoffre^ 1904, 
pdg. 342. 

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Por lo que toca d los judfos, esextrano que Abenha- 

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zam se atreva tan resueltamente d acusarlos de inces- 
tuosos, cuando es bien conocida laseveridad con que en 
tVLevitico (XVHI, 7^18; XX, n sig.) y el Deuterom* 
jnio (XXVir, 20 sig.) se prohibe no s61o el matrimonio 
^on la hija, sine hasta con parientes en grado mda remo- 



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vo, que se convierta en pasidn sexual, y que sea 
m^s intenso que el amor que siente had a su pro- 
pia hija d sobrina, aunque estas scan mas hermosas 
q^ue aquella; y esto, porque el musulman conside- 
ra posible, respecto [pag, 55] de su union con una 
prima, lo que no- cree posible tratandose de su pro- 
piahija 6 sobrina. En cambio, observaremos que 
del cristiano ya no cabe creer eso mismo, aun res- 
pecto de su propia prima tambien, porque el cris- 
tiano no puede tampoco formarse tales aspiracio- 
nes respecto de su prima. Cuando ya cabe fiar es 
cuandose trate de una hermana de leche, porque 
dentro de su ley religiosa le es posible esperar unir- 
se d ella (1). 



to,, asi consa^fneos come afines. S6Io el matrimonio con 
la- sobrina estaba permitido en la ley; pero los doctores 
caraitas extendieron la prohibici6n tambi^n d este gra- 
de, enfrente de ios rabanies. Cfr. Munckj Palestine^ 
Paris, Didot, i8Si, pag. 204 b. Ahora bien, la escuela ca- 
raita era profesada entre Ios judi'os de Espafia (Toledo y 
Talavera) segiin afirmx el mismo Abenhazam (Hist. d& 
las relig.f 1, 98-9} que tan exactamente informado parece 
estar de toda su Hteratura religiosa, hasta el punto de 
citar textualmente \as varios libros talmiidicos en su* 
pt}li£micas: contra la religidn jadia {ibid.y\ 217-224): 

(1) El derecho caniSnico musulman, en su* cuatto- 
esGuelas ortodbxas, considera Gomprendidas dentro del 
impedimento de consaguinidadqueinvalidael matrimo- 
nio, d lasmadres, hijas; hermanas, sobrinas y tfas carna- 
les; pero exceptiia d las primas, asf paternas como mater- 
nas. En cambio, asimila completamente el parentescio 
colactdneo al consanguineo. Cfr. k\gzz^\\Kitab alguachUy 



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162. Aparece, pues, con toda evidencia, segtin 
estOj lo que henios afirmado: que el amor, en su 
tolalidad, constituye un solo genero, pero que se 
diversifica en varias especies segtin son diversos los 
fines a que tiende. Ni puede ser de otro modo, ya 
que, si bien la naturaleza de todos los hombres es 
una y la misma, en cambio las costumbres socia- 
les y las creencias religiosas ejercen sobre eila un 
influjo evidentisimo. 

163. Ni decimos tan solo que este influjo de los 
prejuicios religiosos y sociales modifique exclusi- 
vamente la esfera del apetito sexual; antes al con- 
trario, afirmamos que se extiende d todos los de- 
seos, A todas las pasiones del hombre, que son Ja 
causa determinante de sus solicitudes y cuidados; 
se extiende hasta ^ la ambicion de las riqifezas y de 
los honores. 

164. En efecto: supongamos que d un hombre 
se le muere su vecino, 6 su amigo, 6 su tio mater- 
no, d un primo suyo que sea hijo de una tia pater- 
na, 6 un tio paterno (que fuese hermano de su pa- 
dre, pero solo por parte de madre), 6 un sobrino 



edic. CairOj 1317 h^g,, 11, pdg, 10, Mn.y inf. Item Zeys^ 
Traiti ilimentaire de droit nmsulman algirien^ Alger, 
Jourdan, i886j I, 16. £1 impedimento de colactaneidad 
debi6 ser observado estrictamente en la Espafia musul- 
mana: Alfaradi {Bibl. arab.-kisp.^ VIIJ, 47) consigna como 
caso excepcional el de un ta! Yahya Benabderraman de 
Zaragoza {siglo ix de J. C.) apodado El Albino porque 
tenia bianco el oabellOj la barba y las cejas; las gentes 
explicaban este fen6nieno porque sus padres eran herma- 
nosde leche. 




(i) Sogun el derecho can6nico musulmdn, la divi- 
si6n de la hercnciaj una vez liquidadas las obligaciones 
del difunto (deudas, gastos de funcralesj etc.), debehacer- 
se entre dos categorfas dc herederos; i."* los reservata- 
rios que son las mujeres de ia familia del difunto y los 
varones cuyo parcntesco con €[ se deba a las mujeres; d 
esta categorfa reserva la ley una parte aiicuota de ta he- 
rencia, variable segdn la proximidad del parentesco; 2/ 
los /^frwwi^J varones por Ifnea masculina, que son los 
herederos propiamcntc dichos, entre quienes debe par- 
tirse ia hcrencia, una vez hecha la entrcga de las porcio- 
nes alfcuotas d los rescrvatarios. A falta de esta segunda 
categorfa de herederos nccesarios^ entran d participar de 



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carnal (hijo de un hermano suyo por parte de ma- 
dre)/6 su abuelo matemo» 6 su nieto (hijo dc su 
hija). En todos estos casos, como el sabe que no 
tiene motivoalgiino juridico para aspirar a la he- 

rencia del difunto, esta Hbrc de todo cuidado dc 
perderla, aunquesc trate dc un capital cuantioso d 
de una pingue herencia, 

Encambio, no habrd medio de conseguir que 
CSC mismo hombre deje dc preocuparse hasta de la 
porcion mas cxigua de la herencia, tan pronto como 
se trate dc un pariente d patrono suyo por parte de 
padre, aunqiic la relacion de parentesco 6 de clien- 
tela sea en ambos cases rcmotisima. Entonccs sur- 
girci ensu espiritu cI deseo de entrar en posesidn 
de la herencia; y scguidamcntc, se apoderaran de 
el hondlsimas preocnpacioncs y tristezas, violentos 
arrebatos de ira, hasta verdadcra obscsidn, ante la 
idea de que sc escape de sus manos la mas peque- 
ila parte de clla (1). 



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165. Lo mismo ocurre en materia de honores; 
porque observamosque si un hombre pertcnece A 
la mas infima de las clases sociales, le tendr^ sin 
cuidado cl ver que los negocios publicos de su pais 
esten dirigidos por otras personas, sin que el tenga 
intervcncion alguna [pag. 56]; ni le important nada 
el observar que otros ascienden a los cargos poli- 
ticos de mas confianza, de los cuales el se ve ale- 
jado. Pero tan pronto como d ese honjbre le nazca 
la ambicion de alcanzar un rango social 6 politico 
superior, se vera ya dominado por preocupaciones 
sin cuentOj por accesos de ira, por nielancdlicas 
reflexiones, que quiza le acarreen la ruina de su 
hacienda, la perdida de la salad y aun de la vida y 
la condenacion de su alma. 

166. Se ve, pues, que la ambicion y en gene- 
ral todo apetito 6 desco, esla raiz y fuente de todas 
las vilezas y de todos los cuidados; por eso es una 
lendencia mala y vituperable; tanto como laudable 
es su contraria, la continenciaj la cual es virtud. 
compleja de magnanimidad, generosidad, justiciay 
prudencia c5 discrecion; de esta ultima, porque el 
hombre continenle es el que se da perfecta cuenta 
de la poca utilidad que le reporta el vicio opuestoj 



la herencia, como si fuescn cllos, el manumisor del difun- 
tOj es decir^ cl patr6n que ledi6 libertad y al cual por 
oso le qued6 sujeto con el vinculo de la clicntela 6 pa- 
tronato, andlogo, para los efectos juridicoS; al parentes- 
CO legal 6 de adopci6n. Paramds amplia y prccisa infor- 
maci^n sobre csta intrincada materia hereditaria, consUl- 
tese JCita^ alguackiz, I, 260, y Zeys, o/>. clt^ II, 23 S- 




84 



de magnanimidad, porque el respeto y considera- 
cidn que al hombre continente le merece su propia 
personaj le impide degradarse hasta las vilezas del 
vicio contrario, y por eso se abstiene de el; de ge- 
nerosidadj porque al hombre austero nada le im- 
porta vivir privado de lo que todosambicionan; de 
justicia, en fin, porque para el cs naturalmente 
amable la sobria templanza 6 dominio de los ape- 
titos. 

Si, pues, todas estas cuatro excelentes cualidades 
vienen A integral la de la continencia, es claro que 
la ambicidn 6 concupiscenciaj que es su contraria, 
estar^ integrada por los cuatro defectos opuestos, a 
saber: pusilanimidad, avaricia, violencia e ignoran- 
cia d indiscrecion. 

Cuando la incontinencia es absoluta, extremada, 
habitual, ya merece otro nombre: ansia. 

Si no existiera este vicio, no habria hombre que 
se humillase ante otro hombre. Por eso, segun me 
contd Abubequer, hijo de Abulfiad, grabo Otmdn 
Abenmoh^niis esta inscrlpcion sobre la puerta de 
sucasaen Ecija: "jOtman! No tengasambici6n„(l). 



(i) Abusafd Otmin, hijo de Mohdmed, Abenmohdmis- 
fu6 un famoso asceta y te61ogo de Ecija» muy versado 
en la exegesis alcordnica. Alfaradf le atribuye un libro 
que por su asunto, Sucesos de prdspera y adversa for- 

tuna ( ._»aa)! i^-As^l), tendr/a quizd un cardcter analogo at 
de Abenhazara, aunque mds anccd6tico. Su austeridad le 
vali6 entre sus contempordneos el siguiente sobrenom- 
bre coil que se le conocfa; «EI paciente soportador de 
todas las privaclones temporales.* Muri6 el ano 356 (966- 
de J« CJ, Su hijo Abuabdala Mohimed fud poeta corte- 



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167. La ausencia de la persona que amas estan 
■penosa como la presencia de la persona que odias 
{pag, 57]; no hay diferencia alguna. 

168, Cuando el amante pide a Dios que le otor- 
gue la gracia de olvidar a su amada, ya va impli- 
cita en su pelicidn la respuesta favorable: su oracion 
sera escuchada. 

169. Contentate con la persona que posees, sin 
desear poseer mas; asf, ella tambien se dar^ por sa- 
tisfecha con poseerte. 

170, Afortiuiado sera en el amore! que se ena- 
more de persona cuyo carifio le sea posible con- 
quistar y a cuya union constante pueda aspirar sin 
temor de incurrir en la ira de Dios y en las censuras 
de los hombres. El exito estribard en que los dos 
se guarden inutua fidelidad en el amor, Pero de ello 
no podran estar seguros, si no procuran evitar el 
hastio, mala pasion, causa del mutuo aborreci- 
miento. Sufelicidad sera completa, si los dias de 
su union se deslizan tranquilos como dulce sueno, 
ayudandose el uno al otro conyuge en cuanto les 
sea reciprocamente util. Pero jah! que todo esto 
junto, solo en el cielo cabe; a! menos, con la se- 
.gura confianza que da la certeza, porque el cielo es 
mansion de estable reposo, sin niiedo a turbaciones 
y quebrantos. Si asino fuera, si acd abajo en el 
mundo cupiese reunida tanta felicidad, libre, ade- 



sano del califa Aihaquera II. Cfr. Alfaradf^ Bl^i, arab.- 
hisp., edic. Codera, VII, 252, b> 899; Adabi, ibid.^ Ill, 

.400, b. 1 193; Abenhaydn, Almoktabis^ ms, Acad, Hist,, 
iium. 2, f. 35 v.*^ 



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mSs, del temor de perderla por cualquier contra- 
tiempo, la vida entera se acabaria, antes de haber 
agotado el deleite del amor. 

171. Cuando los celos han desaparecido, se 
puede tener la certeza de que el amor huyo. 

172. Los celos son virtud compleja dc magna- 
nimidad y jiisticia: at hombre justo le repitgna el 
que los dcmds deseen su mujer, asi como tarnpoco 
el desca la de su prdjimo; el hombre magnanimo- 

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tiene dignidad yse averguenza ante la idea de verse- 
burlado inicuamentc. 

173. Refiridme de si mismo uno de los que fue- 
ron mis compafleros en la vida del siglo» que jamds 
conoci6 lo que eran celos 6 inquietudes por la per- 
dida del bien poseido, hasta que se vio sujeto a la 
dura pruebadcl amor;entonccs io conocid. Y cuenta 
que este hombre era dc perversa indole, de malas- 
inclinaciones; pero, en cambio, era prudcnte y ge- 

neroso [pdg. 58]. 

174. Cinco son los grades del amor: 

1 ° Estima, aprecio 6 slmpatla (1), cuando, des- 
pues de ver k una persona, la fantasia nos represen- 
ta su imagen como una cosa hermosa 6 nos recuer- 
da sus cualidades morales como buenas; este pri- 
mer grado se da tambi^n en la simple amistad. 

2.° Cariflo, afedo 6 aficion (2), cuando ya se 
encuentra gusto en mirar k la persona amada y se 
apetece estar cerca de ella. 

3.° Enamoramiento (3), que ya es sentir tristeza 
cuando la persona amada est^ ausente. 



y\) J.^^<i^'^)\ (2) ^'.=c-.:^^ (3) VjLJ^; 



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4,° Obsesion amorosa (1), que es ya sentirse el 
amante dotninado por ia preocupacidn 6 idea fija 
de la cosa amada; en el amor sexual, este grado se 
llama pasion (2). 

5." De/in'o amoroso (3), que ya es no poder 
conciliar el sucfio ni comer ni beber, sino inuy 
poco, y aun qixlm enferniar 6 caer en deliquios 6 
extasis, habiando a solas como loco, 6 llegando 
hasta el extremo de morir de amor. Mas allA de 
este grado, no existe iiinguno otro, 

175. Yo habia creido que la pasion amorosa 
era mas intensa en las mujeres dotadas de lui teni- 
peramento impetuoso, ardiente y vivo; pero lie ob- 
servado que sucedc lo contrario, es decir, que son 
m^s apasionadas las indolcntes y h\nguidas, siem- 
pre que no Ucguen a ser abobadas y ap^ticas. 



(1) ^s\\, (2) j.vx!i. (3) ^^-"li 




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CAPITULO V!l 



SOLJRE LAS KSPECIt-:S DE liEI-LKZA 1 >F LAS KORMAS 



Se me ha pcdido una explicacion precisa acerca 
<ie ellas. He aqui mi respuesla: 

176. La dulziira (1) cs la delicadeza de lineas 6 
rasgos, la suavidad graciosa en los ntovimientos, la 
finura en los gestos y adcmancs y la harmoniosa 
adaptacion del alma a los accidcntos de la forma fi- 
sica, aunque esta carczca de belleza [pag, 59], 

177. La correcxidn (2) es la belleza dc la forma 
en cada una dc sus cualidades aisladamcnto consi- 
deradas; por cso cabe que sea corrccta la forma de 
una persona, considerando separadamcnte cada una 
de sus cualidades, pero, por ser su rostro frlo de 
expresidUj no sea graciosa, ui bella, ni licrmosa, ni 

duke. 

178. La herniosura (3) es la corrcccion dc la 

forma fisica, animada adem^s por el brillo de la cx- 
presion. Tambien se denomina gentileza (4) y ga- 

llardia (5). 

179. La heUeza (6) es una cosa inefable, que no 

tiene en el lexico un termino adecuado que la ex- 



(l) 'i^}.J\. (2) A/^\. (3) l^jj)\, {A) J^'^'^'L (5) iaLill 






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90 



prese, pero que todos cuantos la veil la sienteii 

undnimemente en el fondo de sus almas. Es algo 

asi como un tenuisimo cendal que dotase al rostro 

de cierto esplendor y peregrino brillo, hacia el cual 

se sienten arrastrados los corazones, coincidiendo 

todos sin excepcion en juzgarlo bcllo, aunque en 

^1 no existan realmente las perfeccioncs de forma 

propias de lo correcto, Todo el que lo ve, se sien- 

te conmovido por una adiniracion sercna, lo ve con 

simpatia, lo acoge con gusto, per mas que despues, 

al cxaminar reflexivamente todassus cualidades una 

d una, no se cncuentre nada notable. Es, como si 

dijeramos, un algo que existe en el alma de la per- 

sona bcUa y que cl alma de quien la contempla, | 

experimenta 6 encuentra. Es indiscutiblcmente ta 

m^^s noble de las categorias esteticas, Sobre todas 

las otras, hay discrcpancia de opiniones: unos creen 

que es superior la herntosura; otros, la dulzura; 

pero no hemos encontrado ni uno siquiera que con- 

siderase la correcclon como cualidad superior k es- 

tas, cuando de ellas va separada. 

i80. La sal 6 gracia (1) es la reunion de varias 
de estas categorias en una misma persona. 



(1) s:--^Jl- 



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CAPITULO VIII 



SOURE FJ. TRATO SOCIAL V l.OS CAUACTRRRS MORALKS 



181. Es vitiipcrablc el cambiar continuamente 
de niodas en cl vestir y en el trato social, cuando 
el catnbio consiste en abandonar un dctcrminado 
trajc que la moda inipuso sin razon alguna dc utili- 
dad [pcloj. 60j, para adoptar olro traje tan frivola- 
mente inipucsto conio aquel e ijjualtnente inutil y 
caprichoso, 6 dejar una costumbre social que care- 
ce de sentido, para seguir otra tan irracional como 
aquella, y esto sin causa alguna que A ello nos 

obligue. 

182. Pero toniar dc las niodas en el vestir 

aquello que cada cual pueda tomar, en la niedida 
en que le sea realmente necesario y evitando las 
exageraciones y abuses que se salen de la estricta 
necesidad, lejos de ser cosa vituperable, es una 
prueba, y no pequcfla, de discrccidn y prudcncia. 

183. El Profeta de Dios» modelo y ejeniplar de 
toda perfeccion, cuyas virtudes merecieion las ala- 
banzas divinas, en quien Dios misnio acumuld to- 
das las excelencias morales purific^ndolo dc todo 
defecto, acostumbraba A visitar A los enfermos con 
sus discipulos, caminando A pie por los barrios m&s 



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^ 92 

apartados de la ciudad de Medina, sin zapatos ni 
sandalias, sin gorro ni turbante^Vestia tela de crin, 
si se la presentaban; pero, k veces,si le presentaban 
rico brocado de seda, lo vestia igualmente. Jamas, 
empero, se sujctaba a las imposiciones de la tnoda, 
en las cosas que no le eran necesarias, ni tampoco 
rehuia el empleo de aquello que nccesitaba. Lo 
que tenia a mano le bastaba, sin preocuparse de lo 
que carecia. Unas veces andaba d pie desnudo; 
otras calzado con zapatos. Ora montaba en hermo- 
sa inula blanca^ ora a caballo sin arreos, ora en ca- 
mello, ora en asno, llevando A la grupa a alguno de 
sus discipulos. A las veces, comia datilcs secos, sin 
pan, 6 pan duro a secas; A las veces, comia cabrito 
asado y melon con datiles tiernos y maduros y con- 
fituras, Tornaba lo necesario para el sustcnto y 
daba lo sobrante, abandonando lo que no necesi- 
taba [pig. 61J, sin iinponerse jam^s en estas mate- 
rias obligacioii alguna por encinia de lo estricta- 
niente precise. Por ninguna cosa de este niundo 
sentia movimientos de ira; pero tampoco dejaba de 
encenderse en ira santa por las cosas de su Se- 
nor (I). 

184. La constancia, que equivale A la scriedad 



(i) Esta descripci6n de las costumbres del Profeta 
est! tomada litcralmente de las tradiciones musulmanas 
corrientes; pueden verse al pormenor, coti especificaci6n 
<!e los tradicionistas que las autorizan^ en el 7Ma de Al- 
gazel {op. cit., II, 249-50), y en el comentario de Said 
Mortada {op. at., VII, 100-4), 

For lo demas^ salta d la vista que algunos de Jos ras- 



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93 



6 formalidad en los compromisos, y la constancia, 
que equivale a la obstinacidn, se asemejan tanto 
entre si, que solo es capaz de distinguirlas el que 
conoce bicn la modalidad de los habitos morales. 
La difcrcncia esta en que la obstinacion tiene per 
objeto acciones inutilesy vanas, es decir, acciones 
que el sujeto llevaa cabo con el solo proposito de 
defender la conducta por el ya einprendida, aun- 
que (e conste evidentemente que es desatinada, d 
al menos no le conste ni que es desatinada ni que 
es razonable; y claro es que tal actitud es vitupera- 
ble; su contraria sc llama discrecldn 6 prudencia. 
En cambio, la otra constanciaj que es la firmeza de 
voluntad, tiene sd!o por objeto lo recto 6 lo que cj 
sujeto cree tal, micntras no le viene a las mientes 
que pueda ser desatinado; tal actitud es loablc, y 
su contraria se llama indecision. 

La primera de estas dos constancias es vitupera- 
ble, porque es un gasto inutil de energia el que se 
hace obstin^ndose en una direccion fija, sin querer 
examinar antes si es atinada d no. 

185. La prudencia d razdn se define: la pr^ctica 
de las virtudes y el cumplimiento de las leyes divi- 
nas. Esta definicidn implica evitar los vicios y la 
transgresidn de la ley. En mds de un lugar de su Li- 



gos principales de ese retrato de Mahoma estdn inspira- 
dos en ideas evang^licas, tales como el consejo de Jesiis 
i sus discfpulos (MaM.^X, lo, y Luc, X, 4, 7^ 8): «NoHte 
portare sacculum, neque peram^ neque calceamenta,.., 
neque duas tunicas,., in via,> *Edentes ct bibentes quae 
apud illos sunt. Manducate quae apponuntur vobis.* 




bro dice textualmente Dios que quien se 
contra su ley no tiene enteiidimiento. Asi, per 

■ 

ejemplo, hablando de ciertos condenados al infier- 
110, dice Dios: "Y diran: Si nosotros hubiesemos 
escuchado las ensenanzas de los profetas, si nos- 
otros hubiesemos tenido entendlmlento , no estaria- 
mos entrc los condenados al fuego del infierno.^ 
A lo cual responde Dios asintiendo: "Ellos, pues, 
reconocer^n jpag. 62j su pecado. jLcjos de aqui, 
oh habitantes de! inficrno!,, (1), 

186. La imprudencia 6 sinrazdn consistc en co- 
meter infracciones de la ley divina e incurrir en vi- 

cios, 

187. La hostilidad violenta contra el prdjimo, 
el denuesto, la injuria, el insulto... todo cso ya no 
essinrazdn; cs scncillaniente un arrebato de locura, 
una insensalez, un desahogo de la bills. 

188. La siiirazdn propianiente dicha, es lo con- 
trario de la razdn d prudencia, tal coino antes las 
hemos distinguido. Entre ambas, no existe mas ter- 
mino medio que la tontcria 6 falta de entendi- 

miento. 

189. La tonteria pucdc definirse diciendo que 
consiste en deciro hacer algo que, siendo comple- 
tamente innecesario para esta vida y para la otra, 
no merecc scr calificado de obra buena y laudable, 
pero que ni se ic pucde liamar transgresidn ni tam- 
poco cumplimiento de la ley divina, ni medio para 
uno de ambos fines; ni virtud, ni vicio pernicioso 
para el projinio, sino que se reduce, ya d una char- 






(i) Alcordn, LXVII, lo, u. 



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latancria dcsmcdida, ya a una reduiidancia super- 
flua en el obrar. Se^un que el honibre abuse mas 6 
ineuos de estos dos excesos dc palabra y obra , mere- 
cera mas 6 menos la tacha do tonto, porque se dan 
casos en que un mismo hombre obra (ontamente 
en una coymitura, niicntras que en otra se conduce 
como hombre cuerdo y en otra como necio. 

190- Lo contrario dc la insensatez cs la discre- 
clon, es dccir, el saber disccrnir las cosas y poseer 
la facnltad de diri^drse nno a si mismo en las cues- 
tiones cspeculativas y practicas. Es lo que los fil6- 
sofosgriegos Uaman radocinio 6 disvurso (1). En- 
tre la insensatez y la discrecidn no hay tennuio 

medio. 

I9L El saber o-obcrnarsc bicn en los negocios 

del mundo, cl hacersc simpatico a todos dandoles 
gusto con provccho para si mismo y no teniendo 
escrupulo de scrvirsc para este fin de cualquier me- 
dio, sea justo 6 injusto y criminal; cl darse buena 
mana para acrecentar el caudal, para adquirir re- 
putaci<3n, para conquistar car^^osy honores por me- 
dio de iniquidades y vilczas..., eso no es ya cuten- 



(l) Abenhazam aludc i la palabra griega //j^jC, cuya 
doble acepci6n de raciocinio 6 verbum mentis y dc len- 
guaje 6 verhum oris, fud trasladada por los f]l6sofos mu- 
sulmanes a la palabra drabe ^^iij que la tienc igualmen- 
te. He aqu{ c6nio explica cstos dos sentidos el Dictio- 
nary of the technical terms dc Sprenger {Calcuta, 1862, 
pag. 1418, sub voce ^kJl): cSc cmplea esta voz para 
exprcsar el lenguaje exterior, la palabra, y tambi^n cl 
lenguaje interior, la percepcion dc los universalca. Ex- 






- J- 



96 



dimiento 6 prudencia. Porque aquellos [pag, 63] 
condenados a cuyas lamentaciones dijimos que 
Dios asentiria afirmando que carecian de entendi- 
mientOj.seguramente que en el mundo serian bien 
habiles en la gestion de sus intereses, industriosos 
para hacer fructificar sus capitales, astutos para 
conciliarse la benevolencia de sus prmcipes, cau- 
tos para conservar la posicion social adquirida. El 
nombre de este cardcter moral es cuqiteria, 

192. Su contrario es el talento prdctico y hon- 
rado. Porque cuando el hombre se sabe manejar 
perfectamente para conseguir aquellos mismos 
fineSj pero sin recurrir a ninguii medio deshonesto^ 
sino obrando siempre con decencia y honradez, en- 
tonces ya no se dice que obra con cuqueria, sino 

con pericia, tino, destre^a 6 maestria, que es la vir- 
tud contraria del vicio llamado descuidOj torpeza 
6 falta detacto, 

193, La moderacion y calnia en los ademanes, 
la discreta oportunidad en las palabras, el buen or* 
den y equilibrio en la administracidn de los intere- 



presa igualmente el principio que produce esta opera - 
c!6n de percibirj cs decir, el alma racionaL»Parece, pues, 
resultar de aqui que, en la mente de Abenhazam, esta 
virtud de la inteligencia, contraria al vicio de la insen- 
satez, es la que Ari3t6teles llam6 Xqyi^ti-'Iov. 6 sea el cono- 
cimiento prdctico y habitual del justo medio en todas las 
cosas. En confirmaci6n de esta conjetura, debe advertirse 
que Abenhazam, como Aristdteles, no admite un tdrmino- 
medio entre la virtud del entendimiento y el vicio de la 
insensatez, segiin existe en todas las virtades morales. 
Cfr. Ritter, Histoire de la philosophie ancienne^ III, 287, 



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97 



ses economicos, la afabilidad ecuanime en las rela- 
ciones sociales: todas estas buenas cualidades inte- 
gran la virtud Uamada gravedad d aplomo, contra- 
ria al vicio de la ligereza. 

194. La fidelidad es una virtud mixta de justi- 
cia, generosidad y magnanimidad. En efecto: el 
que es fiel considera como una iniquidad el no co- 
rresponder a la contianza que en el deposito su pro™ 
jimo 6 a los beneficios que le hizo: por eso es jus- 
to* Estima, ademas, que debe desprenderse liber'al- 
mente de aquella porcion de bienes perecederos que 
podria guardar para si, en el caso de no ser fie! a 
sus compromisos; y en esto es generoso. Cree, por 
fin, que debe armarse de fortaleza para sufrir pa- 
cientemente las graves consecuencias que su fide- 
lidad le pueda acarrear; y en esto es magn^nimo. 

195. Cuatro son los elementos de que se com- 
ponen todas las virtudes: justicia, ciencia, fortaleza 
y generosidad. 

196. Cuatro son los elementos de que se com- 
ponen todos los vicios; los habitos morales contra- 
ries A esas cuatro virtudes que hemos mencionado: 
injusticia, ignorancia, pusilanimidad y avaricia. 

197. La lealtad y la continencia son respectiva- 
mente especies de la justicia y de la generosidad 

pag. 64]. 

198. La pureza, respecto del apetito concupis- 
cible^ es una virtud mixta de fortaleza y generosi- 
dad; digase lo mismo de la paciencia* 

199. La longanimidad d clemencia es una espe- 
cie de las varias que contiene la virtud de la forta- 
leza. 

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98 

200. "La sobriedad es una virtud mixta de gene- 

rosidad y justicia, 

20 L La avidez se engendra de la ambicion; la 

ambicidn nace de la envidia; la envidia es hija del 
deseo; el deseo es fruto de estos tres vicios cardi- 
nales: injusticia, intemperancia e ignorancia. 

202. De la avidez se engendran males muy gra- 
ves, como son: el ruin servilismo, el hurto, el 
TObo, el adulterio, el asesinato, la pasion amorosa 
desmedida, la tristeza y preocupacidn de ser pobre. 

203. El vicio de pedir importunamente lo que 
el projimo posee, se engendra de la avidez y de la 

ambicidn. 

204. Hemos establecido diferencia enlre la avi- 
dez y la ambicidn, porque la avidez no es otra cosa 
que la manifestacidn, al exterior, de la ambicidn 
que se oculta en el fondo del alma. 

205. La tolerancia es virtud mixta de longani- 

midad y paciencia, 

206. La sinceridad es virtud mixta de justicia y 

fortaleza. 

207. El que te viene con mentiras, se marcha 
de ti con verdades. Esto quiere decir que si alguien 
te cuenta de otro alguna mentira, es fdcil que esa 
mentira te mueva i darle una respuesta ingenua, 
de lo cual te resultard que ese individuo se mar- 
chari de ti con una verdad. Gudrdate de este peli- 
gro, y no des jam^s respuesta, sine a palabras que 
te conste que han sido pronunciadas por aquel & 
quien se atribuyen, 

208. No hay cosa mds fea que la mentira, iQn^ 
juicio crees que merece un defecto, del cual esuna 



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^specie la intidelidad? Toda infidelidad es mentira; 
luego esta es un generOj y aquella [pdg. 65] una 
especie subordinada. La mentira esun engendrode 
la injusticia, la cobardia y la ignorancia. La co- 
bardia engetidra, en efecto, la pusilanimidad; y el 
embustero de oficio es tambien hombre de alma 
.mezquina que esta muy lejos de merecer la alabanza 
propia de las almas grandes. 

209, He observado que los hombres se dividen 
■en tres grupos por razoii del uso que haceii de la 
facultad de hablar, que es la diferencia especifica 
que los distingue de l05 asnos, perros e insectos. 

Primero, el de los que se ponen i hablar, sin 
preocuparse de io que van ^ decir, y que dicen 
todo Io que les viene a la lengua, sin proponerse ni 
la defensa de la verdad ni la .refutacion del error, 
Esle grupo Io constituyen la mayoria de los hom- 
bres. 

SegundOj el de los que hablan para defender Io 
■que les ha venido a las mientes que era verdad, <5 
para rechazar Io que presumian que era error, pero 
sin tomarse el trabajo de averiguar antes si real- 
mente es asi 6 nOj y s61o por obstinada terquedad 
•en mantener la actitud en que se ban colocado. 

Tercero, el de los que ponen sus palabras en el 
lugaf debido. Estos hombres son m^s raros que el 
-azufre rojo (1)» 



(i) De las tres clases de azufre, rojo, bianco y ama- 
rillo, que admiten los qufmicos drabes siguiendo i Aris- 
t6teles, la primera suponian que s6lo podia extraerse de 
Unas minas situadas en las tierr^s desiertas, por donde 



100 



210. iQuien con la verdad se irrita,para rata 
tiene pena! 

21 (* Hay dos clases de personas que viven muy 
tranquilas: una de ellas merece el colmo de la aia- 
banza, y otra el colmo del vituperio: la de los que se 
han desnudado de todas las cosas de este mundo, y 
lade los que se han desnudado de toda vergiienza, 

212. Aunque no hubiese mas razones para des- 
preciar las cosas de este mundo que la sola consi- 
deracidn de que el hombre, todas las noches, af 
dormirse, olvida cuantas cosas le preocupaban d 
anhelaba conseguir {5 descaba evitar durante la vi- 
gnia,de tal modo,que en esc estado lo veras que ya 
no se acuerda [p%. 66] ni de hijos^ ni de mujcr, ni 
de honores, ni de falta de prestigio social, ni de ob- 
tener cargos poh'ticos, ni de perdcrlos, ni de ser 
rico, ni de ser pobre, ni de sufrir calaniidades...^ 
bastaria este solo hecho como exhortacidn decisiva 
para todo el que tuviese uso de razon. 

213. Una de las maravillas de la Providencia 
divina en el gobierno del mundo, es que todas 
aquellas cosas, cuya necesidad es mas apremiante, 
son facilisimas de conseguir, Mira» si no, el agua y 
lo que est^ sobre ella, es decir, el aire. En cam bio, 
las cosas que no son necesarias, son rarisimas. Mira> 

si no, el Jacinto rojo (1). 



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el sol se pone, cerca del ocdano. De aqui, que su rareza 
se hicicra proverbial, Cfr, Cazwini's Kosmographiey edic. 
Wiistenfeld^ Ij 243. 

(i) Entre los joyeros y lapidarios drabes se estimaba 
el Jacinto rojo en mucho mcSs que el amarillo^ el verde y 



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101 



2i4. Le pasa A todo hombre con ios cuidados 
por Ios que se desvela, lo mismo que al viajero que 
camina en el desierto: a medida que va recorriendo 

tierras, le van surgiendo otrasnuevas; igualmente, 
5 medida que el hombre satisface un deseo, le van 
naciendo otros nuevos, 

215. Verdad dijo el que dijo que el inteligente 
sufre en estc niundo; y verdad dijo tambien el que 
dijo que el inteligente vive tranquilo. Sufre» en 
efectOj porqiie ve el error divulgado y su itnpcrio 
triunfante, y un abismo de dificultades que le impi- 
den hacer brillar la verdad, Vive^ sin embargo, tran- 
quilo, porque nose preocupa por las cosas super- 
fluas del mundo, cuya posesion tantos disgustos da 
al resto de Ios hombrcs, 

2 1 6. Gutirdate de asentir al juicio de tus compa- 
fieros perversos, y de ayudar d tus prdjimos en 
aquello que pueda acarreartc algun daflo en esta 6 
en la otra vida, aunque fuere poco, porque tal con- 
ducta solo te producirA un resultado: arrepentirte, 
cuando la penitencia te sea ya inutil; y, ademis, 
aquellos 5 quiencs ayudasle, Icjos de alabarte, se 
gozaran en tu daflo; lo menos malo que te puede 
suceder (yeslo seguro), ser^ que no se preocupen 
de las desgracias que te sobrevengan como secuela 
y resultado de la ayuda que les prestaste. 

En cambio, gudrdate de disentir [pdg. 67] de tus 
projimos y de contradecir & tus contemporineos en 



el azul, asf por su hermosura, como por su rarcza, pues 
s6\o en las tierras ecuatoriales podia encontrarae, Cir. 

Cazwini's Kosmogrq^hiCy I, 241* , 




' ■ ■-■-■'.'>=■. 



102 



aquello que no pueda daflarte m en esta ni eii la 
otra vida, aunque sea poca cosa, porque tal con- 
ducta te acarreard disgustos, enemistadeSj hasta de- 
nuncias judiciales y aun la misma pena capital, sin 
utilidad alguna, 

217. Site ves en la inevitabie alternativa de- 
irritar A los hombres 6 irritar a Dios, y no encuen- 
trasun expediente Mcil para dejar de hacerte odio- 
so^ las criaturas o ^ tu Criador, irrita A ios hom- 
bres y busca su aversion; pero no encolerices A tu 
Sefior ni le ofendas. 

218. Cuando hayas de reprender al necio, al pe- 
cador, al vicioso, debes imitar la conducta del Pro- 
feta en sus amonestaciones, 

EI que amonestare con dureza y con agria seve- 
ridad, yerra, porque se extralimita y va mas all^ 
del metodo seguido por el Enviado de Dios. En la 
mayoria de Ios casos, el que asf amonesta lo que 
consigue es provocar al amonestado a que persista 
tenazmente en su error 6 en su maldad, solo coma 
protesta rencorosa y airada contra tan acre repri* 
menda. De modo que lejos de hacerle un buen ser- 
vicio, le perjudica m^s con sus reconvenciones. 

En cambiOj el que amonesta con amabilidad, 
con dulzura, entre sonrisas^ como- quien se limita. 
tan solo d sugerir una mera opinion, y hablando 
de los vicios de la persona A quien se amonesta 
como sifueran vicios de otra persona, sacara m^s 
provechoy obtendr^ mds exito en su amonestacidn. 

Si sus advertenciasj-aun con este metodo, no son 
escuchadas» entoncesya debe pasar a la reprensiorv 
severa, pero A solas. 



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— 103 

Si tampoco asi son atendidas, debes hacer ya la 
correccion en piiblico, es decir, delante de aque- 
lias peisonas cuya presencia averguence al amones- 

lado. 
Tal es el proceder discrete que el mismo Dios 

nos prescribe [pdg. 68] acerca de la amonestacidn 
de palabra y con dulzura (1). 

Asi tambien, el Profeta jamas corregia cara A 
cara y directamente, sino que se limitaba k decir: 
*'^;Que OS parece de los que obran de tal 6 cual 

manera?„ 

Alabo ademas a menudo la dulzura y suavidad, 
prescribio conio preceplo la afabilidad, prohibid re- 
sueltaniente como abominable la grosera acrimo- 
nia y siempre se preocupo de evitar que sus aino- 
nestaciones provocasen el disgusto en sus oyentes. 
Por eso precisamente le dijo Dios: "Si hubieses 
sido mds severe y mas duro de corazdn, segura- 
mente que los hombres se habrian apartado de 

ti. (2). 
La dureza y la severidad en la reprensidn se im- 

pone tan solo cuando se trata de vicios taxativa- 

mente penados por la ley divina. Entoncesno debe 

andarse con contemplaciones y blanduras el: que 

pueda aplicar contra el delincuente la pena legal. 

219. Uno de los mSs utiles recursos para obte- 

ner exito en la reprension es el de alabar, en pre- 



(i) Alcordn, XX, 46. Coincidtt con estas reglas de la 
correcci6n fraternaladoctnnaevangdlica(i)/^/M.» XVIII, 

15-17). 
(2) Alcoran, 111, 153- 



I l-Krf-fl-l ■«■■-■ ^^ ■ 






104 



sencia del hombre vicioso^ d los que obran de dis- 
linto modo que eL Esta alabanza cs un acicate que 
le mueve d la pr^ctica del bien. El amor de la pro- 
pia alabanza no tiene, que yo sepa, mas que este 
merito, esta sola ulilidad: es decir, que los que oyen 
el elogio procuran despues imitar el ejempio que 
han oido alabar. Y por eso se deben narrar los ca- 
ses y ejemplos de virtud y de vicio de los tiempos 
pasados: ^ fin de quelosoyentes conciban aversion 
hacia los pecados cometidos por otros y sc animen 
A practicar las virtudes de los que vivicron en los 
pasados slglos. As! la historia ies sirve de exhorta- 
cion moral. 

220. Examine todo cuanto existe bajo el cielo 
y, tras meditacioncs prolijas, encontre que todas 
las cosas, asi las vivientes como las que no viven, 
tienden, por su naturaleza, d despojar A las m^s de- 
biles (que no son de su especie) de las cualidades 
especificas que poseen y d revestirlas con las suyas 
propias. Asi verds que el hombre virtuoso desearia 
que todos los hombres fueran virtuosos; y el im- 
perfecto, que todos fuesen [pdg. 69] impcrfectos; y 
el que es partidario de una escuela filosofica 6 teo- 
Idgica, que todos los hombres estuvieran de acuer- 
do con 6L Eso mismo verds en los elementos 6 
cuerpos simples; cuando uno de ellos posee mayor 
energia que otro, lo transmuta haciendolo pasar de 
la forma especifica que posee & la suya propia. Lo 
mismo verds en el crecimiento de los arboles y en 
la nutrici(jn de las plantas por el agua y la hume- 
dad de la tierra: el vegetal transforma estos dos ele- 
mentos asimildndolos d su propia especie. iQlorifi- 









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105 



cado sea el Creador y Ordenador de todo estol jNo 
hay mas Dios que El! 

22 L Una de las maravillas de la Omnipoten- 
cia divina es fa muchedumbre de las criaturas, y 

luego, que no veras una siquiera tan seniejante & 
otra, que no haya enlre ambas alguna diferencia. 
Yo consulte a un honibre^ que habia vivido largo 
tiempo y alcanzado la edad de ochenta aflos, si en 
Ids tiempos pasados habia visto acaso fisonomias 
que fuesen del todo seniejantes d las de ahora, y 
me dijo que no, que todo rostro tenia alguna dife- 
rencia propia suya. Y eso mismo sucede con todos 
los seres del univcrso. Y asi lo coinprenderA el que 
examine los or^anos corpdreos y en general todos 
los cueipos compuestos seniejantes; tras prolijas y 
reiteradas y atentas observaciones, acabani por des- 
cubrir un algo que distingue d unos de otros y sa- 
bra discernirlos en virtud de ciertos niatices dife- 
renciales que e! espiritu advierte, pero que nadie 
es capaz de explicar con su lengua, [Glorificado 
sea el Podcroso y Sabio, cuyas obras son infinitas! 
222. Una de las cosas que en este mundo niAs 
me maravillan es el ver como se dejan dominar 
muchas gentes por la obsesidn de ciertos deseos y 
esperanzas malevolas, de las cuales no sacan en 
limpio otro provecho que mortificarse ^ si mismos, 
por de pronto; y luego hacerse culpables de un 
grave pecado [pag. 70J para la otra vida, Tal su- 
cede con aquellos que, como el mercader, anslan 
que suba el precio de los articulos de primera ne- 
cesidad, cuyo encarecimiento es la muerte de los 
ciudadanos; y en general, con aquellos que anhelan 







1C6 



la realizacidn de ciertas cosasperjudiciales para sus 
prdjimos y ventajosas para ellos. Debieran pensar 
que el hecho de anhelar ellos lo que esperan no 
acelerari su realizacidn antes de tiempo, ni les traera 
& las manos la c'osa que desean, si en la prescien- 
cia de Dios no existe el decreto de su creacion. 
En cambio, si deseasen el bien y la prosperidad para 
todos, obtendrian inmediatanienteuna recompensa, 
A saber: la tranquilidad de espiritu y el merifo de^ 
la virlud practicada, ademas de no mortificarse a si 
mismos ni un minute siquiera. ^rQue mas, pues, 
podn'an desear? ^^Y como no maravillarse de los 
sinsabores y mortificaciones que estas genles se im- 
ponen sin ningun provecho? 



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CAPITULO IX 



SOBRE LA MEDICINA D£ LAS ENFERMEDADES DE LOS MALOS 

HABITOS 



223. El que se vea teniado por lavanidaid, me- 
dite acerca de sus propios defectos. Y si se enva- 
nece de sus buenas prendas morales, escudrifie bien 
hasta descubrir los vicios innobles de que adolezca. 
Y si por acaso escapasen a su penetraci6n todos sus 
vicios, hasta el punto de creer que no tiene ni uno 
siquiera, sepa entonces que su desgracia ser^ eterna 
y que es el mds imperfecto de los hombres, el m^s 
vicioso, el de m^s escaso discernimiento, 

224. El primer defecto que tiene es cabalmente 
su falta de discernimiento y su ignorancia, que son 
los dos m^s graves defectos; porque el hombre in- 
teligente es el que sabe escudrinar sus propios vi- 
cios, luchar para vencerlos, esforzarse por subyu- 
garlos; ej necio es el que ignora los defectos de que 
adolece, ya por cortedad de alcances y de discer- 
nimiento y por debilidad de reflexion, ya por su- 
poner que sus propios defectos son buenas cuali- 

dades, 

225. Esta ultima ilusi6n es el mds grave de los 
defectos que puede haber sobre la tierra; y sin em- 
bargo, son muchos los hombres que se enorguUecen 



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108 

de ser adiilteros, pederastas, ladrones, tiranos [pa- 
gina 71] y que se Uenan de vanidad porque son vie- 
timas de todas estas calamidades y porque se sien- 
ten lienos de energia para realizar tamafias desver- 
giienzas* 

228. Ten, pues per cierto, que ninguno de los 
humanos estd exento de imperfeccidn, menos los 
prof etas (1), 

227, Por lo tanto, el que ignore sus propios 
defectos ya esU perdido: su estupidez, su vileza, su 
bajeza de caracter, su mezquindad de alma, su falta 



(r) Abcnhazam sigue, en esta cuesti6n teol(3gicaj la 
doctrina ortodoxa de los snnies, adoptada tambi^n por 
los herejes motdsiies^ jarichhs y xiies: los profetas son 
impecables, mortal y venialmentCj entendiendo por peca- 
do toda transgresi6n consciente y voluntariade la ley di- 
Vina. Esta soluci^n de Abenhazatri puede verse demos- 
trada y defendida por ^1 extensamente en su Historia 
critica de las religiones^ tomo IV, pdgs, 2-33. De\ anili- 
sis que alii hace de' los pasajes alcorintcos en que se 
atribuyen pecados i. los profetas de la ley mosaica, 
deduce que csos pecados fueron cometidos por inad- 
vertencia 6 con intenci6n buena. En el mismo lugar re- 
futa las treg opiniones contrarias i la que el considera 
ortodoxa, in saber: i,% la de los carramies, que seguian 
la doctrina de los judios y cristianos, es decir, la pecabU 
Hdad mortal y venial de los proletas, sin restriccion; 
i.% la de Baquillani, c^Iebre te61ogo axari de Basora 
(t 403/1012), que s61o eximfa d los profetas del pecado 
de mentira respecto de la afirmaci6n de su misi6n di- 
vina; 3.% la de Abenfurac, te6logo tambidn axari d^ Is* 
pahdn (f 406/1015), que exceptuaba todo pecado mortah 



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109 



de discrecion y talento, sus cortos alcances, dejan 
muy atrds a los defectos de los hombres m^s viles 
y estan muy por debajo de la mayor degradacion 
posible. Apresiirese, pues, i poner remedio exami- 
minando bien su conciencia para descubrir sus- 
defectos. Ocupese en esto en vez de envanecerse 
de si propio 6 en lugar de ocuparse de los defectos 
ajenos, porque estos ningun dano le pueden aca- 
rreatj ni en este mundo ni en el otro* 

228, ■ Ni sc que sirva tampoco de utilidad alguna 
el olr hablar de los defectos ajenos, si no es para 
que el hombre, al oirlos, se exhorte a si mismo A 
evitarlos y se esfuerce en desarraigarlos de su alma 
con la ayuda y auxilio de Dios. 

229- Grave falta es tambien el hablar de los de- 
fectos del projimo. Es cosa completamente ilicita 
que se debe evitar siempre, menos en dos casos: 
1.^, cuando nos propongamos dar un saludabie 
aviso a todos aquellos que fundadamente supone- 
mos han de verse expuestos a los peligros de la con- 
vivencia con esa persona depravada; 2,^, cuando 
nos propongamos reprender A nuestro projimo por 
su vanidad, echandole en cara, delante, no ^ sus 
espaldas, sus propios defectos. 

230- En este caso, despues de echdrselos en 
cara, debera decirsele: "[Vuelve en tl! Y cuando 
hayas Uegado a conocer distintamente tus propios 
defectoSj entonces te habr^s curado de tu vanidad* 
No te compares con los que son mas depravados 
que tu, porque de ese modo te parecerdn leves los 
mas vergonzosos vicios, y ademas porque tal con- 
ducta implicaria en ti una imitacidn servily sumi-- 



110 



si(5n ciega ^ la autoridad y conducta de los malva- 
dos, y bien sabido es que tal sumision ciega, aun 
respecto de los buenos, es vituperable; ^como, pues, 
no ha de serlo respecto de los malos? (1), Compl- 
rate, pues [pAg. 72], con los que scan mejores que 
tu, e inmediatamente veras como desaparece tu 
vanidad y como te curas de esa mala enfermedad 
que te Ueva A despreciar i las gentes. Porque no 
cabe duda: entre los hombres, los hay que son 
mejores que tu. Y claro es que estos, si veil que tu 
los desprecias sin razon, teudr^n mucha razon en 
dcspreciartc d ti, pues como dice Dios (2): "La 
recompensa de un mal es otro mal semejante* 
mode que te atraes sobre ti mismo el mal de ser 
coiisiderado digno del desprecio de los dcmds, y, 
lo que es peor, siendolo realmente; eso» aparte de 



(1) Alu3i6n evidcntc al critcrio tcol6gico jurfdico de 
la cscucla iahiri, profesada por Abeuhazam. Segiin ese 
criterio, la autoridad linica d que es Ifcito y obtigatorio 
somcterse, en materias de dogma y dc derecho, es la de 
la palabra de Dios consignada en el Alcordn y en las Tra- 
diciones aut^nticas de Mahoma y entendida sin interprc- 
taci6n ajguna aleg6rica y conforme al sentir undnime de 
la Iglesia musulmana primitiva. Todo razonamicnto ana- 
Idgico, para extender 6 restringir el sentido de la letra 
de la Icy divina, es iUcito porque equivale i. otorgar d la 
ra26n humana una autoridad igual 6 mayor que dla pala- 
bra de Di03, Y como que lasescuelas teol6gico-jurfdicas 
coinciden en el uso mayor 6 menor de ese razonamien-* 
to, por eso la escuela /a//;W acusaba d todas de rutinaria 
y ciega suini3i6n i la autoridad humana. 

(2) Alcordn, XLII, 38. 



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111 



merecer el odio de Diosy perder todas las buenas 
cualidades que puedas poseer. 

231 . Si de tii intcligencia te cnvancces, reflexio- 
na sobre tanlos malos peiisamieutos como te ocu- 
rren de rcpentc y que tu inteli^trcncia toma por ii- 
citos, 6 sobre tantas ideas cquivocadas como te 
pasan por la cabeza, y asi compreiiderds enseguida 
la inipcrfeccion de tti iuteli^cncia. 

232. Si tc envaneces de tus taleiitos para la es- 
peculacion racional, piensa bica en los ra/.onamien- 
tos ilogicos que has hecho algunas veccs, y ^uarda 
bieri su reciicrdo y no los olvidcs, Piensa tarnbion 
en todos aqucUos c.^lculos que tu razon supuso 
acerlados y que lue^o salicron al reves do lo que 
supoiiiaSj erramlo tu y atinando otros. Si esto hi- 
cieres y si comparas cl numero de tus acicrtos con 
el de tus fracases, vcras que ei resultado menos 
frecucnte es que los cases favorabies y los adversos 
se compcnsen mutuanicntc, pucs de ordinario re- 
sultar^ que tusyerros superan A tus aciertos, Y lo 
mismo le pasa k todo hombre, cxccpluados los 

profetas, 

233. Si de tus obras buenas te lisonjcas, niedi- 
ta sobre tus pccados, sobre tu iinpcrfeccidn, sobre 
los h;5bitos de tu vida diaria, y de seguro le encon- 
trards con defectos en mayor numero que tus vir- 
tudes, que anular^n el merito de tus buenas obras. 
Ocupate desde entonces en csa meditaci6n largos 
rates [pdg. 73] y toda tu vanidad se convertiri en 

dcsprecio de ti mismo. 

234. Si estds orgulloso de tu ciencia, advierte 
que no es propiedad tuya, sino don exciusivo de 




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Dios, tu SeilOi, que te la otorga gratuitamcnte. No 
acojas, pues, tamaHo regalo con una actitud de va- 
nagloria que provoque la ira de Dios contra ti. 
jQuien sabe si Dios te borrara el recuerdo de todo 
lo que sabcs, castig^ndote con alguna enfermcdad 
que te produzca la amnesia de toda tu ciencia, la 
perdida de tu memorial Abdelnielic, hijo dc Tarif, 
hombre dc ciencia, dotado de inteligcncia perspi- 
caz, de criterio recto y de un temperamento muy 
equiUbrado, asi en lo fisico como en lo moral, me 
refirid que el habia tenido siempre una memoria 
tal, que casi con oir una cosa una sola vcz no nc- 
cesitaba ya volverla ^ oir; pero en cierfa oca'sidn 
hubo de embarcarsc y fue tal el terror que en ci 
barco sufri6 durante una tempestad, que pcrdio 
el recuerdo dc la mayor parte de las cosas que sa- 
bia^ y su rncmoria expcrimentd tan grave pertur- 
bacidn, que ya no volvio jamiis 5 recuperar su an- 
terior sagacidad (1). Y yo mismo pase una grave 
enferniedad tras cuya convalecencia perdi el recuer- 
do de casi todo lo que sabia, y solo algunos aftos 
despucs rccobre la memoria. 

235. Ten ademds presente que nnichos de los 



(0 ICstc sahio gramitico, cuyo apellido 6 cunia era 
Abumcruin, fu<5 natural dc C6rdoba y discfpulo del cd- 
!ebrc AbenalcutfOj cuyo Li/^ro de los verbos compIet6 tan 
perfectamcntc, que fud iucgo uno de los textos mis es- 
tudiados en Espana. Ponddranse tambidn sus conoci- 
mientos dc lexicograffa y etimologfa ar^bigas, Murid cer- 
ca del 400 de la hdgira (1009 de J, C.)- Blbl arab.-hisp.y 
ed, Codera y Ribcra, I y II, biog, 759, y III, b. 1565. 



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que ansian llegar A ser sabios (rabajan infensamen- 
te leyendo, escuchando las lecciones de los maes- 
tros, cstudiando, y despues de tanto esfuerzo no 
obticricn resiiltado alguno. De donde debe inferir el 
que ya es sabio lo sigtiientc: que si la sabidurla 
fuese resultado cxciusivo del persona! esfuerxo y 
aplicacidn al esUidio, de sej^uro que el sabio serfa 
aventajado por aquellos otros que no lo son. Luego 
es evidente que la sabidurla es un don dc Dios, 
lC6mo encontrar, pues, en ella niotivo dc vanaglo- 
ria, si lo unico que cabe es huniillarse, a^radecertl 
Dios tan preciado don, pedir que !ios lo autnonte y 
rogaric que no nos lo quite; 

236. Despues dches tambicn pensar que tanto 
en la esfera ^^cneral de los conocimicn^os humanos, 
como aun dentro de la especialidad cicntifica [pA- 
gina 74] A que te dedicas y que (e jjlorias de domi- 
nar, la cantidad de las cosas que ignoras y que es- 
capan d in erudicion es mayor que la de las que 
sabes. Cede, pues, el lugar que tu vanidad llena d 
un sincere reconocimiento de tu cortedad 6 imper- 
fecci(5n. jScrd nitls razonablel Adviertesino cudn- 
tos son los hombres que sabcn niAs que tu. Encon- 
trar^s que son muchos, y eso le IiarA despreciable 
A tus propios ojos, 

237* Medita, adein^s, cdmo corrompes el fruto 
todo de tu propia ciencia, puesto que no obras en 
conformidad con ella, De modoquetu propia cien- 
cia cs un alegato en contra tuya, pues m^s saludable 
te serfa el no ser sabio, ya que el ignorante es m^s 
discreto y de mejor condicion que tu y mSs digno de 
cxcusa- Con csto, toda tu vanidad cae por su base, 

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Finalmeiite, quizd esa ciencia, de cuya 
posesion tanto te jactas, sea una de las ciencias 
modernas, cuya importancia no es grande, como ei 
arte poetica y otras an^iogas. Y en tal caso, com- 
pirate con los hombres que poseen ciencias m^s 
nobles que la tuya, asi en lo temporal como en lo 
eterno, y acabar^s por despreciarte a ti mismo, 

239. Si presumes de valiente, piensa primero 
en los que tienen nids valor que tu; y despues niira 
en que has empleado esa virtud natural de la for- 
taleza que Dios te ha regalado; porque si la em- 
pleaste en pecar, fuiste un necio prostituycndo tu 
propia alma para una cosa que uada vale; y si la 
consumiste en practicar la virtud, con tu vanidad la 
destruyes. Piensa, por fin, que ese tu valor ha de 
desaparecer con ia vejez, y que si vives, habras de 
llegar ^ ser considerado como una debit mujerzuela 
6 como un delicado niilo. 

240. He de declarar, sin embargo, que no he 
visto personas menos vanidosas que las que son 
valientes; de donde yo infiero que son almas de 
condicidn mSs ingenua [pig. 75], m^s noble y 

clevada. 

241. Side la preeminencia de tu rango social 

te ensoberbeces, piensa en ios muchos que ^ tu su- 
perioridad no se someten, y piensa tanibien en los 
que ocupan un rango igual 6 semcjante al tuyo; 
porque puede muy bien ser que todos ellos sean 
hombres de vil condicidn moral, miserables y de- 
gradados; y entonces fijate bien en que son seme- 
jantes a ti en cuanto al rango social que ocupan, y, 
sin embargo, cabe que sean tan extraordinariamente 



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abyectos y viles de alma, de costumbresy de con- 
ducta, que todo ei mundo se avergiierice de pare- 
cerseles en a\^o. Desprecia, piies, toda dignidad 
social que, a ia vcz que tu, la posean tambien gen- 
tes como csas, aunque fueras el rey del universo 
entero y nadtc coritradijese hi soberania; lo cual, en 
verdad, cs altarnente inverosiniil que pucda reati- 
7arse, pues no sabemos de nins^un rey que se tiaya 
cnseftorcado de toda !a parte habitada de la ticrra, 
A pesar de lo pequefia y estrccha que es esta parte 
habitada, en comparacion de la desierta; y ^^qu^ di- 
rernos si se ia compara con la ma^^nitud de la es- 
fera celeste que a todas las otras circunda? 

242. Reflexiona tambien sobre lo que Abenasa- 
niak (I) dijo al califa Hanin Arraxid, cuando v\6 
que 1e troiau un vaso de .igua que habia pcdido 
para bebcr: "[Oh Prfncipe de los creycntcsl Si no 
te fucsG posible ahora beber esc vaso dea^na, (JCuAii- 
to dariasKiistoso per conseRulrfo?, A lo ciial con- 
tests Arraxid: "[Todo mi imperioU Insistid Abena- 
s:imak: "Y si no pudiescs evacuar de tu ctterpo csa 

(i) VMc famoso asceta de Cufa se llamaba AbulabJa 
Afohdmcd, hijo de Sobaih. El apodo Ahenasamak signifi- 
es El hlJQ del pescador, Muri6 en su ciudad natal el 
afto iSj (799 dc J. C). Entre sus aentcncias asciSticas, 3C 
cita la siguicnte: tTcmc A Dios, como si jamds (c hubie- 
scs obcdecido, y cspera en itl como si nunca \t huhicscs 
ofcndido* (Ab^n^aiicdH, cdic, liulac, 1299 h(5g., II, 296; 
cfr, Tabacat asufia de Axarani, cdic, Cairo, 1317 hdg., 
I, 5^). I-a andcdota que de cstc asceta oriental narra aquf 
Abenhazam, puede verie en el Chronicon dc Abcnalatir 
(cdic. Tornberg), VJ, 150, 



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agua, despues de haberla bebido, ^cudnto darias 
gustoso por librarte de ese mal?„ Respondio Arra- 
xid: "|Mi reino entero!,, Entonces aHadio Abenasa- 
mak: "jOh Principe [p^g. 76] de los creyentes! ^Y 
estds tan ufano de poseer un reino que no vale lo 
que una evacuacion de orina ni lo que vale un 
sorbo de agua?„ Y tenia razon Abenasamak! 

243. Ademas, aunque fueses rey de todos los 
muslimes, ten en cuenta que el rey de! Sudan, que 
es un hombre negro, vil, ignorante, y que lleva al 
descubierto sus vergQenzas, domina una extension 
mayor que todo tu imperio. Y si me replicasesque 
tu lo poseesde derecho, te dire que no puedes invo- 
car tal derecho desde el momento en que abusas 
de el, haciendolo objeto de tu jactancia, que es un 

feo vicio. 

244, Si de tus riquezas estas orgulloso, para 

destruir en ti esta forma de la vanidad, que es la 
peer de todas, debes fijarte en los hombres abyec- 
tos y prostituidos que, sin embargo, son mds ricos 
que tu; por tanto, no debes ufanarte de una condi- 
cidn en que te superan gentes como esas. 

AdemSs, ten en cuenta que envanecerte de las 
riquezas es tonteria, puesto que ellas en si no son 
mis que unos trozos de metal que s61o te son 
litiles cuando te los quitas de encima para darlos 

en propiedad A otro* 

El dinero va y viene; es, pues, muy Mcil que lo 
pierdas y llegues A verlo en manos de otro, que 
quizA sea tu mismo enemigo. Necedad .es, pues, 
envanecerse de el, y engafiosa ilusidn poner en 61 
su confianza. 



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245. Si de tu belleza fisica te envaneces, refle- 
xiona acerca de los efectos que te acarrea, efectos 
tales, que nosotros hasta de afirmarlos nos aver- 
gomamos y a ti mismo te han de sonrojar cuan- 
do con la edad desaparezcan...; y con lo dicho 

basta (1), 

246. Si est^s ufano de los elogios de tus ami- 
gos, piensa en los desprecios de tus enemigos, y tu 
vanidad se disipard. Y si no tuvieres enemigos, es 
que no posees ninguna perfeccion, pues no hay 
condicion social [pag. 77] mAs rebajada que la del 
que carece de enemigos, ya que, si no los tiene, es 
porque no ha recibido de Dios dote alguna digna 
de ser envidiada. Y en el caso de que tus propios 
defectos te parezcan de poca monta, ponte en el 
caso de que las gentes todas se dieran cuenta de 
eilos y se hicieran piiblicos; verds entonces cdmo 
te ruborizas solo de pensarlo y reconoces iu propia 
imperfeccidn, si es que tienes un Atomo de discer- 
nimiento. 

247. Ten presente tambien que situ conocieras 
las leyes de la organizacidn de los temperamentos 
6 complexiones fisiol6gicas y como de estas se en- 
gendran los habitos 6 cualidades intelectuales y mo- 
rales en el alma, por virtud de las varias combina- 

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clones posibles de los elementos d cuerpos simples 
que integran el organismo corporeo, seguramente 
sacarlas de tal conocimiento la conclusion cierta de 
que en tus excelentes dotes personales no tienes tii 
parte aiguna: son un efec^^o gratuito de la generosi- 



(i) Aiude probablemente al vicio de la pederastia* 



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118 



dad de Dios (1); si £l hubiese otorgado d otras per- 

sonas esas mismas dotes, habrian sido tanto coma 

tii; si te hubiese abaadonado A tus propias fuerzas, 

habrias resultado incapaz de todo y hubieras pere- 

cido, 
Por conslguiente, en lugar de envanecerte de tus 

propias dotes, da gracias al que te las ha regalado 
y tiembla ante la idea de perderlas, pues las buenas 
prendas del espiritu se alteran con la enfermedad, 
con la pobreza, por el terror, por la ira, con ia edad 
decrepita. Y compadecete de tus projimos a quie- 
nes Dios ha negado lo que A ti te ha concedido. Y 
si Dios te privase luego de esas gracias que posees, 
no te rebeies contra El ni le contradigas, ni te por- 
tes como si creyeses tener parte en tus buenas pren- 
das d derecho a poseerlas, 6 como si supusieras no 
necesitar para nada de la proteccion divina. Si tal 
hicieres, perdido estds en esta y en la otra vida. 

248. Yo mismo me vi atacado por una grave 
enfermedad, la cual, despues, me produjo una hi- 
pertrofia del bazo, y esta hipertrofia engendrd en 
mi cardcter una tan grande melancolia, mal humor, 
impaciencia e irritabilidad, que a mi alma pediale 



(i) Esta expHcaci6n detcrminista del origen de las 
cualidades intelectuales y morales, como efectos cuasi 
fatales de la organizaci6n fisioldgica, tiene intima cone- 

■m 

xi6n con la doctrina psicologica de Abenhazam, segiin la 
cual, el alma iiumana es un cuerpo sutil, distinto real- 
mente del organismo, pero con todas las propiedades 
esenciales de la materia extensa. Cfr. Historia critka de 
las religiones^ V, 74-92, y principalmente 87-91. 



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cuenta yo mismo de aquella conducta mia, porque 
yo me resistia d creer que mi car^cter moral hubie- 
se cambiado y me extraflaba grandemente [p^g, 78] 
que mi temperamento fisiologico hubiese huido de 
mi, De aqui queyo tenga por cierto que el bazo es 
el drgano de la alegria, puesto que su trastorno en- 
gendra la afeccion contraria (1). 

249. Si de la nobleza de tu linaje te envaneces, 
tu vanidad ser^ todavia mas reprensible, porque 
eso de que te jactas es una cosa perfectamente 
inutil, que no te satisface necesidad alguna tempo- 
ral ni eterna, Y si no, mira si por vetitura es tu al- 
curnia capaz de saciarte el hambre 6 de cubrir lu 
desnudez 6 de aprovecharte en la otra vida! 

250, Despues de esto» observa cudntos son los 
hombres que participan de la misma nobleza de li- 
naje que tii, 6 quiza de nobleza m^s excelsa, por 
descender de los profetas 6 de los califas 6 de los 
compafieros de Mahoma 6 de los sabios de los prl- 
meros tiempos, 6 de los reyes de la Persia 6 de los 



([) Sabido es que aun hoy estdu mai definidas hs 
funciones iisiol^gicas del bazo; asi se explica que i los 
trastornos de esta viscera atribuya aqui Abenhazam, como 
d causa^ fenomenos que son sintoma de desarreglo de 
las vias digestivas y del higado especialmente. -wCuando el 
bazo se hipcrtrofia — dice Avicena en su Canon (Koning, 
Trois traith d*anatomie^ Leiden, 1903, pig, 720) — el 
cuerpo y el higado enfiaquecen y esto es muy perjudicial 

■ ■ 

al higado.* Este dato autobiografico, relaciotiado con 
otras confesiones coiisignadas mds arriba, explica la cau- 
sa de la acritad de Abenhazatn en sus pol<imicas y libros 
que se hizo proverbial en todo el mundo musulmdn. 




Cesares de Roma, 6 de los principes anteisldmicos 
de la Arabia feliz <5 de los demas reyes del islam; 
observa, digo, d los descendientes de todos estos y 
d los que se vanagloriarij como tii, de su noble al- 
curnia, y te encontraras con que la mayor parte de 
ellos son hombres tan viles de condicion como los 
perros, que han caido en la mds profunda abyec- 
cidn moral, encanallados, envilecidos, marcados 
con el estigma de Jas mas vituperables cualidades, 
Y asi, no te lisonjearas ya de una nobleza de ori- 
gen en que te igualan d superan gentes como esas, 
251- Es mis: mira bten, no sea que los antepa- 
sados dc tu familia, esos de que tan ufano te sien- 
tes, tuesen unos nialvados, bebedores de vino, so- 
domitas, 6 bien payasos ridfculos, bellacos y estii- 
pidos que pasasen los dlas de su vida ocupados en 
hacer enormes desprop6sitos 6 en cometer verda- 
deras iniquidades, dejando tras de si en el niundo 
triste niemoria de sus violencias y entuertos, ver- 
gonzosa huella de sus injusticias, que perpetiie & 
traves de los dias el oprobio de sus nombres y 
agrave el reato de sus culpas [pdg. 79] y la iniltil 
contricidn de sus almas en el dfa de la cuenta! Y 
en tai caso, el origen de que te glorias, lejos de 
ser motivo de vanidad, lo serd de confusion^ de 
vergiienza, de deshonra, de oprobio y de igno- 
minia. 

252. Ademds, aunque pudieras lisonjearte de 
haber sido engendrado de padres virtuosos, jcudn 
vacias estardn tus manos de la virtud de tus padres, 
si tii personalmentes no eres virtuoso! Y jcudn poco 
titiies para esta y para la otra vida te podrdn ser, si 






■ ^ 







^' 






121 



tu no eres buenol Todos los hombres son hijos de 
Adan, ^ quien Dies creo con sus propias manos, 
pusolo en su paraiso e hizo que ante el se postraran 
sus angeles; y, ^ pesar de todo, [cu^n poco util ha 
side este tan noble origen para los hombres, puesto 
que entre ellos tanto abundan ios viciosos, malva- 
dos e incredulos! 

253. Asi, pues, ciiando el hombre inteligente 
reflexiona y piensa en que la excelencia de sus pa- 
dres no le aproxima a Dios ni le proporciona pres- 
ligio 6 autoridad social » mientras el personalmente 
no se la procure con sus dotes y cualidades propias, 
ni tarnpoco le trae riquezas, (^que razdn habr^ para 
envanecerse de una cosa inutil? ^No serA acaso tan 
necio el que de ella se envanezca como el que se 
gloriara de la fortuna de su vecino 6 del prestigio 
de su prdjimo d del caballo ajeno, vencedor en las 
carreras, porque va aparcjado con Unas bridas 
suyas, 6 como aquel de quien el pueblo dice en 
sus refranes: "Gloriase e! imbecil del taiento de su 
padre?„ 

254. Si tu vanidad en esto del linaje y la alcur- 
nia te lleva hasta el extremo de alabarte d ti mismo, 
entonces yerras doblemente, ya que tu inteligencia 
es incapaz de resistii ^ !a ofuscacion de tu propia 
vanidad. Eso, si te alabas con razdn. Porque si no 
es verdad eso de que te alabas, ^que diremos en- 
tonces? 

255. Cuenta que Abenuh, Abuibrahim y Abu- 
lahab, tio del Profeta, eran parientes bien proximos 
del mds excelente de los hombres que Dios ha crea- 
do y eran de tan ilustre alcurnia jpig. 80], que de 



'^--. 



122 

ellos deriva loda la nobleza del islam; y sin embar- 
go, de ningiin provecho les sirvio (1), 

256. En catnbio ha habido hombres de bastardo 
linaje^ nacidos de unidn ilicita, que ban llegado, 
no obstante, ^ los m^s altos cargos de la politica, 
como Ziyad (2) y Abunic)slem (3), d a los mas su- 

(i) No me ha sido posible identificar la personalidad 
de estos dos parientes de Mahoma, Abenuh y Abuibra- 
him, en los repertorios biogrificos de que dispongo. En 
cuanto i Abuldhab Abdeloza, hijo de Abdelmot^lib, era 
tfo del Profeta y, por tanto, pertenecfa i la tribu de Co- 
raix, estirpe de que deriva la rads rancia y aristocrdtica 
nobieza del islam. Pero ni su prosapia ni sus riquezas le 
sirvieron de nada en este y en el otro mundoj porque^ 
enemigo mortal de su sobrino^ lejos de escucharsus pre- 
dicaciones, persisti6 en la idolatria y fud castigado por 
Dios con repentina € impcnitcnte muerte al querer aten- 
tar contra la vida del Profeta. Cfr, Alcordn, CXI, y Her- 
belot, Biblioihcque orientate, s, v., pdg. 22. 

(2) Abusofidn, padre del primer caUfa omeya, Moa- 
wla r, tuvo relaciones iHcitas con una mujer llamada 
Somaya, la cual di6 i luz k Ziyad, sin que Abusofiin lo 
reconociese jamds como hijo suyo, Por eso se le l!am6 
despectivamente Ziyad Benabihi (hijo de su padre). La 
ilegitimidad de su origen no le impidi6, sin embargo, 
conseguir un cargo politico tan importante como el do- 
ble emirato del Irac y de la Arabia, en cuyo desempeno 
di6 muestras de tal energia, tacto y equidad, que su go- 
bierno se hizo proverbial bajo el califato de Moawia \y 
su hermano de padre, que lo adopt6 jurfdicamente. Mu- 
ri6 en Cufa el afio n de la h^gira {672 de J. C). Cfr. Abe- 
nalatir, ChronUon, III, 369,73, 76, 411. Herbelot, ^;- 
bliotheque oruntahy s. v., pig, 921, 

(3) Abum6slem, apeilidado El He Jorasdn^ era tara- 



: 



-^. ■ 



^ - ■ 



V2d 



blitnes grados de la perfeccidn moral, aproximin- 
dose A Dios por su amor divino y per la imitacidn 
de las virtudes del Profeta, como lo fueron algunos 
cuyos nombres son para mi demasiado venerables 
para que vaya ^ citarlos 5 este proposito (1). 

257, Si de tu fuerza muscular te glorias, piensa 
en que la mula^ el asno y el buey son mis fuertes 
que tu y pueden soportar cargas mis pesadas, Y si 
de la ligereza de tus piernas le envaneces, sAbete que 
el perro y la liebre te superan en eso. Y es, en ver* 
dad, cosa que maravilla ver A los racionales envane- 
cerse de dotes en que los irracionales les superan t 

258. Todo el que se crea capaz de vanidad 6 
presuma que su alma es en algo mds excelente que 



b\6n de bastardo linaje como Ziyad. General bravo y en- 
tendidOj desempcn6 altos cargos poUtico-militares bajo 
la dinastfa dc los ultimos omcyas, Sieiido gobernador de 
Jorasdn, el ano 129 dc la h^gira (746 de J, C), rcuni6 en 
la ciudad de Meru A su ejdrcito 6 hizo proclamar ante e] 
pueblo, como califa, d Abulabis Asafah, primero de la 
dinastfa dc los abasies, Este pronunciamiento militar de 
Jorasdn fu6 seguido del dc las dcmds provincias del im- 
perio, decidiendo asf Abum6slem la cafda dc los omc- 
yas. El segundo califa abasf, Almansur, celoso del pres- 
tigio de Abum6slcm, que segufa descmpefiando et emi- 
rato de Jorasin, casi independiente, lo atrajo artcramcn- 
te i. su cone, donde lo hizo asesinar el aft:> 137 (754 
de J. C). Cfr. Abenalatir, op. cit., V, 280, 348. Herbe- 
lot, op. cit.> s. v., pdg. 26. 

(i) Alude, sin duda, coi esta discreta retlccncia, d 
algunos Santos ascetas cuya filiaci6n ilegftima era piibti- 
camente reconocida por todos. 



124 



las de sus prdjimos, vea de que paciencia es capaz 
al sentirse apenado de improvise por un disgusto 
cualquiera, por las hablillas de las gentes^ por un 
dolor fisico, por un tumor, por una desgracia. Si 
viere que su alma es capaz de poco sufrimlentOj 
sepa que todos los pobres y enfermos, como los 
leprosos que con paciencia sobrclievan su mal, son 
mucho mejores que el, ^ pesar de serle inferiores 
en entendimiento. Y si viere, por el contrario, que 
su alma es paciente, sepa que nunca liegard A serlo 
m^s que esos pobres lo son; sine que d lo ser^ me- 
nos 6 serd igual; m^s, nunca. 

259. Vea, despues de esto, cu^l es su conducta 
moral, si es justa d injusta, respecto de los benefi- 
cios que Dies le ha otorgado, riquezas, bienes in- 
muebles [pig. 81], propiedades, salud, honores. Y 
si encontrare que su alma ha sido mezquina en el 
cumplimiento "de los deberes que la gratitud para 
con su altisimo Bienhechor le impone y temblare 
de haber sido injusto para con El, sepa que los 
hombres A quienes Dios ha coimado de mayores 
beneficios que d el y que ademds son mis justos, 
agradecidosy rectos, tienen tambi6n mayor motivo 

para envanecerse, 

Mas si, por el contrario, advirtiere que su alma 
se siente impulsada A cumplir los deberes de la jus- 
ticia, sepa entonces que el hombre justo es absolu- 
tamente refractario A la vanidad, porque conoce 
muy bien cuAl es el valor real de ias cosas, en que 
estriba el m^rito de los hdbitos morales, i qu6 le 
obliga el deber de la justicia, cuil es el discreto 
t^rmino medio entre los extremes viciosos que la 



■^r- 



■ : 



■J. 



125 



cquidad implica; de donde infiere que, si tiene va- 
nidad, ya no es justo y equiUbrado, puesto que se 
inclina hacia el extreme del exceso vituperable. 

260. Has de saber tambien que la dureza y la 
violencia en el trato con Ids inferiores que Dios ha 
puesto bajo tu autoridad, como son los esclavos y 
lossiibditos, es un sintoma de alma mezquina* de 
pasiones bajas,.de inteligencia limitada; porque el 
hombre inteligente, magn^niiTio, capaz de nobles- 
ambiciones, no pone su enipeflo en subyugar, sino 
^ los que le igualan en energia y que son capaces 
de resistirle; maltratar A los que no pueden defen- 
derse es propio solo de caracteres degradados, de- 
almas mezquinas y arguye ademds impolencia y 
debilidad despreciables, pues el que asi obra es- 
como el que se gloria de matar un ratdn 6 de aplas- 
tar una pulga 6 de deshacer un piojo con los de- 
dos! Y con esto creo que basta para juzgar de su 

rebajamiento y villanla! 

261. Ten presente que es m^s diffcil domar las- 

almas que domar los leones; porque [pig. 82] una 
vez encerrados los leones dentro de las jaulas que 
los reyes hacen construir para ellos, ya estS uno- 
seguro contra los peligros de su ferocidad; en cam- 
bio, nunca hay seguridad contra la maldad del 
alma, aunque se la encarcele. 

262- La vanidad es como un tronco del cual 
nacen, & modo de ramas, elorgullo, la insolencia,. 
la soberbia, la arrogancia y la altaneria. Todos es- 
tos nombres expresan matices andlogos de una 
misma idea, y por eso es tan dificil distinguirlos- 
bien i la mayorla de los hombres. En general, la 



r 



126 



vanidad d jactancia implica una perfeccion 6 buena 
cUalidad que el vanidoso posee d que al exterior 
aparece en eL Asi, hay quien est^ infatuado de la 
ciencia que posee y trata por eso a Ids demds hom- 
' bres con un aire de enipaque y superioridad hu- 
millante. El que estd envanecido de sus buenas 
obras, se enaltece a si propio con altaneria. El que 
presume de que sus opiniones son- siempre muy 
aUnadas, combate las ajenas con insolencia. El que 
se gloria de su noble estirpe, trata a todo e! mundo 
con orgullo desdeftoso, EI que, en fin, alardea de 
su alta posici6n y honortficos cargos, es soberbio y 
arrogante con los dem^s. 

263. El grado infimo de la vanidad es aquel en 
que ves al vanidoso privarse hasta de reir en las 
ocasiones en que la risa est^ justificada, evitar los 
movimientos que no sean reposados y abstenerse de 
hablar siempre que no se trate de satisfacer alguria 
imperiosa necesidad de la vida, Claro es que esta 
clase de vanidad es menos grave que todas las ante- 
riores, pues si todo eso que hacen lo hiciesen por 
modestia, con el fin de limitarse A lo estrictamente 
necesario evitando todo genero de excesos, su con- 
ducta seria virtuosa y digna de loa; pero es que los 
que obran de esa manera lo hacen solo porque des- 
precian A los detnds y estan infatuados de si mismos, 
y asi ya merece [p^g. 83] vituperio su conducta, 
pues "los actos humanos toman su moralidad linica- 
mente de las intenciones y A todo hombre es impu- 
table aquello que el se ha propuesto como fin„ (1). 



I' 



(i) Esta sentenciaj tomada literalmente de un Aadis 






127 



264. Esta vanidad puede subir de punto cuando 

el vanidoso carece de la mas elemental discrecidn y 
del talento preciso para disimular hdbilmente los 
movitnientos de su propia vanidad; porque enton- 

ces no sabra reprimir sus gestos desdeftosos y des- 
preciativos, ni contener sus palabras altaneraso sus 
ademanes humillantes para con los demas, Tanto, 
que si su discrecion y talento son menoresaun, po- 
dra llegar su estupida vanidad hasta el colmo de 



f -»d 



6 tradici6ti de Mahoma, es un eco fiel de la doctrinamO' 
ral cristiana que pone en la intenci6n el altna de las obras, 
conforme al simil evang^lico de San Mateo (VI, 22, 23.) 
Analogo S este /ladiz es el siguiente: «La intenci6n del 
creyente es mejor que su obra.» 

Los moralistas musulmanes han discutido en todos sus 
aspectos este principio y su aicance en la vida espiritual, 
asi ordinaria como perfecta. La soluci6n que entre los 
ortodoxos ha sobrevivido i. tales disputas es la que AL 
gazel resume en su IMa, (IV 265, I. 12), en estos t^^r- 
minos: «EI dicho del Profeta *Los actos hutnanos toman 
su moralidad solamente de las intenciones» es aplica- 
ble i los actos obligatorios y i los actos Ifcitos, pero 
no i los ilicitos; porque el acto bueno, hecho para cum- 
plir la ley divina, se puede convertir en pecado, por la 
intenci6n; el acto meramente Ifcito se puede trocar tam- 
bien, por la intenci6n, en vlrtud 6 en pecado; en cam- 
bio, el pecado jam^s se torna virtud por la intencidn; sin 
embargo, tambi^n en el pecado infiuye la intenci6n del 
agente, pues si ^ste lo comete con varias intenciones 
malas, se multiplica su gravedad y malicia, segiin dijimos 
en el Li^ro de la penitencia (Ikfa, IV, 23).* Cfr. Ithaf de 
Said Mortada (X, 5), donde se discuten las varias inter- 
pretaciones de este princlpia 



128 



querer imponerse A todo el mundo por vias de he- 
cho, es decir, violentamente, sin detenerse ante la 
ofensa, la arbitrariedad^ la injusticia y aun la cruel- 
dad, exigietido por la fuerza que todos se sometan 
A el y se le humillen, si esto le es posibie; y cuando 
no pueda, se limitard d vanagloriarse de palabra, 
hablando despectivamente de los denies con toda 
clase de mofas y burlas. 

265. Existe tambien una vanidad sin motivo, 
sin que el sujeto posea cualidad alguna de que en- 
vanecerse. Esta vanidad, la mds extrafia de todas, 
recibe entre nuestro vulgo el nombre de tamd- 
troc (1), y se observa sobre todo en las mujeres y 



■ 3 



(i) "s-t^^^'vfr^M U;Ct ^i:-^^"i * 5*-j*j' &I editor egipcio 

ha vocalizado la palabra tal como la transcribimos en eJ 
texto. Segdn dice Abenhazam, no es palabra de la len- 
gua literaria, sino Iocuci6n vulgar en la Espana musul- 
mana. Con el romance castellano no veo que pueda re- 
lacionarse. Sospechando si derivaria de algdn dlalecto 
berberisco, consults al Sr. R. Basset, el cual opina nega- 
tivatnente. Dentro de la lengua drabe vulgar cabrfa supo- 
ner que se hubiese formado uyi nombre verbal de la for- 



ma IL cuadrilltera ^JJ^l^^'s, derivada del participio pa- 



sivo -wl^j^A^ del verbo oJ^3; ese participio significa. 
aisladoy despreciado^ ohldado, de quien nadie se intere- 
sa, etc. Cfr. Dozy, Supplement, s. v,, I, 145 b. 

Invita i que hagamos esta hipdtesis el fentSmeno si- 
guiente, observado por nuestro maestro Sr. Ribera, en- 
la lengua drabe vulgar de la Espaiia musulmana: la ten- 
dencia A derivar verbos cuadriliteros de nombres de rafe 
trilftera con el prefijo wm, que se advierte en el Voca- 
bnlarlo de Alcald y que Dozy incorpora en su Siipph- 









i2y 



tambien en aquellos honibres que tienen mentalidad 
femenina. Es la admiracidn que de si mismo siente 
cabalmente quien carece en absolute detoda cuali- 
dad 6 condicion buena; no tiene sabiduria^ ni va- 
lor, ni alta posicion social, ni noble alcurnia, niior- 
tuna de que enorgullecerse. 

El, ademds, sabe perfectamente que est^ vacio de 
todas esas perfecciones, pues acerca de ellas no 
cabe que se haga ilusiones quien, como el, merece 
ser apedreado por lo infimo de su condici6n; cabe, 
SI, que se haga tales ilusiones el que posea alguna 
cualidad de esas, aunque sea en la proporcion m5s 



ment. He aqui algunos: De ^=^y columpto, ^=^ ^*^ co- 



lumpiarse; deA?j.=i^'*toda clasededeleite sensual, (ji=^ 



** - ^ *- ft n 



deleitarse en ssos piaceres; de a »dr"*^ mascara, »^v„„.> 

burlarse; de ^►-••^ almojarife, ^^ i^^j echdrselas de 

tal; de .iJa» mina, i-^^J beneficiar la mina; de .>«- 

embrujado por el mal de ojo, r*<^ fascinar, embrujar; 

de ii^J-=i-U stultttia ex infirmitate, segdn Alcald, defor- 

inaci6n quizd del griego melancoUa, ^:i-t.^j atontarse; 

de .^y\^ desvergonzado, pederasta, sodomita, ^^^-iV des- 

vergonzarse. Comparese, en confirmaci6nj el pasaje de 
Adabi (BibL arab.-hlsp,, III, pig. 30"^, L I3)> en que Al- 
manzor consulta d un famoso lexic61ogo y gramdtico 
oriental, que asistia i su tertulia en palaclo, sobre el sen- 

tido de la voz tamdfcol ( Ji' fr*j), vulgar quizd en Cdrdo- 
ba, para poner d prueba la desaprensi6n del literate y 
para dar motivo i sus salidas de ingenio burlesco. El in- 
terrogado contesta dogmiticamente que ese verbo signi- 
fica en la lengua cidsica embQzarse\ pero reatmente no 
existe en los diccionarios. 



130 



insignificante; porque si se trata de un hombre alga 
mentecato, ya es f^cil que se crea haber llegado al 
colmo de dicha cuaUdad; asi, por ejemplo, si es 
algo erudito, cabe que se ilusione creyendose un 
sabio eminente; si cuenla entre sus ascendientes 
[pdg. 84] algiin tiranuelo de menor cuantia que ni 
siquiera fue grande por sus injusticias, lo veras mds 
infatuado de su prosapia que si descendiese de los 
propios Faraones, duefios y seftores del universo 
inundo; si es hombre algo bravo, se creer^ ya ca- 
paz de derrotar a Ali, de apresar a Azzabiry de dar 
muerte A J^lid (1); si goza de un atomo de fama, 
aunque sea por motives poco nobles, ya se tiene ^ 
menos de compararse hasta con Alejandro Magno; 
si gana para vivir un sueldo inferior al redito de 
cualquier capitaliilo mezquino, ya se jacta de sti 
posicion m^s que si hubiera logrado llegar hasta los 

cuernos del sol. 
Pero repito que de estos vanos no hay que admi- 



(i) Alt es el yerno de Mahoma, cuya personalidad es 
bten conocida. Su nombre se cita siempre como proto- 
tipo del valor caballeresco y guerrero, Por el mismo ti- 
tulo cita aquf Abenhazam d los otros dos personajes. Az- 
zabir, hijo de Bata, de la tribu de Coraita, fu^ un esfor- 
zado capitdn que se distingui6 en !as luchas civiles entre 
su tribu y la de Jazrach, antes del islam, y en las prime- 
ras guerras isldmicas, especialmente en la expedicidn de 
Jaibar (Cfr. Chronicon de Abenalatir, I, 5 1 1 , y II, 167). ]i- 
lid es el valiente general de la Meca que gan6 contra Ma- 
homa y los medineses la batalla de Ohod y que, despu^s 
de convertirse al islam, mcreci6 por sus conquistas el tf- 
tulo de Espada de Dios. 



^■:^= 



- 13L 



rarse, aunque sean realmente vanos; de quien hay 
-que admirarse es del que es vano careciendo en ab- 
solute de toda cualidad estimable, del que no tiene 
ni ciencia, ni noble alcurnia, ni fortuna, ni posicidn 
social, ni bravura; es m^s: se le ve siempre someti- 
do d tutela, viviendo bajo la protecci6n desus prd- 
jimos, aun de los que gozan de la mds infima posi- 
cion social; el, per otra parte, sabe muy bien que 
est^ vacio de todas aquellas cualidades, que la suer- 
te no le ha favorecido con ninguna de ellas; pero, 
todo esto no obstante, andasiempre Ileno de vano 
y necio orguUo, 

266. A veces he intenlado yo interrogar A algu- 
no de estos, con amabihdad y dulzura, para ver de 
averiguar el motivo de la soberbia hinchazdn de su 
-espiritu y de! desprecio en que tienen ^ ios dem^s; 
pero nunca he podido sacar en limpio mas que es^a 
escueta respuesta: "jYo soy iibre; no soy esclavo de 
nadie!,, 

"jPero — le he objetado — si la mayor parte de las 
personas que ves per ahi participan de esa misma 
-excelencia que tii posees! Todos son tan libres 
como tu, excepto unos cuantos, los esclavos, los 
■cuales cabalmente gozan de m^s medios de fortuna 
que tu y de posicic5n m^s desahogada.„ 

A esta observacidn no he podido nunca conse- 
■guir que respondiesen ni una palabra mis, 

267- He vuelto otras muchas veces A estudiar y 
•observar atentaraente la psicologia de estos vanos; 
he reflexionado sobre [pdg. 85] ello alios enteros 
para inquirir cual fuese la causa determinante de 
■esa vanidad sin causa; no he cesado de escudriflar 



— 132 

en los mAs intimos repliegues de sus almas, procii- 
rando inferir de sus palabras sus sentimientos y pro- 
pdsitos, y al fin he acabado por convencerme de 
que todo estriba en que ellos suponen y presumea 
poseer un tan grande caudal de entendimiento, ua 
talento y perspicacia innata tales, que si hubiesea 
lenido tiempo para cultivarlos habrian seguramen- 
te prosperado en su carrera, llegando hasta d esca- 
lar los mSs altos puestos de la republica y haciendo- 
brillar su superioridad sobre todos sus conciudada- 
nos; y que si hubiesen dispuesto de un capital cual- 
quiera, habrianlo negociado admirablemente hasta. 
hacerse ricos. De aqui arranca todo el orgullo, de 

r 

aqui nace toda !a vanidad que sienten. 

268. Y en es'e punto surge un tema que se 
presta maravillosamente ^ la disputa y d la discu- 
sidn, y es: que de todas las cualidades buenas so- 
lamente con el entendimiento y el talento se da el 
peregrino fenomeno de que, cuanto mas falto de 
tales dotes estd el hombre, mas firmemente se con- 
Vence de poseerlas por compJeto, mds cierto esti 
de haber llegado d la meta de la perfeccion intelec- 
tual; tanto es asi, que con frecuencia ver^s al loco- 
frenfitico y al borracho m^s brutal burlarse del que- 
esti sano como de un ser inferior; veras tambien 
ai hombre necio y estulto reirse de los filosofos y 

de los mds ilustres sabios; A ninos pequefiuelos, ha- 

cer chacota de las personas mayores; A hombres sin 
pudor, desvergonzados, bandidos, de la hez del po- 
pulacho, despreciar d los varones mAs respetables y 
discretos; d mujeres imbeciles, poner en tela de 
juicio los talentos y las opiniones de los mas auto- 












133 



. £ 



Tizados personajes. En suma: cuanto mas imperfec- 
to es un entendimiento, m^s y mejor presume su 
propietario de que el es el mis talentudo de los 
hombres, el mds intelectual y discreto. 

Ahora bien; nada de esto ocurre con las demSs 
■cualidades buenas: el que de ellas esti falto en ab- 
solute, sabe muy bien que de ellas carece [pig. 86]- 
Tan solo se deja penetrar por la ilusion de la vani- 
dad aquel que de tales dotes posee alguna pequefia 
porcidn, aunque sea minima, porque con eso le 
bastara, si es hombre mentecato, para presumir ya 
de haber llegado al colmo en aquella dote de la 
cuai solo una parte minima posee. 

269. La medicina para curat i estos. vanos esla 
indigencia y la obscuridad: no hay pocima que les 
sea mis eficaz para la salud. Si tal medicina no se 
les administra, la dolencia que padecen se tiene que 

agravar extraordinariamente, y las molestias que i 
sus projimos les producen serin cada vez mis in- 
soportables, porque los encontraris cada yez mis 
murmuradores censurando los defectos de sus pro- 
jimos, maldicientes y denigradores del honor ajeno, 
ridiculizando a todo y a todos, abominando siem- 
pre de cuanto signifique juicio exacto y discreto de 
las cosas y propendiendo a la exageracidn y i la 
Jiiperbole. Esto, si no les da por anadir i la male- 
dicencia el insulto inj arioso <5 la broma de mal g6- 
nero, 6 lo que es peor, liarse i bofetadas y i gol- 
pes por el motivo mis insignificante* 

270. A las veces, el vicio de la vanidad vive 
latente en el coraz6n del hombre, hasla que este 
Jlega i poseer un capitalillo, por mezquino que sea, 



134 



6 k ocupar una posicidn social modestisima, Desde 
ese momento, ya la vanidad sale a la superficie, sia 
que la razdn sea capaz de reprimiria y ocuUarla. 

27 L Pero lo m^s gracioso que he visto en ma- 
teria de vanidad es la de algunos imbeciles que no 
pueden guardar oculta la pasidn que les domina, el 
amor que sienten hacia su hijo pequeftuelo 6 hacia. 
su esposa, y se dedican a ponderar publicamente 
sus dotes de inteligencia, en medio de las tertulias- 
de sus amigos, Uegando hasta decir: "Es mas inte- 
Jigente que yo; yo me considero muy feliz siguien- 
do sus consejos.„ Y cuando un imbecil de estos se 
pone A elogiar la belleza, la bondad y el car^cter 
de su mujer, con tanta pasion lo hace, queni aun 
en el momento solemne de pedirla en matrimonio- 
usaria de los terminos y calificativos de que se sirve 
entonces; s61o para despertar la concupiscencia en 
el ^nimo de los que le escuchan! En verdad que 
el que asi obra es un mentecato, de flaco entendi- 
miento, incapaz de sentir vanidad de si propio! 

272, Guardate de alabarte A ti mismo, porque- 
los que te oigan no te creer^n, aunque [pdg, 87] te- 
alabes con razon, sino que consideraran como una 
de tus principales defectos las alabanzas mismas- 
que te hayan oido, 

273. Gudrdate tambien de alabar ^ alguien en. 

su cara; esa accidn es propia de gente aduladora y 
de almas rastreras. 

274* Guardate de vituperar la conducta de al- 
guien, delante 6 detris de el; porque bastante tarea 
tienes con ocuparte en curar tu propia alma. 

275. Guardate de hacerte el pobre ante las gen- 



. 'm 



135 



teSj porque solo conseguir^s una de tres cosas: 6 
que los que oyeren tus lamentaciones te traten de 
embustero; 6 que te desprecien como cosa vil (en 
lo cual nada vas ganando como no sea el pecado 
de ingratitud contra los beneficios que Dios te ha 
otorgado); 6 que te envien con tus lamentaciones 
A quien no se compadezca de ti, 

276. Gu^rdate de echartelas de rico, pues con 
ello solo conseguir^s provocar la codicia de los que 

te oigan, 

277- Limitate d dar gracias a Dios por tus ri- 
quezas y d confesar ante su divina presencia, que 
solo de El necesitas y que puedes tnuy bien pasar- 
te sin ninguna de las cosas que no son El; asi con- 
seguiris dos fines: las gentes te tendr^n por persona 
bien acomodada y estards libre de la codicia de tus 

projimos. 

278. Es hombre inteligente el que jam^s se 

aparta de la linea de conducta que su propia dis- 
crecidn le dicta e impone. 

279. El que con sus palabras hace que las gen- 
tes codicien su fortuna, solo consigue una de estas 
dos cosas: 6 tiene que derrocharla en obsequio de 
ellos (y eso de nada le sirve A el personalmente), 6 
tiene que negarse ^ obsequiarles, con lo cual ad- 
quiere fama de avaro y todos se enemislan con eh 
Asi pues, cuando quieras obsequiar A alguien con 
algun regalo, hazlo espontineamente antes de que 
te lo pida. Esto es mas generoso, mis magndmmQ 

y mas loable. 

280. He aqui uno de los casos mas singulares 
que se observan en materia de envidia. Un hombre 



136 



eminente en una ciencia cualquiera sienta por pri- 
mera vez una tesis originalisima y peregrina. El en- 
vidioso que lo escucha, exclama; "jEso es una ne- 
cedad que d nadie se le ha ocurrido sostener hasta 
ahora!„ [pag. 88], Mas tarde, otra persona demues- 
tra aquella misma tesis con los argumentos del que 
la mvent6, y el envidioso exclama: ";Eso es una 
necedad, que ha side ya sostenida antes de ahoral„ 
Esta pesima taifa de envidiosos han sentado los 
reales de su holgazaneria en medio del camino de 
la ciencia, a fin de auyentar a lasgentesque corren 
en pos de ella y acrecentar asi la turbamulta de los 
necios ci que ellospertenecen. 

281, Al hombre recto, de bien poco le sirve su 
rectitud para que el malvado le tenga en buen con- 
cepto. Al reves: lo considera de tan perversas in- 
clinaciones como eh 

Yo he tratado A muchas gentes de depravados 
instintos, y he visto que en sus disoiutas concien- 
cias estaba grabada la conviccion intima de que to- 
dos los hombres eran de su misma naturaleza e in- 
dole; no podian conceder jamas que algiin hombre 
estuviese exento, en manera alguna, de sus perver- 
SOS h^bitos. 

Este modo de juzgar implica una degradacidn 
pesima de la conciencia moral, una aberracion com- 
pleta de todo lo que significa bondad y virtud. El 
que asi juzga, ya puede desesperar de todo auxilio 
humano para su curacidn moraU Solo Dies es ca- 
paz de salvarlo con su gracia. 

282. La justicia es una plaza fuerte a cuyo refu- 
gio se.acoge todo el que teme algiin dafto, Lo mis- 



;:■ 



V 



.^ 



V 



157 



mo el hombre injusto que el inocente, cuando ven 
que alguien quiere inferirles algun dafio injusto, 
invocan en su apoyo los fueros de la justicia y re- 
prueban la injusticia y la vituperan. No verds> en 
cambio, a nadie que vitupere la justicia. Solo el 
hombre en quien la virtud de la justicia sea como 
un instinto natural, puede morar en ese castillo 
fuerte como su legitimo duefio. 

283. El desden en el trato social es una de las 
especies de la deslealtad, porque si bien es cierto 
que puede ser perfido contigo alguien que no te 
trate con desden, en cambio todo el que te desde- 
fla es hombre que te falta en aquello ^ que por jus- 
ticia tienes derecho. Por eso, todo hombre desde- 
Hoso es perfido y desleal, aunque no todo hombre 

desleal sea desdeiloso, 

284. EI desden hacia las cosas del prdjimo [p^- 
gina 89] es sintoma de desden hacia su dueflo. 

285. En dos situaciones estd bien lo que en 
cualesquiera otras estd mal: al reprender d alguien 
porun daflo que nos haya hecho, y al presentar 
nuestras excusas por un daflo que hayamos inferi- 
do. En ambas situaciones estd bien el echar en cara 
los favores y traer a colacion los beneficios, que es 
la cosa mas tea en toda otra ocasion. 

286. Al que por instinto <5 car^pter se siente in- 
clinado i cometer acciones torpes, aunque estas ac- 
clones scan las m^s abominables y villanas, no se 
le debe tener por hombre vicioso, mientras el no 
manifieste al exterior aquella inclinacidn natural, 
mediante palabras li obras. Hasta es casi m^s dig- 
no de loa, que el hombre cuyo instinto 6 carActer 



V 



157 



mo el hombre injusto que el inocente, cuando ven 
que alguien quiere inferirles algun dafio injusto, 
invocan en su apoyo los fueros de la justicia y re- 
prueban la injusticia y la vituperan. No verds> en 
cambio, a nadie que vitupere la justicia. Solo el 
hombre en quien la virtud de la justicia sea como 
un instinto natural, puede morar en ese castillo 
fuerte como su legitimo duefio. 

283. El desden en el trato social es una de las 
especies de la deslealtad, porque si bien es cierto 
que puede ser perfido contigo alguien que no te 
trate con desden, en cambio todo el que te desde- 
fla es hombre que te falta en aquello ^ que por jus- 
ticia tienes derecho. Por eso, todo hombre desde- 
Hoso es perfido y desleal, aunque no todo hombre 

desleal sea desdeiloso, 

284. EI desden hacia las cosas del prdjimo [p^- 
gina 89] es sintoma de desden hacia su dueflo. 

285. En dos situaciones estd bien lo que en 
cualesquiera otras estd mal: al reprender d alguien 
porun daflo que nos haya hecho, y al presentar 
nuestras excusas por un daflo que hayamos inferi- 
do. En ambas situaciones estd bien el echar en cara 
los favores y traer a colacion los beneficios, que es 
la cosa mas tea en toda otra ocasion. 

286. Al que por instinto <5 car^pter se siente in- 
clinado i cometer acciones torpes, aunque estas ac- 
clones scan las m^s abominables y villanas, no se 
le debe tener por hombre vicioso, mientras el no 
manifieste al exterior aquella inclinacidn natural, 
mediante palabras li obras. Hasta es casi m^s dig- 
no de loa, que el hombre cuyo instinto 6 carActer 



5 



le inclina 5 la virtud, Y esto, porque no se domina 
un car^cter naturalmente vicioso, sino gracias al es- 
fuerzo de una razdn recta y virtuosa. 

287. Lainfideiidad conyugal es mas grave que 

un asesinato A tmicidn, 

288. Para el hombre pundonoroso vale mds el 
honor que las riquezas. El hombre pundonoroso 
ha de defender su cuerpo, d costa de sus riquezas; 
su vida, ^ costa de su cuerpo; su honor, A costa 
de su vida; su religion, A costa de su honor; pero» 
k costa de su religion, no debe defender cosa al- 

guna* 

289. La traicidn contra e! honor del projimo se 

tiene por menos grave que el fraude contra sus ri- 
quezas. Y la prueba de ello es que apenas si se en- 
cuentra hombre alguno, por honrado que sea, que 
no lesione alginia vez al projimo en su honor, aun- 
que sea levisimamente; en cambio, toda perfidia 6 
fraude contra el caudal ajeno, sea en cantidad gran- 
de 6 exigua, solo es capaz de cometerlo el hombre 

malvado' y desleal. 

290. La conjetura 6 induccidn, fundada en me- 
ros indicios acerca de las cualidades morales de los 
hombres, sufre equivocacidn en la mayoria de los 
casos [piig. 90] y lo mis probable es que resulte in- 
litily vana. Per eso no es licito empJear un crite- 
rio tan falible para dilucidar los problemas de la 
religidn (1). 



. L 



(i) Alusion d las escuelas jurfdicO'teol^gicas que 
aceptaban el razonamiento de inducci6n anai<!igica 
(^^UiiJl), considerado como iinitil y falible por la escue- 



■Zf 



139 



291. El hombre que somete ciegamente su en- 
tendimiento i la autoridad de otro, estd muy satis- 
fecho de haber traicionado k su propia raz6n; y en 
cambio es f^cil que considere como cosa muy gra- 
ve el sufrir un error perjudicial para sus intereses. 
En ambos casos yerra (1). 

292. Solo se indigna y tiene por cosa grave 
el error en sus intereses, el hombre de carActer 
envilecido, de corazon mezquino, de alma reba- 

jada, 

293. El que no posea un conocimiento exacto y 
explicito de la esencia de las virtudes» tenga la se- 
guridad de que no (tnavA si se limita A cumplir los 
preceptos de Dies y del Profeta, pues en ellos se ci- 
fran todas las virtudes moraies. 

294. La precaucion para evitar un peligro es, A 
menudo, causa de caer en el. El exagerado empe- 
ilo en guardar bien oculto un secrete, es, muchas 
veces, causa de su divulgacidn. El hacer como que 
no se mira, denuncia mas elocuentemente las sos- 
pechas que se abrigan, que el mirar con insistencia. 
Y la raiz de lodo esto estriba en la exageraci<5n, 
que se sale de la justa medida. 

295. La virtud estii entre el exceso y el defecto. 
Los extremes son vituperables; la virtud, que esti 
en medio de ambos, es laudable. Se excepttia el 



]a ta^ir'i profesada por Abenhazam. Cfr. supra, § 4^ y 
230, Item, nisioria criiica di las religiones, 1. 82; 11, 

\i6, I2i» 122, 126, 143, I47» M9, 156. 15S. IS9, 175^ 

(1) Sigue aludiendo al criterio de autoridad (AiliS) ca 
j^ue se inspiraban los jujistas de la escuela maliqul* 



140 



entendimiento, en el cual no cabe vicio por ex- 
ceso (1). 

296. Es mejor errar por firmeza en el proposito 
que por flaqueza en la resolucion. 

297. Una de las cosas que mas maravillan es el 
ver que todo el mundo ama las virtudes, pero A to- 
dos se les hacen penosas; en cambio, todos abomi- 
nan del vicio, pero )es parece cosa leve el prac- 
ticarlo, 

298. El que quiera obrar con equidadj que se 
ponga mentalmente en ei lugar de su adversario, e 
inmediatamente aparecer^ ante sus ojos [p^g. 91] la 
injusticia de su pjopia conducta* 

299. El tino y la prevision en los negocios de 
la vida consisten esencialmente en saber distinguir 

al amigo del enemigo. La torpe2ay el descuido es- 
triban en no acertar a distinguir al enemigo del 
amigo. 

300. No entregues a tu enemigo en jnanos de 
un opresor injusto, ni le vejes injustamente. Trdta- 
lo exactamente igual que i tu amigo, en este respec- 
to, Perogudrdate bien de el, y, sobre todo, ni in- 
times con el ni le des muestras de alta estimacion, 
porque esta conducta es propia de bobos. El que 
otorga S su amigo y ^ su enemigo la misma intimi- 
dad y estimacion, no haria m^s para conseguir que 



(i) Esta tests de: Abenhazam es transcripcidn ^xacta 
de la doctrina de Arist6£e!e5 (vj •'/ps^rj h pootrjit: in medio 
virtus) acerca de las virtudes morales y de la virtud in- 
telectual (fp^v7]qjn;). Cfr. Ritter, Hlstoire de la pkilosopkie 
ancienne^ tomo III, pdgs. 277-287. Cfn supra, § 190. 



.- 




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-Vli"--" 



141 

las gentes todas abominasen de su carifio y para 
que les tuviera sin cuidado su enemistad; ni haria 
mis tampoco para conseguir que su enemigo le 
desprecie y le haga m^s cdmodamente la guerra, y 
para que su amigo rompa el compromiso de amis- 
tad que con. el tiene contraido y se pase al bando 

de SU5 enemigos. 
301 . El colmo de la bondad consiste en obrar 

de tal modo, que tu enemigo este libre de tus in- 

justicias y de que t\\ le abandones 5 las manos de 

unopresor injusto. Pero (^tratarlo con intimidad y 

confianza? Ese es unoMe los rasgos caracteristicos 

del necio, cuya ruLna es casi segura. 

302» El colmo de la maldad estriba en que tu 
amigo tenga que Ubrarse de tus injusticias. Negar 
al amigo la intimidad y la confianza, es sintoma de 
falta de inteligencia; de quien as! obra, puede ase- 
gurarse que estd escrita su perdicion, 

303. No consiste la magnanimidad en intimar 
con los enemigos, sino en vivir con ellos en paz, 
pero guarddndose de ellos con cautela* 

304* jCu^ntoshombres hemosvistogloriarse de 

su caudalosa fortuna, y cuya jactancia ha side la 
causa de su ruina! Gudrdate de este vicio que s<31o 
puede acarrearte dailo sin utilidad alguna- jCu^ntos 
hemos visto con nuestros propios ojos perecer victi- 
mas de sus mismas paiabras! En cambio, jamAs he- 
mos visto ni oido decir que [pag. 92] S alguien le 
haya perdido su propio siJencio. No hables, pues, 
sino aquello que sepas te haya de aproximar S tu 
Criador, y si temes a algun opresor injusto, collate. 
305. Cuando veas que una cosa te es posible. 



H2 — 

no dejes de realizarla; de lo contrario, pasar^ la 
ocasion y ya no te sera posible, 

306. Muchas son las pruebas a que el hombre 

■ 

se ve sometido en este mundo por los reveses de la 
fortuna; pero de todas ellas la mas grave es la que 
le sobreviene por la convivencia con los individuos 
de su misma especie, con los hombres. El dano que 
el hombre recibe de los hombres es mds grave que 
el que recibe de las fieras rabiosas y de las viboras 
daninas, porque de este peligro cabe guardarse; 
pero del peligro humano, es imposible de todo 
punto. 

307. El vicio dominante en la humanidad es la 
hipocresia; y lo admirable es que, A pesar de eso, 
los hombres no toleran sino ^ aquel que con hipo- 
cresia lesengafla. 

308. Si alguien dijere que en las pasiones 6 sen- 
timientos existe algo asi como cierta esfericldad^ 
puesto que los extremos de las pasiones contrarias 
se tocan, no estaria muy lejos de la verdad. Encon- 
tramos, en efecto, que los resultados de las pasio- 
nes opuestas son iguales entre si. Vemos al hombre 
llorar de alegria y de tristeza. Vemos "tambien que 
el exceso del amor coincide con el exceso del odio, 
en que ambos hacen cometer una serie de-lropie- 
zos, que son causa de la ruptura, por falta de pa- 
ciencia y de discreci6n. 

309. El que este dominado por una pasidn 6 
inclinacidn natural cualquiera, aunque extreme las 
precauciones y aunque haga propdsitos firmisimos, 
caerd por tierra, tan pronto como se vea tentado en 
aquella materia. 



% 



143 



310. [P^g. 93.] El hacer k un individuo objeto 
continuo de nuestras sospechas, le ensefta d mentir, 
porque continuamente necesita de la mentira para 
defenderse de las sospechas de que es objeto; y asi 
se va acostumbrando a mentir y a no darle impor- 

tancia A este vicio. 

31 1. Con+rael hombre veraz per temperamen- 
to, el testigo m^s fidedigno es su rostro, porque si 
incurre en alguna mentira 6 tan solo si pasa per sus 
mientes, en seguida aparecer^ sobre su cara algo 
que inspirard sospechas de su veracidad. 

312. Contra el hombre embustero por tempera- 
mento, el testigo mas fidedigno es su lengua, por 
el desconcierto y contradiccion mutua de sus mis- 

nlas palabras. 

313. La deslealtad del amigo que creias fiel, es 

un golpe mas sensible que su misma muerte. 

314. Las gentes mds severas para condenar de 
palabra los vicios, son cabalmente las m^s fdciles 
para cometerlos. Este contraste se ve bien claro en 
las injurias que se dicen al reilir las gentes obsce- 
nas y en los insultos que mutuamente se prodigan 
las mujeres y los hombres degradados hasta la m^s 
depravada abyeccion en los oficios mis s6rdidos e 
innobles, como son los que se ganan la vida tocan- 
do y cantando, los barrenderos de las letrinas, los 
que trabajan en los mataderos, los que viven en 
esas casas de pandilla dedicadas d la p6blica ofer- 
ta de los concubinatos por alquiler (1) y los pa- 

Con esta perifrasis euf^mica parece designar Abenhazam 



144 



lafreneros 6 mozos de mulas, Toda esta raiea de 
gentes son las que m^s agriamente se injurian, lan- 
z^ndose unos A otros los mSs graves denuestos y 
las acusaciones de las peores torpezas; pero tam- 
bien son los que mas encenagados viven en esos 
mismos vicios de que se acusan y los que con m^s 
avidez los buscan, 

3)5. El mis negro rencor se disipa con el tra- 
to frecuente. Parece como si la mirada de los ojos 
fuese un b^lsamo que curase las heridas del cora- 
zdn* Ni creas tampoco que te vaya a perjudicar el 
que, por esa causa, se encuentre tu aniigo con tu 
enemigo, pueseste encuentro entibiard seguramen- 
te la animadversion que te tenga [p^g. 94]. 

316. Lascosas m^s duras de sufrirpara el hom- 
bre son el miedo, el cuidado, la enfermedad y la 
pobrexa* Y de todas ellas, la mis temible y doloro- 
sa para el alma es el cuidado 6 la preocupacidn por 
la p^rdida de lo que ama y por el advenimiento de 
lo que aboniina; despues, la enfermedad; luego, el 
miedo; por fin, la pobreza. Y la prueba de elfo es 
que la pobreza se desea que venga pronto, A fin de 
ahuyentar con ella el miedo; por eso llega el hom- 
bre d gastar toda su fortuna para estar seguro con- 
tra los peligros que teme* Igualmenle se desea que 
vengan pronto el miedo y la pobreza, si con am- 
bos se puede evitar el dolor de la enfermedad; por 
eso, cuando el hombre se cree en peligro de muer- 



las casas de prostitucidn pdblicBj cuya existencia ea la 
Espafia musulmana no consta, que yu sepa, por otro tes- 
timonlo. 



1 



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145 — 



te, llega hasta exponerse A mil peiigros por buscar 
la salud, y daria gustoso todo su caudal, si con B 
pudiese curarse y sanar por complete . Finalmente, 
el miedo es cosa de may poca monta, si con el se 
puede evitar la preocupacidn; per eso el hombre 
llega hasta exponeV su vida, para arrancar de su 
alma la preocupacidn que ie abruma. La rnds mo- 
lesta de todas las enfermedades es la que implica 
un dolor fijo en uno cualquiera de los miembros. 

317. De todas las cosas que al hombre angus- 
tian, la m^s terrible para las almas nobles cs cabal- 
mente aquella que menos temor inspira ^ las almas 
abyectas y viles (I). 

318. He aqui algo de lo que yo he dicho sobre 
ios h^bitos morales: 

Es un simple cimiento 
La inteligencia humana, 
Sobre el cual lasvirtudes 
Como fuertes murallas se levantan. 
La ciencia es el ornato 
Que d la raz<5n decora y engalana; 
Sin eIJa, es tan esteril 
Cual la tierra baldfa, yerma y iirida. 
El necio es como el ciego: 
Anda, pero no ve por ddnde anda. 
Sdlo con la justicia 
Se completa la ciencia y serealza: 
La ciencia sin justicia 
Esoropel, esilusidn, es trampa. 
La generosidad es cual la brida 
Que modera y encauza 
De la estricta justicia las sentencias: 



(i) Alude, sin duda, al pecado. 



10 



E - 

I: 



146 



Si ella no pone tasa, 

La justicia se torna en tirania. 

A su vez, el apoyo en que descansa 

La generosidad, eslaenergia, 

La grandeza del alma: 

Al corazon cobarde, las pasiones 

Lo extravian y engaflan [p^g^ 95]. 

Se continentey casto, si los celos 

Te atormentan el alma: 

Nunca jamds fue adultero el celoso. 

La fortalezaj en fin, es la que acaba 

La perfeccion de todas las virtudes. 

La palabra divina, 

Luz de toda verdad, limpida y clara, 

Fue regla de conducta del Profeta, 

Modelo de virtudes las mas altas, 

Y a su calofj los germcnes fecundos 

Del bien moral brotaron en las almas (1). 



I 

i 

I 

I 

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J 
I 



(l) A continuaci6n inserta.otro fragmento brevisimo 
de otra de sus poesfas gndmicas sobre las virtudes. He 
aquf su versi6n en prosa: «El catdlogo 6 registro de to- 
das las virtudes cardinales es estc: justicia, inteiigencia, 
generosidad y valor. Todas las otras virtudes se compo- 
nen de estos cuatro elementos. El que las posee es cabe* j 

za entre los hombres. En esa cabeza residen los princi- 
pios necesarios para saber evitar los sofismas del error. » 



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1 



\ 



CAPITULO X 



SOBRE ALGUN'AS COSAS TERtlGklNAS QUE SE OHSICRVAN 

EN LOS HAniTOS MORALES PEL ALMA 



319. Convieiie al hombre prudente no decidir- 
se a sentenciar en tin pleito solo por la primera 
impresioii que Ic produzcan las suplicas que, en 
demanda de misericordia, !e dirija Uorando la pre- 
sunta victima, ni sus quejas, ni susextremadas con- 
torsiones y espasnios de desesperacidn, ni sus Id- 
■grimas; porque yo he visto 5 algunos que haclan 
■todo esto, estando yo absolutamente cierto de que 
precisamente eran ellos, no victimas, sino opreso- 
res injustos de los demis, reos de la mis dura ti- 
rania; y en cambio he visto verdaderas vfctimas de 
la iniquidad ajena, cuyo hablar tranquilo y reposa- 
do, sin lamentaciones ni quejas, parecia denun- 
ciar que estaban libres de toda preocupacidn, lo 
cual hubiera hecho creer que eran, no vfctimas, 
sino reos, A un observador superficial 6 inexperto. 
En estas materias conviene fijarse muy bien y no 
dejarse doniinar en absoluto por la tendencia ins- 
tintiva del animo; es m^s: no debe el hombre in- 
clinarse ni en favor ni en contra de esos signos ex- 
teriores que hemos descrito, sino proponerse deci- 



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- 148 — 

dir con absoluta equidad, segun lo que la razdn y 
la justicia reclamen.. 

320. De los contrastes peregrines que en los 
hibitos morales se observan, uno es que la dis- 
traccion 6 falta de atencion al obrar, es cosa vitu- 
perable, aunque su empleo consciente sea lauda- 
ble. Esto es asi solamente, porque el hombre que 
por naturaleza es propenso ^ la distraccion, la em- 
plea en los cases en que no es oportuna, es decir^ 
cuando cabalmente debe usar de la circunspeccion 
sin que el se de de ello cuenta, porque es natural- 
mente incapaz de enterarse de lo que la realidad 
exige de el; entra, por lo tanto, esa distraccion 
dentro de la categoria de la ignorancia, y por esa 

es cosa vituperable. 

En cambio, el hombre de natural discrete y 
circunspecto, jamas emplea la distraccion 6 el 
descuido sine en las ocasiones en que es opor- 
tuna, es decir, en aquellas en que seria cosa vi- 
tuperable el aMn de investigar las cosas ajenas, 
la curiosidad de escudrifiar el fondo de los nego- 
cios del pr<5jimo, el aprovecharse del descuido 
ajeno para sorprender sus secretos. EI hombre dis- 
creto obra asi porque se da cuenta exacta de la 
realidad y sabe que entonces debe evitar toda lige- 
reza, y debe ser indulgente y generoso con su 
prdjimo, absteniendose de producirle cualquier 
turbacidn melesta. Y por eso es laudable la distrac- 
cion simulada, siende vituperable la distraccion 

real . 
32 L Lo mismo debe decirse del habito de ma- 

nifestar la impaciencia y del de reprimirla; e igual- 



J- 






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149 

J ■ 

mente del de manifestar la paciencia y ocultarla. 
Dar muestras de impaciencia en el momento de la 
desgracia 6 contrariedad es cosa vituperable, por- 
que es sintoma de impotencia del sujeto para do- 
minar su propio ^nimo; adem^s, da muestras de 
una cosa que de nada le sirve; dire mejor, de una 
cosa que la ley de Dios reprueba y que, por afia- 
didura, le quita la tranquilidad para realizar en 
aquel momento las cosas urgentes que luviese que 
hacer y para estar dispuesto A soportar otros cua- 
lesquiera golpes que le puedan aun sobrevenir, 
quiza peores que aquel que tanto le ha impacien- 

tado. 
322. Siendo,pues, vituperable, segiln esto, el 

dar muestras de impaciencia, habr^ deser laudable 
dar muestras de lo contrario, es decir, dar mues- 
tras de paciencia, porque es sintoma de que el 
hombre sabe dominarse, sabe echar lejos de si 
los movimientos que ningana utilidad le reportan 
y est^ dispuesto ^ aguantar los uuevos golpes que 
le puedan sobrevenir; de modo que sale con ello 
ganando para el presente y para el porvenir. 

323. El ocultar A los demds la paciencia con 
que soportamos las contrariedades es tambieti vi- 
tuperable, porque denunciainsensibilidadd apatia, 
dureza de alma y poca benignidad; cualidades re- 
pulsivas que solo se dan en genles de mala condi- 
cidn y de temperamento inhumane, en las almas 

feroces y malevolas, 

324. Siendo, pues [pig. 97 j, repulsiva esta con- 
ducta, debera ser loable su contraria, es decir, el 
ocultar la impaciencia, puesto que implica benig- 




nidad, dulzura y consideracion de lo que significa 
el infortunio. 

325. De todo ello resulta que el justo media 
estriba en que el hombre sea impaciente de alma y 
paciente de cuerpo, en el sentido de que no maiii- 
fieste, ni en surostro ni en sus niiembros, ninguno 
de los sintomas de la impaciencia. Y si el hombre 
de trastornado juicio pudiese darse cuenta de los 
males que el mismo se ha acarreado con su con- 
ducta indiscreta en lo pasado, de seguro que todo 
le saldria bien en lo future, porque evitarla el se- 
guir la misnia conducta. Pcro solo en Dios est^ el 
resorte del exito. 



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CAPITULO XI 



SOBRK El, INSAN'O AFAN DE INQUIRIR F.L SF.NTIiW OCULTO 
«E LAS RETiCENCIAS QUK HF.MOS oil>0 KN CONVIiRSACIO- 
Nl« 6 DF. LAS C03AS QUK s6lO FN" VARTK HE^!OS VtSTO. 

item: sodrf el i>f,seo inmodkrado de alcaNzar FA>rA 
Y celehridai) i>eki>ktua a travEs ise los siclos. 



326. De estos dos defectos apenas estA exento 
nadie, si no es 6 el hombre absolutainente des- 
preocupado y apAtico, 6 el que ha doniado ya & su 
propia alma con una discipliiia moral perfecta, 
mortificando y reprimiendo por complcto los im- 
pulses de la irascibilidad, 6 el que se ha cuidado 
de curar esa avidez insana del alma k curiosear 
ciiando sospecha que en una frase que ha oido, 
hubo reticencias, 6 que en una cosa que ha visto 
ban tratado de escamotearle algo, y 61 se pone A 
husmear para ver si lo descubre, no en el lugar en 
que se lo ocultan, sine en otras partes, aun en las 

m^s lejanas y remotas. 

El que de todo esto se preocupa, esta loco de re- 
mate, ha perdido la cabeza sin remedio. Porque, si 
de averiguarlo no se preocupa, ique perder^? Aca- 
so esos hechos 6 intenciones que le ban ocultado, 



152 



cHo son exactamente igual que lantas otras cosas 
como existen en el mundo y que tambien el ignora? 
Es mds: para reprimir ese afan inmoderado de 
saber, puede hacer que su razdn arguya en esta for- 
ma contra su alma: "jOh alma mialfpag. 98]. t;Que 
te parece? Si tii no supieses que ahl, en esc que te 
han dicho 6 has visto, hay algo que te ocultan, ' 
^crees acaso que te preocupanas de ello para averi- 
guarlo? Es claro que no,„ Siga, pues, entonces di- 
ciendose ^ si mismo: "Per consiguiente, obra ahora 
en la misnia forma que obrarfas si no supieses que 
alii hay algo que te ocultan,y de esta manera conse- 
gmks vivir tranquilo, echarfe de encima esa preocu- 
paci6n, cvltarte la molesta inquietud propia de la 
^nsiedad y, sobre todo, la fea tacha de husmeador 
insaciable, que no son pocas ganancias ni ventajas 
despreciables, adem^s de str fines buenos y santos, 
apetecidos per todo hombre discreto y solo despre- 

ciadospor aquel A quien todas las perfecciones 
faltan. 

Por lo que atafie d aquel que no piensa 
ni imagina otra cosa sino conseguir que la fama 
de su nombre se divulgue hasta las mds aparta- 
das regiones de la tierra y perdure A traves de 
iossiglos, d ese le conviene tambien meditar con- 
sigo mismo, diciendole d su propia alma: "iOh 
alma mia! ^Que te parece? Si tu nombre fuese re- 
cordado en todas las regiones de la tierra habitada, 
con ios calificativos mds halagQeHos para ti» y eso 
por eternidad de eternidades, hasta el fin de Ios 
tiempos, pero sin que a tus oidos llegase lal noticia 
ni de ella te enterases, ^crees que por ello recibirias 



327. 






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163 






alguna alegria, alguna satisfaccidn, 6 no?„ Es indu- 
dable que no cabe contestar mSs que con una ne- 
gativa. Si, pues, esto es evidente y certisimo, debe 
comprender tambien que es cosa incontrovertible 

que cuando muera no habra medio de que el se 
entere de si los hombres se acuerdan de el 6 no; y 
misino, mientras viva, si A su noticia no le 
Hega. 

328. Piense tambien en dos razones dignas de 
consideracidn: una es el gran niimero de eximios 
y virtuosos profetas y enviados de Dios que vivie- 
ron en las edades preteritas, sin que de ellos liaya 
quedado entre los liombres que viven en toda la 
superficie de la tierra memoria alguna de su nom- 
bre y de sus cualidades, ni noticia alguna de sus 
hechosj ni huella 6 vestigio de su historia y de su 
fania. 

329* Otra consideracidn es [p^g. 99] el gran 
numero de varones eminentes d santos, tales como 
los discipulos de los profetas antiguos, los austeros 
ascetas, los fildsofos y sabios^ los aristdcratas y re- 
yes de naciones que ya no existen, los fundadores 
de ciudades ya desaparecidas, los cortesanos de los 
pn'ncipes, cuya historia no ha llegado tampoco has- 
ta nosotros ni se ha conservado de ellos noticia al- 

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guna ni recuerdo en la memoria de los hombres. 

Ahora bien; esta falta de fama, (ileshabrS acaso 

perjudicado en algo ^ los que fueron virtuosos? ^Les 

habr^ quitado alguna de sus virtudes? iLqs habrd 

aminorado alguna de sus bellas prendas? ^Les ha- 

brd hecho descender algun grado ^ los ojos de su 
Creador? 



* 



154: 



Porque si alguien no estd bien enterado de estas 
cosas, debe saber que las noticias mas remotas a 
que alcanza la historia de la humanidad, en lo que 
atafle k los reyes de las generaciones pasadas, son 
las cronicas de los reyes de Israel^ que andan en 
manos de todo el mundo; y despues de estas, vie- 
nen las cronicas de los reyes de la Grecia y de la 
Persia^ de que nosotros disponemos. Puesbien; to- 
das estas noticias no tienen una antigtiedad supe- 
rior d unos dos mil afios-^Donde^ por consiguiente, 
ha ido a parar la memoria de los que habitaron la 
tierra antes que esos pueblos? t-No cs acaso que su 
recuerdo se ha borrado, Iia desaparecido, se ha 
aniquilado y ha sido olvidado por complete? 

Por eso dice el Altisimo (1): "Hubo tambien 

otros profetas de que no te hemos hablado.,, Y dice 
en otro lugar (2): *Y otras muchas generaciones 
que vivieron entre unos y otros.,, Y ailade (3): 
"Y aqueltos cuya posteridad solo Dios la conoce.„ 
Luego> aunque la fama de un hombre perdure d 
traVes de un largo lapse de tienipo, ^no sera, ^ la 
postrfij como la de todas esas gentes que vivieron 
en los pasados siglos, cuya fama acabo por borrarse 
de la memoria de loshombres? 

330* Piense, finalmente, si acaso al hombre que 
se ha hecho celebre por su bondad 6 por su mal- 
dad le habr^ servido su fama de algo para ganar al- 
giih grado de m^rito ^ los ojos de Dios d para ad- 



(i) Alcordn, IVj 162. 

(2) Aicordn, XXV, 40, 

(3) Akordfi, XIV, 10- 



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165 

quirir alguna buena cualidad que no [pig. 100] po- 
seyese ya antes de su niuerte. 

331. Luego si esto es asi como dejamos dicho, 
el deseo de la celebridad es un deseo de ilusidn, 
un deseo de algo que carece de sentido, un deseo 
de aigo perfectamente inutil. Lo linico que el 
hombre discrete debe desear es aumentar el cau- 
dal de sus virtudes y de sus buenas obras, con 
el cual se hard acreedor d la fama, al elogio, A la 
alabanza y d la gloria propios de la virtud, y apro- 
ximindose ihc-Is y mas a su Creador, conseguircd ha- 
cerse digno a sus ojos del verdadcro renombre, del 
renombre provechosojcuya utilidad perdurarA sin 
menoscabo por eternidad de eternidades... 

332. Lagratitud al bienhechor es una obligacidn 
de derecho natural y positive- Esta obligacion con- 
siste solo en pagarle con un bencficio semejante 6 
mayor del que te ha hecho; luego, en preocuparte 
de sus asuntos, estando dispuesto A defenderle con- 
tra sus encmigos; despues, en cumplir fielmente los 
comproniisos que hayas contraido, ya en favor del 
bienhechor, vivo 6 niuerto, ya en el de sus parien- 
tes, allegados 6 herederos; por fin, en dark conti- 
nuamente muestras del mds vivo afecto, de la m&s 
sincera amistad, divulgando por doquiera» mientras 
vivas, i fuer de amigo leal, la fama de sus buenas 
prendas, ocultando A los demds sus detectos y de- 
jando A tus hijos y amigos, como herencia despu6s 
de tu muerte, el encargo de que cumplan esta 

obligaci6n sagiada. 

333. Pero A lo que no obliga la gratitud es i 
ayudar al bienhechor en la comisidn de delitos, ni k 



156 



dejar de aconsejarle sinceramente cuando veamos 
que con su conducta camina d la ruina de su bieii- 
estar materia! 6 ^ la perdicidn de su alma, 

Es mds: quien a su bienhechorpresta ayuda para 
el mal, io que hace es engafiarlo, ser ingrato A sus 
beneficioSj defraudarle en sus derechos y renegar 
de sus bondades para con eL 

M^s todavia: porque los favoresy beneficios que 
Dios nos otorga en cada uno de los instantes son 
mds grandes, m^s importantes y mas litiles que 
cualquier beneficio de las criaturas. El Altisimo, 
efectivamente, es el que nos ha abierto los ojos 
[p%. 101] para ver, el que nos ha abierto las orejas 
para oir, el que nos ha otorgado la gracia de los 
sentidos, el que nos ha dotado de las facultades de 
hablar y de enlender, con las cuales nos ha hecho 
capaces del honor de dirigirnos El su di^ina pala- 
bra, el que ha sometido a nuestro dominio los se- 
res todos que pueblan los cielos y la tierra, desde 
los astros hasta los elementos, sin otorgar la supre- 
macia sobre nosotros 5 criatura alguna mds que d 
los santos Angeles que son los moradores de los cie- 
los. Y lA quS infimo nivel no quedan los beneficios 
de todos los bienhechores imaginables, compara- 
dos con estos beneficios de Dios? Por tanto, el que 
cree cumplir con los deberes de la gratitud A un 
bienhechor cualquiera, siendo complice de sus erro- 
res 6 ayud^ndole en cosas ilicitas, ese olvida el be- 
neficio del mayor de sus bienhechores, reniega del 
favor que le ha hecho el mds generoso de sus pro- 
tectoresy no se muestra agradecido con quien real- 
mente es acreedor 4 la gratitud, ni glorifica al que 



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fundamentalmente merece toda gloria, que es Dios, 
En cambio, el que sabe distinguir entre la persona 
de su bienhechor y sus aberraciones, pag^ndole 
los beneficios que le ha hecho con la amargura de 
la verdad, ese tiene verdadera gratitud y salda cum- 
plidamente sus deudas, como la justiciareclama. 




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CAPITULO X!l 



DE LA ASESTKNCIA A LAS KHUNIONKS ClKN'TiFECAS 



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334. Cuando asistas ^ alguna reunion cientifi- 
ca, portate en ella como quien busca s6lo aumen- 
tar el caudal de sus conocimientos y adquirir ma- 
yores meritos A los ojos de Dios; pero no como si 
te creyeses tan repleto de ciencia que solo busca- 
ses de proposilo enterarte de los errores en que in- 
curran los demas para divalgarlos, 6 singularizarte 
por alguna opinion extravagante para que in nom- 
bre se haga famoso, Esta conducta es propia de 

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hombres mal aconsejados que jam^s hardn progre- 
sos en la ciencia. 

Si asistes A las reuniones cientificas con aquel 
sano propdsito, es seguro que obtendrAs en toda 
ocasidn dptimos resultados; mas si no asistes ani- 
mado de tales ideas, el quedarte [pdg. 102] en tu 
casa seria m^s provechoso para el reposo de tu 
cuerpo, para la mejora de tus cpstumbres, para la 
saivacidn de \u alma. 

335. Suponiendo, pues> que asistas con la rec- 
ta disposicidn de ^nimo que hemos dicho, debe- 
r^s adoptar una de estas tres actitudes: 

La primera es guardar silencio, como lo guardan 



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los ignorantes, y asi consegiras, por lo pronto, el 
merito de la recta intencidn que te anima A los 
ojos de Dies, te har^s ademds digno de alabanza 
por no incurrir en el vicio de la charlataneria des~ 
aforada, te respetar^ toda la concurrencia y te ga- 
naris las simpatias del que lleve la palabra, 

33G. Si no adoptas esta actitudj interroga, pero 
como quien quiere aprender; asi conseguir^s no 
solo los cuatro buenos resultados que en el caso 
anterior, sino uno m^s: el aumento de tu caudal 
cientifico. 

La forma en que debe preguntar, el que lo hace 
para aprender, es la siguiente: pregunta, acerca de 
lo que ignores, no acerca de lo que ya sabes; pre- 
guntar lo que ya conoces es frivolidad, es falta de 
talento, es dar faena iniitil k tu lengua, es perder el 
tiempo en cosa que ni ci ti ni ^ los otros aprovecha, 
y hasta puede llegar A crearte enemistades; esto sin 
contar con que obrar asi es pura y simplemente in- 
currir en el vicio de la locuacidad, y debes evitar 
el ser un charlatdn, porque es un feo vicio. 

Si aquel A quien preguntaste te da una respuesta 
que tii estimas suficiente, no le preguntes m^s so- 
bre aquel punto. Mas si a tu juicio no basta su res- 
puesta 6 si te contestd en terminos que no enten- 
diste, entonces dile: "No he comprendido. Di algo 
mds.„ Si no te da,mds explicaciones y se calia, 6 si 
vuelve d emplear las mismas palabras de antes, sin 
aftadir nada, abstente de insistir; de lo contrario, te 
captarAs su antipatia y enemistad sin lograr la acla- 
racion que deseabas. 

337. La tercera actitud es que te propongas co- 



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161 - 

vencerle dc error, pero con el metodo propio de 
los sabios, el cual consiste en que le arguyas contra 
la respuesta que te did, objetandole con alguna ra- 
zon que sea evidentemente contradictoria de aque- 
11a, Si no posees un argumento de esta fuerza [pa- 
gina 103], si solo haces repetir tu tesis con las mis- 
mas palabras, 6 arguir con razones que tu adversa- 
rio no estinia tales, abstente de insistir, pues con 
esas repeticiones no obtendrds fruto ninguno, ni 
lograras enseilar ni lograr^s aprender; s61o conse- 
guiras irritarte tu e irritar d tu- adversario, capt^n- 
dote asi su enemistad que puede acarrearte graves 
consecuencias. 

338. Gudrdate sobre todo de objetar al liombre 
violento y de contradecir al orguUoso que s(31o bus- 
ca veneer en la discusidn sin razones cientificas. 
Estos dos caracteres son de mala condicidn: reve- 
lan un fondo poco religioso, propenso ci excederse 
en las palabras, pobre de talento y rico en presun- 

cion. 

339. Cuando de palabra te sorprenda ei adver- 
sario con una afirmacidn cualquiera, d en un libro 
tropieces de improviso con una tesis, gu^rdate muy 
bien de acogerlas con la actitud violenta y airada, 
propia del que a priori trata de refutarlas, antes de 
adquirir la conviccidn cientifica de su falsedad, me- 
diante razones apodicticas convincentcs. 

Pero esto no quiere decir tampoco que debas 
acogerlas con la actitud propia del hombre credulo, 
aceptandolas y aprobandolas antes de conocer su 
verdad por razones irrecusables. 

En una y en otra actitud faltarias a los deberes 



1 1 



162 



que ticnes para contigo mismo y ademas te alejarias 
del conocimiento de la verdad real. 

Lejos de obrar asi, deberas acogerias con la dis- 
posicion de animo propia del hombre libre de pre- 
juicios en pro 6 en contra de aquellas tesis, del 
hombre que s61o aspira A ciiltivarsu espiritu enten- 
diendo lo que oye y lo que ve para anmentar el 
caudal de sus conocimientos, acept^ndolo si lo es- 
tima vcrdadero, o rechazandolo si lo crce false. Si 
asi obras, puedes cstar seguro de obtener gran re- 
compensa, ciogios sin cuento, supremacia absoUita. 

340. El que, satisfecho con lo poco que posee, 
no apetcce lo mucho que posecs tii, es tan rico como 
tiJ [pdg. 104], aunque tu seas un Creso; tanto es asi, 
que si el se abstiene voluntariainente de adquirir el 
lucro que tu anhelas, ya esmuclio mas rico quetii. 

341 . El que sc tiene a menos de humillarse ante 
las cosas de este bajo mundo A las que tu te humi- 
llas, es m^s noble que tu con mucho. 

342. Obligacion moral de todo hombre es en- 
seHar el bien y practicarlo. El que ambas cosas rea- 
liza, dos obrasbuenas cuniple simultdneamente. El 
que enseila el bien y no lo practica, hace una cosa 
buena enserlandolo y otra mala dejandolo de prac- 
ticar; mezcla, por tanto, una acci6n santa con otra 
pecaminosa; pero, esto no obstante, es mejor que 
otro que ni lo ensene ni lo practique. Este ultimo, 
que nada bueno hace, es» d su vez, mas di^no de 
imitacion y menos vituperabie que otro que prohiba 
enseHar el bien e impida practicarlo. 

343. Si sdio debiera prohibir el mal quien de 
todo pecadoestuviese libre>y si solo debiera precep- 



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tuar la pr.1t:tica del bien quien de toda virtue! estavie- 
se lleno, seguramentc que ni uno solo habrialo he- 
cho despues del Profeta. Y basta con esto para com- 
prender cuaii grave error envuclve ia doctrina con- 
traria y de que vitupcrio y abominacidn es digna (1). 
344. Aqui nos coutradice alguien con la obje- 



(i) El ceb religiosj 6 correcciAn fraterna es, en cl 
islam, m^s que consejo, coma en el cnstianismo: es una 
obIigaci6n de todo fiel. Solamente discuten los moralis- 
tas mtisulraanes el caso en que el corrector sea i su vez 
pecador. Algunos sostenfan que al pecador no le es Hcito 
corregir i los demds, funddndose en argumentos de auto- 
ridadj es decir, en text js alcordnicos, como ei citado mda 
abajo por Abenhazam, en hechos y dichoj del Profeta y 
de sua compifioros, cima el qu^ Abenhazim consigna 
luego de Aiaasin, y en la raz6n de qae no debe diriglr 
i los otros quien i sf propio no sabe dirigirae, porque 
mal puede proyectir sjmbra derecha el drbol torcido , 
como dice Algazel {7/aa, tomo II, 214), poniendo este 
sfmil en boca de los defensores de la opini6n prohibit! va, 
que ^1 no sigue. 

La otfa opini6n que Absnhazaoi defiendo aquf, no 
exige en el corrector la inacencia, porque eso equival- 
dria i suprimir eata ley, ya qae nadie es irapecable 6 ino- 
cente del todo. hi linico que hay de clcrto, en la opi- 
ni6n prohibitiva, es que la corre:ci6n en boca del mal- 
vado resulta itidtil, porqae esti contradicha por gu pro- 
pia conducta; ds donds concluye Algazel (ioCr cit.) que 
et malvado no debs corregir de patabra^ pero si debe ha- 
cerlo dt obra^ impidiendo de hecho, en lo que de dl de 
penda^ los vicios de sus prijimos. Li doctrina musulma- 
na del eelo religioso pusJe verse en niestra obra Alga^ 
zel: Dogmdtlca, moral p as-Jtka, pig, 391, 



+ 



I(i4 



cion siguiente; "Cuando Alhasan (1) prohibia al^o 
^ los fieles, el no lo hacia jamas; y cuando les 
mandaba alguna cosa, era observantisimo en su 
cumplimiento. Y asi lo exige la prudencia, porque 
bien se ha dicho que lo que peor esta en el hom- 
bre sabio es mandar cumplir lo que el no cuinple, 
6 prohibir lo que el practica.„ 

345. Mienle el que tal dice; peor [pag. 105] que 
ese obra aquel que no manda a los otros que obren 
bien ni les prohibe que obren mal, y, adernas de 
eso, e! personalmente obra mal y no practica el bien. 

346. Tambien dijo Abulasuad El Duali (2): "No 
repiendas en los demas un vicio del que tii seas 
reo, pues te cubriras de oprobio cuando cometas 
un acto de ese vicio. Comienza por ti mismo, prohi- 
biendo ^ tu alma el camino torcido. Una vez que a 
ti mismo te lo hayas prohibido, ya eres prudente: 
entcnces se te podra consentir que exhortes a los 
otros, entonces cabra que los demas te imiten, en- 
tonces ser^ litil tu ensefianza.,, 



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(i) Refi^rese i. Alhasdn, hijo del cuarto caliia Alf, 

yerno del Frofeta, 

(2) Su nombre completo es Dilim ben Amrd, b. 
ChanJal, b. Sofiin, de li tribu de Kinena, natural de 
Basora, donde desempefi6 el carg:> de gobernador, Fa^ 
partidatio de AH, i cuyo lado corabatid en la batalla de 
Siiiia. Pasa por ser el primero que escribi6 de gramitica 
en el islam. Tambien fu^ poeta y tradicionista. Muri6 en 
e! aria 6g h^gira (688 de J. C) i los ochenta y cinco de 
edad. Cfr, Huart, Litierature drabe^ pdgina 44; iba 
QjtdAhsiy Lihr jtoesis et poetarum (edic. Goeje, Leiden, 
Brill, 1904), pdff- 457* 






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347. A esto respondo que lo unico que Abul- \\ 
asuad quiso decir fue que el hombre ti-o debe co- \^ 
meter los vicios que en Jos dem^s reprenda, y que 

ia fealdad de su pecado se duplica con la repren- 
sion; pues el conocia muy bien aquellas palabras 
de Dios (1): ^Mandareis acaso a las gentes que 
obren bien, mientras os olviddis de vuestras pro- 
pias almas?,, Ni cabe sospechar en Abulasuad otra 
idea que esta. Porque suponer que quiso prohibir 
la reprensidn de los habitos vituperablcs, Dios nos 
libre de pensar tal cosa, pues esa conducta no cabe 
sino en un hombre falto de toda rectitud moraL 

348. Ademds consta por tradicidn fidedigna que 
Alhasdn, habiendo oido k uno decir que solo de- 
bia reprender los vicios quien no los hubiese co- 
metido, exclanid: "[Cudnto le gustaria a! diabto, si 
pudiese vencernos con este expediente, hasta con- 
seguir que nadie prohibiese vicio alguno ni precep- 
tuase la pr^ctica del bieiiL Y en esto tenia mucha 
razon Alhas^n, y es lo mismo que nosotros hemos 
dicho anteriormente. 

349. iHaga Dios que seamos de aquellos ^ quie- 
nes 6l ayuda con su gracia para la pr^ctica del bien 
y k quienes alumbra con su luz para que vean el 
camino recto que deben seguir! [P6rque nadie est^ 
libre de defectos; y si el hombre se diese cuenta de 
los que tiene, no se preocuparia de los de su prdji- 
mo! jHaga, en fin, Dios que muramos denlro de la 
ley deMahoma!..* jAsisea.oh Seizor del Universo! 



(l) A/cofdn, II 41. 



I 



INDICIi ALFABKTICO DE MATiiRIAS'" 



Acciones humanas (Kin de las). ^y 7 

Adulac]6n. Provcchos que pucde proporcionar.. 156 

— Su irapcrfccci^ti 273 

AduUefto. Si sc dcbe y c6mo denunciarlo n\ esposo.. ....... I4g 

— InOicios su(ictei\les dc su cj:istcncia 150 

Afabllldad. Su ncccsidad en In vida social. T30 

Alabanza de Ins virtudcs. Fvn qui sentido cs licito alcgrarse 

de clla. K 

— dc virtudes que no sc tienen. Es una censurn n6 

— y vituperio ^47 y m8 

— y vituperio. Clasificacidn delos hombrcsbajo estcrcspecto,' 151 

— Su iitilidad parn la reprensidn ..,.,., 319 

— propia. Sus dcfectos 272 

Alegria (Qrgano dc la) . , 34S 

Alma. A qu6 se dcbe consagrar , 9 

:— Su prccio es cl parafso. ri 

Almas (Frcc^cistcncia dc las). Su cxp1icaci6n por cl sfmil del 

sucfio, 85 

■— (Dotninacidn dc tas)i 261 

Amblcli^n. Su difcrcncia dc la avjdez. 204 

Amlgos (Relaci<in con los) 30 

— leaks. Mcdios para difcrenciarJos de los que no lo son, 
Inconvenientes que pucdcn ofrccer.. 135 

— cgoistas (Benevolencia con los).. 142 y 143 

— sinceros {Benevolencia con los) .,......,.,.. 142 y 143 

— (Ayuda mutua de los) "■ I44 



(1) Los numcros indlcan los parrafos, no las paffin?ia. 






168 — 



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Am{gos (Ayuda a tos} li^ 

— Qufe noticjas se les deben comunicar 146 

— y etiemigos. Regla de conducta para su trato, ..... 299 A 305 
AmiStadi de quien se debe buscar 123 

— k quien 5e dcbe conceder . 124 

— leal. Su definici6n 132 y 134 

— sinceraf Su definicion y distincidn dc la amistad leal. . . . . 133 

— (Reciprocidad en la), ..,...,. 141 

— Su incorapatibiUdad con el parentesco y con la sociedad 
mercantil 154 

Amlstades, Su falsedad en tienapo de prospcridad ,,........ 76 

Amonestacldn- Modo de hacerla.-... .;.,.................,■; ■ 318 

Amor. Su descripct6ri y sus especics,. .'. 155 

- Sus fines 156-S 

— Su variedad segiin la de los descos que se puedan satis- 

' facer - . ... 159, l6o y 161 

— sexual. Influencia de los prejuicios religiosos y sociales 

■^cn el. 161 y 162 

-^ (Fideltdad en el) .169 

— (Necestdad dft los cdos para el}.. ■ .. .. . 171 

— Sus cinco grados: Estima^ carina, atamoramiento^ obsesion 
amorosa y delirio amoroso 174 

^ No pyede darse su saiisfacd<5n completa en estavida. . ■ . 170 
AnJmales. Su superiotidacl rcspecto del hombre en las cuali- 

dades iisicas. ..- I9» 20, 21, 22 y 257 

Apart amtento del mundo. Causa de toda felicidad 29 

Aplomo.. 193 

Asceta (Tranquilidad delj.. ; / 2t I 

Asinil]acl6n automoifica, como ley universal -326 j- 

AsocIacl6n espiritual entre los hombres. ,,,:..,,..,,.,...,. So 

. Auaencla 167 

Autor Confcsi6n que hace de sus defectos: jra; afin dc bur- 
la; vanidad; gestos extraTagantcs; amor de la fama; pudot- 

exagerado; defectos inconfesables (?); rencor; suspica- ■ 

cia 96 A 105 

— Defcctos de que se excusa; intransigencia; impasibilidad 
contra'las calumnias; prodigalidad ; ,.■..,, 106 A ' T12 . 

— Virludes de que se precia:; ". 113 y 114 

Autoridad. Falibilidad do este criterio- " ■ 291" 

Avaricla.^ '.-.■ l'..; ; '; 166 

— Abyecci6n y vileza del avaro^ ,,;,:.,.; ' 17 

Avldez. Su genesis 201 

— Vicios que engeirdta.V, .- ,.■.. ,,.\\:..\- ■...■.:. .-. ; 202 ;y." 265 



^ 






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169 



AvMez., Su difercncia de la arabicidn 204 

Ay:ida miitua dc los umigos. Su norma , 144 

^ d los amji^os. No se tiebe hacer siiio lo que e! amigo dcsea, [45 

Bazp. Organo dc la aJegria 248 

Belleza. CategoTia estetica. 179 

— (Formas de la) . 176 A iSo 

— fisica Necedad del que de ella sc eiivanece 245 

Beneficlos. A que obliga la gralitud y i qu6 no obliga. 333 y 333 
Benevolencla. Debc tencrse con los niuigos sinceros, no con 

los cgoi'stas 142 y 143 

BJen (EnsenanzR y prtlctica del) 342 

— y mal. Su distinta valoracidn scgun los casos., . . 67, 6S y 69 

Buenos. A qaiencs se asemcjan 17 

Burla (AfAn do). Defecto que cl autor confiesa gS 

Calumnla 139 

Calnmnias. Su gcncrAlidad. 13 

— (Impasibilidad contra las); to; A iii 

Candidez. Sus ventajas - . 5^ 

CarActer vicioso. Modo de dominarlo 2S6 

Caridad bien ordcnada. ■ 45 

Carlflo. Prueba dc que s6lo se tnantiene entre las almas 86 

— Grado del amor. ..... * » 174 

Celos. Su nccc&idad para cl amor 171 

— Son mezcla dc magnanimidad y justicJa 172 y 173 

Censnra de vicios que no se ticncn, Es una apologia 117 

Censuras. Sus ventajas para el virtuoso 14 

Chlsmografia 78 y 2^7 

C!encla, Sus ventajas. 31 y 34 

— Libra al bombre de prcocupaciones 33 

— Necedad del que se dedica al cstudio de la que es inferior 

& sus apEitudss 35 y 3S 

— Su divulgaci45n cs perjudicial para los incapaces. ,..,.... 36 

— Vileza del que es avaro de su ciencia 37 

^- mds noble. La que mds aproximad Dios ., . . . 39 

■ — humana. Su ignorancia de los atributos del Creador 46 

— Su influjo en !a praciica de la virtud 54 

— Es un don de Dios 23S 

-^ Su Hmitaci6n , 236 

— Su disconformidad con las obras 237 

— Posibtlidad de perdcrla ^34 

C]enclas abstrusas. — Vigorizan al entendimiento fuerte y ma- 

lan al d^bil 41 

— Inferjoridad de unas respecto de otras, ,...,.--... 238 



170 — 



Compaflias: HucDaij , . 52 

— jNfalfis , ^-if 

ConcupEscejicia. Vicio compJcjo de pusilanimidad, avuricia, 

vioJcncirt iiidiscrccion , ]66 

Conducta (T4ej:5la de) , ^ 39^ 

— (Kef^lfi (\c) C(jn los umigos y tiicmi;;o5.. 2<)g A _^03 

Conjetura. Sii fjilibilidad 2^n 

Conseio. \lot\<i do darlo 152 

Constancla. Sii difcrencia dt; 1:* nbstin^cion rS4 

Conttnencia. Sus lirailos. ,..,... .,.,..., 91 

— Virtud complcjade mui^niiuimidEid, ^ciicrosidad, justicin y 
prudciici:! ...,...,.., , .....,.,,..,,....,, i6(S 

Contraricdades, Vent:ij:is dt est;ir prcveiiido contra cllas.. . . 57 

Cooperacldn n] ma]. Sus p(;rjuicii.>s ^l6 

Corfecci^n. Cfilc;^'ori.-^i cstcticn 177 

— frfitenin. <'u.^r)i]o y c6mo df;bc h;iccrsc ' . t-Jo 

— Si h\ [)ucdc piacticisr cl pcc.idor. .,,.,,.... 343 ^ ^^S 

Coricsanos. DuMas qut; -A rcy acarrcnn los lioljjnx-ancs 73 

Ciialldades fisicns. frifcriorifJ:!- del Iioinbrc rcs]n;cto dc los 

iijiimalcft en cuanto A cllas 257 

■'- iiUokclualcs y morales. Sii ori^cn en \a or^aniKacicSn fisio- 

]f'>^tc:i , ..,.., 2.(7 

Cuquerta ....,,,... igi 

Curiosldad on In rcliccncia. Su inutilidfid 326 

DcdicaiorJa dd libro 2 

Defectos. I ig, 147 y 14ft 

— inconfcsnblcs (?\ que cl autor dice habcr tenido.. ,,,..... 103 
— ' propios, Sii conocimicnto 61 y 227 

— ajciios. Utilidad dc conoccrlos 32S 

— del pr6jimo. Cu'lndo sc deba hablar dc cllos. 220 

— del pr^ijimo. Modo dc rcpicndcrlos 230 

Delaci6iL Sus ventajas ii iiiconvcniciitcs 137 

— Modo de veriricjirbi. 138 

Dellrlo amoioso 174 

Desdin. OesIeikUiid que impltca , . 2S3 y ^84 

Descds 2!4 

— malos. Sii inutilidjid. 27 y 222 

Desgracla. Uliltdad d:; su prevision 141 

DesleaUad. Su gsavcdad 313 

Desprccio del mundo. Su juslificacidn. 212 

Desvcrgonzado (Tranquilidad del). 2I1 

Dlltgencla 65 

Dios, Tin del hombre 9 



171 



Di&creci6n,.. , ■- .-. w. .^, , , . igo 

■rv-- en el hablav sog 

— en la prcgunta , ► , . 336 

Distraccldn. Es laudable la simulada y vituperablc la reaJ.. . . 320 

Doctrinas pen^iciosas. Como evitar su contagio 4^ 

Do.mlnacidn de las almas afir 

Dii(zura. Categoria estctica, £^5 

Dureza con los mferiorcs 260 

Embrlaguez. Sus daiios. : . . . 70 

EmulacJ<5n ^ - 40 

Enamoramlenf , 1 74 

Enemigo {Trato frccuente con el ' 315 

Enemigos. Su tnult!plicaci6n 82 

—- Son inevitables para el liombre pcrfecto 246 

— (Rcgla dc condiicta para el trato dc los) 299 a 303 

Ensefianza del bien y su practica 342 

Bnteitdimiento. Su Telaci6nL con la vantdnd 36S 

Envidia cntre los honabres de ciencia .,,,,. 28t; 

Eqaldad. Medio de lograrla , . . . . 29S 

Espionaje, Utilidad para su victima 74 

Estima. Grado del ainor , ■ . 174 

Excusas del pccador , ■ , - 87 

Fama. Injusticias i que se presta la mala 81 

— (Amor de la): defecto que el autor confiesa loi 

— (Amor dc la). Males qui implica 115 

— Sinraz^n de su amor ,....,.,... 327 d 331 

Favores. C6ttio se deben conceder ..,.....,. 128 

~ Su recorapensa 139 y 131 

— Casos en que e&td bien ccharlos en cara. 2S5 

FideHdad* Sus elementos 194 

— en las promesas • • • 127 

— en los secretos 127 

~ en el amor • J6g 

Fin de las acciones humanas: evitar la preocupacidn.*** 5y 7 

— ■ del hombrc' la esencia de Dtos .,.• 9 

Firmeza en los prop6sitos. «.-,.. 296 

Flsonomlas. Su variedad y su jndividualidad 231 

Fortaleza. Sas limites ■ - : ■ •• ■ 9^ 

— Su r^lacidn con la vanidad 239 y 240 

For tuna 6 buena suerte. Su necesJdad, 60 

Fuerza. Mayor en los animales.que en el hombre 20 

Generosldad. Sus limites ^ -Sg V 92 

— Su dcfinicidn 937 '^6 



1 



172 



Gfistas extravaganlss: defecto que el autor coniicsa too 

Gfacla. Categoria cstetica t8o 

Grandezas mundanas. Casi sicmpre recaen en sujetos tncapa- 

■ 

ces 4 indignos. ....,,. - 5^ 

Oratitud i Sos beneficios 232 y 235 

Guerra civil, Sii infecundidad 95 

H&bitos morales, Rcsumen de la 6tica de Abenhazam 31S 

Hfirmosura, Categoria cstetica - '7^ 

Hlpocresia. Su generalidad 3^7 

Honor. Su superioridad rcspccto de todos los senEimientrts, 

exccplo el religiose 2SS 

— La traici6n contra £1 es mds leve que la traicJdn contra las 

rtquezas '^Sg 

Kumlllacldn 34i 

Ignorancla. Sus inconvenientes 32 

— Su influjo en la practica del vicio 54 

Ignorantes. Pcrjuicbs que causan 49 

Iniltac36n dc Mahoma. Su necesidad para la perfccci6n 48 

Impactenda 321 ^ 324 

ImpaslbMldad contra las calumnias: defecto de que el autor 

sc excusa , lo? ^ i " 

lmperfecc]6n. Pasa inadverlida para su sujeto 1 18 

— Su universftlidad.. - 226 

Imprudencla. Sus variodades 186, 187 V i^^ 

Indlgencla. Medicina de la vanidad, . , 269 

Indlscrecldn... 166 

Ineptltud ciantffica. Danos que acarrca d las ciencias 47 

Infatuacl6n. Gfado iniimo de la vanidad.. 2637 264 j= 

InAdelldad conyugal. 2S7 

tniflflas del pr6]imo, Tres distintos modos de soportarlas. . . 62 :f 

Injustlcla. Su definici<5n ■ - — 92 

Inteligencia. Su imperfecci6n , - 231 

Hitilgentt ^ - ■ - 278 

^ {TranquilidadN^ intranquilidad del} 215 

Fntereses materiales .,,...... : . 292 

■m 

Intranslgencla. Defecto de que el autor se excusa. ro6 

Ira, Defecto que el autor conficsa .,,,..... 97 i 

Juegos 33 ^ 

Julclos. No se deben decidir por los signos exteriores. ,„„. 315 

Justicla. Su definici6n, ..,..».,,. 92 y 166 

^ como elcmcnto de los cetos 172 y 173 

— Su incoicpatibilidad con la vanidad... ■- 259 

— Su alabanza por todos ,,.-.>. 282 



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- 173 



Lealtad. ■ .■.■■-■ 59 Y ^22 

— Su dasificacion , iqy 

Linterna magica, Simbolo de In vida S^ 

Lotigantmldad. Su clasificacion 199 

Magnanlmldad. , , . ► 166 

— como elGtncnto ds los cetos 172 y 173 

Mahoma (ImitacJon de) r 48 

— Sus costumbres .,..,,.,..,....,,. 1S3 

Magla blancfl , - S3 

Mai (Cooperacion al.' • "-• 2l6 

— y bien. Su distinta valoracton segun los casos. , , 67, 68 y 69 

Maloa. A qui^ries se asemejan * 17 

Matvados. Modoque tienen de juzgar jil hombre recto.— Dc- 

gradact6ri que implica. , ..,...,.■. 281 

Mentlra. Su genesis ■ - 20S 

™ ocasionada por la suspicacia 310 

— Su denuncia por la lengua 3^^ 

Modas. Sa frivolidad iSt 

— Qufi se debe acaptar de ellas 182 

Muerte - ^4 

Mundo (Apartamiento dell , 29 

— (Desprecio del) • - 212 

Necedad del que ^c dedicn al estudio de la ciencia inferior a 

sus aptitudes,- 37 y ,>^ 

-' del que se dedica al estudio dc problemas absurdo3 42 

Nedos. Iraposibilidad de ^xito en sus planes 72 

— Medios de que se valen para ocultar su necedad -, 75 

^ Vetitajas que puede ocasionar su trato 153 

Negligeacia 93 

Megoclos. Con qui^n se deben tener 77 

— Su direcci6n por uno y por muchos .....,.,. 94 

Nobleza de linaje, Necedad del que de ella se cnvanece. 249 ^ 256 

Notlcias. Cuiles^se deben dar A los amigos , t 16 

Obedlencla a Dlos antes que d los hombres.. 217 

Objecloncs en ia discusidn 337» 33^ Y 339 

Obra buena, Su supehoridad respecto de todas las cosas., , . 4 

— Medio seguro para dcsechar toda preocupaci6n.. . ....... S 

Obras b-Jenas. Su inferioridad en niimero A los pecados '235 

— pequenas, Su' iinportancia 66 

ObsesiCti amorosa - . . t74 

Obst[itac1dn. Su diferencia de la coiistancia iSt 

Ocaslones. Se deben aprovechar 3"^5 

Olvldo de la amada ■ t • • l^* 



174 - 



0pInE6ii bucna. Debc tcnerse de todos. Sr y 

Paclencia 

- contra las injurias , 

— Su rclaciin crm ia vanidad. .,..,....,.. 

— Sn ju&lo medio , 

™ i impacicnciH,. ■ 321 a 

Par fao: [jrccio del alma para cl hombre inUligenU, 

Paretitcsco, Su incompntibilidad con la amlstad 

Par[cntes lRclaci<5n con los) 

PasJ6n amnrosa. Sn mayor intcnsidad en ]as imijercs langui- 

das 6 indolcntcs, -.. , 

— dominantG. hnjjosibilidad dc vcnccrla 

Paslones. InJliicnciit dc los prcjuicios rcliyiosos y sociales en 

cllrts 1G3, 164 y 

— Su cs/erifidad , 

Pccado, Angustias ipie causa A las almas nobles. ..,,., 

PccadOr f J'"xtusa^ dal). . , . , , ...,,....,,. 

— Si pucda fjiacticar In corrccoion fralorna ■^43 a 

PccadoR, 811 siipt,'riori<la(l en niimcro rcspccto dc las obras 

bucnas 

Pcrfecclones y defcctos. Vcntajas it inconvcnientcs dc la nla- 

bnnza y vituperjo en cada caso r47 y 

Pobreza y riquczn 275, 276^ 277 y 

Ptccaiiciones. Inconvcnientcs de su cxageracion , 

Pfcjulclos rcliyiosos y sociales. Su infUiencia en cl amor sc- 

— xuat 161 y 

— Su innuencia en todas las pasioncs del hombre. 163, 164 y 
Preocupacidn, EvitaHa cs cl fin dc Us Hcciones humanas, 5 y 

— Melodo para desccharla. obrar bicn por Dios. 6 y 

— 6 cuidado. Es cl mayor de los males 

Prcacupaelones 

— Dc cllas sc libra cl hombre por la ciencia 

Prcvlsldri de la dcsgracia, Su utilidad 

Prodl^aLIdad: dcfccto de que cl autor se cxcusa 

Promesas: sc debcii guardar 

Prop6sUos (Firmcza en los) 

Prosperldad (Falscdad dc las amistadcs en ticmpo dc), 

Provldencta divtna.. 

Prudencta 166 y 

Pudor exaj^crado: dcfecto que cl autor confiesa.. 

Pureza. S<,)s elementos 

Pusllanlmldad 

Rango socifll. Su menosprecio , 241, 242 y 



- B8 

2iO 

I 1 
30 



175 

30S 

3^7 
87 

34>^ 



148 

279 
294 

162 

7 
S 

316 

33 
141 

113 
127 
296 

213 

185 

102 
I9S 
166 

243 



176 — 



Raz6n. Inutil por si sola 4^ 

— Sus crrores 232 

Relacioa&s del hombre con sus piiri<iiues y nmigos 30 

Rellglbn. Su necesidad, , eo 

— Supcrioridiu] del sentimiento rcligioso sobre cl honoi'. . . . 288 

ReHglosldad. Confifinza que debc tiiereccnios. 75 

Rencof : defecto que ei iiutoi" confiosn lO/j 

Reprensi6n. Su utilid^id.. 120 y 121 

— (Ulilidud dii la nlnbnnza para la) 219 

Reserva. Su noccsidad en la vida social.. 125 

Reslstencia. Mayor en los nnimalcs que en el hombre 21 

Respctos bumHOos. Su otigeii diabolico. 12 

Rettcenclas (liiutilidad de In curiosidad en bis) 526 

Reuniones cientiTicas. Modo de aproveclmrse de cUas ....,,, 334 

— Actitudcsque se piicden toinar en elUs: 1." Silcncio, 335; 

2.'^ Prcguntii dtscretH, 336; 3." Objeci^n 337 y 33S 

— Modo dc ficojjer los aT^umentos contrflrios. 339 

Rey. Dfirtos que !e ncarroan los cortcsanos holgazftncs 73 

Rtqueza y pobrejia 275^ 276, 277 y ^79 

Rlquezas 71 

— Necedad del que de cilas sc envanecc 244 

— Su relaci(5n Con el deseo de poscerlas 340 

Rostro. Espcjo de bi veracidud , 311 

Sabldurfa y virtud. No Ihs otor^itt Uias siuo A sujelos dij^nos 

y capaces 5" 

Sablos, Plftcercs que o':asionan 50 

— (Kiividifi enlre los) 280 

Secretos: sc dcben guardar 1^7 

Silenclo. Sus ventajas 3^4 

— en IflS reiiTiiones ciiifitflkas 335 

SInccrldad. Sus elerncntos 206 

Sobrledad. Sus clementos ioo 

SociabMIdad. Sus li'mites 63 

— Sus pcligros 6^ 

Soclcdad mcreantlK Su incompatibtlidad con U amjstad IS4 

Susplcacia: defecto que el autor confiesa .................. 105 

~~ Es ocasi6n d& la meiUira 3^*^ 

Talento prfictico 192 

Tamitroc. Vanidad del sujoto quo no poset nada de que 

envancccrsc ^65, 266 y 267 

Temperamcnto fiMoltiyico. Origen de las cualidades intelec- 

tualcs y morales '. 247 

TolerancEa. Sus elcmenlos, . , 205 



I7t> 



Tonteria 1S9 

Trakldn. Contrn tl honor y caiitra las riquezas 289 

Tranquilldad del ascela y del desvergonzado. ;; i 1 

— e intranrjuilidad del inteli^enle 315 

Trftto frccucnte con cl cncmigo. Sus efectos 315 

— social; sus formulas. i2$, 126 y 127 

ValentJa. Mayor en los aniinales que en cl hoinbrc 19 

— No dcbe inspirar vanidad.. 2^9 

Vanaglorla: Su sinrazin. S6I0 cs adinisiblc accrca dc las do- 
tes intelectuales iS y 23 

— No debc fuodarsc en lus cuali Jades fiiicns 19 ^ 22 

— Cabc dc Us cualtdftdes espirituales ■. . 24 

Vanldad: dcfccto que ol autor confiesa 99 

— Defcclos que im]jlica 2H y 225 

-* Su siuTnz6n 223 y 231 i 277 

— Su reliici^in con la fortalcz:i 239 y 240 

-- de In bellczft (hku ?45 

— Su relaci6n con la i)actuin:i!i : . 258 

— Ku incompatibilidiid con la jusiicia .,,......,... 259 

-- Vicios que origino 262 

— Su grado fnfimo 263 y 264 

— infundada ^265, 266 y 267 

— Su rtilaci^n con el cnLcndiniicnto y cl lalento 26B 

■™ Su iiicdicinn C3 1a indigencia y la obscuridad. ........... 269 

— originada cii la liqueza - - 270 

— Necedad dc la que se funda on las cualidadcs dt; la mujer 

6 los hijos 27 1 

Veracldad. Su dciiuncia por ul rustro 311 

Vtclo [Influjo de la ignoranci^i en la prdcLicadcP 54 

Vicloa: Su dtferencia de Las virtutUs lO 

-^ Su censura • - l'? 

— Sus elcmentos 19^ 

— dcrivados dc la vanJdad 262 

■ 

— Contraslc cntrc las palabras y las obras de los que los 
praclican 314 

VIdar Su parecido con Jas soinbras chinescas dc la Unterna 

Uii-giCH - - • ^3 

- temporal. Su vanidad, coinparada con la eterna. ........ .28 

-^ social. Necesidad de la tcserva en la , 125 

" social. Necesidad de la afabilidad en la. 3° 

— social. Danos que causa - - 3w 

VHeza del que cs avaro de su cicncia. 37 

VEolencia ''^ 



J 



~ 177 -^ 

Vlrtud. Consists en temcr A Dios y dommaf las pasiones. 25 y 26 

— y s^bidaria - - - 5^ 

— Inllujo dc I3 cLiiciii cii l:i practica ds la. . . .-. ■ 54 

^— Consiste cii an lyrmiao medio - 295 

Virtudes: Phoercs que ocasionan, mayorjs quu los de los 

vicios. ' ■ ■ - • • 3 

— Akbanzadclas <5 Y ^1^ 

— - Su difercticia de los vicios 16 

— Son dones ^rsluitos de Dios ■ • 55 

^— Su5 elomentos. - • '95 

". y vicios. Difereticia eiUrt; tl juicio quo in^rjccii y su piac- 

tica 297 

Virtuoso. VvJiitajab do l;i cjiisur,* p;ira cl 14 

VltupeHo 151 

— Sus dtif jctos 274 

— y atabanza H7 7 MS 

Voz. Mda hefmoiii cii ai^aima unima[^a i]uc uii (il hoinbrc. . '22 



II 



IN DICE DE NOMBl^ES PROPIOS w 



Fags, 



Abdelm^lic hijo de Tdric (Abumcru^nJ 

Abenasamak - ■ ■ ■ US Y 

Abenuh I2l y 

Abubcqiicr. hijo tie Abulfiad 

Abuiljialiitn I2I y 

Abalaliab Abdelozfl^ hijo dc Abdelinotalib 121 y 

Abulasuftd El Duaii (vOase Ddlim) 164 y 

Abu Mohamed, el M&jrii: (el milagrero) 

Abumoslem el de yorasan - 

AdAn 

Alhasan, hijo dc All 164 y 

Alhasan de Uasora - - 

All 130 y 

Arabia - . . 

Azzabir hijo de Bata 

Basora, 

Buzurchomihr el Versa i . 

DAlim ben Amru, ben Chandal ben SofiAn. Abulasuud el 

Duflli 

liciJK.. ■ . . 

Grecia ..,.,. 

Harun Avraxid - . . . l 15 X 

Israel 

JAlid 

Mahoma i, 13, no, rig, 1^2, 127, 130 y 

Medina - 

Mobarec, seiior de Valencia . 

Modafir, scnor de Valencia 

Mohdmcd ben AbdalA el Secrctario .'. . 

Otman Abenmohaiiiis 

Pci-sia I T9 y 

PlaL6n cl Atcniens J 

Ziyad Hiuahilii 



112 


116 


122 


S4 


123 


122 


165 


35 


132 


121 


'65 


20 


164 


120 


130 


loS 


30 


164 


M 


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116 


"54 


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^65 


92 


60 


60 


36 


84 


^54 


20 


122 



(rj Cifadod en el opusculo traducido, can exclusion de las noEa-i- 



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