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Full text of "Diario de Debates del Congreso Constituyente Querétaro de 1916 - 1917. To mo I"

Suprema Corte de Justicia de la Nación 



Nueva Edición del 

Diario de Debates 

del 

Congreso Constituyente 



1916- 1917 



DIARIO DE LOS DEBATES 
DEL 

CONGRESO CONSTITUYENTE 

QUERETARO 1916—1917 



EDICIÓN FACSIMILAH 



lacio 



,aborde 



Suprema Corte de Justicia de la Nación 



Nueva Edición del 

Diario de Debates 

del 

Congreso Constituyente 

1916-1917 



Tomo I 



Ignacio Marván Laborde 

Profesor e investigador del 
Centro de Investigación y Docencia Económicas, A.C. 



SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN 



Ministro Mariano Azuela Güitrón 
Presidente 

Primera Sala 

Ministra Olga María Sánchez Cordero de García Villegas 
Presidenta 

Ministro José Ramón Cossío Díaz 

Ministro José de Jesús Gudiño Pelayo 

Ministro Juan N. Silva Meza 

Ministro Sergio A. Valls Hernández 

Segunda Sala 

Ministro Juan Díaz Romero 
Presidente 

Ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano 

Ministro Genaro David Góngora Pimentel 

Ministra Margarita Beatriz Luna Ramos 

Ministro Guillermo I. Ortiz Mayagoitia 



Comité de Publicaciones y Promoción Educativa 

Ministro Mariano Azuela Güitrón 

Ministra Margarita Beatriz Luna Ramos 

Ministra Olga María Sánchez Cordero de García Villegas 



Comité Editorial 

Dr. Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot 

Secretario Ejecutivo Jurídico Administrativo 

Mtra. Cielito Bolívar Galindo 

Directora General de la Coordinación de 
Compilación y Sistematización de Tesis 

Lie. Laura Verónica Camacho Squivias 

Directora General de Difusión 

Mtro. César de Jesús Molina Suárez 

Director General de Casas de la Cultura Jurídica 

y Estudios Históricos 

Dr. Salvador Cárdenas Gutiérrez 

Director de Análisis e Investigación Histórico Documental 




v&se&iíaxüám 



Los primeros diez años de la Novena 
Época del Semanario Judicial de la Fede- 
ración, iniciada en virtud de las reformas 
constitucionales que modificaron la es- 
tructura competencial y orgánica de la 
Suprema Corte de Justicia de la Nación, 
dio origen a diversas actividades y publi- 
caciones conmemorativas, entre las que 
se cuenta el presente trabajo, de Ignacio 
Marván Laborde. 

Esta obra en tres tomos, constituye una 
nueva edición del Diario de Debates del 
Congreso Constituyente de 1916-1917, 
del que se conocen varias versiones, de 
entre ellas destacan la de la Cámara 
de Diputados y la del Instituto de Estudios 
Históricos de la Revolución Mexicana. 
La publicación que aquí se presenta res- 
pondió al hallazgo de una colección 
completa de dictámenes elaborados por 
las Comisiones de Constitución, Primera 



y Segunda del Constituyente, las cuales 
arrojan más luz sobre los trabajos prepa- 
ratorios, de discusión y aprobación de 
nuestra Constitución Política de los Es- 
tados Unidos Mexicanos. 

Es importante destacar que la presente 
edición, a diferencia de las versiones 
anteriores, expone el proceso legislativo 
de cada artículo, lo que facilita su con- 
sulta global. Por otra parte, además de la 
incorporación completa del dictamen y 
el debate de cada uno de los artículos, se 
incluye el texto del artículo correspon- 
diente en la Constitución de 1 857, vigente 
en noviembre de 1916, y el texto pro- 
puesto en el Proyecto de Constitución. 

La obra pretende ilustrar al lector sobre 
los dictámenes, discusión y aprobación 
del articulado que actualmente regula al 
Estado mexicano. Desde hace tiempo 



VI Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



existe el debate sobre la conveniencia de 
reemplazar o reformar íntegramente la 
Constitución; pero debe tomarse en 
cuenta que una decisión de tal naturaleza 
requiere de una acción responsable. Para 
ello, es obligada la lectura de este tra- 
bajo, el cual informa sobre el contexto 



político militar en el que se convocó y 
actuaron los Constituyentes. 

Sin duda, es importante conocer la gé- 
nesis de la Constitución tanto como el 
alcance de sus reformas y de la jurispruden- 
cia de este Alto Tribunal que la interpreta. 



Comité de Publicaciones y Promoción Educativa 
de la Suprema Corte de Justicia de la Nación 

Ministro Mariano Azuela Güitrón 

Ministra Margarita Beatriz Luna Ramos 

Ministra Olga Maria Sánchez Cordero de García Villegas 



Q/ni, 



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fMXXsOWs 



Si, en la actualidad circulan ediciones 
accesibles del Diario de Debates del Con- 
greso Constituyente de 1916-1917, sobre 
todo, si la Constitución Política de los 
Estados Unidos Mexicanos ha sido objeto 
de tantas enmiendas, cualquiera se pre- 
guntará ¿para qué reeditarlo?, y lo que 
es más, ¿por qué hacer una nueva edi- 
ción? Las razones son de diversa índole, 
pero todas responden al objetivo de contri- 
buir a una mejor comprensión de nuestra 
Constitución. 

En primer lugar, esta Nueva edición se 
debe a que hoy vivimos una nueva época 
constitucional, lo cual nos exige profun- 
dizar en el conocimiento de la Constitu- 
ción de 1917. Nuestra vida pública está 
marcada por un debate permanente sobre 
el sentido, alcance y limitaciones de nues- 
tra Constitución. Se trata de un debate 
vivo, con repercusiones cotidianas que 
ha sido generado, fundamentalmente, por 



la fuerza que hoy tiene el reclamo de res- 
peto a los derechos fundamentales, por 
la pluralidad y la competencia democrá- 
tica que han hecho que la división del 
poder sea una realidad y no mero forma- 
lismo, por los retos que nos plantea la 
globalización y por el fortalecido papel 
que hoy tiene la Suprema Corte de Jus- 
ticia como intérprete último de la Consti- 
tución. En estas circunstancias, es necesario 
volver a estudiar las fuentes primarias 
para entender mejor cuáles fueron el con- 
texto, el sentido y la profundidad de las 
decisiones tomadas por los constituyentes 
en 1916-1917. 

La Nueva edición también busca respon- 
der a las propuestas de realizar un Consti- 
tuyente para elaborar una nueva Constitu- 
ción. Aunque parezca paradójico, hoy que 
tenemos una vida constitucional intensa, 
hay quienes sostienen que nuestra Cons- 
titución es obsoleta y que es necesario 



VII 



VIII Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



llamar a una nueva Asamblea Constitu- 
yente para hacer una nueva Constitución, 
o al menos "una reforma integral" a la 
Constitución vigente. Para entender 
cabalmente lo que esto significa, es indis- 
pensable conocer con mayor exactitud 
cómo y en qué circunstancias se hizo 
la Constitución de 1917 y, desde luego, 
revisar directamente las fuentes para ana- 
lizar sin prejuicios, no sólo lo que efecti- 
vamente puede ser considerado obsoleto 
sino, sobre todo, los elementos y disposi- 
ciones constitucionales que siguen siendo 
un factor fundamental de cohesión de los 
mexicanos como nación independiente. 

Las ediciones en curso del Diario de 
Debates del Congreso Constituyente 
de 1916-1917 responden con dificultad 
a la necesidad de profundizar en el cono- 
cimiento del Constituyente y de la Consti- 
tución, en virtud de que en ellas es difícil 
seguir el proceso legislativo de aproba- 
ción del articulado de la Constitución. 
Las ediciones que comúnmente se 
consultan son impresas en papel, la edi- 
tada por el Instituto de Estudios Histó- 
ricos de la Revolución Mexicana en 1985, 
con motivo del 75o. aniversario de la 
Revolución Mexicana de 1910, que a su 
vez es una reedición de la publicada en 
1960, como homenaje a Venustiano 
Carranza, por el mismo Instituto, en la 
cual se reprodujo la edición original de 



1917. En medios electrónicos están dis- 
ponibles en disco compacto la incluida 
en la edición del Diario de Debates de la 
Cámara de Diputados de 1917 a 1994 y 
la versión que puede consultarse en la pá- 
gina Web de la misma Cámara; ambas 
copias de la edición original impresa en 
papel. Dada su naturaleza de diario, esta 
versión está ordenada de acuerdo al de- 
sarrollo cronológico de las sesiones y su 
objetivo es dar cuenta, día por día, de todo 
lo que en cada una de ellas se trató. Por 
ello, para conocer el proceso legislativo 
completo de discusión y aprobación del 
articulado, hay que localizar no sólo la 
sesión o sesiones en las que un deter- 
minado dictamen de un artículo fue dis- 
cutido, sino la sesión en que se leyó el 
dictamen y si queremos saber cómo se 
votó y con qué resultado hay que ubicar 
también la sesión en que ese artículo 
fue votado. Y a esta complejidad debe- 
mos añadir que las ediciones en curso 
no incluyen todos los dictámenes del 
articulado que se presentaron a discusión 
para la aprobación del pleno. Estas limi- 
taciones y el hecho de que en el desarrollo 
de la investigación que he venido reali- 
zando sobre cómo se aprobó la Constitu- 
ción de 1917, al consultar en Jiquilpan, 
Michoacán, el Archivo del Diputado 
Constituyente, General Francisco J. Mú- 
gica, encontré una colección completa de 
los dictámenes que fueron elaborados por 



Introducción IX 



la la. y 2a. Comisión de Constitución del 
Constituyente, motivaron la idea de reali- 
zar una nueva edición de este Diario de 
Debates, en la que se hiciera más ac- 
cesible al lector el conocimiento del 
proceso de dictamen, discusión y aproba- 
ción del articulado de la Constitución. 

La Nueva edición consta de tres to- 
mos. El primero corresponde a todo el 
Título Primero de la Constitución, cuyo 
proceso legislativo abarcó más de la 
mitad del tiempo de discusión del articu- 
lado. En el segundo tomo se presenta el 
material correspondiente a los otros ocho 
títulos de la Constitución, a los artícu- 
los transitorios y los dictámenes elabo- 
rados para un título sobre las bases 
constitucionales para la organización del 
ejército que finalmente no fue discutido 
en el pleno, ni incorporado a la Constitu- 
ción. Y, el tercero y último tomo, ha sido 
integrado por el apéndice documental, los 
anexos e índices que complementan 
esta obra. 

En la Nueva edición, no se reproducen 
las discusiones de Colegio Electoral, ni 
de asuntos varios que se trataron en las 
sesiones, que no corresponden al proceso 
de aprobación del articulado y son pres- 
cindibles para la comprensión del mismo; 
y se publica, ordenado artículo por 
artículo, el texto del precepto correspon- 



diente de la Constitución de 1857, según 
lo vigente en noviembre de 1916, la pro- 
puesta de reforma a ese artículo planteada 
en el Proyecto de Constitución presen- 
tado por Venustiano Carranza, el dicta- 
men o dictámenes del texto que aprobó 
la comisión correspondiente, la discusión 
completa y continua del dictamen, el tex- 
to aprobado por el pleno y el resultado de 
la votación, tanto en números absolutos 
como relativos de los diputados constitu- 
yentes presentes al momento de votar. 
Con estos elementos el lector tendrá a la 
vista los documentos básicos a partir de 
los cuales se tomaron las decisiones en el 
Congreso Constituyente de 1916-1917 
y con facilidad podrá ver, artículo por 
artículo, cuál era el texto vigente, cuál la 
propuesta, cuáles las enmiendas propues- 
tas por las Comisiones, los términos 
exactos de cada discusión y cuáles fueron 
las enmiendas al proyecto, al dictamen o 
a ambos que fueron impulsadas por el 
pleno. A partir de lo cual, sin necesidad 
de intérpretes, los lectores podrán saber 
entre qué opciones decidieron los consti- 
tuyentes, cómo decidieron y cuál fue en 
realidad la magnitud y profundidad de los 
cambios. 

Para cada dictamen he elaborado un bre- 
ve comentario. En los casos en que no hubo 
mayor cambio en relación a la Constitu- 
ción de 1857 y que fueron aprobados sin 



X Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



discusión y por amplia mayoría o unani- 
midad, sólo se da cuenta del proceso 
legislativo del dictamen; y, en todos 
aquellos artículos en que la reforma fue 
significativa, hallan o no generado debate 
o división de opiniones, en el comentario 
se explica el contexto histórico básico de 
la reforma, el estado en el que se encon- 
traba el debate sobre el tema en ese mo- 
mento y las fuentes jurídico-políticas 
que contribuyen al análisis de la reforma 
en cuestión. Para no abrumar al lector 
con un extenso aparato de citas que 
harían más densa la consulta, los docu- 
mentos en que se apoyan estos comenta- 
rios son reproducidos en el apéndice 
documental. 

Aunque los textos que componen esta 
Nueva edición hablan por sí mismos, creo 
conveniente advertir a quienes consulten 
esta obra acerca de cuestiones que consi- 
dero importantes para entender cabal- 
mente el proceso de discusión y aproba- 
ción de la Constitución. Me refiero a 
las circunstancias en que fue convocado 
y celebrado el Congreso Constituyente 
que aprobó la "Constitución Política de 
los Estados Unidos Mexicanos que Re- 
forma a la del 5 de febrero de 1857"; a 
las reglas que se le dictaron para su inte- 
gración y desarrollo; a las características 
políticas comunes que tenían sus inte- 
grantes; y a una ubicación ideológica 



mínima de las decisiones que en este 
Constituyente se tomaron, en la pers- 
pectiva tanto de la evolución que el libe- 
ralismo mexicano había tenido desde 
finales del siglo XIX, como de lo que 
estaba pasando en el mundo. 

Acerca de las circunstancias en las que 
se concretó la idea de realizar una 
Asamblea Constituyente 

Nadie sabe a ciencia cierta desde cuando 
Venustiano Carranza, Primer Jefe del 
Ejército Constitucionalista, encargado 
del Poder Ejecutivo, cristalizó la idea de 
convocar a un Congreso Constituyente, 
pero sí es muy claro que esta idea se fue 
consolidando conforme se desarrollaron 
los acontecimientos. Los hechos son, pri- 
mero, que Carranza entre 1913yel30de 
abril de 1917, no sólo encabezó al Ejér- 
cito Constitucionalista, emitió dinero, cobró 
impuestos y designó autoridades civiles 
y militares, sino que decretó una volumi- 
nosa obra normativa que por la vía revo- 
lucionaria transformó la legislación del 
país, la cual abarcó adiciones, reformas 
a las leyes vigentes, nuevas leyes, refor- 
mas a la Constitución de 1857, así como 
las respectivas convocatorias a eleccio- 
nes de ayuntamientos en todo el país, de 
diputados para realizar un Congreso 
Constituyente y, posteriormente, para ele- 
gir a los poderes constitucionales de la 



Introducción XI 



Federación y de los Estados. Cabe señalar 
que, de origen, todo ello se fundamentó 
con base en el Decreto 1421, del 19 de 
febrero de 1913, emitido por el Congreso 
del Estado Libre e Independiente de 
Coahuila de Zaragoza, que otorgó al go- 
bernador del Estado facultades extraor- 
dinarias en todos los ramos de la adminis- 
tración para coadyuvar al sostenimiento 
del orden constitucional; y en el Plan de 
Guadalupe, firmado el 26 de marzo del 
mismo año, en el que se formalizó la 
designación de Carranza como Primer 
Jefe del Ejército Constitucionalista. 

En este marco general, por lo que se re- 
fiere en particular a la idea de una nueva 
Constitución, la evolución sucinta fue la 
siguiente. En 1913, el 24 de septiembre, 
en Hermosillo, Sonora, en su discurso 
ante el Ayuntamiento, Carranza señaló que: 
"Tendremos que removerlo todo. Crear 
una nueva Constitución cuya acción bené- 
fica sobre las masas nada ni nadie pueda 
evitar". En 1914, el 4 de febrero, median- 
te el Decreto 20, se adoptó oficialmente 
el lema, "Constitución y Reformas", para 
las disposiciones de todas las autoridades 
civiles y militares; el 8 de julio se firmó 
el Pacto de Torreón, mediante el cual las 
Divisiones del Norte y del Noreste, enca- 
bezadas respectivamente por los gene- 
rales Francisco Villa y Antonio I. Villa- 
rreal, se comprometieron a "emancipar 



económicamente al proletariado, hacien- 
do una distribución equitativa de las tierras 
y procurando el bienestar de los obreros". 
El lo. de octubre, en la Ciudad de México, 
Carranza asistió al inicio de la Conven- 
ción de jefes revolucionarios con mando 
de tropa, y en su discurso planteó un 
programa de diez puntos de reformas, "ya 
platicado con los principales jefes mili- 
tares", en el que se incluían la libertad 
municipal, la resolución del problema 
agrario, el mejoramiento económico de 
la clase obrera, la cuestión del divorcio, 
así como la nulidad de contratos y conce- 
siones inconstitucionales; y, al día si- 
guiente, al intervenir Luis Cabrera, a 
nombre de los civiles, le planteó a los 
jefes revolucionarios con mando de tropa, 
que el principal problema eran las refor- 
mas sociales y que para tener un gobierno 
verdaderamente constitucional era nece- 
sario formar una Constitución adecuada 
a las necesidades del país, por lo que era 
indispensable realizar un Congreso Cons- 
tituyente. El 5 de octubre, la Convención 
se trasladó a Aguascalientes, el día 30, 
después de que los convencionistas pac- 
taron con los representantes de Emiliano 
Zapata la adopción del Plan de Ayala, se 
incorporó a esta junta de generales el 
Ejército Libertador del Sur y el 2 de 
noviembre, tras ser designado el general 
Eulalio Gutiérrez Presidente de la Repú- 
blica, se escindieron las fuerzas revolucio- 



XII Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



narias. Carranza desconoció la legitimi- 
dad de la Convención para integrar un 
gobierno provisional. En los primeros 
días de diciembre, trasladó el gobierno 
que el encabezaba a la ciudad de Veracruz 
y, en tanto el Primer Jefe reorganizaba el 
Ejército Constitucionalista para enfrentar 
a las fuerzas de la Convención, desplegó 
una ofensiva político-jurídica para dar 
cauce a las demandas sociales y econó- 
micas de la revolución. Formó, en la Se- 
cretaría de Instrucción Pública, la Sección 
de Legislación Social, encargada de 
elaborar los proyectos de reforma; el día 
12 se promulgaron las Adiciones al Plan 
de Guadalupe, en las que se estableció 
que el Primer Jefe "expedirá y pondrá en 
vigor, durante la lucha todas las leyes, 
disposiciones y medidas encaminadas a 
dar satisfacción a las necesidades econó- 
micas, políticas y sociales del país"; y es- 
tipuló que, al terminar la guerra y una vez 
que la Suprema Jefatura se haya reinsta- 
lado en la Ciudad de México, el Primer 
Jefe, Encargado del Poder Ejecutivo de la 
Nación, primero convocaría a elecciones 
municipales, después a elecciones del 
Congreso, "fijando las fechas y los térmi- 
nos" de las mismas y, una vez instalado 
el Congreso, el Primer Jefe sometería a la 
consideración del mismo las reformas 
expedidas, para que se eleven a preceptos 
constitucionales las que deban tener ese 
carácter, antes de regresar al orden consti- 



tucional. Si bien en estas Adiciones al 
Plan de Guadalupe, Carranza no habló 
de una Asamblea Constituyente y estable- 
ció que las elecciones legislativas, previas 
al regreso al orden constitucional, serían 
para integrar el Congreso de la Unión, 
es decir ambas cámaras, es claro que quedó 
planteado ya un procedimiento extra- 
ordinario para reformar la Constitución 
de 1857. 

El 25 de diciembre se estrenaron estas 
Adiciones con el decreto de reforma a la 
Constitución de 1857 para establecer el 
Municipio Libre; y el día 29 decretó las 
Adiciones a las Leyes de Reforma, para 
instituir el divorcio, así como las refor- 
mas correspondientes al Código Civil del 
Distrito Federal. La ofensiva legislativa 
se intensificó en los primeros meses de 
1915: el 6 de enero, Carranza promulgó 
la ley para el reparto agrario; el 29, de- 
cretó la adición al Artículo 72 a la frac- 
ción X de la Constitución, para añadirle 
al Congreso la facultad de legislar en toda 
la República, junto con las materias de 
minería, comercio e Instituciones de Cré- 
dito, la de legislar sobre el Trabajo; con 
base en ello, el 23 de marzo decretó el 
incremento salarial a los trabajadores de 
la industria textil, en tanto se estable- 
cían las bases del salario mínimo; y, el 
9 de abril, el General Alvaro Obregón, 
Jefe de la División del Noroeste y en ese 



Introducción XIII 



momento jefe de las operaciones milita- 
res del Ejército Constitucionalista, decretó 
el salario mínimo en el territorio domi- 
nado por los constitucionalistas, el cual 
fue ratificado por Carranza el día 26 del 
mismo mes. 

Estas acciones fueron acompañadas de 
una intensa campaña de propaganda 
lanzada desde el puerto de Veracruz al 
territorio controlado por los constitu- 
cionalistas y al extranjero. Numerosos 
estudios y proyectos de la Sección de Legis- 
lación Social se publicaron en El Pueblo, 
diario formado por Carranza. Se realizó 
una serie de conferencias-mitin, en las 
que ideólogos y funcionarios del gobier- 
no preconstitucional como el Dr. Atl, 
Modesto Rolland, Jesús Urueta, Isidro 
Fabela, Luis Cabrera, Roque Estrada y 
José Natividad Macías, hablaron de la 
ubicación de la revolución constitucio- 
nalista en el mundo, de las cuestiones 
agraria y obrera, de la situación interna- 
cional así como de la necesidad de hacer 
reformas radicales y derrotar militarmen- 
te al villismo. Fue en ese contexto en el 
que el ingeniero Félix Palavicini, Oficial 
Mayor de la Secretaría de Instrucción 
Pública, Encargado del Despacho, publi- 
có en El Pueblo, entre el domingo 26 y 
el jueves 28 de enero de 1915, una serie 
de cinco artículos en los que desarrolló la 
idea de la necesidad de que, una vez que 



se lograra la derrota militar de Villa y 
antes de la integración constitucional de 
los poderes federales y locales, fuera con- 
vocada una Asamblea Constituyente que 
hiciera las reformas necesarias a la Cons- 
titución de 1857. Para Palavicini el nuevo 
Constituyente tendría el doble objetivo de 
dotar de la mayor legitimidad a las refor- 
mas que por la vía revolucionaria estaban 
haciendo los gobernadores, jefes revolu- 
cionarios y el Primer Jefe; y, a la vez, 
revisar otras cuestiones constitucionales 
tales como: la elección de magistrados, 
el sufragio universal, la vicepresidencia, la 
soberanía de los Estados y la debilidad 
del Poder Ejecutivo; es decir, toda la agen- 
da de críticas y de propuestas de reforma 
a la parte orgánica de la Constitución de 
1857 que venía de tiempo atrás y que Emi- 
lio Rabasa recogió en su libro La Cons- 
titución y la Dictadura, publicado por 
Revista de Revistas en 1912. Cabe un 
paréntesis para señalar que esta revista 
recién había sido fundada, era dirigida 
por Luis Manuel Rojas, quien posterior- 
mente se incorporó al equipo de Carranza 
y en 1916 participó en la elaboración del 
Proyecto de Constitución, y a la postre 
fue electo Presidente del Congreso Cons- 
tituyente. El planteamiento expresado por 
Palavicini en estos artículos parece im- 
pecable y muy oportuno, sobre todo porque 
mientras los constitucionalistas avanza- 
ban en la concreción de un amplio progra- 



XIV Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



ma de reformas, el gobierno de la Con- 
vención discutía y discutía, pero no lograba 
siquiera definir un programa mínimo. Sin 
embargo no hay que perder de vista que 
para concretar la idea de una Asamblea 
Constituyente todavía era necesario derro- 
tar a Villa y es importante señalar que, 
en el momento en que estos artículos fue- 
ron publicados, la superioridad militar de 
Villa era reconocida por todos; los con- 
vencionistas controlaban la capital y 
ocupaban la administración "oficial". 



ma; respeto a las propiedades adquiridas 
legítimamente que no constituyeran 
monopolio o privilegio, y no efectuar con- 
fiscaciones en la solución del problema 
agrario; así como desarrollo de la educa- 
ción pública en cooperación con la pri- 
vada que se someta a la ley. Finalmente, 
prometió que cumpliría el plan de regreso 
al orden constitucional establecido en las 
Adiciones del Plan de Guadalupe y omi- 
tió plantear explícitamente la realización 
de un Congreso Constituyente. 



Sin embargo, después de que el Ejército 
Constitucionalista logró vencer militar- 
mente a Villa, Carranza optó por tratar 
de moderar el reformismo. En su Mani- 
fiesto a la Nación, del 1 1 de junio de 
1915, tras remarcar su situación de clara 
superioridad, señalando que los constitu- 
cionalistas tenían el control de "siete 
octavas partes del territorio y veinte de 
los veintisiete estados" y que adminis- 
traban "todos los puertos marítimos tanto 
del Atlántico como del Pacífico, a excep- 
ción de Guaymas, y los puertos fronteri- 
zos al Sur y al Norte, con excepción de 
Piedras Negras, Ciudad Juárez y Noga- 
les", llamó a someterse a las facciones 
que todavía ofrecían resistencia armada 
y, buscando calmar a los alarmistas, ofre- 
ció garantías e indemnizaciones justas a 
los extranjeros; respeto a la libertad reli- 
giosa en el marco de las Leyes de Refor- 



Lo cierto es que en esos días y durante 
todo el segundo semestre de 1916 la prio- 
ridad era establecer el orden y organizar 
el gobierno, así como obtener sin condi- 
ciones el reconocimiento internacional al 
gobierno constitucionalista por lo que, 
al menos por un tiempo, la idea de un 
nuevo Constituyente pareció desvane- 
cerse. De hecho, no volvió a aparecer pú- 
blicamente sino hasta febrero de 1916, 
cuando en el número 302 de Revista de 
Revistas, publicado el 13 de ese mes, en la 
portada apareció la foto de Carranza con 
José Natividad Macías y Luis Manuel 
Rojas quienes, respectivamente, ocupa- 
ban los cargos de rector de la Universidad 
Nacional y de director de la Biblioteca Na- 
cional, y se informa que el Primer Jefe 
los comisionó para elaborar un proyecto 
de Constitución. En ese número y en el 
303, del 20 de febrero, se publicó un artícu- 



Introducción XV 



lo editorial que aplaude sin reservas la 
conveniencia de convocar a un Congre- 
so Constituyente en el que ponderada- 
mente se hicieron elogios y críticas a la 
Constitución de 1 857, pero no se mencio- 
naron ni las fechas, ni las características 
que tendría el Constituyente. Un mes des- 
pués, el 13 de marzo, de manera paralela 
a la encomienda dada a Rojas y Macías, 
en la Secretaría de Justicia se instaló otra 
comisión integrada por el titular de esa 
dependencia, Roque Estrada, por el Ofi- 
cial Mayor Ignacio Ramos Praslow y, entre 
otros, por los abogados Fernando Lizardi 
y José Diego Fernández, con el propósito 
de discutir una propuesta de reformas a 
la Constitución de 1 85 7 que había prepa- 
rado desde hacía tiempo el licenciado 
Fernández. Esta comisión trabajó hasta 
el 23 de agosto de 1916 y formalmente 
aprobó, artículo por artículo, un proyecto 
de Constitución del que no se sabe cuál 
fue su destino. 

Sin embargo, cuando parecía que el go- 
bierno constitucionalista caminaba hacia 
su consolidación la situación se volvió a 
complicar. La noche del 8 al 9 de marzo 
Villa invadió Columbus. El día 16 de 
marzo una expedición de diez mil solda- 
dos del Ejército de los Estados Unidos 
invadió el norte del Estado de Chihuahua 
para perseguirlo y se generaron serias 
tensiones y largas conferencias con el 



gobierno de los Estados Unidos para que, 
sin condiciones, se retiraran. En el frente 
obrero, las relaciones entre los sindicatos 
y el gobierno se tensaban de manera cre- 
ciente. Ante la depreciación acelerada del 
dinero las organizaciones de trabajadores 
se movilizaron para demandar incremen- 
to de los salarios y el pago en metálico. 
La crisis estalló el 30 de julio, cuando la 
Casa del Obrero Mundial acordó irse a 
la huelga general. El día 3 1 pararon miles 
de trabajadores en la ciudad de México, 
no hubo electricidad, ni tranvías, ni agua 
potable. El lo. de agosto se decretó la 
ley marcial para los huelguistas y fue- 
ron aprehendidos los dirigentes del Sindi- 
cato Mexicano de Electricistas y sometidos 
a Consejo de Guerra. Paralelamente, para 
dar respuesta a esta situación y reorga- 
nizar el sistema financiero, el gobierno 
preconstitucional exigía a los bancos que 
en cumplimiento con la legislación ban- 
cada demostraran sus reservas en metá- 
lico. Ante la falta de solidez de unos y 
las resistencias de otros, canceló algunas 
concesiones y, el mismo día en que se 
publicó la convocatoria al Constituyente, 
el 15 de septiembre de 1916, Carranza 
decretó la incautación de la banca. 

En el frente político-militar el gobierno 
constitucionalista también enfrentaba 
severas complicaciones. Al norte, el mis- 
mo 15 de septiembre por la noche, Villa 



XVI Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



tomó momentáneamente la ciudad de 
Chihuahua y liberó a los presos políticos. 
A partir de ese momento, Villa tuvo un 
resurgimiento de varios meses a pesar 
de que en ese Estado estaban apostados 
con el objetivo de perseguirlo 10,000 sol- 
dados constitucionalistas y otros 10,000 
del ejército de los Estados Unidos. En esos 
meses, ayudado por el rechazo a la pre- 
sencia de fuerzas norteamericanas en 
el país, Villa retomó apoyo popular y el 
control de buena parte del campo 
chihuahuense. Y al sur, aun cuando hacía 
tiempo que ya se había dado la ruptura 
entre villistas y zapatistas, la situación 
tampoco estaba bajo control de los consti- 
tucionalistas. Zapata todavía tenía un 
ejército guerrillero de 5000 hombres. 
El mismo 15 de septiembre de 1916, toda- 
vía expidió una ley de libertades munici- 
pales para su zona de influencia, en la 
que abolía "los controles federales y esta- 
tales sobre los ayuntamientos en materia 
de administración y hacienda". El lo. de 
octubre, en un comunicado a los medios 
nacionales e internacionales, calificó de 
"monstruosa simulación" a la convención 
constituyente convocada por Carranza y 
aseveró que "no hay una sola vía de 
comunicación que se pueda decir con- 
trolada por el carrancismo" . Adoptó la tác- 
tica de suspender las luchas en el Estado 
de Morelos y hacer incursiones armadas 
para desprestigiar al gobierno del Primer 



Jefe "en puntos neurálgicos del centro 
y sur" en Puebla, Tlaxcala, sur de 
Hidalgo, Estado de México, Michoa- 
cán y Guerrero. 

Esas fueron las circunstancias internacio- 
nales, económicas y político-militares en 
las que, finalmente, el Primer Jefe del Ejér- 
cito Constitucionalista, encargado del 
Poder Ejecutivo, decidió convocar a la 
realización de una Asamblea Constitu- 
yente. Los plazos y términos en los que 
fueron expedidas la convocatoria y la ley 
electoral, como es lógico, obedecieron a 
la gravedad de la situación. 

Acerca de las reglas con las que se 
realizó el Congreso Constituyente 

El conjunto de reglas que normarían la 
realización del Congreso Constituyente 
fue establecido en los siguientes orde- 
namientos expedidos por el Primer Jefe 
del Ejército Constitucionalista. Encar- 
gado del Poder Ejecutivo de la Unión: el 
"Decreto de 14 de septiembre de 1916 
que reforma el Plan de Guadalupe"; la 
"Convocatoria a Elecciones de Diputados 
al Congreso Constituyente" del 15 de 
septiembre; la Ley Electoral Para la For- 
mación del Congreso Constituyente de 
los Estados Unidos Mexicanos", del 19 
de septiembre; y en las modificaciones al 
reglamento interior de la Cámara de Dipu- 



Introducción XVII 



tados, del 27 de octubre. Así como en las 
reformas al reglamento interior del Con- 
greso, aprobadas por los diputados consti- 
tuyentes el 4 de diciembre de 1916. 

El denominador común de estas disposi- 
ciones es la preocupación por asegurar 
lo más posible que la Asamblea se llevara 
a cabo con éxito, para lo cual el Primer 
Jefe puso sumo cuidado en establecer de 
antemano quiénes podrían ser electos, 
cuál era el mandato expreso que tendría 
el Constituyente, cuál su duración, cuál 
sería el método de discusión y aprobación 
del Proyecto de Constitución reformada 
y en dónde se celebraría el Congreso 
Constituyente. La preocupación por fijar 
de manera categórica todas estas cues- 
tiones obedeció a las circunstancias del 
momento pero, sin lugar a dudas, también 
al conocimiento que Carranza y sus cola- 
boradores tenían, por una parte, como 
estudiosos de nuestra historia consti- 
tucional, de las condiciones en que se 
realizó el Congreso Constituyente de 
1856-1857, que se prolongó excesiva- 
mente y que, como tuvo facultades de 
revisar los actos de la administración, 
dio lugar a múltiples conflictos entre di- 
cho Congreso y el gobierno provisional 
de Comonfort. Pero, por otra, de la expe- 
riencia que había resultado del califica- 
tivo de "Soberana" que se dio a sí misma 
la Convención de Aguascalientes. 



El decreto del 14 de septiembre de 1916 
que reforma el Plan de Guadalupe y sus 
adiciones, fijó el porqué, el para qué y 
los límites de la soberanía de dicha Asam- 
blea. El objetivo fundamental era conse- 
guir, a la mayor brevedad posible, "una 
paz estable, implantando de manera sóli- 
da el reinado de la ley". Para ello, era 
necesario discutir y realizar, "por el me- 
dio adecuado", las reformas políticas 
pendientes, particularmente las relati- 
vas a la reorganización de los poderes 
públicos; ya que por medio de las refor- 
mas se podría contrarrestar a los ene- 
migos del constitucionalismo y "obtener 
la concordia de todas las voluntades". 
Carranza consideró que el "único medio" 
para lograr esto era la realización de un 
Congreso Constituyente pero, a la vez 
que justificó su necesidad, limitó sus 
alcances. Sustentó la convocatoria en el 
antecedente histórico del Plan de Ayutla, 
que dio pie al Congreso Extraordinario 
Constituyente de 1856-1857y en el prin- 
cipio constitucional de que la soberanía 
reside esencial y originariamente en el 
pueblo, establecido en el artículo 39; y, 
tras esta fundamentación, Carranza plan- 
teó las limitaciones que tendría este Con- 
greso. Definió, primero, el universo de 
quienes, en las circunstancias del mo- 
mento, podían representar a la soberanía 
del pueblo, restringiendo el campo de los 
elegibles, y no podrían ser electos como 



XVIII Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



diputados constituyentes "los que hubie- 
ren ayudado con las armas o sirviendo 
en empleos públicos a los gobiernos o 
facciones hostiles a la causa constitu- 
cionalista"; más que contra "el antiguo 
régimen" era una disposición para excluir 
a los colaboradores de Huerta y, sobre 
todo, a las otras dos grandes facciones 
de la revolución mexicana: villistas y 
zapatistas. 

En lo que se refiere a los alcances que 
tendría el Constituyente, el poder de la 
Asamblea fue limitado de antemano en 
tres aspectos esenciales: capacidad de deli- 
beración; mandato restringido; y tiempo 
limitado para aprobar la nueva Constitu- 
ción. La Asamblea fue convocada para 
discutir el Proyecto de Constitución refor- 
mada que le presentaría el Primer Jefe 
y no podría elaborar por sí misma o por 
medio de una comisión un proyecto de 
Constitución alternativo; no habría dicta- 
men general ni discusión del Proyecto 
en lo general. Adicionalmente, de acuer- 
do con las reformas al reglamento interior 
del Congreso, se integraría únicamente 
una comisión dictaminadora de reformas 
a la Constitución -en realidad se tuvo que 
integrar una segunda para poder terminar 
en el tiempo establecido-, y se suprimie- 
ron la segunda lectura y la discusión en 
lo general, entrándose a discutir direc- 
tamente artículo por artículo. La Asamblea 



no podría ocuparse de otro asunto que no 
fuera el de las reformas a la Constitu- 
ción, su duración sería de dos meses, no 
podría prolongarse y, al concluir su man- 
dato, quedaría disuelta. Y, para darle 
fuerza a las reglas, los diputados constitu- 
yentes, al tomar posición de su cargo, 
protestarían cumplir con la normatividad 
de excepción establecida en el Plan de 
Guadalupe, en sus adiciones y reformas. 
En los hechos, esto quería decir que no 
estaba a discusión el camino trazado por 
el Primer Jefe para el regreso al orden 
constitucional, es decir, para la elección 
de los poderes constitucionales de la 
Federación y de los Estados. 

De manera particular debo resaltar la 
celeridad con la que tenía que realizarse 
todo el proceso. En total, escasos ciento 
treinta y tres días. Entre la publicación 
de la ley electoral y la convocatoria, del 
19 de septiembre al 22 de octubre, sólo 
treinta y tres días; veintiocho días más 
para que se iniciaran las sesiones prepa- 
ratorias a la instalación; diez días para 
verificar las credenciales, del 20 al 30 de 
noviembre; y dos meses, de treinta y 
un días cada uno, diciembre y enero, para 
concluir el proceso. 

El lugar en el que se realizaría el Con- 
greso no deja de llamar la atención. ¿Por 
qué no en el Distrito Federal?, al parecer 



Introducción XIX 



no hay testimonios que respondan a esta 
pregunta, sin embargo yo encuentro 
argumentos sólidos para que la sede fuera 
la ciudad de Querétaro. En primer lugar, la 
ciudad de México, al menos en sus inme- 
diaciones, todavía era un muy probable 
objeto de incursiones zapatistas que pu- 
sieran en riesgo el propio Congreso. Y desde 
luego que también se buscó evitar la pre- 
sencia inmediata de otros actores con 
peso en la opinión, como las organiza- 
ciones obreras que, en la ciudad de México, 
hubieran tenido mayores posibilidades 
de expresarse y hacer sentir sus puntos de 
vista. 

Acerca de la ubicación del momento 
ideológico en el que se realizó el Congreso 

Hoy, ya que la Revolución Mexicana 
es vista como un hecho histórico, pode- 
mos con serenidad ubicar ideológica- 
mente a nuestros constituyentes. Después 
de leer y releer el Diario de Debates y de 
estudiar el estado de la discusión en México 
y en el mundo de los temas que se discu- 
tieron, pero sobre todo del hecho de que 
de las 179 votaciones de dictamen del 
articulado que tuvieron lugar durante 
el desarrollo del Congreso, 117 se resol- 
vieron por unanimidad, 46 por mayoría 
superior a dos tercios de los presentes 
y solo 15 por mayoría absoluta, puedo afir- 
mar que, en conjunto, los diputados cons- 



tituyentes y el propio Carranza com- 
partieron en lo esencial valores, preo- 
cupaciones y perspectiva del futuro que 
debería tener la sociedad mexicana. 

En primer lugar, eran liberales en el 
sentido mexicano que el término tenía 
en ese momento. No olvidemos que en 
México el conservadurismo fue derro- 
tado política y militarmente y que a partir 
de la República Restaurada se vivió una 
época de hegemonía liberal en la que el 
espacio público de la política fue ocupado 
totalmente por las facciones y las ideas 
del Partido Liberal. A lo largo de la segun- 
da mitad del siglo XIX este liberalismo 
tuvo una influencia crecientemente posi- 
tivista, por lo que la reivindicación de las 
libertades estaba fuertemente mezclada 
con la intervención del Estado para lograr 
la evolución que la sociedad requería, de 
acuerdo con principios "científicos", más 
que "metafísicos". 

Todos, en mayor o menor medida, eran 
anticlericales. En primer lugar, por razo- 
nes políticas inmediatas, pues conside- 
raban que el régimen porfirista había sido 
omiso en la aplicación de las Leyes de 
Reforma, pero condenaban enérgi- 
camente el apoyo que el Partido Católico 
Nacional había dado a la usurpación huer- 
tista. Adicionalmente, su concepción de 
transformar a la sociedad y de formación 



XX Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



de un nuevo mexicano, chocaba frontal- país y que generó una enorme concentra- 
mente con el "control de conciencias" por ción de recursos económicos en manos 
parte del clero católico. de extranjeros. 



Es cierto que su concepción de interven- 
ción del Estado para atender los proble- 
mas económicos y sociales se concretó y 
aceleró con las demandas que acompa- 
ñaron a la lucha armada durante la guerra 
civil y que esto les permitió imprimir por 
primera vez en una Constitución escrita 
derechos sociales, pero no perdamos de 
vista lo que estaba pasando en el mundo 
desde finales del siglo XIX y durante los 
primeros tres lustros del XX. En Esta- 
dos Unidos el progresismo, caracterizado 
por la legislación antimonopólica, la 
reivindicación de los derechos de los tra- 
bajadores y la protección a los pequeños 
agricultores, era un eje fundamental de la 
política; en Europa los socialistas y el labo- 
rismo tenían un peso creciente en la vida 
política de Alemania, Francia e Ingla- 
terra; y en América Latina, en los mismos 
años en que tuvo lugar nuestra revolu- 
ción, en Uruguay, el batllismo también 
legislaba sobre los derechos de los traba- 
jadores. Sin embargo, al mismo tiempo, 
todos nuestros constituyentes estaban 
marcados por un fuerte "mexicanismo" 
y por la desconfianza a los extranjeros, el 
cual expresaba el rechazo al trato privile- 
giado que se les brindó durante el porfi- 
riato en aras de la "modernización" del 



Y, por lo que toca al sistema de división 
de poderes, una mayoría abrumadora 
estuvo de acuerdo con un equilibrio más 
favorable al Ejecutivo en sus relaciones 
con el Congreso y, de manera unánime, 
procuraron darle a la Suprema Corte de 
Justicia independencia con respecto al 
Presidente de la República. En cuanto 
al federalismo, si bien reconocían que los 
Estados no eran "soberanos", rechazaron, 
por ejemplo, la propuesta de establecer un 
sistema penitenciario nacional y, al apro- 
bar la adopción del Municipio Libre, ganó 
la decisión de reivindicar, como com- 
petencia de los Congresos locales, la defi- 
nición de la hacienda municipal; en 
diferentes momentos afirmaron que la 
teoría política de la época era "cen- 
tralización política y descentralización 
administrativa". 

Para concluir, debo resaltar que, por la ma- 
nera en que ha sido organizada esta Nue- 
va edición del Diario de Debates del 
Congreso Constituyente de 1916-1917, 
el lector por sí mismo podrá valorar, ar- 
tículo por artículo y en conjunto, cuáles 
fueron los alcances tanto de la ruptura 
como de la continuidad de la Consti- 
tución promulgada el 5 de febrero de 1 9 1 7, 



Introducción XXI 



con respecto a la Constitución de 1857, en 
relación no sólo con la versión vigente 
en noviembre de 1916, sino también con 
respecto a la original, aprobada exacta- 
mente sesenta años antes. 

No me resta sino agradecer al Centro de 
Investigación y Docencia Económicas 
(CIDE), el apoyo que me ha brindado en 
la realización de esta investigación; al 
Comité de Publicaciones y Promoción 
Educativa de la Suprema Corte, el haber 



aprobado este proyecto como parte de la 
conmemoración de la primera década de 
la Nueva Época de la Suprema Corte 
de Justicia de la Nación, ya que sin este 
respaldo hubiera sido muy difícil publicar 
una obra tan voluminosa; y, desde luego, 
también agradezco a Sebastián Garrido, 
José Manuel del Río Zolezzi y Manuel 
Zúñiga, la valiosa asistencia que me 
prestaron en la investigación en la que 
se apoya la Nueva edición del Diario de 
Debates del Constituyente de 1916-191 7. 




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Sesión inaugural 01/12/16 

- El C. presidente, hizo la siguiente decla- 
ratoria: El Congreso Constituyente de los 
Estados Unidos Mexicanos abre hoy, I o 
de diciembre de 1916, el período único de 
sus sesiones. 

(- El C. Primer Jefe dio lectura al siguiente 
informe, haciendo entrega al C. presi- 
dente de su proyecto de Constitución 
reformada.) 

Ciudadanos diputados: 

Una de las más grandes satisfacciones 
que he tenido hasta hoy, desde que 
comenzó la lucha que, en mi calidad de 
gobernador constitucional del estado 
de Coahuila, inicié contra la usurpa- 
ción del gobierno de la república, es la 
que experimento en estos momentos, 
en que vengo a poner en vuestras manos, 



en cumplimiento de una de las promesas, 
que en nombre de la revolución hice en 
la heroica ciudad de Veracruz al pueblo 
mexicano: el proyecto de Constitución 
reformada, proyecto en el que están conte- 
nidas todas las reformas políticas que la 
experiencia de varios años, y una obser- 
vación atenta y detenida, me han sugerido 
como indispensables para cimentar, sobre 
las bases sólidas, las instituciones, al 
amparo de las que deba y pueda la nación 
laborar últimamente por su prosperidad, 
encauzando su marcha hacia el progreso 
por la senda de la libertad y del derecho: 
porque si el derecho es el que regulariza 
la función de todos los elementos socia- 
les, fij ando a cada uno su esfera de acción, 
ésta no puede ser en manera alguna 
provechosa, si en el campo que debe ejerci- 
tarse y desarrollarse, no tiene la esponta- 
neidad y la seguridad, sin las que carece- 
rían del elemento que, coordinando las 
aspiraciones y las esperanzas de todos 



2 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



los miembros de la sociedad, los lleva a 
buscar en el bien de todos la prosperidad 
de cada uno, estableciendo y realizando 
el gran principio de la solidaridad, sobre el 
que deben descansar todas las institucio- 
nes que tienden a buscar y realizar el 
perfeccionamiento humano. 



facción; de manera que nuestro código 
político tiene en general el aspecto de 
fórmulas abstractas en que se han con- 
densado conclusiones científicas de gran 
valor especulativo, pero de las que no ha 
podido derivarse sino poca o ninguna 
utilidad positiva. 



La Constitución Política de 1857, que 
nuestros padres nos dejaron como legado 
precioso, a la sombra de la cual se ha con- 
solidado la nacionalidad mexicana; que 
entró en el alma popular con la guerra de 
Reforma, en la que se alcanzaron grandes 
conquistas, y que fue la bandera que el 
pueblo llevó a los campos de batalla en 
la guerra contra la intervención, lleva 
indiscutiblemente, en sus preceptos, la 
consagración de los más altos principios, 
reconocidos al fulgor del incendio que 
produjo la revolución más grande que pre- 
senció el mundo en las postrimerías del 
siglo XVIII, sancionados por la práctica 
constante y pacífica que de ellos se ha 
hecho por dos de los pueblos más grandes 
y más poderosos de la tierra: Inglaterra y 
los Estados Unidos. 

Mas, desgraciadamente, los legisladores 
de 1857 se conformaron con la proclama- 
ción de principios generales que no procu- 
raron llevar a la práctica, acomodándolos 
a las necesidades del pueblo mexicano 
para darles pronta y cumplida satis- 



En efecto, los derechos individuales que 
la Constitución de 1857 declara que son 
la base de las instituciones sociales, han 
sido conculcados de una manera casi 
constante por los diversos gobiernos que 
desde la promulgación de aquélla se han 
sucedido en la república: las leyes orgáni- 
cas del juicio de amparo ideado para pro- 
tegerlos, lejos de llegar a un resultado 
pronto y seguro, no hicieron otra cosa que 
embrollar la marcha de la justicia, hacién- 
dose casi imposible la acción de los tribu- 
nales, no sólo de los federales, que siem- 
pre se vieron ahogados por el sinnúmero 
de expedientes, sino también de los 
comunes cuya marcha quedó obstruida 
por virtud de los autos de suspensión que 
sin tasa ni medida se dictaban. 

Pero hay más todavía. El recurso de 
amparo establecido con un alto fin social, 
pronto se desnaturalizó hasta quedar, pri- 
mero, convertido en arma política; y, des- 
pués, en medio apropiado para acabar con 
la soberanía de los estados; pues de hecho 
quedaron sujetos de la revisión de la 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 3 



Suprema Corte hasta los actos más insig- 
nificantes de las autoridades de aquellos; 
y como ese alto tribunal, por la forma en 
que se designaban sus miembros, estaba 
completamente a disposición del jefe del 
poder Ejecutivo, se llegó a palpar que la 
declaración de los derechos del hombre 
al frente de la Constitución Federal de 
1857, no había tenido la importancia 
práctica que de ella se esperaba. En tal 
virtud, la primera de las bases sobre que 
descansa toda la estructura de las institu- 
ciones sociales, fue ineficaz para dar 
solidez a éstas y adaptarlas a su objeto, 
que fue relacionar en forma práctica y 
expedida al individuo con el estado y a éste 
con aquél, señalando sus respectivos 
límites dentro de los que debe desarro- 
llarse su actividad, sin trabas de ninguna 
especie, y fuera de las que se hace pertur- 
badora y anárquica si viene de parte del 
individuo o despótica y opresiva si viene 
de parte de la autoridad. Más el princi- 
pio de que se acaba de hacer mérito, a 
pesar de estar expresa y categóricamente 
formulado, no ha tenido, en realidad, 
valor práctico alguno, no obstante que en 
el terreno del derecho constitucional es 
de una verdad indiscutible. Lo mismo ha 
pasado exactamente con los otros princi- 
pios fundamentales que informan la mis- 
ma Constitución de 1857, los que no han 
pasado, hasta ahora, de ser una bella 
esperanza, cuya realización se ha burlado 
de una manera constante. 



Y en efecto, la soberanía nacional, que 
reside en el pueblo, no expresa ni ha signi- 
ficado en México una realidad, sino en 
poquísimas ocasiones, pues si no siempre, 
sí casi de una manera rara vez interrum- 
pida, el poder público se ha ejercido, no 
por el mandato libremente conferido por 
la voluntad de la nación, manifestada 
en la forma que la ley señala, sino por 
imposiciones de los que han tenido en 
sus manos la fuerza pública para inves- 
tirse a sí mismos o investirse a personas 
designadas por ellos, con el carácter de 
representantes del pueblo. 

Tampoco ha tenido cumplimiento y, por 
lo tanto, valor positivo apreciable, el otro 
principio fundamental claramente estable- 
cido por la Constitución de 1857, relativo 
a la división del ejercicio del poder público, 
pues tal división sólo ha estado, por regla 
general, escrita en la ley, en abierta oposi- 
ción con la realidad, en la que, de hecho, 
todos los poderes han estado ejercidos 
por una sola persona habiéndose llegado 
hasta el grado de manifestar, por una serie 
de hechos constantemente repetidos, el des- 
precio a la ley suprema, dándose sin el 
menor obstáculo al jefe del poder Ejecu- 
tivo la facultad de legislar sobre toda 
clase de asuntos, habiéndose reducido a 
esto la función del poder Legislativo, el 
que de hecho quedó reducido a delegar 
facultades y aprobar después lo ejecutado 
por virtud de ellas, sin que haya llegado a 



4 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



presentarse el caso, ya no de que repro- 
base, sino al menos de que hiciese obser- 
vación alguna. 

Igualmente ha sido hasta hoy una pro- 
mesa vana el precepto que consagra la 
federación de los estados que forman 
la República Mexicana, estableciendo 
que ellos deben de ser libres y soberanos 
en cuanto a su régimen interior, ya que 
la historia del país demuestra que, por 
regla general y salvo raras ocasiones, esa 
soberanía no ha sido más que nominal, 
porque ha sido el poder central el que 
siempre ha impuesto su voluntad, limitán- 
dose las autoridades de cada estado a ser 
los instrumentos ejecutores de las órde- 
nes emanadas de aquél. 

Finalmente, ha sido también en vana la 
promesa de la Constitución de 1 857, relati- 
va a asegurar a los estados la forma repu- 
blicana representativa y popular, pues a 
la sombra de este principio, que también 
es fundamental en el sistema de gobierno 
federal adoptado para la nación entera, 
los poderes del centro se han ingerido en 
la administración interior de un estado 
cuando sus gobernantes no han sido dóciles 
a las órdenes de aquellos, o sólo se ha 
dejado que en cada entidad federativa se 
entronice un verdadero cacicazgo, que no 
otra cosa ha sido, casi invariablemente, 
la llamada administración de los goberna- 



dores que ha visto la nación desfilar en 
aquéllas. 

La historia del país que vosotros habéis 
vivido en buena parte en estos últimos 
años, me prestaría abundantísimos da- 
tos para comprobar ampliamente las 
aseveraciones que dejo apuntadas; pero 
aparte de que vosotros, estoy seguro, no 
las pondréis en duda, porque no hay mexi- 
cano que no conozca todos los escánda- 
los causados por las violaciones flagrantes 
a la Constitución de 1857, esto demanda- 
ría exposiciones prolijas del todo ajenas 
al carácter de una reseña breve y sumaria, 
de los rasgos principales de la iniciativa 
que me honro hoy en poner en vuestras 
manos, para que la estudiéis con todo el 
detenimiento y con todo el celo que de 
vosotros espera la nación, como el reme- 
dio a las necesidades y miserias de tantos 
años. En la parte expositiva del decreto 
de 14 de septiembre del corriente año, en 
el que se modificaron algunos artículos 
de las adiciones al Plan de Guadalupe, 
expedidas en la heroica Veracruz el 12 
de diciembre de 1914, expresamente 
ofreció el gobierno de mi cargo que en 
las reformas a la Constitución de 1857, 
que iniciaría ante este Congreso, se conser- 
varía intacto el espíritu liberal de aquélla 
y la forma de gobierno en ella estable- 
cida; que dichas reformas sólo se reduci- 
rían a quitarle lo que la hace inaplicable, 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 5 



a suplir sus deficiencias, a disipar la 
obscuridad de algunos de sus preceptos, 
y a limpiarla de todas las reformas que 
no hayan sido inspiradas más que en la 
idea de poderse servir de ella para entro- 
nizar la dictadura. 

No podré deciros que el proyecto que os 
presento se una obra perfecta, ya que 
ninguna que sea hija de la inteligen- 
cia humana puede aspirar a tanto; pero 
creedme, señores diputados, que las refor- 
mas que propongo son hijas de una 
convicción sincera, son el fruto de mi per- 
sonal experiencia y la expresión de mis 
deseos hondos y vehementes porque el 
pueblo mexicano alcance el goce de todas 
las libertades, la ilustración y progreso 
que le den lustre y respeto en el extran- 
jero, y paz y bienestar en todos los asun- 
tos domésticos. 

Voy, señores diputados, a haceros una 
síntesis de las reformas a que me he refe- 
rido, para daros una idea breve y clara 
de los principios que me han servido de 
guía, pues así podréis apreciar si he logra- 
do el objeto que me he propuesto, y qué 
es lo que os queda por hacer para llenar 
debidamente vuestro cometido. 



pone el agregado social, es incuestionable 
que el primer requisito que debe llenar 
la Constitución Política tiene que ser la 
protección otorgada, con cuanta preci- 
sión y claridad sea dable, a la libertad 
humana, en todas las manifestaciones 
que de ella derivan de una manera directa 
y necesaria, como constitutivas de la 
personalidad del hombre. 

La constitución de un pueblo no debe 
procurar, si es que ha de tener vitalidad 
que le asegure larga duración, poner lími- 
tes artificiales entre el Estado y el indivi- 
duo, como si se tratara de aumentar el 
campo a la libre acción de uno y restringir 
la del otro, de modo que lo que se da a 
uno sea la condición de la protección de 
lo que se reserva el otro; sino que debe 
buscar que la autoridad que el pueblo 
concede a sus representantes, dado que a 
él no le es posible ejercerla directamente, 
no pueda convertirse en contra de la 
sociedad que la establece, cuyos derechos 
deben quedar fuera de su alcance, supuesto 
que ni por un momento hay que perder de 
vista que el gobierno tiene que ser forzosa 
y necesariamente el medio de realizar todas 
las condiciones sin las cuales el derecho 
no puede existir y desarrollarse. 



Siendo el objeto de todo gobierno el 
amparo y protección del individuo, o sea 
de las diversas unidades de que se com- 



partiendo de este concepto, que es el pri- 
mordial, como que es el que tiene que 
figurar en primer término, marcando el 



6 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



fin y objeto de la institución del gobierno, 
se dará a las instituciones sociales su 
verdadero valor, se orientará convenien- 
temente la acción de los poderes públicos 
y se terminarán hábitos y costumbres so- 
ciales y políticas, es decir, procedimien- 
tos de gobierno que hasta hoy no han 
podido fundamentarse debido a que si el 
pueblo mexicano no tiene la creencia en 
un pacto social en que repose toda la 
organización política ni en el origen 
divino de un monarca, señor de vidas y 
haciendas, sí comprende muy bien que 
las instituciones que tiene, si bien procla- 
man altos principios, no se amoldan a su 
manera de sentir y de pensar, y que lejos 
de satisfacer necesidades, protegiendo el 
pleno uso de la libertad, carecen por 
completo de vida, dominados como han 
estado por un despotismo militar ener- 
vante, y por explotaciones inicuas, que 
han arrojado a las clases más numerosas 
a la desesperación y a la ruina. 

Ya antes dije que el deber primordial del 
gobierno es facilitar las condiciones 
necesarias para la organización del dere- 
cho, o lo que es lo mismo, cuidar de que 
se mantengan intactas todas las manifes- 
taciones de libertad individual, para que 
desarrollándose el elemento social, 
pueda, a la vez que conseguirse la coexis- 
tencia pacífica de todas las activida- 
des, realizarse la unidad de esfuerzos y 



tendencias en orden a la prosecución 
del fin común: la felicidad de todos los 
asociados. 

Por esta razón, lo primero que debe hacer 
la constitución política de un pueblo es 
garantizar, de la manera más amplia y 
completa posible, la libertad humana, 
para evitar que el gobierno, a pretexto del 
orden o de la paz, motivos que siempre 
alegan los tiranos para justificar sus aten- 
tados, tenga alguna vez de limitar el derecho 
y no respetar su uso íntegro, atribuyén- 
dose la facultad exclusiva de dirigir la 
iniciativa individual y la actividad social, 
esclavizando al hombre y a la sociedad 
bajo su voluntad omnipotente. 

La Constitución de 1857 hizo, según 
antes he expresado, la declaración de que 
los derechos del hombres son la base y 
objeto de todas las instituciones sociales; 
pero, con pocas excepciones, no otorgó 
a esos derechos las garantías debidas, lo 
que tampoco hicieron las leyes secunda- 
rias, que no llegaron a castigar severa- 
mente la violación de aquéllas, porque 
sólo fijaron penas nugatorias, por insigni- 
ficantes, que casi nunca se hicieron 
efectivas. De manera que sin temor de 
incurrir en exageración puede decirse que 
a pesar de la Constitución mencionada, 
la libertad individual quedó por completo 
a merced de los gobernantes. 



Discurso del C. Primer Jefe Vetmstiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 7 



El número de atentados contra la libertad 
y sus diversas manifestaciones, durante 
el período en que la Constitución de 1 857 
ha estado en vigor, es sorprendente; todos 
los días ha habido quejas contra los abu- 
sos y excesos de la autoridad, de uno a 
otro extremo de la república; y sin embargo 
de la generalidad del mal y de los trastor- 
nos que constantemente ocasionaba, la 
autoridad judicial de la federación no 
hizo esfuerzos para reprimirle, ni mucho 
menos para castigarlo. 

La imaginación no puede figurarse el 
sinnúmero de amparos por consignación 
el servicio de las armas, ni contra las 
arbitrariedades de los jefes políticos, que 
fueron, más que los encargados de man- 
tener el orden, los verdugos del individuo 
y de la sociedad; y de seguro que causa- 
ría, ya no sorpresa, sino asombro, aun a 
los espíritus más despreocupados y más 
insensibles a las desdichas humanas, si 
en estos momentos pudieran contarse 
todos los atentados que la autoridad judi- 
cial federal no quiso o no pudo reprimir. 

La simple declaración de derechos, bas- 
tante en un pueblo de cultura elevada, en 
que la sola proclamación de un principio 
ñindamental de orden social y político, es 
suficiente para imponer respeto, resulta 
un valladar ilusorio donde, por una larga 
tradición y por usos y costumbres inve- 



terados, la autoridad ha estado investida 
de facultades omnímodas, donde se ha 
atribuido poderes para todo y donde el 
pueblo no tiene otra cosa que hacer más 
que callar y obedecer. 

A corregir ese mal tienden las diversas 
reformas que el gobierno de mi cargo 
propone, respecto a la sección primera 
del título primero de la Constitución de 
1857, y abrigo la esperanza de que con 
ellas y con los castigos severos que el 
código penal imponga a la conculcación 
de las garantías individuales, se conse- 
guirá que los agentes del poder público 
sean lo que deben ser: instrumentos de se- 
guridad social, en vez de ser lo que han 
sido, los opresores de los pueblos que 
han tenido la desgracia de caer en sus 
manos. 

Prolijo sería enumerar una por una todas 
las reformas que sobre este particular se 
proponen en el proyecto que traigo a 
vuestro conocimiento; pero séame permi- 
tido hablar de algunas, para llamar de una 
manera especial vuestra atención sobre 
la importancia que revisten. 

El artículo 14 de la Constitución de 1857, 
que en concepto de los constituyentes, 
según el texto de aquél y el tenor de las 
discusiones a que dio lugar, no se refirió 
más que a los juicios del orden penal, 



8 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



después de muchas vacilaciones y de 
resoluciones encontradas de la suprema 
corte, vino definitivamente a extenderse 
a los juicios civiles, lo que dio por resul- 
tado, según antes expresé, que la autori- 
dad judicial de la federación se convir- 
tiese en revisora de todos los actos de las 
autoridades judiciales de los estados; 
que el poder central, por la sugestión 
en que tuvo siempre a la corte, pudiese 
ingerirse en la acción de los tribunales 
comunes, ya con motivo de un interés polí- 
tico, ya para favorecer los intereses de 
algún amigo o protegido, y que debido al 
abuso del amparo, se recargasen las labo- 
res de la autoridad judicial federal y se 
entorpeciese la marcha de los juicios del 
orden común. 

Sin embargo de esto, hay que reconocer 
que en el fondo de la tendencia a dar al 
artículo 14 una extensión indebida, estaba 
la necesidad ingente de reducir a la auto- 
ridad judicial de los estados a sus justos 
límites, pues bien pronto se palpó que 
convertidos los jueces en instrumentos 
ciegos de los gobernadores, que descara- 
damente se inmiscuían en asuntos que 
estaban por completo fuera del alcance 
de sus atribuciones, se hacía preciso tener 
un recurso, acudiendo a la autoridad judi- 
cial federal para reprimir tantos excesos. 

Así se desprende de la reforma que se 
le hizo, en 12 de diciembre de 1908, al 



artículo 102 de la Constitución de 1857, 
reforma que, por lo demás, estuvo muy 
lejos de alcanzar el objeto que se pro- 
ponía, toda vez que no hizo otra cosa que 
complicar más el mecanismo del juicio 
del amparo, ya de por sí intrincado y lento, 
y que la suprema corte procuró abrir tantas 
brechas a la expresada reforma, que en 
poco tiempo la dejó enteramente inútil. 

El pueblo mexicano está ya tan acostum- 
brado al amparo en los juicios civiles, 
para librarse de las arbitrariedades de los 
jueces, que el gobierno de mi cargo ha 
creído que sería no sólo injusto, sino 
impolítico, privarlo ahora de tal recurso, 
estimando que bastará limitarlo única- 
mente a los casos de verdadera y positiva 
necesidad, dándole un procedimiento 
fácil y expedito para que sea efectivo, 
como se servirá ver la Cámara en las bases 
que se proponen para su reglamentación. 

El artículo 20 de la Constitución de 1857 
señala las garantías que todo acusado 
debe tener en un juicio criminal; pero en 
la práctica esas garantías han sido entera- 
mente ineficaces, toda vez que, sin violar- 
las literalmente, al lado de ellas se han 
seguido prácticas verdaderamente inqui- 
sitoriales, que dejan por regla general a 
los acusados sujetos a la acción arbitraria 
y despótica de los jueces y aun de los 
mismos agentes o escribientes suyos. 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 9 



Conocidas son de ustedes, señores dipu- 
tados, y de todo el pueblo mexicano, las 
incomunicaciones rigurosas, prolonga- 
das en muchas ocasiones por meses ente- 
ros, unas veces para castigar a presuntos 
reos políticos, otras para amedrentar a 
los infelices sujetos a la acción de los tri- 
bunales del crimen y obligarlos a hacer 
confesiones forzadas, casi siempre falsas, 
que sólo obedecían al deseo de librarse 
de la estancia en calabozos inmundos, en 
que estaban seriamente amenazadas su 
salud y su vida. 

El procedimiento criminal en México ha 
sido hasta hoy, con ligerísimas variantes 
exactamente el mismo que dejó implan- 
tado la dominación española, sin que se 
haya llegado a templar en lo más mínimo 
su dureza, pues esa parte de la legislación 
mexicana ha quedado enteramente atra- 
sada, sin que nadie se haya preocupado 
en mejorarla. Diligencias secretas y pro- 
cedimientos ocultos de que el reo no debía 
tener conocimiento, como si no se tratase 
en ellos de su libertad o de su vida; res- 
tricciones del derecho de defensa, impi- 
diendo al mismo reo y a su defensor 
asistir a la recepción de pruebas en su 
contra, como si se tratase de actos indife- 
rentes que de ninguna manera podrían 
afectarlo y, por último, dejar la suerte de 
los reos casi siempre entregada a las maqui- 
naciones fraudulentas y dolosas de los 



escribientes, que por pasión o por vil 
interés alteraban sus propias declara- 
ciones, las de los testigos que deponían 
en su contra, y aun las de los que se pre- 
sentaban a declarar en su favor. 

La ley concede al acusado la facultad de 
obtener su libertad bajo de fianza durante 
el curso de su proceso; pero tal facultad 
quedó siempre sujeta al arbitrio capri- 
choso de los jueces, quienes podían negar 
la gracia con sólo decir que tenían temor 
de que el acusado se fugase y se substra- 
jera a la acción de la justicia. 

Finalmente, hasta hoy no se ha expedido 
ninguna ley que fije, de una manera clara 
y precisa, la duración máxima de los jui- 
cios penales, lo que ha autorizado a los 
jueces para detener a los acusados, por 
tiempo mayor del que fija la ley al delito 
de que se trata, resultando así prisiones 
injustificadas y enteramente arbitrarias. 

A remediar todos esos males tienden las 
reformas del citado artículo 20. 

El artículo 2 1 de la Constitución de 1 857 
dio a la autoridad administrativa la facul- 
tad de imponer como corrección hasta 
quinientos pesos de multa, o hasta un mes 
de reclusión en los casos y modo que 
expresamente determine la ley, reser- 
vando a la autoridad judicial la aplica- 



10 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



ción exclusiva de las penas propiamente 
tales. 

Este precepto abrió una anchísima puerta 
al abuso, pues la autoridad administrativa 
se consideró siempre en posibilidad de 
imponer sucesivamente y a su voluntad, 
por cualquiera falta imaginaria, un mes 
de reclusión, mes que no terminaba en 
mucho tiempo. 

La reforma que sobre este particular se 
propone, a la vez que confirma a los jue- 
ces la facultad exclusiva de imponer 
penas, sólo concede a la autoridad admi- 
nistrativa castigar la infracción de los 
reglamentos de policía, que por regla 
general sólo da lugar a penas pecuniarias 
y no a reclusión, la que únicamente se 
impone cuando el infractor no puede pa- 
gar la multa. 

Pero la reforma no se detiene allí, sino 
que propone una innovación que de 
seguro revolucionará completamente el 
sistema procesal que durante tanto tiempo 
ha regido en el país, no obstante todas 
sus imperfecciones y deficiencias. 

Las leyes vigentes, tanto en el orden 
federal como en el común, han adoptado 
la institución del ministerio público, pero 
tal adopción ha sido nominal, porque la 
función asignada a los representantes de 



aquél, tiene carácter meramente decora- 
tivo para la recta y pronta administración 
de justicia. 

Los jueces mexicanos han sido, durante 
el período corrido desde la consumación 
de la independencia hasta hoy, iguales a 
los jueces de la época colonial; ellos 
son los encargados de averiguar los de- 
litos y buscar las pruebas, a cuyo efecto 
siempre se han considerado autorizados 
a emprender verdaderos asaltos contra 
los reos, para obligarlos a confesar, lo que 
sin duda alguna desnaturaliza las funcio- 
nes de la judicatura. 

La sociedad entera recuerda horrorizada 
los atentados cometidos por jueces que, 
ansiosos de renombre, veían con positiva 
fruición que llegase a sus manos un pro- 
ceso que les permitiera desplegar un 
sistema completo de opresión, en muchos 
casos contra personas inocentes y en 
otros contra la tranquilidad y el honor de 
las familias, no respetando, en sus inqui- 
siciones, ni las barreras mismas que ter- 
minantemente establecía la ley. 

La misma organización del ministerio 
público, a la vez que evitará ese sistema 
procesal tan vicioso, restituyendo a los 
jueces toda la dignidad y toda la respeta- 
bilidad de la magistratura, dará al minis- 
terio público toda la importancia que le 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 11 



corresponde, dejando exclusivamente a 
su cargo la persecución de los delitos, la 
busca de los elementos de convicción, 
que ya no se hará por procedimientos 
atentarlos y reprobados, y la aprehensión 
de los delincuentes. 

Por otra parte, el ministerio público, con 
la policía judicial represiva a su disposi- 
ción, quitará a los presidentes municipa- 
les y a la policía común la posibilidad 
que hasta hoy han tenido de aprehender 
a cuantas personas juzgan sospechosas, 
sin más méritos que su criterio particular. 

Con la institución del ministerio público, 
tal como se propone, la libertad indivi- 
dual quedará asegurada: porque según el 
artículo 16, nadie podrá ser detenido sino 
por orden de la autoridad judicial, la que 
no podrá expedirla sino en los términos 
y con los requisitos que el mismo artículo 
exige. 

El artículo 27 de la Constitución de 1857 
faculta para ocupar la propiedad de las 
personas sin el consentimiento de ellas y 
previa indemnización, cuando así lo exija 
la utilidad pública. Esta facultad es, a 
juicio del gobierno de mi cargo, suficiente 
para adquirir tierras y repartirlas en la 
forma que se estime conveniente entre 
el pueblo que quiera dedicarse a los tra- 
bajos agrícolas, fundando así la pequeña 



propiedad, que debe fomentarse a medida 
que las públicas necesidades lo exijan. 

La única reforma que con motivo de este 
artículo se propone, es que la declaración 
de utilidad sea hecha por la autoridad 
administrativa correspondiente, quedando 
sólo a la autoridad judicial la facultad de 
intervenir para fijar el justo valor de la 
cosa de cuya expropiación se trata. 

El artículo en cuestión, además de dejar 
en vigor la prohibición de las Leyes de 
Reforma sobre la capacidad de las cor- 
poraciones civiles y eclesiásticas para 
adquirir bienes raíces, establece también 
la incapacidad en las sociedades anóni- 
mas, civiles y comerciales, para poseer y 
administrar bienes raíces, exceptuando 
de esa incapacidad a las instituciones de 
beneficiencia pública y privada, única- 
mente por lo que hace a los bienes raíces 
estrictamente indispensables y que se 
destinen de una manera inmediata y 
directa al objeto de dichas instituciones, 
facultándolas para que puedan tener 
sobre los mismos bienes raíces capitales 
impuestos e intereses, los que no serán 
mayores, en ningún caso, del que se fije 
como legal y por un término que no exce- 
da de diez años. 

La necesidad de esta reforma se impone 
por sí sola, pues nadie ignora que el clero, 



12 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



incapacitado para adquirir bienes raíces, 
ha burlado la prohibición de la ley, cu- 
briéndose de sociedades anónimas; y 
como por otra parte, estas sociedades han 
emprendido en la república la empresa 
de adquirir grandes extensiones de tierra, 
se hace necesario poner a este mal un 
correctivo pronto y eficaz, porque, de 
lo contrario, no tardaría el territorio na- 
cional en ir a parar, de hecho o de una 
manera ficticia, en manos de extranjeros. 

En otra parte se os consulta la necesidad 
de que todo extranjero, al adquirir bienes 
raíces en el país, renuncie expresamente 
a su nacionalidad, con relación a dichos 
bienes, sometiéndose en cuanto a ellos, de 
una manera completa y absoluta, a las 
leyes mexicanas, cosa que no sería fácil 
de conseguir respecto de las sociedades, 
las que, por otra parte, constituyen, como 
se acaba de indicar, una amenaza seria 
de monopolización de la propiedad terri- 
torial de la república. 

Finalmente, el artículo en cuestión esta- 
blece la prohibición expresa de que las 
instituciones de beneficiencia privada 
puedan estar a cargo de corporaciones 
religiosas y de los ministros de los cultos, 
pues de lo contrario, se abriría nueva- 
mente la puerta al abuso. 

Con estas reformas al artículo 27, con la 
que se consulta para el artículo 28 a fin 



de combatir eficazmente los monopolios 
y asegurar en todos los ramos de la acti- 
vidad humana la libre concurrencia, la 
que es indispensable para asegurar la vida 
y el desarrollo de los pueblos, y con la facul- 
tad que en la reforma de la fracción 20 
del artículo 72 se confiere al poder Legis- 
lativo Federal, para expedir leyes sobre 
el trabajo, en las que se implantarán todas 
las instituciones del progreso social en 
favor de la clase obrera y de todos los 
trabajadores; con la limitación del núme- 
ro de horas y trabajo, de manera que el 
operario no agote sus energías y sí tenga 
tiempo para el descanso y el solaz y para 
atender el cultivo de su espíritu, para que 
pueda frecuentar el trato de sus vecinos, 
el que engendra simpatías y determina 
hábitos de cooperación para el logro de 
la obra común; con las responsabilida- 
des de los empresarios para los casos de 
accidentes; con los seguros para los casos 
de enfermedad y de vejez; con la fija- 
ción del salario mínimo bastante para 
subvenir a las necesidades primordiales 
del individuo y de la familia, y para ase- 
gurar y mejorar su situación; con la ley 
del divorcio, que ha sido entusiastamente 
recibida por las diversas clases sociales 
como medio de fundar la familia sobre 
los vínculos del amor y no sobre las bases 
frágiles del interés y de la conveniencia 
del dinero; con las leyes que pronto se 
expedirán para establecer la familia so- 
bre bases más racionales y más justas, 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 13 



que eleven a los consortes a la alta mi- 
sión que la sociedad y la naturaleza ponen 
a su cargo, de propagar la especie y fun- 
dar la familia; con todas estas reformas, 
repito, espera fundamentalmente el go- 
bierno a mi cargo que las instituciones 
políticas del país responderán satisfacto- 
riamente a las necesidades sociales, y que 
esto, unido a que las garantías protectoras 
de la libertad individual serán un hecho 
efectivo y no meras promesas irrealiza- 
bles, y que la división entre las diversas 
ramas del poder público tendrá realiza- 
ción inmediata, fundará la democracia 
mexicana, o sea el gobierno del pueblo 
de México por la cooperación espon- 
tánea, eficaz y consciente de todos los 
individuos que la forman, los que busca- 
rán su bienestar en el reinado de la ley y 
en el imperio de la justicia, consiguiendo 
que ésta sea igual para todos los hom- 
bres, que defienda todos los intereses 
legítimos, y que ampare a todas las aspi- 
raciones nobles. 

En la reforma al artículo 30 de la Consti- 
tución de 1857, se ha creído necesario 
definir, con toda precisión y claridad, 
quiénes son los mexicanos por nacimien- 
to y quiénes tienen esa calidad por natura- 
lización, para dar término a la larga 
disputa que en épocas no remotas se estu- 
vo sosteniendo sobre si el hijo de un 



extranjero nacido en el país, que al llegar 
a la mayor edad opta por la ciudada- 
nía mexicana, debía de tenerse o no como 
mexicano por nacimiento. 

Al proyectar la reforma de los artículos 
35 y 36 de la Constitución de 1857, se 
presentó la antigua y muy debatida cues- 
tión de si debe concederse el voto activo 
a todos los ciudadanos sin excepción 
alguna, o si por el contrario, hay que otor- 
garlo solamente a los que están en aptitud 
de darlo de una manera eficaz, ya por su 
ilustración o bien por su situación econó- 
mica, que les dé un interés mayor en la 
gestión de la cosa pública. 

Para que el ejercicio del derecho al sufra- 
gio sea una positiva y verdadera mani- 
festación de la soberanía nacional, es 
indispensable que sea general, igual para 
todos, libre y directo; porque faltando 
cualquiera de estas condiciones, o se con- 
vierte en una prerrogativa de clase, o es 
un mero artificio para disimular usurpa- 
ciones de poder, o da por resultado impo- 
siciones de gobernantes contra la volun- 
tad clara y manifiesta del pueblo. 

De esto se desprende que, siendo el sufra- 
gio una función esencialmente colectiva, 
toda vez que es la condición indispen- 
sable del ejercicio de la soberanía, debe 



14 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



ser atribuido a todos los miembros del 
cuerpo social, que comprendan el interés 
y el valor de esa altísima función. 

Esto autorizaría a concluir que el derecho 
electoral sólo debe otorgarse a aquellos 
individuos que tengan plena conciencia 
de la alta finalidad a que aquél tiende; lo 
que excluiría, por lo tanto, a quienes por 
su ignorancia, su descuido o indiferen- 
cia sean incapaces de desempeñar debi- 
damente esa función, cooperando de una 
manera espontánea y eficaz al gobierno 
del pueblo por el pueblo. 

Sin embargo de esto, y no dejando de 
reconocer que lo que se acaba de exponer 
es una verdad teórica, hay en el caso de 
México factores o antecedentes históri- 
cos que obligan a aceptar una solución 
distinta de la que lógicamente se des- 
prende de los principios de la ciencia 
política. 

La revolución que capitanearon los cau- 
dillos que enarbolaron la bandera de 
Ayutla, tuvo por objeto acabar con la 
dictadura militar y con la opresión de las 
clases en que estaba concentrada la 
riqueza pública; y como aquella revolu- 
ción fue hecha por las clases inferiores, 
por los ignorantes y los oprimidos, la 
Constitución de 1857, que fue su resul- 
tado, no pudo racionalmente dejar de 



conceder a todos, sin distinción, el dere- 
cho de sufragio, ya que habría sido una 
inconsecuencia negar al pueblo todas las 
ventajas de su triunfo. 

La revolución que me ha cabido en suerte 
dirigir, ha tenido también por objeto des- 
truir la dictadura militar, desentrañando 
por completo sus raíces, y dar a la nación 
todas las condiciones de vida necesarias 
para su desarrollo; y como han sido las cla- 
ses ignorantes las que más han sufrido, 
porque son ellas sobre las que han pesado 
con toda su rudeza el despotismo cruel y 
la explotación insaciable, sería, ya no diré 
una simple inconsecuencia, sino un en- 
gaño imperdonable, quitarles hoy lo que 
tenían anteriormente conquistado. 

El gobierno de mi cargo considera, por 
tanto, que sería impolítico e inoportuno 
en estos momentos, después de una gran 
revolución popular, restringir el sufragio, 
exigiendo para otorgarlo la única condi- 
ción que racionalmente puede pedirse, la 
cual es que todos los ciudadanos tengan 
la instrucción primaria bastante para que 
conozcan la importancia de la función 
electoral y puedan desempañarla en condi- 
ciones fructuosas para la sociedad. 

Sin embargo de esto, en la reforma que 
tengo la honra de proponeros, con motivo 
del derecho electoral, se consulta la sus- 



Discurso del C. Primer Jefe Venusüano Carranza del 1 de diciembre de 1916 15 



pensión de la calidad de ciudadano mexi- 
cano a todo el que no sepa hacer uso de 
la ciudadanía debidamente. El que ve con 
indiferencia los asuntos de la república, 
cualesquiera que sean, por lo demás, su 
ilustración o situación económica, de- 
muestra a las claras el poco interés que 
tiene por aquélla, y esta indiferencia 
amerita que se le suspenda la prerrogativa 
de que se trata. 

El gobierno de mi cargo cree que en el 
anhelo constante demostrado por las 
clases inferiores del pueblo mexicano, 
para alcanzar un bienestar de que hasta 
hoy han carecido, las capacita amplia- 
mente para que, llegado el momento de 
designar mandatarios, se fijen en aquellos 
que más confianza les inspiren para repre- 
sentarlas en la gestión de la cosa pública. 

Por otra parte, el gobierno emanado de 
la revolución, y esto le consta a la repú- 
blica entera, ha tenido positivo empeño 
en difundir la instrucción por todos los 
ámbitos sociales; y yo creo fundadamente 
que el impulso dado, no sólo se conti- 
nuará, sino que se intensificará cada día, 
para hacer de los mexicanos un pueblo 
culto, capaz de comprender sus altos 
destinos y de prestar al gobierno de la 
nación una cooperación tan sólida y 
eficaz, que haga imposible, por un lado, 
la anarquía y, por otro, la dictadura. 



El municipio independiente, que es sin 
disputa una de las grandes conquistas de 
la revolución, como que es la base del 
gobierno libre, conquista que no sólo dará 
libertad política a la vida municipal, sino 
que también le dará independencia eco- 
nómica, supuesto que tendrá fondos y 
recursos propios para la atención de todas 
sus necesidades, substrayéndose así a la 
voracidad insaciable que de ordinario han 
demostrado los gobernadores, y una buena 
ley electoral que tenga a éstos completa- 
mente alejados del voto público y que 
castigue con toda severidad toda tentativa 
para violarlo, establecerá el poder electo- 
ral sobre bases racionales que le permi- 
tirán cumplir su cometido de una manera 
bastante aceptable. 

De la organización del poder electoral, 
de que se ocupará de manera preferente 
el próximo Congreso Constitucional, 
dependerá en gran parte que el poder 
Legislativo no sea un mero instrumento 
del poder Ejecutivo, pues electos por el 
pueblo sus representantes, sin la menor 
intervención del poder central, se tendrán 
Cámaras que de verdad se preocupen por 
los intereses públicos, y no camarillas 
opresoras y perturbadoras, que sólo van 
arrastradas por el afán de lucro y medro 
personal, porque no hay que perder de 
vista ni por un momento, que las mejores 
instituciones fracasan y son letra muerta 



16 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



cuando no se practican y que sólo sir- 
ven, como he dicho antes y lo repito, para 
cubrir con el manto de la legalidad la 
imposición de mandatarios contra la volun- 
tad de la nación. 

La división de las ramas del poder pú- 
blico obedece, según antes expresé, a la 
idea fundamental de poner límites preci- 
sos a la acción de los representantes de 
la nación, a fin de evitar que ejerzan, en 
perjuicio de ella, el poder que se les con- 
fiere; por lo tanto, no sólo hay necesidad 
imprescindible de señalar a cada departa- 
mento una esfera bien definida, sino que 
también la hay de relacionarlos entre sí, 
de manera que el uno no se sobreponga 
al otro y no se susciten entre ellos con- 
flictos o choques que podrían entorpecer 
la marcha de los negocios públicos y aun 
llegar hasta alterar el orden y la paz de la 
república. 

El poder Legislativo, que por naturaleza 
propia de sus funciones, tiende siempre 
a intervenir en las de los otros, estaba 
dotado en la Constitución de 1857, de 
facultades que le permitían estorbar o 
hacer embarazosa y difícil la marcha del 
poder Ejecutivo, o bien sujetarlo a la 
voluntad caprichosa de una mayoría fácil 
de formar en las épocas de agitación, en 
que regularmente predominan las malas 
pasiones y los intereses bastardos. 



Encaminadas a lograr ese fin, se propo- 
nen varias reformas de las que, la princi- 
pal, es quitar a la Cámara de Diputados 
el poder de juzgar al presidente de la 
república y a los demás altos funcionarios 
de la federación, facultad que fue, sin 
duda, la que motivó que en las dictaduras 
pasadas se procurase siempre tener dipu- 
tados serviles, a quienes manejaban como 
autómatas. 

El poder Legislativo tiene incuestionable- 
mente el derecho y el deber de inspeccio- 
nar la marcha de todos los actos del 
gobierno, a fin de llenar debidamente su 
cometido, tomando todas las medidas que 
juzgue convenientes para normalizar la 
acción de aquél; pero cuando la investi- 
gación no deba ser meramente informativa, 
para juzgar de la necesidad e improce- 
dencia de una medida legislativa, sino 
que afecta a un carácter meramente judi- 
cial, la reforma faculta tanto a las Cámaras 
como al mismo poder ejecutivo, para 
excitar a la Suprema Corte a que comi- 
sione a uno o algunos de sus miembros, 
o a un magistrado de circunto, o a un juez 
de distrito, o a una comisión nombrada por 
ella para abrir la averiguación corres- 
pondiente, únicamente para esclarecer el 
hecho que se desea conocer; cosa que 
indiscutiblemente no podrían hacer los 
miembros del Congreso, los que de ordi- 
nario tenían que conformarse con los 



Discurso del C. Primer Jefe Venusüano Carranza del 1 de diciembre de 1916 17 



informes que quisieran rendirles las 
autoridades inferiores. 

Esta es la oportunidad, señores diputados, 
de tocar una cuestión que es casi seguro 
se suscitará entre vosotros, ya que en los 
últimos años se ha estado discutiendo, 
con el objeto de hacer aceptable cierto 
sistema de gobierno que se recomienda 
como infalible, por una parte, contra la 
dictadura, y por la otra, contra la anar- 
quía, entre cuyos extremos han oscilado 
constantemente, desde su independencia 
los pueblos latinoamericanos, a saber, el 
régimen parlamentario. Creo no sólo con- 
veniente, sino indispensable, deciros, 
aunque sea someramente, los motivos que 
he tenido para no aceptar dicho sistema 
entre las reformas que traigo al cono- 
cimiento de vosotros. 

Tocqueville observó en el estudio de la 
historia de los pueblos de América de 
origen español, que éstos van a la anarquía 
cuando se cansan de obedecer, y a la 
dictadura cuando se cansan de destruir; 
considerando que esta oscilación entre el 
orden y el desenfreno, es la ley que ha 
regido y regirá por mucho tiempo a los 
pueblos mencionados. 

No dijo el estadista referido cuál sería, 
a su juicio, el medio de librarse de esa 
maldición, cosa que le habría sido ente- 



ramente fácil con sólo observar los antece- 
dentes del fenómeno y de las circunstan- 
cias en que siempre se ha reproducido. 

Los pueblos latinoamericanos, mientras 
fueron dependencias de España, estuvie- 
ron regidos por mano de hierro; no había 
más voluntad que la del virrey; no exis- 
tían derechos para el vasallo; el que 
alteraba el orden, ya propalando teorías 
disolventes o que simplemente socavaban 
los cimientos de la fe o de la autoridad, o 
ya procurando dar pábulo a la rebelión, 
no tenía más puerta de escape que la horca. 

Cuando las luchas de independencia 
rompieron las ligaduras que ataban a esos 
pueblos a la metrópoli, deslumhrados con 
la grandiosidad de la revolución francesa, 
tomaron para sí todas sus reivindica- 
ciones, sin pensar que no tenían hombres 
que los guiasen en tan ardua tarea, y que 
no estaban preparados para ella. Las cos- 
tumbres de gobierno no se imponen de 
la noche a la mañana; para ser libre 
no basta quererlo, sino que es necesario 
también saberlo ser. 

Los pueblos de que se trata, han necesi- 
tado y necesitan todavía de gobiernos 
fuertes, capaces de contener dentro del 
orden a poblaciones indisciplinadas, dis- 
puestas a cada instante y con el más fútil 
pretexto a desbordarse, cometiendo toda 



18 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



clase de desmanes; pero por desgracia, 
en ese particular se ha caído en la confu- 
sión y por gobierno fuerte se ha tomado 
al gobierno despótico. Error funesto que 
ha fomentado las ambiciones de las clases 
superiores, para poder apoderarse de la 
dirección de los negocios públicos. 

En general, siempre ha habido la creencia 
de que no se puede conservar el orden 
sin pasar sobre la ley, y esta y no otra es 
la causa de la ley fatal de que habla 
Tocqueville; porque la dictadura jamás 
producirá el orden, como las tinieblas no 
pueden producir la luz. 

Así, pues, disípese el error, enséñese al 
pueblo a que no es posible que pueda 
gozar de sus libertades si no sabe hacer 
uso de ellas, o lo que es igual, que la libertad 
tiene por condición el orden, y que sin 
éste aquélla es imposible. 

Construyase sobre esa base el gobierno 
de las naciones latinoamericanas y se 
habrá resuelto el problema. 

En México, desde su independencia hasta 
hoy, de los gobiernos legales que han 
existido, unos cuantos se apegaron a este 
principio, como el de Juárez, y por eso 
pudieron salir avantes; los otros, como 
los de Guerrero y Madero, tuvieron que 



sucumbir, por no haberlo cumplido. 
Quisieron imponer el orden enseñando 
la ley, y el resultado fue el fracaso. 

Si, por una parte, el gobierno debe ser 
respetuoso de la ley y de las instituciones, 
por la otra debe ser inexorable con los 
transtornadores del orden y con los ene- 
migos de la sociedad: sólo así pueden 
sostenerse las naciones y encaminarse 
hacia el progreso. 

Los constituyentes de 1857 concibieron 
bien el poder Ejecutivo: libre en su esfera 
de acción para desarrollar su política, sin 
más limitación que respetar la ley; pero 
no completaron el pensamiento, porque 
restaron al poder Ejecutivo prestigio, 
haciendo mediata la elección del presi- 
dente, y así su elección fue, no la obra de 
la voluntad del pueblo, sino el producto 
de las combinaciones fraudulentas de los 
colegios electorales. 

La elección directa del presidente y la no 
reelección, que fueron las conquistas 
obtenidas por la revolución de 1910, 
dieron, sin duda, fuerza al gobierno de la 
nación, y las reformas que ahora pro- 
pongo coronarán la obra. El presidente 
no quedará más a merced del poder 
Legislativo, el que no podrá tampoco 
invadir fácilmente sus atribuciones. 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 19 



Si se designa al presidente directamente 
por el pueblo, y en contacto constante con 
él por medio del respeto a sus libertades, 
por la participación amplia y efectiva de 
éste en los negocios públicos, por la con- 
sideración prudente de las diversas clases 
sociales y por el desarrollo de los intere- 
ses legítimos, el presidente tendrá indis- 
pensablemente su sostén en el mismo 
pueblo; tanto contra la tentativa de cáma- 
ras invasoras, como contra las invasiones 
de los pretorianos. El gobierno, enton- 
ces, será justo y fuerte. Entonces la ley 
fatal de Tocqueville habrá dejado de tener 
aplicación. 

Ahora bien, ¿qué es lo que se pretende 
con la tesis del gobierno parlamentario? 
Se quiere nada menos que quitar al pre- 
sidente sus facultades gubernamentales 
para que las ejerza el Congreso, mediante 
una comisión de su seno, denominada 
"gabinete". En otros términos, se trata de 
que el presidente personal desaparezca, 
quedando de él una figura decorativa. 

¿En dónde estaría entonces la fuerza del 
gobierno? En el parlamento. Y como éste, 
en su calidad de deliberante, es de ordi- 
nario inepto para la administración, el 
gobierno caminaría siempre a tientas, 
temeroso a cada instante de ser censurado. 

El parlamentarismo se comprende en 
Inglaterra y en España, en donde ha signi- 



ficado una conquista sobre el antiguo 
poder absoluto de los reyes; se explica 
en Francia, porque esta nación, a pesar 
de su forma republicana de gobierno, está 
siempre influida por sus antecedentes 
monárquicos; pero entre nosotros no ten- 
dría ningunos antecedentes, y sería cuando 
menos imprudente lanzarnos a la expe- 
riencia de un gobierno débil, cuando tan 
fácil es robustecer y consolidar el sistema 
de gobierno de presidente personal, que 
nos dejaron los constituyentes de 1857. 

Por otra parte, el régimen parlamentario 
supone forzosa y necesariamente dos o 
más partidos políticos perfectamente orga- 
nizados, y una cantidad considerable de 
hombres en cada uno de esos partidos, entre 
los cuales puedan distribuirse frecuen- 
temente las funciones gubernamentales. 

Ahora bien, como nosotros carecemos 
todavía de las dos condiciones a que 
acabo de referirme, el gobierno se vería 
constantemente en la dificultad de inte- 
grar el gabinete, para responder a las fre- 
cuentes crisis ministeriales. 

Tengo entendido que el régimen parlamen- 
tario no ha dado el mejor resultado en los 
pocos países latinoamericanos en que ha 
sido adoptado; pero para mí la prueba 
más palmaria de que no es un sistema de 
gobierno del que se puedan esperar gran- 
des ventajas, está en que los Estados 



20 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Unidos del norte, que tienen establecido 
en sus instituciones democráticas el mis- 
mo sistema de presidente personal, no 
han llegado a pensar en dicho régimen 
parlamentario, lo cual significa que no 
le conceden valor práctico de ninguna 
especie. 

A mi juicio, lo más sensato, lo más pru- 
dente y a la vez lo más conforme con 
nuestros antecedentes políticos, y lo que 
nos evitará andar haciendo ensayos con 
la adopción de sistemas extranjeros pro- 
pios de pueblos de cultura, de hábitos y 
de orígenes diversos del nuestro, es, no 
me cansaré de repetirlo, constituir el go- 
bierno de la república respetando escru- 
pulosamente esa honda tendencia a la 
libertad, a la igualdad y a la seguridad de 
sus derechos, que siente el pueblo mexi- 
cano. Porque no hay que perder de vista, y 
sí, por el contrario, tener constantemente 
presente, que las naciones, a medida que 
más avanzan, más sienten la necesidad 
de tomar su propia dirección para poder 
conservar y ensanchar su vida, dando a 
todos los elementos sociales el goce com- 
pleto de sus derechos y todas las ventajas 
que de ese goce resultan, entre otras, el 
auge poderosos de la iniciativa individual. 

Este progreso social es la base sobre la 
que debe establecerse el progreso político; 



porque los pueblos se persuaden muy 
fácilmente de que el mejor arreglo consti- 
tucional, es el que más protege el de- 
sarrollo de la vida individual y social, 
fundado en la posesión completa de las 
libertades del individuo, bajo la inelu- 
dible condición de que éste no lesione el 
derecho de los demás. 

Conocida os es ya, señores diputados, la 
reforma que recientemente hizo el gobier- 
no de mi cargo a los artículos 78, 80, 81 
y 82 de la Constitución federal, supri- 
miendo la vicepresidencia y estable- 
ciendo un nuevo sistema para substituir 
al presidente de la república tanto en sus 
faltas temporales, como en las absolutas; 
y aunque en la parte expositiva del decreto 
respectivo se explicaron los motivos de 
dicha reforma, creo, sin embargo, con- 
veniente llamar vuestra atención sobre el 
particular. 

La vicepresidencia, que en otros países 
ha logrado entrar en las costumbres y 
prestado muy buenos servicios, entre 
nosotros, por una serie de circunstancias 
desgraciadas, llegó a tener una histo- 
ria tan funesta, que en vez de asegurar la 
sucesión presidencial de una manera 
pacífica en caso inesperado, no hizo 
otra cosa que debilitar al gobierno de la 
república. 



Discurso del C. Primer Jefe Venustiano Carranza del 1 de diciembre de 1916 21 



Y en efecto, sea que cuando ha estado 
en vigor esta institución haya tocado la 
suerte de que la designación de vicepresi- 
dente recayera en hombres faltos de escrú- 
pulos, aunque sobrados de ambición; sea 
que la falta de costumbres democráticas 
y la poca o ninguna honradez de los que 
no buscan en la política la manera de 
cooperar útilmente con el gobierno de su 
país, sino sólo el medio de alcanzar ven- 
tajas reprobadas, con notorio perjuicio de 
los intereses públicos, es lo cierto que el 
vicepresidente, queriéndolo o sin preten- 
derlo, cuando menos lo esperaba en este 
caso, quedaba convertido en el foco de 
la oposición, en el centro a donde conver- 
gían y del que irradiaban todas las mal- 
querencias y todas las hostilidades, en 
contra de la persona a cuyo cargo estaba 
el poder supremo de la república. 

La vicepresidencia en México ha dado el 
espectáculo de un funcionario, el presi- 
dente de la república, al que se trata de 
lanzar de su puesto por inútil o por viola- 
dor de la ley; y de otro funcionario que 
trata de operar ese lanzamiento para 
substituirlo en el puesto, quedando des- 
pués en el, sin enemigo al frente. 

En los últimos períodos del gobierno del 
general Díaz, el vicepresidente de la repú- 
blica sólo fue considerado como el medio 
inventado por el cientificismo para poder 



conservar, llegado el caso de que aquél 
faltase, el poder, en favor de todo el grupo, 
que lo tenía ya monopolizado. 

La manera de substituir las faltas del pre- 
sidente de la república, adoptada en el 
sistema establecido por las reformas de 
que he hecho referencia, llena, a mi juicio, 
su objeto, de una manera satisfactoria. 

Es de buena política evitar las agitaciones 
a que siempre dan lugar las luchas electo- 
rales, las que ponen en movimiento grandes 
masas de intereses que se agitan alrede- 
dor de los posibles candidatos. 

El sistema de suplir las faltas de que 
se trata por medio de los secretarios de 
estado, llamándolos conforme al número 
que les da la ley que los establece, dejaba 
sencillamente a la voluntad absoluta del 
presidente de la república la designación 
de su sucesor. 

El sistema adoptado por el gobierno de 
mi cargo no encontrará ninguno de esos 
escollos; pues la persona que conforme 
a él debe suplir las faltas temporales o 
absolutas del presidente de la república, 
tendrá un origen verdaderamente popu- 
lar, y puesto que siendo los miembros 
del Congreso de la Unión representantes 
legítimos del pueblo, recibirán, con el 
mandato de sus electores, el de proveer, 



22 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



llegada la ocasión, de presidente de la 
república. 

Otras reformas sobre cuya importancia y 
trascendencia quiero, señores diputados, 
llamar vuestra atención, es la que tiende 
a asegurar la completa independencia del 
poder Judicial, reforma que, lo mismo 
que la que ha modificado la duración del 
cargo de presidente de la república, está 
revelando claramente la notoria honradez 
y decidido empeño con que el gobierno 
emanado de la revolución está realizando 
el programa proclamado en la heroica 
Veracruz el 12 de diciembre de 1914, su- 
puesto que uno de los anhelos más ardien- 
tes y más hondamente sentidos por el 
pueblo mexicano, es el de tener tribunales 
independientes que hagan efectivas las 
garantías individuales contra los aten- 
tados y excesos de los agentes del poder 
público y que protejan el goce quieto y 
pacífico de los derechos civiles de que 
ha carecido hasta hoy. 

Señores diputados, no fatigaré por más 
tiempo vuestra atención, pues larga y 
cansada sería la tarea de hablaros de las 
demás reformas que contiene el proyecto 
que tengo la honra de poner en vuestras 
manos, reformas todas tendientes a ase- 



gurar las libertades públicas por medio 
del imperio de la ley, a garantizar los de- 
rechos de todos los mexicanos por el 
funcionamiento de una justicia adminis- 
trada por hombres probos y aptos, y a 
llamar al pueblo a participar, de cuantas 
maneras sea posible, en la gestión admi- 
nistrativa. 

El gobierno de mi cargo cree haber cum- 
plido su labor en el límite de sus fuerzas, 
y si en ello no ha obtenido todo el éxito 
que fuera de desearse, esto debe atribuirse 
a que la empresa es altamente difícil y 
exige una atención constante que me ha 
sido imposible consagrarle, solicitado, 
como he estado constantemente, por las 
múltiples dificultades a que he tenido que 
atender. 

Toca ahora a vosotros coronar la obra, a 
cuya ejecución espero os dedicaréis con 
toda la fe, con todo el ardor y con todo el 
entusiasmo que de vosotros espera vuestra 
patria, la que tiene puestas en vosotros 
sus esperanzas y aguarda ansiosa el ins- 
tante en que la deis instituciones sabias y 
justas. 

Querétaro, Qro.: lo. de diciembre de 
1916. 




'eó/meáfa, del %). /weáúdemfa del Tp<m¿fweá<} 



- El C. presidente: Ciudadano Primer Jefe 
Encargado del Poder Ejecutivo de la 
Nación: 

El Congreso Constituyente, que me honro 
en presidir, ha escuchado con profunda 
atención el informe a que acabáis de dar 
lectura, y en el que se delinean de manera 
tan clara los principios políticos y sociales 
que os han servido de guía al hacer las 
diversas reformas que son indispensa- 
bles para adaptar la Constitución de 1 857 
a las necesidades más hondas y a las nue- 
vas aspiraciones del pueblo mexicano. 

Tenéis razón, señor, para considerar que 
entre las satisfacciones grandes y legíti- 
mas que habéis tenido durante vuestra ya 
larga lucha en contra del gobierno de la 
insurpación y por las libertades y bienes- 
tar de los mexicanos, aun de los más hu- 
mildes, descuella la que experimentáis en 



estos momentos, al venir ante la repre- 
sentación nacional a dar cumplimiento a 
una de las solemnes promesas hechas 
por vos desde Veracruz, a nombre de la 
revolución. 

Los elevados conceptos que contiene 
vuestro informe están impregnados del 
sello de vuestra personalidad, del calor 
de vuestra convicción y del fruto de vuestra 
experiencia, y ellos ponen de manifiesto, 
no solamente a la República Mexicana, 
sino al mundo entero, que sois también 
un grande apóstol de las libertades públi- 
cas y el paladín más decidido e inteligente 
de la democracia mexicana. 

Vos sois, señor, quizá el hombre que 
durante varios años ha reunido en sus 
manos los poderes más absolutos y enér- 
gicos de este país; y cuando el ejercicio 
de esta enorme suma de facultades ha 



23 



24 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



dado ocasión a nuestros enemigos, tanto 
en el interior como en el extranjero para 
presagiar que no resignarías fácilmente 
esos poderes, venís hoy a declarar, de la 
manera más franca y sincera, a la vez 
que más espontánea, que el principio fun- 
damental sobre el cual debe asentarse 
la nueva Constitución de la república, es 
el respeto más amplio a la libertad huma- 
na, proclamado muy alto, además, el 
derecho del pueblo a gobernarse por sí 
mismo, precisamente cuando os halláis 
en la más elevada cima del poder y de la 
gloria, donde las tentaciones de la ambi- 
ción y las sugestiones del egoísmo ejercen 
de ordinario una influencia tan perniciosa 
como difícil de eludir. 

Mas con mucha razón proclamáis, de una 
manera principal, que el gobierno debe 
ser exclusivamente la obra de la voluntad 
de la nación, y que sólo a este título y 
con este apoyo puede ser fuerte para 
imponer el orden interior y para alcanzar 
también consideración y respeto en el 
extranjero. 

No ha sido, pues, vana la esperanza que 
en vos ha puesto el pueblo mexicano, 
que os ha seguido entusiasta y cariñoso 
desde el mes de marzo de 1913; que os 
ha considerado como su salvador en las 
diversas fases de la épica lucha que 



habéis sostenido hasta hoy, y que mañana 
os proclamará, por último, como el gran 
estadista que pudo hacer efectivas en 
México las instituciones libres. 

Sería casi imposible, señor, que yo me 
refiriese en estos momentos a todos los 
puntos notables de vuestro importantísimo 
proyecto general de reformas a la Consti- 
tución vigente, ni a los diversos principios 
que con tanta atingencia como claridad 
invocáis en vuestro discurso, para apoyar 
las reformas que proponéis, después de 
pintar con mano maestra cómo los pre- 
ceptos proclamados en la ley fundamental 
de 1857, sin embargo de su valor teórico 
indiscutible, han resultado en la práctica 
enteramente estériles, porque no han ser- 
vido para establecer un gobierno de veras 
respetuoso de los derechos del hombre, 
ni tampoco para organizar todos los 
elementos sociales, armonizándolos y 
haciéndoles cooperar a la felicidad común; 
esto es, evitando la anarquía, que consiste 
en aquel estado social donde cada hom- 
bre es movido por su propio y egoísta 
interés, sin preocuparse para nada del 
respeto que le merecen los derechos de 
los demás. 

Así, pues, señor, me limito ahora a darme 
por recibido del proyecto de reformas a la 
Constitución de 1857, y puedo aseguraros 



Respuesta del C. presidente del Congreso al discurso del C. Primer Jefe 25 



que todos y cada uno de los ciudada- 
nos diputados que integramos este Con- 
greso Constituyente, estamos animados 
del mejor deseo de corresponder a la 
misión que el pueblo nos ha encomen- 
dado, y que, como lo esperáis, secunda- 
remos con todo celo y patriotismo vuestra 
labor, satisfechos de haber tenido la glo- 
ria de ser solidarios con usted en la obra 
grandiosa de la reconstrucción nacional. 
(Aplausos.) 



(El C. Primer Jefe, acompañado de la 
comisión respectiva, se retiró del salón. 
(Aplausos nutridos y vivas.) 

- El. C. secretario Lizardi: Por acuerdo 
de la presidencia, se pone en el cono- 
cimiento de los ciudadanos diputados que 
la sesión ordinaria de mañana principiará 
a las 9 de la mañana. 

- El. C. presidente, a las 6:00 p.m.: Se le- 
vanta la sesión. 




-wyuecfc} de (¿^«¿¿^¿¿¿cííw /wieóenfa¿i<} Aow e¿ i/#kff ryfefé' 



TITULO PRIMERO 

SECCIÓN I 

De Las garantías individuales 

"Art. l.-En In República Mexicana, todo 
individuo gozará de las garantías que 
otorga esta Constitución, las que no podrán 
restringirse ni suspenderse sino en los 
casos y con las condiciones que ella 
misma establece. 

"Art. 2. -Está prohibida la esclavitud en 
los Estados Unidos Mexicanos. Los 
esclavos de otros países que entrasen al 
territorio nacional, alcanzarán por este 
solo hecho su libertad y la protección de 
las leyes. 

"Art. 3.- Habrá plena libertad de enseñanza; 
pero será laica la que se de en los esta- 
blecimientos oficiales de educación, y 
gratuita la enseñanza primaria superior 



y elemental, que se imparta en los mismos 
establecimientos. 

"Art. 4. -A ninguna persona se le podrá 
impedir que se dedique a la profesión, 
industria, comercio o trabajo que le aco- 
mode, siendo licito, ni privarla de sus 
productos, sino por determinación judicial 
cuando ataque los derechos de tercero, o 
por resolución gubernativa, dictada en los 
términos que marque la ley, cuando 
ofenda los de la sociedad. 

"La ley determinará en cada Estado 
cuáles son las profesiones que necesitan 
titulo para su ejercicio, las condiciones 
que deben llenarse para obtenerlo, y las 
autoridades que han de expedirlo. 

"Art. 5. -Nadie podrá ser obligado a prestar 
trabajos personales sin la justa retribu- 
ción y sin su pleno consentimiento, salvo 
el trabajo impuesto como pena por la 
autoridad judicial. 



27 



28 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



"En cuanto a los servicios públicos, solo 
podrán ser obligatorios, en los términos 
que establezcan las leyes respectivas, el de 
las armas, los de jurado y los cargos 
de elección popular, y obligatorias y gra- 
tuitas las funciones electorales. 



"Art. 6. -La manifestación de las ideas 
no será objeto de ninguna inquisición 
judicial o administrativa, sino en el caso 
que ataque a la moral, los derechos de 
tercero, provoque algún crimen o delito, 
o perturbe el orden público. 



"El Estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o con- 
venio que tenga por objeto el menoscabo, 
la perdida o el irrevocable sacrificio de la 
libertad del hombre, ya sea por causa de 
trabajo, de educación o de voto religioso. 
La ley, en consecuencia, no reconoce 
órdenes monásticas, ni puede permitir su 
establecimiento, cualquiera que sea la 
denominación u objeto con que pretendan 
erigirse. 

"Tampoco puede admitirse convenio en 
e 1 que el hombre pacte su proscripción 
o destierro, o en que renuncie temporal o 
permanentemente a ejercer determinada 
profesión, industria o comercio. 

"El contrato de trabajo solo obligará a 
prestar el servicio convenido por un pe- 
riodo que no exceda de un año, y no podrá 
extenderse en ningún caso a la renuncia, 
pérdida o menoscabo de cualquiera de los 
derechos políticos y civiles. 



"Art. 7. -Es inviolable la libertad de escri- 
bir y publicar escritos sobre cualquiera 
materia. Ninguna ley ni autoridad puede 
establecer la previa censura, ni exigir 
fianza a los autores o impresores, ni 
coartar la libertad de imprenta, que no 
tiene más límites que el respeto a la vida 
privada, a la moral y a la paz pública. 
Los delitos que se cometan por medio de 
la imprenta, serán juzgados por los tribu- 
nales competentes de la Federación o por 
los de los Estados, los del Distrito Federal 
y Territorios, conforme a su legislación 
penal; pero en ningún caso podrá secues- 
trarse la imprenta, como cuerpo del delito. 

"Art. 8. -Los funcionarios y empleados 
públicos respetarán el ejercicio del dere- 
cho de petición, siempre que esta se 
formule por escrito, de una manera pacífica 
y respetuosa; pero en materia política, 
solo podrán hacer uso de ese derecho los 
ciudadanos de la República. 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 29 



"A toda petición deberá recaer un acuerdo 
escrito de la autoridad a quien se haya 
dirigido, en el que tiene obligación de 
hacerlo conocer en breve termino al 
peticionario. 

"Art. 9. -No se podrá coartar el derecho 
de asociarse o reunirse pacíficamente con 
cualquier objeto licito; pero solamente 
los ciudadanos de la República podrán 
hacerlo para tomar parte en los asuntos 
políticos del país. 

"Solo podrá considerarse como ilegal una 
reunión convocada con objeto ilícito y 
ser, en consecuencia, disuelta inmediata- 
mente por la autoridad, cuando en ella se 
cometieren desordenes que alteren o 
amenacen alterar el orden público por 
medio de la fuerza o violencia contra las 
personas o propiedades, o por amenaza 
de cometer atentados, que puedan fácil- 
mente ser seguidas de ejecución inme- 
diata, o se cause fundadamente temor o 
alarma a los habitantes; o se profieran 
injurias o amenazas contra la autoridad 
o alguno o varios particulares, si la perso- 
na que preside la reunión o las que de 
ella formaren parte no redujeran al orden 
al responsable o lo expulsaren inmediata- 
mente; o cuando hubiere en ella individuos 
armados, si requeridos por la autoridad, 
no dejaren las armas o no se ausentaren 
de la reunión 



"No se considerará ilegal una asamblea 
o reunión que tenga por objeto hacer una 
petición a una autoridad, o presentar 
una protesta por algún acto, si no se 
profieren injurias contra ella, ni se hiciere 
uso de violencia o de amenazas para 
intimidarla u obligarla a resolver en el 
sentido que se desea. 

"Art. 10. -Los habitantes de la República 
Mexicana son libres de poseer armas de 
cualquier clase para su seguridad y legítima 
defensa, hecha excepción de las prohibi- 
das expresamente por la ley, y de las que 
la nación reserve para el uso exclusivo del 
ejército, armada y guardia nacional; pero 
no podrán portarlas en las poblaciones 
sin sujetarse a los reglamentos de policía. 

"Art. 1 1 .-Todo hombre tiene derecho para 
entrar a la República, salir de ella, viajar 
por su territorio y mudar de residencia, 
sin necesidad de carta de seguridad, pasa- 
porte, salvoconducto u otros requisitos 
semejantes. El ejercicio de este derecho 
estará subordinado a las facultades de la 
autoridad judicial, en los casos de respon- 
sabilidad criminal o civil, y de la autori- 
dad administrativa, por lo que toca a las 
limitaciones que imponga la ley sobre 
inmigración, emigración y salubridad 
general de la República, o sobre extran- 
jeros perniciosos residentes en el país. 



30 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



"Art. 12. -En los Estados Unidos Mexica- 
nos no se concederán títulos de nobleza, 
ni prerrogativas y honores hereditarios, ni 
se dará efecto alguno a los otorgados por 
cualquier otro país. 



"En los juicios del orden criminal queda 
prohibido imponer, por simple analogía y 
aun por mayoría de razón, pena alguna 
que no este decretada por una ley exacta- 
mente aplicable al delito de que se trate. 



"Art. 13. -Nadie podrá ser juzgado por 
leyes privativas ni por tribunales espe- 
ciales. Ninguna persona o corporación 
puede tener fuero ni gozar más emolu- 
mentos que los que sean compensación 
de servicios públicos y estén fijados por 
la ley. Subsiste el fuero de guerra para 
los delitos y faltas contra la disciplina 
militar: pero los tribunales militares en 
ningún caso y por ningún motivo podrán 
extender su jurisdicción sobre personas 
que no pertenezcan al Ejército. Cuando 
en un delito o falta del orden militar estu- 
viere implicado un civil, conocerá del 
caso la autoridad civil que corresponda. 

"Art. 14. -A ninguna ley se le dará efecto 
retroactivo en perjuicio de persona alguna. 

"Nadie podrá ser privado de la vida, de 
la libertad, o de sus propiedades, pose- 
siones y derechos, sino mediante juicio 
seguido ante los tribunales previamente 
establecidos, en el que se cumplan las 
formalidades esenciales del procedimien- 
to y conforme a las leyes expedidas con 
anterioridad al hecho. 



"En los juicios del orden civil, la senten- 
cia definitiva deberá ser conforme a la 
letra o a la interpretación jurídica de la ley, 
y a falta de esta, se fundara en los princi- 
pios generales del derecho. 

"Art. 15. -No se autoriza la celebración 
de tratados para la extradición de reos 
políticos ni para la de aquellos delincuen- 
tes del orden común que hayan tenido en 
el país donde cometieren el delito, la condi- 
ción de esclavos; ni convenios o trata- 
dos en virtud de los que se alteren las 
garantías y derechos establecidos por 
esta Constitución para el hombre y el 
ciudadano. 

"Art. 16. -No podrán librarse órdenes de 
arresto contra una persona, sino por la 
autoridad judicial y siempre que se haya 
presentado acusación en su contra por un 
hecho determinado que la ley castigue 
con pena corporal o alternativa de pecu- 
niaria y corporal, y que este, además, apo- 
yada por declaración bajo protesta de 
persona digna de fe, o por otros datos que 
hagan probable su responsabilidad, hecha 
excepción de los casos de flagrante delito, 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 3 1 



en que cualquiera persona puede aprehen- 
der al delincuente y a sus cómplices, 
poniéndolos sin demora a disposición de 
la autoridad inmediata. 

"Solamente en casos urgentes podrá la 
autoridad administrativa decretar, bajo su 
más estrecha responsabilidad, la deten- 
ción de un acusado, poniéndolo inmedia- 
tamente a disposición de la autoridad 
judicial. 

"En toda orden de cateo se expresará el 
lugar que ha de inspeccionarse, la per- 
sona o personas que hayan de aprehen- 
derse, y los objetos que se buscan, a lo 
que únicamente debe limitarse la diligen- 
cia, levantándose en el acto de concluir 
esta, una acta circunstancial, en presencia 
de los testigos que intervinieren en ella y 
que serán, cuando menos, dos personas 
honorables. La autoridad administrativa 
podrá practicar visitas domiciliarias, úni- 
camente para cerciorarse de que se han 
cumplido los reglamentos sanitarios y de 
la policía. También podrá la misma auto- 
ridad exigir la exhibición de libros y 
papeles, para comprobar que se han 
cumplido las disposiciones fiscales. 

"Art. 17. -Nadie puede ser preso por 
deudas de un carácter puramente civil. 
Ninguna persona podrá hacerse justicia 
por si misma, ni ejercer violencia para 



reclamar su derecho. Los tribunales es- 
tarán expeditos para administrar justicia 
en los plazos y términos que fije la ley, 
y su servicio será gratuito, quedando, 
en consecuencia, prohibidas las costas 
judiciales. 

"Art. 18. -Solo habrá lugar a prisión por 
delito que merezca pena corporal o alter- 
nativa de pecuniaria y corporal. El lugar 
de prevención o prisión preventiva será 
distinto y estará completamente sepa- 
rado del que se destinare para la extinción 
de las penas. 

"Toda pena de más de dos años de prisión 
se hará efectiva en colonias penales o 
presidios que dependerán directamente del 
gobierno federal, y que estarán fuera de 
las poblaciones, debiendo pagar los Esta- 
dos a la Federación los gastos que corres- 
pondan por el número de reos que tuvieren 
en dichos establecimientos. 

"Art. 19. -Ninguna detención podrá exce- 
der del termino de tres días, sin que se 
justifique con un auto de formal prisión, 
en el que se expresaran el delito que se 
impute al acusado, los elementos que cons- 
tituyen aquel, lugar, tiempo y circunstan- 
cias de ejecución y los datos que arroje 
la averiguación previa, los que deben ser 
bastantes para comprobar el cuerpo del 
delito y hacer probable la responsabi- 



32 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



lidad del acusado. La infracción de esta 
disposición hace responsable a la autoridad 
que ordena la detención o la consiente, y 
a los agentes, ministros, alcaides o carce- 
leros que la ejecuten. 

"Los hechos señalados en el auto de for- 
mal prisión serán forzosamente la materia 
del proceso, y no podrán cambiarse para 
alterar la naturaleza del delito. Si en la se- 
cuela de un proceso apareciere que se ha 
cometido un delito distinto del que se per- 
sigue, deberá ser objeto de acusación 
separada, sin perjuicio de que después 
pueda decretarse la acumulación, si fuere 
conducente. 

"Todo maltratamiento en la aprehensión 
o en las prisiones, toda molestia que se 
infiera sin motivo legal, toda gabela o 
contribución en las cárceles, es un abuso 
que será corregido por las leyes y repri- 
mido por las autoridades. 

"Art. 20.-En todo juicio del orden criminal 
tendrá el acusado las siguientes garantías: 

"I.-Será puesto en libertad, inmedia- 
tamente que lo solicite, bajo de fianza 
hasta de diez mil pesos, según sus cir- 
cunstancias personales y la gravedad del 
delito que se le impute, siempre que di- 
cho delito no merezca ser castigado con 
una pena mayor de cinco anos de prisión, y 
sin más requisitos que poner la suma de 



dinero respectiva a disposición de la auto- 
ridad, u otorgar caución hipotecaria o 
personal, bastante para asegurarla; 

"II. -No podrá ser compelido a declarar 
en su contra, por lo cual queda rigurosa- 
mente prohibida toda incomunicación o 
cualquier otro medio que tienda a aquel 
objeto; 

"III. -Se le hará saber en audiencia pública 
y dentro de las 48 horas siguientes a su 
consignación a la justicia, el nombre de 
su acusador y la naturaleza y causa de la 
acusación, a fin de que conozca bien 
el hecho punible que se le atribuya y pueda 
contestar el cargo, rindiendo en este acto 
su declaración preparatoria; 

"IV. -Será careado con los testigos que 
depongan en su contra, los que declararán 
en su presencia si estuvieren en el lugar 
del juicio, para que pueda hacerles todas 
las preguntas conducentes a su defensa; 

"V.-Se le recibirán los testigos y demás 
pruebas que ofreciere, concediéndole el 
tiempo que la ley estime necesario al efecto, 
y se le auxiliará para obtener la compa- 
recencia de las personas cuyo testimonio 
solicite, siempre que se encontraren en 
el lugar del proceso; 

"VI. -Será juzgado en audiencia pública 
por un juez o jurado de ciudadanos que 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 33 



sepan leer y escribir, vecinos del lugar y 
partido en que se cometiera el delito, 
siempre que este pueda ser castigado con 
una pena mayor de un año de prisión; 

"VII.-Le serán facilitados todos los datos 
que solicite para su defensa y que consten 
en el proceso; 



honorarios de defensores o por cualquier 
otra prestación de dinero por cause de 
responsabilidad civil o algún otro motivo. 

"Tampoco podrá prolongarse la prisión 
preventiva por más tiempo del que como 
máximo fije la ley al delito que motivare 
el proceso. 



"VIII. -Será juzgado antes de cuatro meses 
si se tratare de delitos cuya pena máxima 
no exceda de dos años de prisión, y 
antes de un año si la pena máxima exce- 
diere de ese tiempo; 

"IX. -Se le oirá en defensa por sí o por 
persona de su confianza, o por ambas, 
según su voluntad. En caso de no tener 
quien lo defienda, se le presentará lista 
de los defensores de oficio, para que elija 
el o los que le convengan. Si el acusado 
no quisiere nombrar defensores, después 
que se le requiriere para ello, al rendir su 
declaración preparatoria, el juez le nom- 
brara uno de oficio. El acusado podrá 
nombrar defensor desde el momento en 
que sea aprehendido, y tendrá derecho 
a que este se halle presente en todos los 
actos del juicio; pero tendrá obligación 
de hacerlo comparecer cuantas veces se 
necesite; y, 

"X.-En ningún caso podrá prolongarse la 
prisión o detención, por falta de pago de 



"En toda pena de prisión que imponga 
una sentencia se computara el tiempo de 
la detención. 

"Art. 21. -La imposición de las penas es 
propiay exclusiva de la autoridad judicial. 
Solo incumbe a la autoridad administra- 
tiva el castigo de las infracciones de los 
reglamentos de policía y la persecución 
de los delitos, por medio del Ministerio 
Publico y de la Policía Judicial, que estará 
a la disposición de éste. 

"Art. 22. -Quedan prohibidas las penas de 
mutilación y de infamia, la marca, los 
azotes, los palos, el tormento de cualquier 
especie, la multa excesiva, la confisca- 
ción de bienes y cualesquiera otras penas 
inusitadas o trascendentales. 

"No se considerara como confiscación 
de bienes la aplicación parcial o total de 
los bienes de una persona, hecha por 
la autoridad judicial, para el pago de la 
responsabilidad civil resultante de la 



34 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



comisión de un delito, o para el pago de de todo registro, y su violación será pe- 
impuestos o multas. nada por la ley. 



"Queda también prohibida la pena de 
muerte por delitos políticos, y en cuanto 
a los demás, solo podrá imponerse al 
traidor a la Patria en guerra extranjera, 
al parricida, al homicida con alevosía, 
premeditación o ventaja, al incendiario, 
al plagiario, al salteador de caminos, al 
pirata, al violador y a los reos de delitos 
graves del orden militar. 

"Art. 23. -Ningún juicio criminal deberá 
tener más de tres instancias. Nadie puede 
ser juzgado dos veces por el mismo 
delito, ya sea que en el juicio se le absuelva 
o se le condene. Queda prohibida la 
practica de absolver en la instancia. 

"Art. 24. -Todo hombre es libre para pro- 
fesar la creencia religiosa que más le 
agrade, y para practicar las ceremonias, 
devociones o actos del culto respectivo, 
en los templos o en su domicilio particu- 
lar, siempre que no constituya un delito 
o falta penada por la ley. 

"Ningún acto religioso de culto público 
deberá celebrarse fuera del interior de los 
templos, los cuales estarán siempre bajo 
la vigilancia de la autoridad. 



"Art. 26. -En tiempo de paz ningún miem- 
bro del ejercito podrá alojarse en casa 
particular contra la voluntad de su dueño; 
tampoco podrá exigir prestación alguna. 
En tiempo de guerra, los militares podrán 
exigir alojamiento, bagajes, alimentos y 
otras prestaciones en los términos que 
establezca la ley marcial correspondiente. 

"Art. 27. -La propiedad privada no puede 
ocuparse para use publico, sin previa 
indemnización. La necesidad o utilidad 
de la ocupación deberá ser declarada por 
la autoridad administrativa correspon- 
diente; pero la expropiación se hará por 
la autoridad judicial, en el caso de que 
haya desacuerdo sobre sus condiciones 
entre los interesados. 

"Las corporaciones e instituciones religio- 
sas, cualquiera que sea su carácter, denomi- 
nación, duración y objeto, no tendrán 
capacidad legal para adquirir en propie- 
dad o para administrar más bienes raíces 
que los edificios destinados inmediata y 
directamente al servicio u objeto de dichas 
corporaciones e instituciones. Tampoco 
la tendrán para adquirir o administrar 
capitales impuestos sobre bienes raíces. 



"Art. 25. -La correspondencia que bajo 
cubierta circule por las estafetas, será libre 



"Las instituciones de beneficencia publica 
o privada para el auxilio de los necesi- 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 35 



tados, la difusión de la enseñanza la 
ayuda reciproca de los individuos que a 
ellas pertenezcan, o para cualquier otro 
objeto licito, en ningún caso podrán estar 
bajo el patronato dirección o administra- 
ción de corporaciones religiosas ni de los 
ministros de los cultos, y tendrán capa- 
cidad para adquirir bienes raíces, pero 
únicamente los que fueren indispensables 
y que se destinen de una manera directa 
a inmediata al objeto de las instituciones 
de que se trata. 

"También podrán tener sobre bienes 
raíces, capitales impuestos a interés, el 
que no será mayor, en ningún caso, del que 
se fije como legal y por un termino que no 
exceda de 10 años. 

"Los ejidos de los pueblos, ya sea que los 
hubieren conservado posteriormente a la 
Ley de Desamortización, ya que se les 
restituyan o que se les den nuevos, confor- 
me a las leyes, se disfrutaran en común 
por sus habitantes, entretanto se reparten 
conforme a la ley que al efecto se expida. 

"Ninguna otra corporación civil podrá 
tener en propiedad o administrar por si 
bienes raíces o capitales impuestos sobre 
ellos, con la única excepción de los edifi- 
cios destinados inmediata y directamente 
al objeto de la institución. 



"Las sociedades civiles y comerciales 
podrán poseer fincas urbanas y estable- 
cimientos fabriles o industriales, dentro 
y fuera de las poblaciones; lo mismo que 
explotaciones mineras, de petróleo o 
de cualquier otra clase de substancias que 
se encuentren en el subsuelo, así como 
también vías férreas u oleoconductos; 
pero no podrán adquirir ni administrar 
por si, propiedades rusticas en superficie 
mayor de la que sea estrictamente nece- 
saria para los establecimientos o servicios 
de los objetos indicados y que el Ejecu- 
tivo de la Unión fijara en cada caso. 

"Los bancos debidamente autorizados 
conforme a las leyes de asociaciones de 
crédito, podrán obtener capitales impues- 
tos sobre propiedades urbanas y rusti- 
cas, de acuerdo con las prescripciones de 
dichas leyes. 

"Art. 28. -En la República Mexicana no 
habrá monopolios ni estancos de ninguna 
case, ni exención de impuestos, ni prohi- 
biciones a titulo de protección a la in- 
dustria, exceptuándose únicamente los 
relativos a la acuñación de moneda, a 
los correos, telégrafos, radiotelegrafía, 
y a los privilegios que por determinado 
tiempo se concederán a los autores y 
artistas para la reproducción de sus obras, 
y a los inventores y perfeccionadores 



36 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



de alguna mejora, para el use exclusivo 
de sus inventos. 

"En consecuencia, la ley castigara severa- 
mente, y las autorizados perseguirán con 
eficacia, toda concentración o acapa- 
ramiento en una o pocas manos de artícu- 
los de consumo necesario, con el objeto 
de obtener el alza de los precios; todo 
acto o procedimiento que evite o tienda 
a evitar la libre concurrencia en la pro- 
ducción, industria o comercio, o servicios 
al publico; todo acuerdo o combinación 
de cualquier manera que se haga, de 
productores, industriales, comerciantes y 
empresarios de transportes o de algún 
otro servicio, para evitar la competen- 
cia entre si y obligar a los consumidores a 
pagar precios exagerados; y en general 
a todo lo que constituya una ventaja 
exclusiva indebida a favor de una o varias 
personas determinadas y con perjuicio 
del publico en general o de determinada 
clase social. 

"Art. 29. -En los casos de invasión, pertur- 
bación grave de la paz publica, o de 
cualquiera otro que ponga a la sociedad 
en grande peligro o conflicto, solamente 
el Presidente de la República Mexicana, 
de acuerdo con el Consejo de Ministros y 
con aprobación del Congreso de la Unión, 
y en los recesos de este, de la Comi- 
sión Permanente, podrá suspender en todo 
el país o en lugar determinado, las garan- 



tías que fueren obstáculo para hacer 
frente rápida y fácilmente a la situación; 
pero deberá hacerlo por un tiempo limi- 
tado, por medio de prevenciones genera- 
les y sin que la suspensión se contraiga a 
determinado individuo. Si la suspensión 
tuviere lugar hallándose el Congreso 
reunido, este concederá las autorizacio- 
nes que estime necesarias para que el 
Ejecutivo haga frente a la situación. 
Si la suspensión se verificare en tiempo 
de receso, se convocará sin demora al 
Congreso para que las acuerde. 

SECCIÓN II 
De los mexicanos 

"Art. 30. -Los mexicanos lo serán por 
nacimiento o por naturalización: 

"I. -Son mexicanos por nacimiento, los 
hijos de padres mexicanos que nacieren 
dentro o fuera de la República; 

"II. -Son mexicanos por naturalización: 

"a) Los que nacieren de padres extran- 
jeros dentro de la República, si al mes 
siguiente a su mayor edad no manifiestan 
ante la Secretaria de Relaciones Exterio- 
res su propósito de conservar la nacio- 
nalidad de su origen. 

"b) Los extranjeros que teniendo modo 
honesto de vivir e hijos nacidos de madre 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 37 



mexicana o naturalizados mexicanos, 
manifiesten a la Secretaría de Relaciones 
Exteriores su propósito de quedar tam- 
bién nacionalizados. 

"c) Los que hubieren residido en el país 
cinco años consecutivos, tengan modo 
honesto de vivir y obtengan carta de natu- 
ralización de la Secretaria de Relaciones. 

"En los casos de esta fracción y de la 
anterior, la ley determinará la manera de 
comprobar los requisitos que en ella se 
exigen. 

"Art. 31. -Son obligaciones de todo 
mexicano: 

"I. -Concurrir a las escuelas públicas o 
privadas, los menores de 10 años, durante 
el tiempo que marque la ley de ins- 
trucción pública en cada Estado, a recibir 
la educación primaria, elemental y militar; 

"II. -Asistir, en los días y horas designados 
por el Ayuntamiento del lugar en que 
residan, a recibir instrucción cívica y 
militar, que los mantengan aptos en el 
ejercicio de los derechos de ciudadano, 
diestros en el manejo de las armas y 
conocedores de la disciplina militar; 

"III. -Alistarse y servir en la Guardia 
Nacional, conforme a la ley orgánica res- 
pectiva, para asegurar y defender la 
independencia, el territorio, el honor, los 



derechos e intereses de la patria, así como 
la tranquilidad y el orden interior; y 

"IV. -Contribuir para los gastos públicos, 
así de la Federación como del Estado y 
Municipio en que residan, de la manera 
proporcional y equitativa que dispongan 
las leyes. 

"Art. 32. -Los mexicanos serán preferidos 
a los extranjeros en igualdad de circuns- 
tancias, para todos los empleos, cargos o 
comisiones de nombramiento del Gobier- 
no, en que no sea indispensable la calidad 
de ciudadano. En tiempo de paz ningún 
extranjero podrá servir en el Ejército ni en 
las fuerzas' de Policía o seguridad pública. 

SECCIÓN III 
De los extranjeros 

"Art. 33. -Son extranjeros los que no 
posean las calidades determinadas en el 
articulo 30. Tienen derecho a las garan- 
tías que otorga la sección 1, título I de la 
presente Constitución; pero el Ejecutivo 
de la Unión tendrá la facultad exclusiva de 
hacer abandonar el territorio nacional 
inmediatamente y sin necesidad de juicio 
previo, a todo -extranjero cuya perma- 
nencia juzgue inconveniente. 

"Las determinaciones que el Ejecutivo 
dictare en uso de esta facultad, no tendrán 
recurso alguno. 



38 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



"Los extranjeros no podrán, de ninguna 
manera, inmiscuirse en los asuntos polí- 
ticos del país. Tampoco podrán adquirir 
en el bienes raíces, si no manifiestan 
antes, ante la Secretaría de Relaciones, 
que renuncian su calidad de extranjeros 
y a la protección de sus Gobiernos en todo 
lo que a dichos bienes se refiere, que- 
dando enteramente sujetos, respecto de 
ellos, a las leyes y autoridades de la nación. 



"III. -Asociarse pare tratar los asuntos 
políticos del país; 

"IV.-Tomar las armas en el Ejército o 
guardia nacional, para la defensa de la 
República y de sus instituciones, en los 
términos que prescriben las leyes; y 

"V. -Ejercer en toda clase de negocios el 
derecho de petición. 



SECCIÓN IV 
De los ciudadanos mexicanos 



"Art. 36. -Son obligaciones del ciudadano 
de la República: 



"Art. 34. -Son ciudadanos de la República 
todos los que, teniendo la calidad de 
mexicanos, reúnan, además, los siguien- 
tes requisitos: 

"I. -Haber cumplido diez y ocho años, 
siendo casados, o veintiuno Si no lo 
son; y 



"I. -Inscribirse en el catastro de la munici- 
palidad, manifestando la propiedad que 
tiene, la industria, profesión o trabajo de 
que subsista, así como también inscri- 
birse en los padrones electorales, en los 
términos que determinen las leyes; 

"II. --Alistarse en la Guardia Nacional; 



"II. -Tener un modo honesto de vivir. 

"Art. 35. -Son prerrogativas del ciudadano: 

"I. -Votar en las elecciones populares; 

"II. -Poder ser votado para todos los car- 
gos de elección popular y nombrado para 
cualquier otro empleo o comisión te- 
niendo las calidades que la ley establezca; 



"III. -Votar en las elecciones populares en 
el distrito electoral que le corresponda; 

"IV -Desempeñar los cargos de elección 
popular de la Federación y de los Estados, 
que en ningún caso serán gratuitos, y 

"V -Desempeñar los cargos concejiles del 
municipio donde resida, las funciones 
electorales y las de jurado. 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 39 



"Art. 37. -La calidad de ciudadano mexi- 
cano se pierde: 

"I. -Por naturalización en país extranjero, y 

"II. -Por servir oficialmente al Gobierno 
de otro país, o admitir de el condecora- 
ciones, títulos o funciones, sin previa 
licencia del Congreso federal, exceptuan- 
do los títulos literarios, científicos y huma- 
nitarios, que pueden aceptarse libremente. 

"Art. 3 8. -Los derechos o prerrogativas de 
los ciudadanos se suspenden: 

"I. -Por falta de cumplimiento, sin causa 
justificada, de cualquiera de las obliga- 
ciones que impone el artículo 36. Esta sus- 
pensión durará un año y se impondrá, 
además de las otras penas que por el 
mismo hecho señalare la ley; 

"II. -Por estar sujeto a un proceso criminal 
por delito que merezca pena corporal 
o alternativa de pecuniaria o corporal, a 
contar desde la fecha del auto de formal 
prisión; 

"III. -Durante la extinción de una pena 
corporal; 

"IV. -Por vagancia o ebriedad consuetu- 
dinaria, declarada en los términos que 
prevengan las leyes; 



"V.-Por estar prófugo de la justicia, desde 
que se dicte la orden de aprehensión 
hasta que prescriba la acción penal, y 

"VI. -Por sentencia ejecutoria que impon- 
ga como pena esa suspensión. 

"La ley fijara los casos en que se pierden 
o suspenden los derechos de ciudadano y 
la manera de hacer la rehabilitación. 

TITULO SEGUNDO 
SECCIÓN I 

De la soberanía nacional y de la 
forma de gobierno 

"Art. 39. -La soberanía nacional reside 
esencial y originariamente en el pueblo. 
Todo Poder público dimana del pueblo y 
se instituye para su beneficio. El pueblo 
tiene en todo tiempo el inalienable dere- 
cho de alterar o modificar la forma de su 
Gobierno. 

"Art. 40. -Es voluntad del pueblo mexi- 
cano constituirse en una República repre- 
sentativa, democrática, federal, compuesta 
de Estados libres y soberanos en todo lo 
concerniente a su régimen interior; pero 
unidos en una Federación establecida se- 
gún los principios de esta ley fundamental. 

"Art. 41. -El pueblo ejerce su soberanía 
por medio de los poderes de la Unión en 



40 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



los casos de su competencia, y por los 
Estados en lo que toca a su régimen inte- 
rior, en los términos respectivamente 
establecidos por esta Constitución federal 
y las particulares de los Estados, las que 
en ningún caso podrán contravenir a las 
estipulaciones del pacto federal. 

SECCIÓN II 

De las partes integrantes de la 

Federación y del territorio nacional 

"Art. 42. -El territorio nacional com- 
prende el de las partes integrantes de la 
Federación y, además, el de las islas 
adyacentes en ambos mares. 

"Art. 43. -Las partes integrantes de la 
Federación son los Estados de Aguas- 
calientes, Campeche, Coahuila, Colima, 
Chiapas, Chihuahua, Durango, Guana- 
juato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, México, 
Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, 
Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis 
Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamau- 
lipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Zaca- 
tecas, Distrito Federal, Territorio de la Baja 
California y Territorio de Quintana Roo. 

"Art. 44. -El Distrito Federal se compon- 
drá del territorio que actualmente tiene, 
más el de los Distritos de Chalco, de 
Amecameca, de Texcoco, de Otumba, 
de Zumpango, de Cuautitlán y la parte de 



Tlalnepantla que queda en el Valle de 
México, fijando el lindero con el Estado 
de México sobre los ejes orográficos de 
las crestas de las serranías del Monte Alto 
y el Monte Bajo. 

"Art. 45. -Los Estados y Territorios de la 
Federación conservarán la extensión y 
límites que hasta hoy han tenido, siempre 
que no haya dificultad en cuanto a estos, 
hecha excepción del Estado de México, 
del que se segregan los distritos que se 
aumentan al Distrito Federal. 

"Art. 46. -Los Estados que tuvieren pen- 
dientes cuestiones de límites, las arregla- 
rán o solucionarán en los términos que 
establezca la Constitución. 

"Art. 47. -El Estado de Nayarit tendrá la 
extensión territorial y límites que com- 
prende ahora el Territorio de Tepic. 

"Art. 48. -Las islas adyacentes de ambos 
mares que pertenezcan al territorio nacio- 
nal, dependerán directamente del Gobierno 
de la Federación. 

TITULO TERCERO 
De la división de poderes 

"Art. 49. -El supremo poder de la Fede- 
ración se divide, para su ejercicio, en 
Legislativo, Ejecutivo y Judicial. 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 41 



"No podrán reunirse dos o más de estos 
poderes en una sola persona o corpo- 
ración, ni depositarse el Legislativo en 
un individuo, salvo el caso de facultades 
extraordinarias al Ejecutivo de la Unión, 
conforme a lo dispuesto en el artículo 29. 



"Art. 53. -Por cada diputado propietario 
se nombrará un suplente. 

"Art. 54. -La elección de diputados será 
directa y en los términos que disponga la 
Ley Electoral. 



SECCIÓN I 
El Poder Legislativo 



"Art. 55. -Para ser diputado se requieren 
los siguientes requisitos: 



"Art. 50. -El Poder Legislativo de los 
Estados Unidos Mexicanos se depositas 
en un Congreso general, que se dividirá 
en dos Cámaras, una de diputados y otra 
de senadores. 

PÁRRAFO PRIMERO 

De la elección e instalación del 

Congreso 

"Art. 51. -La Cámara de Diputados se 
compondrá de representantes de la nación, 
electos en su totalidad cada dos años por 
los ciudadanos mexicanos. 



"I. -Ser, ciudadano mexicano en el ejer- 
cicio de los derechos políticos, y saber 
leer y escribir; 

"II. -Tener veinticinco años cumplidos el 
día de la elección; 

"III. -Ser originario del Estado o Territorio 
en que se haga la elección, o vecino de 
el, con residencia efectiva de más de seis 
meses anteriores a la fecha de ella. La ve- 
cindad no se pierde por ausencia en el 
desempeño de cargo público de elección 
popular; 



"Art. 52. -Se elegirá un diputado propie- 
tario por cada cien mil habitantes o por 
una fracción que pase de treinta mil, 
teniendo en cuenta el censo general del 
Distrito Federal y el de cada Estado y 
Territorio. La población del Estado o Terri- 
torio que fuere menor que la que se fija 
en este artículo, elegirá, sin embargo, un 
diputado propietario. 



"IV. -No estar en servicio activo en el Ejér- 
cito federal, ni tener mando en la policía 
o gendarmería rural en el distrito donde 
se haga la elección, cuando menos sesenta 
días antes de ella; 

"V.-No ser secretario o subsecretario de 
Estado, ni magistrado de la Suprema 
Corte de Justicia de la Nación, a menos 



42 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



que se separe de sus funciones sesenta 
días antes del día de la elección. Los 
gobernadores de los Estados, sus secre- 
tarios, los magistrados y jueces federales 
o del Estado, no podrán ser electos en 
los distritos de sus respectivas jurisdic- 
ciones, si no se separan de sus cargos 
sesenta días antes del día de la elección; y 

"VI. -No ser ministro de algún culto 
religioso. 

"Art. 5 6. -La Cámara de Senadores se 
compondrá de dos miembros por cada 
Estado y dos por el Distrito Federal, 
nombrados en elección directa. 

"La Legislatura de cada Estado declarara 
electo al que hubiere obtenido la mayoría 
absoluta del total de los votos que debie- 
ron emitirse, conforme a los respectivos 
padrones electorales, y en caso de que 
ningún candidato hubiere obtenido dicha 
mayoría, elegirá entre los dos que tu- 
vieren más votos. 

"Art. 57. -Por cada senador propietario se 
elegirá un suplente. 

"Art. 5 8. -La Cámara de Senadores se 
renovara por mitad cada dos años. 

"Art. 59. -Para ser senador se requieren 
las mismas calidades que para ser dipu- 



tado, excepto la de la edad, que será la 
de treinta y cinco años cumplidos el 
día de la elección. 

"Art. 60.-Cada Cámara calificara las elec- 
ciones de sus miembros y resolverá las 
dudas que hubiere sobre ellas. 

"Su resolución será definitiva e inatacable. 

"Art. 61. -Los diputados y senadores son 
inviolables por sus opiniones manifes- 
tadas en el desempeño de sus cargos, y 
jamás podrán ser reconvenidos por ellas. 

"Art. 62. -Los diputados y senadores pro- 
pietarios, durante el periodo de su 
encargo, no podrán desempeñar ninguna 
otra comisión o empleo de la Fede- 
ración o de los Estados por el cual se 
disfrute sueldo, sin licencia previa de la 
Cámara respectiva; pero entonces cesaran 
en sus funciones representativas mientras 
dura la nueva ocupación. La misma regla 
se observara con los diputados y senado- 
res suplentes cuando estuvieren en ejerci- 
cio. La infracción de esta disposición será 
castigada con la perdida del carácter de 
diputado o senador. 

"Art. 63. -Las Cámaras no pueden abrir 
sus sesiones ni ejercer su cargo sin la 
concurrencia, en la de senadores, de las 
dos terceras partes, y en la de diputados, 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 43 



de más de la mitad del numero total de 
sus miembros; pero los presentes de una 
y otra deberán reunirse el día señalado 
por la ley y compeler a los ausentes a que 
concurran dentro de los treinta días si- 
guientes, con la advertencia de que, si no 
lo hicieren, se entenderá por ese solo 
hecho que no aceptan su encargo, llamán- 
dose luego a los suplentes, los que deberán 
presentarse en un plazo igual, y si tampoco 
lo hicieren, se declarará vacante el puesto 
y se convocara a nuevas elecciones. 

"Se entiende también que los diputados 
o senadores que falten diez días conse- 
cutivos sin causa justificada o sin previa 
licencia del presidente de su respectiva 
Cámara, de la cual se dé conocimiento 
a ésta, renuncian a concurrir hasta el 
período inmediato, llamándose desde 
luego a los suplentes. 

"Si no hubiere quorum para instalar cual- 
quiera de las Cámaras o para que ejerzan 
sus funciones una vez instaladas, se con- 
vocará inmediatamente a los suplentes 
para que se presenten a la mayor breve- 
dad a desempeñar su cargo, entretanto 
transcurren los treinta días de que antes 
se habla. 

"Art. 64. -Los diputados y senadores que 
no concurran a una sesión sin causa jus- 
tificada o sin permiso del presidente de 



la Cámara respectiva, no tendrán derecho 
a la dieta correspondiente al día que 
faltaren. 

"Art. 65. -El Congreso se reunirá el día 
14 de septiembre de cada año para cele- 
brar sesiones ordinarias, en las cuales se 
ocupará de los asuntos siguientes: 

"I. -Revisar la cuenta publica del año ante- 
rior, que será presentada a la Cámara de 
Diputados dentro de los diez primeros 
días de la apertura de sesiones. La revi- 
sión no se limitará a investigar si las can- 
tidades gastadas están o no de acuerdo 
con las partidas respectivas del Presu- 
puesto, sino que se extenderá al examen 
de la exactitud y justificación de los gastos 
hechos y a las responsabilidades a que 
hubiere lugar. 

"No podrá haber otras partidas secretas, 
fuera de las que se consideren necesarias 
con ese carácter en el mismo Presupues- 
to; las que emplearán los secretarios, por 
acuerdo escrito del Presidente de la 
República; 

"II. -Examinar, discutir y aprobar el presu- 
puesto del año fiscal siguiente, y decretar 
los impuestos necesarios para cubrirlos; y 

"III. -Estudiar, discutir y votar las inicia- 
tivas de ley que se presentaren, y resol- 



44 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



ver los demás asuntos que estuvieren 
pendientes. 

"Art. 66. -El periodo de sesiones ordi- 
narias durará el tiempo necesario para 
tratar de todos los asuntos mencionados 
en el artículo anterior; pero no podrá pro- 
longarse más que hasta el 3 1 de diciembre 
del mismo año. Si las dos Cámaras no 
estuvieren de acuerdo para poner término 
a las sesiones antes de la fecha indicada, 
resolverá el presidente de la República. 

"Art. 67. -El Congreso tendrá sesiones 
extraordinarias cada vez que el presidente 
de la República lo convoque para ese 
objeto; pero en tal caso, no podrá ocu- 
parse más que del asunto o asuntos que 
el mismo presidente sometiere a su cono- 
cimiento, los cuales se expresarán en la 
convocatoria respectiva. El Ejecutivo 
puede convocar a una sola Cámara a 
sesiones extraordinarias, cuando se trate 
de asunto exclusivo de ella. 

"Art. 68. -Ambas Cámaras residirán en un 
mismo lugar y no podrán transladarse a 
otro sin que antes convengan en la trans- 
lación y en el tiempo y modo de verifi- 
carla, designando un mismo punto para la 
reunión de ambas. Pero si conviniendo 
las dos en la translación, difieren en cuanto 
al tiempo, modo y lugar, el Ejecutivo ter- 



minará la diferencia eligiendo uno de los 
de extremos en cuestión. Ninguna Cámara 
podrá suspender sus sesiones por más de 
tres días sin consentimiento de la otra. 

"Art. 69. -A la apertura de sesiones del 
Congreso, sean ordinarias o extraordina- 
rias, asistirá el presidente de la República 
y presentará un informe por escrito, en 
el primer caso, sobre el estado general 
que guarda la administración pública 
del país, y en el segundo, para exponer 
al Congreso o a la Cámara de que se trate, 
las razones o causas que hicieron nece- 
saria su convocación y el asunto o asuntos 
que ameriten una resolución perentoria. 

"Art. 70. -Toda resolución del Congreso 
tendrá el carácter de ley o decreto. Las 
leyes y decretos se comunicarán al Ejecu- 
tivo firmados por los presidentes de ambas 
Cámaras y por un secretario de cada una 
de ellas, y se promulgarán en esta for- 
ma: "El Congreso de los Estados Unidos 
Mexicanos, decreta: (Texto de la ley o 
decreto)". 

PÁRRAFO SEGUNDO 

De la iniciativa y /formación de las 

leyes 

"Art. 71. -El derecho de iniciar leyes o 
decretos compete: 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 45 



"I. -Al presidente de la Unión; 

"II. -A los diputados y senadores al Con- 
greso general; y 

"III. -A las legislaturas de los Estados. 

"Las iniciativas presentadas por el presi- 
dente de la República, por las Legisla- 
turas de los Estados o por las diputaciones 
de los mismos, pasarán desde luego a 
Comisión. Las que presentaren los dipu- 
tados o los senadores, se sujetarán a los 
tramites que designe el Reglamento de 
Debates. 



"Art. 72. -Todo proyecto de ley o decreto 
cuya resolución no sea exclusiva de alguna 
de las Cámaras, se discutirá sucesiva- 
mente en ambas, observándose el Re- 
glamento de Debates sobre la forma, 
intervalos y modo de proceder en las 
discusiones y votaciones. 

"a) Aprobado un proyecto en la Cámara 
de su origen, pasará para su discusión a 
la otra Cámara. Si ésta lo aprobare, se 
remitirá al Ejecutivo, quien, si no tuviere 
observaciones que hacer, lo publicará 
inmediatamente. 

"b) Se reputará aprobado por el Poder 
Ejecutivo, todo proyecto no devuelto con 



observaciones a la Cámara de su ori- 
gen, dentro de diez días útiles a no ser 
que, corriendo este término, hubiere el 
Congreso cerrado o suspendido sus 
sesiones, en cuyo caso la devolución 
deberá hacerse el primer día útil en que 
estuviere reunido. 

"c) El proyecto de ley o decreto dese- 
chado en todo o en parte por el Ejecutivo, 
deberá ser devuelto con sus observa- 
ciones a la Cámara de su origen. Deberá 
ser discutido de nuevo por ésta, y si fuere 
confirmado por las dos terceras partes del 
número total de votos, pasará otra vez a 
la Cámara revisora. Si por ésta fuere san- 
cionado por la misma mayoría, el proyecto 
es ley o decreto y volverá al Ejecutivo 
para su promulgación. 

"Las votaciones de ley o decreto serán 
nominales. 

"d) Si algún proyecto de ley o decreto 
fuere desechado en su totalidad por la 
Cámara de revisión, volverá a la de su 
origen con las observaciones que aquella 
le hubiere hecho. Si examinado de nuevo 
fuere aprobado por la mayoría absoluta 
de los miembros presentes, volverá a la 
Cámara que lo desechó, la cual lo to- 
mará otra vez en consideración, y si lo 
aprobare por la misma mayoría, pasará 
al Ejecutivo para los efectos de la frac- 



46 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



ción (a); pero si lo reprobase, no podrá 
volver a presentarse en el mismo periodo 
de sesiones. 

"e) Si un proyecto de ley o decreto fuere 
sólo desechado en parte o modificado o 
adicionado por la Cámara revisora, la 
nueva discusión de la Cámara de su 
origen versará únicamente sobre lo dese- 
chado o sobre las reformas o adiciones, 
sin poderse alterar en manera alguna los 
artículos aprobados. Si las adiciones o 
reformas hechas por la Cámara revisora 
fueren aprobadas por la mayoría absoluta 
de los votos presentes en la Cámara de 
su origen, se pasará todo el proyecto al 
Ejecutivo, para los efectos de la fracción 
(a). Pero si las adiciones o reformas hechas 
por la Cámara revisora fueren desecha- 
das por mayoría de votos en la Cámara 
de su origen, volverán a aquella para que 
tome en consideración las razones de 
ésta, y si por mayoría absoluta de los votos 
presentes se desechare en esta segunda 
revisión, dichas adiciones y reformas, el 
proyecto, en lo que haya sido aprobado 
por ambas Cámaras, se pasará al Ejecu- 
tivo para los efectos de la fracción (a); 
mas si la Cámara revisora insistiere, por 
la mayoría absoluta de votos presentes, 
en dichas adiciones y reformas, todo el 
proyecto no podrá volver a presentarse 
sino hasta el siguiente periodo de sesiones, 
a no ser que ambas Cámaras acuerden, 



por la mayoría absoluta de sus miembros 
presentes, que se expida la ley o decreto 
sólo con los artículos aprobados y que se 
reserven los adicionados para su examen 
y votación en las sesiones siguientes. 

"f) En la interpretación, reforma o dero- 
gación de las leyes o decretos, se observa- 
rán los mismos trámites establecidos para 
su formación. 

"g) Todo proyecto de ley o decreto que 
fuere desechado en la Cámara de su 
origen, no podrá volver a presentarse en 
las sesiones del año. 

"h) La formación de las leyes y los de- 
cretos pueden comenzar indistintamente 
en cualquiera de las dos Cámaras, con 
excepción de los proyectos que versaren 
sobre empréstitos, contribuciones o 
impuestos, o sobre reclutamiento de tro- 
pas, todos los cuales deberán discutirse 
primero en la Cámara de Diputados. 

"i) Cuando se presentare en una Cámara 
una iniciativa de ley o decreto, preferen- 
temente se discutirá primero en ésta, a 
menos que hubiese transcurrido un mes 
desde que se pasó a la Comisión Dictami- 
nadora sin que haya presentado dictamen, 
pues en tal caso, el mismo proyecto de 
ley o decreto puede presentarse y discu- 
tirse en la otra Cámara. 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 47 



"j) El Ejecutivo de la Unión no puede 
hacer observaciones a las resoluciones 
del Congreso o de alguna de las Cámaras, 
cuando ejerza funciones de cuerpo electo- 
ral o de jurado, lo mismo que cuando la 
Cámara de Diputados declare que debe 
acusarse a uno de los altos funcionarios 
de la Federación por delitos oficiales. 

PÁRRAFO TERCERO 
De las facultades del Congreso 

"Art. 73. -El Congreso tiene facultad: 

"I. -Para admitir nuevos Estados o Territo- 
rios de la Unión Federal; 

"II. -Para erigir los Territorios en Estados, 
cuando tengan una población de ochenta 
mil habitantes y los elementos necesarios 
para proveer a su existencia política; 

"III. -Para formar nuevos Estados dentro 
de los límites de los existentes, siendo 
necesario al efecto: 

"1°-Que la fracción o fracciones que 
pidan erigirse en Estados, cuenten con 
una población de ciento veinte mil habi- 
tantes, por lo menos. 

"2°-Que se compruebe ante el Congreso 
que tienen los elementos bastantes para 
proveer a su existencia política. 



"3°-Que sean oídas las legislaturas de los 
Estados de cuyo Territorio se trate, sobre 
la conveniencia o inconveniencia de la 
erección del nuevo Estado, quedando 
obligadas a dar su informe dentro de seis 
meses, contados desde el día en que se 
les remita la comunicación respectiva. 

"4°-Que igualmente se oiga al Ejecutivo 
de la Federación, el cual enviará su infor- 
me dentro de siete días, contados desde 
la fecha en que le sea pedido. 

"5°-Que sea votada la erección del nuevo 
Estado por dos tercios de los diputados y 
senadores presentes en sus respectivas 
Cámaras. 

"6°-Que la resolución del Congreso sea 
ratificada por la mayoría de las legis- 
laturas de los Estados, con vista de la 
copia del expediente, siempre que hayan 
dado su consentimiento las legislaturas 
de los Estados de cuyo Territorio se trate. 

"7°-Si las legislaturas de los Estados de 
cuyo Territorio se trate no hubieren dado 
su consentimiento, la ratificación de que 
habla la fracción anterior deberá ser hecha 
por los dos tercios de las legislaturas de 
los demás Estados. 

"IV. -Para arreglar definitivamente los 
límites de los Estados, determinando 



48 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



las diferencias que entre ellos se susciten 
sobre demarcaciones de sus respectivos 
Territorios, menos cuando esas diferen- 
cias tengan un carácter contencioso; 

"V.-Para cambiar la residencia de los 
Supremos Poderes de la Federación; 



ducto que determine la ley. Tanto el 
gobernador del Distrito Federal como 
el de cada Territorio y los comisionados 
a cuyo cargo esté la administración de la 
ciudad de México, serán nombrados y 
removidos libremente por el presidente 
de la República. 



"VI. -Para legislar en todo lo relativo al 
Distrito Federal y Territorios, debiendo 
someterse a las bases siguientes: 

"1"-E1 Distrito Federal y los Territorios 
se dividirán en municipalidades, cada una 
de las cuales tendrá la extensión territo- 
rial y número de habitantes suficiente 
para poder subsistir con sus propios re- 
cursos y contribuir a los gastos comunes. 

"2"-Cada municipalidad estará a cargo de 
un Ayuntamiento de elección popular 
directa, hecha excepción de la municipa- 
lidad de México, la que estará a cargo 
del número de comisionados que deter- 
mine la ley. 

"3"-El Gobierno del Distrito Federal y el 
de cada uno de los Territorios, estará a 
cargo de un gobernador, que dependerá 
directamente del presidente de la Repú- 
blica. El gobernador del Distrito Federal 
acordará con el presidente de la Repú- 
blica, y el de cada Territorio, por el con- 



"4"-Los magistrados y los jueces de I o 
Instancia del Distrito Federal y los de los 
Territorios, serán nombrados por el Con- 
greso de la Unión en los mismos términos 
que los magistrados de la Suprema Corte 
y tendrán, los primeros, el mismo fuero 
que estos. 

"Las faltas temporales y absolutas de los 
magistrados se substituirán, por nom- 
bramientos del Congreso de la Unión, 
y, en sus recesos, por nombramientos 
provisionales de la Comisión Perma- 
nente. La Ley Orgánica determinará la 
manera de suplir las faltas temporales de 
los jueces y la autoridad ante las que se les 
exigirán las responsabilidades en que 
incurran. 

"5 '--El Ministerio Publico en el Distrito 
Federal y en los Territorios, estará a cargo 
de un procurador general que residirá en 
la ciudad de México, y del número de 
agentes que determine la ley, depen- 
diendo dicho funcionario directamente 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 49 



del presidente de la República, el que lo 
nombrará y removerá libremente. 

"VIL-Para imponer las contribuciones 
necesarias para cubrir el presupuesto; 

"VIII. -Para dar bases bajo las cuales el 
Ejecutivo pueda celebrar empréstitos 
sobre el crédito de la nación, para aprobar 
esos mismos empréstitos y para recono- 
cer y mandar pagar la deuda nacional; 

"IX. -Para expedir aranceles sobre el co- 
mercio extranjero, y para impedir que en 
el comercio de Estado a Estado se esta- 
blezcan restricciones; 

"X.-Para legislar en toda la República 
sobre minería, comercio, instituciones de 
crédito y trabajo 

"XI. -Para crear y suprimir empleos públi- 
cos de la Federación; señalar, aumentar 
y disminuir sus dotaciones; 



"XIV. -Para levantar y sostener el Ejército 
y la Armada de la Unión, y para regla- 
mentar su organización y servicio; 

"XV -Para dar reglamentos con el objeto 
de organizar, armar y disciplinar la 
guardia nacional, reservándose a los ciu- 
dadanos que la forman, el nombramiento 
respectivo de jefes y oficiales, y a los 
Estados la facultad de instruirla confor- 
me a la disciplina prescrita por dichos 
reglamentos; 

"XVI. -Para dictar leyes sobre ciudadanía, 
naturalización, colonización, emigración 
e inmigración y salubridad general de la 
República; 

"XVII. -Para dictar leyes sobre vías gene- 
rales de comunicación y sobre postas y 
correos; para definir, determinar cuales 
son las aguas de jurisdicción federal y expe- 
dir leyes sobre el use y aprovechamiento 
de las mismos; 



"XII. -Para declarar la guerra en vista de 
los datos que le presente el Ejecutivo; 

"XIII. -Para reglamentar el modo en que 
deban expedirse las patentes de corso; 
para dictar leyes según las cuales deban 
declararse buenas o malas las presas de 
mar y tierra, y para expedir las relativas 
al derecho marítimo de paz y guerra; 



"XVIII. -Para establecer casas de moneda, 
fijar las condiciones que ésta debe de 
tener, determinar el valor de la extranjera 
y adoptar un sistema general de pesas y 
medidas; 

"XIX. -Para fijar las reglas a que debe 
sujetarse la ocupación y enajenación de 
terrenos baldíos y el precio de estos; 



50 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



"XX.-Para expedir las leyes de organi- 
zación del cuerpo diplomático y del 
cuerpo consular mexicano; 

"XXI-Para definir los delitos y faltas 
contra la Federación y fijar los castigos 
que por ellos deban imponerse; 

"XXII. -Para conceder amnistías por 
delitos cuyo conocimiento pertenezca a 
los tribunales de la Federación; 

"XXIII. -Para formar su reglamento inte- 
rior y tomar las providencias necesarias 
para hacer concurrir a los diputados 
ausentes y corregir las faltas u omisio- 
nes de los presentes; 

"XXIV. -Para expedir la Ley Orgánica de 
la Contaduría Mayor; 

"XXV. -Para constituirse en Colegio Electo- 
ral y nombrar a los magistrados de la 
Suprema Corte de Justicia de la Nación, 
los magistrados y jueces del Distrito 
Federal y Territorios; 

"XXVI. -Para aceptar las renuncias de los 
magistrados de la Suprema Corte de 
Justicia de la Nación y de los magistrados 
y jueces del Distrito Federal y Territo- 
rios, y nombrar los substitutos de dichos 
funcionarios en sus faltas temporales o 
absolutas; 



"XXVII. -Para establecer escuelas profe- 
sionales, de investigación científica, de 
bellas artes, de enseñanza técnica, escuelas 
prácticas de agricultura, de artes y ofi- 
cios, museos, bibliotecas, observatorios 
y demás institutos concernientes a la 
cultura superior general de los habitantes 
de la República, entretanto dichos esta- 
blecimientos pueden sostenerse por la 
iniciativa de los particulares. 

"Los títulos que se expidan por los esta- 
blecimientos de que se trata, surtirán sus 
efectos en toda la República; 

"XXVIII. -Para constituirse en Colegio 
Electoral y elegir al ciudadano que debe 
substituir al presidente de la República 
en caso de falta absoluta de éste, así como 
para designar un presidente interino cuan- 
do la falta del presidente constitucional 
fuere temporal, o no se presentare a 
hacerse cargo de su puesto, o la elección 
no estuviere hecha el 14 de diciembre, en 
que debe tomar posesión de dicho cargo; 

"XXIX. -Para aceptar la renuncia del 
cargo de presidente de la República; 

"XXX. -Para examinar la cuenta que 
anualmente debe presentarle el Poder 
Ejecutivo, debiendo comprender dicho 
examen no sólo la conformidad de las 
partidas gastadas por el presupuesto de 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 5 1 



egresos, sino también la exactitud y justi- 
ficación de tales partidas; 

"XXXI. -Para expedir todas las leyes que 
sean necesarias y propias para hacer efec- 
tivas las facultades, antecedentes y todas 
las otras concedidas por esta Constitución 
a los poderes de la Unión. 

"Art. 74. -Son facultades exclusivas de la 
Cámara de Diputados: 

"I. -Erigirse en Colegio Electoral para 
ejercer las facultades que la ley le señale 
respecto a la elección de presidente de la 
República; 

"II.- Vigilar, por medio de una Comisión 
Inspectora de su seno, el exacto desem- 
peño de las funciones de la Contaduría 
Mayor; 



por delitos oficiales, y, en su caso, formu- 
lar acusación ante la Cámara de Senado- 
res, y erigirse en Gran Jurado para declarar 
si ha o no lugar a proceder contra alguno 
de los funcionarios públicos que gozan de 
fuero constitucional, cuando sean acusa- 
dos por delitos del orden común; 

"VI. -Las demás que le confiere expresa- 
mente esta Constitución. 

"Art. 75. -La Cámara de Diputados, al 
aprobar el presupuesto de egresos, no 
podrá dejar de señalar la retribución que 
corresponda a un empleo que estuviere 
establecido por la ley; y en caso de que por 
cualquiera circunstancia se omitiere fijar 
dicha remuneración, se entenderá por 
señalada la que hubiere tenido fijada en 
el presupuesto anterior o en la ley que 
estableció el empleo. 



"III. -Nombrar a los jefes y demás emplea- 
dos de la misma; 



"Art. 76. -Son facultades exclusivas del 
Senado: 



"IV -Aprobar el presupuesto anual de 
gastos a iniciar las contribuciones que, a 
su juicio, deban decretarse para cubrir 
aquel; 

"V-Tomar conocimiento de las acusa- 
ciones que se hagan a los funcionarios 
públicos de que habla esta Constitución, 



"I. -Aprobar los tratados y convenciones 
diplomáticas que celebre el Ejecutivo con 
las potencias extranjeras; 

"II. -Ratificar los nombramientos que el 
presidente de la República haga de minis- 
tros, agentes diplomáticos, cónsules gene- 
rales, empleados superiores de Hacienda, 



52 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



coroneles y demás jefes superiores del 
Ejército y Armada Nacional, en los tér- 
minos que la ley disponga; 

"III. -Autorizar al Ejecutivo para que pueda 
permitir la salida de tropas nacionales 
fuera de los limites de la República, el 
paso de tropas extranjeras por el territorio 
nacional y la estación de escuadras de 
otra potencia, por más de un mes, en las 
aguas de la República; 



narios que expresamente designa esta 
Constitución; 

"VIL -Las demás que la misma Constitu- 
ción le atribuya. 

"Art. 77. -Cada una de las Cámaras puede, 
sin la intervención de la otra: 

"I. -Dictar resoluciones económicas relati- 
vas a su régimen 



"IV. -Dar su consentimiento para que el 
Ejecutivo pueda disponer de la Guardia 
Nacional, fuera de sus respectivos Estados 
o Territorios, fijando la fuerza necesaria; 

"V -Declarar, cuando hayan desaparecido 
los poderes constitucionales Legislativo 
y Ejecutivo de un Estado, que es llegado el 
caso de nombrarle un gobernador provi- 
sional, quien convocara a elecciones, 
conforme a las leyes constitucionales del 
mismo. El nombramiento de gobernador 
se hará por el Ejecutivo federal, con apro- 
bación del Senado, y en sus recesos, con 
la de la Comisión Permanente. Dicho fun- 
cionario no podrá ser electo gobernador 
constitucional en las elecciones que se 
verifiquen en virtud de la convocatoria 
que él expidiere; 

"VI. -Erigirse en Gran Jurado para cono- 
cer de los delitos oficiales de los funcio- 



"II. -Comunicarse entre sí y con el Eje- 
cutivo de la Unión por medio de comisio- 
nes de su seno; 

"III. -Nombrar los empleados de su Secre- 
taria y hacer el Reglamento interior de la 
misma; 

"IV -Expedir convocatoria para eleccio- 
nes extraordinarias, con el fin de cubrir 
las vacantes de sus respectivos miembros. 

PÁRRAFO CUARTO 
De la Comisión Permanente 

"Art. 78. -Durante el receso del Congreso 
habrá una Comisión Permanente, com- 
puesta de veintinueve miembros, de los 
que quince serán diputados y catorce 
senadores, nombrados por sus respectivas 
Cámaras la víspera de la clausura de 
las sesiones. 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 53 



"Art. 79. -La Comisión Permanente, ade- 
más de ]as atribuciones que expresa- 
mente le confiere esta Constitución, 
tendrá las siguientes: 

"I. -Prestar su consentimiento para el use 
de la Guardia Nacional, en los casos de 
que habla el artículo 76, fracción IV; 

"II. -Recibir, en su caso, la protesta al pre- 
sidente de la República, a los miembros 
de la Suprema Corte de Justicia de la 
Nación, a los magistrados del Distrito 
Federal y a los de los Territorios, si estos 
se encontraren en la ciudad de México; 



"Art. 82. -Para ser presidente se requiere: 

"I. -Ser ciudadano mexicano por na- 
cimiento, en pleno goce de sus derechos 
políticos, e hijo de padres mexicanos por 
nacimiento; 

"II. -Tener treinta y cinco años cumplidos 
al tiempo de la elección; 

"III. -Haber residido en el país durante 
todo el año anterior al de la elección; 

"IV. -No pertenecer al estado eclesiástico 
ni ser ministro de algún culto; 



"III. -Dictaminar sobre todos los asuntos 
que queden sin resolución en los expedien- 
tes, a fin de que en el inmediato periodo 
de sesiones sigan tramitándose. 

SECCIÓN II 
Del Poder Ejecutivo 



"V.-No estar en servicio activo, en caso de 
pertenecer al Ejército, dos meses antes 
del día de la elección; 

"VI. -No ser secretario o subsecretario de 
Estado, a menos que se separe de su 
puesto sesenta días antes de la elección. 



"Art. 80. -Se deposita el ejercicio del 
supremo Poder Ejecutivo de la Unión, 
en un solo individuo, que se denomi- 
nará "presidente de los Estados Unidos 
Mexicanos". 

"Art. 8 l.-La elección del presidente será 
directa y en los términos que disponga la 
Ley Electoral. 



"Art. 83. -El presidente entrará a ejercer 
su encargo el 14 de diciembre, durará 
en él cuatro años, y nunca podrá ser 
reelecto. 

"El ciudadano que substituyere al presi- 
dente constitucional, en caso de falta 
absoluta de éste, no podrá ser electo 
presidente para el periodo inmediato. 



54 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



"Tampoco podrá ser electo presidente 
para el periodo inmediato, el ciudadano 
que fuere nombrado presidente interino en 
las faltas temporales del presidente consti- 
tucional, si estuviere en funciones en los 
sesenta días anteriores al día de las eleccio- 
nes presidenciales. 

"Art. 84. -En caso de falta absoluta del 
presidente de la República, si dicha falta 
tuviere lugar estando en sesiones el Con- 
greso de la Unión, éste se constituirá 
inmediatamente en Colegio Electoral y, 
concurriendo, cuando menos, las dos 
terceras partes del número total de sus 
miembros, nombrará en escrutinio secreto 
y por mayoría absoluta de votos al ciu- 
dadano que deba substituirlo durante el 
tiempo que le faltare para cumplir su 
periodo. 

"Si la falta del presidente de la República 
ocurriere no estando reunido el Congreso, 
la Comisión Permanente designara un 
presidente interino, el que durará en ejer- 
cicio del Poder Ejecutivo hasta que el 
Congreso se reúna en el inmediato periodo 
de sesiones y haga la elección corres- 
pondiente, la que podrá recaer en la 
persona designada como presidente 
interino. 

"Art. 85. -Si al comenzar un periodo cons- 
titucional no se presentare el presidente 



electo, o la elección no estuviere hecha y 
declarada el 1" de diciembre, cesará, sin 
embargo, el presidente cuyo periodo haya 
concluido, y se encargará desde luego del 
Poder Ejecutivo, en calidad de presidente 
interino, el ciudadano que designare 
el Congreso de la Unión, o, en su falta, la 
Comisión Permanente. 

"Cuando la falta del presidente fuere tem- 
poral, el Congreso de la Unión, si estuvie- 
re reunido, o, en su defecto, la Comisión 
Permanente, designara un presidente 
interino para que funcione durante el 
tiempo que dure dicha falta. 

"Si la falta temporal se convirtiere en 
absoluta, se procederá como dispone el 
artículo anterior. 

"Art. 86. -El cargo de presidente de la 
República sólo es renunciable por causa 
grave que calificará el Congreso de la 
Unión, ante el que se presentará la renuncia. 

"Art. 87. -El presidente, al tomar posesión 
de su cargo, prestará ante el Congreso de 
la Unión o ante la Comisión Permanente, 
en los recesos de aquel, la siguiente pro- 
testa: "Protesto guardar y hacer guardar 
la Constitución Política de los Estados 
Unidos Mexicanos y las leyes que de ella 
emanen, y desempeñar leal y patriótica- 
mente el cargo de presidente de la Repú- 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 5 5 



blica, que el pueblo me ha conferido, 
mirando en todo por el bien y prosperidad 
de la Unión". 

"Art. 88. -El presidente de la República 
no podrá ausentarse del territorio nacional, 
sin permiso del Congreso de la Unión. 

"Art. 89. -Las facultades y obligaciones 
del presidente, son las siguientes: 

"I. -Promulgar y ejecutar las leyes que 
expida el Congreso de la Unión, prove- 
yendo en la esfera administrativa a su 
exacta observancia; 

"II. -Nombrar y remover libremente a los 
secretarios del Despacho, al procurador 
general de la República, al gobernador del 
Distrito Federal y a los gobernadores de 
los Territorios, al procurador general 
de Justicia del Distrito Federal y Territo- 
rios, remover a los agentes diplomáticos 
y empleados superiores de Hacienda, y 
nombrar y remover libremente a los 
demás empleados de la Unión, cuyo 
nombramiento o remoción no esté deter- 
minada de otro modo en la Constitución 
o en las leyes; 



"IV. -Nombrar, con aprobación del Senado, 
los coroneles y demás oficiales superio- 
res del Ejército, Armada Nacional y los 
empleados superiores de Hacienda; 

"V. -Nombrar los demás oficiales del Ejér- 
cito y Armada Nacional, con arreglo a 
las leyes; 

"VI. -Disponer de la fuerza armada per- 
manente de mar y tierra para la seguri- 
dad interior y defensa exterior de la 
Federación; 

"VII.-Disponer de la Guardia Nacional 
para los mismos objetos, en los términos 
que previene la fracción IV del artículo 76; 

"VIII. -Declarar la guerra en nombre de 
los Estados Unidos Mexicanos, previa 
ley del Congreso de la Unión; 

"IX.-Conceder patentes de corso con suje- 
ción a las bases fijadas por el Congreso; 

"X. -Dirigir las negociaciones diplomá- 
ticas y celebrar tratados con las potencias 
extranjeras, sometiéndolos a la ratifica- 
ción del Congreso federal; 



"III. -Nombrar los ministros, agentes "XI. -Convocar al Congreso o alguna de 
diplomáticos y cónsules con aprobación las Cámaras a sesiones extraordinarias 
del Senado. cada vez que lo estimare conveniente; 



56 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



"XII. -Facilitar al Poder Judicial los auxi- 
lios que necesite para el ejercicio expedito 
de sus funciones; 

"XIII. -Habilitar toda clase de puertos, 
establecer aduanas marítimas y fronte- 
rizas, y designar su ubicación; 

"XIV. -Conceder, conforme a las leyes, 
indultos a los reos sentenciados por deli- 
tos de la competencia de los tribunales 
federales y a los sentenciados por delitos 
de orden común en el Distrito Federal y 
Territorios; 

"XV. -Conceder privilegios exclusivos 
por tiempo limitado y con arreglo a la 
ley respectiva, a los descubridores, inven- 
tores o perfeccionadores de algún ramo 
de la industria; 

"XVI. -Cuando la Cámara de Senadores 
no esté en sesiones, el presidente de la 
República podrá hacer, provisionalmente, 
los nombramientos de que hablan las 
fracciones III y IV, a reserva de some- 
terlos a la aprobación de dicha Cámara 
cuando este reunida; 



ración, habrá el número de secretarios 
que establezca el Congreso, por una ley, 
la que distribuirá los negocios que han 
de estar a cargo de cada Secretaría. 

"Art. 91. -Para ser secretario del Des- 
pacho, se requiere: ser ciudadano mexi- 
cano por nacimiento, estar en ejercicio 
de sus derechos y tener veinticinco años 
cumplidos. 

"Art. 92. -Todos los reglamentos, decretos 
y órdenes del presidente, deberán ir 
firmados por el secretario del Despacho 
encargado del ramo a que el asunto 
corresponde, y sin este requisito, no serán 
obedecidos, exceptuándose los dirigi- 
dos al Gobierno del Distrito, que enviará 
directamente el presidente al gobernador. 

"Art. 93. -Los secretarios del Despacho, 
luego que esté abierto el período de 
sesiones ordinarias, darán cuenta al 
Congreso del estado de sus respectivos 
ramos. Cualquiera de las Cámaras podrá 
citar a los secretarios de Estado para que 
informen, cuando se discuta una ley o se 
estudie un negocio relativo a su Secretaría. 



"XVII. -Y las demás que le confiera 
expresamente esta Constitución. 



SECCIÓN III 
Del Poder Judicial 



"Art. 90. -Para el despacho de los negó- "Art. 94.-Se deposita el ejercicio del Poder 
cios del orden administrativo de la Fede- Judicial de la Federación en una Corte 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 57 



Suprema de Justicia y en tribunales de 
Circuito y de Distrito, cuyo número y atri- 
buciones fijará la ley. La Suprema Corte 
de Justicia de la Nación, se compondrá de 
ministros, y funcionará siempre en tribu- 
nal pleno, siendo sus audiencias publicas, 
hecha excepción de los casos en que la 
moral o el interés público así lo exigiesen, 
debiendo verificar sus sesiones en los 
periodos y términos que determine la ley. 

"Para que haya sesión de la Corte se nece- 
sita que concurran, cuando menos, la 
mitad más uno de sus miembros, y las 
resoluciones se tomarán por mayoría 
absoluta de votos. 



"III. -Poseer título profesional de aboga- 
do, expedido por autoridad o corporación 
legalmente facultada para ello; 

"IV. -Gozar de buena reputación y no 
haber sido condenado por delito que me- 
rezca pena corporal de más de un año de 
prisión, a no ser que se trate de robo, 
fraude, falsificación, abuso de confianza 
u otro que lastime seriamente la buena 
fama en el concepto público; 

"V. -Haber residido en el país durante los 
últimos cinco años, salvo el caso de ausen- 
cia en servicio de la República, o por un 
tiempo menor de seis meses. 



"Cada uno de los miembros de la Suprema 
Corte de Justicia de la Nación, durará en 
su cargo cuatro años, a contar desde la 
fecha en que prestó la protesta, y no podrá 
ser removido durante ese tiempo, sin previo 
juicio de responsabilidad, en los términos 
que establece esta Constitución. 

"Art. 95. -Para ser electo ministro de la 
Suprema Corte de Justicia de la Nación, 
se necesita: 



"Art. 96. -Los miembros de la Suprema 
Corte de Justicia de la Nación, serán 
nombrados por las Cámaras de Diputados 
y Senadores reunidas, celebrando sesio- 
nes del Congreso de la Unión y en fun- 
ciones de Colegio Electoral, siendo indis- 
pensable que concurran a aquellas las dos 
terceras partes, cuando menos, del número 
total de diputados y senadores. La elec- 
ción será en escrutinio secreto y por 
mayoría absoluta de votos. 



"I. -Ser ciudadano mexicano por na- 
cimiento, en pleno ejercicio de sus dere- 
chos políticos y civiles; 

"II. Tener treinta y cinco años cumplidos 
en el momento de la elección; 



"Si no se obtuviere ésta en la primera 
votación, se repetirá entre los dos can- 
didatos que hubieren obtenido más votos. 
La elección se hará previa la discusión 
general de las candidaturas presentadas, 
de las que se dará conocimiento al Eje- 



58 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



cutivo para que haga observaciones y 
proponga, si lo estimare conveniente, 
otros candidatos. La elección deberá 
hacerse entre los candidatos admitidos. 

"Art. 97. -Los magistrados de Circuito y 
los jueces de Distrito serán nombrados 
por la Suprema Corte de Justicia de la 
Nación, tendrán los requisitos que exija 
la ley, durarán cuatro años en el ejercicio 
de su cargo y no podrán ser removidos de 
éste sin previo juicio de responsabilidad, 
o por incapacidad para desempeñarlo, en 
los términos que establezca la misma ley. 

"La Suprema Corte de Justicia podrá 
cambiar de lugar a los jueces de Distrito, 
pasándolos de un distrito a otro, o fijando 
su residencia en otra población, según 
lo estime conveniente para el mejor ser- 
vicio publico. Lo mismo podrá hacer tra- 
tándose de los magistrados de Circuito. 

"Podrá también la Suprema Corte de Jus- 
ticia de la Nación nombrar magistrados 
de Circuito y jueces de Distrito supernu- 
merarios, que auxilien las labores de los 
tribunales o juzgados donde hubiere 
recargo de negocios, a fin de obtener que 
la administración de justicia sea pronta 
y expedita; y nombrará alguno o algunos 
de sus miembros o algún juez de Distrito o 
magistrado de Circuito, o designará uno 
o varios comisionados especiales, cuan- 



do así lo juzgue conveniente o lo pidiere 
el Ejecutivo federal o alguna de las 
Cámaras de la Unión o el gobernador de 
algún Estado, únicamente para que 
averigüe la conducta de algún juez o 
magistrado federal o algún hecho o hechos 
que constituyan la violación de una ga- 
rantía individual, o la violación del voto 
público o algún otro delito castigado por 
la ley federal. 

"Los tribunales de Circuito y juzgados de 
Distrito se distribuirán entre los ministros 
de la Suprema Corte, para que los visiten 
periódicamente, vigilen la conducta de 
los magistrados y jueces, reciban las que- 
jas que hubiere contra ellos y ejerzan las 
demás atribuciones que señale la ley. 

"La Suprema Corte de Justicia nombrará 
y removerá libremente a su secretario y 
demás empleados que fije la planta res- 
pectiva aprobada por la ley. Los magis- 
trados de Circuito y jueces de Distrito 
nombrarán y removerán también a sus 
respectivos secretarios y empleados. 

"La Suprema Corte cada año designará a 
uno de sus miembros como presidente, 
el que podrá ser reelecto. 

"Cada ministro de la Suprema Corte de 
Justicia, al entrar a ejercer su encargo, 
protestará ante el Congreso de la Unión, 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 59 



y en sus recesos ante la Comisión Perma- 
nente, en la siguiente forma: Presidente: 
'¿Protestáis desempeñar leal y patriótica- 
mente el cargo de ministro de la Suprema 
Corte de Justicia de la Nación que se os 
ha conferido, y guardar y hacer guardar 
la Constitución Política de los Estados 
Unidos Mexicanos y las leyes que de ella 
dimanen, mirando en todo, por el bien y 
prosperidad de la Unión?' Ministro: 'Sipro- 
testo\ Presidente: 'Si no lo hiciereis así, 
la nación os lo demande'. 

"Los magistrados de Circuito y los jueces 
de Distrito protestarán ante la Suprema 
Corte o ante la autoridad que determine 
la ley. 



bramiento provisional mientras se reúne 
aquel y hace la elección correspondiente. 

"Art. 99. -El cargo de ministro de la Su- 
prema Corte de Justicia de la Nación, sólo 
es renunciable por causa grave, calificada 
por el Congreso de la Unión, ante el que 
se presentara la renuncia. En los recesos 
de éste, la calificación se hará por la 
Comisión Permanente, 

"Art. 100. -Las licencias de los ministros 
que no excedan de un mes, las otorgará 
la Suprema Corte de Justicia de la Nación; 
pero las que excedieren de ese tiempo, 
las concederá la Cámara de Diputados, 
o, en su defecto, la Comisión Permanente. 



"Art. 98. -Las faltas temporales de un 
ministro de la Suprema Corte de Justicia 
de la Nación, que no excedieren de un 
mes, no se suplirán si aquella tuviere 
quorum para sus sesiones; pero si no lo 
hubiere, el Congreso de la Unión o en su 
receso la Comisión Permanente, nom- 
brará un suplente por el tiempo que dure 
la falta. 



"Art. 101. -Los ministros de la Suprema 
Corte de Justicia, los magistrados de Cir- 
cuito, los jueces de Distrito y secretarios 
de aquella y de éstos, no podrán, en 
ningún caso, aceptar ninguna comisión, 
encargo o empleo de la Federación o de 
los Estados, por la que se disfrute sueldo. 
La infracción de esta disposición será 
castigada con la pérdida del cargo. 



"Si faltare un ministro por muerte, 
renuncia o incapacidad, el Congreso de 
la Unión hará nueva elección. 

"Si el Congreso no estuviere en sesiones, 
la Comisión Permanente hará un nom- 



"Art. 102. -La ley organizará el Ministerio 
Publico de la Federación, cuyos funciona- 
rios serán nombrados y removidos libre- 
mente por el Ejecutivo, debiendo estar 
presididos por un procurador general, el 
que deberá tener las mismas calidades 



60 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



requeridas pare ser magistrado de la 
Suprema Corte. 

"Estará a cargo del Ministro Público de 
la Federación, la persecución ante los 
tribunales, de todos los delitos de orden 
federal, y, por lo mismo, a él le corres- 
ponderá solicitar las órdenes de aprehen- 
sión contra los reos, buscar y presentar 
las pruebas que acrediten la responsa- 
bilidad de éstos, hacer que los juicios se 
sigan con toda regularidad para que la 
administración de justicia sea pronta y 
expedita, pedir la aplicación de las penas, 
e intervenir en todos los negocios que la 
misma ley determinare. 

"El procurador general de la República 
intervendrá personalmente en todos los 
negocios en que la Federación fuere parte 
y en los casos de los ministros, diplomá- 
ticos y cónsules generales y en aquellos 
que se suscitaren entre dos o más Estados 
de la Unión, entre un Estado y la Federa- 
ción, o entre los poderes de un mismo 
Estado. En los demás casos en que deba 
intervenir el Ministerio Público de la 
Federación, el procurador general podrá 
intervenir por sí o por medio de alguno 
de sus agentes. 



y tanto él como sus agentes, se someterán 
estrictamente a las disposiciones de la ley, 
siendo responsables de toda falta u omisión 
o violación en que incurran con motivo 
de sus funciones. 

"Art. 103. -Corresponde a los tribunales 
de la Federación conocer: "I. -De todas 
las controversias del orden civil o crimi- 
nal que se susciten sobre cumplimiento 
y aplicación de leyes federales o con moti- 
vo de los tratados celebrados con las po- 
tencias extranjeras; pero cuando dichas 
controversias sólo afecten intereses par- 
ticulares, podrán conocer también de 
ellas, a elección del autor, los jueces y 
tribunales locales del orden común de los 
Estados, del Distrito Federal y Territo- 
rios. Las sentencias de Primera Instancia 
serán apelables para ante el superior 
inmediato del juez que conozca del asunto 
en primer grado. De las sentencias que se 
dicten en Segunda Instancia podrá supli- 
carse para ante la Suprema Corte de Justicia 
de la Nación, preparándose, introducién- 
dose y substanciándose el recurso en los 
términos que determine la ley; 

"II. -De todas las controversias que ver- 
sen sobre derecho marítimo; 



"El procurador general de la República 
será el consejero jurídico del Gobierno, 



"III. -De aquellas en que la Federación 
fuere parte; 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 6 1 



"IV. -De las que se susciten entre dos o 
más Estados, o un Estado y la Federación; 

"V.-De las que surjan entre un Estado y 
uno o más ciudadanos de otro; 

"VI. -De los casos concernientes a miem- 
bros del Cuerpo Diplomático y consular. 

"Art. 104. -Corresponde sólo a la Suprema 
Corte de Justicia de la Nación, conocer 
de las controversias que se susciten entre 
dos o más Estados, entre los poderes de 
un mismo Estado con motivo de sus res- 
pectivas atribuciones o sobre la constitu- 
cionalidad de sus actos, y de los conflictos 
entre la Federación y uno o más Esta- 
dos, así como aquellas en que la Federación 
fuere parte. 

"Art. 105. -Corresponde también a la 
Suprema Corte de Justicia dirimir las 
competencias que se susciten entre los tri- 
bunales de la Federación, entre estos y 
los de los Estados o entre los de un Estado 
y los de otro. 

"Art. 106. -Los tribunales de la Federa- 
ción resolverán toda controversia que se 
suscite: 

"I. -Por leyes o actos de cualquiera auto- 
ridad, que violen las garantías individuales; 



"II. -Por leyes o actos de la autoridad 
federal, que vulneren o restrinjan la 
soberanía de los Estados; 

"III. -Por las leyes o actos de las autori- 
dades de estos, que invadan la esfera de 
la autoridad federal. 

"Art. 107. -Todas las controversias de que 
habla el artículo anterior se seguirán a 
instancia de la parte agraviada, por medio 
de procedimientos y formas del orden 
jurídico que determinare una ley, la que 
se ajustara a las bases siguientes: 

"I. -La sentencia será siempre tal, que sólo 
se ocupe de individuos particulares, limi- 
tándose a ampararlos y protegerlos en el 
caso especial sobre que verse la queja, 
sin hacer una declaración general res- 
pecto de la ley o acto que la motivare; 

"II. -En los juicios civiles o penales, salvo 
los casos de la regla XI, el amparo sólo 
procederá contra las sentencias defini- 
tivas, respecto de las que no proceda 
ningún recurso ordinario por virtud del 
cual puedan ser modificadas o reforma- 
das, siempre que la violación de la ley se 
cometa en ellas, o que, cometida durante 
la secuela del procedimiento, se haya 
reclamado oportunamente y protestado 
contra ella por negarse su separación, y 



62 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



que cuando se haya cometido en Primera 
Instancia, se haya alegado en la Segunda 
por vía de agravio. 

"La Suprema Corte, no obstante esta 
regla, podrá suplir la deficiencia de la 
queja en un juicio penal, cuando encuen- 
tre que ha habido en contra del quejoso 
una violación manifiesta de la ley que le 
ha dejado sin defensa, o que se le ha juz- 
gado por una ley que no es la exactamente 
aplicable al caso, y que sólo por torpeza 
no se ha combatido debidamente la 
violación; 

"III. -En los juicios civiles o penales, sólo 
procederá el amparo contra la violación 
de las leyes del procedimiento, cuando se 
afecten las partes substanciales de él, y 
de manera que su infracción deje sin de- 
fensa al quejoso; 

"IV. -Cuando el amparo se pida contra la 
sentencia definitiva en un juicio civil, sólo 
procederá, además del caso de la regla 
anterior, cuando, llenándose los requisi- 
tos de la regla segunda, dicha sentencia 
sea contraria a la letra de la ley aplicable 
al caso o a su interpretación jurídica, 
cuando comprenda personas, acciones, 
excepciones o cosas que no han sido objeto 
del juicio, o cuando no las comprenda 
todas por omisión o negativa expresa; 



"V.-En los juicios penales, la ejecución 
de la sentencia definitiva contra la que 
se pida amparo, se suspenderá por la auto- 
ridad responsable, a cuyo efecto el que- 
joso le comunicará, dentro del término 
que fije la ley y bajo la protesta de decir 
verdad, la interposición del recurso, 
acompañando dos copias, una para el 
expediente y la otra que se entregará a la 
parte contraria: 

"VI. -En los juicios civiles, la ejecución 
de la sentencia definitiva sólo se sus- 
penderá si el quejoso da fianza de pagar 
los daños y perjuicios que la suspensión 
ocasionare, a menos que la otra parte 
diera contrafianza para asegurar la reposi- 
ción de las cosas al estado que guardaban, 
si se concediere el amparo y pagar los 
daños y perjuicios consiguientes. En este 
caso. Se anunciará la interposición del 
recurso, como indica la regla anterior; 

"VIL-Cuando se quiera pedir amparo 
contra una sentencia definitiva, se solici- 
tará de la autoridad responsable copia 
certificada de las constancias que el que- 
joso señalare, la que se adicionará con 
las que indicare la otra parte, dando en 
ella la misma autoridad responsable, 
de una manera breve y clara, las razones 
que justifiquen el acto que se va a recla- 
mar, de las que se dejará nota en los autos; 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 63 



VIII. -Cuando el amparo se pida contra 
una sentencia definitiva, se interpon- 
drá directamente ante la Suprema Corte, 
presentándole el escrito con la copia de 
que se habla en la regla anterior o remi- 
tiéndolo por conducto de la autoridad 
responsable o del juez de Distrito del 
Estado a que pertenezca. La Corte dictará 
sentencia sin más trámite ni diligencia 
que el escrito en que se interponga el re- 
curso, el que produzca la otra parte y el 
procurador general o el agente que al efecto 
designare, y sin comprender otra cuestión 
legal que la que la queja contenga; 

"IX. -Cuando se trate de actos de autori- 
dad distinta de la judicial, o de actos de 
ésta ejecutados fuera de juicio o después 
de concluido, o de actos en el juicio, cuya 
ejecución sea de imposible reparación o 
que afecten a personas extrañas al juicio, 
el amparo se pedirá ante el juez de Dis- 
trito bajo cuya jurisdicción esté el lugar 
en que el acto reclamado se ejecute o trate 
de ejecutarse, limitándose la tramitación 
al informe de la autoridad, a una audien- 
cia para la cual se citará en el mismo auto 
en que se mande pedir el informe y que 
se verificará a la mayor brevedad posible, 
recibiéndose en ella las pruebas que las 
partes interesadas ofrecieren y oyéndose 
los alegatos, que no podrán exceder de 
una hora para cada uno, y a la sentencia 



que se pronunciará en la misma audien- 
cia. La sentencia causará ejecutoria si los 
interesados no ocurrieren a la Suprema 
Corte dentro del término que fija la ley y 
de la manera que expresa la regla VIII. 

"La violación de las garantías de los 
artículos 16, 19 y 20, se reclamará ante 
el superior tribunal que la cometa o ante el 
juez de Distrito que corresponda, pudién- 
dose recurrir en uno y otro caso a la Corte 
contra la resolución que se dicte. 

"Si el juez de Distrito no residiere en el 
mismo lugar en que reside la autoridad 
responsable, la ley determinará el juez 
ante el que se ha de presentar el escrito 
de amparo, el que podrá suspender provi- 
sionalmente el acto reclamado en los casos 
y términos que la misma ley establezca; 

"X.-La autoridad responsable será con- 
signada a la autoridad correspondiente, 
cuando no suspenda el acto reclamado, 
debiendo hacerlo, y cuando admita fianza 
que resultare ilusoria o insuficiente, 
siendo en estos dos últimos casos solida- 
ria la responsabilidad penal y civil de la 
autoridad con el que ofreciere la fianza y 
el que la prestare; 

"XI. -Si después de concedido el amparo, 
la autoridad responsable insistiere en la 



64 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



repetición del acto reclamado o tratare de 
eludir la sentencia de la autoridad federal, 
será inmediatamente separada de su 
cargo y consignada ante el juez de Dis- 
trito que corresponda, para que lajuzgue; 

"XII. -Los alcaides y carceleros que no 
reciban copia autorizada del auto de for- 
mal prisión de un detenido, dentro de las 
setenta y dos horas que señala el artículo 
19, contadas desde que aquel esté a dispo- 
sición de su juez, deberán llamar la 
atención de éste sobre dicho particular, 
en el acto mismo de concluir el término, 
y si no reciben la constancia mencionada, 
dentro de las tres horas siguientes, lo 
pondrán en libertad. 

"Los infractores del artículo citado y de 
esta disposición, serán consignados inme- 
diatamente a la autoridad competente. 

"También será consignada la autoridad o 
agente de ella que, verificada una aprehen- 
sión, no pusiere al detenido a la disposi- 
ción de su juez, dentro de las veinticuatro 
horas siguientes. 

"Si la detención se verificare fuera del 
lugar en que resida el juez, al término 
mencionado se agregará el suficiente para 
recorrer la distancia que hubiere entre 
dicho lugar y el en que se verificó la 
detención. 



TITULO CUARTO 

De la responsabilidad de los 

funcionarios públicos 

"Art. 108. -Los senadores y diputados al 
Congreso de la Unión, los magistrados 
de la Suprema Corte de Justicia de la 
Nación, los secretarios del Despacho y 
el procurador general de la República, 
son responsables por los delitos comunes 
que cometan durante el tiempo de su 
encargo, y por los delitos, faltas u omi- 
siones en que incurran en el ejercicio de 
ese mismo cargo. 

"Los gobernadores de los Estados y los 
diputados a las legislaturas locales, son 
responsables por violaciones a la Consti- 
tución y leyes federales. 

"El presidente de la República durante 
el tiempo de su encargo, sólo podrá ser 
acusado por traición a la patria y delitos 
graves del orden común. 

"Art. 109. -Si el delito fuere común, la 
Cámara de Diputados, erigida en Gran 
Jurado, declarará por mayoría absoluta 
de votos del número total de miembros 
que la formen, si ha o no lugar a proceder 
contra el acusado. 

"En caso negativo no habrá lugar a nin- 
gún procedimiento ulterior, pero tal de- 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 65 



claración no será obstáculo para que 
la acusación continúe su curso cuando el 
acusado haya dejado de tener fuero, pues 
la resolución de la Cámara no prejuzga 
absolutamente los fundamentos de la 
acusación. 

"En caso afirmativo, el acusado queda, 
por el mismo hecho, separado de su en- 
cargo y sujeto desde luego a la acción de 
los tribunales comunes, a menos que se 
trate del presidente de la República; pues 
en tal caso, sólo habrá lugar a acusarlo 
ante la Cámara de Senadores, como si se 
tratare de un delito oficial. 

"Art. 1 10. -No gozan de fuero constitucio- 
nal los altos funcionarios de la Federación, 
por los delitos oficiales, faltas u omisiones 
en que incurran en el desempeño de algún 
empleo, cargo o comisión pública que 
hayan aceptado durante el período en 
que, conforme a la ley, se disfruta de aquel 
fuero. Lo mismo sucederá respecto a los 
delitos comunes que cometan durante 
el desempeño de dicho empleo, cargo o 
comisión. Para que la causa pueda ini- 
ciarse cuando el alto funcionario haya 
vuelto a ejercer sus funciones propias, 
deberá procederse con arreglo a lo dis- 
puesto en el artículo anterior. 

"Art. 111. -De los delitos oficiales cono- 
cerá el Senado, erigido en Gran Jurado; 
pero no podrá abrir la averiguación 



correspondiente sin previa acusación de 
la Cámara de Diputados. 

"Si la Cámara de Senadores declarare por 
mayoría de las dos terceras partes del 
total de sus miembros, que el acusado es 
culpable, después de oírlo y de practicar 
las diligencias que estime convenientes, 
éste quedará privado de su puesto por 
virtud de tal declaración, e inhabilitado 
para obtener otro por el término que 
determine la ley. 

"Cuando el mismo hecho tuviere seña- 
lada otra pena en la ley, el acusado quedará 
a disposición de las autoridades comunes, 
para que lo juzguen y castiguen con 
arreglo a ella. 

"En los casos de este artículo y en los del 
anterior, las resoluciones del Gran Jurado 
y la declaración en su caso de la Cámara 
de Diputados, son inatacables. 

"Se concede acción popular para denun- 
ciar ante la Cámara de Diputados los de- 
litos comunes u oficiales de los altos 
funcionarios de la Federación, y cuando 
la Cámara mencionada declare que ha 
lugar a acusar ante el Senado, nombrará 
una comisión de su seno para que sosten- 
ga ante éste la acusación de que se trate. 

"Art. 1 12. -Pronunciada una sentencia de 
responsabilidad por delitos oficiales, no 



66 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



puede concederse al reo la gracia del 
indulto. 

" Art. 1 1 3 . -La responsabilidad por delitos 
y faltas oficiales, sólo podrá exigirse 
durante el periodo en que el funcionario 
ejerza su encargo y un año después. 

"Art. 1 14. -En demanda del orden civil no 
hay fuero ni inmunidad para ningún 
funcionario publico. 

TITULO QUINTO 
De los Estados de la Federación 



"Son aplicables a los gobernadores substi- 
tutos o interinos, las prohibiciones del 
artículo 83. 

"El número de representantes en las 
legislaturas de los Estados será propor- 
cional al de habitantes de cada uno; pero, 
en todo caso, el número de representantes 
de una Legislatura local, no podrá ser 
menor de siete diputados propietarios. 

"En los Estados, cada distrito electoral 
nombrará un diputado propietario y un 
suplente. 



"Art. 1 15. -Los Estados adoptaran para su 
régimen interior, la forma de Gobierno repu- 
blicano, representativo, popular; teniendo 
como base de su división territorial y de 
su organización política, el Municipio 
Libre, administrado cada uno por ayun- 
tamiento de elección directa y sin que 
haya autoridades intermediarias entre 
éste y el Gobierno del Estado. 



"Solo podrá ser gobernador constitu- 
cional de un Estado, un ciudadano mexi- 
cano por nacimiento. 

"Art. 116. -Los Estados pueden arreglar 
entre si, por convenios amistosos, sus res- 
pectivos límites; pero no se llevarán a 
efecto esos arreglos, sin la aprobación del 
Congreso de la Unión. 



"El Ejecutivo Federal y los gobernadores 
de los Estados tendrán el mando de la 
fuerza pública de los municipios donde 
residieren habitual o transitoriamente. 

"Los gobernadores constitucionales no 
podrán ser reelectos ni durar en su encargo 
más de cuatro años. 



"Art. 117. -Los Estados no pueden, en 
ningún caso: 

"I. -Celebrar alianza, tratado o coalición 
con potencias extranjeras; 

"II-Expedir patentes de corso ni de 
represalias; 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 67 



"III. -Acuñar moneda, emitir papel mone- 
da, estampillas, ni papel sellado; 



o bonos al portador o transmisibles por 
endoso. 



"IV.-Gravar el tránsito de personas o "Art. 1 1 8. -Tampoco pueden, sin consen- 
cosas que atraviesen su Territorio; timiento del Congreso de la Unión: 



"V. -Prohibir ni gravar directa ni indirecta- 
mente la entrada a su territorio, ni la sali- 
da de él, a ninguna mercancía nacional o 
extranjera; 

"VI. -Gravar la circulación ni el consumo 
de efectos nacionales o extranjeros con 
impuestos o derechos cuya exención se 
efectúe por aduanas locales, requiera 
inspección o registro de bultos o exija do- 
cumentación que acompañe la mercancía; 

"VII.-Expedir ni mantener en vigor leyes 
o disposiciones fiscales que importen 
diferencias de impuestos o requisitos, por 
razón de la procedencia de mercancías 
nacionales o extranjeras, ya sea que esta 
diferencia se establezca respecto de la 
producción similar de la localidad, o 
ya entre producciones semejantes de dis- 
tinta procedencia; 

"VIII. -Emitir títulos de deuda pública, pa- 
gaderos en moneda extranjera, o fuera del 
territorio nacional; contratar directa o 
indirectamente préstamos con gobiernos 
extranjeros o contraer obligaciones en 
favor de sociedades o particulares extran- 
jeros, cuando hayan de expedirse títulos 



"I. -Establecer derechos de tonelaje ni otro 
alguno de puertos; ni contribuciones o dere- 
chos sobre importaciones o exportaciones; 

"II. -Tener, en ningún tiempo, tropa per- 
manente ni buques de guerra 

"III. -Hacer la guerra por sí a alguna po- 
tencia extranjera, excepto los casos de 
invasión y de peligro tan inminente, que 
no admita demora. En estos casos, darán 
cuenta inmediata al presidente de la 
República. 

"Art. 119. -Cada Estado tiene obligación 
de entregar, sin demora, los criminales de 
otro Estado o del extranjero, a la auto- 
ridad que los reclame 

"En estos casos, el auto del juez que man- 
de cumplir la requisitoria de extradición, 
será bastante para motivar la detención por 
un mes, si se tratase de extradición entre 
los Estados, y por dos meses cuando fuere 
internacional. 

"Art. 120. -Los gobernadores de los Esta- 
dos están obligados a publicar y hacer 
cumplir las leyes federales. 



68 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



"Art. 121. -En cada Estado de la Federa- 
ción se dará entera fe y crédito a los actos 
públicos, registros y procedimientos judi- 
ciales de todos los otros. El Congreso de 
la Unión, por medio de leyes generales, 
prescribirá la manera de probar dichos 
actos, registros y procedimientos y el 
efecto de ellos, sujetándose a las bases 
siguientes: 

"I. -Las leyes de un Estado sólo tendrán 
efecto en su propio territorio y por con- 
siguiente, no podrán ser obligatorias 
fuera de él; 

"II. -Los bienes muebles e inmuebles se 
regirán por la ley del lugar de su ubicación; 



"IV. -Los actos del estado civil ajustados 
a las leyes de un Estado, tendrán validez 
en los otros; 

"V.-Los títulos profesionales expedidos 
por las autoridades de un Estado con 
sujeción a sus leyes, serán respetados en 
los otros. 

"Art. 122. -Los poderes de la Unión tienen 
el deber de proteger a los Estados contra 
toda invasión o violencia exterior. En cada 
caso de sublevación o trastorno interior, 
les prestaran igual protección, siempre 
que sean excitados por la Legislatura del 
Estado o por su Ejecutivo, si aquella no 
estuviere reunida. 



"III. -Las sentencias pronunciadas por 
los tribunales de un Estado sobre dere- 
chos reales o bienes inmuebles ubicados 
en otro Estado, sólo tendrán fuerza eje- 
cutoria en éste, cuando así lo dispongan 
sus propias leyes. 

"Las sentencias sobre derechos persona- 
les sólo serán ejecutadas en otro Estado 
cuando la persona condenada se haya 
sometido expresamente o por razón de 
domicilio a la justicia que las pronunció, 
y siempre que haya sido citada personal- 
mente para ocurrir al juicio; 



TITULO SEXTO 

Prevenciones generales 

"Art. 123. -Las facultades que no están 
expresamente concedidas en esta Consti- 
tución a los funcionarios federales, se 
entienden reservadas a los Estados. 

"Art. 124. -Ningún individuo podrá de- 
sempeñar a la vez dos cargos de la Federa- 
ción o uno de la Federación y otro de un 
Estado, de elección popular; pero el nom- 
brado puede elegir entre ambos el que 
quiera desempeñar. 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 69 



"Art. 125. -Ningún pago podrá hacerse, 
que no esté comprendido en el presu- 
puesto o determinado por ley posterior. 

"Art. 126. -El presidente de la República, 
los individuos de la Suprema Corte de 
Justicia, los diputados, los senadores y 
demás funcionarios públicos de la Fede- 
ración, de nombramiento popular, recibi- 
rán una compensación por sus servicios, 
que será determinada por la ley y pagada 
por el tesoro federal. Esta compensación 
no es renunciable, y la ley que la aumente 
o disminuya, no podrá tener efecto duran- 
te el periodo en que un funcionario ejerce 
el cargo. 

"Art. 127. -Todo funcionario público, sin 
excepción alguna, antes de tomar pose- 
sión de su encargo prestará la protesta 
de guardar esta Constitución y las leyes 
que de ella emanen. 

"Art. 128. -En tiempo de paz ninguna 
autoridad militar puede ejercer más fun- 
ciones que las que tengan exacta conexión 
con la discipline militar. Solamente ha- 
brá comandancias militares fijas y perma- 
nentes en los castillos, fortalezas y almace- 
nes que dependan inmediatamente del 
Gobierno de la Unión, o en los campa- 
mentos, cuarteles o depósitos que, fuera de 
las poblaciones, estableciere para la esta- 
ción de tropas. 



"Art. 129. -Corresponde exclusivamente 
a los poderes federales ejercer en materias 
de culto religioso y disciplina externa, la 
intervención que designen las leyes. 

"El Estado y la Iglesia son independientes 
entre si. 

"El Congreso no puede dictar leyes esta- 
bleciendo o prohibiendo religión alguna. 

"El matrimonio es un contrato civil. Este 
y los demás actos del estado civil de las 
personas, son de la exclusiva competen- 
cia de los funcionarios y autoridades del 
orden Civil en los términos prevenidos 
por las leyes, y tendrán la fuerza y validez 
que las mismas les atribuyen. 

"La simple promesa de decir verdad y de 
cumplir las obligaciones que se contraen, 
sujeta al que la hace, en caso de que fal- 
tare a ella, a las penas que con tal motivo 
establece la ley. 

"Art. 130. -Es facultad privativa de la 
Federación gravar las mercancías que se 
importen o exporten, o que pasen de trán- 
sito por el territorio nacional, así como 
reglamentar en todo tiempo y aun prohibir 
por motivos de seguridad o de policía, la 
circulación en el interior de la República 
de toda clase de efectos, cualquiera que 
sea su procedencia; pero sin que la misma 



70 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Federación pueda establecer ni dictar 
en el Distrito y Territorios federales los 
impuestos y leyes que expresan las frac- 
ciones VI y VII del articulo 117. 

TITULO SÉPTIMO 
De las reformas a la Constitución 

" Art. 131. -La presente Constitución puede 
ser adicionada o reformada. Para que las 
adiciones o reformas lleguen a ser parte 
de la Constitución, se requiere que el 
Congreso de la Unión, por el voto de las 
dos terceras partes de sus individuos pre- 
sentes, acuerde las reformas o adiciones, 
o que estas sean aprobadas por la mayoría 
de las legislaturas de los Estados. El Con- 
greso de la Unión hará el cómputo de los 
votos de las legislaturas y la declaración 
de haber sido aprobadas las adiciones o 
reformas. 

TITULO OCTAVO 

De la inviolabilidad de la 

Constitución 

"Art. 132. -Esta Constitución no perderá 
su fuerza y vigor, aun cuando por algu- 
na rebelión se interrumpa su observancia. 
En caso de que por algún trastorno público 
se establezca un Gobierno contrario a los 
principios que ella sanciona, tan luego 
como el pueblo recobre su libertad, se 



restablecerá su observancia, y con arreglo 
a ella y a las leyes que en su virtud se 
hubieren expedido, serán juzgados, así 
los que hubieren figurado en el Gobierno 
emanado de la rebelión, como los que 
hubieren cooperado a esta. 

ARTÍCULOS transitorios 

"Art. 1°-Esta Constitución se publicará 
desde luego y con la mayor solemnidad 
se protestará guardarla y hacerla guardar 
en toda la República, pero con excep- 
ción de las disposiciones relativas a las 
elecciones de los supremos poderes fede- 
rales y de los Estados que desde luego 
entran en vigor, no comenzará a regir sino 
desde el día I o de abril del año próximo de 
1917, en cuya fecha deberá instalarse 
solemnemente el Congreso constitucio- 
nal y prestar la protesta de ley al ciuda- 
dano que resultare electo en las próximas 
elecciones para ejercer el cargo de pre- 
sidente de la República. 

"Art. 2°-El encargado del Poder Ejecu- 
tivo de la nación, inmediatamente que se 
publique esta Constitución, convocará a 
elecciones de poderes federales, procu- 
rando que éstas se verifiquen de tal ma- 
nera, que el Congreso quede constituido 
en tiempo oportuno, a fin de que hecho 
el cómputo de los votos emitidos en 



Proyecto de Constitución presentado por el Primer Jefe 71 



las elecciones presidenciales, pueda decla- 
rarse quien es la persona designada como 
presidente de la República, a efecto de 
que pueda cumplirse lo dispuesto en el 
articulo anterior. 

"Art. 3°-El próximo período constitucio- 
nal comenzará a contarse para los dipu- 
tados y senadores desde el I o de septiem- 
bre próximo pasado, y para el presidente 
de la República, desde esta fecha. 

"Art. 4°-Los senadores que en las próxi- 
mas elecciones llevaren el número par, 
sólo durarán dos años en el ejercicio de 
su encargo, para que la Cámara de Sena- 
dores pueda removerse en lo sucesivo, 
por mitad cada dos años. 

"Art. 5°-El Congreso de la Unión elegirá 
a los magistrados de la Suprema Corte de 
Justicia de la Nación en el mes de abril 
de 1917, para que este alto cuerpo quede 
solemnemente instalado el 19 de mayo 
del mismo año. 



los Tribunales del Distrito Federal y Terri- 
torios, a fin de que la Suprema Corte 
de Justicia de la Nación haga inme- 
diatamente los nombramientos de magis- 
trados de Circuito y jueces de Distrito y 
el mismo Congreso de la Unión las elec- 
ciones de magistrados y jueces de Pri- 
mera Instancia del Distrito Federal y 
Territorios. Los magistrados de Circuito 
y jueces de Distrito y los magistrados y 
jueces del Distrito Federal y Territorios, 
deberán tomar posesión de su cargo 
antes del 19 de julio de 1917, cesando 
entonces los que hubieren sido nombra- 
dos por el actual encargado del Poder 
Ejecutivo de la Unión. 

"Art. 7°-Por esta vez, el cómputo de los 
votos para senadores se hará por la Junta 
Computadora del 1er. distrito electoral de 
cada Estado o del Distrito Federal, que 
se formare para la computación de los 
votos de diputados, expidiéndose por 
dicha Junta a los senadores electos las 
credenciales correspondientes. 



"Art. 6°-El Congreso de la Unión tendrá 
un período extraordinario de sesiones, 
que comenzará el I o de abril de 19 17, para 
expedir todas las leyes que consultare el 
Poder Ejecutivo de la Nación, y además, 
la Ley Orgánica de los Tribunales de Cir- 
cuito y de Distrito y la Ley Orgánica de 



"Art. 8°-La Suprema Corte de Justicia de 
la Nación resolverá los amparos que estu- 
vieren pendientes, sujetándose a las leyes 
actualmente en vigor. 

"Art. 9°~Los que hubieren figurado en 
el Gobierno emanado de la rebelión con- 



72 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



tra el legitimo de la República o coope- 
rado a esta, o combatido después con las 
armas en la mano, o sirviendo empleos o 
cargos de las facciones que han comba- 
tido al Gobierno constitucionalista, 
serán juzgados por las leyes actualmente 



en vigor, siempre que no hubieren sido 
indultados por éste. 

"Querétaro, lo. de diciembre de 1916. 

"V. CARRANZA." 




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Constitución de 1857 

IGNACIO COMONFORT, Presidente 
sustituto de la República mexicana, á los 
habitantes de ella, sabed: 

Que el Congreso extraordinario constitu- 
yente ha decretado lo que sigue: 

En el nombre de Dios y con la autoridad 
del pueblo mexicano. 

Los representantes de los diferentes Esta- 
dos, del Distrito y Territorios que com- 
ponen la República de México, llamados 
por el plan proclamado en Ayutla el I o de 
Marzo de 1854, reformado en Acapulco 
el día 11 del mismo mes y año, y por la 
convocatoria expedida el 17 de Octubre 
de 1855, para constituir á la Nación bajo 
la forma de República democrática, repre- 
sentativa, popular, poniendo en ejercicio 
los poderes con que están investidos, 



cumplen con su alto encargo decretando 
la siguiente 

CONSTITUCIÓN POLÍTICA 

De la República Mexicana, sobre la 
indestructible base de su legítima inde- 
pendencia, proclamada el 16 de Septiem- 
bre de 1810, y consumada el 27 de 
Septiembre de 1821. 

Proyecto 

El preámbulo no formaba parte del pro- 
yecto original de Carranza, fue una ini- 
ciativa de la Asamblea. 

Comentario 

En el Proyecto de Constitución Carranza 
omitió la inclusión de un preámbulo. Solo, 



73 



74 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



en las reformas al Reglamento General del 
Congreso, presentadas por él y aprobadas 
por el Pleno de la Asamblea Constituyente, 
el 4 de diciembre de 1916, en el artículo 12 
se estableció que: 

Las reformas a la constitución que aprue- 
be el Congreso, se expedirán bajo esta 
fórmula: "El Congreso Constituyente de 
los Estados Unidos Mexicanos decreta..." 

En el dictamen, la Comisión consideró que 
este encabezado era excesivamente escueto 
y propuso que se incluyera un resumen de 
los antecedentes jurídico-políticos que 
dieron lugar a la formación del Congreso 
Constituyente de 1916-1917. Cabe señalar 
que en su propuesta de preámbulo la Comi- 
sión siguió el encabezado de la Constitución 
de 1857, en el cual se fundamentaba la 
legitimidad de aquélla Constitución en el Plan 
de Ayutla, reformado en Acapulco y en la 
respectiva convocatoria a elección de dipu- 
tados constituyentes y, de manera análoga, 
propuso fundamentar la integración del 
Congreso Constituyente y las reformas a 
la Constitución de 1857, en el Plan de Guada- 
lupe, en sus adiciones del 12 diciembre de 
1914, así como en la convocatoria a la 
elección de diputados constituyentes del 19 
de septiembre de 1916. 

Adicionalmente, la Comisión también pro- 
puso que la nueva constitución se expidiera 



como Constitución Política de la República 
Federal Mexicana y no, como la de 1857 que 
tenía por título, "Constitución Política de la 
República Mexicana", ni tampoco, como pro- 
ponía Carranza en el Proyecto, "Constitución 
Política de los Estados Unidos Mexicanos. 
Que Reforma la del 5 de febrero de 1857". 

La propuesta de presentar la relación de los 
antecedentes que dieron lugar a la asam- 
blea no fue motivo de mayores explicaciones 
y no dio lugar a objeciones. Por una parte, 
como se argumentó en el debate, la incor- 
poración de un preámbulo se justificaba 
en virtud de que, en comparación con el 
artículo 1 B de la Constitución de 1857, el nue- 
vo artículo 1 a sería excesivamente técnico 
o jurídico pero, por la otra, no es desca- 
bellado suponer que al hacer explícitos los 
fundamentos de la legitimidad de la asam- 
blea, se buscó equiparar a la revolución 
constitucionalista, con la revolución de 
Ayutla, así como contestar a los cuestio- 
namientos en torno a la legalidad del método 
adoptado para emprender la reforma inte- 
gral de la constitución de 1857. 

El cambio de denominación de la Consti- 
tución y del país, sí desató una polémica 
que reflejó la animosidad con la que se inició 
la discusión y aprobación de los dictáme- 
nes. Se acusó a la Comisión de "jacobina", 
"conservadora" y "centralista" y el dictamen 
fue rechazado por casi las dos terceras par- 



Preámbulo 75 



tes de los diputados presentes. No obstante 
este rechazo, no hay constancia de que se 
hubiera presentado y votado un nuevo dicta- 
men sobre el particular y la constitución fue 
publicada con el preámbulo propuesto por 
la Comisión pero bajo la denominación de 
"Constitución Política de los Estados Unidos 
Mexicanos. Que reforma la del 5 de febrero 
de 1857. " 

8 o Sesión Ordinaria 11/12/16 

Dictamen 09/12/16 

"Ciudadanos diputados: 

"La comisión de reformas a la Consti- 
tución nombrada en virtud del artículo 
I o . de las reformas al reglamento interior 
del congreso general, presenta a la conside- 
ración de ustedes el siguiente dictamen: 

"La comisión considera muy escueta la 
fórmula prescrita en el artículo 12° del 
citado reglamento para expedir la Consti- 
tución que apruebe definitivamente este 
Congreso, pues cree muy oportuno que 
al conjunto de los preceptos constitucio- 
nales precede una breve relación de los 
antecedentes que produjeron la reunión 
de esta asamblea. 



"En el preámbulo formado por la comi- 
sión, se ha substituido al nombre de 
"Estados Unidos Mexicanos" el de "Repú- 
blica Mexicana," substitución que se 
continúa en la parte preceptiva. Inducen 
a la comisión a proponer tal cambio, las 
siguientes razones: 

"Bien sabido es que en el territorio fron- 
tero al nuestro por el norte, existían varias 
colonias regidas por una "Carta" que a 
cada uno había otorgado el monarca 
inglés; de manera que estas colonias eran 
positivamente estados distintos; y al inde- 
penderse de la metrópoli y convenir en 
unirse, primero bajo la forma confederada 
y después bajo la federativa, la república, 
así constituida, tomó naturalmente el 
nombre de Estados Unidos. 

"Nuestra patria, por lo contrario, era una 
sola colonia regida por la misma ley, la 
cual imperaba aun en las regiones que 
entonces no dependían del virreinato 
de Nueva España y ahora forman parte 
integrante de la nación, como Yucatán y 
Chiapas. No existían estados; los formó, 
dándoles organización independiente, la 
Constitución de 1824. 

"Los ciudadanos que por primera vez 
constituyeron a la nación bajo la forma 
republicana federal, siguiendo el modelo 



76 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



del país vecino, copiaron también el nom- 
bre de "Estados Unidos" que se ha venido 
usando hasta hoy solamente en los docu- 
mentos oficiales. De manera que la deno- 
minación de Estados Unidos Mexicanos 
no corresponde exactamente a la verdad 
histórica. 

"Durante la lucha entre centralistas y 
federalistas los primeros preferían el 
nombre de República Mexicana y los 
segundos el de Estados Unidos Mexica- 
nos; por respeto a la tradición liberal, 
podría decirse que deberíamos conservar 
la segunda denominación; pero esa tradi- 
ción no traspasó los expedientes oficiales 
para penetrar en la masa del pueblo; el 
pueblo ha llamado y seguirá llamando a 
nuestra patria "México" o "República 
Mexicana"; y con estos nombres se la de- 
signa también en el extranjero. Cuando 
nadie, ni nosotros mismos usamos el 
nombre de Estados Unidos Mexicanos, 
conservarlo oficialmente parece que no 
es sino empeño de imitar al país vecino. 
Una república puede constituirse y existir 
bajo la forma federal sin anteponerse las 
palabras "Estados Unidos." 

"En consecuencia, como preliminar del 
desempeño de nuestra comisión some- 
temos a la aprobación de la asamblea el 
siguiente preámbulo: 



"El Congreso Constituyente, instalado 
en la ciudad de Querétaro el primero de 
diciembre de mil novecientos dieciséis 
en virtud de la convocatoria expedida por 
el C. Primero Jefe del Ejército Constitu- 
cionalista. Encargado del Poder Ejecu- 
tivo de la Unión, el diecinueve de septiem- 
bre del mismo año, en cumplimiento del 
Plan de Guadalupe de veintiséis de marzo 
de mil novecientos trece, reformado en 
Veracruz el doce de diciembre de mil 
novecientos catorce, cumple hoy su en- 
cargo, decretando, como decreta, la pre- 
sente Constitución Política de la Repú- 
blica Federal Mexicana". 

"Querétaro de Arteaga, 9 de diciembre 
de 19 16. -General Francisco J. Múgica.- 
Alberto Román.-L. G Monzón. -Enrique 
Recio. -Enrique Colunga. 

10° Sesión Ordinaria 12/12/16 

Debate 

(Se leyó el dictamen del preámbulo.) 

-Un C. secretario: Antes de ponerlo a 
discusión, El C. presidente me ordena dé 
lectura al siguiente: 

Art. 13. "Los individuos del Congreso, 
aún cuando no estén inscritos en la lista 



Preámbulo 77 



de oradores, podrán pedir la palabra para 
rectificar hechos. Queda prohibido hacer 
y contestar alusiones personales mientras 
no se haya terminado el debate de los 
asuntos de la orden del día o de los que 
el Congreso o el presidente estimen de 
interés general. En caso de desobedien- 
cia, llamará al orden al infractor y aún 
podrá suspenderlo en el uso de la palabra. " 

Queda a discusión el dictamen, las per- 
sonas que deseen hablar en pro o en con- 
tra, pueden pasar a inscribirse. -Se han 
inscrito para hablar en contra los CC. 
Luis Manuel Rojas, Fernando Castaños 
y Alfonso Herrera. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Luis Manuel Rojas. 

- El C. Rojas: Señores diputados: verda- 
deramente estaba muy ajeno de que se 
pudiera presentar en este Congreso Cons- 
tituyente, la vieja y debatida cuestión del 
"Centralismo" y "Federalismo," que sur- 
gió a principios del gobierno indepen- 
diente de México y que perduró por 
treinta años, hasta que definitivamente 
fue resuelta por la revolución de Ayutla; 
pero he pensado yo que quizá esta tenden- 
cia jacobina que se manifiesta en algunos 
de los bancos del Congreso, se explica 
por la circunstancia de que, como lo sabrán 
bien los señores diputados que están 



empapados en historia, una de las caracte- 
rísticas del grupo jacobino en el seno de 
la convención nacional de la revolución 
francesa, donde predominaban las teorías 
de Juan Jacobo Rousseau y de los enci- 
clopedistas, fue la de tener, como uno de 
los postulados más enérgicos el concepto 
de la república central; y por sostener sus 
principios en esa línea, hicieron desterrar 
a una gran parte de los girondinos y se 
decretó pena de muerte para todo aquel 
que tuviera el atrevimiento de hablar en 
Francia del sistema federal. 

La respetable comisión nos ha dado ahora 
una repetición de los argumentos tradi- 
cionales que se han esgrimido en todo 
tiempo en la República Mexicana y en 
otros países para combatir la adopción 
del sistema federal; pues los pueblos lati- 
noamericanos, según las ideas de muchos 
pensadores, difieren completamente de 
los países sajones; esas razones están clara- 
mente expuestas en el dictamen y se redu- 
cen a pocas palabras y a estas argumen- 
taciones: las colonias norteamericanas 
formaron la república federal por un 
proceso natural en su historia. Habían 
sido fundadas originalmente por distintas 
sectas religiosas, por distintas corpora- 
ciones y por distintas concesiones del go- 
bierno inglés. Cuando después de algunos 
cientos de años estas colonias llegaron 
al momento de hacer la guerra a la madre 



78 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



patria para proclamar su independencia, 
tuvieron que hacer un pacto por algún 
tiempo para darse mutuamente fuerza y 
combatir así contra Inglaterra. Luego 
vino una especie de confederación transi- 
toria, y, por último de la confederación 
se pasó a la federación por proceso natu- 
ral, como dije antes. 

Cada una de estas colonias tenía una ge- 
neral y grande tradición por su autonomía 
local, pues los ingleses son, ante todo, 
un pueblo que tiene en ese sentido manera 
muy peculiar, tanto en la familia como 
en el municipio, como en el condado, 
como en la provincia o en el estado; así 
es que fueron muy celosas las colonias 
inglesas de sus tradicionales prerroga- 
tivas y por ningún motivo quisieron 
perder sus derechos o costumbres de 
autonomía al formar la unión americana, 
y de ahí que su pacto federal haya servido 
de modelo al mundo civilizado y muy 
particularmente a las repúblicas moder- 
nas, para constituirse en federaciones, 
como uno de los progresos políticos más 
importantes que ha hecho la humanidad 
en los últimos tiempos; porque el sistema 
federal, unido al sistema representativo, 
hace posible el gobierno de la república 
a los países más grandes; y teóricamente 
podría admitirse para el mundo entero, 
toda vez que el gobierno de la democracia 
es el más natural para los pueblos y no 



hay quien sostenga ya que solamente 
podría instituirse en pequeñas ciudades, 
juzgando que sería impracticable en terri- 
torios de alguna extensión. 

Pero nuestros respetables compañeros los 
señores diputados de la comisión, perso- 
nas de ideales, buenos revolucionarios y 
hombres sinceros que vienen con buena 
voluntad de decir francamente lo que pien- 
san o sienten, indudablemente que nos 
demuestran que son representantes de 
ideas conservadoras, de ideas que han 
perdurado en México a través de sus vici- 
situdes, a pesar de que ya estaba perfecta- 
mente definido el punto en nuestras leyes. 

Recuerdo a este propósito que, poco tiem- 
po antes de que triunfara el movimiento 
encabezado por el señor Carranza, los 
huertistas abrieron la discusión sobre la 
conveniencia de volver clara y franca- 
mente a la república central; había que 
quitar todas esas ideas que no tienen reali- 
dad en la conciencia nacional, y puesto 
que el federalismo era una cosa exótica 
entre nosotros, debía volverse al sistema 
central, con un régimen parlamentario. 
Esta fue la iniciativa que presentó a la 
XXVI legislatura el famoso cuadrilátero. 
Yo vi en la prensa también algunos artícu- 
los concienzudos y formales tratando este 
asunto, entre otros el del señor Manuel 
Pugay Acal, manifestando que el sistema 



Preámbulo 79 



central era el conveniente, por nuestra 
manera de ser y por la tradición histórica 
de este país. 

Portante, no deja de causarme extrañeza, 
que haya esa comunidad de pensamiento 
entre dos polos de la opinión mexicana; 
el huertiano y el de los revolucionarios 
genuinos de 1914, entre los que induda- 
blemente descuella mi distinguido amigo, 
el señor general Múgica. Estimo sincera- 
mente que la cuestión que se presenta es 
de verdadero interés, y por esa razón 
acepté gustoso el encargo que me hizo 
un grupo de amigos que nos reunimos 
todas las noches para cambiar ideas, vi- 
niendo hoy a la Cámara a exponer las 
consideraciones que tenemos, ante todo, 
para sugerir la inconveniencia de esa ini- 
ciativa, que está fuera de toda razón, y 
en segundo lugar, para quitar de una vez 
por todas el peligro de volver al centra- 
lismo. La frase Estados Unidos Mexicanos 
se reputa por los miembros de la comisión 
como una copia servil e inoportuna de 
los Estados Unidos de Norteamérica 
suponiendo que los constituyentes quisie- 
ron manifestarse ayankados en una forma 
muy poco simpática. 

Sobre este punto creo que los constitu- 
yentes de 57 no hicieron más que usar la 
dicción exacta. La palabra República, en 
efecto, no puede significar de ninguna 



manera la idea de federación; la palabra 
"República," por su tradición, está aso- 
ciada a los antecedentes del sistema 
central; representa siempre una república 
unitaria; tiene toda la unión y la fuerza que 
le dieron los jacobinos para el que se atre- 
viera a hablar de federación. En cambio, 
la frase "Estados Unidos Mexicanos", 
connota la idea de estados autónomos e 
independientes en su régimen interior, 
que sólo celebran un pacto para su repre- 
sentación exterior y para el ejercicio de 
su soberanía; de manera que no hay abso- 
lutamente otra forma mejor que decir: 
Estados Unidos Mexicanos, y la prueba 
es que todas las naciones que han acep- 
tado este progreso han ido a igual expre- 
sión, lo mismo en Argentina que en México 
o en Colombia, y cuando los pensadores 
nos hablan de un porvenir más o menos 
lejano, en que las naciones de Europa 
dejen su equilibrio actual, que está basado 
únicamente en la guerra y en la conquista, 
conciben ellos que formarían una sola 
entidad, llamándose "Estados Unidos de 
Europa," bajo la base de la paz y conve- 
niencia de sus intereses mutuos, respetan- 
do su soberanía interior y reuniéndose 
para los intereses generales de las nacio- 
nes que entrasen en ese convenio hipo- 
tético, y sería muy absurdo suponer que 
semejante federación de naciones se 
pudiera llamar "República de Europa"; 
eso no se concibe. 



Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Así, pues, la americanización -si es que 
llega a ser- forzosamente iría a adoptar 
el nombre de "Estados Unidos de Europa," 
por una necesidad de lenguaje; mas no 
el de "República de Europa." Por lo de- 
más, el proyecto del C. Primer Jefe usa 
indistintamente de las palabras República 
Mexicana, Estados Unidos Mexicanos, 
Nación Mexicana, unión o territorio nacio- 
nal, y en este sentido yo creo que tiene la 
ventaja de darnos siquiera varias frases 
equivalentes para evitarnos una repeti- 
ción cansada; eso de salir con esta sola 
expresión: "Estados Unidos Mexicanos, "y 
a los cuatro renglones otra vez "Estados 
Unidos Mexicanos," casi es una letanía por 
el estilo de las que usa la iglesia. De ma- 
nera que es conveniente dejar la libertad 
de muchas frases para darle siquiera una 
forma elegante y ligera a la redacción de 
la Constitución. 



En este punto pienso que la comisión ha 
sufrido un descuido involuntario; porque 
hasta en las monedas se lee Estados Uni- 
dos Mexicanos y, además, se recordará 
que ustedes mismos, señores diputados, 
aprobaron hace poco la reforma del re- 
glamento y convinieron en que al pro- 
mulgarse el decreto respectivo debía 
decirse: "El Congreso de los Estados 
Unidos Mexicanos" y no la "República 
Mexicana." Parece que en este particular 
no hay sino una mera preocupación de la 
comisión, y en el fondo, nuestros distin- 
guidos amigos no son sino representantes 
de una idea conservadora. (Siseos.) 

Señores, ese es mi concepto y estoy fun- 
dando los hechos, y si hay alguna persona 
que no esté conforme y quiera hablar 
sobre el punto, tiene derecho a ocupar la 
tribuna. 



Yo creo que el Primer Jefe estuvo acer- 
tado al no restringir los vocablos al nom- 
bre oficial; porque realmente el nombre 
oficial de nuestro país es Estados Unidos 
Mexicanos; pero la pretensión, por parte 
de la comisión, de que precisamente se 
excluya de la redacción de la nueva ley 
fundamental el nombre de Estados Unidos 
Mexicanos, me parece muy peregrina, 
por más que se diga que no ha entrado 
ese nombre en la conciencia nacional y 
que no ha pasado de las oficinas públicas. 



Volviendo al hilo interrumpido de la dis- 
cusión, quiero puntualizar este concepto 
nosotros, por necesidad de afirmar nues- 
tro criterio, debemos desechar este dicta- 
men. Si yo estuviera en el caso de la 
comisión, lo retiraría espontáneamente 
para evitar que la Cámara le dé una repro- 
bación general y que no hubiera así más 
discusiones sobre este punto; porque 
yo consideraría esto como penoso y como 
una nota poco simpática del Congreso 
Constituyente. Una de las razones que 



Preámbulo 81 



alega la comisión es fundamental a pri- 
mera vista, porque dice que en México 
no hay absolutamente ninguna tradición, 
como en Estados Unidos, para la separa- 
ción de estados. Con este argumento se 
quiere demostrar que aquí la federación, 
refiriéndome al hecho más que a la pala- 
bra, es enteramente exótica, y yo le voy 
a demostrar a la comisión que en este 
particular también incurre en un error 
lamentable, porque siempre es conve- 
niente venir preparados para tratar estos 
asuntos en un Congreso Constituyente. 

El 15 de septiembre de 1821, la penín- 
sula de Yucatán, que formaba una capi- 
tanía enteramente separada de la Nueva 
España, proclamó su independencia y 
voluntariamente envío una comisión de 
su seno para que viniera a la capital 
de México, que acababa de consumar su 
independencia, a ver si le convenía formar 
un solo país con el nuestro; pero sucedió 
que cuando venía en camino la comisión 
se levanto la Revolución en Campeche, 
proclamando, espontáneamente su anexión 
a México. De manera que ya ve la comi- 
sión como haría, en un principio cuando 
menos, dos entidades antes de que se 
formara nuestra nación; la Nueva España 
y la Península de Yucatán. Poco tiempo 
después ese movimiento trascendió a 
Centroamérica: Nicaragua, Guatemala, 
Honduras, El Salvador, todavía no eran 



países independientes, también se decla- 
raron con deseos manifiestos de formar 
un solo país con México. 

Mas vino el desastroso imperio de Iturbide, 
que no gustó a Guatemala, Honduras, 
El Salvador, todavía no eran quería seguir 
con México, que recobraba su indepen- 
dencia, y formó luego otro país. La pri- 
mera forma de República en Centroamé- 
rica, fue también una federación. En estas 
condiciones, llegó una ocasión en que 
voluntariamente quiso Chiapas despren- 
derse de la antigua capitanía de Guate- 
mala, a que pertenecía, para quedar defini- 
tivamente agregada a nuestro país, como 
ha sucedido hasta ahora, y es así como tu- 
vieron origen los estados de Chiapas, 
Tabasco, Campeche y Yucatán. 

Ahora, por el norte y por el occidente, la 
capitanía general de Nueva Galicia fue 
también independiente por mucho tiempo 
de la Nueva España, y aun cuando andando 
el tiempo el gobierno colonial creyó nece- 
sario a su política incorporar la capitanía 
de Nueva Galicia como provincia de la 
Nueva España, el espíritu localista de 
la Nueva Galicia quedó vivo, y tan es así, 
que en el año de 1823 hubo una especie 
de protesta o movimiento político en la 
capital del estado de Jalisco, en nombre 
de toda la antigua provincia, diciéndole 
claramente a México: "Si no adoptas el 



82 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



sistema federal, nosotros no queremos 
estar con la República Mexicana," eso 
dijo el occidente por boca de sus prohom- 
bres. Aquel movimiento político no tuvo 
éxito, porque la república central en aquel 
momento tuvo fuerzas suficientes para 
apagar el movimiento; pero resurgió la 
idea federal y quedó viva, indudable- 
mente, hasta que, por efecto de dos revo- 
luciones, el pueblo mexicano falló esta 
cuestión de parte de los liberales federa- 
listas en los campos de batalla. Desde 
entonces la idea federal quedó sellada con 
la sangre del pueblo; no me parece bueno, 
pues, que se quieran resucitar aquí viejas 
ideas y con ellas un peligro de esta natu- 
raleza. (Aplausos.) 

Por lo demás, señores, yo me refiero de 
una manera muy especial en esta perora- 
ción a los diputados de Jalisco, de Sinaloa, 
de Sonora, de Durango, de Colima, de 
Tepic, de Chihuahua, de Coahuila, de Gua- 
najuato, y de Tabasco, Yucatán, Cam- 
peche y Chiapas; pero principalmente a 
los del norte, porque los del norte tienen 
antecedentes gloriosos de esa protes de 
Jalisco; porque Jalisco y Coahuila dieron 
los prohombres de la idea federal, entre 
otros. Prisciliano Sánchez, Valentín 
Gómez Farías, Juan Cañedo, Ramos 
Arizpe, los que fueron verdaderos apósto- 
les de la idea federal; Jalisco y Coahuila 



han dado, pues, su sangre para sellar esos 
ideales, que son hoy los de todo el pueblo 
mexicano; por tanto, creo que todos los 
diputados de occidente deben estar en 
estos momentos perfectamente dispues- 
tos para venir a defender la idea gloriosa 
de la federación. (Aplausos.) 

Respecto de algunas otras consideracio- 
nes, no vale la pena entrar en más 
detalles; simplemente quiero, para termi- 
nar, referirme al pensamiento que ha 
realizado la comisión proponiendo al 
Congreso un encabezado para la Consti- 
tución. Esta idea fue censurada por mi 
buen amigo el señor Palavicini, a mi juicio 
sin justicia; porque en verdad, algunas 
constituciones extranjeras, entre otras la 
de la república española de 1873, tie- 
nen un encabezado general, un encabe- 
zado diverso del que se usa al principio 
de los decretos oficiales. En ese punto 
creo que tiene razón la comisión; pero se 
debe pensar en un encabezado oportuno, 
entre otras consideraciones, por ésta: el 
artículo lo. de la Constitución, como 
quien dice la puerta de la nueva ley, es 
jurídico, es correcto, quedó enteramente 
vestido de nuevo; pero es frío; no tiene 
alma; no es intenso; y bajo este concepto 
no se puede comparar con el texto del 
primer artículo de la antigua Constitu- 
ción, que dice: 



Preámbulo 83 



"El pueblo mexicano reconoce que los 
derechos del hombre son la base y el 
objeto de las instituciones sociales. En con- 
secuencia, declara que todas las leyes y 
todas las autoridades del país deben res- 
petar y sostener las garantías que otorga 
la presente Constitución." 

Ahora bien, El artículo lo. del proyecto 
está redactado en esta forma: 

"En la República Mexicana todo indivi- 
duo gozará de las garantías que otorga 
esta Constitución, las que no podrán res- 
tringirse ni suspenderse sino en los casos 
y con las condiciones que ella misma 
establece." 

Como se ve, esto es muy jurídico; pero 
al nuevo precepto le falta el alma, la ener- 
gía, el calor y la significación del antiguo 
artículo, habiéndose incurrido en una 
omisión importante desde el punto de 
vista de las ideas, desde el punto de vista 
jurídico y de la conveniencia política. 

Se ha censurado mucho en las Constitu- 
ciones latinas la tendencia de formar 
preceptos puramente declarativos y que 
no encierren un postulado propiamente 
legislativo de cualquiera naturaleza, y en 
esto, desde cierto punto de vista, hay 
razón; pero tampoco debe perderse de 
vista el motivo que existe para formar 



esos preceptos puramente declarativos. 
Muchos autores los condenan de una 
manera absoluta, sin fijarse en ciertos 
antecedentes. Por ejemplo, compárese la 
manera de presentar una constitución 
inglesa o americana, y la manera de pre- 
sentarla en Francia o en algunas repú- 
blicas latinoamericanas, y se encontrará 
la explicación de esta diferencia. 

En los países de habla inglesa la vida polí- 
tica tiene seiscientos años, cuando menos, 
y una tradición antiquísima en cuanto se 
refiere a su autonomía municipal; de modo 
que estos pueblos que ejercitan diaria- 
mente sus derechos políticos, no tienen 
la misma necesidad que otros para escri- 
bir una ley fundamental tan enérgica y 
tan fuerte. 

Estos pueblos no necesitarían más que 
poner el coronamiento a su vida política. 
Pero en los países de civilización latina 
no ha sucedido lo mismo: apenas hace 
un siglo que ellos han salido del régimen 
absoluto, y estos pueblos, como el de 
México, no tienen absolutamente nin- 
guna tradición política si no es escrita en 
el papel y sin ninguna realidad en la prác- 
tica. Aquí la única tradición política que 
verdaderamente ha existido, está demos- 
trada por el célebre virrey marqués Lacroix 
que vino durante la época de Carlos III 
y dijo poco más o menos estas palabras, a 



84 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



propósito de los disturbios que ocasionó 
la expulsión de los jesuítas: "Señores 
vasallos del gran monarca español en 
estas tierras de la Nueva España, sabed 
que ustedes nacieron para callar y obede- 
cer y no para mezclarse en los altos asun- 
tos de la política," y todo el mundo se 
calló. Y es natural, también desde enton- 
ces, que, cuando en lo de adelante algún 
mandatario hable fuerte, todos se encuen- 
tran inclinados a obedecer y callar. 

Ahora bien, resulta de esto que para los 
pueblos hispanos, que sólo tenían en la 
conciencia la idea de que su papel era 
el de una absoluta abstención en los asun- 
tos políticos, haya sido de la mayor im- 
portancia la novedad de que la Constitu- 
ción diga: Las leyes no son para beneficio 
del monarca español, o de sus ministros, 
o de la patria española. Las colonias no 
tienen sino que mandar dinero y callarse; 
no, señores; El gobierno es precisamente 
para beneficio común y todas las leyes 
que dicte no tienen más objeto que garan- 
tizar las manifestaciones principales de 
la vida humana y evitar que se violen los 
derechos naturales o civiles del hombre; 
pues el verdadero papel del gobierno es 
mantener el equilibrio entre todos los 
asociados. 



nacional; antes se pensaba que la so- 
beranía nacional estaba únicamente en el 
soberano, quien la recibía por derecho 
divino. 

Tales conceptos no pueden estar de mo- 
mento en la conciencia de un pueblo, 
porque las sociedades no andan a saltos; 
se necesita que pase mucho tiempo para 
que el hecho se realice; pero entretanto, 
al tener cabida en las instituciones, cum- 
plen un papel eminentemente educativo, 
y vienen siendo como un ideal que aviva 
el sentimiento de nuestros derechos y 
excita nuestra voluntad para hacer uso de 
ellos tarde que temprano, como en los 
pueblos sajones; por consiguiente, yo no 
estoy de acuerdo ni considero que estas 
fórmulas puramente declarativas no ten- 
gan valor alguno. 

Así, pues, yo aceptaría que se pusiera esta 
importante declaración o encabezado 
antes del artículo lo., y la comisión puede, 
a su tiempo, volver a presentar su idea 
en mejor forma, completando el proyecto 
del C. Primer Jefe; pero de todas mane- 
ras debemos conservar la frase propia del 
sistema federal y así corresponderemos 
a los ideales de libertad que tanto ama el 
pueblo mexicano. (Aplausos.) 



Este fue un concepto nuevo, como lo - El C. Lizardi: Pido la palabra, señor 
fue también el concepto de la soberanía presidente. 



Preámbulo 85 



- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Lizardi. 



rio honrado sobre un asunto que es más 
de forma que de fondo? 



-El C. Lizardi: Señores diputados: Cuando 
pedí la palabra en pro, lo hice sintien- 
do uno de nuestros viejos impulsos o 
uno de los viejos impulsos que tanto han 
levantado a la raza latina; defender al débil. 
He visto sencillamente que se le achaca 
a la comisión un crimen enorme; volver 
al centralismo. Yo creo en la inocencia 
de la comisión y vengo a defenderla, y 
vengo sencillamente a decir que estos 
ataques que se le han hecho no son sin- 
ceros, sino el fruto de una locuacidad 
costeña; y si no llamo costeño al señor 
Palavicini, es sencillamente porque no se 
ponga celoso el señor Martínez de Esco- 
bar. Ambos tienen la locuacidad costeña, 
ambos atacan, ambos se excitan, ambos 
critican, y sencillamente ¿Qué atacan? 
¿Qué critican? ¿Qué exigen? Santo y muy 
bueno que se hubieran dicho horrores 
ambos, puesto que ambos no se quieren 
(risas); ninguna obligación tenemos 
nosotros de hacer que se quieran; pero 
sencillamente, señores, ¿Vamos a tolerar 
que ese talento del señor Palavicini, que 
yo respeto, que esa facilidad de palabra 
del señor Martínez de Escobar, que yo 
admiro, vengan a ensañarse en contra 
de una comisión que sencillamente está 
exponiendo su criterio correcto, su crite- 



¿Vamos sencillamente a aceptar esas 
frases del señor licenciado Luis Manuel 
Rojas, que ha venido más que por su 
propio impulso, comisionado -como nos 
lo ha dicho-, para atacar el dictamen de 
la comisión? (Aplausos.) ¿Vamos sencilla- 
mente, señores, a aceptar esos argumen- 
tos en que se excita, no diré ya el patrio- 
tismo, sino el provincialismo de los hijos 
de Jalisco, de los hijos de Coahuila, de 
los hijos de Sonora cuando sencillamente 
estamos estudiando cómo se debe decir; 
si República Federal Mexicana o Estados 
Unidos Mexicanos? Un asunto en que el 
mismo derecho y la misma capacidad 
tienen los hijos de Jalisco que los hijos 
de Tlaxcala, pues, señores, son sencilla- 
mente argumentos pasionales y nada más 
que pasionales. 

Bienvenidos sean entre nosotros los elo- 
cuentes oradores Palavicini, Martínez de 
Escobar y Rojas y, bienvenidos, darán 
lustre a esta asamblea, nos levantarán ante 
la historia; pero permítaseme, señores, 
que si ellos forman la cúpula de ese mo- 
numento que más tarde habrá de llamarse 
"Congreso Constituyente de 1916," yo 
forme una de las pequeñas piedras de los 
cimientos en que repose ese monumento 
y, descartando para siempre todos los 



Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



apasionamientos, todos los personalis- 
mos, venga a hablar con sinceridad, 
venga a hablar con franqueza y a pedir 
humildemente, en pro del dictamen de la 
comisión, que siquiera no se discuta, por- 
que no vale la pena discutirse; y no vale 
la pena discutirse, por razones perfecta- 
mente obvias; la comisión ha estado 
equivocada en su dictamen; ya sé que le 
ha faltado la erudición histórica que tanto 
anhela el ex-ministro de instrucción pú- 
blica; ya sé que le ha faltado decir algunas 
cosas que estarían en su contra, como por 
ejemplo el que la audiencia de Guadala- 
jara era completamente distinta de la 
audiencia de México; que el primer Con- 
greso de Chilpancingo lanzó una Consti- 
tución en nombre de las provincias de la 
Nueva España; ya sé que le han faltado 
todos estos detalles de erudición; pero, 
señores, ¿Venimos a un concurso cientí- 
fico, o vinimos a hacer obra práctica? 
¿Venimos a lucir nuestras habilidades 
o vinimos a decirle al pueblo mexicano: 
vamos a hacer algo práctico por ti, por- 
que te levantes, porque te dignifiques? 
(Aplausos.) 

Creo, señores, que la comisión no ha 
estado a la altura que ambiciona el señor 
Palavicini, pero creo que tampoco merece 
los ataques que le ha hecho el mismo 
señor Palavicini. 



- El C. Palavicini, interrumpiendo: Yo no 
hablo. 

El C. Lizardi, continuando: No habla 
usted, señor Palavicini; pero ha hablado 
y si ahora no habla, será que es usted un 
monsparturiens, que después de anunciar 
una gran cosa dio a luz sencillamente un 
ratón. (Aplausos y risas.) 

Si analizamos con toda frialdad, con toda 
sinceridad lo que nos dice la comisión, 
podemos en último análisis, llegar a esta 
conclusión: Nosotros no hemos pasado 
de la confederación a la federación; hemos 
formado una federación artificial; de con- 
siguiente, históricamente no hemos sido 
estados extraños para convertirnos en Esta- 
dos Unidos, esto ha sido sencillamente 
una imitación de lo efectuado en la vecina 
república del norte. Los impugnadores de 
la comisión nos dicen: Hemos luchado 
por el federalismo o por el centralismo; los 
partidarios del federalismo hemos dicho 
que las diversas provincias que formaron 
el reino de Anáhuac, que aceptaron la pri- 
mitiva Constitución, se unieron para abdi- 
car parte de su soberanía en favor de la 
unión federal y hacer así una federación 
completa, convirtiéndose en Estados 
Unidos; pero en ese mismo sentido se 
hizo la Constitución de 1824, en mismo 
sentido se hizo la Constitución de 1857. 



Preámbulo 87 



En otros términos, los unos y los otros 
aducen argumentos históricos; en seguida 
la comisión añade un argumento práctico; 
ningún mexicano que vaya al extranjero 
dice: vengo de los Estados Unidos Mexi- 
canos; sino que todos dicen: vengo de 
México, vengo de la República Mexicana. 
Ningún extranjero que viene a México, 
dice: voy a los Estados Unidos Mexicanos. 
¿Por qué hemos de cambiar a una cosa 
su nombre? Yo creo sencillamente que 
ambos tienen razón, yo soy partidario de 
la federación, creo que, dada la extensión 
enorme de nuestro país, creo que, dada 
la diferencia de cultura, creo que dada la 
diferencia de necesidades, el gobierno 
típico, el gobierno ideal que nos corres- 
ponde, en un gobierno federal; pero qué 
¿Para ser gobierno federal necesitamos 
llamarle Estados Unidos Mexicanos o 
Estados Unidos Argentinos? 

Sencillamente creo que la idea federal en 
la forma en que se expresa, de un modo 
más castizo, es por medio de la palabra 
"Federal"; en otros términos: puede 
decirse "República Federal Mexicana" 
y de esa manera conservaremos nuestro 
prestigio de federalistas sin necesidad 
de recurrir a imitar a los descendien- 
tes de William Penn, porque nosotros, 

imitándolos la diferencia resultaría 

de dos sílabas, que suplico a ustedes no 
me hagan decirlas. Creo, señores, que si 



se trata de representar al federalismo, de 
quien me he de declarado partidario, 
bastará decir sencillamente: república 
federal, realmente decir: estados unidos 
es una torpe imitación, llevada hasta el 
lenguaje por mi distinguido amigo, a 
quien respeto y estimo mucho por sus 
conocimientos, el señor licenciado Luis 
Manuel Rojas, que ha demostrado tan 
profundo desconocimiento de la lengua 
castellana, que ha llamado palabra a la 
locución "Estados Unidos Mexicanos." 
No es ni frase siquiera, señor licenciado, 
es locución, por que no es una frase 
completa. 

Como quiera que sea, creo que con el 
adjetivo federal -pues para algo se inven- 
taron los adjetivos-, se puede realizar la 
obra de representar la significación del 
federalismo y al mismo tiempo para 
representarse con mayor autonomía, 
sin necesidad de recurrir a locuciones 
extrañas: Estados Unidos Mexicanos; 
pero si queremos imitar, señores, ruego 
encarecidamente a los representantes de 
todos los pueblos que constituyen la 
República Mexicana, que se sirvan pelar- 
se de castaña, quitarse el bigote y decir: 
Estamos imitando a los Estados Unidos 
del Norte antes de que ellos nos invadan. 
(Aplausos.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Castaños, en contra. 



Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



- El C. Castaños: Señores diputados 

Quieren ustedes la explicación de las 
vacilaciones, la torpeza y dificultades de 
palabra y de conceptos que se expreso 
en estos momentos el señor licenciado 
Lizardi se expresó con tal dificultad de 
conceptos y de palabras, precisamente 
porque estaba defendiendo una cosa con- 
tra sus sentimientos y contra su propia 
conciencia: El señor licenciado Lizardi 
es federalista tanto como podemos serlo 
nosotros; el señor Licenciado Lizardi no 
es amante del centralismo; pero el señor 
licenciado Lizardi vino a defender la 
tesis contraria con el único objeto de 
venir a combatir al señor licenciado 
Rojas. (Voces: ¡No, no!) 

- El C. Lizardi: Protesto. 

- El C. Castaños: Pues bien, señores, sólo 
unas cuantas palabras puedo decir a 
ustedes después de la brillante peroración 
del señor licenciado Rojas. Absoluta- 
mente me sería imposible defender en 
más alto grado la federación mexicana, 
de la manera que lo ha hecho el señor 
licenciado Luis Manuel Rojas; pero quiero 
venir a reforzar los conceptos vertidos 
aquí por dicho señor, en el sentido de 
que debemos permitir, debemos dejar que 
subsista el nombre de Estados unidos 
Mexicanos para la nación mexicana, 



porque Estados Unidos Mexicanos clara- 
mente está diciendo que estamos reuni- 
dos en una federación, que nuestra propia 
república está compuesta de estados libres 
y soberanos; pero unidos todos por un 
pacto federal. 

Las teorías que exponen diferentes auto- 
res de derecho constitucional privado 
sobre lo que es federación, son conocidas 
por casi todos ustedes; por lo tanto, nada 
hay más propio que el nombre "Estados 
Unidos Mexicanos" para México, como 
el nombre de Estados Unidos de América 
para Estados Unidos. No es que nosotros 
hayamos imitado a los Estados Uni- 
dos absolutamente: y si los imitáramos, 
¿Qué mal habría en ello? No imitamos algo 
malo; santo y muy bueno que imitemos 
todas las cosas buenas de los demás, 
porque por otra parte, señores, el artículo 
12 del proyecto de reformas al regla- 
mento interior del Congreso dice de esta 
manera: 

"Art. 12. Las reformas a la Constitución 
que apruebe el Congreso, se expedirán 
bajo esta fórmula: "El Congreso Consti- 
tuyente de los Estados Unidos Mexica- 
nos, decreta:...." 

Esta Fórmula para expedir la Constitu- 
ción que va a quedar discutida en esta 
asamblea; ha sido aprobada por unani- 



Preámbulo 89 



midad en esta asamblea. ¿Qué defectos 
tiene esta forma? La comisión dictami- 
nadora nos dice que tiene el defecto de 
ser escueta; esa denominación de escueta 
me parece muy rara, todas las legislaturas 
de los estados de la república dicen 
cuando expiden una ley: "El Congreso 
del Estado de Coahuila etc." 

Nosotros pudiéramos decir: "El Congreso 
Constituyente de los Estados Unidos Mexi- 
canos, a nombre del pueblo, decreta": 
pero hemos aprobado esta forma y no po- 
demos hacernos atrás de lo que hemos 
aprobado. Por otra parte, la comisión 
llama preámbulo a lo que verdadera- 
mente debe llamarse fórmula para expe- 
dir una ley; preámbulo es otra cosa 
muy distinta, a decir "El Congreso... ente- 
ramente distinta. Voy a leer a ustedes el 
preámbulo de la Constitución de los 
Estados Unidos de Norteamérica, (Voces: 
¡No, no!); pues ese es un verdadero 
preámbulo, el artículo primero de nuestra 
Constitución de 57 decía: 



un verdadero preámbulo de Constitución, 
y no el que nos indica aquí la comi- 
sión en la forma tan pesada que lo ha 
formulado. 

Este es un preámbulo verdaderamente 
pesado, debemos absolutamente supri- 
mir éste y decretar: "La Constitución de 
los Estados Unidos Mexicanos," como 
dice el artículo 12 del reglamento que he- 
mos aprobado: "El Congreso Constitu- 
yente de los Estados Unidos Mexicanos 
decreta:...." Eso es lo correcto, eso es lo 
legal. (Aplausos.) 

- El C. Monzón: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Monzón. 

- El C. Monzón: Ciudadanos diputados: 
en pocas palabras voy a referirme exclusi- 
vamente a la expresión Estados Unidos 
Mexicanos y República Mexicana. 



"El pueblo mexicano reconoce que los de- 
rechos del hombre son la base y el objeto 
de las instituciones sociales. En conse- 
cuencia, declara que todas las leyes y 
todas las autoridades del país deben 
respetar y sostener las garantías que 
otorga la presente Constitución. Ese es 



La comisión a que pertenezco acordó que 
se designara a nuestra patria de esta ma- 
nera: República Mexicana, y no Estados 
Unidos Mexicanos y las honorables per- 
sonas que han rebatido a la comisión en 
este punto, no han destruido los argu- 
mentos que se expusieron acerca de ello. 



90 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Hay una confusión: La expresión estados 
unidos no es una denominación política, 
la expresión estados unidos es una deno- 
minación geográfica, por más que envuelva 
algún sentido político, y lo voy a demos- 
trar con los mismos argumentos de la 
comisión. 

La nación que hoy se llama Estados Uni- 
dos de América o República de Estados 
Unidos, se constituyó por varias colonias 
extranjeras y distintas entre sí, unas eran 
inglesas, otras eran holandesas, otras 
eran francesas; esas colonias tenían cada 
una de ellas su nombre geográfico respec- 
tivo, porque había la del Massachussets, 
Nueva Orleáns, Rhode Island, etc.; cada 
colonia tenía su nombre propio y lo con- 
servó; la primera vez que se unieron fue 
en 1743, para poder defenderse de las de- 
predaciones de los bárbaros y también 
de la hostilidad de los holandeses, apro- 
vechando el apoyo de un carnicero sublime 
que había en Inglaterra y que se apellida- 
ba Cromwell, el mismo que decapitó a 
Carlos I pocos años después; de manera 
que, cuando por primera vez se unie- 
ron, entonces por vez primera adoptaron 
una denominación geográfica y fue 
ésta: Colonias Unidas de la Nueva Ingla- 
terra; fueron cuatro sólo las que se unie- 
ron: Massachussets, Connécticut, New 
Hamsphire y Plymounth; fueron las cuatro 



que se reunieron para formar las Colonias 
Unidas de la Nueva Inglaterra. 

En 1774 estalló la guerra de emancipa- 
ción económica de las diversas colonias 
y en 1776 fue cuando por vez primera, 
de manera oficial, apareció la designa- 
ción geográfica de Colonias Unidas de 
la Nueva Inglaterra, que comprendió a las 
colonias británicas y también a las holan- 
desas, donde está ahora la ciudad de 
Nueva York. Fue un diputado por Virginia 
-Si no recuerdo mal se llamaba Henry 
Richard Lee- quien propuso que las Colo- 
nias Unidas de la Nueva Inglaterra se 
declararan independientes del dominio 
británico, y es la primera vez que se en- 
cuentra esa designación. Transcurrió el 
año de 1877 y hasta el año de 1878 fue 
cuando por vez primera apareció la desig- 
nación geográfica de Estados Unidos de 
la Nueva Inglaterra o Estados Unidos 
de América hoy. Fue el año de 1878 cuando 
Francia se resolvió a intervenir en los 
asuntos americanos en pro de la emanci- 
pación de esas colonias; entonces se le 
conocía oficialmente con el nombre de 
Estados Unidos y era una república federal; 
y no lo era, porque esa expresión, estados 
unidos, no tiene la significación política 
que se quiere dar ni la tendrá por más que 
se violenten los términos; es una designa- 
ción geográfica, eso es. 



Preámbulo 91 



Luego que las naciones de América se 
hicieron independientes, los pueblos que 
quedaron al norte de la América meridio- 
nal, que ahora están representados por 
Venezuela, Colombia y Ecuador, forma- 
ron una república federal, pero eran estados 
independientes y por eso tomaron la 
designación de Estados Unidos de Colom- 
bia. A la república Argentina nunca se le 
ha llamado Estados Unidos de Argentina, 
absolutamente nunca; esto lo saben hasta 
los maestros de escuela. De manera que 
nosotros sabemos que se denominan Pro- 
vincias Unidas del Plata, pero nunca Esta- 
dos Unidos de la Argentina, jamás. 

Así es que no hay ningún motivo político 
para que la expresión de estados unidos 
deba equivaler a república federal; en 
Europa hay una república federal que se 
llama Suiza y a nadie se le ha ocurrido 
decir Estados Unidos de Suiza, absoluta- 
mente a nadie. Aquí en México se nos ha 
ocurrido decir Estados Unidos Mexi- 
canos; pero hay dos pruebas materiales 
para demostrar que es una designación 
geográfica y no una designación política 
como se pretende. Allí está el error, a mi 
ver: en que se quiere que sea denomina- 
ción política. Las dos pruebas son las 
siguientes: las dos expresiones, república 
y estados unidos no pueden ir juntas sino 
cuando nos referimos a una nación que 
no debería tener nombre; pero cuyo nom- 



bre geográfico es Estados Unidos, por eso 
se dice República de Estados Unidos, pero 
tratándose de México, por ejemplo, no se 
oye bien, yo no oigo bien de esta manera: 
República de los Estados Unidos Mexi- 
canos. No pueden hermanarse ambos 
vocablos por la diferencia denominación; 
no se puede decir República de Estados 
Unidos Mexicanos. 

La otra prueba falta: "Es la de Suiza... en 
pro" de nuestro dictamen, es la siguiente: 
¿Cuándo se votó esa ley o ese decreto 
que diga que la república federal forzosa- 
mente ha de tener la denominación de 
estados unidos? Que se exhiba esa ley o 
ese decreto. Así es que las argumenta- 
ciones nuestras o nuestro dictamen, no 
ha sido destruido en forma alguna y sub- 
siste, pues, el acuerdo y subsiste también 
lo que hemos dicho: que es una imitación 
de la república del norte; esa sí es repú- 
blica de Estados Unidos, porque la palabra 
República es la denominación política y 
las palabras Estados Unidos Mexicanos 
son el nombre de país; así es que no po- 
demos convencernos y, en tal virtud sub- 
siste el dictamen sobre ese particular. 

- El C. Herrera: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Herrera. 



92 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



- El C. Herrera: Señores diputados: mu- 
chos, por la idiosincrasia o la forma de 
nuestro propio carácter, no sabemos a 
veces esgrimir ese látigo fuerte y esa 
sátira aguda de un Voltaire, de un Juvenal, 
y nos conformamos muchas veces con 
escuchar a los que tienen ese don y confor- 
marnos los que tenemos la propia idiosin- 
crasia de nuestra serenidad; por eso al 
escuchar al señor licenciado Rojas, siem- 
pre escucho al hombre de calma y de sere- 
nidad; no lo digo por adularlo, señores 
diputados, lo digo con profundo respeto 
y veneración, y al dirigirse el señor licen- 
ciado Rojas a la respetable comisión de 
puntos constitucionales, dijo que era bien 
intencionada que estaba haciendo todo lo 
posible para sacar avante su cometido y 
yo me permito unirme a ese respeto para 
decir a la comisión las palabras que una 
vez dijo un orador: "Yo admiraría a Ale- 
mania si no admirara el alma generosa y 
valiente de la Francia"; así, señores, 
yo estaría de acuerdo con la comisión si 
no estuviera unida al nombre terrible del 
centralismo, que ha hecho derramar tanta 
sangre a nuestra patria y que todavía no 
sabemos a dónde nos conduce; así, pues, 
quizá por afinidad de ideas, por unión del 
centralismo con el nombre que se nos ha 
dado, no debemos de ninguna manera 
asociar este nombre. 

Cuando Pío Marcha, en memorable oca- 
sión, tiró el kepis al aire y dijera: "Iturbide 



es el primer emperador de México," 
entonces aquel primer Congreso se disol- 
vió y se levantó la bandera del centra- 
lismo; ya conocéis cuál fue el resultado 
de la aventura de ese hombre. La monar- 
quía mexicana podía haberse extendido 
desde el Bravo hasta el Panamá; pero allí 
repugnó la idea del centralismo, y todo 
esto y además por la difícil condición de 
la época, contribuyó a que aquellas repú- 
blicas se reunieran en provincias unidas 
de Centroamérica. Guatemala hizo asco 
al centralismo, y se independizó de noso- 
tros; después, por la idea de Guadalupe 
Victoria, el estado de Chiapas se nos unió 
nuevamente. 

¿Cuál fue la causa terrible, que aún sen- 
timos hondamente en el alma, de habér- 
senos arrebatado dos millones trescien- 
tos mil kilómetros cuadrados, dos millones 
trescientos mil kilómetros cuadrados, 
más de lo que hoy constituye la Repú- 
blica Mexicana, si no es que Texas hizo 
una representación enérgica porque no 
estaba conforme con el centralismo?.... 
Y después, señores, ¿qué encontramos en 
la época de la tiranía de treinta años? 
¿Quién va a negar, señores diputados, que 
el tirano que oprimió tanto a nuestra 
patria que todavía mostramos en las espal- 
das la huella de ese látigo maldito, esta- 
bleció un centralismo? Pero no quiso el 
general Díaz cambiar de fondo; siempre 
conservó la forma. 



Preámbulo 93 



Se había ahogado la soberanía de los 
estados y gobernaba nada más un sólo 
hombre, y esa idea profunda hizo que sin- 
tieran los hombres actuales de la revolu- 
ción la necesidad imperiosa de romper 
aquel centralismo hondo, de escarnio y 
de orgía. Y bien, señores, yo creo que no 
simpatizo con el dictamen de la comisión, 
porque va unido a este nombre de triste 
recuerdo: centralismo. No hemos alcan- 
zado todavía en lo absoluto la sobera- 
nía completa de los estados; pero bien 
sabemos nosotros que los estados son 
soberanos. 

El nombre de los Estados Unidos Mexi- 
canos es altamente significativo, no se 
desprende de él la idea del centralismo y 
no cabe duda, señores, que esto está 
inculcado en el alma nacional, pues odia 
al centralismo porque éste es eminente- 
mente conservador; porque su represen- 
tante, el padre Miércoles, fue la causa de 
la pérdida de Guatemala y acaso íbamos a 
perder Yucatán, como perdimos esos 
jirones de tierra en el norte; pero yo espero 
que el pueblo mexicano, perfectamente 
preparado, se ponga frente a frente al 
coloso del norte para arrebatarle con todo 
derecho y con toda justicia, esos dos millo- 
nes trescientos mil kilómetros cuadrados. 
(Aplausos.) 

Señores diputados: No hubiera querido 
venir a ocupar esta tribuna para tener esta 



discusión; pero lo hice por asco al nom- 
bre del de centralismo, por asco al nombre 
del padre Miércoles, que representaba 
aquella idea, por el sacrificio de los libe- 
rales que han defendido estas santas ideas 
y vengo, señores diputados, a pediros res- 
petuosamente que conservéis el nombre 
de Estados Unidos Mexicanos, que está 
más en el alma y en la conciencia del 
pueblo. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Martínez de Escobar. 

- El C. Martínez de Escobar: Excelsa y 
pura es, señores constituyentes, esta revo- 
lución social, que no sólo levanta mon- 
tañas de cadáveres, que no sólo convierte 
nuestro extenso territorio en un océano 
de sangre, sino que hasta afluye, por la 
boca humeante de sus volcanes el polen 
fecundante de intensas reivindicaciones 
populares, que nos trae en sus alas rojas 
y en su penacho de fuego las ideas que, 
al caer al surco de antemano abierto y 
preparado a la fecundación, surgen de- 
sarrollándose y desenvolviéndose en una 
robusta floración en un vigoroso flore- 
cimiento de saludables libertades públi- 
cas que dignifican la conciencia nacional 
y ennoblecen el espíritu humano. 

Ya no nos vamos a ocupar aquí de cosas 
extrañas; sino del Congreso Constitu- 
yente, que no es sino una síntesis de este 



94 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



gran proceso revolucionario, que no es 
sino una síntesis de transformaciones po- 
lítico- sociales; ya no nos vamos a ocupar 
aquí de invectivas enteramente desnudas; 
hoy vamos a las ideas, a los principios, a 
esos principios y a esas ideas, señores dipu- 
tados, que cuando el ambiente político 
les es fácil y les es amigo, se crecen, se 
agigantan, se desarrollan y florecen y 
plasman leyes e instituciones, y que cuan- 
do se les hace la guerra y cuando la 
atmósfera les es hostil, entonces estallan 
y lanzan en mil pedazos al tirano de los 
hombres que quiere encadenar esas ideas 
y esos principios. 

Señores diputados, en verdad y en reali- 
dad que el señor licenciado Luis Manuel 
Rojas -doctísimo e inteligente-, que 
el señor Herrera, que por afinidad con el 
señor Rojas ha tomado la palabra en 
contra del dictamen, vienen aquí con una 
serie de conceptos que indudablemente 
no responden a la verdad histórica y lo 
voy a demostrar; es indudable, señores 
diputados, que nuestro ser constitucional, 
que nuestro ser político ha sido encau- 
zado y ha sido informado por procesos 
políticos y sociales y por otras institucio- 
nes de análoga índole que se han venido 
verificando en otros tiempos y en otros 
pueblos. 

Bien sabemos nosotros que la Constitu- 
ción, que el ser constitucional mexicano, 



tiene por antecedentes profundamente 
vigorosos que lo encauzan, el desarrollo 
constitucional de los Estados Unidos de 
Norteamérica, el desarrollo constitucio- 
nal de España y el desarrollo constitu- 
cional de Francia, y es indudable que, si 
fuéramos más allá, señores diputados, 
diría que también el desarrollo constitu- 
cional de Inglaterra. 

No es posible que olvidemos nosotros 
aquí a aquellos colonos ingleses que en 
el "Mayflower" vinieron a la América tra- 
yendo ya un triple escudo, como dice 
algún escritor de derecho constitucional, 
el "Habeas corpus," el "Ever right," bien 
sabemos que allí están vibrantes y prepo- 
tentes las garantías individuales y las 
grandes libertades. Por ese instinto de 
emancipación que tienen los pueblos 
como los hombres, surgió la guerra de 
independencia, surgió aquel movimiento 
emancipador y, después de una lucha 
fuerte y vigorosa en que, como decía muy 
bien alguno de los oradores, la Francia y 
la España ayudaron a esos pueblos de 
Estados Unidos para emanciparse de Ingla- 
terra, a poco, decía yo, triunfó la libertad 
allá y aquellas colonias, que sí lo eran, 
aquellos estados, en 1778, se unieron bajo 
una forma meramente confederativa y, 
aquellos pueblos, que indudablemente 
eran grandes liberales, pronto hubieron 
de convencerse, mirando sus instintos y 
mirando sus deberes, que por razones 



Preámbulo 95 



internacionales, que por razones econó- 
micas, que por razones de gran peso para 
poder vivir y desarrollarse fuertemente, 
aquel sistema confederativo no era bueno 
y no era bueno porque estaba plagado 
de vicios y bien pronto sabemos que en 
Philadelphia se reunió un congreso. 

Después de una lucha, periodística muy 
intensa en que surgieron y se levantaron 
monumentales y grandiosas tres grandes 
figuras políticas; pronto, muy pronto, en 
cuatro meses, en Estados Unidos se pro- 
dujeron siete artículos que después fueron 
reformados, porque en esos siete artículos 
no se hacían constar ciertas garantías indi- 
viduales: pues bien, en 1787, después de 
cuatro meses de trabajo, aquellos se dan 
el sistema meramente federativo, el siste- 
ma más evolucionado, más complejo; 
pero más integrado, a la vez que enteramen- 
te heterogéneo, el sistema más avanzado 
de constitución y de gobierno: se dieron 
la representación de república federativa. 

Bien sabemos que después esas libertades 
de allí, de Estados Unidos de Norteamé- 
rica, que habían sido importadas de la 
Inglaterra, se transplantaron hasta la Fran- 
cia; no voy a decir entonces que la revo- 
lución de independencia produjera aque- 
llos espectáculos de sangre y fuego, de 
crímenes y glorias, que se llaman "La revo- 
lución francesa": bien sabemos que la 



revolución francesa fue producida por 
la parte pensadora del siglo XVIII, por la 
psicología de aquellos hombres, por 
Voltaire, por Rousseau, por el ejemplo 
de Norteamérica y por la propaganda de 
las libertades inglesas, no obstante que, 
después, aquel conjunto de libertades 
inglesas que ya habían existido desde otro 
tiempo allí, en Francia, a virtud de un 
proceso intenso de propaganda, se difun- 
dieron y se hicieron mundiales; después 
vemos esa revolución francesa, a la que 
debemos una influencia decisiva por- 
que a virtud de ese movimiento vino 
también la Constitución de 1812, que 
tiene también una gran influencia, dado 
el desarrollo de México, porque ya sabe- 
mos que en nuestra Constitución de 1 8 12 
empiezan a florecer las libertades; se em- 
pieza por abolir el tributo de Indias; se 
habla de errores políticos, en fin, ya empie- 
zan a florecer las libertades y tienen 
una inmensa significación, y tienen una 
inmensa importancia en el desarrollo de 
nuestra independencia. 

Indudablemente que el grito de indepen- 
dencia entre nosotros, si lo analizamos, de 
una manera fría, diremos que quedó 
aislado en el tiempo y en el espacio; pero 
seguramente que toda afinidad de carác- 
ter político-social está ligado en el tiempo 
y en el espacio a aquellos movimientos, y 
que si han prosperado en otras partes, 



96 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



indudablemente tuvieron una gran impor- 
tancia y significación en la independencia 
mexicana y pronto vemos que se dio una 
Constitución, después de algún tiempo 
de guerra, que fue la de 1814, si mal no 
recuerdo, la Constitución de Apatzingán, 
y fue una república por que fue una Repú- 
blica entre nosotros; y se dirá: 

¿Cómo es posible que en este país que 
durante la época de las colonias monár- 
quicas, en que la mayoría de todas las 
tribus estaban también conquistada bajo 
la forma monárquica, cómo es posible 
que surgiera la República? porque México 
nació a la vida y nació en un momento 
en que tenían lugar aquellos grandes 
acontecimientos de la independencia de 
Norteamérica, de la revolución francesa 
y las guerras napoleónicas, que se exten- 
dían en casi todo el mundo; entonces se 
produjo en México la primera república 
central; indudablemente que ya se nos 
habla allí de soberanía, se habla de divi- 
sión de poderes, se hacen constar ciertas 
garantías y derechos individuales; y sigue 
desarrollándose, señores diputados, hasta 
que llegamos al momento en que, después 
de un sueño de siete u ocho años en que 
nuestro ser constitucional se educa, viene 
el Plan de Iguala, el tratado de Córdoba, 
que es fruto del "abrazo de Acatempan" 
de Guerrero e Iturbide, y aquel pacto entre 
aristócratas y demócratas, entre fernan- 



distas y borbonistas, si ustedes quieren, 
y liberales de abolengo. ¿Qué otra cosa 
fue aquel abrazo de Acatempan, señores 
diputados? Indudablemente que fue el 
abrazo de Iturbide, que pertenecía a la no- 
bleza criolla de Nueva España, y de 
Guerrero, liberal de abolengo. 

El Plan de Iguala, el tratado de Córdoba, 
todos lo sabemos, fue una transacción 
que no podía ser, que era imposible que 
fuese; aquel tratado decía: "Vendrá a 
reinar Fernando VII; si no, su hermano; 
si no, algún príncipe de la casa de Bor- 
bón"; bien sabemos que después, en las 
cortes ibéricas, señores diputados, hubo 
grandes discusiones en aquel parlamento 
entre don Lucas Alamán, un conservador 
mexicano, y el conde de Toreno, gran 
liberal español; don Lucas Alamán, un 
conservador aquí, fue un liberal inmenso 
en España, y aquel liberal en España, aquí 
era netamente un gran conservador, con 
respecto a lo que estaba sosteniendo, 
o sea el derecho de conquista de estos 
pueblos. 

Vemos que ese Plan de Iguala, el tratado 
de Córdoba, no fue aceptado por las cortes 
ibéricas y entonces, cuando ya aquí en 
México existía un Congreso Constitu- 
yente, el de 1822, más o menos, si no me 
equivoco en la fecha, aun cuando no 
afectaría a la esencia, cuando aquí ya se 



Preámbulo 97 



estaban haciendo las bases para organizar 
a este pueblo dentro de los preceptos del 
Plan de Iguala o tratado de Córdoba, 
cuando se sabía que ya en las cortes ibéri- 
cas no reconocían la independencia, ¿Qué 
sucedió? Que Agustín de Iturbide, por 
medio de Pió Marcha, se declara empera- 
dor ante aquel Congreso, donde había 
liberales y demócratas, y sabemos que 
uno de los grandes hombres de la historia 
de México -si no estoy en lo cierto, el 
señor licenciado Rojas me rectificará-, 
Don Valentín Gómez Farías, fue uno de 
los que contribuyeron de una manera 
eficaz para que se reconociera y coronara 
a Iturbide. 

¿Que instituciones políticas se nos iban 
a dar? indudablemente una monarquía, 
indudablemente un imperio; ¿por qué? 
por la psicología del mismo que se decla- 
raba emperador, por el medio, por edu- 
cación, por herencia, porque los muertos 
mandan, porque los conceptos heredi- 
tarios así lo imponían, sencillamente; 
pero bien pronto sucedió que en aquel par- 
lamento de Iturbide se pusieron en pugna 
y choque ¿por qué? porque ya había cierta 
agitación parlamentaria, porque había 
cierto movimiento democrático; ¿y qué 
pasó? que uno de los hombres más con- 
servadores, de los más retrógrados, que 
aun cuando aparentemente en cierto 



momento estuviera en contra del clero y 
en contra de los pretorianos, ese hombre 
que se llamó Antonio López de Santa 
Anna, inició una revolución. 

Y ¿Qué proclamó? Proclamó la Repú- 
blica, señores diputados. Vino entonces 
un nuevo Congreso Constituyente que 
nos da una carta constitutiva en 1823 ó 
1 824 -entiendo que en enero de 1 824-, 
que fue precedente de la Constitución de 
1824, que se dio seis o siete meses des- 
pués. ¿Qué constitución, qué sistema 
de gobierno se nos dio? -porque siempre 
hago yo diferencia entre sistema de go- 
bierno y sistema de constitución-. Se nos 
dio el sistema más complejo, el más evo- 
lucionado, más perfecto; el sistema más 
integrado y más complejo: se nos dio el 
sistema federal, la república federal, una 
república federal que indudablemente si 
fue copiada de la de Norteamérica. 

No sólo en la Constitución de 1824 se 
copió la organización de las garantías y 
la forma del gobierno, sino que también 
en la Constitución, de 1824, recuérdelo 
del señor licenciado Rojas, doctísimo e 
inteligente, hubo un gran defecto y un 
gran vacío: en aquella Constitución, por 
imitar la de Estados Unidos, no hubo de- 
claración de garantías, no hubo declara- 
ción de derechos, absolutamente no hubo, 



98 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



a pesar del gran vacío que tuvo, como 
la cuestión de religión en México, que 
siempre fue y ha sido católica, eclesiás- 
tica, etc., y que el señor Rojas dirá si es 
cierto, porque con seguridad que sí lo re- 
cuerda. Entonces se nos dio ese sistema 
de Constitución federativa, ese sistema de 
gobierno republicano; bien, señores dipu- 
tados, ¿de dónde me sacan, señores Luis 
Manuel Rojas y Alfonso Herrera, que ese 
dictamen, un dictamen radical como tie- 
nen que ser todos los dictámenes de esa 
comisión, de dónde me sacan que es con- 
servador, que es reaccionario, que es 
retrógrado? No lo sé; yo, la verdad, creo 
que a estos señores en estos momentos sí 
les ha pasado algo; que han lanzado 
flechas al cielo y les han caído a ellos 
mismos. 

La verdad es que no sé qué preparan, y 
probablemente sea el ataque formidable 
que le van a hacer otro dictamen en una 
próxima sesión, probablemente el del 
artículo 3o., donde, según ellos, campea 
la demagogia más rabiosa; allí campea el 
jacobinismo más desenfrenado, e inteli- 
gentes, finísimos y sutiles, conocen de to- 
das estas cosas y vienen y nos dicen: estos 
señores nos resultan conservadores, 
nos resultan reaccionarios y retrógra- 
dos, porque al decir República Mexicana, 
indudablemente que por asociación de 
ideas afluye a la mente el centralismo. 



No es exacto, no es verdad, y crean 
ustedes que no han llegado a convencer 
de éste error y de esta mentira a la asam- 
blea. No es posible y no es verdad que él 
centralismo esté unido a la idea de repú- 
blica, no entiendo ni históricamente, ni 
filosóficamente, ni políticamente, ni jurí- 
dicamente, ni de ningún modo entiendo 
yo que el centralismo esté unido, señores 
diputados, a la república; pero ¿de 
dónde? Estos señores son profundos 
en historia de México; pero ¿para qué 
vamos más allá? Nos estamos saliendo 
de los horizontes nacionales meramente 
nuestros, cuando aquí mismo el cen- 
tralismo ha estado unido a las ideas 
monárquicas. 

Ahora bien, ¿por qué es que en México 
han existido repúblicas centrales? Pues 
es muy sencillo; porque la evolución polí- 
tica, como toda clase de evolución, no se 
hace por saltos, ha venido una integración 
de materia y una sucesión de movimien- 
tos; ha venido una integración de diversos 
elementos políticos, y no es posible que 
diéramos un salto tan grande después de 
haber estado bajo un régimen colonial 
de tantos siglos, después de haber estado 
bajo el régimen de Iturbide y después de 
haber estado bajo las cadenas formida- 
bles de las tiranías y de aquellos mal 
llamados gigantes del corazón que vinie- 
ron aquí, cuando la conquista, a hacer lo 



Preámbulo 99 



que los sayones hicieron con la túnica de de motines que daban al traste con nues- 
Cristo; a despedazarnos. tras instituciones políticas, y ¿Qué pasó? 



Es indudable que en aquella influencia 
clerical, que aquella influencia de la espa- 
da, por herencia, por medio y por edu- 
cación, es indudable que nos impedía dar 
un paso tan saludable, tan benéfico, de 
la monarquía al centralismo, no obstante 
esos grandes acontecimientos de los Esta- 
dos Unidos de América, no obstante ese 
gran acontecimiento de la revolución 
francesa que, si es verdad lo que dijo el 
señor Rojas respecto a los jacobinos de 
Francia, no es el caso, porque estábamos 
en una época y en una condición social 
especiales, que por ningún motivo pue- 
den compararse; ¿y para qué vamos a 
entrar en esto? 

Demasiado se adelantó en México en la 
Constitución de 1824. ¿Cómo es posible 
que aquella Constitución fuera vivida? 
Socialmente, políticamente, se puede decir 
que fue una ley, fue una ley escrita, nada 
más escrita, que fue el texto rígido, que 
fue el precepto; pero que no fue una 
Constitución vivida, y no lo fue, ¿por 
qué? Por que en esa época indudable- 
mente la evolución del pueblo no respon- 
día a esa Constitución política tan elevada. 
¿Qué vino después? Aquella serie de 
cuartelazos de pronunciamientos, aquella 
serie de golpes de estado, aquella serie 



Indudablemente por medio de estos cuar- 
telazos vino la Constitución de 1836, es 
decir, vino una retrogradación respecto 
a la Constitución de 1824, y ¿qué pasó? 
Que vino el poder conservador, aquel que 
no tiene responsabilidad sino ante Dios 
y, si acaso, ante Dios, que pone presi- 
dentes, que pone diputados y que los 
quita, y ¿qué siguió después? Siguió la 
evolución de nuestras instituciones polí- 
ticas y la Constitución en 1846, volvió a 
restaurarse la de 1824, has y absorbente. 

Indudablemente que así tenía que ser, 
hasta que nuevamente en México, en 1 846, 
volvió a restaurarse la de 1824, hasta 
en 1855, en que la misma revolución de 
Ayutla lanzó de una manera formidable 
a don Antonio López de Santa Anna. 
Aparentemente esa revolución no tenía 
otro objeto que arrojar a don Antonio 
López de Santa Anna, que era el represen- 
tante de los intereses clericales y reaccio- 
narios; pero sobre todo, era necesario que 
se destruyeran aquellas herencias de tira- 
nías tan terribles; indudablemente que 
hasta muchos conservadores tuvieron 
que estar del lado de los liberales de abo- 
lengo, del lado de los liberales, radica- 
les para lanzar a ese hombre y para que 
después viniera el Congreso de 1857, 



100 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



que nos diera esa suprema Constitu- 
ción que después fue reformada, es decir, 
no reformada, sino que se le añadieron 
en 1874 las leyes de Reforma; pero 
vamos al caso, ¿por qué dicen estos seño- 
res que el centralismo y la república van 
unidos y se van dando la mano? 

No es cierto; entre nosotros el centra- 
lismo va unido a la idea de conser- 
vatismo, va unido a la idea de absorción 
del poder, a la monarquía, y el federa- 
lismo indudablemente que va unido 
siempre entre nosotros, a pesar de esa 
Constitución de 1 836, a pesar de esa Cons- 
titución de 1846, que realmente fueron 
proyectos y tanteos de tiranos como Santa 
Anna, indudablemente, decía yo, que la 
idea de República va unida a la idea de 
federalismo entre nosotros y la idea de cen- 
tralismo va unida a la idea de monarquía; 
de manera que no sé de dónde sacan esa 
consecuencia y yo creo que es únicamen- 
te por sostener lo que quieren, porque 
ayer mismo, señores diputados, yo habla- 
ba con el señor Luis Manuel Rojas y él 
me dijo: que era lo mismo República Mexi- 
cana que Estados Unidos Mexicanos. 
Realmente no sé por qué hemos tenido 
aquí un debate tan intenso y tan fuerte; 
yo vine a la tribuna, porque vi que se 
ostentaron una serie de argumentos fal- 
sos; y tuve necesidad de venir, porque me 
estaban hiriendo profundamente y porque 



no eran ciertos, y, repito, el señor licen- 
ciado Rojas me dijo que era lo mismo 
República Mexicana que Estados Unidos 
Mexicanos, que nación mexicana, en fin, 
una serie de términos, pues que realmente 
no es una cuestión de gran importan- 
cia, de gran trascendencia y gravedad 
para el país. 

Indudablemente que no, absolutamente 
que no, ni siquiera es una necesidad so- 
cial que deba cristalizarse en un precepto 
o en una disposición. Indudablemente 
que tiene más razón la comisión, pues 
estudiando la república norteamericana 
se verá que es verdad lo que decía el señor 
licenciado Colunga que más bien en una 
razón geográfica; pero no entre nosotros 
señores diputados, porque en Estados Uni- 
dos Mexicanos la comprensión es menos 
clara, menos perfecta y menos definida; 
sin embargo, como dicen estos señores 
que la idea de república va unida al cen- 
tralismo, lo que no es cierto, para quitar 
ese escrúpulo; pongamos, como antes dijo 
el discípulo de Voltaire con su amarga 
ironía, el señor licenciado Lizardi, pon- 
gamos, decía, República Federal Mexicana, 
que es una apreciación más mexicana, para 
no poner Estados Unidos Mexicanos; de 
manera que es una verdad; la idea de cen- 
tralismo no va unida absolutamente con 
la idea de república, con la idea de fede- 
ralismo entre nosotros. (Aplausos) 



Preámbulo 101 



- El C. Palavicini: Pido la palabra, señor 
presidente, para la rectificación de hechos; 
estoy dentro del reglamento y pido que 
se me conceda la palabra. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Palavicini. 

- El C. Palavicini: La discusión está ago- 
tada, señor diputado Luis Manuel Rojas, 
el señor diputado Herrera y el señor 
Martínez de Escobar han hecho brillantes 
disertaciones sobre asuntos históricos; 
pero esto no es cuestión de historia; la 
parte erudita del asunto en contra del dic- 
tamen ha sido expuesta brillantemente 
por el señor licenciado Luis Manuel Rojas; 
esta es cuestión de sentido común, seño- 
res diputados. 



al fin, como en todas las obras humanas; 
pero, señores diputados, no ha habido real- 
mente confusión cuando el señor licen- 
ciado Rojas, el señor Lizardi, el señor 
profesor Herrera y el señor licenciado 
Castaños han sostenido aquí que es fácil 
confundir las ideas centralistas con la 
denominación República Mexicana; voy 
a tratar de explicar porque. Se llamó Esta- 
dos Unidos Mexicanos en todas las cons- 
tituciones federales y se llamó República 
Mexicana en todas las constituciones 
centralistas. Esto bastaría para convencer 
a la asamblea de que ha quedado en el 
alma popular esa distinción; pero la comi- 
sión ha querido reformar eso, la comisión 
ha querido buscar un término que alarga 
el nombre, pero no lo completa: le llama 
República Federal Mexicana. 



Cuando se escribe un libro no se principia 
por el preámbulo: se principia cuando se 
lee; todo el que sabe cómo se escribe un 
libro, conoce que primero se hacen los 
capítulos y después se pone el preámbulo; 
pero la comisión ha querido hacer prime- 
ro el preámbulo antes que la Constitución. 



Ahora yo le digo al señor Lizardi: cuando 
vaya alguno de nosotros al extranjero, 
no dirá que va de la República Federal 
Mexicana, sino que va de México, como 
cuando viene un individuo de Suiza no 
dice: "vengo de la confederación Suiza"; 
sino: "vengo de Suiza." 



Este es el asunto, es cuestión de forma, 
y después de los largos debates llegamos a 
la convicción de que "Estados Unidos 
Mexicanos" o "República Mexicana" 
expresan mejor la organización política 
de México; el preámbulo se va a escribir 



El señor Lizardi había preparado su dis- 
curso creyendo que iba a impugnar el dicta- 
men alguno de nosotros, especialmente 
yo; como había pedido que se aplazase 
el debate de este asunto, creyó que yo 
iba a atacarlo, pero no es ese el asunto, 



102 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



señor Lizardi, el asunto es enteramente 
de forma; en primer lugar, el C. Primer 
jefe ha presentado a la comisión de pun- 
tos constitucionales un proyecto de carta 
magna, en el que no hay preámbulo; prin- 
cipia por el artículo primero, y la comi- 
sión ha descubierto la idea luminosa de 
hacer un preámbulo, al que el señor Cas- 
taños, en medio de su sencillez, ha encon- 
trado un calificativo acertado al decir que 
está un pesado. 

En efecto, se tarda uno diez minutos para 
leer el encabezado del preámbulo, enca- 
bezado que indudablemente no va a tener 
aplicación, porque el que pone el encabe- 
zado es el Ejecutivo cuando proclama 
esos decretos; la comisión tuvo que suje- 
tarse, y ya este debate lo había previsto 
el autor de reformas al reglamento, por- 
que había dicho en qué forma se expi- 
diera; allí dijo: 

"Las reformas a la Constitución que 
apruebe el Congreso, se expedirán bajo 
esta fórmula" "El Congreso Constitu- 
yente de los Estados Unidos Mexicanos, 
decreta "De manera que, en realidad, eso 
sobra; yo imagino la malicia del señor 
Martínez de Escobar; el señor Martínez 
de Escobar se equivoca esta vez, pues 
nosotros creemos que todos y cada uno 
de los miembros de la comisión son 
brillantes revolucionarios y exaltados 



jacobinos además; pero no podemos creer 
que pueden tener en un dictamen una idea 
conservadora. Todas las obras de los cien- 
tíficos que escribieron, fueron para dar 
la idea al pueblo de que esta era una sola 
república. Todas las obras escritas para 
textos de las escuelas, sostienen la tesis 
de la comisión; no se atrevió el general 
Díaz nunca a atacar la forma de la sobera- 
nía de los estados ni la forma de Estados 
Unidos Mexicanos y el mismo dictador, 
que era un gran centralista, mantuvo el 
respeto, un gran respeto, por la soberanía 
de los estados y la forma de Estados Uni- 
dos Mexicanos 

- El C. Bojórquez, interrumpiendo: Para 
una moción de orden, señor presidente. 
El C. Palavicini pidió la palabra para una 
rectificación de hechos, y a mi modo de 
ver, ya ha entrado desde hace mucho al 
terreno de la discusión, y no tiene derecho 
a ello. (Aplausos.) 

- El C. Palavicini, continuando: Celebro 
el entusiasmo con que los señores Giffard 
y Enríquez recibieron la oportuna moción 
de orden del distinguido compañero señor 
Bojórquez; pero en este asunto la rectifi- 
cación de hechos no puede evitarla el 
interés del señor Bojórquez, porque yo 
vine a rectificar hechos y es lo que estoy 
haciendo; yo vine, porque fui el primer 
aludido sobre esos mismos hechos; pero 



Preámbulo 103 



todo lo expuesto por el señor Martínez 
de Escobar está en pro de lo que nosotros 
sostenemos sobre este dictamen en pri- 
mer término, es decir, la unión soberana 
de los estados que son unidos y que son 
mexicanos; no vale, pues, la pena de 
seguir una discusión; sencillamente el 
asunto está agotado y el señor Bojórquez 
tiene razón y yo voy a escuchar con gusto 
su atinada observación y únicamente diré 
a la comisión: ¿es posible que un preám- 
bulo sea necesario para la Constitución? 

No le ha dado la Cámara un preámbulo a 
dictaminar, le ha dado un proyecto de 
Constitución; pero yo les digo -todos han 
leído algunos libros-, que el preámbulo 
debe hacerse cuando esté acabada la obra, 
no antes; es por esto que yo había suge- 
rido la idea de que retiraran su dictamen 
sobre el preámbulo; pero de esta manera 
nos obligan a los que creemos que Repú- 
blica Mexicana no es lo mismo que Esta- 
dos Unidos Mexicanos -porque tenemos 
esa convicción- a que vayamos sencilla- 
mente a votar en contra de este dictamen. 

- El C. Nafarrete: Pido la palabra, C. 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Nafarrete. 



llamar Estados Unidos Mexicanos, Es muy 
lógico y muy sencillo: el derecho lo dan 
las victorias de las armas mexicanas, por- 
que así lo son las actuales, las revolucio- 
narias, y esa es la razón que hay para que 
se conceda ese derecho, por conducto de 
las armas mexicanas representadas por 
el C. Primer Jefe; es muy sencillo: la forma 
de gobierno unionista que el C. Primer 
Jefe ha iniciado, yo la he entendido de 
esta manera, como unionista: ya retirado 
los satélites de los gobernadores, que 
eran los jefes políticos, que eran los can- 
didatos para comunicarse con los presi- 
dentes municipales, de tal manera que 
ahora los estados mismos van a regirse 
con un sistema unionista. 

En la república que se llamaba antes cen- 
tralista, los mismos gobernadores eran los 
agentes del presidente de la república; esa 
es la razón por la que encuentro yo una 
distinción entre República Mexicana y 
Estados Unidos Mexicanos. El mismo 
Congreso de la Unión tiene la obligación 
de unir los intereses de todos los estados 
y allí vemos más palpable, en el Congreso 
de la Unión, el derecho que nos da la mis- 
ma habla castellana para nombrar a nuestra 
patria Estados Unidos Mexicanos; por- 
que nuestra forma de gobierno es unio- 
nista es sus intereses. 



- El C. Nafarrete: Pregunta el señor Mar- No sólo hay esa palabra en que yo me he 
tínez de Escobar qué derecho hay para fijado, no; precisamente en la soberana 



104 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



de los estados, que relaciona muy bien la 
palabra "República" y soberanía de los 
estados; de manera en que no existe pre- 
cisamente ésta; sino que los estados deben 
ser libres para gobernarse en su régi- 
men interior, por cuya razón no hay sobe- 
ranía es los estados. Si aquí, en este Con- 
greso, resultan lesionados los intereses 
de un estado, tiene la obligación de pasar 
por ello y sujetarse a la unión de los inte- 
reses de los demás; de manera que, si 
insistimos, como está nuevamente inicia- 
do, la política tendente a sostener la 
República Mexicana con los partidos 
centralistas que se están formando en la 
capital de la república, será la que impuso 
la autonomía municipal, es decir, el paso 
más grande que ha dado el Primer Jefe. 

Nosotros hemos venido revolucionando 
y estudiando detenidamente este decreto. 
Cuando él retiró la autoridad de los jefes 
políticos, ya esperábamos nosotros que 
la realidad de las libertades iba a ser un 
hecho; de manera que sí la primera auto- 
ridad que representa las garantías indivi- 
duales es la municipal, quiere decir que 
ésta es un obstáculo que la administración 
pone para que la política no sea centra- 
lista ni en los mismos estados, y precisa- 
mente de allí viene que la Constitución 
que nosotros tenemos que estudiar ahora, 
contenga las únicas facultades que le 



daremos al presidente de la república para 
que los estados no puedan legislar sin 
respetar a esta Constitución que firma- 
mos; por lo tanto, sí hay una obligación; 
antes que la soberanía de los estados, está 
la carta magna que declara Estados Uni- 
dos Mexicanos. ¿Por qué razón ustedes 
se obstinan en sostener el nombre, cuando 
con el sólo nombre renunciamos a la 
autonomía municipal, porque preci- 
samente la nueva política de la nación 
será unionista? 

- Un C. secretario: Se pregunta a la asam- 
blea si está suficientemente discutido, (vo- 
ces: ¡Sí, sí!) Se procede a la votación. 
(Voces: ¡No, no!, murmullos, siseos.) 

- El C. Múgica: Creo que la comisión tie- 
ne el deber todavía de informar a ustedes 
sobre este dictamen, aun cuando sea en 
unas cuantas palabras; quiero simple y 
sencillamente referirme a algo todavía 
no se ha debatido y que creo que la comi- 
sión tiene el derecho de exponer a la 
asamblea. (Voces: Se ha declarado sufi- 
cientemente discutido; ¡a votar!) 

- El C. Múgica, continuando: Señores: 
¿de qué manera le dan a la comisión, le 
encomiendan un asunto tan delicado y 
ahora no le permiten que se explique? 
No comprendo verdaderamente... 



Preámbulo 105 



- El C. Palavicini, interrumpiendo: El ar- 
tículo 106 del reglamento dice que la 
comisión debe empezar por sostener su 
dictamen; la comisión ya ha hablando por 
boca del señor Monzón y de los señores 
Lizardi y Martínez de Escobar, lo que 
quiere decir que por conducto de ellos 
ha sostenido su dictamen; además, la 
asamblea ha declarado suficientemente 
discutido el asunto y, por consiguiente no- 
sotros estaremos muy contentos escu- 
chando al señor presidente de la comisión 
en otro dictamen; pero este lo hemos 
declarado suficientemente discutido y el 
reglamento es el reglamento. 

- El C. Múgica: La comisión no trata de 
sorprender el momento psicológico de la 
asamblea ni imponer de una manera siste- 
mática un dictamen que, bueno o malo 
es sincero; pero cree, y lo expresa por mi 
conducto, que debe tener suficientes 
garantías en la asamblea para que pueda 
cumplir dentro de sus escasas facultades 
con los encargos que se le confirieron y, 
por esta razón, creo que antes o des- 
pués, la comisión tiene derecho a hacer 
aclaraciones. 

- Un C. secretario: Por disposición del 
señor presidente... (Voces: ¡ya está vota- 
do! ¡no hay caso!) 

- El C. presidente, agitando la campanilla: 
tiene la palabra la comisión. 



- El C. Ugarte: Señor presidente si se abre 
nuevamente el debate, que pasen a inscri- 
birse más oradores. 

- El C. Múgica: Señores, la comisión no 
rehuye el debate; está defendiendo una 
idea... 

- Un C. diputado: Señor presidente: ya 
se declaró que está suficientemente discu- 
tido y, por tanto, el señor presidente de 
la comisión debe dejar de hablar. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Múgica, miembro de la comisión. 

- El C. Múgica: Señores diputados: tal 
parece que se trata de un asunto de vida 
o muerte, según es el empeño que hay 
aquí de parte de un grupo de la Cámara 
para aprovechar esos momentos de entu- 
siasmo o de decaimiento en los diputados 
con relación a las ideas que se discuten. 

Yo no creo que sea esto tan importante ni 
que vaya a ser motivo de que se siente 
el precedente de esta sesión de que una 
vez para todos los casos quede la Cámara 
totalmente dividida en dos grupos per- 
fectamente bien definidos; yo no quisiera 
esto, porque las ideas generales que aquí 
traemos son de intereses comunes, que 
atañen a todos igualmente; puedo decir 
que constituyen el ideal sobre el cual mar- 



106 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



chamos y sobre el cual hemos venido a 
este Congreso. Repugno pues, esos pro- 
cedimientos que los parlamentarios expe- 
rimentados están tratando de ejercer 
aquí, donde la mayoría de la Cámara es 
enteramente nueva en estos procedimien- 
tos, y que la buena fe que a estos hombres 
guía, no es más que aquella idea que nos 
llevó a la revolución. (Aplausos.) 

Dice el señor Palavicini que la comisión 
debió haber hablado primero para infor- 
mar. Señores, que ¿Las razones que la 
comisión expuso en ese dictamen no son 
de tomarse en consideración? ¿No equi- 
vale a la voz viva de uno de los miembros 
de la comisión, aun cuando no se haya 
presentado a sostener las ideas que se han 
escrito? Dice el señor Ugarte que la comi- 
sión pretende aprovechar, el momento 
para que los votos se emitan en determi- 
nado sentido. 

Yo no creo, señores, que esta asamblea 
esté compuesta de hombres inconscientes 
que se dejen engañar; creo que todos los 
diputados aquí reunidos vienen, a pensar 
y vienen a decir con toda serenidad y con 
toda independencia su parecer; pero, 
señores, no quiero yo aprovecharme de 
ninguna impresión, no quiero absoluta- 
mente apelar a ningún sistema artificial 
para que el dictamen de la comisión se 
vote; yo quedaré muy contento si la asam- 



blea repudia un dictamen, cuando este 
dictamen no esté conforme con el sentir 
nacional, con el sentir de la revolución; 
pero no seré yo, pues, quien pretenda 
con mi palabra impresionarlos en el sen- 
tido de un dictamen, y voy a referirme y 
a concretarme al motivo que me hizo to- 
mar la palabra para demostrar que aquí 
quedó algo sin discusión, pasó confun- 
dido y que no ha sido objetado por nadie 
absolutamente; me refiero a las palabras 
del señor prosecretario Castaños, que 
llamó a la redacción del dictamen "pesada. " 
que la llamó "insípida," que la llamó "sin 
significación alguna." y yo, señores dipu- 
tados quiero preguntar a ustedes: ¿qué 
significa la fecha del 26 de marzo de 
1913? ¿No significa la alborada de esta 
revolución? ¿No significa un hecho por 
el cual habéis venido todos vosotros a 
este Congreso? ¿No significa la protesta 
soberbia y viril del pueblo y de un gober- 
nador ilustre contra la tiranía, contra la 
tiranía de todos aquellos que en ese mo- 
mento apoyaron a la usurpación y al cri- 
men? (Aplausos.) 

¿Por qué ha de ser pesada la fecha del 26 
de marzo de 1913 en la redacción de esta 
Constitución? ¿No ha de contener este Con- 
greso también su historia misma conden- 
sada en unas cuantas frases, aun cuando 
no sea un verso sonoro? ¿No son las de- 
más fechas, la rectificación que hace el 



Preámbulo 107 



Primer Jefe de los cargos terminantes que 
la división del norte y la convención le 
hicieron para separarse de él diciendo que 
el jefe no tenía un programa revolucio- 
nario, que el primer Jefe no había preten- 
dido más que un restablecimiento del 
orden constitucional, y entonces el Primer 
Jefe reformó el Plan de Guadalupe, cuya 
fecha está en este dictamen, diciendo que 
la revolución era una revolución social? 

¿Y eso es pesado, señores, llevar a la con- 
ciencia de todo el pueblo y a la memoria 
de todas las edades, fechas gloriosas? 
Poco después, señores, el Primer Jefe con- 
sideró que para darle vida, para que cris- 
talizasen todas las ideas de la revolución 
era preciso hacer una nueva reforma, y 
entonces escribió una nueva fecha, que 
aquí está también considerada en este 
preámbulo que está pesado, según ha 
dicho ligeramente, uno de los impugna- 
dores de este dictamen, ¿Qué, pues, seño- 
res, qué hay de pesado en esas fechas que 
debe conocer el pueblo? ¿Qué no son un 
cuento? Está muy bien: ¡Las constitucio- 
nes de los pueblos son literatura árida y 
flamante que va a penetrar a las almas de 
las multitudes! 

Es, señores, todo lo que tenía yo que decir; 
este pensamiento, sobre el cual no se 
había fijado la asamblea todavía, es el 



que estaba pugnando aquí contra la comi- 
sión, la cual declara que no apelará a 
ardides de ninguna especie, que no tratará 
de hacerles atmósfera a sus dictámenes 
y que protesta que cumplirá patriótica- 
mente con el deber de dictaminar sobre 
el proyecto que se le ha presentado e 
incluir en él todos los ideales que palpitan 
en el alma de todo mexicano. (Aplausos.) 

- Un C. secretario: Por disposición de la 
presidencia se consulta si está el asunto 
suficientemente discutido. (Voces: ¡Sí, sí! 
¡No, no!) Las personas que estén por la 
afirmativa que se sirvan poner de pie. 

- El C. Múgica: Señores y compañeros: 
yo les suplico a ustedes que lleven su pa- 
ciencia hasta lo último: yo quiero que se 
siga discutiendo sobre este proyecto, yo 
se los suplico encarecidamente, para que 
no se diga que estén ustedes sugestionados. 

- Un C. secretario: Se han inscrito en con- 
tra del dictamen los ciudadanos Dávalos, 
Rojas y Von Versen. 

- El C. Limón: Señor presidente; se obe- 
dece o no se obedece la resolución de la 
asamblea. Ha habido mayoría. 

- El C. Espinosa: Pido la palabra, señor 
presidente: 



108 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



- El C. presidente: Tiene usted la palabra. 

- El C. Espinosa: Señores diputados: no 
vengo con la erudición del señor Martí- 
nez de Escobar, ni tampoco con la sapien- 
cia del señor Herrera a tratar un asunto 
de suyo difícil y escabroso; sino sencilla- 
mente a poner mi humildísimo concurso 
en este debate, tratándolo bajo el punto de 
vista esencialmente histórico. El C. dipu- 
tado Martínez de Escobar hace la pregunta 
de que por que se considera reaccio- 
naria a la designación de república, en 
lugar de Estados Unidos Mexicanos; para 
los que conocemos algo de historia pa- 
tria, señores diputados, la interrogación 
del señor Martínez de Escobar es sencilla- 
mente ingenua; no vengo con el ánimo 
tampoco de hacer ningún cargo a la comi- 
sión dictaminadora, pues estoy seguro 
que en ella figuran hombres verdadera- 
mente dignos y genuinos representantes 
de la revolución, cuyas ideas vienen aquí 
a cristalizar en un aliento de suprema 
esperanza. 

No, señores, vengo exclusivamente a 
decir lo poco que yo sé respecto a este 
punto constitucional. No sé tampoco si 
estoy en lo cierto, si me acerco a la verdad 
o si estoy en ella; creo únicamente que el 
concepto histórico que yo aquí vierta 
encauzará el debate por el verdadero 
sendero de la verdad. No he querido con- 



fiar a mi memoria fechas verdaderamente 
importantes y por eso voy a tener la pena 
de fastidiar la atención de ustedes dando 
lectura a algunos brevísimos apuntes 
sobre historia patria. (Leyó.) Como uste- 
des ven, juzgo el punto de vista histórico 
con anterioridad a la conquista española, 
y se ve que el suelo mexicano estaba divi- 
dido en tribus que tenían costumbres 
muy diversas y que el territorio tenía una 
delineación geográfica bien marcada y 
enteramente distinta una de otra; esta 
comparación la traigo aquí para ver cómo 
si es correcta la comparación de la deno- 
minación que quiere dársele de Estados 
Unidos Mexicanos y no precisamente por 
imitación a los Estados Unidos de Nor- 
teamérica; sino por antecedentes histó- 
ricos, y por eso he tenido la necesidad de 
venir a tratar la cuestión desde esos 
tiempos tan remotos. 

Después, señores, consumada la conquis- 
ta, bien sabido es de todos ustedes cuál 
fue la forma en que los conquistadores 
se dividieron el territorio mexicano; no 
necesito decíroslo, porque esto es elemen- 
tal. Hechas las encomiendas, divididas 
por porciones las tierras y repartidos los 
hombres por determinado número a cada 
uno de los conquistadores, aquellos siguie- 
ron teniendo desde entonces una división 
bien fija y bien delineada; pero después, 
cuando la propiedad territorial empezó a 



Preámbulo 109 



dar principio, vinieron nuevas demarca- 
ciones y de lo que fueron simples enco- 
miendas se pasó a formar las provincias 
que se llamaron de la Nueva España. 

También está demostrado, de manera 
precisa, que aquí mismo, en un solo terri- 
torio, había demarcaciones geográficas 
bajo un mismo gobierno político; pero 
bien separadas unas de otras. Después de 
esta denominación de provincias de la 
Nueva España vinieron ya otras divisio- 
nes denominadas departamentos, que 
correspondían, con pequeñas diferencias, 
a lo que hoy se conoce con el nombre de 
estados. Después de estas denominacio- 
nes de departamentos vinieron los esta- 
dos con las actuales dimensiones que hoy 
se cuentan. 

Estos antecedentes históricos demuestran 
que hay una consecuencia lógica para la 
denominación de Estados Unidos Mexi- 
canos que desea dársele a la denomi- 
nación patria. 

Ahora contestaré a la pregunta que hacía 
el C. Martínez de Escobar, de que por 
qué la denominación o palabra -aquí sí 
es palabra-, "República" tiene un sentido 
retrógrado. Yo no soy precisamente de 
los que así opinan; pero sí se desprenden 
de esos antecedentes históricos, ciertos 
lincamientos reaccionarios, porque los con- 



gresos que adoptaron esta palabra para 
denominar a la patria, fueron los que estu- 
vieron siempre encabezados por cleri- 
cales o aquellos que tenían tendencias 
centralistas. 

Voy a demostrar con hechos; yo, señores, 
tengo otro concepto de lo que significa 
la palabra "República." En mi humildí- 
sima opinión, es únicamente una forma, 
una forma de gobierno que muy bien 
puede aceptarse sin que se llegue a una 
inconsecuencia, a la nación, dándole la 
denominación de estados unidos, supues- 
to que no es más que una forma de go- 
bierno. Puede ser una república central, 
puede ser una república federal; como ya 
dije, no es más que una forma de gobierno 
que es contraria a la monárquica; es 
cuestión de forma únicamente y de nin- 
guna manera de significación política, 
que es lo que aquí estamos nosotros 
debatiendo. 

El Congreso convocado por Morelos el 
lo. de septiembre de 1818, acordó una 
constitución republicana que publicó en 
Apatzingán, el 22 de octubre de 1814; el 
congreso fue convocado por un caudillo 
revolucionario, por un movimiento que 
no estaba cristalizado en gobierno y tenía 
todas las características de una fuerza 
netamente militar; ese congreso, al tratar 
de toda la federación, dio a las partes del 



110 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



territorio que lo componían, de una ma- 
nera clara y precisa, el nombre de pro- 
vincias de la Nueva España; allí se ve de 
una manera esencialmente liberal bien 
marcada, el por qué se designaban pro- 
vincias de la Nueva España. Después de 
la constitución española de 1812, que 
aquí nos llegó apenas como una ola 
que viniera a besar nuestras tierras y que 
traía principios verdaderamente liberales 
de la constitución de ayuntamientos, 
fue derogada aquí en Nueva España, casi 
al haber llegado, después de haber sido 
puesto en libertad el rey Fernando y repa- 
triado a España; así, pues, esta constitu- 
ción española fue muy poco lo que 
influyó en la vida nacional de México. 

El segundo congreso emanado del Plan 
de Iguala, que se instaló el 24 de febrero de 
1 824, y del que estaba al frente Iturbide, 
tenía entre su seno jefes que represen- 
taban tendencias republicanas, aunque 
en el fondo este congreso defendía un 
principio netamente monárquico. Los 
líderes de las tendencias republicanas 
hicieron grandes esfuerzos porque se 
esbozara, cuando menos allí, la emanci- 
pación política de nuestra patria. Fueron 
Guadalupe Victoria y Guerrero; pero 
nada consiguieron y de hecho este con- 
greso fue también centralista, supuesto 
que el que lo había hecho era nada me- 



nos que Iturbide, quien después de muy 
poco tiempo se declaró emperador. 

El tercer congreso instalado el 7 de no- 
viembre de 1824, adoptó para la forma 
de gobierno la república representativa 
popular y federal; esta constitución es- 
taba inspirada y sostenida por Bravo, Victo- 
ria y Navarrete; había en aquel congreso 
tres tendencias: una por la monarquía 
española, otra por el gobierno central y 
otra por el gobierno republicano federal. 

El cuarto congreso, instalado por Santa 
Arma el 4 de enero de 1835, de una mane- 
ra clara y precisa decía únicamente repú- 
blica mexicana; pero jamás vimos allí la 
locución de Estados Unidos Mexicanos 
ni de provincias de Nueva España. Se veía, 
pues, que la obra de los reaccionarios, 
los representantes de las ideas atrasadas, 
como lo fue siempre Santa Anna, querían 
imponer de una manera bien precisa y 
clara el gobierno absolutista, que es la 
característica de los gobiernos centrales, 
puesto que tienen en un puño todo el 
poder de una nación y hacen de ella como 
si fuera propiedad particular. 

El quinto congreso se instaló como una 
consecuencia, como un resultado del Plan 
de Tacubaya; el 10 de junio de 1842 fue 
la fecha en que este congreso quedó ins- 



Preámbulo 111 



talado y sus tendencias eran netamente 
liberales y allí también se pedía, como una 
necesidad, que las instituciones republi- 
canas fueran netamente federales. En este 
congreso se volvió a repetir la denomi- 
nación de Estados Unidos Mexicanos. 



rápida, vino a resolverse en el triunfo de 
aquellas armas, las que, una vez consti- 
tuidas en gobierno, se adaptaron a la 
Constitución de 1 842, que había sido de 
principios netamente liberales, es decir, 
la Constitución de Tacubaya. 



El sexto congreso, instalado nuevamente 
por Santa Anna el 12 de junio de 1843, 
que tenía al frente al arzobispo Posadas, 
dio como denominación República Mexi- 
cana y como organización la central; he 
ahí como un arzobispo, al frente de una 
asamblea, no tenía más que pedir lo que 
era natural esperar de él, y venía a pedir 
lo que ahora viene a pedir los señores de la 
comisión dictaminadora; sólo que res- 
pecto de los cargos que se le atribuyen a 
esta comisión en mi concepto, no hay en 
ellos ningún dolo; yo los considero repre- 
sentantes muy honrados y representantes 
de una revolución que ha echado por 
tierra dos tiranías: yo no puedo hacer nin- 
gún cargo a estos ciudadanos. 

Después vino el séptimo congreso, insta- 
lado el 30 de junio de 1 846, con el general 
Paredes a la cabeza. Este gobierno, que 
era producto del clero, fue central, con 
pretensiones a monárquico. Contra Pare- 
des se levantó la guarnición de Guada- 
lajara y se unió a ellas la guarnición de 
México; y este movimiento, que tomo 
proporciones alarmantes de una manera 



Después, la República Mexicana se rigió 
con esta constitución hasta la de 1857, 
que es de sobra conocida por todos uste- 
des. A esto no tengo más que agregar 
que, la práctica anterior en nuestra repú- 
blica, aunque por desgracia ha sido un 
mito o una ilusión con la que se ha enga- 
ñado al pueblo, se ha dado la forma de 
federativa reconociendo a cada entidad 
libre y soberana, inspirándose, pudiéra- 
mos decir, en aquel principio de Rousseau 
que decía que en los individuos deberían 
entregar algo de su libertad absoluta al 
que los representara, a cambio de la res- 
ponsabilidad que él tenía para con estos 
individuos que abdicaban, en parte, de 
sus libertades. Esa es la forma de gobier- 
no más alta y es la más democrática; esa 
es la idea del gobierno federativo y así es 
como la pensaron los constituyentes de 
1857; pero, por desgracia, hemos visto 
que con unos paréntesis demasiado efíme- 
ros, hemos vivido siempre bajo el gobier- 
no central más odioso y tiránico, como 
el oprobioso de Porfirio Díaz y el no 
menos oprobioso de la dictadura de la 
usurpación huertiana. 



112 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Sólo en el tiempo del presidente mártir 
pudimos, en realidad, tener en México 
una poca de libertad en cuanto a la sobe- 
ranía de los estados. Esta es la última con- 
sideración que yo puedo hacer sobre este 
tan debatido asunto; la Constitución de 
1 857, de una manera muy clara y precisa, 
dice que los Estados Unidos Mexicanos 
tienen que ser libres y soberanos. Esta 
forma que la constitución le dio al gobierno, 
implícitamente viene a ser la demostra- 
ción más palpable de que si efectiva- 
mente hay una unión entre el gobierno 
del centro y el de los estados, hay también 
una independencia bastante; considera- 
ción que los revolucionarios actuales 
debemos hacer que se respete, puesto que 
es una de las aspiraciones populares. 
(Aplausos). 

- El C. Ramírez: Yo creo que estamos 
perdiendo el tiempo miserablemente y 
ruego al señor presidente mande dar 
lectura al artículo 112 del reglamento. 

- Un C. Secretario: El Artículo 112 del 
reglamento, dice: "Cuando hubieran ha- 
blado todos los individuos que puedan 
hacer uso de la palabra, el presidente 
mandará preguntar si el asunto está o no 
suficientemente discutido. En el primer 
caso, se procederá inmediatamente a la 
votación, en el segundo, continuará la dis- 
cusión; pero bastará que hable uno en pro 



y otro en contra, para que se pueda repetir 
la pregunta." 

- El C. presidente: Tiene la palabra la 
comisión. 

- El C. Colunga: Señores diputados. 
Yo excito la cordura de ustedes para que 
se sirvan no conceder a este debate más 
importancia de la que realmente tiene y 
que yo considero que es bien poca. Han 
venido a dársela el señor Palavicini, por 
una parte, que anunció desde ayer que el 
preámbulo entrañaba una gran importan- 
cia histórica, una gran trascendencia 
política, y, por otra parte, le dio importan- 
cia al debate el señor licenciado Luis 
Manuel Rojas, que vino a dar la alarma 
en falso, a la asamblea, por el prestigio 
que merecidamente tiene en ella. 

El señor licenciado Rojas hizo a la comi- 
sión una imputación en términos de rigu- 
rosa esencia, que importa proceder a 
establecer de una manera sólida esta ver- 
dad: no se necesita el nombre de Estados 
Unidos Mexicanos para que una república 
exista en forma federativa; este hecho 
incontrastable que no ha llegado a ser 
combatido en el debate; como ejemplo, 
yo puedo citar Suiza contra el ejemplo de 
todas las repúblicas latinoamericanas, 
que no han hecho otra cosa que imitar, 
como imitamos nosotros; y sentada esta 



Preámbulo 113 



verdad, que considero irrefutable, es muy 
fácil demostrar que nosotros, los que 
formamos la comisión, no somos repre- 
sentantes de las ideas conservadoras; sino 
de las ideas renovadoras y progresistas, 
porque es una tendencia de la revolu- 
ción la de ser nacionalista, y nosotros 
al proponer que se ponga "Estados uni- 
dos" por "República," no queremos otra 
cosa que quitar una denominación que 
nos liga con la nación vecina. Es indiscu- 
tible que los dos partidos que se han 
disputado el gobierno en toda nuestra his- 
toria, han sido el partido conservador, que 
es el de la traición, y el partido liberal, 
el progresista, que siempre en contra del 
anterior, quiera conservar el nombre de 
Estados Unidos Mexicanos. 

Yo señores, no niego que el partido liberal 
deba conservar sus tradiciones; pero tam- 
bién debo decir que el partido que siem- 
pre se ha desempeñado en conservar sus 
tradiciones, ha sido el conservador, y aquí 
vemos que los mismos partidarios, que 
los impugnadores del dictamen, tratan de 
que se conserve el nombre de estados uni- 
dos sencillamente por tradición, y no han 
aducido otras razones de más peso; el par- 
tido tradicionalista ha sido siempre con- 
servador; ¿vamos nosotros a conservar 
la tradición de una época en que imperó 
en la república el centralismo? Absurdo 
el liberalismo del general Díaz, y sin em- 



bargo, en esa época, en los expedientes y 
en las leyes, estaban la tradición de Esta- 
dos Unidos Mexicanos como un escarnio. 
¿Esa tradición la vamos a conservar? 

No se ha hecho justicia a la comisión, yo 
creo que debemos examinar serenamente 
los argumentos que ha aducido y que son 
eminentemente históricos; hay que tomar 
la forma en que estaba constituida la 
nación en la época en que se hizo inde- 
pendiente; a la hora en que México se 
emancipó no parecía más que una gran 
colonia formada de mezcla de conquis- 
tados y conquistadores que llevaban con- 
sigo el idioma, las costumbres, las leyes 
y hasta la religión del mismo pueblo que 
había ensanchado su dominio; estas pala- 
bras son de uno de los historiadores más 
notables; "México no era más que una 
sola colonia y llevaba consigo el idioma 
y hasta la religión del mismo pueblo 
que había ensanchado sus dominios etc., 
haciéndose protector de nuevas razas." 
(Tomo 3o. de "México a través de los 
Siglos," página 95.) 

El señor Roj as nos ha hablado de que había 
algunas otras provincias que no estaban 
enteramente unidas; nos ha hablado de 
la capitanía de la nueva Galicia. Nunca 
fue capitanía, lo que sucedió fue que en 
la provincia de Nueva Galicia hubo una 
audiencia que conocía de los negocios de 



114 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



la misma provincia; pero nunca hubo ca- 
pitanía, y de todas maneras, la audiencia 
de Nueva Galicia estaba sujeta en mu- 
chos puntos al virrey de la Nueva España. 
El señor Rojas nos ha hablado del mo- 
vimiento iniciado en Nueva Galicia allá 
por el año de 1823; pero yo recuerdo al 
señor Rojas que este movimiento no fue 
exclusivamente de Nueva Galicia; sino 
que fue de todos los estados occidentales, 
porque ya había sonado muy alegre a los 
oídos de las provincias el nombre de repú- 
blica y de que fueran los estados indepen- 
dientes, y en todos se promovieron moti- 
nes de más o menos gravedad, de más o 
menos importancia, con objeto de asegu- 
rar la forma federal; y ¿sabéis cómo se 
calmó esa efervescencia? 

Por un decreto expedido el 2 1 de mayo 
de 1823, que llevaba este proyecto de 
bases de la república federativa, y en ese 
proyecto de bases se fijaba este artículo 
6o.: (Leyó.) Y allí no se habla de Estados 
Unidos. Nada más tengo que agregar, 
señores. Me parece que la cuestión como 
dije al principio, no tiene más que una 
importancia bien escasa; se trata de substi- 
tuir Estados Unidos Mexicanos por Repú- 
blica Mexicana y no hay temor de que 
esta forma dé entrada al centralismo y 
yo apelo a la cordura de la asamblea para 
que se sirva dar por suficientemente dis- 
cutido este asunto. 



- Un C. secretario: Se pregunta si está 
suficientemente discutido este asunto. 

- Un C. diputado, interrumpiendo. Si la 
presidencia se sujeta al reglamento, tendrá 
que permitir hablar a un orador en con- 
tra, supuesto que ha hablado uno más 
en pro. 

- Un C. secretario: Los que opinen que 
está suficientemente discutido, que se pon- 
gan de pie.- Sí está suficientemente discu- 
tido. Que los ugieres avisen a los señores 
diputados que están en los pasillos de 
desahogo, se sirvan pasar al salón, porque 
ha llegado la hora de votar. 

- El C. presidente: Han hablado seis ora- 
dores en contra y cinco en pro. (Una voz: 
han hablado dos en pro y uno en contra. 
Que se lea el dictamen.) 

- Un C. secretario: El dictamen dice así: 
"El Congreso Constituyente, instalado en 
la ciudad de Querétaro, el lo. de diciem- 
bre de mil novecientos dieciséis, en virtud 
de la convocatoria expedida por el ciuda- 
dano Primer Jefe del ejército constitucio- 
nalista, encargado del poder Ejecutivo de 
la Unión, el diecinueve de septiembre del 
mismo año, en cumplimiento del Plan de 
Guadalupe de veintiséis de marzo de mil 
novecientos trece, reformado en Veracruz 
el doce de diciembre de mil novecientos 



Preámbulo 115 



catorce, cumple hoy su encargo, decre- 
tando, como decreta, la presente consti- 
tución política de la República Federal 
Mexicana." 



Los señores diputados que voten en favor 
del dictamen, que se sirvan poner de pie 
y digan "sí" y los que reprueben que digan 
"no." (Se procedió a la votación). 



Resultado de la votación 



Fecha 


Tema 


Tipo de Votación 


A favor 


Contra 


% a Favor 


o en Contra 


Lista de 
votantes 


12/12/16 


Preámbulo 


Mayoría 


56 


108 


34.15 


65.85 


Pro y 
Contra 



Lista Nominal 

PRO: Aguirre Amado, Allende, Alonzo 
Romero, Álvarez, Ancona Albertos, Andra- 
de, Arteaga, Aviles, Bórquez, Calderón, 
Castrejón, Cedano, Cervera, Colunga, 
Dinorín, Espeleta, Espinosa Bávara, 
Ezquerro, García Emiliano C, González 
Alberto M, Guerrero, Hidalgo, Ilizaliturri, 
Jara, Limón, Lizardi, López Guerra, 
Magallón, Manjarrez, Manzano, Már- 
quez, Martínez Epigmenio A., Mayorga, 
Mercado, Monzón, Moreno Bruno, 
Múgica, Navarro Luis T., Pereyra, Prieto, 
Ramírez G, Ramos Práslow, Ramírez 
Villarreal, Recio, Rivera Cabrera, Roble- 
do, Rodiles, Rodríguez Matías, Román, 
Romero Flores, Ross, Ruiz, Tépal, 
Torres, Vega Sánchez y Victoria. 

CONTRA: Adame, Aguilar Antonio, 
Aguilar Cándido, Aguilar Silvestre, 
Aguirre Berlanga, Aguirre Escobar, 



Alcázar, Amaya, Aranda, Barrera, 
Bolaños V, Cano, Cañete, Casados, Cas- 
tañeda y Castañeda, Castaños, Ceballos, 
Cepeda Medrano, Cervantes Antonio, 
Cervantes Daniel, Céspedes, Chapa, 
Dávalos, Dyer, Enríquez, Espinosa, 
Fajardo, Fernández Martínez, Franco, 
Frausto, Frías, De la Fuente, Gámez, 
Garza González, Garza, Garza Zam- 
brano, Giffard, Gómez, Gómez Pala- 
cio, Góngora, González Aurelio L., 
González Galindo, González Torres, 
Guerrero, Gutiérrez, Guzmán, Herrera 
Manuel, Juarico, Labastida Izquierdo, 
De Leija, López Couto, López Ignacio, 
López Lira, López Rosendo A., Loza- 
no, López Lisandro, Machorro y Narváez, 
Macías, Madrazo, Márquez Josafat F., 
Martínez Rafael, Martí, Meade Fierro, 
Méndez, Nafarrate, Navarro Gilberto M., 
Ocampo, Ochoa, Ordorica, Palavicini, 
Palma, Payan, Peñaflor, Peralta, Pérez 
Celestino, Perusquía, Pesqueira, Ramí- 



116 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



rez Llaca, Reynoso, Rodríguez Gon- 
zález, Rodríguez José María, Roel, Rojano, 
Rojas, Rosales, Rosas y Reyes, Rouaix, 
Sánchez Magallanes, Santos, Sepúlveda, 
Silva, Silva Herrera, Solares, Solórzano, 
Sosa, Suárez, Tello, Terrones B., De la 
Torre, Truchuelo, Ugarte, Valtierra, 
Verástegui, Villaseñor Adolfo, Villaseñor 
Aldegundo, Villaseñor Jorge, Villa- 
señor Lomelí, Von Versen, Zavala Dio- 
nisio y Zavala Pedro R. 

Constitución de 1917 



"VENUSTIANO CARRANZA, Primer 
Jefe del Ejército Constitucionalista, 
encargado del Poder Ejecutivo de los 
Estados Unidos Mexicanos hago saber: 

Que el Congreso Constituyente reunido 
el 1 ° de diciembre de 1 9 1 6, en virtud del 
decreto de convocatoria de 1 9 de septiem- 
bre del mismo año, expedido por la Pri- 
mera Jefatura, de conformidad con lo 
prevenido en el artículo 4 o de las modifi- 
caciones que el 14 del citado mes se hi- 
cieron al decreto del 1 2 de diciembre de 
1914, dado en H. Veracruz adicionando 
el Plan de Guadalupe, de 26 de marzo de 
1 9 1 3 , ha tenido a bien expedir la siguiente : 



El C. Primer Jefe del Ejército Constitu- 
cionalista, encargado del Poder Ejecutivo 
de la Nación, con esta fecha se ha servido 
dirigirme el siguiente decreto: 



CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS 

ESTADOS UNIDOS MEXICANOS 

QUE REFORMA LA DEL 5 DE 

FEBRERO DE 1857 



QAtulo Primero 




'APÍTULO I 
"De las garantías individuales" 




'-rtíoi(Á> 



Constitución de 1857 



<&">&> 



Art. I o El pueblo mexicano reconoce que 
los derechos del hombre son la base y ob- 
jeto de las instituciones sociales. En con- 
secuencia, declara que todas las leyes y 
todas las autoridades del país deben 
respetar y sostener las garantías que 
otorga la presente Constitución. 

Proyecto 

Art. I o .- En la República Mexicana, todo 
individuo gozará de las garantías que 
otorga esta Constitución, las que no po- 
drán restringirse ni suspenderse sino en 
los casos y con las condiciones que ella 
misma establece. 



Comentario 

El artículo 1 o de la Constitución de 1857 
siempre fue objeto de polémica. Por una 
parte, estaban quienes sostenían que los 
derechos del hombre eran anteriores al Esta- 
do, que el origen y objeto de las instituciones 
sociales era proteger estos derechos y que 
este principio imperaba en toda la constitu- 
ción. Por otra, se sostenía que este artículo 
era una declaración "metafísica", carente de 
valor positivo y que era en realidad una vague- 
dad constitucional, sin bases "científicas". 

No se trataba sólo de una discusión filosó- 
fica, tenía Importantes Implicaciones polí- 



119 



120 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



ticas. En el fondo, se confrontaban dos 
concepciones distintas de la autoridad. Una 
sujeta en todos sus aspectos a los derechos 
del hombre, otra con capacidad de definir y 
restringir estos derechos; para unos, con la 
Constitución de 1857 sí se podía gobernar 
y su no aplicación se debía fundamental- 
mente al comportamiento tiránico de las 
autoridades, para los otros, el problema 
estaba en el idealismo de esa Constitución. 
(Apéndice documental al Título I). 

Tanto en el Proyecto de Constitución, como 
en el dictamen que la Comisión hizo de este 
artículo, se propuso un cambio radical con 
respecto a 1857. Se adoptó la concep- 
ción positivista de que, en la constitución, 
los derechos del hombre, no sólo debían ser 
definidos en términos más concretos, sino 
que también debían establecerse las 
condiciones en las que, el Estado podía 
suspenderlos. En el debate, lo más desta- 
cado fue la intervención del diputado José 
Natividad Maclas, quien aprovechó la opor- 
tunidad para ampliarla explicación del motivo 
de los cambios que proponía Carranza, en 
materia de garantías individuales y esbozó 
la teoría constitucional que seguía el Proyec- 
to de Constitución, en lo relativo a derechos 
individuales, derechos sociales y derechos 
políticos. 

Sin polémica, el nuevo artículo 1° fue apro- 
bado por unanimidad. 



8° Sesión Ordinaria 11/12/16 

Dictamen 09/12/16 

"Ciudadanos diputados: 

"Comenzando el estudio del proyecto 
de Constitución presentado por la pri- 
mera jefatura, la comisión es de parecer 
que debe aprobarse el artículo I o , que 
contiene dos principios capitales cuya 
enunciación debe justamente preceder a 
la enumeración de los derechos que el 
pueblo reconoce como naturales del hom- 
bre, y por esto encomienda al poder 
público que los proteja de una manera 
especial, como que son la base de las ins- 
tituciones sociales. El primero de esos 
principios, es que la autoridad debe 
garantizar el goce de los derechos natu- 
rales a todos los habitantes de la 
república. 

El segundo, es que no debe restringirse ni 
modificarse la protección concedida a esos 
derechos, sino con arreglo a la misma 
Constitución. 

"De consiguiente, proponemos a la asam- 
blea que dé su aprobación al citado artícu- 
lo del proyecto de Constitución que dice 
literalmente: 

"Art. I o . - En la República Mexicana todo 
individuo gozará de las garantías que 
otorga esta Constitución, las que no po- 



Artículo 1 121 



drán restringirse ni suspenderse, sino en 
los casos y con las condiciones que ella 
misma establece. 

Querétaro de Arteaga, diciembre 9 de 
1916.- General Francisco Múgica.- 
Alberto Román.- L. G. Monzón.- Enrique 
Recio.- Enrique Colunga." 

11° Sesión Ordinaria 13/12/16. 

Debate 

(Se leyó el dictamen.) 

- Un C. secretario: Está a discusión. Las 
personas que deseen hacer uso de la pala- 
bra, pueden pasar a inscribirse. Han pedido 
la palabra los señores Rafael Martínez de 
Escobar, en pro, y Rafael Martínez, 
"Rip-Rip," en contra. 

- El C. Martínez Rafael: Ciudadanos dipu- 
tados: A pocas personas corresponde, en 
el curso de su vida, actuar de un modo tras- 
cendental. Casi todos los seres humanos 
pasan por la vida cumpliendo tan sólo con 
las leyes de la naturaleza, y apenas si 
dejan huellas, apenas si dan lugar a que a 
su muerte haya evocaciones. Unos cuantos 
años después de que han existido, ape- 
nas si hay quien recuerde sus nombres. 

A nosotros, los que formamos esta asam- 
blea por circunstancias especiales, al 



representar diversos pueblos de la repú- 
blica, nos ha correspondido venir a actuar 
de un modo muy interesante, de un modo 
vital, de un modo trascendentalismo. Se nos 
ha encomendado nada menos que trans- 
formar la faz de nuestra patria. 

El indígena ha sido víctima de todas las 
infamias, ha sido objeto de todas las ma- 
las obras de los dictadores, encomen- 
deros, logreros, explotadores. Ese ser de 
tez de bronce que tanto ha sufrido, que 
se le ha alejado siempre de todos los fes- 
tines reales o ficticios del progreso, no 
obstante que es el que tiene mayor dere- 
cho a todo lo que aquí existe, porque 
conserva sin mezcla la sangre de sus 
ancestros, de nosotros lo espera todo; con 
los labios secos y mustios por el cansan- 
cio, por las decepciones; espera que 
nosotros llevemos a su espíritu el juego 
fecundo de la democracia y que armemos 
su brazo con el mejor de todos los escu- 
dos; el Derecho. La justicia, matrona 
augusta, escarnecida, vejada, ultrajada 
por tantos siglos, tiene en nosotros fijos 
sus ojos y espera que repitamos el " ¡Leván- 
tate, Lázaro! " de la leyenda de Cristo. 
¿Y cómo habremos de cumplir con esa 
nuestra misión tan interesante, tan grave, 
de tanto relieve? Sin duda que entregán- 
donos al estudio de los artículos que 
forman la carta magna; unos con toda su 
paciencia, otros con toda su erudición, 
otros, los que no tengamos ni una ni otra 



122 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



cosa, por lo menos con toda nuestra volun- 
tad, con todo nuestro cariño, con todo 
nuestro amor. 

Yo como todos los compañeros, he estu- 
diado, he leído, he releído, he conside- 
rado y reconsiderado todos los artículos 
que forman el proyecto que se ha puesto 
a discusión; desde este primero traigo el 
fruto no sólo de mis anhelos, sino de mi 
estudio, que bien puede ser significación 
o bien no puede ser; pero entiendo que 
precisamente de la presentación que se 
haga ante la honorable asamblea de todas 
las iniciativas, magníficas unas, brillan- 
tísimas las otras, trayendo apenas alguna 
luz unas y otras insignificantes, de ahí 
habrá de surgir la gran obra de esta Cáma- 
ra, porque tendrá la ocasión de ver, de 
juzgar, de justipreciar y seleccionar. 



abertura por donde pueden salirse esas 
esencias. Voy a explicarme. 

De todos nosotros es conocido el hecho de 
que grandes grupos de hombres han sido 
durante muchos años trasladados de los 
lugares de su residencia a las plantacio- 
nes de tabaco del Valle Nacional, a las 
fincas henequeneras de Yucatán, a Quin- 
tana Roo y a otras zonas en donde aquellos 
hombres, desde su llegada, han recibido 
soplos de enfermedades y caricias de 
muerte. ¿Por qué se verificada esto? Por- 
que existía la infamia que se ha conocido 
con el nombre de enganches. ¿Y qué era 
enganche? ¿En qué consistía? Consis- 
tía en un documento que firmaban hom- 
bres, en el que renunciaban a todos sus 
derechos, hasta quedar convertidos en 
miserables esclavos. 



El artículo I o , tal como está redactado 
en el proyecto puesto a discusión, es sin 
duda superior al artículo I o tal como está 
original; pero, señores, encuentro lo si- 
guiente: Tanto un artículo como otro, me 
parece hermosos, rutilantes; me parecen 
una ánfora que contiene esencias precio- 
sísimas; nada menos que los derechos del 
hombre en el texto original y ahora las 
garantías individuales. Sin embargo, esa 
ánfora que contiene tan preciosas esen- 
cias, a mi modo de entender tiene un 
defecto, tiene una deficiencia, tiene una 



Aquellos hombres empuj ados por la igno- 
rancia, muchas veces por la miseria; pero 
en cualquier forma por estulticia, por tor- 
peza, por estupidez, aquellos hombres 
firmaban tales padrones de ignominia y 
eran llevados a esos lugares en donde, 
golpeados, maltratados, ultrajados, más 
bestias de carga que hombres, producían 
enormes ganancias a los explotadores. 
No recibían jamás la caricia de un dere- 
cho; no sentían jamás poseer una garan- 
tía; no tenían en ninguna forma la caricia 
de una satisfacción, y sí, cuando ya no 



Artículo 1 123 



podían trabajar, cuando estaba agotado 
su organismo por la enfermedad que lo 
minaba o cuando las fuerzas ya no eran 
suficientes para hacer que siguieran en 
el trabajo, entonces, como suprema pun- 
tada, se les dejaba que allá, en las galeras, 
tumbados, esperaban que la muerte se 
llegase a ellos y tuviera la gracia de darles 
el beso último, postrero, en su frente. 
¿Porqué acontecía esto, señores? Porque 
como dije antes, por ignorancia o por 
miseria, al recibir unos cuantos pesos 
aquellos hombres renunciaban a las ga- 
rantías, a los derechos, convirtiéndose en 
esclavos. 

Pero no es esto sólo, señores; nosotros, 
los que aquí estamos, la mayor parte sin 
duda que hemos también calzado con 
nuestra firma, con nuestro nombre, pa- 
drones de ignominia. Las dos terceras 
partes, si no es que más de los que vivi- 
mos en ciudades, no tenemos la felicidad 
de poseer casas propias y recurrimos a 
arrendar propiedades a sus dueños. ¿Qué 
nos acontece? Que para poder entrar a esas 
propiedades se nos presentan unos con- 
tratos que nosotros, por inmoralidad sin 
duda, hemos firmado, no una, sino muchas 
veces, renunciando a los artículos sete- 
cientos y tantos, renunciando al código 
de comercio, al de procedimientos civiles 
y a todo lo que se quiera. Eso lo hemos 



hecho nosotros, y naturalmente, que cuan- 
do nosotros lo hemos hecho, lo han hecho 
también una infinidad de personas en 
todos los lugares en donde es necesario 
arrendar casas sea para vivir, sea para 
establecer algún negocio, o para cual- 
quier giro. 

Muchos de nosotros, no en una, sino di- 
versas ocasiones, hemos tenido que recu- 
rrir a pedir dinero prestado, y lo hemos 
conseguido no sólo con el módico rédito 
de veinte por ciento, sino calzando docu- 
mentos renunciando a una porción de 
artículos que nos pudieran favorecer; y 
podrían citarse otros muchos ejemplos, por 
lo que resulta que en materia tan trascen- 
dental como en los casos de enganche, 
como en los casos de obligar a un individuo 
a que vaya a trabajar porque unas veces 
firmando él y otras firmando un extraño 
por él, ha sido la causa para que se renun- 
cien los que antes eran derechos del hombre 
y en casos trascendentales se ve que, aun 
no siendo transcendentales, que en mu- 
chas ocasiones se han renunciado esos 
derechos que la Constitución nos ha 
dado. Para que el artículo I o quede 
redondo, claro, terminante, expresivo y 
práctico, como debe ser podríamos agre- 
gar a los dos primeros conceptos que 
tiene, otro, con lo cual quedaría con- 
cluyente. Los conceptos que forman el 



124 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



artículo I o , son los siguientes: todo ciuda- 
dano tiene lo que antes se llamaban dere- 
chos y ahora garantía. 

La ley puede coartar en determinados 
casos esas garantías y el ciudadano no 
puede renunciar a ellas. Es verdad que 
en el artículo 5 o , por ejemplo, se ha- 
bla de un modo parcial de que el estado 
no reconoce tales o cuales renunciacio- 
nes; que en materia de trabajo sólo po- 
drá durar el convenio un año, y que no 
podrá renunciarse a los derechos políticos 
y civiles. Pero esto también constaba en 
la Constitución de 57; no obstante, se hizo 
todo lo que he dicho y que sabemos es 
perfectamente claro y perfectamente 
cierto. Por otra parte, en nada perdería 
con que en lugar de hacer limitaciones 
parciales en el artículo I o , que es donde 
se instituye, donde se declara terminan- 
temente que todos los ciudadanos tienen 
garantías, allí mismo se hiciera constar 
que esas garantías no son renunciables 
en ningún caso, porque, señores, no por- 
que aquí se va a estudiar la Constitución, 
no porque aquí va a reformarse, no porque 
aquí van a reformarse las leyes, no por- 
que los gobiernos que vengan, no porque 
los ciudadanos encargados de gobernar 
tengan anhelos mucho más altos que los 
que tuvieron los hombres anteriores que 
llegaron hasta la infamia y que se revo- 
caron en tan tremendos hechos, no por 



eso hay que suponer que hemos dado el 
golpe de muerte a la chicana, al chan- 
chullo, a todos aquello ardides que sirven 
para desfigurar las leyes. 

De manera que si nosotros aclaramos el 
artículo Primero, habremos realmente 
cerrado la puerta a todas las infamias. 
Nada pierde el artículo I o , al contrario, se 
hace más claro, más expresivo, más termi- 
nante. De un modo parcial se dice que 
los ciudadanos tienen garantías; también 
podrán precisarse de un modo absoluto 
que no pueden renunciarse en ningún 
caso esas garantías; porque hay que ver 
que esto es una anormalidad. En todas 
las papelerías, en todos los estanquillos, 
como venderse papel rayado y como ven- 
derse sobres, se venden los contratos 
impresos, ese padrón de ignominia. De ese 
modo, decía, aunque hubiera quien se atre- 
viera a presentar, en tantas formas de hacer 
transacciones, un documento en que se 
renunciara a cualquiera de los preceptos 
o reglamentos de las leyes, de todos, repi- 
to, aunque hubiera quien lo hiciera y hu- 
biera quien firmara, tendríamos desde 
luego que no podría ser aceptado; sino 
que sería nulo, por estar precisamente 
expresado claro y de una manera termi- 
nante en el artículo primero que todo 
individuo goza de garantía y que esas 
garantías no pueden renunciarse en 
ningún caso (Aplausos.) 



Artículo 1 125 



- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Martínez de Escobar. 

- El C. Martínez de Escobar: Las consti- 
tuciones indudablemente que son las 
manifestaciones exteriores, las manifes- 
taciones palpables del estado. El estado 
no es otra cosa sino la sociedad orga- 
nizada en estado, contribuyendo a su 
marcha las constituciones, ya sean cons- 
tituciones escritas, sean constituciones 
rígidas, sean constituciones flexibles, sean 
constituciones inviolables o consuetu- 
dinarias, como la Constitución inglesa, 
pero indudablemente que es la consti- 
tución la manifestación exterior de la idea 
de estado. 

Las constituciones, a través de todos los 
tiempos, han venido siendo en algu- 
nos casos transacciones entre los reyes y 
los pueblos, es decir; una transacción 
entre el progreso, en un momento dado, 
que estalla por medio de una revolución, 
y la restauración de las clases conserva- 
doras, que tienen miedo y tiemblan ante 
aquellas emancipaciones que vienen 
proclamando los pueblos en estado de 
rebelión. Ejemplo, la Constitución de 1808 
en España, cuando Napoleón I hizo tem- 
blar a Carlos IV o a Fernando VII y que 
fue rey de allí José, el hermano de Napo- 
león, fue una transacción entre el pueblo 
y el rey. 



En otros casos, señores diputados, las 
constituciones son concesiones o son 
gracias que los reyes hacen a los pueblos; 
tendremos un ejemplo en la Constitución 
de 1814 en Francia, cuando Luis XVIII 
subió al trono restaurado. En otros casos 
tenemos imposiciones de los pueblos a 
los reyes; podremos poner por ejemplo, 
sin duda alguna, la Constitución de 1812 
en España. En otros casos son como en 
las repúblicas, tienen el poder avasallador 
de las Asambleas Representativas, de 
ciertas necesidades políticas en que se 
necesita un sistema Federal para armo- 
nizar así los intereses de las entidades 
locales con una entidad central, como en 
Estados Unidos, como en México, co- 
mo en Suiza, como en Alemania, en donde 
existe el sistema Federal más perfecto. 

Decíamos ayer, señores constituyentes, 
que en nuestro medio, tres constituciones 
tienen gran importancia, gran tras- 
cendencia y gran significación en nuestro 
desarrollo constitucional. La norteame- 
ricana, la Constitución de 1877, que 
indudablemente es la que más influencia 
tiene en nuestras instituciones y de una 
manera especial en nuestra forma de 
gobierno en nuestro sistema de consti- 
tución, en el federalismo y en la forma 
republicana. Decíamos también que la 
Constitución de 1812 tiene gran impor- 
tancia en nuestro desarrollo constitucio- 



126 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



nal. Indudablemente que sí. Quizá sea la 
menos en el momento actual; pero 
sabemos de la lucha entre el centralismo 
y el federalismo. 

El centralismo era algo así como el grito 
formidable del poder del conservatismo, 
del poder conservatista que hemos 
heredado de España. Ahí vemos la in- 
fluencia de la Constitución de España 
sobre nosotros, y la Constitución de 1 793 
de Francia. ¿Cuál es la influencia de la 
Constitución de 1793 de manera especia- 
lísima en cuanto a los derechos del hom- 
bre? Allí se proclamaron esos derechos 
y en nuestra Constitución de 57, si la 
vamos estudiando, no al pasar de la mira- 
da, indudablemente vamos viendo que en 
esa declaración de los derechos del hom- 
bre hay una imitación; pero no una imi- 
tación a propósito, sino una imitación 
inconsciente -digámoslo así-, porque es 
natural que si los derechos del hombre 
surgieron a la maldad del gran tirano 
de los Borbones, aquí también, en vir- 
tud de los grandes despotismos en nues- 
tras instituciones republicanas, surgieron 
los derechos del hombre como limita- 
ción del poder público; esos derechos, 
que son parte integrante de la naturaleza 
humana, que son el elemento constitutivo 
del hombre, que en algunas partes se sos- 
tiene que son ilegislables, porque hay 
algo que no se le puede quitar al hombre. 



Entre nosotros, en toda la ley constitucio- 
nal, señores diputados, que es la ley fun- 
damental de los pueblos, porque allí se 
plasma nuestras instituciones, nuestras 
costumbres cívicas, nuestros usos porque 
allí se condensa el alma de la vida nacio- 
nal, el alma de la vida de la patria; en 
toda ley fundamental venimos distin- 
guiendo tres elementos: el reconocimiento 
de derechos, limitaciones del poder pú- 
blico, forma u organización de los pode- 
res, manera de constituirlos, división de las 
mismas facultades que tiene cada uno de 
ellos y la manera de hacer efectiva aquellas 
garantías individuales que se reconocen 
al hombre frente al poder público. Si no- 
sotros vemos nuestra Constitución, indu- 
dablemente que se distinguen tres clases 
de principios; el derecho social, el dere- 
cho político y el derecho administrativo, 
si se me permite la frase, aunque quizá 
no sea muy exacta; pero no encuentro otra 
que pudiera plasmar la idea que voy a 
emitir. Principio de derecho social es todo 
eso que se llama derechos del hombre o 
garantías individuales; yo más bien no le 
llamaría a este conjunto de disposiciones 
que integran todos estos artículos, no le 
llamaría garantías individuales, le llama- 
ría yo, de las garantías constitucionales. 

En estos artículos está el principio del 
derecho social, sin discusión: son dispo- 
siciones que han determinado la libertad 



Artículo 1 127 



del individuo en la sociedad, en tanto que 
esta sociedad así constituida vino a res- 
tringirse la libertad individual en pro- 
vecho de la libertad social. Principio del 
derecho político, o sea la forma de organi- 
zación, la forma de gobierno y principio 
de derecho administrativo, el derecho 
político dinámico, si se me permite la 
palabra, y el otro derecho político está- 
tico; uno derecho político en acción; ya 
una vez perfectamente explicadas cuáles 
son las facultades de esos poderes, ya en 
acción, ya funcionando, los derechos del 
hombre entre nosotros indudablemente 
que ha sido la gran conquista, monu- 
mental, la conquista gloriosa, la con- 
quista soberbia de una reacción contra el 
poder tiránico, de una reacción contra 
el despotismo; pero sabemos nosotros, 
ya lo decía el elocuente orador señor 
Martínez, cuál ha sido la condición del 
indio, indudablemente muy dolorosa, indu- 
dablemente muy amarga. 

En la época colonial, si nosotros estudia- 
mos las condiciones sociales de las di- 
versas clases existentes, se ve que las 
unas son hermosas y las otras tristemente 
amargas. Vemos al conquistador, al titán 
de la espada, vemos al militar preto- 
riano de la conquista, a las clases cleri- 
cales, a las clases dominadoras, en una 
condición económica y social verdade- 
ramente envidiable; y vamos abajo, a las 



otras clases, vamos al criollo, al mismo 
criollo, al mestizo y vemos que las con- 
diciones sociales de éstos son entera- 
mente distintas, que son enteramente 
pobres con relación a las condiciones so- 
ciales de los conquistadores; pero donde 
el contraste se ostenta monstruoso es 
cuando bajamos la mirada hacia la cima 
en que se encontraba el indio. 

El indio siempre fue sorprendido por to- 
das nuestras auroras y por todos nuestros 
crepúsculos en la misma triste situación. 
Siempre el indio fue el siervo de la gleba, 
el esclavo de la iglesia, el esclavo del 
encomendero. Cuando aquellas clases 
conquistadoras levantaban palacios y 
casas señoriales ya en las haciendas, ya 
en las ciudades, ¿Qué era el indio, señores 
diputados? No era más que el que lamía 
las cadenas, no era más que el que sopor- 
taba todas las fatigas, no era más que el 
que iba construyendo sobre sus espaldas, 
sin tener beneficio absoluto, y con rela- 
ción al clero el indio era sólo el que levan- 
taba las iglesias. La condición social del 
indio era muy triste, muy dolorosa, muy 
amarga, y sólo así puede explicarse que 
cuando el grito de rebelión lanzado por 
Hidalgo, por la exaltación religiosa, por la 
exaltación de la sangre, por la exaltación 
de la patria, aquella clase indígena, siem- 
pre entristecida y siempre dolorida, si- 
guió en muchedumbre inmensa a aquel 



128 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



hombre, y hasta con palas y sin armas, con 
palos, con todo lo que encontraban, se 
lanzó sobre el conquistador y tuvieron 
lugar aquellos actos heroicos tan inmen- 
sos, tan grandes y extraordinarios. 

¿Por qué? Porque siempre tenía a su vista 
la inmensa boca del abismo que los iba a 
tragar; y si nosotros hemos venido anali- 
zando nuestra historia, indudablemente 
vemos que después de la independencia 
el indio siguió enteramente igual y las 
clases conquistadoras siguieron domi- 
nando. ¿Hasta cuándo, pues señores dipu- 
tados, por medio de una reacción se 
mejorará la condición de esta clase que 
las otras clases han venido vejando? 
¿Cómo mejorar su condición? Induda- 
blemente que en todo este periodo de 
anarquía formidable hasta antes del 57, 
siempre esa condición fue comple- 
tamente triste. Se me dirá que también 
después del 57; es verdad, porque no era 
posible que se mejorara de la noche a la 
mañana. 



desde entonces vienen existiendo los de- 
rechos del hombre: ya vemos cómo la liber- 
tad, la propiedad, la seguridad, la igual- 
dad, ese conjunto de manifestaciones 
liberales de los derechos del hombre que 
se distingue en esos veintinueve o veinti- 
ocho artículos de la Constitución, son el 
derecho de esas clases. Que entre noso- 
tros no se hayan podido llevar a la prác- 
tica, es indudable, porque los gobiernos 
han sido enteramente tiránicos y despó- 
ticos y ellos mismos han contribuido a 
que aquellas leyes sean letra muerta, sean 
papeles mojados, y aquellas leyes no 
lleven dentro de sí el espíritu que las dicta. 

El cambio de forma que se da al artículo, 
indudablemente que es bueno. El artículo 
anterior decía: "El pueblo mexicano reco- 
noce que los derechos del hombre son la 
base y el objeto de las instituciones socia- 
les. En consecuencia, declara que todas 
las leyes y todas las autoridades del país 
deben respetar y sostener las garantías que 
otorga la presente Constitución." 



En un momento dado surgió una ley que 
vino a poner remedio a esta necesidad 
social. Pero no pudo ser, dada la condi- 
ción psicológica, dada la falta de cultura, 
que en un momento dado aquella ley tan 
hermosa y sublime, como por encanto 
mágico mejorara en lo absoluto aquella 
clase social. Pero es una verdad que ya 



Esto, sencillamente, es una redacción iló- 
gica, torpe, porque es claro que los dere- 
chos del hombre son la base y el objeto 
de las instituciones, porque es indudable 
que las instituciones sociales se hacen 
para salvaguardar, para beneficiar al hom- 
bre, para prosperidad del hombre; el 
estado no se constituye para protección 



Artículo 1 129 



del estado; el gobierno no se constituye 
para protección del propio gobierno pero 
del hecho de que los derechos del hombre 
sean la base, ¿Se puede creer que las auto- 
ridades respeten las garantías de la Cons- 
titución? 

No, señores. No son verdad las garantías 
individuales. Al artículo de la Constitu- 
ción de 57 bien pudo dársele otra forma; 
pero nunca debe decirse que las leyes y 
autoridades deban respetar y otorgar las 
garantías de manera especial al individuo, 
mejorar al individuo; porque tras ellos 
se ve como un beneficio y esto es si sola- 
mente se trata de proteger al individuo, 
de la sociedad, al conjunto de elementos 
ya acordes para respetar la misma liber- 
tad individual en provecho de la libertad 
social. Por eso decía ya que era prin- 
cipio de derecho social y había pensado 
bien; no merecería la pena decirlo, por- 
que no debemos impresionarnos de las 
palabras; ni siquiera está bien dicho. 
"De las garantías individuales" debe de- 
cir " De los derechos del hombre," nada 
más. 

Así nuestra Constitución no está bien; dice 
nada más de las garantías individuales, 
yo ya he dicho la palabra que debe usar- 
se en lugar de "Individuales. " Y digo que 
no está bien dicho, porque la palabra es 
"Constitucionales;" porque las garan- 



tías en esos artículos, la garantía genérica, 
la que sí existe de una manera efectiva, 
es la garantía constitucional, porque en esa 
garantía constitucional, que es genérica, 
concurren y coexisten dos clases de garan- 
tía; las garantías individuales y las ga- 
rantías sociales. En esos artículos vemos 
en cada pensamiento una libertad palpi- 
tante: en algunos, todos enteros, vemos 
una limitación completa al individuo en 
beneficio de la sociedad; ya es una garan- 
tía netamente social. Si, pues, la garantía 
constitucional es la garantía individual, 
es la garantía social, la palabra correcta 
sería garantía constitucional: pero no viene 
al caso porque no tiene mucha impor- 
tancia la palabra. 

Es indudable que este artículo sí está bien 
redactado, sí es lógico, sí es conceptuoso. 
La redacción del 57 es acariciadora, arrulla 
a los oídos como música del cielo, em- 
briaga a las multitudes, al que las lee, 
al que gusta de leerlas, al que gusta de la 
belleza: Seguramente al C. diputado Cra- 
vioto le debe producir una hermosísima 
y encantadora impresión. A mí también 
me causa esta impresión, aunque no soy 
artista, encuentro esa redacción sublime, 
es bellísima, es perfumada: pero debemos 
despojar nosotros a esos artículos de esa 
retórica, de ese estilo platónico, de ese len- 
guaje galano, que es más bien romántico; 
es lo que hemos heredado de la Consti- 



130 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



tución francesa, porque quedó ahí el 
espíritu latino, amante de las frases sono- 
ras y bellas. Pero el artículo, en sí, con- 
tiene lo que debe contener, responde de 
una manera intensa a los anhelos del 
pueblo; las garantías individuales, porque 
ellas son la base de todas nuestras insti- 
tuciones. ¿Los gobiernos necesitan para 
el bienestar del individuo, protegerlo? 
Pues ahí están las garantías individuales 
y no se suspenderán sino cuando surja una 
necesidad política y social. 

Respecto a lo que dijo el C. diputado Mar- 
tínez en relación a esos hechos, induda- 
blemente ciertos, indudablemente ver- 
daderos entre nosotros, realmente yo no 
sé que esas garantías sean renunciables, 
y no tienen por qué renunciarse las garan- 
tías individuales. Las garantías individua- 
les no son renunciables; son como el 
derecho de recibir alimentos, que no se 
puede renunciar. Es la parte fundamental, 
es la parte principal de la Constitución, 
que nosotros tenemos que examinar antes 
de escribirla, porque no hemos estudiado 
lo suficiente, como Inglaterra, como los 
Estados Unidos, como otros pueblos, por- 
que aquellos pueblos evolucionan política 
y físicamente dentro de su régimen 
solemne, dentro de su régimen de cons- 
titución meramente rígida. 

Entre nosotros no necesitamos que 
nuestros gobernantes y cada uno de noso- 



tros estemos viendo a cada momento que 
esos derechos deben ser respetados, por- 
que es indispensable, porque no hemos 
evolucionado lo suficiente; quizá mañana 
no tengamos necesidad de estar poniendo 
constantemente ese derecho, esa garantía 
que forma parte integrante de nuestra 
naturaleza jurídica, de nuestra naturaleza 
social, y bien venido sea el día en que no 
tengamos necesidad de redactarlo, por- 
que quiere decir que ya estará en la concien- 
cia individual, en la conciencia nacional. 
Respeto esas garantías; pero, en fin, si 
realmente una adición como la que pro- 
pone el señor Martínez, dado nuestro me- 
dio social, es necesaria para garantizar 
todas aquellas leyes, ya que en la socie- 
dad siempre son letra muerta, no habría 
inconveniente en que se hiciera. 

Yo quería decir nada más, que creo que 
esas garantías no son renunciables, las 
garantías individuales, aquellas que se 
refieren meramente a los derechos del 
hombre, creo que no son renunciables 
pero en el caso que así sea yo creo que 
hay otras disposiciones en la misma Cons- 
titución que viene llenando esa necesidad 
de que nos habla el señor Martínez; pero 
lo que él propone sí realmente es una 
necesidad, es un agregado para mejorar 
nuestra Leyes y ningún inconveniente 
debemos tener en hacerlo si se trata ver- 
daderamente de hacerlo real y efectivo; de 



Artículo 1 131 



manera que he hablado como ustedes ven, 
en pro de la redacción del artículo y de la 
necesidad que ha existido de que sí se ven- 
gan haciendo palpables esas garantías 
individuales. 

- Un C. secretario: ¿Hay otra persona que 
tome la palabra en contra del dictamen? 



vención y con una poca de calma, hubiera 
leído atentamente el artículo, vería que 
contiene exactamente lo que desea que se 
le arregle. Dice el artículo: 

"En la República Mexicana todo indivi- 
duo gozará de las garantías que otorga 
esta Constitución." 



- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
diputado Macías. 

- El C. Macías: Señores diputados: No pen- 
saba tomar parte en este debate; pero 
he tenido que contrariar mi propósito, en 
atención a que es necesario que cons- 
ten en los antecedentes del artículo a 
discusión los motivos especiales que 
determinaron al C. Primer Jefe a redac- 
tar ese artículo en los términos en que se 
encuentra. Pero antes de entrar en esta 
explicación, voy a contestar en breve 
palabra las objeciones que el señor dipu- 
tado "Rip Rip"-no recuerdo su nombre-, 
formuló en contra del artículo. A este 
apreciable compañero aterrorizado por 
todo los sufrimientos que ha tenido en 
este país la clase obrera, le parece que 
no hay garantía posible en la Constitución 
para que estos males no puedan repetirse 
en lo sucesivo; pero en medio del horror 
que esos males le causan, ha olvidado leer 
el artículo en los términos en que está 
concebido. Si su señoría, con menos pre- 



De manera que no habría en México indi- 
viduo alguno que no gozara de estas 
garantías. 

Hay leyes que no podrán restringirlas. 

Las que no podrán restringirse ni 
suspenderse." 

Y luego añade el artículo: 

" Sino en los casos y con las condi- 
ciones que ella misma establece." 

De manera que, para que estas garantías 
que otorga la Constitución al hombre pue- 
dan suspenderse, es condición indis- 
pensable, forzosa, que no pueda salvarse 
en ningún caso en que la misma Consti- 
tución haya fijado aquel en que se suspen- 
da y que esa suspensión se haga con las 
condiciones que ella exige. Las garan- 
tías aquí otorgadas no pueden suspen- 
derse ni restringirse, sino en los casos y 
condiciones que el artículo señala. Estas 



132 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



garantías tienen por objeto proteger al 
individuo y tienden a sacarlo de la garra 
de la opresión en que ha vivido. Esto, se- 
ñores diputados, es demasiado elocuente; 
esto es, señores diputados, la Constitución 
tal como el C. Primer Jefe la presenta. 
Bastará ligeramente hacer relación a 
algunos artículos, para que se vea que el 
citado Primer Jefe, conocedor profundo 
de esas necesidades, han querido satis- 
facerlas, como lo dijo aquí la noche me- 
morable del primero de este mes, de una 
manera completa, absoluta, y van ustedes 
a verlo. 

No voy a ocupar la atención de ustedes 
mucho tiempo, pues basta hacer algu- 
nas ligeras observaciones para dejar ese 
punto perfectamente esclarecido. El ar- 
tículo 5 o dice: 

"Nadie podrá ser obligado a prestar tra- 
bajo personales sin la justa retribución y 
sin su pleno consentimiento, salvo el 
trabajo impuesto como pena por la auto- 
ridad judicial. "En cuanto a los servicios 
públicos, sólo podrán ser obligatorios, en 
los términos que establezcan las leyes 
respectivas, el de las armas, los de jurado 
y los cargos de elección popular, y obliga- 
torias y gratuitas las funciones electorales. 

"El estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o convenio 



que tenga por objeto el menoscabo, la 
pérdida o el irrevocable sacrificio de 
la libertad del hombre, ya sea por causa 
de trabajo, de educación, o de voto reli- 
gioso. La ley, en consecuencia, no reco- 
noce órdenes monásticas, ni puede 
permitir su establecimiento, cualquiera 
que sea la denominación u objeto con que 
pretendan erigirse. 

"Tampoco puede admitirse convenio en 
el que el hombre pacte su proscripción o 
destierro, o en que renuncie temporal- 
mente o permanentemente a ejercer deter- 
minada profesión, industria o comercio." 

El artículo antiguo, tal como salió de las 
manos de Juárez, y hoy como ha salido 
de las manos de Carranza, trae otra con- 
quista que bastaría por sí sola para levan- 
tar al Primer Jefe a la altura de la inmorta- 
lidad y hacerlo enteramente igual a los 
antiguos partidarios de las libertades mexi- 
canas; porque señores diputados, no 
había casa de comercio, no había hacien- 
da, no había empresario que, al contratar 
con un trabajador la prestación de 
determinados servicios, no le exigiera la 
renuncia del derecho de que no volvería 
a trabajar en una fábrica o en un comercio 
similar. Se pactaba allí que el hombre no 
volvería a comprometerse absolutamente 
en ningunas condiciones, a un trabajo en 
que viniera a hacerle competencia, y eso 



Artículo 1 133 



era depresivo para la libertad humana, y 
el Primer Jefe dice de una manera categó- 
rica: esos actos son contrarios a la libertad 
humana, y los ha proscrito para siempre. 

Pero no ha bastado, señores diputados; 
quedaría trunca la labor. ¿Qué he venido 
a hacer aquí? Únicamente, no a defender 
el artículo, que no lo necesita; sino a expli- 
car la labor del Primer Jefe. Voy a hacer 
otras relaciones que son enteramente 
importantes; en este mismo artículo se 
dice: "El contrato de trabajo sólo obligará 
a prestar el servicio convenido por un 
período que no exceda de un año, y no po- 
drá extenderse en ningún caso a la renun- 
cia, pérdida o menoscabo de cualquiera 
de los derechos políticos o civiles." 

Esta es otra conquista de la libertad; aquí 
está de nuevo la resolución inquebran- 
table del Primer Jefe, de levantar de la 
postración en que ha vivido durante lar- 
gos años a ese pobre pueblo humilde y 
trabajador que se llama el pueblo mexi- 
cano. De manera que éstas sí son conquis- 
tas positivas, y ya verá el señor "Rip-Rip" 
que aquí están enteramente protegidos 
todos los derechos del hombre. Pero 
vamos adelante. 

Dice el artículo 5 o : 

"Nadie podrá ser obligado a prestar tra- 
bajos personales sin la justa retribución 



y sin su pleno consentimiento, salvo el 
trabajo impuesto como pena por la auto- 
ridad judicial. 

"En cuanto a los servicios públicos, sólo 
podrán ser obligatorios en los términos 
que establezcan las leyes respectivas, el 
de las armas, los de jurado y los cargos de 
elección popular, y obligatorias y gratui- 
tas las funciones electorales. 

"El estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o con- 
venio que tenga por objeto el menoscabo, 
la pérdida o el irrevocable sacrificio de la 
libertad del hombre, ya sea por causa de 
trabajo, de educación o de voto religioso. 
La ley en consecuencia, no reconoce órde- 
nes monásticas, ni puede permitir su 
establecimiento, cualquiera que sea la 
denominación u objeto con que preten- 
dan erigirse. 

"Tampoco puede admitirse convenio en 
el que el hombre pacte su proscripción o 
destierro, o en que renuncie temporal o per- 
manentemente a ejercer determinada pro- 
fesión, industria o comercio. 

"El contrato de trabajo sólo obligará a 
prestar el servicio convenido por un perío- 
do que no exceda de un año, y no podrá 
extenderse en ningún caso a la renun- 
cia, pérdida o menoscabo de cualquiera 
de los derechos políticos o civiles." 



134 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



De manera que está enteramente prohi- 
bido, no solamente está mandado, que se 
respeten estas garantías y que estas garan- 
tías no se suspendan ni restrinjan sino en 
los casos y en las condiciones que la mis- 
ma Constitución establece, sino que está 
terminantemente prohibido que puedan 
celebrarse tratados con las potencias 
extranjeras en los cuales se alteren de 
cualquiera manera estas garantías. Y bien, 
es un principio de derecho público que 
todo lo que al derecho público atañe no 
está al alcance de la autoridad, ni mucho 
menos puede estar al alcance de los 
particulares. De manera que sería una 
redundancia tonta que nos expusiéramos 
de nuevo al ridículo si fuéramos a combi- 
nar aquí una limitación que está sobre la 
propia naturaleza de las cosas, y esto en 
el supuesto de que no estuviera expresado 
en los hermosos conceptos con que lo ha 
redactado el C. Primer Jefe. 

Creo, señores que con esto queda contes- 
tada la observación del diputado Mar- 
tínez; pero tengo que hacer otras obser- 
vaciones con el objeto de establecer la 
teoría sobre el artículo I o de la constitu- 
ción de 1857. Decía: "Los derechos 
naturales del hombre, son la base de las 
instituciones sociales." No sólo tenía el 
defecto que con toda razón le encontró 
el señor diputado que me precedió en el 
uso de la palabra; tiene este otro inconve- 



niente gravísimo; que como la constitu- 
ción no hace la enumeración de los dere- 
chos naturales, todo el mundo creyó ver 
en esto, que no había derecho que no 
estuviera aprobado por la Constitución; 
de manera que no solamente se creyó que 
estaban aprobados los derechos propia- 
mente fundamentales; sino estaban com- 
prendidos todos los derechos secundarios 
y políticos, y de ese error surgieron multi- 
tudes de dificultades. 

El derecho individual quiso extenderse a 
otra clase de derechos y la justicia federal 
se vio de tal manera solicitada, que era 
imposible que pudieran resolverse todas 
las cuestiones que con este motivo se pre- 
sentaron. La redacción de este artículo dio 
lugar a que el inmortal Batalla formu- 
lara un dicho tan conocido por nosotros, 
"Ni están todos los que son, ni son todos 
los que están. "Porque hay en la sección 
primera derechos que no son naturales, 
si no que son políticos, y no están todos los 
derechos naturales, porque una certeza 
expresa no ha habido sobre este punto. 

La conclusión a que se ha llegado, es 
que el hombre tiene un derecho funda- 
mental, que es el derecho a la vida, y en 
este derecho está comprendido el derecho 
a la libertad, el cual se traduce por el dere- 
cho a todas las necesidades naturales del 
individuo. Hay que rehuir cuidadosamen- 



Artículo 1 135 



te todas estas discusiones filosóficas que 
no sirven más que para hacer confusión de 
las ideas e inducir a errores que siem- 
pre son perjudiciales para los pueblos, y 
venir a una cosa práctica y positiva. Las 
constituciones no necesitan declarar cuá- 
les son los derechos; necesitan garantizar 
de la manera más completa y más abso- 
luta de todas las manifestaciones de la 
libertad, por eso deben otorgarse las ga- 
rantías individuales, y esto es lo que se ha 
hecho en el artículo que está a discusión. 

Hay todavía más; la constitución de 57, 
en su redacción del artículo I o , decía; 
"Los derechos naturales del hombre son 
la base y el objeto de las Instituciones 
sociales." Pues bien, si los derechos natu- 
rales del hombre son la base y el objeto 
de las instituciones sociales, quiere decir 
que a la hora que esa base falta, la socie- 
dad estalla; era, pues, un absurdo que a 
renglón seguido dijera el artículo I o : 
"Todas las autoridades y todas las leyes 
del país deben respetarla," y luego, esta- 
blecer en el artículo 29 que todos estos 
derechos pueden suspenderse en un caso 
dado. Esta contradicción tan manifiesta, 
que con toda la razón señalaba el señor 
Martínez de Escobar, dio origen, señores 
diputados, a que los tratadistas de todo 
el mundo se burlaran de nuestra Constitu- 
ción, de que señalaran a los ilustres cons- 
tituyentes de 57 como hombres que no 



supieron lo que traían entre manos y que 
no supieron siquiera formular la base 
fundamental sobre la cual debe descansar 
el derecho de la sociedad y las institucio- 
nes de un pueblo. 

Todo esto ha desaparecido en el artículo; 
en el fondo están reconocidos los dere- 
chos naturales del individuo, sea que estos 
derechos sean de este, o de aquel, o de 
cualquier otro, sea que fueran de ocho, 
diez, veinte o cincuenta; todos están reco- 
nocidos allí porque las garantías que otor- 
ga la sección primera son para respetar 
las diversas manifestaciones de la libertad 
humana. Pero tiene todavía otra ventaja 
el artículo, y esta ventaja es enteramente 
trascendental para poder ponerla fuera de 
toda discusión, para que no dé lugar a 
confusiones peligrosas que, como dije 
antes, siempre redundan en perjuicio de 
las naciones, y es que viene a determinar 
de una manera clara y terminante, cuáles 
son la garantías que pueden suspenderse 
en un momento dado, en cuanto sea nece- 
sario, para salvar los peligros que amena- 
cen a la nación. 

Decía el señor Martínez de Escobar que 
no debían Llamarse garantías "Individua- 
les," sino "Garantías sociales constitucio- 
nales," y este es un error gravísimo, tras- 
cendental, que no puedo dejar de pasar 
desapercibido, por que nos llevaría a una 



136 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



confusión desastrosa, a errores terribles, 
que influirían incuestionablemente, de una 
manera decisiva en la formación de mu- 
chos de los artículos que vamos a estudiar 
atentamente para hacer las reformas pro- 
puestas por el Primer Jefe. 



Por eso es que los tratadistas modernos, 
hombres que han profundizado esta cues- 
tión de una manera minuciosa, ya no opinan 
que se llamen garantías individuales, sino 
derechos del hombre, en la constitución 
política de los pueblos. 



El derecho constitucional supone dos 
puntos elementales que va a combinar 
el individuo como directo combinante del 
estado; la nación y el gobierno. De mane- 
ra que son los tres elementos forzosos que 
entran en la composición constitucional 
política. No puede haber ni ha habido en 
parte alguna, jamás, una constitución polí- 
tica, de cualquier pueblo que sea, ya se 
trate de una dictadura, ya se trate de un 
imperio o de un gobierno libre, que no tenga 
forzosamente esos elementos: el indi- 
viduo, la nación y el gobierno. Son tres 
elementos inconfundibles y es precisa- 
mente a los que me voy a referir, para 
poder desvanecer la confusión en que ha 
incurrido el apreciable señor licenciado 
Martínez de Escobar. El individuo que 
es, como dicen los tratados, la molécula, la 
parte principal componente del estado, 
tiene que quedar por completo fuera de la 
nación, fuera del estado, de manera que 
ni la nación, ni el gobierno, ni el estado 
podrán tener alcance alguno sobre el 
individuo. 



Este es el rubro que aconsejan varios tra- 
tadistas modernos; el C. Primer Jefe 
creyó que era más claro el rubro: "De las 
garantías individuales," porque habiendo 
los tres elementos, el individuo, la nación 
y el gobierno, hay garantías individuales 
que ven al individuo, al elemento del dere- 
cho constitucional que se llama indivi- 
duo: Hay garantías sociales que son las 
que ven a la nación, a todo el conjunto, a 
todo el conglomerado de individuos, y hay 
garantías constitucionales o políticas, que 
se van ya a la estructura, ya a la combina- 
ción del gobierno mismo. 

Al decir, pues, como el señor Escobar, 
garantías individuales constitucionales, 
daríamos lugar entonces a que se viniera 
a pedir amparo cuando se viole verdade- 
ramente una de las garantías constitu- 
cionales, o podríamos dar lugar a que se 
procese ampara cuando se violase una 
garantía social. Ni las garantías sociales 
ni las constitucionales están protegidas 
por el amparo: no están protegidas por el 



Artículo 1 137 



amparo más que garantías individuales. 
Las otras garantías, sociales, políticas o 
constitucionales, están garantizadas por 
la estructura misma y por el funcio- 
namiento de los poderes. 

Voy a explicarme para poder hacerme 
más claro. Bien; la nación es el otro 
elemento del derecho constitucional; la 
nación no es el Gobierno, la nación, no 
es el Estado, la nación es algo superior al 
Estado, es algo superior al gobierno; no 
obstante que la nación está sometida al 
gobierno, conforme a los preceptos de 
la estructura constitucional, la nación 
es la que nombra los poderes públicos, la 
nación es la que tiene la potestad supre- 
ma, el derecho supremo en todo lo que a 
la nación le corresponde; pero como la 
nación no puede ejercer ese poder, viene 
a constituir el órgano que se llama go- 
bierno, y el gobierno es entonces el que, 
en representación de la nación, y de 
acuerdo con los cánones que está le fija, 
viene a ejercer ese poder que la nación 
misma no puede ejercitar; de manera que 
ya ven ustedes la diferencia tan funda- 
mental que hay entre la nación y el 
gobierno, entre el gobierno y la nación, 
entre la nación y el individuo y el estado. 
Son los tres elementos constitutivos del 
derecho constituyente y, vuelvo a repe- 
tirlo, porque es fundamental. 



La nación tiene el derecho electoral, la 
nación tiene la manera de decir, cómo y 
en que forma expresan su voluntad sobe- 
rana, para instruir a los mandatarios que 
han de ejercer el poder, y esta es una ga- 
rantía social, es una garantía enteramente 
política, no constitucional y esta garan- 
tía política no está protegida por el am- 
paro. Esta garantía se protege por la 
ilustración propia del pueblo; un pueblo 
que no tiene ilustración o un pueblo que no 
tenga valor, es un pueblo indigno, que 
no merece las garantías políticas, por- 
que no tiene valor para defenderlas o 
porque no tiene el conocimiento bastante, 
la ilustración suficiente para ejercitar sus 
derechos. Esta es otra garantía entera- 
mente distinta de la garantía individual y 
esta garantía política no está defendida 
por el derecho del amparo, como lo están 
las garantías individuales. 

Ahora voy a hablar sobre las garantías 
individuales; pero antes de hablar de 
éstas, permitidme que insista sobre este 
punto. Hay otro derecho, otra garantía 
que es la que la nación tiene para influir 
sobre el gobierno; la opinión pública, la 
prensa, son los órganos de oposición, las 
asociaciones, uniendo a las confedera- 
ciones con el objeto de obligar al gobier- 
no a que siga determinada política con el 
objeto de imponer al gobierno que cumpla 



138 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



sus deberes con la nación. De manera es 
que la nación soberana tiene su manera 
de imponerse. En los Estados Unidos, en 
Suiza y en Inglaterra se ha establecido 
otra garantía social, y esta garantía social 
o nacional es un derecho para que no 
pueda haber ley alguna que no esté sujeta 
a la resolución suprema de la nación. 

Nosotros no estamos tan adelantados para 
aspirar a esto, sino hasta que el pueblo 
mexicano tenga la ilustración bastante, y 
ese día no faltará otro ciudadano tan ilus- 
tre como Juárez o como Carranza, que 
llame a un nuevo Congreso Constituyente 
en la República Mexicana, para esta- 
blecer el referéndum; por ahora, es un 
derecho que nosotros no podemos repre- 
sentar. Vamos a las garantías consti- 
tucionales. Las garantías constituciona- 
les, como dije al principio, están en la 
estructura misma de los poderes, no es- 
tán en la nación, ni están en el individuo, 
ni están en el estado; están enteramente 
en la estructura de los poderes. 

El poder Legislativo no puede ejercer 
función de poder Ejecutivo; el poder Eje- 
cutivo no puede ejercer función de poder 
Legislativo, ni el Legislativo ni el Ejecu- 
tivo pueden ejercer función de poder 
Judicial. La revolución constituciona- 
lista ha traído otra garantía constitucio- 
nal. La constitución de 57 confirmó el 



principio. La garantía constitucional de 
la división de la soberanía de los estados, 
establece una división profunda, funda- 
mental, que si no se respetó, debido a las 
tiranías que vinieron a centralizar el po- 
der en las manos del General Díaz, no fue 
la culpa de la constitución: fue la culpa 
de los mexicanos que no supieron defender 
sus derechos poniendo coto a la dictadura 
mucho antes de que ésta se viniera abajo. 
(Aplausos.) La revolución constituciona- 
lista, entre sus banderas, ha traído otra 
conquista de la cual debemos estar satis- 
fechos y orgullosos: la conquista del mu- 
nicipio libre. 

Ahora esta es otra de las garantías consti- 
tucionales: el estado, la nación, no podrá 
invadir la soberanía de los estados. Los es- 
tados no podrán invadir a la soberanía de 
los municipios. (Aplausos.) Sí, señores 
diputados, vuelvo a repetirlo; si los mexi- 
canos deponen todo ese fardo de odio y 
de pasiones que durante largos años han 
llevado sobre sus espaldas y que los ha 
atado, debido a esto, al carro de la dicta- 
dura; si ahora todos procuran, unidos como 
un solo hombre, llegar a hacer la gran- 
deza de la patria, porque todo es posible, 
como ha sido posible para el Japón levan- 
tarse de la nada para ser un pueblo culto 
y fuerte ante la faz azorada de la huma- 
nidad entera, también nosotros podemos, 
señores diputados, salir del estado de aba- 



Artículo 1 139 



timiento y de abandono en que hemos 
estado, para decirle al mundo entero: 
Somos hombres libres, conocedores de 
nuestras libertades, amantes de nuestros 
derechos, y esta grande revolución reivin- 
dicadora no pasará enteramente desa- 
percibida para nosotros; y lo haremos, 
señores, porque hay que ser patriotas, hay 
que ser unidos; todos somos mexica- 
nos, todos somos hermanos y todos 
estamos interesados en la grandeza, en 
la riqueza y prosperidad de esta tierra que 
nos es tan querida, y no debe omitirse 
esfuerzo alguno para lograrlo. 

Pues bien; esa gran conquista de los 
municipios libres será entre muchas, por 
sí sola, para inmortalizar a Carranza y 
para inmortalizar a la revolución. El hom- 
bre que no tuvo escrúpulo, que no tuvo 
empacho para decirle a Huerta: "¡Fuera! 
porque la ley no permite que tú estés 
mancillando ese puesto que sólo deben 
ocupar los representantes legítimos de la 
nación," Ese hombre no ha tenido empa- 
cho para afrontar la gran obra de encami- 
nar al pueblo sobre la base de la libertad 
y del derecho, para hacerlo grande, prós- 
pero y feliz. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Rafael Martínez. 



- El C. Martínez Rafael: El señor licen- 
ciado José N. Macías no me conoce, creo 
que tiene razón; hemos militado en cam- 
pos distintos, en campos opuestos y me 
complace más aún que no recuerde que 
fuimos amigos. Pero bien, señores: nos 
dice el C. diputado José N. Macías, que 
no añadamos a los dos brillantísimos y 
preciosísimos conceptos que entraña el 
artículo I o , lo que yo propongo, de que 
las garantías y las leyes de que ellas ema- 
nen, no son renunciables, porque concede 
que hay garantías, que tenemos garan- 
tías, que la ley nos ha dado y que, por 
tanto, no es necesario decir que no son 
renunciables. Así se decía, señores, en otros 
términos, en el artículo I o de la constitu- 
ción de 1 85 7, en que ya se daban los ciuda- 
danos los derechos del hombre y, sin 
embargo, fue diputado en la época de 
Díaz el C. Macías, y habiendo sido viola- 
das estas garantías, nunca protestó. El se- 
ñor Macías fue procurador de justicia y 

después magistrado (Voces: ¡No es 

cierto!) 

- El C. Macías: Sí, fui diputado y magis- 
trado y protesté siempre. 

- El C. Martínez: Perfectamente; dice que 
protestó; luego existe el hecho, luego era 
necesario protestar porque se violaban los 



140 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



derechos, porque faltaba precisamente 
esa parte que yo propongo. El C. Primer 
Jefe se ha fijado en ello y en el artículo 
5 o nos dice así: 

"Nadie podrá ser obligado a prestar tra- 
bajos personales sin la justa retribución 
y sin su pleno consentimiento, salvo el 
trabajo impuesto como pena por la auto- 
ridad judicial. 

"En cuanto a los servicios públicos, sólo 
podrán ser obligatorios, en los términos 
que establezcan las leyes respectivas, el 
de las armas, los de jurado y los cargos de 
elección popular, y obligatorias y gratui- 
tas las funciones electorales. 

"El estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o convenio 
que tenga por objeto de menoscabo, la 
pérdida o el irrevocable sacrificio de 
la libertad del hombre, ya sea por causa 
de trabajo, de educación, o de voto reli- 
gioso. La ley en consecuencia, no recono- 
ce órdenes monásticas, ni puede permitir 
su establecimiento, cualquiera que sea la 
denominación u objeto con que pretendan 
erigirse. 

"Tampoco puede admitirse convenio en 
el que el hombre pacte su proscripción 
o destierro, o en que renuncie temporal o 



permanentemente a ejercer determinada 
profesión, industria o comercio. 

"El contrato de trabajo sólo obligará a 
prestar el servicio convenido por un pe- 
ríodo que no exceda de un año, y no podrá 
extenderse en ningún caso a la renuncia, 
pérdida o menoscabo de cualquiera de los 
derechos políticos y civiles." 

Con lo cual indica que él entendió de un 
modo claro que se debía definir que no 
son renunciables determinadas garantías, 
en nada se perjudica el artículo con po- 
nerlo más claro. Se dice de otras garantías 
que no son renunciables: ¿Por qué ha de 
decir esto del artículo I o , que es princi- 
palísimo? Se necesita que sea bien defi- 
nido, que pueda renunciarse esto o 
aquello; ¿Por qué no hemos de decir en 
el artículo I o que en general no son renun- 
ciables las garantías para evitar que ma- 
ñana, abusando de la inteligencia de los 
señores abogados malos, pudiesen encon- 
trar el modo de violar aquello que no se 
ponga en el artículo? 

De todos modos, el señor diputados Ma- 
clas nos dice que el Primer Jefe se ha fija- 
do perfectamente en ello; pero nosotros 
hemos sido convocados aquí precisamen- 
te para ello, para contribuir a los anhelos 
del C. Primer Jefe, en la sapiencia, poca 



Artículo] 141 



o mucha, de cada uno de los señores dipu- 
tados, sus anhelos, que son enteramente 
iguales a los de todos los que estamos aquí 
reunidos y el patriotismo que también 
flota, y la fe que palpita de un modo visi- 
ble en toda esta reunión; en esa sapiencia, 
en esa experiencia, en esos anhelos y en 
los anhelos y sapiencia del C. Primer Jefe, 
y, por tanto, está perfectamente que cada 
uno de nosotros exponga lo que creamos 
justo, y el Primer Jefe indudablemente que 
no verá nada que esto será odioso, nada 
que sea indebido; si precisamente para 
eso hemos sido convocados, para que el 
Primer Jefe nos entregue el fruto de sus 
anhelos, y se una con los nuestros, porque 
la responsabilidad es inmensa en el Pri- 
mer Jefe; pero es inmensa también en 
nosotros, porque de otro modo no nos 
habría llamado; nos ha llamado para que 
colaboremos con él, para que la obra de 
aquí resulte sea el futuro de la Cámara 
que representa a la nación. (Aplausos.) 

En la Constitución estaban consignados 
los derechos del hombre, y, sin embargo, 
hemos visto que han sido violados esos 
derechos, que han sido violadas esas ga- 
rantías y que, por desgracia, en nuestra 
patria un tanto por ciento inmenso, el se- 
tenta, y algunas personas con datos hacen 
ascender esta cifra, pero de todos modos 
por lo menos el setenta por ciento está 
formado por personas, por individuos, 



por seres casi inconscientes que no cono- 
cen el alfabeto; de allí precisamente que 
teniendo las garantías, los derechos haya 
acontecido todo lo que haya acontecido. 

Señores, no venimos precisamente cuan- 
do traemos asuntos trascendentales a 
emborracharnos de elocuencia, no; la 
Constitución debe ser eminentemente 
jurídica, perfectamente bien; pero siguien- 
do los grandes ideales nuestros, los 
ideales de los verdaderos revoluciona- 
rios, tienen que ser también eminente- 
mente práctica. Una palabra más. Si esa 
palabra cierra la puerta por donde pueda 
irse lo que más queremos nada signi- 
fica, señores, para quitarla, y sí mucho 
para ponerla pues que nos dice el señor 
licenciado Macías que no son necesarias. 
Ya decía yo que antes del 57 también 
estaban y así se violaban. ¡ Cuántas vidas, 
precisamente por no expresar eso, se 
segaron! ¡Cuántos de esos hombres que 
formaban la gleba, cuántos de esos hom- 
bres insignificantes al parecer, pero que 
de todos modos son nuestros hermanos, 
perdieron su existencia en las plantacio- 
nes de tabaco, en las plantaciones hene- 
queneras, porque habían renunciado por 
torpeza, por miseria, por estupidez; pero 
de todos modos, unas veces con su firma 
y otras firmando por otros ellos, sin em- 
bargo habían renunciado a esas garantías. 
(Aplausos). 



142 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



- El C. Nafarrete: Pido la palabra. 

- El C. Presidente: Tiene la palabra el C. 
Nafarrete. 

- El C. Nafarrete: Nada más para que in- 
forme la comisión. 

- El C. Múgica: Ciudadanos diputados: 
voy a hablar en nombre de la comisión, 
aunque sea unas breves palabras, pues 
considero que los discursos eruditos, elo- 
cuentes y razonados que se han pronun- 
ciado aquí, son ya suficientes para haber 
ilustrado demasiado el criterio de esta 
Asamblea y para que el artículo se vote. 
Considero el deseo del señor periodista 
Martínez, muy bueno, muy generoso y 
merece por ello que toda esa clase igno- 
rante, pobre y desvalida le dé sus parabie- 
nes; pero, señores, considero que no es 
pertinente la petición de mi estimable 
compañero de Cámara y voy a decir por 
qué, asentando un argumento de mucho 
peso. Es cierto, como le dice, que en aquel 
tiempo, que no está muy lejano, iban los 
enganchadores a traer gente de toda la 
república para transportarla de sus regio- 
nes a otras malsanas y a llevarla del campo 
de la vida, al campo de la muerte; y esto en 
virtud, hace hincapié el señor Martínez, 
en virtud de un contrato. 

Señores, efectivamente, ese hecho es cier- 
to; pero la razón no es verdadera. Aquellos 



hombres ignorantes no iban en virtud del 
contrato, no iban en virtud de una renun- 
ciación del derecho que tenían a la vida; 
iban en virtud de su ignorancia, iban 
fascinados por las ofertas de un porvenir 
que la clase desheredada siempre soñó y 
la que este Congreso tiene obligación de 
poner al alcance de la mano. Efectiva- 
mente, aquellos enganchadores les ofre- 
cían salarios exagerados, les ofrecían 
médico, buena habitación para ellos y sus 
familias, les ofrecían pasaje de ida y retor- 
no les ofrecían muchas cosas que en reali- 
dad no les cumplían. Ellos firmaban o 
firmaban por ellos, por dos razones: Por- 
que en ellos existía la miseria; la Cons- 
titución nos da facultades para que 
remediemos esa miseria del pueblo y así 
quitaremos el fundamento, el motivo 
esencial por el cual esos hombres renun- 
ciaban a sus derechos esenciales; otro 
motivo fundamental, era la ignorancia; 
ellos no sabían qué entregaban a cam- 
bio de unos cuantos pesos y promesas a 
los que se las hacían y se las ofrecían; 
¿por qué? Por ignorantes. 

La constitución nos da, más adelante, el 
derecho de que procuremos la ilustra- 
ción del pueblo, la ilustración de los hom- 
bres, para que en ningún caso puedan 
enajenar aquello que no es enajenable; 
pero todavía hay más, señores, en aquel 
tiempo en que imperaba la tiranía más 
completa, en que todos los derechos del 



Artículo 1 143 



hombre eran tenidos absolutamente en 
nada, en que los intereses del capital eran 
consagrados por todas las autoridades, 
aunque no por todas las leyes, sin em- 
bargo, no tenían completas garantías los 
enganchadores, porque yo presencié mu- 
chos casos, y estoy seguro de que en esta 
asamblea hay mucho testigo también de 
este echo, que cuando la prensa o cuando 
algún particular tenía suficiente energía 
para encararse con los jefes políticos y 
pedirles garantías para aquellos infelices 
que iban enjaulados como animales para 
ser deportados a regiones mortíferas, las 
autoridades, muy a su pesar, pero lo ha- 
cían; iban y ponían remedio, haciendo 
que los individuos retornarán a sus hoga- 
res y haciendo que lo que habían recibido 
en calidad de anticipo fuera perdido por 
los encomenderos. De tal manera que no 
creo que sea necesario que para una época 
de libertad que se inaugura con la revo- 
lución, que se legitima con este Congreso, 
sea preciso establecer cosas que no son 
absolutamente necesarias, que están im- 
puestas por su misma esencia, por su 
mismo carácter. 

Aparte de eso, señores, la Constitución 
lo prevé más adelante; cuando traigamos 
a debate el artículo 5 o , verá la asamblea 
que la comisión que tengo el honor de pre- 
sidir, presentó a su consideración un 



punto en dicho artículo que dice que 
nadie -refiriéndose a los trabajadores- 
podrá firmar contratos que lo obliguen por 
más de un año. La asamblea, está en liber- 
tad de reducir ese término a ocho días, 
como lo dice, por ejemplo, en el periódico 
"El universal" la iniciativa del general 
Hay ; podrá pensar en otra forma y de esa 
manera garantizaremos todas esas cosas 
que por ignorancia de nuestro pueblo y 
por abuso de nuestras autoridades se han 
burlado siempre en nuestras leyes. 

- Un C. secretario: La presidencia pregun- 
ta a la asamblea si está suficientemente 
discutido el punto. (Voces: ¡sí, si!). 

Los que opinen que está suficientemente 
discutido, que se pongan de pie. Se consi- 
dera suficientemente discutido. Se va a 
proceder a la votación: Por la afirmativa 
y por la negativa. 

- El C. Martínez Rafael: Yo creo que se 
debe preguntar a la asamblea, primero, 
si se toma o no se toma en considera- 
ción la proposición hecha. (Voces: 
¡No, no!) 

- El C. de los Santos: No se puede pregun- 
tar si se toma en consideración; se va a 
votar si se aprueba el dictamen; claro es 
que no se aprueba la proposición. 



144 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 

- Un C. secretario: Este era el acuerdo La presidencia suplica a los señores dipu- 
precisamente de la mesa. tados se sirvan permanecer en sus asientos 

durante la votación. 

Resultado de la votación 



Fecha 


Tema 


Tipo de Votación 


A favor 


Contra 


% a Favor 


% en Contra 


Lista de 
votantes 


13/12/16 


Artículo 1 


Unánime 


144 





100.00 


0.00 


No 



Constitución de 1917 



Art. I o .- En los Estados Unidos Mexi- 
canos todo individuo gozará de las 
garantías que otorga esta Constitución, 
las cuales no podrán restringirse ni sus- 
pender, sino en los casos y con las condi- 
ciones que ella misma establece. 




'-r¿icaÁ> 2 



Constitución de 1857 

Art. 2 o En la República todos nacen 
libres. Los esclavos que pisen el territorio 
nacional, recobran por sólo ese hecho su 
libertad y tienen derecho á la protección 
de las leyes. 

Proyecto 

Art. 2 o .- Está prohibida la esclavitud en los 
Estados Unidos Mexicanos. Los escla- 
vos de otros países que entrasen al territorio 
nacional, alcanzarán por este solo hecho 
su libertad y la protección de las leyes. 



mentas de los dictámenes que presentó la 
Comisión. En primer lugar, su afirmación de 
que condenar la esclavitud no es sino 
"reconocer que la libertad es la síntesis de 
los derechos naturales", que tiene que ver 
con el debate sobre la naturaleza de los 
derechos del hombre que ya se comentó en 
el Artículo 1 o , y el hecho de que se haya 
pedido permiso de retirar el primer dictamen 
para cambiar el término "República Mexi- 
cana", por el de Estados Unidos Mexicanos" 
que respondió a la acalorada discusión que 
se tuvo con motivo del preámbulo. 



í^ooé 5 » 



8 o Sesión Ordinaria 11/12/16 



Comentario 



Dictamen 09/12/16 



Este artículo sólo fue modificado con el 
objeto de redactarlo en forma más precisa 
y fue aprobado sin discusión y por unani- 
midad. Cabe destacar solamente dos ele- 



" Ciudadanos diputados: 

"El artículo 2 o del proyecto de Constitu- 
ción, que condena la esclavitud no hace 



145 



146 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



sino reconocer que la libertad es la sín- 
tesis de los derechos naturales. No puede 
ser más justo el precepto y su colocación 
es oportuna; por lo cual proponemos a la 
asamblea se sirva aprobar el citado artícu- 
lo en los siguientes términos: 

"Artículo 2°.- Está prohibida la esclavitud 
en la República Mexicana. 

Los esclavos de otros países que entrasen 
al territorio nacional alcanzarán por ese 
solo hecho su libertad y la protección de 
las leyes. 

"Querétaro de Arteaga, diciembre 9 de 
1916.- General Francisco J. Múgica.- 
Alberto Román.- L. G. Monzón.- Enrique 
Recio.- Enrique Colunga" 

11° Sesión Ordinaria 13/12/16 

Debate 



sentarlo corregido en el sentido de la 
discusión de ayer. Le cambiamos a este 
artículo las palabras Estados Unidos 
Mexicanos por las de República Mexi- 
cana, y como se aprobó que la expresión 
Estados Unidos sea aceptada, en ese con- 
cepto nosotros rogamos muy respetuosa- 
mente a la honorable asamblea nos 
permita retirar el dictamen para presen- 
tarlo nuevamente corregido en este 
sentido. 

- Un C. secretario: ¿Se toma en consi- 
deración la proposición de la comisión? 
Los que estén por la afirmativa sírvanse 
ponerse de pie. Aprobado. 

Dictamen 13/12/16 

- Un C. secretario: En atención a que la 
comisión modificó su dictamen relativo 
al artículo 2 o del proyecto, se va a dar 
lectura al nuevo dictamen: dice así: 



(Se leyó el primer dictamen.) 

- El C. Múgica: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
diputado Múgica. 

- El C. Múgica: Suplico atentamente a 
esta honorable asamblea permita a la 
comisión retirar este dictamen para pre- 



' Artículo 2°.- Está prohibida la escla- 
vitud en los Estados Unidos Mexicanos. 
Los esclavos de otros países que entrasen 
al territorio nacional, alcanzarán por ese 
solo hecho su libertad y la protección de 
las leyes." 

Debate 

Es aprobado sin discusión en la 1 I o Sesión 
ordinaria del 13/12/16. 



Artículo 2 147 



Resultado de la votación 



Fecha 


Tema 


Tipo de Votación 


A favor 


Contra 


% a Favor 


% en Contra 


Lista de 
votantes 


13/12/16 


Artículo 2 


Unánime 


177 





100.00 


0.00 


No 



Constitución de 1917 



Art. 2 o .- Está prohibida la esclavitud en 
los Estados Unidos Mexicanos. Los es- 
clavos del extranjero que entren al terri- 
torio nacional, alcanzarán, por ese solo 
hecho, su libertad y la protección de las 
leyes. 




'-r¿icaÁ> 3 



Constitución de 1857 

Art. 3 o . La enseñanza es libre. La ley deter- 
minará qué profesiones necesitan título 
para su ejercicio, y con qué requisitos se 
deben expedir. 

Proyecto 

Art. 3 o .- Habrá plena libertad de ense- 
ñanza; pero será laica la que se dé en los 
establecimientos oficiales de educación. 
y gratuita la enseñanza primaria supe- 
rior y elemental, que se imparta en los 
mismos establecimientos. 

Comentarlo 

La discusión y aprobación del dictamen del 
artículo 3 a ocupó tres sesiones dedicadas 
totalmente a ello. La del 13 de diciembre por 



la tarde, con la presencia de Venustiano 
Carranza, otra al día siguiente, en la que se 
preveía también la asistencia del Primer 
Jefe, pero el no acudió "por las labores pro- 
pias de su encargo, imprescindibles y deli- 
cadas del momento" y la última, dos días 
después, el sábado 16 de diciembre, en la 
cual se votó el dictamen definitivo del artícu- 
lo 3° La primera y tercera sesión, fueron 
presididas por el General Cándido Aguilar, 
diputado constituyente y, al mismo tiempo, 
Secretario de Relaciones Exteriores del 
gobierno del Primer Jefe, porque el Presi- 
dente del Congreso, Luis Manuel Rojas, se 
inscribió en la lista de oradores en contra 
del dictamen. 

Tradicionalmente, este momento del consti- 
tuyente se ha considerado como el eje de 
una división profunda y permanente entre 
diputados radicales o "jacobinos" y dipu- 
tados "moderados". Sin embargo, la revisión 
de los términos exactos de este debate y del 



149 



150 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



conjunto de las otras votaciones que tuvie- 
ron lugar en el Congreso Constituyente, nos 
muestra que esa división no permaneció 
a lo largo de la celebración de este 
Constituyente. 

Para comprender lo que realmente pasó, no 
debemos ignorar que los constitucionalistas 
fueron, aunque con matices entre ellos, la 
coalición más anticlerical de todos los gru- 
pos revolucionarios. (Apéndice documental 
al Título I) Por ello, en esta discusión el asunto 
principal no fue si debería o no haber liber- 
tad de enseñanza, sino cómo, hasta dónde 
y en qué artículo de la nueva constitución 
era más conveniente establecer las restric- 
ciones a la participación del clero en la 
educación de la niñez. Al respecto, conviene 
destacar que, en el Artículo 27 del Proyec- 
to de Constitución, Carranza ya proponía 
establecer que las instituciones de ense- 
ñanza "en ningún caso podrán estar bajo 
patronato, dirección o administración de 
corporaciones religiosas". Por ello, no debe 
extrañarnos que en el curso de la deli- 
beración, tanto los del pro, como los del 
contra afirmaron su interés por establecer 
esta prohibición. Las diferencias consis- 
tieron en dos aspectos: primero, el tono y el 
lugar de la constitución en el que debería 
establecerse tal restricción; y segundo, si era 
o no políticamente prudente establecerla de 
la manera más clara y tajante. 



En el artículo 3 B de la Constitución de 57 se 
buscó la más amplia libertad de enseñanza 
posible y, "para prevenir la charlatanería", se 
estableció que en la ley se regularían algunas 
profesiones. En aquél entonces, en la discu- 
sión de este tema también se planteó el 
temor a la influencia del clero en la educa- 
ción, sin embargo se optó por la mayor 
libertad, considerando que había que ser 
consecuentes con el credo liberal y no te- 
mer porque, precisamente, la libertad de 
enseñanza estimularía la calidad de la edu- 
cación en todo tipo de establecimientos. 

Por el contrario, en el Constituyente de 1916 
- 1917, desde el Proyecto de Constitución 
ya se buscó poner mayores restricciones 
a la libertad de enseñanza. Carranza propu- 
so "plena" libertad de enseñanza, pero, en 
el 3° la restringía en el sentido de que toda la 
educación pública sería laica y gratuita y, 
como ya lo señalamos, en el 27 prohibía 
expresamente la participación de las corpo- 
raciones religiosas en este campo. 

La Comisión, en un extenso dictamen, con- 
cluyó que no era de aprobarse el artículo 3 Q 
del proyecto y explicó las restricciones que 
consideró indispensable añadir: que toda la 
enseñanza sería laica, no sólo la pública; 
que ninguna corporación religiosa, ni minis- 
tro de culto o "persona perteneciente a 



Artículo : 



151 



alguna asociación semejante, podrá esta- 
blecer o dirigir escuelas de instrucción pri- 
maria, ni impartir enseñanza personalmente 
en ningún colegio"; y, que las escuelas pri- 
marias particulares estarán sujetas a la 
vigilancia del gobierno. 

Después de una larga discusión y de esfuer- 
zos de acercamiento, la negociación tuvo 
sólo un éxito parcial y el segundo dictamen 
fue votado y aprobado en decisión dividida. 
Se estableció que toda la educación sería 
laica, que ninguna corporación religiosa po- 
dría establecer o dirigir escuelas de instruc- 
ción primaria y que todas las escuelas 
primarias estarían sujetas a vigilancia del 
gobierno. Las enmiendas al dictamen, que 
nos permiten hablar de un éxito parcial de la 
negociación consistieron en: no hablar de 
que no se aprobaba el artículo 3 B del Proyec- 
to presentado por el Primer Jefe, sino decir 
que se aprobaba reformado; en restringir la 
prohibición a la participación de las corpora- 
ciones religiosas a la instrucción primaria; y 
en eliminar la prohibición absoluta a los 
ministros de culto de impartir enseñanza. 

El contexto en que tuvo lugar la aprobación 
del Artículo 3 3 estuvo marcado por dos ten- 
siones políticas muy significativas. Por un 
lado, las pláticas que en ese mismo mo- 
mento se estaban llevando a cabo en Atlantic 
City, con el gobierno de los Estados Unidos, 
para el retiro de las tropas norteamericanas 



del territorio nacional. El 22 de noviembre de 
1916 el gobierno norteamericano presentó 
a nuestros comisionados un protocolo de 
retiro, a manera de ultimátum que Carranza 
decidió rechazar y, el 9 de diciembre el Inge- 
niero Alberto J. Pañi, salió de Ouerétaro 
hacia los Estados Unidos para comunicar 
esta decisión. Si bien esta determinación se 
manejo con hermetismo y no trascendió a 
los periódicos, nos explica la insistencia 
de los oradores del contra a favor de la 
moderación y de la prudencia, en particular 
con respecto al gobierno del Presidente 
Wilson, dado que la tolerancia religiosa era 
un tema que preocupó mucho en los Esta- 
dos Unidos. (Apéndice documental al Titulo 
I) Y, por otro lado, como se puede observar 
en este debate, el gobierno preconstitucio- 
nal del Primer Jefe distó mucho de tener una 
homogeneidad perfecta, en su seno siempre 
hubo pugnas políticas que lógicamente se 
avivaron con la competencia por los puestos 
que seguiría al establecimiento del gobierno 
constitucional. (Apéndice documental al 
Título I) 

En realidad, el proceso parlamentario que 
siguió el Artículo 3° lo que mostró fue la 
libertad que los diputados constituyentes 
tuvieron para expresar sus preferencias y la 
posibilidad efectiva que hubo de resolver 
sus diferencias, en caso de no llegar a un 
acuerdo amplio, por voto mayoritario, sin que 
esto generase una escisión que pudiera 



152 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



hacer fracasar al Congreso y, una vez votado 
el asunto, pasar a discutir otros temas en 
los que se llegó a acuerdos muy amplios o 
se generaron otras divisiones entre los dipu- 
tados constituyentes. 

8 o Sesión Ordinaria 11/12/16 
Dictamen 09/12/16 



más abstractas, ideas que no puede asi- 
milar la inteligencia de la niñez esa ense- 
ñanza contribuye a contrariar el desarrollo 
psicológico natural del niño y tiende a pro- 
ducir cierta deformación de su espíritu, 
semejante a la deformación física que 
podría producir un método gimnástico 
vicioso; en consecuencia, el estado debe 
proscribir toda enseñanza religiosa en 
todas las escuelas primarias, sean oficia- 
les o particulares. 



"Ciudadanos diputados: 

"El Artículo 3 o del proyecto de Consti- 
tución proclama la libertad de enseñanza, 
sin taxativa, con la explicación, de que 
continuará siendo laica la enseñanza 
que se dé en los establecimientos oficia- 
les, y gratuita la educación en las escuelas 
oficiales primarias. 

"La comisión profesa la teoría de que la 
misión del poder público es procurar a 
cada uno de los asociados la mayor liber- 
tad compatible con el derecho igual de 
los demás; y de este principio, aplicando 
el método deductivo, llega a la conclusión 
de que es justo restringir un derecho 
natural cuando su libre ejercicio alcance 
a afectar la conservación de la socie- 
dad o a estorbar su desarrollo. La enseñan- 
za, que entraña la explicación de las ideas 



"La enseñanza religiosa afecta, además, 
bajo otra fase, el desarrollo de la sociedad 
mexicana. No siendo asimilables por la 
inteligencia del niño las ideas abstractas 
contenidas en cualquier dogma religioso, 
quedan en su espíritu en la categoría de 
sentimientos, se depositan allí como gér- 
menes prontos a desarrollarse en un vio- 
lento fanatismo. Esto explica el afán del 
clero de apoderarse de la enseñanza, prin- 
cipalmente de la elemental. 

"En la historia patria, estudiada impar- 
cialmente, el clero aparece como el ene- 
migo más cruel y tenaz de nuestras 
libertades; su doctrina ha sido y es: los 
intereses de la iglesia, antes que los inte- 
reses de la patria. Desarmado el clero a 
consecuencia de las Leyes de Reforma, 
tuvo oportunidad después, bajo la tole- 
rancia de la dictadura, de emprender 



Artículo : 



153 



pacientemente una labor dirigida a resta- 
blecer su poderío por encima de la auto- 
ridad civil. 

Bien sabido es como ha logrado rehacerse 
de los bienes de que fue privado; bien 
conocidos son también los medios de que 
se ha servido para volver a apoderarse de 
las conciencias; absorber la enseñanza; 
declararse propagandista de la ciencia 
para impedir mejor su difusión; poner 
luces en el exterior para conservar dentro 
el oscurantismo. En algunas regiones ha 
llevado el clero su audacia hasta conde- 
nar la enseñanza en toda escuela, que no 
se sometiera al programa educativo 
episcopal. 

A medida que una sociedad adelanta en 
el camino de la civilización, se especia- 
lizan las funciones de la iglesia y del estado; 
no tarda en acentuarse la competencia 
que nace entre ambas potestades; si la fe 
no es ya absoluta en el pueblo, si han 
comenzado a desvanecerse las creencias 
en lo sobrenatural, el poder civil acaba 
por sobreponerse. Este fenómeno se pro- 
dujo ha mucho en la república. La tenden- 
cia manifiesta del clero a subyugar la 
enseñanza, no es sino un medio prepa- 
ratorio para usurpar las funciones del 
estado; no puede considerarse esa ten- 
dencia como simplemente conservadora, 
sino como verdaderamente regresiva; y 



por tanto, pone en peligro la conservación 
y estorba el desarrollo natural de la socie- 
dad mexicana; y por lo mismo debe repri- 
mirse esa tendencia, quitando a los que 
la abrigan el medio de realizarla; es pre- 
ciso prohibir a los ministros de los cultos 
toda ingerencia en la enseñanza primaria. 

"Excusado es insistir, después de lo ex- 
puesto, en que la enseñanza en las escue- 
las oficiales debe ser laica. Dando a este 
vocablo la significación de neutral, se ha 
entendido que el laicismo cierra los labios 
del maestro ante todo error revestido de 
alguna apariencia religiosa. La comisión 
entiende por enseñanza ajena a toda 
creencia religiosa, la enseñanza que trans- 
mite la verdad y desengaña del error 
inspirándose en un criterio rigurosamente 
científico; no encuentra la comisión otro 
vocablo que exprese su idea más que el 
de laico, y de éste se ha servido, haciendo 
constar que no es su propósito darle la 
acepción de neutral indicada al principio. 

"Un diputado ha propuesto a la comisión 
que incluya en el artículo 3 o la obliga- 
ción que debe imponerse a los gobiernos 
de establecer determinado número de 
escuelas. La comisión juzga que esta ini- 
ciativa no cabe en la sección de las garan- 
tías individuales: en ella los preceptos 
deben limitarse a expresar el derecho 
natural que reconoce la ley y las restric- 



154 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 

ciones que considere necesario ponerle; berto Román.- Enrique Recio.- Enrique 
nada más. Colunga." 



"Lo expuesto funda las siguientes conclu- 
siones que sometemos a la aprobación de 
la asamblea: 

"Primera.- No se aprueba el artículo 3 o 
del proyecto de Constitución. 

"Segunda.- Se substituye dicho, artículo 
por el siguiente: 



"Art. 



Habrá libertad de enseñanza; 



pero será laica la que se dé en los estable- 
cimientos oficiales de educación, lo mis- 
mo que la enseñanza primaria elemental 
y superior que se imparta en los estable- 
cimientos particulares. 

Ninguna corporación religiosa, ministro 
de algún culto o persona perteneciente a 
alguna asociación semejante, podrá esta- 
blecer o dirigir escuelas de instrucción 
primaria, ni impartir enseñanza personal- 
mente en ningún colegio. Las escuelas 
primarias particulares, sólo podrán esta- 
blecerse sujetándose a la vigilancia del 
gobierno. La enseñanza primaria será 
obligatoria para todos los mexicanos y 
en los establecimientos oficiales será 
impartida gratuitamente. 



VOTO PARTICULAR DEL 
C. LUIS G. MONZÓN. 

"Ciudadanos diputados: 

"Los miembros de la comisión de puntos 
constitucionales hemos formulado de co- 
mún acuerdo el artículo 3 o de la Consti- 
tución reformada, como aparece en el 
dictamen relativo, y no hemos disentido 
sino en el empleo de una palabra, que 
precisamente es la capital en el asunto de 
referencia, porque es la que debe caracte- 
rizar la educación popular en el siglo XX. 
Esa palabra es el vocablo laica, emplea- 
do mañosamente en el siglo XIX, que yo 
propongo se substituya por el término 
racional, para expresar el espíritu de ense- 
ñanza en el presente siglo. 

"Durante todas las épocas y en todos los 
países se ha declarado que la educación 
primaria es el medio más eficaz para 
civilizar a los pueblos. 

"Se civiliza a un pueblo, promoviendo la 
evolución integral y armónica de cada 
uno de sus elementos en pro del mejo- 
ramiento progresivo de la comunidad. 



"Querétaro de Arteaga, 9 de diciembre "Y para que la evolución de cada indivi- 
de 1916.- Gral. Francisco J. Múgica.-Al- dúo sea un hecho, se impone el desenvol- 



Artículo : 



155 



vimiento, también armónico e integral, 
de sus facultades; y esto viene a originar 
los dos gérmenes de educación; física y 
psíquica. 

"Refiriéndose al segundo recordaremos 
que persigue como ideales supremos el 
conocimiento y la práctica del bien y 
la verdad. 

"El maestro de escuela, ese obrero mal 
comprendido y mal recompensado -como 
afirma d'Amicis-, es el encargado de con- 
sumar misión tan delicada y trascenden- 
tal. La materia prima es el niño; ese ser 
tierno que en virtud de su propia idiosin- 
crasia está en aptitud de recibir todo linaje 
de impresiones. "El niño siempre, o casi 
siempre, llega al poder del dómine pletó- 
rico de lamentables morbosidades: igno- 
rancias, errores y absurdos embargan la 
embrionaria psicología de su ser y ese 
niño de organización elemental y ya 
enferma, es el que llega a las manos del 
maestro para recibir la luz que debe disipar 
las tenebrosidades de su alma -acéptese 
provisionalmente el término- y para reci- 
bir también las doctrinas destinadas a 
extirpar los errores y absurdos de que lo 
ha provisto la ingenuidad atávica del 
hogar; he aquí pues al maestro frente al 
gran problema de dirigir a las generacio- 
nes que se levanten, por los derroteros 
de la verdad -como es dable concebirla- 
a la porción más honrada y consciente 



de la humanidad: helo aquí, pues, presto 
a acometer el trascendental problema, en 
medio de las preocupaciones de los 
pseudo-sabios y de la obstinación de 
los ignorantes. 

"¿Quién lo auxiliará en tan ardua 
empresa? 

"¡La ley, señores diputados! Las leyes 
que deben ser lo suficiente sabias para que 
lejos de ser instrumentos de obstrucción, 
sean eficaces medios de avance en la 
realización de la magna obra civilizadora. 
"Demos una rápida ojeada a la labor del 
educador en los últimos tiempos. 

"En el siglo XVIII la enseñanza popular 
era eminentemente religiosa; y no podía 
haber sido de otra manera, dado el atraso 
moral en que yacía aún la humanidad, 
especialmente nuestra patria. El niño con- 
curría a las escuelas a recoger de los 
labios del dómine todo un código de erro- 
res, absurdos, fanatismos y supersticiones. 

"En el siglo XIX, la enseñanza oficial en 
México dejó de ser religiosa y por ende, 
directamente fanatizante y entró franca- 
mente por un sendero de tolerancias y 
condescendencias inmorales. 

"El maestro dejó de enseñar la mentira 
que envilece; pero la toleraba con seráfica 
benevolencia. 



156 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



"La patria le confiaba sus tiernos retoños 
para que los transformara en hombres 
completos, y el bienaventurado dómine 
no desempeñaba a conciencia su misión, 
pues permitía que en el alma de los edu- 
candos siguieran anidando el error, el 
absurdo, la superstición y el fanatismo, 
todo lo cual autorizaba aquél con su evan- 
gélico silencio. 

"Sin embargo, debemos excusarlo, por- 
que una ley inexorable le ordenaba que 
procediera de ese modo; esa ley debería 
designarse por un vocablo indecoroso que 
la decencia prohibe estampar en estas 
líneas; pero que la suspicacia científica 
bautizó con el nombre de LAICISMO. 

"¿Qué recomienda el laicismo? 

"No tratar en lo absoluto dentro de las 
aulas asunto alguno que trascienda a igle- 
sia y respetar estrictamente las creencias 
religiosas del hogar, por erróneas, absur- 
das e irracionales que sean. 

"¡Cuántas veces decía el pequeño al ma- 
laventurado dómine, que había encendido 
una vela a San Expedito para obtener un 
buen resultado en los exámenes, y el maes- 
tro no iluminaba la inteligencia del alum- 
no, porque el laicismo lo prohibía y por 
temor de un proceso criminal! 



"El maestro laico no debe imbuir creencia 
alguna en el ánimo del educando; pero 
tampoco debe destruir las que traiga del 
hogar, por abominablemente absurdas 
que sean; así lo prescriben claramente los 
decálogos pedagógicos del siglo XIX. 

"Pero llegó el siglo XX, que es el siglo de 
las vindicaciones, y en el décimo año 
de su vida dio comienzo a la gran con- 
tienda que ha de emancipar a México y a 
todos los pueblos de la América de los 
prejuicios embrutecedores del pasado. 

"La soberanía de un pueblo ha luchado 
por su dignificación y engrandecimiento, 
nos ha confiado la tarea de que quebran- 
temos los hierros del siglo XIX en bene- 
ficio de la posteridad, y nuestro principal 
deber es destruir las hipócritas doc- 
trinas de la escuela laica, de la escuela 
de las condescendencias y las tolerancias 
inmorales, y declaran vigente en México 
la escuela racional, que destruye la men- 
tira, el error y el absurdo, doquiera se 
presenten. 

"La escuela del siglo XVIII enseñaba el 
error; la escuela del siglo XIX no lo ense- 
ñaba; pero lo toleraba, porque "Natura 
non facit saltus," pues que la escuela del 
siglo XX lo combata en todos sus reduc- 
tos, por tradicionalmente respetables que 



Artículo : 



157 



sean, para lo cual necesita trocarla de 
laica en racional. Así lo piden las leyes 
de la evolución. 

"Y no se diga que el laicismo puede atacar 
el abuso.... ¡No! Antes bien exige al maes- 
tro que se abstenga de tratar en la escuela 
-a pesar de ser el templo de la verdad-, 
todo género de asuntos religiosos, ni para 
recomendarlos, ni para combatirlos... y 
en los asuntos religiosos es donde se 
hallan los errores más monstruosamente 
abominables. 

"Por lo expuesto y estando de acuerdo 
en los demás puntos que entraña el dicta- 
men de la comisión de reformas constitu- 
cionales, a la cual tengo el alto honor de 
pertenecer, pido se haga al artículo 3 o de 
que me ocupo, la única modificación 
de que la palabra laica, en todas las veces 
que se presente, se substituya por el 
vocablo RACIONAL. 

"Querétaro de Arteaga, 10 de diciembre 
de 1916.-L.G. Monzón." 

12° Sesión Ordinaria 13/12/16 

Debate 

(Se leyó el dictamen de la comisión así 
como el voto particular.) 



-Un C. secretario: Está a discusión el dic- 
tamen de la comisión. Las personas que 
deseen hacer uso de la palabra, se servi- 
rán pasar a inscribirse. - ¿No hay ninguna 
otra persona que desee inscribirse? 

- La secretaría leyó la lista de los oradores. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
diputado Múgica. 

- El C. Múgica: Señores diputados: esta- 
mos en el momento más solemne de la 
revolución. Efectivamente, señores, ni allá 
cuando en los finales del mes de febrero 
de 1913 el respetable, enérgico y grande 
gobernador de Coahuila dirigía una ini- 
ciativa a la legislatura de su estado para 
pedirle que de ninguna manera y por nin- 
gún concepto se reconociera al gobierno 
usurpador; ni allá cuando en los campos 
erizos, en donde se asienta la hacienda 
de Guadalupe, en una mañana memora- 
ble, estampábamos muchos de los que 
hemos pasado por los campos de la revo- 
lución, batallando por los ideales del 
pueblo, firmamos el Plan de Guadalupe; 
ni allá, cuando la honradez acrisolada y 
el patriotismo sin tacha de don Venus- 
tiano Carranza consignaba de una vez 
los principios primordiales de la revolu- 
ción; ni allá, cuando uno de los más ilus- 
tres caudillos de la revolución derrotaba 



158 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



a la reacción encarnada en Francisco 
Villa, en los campos de Celaya, ni cuando 
las agitaciones de la convención hacían 
temer a muchos espíritus pobres y ha- 
cían dudar a muchos espíritus fuertes en 
el triunfo; ningún momento, señores, de los 
que la revolución ha pasado, ha sido tan 
grande, tan palpitante, tan solemne como 
el momento en que el Congreso Constitu- 
yente, aquí reunido, trata de discutir el 
artículo 3 o de la Constitución de los Esta- 
dos Unidos Mexicanos. (Aplausos.) 

¿Y por qué, señores? Porque en aquellas 
etapas gloriosas no se trataba más que de 
vencer de una vez por todas al que tenía 
el poder usurpado en sus manos o de 
acabar con la reacción, y aquí, señores, 
se trata nada menos que del porvenir de 
la patria, del porvenir de nuestra juven- 
tud, del porvenir de nuestra niñez, del 
porvenir de nuestra alma máter, que debe 
engendrarse en los principios netamente 
nacionales y en principios netamente pro- 
gresistas, y evidentemente, señores, la 
ciencia pedagógica ha hablado ya mucho 
sobre la influencia que la enseñanza 
religiosa, que la enseñanza de las ideas 
absurdas, ejerce sobre los individuos para 
degenerarlos, no sólo en lo moral, sino 
también en lo físico. Yo soy profano en 
esas cosas, pero hay aquí en esta asam- 
blea muchos profesores eminentes que 



pueden hablar más claro que yo sobre este 
capítulo y a ellos dejo la palabra. 

Pero no sólo es esa la faz principalísima 
de la enseñanza religiosa en México; es 
también la política y es también la social. 
Sobre estos dos puntos, señores, aunque 
arduos y yo incompetente para tratarlos 
profundamente, quiero hablaros aunque 
sean unas cuantas palabras, a trueques de 
que se me considere enemigo del clerica- 
lismo, pues si así se me considera, si así 
se me juzga, si con ese calificativo pasa 
a la historia mi palabra, no importa, seño- 
res, porque efectivamente soy enemigo 
del clero, porque lo considero el más 
funesto y el más perverso enemigo de la 
patria. (Aplausos.) 

- El C. secretario Lizardi: Por acuerdo de 
la presidencia se recuerda a las galerías 
que deben guardar silencio y abstenerse 
de hacer manifestaciones de ninguna 
clase. 

- El C. Múgica: Veamos, señores, la faz 
política de esta cuestión. La enseñanza 
es indudablemente el medio más eficaz 
para que los que la imparten se pongan 
en contacto con las familias, sobre todo, 
para que engendren, por decirlo así las 
ideas fundamentales en el hombre; y, 
señores diputados, ¿Cuáles ideas funda- 



Artículo : 



159 



mentales con respecto a política puede 
el clero imbuir en la mente de los niños? 
¿Cuáles ideas fundamentales puede el 
clero llevar al alma de nuestros obre- 
ros? ¿Cuales ideas puede llevar el clero al 
alma de la gleba mexicana, y cuáles pue- 
de llevar al alma de los niños de nuestra 
clase media y clase acomodada? Las ideas 
más absurdas, el odio más tremendo para 
las instituciones democráticas, el odio más 
acérrimo para aquellos principios de 
equidad, igualdad y fraternidad, predi- 
cados por el más grande apóstol, por el 
primer demócrata que hubo en la ances- 
tralidad de los tiempos, que se llamó 
Jesucristo. Y siendo así, ¿vamos a reco- 
mendar al clero la formación de nues- 
tro porvenir, le vamos a entregar a nuestros 
hijos, a nuestros hermanos, a los hijos de 
nuestros hermanos, para que los eduquen 
en sus principios? Yo creo francamente 
que no, porque haríamos en ese caso una 
labor antipatriótica ¿Cuál es, señores dipu- 
tados, la moral que el clero podría trans- 
mitir como enseñanza a los niños? 

Ya lo hemos visto; la más corruptora, la 
más terrible. Yo traeré a la consideración 
de esta asamblea, en un momento más 
oportuno que este, documentos, mejor 
dicho, el proceso más terrible que se haya 
escrito contra el clero y, admírense uste- 
des, señores, escrito por el mismo clero. 
Yo creo, señores, que no necesito descen- 



der a pruebas prácticas; yo creo que con 
las razones generales que he expuesto es 
suficiente para que yo, en nombre de la 
comisión, justifique el por qué preten- 
demos que la enseñanza se quite de las 
manos del clero, es decir, que no se le 
permita tomar parte en ella; pero si esto 
no fuera suficiente yo os traería al actual 
momento histórico y os preguntaría, seño- 
res, ¿Quién es el que todavía resiste, quién 
es el que de una manera formidable nos 
hace todavía la guerra, no sólo aquí en el 
interior de la república, buscando el me- 
dio de dividir los caudillos, soplándoles 
al oído como Satanás soplaba al oído de 
Jesús, no sólo aquí en nuestra patria, sino 
en el extranjero mismo? ¿De donde nos 
viene este embrollo de nuestra política 
internacional? ¿Será de las flaquezas del 
gobierno constitucionalista? 

No, señores, porque hemos visto que 
nuestro gobierno, que nuestro Ejecu- 
tivo, en este sentido ha sido más grande, 
más enérgico y más intransigente que 
Juárez; pues sabedlo, señores, esa opo- 
sición, esa política malvada que se debate 
allá en el exterior en contra nuestra pro- 
vocando la intervención, viene del clero. 
No necesito descender a traeros aquí 
pruebas, está en la conciencia de todos 
ustedes y el que no lo crea puede ocurrir 
a fuentes oficiales, en donde podrá desen- 
gañarse ampliamente. Pero no es esto 



160 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



todo: el clero es el eterno rebelde; no se 
conforma con ser vencido una vez, quiere 
ser vencido siempre y está al acecho 
de ocasiones, está sembrando, está prepa- 
rando el terreno para más tarde dar el 
golpe, y ¿será posible que el partido libe- 
ral, que vence cada vez que se le lleva a 
los campos de batalla, cada vez que se le 
obliga a tomar el arma para vencer a su 
eterno enemigo el partido conservador, 
será posible, digo, que después de sus 
triunfos y en esta vez de nuevo abandone 
sus conquistas? 

No, señores; haríamos una mala obra, una 
mala obra, de inconscientes, si no pusié- 
ramos remedio desde hoy para evitar en lo 
futuro que nuestros asuntos ya no se re- 
suelvan por medio de las armas, sino que 
nuestras disensiones intestinas se resuel- 
van en la tribuna, en los parlamentos, por 
medio del libro, por medio de la palabra, 
por medio del derecho, y de ninguna 
manera otra vez por medio de las armas, 
porque aunque gloriosas las revoluciones 
que se hacen por principios, no dejan de 
ser dolorosísimas, porque cuestan mucha 
sangre y cuestan muchos intereses patrios. 

Sí, señores, si dejamos la libertad de ense- 
ñanza absoluta para que tome participa- 
ción en ella el clero con sus ideas rancias 
y retrospectivas, no formaremos genera- 
ciones nuevas de hombres intelectuales 



y sensatos, sino que nuestros pósteros 
recibirán de nosotros la herencia del fana- 
tismo, de principios insanos, y surgirán 
más tarde otras contiendas que ensangren- 
taran de nuevo a la patria, que la arruina- 
rán y que quizá la llevarán a la pérdida 
total de su nacionalidad. (Aplausos.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. diputado Rojas. 

- El C. Rojas: C. Primer Jefe del Ejército 
Constitucionalista: Honorable asamblea: 
Un distinguido amigo e ilustrado general 
Múgica, que acaba de darnos su sincera 
aunque vulgar opinión respecto a la mala 
y lamentable labor que ordinariamente 
hace el clero en los países católicos, ha 
tenido en cambio singular clarividencia 
al hablarnos de una gran verdad; la supre- 
ma importancia de este debate. Efectiva- 
mente, señores, diputados, esta es la hora 
emocionante, decisiva y solemne de la 
lucha parlamentaria más formidable que 
se registrará acaso en toda la historia del 
Congreso Constituyente, y lo cual se 
deduce de la sola presencia entre noso- 
tros del C. Primer Jefe, en una sesión que 
será memorable. Creó, además, señores 
diputados, que la resolución que en esta 
vez tome el Congreso Constituyente ser- 
virá para que, tanto en la república entera, 
como también en el exterior, se formen 
idea clara de cuál va a ser en realidad la 



Artículo : 



161 



obra de esta asamblea, y del color que 
tendrá la Constitución de 1857, reformada 
en Querétaro. Podrá suceder que de aquí 
salga un código netamente liberal, tole- 
rante, progresista y moderno; un código 
magno que sirva para restablecer cuanto 
antes la paz en México y para garantizar 
su estabilidad por un tiempo indefinido, 
que ojalá y fuese definitivamente. 

Podrá ser también que esta Constitución, 
por circunstancias especiales, revista un 
aspecto alarmante para las personas que 
no entienden que el apasionamiento de 
los señores diputados en esta ocasión, 
queriendo por ello calificar nuestra obra 
común como imprudente e inoportuna- 
mente jacobina, y por consiguiente reac- 
cionaria. Según ese aspecto o carácter 
general que presente nuestra carta funda- 
mental después de su forma, se juzga por 
muchas personas reflexivas, quienes no 
han perdido la serenidad en estos momen- 
tos, que de los postulados de la nueva ley 
puede salir la paz o la guerra, y que algún 
error grave del Congreso Constituyente 
volverá a encender quizá una nueva con- 
flagración en el país, cuando todavía no 
se apagan las llamas de la pasada con- 
tienda. Parece que hay sobrada razón para 
conceder tamaña gravedad al presente 
punto, dado que los antecedentes históri- 
cos en el mundo civilizado y lo que acaba 



de pasar entre nosotros mismos, lo indi- 
can así con bastante claridad. 

El debate sobre la libre enseñanza, que 
nosotros dejaremos consignada en el 
célebre artículo 3 o de la nueva Consti- 
tución, lo mismo que estuvo en la Cons- 
titución de 57, a no ser que sólo quede en 
ese artículo una huella indeleble de nuestra 
intransigencia, ha sido, en efecto, un debate 
de fondo para todos los países de civili- 
zación occidental y principalmente para 
los pueblos que profesan la religión 
católica. 

Este asunto comenzó a discutirse en el 
último tercio del siglo antepasado, duran- 
te la revolución francesa, que ha servido 
de "standard," mejor dicho, de "leader" 
o modelo, a los otros países católicos, y 
desde entonces, en las diferentes épo- 
cas de la historia de Francia, según iban 
llegando a su apogeo los sucesivos gobier- 
nos habidos en aquel país hasta hace pocos 
años, cuando se realizó en 1901 la última 
reforma jacobina del famoso ministerio 
Waldeck - Rousseau. Reforma quizá justi- 
ficada, se ha presentado una serie inte- 
resante de fórmulas constitucionales sobre 
el tema de nuestro artículo 3 o ; pero se 
ha podido observar que el concepto de los 
políticos franceses en esta materia, cam- 
bia lentamente de posición con el curso 



162 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



del tiempo, desechando antiguos prejui- 
cios, para aproximarse cada vez más al 
criterio de los pueblos de habla inglesa. 
En los países últimamente aludidos no ha 
habido cuestión de libertad de enseñan- 
za; para ellos dicha libertad es una cosa 
tan necesaria e indiscutible como la exis- 
tencia del sol en la naturaleza; para ellos 
es tradicional también que la libertad reli- 
giosa, en cualquiera de sus manifestacio- 
nes, es una de las más interesantes y 
fundamentales del hombre; por eso los 
primeros habitantes de los Estados Uni- 
dos, arrostrando peligros y privaciones 
sin cuento, vinieron a ocupar un país 
nuevo, habitado por salvajes, simple y 
sencillamente, señores, porque ellos que- 
rían poner a salvo, aunque fuera por la 
distancia, una libertad religiosa que no 
podían tener en su antigua patria. 

Pero si tal es la situación favorable y ven- 
tajosa de los pueblos sajones o escan- 
dinavos, no sucede lo mismo en aquellas 
naciones, como la nuestra, donde predo- 
mina aún la religión católica en la inmen- 
sa mayoría de la población, pues mientras 
los países protestantes del norte de 
Europa pudieron cambiar las bases más 
profundas de su criterio social, desde dos- 
cientos o trescientos años, a consecuencia 
de la reforma religiosa iniciada por el gran 
Lutero, el mundo de las naciones católi- 
cas siguió todavía con la urdimbre de las 



ideas absolutistas de Roma, así para el 
cielo como para la tierra, y en tanto que 
en aquellos países nació el "libre exa- 
men," ese libre examen que, aplicado a 
la vida política, lleva al reconocimiento 
de importantes derechos del hombre, como 
la libertad de enseñanza; los pueblos lati- 
nos no han podido menos que seguir 
acostumbrados, bajo muchos aspectos, a 
su tradicional sujeción de la conciencia. 
Porque el catolicismo viene de un período 
muy remoto, y no hace más de cien años 
que aun existía la inquisición en la Nueva 
España. Me acuerdo haber leído en la his- 
toria que hasta el año de 1808 se levan- 
taron las hogueras de la inquisición en la 
plazuela de Santo Domingo y en las de 
muchas poblaciones de este país; por 
cierto, que, acaso algún pariente mío, un 
tal Pedro Rojas, fue uno de los enjuicia- 
dos en los últimos tiempos de aquel 
tenebroso tribunal. 

Ahora bien, señores; si esto ha sido así, 
y todavía hay ahora naciones, como Es- 
paña, Austria- Hungría y más de algunas 
repúblicas sudamericanas donde el 
catolicismo es la religión de estado, parece 
lógico y natural que en todos los países 
de la misma civilización latina conserve 
la iglesia un influjo demasiado conside- 
rable sobre la conciencia de la mayoría 
de la gente, y que por esto los hombres de 
criterio más ilustrado y libre propendan 



Artículo : 



163 



a las intransigencias del jacobinismo, 
como reacción inevitable y por elemental 
espíritu de defensa, aun cuando no sean 
consecuentes con el criterio netamente 
liberal, pues el problema de dichas socie- 
dades es en realidad diverso del que nos 
ofrecen los pueblos de habla inglesa. 

Mas creo que por el progreso natural de 
las cosas, llegará un momento en que las 
nociones de libertad y tolerancia en estos 
puntos, serán iguales o equivalentes entre 
los pueblos latinos y los sajones. 

Esta en mi opinión, señores: pero no 
quiero seguir adelante sin remarcar una 
declaración que casi es opuesta a la tesis 
principal que sostengo: la de que los po- 
líticos de los países católicos tienen mu- 
cha razón para ser jacobinismo debe ser 
más o menos efectivo y más o menos radi- 
cal, según el predominio que conserve la 
iglesia católica en el espíritu público y 
los elementos que tenga allí para mante- 
nerlo. Si se demuestra que, por circuns- 
tancias especiales, la iglesia católica ha 
perdido ya su antiguo control, no será 
disculpable el jacobinismo en el mismo 
grado. Por ejemplo, en el caso de México, 
es extemporánea la fórmula intolerante 
y agresiva que nos propone la comisión 
para el artículo 3 o después de haberse 
dado las leyes de Reforma y de realizada 
la independencia de la iglesia y del estado. 



Yo entiendo que Juárez y los hombres de 
la Reforma, fueron eminentemente jaco- 
binos y por tanto, inconsecuentes bajo 
algunos aspectos con el clásico crite- 
rio liberal inglés; pero nadie les debe 
tachar en eso, por las razones indicadas, 
aunque se ha de confesar lisa y llana- 
mente que la Reforma, entre sus grandes 
principios, tuvo también sus exageracio- 
nes en meros detalles que afearon la ley, 
y precisamente por esta circunstancia, o 
sea por la exageración de las Leyes de 
Reforma en puntos secundarios que no sig- 
nificaban nada. Ha sido tan difícil man- 
tenerlas en todo vigor, pues por una 
reacción natural de la masa católica del 
pueblo mexicano, el gobierno del general 
Díaz y después el del señor Madero, fue- 
ron en esa línea muy tolerante. A mi 
juicio, ésta era una consecuencia lógica 
y no podía manifestarse el fenómeno de 
otra manera. 

Si estos son los antecedentes históricos 
del debate, las circunstancias del mo- 
mento entre nosotros no son menos sig- 
nificativas. Hace cinco o seis días, en 
efecto, que casi todos los señores dipu- 
tados se han apresurado a reunirse con 
los compañeros afines en ideas, habiendo 
surgido entre unos y otros acaloradas 
discusiones. Desde entonces, señores, 
voy a confesarlo sin ambages, muchas 
veces he sentido desaliento al estudiar el 



164 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



dictamen de la comisión entre el grupo 
de diputados que nos venimos juntando 
en uno de los salones de la escuela de 
Bellas Artes, y no ha habido uno de noso- 
tros sin dudas y vacilaciones cuando nos 
hemos enfrentado con este problema del 
artículo 3 o . 

Sí, señores; después de cinco o seis no- 
ches de tener fija nuestra atención en tal 
asunto, buscando cuál debía ser la solu- 
ción, ha venido un momento de aba- 
timiento, acaso de pánico en nuestras 
filas; porque nos formamos la idea de que 
no tendríamos la fuerza de convicción 
suficiente para poder arrastrar a las perso- 
nas que no eran de nuestro criterio; por- 
que hemos visto que la mayoría de los 
señores diputados de esta honorable 
asamblea, es partidaria de la reforma 
jacobina y porque esa mayoría supone, 
de buena fe, sin duda, que es preciso 
hacer en este caso una reacción sobre la 
fórmula que nos legaron nuestros padres 
desde el año de 1857. Yo no dudo absolu- 
tamente de la sinceridad ni de la indepen- 
dencia de algunos compañeros de Cámara, 
y por esa misma razón nos encontramos 
todos convencidos de su buena fe. 

No quiero alargar, por otra parte, este dis- 
curso, pero tengo muchos deseos de hacer 
ciertas aclaraciones, sin embargo de que 
esas aclaraciones podrían traer sus con- 



secuencias, acaso de lamentarse, en vista 
de las condiciones especiales del mo- 
mento. Además, señores diputados, el 
inconveniente se agrava debido a otras 
circunstancias políticas y también a los 
mutuos perjuicios existentes entre los di- 
ferentes grupos de la Cámara y sobre los 
cuales me voy a referir libremente, en 
busca de un cambio de dirección. Quiero 
también, porque es de mi deber, hablar 
esta tarde con toda verdad; hay veces, 
señores, que es preciso decir las verda- 
des más imprudentes, las verdades que 
causen más molestia a determinados com- 
pañeros en bien de la patria. 

Y voy a decir en esta asamblea y en esta 
oportunidad, cuando está presente el 
Primer Jefe, una de las cosas que muchos 
de nosotros tenemos en la conciencia y 
que sin la excitación y solemnidad del 
momento, ninguno diría. Señores dipu- 
tados, la dificultad de esta cuestión y de 
estas controversias viene de que ha 
habido alguna preparación inconveniente 
en los elementos de esta Cámara, por 
parte del grupo que dirige el señor licen- 
ciado Manuel Aguirre Berlanga, quien ha 
faltado por esos a sus deberes de revolu- 
cionario y a las consideraciones de la 
lealtad que debe al C. Primer Jefe. (Voces: 
¡No; no es verdad!) Señores diputados: 
he dicho que iba a expresar verdades; sin 
embargo de eso, soy el primero en reco- 



Artículo : 



165 



nocer que el señor Aguirre Berlanga 
probablemente hizo esta labor sin pensar 
o sin haber reflexionado en todas sus 
consecuencias. (Voces: ¡No, no es cierto!) 

- El C. Ibarra: Pido la palabra para un 
hecho. (Voces: ¡No, no!) El señor licen- 
ciado Aguirre Berlanga malamente pudo 
haber hecho una preparación aquí en la 
Cámara, con el objeto de que a este ar- 
tículo se le diera una interpretación jaco- 
bina, porque tengo aquí en estos momen- 
tos un artículo escrito por él, cuando se 
iniciaba apenas la campaña electoral, 
en que por el contrario expone él aquí 
ideas demasiado moderadas. Si ustedes 
gustan, puedo leer algunos párrafos. 
(Voces: ¡No, no!) 

- El C. Palavicini: No se puede interrum- 
pir al orador; las rectificaciones de hechos 
se hacen después que haya concluido. Así 
lo ordena el reglamento. 

- El C. presidente: Se recomienda al C. 
Rojas se sujete al reglamento, que dice que 
no se deben hacer alusiones personales. 

- El C. Rojas: Es verdad que el regla- 
mento dice eso, pero en vista de la grave- 
dad del asunto debo hacer, no alusiones 
personales, puesto que el señor Aguirre 
Berlanga no figura ya entre nosotros como 
diputado, sino relatar hechos que tienen 
relación con el debate. 



Si el señor licenciado Aguirre Berlanga 

ha cometido un error (Voces, siseos.) 

Lo digo honradamente, porque yo siem- 
pre he tenido el valor de mis conviccio- 
nes; pues bien, señores, creo que el señor 
Aguirre Berlanga ha cometido una equi- 
vocación, porque indudablemente su 
papel de subsecretario de guerra (voces: 
¡No, de gobernación!) era haber trabajado 
entre los elementos de la Cámara para 
interpretar con talento y secundar en for- 
ma conveniente y patriótica el pen- 
samiento del jefe de la revolución y no el 
de preparar con ellos una especie de 
oposición al proyecto del C. Carranza. 
(Rumores.) El señor Aguirre Berlanga no 
tuvo probablemente en su ánimo la 
reflexión de todo lo que significa en esta 
oportunidad su labor; probablemente lo 
hizo con la mejor buena fe, y la prueba de 
ello es que el C. Primer Jefe lo ha conser- 
vado en su puesto. Tal es mi criterio sobre 
la conducta del señor licenciado Agui- 
rre Berlanga, de manera que huelga la 
discusión sobre el particular; mas hoy 
necesitamos decir la verdad, aplicarla 
como cauterio en el Congreso Consti- 
tuyente, y yo lo hago por patriotismo, lo 
hago porque es mi deber.... 

- El C. Calderón, interrumpiendo: Señor 

presidente: es absolutamente (Voces: 

¡No, no!) Yo no vengo aquí más que a 
defender el prestigio del gobierno. Pido 
la palabra. Es un incidente nada más. 



166 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



(Voces, murmullos: ¡No, no!) Por respeto 
al C. Primer Jefe. 

- El C. De los Santos: Favor de hacer res- 
petar el reglamento del Congreso, señor 
presidente. 

- El C. Rojas: Y bien, señores; sobre este 
incidente que debemos dejar aparte, voy 
a agregar otro; el señor general Obregón 
ha enviado un mensaje a los señores dipu- 
tados de Jalisco y de occidente, recomen- 
dándoles una actitud intransigente. Este 
telegrama se publicó en "Gladiador." 

- El C. Monzón: No puede usted asegurar 
eso. La delegación de Sonora es suficien- 
temente honrada. 

- El C. Aguirre: Nuestra labor es entera- 
mente radical, enteramente revoluciona- 
ria y no creo que mi general Obregón, jefe 
militar tan grande, como gran ciudadano 
también, descienda la politiquería de gabi- 
nete, ni de ningún género. (Aplausos.) 

- El C. Rojas: Verá el señor que haré 
justicia al señor general Obregón, y que no 
doy a su mensaje ninguna otra trascen- 
dencia que la que le dan sus mismas 
palabras. Voy a continuar: Decía yo que 
ha venido ese mensaje a ser un expo- 
nente de cuál es el espíritu que anima a 



una parte considerable de esta asamblea 
y por qué razón hay en ella dos grupos. 
Han visto ustedes al señor Aguirre Ber- 
langa encabezado a uno de los grupos 
de diputados y preparándose... (voces: 
¡No es cierto!) ...pues solamente que 
mis ojos me hayan engañado... (Voces: 
¡Sí, sí!, Murmullos.) 

- El C. presidente: Se recomienda al señor 
Rojas se sujete al reglamento y si no, me 
veré precisado a quitarle el uso de la 
palabra. 

- El C. Reynoso: Pido la palabra para una 
moción de orden. 

- El C. Presidente: Tiene la palabra el C. 
Reynoso. 

- El C. Reynoso: Suplico a su señoría 
mande leer el artículo 105 del reglamento. 

- Un C. secretario: "Art. 105. No podrá 
llamarse al orden al orador que critique 
o censure a funcionarios públicos por 
faltas o errores cometidos en el desem- 
peño de sus atribuciones; pero en caso 
de injuria o calumnia, el interesado podrá 
reclamarlas en la misma sesión, cuando 
el orador haya terminado su discusión, 
o en otra que se celebre en día inmediato. 
El presidente instará al ofensor a que las 



Artículo : 



167 



retire o satisfaga al ofendido. Si aquél no 
lo hiciera así, el presidente mandará que 
las expresiones que hayan causado la 
ofensa se autoricen por la secretaría, inser- 
tándolas ésta en acta especial, para pro- 
ceder a lo que hubiere lugar." 



vas y enderezar un nimbo que nos pudiera 
llevar al desastre. Se trata de un prejuicio 
sobre cuál es la significación política de 
los pocos renovadores que quedan sir- 
viendo lealmente al señor Carranza. 
(Siseos.) 



Por acuerdo de la presidencia se lee 
también el artículo 13 del reglamento 
reformado. "Art. 13. Los individuos del 
Congreso, aun cuando no estén inscritos 
en la lista de oradores, podrán pedir la 
palabra para rectificar hechos. Quedan 
prohibido hacer y contestar alusiones per- 
sonales mientras no se haya terminado 
el debate de los asuntos de la orden del 
día o de los que el Congreso o el presi- 
dente estimen de interés general. El pre- 
sidente, en caso de desobediencia, llamará 
al orden al infractor y aun podrá suspen- 
derle el uso de la palabra. " 

- El C. Rojas: Ahora bien, señores, la ex- 
plicación no se va a tardar; yo creo que la 
equivocación del señor Aguirre Berlanga 
en su actitud y la del señor general Obre- 
gón al enviar el mensaje, están perfec- 
tamente explicadas. Necesitaba citar 
estos hechos con objeto de presentar a 
ustedes un ejemplo claro de nuestra peli- 
grosa situación, porque en esta tarde y 
en esta sesión, mi principal propósito es 
rectificar nuestras posiciones respecti- 



Se trata del prejuicio que hay entre mu- 
chos de los señores revolucionarios que 
tomaron las armas y de muchos de los 
señores diputados al Congreso Constitu- 
yente que se sientan a la derecha de esta 
Cámara, respecto a nuestra indepen- 
dencia de ideas. Se me ha dicho por algu- 
nos cuál es el verdadero sentimiento 
sobre el particular; se nos supone a 
nosotros incondicionales del Primer Jefe; 
y hay que decir la verdad; permítanme 
decir la verdad con toda crudeza, porque 
eso va a ser para el bien de la patria, acla- 
rando el ambiente de este recinto y facili- 
tando una mejor inteligencia entre todos 
nosotros. Se nos acusa a los renovadores 
de que estamos vendidos a los reaccio- 
narios; de que estamos vendidos, si, seño- 
res, para sugestionar al Primer Jefe y 
valemos de su autoridad, con el fin de 
imponer un texto del artículo 3 o al gusto 
de la clerecía y eso no es cierto, eso es un 
absurdo. Hay que ser francos; tal es el 
perjuicio que explica la actividad del se- 
ñor Aguirre Berlanga y el mensaje del 
general Obregón. (Voces: ¡No, no!) 



168 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Lo que yo siento lo digo honradamente, 
señores. 

- El C. Álvarez: ¿Me permite usted que 
conteste en nombre de la diputación del 
Estado de Michoacán? (Voces: !No, no, 
que no hable!) 

- El C. Rojas: Lo que decía yo es precisa- 
mente la explicación de todo esto. Cuando 
el señor Aguirre Berlanga, cuya actuación 
ha sido enteramente disculpada después 
por el Primer jefe, puesto que la han sos- 
tenido en su puesto, cometió el error dema- 
siado grave, sin embargo (rumores) de lo 

que se nos acusa (rumores) estos son 

los principales prejuicios que hay en el 
seno de los diputados de la derecha, acer- 
ca de los renovadores. Además, existe la 
preocupación, digamos histórica, respec- 
to a la responsabilidad que puede caer a 
los últimos por su actitud en la sesión 
tristemente célebre de la noche del 19 de 
febrero de 1913. Lo que haya de justo en 
ello para cada uno de los grupos que enton- 
ces formaban la Cámara de Diputados, o 
para uno de los individuos que pertene- 
cíamos a ese memorable parlamento, es 
indudable que está ya escrito en la his- 
toria y no habrá poder humano que pueda 
quitar o menguar a nadie la responsabi- 
lidad que le corresponda; pero no es opor- 
tuno, ni razonable, ni lógico, eso de que, 
porque se supone que somos más o menos 



responsables moralmente ante la poste- 
ridad, se nos repita a cada momento, 
venga o no venga al caso y a todos sin 
excepción el mismo anatema de cobardes 
o traidores, con el propósito de eliminar- 
nos de la vida política de México, sin que 
valgan aclaraciones de ninguna especie 
para librarnos de ese odioso como injusto 
sambenito. 

Voy a hablar con toda franqueza sobre 
este punto; convengo con ustedes por 
un instante en que hubo falta de valor en 
algunos de los diputados maderistas a la 
XXVI legislatura la noche del 19 de febre- 
ro de 1913; doy por sentado que esos 
hombres debieron desentenderse de cual- 
quiera otra consideración, limitándose a 
jugarse la vida bravamente, votando 
entonces conforme a la convicción polí- 
tica que se les supone y conforme lo 
reclamaban los verdaderos intereses de 
la patria. 

Pues bien, señores, aun admitiendo que 
esto sea la verdad y que ninguna demos- 
tración se hubiera hecho en contrario, 
simple y sencillamente resultan faltos de 
mérito, pues nadie está obligado a ser tan 
valiente. Pero al tratarse sólo de si esos 
diputados tuvieron o no tuvieron miedo, 
que ninguno tire la primera piedra si no 
se encuentra limpio de un miedo seme- 
jante en estas épocas de lucha y conmo- 



Artículo : 



169 



ciones. Por lo demás, todo esto es muy 
diferente de la constancia y la voluntad 
decidida de servir a la causa de la revo- 
lución, demostrada por los renovadores 
que han seguido al señor Carranza. Mas 
tamaños cargos que están en ánimo de 
ustedes, los he traído a colación, porque 
necesitamos desvanecerlos, señores, ya 
que es preciso que nos conozcamos 
mutuamente; de otra manera, no nos po- 
dremos entender jamás, ni tampoco nos 
podremos tener confianza. 

Ya he dicho bastante de cuáles han sido 
las sospechas o prejuicios de ustedes; 
ahora voy a referirme a nuestras sospe- 
chas. Nosotros hemos mal interpretado 
la actitud de señor Aguirre Berlanga de 
encabezar las reuniones de ustedes... 
(Voces: ¡No es cierto!) ... y hemos tam- 
bién interpretado mal el mensaje del 
señor general Obregón y así como... 
(Voces: ¿Cuál es el mensaje?). ...El men- 
saje a que se ha referido en términos 
concretos el señor general Amado 
Aguirre. Pues es muy fácil que yo me equi- 
voque sobre el particular... (siseos). Pero 
de otra manera no podremos marchar ni 
entendernos. Ahora estoy haciendo una 
especie de balance sobre nuestro respec- 
tivo debe y haber; necesitamos hacer este 
balance; yo no quiero atacar personal- 
mente a nadie; esto es contra mi práctica, 
es contra mi costumbre tradicional en el 



periodismo y en la política; lo quiero en 
realidad pretendo es estimar debida- 
mente los hechos para nuestra posible 
inteligencia. 

En muchas ocasiones de mi vida he encon- 
trado que yo no soy amante de confundir 
las cuestiones personales con las cuestio- 
nes políticas; yo les tiendo la mano a mis 
enemigos políticos, dentro de cierto límite, 
por supuesto; también tengo una larga 
historia de periodista y durante ella he 
atacado a muchas personalidades, pero 
siempre buscando alguna razón de inte- 
rés público, y lo repito una vez más, 
señores diputados, he venido esta tarde 
con la profunda convicción de que si no 
logramos entendernos, precediendo des- 
pués con toda rectitud, comprometemos 
el éxito de este Congreso Constituyente. 
Perdóneseme, pues, la ligereza de pala- 
bra si acaso les ofende, en obsequio a mi 
deseo sincero, en atención a mi propósito 
honrado. Hablo por mí mismo y pienso, 
en cierto modo, interpretar también a 
muchos de mis compañeros. 

Nosotros hemos creído aquí en que algo 
había detrás de la reunión y actitud de 
ustedes y del mensaje del general Obre- 
gón. (Siseos.) Un hombre honrado dice lo 
que piensa, aunque a veces se equivoque. 
Yo he creído sinceramente en que allí se 
ocultaba una maniobra política; eso mis- 



170 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



mo lo han creído muchos de nuestros 
mismos compañeros y lo ha creído quizá 
la república entera. (Siseos.) Será o no 
será verdad; los hechos posteriores 
hablarán. (Siseos.) Existe ese telegrama 
y la mala inteligencia de nosotros; yo pro- 
curo aclarar el punto para evitar con- 
secuencias desfavorables; lo digo honra- 
damente, lo digo con toda la verdad, con 
toda la convicción de que he dado prue- 
bas muchas veces en mi vida, y todos 
debemos contribuir a conjurar ese peligro 
o inconveniente. En resumen, no hay fun- 
damento ni para nuestros temores, ni para 
que ustedes nos tomen como reaccio- 
narios, ni como sugestionadores del señor 
Carranza o como incondicionales de cual- 
quiera de sus ideas. Llevamos ya muchos 
días de debates; cada uno de nosotros se 
ha presentado con su bagaje de convic- 
ciones, y hemos tenido bastante oportu- 
nidad para conocernos mutuamente. 

Ahora voy hacer otra aclaración entera- 
mente sincera, porque no la haría tam- 
poco si no estuviera en mi corazón antes 
que en mis labios. Tengo la seguridad, y 
lo digo con satisfacción, de que la mayo- 
ría de los individuos que forman el 
Congreso Constituyente son hombres 
de buena fe, con mucha independencia de 
carácter, con el deseo y la decisión de dejar 
huella de su criterio en la nueva Consti- 
tución, sin consideraciones a nadie ni a 



nada; pero, desgraciadamente, equivoca- 
dos en un punto fundamental y con graves 
prejuicios contra nosotros, o cuando menos 
distanciados por cosas inoportunamente 
traídas a colación, por las circunstancias 
mismas que los debates sobre el proyecto 
del Primer Jefe. ¿No es esto verdad? 

Esos motivos están en las prevenciones de 
nosotros contra usted y de ustedes con- 
tra nosotros; pero la historia de este 
Congreso Constituyente nos daría mu- 
chas oportunidades para que al fin de los 
debates nos reconciliemos mutuamente 
y puedan ustedes convencerse de que yo 
no he asegurado nada inexacto o incon- 
veniente. Uno de los síntomas que debe 
tenerse como termómetro o como señal 
clara y palmaría de la verdad sobre este 
punto, me lo ha revelado un rasgo de inge- 
nuidad y honradez del señor coronel 
Chapa. El señor coronel Chapa es uno 
de aquellos jóvenes valientes que han 
tomado las armas para luchar por la revo- 
lución constitucionalista y que ahora 
viene a dar su contingente de trabajo y 
pensamiento para la gran obra de recons- 
tmcción que proponemos llevar a cabo. 

El señor Chapa ha tenido también su parte 
en los perjuicios a que hice referencia y 
que me diga si falto a la verdad; ha mani- 
festado en una de las reuniones que hace 
pocas noches tuvimos en el salón de Bellas 



Artículo : 



171 



Artes, que había venido de Tamaulipas con 
un bagaje de ideas y de argumentos para 
luchar contra los conservadores de esta 
Cámara, en cumplimiento de su deber; 
pero que pronto se dio cuenta de que aquí 
no había conservadores y de que la lucha 
únicamente se iba a librar entre jacobinos 
y liberales. ¿Es esto cierto, señor Chapa? 

- El C. Chapa: Esas fueron mis palabras. 

- El C. Rojas: Ahora bien, hablé antes de 
que yo justifico, hasta cierto punto, el cri- 
terio jacobino en los países hispa- 
noamericanos, de la misma manera que 
lo justifico en Francia, en Bélgica o en 
Austria-Hungría, donde la religión 
católica es la dominante. Además, yo 
creo, señores, que la actitud más violenta 
se explica y disculpa enteramente en los 
momentos de lucha armada, y esto aca- 
bará de convencer a la asamblea de que, al 
decir algunas verdades, hirientes quizá, 
lo hice con el ánimo de que más tarde 
nos servirían a todos, porque lo que aquí 
se diga y se autorice, se dice y se autoriza 
para toda la república, y lo que aquí se 
descarga o se explica, se descarga y se ex- 
plica para toda la república. 

En efecto, señores, el jacobinismo extem- 
poráneo e inoportuno que pueda surgir 
de esta asamblea y nos puede llevar tam- 
bién a una nueva contienda armada, tiene 



una explicación naturalísima, no solamente 
porque la masa de nuestra población es 
católica, sino también como consecuen- 
cia inmediata de la guerra que acaba de 
pasar. Yo comprendo sin dificultad que 
un señor general X, ameritado, patriota, 
valiente, liberal, despreocupado y sola- 
mente atento a saber cumplir su papel 
como soldado revolucionario en acción, 
venga a la plaza de Querétaro e incendie 
los confesionarios de todas las iglesias 
en la plaza pública, que funda las cam- 
panas, que se apropie las escuelas del 
clero, como lo ha hecho el mismo señor 
Aguirre Berlanga en el estado de Jalisco, 
y hasta que cuelgue a algunos frailes. 

Todo esto me parece perfectamente expli- 
cable entre nosotros, nadie lo condenará 
en el momento de la guerra, si es hombre 
imparcial e ilustrado; y bien, señores, ¿no 
les parece a ustedes lógico y natural que 
por un sentimiento de inercia, si es posi- 
ble que haya sentimientos inertes, o mejor 
dicho, por el impulso que traen las ideas, 
ese general, que ha tenido en los días de 
lucha tamaña libertad de acción, que se 
ha visto aplaudido con eso por los hom- 
bres más liberales y más inteligentes, se 
incline a ver autorizados tales actos aun 
en tiempo de paz? ¿No les parece natural 
y lógico que ese militar, cuando se llega 
la hora de hacer una ley entre revolucio- 
narios y radicales, busque el precepto legal 



172 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



que se pueden quemar los confesiona- 
rios, que se pueden fundir las campañas, 
que se pueden colgar los frailes? (Voces: 
¡No, no!) 

Por supuesto, señores diputados, que no 
hay que tomar las cosas al pie de la letra 
ni tan a pecho; ustedes vean lo que hay de 
justicia en el fondo de mis ideas, porqué 
aunque no sea exactamente, sucederá 
que un general de esos, quisiera de la 
mejor buena fe dejar escrito en una ley 
mucho de ese radicalismo, de ese calor 
de la guerra y encontrará pálido cualquier 
precepto hecho en tiempo de paz; encon- 
trará incoloro, reaccionario, inconve- 
niente, un precepto que se ha concebido 
en frío y conforme sólo a los dictados del 
derecho y la jurisprudencia. 

Esto me parece tan lógico, que no extra- 
ño, por consiguiente, el jacobinismo exal- 
tado de los militares más patriotas, a 
muchos de los cuales tanto debe el país 
y que acaso figurarán mañana o pasado 
entre nuestros mejores gobernantes y 
grandes estadistas. Ahora bien, señores 
diputados de la derecha; precisamente 
ustedes representan en esta Cámara el 
criterio acalorado de esos militares de 
toda la república; de esos hombres equi- 
vocados sin malicia que en estos momen- 



tos no quieren admitir la razón de los 
espíritus serenos, suponiendo que el Pri- 
mer Jefe incurre en grave error al dar un 
precepto incoloro para las enseñanzas, 
un precepto en favor de los reaccionarios 
o clericales, un precepto inconveniente 
en el Código fundamental reformado, por 
más que sea la continuación del mismo 
pensamiento liberal contenido en el ar- 
tículo 3 o que nos legaron nuestros padres 
en 1857. (Aplausos.) 

Y deseaba llegar a esta conclusión que 
manifestaré con toda franqueza. Yo cele- 
bro tal circunstancia, porque ustedes, 
señores, tienen el gran deber de servir de 
intermediarios entre nosotros y esos jefes 
u hombres de armas en general de la revo- 
lución, suavizando sus temores o prejui- 
cios, haciéndoles comprender que lo que 
sale de aquí no ha sido una imposición, sino 
la resultante de nuestro criterio combi- 
nado y de nuestras empeñadas y libres 
discusiones. Si vosotros sabéis cumplir 
esa obligación, no creo que, cualquiera 
que fuese la oposición de creencias entre 
los diversos grupos directores del país, 
pudiera surgir de aquí el chispazo de una 
nueva guerra; pero no olviden ustedes, 
señores diputados, el gran papel que tie- 
nen que representar en este caso, porque 
la nación entera está fija en vosotros y 



Artículo : 



173 



espera, con razón, que sabréis encarrilar 
y organizar la república en la medida de 
vuestro patriotismo. (Aplausos.) 

Por lo demás, voy a insistir otro poco 
sobre el tema de nuestra incondicionali- 
dad al Primer Jefe, (Voces: ¡no, no!) Nece- 
sito hablar con más amplitud; señores, 
tengan ustedes paciencia; creo que estoy 
en mi derecho para ello; no hay que alar- 
marse, pues ha pasado lo más escabroso. 
Quiero decir con todo valor y sinceridad, 
en este momento en que está presente el 
Primer Jefe, que yo no soy ni he sido 
nunca un incondicional, y les juro o pro- 
testo por mi honor, que votaré con ustedes 
cuantas veces llegue a impresionarme de 
sus razones. 

- El C. Aguirre: El Primer Jefe no admite 
incondicionales. 

- El C. Rojas: Repito, señores, que no soy 
incondicional del Primer Jefe ni de nadie; 
y el día en que yo no esté conforme con 
su política, ese día me voy tranquilamente 
a mi casa. Si hoy vengo a secundar en este 
recinto las ideas del Primer Jefe, es por 
que están perfectamente de acuerdo con 
mi honrada convicción. Hechas estas 
aclaraciones, continuó en el uso de la 
palabra. Voy a traer a colación el viejo 
proloquio de que no hay mal que por bien 
no venga, pues creo que la tormentosa 



situación que ha producido entre nosotros 
un debate tan violento y apasionado, en 
lugar de ser perjudicial, favorece y pres- 
tigia en cierto modo la obra de este Con- 
greso, porque sirve para demostrar, de la 
manera más palmaria, que hay aquí dis- 
cusión e independencia verdadera; por- 
que sirve para dar vida a las nuevas 
instituciones en el alma nacional; porque 
sin estas pasiones y controversias, seño- 
res diputados, la nueva Constitución de 
1917 habría nacido muerta; sí, señores: 
Es preciso que los grandes códigos de 
todos los pueblos vengan como la ley 
de Moisés, bajando del Sinaí entre relám- 
pagos y truenos. (Aplausos.) 

Tengo aún muchas cosas de algún interés 
que quisiera tratar de esta sesión, pero 
abrigo ciertos temores de que la presi- 
dencia me suspenda el uso de la palabra 
a lo mejor, por habérseme acabado el 
tiempo que marca el reglamento, y, por 
consiguiente, voy a concluir, dejando los 
otros puntos para mejor ocasión. Después 
de tantas digresiones, más o menos im- 
portantes, llego el punto esencial del 
debate, y sin embargo de sus inconve- 
nientes o peligros: sin embargo de todos 
esos fulgores cárdenos que hizo brillar 
en el seno de esta asamblea, parece, seño- 
res, meditando serenamente, como yo he 
meditado sobre la forma presentada por 
la respetable comisión dictaminadora 



174 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



para el artículo 3 o que sólo se trata en el 
fondo de una verdadera tempestad en un 
vaso de agua, que traerá más bien bene- 
ficios que inconvenientes para el futuro 
de esta Cámara. 

Efectivamente, he analizado con todo 
empeño este punto, reconcentrando mi 
imaginación y el intelecto más o menos 
escaso de que me ha dotado la naturaleza, 
para encontrar la clave de semejante 
dificultad, y como fruto de mis medita- 
ciones, después de dos noches o más de 
vigilias, después de dos o más noches 
de preocupaciones e insomnios, he tenido 
la fortuna de exclamar como Arquí- 
medes no encuentro de pronto la pala- 
bra. (Voces: ¡eureka, eureka!) 

Toda la dificultad es obra, simple y sen- 
cillamente, de un defecto de forma y no 
de fondo; de la presentación impropia y 
escandalosa que exhibe el dictamen 
formulado por la honorable comisión, la 
que ha tenido así la feliz atingencia de equi- 
vocarse en este caso grave, pues de esa 
manera se evitarán dificultades y tropie- 
zos en el resto de las discusiones, como 
lo voy a demostrar. 

La verdadera diferencia de ideas del ar- 
tículo 3 o y exposición de medios entre 
el proyecto del Primer Jefe y la redacción 
presentada por la honorable comisión, sería 



casi pueril, o casi ridicula, si no diera pre- 
texto para tan serias consecuencias. Ana- 
lizando el precepto a debate, como la 
comisión lo desea, encuentro estas con- 
clusiones: a la honorable comisión no le 
pareció bien que en el proyecto del Pri- 
mer Jefe se omitiera aquello de la ense- 
ñanza obligatoria; fue una de las fórmulas 
radicales del jacobinismo francés que han 
podido justificarse ante la historia. Nues- 
tra Constitución de 57 no habló de tal cosa, 
pero los hombres de la Reforma tuvieron 
el acierto de completar su labor desfana- 
tizadora, modificando el fondo del artículo 
3 o , y desde entonces también en México 
fue la enseñanza laica y obligatoria. 

Me refiero sólo a la de la enseñanza obli- 
gatoria, porque en cuanto a laico, no se 
ha ofrecido todavía entre nosotros motivo 
de discrepancia, ya que, al parecer, no se 
toman en serio las genialidades del señor 
diputado Monzón. Pues bien, solamente 
aquel punto no hay tampoco verdadera 
dificultad; tanto el Primer Jefe como la 
comisión y la asamblea, están realmente 
de acuerdo. Lo único que sucede en el 
fondo, es que buena parte de esta asam- 
blea no tiene la suficiente preparación 
jurídica y no se ofendan por ello; tengan 
ustedes la bondad de no exagerar el al- 
cance de mis palabras, lo digo con la mejor 
intención; no hay en la mayoría suficiente 
preparación, y se ha ignorado o no se ha 



Artículo : 



175 



entendido suficientemente lo que signi- 
fica o vale con toda propiedad la sección 
de garantías individuales. 

Estas garantías son las limitaciones en 
favor del individuo que se oponen al 
abuso de la autoridad y están sancio- 
nadas, protegidas y aseguradas de manera 
especial, por el recurso de amparo, honra 

y gloria del derecho mexicano por 

más que dicho juicio o recurso de amparo 
haya tenido hasta ahora muchos incon- 
venientes y deficiencias; pero justamente 
una de las cosas de que estaremos or- 
gullosos en la nueva Constitución, es el 
tino con que se ha simplificado y redu- 
cido el juicio de amparo, a fin de hacerlo 
mucho más práctico y efectivo. Repito que, 
si en la sección de garantías individuales 
lógicamente se trata sólo de limitacio- 
nes al poder y no al individuo, es entera- 
mente impropio y fuera de lugar que se 
hable allí de la enseñanza obligatoria, y 
por eso el C. Primer Jefe, con un buen 
juicio y con una intuición admirable, ha 
decidido que esa obligación sea desig- 
nada en su puesto, en donde se hayan las 
demás obligaciones de los nacionales. 

Todos los mexicanos, efectivamente, 
están obligados, entre otras cosas, según 
dice el artículo 3 1 del proyecto de refor- 
mas, a ir a la escuela y dentro de los térmi- 
nos generales que fija la federación puede 



cada estado reglamentar el precepto a su 
gusto. Por consiguiente, en esto no hay 
absolutamente motivo de diferencia ente 
el criterio del Primer Jefe y el de la comi- 
sión o el de la respetable asamblea. Vamos 
ahora a otro punto, el más escabroso de 
todos; la restricción al clero, terminante, 
resuelta y audaz en materia de enseñanza, 
que hace la comisión dictaminadoray que 
ha tenido un eco vibrante en la Cámara hace 
pocos momentos, al oírse sus razones en 
esta tribuna por boca de su presidente, el 
general Múgica, quien a la verdad es un 
anticlerical sincero, valiente y capaz de aca- 
bar con todos los clérigos del mundo si a 
mano los tuviera. (Aplausos.) 

Y bien, señores, tampoco hay aquí difi- 
cultades o diferencias de criterio; los 
miembros de la comisión han creído que 
el artículo de que se trata debía tener esta 
prescripción terminante: "el clero, tanto 
los individuos, como las corporaciones, no 
podrán enseñar en México." Pues el Pri- 
mer Jefe acepta en el fondo la misma idea 
con mucha razón, pero también la ha 
puesto en su lugar, en el artículo 27, donde 
no produce alarma por el antecedente 
de las Leyes de Reforma, que allí le sir- 
ven de marco y las cuales están aceptadas 
en todas partes como un hecho con- 
sumado y excelente de la vida pública de 
México. El propósito de la comisión se 
reduce a sus justos términos en el artículo 



176 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



27, que me voy a permitir leer para que 
ustedes perciban perfectamente la verdad 
de lo que digo. Dice así en la parte 
conducente: 

"Las instituciones de beneficencia públi- 
ca o privada para el auxilio de los necesi- 
tados, la difusión de la enseñanza, la ayuda 
recíproca de los individuos que a ellas 
pertenezcan o para cualquier otro objeto 
lícito, en ningún caso podrán estar bajo 
el patronato, dirección o administración 
de corporaciones religiosas ni de los mi- 
nistros de los cultos, y tendrán capacidad 
para adquirir bienes raíces, pero única- 
mente los que fueren indispensables y 
que se destinen de una manera directa e 
inmediata al objeto de las instituciones 
de que se trata. " 

Así, pues, la restricción en el artículo 27 
es justificada, tolerable y feliz; no des- 
pertará temores o escándalos ni en México 
ni en el extranjero, particularmente entre 
los católicos y los emigrantes mexicanos 
en los Estados Unidos de América; pero 
la restricción equivalente en el artículo 
3 o es menos feliz, menos oportuna y 
menos discreta, porque aquí aparece más 
agresivo el precepto, y por otra parte, ya 
no se explica por el espíritu general de las 
Leyes de Reforma. Resulta, entonces, 
que toda la opción de ideas que hay entre 
nosotros por el alcance que ha de darse 
al artículo 3 o , se reduce a una solo pala- 



bra o concepto. El proyecto del Primer 
Jefe establece la libertad de enseñanza, 
y cuando ella se refiere sólo a los indi- 
viduos, debe entenderse sin restricción; 
por eso ha sido empleada con propiedad 
la frase "plena libertad de enseñanza. " 

A mi juicio, esa libertad no podía ser 
formulada de una manera más completa 
y verdadera, porque es una de aquellas 
cosas que sería imposible restringir en la 
vida del hombre, aunque lo quisiera esta 
asamblea y todas las asambleas del mun- 
do; siempre habría modo para el católico, 
el protestante o el filósofo pudiesen ense- 
ñar privadamente y quizá con mejor 
ventaja. Si en la primera parte del artículo 
3 o el Primer Jefe establece que la ense- 
ñanza individual es libre, el segundo inciso 
del mismo párrafo habla de que será laica 
la instrucción pública, es decir, la que se 
dé en establecimiento públicos de educa- 
ción. Esto ya es otra cosa y se debe conside- 
rar como una función especial e interesante 
de las sociedades; es en la que el gobier- 
no ha de tener no sólo el control, sino 
también ciertas obligaciones. Desde el 
punto de vista más correcto, se formula 
la perfecta neutralidad del gobierno 
en la enseñanza pública, respecto a todas 
las instituciones o creencias religiosas o 
filosóficas al establecer que ella será 
laica; pero está condición no se extiende 
a los establecimientos educativos de los 



Artículo : 



177 



particulares, como pretenden los jacobi- 
nos de esta asamblea. 

De manera que la diferencia es muy sen- 
cilla: el precepto del Primer Jefe dice que 
la enseñanza será laica cuando se trate 
de establecimientos oficiales, y la comi- 
sión quiere que también sea laica en los 
establecimientos particulares; esta es toda 
la cuestión. Ahora bien, señores dipu- 
tados, ¿no les parece a ustedes lamentable 
que por tan pequeña diferencia de ideas 
y propósitos la comisión dictaminadora 
lance un verdadero botafuego con ese 
proyecto de artículo 3 o y la respectiva 
exposición de motivos que indudable- 
mente ha conmovido al país y al extran- 
jero? En lugar de ese formidable dicta- 
men pudo haberse presentado la misma 
idea a la consideración de la Cámara, en 
una forma más lisa y llana, a la vez que 
más respetuosa de las atenciones que debe- 
mos al C. Primer Jefe, autor del proyecto 
original, en estos o parecidos términos: 

"Encontramos que el precepto del C. Pri- 
mer Jefe en el artículo 3 o confirma la 
misma regla sentada en la Constitución 
de 57 para la enseñanza; creemos, sin em- 
bargo, que, dada la situación y condi- 
ciones de este país, donde el clero católico 
tiene todavía tanta influencia, donde 
debido a la tolerancia del general Díaz 
han venido en desuso las sabías prescrip- 



ciones que establecieron en este punto las 
Leyes de Reforma, es conveniente por 
ahora que no se enseñasen materias reli- 
giosas en las escuelas particulares, pues 

tales escuelas son en realidad -no 

encuentro palabras propia- una especie 
de pretexto o pantalla para que pueda 
haber detrás de cada profesor particular 
un clérigo que lo dirija." y quizá en este 
sentido los jacobinos tengan perfecta 
razón Pues Jefe enteramente justificado, 
pero creemos que por estas y las otras 
circunstancias especiales, convendría 
adicionarlo con el concepto o ampliación 
de que se trata," no se habría levantado 
ninguna tempestad entre nosotros, porque 
en esas condiciones de seguro que la ma- 
yoría de esta Cámara no se interesa a tal 
punto por el debate, probablemente acep- 
ta la sugestión sin acaloradas discusiones 
ni conflictos de grupos parlamentarios, no 
obstante la agitación política externa del 
momento actual. 

Por consiguiente, he tenido razón en ex- 
clamar satisfecho como Arquímedes: 
¡eureka!, después de haber encontrado 
que no existía diferencia fundamental entre 
los criterios del Primer Jefe de la comisión 
dictaminadora, y que todo lo rabiosamen- 
te jacobino del dictamen a debate, estaba 
simple y sencillamente en la forma escan- 
dalosa en que estaba presentado; porque 
no es lo mismo decir una cosa, guardando 



178 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



o no todo el decoro que debemos al Pri- 
mer Jefe en el fondo y en la forma, que 
exponer nuestros conceptos. 

Por lo demás, yo no creo que carece de 
libertad el Congreso Constituyente para 
hacer enmiendas o modificaciones al pro- 
yecto de Constitución reformada: al con- 
trario, el C. Primer Jefe lo ha repetido de 
una manera expresa en los considera- 
dos de sus últimos importantísimos de- 
cretos, diciendo textualmente que dejaba 
a la ilustración y al patriotismo de los 
señores diputados la tarea de completar 
y perfeccionar su obra; porque el C. Pri- 
mer Jefe es un hombre de talento y sabe 
perfectamente que no hay obra humana, 
por genial que supongamos a su autor, que 
no pueda ser corregida y mejorada: noso- 
tros venimos precisamente a perfeccionar 
o ratificar uno por uno los preceptos de 
que se formará la nueva Constitución, 
respetando hasta cierto punto las grandes 
ideas del C. Primer Jefe. 

Ahora bien, señores, en esa forma acaso 
no hubiera habido debate; pero la comi- 
sión ha creído que no tenía el deber de 
estudiar detenidamente el proyecto en su 
conjunto y en cada una de sus partes, a 
fin de formarse plena idea del sistema que 
se pretende desarrollar, así como del 
alcance justo de cada artículo, sino que 
de buenas a primeras, al llegar a la cues- 



tión de la enseñanza y con el deseo de dar 
una nota roja de jacobinismo, la comisión 
desarticula cuanto le viene a mano del 
proyecto y acomoda en un sólo artículo 
todo lo que le parece más somero y más 
propósito para impresionar a los exalta- 
dos de esta asamblea. 

Tal es el único inconveniente que se nos 
presenta al discutir este punto: Pero, seño- 
res diputados, de cualquiera manera que 
sea, deben ustedes reconocer una cosa: 
el c. Primer Jefe es el director o jefe su- 
premo de la revolución; es también, al 
mismo tiempo, el encargado del Poder 
Ejecutivo, y como encargado del Eje- 
cutivo, podemos decir que está colocado 
en el punto más alto posible, desde donde 
domina un horizonte más amplio que 
cualquiera de los otros constituciona- 
listas, los que a ese respecto se hallan a 
veces como en el fondo de los valles o de 
las cañadas. El Primer Jefe tiene, además, 
su organismo de gobierno perfectamente 
articulado, y hasta él llegan, por eso, las 
pulsaciones de los individuos, de los gru- 
pos o de las corporaciones de todo el país 
y de los "leaders" de la revolución. 

El C. Primer Jefe cuenta, por último, con 
agentes especiales fuera de la república 
y sabe cuál es el criterio internacional res- 
pecto a nuestros grandes problemas, 
debiendo tomar todo eso en cuenta para 



Artículo : 



179 



formular una ley. Es por esto que estamos 
obligados a pensar detenidamente en lo 
que nos dice el C. Primer Jefe, y hay que 
buscar con empeño la razón de sus opi- 
niones, si a primera vista no se encuentra. 
En suma, si el Primer Jefe tiene ciertas 
condiciones especialísimas como legisla- 
dor y si nosotros aceptamos la regla ele- 
mental y tomarlas en cuenta, no por eso 
pretende nadie llegar al servilismo, sino 
sólo que se le guarden siempre al Primer 
Jefe las debidas atenciones en la forma, 
y el dictamen de la comisión no llena ese 
requisito, porque no es lo mismo decir al 
país que deseamos mejorar este o el otro 
concepto, que decir abierta o rotunda- 
mente "se rechaza el artículo relativo a 
la libertad de enseñanza, porque nosotros 
todavía queremos colgar a los frailes, 
(aplausos nutridos), porque el Jefe no es 
tan liberal como nosotros, porque ya no 
merece casi la confianza de los liberales 
en este punto." (Aplausos de la derecha.) 
(Los miembros de la comisión: ¡Pro- 
testamos, protestamos!) (Voces de ¡Viva 
Carranza!) 

Señores, ya os dije y repito, que esta equi- 
vocación de ustedes ha sido sincera, y 
además, admiro el valor civil del general 
Múgica, quien ha venido a decirnos aquí 
cuáles eran sus sentimientos con toda 
franqueza; pero yo también estoy en el 



caso de hablar tan claro como se necesita; 
el señor general Múgica y sus compa- 
ñeros en la comisión dictaminadora han 
cometido un error, lo cual yo celebro y 
aplaudo, porque nos ha servido para acla- 
rar dudas y corregir ciertos inconvenien- 
tes graves asegurando así mayor libertad 
para nuestros trabajos y discusiones en 
el futuro. 

Pues bien, señores, la cosa tiene remedio. 
¿Por qué la comisión no retira su proyec- 
to? (Voces: ¿No, no, no,!) Un momento, 
señores, lo puede retirar y presentar en 
una forma parecida a la que he indicado, 
simplificándose entonces el debate, pues 
que sólo versará sobre la cuestión de la 
enseñanza religiosa o laica en las escuelas 
particulares. Pero ya sea que la mayoría 
acepte lo propuesto por la comisión, o ya 
sea que se opte por el artículo tal como 
está en el proyecto, de las dos maneras 
podrá dejarse a salvo, si se quiere, el de- 
coro, el prestigio y la respetabilidad del 
C. Primer Jefe. De otro modo no cum- 
pliremos con nuestras obligaciones ni con 
lo que ciertamente esperan de nosotros los 
ciudadanos mexicanos que nos han dado 
su voto. En fin, señores, presentado así 
este debate, se le quitan todas las dificul- 
tades y todas las complicaciones políticas 
y será más fácil llegar a un acuerdo, Por 
tal concepto me permito hacer una moción 



Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



suspensiva redactada en estos términos. 
(Voces: ¡No, no!) Estoy en mi derecho y 
la puede aceptar la Cámara si gusta: 

"Señor: Hago moción suspensiva para 
que se aplace la discusión del artículo 3 o 
del proyecto de reformas a la Constitu- 
ción de 1857, presentado por el c. Primer 
Jefe, dando tiempo a que la comisión dic- 
taminadora pueda cambiar, si así lo desea, 
la forma, de su dictamen de referencia, en 
sentido más conveniente y simplificando 
los puntos de debate, - Querétaro, diciem- 
bre 13 de 1915.- Luis Manuel Rojas." 

(Voces: ¡No, no!) Esa es mi opinión hon- 
rada. (Aplausos de la derecha.) 



- El C. presidente: tiene usted la palabra. 

- El C. Calderón: No paso a la tribuna, 
porque no vale la pena. Tratando del ar- 
tículo 3 o con el señor licenciado Aguirre 
Berlanga la última vez que estuvo aquí, 
cambiamos impresiones; él sostenía la 
tesis, o el artículo, en la forma en que está 
redactado en el proyecto del Primer Jefe. 
Yo le decía, cuando tratábamos de la res- 
tricción que viene en el artículo 27 
respecto a los ministros de los cultos reli- 
giosos, que no pueden tener ninguna 
ingerencia en la difusión de la enseñanza. 
Desde luego declaro que el señor licen- 
ciado Aguirre Berlanga no ha opinado 
como nosotros hemos opinado. 



-Un C. secretario: ¿Se toma en conside- 
ración la moción hecha por el señor licen- 
ciado Rojas? (Voces: ¡No, no!) 

- Los CC. diputados que estén por la afir- 
mativa, sírvanse poner de pie.- Queda 
desechada. 

- El C. Calderón: Pido la palabra. 

- El C. presidente: Tiene la palabra la 
comisión. 

- El C. Calderón: Acaba de hablar el señor 
licenciado Rojas y me corresponde la 
palabra. 



Él sostiene la forma en que está el artículo 
número 2 en el proyecto; por consiguien- 
te, nosotros no hemos estado dirigidos 
por él para obstruccionar aquí el proyecto 
del Primer Jefe. Tan es así, tan no hemos 
obrado de acuerdo, que el día que fue nom- 
brado ministro de gobernación, nosotros 
ni siquiera lo sabíamos y todavía después 
de medio día pensábamos apoyar su 
candidatura. Respectos los demás cargos, 
parece que se trata aquí de exhibir llagas 
o no sé qué otras cosas más. Y ya sabía 
que se quería llevarle al Primer Jefe una 
mala impresión. No me he apersonado 
con el Primer Jefe, en primer lugar, por- 
que tengo fe en su criterio; segundo, 



Artículo : 



181 



porque para asuntos personales no me 
acercaría a él. Una vez me acerqué a él 
para tratar asunto de interés general y 
tengo la satisfacción de decir que precisa- 
mente ahora se está obrando en la for- 
ma que yo indicaba entonces; esto es lo 
único que tengo que decir. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Múgica. 

- El C. Múgica: Ciudadanos diputados: 
quiero hacer constar que mi personalidad 
política siempre ha sido, es y será ajena a 
toda combinación en que se mezclen inte- 
reses personales; mi independencia de 
criterio ha sido siempre tal, que no he admi- 
tido jamás el criterio ajeno cuando el mío 
ha creído que el ajeno no tiene razón; de 
eso puedo yo decir ante esta asamblea 
que pongo de testigo al mismo primer 
Jefe, y aquí, señores, se ha tratado de impu- 
tarle a la comisión combinaciones perso- 
nales de algunos grupos; si los hay, yo 
los desconozco y protesto solemnemente 
de que ni la comisión como comisión 
ni yo en lo particular, nos hemos de 
prestar jamás a ninguna clase de inte- 
reses personales. 

Si la comisión ha cometido una falta de 
cortesía con el C. Primer jefe, a quien mi 
adhesión personal está bien reconocida 
y no necesito ratificarla porque no es mi 



ánimo manifestarle mi amistad así de cerca, 
porque yo siempre le he demostrado mi 
amistad desde lejos y sin interés más que 
el interés general, porque de interés gene- 
ral puede definirse perfectamente bien 
por el criterio de esta asamblea; si como 
dije, se ha cometido alguna falta al pre- 
sentar en esta forma el proyecto, mil dis- 
culpas nos permitimos pedirle al C. Primer 
Jefe encargado del Ejecutivo; pero nos 
permitimos decirles que si lo hemos he- 
cho así ha sido, señores, con la intención 
de no comprometerlo a hacer declaracio- 
nes que nosotros hemos creído peligrosas 
para su política y porque creemos que 
también de nuestra parte debe haber una 
ayuda para el Primer Jefe en sus labores 
tan arduas, pero de ninguna manera ultra- 
jar su respetabilidad. 

En cuanto a su criterio, los miembros de 
la comisión y el que habla, en lo particular, 
han demostrado muchas veces, y no sólo 
con palabras, sino con hechos, más elocuen- 
tes que las palabras, la adhesión y el cariño 
que le tienen al Primer Jefe del ejército. 
(Aplausos.) 

- El C. presidente: tiene la palabra el C. 
Alberto Román. 

- El C. Román: Una hora ha ocupado esta 
tribuna el C. Luis Manuel Rojas. Celebro 
ha oportunidad, porque los ídolos tienen 



182 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



que caer. Tan imprudente ha estado en esta 
tribuna como lo estuvo cuando fue a los 
Estados Unidos en representación de 
los obreros. Con chismes de esta natura- 
leza no se hacen leyes; yo preguntaría a 
ustedes ¿ha ilustrado su criterio sobre un 
punto tan trascendental, de vital impor- 
tancia para la nación? 

Señores, no es con sátiras a las personali- 
dades, con que alguien venga a jugar con 
mi nombre o con mi figura, como se ha- 
cen leyes; se hacen con estudios, con 
reflexiones. La comisión, señores indu- 
dablemente que tiene grandes deficien- 
cias en sus trabajos, pero la comisión 
también cree que ha dado a ustedes la 
convicción de que ha puesto toda su men- 
talidad para producirse con serenidad. 
¿Se ha analizado acaso el problema 
nacional? ¿Se ha analizado acaso la tras- 
cendencia de esta ley? ¿Las razones en 
que descansa, la clase de modificacio- 
nes que necesita? Se ha venido aquí, 
señores, a producir una nota desagra- 
dable. Yo creo que la asamblea no se 
sentirá satisfecha, sino más bien mortifi- 
cada, porque realmente esa clase de ma- 
niobras no honra ni a la asamblea ni a la 
persona que las ha hecho. 

El artículo que se somete a dictamen, la 
parte capital de él, es lo relativo al laicis- 
mo. No es exacto que el artículo consagre 



la plena libertad de enseñanza, puesto que 
dice que será laica en los establecimien- 
tos oficiales. Señores, esta es una ley 
general. Cualquier estado no podría im- 
pedir la enseñanza con absoluta libertad, 
sino dentro del criterio laico. El laicismo 
es una restricción completa a la liber- 
tad de enseñanza; pero no se diga que 
únicamente por deseo de novedad, por 
traer una palabra jacobina, hemos pro- 
puesto el laicismo para toda la enseñanza, 
tanto la que se imparte en las escuelas 
oficiales como en las particulares. 

Señores, ya es una buena parte de la 
república, puesto que ya son Yucatán, 
Veracruz, Sonora, Jalisco y no sé en qué 
otros muchos estados, donde se ha acep- 
tado el laicismo como restricción a la 
libertad de enseñanza. ¿Pro qué es esto? 
Porque ha sido la necesidad que palpita 
en el alma nacional sobre todo en el 
alma del credo liberal. El laicismo des- 
cansa sobre dos bases fundamentales; la 
una es de naturales científica, de natu- 
rales pedagógica, por decirlo así. 

Ahora, como la comisión lo ha mani- 
festado, el hecho de asociar la religión a 
la enseñanza es asociar el error a la ver- 
dad, es poner aparejadas las dos ideas 
antitéticas; se le dice al niño, por ejemplo: 
la luz nos viene del sol, y en seguida se le 
enseña que primero se hizo la luz y des- 



Artículo : 



183 



pues se hicieron los mundos. Se le da una 
noción general al niño de los que son los 
seres en la creación, la fatalidad de la 
reproducción de ellos mismos, y en segui- 
da se le dice que hay un ser que ha podido 
nacer substraído a estas leyes biológicas. 
Por eso los pedagogos han estado con- 
vencidos de que las ideas, o pasan como 
nociones que no llegan a estratificarse en 
la mentalidad de los niños, o bien se que- 
dan en ellos únicamente como repetición 
de palabras y palabras, como en un fonó- 
grafo o como las repite un papagayo. Si el 
estado, pues, tiene el deber de proteger a 
la niñez, es indudable que tiene el deber 
de evitar que se llegue a seguir, o que se 
siga, un sistema que es perfectamente 
antitético. 

El problema político para México es 
todavía de mayor trascendencia; a este 
propósito nadie disiente de que las escue- 
las católicas han sido simplemente un 
medio para preparar a las generaciones 
venideras contra el credo liberal. ¿Quién 
no conoce toda la inquina, todo el odio, 
toda la aversión, toda la desconfianza que 
se hace nacer en las escuelas religiosas 
para nuestras instituciones? ¿Acaso se ha 
olvidado que en los mismos obispados y 
arzobispados se ha abierto el gran libro 
para todos los empleados que por alguna 
circunstancia, siendo católicos, se ven 
obligados a desempeñar empleos públi- 



cos y que tiene que hacer allí mismo su 
retractación? Pero, por otra parte, ¿no en 
la tribuna, no en la prensa, no en corrillo, 
no en todas partes afirmamos que es el 
elemento reaccionario a quien comba- 
timos? ¿Por qué no tenemos el valor en 
nuestras leyes, igualmente, de afirmar 
un acto de aniquilamiento para el ene- 
migo, como se hizo, por ejemplo, cuando 
se proclamaron las Leyes de Reforma? 

Yo no veo la razón por qué se desvirtúa el 
debate y se habla de asuntos de otra natu- 
raleza para no dar a la Cámara la com- 
pleta convicción de las razones sobre las 
cuales descansa el laicismo. 

Por lo mismo, vuelvo a repetir que son 
de carácter pedagógico, y las de carácter 
político, vienen a formar una verdadera 
necesidad nacional. En lo que atañe a las 
operaciones religiosas, indudablemente 
que es una consecuencia de lo mismo. Per- 
fectamente que estas apreciaciones tengan 
lugar en otra parte. La comisión no ten- 
dría el menor inconveniente en llevar la 
afirmación de que tanto las asociaciones 
religiosas como los ministros de un culto, 
etc., esa afirmación cupiera en el artículo 
27 a que se ha hecho alusión; pero juzga 
la comisión, con el deseo de encauzar el 
debate y de que se llegue a una conclu- 
sión verdaderamente real y efectiva para 
el porvenir de la patria, que no debe equi- 



184 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



vocarse el concepto, que no es lo mismo 
que la enseñanza oficial sea laica, lo mis- 
mo para los establecimientos oficiales, 
que para los particulares. (Aplausos.) 

- El C. Palavicini: Me permito llamar la 
atención del C. presidente que, conforme 
al artículo 97 del reglamento, debe ha- 
blar un orador en pro y otro en contra. 
Es cuestión de lógica, señores. Tiene que 
hablar uno en pro y otro en contra. 

- Un C. secretario: El artículo 97 dice: 
"Art. 97. Los miembros de la Cámara 
hablarán alternativamente en contra o en 
pro, llamándolos el presidente por el 
orden las listas." 

Y el artículo 99 dice: 

"Art. 99. Los individuos de la comisión 
y el autor de la proposición que se dis- 
cuta, podrán hablar más de dos veces. Los 
otros miembros de la Cámara sólo podrán 
hablar dos veces sobre un asunto." 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
diputado Cravioto. 

- El C. Cravioto: Señores diputados: "Si 
cuerdas faltan para ahorcar tiranos, tripas 
de fraile tejerán mis manos." Así empe- 
zaba yo mi discurso de debut en la tribuna 
de México hace algunos años; y he citado 



esto para que la asamblea se dé cuenta per- 
fecta de mi criterio absolutamente liberal. 

Señores diputados: tengo fe altísima en 
la sabiduría, en la serenidad y en la justifi- 
cación de este Congreso, probadas ya a 
través de las tormentosas pasiones relam- 
pagueantes a que ha dado lugar la discu- 
sión de credenciales, discusión inútil y 
fecunda que puso de manifiesto a la repú- 
blica este hecho halagador; la asamblea 
constituyente, a pesar de naturales y lige- 
ros extravíos de iniciación, está a la altura 
de su deber; el país puede esperar de ella 
rectitud, equidad, ponderación, acierto y 
justicia. Confiado, señores diputados, en 
estas altas virtudes colectivas que reco- 
nozco y aplaudo en vuestra soberanía, 
vengo a combatir enérgicamente el dic- 
tamen formulado por la comisión de 
constitución acerca del artículo 3 o ; dicta- 
men paradójico que halaga por de pronto 
nuestro radical sentimiento unánime en 
contra del clericalismo, pero que estu- 
diado más a fondo, resulta arbitrario, im- 
político, imprudente, insostenible, 
secularmente regresivo y tan preñado de 
consecuencias funestísimas para nuestras 
labores constitucionales, que de aceptar 
el criterio excesivo de ese dictamen ten- 
dremos, si somos lógicos, y siguiendo 
naturales consecuencias, que dar al traste 
con muchas de las preciosas conquis- 
tas consagradas ya en la Constitución de 



Artículo : 



185 



57, que debemos mejorar, pero nunca plía, la más fecunda, la más trascendental 
empeorar. de todas las libertades del hombre. 



Un distinguido compañero me pregun- 
taba esta mañana: si ahora no aplastamos 
a los curas, ¿para qué se hizo la revolu- 
ción? Hay una estampa vieja, señores 
diputados, en que aparece un contador 
de comercio cruzado de brazos frente a su 
hijo; el padre pregunta: ¿Qué es la partida 
doble? El muchacho se turba y no respon- 
de; el padre entonces dice, en un grito de 
corazón: Si no te enseñan en la teneduría 
de libros, ¿qué diablos te enseñan enton- 
ces en la escuela? Para este hombre vene- 
rable el mundo no existía si no era sostenido 
por las robustas columnas del debe y el 
haber. Así, para algunos exaltados com- 
pañeros, la revolución no triunfa si no 
empezamos con una degollina de curas. 
(Aplausos.) 

Pero lo curioso del caso es que el proyec- 
to jacobino de la comisión no aplasta a la 
frailería, ¡ qué va! , si nos la deja casi intac- 
ta, vivita y coleando; lo que aplasta ver- 
daderamente ese dictamen son algunos 
derechos fundamentales del pueblo mexi- 
cano y eso es lo que vengo a demostrar. 
La libertad de enseñanza, señores dipu- 
tados, es un derivado directo de la libertad 
de opinión, de esa libertad que, para la 
autonomía de la persona humana, es la más 
intocable, es la más intangible, la más am- 



Las ideas en actividad son un jirón de lo 
absoluto, Dentro del cerebro, el pen- 
samiento es ilimitado; parece tener como 
freno la lógica, y como barrera lo absur- 
do, todavía tiene el pensamiento las alas 
omnipotentes de la imaginación, que 
sacudiéndolo por todas las regiones, levan- 
tándolo por todos los espacios, pueden 
lanzarlo al infinito, fecundándolo y enno- 
bleciéndolo con nuevas creencias y crea- 
ciones nuevas, dándole savia de nuevos 
ideales y gérmenes de la verdad insospe- 
chada. El pensamiento sacude nuestra 
bestialidad y nos enaltece. Pensar, más 
que un derecho, es una ley natural; un resul- 
tado irrebatible de nuestra constitución 
orgánica; y oponerse a esta potencia no es 
tiránico, es ridículo; es querer plantar 
en una maceta el árbol de santa María 
del Tule; es pretender encerrar en una 
botella las turbulencias del mar y las 
bravuras del océano. (Aplausos.) 

El hombre, pues, tiene absoluto derecho de 
pensar y creer interiormente todo lo que 
quiera y todo lo que le plazca. Pero siendo 
el hombre un ser social, necesitando de la 
relación, del contacto y de la ayuda de los 
demás hombres, debe sacrificar una pe- 
queña parte de su libertad a cambio del 
beneficio que recibe con la interdepen- 



Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



dencia colectiva. Se ha establecido, pues, 
para mayor conservación y armonía de 
las sociedades, que la manifestación de las 
ideas por medio de la palabra o la escri- 
tura, se detenga donde comienza la liber- 
tad de los demás. Dentro de este precepto 
necesario, la exteriorización del pen- 
samiento es y debe ser ilimitada. 

Pues bien, señores diputados, si se admite 
como indiscutible el derecho de todos los 
hombres para pensar y creer lo que quie- 
ran; si se admite como indiscutible el 
derecho del hombre para manifestar a 
los demás esos pensamientos, esas creen- 
cias, entonces, señores, tendremos que 
admitir también, como indiscutible, la 
libertad de la enseñanza. Si el hombre 
tiene derecho innegable para escoger 
temas para sus pensamientos y motivos 
para sus creencias; tiene, pues, también 
derecho innegable de aprender. Si el 
hombre tiene derecho irrebatible para 
manifestar sus creencias y sus pen- 
samientos, el hombre tiene, pues, irreba- 
tiblemente, derecho de enseñar. Y en 
estos dos derechos clarísimos, innegables 
y necesarios, derecho de aprender y de 
enseñar en su esencia capital. 

Vamos a analizar ahora la consecuencia 
de estos principios evidente en sus aplica- 
ciones a la práctica social. Claro está que 



tratándose de adultos las discusiones son 
inútiles; el debate se concreta a analizar 
la situación de la niñez. El adulto está en 
perfecta capacidad para escoger materias 
de enseñanza y maestros para sí mismo: no 
así los niños, y aquí entra la discusión. 

Algunos proponen la intervención directa 
del estado; otros pretenden erigir frente 
a los derechos del hombre, los derechos 
de los niños. Dantón gritaba en la conven- 
ción: "Es necesario que revivamos el pre- 
cepto antiguo de que los niños pertenecen 
a la república antes que a sus padres." Y le 
contestaba su impugnador con elocuen- 
cia: "Bien está, señor, implantad en Francia 
las leyes de Esparta; pero antes resuci- 
tad las costumbres espartanas entre noso- 
tros." Es verdad, señores diputados; a toda 
obligación corresponde un derecho corre- 
lativo, Y si en las sociedades modernas 
el padre tiene obligación de alimentar, de 
vestir y de educar a su familia; si nadie 
niega al padre su derecho legítimo para 
que él personalmente instruya o eduque 
a su familia, entonces el padre, en conse- 
cuencia, tienen indiscutible derecho para 
escoger todo lo que pueda y todo lo que 
quiera en materia de alimentos, vesti- 
dos, maestros y enseñanza para sus hijos. 
Los niños huérfanos cuentan con los esta- 
blecimientos de beneficencia privados, o 
con los establecimientos oficiales y en- 



Artículo : 



187 



tonces el estado escoge por los que pa- 
dre no tienen y por los muchos que no 
tienen ni madre. (Risas.) 

Ahora veamos las relaciones del estado 
en cuestiones de enseñanza. El estado es la 
persona moral de la sociedad, el represen- 
tante político de la nación; debe, pues, 
fomentar el desarrollo de la cultura públi- 
ca; debe, pues, exigir un mínimum de 
instrucción a todos, para que todos reali- 
cen mejor la obra colectiva. Debe suplir 
la deficiencia de la iniciativa privada 
abriendo el número de establecimientos 
de enseñanza suficientes para satisfacer 
la difusión de la cultura; el estado, que es 
neutral en asuntos de iglesias, debe per- 
manecer también neutral en cuestiones 
de enseñanza; y por lo tanto, se desprende 
que el estado puede y debe impartir ense- 
ñanza elemental y que ésta debe ser en los 
establecimientos oficiales laica y gratuita; 
prescribiéndose la obligación de la ense- 
ñanza elemental aunque sea recibida en 
escuelas particulares. 

Tal es, sintéticamente, la teoría técnica de 
la libertad de la enseñanza. Respetando 
estos principios, el C. Primer Jefe redactó 
de acuerdo con ellos, su proyecto para el 



Vamos a echar un rápido vistazo sobre la 
legislación extranjera relativa. No se espan- 
ten ustedes; es muy poco: 



"Los Estados Unidos no garantizan la 
libertad de enseñanza, pero existe amplísi- 
ma en virtud de leyes secundarias. La Cons- 
titución Argentina garantiza a todos los 
habitantes de la nación el goce del dere- 
cho de enseñar y aprender. La república 
peruana garantiza la existencia de la ins- 
trucción primaria gratuita y el fomento 
de establecimientos de ciencias, artes y 
beneficencia. La república de Bolivia esta- 
blece la libertad de enseñanza, sin otros 
requisitos que la moralidad bajo la vigi- 
lancia del estado. En Inglaterra la libertad 
de enseñanza. En Bélgica esta garanti- 
zada la enseñanza sin restricción alguna. 
La Constitución de Ginebra, bajo las 
reservas de las disposiciones escritas por 
las leyes, da completa libertad de ense- 
ñanza. La Prusia ha declarado en su 
Constitución que la ciencia y la enseñan- 
za son libres. España, en su constitución 
de 69, declara que todo español puede 
fundar y mantener establecimientos de ins- 
trucción, sin previa licencia." 

Creo, señores, que con esto basta. 

Entre nosotros, el principio de la libertad 
de enseñanza por primera vez entró en el 
artículo 4 o de la ley de 23 de octubre de 
1833, pero por las costumbres de enton- 
ces no tuvo vida en la sociedad. Este 
precepto fue elevado a constitucional 
hasta 1857. En ese tiempo lo combatie- 
ron rabiosamente los clericales y ahora son 



Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



los jacobinos los que se aprestan a ha- 
cerlo. Así da el mundo de vueltas y así 
da vueltas la historia. 

El precepto indiscutible de la libertad de 
enseñanza, es acogido por la comisión, 
quien lo formula a la cabeza de su artículo 
con amarga ironía; pues que a seguidas 
descarga sobre él los más tajantes mando- 
bles de jacobinismo ultrancero, de exage- 
ración hiperestesiada, de intolerancia 
inquisitorial; pues la comisión llega en su 
exceso hasta prohibir, hasta despojar de 
todo derecho a enseñar en cualquier linaje 
de colegios, a individuos de notoria reli- 
giosidad, formulando tácitamente la 
comisión este precepto peregrino: que 
todo católico, muy católico, que enseña 
francés, pone en peligro las instituciones 
sociales; que todo protestante, muy pro- 
testante, que enseña matemáticas, puede 
alterar el orden público, y que todo maho- 
metano, muy mahometano, que enseña 
raíces griegas, está desquiciando la socie- 
dad. Hasta este abismo de intolerancias 
ridiculas pretende arrastrarnos la señora 
comisión. (Risas.) 

La comisión para explicar esto, dice: 
hay que quitar adeptos al clericalismo, hay 
que apartar ala niñez del contacto del 
clero, hay que libertarla de las terceduras 
que imprime la enseñanza religiosa. 
¡Hay que aplastar a los curas! Sí señores, 



bien está; pero hay que aplastarlos con 
todas las reglas del arte y de la política y 
no como pretende la comisión, que sólo 
aplasta efectivamente el buen sentido, 
(Risas.) 

Las escuelas religiosas no son en la repú- 
blica ni tan peligrosas ni tantas como se 
cree, (Siseos.) 

Aquí tengo una estadística, es flamante, 
acaba de llegarme de la dirección respec- 
tiva, que está a cargo de nuestro distin- 
guido compañero el señor ingeniero 
Rouaix. Es auténtica, pueden ustedes ver 
los sellos oficiales; este documento se 
parece a los billetes recientemente apare- 
cidos, en que es completamente infalsi- 
ficabie (risas), pero difiere de ellos, en 
que cuando menos en este momento tiene 
para nosotros un alto valor (risas.) La esta- 
dística es del año de 1907 y sólo haré 
para fundar el criterio que voy a exponer, 
esta observación: como ustedes saben, el 
gobierno constitucionalista ha estado 
multiplicando las escuelas indefinidamente. 

En cambio, por circunstancias sociales 
que no enumero, las escuelas católicas 
han ido desapareciendo; así es que, el 
resultado de esta estadística, es peque- 
ño para las escuelas oficiales y aumentado 
para las escuelas clericales. Tenemos para 
la república, en 1907, los datos siguien- 



Artículo : 



189 



tes: escuelas oficiales sostenidas por el 
gobierno federal, por los gobiernos de los 
estados y por los municipios, incluyendo 
las de párvulos y de enseñanza primaria 
elemental y superior, 9,620. Escuelas de 
igual carácter sostenidas por el clero, 586. 

- El C. Alvarez: Pido la palabra para cer- 
tificar un hecho, Señores, en Michoa- 
cán había tres mil escuelas clericales. 
(Murmullos.) 

- El C. Cravioto: Aquí está el documen- 
to a disposición de quien quiera verlo. 
Estos números son concentraciones de 
datos auténticos, serios y oficiales, no son 
cálculos de simple tanteo personal o de 
simples apreciaciones "aojo." La inscrip- 
ción total en las escuelas oficiales fue de 
666,723 niños, de los que fueron aproba- 
dos 343,981 y terminaron sus estudios 
48,360. En las escuelas del clero la inscrip- 
ción fue de 43,720 niños, salieron aproba- 
dos 23,605 y terminaron sus estudios 
2,537. 

Tales son los datos elocuentes que arroja 
la estadística. 

Ven ustedes, señores diputados, que los 
peligros que tanto espantan a la comisión, 
no existen verdaderamente en las escue- 
las, El contingente anual que dan a la 
república las escuelas particulares, de 



niños pamplinosos que han aprendido 
que Dios hizo el mundo en seis días y las 
otras paparruchadas dogmáticas que uste- 
des bien conocen, no es para que ustedes 
se espanten. Porque, sobre todo, ese número 
no es total; bien sabemos que no todos los 
niños que pasan por las escuelas católicas 
acaban por ser clericales. 

El foco real de la enseñanza religiosa está 
en el hogar y no en la escuela. Si la educa- 
ción que se da en la escuela no está en 
armonía con la del hogar y no forma 
como una continuación de ella, la influen- 
cia de la a escuela no basta para contra- 
rrestar la de la familia. Los niños no tienen 
las ideas que tienen porque se las ense- 
ñen los curas. El verdadero profesor de 
ideas generales de los niños es el padre y 
esto todos los sabemos. El niño las toma 
del padre, del padre y del padre, por su- 
gestión, por imitación, por atavismo y por 
cariño. El padre es quien da al niño el con- 
tingente de ideas general con que atra- 
viesa la vida si no tiene personalidad 
después para crearse propias ideas; por 
lo tanto, si quiere la comisión que edu- 
quemos a la niñez dentro de las ideas que 
ella expone, entonces tendremos que dar 
un decreto diciendo: que los mexicanos 
que no comulguen con las ideas de la 
comisión, deberán no tener hijos (risas), 
y si no nos atrevemos a este atenuado 
castramiento, entonces debemos decretar 



190 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



que el estado confisque los niños desde 
la edad de 5 años. 

Decía el señor general Múgica que los 
pedagogos con que contamos en la asam- 
blea debían ilustrarnos sobre la influencia 
real que sobre los niños ejerce la escuela. 
Yo no soy pedagogo, pero sí puedo decir 
al honorable presidente de la comisión 
que en cuestiones de pedagogía las ideas 
más modernas han evolucionado parale- 
lamente al criterio positivo que hay ya 
en la jurisprudencia sobre el derecho 
penal, y al criterio que hay también en la 
medicina, como dije el día en que se dis- 
cutió mi credencial: para la jurispru- 
dencia y año existe como abstracción 
el delito, sino que existen concretamente 
los delincuentes; para la medicina ya no 
existe tampoco el criterio metafísico de pen- 
sar que hay enfermedades, sino hay enfer- 
mos; y para la pedagogía existe un criterio 
semejante; no hay un método general 
educativo aplicable a todos los niños; es 
claro que hay preceptos de lógica, como 
la medicina tiene sus reglas de higiene; 
pero la pedagogía ha llegado a este resul- 
tado que realmente entristece, porque 
llegamos a la conclusión de que las escuelas 
no pueden educar sino bien poco. 

La pedagogía ha llegado a este resultado 
precioso; que hay que tratar a los niños 
individualmente; el verdadero ideal sería 



que cada niño tuviera su maestro y que lo 
educase para desarrollarlo en todo lo bue- 
no que debe desarrollarse. Esto, señores 
diputados, demuestra el hecho triste, cono- 
cido, general, universal; que en las escue- 
las, por más esfuerzos que estemos 
haciendo, por más que todos los días diga- 
mos que hay que educar y no que instruir, 
la educación es deficiente; el niño sólo 
tiene allí medios para instruirse; lo que 
da la verdadera educación es el ejemplo, 
el contacto frecuente íntimo y largo de per- 
sona a persona y de alma a alma y no 
estamos en condiciones de realizar este 
ideal, pues los maestros apenas pueden 
platicar a ratos, cuando más con algunos 
grupos reducidos y no tienen tiempo de 
dedicarse en lo particular a cada niño. 

Esto le explicará al general Múgica por 
qué en el terreno de esas ideas llegamos 
a resultados contradictorios. Por qué, por 
ejemplo, don Benito Juárez fue educado 
por frailes, y fue Juárez y por qué los 
científicos y una gran parte del elemento 
directivo del cuartelazo de febrero, han 
salido de la escuela positivista de Barre- 
da. ¿Sería posible que nada más por esto 
viniera a proponer la comisión, aquí, que 
cerrásemos la escuela nacional prepara- 
toria? Dice el señor Múgica que debemos 
degollar la libertad de enseñanza, pen- 
sando que algunos clericales están del otro 
lado del río, provocando una interven- 



Artículo : 



191 



ción. El señor Múgica hace un silogismo 
que yo he podido pescar y que voy a 
mostrar a ustedes con un pequeño adi- 
tamento para demostrar la monstruosidad 
ilógica de esa conclusión. 

Parece que el señor Múgica dice: algunos 
intervencionistas tienen ideas religio- 
sas, luego el intervencionismo dice: al- 
gunos intervencionistas tienen ideas 
religiosas y tienen narices, luego del 
intervencionismo es producido por las 
ideas religiosas y por las narices, socie- 
dad en comandita. No señor, el interven- 
cionismo no se debe a eso; la política 
politiquera, militante, ambiciosa, la polí- 
tica de esos malos mexicanos, no se anda 
con metafísicas; se mueve por intereses. 
Nosotros tenemos obligación, ya que 
estamos aquí haciendo una obra nacio- 
nal, de respetar hasta a nuestros enemigos 
dentro de la Constitución; que tengan 
ellos derechos iguales a todos los mexi- 
canos. Esta será nuestra superioridad. 
Y si por desgracia viniera la intervención y 
ellos estuvieran del otro lado, la revolu- 
ción los esperaría en el campo de batalla 
como lo ha hecho siempre, con un rifle 
justiciero entre las manos y con una con- 
vicción de justicia en la conciencia 
(aplausos). 

Opina la comisión que debemos evitar las 
terceduras que da la enseñanza religiosa 



y expone como medio un criterio jaco- 
bino; pero la comisión se queda corta; 
que siga la lógica de este criterio; no debe 
de contentarse nada más con arrancar a 
los padres de familia su derecho legiti- 
mísimo de escoger maestros para sus hijos, 
sino que debe evitar las terceduras de que 
hemos hablado, penetrando a los hogares; 
que rompa los santos, que despedace los 
rosarios, que descuelgue los crucifijos, que 
confisque las novelas y demás adminícu- 
los, que atranque las puertas contra el 
cura; que prohiba la libertad de asocia- 
ción para que nadie vaya a los templos a 
estar en contacto con el clero; que prohiba 
la libertad de prensa porque puede haber 
publicidad de propaganda clerical; que 
destruya la libertad religiosa y después de 
todo esto, en la orgía de su intolerancia 
satisfecha, que nos traiga la comisión este 
único artículo: en la república de México 
sólo habrá garantías para los que piensen 
como nosotros. (Aplausos.) 

En otro orden de ideas llegamos a los mis- 
mos resultados. Se nos dice que la libertad 
de enseñanza rompe la unidad de la na- 
ción, nos divide en el México juarista y 
el México antijuarista, como si nosotros, 
señores, que tenemos derecho a discutir 
hasta a Dios mismo, vamos a negar el dere- 
cho de que se discuta a Juárez o que se 
discuta a Iturbide. La libertad de enseñan- 
za, dice la comisión, nos divide en el 



192 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



México liberal y en el conservador; en 
el México progresista y en el México 
retrógrado, reaccionario. Y bien, yo desa- 
fío a la comisión para que me diga qué 
libertad no produce estos resultados apa- 
rentes. La libertad de prensa dando lugar 
a que haya periódicos de criterios opues- 
tos, da lugar a que se desarrollen grupos 
de mexicanos de diversas tendencias. 
La libertad de agrupación puede produ- 
cir, como ustedes fácilmente ven, divisiones 
inacabables; la libertad de religión, crea al 
México ateo, el México mocho, el México 
de brujerías, etc. ¿Vamos por eso a des- 
truir esas libertades? 

Ya ven ustedes, señores diputados, que 
por todas partes que se analice este criterio 
jacobino e intransigente, nos lleva como 
conclusión hacia un nauseabundo des- 
potismo moral, e intelectual. Y no exagero. 
Todas las libertades están coordinadas 
entre sí, y atacar a una es atentar contra 
todas. ¿Vamos, señores diputados, a 
entrar en este desastre constitucional, en 
este torbellino de intolerancias, en nombre 
de la revolución? Suponed un momento 
que la asamblea lo admitiera; nuestra obra 
sería efímera, nuestra obra sería desas- 
trosa; todas las libertades que se sofocan, 
pronto estallan. Daríamos, señores dipu- 
tados, estamos extraviando totalmente el 
camino; el verdadero sistema, pese a los 



señores jacobinos, que hay que enfrentar 
al clericalismo, es el sistema liberal. 

Yo no sé por qué la libertad asusta tanto 
a algunos revolucionarios libertadores; 
¿no saben esos señores que la libertad es 
como el pan duro, que lo mismo sirve para 
hacer sopa que para hacer chichones en 
la cabeza? (Risas.) La libertad de ense- 
ñanza puede producir esos chichones, 
indudablemente que da lugar a algunos 
abusos, no en lo religioso, sino en las 
cuestiones cívicas y en las cuestiones de 
historia patria. Pero, señores diputados, 
destruir por completo una garantía pre- 
ciosa, pensando en estas pequeñas mi- 
nucias que son de reglamentación y no 
de constitución, sería tanto como aceptar 
este criterio peregrino; que a un individuo 
porque le duele una oreja vayamos a cor- 
tarle la cabeza para curarlo. 

Yo no me explico, señores diputados, 
por qué ese sentimiento augusto de liber- 
tad que apareció tan fuerte contra la paz 
del despotismo y contra las asechanzas de 
la usurpación, se muestra aquí tan débil 
para constituirse, tan vacilante para orga- 
nizarse, tan estrecho para trazar los derro- 
teros de la nueva Constitución. La revo- 
lución, que parece fundir en su crisol 
ardiente todas nuestras misericordias y 
todas nuestras piedades, debe fundir en 



Artículo : 



193 



realidad todas nuestras miserias y todas 
nuestras taras. Hay que contener los ale- 
tazos bravos de nuestros arrebatos pasio- 
nales; hay que reprimir la exigencia 
impetuosa de nuestros egoísmos feroces; 
hay, señores, que tratar de realizar la bella 
formula de Urueta, que sean libres hasta 
los que quisieron ser esclavos. El cleri- 
calismo, he ahí al enemigo. 

Pero el jacobinismo, he ahí también otro 
enemigo. No cambiemos un error por 
otro error ni un fanatismo, por otro fana- 
tismo; el error no se combate con el error, 
sino con la verdad. El fanatismo no se 
combate con la persecución, sino por 
medio del convencimiento. El triunfo 
libera sobre la enseñanza religiosa no está 
en aplastarla con leyes excesivas que sólo 
producirán reacciones desastrosas. El ver- 
dadero triunfo liberal sobre la enseñanza 
religiosa está en combatirla en su terreno 
mismo, multiplicando las escuelas nues- 
tras. He aquí el remedio, el verdadero 
remedio, y lo demás es tiranía. Así lo ha 
comprendido el C. Primer Jefe al formu- 
lar su artículo 3 o . Así lo ha comprendido 
el C. Carranza, a quien nadie sin blas- 
femia podrá tachar de conservador, él que 
es el más radical de los revolucionarios, 
pero el más serenamente radical de noso- 
tros; el C. Primer Jefe, que interpreta el 
espíritu verdadero de la revolución, quiere 



que hagamos la redención del pueblo 
dentro del respeto por las libertades de 
todos, enseñándonos augustamente que 
hay que amar la libertad hasta en los pro- 
pios enemigos, porque, de lo contrario, 
es hacer de la libertad un instrumento de 
opresión y, por lo tanto, es, profanarla. 

Así lo ha comprendido el Primer Jefe, que 
se ha venido preparando a la lucha que he 
apuntado y nunca más que hoy se han 
multiplicado las escuelas; nunca más que 
hoy se ha alentado mejor a los maes- 
tros, a los humildes maestros, a los glo- 
riosos maestros de los que se ha dicho 
gallardamente que rompen el yugo y las 
cadenas del oscurantismo, más pesadas y 
más fuertes que las cadenas de la opre- 
sión política, en empresa que no tiene en 
su ayuda, como la de batir a los invaso- 
res de la patria, ni el temor de los desas- 
tres inminentes, ni la excitación que 
producen los estruendos de la guerra, el 
olor de la pólvora, el fragor de los com- 
bates y la voz de los clarines; en empresa 
toda hecha de heroísmos silenciosos, de 
victorias sin dianas y sin trofeos de sacri- 
ficios, que no ensalma la epopeya estriden- 
te de los parches, ni el himno de colores 
que canta en la punta de los mástiles al 
desplegarse las banderas. ¡Empresa altí- 
sima de emancipación, la más santa, la 
más grande, la más verdadera de todas, y 



194 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



cuyo triunfo no celebra todavía ninguno 
de los países de la tierra!. (Aplausos.) 

Así, señores diputados, ha comprendido 
la lucha que he apuntado el C. Carranza, 
que si tiene toda la dignidad de sus dere- 
chos que jefe, tiene también toda la 
conciencia de su deber, y así, señores, 
el C. Carranza en uno de los más legí- 
timos orgullos de su vida, en uno de los 
actos más gloriosos de la revolución, allá, 
desde Veracruz, frente a un porvenir así de 
negro, frente a un futura así de incierto 
frente a un tesoro así de exhausto, pero 
también frente al mar inspirador de gran- 
deza y de libertades, el C. Carranza, si 
ha enviado a los combates una falange de 
héroes que han acabado por domeñar 
gloriosamente a la reacción, ha enviado 
también al extranjero una legión de maes- 
tros para que vengan a arroj ar ahora, dentro 
del surco abierto por las espadas de nues- 
tros caudillos y por el pecho de nuestros 
campeones, el germen de oro de la ciencia, 
la cimiento de luz de la verdad, celestes 
racimos de astros de la concordia y del 
amor. (Aplausos.) 

Señores diputados: nuestro problema fun- 
damental es esencialmente pedagógico. 
Necesitamos una nación nueva, generosa, 
animada por los grandes ideales del amor 
patrio, inspirada en el sentimiento de la 
abnegación y del sacrificio, y en la que 



cada individuo prefiera siempre el bienes- 
tar colectivo a su bien particular. Decía 
Dantón que el progreso consiste en auda- 
cia, en audacia y más audacia. Digamos 
nosotros que para México el progreso 
consiste en escuelas, en escuelas y en es- 
cuelas. Difundamos la cultura. Esparza- 
mos la instrucción, pero sin hollar libertades 
respetables. La de enseñanza no os asus- 
te. La verdad siempre se abre su camino 
y triunfa. Llegamos de gran cruzada con- 
tra la reacción y hemos venido; vayamos 
ahora en una gran cruzada contra la igno- 
rancia y venceremos. 

Todos, señores, estamos obligados a ir a 
explicar, a ir a predicar a nuestros electo- 
res, a nuestro pueblo, a nuestro México, 
que el deber esencial de todo mexicano es 
servir a su país, mejor que con las armas, 
con los libros en la mano, porque el por- 
venir y la seguridad de la nación no están 
hoy solamente en el mando de los solda- 
dos, están en las manos de los que cul- 
tivan la tierra, de los que pastorean el 
rebaño, de los que tejen el algodón, de 
los que arrancan el mineral, de los que 
forjan el hierro, de los que equipan la 
nave, de los que conducen el tren, de los 
que represan la lluvia, de los que constru- 
yen los puentes, de los que estampan el 
libro, de los que acaudalan la ciencia, de 
los que forman las ciudades y los hom- 
bres educando a la niñez; porque de esas 



Artículo : 



195 



escuelas saldrán los soldados, de esos ca- 
nales brotará la sangre, de esas forjas 
surgirán los cañones, de ese hierro se er- 
guirá la fortaleza, de esos montes bajarán 
los navios, y de ese algodón, de ese cáña- 
mo y de esos árboles, saldrán las tiendas 
de campaña y las velas y el asta sagrada 
que ha de desplegar al viento la ban- 
dera de la patria rejuvenecida. (Aplausos 
ruidosos.) 

Señores diputados: no olvidéis que esta- 
mos aquí por voluntad del pueblo, no para 
hacer obra de partido sino para hacer 
obra de patria. La revolución se ha hecho 
no sólo en beneficio de los revoluciona- 
rios sino en beneficio y bienestar de todo 
el pueblo mexicano. 



tras manos como panoplia gloriosa en la 
que nuestro pueblo encuentre espadas 
contra todos los despotismos, arietes con- 
tra todas las injusticias, y escudos contra 
todas las tiranías. (Aplausos.) 

Señores diputados: elevémonos hasta la 
ecuanimidad augusta del C. Primer Jefe: 
comprended bien los grandes principios 
libertarios que encierra el proyecto de su 
artículo y en nombre de la alta misión y 
de la alta responsabilidad que el pueblo 
nos ha confiado, señores diputados, recha- 
zad el dictamen jacobino de la comisión. 
(Aplausos ruidosos, vivas y felicitaciones.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
diputado López Lira. 



Hay que subordinar a este grande inte- 
rés colectivo, nuestros mezquinos intere- 
ses parciales. Hay que saber elevarse 
hasta el derecho de todos, hasta el respeto 
recíproco, hasta la solidaridad nacional; 
pues pensad siempre mientras estéis aquí, 
señores diputados, que no tenemos delante 
una ley efímera de legislatura transitoria, 
sino que estamos frente a frente de esa 
obra augusta y difícil, trascendental y 
sagrada que se llama la Constitución, y la 
Constitución no debe salir de aquí con 
barreras insostenibles, con jacobinismos 
ridículos y con intolerancias inaguanta- 
bles; la Constitución debe salir de nues- 



- El C. López Lira: Señores diputados: el 
orador que me ha precedido en esta tribuna 
ha obtenido un galardón más y muy mere- 
cido para su indiscutible talento y para 
su prodigiosa palabra. Mi felicitación 
no es nada para él, pero yo se la hago, y 
muy sincera, y me permito recordar aquí 
una frase que escuché de sus labios en 
las juntas preparatorias; señores dipu- 
tados me tocó hueso en esta ocasión, 
porque venir a hablar después de que un 
tribuno tan elocuente ha tratado esta cues- 
tión, cuando se hacen las primeras armas 
ante asamblea tan respetable, es algo que 
desconcierta a un principiante como yo. 



196 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Yo no venía a hacer un discurso, señores 
diputados, porque si hubiera dicho a mis 
comitentes que venía a la Cámara a hacer 
discursos, con toda seguridad que no me 
hubieran dado sus votos, porque conocen 
mi insuficiencia y mi ignorancia; tam- 
poco vengo, señores diputados, por soli- 
daridad con la comisión, ni puedo contes- 
tar a las alusiones del señor licenciado 
Rojas a propósito de grupos de un color 
o de otro, porque la Cámara es testigo de 
que no me agrada a mí esto. 

Vengo, señores, más que a hacer un dis- 
curso, más que a tener un choque, a justi- 
ficar mi voto. No me arredra, señores 
diputados, la palabra "jacobino"; las pala- 
bras tienen la significación que se les 
quiere dar. (Aplausos.) Pero yo creo, seño- 
res diputados, con toda la sinceridad de 
mi alma, que si abordo por primera vez 
esta tribuna, es para tratar asuntos del 
lado político, porque no es mi carácter 
para descender a la política de las perso- 
nas. La Constitución de 57 ha sido algo 
más que un código político; la Consti- 
tución de 5 7 ha sido una bandera gloriosa; 
ha sido el pendón de todas las reivindica- 
ciones; ella fue el grito de guerra durante 
la lucha de tres años, y lo fue también 
para la nación durante la intervención 
francesa. 



Debemos pues, señores diputados, recordar 
la Constitución de 57, con toda la vene- 
ración, con todo el cariño y con el mismo 
respeto con que nos acercamos a la ban- 
dera gloriosa de la patria para ofrecerle 
tomar las armas en su defensa o para res- 
tañar una gloriosa raspadura adquirida en 
los combates contra los tiranos; pero, 
señores diputados, la Constitución de 57 
trajo algún día alguna duda. Es indudable 
que el partido reaccionario de aquella 
época, no es el partido reaccionario actual, 
puesto que ha tenido que evolucionar, 
como los principios liberales de 57 han 
tenido que evolucionar en el mismo sentido. 
Digo esto porque durante la época del 
huertismo leí en un periódico, creo que 
en "Revista de Revistas" o en la "Revista 
Nacional", un artículo de fondo que tenía 
estas palabras y hablaba de la organiza- 
ción del partido católico nacional: "El par- 
tido católico recoge la bandera liberal, 
porque el partido católico reclama ahora 
todas las garantías de la Constitución 
de 57". 

Indudablemente, señores, esto no será par 
todos los principios de la Constitución de 
57, pero me consta ese hecho, señores 
diputados. Yo no vengo, señores dipu- 
tados, y ya lo he dicho, por espíritu de 
jacobinismo a querer como el hombre tiene 



Artículo : 



197 



derecho a respirar; permítaseme decir 
que van a venir a este sitio que inmereci- 
damente ocupo, gigantes de la palabra y 
que van a ser destrozadas mis ideas, pero, 
señores diputados yo ya he venido con 
esta seguridad; yo vengo aquí con la misma 
buena fe con que el señor diputado Barre- 
da dijo, con una ingenuidad que admiro 
y con una sinceridad que respeto: "porque 
tengo necesidad de hablar". Pues bien, 
señores diputados, he dicho que creo venir 
en nombre de la libertad, porque si la ense- 
ñanza no es un principio absoluto, puesto 
que tácitamente la asamblea ha recono- 
cido que debe proponérsele cierta taxa- 
tiva, creo que esa taxativa debe extenderse 
a cuanto pueda precisamente violar, per- 
mítaseme la frase, los derechos de tercero. 

Yo creo, sí como he dicho antes, que el 
criterio liberal ha evolucionado según 
una amplia libertad, ¿los trabajadores 
tendrán el supremo derecho de ofrecer 
su trabajo por cualquier salario y desem- 
peñar su trabajo hasta el agotamiento de 
sus fuerzas? Eso sería propiamente la 
escuela liberal, la que dejaba en libertad 
al individuo para disponer de su persona; 
pero el moderno concepto, y a este respec- 
to se ha presentado sobre las leyes del 
trabajo una proposición por respetables 
miembros de la Cámara, el nuevo criterio 
trata de proteger precisamente al traba- 
jador, y le pone la taxativa de que no tiene 



derecho de disponer de sus fuerzas, sino 
que éstas debe emplearlas en determina- 
das horas del día, fijando una jornada 
máxima de trabajo del día, y fijando tam- 
bién con toda justicia el salario mínimo 
de ese trabajo. 

Pues bien, señores diputados, lo digo aquí 
a propósito de que se nos habla de la liber- 
tad de enseñanza. Todos gritamos: "yo 
tengo derecho a enseñar;" todos pedimos 
y estamos conformes en que esto es un 
atributo del hombre, el algo innato en el 
hombre mismo. La comisión lo declara 
en el primer párrafo, en la primera frase 
del artículo que propone. Pero permíta- 
seme también otra palabra, quizá inade- 
cuada: ¿la libertad de aprendizaje no tiene 
límites? es decir, ¿el cerebro del niño no 
tiene derecho a ningún respeto? ¿Nosotros 
tomamos a un niño y le inoculamos todo 
lo que se nos pegue la gana sin respeto 
precisamente a la debilidad de ese niño? 
No, señores diputados, tenemos dere- 
cho de enseñar, pero de enseñar las verda- 
des conquistadas, los hechos positivos, los 
conocimientos comprobados; no tene- 
mos el derecho, señores diputados, de 
enseñarle errores o de enseñarle menti- 
ras; esta es mi opinión; yo hablo con toda 
sinceridad. (Aplausos.) 

El señor diputado Cravioto dice que en- 
tonces la comisión nos propuso que, 



198 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



según el sentir de la comisión, debemos 
encerrar a los curas y aherrojar todas las 
libertades. La vida privada es algo que 
no debe tocarse. Que se deje, como se deja 
la libertad religiosa, como se deja la pro- 
paganda a los ministros de todas las reli- 
giones, y yo creo que ni la comisión ni 
ninguno ha pensado en México que se 
suprima la libertad de cultos y que se exija 
a los predicadores hablen sobre tal o cual 
cosa dentro de su iglesia. Se les prohibe 
que lo hagan fuera y nada más, y las Leyes 
de Reforma han recibido la consagración 
nacional. 

Pues bien, señores diputados, mientras 
los padres aprenden a respetar ese cerebro 
virgen, a esa voluntad débil; mientras com- 
prenden que esa debilidad es su escudo, 
no deben penetrar a los misterios de su 
alma, mientras tanto, señores diputados, 
suprimamos de las escuelas toda ense- 
ñanza religiosa. Pidamos que la escuela 
sea, como ha dicho un gran pensador, 
la luz del mundo, la antorcha de la civili- 
zación, la antorcha de las ideas y del 
progreso resplandeciente, rasgando las 
tinieblas. Señores diputados ¿la escuela 
en manos de los que no pueden sacar el 
pensamiento de los dogmas, puede ser 
el brazo que rasgue las tinieblas? Induda- 
blemente que no. Es por esto, señores 
diputados, que vengo aquí a hablar por 
la libertad de los niños y no por el jaco- 



binismo. Esa virginidad de la conciencia 
de los niños nadie debe violarla, ni para 
imbuir en ella patrañas, o cuando menos 
puntos muy dudosos y muy discutibles. 
La comisión, señores diputados, lo ha in- 
terpretado así; el dictamen quiere quitar 
a las escuelas la libertad para la enseñan- 
za religiosa y no creo que esto nos traiga 
propiamente ninguna guerra religiosa. 

Yo creo, señores diputados, que es sen- 
cillamente dejar a las escuelas oficiales 
y particulares la misión que realmente 
tienen, de enseñar. No vengo, pues, a ha- 
blar, señores diputados, ni por miedo al 
cura ni por odio al clero. El señor licen- 
ciado Cravioto decía, con toda justicia 
y con toda verdad, que en pedagogía se 
ha llegado a considerar a cada niño 
como un caso de estudio y que científica- 
mente debía tener un profesor; que el 
profesor debía estudiar a cada niño para 
desarrollar el método de enseñanza más 
adecuado y obtener los resultados más pla- 
centeros. Señores diputados, si la ciencia 
tiene que impartirse en una forma absolu- 
tamente especial, la religión, que es algo 
abstracto, que es algo que admite muchas 
discusiones, ¿sería posible que peda- 
gógicamente se imbuya al niño? Yo creo 
que no. 

Pero hay más, señores diputados: las 
escuelas religiosas, y no haga distincio- 



Artículo : 



199 



nes de cultos o sectas, se implantan con 
un objeto que no es precisamente el de 
impartir la instrucción; es con el objeto 
de allegarse adeptos, y yo no considero 
justo, señores diputados, que la escuela, 
algo consagrado, algo en que está basado 
el porvenir de la patria, sirva como medio 
de propaganda para asuntos religiosos. 
Indudablemente, señores diputados, que si 
se decretara que la enseñanza en todos 
los colegios fuera laica, muchos de los cole- 
gios religiosos se clausurarían, porque ya 
no tendrían sus fundadores el objeto que 
perseguían. Esto será la prueba más pal- 
pable de la razón que asiste a los que, como 
yo, queremos amplia libertad para el 
niño, que viva en la luz. (Aplausos.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
licenciado Macías. 

- El C. Macías: Trascendental es, sin duda 
alguna, la cuestión que está al debate, tan 
trascendental es así, que yo no vacilo en 
asegurarnos que de ella depende princi- 
palmente la existencia futura de la repú- 
blica. Os mostraréis escépticos, pero 
escuchad un momento mi palabra y estoy 
seguro de que arrancaré vuestro conven- 
cimiento, que la palabra es siempre triun- 
fadora cuando lleva en sí la expresión de 
la verdad. 

Antes de entrar al fondo del debate, per- 
mitidme, señores diputados, hacer dos 



declaraciones que juzgo importantes, 
porque no será remoto que en el calor de 
mi peroración broten algunas palabras 
que puedan considerarse punzantes y 
yo quiero, ante todo, declarar aquí, de la 
manera más solemne, que vengo aquí ajeno 
a toda clase de pasiones; que no vengo a 
traer aquí una exhibición de mi persona- 
lidad ni a discutir siquiera mis antece- 
dentes, sino que únicamente vengo a 
exponer, de una manera franca y sincera, 
que yo juzgo esta cuestión como muy 
trascendental, como antes he dicho, para 
que después vosotros, meditándola en el 
fondo de vuestras conciencias, le deis 
la solución que corresponde, porque es en 
vuestras manos en donde esta en estos 
momentos el porvenir de la república. 
Comenzaré por declarar, señores dipu- 
tados, que yo profeso a los miembros de 
la honorable comisión mis respetos más 
profundos. 

Preside esta comisión el señor general 
Múgica, por quien siento particular esti- 
mación y él sabe bien por qué; bien sabe 
que desde que yo tuve el gusto de cono- 
cerle, desde ese momento le demostré mis 
simpatías, porque me cautivó su manera 
franca y sincera con que manifestaba sus 
ideas revolucionarias y todo el entu- 
siasmo de sus ardores juveniles puestos 
al servicio de la revolución. Figura tam- 
bién en esa comisión el señor Colunga, y 
él sabe bien, porque en diversas ocasio- 



200 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



nes se lo he manifestado, que tengo por 
él una estimación bien sincera y reconozco 
en él un hijo modelo y un hermano excep- 
cional, por lo que le he rendido siempre 
culto y admiración. No conozco a los 
demás miembros de la comisión; no tengo 
antecedente alguno respecto a sus ideas 
políticas, ni de su conducta privada, pero 
basta que formen parte de este honorable 
Congreso Constituyente, para que me in- 
cline reverente ante ellos para presen- 
tarles mis respetos; así, pues, si al analizar 
el dictamen de la comisión saliera de mis 
labios alguna palabra que pueda ofen- 
derlos, desde ahora les protesto, de la 
manera más solemne, que no es mi inten- 
ción en lo más mínimo, herirlos. De nuevo 
les protesto mis consideraciones, porque 
cualquier frase que pueda herirlos la retiro 
desde luego con gusto. 

Es la segunda declaración que tengo que 
hacer, que yo he venido a la revolución a 
seguir al señor Carranza únicamente por 
hacer honor a mi credo liberal. Yo no he 
ido, señores diputados, como alguna vez 
lo dijo en esa tribuna el muy honorable 
señor coronel Aguirre Escobar, por ver 
qué pescaba yo en el mar turbulento del 
botín que siempre se pesca en las revolu- 
ciones. Está presente en estos momentos 
en esta asamblea el C. Primer Jefe, y yo 
apelo a su altísimo testimonio para que 
él pueda decir a ustedes si yo alguna vez 



he obtenido algún lucro indebido de la 
revolución, o si he ido con negocios sucios 
para que se patrocinen, con alguno de 
los secretarios, porque están precisa- 
mente en esta asamblea muchos de los 
señores ministros que dignamente han 
colaborado al lado del Primer Jefe. 

Tengo que hacer esta declaración, porque 
esta mañana el señor diputado Martínez 
decía aquí que yo no lo había conocido. 
Tengo, señor Martínez, el honor de cono- 
cerlo a usted desde hace bastante tiem- 
po, y honrada y sinceramente declaro que 
siempre he visto a usted luchando infati- 
gable bajo la bandera augusta de la liber- 
tad. Esta mañana se me escapó de la 
memoria el apellido de usted, y por esa 
circunstancia no pude pronunciarlo; de 
manera que hago esta aclaración para qui- 
tarle a usted la satisfacción de decir que 
habíamos andado en campos distintos, 
dando a entender que yo había colaborado 
alguna vez en el campo de la dictadura. 

Yo figuré muchas veces en los congresos 
durante el período del general Díaz, pero 
yo laboré allí siempre en favor de los inte- 
reses públicos y está en toda la historia 
de esos congresos, y allí se verá constan- 
temente que yo estuve en la tribuna 
enfrente de todo el cientificismo. Todas 
las leyes que en esa época propuso el 
cientificismo, todas, fueron virilmente 



Artículo 3 201 



combatidas por mí; en los momentos en 
que triunfaba la revolución de 1 9 1 0, cuan- 
do el ilustre Madera exigió del general 
Díaz ciertas reformas para satisfacer las 
aspiraciones nacionales, y cuando princi- 
pió la revolución, yo tuve el honor de ser 
designado para formarlas, porque era el 
único que se consideraba independiente 
para poder hacerlo y todas las reformas 
que se hicieron fueron formuladas, pre- 
sentadas y sostenidas por mí, de manera 
que yo siempre he luchado en el campo 
de la libertad, en el campo de las libertades. 

Ahora, entrando al debate, voy a demos- 
traros, señores, que el informe que pre- 
senta la comisión es enteramente inacep- 
table bajo todos conceptos. 

Voy a examinarlo desde el punto de vista 
histórico, desde el punto de vista político 
y en seguida lo examinaré en sus diversos 
componentes para pedir a ustedes un voto 
de reprobación en contra de él. Bien saben 
ustedes, señores diputados, que el cristia- 
nismo nació en oriente. Que muchos años 
después de la desaparición de Cristo de 
la tierra, sus discípulos vinieron a propa- 
lar la nueva doctrina a la ciudad eterna. 
Grandes fueron los trabajos que el cris- 
tiano tuvo para abrirse brecha; tenía 
enfrente la religión de muchos siglos y era 
una religión que estaba plenamente arrai- 
gada en la conciencia humana. Pero la 



novedad de las nuevas doctrinas, la igual- 
dad que venía predicando entre todos los 
hombres, presentándolos como hijos del 
mismo padre, muy pronto se abrió surco 
en las conciencias y fue abriéndose terreno 
hasta que puedo presentarse frente a 
frente del paganismo, del paganismo que 
durante tantos siglos había imperado en 
el mundo. 

En ésta época vino la invasión de los 
bárbaros del norte. Las hordas del norte, 
capitaneadas por los borgoñones, por los 
francos y otros, invadieron el sacro impe- 
rio romano y pronto aquella sociedad 
amenazaba desquiciarse; fue entonces el 
cristianismo el que se presentó a la lucha 
para salvarlo y operó, señores, que así 
puede llamarse, de haber conquistado a 
los conquistadores. De manera que el 
cristianismo salvó la civilización antigua 
civilizó a los bárbaros, empezando allí 
la nueva era. 

Este acontecimiento dio al cristianismo 
una potencia extraordinaria. Los papas 
supieron aprovechar esa ventaja con 
objeto de domeñar al poder público, y 
como el poder público se sentía en esos 
momentos débil, porque estaba en ma- 
nos de gente que no estaba todavía civi- 
lizada y que no tenía la ciencia del 
gobierno, muy pronto el clero hizo un 
pacto estrecho con ellos, y entonces el 



202 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



clero, de oprimido que había sido durante 
tanto tiempo, se convirtió en opresor y 
allí empezó la lucha, pues los papas, que al 
principio habían sido humildes, se convir- 
tieron entonces en señores y fue en la época 
del gran san Gregorio cuando el pasado 
llegó a la cima de su grandeza y su poder, 
y entonces ya no suplicaban, sino que se 
declararon, por sí ante sí los arbitros en la 
tierra, y los únicos que podían, en nombre 
de Dios, nombrar y deponer a los reyes. 

La barbarie de la época, porque entonces 
empezaba el renacimiento, hizo que ese 
poder se afianzara de una manera extra- 
ordinaria, y muy pronto para afianzarse 
ese poder, empezaron por combatir los 
cismas que desde un principio empezaron 
a presentarse en el seno de la nueva igle- 
sia: empezaron, ya no como había sucedi- 
do en el oriente en los primeros tiempos, 
a combatir a los herejes con excomuniones 
que no tenía valor ninguno, sino que 
comenzaron a castigarlos con penas seve- 
ras, porque habían ido dominando a los 
reyes y tenían ya el poder temporal para 
castigarlos y mandarlos a las cárceles y 
privarlos de la vida. Entonces, señores, 
la iglesia opresora se apoderó por com- 
pleto del pensamiento humano; no se 
podía pensar sino como quería la iglesia; 
ella imponga el dogma, ella repartía la 
enseñanza, ella cuidaba de las costum- 
bres, ella se había apoderado de la socie- 



dad entera había penetrado en ella como 
un árbol de raíces infinitas que por todos 
lados apretaban a la sociedad; ella man- 
daba en los consejos, ella mandaba en las 
órdenes de trabajadores, ella entraba en 
el hogar, ella se había apoderado de la 
humanidad por todas partes. 

En esta situación, señores, la humanidad 
gemía bajo ese peso opresor. ¿Y qué suce- 
dió entonces, señores? ¿Consiguió la igle- 
sia su objeto? No, señores; la iglesia había 
encerrado al espíritu humano en un círcu- 
lo de hierro, y cada vez que la presión de la 
inteligencia humana hacia esfuerzos para 
caminar hacia la libertad y se abría una 
brecha, la iglesia mandaba, lanzaba allí 
un dogma con el objeto de volver a cerrar 
el círculo y matar el pensamiento humano. 
¿Y lo logró? No, señores. El pensamiento 
humano, rebelde, el pensamiento que 
estuvo aherrojado al principio, y tímido, 
el pensamiento que no tuvo libertad, 
comenzó a examinar los hechos a acumu- 
larlos, a purificarlos, formando la síntesis 
de ellos, estableció la ciencia, y ante el 
poder de la ciencia, aquel círculo de hierro 
establecido por la iglesia, crujió como 
crujen los barcos en las grandes tempes- 
tades sobre el océano. Entonces vino la 
época de los enciclopedistas; aparecie- 
ron entonces Voltaire, Videran, esas gran- 
des lumbreras que ya casi al terminar la 
edad antigua figuraron en la Francia y 



Artículo 3 203 



levantaron aquel monumento que se 
llamó la Enciclopedia. 

El clero tembló y tembló la iglesia romana 
que se sintió atacada en sus derechos más 
importantes. El baluarte dentro del cual 
se había encerrado, estaba atacado por 
todos lados y temblaba como si tuviera 
fuego debajo de sus cimientos. Entonces 
llegamos a la época del poder de Luis 
XIV, Luis XIV mandó recoger todos los 
ejemplares de la Enciclopedia para 
impedir que se perturbara el pensamiento 
humano. Os ruego, señores diputados, 
que fijéis en esto vuestra atención; la real 
pragmática en que el Rey Sol ordenó que 
se recogiese esa Enciclopedia, decía 
que era peligroso que el alma virgen de 
la Francia fuera a pervertiste con la lec- 
tura de la Enciclopedia. Sin embargo, de 
eso, la lectura de la Enciclopedia se hacía 
por todas partes; la Francia conoció, 
debido a ella, ciertos derechos; la concien- 
cia humana se iluminó con aquellos haces 
de luz enorme como los del sol sobre la 
tierra y entonces la Francia comprendió 
que era necesario poner término a aquella 
situación. 

El alma de la Francia comprendió que 
necesitaba ser libre para defender sus 
opiniones, para discutir, para enseñar, y 
que era preciso que acallara aquel mono- 



polio en que estaba la inteligencia humana, 
y la iglesia poderosa, fuerte, porque te- 
nía a su servicio el imperio de los reyes, 
todas las fuerzas de la tierra, porque todos 
los mundos conocidos estaban sujetos a 
su voluntad, no se sintió fuerte; entonces, 
para conservar su poder, todavía envidia- 
ble, floreciente, para conservar virgen el 
alma de los pueblos, encendió las hogue- 
ras de la inquisición y desaparecieron 
millares y millones de víctimas. ¿Y con- 
siguió la iglesia su objeto? ¿Consiguió 
el Rey Sol el propósito que trataba de 
conseguir impidiendo que se deformara 
-os ruego que fijéis la atención en esto- 
que se deformara el alma de la Francia 
misma? No lo consiguió, señores. Pero 
pronto, señores, la opresión tuvo que hacer 
todos sus efectos; el espíritu humano había 
hecho brecha en la conciencia. La huma- 
nidad estaba cansada de tanta opresión y 
de tanto sacrificio; y vino la revolución 
francesa, que acabó enteramente con ese 
pasado de ignominia, y entonces se le- 
vantó grande y glorioso el pensamiento 
humano y formuló en 1793 la célebre de- 
claración de los derechos del hombre. 

De allí vinieron todos los derechos del 
hombre, elaborados precisamente du- 
rante el gran período de la dictadura cleri- 
cal. Y bien, la revolución francesa había 
sido inspirada en las doctrinas de Juan 



204 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Jacobo Rousseau. Entre todos los genios 
que prepararon esa gran revolución, Juan 
Jacobo Rousseau había inventado su teo- 
ría del contrato social, y esa teoría del 
contrato social, absurda, insostenible bajo 
el punto de vista de los principios, había 
tenido el gran valor, el enorme valor, de 
levantar frente a frente el derecho divino 
de los reyes y de los papas y el derecho 
inviolable e invencible de la soberanía 
de los pueblos. De manera que entonces 
empezaba la lucha contra el pasado. Ante 
un presente que se levantaba majestuoso, 
la inteligencia humana había hecho la 
conquista de todos sus derechos, que 
había proclamado valientemente frente a 
la tiranía que se derrumbaba, el derecho 
inviolable de la soberanía de los pueblos. 

Los reyes ya no eran los enviados y los 
ungidos del señor para gobernar a aque- 
llos ignorantes que debían ser conducidos 
para hacerlos felices sobre la tierra; eran 
los pueblos los que tenían la soberanía 
de ellos, nacida del derecho y ellos eran 
los que debían organizarse y buscar por sí 
y ante sí la felicidad; de manera que 
quedaba proclamando de la manera más 
amplia el principio de la libertad humana. 
Y bien, de esperar era que, cuando Juan 
Jacobo Rousseau, con sus doctrinas ha- 
bía encendido aquellas almas, cuando 



ellas estaban bajo el recuerdo amargo y 
sangriento de toda la opresión de la dic- 
tadura durante largos siglos; natural era, 
entonces, señores diputados, que la conven- 
ción francesa hubiera acabado con todos 
los clérigos. 

Y esto era de esperarse así cuando, 
después de los horrores de toda la re- 
volución que había llegado a proclamar 
-negada la existencia de Dios-, había 
llegado a proclamar la existencia de una 
diosa soberana; la razón, y se había incli- 
nado ante ella en un altar. ¿Y qué sucedió 
con los frailes? Si había jacobinos en el 
seno de la convención, que eran muchos, 
había también liberales sinceros. Y aque- 
llos hombres que acaban de proclamar la 
fórmula más grande que puede haber en 
el mundo, los derechos del hombre, tuvie- 
ron que reconocer que aquellos derechos 
del hombre los tenían también sus enemi- 
gos, y les reconocieron a ellos esos dere- 
chos; hasta los excesos del jacobinismo 
se detuvieron en el punto preciso donde 
era necesario reconocer en cada hombre 
un derecho igual al que ellos tenían. La con- 
vención no obraba entonces en represen- 
tación de la nación y la nación francesa 
si estaba fastidiada de las tiranías, estaba, 
en cambio, también enteramente amante 
y deseosa de la libertad, y los frailes, a 



Artículo 3 205 



pesar de la declaración de los derechos 
del hombre, siguieron enseñando; no se 
les puso taxativa alguna. 



nuevo dictador proclamaba para apo- 
derarse de la instrucción pública de los 
franceses. 



Después, la revolución fue traiciona- 
da. Después de muchas luchas, después 
de cruentos sacrificios, de destruccio- 
nes enormes de la propiedad, vino la 
Francia a caer bajo las manos de un 
dictador. Napoleón se alzó para salvar los 
derechos, los intereses de la Francia, y 
todas las libertades que se acababan de 
proclamar quedaron enteramente como 
un sueño, como una ilusión hermosa, de 
la cual no había que pensar en muchos 
años. Napoleón comprendió perfecta- 
mente que no podía cimentar su poder 
de una manera sólida si no se apodera- 
ba de la nación, y entonces resolvió fundar 
la universidad imperial, y en los conside- 
randos que precedieron a su decreto, se 
hacían valer estas consideraciones: que 
era preciso dar uniformidad al pensamien- 
to de Francia -la diversidad de las doc- 
trinas no hacia más que producir disen- 
siones-; que, por consiguiente, para que 
la enseñanza fuera uniforme y la opinión 
fuera común, era preciso que no hubiera 
más que la enseñanza oficial, y quedó 
fundada la universidad imperial para 
poder dirigir la conciencia de los france- 
ses para que no fuera por caminos errados. 
Esto era muy generoso; de manera que 
eran los intereses nacionales los que el 



El clero, que es muy astuto, que espía 
todas las oportunidades y las aprove- 
chaba a maravilla, se ligó a él inmediata- 
mente. El clero ha estado en todos los paí- 
ses invariablemente ligado a todas las 
dictaduras. Yo no he visto al clero, ni en 
los Estados Unidos, donde hay tanta 
libertad, unido con aquellos que lleven 
en su mano el estandarte del progreso y 
la civilización, sino que siempre lo hemos 
visto haciendo intrigas para poder opri- 
mir a los pueblos, para poder explotarlos 
y para poder vivir enteramente a satis- 
facción sin que haya trabajo de su parte. 
Pues el clero celebró desde luego el con- 
cordato, nada más que Napoleón era un 
hombre indudablemente de genio, era 
un hombre que no tenía límites en sus 
ambiciones; él quería ser único señor, y 
la iglesia no se conformaba con ser sim- 
plemente una servidora suya. 

De manera que le sirvió únicamente para 
los fines del corso, pero él no sirvió abso- 
lutamente a la iglesia, con quien ustedes 
saben que chocó muy pronto; no obs- 
tante, como la iglesia quedó muy contenta 
y satisfecha a su lado, porque yo no sé 
qué pasa con las gentes que no tienen 
vergüenza, que si encuentran la manera 



206 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



de que alguno los mantenga, no se van de 
allí hasta que los corra alguien. (Risas y 
aplausos.) Cayó Napoleón; no os hablo de 
su reinado de cien días, porque no tiene 
importancia para lo que yo me pro- 
pongo y os fatigaría inútilmente; vino la 
restauración. 

Los reyes restaurados, al principio quisie- 
ron conservar el antiguo orden de cosas 
para no disgustarse mucho con los fran- 
ceses que habían tenido que quedarse; 
quisieron, como vulgarmente se dice, res- 
petar los intereses creados, y todos los 
nobles y todos los ricos a quienes la revo- 
lución había despojado, tuvieron, que 
conformarse, quisieran o no quisieran, 
porque los reyes restaurados no tuvieron 
el valor bastante para arrebatar las propie- 
dades a los usurpadores y devolvérselas; 
de allí vino la prosperidad de la Francia 
actual. Después, un poco más tarde, vuelve 
la República, y entonces se formula la 
Constitución del 48, y en esa Constitu- 
ción del 48, en que el pueblo quería de 
nuevo ver consagradas sus libertades, 
repite la declaración de los derechos y se 
formula allí de una manera clara y termi- 
nante, la libertad de enseñanza. ¿Que 
significa esto, señores diputados? Que la 
Francia triunfante contra el despotismo, 
después de tantos años de brega y de 
lucha, lejos de ser inconsecuente con sus 
antiguos principios, lejos de ponerse en 



pugna con la declaración de los dere- 
chos que gloriosamente le habían legado 
los hombres del 93, vino a sancionarlos 
una vez más, reconociéndole a su ene- 
migo mortal el mismo derecho que se 
reconoce a todos los hombres. 

Esa Constitución del 48 es notable, pero 
no podía subsistir; vino el segundo impe- 
rio y volvió otra vez el clero, artero y 
mañoso, a apoderarse de la dirección de 
los negocios públicos, y volvió otra vez 
la enseñanza clerical a apoderarse de la 
enseñanza de la Francia para deformar 
su alma, para que no pudiera deformarse 
con las doctrinas tenebrosas que los hom- 
bres sin fe y sin creencia le enseñaran. 
Fue precisamente en esa época que el 
gran Víctor Hugo formuló contra el cleri- 
calismo el gran discurso que se repartió 
en una hoja esta mañana; pero yo os 
advierto, señores diputados, y os llamo 
la atención sobre el particular, que Víctor 
Hugo no dijo "Restringid la enseñanza; 
haced alta traición a los principios lega- 
dos por vuestros antepasados," sino que 
dijo: "Combatir el clericalismo no es mu- 
tilar leyes libres." Esto es cosa distinta. 

Ahora, señores, pasemos a lo otro; México 
-no hablaré de las épocas anteriores a 
Juárez, porque no tiene objeto-, los anti- 
guos pobladores de esta tierra no pensa- 
ban en la libertad de ideas; no tuvieron 



Artículo 3 207 



idea de lo que es la Constitución de un 
pueblo y, por lo mismo, no podrían 
encontrar allí antecedente alguno; pero 
vinieron los conquistadores y establecie- 
ron el poder y, como vino el clero con ellos 
y este clero venía a imponer la fe con la 
punta de la espada del conquistador, 
resultó que en México no hubo durante 
la época colonial libertades políticas. 

Era un crimen entonces pensar de una 
manera libre, de una manera distinta; 
era un crimen entonces pensar de manera 
libre, como era un crimen tener un libro 
en el cual no se leyese al principio la auto- 
rización de la curia eclesiástica para que 
se imprimiera y se pudiera leer; de ma- 
nera que el clero fue el dueño de las 
conciencias en la Nueva España, y como 
podría haber también resquicios por don- 
de se colasen otras ideas, y el espíritu de la 
emancipación, se establecieron las hogue- 
ras de la inquisición para matar el pen- 
samiento humano. Varios siglos duró esa 
opresión; pero un día los fulgores de la 
revolución francesa ilustraron la con- 
ciencia humana y entonces los mexica- 
nos, capitaneados por nuestro gran cura 
Hidalgo, dieron la voz de libertad y ellos, 
al proclamar la independencia, no tuvie- 
ron la intuición bastante para proclamar 
toda la libertad de las personalidades 
humanas. 



Las actas de la independencia dejaron 
que existiera la religión católica como 
religión del estado y, según éstas, hubiera 
sido un crimen establecer otra religión; 
de modo que la iglesia abatida aparen- 
temente se levantaba de nuevo triunfante. 
No podía haber la libertad de enseñanza, 
por que sólo el clero podía enseñar; se 
habían apagado las hogueras de la inqui- 
sición, pero en cambio la conciencia tenía 
un candado y no podía absolutamente 
expresar sus pensamientos ni mucho me- 
nos enseñar públicamente. Fue necesaria 
la guerra de Ayutla para venir a acabar 
con esos despotismos; fueron los legisla- 
dores del cincuenta y siete los que formu- 
laron por primera vez en México la libertad 
de la conciencia humana, la libertad de 
la palabra, la libertad de la enseñanza. 

Notad, señores, que a pesar del jacobi- 
nismo que reinó en ese Congreso Cons- 
tituyente, la mayoría del Congreso tuvo 
la sensatez de no venir a decir que sus 
contrarios, vencidos los opresores de 
tantos siglos, no tendrían los mismos dere- 
chos que ellos; el derecho consagrado 
para un mexicano se consagró para todos, 
y entonces se formuló, como se había 
formulado en Francia en el noventa y tres, 
la declaración de los derechos del hom- 
bre, iguales para todos los hombres que 
habitasen en la tierra. No se dijo nada en 



208 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



la Constitución de cincuenta y siete res- 
pecto de la religión del estado; pero por un 
hábito inveterado fue la católica. De hecho 
el catolicismo, que había vivido perfecta- 
mente al lado de los virreyes; que había 
tenido hogueras en esa época, encendidas 
para apagar el pensamiento humano; que 
no tuvo después vergüenza para ligarse 
con Iturbide; que anduvo del brazo con 
todos los traidores que vinieron a aprisio- 
nar el pensamiento mexicano, vino a 
ligarse desde luego con los hombres de 
la Reforma, con los hombres del nuevo 
régimen, con los hombres que habían 
proclamado las libertades públicas, y 
vosotros sabéis bien el fin de ese mari- 
daje, que fue funesto. 

Entonces surgió a la vida pública la gran 
figura del patricio; entonces se empren- 
dió esa lucha titánica de la Reforma; 
entonces se defendieron de nuevo los 
derechos de la conciencia humana, y allá, 
en Veracruz, se promulgaron las Leyes de 
Reforma que emancipaban por completo 
a la conciencia humana y hacían a un lado 
al clero de la vida pública, declarando la 
independencia de la iglesia y el estado. 
Y así se consumó la Reforma. ¿Y qué, 
no había jacobinos al lado de Juárez? 
Sí los había, pero al lado de la figura el 
ilustre patricio, estaba también la figura 
de los Lerdo de Tejada, de Ocampo y de 
toda esa pléyade de ilustres liberales, que 



lo acompañaron durante su peregrinación 
por el territorio nacional, y cuando todo 
mundo esperaba, incluso sus mismos ene- 
migos, que se les hubiera privado de los 
derechos que la Constitución les otor- 
gaba, esos derechos les fueron reconoci- 
dos; de manera que el gran patricio no 
vino a restringirles absolutamente ninguno 
de los derechos que la Constitución de 
cincuenta y siete consagraba para el 
hombre. 

Todavía más, poco tiempo después de 
ganada la lucha, cuando ya el gran patri- 
cio estaba establecido en el palacio nacio- 
nal, vino un manifiesto a la nación en el 
que decía que debía concedérseles a 
todos los clérigos los derechos políticos 
que les estaban prohibidos, porque, a su 
juicio, era una injusticia y que así se hacía 
formar una clase de mexicanos que fueran 
parias en su propia patria. ¡Esta es la 
grandeza del patricio! Después de esto 
¿qué sucedió? Que el clero siguió trafi- 
cando con las conciencias, que el clero 
siguió preparando emboscadas contra la 
libertad; que más tarde, al faltar el pre- 
sidente Juárez y entrar el presidente 
Lerdo, se ligaron con él objeto de dirigir 
el gobierno y establecer el gobierno de la 
dictadura. Allí se refugió el clero y con 
el sistema de la reconciliación vino a tener 
otra vez una influencia decisiva en los 
negocios públicos. Cansado el pueblo 



Artículo 3 209 



mexicano de la opresión, vino la revolu- 
ción maderista de 1910. Triunfante esa 
revolución volvió a implantarse el régi- 
men de la Constitución. No se disminuyó 
absolutamente ninguna garantía, y si el 
gobierno no pudo subsistir fue porque fue 
débil, porque no reconoció que tenía en su 
seno a sus propios enemigos y el resul- 
tado fue el sacrificio del presidente. 

De allí vino la revolución constituciona- 
lista; el gobernador de Coahuila, con un 
gesto heroico, sin ver quiénes lo acompa- 
ñaban, ni con qué recursos contaba, retó 
al gobierno de la usurpación y en ese 
gesto sublime invitó a todos los mexica- 
nos que se consideraran amantes de su 
patria a que le acompañaran en su gran- 
diosa empresa, y fueron entonces a su lado 
los que se creyeron capaces de enfrentar- 
se a la dictadura y se vieron hombres 
cuyos servicios es preciso reconocer, sin 
escatimarles en lo más mínimo nuestros 
aplausos. 

Vencida la usurpación, ha llegado el mo- 
mento de reconstruir la república de 
nuevo, y el C. Primer Jefe, al poner a 
vuestro estudio todo un programa de 
reformas que hará verdaderamente posi- 
bles y realizables en México las institu- 
ciones libres y permitirá que el gobierno 
sea del pueblo por el pueblo y para el pue- 
blo, el C. Primer Jefe, repito, ha venido 



a tratar la libertad de la enseñanza, y 
cuando era de esperarse que la comisión 
a quien tocó en suerte tomar en conside- 
ración estas reformas, viniera a presentar- 
se a la altura del caudillo, viene ahora la 
comisión y nos presenta un dictamen en 
que dice que retrogrademos trescientos 
años y declaremos que no hay enseñanza 
libre; que es necesario guillotinar ese 
derecho humano para salvar a la socie- 
dad, y aquí está, señores, la historia can- 
sada que os he hecho. 

El dictamen de la comisión es exacta- 
mente, señores, el dictamen de los anti- 
guos gobiernos para poder monopolizar 
la enseñanza, el que alegaban en la época 
del Rey Sol para impedir que se cono- 
ciera la Enciclopedia: la pureza del al- 
ma, del alma de la Francia; se invocaba 
entonces para impedir la libertad de la en- 
señanza, que el alma nacional no se defor- 
mase, y hoy alega la comisión que es 
preciso que, así como la gimnasia dege- 
nera el cuerpo, la libertad de enseñanza 
degenera el alma. Son exactamente, seño- 
res, allá las palabras de la dictadura, aquí 
las palabras de una comisión jacobina; 
allí se indicaba la necesidad de salvar el 
espíritu de la Francia y aquí se invoca 
la necesidad de salvar el espíritu mexi- 
cano; y, sin embargo, si no triunfó en 
Francia en pleno ardor de aquélla revo- 
lución que fue verdaderamente un volcán 



210 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



que conmovió a todo el mundo, ¿cómo es 
posible que venga a tener éxito entre 
nosotros? ¿Qué se invocó también en 
tiempo de Napoleón para quitar la liber- 
tad de la enseñanza? Que era preciso dar 
unidad al pensamiento francés, que era 
necesario dar la misma enseñanza, los 
mismos principios para que no hubiera 
ambiciones de partido que eran peligrosas. 
¿Y qué nos dice la comisión? Exacta- 
mente lo mismo. 

Si el señor licenciado Colunga, autor de 
este dictamen, hubiera ido a estudiar en to- 
dos los archivos las palabras de Napo- 
león, las palabras del Rey Sol, y después 
de haber recorrido un poco más adelante 
las de todas las tiranías que han imperado 
en Francia, estoy seguro que no habría 
producido un dictamen tan igual como 
el que ha producido; de manera que ese 
dictamen es esencialmente despótico, 
tiránico y viene a pretender una cosa que 
ya le demostré que es imposible; aherro- 
jar el pensamiento humano y quitar la 
libertad a la conciencia de los individuos. 
(Aplausos) 

Cuando yo leí el dictamen de la comisión, 
yo dudé de que lo hubiera hecho el señor 
licenciado Colunga; si el señor licenciado 
Colunga no me lo hubiera dicho, franca- 
mente yo me hubiera resistido a creerlo. 
Después, meditando sobre el particular, yo 



me explico el dictamen de mi querido com- 
pañero como muy natural. Ustedes, seño- 
res diputados, deben conocer una obra 
hermosísima, como todo lo que sale de 
ese genio francés, que es atractivo y chis- 
peante y que lleva en medio de la plática 
más sabrosa, enseñanzas profundas; el 
libro de La Bruyere, "El Príncipe Perro," 
es la caricatura de un gobierno despótico 
europeo; en ese gobierno despótico euro- 
peo había un ministro que era un decha- 
do de habilidad, que era un pozo de cien- 
cia; se le pedía un dictamen y no se le 
acababa de decir la materia y ya el dicta- 
men estaba hecho. Se quería que cometie- 
se una bajeza y no se acababa de decir en 
qué consistía y ya había cometido una 
docena. 

Lo que importaba al ministro era tener 
grato a quien servía y no le importaba abso- 
lutamente nada todo lo demás. Su talento 
le permitía forjar todas las combinaciones 
posibles para llegar al fin. Pues bien, este 
"príncipe perro" un día le encargó a su 
ministro que fuera al parlamento, porque 
ese príncipe ya estaba un poco civilizado, 
ya era un monarca constitucional, ya no 
era de los que imperaban como el zar 
de Rusia, sino que ya consultaba al par- 
lamento, que era el representante de la 
nación, para poder disponer de sus sub- 
ditos. Y le dice al ministro: "Necesito que 
vayas al parlamento y des una ley sobre 



Artículo : 



211 



tal materia; es preciso hacer que tales 
asuntos tomen esta dirección; vas con tu 
talento acostumbrado a preparar el pro- 
yecto de ley más admirable que puede 
haber salido de mis manos." 

Cinco minutos después estaba el ministro 
con un enorme legajo y el rey, que no se 
ocupaba de nimiedades, firmó el legajo 
y el mensaje fue al parlamento y el minis- 
tro fue a sostenerlo; pero resultó, señores 
diputados, una cosa curiosa; el ministro 
no había entendido lo que se le había 
dicho y había hecho precisamente lo con- 
trario. Fue al parlamento, presentó al rey 
como un dechado de amor al pueblo, que 
no dormía ni comía y que no pensaba todo 
el día más que en mejorar la condición 
de sus subditos y que él llevaba aquel 
mensaje que encerraba una de las mejoras 
más halagadoras y que suplicaba a la 
Cámara que lo aprobara, porque era una 
cosa extraordinaria; en fin, dijo todo 
aquello de que se valen los políticos para 
presentar las cosas; se presentó el dicta- 
men, lo aprobó la asamblea y el ministro 
muy satisfecho fue a llevarle al rey la ley 
aprobada. 

El rey, entonces, que en un principio no 
había tenido tiempo de leerlo, tomó la ley 
para ver lo que había decretado el parla- 
mento y se encontró con que se había 



hecho precisamente lo contrario. Enton- 
ces dijo al ministro: "No me habéis enten- 
dido, porque lo que yo quería era otra 
cosa." "Voy a reparar el error, dijo el mi- 
nistro, porque con el dictamen que he 
hecho lo mismo se sostiene una cosa que 
otra," y volvió al parlamento para obtener 

que se votara (Risas que impiden oír al 

orador.) Este es el dictamen de la comi- 
sión. (Voces: ¡no, no!) 

Exactamente, escuchadme, (¡no, no!) Vais 
a convenceros, porque os traigo razones; 
no vengo aquí a provocar protestas ni a 
herir sentimientos; ya veis que me he pro- 
ducido con toda la corrección debida. 
Pues bien, ese es el dictamen de la comi- 
sión. He estudiado ese dictamen y voy a 
demostraros que lo mismo prueba que se 
restrinja la enseñanza, que prueba que no 
debe restringirse. De manera que mi dis- 
tinguido compañero el señor licenciado 
Colunga, está desempeñando aquí, a 
maravilla, el papel del ministro del rey... 
(aplausos) que se llamaba; el abogado 
Tarabilla. Me vais a conceder la razón 
vosotros los de ¡no, no! La comisión, en el 
artículo I o , nos ha asentado estas verda- 
des que son monumentales: 

"En la República Mexicana todo indi- 
viduo gozará de las garantías que otorga 
esta Constitución, las que no podrán res- 



212 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



tringirse ni suspenderse, sino en los casos 
y con las condiciones que ella misma 
establece. 

"Querétaro de Arteaga, 9 de diciembre de 
I916.-Gral. Francisco J. Múgica. -Alberto 
Román.-L. G. Monzón. -Enrique Recio. - 
Enrique Colunga" 

De manera que ya la comisión no 
puede desistir y retractarse de ellas. Nos 
ha dicho aquí la comisión: Este artículo 
del Primer Jefe es admirable; este artícu- 
lo viene de la gloriosa Constitución del 
cincuenta y siete: "los derechos naturales 
del hombre son la base y el objeto de las 
instituciones sociales" y estos derechos 
no se pueden desconocer como no se pue- 
den absolutamente restringir, sino que hay 
que reconocerlos de la manera más abso- 
luta. Todavía en este dictamen la comi- 
sión nos dice: "Indudablemente que la 
libertad de enseñanza es uno de los dere- 
chos naturales del hombre" y es indu- 
dable, señores, con una elocuencia de 
palabra, admirable, os lo acaba de demos- 
trar, si no fuera bastante la convicción 
de la comisión, os lo acaba de demostrar 
el señor Cravioto. 

Es uno de los derechos más grandes de 
los que tiene el hombre, el de la ense- 
ñanza. Mediante ese derecho se pone en 
contacto con todos sus semejantes; me- 



diante ese derecho aprende a dominar al 
mundo, porque el hombre que enseña 
es el hombre que triunfa, el hombre que 
enseña es el hombre que manda, y ese es el 
derecho más grandioso, más sublime que 
tiene la humanidad. De manera que, seño- 
res, yo no vengo a haceros aquí una ley 
sobre ese derecho; me basta que esté 
reconocido. ¿Y qué nos dice la comisión? 
Pues que renunciemos a ese derecho para 
salvar al pueblo mexicano. Eso viene a 
decir la comisión después de decirnos que 
se deben garantizar esos derechos de la 
manera más absoluta. Pues ahora veréis 
cómo tenía razón al deciros que eso ha 
servido para fundar el dictamen. Si el pre- 
sidente de la comisión, señor general 
Múgica, que es realmente el autor del 
pensamiento, porque mi distinguido com- 
pañero no ha hecho más que darle forma, 
hubiera querido decir lo contrario, estoy 
convencido de que mi amigo le diría: 
"pues señor, eso es lo que vamos a hacer." 
(Aplausos.) 

Sería la barbaridad más grande que pueda 
hacerse; sería decapitar al pueblo mexi- 
cano quitándole uno de los derechos más 
grandes, más importantes, como es el 
derecho de enseñar. Pues bien, vamos, yo 
creo que estaréis convencidos de esta gran 
verdad; que este dictamen de la comisión 
es exactamente, por sus palabras, térmi- 
nos y forma, igual al dictamen de todas 



Artículos 213 



las dictaduras que ha habido en México. 
Allí donde se han desconocido los dere- 
chos del hombre, allí donde se ha quitado 
al hombre la libertad de enseñar y apren- 
der, y, señores, ¿vamos nosotros a guillo- 
tinar ese derecho para salvar a la sociedad 
precisamente ahora que acaba de triunfar 
la revolución más grande que ha tenido 
México? 

Vamos a decir al Primer Jefe: "estáis en- 
gañado, señor; no hay que conceder las 
instituciones libres, porque si la comisión 
decapita la libertad de enseñar, también 
es ofender al decir que la prensa debe gui- 
llotinarse porque va a enseñar, doctrinas 
enteramente subversivas; a renglón se- 
guido nos dirá que el derecho de reunión 
es peligroso porque la figura repugnante 
del fraile, con su bonete, seguirá sacando 
su cabeza de Mefistófeles y con el mis- 
mo derecho vendrá a deciros que es preciso 
quitar al pueblo todas sus libertades y 
entonces la comisión nos hablará en el 
lenguaje de Huerta, cuando decía: "que 
es preciso salvar al pueblo, cueste lo 
que cueste," quitando todas las liber- 
tades. (Voces: ¡no, no!) ¿Quién garantiza 
a ustedes, señores del "no?" Porque es muy 
bonito decir no desde el banco, pero es 
muy difícil venir a decir aquí que sí. ¿Por 
qué no venís? Yo soy de los que aman la 
libertad, de los que conceden la libertad 
más amplia a todos y aquí me tendréis 



siempre dispuesto a demostraros que sois 
unos jacobinos. 

- El C. Calderón: Solicito la palabra. Entre 
los elementos.... (Voces: ¡no, no, no, que 
continúe el orador!) 

- El C. Macías: Voy ahora a examinar el 
dictamen bajo otro punto de vista; os he 
demostrado que el dictamen de la comi- 
sión, que el lenguaje de la dictadura; que 
los principios de ese dictamen han sido los 
principios de la tiranía; ahora voy a consi- 
derarlo bajo el punto de vista de los inte- 
reses públicos. Esto es trascendentalis- 
mo, es grave no sólo bajo el punto de vista 
de los principios, sino que es grave y tras- 
cendental bajo el punto de vista de la 
existencia y del porvenir de la patria. 

Señores revolucionarios: me dirijo a uste- 
des, a usted, señor Calderón, a ustedes, 
señores, que han militado en las filas del 
constitucionalismo, exponiendo la vida, 
me dirijo a todos los que venís con entu- 
siasmo para pedir que se arroje al clero 
del derecho de enseñar, que se decapite 
la libertad de enseñar y que no proponéis 
lo que debéis proponer, una medida para 
reducir al orden al clero, porque eso es 
lo que ha faltado, leyes y valor para hacer 
cumplir las Leyes de Reforma; que ese 
es el remedio radical y absoluto para que 
los clérigos no hicieran mal, y que venís, 



214 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



porque os consideráis incapaces de adop- 
tar una medida salvadora, para impedir 
que se venga a cometer el disparate más 
grande que pueda darse. 

Voy a llamar vuestra atención; si no lo 
sabéis, en todos los actos de la revolu- 
ción, cuando la revolución llegaba a su 
período más álgido, cuando todos los 
traidores mexicanos que residían en Esta- 
dos Unidos presentaban a México como 
víctima y teatro de la tiranía y del descon- 
cierto y de la anarquía más grande que 
ha habido en esta tierra, una de las acusa- 
ciones más graves que hacían, era que 
esta revolución era una revolución con- 
tra las creencias, que era una revolu- 
ción para aherroj ar la conciencia humana. 
Esto no lo podrá negar; me dirijo a vos 
principalmente, a usted, señor general 
Calderón, y no os hago ninguna injuria 
porque yo respeto toda esa heroicidad con 
que habéis expuesto vuestra vida para 
salvar los intereses nacionales. Yo quiero, 
señores diputados, para todos los que 
han servido al constitucionalismo con las 
armas en la mano, los honores más gran- 
des que puedan decretarse; yo no quiero 
ser escaso en ellos, en algo que pueda 
menoscabar ni su valor ni su honra, ni su 
prestigio; pero sí quiero que sean justi- 
cieros y que en el momento del triunfo 
sepan cumplir con todos los compromi- 
sos de la revolución, y traicionarían a la 



revolución si esos compromisos no se 
cumplieran, porque los compromisos 
de la revolución son los compromisos de 
la patria mexicana. (Aplausos y voces 
¡muy bien!) 

Cuando el constitucionalismo amenazaba 
naufragar, cuando las playas de Veracruz 
eran azotadas por las aguas turbulentas 
del océano, en las cuales se mecían tran- 
quilos y amenazantes los barcos america- 
nos; cuando el gobierno de los Estados 
Unidos leían y meditaban los informes 
de agentes mandados exprofeso para 
estudiar la situación mexicana, "el caso 
México," como se llamó en la cancillería 
de los Estados Unidos, entonces el C. 
Primer Jefe, al ver los informes que se pre- 
sentaban, los cargos que contra el consti- 
tucionalismo se hacían ante el procer de 
la Casa Blanca, él encontraba que uno 
de los más graves cargos que podía com- 
prometer a la causa revolucionaria, era 
el de que se presentaba a la revolución, 
constitucionalista, era el de que se presen- 
taba a ésta como enemiga de la conciencia 
humana. ¡Es una guerra religiosa, para 
acabar con las creencias! Ese era el cargo 
terrible que se formulaba. 

El C. Primer Jefe, y lo digo en su presen- 
cia, no por hacerle un homenaje que sea 
inmerecido, porque él sabe el respeto que 
le tengo y que yo no lo adulo, entre otras 



Artículos 215 



cosas, por que no necesito adularlo, en- 
tonces, señores, este grande hombre dijo 
en un manifiesto: "Se respetará la con- 
ciencia humana, los derechos del hombre 
serán reconocidos de la manera más am- 
plia, no habrá más reformas que las indis- 
pensables a la Constitución con objeto 
de adaptarla a las necesidades del pue- 
blo." ¿Y sabéis cuál fue el resultado de 
este manifiesto trasmitido en una varonil 
nota al gobierno de los Estados Unidos? 
el reconocimiento del gobierno consti- 
tucionalista. Pues bien, señores dipu- 
tados, el C. Primer Jefe, con esa honradez 
que le hace tanta honra, que lo ha hecho 
inmortal y que lo haría que pase a la histo- 
ria como un astro de primera magnitud, 
capaz de estar al lado de Juárez, el apóstol 
de la libertad, en le decreto lanzado nada 
menos que para tratar de las adiciones al 
Plan de Guadalupe para convocar a este 
Congreso, contestando a los cargos que 
se le hacían por los traidores de México 
ante el gobierno de los Estados Unidos, 
pues se decía que quería implantar una 
dictadura, contestando ese cargo lanzó 
este decreto que será memorable y gran- 
dioso por los principios que encierra. 
Y dijo que no se trataba de lesionar el 
espíritu de la Constitución de 57, porque 
sería respetada en todas sus partes, sino 
que únicamente se trataba de quitarle 
algo que la hacía inaplicable a las necesi- 
dades del pueblo. 



No se trata, señores, sino de quitarle todas 
aquellas reformas que le hicieron las dic- 
taduras pasadas con objeto de aherrojar 
y de oprimir al pueblo mexicano. Esto es 
de todo lo que se trata, y en cumplimien- 
to de esta solemne promesa el Primer Jefe 
ha venido a traeros un programa lumi- 
noso de principios. Las reformas presen- 
tadas por el señor Carranza a la Consti- 
tución, encarnan, por primera vez en la 
política mexicana, un programa entero de 
principios; ya no hay personalidades; es 
la soberanía del pueblo, son los derechos 
del hombre, la libertad absoluta del sufra- 
gio para que el pueblo elija sus manda- 
tarios; y estoy seguro, porque lo he oído 
de sus labios, que sus palabras son sin- 
ceras, que si mañana el pueblo mexicano 
al hacer las elecciones no tiene la con- 
fianza necesaria para nombrarlo su manda- 
tario, él descenderá las gradas del palacio 
nacional de México como salió del capi- 
tolio Cincinato. 

No bajará esas escaleras con la espada 
amenazante y los ojos centellando odio, 
sino que saldrá alegre, tranquilo y satisfe- 
cho a vivir al hogar, satisfecho de haber 
fundado las instituciones democráticas en 
la tierra mexicana. (Aplausos nutridos.) 
Bien señores, este programa grandioso de 
principios, a esta evocación a todo el pue- 
blo mexicano para que viva en plena 
libertad con goces completos, no restrin- 



216 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



gidos, la libertad, como lo dijo en su solem- 
ne manifiesto a este ilustre Congreso, la 
libertad debe garantizarse de la manera 
más amplia posible. ¿Qué viene a decir 
la comisión?: 

"No, no garantizamos de la manera más 
amplia posible, porque eso es peligroso; 
es necesario constituir al pueblo mexi- 
cano en una dictadura quitándole las más 
altas, las más importantes funciones para 
el desarrollo de la personalidad humana." 
Esto es lo que ha venido a decir la comi- 
sión. Y bien, señores, ¿qué creéis que dirá 
de nosotros ahora el gobierno de los Es- 
tados Unidos? ¿Qué dirá de nosotros? 
(Voces: ¡que digalo que quiera!) Esperad, 
yo os lo ruego; las protestas no significan 
nada cuando no se vienen a hacer aquí; 
eso es propio de las gentes que no saben 
absolutamente lo que es un parlamento, 
ni respetar el orador en el uso de la pala- 
bra. (Aplausos nutridísimos de la dere- 
cha.) Yo he venido a expresar sinceramente 
mis opiniones; yo no traigo aquí ningún 
interés; yo os doy mi palabra de que el 
día que este Congreso cierre su período 
de sesiones, ese día me regresaré a mi 
hogar; ya no volveré a la política porque 
ya estoy viejo y cansado y creo que tengo 
derecho al descanso. De manera que no 
necesito de los puestos públicos, ni ambi- 
ciono gloria ni honores. 



Yo, debido a mi trabajo, tengo una for- 
tuna para vivir tranquilo y satisfecho en 
los últimos años de mi vida. Mi profesión 
me produce el doble de lo que me podría 
producir el mejor empleo que me pudiera 
dar el señor Carranza; de manera que estad 
seguros de que mis palabras son entera- 
mente sinceras y desinteresadas, porque 
yo ni he explotado a la revolución, ni explo- 
taré al gobierno que venga. Puedo ase- 
guraros que estoy al lado del Primer Jefe 
porque he creído patriótico en estos mo- 
mentos ayudarle en esa tarea enorme que 
pesa sobre sus espaldas de Atlas y por 
eso he estado allí. ¿Sabéis lo que estaba 
ganando en la Universidad Nacional don- 
de hay un trabajo de primera? Estaba ga- 
nando la enorme suma, y se lo digo al muy 
respetable y distinguido coronel Aguirre 
Escobar, de setenta y cinco centavos dia- 
rios. ¡ Creo que con setenta y cinco centa- 
vos diarios cualquier hombre se hace rico ! 
¿Qué va a decir, acabo de expresar, el go- 
bierno de los Estados Unidos? Yo vuelvo 
a protestar la sinceridad de mis propósi- 
tos, yo os hablo con el mayor respeto, 
como representantes que sois del pue- 
blo. Voy a deciros una cosa que muchos 
de vosotros ignoráis. 

Hace pocos días un amigo mío me ense- 
ñaba una caricatura en que decía: "El Con- 
greso Constituyente mexicano" y ¿sa- 



Artículos 217 



béis, señores diputados, cómo estábamos 
pintados ahí? Pues era una reunión de 
apaches con plumas en la cabeza y plu- 
mas en cierta parte del cuerpo, empuñan- 
do sus macanas y decía abajo: "Elementos 
con que cuenta el Congreso Constitu- 
yente para hacer la felicidad del pueblo. " 
Primero, la ignorancia más completa; 
segundo, la presunción más absoluta, y 
por último, que es el elemento indispen- 
sable, la macana. De manera que esos son 
los tres elementos principales con que nos 
pintan. Mañana que ese mismo periódico 
conozca el dictamen de la comisión, os voy 
a decir como nos pintará. En un cuadro 
nos va a presentar con la macana, con las 
armas en la mano, porque no nos vamos a 
entender con la palabra, porque necesi- 
tamos del argumento contundente del 
garrotazo; esto podréis tenerlo como se- 
guro, y abajo dirá; "Las labores pacifistas 
del Congreso Constituyente." El segundo 
cuadro todavía va a ser más consolador. 
Va a venir la comisión retratada exacta- 
mente como nos pintan, con plumas en 
la cabeza y taparrabo de plumas rojas, 
sentados en unos bancos de tres patas deli- 
berando y diciendo: 

"Esta comisión propone que para salvar 
al pueblo se deroguen los derechos del 
hombre, porque sólo así se puede gober- 
nar a esos salvajes"; pero va a venir este 
otro rasgo que va a causar la mayor hilari- 



dad y me parece que lo estoy viendo, 
porque esos yanquis no descansan, son 
hombres que están en asechanza de todos 
nuestros actos y entonces va a decir la 
otra: "y lo más doloroso, lo más grave 
es que en esta comisión figura un maes- 
tro de escuela que pide que se guillotine 
el derecho de enseñar, en nombre de la 
razón." (Risas) Esta es la caricatura que 
el pueblo americano va a hacer. Ahora 
diréis ¿qué dirá el gobierno de los Esta- 
dos Unidos? ¿Qué creéis que todos los 
enemigos que allí tenemos, que son legión 
y que es admirable cómo no han podido 
conseguir que el presidente Wilson se 
resuelva a intervenir para ponernos en 
paz? ¿Qué van a decir de nosotros? " 

Le hemos dicho a usted, señor presidente, 
que allí hay una anarquía, que Carranza 
es un buen hombre que quiere gobernar 
a la nación con leyes liberales, pero que 
ese pueblo quiere una dictadura. " ¿Y creéis 
que el gobierno de los Estados Unidos 
va a considerar que esto es sincero? ¿Va a 
creer que el gobierno de la república pue- 
de imponer el orden cuando no la hay entre 
nosotros, cuando no estamos ni siquiera 
conformes en los principales fundamen- 
tales sobre los que vamos a constituir la 
Constitución? Vamos a decirle al gobier- 
no de los Estados Unidos: "nosotros, que 
somos la parte más selecta, más cons- 
ciente, aunque en verdad no sea así, del 



218 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



pueblo mexicano, no somos capaces de 
poder tener una sesión siquiera en for- 
ma, ya que no puede decir el orador una 
palabra porque pateamos como caba- 
llos?". ...Perdóneme pero hay cosas que 
deben decirse porque es necesario; si este 
Congreso no demuestra que sabe dis- 
currir, que sabe discutir, entonces somos 
dignos de la caricatura americana. 
(Aplausos.) 

Una de las pruebas de cultura de un pue- 
blo está en su parlamento, porque se 
supone que el pueblo ha mandado al par- 
lamento lo más distinguido, no como nos 
decía el señor López Lira, que el pueblo 
escoge así... como lo escogieron a él 
si... (Risas.) Escoge a lo que encuentra 
más selecto, más capaz de representarlo. 
En estos momentos que hay tantos extran- 
jeros ¿qué concepto van a formarse 
cuando vean que no sabemos discutir? 
Se hace una observación y se contesta 
con un siseo que fastidia al orador y se 
oye como si estuviéramos en una cuadra: 
una serie de patadas. Esto, señores dipu- 
tados, desdice de la cultura de nosotros. 
En una discusión ustedes resuelvan todo 
lo que a bien tengan, pero oigan, y des- 
pués de oír, vengan a dar razones para 
convencernos, porque el decir "no" y 
"protesto" no es una forma de argumen- 
tar. Con que voy a continuar mi discurso. 
Decía yo ¿qué va a decir el gobierno de 



Estados Unidos: "Carranza, en el mani- 
fiesto de tal fecha, ofreció que no se per- 
seguiría a las creencias católicas, Carranza, 
en la comunicación que dirigió a esta 
cancillería en tal fecha, volvió a repetir 
este concepto y se mostró muy enérgico, 
porque el gobierno de los Estados Unidos 
estaba creyendo lo contrario. Carranza en 
el decreto reformando el Plan de Gua- 
dalupe, adicionado en Veracruz, dijo que 
el Congreso Constituyente no tendría más 
que estas reformas y que se respetaría la 
Constitución del 57 y ahora resulta que 
Carranza no puede cumplir, porque el Con- 
greso se le ha insubordinado." 

Yo creo que con esto daríamos la mayor 
prueba de falta de cultura en los Estados 
Unidos a la hora en que pondríamos en 
ridículo al jefe supremo de la revolución. 
Nuestro deber es conservar la Constitu- 
ción de 57 en sus principios fundamenta- 
les y no restringir sus libertades; dar sus 
libertades al pueblo y hacer que se cum- 
pla con esas leyes; que se cumplan las 
Leyes de Reforma; y entonces, señores 
diputados, el clero no volverá a levantar 
la cabeza para poder obstruccionar la 
marcha de la república. 

Voy a deciros una gran verdad que voso- 
tros ignoráis, una verdad que es tristísimo 
confesar en esta tribuna, porque repercu- 
tirá por todo el mundo, y es que desde la 



Artículo 3 219 



Constitución de 1857 hasta la fecha, no 
se ha dado en todo el país una ley de ins- 
trucción que permita al gobierno vigilar 
a todos los establecimientos de enseñanza 
privada. De manera que si el clero ha ido 
a hacer obra obstruccionista contra la 
revolución y en contra de las autoridades, 
no tiene la culpa el clero, sino las autori- 
dades y los mexicanos que no han sabido 
hacer uso de la soberanía que el pue- 
blo ha puesto en sus manos. La reforma 
es que se de una ley según la cual el pueblo 
y todo el mundo pueda vigilar la instruc- 
ción en los establecimientos particulares. 
Que se castigue a los que no cumplan con 
la misión de la enseñanza y entonces ni 
los Estados Unidos, ni nadie podrá decir 
una sola palabra. Habremos cumplido con 
nuestro deber y nos habremos libertado 
de nuestros enemigos. Por otra parte, 
señores diputados, yo quiero considerar, 
por último, esta cuestión, bajo un punto 
de vista distinto. 



Estados Unidos, ha dicho constante- 
mente: "no, señores, a los frailes se les 
ha castigado por rebeldes o por insubor- 
dinados, por estar laborando contra el 
gobierno y contra las instituciones, mas 
no porque sean sacerdotes, pues si no se 
hubieran apartado de su papel, estarían 
como todos los demás que no se han mez- 
clado en la política, sino que se han de- 
dicado exclusivamente al ejercicio de su 
profesión." Los constitucionalistas están 
acostumbrados a ver al clero como ene- 
migos y por un falso razonamiento con- 
cluyen: estos han andado con las armas 
en la mano, luego los clérigos también 
deben desaparecer. Señores, que desa- 
parezcan los clérigos, pero que no de- 
saparezca la libertad de la conciencia 
humana; esto es cosa enteramente distinta 
y os lo voy a demostrar. Acabo de decir 
que los militares constitucionalistas son 
los hombres más jacobinos que yo 
conozco. 



Todos, invariablemente todos los mili- 
tares, son jacobinos. Yo no les doy la 
clasificación que les daba mi querido 
amigo, sino otra más sencilla. Desde el 
principio de la revolución se ha señalado 
al clero como aliado de Huerta, de mane- 
ra que el que vea a un clérigo lo juzga 
aliado de Huerta, y tan es así que el Pri- 
mer Jefe, en las diferentes comunicacio- 
nes que ha mandado al gobierno de los 



- Un C. diputado, interrumpiendo: Una 
moción de orden, señor presidente. El ora- 
dor ha hecho uso de la palabra más de 
una hora (voces: dos horas) y el artículo 
102 previene que el orador sólo podrá 
hacer uso de la palabra media hora. 

- El C. Macías: Yo espero que este señor 
que está tan empeñado en callarme venga 
aquí a ocupar mi lugar para hacer valer su 



220 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



voz con argumentos contundentes. Pues 
bien, señores diputados, os decía esta gran 
verdad y vuelvo a repetirlo sin ánimo de 
ofender anadie: invariablemente, excep- 
ción hecha del señor general Nafarrete, 
son los hombres más jacobinos, son los 
hombres más inconsecuentes con su jaco- 
binismo. Voy a demostrarlo. Voy a con- 
venceros ahorita, en este momento, y 
estoy seguro que me habréis dicho: Macías 
tiene razón. El general Obregón, tengo 
el gusto de declararlo desde esta tribuna 
y lo he declarado infinidad de veces en 
los periódicos, es una de las figuras más 
gloriosas que tiene el constitucionalismo 
y yo creo que en esta gran tormenta que 
se ha desencadenado en el suelo mexi- 
cano, uno de los hombres de más alto 
relieve y porvenir, indudablemente de los 
más respetables, es el general Obregón. 
Bien, pues el general Obregón protes- 
tándole todos sus méritos, es un gran 
jacobino y es un gran inconsecuente 
como jacobino. 

Voy a mostrároslo: el general Obregón 
llegó a México en febrero de 1915; se 
encontró con que los curas habían hecho 
una labor de obstruccionismo a la revolu- 
ción constitucionalista, y en un arranque 
de buen humor, por cierto muy simpático, 
recogió, decretó una contribución para 
los curas, que no quisieron pagar, por- 



que los curas primero sueltan la cabeza que 
el bolsillo, los empaquetó en un carro y 
los mandó a Veracruz. Algunos de ellos, 
que eran españoles, por cierto con aplauso 
mío, fueron lanzados del territorio nacio- 
nal. Y debo deciros para acabaros de 
demostrar mi fe republicana y entera- 
mente liberal, que yo creo, lo he mani- 
festado en Veracruz y lo he dicho en los 
periódicos, que una de las medidas que 
debe tomar el gobierno mexicano es 
no dejar que venga a México ningún fraile 
gachupín, porque éstos han sido verdade- 
ramente nocivos para la patria. (Aplausos. ) 

Pues bien, yo estaba encantado con este 
acto de justicia del general Obregón; pero 
un día que acompañaba precisamente al 
general Obregón para despedirlo cariño- 
samente en Manzanillo, se iba a casar y 
yo le protesté todos mis respetos deseán- 
dole la dicha que él se merecía; pues, 
señores, a pocos días leí en los periódicos 
la ceremonia religiosa. ¿En dónde estu- 
vo el jacobinismo del señor general Obre- 
gón? Pues exactamente donde estaba el 
jacobinismo de Juan Jacobo Rousseau. 
Este era el hombre que más odiaba a los 
frailes; creía que Dios era una mentira 
que se había inventado y terminó por hacer 
esta confesión: "Oh, Dios eterno, perdó- 
name todas mis palabras, todas mis faltas, 
todas mis debilidades, en vista de la sin- 



Artículo : 



221 



ceridad con que vengo a confesarme" y 
eso era exactamente lo que decía el otro 
jacobino, mexicano ilustre, que se llamó 
"El Nigromante," que decía: "Yo soy ateo 
por la gracia de Dios". 

Hay otros jacobinos enteramente iguales 
y por eso, señores, yo no critico al general 
Obregón en su matrimonio religioso; yo 
soy liberal y respeto a la conciencia hu- 
mana; pero lo que pasa es que en el fondo 
de todo mexicano no existe el sentimiento 
católico. De los catorce millones de habi- 
tantes que tiene la república, yo aseguro 
a usted, señor protestante (dirigiéndose a 
un C. diputado), que no hay mil liberales 
verdaderos. Si me pongo a contarlos no 
hay ninguno. 

En Veracruz, comiendo un día en la mesa 
del Primer Jefe, contaba yo esta historia; 
que la generalidad de los constituciona- 
listas que andan combatiendo con las 
armas en la mano, que quisieran comerse 
vivos a todos los frailes, la mayor parte de 
ellos son católicos y un general que estaba 
en presencia nuestra me dijo: "tiene usted 
razón, aquí están mis escapularios y mi 
santo Cristo." Señores, ustedes saben del 
asunto. Sé perfectamente que estoy com- 
batiendo a una comisión jacobina; es 
necesario ver todas las conciencias y 
analizarlas. 



- El C. Espinosa: El artículo 102 del 
reglamento dice: 

"Los discursos de los individuos de las 
Cámaras sobre cualquier negocio, no po- 
drán durar más de media hora, sin per- 
miso de la Cámara." 

(Voces, desorden, murmullos.) El señor 
licenciado Macías ha estado hablando 
durante más de dos horas de diversos asun- 
tos, y casi nada del artículo 3 o que está 
a discusión. Nos ha hablado de que gana 
setenta y cinco centavos diarios; de que 
en los Estados Unidos nos pintan como 
salvajes (Siseos.) 

- El C. Macías: A este señor diputado le ha 
pasado lo que en una ocasión me sucedió 
cuando era magistrado; trataba yo de 
demostrar la justicia que asistía a un indi- 
viduo, y después de un discurso en que 
había yo puesto mis cinco sentidos para 
demostrar la justicia que aquel hombre 
tenía y que yo creía que me estaba escu- 
chando, despertó repentinamente di- 
ciéndome: ¿a qué horas entra usted en 
materia? 

El señor licenciado Cabrera, con ese ta- 
lento que lo caracteriza, acaba de escribir 
en los Estados Unidos un artículo pre- 
cioso, y en ese artículo dice el licenciado 



222 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Cabrera lo siguiente: "De los catorce millo- 
nes de habitantes que tiene la república, 
las nueve décimas partes son católicos 
fervientes," y me refería yo al caso pre- 
ciso de los constitucionalistas. 

Os he dicho, señores diputados, que yo 
profeso a todos los que han defendido el 
constitucionalismo, no sólo respeto, sino 
cariño y estimación; pero también os 
digo que si un día se reunieran en una 
plaza o en un campo todos los generales 
y su tropa constitucionalista, y si a esa hora 
pasara un cura con todos los ornamentos, 
oficiando y llevando al santísimo, yo 
estoy seguro que casi no habría uno de 
ellos que dejara de arrodillarse. (Voces: 
¡no, no!) 

De manera que allá, señores, mi argu- 
mento va. Hay un sentimiento religioso 
hondo en este pueblo, y es natural; ha sido 
la educación de muchos años. El C. Pri- 
mer Jefe, con esa observación penetrante, 
con ese conocimiento de la naturaleza 
humana, nos ha dicho esta gran verdad; 
las costumbres de los pueblos no se cam- 
bian de la noche a la mañana; para que 
un pueblo deje de ser católico, para que el 
sentimiento que hoy tiene desaparezca, 
es necesaria una educación, y no una edu- 
cación de dos días ni de tres; no basta que 
triunfe la revolución; el pueblo mexicano 
seguirá tan ignorante, supersticioso y ente- 



ramente apegado a sus antiguas creencias 
y sus antiguas costumbres, si no se le 
educa. Y la manera de educarlo no es qui- 
tarle la libertad de enseñanza, sino defen- 
der la instrucción, como lo ha hecho el 
C. Primer Jefe, y a medida que el pueblo 
tenga instrucción, que la luz penetre a 
todas las conciencias, ese día, señores, 
las costumbres se modificarán y enton- 
ces vendrá efectivamente la renovación que 
todos esperamos. 

El señor Cravioto nos ha dicho una gran 
verdad en esta tribuna, y es que la educa- 
ción religiosa no es verdad que se dé por 
los curas; no es verdad que se dé en las 
iglesias. No, señores, es una mentira; la 
educación religiosa se da en el hogar, y 
yo voy a presentaros un ejemplo reciente 
y que muchos de los señores diputados 
que están presentes pueden atestiguarlo; 
el día que veníamos de México para esta 
ciudad, venía con nosotros la familia del 
señor diputado Ancona, y entre esa fami- 
lia venía un niño que tenía cinco o seis 
años, y él venía gritando entre nosotros: 
"no hay Dios, dice mi papá, y yo no lo creo" 

Si el señor Ancona en lugar de decirle 
"No hay Dios," le hubiera dicho: "Hay 
Dios," aquel niño inocente habría dicho 
"Sí hay Dios, porque mi papá me lo ha 
dicho." De manera que la educación reli- 
giosa es la que se da en el hogar. Una últi- 



Artículo 3 223 



ma consideración para concluir, para no 
molestar a estos diputados impacientes. 
Voy a haceros una última consideración 
para que la toméis en cuenta dándole el 
valor que vosotros queráis. ¿Creéis voso- 
tros que mutilando ese derecho precioso 
del hombre vais a acabar con los curas? 
No, señores; mi distinguido amigo el señor 
Cravioto nos dijo que a los clérigos los 
dej ais vivitos y coleando, yes una cosa muy 
sencilla que no habéis tenido en cuenta; 
que los clérigos nada enseñan; yo os puedo 
asegurar que de las escuelas católicas que 
han existido y existen, no hay el diez por 
ciento que estén a cargo directamente de 
los clérigos. 

El clérigo es por naturaleza flojo. Le gus- 
tan las comodidades; le gusta estar en 
charla con todas las beatas, tomar el choco- 
late a la hora oportuna y que le hagan los 
caldos más sustanciosos para poder soste- 
ner esta miseria humana; pero el clérigo 
no trabaja; el clérigo tiene quien trabaje 
por él; las escuelas católicas han estado 
a cargo de maestros pagados por ellos; y 
mañana, si llegara a triunfar este artículo, 
que no triunfará, porque estoy seguro de 
la sensatez de la asamblea, todos esos 
maestros católicos vendrían a protestar 
que son los más independientes y más 
laicos, y eso maestros de escuela pagados 
por el clero, seguirían, a pesar de la Consti- 
tución, continuando su obra. De manera 
que eso es inútil. El gobierno debe tener 



cuidado y vigilar las escuelas privadas; 
que haga que se respeten las leyes y 
entonces, señores diputados, tendréis la 
seguridad de que surtirá todos los efectos 
que debe y que el clero no volverá a hacer 
labor de obstrucción en contra de las ins- 
tituciones democráticas ni en contra del 
gobierno de la república. 

Señores diputados, no os fatigaré más 
tiempo; únicamente me permitiré, para 
concluir, deciros que el jefe supremo de 
la revolución ha sabido estar a la altura 
de la situación en los momentos actuales, 
sosteniendo la bandera de la libertad con 
mano robusta, para que a su sombra pueda 
crecer y desarrollarse el pueblo mexicano 
y no vamos, por darnos el placer de votar 
el dictamen jacobino, a mutilar uno de los 
derechos más preciosos del hombre. 
(Aplausos.) 

- El C. presidente, a las 9.15 p.m. : Se levanta 
la sesión y se cita para mañana a las cua- 
tro de la tarde. 

13° Sesión Ordinaria 14/12/16 

Debate (continúa...) 

- El C. Rosas y Reyes: Pido la palabra, 
C. presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra en el 
C. Román Rosas y Reyes, en pro. 



224 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



- El C. Rosas y Reyes: Señores diputados: 
tal vez vaya a cansar la atención de 
ustedes con la lectura de mi discurso, que 
he preferido escribir por tres razones im- 
portantísimas: primera, porque mis ideas 
sobre este asunto son tantas, que se atre- 
pellan, y he querido ordenarlas perfecta- 
mente para hacerlas legibles ante vuestro 
interés; segunda, porque no soy improvi- 
sador ni parlamentario, y tercera, porque 
teniendo el derecho de decir lo que siento, 
prefiero escribirlo, tanto por eso, para 
ordenar mis ideas, cuanto para que en este 
día memorable quede escrita de mi puño 
y letra la declaración solemne que voy a 
hacer: 

Señores diputados: revolucionarios mis 
amigos: revolucionarios mis hermanos: 

La hora del triunfo ha sonado. Las campa- 
nas de Querétaro tocan en estos momen- 
tos a muerto. Llenan el ambiente con los 
clamorosos sones de un de profundis, 
mientras por otro lado una vigorosa clari- 
nada anuncia a la patria el surgimiento 
de una nueva raza, de una nueva épo- 
ca, de una nueva orientación. . . 

Vengo a traeros, revolucionarios mis ami- 
gos, no el amplísimo caudal de elo- 
cuencia de un Martínez de Escobar, ni la 
oratoria fecundísima y florida de un Cra- 
vioto, ni la sapiencia de un José Natividad 



Macías, no; vengo a traeros el aliento 
revolucionario que palpita, que se agita 
y que canta en el alma liberal de la juven- 
tud de mi patria, y la oratoria fogosa y 
bravia que ha sido el himno guerrero que 
ha despertado los ecos de nuestros mon- 
tes, de nuestros valles, de nuestras cam- 
piñas, aun enrojecidas con sangre her- 
mana que una necesidad imperiosa, que 
un principio gigantesco nos ha hecho 
derramar. 

No os traigo el bagaje de la erudición y 
del talento, ni voy a cansar vuestra aten- 
ción con citas de autores ilustres, porque 
aun cuando he leído a muchos de ellos, 
no me han hablado de nuestro medio, no 
han llevado a mi alma el convencimiento 
de la verdad que les asista para adaptarlos 
a nuestras condiciones; sino que, por el 
contrario, han dejado fuertemente buri- 
lado en mi sentir el convencimiento del 
deber que me llama a esta tribuna. 

Así como habéis visto en ella y oído al 
doctísimo Luis Manuel Rojas, al ciuda- 
dano Cravioto y al ciudadano Macías, 
vais a ver desfilar todo lo más selecto, 
todo lo más granado, todo lo más erudito 
de nuestros hombres de hoy; ellos os 
hablarán con lenguaje florido y os dirán 
con un arrullo sirinesco que tienen la 
razón, que tienen la verdad; os revelarán 
los sentimientos que albergan, en los que 



Artículo 3 225 



estiman que se basa la necesidad nacional 
que hoy traemos al debate. 

Se os ha increpado duramente en esta 
tribuna; se os ha llamado y se os seguirá 
llamando a los liberales, exaltados jaco- 
binos: van a continuar amedrentándonos, 
haciéndoos presentir un peligro futuro que 
trascendentales consecuencias; van a des- 
florar a vuestros oídos esa palabrería 
parlamentaria rápida a mieles, que envuel- 
ven tanta suspicacia, que encierra tanta 
sutileza, que guarda tanta finura, y que 
tan pletórica se encuentra de sofismas. 
Con esa palabrería galana, con esa fiori- 
tura de lenguaje que semeja la finta ele- 
gante y gallarda de un estoque florentino 
esgrimido por hábil diestra, os va a hacer 
convencer de que es preciso que la ense- 
ñanza futura se imparta con entera liber- 
tad; os van a convencer de que sois poco 
patriotas en pretender desterrar a nuestros 
eternos enemigos de la instrucción de 
nuestras futuras razas; en una palabra: 
os van a convencer de que el pasado no ha 
muerto, de que los odiosos enemigos de la 
patria y del liberalismo, los frailes, aun 
pueden continuar su sempiterna labor 
de degradación moral, de oscurantismo, de 
abyección, de servilismo 

No quiero decir con ello que obren con 
sujeción a principios bastardos o reaccio- 
narios, porque conozco a algunos de ellos 



y les admiro, sintiendo solamente que su 
intelectualidad vigorosa, esté al servicio 
de tan mala causa. 

Y yo, pobre y humilde, pequeño e insig- 
nificante, nada parlamentario y nada 
político, vengo a llamar a las puertas de 
vuestra conciencia, vengo a cumplir la 
sagrada misión que me he impuesto, ven- 
go a rogaros vuestra ayuda y vuestra 
convicción para sostener con calor el 
dictamen de la comisión, tan injusta- 
mente atacado y que no ha sido pre- 
sentado sino haciéndose eco del sentir 
general que predomina en esta asamblea. 
Digo general, señores diputados, porque 
estimo que la gran mayoría de vosotros es- 
táis convencidos de esta necesidad, por- 
que la inmensa mayoría de vosotros estáis 
ciertos de que es preciso que nuestros 
hijos se eduquen en principios saluda- 
bles de verdad y de ciencia, y no en sofis- 
mas abstractos, en doctrinas ilegales y en 
mentiras insondables; y digo, por fin, que 
es el sentir general, porque muchos de 
vosotros, de los que vais a atacar ese dic- 
tamen, lo hacéis contra vuestra propia 
convicción. 

No creáis, por lo que digo, que defiendo 
el dictamen presentado por la comisión 
por el solo placer de atacar el proyecto de 
nuestro Primer Jefe, no, ataco ese pro- 
yecto por él presentado, porque aun en 



226 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



el ánimo de nuestro Ejecutivo está el con- 
cepto de que debe desaparecer para 
siempre esa oprobiosa tiranía, que ha 
envilecido por tanto siglos a la raza mexi- 
cana; que debe desaparecer para siempre 
esa degradante influencia que al través 
de tantos siglos de sufrimientos y de lágri- 
mas han ejercido sobre las masas ignoras 
esos inquisidores terribles de la concien- 
cia humana, esos eternos explotadores de 
los secretos del hogar, esos inmundos y 
falaces murciélagos que han abatido 
todas las frentes, esos asquerosos pulpos 
que han absorbido para sí, no sólo la 
riqueza, no sólo la idea, no sólo la fe, no 
sólo el sentir; sino también la acción, 
también el impulso, también la luz, tam- 
bién la verdad... 

Los que sois padres de familia, los que 
conmigo y la revolución, mil veces ben- 
dita, habéis soñado para nuestros hijos 
verlos libres de los prejuicios de nues- 
tros ancestros; los que habéis anhelado 
la creación de una raza nueva, fuerte, 
vigorosa, sin bajezas ni servilismos, sin 
temores y sin dudas; sino con el concepto 
firmísimo de la libertad de criterio, de la 
autonomía de carácter de la verdad y de 
la ciencia, a vosotros me dirijo. ¿Gustáis 
que el sacerdote continúe siendo el amo 
y señor de vuestros hogares? ¿Gustáis que 
continúe ejerciendo su labor de retrogra- 
dacióny que continúe traficando con los 



secretos del hogar y poniendo en juego 
su falaz labor, que sólo tiende a hacer 
que nuestros hijos se embrutezcan mo- 
ralmente, que sean indignos, que sean 
traidores? 

Si tal gustáis, revolucionarios mis herma- 
nos, os diré: ¿Qué se hizo de la sangre 
que hemos derramado en los campos de 
batalla? ¿Creéis que las innúmeras vícti- 
mas sacrificadas en aras de nuestra liber- 
tad no claman una justa venganza? ¿Qué 
se ha hecho ese pendón libertario que enar- 
boló la firme diestra de nuestro patricio 
Madero y que recogió posteriormente 
nuestro digno gobernador de Coahuila? 
¿Qué se han hecho, en fin, los esfuerzos 
inauditos que hemos puesto enjuego para 
reconquistar nuestra autonomía moral, 
social y política? 

Al llamar, como lo hago, con la voz de la 
convicción, con el clamor de un deber a 
vuestra conciencia, os digo, señores: esta- 
mos legislando para el porvenir, nosotros 
tal vez no recibamos el fruto de nuestra 
labor; pero si queremos ver a nuestra 
patria feliz y fuerte, si queremos que esa 
amada matrona que tanto ha llorado por 
la muerte de tantos de sus hijos, enjuague 
su llanto y viva feliz, sin temores por el 
porvenir, hagamos en estos momentos 
solemnes, en este gran día para ella, una 
labor reivindicadora, hagamos la labor de 



Artículo 3 227 



un hábil cirujano que extirpe de una vez 
para siempre la gangrena que la corroe; 
si queremos nosotros, señores, que 
nuestras razas futuras llenen las aspira- 
ciones que anhelamos nosotros, si quere- 
mos que lleven la savia vigorosa de la 
verdad en su mente y por ella rijan siem- 
pre sus menores actos, ayudadme a des- 
truir esas escuelas católicas, que no son 
otra cosa que fábricas de frailes, en donde 
se acapara de una vez para siempre el 
pequeño espíritu, la conciencia, la razón, 
en donde desde pequeño, se enseña al hom- 
bre a ser hipócrita, a ser egoísta, a ser falaz, 
a ser mentiroso: ayudadme a destruir esas 
escuelas católicas, en donde se sentencia 
desde temprano a la niñez a llevar una 
vida de degradación, de dudas, de oscu- 
rantismo, de miseria moral. 

No entreguemos a esos pequeños brotes 
del árbol de nuestra vida, a la corrupción 
y a la podredumbre; no entreguemos los 
futuros hogares de nuestra patria a la 
ruina, a la explotación inicua de esos bui- 
tres insaciables que se llaman frailes 

Os decía, señores, que este es un gran 
día para mi patria y un gran día para la 
revolución. 

Os decía que las campanas de la colonial 
Querétaro doblan a muerto; os decía que el 
histórico cerro de las Campanas, que vio 



sucumbir ya una vez el poder del partido 
conservador, siéntese hoy acariciado por 
una brisa redentora que le lleva el hálito 
fecundo en ideas de nuestra revolución, 
porque ve tremolar nuevamente el estan- 
darte de gloria de la verdad; porque ve la 
reconquista de la libertad con el derecho, 
mientras que, con su largo cortejo de crí- 
menes y de miserias, se inhuma para el 
futuro la ignorancia, la degradación, el ser- 
vilismo que para embrutecer a los hom- 
bres ha puesto siempre enjuego ese partido 
que hoy sucumbe, el partido clerical 

Hubiera querido, señores diputados, hacer 
abstracción de todos esos puntos tocados 
por nuestros oradores al referirse al libera- 
lismo, y especialmente de todos los ata- 
ques que se le han dirigido en esta tribu- 
na; pero sin atacar a nadie, voy a decir la 
verdad, puesto que de verdades se trata. 

No hubiera querido referirme al brillan- 
tísimo discurso del señor licenciado don 
Luis Manuel Rojas, persona que me mere- 
ce la más profunda admiración y respecto 
por su erudición, por su honradez y por 
su valor civil nunca desmentido: pero surge 
una duda en mi espíritu, y es que en su 
brillante oratoria no ha quedado mani- 
fiesta la verdad. Habéis oído que os ha 
dicho que el proyecto de la comisión está 
encajado en todo en el proyecto de nues- 
tro Primer Jefe; y la duda que ha nacido 



228 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



en mi espíritu, como he dicho, es que no 
veo que quede realizado el ideal soñado 
por los revolucionarios y que encarna 
el proyecto de la comisión. 

No queda absolutamente desligada de la 
instrucción de las escuelas particulares, 
la enseñanza de la religión, puesto que, 
estableciéndose en el artículo 3 o del 
proyecto la libertad de enseñanza y al obli- 
gar lisa y llanamente a los niños mexica- 
nos a concurrir a las escuelas públicas o 
particulares hasta la edad de diez años, 
no se desliga la enseñanza religiosa en la 
instrucción que se imparta en estas últi- 
mas; pues aun cuando la fracción relativa 
del artículo 27 exceptúa a las corporacio- 
nes religiosas o ministros de algún culto 
de la dirección, administración y pa- 
tronato en los establecimientos de ense- 
ñanza, es bien sabido por todos, y sería 
la primera arma que pusieran en juego 
nuestros enemigos, que patrono, direc- 
tor o administrador es distinto cada uno 
de ellos de preceptor, en una palabra, de 
maestro. (Aplausos.) 

"El partido católico recoge la bandera del 
partido liberal," dice el C. López Lira; es 
cierto, señores, porque el partido católico 
se viste todas las túnicas; porque el par- 
tido católico utiliza todas las caretas; 
porque si se afilió a los nobles y más tarde 
al sable bonapartista de Francia, así en 



México se ha afiliado a todas las causas 
bastardas para seguir adueñándose de 
todas las actividades; porque el partido 
conservador ha agotado todo su ves- 
tuario de arlequinescos disfraces y ha 
esgrimido todos los pendones; porque 
hoy, en fin, por razón de inercia, ese par- 
tido nefasto está colándose insensible- 
mente entre nosotros, está absorbiendo 
ya la convicción vacilante de muchos de 
los nuestros, porque hoy se está decla- 
rando por esa misma razón de inercia de 
que hablaba, constitucionalista, cuando 
más bien podríamos llamarle como yo le 
titulo: artista, malabarista, contorsionista 
y equilibrista, y hoy, por desgracia, 
carrancista. (Aplausos.) 

Nosotros los revolucionarios, los que 
hemos expuesto la vida en los campos 
de batalla, como dice el ciudadano Ma- 
clas, no encontramos en nuestro talento 
exiguo, una medida redentora para salvar 
a la patria como él, cuando pronunciando 
la frase de Arquímedes, como la utilizó el 
C. Luis Manuel Rojas, exclama: ¡eureka! 
¡Ya lo encontré! 

No, señor licenciado, no nos convencéis; 
nosotros, los revolucionarios de fe, no 
aceptamos transacciones propias de curia- 
les para defender una mala causa; no pre- 
tendemos, como vos, corregir el mal con 
el mal mismo, vamos cara a cara, paso a 



Artículo 3 229 



paso al peligro; y así como ayer derri- 
bamos un poder dictatorial, hoy votamos 
una ley que derribe y sepulte en el polvo 
y para siempre la columna vacilante del 
poder clerical. (Aplausos.) 

Respetamos, es cierto, los compromi- 
sos de la revolución, puesto que es nues- 
tro deber; pero señalamos a nuestro digno 
Primer Jefe, que no puede poner un solo 
instante en duda nuestra lealtad, el peli- 
gro para el futuro, porque ponemos una 
vez más el dedo en la llaga, teniendo la 
firme creencia que hay que evitar, antes 
que verse en la precisión de corregir. 

Y que no se nos diga, señores, que si vota- 
mos a favor del proyecto de la comisión 
no estamos del lado del Primer Jefe, como 
lo ha dicho el C. licenciado Macías, por- 
que no es cierto; he dicho ya que en la 
convicción íntima del mismo Primer Jefe 
está la necesidad absoluta de que se refor- 
me ese artículo que tantos males ha 
causado y que, si permanece como está, 
seguirá causando al país; que no se nos 
diga tan grande aberración, señores revo- 
lucionarios, porque el mismo Primer Jefe 
nos ha visto serenos e inmutables a su 
lado en los momentos de peligro y hoy 
nos ve en los momentos de prueba estre- 
chados en su torno, para salvar no ya un 
gobierno, sino toda una serie de gobier- 
nos futuros; no ya una raza, la actual: sino 



una serie interminable de razas que ama- 
mantará con su seno albo y pletórico de 
fecundante savia, esa virgen morena que 
se llama Anáhuac. (Aplausos.) 

Y que no se nos diga, en fin, señores que 
el proyecto es obra exclusiva de nuestro 
digno Ejecutivo; porque no es un secreto 
para nadie que uno de sus principales 
autores ha sido el licenciado Macías, y 
tal parece, a mi modo de ver, una intransi- 
gencia, defender a capa y espada lo mucho 
que hay en dicho proyecto de sus propias 
ideas. (Voces: ¡no, no! ¡sí, sí!, murmullos.) 

Y bien, señores diputados, habéis oído la 
vigorosa frase del C. licenciado Macías, 
recalcando con manifiesta fruición un 
peligro futuro internacional; le habéis 
visto juzgando nuestra actitud y ridiculi- 
zándola, con su caricatura funambulesca 
en comparación con la caricatura extran- 
jera; le habéis visto atacar rudamente a 
la comisión, haciéndola o pretendiendo 
hacerla causante de escisiones, de haber 
sembrado el fuego en nuestro seno; le 
habéis visto emplazarla ante la historia 
para responder, quizá desde el sepulcro, 
de las desastrosas consecuencias, según 
sus frases textuales, que pueda traer el 
que la asamblea vote por su dictamen; y 
yo a mi vez os digo, señores diputados, 
que es ilusorio ese peligro con que pre- 
tende cautivar nuestra imaginación; es 



230 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



ilusorio ese peligro que pretende patenti- 
zarlos; el peligro está más bien en dejar 
que los nuevos hombres, que los nuevos 
gobernantes de nuestra patria tengan 
los mismos prejuicios que han dominado 
a nuestros ancestros y aun a nosotros 
mismos, porque si salvamos esas bases, 
porque si damos, como es nuestro deber, 
nueva orientación y nueva vida a sus actos, 
entonces evitaremos que haya traidores en 
ella. Se nos asusta, señores, con el eterno 
coloso, con el espectro legendario, con 
el fantasma de ese peligro; y os digo, seño- 
res, que es hasta inconsecuente esa actitud, 
puesto que pone por inferencia en duda 
la firmeza de convicciones de nuestro 
Ejecutivo y la lealtad y patriotismo de la 
raza mexicana sin que hasta ahora haya- 
mos desmentido esa firmeza de convic- 
ciones, ni de un modo total hayamos visto 
tampoco desmentida la lealtad y el patrio- 
tismo de nuestra raza. 

Ya que de colosos se trata, os diré mi 
convicción, señores intelectuales, los que 
veis un peligro; así como la célula al 
llegar a su límite de crecimiento se seg- 
menta; así como la cuerda al llegar a su 
límite de tirantez se rompe, así tendrá que 
segmentarse y que romperse ese poder; 
yo os lo vaticino; así tendrá que suce- 
der en el futuro. ¿Cuándo? No importa... 
¡Quién sabe! ; ojalá que todos nosotros 
pudiésemos presenciarlo; pero sucede- 



rá... y si no, decidme, señores intelec- 
tuales: ¿qué se hizo el poderío de Roma? 
¿Qué se hizo la tremenda absorción de 
Francia? ¿Qué se hizo la gigante domi- 
nación española? Sólo os digo, señores, 
recordando colosos, que un hombre solo 
derribó y redujo a polvo a otro coloso, 
el de Rodas, que amenazó por tantos 
siglos con su inmensa mole que parecía 
desplomarse, a las pequeñas naves que 
cual blancas gaviotas surcaban las ondas 
por bajo sus pies. 

Convenceos, señores diputados, las bue- 
nas causas se defienden por sí solas, no 
necesitan el gasto tremendo de materia 
gris que tanto han derrochado nuestros 
intelectuales, no necesitan más que la 
convicción firme y fiel de un principio 
glorioso; y la actitud que hoy asumen 
nuestros prohombres en la política, en ver- 
dad, señores diputados, me hace sentir 
que la causa que defienden no es la causa 
del pueblo, no es la causa de la revolu- 
ción, no es la causa de la patria en el 
futuro. (Expectación, murmullos.) 

Voy a concluir ya, señores diputados, di- 
ciéndoos una verdad que yo siento allá en 
lo íntimo de mi pecho, verdad que más 
bien va dirigida al C. licenciado Ma- 
clas; no existen, señor licenciado, dos 
partidos en la Cámara, no; buscad las cau- 
sas, no en las causas mismas, con vuestra 



Artículo : 



231 



profunda sapiencia, con vuestra honda 
penetración; juzgad, no los hechos, sino 
los hombres. La verdad es esta: La con- 
vención de Aguascalientes fracasó por- 
que tuvo en su seno un hombre intrigante 
y ambicioso que más tarde fue un trai- 
dor... ¡Angeles! Entre nosotros tenemos 
también un ave negra que con careta de 
revolucionario intriga y ambiciona sin 
limitación... ¿su nombre?... Excusadme 
de referirlo, no hace al caso... En la con- 
ciencia de todos vosotros está que su sola 
presencia en este recinto ha sido la causa 
de la formación de dos bloques, señor 
licenciado, y no dos partidos como vos 
decís, porque no reconozco yo otro par- 
tido en esta sala, que uno solo: el partido 
revolucionario. (Aplausos nutridos, mur- 
mullos.) Vos mismo podréis convenceros 
consultando aisladamente el sentir de una 
gran mayoría; ella os dirá, como yo os 
digo, que si ese elemento no existiera, 
desaparecerían, no los odios, no la fric- 
ción, no el antagonismo mismo, como vos 
decís, señor licenciado Macías; sino la 
prevención. 

Ellos os dirán que siendo todos revolu- 
cionarios y defendiendo un bien común, 
el de la patria, nos veríais a todos unidos 
en estrecho lazo: intelectuales y no inte- 
lectuales, pobres y ricos, liberales radi- 
cales y moderados, porque a muchos nos 
falta le erudición y el talento que voso- 



tros poseéis y que tan necesario nos es 
para lograr en esta época suprema el ma- 
yor bien para nuestra querida patria. Ellos 
os dirán que ven con dolor y con tristeza 
que los hombres de verdadero talento, 
los hombres de altísima erudición se 
hallen separados de nosotros, que se en- 
cuentran alejados por sus ideas; y esa 
asociación entre el que sabe y el que no 
sabe cuando tiene por mira un bien nacio- 
nal, daría mayor lustre y brillantez a nues- 
tra labor. 

Ya para concluir, revolucionarios mis her- 
manos, excusad mi lenguaje, intempe- 
rante quizá, porque lo dicta la rectitud 
de un principio, porque lo dicta el con- 
cepto de un deber; no os traigo la fioritura 
hermosísima del galano decir; sino os 
traigo la voz de la juventud liberal de mi 
patria, que hoy espera de vosotros todo 
lo que le es dable esperar; que os excita 
a que permanezcáis firmes en vuestras 
convicciones, que son la salvación de un 
pueblo, de una patria, de esa patria que 
hoy ve aclararse su horizonte con una 
alborada de redención; que hoy toma su 
lugar en el concierto de los pueblos cul- 
tos, de los pueblos libres, de las grandes 
naciones. 

Permitidme que deje impreso este dilema 
en vuestra conciencia, como lo está en la 
mía: 



232 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



¡Oscuridad, o gloria! ¡Fuerza y poderío, 
o abyección, ignorancia y servilismo para 
las razas futuras! ¡Independencia o yugo 
moral! 

Aquí, revolucionarios, todos unidos, 
formando con nuestros corazones un solo 
monumento de gloria, aquí, en este memo- 
rable día, digamos al caudillo glorioso de 
nuestra revolución triunfante, como alguien 
dijo al inmortal Juárez: ahora o nunca, 
ciudadano Carranza. (Aplausos.) Final- 
mente, señores, para dar un mentís a los 
que dicen que no estamos al lado del C. 
Primer Jefe, con una sola voz, con un solo 
aliento, fuerte, vibrante, sincero y vigoroso, 
como un huracán que pasa, como el eco de 
un torrente que se despeña y como el 
hálito de un aquilón que se desata, como 
el fragor de una tormenta tempestuosa, 
como el clamor imponente de un pueblo 
que gime de dolor y de miseria, decid con- 
migo, señores, como en épocas felices, 
como en las épocas de nuestros más 
preclaros triunfos: ¡Viva Carranza, revo- 
lucionarios! (Aplausos.) 

- El C. Nafarrete: Pido la palabra para una 
moción de orden, señor presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Nafarrete. 

- El C. Nafarrete: He pedido la palabra 
para explicar a la asamblea que estamos en 



la sesión de derechos, de derechos indivi- 
duales, y estamos discutiendo, nos hemos 
salido o se han salido, mejor dicho, los se- 
ñores oradores del orden de la sesión 
expositiva o representativa de la repú- 
blica, más bien de la primera magistratura 
de la nación -que es la única que tiene de- 
recho para venir a la Cámara de Dipu- 
tados, -la suspensión o restricción de 
garantías que la misma tiene el derecho 
de conceder. 

Estimo en la parte declaratoria, que es 
la de las garantías individuales, que de- 
clara a México libre (siseos), porque 
declara a México libre y de restricción de 
esos derechos (siseos) que el pueblo 
declara por su propia iniciativa libre y 
soberana, es la parte representativa del 
Ejecutivo de la Unión, el Ejecutivo de la 
Unión para informar su política (siseos), 
es el único que puede pisar esa tribuna 
para decirnos, yo necesito para sostener 
esta polémica se supriman estas garantías 
y no venir a invadir, señores oradores, el 
lugar del primer magistrado de una na- 
ción para decir de una manera particular 
(siseos) a las ideas. Las ideas se sacri- 
fican, señores, (voces: ¡no, no!) como nos 
sacrificamos todos los soldados. (Si- 
seos y risas.) 

Yo estoy dispuesto a justificar que los 
señores diputados, están invadiendo el 
lugar del Primer Jefe, del primer magis- 



Artículo 3 233 



trado de la nación, que es el único que 
puede pedirle al poder Legislativo si es 
de concederse o no la supresión de garan- 
tías, en total o en parte, porque estamos 
en la sesión declaratoria en que se dice 
que el hombre es libre. (Risas y siseos.) 
Pido, señor, que se considere mi dicho, 
porque se está invadiendo el honor de los 
hogares. 

- El C. Chapa: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Chapa. 

- El C. Chapa: Celebro que el brillante 
orador que me precedió en esta tribuna 
haya sido un novel, porque yo lo soy tam- 
bién; celebro que no tenga la práctica 
parlamentaria de que se queja, porque no 
la necesitamos. Los diputados viejos que 
han venido a ocupar esta tribuna, los 
compararía yo con esa troupe de artistas 
de circos internacionales que van por 
todas las capitales de los estados y que 
después de repetir los mismos actos por 
todas partes sin arrancar el aplauso de la 
asamblea y del público, después, digo, 
que forman muchos cuadros y no reciben 
aplausos, presentan la bandera de la par- 
ta para arrancarlos. Aquí han venido a esta 
tribuna esos señores y cuando después 
de muchas disertaciones y muchos dis- 



cursos no han levantado aplausos de la 
asamblea, han venido a hablarnos de 
Primer Jefe para arrancarnos dichos 
aplausos; además, considero completa- 
mente extemporáneo que vengan a ha- 
blarnos aquí de grupos o de personali- 
dades; venimos a hablar de ideas y yo 
pongo en conocimiento de ustedes mis 
ideas, o mejor dicho, las de mis repre- 
sentados. 

Parte de esta honorable asamblea recibió 
con frenéticos aplausos el grito de reden- 
ción que lanzó la comisión dictaminadora 
al referirse por primera vez al artículo 3 o , 
presentado radicales reformas al proyecto 
del Primer Jefe. 

Es un acto reflejo en las masas el con- 
testar con entusiasmo a los alardes 
redentores, sin antes ponerse a considerar 
juiciosamente, el significado, el móvil, 
la intención y el resultado que se pro- 
pone la proclama. 

En todo tiempo un grito de redención ha 
sido popularmente aclamado; en períodos 
de dominación tiránica ese grito heroico 
y plausible entraña sacrificios supremos; 
pero cuando la revolución ha triunfado 
ya, cuando el liberalismo más amplio 
está en vigor protegiendo la libertad de 
ideas, es extemporáneo venir cantando 
himnos a la revolución, a la libertad y a 



234 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



las reivindicaciones, y estas sagradas 
palabras no mantienen ya su acepción 
primordial; sino que esconden ideas de 
contrarrevolución, de libertinaje, anar- 
quía y regresión. 



monopolio de nuestras conciencias, que 
el infame control que se pretende dar al 
estado para que él dicte arbitrariamente 
lo que sólo pueda enseñarse y sólo deba 
aprenderse. 



La comisión dictaminadora, integrada por 
hombres conscientes, jóvenes, de raras 
energías, cuyos honrados y patrióticos 
anhelos están fuera de toda duda, nos ha 
asombrado al presentarnos la proposición 
de sustituir un artículo eminentemente 
liberal que contiene un derecho indivi- 
dual consagrado por todo el orbe civilizado 
y substituirlo, quiere por una fórmula 
mezquina que entraña el monopolio de 
las conciencias. 

Parte de la asamblea aplaudió entusiasta 
al oír la fórmula presentada por la comi- 
sión dictaminadora, sin considerar primero 
el verdadero significado de la proposi- 
ción, sin descubrir bajo la apariencia 
halagadora de mil promesas libertarias la 
verdadera esclavitud de conciencia que 
contiene en realidad; y la manifestación 
aprobatoria fue inesperada por la simpa- 
tía a los bien intencionados -pero en este 
caso inconscientes- autores de la nueva 
reforma. 

Pues bien, señores diputados, es mil veces 
preferible la imposición de la esclavitud 
en nuestro país, que la implantación del 



La libertad de enseñanza más amplia 
debe existir en nuestra república; pero 
por otro lado, el gobierno debe sembrar por 
todos los rincones del territorio nacional 
escuelas laicas que, en leal competencia, 
venzan a las del clero por sus aseados 
y ventilados edificios modernos que las 
abriguen, por el valor de sus maestros y 
el tratamiento democrático de los alumnos. 

Yo vengo a sostener enérgicamente el 
espíritu de liberalismo puro que contiene 
el artículo 3 o propuesto por don Venus- 
tiano Carranza y a impugnar, con no 
menos energía, la fórmula jacobina, deci- 
didamente sectaria, que presenta la 
comisión dictaminadora 

A propósito de jacobinismo, me viene a 
la mente la figura altiva de aquel asceta 
exaltado, aquel celebérrimo desequili- 
brado que subyugaba las masas con su 
demagogia; el incorruptible Maximiliano 
Robespierre, cuyo ideal y propósito fue 
el de decapitar a todos sus conciuda- 
danos, tirios y troyanos, amigos y ene- 
migos de la revolución, pues en su cerebro 
anormal él era el único que se conside- 



Artículo 3 235 



raba inmaculado. Recordad sus terribles 
leyes -por fortuna bien efímeras- y tened 
presente su fin trágico. A ese resultado 
esta honorable comisión, integrada por 
revolucionarios de gran valor y por con- 
vencidos patriotas, nos orienta incons- 
cientemente. 



estas laicas o no-, y no contento aún con 
todas estas violencias a la libertad de 
enseñanza, llega a la última de las exage- 
raciones, imposibilitando a los miembros 
de sociedades religiosas, aunque no sean 
ministros del culto, para que enseñen en 
cualquier forma que sea. 



Si cada artículo de la Constitución se 
aprueba con el espíritu, las tendencias y 
el significado del artículo 3 o propuesto 
por la comisión, habremos hecho una 
Constitución de un jacobinismo rabioso. 

Contra esa Constitución sectaria y para 
unos cuantos, se levantaría una nueva 
revolución que llevaría por bandera la 
grandiosa carta magna de 57. 

Hemos venido aquí, no para cambiar los 
principios liberales del 57, sino para 
añadir en el mismo espíritu las adiciones 
necesarias que ha propuesto el C. Primer 
Jefe por ser inminentes necesidades del 
pueblo mexicano. 

Examinemos detenidamente el artículo 
3 o de la comisión: comienza por asentar 
que habrá libertad de enseñanza, y a 
renglón seguido se contradice, pues no se 
sujeta a hacer una pequeña limitación en 
bien de la comunidad, sino que obliga que 
la enseñanza oficial y particular sea laica; 
y va más allá, impidiendo que una corpo- 
ración religiosa funde escuelas -sean 



Como ven sus señorías, se coartan los más 
elementales derechos del hombre; el de 
enseñar y el de aprender lo que se desee. 

Permitidme que traiga a esta tribuna los 
cerebros preclaros que dirigieron la con- 
tienda de las libertades en el país más 
demócrata del mundo: la República 
Francesa. 

Los que en la larga lucha en que reivin- 
dicaron los derechos del hombre fueron 
los titanes, los apóstoles y los profetas, 
ellos vendrán aquí a impugnar el estrecho 
criterio de la comisión, Mirabeau, el 
genio protector de la asamblea constitu- 
yente, el que levantaba los ánimos en los 
momentos más desesperados de la caída 
inminente y del fracaso de la represen- 
tación nacional; el que con tempestuoso 
gesto increpó al representante del rey que 
pretendía subyugar al Congreso con esas 
históricas palabras: 

"Aquí no tenéis vos, ni sitio, ni derecho de 
hablar... Id a vuestro amo y decidle que 
estamos aquí por la voluntad del pueblo 



236 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



y que sólo las bayonetas podrán arrancar- 
nos de nuestro sitio." Mirabeau, el ilumi- 
nado apóstol de la idea. Vidente y pro- 
fético, previo que en algún sitio del mundo 
se atrepellarían los derechos del hombre. 
Hoy, que se pretende violar uno de ellos, 
el más sagrado, que estas sus palabras 
iluminen: "Todo hombre tiene derecho de 
enseñar lo que sabe y de aprender lo que 
no sabe. La sociedad no puede garantizar 
a los particulares de los errores de la igno- 
rancia, sino por medios generales que 
no perjudiquen a la libertad." 

Ahora el eminente educador Condorcet 
os habla: "Ningún poder público puede 
tener la autoridad de impedir el desarrollo 
de las verdades nuevas, la enseñanza de 
teorías contrarias a su políticay a sus intere- 
ses momentáneos." El año III de la revo- 
lución francesa, se agregó al artículo de 
la libertad de enseñanza el siguiente inciso: 
"Los ciudadanos tienen el derecho de for- 
mar establecimientos particulares de edu- 
cación y de instrucción, lo mismo que 
sociedades libres para concurrir al pro- 
greso de las ciencias, de las letras y de 
las artes." 

Señores, esos principios que costaron 
tanta sangre, esos principios que hizo 
patentes la revolución francesa y que se 
han impuesto en todos los países civili- 
zados, uno de ellos, el más grande, el de la 



enseñanza, el derecho elemental de 
aprender y de enseñar, se viola en el ar- 
tículo propuesto por la comisión. Napo- 
león sí creyó que se debería dejar toda la 
educación al estado; pero era para que 
el estado inculcase a los niños su soste- 
nimiento; sus frases son éstas: "En el 
establecimiento de un cuerpo enseñante, 
mi objeto principal es tener un medio de 
dirigir las opiniones políticas y morales. 
Mientras no se aprenda desde la infancia 
si se debe ser republicano o monárquico, 
católico o religioso, el estado no formará 
una nación, reposará sobre bases inciertas 
y vagas y será constantemente sujeta a 
desórdenes y cambios." 

Si no conociera la honradez de la comi- 
sión, si no conociera que está presidida 
por uno de los más ilustres revoluciona- 
rios convencidos y liberales y si no cono- 
ciera también al C. Primer Jefe, el gran 
demócrata, que va a entregar todas las 
facultades extraordinarias que se le confi- 
rieron, vendría yo a protestar con toda 
mi energía contra el dictamen, porque 
sería sospechoso de que se tratase de hacer 
un monopolio en la enseñanza y en las 
conciencias para asegurar a los tiranos 
en el poder. 

Ahora bien, señores, yo estoy de acuerdo 
en que la enseñanza primaria debe ser 
laica; en lo que no estoy de acuerdo es 



Artículo 3 237 



en la manera de conseguir ese fin. La co- 
misión desea que el gobierno se imponga 
en todas las escuelas particulares y clau- 
sure de un golpe las sostenidas por corpo- 
raciones religiosas. Esto es sencillamente 
un atentado infame contra la libertad de 
enseñanza. Y, sin embargo, la escuela 
primaria -todos estamos de acuerdo- debe 
ser laica; así es que en lo único que diferi- 
mos es en el procedimiento que debemos 
seguir para obtener esa laicidad en la 
educación primaria. Yo os propongo una 
medida menos radical; pero que en cam- 
bio no aparece como una violación a la 
libertad de enseñanza y una prohibición 
arbitraria a las sociedades religiosas. Y es 
esta: que el gobierno sea el único que 
imparta la educación primaria y que el 
poder Legislativo sea el que decrete el plan 
de estudios. 

Se me dirá que de esta manera se está 
violando igualmente la libertad de ense- 
ñanza. No, señores; se instituye una 
nueva obligación a los mexicanos, y esto 
en bien de la comunidad, como el servicio 
militar obligatorio, la obligación de asistir 
todos los niños de seis a doce años a las 
escuelas primarias oficiales. Es difícil 
darse cuenta a primera vista de los gran- 
des beneficios que esta determinación 
acarrearía. Sería la gran escuela de la 
democracia, porque el niño rico desde 
que se cerciora que viste de seda y tiene 



maestros dedicados exclusivamente para 
él y para los de su clase, empieza a engen- 
drar ese sentimiento aristocrático, ese 
orgullo y desprecio hacia el pobre; y el niño 
pobre igualmente engendra la envidia y 
odio por el rico; mientras que si pobre 
y rico frecuentan la misma escuela, mucho 
aprenderán el uno del otro, se respetarán 
y, lo que es más, crearán esa Igualdad y 
esa Fraternidad que tanto necesita nues- 
tro país. 

Se me objetará que el gobierno no tiene 
fondos suficientes para fundar las escue- 
las necesarias en todo el territorio nacio- 
nal y poder acomodar a todos los niños 
de la república. Pues bien, señores, el 
artículo 3 o dirá que "el gobierno debe 
impartir la educación primaria," estable- 
cerá así una obligación, toda una política 
basada en su principal deber: difundir la 
enseñanza. Mientras a un pueblo no haya 
llegado la escuela oficial, seguirán las 
particulares ya establecidas. Pero el go- 
bierno en lugar de gastar sus presupuestos 
en teatros nacionales y palacios legisla- 
tivos suntuosos y tantas otras mejoras 
materiales no indispensables, dedicará 
todo su empeño a instalar escuela y mejo- 
rar el profesorado. 

Señores, yo vengo a proponeros una redac- 
ción al artículo 3 o . "La enseñanza es libre; 
el gobierno debe impartir la instrucción 



238 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



primaria, gratuita y obligatoria, de la edad 
de seis a doce años" y voy a sostener mi 
proposición. 

En el primer inciso se guarda la forma 
tradicional de la Constitución de 1857: 
"la enseñanza es libre." A renglón segui- 
do, en el inciso siguiente, no se contradice 
la libertad de enseñanza, se dice: "el go- 
bierno debe impartir la educación prima- 
ria, que será laica, gratuita y obligatoria." 
En el primer inciso se dice: "la enseñanza 
es libre," es decir, el derecho elemen- 
tal de enseñar, lo que hace la prensa, lo 
que hacen los conferencistas, lo que se 
hace en el hogar, enseñar lo que se sabe; 
en el segundo inciso se usa la palabra "edu- 
cación," que ya es un desarrollo de las 
facultades intelectuales, morales y físi- 
cas y ya implica un sistema. 

El gobierno debe impartir la educación, 
que será laica, y en eso yo creo que todos 
estamos de acuerdo. El gobierno no debe 
inmiscuirse en las religiones; las desco- 
noce y no hablará en la cátedra de ellas. 
Gratuita, es natural que sea, señores, por- 
que uno de los pretextos, una de las 
razones de que el pueblo mexicano no 
tenga educación suficiente, es que carece 
de los elementos económicos necesarios 
para adquirir dicha educación, -Así es que 
es deber del Gobierno impartirla-. Debe 
ser también obligatoria, porque así co- 



mo se va a implantar el servicio militar 
obligatorio en la forma de guardias nacio- 
nales, así como el individuo sacrifica una 
de sus libertades por necesidad de la 
comunidad, así igualmente debería hacer- 
se ese sacrificio de los seis a los doce 
años por la instrucción. 

Solamente voy a leer el artículo de la 
Constitución de Suiza, que trata sobre 
la enseñanza, dice: "Los cantones sumi- 
nistrarán la instrucción primaria, que 
debe ser suficiente y puesta exclusiva- 
mente bajo la dirección de la autoridad 
civil. La enseñanza- es obligatoria y en 
las escuelas públicas gratuita. Las es- 
cuelas públicas deben poder ser frecuen- 
tadas por los fieles de todas las religiones, 
sin que sufran de alguna manera en su 
libertad de conciencia o de creencia." 
Este es el artículo de la enseñanza en al 
Constitución de uno de los países más 
civilizados del mundo, el más democrá- 
tico y el más adelantado en instrucción. 

En otras palabras: es la misma forma que 
yo, respetuosamente, someto a vuestra 
consideración; la enseñanza es libre, el 
gobierno debe impartir la educación 
primaria, que será laica, gratuita y obli- 
gatoria, de la edad de seis a doce años. 

- El C. Nafarrete: Pido la palabra para 
otra moción de orden. (Murmullos, si- 



Artículo 3 239 



seos.) Si hay o no libertad para que todos 
esos argumentos pasen al artículo 27, 
donde se pueden restringir las libertades 
que se declaran en el artículo 3 o . 

- El C. Pérez: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Pérez. 

- El C. Pérez: Señores diputados: traigo 
sobre mi cerebro y sobre mi corazón un 
cúmulo de ideas, que se encuentran for- 
madas por deseos, por ideales y sen- 
timientos de todo un puñado de indios 
que me han elegido para que por mis la- 
bios sea oído su grito y sean oídas sus 
quejas. Ese fardo pesado está constituido 
por una infinidad de sufrimientos, por un 
caudal inmenso de lágrimas, por un mundo 
de deseos que, como dije al principio, se 
traducen en esto únicamente: en gritos, 
en clamores, en quejas que nunca, abso- 
lutamente nunca, han sido oídas, y hoy 
felizmente el primer abogado de ese 
pueblo viene a hablar y viene a hacerlo 
con libertad, porque así lo ha sabido hacer 
y viene a hablar con libertad, por que así 
lo ha sentido, porque es la única ocasión 
en que se oye a un representante de ese 
puñado de indios. Vengo en su represen- 
tación y mis labios se mueve, no por lo 
que mi corazón siente, no por lo que mi 



cerebro piensa. No, señores, es porque 
mis indios, mis representados, así lo han 
sentido, así lo han querido; es la primera 
vez que se oye a ese grupo de indios, 
es la primera vez que por boca mía va a 
ser oído. 

Ayer me sentía más fuerte, digo más 
fuerte, señores, porque me sentía al lado 
del C. Primer Jefe, porque cuando ayer 
vi al C. Primer Jefe, lancé un hosanna 
augusto. ¿Por qué? Porque antes había 
pedido una poca de más fuerza, mejor 
dicho, algo que me viniera a ayudar; le- 
vanté los ojos al cielo de mi patria al pri- 
mero que vi y al primero que llamé fue 
al indio de Guelatao, paisano mío. 
(Aplausos.) Y la patria me oyó, señores, 
y a muy pocos pasos míos se encontraba 
su genuino representante; el C. Primer 
Jefe del ejército constitucionalista, en el 
cual se encuentra sintetizados todos los 
deseos de ese pueblo que, unido al mío, 
al pequeño grupo [de] individuos, for- 
man la nacionalidad mexicana. 

Ya recuerdo, digo mal, no quiero engañar, 
había leído algo y ese algo lo vengo a decir 
ahora: leí a Víctor Hugo en "El Hombre 
que Ríe," y hoy vengo a decir a ustedes 
lo que sobre el particular he pensado; 
es decir, oigan de mis labios las frases 
hermosas que Víctor Hugo pusiera en el 
payaso protagonista de "El Hombre que 



240 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Ríe," al dirigirse al parlamento inglés y 
decirle: "¡milores! ..."No quiero repetirlo, 
porque todos ustedes lo saben; vengo a 
deciros únicamente: ¡ Señores diputados, 
aun existe el indio, por él vengo a hablar; 
y a ese respecto y tratado yo de obtener 
mayor acopio de ideas para que esas ideas 
me sirvan en el transcurso de mi perora- 
ción, recuerdo lo que el señor Palavicini 
dice en una de sus obras que se llama 
"La Patria por la escuela." Dice así en 
uno de sus capítulos que lleva por nom- 
bre: "Interrogatorio de Mr, Bernard 
Gallan." "En la enseñanza primaria, las 
dos terceras partes son de mujeres, la 
mujer que ha despertado intelectual- 
mente, tiene por profesión ilustrar la inte- 
ligencia y educar el corazón de las niñas, 
ha merecido siempre nuestro respeto y 
nuestra veneración; las niñas de hoy son 
las madres de los ciudadanos de mañana." 

Hermosas frases, señores, divinas frases, 
si cabe el concepto; no he formado parte 
de ningún bloque ni de ningún grupo; des- 
conozco si éste existe y repito nueva- 
mente señores, cuando supe que aquí se 
trataba de libertad, yo que he visto a los 
indios siempre sujetos, me he conside- 
rado feliz, porque considero que hoy es la 
primera vez que tengo libertad de hablar. 
Por eso cuando supe que era libre, no 
quise venderme a ningún amo, quise venir 
aquí libre de prejuicios, completamente 



libre de pasiones, diciendo lo que siento, 
diciendo lo que sé, diciendo lo que he 
vivido, lo que he sentido y lo que he pen- 
sado sobre el particular, señores dipu- 
tados. Por consiguiente, todos los indi- 
viduos que se encuentran aquí reunidos 
me son desconocidos absolutamente, 
salvo muy pocos, y esto se explica perfec- 
tamente, dada la situación que ha tenido 
el estado de Oaxaca. 

Al señor Palavicini, al señor Macías, al 
señor Ugarte y a muchas otras estrellas 
(siseos) cuyos nombres perdurarán por si- 
glos y siglos en la patria de México (siseos 
prolongados), no los he conocido, seño- 
res; (siseos), sí, señores, lo digo con fran- 
queza: he leído en una obra de minería 
los hermosos discursos del señor Macías; 
esos me han inspirado, en ellos he apren- 
dido, nadie me lo puede negar por que sé 
que es la verdad. Mi discurso, señores, 
no tendrá las frases elocuentes de los que 
antes han ocupado la tribuna, carezco de 
ese don. Señores, únicamente hablará por 
mi boca, como dije antes, un puñado de 
indios, mis representados, y mi palabra 
será quizá burda; pero dirá la verdad, y 
creo que no me equivocaré, y antes de prin- 
cipiar, señores, para que se vea no traigo 
ningún compromiso, voy a decir dos 
palabras únicamente: he sido forjado a 
golpes de corazón; yo he sido indio: me 
he levantado de entre ellos y hoy me siento 



Artículo 3 241 



muy orgulloso de venir por vez primera 
a dirigiros mis palabras muy verdaderas y 
muy sinceras a todos vosotros, represen- 
tantes de la República Mexicana. 

Voy, por fin, a entrar en materia, señores. 
Quiero hacer un relato histórico muy corto. 
(Siseos.) No os impacientéis, señores; tal 
como lo aprendí en la escuela, tal como 
lo aprendí de labios de mi padre, que fue 
un luchador. Sabido es de todos vosotros 
la influencia maléfica que el clero ha des- 
plegado; en vosotros palpita esa idea, en 
todos vosotros que han sido unos como 
amigos del C. Primer Jefe y otros como lu- 
chadores al lado de él, todos luchado- 
res, todos deseosos de conquistar las 
verdades de ese pueblo para librarlo de 
toda esa influencia maléfica que el clero 
ha desarrollado; únicamente voy a ha- 
cer un relato pequeñísimo en los puntos 
que creo yo más interesantes y que en 
estos momentos son los siguientes: el 
clero, viéndose perdido de su poder tem- 
poral, de sus inmensas riquezas, y sobre 
todo, viéndose separado del estado, no ha 
querido, no ha deseado otra cosa, no obs- 
tante las muchas libertades que se le han 
concedido, no ha querido otra cosa sino, 
hacerse del poder espiritual, es decir, en 
una palabra, ha tratado de restaurarse 
en todas y cada una de aquellas pasio- 
nes en que ha podido hacerlo y la historia 
lo está demostrando y yo hablo con la 
historia. 



En efecto, llaman de España a uno de los 
descendientes de los Borbones para regir 
los destinos de México independiente; 
exaltan al trono con el pomposo título de 
emperador a Agustín de Iturbide; prepa- 
ran una de las páginas más tristes y más 
dolorosas que registra nuestra historia 
patria, en la cual figura en primer término 
el ya maldito que en aquella época se 
llamara Antonio López de Santa Anna. 
¿Y qué tenemos como consecuencia de 
ese gobierno nefasto de Santa - Anna? 
En primer lugar, este señor se opuso a la 
consumación de las reformas de 1824; 
tenemos en seguida la pérdida de Texas, 
la guerra de Norteamérica, la guerra de los 
polko, las bases orgánicas de 12 de julio 
de 1843, al plan del hospicio, como con- 
secuencia del cual se cerraron por man- 
dato de su alteza serenísima, Antonio 
López de Santa - Anna, los colegios todos 
de la república y se impidió la impor- 
tación de libros. 

Tenemos asimismo, debido a la influen- 
cia del clero, la disolución del Congreso 
la noche del 17 de diciembre de 1857, 
debido al soplón que un fraile daba en el 
oído a la madre de Ignacio Comonfort. 
Ignacio Comonfort, débil, creado en la 
escuela clerical, disuelve el Congreso. 
No me quiero referir a las épocas actua- 
les, porque son perfectamente conocidas; 
únicamente quiero hacer hincapié en el 



242 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



crimen más horrendo que hayan come- 
tido: la guerra de tres años; con eso digo 
todo. ¿Quién fue el principal actor en esa 
ocasión? El clero, como lo ha sido siem- 
pre y lo seguirá siendo si le damos liber- 
tad; y no debemos permitir, señores, que 
se repitan estos hechos, no debemos ser 
débiles, no debemos imitar a nuestros cons- 
tituyentes de 57; mentira, señores, como 
ha dicho alguno de los oradores que me 
precedieron, que en el Congreso Consti- 
tuyente de 57 había un gran número de 
jacobinos; no, señores, y la prueba la 
tenemos en esto, en que cuando se discu- 
tió el artículo 3 o sólo uno hizo uso de la 
palabra, y se aprobó por un número aplas- 
tante de votos; lo que quiere decir que no 
había jacobinos en el 57: habría, pero 
no eran en gran número. 

Y ahora, señores diputados, para obtener 
la libertad individual, la libertad de con- 
ciencia, para obtener la libertad, en una 
palabra, debemos expulsar de nuestro 
seno la enseñanza clerical, debemos no ser 
débiles, debemos no temer la guerra 
internacional, debemos no tener distur- 
bios interiores y debemos ir a donde debe- 
mos ir, clara y terminantemente a donde 
debemos ir, a donde la patria nos indica 
que debemos ir. ¿Qué haríamos nosotros 
aceptando el artículo tal como se nos pre- 
senta, es decir, tal como lo presenta el 
Primer Jefe? No quiero que se me culpe, 



no quiero que se me diga que voy en contra 
o mejor dicho, que ataco lo que el C. Pri- 
mer Jefe piensa y trae al tapete de la 
discusión, qué quiere él, con muy buena 
intención y con corazón de verdadero 
mexicano y liberal, que se acepte por este 
honorable Congreso. Yo admiro al Pri- 
mer Jefe, vuelvo a decirlo; ayer me sentí 
con miedo; pero después me sentí con 
fuerzas, porque estaba muy cerca del 
representante del indio Juárez; lo admiro, 
como lo he admirado siempre. 

Como decía, el clero quiere obtener el 
poder espiritual, y ¿de qué medios se vale 
para ello? ¿Qué armas son las que esgri- 
me? ¡La escuela, y únicamente la escuela, 
señores diputados! Así se nos muestra el 
enemigo y así trabajará si nosotros apro- 
bamos el artículo como lo presenta el C. 
Primer Jefe. En efecto, la instrucción reli- 
giosa impartida en las escuelas primarias 
y elementales superiores implantadas por 
el clero, no eran para otra cosa sino para 
oponerse al desarrollo moral de la socie- 
dad e imponer una moral religiosa, una 
moral religiosa que va del niño al adulto, 
del adulto al hombre, del hombre a la 
sociedad; y este niño, y este adulto y este 
hombre y, por último, esta sociedad, no 
aceptan más moral que la moral religiosa, 
la moral que se les ha enseñado por el 
clero desde los pupitres de la escuela. 
Hacen de un niño un instmmento ciego, 



Artículo 3 243 



cumplen su objeto; hacen del adulto el 
mismo instrumento, han cumplido un 
objeto; hacen del hombre el mismo ins- 
trumento o quizá más fuerte todavía que 
los anteriores; han hecho de todos ellos 
una arma. ¿Qué les importa? ¡han cum- 
plido su objeto! 

Se le habla al niño en la escuela católica 
de libertades; pero se le dice que la liber- 
tad es un poder absoluto -como en efecto 
lo es-; pero que es un don de Dios y no nos 
extrañe, señores, que cuando a este niño, 
que cuando a este adulto, que cuando a 
este hombre les hablemos de libertades, 
digan que, en efecto, existen; pero nos 
anatematizan y anatematizan a la socie- 
dad, y anatematizan al gobierno, y anate- 
matizan a las libertades y también ana- 
tematizan a la ciencia cuando saben que 
esas libertades se oponen a los deseos de 
la religión en que viven y cuando se les 
dice que no es don de Dios, sino que está 
en la conciencia de todo un pueblo; y 
¿estos son los hombres que vamos a crear 
para mañana? ¿Estos son los patriotas? 
¿estos serán los verdaderos ciudadanos? 
No, señores; estos serán los eternos ene- 
migos de las libertades públicas, estos 
serán los eternos retrógrados, y nosotros 
no habremos hecho otra cosa que decirle 
al enemigo: entra. Y entra más; y aquí 
estamos nosotros para armar revolucio- 
nes cada vez que tú trates de levantarte, 



que aquí habrá patriotas en cada ocasión 
y en cada vez que tengamos revoluciones 
más o menos gloriosas, como la revolu- 
ción constitucionalista encabezada por el 
Primer Jefe. 

No debemos procurar que la historia se 
repita, señores; quitemos de una vez el mal 
y arranquemos el virus ponzoñoso que nos 
aniquila, que nos debilita. Decía alguien, 
al refutar el dictamen de la comisión, que 
debía ser en el sentido indicado, es decir, 
aceptándolo como lo presenta el Primer 
Jefe y que en ese caso no retrograda- 
ríamos, puesto que el estado es el com- 
petente para enseñar y, por consiguiente, 
a cargo del estado está la educación de la 
niñez; creo que el señor Cravioto lo decía, 
y yo digo esto: si el señor Cravioto no ha 
dicho que el estado es a quien está encar- 
gada de una manera muy directa la ins- 
trucción, la dirección de la niñez, es por- 
que el señor Cravioto cree y siente como 
todos nosotros creemos y sentimos; que 
ya estamos aptos para ejercer nuestras 
libertades, que ya estamos aptos para 
implantar nuevas reformas; que no debe- 
mos estar en los temores de los constitu- 
yentes de 57. 

Refiriéndome al señor Luis Manuel Ro- 
jas, dice y confiesa de una manera clara 
y terminante, que el clero ha sido el eterno 
enemigo de nuestras libertades; pero, en 



244 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



cambio, nos dice a renglón seguido, que 
cree que la reforma del artículo provoca- 
ría trastornos interiores y quizá exteriores 
y nos pone el ejemplo de lo sucedido en 
Inglaterra, y pregunto yo: ¿quiénes fueron 
los causantes de esto? ¿Quiénes? ¿Por 
qué salieron esos hombres a formar una 
nueva patria? ¿Quién fue el causante de 
su salida? ¿Quiénes de que se formara 
una nueva república, que hoy se conoce 
con el nombre de Estados Unidos de Nor- 
teamérica? Después dice: "no debemos 
culpar a nuestros hombres; sino que 
debemos culpar a la época;" perfecta- 
mente bien, yo en este caso, señores, no 
culpo a los constituyentes de 1857, culpo 
a la época; esos restos sacrosantos y 
sagrados cuyos nombres perduran y perdu- 
rarán eternamente en el cielo de nuestra 
patria, no deben ser tocados; su nombre 
deberá vivir siempre inmaculado, sin man- 
cha, absolutamente sin mancha de ninguna 
especie, no los culpo a ellos, culpo, como 
decía perfectamente bien el señor licen- 
ciado Rojas, culpo a la época únicamente; 
pero qué, ¿vamos a estar culpando siem- 
pre a la época cuando ahora sabemos que 
es una necesidad ingente la creación de es- 
cuelas completamente dependientes del 
estado? 

Aseguro que en el Congreso de 1 857 tam- 
bién habíajacobinos; digo esto, porque di- 
cen que en el seno de la asamblea hay 



divisiones y que los de un lado, los de la 
izquierda o los de la derecha, no me 
importa saber cuál, se encuentra integra- 
da por jacobinos. Creo, señores, que ya 
sea de una manera o de otra, el resultado 
al que lleguemos será el mismo, está en 
nuestras conciencias y que así debe ser 
y... así será; y tan es así, que a continua- 
ción dice que las leyes deben ser para el 
pueblo de acuerdo con sus necesidades; 
pero no de acuerdo con las necesidades de 
un grupo y, señores, vuelvo a repetirlo, yo 
hablo por mi grupo de indios, y entiendo 
que todos los que están aquí reunidos, si 
en efecto son genuinos representantes, 
como lo soy yo, hablarán por sus repre- 
sentados; no es, pues, el deseo mío, no es 
el deseo de un grupo, no es el deseo de un 
conjunto de individuos; es el deseo de toda 
una nación, de todo un pueblo, son las 
necesidades las que nos dicen, las que 
nos piden la creación de leyes de acuerdo 
con esas mismas. 

A continuación dice y confiesa que no 
podrá cambiar la opinión de la asamblea 
y pide al fin que sólo se reforme el dicta- 
men por lo que se refiere a las injurias que 
en los fundamentos cree advertir para el 
C. Primer Jefe; conviene, pues, en que 
el dictamen está perfectamente bien 
hecho, por lo menos está de acuerdo con 
esas mismas necesidades, puesto que 
antes ya lo había dicho, y después dice y 



Artículo 3 245 



confiesa que hay muy poca diferencia 
entre uno y otro proyecto y que muy 
fácilmente se podrá subsanar con ligeras 
modificaciones, calmando así la tem- 
pestad que los impugnadores de la comi- 
sión han hecho en un vaso de agua, y, "en 
efecto, convengo en que hay pequeñísi- 
mas diferencias, señores, y podríamos 
salvar muy fácilmente el escollo; ya os lo 
diré." 

A continuación habló el señor Cravioto 
impugnando el proyecto del artículo 3 o 
presentado por la comisión. Dice, entre 
otras, cosas, que con él se aplasta el dere- 
cho del pueblo y se deja a los curas vivitos 
y coleando; y digo yo: ¿no esos dere- 
chos del pueblo se encuentran norma- 
dos por la acción del estado al establecer 
sus escuelas? ¿De qué manera podríamos 
dejar a los curas vivitos y coleando, cuando 
al llegar a esta parte de la instrucción se 
nombraría visitadores para que constan- 
temente estuviesen vigilando las escuelas? 

Más todavía: llegamos a los recono- 
cimientos, inspección o exámenes trimes- 
trales, semestrales o anuales, y entiendo 
yo que el maestro, por hábil que sea, no va 
a poder conseguir que el niño, el pequeño 
que apenas comienza a aprender, mienta 
de una manera tan hábil para decir tales 
cosas durante la clase y tales otras en pre- 
sencia del inspector y del jurado que vaya 



a presenciar los exámenes. Eso que se 
concibe perfectamente bien, es una de las 
armas que el señor Cravioto indicaba; no 
vayamos contra la libertad, sino contra 
los curas. Pues sí, señores, solamente de 
esa manera podremos hacerlo, aplastando 
al cura, procurando, en fin, la reglamenta- 
ción del artículo 3 o , procurando que los 
inspectores cumplan con su obligación 
de ir imprescindiblemente a todos y cada 
uno de estos establecimientos particu- 
lares, con el objeto de que no se tergiver- 
sen las ideas de los niños desde pequeños. 

Dice también el señor Cravioto, y de eso 
me alegro inmensamente, porque va de 
acuerdo con mis pequeñísimos cono- 
cimientos -señor Cravioto, yo siempre lo 
he considerado a usted como una figura 
eminente, como un orador sublime (siseos) 
y voy con usted únicamente por lo que 
hace a la verdad-, dice que el adulto está 
capacitado para escoger, el niño no; y yo 
digo: ¿qué es lo que la comisión se pro- 
pone? Poner al niño al lado del estado para 
que, ya cuando ese niño sea adulto, sepa 
lo que debe hacer; entonces se mete a un 
colegio clerical, si quiere, o entra aun cole- 
gio liberal; pero no dejemos que el niño, 
antes de poder discernir -como dice el 
señor Cravioto-. no dejemos a ese niño 
en completa libertad de acción, no lo deje- 
mos en manos de individuos que no vayan 
a hacer otra cosa sino descomponer su 



246 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



conciencia y enseñarle a mentir; como 
decía alguno de los oradores que me 
precedió en el uso de la palabra. A con- 
tinuación el señor Cravioto, siguiendo su 
discurso, dice y asegura que el gobierno 
debe impartir esa enseñanza, la cual será 
obligatoria y laica. 

Bueno, y a ese, respecto, voy a decir esto 
que no es propio, lo confieso: consul- 
tando con alguno de los compañeros que 
se encuentran aquí en la Cámara y cuyos 
nombres no recuerdo, consultándoles 
acerca de las reformas que me atrevo a 
presentar ante la consideración: de esta 
honorable asamblea, había yo dicho "obli- 
gatoria y gratuita" y me hizo esta observa- 
ción: yo pongo un hotel, y como yo soy 
el único en el pueblo, digo esto: "todos 
los que vengan a este pueblo, pueden ir a 
radicarse a cualquiera casa de huéspedes, 
son transeúntes, pero tienen todos la obli- 
gación de vivir en mi hotel," Lo mismo 
sucede aquí y es una contradicción com- 
pleta el decir que dejamos en libertad la 
enseñanza, y a continuación agregar: 
"ésta será laica, obligatoria en los estable- 
cimientos oficiales." A continuación, nos 
dice: "demostremos que las escuelas cató- 
licas han desaparecido de una manera 
asombrosa," contando no recuerdo qué 
número de escuelas católicas que hay en 
la actualidad, superan naturalmente a las 



escuelas laicas; pero esto, ¿qué nos quiere 
decir? 

Que no debemos temer a sujetar la ins- 
trucción, supuesto que ya las escuelas cató- 
licas han desaparecido, lo cual nos indica 
que los padres no quieren mandar a sus 
hijos a las escuelas católicas, porque se 
han convencido de lo que allí enseñan. 
Por consiguiente, es un temor verdadera- 
mente infundado, y no veo la razón de este 
temor; pongamos algunas taxativas a tal 
o cual inciso de los artículos presentados 
por el Primer Jefe o por la comisión dicta- 
minadora, y entonces habremos llegado 
a un resultado más o menos favorable. 
Quería yo seguir hablando; pero creo que 
ya están ustedes cansados y ahora voy a 
presentar a su consideración una modifi- 
cación, con la cual creo que habremos 
conseguido mucho y habremos evitado 
esos temores que tenemos o que han teni- 
do algunos de los miembros de este Con- 
greso. El proyecto de artículo que yo pro- 
pongo es el siguiente: (Leyó.) 

Y entonces ya nosotros les quitamos el 
temor de que los curas puedan dar clases 
o que los que formen parte de una agrupa- 
ción religiosa no deben dar clases, y estos 
y aquellos otros temores, o que pongan 
un conglomerado de ideas de guerra que 
no existe con la nación de Norteamérica, 



Artículo 3 247 



con revoluciones interiores o con mensa- yo. Él estaba inscrito en pro y en toda su 
jes que nos pongan fulano Berlanga o disertación no ha hecho sino reforzar los 
fulano Obregón, ni nada. (Risas.) argumentos del contra. 



Hemos venido a hacer una labor pro pa- 
tria; hemos venido a representar a nuestro 
pueblo y, señores, yo no tengo compromi- 
sos con nadie; yo vengo a gritar muy alto 
y muy grueso como nadie, ahora que es la 
primera vez que vengo a hablar con toda 
libertad. (Aplausos.) 

- El C. Palavicini: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Palavicini. 

- El C. Palavicini: Señores diputados: ins- 
crito en quinto lugar, mi propósito no fue 
venir a hacer un discurso de tesis, sino 
de réplica; me proponía contestar los 
argumentos del pro que no estuviesen 
incluidos en el dictamen de la comisión, 
para que hubiese reciprocidad; pero, des- 
graciadamente, hasta este momento el 
debate está de tal manera flojo, que nin- 
guno de los oradores del pro ha reforzado 
el dictamen de la comisión y mi distin- 
guido amigo -o más bien dicho, colega, 
porque apenas puedo llamarlo mi amigo-, 
el señor Celestino Pérez, ha venido a 
sostener precisamente el contra antes que 



- El C. Múgica, interrumpiendo: Suplico 
al señor presidente tome nota de la decla- 
ración del señor, porque en tal caso debe 
de hablar él en pro. 

- El C. Palavicini, continuando: Esta es 
una desgracia, señor presidente de la co- 
misión dictaminadora, en el léxico del 
señor licenciado Pérez y no una culpa de 
los oradores del pro o del contra; la ga- 
nancia va a la comisión; yo no la discuto: 
la cedo gustoso; nosotros venimos aquí 
a discutir, no queremos arrebatar la 
palabra a nadie. 

Señores diputados: comenzaré por los 
argumentos del dictamen; la parte expo- 
sitiva del mismo es una jeringonza incom- 
prensible; allí se habla de muchas cosas, 
menos del asunto esencial que está a 
debate, esto es, la libertad de enseñanza; 
en el dictamen tantas veces calificado de 
jacobino, se habla de todo, menos de lo 
esencial; en el artículo se habla de gimna- 
sia, de algunas racionales y no sé qué 
otras cuestiones por el estilo. (Siseos.) 
Lamento, señor Vidal, que usted no pueda 
hacer otra cosa que sisear en esta asam- 
blea. (Aplausos.) La parte expositiva del 



248 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



dictamen no es necesaria para la asam- 
blea, sino el artículo tal como queda, por- 
que la primera proposición del dictamen 
es una proposición dura, seca, breve, lapi- 
daria, llameante, como el lenguaje de 
Isaías, pues dice así: "no se aprueba el 
artículo del proyecto de Constitución," o 
lo que es lo mismo; esta honorable comi- 
sión no aprueba el principio liberal de 
libertad de enseñanza que contiene la carta 
de 57, el principio de libertad de ense- 
ñanza que contiene el proyecto del Primer 
Jefe; reprobamos ese artículo. Y para subs- 
tituirlo ¿con qué? Señores diputados, vais 
a oír el artículo 3 o de la comisión: 

"Art. 3 o . - Habrá libertad de enseñanza; 
pero será laica la que se dé en los esta- 
blecimientos oficiales de educación, lo 
mismo que la enseñanza primaria 
elemental y superior que se imparta en 
los establecimientos particulares. Ninguna 
corporación religiosa, ministro de algún 
culto o persona perteneciente a alguna 
asociación semejante, podrá establecer o 
dirigir escuelas de instrucción prima- 
ria, ni impartir enseñanza personalmente 
en ningún colegio. Las escuelas prima- 
rias particulares sólo podrán establecerse 
sujetándose a la vigilancia del gobierno. 
La enseñanza primaria será obligatoria 
para todos los mexicanos y en los esta- 
blecimientos oficiales será impartida 
gratuitamente." 



Y bien, señores diputados, ¿habrá o no 
habrá libertad de enseñanza? ¿Habéis 
entendido este artículo 3 o ? Ellos comien- 
zan diciendo: habrá libertad de ense- 
ñanza, ¿dónde? ¿en qué país? ¿en México? 
No, todo el artículo responde que no 
habrá de eso. ¿Qué significa esta redac- 
ción? ¿qué propósito tiene? ¿con qué 
argumento, con qué razón han cambiado 
el precepto liberal de la carta de 1857 
y el precepto liberal de la carta de 1916, 
para substituirlo, señores diputados, con 
este incomprensible embrollo de cosas 
contradictorias? 

Pero, señores, yo no combato a la comi- 
sión, yo no le atribuyo el que obedezca a 
tal o cual tendencia política; yo creo que 
la comisión ha sido injustamente atacada 
en esta tribuna, tanto por lo que la ayudan, 
como por los que la combaten; aquí ha 
venido el descendiente del ingenioso Pen- 
sador Mexicano, el distinguido licenciado 
Lizardi, a decirnos: "yo vengo a defender 
a esta comisión, porque esta comisión 
es débil;" y ha venido el joven orador, 
mi compañero de locuacidad costeña, 
señor Martínez de Escobar, y dijo: "yo no 
iba a hablar; pero he visto que todo 
el mundo ataca a la comisión y vengo a 
defenderla;" y, señores, vino el licenciado 
Macías y cayó sobre el señor general 
Múgica, a quien pinta con las caracte- 
rísticas del Príncipe Perro, de Labruyere, 



Artículo 3 249 



y después sobre el licenciado Colunga, a 
quien pinta con la del licenciado Tara- 
villa, y, el licenciado Rojas, el elocuente 
licenciado Cravioto y el señor coronel 
Chapa han pintado al señor Múgica como 
el célebre Robespierre; pálido, hirsuta la 
melena, hosco el semblante, oficiando 
como pontífice ante el altar del ser 
supremo, el famoso 18 floreal; nosotros 
estamos contemplando a esta honorable 
comisión, asombrados de si serán ciertas 
todas esas cosas o ninguna de ellas y, 
señores diputados, yo he llegado a este 
convencimiento sincero, honrado y leal 
que voy a exponer; la comisión ha obrado 
rectamente; la comisión no ha tenido, y 
este es mi sentimiento íntimo, ninguna 
práctica reaccionaria; la comisión se ha 
equivocado en cuanto a la redacción 
de este artículo, por falta de prepara- 
ción y por falta de una cosa elemental; 
por falta de lectura del proyecto de 
Constitución. 

La comisión no ha querido estudiar título 
por título, ni en su conjunto, el proyecto 
de reformas; la comisión, ayer tarde, no 
había leído el artículo 27 ahora bien, la 
comisión ha querido que en las garan- 
tías individuales se hable de la obligación 
y que en las garantías individuales se 
hable también de la prohibición a las 
corporaciones religiosas; la comisión 



no conocía el proyecto del Primer Jefe; 
¿de qué, pues, culpamos a la comisión? 

He dicho alguna vez en esta asamblea que 
el procedimiento elemental para dictami- 
nar sobre un proyecto en las comisiones 
parlamentarias, es escuchar a su autor; 
supongamos, señores diputados, que ésta 
es una asamblea ordinaria; que este es 
un Congreso general y no un Congreso 
Constituyente; supongamos que el minis- 
terio de comunicaciones y obras públicas 
nos remite el proyecto de un contrato de 
obras en Puerto México; pasa a la pri- 
mera comisión de comunicaciones, pre- 
sidida por el ingeniero Amado Aguirre y 
formando parte de ella los ingenieros 
Ibarra y Madrazo; y bien señores dipu- 
tados, en ese contrato, que es una cuestión 
técnica o administrativa, hay precio por 
metro cúbico de escollera o de malecón; 
el precio preocupa hondamente a los repre- 
sentantes o debe de preocuparles, porque 
el objeto de que lo aprueben es saber si 
los intereses nacionales están defendi- 
dos; este es un asunto trivial; sin embargo, 
estoy seguro de que el presidente de esta 
comisión, ingeniero Aguirre, espíritu 
independiente, hombre de ideas libres 
que está resuelto a hacer respetar los 
intereses nacionales y a cumplir con su 
misión de representante, si va a dictami- 
nar sobre un contrato vulgar de escolle- 



250 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



ras en Puerto México, y encuentra que el 
precio de las obras en Puerto México 
es distinto del precio en Veracruz, ¿redac- 
taría un artículo negando la aprobación 
del contrato de obras en Puerto México, 
sin oír a nadie, sin discutir con nadie? 

El deber de la Cámara es defender los 
intereses nacionales; pero ¿cómo supo la 
comisión, de antemano, que ese deseo 
sería radical, en el caso del artículo 3 o ? 
La comisión de comunicaciones y obras 
públicas, en mi ejemplo, se dirige siempre 
al secretario de comunicaciones que ha 
propuesto este contrato, preguntándole 
por qué el precio en Puerto México es 
superior al precio en Veracruz, y el minis- 
tro de comunicaciones le explicará, por 
ejemplo, que las canteras son más dis- 
tantes en Puerto México que en Veracruz 
y que la razón del precio varía por ese 
motivo; y ya con esta explicación, la 
comisión podrá normar su criterio y dirá 
si tiene razón el ministro o no la tiene, 
para aprobar o reprobar el contrato. Como 
este ejemplo se pueden repetir muchos 
otros. Imagínese usted, señor Pérez, que 
en su casa la cocinera se presenta ante 
usted con un proyecto notable para mejo- 
rar la comida; lo esencial es que usted 
someta el asunto a la señora de la casa 
o a la camarera y se dictamine sobre ese 
hondo problema; y ¿a quién escuchará 



usted, señor? A la cocinera que inició el 
proyecto. 

Señores diputados, la comisión ha dicta- 
minado sin escuchar a la cocinera, y aquí 
la cocinera se llama Venustiano Carranza. 
En el caso que ahora se debate, la comi- 
sión ha olvidado lo más práctico, y el 
señor Múgica a esta observación nos 
contesta lo que sigue: nosotros hemos que- 
rido obrar con independencia; hemos 
tenido a la vista el informe del Primer 
Jefe a la Cámara y, por último, hemos 
querido evitar al mismo C. Primer Jefe 
todo compromiso de política, para asumir 
nosotros y sólo nosotros, la responsabi- 
lidad del dictamen; y bien, yo respeto las 
opiniones del general Múgica, ellas son 
honradas y sinceras, adolecen única- 
mente de falta de práctica; y voy a explicar 
por qué. 

En todos los congresos ordinarios, señores 
diputados, como en todos los congre- 
sos -lo estáis viendo en éste- no sólo 
creemos que estamos formando parte de 
una gran soberanía, sino que cada repre- 
sentante se considera a su vez soberano. 
En la iniciativa del Primer Jefe se dice 
que se ha conservado el espíritu liberal 
de la carta de 57, y la comisión que va a 
modificar una de las esenciales garan- 
tías en las libertades del hombre, la 



Artículo : 



251 



libertad de conciencia, no escucha a 
nadie ni discute con nadie y nos hace este 
incomprensible embrollo en que con- 
cede libertades; pero que no las concede. 
¿Cómo puede aprobarse un artículo en 
esta forma? ¿qué aprobamos? ¿aproba- 
mos que hay libertad de enseñanza? 
No, porque a continuación todo el artículo 
niega esa libertad. 



Rosas y Reyes nos ha leído un brillante 
discurso de galano estilo, que soy el pri- 
mero en admirar, y después de decirnos 
que aquí no hay grupos ni hay divisio- 
nes, concluye por decir que sí hay grupos 
y divisiones y que todos esos grupos y 
divisiones son obra de un individuo, 
como si un individuo pudiera hacer 
grupos. 



Algunos oradores han calificado a la 
comisión de jacobina por este aspecto 
sectario; pero yo quiero confesar que 
todos tenemos en el fondo esos mismos 
defectos, que todos queremos combatir de 
un modo práctico, preciso y enérgico al 
clero en todas sus fortificaciones; nada 
más que hay que hacerlo hábilmente 
porque si lo hacemos con torpeza, no 
combatimos a nadie ni dejamos nada 
perdurable. Este es el tema de mi impug- 
nación al artículo 3 o . Los oradores del pro 
y el señor Román no han aducido ningún 
argumento nuevo; el señor Román ha 
venido a contestar o a hacer alusiones 
al señor licenciado Rojas. 

El señor López Lira nos ha dicho que él 
es ateo y que desea que "el brazo de 
Dios" salve a las escuelas; ha estudiado 
con toda dedicación y con toda profun- 
didad la evolución de los pueblos en una 
revista ilustrada musical que se encontró 
en México en uno de sus viajes; y el señor 



El señor Rosas y Reyes es sincero; es un 
joven liberal como el señor López Lira y 
como el señor Celestino Pérez. Todos los 
oradores del pro me merecen la mayor 
consideración y el mayor respeto y 
estoy seguro que todos han venido a hablar 
aquí de buena fe y honradamente; y bien, 
señor Lira, ese peligro que hay en el 
estado de usted, que es reaccionario; ese 
peligro que ve usted en su aldea, que es 
reaccionaria, señor Pérez; ese peligro que 
usted encuentra en todas partes, señor 
Rosas y Reyes, yo quiero combatirlo con 
tanto ardor como ustedes; encuentren el 
medio eficaz, y yo seré el último de sus 
soldados; pero el primero de los que se 
pongan a las órdenes de usted, señor 
mayor Reyes. 

Hagamos las cosas bien hechas; repito 
que he pesado cuidadosamente las obser- 
vaciones del pro y no he encontrado un 
sólo argumento que apoye el dictamen 
de la comisión, en la forma en que está 



252 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



redactado. Todos combatimos al clero y 
todos deseamos combatirlo: no es ese 
el asunto, señores diputados, el asunto es 
saber si vamos a conservar en el título 
primero de la Constitución las garan- 
tías individuales o si vamos a derogar- 
las. ¿Vamos a modificar por completo el 
credo liberal que ha sido nuestra bandera? 
¿vamos a incluir en esa garantía una 
modificación absurda y monstruosa que 
sostiene la tesis de que un individuo, 
por sólo pertenecer a la congregación 
de María Santísima o de la Virgen de 
Guadalupe, no puede enseñar francés o 
inglés? Este es el punto analizado ayer 
brillantemente por el señor licenciado 
Cravioto. 

- El C. Rosas y Reyes, interrumpiendo: 
No es ese el argumento. 

- El C. Palavicini: Esto lo dice la comi- 
sión, señor Rosas y Reyes: y como proba- 
blemente su señoría no se ha fijado 
detenidamente en el dictamen, voy a leerlo 
en la línea respectiva, porque en igual 
caso que usted hay muchos en la asam- 
blea y precisamente allí es donde está el 
error. Dice: 

"Ninguna corporación religiosa, ministro 
de algún culto o persona perteneciente a 
alguna asociación semejante, podrá esta- 
blecer o dirigir escuelas de instrucción 



primaria, ni impartir enseñanza personal- 
mente en ningún colegio." 

Usted, señor, que es liberal, ¿cree que 
esta prescripción sea aceptable, siquiera 
lógica, cuando arriba se dice: "habrá liber- 
tad de enseñanza?" Suprima usted "habrá 
libertad de enseñanza", establezca usted 
el artículo prohibitivo exactamente, y esta- 
mos conformes; pero si incluye usted 
entre las garantías la primera proposición, 
el resto es enteramente absurdo. 

Los indios, señor Pérez, son el grito de 
nuestra conciencia, representan nuestro 
mayor pecado; llevan por calles y por 
plazas no sólo el peso de sus tres siglos 
de colonia; sino también el de sus cien 
años de dominación criolla. El indio, 
señor Pérez, debe ser defendido en esta 
asamblea en alguna forma decisiva; el 
indio, señor Pérez, tiene para nosotros 
todas las reprobaciones; sus gritos de 
indignación, sus entusiasmos y su amor 
por aquella aldea que envió a usted al 
parlamento, han sido escuchados por 
mí; mi alma, como la suya, se encuentra 
en ese camino; yo también quedo contem- 
plando con tristeza a esos hombres 
vencidos que al clarear de todos los días 
levantan sus ojos al cielo, viendo que 
es mudo el creador al cual elevan sus 
preces y que todas las tardes ven ocul- 
tarse el disco bermejo del sol tras un 



Artículo 3 253 



horizonte infinitamente lejano, en el que 
no hay para ellos una esperanza halaga- 
dora. (Aplausos prolongados.) 

Hemos visto todos esto; hemos contem- 
plado cómo se elevan en las capitales esos 
suntuosos palacios de mármol y granito, 
tan henchidos de vanidad como caren- 
tes de arte; hemos visto cómo por las 
calles asfaltadas pasan los indios hara- 
pientos y piojosos; hemos visto las obras 
materiales, los hermosos monumentos 
levantados sólo para que en ellos se ponga 
en blancas placas de mármol el nombre 
plebeyo de un alcalde de Lagos; hemos 
visto que las escuelas, señores libera- 
les, han sido abandonadas a nuestro com- 
petidor, el clero, durante los últimos 
cincuenta años. ¿Y por qué? Por nues- 
tros compadrazgos liberales con todos los 
contratistas, por nuestro compadrazgo 
infame con todos los amigos de esa gran 
cadena "científica" que, establecida de 
la capital a las provincias, mató todo 
espíritu y todo sentimiento elevado. Allí 
donde hay una buena escuela, no hay 
competencia posible; preguntad a los 
estados de la república donde el ade- 
lanto escolar es decisivo, si temen la 
competencia: aquí hay representantes de 
esos estados. Yo preguntó... al señor 
director general de instrucción del estado 
de Coahuila, el señor Rodríguez Gonzá- 



lez, que diga si en Saltillo se teme a la 
competencia de las escuelas católicas. 

- El C. Rodríguez González: No hay 
ninguna, señor. (Aplausos.) 

- El C. Palavicini: Id a preguntar, señores 
diputados, a los jaliscienses; y he hablado 
uno por uno con todos ellos y todos traen 
en el alma ese odio que todos sentimos 
contra el clero, que ha sido el competidor 
decisivo de la escuela en todo el estado, 
¿por qué? porque el gobierno liberal que 
ha habido en Jalisco no se ha preocupado. . . 

- El C. Aguirre, interrumpiendo: Es cierto 
lo que dice el señor Palavicini, en Ja- 
lisco hay muy pocas escuelas católi- 
cas; pero aún las hay, porque lo hemos 
querido y los revolucionarios tratamos pre- 
cisamente de ratificar los principios 
sancionados por la revolución, pues de 
otra suerte la revolución fracasaría y 
claudicaría. (Aplausos.) 

- El C. Palavicini, continuando: Perfec- 
tamente, yo estoy de acuerdo con el señor 
Aguirre... 

- El C. Rodríguez González, interrum- 
piendo: La pregunta del señor Palavicini 
fue que si había escuelas católicas en 
Coahuila. No las tenemos, porque hemos 
visto desde años anteriores que, a medida 
que se iban extendiendo buenas escue- 



254 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



las oficiales, tanto las católicas, como las 
protestantes, se iban cerrando, de manera 
que por eso no las tenemos. 

- El C. Palavicini, continuando: Hacen 
ustedes bien, señores liberales de Coahuila; 
sólo la legítima y honorada competencia 
triunfa en el mundo. En todas las liber- 
tades, señores diputados, hay peligros; 
¿creéis -decía el señor Cravioto en estas 
o parecidas palabras-, en una libertad sin 
riesgos? Es tanto como pedir un océano 
sin tormentas, un aire sin huracanes y una 
vida sin muerte. No la libertad tiene todos 
esos riesgos. Nosotros hemos querido 
hacer lo que los opresores católicos del 
siglo XIV: encender en medio de las 
plazas que no piensan como nosotros; 
nosotros hemos querido hacer como 
los protestantes que quemaron a Servet; 
como los puritanos que desgarraban a sus 
víctimas sujetando bestias salvajes a cada 
una de sus extremidades; porque hemos 
querido hacer aquí una obra netamente 
sectaria, vergonzosamente sectaria. 

Y bien, señores diputados, aquí la labor 
que tenéis que hacer, es muy distinta de 
la de una prédica de club. Cuando se 
encuentra uno presenciando la celebra- 
ción del 5 de febrero o el natalicio de 
Juárez, se escuchan con agrado todas las 
exaltaciones de oratoria y todas las pero- 
raciones más o menos jacobinas contra 



los curas; seguramente también voso- 
tros lo veis con agrado y entonces estáis 
en vuestro papel porque hacéis una 
labor de propaganda; pero ahora, señores 
diputados, estáis llenando una labor de 
estadistas, de sociólogos y de políticos. 
El estadista necesita ver sobre qué medio 
actúa; imaginaos a Benedicto XV envian- 
do encíclicas luteranas; imaginaos a 
Kaiser desde uno de los balcones de 
Postdam predicando teorías antimilita- 
ristas; imaginaos a Woodrow Wilson 
haciendo propaganda electoral de ideas 
monárquicas absolutas; así sería el 
absurdo de venir a sostener aquí en una 
carta nacional la supresión completa de 
la religión pero fijaos bien, y muy espe- 
cialmente de la religión católica, que es 
la nacional. 

¿Quién es capaz de negar honradamente, 
lealmente, que el noventa por ciento de 
los mexicanos es católico? ¿Qué se cam- 
bian las conciencias con un decreto? 
¿Qué se forman las conciencias con una 
ley? ¿Qué las conciencias que se forman 
grano a grano, por yuxtaposición, lenta- 
mente, a través de los siglos, se pueden 
cambiar en un momento dado por un solo 
decreto? No, los caminos son otros; si los 
liberales -los verdaderos liberales, no 
los sectarios-, quieren hacer obra prove- 
chosa y buena, que busquen el único 
elemento, ese que con tanto miedo nom- 



Artículo 3 255 



bró en esta tribuna el señor López Lira; 
pero que está perfectamente arraigado 
en su conciencia; debemos buscar eso que 
él, como ateo, ha llamado el "brazo de 
Dios", la escuela laica. 

Y bien, yo vengo a defender aquí la 
escuela laica; yo vengo a defender aquí 
la escuela laica, que es la que la comi- 
sión ha querido sostener en ese dicta- 
men; porque si ese es el espíritu de la 
comisión, yo también, señor presidente 
de la comisión, vengo a hablar en pro de 
ese dictamen; pero de ese dictamen en su 
primera línea, no de ese dictamen 
completo con ese embrollo de cosas 
incomprensibles y contradictorias. Seño- 
res diputados, nuestro propósito debe ser, 
no solamente desfanatizar a México; hay 
que también cuidar, y hay mucho que 
cuidar en no fanatizarlo de otro modo y 
bajo otro aspecto. No me refiero ahora 
al fanatismo jacobino, porque éste es de 
los que pasan y sólo puede inculcarse 
en unos cuantos hombres y en un 
momento dado. 

No, el peligro es otro para todos los mexi- 
canos que ustedes representan. Forman 
una nacionalidad tres características 
esenciales: la raza, la lengua y la reli- 
gión. ¿Qué mexicano gustaría de renun- 
ciar el natural impulsivismo de su raza, 
batalladora y altiva, para cambiarlo por 



esa flojedad fría y serena de Sancho, que 
nos enseña el mercantilismo norteame- 
ricano? ¿Qué mexicano gustaría de 
cambiar su hermosa lengua, que lo arrulló 
en la cuna cuando vio por primera vez la 
luz, que le habló en la juventud cuando 
tuvo las primeras ilusiones del amor, la 
que un día dulcemente le cerrará los ojos 
con la suave frase del eterno sueño: con 
su "descansa en paz?" ¿Quién renunciaría 
señores, a su raza y a su lengua? 

Pues bien, sabedlo, mexicanos, porque 
son los liberales, no son los sectarios 
quienes hablan hoy a los verdaderos mexi- 
canos; ante el fanatismo de Polonia, 
orando todavía en su lengua materna bajo 
el casco de los caballos cosacos o la bota 
injuriosa del opresor alemán, nosotros nos 
inclinamos con respeto; ante la rebelde 
protesta del irlandés dominado por cien- 
tos de años en su territorio y en sus inte- 
reses; pero fiero y erguido todavía en los 
fueros de su conciencia religiosa, noso- 
tros nos inclinamos con respeto; ante las 
matanzas y de armenios que caen ele- 
vando sus preces y conservando sus 
cruces bajo la salvaje cimitarra turca, 
nosotros nos inclinamos con respeto. 
Si la explotación, sería por demás 
injusto e inmoral minar las característi- 
cas de nuestra nacionalidad, facilitando 
la substitución de un culto nacional por el 



256 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



del vecino poderoso y dominador. La reli- 
gión diputados, ha perdurado en estos 
pueblos por siglos y siglos, a pesar de 
todas las dominaciones. 

La comisión quiere que los que den 
cátedras no tengan ni sotana, ni corona, 
ni anillo episcopal; la comisión quiere 
que los que den clases en las escuelas 
sean sacristanes y no sacerdotes. La comi- 
sión hace bien; pero no ha pensado en el 
otro peligro, no ha pensado en un peligro 
inmediato y próximo, no ha pensado en la 
conquista yanqui. (Voces: ¡no, no! Siseos.) 
Los que sisean tendrán oportunidad, ya lo 
dijo el señor licenciado Macías, de venir 
a esta tribuna a manifestar sus argu- 
mentos. Esas manifestaciones de desa- 
grado serían disculpables en los señores 
de las galerías, porque ellos no pueden 
contender; pero en los diputados que 
tienen libertad de palabra y pueden con- 
testar en la tribuna, es absurdo que esco- 
jan este sistema de debate. (Aplausos.) 

Y bien, señores diputados, el mimetismo 
del sacerdote protestante es admirable: 
el sacerdote protestante ha organizado 
clubes de deportes que tienen toda la ter- 
minología inglesa, ha organizado la 
Asociación Cristiana de Jóvenes, donde 
se hace música, se recitan malos ver- 
sos, se baila el one Step y de cuando en 
vez se abre la Biblia y se leen las epístolas 



de san Pablo; pero no se detiene allí el 
ministro protestante, que no puede distin- 
guirse de los otros sacerdotes, porque no 
lleva, repito, ni anillo episcopal, ni bonete, 
ni corona; sino que se infiltra en todos 
los establecimientos oficiales disfrazado 
de revolucionario radical. 

Aprovechando todos los elementos que 
paga el catolicismo mexicano, cobra 
con la mano derecha el sueldo de profesor 
laico, mientras con la mano izquierda 
recibe el dinero de las misiones protes- 
tantes de la república norteamericana, 
que es el precio para la evangelización 
de la República Mexicana y que es un 
aspecto de la conquista. (Aplausos.) 

Yo no vengo a argüir con falsos testi- 
monios y con mentiras; yo vengo a argüir 
con hechos. ¿Creen ustedes, señores 
diputados, que admitamos nosotros, los 
liberales, al señor Mora y del Río como 
director general de educación en la 
ciudad de México? 

- El C. Múgica, interrumpiendo: ¡Ni con 
gorro frigio! 

- El C. Palavicini, continuando: Bien, 
señor general Múgica; el director gene- 
ral de educación, en México, es un 
ex-ministro protestante. (Aplausos.) 
¿Creen ustedes, señores, que admití- 



Artículo 3 257 



riamos al gordo y flamante padre Paredes 
de director de una escuela superior en 
México? Seguramente que no; pues 
bien, señores, el director de una escuela 
superior en México es un sacerdote pro- 
testante. (Aplausos.) 

Y varios inspectores de zonas son minis- 
tros protestantes. ¿Sabéis por qué, señores 
diputados? Por el admirable mimetismo 
de los ministros protestantes. Ellos, 
como parásitos en la hoja del árbol, 
toman el color del mismo para que no se 
note que viven sobre él; los ministros 
protestantes han adoptado ese aspecto y 
yo os aseguro que no es el pueblo 
mexicano el que mantiene el culto protes- 
tante en la república; yo os aseguro que 
el culto protestante en la república está 
pagado por el dinero yanqui. (Aplausos.) 



uno tenga que entrar en terreno delicado, 
ya algún orador dijo que es como un potro 
salvaje al que es preciso domar y a veces 
es difícil domarlo. 

Y bien, señores diputados, ¿saben uste- 
des quién firmó esos nombramientos 
en la secretaría de instrucción pública? 
Me avergüenzo, señores diputados: fui yo; 
¿por qué? porque estaba en mi derecho, 
y siendo yo un liberal, ignoraba que estos 
señores fueran sacerdotes disfrazados de 
ciudadanos. 

Ahora bien, legalmente podría hacerlo 
también el padre Paredes, si mañana cuelga 
su sotana; y legalmente podría hacerlo 
Mora y del Río, si mañana deja su ani- 
llo episcopal y deja esa cosa, ese sayal, 
no sé cómo se llama. (Risas.) 



¿Cómo distinguirían los señores de la comi- 
sión, cómo podrían distinguir en estas 
escuelas al que es sacristán del que es 
ministro protestante? 

- El C. Pérez, interrumpiendo: ¿Cómo ha 
distinguido el señor Palavicini a los que 
estén ahora? 

- El C. Palavicini, continuando: ¿Cómo 
los he distinguido, señor Pérez? Voy a 
decirlo. Porque, admírense, señores dipu- 
tados, esta tribuna, tiene el riesgo de que 



Es que ellos han encontrado el proce- 
dimiento eficaz para infiltrarse entre 
nosotros, para crecer, para prosperar y 
para vivir; y yo os lo digo; entre el fana- 
tismo protestante y el fanatismo católico 
yo no tengo nada que escoger; el fana- 
tismo protestante es tan tenaz y tan 
perseverante, como cualquiera otro, seño- 
res diputados. Vosotros sois liberales; los 
hombres del 57, antes de comenzar sus 
labores, fueron reverentemente a oír 
misa, y estoy casi seguro de que las dos 
terceras partes de los que están hoy pre- 



258 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-191 7 



sentes en este salón, no han visitado el 
admirable monumento de Santa Rosa 
de esta ciudad de Querétaro, ni siquiera 
por espíritu artístico, ni por curiosidad. 
Hemos progresado indudablemente. 

En los Estados Unidos, todas las escue- 
las, antes de abrir sus cátedras, comien- 
zan por una oración; y en el parlamento, 
en la Cámara de Diputados, no se abre 
una sola sesión sin que un sacerdote 
protestante bendiga a los representan- 
tes, y lo mismo en el Senado. Y bien, seño- 
res diputados, esto lo hemos conquistado 
por el derecho de libertad de conciencia 
y de libertad de enseñanza que estableció 
la Constitución de 1857; lo hemos con- 
quistado por liberales y como libera- 
les; hace más de cincuenta años que 
resolvimos el problema religioso. Ya el 
problema político-religioso no existe 
en México. 

Señores diputados, ¿el artículo 3 o que 
propone el Primer Jefe es deficiente 
desde el punto de vista de las garantías 
individuales? ¿Vale la pena de cambiar 
hasta sus términos? ¿Vale la pena de 
cambiar las locuciones que contiene? 
¿Las frases y hasta las palabras? ¿Vale la 
pena decir: habrá libertad de ense- 
ñanza, como dice la Comisión, o habrá 
plena libertad de enseñanza, como dice 
el proyecto? 



No, señores diputados; esto fue un afán 
de presentar un proyecto radical en la 
forma, hiriente en todos sus aspectos y 
que en conclusión no trae ninguna nove- 
dad, que en el fondo no tiene más objeto, 
absolutamente no tiene más objeto, aun 
cuando esto no haya sido pretendido por 
los señores miembros de la comisión, que 
presentar ante la república, -desgraciada- 
mente ese es el hecho-, presentar ante 
la república al C. Primer Jefe como un 
hombre tibio en ideas. 

Mientras tanto, vosotros, señores autores 
de ese dictamen, declaráis que sí sois 
radicales, que sí sois celosos, que sí 
sois hombres puros y buenos revolucio- 
narios, pero habéis olvidado que todas 
las doctrinas revolucionarias tienden a la 
libertad humana. En el proyecto del jefe 
están comprendidas las ideas de la comi- 
sión sin la forma hiriente de la misma: el 
artículo 3 o dice: 

"Art. 3 o . Habrá plena libertad de ense- 
ñanza; pero será laica la que se dé en los 
establecimientos oficiales de educación, 
y gratuita la enseñanza primaria supe- 
rior y elemental, que se imparta en los 
mismos establecimientos." 

La comisión podía haber aceptado este 
artículo, agregando que sería laica la 
enseñanza también en las escuelas par- 



Artículo 3 259 



ticulares. En esta fórmula ¿qué queda? 
El señor general Calderón, -a quien yo 
respeto mucho y he pesado bien como 
un hombre sincero y leal al defender aquí 
valientemente sus convicciones por su 
propio criterio-, dice: ¿Pero las institu- 
ciones pueden seguir administrando la 
enseñanza? Y le contesta don Venustiano 
Carranza en el artículo 27 en estos 
términos: 

"Las instituciones de beneficencia pública 
o privada para el auxilio de los necesi- 
tados, la difusión de la enseñanza, la 
ayuda recíproca de los individuos que a 
ellas pertenezcan o para cualquier otro 
objeto lícito, en ningún caso podrán estar 
bajo el patronato, dirección o administra- 
ción de corporaciones religiosas ni de los 
ministros de los cultos, y tendrán capaci- 
dad para adquirir bienes raíces, pero 
únicamente los que fueren indispensables 
y que se destinen de una manera directa 
e inmediata al objeto de las instituciones 
de que se trata. " 

Está, pues, completo el artículo 3 o con el 
más exagerado radicalismo, agregando 
que serán laicas las escuelas primarias ofi- 
ciales y que serán laicas las escuelas 
primarias particulares; y será completo 
el pensamiento si después aprobamos el 
artículo 27. 



Pero falta para ustedes una cosa, falta una 
cosa importantísima; que los miembros 
de ninguna corporación pueden dar 
clases, y eso no lo puede admitir la con- 
ciencia más limitada y el criterio más 
insignificante; eso me indigna, señores 
diputados; eso verdaderamente causa 
pavor al pensar que haya liberales capa- 
ces de exigir tamaña monstruosidad. 
Entonces el principio radical está perfec- 
tamente expuesto en los artículos 3 o y 27 
y completándose ambos. ¿Qué es pues, 
lo que se necesita? Cordura, falta de 
egoísmo vanidoso, sencillez, moderación. 

Aquí se ha ofendido profundamente a los 
señores miembros de la comisión, y, 
si alguna vez en mis peroraciones yo dije 
alguna palabra que pudiera molestar- 
los, la retiro, aun cuando creo no haber 
llegado a ese grado; pero si los he ofen- 
dido, yo me explico y ustedes se lo 
explican también, que de por sí nuestra 
delicada epidermis en cuestiones públi- 
cas por razones de raza, es muy delicada, 
es muy susceptible: estamos cuidadosos 
de los conceptos, de las frases y a la comi- 
sión se le han dado tantos calificativos, 
se le ha considerado de distintas mane- 
ras, se le ha ridiculizado, y se siente 
cohibida, naturalmente, para obrar de un 
modo libre en esta materia; pero yo voy 
a dirigirme ahora al patriotismo de la 



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comisión; yo voy a dirigirme ahora a 
la sensatez de la Cámara: yo estoy seguro, 
señores diputados, de que la mayoría 
abrumadora de la Cámara no acepta esta 
idea que quedaría fuera del proyecto del 
Primer Jefe: es decir, que ningún indi- 
viduo, por pertenecer a una corporación 
religiosa, pudiera dar cátedras. 

Estoy seguro que la mayoría de la Cámara 
no acepta ese criterio, que es absurdo; en 
cambio, estoy seguro que la gran mayo- 
ría, que la totalidad de la Cámara acepta 
el criterio radical de exigir el laicismo 
en las escuelas oficiales lo mismo que en 
las particulares y también acepta el 
artículo 27, en que se impide a toda 
corporación religiosa dirigir y adminis- 
trar escuelas. Si en ese punto todos esta- 
mos conformes, liberales y radicales; si 
todos si pudiéramos nos comeríamos a 
los curas; si yo, señores diputados, que 
no soy un jacobino sectario, no bautizo a 
mis hijos ni tengo ninguna de las escla- 
vitudes del catolicismo tradicional; si soy 
liberal y estoy seguro de la mayor parte 
de ustedes lo es, ¿por qué no aceptar 
la disciplina filosófica y la unidad de la 
Constitución? 

¿Por qué intercalar en el artículo 3 o , rom- 
piendo la disciplina científica de ese 
título donde se establecen las garantías 
individuales, las que están perfectamente 



bien prescritas en el artículo 27, que 
corresponde a otra parte de la Constitu- 
ción? Esto es inexplicable. Aquí ya no se 
trata de reaccionarios ni de bloques, ni de 
un grupo ni de otro grupo; se trata del 
buen sentido; vamos poniéndonos sensa- 
tos, vamos suplicando a la comisión que, 
generosamente, deponga todas esas 
susceptibilidades personales que ponían 
en peligro la sensatez de la Cámara. 
-Yo no vengo a asustar a nadie, señor 
Pérez, con peligros imaginarios, ni reales. 
-Yo sólo veo un peligro inmediato: el del 
buen sentido, al que quiero que salvemos 
todos; yo digo: ¿Por qué la comisión no 
ha de admitir esas modificaciones, que 
son esenciales, en el proyecto del jefe, 
sin necesidad de que venga con este duro 
lenguaje a decirle: ¡no se aprueba el 
artículo 3 o del proyecto de Constitución! 
Yo habría dicho: el artículo 3 o del pro- 
yecto de Constitución, se aprueba con las 
modificaciones siguientes; y allí, señores 
diputados, redactar el artículo 3 o como lo 
ha entendido perfectamente bien el señor 
Calderón, que es uno de los representa- 
tivos -si es que aquí los tenemos-, del 
grupo de la derecha. 

El señor Calderón ha cambiado ideas 
con el que habla y ha convenido en que 
la modificación esencial está en poner en 
este artículo 3 o que el laicismo debe 
exigirse en las escuelas particulares y ha 



Artículo 3 261 



convenido conmigo en que en el artículo 
27 está lo demás. ¿Qué falta, entonces? 
falta una garantía para los liberales de la 
Cámara, para los liberales radicales de 
la Cámara, entre los cuales nos conta- 
mos la mayoría, y entonces ¿qué hay que 
hacer, si se desecha ese dictamen de la 
comisión? Vendrá a debate el artículo 
3 o con la modificación propuesta, y 
entonces podremos votar para completa 
garantía de la Cámara el artículo 3 o con 
el 27 en una sola votación: naturalmente 
que es criminal creer que si así se vota 
haya un solo representante que tuviera 
la desvergüenza de venir en esta tri- 
buna a pedir la modificación del artículo 
27 quitándole lo que se refiere a corpo- 
raciones religiosas... 

- El C. Calderón, interrumpiendo: Permí- 
tame, señor Palavicini que haga una 
aclaración. Precisamente esa es la gran 
desconfianza de la Cámara; que una vez 
aprobado el artículo 3 o se viniera a pedir 
la modificación del artículo 27 pro- 
puesto por el C. Primer Jefe y que 
después hubiera, por ejemplo, otro Nati- 
vidad Macías, o algún otro representante 
del partido clerical, que viniera a pedir 
que se modificara ese artículo. 

- El C. Palavicini, continuando: El señor 
general Calderón, señores diputados, 
acaba de hablar con la dureza más 
fuerte con que podría hablarse -natural- 



mente dentro de la forma-, contra el dic- 
tamen de la comisión. El señor Calderón 
acepta que, modificado el artículo 3 o pro- 
puesto por el C. Primer Jefe -no reprobarlo, 
porque no se puede reprobar, y aceptada 
la modificación de exigir el laicismo en las 
escuelas particulares-, la única sospecha 
que queda es que el artículo 27 no sea 
aceptado en su totalidad; y Yo entonces 
propongo allanar la discusión, diciendo: 
votemos juntos los artículos 3 o y 27. 
(Aplausos.) (Una voz: no se puede.) ¿Por 
qué no habría de poderse? ¿Quién lo 
impediría? 

No lo expliquéis; Yo escucharía con 
respeto si tenéis algún argumento serio 
para decir que no pueden votarse al 
mismo tiempo los artículos 3 o y 27; pero 
yo respondo que, de todo este lado de la 
asamblea (haciendo alusión a la extrema 
derecha), y de todo este lado también 
(haciendo alusión a la extrema izquierda), 
será difícil que haya un orador, uno solo, 
que venga a pediros una modificación 
restrictiva en el artículo 27 en todo su 
intenso radicalismo que le ha dado el 
C. Primer Jefe. Yo aseguro que no habrá 
aquí una voz que se levante, una sola voz 
que se levante en contra del artículo 27 y 
si hay alguna, yo seré el primero que se 
avergüence de ello. 

- El C. Martínez de Escobar, interrum- 
piendo: Permítame el señor Palavicini 



262 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



que le haga una aclaración; desearía, 
para que no se sorprenda al espíritu de la 
asamblea, que tuviera usted la fineza, y 
atentamente se lo suplico, de decirnos en 
qué sentido entiende usted ese artículo 
27 en la parte relativa al punto que está 
usted tratando. Yo voy a decirle a usted 
la objeción que en este momento se me 
ocurre y que sin duda alguna es perti- 
nente; claramente dice el artículo 27, señor 
ingeniero Palavicini: "Las instituciones 
de beneficencia pública y privadas para 
el auxilio de los necesitados, para..." 

- El C. Palavicini, interrumpiendo: No dice 
"para." 

- El C. Martínez Escobar, continuando: 
Aun cuando no tenga la palabra "para," 
estoy yo aclarando el concepto. Dice 
aquí: 

"Las instituciones de beneficencia pública 
o privada para el auxilio de los necesi- 
tados, la difusión de la enseñanza, la 
ayuda recíproca de los individuos que a 
ella pertenezcan o para cualquier otro 
objeto lícito, en ningún caso podrán estar 
bajo el patronato, dirección o administra- 
ción de corporaciones religiosas ni de los 
ministros de los cultos, y tendrán capaci- 
dad para adquirir bienes raíces, pero 
únicamente los que fueren indispensables 
y que se destinen de una manera directa e 



inmediata al objeto de las instituciones 
de que se trata. " 

Es que no podrán estar bajo el patronato 
de las corporaciones religiosas en todos 
los casos y, señor Palavicini, es una 
diferencia bastante grande; nada más se 
refiere a las instituciones de beneficen- 
cia y en todos estos casos y entre estos 
casos, están las instituciones de ense- 
ñanza e instituciones de beneficencia. 

- El C. Palavicini: Lamento, señor repre- 
sentante de Villa Hermosa, que su obser- 
vación no me convenza; yo me alegro de 
que la objeción haya sido hecha oportu- 
namente, porque de ese modo me da 
ocasión de aclarar un punto y llegar a una 
conclusión final. El señor Escobar se 
equivoca; la comisión dice que no admite 
que ninguna corporación enseñe, eso 
dice también el artículo 27; es cierto que 
la comisión tampoco quiere que ningún 
católico ni protestante enseñe, y en ese 
punto es en el que no estamos de acuerdo; 
yo vengo a sostener nada más que, en 
cuanto a forma, puede conservarse el pro- 
yecto del Primer Jefe con la modificación 
indicada, y que en cuanto al fondo, no le 
agrega más novedad el dictamen de esta 
comisión, que lo relativo a la enseñanza 
individual, lo inaceptable, porque enton- 
ces se acaba con esa garantía para las 
personas y no podría ningún católico dar 



Artículo 3 263 



clases de matemáticas, ni un protestante 
dar clases de inglés, que es sólo lo que 
debería enseñar. 

Dice así el artículo 27, señores dipu- 
tados: está preciso, claro, definido y no 
hay lugar a subterfugios. ¿Quiere el señor 
Martínez Escobar buscarme alguno? 
¿Puede concretarse más? Yo no encuentro 
la forma ni la manera, ni la frase que 
habría que agregársele. 



- El C. Nafarrete, interrumpiendo: En el 
artículo 3 o se asienta todo lo que el pueblo 
pide y en el artículo 27 se asienta que el 
Primer Jefe es el director de la política 
nacional en la parte que se refiere a las 
libertades que el pueblo necesita para 
poder equilibrar la política nacional. 
(Siseos.) 

- El C. Madrazo: Pido la palabra para una 
moción de orden, señor presidente. 



Dice así: "Las instituciones de benefi- 
cencia pública o privada para el auxilio 
de los necesitados, la difusión de la ense- 
ñanza, la ayuda recíproca de los indivi- 
duos que a ellas pertenezcan o para 
cualquier otro objeto lícito, en ningún 
caso podrán estar bajo el patronato, 
dirección o administración de corpora- 
ciones religiosas ni de los ministros de 
los cultos, y tendrán capacidad para 
adquirir bienes raíces, pero únicamente 
los que fueren indispensables y que se 
destinen de una manera directa e inmediata 
al objeto de las instituciones de que se 
trata." 

Nada más que el señor Martínez de 
Escobar agrega el "para." 

- El C. Martínez de Escobar, interrum- 
piendo: Señor Palavicini, eso es de 
sentido común. 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Madrazo. 

- El C. Madrazo: Yo suplicaría a su seño- 
ría se sirva exigir a los respetables com- 
pañeros, que soliciten la palabra antes de 
hablar, porque perdemos mucho el tiempo. 

- El C. presidente: Tiene mucha razón el 
C. Madrazo y, por tanto, suplico a los 
señores diputados se sirvan solicitar la 
palabra a la presidencia, e igual súplica 
hago a mi querido amigo el señor general 
Nafarrete. 

- El C. Aguirre: Yo siempre que hablo 
solicito la palabra. 

- El C. presidente: Acepto la explicación. 

- El C. Palavicini, continuando: Señores 
diputados: ya lo veis; no queda más 



264 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



recurso contra el argumento formidable 
de la razón, que modificar o alterar el 
texto del Primer Jefe; ya no puede haber 
otra razón que la de poner en el artículo 
27 la palabra que no tiene para poder 
mantener esa suspicacia, ese temor, ese 
miedo o pavor incomprensible en algu- 
nos miembros de la asamblea. El artículo 
sin el "para" y sin más palabras que las 
que tiene, es un artículo completo, voy a 
recordarle a su señoría que tuvimos un 
profesor de lengua castellana en el cole- 
gio, su hermano y el que habla; aquel pro- 
fesor sabía a maravilla el famoso ejemplo 
gramatical del "para" y decía: "Cuando 
lleguemos a Para, cochero para, para que 
la señora para." (Risas.) Aquí usted, 
señor, pone un "para" que no cabe en 
ninguno de los cuatro que acabo de citar. 
(Risas y aplausos.) 

Aquí, señores diputados, no existe el 
vocablo; existe un precepto definido y 
completo, y el señor general Calderón, 
que no es abogado -entiendo que no es 
abogado-; pero que es un hombre de 
honor, lo ha entendido con toda su clari- 
dad, pues esta Constitución no está escrita 
en términos anfibológicos y obscuros: 
esta Constitución está escrita con la 
mayor sencillez, y el señor Calderón dice: 
"el único temor que me queda -y yo 
respeto su temor, porque es explicable y 
justo-, el único temor que me queda, 



es que el artículo 27 después se trunque, 
quitándole esa parte de la enseñanza 
religiosa," y el señor general Calderón, 
si tiene esos temores, está en su derecho; 
pero no debe tenerlos: para disipar cual- 
quiera duda, yo propongo la solución 
diciendo: votemos los artículos juntos. 
(Voces: ¡no, no!) No hay ninguna razón 
que se oponga a ello; no hay ninguna 
razón lógica: yo, por lo mismo, digo, 
señores diputados, que el debate cientí- 
ficamente está agotado, jurídicamente 
está agotado, sociológicamente está ago- 
tado y no quedará ya en esta tribuna -es 
necesario decirlo de una vez -, no quedará 
aquí que discutir sino alusiones persona- 
les, hechos más o menos vagos y diser- 
taciones más o menos líricas contra los 
curas. 

Yo aplaudiré desde mi curul a todo el que 
injurie aquí a los curas; ya que yo no 
tengo la galanura de lenguaje ni el verso 
sonoro de Cravioto, aplaudiré esas inju- 
rias; pero no quedará nada que dilucidar 
respecto a la monstruosidad e inconse- 
cuencia literaria y jurídica de ese dicta- 
men; no quedaría nada que alegar en pro 
ni en contra; todo el mundo vendrá a decir 
aquí lo mismo que ya se ha dicho antes; 
este dictamen es absurdo, este dictamen 
no cabe en las garantías individuales; 
queda el artículo del jefe y debemos 
votarlo, a lo cual sólo se opondrán 



Artículo 3 265 



cuatro o cinco diputados que no quieren 
votar nada del proyecto del C. Primer 
Jefe. (Siseos.) He dicho cuatro a cinco, 
señores diputados, y si los señores que 
han siseado son cuatro o cinco, yo nos los 
califico, ellos se califican.(Aplausos.) 

En consecuencia, yo estoy convencido de 
que la comisión ha entendido estas 
razones, que en el proyecto del C. Primer 
Jefe todo estaba comprendido; falta única- 
mente modificar el artículo en lo que se 
refiere a la enseñanza laica y es necesario 
conservar íntegro, en toda su integridad 
radical, el artículo 27; si en ese punto 
estamos de acuerdo, yo os pido, señores 
diputados, que votéis contra ese dicta- 
men, para que pueda entonces la comi- 
sión presentar el artículo 3 o del C. Primer 
Jefe, con la modificación que ha que- 
rido el buen sentido liberal y radical de 
la asamblea y pueda votarse después el 
artículo 27 en su integridad. 

Señores diputados, habéis visto que yo 
no he venido nunca a esta tribuna con el 
propósito de ofender a nadie; cuando 
me defendí de alusiones personales, 
procuré ser lo menos agresivo posible, aun 
cuando se trataba de mi persona; nunca 
me he defendido, sino de los que me 
atacan; yo deseo hacer en la Cámara una 
labor sensata y juiciosa, ya que no la 



puedo hacer de talento, porque carezco 
de él; yo ofrezco que ninguna alusión 
personal sería contestada por mí, porque 
he resuelto que toda mi alforja cargada 
con las injurias que reciba en esta asam- 
blea, la he de volcar en el primer caño 
que encuentre en la calle, para que sigan 
su camino y vayan a su fin. (Aplausos.) 

Yo no deseo ofender a nadie; desde que 
hemos entrado en el terreno de las ideas, 
me habéis encontrado siempre y exclusi- 
vamente dedicado a discutir ideas; yo no 
he llegado ni siquiera a calificar a los 
grupos -que nunca han existido en reali- 
dad- ni he tratado de investigar si los 
diputados, en el fondo de sus concien- 
cias tienen este o aquel compromiso con 
ellos mismos o con ajenas personas; yo 
no quiero ver dentro del parlamento, más 
que hombres libres, conscientes y sensa- 
tos, es a ellos a quienes me dirijo y voy a 
hacer una súplica muy especial a los que 
consideren que no deben votar este 
artículo porque habló en su apoyo el 
licenciado Macías o porque no son simpa- 
tizadores del licenciado Rojas, o porque 
no tienen simpatías por mí; recordad, 
señores diputados, que nosotros somos 
un átomo pasajero, que lo que perdura 
allí está -señalando al cuerpo de taquí- 
grafos-; las patadas, los siseos y las ideas 
quedan grabadas en el Diario de los 



266 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Debates; eso es eterno, eso es para la 
historia, ante la cual todos tendremos que 
responder algún día. (Muchos aplausos.) 

Señores constituyentes liberales de 1916, 
cimentad definitivamente la libertad en 
nuestro suelo; que allí donde la liber- 
tad es firme y positiva, toda revolución 
es imposible, y en las sociedades domi- 
nadas por el despotismo de no importa 
qué interés o secta, brillan continuamente 
los relámpagos fulgurantes de la tempes- 
tad. No pretendáis, como los opresores 
católicos del siglo XIV, extinguir la 
libertad por las persecuciones y la muerte; 
esforzaos por mantener en alto la encen- 
dida antorcha, dejando que el pueblo 
escoja entre las sombras y la luz; yo os 
lo grito desde aquí; el pueblo escogerá la 
luz. (Aplausos.) 

- El C. Múgica: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Múgica. 

- El C. Múgica: Señores diputados ahora 
sí creo que hemos entrado en el terreno 
sereno de la discusión; ahora sí creo que 
podemos entendernos; ahora sí creo 
que el aliento sincero y patriota, único que 
efectivamente y de una manera indiscu- 



tible puede existir en la comisión, puede 
ser comprendido por esta asamblea, 
porque ya desaparecieron, ya pasaron al 
Diario de los Debates, a la historia de este 
Congreso Constituyente, las horas de la 
tarde de ayer y la tarde de hoy y, con ellas, 
los dicterios, las censuras y hasta las infa- 
mias que se ha pretendido arrojar sobre 
la comisión. 

Yo no quiero, señores, dejar pasar 
desapercibido todo lo que se dijo ayer: 
quisiera poder concretarlo en unas cuantas 
frases para refutarlo de la manera más enér- 
gica; pero, señores, esto es imposible, 
porque ni tengo el talento y la erudición 
suficiente para conseguirlo, ni podría 
tampoco analizarlo en toda su profundi- 
dad; sólo, sí, quiero expresar que hasta 
estos momentos en que acaba de hablar el 
señor Palavicini, creía que al votarse este 
proyecto de artículo 3 o del proyecto de 
Constitución, quedaría esta Cámara de una 
vez para siempre, hasta el final de su 
período, dividida en dos grupos de un 
grupo que iría obstinadamente contra 
la comisión y contra las ideas generales 
de la Cámara, y otro grupo que trabajaría 
ignorantemente, pero de una manera enér- 
gica, por el bien de la patria. Afortunada- 
mente, veo que la oposición ha acabado 
y que hoy, por boca del señor Palavicini, a 
quien una vez más hago justicia en esta 



Artículo 3 267 



representación, viene a proponernos entrar 
por el sendero de la serenidad para discu- 
tir el proyecto de la Constitución. 

Quiero analizar algunos de los puntos de 
las apreciaciones del señor Palavicini y 
rebatir algunos de los sofismas que ayer 
vertieron aquí los oradores del contra sin 
más fin que el de congratularse, segura- 
mente, con el Primer Jefe. (Aplausos.) 

El señor Palavicini nos ha dicho que es 
rudo el procedimiento de la comisión al 
decir: "se desecha de plano el proyecto 
del artículo 3 o presentado por el Primer 
Jefe." Efectivamente, señores, la comi- 
sión ha sido ruda, la comisión ha sido 
incorrecta, la comisión ha cometido quizá 
una falta de respeto muy grande a ese 
hombre que merece todos mis respetos, 
sí, señores; pero la comisión no lo ha 
hecho con el fin deliberado, con el propó- 
sito de aparecer ante el país como un 
dechado, como una flecha de radica- 
lismo; no, señores; la comisión lo ha 
hecho porque vio, porque sintió que 
no estaba allí; en ese proyecto, todo el 
radicalismo que necesita la Constitución 
para salvar al país; porque la comisión vio 
un peligro inminente, porque se entre- 
gaba el derecho de las masas y porque se 
le entregaba, señores, algo más sagrado, 
algo de que nos podemos disponer; la 



conciencia del niño, la conciencia inerme 
del adolescente. (Aplausos.) 

De allí, señores, de esa impresión profun- 
damente sentida en el alma de los radi- 
cales que están en la comisión, surgieron 
todas las otras faltas de respeto, todos los 
rebosamientos de jacobinos. 

Muy bien, señores diputados, quiero que 
la Cámara confiese, quiero que queden 
aquí inscritas para toda una vida, estas 
palabras mías en que confieso que muy 
bien pudimos haber cometido errores; 
pero que si los hemos cometido, no ha 
sido con el deliberado propósito de 
ofender, porque no queremos ofender 
al hombre que respetamos y queremos, al 
hombre que venimos siguiendo desde 
el primer día que puso su planta en este 
calvario glorioso; no queremos tampoco 
decir al país; aquí estamos nosotros que 
somos sus defensores más acérrimos, 
porque entonces, señores, no seguiría- 
mos el papel de modestia que no hemos 
trazado desde el primer día que veni- 
mos a esta gloriosa revolución. Consten, 
pues, señores, en este punto, mis ideas, las 
ideas de la comisión expresadas por mi 
conducto. 

Voy al segundo punto, a la imputación 
de jacobinos. La hacen consistir en dos 



268 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



cosas: en que la comisión propone que 
no se permita que las escuelas funcionen 
bajo el patronato de las instituciones 
religiosas, que no se rijan por algunos de 
los miembros de esas instituciones reli- 
giosas, ni se imparta enseñanza por 
ellos; y la segunda parte, que tampoco se 
permita a ningún miembro de alguna 
corporación religiosa impartir esas ense- 
ñanzas en las escuelas privadas. Señores 
diputados, yo creo que si en la segunda 
parte de ese dictamen no tenemos absolu- 
tamente razón, porque es verdad que 
un profesor de matemáticas puede encon- 
trarse muy distinguido en esos estable- 
cimientos religiosos y le quitamos la 
enseñanza, o más bien dicho, le quitamos 
a la niñez ese profesor que puede difundir 
esa enseñanza, estamos justificados, pues 
aun cuando a primera vista no ofrece 
ningún peligro, yo creo que sí ofrece algún 
peligro; creo con el temor que tengo, 
porque he vivido entre clérigos, que este 
individuo, siendo protestante o católico, 
aprovechará la más mínima oportunidad 
para infiltrar sus ideas malditas; pero, 
señores, está remoto, muy remoto ese 
peligro y acepto que en ese sentido hemos 
sido demasiado exigentes y vengo a 
proponeros una cosa: quitemos, señores, 
de este proyecto esa parte, esa proposi- 
ción; borrémosla de allí para poderlo 
aprobar sin ningún escrúpulo; no estoy 



conforme en lo otro, y no estoy confor- 
me, porque no veo en el artículo 27 toda 
la claridad; puedo estar conforme en que 
en este lugar, en que el artículo 3 o , no 
sea propiamente el lugar de esas restric- 
ciones; en eso estoy conforme, porque no 
soy perito en derecho constitucional, 
porque puedo cometer errores por mi 
ignorancia, que tengo el valor suficiente 
de confesar; pero, señores, no estoy con- 
forme de ninguna manera en que la restric- 
ción no se asiente, ya sea en el artículo 
3 o o en el artículo 27, porque allí sí existe 
el verdadero peligro. (Aplausos.) 

No se diga, señores, como ayer se pre- 
tendió decir aquí, que este es también 
jacobinismo, y si es jacobinismo, es 
un jacobinismo bien desnudo; la inteli- 
gencia de los niños es sagrada; nadie tiene 
derecho a tocarla; puede ser que ni los 
padres mismos tengan derecho de impo- 
ner a sus hijos creencias determinadas, y 
este es el momento en que yo me siento 
consecuente con esos principios, pues 
mis hijos, señores, no reciben ninguna 
enseñanza de creencias definidas. Señores, 
¿nos vamos a entregar al clero? ¿Quién 
es el clero? No quiero hacer la apología 
de ese cuerpo, porque me reservo a hacerlo 
documentado más adelante, cuando 
hablemos de la independencia de ese 
poder, que se llama la iglesia, para 



Artículo 3 269 



cuando hablemos de ese poder extraño 
dentro de otro poder que debe ser sobe- 
rano en nuestra república: el poder civil. 

¿Estáis, pues, conformes, señores dipu- 
tados de este lado? (dirigiéndose a los de 
la extrema derecha) ¿Estáis, pues, confor- 
mes, señores diputados de toda la repú- 
blica, señores representantes del pueblo 
mexicano, en que no hay en estas ideas 
un fanatismo sectario, sino salvadoras para 
la república? Os propongo que nos permi- 
táis retirar el dictamen, que quitemos de 
ese dictamen esas palabras que escuecen 
y, con esa modificación, se ponga a la 
consideración de esta Cámara para que 
sea votado; y entonces creo que habremos 
salvado a la república y puesto la piedra 
más formidable del edificio futuro de este 
pueblo, que tiene derecho a ser grande. 
(Aplausos.) 

- El C. Palavicini: Pido la palabra, señor 
presidente. 



dicho, aunque causara hilaridad, el abo- 
gado indígena de Oaxaca, los hombres 
que se han forjado a golpes de corazón, 
entienden la razón y están siempre dis- 
puestos a ponerse en ella, y al aplaudir 
nosotros el propósito de la comisión y al 
celebrarlo en nombre de la patria, aseguro 
al señor general Múgica que, en el 
terreno más radical en que él esté, en 
el terreno más radical que él ocupe y 
busque en las ideas liberales, encontrará 
indudablemente al que habla, así como a 
todos los amigos del Primer jefe que hay 
en esta asamblea; pero el señor general 
Múgica insiste en sostener ya una 
cuestión de mera fórmula. ¿Por qué, 
señores diputados, si estamos todos de 
acuerdo en el fondo, por qué insistimos 
en una redacción que él mismo ha confe- 
sado que está dispuesto a que exista en 
no importa qué parte de la Constitu- 
ción? ¿Para qué exigir entonces, señores 
diputados, que se conserve esa forma del 
dictamen, que no cabe dentro del artículo 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Palavicini. 

- El C. Palavicini: Señor general Múgica, 
señores miembros de la comisión: la repú- 
blica enseña hoy, enseñanza muy alto, 
que los hombres que se forjaron en la 
lucha de la guerra constitucionalista, los 
hombres que se han modelado, como ha 



El señor Múgica está conforme, como lo 
ha manifestado, en que se necesita esta- 
blecer de un modo preciso y concreto la 
prohibición, más adelante, y cree que 
puede ser en el artículo 27: él es el presi- 
dente de la comisión; la comisión tiene 
en sus manos el artículo 27; todavía no 
lo ha presentado a debate y, si todavía él 



270 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



quiere, en el artículo 27 puede poner una 
forma más precisa, pues está en sus 
manos hacerlo. Lo que yo sostengo, 
señores diputados, es que no hay nece- 
sidad de aprobar este artículo con su 
redacción; que podemos conservar la 
forma y el principio liberal del 57 tal 
como lo ha presentado el Primer Jefe, con 
la modificación que hará la comisión al 
presentarlo poniendo laicas las escuelas 
particulares; y yo propongo al general 
Múgica, ya que no se trata sino de una 
cuestión de forma, que retire su dictamen 
y que presente a la asamblea después el 
artículo 3 o , de acuerdo exactamente con 
las ideas del jefe, más las de la asamblea, 
agregando la palabra laica en donde quepa 
y en donde corresponda y que, cuando 
presente el artículo 27, lo modifique de 
la manera que él crea más conveniente, 
para que sea más preciso, si es que como 
está no es preciso. 



Múgica que retire su dictamen y que 
presente el artículo 3 o del jefe, diciendo: 
"Se aprueba el artículo del Primer Jefe 
con las modificaciones que siguen: 
"Artículo 3 o " -aquí las modificaciones que 
establezca el mismo-. Señores diputados: 
hemos llegado al fin de una jornada 
penosa y desagradable y el señor Múgica 
dice bien al creer que ayer tarde las pasio- 
nes se exaltaron y las divisiones se 
profundizaron en esta asamblea; y yo 
celebro que nos encontramos en un terreno 
en que nos hallarán siempre, porque las 
excitaciones de tribuna deben ser olvi- 
dadas; y ahora, que todos unidos y 
conscientes hagamos una obra revolu- 
cionaria de verdad, que no sea de pala- 
bras, sino que quede escrita para siempre 
en los preceptos de la carta magna. 

- El C. Ibarra: Pido la palabra, señor 
presidente. 



Yo creo, señores diputados, y honrada- 
mente anticipo este pensamiento, que 
el artículo 27 es exacto, es concreto y es 
preciso, y si el señor general Múgica 
al leerlo y al presentarlo después con su 
dictamen, encuentra que todavía puede 
precisarlo más, yo votaré con el señor 
general Múgica el artículo 27: esta es la 
cuestión; y yo propongo al señor general 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Ibarra. 

- El C. Ibarra: El señor Palavicini ha seña- 
lado un grave peligro: la conquista 
mexicana por medio de los ministros 
protestantes; y como el señor Palavicini, 
siendo ministro de instrucción pública, 
firmó algunos nombramientos a favor de 



Artículos 271 



sacerdotes protestantes, yo le suplico 
que, si puede, se sirva indicarnos el modo 
de combatir ese peligro. 

- El C. Palavicini: En este momento se 
está tratando de un asunto más grave; pero 
cuando termine el debate dejaré satis- 
fecho a mi distinguido colega el señor 
Ibarra. 

- El C. Múgica: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Múgica. 

- El C. Múgica: En el arrebato de mi 
palabra olvidé proponer más claramente 
mi pensamiento, aunque ya lo había dicho 
en el curso de mi peroración. Estoy con- 
forme en hacer las modificaciones al 
artículo del Primer Jefe en el sentido 
sobre el cual nos hemos puesto de 
acuerdo y estoy de acuerdo también, si hay 
una promesa formal por parte del grupo 
contrario, en retirar del artículo 3 o la parte 
última y ponerla con la debida claridad 
en el artículo 27, si cabe, o donde piense 
la asamblea, si es que no cabe en el artículo 
27, porque creo que ese va a ser el punto a 
debate, supuesto que en este sentido no 
hay uniformidad absolutamente en la 
asamblea. 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Palavicini. 

- El C. Palavicini: Señores diputados, es 
por esto que yo propongo que se retire 
el dictamen, porque presentado el artículo 
3 o con la modificación que indica el señor 
general Múgica, no queda a discusión 
sino el artículo 27, en el cual, ajuicio de 
todos los miembros de la asamblea, caben 
y están allí las resoluciones; pero yo 
agrego que sí es preciso definirlo, acla- 
rarlo o concretarlo. ¿En manos de quién 
está ese remedio? Está en manos del 
distinguido señor que ocupa la tribuna, 
en manos de la comisión; yo digo que 
si en ese sentido puede precisarse más el 
concepto del jefe, yo acepto que se haga 
así y lo aceptamos todas las personas 
que quieren ayudar prácticamente a que 
se haga una buena labor en esta asam- 
blea. De modo que estoy conforme con 
lo que propone el señor general Múgica 
en todas sus partes: yo no puedo decir 
que esa redacción que se quita de allí 
se agregue en el artículo 27. ¿Quieren que 
exista la taxativa? Muy bien, para eso es 
preciso concretarlo y está en manos de 
su señoría hacerlo. 

- El C. Múgica: Esa es la aclaración que 
yo deseaba hacer, para que la asamblea 
pueda resolver sobre este particular. 



- El C. Palavicini: Pido la palabra, señor . El C. secretario: La secretaría pregunta 
presidente. a \ a asamblea si se toma en considera- 



272 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



ción la proposición del C. presidente de 
la comisión dictaminadora. (Voces: 
¿De qué se trata?) De que se permita a la 
comisión retirar su dictamen para presen- 
tarlo modificado. 

- El C. Jara: La pregunta debe ser si la 
asamblea consiente en que retire o no 
el dictamen. 

- El C. secretario: La secretaría consulta 
a la asamblea si se concede o no permiso 
a la comisión. (Voces: ¡No, es esa la 
forma!) 

- El C. Palavicini: La pregunta correcta 
es como la había indicado el distinguido 
señor diputado Jara. 

- El C. secretario: La presidencia consulta 
si la asamblea permite a la comisión 
cambiar su dictamen. - Los que estén por 
la afirmativa, que se sirvan poner de pie. 

- Sí se le permite. 

La presidencia declara que mañana se 
continuará la sesión, para continuar 
también la discusión del artículo 3 o a las 
cuatro de la tarde. 



15° Sesión Ordinaria 16/12/16 
Dictamen 16/12/16 

- Un C. secretario da lectura al dictamen 
de la comisión sobre el artículo 3 o : 

"Art. 3°.- La enseñanza es libre; pero será 
laica la que se dé en los establecimientos 
oficiales de educación, lo mismo que la 
enseñanza primaria, elemental y superior 
que se imparta en los establecimientos 
particulares. 

"Ninguna corporación religiosa ni minis- 
tro de ningún culto podrán establecer o 
dirigir escuelas de instrucción primaria. 
"Las escuelas primarias particulares sólo 
podrán establecerse sujetándose a la 
vigilancia oficial. 

"En los establecimientos oficiales se 
impartirá gratuitamente la enseñanza 
primaria. " 

Esta a discusión. 

Debate 

- El. C. Rojas: Pido la palabra para una 
moción de orden, señor presidente. 



- El C. presidente, a las 7.20 p.m. 
Se levanta la sesión. 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
ciudadano Rojas. 



Artículo 3 273 



- El C. Rojas: Señor presidente: Yo creo 
que este dictamen reformado debe seguir 
la regla general de todos los dictámenes, 
es decir, dar tiempo para que todos los 
señores diputados se informen perfec- 
tamente del espíritu de la ley y de las 
modificaciones que se hagan, porque si 
no, parece que se va a tomar por sor- 
presa a la Asamblea; de suerte que, si se 
ha reformado el dictamen relativo al 
artículo 3 o , estas modificaciones nece- 
sitan otro estudio de manera que nada se 
perdería con aplazar la discusión para 
mañana; estamos dentro de la ley. 

- El C. Palavicini: Pido la palabra, señor 
presidente, para una moción de orden. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
ciudadano diputado Palavicini. 

- El C. Palavicini: La tesis que sostiene 
el señor diputado Rojas es exacta; 
desde el momento que se trata de un 
nuevo dictamen, tiene que sujetarse a los 
trámites adoptados para los artículos que 
se objetan; pero no encuentro ninguna 
razón ni política ni social, ni de oportu- 
nidad, para demorar la discusión del 
dictamen. Yo estimo mucho la opinión 
del señor licenciado Luis Manuel Rojas; 
pero yo voy a decir ahora en esta tribuna, 
a este respecto, todo lo que es preciso 



decir en cuanto a este asunto grave y 
tascendental que se está ventilando. 

Yo no tengo ningún temor en que ese 
dictamen se discuta desde luego en el 
Congreso; yo no tengo miedo que desde 
luego se proceda a la votación; yo hice 
un pacto público aquí con la Comisión 
y no tengo ningún temor para ir a la 
tribuna para hacer pública esa traición 
hecha por la Comisión al pacto público 
que hicimos aquí antes de ayer en la 
Asamblea. 

- El C. calderón: No estraición, somos 
honrados. 

- El C. Palavicini: Me refiero a los de la 
Comisión. 

- El C. Martínez de Escobar: ¡Fuera los 
reaccionarios de esta Cámara! 

- Un C. secretario: La Presidencia pre- 
gunta a la Asamblea si se toma en 
consideración la moción de orden hecha 
por el ciudadano diputado Rojas. Las per- 
sonas que estén por la afirmativa que se 
sirvan poner de pie. (Una voz: ¿Afirma- 
tiva de qué?) Afirmativa de que se aplace 
la discusión del dictamen. Desechada la 
moción de orden, subsiste el trámite. 
Las personas que deseen hacer uso de la 



274 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



palabra pueden pasar a inscribirse en 
pro y en contra. 

- El C. presidente: Señores diputados: 
El artículo que se va a discutir, segura- 
mente que es de los de más trascendencia 
de los que encontraremos dentro del 
proyecto de Constitución, y yo exhorto 
al patriotismo y al buen juicio de todos 
ustedes para que, al venir a la tribuna, lo 
hagan con toda serenidad y tomen en 
consideración la aflictiva situación por 
que atraviesa nuestra patria. 

- Un C. secretario: El artículo 106 del 
Reglamento, dice: "Siempre que al prin- 
cipio de la discusión lo pida algún 
individuo de la Cámara, la Comisión 
Dictaminadora deberá explicar los fun- 
damentos de su dictamen y aun leer 
constancias del expediente si fuese 
necesario; acto continuo, seguirá el 
debate". 

En tal virtud, tiene la palabra la Comisión. 

- El C. Múgica: Señores diputados: la 
comisión cumple con informar a ustedes 
sobre las razones que ha tenido para pre- 
sentar el dictamen en la forma en que lo 
ha hecho. La comisión tiene el deber de 
manifestarse serena, aunque no tenga una 
epidermis curtida para aguantar los 
banderillazos destemplados que se le diri- 



jan y por eso, al tomar la palabra para 
informar a ustedes sobre las razones que 
tuvo en cuenta para presentar en esta 
forma el dictamen, no quiero tocar los 
destemplados gritos del señor Palavicini, 
sino que me reservo para cuando sea más 
oportuno contestar. En la sesión de antes 
de ayer, el sentido de la discusión fue éste: 
que el proyecto que toda la Cámara estaba 
conforme en aceptar, era el que contu- 
viera los principios fundamentales del 
dictamen, es decir, en aceptar la ense- 
ñanza laica, tanto en las escuelas particu- 
lares como en las oficiales de instrucción 
primaria elemental y secundaria, con las 
restricciones que la comisión estableció; 
que no es más que el precepto que define 
la verdadera libertad de enseñanza y la 
cual debería acomodarse en el artículo 
27 o en otro lugar de la Constitución, 
donde cupiera. Que la comisión retiraría 
el concepto de que ninguna persona perte- 
neciente a ninguna asociación religiosa 
pudiese impartir la enseñanza en alguna 
escuela: bajo estos puntos, bajo estas 
reglas, la comisión empezó a trabajar con 
todo empeño y con toda honradez; ha 
escuchado las razones aducidas por el 
señor Palavicini, ha escuchado todas sus 
argumentaciones, y antes de manifestar 
al señor Palavicini en qué sentido se ha 
formulado el dictamen, consultó a otro 
grupo de la Cámara, en cuya asamblea 
privada estuvieron personas aun de las 



Artículo 3 275 



que no estaban conformes en aprobar el 
dictamen. Del debate que se iniciara 
anoche en el salón de la escuela de bellas 
artes, se dijo que esas llamadas restriccio- 
nes no cabían absolutamente en ningún 
artículo de la Constitución, porque si la 
razón que se ha aducido era precisamente 
seguir la ideología que debe tener la 
Constitución, es en el artículo 3 o donde con 
todo fundamento lógico debería tener 
cabida esa restricción. Ese es todo el 
motivo y todas las razones que la comi- 
sión ha tenido para volver a presentar el 
dictamen en la forma como lo ha hecho. 

Con respecto a las ideas, cuando éstas 
sean impugnadas, o con respecto al 
medio, cuando también lo sea, tendrá 
la comisión el derecho de sostener el 
dictamen. 

- El C. Rojas: Pido la palabra C. 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Rojas. 

- El C. Rojas: Señores diputados: los ata- 
ques políticos con que yo abrí el debate 
de la sesión del miércoles, para combatir 
el dictamen de la comisión, sobre el 
artículo 3 o , son el objeto de alusiones 
personales y apreciaciones inexactas, que 
naturalmente he tenido el deseo de recti- 



ficar ese mismo día, pero por circuns- 
tancias de que se reformó el reglamento 
en un sentido que todavía no interpre- 
tamos debidamente, ha resultado que no 
he tenido derecho de hacer explicaciones, 
sino hasta el fin del debate. De manera 
que aprovecho hoy la ocasión de que se 
vuelve a poner a debate el mismo artículo, 
para hacer, a la vez, aclaraciones sobre 
los puntos a que me refiero, como 
también para hacer apreciaciones que se 
me ocurren, en vista del dictamen que 
se ha presentado en esta nueva forma. 

Debo advertir a ustedes que soy un 
periodista de muchos años atrás y hasta 
cierto punto también me considero ya 
veterano en los azares de la vida polí- 
tica; de manera que tengo la piel dura de 
que nos hablaba el señor Múgica, y segu- 
ramente que no me preocuparía por tales 
apreciaciones, a no ser por la circuns- 
tancia de que últimamente recibí el honor 
de ser presidente de esta honorable 
Cámara. En esa virtud, me considero en 
el deber de justificar cuanto sea posible 
mis hechos, sobre todo, cuando tales o 
cuales actos del diputado Rojas y no del 
presidente, pueden ser estimados en 
alguna forma que no convenga al presi- 
dente de la Cámara de Diputados. 

El señor general Múgica, mi buen amigo, 
a quien estimo y aprecio, lo mismo que 



276 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



el señor doctor Román, a quien he cono- 
cido últimamente y en quien reconozco 
desde luego un hombre de talento, ilus- 
trado y de buena fe, son los que princi- 
palmente han calificado mi actitud y mis 
ideas en la forma menos justificada. Por 
esa razón, yo no merezco ataques perso- 
nales, desde el momento en que pro- 
curé, en la sesión pasada, distinguir 
completamente a las personas del texto 
y forma del dictamen. Si mis juicios 
fueron severos sobre el dictamen, era 
porque es necesario remarcar precisa- 
mente las significaciones de las ideas, 
en los momentos críticos de la política; y 
si yo me referí en ese debate a ciertos 
hechos de los prohombres de la política, 
es porque tengo la creencia de que la 
política está siempre íntimamente relacio- 
nada con los debates de este Congreso, 
en perjuicio de ellos, y porque deseo que 
la Cámara haga el esfuerzo de prescindir 
de esta consideración y reducirse al estu- 
dio enteramente técnico de las cuestiones, 
buscando la manera de que tanto entre 
nosotros, como en el exterior, se llegue 
al convencimiento de que la obra de la 
Constitución nos interesa por igual a 
todos los mexicanos; que tantas ven- 
tajas tienen los señores diputados de 
la izquierda como los de la derecha y la 
república entera en que la Constitución 
se vote a la mayor brevedad: esto está en 
la conciencia de todos. 



Una vez votada la Constitución, entonces 
los partidos están en su derecho de tomar 
el camino que les corresponde u optar por 
la división de partidos. Antes, no porque 
es casi comprometer la tranquilidad en 
una forma que parece inminente y quizá 
hasta llevarnos a consecuencias graves, 
con las relaciones exteriores. Estas consi- 
deraciones me obligan a significar a 
ustedes, señores, que vamos a estar 
unidos hasta la historia; todos vamos a 
firmar la Constitución; seremos una 
entidad ante las generaciones futuras. 
¿Por qué no nos guardamos, pues, un 
poco de más confianza? A ello vienen 
encaminados los ataques de la sesión 
pasada, porque yo creo precisamente que 
los prejuicios y hechos aislados que la 
gente interpreta a su modo, es lo que 
ha inducido a la división de grupos. 
Porque, vamos a ver, señores, pónganse 
ustedes a considerar la situación, ¿qué 
dirán los que lean la prensa? ¿Qué dirán 
de la Cámara desde un punto de vista dis- 
tante de este recinto? ¿En la misma 
capital de la república, qué se dirá y qué 
juicio se formaría de los acontecimientos 
un hombre imparcial que esté en aque- 
llos lugares? 

Aquí, desde los preparativos, damos en 
qué pensar a las personas. Los prepara- 
tivos son muy especiales. El Primer Jefe 
tiene la atingencia muy digna de cele- 



Artículo 3 277 



brarse, de organizar un proyecto de 
Constitución con el objeto de que sirva 
de esqueleto y se vista con la opinión de 
gente ilustrada, como una resultante 
de todas las tendencias, de todas las ideas 
que están representadas en este Congreso, 
única manera de que la Constitución 
resulte como una arma y una garantía 
para la paz, porque ese será su resultado. 
Si la Constitución saliera a gusto del Pri- 
mer Jefe o de cualquier hombre, no 
satisfaría a la totalidad de la Cámara. 
Para que la Constitución sea aceptada, 
necesita que los blancos obtengan 
manera de dejar huella en la Constitu- 
ción en muchos puntos; que los rojos 
hagan otro tanto en otros puntos, y que 
los independientes o aislados obtengan 
el mismo resultado: entonces todos esta- 
rán conformes con el conjunto, porque 
saben que lo que no obtuvieron en una 
parte, lo ganaron en otra; y es la única 
manera de que se llegue a un resultado 
práctico. 

Por esa razón, yo me preocupé de signi- 
ficar en la sesión anterior, cuando estaba 
presente el ciudadano Primer Jefe, que 
nosotros teníamos libertad para hacer 
modificaciones al proyecto de Constitu- 
ción y que eso lo esperaba el Primer Jefe, 
que precisamente lo había dicho en una 
de sus famosas leyes que ha proclamado 
últimamente, sobre todo, en la convo- 



catoria que hizo al Congreso Constitu- 
yente y en la que hizo modificaciones a 
las adiciones de Veracruz. Dijo con toda 
claridad que su obra sería completada y 
coronada por los conocimientos y patrio- 
tismo de los diputados al Congreso 
Constituyente. Porque la verdad es que 
había escrúpulos en algunos diputados 
de cuál debía de ser su papel de carran- 
cistas, o más que de carrancistas, de 
adictos al Primer Jefe; y todavía había 
un grupo más obligado, que era aquel 
que había cooperado a dar cuerpo y cierta 
forma al pensamiento jurídico del Jefe. 
Muchas pensaron que éstos estaban obli- 
gados a aceptar sin modificaciones las 
ideas del jefe, y en relación, por enér- 
gicas, casi todos creían en la obligación 
de hacer lo que dice el jefe. 

Yo creí oportuno decir la tarde en que 
estuvo presente el señor Carranza, que él 
era un hombre de vasto talento y magní- 
fico criterio, para comprender que la obra 
más perfecta que salga de hombres, es, 
siendo así, susceptible de perfeccionarse. 
Y era lógico que nosotros obrásemos en 
buen sentido, para que esas modificacio- 
nes den buen resultado. 

Cuando se hizo la Constitución de 57, 
siguió la guerra de tres años porque esa 
Constitución no satisfizo a los liberales, 
ni satisfizo a los conservadores. Todo 



278 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



el mundo se pronunció contra ella y 
siguió el conflicto de la guerra en el país. 
La nueva Constitución no satisfizo a 
nadie, ni a Comonfort ni a nadie. Eso es 
precisamente lo que se trata de evitar 
en esta ocasión. 

Había dicho también a un grupo de dipu- 
tados que se había venido reuniendo en 
la academia de bellas artes, este con- 
cepto, y les dije sinceramente: señores, 
si nosotros hemos venido a llenar una 
mera fórmula, a baj ar siempre la cabeza y 
a aprobar el proyecto, yo no hubiera 
aceptado venir a este Congreso, porque 
ese proceder sería indigno e indecoroso 
de los diputados, del Primer Jefe y de la 
república entera. Estoy interesado, como 
los demás, en que esa Constitución sea 
mejorada por la obra colectiva de voso- 
tros. Lo único que reclamé en el fondo la 
vez anterior, era la forma en que se pre- 
sentó el proyecto, porque era, a mi 
juicio, una equivocación muy grande, que 
presentó la ventaja de poder llamar la 
atención sobre ella, y que evite inconve- 
nientes para lo sucesivo, porque a todo 
el mundo se le ocurre este hecho signifi- 
cativo. Si la comisión ha de venir, cada 
vez que crea necesario mejorar el pen- 
samiento del jefe, a darle un golpe polí- 
tico, pues, francamente, acabamos por 
tirar al jefe del puesto en que está. Esta- 
mos en una democracia, estamos en 



vísperas de elecciones; si el país dice que 
el jefe no responde al puesto que tiene, 
pues naturalmente que perderá el afecto 
y dirá que venga el que interprete debida- 
mente el pensamiento de la república. 

De manera que la dificultad ha sido no en 
el fondo, y yo voy a hacer hincapié en lo 
siguiente: La Cámara sabe perfectamente 
que, en un principio, tuve el honor de ser 
de aquellos a quienes el jefe dio sus 
primeras ideas para ayudarle en el trabajo 
de traducir en forma jurídica los pen- 
samientos del constitucionalismo. En cum- 
plimiento de esta comisión, fui el que 
tuvo la casualidad de formular el artículo 
3 o en una forma original, que expresaba 
exactamente el pensamiento del jefe 
sobre el particular. Esa forma no es, en 
manera alguna, distinta de la que pretende 
el partido radical y que propiamente debe 
llamarse jacobino. 

Nadie debe asustarse de nombres que 
están consagrados por la historia. El grupo 
jacobino pretende cambiar el artículo 3 o 
en una forma especial, correspondiente 
a una forma que yo le había dado en el 
anteproyecto y también le dio el señor 
Macías. Después, el ciudadano Primer 
Jefe nos hizo observaciones de tal natura- 
leza importantes, que francamente convi- 
nimos en que tenía razón y era mucho 
más prudente dejar el artículo anterior en 



Artículo 3 279 



la forma que presenta el proyecto origi- 
nal, aun cuando teníamos el proyecto de 
dejar los mismos recursos que preten- 
dimos consignar en el artículo original, 
en otra parte. Por eso incluimos en el 
artículo 27 lo relativo a instrucción y 
en el 109, algo relacionado al clero, 
porque había razón para hacerlo. En el 
artículo 27 no se trata sólo de la ense- 
ñanza: se trata también de todas las 
instituciones de beneficencia pública, y 
en el ciento y tantos, que no recuerdo, se 
consignan las reformas. 

Ahora verán ustedes qué importancia 
tiene que esas reformas se consignen en 
una parte o en otra, si la fuerza de los 
artículos constitucionales en una parte o 
en otra, es la misma. Parece hasta cues- 
tión pueril que nos vayamos a disgustar 
porque se consigne en un lugar lo que 
puede, indistintamente, quedar en otro; 
hay una razón de peso: esas restricciones 
al clero en el artículo 27 o en el 109, no 
causan ningún escándalo, ni traen nin- 
guna consecuencia política; están dentro 
del marco de las Leyes de Reforma; las 
Leyes de Reforma están hechas hace 
cuarenta años y están sancionadas y acepta- 
das por las constituciones de otros países. 
Allí cualquiera cosa que se dice parece 
que es una consecuencia natural de lo que 
se ganó con la fuerza de las armas, 
desde tiempos de Benito Juárez. Mien- 



tras que, desde el punto de vista puramente 
teórico, parece que es una cosa nueva, 
absolutamente distinta, que persigue 
efectos diferentes. Es la verdadera razón 
por qué nos oponemos; pero yo soy de 
opinión, ya lo dije en la sesión pasada, 
de que un cierto jacobinismo es necesario; 
el dominio del clero es preponderante. 
De consiguiente, yo, en principio, estoy 
enteramente de acuerdo, lo mismo que 
mis amigos; hemos hecho todo lo posi- 
ble porque no se perdiera el propósito de 
poner restricciones a la enseñanza; sin 
embargo, hemos procurado ponerlas en 
un lugar donde no causen perjuicio. 

También quisimos ser más propios en la 
redacción de la Constitución. Por eso 
muchas personas se encuentran con que 
faltan muchas circunstancias especiales 
en el artículo. Así, por ejemplo, lo que se 
refiere a la enseñanza obligatoria, todo 
el mundo nota que en el artículo 9 o ya 
no se hablaba de esa enseñanza, punto 
ganado desde la época de la Reforma. 

Pues bien, señores, nosotros lo hemos 
consignado en el artículo 31, porque es 
importante ponerlo en el capítulo de 
garantías individuales; nosotros decimos 
que las garantías individuales son por 
excelencia las restricciones que se ponen 
al poder público en favor de los indivi- 
duos, y esas restricciones, para que sean 



280 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



efectivas, se garantizan de una manera 
especial con el amparo. De manera que 
cuando se contrae la obligación de ir a la 
escuela desde los siete años, es como 
el servicio en el ejército, como la obliga- 
ción de trabajar o ser considerado como 
vago, como otras tantas; es enteramente 
salimos de la materia; se puede poner 
en otro lugar, sin inconveniente. Allí sí 
tendrá inconveniente, porque mañana 
vendrá la suprema corte y no sabrá cómo 
aplicar el juicio de amparo. Aquí está 
considerado como garantías para otros 
hombres y no para el poder público. 

Por esta razón, cuando una persona viola 
un precepto legal, por ejemplo, el que 
prohibe la venta de alcoholes, ¡pues, 
hombre!, se va con el comisario, con la 
policía, con el gobernador, con el alcalde 
o el presidente municipal, con cualquiera 
autoridad, y se queja de la infracción y 
todo el mundo la atiende; basta que un 
hombre lo diga para que se corrija; hasta 
se puede hacer uso de la prensa. Por esa 
razón el juicio de amparo es para restrin- 
gir; se usa de una manera más propia 
cuando se trata de limitar el abuso de la 
autoridad. Si se exigieren las garantías 
individuales, entonces resulta que por 
propia naturaleza el amparo es menos 
eficaz. De manera que, por los dos aspec- 
tos, se comete un error en poner en un 
artículo lo que está mejor en otro. 



El señor Palavicini viene ahora suma- 
mente exaltado; deben dispensarlo; es un 
hombre bueno, honrado, inteligente, pero 
nervioso. (Voces: ¡No, no, no!) Señores, 
yo lo digo: si no lo fuera, no lo llamaría 
mi amigo; le conozco hace muchos años 
y sé que lo que digo es exacto; pero viene 
exaltado, porque cree que celebró un pacto 
ante ustedes anteanoche, con el cual 
convinimos y ahora se encuentra con qué 
está cambiando el fruto de la comisión, 
contra las esperanzas que abrigábamos. 

El señor Palavicini tiene razón, porque, 
efectivamente, el dictamen, tal como 
lo presenta la comisión, no responde al 
espíritu de la Cámara, cuando se mandó 
suspender la discusión del artículo 3 o para 
presentarlo en nueva forma. Yo fui preci- 
samente quien presentó la solución que 
a mi juicio habría de llevar a un feliz 
acuerdo a la discusión del artículo 3 o 
Me costó mis dos noches de insomnio, 
pero estaba yo muy contento al consi- 
derar que con este artículo se salvaría 
el escollo donde iba a fracasar el tra- 
bajo, la labor parlamentaria del Congreso 
Constituyente, pues yo pensaba que 
podíamos estar en víspera de todo con- 
flicto armado. 

Precisamente la solución fue la que pre- 
sentó el señor Palavicini un día después; 
pero entonces la Cámara tuvo el buen 



Artículos 281 



juicio de aceptar; pero eso no responde 
absolutamente al dictamen presentado 
ahora, porque se vuelve a consignar en 
el dictamen lo que está en otro lugar. Dice 
ahora la comisión que el artículo 27 no 
es exactamente el recipiente en donde 
debe consignarse esa restricción al clero. 
Bien, pues entonces diría yo a la hono- 
rable comisión: ¿y por qué no vamos a 
discutir en primer lugar el artículo donde 
se consignan las Leyes de Reforma? Allí 
podemos darnos gusto sobre este particu- 
lar; se le pueden hacer muchas restric- 
ciones. Si hay un diputado que suponga 
que nosotros queremos hacer una salida 
sobre el particular, ¿entonces por qué no 
empezamos a discutir las Leyes de Refor- 
ma para darnos gusto, para evitar estas 
dificultades? 

Simple y sencillamente la cuestión es 
cambiar de lugar, y nosotros no estamos 
diferentes en eso; sólo discutimos la opor- 
tunidad de colocarlas en un lugar o en 
otro. Si nosotros discutimos primero las 
leyes de Reforma, nada diré, absoluta- 
mente nada, ni aquí ni fuera; pero si 
comenzamos a decir desde el artículo 3 o 
lo repudiamos o lo dejamos en este sen- 
tido, la gente va a espantarse, porque 
supone que vamos a acabar aquí ¡Dios 
sabe cómo! , que llevamos el automóvil sin 
frenos y que todo mundo teme una catás- 
trofe. ¿Ustedes se imaginan siquiera la 



impresión que ha causado el famoso 
dictamen de la comisión? ¿No se lo ima- 
ginan? ¿Han pensado siquiera en ello? 
Pues simple y sencillamente han llegado 
personas de la capital, que me merecen 
entero crédito, que dicen que la impresión 
ha sido terrible. (Voces: ¡no, no!) 

Digo la verdad, señores; puedo citar 
testigos, que es mucho decir; por el texto 
mismo de la redacción del dictamen, 
pues que allí se dice: ¡caramba estos 
señores quieren traernos la escuela 
anárquica de Ferrer!, porque así interpre- 
tan el voto particular del señor Monzón. 
El señor Monzón es un hombre honrado 
y sincero, que viene a dar al Congreso 
Constituyente el fruto de sus convic- 
ciones; él cree que la escuela debe ser 
racionalista, pero no pensó el señor 
Monzón el efecto que podría causar su 
voto particular en el país, porque si la 
mayoría piensa como el señor Monzón, 
lo mismo que pasó en Cataluña cuando 
fusilaron al profesor Ferrer, sucedería 
aquí. Esto es lo que quieren estos señores; 
de manera que los otros artículos van a 
ser debidamente condimentados por esta 
Cámara y de aquí va a salir una especie 
de nitroglicerina que va a volar al país, y 
miren ustedes, anteanoche ha llegado un 
cablegrama de los Estados Unidos pregun- 
tando si era cierto que habían asesinado 
al señor Carranza en una sesión del Con- 



282 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



greso Constituyente (risas, murmullos); 
no falto a la verdad 

- El C. Palavicini: Yo tengo el cablegrama. 

- El C. Rojas: Estos sólo son ejemplos que 
presento a la asamblea para que vea que lo 
que aquí se discute, produce grandes 

efectos (Voces: ¡No se alarmen, 

hombre! Risas, siseos.) No, señores, preci- 
samente yo quiero llamar la atención 
sobre lo que se dice respecto de lo que 
aquí se ventila y se decide, porque no 
tiene la misma importancia de lo que se 
discute en un colegio, en una sabatina 
de cualquiera institución liberal, porque 
allí se pueden hacer las discusiones más 
radicales y extraordinarias sobre estos 
puntos, se puede hablar hasta en la forma 
ultra-anárquica, sin que se conmueva 
la sociedad ni la república; pero lo que se 
dice en un Congreso y en un Congreso 
Constituyente, es como lo que se dice en 
el fondo de una barranca, cuyos ecos 
parece que producen un retumbo de 
tempestad, y esto es lo que sucede en el 
Congreso Constituyente, y yo creo que 
ésta fue una de las cosas que ignoró el 
señor presidente de la comisión y sus 
distinguidos colegas, al hacer su dicta- 
men; ellos son noveles en política; pro- 
bablemente ninguno de los tres había 
tenido oportunidades de venir a un con- 
greso y, por consiguiente, ellos creían que 



en un congreso se puede decir todo lo 
que se puede decir en una tertulia o en 
un colegio; pero las consecuencias que 
ha tenido su famoso dictamen, les ha 
enseñado, indudablemente, que deben 
de ir con moderación, porque la forma 
en que se den las leyes debe ser objeto de 
dedicada atención, sobre todo, en los 
momentos actuales porque atraviesa la 
República Mexicana; por lo demás, 
el esfuerzo y el empeño que se nota en la 
Cámara de insistir en sacar avante 
el artículo 3 o con todos sus aditamentos, 
hay que pensar, señores, de dónde viene 
ese esfuerzo, toda vez que ustedes saben 
perfectamente que el resultado va a ser 
igual, si colocamos esas restricciones en 
una parte o en otra. 

- El C. Manzano: No es igual. 

- El C. Rojas: Sí es igual, señor Manzano. 

- El C. Manzano: No me convence usted. 

- El C. Rojas: Sí se convencerá usted, 
porque esta Cámara ha dado demostra- 
ciones de que es honrada y de que en los 
mayores casos de prejuicios ha demos- 
trado, a la hora de las votaciones, que 
viene con suficiente honradez. Pues bien, 
señores, cualquiera va a pensar, en vista 
de la insistencia de un grupo de la Cámara, 
que en realidad no se pretende ganar el 



Artículo 3 283 



punto de amor propio ni tampoco ganar 
principios en la Constitución, sino que 
se insiste en hacer como una especie de 
ataque a la política del Primer Jefe (voces: 
¡no, no!); digo que eso es lo que se puede 
pensar, tal es el empeño, que cualquiera 
va a creer que eso es lo que aquí se 
pretende, en lugar de hacer una labor 
de concordia, que cualquiera va a inter- 
pretar que ese es el verdadero objeto de 
la Cámara, lo que yo pongo a la consi- 
deración de ustedes, y ya que me refiero 
a este punto, quiero acabar de una vez 
las aclaraciones que pensé hacer al venir 
a esta tribuna. Produjo un rechazo natural 
en la asamblea en que se hicieran cargos 
al subsecretario de gobernación y al 
ministro de guerra. 



se queda la presidencia en su lugar, de 
manera que lo que yo digo como diputado 
no lo digo como presidente; es verdad 
que yo recibí un gran honor al ser exal- 
tado a la presidencia de la Cámara, honor 
que ni siquiera sospechaba, y estoy suma- 
mente agradecido y será una de las cosas 
que conservaré como grata impresión 
por el resto de mi vida; pero, repito, que 
esto no me compromete ni me restringe 
mi derecho de venir a exponer mis ideas, 
de manera que vine yo a la Cámara 
resuelto a sostener mis ideas y a sostener 
a mi partido y en esa forma (una voz: 
¿cuál partido?), el partido liberal; partido 
es un grupo cualquiera que tiene un 
propósito definido y, por consiguiente, 
quiero hacer uso de todos los recursos. 



Sobre este particular es quizá sobre lo que 
versó el ataque que me dirigió mi amigo 
el señor Román. Dice que tales declara- 
ciones van a producir un efecto penoso 
en esta Cámara, que no hacen honor ni 
a la Cámara ni al orador; pues decía 
que yo había descendido del pedestal, 
porque dijo el señor doctor Román que 
esos ataques tan violentos y agresivos le 
parecía que no estaban bien en boca 
del presidente, que acababa de recibir el 
honor del sufragio de sus compañeros 
para ocupar ese asiento prominente; pues 
bien, señor doctor Román, yo sólo digo 
una cosa: cuando bajo yo a la tribuna, 



Yo sé perfectamente que si me quedo 
durante las sesiones de este Congreso 
sentado como un ídolo, sin mover la 
cabeza, saldré de aquí con la simpatía de 
todos ustedes, por no haber atacado a 
nadie, pero yo voluntariamente sacri- 
fico esa ventaja por venir aquí a recibir 
los tajos y las malas voluntades en casos 
como éste, por venir a decir aquí lo que 
siento y hacer lo que crea conveniente; 
de manera que por ese lado tiene mucha 
razón el señor Román: es imprudente 
que uno baje de su puesto para venir aquí 
a que le contesten al tú por tú, en el mismo 
terreno que uno se pone y a volver agre- 



284 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



sión por agresión, en ese sentido es uno 
imprudente, pero es una conducta que yo 
quiero seguir conscientemente, porque 
no deseo que se diga absolutamente por 
nadie, que prescindo de los derechos que 
me da mi carácter de diputado, para cuyo 
puesto fui electo por uno de los distritos 
del estado de Jalisco. 

Ahora bien, señores diputados, una de las 
características del diputado es su derecho 
para hablar de la cosa pública, para pro- 
ducir efectos políticos y hablar de las 
personalidades políticas para producir 
efectos también políticos, y por eso al 
diputado la ley le da fuero; no se le hace 
responsable ni se le molestará por las 
declaraciones que haga en cualquier 
sentido y, no contentos nuestros antepasa- 
dos con haber consignado en la ley este 
derecho, todavía lo reforzan diciendo que 
un diputado no puede ser callado en caso 
de que esté haciendo ataques a las per- 
sonalidades públicas, que fue lo que opor- 
tunamente hizo el señor Palavicini para 
calmar la extrañeza del C. presidente 
Aguilar, que creía que yo salía de mi papel 
y de la conveniencia, en aquel momento 
en que estaba aquí precisamente don 
Venustiano Carranza, para hablar a uste- 
des de la ingerencia oportuna que tuvo 
el señor Manuel Aguirre Berlanga al 
venir a ser el centro de un grupo. (Voces: 
¡No, no!) 



Yo deseo, señores diputados, que me 
permitáis acabar de expresar mis con- 
ceptos; el otro día se quedó la cuestión a 
medias, y ahora necesito explicar lo que 
entonces no pude terminar de exponer; 
nada sucede con que yo hable sobre el 
particular, porque ustedes pueden hablar 
en contra, y, sobre todo, porque no debe- 
mos olvidar una cosa: que precisamente 
lo que se dice en la Cámara sirve para 
descargar la opinión pública, porque da 
oportunidad de que se aclaren muchas 
cosas. Alguien ha dicho que esos son 
chismes, y yo le digo a la respetable 
Cámara que el chisme es de otra manera: 
chisme es cuando se diga al oído del 
general Aguilar o de cualquiera otra per- 
sona: "mire usted, el general Obregón 
está haciendo esto, el señor Aguirre 
Berlanga está haciendo esto otro." y yo 
desafío a todas las personas que me 
conocen, a ver si en mi carácter está que 
yo sea capaz de hablar de un amigo 
delante de un amigo y si soy capaz de 
hablar con un gobernante respecto de otra 
persona o de cualquier otro asunto polí- 
tico: eso es el chisme, el que se oculta, 
pero cuando se viene a decir a la Cámara 
una verdad para producir efectos políti- 
cos, eso no es chisme, señores, es valor 
civil (aplausos), pues hay que tener 
presente que la situación de la opinión 
pública debe ser considerada por nosotros. 



Artículo 3 285 



Los que no están en el secreto de lo que 
hacemos los diputados de un grupo y los 
de otro sobre una porción de cosas que 
afectan en la forma, pero que el público 
no puede entender, sino sólo por el perfil, 
como se ve una montaña lejana, tienen 
que entender las cosas de una manera 
especial y ese es el punto de vista que yo 
he tenido presente. Decía yo, empezaban 
los preparativos del Congreso Constitu- 
yente, se sabe que el jefe ha convenido 
en un proyecto especial, y entonces la 
secretaría de justicia hace un proyecto 
distinto, porque no está conforme con 
esas ideas, que son del Primer Jefe, y 
quiere unas más a gusto de dicha secre- 
taría (una voz: ¡no es cierto!) Yo digo 
lo que la gente dice, y usted sí lo sabe, 
porque conoce el dictamen de la 
comisión, y si yo lo digo, es para dar opor- 
tunidad a usted de que lo rectifique y 
de que lo sepa toda la república. No quiero 
hacer un cargo al señor Roque Estrada; 
únicamente estoy diciendo lo que se 
cree en la república, para que todos lo 
sepamos y nos descarguemos de futuros 
prejuicios; eso es lo que yo quiero. 



representar la oposición, aunque no sea 
una oposición como ustedes la creen; 
la oposición en el Congreso es perfecta- 
mente legal para los procedimientos 
democráticos; es indispensable, pues 
si no hay oposición no hay democracia ni 
hay república: de manera es que tan 
importante es la oposición, como la no 
oposición, para que se pueda producir 
la corriente como entre dos polos de 
una pila eléctrica. De manera es que tan 
esencial es la oposición en las ideas como 
en cualquier otra parte, la tesis que la 
antítesis. Pues bien, señores, se dice que 
el señor Aguirre Berlanga se reunió con 
los diputados de la oposición y que el 
señor secretario de guerra les mandó un 
telegrama excitando a esa oposición, y 
esto junto con las dificultades del artículo 
3 o , ha trascendido a toda la república y si 
esto pudiera ser causa de tropiezos y 
de dificultades en los países latinos, más 
lo será aquí cuando se da la circunstan- 
cia de que México está acabando de pasar 
una guerra y con el peligro de comen- 
zar otra, de lo que resulta que la cosa es 
bastante seria. 



Lo mismo sucede con la ingerencia del 
señor Aguirre Berlanga; todo mundo 
sabe que es el subsecretario de goberna- 
ción, que viene a Querétaro y que se reúne 
precisamente, ¡miren ustedes qué coinci- 
dencia!, con los diputados que vienen a 



De manera que yo digo que el señor 
Aguirre Berlanga hace mal de venir a 
aparecer como jefe de la oposición: digo 
lo que siente la opinión y lo que dice el 
público y lo que es necesario corregir, pues 
esto ha dado lugar a que amigos del señor 



286 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Aguirre Berlanga me vinieran a decir 
que no es exacto que haya tal oposi- 
ción y que la primera vez que se encontró 
en Querétaro el señor Aguirre Berlanga, 
siempre trabajó honradamente por 
influir en el espíritu de los diputados en 
el sentido de aceptar sin grandes obstácu- 
los el pensamiento del Primer Jefe, y yo 
acepto tal explicación y creo que es ver- 
dad, porque desde el otro día dije que, 
a mi juicio, el señor Aguirre Berlanga 
había incurrido en una equivocación 
involuntaria sobre este particular, que se 
equivocó de buena fe y que la mejor 
prueba de eso, era que el Primer Jefe 
había creído conveniente seguir dispen- 
sándole su confianza; de manera que con 
este hecho convincente no habrá por qué 
temer el ataque; pero sí era necesario 
hacer la aclaración por boca de mí 
mismo, para que lo oigan los amigos del 
señor Aguirre Berlanga; pero la equivo- 
cación subsiste a pesar de la explicación 
¿saben ustedes por qué, señores? porque 
en política se responde por lo que hace 
uno individualmente y por lo que hacen 
sus amigos; yo estoy respondiendo ante 
la historia de México por lo que hicieron 
mis amigos los renovadores desde antes 
que yo fuera renovador y no me cono- 
cían, de manera que usted, al dar color de 
oposición a esos trabajos el señor Aguirre 
Berlanga, responde ante la opinión 
pública; esas son las leyes de la política 
y nos las he inventado yo. 



Ahora respecto al señor general Obregón, 
no le atribuí más que había mandado un 
telegrama, y que el general Obregón y 
el señor Aguirre Berlanga hacían todo 
esto sin medir las consecuencias, y es 
que el señor general Obregón no se ha 
fijado en lo que puede significar su tele- 
grama, y sobre eso sí llamo la atención 
de la Cámara, a fin de que se descargue 
la opinión y para que cese la alarma 
sobre el particular. Absolutamente no 
tiene por que molestarse el general 
Obregón, pues hace un mes y medio dijo 
públicamente en una sesión del partido 
liberal constitucionalista, que el licen- 
ciado Rojas era un hombre que se había 
portado con suma debilidad, que no mere- 
cía la confianza de la revolución, porque 
probablemente cuando llegara el caso 
haría, con la misma debilidad, traición 
a sus principios. Señores, el cargo no me 
venía allí, porque yo he dado pruebas... 

- El C. Martí: El señor general Obregón 
en pleno partido liberal constituciona- 
lista, dijo que el señor licenciado Luis 
Manuel Rojas era un amigo a quien apre- 
ciaba y que creía que había estado en su 
puesto. 

- El C. Rojas: Yo recibí la noticia en 
Guadalajara entre un grupo de amigos 
míos; no me enojé por eso; yo vi que era 
una injusticia y ¿saben ustedes lo que 
pensé?, que el general Obregón no está 



Artículo 3 287 



enterado de que no he incurrido en esa 
debilidad; pues; señores, por poco dejo 
el pellejo en el asunto, y me quedé tan 
conforme como estaba; no me alteré en 
manera alguna ni quise hacer rectifica- 
ción, porque sabía que el general Obregón 
estaba engañado y me alegré que lo 
hubiera hecho público, porque así se iba 
a hacer público igualmente que yo no 
merecía ese cargo. 

Después vino la otra sesión del partido 
liberal constitucionalista, y que el gene- 
ral Obregón me hizo el honor de decir 
que era su amigo y yo le di las gracias en 
un telegrama, diciéndole: "Le agradezco 
a usted que a pesar del mal concepto en 
que me tuvo en un principio, me haya 
considerado entre sus amigos." Por eso 
ahora que yo hago el cargo al señor 
general Obregón y al señor Aguirre Ber- 
langa, no me alarma la resistencia que 
encuentro en este ambiente, porque bien 
sé yo que el señor Obregón y que el señor 
Berlanga tienen sentido común para 
distinguir una cosa de otra, y esto lo digo 
para acabar de una vez por todas con una 
equivocación entre el público y entre noso- 
tros mismos. El señor general Obregón 
demostró su honradez de ideas haciendo 
público en pleno partido liberal constitu- 
cionalista lo que opinaba de mí y eso 
es lo que satisface, pues yo sabía que si se 



hubiera tratado de chismes se lo hubiera 
dicho en secreto al Primer Jefe, cosa 
que sí hubiera sido verdaderamente de 
temerse y censurarse duramente; pero 
de este incidente saco yo esta conclusión. 

- Un C. diputado: Suplico al señor presi- 
dente se sirva consultar a la asamblea si 
el señor Rojas puede seguir haciendo uso 
de la palabra, pues ya se ha pasado el 
tiempo reglamentario. (Voces: ¡sí, que 
hable!, ¡que hable!) 

- El C. Rojas: Voy a ser breve porque 
necesito dejar la tribuna; simple y senci- 
llamente quiero completar mi pen- 
samiento por que no lo he dejado todavía 
muy completo. Decía yo que del general 
Obregón no me extraña nada ni absoluta- 
mente disminuyó en mi ánimo el afecto 
que he tenido por uno de los generales que 
ha honrado dignamente la historia de 
México, pero sí he notado una cosa, 
señores: que muchas de las personas que 
eran mis amigos ante de las declaracio- 
nes del general Obregón, desde ese 
momento se olvidaron de la amistad y 
creyeron que yo era un hombre que no 
merecía estar en el Congreso, porque 
había sido un cobarde; esos hombres sí 
merecen mi desprecio porque no tienen 
convicciones, sino que siguen a un hombre 
porque creen que pueden obtener alguna 
cosa. (Aplausos.) 



288 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



- El C. Alonzo Romero: Pido la palabra, 
señor presidente. 

- El C. presidente: tiene la palabra el 
C. Alonzo Romero. 

- El C. Alonzo Romero: Señores dipu- 
tados: Vengo a sostener el dictamen de 
la comisión con la misma entereza y la 
misma fe con que los "girondinos" subían 
cantando a la guillotina, puesto que no 
me han convencido ni las argumentacio- 
nes humorísticas y falsas del "divino 
orador Cravioto," quien ha pastado apaci- 
blemente en las selvas frondosas de 
Ignacio Ramírez, ni me convencen el 
valor civil ni los conceptos ultramonta- 
nos del licenciado Luis Manuel Rojas, ni 
mucho menos los terribles fantasmas que 
la alborotada imaginación del señor licen- 
ciado Macías ha forjado con el objeto de 
embaucar a esta asamblea. Para noso- 
tros los yucatecos, no es nada nuevo el 
artículo 3 o , hace más de dos años que está 
en vigor, hace más de dos años que la 
niñez de Yucatán recibe esta clase de 
instrucción, y este es el por qué de que 
nosotros no nos dejamos mangonear por 
tres o cuatro negreros de esta Cámara. 
(Aplausos.) 

Extraño parece, CC. diputados, que un 
hombre de la talla del señor Cravioto, 
un señor ministro de instrucción pública, 



se atreva a conculcar la enseñanza, asen- 
tando falsedades de este género: "Que no 
tiene ninguna influencia en la educación 
de la niñez el que los individuos que 
profesan ideas religiosas desempeñen 
una cátedra en una escuela laica." Ese 
argumento yo no lo acepto, porque es 
nada menos que infantil. Vengo a apoyar 
el dictamen de la comisión, como he 
dicho antes, porque para mí entraña 
un criterio revolucionario, porque ese 
artículo cierra las puertas que los ilustres 
constituyentes del cincuenta y siete 
dejaron de par en par a la reacción y a las 
hordas del clero. Y bien, señores, yo no 
sé por qué se nos tilda de jacobinos; 
¿por el hecho de expresar libremente 
nuestro pensamiento? ¿Acaso la libertad 
de pensar no es un derecho y la revolu- 
ción lo sanciona? No, no debemos permi- 
tir que se nos conduzca como a los 
rebaños, ni mucho menos permanecer 
bajo la tutela de los traficantes de la revo- 
lución. Si somos budistas, penetramos al 
templo de Buda... No nos dejemos suges- 
tionar por esos ilustres parlamentarios 
de oficio, por esos bastardos discípu- 
los de Querido Moheno. (Aplausos.) 
Señores parlamentarios de oficio: a 
vosotros los consagrados, los que habéis 
llegado a la hora del botín, los que 
vivís en concubinato intelectual con el 
clero, me dirijo: 



Artículo 3 289 



Vosotros, los que habéis pretendido 
demostrar con maquiavelismos de intriga 
que somos retrógrados y enemigos del 
Primer Jefe por el hecho solo de defen- 
dernos de vuestras artimañas y de exponer 
libremente nuestro pensamiento, estáis en 
un error, no tenéis razón. No tenéis 
derecho de echar lodo a los que tenemos 
aspiraciones nobles y honradas, a los que 
pensamos libremente y tenemos el 
derecho de exponer nuestras ideas. 
Vosotros los que habéis chocado la copa 
en los festines de Porfirio Díaz, no podéis 
pasar por el crisol revolucionario sin dejar 
huellas infernales. (Aplausos.) Vosotros, 
favoritas del sultán, que habéis arrojado 
vuestras panderetas a los pies de vues- 
tro señor y traspuesto las murallas del 
serrallo, no tenéis derecho ahora a pasar 
por vírgenes inmaculadas. Cábenos la 
gloria, señores diputados, de haber venido 
a este Congreso con la frente muy alta y 
con el pensamiento fijo en el porvenir de 
la patria. (Nutridos aplausos.) 

- El C. Palavicini: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Palavicini. 



de la Cámara; celebro la vibrante frase, 
el concepto burilado, de mi distinguido 
amigo el señor Romero Alonzo; pero esas 
sultanas y ese harem, esa vida oriental que 
nos ha cantado aquí, sobre esas hamacas 
de su país, esa dulce canción costeña, esa 
marina, esas trovas que ha cantado como 
si tuviera frente a Progreso, ante el mar 
inmenso y aprendiendo los versos de don 
Justo Sierra, toda esa hermosa elocuen- 
cia, señores diputados... (Aplausos de las 
galerías.) 

- El C. Calderón, interrumpiendo: señor 
presidente: estamos en un pueblo reaccio- 
nario y por eso aplauden. Ruego a usted 
se cumpla con el reglamento. 

- El C. Palavicini, continuando: Ruego 
al señor general tenga paciencia, la lite- 
ratura y la reacción sólo se confunden en 
la imaginación de su señoría. 

- Un C. secretario: Por acuerdo de la 
presidencia se recuerda a las galerías 
que no tienen derecho para hacer mani- 
festaciones en pro o en contra y en caso 
de que continúen en su actitud, la pre- 
sidencia se verá precisada a hacerlas 
desalojar. 



- El C. Palavicini: Señores diputados: 
celebro el jubiloso entusiasmo de esta 
oratoria maya que ha llenado el ambiente 



- El C. Palavicini: Enérgica la presi- 
dencia, atiende la sugestión oportuna y 
vibrante del distinguido señor general 



290 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



Calderón. El orador, señores diputados, 
no espera ni aplausos de la asamblea ni 
de la galería; sólo agradece que el crite- 
rio y en el buen sentido de los mexicanos 
queden grabadas sus palabras, y espera, 
sobre todo, que en los anales del Diario 
de los Debates quede asentado lo que a 
cada uno corresponde ante la historia 
y la actitud del que habla en esta tri- 
buna y en esta Cámara. 

No deseo conquistar aplausos, para eso 
habría preparado un discurso de frases 
hermosas, que al fin es fácil aprenderlo 
de memoria como lo habéis visto con mi 
predecesor; pero no, señores diputados, 
yo no vengo a hacer frases hermosas, yo 
no vengo a entonar himnos, yo no vengo 
a hacer canciones; yo vengo a esgrimir 
argumentos. Vamos, entonces, señores 
diputados, al artículo 3 o , al que no llegó 
nunca el señor Romero Alonzo o Alonzo 
Romero, pero me sucede que al subir a 
esta tribuna me encuentro con la dificul- 
tad de que no sé a quién voy a replicar 
argumentos. La ensalada de curas y de 
frailes ya la conocemos: todo este trajín 
de llevar y traer monjas y curas, es una 
cuestión vieja, atrasada, es una literatura 
barata de los oradores de todas las fiestas 
nacionales; es una literatura pueril que 
ya no afecta a nadie, ni a nadie le interesa. 
No, aquí es otra la cuestión: el debate de 
hoy ya no es solamente el artículo 3 o ; el 



debate de hoy tiene una profundidad polí- 
tica y una gran trascendencia que es nece- 
sario considerar y estimar. 

El señor Rojas, durante la primera sesión 
en que estuvieron a debate las tendencias 
del artículo 3 o , apuntó, señores diputados, 
el origen político de este aspecto de 
oposición y la excitación del momento 
que dominaba en la Cámara al traer a 
colación a altas personalidades para 
exhibirlas en su aspecto político, las hizo 
pasar inadvertidas. Todo esto produjo 
excitación y no permitió al señor Rojas 
que concretase definitivamente sus pen- 
samientos y enseñara dónde estaba la 
llaga que había descubierto y que había 
que cauterizar; pero hay mansamente, 
suavemente, como él sabe hacerlo, ha 
expuesto su criterio anterior, lo ha rati- 
ficado y nosotros estamos absolutamente 
de acuerdo con ese sentir. 

Era preciso que hubiese en la Cámara un 
grupo que conscientemente y valiente- 
mente apoyase al proyecto de reformas 
del Primer Jefe, y era natural y era nece- 
sario que hubiese también esta animación 
simpática del Congreso y para eso un 
grupo de hombres perfectamente dispues- 
tos a contrariar el proyecto en todo 
aquello que sus consecuencias honradas 
crean necesario modificar; pero como es 
natural, dentro de ese grupo de oposición, 



Artículo 3 291 



cuya extensión no quiero considerar, cuyo 
número no hemos podido precisar nunca, 
hay también algunos elementos que no 
se conforman con venir a oponerse para 
rectificar conceptos y para mejorar el 
proyecto, sino que vendrán y están 
viniendo, vosotros los veis, señores dipu- 
tados, a obstruccionar hasta la palabra 
de los oradores y a oponerse, no sólo al 
proyecto sino hasta los que sostienen, a 
hacer ruido con los pies, a sisear, en fin, 
a hacer manifestaciones por el estilo; 
yo no quiero averiguar, señores dipu- 
tados, yo quiero guardar respeto a todos 
los señores representantes y procurar en 
esta tribuna medirme para que nunca mis 
agresiones se dirijan a un lado o a otro, 
concretando a personalidades lo que 
debemos elevar hasta ideas; las perso- 
nas, señores diputados, son cosas que 
pasan; las ideas perduran. 

El señor Silva puede levantarse erguido 
con sus sesenta años y gritar: ¡Reacciona- 
rios! Pero yo en mis treinta y tantos años 
que tengo, siempre he dado muestras de 
haber luchado constantemente por los 
ideales revolucionarios y todavía no 
encanece mi cabeza como la de Silva 
para presentar una hoja en blanco de 
servicios a la causa de la libertad. 

- El C. Silva: ¡Falta usted a la verdad! 



- El C. Palavicini: Puede ser, señor, para 
usted. Señores diputados: yo considero 
muy discutible en su insignificancia 
personal a cada uno de nosotros, pero 
como conjunto, señores diputados, como 
grupo, como asamblea constituyente, 
yo he representado siempre y concep- 
tuando muy alto a toda la asamblea, y es 
para su honor y su prestigio por lo que 
me he esforzado en dejarla en su sitio. 
Antes de ayer, la Cámara, en un debate 
tranquilo, suave como una bolsa de 
aceite, escuchó razonamientos, escuchó 
gratamente al presidente de la comisión 
dictaminadora que subió a esa tribuna 
después de mi discurso y dijo: "Ahora 
ya podemos entendernos, estamos en el 
terreno de los razonamientos, vamos a 
retirar el dictamen y aceptamos el criterio 
de modificar el artículo del Primer Jefe, 
sólo en el término "laico" para las escue- 
las particulares y colocaremos las demás 
restricciones donde quepan en el cuerpo 
de la Constitución," -palabras textua- 
les de la comisión-. Si yo miento, señores 
diputados, arrojadme a la vergüenza de 
la historia: si yo miento señores diputados 
allí, en el Diario de los debates, va a quedar 
la verdadera justificación histórica de 
todos nuestro actos en nuestra asamblea. 
(Siseos.) 

Yo estoy diciendo la verdad, ¿por qué, 
señores diputados, no habría de indig- 



292 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



narme cuando escuché de la secretaría la 
lectura del nuevo dictamen? ¿Por qué, 
señores diputados, no habría de tener un 
arranque espontáneo, natural, como el de 
todo hombre honrado, al escuchar el nuevo 
dictamen de la comisión? Perdonadme, 
señores diputados, perdonadme, señores 
miembros de la comisión, si pude ofen- 
deros, nunca fue esa mi intención. Perso- 
nal e individualmente, yo considero a 
cada uno de los miembros de la comisión 
como hombres distinguidos honrados y 
patriotas; pero como comisión, han 
venido a afirmar aquí la más grande de 
las vergüenzas. Pueden, señores dipu- 
tados, pueden los grupos ser individuos 
que no lo sean y pueden muchos indivi- 
duos prestigiosos figurar en un grupo que 
no lo sea; la comisión, señores diputados, 
integrada por hombres distinguidos y 
honrados, se ha desprestigiado como 
comisión en el caso actual. Esto es una 
verdad evidente, decía Rafael Martínez, 
no creo que él considere esto en mis 
labios como una ofensa, decía el C. 
"Rip - Rip," decía en esta tribuna: 

"Señores, tenemos el derecho para todos 
las monstruosidades, podemos ser justos o 
injustos; pero no debemos ser ridículos, 
y esa es la verdad, señores, pero más que 
ridículos," y más que frivolos, porque el 
ridículo generalmente es originado por 
la frivolidad; aquí, señores diputados, hay 



algo de tal trascendencia, de tal gravedad, 
que todas esas maniobras que presiente 
el señor licenciado Rojas, que todas esas 
combinaciones políticas que él anuncia, 
que todos esos peligros extra - Cámara que 
él señala, se vienen condensando precisa- 
mente veinticuatro horas después de que 
la asamblea ha escuchado de labios del 
C. Múgica el convencimiento de un crite- 
rio, la aceptación de un mandato de la 
Cámara y el compromiso formal de obrar 
de acuerdo con el sentir de la asamblea. 
¿Hay, pues, tras de ese dictamen, polí- 
tica? ¿Hay, pues, tras de esos renglones 
persistentes, firmes, duros, que se conser- 
van en el texto del artículo 3 o , propósitos 
políticos? 

Pues entonces, señores diputados, vamos 
a la política. No puede haber en estos 
solemnes momentos más que dos polí- 
ticas: una, la consciente, la valiente y 
firmemente solidaria, con la responsa- 
bilidad que tiene el Primer Jefe ante la 
historia, ante la nación y ante el mundo 
civilizado, y la política contraria, la de 
los que desean verlo fracasar como 
jefe y como hombre ante la historia, y 
como político en el momento interna- 
cional porque atravesamos. No hay más 
que dos campos, estamos, pues, coloca- 
dos en el campo que cada uno cree 
conveniente, que cada uno cree bueno. 
Yo, señores diputados, no quiero aherrojar 



Artículo 3 293 



la conciencia humana, yo, señor doctor 
Alonzo Romero, no quiero absoluta- 
mente, ni nunca lo he pretendido al 
hablar, sugestionar vuestros cerebros, 
estrangular vuestras ideas; al contrario, 
hemos venido aquí para aducir razones, 
para luchar por la libertad de enseñanza 
y no podríamos pedir a usted, señor, que 
cerrara su cerebro ni que no escuchara a 
los demás. 

Ahora bien, el C. Primer Jefe ha mandado 
un proyecto de reformas a la Constitu- 
ción de 1857 y desde que se inició este 
Congreso, un clamor se levantó en todo 
el país y sordos rumores y enconadas 
perfidias se explotaron en el extranjero, 
y se dijo: ¿Qué va a hacerse con la Consti- 
tución de 1857? ¿Qué es esa nueva 
dictadura militar que se perfila en los 
estados y que se precisa en la misma 
capital de la república? ¿Qué, todo eso 
va a condensarse ahora en un terrible 
despotismo en la nueva Constitución? 
¿Qué, los que han quemado confesiona- 
rios, destruido templos y desterrado 
monjas, son los que van a hacer la Carta 
Magna para acabar con todas las ideas 
libertarias de 1857? Pero el proyecto 
llegó, el proyecto se hizo público y se 
encontró lo siguiente, señores dipu- 
tados: que con la ecuanimidad más 
grande el señor Carranza, de la manera 
más sencilla, perfecta y aplicable, presen- 



taba sana y salva la Constitución de 1 857 
en ese proyecto, pero que valientemente 
incluía todos los triunfos, todos los ade- 
lantos, las Leyes de Reforma y las demás 
reformas que ustedes conocen. 

Las libertades públicas se garantizan 
totalmente por el título primero de la 
Constitución y las garantías individua- 
les están incólumes. Nos dice el señor 
Alonzo Romero que me precedió en el 
uso de la palabra: "Esos señores del 57 
dejaron muchos huecos para que entrara 
y saliera la reacción." Pero señor doctor, 
fui yo el que escribí eso hace muy pocos 
días bajo mi firma: dije lo siguiente: "que 
los constituyentes del 57 habían sido los 
moderados que no habían podido llegar 
hasta donde después llegó la Reforma." 
Señor doctor, los constituyentes del 57 
no pudieron admitir más que la toleran- 
cia de cultos, no pudieron llegar hasta 
el credo liberal de la libertad de cultos; 
los constituyentes del 57, todavía con la 
presión religiosa encima, se mantuvieron 
tímidos ante la oposición nacional a dar 
la verdadera libertad, que la verdadera 
libertad es el único enemigo de todos los 
fanatismos, del clericalismo, del jacobi- 
nismo, del protestantismo, del budismo. 

Vino la Reforma, señores diputados, y las 
libertades quedaron completamente 
condensadas en la Constitución y la refor- 



294 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



ma religiosa fue un hecho; la reforma 
religiosa no había sido inventada por los 
hombres que acompañaron a Juárez, la 
había pensado ya el historiador don José 
María León Mora, ese historiador mexi- 
cano, único en su género, que veintiséis 
años después de la independencia había 
hecho un admirable libro sobre los dos 
grandes problemas sociales: los fueros del 
clero, los fueros del ejército; los fueros 
del clero han sido aplastados; los del 
ejército están en su mayoría en pie. 
Sucedió entonces, señores diputados, que 
viene la Constitución de 19 16 y entonces 
los revolucionarios liberales defienden 
aquí los principios que ya en ningún país 
civilizado del mundo están en debate; y 
he dicho a los colaboradores del Primer 
Jefe en este proyecto de Constitución 
cuando lo vi presentar, que hasta entonces 
fue cuando lo conocí; señores compañe- 
ros, yo habría suprimido todo el título 
primero de la Constitución si hiciésemos 
una Constitución del siglo XX, porque 
ahora no hay quien discuta que la concien- 
cia es libre, la prensa y el pensamiento 
son libres; pero el señor licenciado Rojas 
ha sostenido que esta es una carta para 
educar; que todavía se necesita conocer 
en la aldea, en el villorrio, el cortijo, en 
todas partes donde está la cultura atrasada 
desde el tipo étnico de la raza nacio- 
nal, se necesita saber que tienen todos 



esos derechos y que el gobierno está obli- 
gado a respetarlos. 

Son, pues, las garantías individuales obli- 
gaciones para el gobierno; son las garan- 
tías individuales un código de limitaciones 
al poder público. Pero la comisión dicta- 
minadora no ha querido y no quiere leer 
la Constitución; la comisión, a quien 
nunca he querido ofender porque siem- 
pre la he tratado con guante blanco, la 
comisión no lee la Constitución, señores 
diputados, y mientras no lea íntegro el 
proyecto de la Constitución, no podrá pre- 
sentar dictámenes parciales fundados. 
Todas las Leyes de Reforma, es decir, 
los artículos en donde se trata de las 
corporaciones religiosas, la reglamen- 
tación de éstas, la separación de la iglesia 
y el estado, está en la Constitución ínte- 
gramente puesto, ¿qué faltaba poner? 
¿Qué las corporaciones religiosas no 
pueden tener establecimientos de educa- 
ción? Pues ponerlo en su lugar, no en las 
limitaciones al poder público. 

Esto lo entiende todo el mundo; la comi- 
sión no ha querido entenderlo. ¿Por qué 
no ha querido entenderlo la comisión? 
Porque en política, como dice el señor 
licenciado Rojas, tiene que obrarse 
consecuente con los propósitos políticos 
que se persiguen. Considero incapaz a la 



Artículo 3 295 



comisión de prestarse conscientemente 
a ningún manejo político; pero por 
desgracia, la consecuencia de sus actos 
la expone a clasificarse en un bando 
precisamente de obstrucción. 

Voy a tratar de demostrarlo; se presentó 
aquí el señor don Venustiano Carranza, 
después de haber enviado su proyecto, a 
escuchar los debates del artículo 3 o del 
que es autor. El no ha sido oído para hacer 
modificaciones a su proyecto; la comi- 
sión no lo creyó menester. Se presentó 
para manifestar aquí con sólo su presen- 
cia a los diputados que está dispuesto a 
escuchar razonamientos, que quiere 
ver de qué manera y con qué razones 
se derrota su proyecto. Es el derecho de 
todos los autores. Pero la comisión se 
encuentra con que las ideas que ella 
quiere incluir en la Constitución y que 
no están en el artículo, son aceptadas por 
toda la asamblea; que todos estamos con- 
formes en ayudar a la comisión para 
incluir esas ideas que, según ella, repre- 
sentan el sentir de algunos diputados, 
y según nosotros, el sentir de toda la 
Cámara. 

Pero la comisión se empeñó decidida- 
mente en cambiar el artículo del Primer 
Jefe y no poner las restricciones de las 
corporaciones religiosas donde corres- 
ponde. Ruego a ustedes que abran su 



proyecto y que lo lean; si después de haber 
leído el artículo 129 cabe en él lo que 
proponen los miembros de la comisión, 
verán ustedes cómo se asombran de que 
no se le haya ocurrido esto a la comisión, 
que pudo no haber cabido en el artículo 
27 porque allí se hace la objeción buena, 
de que únicamente se habla de propie- 
dades religiosas. Vean ustedes el artículo 
129 en su parte conducente. 

"Corresponde exclusivamente a los pode- 
res federales, ejercer, en materias de culto 
religioso y disciplina externa, la inter- 
vención que designen las leyes. 

"La iglesia y el estado son independientes 
entre sí. 

"El Congreso no puede establecer leyes 
estableciendo o prohibiendo religión 
alguna. " 

Yo agrego: "Las corporaciones religio- 
sas y los ministros de ningún culto no 
podrán tener la dirección de escuelas 
primarias y superiores. Texto de la comi- 
sión. Si en la más elemental disciplina 
filosófica esto se contraría, invoco al más 
sencillo juicio de ustedes para conve- 
nir conmigo en que era obvio y lógico 
poner, en lugar de hacerlo en el título de 
restricciones al poder público, en un título 
de restricciones a la iglesia. Sí, señores, 



296 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



a las iglesias, porque para mí todas son 
las mismas, pero ¿qué es lo que hay en el 
ánimo de la comisión para no querer 
hacer las cosas bien? Aquí, señores, yo 
no quiero ahondar el problema político. 
Tengo una perfecta convicción que aquí 
no se trata sino de una cosa superficial 
que voy a explicar, pero que superfi- 
cial y todo en el ánimo de la comisión, 
es de honda consecuencia en cuanto al 
debate, en vista de la forma como presenta 
su dictamen. 



su dictamen contrario al sentir de la 
Cámara. La Cámara ha dicho claramente 
que no aprueba que allí en ese artículo se 
incluya la restricción para las corporacio- 
nes religiosas, y la comisión insiste en 
presentarlo a la asamblea tal como ésta 
lo ha desechado, porque cuando la una- 
nimidad de la asamblea aprobó que la 
comisión retirara su dictamen, fue para 
modificarlo. Allí está el Diario de los 
Debates. Quiere decir entonces que des- 
pués cambió de criterio la comisión. 



El señor general Múgica no ha obrado 
aquí de acuerdo con una intriga política. 
Yo conozco a su señoría. El señor gene- 
ral Múgica es incapaz de obstruccionar 
al Primer Jefe. Hablo de todos los miem- 
bros de la comisión, porque no los distingo 
individualmente desde el punto de vista 
político. Pero la comisión, señores dipu- 
tados, ha tenido una timidez especial, un 
cariño muy suyo, un amor propio bien 
marcado para, después de todo, decirnos: 
"Aceptar la modificación como lo aprobó 
la Cámara, sería tanto como decir que han 
tenido razón los que sostienen el proyecto 
del Primer Jefe, y nosotros no quere- 
mos defender sino nuestra honradez de 
independientes." 

No atribuyo más que a esta superficiali- 
dad el capricho de la comisión al sostener 



No hay, como han hecho creer a las juve- 
niles imaginaciones yucatecas, no hay 
como lo han hecho creer a los jóvenes 
ingenuos de la Cámara, personas que 
quieran "mangonear" a nadie, ni tenemos 
esa pretensión ni somos negreros. Yo no 
he tenido nunca un negro y casi nunca 
una negra... (Risas.) 

Pero, señores diputados, aquí depongo mi 
indignación contra la conducta de los 
miembros de la comisión. En esta tribuna 
he querido venir simplemente a hacer 
obra de patria, sinceramente obra de patria. 
Si al sentido común, o mejor dicho, si el 
buen sentido de la Cámara, al cual hablé 
la otra tarde, penetró perfectamente la dis- 
tinción de restricciones al poder público 
y a la iglesia y se quedó definido, ¿dónde 
cabe cada una de esas restricciones? Sobra 



Artículo 3 297 



el debate acerca de un artículo que la comi- 
sión presenta monstruosamente adulterado 
en su integración disciplinaria y elemental. 

En tal virtud, es lógico, señores dipu- 
tados, que nosotros que estamos de acuer- 
do, desde el punto de vista liberal, radical 
DEL CONGRESO CONSTITUYENTE 
jacobino, llámese como se quiera el 
asunto, nosotros estamos conformes con 
la restricción, la admitimos; pero el señor 
licenciado Rojas ha dicho confirmado lo 
que había ofrecido, que estamos dis- 
puestos a aprobar antes la restricción y 
después el artículo 3 o . ¿Qué más pode- 
mos ofrecer? Estamos dispuestos a 
aprobar la restricción en su sitio, aun 
antes de votar artículo 3 o . 

Pero no es eso, señores diputados, vamos 
a desenmascarar el asunto, vamos a dejar 
caer el antifaz: se quiere desechar el 
artículo del Primer Jefe; es un golpe que 
no es de la Cámara, no es para cincuenta 
votos, es para quince millones de habi- 
tantes, es un golpe electoral. (Siseos.) 

Lamento, señores diputados, que muchos 
siseen. Espero que la historia nos con- 
venza a todos de que alguno tendrá la 
razón, la razón que invocamos tantas 
veces aquí, la diosa razón, que diría el 
profesor Monzón, la que lo inspiró en su 
voto particular. Ella no nos ilumina para 



poner aquí cada cosa en su lugar. Es triste 
decirlo, nos prestamos a este manejo 
político contra Carranza. No hay aquí 
ideales reaccionarios; no hay aquí pro- 
pósitos reaccionarios; ninguno de noso- 
tros tiene ganas de defender ni a los curas 
ni al clero, y la prueba es, la prueba 
honrada es que si esta restricción necesita 
existir en la Carta Magna, que la votemos 
antes del artículo 3 o . A pesar de esa afir- 
mación nuestra, que es franca, leal, 
sencilla, que no da lugar a confabulaciones 
ni a preocupaciones extremosas que 
queman el caliente cerebro del doctor 
Romero, ni que hace que allá abajo se 
hable a los oídos, se hagan corrillos y 
se piense que aquí, no sé por quién. 
¿No es cierto, señor licenciado Frausto? 
Lamento que no esté presente este señor 
para citar las personas de ese lado que 
hacen cargos tenebrosos a los que soste- 
nemos el artículo 3 o tal como lo ha 
presentado el Primer Jefe. 

De manera que, estando deslindados los 
campos, señores diputados, nosotros tene- 
mos el propósito de hacer las restric- 
ciones en su lugar; nosotros, por el buen 
sentido, por la más elemental lógica y 
porque no queremos ser cómplices de 
este afanoso deseo de derrotar el proyecto 
del Primer Jefe en la forma, puesto que 
el propósito es decididamente hacerle un 
mal político que no es necesario para 



298 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



el mismo afán de los que impugnan el 
artículo. 

Si están definidos los campos, hago 
gracia de todas las otras observaciones 
de peso; se ha agotado a discusión. Seria- 
mos inquisidores, seríamos conservado- 
res, reaccionarios, los que sujetáramos la 
conciencia humana, los que hicieran como 
los opresores del siglo XVI, quienes 
quemáramos vivos a los que no pensasen 
como nosotros; seríamos quienes quisie- 
sen dictar decretos, diciendo que sólo 
nosotros tenemos derecho de pensar, de 
saber, de poseer la verdad. No, señores 
diputados, nosotros somos gente humilde, 
cada quien no se cree un iluminado; 
tenemos la sencillez, la humildad de 
manifestar que simplemente queremos 
ser hombres de buen sentido. No pode- 
mos aceptar que votando este artículo en 
la forma que lo propone la comisión, 
dejemos establecido, primero, que lo que 
se acuerda en la asamblea después de 
largos debates, puede ser monstruo- 
samente adulterado el día siguiente, 
segundo: que no entendemos lo que es la 
ley, porque se nos quiere poner reglas 
para la fabricación de zapatos en donde 
se habla de garantías individuales: y 
tercero, que no nos queremos prestar 
absolutamente a un propósito político, 
audaz, y según el señor Román, tene- 
broso. Nosotros venimos a sostener 



nuestro criterio y admitidos las restric- 
ciones a las corporaciones religiosas 
donde corresponde; sólo queremos cum- 
plir con nuestro deber y con el buen 
sentido. (Aplausos.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Múgica. 

- El C. Múgica: No voy a hacer un 
discurso, porque el sentido del debate 
no es de ninguna importancia. Por esa 
razón, la palabra en contra del señor 
Palavicini la llevara alguno de los orado- 
res inscritos. Yo quiero decir, simple y 
sencillamente, en honor de la verdad, que 
el sentir de la discusión de anteayer, 
no es el que asienta el señor Palavicini. 
Y quiero hacer constar que allí está 
perfectamente bien, como se dijo en 
aquel día en el Diario de los Debates. 

La comisión hoy casi no tiene humor de 
hablar, ni quiere hacerlo; si se tratara 
de principios, sacaría energías hasta de 
donde no las tuviese para defenderlos. 
Como sólo se trata de una diferencia de 
una prohibición, que quién sabe en cuál 
cerebro de todos estará germinando, la 
comisión se abstiene de hablar y deja 
la palabra a los oradores. 

- Un C. secretario: Por acuerdo de la 
presidencia, se pregunta si está suficien- 



Artículo 3 299 



temente discutido el dictamen. (Voces: 
¡no, no!) Las personas que estén por la 
afirmativa, se servirán ponerse en pie. 
Se declara que no está suficientemente 
discutido y se pregunta a la asamblea, si 
no obstante haber hablado seis orado- 
res en pro y seis en contra, se prolonga 
la discusión. (Voces: ¡sí, sí) Los ciuda- 
danos diputados que estén por la afir- 
mativa, sírvanse ponerse de pie. Continúa 
el debate. 

- El C. Martí: El señor licenciado Luis 
Manuel Rojas, la vez pasada, al tratarse 
de la discusión del artículo 3 o , manifestó 
que, no obstante lo prevenido en el regla- 
mento, se concedería la palabra a todos 
los oradores que desearan hablar en pro 
o en contra del artículo. Por tal motivo, 
suplico a su señoría que se sirva conceder 
la palabra a los señores diputados que la 
soliciten. 

- El C. presidente: Yo me he querido 
sujetar al reglamento; sin embargo, me 
someto a la resolución de la asamblea, 
pues que ella es la que dispone; pero, 
repito, yo sólo he querido sujetarme al 
reglamento. Tiene la palabra el C. 
Truchuelo. 

- El C. Truchuelo: Señores diputados: es 
efectivamente interesantísimo el que 
se discuta hasta agotar todos los argu- 



mentos, sobre este punto de tanta trascen- 
dencia para la patria y para la vida de las 
instituciones democráticas. Ciertamente, 
señores, que no esperaba tener el honor 
de dirigirme ahora a ustedes, porque 
suponía, como el señor Palavicini y el señor 
licenciado Rojas, que este artículo se 
pondría a discusión el próximo lunes: 
pero ya que por circunstancias que ignoro, 
ha sido necesario volver a traer a debate 
el punto que contiene el artículo 3 o del 
proyecto de Constitución, cábeme la honra 
de dirigirme a ustedes, no sin antes hacer 
algunas aclaraciones que vienen a preci- 
sar conceptos, que quitan prejuicios y 
concurren a hacer desaparecer ciertos 
antagonismos que no deben existir. 

Señores, cuando la comisión formuló su 
proyecto anterior, comprendió que había 
sufrido una equivocación. La mente era 
haber retirado el proyecto del artículo 3 o 
antes de que se pusiera al debate; contenía 
una frase que podía prestarse a interpreta- 
ciones que tal vez en alguna ocasión no 
fuesen muy justas. Se esperaba esa opor- 
tunidad y se convino que a la hora en que 
el primer orador, hiciera uso de la palabra 
objetando el dictamen, se aprovechase 
la ocasión para decir que la comisión lo 
retiraba para formularlo en términos de 
justicia. 

Pero, desgraciadamente, señores, el 
diputado licenciado Rojas, con la mejor 



300 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



intención, con la mejor buena fe que le 
reconozco como hombre decente, patriota 
y bien intencionado se equivocó lastimo- 
samente en la exposición de sus ideas y 
vino a herir susceptibilidades, levantando 
protestas que él ni siquiera soñara hacer- 
las estallar, y dio por resultado que la 
comisión no creyó que era el momento 
oportuno, porque era como sancionar 
que, efectivamente había un grupo que 
intrigaba, y no es así, señores diputados. 

Después esperó una oportunidad más, 
pero los discursos de los señores Cravioto 
y Macías, aun cuando llenos de erudición 
y citas históricas, vinieron a marcar un 
concepto muy diferente sobre el criterio 
ampliamente liberal de la mayoría de la 
asamblea, creyó entonces la comisión 
que tampoco era oportuno retirar en ese 
momento el dictamen, porque equival- 
dría tanto como a doblegar nuestra frente 
en presencia de todos esos conceptos que 
hemos estimado, los que nos sentimos 
liberales, como erróneos. Al día siguiente, 
el señor Palavicini objetó el artículo por 
otros motivos, y de una manera serena 
convinimos en que, efectivamente, los 
principios liberales estaban en la concien- 
cia de toda la asamblea y que no teníamos 
más que cambiar ciertas palabras; se 
juzgó que había llegado la oportunidad 
de retirar el dictamen y precisamente se 
retiró, en la inteligencia de que se man- 



tendría el principio ya consabido, desde 
al comenzar la discusión, y tan sólo para 
quitar algunas frases que no eran conve- 
nientes; la comisión, presidida por el 
C. Múgica, vino a expresarse aquí y 
entonces el señor Palavicini la interrumpe. 

- El C. Palavicini interrumpiendo: No 
interrumpí, pedí la palabra. 

- El C. Truchuelo: Y dice este señor que 
el concepto de la asamblea es claro, que 
nada más opinó se retirara el dictamen 
para cambiar los conceptos del artículo 
3 o a otro lugar. Rectificó el señor Múgica 
y explicó que no era ese el concepto que 
se expresó, sino el que yo me he permi- 
tido ya referir. Eso es todo señores; sobre 
el particular, no hay política ni hay nada 
más que más que un criterio liberal 
perfectamente amplio y voy a demostrar 
después cómo ese artículo no cabe en el 
lugar que dice el señor Palavicini. Señores, 
levantémonos sobre la esfera de las 
pasiones, hagamos a un lado disen- 
siones, prescindamos de todo amor 
propio, apartémonos de lo superfluo y 
razonemos desde luego; aquí se han 
vertido conceptos que no se han des- 
truido: precisa ante todo considerar la 
importancia capital y altísima del prin- 
cipio del artículo 3 o . La revolución 
constitucionalista se ha hecho en nombre 
del pueblo y para combatir a los enemi- 



Artículo 3 301 



gos del pueblo, y ¿cuáles han sido los 
eternos enemigos del pueblo, señores 
desde la época más remota de la historia? 
El clero, el ejército pretoriano y la aristo- 
cracia. El ejército pretoriano, en esta vez 
representado por el ejército federal, fue 
destruido, fue desarmado y fue aniqui- 
lado por el constitucionalismo, como se 
extirpa un elemento contrario a las liber- 
tades públicas; la nobleza, representada 
por los científicos, fue también sepul- 
tada para siempre, y no se presentará ni 
una vez más en la historia de nuestra bella 
patria, y el clero, ¿qué se le ha hecho, 
señores?, al clero, que aun cuando tenía 
sus restricciones, abusaba precisamente 
en nombre de la misma libertad, ¿ahora 
vamos a permitir que tenga un libertinaje, 
que oponga obstáculos y dentro de poco 
mate todas las libertades públicas? 

No debemos olvidar cuál lo funesto de la 
obra del clero cuando ha tenido el domi- 
nio, cuando no se ha contenido su despo- 
tismo en nombre de los principios 
liberales y de humanidad. 



matanzas de albigenses, a los templa- 
rios quemados vivos; la guerra de los 
husistas; a Torquemada devorando a 
España con sus autos de fe; recordad que 
Velázquez, en Cuba, autorizó una perse- 
cución de indios por bandas enormes de 
frailada; recordad que la inquisición debi- 
litó a establecida en México, y recordad 
que en 1562, decía que en menos de 
medio siglo los frailes y los conquista- 
dores habían aniquilado a más de doce 
millones de indios; recordad todas las 
sangrientas campañas originadas por el 
fanatismo; al duque de Alba con su con- 
sejo de sangre; recordad la noche de San 
Bartolomé, París, León, Burgos, Tolosa; 
recordad que la inquisición debilitó a 
España por el sinnúmero de víctimas causa- 
das; recordad a Felipe II y el exterminio 
de 80,000 familias moriscas; recordad la 
famosa guerra de 30 años; recordad las 
persecuciones de los jesuítas, quienes, en 
una de sus actuaciones, hicieron perecer 
al infortunado Ripall entre los cánticos 
bárbaros de los frailes y las aclamacio- 
nes feroces del pueblo. 



No quiero hacer historia, sino citar unos 
cuantos casos. Recordad, desde el año de 
990, la matanza de los judíos; recordad 
todas las cruzadas, principalmente la 
cuarta, en que perecieron degollados 
ancianos, mujeres y niños; recordad las 



Señores, no necesitamos entrar en muchos 
detalles, porque está en la conciencia de 
todo el mundo y esta asamblea está per- 
fectamente convencida de que siempre 
que el clero ha tenido el dominio absoluto 
de las conciencias y el libertinaje para 



302 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



dirigir la instrucción y para hacer todo lo 
que le ha parecido, su acción no ha sido 
la más desenfrenada y despótica. 

Señores, tal parece que no hemos tenido 
en debida cuenta el concepto de la 
libertad, enfrente de todas estas enseñan- 
zas que nos proporciona la historia, en 
medio de todos estos grandes peligros 
que amenazan la destrucción de la huma- 
nidad y del pensamiento; sí, señores del 
pensamiento, porque el clero siempre se 
ha opuesto a los empujes más vigorosos 
de adelanto de la humanidad: recordad, 
si no, a Galileo, que por haber dicho una 
verdad científica, que el sol no giraba 
alrededor de la tierra, sino viceversa, fue 
condenado a las más grandes humillacio- 
nes, precisamente porque en la Biblia, que 
se decía escrita por Dios, se asentaba 
que Josué había detenido el curso del 
sol: recordad las infames persecuciones 
y terribles tormentos de Campanella por 
haber sostenido la verdad de que el 
número de los mundos es infinito; en 
consecuencia, señores, hemos visto que 
el clero siempre ha contenido el avance 
del pensamiento, y, por consiguiente, ha 
obrado de una manera funesta, cegando 
toda fuente de libertad. Teniendo en 
cuenta todas estas consideraciones, fue 
preciso concebir el precepto amplio de 
la libertad y voy a demostrarlo para justi- 
ficar que el artículo 3 o , es la más bella 



manifestación del pensamiento libre y 
que, lejos de traernos un conflicto, es la 
prueba más hermosa de que la revolu- 
ción constitucionalista está identificada 
con los ideales del progreso. En efecto, 
señores, la libertad en su concepto filosó- 
fico es la manifestación más amplia de 
la intelectualidad humana, es el campo 
fecundo donde el pensamiento puede 
marchar y volar en alas del progreso por 
las esferas infinitas del saber y de la 
ciencia. 

Antiguamente los pueblos tenían esa 
libertad, porque nada más la comprendían 
y la apreciaban en el terreno político y 
en el terreno civil; pero la personali- 
dad humana no se había desarrollado y 
el concepto del "yo" permanecería oscuro 
y sujeto, y expuesto a ser envuelto por el 
estado y a ser absorbido por la reacción. 
No existía absolutamente ninguna de- 
mostración de lo que es la personalidad 
humana, el derecho de penetrar en los 
campos en que le convenga desarrollarse 
y por tal virtud, no se comprendía que la 
libertad tenía miles de manifestaciones 
en el orden político, social, moral, filosó- 
fico, etc., de todas órdenes, hasta que 
se llegó a la conclusión de que todo 
principio de libertad tiene por límite 
el principio de libertad de los demás. 
Nosotros, señores, hemos repetido 
constantemente el gran apotegma de 



Artículo 3 303 



Juárez: "El respeto al derecho ajeno 
es la paz;" todos lo invocamos, pero no lo 
hemos comprendido. Ese grandioso prin- 
cipio demuestra exactamente que la 
libertad no puede ser absoluta, no puede 
ser libertinaje; debe tener un límite: el 
surgir del derecho ajeno. 

En efecto, señores, tenemos amplia 
libertad para todos nuestros actos, pero, 
¿en vista de esa libertad tenemos derecho 
a matar al primero que encontremos en 
la calle? No, porque enfrente de nuestra 
libertad nace el derecho de vida, el 
derecho de existir de los demás, y es una 
limitación a nuestra libertad. 

Nosotros, señores, podríamos presentar 
ejemplos a los más profundamente reac- 
cionarios y decirles sencillamente que 
ellos tampoco podrían admitir esa libertad 
absoluta, que sería una espada tremenda 
que más tarde ellos mismos querrían 
fuese envainada. 

En Verdad, señores, si ellos admiten 
que la libertad no tiene restricciones, 
¿a dónde llegamos? a hacer cada quien 
lo que le parezca. Enfrente de la casa de 
un hacendado podrían establecerse escue- 
las nihilistas, anarquistas, de bandidaje, 
de lo que fuere, precisamente para poder 
arrebatar todas las cosechas en nombre 
del derecho de vivir. Entonces el hacen- 



dado clamaría a la autoridad para decirle: 
"no dejes a este pueblo desenfrenado 
cometer semejantes atentados": y la auto- 
ridad le diría en virtud de ese principio de 
libertad: "déjalo que hago lo que 
quiera; tú haz también lo que te parezca; 
defiende tus trojes y esconde tus cose- 
chas; entérralas donde sólo tú sepas en 
lo más profundo del globo terráqueo." 

Ese es el concepto de la libertad del 
clero, de la libertad de instrucción cleri- 
cal. El ejemplo que puse de Galileo 
y Campanella es precisamente para 
demostrar que esa instrucción clerical 
viene a cegar las fuentes de todo pro- 
greso, viene a condenar el libre vuelo de 
la humanidad, a evitar y desviar las finali- 
dades de la inteligencia para hacer apre- 
ciaciones absolutas. 

El niño que va a la escuela, que tiene su 
cerebro virgen, que está dispuesto a 
recibir toda clase de impresiones, cuando 
se le dice: "tú no puedes pensar más 
que en este sentido. Ni siquiera tienes 
derecho de leer otros libros en donde 
encuentren un principio," no puede culti- 
var su espíritu, ¡imposible! . le pasaría lo 
que a Galileo a Campanella, el camino 
forzado es éste y no tiene derecho de ver 
para ninguna otra parte, sino nada más 
en un sentido; por consiguiente, señores, 
eso es matar el empuje vigoroso de los 



304 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



hombres, es acabar de extinguir la divina 
luz del pensamiento y es volver al más 
profundo oscurantismo; el estado sí tiene 
el imperioso deber de garantizar el ejer- 
cicio de la libertad de pensamiento, qui- 
tándole toda traba, restringiéndole todo 
dique, arrasándole todo valladar, apar- 
tándole todo obstáculo infranqueable 
para decirle al niño: "busca la verdad en 
las fuentes infinitas de la ciencia"; pero 
eso no lo hace el clero, no puede hacerlo, 
porque se lo prohiben sus principios y 
sus dogmas: y no es el caso de que se 
ataque a ninguna religión con el principio 
de la libertad de enseñanza; el princi- 
pio es bien claro, es bien preciso, el 
estado comprende todos los errores, pero 
no puede ahogar la voz del pensamiento; 
contempla las tendencias encontradas y 
nada más se ciñe a su campo de acción; 
el estado dice: yo respeto el santuario 
del hogar, yo respeto la amplitud de las 
creencias, yo respeto todos los errores, 
siempre que no vengan a minar el edificio 
del progreso, siempre que no vengan a 
traspasar la esfera de la acción pública 
y siempre que no vengan a constituir 
una amenaza para la sociedad"; por eso, 
señores, el artículo 24 disipa absolu- 
tamente toda duda y viene a hacer 
comprender que ningún peligro tenemos; 
a ese efector le voy a dar lectura, para 
que se vea que no se trata de restringir 
alguna religión o alguna creencia: 



"Art. 24.- Todo hombre es libre para 
profesar la creencia religiosa que más le 
agrade, y para practicar las ceremonias, 
devociones o actos del culto respec- 
tivo, en los templos o en su domicilio 
particular, siempre que no constituya un 
delito o falta penada por la ley. 

"Ningún acto religioso de culto público 
deberá celebrarse fuera del interior de los 
templos, los cuales estarán siempre bajo 
la vigilancia de la autoridad." 

Señores, no se trata, pues, de matar nin- 
guna creencia religiosa; en los templos, 
en el hogar se pueden manifestar éstas de 
la manera más amplia, pero desde el 
momento que exista este precepto, tenemos 
que cumplirlo como una obligación for- 
zosa y decir que la escuela no es el lugar 
para que se hagan todas esas prácticas 
religiosas, ni mucho menos para que se 
den lecciones en tal o cual sentido 
religioso. 

¿Qué os parecería, señores, que se invi- 
tara a vuestra familia a un baile? Evidente- 
mente que no os parecería bien y diríais 
que habíais sido engañados. Ahora 
bien, si a los niños se les invita a recibir 
instrucción primaria, a aprender aritmé- 
tica, geografía, etc., y resulta que no van 
a aprender eso sino catecismo, esto es un 
engaño que no debe permitir el estado. 



Artículo 3 305 



No les prohibe que aprendan catecismo, 
todo lo que deseen, pero sencillamente 
no es el lugar a propósito; pueden hacer 
todo eso en sus casas, en los templos, 
pero no debemos permitir que el estado 
tolere todas esas presiones, porque presio- 
nes son, que atacan a la verdadera libertad 
de enseñanza. 

En efecto, si aquí en Querétaro lo vemos, 
si no hay colegios particulares más que 
católicos y las escuelas oficiales no se 
han levantado a conveniente altura, 
consiguientemente, desde el momento 
que hay esos colegios católicos, allí van 
los hijos de todas las familias de la mejor 
sociedad, ¿qué harán los padres de fami- 
lia, por más liberales que sean sus ideas? 
Forzosamente tienen que mandar a sus 
niños a un colegio católico, contra su 
voluntad muchas veces, casi siempre 
porque no todos son ricos para pagar 
profesores especiales. 

Por otra parte, ¿cuál es la desventaja 
que presenta el establecimiento de cole- 
gios particulares y de instrucción laica? 
Ninguna. ¿Cuáles son las ventajas? 
Inmensas. En primer lugar, todo el mundo 
irá a la escuela como a un centro común 
de ilustración y de educación; ya sabe el 
padre que allí su hijo va a hacer gimnasia 
de su entendimiento y va a prepararse 
para las luchas del porvenir. ¿Se quiere, 



además dar al niño instrucción religiosa, 
se quiere inculcarle creencias? Allí están 
los templos; tiene su casa; no pierde su fe, 
ni pierde sus creencias; pero todo se 
hace en lugar apropiado. Así en la escuela 
se conservan los principios más puros, 
más sanos, sin ninguna presión. 

Nosotros nos encontramos en un medio 
en el que el establecimiento de escuelas 
particulares es imposible. Se establece un 
colegio particular sobre base de la instruc- 
ción laica, es anatematizado por el clero, 
señalando al mismo tiempo que hay otros 
establecimientos y que allí debe el padre 
de familia mandar a sus hijos. Allí está 
la presión sobre la sociedad. Nosotros no 
debemos consentirla, porque es lo que 
viene precisamente a restringir la liber- 
tad de enseñanza. Lejos, pues, de que la 
libertad de enseñanza sea restringida con 
el artículo que la comisión presenta, la 
libertad de enseñanza tiene su mayor 
amplitud precisamente con ese precepto, 
porque se conservan todas las religiones 
y todos los principios, y, sin embargo, 
el estado cumple con su papel, garan- 
tiza la independencia de todas las 
familias y la independencia de la religión 
con el estado y hace que puedan esos 
niños adquirir en sus casas y en los tem- 
plos la religión que más les acomode; 
este es, pues, el concepto de la libertad 
de enseñanza. 



306 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Señores, parece increíble que por el hecho 
de estar dirigida la beneficencia por los 
ministros de algún culto, pueda traer esto 
consecuencias, graves, pero lo vemos 
en la práctica, lo hemos visto aquí en 
Querétaro, donde se organizó una agru- 
pación obrera sencillamente para distraer 
al pueblo con el objeto de que no fuera a 
las cantinas ni a los lugares de prosti- 
tución; pero estaba dirigido por un sacer- 
dote y, no obstante que hasta el gobierno 
de entonces, la subvencionó por que creía 
que se hacía obra de provecho para los 
obreros, en la primera campaña elec- 
toral se vio que era un foco del partido 
católico de Querétaro. 

Lo mismo acontece en todos los colegios 
particulares, en donde se da instrucción 
religiosa; aquí tuvimos otro colegio que 
está dirigido por una asociación que no 
recuerdo cómo se llamaba; se le obligó a 
someterse al gobierno y se incorporó a los 
colegios oficiales. ¿Qué hacían allí? : no 
se daba instrucción religiosa dentro del 
plantel, pero sí se llevaba a los niños 
todos los días a los templos, todos los días 
se le obligaba a aprender tal o cual 
oración, y de todos modos era la misma 
presión y violaban fácilmente la ley. 
¿Cómo emancipar la inteligencia de la 
niñez, si no es precisamente estableciendo 
esos colegios laicos, ya sean particulares 



u oficiales, para dejar a toda la sociedad 
en la más absoluta libertad para que 
adopte el credo que mejor le parezca? 
No se ataca absolutamente ningún prin- 
cipio ni dogma religioso ni credo y sí se 
consigue asegurar la libertad más absoluta 
para aquellas personas que no piensen 
como lo exigen en algunos colegios; tam- 
poco puede aceptarse que la enseñanza 
sea racional, que sea positiva, porque esas 
son escuelas determinadas y por eso se 
previene que la instrucción sea laica; así 
que no se puede concebir una libertad 
más perfecta. 

Ahora bien, señores, quiero analizar si 
efectivamente el lugar que indicó el señor 
Palavicini es el más apropiado para 
colocar el artículo 3 o . En el título lo, 
sección I de la Constitución, se habla de 
las garantías individuales, y el artículo 
27 está exactamente comprendido en el 
mismo capítulo. No hay, pues, razón, no 
sería lógico, sería un absurdo decir que 
si todo el capítulo trata de garantías indi- 
viduales deberá ser conveniente ponerlo 
en el artículo 27 y no en el artículo 3 o . 
(Voces: Se trata de las mismas reformas.) 
Un momento, señores, todos los artícu- 
los de este capítulo vienen sentando su 
regla general y vienen después exponiendo 
las excepciones que, según principios 
filosóficos, confirman la regla general. 



Artículo 3 307 



Tomando cualquier principio, por ejem- 
plo, el artículo 4 o . 

"Art. 4°.- A ninguna persona se le 
podrá impedir que se dedique a la pro- 
fesión, industria, comercio o trabajo que 
le acomode, siendo lícito, ni privarla de 
sus productos, sino por determinación 
judicial, cuando ataque los derechos de 
tercero, o por resolución gubernativa, 
dictada en los términos que marque la ley, 
cuando ofenda los de la sociedad. 

"La ley determinará en cada estado cuáles 
son las profesiones que necesitan título 
para su ejercicio, las condiciones que 
deben llenarse para obtenerlo, y las auto- 
ridades que han de expedirlo." 

Allí tienen ustedes el principio de liber- 
tad seguido inmediatamente de la 
restricción. 

Tienen ustedes el artículo 5 o : 

"Art. 5°.- Nadie podrá ser obligado a 
prestar trabajos personales sin la justa 
retribución y sin su pleno consentimiento, 
salvo el trabajo impuesto como pena por 
la autoridad judicial. 

"En cuanto a los servicios públicos, sólo 
podrán ser obligatorios, en los términos 



que establezcan las leyes respectivas, el 
de las armas, los de jurado y los cargos de 
elección popular, y obligatorias y gratui- 
tas las funciones electorales. 

"El estado no puede permitir que se lleve 
a cabo ningún contrato, pacto a convenio 
que tenga por objeto el menoscabo, la 
pérdida o el irrevocable sacrificio de 
la libertad del hombre, ya sea por causa 
de trabajo, de educación o de voto reli- 
gioso. La ley; en consecuencia, no reco- 
noce órdenes monásticas, ni puede 
permitir su establecimiento, cualquiera 
que sea la denominación con que pre- 
tendan erigirse. 

"Tampoco puede admitirse convenio en 
el que hombre pacte su proscripción o 
destierro, o en que renuncie temporal 
o permanentemente a ejercer determi- 
nada profesión, industria o comercio. 

"El contrato de trabajo sólo obligará a 
prestar el servicio convenido por un 
período que no exceda de un año, y 
no podrá extenderse en ningún caso a la 
renuncia, pérdida o menoscabo de cual- 
quiera de los derechos políticos y civiles." 

Allí está el principio y allí mismo está la 
restricción en seguida. 

El artículo 6 o : 



308 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



"Art. 6°.- La manifestación de las ideas 
no será objeto de ninguna inquisición 
judicial o administrativa, sino en el caso 
que ataque la moral, los derechos de 
tercero provoque algún crimen o delito o 
perturbe el orden público." 

Todos, sin excepción, todos los artículos 
constitucionales relativos a este capítulo 
sientan primero su principio general y 
después viene la excepción. Ahora bien, 
el artículo 27 nos habla precisamente 
de la propiedad; después de enumerar los 
diferentes derechos, toca su turno a la 
propiedad y dice el artículo 27: 

"Art. 27.- La propiedad privada no puede 
ocuparse para uso público sin previa 
indemnización. La necesidad o utilidad 
de la ocupación deberá ser declarada por 
la autoridad administrativa correspon- 
diente; pero la expropiación se hará por 
la autoridad judicial en el caso de que 
haya desacuerdo sobre sus condiciones 
entre los interesados." 

En consecuencia, esta determinación 
precisa es bien clara; y bien sabido es que 
muchas personas que se reputan piadosas, 
al morir, en vez de dejar sus bienes a sus 
herederos y de cumplir obligaciones 
que la misma naturaleza y el mismo 
cariño imponen, vienen a dejarlos para 
alguna institución que muchas veces 



tiene un aspecto de religiosa, y sucede 
que no siempre se cumplen debidamente 
los deseos expresados en tal disposición 
testamentaria. 

"También podrán tener sobre bienes 
raíces, capitales impuesto a interés, el que 
no será mayor en ningún caso, del que se 
fije como legal y por un término que no 
exceda de diez años." 

En consecuencia, señores, ven ustedes 
bien claro que este artículo se refiere 
exclusivamente a la propiedad y que 
sería un absurdo ideológico ir a encajar 
aquí un precepto en donde no tiene 
absolutamente ninguna cabida. Aquí 
también hay restricciones, pero hay las 
restricciones propias al hablar de bienes 
raíces, como en los otros al hablar de 
trabajo, profesiones, etc., etc., hay las 
que corresponden efectivamente y son 
relativas a esos preceptos. 

Ahora, señores, se nos presenta un nuevo 
argumento, más bien dicho se señala un 
nuevo lugar. Ya no es preciso que la 
reforma del artículo 3 o esté en al artículo 
27, que sea en el artículo 129, dicen y 
llegamos a que el absurdo es todavía 
mayor. El artículo 129 dice: 

"Art. 129.- Corresponde exclusivamente 
a los poderes federales ejercer, en 



Artículo 3 309 



materia de culto religioso y disciplina 
externa, la intervención que designen 
las leyes. 

"El estado y la iglesia son independientes 
entre sí. 

"El Congreso no puede dictar leyes 
estableciendo o prohibiendo religión 
alguna." 

Señores, en ese artículo no se habla verda- 
deramente del clero, sino de la iglesia, aquí 
se trata... (Voces: ¡no es lo mismo!) 
Aquí se trata de la autoridad federal, y 
de algo que nada más se refiere al culto 
y a la disciplina eclesiásticos, pero no a 
la instrucción, porque la puede dar el 
ministro de algún culto, y sin embargo, 
no ser obra de la iglesia. Hay un abismo 
de diferencia. Absolutamente es inopor- 
tuno venir a adicionar el artículo 29 en 
donde se habla de otra clase de derechos 
y en donde se habla de la iglesia, para 
concluir con el ministro de un sólo culto, 
porque un ministro, señores diputados, 
no es la iglesia, es bien diferente. Ahora 
bien, ¿por qué no se quiere que se ponga 
la reforma en el artículo 3 o , que es donde 
debe estar, sino que sea en el artículo 27, 
en el 29 o en cualquiera otro, porque no 
hay ni siquiera fijeza? 

Esto no es más que una obstrucción 
señores; se acepta incluir la proposi- 



ción, pero no se acepta que sea en el 
artículo 3 o , se nos ha dicho que en el artículo 
27 se votará esta adición y cuando se 
trate del artículo 27 se nos dirá que ya no 
se puede votar porque ya pasó la opor- 
tunidad. ¿La Cámara va a permitir que 
se cometa esta burla para después volver 
a entrar en todas estas discusiones, sólo 
porque se nos amenaza con el eterno 
espantajo de la intervención yankee? 
Yo no encuentro, señores, absolutamente 
ninguna razón lógica; yo no veo honrado 
el empeño de ir cediendo poco a poco el 
campo -porque comprenden que no tienen 
justicia-, pero sin embargo, siguen dispu- 
tándolo palmo a palmo para ver si a última 
hora pueden ahogar esta obra revolucio- 
naria. (Aplausos.) 

Es verdaderamente hermoso lo que se ha 
declarado en esta tribuna; aquí se nos 
dice: "no, señores, nosotros no debe- 
mos temer absolutamente al clero, el 
clero es sinvergüenza, el clero prefiere 
que le quiten la vida, pero no suelta el 
bolsillo." Nos dice el señor licenciado 
Macías: "No debemos aceptar la reforma 
del artículo 3 o , porque entonces nos pinta- 
rán los yankees como unos apaches 
sencillamente." 

Pues, señores, si después de exhibir la per- 
versidad del clero no admitimos la 
reforma en cuestión, entonces no sé cuál 
es el papel que hacemos, ni como nos 



310 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



van a pintar en los Estados Unidos. Yo creo 
que pintarán a los que opinan en contra 
de la comisión -no hago absolutamente 
referencia a ninguna persona-, pintarán 
a los mexicanos predicando teorías 
subversivas contra el clero, mandando 
decapitar a todos los frailes, persiguién- 
dolos en la tribuna y en todas partes, 
para después salir durante la noche 
solapadamente y ocultándose a los padres 
de familia y robar a esos pobres niños 
que todavía no tienen conciencia de su 
ser entregarlos maniatados al clero. 
(Aplausos.) 

Así sería la pintura. ¿Qué preferimos: ser 
pintados con un gesto varonil, heroico, 
defendiendo nuestras libertades con las 
armas del patriotismo, o ser pintados 
como hombre de dos caras, haciendo una 
labor aquí contra el clero y por otra parte, 
entregándole la niñez maniatada para 
ser sacrificado su pensamiento? 

Debemos tener muy en cuenta que todas 
las libertades tienen como límite la liber- 
tad de los demás. Eso no es atacar la 
libertad de pensamiento en ninguna 
forma; y voy a poner un ejemplo que 
demostrará a ustedes, de la manera más 
evidente y precisa, que el acabar y quitar 
de las manos de los individuos que no 
tienen su pensamiento libre, quitarles 
la niñez, es hacer una obra libertaria y 



patriótica, porque extinguir el libertinaje 
es la defensa de la libertad. 

No todo el mundo tiene el derecho de 
hacer lo que le parezca; no todo el mundo 
tiene derecho de proclamar las liber- 
tades que crea justas; y para comparar 
esta innegable verdad, recordad lo que 
ha pasado en este mismo lugar; recordad 
que aquí se sentenció y condenó a muerte 
a Maximiliano, Mejía y Miramón, simple 
y sencillamente porque invocaban el 
mismo principio de libertad sin límites 
que nos invocan los opositores al artículo 
de la comisión. (Voces: ¡no, no!) Se invo- 
caba que se podría obrar con entera 
libertad y sin ninguna restricción, sin 
embargo, señores, ese pretendido derecho 
fue ahogado con sangre en el Cerro de 
las Campanas. (Aplausos.) 

He demostrado pues, a ustedes, que el 
pensar, que el hacer, como cree uno que 
es lo mejor, sin tener en cuenta el derecho 
de los demás eso no es la libertad; como 
lo he dicho muchas veces, yo no perte- 
nezco a ningún partido, a ningún bloque, 
absolutamente a ninguna agrupación; 
hasta anoche asistí a una reunión en que 
trataba la comisión de saber cuál era por 
fin el sentir de la asamblea; otra ocasión 
asistí a una junta a que me invitó señor 
Palavicini, pero absolutamente yo no he 
tenido ningún compromiso; en conse- 



Artículo : 



311 



cuencia, vengo a hablar sin ningunas 
ligas y exponer mi pensamiento y mis 
ideas, con la franqueza con que siempre 
lo hecho no podemos nosotros los libe- 
rales entregar a la niñez para que el clero 
deforme su cerebro, porque no está en 
condiciones de defenderse de cualquiera 
impresión que perdure eternamente; 
nosotros debemos esperar, por medio de 
una ley acertada como la que propone la 
comisión, que estaremos de acuerdo 
absolutamente con todos los principios 
libertarios de la Constitución de 57 y con 
el programa del Primer Jefe, que es el 
símbolo de la revolución y con las aspira- 
ciones del vigoroso pueblo mexicano. 

Señores, yo quiero que tengáis presente 
todo lo que aquí he dicho para que 
votemos a favor del dictamen de la comi- 
sión, debemos recordar siempre las ense- 
ñanzas de la historia, no olvidemos 
aquellas célebres palabras cuando al llorar 
el último rey moro la pérdida de Granada, 
su madre exclamó: "Llora como una mujer 
lo que no has sabido defender como un 
hombre. " Yo no quiero que la historia que 
nos contempla diga: "Llorad, constitucio- 
nalistas, como una mujer, la pérdida de 
las conquistas de la revolución. " 

- El C. Lizardi: Pido la palabra, señor 
presidente. 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. diputado Lizardi. 

- El C. Lizardi: Señores diputados: todos 
los hombres tenemos cualidades que a 
primera vista parecen un defecto. 
Cuando discutimos y cuando discutimos 
principalmente algo que nos interesa 
mucho, no solamente hacemos argu- 
mentos de lógica, sino que hacemos 
también argumentos pasionales y eso 
que es precisamente lo que nos intriga, 
lo que en muchos casos nos lleva al 
heroísmo, lo que en muchas ocasiones 
nos hace grandes, es también lo que con 
mucha frecuencia nos extravía, lo que nos 
hace incurrir en errores, como este muy 
sencillo, que puede servirnos de ejemplo 
para cuidarnos de las cosas grandes. 

En la familia, como en casi todas las 
familias, ha habido personas mediana- 
mente acomodadas y personas extraor- 
dinariamente pobres; pues bien, yo tenía 
un tío, el señor Irinéo Albarrán, mediana- 
mente acomodado, y otro tío el señor don 
Ismael Lizardi, bastante pobre, El acomo- 
dado, con objeto de ayudar al pobre, le 
proporcionó algunas sumas de dinero 
para que estableciese un telar. El pobre, 
agradecido, quiso hacerle un obsequio a 
su protector, y va y le dice: "señor don 
Irinéo, tengo muchas ganas de regalarle 



312 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



una frazada hecha por mí mismo; nada 
más que como quiero que salga a su 
gusto, le suplicó que me diga de qué 
color la quiere." "No te molestes, Ismael 
-le contestó mi tío Irinéo-; ¿para qué te 
vas a molestar?" "No, señor, quiero yo 
hacerle ese obsequio en prueba de mi 
gratitud." 

Tanto se empeñó mi tío Ismael, que mi 
tío Irinéo le dice: "pues ya que te empe- 
ñas en darme la frazada, la acepto, pero 
te suplico que sea negra, completamente 
negra." En aquella época, era muy difícil 
dar a los tejidos de lana un color absoluta- 
mente negro, y mi tío Ismael le dice a mi 
tío Irinéo: "sí, señor, no tenga usted 
cuidado, voy a hacerle una frazada negra, 
de un negro pardo bonito." "No, Ismael, 
no la quiero parda, sino negra." "No tenga 
cuidado, va a ser de un negro pardo muy 
bonito." Acabaron por tener un disgusto 
por la diferencia entre negro y negro 
pardo muy bonito. (Risas.) 

Esto que sucede en cosas pequeñas, 
nos sucede también en las cosas grandes, 
porque no sólo recurrimos a argumen- 
tos, sino que pretendemos imponer como 
axiomas algunos principios que son el 
fruto en muchas ocasiones, más que de 
nuestros propios razonamientos, de nues- 
tros sentimientos más íntimos, y creo 
sinceramente que es algo de lo que nos 



ha pasado en esta discusión del artículo 
3 o , y para demostrarlo voy a permitir- 
me pasar revista breve de los diversos 
argumentos expuesto en pro y en contra. 
El primitivo dictamen de la comisión, 
absolutamente radical, daba dos razones 
fundamentales para pedir el laicismo en 
toda clase de establecimientos. La pri- 
mera razón la podríamos llamar psicoló- 
gica, la segunda la llamaremos patriótica; 
la razón psicológica consiste en esto: la 
religión encierra verdades abstractas que 
no puede comprender la inteligencia del 
niño; de consiguiente, obligarlo a que 
emprenda esa religión es deformarle el 
espíritu, válgase, la palabra, exactamente 
lo mismo que se deforma el cuerpo con 
un método gimnástico, viciado. 

El segundo argumento de la comisión en 
este primitivo dictamen está esbozado 
apenas; los peligros en que se encontra- 
ría envuelta nuestra nacionalidad si la 
enseñanza cayera en manos del clero. Voy 
a permitirme analizar estos dos argumen- 
tos para ver qué hay de verdad en ellos; 
el primero, o sea el que la educación 
religiosa produce defectos en la psicolo- 
gía del niño, tiene mucho valor; en mi 
concepto es exacto, nada más que el 
remedio que se propone no es un remedio 
completo, toda vez que de nada serviría 
el prohibir la instrucción religiosa en 



Artículo : 



313 



las escuelas si no se puede prohibir en los 
hogares y siempre tendremos educación 
religiosa con sus verdades abstractas. 

El segundo argumento puede sinteti- 
zarse en unas cuantas palabras; el clero, 
que en todas las naciones del mundo 
ha procurado adueñarse del poder, en 
México, como en todo el mundo, ha procu- 
rado lo mismo y no ha vacilado en su 
labor hasta poner en peligro nuestra propia 
nacionalidad, porque primeramente 
quien nos conquistó fue el clero, porque 
el puñado de aventureros españoles 
que vinieron a la conquista hubieran sido 
físicamente incapaces de conquistar 
todo el territorio nacional, si no hubiera 
sido por la legión de curas que con 
ellos venían para enseñar a los primitivos 
indios una religión un poco más civili- 
zada eso nadie lo puede negar, que la 
bárbara religión de Huitzilopoxtli y que 
al aceptar esa religión se aceptaba 
inconscientemente la ruina de la naciona- 
lidad, porque allí sí se enseñaba la manse- 
dumbre y la sujeción al poderoso rey de 
España, y, en resumen, fueron los sacer- 
dotes católicos los que hicieron la con- 
quista de México. 

Posteriormente la independencia iniciada 
por un sacerdote, fue condenada por el 
alto clero, prueba patente de algo que 
siempre han pagado los señores curas, 



porque han dicho que no se mezclan 
en política cuando no pueden negar este 
hecho perfectamente claro: que el obispo 
de Michoacán excomulgó al cura Hidalgo 
por haber proclamado la independencia, 
luego quiere decir, que el obispo de 
Michoacán hizo uso de armas religiosas 
para atacar un asunto político y lo que 
quiere decir que el clero se mezcla en 
política y no podrán los señores curas 
negar que se haya mezclado en política. 

Sigamos con la historia del clero, y 
veremos que el clero trajo a Maximiliano 
y al general Díaz; en fin, errores. Pre- 
gunto, señores, ¿en dónde se aprende todo 
esto? todo esto que sabemos en contra del 
clero, todo lo que él dice en su defensa, 
se aprende en la clase de historia y no 
va a ser posible, aun cuando se prohibiese 
a los ministros de los cultos enseñar 
historia, evitar que se enseñe en las escue- 
las primarias, ni va a ser posible que todos 
y cada uno de los profesores que enseñen 
historia patria tengan determinado crite- 
rio político para enseñar esa historia, y 
menos los que nos preciamos de liberales 
vamos a exigir un cartabón especial para 
que se enseñe la historia de México. Sin 
embargo, el laicismo que en la enseñanza 
religiosa es un gran peso, creo que 
toda la asamblea está por el laicismo 
en la enseñanza primaria, tanto en las 
escuelas particulares como en las escue- 



314 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



las oficiales, por más que los brillantes 
argumentos de los oradores del contra del 
primer dictamen no hayan satisfecho de 
una manera absoluta. 

Han hecho uso de varias clases de argu- 
mentos; los históricos, demostrando que 
el pensamiento vive a pesar de las trabas 
que se le pongan; pero este argumento 
no quiere decir que haya ocasión de 
limitar un poco la acción del clero. Por 
otra parte, se ha hecho uso del argumento 
que podríamos llamar político -interna- 
cional, que tampoco es convincente, 
señores, porque es tal el carácter de 
nosotros los mexicanos, -y lo digo con 
orgullo-, que somos perfectamente 
capaces de ir al aniquilamiento para 
sostener y hacer que se realice positiva- 
mente en la práctica el hecho de que si 
alguien nos vence, venga a encontrar aquí 
sólo tumbas, como dice nuestro himno 
nacional. (Aplausos.) No vamos a buscar 
pleitos. Así, pues, el argumento de polí- 
tica internacional, aunque prudente, 
aunque sólido, no es un argumento 
decisivo. 

Se ha esgrimido también otro argumento 
de política interior; se ha dicho: retrogra- 
damos tres siglos y nos exponemos a que 
los vencidos, a que el partido clerical se 
levante en armas, proclamando la liberal 
Constitución de 57. Este argumento tiene 



peso también, pero tampoco es el argu- 
mento decisivo, porque, señores somos 
tan liberales y tan radicales todos los que 
estamos aquí que, por más que hagamos, 
nuestra Constitución siempre les va a 
producir un poco de escozor a los curas. 
No es tampoco un argumento decisivo, así 
como no lo es tampoco el último argu- 
mento que se ha esgrimido y que podemos 
llamar "el argumento de la cortesía." ¿Qué 
es una falta de respeto contrariar abierta- 
mente al Primer Jefe? 

No, señores, esto no es una falta de 
respeto; sólo será un tanto cuanto conven- 
cional. En mi concepto, la verdad de 
las cosas está en término medio entre 
estas opiniones: no vamos a salvarnos 
violentamente porque se establezca el 
laicismo en toda clase de escuelas, ni tam- 
poco vamos a hundirnos porque se 
establezca el laicismo en las escuelas 
primarias, ya sean particulares u oficia- 
les. Más aun, parece que va casi ni hay 
debate sobre esto, toda vez que los orado- 
res del pro y del contra están conformes 
en que así se establezca. Queda ahora la 
famosa cuestión de dónde se colocará ese 
principio. Esto, señores, es una cues- 
tión que parece un poco ridicula, que 
parece que antes de comprar un mueble, 
estamos pensando el lugar de la casa 
donde vamos a ponerlo. Por otra parte, 
se ha hablado de maniobras políticas, se 



Artículo : 



315 



ha hablado de complots; yo creo que simple 
y sencillamente todo esto sale sobrando. 

Vamos a analizar cuál es el lugar que le 
corresponde; espero que lleguemos a 
la verdad, pero si acaso no llegamos, 
pongámoslo en cualquier parte y para 
llegar a esta verdad permítaseme hacer 
un análisis de las partes fundamentales 
que debe contener una Constitución. 
Debo decir, en honor de la verdad, que 
por especulaciones meramente cientí- 
ficas, nadie puede decir cuántas partes 
debe tener una Constitución; las partes de 
la Constitución las ha determinado la 
práctica y la política de todas las nacio- 
nes del mundo, desde la época de todos 
los grandes estados orientales, hasta 
nuestros días, pasando por el estado con 
unidad interna, que fue el estado antiguo. 
Me perdonarán sus señorías que no haga 
un análisis largo, porque recordaría que 
les está haciendo falta a los alumnos 
de derecho público que me esperan en 
México y no quiero comparar a los señores 
diputados con mis alumnos. Voy sencilla- 
mente a llegar a la síntesis de lo que debe 
contener una Constitución. 

Debe contener, en primer lugar, un tra- 
tado de garantías individuales que consigne 
los derechos de los individuos como 
tales, con relación al estado, es decir, las 
restricciones que se ponen al poder 



público con relación a los individuos. 
En segundo lugar, debe contener la 
manera política como el pueblo ejerza 
su soberanía, es decir, debe establecer, 
quiénes son nacionales, quiénes extran- 
jeros, quiénes ciudadanos, quiénes no son 
y cómo y cuáles derechos deberán tener 
los nacionales, los extranjeros, los ciuda- 
danos y los no ciudadanos. 

Esta segunda parte se refiere al pueblo 
como pueblo. 

La tercera parte se refiere a las relaciones 
de los diversos órganos del poder público. 
Y la cuarta parte debe referirse a las rela- 
ciones entre el poder público, y una 
multitud, una asociación, principal- 
mente la iglesia, que durante la edad media 
le disputara el poder al gobierno y que 
subsisten todavía aunque ya sin facultad 
coercitiva, y esto es precisamente lo que 
las distingue del gobierno; y esta última 
parte de la Constitución viene a estable- 
cer esas relaciones. 

Si analizamos debidamente los conceptos 
que propone la comisión para el proyecto 
del artículo 3 o , nos encontramos con 
esto: lo primero que se dice es que debe 
limitarse la enseñanza en el sentido de 
que sea laica la que se imparta, tanto 
en las escuelas oficiales, como en las 
escuelas particulares. Dándose por sen- 



316 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



tado este principio lógico, el lugar que le 
corresponde es el artículo 3 o , puesto 
que, como analizó el señor licenciado 
Truchuelo, después de la regla general, 
debe venir la excepción; pero vamos a la 
otra restricción. 

La otra restricción consiste en que ni las 
corporaciones religiosas ni los ministros 
de los cultos puedan impartir la instruc- 
ción primaria. ¿Esta es una restricción 
propia a la enseñanza? Creo, señores, que 
es más bien una restricción que corres- 
ponde a las relaciones del estado con la 
iglesia, y se me dirá: ¿dónde ordenamos 
esto? El señor Truchuelo demostró ya 
que no cabe en el artículo 27 porque se 
refiere a la propiedad, e intentó demos- 
trar que no cabe en el artículo 129, porque 
se refiere a la disciplina de los cultos. Voy 
a procurar demostrar que sí cabe en el 
artículo 129, que dice así: 

"Art. 129. - Corresponde exclusivamente 
a los poderes federales, ejercer, en materia 
de culto religioso y disciplina externa, la 
intervención que designen las leyes. 

"El estado y la iglesia son independientes 
entre sí. 

"El Congreso no puede dictar leyes esta- 
bleciendo o prohibiendo religión alguna," 

Este artículo se nos dice que no puede 
encerrar la prohibición a los sacerdotes 



y a las corporaciones religiosas de impar- 
tir la instrucción primaria; primero, porque 
se refiere exclusivamente a disciplina de 
cultos. 

Yo creo que esto no es exacto, señores, 
creo que este artículo está mal redactado; 
pero no creo que sea exacto que se refiere 
exclusivamente a disciplina de cultos; 
se han sugestionado los impugnadores de 
él, por el principio del artículo que 
comienza donde no debería comenzar, si 
en vez de redactar el artículo en la forma 
que está, principiamos por decir: "el estado 
y las iglesias -porque debemos decir 
las iglesias- son independientes entre 
sí, ni éstas ni sus ministros podrán impar- 
tir educación alguna." etc., y luego decir: 
"corresponde exclusivamente a los 
poderes reglamentar la educación," etc. 
Con una simple transposición en el 
párrafo del artículo, creo que habremos 
encontrado el lugar donde quepa la restric- 
ción que se solicita; pero si esto no se 
considera bastante, incluyendo, como creo 
incluir, que esta restricción comprenda a 
las corporaciones religiosas y a los minis- 
tros de los cultos para impartir instruc- 
ción primaria, se coloque en el lugar de 
la Constitución en que debe ponerse la 
restricción entre los poderes públicos y 
las iglesias, o bien se puede hacer un 
artículo nuevo y ponerlo en este lugar. 



Artículo : 



317 



Creo, pues, que si cabe en el artículo 129 
y que si no, tal vez se puede hacer otro 
artículo y creo por último, que si se tratara 
de una maniobra política, a los que somos 
partidarios del laicismo en las escuelas, 
no se nos engañarían tan fácilmente. Creo 
sencillamente que lo mejor es lo que se 
nos ha propuesto ya; que se voten juntos 
los dos artículos; redactamos el artículo 
129 en la forma que se me ha ocurrido y 
que me parece que corrigiendo un defecto 
de redacción, podemos votar juntos o 
antes, si se quiere, el artículo 129. Así 
habremos terminado una discusión en la 
que, en último análisis, no estamos 
haciendo otra cosa que sostener, unos, lo 
de lo negro pardo, y otros, lo de lo absolu- 
tamente negro. 

- Un C. secretario: El C. presidente, suje- 
tándose al reglamento, consulta si está 
suficientemente discutido el asunto. 
(Voces: ¡no, no!) Los que estén por la afir- 
mativa, sírvanse ponerse de pie. (Voces: 
¡no hay mayoría!) Sigue la discusión. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. González Torres. 

- C. Espinosa: Yo pedí la palabra antes. 

- El C. González Torres: Señores dipu- 
tados: vengo a manifestar a ustedes que 
estoy de acuerdo en todo con el artículo 



propuesto por la comisión, menos en una 
palabra, que es esta: "laica," que debe, 
en mi concepto, substituirse por esta otra: 
"racional." Se ha hecho gala de erudición 
y se han inventado miles y miles de 
ardides, con objeto de distraer en la mayor 
parte de los casos la atención de la asam- 
blea respecto a la cuestión; sólo hasta 
última hora es cuando se ha fijado el 
punto a discusión. 

Protesto con toda energía que a los que 
pensamos con la comisión se nos crea 
obstruccionistas del Primer Jefe; protesto 
con toda energía que se nos atribuyan a 
nosotros inclinaciones por la tiranía y el 
retroceso, más por personalidades como 
el señor Macías, que nos quiere dar el 
timo de liberal. (Aplausos.) 

Protesto, señores, por que se crea que 
atacamos la libertad de conciencia, la 
libertad de cultos, el derecho de la instruc- 
ción. Nosotros pretendemos única y 
exclusivamente salvaguardar a la niñez; 
pretendemos evitar que se inculque en 
sus cerebros, cuando está incapacitada 
para seleccionar lo que es bueno de lo 
que es malo, ideas absurdas y cuando 
no está demostrado científicamente; 
queremos impedir a toda costa que haya 
establecimientos religiosos que impartan 
la instrucción primaria elemental y supe- 
rior, porque estamos convencidos de los 



318 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



pésimos resultados que han dado; yo 
vengo a hablaros sin filigranas, sin 
bizantinismos, vengo a hablar a vuestra 
conciencia, aunque maltrate vuestros 
oídos. 

Mi palabra carecerá de expresión oro- 
pelesca, pero será sincera y patriota. 
No hemos pretendió atacar el derecho de 
instrucción; desde el momento en que 
consideramos y aceptamos la libertad 
física del hombre, desde el momento en 
que aceptamos su libertad moral, es claro 
y es inconcuso el derecho que tiene a 
ilustrarse e instruirse; pero recapacitemos 
un poco, hagamos algunas consideracio- 
nes filosófico-morales y nos convence- 
remos de que hay necesidad de establecer 
ciertas restricciones. En efecto, señores, 
la enseñanza, la instrucción, para que sea 
buena, para que llene su objeto, que es el 
perfeccionamiento del hombre y la mujer, 
necesita estar sólidamente fundada en 
principios científicos incontrovertibles, 
porque si no, carecería de estabilidad y 
vendría a ser el origen, la fuente de 
errores y preocupaciones y de supersti- 
ciones que tanto deploramos en nuestro 
pueblo. 

Yo creo, que estas razones, que deben 
suprimirse los establecimientos religio- 
sos de enseñanza primaria elemental y 
superior, de cualquiera clase de religión 



que se trate; no bastaría obligar a estos 
establecimientos a que se concretaran al 
programa que el gobierno debe fijar, 
porque con el pretexto de la libertad de 
cultos, al empezar las clases y al termi- 
narlas, obligarían a sus alumnos a que se 
sometieran a ciertas prácticas religio- 
sas que de todos modos son perjudi- 
ciales. No es conveniente que se permitan 
las escuelas religiosas para educar a los 
niños, porque aunque las religiones hayan 
sido dictadas por necesidades morales de 
la sociedad y tengan principios efectiva- 
mente morales en la actualidad todos 
estamos convencidos de que las religio- 
nes están perfectamente corrompidas y 
que se han convertido en una trama de 
cuentos y de leyendas, de absurdos y 
de aberraciones con las que procuran 
envolver la inteligencia y el corazón de 
los niños con objeto de apropiarse del ser 
futuro y después poder manejarlo a su 
antojo siempre con fines bastardos. 

Ahora bien, es un hecho que durante 
los primeros años de la niñez, durante los 
primeros años de la vida del hombre, 
no influye gran cosa el raciocinio en el 
cerebro para asimilarse las ideas, aun que 
aceptar la práctica de la costumbre, sino 
que más influye más que nada el instinto 
de imitación, la perseverancia, la constan- 
cia de ciertas prácticas, la constancia de 
determinados consejos y de ciertas máxi- 



Artículo : 



319 



mas, es lo que viene a hacer que el niño 
se incline a lo que ve y oye decir; de allí 
que en el futuro tropiece con gran dificul- 
tad para convencerse de que lo que le 
enseñaron es un error. 

A todos nos consta, a todos los que haya- 
mos sido educados en los principios 
católicos, la tremenda lucha moral que 
sostenemos interiormente al irnos con- 
venciendo con la verdad de la ciencia de 
los errores en que estábamos; y esto, 
señores, cuando estamos animados de la 
mejor voluntad para que se imponga 
la razón, es decir, cuando se trata de 
hombres que llamamos cerebrales que 
cuando se trata de sentimentalistas, 
de individuos dominados por el corazón, 
influye más el prestigio, el recuerdo y 
veneración que conservan por los tradi- 
cionales conceptos que han recibido en 
el hogar, que los principios científicos 
perfectamente demostrados, y se conser- 
van en el error. 

Ahora bien, al implantar estas restric- 
ciones, no deben considerarse como un 
atentado, sino al contrario, como una 
salvaguardia; el señor licenciado Macías 
ha demostrado ese punto; mientras que 
sí es atentatorio que una persona, valida 
de su capacidad, valida de la superiori- 
dad física y moral que ejerce sobre un 
pequeño, le inculque ideas y le haga creer 



errores de los que él mismo está conven- 
cido. Ahora bien, señores, se ha tratado 
de la forma jurídica en que está presen- 
tado el dictamen y se ha alegado que las 
constituciones deben ser principalmente 
preceptivas, que sería ridículo y nos 
dirían torpes en el extranjero y en todo 
el mundo porque incluyamos ciertos pre- 
ceptos que vienen siendo reglamentarios. 

La Constitución de Estados Unidos, la 
primera, fue hecha apegándose perfecta- 
mente a estos principios jurídicos; después 
se convencieron de su error y la han 
reglamentado de cierta forma. Y ¿qué 
nos importa a nosotros que afuera, en el 
extranjero y aun aquí mismo se nos diga 
todo esto, si estamos perfectamente con- 
vencidos de que necesitamos reglamentar 
ciertos puntos dentro de la Constitución? 
¿por qué no hemos de ser los primeros 
que presentemos una Constitución en 
cierta forma fuera de los principios jurí- 
dicos, pero de acuerdo con las necesida- 
des prácticas de la república? No creo 
que debamos tener algún temor en este 
sentido. 

Respecto al principio laico o a la palabra 
"laica" que no me parece que sea acep- 
table en nuestras actuales circunstan- 
cias, voy a permitirme leer un artículo 
publicado en "Acción Mundial" en el mes 
de marzo por un señor Julio S. Hernández, 



320 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



que toda la mayoría debe de conocer 
como un ilustrado profesor, (lo leyó.) 
Creo que es suficiente con la parte del 
artículo que he leído a ustedes y por 
tal motivo yo pido que se tome en consi- 
deración el voto particular que ha emitido 
el señor Monzón. 

- El C. presidente: Tiene la palabra en 
contra el C. Álvarez. 

- El C. Álvarez: Señores diputados: he 
pedido la palabra contra el dictamen 
de la comisión, pues aun cuando estos 
con el de entero acuerdo en cuanto a las 
restricciones que señala para la ense- 
ñanza, tengo que impugnar el calificativo 
de "laica" que se le ha designado, pues 
considero que tal palabra significa neu- 
tralidad y que, por tal motivo, volverá a 
servir de barrera infranqueable para la 
enseñanza de la verdad por no lastimar 
las estúpidas mentiras de ciertos dogmas 
religiosos. La iniciativa que en su debida 
oportunidad presenté a la comisión y de 
la cual veo con satisfacción que se ha 
adaptado la mayor parte, indicaba para 
la instrucción oficial la condición de que 
fuera liberal o racional; es decir, cientí- 
fica basada en la verdad. 

Celebro mucho que la primera vez que 
dirijo la palabra a vuestra soberanía, 
sea cuando parece volver a encauzarse 



la discusión por el terreno sano, por el 
terreno de las ideas... pero no quiero 
que pasemos desapercibido, señores 
diputados, que durante esa lucha de 
personalidades, el señor diputado Rojas 
ha tomado en sus manos, como un aparta - 
rayos contra la atmósfera de tempestad 
que reinaba en esta Cámara, al señor 
licenciado Manuel Aguirre Berlanga, a 
quien esta misma asamblea, y a inicia- 
tiva precisamente del señor Palavicini, 
tributó un aplauso cuando estaba pre- 
sente, por su brillante y patriótica 
gestión entre nosotros. (Aplausos.) 

¿Qué va a decir el mismo señor Aguirre 
Berlanga de ese valor civil, como lo ha 
llamado nuestro respetable presidente, 
de atacar a un ausente cuando lo hemos 
aplaudido en su presencia?... Cuando 
estaba aquí le tributamos un aplauso 
unánime por su gestión y hoy que está 
ausente se le ataca... ¿Y es esto valor 
civil? 

A este respecto permítaseme sólo hacer 
una pregunta a la asamblea, a vosotros, 
compañeros míos, jacobinos, que habita- 
mos en el número 3 de la calle de la 
Libertad: ¿habéis visto alguno en sesión, 
club, cambio de ideas o cosa análoga al 
señor Aguirre Berlanga, no ya presi- 
diendo, sino simplemente como asistente? 
(Voces: ¡no, no, no,!) Entonces ¿por qué 



Artículo : 



321 



esa inconsecuencia? ¿Por qué tomarlo 
como instrumento político para producir 
efectos políticos, según la teoría de Luis 
Manuel Rojas, cuando no ha dado motivo 
para ello? Yo no tengo con Aguirre 
Berlanga ligas ningunas, pero me place 
que esta asamblea sea ecuánime, que no 
nos pongamos en ridículo y demos mues- 
tras de verdadero valor civil... Hechas 
estas rectificaciones y apartándonos ya 
del camino de las personalidades, pase- 
mos al estudio del artículo 3 o tan traído y 
llevado, pero tan poco estudiado. 

Me encuentro con que ya todo se ha 
dicho, se ha paseado por esta tribuna con 
lujo de elocuencia todo cuanto podía 
decirse respecto a la diferencia de opinio- 
nes entre el liberalismo clásico y el aterra- 
dor jacobinismo... y al fin ha resultado 
que tan jacobinos somos los que quere- 
mos que desde el artículo 3 o se restrinja 
la libertad de enseñanza, como los que 
quieren restringirla en los artículos 27 o 
129; y si estamos ya de acuerdo en la idea 
fundamental, si todos habéis ya conve- 
nido en que es indispensable evitar que 
el clero vuelva a hacer al derredor del 
intelecto de nuestros niños el mismo 
cincho de hierro que, como dijo el dipu- 
tado Macías, acostumbrada la iglesia 
formar para impedir el paso de la verdad 
y de la luz. 



El señor diputado licenciado José Nati- 
vidad Macías, 17 años representante del 
distrito de Apatzingán del estado de 
Michoacán de Ocampo, que su señoría 
no conoce ni en pintura, no sabía por qué 
protestaba yo desde mi asiento, cuando 
él abarrotaba la tribuna, parecía que 
para tiempo indefinido, y nos increpaba 
duramente porque no esperábamos ocho 
a o quince días para venir a contestarle, y 
ya que ahora vengo a hacerlo yo, permí- 
tame monseñor que le diga cuáles son los 
puntos en que no podemos estar de 
acuerdo. 

Se ha dicho aquí en primer lugar que hay 
en la Cámara dos partidos, y, accediendo 
a la insinuación hecha por todos los 
oradores, voy a manifestar cuál es sobre 
este asunto mi opinión. Aquí no hay tales 
partidos: los señores (señalando el ala 
derecha del orador), se han esforzado por 
encontrarnos un presidente a los que nos 
sentamos a la derecha de la Cámara y 
colocárnoslo "a fortiori"... buscaron pri- 
mero al señor licenciado Acuña, y luego, 
cuando no se consiguió que aquella 
persona sirviera para producir los efectos 
políticos deseados, se nos buscó al señor 
licenciado Aguirre Berlanga, que afortu- 
nadamente no sirvió para el efecto polí- 
tico que se buscaba. Ahora, después, se 
nos hace la grandísima honra, porque 



322 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



honra es, que se llama el jefe de los 
jacobinos al glorioso manco de León y 
de Celaya... (Aplausos.) ¡Cómo si él 
tuviera necesidad, para conquistar glo- 
rias y honores, de descender a rastrerías 
entretejidas en política de ministerio!... 
(Aplausos.) Señores, el general Obregón, 
el que hizo morder el polvo a las huestes 
de su señoría... Iba a decir Macías, 
pero es Mora y del Río... Ese glorioso 
manco de León y de Celaya, tiene gloria 
para él y para prestarla a sus detractores... 
(Aplausos.) 

Volvamos, pues, al artículo 3 o y exami- 
nemos las razones, de Macías para que no 
se restrinja la libertad absoluta de ense- 
ñanza. Ya me fastidiaría tener que repetir 
lo que habéis dicho todos llamando al 
clero el eterno enemigo de nuestras liber- 
tades, acérrimo enemigo de los ideales 
revolucionarios, pero debo recordar que 
es ese clero quien trata de formar el 
cincho de hierro que tanta gracia hizo 
al señor Macías. 

Por eso fue ese cincho imponente para 
contener el avance del progreso, que no 
se detiene con dogmas y con excomu- 
niones, y no es como quiso hacer enten- 
der monseñor Macías, la restricción de 
la enseñanza que nosotros pretendemos, 
un cincho que se pone a las inteligencias, 



sino que nosotros venimos a destruir el 
que los curas ponen en la inteligencia 
de los niños con sus estúpidas mentiras 
y haciéndoles perder la razón, quitando 
a esos bichos el derecho, no de enseñar, 
porque el cura no enseña, sino que impone 
su doctrina haciendo al niño que pierda 
el uso de su razón, forma en derredor 
suyo en espeso velo que no le permite la 
entrada de la verdad, la entrada de la luz. 

Los señores abogados entendidos en 
puntos y comas constitucionales, han 
formado en nuestra cabeza una maraña 
imposible, al tratar de demostrar unos que 
sí y otros que no cabe en el artículo 
3 o , sino en el 27 o en el 129, la restric- 
ción de que venimos tratando; pongá- 
mosla, señores diputados, en el artículo 
3 o y esta será la mejor demostración de 
que cabe. 

Si la libertad no puede existir en una 
forma absoluta, si, como dice un gran 
filósofo, "no son pueblos libres los que 
no obedecen a ley ninguna en un alarde 
quijotesco la libertad, sino los pueblos que 
son autores de sus propias leyes, pues en 
este caso sólo obedecen a su propia 
voluntad," si nosotros somos la represen- 
tación popular para formar la ley y a eso 
venimos, a restringir la libertad de cada 
uno en bien de la colectividad ¿por qué 



Artículo 3 323 



nos detenemos? Hagámoslo, Señores, no 
perdamos el tiempo miserablemente, 
trabajemos de una vez. 

Examinando este asunto bajo el punto 
de vista histórico, nos decía el diputado 
Macías que todos los Congresos liberales 
vinieron a dar con el principio de la 
libertad absoluta y para no poner más 
que un ejemplo de cual ha sido el resul- 
tado de esa libertad absoluta, me quiero 
referir a lo que sucedió en tiempo del 
señor Madero, que aun cuando no hubo 
Congreso Constituyente, se dejó sin res- 
tricción alguna la más completa libertad. 
¿Cuál fue entonces el resultado? Que a los 
pocos meses, en mi pueblo, Zamora, cuyo 
nombre debe haber llegado hasta 
vuestros oídos envuelto en el perfume 
del incienso, los repiques de ánimas y 
los sermones de los frailes, se juntaban 
ya los principales obispos de la repú- 
blica y los más connotados conservadores 
a fraguar la caída del señor Madero. Y eso 
es lo que se pretende hacer con el 
gobierno del señor Carranza: dejar otra 
vez la puerta abierta para los frailes y los 
conservadores den otro golpe de estado. 
Entonces, señores, los liberales dorados 
se quedaran otra vez en sus cumies y esta- 
rían al lado del Primer Jefe los jacobinos 
rabiosos con el primer jacobino de la 
república: el glorioso manco de León. 
(Aplausos.) 



Es por eso que nosotros los jacobinos no 
transigiremos nunca con el enemigo, pues 
si dejamos otra vez la puerta abierta, 
volverán a colarse nuestros enemigos. 
No es que nosotros tengamos capricho 
de que se restrinja la libertad de ense- 
ñanza en el artículo 3 o y no en el 129; 
comprendemos que es su legítimo lugar 
en el 3 o y que como ya se [ha] dicho, 
no es restringir la libertad dar garan- 
tías a quienes han sido víctimas de la 
difusión de error. 

Se nos habla también de que este título 
trata sólo de las garantías individuales, y 
que no cabe, por tanto, la restricción al 
individuo, y bien, señores ¿el indio no 
tiene garantías? ¿el indio no es indivi- 
duo? Que, ¿vamos a decirle a aquella raza 
abnegada, cuyos últimos representantes 
vagan por los pinares olorosos y los cafe- 
tales del distrito de Uruapan, que por no 
molestar a los frailes no fue posible 
darles a ellos garantías? Si restringimos 
la libertad de enseñar que el fraile dice 
tener, se nos asusta con un terrible men- 
saje de los Estados Unidos, en que se 
pregunta si es cierto que fue asesinado 
el señor Carranza. ¡Ah, señores!... ¡esto es 
una atrocidad!... ¡qué cosa tan terrible!... 
Se pregunta si ha sido asesinado el señor 
Carranza... y de los Estados Unidos y 
en cambio nuestra raza gime en el aban- 
dono más completo, nuestra pobre raza 



324 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



indígena es víctima de esa sociedad 
anónima explotadora del sentimiento reli- 
gioso que se llama clero, y nadie protesta, 
nadie pide para ella garantías. Deje- 
mos, señores diputados, que pregunten 
los yankees lo que les parezca y hagamos 
nosotros para nuestro pobre pueblo la ley 
que tanto necesita, la ley que le convenga. 
(Aplausos.) 

Por último, refiriéndome a la diferencia 
de mi opinión respecto al dictamen de 
la comisión, quiero que vuestra sobera- 
nía decida. Que quede en el Diario de los 
Debates, en esa constancia del criterio 
jurídico de esta asamblea, la contesta- 
ción a las dudas, a las diferencias de 
opiniones y se sepa de una vez para 
todas: ¿el calificativo de laica en la ense- 
ñanza, obliga al maestro a callar ante la 
necesidad de enseñar la verdad por temor 
de destruir el dogma religioso?. . . ¿Vamos 
nosotros a entregar al maestro en 
manos de la autoridad, como ha suce- 
dido en muchos pueblos de mi estado, en 
donde el maestro ha sido procesado, 
-no en este tiempo en que la revolución 
domina-, porque ha enseñado que no es 
exacto que el hombre haya sido formado 
de un mono de lodo? Ha sido proce- 
sado el maestro acusado de salirse del 
límite de laico, cuando al explicar el origen 
de los mundos, ha tenido que destruir la 



fábula del creador divertido en hacer 
ocho días peces de colores, hombres y 
animales de todas clases... Esta con- 
ducta, que parece autorizar la ense- 
ñanza laica, es la que quiero que quede 
desunida. Yo suplico a ustedes, señores 
diputados, que se dé por terminado 
el debate y que de una vez para todas, 
establezcamos la garantía individual 
de enseñar la verdad y la garantía indi- 
vidual de que no sea enseñado el error. 
(Aplausos.) 

- Un C. secretario: Se pregunta a la asam- 
blea si está suficientemente discutido. 
(Voces: ¡no, no!) 

- El C. Nafarrete: Para una moción de 
orden. El artículo 3 1 dice que desde que 
nace el niño hasta la edad de diez años, 
tiene la obligación de tener la educación 
laica; por consiguiente, el artículo 3 o , tal 
como está redactado por el Primer Jefe, 
en el artículo 3 o en que dice que desde 
que nacen los niños hasta la edad de diez 
años son laicos. (Risas.) De manera es 
que al discutir el artículo 3 o , no tienen 
razón en todas sus partes. Yo nada más 
quería en este caso que se cambiara la 
palabra laica por otra. Porque desde que 
nace el niño, hasta los diez años, es 
forzoso ir a la escuela. De manera es que 
está agotada la discusión por el manco 
de León. 



Artículo 3 325 



- El C. Palavicini: Pido la palabra para 
una moción de orden, señor presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
señor Palavicini. 

- El C. Palavicini: Señores, yo que no me 
apego, cuando se trata de personas, a la 
cuestión de reglamento; no hago ninguna 
objeción a que su señoría siga allí sentado 
aun cuando ha tomado parte en el debate; 
pero si yo le suplico que tenga en cuenta 
el siguiente hecho. El señor diputado 
Álvarez estaba inscrito en contra del 
dictamen de la comisión. Eso lo sabía su 
señoría. Ahora bien, pido la palabra para 
rectificación de hechos en esa tribuna, se 
entiende. (Voces: ¡no, no!) Sí, señores, 
porque yo soy hombre honrado. De todas 
maneras, en primer lugar, me da derecho 
el reglamento y, en segundo, el buen sen- 
tido, puesto que el señor ha debido hablar 
en contra y sin embargo lo ha hecho en 
pro, y en tal virtud pido la palabra para 
rectificación de hechos, pero entendién- 
dose que para hablar en contra. 



lealtad y buena fe de nosotros, sino está 
en el mañoso ardid de los señores repre- 
sentantes. El señor Álvarez, con un 
mañoso ardid, se ha inscrito en contra 
del dictamen y ha venido a hablar en 
pro de él. Esta es una habilidad, yo la 
respeto, pero me dirijo al buen sentido 
de usted para decirle que el reglamento 
me autoriza para rectificación de hechos; 
pero yo lo quiero hacer para hablar en 
contra del dictamen; esto es lo que quiero 
hacer. Pido, pues, que se me conceda la 
palabra para ir a la tribuna. (Voces: ¡no, 
no!) Sírvase usted mandar leer el artículo 
105 del reglamento. 

- Un C. secretario: La presidencia pre- 
gunta a la asamblea, de conformidad 
con el artículo 102 del reglamento, si con- 
sidera suficientemente discutido el 
artículo. -Los que crean que está sufi- 
cientemente discutido, se servirán ponerse 
de pie. -No está- Sigue la discusión. 

- El C. De los Santos: Señor, hubo mayo- 
ría parada. (Voces: ¡No, no!) 



- El C. presidente: El señor estaba inscrito 
para hablar en contra, y es el mismo caso 
que se citó ayer. 

- El C. Palavicini: Permítame su señoría 
le diga que no. Parece, señor, que la habili- 
dad política del parlamento no está en la 



- El C. Palavicini: Pido la palabra para 
una moción de orden. He sometido a la 
presidencia del Congreso una moción 
de orden y el señor presidente no la ha 
substanciado: ya había yo advertido que 
no podía estar presidiendo (haciendo 
referencia al señor general González 



326 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Torres) y tomando a la vez parte en el 
debate. He pedido la palabra para recti- 
ficación de hechos, y no se me ha con- 
testado. Yo pido una cosa justa, dentro 
del reglamento. Yo digo, señor presidente, 
que el orador que acaba de hacer uso 
de la palabra, señor Álvarez, ha hablado 
en pro del dictamen, no obstante que 
se había inscrito para hablar en contra. 
Ha agotado el turno, franca y sencilla- 
mente, porque él habló en pro del 
dictamen. Ahora bien, yo pido la pala- 
bra para rectificar hechos que van a servir 
para hablar en contra. Es lo justo, lo 
moral, es lo legítimo... 

- El C. Calderón, interrumpiendo: Para 
un hecho, señor presidente. El diputado 
Álvarez seguramente que no puede 
contestar a los cargos del señor Palavi- 
cini, pues se siente un poco malo, lo 
acabo de ver allí fuera. Aunque, en efecto, 
el discurso que pronunció en esta tri- 
buna el señor Álvarez no está preciso, el 
hecho es que no acepta en todas sus 
partes el dictamen de la comisión, como 
es la palabra laica que está allí. 

- El C. Palavicini: Insisto en mi moción de 
orden, señor presidente, y yo suplico que 
se cumpla con el reglamento, pues quiero 
hacer rectificación de hechos que servi- 
rán para hablar en contra. 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Palavicini para rectificar hechos. 

- El C. Palavicini: El reglamento me lo 
consiente, con el más elemental buen 
sentido. Ustedes han oído hablar al 
elocuente señor Álvarez en pro del dicta- 
men de la comisión. El procedimiento del 
señor Álvarez es un procedimiento viejo 
de chanchullos parlamentarios; esas las 
sabemos hacer nosotros también pero 
hemos querido obrar como gente seria, 
honrada y leal pudimos haber inscrito 
entre los oradores del pro a cinco o diez 
de los nuestros; pero hemos querido 
obrar como hombres honrados. Es la pri- 
mera observación que hago a los que me 
quieren negar el uso de la palabra. 

He dicho: mi rectificación de hechos va 
a servir para nivelar el turno, porque si el 
señor Álvarez habló en pro, es justo que 
uno conteste en contra. 

Confío, señores diputados, en la honradez 
de la Cámara. El señor Álvarez me parece 
más elocuente y más convincente que el 
señor Truchuelo. El señor Truchuelo hizo 
bien en subir a esta tribuna para hacer 
un discurso y comerse curas; el señor 
Truchuelo es de Querétaro, como el 
señor Álvarez es de la mesa central y vive 
como él en una región frailesca. Pero 



Artículo 3 327 



aprovechar debates serios, trascenden- 
tales, para hacer esa pequeña campaña 
política de pueblo, no es precisamente 
lo más provechoso para el criterio de la 
asamblea. 

Nosotros hemos venido aquí a discutir 
ideas y se nos manda a personas que nos 
hagan injurias. Hemos venido a tratar 
cuestiones de honor y se nos suben a esta 
tribuna a ofendernos. Yo he dicho ya aquí 
que las injurias y las ofensas que se me 
dirijan las arrojo al arroyo, que es el 
único lugar donde merecen estar. Vengo 
a contender con hombres serios, de buena 
fe, con gente honrada; a este terreno 
vamos con hechos. 



artículo en un periódico, no nos enseña 
nada nuevo; tenemos la pretensión de 
saber que sabemos algo de lo que nos 
enseñan en la escuela preparatoria; la 
escuela preparatoria tiene bastantes cursos 
para ilustrarnos sobre todas esas cosas 
que a usted le parecen del otro mundo. 

De modo que yo he dicho desde la sesión 
pasada, que el argumento serio, el asunto 
de fondo es inútil exponerlo aquí y de 
gastar tiempo en él, porque todos estamos 
de acuerdo en que necesitamos tomar 
todas las medidas y hacer toda la defensa 
de la sociedad, contra el clero. No tene- 
mos aquí absolutamente ninguno que 
venga a defender sus fueros. 



El señor Truchuelo, que insiste en patro- 
cinar a la comisión en su absurdo de inter- 
calar en el artículo 3 o , que es donde se 
pueden hacer restricciones al poder 
público, quiere intercalar en el artículo 
3 o lo que son restricciones a la iglesia, 
sección que existe en la carta magna que 
está para votarse. El señor Truchuelo nos 
hace un largo y divertido discurso sobre 
historia elemental que absolutamente 
nada nos ilustra. 

Señor general Torres, todo eso que ha 
venido a manifestarnos, ya lo sabíamos 
y seguramente que esa teoría pegajosa 
de don Julio Hernández, que escribió un 



Pero en lo que debemos insistir -en eso 
no estoy de acuerdo con el señor diputado 
Lizardi- es en que no vale la pena dar un 
golpe político, como sin duda es desechar 
un artículo perfectamente bien concebido 
y bien presentado por el Primer Jefe, al 
que sólo le falta una palabra, lo de "laico" 
en las escuelas particulares, que no vale 
la pena derrotarlo en un dictamen cuando 
todos estamos de acuerdo en que puede 
incluirse la exigencia nuestra de restric- 
ción en el artículo que le corresponde. 
¿Es posible tal nimiedad? 

No trato de asustar a nadie, sino de 
convencer; no amenazo; no he querido 



328 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



presentar el telegrama para asesorar a 
nadie; aquí somos conscientes. El asunto 
es este; muchos diputados están de 
acuerdo. Se trata de poner en el artículo 
129, que es restrictivo de la iglesia, la 
restricción que propone la comisión, de 
modo que el debate ese dirá si son buenos 
o malos; a nosotros nos parece detestable. 

En el punto de fondo es inútil el discurso 
del diputado González Torres; pudo 
haberse preparado mejor para apoyar el 
voto feminista, en lo que voy a estar de 
acuerdo con él; pero ha gastado toda 
la elocuencia de Julio Hernández y de un 
escritor de "Acción Mundial," para con- 
vencernos de una cosa de que ya estamos 
convencidos. Es, pues, una cuestión que 
si se quiere ganar con sólo quererlo sin 
derrotar políticamente al jefe ante la 
opinión nacional, ¿por qué no hacerlo, 
señores diputados? Si no hubiera polí- 
ticos, señores diputados, sí se podría 
hacer. (Siseos.) 

Pero la protesta constante de usted allí 
(dirigiéndose al C. diputado Ramos 
Práslow) siempre que uno habla, no es 
más que una tendencia política de obstruc- 
cionar, ya vieja conocida de nosotros. 

En conclusión, señores diputados, el 
discurso del señor Álvarez fue más con- 
veniente que el señor diputado Truchuelo, 



porque el señor Álvarez ha venido 
recogiendo de todas partes los chistes 
que se ponen en la última palabra que se 
pone en la sección divertida de los perió- 
dicos, para venir a hacer un discurso que 
le aplaudieran sus electores de Zamora, 
quienes no deben ser más que la guarni- 
ción; porque si Zamora es un pueblo 
completamente religioso, no pudo haber 
mandado al señor Álvarez. 

- El C. Álvarez: No fui electo yo por 
Zamora, sino por Uruapan. 

- El C. Palavicini: Muy bien, señor Álva- 
rez, me alegro de esta explicación, porque 
si de Zamora fue de donde mandaron a 
usted, y ese pueblo está lleno de faná- 
ticos, y el señor Álvarez viene a sostener 
aquí ideas contrarias a la religión, con 
seguridad que no debe haberlo elegido 
el pueblo, sino la guarnición. 

- EL C. Calderón, interrumpiendo: ¡No veo 
claro! 

- EL C. Palavicini: Su señoría no ve nada 
claro cuando yo hablo aquí. Yo he procu- 
rado siempre que vengo a la tribuna 
hablar con silogismos; yo no he tratado 
nunca, en un discurso, de recurrir a 
chistes de plazuela; yo he venido a hacer 
una labor de verdad, seria, honrada. 



Artículo 3 329 



Entonces, señores diputados, yo propongo 
la solución del señor licenciado Rojas, 
si ustedes quieren votar la restricción del 
artículo 3 o , pero el artículo 3 o como está, 
no lo podemos admitir, tenemos que votar 
en contra de ese dictamen; les dije a uste- 
des que no hablaría más en contra del dicta- 
men, sino para rectificar hechos; nosotros 
consideramos que la literatura está ago- 
tada. (Siseos.) Señor Ramos Práslow, 
usted no ha hecho más que interrumpir. 



diputados, espero las alusiones perso- 
nales del señor. 

- El C. Ramos Práslow, interrumpiendo: 
Como usted lo ha hecho. 

- El C. Palavicini: Cuando llegue la hora 
del debate y de las alusiones personales, 
entonces debe venir el señor con el tele- 
grama en bolsa, un telegrama impreso 
que dirigió a Félix Díaz. 



- El C. Ramos Práslow: Pido la pala- 
bra, señor presidente, para decir quién 
es el señor Palavicini. 

- EL C. presidente: Cuando termine el 
señor Palavicini. 

- El C. Ramos Práslow: El sí está haciendo 
intrigas políticas, pues ha pretendido que 
a todo trance se salve el artículo 3 o , tal 
como lo presentó el Primer Jefe; yo quiero 
hablar y voy a decir quién es el señor 
Palavicini. 

- El C. Palavicini: Que lo apunten: lo 
quiero oír, quiero ver lo que sabe en 
derecho, lo que sabe en principios filosó- 
ficos. ¿Saben ustedes lo que va a decir? 
Va a hacer lo único que puede hacer: 
venir a esta tribuna a dirigirme injurias, a 
lanzarme cargos. En tal virtud, señores 



- El C. Aguirre Amado: Voy a rectificar 
hechos. 

- El C. Palavicini: Estoy en el uso de la 
palabra. 

- El C. presidente: Se llama la atención 
del C. Palavicini. 

- EL C. Palavicini: No le teman a la 
palabra: entonces vendrá el señor Ramos 
Práslow con su telegrama de felicitación... 

- El C. Ramos Práslow, interrumpiendo: 
Miente usted, señor Palavicini. 

- El C. Palavicini: Ya vendrá usted aquí a 
hacer alusiones personales. 

- El C. Ramos Práslow: Yo he defendido 
a la causa con las armas en la mano. 



330 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



- El C. Palavicini: Yo, señores diputados, 
si no fuese interrumpido constante- 
mente por estos señores, no les daría 
este espectáculo; lo lamento, porque he 
repetido muchas veces en esta tribuna, 
que vengo a discutir ideas y no personas; 
pero, señores diputados, no puede uno 
venir a la tribuna sin encontrarse perso- 
nas que lo estén interrumpiendo en 
diversas formas. 

Ruego a la asamblea que me perdone 
haber hecho esta pequeña digresión 
respecto a las personas y voy al asunto. 
La proposición que hacemos soste- 
niendo el artículo 3 o de don Venustiano 
Carranza, el artículo con las modifica- 
ciones que hemos creído conveniente 
poner allí para asegurar el laicismo, es 
para sostener franca y abiertamente una 
cuestión de principios. Queremos sentar 
el precedente de que, pudiendo hacerse 
las cosas bien, no deben hacerse salvajes; 
que al mismo tiempo que conservemos 
la idea, procuremos conservar la restric- 
ción que ellos piden; lo único que quere- 
mos hacer es una cuestión racional, más 
racionalista que la que propone el señor 
Monzón, miembro de la comisión. 

En tal virtud, insisto en manifestar a la 
asamblea que si este debate se prolonga, 
no es por culpa nuestra. Nosotros no 
hemos venido a impedir que se vote 



pronto la Constitución: nosotros hemos 
venido a la Cámara a querer salir cuanto 
antes de ella; ya me habéis oído, desde 
hace días queremos nosotros que se voten 
los artículos y ya sabéis por qué no se ha 
hecho. Si esto no es política, entonces que 
venga la recamarera de mi casa a explicá- 
rosla, porque seguramente lo hará mejor 
que yo. (Una voz, interrumpiendo: Gracias, 
doctor.) Vea usted, señor presidente, no 
es culpa mía contestar las alusiones 
personales que se me hacen. 

En conclusión, señores diputados, el 
hecho es el mismo; todos estamos con- 
formes en la cuestión de forma, pero 
nosotros vamos a votar en contra de ese 
dictamen que ofende al buen sentido, a 
la razón, y que tiene también un peligro, 
un propósito político nacional, que noso- 
tros no vamos a consentir ni podemos 
consentir. 

- El C. Espinosa: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Espinosa. 

- El C. Espinosa: Yo no vengo a esta 
tribuna a injuriar a nadie; vengo a decir, 
según mi humilde criterio, por qué debe 
sostenerse el artículo 3 o tal como lo ha 
presentado la comisión dictaminadora; 



Artículo : 



331 



pero antes, CC. diputados, no por mi, 
sino por la representación que tengo, 
me voy a permitir aquí, de una manera 
breve, hacer una rectificación a lo asen- 
tado por el periódico "El Universal," de 
fecha 14 de los corrientes. Dice en el 
párrafo que lleva por título "Juan Jacobo 
Rousseau y el general Obregón," después 
de algunas consideraciones sobre este 
asunto, lo siguiente: (leyó.) 

No hago esta rectificación por el califi- 
cativo que el cronista de ese diario hace 
de mi humilde labor en este Congreso; no, 
señores diputados, no es por eso. Él es 
muy libre de juzgar mi labor de repre- 
sentante del pueblo como mejor le 
plazca, lo hago únicamente por la enorme 
responsabilidad que tiene cada uno 
de nosotros ante la historia y ante lo que 
pudiera venir mañana, y yo, señores dipu- 
tados, quiero responder de mis actos con 
la entereza con que he sabido hacerlo 
siempre ante cualquiera eventualidad que 
se presenta y hago constar de una vez por 
todas, que en esta asamblea no he sido 
más que uno, es decir, tengo a mucha 
honra pertenecer a los individuos que 
piensan radicalmente, a los que sienten 
en el corazón la revolución; a esos única- 
mente pertenezco. 

Señores diputados: no vayan ustedes a 
creer que porque me siento al lado del 



señor Palavicini -a quien he estimado 
desde hace mucho tiempo-, tal vez 
piense políticamente como él piensa. 
No señores, mis ideas son ampliamente 
conocidas y es por esto que me permito 
hacer una súplica a los representantes de 
la prensa honrada, a los que vienen a 
cumplir con su misión, para que hagan 
esta rectificación; que no he sido un 
día uno y otro día otro, que he sido 
siempre uno, y que si he votado alguna 
vez como el señor Palavicini, es porque 
él ha estado conmigo, pero no porque yo 
haya estado con él. 

Ahora voy a decir a ustedes por qué 
interrumpí al señor Macías, quien me 
merece el más grande respeto y no quiero 
que se tenga de mi humilde personalidad 
un mal concepto. Él dijo en aquella vez 
que lo había interrumpido porque me 
había dormido. Sí, señores diputados, 
es cierto, cuanto después de una hora 
de estar hablando nos había llevado 
hasta el jacobinismo de la revolución 
francesa, me dormí, señores diputados 
(risas) y en mi sueño tuve una horrible 
pesadilla: el señor diputado Macías en esta 
tribuna, no se representaba en mi sueño 
tal cual es, sino que había visto esta tri- 
buna convertida en un pulpito churrigue- 
resco y al diputado Macías con una 
aureola de luz sobre un venerable frente, 



332 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



y su hermoso levitón transformado en una 
sotana de reverendo. (Risas y aplausos.) 

Por la estimación que siento desde 
antaño por dicho señor; desperté cuando 
la pesadilla era cruel y, a pesar de que 
tenía abiertos los ojos, seguí viendo lo 
mismo: esa era la razón de que para ver 
si estaba despierto o estaba soñando, hice 
aquella moción de orden. (Risas.) Señor 
licenciado Cravioto: como voz, al inicia- 
ros en la tribuna ha muchos años, yo os 
imito en esta ocasión muy idéntica a la 
vuestra y os digo que aun hay en el vientre 
de los frailes muchas víboras para colgar 
a los reaccionarios disfrazados de consti- 
tucionalista. Aquí el señor diputado 
Macías, monseñor Macías, dijo que el que 
era revolucionario armado, era jacobino; 
y, señor licenciado Macías, si estáis en 
lo cierto, yo que soy ciudadano armado 
tengo a mucha honra ser jacobino. Aquí 
no hay dos grupos, hay uno solo, el grupo 
revolucionario, perfectamente bien repre- 
sentado en todos aquellos individuos que 
han defendido las ideas de la revolución 
con las armas en la mano. 

Este grupo es único, pero predomi- 
nando este grupo en la asamblea, hay 
hombres que se han unido por intereses 
y ambiciones políticas, y en ese grupo 
concreto, en el de la generalidad, están 



los primeros, es decir, los revolucionarios 
de corazón y en el otro, que no me atrevo 
a llamar grupo por su insignificancia, 
están los conservadores con careta de 
liberales. Se ha dicho aquí que los que 
venimos a impugnar el artículo presen- 
tado por el Primer Jefe somos sus 
enemigos y no sólo se ha querido hacer 
creer que somos enemigos de su política, 
sino aún de su persona, y esto, señores, 
es injusto, porque está en la conciencia 
de todos vosotros y yo los desafío aquí, 
aun hasta a los que vienen a hablar en 
contra del dictamen, para que digan 
honradamente quién de nosotros ha expre- 
sado una idea clara, precisa o embozada, 
que signifique, aunque sea en parte, que 
somos contrarios a la política del Primer 
Jefe o a su persona, al que respetamos 
más que muchos de los que se llaman sus 
amigos. ¿No hay alguno que quiera con- 
cretar el cargo? ¡Aunque lo hubiera, no 
podría! 

- El C. Palavicini: Nosotros no hemos 
atribuido a ninguno individualmente 
ninguna acción contraria al Primer Jefe. 
Nos hemos referido a la acción de derro- 
tarlo políticamente en este asunto de gran 
trascendencia al través de las ideas, que 
es muy diferente a una enemistad perso- 
nal y a la acción política colectiva. Esta 
es mi observación. 



Artículo 3 333 



- El C. Espinosa: Yo invito también a que 
se diga de una manera clara en qué con- 
siste ese ataque a la política del Primer 
Jefe. Yo voy a concretar y a explicar de 
una manera clara, que no hay tales 
ataques a la política del Primer Jefe. 
El artículo 3 o de las reformas presen- 
tadas aquí por el Primer Jefe, no trae 
de diferencia en relación con el artículo de 
la Constitución de 1857, más que una 
sola palabra C. diputado Palavicini, y esa 
palabra es únicamente la de "laica," es 
lo único que trae de diferencia el artículo 
presentado por el Primer Jefe con el 
artículo de la Constitución de 1857. 

Y bien, señores diputados, las ideas, ya 
sean formuladas por escrito o formuladas 
de palabra, ¿pertenecen siempre a un solo 
individuo? De ninguna manera; los que 
hayan estudiado sociología, aunque sea 
de una manera rudimentaria, saben muy 
bien que las ideas son productos colecti- 
vos y no individuales. Así, pues, conside- 
rando bajo este punto de vista sociológico 
el artículo 3 o , no es obra exclusiva del 
Primer Jefe y éste no nos ha traído aquí 
un artículo enteramente nuevo, sino que, 
trayéndonos el artículo del 57, ha querido 
modificarlo, reformándolo como ya ha 
reformado otros muchos artículos de la 
Constitución y que es lo que viene a cons- 
tituir precisamente su obra magna, su 
obra grandiosa, que él creyó que eso era 



suficiente para ver cumplidas las aspi- 
raciones del pueblo. Pero el C. Primer 
Jefe, como humano, pudo haber interpre- 
tado por sí y por aquellos que le ayudaron 
especialmente en estos trabajos, en una 
forma muy alta y muy honrada, ese 
precepto que a muchos no nos satisface. 
Así pues, ¿dónde está aquí el ataque a la 
política o a la obra personal del Primer 
Jefe? 

El artículo 3 o está bien visto que no es de 
él, que es de la Constitución de 57 y que 
tiene únicamente de reforma la adición 
de la palabra "laica." Esta refutación es de 
importancia trascendental, porque aquí 
pudiera creerse que muchos de nosotros 
venimos a hacer política obstruccionista; 
porque de aquí, de donde sale nuestra 
voz, va a reproducirse en los periódicos 
y pudieran llevarse a todos los ámbitos de 
la república esas creencias que nosotros, 
como patriotas, estamos obligados a 
rechazar de manera enérgica y viril. 

Quiero que conste de una vez por to- 
das, que los liberales radicales que nos 
encontramos en el seno de esta asam- 
blea nunca hemos ni siquiera pensado en 
hacer política contra el Primer Jefe; al 
contrario, nuestra actitud es la prueba más 
elocuente de mis palabras. Lo que noso- 
tros queremos no es únicamente por 
nosotros, sino por la responsabilidad que 



334 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



tendremos mañana en la historia; es, 
ciudadanos diputados, antes que todo y 
sobre todo, por la patria y por el pueblo; 
es después por el engrandecimiento aun 
mayor, de esa figura preclara, excelsa, 
que nos ha llevado hasta la conquista de 
nuestros ideales que están cristalizán- 
dose ahora; es por el Primer Jefe y su 
prestigio personal, como un premio a 
su magna labor de patriota inmaculado, 
y es también por nosotros mismos. La apro- 
bación del artículo 3 o que nos presenta 
la comisión dictaminadora, es la aspira- 
ción suprema, el anhelo más grande del 
pueblo mexicano. 

En cambio, señores diputados, el artículo 
como lo presenta el C. Primer Jefe en sus 
reformas, es bueno, es magnífico, pero 
el de la comisión dictaminadora es mucho 
mejor, por que es más amplio y aquél de 
sus amigos -yo no quiero hacer el cargo 
terrible, porque sería menguado, de que 
ellos lo hacen por empequeñecer al C. 
Primer Jefe, o cuando menos por despres- 
tigiarlo- le hacen perder mucho de su 
excelsa figura ante la historia. 

- EL C. Ugarte: El Primer Jefe no es un 
inconsciente. 

- El C. Espinosa: Esas son mis ideas y 
por eso las vierto; así pienso y así hablo. 
La constitución de 57 escribió en sus 



páginas gloriosas principios muy altos 
y muy nobles, pero la tolerancia del 
gobierno a la religión católica hizo que 
no se observaran, que no se practica- 
ran; y hoy, CC. diputados, aun no se ha 
reformado la Constitución, apenas vamos 
a intentarlo en el artículo 3 o y ya se le 
están dando armas al clero para que 
desgarre en sus entrañas a ese artículo, a 
esas reformas constitucionales y esto, 
CC. diputados, no puede ser nunca labor 
de patriotismo. La ley del progreso es 
crear, reformas y trasformar. 

Así, CC. diputados, el artículo 3 o de la 
Constitución de 57, que es el mismo 
presentado en el proyecto de reformas, 
como ya he dicho antes, cuando se 
incluyó en la carta magna respondía 
de una manera admirable a las necesi- 
dades sociales, de aquel tiempo, más 
apegado a las tradiciones religiosas que 
en los tiempos presentes; pero obede- 
ciendo a las leyes del progreso, los 
preceptos de aquel artículo 3 o ya no son 
suficientes a satisfacer las necesidades de 
la sociedad actual. Yo me permitiría pre- 
guntar a este respecto al C. Palavicini, si 
el pantalón que le venía hace treinta años, 
cuando él probablemente tendría diez 
años, podría venirle ahora también. Y esto 
que es aplicable en el desarrollo de los 
individuos, es aplicable también en el 
desarrollo intelectual de las colectivi- 



Artículo 3 335 



dades, o más bien dicho, humanas; es por 
eso que el pueblo de hoy reclama que 
se amplíe hasta donde lo necesita ese 
artículo 3 o que es esencial en nuestra 
Constitución, supuesto que viene nada 
menos que a resolver el problema educa- 
cional que será el engrandecimiento de 
la patria por la escuela. 

Hoy ya no son aplicables las palabras del 
C. Luis Cabrera, que dijera en días memo- 
rables: "La revolución es la revolución." 
No, ciudadanos diputados ahora la faz de 
la lucha política ha cambiado por com- 
pleto y la revolución en estos instantes 
solemnes es este Congreso Constitu- 
yente. La guerra armada no fue, no ha 
sido más que un medio para llegar a la 
realización de este Congreso Constitu- 
yente, allá fue la guerra con todos sus 
desastres y todos sus errores; allá fue la 
guerra material; aquí es la guerra de 
ideas; ésta es fruto de aquélla, y, por 
tanto, ciudadanos, aquí estamos en plena 
revolución, en la revolución de las ideas. 

El artículo 3 o de la Constitución de 57 es 
bueno, como lo he manifestado antes y 
por eso la comisión dictaminadora lo ha 
incluido integro en el artículo que pre- 
senta; no hay absolutamente una de sus 
partes, una de sus palabras que no esté 
incluida en el artículo presentado por la 
comisión; así es que no veo la razón para 



que se obstinen los del contra en que 
este artículo o parte de este artículo, se 
agregue al 27 o al 129, supuesto que al 
artículo del Primer Jefe no se le ha qui- 
tado absolutamente nada, sino que se le 
ha incluido, precisamente porque es 
bueno, en todas y cada una de sus 
partes, en el artículo que presenta la 
comisión. 

Voy a permitirme hacer una demostración 
-porque debemos llegar a tratar, como 
dije, el fondo de este asunto y no única- 
mente la forma-, algunas consideracio- 
nes sobre la diferencia que hay entre uno 
y otro artículo y a explicar la necesidad 
de por qué debe aceptarse el artículo pro- 
puesto por la comisión en todas sus 
partes, es decir, que no debe excluirse 
ninguna de ellas en ninguno de los artícu- 
los, sino que debe sostenerse tal como 
está presentado. El artículo 3 o del proyecto 
de reformas presentado por el C. Primer 
Jefe contiene estas tres partes: 

"Habrá plena libertad de enseñanza; pero 
será laica la que se dé en los estable- 
cimientos oficiales de educación, y gra- 
tuita la enseñanza primaria superior y 
elemental, que se imparta en los mismos 
establecimientos." 

Ese es el contenido del artículo 3 o pre- 
sentado por el C. Primer Jefe y el artículo 
presentado por la comisión es este: 



336 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 191 6-191 7 



"Art. 3 o . - La enseñanza es libre; pero será 
laica la que se dé en los establecimientos 
oficiales de educación; lo mismo que la 
enseñanza primaria, elemental y superior 
que se imparta en los establecimientos 
particulares. 

"Ninguna corporación religiosa, ni minis- 
tro de ningún culto podrá establecer o 
dirigir escuelas de instrucción primaria. 

"Las escuelas primarias particulares sólo 
podrán establecerse sujetándose a la 
vigilancia oficial. 

"En los establecimientos oficiales se 
impartirá gratuitamente la enseñanza 
primaria. " 

Es decir, falta en el artículo presentado 
por el C. Primer jefe todo esto: "la ense- 
ñanza primaria, elemental y superior que 
se imparta en establecimientos particu- 
lares también será laica; ninguna corpo- 
ración religiosa ni ministro de ningún 
culto podrán establecer ni dirigir plante- 
les de educación; las escuelas oficiales y 
particulares sólo podrán establecerse 
siempre que se sujeten a la vigilancia del 
gobierno." Faltan esos tres puntos esen- 
ciales en el artículo presentado por el 
C. Primer Jefe. 

No voy a detenerme en hacer algunas 
consideraciones sobre si el artículo, o, 



más bien dicho, sobre si la parte modi- 
ficada y tan discutida debe agregarse en 
el artículo 27 o en el 129. Por supuesto 
que vengo a sostener que no debe agre- 
garse ni en uno ni en otro artículo. Voy a 
razonar; pero digo mal; no debe incluirse 
ni en el 27 ni en el 129. No hay necesidad 
de que me refiera al artículo 27, supuesto 
que los diputados que han leído y releído 
el proyecto del artículo no saben si es 
más conveniente agregarlo al 27 o al 129. 
Pero como la última determinación es que 
es más apropiado que se agregue al 129, 
voy a referirme a este artículo. 

El señor Palavicini dijo que la parte que 
se refiere a las corporaciones religiosas 
debe agregarse al artículo 129 y no al 
artículo 3 o , porque en éste se trata de 
garantías individuales y no de garantías 
a las colectividades. ¿Qué es esto, señor 
Palavicini? 

- El C. Palavicini: En el artículo 3 o se 
hacen restricciones al poder público en 
favor de individuos y en el artículo 129 
se hacen restricciones a las colectivi- 
dades, de las cuales forman parte las 
congregaciones religiosas. 

- El C. Espinosa: En términos claros, es 
exactamente lo que estoy diciendo. 

- El C. Palavicini: Exactamente. 



Artículo 3 337 



- El C. Espinosa: El artículo 3 o , como a 
todos ustedes consta, trata única y exclu- 
sivamente de la enseñanza; en cambio, 
el artículo 129, también como a ustedes 
consta trata única y exclusivamente de 
las relaciones entre la iglesia y el estado, 
que viene a ser cosa muy distinta la una 
de la otra. Colocándonos en el terreno de 
la propiedad, se me ocurre preguntar. 
Qué ¿no es de razón elemental conside- 
rar que las cosas similares son las que 
deben ir siempre unidas? Es decir ¿no debe 
incorporarse a las escuelas lo que a las 
escuelas corresponde? 

¡Claro que sí, señores diputados! El espí- 
ritu del artículo 129 fija la intervención 
del gobierno federal por medio de la 
ley, en las religiones, pero no fija ni se 
refiere en lo más mínimo a la interven- 
ción que el clero puede tener en las 
escuelas. Por otra parte, no sabemos 
todavía hasta dónde esta asamblea acepta 
y reconoce la existencia de la iglesia, así 
es que sería muy peligroso dej ar esto para 
después y esta es la razón fundamental 
porque hoy vengo a pedir que aceptéis el 
artículo 3 o tal como se encuentra pro- 
puesto por la comisión dictaminadora. 
Traía aquí algunas otras consideraciones 
respecto a las relaciones que debía tener 
el estado con la enseñanza y las que se le 
quedarán a la iglesia en el mismo sentido, 
pero se ha hablado ya tanto de este 



asunto, que voy a optar por suprimirlas. 
Nada más me voy a permitir, para aclarar 
conceptos, hacer unas cuantas rectifica- 
ciones a los argumentos expuestos por el 
licenciado Cravioto y por el licenciado 
Macías. 

Son argumentos que hasta este momento 
no se han tratado y que, como dije a 
ustedes, vienen a razonar. No quiero 
tener la pretensión de que mis razones 
sean las buenas; creo que son verdade- 
ras y buenas y por eso quiero exponerlas. 
El señor licenciado Cravioto dijo que no 
debe prohibirse enseñar la religión, sin 
aducir ninguna razón para que no deba 
prohibirse. Está visto que no se prohibe 
con el artículo 3 o enseñar ninguna reli- 
gión, sino, todo lo contrario, se deja una 
libertad absoluta para enseñar todas las 
religiones existentes en el mundo, sólo 
que lo que el artículo exige es que la 
enseñanza de cualquiera religión no se 
haga en ningún plantel educativo, sino 
que se enseñe en el templo, en el hogar. 
Eso es todo lo que a este respecto quiere 
y exige el artículo 3 o . 

Dice el señor licenciado Cravioto que 
al enemigo se le perdona, refiriéndose al 
clero (Voces: ¡no, no!) Está escrito su 
discurso. Si ustedes dicen que no, no tengo 
interés en sostenerlo. También se ha 
querido ejercer entre nosotros una pre- 



338 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



sión moral, no diré por medio de una 
amenaza, sino bosquejando un peligro; 
se dice que si nosotros sostenemos el 
artículo 3 o tal como está presentado por 
la comisión, provocaremos probable- 
mente las iras del clero y se levantará 
arrollador y majestuoso un movimiento 
clerical que llevará por bandera la Consti- 
tución del 57... (Voces: ¡sí, no!) Está 
escrito. Pregunto a la asamblea si es 
cierto que se dijeron o no, estas palabras. 
(Voces: ¡sí, sí! ¡no, no!) Y que, CC. dipu- 
tados, ¿los que nos hemos lanzado a la 
revolución dispuestos a morir vamos a 
intimidarnos, a temblar como mujeres 
ante esta amenaza? 

No, señores diputados, aquí es donde 
debemos consolidar lo que hemos soste- 
nido con las armas en la mano; eso sería 
una cobardía, sería una traición muy 
grande a nosotros mismos y a nuestros 
ideales; temblar porque se pueda levan- 
tar un enemigo que sólo existe en la 
imaginación de esos señores, que quieren 
venir aquí a sugestionarnos con amena- 
zas de peligro que no existen ni pueden 
existir, porque en la actual revolución no 
hemos peleado únicamente contra los 
opresores, contra los dictadores o contra 
los científicos, sino que hemos peleado 
de una manera muy franca, como le 
consta a toda la república, en contra del 
clero y ese no podrá levantarse en pie 



porque está deshecho. Así es que ¿dónde 
está el peligro? ¿Porque quieren ustedes 
ejercer presión moral con amenazas que 
no existen? ¿Qué nos creen tan niños para 
comulgar con ruedas de molino? Es pre- 
ciso, señores diputados, que se conven- 
zan de una vez por todas, de que a vuestros 
ardides y amenazas políticas expondre- 
mos siempre todo el entusiasmo y toda 
la unión del elemento joven, unido íntima 
y estrechamente por los mismos sen- 
timientos y por las mismas ideas. 

Dijo el C. Cravioto que la salvación de 
la patria son escuelas, escuelas y escuelas; 
sí señor; pero escuelas donde se enseñe la 
verdad científica y no donde se enseñe 
absurdos; la escuela donde el fraile no 
pueda tener la más ligera intervención; 
esas son las escuelas que salvarán a la 
patria, que regenerarán al pueblo y es por 
esto que nosotros vamos a sostener el 
artículo 3 o ; es por eso que queremos que 
se apruebe de una vez por todas con esas 
indicaciones claras y precisas, de que 
ningún representante de ningún culto ni 
de ninguna corporación religiosa podrá 
tener ni la más ligera ingerencia en la 
enseñanza nacional, ya sea esta oficial o 
particular. Es por eso que nos permitimos 
proponer honradamente que se apruebe 
el artículo 3 o tal como está y no que 
esto se deje para agregarse después a 
otro artículo, sea el 27 o el 129. 



Artículo 3 339 



Nosotros, señores, venimos a defender 
ese artículo tal como está presentado y a 
pedir que se apruebe de una vez por todas, 
porque honradamente lo creemos nece- 
sario, porque lo creemos indispensable 
para salvar a la patria por medio de esas 
escuelas que dice el licenciado Cravioto, 
pero que haya siempre una restricción 
para que no se pueda enseñar absoluta- 
mente ningún credo religioso. Dice el 
señor licenciado Macías que con este 
artículo se quita al hombre la libertad de 
aprender o de enseñar. Esto no es cierto; 
no vale ni la pena tomar en cuenta esta 
argumentación; es lastimoso que hombres 
de tanto peso intelectual como el licen- 
ciado Macías, nos vengan con sofismas 
de esta naturaleza. ¿Como va a ser posible 
eso? ¿A quién se quita el derecho de que 
aprenda lo que le dé su gana y enseñe lo 
que sepa, bueno o malo, verídico o real, 
fantástico o absurdo? El niño puede 
aprender en las soledades de su casa lo 
que le dé la gana; el sacerdote puede 
enseñar donde no sea escuela oficial o 
particular; además, tiene el periódico, el 
libro y otros medios. Eso no está com- 
prendido en el artículo 3 o . ¿Dónde se le 
quita al hombre la libertad de aprender? 
¿Dónde se le quita al sacerdote la libertad 
de enseñar, cuando hasta el pulpito tiene 
para enseñar lo que quiera? 

Mucho podría decir sobre este argumento 
pero he hablado demasiado y voy a 



terminar. No hay que olvidar, y me refiero 
a la juventud que está conmigo en sen- 
timientos y en ideas, que el crimen, o más 
bien dicho, el delito más grande de la dic- 
tadura porfiriana fue no haber dado 
instrucción verdadera, racional, es decir, 
laica, al pueblo mexicano; lo entregó de 
una manera criminal en brazos del clero 
para que le enseñara todas sus doctrinas 
absurdas y poderlo tener de esta manera 
encadenado a la ignorancia y gobernarlo 
a su antojo, bajo las formas del despo- 
tismo más brutal y humillante. 

Y si nosotros no nos oponemos ahora a 
que se restrinja esa libertad de que gozaba 
el clero, llevaremos al gobierno a que 
quede en condiciones -me refiero no al 
gobierno de mañana, sino al gobierno 
de quién sabe cuándo-, de que vuelva a 
cometer un crimen nacional y nosotros 
habremos contraído, por este solo hecho, 
una gran responsabilidad ante la his- 
toria. Si por debilidad engañamos al 
pueblo, violamos nuestros propios sen- 
timientos y transigimos con los oradores 
del contra, un remordimiento cruel y 
eterno maldecirá la conciencia de cada 
uno de los débiles y el fallo sereno de 
la historia, al juzgar su conducta en esta 
honorable asamblea, será terrible; los 
maldecirá y los maldecirá con sobrada 
justicia. Así es, señores diputados, que 
yo os exhorto a que en nombre de toda la 
sangre que se ha vertido por los princi- 



340 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



píos que aquí estamos discutiendo, 
votemos por el artículo 3 o tal como lo ha 
presentado la comisión, y si no, que las 
viudas y huérfanos de todos lo miles y 



miles de hombres que han caído para no 
levantarse jamás por la conquista de 
estos sagrados principios, nos maldigan 
desde la mansión donde se encuentren. 
(Aplausos.) 



Resultado de la Votación 



Fecha 


Tema 


Tipo de Votación 


A favor 


Contra 


% a Favor 


% en Contra 


Lista de 
votantes 


13/12/16 


Artículo 3 


Mayoría 


100 


56 


64.10 


35.90 


Pro y 
Contra 


Lista No 


minal 




nez de Escobar, 


Martínez 


Rafael, 



PRO: Adame, Aguilar Cándido, Aguirre, 
Allende, Alonzo Romero, Ancona Alber- 
tos, Andrade, Aranda, Arteaga, Aviles, 
De la Barrera, Bojórquez, Bórquez, 
Bravo Izquierdo, Calderón, Cano, Cañete, 
Casados, Del Castillo, Cedano, Cervan- 
tes, Céspedes, Colunga, Dávalos Orne- 
las, Dinorín, Dyer, Enríquez, Espeleta, 
Espinosa, Ezquerro, Fernández Martínez, 
Franco, Gámez, García Adolfo G, García 
Emiliano C, Garza Zambrano, Giffard, 
Góngora, González Alberto M., González 
Torres, Guerrero, Gutiérrez, Herrera 
Manuel, Hidalgo, Ibarra, Ilizaliturri, 
Jara, Labastida Izquierdo, Leija, Limón, 
López Guerra, López Ignacio, López Lira, 
Madrazo, Manjarrez, Manzano, Márquez 
Rafael, Martínez Epigmenio A., Martí - 



Mayorga, Mercado, Monzón, Moreno, 
Múgica, Nafarrete, Navarro Luis T., 
Palma, Pastrana Jaimes, Payan, Pereyra, 
Pérez Celestino, Pintado Sánchez, Prieto, 
Ramírez Llaca, Ramírez Villarreal, Ramos 
Práslow, Recio, Rivera Cabrera, Robledo, 
Rodiles, Rodríguez Matías, Roel, Roja- 
no, Román, Romero Flores, Rosales, 
Ross, Ruiz, Silva, Sosa, Tépal, De la 
Torre, Torres, Truchuelo, Vázquez 
Mellado, Vega Sánchez, Victoria, Vidal 
y Villaseñor Adolfo. 

CONTRA: Aguilar Antonio, Aguilar 
Silvestre, Alvarado, Amaya, Castañeda, 
Castaños, Cepeda Medrano, Cervantes 
Daniel, Cravioto, Chapa, Dávalos, Dávila, 
Dorador, Fajardo, Garza González, 
Garza, Gómez Palacio, González Aurelio 



Artículo 3 341 



L., Guzmán, Herrera Alfonso, Jiménez, 
Juarico, Lizardi, López Lisandro, Lozano, 
Macías, Márquez Josafat F., Martí, 
Meade Fierro, Méndez, Navarro Gilberto 
M., Ocampo, Ochoa, O'Farril, Ordorica, 
Palavicini, Peralta, Perusquía, Pesqueira, 
Reynoso, Rodríguez González. José M., 
Rouaix, Sánchez Magallanes, De los 
Santos, Sepúlveda, Silva Herrera, Sola- 
res, Solórzano, Suárez, Ugarte, Verás- 
tegui, Villaseñor Lomelí, Von Versen, 
Zavala Dionisio, Zavala Pedro R., y 
Rojas. 



Constitución de 1917 

Art. 3 o .- La enseñanza es libre; pero será 
laica la que se dé en los establecimientos 
oficiales de educación, lo mismo que la 
enseñanza primaria, elemental y superior 
que se imparta en los establecimientos 
particulares. Ninguna corporación reli- 
giosa, ni ministro de algún culto, podrán 
establecer o dirigir escuelas de instruc- 
ción primaria. Las escuelas primarias 
particulares sólo podrán establecerse 
sujetándose a la vigilancia oficial. En los 
establecimientos oficiales se impartirá 
gratuitamente la enseñanza primaria. 




-y¿tcaÁ> U 



Constitución de 1857 

Art. 4 o . Todo hombre es libre para abrazar 
la profesión, industria ó trabajo que le 
acomode, siendo útil y honesto, y para 
aprovecharse de sus productos. Ni uno 
ni otro se le podrá impedir sino por sen- 
tencia judicial, cuando ataque los derechos 
de tercero, ó por resolución gubernativa, 
dictada en los términos que marque la ley, 
cuando ofenda los de la sociedad. 

Proyecto 

Art. 4 o .- A ninguna persona se le 
podrá impedir que se dedique a la pro- 
fesión, industria, comercio o trabajo que 
le acomode, siendo lícito, ni privarla de 
sus productos, sino por determinación 
judicial cuando ataque los derechos de 
tercero, o por resolución gubernativa, 
dictada en los términos que marque la ley, 
cuando ofenda los de la sociedad. 



La ley determinará en cada Estado cuáles 
son las profesiones que necesitas título 
para su ejercicio, las condiciones que 
deben llenarse para obtenerlo, y las 
autoridades que han de expedirlo. 

<&">&> 

Comentario 

En este artículo se mantuvo y enriqueció el 
credo liberal de la Constitución de 1857, 
sustituyendo los adjetivos de "útil y honesto", 
por el de "lícito", para eliminar subjetividades 
y obligar a la autoridad a que la prohibición 
de cualquier ocupación tenía que ser por 
medio de ley o reglamento expreso. 

Durante la discusión , por primera vez apa- 
reció en el desarrollo del Constituyente la 
convicción de que para moralizara la socie- 
dad mexicana y lograr su desarrollo, era 
necesario tomar medidas tales como la 



343 



344 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



prohibición, a nivel constitucional, de la pro- 
ducción y venta de bebidas alcohólicas, de 
los juegos de azar, las peleas de gallos y 
las corridas de toros. (Apéndice documental 
al Título I) 

8 o Sesión Ordinaria 11/12/16 

Dictamen 09/12/16 

"Ciudadanos diputados: 

"El artículo 4 o del Proyecto de Consti- 
tución, relativo a la libertad de profe- 
siones, es substancialmente, el mismo de 
la Constitución de 1857, con algunas 
correcciones muy acertadas. Se emplea 
la palabra lícito, en lugar de las de útil y 
honesto; y no cabe duda que aquélla 
es más precisa y exacta que éstas, en el 
caso de que se trata. Se resuelve en favor 
de los estados la cuestión que tanto se 
ha debatido acerca de cuál debe ser la 
autoridad competente para expedir la ley 
reglamentaria de las profesiones llama- 
das liberales. La comisión introduce otra 
variación de forma en este artículo, con 
el objeto de evitar que la autoridad admi- 
nistrativa pudiera creerse facultada en 
algún caso para privar a alguien del 
producto de su trabajo, cosa que no 



puede hacer más que la autoridad judi- 
cial. Propone asimismo la comisión, se 
declare terminantemente que son ilíci- 
tos el comercio de bebidas embriagantes 
y la explotación de casas de juego, para 
que se combata uniformemente en la 
república los vicios de la embriaguez 
y el juego, cuyos perniciosos efectos 
trascienden de la sociedad existente a las 
futuras. No se oculta a la comisión que 
en la práctica se tropezará con dificul- 
tades muy grandes para hacer efectiva la 
prohibición de la venta de bebidas embria- 
gantes; pero no creemos que estas difi- 
cultades lleguen a los límites de la 
imposibilidad, pues ya se ha visto que 
en algunas comarcas la revolución ha 
logrado extinguir casi por completo el 
comercio de bebidas embriagantes. 

"Proponemos, por tanto, que se apruebe 
el artículo 4 o . del proyecto, adicionado y 
modificado en la forma siguiente: 

"Art. 4°.- A ninguna persona se podrá 
impedir que se dedique a la profesión, 
industrial, comercio o trabajo que le 
acomode, siendo lícitos, sino por determi- 
nación judicial cuando ataque los derechos 
de tercero, o por resolución gubernativa 
dictada en los términos que marque la 
ley, cuando ofenda los de la sociedad. 
Nadie puede ser privado del producto de 
su trabajo, sino por resolución judicial. 



Artículo 4 345 



"Se declaran ilícitos y prohibidos, el 
comercio de bebidas embriagantes y 
la explotación de casas de juego de azar. 

"La ley determinará en cada estado cuáles 
son las profesiones que necesitan título 
para su ejercicio, las condiciones que 
deban llenarse para obtenerlo, y las auto- 
ridades que han de expedirlo. 



mita retirar su dictamen para presentarlo 
mañana. 

- Un C. secretario: Se consulta a la asam- 
blea, por disposición de la presiden- 
cia, si se autoriza a la comisión para 
retirar su dictamen sobre el artículo 4 o . 
Los que estén por la afirmativa, que se 
sirvan poner de pie. Sí se autoriza. 



"Querétaro de Arteaga, diciembre 9 de 
1916. - Gral. Francisco J. Múgica.- Alberto 
Román.- L. G. Monzón. Enrique Recio. - 
Enrique Colunga." 

14° Sesión Ordinaria 15/12/16 

Debate 

- Un C. secretario: Está a discusión. Las 
personas que deseen hacer uso de la 
palabra en pro o en contra, pueden pasar 
a inscribirse 

- El C. presidente: Tiene la palabra la 
comisión. 

- El C. Múgica: La comisión, deseando 
tomar en cuenta algunas razones que han 
expuesto en lo particular algunos señores 
diputados, con relación al artículo 4 o . y 
deseando no perder el tiempo inútilmente 
en debates, suplica a la Cámara le per- 



16° Sesión Ordinaria 18/12/16 

Dictamen 16/12/16. 

"CC. diputados: 

"El artículo 4 o del Proyecto de Consti- 
tución, relativo a la libertad de profesio- 
nes es, substancialmente, el mismo de la 
Constitución de 1857 con algunas correc- 
ciones muy acertadas. Se emplea la 
palabra lícito, en lugar de las de útil y 
honesto; y no cabe duda que aquélla es 
más precisa y exacta que éstas en el caso 
de que se trata. Se resuelve en favor de 
los estados la cuestión que tanto se ha 
debatido acerca de cual debe ser la auto- 
ridad competente para expedir la ley 
reglamentaria de las profesiones llama- 
das liberales. La comisión introduce otra 
variación de forma en este artículo con 
el objeto de evitar que la autoridad admi- 
nistrativa pudiera creerse facultada en 



346 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



algún caso para privar a alguien del pro- 
ducto de su trabajo, cosa que no puede 
hacer más que la autoridad judicial. 

"La comisión pidió permiso para reti- 
rar su dictamen relativo a este artículo, 
porque ha considerado que la prohibición 
relativa al comercio de bebidas embria- 
gantes y a la explotación de casas de 
juego, es materia de reglamentación que 
tiene cabida en las facultades del Con- 
greso para legislar acerca del comercio. 
La comisión no renuncia su propósito de 
estudiar las medidas eficaces para com- 
batir los vicios de la embriaguez y el 
juego, sino que se reserva estudiar el lugar 
más adecuado en que deben consignarse 
dichas medidas. 

"Proponemos, por tanto, que se apruebe 
el artículo 4 o . del proyecto en la forma 
siguiente: 

"Art. 4 o . - A ninguna persona se podrá 
impedir que se dedique a la profesión, 
industria, comercio o trabajo que le 
acomode, siendo lícitos, sino por determi- 
nación judicial, cuando ataque los 
derechos de tercero o por resolución 
gubernativa, dictada en los términos que 
marquen la ley, cuando ofenda los de la 
sociedad. Nadie puede ser privado del 
producto de su trabajo, sino por reso- 
lución judicial. 



"La ley determinará en cada estado 
cuales son las profesiones que necesitan 
título para su ejercicio, las condiciones 
que deban llenarse para obtenerlo y las 
autoridades que han de expedirlo." 

"Querétaro de Arteaga, diciembre 16 de 
1916. - Gral. Francisco J. Múgica.- 
Alberto Román.- L. G. Monzón. Enrique 
Recio.- Enrique Colunga" 

Debate 

-Un C. secretario: Está a discusión. Las 
personas que deseen hablar en pro o en 
contra pueden pasar a inscribirse. 

- El C. Silva: Para un hecho. Para inter- 
pelar a la comisión a efecto de que nos 
informe, mejor dicho, que nos diga 
ampliamente, cuando llegue su oportu- 
nidad, qué motivos poderosos tuvo 
retirar el dictamen relativo al artículo 
5 o . en lo referente a la venta de bebidas 
embriagantes. 

- El C. presidente: Tiene la palabra la 
comisión. 

- El C. Colunga: Señores diputados: el dic- 
tamen de la comisión respecto al artículo 
4 o . fue retirado con permiso de la asam- 
blea; no se hicieron más modificaciones 
que suprimir lo relativo al comercio de 



Artículo 4 347 



bebidas embriagantes y casas de juego, 
porque la comisión cree que no es en la 
sección de garantías individuales donde 
debe ponerse esta prohibición; sino en la 
relativa a facultades del Congreso. La comi- 
sión cree que no renuncia al estudio de 
los medios adecuados para combatir estos 
vicios; sino que simplemente aplaza el 
estudio para el lugar correspondiente. 

- El C. Ibarra: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Ibarra. 

- El C. Ibarra: El cumplimiento del deber 
que nos ha traído a este Congreso, me ha 
impulsado a venir a esta tribuna, aunque 
sin dotes oratorias, para respetuosamente 
pedir a ustedes se adicione el proyecto 
del artículo presentado por la digna comi- 
sión dictaminadora, con la cláusula 
siguiente: "Artículo 4 o . - Además de las 
restricciones que la ley determinará, se 
declara ilícita y prohibida la elabora- 
ción del pulque, la importación y elabo- 
ración del alcohol para la preparación de 
bebidas, la del alcohol de cereales, cual- 
quiera que sea su objeto y el consumo 
de bebidas embriagantes en el lugar de su 
venta. También se declaran ilícitas y 
prohibidas las corridas de toros, las tapa- 
das de gallos, toda clase de juegos de azar 



y las casas de lenocinio en comunidad. 
Igualmente quedan prohibidas las tiendas 
de raya y los establecimientos similares." 

Para fundar mi proposición voy a permi- 
tirme empezar leyendo a ustedes un cortí- 
simo artículo sobre el particular, que 
apareció en el periódico "Pro Patria" que 
últimamente se repartió en esta "Cámara: 
Revolucionarios: - Marcamos la llaga, 
poned el remedio. Alguno de los actuales 
editores de "Pro Patria," que tuvo a honra 
colaborar al lado del viejo periodista 
liberal don Filomeno Mata, de acuerdo 
con el abnegado luchador potosino 
inició en "El Diario del Hogar," en plena 
dictadura porfiriana, una formidable 
campaña contra el juego, atacando dura- 
mente garitos, casinos y loterías y 
logrando, aun en aquella época de depra- 
vación, algunos triunfos, que no otra cosa 
eran la forzada acción policíaca para 
suprimir esos asquerosos antros de prosti- 
tución y degeneración de nuestro pueblo. 

Los hombres del general Díaz, que 
pensaban eternizarse en el poder a virtud 
de la degeneración del pueblo mexicano, 
fomentaban con verdadero ahínco entre 
los mexicanos, cuantas diversiones 
canallescas, cuanto vicio desagradable, 
cuanta costumbre licenciosa juzgaban 
oportuna a sus deseos. Fue así como los 
diestros españoles tuvieron sus mejo- 



348 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



res filones metálicos en las plazas de 
la república; fue así como Martel y com- 
pañía recorrían la república con sus 
vistosas partidas, robando el dinero a los 
incautos por medio del culto a Birján; fue 
así como se importaron a México las 
luchas a puñetazos de nuestros primos de 
allende el Bravo; fue así como Aristeo 
Mercado y otros de su calaña hicieron su 
vida normal en las plazas de gallos; fue 
así como se estableció, fomentando por 
la misma autoridad, el tráfico de mujeres, 
en el que Pita en Puebla adquirió la 
exclusiva... 

Contra esos vicios degenerados de nues- 
tro pueblo se ha hecho la actual revo- 
lución; pensar en fomentarlos ahora, es 
propio de traidores y enemigos de las 
libertades del hombre. 

Dar ahora a los mexicanos oportunidad 
para ir a gritar ordinarieces al coso 
taurino, solazarse en el martirio del toro 
o del gallo sacrificados; poner los naipes, 
dados, ruleta o loterías para que se robe 
a los incautos, es nulificar por completo 
las tendencias moralizadoras, educati- 
vas y progresistas de los legítimos revo- 
lucionarios. Hacemos las anteriores 
reflexiones, porque se nos dice que en 
varios estados de la república y entre 
otros en el de México, se están fomen- 
tando de modo escandaloso en el pueblo 
los vicios a que nos venimos refiriendo. 



Se nos dice que en Toluca, en una pla- 
zuela contigua al mercado nuevo, hay un 
jacalón de manta donde se juega a la 
vista de todo el mundo, se despluma a los 
incautos, y se pone el mal ejemplo a 
los niños, que ya también acuden a poner 
sus infalsificabies o sus bronces a las 
piernas de una sota. Se nos dice que en 
la misma ciudad, para solaz de jefes, 
oficiales, curas, científicos y sacris- 
tanes, existen garitos donde los hidalgos 
cambian de lugar pasando siempre a las 
bolsas de los vivos al voltear de una 
carta, rodar de una bola o caer de unos 
dados... Esto es sencillamente inmoral y 
anturevolucionario; por eso nos permi- 
timos llamar la atención del gobernador 
Zepeda, para que reprima en su estado el 
fomento de tales vicios, que degeneran 
al pueblo mexicano a gusto y provecho 
de sus eternos explotadores, los enemi- 
gos de la revolución." 

Como acabáis de oír, señores, el tirano 
Díaz y sus hombres, para entronizarse en 
el poder y a sus anchas explotar inicua- 
mente a la nación, con verdadero ahínco 
fomentaron en nuestro pueblo cuanta 
diversión canallesca, cuanto vicio degra- 
dante, cuanta costumbre licenciosa 
había, para embrutecerlo y manejarlo 
a su antojo. 

Como a todos nos consta, por un lado se 
ha explotado al pueblo, pagándole sala- 



Artículo 4 349 



rios irrisorios que todavía le cercenan 
en las tiendas de raya, después de 
hacerle trabajar doce, catorce y más 
horas y, por otro, se le ha hundido en la 
mayor desgracia, en la inmoralidad y 
el vicio y se le imparten los consuelos de 
la religión para acallar en él toda protesta. 

Por eso vemos a nuestro pueblo en la 
mayor miseria, en el más triste abandono, 
indiferente a todo, sin aspiraciones, 
herido profundamente en el alma, dando 
un espantoso contingente a la criminali- 
dad, a los manicomios, a los hospitales y 
a los cementerios. Así se explica, señores, 
como en este desventurado país en el que 
la industria lleva vida anémica, la de las 
corridas de toros se ha hecho nacional 
y contamos con la plaza de toros más 
grande y moderna que hay en el mundo; 
que aun en el pueblo más infeliz podrá 
no haber escuelas, pero sí no falta la 
plaza de toros y gallos y algún despluma- 
dero del prójimo. Así se explica cómo el 
comercio gachupín de tabernas y pique- 
ras y la industria funesta del pulque y 
de fabricación de alcoholes han alcan- 
zado un desarrollo asombroso, como lo 
demuestran los datos estadísticos que voy 
a permitirme leer en la obra. "El problema 
ferrocarrilero y la compañía de los ferro- 
carriles nacionales de México," del licen- 
ciado González Roa, que dan idea de ello: 



"Como la condición miserable de nuestra 
población rural es de muy escasa recepti- 
vidad económica, la grande industria no 
es costeable sino cuando vende a precios 
caros, a causa de tener escaso número de 
compradores. Por esta razón, las indus- 
trias artificiales de México permanecen 
casi estacionarias. Sólo una, que es la de 
las bebidas alcohólicas, ha desgraciada- 
mente progresado, pues el valor de la 
producción de este "artículo" subió de 

poco más de $6.000.000 a $48.446.082 

de 1892 a 1896. Particularmente el 
alcohol de maíz subió de $ 430,000 a 
$2.584,923, en el transcurso de cinco 
años". 

Desgraciadamente el señor doctor José 
María Rodríguez, presidente del consejo 
superior de salubridad de México, está 
ausente ahora de esta Cámara, por haber 
ido a traer datos estadísticos, datos terri- 
bles sobre el desarrollo que ha tenido la 
embriaguez en México, la degeneración 
que ha ocasionado en nuestra raza, la gran 
criminalidad que con este motivo se ha 
extendido en todo el país, sobre todo 
en la capital; pero aquí hay otras personas 
como el señor doctor Méndez, miembro 
del citado consejo, que podrá también 
ilustrar a la asamblea sobre el particular. 

Como habéis oído también, en el artículo 
de "Pro Patria" que he leído, contra la 



350 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



labor traidora de los tiranos del pueblo, 
contra tanto mal, se ha hecho la revolu- 
ción, y este Congreso que, como ha dicho 
con gran atingencia en esta tribuna otro 
orador, es la revolución que tiene el deber 
ineludible de hace esa magna obra de 
redención, que imperiosamente demanda 
nuestra patria. Así lo expresó el C. Primer 
Jefe en el artículo 2 o del decreto de 12 
de diciembre de 1914 expedido en la 
H. Veracruz, y siendo este Congreso 
el último acto del régimen preconstitu- 
cional estamos obligados a dictar esas 
medidas para no faltar a ese compromiso. 

Se ha dicho en esta tribuna que no es 
propio figuren en la Constitución precep- 
tos que corresponden a leyes reglamen- 
tarias. Con motivo del artículo 3 o , el 
licenciado Rojas y el señor ingeniero 
Palavicini dijeron que las garantías indi- 
viduales son restricciones que se oponen 
al poder público en favor de los indivi- 
duos y que, por tanto, las restricciones a 
la iglesia o a los individuos no deben ir 
en el título de las garantías individuales. 
Basta leer detenidamente la Constitución 
para ver, como ya se ha dicho también 
aquí, que en el título de las garantías indi- 
viduales se determinan cuáles son los 
derechos del hombre que garantiza la 
Constitución; que esos derechos se deter- 
minan primeramente, definiendo el prin- 
cipio más o menos general, y luego 



vienen las limitaciones correspondientes, 
porque no hay libertades absolutas. 

Ahora bien, esas limitaciones, al definir 
los derechos no solamente se hacen al 
estado, como dijeron los señores Rojas y 
Palavicini, sino también a la iglesia. Por 
ejemplo, en el artículo 5 o , viene la de que 
la ley no reconoce órdenes monásticas 
ni puede permitir su establecimiento. 
Otras veces se les hace a los individuos, 
ejemplo: "nadie puede asociarse con el 
objeto de cometer atentados"; artículo 
9 o de la misma Constitución. Así en el 
artículo 4 o a discusión, se define primero 
el derecho de ejercer nuestra actividad 
con fines especulativos, materiales, y 
después viene la limitación de que sea 
lícito dicho objeto. Pero como muy atina- 
damente lo manifestó el C. Primer Jefe 
en su exposición de motivos del proyecto 
que discutimos, la Constitución de 57 
tiene el gran inconveniente de que es una 
serie de principios generales, que los 
legisladores de aquella época no procu- 
raron hacer prácticos, acomodándolos a 
las necesidades del pueblo mexicano; que 
dicho código es un conjunto de fórmulas 
abstractas, de conclusiones científicas de 
gran valor especulativo; pero sin sanción 
alguna y del que poca o ninguna utilidad 
se ha sacado, y este grave mal, a mi 
juicio, no se ha corregido en el proyecto 
del artículo 4 o , con decir simplemente 



Artículo 4 351 



que los trabajos o industrias a que uno 
puede libremente dedicarse tienen que 
ser lícitas, en lugar de útiles y honestas, 
como estaba antes. 

Efectivamente, nuestro código del 57 es 
deficiente, no sólo por los abusos del 
poder público o de la iglesia que a su 
abrigo pudieron cometerse, como muy 
atinadamente lo señala el C. Primer Jefe 
en su exposición de motivos; sino 
también por los que se han cometido de 
parte de los individuos, y así como en el 
artículo 9 o del proyecto ya se precisa 
cuándo una reunión es ilegal, para evitar 
los abusos de parte de los individuos o 
del estado, así también debemos hacerlo 
al tratar de las otras manifestaciones de la 
vida humana. 

Por tanto, volviendo al artículo 4 o , vamos 
precisando qué industrias, qué empresas 
son lícitas; cuando menos vamos mencio- 
nando aquellas que son un azote, una 
calamidad, un atentado contra la conser- 
vación de la especie humana y que entre 
nosotros han adquirido proporciones en 
extremo alarmantes y, en consecuencia, 
imperiosa corregir. Por otra parte, el 
correctivo de males como los señala- 
dos que afectan a la vitalidad no sólo de 
la nación, sino, repito, a la conserva- 
ción de la especie, no debe dejarse lo 
impongan leyes reglamentarias expedi- 



das por el Congreso de la Unión o por 
las legislaturas de los estados y menos 
aún a los bandos de policía, porque, 
aparte de que podrían tacharse de 
anticonstitucionales, esas leyes y ban- 
dos son letra muerta cuando son contra 
el capital, contra el pulpo que vive de la 
sangre del pueblo, contra los que explotan 
la prostitución, la miseria, los vicios, la 
honra y las lágrimas de esposas y de hijos 
en la orfandad. 

Así ha pasado hasta ahora en la nación, 
no obstante que desde 57 en nuestra. Cons- 
titución se especifica que la industria o 
comercio a que uno se dedique tiene 
que ser útil y honesta; así hemos visto que 
pasó durante la larga dictadura de Díaz 
con las disposiciones de policía que 
para calmar la grita pública se daban en 
la capital para restringir el excesivo abuso 
del pulque. Actualmente en el Con- 
greso de Estados Unidos y en Francia se 
están discutiendo leyes para prohibir 
la elaboración, venta e importación de 
toda clase de bebidas embriagantes, como 
lo verán ustedes, por unos telegramas que 
publican "El Universal" y "El Pueblo" 
que voy a leer. (Leyó los telegramas.) 

Se aduce en contra de las restricciones 
al abuso de las bebidas embriagantes, el 
razonamiento de que se lesionan grandes 
intereses creados, lo cual es también 



352 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



infundado, porque ya hoy es bien sabido 
que del maguey del pulque se puede sacar 
magnífica miel y azúcar, así como alcohol 
que puede emplearse en la tintorería y 
en otros usos industriales: que de la pulpa 
del referido maguey y de la del mezcal 
se hace papel, etc., etc., y, por tanto, 
puede dársele esa aplicación a tales 
plantas que hasta hoy han sido tan noci- 
vas. Pueden establecerse con ellas esas 
nuevas industrias, que darán trabajo a 
más brazos y sus productos sean también 
benéficos a la humanidad. Pero quiero 
suponer que con tales medidas sufran 
muchos perjuicios los capitalistas intere- 
sados en esa clase de industrias; no 
obstante, deben ponerse en práctica para 
combatir tan grave mal, porque es un 
principio de derecho que los intereses 
de unos cuantos deben sacrificarse por 
los de la comunidad, más aún cuando los 
perjudicados son los enemigos jurados del 
pueblo, cuando son los científicos de la 
compañía pulquera de México, monopo- 
lizadora del ramo, son los cortesanos de 
los Escanden y de los Pimentel y Fagoaga 
a la cabeza. 

Otro de los razonamientos que se hacen 
en favor de estos vicios, es el del auxilio 
poderoso que el erario tiene con los fuer- 
tes impuestos que pagan. Es tan inmoral 
y absurda esta objeción, que no debía 
contestarse. Sólo una reflexión imperdo- 



nable puede hacer que personas honora- 
bles consideren honrado y debido que el 
estado, que los representantes del pueblo, 
para arbitrarse fondos toleren la prosti- 
tución y los vicios, atentando contra la 
salud y la dignidad del pueblo por quien 
tienen que velar; y más aún es inadmi- 
sible tal razonamiento, cuando los ban- 
cos, los ferrocarriles y otras muchas 
empresas colosales que tienen pingües 
utilidades, no contribuyen con un solo 
centavo para los gastos públicos y cuando 
la propiedad rústica paga impuestos irri- 
sorios. Por otra parte, en la mayor parte 
de los estados hace tiempo está prohibido 
ya el consumo de las bebidas embria- 
gantes, las corridas de toros y el juego; 
lo que comprueba que es enteramente 
practicable tal medida y que el erario 
puede pasársela sin los ingresos que pro- 
duciría su autorización. 

Además, los que tanto se preocupan por 
mejorar con la explotación del vicio las 
condiciones del erario no tienen en 
cuenta los egresos que por otra parte 
tiene el estado por el fomento de dichos 
vicios, ya sosteniendo mayor personal de 
policía, ya por el mayor contingente que 
se tiene en las prisiones, manicomios, 
hospitales y casas de expósitos; pero, 
aunque los ingresos que produzca el 
vicio excedieran en mucho a los egre- 
sos, señores, raya en lo increíble haya 



Artículo 4 353 



personas honradas que se precien de 
revolucionarias, que apoyen medidas tan 
inmorales contra la conservación de la 
sociedad y que, después de que sobre 
el infortunado pueblo gravitan todas las 
gabelas todavía se considere preciso, 
indispensable, arrancarle su mezquino 
salario con los vicios. Con respecto al 
pulque, que es la bebida que más daña a 
nuestro pueblo, nuevamente se esgrime el 
argumento infantil de que con prohibir 
el vaseo se evita el abuso cuando, como 
sabemos, actualmente en México hay en 
vigor esa disposición y sólo ha dado lugar 
a que los ebrios empinen en las banque- 
tas el nauseabundo líquido, con mayor 
mengua de la moral. 

En cuanto a las casas de lenocinio en comu- 
nidad, es incuestionable, también, su 
efecto gravemente pernicioso, pues aparte 
de que son focos constantes de críme- 
nes de sangre la niña inocente y la mujer 
desvalida; son antros en que tanto el 
hombre como la mujer se encanallan y 
esta última es vilmente explotada con 
menoscabo de su dignidad y de su liber- 
tad, contraviniendo las garantías que 
otorga la Constitución. Por lo que toca a 
los juegos de azar, todos sabemos que 
es el más terrible de los vicios que afligen 
a la humanidad, que acaba hasta con la 
honra y la vida de las personas; y sobre 
las corridas de toros y peleas de gallos, 



a la vez que degradan al individuo, le 
embotan los más nobles sentimientos y 
están dichas diversiones en pugna con la 
más rudimentaria civilización. 

Las tiendas de raya igualmente, todos lo 
sabemos, han sido el instrumento para 
acabar de robar al peón y al obrero el 
fruto de su trabajo y estoy cierto, de 
que no hay entre ustedes uno solo que 
ponga en duda la imperiosa necesidad 
que hay de hacerlas desaparecer por com- 
pleto. Por todo lo expuesto, señores 
diputados, me permito incitaros a que, 
cumpliendo con el compromiso revolu- 
cionario que tenemos, redimamos a 
nuestro pueblo, sacándolo de la abyec- 
ción en que lo han asumido, combatiendo 
esos vicios con la adición que propongo 
al artículo 4 o . (Aplausos.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. diputado Herrera. 

- Un C. diputado: Pido la palabra para un 
hecho. En el curso de su peroración, el 
señor Ibarra leyó un artículo de "Pro 
Patria" en el que se dice que en Colima 
hay casas de juego. Eso es inexacto, en 
Colima no hay casas de juego. El general 
Ríos no las admite. Existe solamente una 
plaza de gallos. Quería hacer esta rectifi- 
cación, porque se refiere al crédito del 
gobierno. 



354 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



- El C. Herrera: Señores diputados: al 
tomar la palabra en pro del dictamen de 
la comisión, no lo he hecho con el objeto 
de venir a producir discursos, porque no 
sé hacerlos; pero creo, señores, que el dic- 
tamen de la comisión está en lo justo, 
porque sería ridículo que eleváramos a 
precepto constitucional una cosa que es 
meramente de reglamento de policía; y 
si vamos a descender de diputados consti- 
tuyentes a comisarios de policía, queda- 
ríamos en un ridículo. A cada gobierno 
está encomendado, según su honradez y 
actividad que la embriaguez, causa de 
tantos males, no se propague en su enti- 
dad respectiva. En lo que toca a las casas 
de juego, ya hemos visto que en la mayor 
parte de la república no existe una sola 
casa de juego, y cuando por alguna casua- 
lidad se llega a encontrar algún tahúr se 
le castiga duramente y se le imponen 
duras penas y no vuelve a jugar. Así, pues, 
señores, no vale esto la pena; se pueden 
tomar todas las restricciones que quieran: 
pero en los reglamentos de policía. 
(Aplausos.) 

-Un C. secretario: Se suplica a los señores 
diputados se abstengan de entablar diálo- 
gos, solicitando permiso a la presiden- 
cia para tomar la palabra, porque de otra 
manera es una falta de respeto. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. diputado Andrade. 



- El C. Andrade: Señores diputados: en 
los instantes que son solemnes para la 
historia de un pueblo, debe hablarse claro. 
La palabra debe tener la resonancia del 
trueno y la fulguración de los relámpagos, 
porque en medio de las grandes tempes- 
tades es cuando se produce el fenómeno 
que transforma la faz y la naturaleza de 
las cosas. El dictamen presentado por la 
comisión, es, en esencia, el mismo pre- 
sentado en el proyecto del C. Primer Jefe: 
pero yo vengo a sostener que pueden 
hacerse ciertas adiciones, porque en deter- 
minados casos, aun a riesgo de ser ridícu- 
los, hay que evitar en cierto modo las 
vaguedades; hay que hacer la aclaración 
de que los puentes son para pasar sobre 
ellos. 

Todos conocen perfectamente la psico- 
logía de los gobernantes mexicanos; si 
nuestro temperamento fuera como el de 
los americanos, que son apegados a la ley 
y no son pasionales, entonces sí saldría 
sobrando esa adición que yo propongo. 
Sabemos por experiencia que, al llegar 
los revolucionarios a alguna población, 
prohibían terminantemente la venta de 
bebidas alcohólicas, e inmediatamente 
las compañías productoras de alcohol, 
por medio de algunos representantes, 
cohechaban a los gobernantes y se 
derogaba de esa manera aquella medida 
que era salvadora para el pueblo. Esto, 



Artículo 4 355 



sin embargo, no sucedió, por ejemplo, 
con revolucionarios del temple del 
general Alvarado. 

Por esa circunstancia creo que es nece- 
sario que se haga esta adición: cierta- 
mente que bajo el punto de vista jurídico 
y constitucional aparece como una albarda 
sobre aparejo; pero, señores, nuestra 
misión como representantes del pueblo, 
es precisamente elevar a la categoría de 
precepto constitucional los principios, las 
necesidades que el pueblo reclama inten- 
samente. No hay para qué hablar sobre 
los efectos destructores del alcohol y hay 
una expresión gráfica que dice "que es 
el veneno del pueblo," lo mismo que la 
cuestión del juego, pues recordad las 
palabras conmovedoras y llenas de since- 
ridad que León Tolstoi pone en su cuento 
"El Jugador. " En esta virtud es por lo que 
yo estimo que se ponga esta adición. 

Nuestra misión aquí en el Constituyente 
no es hacer una Constitución con el 
objeto de mandarla a un certamen a ver 
si obtiene el premio porque esté conforme 
a los demás principios de otras constitu- 
ciones. Nuestra misión es que en esa 
Constitución estén implantadas las nece- 
sidades que reclama el pueblo con urgen- 
cia y, señores ¿qué más urgencia que 
salvar al pueblo del veneno que lo está 
matando? ¿Qué más urgencia que salvar 



a las familias que ven mermadas sus 
fortunas y de la noche a la mañana 
descienden a la miseria porque el padre 
o el hijo derrochan el patrimonio de esa 
misma familia? Es por lo que yo estimo 
necesaria la adición de referencia. 

- Un C. diputado: Interpelo al señor dipu- 
tado para que nos diga en qué consiste la 
adición que pretende hacer. 

- El C. Andrade: La adición, como lo dijo 
el señor Ibarra, es que se ponga en el 
artículo 4 o siguiendo el mismo proceso 
que se siguió al tratar del artículo 3 o y 
que los señores jurisconsultos nos 
hicieron ver que no cabe en las garantías 
individuales, y sin embargo la asamblea 
lo sancionó; de esa manera, yo propongo 
que el artículo 4 o se adicione en el 
sentido de que son lícitos el comercio 
de bebidas embriagantes y la cuestión de 
juegos de azar, que es lo que yo estimo 
necesario. Señores diputados, yo os digo; 
nutrios, sed fuertes, sed inflexibles y 
atended al cumplimiento de vuestro deber 
con el pueblo que os ha dado su voto para 
que vengáis a esta asamblea a estudiar 
sus necesidades y dictéis el remedio que 
reclaman imperiosamente. Por eso, en 
presencia de los intereses creados, que 
son los de los capitalistas que hacen 
sus fortunas con la miseria y la degrada- 
ción del pueblo, debéis dictar la muerte de 



356 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



esos intereses creados. Benavente, en su 
obra inmortal, demuestra que todos en el 
mundo nos movemos por un interés; 
pues bien, que ese interés nuestro sea el 
de la salvación del pueblo. 

PRESIDENCIA DEL C. ROJAS LUIS 
MANUEL 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Nafarrete. 

- El C. Nafarrete: Señores diputados: en 
mi concepto en el artículo I o , que tene- 
mos ya sancionado, se declara que todos 
los individuos gozarán en concreto las 
garantías que otorga esta Constitución. 
Por lo tanto, los individuos somos los 
hombres del mundo entero, y por consi- 
guiente, en algo no nos hemos dado 
cuenta de que no estamos formulando, 
legislando en este Congreso Constitu- 
yente exclusivamente para México; sino 
tendremos precisamente que detenernos 
en todo; pensar que tenemos la obligación 
que tienen todos los pueblos de medir un 
poco sus pasiones y ver que tienen la 
obligación de las relaciones comerciales 
con los demás países del mundo. Por lo 
tanto, llamo la atención que no creo de 
justicia que se sacrifiquen las garantías 
individuales, ya no, como digo a ustedes, 
de los ciudadanos de la República Mexi- 
cana, sino de los ciudadanos de todo el 



mundo, porque así lo declara en su primer 
artículo esta Constitución. 

En consecuencia, para lo que hoy se 
trata, me parece que la manera de salvar 
los principios que nosotros pretendemos 
llevar a la práctica, es aquella que san- 
ciona el artículo 34, donde se implica lo 
que es el ciudadano dentro de las fun- 
ciones públicas; allí podemos consignar 
que no puede votar ni ser votado el 
ciudadano que se dedique precisa- 
mente a las profesiones que atañen de una 
manera clara en perjuicio de tercero 
(risas), como lo dice el artículo 14, que 
los gobiernos de los estados dicten 
leyes. Bien probado está por los dictá- 
menes médicos que el vino perjudica los 
derechos de tercero. (Risas) Por consi- 
guiente, a mi juicio, con el solo hecho de 
indicar que no puede votar ni ser votado 
el que se dedica a los juegos de azar y a 
fomentar la embriaguez en el país, ya se 
le ha indicado al gobierno a quién debe 
perseguir; por lo tanto, si ya de esa 
manera se ha marcado el camino, yo 
creo que es inconcluso, que no es nece- 
sario que se dé una ley que de una manera 
determinada, de una manera reglamen- 
taria, que deben aprobarse o, mejor dicho, 
de suspenderse, las garantías o parte de 
las garantías a los ciudadanos que se dedi- 
quen a la elaboración del vino y a los que 
se dediquen al juego, porque ya he dicho 



Artículo 4 357 



que no sólo se le quitan parte de sus 
derechos al ciudadano de la república, 
sino a todo el mundo, porque así lo 
consigna nuestra carta. 

En seguida me parece que no nos 
hemos dado cuenta de los derechos que 
se nos están concediendo; no los hemos 
llegado a comprender bien y; por lo 
mismo, voy a hacer a ustedes esta aclara- 
ción y creo que llegarán a comprender 
que no sólo es necesario escribir las 
cosas, ya sea restringiendo la libertad 
u ordenando ciertas obligaciones para el 
ciudadano. El C. Primer Jefe nos ha 
demostrado de una manera terminante 
que nuestra política cambiará de faz 
completamente que será el reverso de la 
que nos ha gobernado en años anteriores, 
dando así la disposición de que el voto 
será directo. Por lo tanto, los munici- 
pios serán los que computarán esos votos 
y dirigirán, en caso de elección presiden- 
cial directa, al Congreso de la Unión. 

En el caso de los estados, a los congresos 
locales corresponde legislar sobre esta 
materia, nosotros nos estamos dando 
cuenta verdadera de los perjuicios que 
nuestro pueblo ha recibido en su perso- 
nalidad y no nos damos cuenta de los 
derechos que nos ha puesto el C. Primer 
Jefe en nuestras manos, y el camino 
político, la manera de combatir los vicios 



que atañen a nuestra personalidad y a 
nuestra vida política y tienen ustedes 
a la reacción de pie, con disfraz de consti- 
tucionalista: todos los hombres de 
corporación política que se nos están 
disgregando en estos momentos para 
presentarnos la reacción, señores, son los 
verdaderos peligrosos, no lo que está al 
alcance de la reglamentación de cual- 
quiera de las Cámaras, ya sea de la Unión 
o de los estados. El peligro que hemos 
tenido siempre en nuestra vida política 
es el que trata el Primer Jefe de matar 
para siempre, que es la centralización de 
los derechos del pueblo en los clubes 
centralistas para dirigir la política. 

Me voy a permitir demostrar a ustedes 
que el club centralista de México es el 
primero que nos está contraviniendo 
en nuestra vida política y el que no nos 
dejará cumplir las restricciones que pre- 
tendemos hacer y que nosotros mismos 
pedimos; primero, porque el club tal 
como lo estoy indicando, será el primer 
enemigo para cumplir los derechos del 
pueblo. Los derechos del pueblo que se 
están iniciando hoy, son los mismos 
derechos que se iniciaron ayer y que 
ahora tratan de centralizar en un grupo 
de individuos que, por una broma, noso- 
tros los comenzamos a llamar científi- 
cos y si es verdaderamente cierto que los 
señores... 



358 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



- El C. Martí, interrumpiendo: Pido la 
palabra para una moción de orden. Que 
se sujete el orador a lo que estamos tra- 
tando. (Voces: ¡No, no! ¡Que hable, que 
hable!) 



artículo 4 o o en el artículo 3 1 o en cual- 
quiera de los artículos, lo que no pode- 
mos nosotros cumplir cuando estamos 
dando las armas al enemigo, que le 
hemos arrebatado por medio de la fuerza? 



- El C. Nafarrete: De manera es que 
continúo llamándoles la atención res- 
pecto de la política, porque precisamente 
será la que nos garantice nuestros dere- 
chos populares. Aunque el señor lo 
cree inoportuno, es precisamente de lo que 
no nos hemos dado cuenta en la Consti- 
tución. Todos los que estamos represen- 
tando aquí, lo que pedimos en el artículo 
4 o está ya concedido por la Constitución 
y lo que estamos pidiendo ahora en el 
artículo 4 o lo vamos a conceder, porque 
todos estamos convencidos, porque somos 
testigos oculares de la vida de nuestro 
pueblo. La organización política que 
está tomando nuevamente nuestro país, 
si el jefe les da representación política a 
las agrupaciones que componen cada 
municipio, porque así lo dice la Consti- 
tución, ¿por qué razón estamos nosotros 
mismos permitiendo que se vuelvan a 
agrupar en un club centralista cuatro 
o cinco individuos para que rijan los 
destinos del pueblo, cuando el mismo 
Primer Jefe dice en su decreto que el 
voto será directo? Si no nos preocupamos 
en esto, ¿por qué nos vamos a estar 
preocupando en que se ponga en el 



Yo he visto muchos telegramas, y puedo 
comprobar a ustedes que los que se están 
llamando representantes del pueblo, 
no son tales, porque a la presencia del 
C. Primer Jefe están viniendo representa- 
ciones directas a ofrecerle su candi- 
datura, que ya ha tenido adelantada por 
los clubes que se creen representantes, y 
he hecho esta aclaración para que, sin nos 
vamos a fijar en lo que vamos a estudiar 
en esta Constitución, nos fijemos 
también en la reacción consistente en la 
organización de la política de nuestro 
país. Si no nos fijamos en esto, es por 
demás y protesto a ustedes bajo mi 
palabra de honor que si no se fijan en 
ello no me fijaré yo en la discusión: 
porque por más sabia que sea esta Consti- 
tución que tiende a dar representación 
directa a cada uno de los ciudadanos, no 
se la podríamos dar, porque la reacción, 
lo digo a ustedes, se los volverá a arreba- 
tar como se los ha arrebatado siempre; de 
manera que si son sinceras las palabras 
de protesta que se han dirigido desde esta 
tribuna a esos representantes del pueblo, 
eso es lo primero que tenemos que vigilar 
y en seguida buscar la manera prudente 



Artículo 4 359 



de colocar las restricciones que cada 
uno de nosotros deseemos para esta 
Constitución. Por lo pronto, únicamente 
me parece importante indicar que no 
debemos ponerlas en el artículo 4 o , 
porque se trata nada menos que de las 
garantías y no veo yo razonable que 
se suspendan parte de las garantías, no 
de México, sino de todo el mundo, para 
corregir el mal que tenemos en el país. 



el poder evitar, como les digo a ustedes, 
que el poder recaiga en la dirección de 
unos cuantos ciudadanos y, por lo tanto, 
no podríamos nosotros llevar nuestras 
ideas adelante ni cumplir esta Constitu- 
ción que nosotros mismos vamos a 
firmar. (Aplausos.) 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Machorro Narváez en contra. 



He leído el artículo, porque precisamente 
todas las personas han reprobado ya el 
siseo porque efectivamente destantéa a 
los hombres (Risas.) Las palmas no las 
recibo yo ni como bien ni como mal. 
Me dicen ustedes que el orador con sus 
siseos de bebidas embriagantes (risas), 
no atañe al derecho individual; por eso 
creo que puede decírnoslo con mayor cla- 
ridad un señor amigo a ver si estoy 
fundado o no. Respecto al artículo 34, 
que es donde el ciudadano ejerce sus dere- 
chos dentro de la vida política, me parece 
muy prudente que se prohiba, no al que 
toma el vino, sino al que lo expende, a los 
que lo elaboran, a los tahúres de profe- 
sión, se les prohiba votar y ser votados. 
En ese caso me parece que comienza 
nuestra labor de corrección que inicia- 
mos en este Congreso. Pero si es que 
no nos fijamos en la organización polí- 
tica que inicia el C. Primer Jefe con el 
Municipio Libre, va a ser imposible 



- El C. Machorro Narváez: Señores dipu- 
tados: después de la extensa peroración 
de nuestro distinguido colega el señor 
general Nafarrete, en la cual ha expuesto 
en toda su amplitud sus elucubracio- 
nes, un poco confusas, quizá renun- 
ciaría al uso de la palabra: pero no voy a 
entrar más que en unas cuantas conside- 
raciones. Sin embargo, quiero tratar un 
punto que exactamente cabe en el artículo 
4 o y en ningún otro lugar más. 

Si dejo pasar esta oportunidad, induda- 
blemente que un gravísimo mal, a mi 
juicio, habrá pasado desapercibido y no 
habrá lugar a remediarlo. Por una circuns- 
tancia, más bien dicho por escasez de 
México parlamentario, escribí en contra 
de la comisión; pero no voy a hablar en 
contra, voy a proponer una adición al 
artículo 4 o , que no ha sido atacado en 
el fondo. Ha sido atacado proponiendo 
algunos la prohibición de bebidas 



360 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



embriagantes. Con el fin de no pasar 
desapercibido en este punto, decía yo, 
señores, que opino en este sentido que la 
comisión ha estado en lo justo. Recuerdo, 
sobre la prohibición que se propone de 
las bebidas embriagantes, un regocijado 
cuento que se refería a la recomendación 
que se hacía a un individuo de un violi- 
nista para que formara parte de la 
orquesta de una catedral, y como no sabía 
tocar el violín aquel personaje, se 
rehusaba a admitirlo, y le decían "es un 
hombre honrado, tiene mucha familia"; 
a lo que él contestaba "sí, señor; pero no 
toca el violín." "Está necesitado, tiene 
su esposa enferma, no tiene trabajo, 
conviene ayudarlo"; y volvía a contes- 
tar: "comprendo, sí: pero no toca el 
violín." Y así se seguía insistiendo; pero 
aquel señor contestaba invariablemente, 
"no toca el violín." 

La adición al artículo 4° relativa a la 
prohibición de bebidas embriagantes, 
puede ser todo lo avanzado que se quiera 
desde el punto de vista de la propaganda 
y de las costumbres; es altamente morali- 
zadora; pero no oportuna: no está en su 
lugar, "no toca el violín". La adición que 
yo propongo es en un sentido entera- 
mente distinto: el artículo 4° al referirse 
a las profesiones establece lo siguiente: 

- "La ley determinará en cada estado 
cuáles son las profesiones que necesi- 



tan título para su ejercicio, las condicio- 
nes que deben llenarse para obtenerlo, y 
las autoridades que han de expedirlo." 

Yo propongo a la comisión la conve- 
niencia de agregar la siguiente idea: 
"La ley reglamentará también el ejercicio 
de las profesiones." Señores diputados, en 
México hemos entendido hasta la fecha, 
en mi concepto, el ejercicio de las profe- 
siones llamadas liberales, precisamente 
o casi exclusivamente de la medicina y 
la abogacía, desde la expedición de la 
Constitución de 57, cuyo criterio es exclu- 
sivamente liberalista, porque representa 
la escuela liberal francesa de 1830, 
según la cual el hombre era libre de 
hacer todo lo que quisiera: la ciencia 
no era nada frente al individuo; la socie- 
dad quedaba atomizada por aquella 
escuela, cuyo dogma era la libertad 
individual. 

La Constitución de 57 llevaba entera- 
mente el espíritu francés de 1830; que 
contenía ampliamente comprendidas las 
garantías individuales; el sistema liber- 
tario de aquella época fue enteramente 
individualista. Desde entonces el ejerci- 
cio de las profesiones, principiando por 
las de abogado y doctor en medicina, 
han sido vistas como el ejercicio de una 
industria o de un trabajo enteramente par- 
ticular. Sin embargo todos hemos tenido 
impresiones desagradables. Muchas 



Artículo 4 361 



veces, cuando se solicitan los servicios de 
un médico y por alguna circunstancia 
desagradable, en él no concurren los 
sentimientos humanitarios que existen en 
otros individuos, no se le hace levantar 
para que vaya a prestar sus servicios, sino 
es por interés netamente individualista. 

Yo no he estado en la ciudad de México; 
pero personas que viven allí desde hace 
muchos años y que por tal motivo no 
tengo yo sospechas para dudar de su vera- 
cidad, me han manifestado que, en lo 
general, en la ciudad de México el ejer- 
cicio de esa profesión es enteramente 
mercantilista. Los médicos son los que 
pusieron últimamente el talón oro 
cuando todos no teníamos sino papel. 
Necesitábamos emplear el sueldo de un 
día para pagar al médico. La mayoría 
ha olvidado que esa profesión es huma- 
nitaria y sólo se ha limitado a hacerlo 
sencillamente como un ejercicio profe- 
sional individualista para ganar dinero. 
Yo sé, señores diputados, que los médicos 
muchas veces, no se levantan en la noche, 
y si acaso lo hacen, primeramente, a través 
del agujero de la chapa de su puerta, 
tratan el "tanto más cuanto" por sus servi- 
cios. Hay sus excepciones; pero yo hablo 
de la generalidad, que son los que, 
adoptan este sistema. 

Veamos ahora a los abogados. Yo soy 
abogado, señores, he sido abogado postu- 



lante durante más de diez años en la 
ciudad de Guadalajaray creo saber lo que 
es esta profesión y no lo que debiera 
ser, sino lo que es, existiendo entre noso- 
tros un criterio erróneo, del cual se ha 
abusado al amparo del artículo 4 o de 
la Constitución de 57. La abogacía se ha 
hecho enteramente un ejercicio de lucro 
y no solamente esto, sino que, además, 
el abogado se ha convertido desde hace 
tiempo en un mero cobrador de las casas 
ricas. Ya la justicia casi no existe para 
él; sino que simplemente va a cobrar los 
pagarés. Señores diputados, la revolu- 
ción ha enarbolado entre otros principios 
el de la justicia; yo tengo la íntima 
convicción de que mientras no limitemos 
la profesión de la abogacía, no podre- 
mos dar al pueblo la justicia de que 
tiene hambre y sed. 

Si nosotros queremos jueces honrados, 
magistrados que no se inclinen a un lado 
ni a otro y que todo marche perfecta- 
mente, esto, señores no lo tendremos 
nunca mientras los abogados postulantes 
no vean de alguna manera reglamentado 
el ejercicio de su profesión. Yo me refiero 
a las épocas anteriores, no a las actua- 
les, porque hace mucho tiempo que los 
tribunales fueron cerrados. En épocas 
anteriores, principalmente en la época 
porfirista, todos recordamos quién fue 
el agente de esa corrupción y ahora se le 
echa en cara al poder judicial. 



362 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



¿Quién ajaba las alfombras de los minis- 
terios, quién llevaba cartas de recomen- 
dación, quién iba con el jurisconsulto y 
soplaba al oído de los jueces que si 
fallaban en contra quedaban mal con 
el procer? Era el abogado postulante, 
señores, aunque no todos, segura- 
mente. Ahora no soy abogado postulante 
sino diputado, y digo ante toda la nación 
que nadie ha hablado antes en los térmi- 
nos que yo he hablado ahora. El abogado 
postulante, señores, ha sido el agente de 
la corrupción del poder judicial, y a tal 
grado ha llegado este criterio que, en 
mi concepto y dado el examen y la 
observación que yo he hecho, casi no 
habría individuo que se hubiera negado 
a aceptar un negocio con recomenda- 
ción de un ministro. Yo creo que no habría 
un abogado que al decirle el cliente: 
"señor, yo tengo en mi favor la recomen- 
dación de tal personaje," no le hubiera 
dicho: "pues tráigala usted, tenemos 
la justicia, pero es bueno reforzarla." 
No nomás con recomendaciones; en el 
criterio mismo se ha falseado completa- 
mente la noción de la justicia que debe 
tener el abogado postulante, que ha 
llegado a formarse un criterio equivocado 
de ella. Para él ya no existe la justicia 
como la aprendió en los libros; para él 
no existe más que la justicia "a outrance," 
cada cosa como se le presenta. 



El no entiende en tal sentido la justicia; 
para esto se necesita no solamente el 
planteamiento de la cuestión de los 
fondos, sino la de los procedimientos, y 
con esto viene un cúmulo de corrupcio- 
nes y mentiras que han hecho hasta 
últimas fechas el ejercicio de la aboga- 
cía. Yo pido a los compañeros que me 
perdonen; pero ellos, los que están aquí, 
lo habrán visto, y quizá ninguno estemos 
limpios y podamos tirar la primera piedra. 

- El C. Espeleta: ¡Sí, señor, yo estoy lim- 
pio de ese cargo! (Risas.) 

- El C. Machorro Narváez: Yo, señores 
diputados, al ver que todo va envuelto 
en tal incontinencia de inmoralidad, al 
ver que todo va envuelto y hasta las 
conciencias más honradas están dispues- 
tas a aceptar una recomendación de su 
cliente y hacer por sus intereses propios 
y falsear el conocimiento de las cosas, 
yo no encuentro otro remedio sino hacer 
una reglamentación que será más o 
menos difícil. No voy a proponer un 
sistema, porque entiendo que no se 
encuentran facilidades para llevarlo a 
la práctica; hago presente a ustedes que 
en los países europeos, aunque no son un 
modelo de virtud, allí existe, una 
reglamentación, allí existe un colegio que 
tiene el poder de imponer penas disci- 



Artículo 4 363 



plinarias a los abogados postulantes. 
Se impone la pena no solamente cuando 
han robado al cliente; sino se les vigila 
en sus costumbres y se les encamina 
por el sendero del bien. Voy a leer a 
ustedes algunas disposiciones de la ley 
francesa para que simplemente se formen 
idea de hasta dónde llegan las precau- 
ciones en aquellos países. No sólo se les 
castiga, sino que se les previene para que 
sean honrados y de buenas costumbres. 
(Leyó.) 

Aquí vean ustedes, señores, cómo se 
cuida allí no sólo de los perjuicios que 
puedan llevar al cliente la torpeza y la 
mala fe del abogado; sino sus costum- 
bres mismas, pues se quiere que sean 
hombres puros, hombres honrados y de 
buena fe. Se les prohibe hacer contratos 
de quotalitis; se les prohibe firmar 
pagarés para que su patrimonio no vaya 
de por medio y no pueden, por estas razo- 
nes, cohechar a los jueces. Yo por este 
motivo, señores diputados, propongo 
que se adicione el artículo 4 o con estas 
pocas palabras que reglamenten el ejer- 
cicio de estas profesiones. Ese sistema 
francés, ha sido reputado arcaico y viene 
desde el año de 1 829; es, pues, demasiado 
viejo y quizá no esté de acuerdo con las 
costumbres actuales; pero al decretar 
nosotros la Constitución ahora, en el 
artículo 4° no vamos a establecer una 



ley, no vamos a establecer un principio, 
sino que únicamente vamos a dejar la 
puerta abierta para cuando el remedio se 
presente, cuando se haga literatura sobre 
eso, se escriban los artículos, se discuta 
sobre ellos y se haga el reglamento; por 
ahora no lo haremos; pero sí dejaremos 
la puerta abierta. 

Yo, señores diputados, quisiera que al 
pueblo, que tiene hambre y sed de justi- 
cia, no le cerremos las puertas. Yo quisiera 
que ahora que la revolución ha triunfado 
llevando en su bandera, entre otras cosas, 
la justicia, no dejáramos sin ella al 
pueblo, porque entonces él podría decir- 
nos: "Ustedes, los que han hecho la revo- 
lución, quieren seguir con el monopolio 
de la justicia. De la clase criolla salen 
los hacendados que me han robado mis 
tierras y de la clase criolla quieren uste- 
des que sigan saliendo los que burlen los 
fueros de la legalidad." Entonces el pue- 
blo podría decirnos: "quedaos con vuestras 
leyes ya que no me dais justicia; ¿para 
qué decís que me dais tierras si habrá quien 
me las quite y no hay quien me defienda? 
Quedaos con vuestras leyes; yo me voy 
a coger la palabra y me vuelvo al campo 
para vivir como vivía hace cuatrocientos 
años; quedaos con vuestras leyes y si 
queréis ir a matarme allá, con el maüsser 
me defenderé y con mi espada de 
obsidiana!" (Aplausos.) 



364 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Colunga. 

- El C. Colunga: La comisión va hacer 
por mi conducto algunas ligeras observa- 
ciones, con las que cree que ya el artículo 
estará suficientemente discutido. Los 
impugnadores del dictamen, obedeciendo 
sin duda a un sentimiento patriótico y 
humanitario, señalan con alarma los 
avances del alcoholismo, los pernicio- 
sos efectos del vicio y la trascendencia que 
tiene en la degeneración de la especie. 
La comisión participa de estas mismas 
ideas; la comisión cree que es una 
grande necesidad en México combatir el 
alcoholismo; pero cree que no podrá 
hacerse por medio de un precepto consti- 
tucional. Los impugnadores del dictamen 
creen que puede hacerse en el artículo, 
diciendo sencillamente: "son ilícitos 
todos los trabajos que tienen por objeto 
o que se refieran a la elaboración o intro- 
ducción de alcohol." Desde luego sugiere 
al sentido común la idea de que no puede 
ser bastante para combatir el alcoholismo. 
Efectivamente así sucede; uno de los 
impugnadores del dictamen propone que 
se prohiba la elaboración del pulque y 
del alcohol de grano, y esto señores, no 
es más que quitar la competencia a los 
productores de tequila en Jalisco del 
mezcal en Zacatecas, del aguardiente 
en Parras, y entonces el pueblo no se 



intoxicará sin duda con pulque ni con 
alcohol de grano, pero se envenenará 
con otra clase de alcoholes. 

Otro de los impugnadores del dictamen 
propone que se declaren leyes en general 
contra todo comercio de bebidas embria- 
gantes; pero esto presenta las mismas 
dificultades. Desde luego, el alcohol se 
usa en muchas industrias y si la elabo- 
ración del alcohol se prohibiera, tendrían 
que suspenderse una gran cantidad de 
industrias; por otra parte, el alcohol tiene 
también usos medicinales y, por último, 
no son nocivas cierta clase de bebidas en 
dosis moderadas; y ¿con qué derecho 
se va a prohibir que beba al que tiene la 
costumbre de hacer uso moderado del 
vino? ¿Cuáles son las bebidas embria- 
gantes? Es difícil definirlo, se tropieza 
con la variedad de opiniones, desde el 
momento que existe una resolución 
del consejo superior de salubridad, decla- 
rando que la cerveza no es bebida embria- 
gante. Todas estas observaciones indican 
que no es por medio de un precepto 
constitucional como se combatirá el 
alcoholismo, sino por medio de una ley 
perfectamente estudiada, en donde 
pueden caber muchas excepciones y 
particularidades. Por estas razones, la 
comisión no puede aceptar las adiciones 
que se proponen al artículo 4 o . 



Artículo 4 365 



En cuanto a la propuesta por el C. 
Machorro y Narváez, la comisión cree 
que corresponde a las leyes orgánicas 
determinar cuáles son las profesiones que 
necesitan título para su ejercicio. La cues- 
tión ha sido muy debatida y no compete 
resolverla a la federación, sino a las 
leyes reglamentarias de los estados, una 
vez resuelta esta cuestión, y ahí perfecta- 
mente caben las proposiciones del C. 
Machorro y Narváez. Por tanto, la comi- 
sión pide a la asamblea que considere el 
asunto suficientemente discutido. 

- El C. Ibarra: Pido la palabra para una 
aclaración. 

- El C. presidente: A su hora. Tiene la 
palabra el C. Cepeda Medrano. 

- El C. Cepeda Medrano: Señores dipu- 
tados: el señor Colunga nos ha dicho aquí 
la última vez, que considera inconve- 
niente la comisión la prohibición de bebi- 
das embriagantes. Los que vinimos aquí 
todos somos temperantes. Lo advierto, 
para que muchos de los diputados con 
quienes he cambiado impresiones, no 
crean que únicamente los ebrios vienen 
a defender el dictamen de la comisión, 
sino también los temperantes, porque lo 
consideramos ilegal y antieconómico. 
Ilegal, porque ¿con qué derecho vamos a 
prohibir la venta de bebidas embria- 
gantes, si no clasificamos cuáles son 
estas bebidas embriagantes? Tenemos, 



señores, una inmensidad, una gran can- 
tidad de bebidas que son altamente 
embriagantes; tenemos entre los indios 
una bebida agradable que se llama 
"tehuino." 

El tehuino se fabrica en menos de veinti- 
cuatro horas; se fabrica solamente con 
maíz que se compra en el mercado y se 
lleva a la casa. En cada uno de esos recin- 
tos puede tenerse una elaboración de 
bebidas altamente embriagantes. El tehuino 
es una bebida que se apetece, refrescante, 
que se toma con deleite en el estado de 
Chihuahua. En San Luis Potosí se fabri- 
can grandes cantidades de "colonche" y 
"tepache". En el Distrito Federal cada 
maguey es una cantina, porque nos 
proporciona una gran cantidad de pulque. 
Tenemos en muchísimos lugares "vina- 
tos" o ranchos de vino, como lo llaman 
en algunas poblaciones, y además, en 
algunas partes de la república hay fábri- 
cas de cerveza y otras que se dedican a 
fabricar sidra y champagne. Tenemos 
algunas partes donde se elabora el aguar- 
diente, el cognac y otros muchos vinos 
generosos que se elaboran con un pro- 
ducto delicioso que se produce esencial- 
mente en la región lagunera de Parras y 
Cuatro Ciénegas; tenemos una inmen- 
sidad de bebidas altamente embriagantes 
que se pueden fabricar con mucha facili- 
dad, al alcance y a la inteligencia de todas 
las personas. ¿Cómo es posible, señores 
que vayamos a poner en nuestra Consti- 



366 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



tución, para caer en el ridículo, que se 
prohiba la venta de bebidas embriagan- 
tes, cuando al día siguiente no sólo los 
diputados, sino la mayor parte del pueblo 
se embriagará tomando bebidas embria- 
gantes? ¿Está en la conciencia de ustedes, 
señores, que por el solo hecho de que 
en la Constitución se prohiba la venta de 
bebidas al día siguiente no tomaremos 
una copa de licor? Que me contesten con 
sinceridad: 

Ha llegado el momento de que hablemos 
con sinceridad. Que dejemos los deta- 
lles inútiles, como han venido a contarnos 
algunos cuentos de no sé qué autores. 
Que se sigan embriagando en algunos 
lugares; pero nosotros debemos hacer 
leyes para que se respeten. Nosotros no 
hemos venido aquí, no hemos venido a 
este sagrado recinto para violar la 
Constitución. Nosotros hemos hecho 
el propósito de que al firmar la Consti- 
tución, seamos los primeros en cumplirla 
en todos los lugares y en aquellos 
pueblos donde se nos ha nombrado, para 
demostrar hasta dónde ha llegado la 
eficacia de la revolución y del Congreso 
Constituyente. No vamos a dar el ejemplo 
triste de que al firmar la Constitución, 
prohibiendo la venta de bebidas embria- 
gantes, tengamos en nuestra mesa la copa 
de pulque, la copa de champagne o de 
cerveza, según la comodidad de cada uno 
de los diputados. ¿Quieren ustedes que 



les hable con toda franqueza, con toda 
sinceridad? (Voces: ¡sí, sí!) 

Yo no quiero que se me sisee como al 
señor general Nafarrete, que por un caso 
injustificado algunos de ustedes le aplau- 
den hipócritamente, algunos de ustedes 
le aplauden para ridiculizarlo. El tiene 
derecho, lo mismo que todos y cada 
uno de nosotros, de exponer sus ideas; él 
viene electo por un distrito que lo nombró, 
por sesenta mil habitantes, y viene a 
hablarnos franca y honradamente. No me 
asustan los siseos, señores: ya les perdí 
el miedo. El C. diputado Macías nos dio 
una gran lección de parlamentarismo. 

Hemos llegado al momento en que cada 
uno de nosotros debe colocarse en su 
puesto con todo valor civil. Vendremos a 
decir muchas verdades que se necesitan 
para que no vayamos a dar decretos 
creyendo que somos omnipotentes, cre- 
yendo que somos todopoderosos. Vini- 
mos aquí a dar leyes y decretos que 
correspondan a las necesidades actuales 
del país; vinimos a dar leyes para que se 
respeten y se hagan respetar; vinimos a 
laborar por la patria; pero no a ponerla 
en un ridículo espantoso. 

Yo vengo, señores, a apoyar el dictamen, 
no precisamente porque sea un ebrio 
consuetudinario; ninguno de los señores 
diputados puede arrojarme al rostro ese 



Artículo 4 367 



insulto, y yo sí podría señalar a algunos 
de los señores diputados que han pro- 
puesto antes un proyecto semejante, que 
vienen aquí a impugnar algunos de ellos 
el dictamen, estando en su conciencia 
que al día siguiente van a embriagarse, que 
al día siguiente van a tomar el delicioso 
pulque, que no pueden abandonar el 
deseo de tomar champagne y el deseo de 
tener en la mesa el "tinto"; que no pueden 
dejar sus costumbres, en las que ha nacido 
y con las que han vivido. Señores dipu- 
tados, he querido decir a ustedes en este 
momento que si algunas personas han 
objetado el dictamen, aunque sólo he 
tenido el honor de oír al señor diputado 
Andrade, a quien verdaderamente elogio 
por sus hermosos y bellos conceptos. 
(Dirigiéndose al C. Andrade); es usted 
un idealista consumado; pero así no se 
forman las constituciones, señor Andrade. 

Las constituciones se forman dando leyes 
que se hagan respetar y sean fácilmente 
respetadas. Si nosotros, en la Constitu- 
ción, pusiéramos que no se permite la 
venta de las bebidas embriagantes, 
necesitaríamos dar un decreto al día 
siguiente, diciendo que se acababa el 
"sotol" en Jalisco; necesitaríamos decir 
que se arrancara cada uno de los mague- 
yes del Distrito Federal para que no 
hubiera una cantina en cada maguey; 
habría que decir que no se sembrara la 
uva que produce el "parras," que no se 
sembrara la cebada con que se fabrica, 



la cerveza y, por último, que no se sem- 
brara el maíz en toda la República 
Mexicana, porque de eso se hace el 
"tehuino" y se hace el alcohol que se pro- 
duce en las fábricas de Celaya, en el 
estado de Guanajuato. ¿Cómo es posible, 
señores, que vayamos a impedir con un 
decreto una industria tan arraigada y tan 
extendida en toda la república? ¿Qué no 
sabemos, señores, que los congresos 
generales, que cada uno de los congre- 
sos de los estados, tienen facultades 
amplísimas para reglamentar este asque- 
roso vicio? ¿No sabemos que ellos dictan 
leyes que imponen penas a los que no 
obedecen, a los que de una manera inmo- 
ral se dedican a ese negocio indigno pero 
permitido por las necesidades actuales? 
No solamente el vicio del alcoholismo 
es perjudicial sólo a los individuos, 
también a la humanidad entera y, ¿no 
sabemos también que hay muchos vicios 
tan asquerosos como el alcoholismo? 

Si debiéramos medir a todos los hombres 
con la misma vara de justicia, podríamos 
castigar todos los vicios con la misma 
severidad. ¿Por qué es, pues, que decimos 
que el vicio del alcoholismo es uno de 
los vicios que han causado mayores males 
a la república? No, señores, hay mucho 
más que me abstengo de señalar, porque 
todos los conocemos. Somos hombres y 
tenemos la conciencia de que conocemos 
la vida práctica. Yo pido, por estas razo- 
nes, se separe del dictamen, porque 



368 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



económicamente lo considero un fracaso; 
porque la república, en las actuales 
circunstancias, necesita de que no se 
interrumpa la fabricación de alcohol, 
porque esto reporta grandes ingresos, que 
deben ir a las arcas del tesoro nacional; 
no solamente a éste, sino también a las de 
los estados, de las capitales y de los 
municipios, en donde hay un sinnúmero 
de habitantes que se sostienen con esos 
elementos. No considero injusto que se 
venga a atacar el dictamen que nos 
presenta la comisión y legalmente lo 
considero más injusto y criminal, 
porque al día siguiente nosotros, tratán- 



dose del alcoholismo, vendríamos a 
violar la Constitución de 1917, de la 
que nos hemos hecho el gran propósito y 
hemos venido a hacer aquí la promesa 
solemne de respetar y hacerla respetar 
por todos los ámbitos de la república. 
(Aplausos.) 

- Un C. secretario: Por acuerdo de la 
presidencia se pregunta si se considera 
suficientemente discutido el dictamen. 
(Voces: ¡sí!) Las personas que estén por 
la afirmativa sírvanse poner de pie. Hay 
mayoría. 



Resultado de la votación 



Fecha 


Tema 


Tipo de Votación 


A favor 


Contra 


% a Favor 


% en Contra 


Lista de 
votantes 


18/12/16 


Artículo 4 


Mayoría Calificada 


145 


7 


95.39 


4.61 


Contra 



Lista Nominal 

PRO: No disponible 
CONTRA: Alonzo Romero, Andrade, 
Aviles, Guzmán, Ibarra, Pastrana Jaimes 
y Silva. 

Constitución de 1917 

Art. 4°.- A ninguna persona podrá impe- 
dirse que se dedique a la profesión, 
industria, comercio o trabajo que le 



acomode, siendo lícitos. El ejercicio de 
esta libertad sólo podrá vedarse por deter- 
minación judicial, cuando se ataquen los 
derechos de tercero, o por resolución 
gubernativa, dictada en los términos que 
marque la ley, cuando se ofendan los 
derechos de la sociedad. Nadie puede ser 
privado del producto de su trabajo, sino 
por resolución judicial. La ley determi- 
nará en cada Estado cuáles son las 
profesiones que necesitan título para su 
ejercicio, las condiciones que deban 
llenarse para obtenerlo y las autoridades 
que han de expedirlo. 




, 'T¿€OuÁ> 5 



Constitución de 1857 

Art. 5 o Nadie puede ser obligado a 
prestar trabajos personales sin la justa 
retribución y sin su pleno conocimiento, 
salvo el trabajo impuesto como pena por 
la autoridad judicial. En cuanto a los 
servicios públicos, sólo podrán ser en 
los términos que establezcan las leyes 
respectivas, obligatorio el de las armas, y 
obligatorias y gratuitas las funciones 
electorales, los cargos concejiles y las de 
jurado. El estado no puede permitir que 
se lleve a efecto ningún contrato, pacto o 
convenio que tenga por objeto el menos- 
cabo, la pérdida o el irrevocable sacri- 
ficio de la libertad del hombre, ya sea por 
causa de trabajo, de educación o de voto 
religioso. La ley, en consecuencia, no reco- 
noce órdenes monásticas, ni puede 
permitir su establecimiento, cualquiera 
que sea la denominación u objeto con que 



pretendan erigirse. Tampoco puede admi- 
tirse convenio en el que el hombre pacte 
su proscripción o destierro. 3 

Proyecto 

Art. 5 o .- Nadie podrá ser obligado aprestar 
trabajos personales sin la justa retribu- 



3 Reformado de 10 de junio de 1898. 

Reforma de 25 de Septiembre de 1873: "Nadie 
puede ser obligado a prestar trabajos personales sin la 
justa retribución y sin su pleno consentimiento. El Estado 
no puede permitir que se lleve á efecto ningún contrato, 
pacto ó convenio que tenga por objeto el menoscabo, la 
pérdida ó el irrevocable sacrificio de la libertad del 
hombre, ya sea por causa de trabajo, de educación ó de 
voto religioso. La ley, en consecuencia, no reconoce 
órdenes monásticas, ni puede permitir su estable- 
cimiento, cualquiera que sea la denominación ú objeto 
con que pretendan erigirse. Tampoco puede admi- 
tirse convenio en que el hombre pacte su proscripción 
ó destierro." 

Texto aprobado en 1857: "Nadie puede ser obligado 
á prestar trabajos personales sin la justa retribución y 
sin su pleno consentimiento. La ley no puede autorizar 
ningún contrato que tenga por objeto la pérdida ó el 
irrevocable sacrificio de la libertad del hombre. Tampoco 
puede autorizar convenios en que el hombre pacte su 
proscripción ó su destierro." 



369 



370 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



ción y sin su pleno consentimiento, salvo extenderse en ningún caso a la renuncia, 
el trabajo impuesto como pena para la pérdida o menoscabo de cualquiera de los 
autoridad judicial. derechos políticos y civiles. 



En cuanto a los servicios públicos, sólo 
podrán ser obligatorios, en los términos 
que establezcan las leyes respectivas, el 
de las armas, los de jurado y los cargos de 
elección popular, y obligatorias y gratui- 
tas las funciones electorales. 

El estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o conve- 
nio que tenga por objeto el menoscabo, 
la pérdida o el irrevocable sacrificio de la 
libertad del hombre, ya sea por causa 
de trabajo, de educación o de voto reli- 
gioso. La ley, en consecuencia, no reco- 
noce órdenes monásticas, ni puede 
permitir su establecimiento, cualquiera 
que sea la denominación u objeto con que 
pretendan erigirse. 

Tampoco puede admitirse convenio en el 
que el hombre pacte su proscripción o 
destierro, o en que renuncie temporal 
o permanentemente a ejercer determi- 
nada profesión, industria o comercio. 

El contrato de trabajo sólo obligará a pres- 
tar el servicio convenido por un período 
que no exceda de un año, y no podrá 



Comentario 

En el artículo 5° aprobado en el Constitu- 
yente de 1856-1857, estaban establecidos 
el derecho a la libertad de trabajo y la 
prohibición del trabajo forzado. Antes de 
noviembre de 1916, este precepto había 
sido objeto de dos reformas importantes, 
la primera en 1873, con motivo de la consti- 
tucionalización de las Leyes de Reforma, en 
la que se prescribió que, como el voto 
religioso era una negación de la libertad 
de trabajo, "en consecuencia" la ley no 
reconoce las órdenes monásticas ni puede 
permitir su establecimiento. La segunda refor- 
ma constitucional a este precepto se realizó 
en 1898, tuvo por objeto establecer como 
excepciones a la libertad de trabajo las fun- 
ciones electorales, los jurados, las cargas 
concejiles y el servicio de las armas. Con 
ello, se respondió a un largo debate sobre 
los alcances de la libertad de trabajo esta- 
blecida en esa constitución y, sobre todo, a 
numerosas demandas de amparo presenta- 
das alegando la violación al 5 a constitucional, 
particularmente, con motivo de la práctica 
de la gleba (ver anexo). 



Artículo 5 371 



En el Proyecto de Constitución, Venustiano 
Carranza, en el artículo 5 B ratificó el texto 
vigente y sólo adicionó la propuesta de que 
los contratos de trabajo no podrían exce- 
derse de un año, ya que la propuesta del 
Primer Jefe sobre el trabajo Iba en el sen- 
tido de que el Congreso de la Unión tuviera 
facultades para legislar en esta materia, de 
acuerdo con la reforma constitucional que 
él había realizado durante el periodo 
preconstitucional. (Apéndice documental al 
Título I). Desde esta perspectiva, en su dis- 
curso del 1 B de diciembre de 1916, Carranza 
se limitó a señalar las bases de una futura 
legislación laboral en los siguientes términos: 

"... la facultad que en la reforma de la 
fracción 20 del artículo 72 se confiere 
al poder Legislativo federal, para expedir 
leyes sobre el trabajo, en las que se 
implantarán todas las Instituciones del 
progreso social en favor de la clase 
obrera y de todos los trabajadores: con 
la limitación del número de horas y 
trabajo, de manera que el operario no 
agote sus energías y sí tenga tiempo 
para el descanso y el solaz y para atender 
el cultivo de su espíritu, para que pueda 
frecuentare! trato de sus vecinos, el que 
engendra simpatías y determina hábitos 
de cooperación para el logro de la obra 
común; con las responsabilidades de los 
empresarios para los casos de acciden- 



tes; con los seguros para los casos de 
enfermedad y de vejez; con la fijación del 
salario mínimo bastante para subvenir 
a las necesidades primordiales del indivi- 
duo y de la familia, y para asegurar y 
mejorar su situación; ..." 

Como puede observarse, Carranza abor- 
daba las principales preocupaciones labo- 
rales, pero dejaba su desarrollo a los futuros 
legisladores y fue en el curso de las tres 
sesiones dedicadas a la discusión del 
artículo 5° cuando se abrió el camino para 
introducir de manera amplia en la nueva 
constitución los derechos individuales y colec- 
tivos de los trabajadores, la tutela de los 
mismos por el Estado y la regulación de 
las relaciones entre el trabajo y el capital. 

El 12 de diciembre la Comisión hizo un primer 
dictamen ratificando, en términos generales 
el proyecto de Carranza, estipuló que la ley 
no tolera la existencia de órdenes monás- 
ticas y sólo añadió que la jornada laboral 
máxima sería de ocho horas. Sin embargo, 
cuando este dictamen iba presentarse a 
discusión, a solicitud de varios diputados, 
se pospuso la discusión con el propósito de 
añadir otros principios mínimos de derecho 
laboral como el de las indemnizaciones por 
accidentes, a igualdad de trabajo igualdad 
de salario y el establecimiento de comités de 
arbitraje. 



372 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



El 26 de diciembre fue presentado el 
segundo dictamen del artículo 5° en el que 
ya se incorporaron estas propuestas y se 
abrió una discusión que abarcó esa sesión 
y las de los siguientes dos días. En esta 
sesión se presentaron dos tipos de objecio- 
nes al dictamen. Por una parte, había 
quienes consideraban que era excesivo y 
jurídicamente impropio, introducir en una 
constitución cuestiones como la jornada de 
trabajo, la prohibición del trabajo nocturno 
a mujeres y menores, el salario mínimo 
etc.; pero, por otra parte, también se cri- 
ticó fuertemente que las prescripciones 
propuestas por la Comisión eran insufi- 
cientes en relación con los compromisos 
adquiridos por los constitucionalistas con 
las organizaciones obreras, así como con los 
avances de la legislación laboral preconsti- 
tucional en diferentes entidades de la 
República. 

Con argumentos contundentes el purismo 
jurídico fue rápidamente derrotado. Se apeló 
al carácter social de la revolución constitu- 
cionalista, a su deuda con los contingentes 
obreros y campesinos que habían jugado 
un papel determinante en la victoria militar 
contra Villa, a la libertad económica conside- 
rada como una premisa fundamental de la 
libertad del hombre pero, sobre todo, se apeló 
a la incertidumbre en torno a qué compo- 
sición y cuál sería el apego a los principios 
revolucionarios de las futuras legislaturas. 



Al mismo tiempo, los otros oradores que inter- 
vinieron en contra del dictamen, los que se 
centraron en las críticas a las limitaciones del 
dictamen, enunciaron con detalle los dere- 
chos laborales que deberían ser incorpo- 
rados a la constitución. De esta manera se 
fue construyendo, desde la segunda sesión 
del debate, el consenso a favor de que de 
que una comisión especial elaborara un título 
específico dedicado a la cuestión laboral. 

Por su valor como elementos indispensables 
para conocer sus fuentes, internacionales y 
locales, y para entender cabalmente los 
objetivos y alcances de la legislación laboral 
que se proponía, deben destacarse las inter- 
venciones de los diputados Héctor Victoria, 
Carlos Grácidas y José Natividad Macías. 

El diputado yucateco Victoria, quién había 
sido mecánico en los ferrocarriles de Yucatán 
y, al momento de ser electo constituyente, 
era regidor en el Ayuntamiento de Mérida, 
introdujo en el pleno de la asamblea los 
temas laborales básicos que deberían ser 
incorporados en la constitución. Siguiendo 
las leyes sobre el trabajo expedidas por el 
general Salvador Alvarado, Gobernador Pre- 
constitucional en Yucatán, (Apéndice 
documental al Título I) consideró indispen- 
sable que se definieran constitucionalmente 
el salario mínimo, la jornada máxima, el des- 
canso semanario, las condiciones de 
higiene en los centros de trabajo, la prohibí- 



Artículo 5 373 



clon del trabajo nocturno a menores y muje- 
res, el seguro para cubrir accidentes del 
trabajo e insistió en la necesidad de que se 
estableciera, en el artículo 13 de la Constitu- 
ción, que las Juntas de Arbitraje no fueran 
consideradas como tribunales especiales. 

Grácidas, diputado por Veracruz (Apéndice 
documental al Título I) y dirigente sindical 
de tipógrafos, señaló la ambigüedad que 
había prevalecido en las relaciones entre el 
constitucionalismo y las organizaciones 
obreras, ya que mientras se expedían decre- 
tos favorables a los obreros como los del 
General Cándido Aguilar en Veracruz o se 
tenía un proyecto de legislación avanzada 
en la materia, como el elaborado porZuba- 
rán, cuando fue Secretario de Gobernación 
del gobierno preconstitucional del Primer 
Jefe, también se habían expedido otros para 
condenar las huelgas. (Apéndice docu- 
mental Título I). Su propuesta central fue en 
el sentido de que el derecho a la justa retri- 
bución no se debía limitar al salario mínimo 
fijado por las leyes de la libre concurrencia, 
sino que comprendía el reparto de los bene- 
ficios que obtiene el capitalista y propuso 
que el reparto a los trabajadores de estas 
ganancias fuera un derecho constitucional. 

Sin lugar a dudas, la intervención más com- 
pleta y esclarecedora fue la de Don José 
Natividad Maclas, diputado electo en 
Guanajuato y en ese momento Rector de la 
Universidad Nacional, quien explicó a detalle 



la evolución de la legislación laboral en el 
periodo preconstitucional, abundó sobre 
el estado que guardaba en ese momento el 
derecho del trabajo en los países que 
más habían avanzado en esta materia, de 
las cuales se nutrió una propuesta de ley 
del trabajo elaborada por él para el Primer 
Jefe y, con base en ella, el diputado Maclas 
fue definiendo los principales elementos que 
contendría el artículo 123. 

Primero, Macías relató los proyectos elabo- 
rados por la Sección de Legislación Social 
de la Secretaría de Instrucción Pública, en 
Veracruz en los primeros meses de 1915, 
la publicación de los mismos en "El Pueblo", 
a solicitud de las organizaciones obreras 
afines al constitucionalismo, y el viaje que 
realizó a las ciudades de Chicago, Filadel- 
fia, Baltlmore y Nueva York en los Estados 
Unidos para estudiar directamente las 
cuestiones laborales (Apéndice documental 
al Título I) Señaló que, por diferencias en el 
interior del gobierno de Carranza en torno a 
si la legislación sobre el trabajo debía ser 
federal o local, no se avanzó y explicó que 
a partir de las leyes laborales de Inglaterra, 
Francia, Alemania, Bélgica y de algunos 
estados de la Unión Americana él elaboró 
un conjunto de proyectos de leyes que fueron 
revisados directamente por Venustiano 
Carranza. 

Tras estas explicaciones, Macías pasó a 
definir punto por punto los que serían los 



374 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



principales contenidos de nuestra legisla- 
ción laboral tales como: el concepto de 
trabajo y de contrato laboral; la obligación 
de los patrones de dar protección a los 
trabajadores; la concepción de las juntas de 
conciliación y arbitraje no como tribunales 
jurisdiccionales, sino como instancias en 
las que con la participación de representan- 
tes del gobierno local, de los trabajadores y 
de los patrones se fijaran los salarios y se 
resolvieran los conflictos; la noción del reparto 
de excedentes, basada en la teoría del valor 
expuesta por Carlos Marx en "El Capital"; 
el reconocimiento de la huelga como un 
derecho social y económico para equilibrio 
entre los factores de la producción; y, final- 
mente, el derecho de los trabajadores a 
asociarse y a la contratación colectiva. 

Estas intervenciones nos dejan muy claro 
que si bien los constituyentes de 1916-1917 
tuvieron el mérito indiscutible de ser los pri- 
meros en elevar los derechos de los traba- 
jadores a nivel constitucional, sus propuestas 
no fueron ni originales ni autóctonas. Pro- 
venían, por una parte, de los avances que 
la legislación social había tenido en los prin- 
cipales países industriales entre la última 
década del Siglo XIX y el inicio de la Gran 
Guerra en 1914. (Apéndice documental al 
Título I) Por otra parte, las propuestas tam- 
bién derivaban de los avances legislativos 
que había habido a nivel local y nacional, 
incluso algunos anteriores a la revolución, 



para dar respuestas institucionales a las 
demandas de protección de los derechos 
laborales, los cuales se desarrollaron en 
forma importante con el triunfo de la revolu- 
ción maderista en 191 1 y, a partir de 1913, 
se convirtieron en uno de los grandes temas 
de la política nacional. 

Por último, es conveniente hacer una breve 
mención de las particulares circunstancias 
políticas del momento en que se discutió el 
artículo 5 B ello, porque considero que estas 
circunstancias contribuyeron a superar 
las diferencias y a llegar a un acuerdo 
amplio en la cuestión laboral. Por una parte, 
esta discusión tuvo lugar cuando la tormenta 
política desatada en la prensa por la 
discusión y aprobación del Artículo 3 B ya se 
estaba desactivando. El día 23, a propuesta 
de Múgica, la Asamblea había aprobado la 
formación de la 2 a Comisión de Constitución, 
para agilizar el abrumador trabajo de dicta- 
minar cada uno de los artículos del Proyecto 
al que estaban sometidos, lo que ayudó a 
distender el ambiente político en el que se 
estaba desarrollando el Congreso; el día 25 
se publicaron en la prensa la carta de apoyo 
del General Obregón a los "diputados radi- 
cales" y la aclaración del Primer Jefe sobre 
su actitud con relación al grupo de dipu- 
tados renovadores de la XXVI Legislatura, con 
ambos documentos se saldaron las intrigas 
entre algunos grupos de los constituciona- 
listas que habían reaparecido desde las 



Artículo 5 375 



elecciones de diputados constituyentes y se 
intensificaron con la calificación de las cre- 
denciales y la aprobación del dictamen del 
artículo 3 Q ; y en este mismo tenor, el 26, 
el día que se inició la discusión del 5° Luis 
Manuel Rojas y José Natividad Maclas, 
hicieron publica su decisión de no partici- 
par en la política nacional después de la 
culminación del Congreso Constituyente. 
Pero, por otra parte lo que sin duda también 
contribuyó a fortalecer la cohesión entre 
los constitucionalistas, fue el hecho de 
que en esos mismos días, entre el 22 y 28 
de diciembre, Villa tuvo ocupada la ciudad de 
Torreón, en la que fue su acción armada 
más importante de la campaña que, desde 
septiembre de 1916, había reanudado en 
contra del gobierno de Carranza. Esta crítica 
situación político - militar pudo ser ocultada 
al público, sin embargo, ahora, está plena- 
mente documentada en los archivos de los 
generales Alvaro Obregón y Juan Barragán. 

10° Sesión Ordinaria 12/12/16 

Dictamen 12/12/16 

Ciudadanos Diputados: 

La idea capital que informa el artículo 
59 de la Constitución de 1857 es la misma 



que aparece en el artículo 5 o del Proyecto 
de la Primera Jefatura. El primero fue 
reformado por la ley de 10 de junio de 
1898, especificando cuales servicios 
públicos deben ser obligatorios y cuales 
deben ser, además, gratuitos. También 
esta reforma se incluye en el Proyecto; 
pero sólo se dejan como gratuitas las 
funciones electorales. La prohibición de 
las órdenes monásticas es consecuencia 
de las Leyes de Reforma. El proyecto 
conserva la prohibición de los conve- 
nios en los que el hombre renuncia a su 
libertad, y hace extensiva aquélla a la 
renuncia de los derechos políticos. Todas 
estas ideas fueron discutidas en el Con- 
greso de 1 857 o se han estudiado posterior- 
mente en la prensa: la Comisión no tiene, 
pues, necesidad de desarrollarlas para 
demostrar su justificación. 

El artículo del Proyecto contiene dos 
innovaciones: Una se refiere a prohibir 
el convenio en que el hombre renuncia, 
temporal o permanentemente, a ejercer 
determinada profesión, industria o 
comercio. Esta reforma se justifica por 
el interés que tiene la sociedad de comba- 
tir el monopolio, abriendo ancho campo 
a la competencia. La segunda innovación 
consiste en limitar a un año el plazo obli- 
gatorio del contrato de trabajo, y va enca- 
minada a proteger a la clase trabajadora 



376 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



contra su propia imprevisión o contra el 
abuso que en su perjuicio suelen cometer 
algunas empresas. 

La Comisión aprueba, por tanto, el artículo 
5 o del Proyecto de Constitución, con lige- 
ras enmiendas y algunas adiciones. 

La expresión "La ley no reconoce órde- 
nes monásticas," parece ociosa, supuesta 
la independencia entre la Iglesia y el 
Estado; cree adecuado la Comisión susti- 
tuir esa frase por esta: "La ley no tolera 
la existencia de órdenes monásticas". 
También proponemos se suprima la pala- 
bra "proscripción", por ser equivalente a 
la de "destierro." 

En concepto de la Comisión, después de 
reconocer que nadie puede ser obligado 
a trabajar contra su voluntad y sin retri- 
bución, debe advertirse que no por eso la 
ley autoriza la vagancia; sino que, por 
lo contrario, la persigue y castiga. 



se establezca un día de descanso for- 
zoso en la semana, sin que sea precisa- 
mente el domingo. Por una razón análoga 
creemos que debe prohibirse a los niños 
y a las mujeres el trabajo nocturno en las 
fábricas. 

Ha tomado la Comisión estas últimas 
ideas, de la iniciativa presentada por los 
diputados Aguilar, Jara y Góngora. 
Estos CC. proponen también que se esta- 
blezca la igualdad de salario en igualdad 
de trabajo; el derecho a indemnizaciones 
por accidentes del trabajo y por enferme- 
dades causadas directamente por ciertas 
ocupaciones industriales así como también 
que los conflictos entre el capital y el tra- 
bajo se resuelvan por comités de concilia- 
ción y arbitraje. La Comisión no desecha 
estos puntos de la citada iniciativa; pero 
no cree que quepan en la sección de las 
garantías individuales; así es que aplaza 
su estudio para cuando llegue al de las 
facultades del Congreso. 



Juzgamos, asimismo, que la libertad de 
trabajo debe tener un límite marcado por 
el derecho de las generaciones futuras. 
Si se permitiera al hombre agotarse en el 
trabajo, seguramente que su progenie 
resultaría endeble y quizá degenerada y 
vendría a constituir una carga para la 
comunidad. Por esta observación propo- 
nemos se limiten las horas de trabajo y 



Por tanto, consultamos a esta H Asamblea 
la aprobación del artículo de que se trata, 
modificado en los términos siguientes: 

Artículo 5°-Nadie podrá ser obligado a 
prestar trabajos personales sin la junta 
retribución y sin su pleno consentimiento, 
salvo el trabajo impuesto como pena por 
la autoridad judicial. La ley perseguirá la 



Artículo 5 377 



vagancia y determinará quiénes son los 
que incurren en este delito. 

En cuanto a los servicios públicos, sólo 
podrán ser obligatorios, en los términos 
que establezcan las leyes respectivas, el 
de las armas, el de jurados y los cargos de 
elección popular; y, obligatorias y gratui- 
tas, las funciones electorales. 



prohibido el trabajo nocturno en las 
industrias a los niños y a las mujeres. 
Se establece como obligatorio el des- 
canso hebdomadario. 

Querétaro de Arteaga, 12 de diciembre 
de 1916.- Gral. Francisco J. Múgica.- 
Alberto Román.- L. G. Monzón. -Enrique 
Recio.- Enrique Colunga. 



El Estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o conve- 
nio que tenga por objeto el menoscabo, 
la perdida o el irrevocable sacrificio de la 
libertad del hombre, ya sea por causa de 
trabajo, de educación o de voto religioso. 
La ley, en consecuencia, no tolera la 
existencia do órdenes monásticas ni 
puede permitir su establecimiento, cual- 
quiera que sea la denominación u objeto 
con que pretendan erigirse. Tampoco 
puede admitir convenio en el que el 
hombre pacte su destierro o en que renun- 
cie, temporal o permanentemente, a 
ejercer determinada profesión, industria 
o comercio. 

El contrato de trabajo sólo obligará a 
prestar el servicio convenido por un periodo 
que no exceda de un año, y no podrá 
extenderse en ningún caso a la renun- 
cia, pérdida o menoscabo de cualquiera 
de los derechos políticos o civiles. La jor- 
nada máxima será de ocho horas. Queda 



El trámite es: minístrese a los señores 
diputados, copias de este proyecto; dése 
el aviso correspondiente al ciudadano 
Primer Jefe, encargado del Poder Ejecu- 
tivo; se señala plazo de cuarenta y ocho 
horas para poner a discusión el dictamen. 

1 7° Sesión Ordinaria 19/12/16 

Debate 

- El mismo C. secretario: Se ha recibido 
la siguiente moción suspensiva: 

"Los subscritos, diputados al Congreso 
Constituyente, pedimos a usted muy 
atentamente se digne hacer del cono- 
cimiento de esta honorable asamblea la 
solicitud que hacemos para que sea reti- 
rado por la honorable comisión de refor- 
mas a la Constitución, el dictamen relativo 
al artículo 5 o , pues hemos sometido a la 
consideración de la comisión de referen- 
cia algunas modificaciones al expresado 



378 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



artículo, de las que según entendemos, no 
tendría inconveniente en ocuparse si se 
le da el tiempo necesario para ello. 

"Protestamos a usted la seguridad de 
nuestra alta y distinguida consideración 

"Constitución y Reformas, Querétaro, 
diciembre 18 de 1916. - C. Aguilar, Rafael 
Vega Sánchez. H. Jara, Benito Ramírez 
G, Antonio Guerrero, Leopoldo Ruiz, 
Antonio Hidalgo, Héctor Victoria, Ascen- 
sión Tépal, Alfonso Mayorga, Rafael 
Martínez." - Rúbricas. 

"Al C. licenciado Luis Manuel Rojas, pre- 
sidente del Congreso Constituyente. - 
Presente." Está a discusión la moción 
suspensiva. Las personas que deseen 
hacer uso de la palabra pueden pasar a 
inscribirse. ¿No hay quien haga uso de 
la palabra? 

- El C. Medina: Pido la palabra C. presi- 
dente para una interpelación. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
Medina. 

- El C. Medina: Para interpelar a la comi- 
sión sobre el particular, supuesto que ella 
debe ser la mejor informada sobre la mate- 
ria de que se trata; y para uniformar el 
criterio de la Cámara, sería conveniente 
que uno de los miembros de la comisión 



dijera si acepta o no la suspensión del 
debate de su dictamen. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el C. 
presidente de la comisión. 

- El C. Múgica: La comisión acepta todo 
lo que quiera proponer la asamblea. 

- Un C. diputado: La asamblea también 
necesita saber en lo que se ha fundado la 
moción hecha; cuáles son los motivos que 
se alegan para sostenerla. 

- El C. secretario Lizardi: Por conducto 
particular la secretaría ha tenido cono- 
cimiento de que se han hecho algunas 
observaciones a la comisión, a propósito 
de las adiciones que se proponen a dicho 
artículo, pues algunos CC. diputados 
creen que son disposiciones reglamen- 
tarias que quizá no conviniera colocar- 
las allí. En tal virtud, los miembros de la 
comisión están conformes en estudiar 
detenidamente el asunto, y esos son los 
fundamentos de los diputados autores de 
la moción suspensiva. 

- El C. Múgica: Pido la palabra, señor 
presidente. 

- El C. presidente: Tiene usted la palabra. 

- El C. Múgica: Lo que hay sobre el 
particular es esto: algunos diputados 



Artículo 5 379 



que firman la moción, no suspensiva 
porque yo no creo que sea suspensiva, sino 
la moción para que se retire de la discu- 
sión el dictamen de hoy, es esto: que hay 
una iniciativa al parecer de mucha impor- 
tancia, que no está considerada en las 
reformas que tiene el proyecto. Pretenden 
las personas que firman esa petición, que 
se retire el dictamen presentado, sólo con 
el objeto de que se incluyan esas refor- 
mas si la comisión lo estima conveniente 
y que se reconsidere si igualmente la 
comisión lo estima conveniente. La comi- 
sión a este respecto no ha rendido ningún 
parecer, sino que se conforma con lo que 
la asamblea se sirva disponer; es decir, 
si acepta que se retire el dictamen para 
que se reconsidere una nueva reforma o 
no; es este el sentido de esta moción para 
someter a la discusión el nuevo dictamen. 

- El C. Jara: Yo soy uno de los signata- 
rios de esa moción suspensiva. Nos hemos 
fundado para hacerlo, en que tanto algu- 
nos ciudadanos diputados, como personas 
ajenas a este Congreso, nos han hecho 
algunas observaciones respecto al artícu- 
lo 5 o , y nos han hecho también algunas 
proposiciones que juzgamos pertinente 
introducir en esas reformas y conside- 
rando que si se pusiera desde luego a 
discusión originaría el retiro del dicta- 
men, porque conocemos que muchos de 



los CC. diputados se van a oponer al dic- 
tamen de reformas tal como lo presenta 
la comisión, queremos que de una vez, 
con las reformas que se le hagan, se pre- 
sente para que la discusión sea una y no 
haya necesidad de estar retirándolo fre- 
cuentemente para introducir en él nuevas 
reformas. Lo hago del conocimiento de la 
honorable asamblea, para que se dé cuenta 
de los motivos que nos indujeron a hacer 
la moción suspensiva. 

- El C. secretario Lizardi: ¿No hay quién 
pida la palabra? En votación económica 
se pregunta si se aprueba. Los que estén 
por la afirmativa se servirán ponerse de 
pie. Aprobada. 

23° Sesión Ordinaria 26/12/16 

Dictamen 22/12/16 

"Ciudadanos diputados: 

"La idea capital que informa el artículo 
5 o de la Constitución de 1 857 es la misma 
que aparece en el artículo 5o. del proyecto 
de la primera jefatura. El primero fue 
reformado por la ley de 10 de junio de 
1898. especificando cuáles servicios 
públicos deben ser obligatorios y cuáles 
deben ser, además, gratuitos. También esta 
reforma se incluye en el proyecto; pero 



380 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



sólo se dejan como gratuitas las funciones 
electorales. La prohibición de las órde- 
nes monásticas es consecuencia de la 
Leyes de Reforma. El proyecto conserva 
la prohibición de los convenios en los 
que el hombre renuncia a su libertad, hace 
extensiva aquélla a la renuncia de los 
derechos políticos. Todas estas ideas 
fueron discutidas en el Congreso de 1857 
o se han estudiado posteriormente en la 
prensa: la comisión no tiene, pues, nece- 
sidad de desarrollarlas para demostrar su 
justificación. 

"El artículo del proyecto contiene dos 
innovaciones: una se refiere a prohibir el 
convenio en que el hombre renuncia, tem- 
poral o permanente, a ejercer determinada 
profesión, industria o comercio. Esta 
reforma se justifica por el interés que 
tiene la sociedad de combatir el mono- 
polio, abriendo ancho campo a la compe- 
tencia. La segunda innovación consiste 
en limitar a un año el plazo obligatorio 
del contrato de trabajo; y va encaminada 
a proteger a la clase trabajadora contra 
su propia imprevisión o contra el abuso 
que en su perjuicio suelen cometer algunas 
empresas. 

"La comisión aprueba, por tanto, el 
artículo 5 o del proyecto de Constitu- 
ción, con ligeras enmiendas y algunas 
adiciones. 



"La expresión "La ley no reconoce órde- 
nes monásticas," parece ociosa, supuesta 
la independencia entre la iglesia y el 
estado; cree adecuado la comisión susti- 
tuir esa frase por esta: "La ley no permite 
la existencia de órdenes monásticas." 
También proponemos se suprima la pala- 
bra "Proscripción," por ser equivalente 
ala de "Destierro." 

"En concepto de la comisión, después de 
reconocer que nadie puede ser obligado 
a trabajar contra su voluntad y sin retri- 
bución, debe advertirse que no por eso la 
ley autoriza la vagancia: sino que, por 
lo contrario, la persigue y castiga. 

"Juzgamos, asimismo, que la libertad de 
trabajo debe tener un límite marcado por 
el derecho de las generaciones futuras. 
Si se permitiera al hombre agotarse en el 
trabajo, seguramente que su progenie 
resultaría endeble y quizá degenerada, y 
vendría a constituir una carga para la 
comunidad. Por esta observación propo- 
nemos se limiten las horas de trabajo y 
se establezca un día de descanso forzoso 
en la semana, sin que sea precisamente el 
domingo. Por una razón análoga creemos 
que debe prohibirse a los niños y mujeres 
el trabajo nocturno en la fábrica. 

"Ha tomado la comisión estas últimas 
ideas, de la iniciativa presentada por los 



Artículos 381 



diputados Aguilar, Jara y Góngora. 
Estos CC. proponen también que se esta- 
blezca la igualdad de salario en igualdad 
de trabajo; el derecho a indemnizaciones 
por accidentes del trabajo y enferme- 
dades causadas directamente por ciertas 
ocupaciones industriales; así como 
también que los conflictos entre el capital 
y el trabajo se resuelvan por comités de 
conciliación y arbitraje. La comisión no 
desecha estos puntos de la citada inicia- 
tiva; pero no cree que quepan en la sección 
de las garantías individuales; así es que 
aplaza su estudio para cuando llegue al 
de las facultades del Congreso. 

"Esta honorable asamblea, por inicia- 
tiva de algunos diputados, autorizó a la 
comisión para retirar su anterior dicta- 
men respecto del artículo 5 o , a fin de 
que pudiera tomarse en consideración 
una reforma que aparece en un estudio 
trabajado por el licenciado Aquiles 
Elorduy. Este jurisconsulto sugiere 
como medios de exterminar la corrupción 
de la administración de justicia, inde- 
pender a los funcionarios judiciales del 
poder Ejecutivo e imponer a todos los 
abogados en general la obligación de 
prestar sus servicios en el ramo judicial. 
El primer punto atañe a varios artículos 
que no pertenecen a la sección de las 
garantías individuales; el segundo tiene 
aplicación al tratarse del artículo 5 o que 



se estudia. La tesis que sustenta el licen- 
ciado Elorduy es que, mientras los aboga- 
dos postulantes tienen acopio de fuerzas 
intelectuales, morales y económicas para 
hacerse dominantes, los jueces carecen de 
estas mismas fuerzas para resistir el 
dominio; y busca, por tanto, la manera 
de contrabalancear la fuerza de ambos 
lados o de hacerlo predominante del 
segundo lado. Hace notar el autor de dicho 
estudio, que los medios a que se recurre 
constantemente para obligar a los jueces 
a fallar torcidamente, son el cohecho y 
la presión moral, y opina que uno y otro 
se nulificarían escogiendo el personal de 
los tribunales entre individuos que por 
su posición económica y por sus caudales 
intelectuales y morales, estuviesen en 
aptitud de resistir aquellos perniciosos 
influjos. 

"Pero cree el licenciado Elorduy que 
no puede obtenerse el mejoramiento del 
personal, fiando en la espontaneidad de 
los ciudadanos; sino por medio de obli- 
gaciones impuestas por el estado. Tal 
obligación sería justa, supuesto que la 
instrucción pública ha sido siempre gra- 
tuita en nuestro país, y nada más natural 
como que los que la han recibido compen- 
sen el beneficio en alguna forma. 

"La comisión encuentra justos y perti- 
nentes los razonamientos del licenciado 



382 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Elorduy y, en consonancia con ellos, pro- 
pone una adición al artículo 5 o en el sen- 
tido de hacer obligatorio el servicio en el 
ramo judicial a todos los abogados de 
la república. 

"Por tanto, consultamos a esta honorable 
asamblea la aprobación de que se trata, 
modificada en los términos siguientes: 

"Art. 5 o .- Nadie podrá ser obligado a 
presentar trabajos personales sin la justa 
retribución y sin su pleno consentimiento, 
salvo el trabajo impuesto como pena por 
la autoridad judicial. La ley perseguirá la 
vagancia y determinará quiénes son los 
que incurren en este delito. 

"En cuanto a los servicios públicos, sólo 
podrán ser obligatorios, en los términos 
que establezcan las leyes respectivas, el 
de las armas, el servicio en el ramo 
judicial para todos los abogados de la 
república, el de jurado y los cargos de 
elección popular, y obligatorias y gratui- 
tas las funciones electorales. 

"El estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o conve- 
nio que tenga por objeto el menoscabo, 
la pérdida o el irrevocable sacrificio de la 
libertad del hombre, ya sea por causa de 
trabajo, de educación o de voto religioso. 
La ley, en consecuencia, no permite la 



existencia de órdenes monásticas, cual- 
quiera que sea la denominación y objeto 
con que pretendan erigirse. Tampoco 
puede admitir convenio en el que el 
hombre pacte su destierro o en que renun- 
cie temporal o permanentemente a ejer- 
cer determinada profesión, industria o 
comercio. 

"El contrato de trabajo sólo obligará a 
prestar el servicio convenido por un 
período que no sea mayor de un año, y 
no podrá extenderse en ningún caso a la 
renuncia, pérdida o menoscabo de cual- 
quiera derecho político o civil. 

"La jornada máxima de trabajo obliga- 
torio no excederá de ocho horas, aunque 
éste haya sido impuesto por sentencia 
judicial. Queda prohibido el trabajo noc- 
turno en las industrias a los niños y a las 
mujeres. Se establece como obligatorio 
el descanso hebdomadario." 

Sala de comisiones. Querétaro de Arteaga, 
diciembre 22 de 1916. - Gral. Francisco 
J. Múgica.- Alberto Román.- L. G. Mon- 
zón.- Enrique Recio.- Enrique Colunga." 

Debate 

- Un C. secretario: Está a discusión. Las 
personas que deseen hacer uso de la pala- 
bra, se servirán pasar a inscribirse. 



Artículo 5 383 



- El C. presidente: Tiene la palabra en se puede obligar a trabajar contra su 
contra el C. Lizardi. voluntad. 



- El C. Lizardi: Señores diputados: por la 
lista de los oradores inscritos, cuya lec- 
tura acabáis de oír, habéis tenido cono- 
cimiento de que catorce diputados se han 
inscrito en contra del dictamen de la 
comisión. Naturalmente, entre estos dipu- 
tados hay personas extraordinariamente 
prestigiadas y competentes que segura- 
mente van a demostrar con argumentos 
irrefutables que ha perdido mucho el 
artículo del proyecto del C. Primer Jefe 
con las adiciones que a fuerza le ha hecho 
la comisión. Así, pues, voy a procurar 
ser lo más breve posible, a fin de ceder 
en su oportunidad el turno a personas más 
autorizadas y competentes. 

El dictamen lo encuentro defectuoso en 
varios de sus puntos. Antes de entrar al 
análisis del dictamen relativo al artículo 
5 o , me permito llamar la atención de la 
honorable asamblea sobre los siguientes 
hechos. La libertad de trabajo está garan- 
tizada por dos artículos, no sólo por uno. 
Está garantizada por el artículo 4 o y está 
garantizada por el artículo 5 o En el 
artículo 4 o se establece la garantía de que 
todo hombre es libre para trabajar en lo 
que le parezca y para aprovechar los 
productos de su trabajo. En el artículo 
5 o se establece la garantía de que a nadie 



Ahora bien, las diversas limitaciones que 
hayan de ponerse a estas libertades debe- 
rán ser según la índole de las limita- 
ciones, en uno o en otro artículo. Sentado 
este precedente, voy a entrar de lleno al 
análisis de los artículos de referencia. 
Si la ley garantiza en el artículo 4 o la liber- 
tad de trabajar y en el 5 o garantiza que 
nadie se le ha de obligar a trabajar contra 
su voluntad y sin la justa retribución, no 
por esto quiere decir que se autoriza la 
vagancia. De suerte que la adición pro- 
puesta por la comisión, adición que 
dice: "La ley perseguirá la vagancia y 
determinará quiénes son los que incurren 
en este delito," es una adición que sale 
sobrando por inútil. Menos malo si eso 
fuera el único defecto del artículo. 

No es necesario decir eso, pero en fin, 
sería tanto como poner el letrerito consa- 
bido del puente de Lagos, letrerito que si 
no sirve, tampoco estorba. Pero continúa 
el artículo; "En cuanto a los servicios 
públicos, sólo podrán ser obligatorios en 
los términos que establezcan las leyes 
respectivas, el de las armas, el servicio 
en el ramo judicial para todos los aboga- 
dos de la república, el de jurado y los 
cargos de elección popular, y obligato- 
rias y gratuitas las funciones electorales." 



384 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



Este servicio en el ramo judicial para 
todos los abogados de la república 
sencillamente es el procedimiento más 
expedito, más eficaz para hacer a la admi- 
nistración de justicia mucho más peor de 
lo que está. (Aplausos.) Intentaré demos- 
trarlo; la justicia ha tenido entre nosotros 
dos defectos gravísimos; ha sido por una 
parte injusticia en vez de ser justicia, y 
por otra parte ha sido extraordinariamente 
lenta. 

La comisión tomó sus ideas de un estudio 
del licenciado Aquiles Elorduy, según nos 
dice, y encontró como remedio expedito 
para tener jueces honrados obligar a todos 
los abogados a que sirvan; ¿es posible, 
señores, que precisamente al abogado 
que se le ha formado en la lucha cons- 
tante, haciendo chicanas por cuenta propia 
vayamos a dejarlo que haga chicanas 
como juez? Por otra parte se quiere que 
haya abogados con independencia econó- 
mica, con un caudal de conocimientos 
adquiridos en la práctica; muy bueno, 
perfectamente, el caudal de conocimien- 
tos adquiridos en la práctica se puede 
exigir sin necesidad de hacer el servicio 
obligatorio, casi todas las leyes orgánicas 
nos dicen: para ser juez se necesitan 
tales o cuales requisitos y entre ellos se 
encuentra el de ser abogado recibido, con 



tantos años de práctica y eso está en todas 
las leyes orgánicas. 

En cuanto a la independencia económica, 
sabemos todos que el trabajo es bastante 
rudo y el que tiene independencia econó- 
mica es el que menos ganas tiene de 
trabajar, porque muy raras son las perso- 
nas que trabajan por gusto; de suerte que 
llevaríamos a que sirvieran los puestos 
judiciales a una colección de flojos; por 
otra parte, esa independencia económica 
adquirida en la mayoría de los casos y 
según la mente del proyecto, puesto que se 
trata de adquirir abogados de mucha 
práctica, esa independencia seguramente 
que habrá sido adquirida en el ejercicio 
de la profesión, lo cual supone para esos 
abogados una gran clientela; tener un 
buen bufete y muchas relaciones entre 
un considerable número de litigantes y 
entre un considerable número de aboga- 
dos y si lleva a fuerza a ejercer un puesto 
judicial a un abogado a quien se obliga a 
abandonar su bufete que le deja mucho 
más de lo que se puede dejar el empleo, 
¿qué resultará? resultará que será el pri- 
mero en burlar la ley y en seguir ejerciendo 
la profesión. Se buscará algún firmón: 
seguirá él tramitando todos sus negocios 
bajo la firma de otro abogado y será el 
primero en torcer la justicia, muchas 



Artículo 5 385 



veces hasta inconscientemente, por la 
natural simpatía que tenga por sus traba- 
jos y por los trabajos de sus amigos; 
muchas veces, creyendo hacer justicia, 
obrarán injustamente y otras muchas 
veces obrará injustamente a sabiendas. 

Ved aquí cómo la Constitución, que 
procura que haya justicia, nos abre com- 
pletamente la puerta de la injusticia. Más 
aún: ese abogado con su independencia 
económica, no necesitando de la profe- 
sión para vivir, procurará trabajar lo 
menos posible; en cada negocio se encon- 
trará con que es amigo del litigante o 
enemigo del litigante, amigo del abogado 
del litigante o enemigo del abogado del 
litigante, y como tiene pocas ganas de 
trabajar, a cada momento dirá por ser 
amigo íntimo del litigante, me declaro 
forzosamente impedido; por ser enemigo 
del litigante, me declaro forzosamente 
impedido, etc., y prácticamente tendre- 
mos que no habrá justicia rápida, ni habrá 
verdadera justicia, sino al contrario, 
completa injusticia. De esta manera nos 
encontramos con que en vez de mejorar 
la administración de justicia, se le habrá 
empeorado, ¿y cómo? cometiendo una 
injusticia. 

¿Por qué razón, señores, vamos a decir, 
parodiando a Cravioto, que a los aboga- 
dos nos tocó hueso? ¿Por qué no vamos 



a decir que es obligatorio para los médi- 
cos el servicio de los hospitales?; ¿para 
los ingenieros, el servicio en las carre- 
teras y edificios públicos y que para los 
farmacéuticos es obligatorio el servicio 
en las boticas? Precisamente este artículo 
viene a garantizar el derecho que tiene 
el hombre de no trabajar contra su volun- 
tad y sin la justa retribución; y el abogado 
a quien se le obligue servir un puesto 
judicial dirá: "ni trabajo con mi volun- 
tad, ni trabajo con la justa retribución, 
supuesto que mi trabajo ordinario me 
produce mucho más." De consiguiente, 
sobre entrañar una injusticia la adición 
al artículo en cuestión, se producen 
graves defectos en la administración de 
la justicia. Sigamos adelante. 

"El estado no puede permitir que se lleve 
a efecto ningún contrato, pacto o conve- 
nio que tenga por objeto el menoscabo, 
la pérdida o el irrevocable sacrificio de la 
libertad del hombre, ya sea por causa de 
trabajo, de educación o de voto religioso." 

"La ley en consecuencia, no permite la 
existencia de órdenes monásticas," etc. 
(Leyó) En verdad que no hubiera yo 
tocado la cuestión a que me voy a referir 
por considerarla de poca trascendencia, 
pero ya que ha habido necesidad de 
objetar el artículo sobre otros concep- 
tos, me permito llamar la atención de la 



386 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



asamblea sobre este nuevo error en que 
incurre la comisión. En el proyecto se dice: 

"La ley, en consecuencia, no permite la 
existencia de órdenes monásticas, cual- 
quiera que sea la denominación y objeto 
con que pretenda erigirse. Tampoco puede 
admitir convenio en el que el hombre 
pacte su destierro o en que renuncie tem- 
poral o permanentemente a ejercer deter- 
minada profesión, industria o comercio. " 

Y, en efecto, decía perfectamente, porque 
en este artículo se está tratando de garan- 
tizar un derecho de los individuos, no de 
imponer leyes ningunas ni de dar facul- 
tades a ninguna autoridad judicial; el, "no 
reconoce," está perfectamente bien, 
porque equivale a decir; aún cuando este 
individuo celebre un contrato en estas 
condiciones, la ley no le da ningún valor; 
pero decir, "no permite," es tanto como 
imponer al estado la obligación de evi- 
tarle que se celebre ese convenio y esa 
obligación estará muy bien en facultades 
de alguna ley del estado, pero no está 
bueno en este lugar en que sencillamente 
se trata de garantizar los derechos de los 
individuos, frente a frente de la socie- 
dad; de suerte que la comisión creyendo 
acertar, se equivocó por completo a este 
respecto. Continúa diciendo: 

"El contrato de trabajo sólo obligará a 
prestar el servicio convenido, por un 



período que no sea mayor de un año, y 
no podrá extenderse en ningún caso a la 
renuncia, pérdida o menoscabo de cual- 
quiera derecho político o civil." 

Este último párrafo desde donde principia 
diciendo: La jornada máxima de trabajo 
obligatorio no excederá de ocho horas," 
le queda al artículo exactamente como un 
par de pistolas a un Santo Cristo, y la 
razón es perfectamente clara: habíamos 
dicho que el artículo 4 o garantizaba la 
libertad de trabajar y éste garantizaba 
el derecho de no trabajar; si estas son 
limitaciones a la libertad de trabajar, era 
natural que se hubieran colocado más 
bien en el artículo 4° que en el 5 o , en 
caso de que se debieran colocar; pero 
en el artículo 4 o ya están colocadas, 
porque se nos dice que todo hombre es 
libre de abrazar el trabajo lícito que 
se le acomode. 

Más adelante, según por el proyecto 
presentado por el C. Primer Jefe, se dan 
las facultades al Congreso de la Unión 
para legislar sobre trabajo. De consi- 
guiente, si en alguna de esas leyes se 
imponen esas restricciones, es evidente 
que la violación de esas restricciones 
convertiría al trabajo en ilícito y no tendría 
ya la garantía del artículo 4o. Están 
comprendidas en ese artículo las restric- 
ciones de referencia al hablar del tra- 
bajo lícito. Si se quiere ser más claro, 



Artículo 5 387 



debió haberse expresado en el artículo 
4 o o dejarlo como bases generales para 
que el Congreso de la Unión legisle sobre 
trabajo; pero no cuando se está diciendo 
que a nadie se le puede obligar a trabajar 
contra su voluntad, vamos a referirnos 
ahora a algo que está en pugna con la 
libertad de trabajar. No cabe, pues, esta 
reglamentación aquí. 



párrafo final, que no es sino un conjunto 
de muy buenos deseos que encontrarán un 
lugar muy adecuado en el artículo 73 del 
proyecto como bases generales que se 
den al Congreso de la Unión para legislar 
sobre trabajo. 

- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Andrade, en pro. 



La comisión estuvo muy cuerda cuando 
reservó algunas otras de las indicaciones 
del proyecto presentado por los CC. dipu- 
tados Aguilar, Jara y Góngora; estuvo 
muy cuerda reservando esas adiciones 
para tratarlas en el artículo 72. Pero si 
tan cuerda estuvo en esos momentos, no 
me explico el por qué no lo estuvo también 
reservando estas otras para ponerlas en su 
lugar. Esto me parece una especie de 
transacción y ya sabemos que en materia 
política, las transacciones, lo mismo que 
en materias científicas, resultan desastro- 
sas: que lo digan los tratados de Ciudad 
Juárez. 

En resumen, sobra el inciso de que la ley 
perseguirá la vagancia, porque no se trata 
de legislar sobre delitos, sino de garan- 
tizar una libertad; sobra la obligación que 
se impone al servicio judicial obligatorio, 
y no sólo sobra, sino que resulta un verda- 
dero desastre; no estuvo bien hecho el 
cambio de "tolera" por "permite," y sobra 
completamente en este artículo todo el 



- El C. Andrade: Señores diputados: no 
vengo a molestar vuestra atención con la 
lectura de un discurso como en otras oca- 
siones. Voy a decir nada más unas breves 
palabras en pro del dictamen, por lo que 
se refiere a la limitación de las ocho 
horas de trabajo y a la prohibición de 
trabajo nocturno a las mujeres y a los 
niños. Juzgo de mi deber decir estas 
cuantas palabras y por lo mismo molestar 
vuestra atención, porque habiendo sido 
sostenida mi candidatura por varias agru- 
paciones obreras, creo que es de mi deber 
en todo lo que atañe a esas asociaciones 
hacer en lo que esté en la humilde esfera 
de mis facultades; hecha esta breve 
explicación entro en materia, asegurán- 
doos de que seré sumamente breve, para 
ceder el campo a hombres verdade- 
ramente inteligentes que tratarán el 
asunto como es debido. 

Hay una ley suprema que rige a todos 
los seres de la naturaleza y esta es la de 
la evolución, la cual, en alas del progreso 



388 Nueva edición del Diario de Debates del Congreso Constituyente de 1916-1917 



nos lleva hasta el ideal de la perfectibili- 
dad humana, ideal que aparece entre las 
brumas del horizonte como una montaña 
azul y que nunca alcanzamos, pero esta 
marcha hacia el ideal tiene la ventaja de 
ir procurando el bienestar a la sociedad 
en su camino. Esta ley de la evolución se 
marca también en la evolución de las 
constituciones, las constituciones cier- 
tamente que, como lo dijo muy atina- 
damente el señor Medina, no deben ser 
un tratado de las miserias humanas, ni 
mucho menos una especie de terapéutica 
nacional, es decir, un catálogo de los 
remedios que necesitamos; pero si más o 
menos deben marcarse las tendencias, las 
aspiraciones, dar rumbo y guías para el 
progreso de una sociedad. 

La constitución actual debe responder, por 
consiguiente, a los principios generales 
de la revolución constitucionalista, que 
no fue una revolución como la maderista 
o la de Ayutla, un movimiento meramente 
instintivo para echar abajo a un tirano; 
la revolución constitucionalista tiene la 
gran trascendencia de ser una revolución 
eminentemente social y, por lo mismo, 
trae como corolario una transformación 
en todos los órdenes. Uno de los grandes 
problemas de la revolución constitucio- 
nalista ha sido la cuestión obrera que se 
denomina "la política social obrera." Por 
largos años, no hay para qué repetirlo en 



grandes parrafadas, tanto en los obreros 
en los talleres como en los peones en 
los campos, ha existido la esclavitud. 
En varios estados, principalmente en los 
del centro de la república, los peones 
en los campos trabajan de sol a sol y en 
los talleres igualmente los obreros son 
explotados por los patrones. Además, 
principalmente en los establecimientos 
de cigarros, en las fábricas de puros y 
cigarros, lo mismo que en los esta- 
blecimientos de costura, a las mujeres se 
les explota inicuamente, haciéndolas 
trabajar de una manera excesiva, y en los 
talleres igualmente a los niños. Por eso 
creo yo debido consignarse en ese artículo 
la cuestión de la limitación de las horas 
de trabajo, supuesto que es una necesidad 
urgente, de salvación social. 

Con respecto a la cuestión de las muje- 
res y los niños, desde el punto de vista 
higiénico y fisiológico, se ve la necesi- 
dad de establecer este concepto. La mujer, 
por su naturaleza débil, en un trabajo 
excesivo, resulta perjudicada en demasía 
y a la larga esto influye para la degene- 
ración de la raza. En cuanto a los niños, 
dada también su naturaleza débil, si se 
les somete a trabajos excesivos, se tendrá 
por consecuencia, más tarde, hacer 
hombres inadaptables para la lucha por 
la vida, seres enfermizos. Por esta circuns- 
tancia es por lo que estimo necesario 



Artículo 5 389 



querer imponer estas restricciones. Sabe- 
mos de antemano que ninguna libertad 
es absoluta, puesto que la sociedad, 
según el concepto de la sociología bio- 
lógica, puede considerarse como un 
organismo compuesto de celdillas; una 
celdilla aislada tiene una forma determi- 
nada; pero al entrar en composición sufre 
transformaciones con las otras; esto 
mismo indica que todos los seres no 
pueden tener una libertad absoluta y que 
al formar parte del agregado social debe 
tener su limitación; lo mismo pasa con 
las libertades y puesto que en el artículo 
anterior al hablar de las libertades de 
esas ideas, denunciamos el principio 
general que previene las limitaciones, 
encuentro muy conveniente que puedan 
caber estos conceptos. 

Después de hablar de la libertad de 
trabajo hablaré de las limitaciones y, por 
lo mismo, no estaría por demás poner 
esas limitaciones, puesto que responde, 
como dije antes, a una necesidad social. 
Los elementales principios para la lucha 
constitucional, que traen como corolario 
las libertades públicas, fueron las clases 
obreras, los trabajadores de los campos, 
ese fue el elemento que produjo este gran 
triunfo y por lo mismo, nosotros debemos 
interpretar esas necesidades y darles su 
justo coronamiento. (Aplausos.) 



- El C. presidente: Tiene la palabra el 
C. Martí, en contra. 

- El C. Martí: Me es muy penoso, señores 
diputados, tener que subir a esta tribuna 
a atacar el dictamen de la comisión; tan 
penoso me es, que infinidad de veces que 
estoy inscrito para atacarlo, dejo a otro 
la labor. Yo no he podido estar de acuerdo 
con un solo dictamen de la comisión. 
(Siseos.) Allá vamos andando. Yo me he 
pensado que los señores que me sisean, 
tal vez tengan razón y que yo resulté más 
borrico que lo que habría deseado mi 
padre, yo, como ustedes, me he lanzado 
por estos mundos de Dios a tomar opinio- 
nes y ha resultado que el borrico tiene 
razón; yo me he puesto a analizar este 
dictamen, y con toda sinceridad les digo 
que no tiene ni pies ni cabeza, hasta el 
extremo que si no fuera porque sé que 
los principales miembros de la comisión 
son individuos eminentemente liberales, 
les habría achacado la redacción de la 
poesía que leí en "El Universal" dedicada 
al se