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Full text of "Santa María del monasterio de Ripoll [microform] : nobilísimo origen y gloriosos recuerdos de este célebre santuario, hasta el milenario de su primera dedicación : reseña histórica"






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Nobilísimo origen y gloriosos recuerdos 

dé este célebre Santuario 

hasta el milenario de su primera dedicación 



RESENA HISTÓRICA 



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ultimo Delegado 

de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 

en dicho- monasterio 



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MATAR o 
Establecimiento Tipográfico de Feliciano Horta 

Calle de Argentpna, núm. 31 
x888 ; 



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SANTA MARÍA 



DEL 



MONASTERIO DE RIPOLL 



jSaNJTA ffiAI^ÍA 



DEL 



MONASTERIO DE RIPOLL 

NOBILÍSIMO ORIGEN Y GLORIOSOS RECUERDOS DE ESTE 

CÉLEBRE SANTUARIO, HASTA EL MILENARIO DE SU 

PRIMERA DEDICACIÓN. 



RESENA HISTÓRICA 

POR 

JOSÉ M/ PELLICER Y PAGÉS, 

Último Delegado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 

en dicho monasterio, 



CON APROBACIÓN ECLESIÁSTICA 



MATARÓ. 

Establecimiento Tipográfico de Feliciano Horta, 

CALLE DE ARGENTONA, NÚM, 31. 

1888. 



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El Autor cede gratuitamente, parala restauración del Santua- 
rio DEL MoNASTEnio DE RiPOLL, la propiedad de esta obra con to- 
dos sus productos. 




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DEL 

AUTOR 



* * * 




ENOVAR la memoria del monasterio 
que en la confluencia del Ter y del 
Fraser levantó Wifredo el Vello- 
so; ensalzar la obra del inmortal 
conquistador^ como depositaria de 
los más valiosos documentos de la historia 
patria^ panteón de nuestros soberanos^ ejem- 
plar único en grandeza y suntuosidad entre 
los monumentos románicos de la Cataluña del 
siglo XI, foco de civilización que, desde los 
altos montes que le circundan, fué enviando 
á partir de 873 sus rayos benéficos á los más 
remotos confines del principado; añadir á es- 
tas singulares preeminencias estudios espe- 



cíales sobre el simbolismo': de la portada y mo- 
saico, sobre los ábsides y claustro; desvanecer 
fábulas, extirpar errores, enriquecer los fes- 
tos del gran cenobio con notabilísimos hechos 
de sus ilustres abades y sabios monjes; reunir 
lo más selecto de lo mucho inédito y de lo 
poco publicado, junto Con todas las inscrip- 
ciones monasteriales en su mayor parte desco- 
nocidas; tal fué el plan que, hace veinte años, 
nos propusimos desarrollar, y con efecto lo en- 
sayamos en varias monografías, en que la fun- 
dación de Wifredo es considerada bajo su tri- 
ple aspecto de comunidad benedictina, pan- 
teón de principes catalanes, y santuario de 
Santa María. 

El objeto de tales estudios, con entusiasta so- 
licitud proseguidos, fué única y exclusivamen- 
te la restauración del mencionado santuario, 
tal como lo admiraron los catalanes del siglo Xí 
el día déla cuarta dedicación. Creíamos en el re- 
nacimiento de Cataluña , observamos con que 
exuberancia su literatura, artes y tradiciones 
reflorecían, y no sabíamos darnos cuenta de 
que permaneciese como sembrada de sal el 
área del monumento en que se iniciaron y 
promovieron los más trascendentales hechos de 
la patria, ni podíamos conformarnos en que 
sólo ofreciese perpetuo motivo á románticas 
lamentaciones, á poéticos desahogos. Algo en 



— Yll ^ 



1863 y en 1867 se había realizado á fin de 
conservar en estado de ruina la parte monu- 
mental; pero reservar este menguado destino, 
según se pretendía, á la Covadonga Catalana, 
¿no hubiera sido para los hijos del principado 
un desprecio á su historia, un emblema de sus 
desgracias, la viva imagen de la Cataluña 
bastardeada, que todo buen patricio detesta? 
Por esto evocamos gloriosos recuerdos, por 
esto impulsamos sin tregua la restauración y, 
loado sea Dios, no sin pronto y eficaz resulta- 
do. Conocidas las intimas relaciones del gran 
monumento de la Reconquista con las de la 
patria, se hizo general el deseo de reconstruir- 
lo, al deseo siguieron gestiones activas de par- 
ticulares y corporaciones, entre las que se dis- 
tinguiéronla benemérita Comisión de monumen- 
tos de la provincia de Gerona, no menos que 
la celosa Asociado d Excursions Catalana, y 
tanto se habia andado en 1878 por el buen ca- 
mino, que en nuestra Reseña histórica , en 
aquel año publicada, nos atrevimos á proponer, 
de la siguiente manera, la celebración del mi- 
lenario de 888: 

«El proyecto oportunamente comunicado á 
la Comisión de monumentos, de conmemorar 
en Santa Maria del monasterio de RipoU, el 
triunfo de los catalanes del siglo IX sobre las 
huestes agarenas, ha encontrado desde luego 



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entusiasta acogida en los que persuadidos del 
gran bien que reporta el recuerdo de las glorias 
patrias^ marcan atentos las fechas memorables 
para tributar culto de respeto y de admiración^ 
por medio de solemnes centenarios, á las cien- 
cias^ artes, proezas insignes y heroicas virtu- 
des de nuestros antepasados. 

«La Reconquista de Cataluña, esta' admirable 
empresa personificada en el tiempo en el es- 
clarecido conde Wifredo el Velloso , perpe- 
tuada en el espacio en el mencionado templo, 
merece sin duda conmemorarse por la gene- 
ración presente. Erigido á raiz de las prime- 
ras victorias de los fieles y en memoria de 
las mismas, recibió en homenaje, terminada 
la Reconquista, los más ricos trofeos de los te- 
rritorios conquistados, el dia venturoso en que 
Wifredo, en acción de gracias por el asombro- 
so éxito de sus armas, solemnizó con la pri- 
mera dedicación de su Covadonga, el feliz re- 
nacimiento de nuestra amada Cataluña. 

«Tuvo lugar, como es sabido, esa primera 
dedicación en 888. ¿Que buen pai ríelo, á quién 
la Providencia haya concedido ver repetida 
mil años después aquella inolvidable fecha, de- 
jará de volver los ojos al inmortal conquista- 
dor para glorificarle allí mismo donde, reli- 
gioso y agradecido, á niás de poner á los pies 
de la Reina de las batallas sus conquistas, hiso 



— IX — 



oblación de su primogénito ^ considerándose al 
propio tiempo honrado con poder dejar deposi- 
tados sus mortales restos en los umbrales del 
célebre santuario?» 

Hecha pública esta invitación, que si debia 
producir resultado era devolviendo antes al 
Santuario su primitivo explendor, cedimos á 
un irresistible impulso de consagrar á su ser- 
vicio, no sólo la pluma, sino las personales co- 
modidades entonces presentes y las esperan- 
zas del porvenir. Al efecto, desde la culta 
Gerona nos trasladamos al alta montaña, 
aceptamos el nombramiento de Delegado, que 
se dignó conferirnos la Real Academia de Be- 
llas Artes de San Fernando para representar en 
el monasterio á la Comisión de monumentos 
y cuidar del mismo; logrando el consuelo de 
ver, durante el trienio de nuestra delegación, 
como se llevaron á cabo trascendentales obras, 
á las que se dignó tributar el siguiente elo- 
gio la mencionada Academia : «No sólo me- 
recen la aprobación, sino los más cumplidos 
plácemes, por la acertada dirección de las mis- 
mas. Ellas, puede decirse, han determinado una 
nueva manifestación de tan insigne monumen- 
to , alejando por dilcttados años su desapari- 
ción con las obleas de sostenimiento y defensa 
practicadas, según se demuestra en la sucinta y 
clara Memoria fdel Delegado j €¡ue acompaña. 



Apresurémonos á añadir que si los trabajos 
á que se refiérela Real Academia de San Fer- 
nando.hacian imposible la ruína/y ponian de 
manifiesto desconocidas bellezas^ entre ellas 
los majestuosos ábsides; tan continuas dificul- 
tades sobrevinieron_, que lejos de confirmarnos 
el gratuito cargo que desempeñábamos en la 
idea de una próxima restauración; desilusio- 
nados con acerbos disgustos, abandonamos los 
valles del Ter y del Fraser, convencidos de la 
insuficiencia de los esfuerzos de particulares 
y de civiles corporaciones para el logro de ta- 
maña empresa. 

La semilla, sin embargo, estaba echada y ha- 
bla germinado; ella prometia irremisiblemen- 
te opimos frutos, cuando indispensables cir- 
cunstancias concurriesen. Eran estas, la devo- 
lución de las venerandas ruinas á la Mitra de 
"Vich,y que se hallase al frente de la Diócesis un 
sabio Prelado, que para el mayorazgo de toda 
la voluntad del gran Wifredo el Velloso sin- 
tiese aquel especial amor^ que al Obispo Oliva 
impulsó á convertir el pequeño templo monas- 
terial en Basílica, la más suntuosa que en su 
siglo ostentaba el Principado. Entrambas cir- 
cunstancias concurrieron providencialmente al 
ser elevado á la silla episcopal de Aüsona el 
ExGMO. É Illmo. Dr. D. José Morgades y Gilí, 



— Xí — 



á cuyos poderosos auspicios se debe la casi 
milagrosa resurrección de la Basílica Olivana. 
Casi milagrosa resurrección decimos^ y no se 
achaque á hipérbole la expresión. Oliva, biz- 
nieto del inmortal Wifredo; Principe civil en 
Besaiú; Principe eclesiástico en Ausona; con 
todos los recursos y protecciones del país y del 
extranjero/ en un siglo en que la fé producia 
maravillas; si logró llevar á cabo su admirable 
proyecto/ no fué sin ímprobo trabajo, multo la- 
bore, como' lo encarece el Acta de la cuarta de- 
dicación. ¿Cuántos afanes, pues, cuánto desve- 
lo no presupone el repetir la misma obra en 
este siglo materializado, en que las ideas cos- 
mopolitas pretenden arrebatarnos hasta el 
amor de la patria, siglo tan rumboso y explén- 
dido para las manifestaciones del vapor y de la 
electricidad, como avariento y retraído ante 
restauraciones como la que nos ocupa? Y, sin 
embargo, en menos de dos años (increíble pa- 
rece) el esclarecido sucesor de Oliva arrolla 
todos los obstáculos, promueve general entu- 
siasmo, acumula dádivas sobre dádivas, con las 
que hace surgir como por encanto las paredes 
y bóvedas del siglo XI,. y mostrando los frutos 
de su celo y actividad incomparable, dice á 
sus admirados compatricios: «Vedla ahí, la 
Basílica Olivana, celebremos e?i su recinto el 
milenario de la Reconquista.» 



— XII — 

Con el logro de nuestros más fervientes de- 
seos, han quedado naturalmente sin objeto 
las páginas que á la propaganda hablamos de- 
dicado; por otra parte las investigaciones que 
durante el trienio de nuestra delegación hici- 
mos sobre el terreno, nos obligan á rectificar 
algunas ideas anteriormente emitidas. Además, 
los especiales puntos de vista, bajo los cuales 
fueron dictadas las mencionadas monografías, 
hacen necesaria una recopilación de lo más 
escogido; una fusión, digámoslo asi, de todo lo 
aprovechable, en un trabajo definitivo que 
abarque en sus múltiples aspectos la historia 
del monumento, desde su origen hasta nues- 
tros dias. 

De lo expuesto deducirá fácilmente el lector 
que no es una segunda edición de lucubracio- 
nes ya conocidas lo que ofrecemos; sino una 
nueva historia, tan completa como hemos sa- 
bido, en que ponemos á contribución lo hasta 
hoy publicado. Si con ella hemos acertado á 
corresponder á la atenta invitación del bonda- 
doso Prelado, que desde la inauguración de las 
obras que inmortalizarán su pontificado, se 
dignó honrarnos con su confianza; si logramos 
hacer cobrar del monasterio el alto concepto 
que se merece, quedarán bien recompensados 
nuestros estudios, como excesivamente pre- 



— xm — 



miados resultan los antiguos afanes del Dele- 
gado con la nueva consagración de la grandio- 
sa basílica; acto religioso que entre los rea- 
lizados en este siglo, es el que mejor las 
nobilísimas aspiraciones de Cataluña simbo- 
liza. 



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AL EXCMO. E ILLMO. 

DR. D. JOSÉ MORGADES Y GILÍ, 

PRECLARO SUCESOR 

DE GODMARO, JORGE, FROILÁN Y OLIVA 

EN LA SEDE EPISCOPAL DE VICH, 

ÉMULO DE LOS MISMOS GENEROSO 

EN EL AMOR ARDIENTE, PROTECCIÓN EFICAZ 

Y RESTAURACIÓN DESEADA 

DEL MONUMENTO PATRIARCAL DE CATALUÑA 

SANTA MARÍA 
DEL MONASTERIO DE RIPOLL; 

EN MEMORIA DEL FAUSTO MILENARIO 

QUE LA PATRIA AaRADECIDA 

ALLÍ CELEBRA ; 
OFRECE ESTA HUMILDE OBRA 

EL AUTOR, 



CAPITULO I 



EL CENOBIO DE RECAREDO. 



Comarcas preferidas por los benedictinos para la fundación de sus mo- 
nasterios.— Descripción de los valles del Tery del Fraser, primeros 
pobladores, memorias que dejaron. — Adecuada aplicación del nombre 
Rivis-pollens, dado antiguamente al valle del Ter.— Primitiva religión 
de sus habitantes, su conversión al cristianismo. — Nuevos emigrantes 
al alta montaña, nuevos núcleos de población. — Importancia en la 
misma de una institución que velase por las letras , la agricultura y la 
industria.— Los benedictinos satisfacen esta exigencia. — Época en que 
establecieron su monasterio en la confluencia del Ter y del Fraser.— 
Escasas noticias de esta primera fundación. — ^El abad Protasio, el du- 
que Recimero, la capilla de laMadona. — El monasterio es destruido 
por los árabes, lo reedifican los reyes francos. — Nueva invasión sarra- 
cena, es por segunda vez el cenobio destruido. — Los sarracenos ocu- 
pan militarmente y como colonos la comarca rivis-pollens. — Resis- 
tencia délos naturales, preséntase como su jefe y libertador Wifredo 
el Velloso. 




EÑOR, decían los fundadores del insigne 
monasterio de Cluni á Guillermo Pió, 
duque de Aquitania, en estos bosques y 
en las vertientes de estos montes quiere 
Dios que resuenen sus alabanzas, en vano 
buscaríamos sitio más á propósito para . 
celebrarlas. Estas palabras, más que un voto particular, 
revelan un deseo general en los hijos de san Benito. 

2 



La proximidad de las ciudades les era enojosa, anhela- 
ban el retiro , la soledad , las comarcas incultas aunque 
fértiles, para convertirlas en vastísimas granjas agríco- 
las, en donde el indigente hallaba ocupación y bienes- 
tar; mientras los religiosos, alternando el trabajo ma- 
nual con el estudio, hacian de sus monasterios 
depositarios de la civilización que nos transmitieron 
intacta, mejorándola con el espíritu cristiano. 

Con análogas expresiones, manifestarían su resolu- 
ción de instalarse en los valles del Ter y del Fraser los 
primeros cenobitas que los visitaron. Valles son aque- 
llos resguardados por altas montañas, enriquecidos por 
perennes manantiales, fecundizados por inumerables 
arroyos, y antes que el arado al surcar las vertientes 
de los montes hasta su cima, les diese el actual aspecto 
estéril é ingrato; profundas selvas é interminables bos- 
ques los embellecían , abundando la espesura en toda 
clase de venados, no menos que las corrientes en rica y 
sabrosísima pesca. 

Los rios, vías naturales para los pueblos que emi- 
gran, condujeron allá desde remotos siglos colonias 
iberas y celtas, griegas y cartaginesas; la huella de 
estas razas la revela la toponomástica, gran número de 
hachas prehistóricas y monedas celtíberas, casi todas 
con símbolo ausetano, alguna iluronesay varias empo- 
ritanas (1). 



(1) En sepulcros de Surroca fueron recogidas dos monedas celtibé- 
ricas, una de Ampurias, otra de lluro. (Apuntes arqueológicos de Don 
Francisco Martorell y Peña, Barcelona, 1879, pág. 145). En un desmonte 
efectuado junto al moderno puente del Fraser, (cerca de su confluen- 
cia con el Ter), apareció una moneda 'ausetana.. Varias con la leyenda 
ausesken é índike|, guardamos procedentes de Gampdevánol," Estiula, 
Saltor y otros puntos de los valles. Respecto á útiles prehistóricos, los 
adquirimos alli en gran número, y puede el lector examinarlos en los 
museos provinciales de Gerona y de Barcelona, en donde los depo- 
sitamos. 



^ 19 — 

Más recuerdos de la dominación de Roma allí se con- 
servan. Durante nuestra delegación fueron hallados 
hacia la parte de Vidabona varios bronces y monedas 
de plata, de las que pudimos lograr una de Trajano, 
flor de cuño; hacia Surroca hablan aparecido antes 
otras de Augusto, Adriano y Marco Aurelio; además, á 
gran profundidad, junto á los ábsides de Santa María 
recogimos regulares fragmentos de tégulas romanas. 
La mayor parte de los nombres de poblaciones hallan 
su etimología en la lengua del Lacio, por ejemplo i Gam- 
prodón (campus rotundus), Vallfogona (Vallis foecun- 
da), Rivas (ripae), ningún nombre empero fué mejor 
aplicado que el de Rivis-pollens que el monasterio se 
apropió, haciéndolo famoso. Con efecto, la abundancia 
de aguas y el grato murmurio de las mismas, debió im- 
presionar vivamente á los primeros exploradores, quie- 
nes al detenerse en la confluencia del Ter y del Fraser, 
al not&,r el gran número de torrentes, que no lejos de 
allí afluyen , al descubrir doquiera abundantes fuentes 
de agua exquisita, marcarían el valle con un vocablo 
que por JRiois-poUens , tradujeron los romanos. Con él 
los cenobitas veneraron á la Santa Imagen, é indicaron 
la situación geográfica de su templo y cenobio : Sancta 
María, in coenobio ríví-pollensi, ínter dúo Jlumína : tal 
leemos en las bulas de los Sumos Pontífices, en los di- 
plomas de los reyes Francos, y en la bellísima alegoría 
■del presbiterio de la basílica Olivana (1). 

La primitiva religión de los mencionados colonizado- 



(1) Ateniéndonos á la autoridad de esas bulas y diplomas, hemos 
creido conveniente titular esta obra «Santa María del monasterio de 
Ripoll», aunque por inadvertencia habíamos adoptado en otras publica- 
ciones un titulo inusitado en dichos documentos, y desconocido por los 
monjes y los hijos del país, que siempre han llamado al templo monas- 
terial: «La Mare de Deu del Monastir» y por sinécdoque «Lo Monastir». 



— 20 -- 

res fué el naturalismo de los Arias, dejeneró luego en el 
culto de Isis importado por los fenicios, luego en el an- 
tropomorfismo griego ; sobresaliendo entre las divinida- 
des Diana efesina, cuya veneración los focenseS; vecinos 
á la desembocadura del Ter, propagaron entre los in- 
dígenas. 

San Saturnino , mártir de Tolosa en tiempo de Decio, 
se presenta á nuestra memoria como el primero des- 
pués de los apóstoles que libró de las tinieblas del gen- 
tilismo á los habitantes del valle rivispollens, como lo 
recuerda el monje del siglo XI en su discurso acerca 
la cuarta dedicación del monasterio (1). La autorizada 
tradición de este, que hacia remontar el culto de la 
santa imagen de María á los primeros siglos del cris- 
tianismo, tuvo sin duda origen en la predicación del 
mártir Tolosano, 

Las invasiones de los bárbaros produjeron en el 
siglo IV otra emigración de los habitantes de las ricas 
y pintorescas playas mediterráneas y de la Galia góti- 
ca hacia el alta montaña, como en modernas invasio- 
nes se ha repetido. Aumentaron entonces las alquerías, 
y nuevos núcleos de población se formaron ; pero bien 
se hecha de ver que los pobres emigrantes, sepultadoa 
en el fondo de las montañas, sin fáciles vías de comuni- 
cación, teniendo que luchar con largos y crudos invier- 
nos, en un país por desmontar, hubieran degenerado 
hasta quedar sumidos en la barbarie , á no mediar una 
institución que fuese como la salvaguardia de los cono- 
cimientos, atalaya de la civilización, estímulo del pro-' 
greso, constante ejemplo de virtud y laboriosidad, cu- 
yos individuos mostrasen aptitud así para guiar el 



(l) Primus, qui post apostólos nostrarum partium, ignoranliae tene- 
bras evangélica praedicatione detorsit. 



— 21 - 

arado, como para difundir~las ciencias y las letras, así 
para los trabajos de la siega y vendimia, como para 
trascribir las obras sobresalientes del humano ingenio. 
Tamaño bien lograron los valles del Ter y del Fraser 
en el siglo VI, al ser visitados por los hijos de San Be- 
nito. Impulsados por sus deseos, agradados de las cir- 
cunstancias brevemente narradas, escogieron la con- 
fluencia de entrambos ríos para levantar allí el cenobio 
de Santa María, reinando el gran monarca wisigodo Re- 
caredo I, poco después que Juan, obispo de Gerona, hubo 
echado los cimientos del monasterio de Validara. Así 
lo afirma la tradición, que corroboran con su voto gra- 
ves autores (1) , y á los que ningún argumento sólido 
podría oponerse. En el mismo valle hubo antes del 
siglo IX otro monasterio bajo la advocación de San 
Juan Bautista, que se hace remontar asimismo á la 
época wisigoda. 

Escasas son las noticias que de esta primera funda- 
ción subsisten. Dicese que su primer abad fué Protasio, 
quién pasó á la sede arzobispal de Tarragona ; que el 
duque godo Recimiro había completado en 626 la fábri- 
ca, reinando Suintila, hijo menor de Recaredo; que 
.cerca del cenobio habia una capilla llamada de la Ma- 
dona, y pretendían los comunitarios de san Pedro que 
Ella no era otra que la imagen de Santa María, á la que 
tributaban culto desde tiempo inmemorial los habitan- 
tes de la comarca r¿í5zs-j3o/¿ens , antes que el monaste- 
rio la aclamase por su abogada y protectora. Aducían 



(4) Gf. Diago, Argaiz, Boades, Tomich, Pujades, Vinyes, Tristany, y 
otros. Yerran, sin embargo, estos autores al involucrar y confundir la 
lundación del cenobio de Recaredo con la de una ciudad por nombre 
«Recapolis». Las ruinas de esta ciudad, bien descritas por el P. Henao, 
se encuentran cerca de Almonacid, en la confluencia del Taio v del 
Guadiela. ■* '' 



— 22 — 

como levísima comprobación de esto último , las cons- 
trucciones románicas de la iglesia de san Pedro, cierta- 
mente no posteriores al siglo IX. 

Si tratásemos de ampliar esas pocas noticias, á las 
que prestan no desatendible autoridad la susodicha tra- 
dición y autores, tendríamos que echar mano de las 
fábulas de falsos cronicones. Haremos de ello gracia al 
lector, prefiriendo seguir rastreando la verdad en el te- 
rreno de las probabilidades, en lo que atañe á la suerte 
del cenobio de Recaredo, después que la monarquía 
wisigoda sucumbió , tras sangrientos combates, en las 
márgenes del Guadaleíe. 

Subyugada ya la España por los árabes , el emir 
Alhaor se propuso llevar sus conquistas á los confines 
de las Gallas, y ofrecer otro reino por despojos al Cali- 
fa de Damasco. Con esta, mira se dirigió en 718 á los 
Djebal-al-Bortab (Pirineos), destruyendo de paso entre 
otras poblaciones las de los valles del Ter y del Fraser, 
las que por ser la clave de las Cerdañas han sido siem- 
pre punto de concurso á todas las militares expedicio- 
nes. El enemigo degolló ó puso en fuga á los montañe- 
ses, encrudeleciéndose de un modo salvaje contra la re- 
ligión de Cristo y sus ministros. Carcasona , Nimes, 
Narbona y toda la Galia gótica hasta el Garona, no pu- 
diendo hacer frente al ímpetu de sus armas, se le rin^ 
dieron. Sucedióle Al-Samah, quién ante los muros de 
Tolosa, fué derrotado y muerto por Eudes, duque de 
Aquitania en 721 (1), Esta insigne victoria fué el princi- 



(1) In ipso anno, mense tercio, ad obsidendam Tolosam pergunt, 
quam dum obsiderent exiit eis obviam Eudo, princeps Aquitaniae, cum 
exercitu Aquitanorum vel francorum, et commisit cum eis praelium. Et 
cum praeliare coepissent, terga versus est exercitus sarracenorum, má- 
xima, que pars ibi cecidit gladio. (Del cronicón de Moissac). 



^ 23 — 

pió de la reconquista pirenaica, y los Anales de los fran- 
cos, cuyo códice original se guardaba en el archivo 
de Santa María, la conmemoran con estas lacónicas 
pero gloriosas palabras : « DCCXXI. Expugnavit Eodo 
sarracenos de térra sua.» El prudente y justiciero Ambe- 
sah, sucesor en el emirato, cedió á los sarracenos las 
tierras libres ó baldias. Gobernaron luego, Yahhyay, 
Hodzayfah, O'tsman, Alhaytsam y el célebre Abd-al- 
Rahaman , que volvió á ocasionar hacia el valle rivis- 
pollens nuevos trastornos, motivados con esta ocasión. 
El sarraceno O'tsman-ben-Abu-Nezah (Munnuz, Moñiz, 
Moñoz) gobernador militar de la Narbonesa, deseando, 
á lo que parece, declararse independiente en los conda- 
dos de Cerdaña y Ausona, tomó pretexto de las vejacio- 
nes con que los alcaldes de los pueblos situados á los 
confines de Libia, oprimian á sus thaifas ó Kábilas (1). 
Para salir con su empresa firmó un tratado de paz con 
los francos, casó con Lampregia hija de Eudes, é inau- 
guró una tiránica persecución contra las autoridades 
árabes de la frontera. 

Sorprendido Abderramán quiso evidenciar la traición 
de Muñoz , intimándole que entrase en son de guerra 
en la Aquitania, cuyo reino con todas las Gallas anhe- 
laba conquistar. El gobernador narbonés , retenido por 
los vínculos de familia, rival á más del emir, rehusó in- 
vadir los estados de Eudes, Lleno entonces de coraje el 
altivo emir, envía contra el rebelde un ejército de avan- 
zada al mando de Gedhi-ben-Zayan , quién fuerza el 
paso de las cuevas de Ribas, y alcanzando al enemigo 



(1) Dice Isidoro Pacense: Unus ex maurorum genere, nomine Mun- 
nuz, audiens per Libiae fines, iudicum saeva temeritate opprimi suos, 
pacem nec mora agens cum francis, tyrannidem illico praeparat adver- 
sus Hispaniae sarracenos. Et quia erat fortiter in praelio expeditas, om- 
nes hoc cognoscentes, palatii perturbatur status. 



— 24- 

en Medina al Bab (capital del puerto) le derrota com- 
pletamente. El infeliz Moñoz , perdida toda esperanza, 
huye á los riscos del Pirineo; mas retardado por el can- 
sancio y lágrimas de su esposa, es por último rendido 
y, según costumbre, decapitado. Gedhi envió la cabeza 
junto con Lampegia en señal de triunfo á Iscam, califa 
de Damasco, donde la pobre cristiana lloró sin consue- 
lo hasta la muerte, la fatal imprudencia de su padre (1). 

Los pueblos y caseríos de los -valles del Ter y del 
Fraser sufrieron otra vez las terribles consecuencias 
del tránsito de las huestes agarenas , quienes entrando 
en Gerdaña, asolaron también Puigcerdá y Libia en 730. 

Al monasterio de Recaredo cupo naturalmente la 
suerte de las poblaciones vecinas, y los pocos cenobitas 
que pudieron salvarse, ocultaron cuidadosamente la 
imagen de Santa María, la misma que después de pre- 
sidir mil años en un trono de gloria, fué pasto de vora- 
ces llamas en 1835, durante el incendio de su templo. 

Después de la victoria de Gedhi (730), volvieron los 
montañeses á sufrir calamidades sin cuento, al pare- 
cer interminables á juzgar por las dos tremendas derro- 
tas de aquel mismo Eudes, que diez años antes habia 
opuesto un dique al torrente invasor. Abderraman, al 
atravesar el Pirineo en 731 habia vengado la afrenta 
de Alsamah , y en el país floreciente de las Gallas se 
hubieran repetido los estragos de que fué víctima la 



(1) Seguimos en esta narración á Marca, Mariana, Risco y Conde, 
quienes, al copiar este notable pasage del Pacense, creen que Medina 
al Bab (oppidum cerretanum) es Libia ó Puigcerdá. Los cristianos tu- 
vieron por castigo del cielo la suerte desgraciada de Moñoz, cuyas cruel- 
dades habían llegado hasta el punto de hacer quemar vivo al obispo 
Anabaldo. Lafuente (D. Vicente) supone á Lampegia cautivada, no con- 
cedida por esposa, y asegura que el sitio de la derrota fué Gerán cerca 
de Zaragoza. Ambas especies son nuevas, no las apoyan graves autores 
y carecen de fundamento. 



— 25 — 

pobre España á no oponerse Carlos, mayordomo de pa- 
lacio, llamado el martillo , porqué machacó la soberbia 
del Emir, haciéndole retroceder desde Tours hasta Nar- 
bona, con los restos de su ejército derrotado, después 
de librar con una victoria memorable á la noble Fran- 
cia, tal vez á la cristiandad entera, del yugo sarraceno. 

Algunos años después del triunfo de Carlos Martel 
su hijo Pepino, se apoderó de la Galia Narbonense, y 
tomada la capital penetró con las tropas en Cataluña. 
Rotas estaban entonces las hostilidades entre Ju.suf y 
el califa Abderraman (abd-al-Rhaman-ben-Máuyac) pi- 
dió este último la paz á Pepino , y logróla con un con- 
venio sumamente desventajoso para los suyos, pues 
quedó definitivamente incorporada á Francia la Galia 
Narbonense, después de trescientos años que la poseía 
España, y cuarenta los árabes. 

Las expediciones gloriosas de Pepino animaron ex- 
traordinariamente á los cristianos del Pirineo catalán, 
quienes fatigaban á los agarenos con no interrumpidas 
correrías, llegando á derrotarles completamente en 2 
de Setiembre de 756. La naturaleza habia deparado á 
los fieles, cerca el monasterio de Recaredo, un baluarte 
inexpugnable en Mongrony y en las mencionadas cuevas 
de Ribas (1). Pertrechadas las familias cristianas en 
aquellos irregulares y ^cavernosos peñascos, y guiados 



(1) Pujadas hace de esas Cuevas una descripción magnifica en su 
«Crónica de Cataluña.» También Zurita las describe en sus Anales, li- 
bro VII capítulo LXIV, y las menciona el autor del Gesta Comitum en 
el capitulo XXIX. La superstición de los labriegos comarcanos, supone 
que hay en sus espaciosas cavernas reyes encantados (entre los cuales 
figura como principal el «reprobo» conde l'Arnau) y grandes caudales, 
cuyo metálico sonido se oye, sin que el ojo pueda ver más que piedra, 
hasta que algún nuevo caballero andante devuelva á los soberanos el 
cetro y las riquezas al país. No dudamos que una inteligente explora- 
ción de dichas cuevas daria resultados menos poéticos y más positivos, 
tan útiles á la arqueología como á la historia. 



por un experto jefe llamado Quintiliano (1), acosaban 
de continuo al enemigo, que no sin mucha sangre logra- 
ba franquear la entrada de la fértil Cerdaña. En vano 
Abderramán organizó , diez años después de la muerte 
de Pepino , (acaecida en Paris en 22 de Setiembre de 
768) una activa persecución contra los cristianos de los 
montes , por medio de continuas algaras en los valles; 
todos los esfuerzos de los muslimes se estrellaban con- 
tra el heroísmo de aquellos hombres bravos , cubiertos 
de pieles de osos y armados de chuzos y guadañas. 

El rey Franco habia dejado herederos de sus estados 
á sus hijos Karl y Karlman; pero habiendo fallecido 
este último tres años después, quedó Karl único suce- 
sor del reino de su padre. Llamáronle los árabes Ka- 
rilah, y tanto por sus proezas como por la sabiduría de 
su gobierno, mereció de los cristianos el renombre de 
grande (Garlo-Magno). 

Dos veces intervino Carlos en los asuntos de España, 
con motivo de la morisma que infestaba aun las fron- 
teras: la primera en 778, cuya campaña concluyó infe- 
lizmente con el desastre de Roncesvalles inmortalizado 
por los éuskaros con el Altahizaren cantua; la segunda 
en 785 en que, según algunas crónicas, emprendió en 
persona la campaña contra los infieles , invadiendo Ca- 
taluña y alcanzando en ella brillantes victorias. Lo 
contrario se desprende de los Anales de Eginhardo, en 
donde consta que á la sazón Carlos estaba en Sajonia 



(i) La existencia de este Quintiliano (nombre tan semejante á Chin- 
tila rey wisigodo) constaba en un códice del monasterio, escrito á fines 
del siglo VIII. Las palabras del códice son estas: Ab incarnatione 
autem Dni Ihu Xpi usque in presentera primum Quintiliani principis 
annum, qui est era LXX quarta (falta la nota DGG) sunt anni DCCXXXVI. 
El códice estaba escrito por un monje y la letra gótica cursiva de que 
se usaba en este pais. 



— 27 — 

y en Francia, y un año después en Roma: sus ejércitos 
fueron los que activaron la reconquista. 

A medida que las ciudades caían en poder de las ar- 
mas cristianas, se les restituía el gobierno establecido 
por las leyes wisigodas, es decir, un conde que admi- 
nistrase la provincia; leyes que respetaron Pepino y 
Garlo-Magno, asi en la Galia gótica como en la Marca 
hispánica. Con esta última denominación genérica era 
conocido el territorio español que los francos conquis- 
taron á los árabes, en el que se contaban los districtos 
de Ausona, Urgel, Barcelona, Cerdaña y Gerona. Ta- 
les condes fueron también llamados marqueses , del 
nombre mark-gráf, que en lengua teutónica suena lo 
mismo que conde de la frontera. 

Nos alejaríamos de nuestro propósito si entráramos 
en más pormenores, ora acerca las guerras entre Fran- 
cos y árabes, ora sobre los demás hechos esclarecidos 
de Garlo-Magno. Sólo añadiremos que tanto el Empe- 
rador como su hijo Luis, consultando la recta adminis- 
tración de la Marca , procuraron con solicitud piadosa, 
restaurar é instituir abadías, que proveyeron de sabios y 
virtuosos varones , aptos no sólo para ilustrar al pueblo 
en las dogmas y prácticas del Catolicismo, sino aun para 
regir civilmente con justicia sus comarcas (1). Favore- 
ció la previsión de los monarcas Francos el monasterio 
de Recaredo, el cuál á últimos del siglo VIII fué reedi- 
ficado y dotado de varias iglesias y códices. Entre las 
primeras notaremos la de la Madrona llamada después 
San Pedro, y entre los segundos no podemos menos de 
nombrar, siquiera sea de paso, el incomparable Psalte- 
rium argenteum , propiedad de Pepino (2) (único en su 



(1) Marcae Hispanicae liber tertius, cap. X. i. 

{2) Sabemos por el doptor D.Manuel Miláy Fontanals que el Autor 
de «Los condes vindicados» (en cuyo poder estuvo el Psalterium en 



— •■28. ~ 

clase en España, y uno de los pocos que se conocen. 
Llamábase argenteum por contener los salmos de Da- 
vid con la versión Vulgata y la de San Gerónimo, escri- 
tos en letras de plata en vitela sobre fondo morado, con 
las versales y epígrafes de oro , cerrando todas las pla- 
nas vistosas orlas con enlaces de oro y fantásticas ser- 
pientes. 

Después de las terribles vicisitudes sufridas durante 
los calamitosos tiempos de la invasión ¡ con que placer 
volverían al monasterio para cobijarse otra vez dentro 
de sus muros sagrados los sabios y virtuosos cenobitas! 
¡ Con que religioso entusiasmo alababan en sus salmo- 
dias noche y dia al Señor ! Poco á poco volvieron á le- 
vantarse casas en torno del cenobio ; las haciendas 
fueron de nuevo repartidas ó recobradas por sus anti- 
guos dueños, y Ludovico Pió confirmó y aseguró la 
propiedad en dos rescriptos que llevan la fecha de 814 
y 816. Cultiváronse los campos, sembróse el trigo, plan- 
tóse la vid, y limpios los condados de Cerdaña y Auso- 
na de los agarenos , empezaba en el valle rivis-pollens 
una nueva era de paz y de ventura. Poco habia de du- 
rar. Algunos años después de la muerte de Carlo-Magno, 
acaecida en Aix-la-Chapelle el 28 de Febrero de 81-4, un 
godo llamado Aizón, logró turbar dicha paz con tan fe- 
lices auspicios inaugurada, encendiendo de nuevo la 
guerra y desvastando los pueblos del condado de Auso- 
na. Ignórase su patria, sólo una antigua escritura men- 
ciona cerca de Roda (ciudad que arrasó completamen- 
te) una posesión «quae fuit de Ezon traditore». Prófugo 



1820) limpiando su última página ennegrecida pudo leer en sus letras de 
plata: Pipinus Rex FnANContJM. Por su parte Villanueva asegura que en 
la última plana se leia: Carolus gratia Dei Rex et Imperator Frango- 
RUM. Ambas afirmaciones pueden concillarse, y prueban la antigüedad,' 
y destino imperial de este códice. 



— 29 -- 

del palacio del rey Franco, entró mañosamente en Vich, 
y hecha ya partidaria suya aquella ciudad, abrió las 
puertas del condado á los sectarios del Corán (1). Dos 
veces el agitador, coligado con su hermano y Willemun- 
do,hijo del conde Béra, obtuvo auxilio de los árabes; la 
primera por medio de su hermano, la segunda reca- 
bado del califa Abderraman II, quién dio por gene- 
ral del ejército al príncipe Abu-Merwan. Los valles del 
Ter y del Fraser fueron de nuevo invadidos; de nuevo 
el monasterio sufrió la más terrible de las irrupciones 
agarenas, que del todo lo destruyeron. En sus términos 
el símbolo de la redención fué sustituido por la media 
luna, las granjas incendiadas, los templos arrasados, y 
los cenobitas al huir con los fieles perseguidos á las 
fragosidades de Sant Amand , Mongrony y Rivas , salva- 
ron solícitos las sacrosantas reliquias, los vasos sagra- 
dos y los códices , más preciosos que el oro y las perlas, 
custodios purísimos de la religión de Cristo, fieles depo- 
sitarios de las joyas literarias del mundo pagano. Era 
esto en 827. Los agarenos ocuparon dichos valles no 
sólo militarmente, sino que llamaron colonias de los 
suyos, para que explotasen el cultivo de las fértiles 
tierras (2). 

Terrible desengaño sufrieron entonces los legítimos 
dueños al observar que los francos, antiguos aliados y 
protectores, no sólo no rechazaban á los intrusos , sino 
que establecían con ellos relaciones comerciales. Desde 



(1) Dice Eghinardo: «Ibi (en Salz) ad eius notitiam (de Ludovico) per- 
latum est de fuga ac perfidia Aizonis ; quomodo fraudulenter Ausonam 
ingressus, et a populo illo quem dolo deceperat receptas, Rodam civi- 
tatem destruxisset. 

(2) La completa devastación (posterior á Ludovico Pió) del condado 
de Ausona y la ocupación de los valles del Ter y del Fraser por los ára- 
bes, consta en preciosos documentos coetáneos, que se aducirán en qI 
capítulo siguiente. 



— so- 
las montañas vecinas lloraban los fugitivos las desdi- 
chas de la patria, para la que deseaban no ya protec- 
ción extranjera, sino un caudillo propio que les guiase 
al combate, y es de creer que durante cuarenta años 
(820-870) no dejarían gozar á los árabes impunemente 
los bienes usurpados; antes bien, pertrechados en inac- 
cesibles rocas , les excarmentarian frecuentaménte, sin 
lograr , empero , arrebatarles su presa. 

El cielo tenia destinado á tan alta empresa al inmor- 
tal Wifredo el Velloso, verdadero Pelayo catalán, que 
al fundar la nacionalidad catalana, habia de convertir 
el arruinado cenobio de Recaredo en nueva Covadonga, 
en la que se iniciase la Reconquista, y fuese en adelante 
baluarte inexpugnable en donde fuesen á pedir fuerza, 
inspiración y descanso en sus fatigas los que al gran 
caudillo en el Principado sucediesen. La explicación 
de ese memorable suceso, el más glorioso y trascenden- 
tal para nuestra patria, será objeto del capítulo si- 
guiente. 



CAPITULO II 



NUEVO CARÁCTER EMINENTEMENTE CATALÁN DEL CENO- 
BIO DE RECAREDO, DESDE §U RESTAURACIÓN POR WI- 
PREOO EL VELIjOgO, 



Reconquista de Wifreclo el "Velloso, en relación con el célebre Santua- 
rio.— Alquerías notables vecinas al monasterio en 870. — Wifredo favo- 
rece á Santa María antes que á ningún otro templo del valle. — Convo- 
ca cenobitas de varias partes para cuidar del templo. — Daguino, 
primer abad en 873. — La asamblea de Kiersi d' Oise, prosecución de 
la Reconquista.— Donación de Ariulfo á Santa María en 880.— D." Em- 
món hija de Wifredo. — Restauración de la Sede episcopal de Ausona. 
— El obispo Godmaro.— Dedicación del templo de Santa María en 888 

■terminada lá Reconquista. — Donaciones particulares de Wifredo, 
Winidilde y Godmaro. — La oblación de Rodulfo. — Dotación del templo 
en la que son representados todos los territorios reconquistados. — An- 
tiquísima devoción de los Catalanes á la Santa Imagen. — Descripción 
de la misma. — La fiesta mayor, la Cofradía, indulgencias concedidas. 
Nuevas donaciones de Wifredo y Winidilde. — Inculcan á sus hijos la 
devoción á la Santa Imagen. — Dedicación de San Pedro en 890 y dona- 
ciones de Daguino, los Condes y Godmaro á esta iglesia, — Muerte de 
Wifredo el Velloso, su entierro en Santa María. 




O es ya únicamente la tradición , apoyada por 
graves autores, lo que va á revelarnos el 
nuevo gloriosísimo carácter con que el mo- 
nasterio de Recaredo se presentó ante la pos- 
teridad desde el principio de la Reconquista, 
llevada á feliz término por el inmortal Wi- 
fredo el Velloso ; son preciosos documentos coetáneos, 
de autenticidad irrecusable, pacientemente ordenados 



— 32 — 

y traducidos, hasta lograr un verídico relato de la he- 
roica empresa de que deriva la nacionalidad catalana, 
Lo que fieles testigos vieron y experimentaron ', eso á 
continuación narramos: 

« Muy esclarecida era la Iglesia de Ausona en aque- 
llos antiguos tiempos en que los estudios eclesiásticos 
se cultivaban con ahinco en España y en la Gocia, (1) 
floreciendo á su vez el clero, y resplandeciendo los tem- 
plos á Cristo consagrados. Pero, como es sabido, exi- 
giéndolo así los pecados de los habitantes de aquella re- 
gión, fueron entregados por justos juicios de Dios á la 
espada de los bárbaros, de suerte que ningún cristiano 
quedó en el territorio Ausonense. 

«Transcurridos muchos años , el Señor, compadecido 
de esta tierra, suscitó en ella al renombrado príncipe 
Wifredo de grata memoria, al que (para hablar con 
más exactitud) debemos llamar patricio amado de sus 
subditos, adornado con títulos nobiliarios, cuya virtud 
se manifestó siempre tan vigorosa como lozana». «Este, 
auxiliado de sus hermanos, reunió con solicitud piado- 
sa, un ejército de diversos lugares y gentes, y volvió á 
la mencionada Diócesis su antiguo explendor». 

Para llevar á cabo su vasto designio entró en son de 
guerra en el valle del Ter por la parte de Camprodón, 
y después de varios combates, en que salió siempre ven- 
cedor, (2) «expulsó á los agarenos en el valle estable- 



(i) Entendemos «en las provincias, invadidas en ,906 por los Árabes, 
y en Cataluña.» Sabido es que los cristianos llamaban «Hispania» al 
país ocupado por los Árabes, y tierra de Godos á Cataluña. 

(2) «In ómnibus sumus professi nos jam dicti et jam dictas, quia quon- 
damjam dictus Wifredus comes venit cum suis fidelibus in jam dicta 
valle qui erat in deserto, et sic apuehendit jam dicta valle cum suis vi- 
Uaribus et terminavit eam » etc. » Condes vindicados ». T. 1 , pág. 39. 

Al traducir estas frases :« qui eratin deserto, desertara incoluit ter- 
ram», téngase presente que «desertus» viene de «deserere» que significa 
«abandonar» Ocupó una tierra abandonada, un país que el enemigo ha- 



— 33 — 

ciclos y, dueño ya de aquella abandonada comarca por 
derecho de conquista, repoblóla entregando á los que 
le secundaban varios de los caseríos cuyos nombres 
eran: 

Eséamariu, Coral, Fornells, Ordina, 
EngordanSy Ventola, Macón, Vínolas, 
Pallares, Balbs, Lambert, Isólas, Tenas, 
Estiula, Matamala, Viladonja, 
Saltor, Molas, Puigmal, Daniel, Armáncías, 
Sanarúz, Campdemnol, Vidahona (1). 

'«Luego tomó especialmente á su cargo (entre otros 
templos á su piedad debidos) la construcción de la Ca- 
sa de Santa Maria del cenobio de Ripoll, á donde con- 
gregó religiosos, llamados de varias parces (undique 
adgregati), que con sus salmodias alabasen de continuo 



bia evacuado. Nojiay pues que deducir de aquellas frases, que Wifredo 
hallase un montón de ruinas, ni quedase en posesión de un desierto; 
sabemos por el contrario que ocupó el valle con sus caseríos, «cum suis 
villaribus», y que á raiz de su victoria compró al propietario Eldesindo 
(que no se movería, sin duda porqué algunos colonos serian muzárabes) 
la finca de Estamariu, hoy propiedad de la noble familia Palau, de Ma- 
tero. 

(1) Otras alquerías grandes y pequeñas (villae, villares, villarunculi) 
existían en el valle; pero las transcritas son las citadas en la escritura 
de dotación de Santa Maria (888) y en el Acta de la dedicación de San 
Pedro (890). Casi todas conservan su nombre primitivo, y están situadas 
en puntos sumamente pintorescos, socorridos con abundantes manan- 
tiales de agua. De remota antigüedad, aunque no mencionados en di- 
chos documentos, debemos considerar también los siguientes poblados 
que componen caái todos la línea del Tery del Fraser, relacionados al- 
gunos íntimamente con el monasterio: «Arañonet, Bruguera, Campellas, 
Fustañá, Caralps, Gombrén, La Riva, Llayers, Llosas, Nava, Pardinas, 
Pianolas, Palmerola, Puigbó, Ribas, San Juan de las Abaclesas, Huiré, 
Puigredón, Sobellas, Tossas, Vallfogona, Vidrá, Vallespirans, y como 
centro la población verdaderamente monasterial, que junto al cenobio 
debialevantarse sobre las ruinas de humilde caserío, llamado ya en el 
siglo IX «Rio-pullo,» 

'3 



— 34 — 

al Omnipotente (1). De los que acudieron á la invitación 
fué el presbítero Daguino, monje refugiado en Monagals, 
quién dejó su asilo á principios de 873. Atendiendo á 
su ciencia y virtudes, aclamóle la naciente comunidad 
religiosa por su abad (2), conforme á la regla de San 
Benito, usando de un privilegio de que se mostraron 
muy celosos , pues procuraron hacerlo constar en las 
letras apostólicas y diplomas de los reyes, que en ade- 
lante les favorecieron. 

No tardó Wifredo en enriquecer con las primicias de 
sus conquistas su templo predilecto, regalándole (no en 
concepto de dote) una propiedad en Bsiamariu, antes 
que concediese otras tierras del mismo alodio al mo- 
nasterio de San Juan de las Abadesas. Esto consta por 
referencia en la escritura de San Juan, que se reduce al 
27 de Junio de 875, en la cual se lee: Bt in villa Stamaris 
quantum ihidem comparavimus de Eldesindo, exgeptus 
ILLA ínsula que dedimus ad Sangta Maria MONASt- 

TERIO (3). 



(1) Hasta aquí la narración está traducida del Acta del Concilio de 
Barcelona, año 906, combinada con las Actas de la dedicación de San 
Pedro en 890 y de Santa Maria del año 977, junto con la escritura de do- 
tación del monasterio, de 888. 

(2) En una escritura del 890 llama Daguino á Monagals: «Lugar en 
que Nos morábamos antiguamente.» En el antiguo abaciológio de Santa 
Maria, cuya copia tenemos en nuestro poder, se lee: «Primus abbas hu- 
ius monasterii, á die rehaedificationis, fuit Daguinus. Anno 888 iste iam 
erat abbas per quindecim annos». Por otra parte, en la escritura origi- 
nal de la dedicación de San Andrés de la Greixa (procedente del archi- 
vo de Santa Maria) aparece Daguino en 872 como simple monje pres- 
bítero. Estos datos obligan á fijar el año 873 como principio de la pre- 
lacia de Daguino sobre una comunidad de monjes, poco antes dispersos, 
no reunidos en Monagals, como erróneamente se ha escrito. 

(3) Daguino adquirió lo restante de Estamariu en 4 de Febrero de 890 
con la conmutación de la casa y tierras de Monagals. Wifredo hace de 
nuevo mención de la tierra que compró á Eldesindo, vecina al rio Ter, 
y la cede á San Pedro el dia 25 de Julio de 890. San Pedro pertenecía 



— 35 — 

Trascendental para el piadoso conquistador fué el 
acontecimiento que tuvo lugar en Kiersy d'Oise, después 
de este su acto religioso. Un decreto de la Asamblea 
de aquel nombre, convocada por Carlos el Calvo, en 877, 
dio por resultado asegurar á los magnates la propiedad 
de las tierras que los reyes les hablan concedido en usu- 
fruto y, con ciertas condiciones, el derecho de ser here- 
ditarios sus empleos. Con esto Wifredo conseguía la 
inapreciable prerogativa de transmitir sus estados á sus 
hijos , reservándose únicamente los soberanos france- 
ses el supremo dominio, que vino á ser con el tiempo 
puramente nominal. 

El esclarecido Conde , que podia considerarse inde- 
pendiente por derecho de conquista y por aclamación 
unánime de sus subditos; pasaba, desde 877, á ser 
hereditario, y este nuevo privilegio le animarla á pro- 
seguir y á terminar su heroica empresa, con tan feliz 
augurio empezada. Una providencial coyuntura, cual 
fué la de poder hostigar con el beneplácito del rey fran- 
co y del califa á los sucesores del rebelde Muza , ayu- 
darla poderosamente al Velloso para acelerar la Recon- 
quista. 

En tanto no descuidaban los devotos de secundar las 
simpatías respecto del templo que habia de recordar los 
primeros triunfos. Terminaba el año 880 y el presbítero 
Ariulfo, propietario devastas posesiones del valle de 
Bagá, renunció en favor de Santa Maria parte de los 
mansos que llama Buturano', Certaniola, Cospe y Rio- 
torto. La cesión se hizo en estos términos : « Hacemos 
esta donación á la Casa de Santa Maria del monasterio 
ripollés, y á las otras iglesias en el valle fundadas con 



entonces á Santa Maria. Se nombra por último todo el alodio de Esta- 
mariu, como perteneciente á la Abadía, en la bula del Papa Sergio IV 
(1011): «Et In villa Stamariz ipsum alodem cum terminis vel adiacentiis». 



-36- 

la advocación de San Pedro apóstol, y en honor de San 
Juan mártir de Cristo, y á Daguino abad, con los monjes 
que allí sirven á Dios.iy 

Por ser la escritura de Ariulfo la más antigua del ce- 
nobio, la damos á continuación, tai como fué redactada: 

m 

«In nomine Domini. Ego Ariulphus presbiter, cer- 
tum quidem et manifestum est enim , quia placuit in a- 
nirais meis, et placet, nullius quoquegentis imperio, 
nec suadentis ingenio, sed propia expontanea nobis ele- 
git bona voluntas, ut facerem charta legitima, sicut et 
fació, propter remedium animae meae vel parentum 
meorum. Dono atque concedo domui Sanctae Mariae 
virginis in monasterio rivipullense, et ipsas ecclesias 
alias qui ibidem sunt fundatas nomine Sancti Petri 
apostoli , et in honore Sancti lohannis martiris Christi, 
et Dachino habati et monachis ibidem Deo servientibus, 
tam praesentibus quam et futuris. Dono atque conce- 
do in apendicio de valle Bucuranense in villa Certanio- 
la, et in villa Gospe, et in Riotorto, et in ipsa villa 
Buturano, dono ipsas villas vocitatas : dono atque con- 
cedo in domibus, terris, vineis, molinis, pratis, pas- 
cuis, silvis, garricis, ductibus et reductibus, in hoc 
quod superius nominatum est, dono atque concedo om- 
ne portione michi debita dono atque concedo, propter 
remedium animae meae dono atque concedo. Et qui 
contra hanc scriptura venerit ad inrumpendum , aut ego 
Ariulphus presbiter , aut de fratribus meis , vel quisli- 
bet homo , iii libras auri componere faciat, et hoc scrip- 
tura firma permaneat. Facta scriptura elemosinariaiiii 
nonas Decembris anno secundo Karle magno rege — 
Ego Ariulphus presbiter, qui hanc scriptura elemosi- 
naria feci, et testibus rogavi firmare, Subscripsi : Sig f 
num Augerici. — Sig f num Elderici,— Sig f.Biarici,— • 



— 37 - 

Slg f num Ilarii. — Sig f num Atilioni. — Amorone prés- 
biter subscribo. — Acodereus clericus subscribo. — Ego 
Scluba presbiter, qui hanc scriptura élemosinaria ro- 
gitus scripsi et subscripsi, die et auno que supra» (1). 



«Pobre aun de gente y de tierras el condado de Au- 
sona, acudió el Conquistador á Sigebodo, obispo metro- 
politano de Narbona, rogándole que administrase aque- 
lla Diócesis por si mismo ó por medio de sus sufragá- 
neos , hasta que se poblase bastante de fieles para 
volver á tener, como antiguamente:, propio obispo. 
Cuando la repoblación se hubo efectuado (886), el mis- 
mo Conde con el clero y pueblo Ausonense suplicó á 
Teodardo sucesor de Sigebodo (en 885) que restituyese 
la Sede de Ausona, el cual, accediendo con los demás 
prelados á esta petición, consagró á Godmaro (en 886), 
obligándole á pagar anualmente una libra de plata.» (2) 

Empezó el nuevo obispo á ejercer su autoridad con- 
sagrando la multitud de iglesias reedificadas ó funda- 
das durante los años que su Sede habia estado vacante. 
Entre ellas la Catedral de Vich , la iglesia de Tona, San 
Juan de RipoU, etc. Acordóse el piadoso Wifredo espe- 



(1) Las palabras ¡de Ariulíb pueden dar alguna luz á los que desean 
saber quién fué;el Prelado y Padre espiritual de D!^ Hemmón, desde que 
fué oblata en sus primeros años á San Juan, hasta que fué nombrada 
abadesa de las nobilísimas señoras (Deo dicatae) que después de ella 
acudieron al reedificado monasterio. ¿Seria otro que Daguino, bajo cuya 
dependencia estaban en 880 las iglesias de Santa María, San Pedro y 
San Juan? (Tratan de D.^ Hemmón, ilustre hija de Wifredo, los Condes 
vindicados T. I. pág. 18, 27 y 28). 

(2) ^Párrafo traducido de la mencionada Acta del Concilio de Barcelo- 
na, año 906. Arnulfo, sucesor de Teodardo, anulóla condición del pago 
de una libra de plata en el Sínodo que tuvo lugar en el monasterio de 
San Tiberio, diócesis de Agde, convencido de las razones de Idalcario, 

ucesor de Godmaro. 



- 38 - 

cialmente de la de Santa Maria, la primera del valle que 
habia favorecido, y á cuya consagración habia deter- 
minado asistir en persona, acaso con voto religioso, 
apenas hubiesen terminado sus conquistas. 

Completamente pacificado estaba el país en 888, y 
entonces fué cuando el insigne Conde « correspondien- 
do á los triunfos que Dios le dio contra sus enemigos», 
creyó llegado el tiempo de cumplir su deseo, y sin dila- 
ción lo efectuó. 

El mes de Abril, el más benigno del año en el pinto- 
resco valle, por estar derretidas las nieves en los cer- 
canos montes, matizados de flores los prados, alegres 
las selvas con el canto de las avecillas ; es el escogido 
para consagrar de un modo solemne y dotar espléndi- 
damente el templo erigido en la delta del Ter y del 
Fraser. 

El veinte del propio mes el cenobio albergaba á los 
ilustres consortes Wifredo y Winidilde con su primo- 
génito Rodulfo y otros individuos de la servidumbre 
del Conde, entre los que debemos nombrar al esclavo 
Aizfredo. Con ellos se encontraban el obispo Godmaro, 
á quién el autor del Acta de la dedicación saluda con 
los dictados de varón eximio, santo, pacífico, reveren- 
dísimo padre y sumo sacerdote. Racimiro, el esclareci- 
do abad fundador del monasterio de San Andrés y San 
Lorenzo (Basegoda), al cual habia favorecido Carlos e/ 
Calvo en 870 con un notable diploma por el que le otor- 
gaba la antigua iglesia de Santa Maria de Olot en Basi, 
con otras tierras, praeter aprisiones hispanorum (1); in- 
vitado por Daguino , se le habia reunido para asistir á 
la solemne fiesta. 

Tuvo esta lugar el mismo dia veinte, cóh asistencia 



(i) Apéndice de la Marca hispánica, n." 32. 



- 39 - 

de la comunidad, presidida por Daguino, y de los mo- 
radores del valle que desde 873 ocupaban los caseríos 
más arriba nombrados. Después de los oficios divinos 
y de las ceremonias correspondientes á la consagración, 
se pasó á dotar la iglesia, proveyendo, ante todo, á los 
objetos del culto. Los ilustres cónyuges hicieron subir 
al respetable número de cincuenta y ocho los códices 
que ya entonces contaba el archivo, aumentándolos con 
un leccionario y un misal, dádiva que hemos de supo- 
ner digna de los otorgantes. Añadieron un primoroso 
cáliz de oro con su patena del mismo metal (1) y vesti- 
dos sacerdotales, consistentes en una casulla, alba, ma- 
nípulo y estola. Godmaro regaló una preciosa tela, rica 
en brocado^y finísimas pinturas llamada cortina, cuyo 
objeto era cubrir el altar durante la consagración y la 
consumación de los misterios sagrados , y otro finísimo 
velo llamado /(«/¿/a , palliola, palla ^ que sirviese de toa- 
lla al mismo altar, enriquecido con reliquias de már- 
tires. 

Para comprender la importancia del regalo de God- 
maro , bastará recordar que San Benito , el ilustre fun- 
dador de la vida monástica en Occidente, creyó hacer 
un estimable presente á su discípulo San Mauro , en- 
viándole un pedazo de tela roja que habia servido para 
el altar de San Miguel; y que San Alberto comisionó á 
dos religiosos normandos en la Pulla, para ir á pedir al 
abad de Monte Gárgano una reliquia de la misma clase. 



(1) Si este cáliz es el'que posteriormente regalaron [los monjes á Be- 
renguer III, sucesor de Bernardo en el condado de Besalú, pesaba qui- 
nientos cincuenta morabatinos. ^Probable es que fuese el mismo, tanto 
porque no se menciona en lo sucesivo en los inventarios la adquisición 
de ningún cáliz de oro, como porque era un digno recuerdo que agrade- 
cería mucho Berenguer III, tratándose de un objeto de la pertenencia 
de su ilustre antepasado. Apen. Marca hisp. tt.« 363. 



— 40 — 

áñn de consagrar el Oratorio que elevaba al Principe 
de los Arcángeles sobre el monte Tomba (1), 

Atendidos de esta manera preferente los objetos del 
culto, los Condes ofrecieron su primogénito Rodulfo 
con toda su herencia (2) á la Virgen , para que la sirvie- 
se todos los dias de su vida. Sabido es que la ceremonia 
de la oblación consistía en envolver la mano del oblato 
en la palla ó toalla del altar, conforme lo previene el 
capítulo 59 de la regla de San Benito. Con Rodulfo fué 
entregado al monasterio el esclavo Aizfredo y, en cali- 
dad de vasallos perpetuos , los hombres de Estíula y de 
Ordina. Eran esos hombres prisioneros de guerra , cris- 
tianos ó musulmanes , reducidos á la condición de es- 
clavos, á quienes se destinaba al servicio de la iglesia, 
al cultivo de los campos y á otras obras públicas. So- 
bre esos esclavos sólo Dios y la Iglesia tenian derecho. 
Su obligación era asistir siempre que el Abad les lla- 
mase, recibiendo en recompensa comida, bebida, y tam- 
bién vestido, cuando el trabajo en la iglesia era con- 
tinuo. Algunos de esos esclavos, como Aizfredo, ad- 
quirían la libertad haciéndose cantores, monjes ó sa- 
cerdotes, otros pagando cierta cantidad, como Arnulfo 
esclavo ripollés de Tallaferro , según más adelante ve- 
remos. 

Pasaron en seguida á dotar la iglesia con diversas 
tierras, y aquí es donde se echa de ver que la dedica- 
ción de 888, política y religiosamente considerada, fué 
un acto de acción de gracias por la expulsión de los 
agarenos de Cataluña la Vieja. 

Efectivamente, el que, al abandonar el valle, habia 



. (1) Imitación de los Santos, escrita por el abate Orsini , I." Del culto 
de los Santos. 
(2) Véase el apéndice i." Letra A. 



-41- 

ofrecido (antes de 875) á Santa María, eri prenda de su 
reconocimiento , una humilde posesión en Estamariu ; 
vuelve victorioso en 888 y, noble y agradecido conquis- 
tador, ya Conde soberano de Barcelona, quiere que to- 
dos los condados por él sometidos estén representados 
en sus pingües donaciones á la excelsa Reina que le ha- 
bia infundido valor en los combates, como es fácil con- 
vencerse de ello , trascribiendo las siguientes ofrendas 
que la escritura de dotación menciona. 

1 ."^ En el Condado de A usona la comarca en que ra- 
dica el célebre santuario fué dada por Wifredo al ce- 
nobio, para extenderse en su jurisdicción y beneficen- 
cia (1). 

2.* El Condado de Cerdaña fué representado por los 
dos caseríos Luz y Carexer , cedidos con sus dos igle- 
sias y términos. 

3.* En representación del distrito de Berga ofreció 
las iglesias consagradas del lugar llamado Brositano, 
con sus alodios ó iglesias de S. Vicente y de S. Juan. 

4.* El tributo del Condado de ürgel fué el caserío de 
Exaduce con su Iglesia de S. Miguel (no dedicada) con 
su alodio (2). 

5.'' La Marca ófr^onteras á donde se extendían las 
conquistas , pusieron á los pies de la Reina del Cielo la 
iglesia de Santa María de Pons (en la confluencia del 
Segre y del Bregós) con su alodio y términos ; el lugar 
de Centumcellas con cuatro millas al rededor, con sus 
décimas, primicias y libertad de entradas y salidas. 



(1) Los límites de esa comarca (que detalla la bula de Sergio IV, apén, 
IV) eran llamados por los benedictinos : Termens privilegiáis del mo- 
nastir. 

(2) « Exaduci — unde scripturam fecit ad Domu.m Sanctae Mariae » 
y. según otra copia, «unde scriptum fuit ad Domum Sanctae Mariae » 
Estas palabras parecen indicar que el Velloso había destinado antes 
de 888 la posesión de Exaduce á Santa María. 



— 42 — 

6/ Coronó estas donaciones Montserrat, con las 
iglesias de las cúspides de la montaña y de las que se 
veian en la vertiente, con su alodio. 

Termina la escritura diciendo: «De todo lo antedi- 
cho hacemos donación y lo concedemos yo Wifredo 
conde y Winidilde condesa al templo de Sta. María del 
monasterio ripollés, para remedio de nuestra alma, en 
el dia de la consagración. Fué hecha esta donación á 20 
de Abril en el año primero del gobierno del rey Odón. 
Wifredo suscribió. Señal de Winidilde, los cuales hici- 
mos esta donación y rogamos á los testigos que fir- 
masen. Truitario suscribió. Rannas suscribió. Señal de 
Oliva. Señal de Motemis. Fastila presbítero, quien es- 
cribió esta donación en el dia y año susodichos» (1). 

El generoso desprendimiento del Conquistador fué 
imitado por sus descendientes; el inmortal legislador 
de Cataluña Berenguer el Viejo recordó esta donación 
cuando en un documento solemne promete dar á Santa 
Maria una ñnca de todas las ciudades y territorios que 
conquistase, mandando á sus sucesores que siempre 
hiciesen lo mismo (2). 

La fama del glorioso templo con tantos dones enri- 
quecido , con tales recuerdos patrios sublimado , corrió 
por todas las provincias, y tanto se acrecentó la devo- 
ción hacia la Virgen de Wifredo, que «de todo Ca- 
taluña acudían á visitarla los fieles» (3). Estímulo eran 
de esta grande y general devoción las gracias espiritua- 
les y los frecuentes milagros con que se veían favore- 
cidos los que la visitaban , milagros que fueron anotan- 



(1) Acta dotis Ecclesiae rivipullensis. Archivo de San Pedro. Apén. 
Marcae hisp. n." 46. 

(2) Apéndice I, letra E. 

(3) Jardín de Maria. Obra compuesta por el R. P. Fr. Narciso Caraos. 
Lib. 7, cap. 9. . 



— 43 — 

do cuidadosamente los benedictinos en un libro que se, 
conservaba én el archivo. 

En el torbellino de llamas que envolvieron el santuario 
en 1835, desapareció la devotísima Imagen para reapa- 
recer en nuestros días, gracias á la soberana muni- 
ficencia de Nuestro Santísimo Padre León XIII, y á la 
inspiración del eminente pintor D. Enrique Serra, hijo 
de Cataluña, y como tal conocedor del gran significado 
que para su patria tiene la divina Protectora del inmor- 
tal Wifredo. Viola hace tres siglos Pujades, y recordóla 
en su Crónica de Cataluña con estas palabras : «Tiene la 
beatísima Imagen el color de su rostro con el de su 
benditísimo hijo, trigueño, más larga faz que redonda, 
penetrante vista que clava el corazón de quien la mira». 
Viola algunos años después el piadoso autor del a Jardín 
de María» Fr. Narciso Camós, y escribe que era muy 
magestuosa, de cara morena y afable, manto azul, sen- 
tada y teniendo en su rodilla al divino Infante, en acti- 
tud de dar la bendición con su diestra. Insiguiendo es- 
tos autorizados autores el loado artista, ha producido 
una obra maestra, perpetuada en rico mosaico por los 
profesores de los SS. PP. ÁA. Unadelas primeras descrip- 
ciones de la misma es debida, k L'Osservatoré romano; la 
seguimos á continuación, por no habernos sido aún da- 
ble contemplar el original : La Virgen sentada en una 
cátedra tiene á sus pies una guirnalda de ñores magní- 
fica por la verdad y el colorido, el rostro trigueño es de 
una expresión dulcísima, la mirada de una pureza y 
suavidad encantadoras. Su manto azul celeste está ador- 
nado con piedras artísticas, orlado con franja de gran 
finura, que brilla junto con la túnica sobré el fondo 
amarillo pálido del cuadro. El Niño, sentado sobre las 
rodillas de la Virgen, medio envuelto en el manto, con 
la mano derecha en acción de bendecir, empuñando 
el cetro con la izquierda; es un verdadero dechado de 



— 44 — 

belleza. Sü cara, que con toda la gracia infantil tiene 
impreso el sello de la magostad y grandeza divinas, es 
lo mejor pintado que pudiera desearse. Guardan las fi- 
guras el estilo bizantino, con la originalidad, no obstante, 
de tener también la vida y expresión de la escuela mo- 
derna. A la derecha del cuadro hay las armas de León 
XIII, á la izquierda las del monasterio. Rodea la cabeza 
de la Virgen esta inscripción: 

EX DONO LEONIS PP. XIII, 

ANNO MDCCCLXXXVIII. 

El dia de la Asunción era el destinado para tributar 
solemnes cultos á la Santa Imagen, enriquecida por 
varios Sumos Pontífices con indulgencias y con una co- 
fradía fundada, concedida por Clemente VIII, ganando 
los cofrades indulgencia plenaria el dia de la fiesta ma- 
yor (15 de Agosto). Otra indulgencia plenaria habia 
también concedido el Papa Gregorio XIII. (1) 

Volviendo á los ilustres cónyuges (cuya piedad edifi- 
có tan célebre santuario) níanifestáronle especial predi- 
lección los restantes años de su vida, llamábanle cari- 
ñosamente: «Casa de Santa María de nuestro ceno- 
bio» (2) visitábanla con frecuencia y, para que ella fuese 
perpetuamente honrada, renovaron las concesiones per- 
tenecientes al condado de Urgel , y asistieron en 890 á 
la consagración de la iglesia de San Pedro , vecina y 
sujeta al'vmonasterio. (3) 



(1) Jardín de María, en el lugar citado. 

(2) Tradímus ad Domum Sanctae Mariae monasteríí «nostri», in villa 
Exaduce, quantum ibidem íiabemus, Apén. Marcas hísp. n." 51. 

(3) Los condes regalaron en esta ocasión un cáliz de plata con su pa- 
tena y dos fincas. Daguínoy su comunidad cuatro libros (Eptaticum, 



— 45 — 

Inspiraron á su prole su amor ardiente á la Santa 
Imagen y, llenos de méritos, tuvieron el consuelo de 
pasar los últimos años, rodeados de los obsequios de sus 
hijos Rodulfo, Wifredo II, Sunyer, Mirón y Seniofredo 
y de los cuidados' de sus hijas Hemmón, Quixilone, Ri- 
quilde y Hermesinda. Murieron tan unánimes consor- 
tes aproximadamente en el mismo año 898; algunos 
meses después entregó su espíritu al Señor el obispo 
Godmaro ; Daguino les sobrevivió hasta el 22 de Enero 
de 902, sucediéndole en la prelacia Daniel. En cuanto á 
Rodulfo no fué abad, ni siquiera monje, aunque si me- 
reció el honor de ser el primer príncipe eclesiástico que 
salió de la cepa de nuestros primeros condes soberanos, 
teniendo el monasterio de Santa Maria (del que fué 
constante bienhechor) la gloria de haberle educado para 
tan alto destino. (1) 



Homeliarium, Missalem, Ordinem) dos casullas de lino, cuatro capas y 
dos albas. Godmaro concedió las décimas y primicias de la mayor par- 
te de las alquerías más arriba nombradas. Apén. Marcae hisp. n." 50. 

(1) Con extraña insistencia cuentan escritores modernos á Rodulfo 
entre los abades de Sta. Maria. Grave error histórico es este, y para que 
el lector quede plenamente convencido de ello, no tiene más que con- 
sultar al sabio Autor de los Condes vindicados, tomo I, desde la página 
21 á la 26. Rodulfo llegado á mayor edad se consagró voluntariamente á 
Dios, y este caso que tenia precedente en su tio Seniofredo y es fre- 
cuentemente repetido en la dinastía de Wifredo en los diversos conda- 
dos del Principado (Sunyer monje de la Grasa, Mirón obispo de Gerona, 
Oliva obispo de Vich, Wifredo monje de Ganigó, Berenguer III, templa- 
rio) este repetido caso, decimos, no solo revela la acendrada piedad 
de algunos de nuestros príncipes, sino que, a nuestro humilde parecer, 
guarda relación inmediata con el artículo X de la capitular de Kiersy 
d' Oise que previene lo siguiente: «Si aliquis ex fidelibus nostris post 
obitum nostrum, Dei et nostro amore compunctus, soeculo renuntiare 
voluerit, et filium vel talem propinquum habuerit, qui reipublicae pro- 
desse valeat, suos honores, prout melius voluerit, valeatplacitare. Et si 
in alode suo quiete vivere voluerit, nullus ei aliquod impedimentum fa- 
ceré praesumat, ñeque aliud aliquid ab eo requiratur, nisi solummodQ 
ut ad patriae defensionem pergat». . 



— 46-. 

Se ignora en donde Winidilde fué enterrada ; mas 
en cuanto á Wifredo , al llegar al término de su mili- 
tante carrera, «quiso bajar al sepulcro en el mismo si- 
tio cuya magnificencia habia tomado á su cargo» (1). 

«Fué sepultado, dice el Maestro Fr. Gregorio de Ar- 
gaiz, en el monasterio de Ripoll que era él su querido 
y como el Mayorazgo de toda su voluntad; porque aque- 
lla Imagen había sido también muy estimada en tiempo 
de los Godos, y como á prenda tan rica la escondieron 
los cristianos en una cueva ó pozo seco , y en ella la 
hablan hallado antes que á nuestra Señora de Montse- 
rrat. Así lo tiene la tradición y escrituras del convento, 
con que esa precedencia en invención y milagros, habia 
cautivado y preso la voluntad de Wifredo para que la 
procurase acrecentar en todo, escogiendo aquel conven- 
to que restauró, para entierro suyo y de sus hijos» (2). 



(1) Del Acta de la segunda dedicación de Santa Maria, Apéndice 1." 
Letra C. . 

(2) PerlftdeCataluña. Gap. 9, n.<>4., 



CAPÍTULO III 



MUNIFICENCIA DE LOS HIJOS Y NIETOS DE WIFREDO PARA 
CON EL TEMPLO DE SANTA MARÍA 



Acendrado cariño de los hijos de Wifredo á Santa Maria. — Fundaciones 
de Sunyer y de Mirón,— Rodulfo, obispo de Urgel.— Los abades Daniel 
y Enegb. — Dedicación de 935.-Privilegio del rey Franco Luis Transma- 
rino.— La orden de Gluni y el abad Arnulfo.— Encíclica de León VIL — 
Privilegio de Agapito II.— Construye Arnulfo el claustro, el molino hi- 
dráulico, la acequia de su nombre y el Scriptorium. — Juan, Sunia- 
rio y Senderedo monjes escritores de Santa Maria.— Tercera edifica- 
ción del Templo por el abad Witisclo,— Invasión de Almanzor. — Los 
príncipes de la patria reunidos en 977 en el santuario de Santa Ma- 
ría.— Asisten á la tercera dedicación, se separan para rechazar al in- 
vasor musulmán. — San Eudaldo. —Aumento del archivo. — Visita el 
abad Seniofredo al rey Lotario. — Diploma concedido por este á Santa 
Maria.— Barcelona cae en poder de los agarenos, conducta del ceno- 
bio ripollés, agradecimiento y donaciones de Borrell II. — Seniofredo 
en el tribunal de Ausona. — Oliva Gabreta y la hacienda de Engordans. 
—Hijos de Oliva Gabreta.- Condes de Barcelona, Besalú, Urgel y Ger- 
daña enterrados en el siglo X en Santa Maria. 



N recuerdo monumental del origen del Princi- 
pado; el Panteón de nuestro insigne Conquis- 
tador y un naciente Archivo, fiel depositario 
de los documentos más preciosos de nuestra 
historia (1) ; tales son los tres magníficos do^ 
nes que lega á la posteridad el templo de 
Santa Maria al tocar el siglo IX á su término. Esmera- 




(1) «Una obra clásica en su género y que hará época en los Anales de 
nuestra literatura histórica» es, en concepto del Dr. D. Manuel Milá y 
Fontanals, la titulada: Los Condes de Barcelona vindicados, porD. Prós- 
pero de BofaruU y Mascaró, á quién Mr, Tastu llano» justamente crea,dor 



— 48 - 

ronse los hijos en acrecentar el Mayorazgo de la vo- 
luntad de su padre, empezando Wifredo II con una 
pingüe donación de un alodio sito en Fulgaroles, en el 
condado de Ausona. Sunyer imita repetidas veces la 
conducta de su hermano, al que sucede en Barcelona, y 
funda en el recinto del cenobio la iglesia del Salvador. 
Mirón excede en munificencia á entrambos (1), funda 
asimismo la capilla de San Poncio, á la que siguieron 
muy pronto las de San Miguel y Santa Cruz. 

Llega el año 914 y Rodulfo, oblato á Santa Maria en 
888, es aclamado sucesor de Nantigiso en la silla epis- 
copal de Urgel, en cuya dignidad persevera con elogio 
durante 30 años. 

Haciendas, santas reliquias', inestimables códices y 
preciosísimas alhajas aumentan de continuo el tesoro 
de la Virgen, la afluencia de peregrinos necesita un 
templo más espacioso, y los abades Daniel y Enego 
alentados por los Príncipes de la Patria, mejoran las 
condiciones del antiguo, de nuevo consagrado en 935 
por Jorge obispo de Vich, con asistencia del obispo Ro- 
dulfo, de la abadesa D.* Hemmón y de Sunyer, junto 
con sus sobrinos Mirón de Cerdaña (hijo del ya difunto 
Mirón) y Borrell hijo de Seniofredo de Urgel (2). Tres 



de la verdadera historia'de Cataluña. Basta hojear el primer tomo de esta 
notabilísima obra y fijarse en sus notas, para convencerse de que al Ar- 
chivo del monasterio de Ripoll debió en gran parte elSr. de Bofarull po- 
der elevar tan grandioso monumento á nuestra patria. 

(1) «Eorum (Mironis scilicet et Suniarii) studio, máxime vero Mironis 

Comitis monasterium ad alta quotidie, Deo oppitulante, excrescens 

etc.» Brevis historia monasterii Rivipullensis á quodam monacho Ri- 
vipuUensi, Ap. Marcae hisp. n." 414. Para no interrumpir de continuo la 
narración con citas de donaciones, remitimos al apéndice de esta Rese- 
ña, donde se tratará especialmente este punto al hablar de las bulas del 
Papa Sergio IV, Urbano 11 y Alejandro III. 

(2) El Acta de esta dedicación se ha perdido, habla de ella el monje 
(Jel siglo Xn, citado en la nota ¿anterior. 



^ 49 — 

años después el rey Franco Luis Transmarino sanciona 
con un privilegio las donaciones hechas durante las 
prelacias de los tres primeros abades. 

Bajo la regla de San Benito habia instituido en 910 
el Santo abad Bernón la nueva orden de Cluni en el Ma- 
cones. (Francia dep. Saóne et Loira). San Odón, vista 
la santidad de sus monjes, planteó la primitiva regla 
con toda la austeridad y silencio, reforma que adopta- 
ron luego varios otros monasterios franceses y extran- 
jeros. Arnulfo, varón en todo digno de alabanza , con- 
temporáneo de San Odón , se apresura á introducir én 
el cenobio de Wifredo la observancia Gluniacense y, 
aclamado abad en 948, eleva á un alto grado de perfec- 
ción cuanto atañe á la comunidad de Santa María. 

En 951 obtiene un privilegio del Papa Agapito II, al 
que siguió la publicación de otra encíclica anteriormen- 
te extendida por León VIL «Se nos ha notificado, dice 
este eminente Papa, y nos hemos cerciorado de ello por 
informes los más fidedignos, que en el monasterio cono- 
cido con el respetabilísimo nombre de rivis-poUens , 
construido en la conñuencia del Ter y del Fraser en 
honor de Santa Marta y de San Pedro , de la orden be- 
nedictina, honra y explendor de los monjes; nuestro 
hijo Arnulfo su abad parece seguir con sus hermanos 
que allí sirven á Dios la observancia de la regla, según 
la tradición autorizada por los primeros abades. Hemos 
pues decretado dispensar nuestra eficaz protección á 
Arnulfo en lo que nos pertenece, ya que allí , mediante 
la divina gracia, florece con nueva lozanía la orden de 
San Benito.» (1) 

En unos tiempos en que, según la misma encíclica, 



(1) Be las Letras Apostólicas á Santa María del monasterío de Ripoll 
se trata especialmente en el apéndice n." 4. 



4 



— 50- 

«áe tal modo se había entibiado la caridad, que ya pare- 
cía no haber lugar para la Religión» esta, junto con las 
ciencias y las artes, florece con nueva lozanía entre los 
custodios del santuario de Santa María. ¡ Qué elogio 
tan brillante para los mismos ! 

La tradición, al par que la historia, nos ha conserva- 
do viva la memoria de Arnulfo, no sólo por su priori- 
dad en introducir en España la observancia de Cluní, 
sino por las obras materiales , algunas de reconocida 
utilidad pública, con las cuales adornó su abadía. Para 
consolidar la mejora con tan feliz éxito planteada , dis- 
puso que las moradas monacales fuesen edificadas junto 
ala Casa de su divina Protectora; rodeólas con una 
muralla para protegerlas contra eventuales irrupciones; 
hizo el claustro primitivo, y construyó varias dependen- 
cias y oficinas, entre las que no debemos pasar por alto 

el MOLINO HIDRÁULICO y cl SCRIPTORIUM. 

Mencionamos el primero por haber hecho necesaria 
su construcción la abertura de la útilísima acequia que, 
para gloria de Arnulfo , aun subsiste. Según el privile- 
gio de Luis Transmarino los prelados del célebre San- 
tuario eran dueños de las aguas del Fraser, desde los 
molinos llamados Gemmella en la Corva, hasta su con- 
ñuencia con las del Ter. Aprovecharon los laboriosos 
benedictinos, celosos del bien del país, la concesión del 
rey Franco para abrir (con la acequia de Santa Ma- 
ría) una fuente de prosperidad á la agricultura y á la 
industria. Doblado hace nueve siglos el cauce de las 
aguas , recorre desde Carapdevánol un espacio de más 
de una legua, fertilizando con abundantes regadíos, 
huertas y campos antes estériles, y sirviendo actual- 
mente de motor á tres molinos , un martinete de alam- 
bre y varias fábricas hasta su desagüe en el Ter sobre 
la Fontviva. 

-Mencionamos el Scriptorium por haber salido del 



-.51 -- 

mismo gran parte de los primorosos códices y útiles 
documentos, que tan célebre hicieron el Archivo. Era 
el ScRiPTORiUM punto de reunión de los scribae, anti- 
quarii y cri/sographes que se repartían los diversos ofi- 
cios de rayar vitela, pergamino y papyrus, componer 
obras, trascribir códices y adornarlos con miniaturas 
polícromas de tradiciones populares y religiosas. Se ex- 
tendía en espacioso rectángulo Junto al ábside del tem- 
plo, y sus ventanas recibían la luz mitigada por alegres 
pámpanos y frondosos abetos que, desde la selva de San 
Roque, descendían hasta el moderno jardín del Novicia- 
do. El aroma de las flores, el cantar dulcísono de las 
aves, el susurro de las industriosas abejas, el murmu- 
rio de las aguas que se precipitaban [desde la acequia 
al vecino Ter; eran los únicos objetos de castas dis- 
tracciones para los que miraban aquel sitio tan apto 
para ejercicios literarios, como para espirituales con- 
templaciones. 

Entre los monjes que inauguraron el nuevo Scripto- 
RiUM conocemos al diácono Juan, á Suniario presbítero 
y al levita Senderedo. El primero escribió en 958 por 
orden del Conde Borrell II una colección de Cánones de- 
cretales , los otros dos , hacia el mismo tiempo , dotaron 
el Archivo con « El libro de San Evipio » que contenia 
318 capítulos sobre puntos escogidos de San Agustín. 
Al principio del códice declaran que lo escriben bajo la 
potestad y dominio de Arnulfo, y concluyen la obra de 
esta manera: Gracias damos á Dios que nos ha alenta- 
do. Ora, lector, por los misérrimos escritores, siervos 
de Santa María, Suniario presbítero y monje, y Sende- 
redo levita. (1) 



(1) Memorias para ayudar á formar un Diccionario crítico de Escrito- 
res catalanes. Véase Juan diácono y Viaje literario de Villanueva. T. VIII 
carta LII. 



— 52 — 

Favorecidas de esta suerte la agricultura , la indus- 
tria y la ciencia, trató Arnulfo de emprender la tercera 
edificación de más espacioso templo, para mayor como- 
didad de los que de continuo acudian á visitarlo. Ya 
obispo de Gerona, á cuya dignidad le liabian elevado 
sus insignes virtudes, echó de nuevo los cimientos sin 
haber podido conseguir 'su propósito (1). Murió en 17 
de Abril de 970, y fué enterrado en Santa Maria (2). 

Witisclo, sucesor suyo en la abadía en 17 de Noviem- 
bre del mismo año, no cejó hasta ver cerradas las difí- 
ciles bóvedas que se hablan proyectado. Dióse por ter- 
minada la obra en 977, año tristemente memorable, por 
haber empezado las huestes de Almanzor aquella gue- 
rra de exterminio, que habia de dejar reducida á ceni- 
zas la bella y noble ciudad de Barcelona, tan amada de 
los catalanes. Los males que amagaban á nuestra que- 
rida patria redoblaron el fervor de los cristianos y ¿á 
quién hablan de acudir sus esclarecidos Príncipes , sino 
á Santa María, baluarte inexpugnable contra los aga- 
renos, desde que el inmortal Wifredo los habia arroja- 
do de los ricos valles del Ter y del Fraser ? Baluarte 
inexpugnable, decimos, pues cuando tanto sufrían las 
iglesias y casas religiosas del condado de Barcelona, es 
de notar que los agarenos nunca más , desde 873 , vol- 
vieron á traspasar los montes protegidos por Santa 
Maria del monasterio de Ripoll. De aquí el origen de 
la poética leyenda que nos trasmite Feliu de la Peña, 
según la cual , habiéndose atrevido los árabes en una 
de sus irrupciones á llegar hasta los umbrales de la Co- 
vadonga catalana, los cadáveres de los Condes allí en- 
terrados se estremecieron en sus tumbas, con tan mara- 



(1) Apéndice letra G. 

(2) «Est híc et Arnulphus, harum qui prima domorum moenia cohstru- 
xit, primus fundamina iecit Sedig n,tc. Oliva, en su poema. , 



— 53 — 

villoso estruendo , que amilanado el invasor huyó del 
sagrado recinto, sufriendo en consecuencia en su fuga 
tremenda derrota. 

Concurrieron pues los Principes de Cataluña al tem- 
plo de la protectora del inmortal Wifredo, con motivo de 
la tercera dedicación , en 17 de Noviembre de aquel año: 
Borrell II , Conde de Barcelona y de Urgel ; Gauzfredo 
delRosellón; Oliva Cahreta de Cerdaña, y el obispo 
Mirón Bonofilio, Conde de Besalú. Acompañábanles 
Froilán , obispo de Vich ; Wisado de Urgel , por medio 
de delegado ; Sunyer , obispo de Elna ; Vives de Bar- 
celona ; Teuderico , abad de Camprodón ; con otros 
presbíteros; canónigos y multitud escogida de pere- 
grinos. 

El obispo de Vich. consagró la nueva iglesia, junto 
con las de San Poncio, Santa Cruz y San Pedro, ensan- 
chada esta última por disposición de Oliva Cahreta. El 
Conde-Obispo de Gerona consagró en el mismo dia las 
de San Miguel y del Salvador que su tio Sunyer habia 
fundado para remedio de su alma, y dotado en 19 de 
Marzo de 925 en sufragio de su hermana Riquilde. (1) 

Al levantarse el Acta de esta dedicación, los asisten- 
tes recordaron ante la milagrosa Imagen y ante la tum- 
ba de Wifredo el Velloso el principio de la Reconquis- 
ta (2): los Príncipes de la patria, animados con tan opor- 
tuna memoria, se despiden del Santuario , y se aprestan 
parala gigantesca lucha en la que, después de san- 
grientas vicisitudes, la Reina del cielo les reservaba la 
corona de la victoria. 

Witisclo, justamente satisfecho de su obra reciente- 
mente glorificada, sólo deseaba enriquecerla con las 



(1) Argaiz. Perla de Cataluña. 

(2) Apéndice I. Letra G. 



— 54 — 

reliquias de algún Santo. Manifestado el deseo á sus 
hermanos, emprenden en 978 un viaje hacia el Pirineo, 
llegan á la ciudad de Ax (Ariége)y, celebrada en la 
iglesia de San Vicente la fiesta de Todos los Santos , 
merecen llevarse las reliquias de SanEudaldo, El íncli- 
to Mártir fué recibido en el monasterio como una de 
sus más preciosas joyas. Extendióse rápidamente su 
culto, y ya en el misal 1." de la Iglesia de Vich del año 
1038, fóleo 81, se halla la letanía de los Santos y en 
ella «Sánete Eudalde, ora.)) También se nombra en el 
Comunicantes del canon de la misa, fóleo 3.° y lo mismo 
en el misal 2." pequeño. Como joya arqueológica admi- 
ran los inteligentes en la efigie del Mártir el busto, el 
nimbo y la urna. Dentro de la cabeza de plata se guar- 
da el cráneo , en un relicario circular que ostenta en 
medio del pecho se muestran varios clavos; las restan- 
tes reliquias están custodiadas en una arquilla de no- 
gal. Hállase esta incluida dentro de la mencionada 
urna del siglo XVII (1670), obra maestra de orfebrería, 
por los primorosos relieves que representan episodios 
interesantes de la vida del Santo. Son curiosísimas las 
campanillas sonoras de arcaica forma, suspendidas del 
busto, cuajado de rubíes, topacios y esmeraldas. 

Por disposición del Abad fueron las venerandas reli- 
quias depositadas de momento en el presbiterio de la 
iglesia monasterial, y se fijó el 11 de mayo para la ce- 
lebración de la fiesta de San Eudaldo. 

Gloriosa la prelacia de Witisclo por su tercera dedi- 
cación, no lo fué menos bajo el punto de vista literario. 
Baste decir que constando solamente de cincuenta y 
cuatro códices el Archivo á fines del siglo anterior , en 
el inventario que hizo el Conde-Obispo Mirón con mo- 
tivo de la muerte del ilustre Abad, acaecida en 23 de 
Julio de 979, se contaban más de sesenta y seis. Para 



-55- 

encarecer el mérito que contrajo, y la alabanza á que es 
acreedor por estas literarias adquisiciones el insigne 
Witisclo y los que le imitaron , permítasenos una pe- 
queña digresión sobre la importancia de los códices (1). 

Atendida la escasez de libros en la edad media, y los 
grandes sacrificios que su ejecución exigía, era el lega- 
do de un códice á favor de una iglesia ó monasterio, 
uno de los mayores beneficios que se podian hacer á la 
sociedad en aquella época. 

No pocas -veces empleábanlos conventos y comunida- 
des en su compra y en la del pergamino, vitela, oro, 
plata y colores, el dinero destinado para atender al sus- 
tento preciso de los monjes. La escasez de los libros, y 
su precio fabuloso, provenía de lo costoso de su ejecu- 
ción. Solamente un esfuerzo de la imaginación puede 
hacer comprender hoy el mérito que contraía un monje, 
cuando habia logrado ejecutar un códice, y el goce ine- 
fable que le animaba. Lo arduo de la empresa casi ex- 
cedía al humano esfuerzo , y no pocas veces faltaban 
los medios materiales para realizarla, y cuando estos 
se hallaban, y cuando habia un original que transcri- 
bir, y cuando la vida y la salud daban tiempo suficien- 
te para terminar la transcripción de un códice bíblico, 
canónico, jurídico , clásico ó de otra materia no menos 
importante, (pues de todas las ciencias indicadas se re- 
producían, con grande estima, los manuscritos) consi- 
derábase un monje como el más feliz de los hombres, 
pues conseguía legar á la posteridad un escrito , que 
habia de contribuir á la conversión de las almas, y 
contaba con las oraciones de los que, en la sucesión de 



(1) Para esta digresión nos aprovecliamos de lo publicado por D. 
José M. Eguren en su excelente Memoria descriptiva de los códices de 
España. 



- S6 — 

los tiempos, habían de manejar aquel manuscrito, fru- 
to de tantos desvelos y sacrificios. Ofrecíase el códice 
á persona constituida en alta dignidad , quién á su vez 
solia cederle á una comunidad eclesiástica para asegu- 
rar su duración. Esta cesión no era un acto de mera 
benevolencia, sino que motivaba una verdadera fiesta 
religiosa. Colocábase el manuscrito , dice Ghampolion . 
Figeac, sobre el altar mayor, celebrábase con este mo-' 
tivo una misa solemne, y después que el Preste bende- 
cía el libro (aunque tratase de literatura ó ciencias pro- 
fanas) era trasladado con las ceremonias de costumbre 
al tesoro de la iglesia , que había sido favorecida con 
tal presente, ¡ Asi han llegado á la edad moderna los 
poemas de Homero y de Virgilio , merced á la toleran- 
cía de la Iglesia, y al principio de sabiduría que la dis- 
tingue y realza ! ¡ Así también logró el gran Wítisclo 
dar un paso gigantesco en la restauración de las letras, 
empezada dichosamente en el siglo IX en el monasterio 
de Ripoll ! 

Seniofredo , sucesor en la dignidad abacial , durante 
los 29 años de su prelacia hizo elevar los códices al 
respetable número de ciento veinte y uno. 

Aprovechando el nuevo Abad la oportunidad de ha- 
llarse el rey Franco Lotario en una quinta cerca de 
Uzés (dep. Ardéche), emprendió en 982, con una comi- 
sión de monjes, un viaje á Francia, al objeto de avis- 
tarse con el Soberano. Lograda la entrevista «le rogó 
que para remedio de su alma y las de sus mayores, les 
corroborase con un privilegio los bienes de su San- 
tuario. Accedió á ello Lotario y, siguiendo la costum- 
bre de sus antepasados, les confirmó con un diplo- 
ma la posesión de todas las propiedades que los fieles 
habían regalado á la Santa y Gloriosa Virgen María, 
madre de Nuestro Señor Jesucristo , en,el cenobio Ripo- 



— 57 — 

llés» (1). Ufano volvió Seniofrédo, dando á su regreso 
por bien compensadas las fatigas de tan largo viaje. 

El tiempo nos oculta los caritativos desvelos , los ge- 
nerosos esfuerzos , tal vez los cuantiosos recursos que 
debió á nuestra Govadonga por medio de Seniofrédo el 
Conde Borrell II, cuando derrotado por los agarenos y 
tomada por estos Barcelona el 7 de Julio de 986, habia 
podido salir de la ciudad, de noche y por mar, hacia los 
montes de Manresa, desde donde convocó á los hombres 
de Paratje que le ayudaron á reconquistarla. Dada, em- 
pero , la situación favorable en que entonces se encon- 
traban los condados de Besalú , de Cerdaña y parte del 
de Ausona, ¿podríamos excluir, acaso, de entre los que 
acudieron al llamamiento del Conde, á los ascendientes 
de esas antiquísimas alquerías, principal adorno y ho- 
nor del alta montaña? ¿Lo que en guerras posteriores 
hicieron las comarcas vecinas á la Covadonga catalana 
por Valencia y Gerona, dejarían de hacerlo tratándose 
de recuperar la capital de un Príncipe que les amaba, 
protegía y visitaba? 

Mas si la falta de documentos nos obliga en este pun- 
to á pasar por alto hechos generosos para el célebre 
Santuario , la Historia se ha encargado de presentarnos 
á Borrell II muy reconocido á los favores de la Santa 
Imagen , á la que lega en testamento, otorgado en 24 de 
Setiembre de 992 (seis días antes de su muerte) el alo- 
dio deTossa con sus iglesias, diezmos y primicias, co- 
mo Conde de Barcelona, y el de Codonyet con sus tér- 
minos é iglesia de San Gucufate, en calidad de Conde de 
Urgel. Sus dos hijos Ramón Borrel III y Armengol lla- 
mado posteriormente el Cordobés, se apresuraron ádar 
cuenta á Seniofrédo de estas disposiciones paternas. 



(1) «Diploma de Lotario», Apénd. «Marcae hisp.» n." 131. 



- sa- 
que los albacéas testamentarios cumplimentaron en el 
término de seis meses (1). 

Mientras de esta manera se acrecentaba la importan- 
cia del cenobio , los repetidos milagros del ínclito már- 
tir Eudaldo enfervorizan á los habitantes de la comarca 
monasterial , quienes aclamándole por su Patrón , se di- 
rigen á Seniofredo en súplica para levantar al tauma- 
turgo propia capilla. Solícito Seniofredo por el bien de 
sus comarcanos se dispone á satisfacerles, cuando un 
hecho que la tradición se ha complacido en embellecer, 
aumenta el entusiasmo, y activa la resolucióhdel prela- 
do. El hecho, maravilloso por cierto, lo refiere Domé- 
nech, y únicamente lo extractamos por su relación con 
la fábrica de la nueva capilla. Aparecía en territorio de 
Vallfogona á la hora del mediodía un ángel en forma de 
caballero, el cual heriacon espada, y antes de ponerse 
el sol, los heridos morían. Aterrorizados los de Vall- 
fogona, fueron en procesión al monasterio, y mientras 
el abad Seniofredo predicaba, uno de los heridos mu- 
rió. Entonces Seniofredo exhortó al pueblo que no de- 
sistiese en su oración , y el herido resucitó , cesando la 
plaga desde aquel día. El pueblo de Vallfogona, agra- 
decido á tan singular beneficioj, se encargó de procurar 
toda la leña para la cal destinada á la construcción del 
edificio (2). Terminado en 1004, el Santo Mártir fué allá 
trasladado el día del aniversario de la muerte de Wifre- 
do el Velloso (11 de Agosto). 
Atento Seniofredo á solventar las cuestiones con su 



(1) Testamento de Borrell II. Apen. «Marcae hisp.» n." 141. 

(2) Historia general de los Santos y varones ilustres en santidad del 
principado de Cataluña por el R. P. F. Antonio Vicente Doménech. Ge- 
rona, imprenta de Gaspar Garrich, año 1630. Vida del Bienaventurado 
San Eudaldo, pág. 102, col. 2. Es probable que la capillita erigida al 
Santo cerca de Vallfogona, tenga alguna relación con la maravilla ex- 
puesta. 



- 59 - 

dignidad relacionadas, ausentóse de su monasterio du- 
rante la construcción de la capilla de San Eudaldo, para 
reclamar en Vich ante un tribunal constituido por Ra- 
món Berenguer III, su esposa la hellisima Ermesin- 
sinda, Armengol, conde de Urgel; Armengol, arzobis- 
po de Narbona; Salla, obispo de Urgel; Aecio de Bar- 
celona y Arnulfo, de Vich, la posesión de Castro Camba 
que Acfredo, magnae memoriae, habia dado al cenobio, 
y lo tenia de su Señor el conde Mirón (1). La sentencia 
fué favorable al celoso defensor de las propiedades de 
Santa María (2). 

Una de estas, la hacienda de Engordans , en la ver- 
tiente de la montaña llamada hoy del Catllar , será siem- 
pre un fiel recuerdo de la protección que Nuestra Se- 
ñora del monasterio de Ripoll dispensa á los que de 
corazón la invocan. Corria el año 966, y las Casas con- 
dales de Besalú y de Cerdaña estaban amenazadas de 
una próxima extinción. De los cuatro hijos legítimos de 
Mirón , habia perecido Seniofredo trágicamente en Gu- 
xá, Wifredo habia sucumbido bajo el acero del pérfido 
Adalberto , el menor era el citado Mirón Bonofilío poco 
después obispo de Gerona. Sólo quedaba Oliva, por so- 
brenombre Cabreta, que pudiese perpetuar la dinastía 
de su inmortal abuelo en dichos condados; mas tampo- 
co tenia sucesión. Lleno de f é y de esperanza acudió 
fervoroso con su esposa Ermengauda en 16 de Setiem- 
bre de 967 á la milagrosa Imagen : ambos le suplicaron 
que les alcanzase de Dios la gracia de tener hijos .(3), 



(1) Venta de Mirón, apén, «Marcae hisp.» n." 101. El « Castro Camba» 
estaba en Olesa de Montserrat. 

(3) Se encuentra esta sentencia en el «Cartulario del Monasterio de 
Montserrat» fol. 656 de donde la copia «Villanueva», apén. XX del To- 
mo Vil. 

(3) La escritura de esta donación estaba en el Archivo de Santa Ma- 
ría, y la menciona el autor de los «Condes vindicados» T. l,<^ pág. 94. 



^, 60 ^. 

y, para más obligarla, ofrecieron la mentada pose- 
sión. 

Oyó la Santísima Virgen benignamente su plegaria, 
de tal suerte que ya en 983 tuvieron el consuelo de asis- 
tir junto con sus tres adolescentes hijos Bernardo, Wi- 
fredo y Oliva á la dedicación de San Lorenzo del valle 
de Bagá. A más de estos tuvieron á Berenguer y las hi- 
jas Adelaida é Ingilberga. Todos ellos fueron muy agra- 
decidos á Santa María, y á fines del siglo ocupaban 
altos destinos. Bernardo gobernaba en Besalú, junto con 
su hermano Oliva; Wifredo era Conde de Cerdaña; Be- 
renguer, Obispo de Elna; Adelaida contrajo matrimonio 
con el noble Juan Auriol, consejero de Bernardo; In- 
gilberga, que se interpreta el Ángel de la montaña, ha- 
bía sido ofrecida al monasterio de San Juan , el mismo 
año en 'que Barcelona fué destruida por los sarrace- 
nos (986). 

La Providencia les reservaba para grandes cosas : 
puede decirse que entonces empezaban su brillante ca- 
rrera, cuando la habían terminado y descansaban en el 
sueño de los Justos , ante las puertas del templo monas- 
terial , sus preclaros ascendientes Mirón , Rodulfo , Sun- 
yer y Suníefredo hermanos; Armengol, Conde de Auso- 
na, primogénito de Sunyer; D." Ava, esposa de Mirón, y 
los hijos de esta egregia Condesa: Wifredo de Besalú y 
Mirón Bonofilio , obispo de Gerona. 



CAPITULO IV 



LA basílica OLIVaNA. 



Oliva, hijo de «Cabreta», renuncia sus estados y viste el liábito bene- 
dictino en Santa María.— Es elegido Abad.— Batallas de Calatañazor y 
de Acbatalbacar. — Arnulfo, obispo Ausonense, herido de muerte en 
dicha batalla, recuerda con un cariñoso donativo la Imagen dé Wi- 
fredo. — Borrell, obispo de Vich, y Oliva su sucesor. — Proyectos de 
Oliva respecto del templo, del panteón y del archivo de Santa María. 
— Descripción detallada de la nueva basílica. — La portada, el mosaico 
y el altar de oro.- Santas reliquias que honraban al templo. — Notable 

■ donación de Berenguer el «Viejo«. — Nueva disposición de las sepultu- 
ras condales. — Bulas de Sergio IV y de Benedicto VIII. — Puentes del 
Ter y del Fraser. — Dedicación de la nueva basílica. — Otros templos fa- 
vorecidos por Oliva, una carta suya á sus monjes. — Oliva, consejero de 
Sancho el «Grande» de Navarra. — Juicio de Oliva como escritor, sus 
obras.— Su breve de excomunión contra los usurpadores de pergami- 
nos del archivo. — Decreta el culto de Urceolo, dux de Venecia.— 
Monjes esc.itores y artistas. — Monjes fundadores de otros monaste- 
rios.— La hermita del Catllar.— Muerte y entierro de Oliva. — Trasla- 
ción de sus restos, descripción de su cenotaflo. 




NTRE los hijos de Oliva Cabreta y Ermengau- 
da sobresalía en ilustración y nobles cualida- 
des Oliva, quien regía el condado obtenido 
por herencia con grande aplauso de sus sub- 
ditos , por las miras civilizadoras que en to- 
dos sus actos presidian (1). 



(1) «Qui ab ineuntis aevi primordiis, divinis litterís eruditas, patrias 
principatum hereditario sibi iure delegatura obtinuit, quam praeolaris- 
sime rexit, ac mundialis gloriae supplementis, multisque honorum pro- 



— 62 — 

Impulsado por la gracia divina dejó las pompas y dig- 
nidades seculares, y presentándose en 1002 (1) á los 
umbrales del cenobio ripollés, pidió humildemente al 
abad Seniofredo se dignase admitirle en el número de 
los servidores de la Virgen. A la flor de su edad (ape- 
nas contaba 32 añosj vistió el hábito benedictino ; tan 
rápidos progresos hizo en el camino de la perfección, 
que al morir Seniofredo en 4 de Junio de 1008 y, casi 
al mismo tiempo, el abad de Guxá ; por aclamación de 
los monjes tuvo que aceptar, involuntariamente y re- 
pugnándolo, la dignidad abacial que ambos cenobios le 
conferían. 

El principio de su conversión habia sido señalado con 
la gran victoria de Calatañazor en la que, vencido el 
Hagib invencible, fué en decadencia el poder árabe en 
España. También el principio de su prelacia fué marca- 
do con la insigne, aunque sangrienta batalla de Acba- 
talbacar, dada en 21 de Junio de 1010 cerca de Córdoba, 
en que vencieron los catalanes á costa de las preciosas 
vidas del Conde Armengol y de los tres obispos Aecio 
de Barcelona, Otón de Gerona y Arnülfo de Vich. Este 
último, después de la grave herida que habia de llevar- 
le al sepulcro, quiso ser transportado á su amada Dió- 
cesis, al llegar al castro Colonice (Segarra) agrávesele 
el mal, y sepultado en el lecho del dolor, sus últimos re- 
cuerdos fueron para Santa Maria del cenobio de Ripoll, 



fectibus perornavit». «Encyclica littera super obitu D. Olivae». Preveni- 
mos al lector que para nuestro trabajo , hemos tenido sobretodo a la vista 
los documentos de las épocas de que tratamos, examinados en sus ori- 
ginales ó estudiados en los apéndices de las más famosas obras relacio- 
nadas con nuestro asunto, conformándonos con gusto, siempre que 
hemos podido, á sentar plaza de humildes traductores á trueque de po- 
der usar el mismo lenguaje de los testigos de los hechos que referimos. 
(2) Anno MIL Dominus Oliva episcopus et abbas venit ad conversio- 
nem. Cronicón rivipoUense. 



— 63 — 

á la que legó, dos dias antes de morir, el alodio que po- 
seía en el valle de Oriola, en prenda de su cariño (1). 
Armengol el Cordobés, en el testamento que otorgó antes 
de partir á la guerra, habia asimismo destinado diez on- 
zas de oro al mismo Santuario (en el cual según graves 
autores fué sepultado) é hizo el singular donativo de dos 
literas á cada uno de los tres obispos, que murieron, 
como él, de resultas de la batalla. (2) 

Tuvo por sucesor el obispo Arnulfo al noble canónigo 
Borrell k bondadoso y humilde en extremo » que gober- 
nó la Diócesis hasta últimos de 1017, en cuya ocasión, 
de regreso de las provincias ocupadas por los árabes, 
dirigiéndose á Gerona (3) le alcanzó la muerte, habien- 
do sido sepultado en Vich, en la capilla de San Miguel. 

Oliva, que desde su ingreso en el cenobio era un decha- 
do de perfección, no podia evitaren su humildad que el 
perfume de sus virtudes y sabiduría se extendiese agra- 
dablemente y, tal era el prestigio que tenia adquirido, 
que al morir Borrell « fué sublimado á la cátedra epis- 
copal, por unánime aclamación del clero y pueblo de la 
Diócesis, magnífica elección de Príncipes y prontísima 
ordenación de los obispos.» 

Príncipe de la sangre del Velloso, abad en Santa Ma- 
ría y obispo de Ausona, reconcentró su cariño en el 



(1) «Et ipsum meum alaudem, quem habeo in Ausona in valle Oriola, 
remaneatad Sancta Maria RiopuUo coenobii.» Del testamento de Arnul- 
fo, archivo de la Catedral de Vich n.» 1335. 

(2) Et ad Sancta Maria coenobio RiopoUensis uncias decem de au- 

ro et ad Arnulfo Episcopo lectos dúos, et ad Oto Episcopo lectos 

dúos, et ad Aethio Episcopo lectos dúos. Del testamento de Armengol. 
Este mismo Conde habia cedido varias tierras á Santa Maria en 993, en 999 
yen 1000. Apén. Marcae hisp. n." 162, Condes vindicados T. I pág. 148 y 
Apéndice IV de esta obra. 

(3) Borrellus episcopus ab Ispanis veniens etGerundam adiens 

morte preventus est. Archivo de la Catedral de ;Xich n." 339, de donde 1q 
copia VillanuevaT. 6, apén. n.''25. Marcae hisp. aí^éndi>;;a.« 1,71, 






~ 64 -- 

cenobio ripollés (1) y, movido de la más tierna devoción 
hacia la excelsa Protectora desús padres, concibió el 
triple proyecto de convertir la iglesia en una espaciosa 
basílica; de arreglar el Panteón de sus antepasados, y 
de hacer admirar el Archivo como el más rico depósito 
de códices y documentos. 

Empezando por la iglesia, los planes que habia adop- 
tado para dotar su monasterio de un perfecto modelo de 
arquitectura romano-bizantina secundaria, no;le permi- 
tían dejar en pió las construcciones anteriores, relativa- 
mente modernas en su siglo. Arrasó pues lo existente 
« omne superposiium solo tenus adaeguaoií » ( 2) , luego 
echó los nuevos cimientos en la vertiente terraplenada 
del monte S. Roque (3), y, con tal actividad se adelanta- 
ron las obras empezadas después de 1020, que diez años 
después pudo consignar en su poema: «que él era el 
autor de la nueva basílica, adornada de bellísimos dones, 
y de continuo sublimada por él mismo» : 

Praesul Oliva sacram struxit hic funditus aulam. 
Hanc guogue perpulchris ornaiñt máxime donis, 
Semper ad alta tulit, guam gaudens ipse dicavit. 

En efecto, á últimos de 1031 la gran basílica estaba á 
punto de ser consagrada ; mas antes dé ocuparnos dé 
este solemne acto, daremos una ligera idea de la mis- 
ma, con los datos que nos prestaron sus ruinasy los do- 
cumentos coetáneos á su erección. 



(1) «Hunc locum speciali dilexit amore, Ecclesiam quae modo est no- 
büiter construens etc. Gesta Comitum. Caput X. 

(2) Apéndice 1.0 Letra D. 

(3) El ara- de la Virgen, que permaneció inmóvil por respeto al in- 
mortal Wifredo en todas las dedicaciones, fué como un pié forzado que 
no permitió á Oliva levantar más hacia el Ter su basilica, que construyó 
desde sus cimientos (Fp^'DITus), Véase más adelante lo que transcribi- 
dlos sobre dicha ara. k . 



r 



// 



^ 65 — 

Grandes arcadas, cerradas con verjas de hierro, pre-*-, 
ceden al pórtico de Nuestra Señora (1) ocupando el fon- 
do la Portada, cuyo color de piedra variaba expléndi- 
damente el dorado, minio, verde y azul celeste de sus 
múltiples relieves (2). Encima de la Portada aparecía 
una elegante ventana de dos arcos con agimez, preludio 
de aquellos incomparables rosetones , ornamento el 
más suntuoso de los monumentos ogi vales. La fachada 
terminaba en ángulo más agudo que en las antiguas 
construcciones. 

A la derecha de la Portada se admira aún la prismá- 
tica torre cuadrangular con veinte y cuatro ventanales 
destinada á campanario, á la izquierda aparecen los 
arranques de otra simétrica torre que se desplomó , al 
parecer, durante el terremoto del siglo XV, pues tene- 
mos indicios de que su construcción no quedó en pro- 
yecto. Otra tercera torre, menor que las anteriores, se 
levantaba en medio de la bóveda del crucero. (3) 

El plano del templo forma una cruz latina, su parte 
transversal de 40 metros determina el crucero, en cuyo 
punto medio se admiraba el mosaico y el retablo de 
oro, dos bellísimos dones (perpulchra dona) que, junto 
con la Portada, describiremos aparte. Adornan los la- 



(1) Es indudable que este pórtico existió desde el siglo XI, como lo 
demuestra uno de sus arcos hoy cegado. Sin el pórtico ya no existiría la 
Portada, y es muy propio de las iglesias primitivas. 

(2) Es común sentir de los peritos en la materia que la Portada estuvo 
pintada de la manera que lo eran las claves de las bóvedas; aun se obser- 
van restos de aquella pintura en el primer compartimiento de la misma. 

(3) «Les toürs avaient été construites dans 1' origine pour recevoir 
descloches; on les multiplia dans lasuite, uniquement pour le coup 
d CBil et pour la régularité symétrique. Oü une seule tour eút suífi, on 
en plaga jusqu' a trois; deux ordinairement tres-grandes, de chaqué co- 
te du portail principal, la troisiéme, plus légére, sur le centre des trans- 
septs.» Archéologie chrétienne par M. V abbé J.-J. Bourassé, Ghanoine 
de Tours. Chapitre VII, pág. 168 y 169. Tours 1844. 



— 66 — 

dos de la capilla de la Virgen otras seis practicadas á 
la derecha é izquierda del ábside. 

La parte longitudinal del templo mide 60 metros. 
Contiene cinco naves de 9 metros de latitud la del cen- 
tro, y de cuatro cada una las colaterales. Las bóvedas 
son de cañón, estribando la principal en dos firmes mu- 
ros, apoyados á sú vez en diez y seis gigantescas arca- 
das que ponen en comunicación las cinco naves. Eri la 
parte superior del muro una sencilla y severa galería, 
que circunda la nave principal y el crucero , modifica 
místicamente la luz con cristales historiados. Las naves 
colaterales, separadas entre sí parte por machones, par- 
te por columnas , terminan su elevación en la base de 
la galería, que proporciona misteriosa luz al sagrado 
recinto. 

Las paredes están atestadas de versículos bíblicos, 
(1) alternados con profusión de ricas pinturas murales 
y sobre tabla (2). Los altares son siete, número de mís- 
tico significado. El obispo Mirón Bonojilio y Oliva Ca- 
hreta hablan elevado 46 años antes en el templo de Cu- 
xá siete altares en honor de los siete dones del Espíritu 
Santo «iuxtam septem dona Spiritus Sancii, septemin 
hoc templo erexerunt altaría» (3). Oliva era abad de Cu- 
xá y, apoderándose de la idea de su tio y de su padre, 
la reprodujo en el crucero de su basílica. 

Ocupémonos ahora de los tres suntuosos regalos con 
que la adornó. Descuella en primer término la Portada, 
grandioso arco de triunfo al Catolicismo, análogo en sti 
forma á los que la antigüedad griega y romana erigía 



(i) Uno de estos versículos, descubrimos debajo de muchas capas de 
yeso, á la izquierda de la parte interior de la Portada. 

(2) Se conserva aun un precioso retablo de San Jorje muy deteriora- 
do. Gon la ruina volvieron á aparecer algunas de las primitivas pintu- 
ras al fresco. 

(3) Marcae hisp. apén. 119, col. II. hacia el fin. 



— 67 ~ 

á sus héroes (1). Los autores que tratan de las cons- 
trucciones religiosas del siglo XI están acordes. en cali- 
ficar la puerta central de los templos corno la parte 
capital, la obra maestra del artista (2). Varios son los 
templos románicos que hemos visitado ó de que tene- 
mos noticia, y creemos poder decir muy alto que, entre 
esta clase de obras maestras, ninguna iguala en Europa 
á la de Santa Maria del monasterio de RipoU. 

En sus altos relieves presidió tacto exquisito en esco- 
ger los pasajes del antiguo testamento más adecuados 
al nuevo , y se Jogró reunir en un cuadro el pasado, 
presente y porvenir de la Iglesia de Jesucristo. 

No desmerece la obra una vez descifrada, antes sube 
de punto la admiración que excita. En ella saborea el 
alma los sublimes recuerdos de los patriarcas , grandes 
reyes y profetas ; en ella contempla las maravillas que 
Dios obró por su pueblo al conducirle á la tierra de pro- 
misión; allí aparecen las dos columnas de la Iglesia Pe- 
dro y Pablo,' con los pasajes más tiernos y milagrosos 
de los primeros años de la Ley de Gracia; allí se indica 
de un modo alegórico la eterna lucha del bien y del 
mal, el paganismo derrocado, la verdad triunfante, la 



(1) En las puerta^ de algunos suntuosos templos del paganismo, se 
veían también relieves históricos, mitológicos y alegóricos, Léase la 
bella descripción que nos hace Virgilio (Eneid VI. v. 20 á 35) de lo que vio 
Eneas en las puertas exteriores {in foribus) del templo de Apolo en Cu- 
mas, á lo cual podemos añadir otra magnifica explicación de los relieves 
de la Portada de cierto templo griego sobre alegorías dé la vida humana, 
que recordamos haber leído al fin de una antigua edición en 8." ,de las 
Máximas de Epicteto. 

(2) A dater de la seconde moitié du onziéme síécle les portes devin- 
rent, dans toutes les églises, la partie prívílégíée, celle que les architec- 
tes prírent plaisir á orner avec le plus de luxe et de magnificence. Sur 
leurs archivoltes et sur leurs pieds droits, la sculpture a reuní toute sa 
puissance d' ornamentation. Ou peut regarder la porte céntrale comme 
le morceau capital, le chef-d'oeuvre de 1' artiste.» Archéologíe chrétíen- 
ne, chapitre VII, style román o-byzantin secondaire {de 1000 á 1100) 
pág. 166. ... 



-es- 
Trinidad Santísima, el divino Cordero , la antigua Ley, 
el Evangelio y el Libro de los siete sellos; ella, en fin , 
excita á que glorifiquen al Señor todas las gentes , en 
todo tiempo y de todas maneras , y señala el Cielo por 
morada del Justo, el Purgatorio como cárcel expiatoria, 
y el Infierno como castigo sempiterno del reprobo. La 
biblia, cual sol refulgente , esparce rayos de luz divina 
sobre cada retablo, la alegoría los poetiza, el mito los 
embellece, la imaginación los varía, y las efigies inmó- 
viles y al parecer incoherentes , una vez se proyecta en 
ellas la luz de los versículos sagrados y de los cantos 
de los poetas, adquieren unidad, vida, animación, mo- 
vimiento y hasta palabra. ¡ Obra admirable , digna de 
eterna memoria! ¡Página clásica que providencialmen- 
te leemos entera al través de ocho centurias ! Entiénda- 
la el cristiano y, al pisar el umbral del templo, habrá 
recorrido sinópticamente los cantos más selectos de la 
grandiosa epopeya de la Religión , y recordado al pro- 
pio tiempo las verdades culminantes del cristianis- 
mo. (1) 

La segunda obra notable fué el pavimiento en mosai- 
co del presbiterio, que por fortuna (si bien muy dete- 
riorado) ha llegado hasta nosotros. Muy poco y no bien 
se ha escrito sobre el mismo. Villanueva que lo visitó 
en 1806 y en 1807 sólo supo ver delfines y perros, pres- 
cinde de su argumento, no cree quién haya que lo ten- 
ga por romano , más bien , dice, es una imitación de 
aquel género en los siglos posteriores. Otros lo compa- 
ran al de la derruida iglesia de San Miguel de Barcelo- 
na, atribuyendo cierto sabor pagano á nuestra obra 
eminentemente cristiana en su conjunto y en sus más 
insignificantes pormenores, y no falta quién, más atre- 



(i) Apéndice II. 



-69- 

vido, pretende fundar la antigüedad de la villa en el su- 
puesto mosaico romano que se encontró donde fué le- 
vantada la basílica de Oliva. Tan vagas é inexactas 
generalidades, aguijoneando nuestro deseo, nos deter- 
minaron estudiar y librar del olvido tan raro ejemplar 
del arte musivo; despejamos los escombros que oculta- 
ban gran parte de lo que resta, y creímos prestar un 
pequeño servicio á las artes copiándolo , completándolo 
y haciendo del mismo la siguiente descripción: 

En el crucero, ante la capilla de la Santísima Virgen, 
se extiende un rectángulo de 11 metros de largo por 9 
de ancho, rodeado de una sencilla cenefa compuesta de 
cuadrados unidos en diagonal. Otra cenefa divide el 
rectángulo en otros dos de área diferente. 

En el menor dos enormes peces se miran de frente y 
se prolongan en línea ondulante en direcciones opues- 
tas. De la cabeza del de la derecha salen de un mismo 
vórtice, á manera de rayos, líneas rojas tres veces (terj 
repetidas. Otros dos peces [bajan en direcciones opues- 
tas, desde la parte superior hasta juntarse sus colas de- 
bajo de las cabezas de los anteriores, dejando en medio 
un espacio cuadrilongo. Otros dos pequeños peces se 
ven, uno cabeza abajo en medio del arco formado por 
el cuerpo del de la derecha, otro cabeza arriba en el de 
la izquierda. 

Por medio de una acertada y feliz combinación , pre- 
senta en su conjunto esta parte del mosaico el anagra- 
ma de María. 

No podía darse modo más sencillo , elegante y origi- 
nal para expresar en lenguaje simbólico (al que tanta 
predilección mostraban los antiguos) la situación de 
Santa María en la confluencia del Ter y del Fraser, dis- 
tintivo topográfico único necesario , del que (según he- 
mos observado) nunca se olvidaron en sus privilegios 
los reyes Francos , ni en sus bulas los Sumos Pontífices. 



-70- 

Los dos grandes peces representan el Ter y el Frasér 
desde su origen (que siendo cercano el uno del otro 
van alejándose en direcciones opuestas, llegando al má- 
ximum Aq su divergencia en Rivas y Gamprodón) ; los 
menores indican con sus cabezas el punto en que los 
rios empiezan á converger y , con sus colas unidas , ;sú 
confluencia; los pequeños con la disposición de sus ca- 
bezas nos dicen que, después de juntarse ambos rios, el 
Ter conserva el nombre de su origen ( caput aquarum ) 
al paso que el Fraser encuentra su fin. 

Encima de la cenefa compuesta de un ramaje ondu- 
lado con rosas equidistantes en cada arco , hay el área 
del segundo rectángulo. Es este ocupado por tres lineas 
de circunferencias. En los espacios comprendidos entre 
los cuatro arcos formados por aquellas, están dibuja- 
das cruces, cuyos lados son flores de lis (1). En los vein- 
te y cuatro círculos se observan varias figuras dignas 
de notarse. Tales son corderos delante de un árbol de 
tres ramas, gallos en actitud de luchar contra drago- 
nes, pavos reales ahuyentando horribles monstruos, lo- 
bos seguidos de cuclillos, javalíes echando ascuas, con 
serpientes erguidas que les destilan veneno sobre el 
lomo. : 

El conjunto parece representar la victoria, en el valle 
ripollés, del cristianismo contra el mahometismo. Pres- 
ta gran fundamento á esta opinión el Cordero de Dios 
que quita los pecados del mundo ,- ocupando los círcu- 
los de preferencia. El nombre rio-pullo está bien sim- 



(i) Esta cruz serviría de modelo á la que adoptó la Orden de Calatra- 
va. «Las hojas y flores de lis se ven muy amenudo en los monumentos 
bizantinos, y aun puede decirse que son características de este estilo.» 
Revista histórica, Julio de 1876, pág. 158, en el artículo sobre la casulla de 
Santo Tomás de Bibille, por el ilustrado S. Sampere y Míquel. El graba- 
do de la casulla y manípulo que acompaña al artículo, ofrece una sor- 
prendente analogía con el segundo rectángulo del mosaico. 



— 71 .— 

bolizado (además de los peces de la parte inferior) por 
el gallo repetido en diferentes círculos; el valle por los 
lobos y javalíes; el espíritu del mal ó, si se quiere, el 
mahometismo, por las serpientes, dragones y mons- 
truos que en la lucha con el Cordero y el Gallo emble- 
máticos, aparecen constantemente vencidos. 

Para la realización de este singular mosaico del si- 
glo XI , sólo se emplearon los tres colores primitivos : 
rojo, amarillo y azul sobre fondo blanco. El nombre de 
su autor se lee en los primeros cuadrados de la cenefa 
de la izquierda, fué el monje Arnaldo, quien pudo te- 
ner noticia y aún haber visitado el de Ceciliano, descu- 
bierto cerca de Gerona en una antigua posesión del 
abad ripollés (1) : en el material y en la ejecución es de 
un mérito muy superior el de Ceciliano ; pero merece 
conservarse con respeto , por su significado y antigüe- 
dad cristiana, el de la basílica de Santa María. 

El ALTAR MAYOR, incomparable trono que Oliva erigió 
á la celestial protectora de los Príncipes Catalanes , era 
la tercera obra maestra que ostentaba la basílica. Con- 
sistía en una mesa de jaspe rojizo, apoyada en grupos 
primorosamente esculturados, representantes de las 
luchas entre las pasiones y la razón (2). En los ángulos 
se levantaban cuatro esbeltas columnas , destinadas á 
sustentar una especie de cúpula, que por su forma se- 
mejante á una copa hecha con el fruto del nelumbo se 
llamaba Ciborium (d). Un precioso velo, semejante al 



(1) A la galantería del Sr. Conde de Bell-lloch debemos la copia de 
una escritura de su archivo, en la que consta haber sido posesión del 
Real Santuario la finca del mosaico Ceciliano. 

(2) Consérvanse estos grupos, y durante nuestra delegación recogimos 
los fragmentos del ara en mármol rojizo; casi la completamos. Se con- 
sidera como el sagrado objeto más antiguo y venerando de la basílica. 

(3) De Kíborion, fruto del nelumbo especie de nenúfar, común en 
Egipto.— Copa hecha con este fruto.— Ciborium. 



_ 72 — 

que Godmaro regaló el día de la primera dedicación» 
adornaba los intercolumnios, y ocultaba el altar durante 
la consagración. Otro de rico brocado se veia sobre el 
ara, en recuerdo de los de color de sangre que los pri- 
meros cristianos extendían sobre las tumbas de los 
mártires. Del centro del eíborium estaba suspendida 
una paloma de oro, en la que se guardaban las sagradas 
Formas reservadas á los enfermos. 

El retablo del altar era un exquisito trabajo de orfe- 
brería cuajado de rubíes, carbunclos y otras piedras 
preciosas, en el cual se hablan invertido ciento sesenta 
onzas de oro y gran cantidad de plata. 

Recordaba por su valor intrínseco y artístico el pallio- 
to ó frontal de oro de San Ambrosio de Milán y la palla 
de oro de Venecia. Se componía de varios cuadros de 
la vida de la Virgen , cuyo asunto sería el que ostenta- 
ron las preciosas claves, cuando las bóvedas de cañón 
fueron sustituidas por bóvedas ojivales. Nada más po- 
demos añadir, por haber desaparecido este incompara- 
ble tesoro en el siglo XV. Era anterior al de la catedral 
de Gerona, por ser regalo particular del mismo Oliva, 
como lo afirma el autor del Ge^ta Comitum: «Aliare 
eodem modo construxíi aura ei argento et pretiosis la- 
pidihus nobiUter». 

Si codiciada fué esta joya bajo el punto de vista ar- 
tístico y de riqueza material (1), no tenia precio consi- 



(1) Procediendo por analogía, podríamos amplificar esta descripción, 
y tal vez no nos separaríamos mucho de la realidad, aplicando al Reta- 
blo y Ciborium, varios de los curiosos datos que nos da el monje Gar- 
cía del Propiciatorum de San Miguel de Cuxá, mandado hacer por el 
abad-obispo, y ejecutado por el benedictino de su mismo nombre. La 
descripción del Propiciatorum trae el Apén. Marcae hisp. n." 222, donde 
puede observarse de paso cuanto gustaba Oliva de la alegoría y cuan le- 
jos la llevaba, pues en el color rojo de las columnas, en lo blanco de 
los capiteles, y en lo firme de los pedestales quiso significar la gloria 
de los mártires, la pureza de las vírgenes y la constancia, celo y forta- 
leza de los doctores. 



^ 



— 73 — 

derada como sagrado relicario de inestimables prendas 
y recuerdos religiosos. Oigamos á este propósito á un 
autorizado monje de aquel siglo. «Digno de veneración 
por sus místicos dones de espiritual significado , y un- 
gido con el sagrado crisma para inmolar la Hostia de 
Nuestro Redentor ; fué erigido el altar con la invoca- 
ción del nombre de Dios, y con laudatorias aclamacio- 
nes de los concurrentes. Para cúmulo de su mayor 
santificación, se depositaron en él consuma reveren- 
cia muchas prendas de Santos, en las cuales el templo 
abundaba, aumentadas con las que de nuevo concedie- 
ron los fieles. Por donde place mirar, con los ojos del 
entendimiento, con cuanta plenitud de la divina gracia 
sobresale, y cuánto merece que todo el mundo lo vene- 
re, por contener las reliquias que allí se depositaron al 
celebrarse la primera dedicación , y poseer plenamente 
la perfección de. la segunda, y retener todos los suple- 
mentos de la santificación de la tercera ; á todo lo cual 
añadió el obispo Oliva tantas reliquias de diversos San- 
tos, que excederían á un hombre si particularmente se 
presentasen todos sus miembros» (1). 

Las reliquias á que se refiere el pasaje anterior, se 
guardaron hasta 1835 en cuatro arquillas de plata dora- 
da, artísticamente labradas con primorosos relieves. 
\ Las principales eran las siguientes: Partículas del Lig- 
num crucis, del Santo Sepulcro, del Pesebre, de la toa- 
lla con que Cristo enjugó los pies á sus discípulos y del 
vestido de la Santísima Virgen. Reliquias de los santos 
mártires Pedro y Pablo, de San Saturnino primer após- 
tol de nuestra patria, de San Félix y San Narciso de 
Gerona, de Poncio , Dionisio , Rústico y Euleterio , de 



(1) Traducido de un discurso del siglo XI acerca de la dedicación del 
Templo. Del mismo documento hemos sacado la enumeración da las re- 
liquias. 



— 74 ^ 

los mártires de la legión Tebana, de Sebastián, Vicente, 
Víctor, Desiderio, Primo, Marcelino, Geminiano, Ale- 
jandro, Félix, Justo, Víctor y de otro del mismo nom- 
bre; de Felicula, del mártir indígena Urbico , de Hipó- 
lito y de los mártires llamados Massae, de Marcial, de 
Salvio y de su madre Leónidas, de los Santos Inocentes 
y otros cuarenta mártires ; de Cornelio , de Valentín y 
de Donato obispo. Asimismo reliquias de San Martín 
obispo de Tours, de San Benito legislador admirable de 
la orden de su nombre, y de los santos confesores Am- 
brosio, Gregorio, Lamberto, Ganderico, Justo, Lauren- 
cio y Rómulo. Por último cabellos de Santa Cecilia, 
restos de Santa Escolástica hermana de San Benito , de 
Santa Eulalia barcelonesa, y de Santa Felicitas, madre 
feliz de siete hijos mártires. 

Cuando por Abril de 1050 el primer legislador de Es^ 
paña después de la invasión de los árabes, el inmortal 
Ramón Berenguer el Viejo, siguiendo la costumbre de 
sus antepasados , fué á orar ante la Imagen de Santa 
Maria; dispuso , llevado de su devoción , que noche y 
dia, hasta el fin de los siglos, ardiesen lámparas ante el 
altar descrito, cediendo al efecto unos olivares que ha- 
bían pertenecido al moro Muza Abencabet, sitos en Ga- 
marasa cerca de Balaguer (1). 

Explicados los tres dones principales con que Oliva 
adornó su basílica, ocupémonos de lo demás que por 
ella realizó. 

Semper ad alta tulit, quam gaudens ipse dicavit. «Pro- 
curó sublimarla de continuo, y después, lleno de gozo, 
él mismo la dedicó.» Y en efecto conviene también aña- 
dir lo que hizo respecto del Panteón de sus antepasa- 



(1) Apéndice I. Letra E. 



-^75 — 

dos, que tanto la ennoblecían, y por el Archivo que tan- 
to la distinguían. 

Nadie mejor que Oliva podía con más feliz elección 
arreglar las tumbas de sus ilustres progenitores , cuyos 
restos habían sido exhumados con ocasión de los gran- 
diosos trabajos de la basílica. Para dejarlos definitiva- 
mente colocados, destina en sepulcros bisemos á Wi- 
fredo el Velloso con su hijo el obispo Rodulfo; á Mirón 
con su hijo del mismo nombre también obispo ; á Su- 
nyer con su primogénito Armengol y, en sepulcros par- 
ticulares, áWifredode Besalú, D.* Ava y Seniofredo 
Conde de Urgel. Sencillísimas y en forma de cruz eran 
las tumbas que contenían tan venerandos restos ; pero 
no parecerán menos lujosas si consideramos que la 
gran basílica, cual gigantesco túmulo, las protegía, 
santificaba y hacía su memoria inmortal. Pagado este 
cariñoso tributo á sus progenitores, les dedicó una pre- 
ciosa elegía, que puede considerarse como una colección 
de elegantes epitafios á las respectivas tumbas de que 
trata. (1) 

El ARCHIVO fué objeto de especial solicitud para el no- 
bilísimo prelado que activaba las copias de raros é ina- 
preciables códices, y destinaba grandes caudales á su 
compra. Merecen especial mención tres biblias comple- 
tas, y dos colecciones canónicas, que representaban 
cincuenta años de trabajo continuo, hecho por dos per- 
sonas (2). Cuidadosamente guardada en un cofre de 
nogal pulido se mostraba además en el Archivo una 
notabilísima bula del Papa Sergio IV escrita en papiro, 
y otra de Benedicto VIII, las cuales había alcanzado 



(1) Apéndice III. 

(2) Memoria descriptiva de los códices de España, por D. José M,* 
Eguren, parte II, pág. 60. 



Oliva durante su corta permanencia en Roma. De ellas 
nos ocupamos, con preferencia, en el apéndice III . 

Para facilitar á los peregrinos el ^paso á la basílica, 
es probable que durante este tiempo y bajo la direc- 
ción del abad-obispo se lanzaron sobre el Ter y el Fra- 
ser, los atrevidos puentes que sirvieron hasta el pri- 
mer tercio de este siglo. Hoy únicamente subsisten las 
ruinas de estos dos magníficos modelos de la arquitec- 
tura civil del siglo XI. 

Apenas hubo logrado su triple objeto, dispuso cele- 
brar la dedicación de su iglesia y, al efecto, convocó á 
los Obispos y Príncipes de la patria. Señalóse para la 
dedicación el dia 15 de Enero de 1032, fecha que la tra- 
dición ha venido recordando como la más gloriosa 
para el monasterio ¡ Gloriosa fué ciertamente, y jamás 
las altas montañas que circundan el pintoresco valle 
han presenciado otra semejante ! La fama del monu- 
mento y la solemnidad de la fiesta atrajo á la confluen- 
cia del Ter y del Fraser la flor de Cataluña, de 
Aquitania y Pro venza, la estación era rígida, mas el 
entusiasmo religioso hacía llevadera toda privación, 
toda fatiga, y ¿ que eran los riscos peligrosos de los ne- 
vados montes, ni la ventisca de los angostos puertos que 
tenían que atravesar , comparado con el inefable con- 
suelo que sus almas sentirían ante la Santa Imagen 
protectora de la tierra catalana ? (1) 

Amaneció por fin el 15 de Enero tan deseado, iba á em- 
pezar la fiesta con tanto afán y constancia por Oliva 
preparada: las 16 campanas de la gigantesca torre 



(1) «Non enim poterant Pontífices et Sacerdotes, Levitae et Clerici ce- 
terique vulgi nulla sufferre molestia, eo quod perfuderat eos gratia 
Spiritus Sancti ob dedicationis et gaudia templi.» Apén. Marcae hisp. 
n.<'li2, pág. 898,1o que por analogía aplicamos á los concurrentes a la 
dedicación de Santa María. 



— 77 — 

anunciaban á la comarca el feliz acontecimiento, é invi- 
taban á los fieles á reunirse en las avenidas del vastísi- 
mo templo. Al acercarse la hora de la augusta ceremo- 
nia, dirigióse lo más escogido de la nobleza á la soberbia 
Portada. En ella Oliva, revestido de insignias pontifica- 
les, acompañado de Obispos, entre los cuales se veian 
los de Albi, Barcelona, Carcasona y Elna con varios 
coepíscopos, abades, monjes y otras dignidades ecle- 
siásticas; salió al encuentro de los Condes de Cataluña 
Berenguer Ramón el Curvo de Barcelona, su madre la 
piadosa y benévola Hermesinda, Wifredo de Cerdaña 
hermano de Oliva, su sobrino Guillermo el Craso de 
Besalú hijo de Bernardo, y el joven Armengol II de Ur- 
gel, hijo de Armengol el Cordooés y de Geriberga, lla- 
mado el Peregrino por haber muerto en su romería á 
Jerusalén. Seguían los cuatro vizcondes, Falcón, Senio- 
fredo, Wifredo y Gibaldo, acompañados de sus libertos 
y esclavos, cerrando la egregia comitiva los prohom- 
bres del valle y numeroso concurso de hombres y de 
mujeres de todas condiciones, provistos de cirios y 
ofrendas (1) que destinaban á la glorificación de la San- 
tísima Reina. 

Entre los cánticos sagrados de los sacerdotes y levi- 
tas, acompañados de los magestuosos acordes del órga- 
no que difundía á lo lejos sus armonías (2), el mismo 



(1) «Agregataeque sunt catervae clericorum atque laicorum sexuque 
femíneo cura cereis et oblationbus, et facía est turba non módica.» Véase 
la nota anterior. 

(2) Es opinión admitida entre los escritores que el órgano más anti- 
guo de que hay noticia es el que Constantino Goprónimo envió a Pepino 
en 757; pero en nuestras lecturas hemos hallado esta descripción del 
emperador Juliano, la cual demuestra que el órgano se remonta á más 
alta antigüedad. «Saliendo, dice, el viento precipitado de fuelles de cue- 
ro de buey, entra por debajo á la raíz de unas cañas bien agujereadas. 
Un engreído artista dotado de gran ligeressa de dedos acude á todo, to- 



-~78~ 

prelado arquitecto de la obra, ligado con vínculos de 
sangre con los Principes allí presentes , celebró el au- 
gusto sacrificio con Wadaldo de Barcelona, Wifredo 
de Carcasona y Amelio de Albi. Terminado el Santo sa- 
crificio y consagrado el altar de oro descrito, deposita- 
ron en él las santas reliquias y ofrendas numerosas de 
los fieles. Luego los Prelados y Condes reunidos' en 
Concilio corroboraron todas las donaciones, revistie- 
ron al abad de la potestad eclesiástica y civil en su tér- 
mino y posesiones, y confirmaron el privilegio del Papa 
Benedicto VIII de poder cantar Allelut/a y Gloria in 
excelsis el dia de la Purificación , caso de encontrarse 
dicha festividad dentro de la Septuagésima. 

El Acta de la dedicación que damos fielmente tradu- 
cida en el apéndice I, Letra D, nos dispensa de entrar 
en más pormenores acerca de aquella solemnísima fies- 
ta, cuyo aniversario continuó celebrándose hasta el 
primer tercio de nuestro siglo. 

No fué sola la iglesia de Santa Maria la favorecida 
por el inmortal Oliva. En su calidad de Obispo de Vich 
habia levantado desde los cimientos su catedral, de la 
que hoy se conserva él grandioso campanario. Fué 
aquella consagrada por él mismo en 31 de agosto de 
1038. En el siguiente octubre asistió á la consagración 
de la de Gerona, en cuyas Actas se le llama «descen- 
diente de reyes, amado de Dios y de los hombres, dig- 



cando unas teclas relacionadas con los tubos, lasque saltando suave- 
mente producen el canto». Siendo pues el órgano aun más antiguo de 
lo que generalmente se cree, nada tiene de estraño que en 972 el autor 
del Acta de la consagración de San Benito de Bages nos lo presente «di- 
fundentem procul sonus ab atrio», y que más generalizado en 1032 lo con- 
Bideremos existente en la basílica, cuyos bajos relieves en piedra nos lo 
recuerdan junto con elviolín, el arpa y otros instrumentos. 



— 79 — 

nísimo de la sede Ausonense por los sumos méritos de 
sus virtudes». Como particular le vimos ya en su ado- 
lescencia en la dedicación de San Lorenzo de Bagá 
(983), ■■ como abad le encontramos en la de San Martín 
de Canigó (1009) , como Obispo en la de Santa Maria 
de la Pina cerca de Ridaura (1022) , en San Pablo de 
Pino en el Gonflent (1022), en la de San Martin de Oga- 
sa (1024), en San Miguel de la Roqueta (1048), y en San 
Miguel de Fluviá, última dedicación á que asistió (1045). 
No olvidaba en su ausencia á sus monjes de Santa 
Maria, antes les animaba con frecuetites cartas á la 
perfección , y al adelanto de la suntuosa fábrica por él 
dirigida, y descendiendo á la llaneza de amigo, tal vez 
no se desdeñaba de entrar en nimiedades, y bástales 
divertía en estilo humorístico con nuevas de estupendas 
adquisiciones. Prueba de lo que vamos diciendo es una 
muy curiosa carta suya, conservada en el archivo, y 
escrita (probablemente en Vich) én el año 1022. Ella 
retrata al vivo el genio apacible del gran prelado , no 
menos que su candor y sencillez de costumbres en me- 
dio de los más arduos negocios. Vuelta al romance 
dice así: 



El Abad Oliva, Obispo aunque indigno déla Santa 
Iglesia de Vich, á la comunidad que reside en el mo- 
nasterio de Santa Maria, desea el premio del reino ce- 
lestial. 

Grata satisfacción me cupo al saber que gozáis de sa- 
lud, y deseo que prosigáis con tal bien. Grande placer 
me causa, asimismo, acordarme de vuestras obras, que 
se identifican con las mias, y sobre lo que me notifi- 
cáis de la construcción de las paredes, arcas (capsae) y 
demás negocios vuestros, no puede menos de ráeíéc^p 



-80- 

mi entera aprobación, pues se trata de dones muy apre- 
ciados de Dios misericordioso. 

Acerca la conyersión de Guitard, después de Jesu- 
cristo, confio en vosotros que allanareis el camino para 
arreglarlo y corregirlo todo, del mejor modo posible. 

Por mi parte, desde que me ausenté de vosotros , en- 
tre otros negocios que concluí, fué nombrar jueces para 
fallar en la causa entablada entre el Arzobispo y el viz- 
conde de Narbona, y estamos á punto de terminar la 
alianza de paz, para cuyo efecto sólo se aguarda que la 
condesa de Rodez (1) haya prestado declaración acerca 
los motivos de tales disensiones. Luego logré coligar á 
los tres condes Wifredo, Guillermo y Hugo; y esta se- 
mana (si es que haya sido bastante feliz en poner tér- 
mino á tantos males) se habrán ya unido. 

Con motivo de hallarme ocupado en estos y otros 
asuntos, nada os quise precisar sobre mi vuelta ; pero 
os encargo que me notifiquéis, cuanto antes, algo de las 
cosas que os atañen. 

Relativamente á los cisnes y gaviota — diversión favo- 
rita del Conde — tened de ellos sumo cuidado, y si algo 
les aconteciere ( sea en bien, sea en mal ) escribídmelo 
sin demora, para alegrarme con lo próspero, ó sentir 
lo adverso. 

¡ Oid ahora una cosa admirable ! He hecho adquisi- 
ción de una excelente grulla, que ya ha aprendido á re- 
volotear á saltos, y es muy diestra en quitar los ojos á 
los asnos y á los cerdos. Su cabeza empieza á enroje- 
cerse; sus alas se ennegrecen; y cada dia su canto es 
más sonoro. Os lo participo, á fin de que, al saber tales 
y tantas excelencias, os alegréis conmigo. Pasadlo bien. 

f Oliva obispo. 



(1) En Francia, dep. Aveyxon. 



— 81 — 

Durante treinta y ocho años de gloriosa prelacia, la 
fama de su piedad y sabiduría traspasó las fronteras 
y subió las gradas de los tronos más encumbrados. El 
rey más poderoso de la Península, Sancho el Grande 
de Navarra, uno de los héroes de Calatañazor, el que 
distribuyó las coronas Reales de Aragón y Navarra y 
las Condales de Castilla, Sobrarbe y Ribagorza entre 
sus hijos ; tenia por especial consejero al eminente 
abad-obispo, al que enviaba de continuo sus embajado- 
res, ft Os tributamos muchas alabanzas (dice al rey el 
mismo Oliva) porque nunca prescindís de nuestra peque- 
nez, sino que buscáis nuestro consejo, asi en cuestiones de 
beneficencia, como en asuntos de alta trascendencia polí- 
tica. )) (1) Los encomios con que le ensalzaban las auto- 
ridades eclesiásticas y seculares de España y Francia, 
exceden á toda ponderación, y acostumbran á mirar 
con sumo respeto y cariño esta gran figura del siglo 
undécimo. 

Bajo el punto de vista literario sus lucubraciones en 
prosa y en verso se hacen admirar por la dicción co- 
rrecta, elegante y castiza, que le distinguen de los de- 
más escritores de su época. Merecen citarse su precio- 
so panegírico de San Narciso, un poemita á la basíli- 
ca y una carta trascendental á Sancho el Grande, es- 
crita esta última por el motivo siguiente: D. García, D.* 
Mayor y D." Jimena representantes de la Casa Condal 
de Castilla, se habían enlazado con las Casas Reales de 



(1) «Vobis quoque plurimas impendimus laudes, quoniam nunquam 
nostram parvitatem excipitis, sed in benefaciendo et quasi magnum ali- 
quid ex vestris negotiis consulendo perquiritis.» De ^la carta de Oliva á 
Sancho el Grande de Navarra, publicada por vez primera en el apéndi- 
ce XII, T. 28 de la España sagrada. 



6 



— 82 — 

León y Navarra, casándose D. García con D.* Sancha 
hermana de D. Bermudo III rey de León, este con D,* 
Jimena, y D.* Mayor con el rey D. Sancho el Grande de 
Navarra. Asesinado D. García por los Velas, quedó D.' 
Mayor heredera del Condado, y lo cedió con el nombre de 
Reino á su segundo hijo D. Fernando. Proyectóse matri- 
monio entre D. Fernando y la viuda de D. García, este 
proyecto lo sometió el rey D. Sancho al examen de Oli- 
va. En su contestación muestra el abad-obispo gran 
caudal de conocimientos y, apoyándose en el parentes- 
co de los contrayentes, opina con graves razones que 
no debe efectuarse aquel matrimonio. 

En esta famosa carta es donde fijándose en los vicios 
que en la alta montaña dominaban, señala como prin- 
cipales : «la superstición, la embriaguez y las uniones 
ilícitas entre consanguíneos». 

El panegírico de San Narciso anda impreso en las 
obras del Illtre. Sr. Canónigo Dorca de Gerona ; en 
cuanto al poema, aunque hemos citado algunos de sus 
versos, parécenos oportuno presentar aquí reunidos los 
que al templo y á los siete primeros abades se refieren: 

Hoc adiens templum Genitricis Virginis almum, 
Fac venias mundus, humili spiramine fultus. 
Hic Deus est Rector témpli, servator et auctor. 
Emicat egregius, radians ut sol, Benedictus, 
Cuius ad aethereum perducunt dogmata regnum. 
Poscimus hunc patrem nosmet, dominumque potentem, 
Praestet opem miseris, praebens solatia cunctis. 
Praesul Oliva sacram struxit híc funditus aulam; 
Hanc quoque perpulcris ornavit máxime donis; 
Semper ad alta tulit, quam gaudens ipse dícavit. 

Est híc et Arnulfus, harum qui prima domorum 
Moenia construxit, primus fundamina iecit 



-83 - 

Sedis, et egregiae praesul rectorque Gerundae. 
Quintus in hac aula Witisclus praefuit abbas, 
Glaret post sextus Sen-dictus nomine fredus. 
Septimus ipse sequor, qui nunc sum carminis auctor. 

Es de sentir que no se hayan conservado para la pos- 
teridad los versos dedicados á Daguino , Daniel y Ene- 
go ; tal vez, á Protasio y demás abades de la primera 
época, cuyos nombres desconocemos. Va señalado con 
puntos el puesto que debian ocupar dichos versos. 
El último que transcribimos revela que, efectivamente, 
el autor de esta composición (no indigna de los riiejores 
tiempos de la literatura latina) fué nuestro Oliva, y tan- 
to ella, como la tierna elegía que la sigue nos autori- 
zan á darle el nombre de excelente poeta. 

Si hemos de juzgar por el estilo, le adjudicaremos 
asimismo la incomparable encíclica acerca de la muer- 
te de su hermano Bernardo, el Acta de la consagración 
de la catedral de Vich, la de su basílica y, sin ningún 
género de duda, varios notables decretos: uno expedido 
en 1033 en que manda observar la paz y tregua del Se- 
ñor, y excomulga al que falsifique ó recorte su moneda, 
y á los que inquieten á los negociantes que concurran 
al mercado dentro de los términos del cenobio ; otro en 
que fulmina excomunión contra los que usurparen ó 
hubieren usurpado pergaminos del archivo de Santa 
Maria. 

Este último documento merece ser conocido ; he aquí 
su fiel traducción : 

m 

Oliva, por la Gracia de Dios, obispo y abad, y toda la 
Comunidad de Santa Maria Madre de Dios del cenobio 
ripollés, á todos los clérigos y laicos, hombres y mujeres, 
y49Wlesquieraque lean esta escritura ó la oyeren leer, la 



— 84 — 

paz y la gracia de Dios sea sobre ellos: Sabed todos que 
Nos y. nuestros antecesores hemos sufrido muchos per- 
juicios por haber ocultado algunos malos hombres escri- 
turas de alodios y pergaminos de Santa Maria. Por esto 
os advertimos en nombre del Padre, del Hijo y Espíritu 
Santo, Dios uno y trino, por honor de la Santa Madre 
de Dios la Virgen Maria, y por la autoridad del apóstol 
San Pedro y de todos los Santos, que cualquiera de voso- 
tros que supiere algo de lo ocultado de ¿os alodios o per- 
gaminos de Santa Maria, ó de cualquier manera pudiereis 
saber que uno ú otro los tiene, nos lo hagáis conocer , sin 
que os consideréis con licencia para ocultarlo. Cualquiera 
que esto cumpliere la paz sea sobre él, y encuentre la gra- 
cia de Dios. De Ío contrario , si alguno ocultare lo que 
tiene ó lo que sepa que otros tienen, ueste tal le excomul- 
gamos de parte de Dios omnipotente Padre, Hijo, Espi- 
rita Santo, de todos los Santos y de nuestra parte, d jin 
de que permanezca separado de toda comunión con los 
cristianos, hasta que restituya a Santa Maria las escritu- 
ras de alodios ó pergaminos que él mismo oculta , ó mani- 
fieste lo que otro ocultare si pudiere saberlo. — Oliva, 
obispo». 

Otro decreto suyo conocemos, en que deja por testa- 
mento á sus sucesores en la abadía que, en dia determi- 
nado, se haga un aniversario por todos los monjes difun- 
tos, y se laven los pies en honor de Jesús y de los doce 
apóstoles á trece pobres, sirviéndoles comida y vestido. 
En 1027 habia decretado en calidad de abad de Guxá el 
culto con que habia de ser honrado el Beato Pedro Ur- 
ceolo, gran dux de Venecia quién, abandonada aquella 
dignidad, se habia presentado en 978 al cenobio Guxa- 
nense, donde vivió oculto y penitente por espacio de 19 
años. 

Secundaron admirablemente todas sus empresas los 



- 85- 

dos sabios monjes Oliva y Arnaldo, el primero insigne 
matemático, autor de algunos trabajos de arquitectura, 
de cronología y música titulados : Cartas sobre el Ciclo 
pascual de Dionisio, Cronicón desde Adán hasta Silves- 
tre II, Tratado de pesos y de medidas, Reglas del abaco, 
Obrilla de música y dos cartas sobre el dia de la Nativi- 
dad del Señor, una dirigida al abad-obispo, otra al 
monje Dalmacio. Fué además el autor del Propiciato- 
rium de S. Miguel de Cuxá (1). El segundo fué inspirado 
artista, á cuyo cargo estuvo el pavimiento en mosaico 
y la realización de la Portada. Trabajaban además en 
el ScRiPTORiuM Artallo Scolástico y Guifredo , habiendo 
el primero compuesto á instancia del anciano monje Se- 
goino una obrita acerca de la traslación del cuerpo de 
San Esteban á Gonstantinopla (2), mientras el segundo 
escribía cuatro libros de la vida de San Gregorio Mag- 
no y su exposición sobre Ezequiel y sobre el Cantar de 
los Cantares. Mediante la actividad desplegada por estos 
y otros benedictinos , cuyos nombres sentimos ignorar, 
pudo felicitarse el Santuario de poseer las tres biblias 
de que hemos hablado, cuando una sola constituía gran 
riqueza para una corporación religiosa; pocos le gana- 
rían en códices litúrgicos y canónicos , obras de anti- 
guos Padres, de jurisprudencia, de ciencias físicas, 
exactas y de historia, figurando también en los inven- 
tarios Julio César, Plutarco, Juvenal, Macrobio y dos 



(1) El monje García le llama «religioso de buena fama, varón de su- 
ma paciencia y mansedumbre, fiel imitador de las virtudes del maestro 
de su mismo nombre». 

(2) Esta obrita formaba parte del códice que contenia las Capitulares 
de Garlo-Magno, Luis y Lotario, con las instrucciones que dieron á sus 
missos para explorar la disciplina eclesiástica. El arzobispo Marca se 
lo llevó a Francia para servirse de su texto en lapublicación de aquellas 
leyes. Villanueva (de quién tomamos esta noticia) lo volvió á encontrar 
en Santa Maria. El anciano Segoino murió según la encíclica de Talla- 
ferro á últimos del año 1020. 



-86-- 

ejemplares de Virgilio, el poeta predilecto de los ceno- 
bitas, cuyas Églogas y Eneida llegaron á escribirse con 
letras de oro , solamente empleadas en los códices sa- 
grados (1). Otros se distinguieron por su santa vida, y 
fueron enviados á inaugurar los cenobios de Portella y 
Montserrat , que en aquella época se fundaron. 

Cuando la vida del egregio prelado tocaba á su térmi- 
no, quiso coronar sus esclarecidos hechos con un tier- 
no y particular acto de agradecimiento. Como si recor- 
dase la donación de sus padres en 16 de Setiembre de 
967, para perpetuar aquel beneficio de la Virgen, hizo 
construir en la cúspide de la montaña donde la ha- 
cienda de Engordans radica, una hermita en honor de 
Nuestra Señora. Edificóla sobre las ruinas de un casti- 
llo ó Castlania que habia pertenecido á su padre, y de 
ahí le vino el nombre de Catllar, con cuya advocación 
se venera hoy su Imagen en la iglesia de San Eudal- 
do(2). 

Amado de Dios y de los hombres por su santa vida, 
de carácter sumamente afable, humilde y caritativo en 
extremo, celoso por la gloria de Dios y amantísimo de 
su Santa Madre la Virgen Maria; pasó por la tierra ha- 
ciendo bien, y llegado á una venerable ancianidad, ro- 
deado de sus queridos monjes, que apenados le asistían 
en sus últimos instantes, mientras el les encomendaba 
al Señor y les animaba á la perfección; murió en olor 
de santidad en San Miguel de Cuxá, un jueves 30 de 
octubre de 1046 entre nueve y diez de la noche, con- 
tando unos setenta y siete años de edad. De estos fué 
abad 38 años y 28 obispo de Ausona. 

Indescriptible fué el desconsuelo de los cenobitas de 



(1) Memoria descriptiva de los Códices notables etc., por D. José Ma- 
ria de Eguren. Primera parte, jiág. LXXVII, 

(2) La hermita de Catllar fué dedicada en 1." de Enero de 1040i 



-87- 

Santa María al tener noticia cierta del óbito de Oliva. 
Lloraban todos, y se consideraban con tal muerte como 
huérfanos de un padre solicito, como grey desvalida 
privada del regalo y vigilancia de su querido pastor. 
Hay lágrimas, sin embargo , que acompañadas de glo- 
rioso recuerdo compensan amargos dolores. Fué, pues, 
lenitivo á tal desventura, contemplar los indelebles re- 
cuerdos que dejaba; las posesiones de propia y paterna 
herencia cedidas; el grandioso templo románico con 
nuevos fundamentos levantado ; el riquísimo altar de 
oro, plata y pedrería ; el archivo con 71 códices aumen- 
tado; su genio inmortal en la portada y su amor al mo- 
nasterio en su breve poema; los Reales y Pontificios de- 
cretos con su influjo logrados ; y considerar la gloria 
que con sus hechos y virtudes legaba ; y gozar de sus 
innumerables beneficios que, por ser tantos y tales, ex- 
ceden á todo encarecimiento. 

Bien esto último comprendían los cenobitas de Santa 
Maria, cuando al participar á más de 80 iglesias y mo- 
nasterios de España y del extranjero pérdida tan irre- 
parable anadian: «Melancolía que no sabríamos describi- 
ros, y lágrimas de las que no podemos amar, ké aquí lo 
que nos ha dejado con su muerte)). A lo que respon- 
dían consolando los cenobitas de Rufec (Francia, dep. 
Gharente). 

Cese ya vuestro llanto por la muerte 
Del Padre nuestro apoyo luz y guia, 
Recompensa inmortal entre los buenos 
Esperaba á su pura, santa vida. 

Para Cristo vivió, de Cristo gom 

No lloréis no por muerto al gran Oliva (1). 



(1) «Ponite iam luctus pro tanti funere patris. 
Non lugendus adest, quem propia vita decorat, 
Credimus esse cum boñis, studuit qui vivere Christo. 



- 88 -. 

.Un neGrologio antiguó dé Vich conmemora su tránsi- 
to y entierro con estas palabras que traducimos : «Dia 
30 de Octubre. Entierro delSr. Obispo Oliva, esclarecido 
por sus palabras y ejemplos^ murió en una edad avanza- 
da en el año décimo sexto del rey Enrique, fué sepultado 
en el monasterio de San Miguel de Cuxá en donde, padre 
de muchos monjes, acabó con suma edificación y mila- 
gros su existencia)). ¡Elogio bien notable (nota el P. Flo- 
rez) que prueba la fama de virtud en que la buena me- 
moria de este prelado perseveraba en el principio del 
siglo décimo tercio, del que no pasan las memorias de 
aquel martirologio ! (1) 

Aunque sepultado en Cuxá, era respetable tradición 
en Santa Maria que los restos de Oliva hablan sido 
trasladados, tradición que corroboraban mostrando un 
sarcófago de mármol de Carrara, con varios relieves 
de dignidades eclesiásticas, sin ninguna inscripción, 
con una estatua yacente de obispo y un escudo en la 
parte lateral. Este sarcófago, el único que providencial- 
mente existe íntegro , está bastante elevado sobre el 
suelo : delante del mismo , celebrado el aniversario de 
la muerte de Gliva, iba la comunidad á cantar un res- 
ponso por el alma del prelado. Nada debemos añadir 
sobre este punto sino que, en caso de haberse efectuado 
la traslación, fué posterior al siglo XIII, pues ñola 
menciona el autor del Gesta Comitum, y el estilo del 
sarcófago pertenece al siglo XIV. 



(2) España Sagrada, Tratado 64, cap. 5, pág. 134. 



CAPITULO V 



LOS HERMANOS DE OLIVA EN RELACIÓN CON LA BASÍLICA 
DE SANTA MARÍA. 



El primogénito de Oliva Cabreta Bernardo Taiafer, conde de Besalú, 
considerado como principe religioso y en su vida militar. — Su viaje á 
Roma, creación del nuevo obispado de Besalú.— Bernardo en Sta. Ma- 
ría, su amor á los monjes. — Parte á la Provenza, muere ahogado en el 
Ródano. — Cartas del obispo Gaucelin y Oliva sobre la muerte de Talla- 
ferro. — Preciosa encíclica de los monjes sobre lo mismo. — Testamento 
de Tallaferro y sus disposiciones en pro de la basílica olivana. — Jui- 
cio sobre este esclarecido conde.- Wifredo de Cerdaña, su fundación 
de San Martin de Canigó. — Sus visitas á la basílica Olivana; la esposa 
de Wifredo D.^Guisla regala sus jojas ala santa Imagen. — Preclara 
descendencia de Wifredo de Cerdana. — Encíclica sobre su muerte. — 
Berenguer, obispo de Elna, Adelaida é Ingilberga. — Guillermo el 
Craso y Guillermo de Wifredo, sobrinos de Oliva, protegen la basílica. 
—El abad Pedro. — Conducta del cenobio contra los usurpadores Adal- 
berto y Mirón . — Bula deAlejandro II. — Unión de las más respetables 
abadías de España á otros cenobios. — Unión de Santa María á San Víc- 
tor de Marsella. — Bernardo primer abad marsellés. — Donaciones de 
Armengol de Gerb, de Bernardo de Gheralt y de Bernardo II de Besa- 
lú á Santa María,— Dádivas de la casa condal de Barcelona.— Condes 
de Be-salú enterrados en el cenobio. 




FORTUNA nos parGce una digresión acerca los 
restantes hermanos de Oliva, de quienes he- 
mos dicho que la Providencia reservaba para 
grandes cosas, y que empezaban su carrera 
en los albores de este siglo. Su existencia es- 
tá muy relacionada con la basílica de Santa 
María; hasta injusto seria dejarles en olvido y en si- 
lencio. 



~ 90 - 

Bernardo el primogénito sucedió á Oliva Cahreia en 
el Condado de Besalú, en 989. Aparece ya casado con 
Adela Tota en 994. Secundado por su piadosa consorte, 
enriqueció en 697 el monasterio ripollés con algunas po- 
sesiones del valle de Mérles (Condado de Berga) ; al- 
canzó en 998 del papa Gregorio V grandes privilegios en 
favor del cenobio de San Ginés y San Miguel de Besa- 
lú ; cedió en el año 1000 á Wifredo, abad de San Miguel 
de Cuxá, en presencia desús hermanos, su monasterio 
de Monitasén (Condado de Fenolleda) ; dotó expléndi- 
damente el mismo año el susodicho cenobio de San Gi- 
nés, dióle en 1006 por Abad al diácono Adalberto con 
gran fiesta y aclamación del pueblo ; en 1011 obtuvo de 
Sergio IV una Bula con la que ponia bajo la protección 
pontificia el monasterio de San Pedro, fundado á sus 
expensas en el Condado de Fonolleda, é hizo construir 
en el mismo año la iglesia de Santa María de Panizars, 
cuyo dominio cedió luego al cenobio de Arles. Bastarían 
estos hechos para acatar la memoria del Principe reli- 
gioso (1). 

Sus campañas contra los árabes, sus victorias contra 
los revoltosos que le infestaban los condados y hablan 
dado muerte alevosa á su tio Wifredo, le elevaron á la 
categoría de uno de los más afamados capitanes de su 
siglo, y el pueblo, con esa concisión que sabe hallar en 
los epítetos para vituperar vicios ó ensalzar virtudes, al 
admirar el esfuerzo de Bernardo en las batallas y la de- 
cisión enérgica que desplegaba en el combate, le apelli- 
dó Talla/erro (2), nombre glorioso con que hablan dé 
conocerle las futuras generaciones. 

No individualizan los contemporáneos sus hechos de 



(1) Apén. «Marcae hisp.», números 113, 145, 146, 147, 149, 154, 166 y 168; 

(2) aBernardus scilicet «Scindens ferrum», ideo quia armis acerrimus 
atque fortissimus extitit.» «Gesta Comitum», Gap. X. 



- 91 — 

armas, líámanle en general valiente sin par, esclarecido 
por las victorias contra los enemigos. Estas lacónicas ex- 
presiones encierran tal vez todo un poema ; la Historia 
las traduce con este verídico resultado : El Condado de 
Besalú fué el refugio de los ejércitos cristianos, sus 
fronteras el antemural contra las aguerridas huestes del 
victorioso Almanzor. 

Imitemos á los que le conocieron , á los que pensaron 
'sublimarle más ante la posteridad, si compensaban la 
omisión de hazañas militares, con datos irrecusables de 
su celo por la Religión católica. 

Heredero con sus hermanos de los Estados que á Mi- 
rón y Sunyer habia legado el inmortal Wifredo el Ve- 
lloso, pariente y cordial amigo del Conde de Barcelona, 
con el cual se avistó en 1009 en compañía de los obispos 
Aecio,Otón, Arnulfo y el Conde Armengol(l), deseó 
para sus dominios la honra de que otros no carecían, 
cual fué un propio obispado, y gracias especiales para 
algunos cenobios. Tanto le halagó este noble deseo, tan- 
to anheló lograrlo del papa Benedicto VHI que, imitan- 
do á su ínclito y piadoso padre que en 968 habia visitado 
él sepulcro de los Santos Apóstoles, partió á Roma con 
su primogénito Guillermo antes del año 1017, sin que 
podamos precisar la época del viaje. 

Después de besar humildemente los pies del soberano 
Pontífice, presentóle de rodillas las peticiones, que fir- 
maba también, aunque ausente, su hermano Wifredo 
de Cerdaña (2). 

Acogió benigno el Pontífice la súplica, ya «para que 
el buen ejemplo de Bernardo y Wifredo tuviese imitado- 



(1) Apén. «Marcae hisp., n." 159. 

(2) «Bernardas «Gomes» cum filio suo Guilliermo et per hos Guifredus 
«Gomes» frater eius...a rioMs flexis genibus suis cum osculo|pedum nos- 
trorum, (Episcopum) petierunt». Bula de Benedicto VIH, Ápen. «Mar- 
cae hisp.», n.» 178. 



— 92 — 

res entre los temerosos de Dios, ya por considerar in- 
digno de si rechazar tan sacrosantas peticiones». Con 
Bula fechada en el mes de enero indicción XV, publica- 
da el veinte y seis del propio mes, consagra por obispo 
á un tal Wifredo , dándole licencia y potestad episcopal 
por toda aquella tierra que los susodichos hermanos 
(praedicti fratres) ofrecieren al -venerable obispado , á 
las que tuviere por propia donación ó herencia, y á las 
que los cristianos añadieren para remedio de sus almas». 

En el mismo mes é indicción XV, obtuvo Bernardo 
la independencia del monasterio de San Ginés de Besa- 
lú, y la confirmación de los bienes y privilegios de los 
cenobios de Gamprodón y de Bañólas (1). 

Apenas las cuatro bulas llegaron á su destino en fe- 
brero de 1017, cuando Bernardo ,reunió consejo en su 
palacio á fin de determinar el punto de la catedral , y 
dotar el nuevo obispado. El Papa habia dejado á su 
elección una de las abadías sitas en tres Condados opues- 
tos de sus dominios : San Juan del condado ripollés, 
San Pablo del de Fenolleda, San Salvador del condado 
de Besalú, Esta última fué declarada Sede con el nuevo 
nombre de Santa María, concediendo Bernardo y su 
hermano ( conforme lo encargó el Sumo Pontífice) ricas 
posesiones al nuevo prelado (2). Tal fué el origen del 
nuevo obispado en los dominios de Bernardo. Traslada- 
do Guifredo á la silla de Garcasona, asistió á las dedi- 
caciones de varias iglesias , entre ellas la. basílica oliva- 
na y la Catedral de Vich. Murió en 27 de setiembre de 
1054 y fué enterrado en dicha basílica (3). 



(1) Apen. Marcae hisp., n." 174, 175, 176. 

(2) Litterae Bernardi comitis. Marcae hisp., n." 177. Wifredi y no Wi- 
llelmi debe decir la firma que sigue á Tota Gomitissa. 

(3) El obispo Guifredo moraba, aun siendo obispo de Garcasona, en 
la abadía de San Juan de las Abadesas, por ser abad de los canónigos 



— 98 — 

La devoción que á Santa María habia manifestado 
Bernardo desde el principio de su gobierno, la cultivó 
durante su vida. Visitaba á su querido hermano Oliva, 
quien le demostró su gran aprecio en diferentes ocasio- 
nes, regalándole vastas posesiones en los condados de 
Ausona y Berga (1), pedíale consejo en los arduos ne- 
gocios, amaba entrañablemente á la comunidad, y la 
excitaba al bien con palabras y ejemplos. 

En el cenobio ripollés se encontraba por setiembre de 
1020, para tratar del matrimonio de su hijo Guillermo, 
.quien ya al nacer estaba unido con esponsales de futu- 
ro con Adela noble doncella de Provenza. Al objeto de 
llevar á cabo su promesa partió hacia el 20 del mismo 
mes. Los monjes de Santa María, que le amaban como 
á padre, despidiéronle con lágrimas, como si presintie- 
ran que habia de volver cadáver quien tan alegre y lle- 
no de vida les dejaba. No fueron vanos tales presenti- 
mientos. El veinte y seis llega Bernardo á la orilla del 
Ródano, y se obstina en vadear aquella corriente que 
tanto ejercitó la pericia militar de Aníbal, en donde ha- 
bía tenido que sepultar sus riquezas Publio Cornelio Es- 
cipión para salvar su vida, y que en nuestros tiempos 
hubiera contado como otra de sus víctimas al que habia 
de ser Napoleón I, emperador, á no haberle librado la 
abnegación de un compañero. 

El peligro enardece á los héroes, mas confunden con 
harta frecuencia la temeridad con el valor. Atrevido y 
confiado ginete se engolfa Tallaferro en las sinuosida- 



allí establecidos, entre los cuales floreció mas adelante Bernardo, obis- 
po asimismo de Carcasona. Consta esto en el necrológio de San Juan: 
«Nonas Julii. Obiit Dominus Bernardus, filius Rivipulli, Canonicus hu- 
ius Ecclesiae et Episcopus Carcasonensis». 

(1) « simul cum ipsa térra de comitatu Ausona et de comitatu Ber 

gitano «sicut Oliva frater suus ei dedit», etc. Judicium testamenti Ber- 
nardi. Apen. Marcae hisp., n.<* 191. 



— 94 — 

des del caudaloso rio /fáltale de repente el fondo y, al 
reconocer ya tarde el peligro, al temer por su vida, se 
agita, aguijonea el brioso corcel que se le encabrita y 
le arroja con violencia de si, lucha desesperado ora flo- 
tando, ora sumergiéndose en las aguas, eleva tres y 
cuatro veces al cielo sus brazos para cerrarlos convulso, 
y frenético en el erguido cuello del fiero bruto que, lu- 
chando también en vano con la muerte, otras tantas le 
rechaza, prolóngase algunos instantes la agonía, hasta 
que por fin, rodando con las ondas sin sentido, es dete- 
nido yerto y rígido cadáver, entre los sauces déla orilla 
que con tan risueñas esperanzas había abandonado. . 
Consternados é inconsolables oyeron los monjes de 
Sta. María el anuncio de tamaña desgracia. Oliva, espe- 
cialmente, que amaba con particular cariño al difunto, 
enfermó gravemente á causa de la extremada tristeza 
que le consumia. Gaucelin, obispo de Bourges y abad 
Floriacense, como tuviese noticia del desastre y de la 
profunda pena que aquejaba al esclarecido prelado, en 
una tierna carta de pésame se esforzó en consolarle en 
estos términos: 

«Gran sentimiento nos ocasionó ¡a fatal nueva de haber 
perecido Bernardo, lumbrera de la patria y refugio de 
los pobres, hermano de vuestra bondad; mas el pesar su- 
bió de punto al entender que vuestra salud corria peligro 
á causa del excesivo dolor en que estáis sumido. Leed en 
comunidad esta carta; y buscad de continuo el puerto del 
consuelo hasta encontrarlo. No os afectará de mucho 
tanto que Bernardo se encuentre ya Ubre de los lazos que 
le retenian en este valle de lágrimas , si reflexionáis que 
todos los mortales tenemos señalada la misma irrevoca- 
ble hora Hemos elevado ya al Señor nuestras preces 

por su alma, como sise tratase de un hermano nuestro y 
de vuestro amigo.» 



- 95 — 

A tan dulces y delicadas expresiones Oliva respondió 
resignado: 

, ((Damos las gracias á vuestra paternidad, y caridad 
amanUsima, porque os habéis condolido de nuestra, aflic- 
ción, y cual padre d sus hijos Nos habéis compadecido 
y, acordándoos de Nos desde tan lejanas tierras, Nos 
dirigís una carta que rebosa consuelo. La recibimos con 
vivo deseo de escucharos, y no poco se ha calmado 
nuestro dolor leyéndola dos y tres veces > Después de 
Dios toda nuestra consolación la ciframos en que fervo- 
rosos encomendéis á Cristo su alma, á la cual (como á las 
de todos nosotros) deseamos eterno descanso» (1). 

A su vez las comunidades de Oliva explayaron su do- 
lor en una enciclica, llena de celestial embeleso y de 
mística melancolía, obra maestra de literatura, digna 
en todo del apogeo científico á que llegó al finalizar el 
siglo X la Escuela cristiana, libre en los monasterios de 
Albelda, de Celan oba y en el nuestro de Santa María. 
La encíclica, hasta hoy no traducida, dice así: 



A los dilectísimos Padres y Hermanos, Madres y Hermanas, 
jóvenes y ancianos de nuestra divina Orden en la que, mediante 
la cejéstiQl disciplina, cultivan aquellos afectos que les llevan á 
entristecerse con los afligidos y á dolerse de los que sufren; 
k Grey en dos dividida de Santa María del cenobio de Ripolly 
del de San Miguel arcángel en el Conflentfpor el magisterio del 
obispo abad Oliva regidos; desea el goce eterno de las intermir 
nubles alabanzas de los Santos, 



(1) La? palabras de ambos prelados están fielmente traducidas de las 
caft^s que íBútuamenté se rernitieron, 



- 96 - 

Si nos 'propusiésemos manifestar , siquiera en suma , las re- 
pentinas calamidades de nuestra mísera vida y los pesares que 
ellas nos acarrean ; desfallecerían antes la voz y los sentidos, 
fullarian antes la mano y el pergamino. Súbita muerte sobrevi- 
niendo nos ha arrebatado lo que más dulce halló que nos era, 
dejando á los hijos huérfanos de padre, á los subditos sin prírir- 
cipe, á los hermanos sin hermano, á los siervos sin Señor, dios 
alumnos sin maestro. Pérdida tan irreparable, en tal amargura, 
soledad y quebranto nos sume ; que tedio nos causa la misma 
vida, al sentirnos privados ¡ay! de la mitad de nuestra alma. 

Perdimos á nuestro principe, al padre de la patria, perdi- 
mos, á Bernardo conde y marqués de buena memoria , simpático 
en el nombre y en el semblante , de cuyas cualidades y virtudes 
hacemos breve compendio, para que vuestra caridad comprenda 
cuan justo es nuestro desconsuelo. Fué varón verdaderamente 
católico, insigne en bondad, piadoso sin igual entre sus contem- 
poráneos, diestro en las armas, de arrogante presencia, de be- 
llo semblante, espléndido por hábito, elocuente en el hablar, po- 
deroso , afable y humilde con los buenos^ padre de los pobres, 
fuerte en la justicia, recto en el juzgar, lleno de misericordia, 
edificador de iglesias, y en todo amante de los monjes, á los que 
veneraba como á padres, y les tenia en muy alto concepto como 
á Señores, y les excitaba al bien como á hijos. Con tantos y ta- 
les méritos adornado, y como que á todo su previsión atendía, 
queriendo unir en matrimonio á su hijo con la esposa que le 
habia destinado ya al nacer, intentó vadear el cruel Ródano, y 
mientras sin cautela se engolfaba, su infeliz caballo fué arras- 
trado por las revueltas olas del caudaloso rio, y el ginete su- 
cumbió. Tres y cuatro veces procuraron sus manos estrechar el 
cuello del jadeante bruto, otras tantas se vieron forzadas á sol- 
tarlo. Vencido, por fin,. por el ímpetu de la corriente, pereció, 
y á nosotros (dolor ¡ay! cama decirlo) devolviéronle los suyos 
difunto, á nosotros los monjes de Santa María, que llorando 
amargamente habíamos presenciado la partida de príncipe tan 
ilustre, ¡ de tal padre 1... Feliz ¡ahí demasiado feliz este siglo ' 



— 97 — 

fuera, si nunca nuestro Bernardo hubiere entrado en la corrien- 
te del abominable Ródano! 

Bien hubiéramos querido anunciar antes á mestra piedad el 
motivo de nuestro dolor; pero el corazón estaba oprimido, los 
sentidos se desvanecían, los dedos se crispoban, la flnma repe- 
tidas veces cogida se caía de las manos, como si temiésemos que 
entonces él moriría, cuando fuese notada con letras su muerte. 

Por tanto, dilectísimos Padres y Madres santísimas, desti- 
tuidos de todo consuelo á vosotros acudimos, porque ya no más 
volverá hacia nosotros sus ojos para mirarnos. Encomendad al 
S'^r al que os encomendamos, y llevad el a.uxiUo de la oración 
en sufragio de tan piadoso principe difunto. A tended á nuestras 
lágrimas, no desoigáis nuestras preces, á fin de que si alguna 
mancha terrecía hubiese empañado sus obras, quede lavada me- 
diante las solicitudes de vuestra caridad. 

Otra razón obstó para no escribiros antes, pues á partir de 
tamaña desgracia, la divina mano de tal suerte nos ha herido, 
que en el espacio de menos tres meses, nueve hermanos de en- 
trambos cenobios han llegado á su fin postrero. Entre ellos Gui- 
llermo mw/ joven, Geraldo adolescente, quienes en la primavera 
de su robustez han experimentado las angustias de la muerte; el 
anciano Segoino; Vital converso, quien nada sabia excepto Jesu- 
cristo y el Padre nuestro que está en los cielos. Daniel, presbí- 
tero y converso, Odón y Bernardo, jóvenes ambos y ambos con- 
versos, en un mismo diay casi ala misma hora difuntos, üdalga- 
rio, de todo corazón converso, como lo evidenciaron sus últimos 
instantes: ocho días de noviciado le bastaron para elevarse á la 
perfección; Franco le siguió, después de renunciar el siglo para 
hacerse monje. Pues también á todos estos, como á nosotros mis- 
mos, ponemos al amparo de vuestra piedad, para que ayudados 
de vuestras santas oraciones, merezcan juntarse á los buenos. 

Ya lo veis, dilectísimos Padres, dulcísimos Hermanos, aman- 
tisimas Madres, venerandas Hermanas, siervos del Señor 
Omnipotente, y por él y en él amigos nuestros, la divina mano 
nos ha focado, compadecednos. Dignaos llorar con tos que llo- 

7 



-98 — 

van, á fin de que merezcáis gozar con ¡os que gozan, y á nues- 
tros difuntos los postreros dones de la caridad conceded, para 
que alcanzado el perdón de sus culpas, gocen sin fin en la re- 
gión de los vivos. 

Os recomendamos además á nuestro mensajero, que á vosotros 
llegará rendido; restaurad sus fuerzas, cubrid al desnudo, so- 
corredle con alguna pequeña limosna antes de despedirle. Luego, 
notados los dias, procurad que en santa paz prosiga su camino, 
par a, que el Dios de paz y de caridad sea siempre con todos vo- 
sotros. 

No hay que pensar que esa explosión de entusiasmo 
en pro de Tallaferro, esa profunda pena por su trágica 
muerte, esas extraordinarias alabanzas de que le col- 
man los monjes, obedezcan á la humana propensión de 
acallar resentimientos ante una tumba abierta, viéndo- 
se hartas veces ensalzado después de muerto, aun el que 
en vida justos desvíos mereciera. La encíclica de los 
monjes de Santa Maria no es masque un eco de los elo- 
gios que en vida se tributaron al gran conde bisuldu- 
nense, como aparece con toda evidencia recordando 
que el papa Gregorio V llamaba á Bernardo su querido 
hijo espiritual y glorioso conde, que Sergio IV le deno- 
mina especial hijo suyo, que Benedicto VIII le tiene por 
varón temeroso de Dios y le titula ínclito conde , que el 
arzobispo Gaucelin le honra con los dictados de lum- 
brera de la patria y refugio de los pobres, que el juez de 
Besalú Eurigio Comarcho, presbítero, le apellida ínclito 
y benignísimo protector de la fe católica, el religiosísimo 
Bernardo. 

Antes de partir á la Provenza habia hecho testamento, 

nombrando albacéas á Wifredo abad de Besalú, á Wi- 

fredo obispo de Besalú, á su esposa Adelaida Tota y á 

su cuñado Juan Auriol. Dispone de sus bienes en favor 

de sus hijos Guillermo), Enrique, Hugo, Berenguer, 



— 99 — 

Adela y Constanza. A Guillermo le deja sus estados, 
Enrique y Adela fueron consagrados á Dios, Constanza 
sospechamos que fué aquella preclarísima Constancia 
por sobrenombre Belaschita, esposa de Armengol II el 
Peregrino, Hugo y Berengüer no sucedieron en los es- 
tados de su padre, por haber tenido Guillermo de su es- 
posa Adela los dos hijos Bernardo y Guillermo, Adelai- 
da Tota quedó por el mismo testamento usufructuaria 
del condado de Vallespir, á donde dispuso el esposo que 
se retirase, como lo habia hecho Ermengauda después 
de la muerte de Oliva Cabreía. 

Entre las otras disposiciones testamentarias manda 
Bernardo que su cadáver sea presentado á Santa Ma- 
ría junto con sus vasos de oro y plata (1). Lega además 
al monasterio su propiedad de Pigna (cerca de Ridaura) 
y dá libertad á su esclavo ripoUés Arnulfo, bajo con- 
dición de entregar este cinco onzas de oro á San Pedro 
de Castronovo por la cruz que allí debia. 

Delineada á grandes rasgos la gran figura del primer 
hermano de Oliva, fundados en documentos auténticos 
(que si de apócrifos, ó sospechosos de tales, se tratara, 
la sana crítica nos hubiera vedado aducirlos en históri- 
cas disquisiciones) creemos poder terminar este punto 
aplicando al hijo lo que del padre escribe Risco en la 
España Sagrada : « Fué no sólo católico sino pia- 
doso, en cuya fama vivió y murió.... Ni es imagina- 
ble otra cosa de ninguno de aquellos principes dotadores 



(i) Guillermo nieto de Wifredo de Cerdaña, el hermano de Bernardo, 
imitando á este hizo poner en su testamento : « Dimitió ad retabulum 
Sancti Michaelis restaurandum meam concam, et ad tabulara Sancti 
Martini meas copas et cifos. » ¿ Las copas, tazas ó vasos que Bernardo 
quiso se presentasen con su cuerpo á Santa María, sirvieron como las 
de Guillermo para un retablo? ¿Irían destinados al de oro que entonces 
se trataba de regalar á la Santa Imagen? Aunque el testamento no lo 
consigna, lo tenemos por muy- probable. 



— 100 — 

de iglesias y perseguidores de los enemigos de la Fé, 
mientras no se vean pruebas convincentes; que hasta 
ahora no ofrecen los que le denigran» (1). 

WiFREDO, segundo hijo de Oliva, Cabreta, sucedió por 
muerte de este en el condado de Cerdaña. Considerado 
en su vida militar sobresalió entre los más nobles de su 
linaje, la fama de sus proezas voló por España, Francia 
é Italia. Como príncipe católico fundó en 1001 con su 
esposa Guisla el . cenobio de San Martín de Canigó en 
sitio quebrado, fragoso, lleno de malezas y profundos 
despeñaderos. Era entonces aquel punto habitado por 
mineros , carboneros y pastores : gente inculta y sin 
ninguna noción religiosa. Los cenobitas de San Martín 
eran los destinados á civilizarlos y á convertir aquellas 
fragosidades en mansión amena y deleitable. En 1006 
el Conde les hizo donación de varios alodios situados 
cerca de Elna, de cuya ciudad dista cinco leguas el ce- 
nobio, en 1007 renovó las donaciones, entre las que 
nombra un alodio in villa quam vocant Lupiano que le 
habia regalado el presbítero Wifredo, en 1009 el Obispo 
de Elna consagró la iglesia bajo la advocación de San 
Martín, Santa Mariay San Miguel, con asistencia de los 
fundadores y de Oliva hermano del Conde. La iglesia 
del cenobio era duplicada, mejor dicho, eran dos igle- 
sias una encima de la otra, la inferior llamada la subte:- 
rránea fué consagrada á la Virgen , la superior á Sai; 
Martín. (2) 

Siempre en cordial correspondencia con sus herma- 
nos y parientes, le vemos asistir con su esposa en 1010 
al acto de la institución de la vida canónica en Urgel, 



(1) Tomo 29, página 172, 

(2) Corona benedictina, cap. 10, párrafo VIII; Compendio de Pujades, 
LVII, pág. 362; Marcae hisp. lib. lY, pág, 418, et appendix 153, 155, 1^0, 



- 101 - 

én cuya ocasión visitó á Ramón Berenguer III de Bar- 
celona y á la esposa de este D.* Hermesinda, á San Ar- 
mengol y á Geriberga, la viuda del Cordobés, á la que 
dirigiría palabras de consuelo por la sensible pérdida 
que habia sufrid o de resultas de la batalla de Acbatal- 
bacar. (1) 

Antes de 1017 alienta á su hermano Bernardo , y le 
presta su apoyo y cooperación para instituir el nuevo 
obispado. 

Dos acerbos disgustos tuvo que devorar en 1020 , el 
primero ocasionado por la muerte de su buena esposa 
Guislaen junio de aquel año; el segundo por el trágico 
fin de su querido hermano Bernardo. Fué Guisla devo- 
tísima de Santa María, ala que dejó en testamento 
sus anillos nupciales, con parte del producto de' sus 
vestidos. 

Desaparecieron esas joyas con el altar de oro en 
el siglo XV; mas por rara casualidad, mejor dicho 
providencia, se conserva una sencilla toalla de lino 
para cubrir el altar, que allá por los años 1017 bordaba 
(con hilo de oro y seda verde y violada) tan ilustre Con- 
desa. La aldea de Castell, vecina á S. Martí de Canigó, 
guarda aun esa rarísima prenda por Wifredo y Tallafe- 
rro tocada y admirada, y en la cual apoyó sin duda más 
de una vez el obispo-abad Oliva sus venerandas manos, 
al celebrar el incruento sacrificio. Prenda es esa, en su 
género única tal vez de principios del siglo XI, digna 
por sus recuerdos de adornar á últimos del siglo XIX 
el altar de la Virgen, á la que obsequiaba como á su es- 
pecial protectora la dinastía del inmortal Wifredo. 

El esposo de Guisla, nombrado albacéa, se apresuró á 
cumplir la última voluntad de la que así le manifestaba 



(i) Marcae hisp, appen. i63. 



— 102 — 

su cariño en su testamento; poco después, apenas supo 
el trágico fin de su amado Bernardo, partió á Besalú, 
en donde le vemos á III de los idus de octubre, con su 
hermano Oliva, en la solemne ceremonia de reducirá 
sacramental el testamento de Tallaferro, del cual se 
firma también albacéa. 

Transcurridos tres años hallábase de nuevo Wifredo 
de Cerdaña en el monasterio de Ripoll por el motivo que 
sigue: Riquilde esposa de Sunyer, hijo de el Velloso, se 
habia apoderado de la abadía de Santa Cecilia con to- 
das las iglesias erigidas en la prodigiosa montaña de 
Montserrat, que el inmortal conquistador habia regala- 
do á dicho monasterio. La Condesa, no obstante ser 
devotísima de Santa María, á la que regaló también jo- 
yas y algún precioso códice , impulsada por ajenas su- 
gestiones habia cedido Santa Cecilia á Cesarlo , que se 
titulaba arzobispo de Tarragona. 

Cuando más olvidajcla parecía la usurpación, el justi- 
ciero Oliva volvió á suscitar el litigio sobre pertenen- 
cia. Con este objeto dio poderes á Gondebaude Besora 
y á Guillermo de Montañola, quienes fueron á Barcelo- 
na, y un dia de la octava de Pentecostés se presentaron 
en el palacio de Berenguer el Curco. Al conde y á su 
madre Hermesinda, que estaba presente, rogaron que 
hicieran justicia y restituyesen la abadía usurpada. 
Prometió Berenguer acceder á la demanda, una vez es- 
tuviesen zanjadas las cuestiones pendientes con su 
madre. 

Llegado el junio de 1023, Berenguer, Sancha su es- 
posa y Hermesinda su madre , Wifredo de Cerdaña y 
Guillermo de Besalú, se dieron cita para celebrar j un- 
tos en Santa María la fiesta del glorioso apóstol San 
Pedro, Era el cinco de dicho mes, cuando los monjes 
recibieron á la egregia comitiva con muestras de ver- 
dadero entusiasmo. Los condes se dirigieron al monas- 



— 103 — 

terio, donde les salió al encuentro el prior Eldesindo, 
BofiU, Frédolí, Lanfranchi y restantes cenobitas. 

Eldesindo y sus compañeros, en presencia de los se- 
glares Bernardo Bartrina, Guisau, Elemar, Arnaldo y 
Rimbau Bonos, hermanos é hijos de Bonhome (ya en- 
tonces difunto) Bernardo Amat, Gerardo de Cabrera y 
otros, mostraron á los tres Condes y dos Condesas los 
documentos fehacientes de la posesión, que al instante 
hizo el Curvo devolver, impulsado, como el mismo dice, 
por el amor de Dios y de su santa Madre, y para reme- 
dio de su alma. 

En 1032 hemos visto asistir asimismo á Wifredo de 
Cerdaña con Guillermo, hijo de Bernardo, á la cuarta 
dedicación de la basílica ; después de esta época se re- 
tiró, ya anciano, á San Martin de Canigó, dedicán- 
dose á ejercicios de piedad, al engrandecimiento y 
lustre de aquella casa. Muerta su segunda esposa Isa- 
bel en 1035, despidiéndose del mundo tomó el hábito 
benedictino, viviendo santamente como simple monje, 
hasta la muerte que le sobrevino en 31 de julio de 
1049. 

Fué enterrado detrás de la iglesia en una sencilla 
tumba que él mismo se habia arreglado en vida: « quód 
pius ípse sibi pulcro constriixerat actu». No menos sen- 
cillo que elegante era su epitafio que decia: Contiene 
esta lápida los restos de Wifredo Conde, santo monje 
y fundador de este cenobio (1). 



(l) Guifredi Gomitis ciñeres, Monachique beati, 

Artiflcisque loci continet iste lapis. 

Cuando Berenguer de Columbario trasladó al interior de la iglesia los 
restos del Conde .y de la Condesa, les dedicó este otro epitafio que se 
ieia en el suntuoso sepulcro de mármol dentro de una Capilla cerrada 
con verjas de hierro: Anno 1049 Incarnationis Domini, pridie Kalendas 
Augusti, obiit Dominus Guifredus, quondam Comes nobilisimus, qui 



La comunidad de San Martín, terminadas las honras 
fúnebres y depositado el cadáver de tan excelso princi- 
pe en tan humilde sepulcro, envió (según costumbre) 
á varios monasterios una encíclica en la cual leemos : 
Rogad por Wifredo , Conde de venerable memoria, es- 
clarecido Príncipe de nuestra patria^ Sabéis cuántos y 
cuáles fueron sus méritos en la dignidad secular 4 Sáhen^ 
lo también Italia, Francia y España..,. Ni de palabra 
ni por escrito podríamos significaros títián grande fué su 
bondad mientras permaneció entre nosotros. En load- 
verso era nuestro escudo, en lo próspero nuestro bienhe- 
chor, para los ancianos era el báculo de la vejez ^ á los jó- 
venes queria cual tierno padre á sus híjoSi 

Esto basta para la buena memoria de Wifredo; cuan- 
to pudiéramos añadir palidecería ante tan brillante pa^- 
negírico (1). 

La menor relación con nuestro objeto délos restantes 
hermanos de Oliva, nos permitirá hacer de ellos sólo 
honorífica mención: 

Berenguer en 993 era ya obispo de Elná ; esta digni- 
dad hace todo su elogio. En 993 dedicó la iglesia de Ri- 
voferrario , cuya Acta firmó con su hermano Talla/e- 
rro; en 995, residiendo en Gastro-novo (cerca de Arles) 



sub titulo S. Martini praesulis hunc locum iussit aedificari, undeetMo- 
nachus fuit annis quindecim; in Nomine Domini Jesu Christi, cuius dic- 
ti Domini Comitis et eius uxoris Elizabetli Comitisae corpora traslatari 
fecit in hoc monumento Dominus Berengarius de Columbario, Abbas 
ipsius loci anno Domini 1302». Este suntuoso sepulcro fué de nuevo tras- 
ladado desde el monasterio de San Martín á la aldea de Castell en 1786, 
en donde se conserva. 

(1) En el inismo documento encomiendan los monjes á las oraciones 
de los demás monasterios á Oliva, padre dulcísimo. En su respuesta los 
cenobios de RipoU y Cuxá les agradecen «que hayan renovado la memo- 
ria del Obispo, del abad espiritual, del padre de santa memoria para en- 
trambos cenobios, del que no tuvo igual en sabiduría entre los de su 
misma dignidad durante su vida.» 



— 105 — 

con sil mádré Ef rnengaüdá y feü cuñada Adelaida Tota 
asistió á un juicio sobre pertenencia del abad de Arles 
Sintillo que reclamaba el alodio de Tordarias; en Maí- 
zo del año 1000 le vemos con sus hermanos en el ceno- 
bio de Cuxá presidiendo el acto en que Tallaferro dio 
al abad Wifredo el monasterio de Monitasen (1). No 
debe confundirse con el obispo de Elna de su mismo 
nombre, que estuvo presente á la cuarta dedicación de 
Santa Mariaen 1032, pues el hijo deErmengauda habia 
muerto al principiar el siglo. 

De las dos hijas de aquella noble matrona, Adaléz 
casada con Juan Auriol , tuvo un hijo que se llamó 
Juan como su esposo (JohannesJohannis). Ingilberga 
elegida abadesa en 1004, cuando su comunidad fué sus- 
tituida por canónigos Aqüisgranenses , se retiró con su 
sobrino Guillermo de Wifredo, con el que vivió hasta 
su muerte, ocurrida cuatro meses cinco dias antes qué 
la de su hermano el conde de Cerdaña. 



Por esta digresión se ve que la muerte habia arre- 
batado á Oliva y á todos sus hermanos éñ la segunda 
mitad del siglo XI ; mas estaban representados por Una 
preclara descendencia, que heredó su amor y protéc-^ 
ción á la basílica de Santa Maria. 

Guillermo, por sobrenombre el Craso, Sobrino de Oli- 
va y sucesor en los estados de su padre Bernardo, se 
presentó á i3 de Marzo de 1047 en el monasterio, nom- 
bró por abad á Pedro, é imitando la conducta de su pre- 
decesor el Obispo Mirón Bonofilio, mandó inventariar 
las alhajas y libros, cuyo titulo y ejemplares sabemos, 
gracias al siguiente curiosísimo documento del siglo XII: 



(á) Marcae hisp. appen. 142, 143, 147. 



-IOS — 
HIC EST BREVIS LIBRORUM SANGTAE MARIAE. 



Bibliothecas. 


m. 


Antiphonaria. XIII. 


Moralis. 


IL 


Prosarios. 


lí. 


Cartularia. 


n. 


Profetai?um. 


m. 


Estival. 


n. 


Epístolas Pauli. 


II. 


Passionum. 


im. 


Gerarchía. 


í. 


Collationes. 


n. 


Josephum. 


I. 


Vitas Patrum. 


m. 


Beda. De tempóríbus. 


I. 


Textus Evangel. 


IIL 


Confesiones. 


I. 


Missalia. 


XL 


Pastoral. 


n. 


Lectionaria. 


im. 


Sunimum Bonum. 


ni. 


Dialogorum. 


n. 


Liber Judicum. 


IIL 


Exameron. 


IL 


VetusHssima. 


n. 


Ethymologiarum. 


I. 


Decada. 


n. 


Liber dé Trinitate. 


I. 


Methodium. 


I. 


Líber Homeliarum super 


Tópica. 


I. 


lezechielem. 


I. 


Sententiarum parvum 


. L 


XL Homelie 




Medicin. 


iffl. 


super Matheum, 




Plutargus. 


I. 


super Lucam, 




Alios. ] 


KXI. 


super lohannem. 


II. 


Et unum Toletanum. 


I. 


Claudium. 




Et alterum Triplicum. 


L 


Liber Bedae cum Evan 


ig.IL 


IhsX. 


I. 


Aimonis. 




Orationarios. 


vn. 


Historia Ecclesiastica 




Breviar. Lectíonum, 


H. 


tripartita. 


IL 


Legem Romanam. 


I. 


Canticum graduum. 




Quaterniones Boecii. 


I. 


Prosperum. 




De Juvenal. 


I. 


Prophetarum graeca 




De Athanasio. 


I. 


colléc. 




Míssal Toletan. 


V. 


Liber Scti; Benedicti. 




Liber de Herís. 


I 


Liber de natura bonL 




Quatern. de Computo 


II 


Doctrina Xpiana. 




Alíus liber de Compu- 


- 


Gesta Julii. 




to. . 


I 



107 



Amelarii. 

Expositio Regulae. 

Sententiarum Grregorii. 

Registrum Aügustini. 

Evipium. '. 

Eptaticum, \ 

Regum. 

Genera Officiorum. 

Augustinus. 

Maptirólog. 

Ortographia. 

Capitulares.' K. 

Cañones. 

Glossas. 



II. 


Lihvi artium. 






Donatos. 


mí. 




Priscianos; 


II. 




Priscianellos. 


II. 




Virgilium. 


II. 




Sedulius. 
Construc. una cuín 


III. 




Aratore. 


II 


II. 


■Ysagoges. 


II 


III. 


Categorías. 


I 




Perhiermenias. 


I 




Macrobius. 


I 


V. 


Boecius'. 


I 


VI. 







Guillermo de Wífredo, sobrino también de Oliva y 
sucesor suyo en la silla episcopal de Vich, encontrán- 
dose en el monasterio en 12 de Setiembre de 1055, á 
instancia de Pedro excomulgó á los que usurparen bie- 
nes de Nuestra Señora. 

Muerto el abad alano siguiente, le sucedió Guillermo 
Bernardo, en cuyo tiempo pretendió su dignidad un tal 
Adalberto por violencia y por simonía. Amante la San- 
ta comunidad de las grandes tradiciones del cenobio, y 
hondamente afectada con este atropello, acudió al Sumo 
Pontífice Alejandro II, enviándole un monje portador 
de una carta en que le manifestaba la agresión y supli- 
caba el remedio (1), Contestó el Sumo Pontífice con una 
bula laudatoria para los Servidores de la Virgen, y de 
inmediato resultado contra los perturbadores. Adalber- 
to fué depuesto, y cuando seis años después elsimonía- 



(I) Apéndice IV. Bula de Alejandro II. 



-kios- 
co Mirón quiso imitarle , fué expulsado ignomiñiosa- 
líiBñte del cenobio por Bernardo II hijo de Guillermo el 
Craso , auxiliado d© Wifredo arzobispo de Narbona, 
Guillermo obisjDO dé Viob y Berengüeí obispo de Gero- 
na. Para tranquilizar á los fervorosos benedictinos (no 
para una reforma que no necesitaban , ni para Restau- 
rar la disciplina monástica que no habia decaído) el 
mismo Bernardo II, guiándose por los consejos dé su 
pariente Hunaldo abad de Moyssac, unió en 1070 la 
abadía ripollense á la de San Víctor de Marsella. Con 
esta medida, que se generalizó á las más respetables 
abadías de España, se previnieron además los abusos 
que, por razón de las investiduras, eran entonces harto 
frecuentes en Europa (1). 

A consecuencia de esta unión sucedió en el gobierno 
el marsellés Bernardo, en 1070. Durante 30 años de 
prelacia hizo recordar los gloriosos tiempos de Arnulfo 



(1) Dice Argaiz: San Servando de Toledo y Santa Maria de Guerri se 
afiliaron al mismo San Víctor, San Juan de Burgos á Gasa-Dei, Campro- 
don á Moyssac, San Vicente de Salamanca, Nágera y San Zoil de Ga- 
rrión á Cluni. 

Añade el P. Mariana : El rey D. Sancho movido por la fama de esta 
gente (de los monjes de Cluni) los hizo venir al monasterio de San Sal- 
vador de Leire, antiguamente edificado por la liberalidad de sus prede- 
cesores los reyes de Navarra. Lo mismo hizo en el monasterio de Oña, 
ca las monjas que en él vivian pasó al pueblo de Bailen y en su lugar pu- 
so monjes dé Cluni. El monasterio de San Juan de la Peña, que dijimos 
está cerca de Jaca, famoso por los sepulcros de los antiguos reyes de 
Sobrarbe, fué también entregado á los monjes de Cluni. 

^epes concluye con esta observación : No tiene porque desdeñaísfe 
este ilustrísimo convento (Sta. María) de haber sido anexo á S. Víctor, 
porque es uno ele los más famosos monasterios que ha tenido la orden 
de San Benito, y son sucesos que van corriendo y dando vueltas, y el 
convento que ahora está libre mañana se ve sujeto, y otro dia viene á 
ser cabeza, como lo veremos en aquel gran monasterio de Cluni que^ no 
falta quién diga que fué filiación de la abadía Giguiacense, y después, 
por muchos siglos, lo hemos visto cabeza no menos que de dos mil Ca- 
sas que estaban esparcidas por diferentes partes del mundo ». Perla de 
Cataluña cap. 110. Historia de España Lib. VIII, cap. XIV. Crónica Be- 
nedictina T. IV. 



— 109 — 

y Oliva. En el mismo año de su llegada, Armengol el de 
Gerb, Conde de Urgel, le dio el priorato deWalter, ha- 
ciéndole al propio tiempo escritura de yarios censos. 
En 1079 se le sujetó el monasterio de Trepons y, un 
año después, Guillermo de Cheralt, Señor de Gurb , con 
el plausible motivo de haberse alistado su hijo Pedro 
en el número de los Servidores de Maria, puso bajo el 
dominio di Bernardo la iglesia de San Esteban de Gra- 
nollers y tierras contiguas. 

No mepo§ dadivoso se le mostró Bernardo II, hacién'- 
dolé don&ción de la parroquia de San Pedro (1095) y de 
la jurisdicción de Olot (1097); habiendo confirmado en 
el mismo año todas las nuevas adquisiciones el gran 
papa de las Cruzadas Urbano II (1). 

La Casa de Barcelona, aunque no tenia el supremo 
dominio de los valles del Ter y del Fraser, seguia res- 
pecto ála Sta. Casa las tradiciones del Velloso, Borrell I, 
Sunyer y sus dos hijos conreinantes Mirón y Borrell IL 
Así Ramón Borrell III confirmó á Nuestra Señora la 
posesión del Castro Camba en 1002; su esposa Herme- 
sinda, actuando como condesa, le regaló en 1013 un 
alodio en Orsali cerca de la Casa de San Vicente ; en 
Junio de 1023, recuperó la abadiado Santa Cecilia; he- 
mos ya hablado del generoso desprendimiento de Be- 
renguer el Viejo, y el mismo Berenguer Ramón II el 
Fratricida restituyó al abad Bernardo en 1096 el alodio 
de Tossa con su puerto , poco antes de partir á la, Corte 
del Rey Alfonso VI de León {%), 

Terminamos lo referente á este siglo de oro para el 
monasterio ripojlense, consignando que el Panteón de 
los Condes, después de su arreglo definitivo, fné ^cres- 



(1) Marcae hisp. app. 275, 293, 312, 314, 316. 

(2) Condes vindicados. T. I, pág. 206 y T. II, pág, 138. 



— no ^ 

centado con la tumba trisoma de Bernardo Talla/erro y 
de su hijo y nieto. La Comunidad creyó deber honrar 
la memoria de estos sus insignes bienhechores, elevan- 
do sobre su tumba un templete, y dedicándoles este epi- 
tafio que traducimos en nuestro materno idioma (1): 

Llinatje, gloria, hermosura,— dalit, sohrienta ventura, 
COM FLOR d' ün matí apareixen-y ab breu fí s' esmortoeixen. 

ÁYTAL YERITAT PUBLICAN,— DES SA FOSSA HO TESTIFICAN, 

Lo GRAN Taiafer Bernat, — en Güillém Gr as apel-lat, 

Y 'l net del Que ab trágich fi, — en lo Ródano morí. 
Ab armas, consell, ab or,— ab llür prestigi y valor, 

Y AB llübs térras enriqoir — yolgüeren est monastir. 
¡Regnen percó coronats,-— sobre 'ls astres col-locats ! 

Aplicables son estos versos á toda la descendencia 
de Oliva Cahreta y Ermengauda. Su tránsito como di- 
nastía fué rápido más glorioso; bien comparado por 
el autor del epitafio á la ñor de primavera que abre 
su corola, exhala su perfume y languidece. Pron- 
to veremos la flor agostada ; pero la basílica de Santa 
María guarda aún el aroma de su cáliz, y mientras 
haya catalanes amantes dé su patria, no traspasarán los 
umbrales de la histórica Portada , sin repetir con santa 
emoción: 

Llinatje, gloria, hermosura,— dalit, somrienta ventura, 
CoM flor d' ün matí apareixen— y ab breü fí s 'esmortoeixen. 

• 

Ab armas, consell, ab or, — ab llor prestigi y valor, 
y ab llors térras enriquir— volgüeren est monastir. 
¡Regnen percó coronáis— sobre 'ls astres col-locats! 



(i) Apéndice III. 



4i4AÁAAAAAAUiAiüiáüAMáiM¿áiáiiÁiAáiAAiá4MAAáááiMááAááiAáááMáááá§? 




f>Ytfff?Wf?W?m??m?m?Wn?tfttm?T?^^ 



CAPÍTULO VI 



BERENGUER III EL GRANDE, BERENGUER IV EL SANTO 
Y EL CLAUSTRO-PANTEÓN. 



Devoción creciente á la Santa Imagen. — El Conde de Barcelona suce- 
sor en Besalú, Cerdaña y en otros estados. — Los abades Benedicto y 
Gaufredo. — Brillante recibimiento de los cenobitas á su nuevo Señor 
Berenguer III el Grande.— Generosa correspondencia del Conde.— La 
fiesta de la Inmaculada Concepción. — Los abades Gaucelmo y Elias. 
— Raimundo de Cesquinyoles, abad de Canigó. — Disposiciones testa- 
mentarias de Berenguer III en favor de Santa Mana. — Muerte del 
Conde. — Encíclica de Inocencio II. — Peregrinaciones de nacionales 
y extrangerosá la basílica. — El B. Mir de Tagamanent en Santa Ma- 
ría. —Concilio-Cortes del Principado á dónele asiste el abad Pedro 
Raimundo. — Dedicación de la iglesia de San Juan. — Berenguer IV 
el Santo, su devoción y donaciones á la basílica. — El monje primer 
historiador de Cataluña. — Unión del Principado con el reino arago- 
nés. — El abad Gaufredo II. — Muerte de Berenguer IV y traslación de 
sus restos. — Bulas del Papa Alejandro III. — Donaciones del Obispo 
de Gerona, Guillermo de Peratallada. — Fin de los abades marselle- 
ses. — Raimundo de Berga funda el Claustro-Panteón. — Se descri- 
be éste. — Bernardo II, Berenguer III y Berenguer IV son enterrados 
en Santa María. — Los sepulcros de estos condes. — Elogio fúnebre de 
Berenguer IV. — Fundación de Poblet, nuevo panteón de los condes- 
reyes. 



>A entusiasta protección que á la basílica Oli- 
vana dispensaban los Principes de la patria, 
y la devoción siempre creciente de los fieles 
á la Santa Imagen, llegan á su colmo en este 
siglo, tan memorable por haber pasado al do- 
minio de los Condes de Barcelona los estados 
de los descendientes" de Oliva Cabreta con otros del Me- 
diodia de Francia, y por la feliz unión del reino Arago- 
nés con el principado de Cataluña. 




— 112 — 

Vgipias de las fechas notables en que tan trascenden- 
tales acontecimientos se efectuaron, se registran en la 
Historia particular de Santa Maria con hechos cuya 
importancia se deduce precisamente de las causas que 
los motivaron, ó con las cuales se relacionan. Empeza- 
remos, pues, por reseñar, brevemente los motivos que 
produjeron el engrandecimiento de la Casa condal de 
Barcelona, para que mejor resalte la relación de Gata- 
taluña con el primer Recuerdo monumental de sus 
glorias. 

Continuaba al frente del Condado Bisuldunense el 
anciano Bernardo II, viudo de su esposa Ermeniarda, 
y triste con la pérdida del hijo que de Ermeniarda 
habia tenido (1). Regía el Condado de Barcelona el 
hijo de Berenguer Ramón Cap d' estopes, Berenguer III 
el Grande, á quién de su primera esposa Maria Rodri- 
go, hija segunda del famoso castellano el Cid campea- 
dor, le vivia una hija que en 1107 apenas habia llega- 
do á la pubertad. Tratóse el casamiento, en este mismo 
año, entre Bernardo II y la nieta del Cid, llevándose 
esta en dote el Condado y obispado de Ausona. Bernar- 
do II podria usufructuar este dote aun á falta de hijos. 
Por su parte el de Besalú cedía todos sus estados al de 



(1) No hay que confundir este Bernardo II con el del mismo nombre 
que asistió con sus padres Guillermo el Craso y Adelaida, en Diciembre 
de 1036, al juicio que se tuvo en favor del monasterio de Arles, y á la con- 
mutación de unas tierras del mismo cenobio en el mes siguiente. Este 
primer hijo de Adelaida morirla joven, pues sucedió en el condfido Gui- 
llermo el Trunno (hijo también de Adelaida) que lo regia en 1057. Des- 
pués de este lo regió Bernardo II, quién nos dice ser hermano de Gui- 
llermo; pero hijo de Estefanía. Nacido, sin duda, con posterioridad al 
año 1040, aparece casado con Ermeniarda en 1078, y en una donación 
que hace á San Rufo sobre el Ródano manda que dicha donación no 
pueda ser anulada ni por él ni por su hijo «nec a me nec a filio meo». 
Guando en 1107 casó con la nieta del Cid era ya bastante anciano, aun- 
que no de edad tan decrépita como resultaría si le confundiésemos con 
§1 primogénito de Guillermo el Craso y de Adelaida. 



-113- 

Barcelona, en caso de morir sin sucesión. Exceptuó las 
donaciones que ya habia hecho al monasterio, cuyo 
abad Benedicto (sucesor de Bernardo en 1102) murió 
en el mismo año en que se efectuó este desigual enlace 
(1107). Bernardo II prestó en seguida homenaje á Be- 
renguer III, y habiendo muerto sin hijos en 1111, fue- 
ron incorporados sus estados á la Casa condal de Bar- 
celona. Por este mismo tiempo (1111) consigna el 
abaciológio la muerte del piadoso Gaufredo, sucesor de 
Benedicto. Un año después, con motivo del casamiento 
del Conde barcelonés con D.* Dulcia, le cedió esta su 
herencia paterna, consistente en los condados de Pro- 
venza, Gabaldanense, Carladense y Rotunense , con lo 
cual ya no pudieron ser considerados como extranjeros 
los abades que San Víctor nombrase para el cenobio ri- 
poUense. 

En el condado de Cerdaña habia sucedido Raimundo 
al hermano de Oliva; á Raimundo, Guillermo que habia 
merecido el alto honor de ser el encargado de la tutela 
de Berenguer III á la muerte de su padre (1) y, desde 
1095, regía el condado Guillermo Jordán, esclarecido 
por su piedad y hazañas militares. En 1102, antes de 
partir á la Tierra Santa, hizo testamento por el que de- 
jó á Santa María un manso en Tossas, nombró regente 
de su condado á su hermano Bernardo, á falta de este á 
su tio Enrique y después de su muerte á su pariente 
Berenguer III de Barcelona. Mucho se distinguió Gui- 
llermo Jordán entre los cruzados, los sarracenos le te- 
mían como á guerrero hábil y atrevido. Construyó el 
castillo llamado Archas cerca de Trípoli, y allí pereció 
de un flechazo sin dejar hijos. Sucedióle Bernardo su 
hermano, quién también murió sin hijos en 1117, pa- 



(1) Condes vindicados, T, II, pág. 131. 



- 114 — 

sando sus estados, según disposición testamentaria de 
Guillermo Jordán, al conde de Barcelona, por haber 
premuerto el de Besalú y Enrique, tio del de Cerdaña. 
De esta suerte volvieron después de 220 años á incor- 
porarse á Barcelona los dos condados, á los que tanto 
debia el monumento de la confluencia del Ter y del 
Fraser. 

Apresuróse su Comunidad presidida por el abad Gau- 
celmo (sucesor de Gaufredo en 1111) á manifestar su 
amor y reconocimiento al nuevo Soberano, haciéndole 
presente del cáliz de oro de que hemos hablado al tra- 
tar de las donaciones del Velloso en 888. Si este cáliz, 
como sospechamos, fué aquel mismo , hay que recono- 
cer que no podian los benedictinos ofrecer un regalo 
que más halagase al esclarecido príncipe que les vi- 
sitaba. 

En justa correspondencia Berenguer III les cedió su 
alodio situado en la parroquia de San Miguel de Setca- 
sas y en la de San Esteban de Lanars. Extendió la es- 
critura de donación Guillermo clérigo de Santa María, 
la que firman el Conde, D.* Dulcia, su hijo Ramón Be- 
renguer IV, San Olegario arzobispo de Tarragona, Be- 
renguer obispo de Gerona y otros nobles de la comitiva 
del Conde. Lleva la escritura la fecha de 18 de diciem- 
bre año 1118. En la misma consta que la donación se 
hizo en recompensa del cáliz de oro (1). 

El obispo de Gerona que acabamos de nombrar, habia 
confirmado el año anterior el -^donativo de la iglesia de 
San Andrés del Coll, que en 1104 Árnaldo Bermudo clé- 
rigo habia ofrecido al cenobio. Imitó en esto al obispo 
de Vich Arnaldo , quién en 1103 reconoció como justa 



(1) Marca, apén. 363. 



- 115 - 

la donación de San Esteban de Granollers. El sacristán 
de su iglesia Raimundo, en su testamento sacramental 
de 1100, lega asimismo á San Pedro y á Santa María 
trece libras de plata (1). 

Bien merecían estas distinciones los custodios de la 
basílica Olivana, pues florecía la Orden bajo el régimen 
de los abades de Marsella quienes, fervientes servido- 
res de la Virgen, hacían brillar su culto con todo el ex- 
plendor primitivo. Entre las solemnidades con que la 
honraban, es muy de notar que ya en tan remotos tiem- 
pos celebraban la fiesta de la Inmaculada Concep- 
ción el día 8 de Diciembre, cobrando a,l efecto el mo- 
nasterio uno de los censos del de Gualter. Esta fiesta, 
origen fecundo en siglos posteriores de una institución 
sumamente benéfica, celebrábase con gran explendor y 
magnificencia por los monjes, que consideraban una de 
sus más preciadas glorías , haber dedicado fervorosos 
cultos á la Purísima, antes que la mayor parte de las 
Iglesias de España (2). 

Muerto el sabio Gaucelmo en 1120, le sucedió Elias, 
sin que su corta prelacia de cuatro años ofrezca de no- 
table sino el haberse interrumpido, por pocos años, la 
serie de los abades marselleses. Raimundo de Gesqui- 
nyoles, digno abad de San Martín de Ganígó , regentaba 
en 1125 la abadía. 

Berenguer III el Grande, que tan expléndído se había 
manifestado con ella al tomar posesión de los condados 



(1) Viaje literario de Villanueva T. 6, apén. VI. 

(2) En el libro VIII de los manuscritos del Sf. Canónigo Ripoll, libro 
archivado en la catedral de Vich, l'óleo 81, hay una carta de D. Roque de 
Olzinellas á dicho Sr. que dice lo siguiente: «En dos de las calendas de 
enero de 1183, escritura de la refección que el monasterio de Walter ha 
de satisfacer al ripollés, en la fiesta que este celebra á 6 de los idus de 
diciembre en honor de la Concepción de la Santísima Virgen. » Códice 
de varias cosas notables, estante 1." 



-116- 

dé Besalú, de Gerdaña y de laProvenza, se acordó es- 
pecialmente de la misma en los últimos años de su 
vida, de suerte que la primera disposición que marca 
su testamento del año 1131, escrito por Udalgario mon- 
je y presbítero de Santa María, es que su cuerpo fue- 
se sepultado en el monasterio , doquiera que su muerte 
aconteciese. Lega además por el mismo testamento á 
la Santa Imagen la villa de Isogol, y confirma á los 
monjes la jurisdicción sobre Setcasas y Lanars (1). 

Murió religioso templario en 19 de Julio del mismo 
año, cuya profesión habia hecho en 1130 en manos de 
Hugo Rigau caballero de la Orden. «La restauración de 
la ciudad y campo de Tarragona, su dominación en Va- 
lencia, sus expediciones y conquistas de Mallorca, 
Ibiza, Balaguer y otros muchos pueblos y territorios, le 
adquirieron de la posteridad el renombre de Gran- 
de» (2). Tuvo numerosa y esclarecida prole, entre la 
cual hemos ya nombrado á la nieta del Cid, que casó 
con Bernardo 11 de Besalú. De su tercera esposa doña 
Dulcia tuvo tres hijos y cuatro hijas, distinguiéndose 
entre estas D.* Berenguela esposa de D. Alfonso VII el 
emperador, la cual por sus virtudes, por su hermosura 
y por su ilustre descendencia, puso muy alta la gloria 
de los principes catalanes en los demás reinos de la Pe- 
nínsula. 

En tanto que nuestros Condes protegían el Real mo- 
numento, y le favorecía de nuevo el papa Inocencio II 
con una honrosísima encíclica (3) , la afluencia de na- 
cionales y extranjeros que visitaban la Santa Imagen 
era, si cabe, más numerosa que en siglos anteriores. 



(1) Testamento de Berenguer III. (Real Archivo de la Corona de Ara- 
gón, n." 238 de la Colección del II Conde). 

(2) Gesta Comitum, cap. XVI, Condes vindicados, T. II pág. 175. 

(3) Apéndice IV. 



-117— 

Entre estos peregrinos, el B. Mir de Tagamanent, sa- 
cerdote de noble alcurnia, «considerando la grandeza y 
responsabilidad de su estado, huyendo del mundo se 
habia dirigido al Pirineo, á fin de escoger entre la vida 
heremítica y la cenobítica. Visitó á Nuestra Señora del 
cenobio ripollés y, enfervorizado con las conversacio- 
nes de los siervos de Dios que la servían , deseó con 
más ahinco la quieta y celestial vida que allí se gozaba. 
Disfrutó por algunos días de la hospitalidad y finezas 
de aquellos santos Padres y, habiendo manifestado sus 
deseos de recorrer, siguiendo la orilla del Ter, los si- 
tios desiertos y escabrosos de la comarca (1) se despidió 
del célebre Santuario» , y al fin se decidió por la vida 
que tan quieta y celestial le habia parecido ; viviendo y 
muriendo santamente en el vecino monasterio de San 
Juan de las Abadesas. 

Guando el B. Mir efectuó su peregrinación, parece 
que estaba vacante la abadía; pero ya sea que Raimun- 
do de Cesquinyoles continuase su prelacia en 1135, ya 
que le hubiese sucedido Pedro Raimundo, es probable 
que en aquella fecha el Abad se encontrase en el Síno- 
do narbonense, donde el obispo de Elna Udalcario re- 
firió con suspiros y gemidos los horrores de los piratas 
sarracenos, quienes para redención de los cautivos, pe- 
dían cien doncellas cristianas , las que con grande llan- 
to de sus madres eran arrastradas violentamente á las 
naves. Natural es que el monasterio ripollense, que 
siempre se distinguió por su caridad con los pobres, 



(1) «Deserta et inculta loca desideravit peragrare.» Esto y lo demás 
que va entre comillas está traducido de la vida del B. Mir, publicada en 
la España Sagrada, T. 28, apén. XXllI. No pretendió pues el B. Mir la co- 
gulla de San Benito en el monasterio de Ripoll, ni el abad para cubrir 
una supuesta repúlsale aconsejó que ensayase la vida solitaria en el 
valle. El B. Mir deseó este ensayo (desideravit) después de agradecer la 
hospitalidad de Santa María. 



— 118 — 

cooperase con dinero al auxilio de los cautivos , para 
lo cual concedió el Sínodo gracias espirituales al fiel 
que diese un morabatino ó, por lo menos, medio suel- 
do (1). 

De lo que no puede dudarse es que Pedro Raimundo 
en 1143 asistió con Guillermo prepósito del cenobio al 
Concilio-Cortes del Principado en la Catedral de Gerona, 
presidido por el cardenal Guido, Legado Apostólico , y 
en 1150 á la dedicación de la iglesia de San Juan, don- 
de devolvería al B. Mir la visita que este, con tanto 
provecho de su alma, habia hecho quince años antes á 
la milagrosa Imagen, 

Muerto Berenguer III, heredó con sus dominios la 
devoción á Santa María del cenobio ripollense su hijo 
Berenguer IV el Santo, último Conde privativo de Bar- 
celona, en quién se efectuó la feliz unión del reino Ara- 
gonés con el principado de Cataluña, El elogio que del 
mismo hicieron sus contemporáneos lo pondremos al 
ocuparnos de los príncipes que en esta centuria fueron 
enterrados en Santa María, concretándonos ahora con 
probar su amor ardiente á la misma con una escritura 
fechada á 16 de Abril de 1141 , en la cual dispone, imi- 
tando á su padre, que en cualquiera parte que le acon- 
teciere morir, fuese enterrado en la basílica de Oliva, 
á la cual lega la parroquia de Santa Cecilia de Molió, 
ó en la villa de Mulnars, con todo lo que le pertenecía 
en aquel dominio. Los límites de esta posesión eran al 
E. la villa de Cabrenys, al S. Segurilles, al O. el colla- 
do de Portules y al N. el Campo Macro (2). 

En 1147, tres años antes de efectuarse el feliz matri- 
monio entre el príncipe catalán y D.* Petronila de Ara- 
gón, un benedictino concluye una breve Reseña histó- 



(2) Archivo de la Catedral da Vich, n." 494, 
(1) Marcae hisp. app. 399. 



- 119 — 

rica del cenobio, la cual contiene noticias muy curiosas 
de los años transcurridos desde la expulsión de los aga- 
renos de los valles del Ter y del Fraser. Dicha Reseña 
está basada en documentos del Archivo, los que propor- 
cionaron al Real Santuario la gloria de haber producido 
este PRIMER HISTORIADOR do Cataluña. 

A Pedro Raimundo habia sucedido en la dignidad 
abacial Gaufredo II después de 1153. Este último abad 
marsellés tuvo la honra de recibir con toda pompa en 
1162 el féretro del último Conde privativo de Barcelona, 
llevado desde el burgo de San Dalmacio en una muía 
que murió repentinamente al llegar ante los umbrales 
del cenobio. Una sencilla estelado la que formaba parte 
un relieve en piedra conservado en el Museo de Gero- 
na, conmemoraba este hecho singular (1). 

Después de Inocencio II favoreció en 1163, 1167 y 
1168 el papa Alejandro III la Casa de Santa María con 
tres bulas, de las que nos ocuparemos en el apéndice 
correspondiente. Por su parte, Guillermo de Peratallada 
obispo de Gerona, concedió en 1167 á los servidores de 
la Virgen la iglesia de Santa Leocadia de Orto Madrona 
y la de Castro Palaciolo su sufragánea, con sus diez- 
mos, primicias, alodios y oblaciones de los fieles. 

La muerte arrebató en 13 de Abril de 1169 á Gaufre- 
do II, terminando con él la serie de los abades de Mar- 
sella. Gobernaron cien años con dependencia de San 
Víctor, no como extranjeros, según hemos dicho, sino 
como buenos catalanes, amantes de las glorias de su 
Santuario, que acrecentaron con rentas y privilegios, 
dejando como los siete primeros abades memoria impe- 



(2) En dicha piedra se ve esculpida una muía cargada de un ataúd, 
custodiada por tres guerreros y tirada del ramal por una figura casi bo- 
rrada. Hace mención del sencillo monumento Feliu de ía Peña en sus 
Anales de Cataluña, T. I, Lib. X, cap. XVII. 



— 120 — 

recedera por su piedad y por la ciencia que les ador- 
naba. 

Mucho influyeron las causas políticas, entre ellas la 
nueva separación de la Provenza, para que sin violen- 
cia y oportunamente se volviese á encontrar regido el 
cenobio por abades no dependientes de otra Gasa reli- 
giosa. Fué, pues, elegido por la Comunidad en 1172 el 
ilustre varón Raimundo de Berga, quién tuvo la gloria 
de completar la obra del inmortal Oliva, inaugurando el 
nuevo Claustro-Panteón, conforme lo declara una 
inscripción medio gastada en que aun puede leerse: 

BERGA DAT AUCTOREM 

Gracias al celo de las Reales Academias de San Fer- 
nando y de la Historia, no menos que á la Comisión 
de Monumentos de la Provincia y á la Academia de Be- 
llas Artes de Barcelona, secundadas admirablemente 
por los diferentes Delegados, podemos admirar tan mag- 
nífica obra que describiremos, tal como era cuando se 
dio por terminada en el siglo XV. 

En el fondo déla plaza del monasterio (1) se levanta 
el edificio llamado la Curia del Vicario, cuyas habitacio- 
nes superiores sirvieron de noviciado en los últimos 
tiempos. Una puerta lateral da subida á las mismas, y 
siete grandes arcadas, sobre las cuales aparece el escu- 
do del abad-obispo Senjust, conducen á un pórtico, no- 
table por su rico artesonado, cuya puerta interior de 
estilo dórico introduce al Claustro-Panteón. Este en su 
aspecto general presenta un trapecio grande y desaho- 
gado, comprendido en el recinto que establece la Curia 
del Vicario, la pabordia de Aja, el Capítulo y la parte 
oriental de la iglesia. Consta de 252 columnas distri- 



(1) Esta plaza se llama vulgarmente del Corral , reminiscencia del 
nombre Otníe que San Benito daba á los monasterios. Corona Benedicti- 
na, cap. iO, párrafo XV, n." 261, 



— 121 - 

buidas en dos pisos, las de abajo son de bruñido jaspe 
de varios colores, las restantes de piedra dura capaz de 
recibir el pulimento del pórfido. El mérito principal, al 
par que la variedad de la obra, está en los capiteles y 
abacos: en el primer piso todos los capiteles tienen for- 
ma distinta, siendo casi iguales los abacos; en el segun- 
do todos los capiteles tienen un dibujo igual y los aba- 
cos diferentes. Las esculturas que entorno de esas piezas 
se agrupan, presentan inagotables conceptos, á los que 
imprimen novedad las hojas de acanto, el follaje y frutas 
del país, entrelazado todo con gusto exquisito, y anima- 
do con raros y fantásticos vivientes — aegri somnia vana 
— variados en cada columna con prodigalidad sorpren- 
te. No siempre son, empero, las esculturas caprichos de 
fantasía, sino que representan con frecuencia escenas 
completas, tomadas ya de la historia eclesiástica y pro- 
fana, ya de la mitología, ya de la fábula, ya en fin, son 
cuadros de las costumbres del valle en remota época. 
Llaman particularmente la atención los grupos- capite- 
les siguientes : San Jorge matando el dragón y la prin- 
cesa suplicante; Ulises navegando, cautelándose de las 
Sirenas; Neptuno y las Náyades; la fábula del león ca- 
zando ; repetidas imágenes de la Virgen con atributos 
de la Letanía lauretana, haciéndose notar por lo can- 
doroso una efigie, cuyo divino Infante muestra son- 
riente en su diestra una palomita; varios guerreros con 
el lema. «Bcce acies sancti loannis Baptistae»; la muer- 
te de Jesús ; el purgatorio simbolizado en un enorme 
caimán que engulle las almas y un ángel que se esfuer- 
za en librarlas; las dignidades eclesiásticas y civiles; el 
pastor, el rebaño y el lobo; dos fieras encadenando á 
un hombre y al contrario; el pelícano alimentando, con 
propia sangre á sus hijuelos; agrupaciones de músicos 
tocando antiguos instrumentos y, para no ser nimios, 
llamamos la atención sobre los capiteles contiguos á los 



— 122 — 

ángulos y sobre los abacos del segundo piso de la parte 
del levante : el arte de labrar la piedra no puede aspi- 
rar á más. Corren las columnas pareadas en los dos 
pisos, y muy estudiadas fueron las leyes del equilibrio, 
á fin de hacer gravitar asegurada tan gigantesca mole, 
únicamente sobre 126 columnas. Cuatro sencillos arcos 
unen las alas del claustro con las paredes que limitan 
su recinto, y un riquísimo artesonado en que el pincel 
del artista prodigó miles de variedades tomadas del rei- 
no animal, vegetal y mineral, pone en comunicación el 
segundo piso con la abadía, archivo, scriptorium y ca- 
sas de los benedictinos. 

Pocas son las obras del mismo género que aventajen á 
este monumento románico, en cuya realización presidió 
ante todo la idea de hacer un Panteón digno de los sobera- 
nos de Cataluña. Bajo este punto de vista, más que por 
su riqueza artística, los hijos del principado han senti- 
do en todas épocas profundo respeto por el Claustro- 
Panteón; en la segunda mitad del siglo XV hubo un ge- 
neral grito de anatema contra los que lo habían 
profanado ; durante la guerra de la independencia, al 
visitarlo generales franceses , apenas fueron enterados 
por los monjes del glorioso destino del monumento, no 
sólo permanecieron descubiertos todo el tiempo que 
duró su visita, sino que prohibieron á sus tropas que 
cometiesen en aquel recinto el menor desmán; en la úl- 
tima guerra civil bastó invocar ante la Diputación á 
guerra carlista el carácter de Panteón que el claustro 
tiene, para que aquella mandase devolver las llaves al 
Delegado, impidiendo terminantemente ulteriores irre- 
verencias (1). 



(1) Apéndice II. 



— 123 — 

En la galería claustral que da frente al Capítulo fué 
enterrado en este siglo , conforme á su disposición tes- 
tamentaria, Bernardo II último Conde de Besalú. Nin- 
gún epitafio nos ha quedado de su sepulcro , pues la 
mayor parte de los soberanos se consideraban sobre- 
manera honrados con solo pensar que las futuras gene- 
raciones dirian : lacet in monasterio Rivipulli. Este alto 
concepto que los Condes tenían de Santa María, cuyo 
templo de continuo enriquecían para que en vida fuese 
su refugio y consuelo y en la muerte su Panteón , nos 
explica el porqué los allí enterrados miraban como im- 
propio el lujo en sus sepulturas. Consideraban aquellos 
fervientes cristianos que el vasallo no debia blasonar dé 
riqueza en el palacio de la excelsa Reina, que sentada 
en su trono de gloria, les señalaba cariñosa, en pre- 
mio de sus trabajos, sitio preferente en su morada, en- 
cargándose ella misma de velar por su descanso. 

De aquí la severa sencillez de las sepulturas en ge- 
neral, y particularmente la del sarcófago de Beren- 
guer III el Grande, librado de completa destrucción y 
restaurado por el que esto escribe (1). Consiste en una 
grande urna de forma rectangular, que presenta por su 
frente varios relieves divididos en siete cuadros alusi- 
vos al difunto. En las divisiones de los relieves están 
escritos versos leoninos (uno en cada división) con ca- 
racteres mayúsculos mal formados y encajados unos 
con otros. Dos de estos relieves están sumamente dete- 
riorados. El primer cuadro representa la muerte del 
Conde y dos ángeles llevando su alma en forma de pa- 
loma al cielo : la inscripción tiene este sentido : 



(2) Los restos del gran Conde fueron trasladados al Real Archivo de 
la corona de Aragón, en donde se conservan gracias al celo del archive- 
ro D. Próspero de Bofarull, secundado por el Alcalde D. Antonio Pagés, 
respetable abuelo del autor de esta obra, y por el Dr. D. Eudaldo Ra- 
guer, primer delegado del monasterio. 



— 124 — 

LíBRE DE CULPA EN EL SUELO— ASCIENDE RAIMUNDO AL CIELO. 

El segundo representa los obispos, haciendo las cere- 
monias religiosas sobre el ataúd. Su inscripción : 

Celebran acongojados— sus exequias los prelados. 

Al lado del tercer relieve que figura los muros de una 
ciudad con soldados y multitud de gente , se lee tradu- 
ciendo : 

De las ciudades el llanto— muestra general quebranto. 

Lo demás es imposible distinguirlo , representaba la 
traslación, honras fúnebres y deposición del cadáver 
en el mismo ataúd (1). 

El tercer sarcófago que honró al cenobio en esta cen- 
turia fué el de Berenguer IV quien, por haber muerto 
en olor de santidad, fué colocado dentro del templo. 
Incluida en la urna exterior, que era de plata, habia 
otra de madera con la imagen del Conde , sentado con 
espada y cetro y un epitafio que decia : 

Conde por mi madre, rey por mi esposa, marqués por mi padre, 
quebranté á los moros con guerra y con hambre mientras YIYÍ, 
mantuye en su integridad los derechos del Señor (2). 



(1) MARCHIO RA.YMÜNDUS MORIENS PETIT ETERA MUNDUS. 
AbSOLVUNT ISTI COMITEM Patres vice Christi. 
PlANGITÜR X. TURÉIS GASUM PLANGENTIBUS URBIS. 

(2) Dux EGO DE Matre, Rex coíiiuge, Marghio patre; 
Marte, Fame, fregi mauros, dum témpora degi; 
Et, sine iagtura, tenui domino sua iura. 



— 125 — 



En una tablilla pendiente de la caja exterior se leia 
el bellísimo elogio fúnebre que traducimos : 



m 



En el año del Señor líñ'i, ál de agosto, falleció en Italia, 
en el burgo de San Dalmacio, el Ínclito Marqués y Serenísimo 
Señor Ramón Berenguer, Conde de Barcelona, Principe y Rey 
de Aragón, Duque de Provenza. Este, mediante la protección 
divina, arrancó del poder sarraceno Almería, Tortosa, Ciurana 
y hasta cuatrocientas poblaciones cerca del Ebro. Tomó Lérida 
y Fraga en un solo dia. Construyó y dotó hasta trescientas igle- 
sias en los confines de los sarracenos. En su muerte fué esclare- 
cido con milagros, tanto en Italia como en Provenza, y asi- 
mismo durante todo el camino mientras era llevado su cadáver 
al monasterio de Ripoll, en cuya iglesia está honoríficamente 
sepultado en este sarcófago, por disposición del mismo. En él 
con mucha frecuencia ha obrado evidentes milagros. Se distin- 
guió en vida como guerrero valiente , expléndido y amable. 
Brilló como admirable triunfador délos sarracenos. Hizo tribu- 
tarios suyos los reinos de Valencia, Murcia y casi todas las po- 
blaciones de los dominios árabes de España. 

¿Qué añadiremos de eHe Serenísimo Principe y Señor nues- 
tro'^ El fué ciertamente rey de la paz, principe de la justicia, 
caudillo de la verdad y de la equidad, pr opugnador de la inma- 
culada fé cristiana, fuerte batallador contra los sarracenos y Jos 
infieles: su saeta nunca retrocedió, su escudo nunca dejó de pro- 
tegerle, su lanza nunca fué rechazada. 

Resuenen los gemidos en Aragón y en Cataluña, llore piado- 
samente la Iglesia la ausencia de tan ínclito Señor, Ya la ro- 
dearán gran copia de encarnizados enemigos, pues se halla lejos 
el adalid que velaba por su defensa; la tribulación es inminente, 
y no hay quien preste socorro. En este sepulcro yace el protec- 
tor acostumbrado, que no se levantará ciertamente contra lasque 



- 126 — 

la combatan. Por esto, madre piadosa, úñete el cilicio, guípa- 
te el pecho ^ prorrumpe en gritos de dolor, muéstrate con vesti- 
dos de viuda, pues viuda eres con la muerte de este Serenísimo 
y Victoriosísimo hijo. Llora, llora, no cesen tus lágrimas dedia 
ni de noche, pues ha desaparecido el áncora de tu esperanza. 
Grande ¡ay! es tu pérdida con la de tu hijo conciliador y pro- 
tector. Aquella lumbrera que brillaba en medio dé la Iglesia se 
ha extinguido; para si guarda el fulgor, no para tí; resplandece 
no en el niundo sino en el cielo. 

¿Qué nos queda por decir? ¿1 quién dirigiremos nuestras 
quejasl A la verdad {según aparece) Dios lo ha hecho ; lo ha 
hecho para su gloria. ¿Porqué, oh buen Jesús, tan aprisa qui- 
taste á tu Esposa la Iglesia {con la que te desposaste muriendo 
en la cruz) á urt hijo que tanto la protegía y tanto terror in- 
fundía á sus enemigos? Tú, no necesitándole, le quisiste contigo, 
quisiste premiarle; mas en cambio nos dejaste huérfanos, Justa 
y rectamente obraste, pues merecía descansar de los trabajos de 
esta vida y ser tuyo; pero sentimos que su muerte redunde en 
perjuicio de la Iglesia. ¡Ojalá nos le devolvieses para que la de- 
fendiese con su tesón acostumbrado! 

¿En donde, oh Serenísimo Rey y victoriosísimo Príncipe Ra- 
món Berenguer, báculo de nuestro sustento, en donde estás? 
¿Qué sitio has escogido para tu descanso? Lo sabemos, Príncipe 
victorioso, elegiste el monasterio ripoltense. ¡Oh feliz y entre to- 
da sadornada villa! tu guardas en tu seno á uno de los más escla- 
recidos príncipes del mundo. Goza y alégrate, pues mereces ser 
sublimada con los restos de tan ínclito Señor. Y tu, Cataluña, 
suspende én los sauces tus instrumentos, no cese tu, piadoso llan- 
to al acordarte del Serenísimo y preciosísimo Señor qué has 
perdido. La intensidad de tu dolor corresponda al daño que has 



Mas ¿qué lengua mortal podría encarecer debidamente cuánta 
utilidad reportaba de su vida la Iglesia, cuánta salud cada uno 
de los fieles, cuánto daño, destrucción y dispersión los sarra- 
cenos y los infieles^ Amable era él para todos los cristianos, 



- 127 - 

hermosa su vida, por eso todos llorón su muerte. Nadie hay que 
pueda ocultar su llanto, nadie que pueda excusarlo. 

Sin embargo, no bien ama quien sólo ama su provecho, por eso 
al sentir lo que hemos perdido, alegrémonos con el Conde por 
la dicha que ha alcanzado. Lejos pues la aflicción y la tristeza, 
con ello no lograríamos lo que deseamos, ni disminuye la pena, 
antes aumenta. Si amamos al Victoriosisimo Señor, alegrémonos 
en su alegria, motive hoy la misma nuestro gozo. Cante cada 
cual de nosotros nuevo cántico de honor al Altísimo, muestre su 
júbilo la Iglesia con himnos y alabanzas, resuenen los aplausos 
del pueblo catalán y aragonés, cristianos discursos difundan do- 
quiera el consuelo. Hoy, ciertamente, el Victoriosísimo Principe 
y Señor Mamón Berenguer ha obtenido lo que tanto tiempo y 
tan ardientemente habia deseado; hoy, vencidos los enemigos, ha 
logrado seguro triunfo ; acabados sus trabajos posee el eterno 
descanso. 

Ya no experimentará los rigores del hambre, de la sed, ni 
los abrasadores rayos del sol; sus ojos no derramarán más lá- 
grimas, cesó para él el llanto, sus penas cesaron, goza de la 
recompensa de los trabajos de toda su vida. Consolémonos, pues, 
y magnifiquemos á Dios porque no desamparó ni dejó sin auxi- 
lio en las tribulaciones á su siervo, antes bien declarándose su 
favorecedor y protector, le libertó de la perdición y de las manos 
de los infieles, colocándole en las sublimes mansiones del Padre. 
Do reina el gozo, la suavidad y cuanto anhelar es dable. Do el 
alma alimento de venturas y glorias halla, tras las aflicciones y 
padecimientos. Do se asiste á las dulces solemnes fiestas de los 
ángeles, y se disfruta de la sociedad y caridad de los celestiales 
ciudadanos. Ni temores ni penas allí abaten, allí la más leve tri- 
bulación ó adversidad es desconocida, ni el nombrs siquiera se 
sabe de las enfermedades, ni es de esperar la menor diminución 
de la gbria presente, sino su aumento el dia de la universal re- 
surrección, cuando los cuerpos de los bienaventurados, á su alma 
unidos, gozarán de la interminable gloria que sólo ahora el alma 
disfruta. Pero ¿qué ángel, qué mortal contar podría la más mí" 



- 128- 

nima parte de gloria que Dios á los escogidos depara? Qué en- 
tendimiento hay tan idóneo para entender lo que el ojo novio, ni 
el oido escuchó, ni corazón humano presintió'^ En verdad si se 
considera cuan sublimes son tales placeres, inmunda escoria apa- 
recerá todo lo terreno. Muerte que no vida fuera el nombre que 
mejor cuadraria á la presente, caduca y efimera, si con la eterna 
se compara. Porque esta vida miserable aun en lo prospero siem- 
pre engaña; á tantos ilusionó, á tantos sedujo, á tantos cegó, 
qué al aparecer nada es, en el curso de la existencia sombra 
es, al remontarse humo es; vida sólo para necios dulce, 
amarga para los sabios, temible y de la. que conviene huir 
como de espectro de muerte y de horrible ensueño. Tan pe- 
ligrosa es cuanto breve, ¡ ay de los que de ella fian! ¡bien 
por los que la desdeñan!. ¡Ay! repetimos, de los que la aman! 
bien y mil veces bien por los que la desprecian!. ¿Qué objeto hay 
en efecto más baladi que esta mísera existencia, en que enjambres 
de dolores y pasiones nos circundan, en la que difíciles pasar 
sin dolor una hora siquiera? Nadie, sen cual fuere la edad, sexo y 
condición puede decir que se halla libre de aflicciones durante su 
peregrinación en la tierra, todos experimentamos cuan falaz y 
fugitiva es la alegría mundana , cuan insoportable su peso, 
cuan intoleral^le su carga. 

Soltóla por fin, nuestro Serenísimo y Victoriosísimo Principe 
Raimundo Berenguer, eligiendo aquella óptima parte que en 
ningún tiempo le será arrebatada. Por tanto os excitamos á que 
os alegréis, ya que este Serenísimo Principe, señor nuestro R. B. 
ha obtenido el premio por el que en la lucha de este siglo, 
infieles debelando, ha sabido alcanzar. Llenaos de júbilo, porque 
vencedor ha triunfado de sus enemigos, contra los que armado con 
el temor del Señor virilmente peleó. Cantad, porque ya ha reci- 
bido el denario por el cual con tanto ahinco en la viña de la 
Iglesia trabajaba. Cantad, porque ha devuelto por duplicado su 
talento, mereciendo por su fidelidad entrar en el goce del Señor. 
Por esta razón de nuevo os decimos: ¡alegraos! cantraémosun 
cántico nuevo, para que su alabanza sea en la Iglesia de los san- 



— 129 — 

tos. La fama de su nombre se extienda á lo lejos por todas las 
islas, dure eternamente su memoria bendita. 

Alegraos, pues, carísimos Padres y nobles Catalanes, alegraos 
y alabad al Señor, pues grato es alabarle, considerando que tan 
admirable se muestra con sus siervos. 

Alégrate más que nadie, oh sagrada madre igle- 
sia DE LA GLORIOSA VlRGEN MaRIA DEL CENOBIO RIPO- 
LLENSE, PUES ESTE TU EXCELSO HIJO, UNO DE LOS QUE 
MÁS TE AMABAN, VENERABAN Y PROTEGÍAN , DESPUÉS DE 
HABER EXTIRPADO LOS SARRACENOS É INFIELES DEL CAM- 
PO DE LA FE CATÓLICA, RESPLANDECE CUAL SOL EN LA MI- 
LICIA DEL CIELO. 

Por tanto, Hermanos carísimos y Señores, considerado lo 
dicho y todas las demás magnificencias que se dicen y se leen de 
su vida, y las que sólo él ignoraba, mas Dios sabia , creemos que 
es lícito decir : « Que su alma descanse en paz»; pero 
creemos también piadosamente poder añadir con verdad : «Que 
él ruegue Á Dios POR nosotros». 

Adiós, pues, Adiós, Serenísimo Rey y victoriosísimo Princi- 
pe, glorioso Ramón Berenguer, acuérdate siempre de nosotros 
delante de Dios, para que con tu purísima intercesión logremos 
ahora ser protegidos contra los enemigos, y después alcancemos 
la dicha que tú {como piadosamente creemos] ya posees. Amen. 



El Panteón que habia estado abierto 266 años , fué 
cerrado dignamente al morir el último Conde privativo 
de Barcelona, inaugurándose el de Poblet con el pri- 
mer Conde-Rey D. Alfonso, hijo de Berenguer IV y de 
D/ Petronila, para cerrarse á su vez en 1-479 á la muer- 
te de D. Juan II, padre de D. Fernando el Católico, en 
quién se efectuó la unión del reino Aragonés con el de 
Castilla. Alfonso, en concepto de Conde de Barcelona, 
debia ser enterrado en Santa María ; pero San Juan 
de la Peña podia reclamar este honor, por ser además 

9 



— 130-^. 

elhijo de D/ Petronila, rey de Aragón. Obvió las difi- 
cultades que pudieran surgir en este punto Berenguer 
IV, fundando en 1153 el monasterio de Poblet que con- 
cluyó D. Alfonso, y escogió por sepultura en su testa- 
mento de 1194. En compensación del derecho que á su 
cadáver tenia el monasterio del Velloso , hizo donación 
de todos sus molinos sitos en los términos de Rivas, 
con otras concesiones que muestran la devoción del 
primer Conde-Rey á la Santa Imagen, tan venerada por 
sus antecesores (1). 



(1) Dimitto Sánete Marie omnia mea molendina de Ripis, que habeo 
in terminis ipsiuscastelli, in recompensationem sepultare mee, et red- 
do eis honorem de Barbastro sine aliqua retentione, et quidquid etiam 
aliud in Montissono et in alus locis terre mee habent et habere debent, 
et etiam quidquid excambiatum michi fuit ab eis in quolibet loco, totum 
eis concedo, et excambium et totum aliud quod pro excambio michi de- 
derant alicubi. (Del Testamento del Rey). 



§mWmm 



CAPÍTULO vn 



La dinastía catalana en Aragón protege la basílica 

DE Santa María 

Invasión de los Almohades y singular donación de D. Pedro el Católico 
á la basílica olivana antes de partir á Toledo. — La batalla de las Navas 
de Tolosa y el Santuario catalán. — Jaime I el Conquistador honra la 
Santa Imagen antes de emprender sus inmortales conquistas. — Co- 
rresponden los monjes enviandole un tercio de tropas al mando de Pe- 
dro titulado el Abad. — Se distingue este valiente en las conquistas del 
Puig y de Valencia. — El cenobita Arnaldo del Monte, su peregrinación 
á Santiago, su ofenda al regresar al cenobio. — Traducción de una car- 
ta de Arnaldo. — El abad de Peramola restaura las murallas de 
Arnulfo. — Ilustres hechos de su sucesor Raimundo dez Bach. — Dál- 
"macio Sagarriga. — La Tarasca ó Lluert de San Eudaldo. —¿Que fué 
la Tarasca ? — Bertrán dez Bach erige un altar al verdadero retrato de 
Sto. Domingo. — El abad Villaragut reconstruye el pórtico de laMare 
de Deu.— Otro historiador del cenobio.— Panizars y los somatenes de 
los valles del Ter y del Fraser,— Guillermo CoUdecanas prior de Pani- 
zars.— Bulas de Clemente IV y de Bonifacio VIII. -Privilegios de los 
Abades.— Títulos honoríficos de los monjes. — Sarcófagos preciosos y 
epitafios dé Bernardo y Bertrán dez Bach. 




SEGURADA parecía la preponderancia de las 
armas cristianas sobre las agarenas con 
las uniones de los varios estados de que 
hemos tratado , cuando la invasión de los 
Almohades puso de nuevo en consterna- 
ción á los pueblos, amenazando la inde- 
pendencia de la Península. Grave era el peligro ; mas, 
para conjurarlo, bastaba recordar el medio adoptado á 
principios del siglo XI contra el poder de Almanzor; la 



— 132 — 

confederación de los estados cristianos. Bienio com- 
prendieron las Gasas Reales de Aragón y de Castilla, 
gobernadas entonces por descendientes de los esclare- 
cidos Condes de Barcelona, ya que D. Pedro el Católico 
era nieto de Berenguer IV eí Sanio, y el rey castellano 
Alfonso VIII, biznieto de Berenguer III el Grande. En 
1210, cuando más amenazadora.se presentaba la inva- 
sión, se efectuó la alianza de ambos reyes, en la cual 
entró también el de Navarra. Aprestáronse para la lu- 
cha; pero antes el rey de Aragón, siguiendo las piadosas 
tradiciones de los príncipes catalanes, imploró el auxi- 
lio de Santa María, á la cual (con escritura del 21 de 
Marzo, fechada en Lérida en el mismo año de la alian- 
za con el rey de Castilla) confirmó todos los antiguos 
privilegios, prometiendo al abad del cenobio ripollense 
no pedirle en adelante ninguna clase de subsidio, ni pa- 
ra guerrear contra los agarenos, ni [para subyugarlos, 
ni por otro cualquier motivo (1). 

Después de este homenaje prestado á la excelsa Reina 
de laCovadonga Catalana, partió D. Pedro á Toledo en 
auxilio de su primo Alfonso VIII, en donde «fué recibi- 
do con pública alegría de todos, y con procesión la mis- 
ma fiesta de la Trinidad. Venían con él desde Aragón 
veinte mil infantes y tres mil y quinientos caballos» (2). 
Acompañábanle el obispo Berenguer de Barcelona, y 
distinguíase entre sus caballeros Dalmacio Cressell na- 



(2) «... promittimus bona flde et damus vobis (Bernardo) RivipoUensi 
abbati ceterisque praelatis personisque ómnibus ecclesiasticis suis in 
diversis episcopatibus, mansis sive hominibus vestris vel Ecclesiarum 
sive monasteriorum vestroruní, quibus divina permitente gratia praesi- 
des, nullam questam, nülla forciam seu demandam vel ademprivum ali- 
quatenüs faciemus, nec aliquid causa Hispaniae expugnandae vel sub- 
iugandae vel alia quacumque occasione exigemus seu requiremus. (De 
la escritura de D. Pedro I el Católico). 

(3) Mariana, Historia de España, Lib 11. cap. 23. 



— 133 — 

tural de Ampurias, que por su gran pericia en la gue- 
rra y prudencia singular, ordenó las haces para la 
batalla. Libróse esta en 1212, los agarenos fueron com- 
pletamente batidos, y nunca, observa Mariana, la gloria 
del nombre cristiano pareció mayor, ni las naciones 
cristianas estuvieron en algún tiempo más gloriosa- 
mente aliadas. Conócese en la historia esta insigne vic- 
toria con el nombre de la de las Natas de Tolosa ; la 
Iglesia la celebra con la fiesta del Triunfo de la Santa 
Cruz. A partir de aquella fecha, el poder musulmán 
fué decayendo en España, y la escritura con que D, 
Pedro I honró á Santa María antes de partir á Toledo, 
hacen en cierto modo partícipe especialmente al San- 
tuario catalán del buen éxito que coronó en aquel dia 
las armas españolas. 

No menos que D. Pedro I honró su hijo D. Jaime el 
Conquistador la basílica de Oliva, antes de sus inmorta- 
les campañas, otorgándole á 6 de los idus de setiembre 
de 1217 desde Villafranca un privilegio, por el cual 
toma en especial custodia, amparo, fiel, protección y se- 
guro guiaje á los servidores de Santa María. El mo- 
nasterio correspondió más adelan ,e dignamente á este 
Real favor, sirviendo voluntariamente á D. Jaime con 
un tercio de tropas bajo la, dirección del soldado Pedro, 
á quién el rey apellidó el Abad, y así era conocido de to- 
dos. Sirvió este caballero en las conquistas del Puig y 
de Valencia con tanta satisfacción, que mereció el titu- 
lo de valiente. (1) 

Mientras así los reyes glorificaban la basílica, sus 
custodios no perdonaban medio de hacerse dignos de 
sus antecesores. No sólo las letras continuaban flore- 
ciendo en el monasterio, sino que sus monjes se impo- 



(1) Glorias nacionales. 



— 134 — 

nian verdaderos sacrificios, ni perdonaban enormes gas- 
tos, ni largos viajes, cuando preveian que de alguna 
manera podian acrecer la riqueza del archivo y las ex- 
celencias del templo. Entre no pocas pruebas que podría- 
mos aducir, baste el recuerdo del benemérito cenobita 
Arnaldo del Monte , quién durante la prelacia de Ber- 
ga y el priorato de Peramola fué en peregrinación á 
Santiago de Compostela, en donde no sólo satisfizo su 
devoción, sino que describió y extractó el mejor códice 
de la catedral compostelana, para hacer rico presente 
del fruto de su viaje á sus hermanos del cenobio ripo- 
llense. Bella es la carta que el monje peregrino trazó y 
puso por cabeza de su trabajo literario, y como quiera 
que ella revela algunas particularidades curiosísimas 
relativas al templo de Oliva, nos ha parecido trasladar- 
la integra (1): 

m 

«A los Reverendos Padres y Señores Raimundo por 
la gracia de Dios Abad electo deRipoll, y á Bernardo, 
Prior mayor, y asimismo á todo el venerable Convento 
de la misma iglesia; Fray Arnaldo del Monte, hijo hu- 
milde y siervo devotísimo de Vuestra Comunidad , sa- 
lud y plenitud de rendida servidumbre. 

Hallándome en la iglesia de Santiago de Compostela, 
la cual no sin permiso de vuestra Beatitud , me habia 
propuesto visitar , así en remisión de mis culpas, como 
por la devoción que inspira este lugar venerando á to- 
das las gentes, encontré allí mismo un volumen, el cual 
abarca cinco libros que tratan de los milagros del Após- 



(9) Esta carta se guardaba original en el archivo de Santa María, la 
copia que sirvió á Balucio se conserva en la biblioteca nacional de Pa- 
ria, la traducción es debida á nuestro sabio amigo el R. ÍP. Fidel Fita. 



— 135 — 

tol y de otras materias. En él se ve como Santiago bri- 
lla divinamente por sus milagros, á la manera de estre- 
lla polar que guía á los mercaderes y viandantes por 
todo el orbe; en él resplandecen los escritos d-e los San- 
tos Padres Agustín, Ambrosio, Gerónimo, León (Mag- 
no) Máximo (Taurinense) y Beda ; en él finalmente se 
disfrutan las leyendas ó escritos de otros santos , que 
en las festividades del glorioso Apóstol , y para su ala- 
banza están ordenadas, formando el círculo de todo el 
año con muchísimos responsorios, antífonas , prefacios 
y oraciones que pertenecen al mismo culto. 

«Considerando, pues, la devoción que vuestras frater- 
nidades profesan al bienaventurado Apóstol , y recor- 
dando bien que vuestros predecesores, inflamados de 
la misma devoción, hablan, erigido dentro de la ^ba- 
sílica un sacrosanto altar con el título de Santiago, 
sin otra mira que la de promover el divino amor, y la 
de ampliar la veneración que es justo se rinda á la su- 
blimidad apostólica, me propuse trascribir el sobredi- 
cho volumen, á fín de enriquecer á nuestra iglesia con 
el espejo de tantos y tan excelentes milagros, porque le 
son todavía desconocidos. Mas puesto que la voluntad 
de llevar á cabo este designio no bastaba por sí sola, y 
por otra parte ni se compadecía con él lo cuantioso del 
gasto ni la premura del tiempo, determiné ceñirme alo 
esencial, y asi lo he hecho. 

De los cinco libros, me he llevado copia de tres, con- 
viene á saber, el 2.", el 3.", y el 4.°, en que se contienen 
íntegramente así los milagros como la traslación del 
Apóstol desde Jerusalén á las Españas, y además se dá 
razón de la manera que tuvo Garlo-Magno para venir 
á las Españas, y domarlas y sujetarlas al yugo de Cris- 
to. Del primer libro saqué algunas pocas frases, que se 
tomaron de Calixto II, y pueden verse en este traslado. 
El quinto libro del sobredicho códice compostelano tra- 



— 136 — 

ta de varios puntos : de los diversos ritos y variadas 
costumbres de las gentes; de los caminos europeos que 
vienen á Santiago, y como afluyen casi todos á Puente 
la Reina;. de las ciudades, castillos, burgos y monteSj 
de la buena y mala condición que tienen las aguas, pe- 
ces, tierras, hombres y alimentos, y finalmente de los 
cuerpos de los santos que hallará en su camino el ro- 
mero de Santiago, venerados con mayor celebridad, 
como son San Gil, San Martín, etc. Contiene además 
el mismo libro quinto la topografía de la ciudad com- 
postelana, el nombre y el número de las aguas que la 
hacen amena, y no pasa por alto la fuente que llaman 
del Paraíso. Describe así mismo la planta y forma de 
la Catedral, lo bastante para que el lector se forme de 
ella concepto claro. Propone la institución y número de 
los canónigos que regulan la distribución de los dones 
ofrecidos á Santiago: y manifiesta como por reverencia 
del Apóstol intervino la autoridad de los Romanos Pon- 
tífices para trasladar á esta Catedral la dignidad Metro- 
politana que tuvo la Emeri tense. De todo ello extractó 
lo que podrán ver vuestras Paternidades, si se dignan 
mirar y acoger favorablemente este volumen que les 
presento. De su contenido, que es lo que haya de leerse, 
ya en la iglesia, ya en el refitorio, aparecerá por la 
epístola del Romano Pontífice Calixto , de santa memo- 
ria, cuya autoridad á ningún fiel es licito despreciar ni 
eludir. Aprobó aquel Papa el volumen sobredicho, po- 
niéndolo en la lista de los códices auténticos que lee la 
Iglesia; y esta sentencia y sanción de la cumbre apostó- 
lica confirmó después y corroboró el venerando Inocen- 
cio, Sumo Pontífice de la iglesia Romana. Por lo demás, 
cuando se hizo la transcripción del Compostelano á este 
mi presente volumen , contábase el año de la Encarna- 
ción 1173». 



— 187 — 

Bernardo de Peramola que al regresar Arnaldo del 
Monte habia tenido el consuelo de aceptar como Prior 
el rico presente , mostróse digno sucesor de Berga al 
ser elevado á la dignidad abacial en 1206, no solo fo- 
mentando los estudios, sino emprendiendo obras de re- 
conocida utilidad para las poblaciones dependientes del 
monasterio. Al efecto restauró las murallas debidas á 
Arnulfo, colocando á distancias proporcionadas varias 
torres, de las que una sola queda por muestra en la par- 
te del Fraser. También levantó en Olot el palacio aba- 
cial, habiendo dejado impreso en alguno de sus capite- 
les, á guisa de Armas parlantes, el geroglífico de su 
nombre, consistente en una piedra de molino (Petra-Mo- 
la) (1). Bajo su prelacia tomaron el hábito esclarecidas 
personas, entre ellas Bernardo dez Bach, de familia no- 
bilísima, el cual contribuyó desde luego al aumento y 
explendor del templo. 

En 1210, muerto ya Peramola, servia dez Bach en el 
cargo de camarero ; con su solicitud logró que el obispo 
de Barcelona Pedro devolviese á Santa María un huerto 
sito en el norte de su palacio , mediante sentencia de 
Guillermo Tavertet obispo de Vich, juez apostólico en 
aquella causa, junto con su hermano Pedro , Sacrista de 
aquella iglesia (2). Tanto se distinguió dez Bach entre 
los monjes, que fué después nombrado Prior, y al mo- 
rir Bernardo de San Agustín, sucesor de Peramola, la 
comunidad le aclamó por su prelado á fines de 1217. 
Siete años después hizo concordia con Alamando de Ai- 
guaviva sobre la iglesia de San Vicente de Tossa, que- 



(1) Debemos la fotografía de uno de estos capiteles á nuestro distin- 
guido amigo D. José Saderra, de Olot, quién en un excelente trabajo di- 
lucidó varios puntos relativos al palacio de los abades ripollenses en 
aquella noble villa. 

(2) Viaje literario de Villanueva carta 41, pág. 20, 



— 138 — 

dando sólo al Abad la presentación del párroco. Gomo 
comisario apostólico sentenció ser de la pertenencia de 
San Félix de Gerona el hospital de pobres de la misma 
ciudad, en cuya casa hizo construir la iglesia de Santa 
Catalina el obispo. Fué asimismo este prelado contem- 
poráneo y amigo de San Bernardo Calvó , quién en su 
preciosa carta memorial de 1243 se acuerda de la mo- 
nasterial villa (1). Murió lleno de ciencia y virtudes en 
20 de enero de 1234. 

Rigió luego 22 años la abadía Dalmacio Sagarriga, 
de noble linage. En 1251 asistió á las cortes que tuvie- 
ron lugar en Barcelona, presidiéndolas Jaime el Con- 
quistador (2). A este tiempo se remonta la tradición 
acerca áelLluert de SantEudal, la que referiremos bre- 
vemente, por ser este Santo una de las más preciadas 
glorias de Santa María. 

Una perturbadora fiera que unos llaman tigre, otros 
tarasca (3) y la tradición conoce con el nombre de Lluert 
(lagarto) era el espanto del alta montaña por los estra- 
gos que causaba, arremetiendo á los que se dirigían á 
Coll de Canas, donde tenia su manida. Esta aún se 
muestra al viajero. Pasamos por alto las relaciones que 
no carecen de poesía, con las que el vulgo pondera el 
terror que infundía el monstruo, los ingeniosos y vanos 
esfuerzos que se hacían para quitarle la vida, hasta 
que por fin lo consiguió con la protección de San Eu- 
daldo el esforzado caballero Dulcet, quién ofreció sus 
despojos á la iglesia del Santo. 



(6) «Et quia certum est quod omnia debita quibus nos sumus obligati 
debemus pro facto Valencie et pro castro de Torrodellaet pro causa Ri- 
vipoUi» etc. (Del inventario de San Bernardo Calvó, obispo de "Vich, pu- 
blicado por el canónigo D. Jaime Ripoll). 

(2) Marca, apén. n.« DXVIII, pág. 1438. 

(3) De rapa^ta?, ou, la perturbadora. 



— 139 — 

Graves autores opinan (y á su opinión nos inclinamos) 
que esta clase de heroicidades, tan comunes en los cro- 
nicones de todos los países, aluden á turbulencias paci- 
ficadas , á pasiones vencidas , á errores extirpados, 
etc. Recordaremos la Tarasca que dominó Santa Marta 
en Tarascón , lo cual considera Nostradamus {Historia 
de la Provenza , parte 1/, pág. 29,) como una alegoría 
del triunfo de la verdad sobre el error. El león de Ba- 
ñólas que sujetó San Emeterio, el dragón del lago de la 
misma villa que remató Carlomagno , el de San Jor- 
ge, etc. tal vez entrañan un significado más trascen- 
dental del que á primera vista aparece. 

Sin embargo, no nos atrevemos á negar en absoluto 
la realidad del Lluert de Sant Eudal, ya que es cierto 
que muchos santos triunfaron de diversos animales fe- 
roces, y N. Sr. Jesucristo dio como una prueba de su di- 
vinidad el poder que varios de los suyos ejercerian so- 
bre las fieras. (Evangel. de San Lucas, cap. X, v. 19). 
Además la tradición constante sobre la realidad de al- 
gunas tarascas es un argumento tan fuerte que, apesar 
de su opinión particular, Nostradamus parece retrac- 
tarla en la pág. 677 diciendo : « quoiqu' il en soit, il est 
á présumer que ce commun consentement, et 1' appro- 
bation de tant d' hommes , nes et venus de temps en 
temps, qui ne se sont opposés á cette créance, est un 
argument si ferme et tellement solide et nerveux, qu' il 
ne se doit aisément ni renvenser ni détruire». 

Por último la existencia de la fiera y la de su vence- 
dor están registradas como históricas en el necrologio 
de San Juan, que llama á Dulcet aRivipullensis tarasco- 
nis pernecaior . Posteriormente á su hazaña, mandó el 
caballero Dulcet labrar las imágenes del Santísimo Mis- 
terio que en San Juan de las Abadesas se venera. 

Por muerte de Sagarriga fué electo Bertrán dez Bach, 
deudo de Raimundo del mismo apellido. Era en 1256 



— 140- 

prior de Montserrat. Dedicó un altar á Santo Domingo, 
en el cual se veneraba el verdadero retrato del esclare- 
cido fundador de la Orden de su nombre (1), á quién 
siendo muy joven habia visto en Roma, Este altar fué 
erigido, según el abaciologio, por revelación del mis- 
mo Santo : « Revelatione per Sanctum Dominicum sibi 
facta.» 

Contábase el año 1280 cuando pasó á mejor vida este 
insigne Abad. Para la nueva elección se dividieron los 
pareceres de los monjes, eligiendo unos al noble Rai- 
mundo de Villaragut ; otros á Pedro dez Bach , prior de 
Monzón. Ambos fueron á Roma á defender su elección 
ante el papa Nicolás IV. Pedro murió allí , proveyendo 
Su Santidad en favor de Raimundo. Era esto en 1291, 
habiendo por consiguiente estado vacante la abadía du- 
rante once años. Aumentó el nuevo prelado las rentas 
del monasterio, y procuró su magnificencia mediante la 
reconstrucción de las arcadas que introducen á la anti- 
gua galilea de la basílica. 

Por el mismo tiempo un sabio monje escribía el Gesta 
Comitum, donde en estilo elegante narra los hechos de 
los Condes de Barcelona y de los reyes de Aragón hasta 
últimos de esta centuria (2). De esta manera los servi- 



(1) Este verdadero retrato de Santo Domingo era otra de las preciosi- 
dades de Santa María. Fué pasto de las llamas con los demás altares 
en el incendio de 1835. 

(2) Si solo se atiende á las primeras páginas de la obra del monje ri- 
pollés del siglo XIII {no XII como equivocadamente escribió Marca y 
los escritores que le siguen) no hay duda que el lector formará un con- 
cepto poco favorable del que admitió como verdades algunos hechos fa- 
bulosos, consagrados por la tradición. Este concepto lo han modificado 
los que, sin prescindir de las buenas cualidades de estilo que campean 
en toda la obra,. han notado la exactitud histórica del monje en las exce- 
lentes biografías de los reyes de Aragón, á partir de Berenguer IV hasta 
fines del siglo en que escribió. 



dores del Real Santuario que recordaba el origen de 
nuestra nacionalidad, eran los primeros en anotar cui- 
dadosamente las principales glorias de la patria, y, al 
propio tiempo que rogaban por sus príncipes, le desea- 
ban venturoso porvenir. «Oh Cataluña, exclama con 
entusiasmo el autor benedictino, después de narrar el 
entonces reciente desastre de Panizars, ¡oh Cataluña! 
seas glorificada por todos los siglos, digna serás de gran- 
des premios, dominarás, abundarás en riquezas! (1)». 
Tales votos, que tenian algo de profético, hacian de con- 
tinuo los moradores de aquella Santa Casa. Añadamos 
que á Panizars (donde fué derrotado el ejército de Feli- 
pe el Atrevido por D. Pedro el Grande, auxiliado de sus 
buenos y valientes catalanes) acudieron los somatenes 
de los valles del Ter y del Fraser, capitaneados por el 
caballero Raimundo Urgió. La iglesia de Panizars, que 
Bernardo Tallaferro habia cedido al cenobio de Arles, 
fué luego incorporada al que regia Villaragut, y elevada 
á priorato, fué enviado por prior el monje Guillermo 
Colldecanas, autor de una obra titulada : Líber vitae so- 
litarias que se conservaba en el Archivo. 

No faltaron durante los Condes-reyes Letras Apostó- 
licas, que enaltecieron la basílica de 'Oliva. Dos bulas, 
una del Sumo Pontífice Clemente IV y otra de Bonifa- 
cio VIII, otorgada la primera en Lion y la segunda en 



(1) «o Gatalonia! secla per omnia glorificeris, magna mereberis et do- 
minaberis, aere foveris!»Al grito de San Jorge y Santa María domi- 
naron luego los catalanes en Sicilia, en Cerdeñayen Grecia, donde 
fueron tan formidables que «causaron temor y asombro á los mayores 
príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina á muchas naciones 
y provincias, y admiración á todo el mundo». (Moneada). Cataluña fué 
también rica por su marina, y lo es aún por su agricultura, industria y 
comercio, gracias al amor innato que tiene el catalán al trabajo, y á las 
virtudes cívicas que le adornan. Perfectamente, pues, conocía á su pue-. 
Iblo el monje de Santa Maria, cuando en un arranque deamor patrio dijo, 
eyendo en el porvenir:_Magna mereberis! dominaberis! aere foverisi 



_ 142 — 

San Pedro de Roma á 4 de Marzo de 1297, permitieron 
á los prelados ripollenses usar mitra, báculo^ pectoral, 
guantes y anillo como los obispos (1). Acompañábanles 
su capellán de honor, secretario y pages, salian en co- 
che y sus lacayos vestian libreas amarillas y encarna- 
das. Cada Abad tenia su sello especial, la comunidad 
usaba constantemente del mismo. Los monjes en el Ca- 
pítulo y en el coro vestian hábito con muzeta, «de for- 
ma que eran honrados por sus vestidos casi abaciales, 
y el Abad por presidirles, usando insignias episcopales». 
A más de la dignidad abacial habia otros honoríficos 
títulos significativos de los varios cargos que se distri- 
buían los benedictinos. Tales eran el Prefecto del Pala- 
cio (paborde del palau) , el prior y vicario general , el 
presidente del Capitulo, el Camarero, el Prefecto de 
Berga, el Prefecto de Aja, el Limosnero , el Dispensero 
mayor, el Operario, el Sacrista, el Tesorero y guarda- 
dor de los Santos Óleos, el Dispensero menor, el Maestro 
de Capilla, y otros de menor monta. La caridad con los 
pobres y la explendidez del culto de Nuestra Señora 
fueron la constante divisa de los que ejercían tan dis- 
tinguidos empleos. 

El interior del templo fué adornado con dos magnífi- 
cos sacórfagos. El de Raimundo dez Bach y el de su 
deudo Bertrán. Su parte exterior presentaba dos relie- 
ves figurativos del intenso dolor de los monjes, al ser 
depositados en sus sepulcros los restos mortales de tan 
insignes abades. Ambos trabajos escultóricos, dignos 
del cincel de Fidias, constituían un trabajo perfecto y 
de un mérito exquisito. No sin gran paciencia, reunien- 
do fragmentos , pudimos conservar para la posteridad 



(1) Apéndice IV. 



— 143 — 

cada uno de los epitafios que se leian en ambos sarcó- 
fagos (1). Traducidos dicen así: 



A XIII DE LAS KALENDASDE FEBRERO DEL AÑO DEL SEÑOR MCCXXXl III 

MURIÓ EL M. R. P. Y Señor Raimundo dez Bach 

ABAD DE ESTE MONASTERIO, 
CUYA ALMA POR LA MISERICORDIA DE DiOS E. P. D. 
Tu QUE EL SEPULCRO CONTEMPLAS 
¿Por QUE EL MUNDO NO DESPRECIAS? 

En tal casa los mortales 

Sus VANIDADES ENCIERRAN. 



(1) I. 

XIII Kal. Februauii anno Domini MGCXXXIIII 
Obiit R. P. admodum Dominus Raimundus de Bacho 

ArBAS ISTIUS MONASTERir, 
CUIUS ANIMA PER MISERICORDIAM DEI R. I. P. 
QUI TUMULUM cernís, CUR NON MORTALIA SPERNIS? 
TaLI NAMQUE DOMO CLAUDITÜR OMNIS HOMO. 



II 



VII Kal. Febrüarii anno Domini MCCLXXX 
Obiit R. P. admodum Dominus Bertrandus de Bacho 
Abbas istius monasterii. 
QuoD suM vos eritis, quippe quod estis eram, 
o TU QUI transís! Dominum orare memento, 
iN Hoc monumento ora sig: Pater noster, 



— IM — 
II. 

A Vil DE LAS KALENDAS DE FEBRERO DEL AÑO DEL SEÑOR MCCLXXX 

MURIÓ EL M. R. P. Y Señor Bertrán dez Bagh 
abad de este monasterio. 
Seréis lo que yo soy, lo que sois era, 
Tus preces AL Señor, oh pasagero, 
Eleva al contemplar este sepulcro, 
Rezando con fervor el padre nuestro. (1) 



(1) En 3 de Noviembre de 1861, en presencia del Sr. Alcalde y del Sr. 
Deán, el Delegado de la Real Academia de S. Fernardo Dr. D. E. Ra- 
guer extrajo los restos de ambas sepulturas, en las que se encontró ade- 
más unas vinageras de plata y un báculo. El Delegado puso á disposición 
del Sr. Deán lo encontado para evitar profanaciones. Gracias á esta pre- 
caución se conservan aun íntegros los dos esqueletos, tanto más dignos 
de veneración, en cuanto ámás de pertenecerá dos nobilísimos é insig- 
nes prelados, son los únicos que han llegado hasta nosotros de los 72 
que rigieron la abadía desde 873 á 1845. 



immmmmr^T^m 



CAPÍTULO VIII 



LOS ABADES DEFENSORES DE LOS BIENES DE LA 
BASÍLICA OLIVANA 

Progresos y pretensiones del Riopullo el siglo IX en el siglo XIV.— 
El gobierno abacial — Tumulto del dia de San Esteban. — Lo gall de 
Santa Caí/ierina.— Retirada á San Quintín. — Ingratitud inmerecida. 
—Guillermo de Gamps y las ferias de Olot. — Ponce de Vallespirans y 
el abad obispo Hugo dez Bach. — Fundación de la Gomunidad de San 
Pedro.— Gracias espirituales por medio de la devotísima Imagen.— La 
peste de 1348.— Obsequios del Abad Jaime de Vivar á la Santa Imagen. 
— Hechos de Jaime de Vivar como prior de Montserrat, su sepulcro.— 
Raimundo de la Farras y D. Pedro el Ceremonioso. — El comercio 
é industria de Olot protegidos por el Abad.— Galcerán de Besora cons- 
truye el segundo piso del claustro y adquiere posesiones para el ceno- 
bio.— Za Maza de San Benito.— Biograña. del gran abad Raimundo 
dez Gatllar. — Distinciones que mereció de D. Juan I y de la reina D.* 
Violante, la cual visita el Real Santuario.— Privilegio del rey D. Mar- 
tín á Santa Maria.— Dez Gatllar, obispo de Elna y de Gerona.— Sus re- 
galos al templo de Santa Maria. 




uÁN sabios eran en la administración de los 
bienes de Santa María los sucesores de Da- 
guino, se echará de ver, en primer lugar, 
notando las mejoras introducidas en el pe- 
queño caserío, que con el nombre Riopullo 
se levantaba en el siglo IX en la confluen- 
cia del Ter y del Fraser. Regular población era ya en 
el siglo XIV, habiéndose debido su aumento á la con- 

10 



— 146 — 

currencia cada vez mayor de peregrinos, y á la genero- 
sidad con que los abades atendían á los que en los 
términos privilegiados del monasterio trataban de esta- 
blecerse. Miraron, en efecto, los abades á la villa que á 
la sombra protectora del Santuario habia crecido, como 
la hija predilecta del cenobio, como la sede abacial, y no 
perdonaron medio para hacerla agradable, tanto á los 
que por motivos de devoción visitaban á la Santa protec- 
tora del Principado, como á los que por recreo y utilidad 
allí permanecían. Grata sorpresa era para el viajero 
encontrarse, una hora antes de llegar á la basílica, con 
caminos empedrados y en todas direcciones que al mo- 
nasterio afluían, y ser recibido en cómodas hosterías 
en que todo abundaba, gracias á la inagotable caridad 
de los monjes que á todo suplía. La generosidad del 
monasterio se hizo pronto proverbial, los mismos nobles 
recordaban lo hlanch pa de froment, saboreado entre los 
cenobitas, y aún la piadosa leyenda se complació alguna 
vez en hacer intervenir á Santa María para favorecer 
con tan regalado alimento á sus devotos (1). En cuanto 
á los pobres y desvalidos se apresuraron á trasladarse á 
unas tierras en que recibían en anfiteusis ricas pro- 
piedades, con sólo el censo anual de algún pequeñísimo 



(1) Una de esas piadosas leyendas se refiere al Señor del Castillo de 
Lió (Cerdaña), quién de regreso del monasterio de RipoU, hallándose 
extenuado por la ..fiebre en las alturas de Nuria, tendióse en el prado, y 
levantando/sus ojos 'alucíelo exclamó: «¡Oh si yo gustar pudiese de aquel 
pan floreado del cenobio de Santa María!, figúraseme que de muerte 
volvería ala vida», kl punto vieron llegar sus criados una angelical 
doncella de blanco vestido, llevando una cesta llena de panes. Pregun- 
táronle ¿á donde se dirigial jsi algo traia para vender? Respondió: Pan 
traigo del monasterio de Ripoll para un caballero que lo desea. La le- 
yenda concluye asegurando que el Señor de Lió, después de haber pro- 
bado el apetecido alimento, se vio libre de la fiebre ; mas cuando quiso 
remunerar á la joven habia desaparecido sin que nadie supiese dar ra- 
zón de ella. Atribuyóse el hecho á gracia especial de la Virgen. 



— 147 -- 

obsequio á su Señor. De esta suerte fué en aumento él 
Riopullo del siglo IX, prosperábanlos naturales y fo- 
rasteros, y cuando llegaron á formar un respetable nú- 
cleo de población, el Abad les dio leyes y administró 
justicia con la suavidad y rectitud propias de un prela- 
do católico. 

Para el ejercicio de la jurisdicción civil y criminal 
del alto, bajo y mixto imperio, se nombraba un monje 
sacerdote Procurador general, un seglar Procurador 
jurisdiccional, un Asesor y un Justicia llamado Baile. 
La parte económica estaba confiada á un Fiel que vela- 
ba por la calidad, precio y peso de los comestibles; un 
Clavario (definidor, cap de guayta) cuidaba, por su par- 
te, de la exacción de las imposiciones de la villa, eje- 
cución de los bienes, penas y otras dependencias ó 
emergencias. Anualmente se rendían cuentas al Abad 
ó al Procurador general, con asistencia del que lo era 
del Cabildo monasterial, de un clérigo seglar Procura- 
dor general de los sacerdotes residentes en la villa y de 
dos vecinos (distintos cada año), nombrándose ordina- 
riamente los más émulos y contrarios al monasterio. 
Estos últimos hablan de otorgar testimonio ante Escri- 
bano, de la legalidad y buena administración de los 
Clavarios. 

Por excelentes qne fuesen los resultados del gobier- 
no abacial, no faltaron descontentos que, deseosos de 
peligrosas innovaciones, desearon cónsules indepen- 
dientes de la gefatura eclesiástica. Pervirtiendo la opi- 
nión pública sublevaron al pueblo en diciembre de 
1296 y, en 26 del mismo mes, le indujeron los agitado- 
res á nombrarse cónsules, habiendo resultado elegidos 
para dicho cargo Ramón de Vallespirans, Bernardo de 
Viñas, Pedro Guidón y Berenguer Novell. Natural era 
que el Abad, sorprendido con no merecida ingratitud, 
desaprobase los actos de los perturbadores; mas renun- 



— 148 — 

ciando á la fuerza material con que le brindaban varios 
señores feudales, se contentó con poner entredicho en 
todas las iglesias de los términos privilegiados del mo- 
nasterio, mientras durasen aquellas deplorables cir- 
cunstancias. Excomulgó además á los promovedores 
del tumulto. Vueltos en si los ánimos en vista de la 
gravedad que el negocio presentaba, dispusieron los 
más avisados que una comisión rogase al prelado que 
señalase penitencia para abrir las ¡puertas á la recon- 
ciliación. Logróse ésta mediante una pública muestra 
de arrepentimiento de los que, provocaron el conflicto. 
Estos, en su mayor parte, se reunieron en la plaza de 
San Eudaldo, en la que habia tenido lugar el nombra- 
miento de los cuatro cónsules. Llorosos , descalzos y 
en hábito de penitentes, durante dos domingos conse- 
cutivos y el dia del aniversario de la 4.* dedicación se 
encaminaron procesionalmente hasta el altar de la San- 
ta Imagen protectora de aquellos valles, y allí de rodi- 
llas pidieron humildemente perdón. Dos dias antes de 
la solemne fiesta de la dedicación (15 de Enero de 1297) 
el limo. Raimundo de Villaragut declaró nulo lo actua- 
do para la erección del consulado independiente; la vi- 
lla se obligó al pago de 12,000 sueldos y, después de la 
promesa y juramento de renunciar á injustas noveda- 
des, fué alzada la excomunión y las censuras. La nue- 
va fué recibida por el pueblo con' fiestas y regocijos pú- 
blicos, en que se prodigaron vítores á Santa María y 
á la indulgencia de sus prelados. 

Hemos querido relatar el tumulto del dia de San Es- 
teban de illB,^ por haber sido el que más gravedad 
hasta entonces habia revestido, y por haber dado origen 
á la popular fiesta que ha sobrevivido al régimen, de los 
Abades con el extraño nombre de ; « Lo Gall de Santa 
Catherina». 



— 149 — 

Para entender esta fiesta, conviene presuponer que el 
monasterio hacia por armas un gallo en una concha ó 
entre dos rios; estas armas parlantes adornaban la cla- 
ve principal de los tres pórticos que daban entrada á la 
plaza de Sania Catalina, propia de la abadía. Levantá- 
base eri dicha plaza el palacio abacial, á su lado la Cu- 
ria, y frente por frente el molino, los graneros públicos 
y la escuela. 

La plaza de Santa Catalina , el gallo , el molino y un 
sable teñido de color de sangre, fueron los objetos que 
hablan de presentar, en una alegoría muy trasparente, 
las aspiraciones del pueblo resentido, por medio de una 
infantil manifestación. Describámosla tal como los si- 
glos nos la han trasmitido. 

En el mes de noviembre, dia de Sta. Catalina, cuando 
la nieve reemplaza en la comarca del monasterio la rica 
vegetación del verano, y un rigoroso frió tiene ateridos 
en el hogar á todos los habitantes del valle, los niños 
ripollenses, desafiando el frió y la;s nieves, acuden á la 
plaza pública desde las primeras horas del amanecer. 
Cada muchacho ostenta, engreído, ante su pecho un 
arrogante gallo, al que sujeta fuertemente las patas con 
la mano izquierda, mientras su derecha blande con in- 
fantil bizarría un sablete de madera embadurnado de 
almazarrón. Indescriptible es la algarabía producida 
por centenares de chillones muchachos y otros tantos 
gallos canoros ; mas se hace insoportable cuando los 
pequeños manifestantes, poniéndose en marcha, ento- 
nan (acompañados del impertinente y constante quiqui- 
riquí ) esta intencionada cantinela: 

« Gall de Santa Catherina, 
Tú que 'ns pasas la fariña.... 
¡Si 'ns espatllas lo cedas 

¡Ab un colp de sabré 

Te llevaré 'I ñas!» 



— 150 — 

Como quién dice: «Abad ¡tu que desde suntuoso pala- 
cio nos tienes constantemente esclavizados y aturrulla- 
dos, ándate con tiento ! Pues ¡ ay del dia que cometas 
manifiesta injusticia! Entonces te arrebataremos el po- 
der civil, tu tesón será quebrantado». La picara estrofa 
se modula monótonamente como los versículos de los 
salmos hasta la saciedad en todas las plazas , en todas 
las esquinas , en todas las calles , entre los aplausos de 
la muchedumbre, y se repite fuera de la villa, donde la 
manifestación pacífica termina sangrienta. Concluyen 
efectivamente los muchachos su fiesta, magullando sin 
piedad , con el sable , la cabeza del indefenso gallo y, 
entrando de nuevo en la población, ostentan en aire de 
triunfólos trágicos despojos que, entregados oportu- 
namente á las madres , constituyen aquel dia el bocado 
más sabroso de la mesa. 

De esta paliada é ingrata manera el pueblo mortifica- 
ba anualmente á sus benefactores, y alimentaba el fue- 
go de antiguas, pero infundadas discordias. 

El Gall de Santa Catherina dejó con el tiempo de re- 
ferirse al Abad, la fiesta empero subsiste, si bien puri- 
ficada de su antigua malicia por las llamas que en- 
volvieron en una común catástrofe cenobio y cenobitas, 
población y sus habitantes. 

Largo, enojoso y ageno de nuestro propósito seria re- 
latar los sinsabores que los díscolos de la villa siguie- 
ron propinando á los Abades, hasta el punto de haber 
querido parodiar (poco después de lo relatado) la retira- 
da al monte sacro , dirigiéndose en masa gran número 
de familias á San Quintín , en donde establecieron sus 
tugurios y cabanas. Para descargo de aquella gente 
sólo puede alegarse que la oposición al sistema feudal 
no era un hecho aislado en la confluencia del Ter y del 
Fraser, antes bien generalizado desde que los reyes 



— 151 — 

empezaron á favorecer con privilegios á los municipios; 
resulta, sin embargo, comprobado, por numerosa docu- 
mentación, que ningún pueblo tuvo menos motivo que 
el que nos ocupa, para hacer alarde de repetidos actos 
de ingratitud contra el gobierno de sabios y virtuosos 
prelados, cuya principal solicitud era fomentar toda 
clase de adelantos entre sus subordinados. 

No se concretaba esta solicitud únicamente á la po- 
blación que á la sombra benéfica del monasterio pros- 
peraba, sino que se extendía á todas partes donde lle- 
gaba el abacial dominio, Olot era una de las villas cuya 
jurisdicción habia confiado Bernardo II de Besalú á los 
prelados ripollenses y, á principios del siglo que histo- 
riamos, debió al Abad Guillermo de Camps ( sucesor de 
Raimundo de Villaragut en 1310() que el Rey D. Jai- 
me II el Justo decretase la celebración de ferias, con 
otras prerogativas encaminadas á fomentar la prosperi- 
dad de aquella importante villa. He aquí el decreto á 
que nos referimos, sacado del Archivo municipal de 
Olot, pergamino 318. (1) 

Nos el rey D. Jaime etc. A instancia del venerable 
ABAD DEL MONASTERIO DE RiPOLL coTicedemos y Ordena- 
mos por nosotros y los nuestros perpetuamente , que en 
el pueblo de Olot se celebren ferias , empezando el futuro 
dia de San Lucas, y continuando pov espacio de los quin- 
ce días siguientes. Asimismo se celebrarán dichas ferias, 
en el mismo punto, principiando el dia próximo de Pen- 
tecostés, durando cada año también los quince dias subsi- 
guientes. Disponiendo y permitiendo que todos, de cual- 
quier estado y condición que fuesen los que á dichas 
ferias vayan y regresen [á excepción de los malhechores y 



(1) Olot, su comarca, sus extinguidos volcanes, su historia civil, reli- 
giosa y local, por D. Esteban Paluzié y Cantalozella. Apéndice 6." 



— 152 — 

desterrados) ya en su ida, permanencia y regreso de di- 
chas ferias, ya -permaneciesen con todos sus bienes y ga- 
nancias, sean salvos y seguros y acogidos bajo nuestra 
especial protección. Asimismo prohibimos que prendan, 
marquen ó impidan suspersonas y bienes por delitos, cri- 
men ó deudas agenas, á no ser que sean sus principales 
deudores ó fuesen á ello obligados en nombre de otro por 
alguna razón y derecho, y aún en estos casos deben ha- 
llarse los fundamentos de su derecho. Dado en Lérida á 
los idus de Marzo de ISM. 

Es de notar que ya en 1206 el abad Raimundo de Pe- 
ramola había concedido á Olot la libre entrada y salida 
de los artefactos, con otras inmunidades que aceleraron 
el progreso de las artes y que, además de fomentar su 
bien moral por todos los medios posibles, el mismo 
Abad adornó (según va anotado) tan hermosa villa con 
su palacio y otros notables edificios. 

Ponce de Vallespirans (1) obtuvo por elección de los 
monjes la abadía, confirmándole en su dignidad el papa 
Juan XXII. Muchas esperanzas había hecho concebir 
la sabiduría de que estaba adornado , cuando al poco 
tiempo le sorprendió la muerte en Aviñón, á donde 
había trasladado la silla apostólica Clemente V. 

Hugo dez Bach , prior de San Pedro de Gervera, se 
sentó luego dignamente en la silla abacial. Fué el pri- 
mero elegido por el Papa, y en él empezaron las reser- 
vaciones apostólicas. Instituyó una Confraternidad 
para los Presbíteros de San Pedro á 8 de los idus de se- 
tiembre de 1338 (2) «procediendo en ello de buena fe, 



(1) Era este Abad descendiente de la ilustre y señorial casa de Valles- 
pirans, fué casi contemporáneo de Arnaldo de Vallespirans, Abad del 
monasterio de Bañólas. 

(2) «Statuta facta pro bono regiraine Ecclesiae S. Petri anno 1338, 
approbata per Abbatem cum concilio et assensu Presbyterorum et pro- 
borum hominum oppidi RivipuUi.» Archivo de San Pedro. 



— 153 — 

dice el abaciológio, y para aumento del culto divino; no 
sospechando siquiera el menoscabo que la tal confra- 
ternidad habia de ocasionar al monasterio». En 1347 
estuvo este Abad en Barcelona con otros prelados y 
magnates para recibir á la reina Leonor ; en el año si- 
guiente en Valencia para arreglar las paces, y en la 
Pro venza con dirección á Roma en 1350. Continuó en 
el gobierno de la abadía hasta 1351 , defendiendo con 
tesón la jurisdicción civil y criminal que ejercía en 
Oloty en Tossa. En 1351 mereció por sus virtudes ser 
otro de los sucesores de Rodulfo en el. obispado de Ur- 
gel, en cuya dignidad murió á 11 de enero de 1361, 
siendo enterrado en la basílica de Oliva. 

Entre las inumerables gracias espirituales con que 
allí la Virgen Santísima favorecía á sus devotos, la tra- 
dición y el libro de los milagros refieren el siguiente 
que se dice tuvo lugar en 1348, durante la prelacia de 
este abad-obispo (1). 

Aterrada la villa con la predicción de graves castigos, 
revelados por la Virgen á una alma fervorosa, se empe- 
zaron rogativas públicas para aplacar la Justicia divina. 
El primer domingo de mayo del año susodicho, después 
de la Sahe Regina, entonada con toda pompa ante el 
altar, fué visto por algunos, que la Imagen dirigía una 
pía mirada al divino Infante, y éste á la Virgen. Ambas 
Imágenes movieron luego la mano izquierda; la cara de 
la Virgen tomó aspecto lívido, y sudaba como si estuvie- 
ra viva, por lo que se la enjugaron con un paño que se 
guardaba entre las reliquias. En tanto que el pueblo llo- 
raba y á grandes voces pedia' misericordia, oyéronse 
repentinamente dulces cánticos sobre la iglesia. Estaba 



(1) Reproduce la noticia de este milagro, tomándolo del mismo libro 
del Archivo de Santa Mama, el P. Narciso Gamos en su Jardín de Ma- 
ría, Lib. 7, Cap. IX, pág. 308. 



— 154 — 

un niño contrahecho junto al monje que secaba el su- 
dor de la Imagen y le decia: Monsenyer, unagoteía mes 
caiguda á la cara y un altre goleta en lo péu.» Volvién- 
dose el monje, vio la de la cara, y á poco rato repitió el 
niño: Monsenyer, guarit som! Y en efecto, estaba mila- 
grosamente curado. En esto se vio una paloma que con 
vuelo seguro posándose en la cabeza de la Virgen com- 
puso la corona que tenia inclinada hacia los ojos y, en- 
tonces, la Santa Imagen levantando su diestra, dio la 
bendición al pueblo. 

La gente de las cercanías vio en el mismo instante 
una resplandeciente nube elevarse lentamente desde el 
lucernario del crucero, hasta perderse desvanecida en 
la región superior de la atmósfera. El pueblo arrepentido 
de sus culpas adora á su Dios, y la bendición de la Vir- 
gen inunda los corazones de alegría y consuelo celes- 
tiales. 

En el mismo año una peste asoladora empezó á diez- 
mar las poblaciones de los valles del Ter y del Fraser (1); 
mas el monasterio, tanto en esta ocasión como durante 
el hambre, guerras y terremotos, harto frecuentes en 
el siglo XIV, experimentó visiblemente el favor de su 
divina Protectora. 

Jaime de Vivar, natural de Gamprodón, prior de Mont- 
serrat, fué elegido abad en 1351, por la promoción de 
Hugo dez Bach al obispado de Urgel, Enriqueció la ba- 
sílica de Oliva con un palio y otras alhajas de gran va- 
lor. Fundó además y dotó una capellanía y aniversario 
á devoción de San Vicente y bajo su título, reservando 



(1) La villa de San Juan de las Abadesas contaba en 1349 solo 50 fami- 
lias, por haber muerto en menos de un año la tres partes de sus habitan- 
tes. Describe esta gravísima peste el P. Mariana en el libro décimo sex- 
to, Cap. XIII de su Historia de España. También escribió largamente so- 
bre ella en sus Epístolas Francisco Petrarca. 



— 155 — 

el derecho de patronato para los priores de Montse- 
rrat (1). En esta Santa Casa edificó el claustro pequeño 
delante de la cámara abacial y la Capilla de las Vírge- 
nes. En 1362 renunció la abadía y fué á terminar sus 
dias en la villa de Monistrol, cuyo puente pudo darse 
por concluido, gracias á la eficaz cooperación de este 
ilustre prelado. El abaciológio pone su muerte en 19 de 
mayo de 1375, año de gran carestía, sobre todo en di- 
cho mes. Fué enterrado en la capilla de las Vírgenes 
en un sarcófago de mármol sostenido por dos leones, 
con una estatua yacente que, según tradición, es el ver- 
dadero retrato de este célebre abad ripolíense. 

No menos celoso promovedor del culto de la devotísi- 
ma Imagen y ardiente defensor de sus derechos fué Rai- 
mundo de La Farrés (2) que por renuncia de Vivar le 
habia sucedido en la dignidad. Apesar de la oposición 
de D. Pedro el Ceremonioso , de su segunda esposa D/ 
Leonor y de su hijo el infante D. Martín, entonces con- 
de de Besalú, sobre la jurisdicción deOlot; defendió sus 
derechos con energía, al propio tiempo que protegía el 
desarrollo de dicho villa, eximiéndola en 28 de Noviem- 
bre de J362 del pago del derecho de medidas durante las 
ferias. Aumentó las rentas del cenobio, comprando en 
31 de Octubre de 1363 la baronía de la Guardia, cuya 
adquisición hizo apesar suyo, para suministrar fondos y 
dinero á D. Pedro y acallar sus exigencias. La reina 
D.** Leonor, procuradora del rey su esposo, le vendió á 
8 de marzo de 1364 á carta de gracia por 25000 sueldos 



(1) El altar de San Vicente fué erigido en el pórtico del abad Villara- 
gut, dentro de la llamada Cova del Comte 1' Arnau. En su exterior se ve 
el escudo de armas de Jaime de Vivar. 

(2) Era este abad natural de Fontcuberta y pertenecía á la ilustre fa- 
milia de su nombre que dio otros insignes varones á nuestra patria. 



— 156 — 

(13333 rs.) el mixto imperio y la jurisdicción inferior y 
superior de Olot y parroquias, venta que confirmó en 
28 del mismo mes el rey con el infante D. Juan (1). En 
1377 el monje sacrista Úmbrell hizo construir las puer- 
tas del templo existentes en 1835, según constaba en las 
chapas de hierro de las mismas. Otro monje, por nom- 
bre Sales, escribe en la misma época sobre materias 
botánicas y de farmacia. Su manuscrito en pergamino 
formaba un volumen en 4.°, custodiado en el Archivo. 
Murió La Farros á 10 de Setiembre de 1380, dejando la 
Santa Gasa en pacífica posesión de sus rentas y privile- 
gios. 

Galcerán de Besora, nombrado abad por el Papa Ur- 
bano VI á 3 de Febrero de 1381, hace después de La Fa- 
rros notable su gobierno por su celo en acrecentar las 
riquezas del templo monasterial. Adquirió por compra 
la Bailía y varias rentas en el territorio de Molió. Dio 
grande impulso á las obras del claustro, las que recuer- 
da una inscripción descubierta en el ala paralela de la 
iglesia por nuestro querido hermano Antonio. 

EN L' ANY DE MGGCLXXXIL BESORA. 



(3) El ilustrado Sr. D. Pedro Alsius en su magnífica Historia de Ba- 
ñólas, pág. 223, dice á nuestro propósito lo siguiente: «Si 's compara est 
período de la nostra historia ab lo corresponent de la vila de Olot, se 
troba entre ells tais analogías, que be pot dirse que son completament 
iguals. De Olot era Sr. Jurisdiccional 1' abad de Ripoll, est y '1 de Ba- 
nyolas completaren Uursjurisdiccions de justicia coniprantá D.* Leo- 
nor, procuradora del rey t). Pere IV, lo que 'Is hi mancaba pera poder 
exercirla omnímoda en ditas poblacions y parroquias vehinas, empen- 
yat de est modo la Corona á dos richs senyors, dos importants vilas y 
comarcas del comptat de Besalú. Mes tart, volgué '1 rey que son fiU D. 
Martí tingues quiti y Iliure de tot empenyo est comptat, y pera lograrlo 
posa en jocli tota sa influencia y cautelosa conducta, á fi de interessar 
ais habitants de tots eixos pobles á prestarli cuantiosas sumas ab que 
Huir las j.urisdiccionsempenyadas, en lo cual se distinguiren en primer 
lloch las dos vilas citadas, y també la de Besalú.» 



— 157 — 

Cuando más ocupado estaba este prelado en la obra, 
deseoso de terminar el segundo piso, leemos en el anti- 
guo abaciológio que en una helada noche de diciembre, 
reinando completa oscuridad y el silencio más profundo, 
da maza de San Benito dejó oir distintamente tres gol- 
pes en la puerta de la basílica.» Extremeciéronse los 
monjes, pues la maza de San Benito era siempre cierto 
anuncio de la muerte de uno de la comunidad. ¿Cuál 
fué la víctima elegida? Pronto el semblante de Besora 
palideció, languidez mortal se apoderó de sus miembros, 
á los tres dias exhalaba el último suspiro. Era esto al 
terminar el año 1383. La maza de San Benito habia 
anunciado la muerte del Abad. 

Las difíciles y complejas cuestiones que se origina- 
ron en este siglo con motivo de la jurisdicción de los 
Abades, iban llevándose á buen término, gracias á la 
prudencia y tesón de los nobles prelados que presidian 
el cenobio. A todos sobrepujó Raimundo dez Catllar. 
Oriundo de la nobilísima familia de su nombre estable- 
cida en la villa, fué desde su infancia ofrecido por sus 
piadosos padres á la Santa Imagen de Wifredo, para 
que la sirviese todos los dias de su vida. Claro y despe- 
jado talento, unido á gran energía de carácter que iba 
desarrollándose con los años, eran las cualidades que 
más distinguían al oblato ; por ellas adivinó el sabio La 
Farrés lo que podía dar de sí aquel niño, con una ins- 
trucción y educación convenientemente dirigidas. 

Cursó primeras letras y la segunda enseñanza en las 
aulas del monasterio , hizo profesión religiosa en 7 de 
marzo de 1371, y en premio de su piedad y aplicación 
constante, envióle el Abad á la universidad de Lérida, 
eñ donde, á expensas del cenobio, cursó leyes y cultivó 
las otras ciencias con éxito el más brillante. Terminados 
los estudios de facultad, regresó á su patria querida ; 
en el desempeño del cargo de Prefecto de Aja, se mos- 



— 158 — 

tro gran canonista, tan versado en todos los ramos del 
saber, como acérrimo defensor de los derechos ¿inmu- 
nidades eclesiásticas. Respetábale la Comunidad por ta- 
les prendas, y, al morir Galcerán de Besora, los monjes 
le aclamaron por su Abad, haciendo uso de una antigua 
prerogativa, por tener perturbada la Iglesia el gran Cis- 
ma de Occidente. 

D. Pedro el Ceremonioso, que pretendía disponer ásu 
antojo de los bienes del monasterio, no quiso recono- 
cerle, adivinando en dez Catllar un carácter inaccesible 
á los halagos y persecuciones. Dos años hacia que este 
goberna,ba pacíficamente, cuando el rey, no pudiendo 
tolerar su enérgica resistencia, decretó su prisión, des- 
terró al monje dispensero, secuestró las rentas de la aba- 
día, impuso por Abad á Fr. Francisco Batet, y cometió 
otras inauditas tropelías. 

Logró dez Catllar fugarse de la cárcel, y con el monje 
dispensero buscó un asilo en Grecia, entre los catalanes 
allí establecidos desde aquella célebre expedición inau- 
gurada después de la guerra de Sicilia (1317), con oca- 
sión de haberles llamado el emperador Andrónico, aco- 
sado por los turcos, y cuyo resultado fué legar á su pa- 
tria los ducados de Atenas y de Neopatria. Ignoramos 
los hechos del ilustre dez Catllar durante su permanen- 
cia en Grecia, es de creer que en sus santos sacrificios 
y asiduas oraciones, rogaría por la prosperidad de las 
provincias conquistadas, y que propagarla la devoción 
de la excelsa Reina de los valles del Ter y del Fraser 
entre aquellos esforzados guerreros, que enalteman en 
Oriente la gloria de Cataluña. 

Muerto D. Pedro el Ceremonioso en 7 de enero 1387, 
vuelve dez Catllar á su monasterio, restaura el palacio 
abacial, dentro del que se admiraba una preciosa capilla 
ojival de la Purísima, hace otro en Olot, edifica el cas- 



— 159 — 

tillo de Tossa del cual era Señor, y tiene la gloria de 
completar la obra del suntuoso claustro (1). En él mis- 
mo año se firmaron nuevas concordias entre la villa y 
los servidores del templo, corroborándolas dos años 
después el rey Juan I el Cazador. La reina D.* Violan- 
te, secundando a su esposo, mostróse muy devota y pro- 
tectora de la Santa Gasa, que prometió visitar, y en in- 
demnización de los daños y tropelías de D. Pedro, re- 
galó 800 florines de oro, un báculo, una mitra y un 
cáliz, todo de un gusto exquisito y de gran valor. 

En 1395 asistió dez Gatllar al Concilio provincial de 
Tarragona, donde protegió y defendió á sus vasallos pa- 
ra aliviarlos de las contribuciones exigidas por don 
Juan I, con motivo del matrimonio de su hija D.* Juana 
con el Conde de Foix. Como Abad mereció particulares 
distinciones del mencionado D. Juan I y de D. Martín : 
ambos le llaman su consejero en dos privilegios conce- 
didos á la abadía en 1394 y en 1397. 

Tanta virtud y sabiduría le llamaron luego á más al- 
tos destinos ; pero antes de ausentarse de Santa María, 
quiso mostrar á la devotísima Imagen su agradecimien- 
to, regalándole su escogida librería junto con un bácu- 
lo y mitra preciosa, acompañando la ofrenda con un 
tierno memorial en que recuerda las particulares gra- 
cias que desde su infancia habia alcanzado mediante su 
patrocinio (2). 



(í) En tiempo de este Abad fué maestro mayor de la obra del claustro 
Pedro Mieres, los picapedreros eran todos de Gerona. Ganaba el que 
más cuatro sueldos de jornal, 'el que menos dos. En las cuatro alas 
abundan las contraseñas de los picapedreros. 

(2) «... Attendentes quod in pueritia nostra fuimus professi ordinem 
práedictorum in dicto Cenobio, et usque nunc nutriti et alimentati de 
fructibus et redditibus eiusdem, tam in dicto monasterio quam in diver- 
sis publicis studiis in artibus et facultatibus iuris canonici et aliarum 
scientiarum eruditi, et in eodem monasterio officium praepositurae de 



- 160 - 

Veinte y siete años después de regentar la abadía, 
fué preconizado obispo de Elna, pasó luego á ocupar, la 
silla episcopal de Gerona, y durante los tristes aconte- 
cimientos que sobrevinieron á Cataluña, fué uno de los 
elegidos para concordar á los pretendientes á la corona, 
y obtuvo el cargo de embajador del Infante de" Anteque- 
ra, en quien recayó la elección del parlamento de Cas- 
pe. Lleno de merecimientos y amado de todos por su 
gran piedad y sencillo trato, murió en Valencia á la 
edad de 60 años, siendo la noticia de su muerte recibi- 
da por los monjes como otro de los grandes infortunios 
que iban á descargar sobre su santa Casa, después de 
tantos siglos de gloriosa existencia. 



Aja obtinuimus et possedimus multo tempere et ex post, mediante Dei 
gratia, ad dictam nostram dignitatem promoti et proinde máximos ho- 
nores fuimus assequti, ex quibus reputamus nos fore obligatos ad retri- 
butionem quantum possumus et poterimus faoiendam ipsi monaste- 
rio, etc. . 



CAPÍTULO IX 



MENOSCABO DEL MAYORAZGO DE TODA LA VOLUNTAD 
DEL GRAN WIFREDO AL EXTINGUIRSE SU DINASTÍA. 



Fin de la dinastía de Wifredo el Velloso. — Fatales consecuencias de la 
muerte del rey D. Martín para la la patria y para la fundación de Wi- 
fredo.— Elpriorato de Montserrat es erigiao en abadía. — Marcos de 
Villalba. — El sol qne nace y el sol que se pone. — Solicitud paternal de 
los abades ripollenses respecto de Montserrat. — Muerte del abad Re- 
jadell. — Desastres ocasionados en Santa María por el terremoto de 
1429.— Célebres prelacias de Cartellá y de Sa Masó. — Disensiones en- 
tre Juan II y el principe de Viana.— Él abad Narciso Miguel es enve- 
nenado en Gerona.— Los abades comendatarios.— Sacrilego despojo 
perpetrado en Santa María por el noble Pedro de Rocabertí.— Censura 
del obispo Margarit en su obra Templum Domini. — Un contemporá- 
neo de Rocabertí maldice la usurpación del altar de oro.— Repara don 
Juan II en lo posible el escándalo.=Conquista de Granada y elevación 
al solio pontificio de un Abad de Ripoll.— Pérdida de códices. —Es de 
nuevo combatida la jurisdicción de los abades. — Conducta de estos en 
tan aciagas circunstancias. 




►OR espacio de más de cinco centurias habia 
dado inmortales Condes á Barcelona y duran- 
te doscientos sesenta y tres años insignes re- 
*yes á los Aragoneses la dinastía del gran Wi- 
fredo el Velloso, que acababa de extinguirse 
en su línea de varón á la muerte de D. Martín 
el Humano, acaecida en 31 de Mayo de 1410. General 
consternación produjo la muerte del rey, por conside- 
rarse como augurio de fatales consecuencias para la 

ü 



— 162-^ 

patria. Grande era la pérdida sufrida, graves los acon- 
tecimientos que se preparaban, y el Real Santuario de 
Santa María que siempre habia sido fiel imagen de Ca- 
taluña en la bonanza, iba á serlo en este siglo de su 
desgracia, como se desprende de los hechos que vamos 
á relatar. 

Durante el curso de tan gloriosa dinastía, el monas- 
terio ripollense miró en Montserrat la más preciada jo- 
ya de la corona que le habia regalado Wifredo el dia de 
la dedicación de Godmaro; mas apenas murió el rey, 
tan valiosa joya se desprendió de las que dicha corona 
ostentaba. Montserrat, en efecto, en 1410 fué erigido 
en abadía, con algunas restricciones, por el papa Bene- 
dicto XIII (1), pasando á ser su primer Abad el egre- 
gio Marcos de Villalba, sucesor de Raimundo dez Cat- 
llar (1408). Tales restricciones las quitó luego Marti- 
no V, cuya bula despachó Eugenio IV en 1430. Por ella 
el nuevo Abad y su dignidad abacial quedó libre « con 
todos sus miembros y personas de toda servitud , carga, 
visita, jurisdicción, dominio y potestad del cenobio ri- 
pollense». En consecuencia la tradicional piedad hacia 
la Santa Imagen quedó localizada, en cierto modo, con 
sus recuerdos patrios y con las tumbas de los príncipes 
catalanes en el alta montaña, al paso que la devoción 
de Nuestra Señora de Montse';rat se iba extendiendo 
mucho por España. Y aunque ambas Imágenes eran 
milagrosas, el pueblo, la nobleza, los nuevos reyes «mi- 
raban , según feliz expresión de Argaiz , á la Virgen de 
Montserrat como Sol que había nacido, y á la ripollense 



(1) El Abad de Ripoll tendría voto en ia elección del de Montserrat, 
este voto valdría por seis. Se reservaba también al Abad lo que es visita 
con todos sus adherentes, y en causas de agravios podrían apelar aún 
los vasallos. 



— 163 — 

como Sol que con su antigüedad se iba poniendo» (1). 

Montserrat, sin embargo, recordará siempre con 
agradecimiento en medio de su explendor la solicitud 
paternal, durante más de quinientos años, de los aba- 
des ripollenses y, ya que la ocasión se ofrece, volvién- 
donos desde la milagrosa montaña á las cumbres donde 
ha tenido su ocaso el Sol que simbolizaba las glorias 
civiles , religiosas y artísticas de la antigua Cataluña; 
examinaremos brevemente los títulos por los cuales de- 
berá considerarse en todos los siglos, como vivificador 
poderoso del que apareció con nuevo brillo en el hori- 
zonte de Montserrat, al terminar la dinastía barcelone- 
sa en el reino de Aragón. 

Cedido el alodio montserratino á Santa María por el 
Velloso en 888, fué confirmada la donación en 919 por 
Jorge obispo de Vich y por el Conde Suñer en 928 (2). 
Cesario, restaurador de la abadía de Sta. Cecilia en 950, 
se apoderó luego de toda la montaña. Con todo reco- 
noce la donación de Wifredo el diploma, del rey Lota- 
rio expedido en 982 : « En Montserrat el alodio con las 
iglesias de San Pedro y de San Martín , y en la cúspide 
de la montaña la de Santa María y de San Acisclo, 
con las tierras y viñas, selvas y carrascales». Lo mis- 
mo se lee en la bula del papa Agapito IV, de 1011 (3). 
En 1024 ya hemos visto como fué devuelta al obispo- 
abad Oliva la abadía de Santa Cecilia. 

Hacia el año 1042 el prelado ripollense hizo construir 
el monasterio de Montserrat, á donde envió 12 monjes 
con un prior para que cuidasen de los peregrinos que 
allí anuían (4). Los priores sucesivos promovieron el 



(i) Perla de Cataluña, cap. XXXII, n." 1." 

(2) Apéndice 1.", Letra B. 

(3) Apéndice IV. 

(4) Ai)éndice IV. Bula del papa Urbano II. En esta bula ya se nombra 
el Monasterio de Montserrat; pero dependiente del Abad de RipoU. Mar- 
ca hisp. Lib. III. pág. 338, YIII. 



- 164 - 

culto de la Virgen bajo la advocación montserratina, 
si bien poco se sabe de lo que acontecia en Montserrat 
hasta el siglo XIV. «Tengo por ocasión de este silencio 
(dice el autor de la Perla de Cataluña) la sujeción y 
dependencia que tenia este Santuario de la Abadía ri- 
pollense, que parece se llevaba los favores por entero, 
ya por aquella Sania Imagen, ya por tener mejor sitio, 
y sus abades tan mirados entonces de todos los Prínci- 
pes de Cataluña» (1), 

A principios del siglo XIV empezaron las diferencias 
para eximirse él priorato de los Abades de Santa Ma- 
ría. «Como las leyes naturales y políticas , añade Ar- 
gaiz, tienen señalado el tiempo que los arbolillos 
pequeños y las vides y los hijos han de tener arrimo, y 
cumplido las emancipan y salen de la tutela de los ayos 
y de los padres, porque pueden valerse por sí propios; 
así los monjes y convento de Montserrate estando como 
estaba tan crecido en hacienda, en calidades y en esti- 
mación en todo el Principado de Cataluña y Aragón , y 
se veia cabeza de otros prioratos, no podia sufrir el ver- 
se debajo del dominio del monasterio de Ripoll» (2). Lo 
único que pudieron conseguir en este siglo fué la prero- 
gativa de elegir el prior, dejando al sucesor de Daguino 
la confirmación del electo. Pasó á ser abadía al des- 
aparecer el último vastago de los Condes de Barcelona, 
con harto sentimiento y protestas del sabio Abad Be- 
renguer de Regadell, que murió en el mismo año. -oQuae 
exceptio (dice ¿a Crónica) fuit impétrala ilicile, absgue 
veritate et expresa falsitaíe; Monasterio Rioipollense a 
quo inmediate pendehat reluctante.» 



(1) Cap. XVII, 11.03. 

(2) Perla de Cataluña, cap. XXXI, n." 2. El cap. XXXVII dá una idea 
clara de la manera como se llevó á efecto el desmembramiento de Mont- 
serrat del monasterio ripollensei ' 



— 165 — 

Otros más terribles infortunios pesaron sobre el tem- 
plo de Wifredo I al concluir su dinastía. En 2 de febrero 
de 1-429 (1) un funesto terremoto, cuyos desastrosos 
efectos se hacen sentir también en diversas ocasiones 
en Olot, Amer, San Feliu de Pallareis, Anglés, Baño- 
las, Camprodón y en otras partes del Principado, desde 
el 1." de Marzo de 1-427 á 1434; hunde la bóveda princi- 
pal de la basílica, desploma parte del claustro y arruina 
varias casas monacales y de la villa, dejando la obra de 
Oliva en estado lamentable. 

Grandes angustias hubo en el monasterio por aquella 
desolación, siendo muy significativo el medio providen- 
cial que obvia luego las dificultades de la restauración: 
(.(Las ruinas de una de las casas del cenobio (dice el an- 
tiguo abaciológio) ofrecieron un tesoro escondido, gran 
cantidad de ñorines de oro con que fué reedificado lo 
derruido, atribuyéndose el hallazgo á milagro de la 
Virgen.» 

Un varón insigne, Dalmacio de Cartellá, estaba en- 
tonces al frente de la abadía. La providencia le tenia 
destinado á ser un segundo Oliva. Nombrado Abad en 
31 de Octubre de 1410, quiso renunciar, alegando su 
débil salud y los litigios contra el cenobio. Admiró su 
humildad sin admitir la renuncia el Capítulo de monjes, 
y animado Cartellá con esta nueva prueba de confianza, 
se dedicó con gran celo á solventar las dificultades que 
ofrecía el gobierno civil de sus poblaciones, lo cual con- 
siguió, logrando de los reyes D. Fernando y de su hijo 
D. Alfonso una cédula en confirmación de los privile- 
gios anteriores. 

El terremoto de la Candelaria le dio ocasión para ma- 



(1) Esta fecha la señala el antiguo abaciológio, sin que desconozca- 
mos que los autores generalmente refieren á 1428 el terremoto llamado 
de la Candelaria. 



— 166 — 

nifestar su amor excesivo á la basílica. Secundado por 
la comunidad y particularmente por su hermano, prior 
general del monasterio (vir magni consilii) reedificó la 
iglesia con más suntuosidad en las bóvedas, cuyas cla- 
ves ostentaron el escudo de su nobilísima familia (1). 
Murió en 1.° de diciembre de 1439; su sepulcro se mos- 
traba junto á las escaleras de la entrada del claustro 
á la iglesia. 

En 16 de enero de 1440 eligieron los monjes por 
Abad á Bertrán de Qa Masó , también de familia ilus- 
tre (2). Sus padres le liabian ofrecido á Santa María 
á la edad de 8 años. Siguió sus estudios en la universi- 
dad de Lérida, se graduó en derecho canónico y regen- 
tó esta cátedra durante 11 años en aquella ciudad. 
Cuando su elección, ejercía el cargo de Limosnero. 
Sabio consumado, célebre canonista y muy versado en 
las ciencias eclesiásticas, era además querido por su 
don de gobierno. La Reina D.* María le nombró su con- 
sejero, y junto con Juan Dez Pía fué enviado por el par- 
lamento de Cataluña á Ñapóles , (donde á la sazón se 
hallaba el rey D. Alfonso IV) con negocios de alta tras- 
cendencia para el condado de Barcelona. Desempeñan- 
do tan honorífica misión, acabó sus días en Cápua á 17 
de Julio de 1458. Su nombre se halla grabado én la 
urna de plata de San Martirián, patrón de Bañólas. 

Proveyó la vacante el papa Calixto III, con bula dada 
en Roma á 26 de agosto del mismo año, á favor dé Nar- 
ciso Miguel, prior y monje de San Pablo de Barcelona. 



(1) Forman este escudo tres cartelas, cada una de las cuales contie- 
ne parte de la salutación angélica en esta forma: Ave María — Gratia 
plena — Dominus tecum. 

(2) En 17 de Marzo del mismo año los Padres del Concilio de Basiléá 
confirmaron la elección, como también el papa Eugenio IV en 14 del si- 
guiente Abril. 



— 167 — 

En su tiempo las disensiones entre D. Juan II y el 
infortunado D. Carlos su hijo, príncipe de Viana, se 
convirtieron en odio tan implacable, que «fomentado, 
según opinión general, por la madrastra D.* Juana En- 
riquez, cegada del interés de sus hijos, acabó en perse- 
cuciones, arrestos, tósigos, bandos, rebeldías, y por 
fin en una guerra civil la más desastrosa para Navarra 
y Cataluña». (1) Una de las primeras víctimas de estas 
discordias fué el respetable Abad Narciso Miguel : ha- 
llándose en Gerona, fué vilmente envenenado en 5 de 
Abril de 1460, sin que hayamos podido dar con las cau- 
sas inmediatas de un fin tan lamentable. 

El desconsuelo de los monjes subió de punto al com- 
prender que en Santa María, al igual que en otros 
monasterios, iba á empezar un nuevo orden de cosas 
con la institución de nuevos prelados que hablan de 
obtener la abadía in commendam , sin pertenecer las 
más de las veces ala orden Benedictina, sin honrar 
(salvo raras excepciones) con su presencia el cenobio, 
cuyas rentas hablan de disfrutar. Providencial fué, sin 
embargo, que rigiesen durante ciento quince años la 
abadía tales personajes, que merecieron ser contados 
como nuevas glorias por sus altas dignidades, por el 
especial cariño con que veneraban á la Santa Imagen, y 
por las mejoras que introdujeron en el cenobio. 

Fué primer Abad comendatario el cardenal español 
D. Rodrigo de Borja, obtentor de la abadía, mediante 
bula de Pió II, dada en Roma en 21 de Abril de 1461. 

Ponce Andrés de Villar, varón devoto y hábil políti- 
co, sustituyó en 11 de noviembre de 1463 al cardenal. 
A la dignidad de prelado anadia el ser diputado por 
Cataluña y delegado cerca del rey, á causa de las turbu- 



(1) Condes vindicados. T. II, pág. 319. 



-168-:- 

lencias políticas, las cuales explotaron con mayor efer- 
vescencia con la muerte del príncipe de Viana, atri- 
buida á un tósigo que fué minando lentamente su 
existencia. Enrique IV de Castilla, D. Pedro condesta- 
ble de Portugal y Renato de Anjou fueron elegidos su- 
cesivamente Condes de Barcelona y Reyes de Aragón. 
Sobresalían entre los defensores del rey el noble 
Pedro de Rocabertí y Francisco Verntallat; en el parti- 
do contrario el infatigable conde de Pallars. Grande 
fué el heroísmo de Rocabertí cuando en 23 de Abril de 
■ 1462, sitiada Gerona, encerrado en la torre de Girone- 
lla con la Reina de Aragón y el príncipe D. Fernando, 
impidió que el enemigo se apoderase de las Reales per- 
sonas. Su nombré hubiera pasado de generación en 
generación rodeado de la aureola de gloria, á no haber 
empañado el brillo de aquel triunfo la sórdida codicia, 
la execrable sed del oro que á tantos crímenes arrastra, 
cuando por ella olvida el hombre lo que debe á la reli- 
gión, ala justicia, á la patria. «La casa de Miser Pere 
de Rocabertí (escribe un autor catalán de aquel siglo) 
jatsie siafama que en aquesta tempestat de la guerra, 
essent capitá de la forsa de Girona se 'sfet gran ríeh, 
perqué ha disipat é robat tot ¿' Empurdd, empero sanct 
móril» (1). Esta misma sed de riquezas le incitó á pro- 
fanar la basílica olivana , ante la cual habían depuesto 
hasta entonces sus rencores entrambos partidos. 

Corría el año 1463. Ocupada estaba la población mo- 
nasterial por los partidarios del príncipe de Viana, co- 
nocidos vulgarmente por los Vascos, cuando dicho Ro- 
cabertí, cápitian general del ejército del rey D. Juan, 
■les prometió cuatro mil: florines en .oro, si , restituíain 



(1) Cita á este autor anónimo el P. Villanueva en su Viaje literario^ 
T. YIII, Carta LlI. . . 



— 169 - 

la villa á la obediencia del rey. Aceptaron los Vascos, 
entró Rocabertí en la villa, y pronto sus habitantes pu- 
dieron darse cuenta del fin mezquino que le habia allá 
conducido. Porque el representante de D. Juan, indig- 
no del nombre catalán que llevaba, dirigióse con los 
suyos al templo , reunió el Capitulo y, pretextando la 
escasez del Real tesoro para satisfacer su deuda, decla- 
ró su resolución de apoderarse de la sagrada herencia, 
depositada cabe los gloriosos sepulcros de nuestros 
invictos Príncipes. En vano la indignación que se reve- 
laba en todos los semblantes le manifestaba cuan impo- 
pular, cuan ageno de un corazón catalán era el acto 
sacrilego que intentaba; vanas fueron las lágrimas y las 
súplicas de los piadosos cenobitas ; vanas las reñexio- 
nes sobre el valor histórico y artístico (más precioso 
que el material) de las alhajas que exigía; en todo pre- 
valeció la ciega codicia. Poseídos los satélites de Ro- 
cabertí de un vértigo destructor, hicieron desaparecer 
en un momento aquel trono de oro y piedras preciosas, 
regalo del inmortal Oliva á la Santa Imagen , y extin- 
guieron y arrebataron las ricas lámparas que ante ella 
ardían dia y noche desde el siglo undécimo por dispo- 
sición de Berenguer el Viejo, autor de los Usatjes, y la 
del Conde de Urgel Armengol (1), el que habia levantado 



(3) «Legó Armengol de Gerb en su testamento á sus dos hijos Armen- 
gol y Guillermo las parias ó tributos que percibía y los que le corres- 
pondiesen de los moros de España, rogando á sus vasallos que procura- 
sen mantener á ambos hijos en fidelidad y concordia, en especial sobre 
las parias, las que siéndoles negadas, piJiesen ambos con las armas, 
causando á los infieles todo el daño posible, y que del resultado de las 
mismas hiciesen sus sucesores arder perpetua y continuamente tres 
lámparas, una delante de Santa María de la catedral de Urgel, otra 
en la iglesia del monasterio de Ripoll y otra en el altar mayor de San 
Pedro de Roda, añadiendo después otras en San Miguel de Cuxá, San 
Pedro de Ager, San Pedro del Castillo de Pons y delante del altar de 
San Saturnino.» A más de estas lámparas el Prior de . Montserrat venia 



— 170 — 
el castillo de Gerb para reducir (como redujo) la ciudad 
en donde habían de empezar los infortunios del último 
de sus sucesores, D. Jaime el Desdichado. 

Añadieron á estas preciosidades cálices, retablos, in- 
censarios, una riquísima cruz de oro recamada de 
diamantes, imágenes y otras joyas de que abundaba la 
iglesia, entre las que figuraron sin duda las alhajas de 
Riquilde esposa de Suñer, y los anillos nupciales de 
Guisla esposa deWifredo de Cerdaña .El depredador se 
llevó el fruto de su rapiña á Gerona, quedando reducido 
el monasterio á suma pobreza. De esta suerte, por una 
aberración inconcebible, eran considerados como botín 
de guerra los valiosos recuerdos cedidos por la dinastía 
del gran Wifredo, en agradecimiento de favores celes- 
tiales, almas antiguo monumento de la Reconquista. 
Equivocado Rocaberlí anduvo si, al perpetrar tan co- 
barde hazaña, pensó hallar aplauso ó aquiescencia entre 
los partidarios de D. Juan 11. La indignación de los 
monjes se propagó rápidamente por todo Cataluña; to- 
dos, sin distinción de partidos, condenaron como sacri- 
lego, escandaloso y antipatriótico semejante despojo. 
Nunca tal vez se habia externado de un modo más 
elocuente el inmenso cariño que los hijos del Principa- 
do tenian ai Monumento de sus glorias. Protestaron 
contra aquel acto vandálico aún los más entusiastas por 
la causa Real; el ilustre obispo de Gerona Juan de Mar- 
garit, no satisfecho con tales protestas, escribió, tomando 
pié de tamaña villanía, una obra titulada : Templum Do- 
mini, en cuyo prólogo se expresa en estos términos: 

«Al Serenísimo rey Juan II de Aragón : Siempre ¡a 
religión ha obtenido el primer lugar en el orden de las 



obligado á mantener dos luces continuamente delante de la devotísima 
Imagen de Santa Maria, para lo cual pagaba dicho prior veinte libras 
anuales. Véase Compendio de Pujados, pág. 440 y Perla de Cataluña, 
cap. XXXYII, pág. 91, col. ifi 



— 171 — 

cosas creadas... y como entienda, Serenísimo príncipe, 
que ésta ha sufrido gran detrimento en estos tiempos, á 
causa de los despojos de varios templos é iglesias, señala- 
damente por el SACRILEGIO HORRENDO Y DETESTABLE que 

se ha perpetrado en estos días en la Sagrada Casa ripo- 
llense, donde además se ha violado el derecho de sepultu- 
ra de Vuestros antecesores, cuyos cuerpos como es 
SABIDO descansan EN EL CLAUSTRO, derecho privilegiado 
por las leyes eclesiásticas y civiles. . . juzgamos muy nece- 
sario detenernos en demostrar cuántos bienes han repor- 
tado todos -ios pueblos, asi el hebreo como el gentil y el 
católico, de respetar y no ofender los templos y los que 
á ellos se han ofrecido. Con tal propósito vamos á escri- 
bir un libro apologético contra el odio irreligioso de los 
que se esfuerzan en profanarlos^^ (1). 

El autor antes citado, testigo del abominable suceso, 
entre las maldiciones que hecha al indigno usurpa- 
dor, dice: uLes llágrimes é oracions deis monjos del mo- 
nastir de Ripoll, é encara la ossa é V ánima de aquell 
Comte de Barcelona, qui habia donat en aquella cambra 
aquell granjoyell, del cual ell [Rocaberti), no sens gran 
saerilegi la despulla, nit é dia lo encalsan, éHfarán ve- 
nir á mala perdido!». 

El político rey D. Juan II, justamente alarmado con 
tan espontánea manifestación del sentimiento nacional 
en pro del primer recuerdo monumental de la Recon- 
quista, determinó subsa^nar en lo posible el escándalo, 
decretando en Cortes celebradas en Granollers , que se 
concediese de los fondos del gobierno una pensión 



(1) «Serenissimo Johanni secundo Aragonum Regi. Líber Templum 
Domini per Johannem de Margarit Gerundensem episcopum feliciter 
incipit. » (Archivo de la Catedral de Barcelona, n." 83 ). 



— 172 — 

anual á la basílica olivana, en reparación de los daños 
durante la guerra causados (1). 

Por muerte de Villar en Abril de 1489, fué elegido 
Abad el cardenal Ascanio Maria Sforcia. Dos faustos 
acontecimientos después de esta elección reanimaron el 
espíritu abatido de los monjes, y les impulsaron á dar 
fervientes gracias al Altísimo. Tales fueron la conquis- 
ta de Granada por los reyes Católicos, con la cual ter- 
minaba el dominio de los árabes en España, seiscientos 
veinte años después que habia levantado el templo de 
Santa María el inmortal Wifredo el Velloso, en re- 
cuerdo de sus primeras victorias contra los sectarios 
del Corán. En el mismo año (que era el 1492) llegó al 
cenobio la buena nueva de la exaltación á la silla de 
San Pedro de un sucesor de Daguino, del primer Abad 
comendatario Rodrigo de Borja, que toinó el nombre de 
Alejandro VI. De esta suerte la fecha más memorable 
de la Reconquista lo fué también (como otras que he- 
mos tenido ocasión de advertir) para la historia particu- 
lar del monumento ripollense. ¡'Aún en medio de tantos 
desastres, la celestial Protectora de nuestros Principes 
aumentaba oportunamente las glorias de su templo 1 

No se libró el archivo del espíritu destructor, del Án- 
gel de la muerte que, según expresión del poeta, batió 
sus negras alas sobre el gran monumento de la catalana 
nacionalidad, al descender al sepulcro el último vastago 
de la catalana dinastía. Tres causas contribuyeron á la 



{!) Postea vero Rex lohannes celebrans Curias in villa Graneolarum, 
Episcopatus Barcinone, dedit Monasterio super generalitatem Gathalo- 
niae 4000 solidos (?) pensionis annualis, pro damnis superius memoratis, 
prout constat in posse lohannis Solsona, Notarius barcinonensis, 13 
Novembris 1481. 



— 178 — 

pérdida de códices y documentos: el desprecio injustifi- 
cado en que vinieron; la codicia literaria de los que 
visitaban el cenobio, y la ausencia de los Abades co- 
mendatarios. Con la invención de la imprenta menguó 
el valor de los manuscritos por la facilidad con que se 
multiplicaron, hasta el punto de condenarlos el mal lla- 
mado Renacimiento á un desprecio tan insensato como 
inmerecido. Repetimos inmerecido, pues al paso que 
admiramos y bendecimos la invención del inmortal Gu- 
temberg, hemos de convenir en que siempre los códices 
manuscritos llevarán ventaja á las impresiones más 
selectas, en miniaturas preciosas, en letras polícromas, 
en variedad sorprendente ¿inagotable de letras capita- 
les, én la profusión del oro , de la plata y de los más 
costosos colores. Con la imprenta la monotonía reem- 
plazó á la variedad, el número al valor, y el arte se di- 
vorció de las letras, en términos de asombrarnos en 
gran manera si en las obras modernas se refleja débil- 
mente, alguna vez, la hermosura bibliográfica que res- 
plandecía en las antiguas. 

Sólo teniendo en cuenta este desprecio se concibe 
como un hidalgo monje del monasterio vendiese varias 
cargas de papeles á un tendero, como acontecía poco 
después en Toledo donde, á no ser por el celo del Car- 
denal Jiménez de Cisneros, ninguno de los libros de 
liturgia muzárabe hubiera llegado á la época actual. 

Quejábase de la pobreza á que había venido nuestro 
archivo el insigne Villanueva diciendo: «De los 192 có- 
dices del siglo XI escasamente quedarán ahora dos do- 
cenas ¡gran pérdida para la literatura y para la opinión 
de este monasterio, entre cuyos individuos acaso se ha- 
llaría algún escritor no conocido ! » Lamentábase á su 
vez el cronista Pujades de la indigna acción del monje 
á que aludimos con estas graves palabras: «Grandes co- 
sas se pudieran decir dp este convento, á no haberse 



— 174 — 

llevado un desdichado hidalgo (monje de la propia 
casa) y vendido á algunos tenderos de aceite y jabón 
algunas cargas de papeles del archivo, y particular- 
mente el libro titulado Anales de RipolJ, de que hartas 
veces hace conmemoración el analista de Aragón Ge- 
rónimo Zurita. No nombro al desdichado monje, para 
que no se perpetúe su nombre con indigna memoria; 
antes perezca con la del infame incendiario que abrasó 
una de las siete maravillas del mundo, que fué el tem- 
plo de Diana». 

No parecerá inexacta ni exagerada la comparación 
del celoso cronista, si se considera que el alto con- 
cepto que los antiguos griegos tuvieron de su gran 
templo de Delfos, ese mismo, bajo muchos puntos 
de vista, tuvieron de Santa María del monasterio de 
RipoU los catalanes durante la edad media. Montserrat 
mismo, lo acabamos de ver, con valer tanto, no fué más 
durante quinientos veinte y dos años que uno de los 
prioratos del gran cenobio ripollense , á cuya custodia 
estaba confiado el culto solemne, continuo, explendoro- 
so de la Santa Imagen, á la que el inmortal Wifredo 
aclamó por su protectora, confirmándole la Religión, la 
Historia y el Arte el glorioso titulo de Patrona de Ca- 
taluña. ¡ Siempre lo fué, siempre lo será, no obstante 
los vaivenes humanos y las vicisitudes de los tiempos! 

Para colmo de las desgracias que en el siglo XV sobre- 
vinieron al monasterio, la jurisdicción civil del prela- 
do fué de nuevo rudamente combatida. Aparentemente 
hablan cesado las pretensiones de independencia des- 
de las luchas entre el Abad y su villa, en el capítulo 
anterior referidas , sobretodo después que D.Pedro el 
Ceremonioso, apesar de su animadversión al feudalis- 
mo , habia declarado que no iba comprendida la Sede 
abacial en los autos de venta ó empeño que hizo de la 
jurisdicción de las parroquias ('eajíra PrioUegia villae 



— 175 — 

Rimpullensié) . No obstante, como nota el autor de la 
Jurisdicción Real defendida, «la justificada petición de 
tener cónsules, excluida con aversiones del Abad, des- 
pertó la solicitud antigua de los ripolleses, aunque ol- 
vidada por las adversidades de los tiempos, mantenida 
en cenizas, con el calor reconcentrado de su innata fi- 
delidad; solicitando que se declarase ser S. M. inme- 
diato Señor de la villa. » Fué el despertar de aquella 
gente en 1415, promoviendo pleito sobre la jurisdicción 
civil; pero de ningún valor fueron consideradas por de 
pronto sus pretensiones, pues el Prelado estaba en lo 
sólido, y el argumento Aquiles de los pleiteantes, estri- 
baba en la falsedad histórica de haber fundado antes 
Leovigildo la ciudad de Recápolis en la confluencia del 
Ter y del Fraser, que no Recaredo el monasterio. Ocu- 
rrió entretanto el terremoto de la Candelaria, y en vez 
de agruparse los descontentos al rededor del insigne Car- 
tellá para. restaurar el monumento patriarcal de Catalu- 
ña, monumento sin el cual la villa carece de historia y 
de gloriosos recuerdos; le dejaron solo con sus monjes, 
y aprovecharon aquella calamidad para activar de nue- 
vo sus ilegales empeños ; evitaron el tribunal que en 
contra habia fallado, y dirigiéndose á Gaeta en donde re- 
sidía Alfonso el Magnánimo, le arrancaron por sorpresa 
un decreto fechado en 8 de Agosto de 1440, por el cual 
se concedía el anhelado deseo de tener cónsules inde- 
pendientes del Abad. Firme este en su derecho, no qui- 
so reconocer á los elegidos, y cuando en 1441 se pre- 
sentaron en la basílica para asistir á la procesión del 
Corpus, fué ésta suspendida para no dar motivo á fal- 
sas interpretaciones. Entretanto acudía á su vez el mo- 
nasterio al rey, quién admirando el alto significado 
del cenobio de Wifredo, le restituyó la posesión de su 
villa en 1453, con la única condición de presentar los 
títulos de su derecho en el término de un año, Manan- 



-- 176 — 

tíal fecundo de ulteriores pleitos y disensiones fueron 
los títulos presentados, pleitos y disensiones que abrie- 
ron lentamente el camino para que la villa pudiese con- 
siderarse libre, andando los años, del gobierno paternal 
de los sucesores de Daguino en los términos privile- 
giados del cenobio. 

Asi las cosas , no sólo parecía la Santa Imagen de 
Maria «Sol que con su antigüedad se iba poniendo» sino 
que realmente, disputadas las posesiones y jurisdicción 
del Abad, con el templo y claustro arruinados, derriba- 
do el altar y saqueadas las preciosidades artísticas y li- 
terarias, habría tocado á su ocaso sin la solicitud de sus 
fieles servidores que, en tan aciagas circunstancias, se 
pusieron á la altura á que saben remontarse los ilustres 
benedictinos. 



g^^|^'^^|y^^.^^^^'|^'!|j^^=|^^^^^^'^^s|^|^-^^l^^^^^ 



CAPÍTULO X 

EL MONASTERIO DURANTE EL PERÍODO 
DEL RENACIMIENTO. 



Generalidades acerca de la edad moderna. — Es introducida en la villa 
monasterial la nueva industria de las armas de fuego. — El desvío de 
los nuevos reyes por el monumento de Wifredo, es compensado por 
más entusiasmo de los monjes. — El templo restaurado y el moderno 
altar. — Preciosos donativos de nobles catalanes. — Aniversarios de 
rí)ndes. — Los abades cardenal Sforcia, Federico de Portugal y Fran- 
cisco de Loris. — El cardenal de San Clemente restaura el claustro. 

— Litigio entre D. Alfonso de Aragón y el cardenal de San Clemente. 

— El abad Jaime de Rich, sus mejoras y celo por el cenobio. — Es 
proclamado obispo de Elna. — Peregrinación de San Ignacio de Loyola 
al antiguo priorato de Ripoll. — Losripollenses Gabriel Vassiá y Fran- 
cisco M. Goli se alistan en la ínclita Compañía de Jesús. — Datos bio- 

fráflcos de estos varones ilustres. — El abad Clemente May. — Batalla 
e Lepanto celebrada en Santa María con la institución de la cofradía 
del Rosario. — Ntra. Señora del Remedio. — Fundación del Hospital y 
del Real Colegio del abad May. — Notables varones que en el siglo 
XVI fueron educados en el Colegio May. — Fin de los Abades comen- 
datarios. — Rechazan los monjes á sus" pretensos reformadores.— Ob- 
jeto de estos. — Catalanismo de los cenooitas ripollenses. 




RASCENDENTALES acontecimieiitos alientan un 
modo de ser completamente nuevo en las 
naciones al inaugurarse la edad moderna; 
desaparece el feudalismo, son en la milicia 
sustituidas las armas blancas por las de 
fuego, el descubrimiento de América trasla- 
da á las playas del Atlántico los centros comerciales, 

12 



— 178 — 

la imprenta impulsa y excita con los estudios clásicos 
un amor idolátrico á la antigüedad pagana, surgen po- 
derosos y vastos estados, propaga la Italia el mal llama- 
do Renacimiento, detractor de las artes de la edad 
media; mientras Alemania proclama la peor llamada Re- 
forma, que habia de romper la unidad religiosa en Eu- 
ropa. Ardiente fiebre por las novedades, aversión de 
lo pasado: he aquí lo que caracteriza á esta época, y si 
cada siglo ha tenido la pretensión de ser mejor que el 
que le antecede ; entonces esta pretensión fué llevada 
hasta la ceguedad de suponer producto de la barbarie 
cuanto llevase el sello de la edad media. Tres largas cen- 
turias de estudios y desengaños han sido necesarias 
para que la civilización cristiana de los siglos medios 
quedase vindicada; mas no lo fué por desgracia hasta 
que los delirios de todo género y en todos ramos, hicie- 
ron volver la mente y los corazones á lo que tanto se 
habia desdeñado. 

Mucho influyeron las circunstancias brevemente ano- 
tadas en la futura suerte de Santa María del monas- 
terio de Ripoll. Consideróse tal vez que á la unidad 
nacional, felizmente realizada por los reyes católicos 
Isabel y Fernando, convenia sacrificar lo que revis- 
tiese un carácter como el que para Cataluña el tem- 
plo de Wifredo revestía ; lo cierto es que los reyes su- 
cesivos, mientras erigían de nueva planta el Santuario 
de Montserrat y lo colmaban expléndidamente de ri- 
quísimas dadivas, nada hicieron por la fundación del 
inmortal Conquistador, ni vieron en los valles del Ter y 
del Fraser más que una región abundante en hullas y 
cokes,en minerales de hierro, en saltos de agua; por lo 
que los Reales privilegios tendieron á crear allí una 
nueva industria, que en. gran manera favorecieron: la 
de las armas de Juego, en cuya fabricación llegó á so- 



— 179 — 

bresalir, hasta hacerse famosa, la villa monasterial (1). 

No por esto los hijos de San Benito, fieles siempre á 
la particular misión que cabe las tumbas de los prínci- 
pes catalanes desempeñaban, olvidaron ni un momento 
el explendor del culto da Santa María, antes con tal celo 
y actividad remediaron las calamidades relatadas, que 
al inaugurarse el siglo XVI nadie hubiera sospechado 
ruinas, sino por las recientes construcciones. 
. Grandioso era el aspecto del templo con su gigantes- 
ca bóveda ojival en la nave del centro, habiéndose 
respetado el estilo anterior en las laterales y en el cru- 
cero. Las claves de la bóveda en ojiva ofrecieron mag- 
níficos relieves esculturados , cuyos asuntos son los si- 
guientes : La Anunciación , la Natividad del Señor, la 
Adoración de los Santos Reyes, Resurrección de Jesús, 
Ascensión del Señor, Venida del Espíritu Santo , Cristo 
reinando en los cielos, Asunción de María, Coronación 
de la Virgen (2). Reedificación fué esta llevada á cabo 
con más suntuosidad que previsión del arquitecto, ya 
que las paredes laterales no ofrecieron suficientes con- 
diciones de solidez para sostener aquella inmensa mole, 
causa remota de la ruina que sobreoino. 

En sustitución del altar de oro y piedras preciosas se 
labró otro, sencillo y elegante á la par, habiéndose co- 



(1) El monarca nombraba el director de la Real fábrica de armas de 
la villa, y acostumbraba serlo un oficial del cuerpo de artillería : tenia 
además el establecimiento un contador, un interventor y ochenta maes- 
tros armeros, cada cual con su taller, y numerosos operarios. En la gue- 
rra de la independencia aprestaba en noventa oficinas trescientos fusi- 
les semanalmente á la nación. . Esta industria desapareció con el 
monasterio. 

(2) A nuestro humilde parecer el mejor destino que podría darse á 
los relieves de las claves (los cuales son de un mérito escultórico supe- 
rior) seria formar con ellos el retablo de un altar de la Virgen, facilísimo 
de realizar. Este retablo, al propio tiempo que conmemoí'aria las glorias 
de la Virgen, resultarla un digno recuerdo déla obra del ilustre Cartellá. 



— 180 — - 

locado la Santa Imagen junto al ábside en propia capi- 
lla ojival. Hé aquí como nos describe Pujades la nueva 
disposición de esta parte privilegiada del templo : « En 
la Capilla mayor se hallan dos altares uno tras del otro. 
El primero que está en medio de la Capilla, se rodea y 
tiene por retablo la figura de la Santísima Cruz de Cris- 
to, hecha de plata, en forma antigua y arreada con mu- 
chas piedras de valor. De ordinario están allí cuatro 
arquillas doradas, llenas de diferentes reliquias de mu- 
chos santos; celébranse comunmente las misas conven- 
tuales en estos altares. Tras de él, en cómoda distancia, 
está el otro altar que no se puede volver ni rodear por 
estar arrimado á la pared del santo templo. En este 
tienen la Santa Imagen con grande culto y veneración 
como se debe» (1). 

Nada nos dice Pujades tocante al restablecimiento de 
las lámparas de Berenguer el Viejo y de Armengol el 
de Gerb, ni de las otras dos que estaba obligado á sus- 
tentar delante de la Santa Imagen el Prior de Montse- 
rrat; pero es indudable que varias familias nobles del 
Principado hicieron entonces preciosos donativos. Entre 
ellas la antiquísima de Pinos mandó construir un mag- 
nífico retablo de mármol en honor de San Nicolás, con 
artísticos relieves alusivos á la vida del Santo. Consér- 
vase este retablo de estilo ojival, aunque desgraciada- 
mente muy deteriorado, ostentando en su parte supe- 
rior las armas de aquella noble casa, que pasó á los 
Condes de Vallfogona. Muchas más sagradas imágenes 
que en el siglo anterior adornaron la basílica, mere- 
ciendo especial mención la devotísima del Santo Cristo 
llamado del Monastir, salvada casi milagrosamente de 
las llamas en 1835. El cadáver momificado de Be- 



(1) Crónica Universal de Cataluña. Lib. XII, cap. X. 



- 181 — 

renguer IV el Santo, colocaron los monjes después de 
la restauración deCartellá «en lugar eminente, en su 
hermosa arca de plata, dentro de un armario, con gran- 
de veneración» (1). 

El desvio que la nueva dinastía mostró al Panteón de 
los príncipes catalanes, en términos de no haberlo visi- 
tado ninguno de los reyes á partir del siglo XVI ; no 
obstó tampoco para que la comunidad de Santa María 
prosiguiese honrándolo con el mismo entusiasmo que 
en mejores tiempos. Anualmente, la víspera de algún 
aniversario condal, adornábase con guirnaldas de flores 
y ramas de laurel el lugar de la sepultura (para cuyo 
obsequio habia renta fijada) y al dia siguiente, celebra- 
da la misa de difuntos , encaminábase la procesión al 
claustro-panteón, y ante el Conde á quién el aniversario 
se dedicaba entonaban los monjes un responso. ¡Patrió- 
tica costumbre, digna de ser renovada, y sólo interrum- 
pida durante los últimos cincuenta años de profanaciones 
y de ruinas ! 

El amor á la patria catalana es lo que caracterizó 
siempre, y si cabe más en la época moderna, á los mon- 
jes de Santa María; verémosles intervenir luego en 



(1) Lo entrecomado es del P, Domenech, obra citada, quién añade en 
la página 387: «Ha hecho milagros (Ramón Berenguer IV el Santo) y los 
hace hasta nuestros tiempos, según dicen los moradores de aquel pue- 
blo. Pero han sido tan descuidados los escritores antiguos en escribirlos, 
que quieren que sus maravillas las entendamos el dia del juicio y no 
agora. Ha habido también otro descuido muy grande de no haber ellos 
instado su canonización. Que si lo hicieran, como este siervo de Dios 
haya sido padre ó agüelo de todos los Reyes, que después acá han rei- 
nado en Aragón hasta nuestro invictísimo Rey D. Philippe, que Dios 
conserve largos años, según lo tenemos menester, habiendo méritos sin 
duda salieran con ello, y los Catalanes, y Aragoneses, se hubieran teni- 
do por muy dichosos en ayudar á la canonización de su Príncipe, á 
quién tanto ellos querían.» 



— Í82 — 

todos los asuntos que algún provecho pudiesen reportar 
á Cataluña, veremos á sus Abades ser enviados como 
embajadores ó como medianeros en arduas cuestiones 
políticas ala corte; catalanes siempre, catalanes ante 
todo , pues el ambiente de su cenobio, del amor puro y 
ardiente á la patria estaba saturado. ¿Como no respetar 
y bendecir su memoria todo buen hijo del Principado ? 
Se dirá tal vez que en la edad moderna se hablan 
aflojado los vínculos de la antigua disciplina ; que los 
monjes no eran ya los del tiempo de Arnulfo y de Oli- 
va. Nosotros acogiendo con toda la severidad histórica 
esta observación, haremos que el lector mismo deduzca 
de los hechos que siguen, la mínima parte que los ce- 
nobitas ripollenses tuvieron en su ulterior manera de 
ser, la cual fué ciertamente dignísima, y en nada amen- 
guó las excelencias de su restaurada basílica. 

Guando por la elevación al trono pontificio del primer 
Abad comendatario fué nombrado sucesor el Cardenal 
Ascanio Maria Sforcia, el Rey Católico D. Fernando, 
creyendo prerogativa suya el nombramiento , presentó 
al príncipe D. Federico de Portugal, lugar-teniente de 
Cataluña y, á la muerte de Sforcia en 1505, mandó se- 
cuestrar las rentas de la abadía en favor de Federi- 
co (1). Por su parte el papahabia designado al cardenal 
decano Francisco de Loris, quién no tomó posesión por 
haberle alcanzado la muerte en 1506. Regentó entonces 
pacíficamente la abadía D. Federico hasta que, (con 
motivo de su promoción al obispado de Calahorra) ab- 
dicó en favor de García de Cisneros, célebre Abad de 
Montserrat, lo que no pudiendo aprobar el Sacro Cole- 
gio, nombró el Papa Julio II á Jaime, cardenal de San 



(1) D. Federico de Portugal fué hijo de D. Alonso de Portugal y de D.* 
Maria de Noroña, condes de Faro en el Algarbe. 



~ 183 — 

Clemente, por quién tomó posesión Rogar dé Pallas. 
Florecia entonces en el cenobio el noble D. Luis de 
Glaramunt, dispensero mayor, elevado por sus méritos 
á la silla abacial de Serrateix. 

En este tiempo se levantó el secuestro de las rentas 
de la abadía, y con su depósito fué reparado el Claustro- 
panteón, Jumamente deteriorado desde el terremoto del 
siglo anterior. Las irregularidades y desnivelamientos 
que aún se notan en esa obra maestra, parece que da- 
tan de aquella terrible catástrofe (1). 

El nombramiento que habia hecho Julio II no fué 
bastante para que desistiese Federico de Portugal en 
sus pretensiones, antes volvió á renunciar en D. Alfon- 
so de Aragón Arzobispo de Zaragoza quién , protegido 
por el rey su padre, intentó causa formal contra el car- 
denal de San Clemente. Concluyó en 1517 el litigio, 
conviniendo ambas partes en que renunciarían en favor 
de Jaime de Rich, como se hizo, reservándose el carde- 
nal una pensión. 

Era Jaime de Rich un clérigo familiar del Cardenal, 
en cuyo servicio habia estado 22 años en Roma, y no le 
dejó hasta 1520, después de la muerte de su protector. 
En dicho año se trasladó al cenobio y , á los pocos dias 
de su llegada, celebró con toda pompa misa pontifical, 
ganando los que asistieron indulgencia plenaria, con- 
cedida por León X. 

En el segundo año de esta prelacia hizo su peregri- 



(1) Durante nuestra delegación las obras llevadas á cabo en el Claus- 
tro-panteón impidieron la inminente ruina del mismo. Se cimentó el ala 
paralela de la iglesia, se reforzó el desequilibrado muro que da á la huei"- 
ta del Abad, y quedó libre el ala paralela á las casas Consistoriales de la 
pesadísima pared que gravitaba sobre la cornisa de la columnata. Asi- 
mismo fué restaurada el ala de los sepulcros, renovados los pisos y teja- 
dos, con otras obras de menos importancia, que devolvieron la belleza y 
magostad á dicha privilegiada parte del célebre Santuario. 



— 184 — 

nación á Montserrat el noble y valeroso defensor de 
Pamplona D. íñigo de Loyola, ya restablecido de la gra- 
ve herida que en defensa de la patria recibiera. Impul- 
sado por la divina gracia, renunció ante el altar de la 
Virgen la milicia terrenal, para consagrarse como sol- 
dado de Cristo al servicio de la Santa Iglesia (1). Dios 
le destinaba á ser el Santo fundador de la Compañía de 
Jesús , de la cual hablan de salir como de un^ castillo de. 
sabiduría y verdadera piedad, varones admirables en 
todo género de virtudes y de ciencias. 

Pronto la fama de la esclarecida Compañía se espar- 
ció por todo el orbe, y el monasterio de RipoU se juzgó 
digno de ser partícipe de la gloria que resultó á su an- 
tiguo priorato de la visita del Santo , con tanta más ra- 
zón en cuanto dos nobles hijos de la villa monasterial, 
nacidos en ese mismo siglo, se apresuraron á alistarse 
en la Santa Compañía, mereciendo por su ciencia y vir- 
tudes ser contados en el número de sus varones ilus- 
tres. 

Fué el primero el P. Gabriel Vassiá quién, á una 
piedad acendrada, unia singular mansedumbre y parti- 
cular devoción á la Virgen Santísima, la cual le favore- 
ció con abundantes gracias espirituales. Su aplicación 
al estudio era incesante, por ella logró sobresalir en las 
ciencias divinas y humanas. Dedicóse especialmente á 
la lengua griega, cuyas dificultades logró dominar com- 
pletamente, siendo contado como uno de los mejores 
helenistas de su época. La versión que emprendió y 
terminó de las Obras de San Dionisio Areopagita, y las 
eruditas notas con que ilustró su trabajo, merecieron 



(i) La siguiente inscripción de Montserrat recuerda este heroico ac- 
to: Beatas Ic/natius á Loyola liic multa prece, fletuque, Deose Virgini- 
que üevovit. Hic tamquaní armis spiritualihus sacco se muniens per- 
noctauit. Hiiic acl Soctetatem Jesu j undandam prodiit armo MDXXJI. 
Frater Laurentius Nieto abbas dedicamt anno MDCIII. 



— 185 — 

las alabanzas de los críticos, y que el P. Gabriel Álva- 
rez jesuíta en sus Comentarios sobre Isaías, cap. VI, tu- 
viese esta versión por más exacta que todas las otras. 
Murió el P. Gabriel Vassiá en Gerona, año de 1607 (1). 

La familia de Colí, tan notable por su nobleza como 
por los hijos ilustres que dio á la iglesia y á la repúbli- 
ca de las Letras tuvo la gloria de contar entre sus in- 
dividuos al V. P. Francisco Miguel Colí, uno de los más 
beneméritos hijos de la Compañía. 

Nació en la misma villa , su fé de pila , registrada en 
los libros bautismales de la parroquial de San Pedro (de 
donde la hemos copiado) dice asi: 

«A quinse de Juliol 1592 /oncA hatejat Francesch, Mi- 
ehel, Joan, Eudal, fill del M, I. Sr. Geroni Colí, doctor 
en quiscun dret y de la Sra, María Anna mullev sua; 
forenpadrins lo I. Sr. Geroni Pujol, procurador gene- 
ral del Ahadiat de Rípoll y la Sra. Anna Llaguna mu- 
ller de m.° Gaspar Llaguna appotecarí, tots de la vila de 
Rípoll.» 

Varios son los biógrafos que se han ocupado de los 
esclarecidos hechos del V. P.Colí, mereciendo la pre- 
ferencia por su antigüedad y abundancia de noticias el 
P. Andrade en sus Varones ilustres, Tomo VL Para 
nuestro objeto baste el resumen siguiente. Desde su in- 
fancia se dio á conocer el V. P. Colí, por su extraordi- 
naria piedad. Hizo los primeros estudios en la escuela 
del cenobio y, admitido en la Compañía, cursó filosofía 
en Mallorca, donde tuvo por director espiritual á San 
Alfonso Rodríguez. Pasó luego á Filipinas, fué tres 
años rector del colegio de Manila, cuatro provincial y, 



(1) Véase el P. Andrade: Varones ilustres de la Comfañia de Jesús, 
P. Gabriel Vassiá. Marcillo Crisis de Cataluña, pág. 322. 



— 186 — 

después de haber vuelto á ser rector dei Colegio , pidió 
permiso á los superiores para retirarse á la casa de San 
Pedro , en cuya soledad , á imitación de San Juan Gri- 
sóstomo y otros santos, escribió varias obras que reve- 
lan gran sabiduría en el autor. Es muy celebrada la 
que se titula Labor evangélica, por la noticia que da de 
las plantas de aquel archipiélago, y la India sacra en 
que se propuso discutir los lugares más difíciles de la 
Escritura y más controvertidos entre los doctores é in- 
térpretes. Escribió además la vida de San Alfonso Ro- 
driguez, una. oración fúnebre Y otra, eucaristica. 

Las altas prendas que adornaban al V. P. Coli le 
merecieron este elogio del P. Marcillo: «Fué varón ver- 
daderamente grande por su religión, por sus letras, por 
el celo que tuvo de la salvación de las almas, por su 
admirable prudencia y acierto en el gobierno». Murió 
en opinión de Santo en el año 1660, á los sesenta y 
ocho de su edad. (1) 

Hecha esta breve digresión en pro de dos hijos ilus- 
tres de la villa monasterial, volvamos á reanudar ¡el 
orden cronológico, del que necesariamente hubimos de 
prescindir por un momento. 



(1) El distinguido literato y sabio facultativo Dr. D. José AmetUer, 
coloca al V. P. Golí en el número de los naturalistas que vieron la pri- 
mera luz en la provincia de Gerona, haciéndole este honor por la obra 
Labor evangélica, muy estimada entre los botánicos, por la enumera- 
ción que se hace en ella de las plantas del Archipiélago de Filipinas. El 
Dr. AmetUer al empezar la honorífica mención del eminente hijo de la 
Compañía, dice: «Este naturalista fué jesuíta natural da Ripoll, y perma- 
neció mucho tiempo en Filipinas, en donde murió en el año 1660 á los 
sesenta y ocho años de edad.» Este último dato (que también dan anti- 
guos biógrafos) concuerda perfectamente con la fé de bautismo que he- 
mos transcrito, y prueba cuan acertados han estado los escritores que, 
desde el P. Andrade al Dr. AmetUer, han hacho al V. P. Golí natural de 
dicha villa. Véase la Jíeoisto de Literatura, Ciencias y Artes, órgano 
de la Asociación Literaria de Gerona. Octubre de 1877, n." II, año I, pá- 
gina 25, III. 



— 187 ^ 

Celoso por la perfección de la abadía Jaime de ílich, 
se propuso mejorar varios departamentos de la misma, 
desde 1525 á 1530 edificó la esbelta torre del Palau que 
oímos desplomarse la noche del 20 de Marzo de 1856 
(Jueves saiito). Activo defensor de la jurisdicción y pri- 
vilegios, experimentó graves obstáculos y contradiccio- 
nes de los vecinos de su villa y especialmente de los de 
Olot, de cuya población tuvo que ausentarse por graves 
alteraciones el 3 de Julio de 1534. Lleno de méritos, fué 
de Rich después de esta fecha, preconizado obispo de 
Elna. 

Clemente May, electo Abad comendatario en 1536, 
gobernó pacíficamente durante cuarenta años. Fué 
constante promovedor del culto de Nuestra Sra. y á él 
se debe la fundición de nuevas campanas, entre las que 
merece mencionarse la bendición de la de San Eudaldo 
en 10 de Mayo de 1549, que obtuvo el gráfico nombre 
de Maximino Salva-béns. 

La célebre victoria de D. Juan de Austria, consegui- 
da en Lepante contra los turcos á 7 de Octubre de 1571, 
llenó de júbilo el corazón de los cristianos, y por decre- 
to de Felipe II fué celebrada con suntuosas fiestas 
religiosas en todas las iglesias de España. Diéronse 
gracias al Altísimo en el histórico templo de Santa 
María con el explendor y majestad que acostumbraban 
sus benedictinos y, para perpetuar el recuerdo de tan 
señalada victoria, se erigió cerca del altar de la Santísi- 
ma protectora de los valles del Ter y del Fraser el de 
nuestra Señora del Rosario, junto con una cofradía, 
cuya bandera ondeaba en sitio preferente, en las entra- 
das de nuevos Abades. A más creció la devoción de la 
villa hacia nuestra Señora de los Remedios , cuya nue- 
va capilla fué desde entonces frecuentemente visitada. 

Recuérdase la prelacia de Clemente May como una 
bendición, por la fundación del Hospital de pobres de 



— 188 — 

la villa y parroquia junto al oratorio de Nuestra Seño- 
ra de Gracia en el arrabal de Olot, promovida, patroci- 
nada y llevada á buen término por el ilustre Abad. Al 
efecto convocó en 19 de Mayo de 1573 á sesenta y ocho 
vecinos de los más notables de la población, en el pala- 
cío abacial, los cuales activaron la suscripción con que 
pudieron cubrirse los gastos de una obra tan lauda- 
ble (1). Tres sencillas inscripciones que se leen en la 
fachada del Hospital nos recuerdan esta fundación, y la 
suerte que ha cabido al edificio en diversas épocas. 
Helas aquí; 

I. 

Ab las charitats dels homes de Ripoll y altres 
persones devotes, fonch edificada la present casa 

EN LO ANY 1573. 

n. 

FOU REDIFICADA LA PRESENT CASA EN LO ANY 1661, Á 
CAUSA DE LA GUERRA. 

m. 

LUCIDIOR SURGO, AD NIHILUM BIS MaRTE REDACTA. 

ANNo Dni. MDGGGXLVI, Elisabeth REGNANTE. 

Al tiempo de esta prelacia, la más larga de las que 
registra el abaciológio , reducimos asimismo la cons- 
trucción de un espacioso establecimiento de enseñanza 
páralos hijos de la villa y su parroquia. Los Abades 



(1) Tenemos á la vista el Acta que se levantó para la fundación del 
Hospital. Por su extensión é interés secundario nos abstenemos de pu- 
blicarla. 



— 189 — 

habían procurado siempre solícitos difundir la ilustra- 
ción, mediante las escuelas anejas al monasterio desde 
el siglo IX , el aumento de hogares hizo necesaria la 
creación del Real Colegio, levantado á expensas del ce- 
nobio, en terreno del mismo, cercano al archivo y á la 
biblioteca, dotado con una pensión anual por los prela- 
dos de Santa María. Cooperaron sin duda á tan bene- 
mérita obra, como habían cooperado á la fundación del 
Hospital, los nobles residentes entonces en la villa que 
llevaban los apellidos de Belzunce, Colí, Dez-Gatllar, 
Dou, Duran, Foix, Lizaga, Llaguna, Oriola, Riera, Ro- 
cafiguera, Solanell, Taurinyá y otros. 

Algunos de sus hijos inauguraron brillante carrera 
en el naciente Colegio, y glorificaron la villa y el Real 
Santuario, bajo cuya benéfica sombra habían nacido y 
recibido los primeros inñujos de la piedad y del saber. 

A más de los' sabios y santos jesuítas mencionados, 
justo es no pasar en silencio otros notables varones 
que á la villa del siglo XVI pertenecen, y la escuela del 
cenobio frecuentaron. Sea el primero el famoso juris- 
consulto y escritor Dr. D. Felipe Vinyes, regente de 
audiencia, «digno de eternas memorias, dice La Juris- 
dicción defendida, por sus publicaciones y por la recti- 
tud y agudeza con que procedió en los altos puestos á 
que le llamaron sus realzadas prendas. El Dr. D. Bue- 
naventura Tristany en su Corona Benedictina le en^oX- 
za «como á célebre escritor y varón de suma vigilancia 
en escudriñar las antigüedades de Cataluña. » Escribió 
un Tratado de celebrar Cortes; la Ilustración juripoUti- 
ca del Principado y uno. Historia de Cataluña, cuyo ori- 
ginal, escrito de mano del autor, dice Tristany que es- 
taba en su poder. 

Doctor en Teología, Rector de la Universidad de 
Vich y canónigo de la iglesia Catedral de la misma 
ciudad fué el Iltre. Sr. D. Antonio Mas, compatricio de 



- 190 - 

Vinyes. Devoto propagador do la devoción del invicto 
Mártir Eudaldo, instituyó en Vich la fiesta del Santo, 
cuyo culto se extendió asimismo en Centellas, en la pa- 
rroquia de San Gucufate de Barcelona y en Santa Ma- 
ría de Mataró. 

De la familia Colí, no sólo fué benemérito el Venerable 
Francisco Miguel, sino también su abuelo Gerardo, doc- 
tor en ambos derechos, y su padre Gerónimo, sabio le- 
trado, cuya tumba se conserva aun en la parroquia de 
San Pedro con esta original inscripción : 

Haec est domus magnifico Hieronimo Goli, 

lUDIGI RiPOLLENSI. GoNSTRUGTA. ANNO 1593. 

Ocasión tendremos de nombrar otros varones insig- 
nes que en la Escuela de May fueron iniciados en los 
principios de la carrera que les dio renombre; hallando 
además algunos en el cenobio los medios necesarios 
para lograrla. Entretanto, y como complemento de lo 
anotado sobre los Abades comendatarios, añadamos que 
en la sesión 3 y 4 de diciembre de 1563 fué decretada 
por el Concilio Tridentino la abolición de los gobiernos 
in commendam, disponiéndose que dejasen la Aba- 
día ó profesasen la regla de S. Benito, dentro seis me- 
ses, los que tales encomiendas disfrutaban. Dos años 
escasos sobrevivió May á este decreto, pues murió en 
1576, y como si á las miras políticas contrarias al mo- 
nasterio no bastasen los cuarenta años de la adminis- 
tración de un prelado que moraba generalmente en 
Barcelona, siguieron luego otros veinte de sede vacante, 
con lo cual aparecía el cenobio como una institución 
acéfala, y ocurría especiosa causa para desvirtuar, con 
una pretendida pero innecesaria reforma, el fin primor- 
dial de la comunidad de Santa María, que era el culto 
y explendor de la catalana basílica. « La causa porque 
se consentían estas vacantes, dice Pujados, sé yo muy 



— 191 — 

bien; pero no es de este lugar. Basta que no faltaba 
quién quisiese extinguida esta Orden en la provincia 
Tarraconense; pero Dios que sabe las verdades, y el 
Sumo Pontífice Gregorio XIII la sustentaron en aquella 
grande tempestad.» 

Alude sin duda el Cronista á que después de la unión 
de los diversos reinos, habia obtenido Castilla la hegue- 
monía, y aspiraba á uniformarlo todo á la usanza caste- 
llana. Solamente Montserrat y dos ó tres monasterios 
catalanes, cediendo á altas influencias, se sujetaron á la 
congregación de Benitos observantes de Valladolid; los 
restantes en número de veinte con el de Wifredo el Ve- 
lloso al frente, no quisieron dar entrada á los Valliso- 
letanos, antes evitaron cuanto pudiese variar en lo más 
mínimo su histórico modo de ser, aprobado por la Igle- 
sia. Digna por cierto fué entonces la actitud de los 
monjes de Santa María. Con noble entereza rechazaron 
inculpaciones inmerecidas, y al cargo que se les hacia 
de disfrutar de más libertad que otros respondían : 
«Nuestra manera de vivir, no sólo no es dañosa ala Igle- 
sia de Dios; pero antes muy provechosa, porque es 
causa de que muchos hombres doctos y de buena vida 
tomen aquí el hábito, que no lo harían de otra manera, 
por estar el monastgrio entre montes expuestos á nieves, 
hielos y fríos intolerables, que claro está que sino fuera 
por esa poca más de libertad nadie entrarla, habiendo 
muchos conventos de otras religiones en las ciudades, 
en los llanos y otros lugares amenos y deleitables» (1). 
Ya veremos más adelante como desvanecieron otros 
pretextos y objecciones. 

Con todo fué tanta la pertinacia y el clamoreo de los 
forasteros que pretendían reformar y ser reforma- 



(1) Corona benedictina, Capitulo II, página 50.. 



— 192 — 

dos (1) que Felipe II instó á Clemente VIII: á que exa- 
minase este negocio, y procediendo el Sumo Pontífice 
con gran prudencia envió visitadores, oyó á los procu- 
radores de la Religión, y en 1592 despachó una Bula en 
que se daba un modo de vivir medio entre el rigor pri- 
mitivo (que ni los observantes seguían) y lo que algu- 
nos hablan presentado como anchuras. 

No era esto lo que pretendían los políticos-rigoristas, 
y por espacio de más de treinta años prosiguieron ins- 
tando radical reforma. Esas instancias, empero, que to- 
maron alguna vez el carácter de persecución, no hablan 
de encontrar ya solos ni desprevenidos á los custodios 
del Monumento del Principado, antes saliendo á la de- 
fensa de sus hermanos toda la Congregación claustral 
Tarraconense, de tal suerte les vindicaron en un so- 
lemne documento; que junto con su prestigio de sabios 
y virtuosos cenobitas, salió para siempre triunfante su 
acendrado catalanismo. 



(1) «Hasta aquí no se han mostrado en este negocio sino forasteros 
que quieren reformar y ser reformados. A los cuales mejor que en otra 
ocasión dijeron otros, se les pudiera decir que j porque estos milagros 
no los hacen en su patria? ¿Porque no comienzan la reforma en su tierra, 
donde hay tantos insignes monasterios y de tantas rentas?» (Corona be- 
nedictina, Capítulo II, página 73). _ 



CAPITULO XI 



LA CONGREGACIÓN CLAUSTRAL TARRACONENSE. 

Organización y monasterios de la Congregación. —Abades por nombra- 
miento Real.— Francisco de Pons.— La Cofradía de los Ángeles.— El 
célebre monje Gerónimo de Tord. — Rehusa Pons el obispado de Elna, 
muere en Mantua. — Epitafio de su tumba. — Alteraciones en la villa 
monasterial. — Nyerros y Cadells, Pedro Roque Guinarda, amigo y pro- 
tector de la Colegiata de San Juan de las Abadesas y del cenobio de 
Ripoll. — El Abad D. Juan de Guardiola, sus escritos. — La Congrega- 
ción de la Inmaculada. — Francisco de Senjust construye la Curia del 
vicario.-^ Visita la Colegiata de San Juan, procura con el Dr. Colí su 
restauración. — Ya obispo de Gerona funda 12 aniversarios en el Real 
Santuario. — Fr. Pedro Sancho, sus ilustres hechos, sus jjroyectos y 
disgustos. — Memoria del presidente de la Congregación Tarraconen- 
se.— Célebre prelacia de Copons y Vilaplana. — Guerra deis segaclors. 
—Delegaciones del Abad de Ripoll á Felipe IV. — Pedro de Marca en 
el Archivo. — La peste en Ripoll, muere del contagio el Abad. — El mon- 
je Luis de Pons obispo de Solsona. — El Abad Casamitjana de Eril re- 
gala imágenes de plata al Real Santuario. — Nueva guerra con Fran- 
cia. — El francés destruye las cuevas de Rivas y las torres y murallas 
de la Sede Abacial. —Los monjes A. Solanell y M. Vega. — Benito 
Sala, Abad electo, obispo de Barcelona.— Reseña inédita de la solem- 
ne entrada del Abad Moner en su villa. 




EREGiAN, ciertamente, los servidores de la 
Virgen aquella notable alabanza del in- 
mortal Oliva : Emicat egregius radians ut 
Sol Benedictus, y se esmeraron particu- 
larmente en hacerse dignos de la misma 
en el siglo XVII, en que el cenobio pre- 
senta una serie de escogidos abades que, por su conti- 
nua presencia en el monasterio, favorecieron extraordi- 

13 



— 194 ~ 

nariamente los intereses de la basílica. Los Gomen- 
datarios, fueron reemplazados por la siempre ilustre 
Congregación Tarraconense-Cesaraugustana, de Nava- 
rra y Obispado de Mallorca, que estrechó los lazos y 
espirituales prerogativas entre multitud de monasterios 
de la España oriental. 

El gobierno superior de la Congregación fué enco- 
mendado á tres presidentes que velaban por su bien 
moral y material, conservando cada una de las Casas 
religiosas, propio Abad, nombrado en adelante por Su 
Magestad Católica. Los monasterios de que se compo- 
nía la Congregación, eran por su orden, los siguientes: 
S. Cugat del Valles, Sta. María de Gerri, Santa María 
DE RiPOLL, S. Pedro de Camprodón, S. Pedro de Besa- 
lú, S. Miguel de Cuxá, Santa María de Arles, S. Martín 
de Gánigó, Santa María de Amer y Roses, S. Esteban 
de Banyolas, San Salvador de Breda, S. Pedro de Re- 
des, id. de Galligans, San Pedro del Campo de Barce- 
lona y de la Portella, Santa María de Serrateix, San 
Pedro de las Puellas, San Danielde Gerona, San Anto- 
nio y Santa Clara de Barcelona, San Juan de la Peña, 
San Victoriano, Santa María de la O, Santa Cruz de las 
Sórores (Jaca), Santa María Magdalena de Lumbierre y 
el Priorato de Santa María de Meya. El cenobio ripóllés, 
el primero de la Península que habia admitido con Ar- 
nulfo la reforma Cluniacense, y que en el siglo XI habia 
sido agregado á S. Víctor de Marsella, figuró, pues, en 
la nueva Congregación como el tercero en etbrden, aun- 
que el principal en importancia. 

El primero de los Abades que la Congregación contó 
en Santa María, fué Francisco de Pons, de familia mi- 
' litar, gran letrado, hombre de gobierno y muy pruden- 
te. Sus altas prendas le riierecierpn al poco tiempo ser 
electo obispo de El lía, dignidad que rehusó por el gran 
cariño que tenia á su cenobio. Promovió éri lá villa la 



' — 195 — 

fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de los Án- 
geles, en cuyas listas sólo figuraban jóvenes solteros de 
arabos sexos que anualmente, en el mes de las flores, 
tributaban solemnes obsequios á su celestial abogada. 
Subsiste en nuestros dias esa bella asociación, que re- 
cuerda en sus funciones religiosas y en sus honestas, 
poéticas y características diversiones de mayo, las cos- 
tumbres sencillas de los antepasados. 

Un noble monje, profeso de Santa María, D. Geró- 
nimo de Tord, fué señalado en este tiempo por su piedad 
y letras. Desde la abadía ripollense pasó por nombra- 
miento Real á regir el cenobio de San Pedro deCampro- 
dón, en cuyo abaciológio se registra su nombre desde el 
año 1597 á 1606. Sobrevivióle cinco años el modesto 
Abad de Pons, que acabó sus dias en Mantua, al dirigir- 
se á Roma como Legado apostólico. Su muerte fué muy 
sentida, y cuando su cadáver fué trasladado á la ba- 
sílica, el monje Hermenegildo de Palau le dedicó el 
epitafio siguiente: 

Este sepulcro contiene 
los restos de francisco de pons abad ripollés, 

QUIÉN HABIENDO REHUSADO EL OBISPADO DE ElNA, 
COMISIONADO POR EL REY CATÓLICO COMO LEGADO APOSTÓLICO 

MURIÓ EN Mantua áIII de los idus de Setiembre de MDCXI. 

Fr. Hermenegildo de Palau, prepósito de Berga, 

agradecido y respetuoso 

le puso como buen recuerdo esta lapida 

EN EL ANO MDCXIIX. (1) 

Infestaban por este tiempo el alta montaña los dos 
bandos conocidos desde el siglo XIIÍ por Nyerros y Ca- 



(1) H. G. T. 

OssA Francisci de Pons Rivip. abbatis, qui episcopatu 

ELENENSI REGUSATO AG APUD GATHOLIGUM ReGEM QU. APT. LEGATO, 

'' Mantuaé: Garpetanorum obiit III id. Sépt. MDGXI. 
EiFr. Ermengaüdus de Palau, Praepositus Bergius, 

GrATITUDINIS ET OBSERVANtlAE ERGO MONUMENTUM HOC 

B. M. L. P, MDGXIIX. 



— 196 — 

dells, los primeros obedecían á Pedro Roca Guinarda 
hombre (según Cervantes en su inmortal Quijote) gene, 
roso, bueno, compasivo; losCadells, sanguinarios é 
impíos, eran capitaneados por el abyecto Trucafort. Los 
pueblos y monasterios apartados de los grandes centros, 
se veian obligados con frecuencia á contemporizar con 
Roque Guinarda, quién no dejaba en ocasiones dadas 
de prestarles buenos servicios, pues el gobierno de Fe- 
lipe, acentuando cada vez más su antipatía al Principa- 
do, permitía que los nobles catalanes se destruyesen 
entre sí, azuzando para ello los Cadells contra los Nye- 
rros, haciéndose sordo á la voz del oprimido , mostran- 
do únicamente gran celo en demoler castillos, tapiar 
casas de campo y suprimir abadías, con lo que se 
preparaba el advenimiento del absolutismo sobre las 
ruinas de los fueros de la patria. ¿ Que tiene pues de 
extraño que, según Pellicer en sus notas al Quijote , el 
Abad de Ripoll se esmerase en complacer al jefe de 
los Nyerros? ¿qué no considerase depresivo á su digni- 
dad presentarse con él , en cierta ocasión , en una ven- 
tana para presenciar una fiesta de la villa ? En 1609 
Roca Guinarda había libertado de los Cadells la comar- 
ca de San Juan de las Abadesas á instancias del Arci- 
preste D. Juan Colí, y no había de tardar el monasterio 
de Ripoll en necesitar del mismo auxilio. Fué así que 
mientras el Abad Francisco de Pons fallecía en Italia, 
donde se hallaba desempeñando la alta misión que Fe- 
lipe III le había confiado ; Trucafort, satélite del Virey, 
se dirigió á la villa monasterial y, una vez allí, tomando 
pié de un pequeño altercado entre varios ripollenses 
y el monje limosnero Fr, Antonio Castellá (1), atacó con 



(1) Para activar la conclusión de las obras de ensanche de la parro; 
(luial de San Pedro, j3Ídieron algunos vecinos á Castellá varios lonaos 
que el monasterio destinaba á los pobres. La negativa, sobremanerajus' 
ta, motivó el altercado. 



— 197 — 

los suyos y los descontentos el monasterio. Volaron' al 
socorro de este las nobles familias de los monjes y los 
campesinos de la comarca; resistiéronse algunos dias y, 
cuando iban á sucumbir, llegó el refuerzo de Guinarda, 
que entró secretamente en el cenobio por la parte de Pi- 
talluga. Era esto la noche del 21 de setiembre, víspera 
del dia designado por Trucafort para el asalto. Intentó- 
se efectivamente este, pues se ignorábala presencia del 
bizarro Guinarda; terrible fué el choque, cruel la ma- 
tanza, y como quiera que la cuestión quedaba reducida 
álos dos bandos, y el resultado, cualquiera que fuese, 
amenazaba así á los monjes como á la villa, unióse 
esta al cenobio para implorar socorro de las vecinas 
poblaciones. Gomo arbitro entre los contendientes fué 
elegido el Arcipreste Golí, quién usando de gran pru- 
dencia, logró por medio de su cabildo, no sin grande 
esfuerzo, que los ánimos se apaciguasen, dándose á pri- 
mero de Octubre las luchas por terminadas. Cerca de 
un mes aplazó aún el presentarse el Juez Real ; ¡ eviden- 
te muestra de la ruin política del Marqués de Almazán 
á quién servia ! 

No tardó el cenobio en recibir en el palacio abacial 
como digno sucesor de Pons, al sabio escritor benedic- 
tino D. Juan de Guardiola, autor de la Historia de San 
Benito de Sahagún y de un Tratado de Heráldica. En 
el cenobio de Bañólas había desempeñado el cargo de 
limosnero y gobernador eclesiástico (1); cuando fué lla- 
mado á sentarse en la silla de los Arnulfos y Olivas es- 
taba revestido de la misma dignidad en el monasterio 



W Al Sr. D. Pedro Alsius farmacéutico, que ha escrito con mano ma- 
estra todo lo concerniente al cenobio de Bañólas, debemos esta noticia 
acerca D. Juan de Guardiola. Su obra, que admiramos por la multitud 
tle documentos inéditos y por el extraordinario trabajo que supone, nos 
"a proporcionado además otros varios datos : nos complacemos en ha- 
cerlo constar y se lo agradecemos. 



~ 198 ~ i 

de Breda.Lo.más notable .de su prelacia fué el ¡interés 
que demostró por la Congregación de la Inmaculada, 
cuya fundación se remontaba al siglo XII, bien que en 
sus principios sólo estaban inscritos en la misma el 
Abad, los monjes y algunas nobles familias. Logró el 
nuevo prelado en 1614 que pudiesen ingresar en ella 
todos los hijos -varones de la villa, prescribiendo que 
hablan de tener veinte años de edad y ser de costum- 
bres irreprensibles. Una bula de Paulo V confirmó la 
nueva Congregación, y animados sus miembros con tal 
favor, elevaron á su titular Patrona una Capilla conti- 
gua á San Pedro, bendecida en 7 de febrero de 1672. 
Uno de los frutos más provechosos que reportó de la 
Congregación.la villa fué la Enfermería déla Inmacula- 
da, habiéndose atendido con ella al auxilio de las clases 
acomodadas en sus enfermedades, como Clemente May 
habia procurado el de los pobres. Los reyes de España 
y el Real Consejo de Castilla pusieron luego institución 
tan benéfica bajo su protección (1). La muerte alcanzó 
á Guardiola en el desempeño de sus altas funciones en 
2 de febrero de 1616. 

Felipe III nombró para sucederle á D, Fr. Francisco 
de Senjust. A la edad de 12 años habia tomado el hábi-- 
to en San Cugat del Valles, y fué sucesivamente prepó- 
sito de Panadés, síndico enviado á Roma y Abad del 
cenobio de Arles, desde donde pasó al de Ripoll. Hizo 
memorable su prelacia la construcción de la Curia del 
Vicario, en cuya parte inferior mandó abrir el Pórtico de 
su nombre; entrada digna de la magnificencia del claus- 
tro. En 1618 por encargo del rey visitó Senjust la Cole- 



(1) Mucho contribuyó al realce de la Congregación el presidente de 
la misma D. Francisco Pellicer presbítero, uno de los comunitarios más 
distinguidos de San Pedro. Da una exacta noticia de La Congregación 
nuestro querido hermano Pedro en la obrita que publicó con aquel títu- , 
lo en Vich, año 1859. 



— 199 — ,„ 

giata de; San Juan de las Abadesas, la cual se hallaba 
en estado ruinoso. Cumplió su cometido , haciendo el. 
presupuesto de las obras conforme a las instruccipnes 
que llevaba, y la reedificación de la Colegiata, empeza- 
da por el Dr. D, Juan Golí, fué terminada después de 
la muerte de este, acaecida en 1619. 

Dos años después Francisco de Senjust fué designa- 
do para ocupar la silla episcopal de Elna, de donde 
pasó, á la de Gerona. Constituido en tan alta dignidad 
no olvidó á Santa María, antes como muestra de la de- 
voción que le profesaba, fundó en la basílica de Oliva 
(1624) doce aniversarios solemnes, dotados en 1040 li- 
bras catalanas. Murió el dadivoso obispo en la Bisbal 
á 10 de Marzo de 1627 (1). 

Fr. Pedro Sancho, monje profeso de Montserrat, va- 
ron digno de todo elogio por haber llevado con el P. Fr. 
Bernardino de Argedas la Regla de San Benito al 
Nuevo Mundo, y haber sido el fundador del Priorato de 
Nuestra Señora de los Reyes en el Perú , fué el sucesor 
que el rey designó al Abad Senjust, al ser este promovi- 
do al obispado de Elna. El nuevo Abad consagró en 14 
de Mayo de 1623 el altar mayor de Santa María , al 
cual fueron trasladadas las reliquias. 

Consecuente con sus particulares aficiones, Fr, Pedro 
Sancho se puso luego de parte de los que pretendían 
reducir las Casas de San Benito de Cataluña al modo 
de la Congregación de San Benito de Castilla, lo que le 
ocasionó serios disgustos (2) sin que pudiese lograr su 
intento, pues la muerte le sobrecogió en 8 de agosto 
de 1627. 



(1) España Sagrada, Viaje literario y Ahaciológio manuscrito. 
Vide Francisco Senjust. . 

(2) «Siempre, dice Piíjades, fué mal quisto, y para vengarse fué á Ro- 
ma y á Madrid para meter la reformación Dejó hartas confusiones en 



— 200 — 

No quedaron acalladas con la vacante las pretensio- 
nes de la Corte, en donde el malquisto Abad habia halla- 
do protección é impulso ; antes bien se redoblaron los 
esfuerzos. para presentar decisiva batalla álos custodios 
de la basílica eminentemente catalana. Llegó con este 
fin á principios de 1628 á Barcelona Fray Francisco 
Garcia Calderón, monje Benito de los Observantes « y 
presentándose al lugarteniente de S. M. en el Principa- 
do con cartas del Rey, le pidió asistencia y auxilio de 
oficiales y ministros seculares para ir al Monasterio de 
RipoU a reformarle y reducirle á la primitiva Regla de 
San Benito en todo su rigor, en virtud de una comisión 
del Nuncio de Su Santidad en los reinos de España». 
Sucedió entonces lo que al terminar el capitulo anterior 
hemos insinuado, el dignísimo Sr. D. Francisco de 
Eril , Abad de San Cugat del Valles, Presidente de la 
Congregación Tarraconense, se opuso resueltamente á 
las pretensiones de Calderón, y para solicitar que no po- 
día tener lugar la nueva reforma, remitió un memorial 
en justificación del derecho que álosmonjesripollenses 
asistía. Tan contundentes fueron sus razones , tan en 
evidencia ponia los solapados fines de los pretensos re- 
formadores, que el Rey no pudo menos de atenderle, 
dejando en adelante tranquilos y aún algo favorecidos 
á los que con la energía que presta la verdad, acababan 
de alcanzar completa victoria. Digamos de paso que los 
Diputados del Reino, la ciudad de Barcelona, el consejo 
de Ciento y el Cabildo de la Iglesia mayor; apoyaron con 
toda su autoridad é influencia el memorial del Presi- 
dente de la Congregación Tarraconense, oponiéndose 



la Gasa acerca de la admisión ó repulsa de los pretensos reformadores 
que fueron repulsados, tanto que, hasta ahora, no se ha visto concluida 
la reformación, mas ni la Casa». 



— 201 — 

entretanto á que Calderón pudiese llevar adelante sus 
ambiguos propósitos (1). 

Francisco de Copons y Vilaplana sucedió seis años 
después al Abad Sancho. Bien se necesitaba un hombre 
de las altas prendas que le adornaban , durante el triste 
periodo que duró su prelacia. Poco gozó de bienandan- 
za, ya que en 1635 hubo la solemne declaración de gue- 
rra entre Francia y España, motivada por la sorpresa 
que la guarnición españolado Lieja verificó contra Tré- 
veris, en la que murieron algunos franceses, quedando 
prisioneros los demás. Concretándonos á la Sede aba- 
cial, tanto en esta como en las demás guerras del siglo 
XVII se singularizó en levantar compañías particulares, 
así para defensa de plazas como para socorro de ellas, 
como lo efectuó en los asedios de Puigcerdá, Gampro- 
dón, Seo de Urgel, Prats de Molió, Gerona y otras. 

Grande era el entusiasmo con que peleaba Cataluña 
por su rey Felipe IV, como lo demostró la gloriosa ex- 
pedición contra el castillo de Salces, recuperado del 
príncipe de Conde por un ejército de voluntarios cata- 
lanes en 1639, cuando el odio personal á nuestra raza 
del Conde-duque de Olivares, externado en medidas in- 
justas é intempestivas, hizo estallar en 7 de Julio de 
1640 aquella imponente sublevación conocida en el país 
por la guerra deis segadora, cuyo principal aconte- 
cimiento fué proclamar por conde de Barcelona á Luís 
XIII rey de Francia. Dos veces, durante aquellas turbu- 
lencias civiles, el Abad Francisco de Copons y Vilaplana 
fué comisionado por Cataluña á Felipe IV con encargos 
de la más alta importancia ; nuestro sabio prelado los 
desempeñó con el acierto que prometían sus brillantes 
cualidades como religioso y como hombre de Estado. 



(1) Puede leerse en la Corona benedictina, Gap. 2, pág. 43. 



— 202 rr-. 

Tan altas atenciones no le impidieron, 4edicarse con 
exquisito celo á cuanto pudiese redundar en gloria deV 
Real Santuario. A él se debe en efecto (lo recordaran 
con eterna gratitud los literatos amantes de nuestra 
patria) que estuviese á todas horas abierto el Archivo 
para el entonces Visitador general del Principado el Ar- 
zobispo D. Pedro de Marca (1644), ayudándole con los 
monjes de la Comunidad á sacar copias de la preciosa 
documentación que el Archivo contenia , ' y aún permi- 
tiéndole retener por determinado tiempo alguno que 
otro códice, digno de ser detenidamente estudiado. Co- 
piados ya los documentos y publicados por Balucio, 
aunque después del incendio de 1835 tengamos que 
repetir con el sabio Olzinellas : «Santa Maria. puede 
volver; mas no su precioso archivo», nos queda el con- 
suelo de poder añadir: « Gracias á la solicitud del Abad 
Francisco de Copons 1/ Yilaplana , los principales docu- 
mentos de Santa María están salvados.» 

Después de la caida del Conde-duque, la opinión 
pública volvió á declinar en favor del rey Felipe, á ello 
coadyuvaron en gran manera los excesos de los france- 
ses, y la política de atracción que siguió en adelante el 
gobierno español. Grande debia ser el consuelo de Co- 
pons y Vilaplana al ver que su cooperación en tan crí- 
ticas circunstancias empezaba á dar su fruto , cuando 
una nueva calamidad pública, una peste mortífera se 
propagó por Cataluña. Despoblóse la villa, huyeron sus 
habitantes á las montañas vecinas en busca de un al- 
bergue para librarse del terrible azote. Entre las victi- 
mas de la enfermedad contagiosa se cuenta el celoso 
Abad, á quién alcanzó en 1651 en San Julián de Vall- 
fogona. 

Vacó luego doce años la abadía, durante los cuales 
continuó sufriendo mucho por la peste y la guerra no 
enteramente terminada con la capitulación de Barcelo- 



— 203-^ 

na (1652)., No por. esto faltó al Real Santuario . quién 
procurase por el expíen dor del culto y el aumento de 
sus glorias. El noble Luis de Pons, monje sacrista, dis- 
tinguido en letras y en virtudes, acérrimo defensor de 
las inmunidades de la Iglesia, administraba durante 
esta vacante la abadía. Grande era su afecto al rey ca- 
tólico, y habiéndose ajustado los conciertos, agradecido 
su majestad á sus buenos oficios y atendiendo á sus 
méritos, le dio el obispado de Solsona. 

El mismo rey en 1663 hizo presentación del Abad 
Gispert de Amat, que al año siguiente tuvo por sucesor 
á Jaime de Meca hasta 1666. 

Por muerte de Felipe IV, acaecida, en 16 de Setiembre 
del año anterior, nombró la reina viuda D." Mariana 
de Austria á Gaspar de Gasamitjana y Eril. El recibi- 
miento que le hizo la villa fué de los más entusiastas y 
brillantes, sin embargo la Providencia le tenia destina- 
do á ser uno de los prelados que con más tesón habia 
de trabajar en defensa de las prerogativas del Real San- 
tuario. Fué en ello tan valiente como afortunado, pues 
obtuvo Real sentencia de la omnímoda jurisdicción civil 
de Olpt y Ripoll (1), regalando en acción de gracias á 
su celestial Protectora varias imágenes de plata y pre- 
ciosas alhajas (2). 

Impulsado Luis XIV de Francia por sus ambiciosos 
proyectos, volvió á encender la guerra contra España, 



(1) Las cuestiones sobre jurisdicción produjeron indirectamente un 
buen resultado con la publicación de varios folletos que nos han conser- 
vado interesantes documentos; entre aquellos sobresalen La Jurisdic- 
ción Real defendida, impresa en Barcelona en 1682, y la respuesta del 
Sr. Abad, ambas archivadas en la parroquial de S. Pedro. 

(2) Así lo dice el abaciológio manuscrito: íste contulit nobis multa 
bona, nam donavit monasterio Imagines Domini lesus et Gonceptionis 
Virginis Mariae de argento. 



— 204 — 

invadiendo el duque de Noailles á Cataluña para inci- 
tarla contra la dominación austríaca. En 15 de Julio de 
1689 destruyó el francés las fortificaciones de las cue- 
vas de Rivas, las cuales, por defender la entrada de los 
valles del Ter y del Fraser, son llamadas con suma pro- 
piedad por el cronista Pujades : Las cuevas de RipolL 
Ocupó el enemigo esta villa largo tiempo ; mas, resabia- 
do su jefe Mr, de Bolande por la oposición que siempre 
hicieron sus habitantes á las armas contrarias á Car- 
los II, antes de retirarse en 1690 «mandó derribar mu- 
rallas y torres á fuerza de hornillos, con la violencia de 
lí)s cuales padecieron la demolición muchas casas que 
se hallaban cerca de dichas murallas, no perdonando 
las torres de la Parroquial iglesia de San Pedro» (1). La 
fidelidad á su rey obligó al anciano Abad á ponerse en 
salvo en Barcelona donde, plenus dierum et lahorum, 
murió en 1696 (2). 

En cada uno de los precedentes capítulos hemos teni- 
do la mira de presentar algunos de los monjes que en 
su época honraron con su ciencia y virtudes la basílica 
olivana. Entre los que durante la Congregación tarra- 
conense florecieron, merece particular mención Antonio 
Solanell y Montallá, hijo de la noble familia ripollense 



(i) Memoria impresa, archivada en la parroquial de S. Pedro, Fácil 
nos seria extendernos en minuciosos pormenores de lo acaecido en la 
villa en esta guerra, mas esto, además de carecer de interés para la ge- 
neralidad de los lectores, nos alejaría del fin que nos hemos propuesto. 

(2) Un año después el duque de Vendóme victorioso, reforzadas sus 
tropas y de acuerdo con el duque de Estrées, puso sitio á Barcelona por 
tierra, mientras Estrées con una formidable escuadra hostilizaba la ciu- 
dad por mar. Despué des cincuenta y dos dias de un sitio horroroso, ca- 
pituló Barcelona, habiendo salido su guarnición con todos los militares 
honores. El tratado de Ryswick puso término á ésta guerra en el mismo 
año. En consecuencia, fueron devueltas á Garlos II las plazas ocupadas 
por el enemigo, y la administración del gobierno español volvió á regir 
con regularidad en el Principado. (Feliu de la Peña, Anales de Catalu- 
7ia,Lib. XXI, cap. XVIII). 



— 205 — 

del mismo nombre. Apenas habia cumplido siete años 
sus padres le ofrecieron á Santa María, hizo sus pri- 
meros estudios en el Colegio May, desde donde pasó á 
Lérida, en cuya universidad tomó el grado de Doctor en 
Teología y Derecho canónigo, siendo después catedrá- 
tico de ambas facultades. Vuelto al monasterio fué prior 
de Aja, luego visitador general de su religión, abad de 
San Pedro de Galligans, diputado del Principado y últi- 
mamente Abad del monasterio de San Cucufate del Va- 
lles. Hay noticia de que ordenó un catálogo de los Aba- 
des de Ripoll y algunos apuntes de cosas memorables 
de dicho monasterio hasta su tiempo. Escribió además 
acerca del origen y fundador del monasterio de San Cu- 
gat del Valles y la historia completa de ese monasterio, 
dividida en centurias. Otra obra de Solanell trata del 
ingreso de las mujeres en el claustro. Murió en 15 de 
Setiembre de 1726. 

Fué también notable el monje Manuel de la Vega, 
autor de un poema elegiaco dramático en las fiestas de 
la traslación del cuerpo de San Olegario, que obtuvo el 
segundo premio ofrecido por los magistrados de Barce- 
lona. Con el pseudónimo lo Rector de Pitalluga, reco- 
gió, ordenó ó hizo imprimir las ^poesías del célebre 
Dr. Vicente García, rector de Vallfogona, y se le deben 
ademas preciosas notas sacadas de los documentos del 
Archivo. 

En el mismo año de la muerte de Casamitjana y de 
Eril fué electo para reemplazarle D. Fr. Benito de Sala 
y de Caramany, que desde 1681 habia ejercido la misma 
dignidad en Montserrat y en Santa Maria de Gerri. No 
tomó posesión, apesar de que D. Francisco de Velasco 
le apremiaba para que enviase por los despachos y bu- 
las, pues con sus rentas de la abadía de Gerri tenia que 
sustentar á toda su familia en Barcelona, por ocupar 



— 206 — 

los franceses á Gerona en dondo radicaba la casa sola- 
riega de los Salas (1). En 1698 fué Fr. Benito promovi- 
do á la silla episcopal de Barcelona, y algunos meses 
después, cesábala vacante de RipoU con. la presentación 
del noble Rafael de Moner, elegido para ocuparla. Su 
solemne entrada en la villa y toma de posesión fué de 
lomas curioso que darse pueda, y como quiera q'ue aún 
no hemos descrito el ceremonial que regia en estas en- 
tradas, suspenderemos gustosos la narración de turbu- 
lencias, pestes y guerras, para terminar cori la siguiente 
reseña inédita que nos ha conservado un testigo de 
vista (2), digna de ver la luz pública, tanto por el c-andor 
y sencillez con que se refiere el recibimiento del nuevo . 
Abad, como por la mención que hace de varias fiestas y 
costumbres que hacian las delicias de nuestros antepa- 
sados. Dice asi: 

ENTRADA 

DEL MOLT IL-LUSTRE SENYOR ABAD DE RIPOLL 
D. Rafel Moner, ab tot lo ceremonial. 

Antes que relatem lo de la present entrada, se té de. 
saber lo que se feya en las altres, y principalment en la 
de Gopons y Gasamitjana. Es que en lo punt que los de 
la vila. sabian lo dia que el Sr. Abat tenía determinat 
pera venir, partían á Barcelona cuatro homens de co- 



(1) Estas y otras noticias las hallará el lector en la magnífica biogra- 
fía del Cardenal gerundense D. Fr. Benito de Sala y de Caramany, que 
valió á su autor, nuestro querido amigo D. Enrique Claudio Girbal, uno 
de los primeros premios de la Asociación Literaria de Gerona en el Cer- 
tamen de 1885. 

(2) Esta reseña es debida á un Presbítero de la Comunidad de San Pe- 
dro que ocultó modestamente su nombre con las iniciales D. T. 



— 207 — 

pete, elegits per lo Senyor Gobernador y Clavari, pera 
acompanyarlo. També lo Capítol elegia dos monjos y la 
Comunitat dos capellans. Pero en la entrada que are di- 
rém, estas cosas no son estadas posibles, perqué D. Ra- 
fel Moner, com tingues intrínseca amistat ab D. Narcís 
de ScatUar, marqués de Besora, es vingué(sense avisar 
ni determinar dia ni á ningú ] al Castell de Besora so- 
bre Sant Quirse, que lo Sr. Marqués conmoraba lo es- 
tiü. Ádvertim quant lo Sr. Abat se topaba en Barcelona 
avisaba dos Comuns pagant estos la añada y lo Senyor 
Abat la vinguda. Mes quant arribaba á Vich, á la ma- 
teixa nit hi arribaban vuit homes de Ripoll, també per 
acompanyarlo. Are, per causa de la amistat del Senyor 
Marqués, no es estat posible, com demunt tenim re- 
ferit. 

Y aixis, any que contam ais 3 de Agost de 1699, te- 
nim en relatado la entrada del Sr. Abat D. Rafel Mo- 
ner. Y per dit dia foren elegits per lo Il-lustre Capítol, 
per acompanyarlo, los monjos D. Joseph de Fluviá, in- 
fermer y D. Onofre Ferrán, dispenser menor del mo- 
nastir. Per la Reverent Comunitat foren elegits dos ca- 
pellans, so es, lo Rd. Llorens, alias Massiá E. E. y lo 
Dr. Jaume Germá, Pbre., també ho foren per lo Sr. Go- 
bernador y Clavari cuatre homens seculars, M.° Fran- 
cesch Llorens y Massiá , Apotecari , lo Sr. Eudal Moli- 
nou, apotecari, M° Jaume, cirurgiá y Lluis Tutllo, 
major, tots bénemérits y homens de copete, los cuals, 
cada hu per si, li donaren la embaixada. 

Eli queda molt agrahit, demostrant en lo rostro gran 
alegría; junt també diré la humilitat de la Sra. Mar- 
quesa y Marqués, los cuals los feyan moltas caricias, 
entretenintlos per lo Castell. Tots diñaren en companyia 
del Sr. Abat, Marqués y Marquesa, molt alegrement y 
molts brindis. 

Are nos toca relatar sobre las Confrarias per 1' acom- 



- 208 - 

panyament. Dit dia á las S3t de la matinada sortí de la 
vila la companyía deis fadrins, molt ben adornáis de 
tafetans y tolipans en los sombreros; partirán ab molta 
gala y scopeteria. Arribaren á Montesquiu, y á la vista 
del castell hont estava lo senyor Abat li feren dos sal- 
vas, y tirarent molt cerradament com si fossen estats 
soldats veterans, y allí speraban al Sr. Abat. 

Acerca de las duas y mitja lo Senyor devallá del Cas- 
tell, y la companyía deis fadrins tingué un avis de part 
del Sr. Marqués y Marquesa que per salut d' ells fessen 
una salva en vista del Castell, Lluego tots cridaren 
«Victoy> no sois una per quiscú, sino que demanás lo 
Sr. Marqués y Marquesa, que los deixasen servirlos, y 
cumplirían ab la obligació.» 

Lo capitá de la Companyía era lo Dr. Eudal Lisaga; 
lo Dr. Eudal Pascual era patje de gineta ab rodella, 
mángala y cervellera; lo alférez Joseph Deop cerraller, 
lo sargento Joan Reynal sastre. A la companyía pagaba 
la vila, com també municionarlos. Lo socorro fou al 
Sr. Capitá deu rals, al patje sis, alférez lo mateix, sar- 
gento cuatre, soldats dos ab mitja Iliura de pólvora fina 
per quiscú : tiraban continuadament, com si fos estat 
aquell fiero siti de Barcelona en lo any 1697 (1). 

A las duas y mitja se despedí lo Sr. Abat del Sr. Mar- 
qués y Marquesa molt queridament, y al arribar á la 
companyía deis fadrins feren salva, prestantli tots lo 
deber, cridant ab alta y clara veu « Victo » tma lo Se- 



(1) Por los méritos contraidos durante el sitio de Barcelona fué con- 
decorado D. Narciso Descatllar por el Rey con el título de marqués de 
Besora. El autor de este relato, queriendo tributar una alabanza delica- 
da al nuevo marqués y, presuponiendo sin duda el «si licet exemplis in 
parvo grandibus uti», compara el sitio de Barcelona, terminado á princi- 
pios de Agosto de 1697, con las salvas que los jóvenes ripollenses hacían 
dos años después y á principios del mismo mes ante el castillo de Beso- 
ra, Véase Fejiu de la Peña, Anales de Cataluña, lib. XIX, pág. 450. 



— 209 — 

nyor y viva molts anys donantpau y sosiego per nosal- 
tres.» Eli també benignament y ab cara alegre los 
rebé. 

Are pues que tenim lo Senyor en camí , toca parlar 
de las cosas de la vila. Advertim que los sastres y sa- 
baters feren una companyía de trenta homens y anaren 
á recebir dit Senyor á la Portelleta; á sa vista feren sai- 
va saludantlo. Mes avant, á las 10 horas, eixl de la vila 
la companyía deis Aloys , de número de sisconta y tres 
homens ben armats, arribaren á lo apallador de Tarra- 
dellas, y á la vista y vinguda del Senyor feren salvas, 
advertint que los Aloys, mal informáis y contra tot dret, 
mogueren ruido ó moti contra los sastres y sabaters 
que volian la retaguardia. 

Las 12 horas eran en lo mateix dia, quan eixi la com- 
panyía deis parayres y teixidors. Lo número era de 
trenta homens, lo capitá Geroni Tutllo. Quant arribaren 
á San Quintí esperaren al Senyor, y a sa vinguda feren 
també salva. Mes, los Rectors que están en directe se- 
nyoría, anaren tots junts á San Quintí fentli la benvin- 
guda. Mes avant, acerca las duas horas , eixi lo Gobern 
de la vila, recebint al Sr. Abat lo seu germá don Fran- 
cesch Moner gobernador, lo daga lo magnífich Ignaci 
de Oriola, lo BatUe Eudal Tutllo, lo Mustassá lo Sr. 
Miquel Mirapeix, lo Glavari Lluis Tutllo menor, lo No- 
tari lo Dr. Francesch Illa, ab molt acompanyament de 
fadrins. De los particulars de la vila no queda ningú 
que deixás de anar á la benvinguda: hi habia entre ells 
uns trescents paisans y militars que cabalcaban. Tot lo 
camí las companyías anabán tirant y apareixia que, per 
la grandesa, venia una armada contraria ó adversa 
envers lavila de Ripoll. 

Quant lo Sr. Abat arriba á las Godinas, lo BatUe ab 
los Cónsols de la Guardia eixi ab molta gent, armats de 
pedrenyials y pisíoías que apareixian centurions, ab nú- 

14 



- 210 — 

mero de quaranta homens, los cuals lo acompanyaren 
fins á Terradellas, y los Cónsols fins a Ripoll. 

A San Quintí lo Sr. Abat deballá de caball y se vestí 
com si anabá per ciutat, y torna á pujar á caball cami- 
nant envers la vila. En ella hi regnaba gran alegría, 
aguardant á dit Senyor comes just é adequat. Los con- 
frares apuntaren las banderas á la muralla ó torre de 
Duran, junt á totas las banderas liabia sis centinellas. 
La demés gent, á discreció, stavan aguardant la vingu- 
da. Abans de fer salva á la vista de dit Senyor, las cam- 
panas ab gran solemnitat tocaban. La bandera de Nos- 
tra Senyora del Roser la apuntaren á n' al pont del Ter 
també ab guardas, observant lo mateix ordre y tiránt 
sempre, so es los de fora tiraban envers las banderas, 
que apareixia que estaba formada batalla campal ó na- 
val de una part y altre, que pasmaba los ánimos deis 
oyents sentir tanta scopetería, resonido de campanas, 
de tambors, de pífanos. 

Entra dit Senyor, y devant d' ell la companyía deis 
parayres á punt de milicia y scopetejant. Passá dita 
companyía per lo camí que tenia que fer lo Sr. Abat, 
qui deballá de caball devant lo Sr. Dr. Francesch Guan- 
ter, y ana inmediatament envers 1' altar que era á la 
porta de Saló Fuster. 

Lo altar estaba posat ab un doser en unas hermosas 
gradas ab un San Benet de plata y duas mesas, una en 
cada costat ab sobrecel ó panteón sobre lo dit altar, y 
adornat ab molta tapicería, colgaduras y draps de ras 
per térra. Antes que entras lo Senyor, la professó era 
vinguda del monastir ab tot lo Capítol y tota la Comuni- 
tat per recebirlo , y lo círcol de la plassa nova staba 
adornat de cadiras y banchs que ocupaban lo Capítol y 
Comunitat. Devant la cadira del Senyor staba una al- 
mohada de carmesí. 

Disposat lo altar, plassa y professó , en lo entrar á la 



— 211 — 

plassa nova lo vicari general Fr. Antón de Padellas, 
ana ab diaca, subdiaca y ajudant á recebir al Senyor, 
estant dit Capítol y comunitat en peus. Lo Vicari gene- 
ral luego li presenta lo Missal y lo Ssnyor jura com á 
fidel y lleal de dita abadía ó mitra, y se 'n ana en lo al- 
tar hont digué certas oracions. Después se assentá al 
mitj del Vicari general, diaca, subdiaca y ajudant, y se 
despulla ab grandíssima devoció y magnificencia, pre- 
nent la roba los patjes ab bassinas de plata. 

Lluego que fou despuUat, quedant sois ab lo hábit de 
San Benet, lo vestiren de pontificallos patjes, aportantli 
ab gran reverencia la roba, també ab bassinas de plata, 
Aixís proseguiren y, cuant fou acabat de vestir, ab mi- 
tra y crossa sen ana al altar , canta un Te-Deum lauda- 
mus, y comensaren la professó desfilant envers Sant 
Eudal y carrer de SantPere. Enlotemps que lo Senyor 
se estaba vestint, totas las companyías passaban y se 'n 
anaban acerca del cementiri de San Pere, aquí se arren- 
glaren y se posaren per son ordre , sempre tirant fins 
que la professó fou pasada. 

Quant lo Senyor arriba á la plassa nova los menes- 
trils staban tocan y sen anaren ab la professó y, arriba- 
da que fou á Santa María , lo Senyor Abat resá un 
parell de oracions devant del altar major y dona la be- 
nedicció al poblé. La professó fou molt generosa y molt 
cumplerta. Después ana dit Senyor en lo presbiteri, lo 
despullaren ab la mateixa asistencia, y se vestí com si 
anabá per vila. Lluego la Comunitat y monjes ab lo Se- 
nyor Abat anaren á Capítol, prestantli tots sagrament y 
homenatge com es de dret, y dit Senyor de jurisdicció 
cuasi episcopal sobre la Comunitat. Después, ab molta 
solemnitat, lo acompanyaren á casa sua, so es en lo 
Palau. 

Una estoneta feya que dit Senyor era aposentat, 
quant lo Clavari tingué un recado d' ell que li fes lo fa- 



- 212 - 

voi* de aportarli lo present que acostumaba fer la vila, 
lo cual pera cumplir sos mandatos se 1' hi apronta á vuit 
lloras de la nit, lo que no fou voluntat del Clavari, pues 
volia que se li aprontas lo demá de la vinguda, á las 
hou de la matinada, pera que tothom ne tingues inspec- 
ció ocular. 

Lluego lo present era y consistía en una badella de 
las cosas mes hermosas que heme haje vist, dos mol- 
tons enflocats y almangrats y banya-daurats , pera sig- 
nificar que los vassalls ho tenian en grandissima gloria 
obeir un tan bo y fidel Senyor, y pera demostrar lo tim- 
bre de estimació ab que lo veneraban. Encara que es 
veritat que, en las entradas passadas, ditas banyas eran 
blavas, per significar que lo Abat avia de teñir acerca 
los vassalls bon zel (pues lo blau significa zelos); pero 
no habem posat blau sino daurat que significa gloria, 
perqué com lo zel sia principi de la gloria, y com tin- 
gam de dit Senyor experimentat per son bon natural lo 
zel, lluego, per esta rahó, posam daurat que es publicar 
la gloria que los vassalls teñen. Mes se li dona duas 
dotsenas y mitja de gallinas , mes se li dona tres 
dotsenas de pullastres , mes se li dona una cárrega de 
vi de la costa: tot á 1' hora de la nit referida, ab cuatre 
atxas ensesas y ab música de raenestrils. Los embaixa- 
dors del present eran lo Clavari de la vila, so es Lluis 
TutUo menor, M." Jaume Gapdevila cirurgiá, Lluis Tut- 
11o major, y li regalaren lo present de part de la vila, 
lo cual lo acepta molt graciosament y queridament, es- 
timantlo en molt. 

Advertim també com aquella nit aguó luminarias en 
las demés casas, juntament totas las graellas de Ripoll 
encesas, donant las teyas la vila. Per los carrers lo cla- 
vari habia fet plantar país en número de cuaranta y sis 
y tots á la nit cromaban. Procura també la vila per las 
luminarias á tots los oficiáis y á tota la justicia cuatre 



— 213 — 

Iliuras de candelas, y ais oficiáis de la Comuna una arro- 
ba de candelas de seu. Las luminarias duraren dia tres, 
quatre y cinch consecutivament. 

Advertim lo que habia en casa Joseph Sala, home de 
gran gust, pues en lo porxo habia posat una barra llar- 
ga com si fos 1' asta de Monjuich, y en lo cap de dita hi 
habia tres bombas ab una candela dintre, que apareixia 
Monjuich que aserjellaba armada per Uevant, y proba 
que era cosa admirable que tothom sen ocupa de dita 
demostrado. 

Pero lo que millor era de veurer eran los claustres 
del Real Monastir, adornats de mil grasolets cremant á 
la nit, ais claustres de dalt avia á la ratUa de siscentas 
llanternas, que tot junt era una maravella ! Mes, la Gort 
del Vicari staba de bombas al tro de Barcelona adorna- 
da y per ditas luminarias cremant. 

Agüé també en Ripoll en los tres dias de luminarias, 
bailadas molt numerosas. Y dia segon de las festas agüé 
corra de toros, lo cual fou de esta forma : plassa closa 
y qui no volia corre posat en segur ó catafalch. Lluego 
eixi un toro ab una embestida que apareixia un lleó ó 
un llamp del cel que no deixaba ningú en plassa sino 
en fulgida ; ningú gosaba ferli bobalías sino de ventar- 
se de deu passos, lo cual era de Serra den Boix. Feu 
caurer lo capitá Foguer, alias Negrillo , y tenint tan da- 
lit com té j li feu fer un salt que lo deixá pasmat. Lluego 
lo toro lo arremete, sino que los fadrins cridaren y se 
aparta. Succehí devant lo Dr. Francesch Illa, notari : 
est fou lo primer. També agafá un soldat que lo tira al 
r aire, la demés gent s' espanta com no habia reventat. 
Los torejadors antes de correr eran molts ; pero foren 
pochs quant veren dits toros, pagant los pochs la paten- 
ta en gran. Un alférez, cirurgiá del Tercio, un Dragó, 
lo capitá Foguer y molts altres feyan posturas de un 
cap de plassa al altre. 



— 214 — 

Lluego inmediatament tragueren lo segon, que també 
feu caurer molta gent. Advertim en est toro que D. Bal- 
tazar, lo alférez del Mestre de Camp, eixí á torejarlo, y 
la primera sort fou miracle perqué nol sabia torejar, 
vist assó per lo Mestre 'de Camp D. Joseph Redondo 
Massa á dit á D. Bal tazar, que se retires, que los toros no 
eran toros sino dimonis. Los torejadors castellans s'es- 
pantaban, los toros guanyaban al torejador y aixis á 
tots feren pagar la patenta. Mes succehí ab est segon 
toro que son amo. lo criák petita, peíita, y li feu senyal 
ab la má, que ell lo demanaba. Y lluego, yist lo senyal, 
lo toro obehí com si agués cridat á un cá. 

Lo feren entrar dintre y tragueren lo tercer que fou 
mes mal que cap deis que habem relatat, perqué corria 
com si fos aire, fent cosas de maravella. Foren los mals 
cincli, sense picarne ningún, la gent que lansaren per 
térra foren mes de catorse. ¡Gran maravella fou veurer 
aquells animáis, que de molt temps no n' lii hablan co- 
rreguts de tan bons en la plassa de Ripoll! 

Relatat tenim : entrada del Senyor, luminarias, corre 
de toros, bailadas. Are parlarem de la demostrado de 
dit Sr. Abat, que se digna fer tres convits, quiscun de 
diferentas personas, pues loprimer fou dia 4, en lo cual 
habia tot lo Capítol, tota la Justicia, lo Mestre de Camp 
y tots los militars. Lo segon fou dia 5 del present, en lo 
cual liabia molts capellans ó, per millor dir, mitja Co- 
munitat y alguns particulars de la vila, mes lo dia 10 
fou lo gran convit, en lo cual asistí 1' altre mitja Co- 
munitat de S. Pere, y molts particulars. 

Ab los convits acabaren las festas, y are molt querí- 
dament á qualsevol que se humillará á passar per estas 
rudas y toscas lineas los ulls, suplico que no me pássia 
per censura, y aixis quedant en obediencia del Uegidor 
quedaré jo afavorit, no sois d' ell sino també de la hu- 
mil Verge María. Aixis sia com esperam. Amén.. 



CAPÍTULO XII 



FIN DE LAS CUESTIONES RELATIVAS A LA AUTORIDAD CIVIL 
Y ECLESIÁSTICA DE LOS ABADES. 



Cesa la animadversión de la villa contra el monasterio. — Muerte de Mo- 
ner, elección de Vilaplana. — Los comunitarios y monjes le juran obe- 
diencia, descripción de este acto por un testigo ocular. — Prudente 
conducta del Abad durante la guerra de sucesión.— El monje Brú y el 
médico Puig. — Magnánima conducta del cenobio ante un grave con- 
flicto de la villa. — Culto de los monjes al Sacratísimo Corazón de Jesús. 
—Originallmágen del Sagrado Corazón en la basílica, — Prelacias de 
Zúñiga y de Copons. — Concordato con el Obispo de Vich, diferencias 
anteriormente ocasionadaspor motivos de jurisdicción. — Bulas de Be- 
nedicto XIV.— Decreto de Fernando VI sobre la elección de cónsules. 
—El culto de Santa María en el siglo XVIII. — Los Abades D. Martín 
Sarmiento y D. José Oriol.- Célebre prelacia de este último. — Su con- 
cordia con el Obispo de Solsona, confirmada por Pío VI.— El Abad don 
Francisco de Valencia y el insigne José Eudaldo Pradell. — Los repu- 
blicanos franceses invaden el valle del Ter, su conducta para con la 
basílica olivana. — Los abades Rocabruna y Gódol. — Rasgo de abne- 
gación de los monjes con ocasión de un trágico suceso de la villa. 




NGÉNUA expresión de antiguas costumbres más 
que de acendrado afecto á los nuevos Abades 
acostumbraban ser las fiestas en honor de su 
llegada ; añadamos, empero, que gracias á la 
extraordinaria prudencia y magnanimidad de 
los mismos por una parte, y por otra las varias 
concesiones de los monarcas á la villa, las luchas de 
esta para tener al rey como inmediato Señor se hablan 



— 216 — 

mitigado en gran manera, y terminaron felizmente á 
mediados del siglo XVIII que vamos á historiar. 

Los Abades que en esta época presidirán en el ceno- 
bio no son menos notables por sus virtudes y letras que 
los anteriores: el abaciológio ripollés es un monumento 
tan bello en el tiempo , como bella es en el espacio la 
basílica de Oliva restaurada. 

Era el segundo año de la prelacia del bondadoso Ra- 
fael de Moner, cuando Cataluña tuvo que celebrar las 
exequias del último rey de la dinastía austríaca, al que 
nuestro Feliu de Ja Peña alaba « por su aplicación (no 
obstante sus graves indisposiciones) á los negocios, su 
valor y constancia en tolerar las adversidades, y su de- 
seo de favorecer á esta provincia». Rafael de Moner, 
tributadas las fúnebres honras á Carlos II , asistió al 
Concilio provincial de Tarragona, y al empezar la fu- 
nesta guerra de sucesión, volvieron á cubrirse de luto 
los muros del Real Santuario por la muerte de su ama- 
do prelado. 

Por bulas emanadas del Sumo Pontífice fué señalado 
para suceder en la sede abacial D. Félix de Vilaplana 
«varón piadoso, docto en cánones y en todo género de 
ciencias, enérgico y activo, que gobernó felizmente y 
por antonomasia pudo ser llamado la quinta esencia de 
los Abades». Tenemos á la vista un documento de la épo- 
ca, inédito, relativo á Vilaplana, que ponemos á con- 
tinuación para que se conozca el ceremonial en uso para 
dar posesión de la abadía á los designados. El Acto te- 
nia lugar en el Capítulo, capilla de pequeñas dimensio- 
nes, cuya preciosa entrada románica del siglo XI (1) , 



(1) Durante el tiempo de nuestra Delegación pudimos reunir todas 
las piezas de esta preciosa puerta románica, excepto las columnas, y es 
fácil volverla á colocar en su puesto. Rebajando en el mismo punto el 
terreno se hallará la capilla del Capítulo con la bóveda algo arruinada. 



— 217 — 

se admiraba en el claustro, ala de los sepulcros, junto 
á la tumba de Tallaferro. El documento dice así : 

m 

« Any ais 19 de Agost 1705, lo Rd. Joan Pere Gapde- 
vila Preb. y Procurador general, despres de vespres, 
en lo Chor de baix (habentse primer tocat á Consell) ha 
dit: Rds. Senyors: Lo Rd. Prior y vicari general me ha 
encomenat representes á V. R. se servis despres de las 
duas horas de la tarde, que seria inmediatament eixint 
los Srs. Monjos de vespres, anesen al Capítol del Monas- 
tir en la forma acostumada , pera jurar lapossesió del 
Abat. Lo que se ha fet del modo següent : Lo Domer II 
Climent Perramon , lo Domer III Jaume Torrens de 
Godines, lo Rd. Dr. Antoni Rotllan, lo Rd. Eudal Prat, 
Francesch Ros, Bernat Serra, Joan P. Capdevila, Lluis 
Parer, Domingo Portusach, Onofre Coma, Benet Mira- 
peix, Melcior Prat, Bonaventura Guanter, lo Dr. Eudal 
Guanter, Joseph Guanter, Eudal Molas, Francesch 
Puig, Emanuel Sadurní, Joan B. Civillá y Joan Angla- 
da, tots Preberes de la Comunitat de Sant Pere, anarem 
ab hábits de chor cap á la porta del claustre que ix de 
la de Santa María, y allí habem aguardat los Srs. 
Monjos, que al eixir de vespres son vinguts y han pa- 
ssat devant de nosaltres, entrant primers en lo Capítol. 
Habentse sentat lo Sr. D. Joseph de Brú prior y vicari 
general en la cadira principal ha dit: Que per quant lo 
R. D. Fr. Antón Solanell, Pabordre de Aja, com á Pro- 
curador de D. Félix de Vilaplana Abat de Ripoll li ha- 
bía presentadas Bullas emanadas del Sumo Pontífice, 
perqué en virtut d' ellas dones possesió á dit Abat, y 
habentlas examinat y no trobat en ellas impediment, 
persó demanaba á dit Capítol y Comunitat si los plahia 
be donar dita possesió, et omnes nemine discrepante. 



— 218 — 

unus post alium, unusquisque pro suo gradu responde- 
runt : placet. Y lluego entrant lo Sr. Paborde de Aja 
com á procurador de dit Abat, y assentat que fou á la 
cadira, tenint un missal obert á la mans, anaren los 
Srs. Monjes aprestar lo jurament, fentlo lo primer llar- 
gament, ut sequitur : Ego Fr. Dominus Josephus Bru Ca- 
merarius Monasterii RivipulH, Juro Domino Deo et eius 
Stis. Evangeliis quod ero fidelis suhditus etobediens Ad- 
modum lili, et Admodum Reverendo Patri et Domino 
Domno Fratri Felici de Yilaplana Ahhati monasterii 
Rimpulli in ómnibus, tamquam vero Domino et Praelato 
eiusdem monasterii» y los demés monjes anaren y se 
agenoUaren devant dit procurador del Abat y digueren: 
Ego — Ídem juro. Y avent acabat los monjes ana lo Do- 
mer segon (per no serlii lo primer) y jura com lo primer 
monjo, mutatis mutandis, y lo Domer tercer anant en 
dit puesto digué : Ego ídem Juro, y així mateix los de- 
més. Lo cual fet y habent de tot prés acte lo notari del 
Gonvent Mariano Peraller com associat y substituí de 
Francescli Illa notari, lo dit Rd. Paborde de Aja comen- 
sá de entonar lo Te-Deum, y anantlo cantant se 'n ana 
vers lo Chor del monastir , y passant per ell se assentá 
á nna y altre cadira de las dos té asenyaladas lo Abat 
per ell, so es una á cada cap del Chor, proseguint lo Te- 
Deum fins lo altar major. Arribats allí, lo procurador 
com á representant la persona del Aba t digué: Benedi- 
camus Patrem etjilium cum Sancto Spiritu, Respongué 
lo clero: Laudemus et super exaltemus eum in sécula; ell 
digué: Oremus: Deus cuius bonitatís infinitus est thesau- 
rus etc. y, finida aquella sense respondrer res , tothom 
torna al Capítol , dona lo procurador las gracias , elegí 
per vicari general á Fra D. Félix Nonell, y de aquí to- 
thom sen torna». 

Durante la guerra siguió el monasterio la suerte de 
Barcelona, declarándose por el archiduque de iVustria, 



— 219 — 

y el distinguido benedictino D. José de Brú, citado en el 
anterior documento, fué nombrado por el mismo archidu- 
que miembro de la Junta eclesiástica, que habia de dar 
providencia á los asuntos del Estado, hacienda y demás 
dependencias de la Provincia (1). La fábrica de armas 
trabajaba con ahinco para los tercios de voluntarios, 
con ellas armaba la villa sus particulares compañías, 
siempre distinguidas por su valor y disciplina. Notable 
fué entonces el Dr. D, José Puig reputado facultativo 
del cenobio, quién mereció ser nombrado médico de cá- 
mara de D. Carlos III de Austria, á quién acompañó 
cuando por muerte de José I fué llamado á Viena para 
ceñir la corona imperial. El Dr. Puig en tan elevado 
cargo fué colmado de honores y riquezas , entre sus tí- 
tulos se registraban el de Caballero del Sacro Romano 
Imperio y el de Ciudadano honrado de Barcelona. 

El entusiasmo que demostraba el cenobio por el ar- 
chiduque era atemperado por la gran prudencia de Vi- 
laplana. Atento á defender las prerogativas inherentes 
á su dignidad, no quiso intervenir en la cuestión civil 
que se agitaba, sino para conciliar los ánimos, logrando 
por este medio que la población no sufriese tanto como 
las comarcanas el azote de la guerra. Bien se vio esto 
último cuando uno de los jefes del ejército de Felipe V 
intimó á la villa el pago de una enorme contribución de 
guerra, con amenaza de general saqueo si dentro de 
breves horas no se habia hecho aquella efectiva. En tal 
conflicto, reunidos los vecinos, se convencieron de la im- 
posibilidad de lograr la exorbitante suma, mayormente 
que el cenobio venia expresamente exceptuado del pago 
y del castigo, por haber logrado ya el municipio el sus- 
pirado privilegio, concedido por el Archiduque, de que- 



(1) . Feliu de la Peña. Anales de Cataluña T. III, Lib. XXIII, cap. I, 
pág. 539. 



— 220 — 

dar libre de la jurisdicción del Abad. Las"horas pasaban, 
el plazo fatal iba á terminar, si alguno pensaba en el 
monasterio nadie se atrevía á exponerse á una negativa, 
de la que la villa en primer término se consideraba 
merecedora. Pero el magnánimo Abad, amantísimo de 
la población, apenas se enteró del conflicto reunió el 
Capítulo , y contando con el unánime desinterés de su 
comunidad, se dirigió al jefe, afianzó el pago de la con- 
tribución con bienes del cenobio, y los antimonasteria- 
les fueron salvados por el antiguo Señor, cuya destitu- 
ción poco antes hablan ellos mismos celebrado (1). 

Imposible parece que tan nobles hechos hayan que- 
dado hasta hoy ignorados en un rincón del archivo de 
San Pedro, en donde los hallará el lector en respuesta 
á los ridículos y absurdos cuentecillos con que la ma- 
lévola ignorancia ha intentado oscurecer las glorias de 
tan insignes patricios. A bien que, enemigos de la publi- 
cidad, se contentaban ellos con la espiritual satisfacción 
de hacer bien, hasta el punto de no habernos dejado es- 
crita la historia de su cenobio; que tal nombre no mere- 
cen los cortísimos y truncados relatos de que hemos 
podido aprovecharnos para escribir la presente. 

El privilegio en que se consideraba la villa como in- 
dependiente del Abad, del que hace poco hablamos, fué 
quemado por orden del gobierno con otros documentos 
en el salón de San Jorje de Barcelona, poco después de 
haber entrado las tropas de Felipe V en la capital del 
Principado (2). Dos años antes (1712) habia asistido Vi- 
laplana al concilio provincial de Tarragona y, durante 
su larga prelacia, hizo levantar un plano del monasterio 
que se conserva, y dimos á conocer los primeros, con 



(1) Archivo de San Pedro, papeles varios. 

(2) Los fueros de Cataluña por D. José Goroleu y D. José Pella y For- 
gas, Barcelona 1878, página 693. r 



~ 221 — 

notas aclarativas, en una Revista ilustrada de Barce- 
lona (1). Murió en 1732, habiéndole sucedido el vicario 
general D. Juan Fluviá y Aguilar, que le siguió al se- 
pulcro en el mismo año. 

Una nueva devoción, propagada por los Padres de la 
Compañía de Jesús , fué introducida en Santa María 
durante este tiempo. Á consecuencia de las decisiones 
del Concilio provincial de Tarragona del año 1738 rela- 
tivas al fomento del culto del Sacratísimo Corazón de 
Jesús, se levantó en el crucero del templo un suntuoso 
altar titulado del Sagrat Cor, cuya preciosa Imagen 
bien merece describirse, por lo que puede interesar á la 
iconografía, ya que se diferencia de cuantas vemos mo- 
dernamente esculturadas ó pintadas. Consiste en un 
hermoso Niño , levantado encima del globo terráqueo, 
rodeado de los doce signos del zodíaco, en el que se ve 
enroscado el dragón infernal. El Santísimo Niño tiene 
en su diestra un estandarte, con cuyo extremo inferior 
hiere la cabeza del dragón, y con la izquierda levantada 
muestra un corazón inflamado en llamas de amor divi- 
no que tiene por remate la Santa Cruz. Esta bella Ima- 
gen es de las pocas del Real Santuario que en 1835 no 
fué pasto de las llamas; ante la misma se han renovado 
en nuestros dias las solemnes funciones que los bene- 
dictinos dedicaban al Sagrado Corazón. 

Con lujoso aparato volvió á celebrar la villa la solem- 
ne entrada del Abad D. Fernando de Zúñiga y Ribera, 
en 18 de Setiembre de 1739. En su tiempo el gran papa 
Benedicto XIV, con bula apostólica de 11 de Abril de 
1742, concedió que pudiesen ser inscritas en la Congre- 



(1) Revista de Bellas Artes. Barcelona 1." de Abril de 1886, página V, 



— 222 — 

gación de la Inmaculada personas de ambos sexos, 
otorgando las mismas gracias é indulgencias anterior- 
mente concedidas por Paulo V. De un carácter alta- 
mente conciliador, enemigo de pleitos y de discusiones 
era el Abad de Zúñiga, y preparó el terreno para que 
llegasen á buen término las largas contiendas entre el 
Cenobio y las autoridades civiles y eclesiásticas, sin 
que tuviese el consuelo de ver el feliz resultado de sus 
gestiones, por haber acabado sus dias á 23 de Junio 
de 1742. 

Reservada estaba la gloria de gozar la paz de los siete 
primeros abades á Francisco de Gopons y de Copons, 
hermano del entonces arzobispo de Tarragona, habien- 
do dado comienzo á una nueva era de tranquilidad la 
concordia entre el Abad y el obispo de Vich. 

Las dudas sobre límites unas veces, otras sobre com- 
petencia de jurisdicción hablan originado en el decurso 
de los siglos algunas diferencias, que no afectaron en 
el fondo á la reverencia de los benedictinos hacia la 
Sede episcopal de Vich, ni al vivo interés y devoción 
de los prelados vicenses hacia el monumento patriarcal 
de Cataluña. Recuérdese como Godmaro fué quién de- 
dicó el templo en 888, Jorge en 935, Froilán en 977, Oli- 
va en 1032. Guillermo de Wifredo en 1055 favoreció de 
nuevo el cenobio, y cuando en 1096 el Abad Bernardo 
se querelló en el concilio de Nimes, presidido por Urba- 
no II, con motivo de haberse puesto entredicho en al- 
gunas iglesias monasteriales protegidas por bulas apos- 
tólicas, Berenguer obispo ausonense y arzobispo de 
Tarragona, respondió haber sido sin su conocimiento, 
y que estaba dispuesto á confirmar públicamente los 
privilegios del sucesor de Oliva en la abadía ripoUense, 
y á respetarlos siempre, como^sus antecesores los hablan 
respetado. Un año después el mismo Urbano II vol- 
vía á confirmar las concesiones de Agapito' II y Ser- 



— 223 — 

gio IV (1). Cuando en 1260 ocurrieron nuevas dificultades 
el papa Alejandro IV nombró dos arbitros : el maestro 
Bernardo de Alorde, canónigo de la Catedral de Barce- 
lona y Ferrer de Launo sacristán de la misma, quienes 
en su fallo del 2 de noviembre de aquel año fijan los 
límites á que debia reducirse la jurisdicción abacial. 
Otras dudas ocurrieron en 1312, y para solventarlas, los 
jueces Fr. Pedro prior de San Pablo de Campo de Bar- 
celona y Berenguer de Argelaguer arcediano de Urgel 
dieron otra sentencia confirmando entrambos límites 
jurisdiccionales. Nuevas diferencias volvieron á suci- 
tarse en 1669 y en 1673, otra en 1702 con motivo de la 
vacante en la parroquia de San Eugenio de Relat que 
pretendía nombrasen , sin concurso , el Abad ; otras 
en fin en 1721 y 1732 con motivo de vacante de Santa 
Eulalia de Viladonja. 

Todas las dudas, diferencias y cuestiones cesaron con 
la mencionada concordia, que motivó la bula de Bene- 
dicto XIV que empieza « Exigunt gratissima devotionis 
obsequia » en la que el Sumo Pontífice aclara las pree- 
minencias del Sr. Obispo de la Diócesis sobre el Abad, 
y enumera las especiales facultades y prerogativas del 
prelado ripollés. Esta bula dio fin á las- cuestiones ecle- 
siásticas. 

La villa á su vez acudió en 1754 á las gradas del tro- 
no, y Fernando VI, con Real cédula de 10 de enero de 
1755, concedió el tan anhelado privilegio en esta forma: 

«Queremos, dice el rey, que en dicha villa de Ripoll se 
forme un Cuerpo de Universidad y Ayuntamiento que 
presida el Baile que nombre el Abad, con seis regidores 



(1) Apéndice IV. 



— 224 — 

y demás oficiales subalternos necesarios, á quienes come- 
temos el gobierno político y económico de la villa, en la 
forma y con las facultades mismas que da á todos los de- 
más lugares de este Principado la nueva planta estable- 
cida para su gobierno por las Reales cédulas y órdenes 
posteriores, uniformando, como uniformamos, esa villa á 
las demás, con la formación de Ayuntamientos y Cuerpo 
político, dejando al Abad como Señor Jurisdiccional de 
ella, la elección de los seis regidores que deberá pre- 
sentar á esta Audiencia para la aprobación, como se 
practica en los pueblos Baronales de este Principado, y 
al presente se ejecuta en dicha villa por lo que mira al 
Baile. 

Este decreto, aunque salvaba la jurisdicción civil del 
Prelado, fué recibido con grandes fiestas por la población 
por la nueva forma que daba á su Ayuntamiento. En el 
mismo año registra el abaciológio la muerte de Fran- 
cisco de Copons, que acabó sus dias en Barcelona, de 
resultas de un ataque apoplético que le hizo padecer 
largo tiempo. 

Libres ya de pleitos, pudieron los benedictinos consa- 
grarse al explendor del culto (1), lo hicieron por medio 
de continúas funciones religiosas, en las que brillaba 
la magnificencia y el amor á la Virgen de Wifredo , que 
tanto alimentaba la llama del más puro patriotismo en 
el pecho de los generosos y agradecidos catalanes. 



(1) Los solemnes cultos que tributaban los benedictinos á Jesús Sa- 
cramentado durante las Cuarenta Horas, podían competir en magestad y 
explendor á las que celebran las principales capitales de España. Gon- 
sérvanse impresos varios de los villancicos ó motetes compuestos ex- 
presamente para cantarse en dichas solemnidades. . ^ ; 



— 225 — 

Para mayor comodidad en las procesiones y otros ac- 
tos religiosos, abriéronse dos puertas, una en cada 
extremo de la pared de la iglesia que dá al claustro , y 
se perfeccionaron otros detalles, mereciendo especial 
mención el altar ó monumento del Jueves Santo y la 
fundición de nuevas campanas , entre ellas , la mayor, 
bautizada con el nombre de la Santísima Patrona. De- 
seosa la Comunidad de tributarle un justo obsequio, no 
sólo celebró con las ceremonias acostumbradas la inau- 
guración de las nuevas campanas, sino además con la 
asistencia del Capítulo al punto donde estaba el metal 
derretido, arrojando en él algunas cantidades de oro y 
plata, para que las vibraciones de los nuevos heraldos 
religiosos fuesen más agradables á los oidos de los 
fieles que hablan de convocar. 

Por muerte de Francisco de Copons fué nombrado 
Abad el monje benedictino de Oviedo D. Martín Sar- 
miento, y aunque obtuvo las bulas pontificias, no tomó 
posesión, renunciando en 1756 por motivos personales, 
que le impulsaban á no dejarlos montes de Asturias. 

Por este motivo fué elegido en el mismo año D. José 
de Oriol y de Tord, al que vemos asistir ya en 1757 al 
último Concilio provincial de Tarragona. Amante de la 
paz, puso todo su empeño en hacer desaparecer los dos 
partidos en que estaba dividida la población (1), é hizo 
célebre su prelacia por haber formalizado el famoso de- 
creto de uniones, supresiones y aplicaciones de benefi- 
cios en sus iglesias, aprobado y mandado ejecutar por 
Su Magostad. Este decreto sabio y oportuno cortó en lo 
sucesivo muchas disputas, por la imparcialidad y justi- 



(1) Al igual de Bañólas y otras poblaciones, la villa estaba en los últi- 
mos siglos dividida en ^dos bandos, uno que defendía las prerogativas 
de la anadia y era designado con el nombre de Cugots ó de la Cogulla, 
otro que pretendía la abolición de dichas prerogativas y era llamado 
vulgarmente de los Tremendos. 

15 



— 226 — 

cia de sus disposiciones, sin menoscabar derechos de 
patronos ni perjudicar obligaciones y pias disposicio- 
nes (1). Celebró asimismo D. José de Oriol y de Tord 
concordia con el obispo de Solsona, la que confirmó 
Pió VI con bula dada en Roma á 17 de marzo de 1776. 
Lleno de méritos y respetado por su ciencia y A^irtudes, 
murió este notable prelado á 5 de febrero de 1780. 

Fué elegido en el mismo año D. Francisco de Valen- 
cia y Segrera; pero hasta 1792 no hizo su entrada en la 
villa , según consta en el siguiente apunte que toma- 
mos de un dietario del siglo pasado : « Dia 27 de Enero 
de 1792, prestó el Ayuntamiento el juramento de fideli- 
dad y homenaje al M. I. Sr. Abad D. Francisco de Va- 
lencia y Segrera por mandato de S. E. y Real Acuerdo; 
celebrándose el 29 del propio mes la entrada del citado 
M. I. Sr. Abad con la solemnidad que tiene lugar y se 
usa en tales actos, acompañándole el Magnifico Ayunta- 
miento, compuesto de los señores Onofre Sirveñt , Miguel 
Soldemla, Cayetano Heras, Bernardo Pellicer, Eudaldo 
Pagés y Juan Torrente». 

Al cuarto año de esta prelacia llegó al monasterio la 
triste nueva de la muerte del insigne José Eudaldo Pra- 
dell, hijo de una de las familias que más los monjes 
habían protegido. Los padres de José Eudaldo llevaban 
los nombres de José y Maria, fué bautizado en San Pe- 
dro en 27 de Octubre de 1721. Hechos los primeros estu- 
dios en el Colegio May, siguió como su padre la profe- 
sión de armero, estableciéndose luego en Barcelona. 
En sus ratos de ocio se ocupaba con habilidad suma en 
el poco lucrativo oficio de abrir punzones de letra; por 
recomendación del general marqués de la Mina, el rey 
Garlos III le llamó á Madrid á fin de que abasteciese las 



(1) Consérvase impreso dicho decreto en el archivo parroquial de San 
Pedro. 



— 227 — 

impresiones de España asi de caracteres latinos , <iomo 
hebreos, griegos y árabes, asignándole para tal objeto 
la pensión de 100 doblones cada año, y cien quintales de 
plomo por coste y costas por el término de diez. Pra- 
DELL pasó á Madrid con cuatro grados de letra que 
habia abierto, dos de Breviario , uno de Lectura y otro 
de Texto. Con estos grados hizo algunas fundiciones y 
abrió nuevos punzones hasta juntar una excelente co- 
lección de doce grados, desde el de glosilla al del gran 
canon. Ningún español antes de él habia hecho tanto, 
por esto fué gratificado con una nueva pensión de 6000 
reales, y mereció la gloria de que la Real Orden en que 
se le concedia fuese precedida de este epígrafe: Pensión 
al primero que empegó á grabar letras en España. Pra^ 
dell murió en 7 de Diciembre de 1788. Carlos IV conce- 
dió al hijo la pensión y frianquicias que habia disfruta-^ 
do el padre. 

El Abad D. Francisco de Valencia y Segrera siguió la 
misma marcha que su antecesor, y fué muy querido por 
su carácter caritativo y grandes limosnas. Los pobres 
lloraron su muerte , acaecida en Barcelona el mismo 
año en que habia subido al cadalso el rey Luis XVI y 
su esposa Maria Antonieta. 

Muy de propósito relacionamos la muerte de un pre- 
lado de Santa María con la horrible tragedia perpetrada 
en Francia en 1793, pues aquel suceso no fué indiferente 
para el templó tan protegido por los reyes Francos , du- 
rante los siglos IX y X. Sabido es que á consecuencia 
de aquellos trágicos sucesos , España declaró la guerra 
á Francia. Vencedora esta en la segunda campaña, in- 
vadió Cataluña^ y parte de las fuerzas republicanas em- 
prendieron el camino del monasterio , atraídas por la 
fama y riqueza de la basílica, y al objeto de apoderarse 



— 228 — 

de las existencias de la entonces famosa Real fábrica de 
armas (1). 

Respetables ancianos, que recordaban lo acontecido 
en junio de 1794, nos refirieron que apenas las avanza- 
das francesas entraron en el Real Santuario, su vista 
se fijó en el sepulcro de plata de Berenguer IV el Santo, 
lo cual notado por los monjes y penetrando el prior las 
intenciones, dirigió al jefe semejantes palabras: «Señor, 
la Comunidad de Santa Maria espera que haréis res- 
petar este precioso sarcófago. Pertenece d uno de los más 
ilustres principes de España. No dudamos que accede- 
réis á nuestro ruego , estando esta iglesia bajo la pro- 
tección de vuestros soberanos Luis Transmarino y Lota- 
rio, cuyos diplomas conservamos. 

El francés excudándose en el decreto de la Conven- 
ción nacional del 31 de julio del año anterior, el cual 
disponía que : «Les tombeaux et mausolées des ci-deoant 
rois eleves dans V eglise de Saint Denis, dans les temples 
et autres lieux dans ioute I' etendue de la republique se- 
raiént detruits» y en las profanaciones de las sepulturas 
Reales, que hablan tenido lugar ocho meses antes en la 
Basílica de San Dionisio, desoyó tan justas súplicas, 
mandó escudriñar minuciosamente el interior del sar- 
cófago, del que arrancaron toda la plata que se lleva- 
ron, junto con una larga espada que el esposo de Doña 
Petronila tenia á su lado. Los demás sepulcros fueron 
respetados, gracias á la sencillez exterior que aparen- 
taban, y á la ignorancia y prisa que llevaban los profa- 
nadores. 
Con repugnancia mencionamos hechos de esta clase ; 



(1) «Dia 11 de Juny de 1794 entraren los franceses, vingueren per la 
part de Gamprodón uns nou mil homens, y sen tornaren al dia 17 del ma- 
teíx mes, deixant la vila tota desfigurada.» (Ziiro de Memorias de Eu- 
daldoPagés). 



-ace- 
mas siendo histórico no hemos tenido por conveniente 
callarlo, ni dejar de aplicar á los que profanaron la mo- 
mia augusta, la grave censura que un francés dirige á 
los que cumplimentaron en San Dionisio el decreto más 
arriba citado: «Ze sauvage a le plus pro fond résped pour 
la cendre de ses peres, et c' est nous FrariQais qui avons 
été les premiers á donner aux peuples V exemple d' une 
telle infamiey> (1). 

La imparcialidad nos obliga, sin embargo, á consig- 
nar que, tocante alas demás alhajas del templo, los 
franceses se abstuvieron de tocarlas, siéndoles como les 
era muy fácil despojar ios altares de varias imágenes 
de plata que ostentaban. Fuese por consideración al 
Capítulo que invocaba respetuoso la antigua protección 
de la dinastía carlovingia, fuese porque el enemigo de- 
seaba que no en vano se apelase á recuerdos gloriosos 
de Francia para moverle á generosidad, ello es que, en 
este punto , fueron más comedidos que el noble Pedro 
Rocaberti, á quien ni siquiera la nota de extrangero 
puede favorecer, para librarle del anatema que sobre él 
fulminaron sus contemporáneos. 

En 1795 fué nombrado por sucesor de D. Francisco 
de Valencia el sabio D, Isidoro de Rocabruna, que no 
tomó posesión por haberle sobrecogido la muerte cua- 
tro ó cinco meses después de haber sido electo. En el 
mismo año le. sucedió D. Francisco de Códol y de Min- 
guella (2), descendiente de una noble familia de aquella 



(1) Histoire de la hasilique de S. Denis, par Raoul Roy. Lille. 

(2) Villanueva escribe que tomó posesión en 1796; pero el Autor guar- 
da en su poder un sello abierto en bronce, por F. Boix en 1795 (según se 
lee en la parte lateral) y no pudiendo ser de Rocabruna, pues murió 
electo, lo debemos referir al primer año de la prelacia de Códol. Encima 
del escudo aparece la mitra y el báculo abacial, en el primer cuartel de 
la izquierda está esculpida una torre, debajo una mano empuñando un 
cetro, á la derecha una columna con un can arriba, otro en la parte in- 
ferior, en entrambos lados las cuatro barras. Al rededor está escrita la 



— 230 — 

villa Bucurano que en 880 el presbítero Ariulfo habiá 
cedido á Santa María. El carácter de Códol era pacífi- 
co y bondadoso, sus modales muy finos, su caridad sin 
límites, como se vio en una gran desgracia acontecida 
en la villa al terminar el siglo XVIII, y con la que ter- 
minamos asimismo este capítulo. 

Era el 10 de Agosto de 1800. Centenares de vecinos 
estaban reunidos en los salones espaciosos de Casa la 
Vüa, deseosos de presenciar los juegos de prestidigita- 
ción de varios forasteros, entre los que sobresalía el po- 
pular Ribot. El piso, no suficiente sólido para tanta 
afluencia de gente, se hundió, envolviendo entre rui- 
nas lo más escogido de la sociedad ripollense. Apenas el 
abad Códol tuvo noticia de la catástrofe, corrió con 
todos sus monjes al sitio de la desgracia y, después 
de anunciar que sufragaba los gastos que ocurriesen, 
el mismo su puso á extraer los cadáveres que , por for- 
tuna, fueíon pocos, y á curar heridos que lo eran la 
mayor parte, secundándole su comunidad con tal he- 
roísmo, que los ripoUeses no pudieron menos de excla- 
mar con sincero entusiasmo: «¡Viva nuestro buen Abad! 
¡Vivan por mil años los dignos monjes de nuestro mo- 
nasterio!». 

Vilaplana había inaugurado su prelacia al principiar 
el siglo con el acto de magnanimidad que hemos admi- 
rado ; el siglo terminaba extrayendo Códol los cadáve- 
res y heridos procedentes de la ruina de la Casa de la 
villa, curando á las víctimas y socorriendo á sus fami- 
lias. Tales eran los monjes, en vano la ignorancia los 
deprime. ¡Bendita sea la Historia; que tarde ó tempra- 
no vuelve justiciera por los fueros de la verdad! 



siguiente leyenda por la que se vé que el Abad conservaba, siquiera no- 
minalmente, el titulo de sus dignidades civiles y eclesiásticas: 

LO ILLUSTRE S. ABAT DE RIPOLL, BARÓN DE LA VILA DE OLOT. 



CAPÍTULO XIII 



ÚLTIMOS ANOS DEL CENOBIO DE WIFREDO EL VELLOSO. 



Aspecto de la comarca ripollesa á ¡principio del siglo XIX. — Gloria á los 
benedictinos. — Certamen literario de 1804. — Jaime de Villanueva. — 
Muerte de Códol, elección de Casaus. — Guerra de la independencia, 
noble proceder del cenobio en aquella guerra. — Sacrificios del Real 
Santuario por la patria no tenidos en cuenta. — Fin de la jurisdicción 
civil de los Abades, documento inédito sobre la toma de posesión de la 
villa por el Baile. — Se proyecta convertir la basílica en colegiata. — 
Portella sucesor de Casaus. — El duque de Bailen en Ripoll. — Nueva 
iglesia de San Eudaldo. — Supresión inesperada délos benedictinos 
ripoUenses, levantado proceder de los mismos. — Traslación del Real 
Archivo de Santa Mama á Barcelona. — El Real Santuario amenazan- 
do ruina. — El monasterio es devuelto á los monjes, que olvidan su 
pobreza para restaurar el templo. — Lápida inédita conmemorativa de 
este suceso.— Los monjes Olzinellas y Borrell, elección de este último 
por Abad. — Datos biográficos de Borrell. — Persecución de las órdenes 
monásticas. 




}a. en el capítulo VIII hemos insinuado la es- 
pecial predilección que los Abades manifes- 
taron de continuo á su villa; por más que no 
olvidasen las de Olot y Tossa mientras á su 
jurisdicción civil y eclesiástica pertenecieron. 
Posteriormente al siglo XIV no cesaron de 
introducir las mejoras más conducentes á la prosperi- 
dad de su Sede abacial, como lo publica el estado de la 



— 232 — 

población á principios de nuestro siglo, estado del que 
conviene tomar Acta, ya que la jurisdicción civil de los 
Abades va á terminar, y es justo señalarles en la Histo- 
toria el lugar que les pertenece. 

Un testigo de mayor excepción, un hombre que por 
su carrera y posición social debió estar bien enterado 
de la cuestión que nos ocupa, empezará hablando por 
nosotros. Al abuelo de nuestro amado primo D. Fran- 
cisco Mirapeix y Pagés, es á quien nos referimos (1), 
suya es la siguiente descripción sobre el aspecto que la 
villa presentaba bajo el régimen de los últimos abades. 

«A principios de este siglo continuaba la villa en el 
estado más feliz, prosperaba la agricultura, más de 30 
fábricas de tejidos é hilados contaba aquella en su re- 
cinto; en una de ellas, la de casa Barrera, entraba el 
algodón en rama, y salían de ella elaboradas las piezas 
de panas de varios colores, en nada inferiores á las ex- 
trangeras. Fué la primera de panas que se estableció en 
España, y aunque se habia trasladado la fábrica de ar- 
mas, varios armeros que volvieron á su país natal, ha- 
cían por su cuenta varias remesas de escopetas, pistolas 
y carabinas á la Andalucía y á otros puntos: el estruen- 
do de las fraguas de hierro y de alambre resonaba en 
las montañas vecinas , el martilleo de los claveteros se 
confundía con su algazara y alegría, y entre el ruido de 
los talleres se oían las alegres canciones de los arte- 
sanos, y la magestad y grandeza de las funciones reli- 
giosas del monasterio completaban el cuadro que en 
aquellos tiempos ofrecía la villa. ¡Felices tiempos los de 
mi juventud como habéis pasado ! ». 



(1) Aludimos al notario D. Eudaldo Mirapeix éllla, autor de la Cróni- 
ca de Ripoll ;/ su monasterio, manuscrito de 220 páginas, de las que 160 
están dedicadas á narrar los sucesos de la villa desde 1808 a 1840. Murió 
en 1." de diciembre de 1858 á la edad de 62 años. 



— 233 — 

Puede y merece perfeccionarse este bello cuadro. A 
principios de este siglo los peregrinos que acudian á vi- 
sitar la devotísima Imagen, eran como en el siglo XIII 
conducidos á la confluencia del Ter y del Fraser por 
caminos tan bien empedrados como nuestras calles, y 
como entonces recibidos sin la menor gratificación en 
la Hospedería del cenobio ; los pobres contaban con el 
Hospital ; la clase acomodada con la Enfermería de la 
Purísima; las familias menesterosas con la institución 
llamada del Quarter , consistente en una pensión que 
aseguraba seis dotes anuales á otras tantas doncellas; 
todos los vecinos con esa multitud de Cofradías que á 
su objeto religioso unian un ñn altamente civilizador y 
benéfico. La mendicidad era desconocida, no habia 
quién acudiese al monje limosnero que no encontrase 
pronto y abundante socorro. Durante las pestes, ham- 
bres, guerras y terremotos de los siglos anteriores, el 
monasterio, desafiando los peligros y la muerte, habia 
atenuado con heroicos servicios personales y con sus 
fondos las calamidades públicas. El propietario sabia 
muy bien que si en 888 la comarca pertenecía á los be- 
nedictinos por donación del Velloso, los benedictinos 
habían ido cediendo en anfiteusis sus acequias á los in- 
dustriales, sus alquerías á los labriegos, sus fincas á los 
vecinos de la villa, después de haber convertido una 
tierra yerma y solitaria en ameno jardín, tan agradable 
al aspecto como fecundo en riqueza agrícola y pecua- 
ria, llevando su generosidad hasta el punto de no con- 
tar en 1800 con una sola posesión dentro de los límites 
privilegiados del cenobio. Todo lo dieron al fin, ¡hasta 
los solares y piedras de sus mismas moradas ! 

La Ciencia estaba bien representada en la casa del 
Archivo, fundada por Raimundo dez CatUar ; en la Bi- 
blioteca del palacio abacial y en la Real Escuela, que 
tanto acreditaron insignes catedráticos y sabios escrito- 



— 234 — 

res. El ARTE, en sus múltiples manifestaciones, fué 
siempre fomentado por los solícitos prelados, ellos 
fueron los que lanzaron los atrevidos puentes sobre el 
Ter y el Fraser, los que edificaron la Basílica de Santa 
María con su claustro, y coronaron de hermitas las 
altas montañas, y erigieron en el valle numerosos tem- 
plos ; los que reunieron en el Real Santuario obras de 
orfebrería del mérito del altar de la Virgen, trabajos 
de filigrana como la cruz de oro que arrebató Rocaber- 
tí, miniaturas delicadas como las del psalterium argen- 
teum, preciosas pinturas murales, en tabla y en lienzo, 
esculturas del siglo XI como las que ostenta la portada 
y estatuas de plata del Renacimiento , composiciones 
poéticas como las de Oliva, y colecciones de música sa- 
cra que ejecutaba con primor é inteligencia la famosa 
Capilla del monasterio. 

La contemplación de estas obras maestras del arte, 
el cultivo de las ciencias, la conversación y trato fre- 
cuente con los monjes que á su carácter religioso unian 
una educación esmerada, propia de las nobles familias 
de donde procedían (1), contribuyeron á la especial cul- 
tura de los antiguos habitantes de los valles del Ter y 
del Fraser, para los cuales no olvidaron tampoco las di- 
versiones, ni la mera distracción ó regalo. Al efecto 
establecieron asimismo fiestas populares y regocijos 
públicos, siendo los principales el aniversario de la de- 
dicación de la basílica de Oliva, las honestas danzas de 
mayo , cuyo programa llenaban la sardana de origen 
helénico, el contrapás oriental, el rústico ballet, la diQ- 
nosa, contradanza ^ el delicado minué, todo dirigido y 
moderado por los pabor des y pabordesas de Nuestra Se- 
ñora de los Ángeles; seguian luego las fiestas de la Oc- 



(1) Todos los individuos del Cabildo habían de ser nobles ó de fami- 
lias militares, bien que se admitían los graduados en teología y cánones. 



— 235 -- 

tava de Corpus , las corridas de novillos, las carreras de 
caballos, en las que lucian los Aloys su bizarría, so- 
bresaliendo entre las funciones religiosas las solemnida- 
des de la Semana Santa, las ferias de las Cuarenta Ho- 
ras y de S, Eudaldo, las fiestas |de S. Benito , S. Pedro, 
la Asunción y la antiquísima de la Inmaculada. 

Conducentes al regalo eran los llamados -pous delglas 
(pozos del hielo) de Ganganell, Castell D'Edral y el cer- 
cano á los ábsides. Servían tanto para abastecer de hie- 
lo á las familias durante los calores del verano, como 
para conservar el pescado que el gremio de arrieros 
llevaba al monasterio desde Tossa y Mataró (1). 

El aspecto general de la villa era el que ofrece un 
pueblo industrial , rodeado de otro exclusivamente agrí- 
cola; abundaban las casas que ostentaban en sus dinte- 
les el escudo nobiliario ; visitábanla de continuo nota- 
bles personajes españoles y extranjeros, atraídos por la 
fama del Real Santuario, y todos sus vecinos se conside- 
raban ennoblecidos con poder mostrar dentro de sus 
murallas las sepulturas de los primitivos Condes, cuyas 
últimas donaciones y deseos fueron para el monumento 
por excelencia catalán : Santa María del monasterio 
de Ripoll. 

Con tales méritos contraídos entraban los abades ri- 
pollenses en el siglo XIX, tal era entonces el estado de 
la villa, recordábalo con amargura el primer Cronista 
en una época en que el aspecto de la población, 'conver- 
tida en túmulo de humeantes escombros, hacia más 
grato el recuerdo y más horrible el contraste, lo recor- 
damos nosotros cuarenta y tres años después de la 



(1) El precio del hielo era un céntimo la libra, y se consideró carísimo 
pagarlo á tres céntimos en agosto de 1719. Se distribuía gratis el agua 
del pozo del claustro, que era considerada exquisita entre todas las de la 
tíomarca. 



— 236 — 

muerte del último Abad, el octogenario D. José de Bo- 
rrell; después de recorrer la brillante historia de Santa 
María. Seamos agradecidos, bendigamos á los cenobi- 
tas, rindámosles de justicia tributos de amor y de ad- 
miración. 

D. Francisco de Gódol y de Minguella seguia, como 
sus antecesores, protegiendo el pais, su noble carácter 
le atraían las simpatías de toda el alta montaña. Procu- 
ró solícito el cultivo de las letras, estimulando con pre- 
mios los Certámenes literarios, entre los que merece 
especial mención el que dieron los alumnos de la Real 
Escuela el 26 de Agosto de 1804 , en obsequio de su 
compatricio el Iltre. D. Fr. Jaime de Guanter y de Ba- 
ssols, Abad electo del monasterio de Bañólas, con asis- 
tencia del Magnífico Ayuntamiento, del Cancelario de 
la Universidad de Gervera D. Ramón Lázaro de Dou, 
oriundo de la villa, de varios individuos del Cabildo 
monasterial, de la Comunidad de San Pedro y de otros 
distinguidos sujetos que honraron aquel acto (1). 

Imitando á su antecesor Francisco de Copons y Vila- 
plana acogió con obsequio, un mes antes de su muerte, 
al eminente literato D. Jaime de Villanueva, quién, si- 
guiendo la senda del arzobispo Pedro de Marca, copió 
del Archivo y biblioteca abacial excelentes documentos 
que publicó en su Viaje literario á las iglesias de Espa- 
ña (2). Pasó á mejor vida el Abad Códol en 6 de Marzo 



(1) De este Certamen se levantó el Acta que puede leerse en el Libro 
de los Acuerdos del Ayuntamiento, año 1804, folio 20. (Archivo muni- 
cipal). 

(2) «Dos veces he estado en este Monasterio, una en febrero de 1806, 
siendo Abad D. Francisco de Códol, y otra en octubre de 1807 en los pri- 
meros dias de su sucesor D. Andrés de Gasaus. En ambas he experi- 
mentado toda la franqueza que necesitaba en el examen de los tesoros 
literarios y diplomáticos de aquel antiguo Monasterio, merced á la ilus- 



— 237 — 

de 1806, sucediéndole en 1807 Andrés de Casaus y de 
de Torres, Abad de Camprodón y antiguo monje de San 
Juan de la Peña. 

Tomó posesión su procurador Fr. José de Borrell en 
17 de Julio de 1807 en la plaza de San Eudaldo, con 
asistencia del Cabildo, Comunidad y Ayuntamiento. La 
entrada se solemnizó luego con fiestas públicas y limos- 
nas á los indigentes. 

La paz con que se habia inaugurado el siglo , iba á 
ser turbada en el segundo año de la prelacia del Iltre. 
Casaus con la guerra de la independencia. En esta lu- 
cha heroica y gigantesca contra las huestes del Capitán 
del siglo, continuos y abundantes recursos salieron del 
templo de Wifredo, para recobrar, por segunda vez, la 
independencia de la patria. Las más ricas joyas, entre 
las que se contaba una preciosa custodia gótica y una 
cruz de plata, fueron cedidas al gobierno para gastos 
de guerra. 

A consecuencia de un entusiasta discurso del Abad 
Casaus , motivado por los sucesos del 2 de mayo en 
Madrid, más de trescientos ripolleses empuñaron las 
armas (1), se pusieron de momento á disposición del 
gobierno mil fusiles y semanalmente se construían 300. 
Se formó además en la villa una Junta de seguridad, 
decidida á defender á todo trance la patria, la religión 
y el monarca. 

El hecho más culminante de aquella guerra para 
Cataluña fué el inmortal sitio de Gerona, y entre las 
poblaciones que acudieron al auxilio de aquella ciu- 



tración de sus monjes y á la protección que debí á su Prior y Vicario ge- 
neral D. Antonio Rocafiguera que me hospedó en su casa». Viaje lite- 
rario, Tomo 8, carta LIl. 

(1) Fué nombrado capitán D. Eudaldo Dou, teniente Antonio Pereste- 
ve, alférez José Masdeu. 



-238-^ 

dad, merece la villa monasterial un lugar "prefejPente. 
En particular se cubrieron de gloria durante aquel sitio 
D.. Fr. Joaquín de Ros, monje obrero de Santa María, 
D. Ramón Pons y D. Mariano Montorro. Del primero 
leemos en el certificado honorífico que le libró el Ayun- 
tamiento: «Que en la ocasión en que estaba la provincia 
sin armas y, á fin de proporcionarlas á los comisiona- 
dos de Figueras, Gerona, Puigcerdá, Balaguer y otros 
pueblos que se presentaron á la Junta, procuró medios 
para el aumento de la fábrica de armas, que se hallaba 
en esta villa, tan necesaria en aquellos tiempos. Que á 
este fin estrechamente encargaron á la Junta los exce- 
lentísimos señores Marqués de Palacio, D. Teodoro 
Reding y sucesivamente los demás generales de esta 
provincia y el general inglés Doyle desde Alicante que, 
con preferencia á otro servicio, se aumentase de opera- 
rios esta fábrica para el armamento de la provincia, en 
lo que trabajó incesantemente a satisfacción de todos 
los generales y Junta superior del Principado, en tanto 
que de ésta mereció particularmente las más expresi- 
vas gracias. Que á más del encargo particular de S. E. 
D. Teodoro Reding de distribución de armas á los so- 
matenes que de todas partes acudieron en socorro de la 
inmortal Gerona; por los desvelas y persuasión de los vo- 
cales de esta Junta pudo entrar en aquella plaza una 
partida de gente armada, acompañando un convoy (1)». 
En el diploma de grado de Capitán expedido por el 
general Castaños á favor de D. Ramón Pons, leemos: 



(1) (Archivo municipal de RipoU, Libro de los Acuerdos, año 1816, 
fól. 11.) Fué expedido dicho certificado en 18 de mayo de dicho año. Está 
firmado por D. Joaquín Romeu Baile, por los Regidores Manuel Duran, 
Agustín Deop, Eudaldo Bosoms, Quirico Planas, Pedro Pellicer, Eudal- 
do Vidal, Eudaldo Mirapeix, por el Diputado Eudaldo Tgixidor y por el 
Sindico procurador general Agustín Pigrau, 



— 239 — 

«Por tanto habiendo justificado D. Ramón Pons que, 
desde el momento en que ios franceses invadieron esta 
provincia se dedicó á iiostilizarlos, como lo consiguió 
en repetidas funciones de guerra, particularmente en la 
introducción de un convoy en la plaza de Gerona en j° 
de setiembre de iS09 y subsecuente salida verijicada el 
dia 4, y en la acción del 16 de setiembre de 1811 en el 
Grao de OIoí, en que quedó gravemente herido, después 
de haber sido sostenido este punto contra fuerzas supe- 
riores y que, nombrado capitán de la 3/ compañía de 
Preferencia del Corregimiento de Vich en 22 de setiem- 
bre de 1812, continuó sus útiles servicios á satisfacción 
de los Jefes de que dependió; he venido á expedir.... á 
favor de D. Ramón Pons el presente diploma, por el 
cual queda autorizado á usar la graduación y uniforme 
de capitán de milicias urbanas» (1). 

El tercero que hemos nombrado, D. Mariano Monto- 
rro, fué el héroe de uno de los episodios más brillantes 
del sitio de Gerona. El enemigo atacaba el castillo de 
Monjuí, el fuego de la artillería había abierto ya brecha, 
la bandera española derribada por una bala cae en el 
foso. Al verlo aquel valiente se precipita tras ella, la 
receje, sube tremolándola por la misma brecha y la cla- 
va de nuevo en el ángulo de la fortaleza, en medio del 
estruendo del cañón y de los vítores de sus compañeros. 
Oimos en nuestros primeros años contar esta hazaña, 
con otros pormenores que la hacen más heroica, al mis- 
mo hijo de Montorro; pero la damos tal como la trasmi- 
ten los historiadores (2), por ser en sí misma digna de 
imperecedera memoria. 



(í) Archivo municipal, Libro de los Acuerdos, año 1816, fól. 4. 

(2) Conde de Toreno, Tercer sitio de Gerona. Continuación de la His- 
toria de España de Mariana, Tomo III, pág. 179. Madrid, Gaspar y Roig 
editores, 1853, 



— 240 — 

El Francés ocupó sólo tres voces la villa en el espacio 
de seis años: una en 1809 para destruir la Real fábrica 
de armas, huyendo los vecinos á las montañas; otra en 
22 de mayo de 1812 en que se presentó Decaen, La 
Marque y Petit con 5000 hombres. No hicieron otra co- 
sa que exigir una crecida contribución, y celebraron 
con toda pompa la festividad del Corpus Ghristi. Por la 
tarde en la procesión asistieron los generales de gran 
uniforme, haciendo la artillería las salvas de ordenanza, 
y cubriendo los regimientos todo el curso con un gran 
piquete de caballería á retaguardia. Regresaron el si- 
guiente día á Olot. Por tercera vez los franceses entra- 
ron en la villa en 28 de febrero de 1813 ; mas esta vez 
cometieron toda clase de excesos, saquearon las casas 
y destruyeron varios establecimientos (1). Esta última 
entrada de los franceses motivó la traslación definitiva 
de la Real fábrica de armas á Berga. 

A los subsidios temporales unían los benedictinos- con- 
tinuas plegarias para el triunfo de las armas españolas. 
Entre los muchos documentos que podríamos escoger 
en comprobación de lo que decimos, publicamos el si- 
guiente por la mención que hace de una de las preroga- 
tivas del prelado ripollés : 

{(.Debiendo redoblar nuestras Oraciones, y Súplicas al 
Dios de los Exércitos para que continué felicitando el 
suceso de nuestras armas, especialmeníe en ocasión en 
que se mueven por todas partes con nueva actividad y es- 
fuerzo para completar la defensa de la Religión, del Rey, 



(i) Archivo municipal, Libro de Acuerdos, año 1814, fol. 3 retro. La 
conducta de los franceses en esta ocasión fué á consecuencia del com- 
bate que allí tuvieron en el mismo dia, precedido del que en 23 del mis- 
mo mes tuvieron en Yallfogona. 



— 241 -- 

y de la Patria, ha resuelto el Muy Illtre. Sr. Abad que 
en el Domingo próximo se haga una rogativa expuesto el 
SSmo. en esta Igla. Monasterial, diciendo semitonada la 
letanía maior, flexis genibus, y en seguida la Misa del 
tiempo con las oraciones convenientes, y que por nueve 
dias consecutivos, después de la Misa Conventual, se reze 
una Salve, flexis genibus, con la oración del tiempo ; 
concediendo como concede S. S^ quarenta días de Indul- 
gencia por cada dia á todos los que asistan. Lo trasla- 
do á Vms. para que lo m,anif.esten á Su Pral. la Rda. 
Confraternidad, á fin de que en el Lunes próximo ha- 
gan también Vms. otra igual súplica en esa Iglesia de 
San Pedro. 

Dios guarde á Vms. muchos años. — Ripoll 27 Enero 
de 1809. De Borrell, Vic. Gen y off. — A la Rda. Con- 
fraternidad de la Igla. de S. Pedro de Ripoll». 

Tanto amor patrio, tantos sacrificios, lejos de ser te- 
nidos en cuenta, iban á ser pagados con la más negra 
ingratitud, á juzgar por las disposiciones generales en 
las que el cenobio fué comprendido. En efecto , dura- 
ba aún la guerra de la independencia, cuando el fa- 
moso decreto del 6 de agosto de 1811 abolió las jurisdic- 
ciones baronales, quedando en consecuencia abolida la 
de los abades. Aquel decreto condujo además á las si- 
guientes resoluciones por parte del Ayuntamiento: 
1." En sesión del 15 de noviembre de 1811 mandó que 
se quitasen toda clase de Armas que recordasen el seño- 
río del Abad y se encontrasen dentro de la villa. 2." En 
16 del mismo mes y año dispuso que se procediese in- 
mediatamente al nombramiento de regidores realengos 
para el año próximo. 3.° En 3 de enero de 1812 se de- 
clararon abolidos todos los privilegios exclusivos ó de 
exención de la Real jurisdicción de la villa y su término. 
4.° En 11 de enero de 1812 fué comisionado D. Diego 

16- 



^ 242 ^ 

Servitje Decano y Eudaldo Torrentó para que pusiesen 
en poder del Ayuntamiento los manuales, protocolos y 
todas las escrituras concernientes al gobierno económi- 
co y político de la villa, y también las concernientes á 
los contratos de particulares. 5." En 5 de febrero de 1812 
se determinó oficiar al Sr. Abad para manifestarle que 
el Ayuntamiento queria apoderarse del reloj grande de 
campana propio de la villa, colocado en el campanario 
de Santa María. 

En lo tocante á entrega de documentos del Archivo, 
el Sr. Abad respondió : « A consecuencia de lo que ten- 
go expuesto al Real Acuerdo en el expediente pro- 
movido por el Escribano José Peraller sobre perte- 
nencia de papeles de este Archivo ; no puedo, hasta ver 
la decisión del tribunal, dar la correspondiente contes- 
tación al. oficio de V. de once de los corrientes; pero en- 
tretanto no puedo menos de advertir la equivocación 
que V. padece en considerar el Archivo de este Monas- 
terio como privado; siendo Real y público y autorizado 
por.S. M. precisivamente de todo respecto á Señoríos 
Jurisdiccionales , y en inferir que no pueden darse ex- 
tractos de sus documentos, porque no pueden hacerlo 
los individuos de esta Real Casa, pues puede y debe 
hacerlo el Escribano Real que siempre ha tenido y 
tiene para regentar con título de Archivero». 

El Iltre. Casaus se sujetó con noble dignidad á las 
restantes disposiciones, no sin observar que desde su 
establecimiento en la sede ripollense « no habia ocurri- 
do la más leve cuestión con el pueblo ó sus represen- 
tantes, en razón del Señorío jurisdiccional, ni tampoco 
por causa alguna», y que el Señorío que durante 923 
años hablan ejercido sus antecesores, traía su origen de 
la acendrada piedad de los príncipes, de la necesidad 
en que se habia hallado la comarca, y de la gratitud de 
los primitivos Condes en premiar los servicios del mo- 



— 243 ^ 

nasterio (1). El Baile de la YÍlla D. Francisco Mas y 
Fontana, empezó, á ejercer la nueva prerogativa en 
nombre del rey , después de las formalidades de las que 
se levantó el siguiente curioso Auto : 

En la villa de Ripoll, Corregimiento de Vich, al pri- 
mer dia del mes de Enero del año mil ochocientos y doce. 
Por cuanto se empieza hoy á ejercer en nombre de S. M, 
el Rey de España D. Fernando VII [que Dios guarde) 
la Jurisdicción de esta misma villa y su término, por 
haber quedado incorporada á la Real Corona en virtud 
de lajamosa Ley de seis Agosto último, y siendo una de 
las principales obligaciones el tomar la posesión de la Ju- 
risdicción Real de la expresada villa y su término; acom- 
pañado por el Sindico Procurador General del Mag- 
nifico Ayuntamiento de la presente villa, y con la 
intervención del Escribano y testigos infrascritos , se ha 
conferido [el Baylé) en lapuerta del Arquet y , hallándose 
delante de ella, ha cerrado y abierto sus puertas, y luego 
después ha pasado á las demás puertas de los muros de 
la villa, practicando iguales demostraciones en señal de 
la posesión realenga de la expresada villa, é inmediata- 
mente se ha presentado á la Plaza, mayor donde estaba 
guarnecida una mesa, y ha tomado un puñado de tierra, 
esparciéndola por las cuatro partes de la dicha plaza ; y 
en señal de la posesión de la Jurisdicción civil se ha 
puesto y quitado unos guantes; y en señal de la posesión 
de la Jurisdicción Criminal ha desembainado una espa- 
da, y meneándola por encima de su cabeza ha pronuncia- 
do por tres distintas,veces «¡viva el Rey ¡hy en continen- 
te ha llamado á Eudaldo Cassals Escarcelero pard'que 
le entregase las llaves de la cárcel de la expresada viéia, 



(1) (Archivo municipal, Lib. de los Acuerdos, dias y años citados.) 



— : 244 — 

como lo ha ejecutado, y en seguida le ha preguntado Su 
Merced si queria continuar en seguir. el mismo empleo y 
ha respondido que si, y hechas las presentes diligencias 
ha mandado á Rafael Puig corredor pregone por los pa- 
rajes públicos y acostumbrados de la mencionada villa, 
que todos los habitantes y naturales de ella y su término 
le tengan y reconozcan por Baile Real y obedezcan sus ór- 
denes. De todo lo que Su Merced ha requerido á miel di- 
cho é infrascrito formalizar el presente Auto que firma de 
su mano, siendo presentes por testigos Ignacio Bertrán y 
Mariano Pi Medieros, ambos en esta villa residentes, pa- 
ra las referidas cosas llamados, de lo que doyfé — Francis- 
co Mas, Bayle. — José Peraller, Escribano secretario» (1). 
Después de las ceremonias antedichas los represen- 
tantes del municipio se apresuraron á borrar todos los 
vestigios de. la Sede abacial, quitaron escudos, destru- 
yeron lápidas; hubo iluminaciones públicas, y en prosa 
y en verso se celebraba ¡el jin del oscurantismo y de la 
ominosa servidumbre! El Gallo entre dos rios estaba de 
moda, en adelante habia de simbolizar la villa de realen- 
go ; por esto el Gallo aparecía donde menos se buscaba, 
y aún excita la hilaridad aquel original estribillo con que 
el Decano de la Corporación municipal, disimulaba en 
un solemne discurso las intermitencias de su memoria: 

/ Canta Gallo ! tus ya soltados grillos. 
¡ Canta Gallo ! tu dulce libertad. (2) 

Acostumbrados los benedictinos á saborear el cáliz 
de la ingratitud , bebiéronlo entonces impasibles hasta 



(1) Archivo municipal de Ripoll, Libró de los Acuerdos, año 1812, 
folio 4.) 

(2) El aludido Decano sufrió posteriormente la humillación de verse 
metido en un tonel que fué levantado en medio de la plaza, sin ulterior 
castigo que ser saludado de continuo por curiosos y transeúntes con el 
irónico estvihiüo: ¡Canta gallo!. ¡Cania gallo! 



- M5 - 

las heces; mas no olvidando lo que para el Principado 
significaba la basílica olivana, estudiaron un medio 
para que aún en el caso de desaparecer los cenobitas, 
continuase aquella con todo el explendor primitivo. El 
medio, en otros puntos adoptado , fué convertir el céle- 
bre Santuario en Colegiata, servida por la comunidad 
de San Pedro y los monjes; mucho el ilustre Ca- 
saus trabajó para inclinar los ánimos al mencionado 
proyecto; mas toda su buena voluntad se estrelló contra 
el cúmulo de dificultades que se le opusieron. Ahora se 
ve cuan previsor era el Abad, la Colegiata hubiera sal- 
vado el Monumento. 

Promovido el Iltre. Casaus á la abadía de San Cucu- 
fate del Valles, le reemplazó D. Francisco de Portella, 
y de Monteagudo en 1816, aunque dilató su entrada 
hasta el domingo 17 de agosto de 1817. A mediados de 
1818 hospedó con un aparato verdaderamente regio al 
general Castaños, y durante los tres dias que S. E. per- 
maneció en la villa, fueron dias de júbilo y fiestas. Vi- 
sitó aquel héroe de la independencia española el Tem- 
plo de Santa María, oró ante aquella devotísima 
Imagen tan amada, tan favorecida por los antiguos 
príncipes de la patria, escuchó con emoción profunda 
que sus joyas hablan contribuido al sostenimiento del 
ejército que humilló las águilas imperiales en Bailen, 
y compartió con los monjes el sentimiento de ver que 
los antiquísimos muros se rendían á la gran pesadum- 
bre de las bóvedas. «A no mediar pronto remedio, le 
declan los cenobitas, la ruina es inevitable». El Duque 
de Bailen prometió su apoyo, y se despidió con marca- 
das muestras de la más profunda simpatía. 

Por este tiempo tocaba á su término la construcción 
de la esbelta iglesia, en forma de rotunda, que el muni- 
cipio levantaba en honor de San Eudaldo mártir, pa- 
trón de la villa. La obra empezada á principios del si- 



-^ 246 — 

glo é interrumpida durante la invasión francesa, fué 
continuada con actividad á partir del año 1814, median- 
te las limosnas de los fieles y la decidida cooperación 
del Ayuntamiento. 

Nuevas conmociones políticas en 1819 asestaron un 
golpe terrible á las órdenes religiosas. Abolida la ju- 
risdicción civil de los abades , otro decreto compren- 
dia la comunidad de Santa María en la extinción de 
los conventos. Un comisionado del gobierno tomó efec- 
tivamente posesión del gran cenobio ripollés (1822). La 
mayor parte de los monjes, agotados los recursos á cau- 
sa de la guerra, se retiraron á sus familias ó á casas 
particulares, quedándose el Abad en su palacio bajo el 
nuevo título de prelado territorial. Las grietas abiertas 
doquiera en el templo, y el desnivel que se notaba en 
sus muros, evidenciaban que muy pronto seguiría el 
Real Santuario la suerte de sus dignos servidores. Las 
escrituras y códices del archivo y biblioteca abacial es- 
taban amenazados de continuo; pero antes de separarse 
los cenobitas de su amadísima Protectora, no pudieron 
resignarse á que pereciesen aquellos depósitos litera- 
rios, legado precioso que la antigua Cataluña había 
confiado á su custodia y, poniéndose el sabio archivero 
D. Roque de Olzinellas de acuerdo con el autor de los 
Condes vindicados Jy. Próspero de Bofarull, logró que 
los principales documentos fueran trasladados al Ar- 
chivo de la Corona de Aragón, ¡Así pagaban los buenos 
monjes las persecuciones de que eran víctimas, en los 
precisos momentos de ser arrancados de su querido 
cenobio I 

El Archivo y biblioteca abacial estaban en salvo; pero 
la ruina del Real Santuario era inminente, los que 
habían de precaverla estaban dispersos. Quiso entonces 
la Providencia suspender tanta desgracia y , tres años 
después, recordaban los benedictinos como un especial 



- U1 - 

beneficio de Dios el Real decreto que les restituía süS 
moradas. 

Al punto volvieron á ellas (triste espectáculo se pre- 
sentó á su vista) el saqueo y la piqueta demoledora ha- 
bían desfigurado el monasterio. Natural parecía (así lo 
creerían sin duda los que ignoraban el espíritu que ani- 
maba á los servidores de Santa María) que apoyados en 
el Real favor, pensasen en recuperar tesoros perdidos, 
ó en reintegrarse los inmensos bienes confiscados. 
Ellos, empero, obraron de muy distinta manera, como 
lo declara una lápida de mármol cuyo contenido merece 
librarse del olvido (1). Vuelta al castellano dice así: 



Durante el lamentable tiempo de guerras y 
conmociones políticas, la comunidad de san- 
ta maría había sido despojada de sus bienes 
y del todo extinguida. poco tiempo después de 
su feliz restauración, debida á un singular 

BENEFICIO DE DiOS N. Sr. Y Á LA EXIMIA Y VERDA- 
DERAMENTE REGIA PIEDAD DE FERNANDO VII ; NO- 
TANDO QUE ESTE ANTIQUÍSIMO TEMPLO con- 
sagrado CON SOLEMNIDAD LA ULTIMA VEZ POR EL 

. ESCLARECIDO Oliva AMENAZABA IRREMISI- 
BLEMENTE RUINA CIERTA, se construyeron 

DE NUEVO LAS BÓVEDAS LATERALES (cON MEJOR 
ELEGANCIA DE SUS NAVES) Y SOLIDÍSIMOS ESTRIBOS 
PARA SUSTENTAR PERFECTAMENTE TODO EL EDIFI- 
CIO , HERMOSEÁNDOLE , ADEMÁS , CON GRAN COPIA 
DE ALTARES, IMÁGENES, PINTURAS Y OTROS OBJE- 
TOS, DESDE EL AÑO 1826 AL 1830, EN CUYO TIEMPO 

EL M. I. Sr. D. Francisco de Portella y de 

MONTEAGUDO, AbAD, JUNTO CON EL GaPÍTULO DE 
MONJES LO RESTAURÓ, ADORNÓ Y DEDICÓ. 



(3) «Quum vetustissimum hoc a clarissimo Oliva ultimó et ingenti ad 
speciem apparatu consecratum teraplum, paulo post felicem,- singular 



— 248 — 

Para el templo, únicamente para el templo, revive el 
entusiasmo de los nobles cenobitas. Careciendo de re- 
cursos propios, emprenden y concluyen llenos de fé una 
restauración costosísima, sin que les arredre la penu- 
ria presente, ni los preludios de la gran catástrofe en que 
hablan de perecer las instituciones monásticas de Es- 
paña (1). 

Dedicada por quinta vez la iglesia (1830) , hubo á los 
tres años solemnísimas fiestas con motivo de la promo- 
ción del anciano José de Borrell y de Búfala á la digni- 
dad de Abad. Nacido en Talarn en 27 de enero de 1764, 
vistió en su primera juventud el hábito benedictino, en 
1803 era ya procurador general de la abadía y protector 
de la Capilla de música. Durante la guerra de la inde- 
pendencia se dio á conocer por su amor patrio y por el 
celo con que desempeñó los altos cargos que se le con- 



D. O. M. beneficio et eximiae veréque regiaeFerdinandi Vil pietati ads- 
cribendam, monasterii, quod atro bellorum et politicarum commotio- 
numtempore, bonis ómnibus spoliatum etpenitús extinotum fuerat, 
restitutionem, in certam ineluctabiliter tendere ruinam videretur; 
magna ipsum ex parte tum structis denuó in meliorem utiqué formam 
lateralium navium fornicibus et solidissimis ad totum aedificium opti- 
mé sustentandum conditis fulcimentis, tum venustissima altarium, ima- 
ginum, picturarum, et aliarumrerum addita copia, abannoMDCCCXXVI 

ad MDCCGXXX rivipullense hoc monasterium jus separatum veré 

nullius et propias dioecesis territorium perillustri D. D. F. Fran- 

cisci de Portella et de Monteagudo monachorum capitulum instau- 

ravit, ornavit, dicavit. 

(1) ¡Lástima que el director de las obras defraudase sus esperanzas! 
Cuantos arquitectos las han posteriormente examinado convienen en 
que sólo sirvieron para aplazar á un tiempo no lejano la temida ruina, 
de que categóricamente nos habla la lápida transcrita, aunque los tras- 
tornos políticos no la hubiesen precipitado. Para evitarla, dicen, en vez 
délos estribos, que de ningún modo les cuadró el dictado de solidísi- 
mos, como la experiencia se ha encargado de demostrar, era de absoluta 
necesidad sustituir labóveda ojival (que había reemplazado á la de me- 
dio cañón después del terremoto delsigloXV) con la primitiva, sin que 
fuese menester afear las naves laterales, trasformándolas en dos vas- 
tos salones. 



— 249 — 

fiaron. Severo consigo mismo, amable con los demás, 
estudioso y amante del retiro, recordaba en su porte 
exterior aquellos austeros monjes de los siglos medios, 
que con tanta verdad nos reprodujo el artista en los re- 
lieves de los sarcófagos de Bertrán y Raimundo dez 
Bach. Mucho costó á su profunda humildad aceptar la 
alta dignidad que se le confería, dos veces renunció en 
favor del sabio Don Roque de Olzinellas, dos veces 01- 
zinellas pudo rehuir la prelacia (1). En esta competencia 
de modestia cristiana entre dos hombres ilustres, fué 
vencido Borrell, proclamado por unanimidad sucesor 
de Portella, que dos años antes habia fallecido. Asistió 
á la consagración el Abad de Amer y, según el testimo- 
nio del monje archivero, nunca se habia desplegado 
tanta magnificencia en la consagración de anteriores 
prelados. 

El templo restaurado, los códices y diplomas del Ar- 
chivo y biblioteca abacial reclamados, (aunque paulati- 
namente devueltos por el prudente Don Próspero de 
Bcjfarull), un Capitulo amante del cenobio en el que fi- 
guraban ancianos venerables como José de Borrell y 
Manuel de Llisach, sabios profundos como D. Roque 
de Olzinellas, secundado por su hermano Pedro Mártir, 
y una comunidad entusiasta por Santa María , á cuya 
restauración habia contribuido con las fortunas de sus 



(1) Olzinellas fué catedrático del célebre abad Zafón, quien en uno de 
sus almanaques le llama: «mi querido maestro el profundo sabio Olzine- 
llas.» Mereció por sus virtudes y ciencia un alto concepto de sus con- 
temporáneos, entre los cuales se distinguió en honrarle D. Próspero de 
Bofarull. En 1820 le nombraron diputado á Córtes,'y escribió contra Lló- 
rente una elocuente disertación sobre la jurisdicción episcopal. Consér- 
vase del mismo una colección de cartas llenas de erudición y varios 
opúsculos, habiéndose perdido con el archivo sus principales escritos. 



- 250 - 

familias, todo parecia augurar una nueva era de pros- 
peridad , cuando la muerte del rey y los asesinatos de 
religiosos en varios puntos de la península (1835), tro- 
caron la bonanza en tempestad horrorosa, que habia de 
descargar con toda su furia contra el tan combatido 
monasterio. 



CAPITULO XIV 

EXECRABLE PROFANACIÓN É INCENDIO DE LA 
BASÍLICA OLIVANA. 



Oportuna observación. — Migueletes en la villa.— Asesinatos de religio- 
sos, quema de conventos. — Intentan los advenedizos saquear el mo- 
nasterio.— Impidenlo sus jefes y los alejan hacia Alpens.— Niegan los 
migueletes la obediencia al gobernador de Berga, vuelven insubordi- 
nados al monasterio de Ripoll. — Asalto del cenobio, asesinato délos 
monjes Ros y Llisach. — Saqueo é incendio del templo, proíanación de 
los sepulcros. — Es insultada y quemada la momia de Berenguer IV el 
Santo; consideraciones. — Esfuerzos heroicos de algunos ripoUeses 
para salvará los monjes y las venerandas Imágenes. — Se opone en 
vano el Ayuntamiento á que no sea quemado el Archivo," muerte de 
Sentenach. — Escándalos y sacrilegios durante tres días. — Triste ani- 
versario de la muerte de Wifredo el Velloso.— Llega por fin el gober- 
nador de Berga para restablecer el orden. — Castigos providenciales. 
— ^Tres años de calamidades para los valles del Ter y del Fraser. — 
Aléjase definitivamente el Abad de su villa. — Sufre esta en 1839 la 
suerte del monasterio. 




AMOS á referir, tal como testigos oculares, 
probos é imparciales nos lo trasmitieron , la 
execrable profanación é incendio de que fué 
víctima en 1835, el monasterio de Ripoll. 
Diez y seis años han trascurrido desde que 
dimos á conocer esta parte de nuestro traba- 
jo, habiendo desde entonces aprovechado cuantos datos 
y observaciones tendiesen á mejorarlo. Nuestro justo y 



— 252 — 

bien probado cariño á la basílica, puede hacer dispen- 
sar la vehemencia de estilo en algunos pasajes del pre- 
sente capítulo, escritos en una edad en que el entusias- 
mo por los bellos ideales no era atajado por las 
susceptibilidades transitorias, y no siempre justificadas 
de la política. A la verdad histórica preferentemente 
atendimos, sin que á nadie (la experiencia ha venido 
confirmándolo) haya ofendido ni por el fondo ni por la 
forma nuestro relato, antes por el contrario, personas 
tan sabias como prudentes, se dignaron autorizarlo con 
sus votos que mucho agradecimos. El verídico relato es 
como sigue : 

En junio de 1835 el teniente general D. Manuel 
Llauder, marqués del valle de Ribas, dejó en Ripoll el 
batallón de tiradores de Isabel II, llamados vulgarmen- 
te miquelets, procedentes en su mayor parte de Barce- 
lona. Constituían una fuerza de 600 hombres. La guerra 
tomaba un grave é imponente carácter, y los trágicos 
sucesos del campo de Tarragona presagiaban á las or- 
denes religiosas un porvenir funesto. 

Llauder se habia apostado en Vich , esperando el re- 
sultado de las operaciones y comisión dada á Bassa, y 
asegurar su retirada si triunfaba la revolución, cuyo 
fin era proclamar la constitución de 1812 y desplegar la 
bandera tricolor (1). El batallón de tiradores de Ripoll 
simpatizaba con el movimiento de la capital , y como 
en la probabilidad de retirada, podia cortar el paso, dis- 
puso el teniente general , desde Vich, que marchase á 
la parte de Berga y San Lorenzo de Piteus, dejando en 
la villa un pequeño destacamento, mandado por oficia- 
les moderados. El batallón, compuesto en su mayor 



(1) Memorias documentadas del teniente general D. Manuel Llauder. 
Madrid. 1844 pág. 136. 



— 253 — 

parte de gente indisciplinada, al adquirir noticias va- 
gas acerca los sacrilegos sucesos que en 15 de Julio tu- 
vieron lugar en Barcelona contra los religiosos y sus 
conventos, trató de saquear el monasterio. Descubier- 
tas las pretensiones del batallón , y avisado oportuna- 
mente de la trama su honrado comandante D. Tomás 
Metzquez, tomó activas y enérgicas providencias para 
deshacerla, secundándole admirablemente las disposi- 
ciones de Llauder, puestas en práctica al momento de 
recibidas. 

Alejóse, pues, el batallón; los monjes cobraron ánimo 
y aún se creyeron seguros, sin atender á los consejos de 
amigos previsores que conocían demasiado lo crítico de 
las circunstancias. Sólo algunos jóvenes tomaron la re- 
solución de ausentarse; los más, con Borrell al frente, 
se limitaron á tomar algunas medidas para poner á sal- 
vo lo más precioso. 

Acababa de tener lugar en Barcelona el horrible 
asesinato del general Bassa , y Llauder , usando del 
Real permiso que le concedía pasar á los baños de las 
Escaldas, se trasladó á ellos, no fugitivo, sino con 
toda la dignidad que le correspondía. Oigamos al mis- 
mo general: «Para verificarlo salí de Vich á las 12 del 
dia 6 (agosto) con las dos compañías del segundo bata- 
llón del regimiento de Saboya que formaban mi escolta; 
mis ordenanzas y quince mozos de la Escuadra, acom- 
pañándome asimismo mis ayudantes y los de la Plana 
mayor Tayll (don Cristóbal) y Caparros (don Manuel)... 
Fui á pernoctar á Ripoll, y al dia siguiente pasé á Puig- 
cerdá». 

Al dar cuenta al gobierno del motivo de este viaje 
añade: «Sabedor del estado de indisciplina y conmoción 
en que se hallaba el batallón dé tiradores de Isabel II, 
que guarnecía á Ripoll, valle de Rivas y distrito de 
Berga, y asimismo con motivo de haber síntomas gra- 



-254- 

ves de indisciplina en la Seo de Urgel, cuyo gobernador 
me ha enviado un capitán á informarme verbalmente, 
me dirigí á Ripoll y valle de Rivas, donde supe que el 
jefe de tiradores sólo logró hacer marchar á éstos hacia 
el distrito de Berga, prometiéndoles que irian á Barcelo- 
na, de cuya ciudad son naturales la mayor parte. Pos- 
teriormente he sabido que han negado la obediencia al 
gobernador de Berga, lo que le habrá impedido auxiliar 
la casa fuerte de Alpens» (1). Esto escribía desde las 
Escaldas Llauder el 9 de agosto de 1835. j A donde 
fueron los indisciplinados tiradores, después de negar 
su obediencia al gobernador de Berga? Súpolo el mis- 
mo dia el grandioso monumento de Wifredo. 

Agitación ansiosa (seguida de profundo silencio) cun- 
dió en la villa cuando á las nueve y media de la 
mañana del dia de San Román mártir (domingo 9 de 
agosto) se observó que el batallón de migueletes volvia 
sobremanera excitado por la parte del Arquet, con 
nuevas ciertas de los sacrilegos excesos de Barcelona. 
Publicábanlos á gritos , los comentaban, los aplaudían, 
y se animaban con diabólica algazara á reproducirlos 
en el centro de la Montaña. Los monjes, aterrorizados, 
reconocen por fin el peligro; pero firmes en su propósi- 
to de salvar á toda costa el legado de tantos siglos, de- 
soyen consejos, desechan ruegos y aún jlas lágrimas de 
algunos leales ripoUeses que, en tan críticos momentos, 
olvidando disensiones pasadas, no sólo procuraron su 
salvación, sino que además ocuparon las avenidas del 
monasterio, con la resolución heroica de salvarlo, ó pe- 
recer en la demanda. Presentían, sin duda, que en la 
ruina del célebre monumento iba envuelta la de sus 



(1) . Memorias de Llauder, pág. 146 y documento 62. 



— 255 — 

hogares y familias. ¡Harto pronto las discordias civiles 
confirmaron la realidad de tales presentimientos ! 

Secundaba la milicia nacional los intentos de los in- 
trépidos vecinos, y se esforzaba, aunque en vano, á 
frustrar la horrible trama de los juramentados migue- 
leíes. Seguros estos en su fuerza, por toda contestación 
á los pactos y transacciones propuestas, afilaban en el 
fondo de inmundos bodegones sus puñales, y se distri- 
buían las teas incendiarias, entre los brindis de la orgia 
y las amenazas de muerte , que alcanzaban tanto á los 
pobres cenobitas, como á la aristocracia de la villa. 

. Eran las dos de la tarde , hora en que solia la comu- 
nidad de Santa María acudir á los oficios divinos. Los 
migueletes, abandonando sus madrigueras, se lanzan 
á la calle y, distribuidos en pelotones, recorren la villa 
en ademán hostil. Esperaban, á lo que se vio, un débil 
pretexto para convertirse en satélites activos del gran 
crimen que habia de expiar Ripoll con lágrimas de 
sangre, y una fatal impremeditación del inadvertido 
campanero de la basílica se lo proporcionó. No bien re- 
sonó en el espacio el triste y lento tañer de la campana 
que llamaba á los monjes á vísperas, cuando tiros ais- 
lados inauguraron el infame propósito. Siguieron gritos 
infernales, entre ellos la provocativa contraseña : / los 
facciosos escalan el monasterio ! y aquellos desalmados, 
más aptos para gritar / Liver io I con las impúdicas ba- 
cantes del gentilismo, que para proferir, como proferían 
el mágico nombre de libertad, eminentemente cristiano, 
volaron frenéticos al cenobio y, no sin premeditación, 
recorren primero todos los ángulos del templo, todos 
los departamentos del palacio abacial, todas las mona- 
cales moradas de la vila vella, ávidos de víctimas santas 
que, por desgracia, en aquel aciago dia no faltaron. 
Fué la primera el joven y simpático monje D, Ferijan- 



— 256 — 

do de Ros quién, bajo la salvaguardia de la ley, se ha- 
llaba custodiado en su casa por dos milicianos. Una 
gritería salvaje, seguida de imprecaciones blasfemas, 
fué el saludo con que sorprendieron al joven cenobita 
y, antes que pudiese reponerse de su asombro, brillaron 
en el aire los aceros homicidas que le dejaron exánime 
en el. suelo, sin que le valieran su inocencia, ni su juven- 
tud, ni sus lágrimas, ni las exclamaciones de perdón y 
misericordia, ni el abrazar, en el delirio y los ayes de 
la desesperación , las rodillas de sus inexorables ver- 
dugos. 

No menos horrible, aunque perpetrado con más cíni- 
ca frialdad, fué el asesinato del anciano monje D. 
Manuel de Llisach. Este venerable sacerdote, dechado 
de virtud y de ciencia, paño de lágrimas para el pobre 
que durante su larga peregrinación habia constante- 
mente favorecido, ignoraba las trágicas escenas de que 
era teatro el monasterio, y le hallaron en su celda, ri- 
sueño, tranquilo , absorto en las delicias de celestiales 
contemplaciones. Intimáronle brutalmente que se le- 
vantase, y al hacerlo con dificultad, pues sus trémulos 
miembros no obedecían, como en los lejanos tiempos de 
su juventud, al imperio de su voluntad firme: «Quéda- 
te, pues aguí» le dijo uno de los sicarios, llamado Cris- 
tino, sepultándole el puñal en el corazón. «No me da- 
ñes, hijo mío, rio me dañes... Dios te perdone, como yo 
te perdono». Estas últimas palabras del inocente mártir 
fueron contestadas con salvajes carcajadas y estúpidos 
aplausos, mientras el asesino, satisfecho de su proeza, 
mirando al soslayo á su víctima, limpiaba con el borde 
de su abigarrada blusa la cuchilla ensangrentada , tres 
veces hundida en las entrañas del inerme anciano. 

El más joven y el más antiguo de los monjes fueron 
los señalados por el cielo para que santificasen con su 
sangre la mansión dó se albergara tanta virtud, tanta 



— 257 — 

sabiduría, tanta belleza artística. Todos hubieran su- 
frido igual suerte, si algunos ripolleses (visto lo impo- 
sible de la resistencia) no hubiesen expuesto su vida 
para salvar al Abad y demás monjes, procurándoles 
disfraces, ocultándoles en sus casas, y facilitándoles la 
fuga en momento oportuno. La comunidad de San Pe- 
dro, hija de la basílica, sufrió también horas de prueba 
en aquel aciago dia. Su dignísimo domero D. Ignacio 
Brusi, detenido por aquella insolente canalla, rodeado 
é insultado, iba á sellar también con su sangre el cri- 
men de ser ministro del Señor, cuando interponiéndose 
entre él y los que intentaban herirle un miembro de la 
milicia nacional: «Antes de asesinar (exclamó el bravo 
soldado) á un inocente é indefenso, pasad primero, si 
os atrevéis, por encima de mi cadáver.» Tanto heroísmo 
fué respetado, y la vida del presbítero salvada. 

Mientras los dos crímenes se perpetraban en el fondo 
de dos humildes celdas , la mayoría de los migueletes, 
convertidos en incendiarios, se entregaban en el tem- 
plo á todos los excesos del saqueo. Derribaron ante- 
todo de su antiguo solio la Virgen de Wifredo y todas 
las santas imágenes de los altares;. hicieron pedazos 
la grandiosa estatua de plata de San Benito; destrozaron 
el magnífico órgano; rasgaron inestimables pinturas, y 
robaron del tesoro los vasos sagrados, las lámparas, los 
candelabros, los incensarios y demás objetos preciosos 
de que abundaba el monasterio , separando cuidadosa- 
mente el oro, plata y piedras preciosas de lo que, por 
no concederle aquellos vándalos, en su crasa ignoran- 
cia, ningún valor, reservaban para el fuego ó para 
nuevas abominaciones. 

Los últimos resplandores rojizos del crepúsculo de la 
tarde se iban desvaneciendo en la cordillera occidental 
del Catllar, cuando las teas incendiarias fueron aplica- 
das á los altares, y las aras santas, convertidas en tede- 

17 



— 258 — 

ros, alumbraron con siniestra luz repugnantes escenas, 
inauditas, increibles, pero ciertas, por más que la 
pluma se resista á describirlas, lios asesinos de Ros y 
de Llisach. hablan anunciado que sus puñales sólo ha- 
blan encontrado dos corazones en que cebarse y, enton- 
ces, los sarcófagos de los venerables abades y la cripta 
de los monjes fueron el blanco del furor de aquellos 
malvados. Numerosos esqueletos de hombres eminentes 
en ciencia y virtudes son privados de la paz del sepul- 
cro, denostados, escupidos, pisoteados; y no satisfechos 
los viles sicarios de tan brutales é inútiles demostracio- 
nes, ebrios de furor, desahogan su despecho clavando 
repetidamente la punta de sus aceros en las cavidades 
de los ojos y de las bocas de los cráneos, á quienes el 
espíritu vivificador, siglos hacia, que por más felices 
mansiones tenia abandonados. 

También el cadáver incorrupta del ínclito conde de 
Barcelona Berenguer el Santo fué desenterrado y (¡hor- 
ror causa decirlo!) llamado ajuicio por aquella turba 
de beodos que le apostrofaban y escarnecían, y afeaban 
el gran crimen de haber redimido de la esclavitud y bar- 
barie la noble Cataluña, y de haber proclamado las li- 
bertades patrias en nombre de una religión la más pura 
y sacrosanta. Berenguer el Sanio, después del insulto, 
fué quemado. ¡ Grande y no merecida humillación! ¡ig- 
norancia sin igual ! ¿Que. tal amor á Cataluña se anida- 
ba en los pechos de aquellos insensatos, que así denos- 
taban á su más egregio Príncipe ? i Oh I si en la 
veneranda momia de aquel héroe se hubiera infundido 
de nuevo el soplo de vida; si de nuevo hubiese oido con 
los oidos, y visto con los ojos aquel cuerpo yerto; si un 
antiguo vigor hubiera fortalecido sus miembros' helados 
por la muerte; ¡como levantándose indignado habría 
exclamado con acento lúgubre y aterrador: «¡Ay de Ca- 
taluña y de sus hijos! ¡ayde Ripoll! Los gritos de 



- 259 - 

libertad, retumbando en las bóvedas del santuario , lle^ 
garon al fondo de los sepulcros, y nuestros huesos hu- 
millados se regocijaron. Libertad! clamasteis, y por la 
libertad nacimos; por la libertad peleamos; á la libertad 
reconquistamos la patria y, después de sellarla con paz 
gloriosa y duradera, lográbamos la que logran los que 
mueren en el Señor. Cataluña agradecida visitaba nues- 
tros sepulcros ; RípoU los adornaba con recuerdos y 
ofrendas; los pacíficos cenobitas velaban por nuestra 

paz ¡ Descansen en paz I era el saludo de bendición 

que diariamente nos enviaban desde los altares, al con- 
cluir el incruento sacrificio. Y después que seis siglos 
respetaron nuestro descanso, vuestra libertad lo ha 
perturbado. Libertad ! clamasteis, y las losas de nues- 
tros sarcófagos se quiebran, la luz vital nos sorprende 
el grito mágico nos reanima; pero ¿qué horrible espec- 
táculo nos deparáis? 

¡ Ay de Cataluña y de sus hijos! ¡ay de Ripoll!... Ar- 
den las sacrosantas imágenes, arden los altares, y 
aquella Virgen sin mancilla, gloria de nuestras bata- 
llas, luz de la ciencia patria, inspiración del artista 
cristiano, convertida en aérea llama, abandona también 
su predilecta morada. 

¡Ay de Cataluña y de sus hijos ! ¡ ay de Ripoll!... ¿Y 
qué libertad es esta que sepulta el puñal en las entrañas 
del pió religioso; que desentierra y ultraja á los muer- 
tos; que aplica la tea incendiaria á los más gloriosos 
recuerdos de la patria? ¿Y los que tal hacéis osáis lla- 
maros Catalanes? Agarenos liberticidas sois, que no li- 
bres cristianos; esclavos agarenos de un siglo des- 
tructor..... Atrás cobardes liberticidas!.. Los yertos 
cadáveres de vuestros Principes, que el soplo de la in- 
dignación vivifica, os desconocen, os rechazan, os mal- 
dicen... Atrás! el fuego que prendisteis os circunda para 
devoraros, temedle vosotros, huid vosotros, que los di- 



— 260 — 

funtos Príncipes de Cataluña le bendeciremos agradeci- 
dos, si en estos tiempos abominables, nos calcina los 
huesos, y purifica nuestros restos de toda escoria mortal. 
¡Dichosas reliquias nuestras, si convertidas en ceniza, 
barridas, trasportadas, diseminadas por el Aquilón á 
regiones más libres, logran escapar de la esclavitud en 
que volvéis á sumir la patria, después de seis siglos de 
heroica reconquista. ¡ Ay de Cataluña y de sus hijos ! 
¡ ay de Ripoll !...». 

Ésto sin duda hubieran dicho aquellos héroes, que no 
con falaz palabrería, sino con su diestra poderosa pro- 
clamaron la independencia catalana, y con paternal go- 
bierno nos legaron sabias leyes;°y con benéfico impulso 
dieron santos á la religión , sabios á la ciencia y subli- 
mes intérpretes al arte cristiano, en sus múltiples ma- 
nifestaciones. 

No faltaron en aquellos fatales momentos intrépidos 
ripolleses que, disfrazados de migueletes, mezclados 
con la turba impía, y haciendo alarde de sentimientos 
que no tenían , lograron salvar preciosos recuerdos de 
una inminente consunción. No sin grave peligro, cuan- 
do ya la cruz ardía, se apoderaron de la devotísima Ima- 
gen del Santo Cristo, á la que tributa aún solemnes 
obsequios la Congregación de la Purísima Sangre. 
Distrajeron también la atención de los indisciplinados 
migueletes para que no profanasen los sepulcros de los 
Abades Bernardo y Bertrán Dez Bach ; tampoco pusie- 
ron mano de momento en los sarcófagos de Oliva y de 
Berenguer III el Grande, distinguiéndose entre los ve- 
cinos el Dr. D. Eudaldo Raguer, joven médico cuyo va- 
lor compitió con su celo en tan difíciles circunstancias. 

Acosados por el fuego asfixiador y por la blanca hu- 
mareda que, amanera de niebla resplandeciente, llena- 
ba el santuario, huyó fuera, desbandada, la turba 
frenética, sin dirección á lo que parecía, y sin ulterio- 



- 261 -^ 

res designios por aquella noche; cuando, de repente, 
una voz satánica deja oir el grito de <.<¡Al archiool ¡á 
quemar el archivo!» De entre la multitud se destaca un 
grupo que, subiendo con hachas de viento, llega al ta- 
bique que protegía la entrada, le derriba, y aplica las 
teas incendiarias á los cuatro costados de aquel rico de- 
pósito científico. En vano en tan críticos momentos el 
Magnifico Ayuntamiento, presidido en el animoso alcal- 
de D. Fernando Durillo intima, en nombre de la ley, á 
los migueletes que se retiren. A los que ya habían pro- 
fanado su pabellón , y ensangrentado sus manos , j qué 
les importaban, más que para el desprecio, las auto- 
ridades de la villa? Por toda respuesta apuntan sus 
fusiles á la dignísima Corporación que cediendo , bien 
apesarsuyo, ala fuerza, tuvo que retirarse. 

A instancias del mismo Ayuntamiento, cuatro valero- 
sos milicianos llamados Sentenach, Montorro, Coro- 
minas y Muxí, desafiando las llamas que se cebaban 
con repetido chisporroteo en los preciosos pergaminos 
y códices, entraron en aquel horno de fuego, ganosos 
de salvar lo que pudiesen. Tiraban por una ignorada 
ventana cuanto haber podían sus manos , y tantos es- 
fuerzos hubieran sido coronados con éxito feliz , á no 
ser descubiertos por los migueletes que descargaron 
contra ellos sus fusiles. Un tiro certero taladró las sie- 
nes de Sentenach, pariente del que estas líneas escribe; 
los restantes, medio asfixiados por el calor, humo y 
olor pestilente de los pergaminos que se carbonizaban, 
no pudiendo resistir á las llamas que les envestían , ni 
la lluvia de balas que no cesaba; por milagro pudieron 
salir ilesos, auxiliados de la tétrica luz que serpenteaba 
destructora en los estantes, depositarios de la ciencia 
de mil años. 

Hasta muy entrada la noche no se retiraron los mi- 
gueletes, habiendo tenido en continua zozobra á los ve- 



— 262 — 

cilios qud desde el medio dia habian cerrado las puertas 
de sus casas. Lo que los profanadores codiciosos no 
pudieron recoger fué destinado al fuego, y las llamas 
devoradoras de lo más bello, de lo más rico y de lo más 
santo alumbraron con lívida é intermitente luz la villa, 
sepultada, en el silencio del espanto y del terror. 

Al amanecer del dia once, los que visitaron el monas- 
terio se encontraron solamente con paredes desnudas 
y ennegrecidas, sosteniendo vacilantes el enorme peso 
de una bóveda ruinosa. Tres dias y otras tantas noches 
duró el saqueo , durante los cuales las imágenes de la 
Virgen y de los Santos eran sacrilegamente arrastradas 
con sogas por las calles, llevadas á los puentes, y echa- 
das al rio con estúpida algazara. Inútilmente el jefe del 
batallón hacia esfuerzos sobrehumanos para contener. 
Nadie obedecía. En cuanto al Ayuntamiento, apenas 
logró impedir con gran dificultad y á peso de oro, que 
no se extendiese el saqueo á casas particulares, sin que 
pudiese librarse de los foragidos la de D. Agustín Deop 
(casa Agustinet) que saquearon durante largas horas, 
só color de que en ella estaban escondidos los tesoros 
del Abad. El jefe desobedecido despachaba repetidos 
partes reclamando fuerzas ; nadie escuchaba , nadie 
acudía. 

Por fin , después de tres dias de angustias mortales, 
el gobernador de Berga D. Gerónimo Oliver se presenta 
con un batallón de tropa de línea, un piquete de caba- 
lle-ría y una partida de guias, con lo cual , sorprendido 
el batallón indisciplinado huye con su rico botín á la 
desbandada y sin jefe hacia Vich, donde no se le tolera 
la entrada. Tampoco Barcelona quiere albergarle, y es 
disuelto en San Andrés. 

Tal fué el indigno y lamentable fin del glorioso mo- 
nasterio de RipoU. Los años anteriores celebraban los 
monjes en el misma dia el aniversario de la muerte del 



— 268 - 

gran Wifredo el Velloso ante un templete cubierto de 
flores. Por espacio de 932 años había sido guardada in- 
violablemente esta costumbre. El 11 de agosto de 1835 
los monjes fugitivos y dispersos dejaban por vez prime- 
ra de tributar fúnebres obsequios al inmortal autor de 
la Reconquista catalana, para llorar el indigno incendio 
del Monumento, erigido por aquel en memoria de sus 
primeras victorias. 



Ni los perpetradores de tamaño crimen, ni la villa, 
huérfana con tal ruina de la madre que le diera el ser^ 
gloria y pujanza, dejaron de sentir muy pronto las iras 
del cielo. 

Uno de los primeros actos de Oliver fué pasar por 
consejo de guerra á cuantos migueletes se encontrasen 
cómplices en los asesinatos é incendio descritos. Tres 
quedaban, muy contra su voluntad, en la villa. Era el 
principal el infame asesino del anciano Llisachj el jefe 
de los incendiarios, el brutal Cristino, quién, no satisfe- 
cho con tan criminales excesos, antes de despedirse de 
la portada, dirigió su vista altanera á la veneranda es- 
tatua de San Pedro, y apostrofándola vilmente, separó 
á martillazos del tronco la cabeza. Quiso la Providencia 
que, antes de rodar aquella por el suelo, cayese aplas- 
tando de lleno y con toda su fuerza el pió derecho del 
escandaloso migueléte quién, entre agudísimos ayes dé 
dolor, fuese arrastrando, entre las risotadas de sus 
amigos, á una casa vecina, no sin que maldijese mil 
veces la cabeza, el martillo y á si mismo. ¡Justos juicios 
de Dios ! á la llegada de Oliver, imposible le fué esca- 
parse con sus cómplices; falló el consejo de guerra^ y 
Cristino fué pasado por las armas. Entretanto fallecía en 
el Hospital un su compañero á quién el plomo derretido 
que goteaba del órgano le corrió por las vértebras cuan- 



— 264 — 

do embistiendo se preparaba al asalto de la llama ali- 
mentada por venerandas imágenes ; otro gemía oculto, 
irritado por la pérdida de un ojo que le vació una astilla 
desprendida de la estatua de un Santo evangelista, en el 
instante que el mísero la destrozaba. ¡ Casualidades ! se 
dirá. Está bien, casualidades ; pero casualidades vistas 
y atestiguadas por centenares de personas. Otras ca- 
sualidades nos toca aún consignar. 

Del disuelto batallón se enviaron á la autoridad local 
cien mozos para reforzar la milicia de la villa. Fueron 
apostados, una semana después, á orillas del Ter, y tra- 
baron con el enemigo una reñida acción. Los ripolleses 
que desearon certificarse de aquel hecho de armas, 
vieron con asombro, sobrecogidos de religioso terror, 
numerosos cadáveres flotando en la orilla. ¡ Eran 
cadáveres de impíos tiradores , de los mismos que más 
se hablan distinguido en arrastrar santas imágenes por 
las calles y arrojarlas puente abajo con estúpida al- 
gazara ! 

Dos años después, en 27 de julio, el general carlista 
Urbiztondo se apoderó de la villa, después de una hon- 
rosa capitulación. Sabedor de este acontecimiento el 
Abad Borre ü, volvió presuroso de Francia con ánimo 
de activar las obras de reparación de la basílica incen- 
diada. El pueblo ripoUés, apenas divisó á lo lejos la co- 
mitiva de su prelado, echó al vuelo las campanas, sa- 
liéndole á recibir en masa, precedido de algunos 
monjes, el clero parroquial, el Baile y el Magnífico 
Ayuntamiento. 

Desgraciadamente para Borrell, la Junta Superior 
establecida en. Berga decretó aquel mismo ano que fue- 
sen allá trasladadas todas las campanas de las iglesias 
del Principado, para con ellas fundir morteros , caño- 
nes y demás aparatos bélicos. 



— 265 — 

Suplicó el prelado que se exceptuasen del decreto las 
del monumento, para cuya restauración suspiraban los 
monjes y el pueblo. Desatendidos fueron los ruegos y 
lágrimas del venerable octogenario, á cuya vista las 
campanas, más ricas por su valor arqueológico que por 
su metal precioso, fueron hechas trizas, y con las de 
San Pedro y San Eudaldo, llevadas á la maestranza de 
Berga. Desairado el Abad dejó de nuevo la población, y 
adorando los designios de la Providencia, de ella sola 
esperó el remedio. 

A partir de entonces, calamidades sin cuento llovieron 
sobre los valles del Ter y del Fraser y, como si la po- 
blación que habia tenido su origen en el Real Santuario 
no pudiese sobrevivir á tan sacrilegas y antipatrióticas 
profanaciones, los acontecimientos políticos precipita- 
ron su ruina. 

Envuelta en los horrores de la guerra civil, pérfida- 
mente abandonada á sus propias fuerzas , sucumbió en 
27 de mayo de 1839, admirando su heroismo los mis- 
mos que la combatian (1). Más de quinientos moradores 
habian perecido, los que sobrevivieron fueron dispersa- 
dos ó hechos prisioneros de guerra. Minas de pólvora 
volaron los puentes, voraces llamas consumieron las 
casas de los magnates y las humildes moradas de los 
industriales, la piqueta demoledora fué aplicada luego, 
durante tres meses consecutivos, á derruir la villa de 



(1) De D. Gaspar Diaz de Lavandero, autorizado testigo ocular del 
sitio, son estas palabras: «He presenciado grandes acciones de armas, 
me lie hallado en la mayor parte de las tomas de todos ó casi todos los 
puntos conquistados por el genio de la época en el campo carlista, unas 
veces por afición y otras por deber; asistí á las de Echarri, Aranaz, "Vi- 
llareal de Zumárragay Vergara, á las de Plencia, Lequeito-yBalmaseda, 
á los dos sitios de Bilbao ; he visto heroismo, constancia y fidelidad en 
una y otra parte, pero nada que llegue al ataque y la defensa de los fuer- 
tes y villa de Ripoll.» {Historia de la guerra civil en la última época. 
Madrid. 1847, cap. XIV, pág. 344). 



— 266 — 

los Arnulfos y Olivas. El viajero que en agosto de 
aquel año se dirigía á la confluencia del Ter y del Fra- 
ser, veia aterrado levantarse entre humeantes escom- 
bros é insepultos cadáveres la basílica de Oliva incen- 
diada, las casas monacales desiertas, la iglesia de San 
Pedro convertida en inservible fuerte, la de San Eudal- 
do privada del Santo titular que con los prisioneros de 
guerra fué conducido á Berga. La desolación y el silencio 
de la muerte sustituían al ruido de los talleres, á las 
alegres canciones de los artesanos, á la majestad y 
grandeza de las funciones religiosas. La villa de los 
Abades habia seguido la trágica suerte del monasterio. 



CAPITULO XV 



EFECTOS DE LA DESAMORTIZACIÓN EN EL CENOBIO. 
RUINA DE SU TEMPLO. 



Los repobladores de la villa. — El monasterio es su asilo. — Junta de res- 
tauración. — Gestiones para salvar el templo de Santa María. — Lo 
concede el gobierno para parroquial. — Caduca la concesión. — Muerte 
del Abad Borrell. — La desamortización. — ^Venta del palacio abacial, del 
colegio May y demás dependencias no monumentales del cenobio.— 
Proyectos bastardos contra el histórico templo. — Escandalosa venta 
del artesonado del Claustro-Panteón. — Ruina del ala de los sepulcros 
condales.— Trágica muerte del delegado de la desamortización.— Reac- 
ción favorable al Real Santuario. — Tristes escenas en su recinto du-r 
rante el cólera de 1854. — Hundimiento de la gran bóveda ojival.— 
Aspecto de las ruinas del gran monumento. — El laureado romance 
íRipoll! del eminente poeta Francisco Ubach y Vinyeta.— Considera- 
ciones. 




ABIAN apenas trascurrido dos años, cuando ya 
numerosas familias estaban de regreso en la 
confluencia del Ter y del Fraser, buscando 
entre ruinas sus desaparecidos hogares, «ia 
nostalgia nos consume»; tal era la respuesta 
con que mutuamente se explicaban su pre- 
sencia en aquellos sitios. ¿Cuál fué de momento su pro- 



— 268 — 

tector asilo? El monasterio ; bien lo saben los hijos de 
aquellos infelices repobladores. La Curia, el palacio 
Abacial, las casas de los monjes, el alfolí, el molino, el 
colegio May eran los únicos puntos habitables y habi- 
tados; allí se instalaron las Casas Consistoriales, el 
hospital, las tiendas en que se vendían los artículos de 
primera necesidad, y aquellos infortunados que prefe- 
rían YÍvir con sus recuerdos en el vasto cementerio 
que había sido Ripoll al regalo de populosas ciudades, 
impulsados por el hábito visitaban de continuo el tem- 
plo de Santa María ennegrecido por las llamas, ávidos 
de antiguos consuelos que en el sagrado recinto habían 
siempre encontrado. 

Entretanto volvían los prisioneros ; San Eudaldo era 
devuelto á su iglesia; creábase una Junta de restaura- 
ción, y, en honor suyo dicho sea, sus primeras gestiones 
para con el gobierno se encaminaron á salvar la basilí- 
lica, logrando en 1842 una Real Orden por la que era 
cedida aquella para parroquial. «¡Oh! decían nuestros 
padres, ya hemos librado el mayorazgo de Wifredo de 
las garras de la desamortización, la villa está arruina- 
da ; pero nuestra parroquia, restituidos que le sean los 
altares, será la mejor de Cataluña: ¡buen principio!». 

Cometióse entonces, á nuestro parecer, una omisión 
trascendental, pues de ella provino la lenta pero segura 
desaparición del monasterio. El Ayuntamiento llamó á 
la Comunidad de presbíteros y les propuso trasladarse 
á Santa María ; ellos hicieron presente que no podían 
admitir la propuesta sin anuencia del Iltre. Borrell, 
prelado ordinario de la villa, al cual incumbía entender 
en el asunto. ¿Porqué la Corporación municipal, ni en 
esta ni en las muchas cuestiones que surgieron, no con- 
sultó, ni siquiera invitó á su prelado? La dignidad del 
Iltre. Borrell en 1842 era igual á la de su antecesor, 
cuando veinte años antes fué suprimida por vez prime- 



- 269 - 

ra su Comunidad (1). Los dignos presbíteros de San Pe- 
dro, se veian en la imposibilidad de aceptar la oferta 
en los términos que se les proponía, en nada contribu- 
yeron pues á la ruina, como inconsideradamente han 
querido suponer los que precisamente no han dado 
pruebas de grande entusiasmo por la conservación del 
Monumento. 

Pasado el término concedido, la parte monumental 
del cenobio volvió al gobierno, y la descorazonada de- 
samortización amenazó, de continuo desde entonces, 
borrar el recuerdo más glorioso de la antigua Cataluña. 
Para colmo de desgracia, si bien la catástrofe de 1839 
habia operado una favorable reacción en favor del mo- 
nasterio, no faltó gente insensible para el Arte y para 
la Historia, que espiaba el momento de hacer su ruin 
negocio con la compra á bajisimo precio de los terrenos 
de la abadía. 

La vida del ilustre prelado aplazaba la ejecución de 
esos viles proyectos : su muerte no se hizo esperar. 
Agobiado por los años y escaso de recursos, tuvo que 
trasladarse desde Borredá á Talarn su país natal , don- 
de hasta el fin de sus dias siguió dando ejemplo de ca- 
ridad , mansedumbre y demás virtudes que le adorna- 
ban. Diariamente celebraba en la parroquial iglesia la 
santa misa, usando propios ornamentos ; antes de morir 
dispuso que fuesen devueltos á Santa María algunos 
de los objetos ^á su custodia confiados. Falleció en su 
patria á 27 de octubre de 1845, á la avanzada edad de 



(1) Recuérdese que á consecuencia del decreto del 1." de octubre de 
1821 que firmó Fernando VII antes de partir al Escorial, fueron supri- 
midos un número considerable de monasterios, y sus bienes invertidos 
en el pago de la deuda. Entonces, como hemos apuntado más arriba, el 
abad Portella se habia quedado en su palacio con el nuevo nombre de 
Prelado ordinario, con territorio separado, veré nullius. 



~ 270 ^ 

81 años, nueve meses. Fué enterrado modestamente en 
el cementerio, sin que un sencillo epitafio recuerde SJi 
dignidad, sus virtudes y sus desgracias (1). 

Poco á poco le siguieron al sepulcro los individuos de 
su Capítulo; hoy han desaparecido ya todos los compa-^ 
ñeros del piadoso D. Manuel de Llisach y del sabio D, 
Roque de Olzinellas. Su memoria bendita estará siem- 
pre gloriosamente enlazada con el primer recuerdo mo- 
numental de la Reconquista (2). 

Vacante la Sede abacial con la muerte del respeta- 
ble octogenario, fueron nombrados delegados apos- 
tólicos de la abadía los sucesores del Abad Oliva en el 
obispado de Vich, habiendo gozado de esta prerogativa 
sucesivamente los Illtres. Obispos Luciajio Gasade- 
valí, Antonio Palau, José Castañer y Luis Jordá, hasta 
que por las Letras apostólicas de nuestro Santísimo 
Padre Pió IX, de santa y gloriosa memoria , dadas en 
San Pedro de Roma á 14 de Julio del año 1873, fueron 
abolidas en España todas las jurisdicciones eclesiásticas 
privilegiadas, y agregados á las Diócesis inmediatas los 
territorios, lugares y monasterios á dichas jurisjJiccio- 
nes sujetos, La abadía de RipoU inaugurada en 873 en 
Daguino, terminaba después de mil años justos y cabales 
con las Letras apostólicas de 1873. 
. Doloroso es ahora consignar como, á partir del año 
1846, la destrucción del cenobio fué consumada por el 



(1) Nos complacemos en hacer constar que la mayor parte de los por- 
menores que del Abad Borrell referimos, los debemos al Rdo. Junoy 
cura párroco de Talarn, quién sin conocernos, se apresuró con un celo 
digno de' elogio, á satisfacer cuantas preguntas le dirigíamos en la carta 
que al objeto le remitimos. 

(2) Aunque suprimidas las órdenes religiosas en 8 de marzo de 1836, 
visitaban los benedictinos con frecuencia su querido cenobio, habiendo 
podido salvar, según tenemos entendido, dos cajones de alhajas que en 
1842 salieron de la villa. 



delegado de la desamortizaQÍón con tan repugnante ci- 
nismo y aparato vandálico, que dejó muy atrás á los 
incendiarios de 1835. 

No entraremos en pormenores odiosos acerca de las 
miserias que presenciamos, sólo para satisfacer las exi- 
gencias de la Historia, diremos en general que el ma- 
gestuoso palacio de los egregios varones que tanto lus- 
tre dieron ala Iglesia y á la patria, aquel magnífico y 
vasto edificio, el mejor de la villa, que al parecer debia 
respetar la desamortización por ser la morada del Pre- 
lado ordinario, con territorio separado, veré nuUius; fué 
siu embargo vendido á ínfimo precio con todas sus de- 
pendencias. En vano buscarla hoy el curioso el área 
que ocupaba: casas de particulares lo han reemplazado, 
sin que el pueblo vea en ellas, como en mejores dias, la 
morada de sus especiales bienhechores. A la venta y 
demolición del palacio abacial siguió la del molino y 
alfolí de Arnulfo, el Colegio May, y en cuanto á las de- 
más casas monacales fueron , según expresión de un 
notable escritor, el arsenal de los necesitados , á donde 
acudieron en busca de hierro, muebles, tejas, ladrillos 
y maderaje, hasta que al descubierto y sujetas á la in- 
temperie, quedaron completamente arruinadas. Si se 
exceptúa la Curia del Vicario destinada á estudios y 
Gasas Consistoriales, y el edificio cedido para Hospital, 
hoy sólo existen recuerdos históricos de lo que fué 
Monasterio. 

Igual suerte hubiera cabido sin duda al Real Santua- 
rio, más protegido por ía tiernísima devoción que á su 
excelsa Patrona tienen los habitantes de aquella comar- 
ca, por los anatema,s pontificios y por los recuerdos pa- 
trios, las tentativas de destrucción han salido siempre 
desgraciadas. Las paredes de Santa María queman 

LAS MANOS, DE LOS QUE, SE ATREVEN Á PROFANARLAS. Tal 

es la expresión que ha pasado á proverbio en el alta 



— 272 — 

montaña: la experiencia ha demostrado, en distintas 
ocasiones, la verdad de tal proverbio. 

Aplazado el proyecto de convertir la basílica en pa- 
rroquial, los devotos de Santa María, no desistieron en 
su en^peño de salvarlo, y esperaron mejores tiempos para 
el fin que anhelaban. Vanas hablan de ser por desgra- 
cia tales medidas; la iglesia, lo repetimos, llevaba en sí 
misma desde el siglo IV el principio de su ruina, que 
hubiera evitado el arquitecto en 1827, si en vez de des- 
truir las antiguas naves laterales, hubiese sustituido 
la gran nave ojival con la primitiva. Nunca deplora- 
remos bastante el error entonces cometido , pues mien- 
tras contemplábamos íntegra y sólida la nave del cru- 
cero que se remonta á la época de Oliva, la ojival no 
tardó en derrumbarse, sin que sean precisos grandes 
conocimientos arquitectónicos para juzgar que la obra 
de 1826 á 1830 fué tan costosa como falsa : desde enton- 
ces dató la ruina del Real Santuario. Con lo dicho no 
pretendemos excusar la avidez, el delirio, el salva- 
jismo de los que por todos los medios posibles trataron 
de apresurar la catástrofe, destejando la iglesia, - aser- 
rando el maderamen de la techumbre, dejando á la in- 
temperie la gran bóveda ojival. 

Parte integrante de la iglesia es el grandioso clajis- 
tro, completo y sólido como en sus mejores dias en 1846. 
Visitólo en dicho año el distinguido jtirisconsulto Heras 
de Puig ; él fué la primera voz amiga que rogó opor- 
tunamente á la Comisión de Monumentos que salvase la 
obra maestra de Berga, Besora y Descatllar. Hé aquí 
sus palabras : La puerta de la iglesia se halla actual- 
mente tapiada, con el objeto sin duda de impedir que 
acabe de destruirse lo que hasta ahora ha podido salvar- 
se ; pero es verdaderamente lamentable que no se haya 
tomado igual medida de precaución con respecto al sun- 
tuoso claustro... y con este motivo creemos deber rogar á 



— 273 — 

la Comisión de Monumentos artísticos de la provincia, 
que procure se tapie la puerta por donde el público puede 
penetrar en el claustr o, á fin de que se evite el malogro 
de lo que hasta ahora no ha sido destruido (1). 

¿Quién pensara que en vez de llegar alguna medi- 
da salvadora de la capital de provincia, pocos meses 
después el comisionado de la desamortización vendería 
á ínfimo precio el artesonado que tanto realzaba aque- 
lla maravilla del Arte? Consignemos con dolor que dicho 
funcionario público llevó á cabo con toda libertad su 
vandálico negocio, con tal imprevisión ó previsión que, 
rotos los estribos que ligaban las grandiosas arcadas 
con la pared del Capítulo, se desplomó en febrero de 1847 
el ala correspondiente á la galería donde están sepulta- 
dos los primitivos Condes de Besalú y de Barcelona. 
Con las arcadas se derrumbo la pared del Capítulo, y los 
templetes erigidos encima de las tumbas de Wifredo el 
Velloso y de Bernardo Tallq,ferro, que en aquella se 
apoyaban. 

La trágica muerte del comisionado de la desamorti- 
zación, víctima del suicidio á que le condujo, al parecer, 
un momento de enagenación mental (2), aterrorizó á los 
pocos que le secundaban, y una noble reacción atajó 
proy,ectos bastardos, sobre todo después que distingui- 
dos escritores afearon el abandono con que era mirada 
la mejor gloria de Cataluña (3). 



(1) Excursión á la Montaña de la provincia de Gerona, pág. 36. 

(2) A altas horas de la noche levantóse gritando que los monjes le 
ahogaban, y se echó de un tercer piso. ' 

(3) Nos referimos á la parte que Ik monumental obra : Recuerdos rj 
bellezas de España dedica á Santa María, y sobre todo á la lucubración 
titulada: Cuatro perlas de un collar, debida al eminente poeta D. Víctor 
Balaguer. Siempre recordaremos la honda impresión que en nuestra ni- 
ñez nos produjo la lectura de aquellas bellísimas páginas en que tanto se 

18 



— 274 — 

A este último objeto en 25 de agosto de 1850 la Exce- 
lentísima Junta Central de Monumentos artísticos é his- 
tóricos del Reino confió al Dr. D. Eudaldo Raguer la 
custodia y reparación de la parte monumental, envián- 
dole con el nombramiento escasos fondos, destinados al 
cumplimiento de su cargo, y en 12 de agosto de 1851 le 
fué expedido, á propuesta de la superior, el nombra- 
miento de vocal de la Junta de Monumentos de la pro- 
vincia. Grande fué el celo desplegado por Raguer; 
cuando otros datos no lo atestiguaran bastaría exami- 
nar en el archivo de la Comisión de Monumentos de la 
provincia su activa correspondencia encaminada al lo- 
gro de sus nobles aspiraciones. Sin embargo, apesar de 
ser Raguer el hombre que en aquella desdichada época 
se necesitaba, sólo le fué dable prolongar la agonía del 
que estaba herido de muerte. Varias son las veces que 
hemos hecho notar providenciales coincidencias entre 
fechas memorables para la historia de Cataluña y la del 
Real Santuario, el terrible Cólera de 1854 nos recuerda 
también los fatales momentos en que se consumó la 
ruina, y aquí nos dispensará el lector una breve digre- 
sión, bien triste por cierto, sobre el último Adiós de los 
ripolleses á Santa María y de Santa María á los ri- 
polleses. 

Era el mes de septiembre de 1854, el Cólera morbo 
habia invadido Cataluña, despobláronse las ciudades, 
las familias buscaban en lo más recóndito de las mon- 
tañas un asilo que no encontraron. El terrible azote se 
cebó lo mismo en populosas ciudades que en las más 



realza al gran monumento de Wii'redo. De entonces data nuestro í'ei'- 
viente cariño al monasterio, á las Cuatro perlas de un collar se debe 
por más de un concepto la presente Reseña. 



— 275 ~ 

insignificantes aldeas. La villa estaba atestada de fo- 
rasteros, el Ayuntamiento habia tomado serias pro- 
videncias para alejar la misteriosa plaga y, en la 
previsión de su impotencia, habia creado una Junta de 
socorros, alquilado sepultureros y adquirido un espa- 
cioso campo para cementerio, hasta entonces sito ante 
la parroquial. El Cólera, cuál ángel exterminador, se 
presentó arrebatando en pocos días las personas más 
notables, lasque componían el Ayuntamiento y casi 
toda la Junta de socorros : contadas fueron las familias 
que no tuviesen que lamentar la pérdida de alguno de 
sus miembros. 

Como medida sanitaria, cuantos morian eran arreba- 
tados al momento á las casas y depositados, como 
en última despedida, durante algunas horas eíi el fúne- 
bre y solitario recinto de Santa María, únicamente 
visitado entonces por las cigüeñas que anidaban en las 
alturas del bizantino campanario y por los azores y 
aves nocturnas que revoloteaban con pavoroso chirrido 
por. entre sus bóvedas ennegrecidas y ruinosas. 

Allí, en aquel lúgubre templo abandonado, antes re- 
gia morada de la excelsa Protectora de Cataluña, ob- 
servamos largas hileras de ataúdes, allí aguardaban su 
turno para ser enterrados en el nuevo cementerio los 
que hablan constituido el Ayuntamiento, allí varios po- 
bres huérfanos, vimos, por última vez, entre multitud 
de cadáveres, los de nuestros amados padres, y pro- 
rumpimos entre sollozos con los que nos acompañaban: 
Santa María, madre de los desamparados, proteged- 
nosl Triste espectáculo era aquel, perdíamos enton- 
ces lo que el hombre más ama en el mundo, nos despe- 
díamos de nuestros difuntos padres con abundantes lá- 
grimas, en el sagrado recinto que iba por momentos á 
dejar de ser antiquísimo y seguro baluarte de la pobla- 
ción afligida, para recordarnos, convertido en lamenta- 



-276- 

bles ruinas, el principio de nuestra orfandad (1), Ter- 
minó efectivamente la década de 1850 á 1860 con el 
hundimiento de casi toda la bóveda del centro. 

Deplorable era el aspecto que á la sazón ofrecía la 
iglesia, los escombros formaban un monte de ingente 
ruina en medio del recinto ; el musgo, los zarzales, los 
abrojos y aún los árboles medraban allí con exhuberan- 
cia portentosa, gracias á las aguas de la vecina acequia 
que al interior con ímpetu por varios conductos se pre- 
cipitaban. Encaramábase la trepadora hiedra y extendía- 
se por doquiera, ocultando tras de si la portada medio 
cubierta por las ruinaos del pórtico de Nuestra Señora, 
ocultando asimismo los ábsides, los robustos muros con 
gran parte de la torre-campanario , como si solícita 
quisiese librar lo aún existente de los ávidos ojos de la 
ignorancia y de la codicia. A tal estado vimos reducido 
el gran templo durante los primeros años de nuestra 
juventud. El corazón más insensible sentía al visitarlo 
emociones desconocidas, el rostro se encendía en ver- 
güenza al contemplar el punible abandono del primer 
recuerdo monumental de la Reconquista, la Historia y 
el Arte , las ciencias y las letras protestaban contra ta- 
maña iniquidad, y nunca tal vez nuestra lengua encon- 
trará acentos más duros y enérgicos que los que brota- 
ron de la inspiración del laureado poeta D. Francisco 
Ubach, cuando indignado ante las venerandas ruinas, 
prorrumpió en aquellos elegiacos versos de su popular 
composición titulada : ¡ Ripoll !. 

Honren ellos el fin del presente capítulo , ningún si- 
tio más oportuno é indicado para los mismos, el lector 



(1) La multitud de ripolleses que hoy viven y fueron testigos del Có- 
lera en 1854, saben que cuanto aquí dejamos apuntado es histórico en 
sus más insignificantes pormenores. 



— 277 -- 

los echaría de menos, si aquí no se los transcribié- 
semos: 

¡RIFOLL! 



Ja sóm aquí. Gom va lo fill á veure, 
No vembre al arribar , lo vas deis pares, 
me 'm vinch jo al cementir, ab uUs plorosos, 
de las glorias capdalts de ma nissaga. 
Ayre, Senyor, que lo respir no 'm manque, 
si á dins fet trossos lo meu cor saltava, 
si foll d'.indignació 1' ira 'm desboca 
tanteja '1 pes de mas brusentas Uágrimas. 
Lleváus, héroes capdalts ; Comtes de ferro, 
trencáu, si foreu tais, vostras mortallas, 
que mes que Llátzers flagellants mirarvos, 
d' aquest trist lloch la soletat m' espanta. 
Veniu, guiáume, arreplegáu las cendras 
en jorns de dol per mans de borts ventadas; 
jo so deis vostres, jo so un fill que torna 
y la casa payral troba arrunada! 

¿Qué fou del moniment? ¿Quina es la forsa 
qu' esgabellá 1' inmensa carcanada, 
donant en térra ab la grandesa tota 
de las valentas, secuíars arcadas? 
¿Quí ha rabassat las marvellosas joyas, 
quin vent s' ha enduyt las colossals estatuas, 
quín terratréihol ha esvahit las tombas, 
quí ha despenjat los delicats retaulas? 
Aras, pinturas, torricons, reliquias, 
tot es perdut ; tot ho cercám debades ; 
tan sóls ne resta un temporal de pedra, 
un mar de runas y un padró d' infamia! 
No apar sino que un negre estol de furias 



— 278 — 

per sos muráis haguós fregat sas alas, 
y profanat lo moniment al véures, 
en térra avergonyit se deixás caure ! 

Jo '1 mir' y 'm sembla quan la nit desplega 
son róssech de tenebras, la fantasma 
que, no cabent en lo fossardels segles, 
las horas compta á son portal sentada. 
M' apar en llurs pilans veure una ossera 
per feras famolencas descarnada, 
y en lo buydor deis finestrals las concas 
d' uns uUs que al esperit enamoraban . 
Sentó en la fosca rodolar las pedras 
pél vent que xiula de son lloch tombadas, 
y 1' ólÍYa xisclar, quan se deixonda 
pél fort tarrabastall esparverada. 

Y s' alsan los recorts, y preñen forma, 
y passan per mos ulls tristas imatges, 
cossos sens ombra á qual trepitx sorollan 
las llosas del traspól escarbotantse. 

Y veig r Emperador de las llegendas, 
son roig mantell y son plomall al ayre ; 
r atlétich Gomte ton patró y á 1' hora 
de Catalunya redemptor y pare. 
Lo brau marit de la gentil Na Dolga, 
espill de cavallers ; lo qui portava 
las fitas del comtat entre sos bragos, 
hont roda 1' Ebre sa corrent de plata. 
Rodolf ; ton primé' abat ; aquell que '1 ferro 
partía al brant de sa potenta espasa ; 
Pallars, Rocabertís, guerrers y monjes, 
mártirs y sants y trovadors y damas. 

Y tots, planyentse en funeral silenci 
la testa al pit ab sentiment acalan, 



— 279 — 

fins que 'Is allunya 1' infernal botzina 
del Comte Arnau que pél Frezer devallal 

Recorts, recorts tan sóls, débil estela 
que cada dia va minvant son rastre, 
celístia de la nit, confosa idea 
que guarda 1' orfe deis patons delpare. 
Debades lo desitx ab yeu conmosa 
las gestas del passat aquí demana, 
y 'Is ulls fituran per' llegí' en la pedra 
dictats que un dia hi consigna 1' escarpra. 
Per un forat de la trencada volta 
tan sóls la lluna un de sos raigs devalla, 
mostrantne 1' eura que ais pilans s' aferra 
y 'is raurs descarna ab sas arrels furgantas. 
Mentres del cor los debatechs recompta 
r eco perdut que péls racons s' amaga, 
y al moure jo lo peu per las ruinas 
murmura queixas escarnint petjadas. 

Y demá ni '1 recort, demá ni I' eco, 
demá Ripoll demanaréu debades! 
un mar d' espigas rublirá la térra 
y estendrá I' olivera aquí sas brancas. 
Cantant tal volta I' Cpmte Arnau, remoga 
rústech pagés despulles venerables, 
y dintre 1' sol osque un pilar la relia, 
quan ell recordé de Ripoll las/aa¿as. 
Demá, si d' aquets héroes que aquí jauhen, 
si d' est temple esfondrat algú li parla, 
incrédul se 'n riurá duptant que un dia 
tingues filis de tal lley la mare patria. 
Mes, sens conéixels, si la patria crida 
r ajuda de sos filis, punyará I' arma, 
y héroe será, puix bullirá en s?is venas 
deis héroes de Ripoll 1' ardenta sava! 



— 280 — 

Hoy que, gracias á la inquebrantable constancia y 
admirable solicitud del digno sucesor de Oliva el 
Excmo. ó Illmo. Dr. D. José Morgades y Gili, ha vuelto 
á aparecer la basílica del siglo XI con todo su explen- 
dor,. serán calificados acaso de pronóstico de vate pesi- 
mista los versos : 

Y demá ni 'I recoH. . . . demá ni V eco 
Demá Ripoll demanareu devades ! 

Necesario se hace por lo tanto recordar que, al hun- 
dimiento de la bóveda, siguió una época en que el frió 
egoismo no veia más que piedra vendible en aquellos 
restos históricos y artísticos ; una época en que men- 
guados especuladores, para quienes no hay más Historia 
que el negocio ni más Arte que el de Midas, habían 
osado tasar en 8000 pesetas la cantera de Santa María, 
¡ El Panteón de nuestros Condes, la Casa paterna de 
nuestras glorias no excedían para ciertas inteligencias 
y corazones, al precio de 8000 pesetas ! En esos ruines 
tratos se andaba treinta años atrás, cuando tantas ad- 
versidades y audacia quitaron la esperanza de salvar 
el monumento, de tal suerte que el delegado Raguer, 
juzgando ya inútil su cargo, presentó respetuoso la di- 
misión, suplicando al despedirse de sus queridas rui- 
nas, se concediese á lo más precioso siquiera un local 
para museo, en donde las futuras generaciones pudiesen 
admirar, por los despojos, lo que había sido en su parte 
artística el desaparecido monumento nacional de los 
catalanes. 



CAPITULO XVI 

PERÍODO CIVIL DE LA RESTAURACIÓN DE LA 
BASÍLICA OLIVANA. 



Ruinas que facilitan la restauración.— Tres condiciones indispensables 
para lograrla. — Inventario de lo subsistente y digno de conservarse.— 
Reacción favorable á la restauración de la basílica. — La Academia de 
Bellas Artes de Barcelona en el monasterio. — Inauguración de las 
obras, planos de D. Elias Rogent. — Entusiasmo de los montañeses, 
jornales gratuitos. — ElJoyelde Wifredo, la Perla del Pirineo.— OhrsiS 
en 1863 efectuadas y sus consecuencias. —El monasterio es confiado á 
la Comisión de monumentos gerundense. — Visita la Comisión la basí- 
lica en 1867, resultados. — Delegación extraordinaria, hallazgo de los 
restos de Wifredo el Velloso. — Proyecto para convertir la basílica en 
parroquial. — Consideraciones contra la idea de conservar la parte mo- 
numental de Santa María en estado de ruina, — Nueva visita de la Co- 
misión en 1877, reconocimiento del sepulcro de Bernardo Taliaferro.— 
El trienio de la delegación de D. José M.* Pellicer y Pagés. —Estado de 
la basílica y su claustro en 1881. 




EMASiADo pronto el desaliento se apoderó del 
benemérito delegado Raguer. El hundi- 
^C miento de la bóveda ojival en vez de contra- 
tiempo fué un gran bien para la futura suer- 
te de la basílica. Aquella bóveda que en mal 
hora reemplazó en el siglo XV la de medio 
cañón, quitaba al conjunto la homogeneidad, y era una 
constante amenaza de la ruina que tarde ó temprano 
había de sobrevenir. Las obras del año 1826 no hicieron 
más que aplazarla, y los futuros gastos para continuas 



— 282 — 

reparaciones pudieron aprovecharse desde luego en 
devolver al templo su propio estilo románico. Germina- 
ba, pues, del cúmulo de ingente ruina la esperanza de 
restauración mejorada, tal como á no dudarlo la hubie- 
ran llevado á cabo, andando los años, los ilustres bene- 
dictinos, á no haber sido víctimas de las discordias 
civiles. 

Para tan alta empresa tres condiciones hablan de sa- 
tisfacerse. 1.* Dadas las construcciones que restaban 
del siglo XI en 1860, levantar los planos completos de la 
basílica, tal como se admiraba el dia de la cuarta dedi- 
cación. 2.* Despejar el templo de las adiciones, super- 
posiciones y adosamientos heterogéneos, que tenían 
como encerradas y privadas de. luz las construcciones 
de Oliva. 3.* y principalísima : Construir tal como es- 
taba antes del siglo XV lo desaparecido en 1429 y en 
1826. Esto por lo que se refiere á la iglesia. El Claustro- 
Panteón exigía nueva techumbre, nuevos artesonados, 
la reconstrucción del ala de los sepulcros, evitar la in- 
minente ruina de las dos alas que en el plano forman 
ángulo con la de los sepulcros, y librar la restante de la 
pesada pared que sobre la cornisa superior de la co- 
lumnata se levantaba. 

Todo lo dicho se habia de tener en cuenta para una 
completa restauración, la historia la exigía y también 
la parte artística y literaria, de las que subsistía lo si- 
guiente : 

1 ° Conservada, aunque desfigurada con gigantescos 
adosamientos, el elegantísimo ábside, único en su cla- 
se en España. 

2," Sólida, como en el siglo XI en que fué construi- 
da, la bóveda del crucero, 

3." Bastante conservado (para sacar la copia que 
publicamos) el singular pavimentó en mosaico del 
presbiterio. 



— 283 — 

í." Erigidas las antiguas paredes exteriores de la 
iglesia, y la mitad de las grandiosas arcadas interiores, 
en toda su longitud. 

5." Completa la incomparable portada. 

6." íntegras más de las tres cuartas partes del pri- 
moroso claustro. 

7." Cuidadosamente guardadas varias lápidas y 
sarcófagos, entre los que sobresalen el de Berenguer 
III el Grande , el de Oliva y todas las piezas labradas 
del templete de Talla/erro , cuyo sepulcro y el de los 
restantes príncipes catalanes en el cenobio enterrados 
quedaban por explorar. (Apén. III). 

8." Enteras las artísticas claves de la bóveda ojival, 
y guardados en su propio sitio (del cual luego fueron 
inconsideradamente arrancados) el precioso retablo de 
mármol, de S. Nicolás, y una excelente pintura de San 
Jorje sobre tabla. 

9.° Sumamente veneradas las excelentes imágenes 
del Santo Cristo, de la Virgen Dolorosa y del Sagrado 
Corazón de Jesús, pertenecientes á la basílica. Existen- 
tes también varias joyas de orfebrería para adorno de 
dichas Imágenes, además un sello abacial, el de Capí- 
tulo y la lámina en cobre de la Imagen antigua. 

10. Guardadas en el archivo de San Pedro copias 
autorizadas de varios originales del archivo de Santa 
María, y publicados en célebres obras los documentos 
más interesantes para la historia del insigne monu- 
mento. 

11. Depositados en el Real Archivo de la Corona 
de Aragón doscientos treinta y tres preciosos códices 
antiguos, pertenecientes al mismo Real Santuario. 

12. Cuidadosamente guardados en la torre-campa- 
nario, que aún se levantaba erguida y majestuosa, co- 
mo protestando de ulteriores despojos, varias otras 
preciosidades que seria proejo enumerar. 



— 284 — 

Diremos ahora como las indicadas condiciones fueron 
llenadas á través de mil obstáculos, hasta el logro de 
completa restauración. Apenas se habia hecho público 
el proyecto de la escandalosa venta, un sentimiento de 
noble indignación se apoderó de todos los amantes de 
las glorias patrias, la prensa sin distinción de matices 
emprendió una vigorosa campaña contra el abyecto 
propósito (1), y mientras en los valles del Ter y del Fra- 
ser á la monomanía de los destructores se oponia la ac- 
titud decidida de las más notables familias, la Real 
Academia de- Bellas Artes de Barcelona, de acuerdo 
con la de San Fernando, destinaba una comisión al mo^ 
nasterio, y tuvo el honor de terminar el vandalismo é 
inaugurar la era de las grandes reparaciones. 

Componían la comisión los académicos Sres. D. Ma- 
nuel Milá y Fontanals, D. Andrés de Ferrán, D. Clau- 
dio de Lorenzale, D. Francisco de P. Villar y D. Elias 
Rogent, á quienes se agregaron el Excmo. Sr. D. Nico- 
lás de Penal ver, D. Terencio Thos y Codina, D. N, 
Brosa y D. Juan Mané y Flaquer, la cual por de pronto 
destinó 8000 reales para las obras más precisas y con- 
ducentes á evitar ulteriores desprefectos. Esta exigua 
cantidad, el tacto exquisito con que la comisión proce- 
día y , sobretodo , la persuasión que toda la comarca 
monasterial adquirió de que se trataba de salvar la ba- 
sílica ; hé aquí tres causas que explicar pueden el ex- 
traordinario entusiasmo que repentinamente se desper- 
tó en el alta montaña en pro de aquella inolvidable 
comisión, que además tuvo la feliz idea, realizada por 
el insigne arquitecto D. Elias Rogent, de levantar los 



(1) Notables fueron los artículos Cataluña y sus ruinas, por D. Juan 
Mané y Flaquer, publicados en el Diario de Barcelona, núms. 259 y 300, 
correspondientes al 15 de septiembre y al 27 de octubre de 1861. 



^ 285 — 

planos de la Basílica Olivana, tal como se admiraba en 
el siglo XI, dejando con ellos bien trazado el camino 
que seguirse debia en las futuras obras. Con esto la 
primera condición quedaba cumplida, y como los planos 
resultaron una obra maestra, capaz por si sola de for- 
mar la reputación de un sabio bajo el punto de vista 
arquitectónico y arqueológico, no sólo quedó trazado el 
camino, sino alentada y robustecida la aspiración de 
cuantos al amor de la patria anadian el del monumento, 
que de tan gallarda manera podría volver á reflejar las 
glorias de los siglos de oro para el Principado (1). 

El entusiasmo de los montañeses se externó de una 
manera imponente y consoladora; nombróse una Jun- 
ta ripollense que iniciase con los 8000 reales la re- 
construcción de la basílica, los jóvenes de la villa mo- 
nasterial se alistaron en la nueva sociedad titulada : El 
Joyel de Wifredo, de la que era el alma nuestro querido 
amigo D. Juan Poncio Deop, y contaban con un perió- 
dico en que se reflejaban sus bellos ideales : «La Perla 
del Pirineo.» 

Véase de que manera da cuenta ese periódico, en su 
número correspondiente al 15 de marzo de 1863, de la 
inauguración de las obras : 

« El dia 21 del pasado mes, á las ocho y media de la 
noche, por mandato de la celosa Comisión . que tiene 
aquí nombrada la Academia de Bellas Artes para repa- 
rar nuestro monumento, recorrió las calles el pregone- 
ro de la parroquial, invitando á los vecinos á que asis- 
tieran el dia siguiente por la mañana á limpiar lá nave 
central del templo, donde en breve han de empezar los 



(1) El estudio que presuponen los planos podrá en algo entenderse 
leyendo el concienzudo Informe sobre las obras realizadas en la basí- 
lica ij las fuentes de la restauración, por el mismo Sr. Rogent. Barcelo- 
na, imprenta de la viuda é hijos de J.Subirana, 1887. 



-286- 

trabajos de albañil. No fué por cierto desatendido este 
llamamiento. Al rayar el alba acudieron presurosas al 
trabajo voluntario unas 150 personas de uno y otro sexo, 
de diferentes edades, de dentro y fuera de la población, 
despejando aquellos montones de escombros ¡pás- 
mese , Sr. Director ! en sólo dos dias festivos se ha 
limpiado la mitad del trozo de los arcos superiores y la 
mitad de la nave central , ayer se descubrió también la 
cripta de los monjes, cuyo hundimiento proviene del 
desplome de la bóveda central del templo. 

Se están construyendo utensilios de albañilería, y 
también un gran horno de cal, de suerte que á cada 
hornada se van á lograr más de 100 quintales de este 
material..,. 

En nombre de los patricios, entusiastas de este histó- 
rico monumento, puede V., Sr. Director, disponer como 
guste de ellos, y en su representación de su fiel amigo 
y S. S.— J. D. D.» 

La cantidad concedida por la Academia de Bellas Ar- 
tes aumentó prodigiosamente á partir de la inaugura- 
ción de los trabajos. Nuestro querido hermano Pedro 
Pellicer y Pagés se encargó de levantar á sus expensas 
el gran muro lateral del oriente del crucero , obra ne- 
cesaria, pues sin ella, falta de apoyo la bóveda, hubiera 
sufrido la suerte de la central. Se levantó asimismo la 
pared del Capitulo, fueron restaurados los arcos del 
pórtico con su techumbre y la del campanario, el tem- 
plo quedó como por encanto despejado de los escombros 
de la bóveda ojival, y se clasificó y ordenó en un impro- 
visado museo lo digno de conservarse. 

El delegado Raguer, que ya antes habia dado pruebas 
de su generosidad cediendo para el claustro el madera- 
men á la reconstrucción de su propia casa destinado, 
atendía á todo, y mientras apelaba á mil ingeniosos 
recursos para alimentar el. entusiasmo de la población; 



- 287 - 

secundábale admirablemente el nombrado Pellicer es- 
cribiendo para varios periódicos de Barcelona, Vich, 
y Gerona notables artículos (1), que despertaron el 
amor y la hidalguía catalana en pro de la gigantesca 
empresa inaugurada con tal desprendimiento, que du- 
rante algunos meses no se echó de ver la carencia de 
fondos. 

Agotáronse por fin estos, después de edificado lo in- 
dispensable para conservar lo existente , no siendo este 
el único resultado , pues si bien fueron interrumpidos 
los trabajos, la idea de restaurar el monumento no de- 
bía borrarse más. Resonaban por las calles y en las 
montañas cánticos alusivos á tan noble objeto, cundió 
desde entonces por todo Cataluña el mismo propósito, 
el temor había sucedido á la audacia en los antimonas- 
teriales, y eran reemplazados por una juventud inteli- 
gente, laboriosa, dispuesta á devolver, por todos los me- 
dios posibles, la gloría que una generación ingrata 
había tratado de usurpar al insigne cenobio. ¡ Bellos 
días los de la inauguración de las obras ! Los recorda- 
mos con indecible cariño, cual se recuerda una santa 
acción de la que tal vez ha dependido la dicha del por- 
venir. Sin las obras de 1863 la basílica pertenecería ya 
á la historia. ¡ Loor eterno á cuantos contribuyeron á 
realizarlas ! 

Motivos cuya enumeración sería agena del presente 
trabajo, impidieron á la Academia de Bellas Artes de 
Barcelona llevar á cabo sus planes, encargándose en 
adelante del monumento de Santa María la Comisión 
de Monumentos gerundense. Esta benemérita Junta, 
enamorada con preferencia del Claustro , dedicóle casi 



(1) Llamó en gran manera la atención y fué reproducido por varios 
periódicos el trabajo cuyo epígrafe era: Una Jorja regalada á la patria, 
por el inmortal Wifredo el Velloso, 



-- 288 — 

exclusivamente sus trabajos. Presidida por D. Joaquín 
Pujol y Santo, amantísimo del Arte y cuyos generosos 
sentimientos corrían parejas con sus elevadas miras, 
visitó en 1867 el monasterio al objeto de invertir en 
nuevas obras 10,000 reales por el gobierno concedidos. 
Invirtióse casi toda esta cantidad en solidar las galerías 
del Claustro-Panteón, y el arquitecto provincial D. Mar- 
tín Sureda, insiguiendo la idea de D. Elias Rogent, 
hizo reconstruir el muro paralelo á los ábsides de la 
derecha, con lo cual en las naves laterales quedaba 
inaugurada la reconstrucción anterior á los adefesios 
de 1826. Estaba entonces presente, dedicado al estudio 
de la portada, el que estas líneas escribe, y fué testigo 
del buen celo que á la Comisión gerundense animaba, 
siendo la primera que por medio de la fotografía popu- 
larizó las bellezas claustrales y otros insignes restos, 
descollando entre ellos la preciosa reproducción de di- 
cha portada, hecha por el insigne pintor Berga. 

Trascendentales acontecimientos políticos suspendie- 
ron luego los trabajos de la Comisión, pero veló de con- 
tinuo paraque el monumento nacional á ella confiado 
no se deteriorase en lo más mínimo. 

Notable ejemplo de solicitud y de actividad dio en la 
pasada guerra civil. Apenas llegó á su noticia que el 
partido contrario se habia apoderado del Real Santua- 
rio, y que por medio de indignos trabajos de albañilería 
estaba convertido el claustro en caballerizas, y en pajar 
el interior del templo, envió al que estas líneas escribe 
como Delegado extraordinario, para que en aquellas di- 
fíciles circunstancias pusiese oportuno remedio. 

Mil años cumplían entonces (874-1874) que Wifredo 
el Velloso, inaugurada felizmente la Reconquista en el 
valle de Ripoll, habia edificado el templo de Santa Ma- 
ría, y quiso la Providencia que. después de conseguir 
cumplidamente el Delegado el fin que se proponía, lo- 



— 289 — 

grase algo más, capaz de excitar el entusiasmo precur- 
sor de una completa restauración. Cónstale perfecta- 
mente á la Comisión con que motivo se empezaron 
excavaciones, y con que medios fueron hallados los 
restos del inmortal Conquistador, enterrado en un se- 
pulcro bisomo con su primogénito el obispo Rodulfo (1). 

El aspecto de tan preciosos restos, cuando fueron con 
todas las formalidades de costumbre exhumados, hizo 
renacer la idea de convertir la basílica de Santa María 
en parroquial necesaria, haciendo exclamar á los que se 
hallaban presentes: «ya que providencialmente y con fe- 
lices augurios para la nación descubrimos después de 
diez siglos los restos del inmortal conquistador de Ca- 
taluña y los de su primogénito ; ¿no es justo ultimar la 
reedificación del monumento nacional, que á la vez es 
su panteón, «el mayorazgo de toda su voluntad» y el 
símbolo de sus glorias? Las venerandas reliquias que 
contemplamos ¿no nos dicen,. acaso, con muda elocuen- 
cia : Restaurad la iglesia que hace mil años edifiqué, y 
en el mismo dia que yo celebré su dedicación primera, 
perpetuad en ella la memoria de la Reconquista de la 
patria?» (2). 

La Ilustre Comisión de Monumentos, atenta siempre 
á patrocinar las nobles ideas que tienden á realzar su 



(1) La Comisión mandó imprimirá sus expensas una Memoria titula- 
da: Breve reseña del resultado de la visita al Real Monasterio de Santa 
María de Bi/.oll, escrita por el Autor. Véase el Apéndice III. 

(2) Del entusiasmo de entonces resultó la creación de una Junta para 
allegar recursos en pro de la restauración del Real Santuario de Santa 
Mauia. Componian- la Junta los Señores siguientes: Rdo. D. Ramón 
Martí, Regente del Arciprestazgo, Presidente. D. Salvador Baquer, Te- 
sorero. D. Juan de Budallés, Interventor. D. Pedro Pellicer y Pagés, Se- 
cretario. Vocales: D. Agustín Cavallería y Deop, D. José Muntadas, Don 
José Raguer, D. Juan Palau, D. Francisco Martí y Mas, D. Ignacio Mar- 
tí Sobrevalls, D. Eudaldo Sadurní del Rech, D. Eudaldo Sadurní y Fran- 
quesa, D. Juan Martí y Font, 

19 



— 290 — 

instituto, se hizo muy pronto eco de los buenos deseos 
expresados ante la tumba de Wifredo el dia de los San- 
tos Reyes, del año 1875. El 4 de marzo del mismo año, 
laida por el Delegado extraordinario la «Breve reseña» 
sobre la visita y el importante hallazgo, acordó por 
unanimidad que se propusiesen los medios más fáciles 
y conducentes á llevar á cabo la obra á su custodia en- 
comendada. 

Nuestro querido amigo D. Enrique Claudio Girbal, 
Cronista de Gerona, Conservador del Museo Provincial 
é Inspector de Antigüedades, fué uno de los que la Co- 
misión designó para tan digno objeto, y al Delegado, au- 
tor de esta Reseña, le cupo el honor de ^desarrollar el 
proyecto de convertir en parroquial la basílica olivana. 

Por desgracia, después de la revolución de 1868, no 
eran favorables las corrientes para la completa restau- 
ración de la basílica, mucho menos para devolverla al 
culto. En el seno mismo de la Comisión habia cundido 
el parecer de conservar la parte monumental en estado 
de ruina, haciéndose las reparaciones convenientes 
como si de un monumento griego ó romano se tratase, 
no de un templo nacional en cuya consagración esta- 
ba interesada Cataluña. Preparados íbamos para las 
objeciones, y les salimos en nuestro Informe al en- 
cuentro de la siguiente manera : 

«Vamos ahora á ocuparnos de una idea que nos atre- 
veríamos á calificar de funesta, si la necesidad que tiene 
el municipio del Real Santuario no la hiciese altamente 
impopular é inoportuna. Ciertos prejuicios que de todas 
veras compadecemos, ya que de ninguna manera pode- 
mos justificar, han hecho sostener á varias personas 
(testigos indiferentes del vandálico proceder del segun- 
do comisionado de la desamortización) que las Reales 
Academias y Comisiones de Monumentos deberían li- 
mitarse á reparar y conservar en estado de ruina el 



.- 291 — 

claustro y la portada, que citan como única parte artís- 
tica de Santa María. Olvidan los tales que no menos 
artístico es el ábside del templo , el mosaico , las arca- 
das interiores, las bóvedas del crucero, las galerías de 
los muros exteriores; pero ¿á qué enumerar pormeno- 
res ? ¿ Acaso no se trata de las venerables reliquias de 
la iglesia de Oliva, llenas de interés bajo el punto de 
vista arqueológico y religioso, propias para excitar 
piadosas emociones en las almas, que al amor de la 
ciencia arqueológica unen el amor aún más vivo de la 
religión ? Años hace que se conservan como ruinas la 
portada y el claustro, y ¿qué efecto producen en el 
ánimo del verdadero artista? Si no fuese el más 
triste, seria el más ridículo que pudiera imaginarse. 
Belleza sin unidad en la variedad no es belleza, la uni- 
dad del Real Santuario consiste en el templo, para el 
cual fueron erigidos claustro y portada, sin el cual, 
portada y claustro, por admirables y artísticos que 
sean, nunca pasarán de ser ramas estériles desgajadas 
del árbol que las hacia frondosas. 

Estas y otras consideraciones nos sugiere el examen 
del monumento bajo el criterio artístico, si del Arte pa- 
sásemos á la Historia, repetiríamos con la mayoría de 
los catalanes: Si millones se necesitasen, millones debe- 
rían invertirse para salvar nuestro monumento nacio- 
nal, en el que está vinculado el glorioso recuerdo del 
origen del Principado. 

¿Quién hay que habiendo saludado nuestra historia ; 
al acercarse á Ripoll, al ver descollar el severo torreón 
bizantino por encima de las casas que se reflejan en las 
azuladas aguas del Ter, no exclama, perplejo el ánimo 
entre la admiración y el entusiasmo : ¡ Santa María ! 
veneremos el monumento que el inmortal Wifredo el 
Velloso levantó después de sus primeras victorias con- 
tra los sectarios del Corán 1 Expulsis agarénis qui tune 



- 292 — 

iemporis colones extiterant. Bajo este concepto, aunque 
no fuese una necesidad la que tiene la villa de una 
mieva parroquial, la noble España debería reconstruir- 
lo, pues mengua es ver abandonada la iglesia que tan 
sublimes momentos históricos recuerda , profanado el 
Panteón de antiquísimos ascendientes de S. M. el rey 
Alfonso XII , derruida la Sede de aquellos admirables 
abades, cuya serie (lo repetimos) constituye tal belleza 
moral en el tiempo, que supera á la artística que en el 
espacio contemplamos. 

Con estas breves reflexiones convenceríamos al artis- 
ta y al historiador; como católicos que añadiremos? Los 
que tan mezquina idea sostienen , han acogido con des- 
den las aspiraciones de los ripolleses, que son las que 
predominan en Cataluña, nosotros les respondemos: Si 
no sentís en vuestra alma la necesidad del templo, si- 
quiera se trate del de Santa María, al que diez siglos 
se han esmerado en entretejerle una corona de gloria; 
necesita el municipio agradecido orar en el sagrado re- 
cinto donde halló siempre consuelo y ventura; necesita 
Cataluña orar allí donde oraron sus príncipes por la fe- 
licidad de la patria que reconquistaron y dotaron de 
justas y sabias leyes; necesitamos los corazones católi- 
cos renovar el culto de Santa María, de aquella Virgen 
gloriosa, victoria en nuestras batallas, luz de la cien- 
cia patria, eslabón de oro que une la villa antigua con 
la moderna, inspiradora celestial del artista que nos le- 
gó las incomparables joyas artísticas que todos desean 
conservar. 

Intactas las trasmitía de generación en generación el 
culto de la devotísima Imagen, cesó este, y fué vendido 
el rico artesonado del claustro , arruinada el ala de los 
sepulcros, rotas las arcadas y techumbre del pórtico, 
mutiladas las esculturas de la portada, no por los in- 
cendiarios dé 1835 que, concretados á la iglesia, nada 



— 293 — 

derribaron , sino por el segundo comisionado de la desa- 
mortización quién, con toda la sangre fria que presta la 
impunidad, inauguró sus propósitos destructores en 
1846, sin que pusiese coto á tamaños escándalos nin- 
guna medida coercitiva de la Capital de la Provincia. 
Aconteció la trágica muerte del comisionado, y era tal el 
abandono del Real Santuario, que para impedir su com- 
pleta ruina, se han tenido que invertir 2,842 duros pro- 
cedentes de varias corporaciones. Juzgamos muy na- 
tural lo acontecido. En vano los que en el monumen- 
to religioso sólo saben admirar las bellezas del Arte, 
tratarán de conservarlas si prescinden del espíritu que 
las vivifica. No las conservarán. El arte católico es flor 
delicadísima que, para mantenerse fresca y lozana, ne- 
cesita del riego divino que provocó su desarrollo; tras- 
plantada á otros vergeles , regada con aguas impuras, 
languidece, dobla el cuello sobre su tallo, unas tras 
otras caen sus hojas marchitas. La experiencia de- 
muestra con tal evidencia la exactitud de esta compara- 
ción, que no nos detendremos en amontonar ejemplos, 
cuando sobra por desgracia el que ofrece el Real San- 
tuario. Devolvámoslo al culto, y á sus mil años de gloria 
añadirán otros mil las futuras generaciones». 

No pasó largo tiempo sin que se presentase ocasión 
oportunísima de manifestar que nuestros hechos co- 
rrespondían á las anotadas consideraciones. Con moti- 
vo de formar parte de la subcomisión que en 1878 giró 
una visita al monasterio, durante la que fué explorado 
el sepulcro de Bernardo Tallaferro (1), instados por las 
familias principales de la villa propusimos á su Magní- 
fico Ayuntamiento crear en ella un Colegio de prime- 
ra y segunda enseñanza; bajo la advocación de Santa 



(1) Apéndice III. 



_ 29-4 — 

María. Confiésenos la fundación y dirección del mismo; 
su gloriosa advocación revelaba por si sola el propósito 
de inculcar d los alumnos acendrado cariño d la basíli- 
ca, y así lo declaramos en el discurso inaugural de la 
solemne Academia, celebrada con motivo de tomar po- 
sesión del local á Colegio destinado. Dicho propósito, á 
la práctica llevado con ferviente solicitud , en nada 
obstó al progreso literario de los educandos , antes du- 
rante el primer trienio lograron las más brillantes no- 
tas en exámenes oficiales , según consta en el Archivo 
del Instituto de Gerona. 

Al propio objeto de devolver á la basílica su antiguo 
explendor, se habían dirigido nuestras publicaciones 
desde 1867 (1) y, no satisfechos con ello, fundamos y re- 
dactamos con el título: «El Ripollés» el primer perió- 
dico impreso que tuvo el alta montaña, y apenas la 
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se 
dignó conferirnos los nombramientos de Delegado y 
Corresponsal, resolvimos impulsar por todos los medios 
posibles el fin de nuestros deseos. No atendíamos ni á 
la magnitud de la empresa, ni á nuestra pequenez : el 
entusiasmo no calcula. 

«Grandes esfuerzos son necesarios (nos había escrito 
el Illmo. Sr. Obispo de Yicb) para llevar á cabo la gran- 
diosa obra que se proyecta ; pero lafé y amor d la Reli- 
gión y el entusiasmo por las glorias patrias, pueden supe- 
rar todas las dificultades y vencer todos los obstáculos. 
Si con los recursos que pueda proporcionar el Gobierno, 
la cooperación de ilustres Academias y Comisiones de 
Monumentos, la de V., la que yo gustosísimo tengo ofre- 
cida, y la de todos los verdaderos católicos y buenos 
patricios, llega d verse restaurada la obra maestra del 



(1) Publicamos en agosto de dicho año en El Ausonense: «L' ilnich 
consol de la vilay>, Égloga en que se hace la apología del monasterio. 



— 295 — 

Arte que fué un día templo augusto déla Madre de Dios 
y tranquila morada de piadosos y sabios cenobitas ; la 
alegría más viva henchirá nuestro corazón católico y es- 
pañol, y V. podrá felicitarse de haber contribuido en 
gran parte ala realización de tan laudable empresa. 

Alentados con tan halagüeñas y autorizadas ex- 
presiones, pusimos mano á la obra, y en el trascurso 
de 1878 á 1881 apareció despejado d(3 construcciones 
posteriores lo subsistente del siglo XI , evitada para 
siempre la ruina, solidado y completado el Claustro- 
Panteón, resucitados los ábsides en su parte exte- 
rior (1), devuelta la techumbre y solidez de las bóvedas 
del crucero, empezado el gran muro norte del interior 
de la basílica, ordenados y clasificados todos los frag- 
mentos artísticos, repelidas añejas intrusiones, devuel- 
tas al monasterio algunas de sus disputadas pertenen- 
cias. Al consignar lo entonces realizado , atribuimos 
gustosos todo el mérito á la Comisión de Monumentos 
gerundense, resignados á repetir el «Sic vos non vobisy>, 
siempre que se condenen al silencio y al olvido los cons- 
tantes desvelos de los representantes oficiales de la mis- 
ma en el monasterio. 

No omitiremos que durante la última delegación se 
distinguió por su desprendimiento y extraordinario celo 
el aparejador D. Juan Deop, á quién sorprendió en me- 
dio de sus trabajos la muerte, y entre las corporaciones 
no oficiales la « Associació t¿' Excursions Catalanay> , la 
cual tomando por base una de nuestras publicaciones, 
promovió y activó una suscrición en favor de Santa 



(1) Faltaba un hemiciclo y casi la mitad del central, derribados 
de antiguo al objeto de construir la sacristía, cuyas ruinas llegaban á 
una altura considerable. Todo se terraplenó y reconstruyó, librándose 
además la parte superior del alto y ancho muro que se extendía de un 
extremo á otro de los ábsides. 



— 296-^ 

María. Visitó aderhás el monumento, creando una sub- 
delegación en la Villa, y prestó eficaz apoyo para lograr 
del Gobierno y de S. M. Alfonso XII una regular sub- 
vención, hecha efectiva mediante los buenos oficios del 
Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer, del Excmo. Sr. Mar- 
qués de Monistrol y de D. Félix Maciá y Bonaplata, 
protectores decididos de tan ardua empresa. También 
el Excmo. Sr. Ministro de Fomento D. Fermín Lasala 
visitó el 17 de octubre de 1880 con una ilustre comitiva 
las obras llevadas á cabo , elogiando en gran manera 
los ábsides, hasta el punto de decir que por si solos me- 
recían la restauración de todo el templo. 

Terminada nuestra delegación, después de quedar 
en gran parte saiisfecha la segunda de las condicio- 
nes más arriba apuntadas, y lo que el Claustro-panteón 
exigía, nos ausentamos de los valles del Ter y del Fra- 
ser, con el firme convencimiento de que, para lograr la 
tercera, no eran suficientes los esfuerzos de corpora- 
ciones civiles, y haciendo votos para que fuese devuel- 
ta á la Autoridad eclesiástica la basílica, único medio 
para que no quedasen malogrados y estériles veinte 
años de propaganda y sacrificios. 



CAPÍTULO XVII 



PERIODO ECLESIÁSTICO. — RESTAURACIÓN COMPLETA. 



Nuevos obstáculos se oponen á la restauración completa. — Los alejan 
providenciales acontecimientos. — Promoción del Excmo. Sr. Morga- 
des á la Sede episcopal Ausonense. —Predisposición de las Autorida- 
des civiles á ceder á la Mitra de Vich la basílica. — En virtud del Real 
decreto del 3 de noviembre de 1885, toma de ella posesión el Sr. Obis- 
po. — Notable Alocución de S. E. I. — La Crónica de la Restauración. — 
El Canigó de Verdaguer. — Instalación de Juntas. — Memorable sesión 
en la Academia de Bellas Artes con motivo de instalarse la de Barce- 
lona. — Inauguración de las obras. — El 21 de marzo de 1886 en la basíli- 
ca olivana. — Álbum de suscrición, lo inicia S. S. el Papa León Xlll. — 
La Madonna de RipoU donativo de Su Santidad. — Invitación álos Ayun- 
tamientos de Cataluña. — Estado de la restauración en 1887. — Restaura- 
ción completa en 1888.— La Portada en la Exposición universal de 
Barcelona. — Aspecto de la basílica restaurada, su próxima consagra- 
ción. 




ELicEs circunstancias se reunian entretanto 
para el templo de Santa María; cuando más 
parecia alejarse la esperanza de celebrar en 
su sagrado recinto el milenario de la dedi- 
cación de 888. La paralización indefinida de 
las obras, los recursos agotados, el desa- 
liento, el disgusto, el Cólera de 1884 y 1885 que azotó 
Cataluña y de una cruel manera á Ripoll , motivos eran 



— 298 — 

más que suficientes para renunciar al pensamiento del 
ya próximo milenario ; pero la divina Providencia otra 
cosa tenia determinado. 

Por una parte, de buen augurio fué la promoción á la 
silla episcopal de Vich del Excmo. Dr. D. José Morga- 
des y Gili, varón esclarecido por su ciencia y virtudes. 
Conocido su ardiente amor á las glorias patrias ¿habia 
de mirar indiferente, en ruinas, la sobresaliente glo- 
ria de Cataluña que en la diócesis Vicense radica? Al 
lado de S. E. I. y formando parte del cabildo de la 
Iglesia Ausonense, se hallaba el Ilustre Señor Canó- 
nigo Dr. D. Jaime GoUell, de generosas ideas y cora- 
zón nobilísimo, encariñado (como habíamos tenido oca- 
sión de comprenderlo) con la restauración del primer 
recuerdo monumental de la Reconquista. Por otra par- 
te, así las Reales Academias de San Fernando y de la 
Historia como su Comisión gerundense, buscaban en 
su bien acreditado celo una solución digna y suficiente 
para satisfacer las públicas ansias, alentadas por vein- 
te años de activa propaganda, las que lejos de men- 
guar hablan crecido con los obstáculos y las ideas 
de renacimiento. Respecto al municipio ripollense, lo 
hemos ya declarado , urgente necesidad tenia de una 
nueva parroquial, y bien persuadido estaba que sólo 
Santa María podría satisfacer esta exigencia. 

En tal predisposición de ánimos no fué difícil conse- 
guir que el Gobierno cediese á la Mitra de Vich la basí- 
lica olivana, con la precisa condición de habilitarla en 
breve plazo para el culto. No es de nuestra incumbencia 
hacer la historia del expedienteo al objeto necesario, 
bastándonos decir que el 31 de diciembre de 1885 el 
Excmo. Sr. Obispo de Vich tomó posesión de la ba- 
sílica, siguiendo á ese trascendental acto la siguiente 
Alocución : 



— 299 — 

Muchos años hace que todos los amantes de las glorias 
de la Religión y de la Patria venían clamando por la res- 
tauración del arruinado monasterio de Ripoll, creyendo 
posible salvar lo que aún se mantenía en pié de aquel in-^ 
signe cenobio benedictino , fundado por el inmortal Wi- 
fredo el Velloso, como el primer linde de la Reconquista 
plantado en la falda del pirineo catalán. Arqueólogos y 
poetas, letrados y artistas, hombres de Estado y humildes 
patricios, cuantos iban d visitar aquellas destrozadas pá- 
ginas de la Historia y del Arte y consideraban llorosos 
el triste estado de lo que con razón se ha llamado la Co- 
vadonga catalana, hacían votos para que se reparase el da- 
ño del vandalismo de los hombres, y se impidiese el estrago 
del tiempo, conservando á toda costa lo que ni con los ho- 
rrores delincendio ni con tantos años de abandono se había 
enteramente perdido. Celosas é ilustradas Comisiones y 
entusiastas particulares empezaron por hacer algo 
en 1861, y más tarde el Estado intentó la restauración 
que, confiada á la Comisión de Monumentos de la Provin- 
cia de Gerona, haido siguiendo hasta el presente, habién- 
dose llevado á término obras de consideración en el 
templo y en el claustro. Mas, apesar de tan loables es- 
fuerzos, era parecer unánime que el Santuario de Sania 
María de Ripoll no se levantaría de su ruina, sino por la 
mano siempre salvadora de la Iglesia. 

Comprendiéndolo así, ya desde los principios de nues- 
tro pontificado creímos un deber de nuestro ministerio 
pastor.,l en la Sede Ausetana emprender la restauración 
del histórico Santuario para destinarlo a iglesia parro- 
quial de la importante villa de Ripoll; y en este sentido 
elevamos una exposición al Gobierno deS. M. que fué en 
los diversos Ministerios bien recibida, por Corporaciones 
oficiales favorablemente informada, y por dignos repre- 
sentantes de la nación apoyada eficazmente, logrando 
que á d de noviembre del año próximo pasado se expi- 



— 300 — 

diese el Real Decreto, en cuya virtud era cedido y pasaba 
á la Mitra de Vich el eos-monasterio de Ripoll, conser- 
vando, empero, el templo, claustro y campanario el 
carácter de Monumentos nacionales. 

En consecuencia, el dia 31 de diciembre, Nos tomamos 
posesión con las debidas formalidades, y acompañados 
del Magnifico Ayuntamiento de Ripoll, de aquel tan sa- 
grado como desolado recinto; y hoy con la confianza pues- 
ta en Dios y en la Santísima Virgen , pues á su mayor 
gloria trabajamos, venimos á anunciar al pueblo fiel y á 
los catalanes especialmente , nuestro propósito y resolu- 
ción de restaurar cumplidamente aquella insigne fábrica, 
joya del arte cristiano, y poder así celebraren la basílica 
de nueoo consagrada y al divino servicio restituida, el 
Milenario de la primera consagración de Santa Maria 
de Ripoll, hechapor nuestro predecesor Godmaro en el 
año 888, cuando el valeroso y pío Wifredo hubo limpia- 
do de Árabes todo el condado de Ausona. 

Ni una palabra más deberíamos añadir á este anuncio, 
que sin duda hará palpitar de gozo el pecho de los cató- 
licos españoles, y sobre todo de los buenos hijos de Cata- 
luña. Todos saben lo que Ripoll significa en la historia 
de nuestra nacionalidad, y á nadie se oculta la honra ex- 
traordinaria que todos reportaríamos , por no decir el 
gravísimo deber que á todos nos atañe, de restituir á su 
Real trono diez veces secular en la confluencia del Ter y 
del Fraser á la gloriosa Virgen Maria, y bajo sus plan- 
tas poner de nuevo en cristiana y digna sepultura los ve- 
nerandos despojos de nuestros Condes Soberanos. La em- 
presa es grande y costosa; pero no difícil y mucho menos 
imposible. Lo que hasta ahora se ha hecho nos da ánimo 
para concluir lo que resta, seguros de que no ha de fal- 
tarnos el concurso necesario de todos los que se interesan, 
por el honor de nuestra santa Religión, y de cuantos sien- 
ten loable amor y entusiasmo por los monum,entos de la 



~ 301 — 

Historia y del Arte. A todos brindamos 1/ de todos el óbo 
lo esperamos. Las piedras del Santuario de Ripoll han 
de voloer á levantarse con el donativo del magnate y con 
el ahorro del honrado menestral. Oportunamente nom- 
braremos las Juntas correspondientes, y publicaremos las 
debidas instrucciones para la organización de la Obra; 
ahora sólo nos resta suplicar encarecidamente á todos 
nuestros Hermanos en el Episcopado, Capítulos Catedra- 
les, Autoridades y Corporaciones populares , Academias 
y Centros, asi de propaganda católica como de Artes y 
Literatura y á la prensa periódica, tengan á bien dar á 
conocer y propagar esta nuestra primera Alocución, y 
secundar con su valiosa influencia el grandioso proyecto, 
que no dudamos ha de ser pronto una hermosa realidad, 
con la bendición de Dios Nuestro Señor y la protección 
de la Inmaculada Virgen María. 

Vich 17 de enero, fiesta del Santísimo Nombre de 
Jesús, del año 1886. 

JOSÉ, obispo de Vich. 

EL SECRETARIO GENERAL DE LA OBRA, 

Jaime ColleU, Canónigo. 

Esta patriótica Alocución circuló profusamente por 
todos los ámbitos de Cataluña y de otras provincias de 
España. La prensa periódica la reprodujo , y autori- 
dades y particulares recibiéronla por de pronto con 
profunda simpatía. Entretanto, el Secretario general, 
director de « La Veu del Montserrat», destinaba en es- 
te acreditado semanario una sección especial á la Cró- 
nica de la restauración; previsión laudable, pues á 
partir de 1886 interesantísimos son los pormenores que 
publica, gracias á los cuales puede seguirse paso á pa- 
so la historia de esa admirable Obra, que iba á llevar- 



-soa- 
se á feliz término de una manera tan rápida como bri- 
llante. ■ - 

Coincidia el primer impulso con la aparición del fa- 
moso poema « Canígó » del eminente vate el presbítero 
Verdaguer, y á la manera que las avecillas saludan al 
despuntar la Aurora la proximidad del sol naciente, el 
canto onceno de la incomparable leyenda, dedicado al 
Excmo. Sr, Morgades, preludiaba con sublimes versos 
la restauración , al recordar las magnificencias de las 
inmortales creaciones de Oliva. 

Instaláronse luego en varias poblaciones las anuncia- 
das Juntas al objeto de activar la suscrición y propa- 
ganda, mereciendo particular atención, por razones 
fáciles de comprender, la de Barcelona. Incompleto se- 
ria el presente capítulo si omitiésemos hablar de la me- 
morable sesión en que fué constituida; pero como quiera 
que galanamente invitados por el mismo Prelado toma- 
mos parte activa en aquel solemne acto, nos vemos pre- 
cisados á echar mano del relato que sobre el mismo 
nos ha conservado la mencionada Crónica. Traducido 
el castellano, dice asi : 

«La condal ciudad ha respondido dignamente á la in- 
vitación del Excmo. Sr. Obispo de Vich, y quién hubiese 
podido dudar de la posibilidad de levantar de sus ruinas 
el monasterio de RipoU, habria desechado la menor 
sombra de desconfianza ante un acto tan importante 
como el realizado el lunes dia 8 (febrero 1886) en el 
gran salón de sesiones de la Academia de Bellas Artes. 
Esta corporación tan benemérita del renacimiento ar- 
tístico de Cataluña, fué la primera en intentar, hace ya 
más de veinte años , la restauración del cenobio ripo- 
llense, por cuya razón ha ofrecido ahora su ilustrado y 
valioso concurso al prelado ausetano. La mayor parte 
de los miembros de la Academia asistieron á la sesión 



— 303 — 

anunciada, y en la numerosa concurrencia figuraban á 
más de distinguidas personas cuyos nombres recuerdan 
antiguas casas de Cataluña, representantes de la mayor 
parte de las corporaciones científicas, literarias é in- 
dustriales de Barcelona. Las Asociaciones catalanistas 
estaban asimismo bien representadas, de suerte que 
con sólo fijar la vista en aquella respetable reunión, se 
veia garantizada la realización del religioso y patriótico 
proyecto. 

Abrió la sesión con galanas y entusiastas palabras de 
salutación al Prelado el Sr. D. Carlos de Fontcuberta, 
presidente accidental de la Academia, diciendo que 
esta se consideraba muy honrada con aquel acto tan en 
consonancia con el objeto de su instituto y con sus tra- 
diciones. Luego en breves frases indicó el Excrao. Sr. 
Morgades el objeto de la reunión, y dijo que iban á ex- 
ponerlo el historiador, el arquitecto y el poeta, 
aludiendo á los Sres. Pellicer, Rogent y Verdaguer. El 
primero leyó entonces un magistral discurso en que 
presentó la restauración de Santa María como una 
justa reparación de la iniquidad de 1835, y un condigno 
tributo de Cataluña á la memoria de los fundadores de 
nuestra nacionalidad. No es menester decir como trató 
el Sr. Pellicer el asunto, al que ha consagrado se puede 
decir su existencia, pues nadie como el conoce la his- 
toria casi diriamos íntima de aquellas venerandas rui- 
nas. Una salva de aplausos coronó la lectura del Sr. Pe- 
llicer, y en seguida habló el arquitecto D. Elias Rogent 
con tal elocuencia, con tal oportunidad y con rasgos 
tan felices que le brotaron expontáneamente de su co- 
razón catalán y su cabeza de artista, que á las pocas 
frases se manifestó ya el entusiasmo del auditorio. Sig- 
nificó la importancia arquitectónica del monasterio de 
Ripoll, señalando sus principales bellezas, y dijo que 
así como la constitución política de Cataluña tiene en 



— 304 — 

Ripoll su cuna, así también de allí deriva su arquitec- 
tura, y después de otras consideraciones técnicas, con- 
cluyó proponiendo que cuando se celebre en la basílica 
restaurada el milenario, de Barcelona sean llevados á 
su propia sepultura los restos mortales del Conde Be- 
renguer el Grande que se guardan en el Archivo de la 
Corona de Aragón. Con el ánimo ya electrizado con la 
feliz improvisación del Sr. Rogent, aquel público inte- 
ligente y entusiasta escuchó las incomparables sextinas 
del canto onceno de la leyenda Canigó, en que Mossen 
Verdaguer ha hecho el traslado más poético que darse 
pueda de la portada de RipoU, y luego el Excmo. Sr. 
Obispo, visiblemente emocionado, coronó la sesión con 
algunas frases en que, agradeciendo el concurso de la 
inteligencia y de los recursos que Barcelona habia de 
prestar y prestaba ya á la obra de la restauración de 
Santa María de Ripoll , señaló con toques acertadísi- 
mos la importancia y significación que para Cataluña 
tiene la empresa que allí con tan buenos auspicios em- 
pezaba. El secretario general de la Obra leyó los nom- 
bres de los designados por S. E. I. para formar la Junta 
Barcelonesa y, terminado el acto, muchos de los presen- 
tes pasaron á examinar los magníficos planos de res- 
tauración completa, que á cargo y cuenta de la Acade- 
mia de Bellas Artes habia hecho el Sr. D. Elias Rogent, 
y que después de tantos años servirán de base y norma 
para las obras que van á emprenderse. 

El éxito de esta reunión , el cordial entusiasmo y las 
mutuas congratulaciones de los que honraron con su 
presencia el acto, son el más halagüeño augurio para 
la próxima realización de un proyecto tan acariciado 
por todos los amantes de las glorias catalanas». 

A partir de la memorable sesión descrita, procedió el 
Sr. Obispo con actividad pasmosa, aún- antes de prever 



— 305 — 

el resultado délas suscriciones, á la realización de la 
gigantesca Obra. Al efecto el 2 de marzo del propio año 
visitó S. E. I. la arruinada basílica con los Señores Ar- 
quitectos D. Elias Rogent y D. José Artigas, siendo la 
inmediata consecuencia de la visita, el desmonte del te- 
rraplén que habia sido cementerio parroquial, trabajo 
indispensable que hizo posible el sifón de la acequia 
del Abad Arnulfo, construido en 1879 por exigencia de 
la Comisión de Monumentos déla Provincia de Gerona. 
Aprovechándose luego la oportunidad de celebrarse la 
fiesta de San Benito el 21 del mismo mes, se fijó aquel 
dia como el más propio para la inauguración solemne 
de las obras. Impetrada la bendición del Sumo Pontífi- 
ce, se dignó contestar con el siguiente rescripto : 

LEO PP. XIIL 

Aceeptis d venerahili Fratre Episcopo Vicensi litteris, 
quibus ipse Rivipullensis Ordinis S. Benedicti Monasterii 
instaurationi próxima die 21 hujus mensis initium se da- 
tiirum exponit, hujusmodi consiUum dehitis prosequimur 
laudihus, etpeütamin praefatis litteris Benedictionem 
ex intimo corde impertimus. 

Datum Romae apud S. Petrum, die 14 Martii anni 
1886. 

Leo PP. XIII. 

Gran número de los concurrentes á la sesión de la 
Academia de Bellas Artes el 8 de febrero , se dieron 
cita el dia de San Benito en el monasterio de Ripoll. 
«Allí concurrieron, sin exclusivismos políticos, las 
corporaciones que sintetizan las fuerzas vivas del Prin- 
cipado, la prensa periódica, las asociaciones catalanis- 
tas, delegados del clero catedral , parroquial y regiilar, 
diputados á Cortes y provinciales, dignísimos represen- 

20 



- 306 - 

tantes de la nobleza, del comercio , de la industria y de 
la agricultura, escritores y poetas, arquitectos, esculto- 
res y pintores , un pueblo inmenso procedente de Bar- 
celona, Vich y otras comarcas catalanas, y por último, 
los honrados labriegos que pueblan los pintorescos 
valles regados por el Ter y el Fraser. La escena era su- 
blime y grandiosa, y los que tuvimos el honor de con- 
templarla, la recordaremos con fruición toda la vida; 
aquel altar, improvisado en el hemiciclo mayor, con el 
frontal, formado por dos grandes claves ojivales cubier- 
tas de rica imagineria, daba á la manifestación un sa- 
bor místico indescriptible, templado por la severa ma- 
jestad de las ruinas. Las sentidas y elocuentes frases 
pronunciadas por S. E. 1. después de la procesión y de 
los oficios divinos, enalteciendo la importancia del acto 
que celebrábamos, haciendo visible lo que fué la recon- 
quista en nuestra patria, que el suelo que pisábamos, 
santificado por la Iglesia, estaba regado con la sangre 
generosa de nuestros más ilustres ascendientes, y que, 
retrotrayéndose á aquellas remotas edades, considera- 
ba ser Ripoll el centro de Cataluña, merecieron aplau- 
sos sinceros y entusiastas, precursores de los fabulosos 
resultados en tan pocos meses obtenidos». 

Las palabras que van entre comillas son del Sr. 
Rogent, que añade á renglón seguido estas oportunas 
reflecciones : 

«El acto que, muy someramente acabo de recordar, 
no fué una ceremonia, más ó menos suntuosa, y de 
aquellas que sólo reflejan nobles aspiraciones y senti- 
mientos elevados, fué la bendición y el verdadero co- 
mienzo de una obra que durante medio siglo quedó 
abandonada y fuera deservicio, que por muchísimos 
años se creyó irrealizable, y que nuestro siglo no tenia 
bríos ni voluntad para levantarla; pero los trabajos á 
raíz de la inauguración empezadoos, confio infundirán 



- 307 — 

aliento á los más desconfiados, y harán visible lo que 
pueden la fé, la ilustración y la constancia de un prela- 
do, cuando, como en el caso presente, se ve secundado, 
con rarísimas excepciones, por todas las clases sociales 
de Cataluña que, á porfía, sin exclusivismos ni bande- 
rías, desean ver terminada tan sublime empresa». 

Pocos dias después el canónigo D. Jaime Collell se di- 
rigia á Roma al objeto de presentar al Sumo Pontífice el 
Álbum de los suscritores, y suplicarle se dignase ini- 
ciarlo. Oyó benigno Su Santidad la súplica (1), sirvién- 
dose encabezar el Álbum con esta bellísima inscripción: 

HABEBITIS IN MONUMENTUM 

TEMPLUM HOG 

SANGTAE MARIAE DE RIPOLL DIGATUM 

ET IN EO GELEBRABITIS 

DIES SOLEMNES GULTU SEMPITERNO. 

Ex Aedibus Yaticanis, die 10 Aprüis 1886. 

LEO PP. XIII. 

añadió el papa á estas palabras el don más precioso 
por su mérito intrínseco y por su origen que pudiera 



(1) Interesantísima es la carta que con fecha 16 de abril de 1886 dirigió 
el canónigo Collell al Sr. Obispo de Vich, dándole cuenta de la audien- 
cia, privada que le concedió Su Santidad el Papa León XIII. Escrita bajo 
la influencia de una emoción profunda, brotan las palabras de lo íntimo 
del alma y conmueven las fibras mas delicadas del corazón. Mucho sen- 
timos que los estrechos límites de este capítulo no nos permitan trasla- 
darla; el lector la hallará publicada en el Boletín oficial eclesiástico del 
obispado de Vich. Extraordinario. (Año 32, viernes 16 de abril de 1886, 
núm. 895). 



— 308 - 

desearse, tal fué el disponer que en los talleres del Va- 
ticano se labrase en rico mosaico la imagen de Santa 
María, cuya pintura confiada al famoso artista D. Enri- 
que Serra, hemos descrito en el capítulo II de esta Re- 
seña. 

Con tan felices auspicios encabezada la suscrición, 
honráronla al punto con sus dádivas el Primado de las 
Españas, el Cardenal Arzobispo de Valencia, los Arzo- 
bispos de Valladolid y Tarragona, á los que imitaron 
gran número de Obispos y Cabildos. Siguieron las Di- 
putaciones de las cuatro provincias catalanas, y respec- 
to á los municipios, fué luminosa idea, trasmitir á todos 
los Ayuntamientos de Cataluña una invitación acompa- 
ñada de una cédula de suscrición, para formar con ellas 
Albums, y depositarlos en una arca en el altar de San- 
ta María, como perenne testimonio de la fé y patriotis- 
mo de la noble Cataluña. Viniendo á los particulares, 
consolador ha sido ver figurar en las listas, así el 
magnate como el menestral y el humilde obrero, en tan 
gran número, que pudo á los pocos meses contarse con 
suficiente capital para acometer la Obra en grande es- 
cala. 

D. Elias Rogent se reservó dar los planos y tener la 
alta inspección, quedó al frente de los trabajos D. José 
Artigas y Ramoneda, digno arquitecto diocesano, y jus- 
tos elogios merece el aparejador D. Juan Martí , por 
haber realizado al frente de sus brigadas los trabajos 
con tanto celo como inteligencia. . 

No habiendo sido testigos de esos trabajos, precisa- 
mente hemos de echar mano de lo que otros pu- 
blicaron, y debemos manifestar con franqueza que 
renunciaríamos al ensayo de dar ninguna descripción 
propia, después de leida la del sabio Informe del tantas 
veces mencionado Sr. Rogent. Hé aquí un extracto de 



— 309 — 

lo principal que consigna acerca de lo realizado has- 
ta 1887': 

Para evitar las filtraciones de la acequia de Arnulfo, 
fué abierto un canalizo inpermeable que recibe y da 
salida á las fluiciones permanentes y á las aguas llove- 
dizas estancadas. Esta obra empieza atravesando el sub- 
suelo de la Capilla de San Vicente, sigue los muros de 
la nave y crucero Norte, y formando escuadras termina 
en la línea absidal. Es trabajo de merecida importancia 
y utilidad, pero poco visible, revela la seriedad que re- 
viste la restauración y es poderoso auxiliar para llevar- 
la á feliz término. Los siete hemiciclos de los ábsides 
quedan recalzados y reparados, ofreciendo ya el terreno 
la pendiente natural. 

En el interior del templo se procedió al escombrado 
general, y se completó el derribo de las masas despren- 
didas y ruinosas, adheridas en 1827. Dentro de las 
mamposterías aparecieron fragmentos del siglo XI en 
basas, fustes y capiteles que formaron parte de las co- 
lumnas primitivas. Se hizo desaparecer, asimismo, con 
perfecto conocimiento de causa,, lo que restaba de bóveda 
ojival. Empezaron luego los recalzos y los reparos dejan- 
do lo primitivo en sus condiciones originarias. Estos tra- 
bajos requirieron esmero y previsión en el crucero y 
en los hemiciclos adyacentes. Quedó reedificado tam- 
bién el cuerpo bajo del campanario Norte, del que los 
monjes en el primer tercio de este siglo quitaron un 
machón central para convertirlo en capilla. En él muro 
Sud de la nave mayor se levantaron nuevos pilares, 
se quitaron las adiciones del siglo XV y rehicieron los 
lobulados que á manera de friso existían en la época 
primitiva. Se construyeron dos torales ó cabeceros en 
el extremo Este de las torres y en la unión de las naves 
longitudinal y transversal. Ambos de sillería, el último 



— 310 — 

reviste la fuerza necesaria para recibir el cimborio del 
crucero. 

El ábside central necesitó grandes reparaciones y que 
se edificase de nuevo el cascarón interior. Este trabajo 
hecho con amor y sentimiento , ostenta la labor propia 
del pequeño sillarejo careado, parece mosaico rústico, 
se armoniza con la severa majestad del monumento ro- 
mánico , y honra en extremo tanto al director como á 
sus aparejadores. 

Seguían en curso de ejecución los pilares de sillarejo 
que con columnas intermedias separarán las dobles na- 
ves laterales. Estaban acopiados parte de las basas, fus- 
tes, capiteles y abacos de las mismas naves, y además 
las columnas de mármol de Gerona para completar el 
cuerpo alto del ala oriental. del claustro. 

El ilustre arquitecto concluye esta parte del Informe 
con estas pinceladas de mano maestra que realzan el 
conjunto: «Es difícil formar cabal juicio de las obras 
realizadas, por la simple lectura de un documento facul- 
tativo frió y descolorido. Aquellas moles que se elevan 
enhiestas en los costados de las naves , los arcos cabece- 
ros que salvan la vasta laguna que los separa, el hemici- 
clo mayor destacado en el fondo , oscuro y en lontananza 
y los pilares que, á manera de fantasmas en movimien- 
to, asoman entre las grandes líneas arqueadas, infunden 
estupor respetuoso, revelan la influencia de las edades 
primitivas dominadas por la fé, parece que nuestras ar- 
tes ligeras , brillantes y faustuosas huyen espantadas, 
y que dentro de aquellas masas severas y tranquilas 
hay algo que no podemos vislumbrar. En unas partes, 
toman las formas la apariencia de obras en curso de 
ejecución, en otras, ofrecen la silueta de cuerpos desca- 
bezados; la imaginación activa ve cosas indescifrables 
y su conjunto es una armónica mezcolanza de objetos 
de color indefinido. Pasado el entusiasmo, encontramos 



— 311 — 

que en los seis meses transcurridos se han obrado ma- 
ravillas, que la obra que, durante tantos años, se creyó 
irrealizable está terminada en su parte sustentante, que 
las llamadas ruinas de Ripoll pertenecen ya á la histo- 
ria, y que la restauración sigue una marcha ordenada, 
ascendente y progresiva, sólo comparable con la que 
distingue al prelado iniciador del pensamiento». 

Tal era la trasformación que en solos seis meses 
habia sufrido el monumento, y esta que pudiéramos 
llamar primera etapa, iba á tener muy pronto una de 
las más autorizadas sanciones. Con efecto la Asociación 
de Arquitectos de Cataluña envió el 20 de septiembre 
de 1886 una comisión de veinte y cinco socios presidi- 
da por D. Augusto Font, en representación del presiden- 
te D. Leandro Serrallach. Esta Asociación, una de las 
que con más ardor saludó la Obra del Excmo. Sr, Mor- 
gades, fué también de las primeras en elogiar con per- 
fecto conocimiento lo realizado. Altamente sorprendida 
quedó al visitar la basílica, y haciéndose eco de los sen- 
timientos que á todos dominaban, nuestro amigo y anti- 
guo condiscípulo D. José Artigas, convocados los expe- 
dicionarios en el crucero, les leyó un elegante discurso, 
en cuyos interesantes periodos se reflejaba su alma de 
creyente y de artista. Un sincero aplauso coronó la lec- 
tura del arquitecto diocesano, y bien dijo el Secretario 
dé la, Obra que aquel aplauso técnico parecía como el 
preludio del himno de resurrección que á no tardar Ca- 
taluña cantaría en el monasterio de Ripoll. 

Y era asi que la restauración se iba haciendo cada 
dia más atractiva y popular en el Principado ; á las tres 
Juntas central diocesana de Vich, Barcelonesa y Ripo- 
Uense agregáronse entre otras la de Tarragona y la de 
Gerona ; correspondieron las Diputaciones y Ayunta- 
mientos, por más que la penuria no les permitiese ha- 
cerlo según sus deseos, y las listas de suscrición arro^ 



— 312 -- 

jaron de nuevo cantidades suficientes para que pudieran 
lanzarse sobre los muros la gran bóveda central y las 
laterales. Esto sucedia cuando los recios fríos del alta 
montaña interrumpían los trabajos; no por esto perma- 
necía inactivo el Prelado Vicense, y aprovechó aquella 
conyuntura para publicar la subasta de la piedra de la 
bóveda, á fin de tenerla disponible cuando mitigasen los 
rigores déla estación. Gomo curioso documento históri- 
co merece ser conocido el que sirvió para llamar á con- 
curso á los interesados : 



RESTAURAGIÓ DE SANTA MARÍA DE RIPOLL. 
Subasta per lapedra de la. volta. 

Haventse d' adquirir 300 metres cúbichs de pedra pi- 
cada per la volta de Santa María de Ripoll, se avisa 
ais que vulgan pendre part en la subasta, que tindrá 
lloch en lo Palau Episcopal de Vich, lo dia 2 de Janer 
del próxim any, á las dotze del matí, pera que se ente- 
ren de las condicións que están de manifest en la Se- 
cretaria General de la Junta Diocesana en Vich , en la 
de Ripoll y en casa del Arquitecte D. Joseph Artigas, 
carrer de la Portaferrissa, n."!?, Barcelona. 

Vich, 10 de Desembre de 1886. — Lo Secretari Ge- 
neral, Jaume Collell, Pbre. 

Dispuesta ya la piedra, apenas volvió la primavera fué 
emprendida la colosal obra en que hablan de resonar 
los cánticos de gratitud que las nuevas generaciones 
elevarán (Dios haga que durante otro millar de años) en 
la basílica restaurada. No entraremos en nimiedades 
acerca de la manera progresiva con que fué constru- 
yéndose el abovedado, trabajo es ese lento y difícil; 



— 313 — 

del que no habia de levantarse mano hasta quedar la 
basílica perfectamente cubierta, animando estos pro- 
pósitos no sólo continuos donativos sino en gran parte 
la sabia manera como fué la administración econó- 
mica establecida. «Se verifican, nota el Sr. Rogent, por 
administración las obras y reparaciones que revisten ca- 
rácter trascedental, siendo objeto de destajos y subastas 
los desmontes, el acopio de materiales, el arranque, 
trasporte y labra de la cantería, y en general, los tra- 
bajos externos de fácil comprobación y vigilancia. El 
señor Regente de la parroquia, con la intervención di- 
recta de la celosa Junta de Obra de la villa, revisa dia- 
riamente las cuentas de material y las listas del perso- 
nal, expuestas públicamente, no siendo de abono las 
cantidades que no resulten justificadas con los resguar- 
dos necesarios. 

Hasta el presente los materiales pétreos. proceden de 
las ruinas, y proporcionan sillares de grande estima 
para machones, pilares, dobelaje, perpiaños, y también, 
masas considerables de sillarejo careado. El único me- 
dio empleado para la confección del mortero, es el ce- 
mento romano, llamado lento, inmejorable para evitar 
las irregularidades del asiento en los enjarjes, recalzos 
y adherencias, costando á pié de obra, inclusos los gas- 
tos de trasporte , el reducidísimo precio de dos reales 
por quintal. La arena, de buena calidad, procede de los 
depósitos aluviales del rio Ter, tomada en las inmedia- 
ciones del cenobio. 

Si tuviéramos que apreciar el importe de lo en varios 
conceptos realizado, por los cubos respectivos, aplican- 
do los precios unitarios vigentes en Ripoll, encontra- 
ríamos marcados desequilibrios, pues importando lo 
actuado hasta el presente 30,000 pesetas, representan 
como mínimo , valor duplo : debido en primer lugar, á 
las favorables condiciones de los materiales, y muy es- 



— 314 — 

pecialmente á la buena dirección facultativa y económi- 
ca, dignas una y otra de merecidisima consideración». 

A principios de 1888 las bóvedas estaban ya lanza- 
das en el espacio, y terminaba el lucernario del crucero 
que tan magnifico realce da á la parte absidal exterior. 

Un acontecimiento nuevo y glorioso para Cataluña 
absorvia entretanto la atención pública, La Exposición 
Universal de Barcelona, inaugurada por una coinci- 
dencia singular en la misma fecha del milenario de 
Santa María, que es el milenario de la nación ca- 
talana. 

Se asegura que entre los objetos que el mundo civi- 
lizado enviará á la Exposición, va á figurar una repro- 
ducción exacta del arco triunfal que sirve de portada á 
la basílica olivana ; idea no sólo oportuna sino lá más 
adecuada, pues durante ochocientos sesenta y seis 
años aquel arco triunfal ha facilitado el ingreso al re- 
cinto sagrado, en donde con predilección se elaboraron 
los elementos civilizadores de nuestra época. Además 
la portada es eminentemente catalana por su ori- 
gen, mérito y significado, ni cede en lo sublime de la 
concepción á ninguna de las aparatosas invenciones 
de nuestro siglo. Por esto, al loar la idea, seria de 
aplaudir que la portada aludida ocupase en la Expo- 
sición un sitio de preferencia, donde la Europa la 
admirarla como el monumento más acabado y perfecto 
de principios del siglo XI. 

La Exposición Universal de Barcelona ha podido retra- 
sar la celebración del milenario en la basílica, mas no 
por eso ha dejado de trabajarse en ella, hasta ser dable 
ya contemplarla tal como la dejó el inmortal abad-obis- 
po en 1032. Bella imagen es la que presenta á nuestras 
artes ligeras, brillantes y faustuosas huyendo espanta- 



— 315 — 

das de aquel monumento de las edades primitivas domi- 
nadas por la fé; bellísima la que nos hace contemplar 
al venerable Matusalén catalán, que con su faz enne- 
grecida y profundas arrugas protege aún cual genio 
tutelar la cuna de nuestra nacionalidad; pero todas 
las imágenes no pueden ni remotamente expresar la 
extraña emoción que el alma siente, cuando el especta- 
dor, desde Sanaruz ó Estamariz, se fija en la románica 
basílica. No pocas veces al caer de la tarde, cuando el 
sol trasmontando el Catllar llenaba de resplandores roji- 
zos el occidente, nos dirigíamos á las mencionadas al- 
querías, bien conocidas por el Velloso, y nos aparecía 
el monumento como embestido por una atmósfera de 
fuego , ardiente como la fé y el patriotismo de los que 
lo levantaron. Los siete ábsides, símbolos de los siete 
dones del Espíritu Santo, ostentaban en medio como to- 
rreón inexpugnable la fortaleza ; nos imaginábamos 
ver ya erguidas las dos torres-campanarios, cual dos 
vigilantes centinelas del honor y gloria de la patria, y 
salir de en medio del crucero el esbelto cimborio, en 
actitud de elevarse al cielo con el humo del incienso y 
el perfume de la plegaria. Aquel color indeciso de que 
los siglos impregnan la piedra; aquella aterradora tran- 
quilidad de las líneas ; aquella inmovilidad que tanto 
contrasta con el rumor melancólico de las aguas del 
Ter y torrentes que en él desembocan ; trasportaban el 
alma á la época de los Olivas y Tallaferros ; las vibracio- 
nes de las campanas de San Pedro hacían completa la 
ilusión, y aún parecía que se oian las voces de los Se- 
goi'nos y Arnaldos, alabando con salmodia continua al 
Omnipotente. De súbito el silbido de la locomotora, des- 
lizándose por los terraplenes paralelos al Santuario 
nos volvía al siglo del vapor, y nos preguntábamos si 
seria posible armonizar tan opuestas tendencias. Sí, 
nos respondíamos, la ley del contraste es fundamental 



— 316 — 

en la naturaleza, la locomotora del siglo XIX y el 
monumento románico del siglo XI pueden llegar á ser 
íntimos amigos. De ello procurábamos persuadirnos 
en 1880 ; lo que entonces era un sueño es en 1888 una 
realidad. La locomotora no tardará en llevar á la con- 
fluencia del Ter y del Fraser catalanes procedentes de 
todos los ámbitos del Principado, para celebrar el mile- 
nario de la Reconquista en la basílica restaurada. 



6[PÍL0(^0. 




'upERADAS las dificultades y peligros de 
ardua ascensión ¡ como se -complace el 
viandante desde elevada cumbre en abar- 
car de una ojeada las particularidades del 
bello panorama que la subida le han ame- 
nizado! Con no menor complacencia, al 
tocar al término de este trabajo, fruto de pacientes dis- 
quisiciones, volvemos la vista al espacio recorrido á fin 
de presentar en reducido cuadro los más gloriosos re- 
cuerdos de nuestro nacional monumento. Conózcanlo 
bien los catalanes, y al conocerlo lo amarán, alamor 
seguirá el anhelo de trasmitirlo á las futuras genera- 
ciones, como legado el más precioso de la primitiva Ca- 
taluña. 

La tradición nos presenta el Santuario de RipoU 
como uno de los primeros á la Virgen dedicados; sabios 
cenobitas ya en la época Wisigoda lo custodian ; los 
árabes lo destruyen; los francos lo restauran; la traición 
de un godo vende la comarca del cenobio á losagarenos, 
quiénes no sin luchas con los cristianos de Mongrony 



— 318 — 

y de las cuevas de Rivas, logran que ondee él estandar- 
te del profeta largos años en los valles del Ter y del 
Fraser. 

Decisiva victoria hace dueño en 873 al inmortal Wi- 
fredo el Velloso de aquellos pintorescos valles; en me- 
moria de su triunfo restaura el templo de Santa Ma- 
ría, y funda en ól (mediante cenobitas llamados de 
varias partes) la salmodia perpetua en acción de gracias 
al cielo por la redención de la patria. Pasan quince 
años : el valeroso Conquistador, ya conde independien- 
te de Barcelona, manda que todas las regiones de su 
nuevo Estado reconozcan por su celestial protectora á la 
que en su heroica empresa le habia guiado, y al punto 
los condados de Ausona, de Gerdaña y de Urgel , el dis- 
trito de Berga, la Marca ó fronteras á que la Recon- 
quista se extendía, el mismo Montserrat con sus eleva- 
dos picos, se inclinan ante Santa María del monasterio 
de RipoU con sumiso ^vasallaje, por haber sido devueltos 
á su maternal imperio. 

Wifredo no sólo es el fundador de un Estado 
sino de una dinastía ; en representación de esta ofrece 
á la Virgen con su esposa Winidilde á su primogénito 
Rodulfo el 20 de abril de 888, dia.de recuerdo imperece- 
dero por haber consagrado Godmaro, obispo de Ausona, 
el privilegiado templo. De entonces data su alta signifi- 
cación religiosa á la par que política, su genuina expre- 
sión, en el espacio, del triunfo de la Cruz sobre la media 
luna, y ser insigne- memoria del principio y desarrollo 
del Principado. ¡Con que solicitud nuestros antepasados 
se esmeran en la perfección del gran monumento, hasta 
convertirlo en una de las más grandiosas basílicas del 
cristianismo ! Dos veces lo reedifican en el siglo X los 
hijos y nietos del Velloso; todos los miembros de su fa- 
milia compiten en celo para protegerlo , los príncipes 
condonaciones, éntrelas que figuran villas como Ripoll, 



— 319 — 

Olot, Tossa y Gamarasa, las princesas como Riquilde y 
Guisla, émulas de Winidilde, ofreciendo sus más precia- 
das joyas, sus anillos nupciales y las ricas labores pro- 
ducto de sus hábiles manos. Imita el pueblo á los sobe- 
ranos; interminables hileras de peregrinos se dirigen á 
la Santa Gasa, enriquécenla con rentas, códices y sa- 
gradas reliquias, dando el ejemplo los sumos pontífices, 
los reyes, los obispos y la alta aristocracia de Cataluña 
y de Provenza. Durante los quinientos treinta y siete 
años de la dinastía de Wifredo, es Santa María el mo- 
numento nacional por excelencia, su alta significación 
y estima no admite comparación con ningún otro san- 
tuario por célebre que sea ; brilla cual en el firmamento 
la luna entre astros menores. Velut inter ignes luna 
minores. 

Al auxilio de la Historia acude pronto el Arte ; siglos 
antes que las catedrales en ojiva existiesen, un biznieto, 
del- Velloso, el insigne Oliva fija plásticamente la ge- 
nuina representación del Santuario ripollés, convirtién- 
dolo en la mejor basílica que en su tiempo contaba el 
Principado, prodigando en ella claras y sorprendentes 
alusiones á la Reconquista. Evidente es que si el pre- 
claro Abad-obispo no hubiese erigido más que la porta- 
da , este sólo arco de triunfo , que no tiene par en los 
anales de la arquitectura románica, y cuya idea es todo 
un poema, bastaría para recordarnos la victoria del 
gran Wifredo en el valle rivispollens; todos inclinarían 
la frente ante este vetusto monumento que elevó la Re- 
ligión á la Patria, como la inclinamos ante los arcos 
de Tito, Septimio Severo y Constantino. Pues bien, en 
el punto en que se ostenta, no es más que el sagrado 
epígrafe que mejor que con letras de oro y diamante 
dice al buen patricio : Hic initium Cathalauniae. Aquí 
está la cuna de nuestra nacionalidad. 

Ks el. Arco de triunfo á la, vez la puerta princip.al del 



- 320 - 

templo, cuyo sagrado recinto revela en su conjunto y 
pormenores la misma ideada la Reconquista. En efecto 
¡como en medio del crucero, debajo del lucernario, reluce 
el frontal de oro recamado de esmeraldas, carbunclos y 
rubies ! Obra maestra de orfebrería es esta, digno trono 
de la excelsa Reina, refugio de las huestes cristianas. 
Elévase sobre el mosaico, alfombra la más lujosa que 
el monje Arnaldo supo idear, en la que representó las 
luchas de los cristianos contra los agarenos en los va- 
lles ripollenses. Jerusalen y Roma compitieron en 
enriquecer con santos recuerdos tan incomparable 
obra, todos los monasterios de España, ITrancia é Italia 
enviaron á Oliva sagradas reliquias de los más Ínclitos 
mártires y confesores, las cuales en cofres de plata do- 
rada, en el altar se guardaban. 

Delante y á entrambos lados de la Santa Imagen os- 
cilan casi imperceptiblemente numerosas lámparas , 
cuya fúlgida luz reverbera con no interrumpido cente- 
lleo en las piedras preciosas de aquel trono de indecible 
riqueza y hermosura. Distinguense por su valor artístico 
las de Armengol de Gerb, conde de Urgel, las del prior 
de Montserrat y las regaladas por Berenguer el Viejos 
alimentadas con el aceite de los olivares cedidos por e^ 
rey moro de Lérida al autor de los Usatjes. ¿ Qué más I 
El frontal de oro está protegido por el ábside central 
que, según hemos observado-, en el orden de los siete 
dones del Espíritu Santo corresponde simbólicamente á 
LA. Fortaleza. A cualquier otra parte que volvamos la 
vista, todo nos habla allí de la patria, los héroes que la 
reconquistaron allí yacen, y es su archivo el arca santa 
depositarla de los más valiosos recuerdos de nuestra 
historia. 

Dignos eran aquellos héroes de un mausoleo que en 
suntuosidad y riqueza artística eclipsase al celebrado 
de Artemisa, y los abades Berga, Besora y DescatUar 



— 321 — 

tribuíanles tan merecido honor al erigirles el incom- 
parable claustro. Error fuera suponer que esa costosa 
obra, cuya construcción abrazó el espacio de dos siglos, 
tenia por principal objeto el solaz y esparcimiento de 
los benedictinos ; otra cosa predican el glorioso Escudo 
de Cataluña repetido en las esculturas con profusión 
extraordinaria, los epitafios, los sarcófagos, los temple- 
tes, las fúnebres procesiones, los responsos, las exe- 
quias, las coronas, las guirnaldas, los ramos de laurel, 
la autoridad de los escritores y el testimonio constante 
de los cenobitas, cuyos necrológios nunca citan el claus- 
tro sino para indicarlo como enterramiento de condes. 
Allí, con efecto, en conocida tumba bisoma descansa 
Wifredo el Velloso con su primogénito Rodulfo, más 
abajo se lee el epitafio de Bernardo Tallaferro enterra- 
do con su hijo Guillermo y su nieto Bernardo, flor tier- 
na que la muerte segó en la primavera desu vida ; si- 
guen Bernardo segundo el esposo de la nieta del 
Cid ; Wifredo de Besalú la victima de Adalberto, Seríio- 
fredo de Urgel acérrimo en las armas. Mirón con su 
hijo del mismo nombre obispo de Gerona; D.* Ava de 
gloriosa prole ; Sunyer y su llorado Armengol. Allí tam- 
bién un sarcófago de piedra .esculturada contiene la 
momia de Berenguer III el Grande que dio á Castilla 
una de sus más esclarecidas reinas ; allí en mármol se 
ostenta el cenotafio de Oliva ; siendo excepción debida 
á la santidad la urna de plata de Berenguer IV en el 
interior del templo, y á particular devoción el sepulcro 
de forma olerdulana del vizconde Bernardo de Wifre- 
do en el martyrium ó confessio. 

Fijándonos ya en la comunidad benedictina ¿ que ex- 
presiones podríamos hallar suficientes, para dar una 
pálida idea del extraordinario celo que á los monjes 
animaba en pro del legado que Wifredo les confiara? 

21 



— 322 — 

Reflejo purísimo de las prosperidades de la patria fué 
de continuo el Santuario del cenobio ripollense, y cuan- 
do para aquella dias de prueba llegaron , también cala- 
midades sin cuento sobre este llovieron ; mas entonces 
inquebrantable fué la constancia de sus custodios para 
salvarlo, y nunca dejó de ondear con gloria el estan- 
darte de Cataluña en el pináculo de la basílica , ni de- 
jaron de hallar en su recinto los hijos del Principado 
consuelo en sus cuitas, auxilio en sus tribulaciones, y 
aquel valor que en las guerras de Sicilia, Gerdeña y 
Grecia causó temor y asombro á los mayores principes 
del mundo. 

Llegada la edad moderna se excedieron los monjes á 
si mis mos para conservar las santas tradiciones ; su ca- 
ridad era inagotable, su nobleza para con los peregrinos 
proverbial, y el explendor del culto con que honraban á 
la Santa Imagen tan expléndido, que bien se echaba de 
ver que allí competían en firme alianza el amor á la Re- 
ligión y el amor al Principado. Aún hoy, después de cin- 
cuenta años de ruina, considera el alta montaña el tem- 
plo de Santa María como su propia, única y gloriosísi- 
ma catedral, aún hoy se recuerdan sus funciones cívico- 
religiosas como expresión la más sublime del amor y 
homenaje de la Patria á su celestial Protectora, y á me- 
dida que la sucesión de los tiempos nos separa del año 
de la execrable profanación de la basílica, se agiganta 
la idea de los que fueron sus sabios y solícitos custo- 
dios, ni es posible que jamás se borre su memoria, pues 
su extinción dejó en los valles del Ter y del Fraser un 
vacio difícil de llenar. Porque ellos aparte del principal 
motivo de su presencia en Ripoll, cual era la conserva- 
ción, culto y explendor del monumento de Wifredo, 
descollaban en todos los ramos del saber ; mantenían á 
un alto nivel la cultura de los montañeses ; enriquecían 
con notables obras propias, científicas y literarias, su 



— 323 r- 

famosa biblioteca y archivo ; los primeros historiado- 
res de nuestra patria monjes ripollenses fueron ; ellos 
asimismo fomentaron directamente con célebres cons- 
trucciones, que aún permanecen, la industria y agricul- 
tura ; ellos extendieron su misión civilizadora gradual- 
mente por las poblaciones y alodios que, á manera de 
vistosas flores del jardín de la excelsa protectora del 
gran Wifredo, se ostentaban exuberantes de gracia y 
perfume en toda el área del Principado ; intervinieron 
en fin directamente en la elección de sus admirables 
abades , dechados en su mayor parte de ciencia y virtu- 
des, merecedores todos del alto puesto que ocuparon. 
Así se desprende de lo que va detenida é imparcialmen- 
te consignado en esta Historia, apareciendo en definitiva 
ser obra de los abades el haber podido conservar du- 
rante diez centurias el santuario de Santa María la 
representación del triunfo de la Cruz sobre la media 
luna, y continuado siendo el símbolo del principio y de- 
sarrollo de nuestra nacionalidad. 

Por tan señalados conceptos, ya que no pudo evitarse 
la ruina, iniciada por migueletes sublevados contra 
sus jefes y consumada por la desamortización, mere- 
ció siempre la basílica olivana amor y respeto, espe- 
cialmente de los catalanes , y se hizo acreedora á una 
completa restauración ; intentada en vano por cor- 
poraciones civiles , lograda por el primer Obispo auso- 
nense del segundo milenario de la patria, el cual tantos 
puntos de semejanza guarda con el primer Obispo que 
en 888 consagró el templo, que los mismos nombres 
GoDMAR y Morgades resultan iguales en sorprendente 
anagrama: 

MORGADES ES GODMAR 

el anagrama nos dice, y lo que pudiera parecer mera 
curiosidad se traduce en lo real por el siguiente hecho : 



— 324 — 

«El Excmo. Sr. Morgades es respecto al templo de 
Santa María, lo que mil años atrás fué Godmar su ilus- 
tre antecesor en la Sede Ausonense». Gracias las más 
expresivas rinde la generación actual al esclarecido 
Prelado, por la admirable manera con que ha llevado á 
feliz término la restauración deseada ; Cataluña agra- 
decida sabrá recompensárselo algún dia ; lavada queda 
la afrenta que hijos espúreos infirieron en 1835 al mo- 
numento de la patria ; himnos de honor vuelven á re- 
sonar en las bóvedas sagradas, himnos que ya no deben 
interrumpirse más, pues si ignoramos de que suerte 
podrán ser dignamente reemplazados los solícitos ce- 
nobitas ; convencidos estamos de que nunca han de fal- 
tar entusiastas patricios que graben con letras de oro 
en su corazón las notabilísimas palabras de León XIII, 
el inmortal Papa de las grandes restauraciones : « Ten- 
dréis en recuerdo este templo á Santa María de Ripoll 
dedicado^ y celebrareis en el mismo los días solemnes con 
sempiterno culto : 

Habebitis in monumentum 

templum hoc 

Sangtae Mariae de Ripoll digatum, 

ET IN EO GELEBRABITIS 

DiEs solemnes cultu sempiterno. 



APÉNDICES. 



— 327 — 
I 

DOCUMENTOS ^'^ 

(Letra A). 

Acta de la, dedicación del templo de Sta. Maria 

año 888. 



En nombre del Señor, Dios sumo y Rey eterno : 

En el año de la Encarnación de N. Sr. Jesucristo, 888, 
indicción VI, ó sea en el primer año del gobierno del 
rey Odón, á 20 de abril, Epacta IV. 

En aquel dia y año el eximio varón, santo, pacífico y 
reverendísimo Padre Sumo Sacerdote Godmaro, Obispo 
en el Condado de Ausona, vino al valle que llaman Ri- 
poll para consagrar la iglesia de Dios , situada en el 
mismo lugar, dedicada en honor de Santa María Ma- 
dre de Dios, cuya iglesia se empeñó en edificar con co- 
razón contrito é inspiración divina el ilustre varón 
Wifredo Conde y Winidilde Condesa, por cuyos mere- 
cimientos los umbrales del templo fueron levantados, y 
entregaron al nombrado pontífice de dicha Iglesia un 
cáliz y una patena de oro, un misal, un leccionario, 
una casulla, una alba, una estola y un manípulo. 

Y en alodio , entregamos al templo un caserío del 



(1) Publicamos estos documentos traducidos, interpretando el deseo 
de la mayoría de los lectores. Los que prefieran leerlos en latín, los en- 
contrarán casi todos en el apéndice de la Marca hispánica, debiendo 
advertir que nosotros hemos tenido á la vista copias autorizadas de los 
originales, las que se conservan en el archivo de San Pedro. Cuando la 
traducción no sea del autor, se indicará al pié del documento. 



— 328 — 

Condado de Cerdaña llamado Luz con todos sus confi- 
nes, términos y derecheras, como lo poseemos nosotros, 
y nos vino por compra de parte de Sesenando, quién lo 
poseia por precepto del Rey. Entregamos asimismo 
allí, á nuestro siervo Aizfredo. Por mi parte Godmaro 
obispo doy una cortina y un palio en honor de Santa 
María Virgen para cubrir su altar. 

Todo lo mencionado lo entregamos á dicha iglesia, 
fundada y dedicada para absolución de los pecados, por 
amor de la Patria celestial y temor del fuego eterno y 
para remedio de las almas de nuestros padres. Además 
entregamos á nuestro hijo Rodulfo con toda su herencia, 
laque dividimos entre él y sus hermanos y hermanas, 
para que allí habite los dias de su vida (1). Todo esto lo 
entregamos en manos del Abad Daguino y de todos los 
monjes que en Ripoll viven, así á los presentes como á 
los venideros que militan bajo el yugo de la Regla, y lo 
transferimos á ellos para que lo tengan, mantengan y 
posean, según hemos dicho, para remedio de nuestra 
alma y de la de nuestros padres, y con motivo de la de- 
dicación de la bienaventurada Virgen Maria. 

Y si nosotros los donatarios ó cualquiera otra perso- 
na fuese contraria ó procurare serlo, y usurpare ó pre- 
tendiere usurpar esta dote de Santa María Virgen, 
hecha y entregada por nosotros, que primeramente se 
le considere separado del gremio de los Santos y del 
consorcio divino, y recaiga sobre el mismo la maldición 
que sobre Datan y Abirón descendió. Así sea. Amén. 

Si alguien se atreviese á inquietar no podrá ser sin- 



(1) Et tradinius ibi Filio nostro Rodalfo cam. omni hereditate sua, 
quam dioisimtis el etfratres vel sórores sitas, ut ibi habitaturus sit die- 
bus vitae suae». Notará el lector entre estas palabras y las que aduc^ 
Marca alguna discrepancia. Nosotros tenemos á la vista la copia autori- 
zada por el notario Francisco Illa. Después de estas palabras siguen las 
donaciones que publicamos en la página 43. 



— 329 — 

cerado, sino que en todas partes será firmemente recha- 
zado , y el instigador ó inquietador vendrá obligado á 
restituirlo todo corporalmente, pagando el doble sin de- 
mora á la misma Casa y á los que en ella viven. 

Esta dote de Santa María fué hecha según la anti- 
gua cuenta á 20 de abril, en el año 1.° de Odón, 
año 888, epacta IV. Wifredo lo firmó. Signo de 
Winidilde, los cuales hemos hecho esta donación. God- 
m«r Obispo, Recemiro Abad.. 

(Letra B.) 

Confirmación de la. posesión de Montserrat 

por el Conde Siañer 

iiijo de "Wifredo el Velloso, año 928. 



En nombre de Dios : 

Yo Suñer, por la gracia de Dios, Conde y Marqués, 
donatario del Monasterio de Santa María de Ripoll del 
condado de Ausona en el valle de Ripoll. Sea público 
y notorio como yo de mi propia voluntad y corazón, sin 
fuerza ni mandato de otro, sin persuasión de alguno, 
sino graciosamente, elijo el hacer alguna donación de 
propia hacienda mia como lo hago, dándole las iglesias 
que están fundadas en el condado Ausonense en Mont- 
serrat, conviene á saber la casa de Santa María, la 
de San Acisclo, la de San Pedro y San Martín con todos 
sus términos y derecheras que confrontan por la parte 
de oriente con la sierra que viene de Noimetanos, y ca- 
mina por la misma sierra sobre el collado y la misma 
peña Rubia, y va por el mismo arroyo hasta dar en el 
rio Llobregat. Por la parte del medio dia viene por el 
arroyo de Val mala y baja de la misma cumbre de 



— 330 — 

Montserrat y entra en el rio Llobregat, Por el occidente 
por las peñas de Montserrat, esto es, por la misma 
sierra que viene de San Acisclo y topa con el rio seco 
que viene del castillo Morrón. Por el cierzo comienza 
en el rio seco y llega al rio Llobregat. Todas estas cosas 
me vinieron algo por mi compra y parte por conquista 
de mi padre Wifredo conde. Cuanto estos términos en- 
cierran todo lo doy al dicho monasterio y todo mi dere- 
cho para que lo tengan por suyo, así el presente Abad 
Iñigo como á los que sucedieren y toda la congregación 
de los monjes de el dicho monasterio de Santa María, 
y que lo posean y sean usufructuarios perpetuamente 
según la regla de San Benito. Todo lo sobredicho doy y 
entrego al dicho monasterio por amor de Dios, por el 
remedio de mi padre Wifredo y de mi madre, por el 
alma de mi hermano Wifredo y por el remedio de la 
mia, de mi mujer y de mi prole. (Pone las fuerzas y pe- 
nas ordinarias de cárcel y cinco libras de oro á los con- 
traventores y acaba la data) V idus de febrero del año 
IV en que murió Carlos rey, Cristo reinando y esperan- 
do rey. 

■\-^Suñer conde que hizo esta donación. Richüde con- 
desa' que consintió en ello. •}- Wutra ([mq llaman buen 
hombre y Hermisello testigos. Causidio, Wifredo, Her- 
memiro presbítero llamado Umfa que escribí esta dona- 
ción, con las letras sobrepuestas en la linea duodécima 
en el dia y año susodicho. 

(Traducido por Argaiz. Perla de Cataluña). 



— 331 — 
(Letra G.) 

Acta, de la dedicación, de Santa Maria, año 977. 



En nombre de la Santa é Individua Trinidad : 
Después de la Ascensión de N. Señor Jesucristo, qui- 
tada ya la mancha del primer hombre con el antidoto 
de salud, y publicado ya por los apóstoles lo que en se- 
creto hablan aprendido de su buen Maestro ; no pocas 
turbas de gentiles , renunciando á los ídolos , doblaron 
su cerviz al suave yugo del Salvador , y en todo el orbe 
resplandecieron cual atalayas innumerables monasterios 
que levantó la devota solicitud de santísimos varones, á 
los que se sentían llamados á la vida contemplativa. 
Creyeron aquellos mejorar la condición de sus pueblos, 
dedicando á Cristo moradas terrenales, que el fervor de 
los fieles en ellos consagrados con votos habia de con- 
vertir en templo del Espíritu Santo. Entre tales insignes 
varones se cuenta Wifredo de grata memoria, patricio 
muy querido de sus subditos, adornado con títulos de 
nobleza, cuya virtud siempre se manifestó tan vigorosa 
como lozana. Este expulsó á los agarenos establecidos 
en la comarca ripoUense, y dueño ya de la misma por de- 
recho de conquista, la repobló. Luego, entre otros tem- 
plos debidos á su munificencia, fundó en honor de la 
Santísima Virgen Maria el monasterio de Ripoll, adonde 
convocó de varios puntos piadosos cenobitas que con 
sus salmodias alabasen de continuo al Omnipotente. 
Enriquecióle además con muchas propiedades , le con- 
cedió generoso varios privilegios y, al llegar al término 
de su militante carrera, quiso bajar al sepulcro en el 
mismo sitio cuya muniñcencia había tomado á su cargo. 



— 332 — 

Respetable progenie suya, colmada de dones celestia- 
les, ensalzada con Reales concesiones, fueron Mirón y 
Sunyer, quiénes aumentaron y protegieron á imitación 
de su padre, las haciendas del monasterio. Sucediéron- 
les sus esclarecidos hijos Seniofredo, Wifredo, Mirón 
reverendo obispo , Oliva y Borrell serenísimos condes, 
unidos entre si con los lazos de ün amor entrañable, 
quiénes se esforzaron en concluir lo que sus padres 
habian empezado. Al efecto ofrecieron multitud de re- 
galos, legaron bienes raíces, limpiaron censos, alcanza- 
ron privilegios de la Sede Apostólica, pidieron la 
sanción del Rey Luis IV Transmarino , inquirieron minu- 
ciosamente lo que podría perjudicar ó contrariar con el 
tiempo á los monjes y á los subditos de aquella comar- 
ca', y extirparon de raiz cuantos obstáculos se ofre- 
cieron. 

Del glorioso tiempo de dichos Condes fué Rdo. Abad 
del monasterio el Ilustre Arnulfo, varón en todo lauda- 
ble, quién nombrado después obispo de Gerona, elevóse 
á una grande altura en el ejercicio de entrambas digni- 
dades ; mas cuando se disponía á echar los cimientos 
del nuevo edificio, cuyas obras habian estado por largo 
tiempo apunto de empezar, arrebatado por la muerte 
no pudo conseguir sus propósito. Sucedióle Witisclo en 
la dignidad y normales funciones de Abad. Constante y 
sumamente activo no cejó hasta ver cerradas las bóve- 
das del templo, más espacioso que el anterior, de alta y 
esbelta construcción. Una vez terminado , dióse prisa 
para que la dedicación se llevase á cabo cuánto antes y, 
confiado en Dios y apoyado por el Sr. Conde Oliva, con- 
siguió ver reunidos á varios Ilustrísimos Obispos, 
Abades y Canónigos. 

El acto tuvo lugar el 15 de noviembre del año 977 de 
la Encarnación del Señor, Era 1015, Indicción V. Me- 
diante la voluntad de Dios, principio y fin de todas las 



— 333 ~ 

cosas, por mano de Mirón Obispo de Gerona, Froilán 
Obispo de Vich y Guisado Obispo de Urgel (este aun- 
que ausente con el cuerpo á causa de su viaje á Roma, 
estuvo presente con el espíritu) en presencia de los Ca- 
nónigos y de la reunión de religiosos Abades, ante 
Oliva el marqués principal y demás personas de una 
y otra condición, reunidos cerca de las capillas que do- 
quiera se levantaban (una de ellas llamada de Nuestro 
Señor Salvador, la cual dispuso el Conde Suñer para si 
con especial devoción, á fin de que se le tuviese siempre 
presente en las oraciones , la segunda de San Miguel 
Arcángel, las cuales dedicó el Sr. Mirón Obispo de Ge- 
rona, la tercera de San Poncio que habia construido el 
Conde Mirón para remedio de su alma y, por fin, la de 
Santa Cruz consagrada por Froilán Obispo ausonense) 
con estas capillas fué consagrada la terrena Casa de 
Dios, habitación de Cristo, en medio de la inmensa ale- 
gría que respiraban los que habían acudido de lejanas 
tierras. Además ya el mencionado venerable Conde 
Oliva procuró consagrar la iglesia que allí mismo por 
su voluntad se levanta en honor de San Pedro y San 
Andrés, mediante la consagración del Obispo Froilán, en 
cuya diócesis aquella se encuentra. Con ello quiso aten- 
der al remedio de las almas de su padre y de su madre, 
junto con la de su hermano, á los cuales sucedió en el 
Condado , habiendo merecido elevarse al colmo de su 
dignidad y potestad. Animado asimismo del deseo de la 
perfección, y ardiendo siempre en amor paterno hacia el 
cenobio, estando presente la reunión de Obispos, Aba-^ 
des. Canónigos, y de los vasallos que también asistieron 
con él venerable Conde Borrell, con propia solicitud y 
consejo de todos promulgó este decreto, á fin de que el 
mentado cenobio conservase siempre en su integridad 
su estado y libertad, como lo declara el siguiente acuer» 
do de los príncipes eclesiásticos y civiles : 



— 334 — 

Froilán Obispo por la voluntad divina. Mirón en nom- 
bre de Dios humilde Obispo de Gerona, Froilán pontífice 
Ausonense, Gisado egregio Obispo de Urgel, Suñer 
Obispo de Elna, Vivas eximio Obispo de Barcelona, el 
Señor Oliva, el Sr. Borrell, el Sr. Gauzfredo, excelentí- 
simos Condes : Sepan todos los fieles de nuestras dióce- 
sis que, siguiendo las huellas de nuestros antepasados, 
si bien la exigüidad humana no puede aumentar el 
honor del Creador, sin embargo, conformándonos con 
los tiempos, después de renovar y corroborar las san- 
ciones y decretos de nuestros padres en la dedicación 
del cenobio ripollense, con el consentimiento de nuestros 
fieles que allí estaban presentes ; establecimos y man- 
damos observar, apoyados con nuestra autoridad , para 
siempre con suma reverencia, que las posesiones otor- 
gadas al monasterio por nuestros antepasados (las que 
constan en las escrituras archivadas) posesiones que 
generosamente aumentamos, lo mismo que las que en 
sufragio de su alma han cedido ó cedieren los fieles, con 
las que los monjes legalmente adquirieron ó adquirie- 
ren en los condados de Ausona, Barcelona, Gerona, 
Rosellón, Ampurias, Peralada, Vallespir, Besalú y en 
los distritos de Urgel y de Berga, con todos sus térmi- 
nos y tierras contiguas, de tal modo las tenemos por li- 
bérrimamente dadas al Abad Witisclo y sucesores, que 
sin ninguna contradicción puedan tener y gozar (apoya- 
dos en nuestro nombre y en el de nuestros hijos) los 
bienes que en cada condado se refiere que tienen y lo 
atestiguan sus escrituras. Además por nuestra alta au- 
toridad hemos establecido que ningún Conde, Pontífice, 
juez público ú otra autoridad tenga poder para fallar 
causas ó arreglar cuestiones, ni nadie pueda juzgar á 
sus hombres ni por homicidio, ni por incendio, ni por 
rapto ni por otra cuestión cualquiera. Y cuando los 
abades murieren, elijan ellos entre sí el sucesor según 



— 335 — 

la regla de San Benito. Si alguien en adelante, quitada 
la reverencia que se nos debe, se atreviere á contrade- 
cir con petulante presunción la sanción de esta nuestra 
escritura, sepa que tendrá contra si los cánones y las 
leyes, y respecto á lo primero será privado de la comu- 
nicación con los fieles para recibir las maldiciones de 
Abirón y Datan á los que se tragó la tierra, y la de Ju- 
das que instigado por el Diablo no dejó de hacer traición 
á su Señor Salvador. Presentado luego á los tribunales 
civiles sepa que se habrá de sujetar á lo que las leyes 
prescriben. Y para que estas nuestras autorizadas con- 
cesiones tengan más firme validez en adelante , hemos 
procurado corroborarlo con nuestra propia firma. 

Froüán- humiláe Obispo de Vich lo confirmo con mi 
firma en honor de Santa María, Iñigo archipreste, Pa- 
iricio sacerdote aunque indigno, Suniedo sacerdote, 
Selva levita, Guillermo levita, Borrell por la gracia de 
Dios, ínclito conde y marqués he convenido gustosamen- 
te en lo escrito , Oliva conde por la gracia de Dios , Mi- 
rón por la gracia de Dios Obispo de Gerona, Teuderico 
Abad, Mirón sacerdote, Wigila presbítero, Odoacro 
presbítero. 

(Letra D.) 

Acta, de la. dedicación, de 1032. 



En el año 1032 de la Encarnación de N. Señor Jesu- 
cristo, Era 1070, Indicción XV, á 15 de enero del 
primer año en que después de la muerte de Roberto rey 
de los Francos, de venerable memoria, tomó las riendas 
del gobierno su hijo Enrique, hubo congregación de 
Obispos en el cenobio de Santa María siempre Virgen 
del valle de Ripoll, al objeto de dedicar la basílica de la 



— 336 — 

misma Madre de Dios, Concurrieron asimismo los Prín- 
cipes de la patria y otros fieles de ambos sexos, edad y 
condición. Lo cual tuvo lugar mediante la solicitud y 
disposición del Sr. Oliva obispo ausonense (á cuya dió- 
cesis pertenece dicho lugar) quién, deseando seguir las 
huellas de sus progenitores , es decir de su bisabuelo el 
Conde y Marqués Wifredo, fundador del mentado Ceno- 
bio, é imitando el ejemplo de su abuelo el Conde Mirón 
de honorable memoria, el cual destruyendo la misma 
iglesia que era muy pequeña, la reconstituyó más artís- 
tica y suntuosa, y renovando los propósitos de su padre 
el señor Conde Oliva y de sus hermanos, que por se- 
gunda vez la convirtieron en templo más grandioso; asi 
como sobresalió entre todos por su piedad, también les 
superó en la magnificencia del edificio. A cuyo fin 
igualó con el suelo todo lo que se levantaba y, constru- 
yendo desde los cimientos una nueva iglesia, la conclu- 
yó con mucho trabajo y admirable arquitectura, me- 
diante el auxilio de la divina gracia. Para satisfacer la 
aspiración de sus designios, reuniólos obispos de las 
vecinas regiones y dedicó reverente con sus coepísco- 
pos la iglesia que en nombre de Dios habia edificado, y 
en el mismo dia ante los obispos convocados y en pre- 
sencia de los esclarecidos y venerandos Condes su Se- 
ñor hermano Wifredo y su Sr. sobrino Guillermo, hizo, 
renovó y confirmó esta ordenación de dote para la 
estabilidad del sobredicho cenobio : 

OLIVA, Obispo de la Iglesia de Ausona y Berenguer, 
Obispo de Elna y Guadaldo, Obispo de Barcelona y Wi- 
fredo, Obispo de Carcasona y Amelio, Obispo de Albi á 
todos los hijos de la Santa Iglesia de toda edad y condi- 
ción, sea la herencia y el gozo del reino celestial. Que- 
remos que sea conocido de vuestra fraternidad, dilectí- 
simos hermanos é hijos, que reunidos para la dedi- 
cación de la iglesia de la Madre de Dios del Cenobio 



— 337 ~ 

ripollense, procuramos con la solicitud que nos ha sido 
posible, el explendor y la estabilidad de la misma Casa, 
para que en adelante apareciese mejorada. Porque con 
la divina gracia la santificamos con las reliquias de ve- 
nerables santos, y en tanto la sublimamos con nuestras 
bendiciones y la invocación del nombre de Jesucristo, 
en cuanto quede á los que aman, el amor y el auxilio de 
Dios, y su temor y juicio á los que aborrecen. Hemos 
también constituido esta dote á la mentada iglesia, y pa- 
ra que permanezca inconcusa hemos procurado darle 
fuerza con nuestra firma, estableciendo bajo la obtesta- 
ción del divino juicio y so pena de excomunión, que 
nadie se atreva á violar lo que nuestra autoridad quiso 
confirmar en pro de la estabilidad de la Casa de Dios. 
Por lo tanto le confirmamos y corroboramos todos los 
privilegios concedidos al cenobio, según constan en Le- 
tras apostólicas y demuestran los regios preceptos de 
los reyes Francos y las dotaciones que en tiempos pa- 
sados le firmaron nuestros antecesores, y lo que ad- 
quiera de cualquier modo en adelante. También conce- 
demos á los abades y á los monjes del mismo lugar 
omnímoda libertad de juzgar y sentenciar en todos los 
excesos y crímenes que acontecieren en los términos de 
todos los predios de dicho cenobio, y que ningún juez ó 
vicario ó persona (cualquiera que fuese su potestad) 
tenga permiso para solventar sus causas, ni de ningún 
modo juzgarlas sin su licencia, ni en el telonéo del mis- 
mo mercado, ni en ninguno de los lugares que pertene- 
cen al mismo cenobio presuma hacer ninguna violencia. 
Asimismo vedamos á todas las personas de cualquier 
condición que sean, ya se trate de ripoUenses ya de fo- 
rasteros, que no presuman quitar nada, conmutarlo ó 
hacer donación de lo perteneciente al ornato del mismo 
lugar, en daño y detrimento de la misma iglesia. Con- 
cedemos otro sí y confirmamos al predicho monasterio, 

22 



— 338 — 

conforme á la Constitución del papa Benedicto y según 
lo concedió al mentado cenobio con la autoridad de San 
Pedro apóstol y la suya, que si la festividad de la Ipa- 
panta del Señor que llamamos Purificación de Santa 
María aconteciere después de la Septuagésima, tengan 
perpetua licencia los moradores del mismo cenobio de 
cantar solemnemente Alleluya y Gloria in excelsis Dea. 
Así pues, si hubiese alguno que ayudase esta nuestra 
Constitución, de parte de Dios le bendecimos y le de- 
seamos que sea salvo perpetuamente. Pero si alguno 
(lo que no suceda) con temeraria audacia quisiese in- 
fringir ó violar de cualquier modo lo que hemos esta- 
blecido, á éste le juzgamos expulsado de la Santa Igle- 
sia de Dios y le prohibimos toda comunicación con los 
cristianos, y de parte de Dios omnipotente y de la San- 
tísima Virgen María le excomulgamos, hasta que haya 
dado una satisfacción digna á Dios y á Santa María 
Virgen, después de aplicarle la pena legal bajo senten- 
cia de los venerados Príncipes, á más de la censura en 
que haya incurrido por el sacrilegio, y de aquí en ade- 
lante esta dote que acabamos de constituir permanezca 
estable é inconcusa. 

f Oliva, obispo, Wifredo, por voluntad divina obispo 
de Carcasona, Amelio, obispo de Albi, Berenguer, por 
voluntad divina obispo de la Santa Iglesia de Elna, 
Aribau, obispo de Urgel, Beimardo, por la gracia de 
Dios obispo Coserán ense, Gelabert, por la G. de D. obis- 
po de Barcelona, Pedro, de Gerona, Arnaldo, obispo de 
Tolosa. Wifredo, metropolitano de Narbona, Guillermo, 
por la G. de D. obispo de Ausona, Rambaldo, por la G. 
de D. obispo, Berenguer, por la G. de D. obispo de Ge- 
rona, Guillermo, por la G. de D. obispo de Urgel, Ar- 
nM//o, obispo de Rodes, Berenguer, por la G. de D. ar- 
zobispo de Tarragona. Yo, Gualtero, indigno obispo de 



— 339 — 

la iglesia de Albano, legado y cardenal de la Iglesia ro- 
mana, alabo, confirmo y corroboro tod9 lo que se con- 
tiene en los privilegios y en la dote de esta iglesia. Ar- 
naldo, por la gracia de Dios obispo dé Ausona. Wifre- 
do, conde por la gracia de Dios. Guillermo, conde por 
la gracia de Dios. Armengol, conde por la gracia de 
Dios. Berenguer, hijo de Ramón. Hermesinda, condesa 
por la gracia de Dios. Signo de Fulcón, vizconde. Sig- 
no de Wifredo, vizconde. Signo de Seniofredo, vizcon- 
de. Pedro, vizconde. Escrito por mano de hamo, su- 
plente de Arnaldo, notario del Obispo Oliva. Guillermo, 
Archidiácono. R. abad. Wifredo, levita, juez y presbí- 
tero lo suscribo. Raimundo, presbítero. Vives, levita, 
sacerdote y juez. Sanderedo, sacerdote de Olot. Erme- 
miro, levita y bibliotecario, Signo de Dalmaeio, levita. 
Arnaldo, archilevita. Signo de Pondo Bojill de Mar- 
cos, prepósito y Juez de Barcelona, suscribí sabiendo 
que es justo lo antedicho. Arnaldo^ juez. Bojill, sacer- 
dote. Ricardo, sacrista. Berenguer, sacrista. 

(Letra E), 

Donación del lug^ar de Gamarasa, á. Santa Maria 
de Ripoll, lieclia por el conde Ramón Beren- 
guer el Viejo. Año 1050. 



Sepan todos los presentes y venideros como el ínclito 
conde de Barcelona y marqués D. Ramón visitó el ce- 
nobio de Santa María de Ripoll en el año 1050, primer 
dia después de la Santa Pascua, esto es á 29 de Abril, 
acompañándole el ilustre obispo de Vich Guillermo, y 
muchos de los nobles de la comitiva del Conde. 

Entonces se le presentaron los monjes y le rogaron 
que hiciese donación á DiosN. Señor y á Santa María, 



- 340 — 

para remedio de su alma, de una posesión en Caraarasa, 
de las que allí tenian los sarracenos, en cuyo poder es- 
taba aquel lugar. 

Confiado el conde en la misericordia de Dios y en la 
intercesión de Santa María, atendió generoso á su pe- 
tición, y dio á Dios N. Sr. y á María su Santa Madre 
una de las mejores posesiones que tenian los sarrace- 
nos en el lugar indicado. 

Habia en aquel tiempo en Lérida, ciudad de los Sa- 
rracenos cierto jefe llamado Almudafar, que tenia aque- 
lla ciudad y otras con varias tierras de la comarca 
hasta las fronteras de los cristianos. A 16 de mayo, un 
jueves, tuvo el Sr. Conde una entrevista con el nombra- 
do jefe quien le dio Camarasa con todos sus términos y 
afrontaciones, Y habiendo transcurrido cinco meses, 
residiendo allí el glorioso conde, mandó hacer una es- 
critura en pro de Santa María, cuyo tenor es el si- 
guiente : 

En nombre de N. Sr. Jesucristo, yo Raimundo, íncli- 
to conde y marqués, hago donación á Dios y á Santa 
María del cenobio de Ripoll del propio alodio que tengo 
en Camarasa ó en sus términos. Doy pues á dicho ce- 
nobio, en el mencionado lugar, casas y viviendas con 
sus solares y edificios, eras, lagares, cortijos grandes y 
pequeños, huertas y huertos, tierras cultivadas é yer- 
mas, viñas y viñedos, entradas y salidas de caminos y 
de aguas, árboles frutales y no frutales, olivares y 
cuanto en dicho lugar de Camarasa tenia, poseía ó de- . 
bia tener Muza Abencabet por cualquier derecho. Las 
afrontaciones son estas : Por el oriente el lugar de Cu- 
bells ó el rio Cione, al mediodía Balaguer^ sus términos 
ó el rio Segre, al occidente el lugar llamado S, Lorenzo 
ó en los términos del lugar de Sabinián ó el rio Nogue- 
ra, al norte el límite del pueblo llamado Alós. Cuanto 
pues va incluido en estas afrontaciones lo doy á Dios 



— 341 — 

N. Sr. y á Santa María de Ripoll, votioe et potencialí- 
ter, por amor de Dios y remedio de mi alma y de la de 
mi difunta esposa la condesa Isabel, paraque el Omni- 
potente, por la intercesión de Santa María y de todos 
los Santos, se apiade de mis pecados y del alma de mi 
difunta esposa. 

Doy también á Dios N. Sr. y á su Santísima Madre 
todas las décimas que de las dichas casas, tierras, vi- 
ñas y olivares salieren, y además todos los olivares que 
están en dicha posesión, de los cuales disfrutaba Muza 
con sus hermanos. De todo lo cual transfiero mi dere- 
cho al derecho y dominio del cenobio, paraque lo tenga 
por propio con sus entradas y salidas, según se ha di- 
cho. Doy también á Dios y á su Santísima Madre Santa 
María todo el telonéo del mercado que se hace en dicho 
lugar, y lo que compraren ó vendieren los fámulos ó los 
monjes de Sta. María del cenobio ripollense en el mer- 
cado que allí estableceré. Doy además á Dios N. Sr. y á 
Santa María del cenobio de Ripoll, votive et poíencia- 
liter en todas las ciudades y territorios que yo, por la 
misericordia de Dios Omnipotente, durante mi vida ad- 
quiriere en España, un manso en cada uno de los lugares 
conquistados, con todo. lo que álos dichos mansos per- 
teneciere, y mando que todos mis descendientes hagan 
siempre lo mismo para remedio de mi alma. 

Es también mi voluntad que de los olivares que yo 
ofrezco á Dios y á Santa María arda siempre dia y no- 
che el aceite ante el altar, para remedio de mi alma y del 
alma de mi difunta esposa Isabel. 

(Siguen las penas formularias contra los que se atre- 
van á despreciar las disposiciones del otorgante, y con- 
cluye con la fecha de la escritura, 28 de septiembre de 
1050, y catorce firmas, siendo la primera la del inmor- 
tal Conde). 



— 342 — 
(Letra F.) 

DotiELción de Olot á. Santa. Maria de Ripoll 
por Bernardo II, Conde de Besalú. Año 1097. 



En nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y 
Espíritu Santo. Yo Bernardo, por la gracia de Dios, Con- 
de de Besalú, impulsado por el celo divino y por amor á 
la gloriosa Madre de Dios siempre Virgen Mariia, para 
remisión de mis pecados y alivio del alma de mi padre el 
Conde Guillermo y absolución de la de mi hermano 
Guillermo también Conde, perpetua y expontáneamen- 
mente doy y concedo por voto y potestad al autor de 
todos los siglos Nuestro Señor Jesucristo y á su venera- 
ble Madre é intacta Virgen Maria y á su santísimo 
cenobio sito en el condado de Ausona, en el valle ripo- 
llense, el propio alodio y dominio que tengo en el conda- 
do de Besalú ó en la parroquia de San Esteban de Olot y 
en la parroquia de San Cristóbal de las Fuentes, hacia 
la parte superior y en la parroquia de las Presas. Este 
Señorío y alodio es llamado Olot. 

Bajo esta donación van comprendidos mansos ínte- 
gros y arruinados, terrenos cultivados y sin cultivar, 
muchas viñas y viñedos, molinos y molinetes, prados, 
selvas y las aguas y acueductos, con todo lo demás que 
se reduce al dominio de Olot, fincas rústicas y urbanas, 
tales como se hallan en dichos lugares que pertenezcan 
al señorío condal. Todo esto lo doy y concedo á Dios 
Omnipotente y al venerable sitio de Santa María de 
Ripoll y á sus moradores, para que lo tengan y posean 
perpetuamente sin que nadie les inquiete. 

Esta posesión confronta por el E. con el collado de 
Pusilgues, vulgarmente rio Fluviá; por el S. con el co- 



-. 343 — 

liado que en otro tiempo perteneció á Bremisardo ó con 
la iglesia de San Andrés, por el O. con la parroquia de 
Santa María de la Pina, por el N. con la parroquia de 
San Pedro de las Presas. Todo lo susodicho, tal como 
yo lo poseo y debo poseer ó poseen otros en mi nombre, 
así lo cultivado como lo inculto, montañoso como ver- 
tiente con las selvas y carrascales, prados y pastos, 
molinos y molinetes, aguas con sus acueductos y 
diques, eras y lagares con todos los términos , afronta- 
ciones y pertenencias y todos los ingresos, gastos y de- 
más servicios, lo traslado de mi legítimo derecho, para 
remedio de mi alma, como he dicho, al derecho, poder 
y dominio del mencionado cenobio de Santa María de 
RipoU, para que lo tenga y posea libre y tranquilamen- 
te sin consideraciones á persona alguna. Mas si alguien 
por sugestión del espíritu maligno intenta oponerse á 
esta mi donación, sea condenado á pagar el doble al su- 
sodicho cenobio , y en lo sucesivo cuanto haga en este 
punto se considere nulo é inválido, y si no da la satis- 
facción debida, sea anatematizado. Esta donación sea 
perpetua. Fué hecha la escritura de donación y entrega 
á 14 de agosto del año 38 del reinado del rey Felipe. 

Signo de Bernardo Conde , quién mandé hacer esta 
escritura, y la firmé de propio puño, y rogué á los de- 
más que la firmasen. Yo heredé el dicho señorío de 
Olot, y lo di á Santa María con las demás posesiones 
que ya le habia concedido por escritura de donación (1), 



(1) Se refiere á la cesión hecha en 17 de agosto de 1095 del alodio y 
dominio que tenia en la parroquia de San Pedro de Ripoli. Los términos 
de este alodio y dominio eran al E. el rio de Vallfogona, al S. el bosque 
de Gravolosa, al O. la parroquia de San Jaime de Frontanyá y al N. el 
puente de la Corba. La escritura está redactada en iguales términos que 
la de la cesión de Olot, y firma entre otros Juan de Dios de la iglesia de 
San Pedro de Ripoli. 



. — 344 — 

y mando que mi cuerpo sea sepultado en aquel venera- 
ble lugar, en cualquier parte que yo muera. Raymundo, 
arcediano y Abad de San Félix.- Benito; Abad. 
Udalardo, vizconde. Arna/do, hijo de Arnaldo de Liere. 
Raymundo, monje y subdiácono que escribió la presente 
en el dia y año citados. Gaufredo prior. 

II 

LA PORTADA d) 

Durante largos siglos la significación de la célebre 
portada de la basílica ripollense estuvo velada por el 
misterio. Numerosos é inconexos grupos que simulan 
ora reñidas batallas, ora procesiones triunfales; centau- 
ros luchando con leones; cigüeñas, águilas y monstruos 
mitológicos confundidos con Vírgenes, mártires y doc- 
tores del Cristianismo ; músicos con trajes del siglo XI 
debajo de citaristas que ostentan la toga romana; el 
tiempo representado en faenas campestres y domésticas 
de los doce meses del año ; la eternidad de gloria y la 
eternidad de penas, tal es lo que descubría el artista en 
su primera impresión, sin que pudiese satisfacer el deseo 
de ver descifrados unos enigmas de más delicado pen- 
samiento que primorosa ejecución, sin que le fuese dado 



(i) Este apéndice sobre la portada es una de las ocho disertaciones 
que con el título de Memoria sobre el Monasterio de Rifoll presentó el 
autor ala Asociación literaria de Gerona en el Certamen de 1872, ha- 
biéndole sido recompensado aquel primer ensayo con el escudo de ar- 
mas de Gerona, premio ofrecido á la mejor Memoria sobre un asunto 
de interés provincial. Con gusto complacemos á nuestros amigos re- 
produciendo aquí esta parte de aquel opúsculo, que puede servir de 
guia á los que deseen estudiar en todos sus pormenores la obra maestra 
del gran Oliva. 



— 345 — 

sorprender el centro dó convergen tanta variedad de 
figuras, en actitudes heterogéneas. La perplejidad y 
confusión del que deseaba iniciarse en la idea airosa- 
mente realizada en esta singular portada, nacia de la 
oscuridad en que nos dejáronlos primeros cronistas. 
Ocho siglos transcurridos luego, sin ninguna aclaración, 
terminaron por condensar sobre los toscos relieves las 
tinieblas del misterio. No era, pues, extraño que, al in- 
terrogarse la tradición ripollense sobre la obra maestra 
de Oliva, nos hallásemos con ridiculas consejas, á que 
se presta lo rudo de la ejecución, lo gastado de las ins- 
cripciones y el deterioro consiguiente á los últimos años 
de intemperie y vandálicas mutilaciones. (1846-1850.) 

No habían faltado literatos que de nuestra obra se 
hubiesen ocupado, mas, fuese por precipitación , ó por 
falta de una clave, ó que la gloriosa historia del monas- 
terio les absorviese con preferencia la atención ; ello es 
que sólo hablan ernitido ideas encontradas que, con más 
estudio, hubieran sin duda rectificado. El erudito Villa- 
nueva en su Viaje literario se limita á generalidades, 
sin concretarse, y el eminente autor que en la obra 
Recuerdos y bellezas de España describe el templo, 
guiado por el entusiasmo del poeta de talento y corazón, 
admira en esta página completa del arte la aterradora 
tranquilidad de las lineas, la rudeza y severidad de las 
formas, el lujo de los adornos, la aglomeración de es- 
culturas extrañas y al parecer incoherentes, y el sim- 
bolismo que la caracteriza. Pero cuando se trata de su 
descripción, corren parejas las galas de la imaginación 
con la inexactitud en las ideas, y concluye preguntando: 
¿Qué puede expresar el conjunto de esta fachada del 
siglo XI, quizá la más compleja de cuantas existen en 
España ? Y añade : « El alfabeto en que están escritas 
estas grandes concepciones poéticas, es ya tan desconocido 
como los símbolos de la India y los geroglificos de Egip- 



— 346 — 

to; el dia en que una observación constante y profunda 
descubra lo que significan, quizá leeremos mejoría Histo- 
ria en las paredes de los monumentos, que en las crónicas 
y en los manuscritos, » Balaguer en su libro Cuatro per- 
las de un collar usa un lenguaje semejante. 

Tres meses de « observación constante y profunda » 
durante los cuales el autor estudió los relieves , guian- 
do le cual rayo de luz numerosas inscripciones por él 
descubiertas y restituidas á su ser, dieron, por resulta- 
do esta detallada explicación , con la cual espera res- 
ponder satisfactoriamente á los deseos de los que ^risiten 
la basílica, de Santa María. 

Para proceder con claridad , al entrar en los porme- 
nores de la obra que nos ocupa, consideraremos su for- 
ma arquitectónica, haciendo en ella las divisiones más 
conducentes á nuestro propósito. 

Es rectangular. Su altura de cuatro metros se divide 
en siete compartimientos ó secciones, comprendiéndose 
en ellas los relieves laterales y externos. A las siete 
secciones hemos adecuado títulos en esta forma : 

El cielo y el porvenir de la Iglesia. 

Visión beatífica. 

Moisés y Elias. David y Salomón. 

Jericó y Rafidin. 

Salmos CL y CXVI. 

Las pasiones y la razón. 

Recompensas y castigos. 

La base de 10 metros está dividida en cuatro partes, 
siendo ocupadas las dos del centro por la plena cimbra 
concéntrica de 2, 5™ de radio, apoyada en dos paredo- 
nes cortados en ángulos entrantes y salientes que dan 
al templo anchurosa entrada. Estudiaremos los relieves 
de aquella, según estas divisiones y denominaciones : 



1.^ 


Sección 


2.^ 


» 


3.^ 


» 


4.^ 


» 


5." 


» 


6.^ 


» 


1.' 


» 





— 347 — 


1." Sección: 


Columnas de los apóstoles. 


2." » 


Arcos de los apóstoles. 


3/ » 


Arco de Jonás y Daniel. 


4/ » 


Arco de Abraham y Tobías 


5." » 


Los doce meses. 



Ocupémonos ahora de las divisiones establecidas. 

PRIMERA SECCIÓN. 
El cielo y el porvenir de la iglesia. 

En el centro preside el Cordero inmaculado, per cune- 
ta témpora in una dominatione stans, con el libro de los 
siete sellos que han de revelar el porvenir. Su actitud 
es majestuosa. Sentado en un trono, su izquierda mues- 
tra el libro abierto, y tiene la diestra levantada en ade- 
mán de quién dice «Mirad! ». 

Rodéanle querubines que se ciernen en nubes y, 
simétricamente distribuidos, le miran respetuosos un 
ángel, un águila, un león y un toro. Los cuatro con alas, 
nimbo en la cabeza y un libro cerrado. Úñenseles veinte 
y cuatro figuras que ostentan en sus manos un cáliz y 
una lira. 

Aquí el artista evocó el recuerdo de los ángeles, los 
cuatro animales y veinte y cuatro ancianos del Apoca- 
lipsis en el acto de cantar al que ha sido digno de abrir 
los siete sellos este cántico nueoo : « Digno eres. Señor, 
de recibir el libro y abrir sus sellos ; pues fuiste sacri- 
ficado, y con tu sangre redimiste para Dios á los hom- 
bres de toda tribu, lengua y nación». 

Prosiguen los ángeles con levantada voz : » Digno es 
el Cordero que ha sido muerto, de recibir la virtud y la 
divinidad y la sabiduría y la fortaleza y el honor y la 
gloria y la bendición.» 

Terminan todas las criaturas del cielo, mar y tierra : 



— 348 — 

«Al que está sentado en el trono y al Cordero bendición 
y honor y gloria y poder por los siglos de los siglos.» 

Confirmanlo los cuatro animales con un « Amen », y 
los veinte y cuatro ancianos , humillando sus frentes, 
adoran al que vive eternamente. (Léase el cap. V del 
Apocalipsis). 

San Gerónimo (en el prólogo galeato de la Biblia) ob- 
serva que los veinte y cuatro ancianos simbolizan los 
veinte y cuatro libros del antiguo Testamento; los cuatro 
animales, los cuatro evangelistas y el libro de los siete 
sellos, lo venidero. En este sentido alegórico indica 
también la primera sección el antiguo y nuevo Testa- 
mento con el Mesías prometido, en cuyas manos está el 
Porvenir de la Iglesia. (1) 

SEGUNDA SECCIÓN 
Visión beatífica. 

Sus apóstoles, mártires , confesores , doctores , vírge- 
nes, sacerdotes y profetas son «aquella multitud de jus- 
tos que nadie podia contar» gozando de la beatífica 
visión de Dios. Completan el argumento de la sección 
anterior. 



(1) El archivo de la Real Academia de la Historia conserva un códice 
en pergamino que comprende el comentario del Apocalipsis, recopilado 
por San Beato de Liébana.-Es del siglo X y procedente de San Millán 
de la Cogolla. En su página 209 una singular miniatura exliibe la misma 
idea que el primer compartimiento descrito. Jesucristo está sentado, 
viste túnica verde y manto rojo, rodea su cabeza un nimbo y su mano 
derecha ostenta el libro de los siete sellos. Los cuatro animales prol'éti- 
cos con un libro cada uno, sostenido con ambas manos, y la cabeza 
nimbada miran hacia el trono. Al mismo se dirigen también reverentes 
veinte y cuatro ancianos con coronas de oro. — En el códice escriturario 
de Gerona que comprende un comentario del Apocalipsis escrito por 
Victoriano, obispo Petavionense en Stiria, hemos visto dibujado con 
mucha incorrección el mismo argumento. 



— 349 — 

TERCERA SECCIÓN 
Moisés y Elías, David y Salomón. 

Comprende diez retablos cuyos protagonistas son 
Moisés y Elías ,, David y Salomón. Los dos primeros 
acompañaron á Jesús en la Transfiguración , Moisés en 
representación de los patriarcas, Elias dé los profetas. 
De David habia de nacer el Mesías. Salomón represen- 
taba su gloria. 

Los retablos de la derecha son cinco que correspon- 
den á Moisés: 

1.° El pueblo de Dios, perseguido por Faraón, pasa 
á pié enjuto el mar rojo, (parte lateral.) 

2." Los israelitas recogen el maná que á manera de 
rocío descendió á su campamento. 

3." Bandadas de codornices llenan el campamento 
de los Israelitas. 

4." El pueblo sediento pide tumultuosamente agua 
á Moisés. 

5." Moisés con la vara hace brotar agua de la Peña 
de Horeb. En el friso hemos podido leer ; Virga percu- 
tit Moisés.... peira dat aquam...coturnix....manna. 

Los de la izquierda son : 

L" Sueño de Salomón en que Dios le concede la sa- 
biduría. 

2° Juicio de Salomón sobre el niño y las dos ra- 
meras. 

3." Triunfo de Mardoqueo. 

4." Ruina de Aman (I) 

5." Elias es arrebatado al cielo en un carro de fuego, 
(parte lateral.) 

Resta de la inscripción : Regem. . . .hinc populus iuste. , . . 

En el arranque del primer arco se ven dos cigüeñas 
que simbolizan el amor paternal. Después de los pasa- 



— 350 — 

jes en que tanto campean la providencia y bondad divi- 
nas, parece que dicen á los que las miran :■ ¡Ved cuan- 
to Dios amó á su pueblo, pues tantas y tales maravillas 
obró por él ! 

CUARTA SECCIÓN 
Rafidin y Jericó. 

La eficacia de la plegaria se patentiza en los relieves 
de esta sección. Figura el de la derecha el ejército de 
Amalech, batallando contra los Israelitas en Rafidin. 
Vése á Moisés con las manos levantadas, sustentándo- 
selas Aaron y Hur. Recordemos que cuando Moisés las 
levantaba rogando á Dios , vencian los Hebreos , al 
bajarlas superaba Amalech. 

Encima de estos relieves hemos descubierto el si- 
guiente epígrafe ; 

Ur et Aron: relecant manuum Moisi gravitaiem dum 
Moiaes populo domat Amalech feritatem. 

En la izquierda se describe la toma de Jericó. Dos re- 
tablos hacen conmemoración de ella con estos exáme- 
tros que también se ignoraban : 

Archam cantantes deducunt et iubilantes. Ángelus est 
vindex sceleris sed Gad necis iudex. 

i,^^ Retablo. — Los sacerdotes con trompetas acom- 
pañan el arca (1) y rodean los muros de Jericó. 

2.° Ciudad de Jericó dominada por el ángel, príncipe 
de los ejércitos de Dios , que con la espada desnuda se 
apareció á Josué para auxiliarle. 

El tercer retablo (que nosotros referimos al compar- 
timiento segundo) representa al profeta Gad dando á 



(1) El arca tiene también cinco renglones sumamente gastados, en 
que sólo hemos podido leer aroha y canentes. 



- 351 - 

escoger á David entre el hambre , la peste y la guerra, 
en castigo de su vanagloria. 

QUINTA SECCIÓN 
Salmos CL y CXVI. 

Cinco grandes estatuas de músicos se ven á la dere- 
cha. Cuatro tocan, el del centro dirige el coro. Los ins- 
trumentos son la flauta de Pan, el cuerno de caza, la 
campana, el rabel ó violin, y comprenden todas las 
clases que se pueden idear. Efectivamente, la nauta de 
Pan representa los instrumentos de viento, de madera ; 
el cuerno de caza los de viento metálicos; la campana 
los de percusión ; el violin los de cuerda , ya se toquen 
con arco ya sin él. En estas cinco figuras expresó el ar- 
tista el salmo GL de un modo original, como vamos á 
reconocer. 

Cantan en coro : 

« Alabad al Señor en sus santos». 

Y responde cada uno : 

«Laúdate eum in sonó tubae» (Figura 2.*) 

«Laúdate eum in psalterio et cithara» (Figura 5.*) 

«Laúdate eum in tímpano et choro » (Figura 3.*) 

«Laúdate eum in cordis et órgano » (Figura 1.") 

« Laúdate eum in cymbalis bene sonantibus » Figu- 
ra 4.^) 

En la parte lateral y correspondiente á los cinco mú- 
sicos, un leopardo con un esquilón en el cuello da 
saltos de placer. Expresa (con las dos fieras que tiene 
debajo) el sexto y último « Laúdate »: 

«Laúdate eum in cymbalis iubilationis ». 

Los cinco de la derecha revelan diversas clases de la 
sociedad. 

El estado civil es significado por un conde y su escu- 
dero ; el eclesiástico por un obispo y un monje, El san- 



— 352 — 

to Rey David, colocado en lugar preferente les señala y 
les dice : « Alabad al Señor todas las gentes , alabadle 
todos los pueblos.» 

La figura lateral correspondiente representa el Pur- 
gatorio. Un alma sepultada en un lecho de llamas se 
incorpora y tiende su mano á un ángel que le presta 
auxilio, y la transporta á la mansión de los justos. El 
alma purificada será recibida por Dios uno y trino, sig- 
nificado en un anciano que encubre delante de sí á tres 
personas. Con ambos retablos se termina el salmo así : 

« Porque se ha confirmado en nosotros su misericor- 
dia.» (Purgatorio.) 

«Y la verdad del Señor permanece eternamente». 
(Trinidad Sma.) 

SEXTA SECCIÓN 
Las pasiones y la razón. 

Esta sección entraña un pensamiento alegórico. Los 
dos leones que combaten y se desgarran (derecha) son 
las pasiones desordenadas y vencedoras que envilecen 
y ofuscan la razón, hasta el extremo de sustituirla por 
la fantasía que confunde la realidad con la fábula, la 
verdad con la mitología. La razón así extraviada es im- 
potente para sujetar las pasiones. Débil y abyecta, sólo 
puede, huyendo de vencida, dirigirlas dardos insegu- 
ros. A la razón degradada por las pasiones alude el 
centauro, aborto de la fantasía , que huye á escape de 
los leones embravecidos, y les asesta de lejos una ñecha 
insegura. 

Ahora bien, la razón, una vez se ha hecho esclava de 
las pasiones, la dignidad humana desaparece, el ser in- 
teligente se rebaja hasta ponerse al nivel de los brutos. 
Esta consecuencia la significa el leoncillo que sigue y 
mira dócil. el combate de las dos fieras. - 



- 353 — 

En la otra parte aparecen unidos y domeñados am- 
bos leones. Simbolizan las pasiones sujetas á la razón. 
Ésta se representa no por el centauro, sino por lo que 
prestó fundamento al mito, es decir, el caballo con su 
ginete. Vencedor éste, arremete lanza en ristre á los 
leones, quienes, amansados, le miran agradecidos. Si- 
gúeles un guerrero perfectamente armado. Revela esta 
idea: «Aquel es varón esforzado que vence sus pa- 
siones». 

Observaciones. 1.* Comparar la humana razón con 
un ginete domador de un brioso corcel, es una idea muy 
feliz. El caballo es el cuerpo, el caballero el alma, se- 
gún la teoría platónica. Cuando el alma doma el cuerpo 
con el ayuno y la penitencia (freno, acicate) no hay du- 
da que en la lucha tremenda con las pasiones vencerá. 
La flecha del centauro es sustituida por la lanza, arma 
más segura. El león, fiera la más fuerte é indómita, re- 
trata al vivo la violencia de las pasiones. 

2." La misma alegoría se veía en el interior del tem- 
plo, y se conserva aún en dos grupos que se trasladaron 
al pequeño museo del espacioso campanario. Está re- 
petida en cuatro capiteles del claustro. En un grupo el 
hombre domina dos leones, en el otro los dos leones 
al hombre. También se ve en la fachada de San Pedro 
de Besalú. 

3.* ¿Con la alegoría de las pasiones sujetas á la ra- 
zón se quiso expresar el Cristianismo? ¿Se quiso signifi- 
car el Paganismo con la alegoría contraria? 

SÉPTIMA SECCIÓN. 
Premios y Castigos. 

Justo castigo en el infierno recibe quien se deja lle- 
var y subyugar por las pasiones. Esta verdad se repre- 
senta en la séptima sección. 

23 



— 354 - 

Debajo de los leones que se despedazan (derecha) se 
yen en siete círculos — enablemas de la eternidad — los 
castigos reservados alosmas graves pecados. La so- 
berbia se representa con la caida de Luzbel perseguido 
por Miguel. El pecado original es castigado con la sali- 
da de Adán y Eva del paraíso. La lujuria se aborrece 
considerando el horroroso tormento del lujurioso. Satán 
clava su tridente en los ríñones del precito, en cuyo 
cuerpo devorado por el fuego están enroscadas enormes 
serpientes, que le emponzoñan pechos y garganta. Su 
actitud recuerda la de Lacoonte, é inspira compasión y 
temor saludables. Los demás relieves están sumamente 
deteriorados. 

Los símbolos de los siete pecados se hallan en el otro 
lado. Ocupan el interior de otros tantos círculos, como 
para figurar que el vencedor de sus pasiones (alegoría 
superior) les tendrá eternamente encadenados. 

ARGOS DE LA PORTADA. 

Columnas DE los príncipes de los Apóstoles. 

Al entrar el cristiano en el templo, se ve rodeado de 
figuras que le representan más cerca lo que atañe ínti- 
mamente á su religión. 

Siete arcos están adornados en su ancho intrado 
con relieves, otros tres lisos en que descansa la vista. 
Los arcos están sostenidos por otras tantas columnas 
de ricos labores y cuatro intercolumnios, cuyos ángulos 
salientes, cortados por el vértice, presentan un plano 
sumamente estrecho. 

Las del medio son sustituidas por dos grandes esta- 
tuas de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, porque real- 
mente son las dos columnas principales de la Iglesia. 
Encima de sus cabezas continúa el chapitel y un abaco 
de donde arrancan arcos concéntricos. El pedestal en 



— 355 -r 

que descansan las efigies (de tamaño natural) es digno 
de examinarse. 

Sostienen la de S. Pedro cuatro elefantes, símbolo de 
la fuerza de la Iglesia y de la verdad triunfante, y hacen 
memoria de las divinas palabras : 

<<.Tu es Petrus: et super hancpetram 
AEdificaho Ecclesiam meam»,. 

En su diestra tiene S. Pedro un libro en que se lee 
este pareado: 

(íPetrum quiexaudü, 
Plebs ,ad sidera scandit ». 

En el pedestal de S. Pablo yace derrocado un enorme 
dragón que forceja por desasirse de dos soberbias 
águilas. Una le sujeta la cola, la otra con su corvo pi- 
co le saca los ojos. El dragón es el paganismo: . las dos 
águilas son Pedro y Pablo que sepultaron en las tinie- 
blas del olvido, con su predicación, las abominaciones 
del gentilismo. 

En el volumen que tiene S. Pablo habia también una 
inscripción, de la que sólo restan estas palabras: 

<iEeclesia... Dei». 

A derecha é izquierda de ambas estatuas los pecados, 
simulados con monstruos y animales inmundos ó mito- 
lógicos, se encaraman simétricamente hacia la clave 
del arco respectivo. Individuémoslos por su orden : 

Hidra de tres cabezas. — Un león. — Un sátiro. — Un 
pavo real (Soberbia). — Centauro con lanza. — Una rapo- 
sa. — Una Tortuga (Pereza).— Mujer con víboras en la 
cabeza (Discordia). — Dos águilas luchando. — Un enor- 



-^áse- 
me pez. — Cabeza de lobo engullendo un cordero (Gula). 

Una cara afeminada. — Otra cabeza comiendo.— Ca- 
beza cuyas cejas son dos alas cruzadas, y saca dos 
lenguas (Murmuración). — Un pez con cabeza de cor- 
dero. 

Hombre desnudo, con cabeza de cerdo. — Una sirena 
(Lujuria). — Un sapo. — Otro emblema de la murmura- 
ción. — Otro de la gula. 

En el arco se ven : 

Un lobo. — Un perro mordiendo una liebre. — Un 
gallo. — Un ciervo. — Un toro con alas. 

Un águila. — Un leoii con alas. — Otra águila. — Dos 
lobos jugando. — Dos águilas en un cuerpo sobre una 
cabeza humana. — Monstruo medio ángel y medio 
águila. (1) 

La clave del arco está guardada por el Cordero inma- 
culado, con una cruz y un ángel á cada lado. Es el 
« Agnus Dei» que parece decir á las gentes : «Ecce Ag- 
nus Dei.... ecce qui tollit peccata mundi». Y el pueblo 
responde : «Parce nobis Domine. Exaudi nos Domine. 
Miserere nobis 1 » 

El deseo es aceptado, y los pecados que, relativamen- 
te á la clave, están en orden descendente, caen para 
sepultarse en el infierno, situado simbólicamente en la 
parte inferior de la sección séptima. 

ARCO DE S. PEDRO Y S. PABLO. 

Medio arco dividido en cuadros hace conmemoración 
de los hechos de San Pedro, la otra mitad describe los 
de San Pablo. 



(1) El toro, águila, león y el ángel reproducen los evangelistas ; en el 
gallo está el emblema de Ripoll; en lo demás vemos el valle abundante 
en caza y el escudo del sepulcro de Oliva. 



— 357-. 

Los seis cuadros del primero son : 
. .1," El mendigo incurable es sanado por San Pedro 
en la puerta del templo; llamada Speciosa. Ins. Petriis 
atque loannes erigunt claudum. 

2." Resurrección de Tabita. Rodean las viudas á 
SíLn Pedro, llorando y mostrándole los vestidos con que 
Tabita las cubria, Ins. Petrus defunctam suscitat Tha- 
bítam. 

3," Pedro, Vicario de Jesucristo , y Nerón empera- 
dor romano. Ins. Altera vis Petri, altera Neronis. 

4.° Triunfo de San Pedro sobre Simón mago. Ins. 
Ubi Simeón celo ruit. 

5." La cárcel. 

6.° La crucifixión. 

Los pertenecientes á San Pablo son : 

1.° Persigue Saulo á los cristianos. 

2° El vaso de elección. «Este es mi vaso de elección 
para que lleve mi nombre á los gentiles, reyes é hijos 
de Israel.» 

3." Pablo ante Félix. 

4." Pablo en Roma. — Vésele predicando. 

5.° Su prisión. — Está rodeado de soldados armados 
con lanzas. Ins. Pau/us in ministros iratus. 

6." La decapitación. — Un soldado muestra la cabeza 
de Paulo separada del tronco. Ins. Vi ensis ca¿jite irun- 
catur. 

Estos doce cuadros recuerdan al propio tiempo los 
primeros años de la Iglesia. 

ARCO PENÚLTIMO. 
Daniel y Jonás. 

Hechos memorables.de Daniel ocupan la mitad del 
arco, la'historiá de Jonás la otra mitad. Ambos profetas 
abrazaron con sus predicaciones el principio y fin del 



— 358 — 

tránsito del divino Salvador en la tierra. Daniel profeti- 
zó las setenta semanas que hablan de transcurrir hasta 
su nacimiento. Jonás, con sus hechos, la resurrección. 

Hé aquí los pasajes de Daniel. 

1.° Sueño del árbol , cuya interpretación dio el pro- 
feta áNabuco, diciéndole : «Te echarán de éntrelos 
hombres, vivirás entre fieras, comerás como el buey». 

2.° La estatua de oro de Nabuco, de sesenta codos de 
alto y. seis de ancho, que Sidrac, Misac y Abdenago no 
quisieron adorar. Es digno de atención en este pasaje 
el grupo de músicos tocando arpas y violines. 

3." Los tres jóvenes en el horno cuyo fuego consu- 
mió á los verdugos. 

-4." Ángel llevando por un caballo á Habacuc. Este 
trae en una cesta la comida á Daniel. 

5." Daniel en la cueva de los leones. Estos retablos 
llevan sus correspondientes inscripciones y son estas : 

1." Visio quamvtdié Nabucodonosor. 

2.* Statuam auream quam erexit Nabuconodosor. 

3." Tres in camino ignis. 

4." Habacuc. 

5." Daniel in laca leonum. 

Los pasajes é inscripciones de Jonás son : 

1." La mano de Dios (dextera Domini) mandando á 
Joñas: « Perge ad Ninivem. » 

2." El profeta fugitivo arrojado de la nave; un enor- 
me pez le tiene medio engullido. {Joñas in vientre cete). 

3.° Joñas libre del pez [Evomuit picis lonam). 

4;.° Joñas ante la ciudad de Ninive (et praedicavit 
Ninive). 

5.° Joñas melancólico debajo la hiedra que le daba 
benéfica sombra. [Hederá lonas). 

En las bóvedas de las criptas y arcosólios de las cata- 
cumbas se hallan frecuentemente reproducidos en pin- 



-^ 359 — 

tura estos mismos pasajes de Jonás y Daniel, como 
recuerdos de persecuciones y promesas de inmortalidad. 

ÚLTIMO ARCO. 
Abraham y Tobías. 

La fé heroica de Abraham y la ardiente piedad de 
Tobias se expresan en este último arco , en cuya clave 
está Jesucristo con dos ángeles que le ofrecen incienso. 

Los dos retablos de Abraham son : 

El sacrificio de Isaac y el hallazgo del cordero ; figu- 
ra de Jesús en el Gólgota. 

LOS DOCE MESES DEL AÑO. 

Las dos jambas sobre que descansa el arco anterior 
contienen los doce meses del año. Agatias abogado de 
Constantinopla, en el siglo VI, natural de Mirina en 
Asia, nos ha conservado en su Antología la descripción 
de los doce meses de los romanos en dísticos griegos 
y, por una feliz casualidad ó previsión, de tal modo 
convienen casi todos ellos con los doce retablos de la 
portada, que creemos lo tuvo presentes Oliva. 

He aquí el argumento de cada mes (1). 

Enero. — Familia en el hogar calentándose. 

Febrero. — Poda de los árboles. 

Marzo. — Confección del queso. 

Abril. — Rica vegetación, un labrador y un nido. 

Mayo. — Caballo paciendo ¡ trigo crecido. 

Junio. — Dos niñas guardando las cerezas que les reco- 
ge un galán. 



(1) En la obra EAAHNES IIOIHTAI nAAAIOI edición de Pedro 
de laRoviere, año 1614, T. II, página 554, encontrará el curioso lector la 
descripción griega. ■ -. , 



— 360 — 

ívuD.-— Labrador segando trigo. 

Agosto.— Se transportan las gavillas á la era. 

Septiembre.— Preparativos para la vendimia. 

Octubre. — La vendimia. 

Noviembre. — Las encinas, el pastor y los cerdos. 

Diciembre. — Matanza del cerdo. 



Estos doce meses recuerdan eV salmo << Laúdate Deum 
omni tempere » y lo recuerdan en ocasión la más opor- 
tuna, es decir, cuando se ha ofrecido á la vista del cris- 
tiano el pasado, presente y porvenir de la Iglesia; 
cuando se le ha invitado á ensalzar á Dios ; después de 
admirar los hechos más grandiosos de la antigua y 
nueva ley; cuando, por último, entra ya en el templo 
para rendir adoración al milagro perenne de la Euca- 
ristía, enunciado en el maná del desierto, 

OTRAS PARTICULARIDADES. 

A más de las descritas , ofrece la portada de Santa 
María curiosidades de otro género. En los relieves de 
los doce meses se notan las costumbres de los ripolle- 
ses del año mil. 

Los viñedos que han desaparecido de los pintorescos 
valles, existían en la época de las cuatro dedicaciones, 
como consta por los retablos de septiembre y octubre, 
en que dos hombres aprestan barriles y recogen la uva 
de un viñedo, y también en el testamento del Obispo 
Mirón de Gerona, que cede al monasterio, entre otras 
fincas, los viñedos de Armancias. 

La costumbre de guardar pemiles en la chimenea 
(que conservan aún los campesinos de las Provincias 
vascongadas) puede verse recordada en el retablo de 



^ 861 — 

enero, en que marido y mujer, sentados á la lumbre, 
dejan ahumar esta porción escogida del cerdo. 

Los trajes de nobles, guerreros, obispos, abades, 
monjes, gente del pueblo y labriega, las armas y uten- 
silios de la época, los adelantos en música, escritura y 
dibujo ; todo esto se revela al que estudia con alguna 
detención la antigua portada. 

Asi, por ejemplo, el pintor admira, al lado de inco- 
rrectas figuras, lo delicado de la ornamentación y las 
fantásticas y difíciles combinaciones de los chapiteles. 

El músico advierte la perfecta semejanza entre sus 
laúdes y cítaras, y las que nos muestran las pinturas 
de Hercuíano ; reconoce el órgano descrito ya por Ju- 
liano apóstata, y al ver repetidas veces en la portada el 
rey de los instrumentos, el difícil violin, desechará el 
supuesto admitido de que los Cruzados lo trajeron de 
Oriente. 

El paleógrafo descubre en sus breves inscripciones 
la decadencia del latín, lo pésimo de la ortografía, los 
versos leoninos que tanto prevalecieron en los epitafios 
de la edad media y en varios himnos de la Iglesia. 

Todos, en fin, al reflexionar sobre tanta variedad de 
imágenes, al leer en ellas los profundos conceptos que 
entrañan, al descubrir el ingenioso enlace que entre sí 
guardan sus pasajes bíblicos y alegóricos, admirarán 
al grande Oliva que ideó y llevó á cabo una obra — colo- 
sal para su siglo — y no podrán menos de lamentar de 
nuevo que, después de ocho siglos de existencia, manos 
sacrilegas hubiesen intentado arrebatar á Ripoll la joya 
que Wifredo I3 legara, á Cataluña el Panteón de sus 
Príncipes, y á nacionales y extranjeros uno de los mo- 
namentos bizantinos que, bajo el punto de vista plásti- 
co, gráfico é histórico, es uno de los más ricos é 
interesantes del Catolicismo. 



-362 - 
III 

SEPULTURAS CONDALES 

Desde el siglo IX al XII los cadáveres de nuestros 
Condes fueron depositados ante las puertas exteriores 
de la Iglesia de Santa María. La parte privilegiada y 
reservada para tales sepulturas era el ala del claustro 
que dá al Capitulo ; nos lo dice una inscripción de San- 
ta María de la Huerta (obispado de Sigüenza) : 
{(Desde la fundación del monasterio se guardó siem- 
pre inviolablemente y se tuco y tiene por costumbre que 
en el paño del claustro que üa delante del Capítulo donde 
yacen los caballeros de cuenta, no se debe enterrar nin- 
guno sino fuese persona de grande estado, ó que muera 
en pelea de moros y que herede y dé algunas posesiones 
al monasterio. Y los Condes y ricos homes que están en- 
terrados en este claustro era costumbre que traian con 
su cuerpo un dosel de oro ó de seda para poner sobre su 
sepultarla, y el caballo ó muta en que venia se quedaba 
para el monasterio, y su cama para la enfermería, y una 
taza ó copa de parador habia de traer y traian para un 
cáliz, y de esta manera se enterraban todos los caballe- 
ros que están en este claustro, y ansí se han de enterrar 
los que aquí escogieren sepultura.» La inscripción em- 
pieza diciendo que esto era general en Castilla y en 
Aragón. 

Concretándonos al Real Santuario ripoUense un códice 
del siglo XI nos dice que Wifredo el Velloso fué ente- 
rrado efectivamente en el claustro, y en el siglo XV el 
obispo Margarit de Gerona consignaba en su obra 
Templum Domini que en el claustro se encontraban los 
Condes enterrados en RipoU : Quorum corpora in eodem 
claustro quiescere nemo dubitat. Villanueva, que visitó 



— 363 — 

el Real Santuario en 1806 y en 1807, añade : «Hay en 
dicho claustro entre el Capitulo é Iglesia algunos sepul- 
cros de Condes de los siglos X y XI , en cuyo tiempo 
era este monasterio el Escorial de Cataluña». 

La construcción de estos sepulcros era sumamente 
sencilla. Abríase en el suelo una hoya cuyas dimensio- 
nes fuesen lo bastante para contener el cadáver, la par- 
te en que habia de descansar la cabeza se estrechaba 
por los lados, y con losas y argamasa se impedia que 
las filtraciones y raices de los vegetales penetrasen en 
el interior. Depositado ya el cadáver ó los restos, se cu- 
bría la hoya con losas, sobre estas se extendía otra es- 
pesa capa de argamasa, y si la celebridad ó méritos del 
difunto lo requería, se levantaba encima un templete 
(tumulus) más ó menos adornado con esculturas y el 
epitafio correspondiente. En sepulcro semejante al que 
describimos fué enterrado en San Dionisio el padre de 
Garlomagno. Dispuso Pipino que le enterrasen boca 
abajo, no contento con la humildad de la tumba. Su de- 
seo fué cumplido ; pero Garlomagno, por reverencia á 
su padre, hizo erigir encima un templete que andando 
el tiempo fué renovado por Suger, el Oliva de San 
Dionisio. Mencionamos este hecho para que, al ver el 
resultado de nuestras investigaciones sobre este punto, 
no nos admire la humildad de las sepulturas de los si- 
glos X y XI. 

¿Cuáles son los Príncipes catalanes de quienes se sa- 
be positivamente que fueron enterrados en Santa Ma- 
ría? A la piedad del inmortal Oliva debemos quince ele- 
gantes dísticos que revelan algunos nombres y otras 
circunstancias necrológicas (Ij. 



(1) Estos disticos se hallaban transcritos en varios códices del monas- 
terio de Ripoll. Códice estante 1.", cajón 2.", n." 1." de la colección de 
códices del Archivo; en el necrologio del siglo X, estante 1.", n." 1.", y 
en otro que contenia 47 homilias del V. Beda. 



— 364 — 

-[• f TUMBA. BISOMA DE WIFREDO EL VELLOSO. 

Empieza por Wifredo el Velloso muerto á 11 de agos- 
to de 898, al que dedica este bello recuerdo: «Aquí 
está depositado el excelso Marqués Wifredo primero, 
quien brilló asimismo en vida como poderoso Conde. El 
levantó esta Casa, engrandecióla luego, dotándola cuan- 
do ya estuvo edificada, y siguió favoreciéndola hasta el 
fin de sus dias. ¡Resérvele Dios un trono de gloria, en 
que eternamente viva con los celestiales coros!» A la 
margen de estos dísticos se leia en el códice, con el mis- 
mo carácter de letra: «Wifredus comes qui vocatur pi- 
losus cum filio suo ante ostium dormitorü iacet». 

Conditur hic primus Guifredi Marchio celsus, 
Qui Comes atque potens fulsit in orbe manens. 
Hancque domum struxit, et siruciam, sumptibus auxit. 
Vioere dum oaluit sein er ad alia tuLit. 
Quem Deus, aethereis nexum sinefine choréis, 
Annuat in solio vivere sidéreo. 

Consigna luego la existencia de otras tumbas particu- 
lares en los siguientes versos dedicados á Seniofredode 
Urgel hijo del Velloso, muerto en 967; á D.** Ava, esposa 
de Mirón, que falleció en 962, y á Wifredo de Besalú, 
asesinado por el pérfido Adalberto en la circunferencia 
del año 959 á 962. 

f TUMBA DE SENIOFREDO. 

«Esta turaba contiene el noble cuerpo de Seniofredo 
que resplandeció como egregio y piadoso Conde. Fué 
poderoso en la guerra, fuerte, temido y acérrimo en las 
armas, terrible para los malvados y todo bondad para 
con los suyos. Lector, quien quiera que seas, di supli- 
cante: Perdona, oh Redentor, á este tu siervo, compadé- 
cete del mismo y elévale sobre los astros». 



365 — 



Contegit liic tumultis Sinfrédi nobile corpus, 
Qui Gomes egregias splencluit atque pius. 
BelUpotens, fortis, metuendus et acer in armis, 
Terribilis reprobis et decus omne síds. 
Quisquís ades, lector, saplex dic : paree, Redenii tor. 
Huno miserans famulum fer super astra tuum. 

f TUMBA DE DOÑA AVA. 

«¡Contempla después esta urna! en ella se guardan 
los restos de la Condesa y esclarecida princesa cuyo 
nombre, siendo el de Eva, fué dichosa por la gloria de 
sus hijos. ¡Libre de suplicios y mejorada con bienes sea 
premiada con eterno cetro y eterna corona!» 

Hinc Comes, egregia princeps, hac conditur urna. 
Nomen Acae referens, prolis honore vigens (1). 
Steminate septrigero potiatur muñere divum, 
Eruta supliciis, polleat aucta bonis. 

f TUMBA DE WIFREDO DE BESALÚ. 

«Wifredo, el noble Conde que en fatal dia arrebató 
muerte cruel, yace en esta tumba ocultado por el duro 
césped. ¡Presta tu auxilio, oh Cristo Dios, á este tu mí- 
sero siervo !» 

Post quoque Guifredus, crudeli morte peremptus, 
Nobilis atque Comes quem tulit atra dies. 
Hoc iacet in túmulo, com¡ resus cespite duro, 
Confer opem misero, Christe Deus, fámulo. 

Ocúpase luego de Mirón, su tio, obispo de Gerona y 
conde de Besaiú, que murió á 22 de enero de 984, ente- 
rrado con el conde Mirón su padre, que había premuer- 
ío en 927. 



(I) Prolis HONOUE vigens. Frase sumamente intencionada, para dis- 
tinguir con un elogio los hijos legítimos de Mirón de los de su concubir 
na Virgilia. 



- 366 ~ 

f ,-j- TUMBA DOBLE DE MIRÓN OBISPO Y SU PADRE. 

«Aquí descansa el Dueño de este territorio y obispo 
de Gerona, el que descubrió las reliquias ocultas del 
piadoso Félix. Gomo su padre fué llamado Mirón en 
nuestro tiempo. Llévele Dios á su eterno reino. Su pa- 
dre yace á su lado, en la tumba adjunta, fué asimismo 
conde, descendiente de esclarecidos padres». 

Hic Dominus patriae recuhans Presulque Gerundae, 
A bclita Felicis prodidit ossa pii. 
Dictas in hoo aevo patris de nomine Miro; 
Permat huno regnum Xpus ad aethereum. 
Huius et annexo genitor tumulatur ín antro 
Miro, sed ipse Comes, clara patrum sobóles. 

Por respeto á la dignidad episcopal y, sin duda, por 
haberse trasladado en tiempo de Oliva los restos de Mi- 
rón al sepulcro de su hijo obispo, se nombra primero á 
este en el epitafio. Nótese que Mirón no ^fué enterrado 
con su esposa D.^ Ava, se le concedió el honor de ser 
depositado en la sepultura de un prelado de la Iglesia, 
por haber sido uno de los más insignes favorecedores 
del monasterio, y principal fomentador de la 2." dedica- 
ción. El mismo honor que se concedió al Velloso. 

Acaba Oliva haciendo mención de Armengol, conde 
de Ausona, que pereció guerreando en 21 de agosto, 
probablemente en el año 940. 

f f TUMBA DOBLE DE ARMENGOL Y SU PADRE SUNYER. 

«Armengol, noble esperanza de Sunyer, pereció ay! 
al filo de la espada, y descansa también en esta tierra. 
Arrebatóle la fiera Muerte, que no sabe perdonará na- 
die. Perdónale tú, oh Dios, criador de tu siervo». 



^ 367 ~ 

Hio Ermengaudus, Sunierii nobile pignus, 
Perclitus heu! gladio hac requiescit humo, 
líunofera mors raptüt, quae ntdliparcere novit. 
Parce, Deus, fámulo, conditor alme, tuo. 

A la margen de estos versos se leía en el necrologio: 
«Ermengaudus comes et Suniaríus comes» lo que revela 
que Sunyer (muerto á 15 de octubre de 954 siendo reli- 
gioso en Santa María de la Grasa) estaba enterrado con 
su primogénito Armengol. 

Hasta aquí llegan los dísticos de Oliva. Considerán- 
dolos cronológicamente , abrazan un período de 86 años 
desde la muerte del Velloso hasta la del Obispo Mi- 
rón. Enumera seis tumbas que contenian ocho prínci- 
pes y una princesa en el orden que acabamos de rela- 
tar. Nada nos dice de Winidilde, la esposa del Velloso, 
en cambio nombra á D." Ava, prolis honore vigens. 

Desde 984 hasta el fin de la Casa de Besalú en 1111 
honraron el Claustro-panteón : Bernardo Tallaferro, 
Guillermo el Craso, Bernardo niño y Bernardo II, 
estos sin ningún género de duda (1). Como dudosos 
añadimos con graves autores á Oliva Cabreta, Borrell 
II y su primera esposa D.* Ledgarda, Armengol el Cor- 
dovés y Berenguer Ramón el Curvo. 



. (1) El maestro Fr. Antonio de Yapes (en su Crónica general de la 
Otilen de S. Benito Patriarca de Religiosos, impresa en 1609, Tomo IV, 
fóleo 216) traduciendo una nota del archivo de RipoU en la cual consta- 
ban los Condes enterrados en Santa Mama nombra de esta manera los 
de Besalú pertenecientes al siglo XI: Bernardo (sic) el Craso, hijo de 
Bernardo Talla/erro, Conde de Besalú; Bernardo Guillem su hijo; Ber- 
nardo Guillem, Conde de Besalú. Advertimos que la nota traducida con- 
tiene algunos errores, no siendo el menor el llamar Bernardo á Guiller- 
mo el Craso, error que Yepes rectifica más adelante al tratar de la tumba 
de Tallaferro y de Guillermo. Prescindiendo de esta equivocación de 
nombre, nótese bien que además de mencionar á Tulla/erro, nombra 
otros dos Bernardos, es decir, Bernardo no Conde, hijo de Guillermo 
y de Adelaida, y otro Bernardo Conde (Bernardo II) hijo de Guillermo 
y de Estefanía. 



~ 368 - 

Después de la unión de la casa de Besalú con Barce- 
lona hasta la del Reino Aragonés con Cataluña fueron 
sepultados en Santa María Berenguer III el Grande y 
Berenguer IV el Sanio, de los cuales hemos suficiente- 
mente tratado. 

Especiales investigaciones hicimos acerca del sepul- 
cro de Wifredo el Velloso en 1874, aprovechando el fa- 
vor que la Diputación á guerra carlista nos dispensó en 
aquella época de discordias civiles, al solicitar su auxi- 
lio el Delegado eKtraordinario de la Comisión de mo- 
numentos (1). Sabíamos que Wifredo el Velloso estaba 
enterrado en el claustro ante la puerta del antiguo dor- 
mitorio : restos de su templete ocultado por las ruinas 
de la pared del Capitulo largos años, la historia, la tra- 
dición , los testigos oculares no nos dejaban la menor 
duda en este punto. 

El códice del siglo XI, más arriba citado, nos declara- 
ba que el Conquistador estaba enterrado con uno de 
sus hijos, esta noticia oportuna nos reveló el verdade- 
ro sentido del epitafio que adornó durante siglos la 
parte exterior del sepulcro : 

Hic DUX CUM PROLE SITUS ES, GuiFREDE PlLOSE, 
A QUO D0TATUS LOGUS EST HIC ET HEDIFICATUS. 

Fácil es en efecto de comprender este epitafio , aten- 
diendo á que no debe tomarse el cum prole en sentido 
indeterminado ni colectivo, como lo hacen Bofarull y 
Villanueva. Muy corriente era en ,los siglos X, XI y XII 
usar el nombre / roles para designar un solo hijo y casi 
siempre el primogénito ó heredero, para lo cual bastará 
citar algunos ejemplos. En la escritura de restitución 



(1) Véase el Oficio y el Acta que á continuación de este Apéndice pu- 
blicamos. 



— 369 — 

de la abadía de Santa Cecilia (en Montserrat) al Abad 
Oliva se lee : «Etproavus meus Suniarius proles iam- 
dicti Wifredi.» Ya se sabe que Sunyer heredó los está- 
dos de su padre después de Wifredo II su hermano. El 
Acta de la dedicación de Santa María de Moya (939) 
llama al primogénito de Sunyer «eius nobilissimus pro- 
lus Ermengaudus». Otra acta de la consagración de San 
Pedro de las Fuellas (945) habla de las varias donacio- 
nes que hacen en sufragio del alma de su hijo Armen- 
gol los cónyuges Sunyer y Riquildis « et eiusjoro/ís Bo- 
rrellus» el heredero del condado. El documento que 
trata de la elección del Abad Emilio (993) del cenobio 
de Serrateix dice : «cum consensu domna Ermengaudis 
comitissa simul cum proles sui, idest, domnus Bernar- 
dus gratia Dei comes, et fratres sui Wifredus comes et 
Oliva gratia Dei comes, et domno Beraeguerus gratia 
Dei praesul. A Bernardo Talla/erro le llama joro/es por 
ser el primogénito, y no á sus hermanos Wifredo , Oli- 
va y Berenguer, Obispo de Elna. 



Igual sentido hay que dar al cum prole del epitafio, 
como lo acaba de declarar con entera evidencia el cum 
filio iacet de la nota puesta á la margen de los dísticos 
de Oliva. Falta declarar quién fué este hijo. Cinco fue- 
ron los hijos varones del Velloso: Rodulfo, Borrell ó 
Wifredo II, Sunyer, Mirón y Seniofredo. No fué Borrell 
ó Wifredo II depositado en San Pablo del Campo de 
Barcelona, según su lápida sepulcral hallada en 1692, 
ni Sunyer que le depusieron con su hijo Armengol de 
Ausona, ni Mirón colocado en el sepulcro de su hijo 
del mismo nombre obispo de Gerona, ni Seniofredo de 
Urgel que, según hemos visto, tenia sepulcro aparte. 
Queda el primogénito Rodulfo, cuyo sepulcro se igno- 
raba, sospechándose únicamente si, estaría enterrado 

24 



— 370 — 

en RipoU (1) al que debe referirse el proles del epitafio 
YGlfilius del códice, de una manera ya cierta'^ exclusi- 
va, pues el Velloso no tuvo más hijos varones que los 
nombrados. 

Con estos preciosos datos y con el convencimiento de 
que debajo del templete estaba la tumba, el que esto 
escribe, debidamente autorizado por la Comisión de 
Monumentos, se dirigió con el notario, médico y 
testigos al sabido sitio donde Wifredo fué enterrado, 
hizo practicar excavaciones (enero de 1875) y el resul- 
tado fué hallar realmente, á un metro de profundidad, 
la tumba bisoma de Wifredo y de Rodulfo, y dentro de 
ella, en el sitio correspondiente debajo del epitafio 
transcrito, los dos esqueletos condales, casi consumidos 
por los años (2). 

En 1878 con motivo de tener que girar una visita 
al Real Santuario la Comisión de Monumentos, 
fueron quitados los escombros del ala del claustro co- 
rrespondiente á los sepulcros. Esta mejora abrió ancho 



(1) He aquí los términos con que se expresan los dos historiadores que 
más detenidamente se hablan ocupado en esta cuestión: «El otro sepul- 
cro es del conde de Barcelona Wifredo el Velloso, aunque dicen que no 
es él solo el enterrado alli... Entre suprole enterrada con él en el mismo, 
sepulcro podrá Contarse acaso Rodulfo, etc.» (Villanueva, "Viaje literario 
tomo 8.", carta LII). BofaruU tratando del mismo Rodulfo dice: «Hay 
quien le supone enterrado en RipoU y en el mismo sepulcro que su pa- 
dre, y no se hace repugnante si atendemos á los antecedentes y á su de- 
voción al monasterio que manifestó en varios actos de su vida». Más 
adelante al hablar de Winidilde añade: «es de presumir que yace en el 
monasterio de RipoU, que con su esposo habia fundado ó restaurado, 
acaso en el mismo sepulcro que aquél, como alpai-ecer lo indican las 
palabras del epitafio: Hic jacet cum prole, de que luego hablaremos». 
{Condes vindicados, t." 1.", pág. 22 y 41). Nótese cuanto error y confusión 
se habia originado de tomax proles en sentido colectivo. 

(2) Véase este punto ampliamente tratado en nuestra Brece reseña del 
resultado de la visita al Real monasterio c¿e Santa María de RipoU y 
en el artículo Una Discusión histórica, publicado en la Revista histó- 
ma. Diciembre de 1876. 



— 371 — 

campo á nuevas investigaciones ; por de pronto nues- 
tro hermano el Dr. D. Antonio Pellicer, halló la anti- 
quísima lápida del sepulcro de Tallaferro, mal copiada 
por Yepes y Marca, y bien trasladada con alguna omi- 
sión por Villanueva. El original dice asi : 

SPLENDOR, FORMA, CARO, VIRTUS, CUM GBRMi(nE GLARo) 

Ut cito florescunt módico sic fine l(iquescunt). 

HÓC DÚO TESTANTUR COMITÉS HÍC QUI TUMU(lANTUR) 

Bernardus Taiaferr, Guilelm cognomine crasus, 
G. PATER B. F(ilitts) B(ertiard)i rodano q(uí) fatalia passxjs, 
Armis, consilio, rebus, fama viguere i 
(sumptibus) hanc multis ditare domum studuere 
U(nde) goronati regnent super ast(ra logati) 

Con esta lápida apareció en su mismo puesto , es de- 
cir, al lado del umbral de la puerta capitular, la base 
de piedra esculturada del templete de Tallaferro. 

Cuando la Comisión giró la visita, el que esto escribe, 
manifestó su convicción de que debajo de la base suso- 
dicha se encontrarían las tumbas de Tallaferro y de 
Guillermo , como en 1875 se habian encontrado las de 
Wifredo y de Rodulfo. Practicada la excavación debajo 
del templete, se vio que este se apoyaba encima de lo- 
sas cubiertas con una espesa capa de argamasa. Vié- 
ronse luego dos tumbas contiguas, una de bastante lon- 
gitud para contener el esqueleto de un hombre de 
elevada estatura, la otra, mucho menor, parecia deno- 
tar que habia sido construida para un niño, ó para de- 
positar en ella huesos de otro sepulcro, ó para entrambas 
cosas. 

Abiertas las tumbas ante la Comisión, el notario 
Real, el médico y gran número de testigos se encontró 
en la primera un esqueleto íntegro muy consumido, en 
la menor huesos que examiriados detenidamente se vio 



— 372 -• 

que pertenecían á un hombre y á un niño de unos 10 
añoá. Como el epitafio sólo menciona á dos Condes, la 
presencia de los restos de un niño hizo suspender el 
juicio de la Comisión, hasta qne hubiese arrojado más 
luz un estudio detenido del sepulcro. Veamos, pues, lo 
que nos dice la Historia respecto del sepulcro de Ta- 
llaférro. 

Según el testamento del Conde (septiembre 1020) su 
cadáver habia de ser presentado á Santa María. La 
encíclica sobre su muerte declara que esta disposición 
fué cumplida en el mismo año : Devolviéronle los suyos 
difunto, á nosotros los monjes de Santa María, que llo- 
rando amargamente hablamos presenciado la partida de 
principe tan ilustre , ¡de tal padre I >•> La perfección de 
la primera hoya, abierta en lugar preferente, el conte- 
ner un esqueleto íntegro, cuyos huesos están todos en 
su lugar, los datos prosopográficos que nos da la encí- 
clica (desiderabilis facie et nomine, corpore pulcher, 
aspectu decorus, habitudine magnus, fortitudine 
summus) confirmados por un detenido exanien; todo 
pone fuera de duda que el primer esqueleto es el del 
gran Bernardo Tallaferro, de quién nos habla su lápida 
en primer término. 

Guillermo el Craso sobrevivió á Talla/erro 33 años, 
según el autor del Gesta Comitum (1). De su esposa 
Adelaida, llegada con tan tristes auspicios á Cataluña, 
tuvo un hijo del mismo nombre de su abuelo (2), vásta- 



(1) Vixit vero in comitatu XXXIII annis, et mortuus est anno Domini 
MLII, et sepultas in monasterio Rivipulli in uno eodemque túmulo cum 
patre. {Gesta Comitum, Caput. XIII.) 

(2) Anno 1036. Ante domnum Willelmum comitem Blsulluni... et ante 
eius coniugem domnam Azaleizam et ante filium praelibati Comitis Dom- 
num Bernardum.— Ego WiLLELMUS gratía Dei comes simul cum coniu- 
ge mea Azaleiz et filio meo Bernardo. Apén. Marcae hisp. n." 2i6y 217- 
Véase además la nota de la página 112 de esta obra. ■ • 



— 373 — 

go ilustre que marchitó en flor las risueñas esperanzas 
de sus padres con su inesperada muerte, acaecida antes 
que pudiese ser llamado Conde. El primogénito Bernar- 
do, conforme ala costumbre seguida por la Casa de 
Besalú, fué enterrado en RipoU : la reducida tumba 
abierta cabe la de Tallaferro, los restos hallados en la 
misma, ponen fuera de duda que aquel lugar, el más 
indicado , fué el preferido por sus angustiados padres. 

Guillermo el Trunno segundo. hijo de Guillermo y de 
Adelaida, sucedió á su padre en el condado, lo regia ya 
en 1054, continuaba en 1057 (1) hasta que fué asesinado 
por algunos nobles cansados de su carácter iracundo y 
arrebatado. Bernardo su hermano menor, hijo de Gui- 
llermo el Craso y de Estefanía (2) reemplazaba al 
Trunno en 1074. 

Ignoramos donde murió Guillermo el Craso ] pero 
aseguramos sin temor de equivocarnos, que su cadáver 
nO fué depositado desde luego cabe la tumba de su pa- 
dre, esto lo demuestra hasta la evidencia las reducidas 
dimensiones de la hoya abierta al lado de aquella, inca- 
paz de contener el cuerpo de un hombre de mediana 
estatura. Años después fué cuando sus huesos fueron 
incluidos con los de su primogénito , y erigido el tem- 
plete y escrito el notable epitafio, sobre el cual convie- 



(1) Cognominatur Trtxnnum eo quod nasum fictitium haberet. A no 
ser que tal apodo le viniese de su carácter socarrón y astuto, que lo fué 
en alto grado. Gesta Cómitum, Cap. XIII. Condes mncUcados, T. II, pá- 
gina 73 y 74 para lo demás. 

(2) Bernardus í'rater eius (Guillelmi Trunni] minor. — Turo ego Ber- 
nardus Dei gratia Bisuldunensium comes filius stephaniae feminae.— 
Ego praedictus Bernardas... recognosco quoniam pater meus Willelmus 
Gomes bonae memoriae dedit Domino Deo... ipsa moneta de praescripto 
Bisulduno.... Ego praedictus Bernardus donator sum propter animam 
praedicti patri mei et fratris mei WiHelmi ipsam decimam de ipsa mo- 
neta quae fuerit facta in praedicto Bisulduno... tam de auf o et de ar- 
gento quam in monetatico et in capite, etc. (Gesta Comitum, Cap. XIII. 
Apén. i)/arcae /«s¿3. n.» 339 y 283). 



— 374 — 

ne fijar la atención, pues á nuestro juicio corrobora la 
presencia de los restos de niño , apesar de no nombrar 
directamente más que dos Condes. 

Empieza con esta profunda sentencia : Lá gloria, la 
belleza, el linage, el valor junto con la ilustre descen- 
dencia con la misma rapidez que se encumbran se disi- 
pan con breve fin. ¿Cómo prueba el autor del epitafio la 
verdad de esta sentencia ? Con el testimonio de dos 
Condes allí enterrados. Hoc dúo testantur comités híc 
qui tumulantur. Bernardo Talla/erro Conde de Besalú 
y Guillermo el Craso que gozó de igual dignidad. Ber- 
nardüs Taiaferr. Guilelm cognomine Crasus. 

Estos Condes llegaron, en efecto, á un alto grado de 
prosperidad ; la gloria de sus armas, la elevación dé sus 
miras, las riquezas de que abundaban hiz;o famoso su 
nombre, la caridad les impulsó á dotar con ricos dones 
el Real Santuario, por todo lo cual merecen gozar de 
gloria inmarcesible sobre los astros como la gozaron en 
la tierra. Armis, consiUo, rebus , fama, viguere — Siirhp- 
tibus hanc multis ditare domum studuere — Unde coroña- 
ti regnent super astra locati. Es evidente que con sola 
su presencia en esta tumba son un mudo pero elocuen- 
te testimonio que confirma parte de la tesis enunciada 
en los dos primeros exámetros. 

Pero en el epitafio hay otras palabras en las cuales 
conviene fijar la atención. Nos referimos á la expresión 
cum germine claro : sabido es que ^erme/i , inis, en su 
significación propia es el renuevo , el vastago que echa 
el árbol después de podado ó cortado, y poéticamente 
hablando, la prole, el hijo de edad tierna. Pues bien, 
dice el epitafio que ios dos cadáveres condales testifican 
asimismo desde su sepulcro que el ilustre vastago , el 
hijo de edad tierna, con la misma rapidez que se desa- 
rrollaba, desapareció con un fin prematuro. Si quita- 
mos los restos del niño del sepulcro, claro es que los 



— .375 — 

cadáveres condales no pueden testificar aquel extremo. 
De suerte que la presencia de los restos de este niño 
en el sepulcro completa la prueba del autor del epitafio, 
quién, por lo visto, no trataba de individualizar ó con- 
tar los cadáveres enterrados , sino de invocar el testi- 
monio de los que podian probar la veracidad dé la tesis 
que se habia propuesto desarrollar. Muy impropio hu- 
biera sido citar como Conde y como testigo al niño que 
aún no era Conde ni podia ser testigo. Su abuelo Talla- 
ferro y su padre Guillermo, á quienes acompaña, son 
en todo caso los que han de decir (si es permitido oir el 
testimonio de dos Condes difuntos) estas palabras que 
fundamos en el texto de la lápida sepulcral : 

Tallaferro : ¡En flor se marchitaron las esperanzas 
de nuestra familia ! Partí á la Provenza en busca de la 
que habia de ser la esposa de mi hijo Guillermo, la ma- 
dre de este mi nieto ; al volver, ganoso de presidir las 
fiestas nupciales, perecí ahogado en el Ródano. 

Guillermo : Recuerdo y consuelo en tamaña desgra- 
cia era este ilustre vastago que el cielo habia concedido 
a sus afligidos padres . Guillermo y Adelaida. Murió 
Bernardo nuestro hijo querido al empezar la aurora de 
su juventud. ¡En flor se marchitaron las esperanzas de 
nuestra familia 1 « Virtus cum germine claro ut cito flo- 
rescunt módico sic fine liquescunt. Hoc dúo testantur 
comités híc qui tumulantur , Guilelm pater Bernardi. 
Bernardas Taiaferr Ródano fatalia passus. » 

Nos permitiremos concluir este punto con una obser- 
vación. Aunque no hubiésemos encontrado razones 
satisfactorias para explicarnos la presencia de restos de 
niño debajo del túmulo de Talla/erro y del Craso, la 
' sana crítica nos impedirla desechar lo que aparece 
como cierto según aquel principio : Non ideo negandum 
est quod certum est, licet in ipso aliquid obscurum in- 
certumve sit. Cierto es y muy cierto que el sepulcro de 



— 376 — 

Tallaferro estaba al lado de la puerta capitular ; cierto 
es qiie aún hoy dia está en dicho punto á la -vista del 
público (ya quitados los escombros) la base esculturada 
de la parte exterior de dicho sepulcro ; cierto es que se 
practicó la excavación debajo de dicha base y que á 
medio metro de profundidad aparecieron dos tumbas, 
con los mismos caracteres de la de Wifredo y de Rodul- 
fo, y presentando la imposibilidad déla violación por 
estar protegidas por la gran mole de piedra que consti- 
tuía el templete ; cierto es que quitada la espesa capa 
de argamasa y levantadas las losas , aparecieron los 
despojos mortales de dos personas de mayor edad y 
que, según reza la lápida del sepulcro coetánea del si- 
glo XI en que fué aquel construido, son los despojos 
mortales de Bernardo Tallaferro y de Guillermo el 
Craso. Hasta aquí lo cierto, lo que aparece con toda 
claridad y que, según el principio que invocamos , no 
se puede tergiversar, aunque la verdad no se haya pre- 
sentado bajo la forma que la imaginábamos al inqui- 
rirla. La Historia y el estudio detenido del epitafio, di- 
sipan la oscuridad y alejan la incertidumbre respecto 
del nuevo dato que ignorábamos, 

A la otra parte del dintel de la puerta capitular se ha 
descubierto otro sepulcro de un solo cuerpo con los 
mismos caracteres que los anteriores. Como aún no ha 
sido explorado, nos abstenemos, de emitir ninguna 
idea sobre el mismo, por más que tengamos fundadas 
sospechas que tal vez en su dia serán confirmadas. De- 
bajo de la escalinata que conduela desde el claustro á 
la iglesia en la misma galería del Capitulo, fué asimis- 
mo descubierto otro precioso sarcófago, consistente en 
un bloque de piedra rectangular en su parte superior, 
que presenta en miniatura la misma forma que los se- 
pulcros de la antigua Olérdula, abiertos en la peña. 
Este singular sarcófago (que ciertamente no es ibero, 



— 377 — 

ni celta, sino cristiano, ni se remonta más allá del 
siglo X) contiene el esqueleto bien delineado de un in- 
fante de unos dos años. Ninguna inscripción declara 
quién fuese el infante allí sepultado. 

Otro sarcófago de igual forma fué extraído en abril 
de 1882 de debajo del mosaico del presbiterio. Trae una 
inscripción que revela estar allí depositado el esqueleto 
del vizconde Bernardo, hijo de Wifredo: 

slt agnitum gungtis hig quiesgere artus vicegomitis 
Bernardi Guifredi. 

Finalmente en 1885, debajo delumbral de la portada, 
apareció otro sencillo sepulcro sobre el que nos permi- 
tiremos una curiosa observación. En las primitivas 
basílicas la galilea era el sitio destinado á enterramien- 
to de los fieles « colocados allí con la cabeza vuelta al 
levante esperando la resurrección. Los ricos podían 
obtener sepulcros separados en aquel sitio, pero los 
obispos eran enterrados en las naves. La familia impe- 
rial lo era bajo el umbral sagrado, por lo quedecia San 
Juan Crisóstomo que los reyes se habían trasformado en 
parleros de los pescadores». No hay duda que la Galilea 
de Santa María tuvo el mismo destino, aún en nues- 
tros días á derecha é izquierda de la portada se ven 
fragmentos de algunos sarcófagos, que no creemos 
fuesen condales. En cuanto al de debajo del umbral, si 
nos atenemos á la costumbre referida, debemos suponer 
que seria de algún personaje insigne en ciencia, virtu- 
des ó nobleza. No citaremos nombres probables, pues 
la absoluta carencia de datos nos impone aqui el deber de 
no proseguir ni en el terreno de las suposiciones. 

La reconocida importancia histórica de las tumbas 
de los primitivos Condes de Cataluña nos" impulsa á 
terminar este apéndice, haciendo votos para que el 
claustro recupere su antiguo carácter de panteón, resti- 



— 378 ~ 

tüyendo en su sitio los templetes del Velloso y de Talla- 
ferro> y colocando en las cuatro paredes interiores 
lápidas conmemorativas de los restantes condes men- 
cionados. La gloria de los mayores es luz para la pos- 
teridad, y esta luz ha de brillar como en intensísimo 
foco en la grandiosa obra de los abades Berga, Besora 
y Descatllar. 



Oficio d.e la. Diputación á. guerra, (carlista). 

Diputación de Cataluña. — Enterada esta Diputación 
de la comunicación de V. de fecha 29 de los corrientes, 
en la que manifiesta el deplorable estado en que hoy se 
encuentra el célebre Monasterio de RipoU , celosa esta 
Corporación de nuestras glorias pasadas, y anhelando 
conservar los monumentos que las conmemoran ; ha 
acordado que la remonta de RipoU pase á la villa de 
Olot, que se limpie el local que ocupan las caballerizas, 
á fin de que quede expedito y en el mismo estado de 
antes, disponiendo asimismo se entreguen las llaves del 
Monasterio al antiguo Conservador. — Todo lo que esta 
Diputación tiene el gusto de poner en su conocimiento. 
— Dios guarde á V. muchos años. San Juan de las Aba- 
desas 31 Diciembre de 1874. — El Viee-presidente , Juan 
Mestre. — Sr. D. José M. Pellicer y Pagés. 

Acta del Iiallazgo de los restos de "Wifredo 
y de Rodulfo. 

D. Agustín Cavallería y Deop, Abogado del Ilustre 
Colegio de Barcelona, Notario Real y Público y Escri- 
bano numerario de la villa de Ripoll, Provincia de Ge- 
rona, Partido de Puigcerdá. Certifico: Que en el 
protocolo de escrituras públicas otorgadas por mi auto- 



— 379 — 

rización en el presenté año se halla continuada la del 
tenor siguiente. — En la villa del Ripoll á cinco de Ene- 
ro de mil ochocientos setenta y cinco. Ante mi D. 
Agustín Cavallería y Deop, Licenciado en Jurispruden- 
cia, Notario Real y público del Colegio del territorio de 
la Audiencia de Barcelona, residente en la presente 
villa y Escribano numerario de la misma, ha compare- 
cido D. José Maria Pellicer y Pagos, Licenciado en Fi- 
losofía y Letras, soltero, mayor de edad y vecino de la 
ciudad de Gerona, el cual asegurando y apareciendo 
tener la capacidad legal necesaria para este acto, y en 
la calidad de individuo correspondiente de la Academia 
de la Historia y de la Comisión de monumentos históri- 
cos y artísticos de esta Provincia, según dos distintas 
comunicaciones, la primera de fecha veinte de Diciem- 
bre de mil ochocientos setenta y tres, y la segunda de 
veinte y uno de Diciembre último, que me ha exhibido, 
ha dicho : Que por cuanto en un martirologio de los si- 
glos diez al once del estinguido monasterio de Benedic- 
tinos de la presente villa y en el necrológio del mismo 
consta que Wifredo el Velloso fué enterrado ante las 
puertas exteriores del templo, en el claustro , y concre- 
tando más el sitio otro códice del siglo doce indica no 
sólo el lugar, sino el modo como Wifredo fué enterra- 
do, pues se expresa en dicho códice : « Wifredus pilo- 
sus comes cum filio suo ante hostium dormitorüjacet» ó 
lo que es lo mismo, que Wifredo el Velloso estaba ente- 
rrado con su hijo delante de la puerta del dormitorio. 
Por cuanto resulta de los datos que suministra la histo- 
ria del Principado, que Wifredo el Velloso tuvo 
solamente cinco hijos varones que fueron Rodulfo, Bo- 
rrell, Sunyer, Mirón y Seniofredo, y sabiendo también 
por datos históricos el lugar y sitio en donde fueron en- 
terrados los cuatro últimos, parece fuera de toda duda 
que el primogénito ó sea Rodulfo es el que seria ente- 



■ — 380 — 

rrado con su padre, toda vez que no se tiene noticia ni 
datosalguno qué diga ni confirme haberlo sido en otra 
parte. Por cuanto en el año de mil ochocientos treinta 
y cinco en que fué incendiado el monasterio , afirma el 
historiador Rofarull haber visto y leido sobre la puerta 
del dormitorio la inscripción que se ha riiencionado, 
pero que más tarde ha desaparecido con el desplome de 
lá pared en donde estaba empotrada. Por cuanto enci- 
ma del pavimento del claustro y á la derecha de la 
puerta del dormitorio existia un túmulo , y en la parte 
anterior del mismo el epitafio de Wifredo, en términos 
de que al transcribir el referido epitafio en el expresa- 
do códice del siglo doce se dice: ahaec sunt metra 
domni Wifredi comitis scripta super tumulum ipsius.» 
Estos son los Versos del Sr. Wifredo Conde escritos 
sobre la tumba del mismo; cuyos versos según afirman 
los historiadores Pujados, Villanueva y BofaruU esta- 
ban escritos, como se ha dicho, en la parte anterior de 
dicho túmulo. Por tanto con estos antecedentes creyó 
conveniente el nombrado D. José Pellicer y Pagés pro- 
ceder á las operaciones necesarias para el hallazgo de 
los restos de Wifredo el Velloso y de su hijo Rodulfo, 
requiriéndome para que las presenciara y autorizara. 
En su consecuencia, en el dia de ayer, constituido el 
requirente conmigo y los testigos en el claustro del 
monasterio y frente á la puerta bizantina del antiguo 
dormitorio, mandó practicar una excavación, y llegada 
ésta á un metro de profundidad, después de quitadas 
algunas piedras labradas que en ella se encontraron, se 
descubrió una tumba que tapaba otra piedra de la mis- 
ma clase, dejando suspendidos los trabajos. por lo 
avanzado de la hora. Siendo la de las ocho de la maña- 
na del dia de hoy, nos trasladamos otra vez al mismo 
sitio, y se procedió á levantar la tapa de piedra que cu- 
bría la tumba descubierta en el dia de ayer , y en ella 



— 381 — 

se encontraron los restos de dos esqueletos en contacto 
inmediato entre sí, y solamente separados por un pe- 
queño tabique de ladrillo que únicamente comprendía 
la extensión de la cabeza de los dos cadáveres que allí 
habian sido enterrados. En este estado y antes de pro- 
ceder á la extracción de los restos encontrados en la 
tumba, fué llamado por el requirente D. José Raguer y 
Fossas, Licenciado en Medicina y Cirugía , mayor de 
edad y vecino de esta villa, el cual procedió á la dete- 
nida inspección y clasificación de aquellos, y opinó que 
el esqueleto de la parte de la pared denotaba pertenecer 
á una persona más joven que el otro esqueleto adjunto, 
cuyos tendones osificados (tendón de aquiles y tendón 
del tríceps femoral) revelaban que había pertenecido á 
una persona ya muy anciana. Y resultando de los datos 
históricos que Wífredo contaba al tiempo su muerte 
muchos años menos de los que vivió su hijo Rodulfo, y 
que de los dos esqueletos el uno está mejor conservado 
que el otro, parece fuera de duda que el esqueleto más 
arrimado á la pared es el de Wífredo y el otro el de su 
hijo Rodulfo. Seguidamente se procedió á extraer aque- 
llos restos, y se colocaron provisionalmente en una ca- 
jita de madera que se guarda en el sitio en que están 
depositados los que se han descubierto en épocas ante- 
riores. De todo lo que levanto el presente auto. Y el re- 
quirente, á quién tengo conocido y acreditada su vecin- 
dad y demás circunstancias con la cédula que me ha 
exhibido, enterado con el expresado facultativo y testi- 
gos del contenido de este instrumento por lectura ínte- 
gra del mismo, de su voluntad practicada por mí el 
Notario, después de advertidos de su derecho de leerlo 
por sí, lo aprueba y firma con el propio facultativo y 
testigos que han sido Juan Deop y Deop pintor y Mi- 
guel Coll y Viñes, albañil, vecinos de esta villa, de todo 
lo que doy fé. José M. Pellicer y Pagés.— José, Raguer, y 



^ 382 ^ 

Fossas.Wuan Deop y Deop.— Miguel Coll.— Sig ^ no. 
-^Agustín Cavalleriá y Deop,-— Concuerda esta copia 
con su original que bajo el número uno obra en mi 
protocolo corriente á que me remito. Y requerido la 
signo y firmo para D. José Maria Pellicer en estos dos 
pliegos, uno del sello décimo y otro del undécimo, en 
dicha villa al treinta y uno de enero de mil ochocientos 
setenta y cinco.-— Agustín Cavalleriá y Deop. 

IV. 

LETRAS APOSTÓLICAS. 



Encíclica de León VIL 

Va dirigida á los siguientes arzobispos y obispos: 
Guido de la Iglesia de Lión, Testolonio de Tours, Ge- 
runconio de Bourges, Gerlanco de Sens, Artallo de 
Reims, Aimerico de Narbona, Riculfo de Elna, Godma- 
ro de Gerona, Villarano de Barcelona, Wadamiro de 
Ausona y Wisado de Urgel. 

Empieza encareciendo el amor que tuvo Ntro. Señor 
Jesucristo á su Iglesia y la solicitud de los apóstoles 
sus sucesores por la misma. Se lamenta luego de los 
males de su época con estas palabras: «Patente es á 
quien lo considere, que vivimos en tiempos sumamente 
peligrosos, en que de tal manera se ha entibiado la ca- 
ridad, que ya parece que no resta ningún lugar para la 
religión». Exhorta luego á dichos prelados á redoblar 
su celo por la gloria de Dios. 

Después de las expresiones que tanto honran á Santa 
María y hemos transcrito en la página 49, el Sumo 
Pontífice-ruega encarecidamente á los prelados :que am- 



— 383 — 

paren alabad Arnulfo, á sus sucesores y á su Comuni- 
dad con su pastoral cuidado en todas sus necesidades, 
doquiera que aquella unánime fraternidad se haya ex- 
tendido. Manda particularmente á Wadamiro de la Sede 
de Ausona y á sus sucesores que en nombre del Papa 
avise, enmiende y corrija á los que usurparen los bie- 
nes del santo monasterio ripollense, y que si el rebelde 
é ímprobo usurpador no quisiere enmendar su pecado, 
todos los mencionados obispos y arzobispos le tengan 
por ladrón y violador de la Santa madre Iglesia y que 
le declaren excomulgado. A estas palabras siguen los 
más terribles anatemas, sacados del cap. 8 del Deutero- 
nomio, contra los que dijeren : «Venid, convirtamos en 
herencia nuestra el Santuario del Señor». 

Fulmina también el Papa su excomunión contra los 
usurpadores impenitentes, é invita á todos los obispos y 
abades benedictinos á que, llegado el caso, corroboren 
su sentencia. (Año 939). 

Privilegio de Agapito 11. 

Este privilegio, extendido en papiro, lo escribió este 
Soberano Pontífice al abad Arnulfo y á sus sucesores. 
Confirma la posesión de sus bienes y la prerogativa de 
elegir los monges por sí mismos el abad. «Establecemos 
que cuando el abad muriere, ningún Rey, ni Conde ni 
otra persona le nombre sucesor con la esperanza de di- 
nero ó de vano favoritismo, sino que todos los siervos 
de Dios del mismo cenobio elijan el Abad según Dios y 
según la regla de su Padre S. Benito». Manda asimis- 
mo que los cenobitas no sean llevados á los tribunales 
civiles, recuerda que su monasterio está confirmado y 
solidado con la real autoridad de los reyes francos, a lo 
cual añade su apostólica autoridad, confirmando y, qS" 



— 384 — 

tableciendo bajo pena de excomunión «que ningún Rey, 
ni Príncipe, ni Conde, ni Marqués, ni Juez, ni otra per- 
sona grande ó pequeña presuma hacer nunca daño ó 
violencia alguna al mismo cenobio ó á sus pertenen- 
cias». Diciembre, indicción X, (año 951). 



Bula de Sergio 17. 



Notabilísima es la bula de este papa escrita por Be- 
nedicto, notario apostólico en el mes de noviembre, in- 
dicción X, (año 1012). 

Va dirigida á Oliva, religioso abad de Santa María 
Señora nuestra. Olivae religioso Abbati Sangtae Ma- 
riae dominas nostrae monasterií quod situm est in comí- 
taiu Ausonae, in valle Rivipollensis inter dúo flumina. 
La parte principal y más interesante, referente á las 
posesiones, dice así: 

«Confirmamos con nuestro privilegio apostólico todo 
lo que los fieles han regalado á la Santa y gloriosa Vir- 
gen María del cenobio ripoUense. Concedemos pues al 
predicho cenobio el alodio que se extiende alrededor 
suyo con estos límites : Por una parte el torrente de Es- 
tamaríu hasta el Ter. Por la otra el torrente deMolins 
(con la finca del misma nombre) hasta el Ter ; luego se 
toma por guia el torrente de Engordansy se sube hacia 
Fornells hasta la sierra sobre la selva de Ordina (Cat- 
llar), se llega al cerro sobre Vilardell y de allí al cerro 
Gubell, luego á la sierra sobre Gausach menor, siguien- 
do el riachuelo de S. Lorenzo hasta el rio Fraser. Después 
se sigue el camino trazado por el riachuelo que ñuyen- 
do por la posesión de Balps, llega á la villa Estamaríu, 
desagua en el Ter, afronta con la villa Arcamala y de 
allí al cerro de Salomón (S. Bartolomé) hasta el caserío 
de Molins, con sus términos y con toda clase de autori- 



— 385 — 

ridad que tiene en muchos lugares de la misma co- 
marca (1). 

En el valle de Tentarios le confirmamos la pose- 
sión de la villa de Armancias (2), Estiula mayor, Grevo- 
losa y otras fincas en muchos lugares. 

La pesca del Ter desde Rivamala hasta Spadaler y la 
del Fraser desde la Corba hasta el Ter. El teloneo del 
mercado de Ripoll y el gobierno civil y eclesiástico en 
toda su integridad (3). La parroquia del mismo valle, la 
Iglesia de San Pedro con las demás iglesias sufragá- 
neas con sus décimas y primicias sin tributo, según lo 
concedieron el obispo Godmaro y sus sucesores Idalka- 
rio y Jorge. 

El alodio de Matamala con la iglesia de Santa Ma- 
ría y la del cerro Massanos con sus décimas y primi- 
cias. Sus límites: el cerro Transvadonio, el torrente 
hasta la sierra de Viñolas, luego Tremolosa, la sierra 
hasta Villalonga, el torrente hasta Lobaria y de nuevo 
el cerro Transvadonio (4). En el mismo valle de Mata- 
mala el alodio que fue de Rodulfo, Obispo, la parroquia 
de Viñolas según lo concedió el obispo Jorge á S. Sal- 
vador sin tributo (según reza la escritura) y el alodio 
Gamp-manandanti con términos y derecheras, es decir, 
toda la villa. 

En Gausach el alodio que fué de Wisallo y Seniofre- 
do con su iglesia, términos y adjuntos. El que pertene- 
ció á Juan con su casa, tierras, viñedos y el bosque de 
Libertino. En la villa Estamariu el alodio con los tér- 



(1) Dádiva de Wifredo v de Winidilde el dia de la primera dedica- 
ción, 888. 

(2) Donativo de D." Ava esposa de Mirón con sus cuatro hijos en .938. 

(3) Estos privilegios fueron confirmados por Luís Ultramarino en 938 
(quien menciona asimismo el servicio Real que los iiombres de Ordina 
y de Estiula deben á Santa. María) y por Lotario en 982. 

(4) Donación de Wifredo I en 888, 

25 



— 386 — 

minos y derecheras (i), En la villa Amove el alodio que 
fué de Tellemaró de sus herederos, con sus términos, y 
el que tiene Pedro presbítero. También la selva Grebo- 
losa con sus términos y adyacentes. En Saltor el alodio 
con los bosques que dio el Conde Oliva, el bosque que 
perteneció á Sperandeo y á Ortez con sus términos y 
adyacentes. El alodio de Sasitos y las mismas construc- 
ciones de Arcamala y los alodios Balps, Muiols(2) y 
Guidmondi ; sus tierras , viñedos y selvas , su iglesia , 
décimas y primicias, sus confines y términos, sin tributo. 
En el distrito de Berga en el lugar Brositano el 
alodio según la escritura de Santa María con sus su- 
fragáneas, el palacio Rodjer, la Pera con sus décimas y 
primicias sin tributo (3). La iglesia de San Vicente si- 
. ta en Albiols con su alodio, décimas y primicias, Y en 
el lugar llamado Suburbano el alodio con las iglesias en 
la villa llamada Guárgala. Y en el de Pons el alodio con 
las iglesias que dio el Conde Wifredo á Santa María y 
otro de Guárgala con la iglesia, décimas, primicias y 
términos y el de Nabars con sus términos, el de Nureo, 
el de Montesclau, los del Torrente profundo, los deFol- 
cuniana, los del pié del Castro Balsereny, los de Berga 
y de Antgano y los de la Doixosa que fueron de Boñll, 
de Lobato ó de otros. El valle Marlés con sus villas y 
molinos y la iglesia de Santa María con las décimas, 



(1), Donación de Wifredo I antes de 875. Véase la pág. 34. 

(2) Donación de Borrell II conde de Barcelona el dia del aniversario 
de la muerte de Wifredo I, año 956. En su escritura se mencionan Balps, 
Saltor, MosoUes y Vidabona. Mirón, obispo de Gerona, confirma en su 
testamento (979) estas posesiones á las cuales añade Campdevánol, Pa- 
lares, Palaciolo y en Armancias su manso con las tierras v viñas que 
hablan pertenecido á Melandro; Sanaruz, Vidabona, Tardanella, Esta- 
mariu y cuanto allí puedan encontrar ^Jer vocem comitalem con sus tér- 
minos. 

(3) Escritura citada de Wifredo I; 888. 



— 387 — 

primicias y alodios con sus términos y adyacentes (i). 
Los alodios de Gaminacos y la iglesia de Monte-^Glauso, 
y los alodios de Benevivere y los de la sierra que fué de 
Delante y los de Spurigia y de Gallers, y los valles Bo- 
rredá con las villas y sus términos y los alodios de 
Planes y de Palas. 

En la ciudad de Manresa el alodio, es decir, casas, 
tierras y viñedos y los alodios que pertenecieron a otras 
personas. En Montserrat el alodio con la iglesia de San 
Pedro y de San Martín , y en la cumbre de la montaña 
la iglesia de Santa María y de San Acisclo, con las 
tierras, viñedos, molinos, selvas y carrascales (2). 

En la ciudad de Barcelona casas con sus cortijos, 
pozos, huertos (3), tierras y viñedos que están debajo 
de la ciudad y sus términos, y el alodio de Gamma- con 
la iglesia y décimas y primicias y "términos, y Enolosa 
con sus pertenencias. 

En el Condado llamado Valles casas, cortijos, 
huertos, tierras y viñedos, el alodio de Digno ó Engel- 
fredo, el de Canobelles, el de Brocardo y el de 
Matrona. 

En el Condado de Ausona el alodio de Palau (4) , y 
el llamado Oligó (5), el de Melig y el manso de Daniel, 



(1) Donación de Seniofredo primogénito de D." Ava. Bernardo Talla- 
ferro y su esposa Adelaida Tota confirmaron y ampliaron esta donación 
á 11 de Abril de 997. 

(2) Donación de Wifredo I en 888y de su hijo Sunyer en 927, quién con 
su esposa Riquildis habia ya dado á 25 Abril de 925 la villa Vilamelich 
con varios libros y alhajas al templo de Santa María. Riquildis á 8 de 
enero de 945 añadió unos campos en Oristá. 

(3) Mirón hermano de Boirell It, conde de Barcelona, dio á Santa 
María un huerto in burgo civitatis Barchinonáe, á 8 de Agosto de 966. 

(4) A 6 de septiembre de 943 Sunyer, conde de Barcelona, hizo esta do- 
nación del alodio de Palau en sufragio del alma de su hijo Armengol 
conde de Ausona. 

(5) Donación de Wiffedo II por sobrenombre Borrell, llamado por sus 
contemporáneos con los dictados de /jrincí/je máximo y fiel oHétiam 



-388 — 

el alodio de Semillar y el de Elzedels con sus términos, 
y los bosques de la roca de Félix y el alodio Planegas. 
En el mismo condado otros alodios en muchos lugares, 
tales como la Devesa (í) y en Vristiadano casas , tierras 
y muchos viñedos, y el alodio que fué del conde Borrell 
de Pallares, Miralle, con sus términos, y los alodios que 
dio Giraldo á Santa María como él lo poseía y lo hizo 
escribir en la donación, y el que el clérigo Guillermo 
dio en Albedano, con las tierras, casas y viñedos culti- 
vados y sin cultivar, y el de Sora que fué de Gaufredo, 
y el de Tremolosa y el de Galín de campos de Guisca- 
fredo clérigo, y los alodios, de Loriana que fueron de 
Guillermo hijo de Ermemiro, y el de Wisado con los 
molinos, y los de Orsal que dio Guandamuro y Honesto 
y Oliva clérigos ó los demás poseedores, los de Torsa, 
los de Riu de Peras, los de Saturano con sus términos 
y el del valle Oriola con sus términos (2). 

En el Condado de Cerdaísa. El valle Lilitense (3) la 
villa Aramonedo con sus décimas y primicias, con el 
alodio llamado Lileto y Genebredo, el cerro de Meran- 
genas y Marella. En el lugar llamado Guarexer el 
alodio con su iglesia, décimas y primicias (4) del mis- 
mo puerto hasta Regolella; tierras con viñedos, prados, 
pastos, selvas y la iglesia de Scares con sus décimas y 
primicias. En Cerdaña, el alodio llamado Luz con la 
iglesia, décimas y primicias de San Esteban y el alodio 
llamado Agine con la iglesia, décimas y primicias, el 



de copazón, de ¡alabra y de ohra. En 917 cumplieron su última volun- 
tad Garsenda su esposa, Sunyersu hermano y el vizconde Hermemiro, 
entregando á Santa Mama un alodio sito en Fulgarolas, Oligó, Vilar- 
dazell. 

(1) Donación de Seniofredo hijo de D."^ Ava. 

(2) Arnulfo obispo, de Vich en 29 de Julio de 1010. 

(3) Donación de Seniofredo. (Véase su testamento en Marca hisp). 

(4) Donación de Wifredo I. 



-389 — 

de Mosolio y el de Bor. En la misma Cerdaña, los alo- 
dios de Arseguall y de Nasovell y de Monteliano y de 
Bar y Adoll, y en Labersells el alodio con los molinos, 
y el de Villa-vetere con sus iglesias y los de Enévall, 
Bellich, Mosolio, Santa Eulalia, Engils, Ger, Palierols, 
Villalovent, Olsega, Anama, Salicep, Egualeges, Ur, 
Geutaflorida, Augostrina, Estabar, Salagosa, Sed, Pala- 
ciolo, Valfamélica, Ezer, Planezas, Saltegual, Unella, 
Ventolano y de Clozellos y de Obasell y de Gampacianos, 
Masana, Meranges, Urriols, Cois con sus selvas, con 
sus pastos y el susodicho Aramonedo con sus bosques 
y carrascales y sus pastos, y la iglesia de San Román 
con sus términos y los alodios de Puig Malello allí sito 
y Gomses y Saurigueres (1). En la misma Cerdaña, en 
muchos otros lugares, casas, cortijos, viñedos y tierras. 

En el Condado de Urgel el alodio llamado Exadu- 
ce con la iglesia de San Miguel. (2) 

En el castro de Cardona , el alodio llamado 
Prades y varios otros, y los alodios de Scorbarios con 
las iglesias y sus términos y los de Codonyei f3), con la 
iglesia de San Cucufate con sus términos, y los alodios 
de Montes y de Puentes con sus iglesias, décimas y 
primicias y sus términos, y los alodios de Laguna y Cas- 
trobono , y otras tierras y viñedos del -mismo condado. 

En el valle Conflent el alodio llamado Evol, con 
sus carrascales y pastos (4). En muchos lugares del 
mismo valle viñedos, y el alodio de Sodames y el de 



(1) La mayor parte de estas haciendas fueron cedidas por los Condes 
de Cerdaña. 

(2) Donación de Wifredo I confirmada y ampliada en 890 y 897. 

(3) Borrell II dio este alodio en su testamento y lo confirmó su hijo 
Armengol en 1." marzo de 999. El mismo Armengol había dado en 15 de 
las Kal. de febrero 993 un alodio del valle Lordense in Suburbarno, y en 
7 de las Kal. de octubre de 1000 el alodio de Suburbano, aguas, etc. 

(4) Donación de Seniofredo hijo de D." Ava en 1." enero de 957. 



— 300 — 

Vincedo y de Macanos y el de Segamano con la iglesia 
de San Clemente con sus alodios, y el de Soliano, y en 
Corneliano tierras y viñedos, y en Amano casas, tierras 
y viñedos y el alodio de Moredo y Vitamarios y el de 
Fenestedo. En el lugar llamado Bulla, tierras y viñedos 
con las casas y décimas y primicias. En el valle Petra- 
riense, el alodio llamado Planezas con las iglesias, dé- 
cimas y primicias. En Ventolano y en Camposiano, 
casas, tierras y viñedos. En Rippas, tierras, casas y 
viñedos. En Masana, tierras, casas y viñedos. Y en 
otros lugares del mismo valle, casas, tierras y viñedos. 

En el condado de Robellón , el alodio de Tazón y 
los mansos de Petracalce. 

En Vallespir, el alodio Eloros y el de Emis. 

En el condado de Pallars los alodios que están en 
Basturcio con sus iglesias ó alodios. 

En el condado de Besalú. Los alodios llamados 
Puigmal , Transdorsum , é Ínsula rotunda, Bogusa, 
Jove, Arguelaguer, Vallealta, Juviniano con casas, vi- 
ñedos y tierras. En el lugar llamado Judaicas la iglesia 
de San Pedro con casas, tierras y viñedos, con sus dé- 
cimas y primicias y oblaciones, con sus términos y de- 
recheras (1). Á más Vernedas con casas y tierras, y el 
alodio de Folgosa y de Segundella y en Aqualia, y el 
alodio de Bach que fué de Renardo , y Portarías y el alo- 
dio de Balarder con los bosques, pastos y molinos, y el 
de Bianya y la tercera parte de la villa de Palosol con 
sus términos y confines y los alodios de Bas y de Ingui- 
las y de Rivovae y de Villalonga y de Pineda y el de 
Bugonos. 



(3) Déla Conde de Gerona habia adquirido este alodio de los judies, á 
quiénes puso en su ciudad de Gerona. Luego lo dejó por derecho here- 
ditario á su hija Raulo, quién siendo abadesa de San Juan, lo cedió en 
956 á Santa María. 



~ 391 — 

En el condado de Gerona, en la villa llamada Celrá 
sus alodios y el de Mullano. 

En el condado de Cerdaña el alodio que fué de 
Guadaldo vizconde , con las iglesias que están encima 
en aquel sitio, ó sea en un lugar que llaman de Valle- 
vetere la iglesia de San Martín y San Saturnino con sus 
fines y términos, décimas y primicias. 

Ítem en el Valle-Aspir. En Roveroso, casas con 
tierras, viñedos ó yermos. ítem en Burgitano en la villa 
Donegua. 

En el condado de Ampurias. Los alodios de Stagno 
Salso. 

En Peralada. El alodio de Castellón y de Vallemala 
con sus términos. 

Todos los predios citados y no citados , adquiridos y 
por adquirir, pertenecientes al cenobio sito en el valle 
de RipoU, lo confirmamos con nuestra autoridad apos- 
tólica». 

A más de estos bienes temporales, cuyos productos se 
invertían en obras de beneficencia y en el explendor del 
culto, Sergio IV confirmó las gracias espirituales con- 
cedidas por sus predecesores, á las cuales añadió; 1." 
Que el Abad puede elegir doquiera y á cualquiera de 
los obispos para ordenar á sus clérigos. 2° Ningún 
obispo podrá excomulgar ni poner entredicho á ningu- 
na de las iglesias que pertenezcan al monasterio. 3.° 
Todo penitente excluido del gremio de la Santa Iglesia^ 
tiene licencia para entraren Santa María, y durante 
su permanencia en Ripoll oir en aquel Real Santuario 
los oficios divinos. Concluye Su Santidad con estas pa- 
labras : Todo el que protegiere este santo cenobio y en 
lo que pudiere le mostrare su afecto y preferencia, este, 
con la ayuda de Dios y lleno de la bendición apostólica, 
se goce de crecer de virtud en virtud, sea su porción el 
paraíso y N. S. Jesucristo en herencia, paz y consuelo, 



-^ 392 -- 

en. quién hay eterna alegría sin ninguna pesadum- 
bre.» (1) 

■ 1 • ■ . . . . , ■ 

Bula de Benedicto VIH 

Con bula expedida en 1013 concedió el privilegio de 
poder cantar aleluya y gloria in excelsis « en el recinto 
de Santa María el dia de la Purificación, en caso de 
encontrarse dicha festividad dentro de la Septuagési- 
ma». Este privilegio era tanto más estimable, en cuanto 
estaba prevenido lo contrario eii el canon XI del IV 
concilio de Toledo, que decia: « ítem supimos que al- 
gunos sacerdotes de España cantan aleluya excepto en 
la última semana de pascua, lo cual prohibimos en ade- 
lante, decretando que en todos los predichos dias de la 
Cuaresma no se cante aleluya, pues aquel es tiempo no 
de gozo sino de tristeza.» 

La bula de Benedicto VIII va dirigida á los fieles que 
concurran al Real Santuario para celebrar la fiesta de 
la Purificación. «Hacemos saber á vuestra caridad, les 
dice, como habiendo venido á Nos nuestro amadísimo 
hijo Oliva, Abad del cenobio ripollense, llevado por el 
celo divino y el amor de la Bienaventurada Virgen Ma- 
ría, suplicó que si dicha festividad cayese en tiempo en 
que no se cante aleluya, se le concediese licencia — úni- 
camente para su monasterio — de cantarlo junto con 
gloria in excelsis Deo. A cuya súplica accedimos gusto- 
sos Cualquiera, pues, que procurare asistir en el 



(4) Pora la traducción y estudio de esta Bula hemos tenido á la vista 
la copia autorizada que se conserva en el Archivo de San Pedro, lo cual 
hacemos presente, pues en la publicada por Marca notamos varias su- 
presiones de frases y adulteraciones de nombres geográficos. La suso- 
dicha copia fué sacada en 2 de septiembre de 1711 por el notario de 
RipoU archivero de Santa María, D. Mariano Peraller. 



— 393-- 

susodicho templo en aquella plausible festividad, sepa 
que le alcanzará el don de la protección divina con el 
aumento de nuestra bendición, y el favor de Jesucristo 
benignísimo Salvador». 

Al recordar que Wifredo el Velloso habia purificado 
nuestra patria de la cruel pestilencia de Mahoma (que 
asi llamaban nuestros antepasados á la invasión sarra- 
cena) podemos considerar con qué amor patrio, con 
qué entusiasmo religioso, con qué santa alegría (aunque 
fuese en tiempo cuaresmal) entonarían los cenobitas : 
¡ Aleluya ! gloria á Dios en las alturas y en la tierra 
Paz á los hombres de buena voluntad ! » el dia de la Pu- 
rificación, en el recinto del Real Santuario que perpe- 
tuaba el recuerdo de la Reconquista ! 

Bula de Alejandro II 

Sumamente interesante es la bula de este papa, 
fechada en 21 de mayo, indicción XV (año 1063). 

Va dirigida á la fervorosa comunidad de Santa Ma- 
ría, hondamente afligida, pues un tal Aldeberto preten- 
día solidarse simoníacamente en la silla abacial de los 
Arnulfos y Olivas. Ya hemos dicho que, amante la San- 
ta Comunidad délas grandes tradiciones del. cenobio 
que conservaba como un depósito sagrado, acudió al 
Sumo Pontífice contra tan e inaudita violencia. El papa 
contestó : «Hemos recibido por medio del hermano S. 
vuestra carta, y pesando con suma diligencia lo que pe- 
díais, no rehusamos a ceder á vuestra demanda, pues 
nos parece justa y no indigna de ser robustecida con 
nuestra autoridad. Os exhortamos con la debida caridad 
que custodiéis firmemente el propósito de la santa pro- 
fesión que por divina inspiración abrazasteis, y que de 
ninguna manera decaigáis de la misma por ningún mo- 
tivo.» Advierte á las autoridades civiles y eclesiásticas 



- 394-- 

que les ayuden , defiendan y procuren su prosperidad; 
prometiéndoles, en cambio, el eterno premio y la bendi- 
ción apostólica. Manda que en el término de seis meses 
y bajo pena de excomunión devuelvan á los servidores 
de Santa María las posesiones que les hubieren usur- 
pado ó las que hubiesen recibido de simoníacos Abades 
impuestos á los monjes. Prohibe que en adelante nadie 
les moleste con este abuso, bajo pena de excomunión, y 
termina de este modo : « Satisfecho vuestro deseo con 
estas disposiciones, os exhortamos á qué siempre pro- 
cureisir delante en el camino de la perfección , y que 
reguéis con intensidad y de continuo por Nos y por la 
Iglesia, para que seáis participes de la protección divina 
y de la bendición apostólica. » 

Bula de ürtano 11 

A petición de Bernardo primer Abad Marsellés, otorgó 
este célebre Pontífice otra bula, en la cual después de 
corroborar las concesiones de sus predecesores, añade 
como pertenencias de Santa María, estas nuevas do- 
naciones de los fieles : « La iglesia de San Pedro adjun- 
ta al monasterio con las otras iglesias sufragáneas de 
aquella. En el territorio de Cervera la iglesia de San 
Martin, la capilla de San Nicolás, la de San Pedro con 
la iglesia del castro de Mon-Palau. La capilla de San 
Quintín. El monasterio de Santa María llamado Gual- 
ter, el de San Andrés de Pontones, el de Santa María 
de Panizars y el de Santa María de Montserrat. La 
iglesia de San Esteban de GranoUers, la de San Esteban 
de Ripa con los alodios del vizconde Bernardo , quién 
los cedió al cenobio. 

El teloneo del mercado que suele tener lugar en el 
mismo monasterio, y toda jurisdicción. La fortaleza 
Menslei con sus términos y pertenencias. El territorio 



--395-- 

de Torga con sus iglesias y dominios, puerto de mar, 
pesca y todo lo que le pertenece. La pesca de las aguas 
del Ter desde Riva-Mala hasta Spata y del rio Fraser 
desde el puente de la Corva hasta el Ter. Todo el domi- 
nio que Bernardo de Besalú concedió á Santa María, 
tanto en el valle de RipoU como en otros lugares». 

Luego á las gracias especiales concedidas por sus 
predecesores añadió: 1.° Que la sepultura en Santa 
María fuese libre, de suerte que los que por devoción 
ó última voluntad quisieren ser allí enterrados, nadie 
se lo impidiese, á no ser tratándose de un excomulgado. 
2." A fin de no dar ocasión á reuniones populares en la 
soledad que ha de reinar en torno de los siervos de Dios, 
el obispo celebre públicamente ó resida allí cuando lo 
considere oportuno el Abad y su comunidad. 

Encíclica de Inocencio II 

Envió una encíclica al arzobispo de Tarragona y á 
los obispos de Urgel, Vich, Gerona y Elna, cuya parte 
principal es esta : « El monasterio de Ripoll pertenece 
por derecho propio á San Pedro, y su defensa atañe á la 
Iglesia Romana. Todos aquellos pues que amen á San 
Pedro, deben defender contra las irrupciones de los 
hombres malvados, los monasterios que le pertenecen. 
Por cuya razón mandamos á vuestra fraternidad por 
medio de esta apostólica encíclica, que mantengáis al 
monasterio ripollés en todos sus bienes y posesiones, 
si alguno de vuestros diocesanos intentase dañar el 
mismo lugar ó cualquiera de sus pertenencias , casti- 
gadle según los cánones»... Pisa 15 de junio de 1134. 

Bulas de Alejandro III 

Mucho dice en pro de -los benedictinos de Santa Ma- 



— 396 — 

ría la alabanza que les dispensa este sumo Pontífice á 
7 de julio de 1167. «Siendo propio de nuestra solicitud 
y oficio defender los derechos de las posesiones de los 
religiosos , con tanta mayor afición queremos proveer 
á la justicia de vuestro monasterio, cuanta mayor es la 
devoción que mostráis á Nos y á la Iglesia Romana». 

Les confirma la posesión del monasterio de Metliano 
con todas las iglesias que le estaban sujetas, sus dé- 
cimas y primicias con los castillos, almenas, y otras 
posesiones. Entre estas el castillo de Gidamon y la Al- 
munia llamada Alfandega y el castillo de Senán y la 
iglesia de Santa Cecilia de Moyón con su parroquia, 
décimas y primicias, la villa de Setcasas, la de Lenars 
y de Isogol con sus pertenencias. 

La jurisdicción de Olot con sus bosques y pertenen- 
cias, la iglesia de Santa Leocadia con la villa en que 
está construida con sus décimas y primicias. Manda 
luego observar bajo pena de excomunión las concordias 
establecidas desde muy antiguo entre el monasterio y la 
villa. 

Otra bula existia del mismo Alejandro III en el ar- 
chivo, por la cual se confirmaba á Santa María la po- 
sesión de San Esteban de Granollers sita en el camino 
de Manlleu cerca de Vich. Estaba fechada en el mismo 
año 1167. 

En 1168 expidió otra excomulgando al que atentase 
contra la seguridad de cualquier monje ó converso de 
Santa María, entendiéndose esto de todo el que atrepe- 
llase á sus personas ó haciendas, especialmente á sus 
arrieros, víctimas hartas veces de la rapacidad de los 
bandoleros. Prohibe otro sí inquietar, hacer violencia 
ó injuriar á los peregrinos que vayan á visitar aquel 
Santo lugar ó moraren dentro de su recinto durante al- 
gunos dias. 
Fechada en Benevento á 7 de diciembre. 



— 397 



Bula de Clemente III 

Durante su pontificado (1187-1191) concedió al Abad 
Raimundo de Berga con bula expedida en Lion 12 de 
diciembre, el derecho de usar, durante las solemnida- 
des del culto, niitra, báculo, pectoral, guantes y anillo 
como los obispos. 

Bula de Bonifacio TIII 

Con letras apostólicas dadas en San Pedro de Roma 
(IV nonas Martii 1297) confirmó la concesión de Cle- 
mente, es decir, el privilegio de usar los abades de 
Ripoll insignias episcopales. 

Bula de Clemente VII 

Concedió á los ripollenses que pudiesen tener cónsu- 
les independientes. La bula está fechada en Aviñon 
á 19 de octubre de 1387. No hablan pasado ocho meses 
cuando se congregaron la mayoría de los vecinos y re- 
nunciaron á la gracia de Clemente VII (aporque duran- 
te el breve tiempo del consulado experimentaron muchos 
males y trabajos». (Auto en poder de Pedro Esteban 
notario público á 12 de junio de 1388). En 11 de marzo 
de 1389 Juan I de Aragón declaró nula dicha bula. 

Bulas de Paulo III 

A ruego del Abad Jaime de Rich , expidió en Roma 
dos bulas, una en abril de 1537 y otra en agosto de 1538 
acerca de los espolies de los monjes y de las medias 
annatas, oficios y beneficios de la Abadía. 



-- 398— 



Breve de Gregorio XIII 



Concedió durante su pontificado (15724585) indul- 
gencia plenaria á los que visitaren el día de la Asun- 
ción á Santa María de Ripoll. En el breve que se. 
conservaba en el archivo constaban otras indulgencias 
concedidas para determinados años, dias y fiestas. 

Bula de Clemente Tin 

Instituyó la Cofradía de Santa María de Ripoll, ga- 
nando los cofrades indulgencia plenaria el dia 15 de 
agosto en que se celebraba la fiesta mayor. 

Bula de Paulo 7 

A instancia del Abad Guardiola con bula apostólica 
de 7 de marzo de 1618, á más de varias gracias á la 
Congregación de la Inmaculada, se dignó conceder in- 
dulgencia plenaria á los que se alistaren como congre- 
gantes (1). 



(1) Omitimos hablar de otras Letras apostólicas concedidas á la aba- 
día ripoUense, por considerar que estas son las principales y las que más 
directamente se relacionan con el Real Santuario. Con todo no dejare- 
mos de notar que, aún después del incendio y desamortización, Pío IX 
favoreció con nuevas gracias espirituales la Congregación instituida 
por el Abad Guardiola, y recordaremos la paternal solicitud con que 
León XIII bendijo las obras de restauración, cooperando á la misma con 
la dádiva más insigne. 



— 399 — 

. CATÁLOGO 

de los abades de Ripoll desde el siglo IX (1). 

Daguino desde 873 á 902 

Daniel I » 902 » 919 

Iñigo » 919 » 948 

* Arnulfo » 948 » 970 

Witisclo.. » 970 » 979 

Seniofredo » 979 » 1008 

* Oliva ; . . » 1008 » 1046 

Pedro » 1047 » 1056 

Guillermo Bernardo » 1056 » 1068 

Daniel II » 1068 » 1069 

Abades marselleses. 

Bernardo » 1070 » 1102 

Benedicto . , » 1102 » 1107 

Gaufredo I » 1107 » 1111 

Gaucelmo » 1111 » 1120 

Elias » 1120 » 1124 

Pedro Raimundo » 1140 ? » 1153 

Gaufredo II . - » (?) » 1169 



(1) El asterisco * indica los abades que fueron elevados á otras digni- 
dades eclesiásticas. 



-- 400 



Abades del Pais. 

I 

Raimundo de Berga desde 1171 á 1205 

Bernardo de"PeramoIa, .... » 1206 

Bernardo de S. Agustín. ... » 1212? 

Raimundo dez Bach.. .... » 1217 

Dalmacio Sagarriga » 1234 

Bertrán dez Bach » (?) 

Raimundo Vilaragut » 1291 

Guillermo de Camps » 1310 

Ponce de Vallespirans » 1318 

* Hugo dez Bach » 1326 

Jaime de Vivar » 1351 

' Raimundo de la Farrés . ... » 1362 

Galcerán de Besora. ..... » 1381 

* Raimundo dez Catllar » 1383 

Marcos de Villalba, » 1408 

Berenguer de Rejadell » 1409 

Dalmacio de Cartellá » 1410 

Bertrán de Sa Masó. . , . . . » 1440 

Narciso Miguel . . » 1458 

Abades comendatarios. 

* Rodrigo de Borj a.. » 

Ponce Andrés dez Villar. ... » 

* Ascanio María Sforcia » 

* Francisco de Loris. . , . . . » 

* Federico de Portugal ..... » 

* Jaime (Cardenal de S. Clemente) » 

* Jaime dez Rich » 

Clemente May . » 1536 » 1576 



» 


1212? 


» 


1217 


» 


1234 


» 


1256 


» 


1280 


» 


1310 


» 


1318 


» 


1322 


» 


1351 


» 


1362 


» 


1380 


» 


1883 


» 


1408 


» 


1409 


» 


1410 


» 


1439 


» 


1456 


» 


1460 



1461 


» 


1463 


1463 


» 


1489 


1490 


» 


1505 


1506 


» 


1507 


1507 


» 


1507 


1507 


» 


1517 


1518 


» 


1534 



401 



Abades por nombramiento Real. 

Francisco de Pons. . . ... desde 1597 á 1611 

Juan de Guardiola » 1611 » 1616 

Francisco de Senjust » 1616 » 1622 

Pedro Sancho » 1623 » 1627 

Francisco de Copons y Vilaplana. » 1633 » 1651 

Gisperto de Amat . ..... » 1663 » 1664 

Jaime de Meca » 1664 » 1666 

Gaspar de Casaraitjana y Eril. . » 1666 » 1696 

Benito Sala » 1696 » 1696 

Rafael de Moner » 1699 » 1704 

Félix de Vilaplana » 1705 » 1732 

Juan de Fluviá y Aguilar. . . . » 1732 » 1732 

Fernando de Zúñiga » 1733 » 1742 

Francisco de Copons y de Copons. » 1742 » 1755 

Martín Sarmiento . ..... » 1755 » 1755 

José de Oriol de Tord. .... » 1756 » 1784 

Francisco de Valencia y de Segrera » 1784 » 1795 

Isidoro de Rocabruna » 1795 » 1795 

Francisco de Gódol y de Minguella » 1796 » 1806 
Andrés de Gasaus y de Torres. . » 1807 » 1816 
Francisco de Portella de Monte- 
agudo » 1816 » 1831 

José de Borrell y de Búfala. . . » 1833 » 1845 

Delegados apostólicos Obispos de Vich. 

Luciano Gasadevall y Duran.. . 

Antonio Palau y Termens . . . .( j^o¿o ^ 1873 Cl) 

José Castañer y Rivas 

Luis Jordá y Soler 



(1) Desde este año la jurisdicción espiritual de los abades pasa al 
obispo- de Vichi Véase la página 270. ■■'... 

26 



~ 4-02 — 

VI. 

NOTABLES DATOS HISTÓRICOS 

sobre la restauración de la basílica ripollense. 



Exposición del Obispo de Vick al Ministro de Fomento, 

Excmo. Sr. Ministro de Fomento. — Excmo. Sr. — El 
Obispo de Vich atento no sólo á cumplir con los deberes 
de su sagrado Ministerio, sino también á fomentar todo 
cuanto pueda contribuir al mayor lustre de su diócesis, 
tiene el honor de elevar á V. E. esta breve exposición, 
seguro de que ha de hallar en el Gobierno de S. M. be- 
névola acogida el pensamiento que somete á su consi- 
deración, y favorable resolución la justa demanda que 
debidamente formula : — En mi Visita Pastoral recien- 
temente practicada en la Parroquia de Ripoll, obra de 
las más considerables del Obispado, naturalmente debí 
fijar mi atención en el Monasterio de Santa María que, 
como otros tantos insignes monumentos de nuestra Pa- 
tria, yace arruinado en parte, sin que el buen celo de 
ilustrados patricios ni perseverantes esfuerzos de Cor- 
poraciones oficiales auxiliados con las cantidades en di- 
versas ocasiones consignadas por el Gobierno, hayan 
podido hacer más que evitar la total ruina y, hasta cier- 
to punto, preparar la restauración de lo que haya podi- 
do salvarse de los hechos vandálicos de 1835 y de la 
incuria y abandono de una larga serie de años.— Movi- 
do, más diré, poderosamente impulsado por la notoria 
importancia artística de aquellos restos, y más aun por 
los grandes recuerdos que están vinculados en las ve- 



— 403 — 

nerandas ruinas del antiquísimo Cenobio que fué cuna 
del Condado Catalán y Panteón de ilustres Condes y 
proceres de la Reconquista, al par que sagrado asilo de 
la piedad y del saber, durante el laborioso periodo de la 
Edad Media ; viendo por otra parte que la actual igle- 
sia Parroquial de RipoU es no sólo insuficiente sino 
hasta cierto punto indecorosa para el servicio religioso 
de una población que aumenta cada dia de vecindario, 
surgió en mi mente la idea de emprender la total res- 
tauración del derruido Templo para habilitarlo de nue- 
vo al divino culto. — Deseando, asesorarme mejor res- 
pecto de tan importante y dispendiosa empresa, y conocer 
el ánimo del país, dirigí, después de la vuelta de la Sta, 
Visita una comunicación al Ayuntamiento de la citada 
villa, quien me contestó con el oficio que adjunto remito 
á V. E. — Existiendo, pues, el precedente de que el Go- 
bierno de S. M. en 1842 habia accedido á una petición 
semejante á la que yo proyectaba; obligado por otra 
parte como así lo habia entendido otro de mis Dignos 
Predecesores, á recobrar para la Iglesia todo cuanto 
pueda contribuir á su lustre y al mejor cumplimiento 
de sus altos fines ; convencido además, de que la res- 
tauración del Monasterio de RipoU, sin proponerse otra 
finalidad que la meramente artística ó arqueológica con 
la penuria y lentitud con que debe hacerse á expensas 
únicamente del Gobierno, es punto menos que irreali- 
zable, ó á lo menos cosa de muchísimos años; creyendo 
finalmente con esto secundar los deseos del Gobierno y 
Academias del Estado que atienden en lo posible á la 
conservación y reparación de los monumentos así reli- 
giosos como civiles, é interpretar los deseos de los natu- 
rales de estas provincias, que ven en Santa María de 
Ripoll la Covadonga Catalana, y anhelan poder celebrar 
en la restaurada Basílica ripoUesa el Milenario de su 
fundación por Wifredo -el Velloso, que se verificará en 



— 404 — 

1888;--A V. E. suplica el infrascrito Obispo se sirva de- 
cretar en el modo y forma que haya lugar y el Gobier- 
DiO estime más conveniente la cesión al Obispo de Vich, 
legítimo sucesor en la plena jurisdicción espiritual de 
los Abades de RipoU, de la fábrica del Templo, Claus- 
tro y pertenencias actuales del Monasterio, que á su 
tiempo se exceptuaron de la desamortización, á fin de 
restaurarlo otra vez para el culto y habilitarlo en debi- 
da forma al servicio Parroquial ; con sujeción siempre 
á los planos aprobados por la Real Academia de San 
Fernando, la protección del Estado y bajo la convenien- 
te inspección facultativa que tuviere á bien señalar el 
Gobierno de S. M. — Dios guarde, etc. — 13 de Octu- 
bre de 1883.— José, Obispo de Vich. 

Inscripción en el registro de la Propiedad de lo <. 
cedido en RipoU á la Mitra de Vich. 

Nos el Excmo. é limo. Sr..Dr. D. José Morgades y Gili, 
por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, 
Obispo de Vich, Prelado doméstico de Su Santidad, etc. 

Certificamos; Que Nos en virtud de Real Orden ex- 
pedida por el Ministerio de Hacienda en tres de no- 
viembre de mil ochocientos ochenta y cinco, comunicada 
por la Administración de Hacienda de la provincia de 
Gerona, con fecha nueve de diciembre del propio año, 
poseemos pacificamente y sin contradicción el ex-mo- 
nasterio de Ripoll para instalar en él la Iglesia Parro- 
quial, á cuyo fin se están practicando las obras conve- 
nientes; y deseando que ía parte del ex-monasterio 
cedido sea inscrita á nombre Nuestro, en virtud de lo 
dispuesto en la Real Orden de once de noviembre de 
mil ochocientos sesenta y cuatro ; 

Declaramos ; que la parte del ex-monasterio y terre- 



— 405 — 

no adyacente que Nos fué cedido por Su Magestad, está 
situado en la Villa de Ripoll, Partido de Puigcerdá, y 
ocupa una superficie de seis mil quinientos setenta y 
siete metros, noventa y un decímetro con treinta y ocho 
centímetros cuadrados; y linda por Oriente parte con 
los sucesores de R. Molins, parte con los de Francisca 
Vives y parte con la Señora viuda Raguer, cuyos dos 
últimos predios están separados por el ancho de Carre- 
tera de Ripoll á Molió ; por Mediodía parte con un pre- 
dio Municipal, parte con los sucesores de Francisco 
Vives y parte con la mencionada Carretera de Ripoll á 
Molió ; por Poniente parte con otro predio municipal y 
parte, con A. V. del Abad Oliva, que es donde existe la 
fachada principal ; y por Norte con un camino y calle 
en proyecto. 

, La parte de ex-monasterio expresado está libre de 
cargas, y teniendo en cuenta que la parte que ocupaba 
la iglesia , y que en el dia se está reedificando destina- 
da á iglesia Parroquial no tiene valor ni puede dársele, 
no obstante la parte adyacente, que aunque pertenece á 
la iglesia no estará inmediata al culto Divino se aprecia 
á cinco mil pesetas. 

Y para que conste y á tenor de lo dispuesto en la ci- 
tada Real Orden de once noviembre de mil ochocientos 
sesenta y cuatro, y al objeto de que se inscriba en el Re- 
gistro de la propiedad, libramos el presente por duplica- 
do que firmamos con impresión de nuestro escudo de 
armas en la Ciudad de Vich á los cuatro de julio de 
mil ochocientos ochenta y siete. — José, obispo de Vich. 

Presentado este documento á la liquidación en nueve 
de agosto de mil ochocientos ochenta y siete. — El Fis- 
cal Municipal encargado provisionalmente del Regis- 
tro.— Saló. 

Número noventa y cuatro del libro Diario de presen- 
tación de documentos.— í-Examinado este documento se 



— 406 — 

devuelve al interesado, porque el acto que comprende 
está exento del pago del impuesto sobre los derechos 
reales y transmisión de bienes, en razón á no venir las 
cesiones á titulo gratuito comprendidas en ningún nú- 
mero de la teirifa. 

Puigcerdá 17 de agosto de 1887. — El Fiscal Munici- 
pal, encargado provisionalmente del Registro. — Isidoro 
Saló. 

Inscrito este documento al folio 240 del tomo 24 del 
Ayuntamiento de Ripoll, finca n," 787, inscripción 1.". 

Puigcerdá veinte y cinco agosto de mil ochocientos 
Ochenta y siete.— El Fiscal Municipal, encargado 
provisionalmente de este Registro. — Isidoro Saló. 

Celebración del milenario 



Aunque la Exposición Universal atrayendo poderosa- 
mente la atención pública ha podido retrasar, como 
hemos indicado, la celebración del milenario en Santa 
María, no hubiera sido esta razón suficiente á no me- 
diar otras intrínsecas más atendibles. La empresa de 
la restauración ha sido realmente grande y costosa ; re- 
cuérdese que á los seis meses después de inauguradas 
las obras se llevaban invertidas en ellas 30000 pesetas 
representantes en lo mínimo valor duplo ; en el mo- 
mento de escribir estas líneas (mayo de 1888) recibi- 
mos una autorizada nota de la que se deduce que el 
total de los gastos hasta hoy satisfechos se acerca 
á 125000 pesetas, las cuales (no habiendo variado las 
condiciones) representan asimismo duplo valor. Hacer 
efectiva esta cantidad por los medios de que ha podido 
echarse mano en las difíciles circunstancias económi- 
cas que atravesamos, supone en el Excmo. Sr. Morga- 



— 407 — 

des una abnegación y constancia á toda prueba, abne- 
gación y constancia que han determinado al fin la 
resurrección de la basílica, cuya sola presencia en el 
espacio es la celebración más elocuente del milenario. 
, Asi las cosas, y si únicamente á las obras de restau- 
ración se hubiese de atender, podría á no dudarse ser 
desde luego la basílica consagrada ; pero laudabilísima 
es la resolución del Prelado vicense de dilatar tan so- 
lemne Acto hasta que el sagrado recinto se halle lo su- 
ficiente decorado. Esta dilación no disminuye por otra 
parte la oportunidad, ya que el milenario no termina 
hasta entrado el año próximo : en 20 de abril de 1888 
empezó. 

Entretanto el corazón se ensancha al contemplar el 
noble anhelo con que generalmente se procura qué la 
parte decorativa no desmerezca de la magnificencia de 
la restauración. Mientras un Ilustre Senador D. Fer- 
nando Puig costea el esculturado de los grandes capite- 
les del interior del templo, las principales familias.se 
disputan el honor de dejar colocadas polícromas vidrie- 
ras que la luz místicamente modifiquen ; la devotísi- 
ma romana Imagen en mosaico en caso de no poder 
contribuir al realce de la fiesta de la consagración , será 
dignamente suplida por el retablo original (1); á Cuba y 



(Ij «Por una carta que desde Roma ha escrito el Sr. D. Enrique Serra, 
hemos tenido noticias del cuadro en mosaico de la Madona de Ripoll. 
Dice así la carta : 

«Todo el fondo del mosaico hasta la altura de la espalda de la Virgen, 
el nimbo y las letras están ya terminados, y ahora empieza á trabajarse 
en el respaldo de la Cátedra ó silla, cuyos costados exigen un trabajo de 
cinco meses. Hace gran efecto, atendiendo á que esta clase de trabajos 
siempre pierden al lado del original». Aunque todos desearíamos po- 
seer ya para admirarlo este cuadro, es preciso que nos. hagamos cargo 
de que es trabajó de largo tiempo, y más habiendo encargado Su Santi- 
dad León XIII que quiere sea un mosiáco de primer orden. 

(La V.eu del Montserrat, abril de 1888). 



— -408 — 

á Filipinas han partido comisionados para que de 
acuerdo con los RR. PP. Jesuitas y Dominicos gestio- 
nen lo conveniente para la grande obra, y á ella (con 
maderas preciosas para los altares, coro, pulpitos, etc. 
ó de otra manera) contribuyan. 

Tal es lo que debidamente autorizados podemos ade- 
lantar acerca del milenario de Santa María del 
cenobio de RipoU . A cuantos de entusiastas por las 
glorias patrias se precien, á cuantos miran con especial 
cariño el incomparable monumento cuya gloriosísima 
historia aquí termina, no es necesario excitar á que se- 
cunden al Excmo. Sr. Obispo Morgades, haciendo un 
supremo esfuerzo para que la basílica en el dia no leja- 
no de su consagración aparezca engalanada con el ex- 
plendor y gloria que ostentaba en el siglo de Oliva, con 
el explendor y gloria correspondientes al gran pueblo 
que tan gallarda muestra de laboriosidad, ciencia y 
cultura ha exhibido con la realización nunca bastante 
admirada de la primera Exposición Universal de Espa- 
ña. Digno remate de- la misma ha de ser la consagra- 
ción solemne del glorioso templo de los catalanes : bajo 
este nuevo aspecto el aplazamiento de la gran fiesta au- 
menta su oportunidad. 



Í2?TIDI0H1 

DE LAS 

MATERIAS CONTENIDAS EN ESTA OBRA. 

— «-©Sía*— 

Págs. 

advertencia del autor v 

dedicatoria xiv 

Capítulo primero. 
El cenobio de Recaredo. 

Comarcas preferidas por los benedictinos para la fundación de 
sus monasterios.— Descripción de los valles del Ter y del Fraser, 
primeros pobladores, memorias que dejaron. — adecuada aplica- 
ción del nombre Rivis-poUens, dado antiguamente al valle del Ter. 
— Primitiva religión de sus habitantes, su coiivetsión al cristianis- 
mo. — Nuevos emigrantes al alta montaña, nuevos núcleos de po- 
blación.— Importancia en la misma de una institución que vélase 
por las letras, la agricultura y la industria.-^Los benedictinos satis- 
facen esta exigencia. — Época en que establecieron su monasterio 
en la confluencia del Ter y del Fraser.— Escasas noticias de esta 
primera fundación, — El abad Protasio, el duque Recimero, la ca- 
pilla de la Madona.— El monasterio es destruido por los árabes, lo 
reedifican los reyes francos. — Nueva invasión sarracena, es por 
segunda vez el cenobio destruido .-^Los sarracenos ocupan militar- 
mente y como colonos la comarca rivis-pollens.-Resistencia délos 
naturales, preséntase como su jefe y libertador Wifredo el Velloso. 17 

Capítulo II. 

Nuevo carácter eminentemente catalán del ce- 
nobio de Recaredo, desde su restauración por 
Wifredo el Velloso. 

Reconquista de Wifredo el Velloso, en relación con el célebre 
Santuarió.-^Alquerías notables, vecinas al monasterio en 870,-Wi- 
fredo favorece á Santa María antes que á ningún otro templo del 
valle.— Convoca cenobitas de varias partes para cuidar del templo. 
— Daguino, primer abad en 873.-^La asamolea de Kiersy d' Oise, 
prosecución de la Reconquista.— Donación de Ariulfo a Santa Ma- 
ría en 880.— D.* Emmón, nija de Wifredo. — Restauración de la Se- 



ÍNDICE. 

Págs. 

de episcopal de Ausona. — El obispo Godmaro.— Dedicación del tem- 
plo de Santa María en 888 terminada la Reconquista.— Donaciones 
particulares de Wifredo, Winidilde y Godmaro. — La oblación de 
Rodulfo. — Dotación del templo en la que son representados todos 
los territorios reconquistados. — Antiquísima devoción de los Cata- 
lanes á la Santa Imagen.— Descripción déla misma.— La fiesta ma- 
yor, la Cofradía, indulgencias concedidas.—Nuevas donaciones de 
Wifredo y Winidilde. — Inculcan á sus hijos la devoción á la Santa 
Imagen. — Dedicación de San Pedro en 890 y donaciones de Dagui- 
no, los Condes j Godmaro á esta iglesia.— Muerte de Wifredo el 
Velloso, su entierro en Santa Maria 31 

Capítulo III. 

Munificencia de los hijos y nietos de Wifredo pa- 
ra con el templo de Santa Maria. 

. 'Acendrado cai'iño de los hijos de Wifredo á Santa María. — Fun- 
daciones de Sunyer y de Mirón.— Rodulfo, obispo de Urgel. — Los 
abades Daniel y Enego.— Dedicación de 935. — Privilegio del rey 
Franco Luis Transmarino. — La orden de Gluni y el abad Arnulfo.- 
Encíclica de León VIL— Privilegio de Agapito II. — Construye Ar- 
iiulíó el claustro, el molino hidráulico, la acequia de su nombre y 
el Scriptorium. — Juan, Suniario y Senderedo monjes escritores de 
Santa María.— Tercera edificación del templo por el abad Witisclo. 
Invasión de Almanzor.— Los príncipes de la patria reunidos en 977 
en el santuario de Santa Mana. — Asisten á la tercera dedicación, 
se preparan para rechazar al invasor musulmán, — San Eudaldo. — 
Aumento del archivo.— Visita el abad Seniofredo al rey Lotario. — > 
Diploma concedido por este á Santa Maria. — Barcelona cae en po- 
der de los agarenos, conducta del cenobio ripollés, agradecimiento 
y donaciones de Borrell 11. — Seniofredo en el tribunal de Ausona. 
— Oliva Cabreta y la hacienda de Engordans. — Hijos de Oliva Ca- 
breta.— Condes cíe Barcelona, Besalu, Urgel y Cerdaña enterrados 
en el siglo X en Santa María. 47 

Capítulo IV. 
La Basílica Olivana. 

Oliva, hijo de « Cabreta», renuncia sus estados y viste el hábito 
benedictino en Santa Maria.— Es elegido Abad. — Batalla de Cala- 
tañazor y de. Acbatalbacar. — Arnulfo obispo Ausonense, herido de 
muerte en dicha batalla, recuerda con un cariñoso donativo la 
Imagen de Wifredo.— Borrell obispo de Vich, y Oliva su sucesor. 
— Proyectos de Oliva respecto del templo, del panteón y del archi- 
vo de "Santa Maria.— Descripción detallada de la nueva basílica.-^ 
La portada, el mosaico y el altar de oro.— Santas reliquias que 
honraban al templo. — Notable donación de Berenguerel «Viejo».-^' 
Nueva disposición de las sepulturas condales. — Bulas de Sergio 
IV y de Benedicto VIII.— Puentes del Ter y del Fraser. — Dedica- 
ción de la nueva basílica.— Otros templos favorecidos por Oliva, 
una carta suya á sus monjes.— Oliva, consejero de Sancho el Gran- 
de de Navarra. — Juicio de Oliva como escritor, sus obras. — Su 
breve de excomunión contra los usurpadores de pergaminos del 
archivo. — Decreta el.óülto de Urceolo, dux de Venecia. — Monjes . 
escritores y artistas.— -Monjes fundadores de otros monasterios.— 
La hermitá del Catllar, — Muerte y entierro de Oliva. — Traslación 
de sus restos, descripción de su cenotafio 61 



ÍNDICE. 

Págs. 

Capítulo V. 

Los hermanos de Oliva en relación con la Basílica 
de Santa María. 

El primogénito de Oliva Gabreta Bernardo Taiaferr, conde de 
Besalú, considerado como príncipe religioso y en su vida militar. 
— Su viaje á Roma, creación del nuevo obispado de Besalú. — Ber- 
nardo en Santa María, su amor á los monjes. — Parte á la Proven- 
za, muere ahogado en el Ródano, — Cartas del obispo Gaucelin y 
Oliva sobre la muerte de Tallaferro.— Preciosa encíclica de los 
monjes sobre lo mismo.— Testamento de Tallaferro y sus disposi- 
ciones en pro de la basílica olivana.— Juicio sobre este esclarecido 
conde.— WiFREDO de Cerdaña, su fundación de San Martín de Ga- 
nigó. — Sus visitas á la basílica olivana; la esposa de Wifredo D.*^ 
Guisla regala sus joyas á la Santa Imagen.— Palla de Guisla, tum- 
ba de Wifredo de Cerdaña. — Encíclica sobre su muerte.— Beren- 
GUER, obispo de Elna, Adelaida é Ingilderga.— Guillermo el Craso 
y Guillermo de Wifredo, sobrinos de Oliva, protegen la basílica. 
—El Abad Pedro. —Conducta del cenobio contra los usurpadores 
Adalberto y Mirón.— Bula de Alejandro II.— Unión de las más res- 

Setables abadías de España á otros cenobios. — Unión de Santa 
Iaria á Sah Víctor dé Marsella. — Bernardo primer Abad marse- 
Ués.— Donaciones de Armengol de Gerb, de Bernardo de Cheralt y 
de Bernardo II de Besalú á Santa María. —Dádivas déla casa 
condal de Barcelona.— Condes de Besalú enterrados en el cenobio. 8.! 

Capítulo VI. 

Berenguer III el Grande , Berenguer IV el Santo y 
el Claustro-Panteón. 

Devoción creciente á la Santa Imagen.— El conde de Barcelona 
sucesor en Besalú, Cerdaña y en otros estados.— Los abades Bene- 
dicto y Gaufredo.— Brillante recibimiento délos cenobitas á su 
nuevo Señor Berenguer III el Grande. — Generosa corresponden- 
cia del Conde.— La fiesta de la Inmaculada Concepción. — Los aba- 
des Gaucelmo y Elias.— Raimundo de Gesquinyoles, Abad de Cani- 
§ ó.— ^Disposiciones testamentarias de. Berengner III en favor de 
antaMarxa.— Muerte del. Conde.— Encíclica de Inocencio II.— 
Peregrinaciones de nacionales y extrangeros á la basílica. El B. 
Mir de Tagamanent en Santa Maria. — Concilio-Cortes del Princi- 
pado á (Jonde asis.te el Aljad Pedro Raimundo. — Dedicación de la 
Iglesia de San Juan. — Berenguer IV el Santo, su devoción y dona- 
ciones ala basílica. — El monje primer historiador de Cataluña. — 
Unión del Principado con el reino aragonés.— El Abad Gaufredo 
II . — Muerte de Berenguer IV y traslación de sus restos. — Bulas 
del Papa Alejandro IIL — Donaciones del Obispo de Gerona Gui- 
llermo de Peratallada. — Fin de los abades marselleses.— Raim un- 
co de Berga funda el Claustro-Panteón.— Se describe éste.— Ber- 
nardo 11, Berenguer III y Berenguer IV son enterrados en Santa 
María.— Los sepulcros de estos condes.— Elogio fúnebre de Beren- 
guer IV. — Fundación de Poblet, nuevo panteón de los condes- 
reyes. 



111 



índice. 

Págs. 



Capítulo VIL 

La dinastía catalana en Aragón protege la basílica 
' de Santa Maria. 

Invasión de los Almohades y singular donación de D. Pedro el 
Católico á la basílica olivana antes de partir á Toledo.— La batalla 
de las Navas de Tolosa y el santuario catalán. — Jaime I el Conquis- 
tador honra la Santa Imagen antes de emprender sus inmortales 
conquistas. — Corresponden los monjes enviándole un tercio de 
tropas al mando de Pedro titulado el Abad. — Se distingue este va- 
liente en las conquistas del Puig y de Valencia. — El cenobita Ar- 
naldo del Monte, su peregrinación á Santiago, su ofenda al regre- 
sar al cenobio. — Traducción de una carta de Arnaldo. — El AlDad 
de Peramola restaura las murallas de Arnulfo. — Ilustres hechos 
de su sucesor Raimundo dez Bach, — Dalmacio Sagarriga. — La Ta- 
rasca ó £¿«erí de San Eudaldo, — ¿Que fué la Tarasca? — Bertrán 
dez Bach erige un altar al verdadero retrato de Sto. Domingo.— 
El Abad Villaragut reconstruye el pórtico de la Mare de Deu.— 
Otro historiador del cenobio. — Panizars vlos somatenes de los 
valles del Tery del Fraser.— Guillermo Colldecanas prior de Pani- 
zars. — Bulas de Clemente IV j de Bonifacio V/JJ.— Privilegios de 
los Abades.— Títulos honoríficos de los monjes. — Sarcófagos pre- 
ciosos y epitafios de Bernardo y Bertrán dez Bach 131 

Capítulo VIH. 

Los abades defensores de los bienes de la Basílica 
, Olivana. 

Progresos y pretensiones del Riopullo el siglo IX en el siglo 
XIV.— El gobierno abacial. —Tumulto del dia de San Esteban. — 
Lo gallde Santa Catherina. — Retirada á San Quintín.— Ingratitud 
inmerecida.— Guillermo de Camps y las ferias de Olot— Ponce de 
Vallespirans y el Abad obispo Hugo dez Bach. — Fundación déla 
Comunidad de San Pedro.— Gracias espirituales por medio de. la 
devotísima Imagen.— La peste de 1348.— Obsequios del Abad Jaime 
de Vivar á la Santa Imagen.— Hechos de Jaime de Vivar como 
prior de Montserrat, su sepulcro.— Raimundo de la Farrés y D. 
Pedro el Ceremomoso.— El comercio é industria de Olot protegi- 
dos por el Abad.— Galcerán de Besora construye el segundo piso 
del claustro y adquiere posesiones para el cenooio. — La Maza de 
San Benito. — Biograña, del gran Abad Raimundo dez Catllar.— 
Distinciones que mereció de D. Juan I y de la reina D.* Violante, 
la cual visita el Real Santuario. — Privilegio del rey D. Martin á 
Santa María.— Dez Catllar, obispo de Elna y de Gerona.— Sus rega- 
los al templo de Santa Maria. , .145 

Capítulo IX. 

Menoscabo del mayorazgo de toda la voluntad del 
gran Wifredo al extinguirse su dinastía. 

Fin de la dinastía de Wifredo el VeZtoso.— Fatales consecuen- 
cias de la muerte del rey D. Martin para la patria y para la fun- 
dación de V^'^ifredo.— El priorato de Montserrat es erigido en aba.- 
dia.— Marcos de Viilalba.—Elsol que nace y el sol que se, pone.— 



ÍNDICE. 

Págs. 



Solicitud paternal de los abades ripollenses respecto de 
Montserrat.— Muerte del Abad Rejadell.— Desastres ocasionados 
en Santa Maria por el terremoto de 1429. ~ Célebres prelacias de 
Cartellá y de Sa Masó;— Disensiones entre Juan //y el principe de 
Yiana.— El Abad Narciso Miguel es envenenado en Gerona. — Los 
abades comendatarios. — Sacrileeo despojo perpetrado en Santa 
Maria porel noble Pedro de Rocaperti. — Censura del obispo Mar- 

farit en su obra Templum Domini¡—ün contemporáneo de Roca- 
erti maldice la usurpación del altar de oro. — Repara D. Juan 11 en 
lo posible el escándalo.— Conquista de Granada y elevación al so- 
lio pontificio de un Abad de Ripoll. —Pérdida de códices. — Es de 
nuevo <iombatida la jurisdicción délos abades. — Conducta de es- 
tos en tan aciagas circunstancias • • • i^l 

Capítulo X. 
El monasterio durante el período del Renacimiento. 

Generalidades acerca de la edad moderna.— Es introducida en la 
villa monasterial la nueva industria de las armas de fuego. — El 
desvio de los nuevos reyes por el monumento de Wifredp, es com- 
pensado por más entusiasmo de los monjes.— El templo restaura- 
do y el moderno altar. — Preciosos donativos de nobles catalanes. 
—Aniversarios de Condes.— Los abades cardenal Sforcia, Federico 
de Portugal y Francisco de Lpris.— El cardenal de San Clemente 
restaura el claustro.— Litigo entre D. Alfonso de Aragón y el Car- 
denal de San Clemente. — JEl Abad Jaime de Rich, sus mejoras y 
celo por el cenobio.— Es proclamado obispo de Elna.— Peregrina- 
ción de San Ignacio de Loyola al antiguo priorato de Ripoll.- Los 
ripollenses Gabriel Vassiá y Francisco M. Colí se alistan en la ín- 
clita Compañía de Jesús.— Datos biográficos de estos varones ilus- 
tres.— El Abad Clemente May.— Batalla de Lepante celebrada en 
Santa María con la institución de la cofradía del Rosario.— Ntra. ^ 
Señora del Remedio.— Fundación del Hospital y del Real Colegio 
del Abad May. — Notables varones que en el siglo XVI fueron edu- 
cados en el Colegio May.— ^Fin de los Abades comendatarios. — Re- _ ;■ 
chazan los monjes á sus pretensos reformadores,— Objeto de éstos. 
— Catalanismo de los cenobitas ripollenses.. . . . ..'.■. . . ; 177, 

Capítulo XI. 
La congregación claustral tarraconense. 

Organización y monasterios déla Congregación. -7- Abades por 
nombramiento Real.— Francisco de Pons.— La Cofradía de los An- 
geles.— El célebre monje Gerónimo de Tórd.— Rehusa Pons el 
obispado de Elna, muere en Mantua.— Epitafio de su tumba.— Alte- 
raciones en la villa monasterial.— Nyerros y Cadells, Pedro Roque 
Guinarda, amigo y protector de la Colegiata. de San Juan délas 
Abadesas y del cenobio de Ripoll.— El Abad'D. Juan de Guardiola, 
sus escritos. — La congregación de la Inmaculada. —Francisco de 
Senjust- construye la curia delvicario.— Visita la Colegiata de San 
Juan, procura con el Dr. Colí su restauración. — Ya obispo de Ge- 
rona tunda 12 aniversarios en el Real Santuario. — Fr. Pedro San- 
cho, sus ilustres hechos, sus proyectos y disgustos.— Memoria del 
presidente de la Congregación Tarraconense.— Célebre prelacia de 
Copons y Vilaplaña. — Guerra delssegíadors.— Delegaciones del 
Abad de 'Ripoll á Felipe IV.— Pedro de Marca en el Archivo.— La 
peste en Ripoll, muere del contagio el Abad.— El monje Luis de 



índice. 

Págs. 



Pons obispo de Solsona. — ^El Abad Casamitjana de Eril regala imá- 
eenes de plata al Real Santuario.— Nueva guerra con Francia. — El 
francés destruye las cuevas de Rivas y las torres y murallas de la 
Sede Abacial.— Los monjes A. Solanell y M. Vega. — Benito Sala, 
Abad electo, obispo de Barcelona. — Reseña inédita de la solemne 
entrada del Abad Moner en su villa 193 

Capítulo XII. 

Fin de las cuestiones relativas á la autoridad civil 
y eclesiástica de los abades. 

Cesa la animadversión de la villa contra el monasterio. — Muerte 
de Moner, elección de Yilaplana. — Los comunitarios y monjes le 
juran obediencia, descripción de este acto por un testigo ocular. 
— Prudente conducta del Abad durante la guerra de sucesión. — El 
monje Bru y el médico Puig. — Magnánima conducta del cenobio 
ante un grave conflicto de la villa. — Culto de los monjes al Sacra- 
tisimo Corazón de Jesús. — Orif£Ínal Imagen del Sagrado Corazón 
en la basílica.— Prelacias de Zúñiga y de Copons. — Concordato con 
el Obispo de Vich, diferencias anteriormente ocasionadas por mo- 
tivos-de jurisdicción. — Bulas de Benedicto XIV. — Decreto de Fer- 
nando vi sobre la elección de cónsules. — El culto de Santa María 
en el siglo XVIIL— Los Abades D. Martín Sarmiento y D. José 
Oriol. — Célebre prelacia de este último. — Su concordia con el 
Obispo de Solsona, confirmada por Pío VI.— El Abad D. Francisco 
de Valencia y el insigne José Eudaldo Pradell. — Los republicanos 
franceses invaden el valle del Ter, su conducta para con la basíli- 
ca olivana. — Los abades Rocabruna y Códol. — Rasgo de abnega- 
ción de los monjes con ocasión de un trágico suceso de la villa.. . 215 

Capítulo XIII. 
Últimos años del cenobio de Wifredo el Velloso. 

Aspecto de la comarca ripollesa á principio del siglo XIX. — Glo- 
ria á los benedictinos. — Certamen literario de 1804. — Jaime de 
Villanueva.— Muerte de Códol, elección de Casaus. — Guerra de la 
independencia, noble proceder del cenobio en aquella guerra. — 
Sacrificios del Real Santuario por la patria no tenidos en cuenta. — 
Fin de la Jurisdicción civil de los Abades, documento inédito so- 
bre la toma de posesión de la villa por el Baile. — Se proyecta con- 
vertir la basílica en Colegiata. — Portella sucesor de Casaus. — El 
duque de Bailen en Ripoll.— Nueva iglesia de San Eudaldo. — Su- 
presión inesperada de los benedictinos ripollenses, levantado pro- 
ceder de los mismos. — Traslación del Real Archivo de Santa 
María á Barcelona. — El Real Santuario amenazando ruina. — El 
monasterio es devuelto á los monjes, que olvidan su pobreza para 
restaurar el templo. — Lápida inédita conmemorativa de este suce- 
so.— Los monjes Olzínellas y Borrell, elección de este último por 
Abad.— Datos biográficos de Borrell.— Persecución de las órdenes 
monásticas 231 

Capítulo XIV. 

Execrable profanación é incendio de la basílica 

olivana. 

Oportuna observación.— Migueletes en la villa. — Asesinatos de 



ÍNDICE. 

Págs. 

religiosos, quema de conventos.— Intentan los advenedizos saquear 
el monasterio. — Impldenlo sus jefes y los alejan hacia Alpens.— 
Niegan los mígueletes la obediencia al Gobernador de Berga, vuel- 
ven insubordinados al monasterio de Ripoll. — Asalto del cenobio, 
asesinato de los monjes Ros y Llisacii. — Saqueo é incendio del 
templo, profanación de los sepulcros. — Es insultada y quemada la 
momia de Berenguer IV el Santo; consideraciones. — Esfuerzos 
heroicos de algunos ripolleses para salvará los monjes y las vene- 
randas Imágenes. — Se opone en vano el Ayuntamiento á que no 
sea quemado el Archivo; muerte de Sentenach. — Escándalos y sa- 
crilegios durante tres dias. — Triste aniversario de la muerte de 
Wifredo el Velloso. — Llef^a por fin el gobernador de Berga para 
restablecer el orden. — Castigos providenciales. — Tres años de cala- 
midades para los valles del Ter y del Fraser. — Aléjase definitiva- 
mente el Abad de su villa. — Sufre esta en 1839 la suerte del 
monasterio ' 251 

Capítulo XV. 

Efectos de la desamortización en el cenobio. 

Ruina de su templo. 

Los repobladores de la villa.— El monasterio es su asilo. — Junta 
de restauración. — Gestiones para salvar el templo de Santa María. 
— Lo concede el gobierno para parroquial.— Caduca la concesión. — 
Muerte del Abad Borrell. — La desamortización. — Venta del palacio 
abacial, del colegio May y demás dependencias no monumentales 
del cenobio. — Proyectos bastardos contra el histórico tenvplo. — Es- 
candalosa venta del artesonado del Claustro-Panteón. — Ruina del 
ala de los sepulcros condales. — Trágica muerte del comisionado 
de la desamortización. — Reacción favorable al Real Santuario. — 
Tristes escenas en su recinto durante el cólera de 1854. — Hundi- 
miento de la gran bóveda ojival. — Aspecto de las ruinas del gran 
monumento. — El laureado romance ¡ Ripoll ! del eminente poeta 
Francisco Ubach y Vinyeta. — Consideraciones 267 

Capítulo XVI. 

Periodo civil de la restauración de la basílica 
olivana. 

Ruinas que facilitan la restauración.— Tres condiciones indispensa- 
bles para lograrla. — Invent .rio de lo subsistente y digno de conser- 
varse. — Circunstancias favorables á la restauración de la basílica. 
— La Academia de Bellas Artes de Barcelona en el monasterio. — 
, Inauguración de las obras, planos de D. Elias Rogent. — Entusias- 
mo de los montañeses, jornales gratuitos. — El Joyel de Wifredo^ la 
Perla del Pirineo. — Obras en 1863 efectuadas y sus consecuencias. 
— El monasterio es confiado á la Comisión de monumentos gerun- 
dense.— Visita la Comisión la basílica en 1867, resultados. — Delega- 
ción extraordinaria, hallazgo de los restos de Wifredo el Velloso. 
— Proyecto para convertir la basílica en parroquial. — Consideracio- 
nes contra la idea de conservar la parte monumental de Sta. María 
en estado de ruina. — Nueva visita de la Comisión en 1878, recono- 
cimiento del sepulcro de Bernardo Tallaferro.— El trienio de la de- 
legación de D. José M.'^ Pellicer y Pagés. — Estado de la basílica y 
su claustro en 1881 281 



o 



índice. , . 

M^; . Págs. 



Capítulo XVII. 
Período eclesiástico.— Restauración completa. 

Nuevos obstáculos se oponen á la restauración completa. — Los 
alejan providenciales acontecimientos. — Promoción del Excmo. Se- 
ñor Morgades á la Sede episcopal Auspnense. — Predisposición de 
las Autoridades civiles á ceder á la Mitra de Vich la basílica, — En 
virtud del Real decreto del 3 de noviembre de 1885, toma de ella 
posesión el Sr. Obispo.— Notable Alocución de S. E. I. — La Crónir- 
ca de la Restauración.— El Canigó de Verdaguer. — Instalación de 
Juntas. — Memorable sesión en la Academia de Bellas Artes con 
motivo de instalarse la de Barcelona. — Inauguración de las obras. 
— El 21 de marzo de 1886 en la basílica olivana. — Álbum de suscri- 
ción, lo inicia S. S. el Papa León XIII. — La Madonna de RipoU do- 
nativo de Su Santidad. — Invitación á los Ayuntamientos de Cata- 
luña. — Estado de la restauración en 1887. — Restauración completa 
en 1888.— La Portada en la Exposición universal de Barcelona.— 
Aspecto de la basílica restaurada, su próxima consagración.'. . . 297 

Epílogo ; . . . 317 

APÉNDICES. 

I. Documentos.— Acta de la dedicación de 888., id. de 977, id. de 
1032. Escritura de donación de Montserrat á Ripoll, Id. de 
Gamarasa. Id. de Olot . 327 

II. iaporíacía.— Interpretación de esta célebre obra maestra del 

arte románico 344 

III. Sepulturas condales.— ÍUseTtación acevca de los Condes en- 
terrados en Sarita María. Últimas investigaciones y hallazgos. 362 

IV. Letras a/jtísítí¿icas.— Resumen de lo contenido en las Letras 
apostólicas que 16 Sumos Pontífices han concedido á Santa 
Maria - • . 382 

V. C«tó¿op'o de los abades de Ripoll desde el siglo IX al siglo XIX 399 
VI. Notables datos históricos sobre la restauración de la basílica 
ripollense.— Exposición al Ministro de Fomento; inscripción 
de lo cedido en Ripoll ala mitra de Vich; celebración del mi- 
lenario 402 



FIN. 






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