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Full text of "Santa Biblia Straubinger Nuevo testamento por E.O."

NUEVO TESTAMENTO 



Traducciéo directa del 
ORIGINAL GRIEGO 
por Monsenor Doctor 

JUAN STRAUBINGER 

CON TODAS SUS NOTAS COMPLETAS 
SEGUN LA FIEL VERSION ORIGINAL 



SANTOS EVANGEUOS 

HECHOS DE LOS APOSTOLES 

CARTAS DE SAN PABLO, 

DEL APOSTOL SANTIAGO, DE SAN PEDRO, 

DE SAN JUAN Y DE SAN JUDAS 

EL APOCALIPSIS 



ADVERTENCIAS 

Entre las numerosas referendas a otros Iibros 
de la Sagrada Escritura, v. g. los Salmos, eta, 
el lector hallara citas de ciertos pasajes fr y 
nota'\ Estas notas son las que el autor ha 
puesto en su edicion completa de la Sagrada 
Biblia. 

Los versiculos y numeros puestos entre cor- 
chetes [] se refieren a textos que no se en- 
cuentran en los mejores manuscritos griegos. 

La rigurosa fidelidad al original griego obli- 
ga a poner, en contadas ocasiones, aleuna pa- 
labra entre paréntesis y en bastardilla, para 
adaptar la version a la sintaxis castellana. 

Esta de mas decir que los titulos y epigrafes 
no forman parte del texto sagrado, sino que 
solo han sido puestos para marcar la division 
logica y facilkar la lectura. 



INTRODUCCION 



i 

La munificencia del Padre celestial que, a no dudarlo, bendice muy particularmente la 
difusion de su Palabra, que es el objeto del apostolado biblko, incrementa, en formå sor- 
prendente, el deseo que le expresamos de servir ese divino proposito de que la Escritura* 
revelada sea "el libro por excelencia de la espirirualidad cristiana". 

Terminada con el tomo S 9 nuestra e die ion cornpleta de la Biblia Vulgata, "explicada para 
la vida", segun la feliz expresion de la Editorial Guadalupe, presenta hov Desclee, de Brou- 
wer, en la formå cuidadosa que todos conocemos, esta primera edition del Nuevo Testamento, 
que hemos traducido del original griego con la mayor fidelidad posible y que, anticipada en 
parte con ediciones del Evangelio (Pia Sociedad de San Pablo, Peuser), de los Hechos y de 
las Epistolas paulinas (Apostolado Lirurgico del Uruguay, Barreiro y Ramos), aparece ahora 
con notas y comentarios mas extensos, merced a la amplitud mayor de su fonnato. Ellos 
contienen, como ae en adamente acaba de expresarlo un ilustrado profesor en la "Revista 
Eclesiastica del Arzobispado de La Plata", por una parte "las explicaciones de los Santos 
Padres y comentarios de los diversos lu^ares, atendiendo mås al adelantamiento espiritu al 
de los lectores que a las discusiones cientificas, sin que por ello seV dejen de anotar, cuando 
se presenta la ocasion, las divergencias de los autores", y por otra parte "gran numero de 
referendas a otros lugares de las Escriruras, sejrun la sabia y hano ol vi dada regla exegética 
de comentar la Sagrada Escritura a la luz de la Sagrada Escritura". 

La Iglesia Catolica reconoce dos fuentes de doctrina revelada: la Biblia y la Tradition. 
Al presentar aqui en parte una de esas fuentes, hemos procurado, en efecto, que el comen- 
tario no solo ponga cada pasaje en relation con la Biblia misma — mostran do que elia es un 
mundo de armonia sobrenamral entre sus mas diversas partes — , sino también brinde al lector, 
junto a ia cosecha de autorizados estudiosos modemos, el contenido de esa tradition en 
documentos pontificios, sentencias y opiniones tomadas de la Patrist i ca e ilustraciones de la 
Liturgia, que muestran la aplicacion y trascendencia que en ella han tenido y tienen muchos 
textos de la Revelacion. 

Ei grande y casi diria insospechado interés que esto despierta en las almas, esta expiicado 
en las palabras con que el Cardenal Arzobispo de Viena prologa una edicion de los Salmos 
semejante a esta en sus propositos, senalando Tf en los circulos del laicado, y aun entre los 
jovenes, un deseo de conocer la fe en su fuente y de vivir de la fuerza de esta fuente por el 
contacto directo con ella". Por eso, anade, ,T se ha creado un interés vital por la Sagrada 
Escritura, ante todo por el Nuevo Testamento, pero también por el Antiguo, y el movi- 
miento biblico catolico se ha hecho como un rio incontenible". 

Es que* como ha dicho Pio XII, Dios no es una verdad que haya de encerrarse en el 
templo, sino la verdad que debe iluminarnos y servirnos de guia en todas las circunstancias 
de la vida. No ciertamente para ponerlo al servicio de lo material y terreno, como si Cristo 
fuese un pensador a la manera de los otros, venido para ocuparse de cosas temporales o dar 
normas de prosperidad mundana, sino, precisamente al reves, para no perder de vista lo 
sobrenatural en medio de "este siglo maio" (GdL, 1, 4); lo cual no le impide por cierto al 
Padre dar por anadidura cuantas prosperidades nos convengan, sea en el orden individual 
o en el colectivo, a los que antes r^ie eso busqUen vida eterna, 

n 

Un escritor francés refiere en formå impresionante la lucha que en su infancia conmovia 
su espiritu cada vez que veia el libro titulado Santa Biblia y recordaba las prevenciones que 
se le habian hecho acerca de la lectura de ese libro, ora por dificil e impenetrable, ora por 
peligroso o heterodoxo. "Yo recuerdo, dice, ese drama espJritual contradictorio de quien, 
al ver una cosa santa, siente que debe buscarla, y por otra parte abriga un temor in de fin id o 
y misterioso de algun mal espiritu escondido alli. . Era para mi como si ese libro hubiera 
sido escrito a un tiempo por el diabio y por Dios. Y aunque esa impresion infantil — que 
veo es general en casos como el mio — se producia en la subconciencia, ha sido tan intensa 
mi desolante duda, que solo en la madurez de mi vida un largo contacto con la Palabra 
de Dios ha podido destruir este monstruoso escandalo que produce el sembrar en la ninez 
el miedo de nuestro Padre celestial y de su Palabra vivificante" 

La meditation, sin palabras de Dios que le den sustancia sobrenatural, se convierte en 
simple reflexidn — autocritica en que el juez es tan falible como el reo— cuando no termina 

11 



12 • ffli NPEVO TB&TAMENTO 

por derivarse al tcrreno de la imaginacion, cayendo en pura cavilacion o devaneo. Maria 
guardaba las Palabras repasåndølas en su corazon (Luc, 2, 19 y 51): he aquf la mejor 
definicion de lo que es meditar. Y entonces, le)os de ser una divagacion propia, es urt 
estudio, una nocién, una contemplacion que nos une a Dios por su Palabra, que es el Verbo, 
que es Jesus mismo, la Sabiduria con la cual nos vienen'todos los bienes (Sab^ 7, 11). 

Quien esto hace, pasa con la Biblia las horas mås felices é 1 intensas de.su vida. Entonces 
endende como puede hablarse de meditar dia y noche (Salmo, 1, 2) y de orar siempre 
(Luc, 18, 1), sin cesar (I Tes. y 5, 17); porque en cuanto él permanece en la Palabra, lai 
palabras de Dios comienzan a permmecer en él — que es lo que Jesus quiere para damos 
Cuanto le pidamos (Juan t 15, 7) y para que conquistemos la Kbertad del espirltu (Juan, 8, 31)— 
y no permanecer de cualquier modo, sino con opulencia, segiin la bella expresion de San 
Pablo (CoL, 3, 16). Asi van esas palabras vivientes (1 Pedro, 1, 23, texto gricgo) formando 
el substrato de nuestra personalidad, de modo tal que, a fuerza de adxnirarlas cada dia 
mås, eoncluimos por no saber pensar sin ellas y encontramos harto pobres las verdades rela- 
tivas — si es que no son mentiras humanas que se disfrazan de verdad y virtud, como los 
sepulcros blanqueados (Mat., 23, 27) — , Entonces, asi como hay una aristocracia del pensa- 
niiento y del arte en el hombre de formacion clåsica, habituado a lo^superior en lo inte- 
lectual o estético, asi también en lo espiritual se formå el gusto de lo autenticamente sobre- 
natural y divino, como lo muestra Santa Teresa de Lisieux al confesar que cuando descubrié 
el Evangeiio, los demas libros ya no le decian nada. ^No es éste, acaso, uno de los privilegios 
que promete Jesus en el texto antes citado, die ten do : que la verdad nos «hara libres? Se ha 
recordado recientemente la frase del Cardenal Mercier, antes lector insaciable: "No soporto 
otra lectura que los Evangelios y las Epistolas.' 1 

III 

Y aqui, para entrar de Ueno a comprender la importancia de conocer el Nuevo Testa- 
mento, tenemos que empezar por hacernos a nosotros mismos una confesion muy intima: 
a todos nos parece raro Jesus. Nunca hemos llegado a confesamos esto, porque, por un 
cierto temor instintivo, no nos hemos atrevido siquiera a plantearoos semejante cuestién, 
* Pero Él mismo nos anima a hacerlo cuando dice: "Dichoso el que no se escandalizarc de 
Mi" (Mat,, 11, 6; Luc> 7, 23), con lo cual se anticipa a declarar que, habiendo sido Él 
anunciado como piedra de escandalo (Is., 8, 14 y 28, 16; Rom.> 9, 33-, Mat., 21, 42-44), 
lo natural en nosotros, hombres caidos, es escandalizarnos de Él como lo hicieron sus dis- 
cipulos todos, segun El lo habia anunciado (Mat^ 26, 31 y 56). Entrados, pues, en este 
comodo terrenc de intima desnudez — podriamos decir de psicoanalisis sobrenatural — en la 
presencia "del Padre que ve en lo secreto" (Mat. y 6, 6), podemos aclaramos a nosotros 
mismos ese punto tan importante para nuestro interés, con la alegria nueva de saber que 
Jesus no se sorprende ni se incomoda de que lo encontremos raro, pues Él sabe bien lo 
que hay dentro de cada hombre (Juan, 2, 24-25). Lo sorprendente seria que no lo hallå- 
semos raro, y podemos afirmar que nadie se libra de comenzar por esa impresion, pues, 
como antes deciamos, San Pablo nos revela que ningun hombre simplemente natural ("psi- 
quico", dice él) percibe las cosas que son del Espiritu de Dios (I Cor„ 2, 14), Para esto es 
necesario "nacer de nuevo 1 ', es decir, "renacer de lo ako T \ y tal es la obra que hace en 
nosotros — no en los mas sabios sino al contrario en los mås pequenos (Luc, 10. 21) — el Espi- 
ritu, median te el cual podemos "escrutar hasta las profundidades de Dios" (/ Cor. f 2, 10)* 

Jesus nos parece raro y parodojico en muchisimospasajes del EvangeliOj empezando por 
el que acabamos de citar sobre la comprensién que uenen los pequenos mas que los sabios. 
Él dice también que la parre de Marta, que se movia mucho, vafe menos que la de Maria 
que estaba sentada escuchandolo; que ama menos aquel a quien menos hay que perdonarle 
(Luc*; 7, 47); que (quizå por esto) al obrero de la ultima nora se le pago antes que al de 
la primera (Mat., 20, S); y, en fin, para no ser prolijo, recordemos que Él proclama de 
un modo general que lo que es altamente estimado entre los hombres es despreciable a los 
ojos de Dios (Luc, 16, 15). 

Esta impresion nuestra sobre Jesus es harto explicable. No porque Él sea raro en si, sino 
porque lo somos nosotros a causa de nuestra naturaleza degenerada por la caida original. 
Él penenece a una normalidad, a una realidad absoluta, que es la unica normal, pero que a 
nosotros nos parece todo lo contrario porque, como vimos en el recordado texto de San 
Pablo, no podemos comprenderlo naturaimente. "Yo soy de arriba y vosotros sois de abajo", 
dice el mismo Jesus (Juan, 8, 23), y nos pasa lo que a los nictålopes que, como el murcié- 
l*go, ven en la oscundad y se ciegan en la luz. 

Hecha asi esta palmaria confesion, todo se aclara y facilita. Porque entonces recono- 
cemos sin esfuerzo que el conocimiento que teniamos de Jesus no era vivido, propio, intimo, 
sino de oidas y a traves de libros o definiciones mas o^ menos generales y sintéticas, mås 
o menos ersatz; no era ese conocimiento personal que solo resulta de una relacién directa, 
Y es evidente que nadie se enamora ni cobra amistad o afecto a otro por lo que le digan de éh 



INTRODUCCION 13 

sino cuando lo ha tratado personalmente, es decir, cuando lo ha ofdo hablar. El mismo Evan- 
gelio se encarga de hacernos notar esto fil formå llamativn en el episodio de la Samaritana. 
Cuando la mujer, iluminada por Jesus, fué a contar que habia hallado a un hombre extra- 
ordinario, los de aquel pueblo acudieion a escuchar a Jesus y le ro^aron que se quedase 
con ellos. Y una vez que hubieron ofdc sus palabras durante dos dias, ellos dijeron a la 
mujer: "Ya no ereemos a causa de rus palabras: nosotros mismos lo hemos oido y sabemos 
que Él es verdaderamente el Salvador del mundo" (Juan, 4, 42). 

(fPodria expresarse con mayor elocuencia que lo hace aqui el mismo Libro divino, lo que 
significa escuchar las Palabras de Jesus para darnos el conocimiento directo de su adorable 
Persona y descubrirnos ese sello de verdad inconfundible (Juan, 3, 19; 17, 17) que arrebata 
a todo el que lo escucha sin hipocresia, como ÉI mismo lo dice en Juan, 7, 17? 

El que asi empiece a estudiar a Jesus en el Evangelio, dejara ca la vez mas de encontrarlo 
raro. Entonces experimentarå, no sin sorpresa grande y creciente, lo que es .creer en Él con 
fe viva, como aquellos samaritanos. Entonces querrå conocerlo mås y mejor y buscarå los 
demås Libros del Nuevo* Testamento y los Salmos y los ProLtas y la Biblia entera, para 
ver como en toda ella el Espiritu Santo nos lleva y nos hace ^dinirar a Jesucristo como 
Maestro y Salvador, enviado del Padre y Centro de las divinas F^crituras, en Quien habran 
de unirse todos los misterios revelados (Juan^ 12, 32) y todo Jo creado en el cielo y en la 
tierra (Ef., 1, 10). Es, como vemos, cuestion de hacer un descubrimiento propio. Un feno- 
méno de experiencia y de admiracion. Todos cuantos han hecho ese descubrimiento, como 
dice Dom Galliard, declaran que tal fué el mås dichoso y grande de sus pasos en la vida. 
Dichosos también los que podamos, como la Samaritana, contribuir por el favor de Dios 
a que nuestros hermanos reciban tan incomparable bien. 

IV 

El amor lee entre lineas. Imaginemos que un extrano vio en una carta aj en a este pårrafo: 
"Cuida tu salud, porque si no, voy a castigarte ." EJ extrano puso los ojos en la idea de este 
castigo y hallo dura la carta. Mas vino luego el destinatario de ella, que era el hijo a quien 
su padre le escribia, y al leer esa amenaza de castigarle si no se cuidaba, se puso a Horar de 
ternura viendo que el alma de aquella carta no era la amenaza sino el amor siempre des- 
pierto que le tenia su padre, pues si le hubiera sido indiferente no teiulria ese deseo apa- 
sionado de que estuviéra bien de salud. 

Nuestras notas y comentarios, después de dar la exégesis necesaria para ta inteligencia 
de los pasajes en el cuadro general de la Escritura — como hizo Felipe con el ministro de la 
reina pagana (Hecb., 8, 30 s. y nota)— se proponen ayudar a que descubramos (usando 
la vision de aquel hijo que se sabe amado y no h desconfianza del extrano) los esplendores 
del espiritu que a veces estån como tesoros escondidos en la letra. San Pabld, el mås com- 
pleto ejemplar en esa tarea apostolica, decia, confiando en el fruto, estas palab'ras que todo 
apostol ha de hacer suyas: "Tal confianza para con Dios la tenemos en Cristo; no porque 
seamos capaces por nosotros mismos... sino que nuestra capacidad viene i\* f>ios..., pues 
la letra mata, mas el espiritu da vida" (II Cor. t 3, 4-6), 

La bondad del divino Padre nos ha mostrado por experiencia a muchas almas que asi se 
han acercado a Él mediante la miel escondida en su Palabra y que, adquiriendo la inteli- 
gencia de la Biblia, han gustado el sabor de la Sabiduria que es Jesus (Sab. t 7, 26; Prov., 8, 22; 
EclL, 1, 1), y hallan cada dia tesoros de paz, de felicidad y de consuelo en este monumento 
— el unico eterno (Salmo 118, 89) — de un amor compasivo é infinito (cf. Sahno 102, 13; 
Ef n 2, 4 y notas) . 

Para ello solo se pide atencion, pues claro estå que el que no lee no puede saber. Como 
cebo para esta curiosidad perseverante, se nos brindan aqui todos los misterios del tiempo 
y de la eternidad. ^Hay algun libro mågico que pretenda lo mismo? 

Solo quedarån excluidos de este banquete los que fuesen tan sabios que no neeesitasen 
aprender; tan buenos, que no neeesitasen mejorarse; tan fuertes, que no neeesitasen prqtec- 
cion. Por eso los fariseos se apartaron de Cristo, que buscaba a los pecadores. <;C6mo iban 
ellos a contarse entre las "ovejas perdidas"? Por eso el Padre resolvio descubrir a los insigni- 
ficantes esos misterios que los importantes — asi se creian ellos — no quisieron aprender 
(Mat., 11, 25). Y asi Ileno de bienes a los hambrientos de luz y dejo vacios a aquellos 
"ricos" (Luc, 1, 53). Por eso se Ilamo a los lisiados al banquete que los normales habfan desai- 
rado (Luc, 14, 15-24). Y la Sabiduria, desde lo alto de su torre, mande su pregon diciendo: 
"El que sea pequeno que venga a Mi ." Y a los que no tienen juicio les dijo: "Venid a 
comer de mi pan y a beber el vino que os tengo preparado" (Prov., 9, 3-5). 

Dios es asi; ama con predileccion fortisima a los que son pequenos, humildes, victimas 
de la injusticia, como fuéjesus: y entonces se explica que a éstos, q.ue perdonan sin vengarse 
y aman a los enemigos, Él les perdone todo y los haga privilegiados. Dios es asi; inutil 
tratar de que Él se ajuste a los conceptos y normas que nos hemos formado, aunque nos 
parezcan logicos, porque en el orden sobrenatural Él no admite que nadie sepa nada si no 



H EL KtTEVQ TBSTAMENTO 

lo ha ensenado Él (Juan, 6, 45; Hebr. y 1, 1 s.), Dios es asi; y por eso cl mensaje que £1 
nos manda por su Hijo Jesucristo en el Evangelio nos parece paradojico, Pero Él es asi; 
y hay que tomarlo como es, o buscarse ocro Dios, pero no creer que Él va a modificarse 
segun nuestro modo de juzgar. De ahi que, como le decia San Agustin a San Jeronimo, la 
actitud de un hombre recto estå en creerle a Dios por su sola Palabra, y no creer a hombre 
alguno sin averiguarlo. Porque los hombres, como dice Hello, hablan siempre por interés 
o teniendo presente alguna conveniencia o prudencia humana que los hace medir el efecto 
que sus palabras* han de producir; en tanto que Dios, habla para ensenar la verdad desnuda, 
purisima, santa, sin desviarse un åpice por consideracion alguna. Recuérdese que asi hablaba 
Jesus, y por eso Jo condenaron, segun lo dijo Él mismo. (Véase Juan, 8, 37, 38, 40, 43, 45, 
46 y 47; Mat :> 7, 29, etc.) ft Me atreveria a apostar — dice un mistico— - que cuando Dios 
nos muestre sin velo todos los misterios de las divinas Escrituras, descubriremos que si habia 
palabras que no habiamos entendido era simplemcnte porque no fuhnos capaées de creer 
sin dudar en el amor sin limites que Dios nos tiene y de sacar las consecuencias que de 
ello^ se deducian, como lo hsbria hecho un nino." 

Vengamos, pues, a buscarlo en este mågico "receptor** divino donde, para escuchar su 
voz, no tenemos mas que abrir como Have del dial la tapa del Libro eterno. Y digåmosle 
luego, como le decia un alma creyente; "; Maravilloso campeon de los pobres afligidos y 
mas maravilloso campeon de los pobres en el cspiritu, de los que no tenemos virtudes, de los 
que sabemos la corrupcion de nuestra naturaleza y vivimos sintiendo nuestra incapacidad, 
temblando ante la idea de tener que entrar, como agrada a los fariseos que Tu nos denun- 
ciastc, en el cviscoso terreno de los méritos propios*! Tu, que viniste para pecadores y no 
para justos, para enfermos y no para sanos, no tienes asco de mi debilidad, de mi impotencia, 
de mi incapacidad para hacerte promesas que luego no sabria cumplir, y te contentas con 
que yo te dé en esa formå el coraz6n, reconociendo que soy la nada y Tu eres el todo, 
creyendo y confiando en tu amor y en tu bondad hacia mi, y entregåndome a escucharte 
y a seguirte en el camino de las alabanzas al Padre y del sincero amor a mis hermanos, 
perdonåndolos y sirviéndolos como Tu me perdonas y me sirves a mi, joh, Amor santisimo!" 



Otra de las cosas que llaman la atencion al que no esta familiarizado con el Nuevo Testa- 
mente es la notable frecuencia con que, tanto los Evangelios como las Epistolas y el Apoca- 
lipsis, hablan de la Parusia o segunda venida del Senor, ese acontecimiento final y definitivo, 
que puede llegar en cualquier momento, y que "vendra como un ladron", mås de improviso 
que la propia muerte (/ Tes,, 5), presentåndolo como una fuerza extraordinaria para man- 
tenernos con la mirada vuelta hacia lo sobrenatural, tanto por el saludable temor con que 
hemos de vigilar nuestra conducta en todo instante, ante la eventual sorpresa de ver llegar al 
suprcmo Juez (Marc, 13, 33 ss., Luc, 12, 35 ss.), cuanto por la amorosa esperanza de ver 
a Aquel que nos amo y se entrego por nosotros (Gi/., 2, 20); que traera con Él su galardon 
(Apoc. } 22, 12); que nos transformara a semejanza de Él mismo (Filip., 3, 20 sJ y nos 
llamara a su encuentro en los aires (I Tes., 4, 16 s.) y cuya glorificacion quedara consu- 
mada a la vista de todos los hombres (Mat., 26, 64; Apoc^ 1, 7), junto con la nuestra 
(CoL, 3, 4), c'Por qué tanta insistencia en ese tema que hoy casi hemos olvidado? Es que 
San Juan nos dice que el que vive en esa esperanza se santifica como Él (I Juan, 3, 3), 
y nos ensena que la plenitud del amor consiste en la confianza con que esperamos ese dia 
(1 Juan, 4, 17). De ahi que los comentadores atribuyan especialmente la santidad de la 
primitiva Iglesia a esa presentacion del futuro que "mantenia la cristiandad anhelante, y lo 
maravilloso es que muchas generaciones cristianas después de la del 95 (la del Apocalipsis) 
han vivido, merced a la vieja profecia, las mismas esperanzas y la misma seguridad: el reino 
esta siempre en el horizonte" (Pirot). 

No queremos terminar sin dejar aqui un recuerdo agradecido al que fué nuestro primero 
y querido mentor, instrumento de los favores del divino Padre: Alonsenor doctor Paul W. von 
Keppler, Obispo de Rotenburgo, pio exegeta y sabio profesor de Tubinga y Friburgo, que 
nos guié en el estudio de las Sagradas Escrituras. De él recibimos, durante muchos anos, 
el estimulo de^ nuestra temprana vocacion biblica con el creciente amor a la jlivina Palabra 
y la orientacion a buscar en ella, por encima de todo, el tesoro escondido de la sabiduria 
sobrenatural. A él pertenecen estas palabras, ya celebres, que hacemos nuestras de todo 
corazon y que caben aqui, mås que en ninguna otra parte, como la mejor introduccion o 
"aperkivo" a la lectura del Nuevo Testamento que él enseno fervorosamente, tanto en la 
cåtedra. desde la edad de 31 anos, como en toda su vida, en la predicacion, en la conver- 
sacion intima, en los libros, en la literatura y en las artes, entre las cuales él ponia una 
como previa a todas: "el arte de la alegria". "Podria escribirse, dice, una teplogia de la 
ale^ria, No faltaria ciertamente material, pero el capitulo mås fundamental y mås interesante 
sena el biblico. Basta tomar un libro de concordancia o indice de la Biblia para ver la 



INTRODUCC10N ___^ 15 

importancia que en ella tiene la alegria; los nombres bfblicos que significan alegria se repiten 
miles y miles de veces. Y ello es muy de considerar en un libro que nunca emplea palabras 
vanas e innecesarias. Y asf la Sagrada Escritura se nos convierte en un paxaiso de delicias, 
tparadisus votuptatis* (Gén. y 3, 23) en el que podremos encontrar la alegria cuando la 
hayamos buscado inutilmente en el niundo o cuando la hayamos perdido." 

Hemos preferido en cuanto al texto la edicion critica de Merk, que consideramos supe- 
rior por muchos conceptos, sin perjuicio de senalar en su caso las variantes de alguna con- 
sideracion, como tambjén las diferenctas de Ja Vulgata. 

J. Straubinoer. 



EVANGELIO DE N. S. JESUCRISTO SEGUN SAN MATEO 



Nota introdtjctoria 

De la vida de San Mateo, que antes se lla- 
maba Levi, sabemos muy poco. Eta publicano, 
es decir, recaudador de tributos, en Cafarnaum, 
.hasta que un dia Jesus lo Homo al apostolado, 
diciéndole simplemente: "Siguemé"; y Levi 
"levantandose le siguio" (Mat. 9, 9). 

Su vida apostolica se desarrollo primero en 
Palestina, al lado de los otros Apostoles; mås 
tarde predico probablemente en Etiopia (Afri- 
ca), donde a lo que parece también padecio el 
martirio. Su cuerpo se venera en la Catedral 
de Salerno (Italia); su fiesta se celebra el 21 
de setiembre. 

San Mateo fué el primero en escribir la Bue- 
na Nueva en formå de Hbro, entre los anos 40- 
50 de la era cristiana. Lo compuso en lengua 
aramea o siriaca, para los judios de Palestina 
que usaban aquel idioma. Mås tarde este Evan- 
gelioj cuyo texto arameo se ha perdido, fué 
traducido al griego. 

b l fin que San Mateo se proptiso fué demos- 
trar am' Jc*iU es el Mesias prometido, porque 
en F* .>,, han cumplido los vaticinios de los 
Prof etas. Para sus lectores inmediatos no ha~ 
bia mejor prueba que ésta, y también nos- 
otros experimentamos, al leer su Evangelio, la 
fuerza avasalladora de esa comprobacion. 



I. INFANCIA DE JESUCRISTO 

(1,1-2,23) 

CAPITULO I 

GENEALOGfA legal de jÉstfs. *Genealogia de 
Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahån: 
*Abrahån engendro a Isaac; Isaac engendro a 



1 ss. S. Mateo da comienzo a su Uvangelio con 
el abolengo de Jesus, comprobando con esto que Él, 
por su padre adoptivo, San José, desciende legal- 
mente en linea recta de David y Abrahån, y que en 
Él se han cumplido los vaticinios del Antiguo Tes- 
tamente los cuales dicen que el Mesias prometido 
ha de ser de la raza hebrea de Abrahån y de la 
familia real de David. I*a genealogia no es completa. 
Su caråeter compendioso se explica, segun S. Jero- 
nimo, por el deseo de hacer tres grupos de catorce 
personajes cada uno (cf. v. 17). I$sta genealogia es 
la de San José, y no la de la Santisima Virgen, para 
mostrar que, segun la I,ey, José era padre legal de 
Jesus, y Este, heredero legal del trono de David y 
de las promesas mesiånicas. Por lo demås, Maria 
es igualmente descendiente de David; porque segun 
San Iyucas 1, 32, el hijo de la Virgen sera heredero 
del trono "de su padre David". Sobre la genealogia 
que trae S. I^ucas, y que es la de la Virgen, véase 
I,uc. 3, 23 y nota. Segun los resultados de las inves- 
tigaciones modernas hay que colocar el naeimiento 
de Jesus algunos afios antes de la era cristiana de- 
terainada por el calendario gregoriano, o sea en el 
. ano 747 de la fundaci6n de Roma, mås o menos. 



Jacob; Jacob engendro a Juda y a sus henna- 
nos; 3 Juda engendro a Fares y a Zara, de Ta- 
mar; Fares engendro a Esrom; Esrom engen- 
dro a Aram; 4 Aram engendro a Aminadab; 
Aminadab engendro a Naason; Naason engerr- 
dro a Salmon; 5 Salmon engendro a Booz, de 
Racab; Booz engendro a Obed, de Rut; Obed 
engendro a Jesé; 6 Jesé engendro al rey David; 
David engendro a Salomon, de aquella (que 
habia sido mujer) de Urfas; 7 SaIom6n engendro 
a Roboam; Roboam engendro a Abia; Abia 
engendro a Asaf; 8 Asaf engendro a Josafat; 
Josafat engendro a Joram; Joram engendro a 
Ozias; 9 Ozias engendro a Joatam; Joatam en- 
gendr6 a Acaz; Acaz engendro a Ezequfas; 
10 Ezequias engendro a Manasés; Manasés en- 
gendro a Amon; Amon ^ engendro a Josias; 
11 Josias engendro a Jeconias y a sus hermanos, 
por el tiempo de la deportacion a Babilonia. 
12 Después de la deportacion a Babilonia, Je- 
conias engendro a Salatiel; Salatiel engendro a 
Zorobabel; 13 Zorobabel engendro a Abiud; 
Abiud engendro a Eliaquim; Eliaquim engen- 
dro a Azor; 14 Azor engendro a Sadoc; Sadoc 
engendro a Aquim; Aquim engendro a Eliud; 
15 EIiud engendro a Eleazar; Eleazar engendro 
a Matan; Matan engendro a Jacob; ^ Jacob 
engendro a José, el esposo de Maria, de la cual 
nacio Jesus, el llamado Cristo. 1T Asi que todas 
las generaciones son: desde Abrahån hasta Da- 
vid, catorce generaciones; desde David hasta 
la deportacidn a Babilonia, catorce generacio- 
nes; desde la deportacion a Babilonia hasta 
Cristo, catorce generaciones. 

Nacimiento de Jestjs. 18 La generacion de 
Jesucristo fué como sigue: Desposada su madre 



Al no hacerlo asi, resultaria que Herodes hahria ya 
muerto a la fecha de la natividad del Seiior, lo 
cual contradice las Sagradas Dscrituras. Use homhre 
impio muriå en los primeros meses del 750. 

3. Tamar. Aparecen, en esta genealogia legal de 
Jesus, cuatro mujeres: Tamar, Racab, Betsabée y 
Rut, tres de las cuales fueron pecadoras (Gen. 38, 
15; Jos. 2, 1 ss.; II Rey, 11, 1 ss.) y la cuarta moa- 
hita. S. Jerénimo dice al respecto que el Sefior lo 
dispuso asi para que "ya que venia para salvar a 
los pecadores, descendiendo de pecadores borrara los 
pecados de todos". 

16. Bsposo de Maria: S. Ignacio y S. Jerånimo 
explican que fué de suma importancia que Jesus na- 
ciera de una mujer que conservando su virginidad, 
fuese a la vez casada, pues asi quedaria velado a 
los ojos de Satanås el misterio de la Encarnacién. 
Jesiis (hebreo Yeschua) significa "Dios salva" (cf. 
v. 21). Cristo es nombre griego que corresponde al 
hebreo Mesias, cuyo significado es "Ungido". 3$n 
Israel se cemsagraban con 61eo los Reyes y los Su- 
mos Sacerdotes. Jesucristo es el Ungido por exce- 
leiicia. por ser el "Rey de los Reyes" (Apoc. 19, 16) 
y el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza (Cf. Hebr. 
Caps. S-10; S. 109, 4 y nota). 

18. Entre los judios los desposorios o noviazgo 
equivalian al matrimonio y ya los prometidos se Ua- 
maban, esposo y esposa. 



17 



18 



EVANGELIO SEGTJN SAN MATEO 1, 18-25; 2, 1-14 



Maria con José, se hallo antes de vivir juntos 
ellos, que habia concebido del Espiritu Santo. 
19 José, su esposo, como era justo y no queria 
delatarla, se propoma despedirla en secreto. 
20 Mas mientras andaba con este pensamiento, 
he aqui que un angel del Senor se le aparecio 
en suenos y le dijo: "José, hijo de David, no 
temas recibir a Maria tu esposa, porque su con- 
cepcion es del Espiritu Santo. 21 Dara a luz 
un hijo r y le pondrås por nombre Jesus (Sal- 
vador),' porque Él salvarå a su pueblo de sus 
pecados". 

^Todo esto sucedio para que se cumpliese 
la palabra que habia dicho el Senor por el pro- 
feta: 23 Ved ahi que la virgen concebirå y da- 
ra a luz un hijo, y le pondrån el nombre de 
Emmanuel, que se traduce: "Dios con nos- 
otros". 2 *Cuando desperté del sueno, hizo José 
como el ångel del Senor le habia mandado, y 
recibio a su esposa. 25 Y sin que la conociera, 
dio ella a luz un hijo y le puso por nombre 
Jesus. 

CAPlTULO II 

Adoraqon de los magos. iCuando hubo na- 
cido Jesus en Betlehem de Judea, en tiempo 
del rey Herodes, unos magos del Oriente^ lle- 
garon a Jerusalén, 2 y preguntaron; '^Donde 



19. No habiendo manifestado Maria a su esposo la 
apariciån del Angel ni la maravillosa concepciån por 
obra del Espiritu Santo, San José se vi6 en una 
situaciån sin salida, tremenda prueba para su fe. 
Juridicamente S. José habria tenido dos soluciones: 
19 acusar a Maria ante los tribunales, los cuales, 
segun la Ley de Moisés, la habrian condenado a 
muerte (Lev. 20, 10; Deut 22, 22-24; Juan 8, 2 ss.) ; 
29 darle un "libelo de repudio", es decir, de divon- 
cio, permitido por la I^ey para tal caso. Pero, no du- 
dando ni por un instante de la santidad de Maria, 
el santo patnarca se decidio a dejarla secretamente 
para no infamarla, hasta que intervino el cielo acla- 
råndole el misterio. "jY qué admirable silencio el 
de Maria! Prefiere sufrir la sospecha y la infamia 
antes que descubrir el misterio de la gracia realizado 
en ella. Y si el cielo asi probé a dos corazones ino- 
centes y santos como el de José y Maria, ^por qué 
nos quejamos de las pruebas que nos envia la Pro- 
videncia?" (Mons. Ballester). Es la sinceridad de 
nuestra fe lo que Dios pone a prueba, segun lo en- 
sena San Pedro (I. Pedr. 1, 7). Véase S. 16, 3 y 
nota. 

23. Es una cita del profeta Isaias (7, 14). Con 
ocho siglos de anticipaciån Dios anuncia, aunque en 
formå velada, el asombroso misterio de amor de la 
Bncamaciån redentora de su Verbo, que estarå con 
nosotros todos los dias hasta la consumacién del siglo 
(Mat. 28, 20). Sera para las almas en particular y 
para toda la Iglesia, el "Emmanuel": "Dios con nos- 
otros*', por su Eucatistia, su Evangelio y por la voz 
del Magisterio infalible instituido por Él mismo. 

25. Sin que la conociera, etc: Éste es el sentido 
del texto que dice en el original: "no la conocio has- 
ta que dio a luz". "Hasta" significaba entre los he- 
breos algo asi como "mientras" y expresa, como dice 
S. Jerånimo, umcamente lo que aconteciå o no, hasta 
cierto momento, mas no lo que sucedtd después. Véa- 
se, como ejemplo, Luc. 2,37 y lo mismo II Rey. 6, 
23: "Micol no tuvo bijos hasta el dia de su muerte". 

1. Mago es el nombre que entre los persas y cal- 
deos se daba a los homhres doctos que cultivaban las 
ciencias, especialmente la astronomia, 

2. E'l rey recién nacido es a los ojos de los magos 
un rey universal, tal como lo daban a conocer los 
divinos oråculos de la Biblia que se habian ido es- 
parciendo por el mundo de entonces (cf . Jer. 23 , 
5 ss.; 33, 15; Is. caps. 11, 32, 60; Ez. 37, 23 ss.). 



esta el rey de los judios que ha nacido? Por- 
que hemos visto su estrella en el Oriente y ve- 
nimos a adorarlo." 3 Oyendo esto, el rey Hero- 
des se turbo y con él toda Jerusalén. 4 Y con- 
vocando a todos los principales sacerdotes y 
a los escribas del pueblo, se informe de ellos 
ddnde debia nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron: 
"En Betlehem de Judea, porque asi esta es- 
crito por el profeta: 6 "Y tu Betlehem (del) 
pals de Juda, no eres de ninguna manera la 
menor entre las principales (ciudades) de Juda, 
porque de ti saldra el caudillo que apacentara 
a Israel mi pueblo". 7 Entonces Herodes llamo 
en secreto a los magos y se informo exacta- 
mente de ellos acerca del tiempo en que la 
estrella habia aparecido. después los envio 
a Betlehem diciéndoles: "Id y buscad cuidado- 
samente al nino; y cuando lo hayåis encon- 
trado, hacédmelo saber, para que vaya yo 
también a adorarlo". 9 Con estas palabras del 
rey, se pusieron en marcha, y he aqui que la 
estrella, que habian visto en el Oriente, iba 
delante de ellos, hasta que llegando se detuvo 
encima del lugar donde estaba el nino. 10 A1 ver 
de nuevo la estrella experimentaron un gozo 
muy grande. ^Entraron en la casa y vieron al 
nino con Maria su madre. Entonces, proster- 
nandose lo adoraron-, luego abrieron sus teso- 
ros y le ofrecieron sus dones: oro, incienso y 
mirra. 12 Y, avisados en suenos que no volvie- 
ran a Herodes, regresaron a su pafs por otro 
camino. 

Huiøa a Egipto. 13 Luego que partieron, un 
angel del Senor se aparecié en suenos a José 
y le dijo: "Levantate, tpma contigo al nino y 
asu madre y huye a Egipto, donde permanece- 
ras, hasta que yo te avise. Porque Herodes va 
a buscar al nino para matarlo." 14 Y él se le- 



Pero no se trata para ellos de un rey como los de- 
mås, observa Fillion, "sino del rey ideal, desde tiem- 
po atrås anunciado y prometido por Dios, que habia 
de salvar a su pueblo y a toda la humanidad". Véa- 
se la profecia del ångel en I,uc. 1, 32; la aclamacion 
del pueblo en Marc. 11, 10; la confesion de Pilato 
en Juan 19, 19, etc. 

6. Véase Miq. 5, 2; Juan 7, 42. Betlehem o Be- 
lén, ciudad situada a 8 kms. al sur de Jerusalén. 
Una magnifica Basilica recuerda el nacimiento del 
Salvador. Én la gruta, debajo, arden constantemente 
32 låmparas; y una estrella senala el lugar donde 
nacié nuestro Redentor. Sobre el simbolo de la es- 
trella véase la profecia de Balaam en Num. 24, 17 y 
Apoc. 22, 16, donde Jesus mismo se da ese nombre 
(cf. S. 109, 3 y nota). 

! 1. Como htjos de los gentiles, "reconozcamos en 
los. magos adoradores las primicias de nuestra voca- 
cion ; de nuestra fe, y celebremos con corazones di- 
latados por la alegria los comienzos de esta dichosa 
esperanza; pues, desde este momento se inicia nues- 
tra entrada en la celestial herencia de los hijos de 
Dios** (S. I*e6n Magno). I^os dones de los magos 
son muy significativos: el oro simboliza la t realeza; 
el incienso, la dtvinidad; la mirra, la humantdad. Se 
trata, oues, de una publica confesiån de la di vi n i da d 
del Hijo del hombre y de la realeza que habia sido 
anunciada por el ångel (I/Uc. 1, 32; S. 71, 10 s. y 
notas) . 

14. Unas ocho o diez jornadas de camino a tra- 
ves del desierto separan Egipto de Palestina. San José 
es modelo de la virtud de la obediencia. Sin profe- 
rir excusas, tan obvias en tal trance, ahandona al 
instante el pais natal y acata en todo la santa volun- 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 2, 1-23; 3, 1-16 



19 



vanto, tomo al nino y a su madre, de noche, y 
salio para Egipto, 15 y se que do alli hasta la 
muerte de Herodes; para que se cumpliera lo 
que habia dicho el Senor por el profeta: tf De 
Egipto llamé a mi hijo." 

Degollaci6n de los inocentes. u: Entonces 
Herodes, viendo que los mages lo habian bur- 
lado, se enfurecio sobremanera, y maudé ma- 
tar a todos los ninos de Betlehem y de toda su 
comarca, de ia edad de dos anos para abajo, 
segun el tiempo que habia averiguado de los 
magos. 17 Entonces se curnplio la palabra dicha 
por cl prof eta Jeremias; 1( *"Un clamor se hizo 
oir en Rama, llanto y alarido grande: Raquel 
llora a sus hijos y rehusa todo consuelo, porque 
elios no estån mas." 

Regreso de la Sagrada Familia. 19 iMuerto 
Herodes, un angel del Senor se aparecio en 
suenos a José en Egipto y ie dijo: 20 "Levåntate, 
toma contigo al nino y a su madre y vuelve 
a la tierra de Israel, porque han muerto los 
que huscaban la vida del nino". 21 É1 se le- 
vant6, tomo consigo al nino y a su madre y 
entré en tierra de Israel. 22 Pero oyendo que 
Arquelao reinaba en Judea en el lugar de su 
padre Herodes, teniio ir alli; y, advertido en 
suenos, fuése a la region de Galilea. 23 Y lle- 
gado alli se establecio en una ciudad liamada 
Nazaret, para que se cumpliese la palabra de 
los profetas: "El sera Uamado Nazareno." 



II. PREPARACION PARA LA VIDA 
PCBLICA 

(3,1-4,11) 

CAPlTULO III 

Predicaci6n de Juan el Bautista. x En aquel 
tiempo aparecio Juan el Bautista, predicando en 



tad de Dios, que para él habia reservado las tareas 
mås penosas, A su obediencia y humildad correspon- 
de su gloria y poder en el cielo. 

15. Véase Oséas 11, 1 y nota explicativa. 

18. Con el versiculo citado, San Mateo quiere ex- 
presar la inmensidad del dolor aludiendo a la tumba 
de Raquel, esposa de Jacob, sepultada en el camino 
de Jerusalén a Belén (Gen. 35, 19; Jer. 31, 15). 
Rama: localidad situada al Norte de Jerusalén y 
campo de concentracion de los judios que por Nabu- 
codonosor fueron llevados al cautiverio de Babilonia 
(587 a. C). "Raquel se alza de su sepulcro para Ho- 
rar la partida de sus hijos a Babilonia y para mez- 
clar sus lamentos con los de las madres de los Ino- 
centes." I,a Iglesia celebra el 28 de diciembre la 
memoria de éstos como flores dej martirio por Cristo. 

22. El Patriarca José es un envidiable prototipo 
de las almas interiores, habiéndose formado él mis- 
mo en la escuela de Jesus y^ de Maria. Su vida fué 
una vida de silencio y trabajo manual. En el taller 
de Nazaret, este varon justo, como lo llama el Espi- 
ritu Santo (1, 19), nos da ejemplo de una santa la- 
boriosidad, en union con el divino Modelo, en cuyo 
nombre S. Pablo nos recomienda a todos sin excep- 
cion el trabajo manual (I Tes. 4, 11). 

23. Nazaret: pequeiia poblacion de Galilea, donde 
nadie buscaba al Mesias. Véase v. 15; I,uc. 1, 26; 
2, 39; Juan 1, 46; 8, 52; Nazareno, esto es, Naza- 
reo o consagrado a Dios (Deut. 23, 16 y nota) y 
también Pimpollo (Is. 11, l; 53, 2). 



el desierto de Judea, 2 y decia: "Arrcpentios, 
porque el reino de los cielos esta cerca." 3 Es- 
te es de quien hablo el profeta Isaias cuando : 
dijo; "Voz de uno que clama en el desierto: 
Preparad el camino del Senor, enderezad sus 
scadas." 4 Juan tenia un vestido de pelos de 
camello, y un cinto de piel alrededor de su 
cintura-, su comida eran langostas y miel sil- 
vestre. SEntonces salia hacia él Jerusalén y 
toda ia Judea y toda ia region del Jordan, G y 
se hacfan bautizar por él en el rio Jordan, 
confesando sus pecados. ' 

7 iVlas viendo a muchos fariseos y saduceos 
v r enir a su bautismo, les dijo: "Raza de viboras, 
iquién os ha ensenado a huir de la colera 
que viene? 8 Producid, pues, frutos propios del 
arrepentimiento. 9 Y no creais que podéis decir 
dentro de vosotros: "Tenemos por padre a 
Abrahan"; porque yo os digo: 'Tuede Dios 
de estas piedras hacer que nazcan hijos a Abra- 
ham'^ 10 Ya el hacha estå puesta a la raiz de 
los arboles; y todo arbol que no produce 
buen fruto sera cortado y arrojado al fuego. 
1:l Yo, por mi parte, os bautizo con agua para 
el arrepentimiento; mas Aquel que viene des- 
pués de mi es mas poderoso que yo, y yo no 
soy digno de iievar sus sandalias. Él os bauti- 
zara con Espiritu Santo y fuego. 12 La pala de 
aventar esta en su mano y va a lirnpiar su era: 
reunira el trigo en el granero, y la paja la 
quernarå en fuego que no se apaga." 

Bautismo de Jesus. 13 Entonces Jesus fué de 
Galilea al Jordan a Juan para ser bautizado 
por él. 14 Pero Juan queria impedirselo y ie de- 
cia: "Yo tengo necesidad de ser bautizado por 
Ti y cfTu vienes a mi?" 15 Jesus le respondio y 
dijo: "Deja ahora-, porque asi conviene que 
nosotros cumplamos toda justicia." Entonces 
(Juan) le dejo. 16 Bautizado Jesus, salio al pun- 



2. Bl reino de los cielos, o sea, el reino de Dios. 
I,a condicién necesaria para entrar en ese reino es 
arrepentirse de los pecados y creer al Evangelio (4, 
17; Marc. 1, 15), cosas ambas que Jesus resume en 
la pequefiez, es decir, en la infancia espiritual o la 
pobreza en espiritu (5, 3; 18, 1-4). Véase v. 10 y 
nota. 

3. Véase Is. 40, 3. 

6. EJste bautismo no era sino una preparacion de 
Israel para recibir al Mesias (Hech. 19, 4 y nota). 
Tampoco era un Sacramento la confesion que los pe- 
cadores hacian, pero si una manifestacion del dolor 
interior, un medio eficaz para conseguir la gracia 
de arrepentimiento, condicion del perdon. 

10 ss. Aqui y en el v. 12 el Bautista sefiala a Je- 
sus dispuesto a comenzar su reinado de iusticia. Ku 
11, 12 ss., el mismo Jesus nos muestra como ese reino 
sera en ese entonces impedido por la violencia y como, 
aunque el Bautista vino con la mision de lillas (Mal. 
4, 5 y 13), éste habrå de volver un dia (17, Ils.) 
a restaurarlo todo. Fillion hace notar la similitud de 
este pasaje con Mal. 3, 2 s. (véase alli la nota), don- 
de no se trata ya del juicio sobre las naciones como 
en 25, 32 (cf. Joel 3) sino de un juicio sobre su pue- 
blo. Cf. S. 49, 4 ss. y notas. 

14. Jesus no necesitaba del bautismo, pero que- 
riendo cumplir toda justicla. (v. 15), es decir, guardar 
puntualmente todas las leyes y costumbres de su 
pueblo, se someti6 al bautismo como. se habia so- 
metido a la circuncision y demås ritos judios. 

16. En el bautismo de Jesus se manifiesta la 
Sstnø. Trinidad: el Padre que habia del cielo, el 
Hijo que estå en formå de hombre arrodillado a la 



20 



EVANGEL3Q SEGUN SAN MA.TTBO 3, 16-17; 4, 1-25; 5, 1-3 



to del agua, y he* aqui que se le abrieron los 
cielos y vio al Espiritu de Dios, en figura de 
paloma, que descendia y veni'a sobre El. 17 Y 
una voz del cielo decia: "Este es mi Hi) o, el 
Amado, en quien me complazco." 

CAPiTULO IV 

jEStJS ES TENTADO POR EL DIABLO. a Por aquel 

tiernpo Jesus fué cpnducido al desierto por el 
Espiritu, para que fuese tentado por el diabio. 
^Ayuno cuarenta dias y cuarenta noches, des- 
pues de lo cual tuvo hambre. 3 Entonces el ten- 
tador se aproximo y le dijo: "Si Tu eres el 
Hijo de Dios, manda que estas piedras se 
vueivan panes" 4 Mas Él r^eplico v dijo: "Esta 
escrito: "No de pan solo vivira el hombre, 
sino de toda palabra que sale de la boca de 
Dios." 5 Entonces lo llevo el diabio a la Ciudad 
Santa y lo puso sobre el pinaculo del Templo; 
6 y le dijo: "Si Tu eres el Hijo de. Dios, échate 
abajo, porque esta escrito: ''Él dara ordenes a 
sus angeles acerca cle Ti, y te llevaran en pal- 
mas, para que no lastimes tu pie contra alguna 
piedra." 7 Respondiole Jesus: "También esta es- 
crito: "No tentaras al Senor tu Dios." 8 De 
nuevo le llevo el diabio a una montana muy 
alta, y mostrandole todos los reinos del mundo 
y su gloria, 9 le dijo: "Yo te daré todo esto si 
postrandote me adoras" 10 Entonces Jesus le 
dijo: "Vete, Satanas, porque esta escrito: "Ado- 
rarås al Senor tu Dios, y a Él solo servirds." 

orilla del Jordan, y el Espiritu Santo que se hace 
visible en formå de paloma. Cf. Luc. 3, 22; Juan ], 
32 ss, y nota. 

17. He aqui la primera revelacion del mås grande 
de los misterios: el infinito amor del Padre al Uni- 
ffénito, en el cual reside toda su fclicidad sin limites 
V por él cual, con el cual y en el cual recibe eterna- 
mente toda su gloria, como lo expresa el Canon de la 
Misa. Cf. sobre este amor 12, 18; 17, 5; Is. 42, 1; 
Juan 3, 35; 12, 28; II Pedro 1, 17. 

1. Véase Marc. 1, 2ss.; Luc. 4, 1 ss. 

3 ss. Dsta tentaciån se comprende solo como humi- 
llacion del Senor, quien, siendo el segundo Adån, 
quiso expiar asi el pecado de los primeros padres. 
El tentador procura excitar las tres concupiscencias 
del hombre: la sensualidad por medio del apetito de 
comer, la soberbia por medio del orgullo presuntuoso, 
y la concupiscencia de los ojos por medio de los ape- 
titos de riqueza, poder y goce. Preparose Jesus para 
la tentaeiån orando y ayunando. He aqui las armas 
mås eficaces para resistir a las tentaciones. Las citas 
de la Sagrada Escritura corresponden a los siguien- 
tes pasajes: v. 4 a Deut. 8, 3 y Sab. 16, 26; v. 6, 
al Salmo 90, Ils.; v. 7, a Deut. 6, 16; v. 10, a 
Deut. 6, 13. 

7. "Guårdese el lector de entender que Cristo de- 
clara aqui su divimdad, diciendo a Satanås que no 
lo tiente a Él. Esto habria sido revelar su condieiån 
de Hijo de Dios, que el diabio deseaba vanamente 
averiguar. Veneio Jesus al tentador con esta res- 
puesta, ensefiåndonos que pone r a Dios en el caso de 
tener que hacer un milagro para librarnos de un pe* 
ligro en que nos hemos colocado temerariamente y sin 
motivo alguno, es pecado de presuncion, o sea tentar 
a Dios." 

10. Por tercera vez es vencido Satanås por el po- 
der de la Escritura. San Pedro nos reitera esta doc- 
trina de que, para vencer al diabio, hemos de ser 
fuertes en la fe (I Pedro 5, 8) y San Juan nos da 
igual receta para vencer al mundo, cuyo prineipe es 
el mismo Satanås (Juan 14, 30). Sobre el poder de 
la Palabra divina, véase Luc, 22, 36 y nota; S. 118, 
lss.; Apoc. 12, 11. 



^Déiole entonces el diabio, y he aqui que 
angeles se acercaron para servirle. 



III. MINISTERIO DE JEStJS 
EN GALILEA 

(4,12-18,35) 

COMIENZO DE. LA VIDA P^BLICA. 12 Al Oir (Jesus) 

que Juan habia sido encarcelado, se retiro a 
Galilea, 13 y dejando Nazaret, fué y habito en 
Cafarnaum junto al mar, en el territorio de 
Zabulon y de Neftali, 14 para que se cumpliera 
lo que habia dicho el profeta lsaias: 15 "Tierra 
de Zabulon y tierra de Neftalf, camino del 
mar, mås alla del Jordan, Galilea de los gen- 
tiles; 16 el^ pueblo asentado en tinieblas, luz 
grande vio; y a los asentados en la region y 
sombra de la muerte, luz les alboreo." 

Los primeros discipulos. 17 Desde entonces 
Jesus comenzo a predicar y a decir: "Arrepen- 
tios porque el reino de los cielos esta cerca." 
18 Caminando junto al mar de Galilea vio a dos 
hermanos, Simon el llamado Pedro y Andrés 
su hermano, que echaban la red en el mar, 
pues eran pescadores, 19 y dijoles: "Venid en pos 
de Mi y os hare pescadores de hombres." 20 AI 
instante, dejando las redes, le siguieron. 21 Pa- 
sando adelante, vio a otros dos hermanos, San- 
tiago hijo de Zebedeo y Juan su hermano, en 
su barca con Zebedeo su padre, que estaban 
arreglando sus redes, y los llamo. 22 Ellos al 
punto, abandonando la barca y a su padre, le 
siguieron. 

Evangelizaci6n de Galilea. 23 Y recorria to- 
da la Galilea, ensenando en las sinagogas de 
ellos, y proclamando la Buena Nueva del reino 
y sanando toda enfermedad y toda dolencia 
en el pueblo. 24 Su fama se extendio por toda 
la Siria, y le traian todos los pacientes afligidos 
de toda clase de^ dolencias y sufrimientos, en- 
demoniados, lunåticos, paraliticos, y los sano. 
25 Y le siguieron grandes muchedumbres de 
Galilea, Decåpolis, Jerusalén y Judea, y del 
otro lado del Jordan, 

CAPITULO V 

El Serm6n de la Montana. Las ocho bien- 
aventuranzas. j A1 ver estas multitudes, subio 
a la montana, v habiéndose sentado, se le acer- 
caron sus discipulos. 2 Entonces, abrio su boca, 
y se puso a ensenarles asi: 3 "Bienaventurados los 



13. Cafama4m, hoy Tel Hum, situada en la ribe- 
ra norte del Lago de Genesaret. 

15 s. Véase Is. 9, 1 s. y nota. 

23. En las sinagogas de ellos: cf. Hebr. 8, 4 y 
nota. 

24. Lunåticos se llamaban los epilépticos y enfer- 
mos de similar categoria, porque su enfermedad se 
atribuia a la influencia de la luna. 

3. Pobres en el espiritu son, como observa Sto. To- 
mås, citando a San Agustin, no solamente los que no 
se apegan a las riquezas (aunque sean materialmente 
ricos), sino principalmente los humildes y pequeiios 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 5, 3-29 



21 



pobres en el espiritu, porque a ellos pertenece 
el reino de los cielos. 4 Bienaventurados los 
afligidos, porque seran consolados. 5 Bienaven- 
turados los mansos, porque heredaran la tierra. 
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed 
de la justicia, porque seran hartados. 7 Bien- 
aventurados los que tienen misericordia, porque 
para ellos habra misericordia. 8 Bienaventura- 
dos los de corazon puro, porque veran a Dios. 
9 Bienaventurados los pacificadores, porque se- 
ran llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados 
los perseguidos por causa de la justicia, porque 
a ellos pertenece el reino de los cielos. u Di- 
chosos seréis cuando os insultaren, cuando os 
persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo 
mal contra vosotros, por causa mia. 12 Gozaos 
y alegraos, porque vnestra recompensa es gran- 
de en los cielos, pues asi persiguieron a los 
profetas que fueron antes de vosotros." 

Vosotros sois la sal de la tierra. ls " Vos- 
otros sois la sal de la tierra. Mas si la sal pier- 
de su sabor, (jcon qué sera saiada? Para nada 
vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen 
los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo. 
No puede esconderse una ciudad situada sobre 
una rnontafia. 15 Y no se endende una candela 
para ponerla debajo del celemin, sino sobre el 
candelero, y (asi) alumbra a todos los que 
estan en la casa. 16 Asi brille vuestra luz ante 
los hombres, de modo tal que, viendo vuestras 
obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre del 
cielo." 

Jesus pereecciona la Ley antigua. * 7 "No 
vayais a pensar que he venido a abolir la Ley 
y los Profetas. Yo no hc venido para abolir, 
sino para dar cumplimiento. 18 En verdad os 



que no confian en sus propias fuerzas y que estån, 
como dice S. Crisostomo, en actitud de un mendigo 
que constantemente implora de Dios la limosna de la 
gracia. En este sentido dice el Magnificat: "A los 
hambrientos lleno de bienes y a los ricos dejå vacios" 
(Luc. \, 53). 

4. Los mansos tendrån por herencia el reino de los 
cielos, cuya figura era la tierra prometida. (X S. 36, 
9; 33. 19 y nota. 

8. Verån a Dios: "Los Hmpios de corazon son los 
que ven a Dios, conocen su voluntad, oyen su voz, in- 
terpretan su palabra. Tengamos por cierto que para 
leer la Santa Biblia, sondear sus abismos y aclarar la 
oscuridad de sus misterios poco valen las letras y cien- 
cias profanas, y mucho la caridad y el amor de Dios 
y del pr6jimo" (S. Agustin). 

10. Cf. S. 16 y sus notas. 

13 ss. En las dos figuras de la sal y de la lue, nos 
inculca el Senor el deber de preservarnos de la co- 
rrupciån y dar buen ejemplo. 

16. Asi brille: alguien seiialaba la dulzura que es- 
conden estas palabras si las miramos como un voto 
amistoso para que nuestro apostolado de fruto ilumi- 
nando a todos (cf. Juan IS, 16),para gloria del Padre 
(Juan 15, 8). Y si es un voto de Jesus ya podemos 
darlo por realizado con solo adhcrirnos a el, deseando 
que toda la gloria sea para el Padre y nada para nos- 
otros ni para hombre alguno. 

17. San Pablo enseiia expresamente que Jesus acep 
tå la circuncisiån para mostrar la veracidad de Dios 
confirmando las promesas que Él habia hecho a los 
patriarcas (Rom. 15, 8). Es lo que dice Maria en Luc. 
1, 54 s. 

18. La jota (yod) es en el alefato hebreo la letra 
mås pequena. Este anuncio lo habia hecho ya Moisés 
a Israel, diciéndole que un dia habia de cumplir "to- 



digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni 
una jota, ni un apice de la Ley pasara, sin que 
todo se haya cumplido. 19 Por lo tanto, quien 
violare uno de estos mandamientos, (aun) los 
minimos, y ensenare asi a los hombres, sera 
llamado el mfnimo en el reino de los cielos; 
mas quien los observare y los ensenare, éste 
sera llamado grande en el reino de los cielos. 
20 Os digo, pues, que si vuestra justicia no 
fuere mayor que la de los escribas y fariseos, 
no entraréis en el reino de los cielos." 

21 "Ofsteis que fué dicho a los antepasados: 
«No mataras»; el- que matare sera reo de con- 
denacion." 22 Mas Yo os digo: "Todo aquel 
que se encoleriza contra su hermano, merece 
la condenacion; quien dice a su hermano «raca» 
merece el sanhedrin; quien le dice «necio» me- 
rece la gehenna del fuego. 23 Si, pues, estas 
presentando tu ofrenda sobre el altar, y alli 
te acuerdas de que tu hermano tiene algo que 
reprocharte, 24 deja alli tu ofrenda delante del 
altar y ve primero a reconciliarte con tu her- 
mano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 
25 Ponte en paz, sin tardar, con tu adversario 
mientras vas con él por el camino, no sea que 
él te entregue al juez y el juez al alguacil; 
y te pongan en la carcel. 26 En verdad te digo, 
que no saldras de alli sin que hayas pagado 
hasta el ultimo centavo." 

27 "Oisteis que fué dicho: «No cometeras 
adulterio.» ^Mas Yo os digo: "Quienquiera 
mire a una mujer codiciandola, ya cometio 
con ella adulterio en su corazon. 29 Si, pues, 
tu oio derecho te hace tropezar, arrancatelo y 
arråjalo lejos de ti; mas te vale que se pierda 
uno de tus miembros y no que sea echado todo 



dos los mandamientos que hoy te intimo" (Deut. 30, 
8). Lo mismo se habia prometido en Jer. 31, 33; Ez. 
36, 27, etc, y sin embargo Jesus habia dicho a los 
judios que ninguno de ellos cumplia la Ley (Juan 7, 
19). El Redentor quiere asi ensenarles que tales pro- 
mesas s61o llegaran a cumplirse con Él. Cf. Ez. 44, 
5 y nota. 

22. Se trata aqui de f6rmulas abreviadas de mal- 
diciån. Se pronunciaba una sola palabra, mas el oyente 
bien sabia lo que era de completar. Tornado por si 
solo, racå significa esHpido y necio tn las cosas que 
se refieren a la/ religion y al culto de Dios. Necio es 
mås injurioso que "racå", porque equivale a impio, 
inmoral, ateo, en extremo perverso. El concilio, esto 
es, el Sanhedrin o supremo tribunal del pueblo ju- 
dio, constaba de 71 jueces y era presidido oor el Surao 
Sacerdote. Representaba la suprema autoridad doctri- 
nal, judicial y administrativa. Gehenna es nombre del 
infierno. Trae su origen del valle Ge Hinnom. al sur 
de Jerusalén, donde estaba la e&tatua de Moloc, lu- 
gar de idolatria y abominacion (IV Rey. 23, 10). 

24. "La misericordia del Padre es tal, que atien T 
de mås a nuestro provecho que al honor del culto" 
(S. Crisostomo). 

27. Véase E-x. 20, 14; Deut. S> 10. 

28. Es muy importante distinguir entre la incli- 
naci6n y Ja voluntad. No hemos de sorprendernos de 
sentir el mal deseo ni tener escrupulo de, él, porque 
esto es lo normal; pecado seria consentir en lo que 
sentimos. Dios saca de él ocasiån de mérito grandl- 
simo cuando lo con fes am os con plena desconfianza de 
nosotros mismos, y entonces nos da la fuerza para 
despreciarlo. Por eso Santiago (1, 12) "llamå bien- 
aventuranza la tentaciån en el hombre recto. 

29 s. Véase Lev. 24, 19 s. Por ojo derecho y por 
mano derecho. entiende Jesucristo cualquier cosa que 
nos sea tan preciosa como los miembros mås necesa- 
rios de nuestro cuerpo. 



TI 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 5, 29-48; 6, 1-2 



tu cuerpo en la gehenna. 30 Y si tu mano dere- 
cha te es ocasion de tropiezo, cårtala y arr6~ 
jala lejos de ti; mas te vale que se pierda uno 
de tus miembros y no que sea echado todo 
tu cuerpo en la gehenna." 

31 "También ha sido dicho: «Si alguno repu- 
dfa a su mujer, que le dé un acta de repudio.» 
32 Mas Yo os digo: "Quienquiera repudie a su 
mujer, si no es por causa de formcacion, se 
hace causa de que se cometa adulterio con ella; 
y el que toma a una mujer repudiada comete 
adulterio." 

33 "Oisteis también que fué dicho a los ante- 
pasados: «No per jurarås, sino que cumpliras 
al Senor lo que has jurado.» 34 Mas Yo os digo 
que no juréis de ningun modo: ni por el cielo, 
porque es el trono de Dios; 3 fni por la tierra, 
porque es el escabel de sus pies; ni por Jeru- 
salén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni 
jures tampoco por tu cabeza, porque eres inca- 
paz de hacer blanco o negro uno solo de tus 
cabellos, 37 Diréis (solamente): Si, si; No, no. 
Todo lo que excede a esto, viene del Maligpo." 

3 8"Oisteis ciue fué dicho: «Ojo por ojo y 
diente por diente.» 39 Mas Yo os digo: no re- 
sistir al que es malo; antes bien, si alguien te 
abofeteare en la mejilla derecha, preséntale tam- 
bién la otra. 40 Y si alguno te quiere citar ante 
el juez para quitarte la tunica, abandonale tam- 
bién tu manto. 41 Y si alguno te quiere llevar Dor 
fuerza una milla, ve con él dos. 42 Da a quien 
te pide, y no vuelvas la espalda a quien quiera 
tomar prestado de ti." 

43Cf Oisteis que fué dicho: «Amaras a tu pr6- 



31 s. Véase Deut. 24, 1. Jesus suprime aqui el 
divorcio que estaba toleraclo por Moisés, y proclama 
la indisohibilidad del matrimonio. Si no es por causa 
de fornicaciån: no quiere decir que en el caso de 
adulterio de la mujer, el marido tenga el derecho de 
casarse con otra, sino solamente de apartar la adul- 
tera. El vinculo del matrimonio subsiste hasta la 
muerte de uno de los dos contrayentes (19, 6; Marc. 
10, 11; Luc. 16, 18; Rom. 7, 2; I Cor. 7, 10 s. y 39). 

34 s?. Véase Lev. 19, 12; Num. 30, 3; Deut. 23, 
21 ss. No se proliibe el juramento, sino el abuso de 
este acto solemne y santo. 

38. Referenda a la Ley del Talion. Véase Deut. 
19, 21; Lev. 24, 20 y Ex. 21, 24 con su nota ex- 
plicativa. 

40. Véase Miq. 2, 8 ss. 

42. Da a quien s te pide: "No digåis, observa un 
maestro de vida espiritual: gasto mis bienes. Es- 
tos bienes no son vuestros, son hienes de los pohres, 
o mås bien, son bienes comunes, como el .sol, el aire 
y todas las cosas" (Deut. 15, 8; Ecli. 12, 1 s. y no- 
tas). 

43. Odiarås a tu enemigo: Importa mucho aclarar 
que esto jamås fué precepto de Moisés, sino deduc- 
cién teologica de los rahihos que "a causa de sus 
tradiciones hahian quebrantado los mandamientos de 
Dios" (15, 9 ss-; Marc. 7, 7 sg.) y a quienes \fesus 
recuerda la misericordia con palabras del A. T. (9, 3; 
12, 7). El mismo Jesus nos ensena que Vahvé — el 
gran "Yo soy M — cuya voluntad se expresa en el 
Antiguo Testamento, es su Padre (Juan 8, 54) y no 
ciertamente menos santo que Él, puesto que todo lo 
que Él tiene lo recibe del Padre (11, 27), al cual 
nos da precisamente por Modelo de la caridad evan* 
gélica, revelåndonos que en la misericordia estå la 
suma perfeccion del Padre (5, 48 y Luc. 6,35). Esta 
misericordia abunda en cada pagina del A. T. y se 
le prescribe a Israel, no sélo para con el préjimo 
(Ex, 20, 16; 22, 26; Lev. 19, 18; Deut. 15. 12; 27, 
17; Prov. 3, 28, etc), sino también con el extran- 



jimo, y odiarås a tu enemigo.» 44 Mas Yo os 
digo: "Amad a vuestros enemigos, y rogad por 
los que os persiguen, 45 a fin de que seais hi jos 
de vuestro Padre celestial, que hace levantar 
su sol sobre malos y buenos, y descender su 
lluvia sobre justos e injustos. 46 Porque si amais 
a los que os aman, ^qué recompensa tendréis? 
iLos mismos publicanos no hacen otro tanto? 
47 Y si no saludåis mas que a vuestros herma- 
nos, ^qué hacéis vosotros de particular? }No 
hacen otro tanto los gentiles? 48 Sed, pues, vos- 
otros perfectos como vuestro Padre celestial 
es perfecto." 

CAPITULO VI 

De la recta intenci6n. lcc Giidad de no prac- 
ticar vuestra justicia a la vista de los hombres 
con el objeto de ser mirados por ellos; de otra 
manera no tendréis recompensa de vuestro Pa- 
dre celestial, 2 Cuando, pues, haces limosna, no 
toques la bocina delante de ti, como hacen los 



jero (Ex. 22, 21; 23, 9; Lev. 19, 33; Deut. 1, 16; 
10, 18; 23, 7; 24, 14; Mal. 3, 5, etc). Véase la doc- 
trina de David en S. 57, 5 y nota. Lo que hay es 
que Israel era un pueblo privilegiado, cosa que hoy 
nos cuesta imaginar, y los extranjeros estaban na- 
turalmente excluidos de su comunidad mientras no 
se circuncidaban (Ex. 12, 43; Lev. 22, 10; Ntim. 
1, 51; Ez. 44, 9), y no podian llegar a ser sacer- 
dote, ni rey (Num. 18, 7\ Deut. 17, 15), ni casarse 
con los hijos de Israel (Ex. 34, 16; Deut. 7, 3; 25, 
5; Esdr. 10, 2; Neh. 13, 27). Todo esto era orde- 
nado por el mismo Dios para preservar de la ido- 
latria y mantener los privilegios del pueblo escogido 
y teocråtico (cf. Deut 23, 1 ss.), lo cual desapare- 
ceria desde que Jesus aholiese la teocracia, separan- 
do lo del César y lo de Dios. Los extranjeros resi- 
dentes eran asimilados a los israelitas en cuanto a 
su sujecion a las leyes (Lev. 17. 10; 24, 16; Num. 
19, 10; 35, 15; Deut. 31, 12; Jos. 8, 33); pero a 
los pueblos perversos como los amalecitas (Ex. 17, 
14; Deut. 25, 19), Dios mandaba destruirlos por 
ser enemigos del puehlo Suyo (cf. S. 104, 14 ss. y 
nota). lAy de nosotros si pensamos mal de Dios 
(Sab. 1, 1) y nos atrevemos a juzgarlo en su liber- 
tad soberana! (cf. S. 147, 9 y nota). Aspiremos a 
la hienaventuranza de no escandalizarnos del Hijo 
(11, 6 y nota) ni del Padre (Juec. 1, 28; 3, 22; 
I Rey. 15, 2 ss). "Cuidado con querer ser mås bue- 
no que Dios y tener tanta caridad con los hombres, 
que condenemos a Aquel que entregé su Hijo por 
nosotros.'* 

44 s. Como se ve, el perdån y el.emør.a los ene- 
migos $s la nota caracteristica del cristianismo. Da 
a la caridad f raterna su verdadera fisonomia, que 
es la misericordia, la cual, como lo conf irmo Jesus 
en su Mandamiento Nuevo (Juan 13, 34 yl5, 12), 
consiste en la imitacion de su amor misericordioso. 
El cristiano, nacido de Dios por la fe, se hace co- 
heredero de /Cristo por la caridad (Lev. 19, 18; Luc. 
6, 27; 23, 34; Hech. 7, 59; Rom. 12*, 20). 

48. Debe notarse que este pasaje se complementa 
con el de I,uc. 6 ; 36. Aqui Jesus nos ofrece como 
modelo de perfeccion al Padre Celestial, que es bue- 
no también con los que obran como enemigos suyos, 
y alli se aclara y confirma que, en el concepto de 
Jesus, esa perfeccion que hemos de imitar en el di- 
vino Padre, consiste en la misericordia (Ef. 2, 4; 
4, 32; Col. 3, 13). Y ,fpor qué no dice aqui imitar 
al Hijo? Porque el Hijo como hombre es constante 
imitador del Padre, como nos repite tantas veces 
Jesus (Juan, 5, 19 s. y 30; 12, 44 s. y 49; etc), 
y adora al Padre, a quien todo lo debe. Solo el 
Padre no dehe a nadie, porque todo y todos proce- 
den de El (Juan 14, 28 y nota). 

2. No toques la bocina: Contraste con Num. 10, 
10. El Padre Celestial no necesita ya de esta adver- 
tencia, segun vemos ?n él v. 4. 



EVANGEUO SBGUN SAN MATEO 6, 2-20 



23 



hipocritas en las sinagogas y en las cailes, para 
ser glorificados por los hombres; en verdad os 
digo, ya tienen su paga. 3 Tu, al contrario, 
cuando haces limosna, que tu mano izquierda 
no sepa lo que hace tu mano derecha, 4 para 
que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que 
ve en lo secreto, te lo pagara." 

La oracion dominical. 5 "Cuando oréis, no 
seåis como los hipocritas, que gustan orar de 
pie en las sinagogas y en las esquinas de las 
cailes, para ser vistos de los hombres; en ver- 
dad os digo, ya tienen su paga. 6 Tu, al con- 
trario, cuando quieras orar entra en tu apo- 
sento, corre el cerrojo de la puerta, y ora a 
tu Padre que estå en lo secreto, y tu Padre, 
que ve en lo secreto, te lo pagara. 7 Y cuando 
orais, no abundéis en palabras, como los paga- 
nos. que se figuran que por mucrw hablar 
seran oidos. 8 Por lo tanto, no los imitéis, por- 
que vuestro Padre sabe que cosas necesitåis, 
antes de que vosotros le pidais. 9 Asi, pues, 
oraréis vosotros: Padre nuestro que estås en 
los cietos, santificado sea tu nombre; 10 venga 
tu reino; hagase tu voluntad en la tierra como 
en el cielo. 11 Danos hoy nuestro pan super- 



3. Tu izquierda, es decir que no faeraos de huir 
tan sålo de la ostentaciån ante los demås, sino tam- 
bién de la propia coraplacencia que mostraba el fari- 
seo del templo (Luc. 18, 11 s.). 

6 s. Dios, que quiere ser adorado en espiritu y 
en verdad (Juan 4, 23), nos muestra. aqui, por boca 
de su Hijo y Enviado, que el valqr de la oraciån 
estriba esencialmente en la disposicién del corazån 
mas que en las manifestaciones exteriores. Cf. 15, 
8; Is. 1, 11 y nota. 

8. Lo sabe ya el Padre: Es ésta una inmensa 
luz para la oracion, iCuån facil y confiado no ha 
de volverse nuestro ruego, si creemos que Él ya lo 
sabe, y que todo lo puede, y que quiere atendernos 
pues su amor estå siempre vuelto faacia nosotrosl 
(Cant. 7, 10), y esto aunque hayamos sido malos, se- 
gun acabamos de verlo (5, 45-48). Es mås aun: Je- 
sus no tardarå en revelarnos que el Padre nos lo 
darå todo por afiadidura (v. 32-34) si buscamos su 
gloria como verdaderos hijos. 

9 ss. EJ Padre Nuestro es la oraciån modelo por 
ser la mås sencilla fårmUla para faonrar a Dios y 
entrar en el plan divino, pidiéndole lo que Él quiere 
que pidamos, que es siempre lo que mås nos con* 
viene. Véase Luc. 11, 2. Orar asi es .colocarse en 
estado de la mås alta santidad y uniån con el Pa- 
dre, pues no podriamos pensar ni desear ni pedir 
nada mås perfecto que lo dicho por Jesus. Claro 
estå que todo se pierde si la intenciån del corazån 
— que exige atenciån de la mente — no acompana a 
los labios. Véase 15, 8. Santificado, etc: toda la 
devociån al Padre — *me fué la gran devocion de 
Jesus en la tierra y sigue siéndolo en el cielo donde 
Él ora constantemente al Padre (Hebr. 7, 25) — 
estå en este anhelo de que el honor, la gratitud y la 
alabanza sean para ese divino Padre que nos diå su 
Hijo. Tu Nombre: en el Antiguo Testamento: Yah- 
vé; en el Nuevo Testamento: Padre. Véase Juan 
17, 6; cf. Ex. 3, 14; Luc. 1, 49. 

10. No se trata como se ve, del Cielo adonde ire- 
mos, sino del Reino de Dios sobre la tierra, de modo 
que en ella sea obedecida pi ena mente la amorosa volun- 
tad del Padre, tal como se la hace en el Cielo. iCå- 
mo se cumplirå tan hennoso ideal? Jesus parece damos 
la respuesta en la Paråbola de la Cizafia (13, 24-30 y 
36-43). Véase 24, 3-13; Luc. 18, 8; II Tes. 2, 3 ss. 

11. Supersubstanciat, esto es, sobrenatural. Asi tra- 
ducen San Cirilo y San Jerånimo. Sin embargo, hay 
muchos expositores antiguos y modernos que vier- 
ten: "cotidiano", o de "nuestra subsistencia", lo 



substancial; 12 y perdonanos nuestras deudas, 
como también nosotros perdonamos a nuestros 
deudores; 13 y no nos introduzcas en tentacion, 
antes bien libranos del Maligno. 14 Si, pues, 
vosotros perdonais a los hombres sus ofensas, 
vuestro Padre celestial os perdonard también; 
15 pero si vosotros no perdonais a los hombres, 
tampoco vuestro Padre perdonarå vuestros pe- 
cados". 

El ayuno. 16 "Cuando ayunéis, no pongais 
cara triste, como los hipocritas, que fingen un 
rostro escualido para que las gentes noten que 
ellos ayunan; en verdad, os digo, ya tienen su 
paga. 17 Mas tu, cuando ayunes, perfuma tu 
cabeza y lava tu rostro, 18 a fin de que tu ayu- 
no sea visto, no de las gentes, sino de tu Padre, 
que estå en lo secreto;^ y tu Padre, que ve en 
lo secreto, te lo pagara". 

Las verdaderas riquezas. lflrr No os amonto- 
néis tesoros en la tierra, donde polilla y 
herrumbre (los) destruyen, y donde los ladro- 
nes horadan los muros y roban. 20 Amonto : 
naos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni 
herrumbre destruyen, y donde ladrones no ho- 

que a nuestro parecer no se compagina bien con el 
tenor de la Oracion dominical, que es todo sobre- 
natural. 33ste modo de pedir lo espiritual antes de 
lo temporal coincide con la ensenanza final del Sermån 
(v. 33), segun la cual heinos de buscar ante todo 
el reino de Dios, porque todo lo demås se nos da 
"por anadidura", es decir, sin necesidad de pedirlo. 
12. Perdonamos: esto es declaramos estar perdo- 
nando desde este momento. No quiere decir que Dios 
nos perdone segun nosotros solemos perdonar ordi- 
nariamente, pues entonces popo podriamos esperar 
por nuestra parte. El sentido es, pues: perdånanos 
como perdonemos, segun se ve en el v. 14. 

13. Aqui como en 5, 37, la expresiån griega "Ap6 
tu poneru", semejanle a la latina "a malo" y a la 
hebrea "min barå", parece referirse, como lo indica 
Jouon, antes que al mal en general al Maligno, o 
sea a Satanås, de quien viene la tentaciån mencio- 
nada en el mismo versiculo. La peor tentaciån se- 
ria precisamente la de no perdonar, que S. Agustin 
llama horrenda, porque ella nos impediria ser per- 
donados, segun vimos en el v. 12 y la confirman el 
14 y el 15. Véase 18, 35; Marc. 11, 25; Juan 17, 
15. Tentaciån (en griego peirasmés, de peira, prue- 
ba o experiencia) puede traducirse tambiéii por 
prueba. Con lo cual queda claro el sentido: no nos 
pongas a prueba, porque desconfiamos de nosotros 
mismos y somos muy capaces de traicionarte. K*te 
es el lenguaje de la verdadera hu mi 1 da d, lo opuesto 
a la presunciån *de Pedro. Véase Luc. 22, 33 <ef. 
Martini). EJsto no quita que Él pruebe nuestra fe 
(I Pedr. 1, 7) cuando asi nos convenga (Sant. 1, 
12) y en tal caso "fiel es Dios que no permitirå 
que seåis tentados mås allå de vuestras fuerzas" 
(I Cor. 10, 13). 

14. l Es, pues, enorme la promesa que Jesus pona 
aqui en nuestras manes! jlmaginemos a un juw de 
la tierra que dijese otro tanto 1 Pero jayl si no 
perdonamos, porque entonces nosotros mismos nos 
condenamos en esta oraciån (cf. 5, 43-48). Els decir, 
que si rezaran bien un solo Padrenuestro los que ha* 
een las guerras, éstas serian imposibles. (Y aun se 
dice que estamos en la civilizaciån cristiana t 

16. El ayuno no era, como hoy, parcial, sino que 
consistia en la abstinencia total de todas las comidas 
y bebidas durante el dia. Era, pues, una verdadera 
privaeiån, una auténtica sefial de penitencia, qua 
practicaban también los primeros cristianos, princi- 
palmente el viernes de cada semana, por ser el dia 
en que "el Esposo nos fué quitado" (9, 15). 



24 



EVAJSTGELIO SEGUN SAN MATEO 6, 20-34 



radan ni roban. 21 Porque allf donde esta tu 
tesoro, alli también estai^a tu corazon". 

22 "La låmpara del cuerpo es el ojo: Si tu 
ojo esta sencillo, todo tu cuerpo gozara de la 
luz; 23 pero si tu ojo esta inservible, todo tu 
cuerpo estara en tinieblas. Luego, si la luz que 
hay en ti es tiniebla, élas tinieblas nusmas, 
cuån grandes serån?". 

24 "Nadie puede servir a dos senores; porque 
odiara al uno y ainara al otro; o se adheriii al 
uno y despreciarå al otra. Vosotros no podéis 
servir a Dios y a Mammon'. 

CONFIANZA EN LA pROVIDENCIA LU t DTVtNO 

Padre. 25 "P6r esto os digo: no os preocupéis 
por vuestra vida: qué comeréis o qué beberéis; 
ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. 
<:No vale mas la vida que el alimento? iy el 
cuerpo mas que el vestido? 2 %Hrad las aves 
del cielo, que no siembran ni siegan, ni juntan 
en graneros; y vuestro Padre celestial las ali- 



21. Jesus nos da aqui una piedra de toque para 
discernir en materia de espiritualidad propia y aje- 
na. que estima algo como un tesoro, no necesita 
que lo fuercen a buscarlo, Por esq San Pablo nos 
quiere llevar por sobre todo al conocimiento de Cris- 
to (Ef. "4, 19). Una vez puesto el corazån en Él, 
es seguro que el mundo ya no podrå seducirnos. 
Véase 13, 44 ss. 

22. Estas palabras se refieren a la recta intention 
o simplicidad del corazon, tan fundamental segun 
toda la Escritura. "Dios, dice S. Bernardo, no mira 
lo que hacéis, sino con qué , voluntad lo hacéis". 
Véase Sab. 1, 1 ss. y nota. Cf. I^uc. 11, 34 y nota. 

24. Para poder entender el sentido literal, en el 
cual se encierra la profunda ensenanza espiritual de 
este texto, necesitamos ver detenidamente qué en- 
tiende Jesus por el uno y el otro. El primero es 
Dios, y el otro es Mammon, nombre que significa 
la personificacién de las riquezas.^ De esto resulta 
que el que ama las riquesas, poniendo en ellas su 
corazén, llega sencillamente a odiar a Dios. Terri- 
ble verdad, que no sera menos real por el hecho de 
que no tengamos conciencia de ese odio. Y aun- 

3ue parezca esto algo tan monstruoso, es bien facil 
e comprender si pensamos que en tal caso la ima- 
gen de Dios se nos representarå dia tras dia como 
la del peor enemigo de esa presunta felicidad en 
que tenemos puesto el corazån; por lo cual no es 
nada sorprendente que lleguemos a odiarlo en el fon- 
do del corazon, aunqué por fuera tratemos de cum- 
plir algunas obras, vacias de amor, por miedo de 
incurrir en el castigo del Omnipotente. En cambio, 
el segundo caso nos muestra que si nos adherimos a 
Dios, esto es, si ponemos nuestro corazon en Él, 
miråndolo como un bien deseable y no como una 
pesada obligacion, entonces sentiremos hacia el mun- 
do y sus riquezas, no ya odio, pero si desprecio, 
como quien posee oro y desdena el cobre que se le 
ofrece en cambio. Santo Tomas sintetiza esta doc- 
trina diciendo que el primer fruto del Evangelio es 
el crecimiento en la fe, o sea en ej conocimiento de 
los atractivos de Dios; y el segundo, consecuencia 
del anterior, sera el desprecio del mundo, tal como 
lo promete Jesus en este versiculo. 

25. Quiere decir: si lo que vale mås (la vida y 
el cuerpo) me ha sido dado gratis y sin que yo lo 
pidiese, ^c6mo no ha de dårseme lo que vale me- 
nos, esto es el alimento para esa vida y el vestido 
para ese cuerpo? Es e l mismo argumento que usa 
San Pablo en el orden espiritual: Dios que no per- 
don6 a su propio Hijo y lo entregå por nosotros 
Jc6mo no habria de darnos con Él todos los bienes? 
(Rom. 8, 32). 

26. Véase un argumento anålogo en Is. 40, 25- 
. 31, donde el divino^ Padre se queja de que se le 

mire como malo e indiferente ante nuestras necesi- 
dades. 



menta. ,jNo valéis vosotros mucho mas que 
ellas? 27 <:Y quién de vosotros puede, por mu- 
cho que se afane, ariadir un codo a su estatura? 
28 Y por el vestido, ^por qué preocuparos? 
Aprended de los lirios del campo: como cre- 
cen; no trabajan, ni hilan, 29 mas Yo os digo, 
que ni Salomon, en toda su magnificencia, se 
vistio como uno de ellos. 30 Si, pues, la hierba 
del campo, que hoy aparece y manana es echa- 
da al horno, Dios asi la engalana ^no (harå 
Él) mucho mas a vosotros, nombres de poca 
fe? 31 No os preocupéis, por consiguiente, di- 
ciendo: 'VQue tendremos para comer? iQué 
tendremos para beber? iQué tendremos para 
vestirnos?" 32 Porque todas estas cosas las co- 
dician los paganos. Vuestro Padre celestial ya 
sabe que teneis necesidad de todo eso. 33 Bus- 
cad, pues, primero el reino de Dios y su ius- 
ticia, y todo eso se os darå por anadidura. 
34 No os preocupéis, entonces, del manana. El 
manana se pieocupara de si mismo. A cada 
dia le basta su propia pena". 



27. A su estatura: otros traducen: a su vida. Con- 
tinuando el divino Maestro con su maravillosa dia- 
léctica, nos presenta aqui Ja cuestion bajo un nuevo 
aspecto: No solo es cierto que el Padre Celestial es 
quien nos lo da todo gratuitamente, y que en Él 
hemos de confiar con mås raz6n que los despre- 
ocupados pajarillos, sino también que, aun cuando 
pretendamos alardear de suficiencia y poner gran 
esfuerzo en nuestras iniciativas, seremos del todo 
impotentes si Él no obra, pues que nada podemos 
ni aun enaquello que nos parece mås nuestro, como 
es la propia vida y la propia estatura. Véase S. 126 
y notas. 

29. Como uno de ellos. Notemos que aqui nos da 
el Senor, de paso, una leccion fundamental de esté- 
tica, e inculca el amor a la naturaleza al mostrar- 
nos la superioridad de las bellezas que su Padre 
nos dio, sobre todas las que puede elaborar el horn- 
bre; y asi los pintores clåsicos estudiaban la ciencia 
del colorido en flores y plumajes de aves. Todos ha- 
bremos observado que, cuando estamos bien de salud 
y con el organismo descongestionado, nuostros ojos 
descubren esplendores nuevos en la luz y el color. 
Pensemos, pues, qué bellezas no veria en ellos la 
Humanidad santisima de Jesus, el ideal del hombre 
perfecto en todo sentido. 

31. En Juan 6, 27, nos muestra Jesus cual es el 
alimento por que hemos de preocuparnos. 
.32. Vuestro Padre sabe. Véase vers. 8 y nota. 

33. Todo el orden econémlco del cristianismo esta 
resumido en esta solemne promesa de Jesus. Su co- 
nocimiento y aceptacién bastaria para dar solucion 
satisfactoria a todos los problemas sociales. La jus- 
ticia, segun la Sagrada Escritura, no ha dé enten- 
derse en .el sentido juridico de dar a cada uno lo 
suyo, sino en el de la justificacion que viene de 
Dios (Rom. 3, 25 s.; 10, 3 ss. y 30 ss.; Filip. 3, 
9) , y de la santidad, que consiste en el cumpli- 
miento de la divina I,ey. Véase S, 4, 6 y nota; 
Hebr. 13, 5. Cf. Luc. 18, 9 ss. y nota, 

34. A cada dia le basta su propia pena: Suavi- 
siraa fevelacion que solemos mirar como un molesto 
freno a nuestros impulsos de dominar el futuro, 
cuando debiera al contrario Uenarnos de alegria. Por- 
que si el Arno para el cual se destinan todos nues- 
tros trabajos y el Dueflo de nuestra vida nos dice 
que de este modo le gusta mås ^por qué hemos de 
empefiarnos en obrar de otro modo mås dificil? Pen- 
semos cuån grande tendria que ser la maldad de 
quien asi ,nos habla si sus promesas no fueran se- 
guras. iPorque ello significarla privarnos de la pru- 
dencia humana, para que luego nos quedåsemos sin 
una cosa ni otral iT$s esto compatible con la com- 
pasién y riqueza de bondad que vemos derrochar a 
cada paso de la vida de Jesus? Sobre esta suavi dad 



EVANGELIO SEGUTC SAN MATEO 7, 1-22 



25 



CAPITULO VII 

No juzgar. !"No juzguéis, para que no 
seais juzgados. 2 Porque el juicio que vosotros 
hacéis, se aplicarå a vosotros, y la medida que 
usais, se usarå para vosotros. 3 iPor qué ves la 
pajuela que esta en el ojo de tu hermano, y no 
reparas en la viga que esta en tu'ojo? 4 éO co- 
mo puedes decir a tu hermano: "Déjame qui- 
tar la pajuela de tu ojo", mientras hay una viga 
en el tuyo? 5 Hipocrita, quita primero la viga 
de tu ojo, y entonces veras bien para sacar la 
pajuela del ojo de tu hermano". 

®"No deis a los perros lo que es santo y no 
echéis vuestras perlas ante los puercos, no sea 
que las pisoteen con sus pies, y después, vol- 
viéndose, os despedacen." 

Poder de la oraci6n. 7 "Pedid y se os dara; 
buscad y encontraréis; golpead y se os abrira. 
8 Porque todo el que pide obtiene; y el que 
busca encuentra; y al que golpea, se le abre. 
^O hay acaso entre vosotros algun hombre 
que al hijo que le pide pan, le dé una piedra; 
10 o si le pide un pescado, le dé una serpiente? 
n Si, pues, vosotros, que sois malos, sabéis dar 



de .Dios que nos presenta la sabiduria como una 
serénidad inquebrantable y muy superior a la sofro- 
syne de los griegos porque cuenta con la infalible 
intervenci6n de una Providencia paternal, véase S. 
36, 4 ss.; 111, 7; Juan 14, 1 y 27, etc. 

1. Se prohibe el juicio temerario. S. Agustin Ob- 
serva al respecto: "Juzguemos de lo que estå de 
manifiesto, pero dejemos a Dios el juicio sobre las 
cosas ocultas" (Luc. 6, 37; Rom. 2, 1). Hay en 
este sentido una distincion fundamental entre el jui- 
cio del projimo que nos estå absolutamente prohibido, 
y el juicio en mat er i a de espiritu que nos es reco- 
mendado por S. Juan, S. Pablo y el mismo Senor 
(7, 15; I Juan 4, 1; I Tes. 5, 21; Hech. 17, 11; 
I Cor. 2, IS). 

2. Es la regla del Padre Nuestro (6, 12 ss.). Im- 
porta mucho comprender que Cristo, al pagar por 
pura misericordia lo que no debia en justicia (S. 68, 
5 y nota), hizo de la misericordia su ley fundamental 
v la condicién indispensable para poder aprovechar 
del don gratuito que la Redenci6n significa; esa Re- 
dencién, sin la cual todos estamos irremisiblemente 
perdidos para siempre. Deducese de aqui, con ca- 
råcter rigurosamente juridico, una gravisima conse- 
cuencia, y es que Dios tratarå sin misericordia a 
aquellos que se hay an creido con derecho a exigir 
del pråjimo la estricta justicia. Basta rå que el di- 
vino Juez les aplique la misma ley de justicia sin 
misericordia, para que todos queden condenados, ya 
que "nadie puede aparecer justo en su presencia" 
(S. 142, 2). Véase la "regla de oro" (v. 12) y la 
Paråbola del siervo deudor (18, 21 ss.). S. Marcos 
(4, 24) anade a este respecto una nueva prueba de 
la geneiosidad de Dios. 

3 ss. Véase en la nota a Luc. 6, 42 el hondo sen- 
tido de este pasaje. 

6. Bl Bvangelio es semilla. No debe darse por la 
fuerza a quienes tienen el espiritu mal dispuesto por 
la soberbia, pues solo conseguiriamos que lo pro- 
fanasen y aumentasen su odio. Porque, como dice 
S. Juan de la Cruz, s61o a los que negando los ape- 
titos se disponen para recibir el espiritu, les es 
dado apacentarse del mismo. Véase Prov. 29, 9 y 
nota. Os despedacen: Véase Hech. 7, 54 y nota. 

7 s. Sobre estas inefables promesas en favor de 
la oraciån, que Jesus hace tan reiteradamente, y que 
nosotros miramos con tan poca fe, véase 21, 22; Marc. 
11, 24; Luc. 11, 9; Juan 14, 13; Sant. 1, 6 y 4, 
3, etc. 

11. A los que le pidan: es decir que, no obstante 



a vuestros hijos cosas buenas, \ cuanto mas 
vuestro Padre celestial dara cosas buenas a los 
que le pidan! 12 Asi que, todo cuanto queréis 
que los hombres os hagan, hacedlo también 
vosotros a ellos; esta es la Ley y los Profetas". 

Los r>os caminos. 13 "Entrad por la puerta 
estrecha, porque ancha es la puerta y espacio- 
so el camino que lleva a la perdicion y muchps 
son los que entran por él. 14 Porque angosta 
es la puerta y estrecho el camino que lleya a 
la vida, y pocos son los que lo encuentran". 

Prevenci6n sobre los falsos profetas . 
15 "Guardaos de los falsos profetas, los cuales 
vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas 
por dentro son lobos rapaces. 16 Los conoce- 
réis por sus frutos. ^Acaso se recogen uvas 
de los espinos o higos de los abrojos? 17 Asi- 
mismo todo arbol bueno da frutos sanos, y to- 
do arbol malo da frutos malos. 18 Un arbol 
bueno no puede llevar frutos malos, ni un år- 
bol malo frutos buenos. ld Todo arbol que no 
produce buen fruto, es cortado y echado al 
fuego. 2 0De modo que por sus frutos los co- 
noceréis". 

21 "No todo el que me dice: "Senor, Senor*', 
entrarå en el reino de los cielos, sino el que 
hace la voluntad de mi Padre celestial. 22 Mu- 
chos me dirån en aquel dia: "Senor, Senor, ^no 
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre 
lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos 

saber bien el Padre cuanto necesitamos (6, 32), se 
goza en recibir el pedido de sus hijos. Dard cosas 
buenas: véase Luc. 11, 13. 

12. 5Js la regla de oro que Jesus nos ofrece para 
guia de nuestra conducta. Notese su caråcter posi- 
tivo, en tanto que el Antiguo Testamente la' presen- 
taba en formå negativa (Tob. 4, 16; Luc. 6, 31; 
Hech. 15, 29). 

14. Por el camino estrecho no pueden pasar sino 
los pequejios. I$s éste un nuevo llamado a la humil- 
dad y al'amor, el cual nos hace cumplir los manda- 
mientos. Véase Luc. 13, 24 y nota, 

15. Jesus, como buen Pastor (Juan 10, 1-29), nos 
previene aqui bondadosamente contra los lobos roba- 
dores, cuya peligrosidad estriba principalmente en que 
no se presentan como antirreligiosos, sino al contrario 
"con piel de oveja", es decir, "con apariencia de pie- 
dad" (II Tim. 3, 5) y disfrazados de servidores de 
Cristo (II Cor. il, 12 ss.). Cf. Luc. 6, 26; 20, 45; 
Juan 5, 43; 7, 18; 21, 15; Hech. 20, 29; I Juan 2, 
19; Rom. 15, 17 s., etc. Para ello nos habilita a fin 
de reconocerlos, pues sin ello no podriamos aprovechar 
de su advertencia. Cf. Juan 7, 17; 10, 4, 8 y 14. 

21. HJntendamos bien lo que significa hacer su 
voluntad. Si buscamos, por ejemplo, que un hombre 
no le robe a otro, para que la sociedad ånde bien, y 
no para que se cumpla la voluntad de Dios, no po- 
demos decir que nuestra actitud es cristiana. Ése 
descuido de la fe sobrenatural nos muestra que hay 
una manera^ atea de cumplir los mandamientos sin 
rendir a Dios el homenaje de reconocimiento y obe- 
diencia, que es lo que Él exige. | Cuåntas veces los 
hombres que el mundo llama honrados, suelen cumplir 
uno u otro precepto moral por puras razones humanas 
sin darse cuenta de que el primero y mayor de Iqs 
mandamientos es amar a Dios con todo nuestro ser! 
( 22. En aquel dia: el dia del juicio, llamado tam- 
bién *'el dia del Senor", "el dia grande", '*dia de 
Cristo", "dia de ira". Cf. S. 117, 24; Is. 2, 12; 
%z. 30, 3 y notas; Joel 1, 15; Abd. 15; Sof. 1, 7; 
Rom. 2, 5; I Cor. 3, 13; II Cor. l, 14; Fil. 1, 6 
y 10; II Pedro 3, 12; Judas 6. 



26 



EfVANGELIO SEGUK SAN MATEO 7, 22-29; 8, 1-31 



cantidad de prodigios?^ 23 Entonces les decla- 
raré: "Tamas os conoci. ;AIejaos de Mi, obra- 
dores de iniquidad!". 

NECJESIDAD DE PONER ÉN PRÅCT1GA ÉL EvANGE- 

lio. 24 Asi^pues, todo el que oye estas palabras 
mias y las pone en practica, se asemejara a un 
varorvsensato que ha edificado su casa sobre la 
roca: 25 Las lluvias cayeron, los torrentes vi- 
nieron, los vientos soplarbn y se arrojaron con- 
tra aquella casa, pero ella no cayo, porque es- 
taba fundada sobre la roca. 26 Y todo el que 
oye estas palabras mias y no las pone en prac- 
tica, se asemejara a un varon insensato que ha 
edificado su casa sobre la arena: 27 Las lluvias 
cayeron, los torrentes vinieron,los vientos so- 
piaron y se arrojaron contra aquella casa, :y 
cayo, y su ruina fué grande". 

^ 8 Y sucedio que, cuando Jesus hubo acabado 
este discurso, las multitudes estaban poseidas 
de admiracion por su doctrina; 2 ^porque les 
ensefiaba como quien tiene autoridad, y no 
como los escribas de ellos. 

CAPfTULO VIII 

El gran Taumaturgo. iQiando bajo de la 
montana, le fueron siguiendo grandes muche- 
dumbres. 2 Y he aqui que un leproso se apro- 
ximo, se prosterno delante de Él y le dijo: 
"Senor, si Tu quieres, puedes limpiarme". 3 Y 
Él, tendiéndole su mano, lo toco y le dijo: 
"Quiero, queda limpio", y al punto fué sanado 
de su lepra. 4 DijoIe entonces Jesus: "Mira, no 
lo digas a nadie; sino ve a fnostrarte al sacer- 
dote y presenta la ofrenda prescrita por Mol- 
sés, para que les sirva de testimonio". 

5 Cuando hubo entrado en Cafarnaum, se le 
aproximo un centurion y le suplico, 6 dicien- 
do: "Senor, mi criado esta en casa, postrado, 
paralitico, y sufre terriblemente". 7 Y Él^le 
dijo: "Yo iré y lo sanaré". 8 Pero el centurion 
replico diciendo: "Senor, yo no soy digno de 
que entres bajo mi techo, mas solamente dilo 
con una palabra y quedara sano mi criado. 
9 Porque también yo, que soy un subordinado, 
tengo soldados a mis ordenes, y digo a éste: 
"Ve" y él va; a aquél: "Ven", y viene; y a mi 
criado: "Haz esto", y lo hace". lOJesus se ad- 
miro al oirlo, y dijo a los que le seguian: "En 
verdad, os digo, en ninguno de Israel he ha- 
llado tanta fe". n Os digo pues: "Muchos lle- 
garån del Oriente y del Occidente y se reclina- 
ran a la mesa con Abrahan, Isaac y Jacob en 
el reino de los cielos, 12 mientras que los hijos 
del reino seran echados a las tinieblas de af ue- 



23. Terribles advertencias para los que se glorlan 
de ser cristianos y no viven la doctrina de Jesucristo, 
Véase Jer. 14, 14 ss., donde el profeta de Dios habla 
contra los falsos profetas y sacerdotes que afausan del 
nomfare del Seiior. 

4. De testdmonio: para que los sacerdotes reconocie<- 
ran el milagro hecho por Él, y certificaran legalmente 
la curacion, 

5. El centurién del ejérrito romano mandaba a clen 
soldados. Aqui se trata de un militar al servido de 
Herodes Antipas, tetrarca de Galilea. ^ ■ 

8. Palabras de humildad incorporadas a la I^iturgia 
de la santa Misa. 



ra; alla sera el Uanto y el rechinar de dientes". 
13 Y dijo Jesus al centurion: "Anda-, como 
creiste, se te cumpla". Y el criado en esa mis- 
ma hora fué sanado. 

14 Entro Jesus en casa de Pedro y vio a la 
suegra de éste, en cama, con fiebre. 15 La tomo 
de la mano y la fiebre la dej 6; y ella se le- 
vanto y le sirvio. 16 Caida ya la tarde, le traje- 
ron muchos endemoniados y expulso a los es- 
piritus con su palabra, y sano a todos los enfer- 
mos. 17 t)e modo que se cumplio lo dicho por 
medio del prof eta Isafas: "Él quit6 nuestras do- 
lencias, y llevo sobre Si nuestras flaquezas". 

1S Y Jesus, viéndose rodeado por una multi- 
tud, mando pasar a la otra orilla. 19 Entonces 
un escriba se acerco y le dijo: "Maestro, te 
seguiré adonde quiera que vayas". 20 Jesus le 
dijo: "Las zorras tiene n sus guaridas, y las aves 
del cielo sus nidos, mas el Hijo del hombre no 
tiene donde reclinar la cabeza". 21 Otro de sus 
discipulos, le dijo: "Senor, permfteme ir pri- 
mero a enterrar a mi padre." 22 Respondiole 
Jesus: "Sigueme, y deja a los muertos enterrar 
a sus muertos". 

jEStfS CALMA LA TEMPESTAD DEL MAR. 2 3Cuan~ 

do subio después a la barca, sus discipulos lo 
acompanaron. 24 Y de pronto el mar se puso 
muy agitado, al punto que las olas llegaban a 
cubrir la barca; Él, en tanto, dormfa. 25 Acer- 
caronse y lo despertaron diciendo: "Sefior, sål- 
vanos, que nos perdemos". 2G É1 les dijo: "^Por 
qué tenéis miedo, desconfiados?" Entonces se 
levanto e increpo a los vientos y al mar, y se 
hizo una gran calma. 2T Y los hombres se ma- 
ravillaron y decfan: "(fQuién es Éste, que aun 
los vientos y el mar le obedecen?". 

Expulsi6n de demonios. 28 Y cuando llego a 
la otra orilla, al pais de los gadarenos, vinieron 
a su encuentro dos endemoniados que salian 
de unos sepulcros y eran en extremo feroces, 
tanto, que nadie podia pasar por aquel camino. 
29 Y se pusieron a gritar: "^Qué tenemos que 
ver contigo, Hijo de Dios? ^Viniste aqui para 
atormentarnos antes de tiempo?" 30 Lejos de 
ellos pacia una piara de muchos puercos. 31 Los 



17. Véase Is. 53, 4. 

20. Bl Hijo del hombre: Es el titulo con que Jesu- 
cristo se presentaba como Meslas Rey segun el profeta 
Daniel lo hafaia aplicado en Dan. 7, 13 (Joiion). — jNo 
tiene donde reclinar la Cftbesa! Jesus hace aqui osten- 
tacion de su pobreza, como todo amigo y todo esposo 
que no quiere ser buscado por su fortuna sino por su 
atractivo y afecto preferente hacia su propia persona 
(cf. IvUc, 9, 57 ss.). ;Y qué mayor atractivo que ese 
mismo, de ver que Aquel por quien y para quien fue- 
ron hechas todas las cosas, carecio de todas — desde el 
pesebre a la cruz — despreciåndolas por amor nuestro 
y miråndonos a nosotros, a cada uno de nosotros, como 
su unico tesoro, como el mås preciado de todos los 
dones que el Padre le hizo! (Juan 10, 29 y nota). 
I^a suavidad de este asombroso amor es tanto mås irre- 
sistible cuanto que lo vemos guardar luego esa pobreza 
para Él solo, en tanto que todo lo temporal lo da 
por anadidura (6, 33) a quienes lo acepten a Él y 
deseen ese Reino en el cual nos promete sentarnos a 
su mesa (Ivuc. 22, 29 s.). 

28. Gadara, ciudad situada al este del mar de Ga- 
lilea. Marcos (5, 1) dice "Gerasa"; I^ucas (8, 26;, 
"Gergesa"; Vulg. : "Gerasa". 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 8, 31-34; 9, 1-34 



27 



demonios le hicieron, pues, esta suplica: "Si nos 
echas, envianos a la piara de puercos". 32 É1 
les dijo: "Andad"; a lo cual ellos salieron y se 
fueron a los puercos. Y he aqui que la piara 
entera se lanzo por el precipicio al mar, y 
perecié en las aguas. 33 Los porqueros. huye- 
ron, y yendo a la ciudad refirieron todo esto, y 
también lo que habia sucedido a los endemo- 
niados. 34 Entonces toda la ciudad salié al en- 
cuentro de Jesus y, al verlo, le rogaron que 
se retirase de su territorio. 

CAPlTULO IX 

Curaci6n de un PARALfTico. iSubiendo a la 
barca, paso al otro la do y vino a su ciudad. 
2 Y he aqui que le presentaron un paralitico, 
postrado en una camilla. Al ver la fe de ellos, 
dijo Jesus al paralitico: "Confia, hijo, te son 
perdonados los pecados". 3 Entonces algunos 
escribas comenzaron a decir interiormente: 
"Éste blasfema". 4 Mas Jesus, viendo sus pen- 
samientos, dijo: "^Por qué pensåis mal en vues- 
tros corazones? iQué es mas facil, decir: "Te 
son perdonados los pecados", o decir: 5 "Levån- 
tate y camina? 6 jY bien! para que sepais que 
tiene poder el Hijo del hombre, sobre la tie- 
rra, de perdonar pecados —dijo, entonces, al 
paralitico — : "Levantate, car^ate la camilla y 
vete a tu casa". 7 Y se levanto y se volvié a su 
casa. s Al ver esto, quedaron las muchedum- 
bres poseidas de ternor y glorificaron a Dios 
que tal potestad habia dado en favor de los 
hombres. 

VocachSn de Mateo, 9 Pasando de alli, vio 
Jesus a un hombre llamado Mateo, sentado 
en la recaudacién de los tributos, y le dijo: 
"Sigueme". Y él se levanto y le siguio. 10 Y 
sucedio que estando Él a la mesa en la casa de 
Mateo, muchos publicanos y pecadores vinie* 
ron a reclinarse con Jesus y sus discipulos. 
11 Viendo lo cual, los fariseos dijeron a los dis- 
cipulos: "iPor qué vuestro maestro come con 
los publicanos y los pecadores?" 12 É1 los oy6 
y dijo: "No son los sanos los que tienen nece- 
sidad de médico, sino los enfermos. * 3 Id, pues, 
y aprended lo que significa: "Misericordia 
quiero y no sacrificio". Porque no he venido 
a Hamar justos, sino pecadores". 

Los DiscfpULOS delBautista. i^Entonces, s e 
acercaron a Él los discipulos de Juan y le di- 
jeron: "<;Por qué nosotros y los fariseos ayu- 
namos mucho, y tus discipulos no ayunan?" 
iSRespondioles Jesus: "<;Pueden los hijos del 



34. Los gadarenos representan a los que rechazan 
la luz de Cristo, pidiéndole "que se retire de su pais", 
o sea de sus casas y corazones, porque aman mås las 
tinieblas que la luz (Juan 3, 19). Cf. Luc. 8, 36 s. 

6. Sanando primero el alma, Jesus nos ensena que 
ésta vale mås que el cuerpo. No se ol vide, pues, la 
preparacién espiritual de los enfermos. Cf. Sant. 5, 
14 s. 

11. Véase Luc. 5 ( 32 y nota; 15, 2 ss.; Juan 6, 37. 

13. Véase Os. 6, 6; I Rey. 15, 22; Ecli. 35, 4. 

15. 151 Bsposo de esta paråbola es el mismo Jesus; 
sus amigos, los apåstoles, no pod San ayunar como si 
hicieran duelo por su presencia. 1$n las bodas de los 



esposo afligirse mientras el esposo esta con 
ellos? Pero vendran dias en que el esposo les 
sera quitado, y entonces ayunaran. 16 Nadie 
pone un remiendo de paiio nuevo en un vesti- 
do vie jo, porque aquel pedazo entero tira del 
vestido, y se nace peor la rotura. 17 Ni tam- 
poco se echa vino nuevo en cueros viejos; de 
otra manera, los cueros revientan, y el vino se 
derrama, y los cueros se pierden; sino que el 
vino nuevo se echa en cueros nuevos, y asi 
ambos se conservan." 

jEStlS SANA A LA HEMORROISA Y RESUCITA A LA 

hija de Jairo. 18 Mientras les decia estas cosas, 
un magistrado se le acerco, se prosterno y le 
dijo: "Mi hija acaba de morir, pero ven a po- 
ner sobre ella tu mano y revivirå". 19 Jestis se 
levanto y lo siguio; y también sus discipulos. 
^°Y he ahi que una mujer que padecia un flu- 
jo de sangre hacia doce anos, se aproximo a 
Él por detrås y toco la franja de su vestido. 
21 Porque ella se decia: "Con que toque sola- 
mente su vestido, quedaré sana", 22 Mas Jesus, 
volviéndose, la miro y dijo: "Confianza, hija, 
tu fe te ha sanado". Y quedo sana des de aque- 
11a hora. 23 Cuando Jesus llego a la casa del 
magistrado, vio a los flautistas, y al gentio 
que hacia alboroto, 24 y dijo: "jRetiraos! La 
nina no ha muerto sino que duerme". Y se 
refan de Él. 25 Después, echada fuera la turba, 
entro Él, tomo la mano de la nina, y ésta se 
levanto. 26 Y la noticia del hecho se difundio 
por toda aquella regien. 

jEstJS da vista a dos ciEGOS. 27 Cuando salia 
Jesus de alli, dos ciegos lo siguieron, gritando: 
";Ten piedad de nosotros, Hijo de David!" 
28Y al llegar a la casa, los ciegos se le acerca- 
ron, y Jesus les dijo: "^Creéis que puedo hacer 
eso?" Respondiéronle: "Si, Seiior". 29£nton- 
ces les toco los ojos diciendo: "Os sea hecho 
segiin vuestra fe". Y sus ojos se abrieron. 
30 Y Jesus les orden6 rigurosamente: ";Mirad 
que nadie lo sepal". 31 Pero ellos, luego que 
salieron, hablaron de Él por toda aquella tierra. 

Curaci6n de xjn mudo. 32 Cuando ellos hu- 
bieron salido, le presentaron un mudo ende- 
moniado. ^Y echado el demonio, hablé el 
mudo, y las multitudes, llenas de admiracién, 
se pusieron a decir: "Jamas se ha visto cosa 
parecida en Israel". 34 Pero los fariseos decian: 
Por obra del principe de los demonios lanza 
a los demonios . 

judios los amigos solian acompanar al esposo cuando 
éste salia al encuentro de la esposa (Mat. 25, 1-13; 
Juan 3, 29). ^Sobre el ayuno véase 6, 16 y nota. , 

18. Un magistrado: segun S. Marc. 5, 22, uno de 
los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. No se dice si 
éste, como autoridad religiosa, admutia las ensefianzas 
de Jesus. Lo que si vemos, es que recurre a Él cuan- 
do necesita de sus mil ag ro s. , 

22. I£s una måxima del reino de Dios: "Dios 
resiste a los soberbios, y da su gracia a los humil- 
des" (Sant. 4, 6). La fe humilde y confiada que 
di6 eficacia a la oraciån de la enferma, es condi- 
ctén indispensahle de toda oraci6n (Sant. 4, 3 ss.). 

27. Hijo de David, esto es, en el senlir de los 
judios, el Mesias prometido. Cf. 1, 1 ss. y nota. 



28 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 9, 35-38; 10, 1-23 



^Y Jesus recorria todag las ciudades y las 
aldeas, enseiiando en sus sinagogas y procla- 
mando la Buena Nueva del Reino, y sanando 
toda enfermedad y toda dolencia. 36 Y viendo 
a las muchedumbres, tuvo compasion de ellas, 
porque estaban como ovejas que no tienen 
pastor, esquilmadas y abatidas. 37 Entonces di- 
jo a sus discipulos: "La mies es grande, mas los 
obreros son pocos. 38 Rogad pues al Dueno de 
la mies que envie obreros a *su mies". 

CAPITULO X 

Nombres de .los ap6stoles, X Y llamando a 
sus doce discipulos, les dio potestad de echar 
a los espiritus inmundos y de sanar toda en- 
fermedad y toda dolencia. 2 He aqui los nom- 
bres de los doce Apostoles: primero Simon, 
llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santia- 
go el de Zebedeo y Juan su hermano; 3 Felipe 
y Bartolomé; Tomas y Mateo el publicano-, 
Santiago, el de Alfeo, y Tadeo; 4 Simon el Ca- 
naneo, y Judas el Iscariote, ' el mismo que lo 
entrego. 

Misi6n de los Doce. 6 Estos son los Doce 
que Jesus envio, después de haberles dado ins- 
trucciones, diciendo: "No vayais hacia los gen- 
tiles y no entréis en ninguna ciudad de sama- 
ritanos, e sino id mas bien a las ovejas perdidas 
de la casa de Israel. 'Y de camino predicad 
diciendo: "El reino de los cielos se ha acer- 
cado." 8 Sanad enfermos, resucitad muertos, 
limpiad leprosos, echad fuera demonios. Reci- 
bisteis gratuitamente, dad gratukamente. 9 No 



36. Cf. S. 13, 4 y nota. 

37. La paråbola de la mies y de los obreros tiene 
para nosotros el sentido de que faltan obreros en la 
Vina de Dios: sacerdotes y laicos celosos, lletios 
de espiritu de apostolado. Jesus ensena que estos 
obreros se han de pedir al Padre, porque solo Él es 
quien bace el llamado, Véase 15, 13; Juan 6, 37 y 
44; I Tim. 5, 22. Rogad: quizå quiere Jesus que se 
unan a su oracion por los doce que va a Hamar 
en seguida (10, 1 s.). 

2. Pedro, en arameo Kefa, esto es, piedra, lla- 
mado asi porque a él sera entregada la primacia (16, 
17-19; Luc. 22, 31 s.; Juan 21, 15-17). 

4. Iscariote f es decir, hombre de Cariot, pueblo 
ubicado cerca de Jerusalén (Jos. 15, 25). 

5. Gentiles y samaritanos, no son excluidos del 
reino de Dios; sin embargo, queria Jesus evangelizar 
primero las ovejas perdidas de su propio puehlo, y 
después a los demås. Véase Is. 9, 1 y nota. 

6. Cf. 15, 24; 28, 19; Luc. 24, 47. Después de 
Pentecostés S. Pedro ahriå la puerta a los gentiles 
(Hech. 10) para ser "injertados" en el tronco de 
Israel (Rom. 11, 11-24) y manifesto que ello era 
a causa de la incredulidad de la Sinagoga Øhid. 
30 s.) y asi lo confirmå el Concilio de Jerusalén 
(Hech. 15). Mås tarde el pueblo judio de la Dis- 
persiån rechazå también Ja predicaciån apostålica y 
entonces Pablo les anuncio que la salvaciån pasaba 
a los gentiles (Hech. 28, 23 ss.) y desde la prision 
escribiå a los Efesios sobre el Misterio del Cuerpo 
Mistico (Ef. 1, 22), escondido desde todos los siglos 
(Ef. 3, 9; Col. 1, 26), por el cual los gentiles son 
llamados a él (Ef. 3, 6), no habiendo ya diferencia 
alguna entre judio y gentil. 

9 s. En estas palahras se contiene una exhorta- 
ci6n a amar y practicar la pobreza, un llamado espe- 
cial que Dios hace a los religiosos y sacerdotes que 
se dedican al sagrado ministerio. Jesus manda, tanto 
a los apåstoles, como a los discipulos (Luc. 10, 4), 
que no lleven bolsa, ni alforja, ni dinero, confiando 



tengais ni oro, ni plata, ni cobre en vuestros 
cintos; 10 ni alforja para el camino, ni dos tuni- 
cas, ni sandalias, ni baston; porque el obrero 
es acreedor a su sustento. "Llepdos a una 
ciudad o aldea, informaos de quien en ella es 
digno, y quedaos alli hasta vuestra partida, 
12 Al entrar a una casa decidle el saludo (de paz). 
13 Si la casa es digna, venga vuestra paz a ella; 
mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a 
vosotros. 14 Y si alguno no quiere recibiros ni 
escuchar vuestras palabras, salid de aquella casa 
o de aquella ciudad y sacudid el polvo de 
vuestros pies. 15 En verdad, os digo ; que en el 
dia del juicio (el destino) sera mas tolerable 
para la tierra de Sodoma y Gomorra que para 
aquella ciudad." 

Prediccion de persecuciones. 16 "Mirad que 
Yo os envio como ovejas en medio de lobos, 
Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sen- 
cillos como las palomas, 17 Guardaos de los 
hombres, porque os entregaran a los sanhedri- 
nes y os azotarån en sus sinagogas, 18 y por 
causa de Mi seréis llevados ante gobernadores 
y reyes, en testimonio para ellos y para las 
naciones. 19 Mas cuando os entregaren, no os 
preocupéis de como o qué hablaréis. Lo que 
habéis de decir os sera dado en aquella misma 
hora. 20 Porque no sois vosotros los que ha- 
fa låis, sino que el Espiritu de vuestro Padre 
es quien habla en vosotros. 21 Y entregara a la 
muerte hermano a hermano y padre a hijo;y 
se levantaran hi jos contra padres y los harån 
morir. 22 Y seréis odiados de todos por causa 
de mi nombre; pero el que perseverare hasta 
el fin, ése sera salvo. 23 Cuando os persiguieren 



en la eficacia propia de la divina Palabra, cuya pre- 
dicaciån es el objeto por excelencia del apostolado, 
segun se nos muestra en la despedida de Jesus 
(28, 19 s„ Marc. 16, 15); en la conducta de los 
Doce después de Pentecostés (Hech, 6, 2) y en las 
declaraciones de S. Pablo (I Cor. 1, 17; 9, 16). 

12. Ksta costumbre, todavia hoy mantenida en 
Or i ente, de darse el saludo La pas sea contigo, era 
seguida fielmente por los primeros cristianos. iQué 
bien seria restaurarla segun lo ensena aqui el Maes- 
tro! Satudar, en lenguaje pagano, es desear la salud. 
Dn lenguaje cristiano, es desear la paz, que es cosa 
del alma. Cf. Luc. 1, 28 y nota. 

16. Como ovejas en medio de lobos: He aqui el 
sello que nos perroite en todos los tiempos reconocer 
a los discipulos. Un humllde predicador, atacado por 
un poderoso que defendia el brillo mundano de sus 
posiciones sacudidas por la elocuencia del EvangeKo, 
se limitå a dar esta respuesta: "Una sola cosa me 
interesa en este caso, y es que Jesus no vea en mi 
al lobo sino al cordero". Como las serpientes: Entre 
los pueblos de Oriente la serpientc era simholo de 
la prudencia y de las ciencias ocultas. N6tese, con 
S, Gregorio Magno, que el Senor recomienda la 
uniån de la prudencia con la sencillez. Ésta para 
con Dios y aquella para con los hombres, como ve- 
mos en el 'v, 17 y ss. 

19. Cf. Luc. 21, 14 y nota. 

23. La venida del Hijo del hombre es, indu dahle- 
mente, e' retorno de Jesus al fin de los tiempos, y 
no podemos pensar que tal expresion se refiera a la 
ruina de Jerusalén, que ocurrio cuarenta afios mås 
tarde. La profecia de Jesus se cumplio ya en parte 
al pie de la letra, puesto que los apostoles, recha- 
zados en su predicaciån, hubieron de abandonar la 
Palestina sin evangelizar todas sus ciudades, lo cual, 
por tanto, ni se hizo entonces ni se ha hecho des- 
pués. Las palabras del divino Maestro significaban, 



KVANGELIO SEGUN SAN MATEO 10, 23-42; 11, 1-6 



29 



en una ciudad, huid a otra. En verdad, os 
digo, no acabaréis (de predicar en) las ciuda- 
des de Israel antes que venga el Hiio del 
Hombre.'; 

24"£j discipulo no es mejor que su maestro, 
ni el siervo mejor que su amo. 25 Basta al dis- 
cipulo ser como su maestro, y al siervo ser 
como su anio. Si al dueno de casa llamaron 
Beelzebul, i cuanto mas a los de su casa? 26 No 
los temais. Nada hay oculto que no deba ser 
descubierto, y nada secreto que no deba ser 
conocido. 27 Lo que os digo en las tinieblas, 
repetidlo en pleno dia; lo que ois al oido, 
proclamadlo desde las azoteas. 28 Y no temais 
a los que matan el cuerpo, y que no pueden 
matar el alma; mas temed a aquel que puede 
perder alma y cuerpo en la gehenna. ^No 
se venden dos gorriones por un as? Ahora bien, 
ni uno de ellos caera en tierra sin disposicion 
de vuestro Padre. 30 En cuanto a vosotros, to- 
dos los cabellos de vuestra cabeza estan con- 
tados. 31 No temais, pues; vosotros valéis mas 
que muchos gorriones." 

Exhortaciones y oonsuelos. 32 "A todo aquel 
que me confiese delante de los hombres, Yo 
también lo confesaré delante de mi Padre ce- 
Iestial; 33 mas a quien me niegue delante de los 
hombres, Yo también lo negaré delante de mi 
Padre celestial. M No creais que he venido a 
traer la paz sobre la tierra. No he venido a 
traer paz, sino espada, 35 He venido, en efecto, 
a separar al hombre de. su padre, a la hija de 
su madre, a la nuera de su suegra; 36 v serån 
enemigos del hombre los de su propia casa. 
37 Quien ama a su padre o a su madre mas que 
a Mi, no es digno de Mi; y quien ama a su 
hijo o a su hija mas que a Mi, no es digno de 
Mi. 38 Quien no toma su cruz y me sigue, no 
es digno de Mi. 39 Quien halla su vida, la per- 



pues, una prevencién a los apéstoles de que Israel 
no los recihiria favorablemente, prevencion que Je- 
sus les da a fin de que no se sorprendan al ser 
rechazados. Cf. Hech, 13, 46 y nota. S. Hilario re- 
fiere este pasaje a la conversiån final de Israel, con 
motivo de la Parusia. 

24. Ml discipulo no es mejor que su maestro: 
He aqui una de esas palahras definitivas de Jesus, 
que debieran hastar para que nunca jamås aceptå- 
semos la menor bonra, i Tu vo honores el Maestro ? 
No. Tuvo insultos. I^uego si Él no los tuvo. no dehe 
buscarlos nadie porque nadie es mås que Él. Véase 
Ivuc. 6, 40; Fil. 2, 7 y nota. 

25. Beehebul (Dios de las moscas) es un nomhre 
despectivo que los judios dahan a Satanås o a al- 
guno de los principes de los demonios (IV Rey. 1, 2). 

27. Cf. Hech. 28, 23 y nota. 

28. Gehenna: infierno. Véase 5, 22; I Juan 4, 
18 y notas. 

29. Por un as, moneda que en friempos de Cristo 
equivalia a 1/16 de denario, unos cinco centavos ar- 
gentinos. 

34. Iva verdad es como una espada. No puede 
transigir con las conveniencias del __ mundo. Por eso 
los verdaderos discipulos de Jesucristo serån siempre 
perseguidos. El Senor no envia sus elegidos para las 
glorias del mundo sino para las persecuciones, tal 
como Él mismo ha sido enviado por su Padre. Cf. 
Juan 17, 18; I,uc. 12, 51 s.; 22, 36 y nota. 

38. Cf. 16, 24 ss. 

39. Quien halla su vida, esto es, quien se com- 
place en esta peregrmaciån y se arraiga en ella como 
si fuera la verdadera vida. Ese tal, ya habrå tenido 



dera; y quien pierde su vida por -Mi, la ha- 
llara." m 

^Quien a vosotros recibe, a Mi me recibe, 
y quien me recibe a Mi, recibe a Aquel que 
me envio. 41 Quien recibe a un prof eta a titulo 
de prof eta, recibirå la recompensa de prof eta; 
quien recibe a un justo a titulo de justo, reci- 
birå, la recompensa del justo. 42 Y quienquiera 
diere de beber tan solo ijn vaso de agua fria 
a uno de estos pequenos, a titulo de discipulo, 
en verdad os digo, no perdera su recompensa." 

CAPITULO XI 

jEStjs y el Bautista. ] Cuando Jesus hubo 
acabado de dar asi instrucciones a sus doce 
apostoles, partio de alli para ensenar y predi- 
car en las ciudades de ellos. 2 Y Juan, al oir 
en su prision las obras de Cristo, le envio a 
preguntar por medio de sus discipulos: ^^Eres 
Tu «E1 que viene», o debemos esperar a otro?" 
yesus les respondio y di) o: "Id y anunciad a 
Juan lo que ois y veis: 5 Ciegos ven, cojos 
andan, leprosos son curados, sordos oyen, muer- 
tos resucitan, y pobres son evangelizados; 6 ;y 



aqui "sus bienes" como dijo Jesus al ^pulon (I^uc. 

16, 25) y no le quedarå otra vida que esperar. Véase 
el ejemplo de los Recabitas en Jer. 35. Otros tra- 
ducen: "quien conserva su alma", esto es, quien 
pretende salvarse por su propio esfuerzo, sin recurrir 
al unico Salvador, Jesus. Véase Luc. 14, 26 ss.; 

17, 33 y notas. 

40. A Mi me recibe: Jesus mismo vive en sus 
discipulos; es lo que da su significacion a este com- 
portamiento. Y cuando Jesus hahla del "ethos" de 
la relacion filial con Dios, de la actitud ahierta y 
sin reservas f rente al Padre y del amor fraterno 
reciproco que ha de unir a los hijos de Dios, el 
semtido de esta actitud se fundamenta asimismo par- 
ti end o de la persona de Jesus. "E)l que por Mi reci- 
biere a un nino como éste, a Mi me recibe; y el 
que escandalizare a uno de estos pequenos que er een 
en Mi, mas le valiera que le colgasen al cuello una 
piedra de molmo de asno y le arrojaran al fondo 
del mar" (Mat. 18, 5-6) (Guardini). 

42. Si los qiie solo apagan la sed fisica de un dis- 
cipulo de Cristo, ohtendrån su recompensa ,r cuanto 
mås la recibirån los ministros de Cristo que apaguen 
en las* alma s la sed de verdad? 

3. Bl que viene, esto es, el Mesias, rey de Israel, 
anunciado por los profetas. Véase Juan 6, 14 ; 11, 
27 y nota. En el v. 5 Jesus se presenta con las pa- 
labras con que lo anunciara Isaias (Is. 35, 5 ; 61, 
1 y notas). Y como bien sahia Él que habia de ser 
rechazado, expresa en el v. 6 la hienaventuranza de 
aquellos que excepcionalmente no hallaren en Él un 
tropiezo, 

5. En vez de larga respuesta, Jesus, muestra a los 
enviados los prodigios que estaba obrando cuando 
ellos llegaron^ y les prueba de este modo que Él es 
el Mesias, en quien se han cumplido las profecias 
(Is. 35, 5 s,; 61, 1). 

6. Dichoso el que no se escandalizare de Mi: Es 
decir, dichoso el que sabe reconocer que las prece- 
dentes palahras de Isaias sobre el Mesias Rey se 
cumplen realmente en Mi (cf. I,uc. 4, 21 y nota), y 
no tropieza y cae en la^ duda como los demås, es- 
candalizado por las apariencias de que soy un car- 
pintero (Mat 13, 55; Marc. 6, 3), y porque apa- 
rezco oriundo de Nazaret siendo de Belén (Mat. 21, 
11; Juan 7, 41 y 52), y porque mi doctrina es con- 
traria a la de los hombres tenidos por sabios y vir- 
tuosos, como los fariseos. Dichoso el que cree a 
pesar de esas apariencias, porque ve esas obras que 
Yo hago (Juan 10 f 33; 14, 12) y esas palabras que 
ningun otro hombre dijo (Juan 7, 46), y juzga con 
un juicio recto y no por las apariencias (Juan 7, 



30 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 11. 6-30 



dichoso el que no se escandalizare de Mi!'* 
Vt cuando ellos se retiraron, ^Jesus se puso 
a decir a las multitudes a proposito de Juan: 
"iQué salisteis a ver al desierto? tAcaso una 
cafia sacudida por el viento? 8 Y si no, ^qué 
fuisteis a ver? ^Un hombre ataviado con ves- 
tidos lujosos? Pero los que llevan vestidos lu- 
joso£ estan en las casas de los reyes. 9 Entonces 
équé salisteis a ver? <;Un profeta? Si, os digo ; 
y mas que prof eta. 10 Éste es de quien estå 
escrito: ct He ahi que Yo envio a mi mensajero 
que te preceda, el cual prepararå tu camino 
delante de ti." n En verdad, os digo, no se ha 
levantado entre los hijos de mujer, uno mayor 
que Juan el Bautista-, pero el mas pexjueno en 
el reino de los cielos es mas grande que él. 
12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta 
ahora, el reino de los cielos padece fuerza, y 
los que usan la fuerza se apoderan de él. 
13 Todos los profetas, lo mismo que la Ley, han 
profetizado hasta Jnaru 14 Y, si queréis creerlo, 
él mismo es Elias, cl que debia venir. 15 ;Quién 
tiene oidos oiga!" 

Terquedad del pueblo. 16 "éPero, con quien 
comparar la raza esta? Es seme jante a mucha- 
chos que, sentados en las plazas, gritan a sus 
camaradas: 17 Os tocamos la flauta y no dan- 
zasteis, entonamos cantos funebres y no pla- 



24). Porque los que dudan de los escritos de Moisés 
y de los Profetas (Juan 5, 46) no creerian aunque 
un muerto resucitara y les hablase. (L,uc. 16, 31)* 
i Y esto les påså aun a los apåstoles con el misino 
Jesus resucitado! (IyUc. 24, 11). Dichoso el que sabe 
reconocer, en esa felicidad hoy anunciada a los po- 
bres y cumplida en estos milagros, las profecias 
gloriosas sobre el Mesias Rey que, junto con dominar 
toda la tierra (S. 71, 8), tiene esa predilecciån 
que Yo demuestro por los pobres (S. 71, 12 ss.; 
Luc. 4, 18). Dichoso, en fin, el que, al pie de la 
Cruz, siga creyendo todavia, c om o Abrahån, contra 
toda esperanza (Rom. 4, 18), como creyo mi Madre 
(Luc. 1, 45; Juan 19, 25 y nota) y comprenda las 
Escrituras segun las cuales era necesafio que el 
Mesias padeciese mucho, muriese y resucitase (I*uc. 
24, 26 s. y 45 s.; Juan 11, 51s.;,Hech. 3, 22 y 
nota). Por eso nadie puede ir a Jesus si no le atrae 
especialmente el divino Padre (Juan 6, 44), porque 
es demasiado escandaloso el misterio de un Dios 
victima de amor (I Cor. 1, 23). Por eso muchas 
veces, aunque nos decimos er ey en tes, no creemos, 
porque somos como el pedregal (Mat. 13, 21). Véase 
Luc. 7, 23 y nota. 

■11. Es decir: Juan es el mayor de los profetas 
del antiguo Testamento, pero la nueva alianza, el 
Reino de Jesucristo, sera tan superior que cualquiera 
en él sera mayor que Juan porque Él lo constituirå 
sobre todos sus bien es (24, 46 s.; Hebr. 8, 8 s.)- En 
cuan-to a la Iglesia, fundada cuando Israel rechazå 
el reino del Mesias (cf. 16, 16 ss.; Rom. 11, 12 y 15 
y notas), vemos cuån privilegiada es desde ahora 
nuestra situacion de verdaderos hijos de Dios y her- 
manos d e Jesus. Véase Juan 1, 11-12; 11, 52; %t 1, 
5 y notas, etc. 

12. Segun algunos, los que no hacen violencia a 
Dios con su confiansa inquebrantable, no entrarån 
en el reino de los cielos. Otros exégetas toman estas 
palabras en sentido profético, refiriéndolas a las per- 
secuciones que el Reino de Dios ha de sufrir en la 
tierra. Véase Luc. 16, 16 y nota. Se apoderan de él: 
asi también Buzy y la Biblia Pirot. Cf. 23, 13. 

14. Muchos consideraban al Bautista como el pro- 
feta f EUas, el cual, conforme a la profecia de Ma- 
laquias (4, 5), ha de volver ål mundo. Véase 17, 11 
y nota. 



nisteis. 18 Porque; vino Juan, que ni comia ni 
bebia, y dicen: t( Esta endemoniado." 19 Vino el 
Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: 
"Es un gloton y borracho, amigo de publi- 
canos y de pecadores ." Mas la Sabiduria ha 
sido justificada por sus obras." 

;Ay de las ciudades impenitentes! 20 Enton- 
ces se puso a maldecir a las ciudades donde 
habia hecho el mayor numero de sus milagros, 
porque no se habian arrepentido: 21 ";Ay de ti 
Corazin! ;Ay de ti Betsaida! porque si en Tiro 
y en Sidon se hubiesen hecho los prodigios 
que han sido hechos en vosotras, desde hace 
mucho tiempo se habrian arrepentido en saco 
y en ceniza. 22 Por eso os digo, que el dia 
del juicio sera mas soportable para Tiro y 
Sidon que para vosotras. 23 Y tu, Cafarnaum, 
cjacaso habras de ser exaltada hasta el cielo? 
Hasta el abismo seras abatida, Porque si en 
Sodoma hubiesen sucedido las maravillas que 
han sido hechas en ti, aun estaria ella en pie 
el dia de hoy ; 24 Por eso te digo que el dia 
del juicio sera mas soportable para la tierra 
de Sodoma que para ti. : ' 

Infancia espiritual. 25 Por aquel tiempo Je- 
sus di6 una respuesta, diciendo: {t Yo te alabo, 
oh Padre, Sefior del cielo y de la tierra, por- 
que encubres estas cosas a los sabios y a los 
prudentes, y las revelas a los pequenos. 26 Asf 
es, oh Padre, porque esto es lo que te agrada 
a Ti. 27 A Mi me ha sido transmitido todo por 
mi Padre, . y nadie conoce bien al Hijo sino 
el Padre, ni al Padre conoce bien nadie sino 
el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere reve- 
lar (lo). 28 Venid a Mi todos los agobiados y 
los cargados, y Yo os hare descansar. 29 Tomad 
sobre vosotros el yugo mio, y dejaos instruir 
por Mi, porque manso soy y humilde en el 
corazon; y encontraréis reposo para vuestras 
vidas. ^Porque mi yugo es excelente*, y mi 
carga es liviana." 



19. Véase Luc. 7, 35 y nota. I^a Sabiduria in- 
creada es el mismo Verbo divino que se hizo carne. 
Sus obras le dan testimonio, como Él mismo lo dijo 
muchas veces (Juan TO, 37 s.; 12, 37-40; 15, 22-25). 

21 s. Corazin y Betsaida eran ciudades vecinas a 
Cafarnaum. l,as tres son aqui maldecidas por su 
Incredulidad e infidelidad a los privile^ios de que 
se gloriaban (cf. 7, 23; I,uc. 13, 27). Tiro y Siden: 
dos ciudades paganas de Fenicia. 

25. E'l Evangelio no es privilegio de los que se 
creen sabios y prudentes, sino que abre sus paginas 
a todos los hombres de buena voluntad, sobre todo 
a los pequeiiueloSj esto es, a los pobres en el espi- 
ritu y humildes de corazon, porque "aqui tienen 
todos a t Cristo, suroo y perfecto ejemplar de justi- 
cia, caridad y misericordia, y estan abiertas para el 
género huniano, herido y tembloroso, las fuentes de 
aquella divina gracia, postergada la cual y dejada 
a un lado, ni los pueblos ni sus gobernantes pueden 
iniciar nt consolidar la tranquilidad social y la con- 
cordia" (Pio XII en Ja Enciclica "Divino Affiante 
Spiritu").- 

28. No sålo los muy agobiados; también todos los 
cargados, para que la vida les sea llevadera. 

29. Notese que no dice que soy manso, sino por- 
que soy manso. No se pone aqui como modelo, sino 
como Maestro al cual debemos ir sin timidez, puesio 
que es manso y no se irrita al vemos tan torp es. t 

30. El adjetivo griego "jrestos" que Jesus aplica 



jiiVANGELIO SEGUN SAN MATEO 12, 1-34 



31 



CAPITULO XII 

CONTROVERSIAS SOBRE EL SABADO. X Por aquel 

tiempOj Jesus iba pasando un dia de sabado, 
a traves de los sembrados; y sus discipulos, 
teniendo hambre, se pusieron a arrancar aigu- 
nas espigas y a comerlas. 2 Viendo esto, los 
fariseos le dijeron: "Tus discipulos hacen lo 
que no es licito* hacer en sabado." 3 Jesus les 
dij o : " {jNo habéis leido, pues, lo que hizo 
David cuando tuvo hambre él y los que esta- 
ban con él, 4 como entro en la casa de Dios y 
com'io los panes de la proposicion, que no 
era licito comer ni a él, ni a sus companeros, 
sino solamente a los sacerdotes? 5 <jNo habéis 
asimismo leido en la Ley, que el dia de sabado, 
los sacerdotes, en el templo, violan el reposo 
sabatico y lo hacen sin culpa? 6 Ahora bien, os 
digo, hay aqui (alguien) mayor que el Tem- 
plo. 7 Si hubieseis comprendido* lo tjue signi- 
fica: "Misericordia quiero, y no sacrificio", 
no condenarfais a unos inocentes. 8 Porque Se- 
nor del sabado es el Hijo del hombre." 

SDe alli se fué a la sinagoga de ellos; y he 
aqui un hombre que tenia una mano seca. 10 Y 
le propusieron esta cuestion: "^Es licito curar 
el dia de sabado?" — a fin de poder acusarlo — . 
n Él les dij o: "iCual sera de entre vosotros el 

?[ue teniendo una sola oveja, si ésta cae en un 
oso, el dia de sabado, no ira a tomarla y le- 
vantarla? 12 Ahora bien, icuanto mas vale el 
hombre que una oveja! Por consiguiente, es 
licito hacer bien el dia de sabado." 13 Enton- 
ces dij o al hombre: ""Extiende tu mano." El 
la extendio, y le fué restituida como la otra. 
14 Pero los fariseos salieron y deliberaron contra 
Él sobre el modo de hacerlo perecer. 15 Jesus, 



a su yugo, es él mismo que se usa en I*uc. 5, 39 
para calificar el vino affeje De ahi que es mås 
exacto traducirlo por "excelente", pues "llevadero" 
solo da la idea de un mal menor, en tanto que Jesus 
nos ofrece un bien positivo, el bien mås grande para 
nuestra fel'icidad un temporal, siempre que le crea- 
mos. El yugo es para la carne mala, mas no para 
el espiritu, al cual, por el contrario, El le conquista 
la libertad (Juan 8, 31 s.; II Cor. 3, 17; Gål. 2, 
4; Sant, 2, 12). Record emos siempre esta divina for- 
mula, como una gran luz para nuestra vida espi- 
ritual. El Evangelio donde el Hijo nos da a conocer 
las maravillas del Eterno Padre, es un mensaje de 
amor, y no un simple c 6 digo penal. El que lo co- 
nozca lo amarå, es decir, no lo mirarå ya como una 
obligacion sino como un tesoro, y entonces si que le 
sera suave el yugo de Cristo, asi como el avaro se 
sacrifica gustosamente por su oro, o como la esposa 
lo deja todo por seguir a aquel que ama. Jesus 
acentua esta revelacion en Juan 14, 23 s., al decir 
a San Judas Tadeo que quien lo ama observarå su 
doctrina y el que no lo ama no guardarå sus pala- 
bras, Tal es el sentido espiritual de las paråbolas 
del tesoro escondido y de la perla preciosa (13, 44 
ss.). Del conocimiento viene el amor, esto es, la fe 
obra por la caridad (Gål. 5, 6). Y si no hav amor, 
aunque hubiera obras, novaldrian nada (I Cor. 13, 
1 ss.). Todo precepto es ligero para el que ama, dice 
S. Agustin; amando, nada cuesta el trabajo: Ubi 
amatur, non laboratur. 

4. Alude Jesus a la histori a que se refiere en el 
primer libro de los Reyes 21, 1-6. kos panes de la 
proposiciån, son los doce panes que cada semana se 
colocaban como sacrificio en la mesa de oro en el 
Santo del Templo. Véase I^ev. 24, 5 ss. 

7. Véase 9, 13; Os. 6, 6; Ecli. 35, 4. 



al saberlo,-se alejo de alli. Y muchos lo siguie- 
ron, y los sano a todos. 16 Y les mando rigu- 
rosamente que no lo diesen a conocer; 17 para 
que se cumpliese la^ palabra del prof eta Isaias 
que dijo: 18 "He aqui a mi siervo, a quien elegi, 
el Amado, en quien mi alma se compjace. Pon- 
dré mi Espiritu sobre Él, y anunciara el juicio 
a las naciones. 19 No disputara, ni gritara, y 
nadie oira su voz en las plazas. 20 No quebrara 
la cana cascada, ni extinguirå la mecha que 
aun humea, hasta que lleve el juicio a la Vic- 
toria*, 21 y en su nombre pondran las naciones 
su esperanza." 

El pecado contra el EspfRiTu. 22 Entonces 
le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y 
lo sano, de modo que hablaba y veia. 23 Y to- 
das las multitudes quedaron estupefactas y dije- 
ron: "(jSera éste el Hijo de David?" ^Mas los 
fariseos, oyendo esto, dijeron: "Él no echa los 
demonios sino por Beelzebul, el principe de 
los demonios." 25 Conociendo sus pensamientos, 
les dijo entonces: "Todo reino dividido con- 
tra si mismo, esta arruinado, y toda ciudad o 
casa dividida contra si misma, no puede sub- 
sistir. 26 Si Satanas arroja a Satanas, contra sj 
mismo estå dividido: entonces, icomo podra 
subsistir su reino? 27 Y si Yo, por mi parte, 
echo los demonios por Beelzebul, ^por quien 
los echan vuestros hi jos? Por esto ellos seran 
^uestros jueces. 28 Pero si por el Espiritu de 
Dios echo Yo los demonios, es evidente que 
ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 ^0 si 
no, como puede alguien entrar en la casa del 
hombre fuerte y quitarle sus bienes, si primera- 
mente no ata al fuerte? Solamente entonces 
saqueara su casa. 30 Quien no estå conmigo, 
estå contra Mi, y quien no amontona conmigo, 
desparrama." 

3 **'Por eso, os digo, todo pecado y toda blas- 
femia sera perdonada a los hombres, pero la 
blasfemia contra el Espiritu no sera perdonada. 
^Y si alguno habla contra el Hijo del hombre, 
esto le sera perdonado; pero al que hablare 
contra el Espiritu Santo, no le sera perdonado 
ni en este siglo ni en el venidero. 33 haced 
(que sea) el årbol bueno y su fruto bueno, o 
haced (que sea) el arbol malo y su fruto mal o, 
porque por el fruto se conoce el årbol. 34 Raza 



18. kos vers. 18-21 son una cita tomada de Isaias 
42, 1-4 y 41, 9. Véase Mat. 3, 17; 17, S. 

19. Nadie oirå su vos en las plazas: Vemos aqui 
que los frutos que permanecen no son los de un 
apostolado efectista y ruidoso. Véase Juan 15, 16 y 
nota. "Kl bien no hace ruido y el ruido no hace 
bien" (S. Francisco de Sales). 

24. Sobre Beelzebul véase 10, 25 y nota. 

31 ss. Dl pecado de los fariseos consiste en atn- 
buir al demonio los milagros que hacia Jesus y en 
resistir con obstinacion a la luz del Espiritu Santo, 
que les mostraba el cumplimiento de las profecias 
en Cristo. Es el pecado de cuantos, también hoy, se 
escandalizan de Él y se resisten a estudiarlo. Cf. 11, 
6 y nota. 

34. La boca habla de la abundancia del corasån: 
I^a lengua es el espejo del corazon. I^a boca del 
justo es un canal de vida (Prov. 10, 11), mas la 
lengua del impio es una cloaca Ilena de cieno. Véase 
Ef. 4, 29; 5, 4-6; Sant. 1, 26; 3, 6*y 8; Prov. 12, 
14; Ecli. 21, 29. S. Agustin lo aplica a Jesus y dice 



32 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 12, 34-50; 13, 1-17 



de viboras, icomo podriais decir cosas buenas, 
malos como sois? Porque la boca habla de la 
abundancia del corazon. ^El hombre bueno, 
de su tesoro de bondad saca el bien; el 
hombre malo, de su tesoro de malicia saca 
el mal. 36 Os digo, que de toda palabra ocio- 
sa que se diga se deberå dar cuenta en el 
dia del juicio, 37 Segun tus palab ras seras de- 
clarado justo, segun tus palabras seras conde- 
nado." 

LOS ENEMIGOS PIDEN UNA SENAL. 38 EntonceS 

algunos de los escribas y fariseos respondieron, 
diciendo: "Maestro, queremos ver de Ti una 
senal." 39 Replicoles Jesus y dijo: "Una raza 
mala y adultera requiere una senal: no le sera 
dada otra que la del profeta Jonas. 40 Pues asi 
como Jonas estuvo en el vientre del pez tres 
dias y tres noches, asi también el Hi jo del 
hombre estara en el seno de la tierra tres 
dias y tres noches. 4 *Los ninivitas se levan- 
tarån, en el dia del juicio, con esta raza y 
la condenaran, porque^ ellos se arrepintieron a 
la predicacion de Jonas; ahora bien, hay aqui 
mas que Jonas. ^La reina del Mediodia se 
levantara, en el juicio, con la generacion ésta 
y la condenara, porque vino de las extremi- 
dades de la tierra para escuchar la sabiduria 
de Salomon; ahora bien, hay aqui mas que 
Salomon," 

La estrategia de Satanås. 43 "Cuando el espf- 
ritu inmundo ha salido del hombre, recorre 
los lugares aridos, buscando reposo, pero no 
lo halla. ^Entonces se dice: "Voy a volver a 
mi casa, de donde sali". A su llegada, la en- 
<;uentra desocupada, barrida y adornada. 45 En- 
tonces se va a tomar consigo otros siete espi- 
ritus aun mas malos que él; entran y se apo- 
sentan alli, y el estado ultimo de ese hombre 
viene a ser peor que el primero. Asi también 
acaecera a esta raza perversa." 

Los parientes de Cristo. 46 Mientras Él toda- 
vfa hablaba a las multitudes, he ahi que su 
madre y sus hermanos estaban fuera buscando 
hablarle. 47 Dfjole alguien: "Mira, tu madre y 
tus hermanos estan de pie afuera buscando 
hablar contigo." 48 Mas Él respondi6 al que se 
lo decia: "^Quién es mi madre y quiénes son 
mis hermanos?" 49 Y extendiendo la mano ha- 
cia sus discipulos, dijo: "He aqui a mi madre 
y mis hermanos. 50 Quienquiera que hace la 
voluntad de mi Padre celestial, éste es mi her- 
mano, hermana o madre." 



que el IJvangelio es la boca por donde habla su 
corazon. 

40. Alude a su resurreccion. Véase 27, 60; 28, 5. 

42. La reina de Sabd, que vino del Mediodia para 
ver a Salomon (III Rey. 10, 1-13). 

46. I*a voz hermana comprende entre los judios 
también a los primos y otros parientes. I*os llamados 
hermanos de Jesus son sus primos: Santiago el Menor, 
Simon, Judas Tadeo y José el Justo, hijos de Cleofås 
o Alfeo, 

47. Admiremos la modestia silenciosa de la divina 
Madre que se queda afuera, esperando de pie, para 
no distraer a Jesus en su predicacién. 



CAPITULO XIII 

Paråbola del sembrador. *En aquel dia, Jesus 
salio de casa y se sento a la orilla del mar. 
2 Y se reunieron junto a Él muchedumbres tan 
numerosas, que hubo de entrar en una barca 
y sentarse, mientras que toda la gente se co- 
locaba sobre la ribera. 3 Y les hablo muchas 
cosas en paråbolas diciendo: "He ahi que el 
sembrador salio a sembrar. 4 Y, al sembrar, 
unas semillas cayeron a lo largo del caniino, 
y los pajaros vinieron y las comieron. 5 Otras 
cayeron en lugares pedregosos, donde no te- 
nian mucha tierra, y brotaron en seguida por 
no estar hondas en la tierra, ^Y cuando el 
sol se levanto, se abrasaron, y no teniendo 
raiz, se secaron. 7 Otras cayeron entre abro jos, 
y los abro jos, creciendo, las ahogaron. 8 Otras 
cayeron sobre tierra buena, y dieron fruto, 
una ciento, otra sesenta, otra treinta. 9 ;Quien 
tiene oidos, oiga!" 

10 Aproximaronse sus discipulos y le dijeron: 
"^Por qué les hablas en paråbolas?" 11 Respon- 
dioles y dijo: "A vosotros es dado conocer 
los misterios del reino de los cielos, pero no 
a ellos. 12 Porque a quien tiene, se le daråy 
tendra abundancia; y al que no tiene, aun 
lo que tiene^ le sera quitado. 13 Por eso les ha- 
bio en paråbolas, porque viendo no ven, y 
oyendo no oyen ni comprenden. 14 Para ellos 
se cumple esa profecia de Isaias: "Oiréis pero 
no comprenderéis, veréis y no conoceréis. 
i5 Porque el corazon de este puebio se ha en- 
durecido, y sus oidos oyen mal, y cierran los 
ojos, de miedo que vean con sus ojos, y oigan 
con sus oidos, y comprendan con su corazon, 
y se conviertan, y Yo los sane". i6 Pero voso- 
tros, i f elices de vuestros ojos porque ven, 
vuestros oidos porque oyen! 17 En verdad, os 
digo, muchos profetas y justos desearon ver 



1. Véase Marc. 4, 1 ss.; I^uc. 8, 4 s&. ^ 

3. Paråbola, término griego que significa *'com- 
paracion". I^as del Senor nos hacen comprender de 
una mahera insuperable las verdades de la fe sobre- 
natural. Mås que todas las explicaciones cientificas, 
son las paråbolas el medio a prop i ad o para instruir a 
los de corazon recto, sean letrados o ignorantes, 
aunque se explica que a aquéllos les sea mås dificil 
hacerse enseiiables (11, 25; Juan 6, 45; 8, 43; I Cor, 
1, 22 ss.; 2, 14; II Cor. 10, 5). Como a los ricos 
en bienes (I*uc. 18, 25), a los que se sienten ricos 
de pensamiento le& cuesta mucho hacerse "pobres en 
el espiritu*' (5, 3 y nota). Por eso las paråbolas de 
Jesus son mucho menos comprendidas de lo que 
creemos (v. 11 y 57). Cf. I<uc. 1, 53. 

9. Jesus usa esta expresion cuando quiere Hamar 
nuestra atencion sobre algo muy fundamental o muy 
recéndito para la logica humana. Con respecto a 
esta paråbola, Él muestra en efecto que ella con- 
tiene una ensenanza båsica, pues nos dice (Marc. 4, 
13) que el que no la entiende no podrå entender 
las demås. 

12. Es una ley en. la economia del Reino que una 
gracia traiga otra, y que se pierdan por un pecado 
también los méritos antes obtenidos; si bien, como 
observa San Ambrosio, el perdén hace renacer los 
méritos perdidos, en tanto que los pecados borrados 
desaparecen para siiempre, jTal es la misericordia 
de la I^ey de la Gracia a que estamos sometidosl 

14 s. Véase Is. 6, 9 s.; Juan 12, 40; Hech. 28, 
26 s. 



EVANGELIO SECUN SAN MATBO 13, 17-35 



lo que vosotros veis, y no lo vieron; ofr lo 
que vosotros ois y no lo oyeron." 

18 "Escuchad pues, vosotros la parabola del 
sembrador : 19 Sucede a to do el que oye la pa- 
Iabra del reino y no la comprende, que viene 
el maligno y arrebata lo que ha si do sembrado 
en su corazon: éste es ,el sembrado a lo largo 
del camino. 20 E1 sembrado en pedregales, éste 
es el hombre que, oyendo la palabra, en se- 
guida la recibe con alegria; 21 pero no teniendo 
raiz en si mismo, es de corta duracion, y cuan- 
do ilega la tribuiacion o ia persecucion por 
causa de la paiabra, ai punto se escandaiiza. 
22 E1 sembrado entre los abrojos, éste es ei hom- 
bre que oye la palabra, pero la preocupacion 
de este siglo y ei engano de las riquezas so- 
focan la palabra, y elia queda sin fruto. 23 Pero 
el sembrado en tierra buena, éste es el hombre 
que oye la palabra y la comprende: él si que 
fructifica y produce ya ciento, ya sesenta, ya 
treinta." 

Parabola de la cizana. 24 Otra parabola les 
propuso, diciendo: "El reino de los cieios es 
semejante a un hombre que sembro grano 
bueno en su campo. 2 ^Pero, mientras la gente 
dormia, vino su enemigo, sobresembro cizana 
entre ei trigo, y se fué. 26 Cuando broto, pues, 
ia hierba y dio grano, aparecio también la 
cizana. 27 Y fueron ios siervos ai duefio de casa 
y le dijeron: "Senor <;no sembraste grano bue- 
no en tu campo? iComo, entonces, tiene ci- 
zana?" 28 Les respondio: "Algun enemigo ha 
hecho esto", Le preguntaron: "éQuieres que 
vayamos a recogeria?" 29 Mas él respondio: 
"No, no sea que al recoger la cizana, desarrai- 
guéis también ei trigo. 30 Dejadios crecer jun- 
tamente hasta la siega. Y al momento de la 
siega, diré a los segadores: Recoged primero 
la cizana y atadla en gavillas para quemarla, 
y ai trigo juntadlo en mi granero." 



19. No la comprende. I£s decir que no hay excusa 
para no comprenderla, puesto que el Padre ^ la des- 
cubre a los pequeiios mås aiin que a los sabios (11, 
25). El que no entiende las palabras de Jesus, dice 
S. Crisåstomo, es porque no las ama. Ya se arre- 
glaria para entenderlas si se tratase de un negocio 
que le interesase. Porque esas palabras no son difi- 
ciles, sino prof undas. No requieren muohos talentos 
sino mucha atencion (v. 23; Luc. 6, 47 y nota). 

23. La comprende: Ahi estå todo (v. 19 y 51). 
Kl que se ha dejado penetrar por la virtud sobre- 
natural de las palabras del Evangelio, queda defi- 
nitivamente conquistado en el fondo de su corazon, 
pues experimenta por si mismo que nada puede 
compararse a ellas (Juan 4, 42; S. 118, 85 y nota). 
De ahi el fruto que ya aseguraba David en S. 1, 
1 ss, 

24. Iva parabola de la cizana encierra la idea de 
que hay y habrå siempre el mal junto al bien y 
que la completa separacion de los malos y de los 
buenos no se realizarå hasta el fin del siglo, cuan- 
do Él vuelva (v. 39 ss.). Muestra también la santi- 
dad de la Iglesia, pues que subsiste a pesar del ene- 
migo. 

30. Dejadtos crecer, etc.: I^a paciencia del Padre 
Celestial espera, "porque hay muchos que antes eran 
pecadores y después Hegan a convertirse" (S. Agus- 
t'm)" y para que por los malos se pruebe la virtud 
de los buenos, porque "sin las persecuciones no hay 
martires" (S. Ambrosio). Véase sobre esto II Pedr. 
3, 9: Apoc. 6, 10 s. 



Parabola del grano de mostaza. 31 Les pro- 
puso esta otra parabola: "Ei reino de los cieios 
es semejante a un grano de mostaza, que un 
hombre tomo y sembro en su campo. 32 Es ei 
mas pequeno de todos ios granos, pero cuando 
ha crecido es mås grande que ias iegumbres, 
y viene a ser un arbol, de modo que los påja- 
ros dei cielo llegan a anidar en sus ramas." 

Parabola de la levadura. 33 Otra parabola 
les dijo: "El reino de ios cieios es semejante a 
la ievadura, que una mujer tomo y escondio 
en tres medidas de harina, hasta que todo fer- 
mento." 

34 Todo esto, lo decia Jesus a ias muititudes 
en parabolas, y nada ies hablaba sin parabola, 
35 para que se cumpliese lo que habia sido dicho 
por medio dei prof eta: "Abriré mis labios en 
parabolas; narraré cosas escondidas desde la 
fundacion del mundo." 



31 s. Cf. Ivuc. 13, 18 ss. y nota. 

33. Bscondié: San Crisåstomo y otros hacen no- 
tar que no se dice simplemente que "puso" sino que 
lo hizo en formå que quedara oculta. Segun suele 
explicarse, la mujer simbolizaria a la Iglesia; la ie- 
vadura, la Palabra de Dios; la harina, a los hombres, 
de manera que asi como la levadura va fermentando 
gradualmente la harina, asi la fe iria compenetrando 
no solamente todo el ser de cada hombre, sino tam- 
bién a toda la humanidad. Pero las interpretaciones 
difieren mucho en este pasaje que San Jeronimo 
llama discurso enigmåtico de explicacion dudosa. San 
Agustin opina que la mujer representa la sabiduria; 

5. Jeronimo, la predicacion de los apostoles o bien 
la Iglesia formada de diferentes naciones. Segun S* 
Crisostomo, la levadura son los cristianos, que cam- 
biarån el mundo entero; segun Råbano Mauro. es la 
caridad, que va comunicando su perfeccion al alma 
toda entera, ^ empezando en esta vida y acabando en 
la otra; segun S. Jeronimo, es la inteligencia de las 
Escrituras; segun otros, es el mismo Jesus. l,as tres 
medidas de harina que, segun S. Crisostomo, signi- 
fican una gran cantidad indeterminada, segun San 
Agustin representan el corazon, el alma y el espi- 
ritu (22, 37), o bien las tres cosechas de ciento, de 
sesenta y de treinta (v. 23), o bien los tres hombres 
justos de que habla Ezequiel: N é, Daniel y Job 
(pz. 14, 14); segun S. Jeronimo, podrian ser tam- 
bién las tres partes del alma que se leen en Platon: 
la razonable, la irascible y la concupiscible; segun 
otros, seria la fe en el Padre, en el Hijo y en 
el Espiritu Santo; segun otros, la I^ey, los Profetas 
y el Evangelio; segun otros, las naciones salidas de 
Sem, de Cam y Jafet. Santo Tomas trae a este 
respecto una observacién de S. Hilario, segun el 
cual "aunque todas las naciones hayan sido llamadas 
al Evangelio, no se puede decir que Jesucristo haya 
estado en ellas "escondido", sino manifiesto, ni tam- 
poco puede decirse que haya fermentado toda la 
masa". Por eso conviene buscar la solucion de otra 
manera, Fillion hace notar que la levadura es men- 
cionada en otros pasajes como simbolo de corrup- 
cién, sea de la doctrina, sea de las costumbres (16, 
6 y 12; I Cor. 5, 6ss.; Gal. 5, 9; cf. Ag. 2, 11 
ss.), y Cornelio a L/apide explica por qué lo fer- 
mentado estaba prohibido, tanto en los sacrificios co- 
mo en la Pascua (E*. 12, 15; 13, 7; iev. 2, 11; 

6, 17; 10, 12, etc.) y_ expresa que por levadura se 
entiende la malicia, significando misticainente vicio 
y astucia. Anade que la levadura de los fariseos 
mataba las almas y que Cristo manda a los suyos 
cuidarse de esto, no en cuanto ensefiaban la i,ey, 
sino en cuanto la viciaban con sus vanas tradiciones. 
No f altan expositores que prefieren aqui este sentido, 
por su coincidencia con Ia Parabola de la cizana que 
va a continuaciån, Cf. Ivuc. 13, 21 y nota. 

35. Véase S. 77, 2. 



34 



EVANGEUO SEGUN SAN MATnEO 13, 35-57 



Interpretaci6n de la paråbola de la cizana. 
36 Entonces, despidio a la multitud y volvio a 
laxasa. Y los discipulos se acercaron a Él y 
diferon: "Explicanos la paråbola de la cizana 
del campo". 37 Respondioks y dijo: "El que 
siembra la buena semilla, es el Hijo del hom- 
bre. 38 E1 campo* es el mundo. La buena se- 
milla, ésos son los hijos del reino. La cizana 
son los hijos del maligno. 39 E1 enemigo que 
la sembro es el diabio. La siega es la consuma- 
cioii del siglo. Los segadores son los angeles. 
40 De la misma manera que se recoge la cizana 
y se la echa al fuego, asi sera en la consuma- 
cion del siglo. 41 E1 Hijo del hombre enviarå 
a sus angeles, y recogeran de su reino todqs 
los escandalos, y a los que cometen la ini- 
quidad, 42 y los arrojarån en el homo de fue- 

f^o; alli sera el llanto y el rechinar de dientes. 
3 Entonces los justos resplandeceran como el 
sol en el reino de su Padre. ;Quien tiene oi- 
dos, oiga! 

Paråbolas del tesoro escondido, de la perla 
y de la red. 44 "E1 reino de los cielos es seme- 
jante a un tesoro escondido en un campo; un 
hombre, habiéndolo descubierto, lo volvio a 
esconder, y en su gozo fué y vendio todo lo 
que tenia, y compro aquel campo. 

45 También, el reino de los cielos es semej an- 
te a un mercader en busca de perlas finas. 
46 Habiendo encontrado una de gran valor, ftié 
y vendio todo lo que tenia, y la compro. 

47 También es semej ante el reino de los cie- 
los a una red que se echo en el mar y que 
recogio peces de toda clase. 4S Una vez llena, 
la tiraron a la orilla, y sentåndose juntaron 
los buenos en canastos, y tiraron los malos. 
49 Asi sera en la consumacion del siglo. Saldrå i 

44. ISfl tesoro es la fe y la gracia que vienen del 
Evangelio, como lo dice Benedicto XV. El mismo 
Pontifice aplica esta paråbola a los que se dedican 
al estudio de la Sagrada Escritura y alega como 
ejemplos a los dos grandes Doctores Agustin y Je- 
ronimo, que en su dicha de håber encontrado el 
tesoro de la divina Palabra se despidieron de los pla- 
ceres del mundo (Encicl. "Spiritus Paraclitus"). 
Véase 6. 21 y nota. 

45, Perla fina es llamado el reino de los cielos 
para indicar que quien lo descubre en el Evvangelio, 
lo preficre a cuanto pueda ofrecer el mundo. Otra 
interpretacion de gran enscnanza espiritual es que 
Jesus di 6 todo lo que tenia por la Iglesia y por cada 
alma (Gål. 2, 20) que para Él es una perla de gran 
valor (Juan 10, 39; Cant, 4, 1; 7, 11 y notas). Asi 
se ha dado también a estas paråbolas un sentido 
profético, aplicando la perla preciosa a la Iglesia y 
el tesoro escondido a Israel, por cuya caida Él ex- 
tendi6 su obra redentora a toda la gentilidad. Cf. 
Rom. 11, 11 y 15. 

47. La red es la Iglesia visible con sus aposto- 
les encargados de reunir en uno a los hijos de Dios 
(Juan 11, 52), pescando en el mar que es el mundo. 
En esta paråbola nos muestra Cristo, como en la 
del banquete (22, 8-14), la existencia de buenos y 
malos dentro de esa Iglesia, hasta el dia en que los 
angeles hagan la separacién y Jesus, celebrando sus 
Bodas con el Cuerpo mistico, arroje del festin a los 
que no tenian el traje nupcial. 

49. Santo Tomas dice que es de notar que Jesus 
expone la paråbola s6Io en cuanto a los malos« y lue- 
go observa que esos malos estån - entre los buenos 
como estå la cizana en medio del trigo (y la leva- 
dura en medio de la masa) , tratåndose por tanto 



los angeles y separaran a los malos de en medio 
de los justos, 50 y los echaran en el horno de 
fuego; alli sera el llanto y el rechinar de 
dientes. 

51 iHabéis entendido todo esto? " Le dij e- 
ron: "Si \ 52 Entonces, les dijo: "Asi todo es- 
criba que ha llegado a ser discipulo del reino 
de los cielos, es semejante al dueno de casa 
que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo." 

Jesus predicando en Nazaret. 53 Y cuando 
Jesus hubo acabado estas paråbolas, partio de 
este lugar, 54 y fué a su patria, y les ensenaba 
en la Mtiagoga de ellos; de tal manera que es- 
raban poseidos de admiracion y decian: "^*De 
donde tiene Éste la sabiduria esa y los mila- 
gros? 55 Nb es Éste el hijo del carpintero? 
jfNo se llama su madre Maria, y sus herma- 
nos Santiago, José, Simon y Judas? 56 -Y sus 
hermanas no estan todas entre nosotros? En- 
tonces, tde donde le viene todo esto?" 57 Y se 

aqui de los que no estån separados de la Iglesia por 
diversidad de dogmas sino de los que hacen profesion 
de pertenecer a ella. Vemos asi que no es ésta una 
repeticion de la paråbola de la cizafia, pues alli el 
campo no es la Iglesia sino todo el mundo (v. 38), 
mientras que aqui la red de pescar se refiere a la 
Iglesia apostolica formada por aquellos que "echa; 
ban la red en el mar, pues eran pLscadores" (4, 18), 
y a quienes Jesus hizo "pescadores de hombres" 
(ibid. 19). 

51 s. jHabéis entendido todo esto? Santo Tomas 
muestra como, s ^m Jesus, la inteligencia de todas 
esas paråbolas — mas mlsteriosas de lo que parecen — 
es necesaria para "todo escriba que ha llegado a ser 
discipulo del Reino*' (v. 52; cf. w. 19 y 23 y notas; 
Marc. 4, 13). De esa manera sera semejante al Due- 
no de casa, que es el mismo Jesus, a quien deben 
parecerse sus discipulos (10, 23) y el cual^ saca <le 
su tesoro (v. 52) eternas verdades del Antiguo Tes- 
tamento y misterios nuevos que Él vino a revelar, 
tanto sobre su venida a predicar el "ano de la re- 
conciliacion", cuanto sobre su retorno en el "dia de 
la yenganza" (Luc. 4, 17-21; Is. 61, Is.). El mismo 
Jesus confirma esto en Luc. 24, 44. Por donde, dice 
San Agustin, debéis entender de modo que las cosas 
<ue se leen en el A. T. sepåis exponerlas a la luz del 
(\ r uevo. Vemos, pues, aqui el conocimiento que el 
c istiano y principalmente el apostol han de tener 
de todos los misterios revelados por Cristo y que se 
reiieren tanto a sus padecimientos cuanto a su fu- 
turo triunfo (I Pedr. 1, 11). 

5*. s, Su patria: Nazaret. Sus hermanos: cf. 12, 
46 y nota. 

57. He aqui el gran misterio de la ceguera, obra 
del principe de este mundo que es el padre de la 
mentira (Juan 8, 44) y cuyo poder es "de la tinie. 
bla" (I/Uc. 22, 53). Veian lo admirable de su sabidu- 
ria y la realidad de sus milagros (v. 54) y en vez de 
alegrarse y seguirlo o al menos estud'iarlo ... se es- 
candalizaban. Y claro estå, como tenian que justifi« 
carse a si mismos, sus parientes decian que era Ioco, 
y los grandes maestros ensenaban que estaba ende- 
moniado (Marc. 3, 21-22). Por esto es que Él ha* 
blaba en paråbolas (w. 10-17), para que no enten- 
dieran sino los simples que se convertirian (cf. 11, 
25 ss.). Los otros no habrian podido oir la ver- 
dad sin enfurecerse, como sucedio cuando enten- 
dieron la paråbola de los vifiadores (Marc. 12, 
12 ss.). Por eso es Jesus "siigno de contradicciån" 
(Luc. 2, 34) y lo seremos también sus discipulos 
(Juan 15, 20 ss): a causa del "misterio de la ini- 
quidad" o sea del poder diabolico (II Tes. 2, 7 y 
9) cuyo dominio sobre el hombre conocemos perfec- 
tamente por la tragedia edénica (véase Sab. 2, 24 y 
nota) y cuyo origen se nos ha revelado tamhién, 
aunque muy "arcana mente**, en la rebel ion de los 
angeles, que algunos suponen sucedio en el momen- 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 13, 57-58; 14, 1-36 



35 



escandalizaban de ÉL Mas Jesus les dijo: "Un 
profeta no estå sin hpnor sino en su pais y 
en su familia", 58 Y no hizo alli muchos mi- 
lagros, a causa de su falta de fe. 

CAPITULO XIV 

Muerte del Bautista. *En aquel tiempo, 
Herodes *el tetrarca oyo hablar de Jesus, fy 
dijo a sus servidores: "Este es Juan el Bautis- 
ta, que ha resucitado de entre los muertos, y 
por eso las virtudes operan en él' 1 . 3 Porque 
Herodes habia prendido a Juan, encadenan- 
dolo y puesto en prision, a causa de Herodias, 
la mujer de su hermano Filipo. 4 Pues Juan le 
decia: "No te es permitido tenerla". 5 Y que- 
ria quitarle la vida, pero temia al pueblo, que 
lo consideraba como profeta, * 6 Mas en el ani- 
versario del nacimiento de Herodes, la hija de 
Herodias danzo en medio de los convidados 
y agrado a Herodes, 7 quien le prometio, con 
juramento, darle lo que pidiese. 8 Y ella ins- 
truida por su madre: "Dame aqui, dijo, sobre 
un plato, la cabeza de Juan el Bautista". 9 A pe- 
sar de que se afligio el rey, en atencion a su 
juramento, y a los convidados, ordeno que se 
le diese. 10 Envi6, pues, a decapitar a Juan en 
la carcél. n Y la cabeza de éste fué traida so- 
bre un plato, y dada a la muchacha, la cual la 
Ilevo a su madre. i2 Sus discipulos vinieron, se 
llevaron el cuerpo y lo sepultaron; luego fue- 
ron a informar a Jesus. 

PRIMERA MULTIPUCACléN DE LOS PANES. 13 Je- 

sus, habiendo oido esto, se retiro de alli en 
barca, a un lugar desierto, a solas. Las muche- 
dumbres, al saberlo, fueron a pie, de diversas 
cjudades, en su busca. 14 Y cuando desembarco, 
vio un gran gentfo; y teniendo compasion de 
ellos, les sano a los enfermos. 15 Como venia 
la tarde, sus discipulos se llegaron a Él dicien- 
do: "Este lugar es desierto, y la hora ya ha 
pasado. Despide, pues, a la gente, para que 
vaya a las aldeas a comprarse comida". 16 Mas 
Jesus les dijo: "No neceskan irse; dadles vos- 
otros de comer". 17 ElIos le dijeron: tf No te- 
nemos aqui mas que cinco panes y dos peces". 
18 Dijoles: "Traédmelos acå". 19 Y habiendo 
mandado que las gentes se acomodasen sobre 
la hierba, tomo los cinco panes y los dos peces, 



to situado entre Gen. I, 1 y 2. Cf. nuestro estudio 
sobre Job y el misterio del mal, del dolor y de la 
muerte. 

1. Herodes Antipas, hijo de aquel cruel Herodes 
que mat6 a los niiios de Belén. Tetrarca, indica que 
tenia s61o la cuarta parte del reino de su padre. 

3. San Juan habia increpado a Herodes por ha- 
berse casado con Herodias, mujer de su hermano 
Filipo, en vida de éste. 

9. Herodes no estaba obligado a cumplir un ju- 
ramento tan contrario a la Ley divina y frtrto del 
respeto humano. S. Agustin, imitando a San Pablo 
(I Cor. 4, 4 s.), decia; "Pensad de Agustin lo que 
os plazca; todo lo que deseo, todo lo que quiero y lo 
que busco, es que mi conciencia no me acuse ante 
Dios." Cf. S. 16, 2 y nota. 

19. Como Jesucristo, asi también nosotros hemos 
de bendecir la comida rezando y levantando el cora- 
zon al Padre de quien procede todo bien. Véase 
I Tim. 4, 3-5; Hech. 2, 46 y nota. 



mirando al cielo los ben di jo y, habiendo parti- 
do los panes, diolos a los discipulos y los dis- 
cipulos a las gentes. 20 Y comieron todos y se 
saciaron y alzaron lo sobrante de los trozos, 
doce canastos llenos. 21 Y eran los que comie- 
ron cinco mil varones, sin contar mu jeres y 
niiios. 22 En seguida obligo a sus discipulos a 
reembarcarse, precediéndole, a la ribera opues- 
ta, mientras Él despedia a la muchedumbre. 

Jestjs camina sobre las aguas. 23 Despedido 
que hubo a las multitudes, subio a la montafia 
para orar aparte, y caida ya la tarde, estaba 
alli solo. 24 Mas, estando la barca muchos es- 
tadios le jos de la orilla, era combatida por las 
olas, porque el viento era contrario. ^Y a la 
cuarta vigilia de la noche vino a ellos, cami- 
nando sobre el mar. 26 Mas los discipulos vién- 
dolo andar sobre el mar, se turbaron diciendo: 
Es un fantasma; y en su miedo, se pusieron a 
gritar, 27 Pero en seguida les hablo Jesus y 
dijo: ";Animo! soy Yo. No temåis". 28 Enton- 
ces, respondi6 Pedro y le dijo: "Senor, si eres 
Tu, mandame ir a Ti sobre las aguas." ^Él le 
dijo: ";Ven!". Y Pedro saliendo de la barca, 
y andando sobre las aguas, camino hacia Jesus. 
30 Pero, viendo la violencia del viento, se ame- 
drento, y como comenzase a hund irse, grito: 
tf ;Seiior, sdlyamel' ' 31 A1 punto Jesus tendio la 
mano, y asio de él diciendole: "Hombre de 
poca fe, ipor qué has dudado?" 32 Y -cuando 
subieron a la barca, el viento se calm6. 33 En- 
tonces los que estaban en la barca se proster- 
naron ante Él diciendo: "Tu eres verdadera- 
mente el Hijo de Dios." 

3*y habiendo hecho la travesia, llegaron a la 
tierra de Genesaret. ^Los hombres del iugar, 
apenas lo reconocieron, enviaron mensajes por 
to da la comarca, y le trajeron todos los en- 
fermos. 36 Y le suplicaban los dej ara tocar tan 



23. Jesus se retiraba cada vez que podia (véase 
Marc. 1, 35; Luc. 5, 16; 6, !2; 9, 18, y 28; 
Juan 6, 3, etc.) para darnos ejemplo y ensenarnos 
que el hombre que quiere descubrir y entender las 
cosas de Dios tiene que cultivar la sol ed? d. No por- 
que sea pecado andar en tal o cual parte, sino que 
es simplemente una cuestiån de atenciån. Porque no 
se puede atender a un asunto importante cuando se 
estå distraido por mil bagatelas (cf. Sab. 4, 12). 
No es otro el sentido de la semilla que cae entre 
abrojos (Mat. 13, 22). Cual qu i era sabe y comp rende, 
por ejemplo, que el que tiene novta necesita una 
gran parte de su tempo para visitarln, escribirle, 
leer sus cartas, ocuparse de lo que a ella le intere- 
sa, etc. Si pretendiésemos que esto no es lo mismo 
y que hay otras cosas mås importantes, o que nos 
apremian mas que nuestra relacion con Dios, no en* 
tenderemos jamås la verdad, ni sabremos def ender 
nuestros intereses reales, ni gozar de la vida espi* 
ritual, ni aprovechar de los privilegios en los cuales 
Dios, que todo lo puede, da por anadidura todo lo 
demås a quien le haee el honor de prestarle atenciån 
a Él (Mat. 6. 33). Pues Él nos ensena a poner coto 
a nuestros asuntos temporales, porque al qne ma- 
neja mucbos negocios le irå mal en ellos (fecli. Il, 
10 y nota), y ademås caerå en los lazos del diabio 
(I Tim. 6, 9). Las maravillas de Dios, que consisten 
principal mente en el amor que nos tiene, no pueden 
verse sino en la soledad interior. Compårese d azul 
diåfano del cielo en el cenit con el color grisåceo 
que tiene mås abajo, en el horizonte, cuando se 
acerca a esta sucia tierra. 



36 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 14, 36; 15, 1-39; 16, 1 



solamente la f ran ja de su vestido, y todos los 
que tocaron, quedaron sanos. 

CAPfTULO XV 

CONTROVERSIAS CON LOS FARISEOS. ^ntonces 

se acercaron a Jesus algunos fariseos y escri- 
bas venidos de Jerusalén, los cuales le dijeron: 
2 "^Por qué tus discfpulos quebrantan la tradi- 
cion de los antepasados?, ^por qué no se lavan 
las manos antes de comer?" 3 É1 les respondio 
y dijo: "Y vosotros ipor qué traspasais el man- 
damiento de Dios por vuestra tradicion? 4 Dios 
ha dicho: "Honra a tu padre y a tu madre", 
y: "El que maldice a su padre o a su madre, 
sea condenado a muerte." 5 Vosotros, al con- 
trario, decis: "Cualquiera que diga a su padre 
o a su madre: "Es ofrenda (para el Templo) 
aquello con lo cual yo te podrfa håber socorri- 
do, 6 — no tendrå que honrar a su padre o a 
su madre". Y vosotros habéis anulado la pala- 
bra de Dios por vuestra tradicion. 7 Hipocri- 
tas, con razon Isaias profetizo de vosotros åi~ 
ciendo: 

8 "Este pueblo con los labios me honra, pero 
su corazon estå lejos de Mi. 9 En vano me 
rinden culto, pues que ensenan doctrinas que 
son mandamientos de hombres." 

10 Y habiendo llamado a la multitud, les dijo: 
"jOid y entended! 11 No lo que entra en la 
boca mancha al hombre; sino lo que sale de la 
boca, eso mancha al hombre". 12 Entonces sus 
discfpulos vinieron a Él y le dijeron: "éSabes 
que los fariseos, al oir aquel dicho, se escan- 
dalizaron?" 13 Les respondio: "Toda planta que 
no haya plantado mi Padre celestial, sera arran- 
cada. * 4 Dejadlos: son ciegos que gufan a cie- 
gos. Si un ciego gufa a otro ciego, caerån los 
dos en el hoyo v . ^ 5 Pedro, entonces, le respon- 
dio y dijo: "Explicanos esa paråbola". 16 Y di- 
jo Jesus: "cfTodavia estais vosotros también 
faltos de cntendimiento? 17 ;No sabéis que todo 
lo que entra en la boca, pasa al vientre y se 
echa en lugar aparte? 18 Pero lo que sale de la 
boca, viene del corazon, y eso mancha al hom- 
bre. 19 Porque del corazon salen pensamientos 
malos, homicidios, adulterios, fornicaciones ; 
hurtos, falsos testimonios, blasfemias. 20 He aqui 
lo que mancha al hombre; mas el comer sin 
lavarse las manos, no mancha al hombre". 

La caxanea. 21 Partiendo de este lugar, se 



1 ss. Véase el pasaje paralelo en Marc. 7, 1-23. 

3. "Meditando cosas como éstas — dice un piado* 
so obispo alemån — descubrimos con saludable humil- 
dad, aunque no sin dolorosa sorpresa, cuån lejos del 
espintu de Jesucristo solemos estar nosotros y nues- 
tro mundo de cosas que llamamos respetables, cuyo 
mås fuerte apoyo estå en la soberbia que busca la 
gloria de los hombres." Cf. Denz. 190. 

4. Cf. Ex. 20, 12; 21, 17; Lev. 20, 9; Deut. 5, 
16; Prov. 20, 20; Ef. 6, 2. 

5. Los fariseos pretendian que sus ofrendas dadas 
al Templo los librasen de cuidar de sus padres, sien* 
do que ante Dios esto constituia otra obligacion 
distinta y no menos grave que aquélla, segun el cuar- 
to mandantiento. Cf. Marc. 7, 10 ss. 

8. Véase Is. 29, 13. Cf. II Cor. 4 f 18 y nota. 
13. Sobre el sentido de esta sentencia, cf. 9, 37 y 
nota. 



retiro Jesus a la region de Tiro y de Sidon. 
^Y he ahi que una mujer cananea venida de 
ese territorio, dio voces diciendo: "jTen pie- 
dad de mi, Senor, Hijo de David! Mi hija 
esta atormentada por un demonio". ^Pero Él 
no le respondiå nada. Entonces los discipulos, 
acercåndose, le rogaron: "Despidela, porque 
nos persigue con sus gritos". 24 Mas Él respon- 
dio y dijo: "No he sido enviado sino a las 
ovejas perdidas de la casa de Israel". ^Ella^ 
no obstante, vino a prosternarse delante de El 
y dijo: "iSenor, socorreme!" 26 Mas Él res- 
pondio: "No estå bien tomar el pan de los 
hijos para echarlo a los perroS". 27 Y ella dijo: 
"Si, Senor, pero los perritos también comen 
las migajas que caen de la mesa de sus due- 
nos". 28 Entonces Jesus respondiendo le dijo: 
K Oh mujer, grande es tu fe; hågasete como 
quieres". Y su hija quedo sana, desde aquel 
momento. 

29 Partiendo de alli, Jesus llego al mar de Ga- 
lilea, subio a la montana y se sento. 30 Y vinie- 
ron a El turbas numerosas, llevando cojos, 
lisiados, ciegos, mudos y muchos otros, y los 
pusieron a sus pies, y El los sano. 31 De modo 
que el gentio estaba marayillado al ver los mu- 
dos hablando, sanos los lisiados, cojos que ca- ; 
minaban, ciegos que vefan; y glorificaba al 
Dios de Israel 



Segunda multiplicaci6n de ix>s panes. ^En- 
tonces, Jesus llamo a sus discipulos y les dijo: 
"Me da lastima de estas gentes, porque hace 
ya tres dias que no se apartan de Mi, y ya 
no tieneh qué comer. No quiero despedirlas en 
ayunas, no sea que les f alten las fuerzas en el 
camino". 33 Los discipulos le dijeron: " ;De 
donde procurarnos en este desierto pan sufi- 
ciente para saciar a una multitud como ésta?" 
34 Jesus les pregunto: "éCuantos panes tenéis?" 
Respondieron: "Siete, y algunos pececillos". 
3 pEntonces mando a ]a gente acomodarse en 
tierra. 36 Luego tomo los siete panes y los pe- 
ces, dio gracias, los partio y los dio a los 
discipulos, y los discipulos a la gente. 37 Y to- 
dos comieron y se saciaron, y levantaron lo 
sobrante de los pedazos, siete canastos llenos. 
38 Y los que comieron eran como cuatro mil 
hombres, sin contar mujeres y ninos. 39 Des- 
pués que despidio a la muchedumbre, se em- 
barco, y vino al territorio de Magadån. 

CAPfTULO XVI 

LOS FARISEOS Y SADUCEOS PIDEN UN MILAGRO. 

1 Acercaronse los fariseos y saduceos y, para 
ponerlo a prueba le pidieron que les hiciese ver 



24. Con la apa rente dureza de su respuesta, el 
Senor prueba la fe de la cananea, mostrando a la vez 
que su misi6n se limita a los judios: cf. 10, 6 y 
nota. Pronto veremos que el lenguaje del Maestro 
pasa a la mayor dulzura, hacienda un admirable elo- 
gio de aquella mujer, cuya fe habia querido probar. 
Cf. I Pedro 1, 7. 

30. Véase 11, 5; (Marc. 7, 31 ss. 

39. Magudån, situada, segun San Jerdnimo, al este 
del mar de Galilea; segiin otros, al norte de Tibe- 
riades, o sea en la orilla N. O. del Lago. 



EVANGEUO SEGUN SAN MATEO 16, 1-28 



37 



alguna senal del cielo. 2 Mas Él les respondiå 
y dijo: "Cuando ha llegado la tarde, decis: 
"Buen tiempo, porque el cielo esta ro) o", *y 
a la manana: "Hoy habra tormenta, porque' el 
cielo tiene un rojo sombrio". Sabéis discernir 
el aspecto del cielo, pero no las senales de los 
tiempos. 4 Una generation mala y adultera re- 
quiere una senal: no le sera dada otra que la 
del prof eta Jonas". Y dejandolos, se fue. 

Levadura de HiPocREsfA. ^Los discipulos, al 
ir a la otra orilla, habian olvidado de llevar 
panes. *Y Jesus les dijo: "Mirad y guardaos 
de la levadura de los fariseos y de los saduceos." 
7 Ellos dentro de si discurrian diciendo: "Es 
que no hemos trafdo panes". 8 Mas Jesus ~lo 
conocié y dijo: "Hombres de poca fe; <jque 
andais discurriendo dentro de vosotros mismos 
que no tenéis panes? ^No entendéis todavia, 
ni recordais los cinco panes de los cinco mil, 
y cuantos canastos recogisteis? 10 ;Ni los siete 
panes de los cuatro mil, y cuantos canastos 
recogisteis? 11 Jt fC6mo no entendéis que no de 
los panes os quena hablar al deciros: "Guar- 
daos de la levadura de los fariseos y de los 
saduceos?" 12 Entonces, comprendieron que no 
habia querido decir que se guardasen de la 
levadura de los panes, sino de la doctrina de 
los fariseos y saduceos. 

JESTJS EN CeSAREA DÉ FlLlPO. PRIMADO DÉ 

Pedro. 13 Y llegado Jesus a la region de Cesarea 
de Filipo, propuso esta cuestion a sus discfpu- 
Ios: "iQuien dicen los hombres que es el Hijo 
del hombre?" 14 Respondieron: "Unos dicen 
que es Juan el Bautista, otros Elias, otros Jere- 
mias o algun otro de los profetas". 15 Dijoles: 
"Y se^un vosotros, ^quién soy Yo?" 16 Res- 
pondiole Simon Pedro y dijo: "Tu eres el 
Cristo, el Hijo del Dios vivo". 17 Entonces Je- 
sus le dijo: "Bienaventurado eres, Simon Bar- 
Yonå, porque carne y sangre no te lo revelo, 
sino mi Padre celestial. 18 Y Yo, te digo que 
tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi 
Igrlesia, y las puertas del abismo no prevalece- 
ran contra ella. 19 A ti te daré las Haves del 
reino de los cielos: lo que atares sobre la tie- 
rra, estarå atado en los cielos, lo que desatares 
sobre la tierra, estarå desatado en los cielos". 



3. Las senales de los tiempos: el cumphmiento de 
las profecias mesiånicas, los milagros y la predica- 
ci6n de Jesus. Como por el arrebol pueden opinar 
sobre el tiempo que ha de hacer, asi podrian reco- 
nocer la llegada del Mesias por el cumplimiento de 
los vaticinios. (Cf. 24, 32 ss.; Marc. 13, 28 ss.; 
Luc. 21, 29 ss.)- 

12. Sobre levadura^ véase 13, 33 y nota. 

13. Cesarea de Filipo, hoy dia Barnas, situada en 
el extremo norte de Palestina, cerca de una de las 
fuentes del Jordan. 

18. Pedro (Piedra) es, como lo dice su nombre, 
el primer fundamento de la Iglesia de Jesucristo 
(véase I$f. 2, 20), que los poderes inf ernales nunca 
lograran destruir. Las Haves sigmfican la potestad 
espiritual. Los santos Padres y toda la Tradicion 
ven en este texto el argumento mås fuerte en pro 
del primado de S. Pedro y de la inf alible autor idad 
de la Sede Apostålica. "Entretanto, grito a quien 
quiera oirme: estoy unido a quienquiera lo esté a 
la Cåtedra de Pedro" (S. Jeronimo). 



^Entonces mando a sus discipulos que no di- 
jesen a nadie que El era el Cristo. 

Anuncio de la Pasi6n. 21 Desde^ entonces co- 
menzo Jesus a declarar a sus discipulos que Él 
debia ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte 
de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de 
los escribas, y ser condenado a muerte y re- 
sucitar al tercer dia. 22 Mas Pedro, tomandolo 
aparte, se puso a reconvenirle, diciendo: ";Le- 
jos de Ti, Senor! Esto no te sucedera por 
cierto". 23 Pero Él volviéndose, dijo a Pedro: 
"iQuitateme de delante, Satanås! ;Un tropiezo 
eres para i\Ii, porqije no sientes las cosas de 
Dios, sino las de los hombres!" 

jRenunciarse! 24 Entonces, dijo a sus disci- 
pulos: "Si alguno quiere seguirme, renunciese 
a si mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mi. 
25 Porque el ciue quisiere salvar su alma, la 
perdera; y quien pierda su alma por mi causa, 
la hallara. 26 Porque ^de qué sirve al hombre, 
si gana el mundo entero, mas pierde su alma? 
;0 qué podra dar el hombre a cambio de su 
alma? 27 Porque el Hijo del hombre ha de 
venir, en la gloria de su Padre, con sus ange- 
les, y entonces dara a cada uno segun sus 
obras. 28 En verdad, os digo, algunos de los 
que estan aquf no gustaran la muerte sin que 



20. Como senala Fillion, las palabras de este pa- 
saje marcan "un nuevo punto de partida en la en* 
senanza del Maestro". Cf. Juan 17, 11; 18, 36. Des- 
conocido por Israel (v. 14), que lo rechaza como 
Mesias-Rey para confundirlo con un simple profe- 
ta, Jesus tertrtma entonces con esa predicacion que 
Juan habia iniciado segtin "la I v ey y los Profetas" 
(lue. 16, 16; Mat. 3, 10; Is. 35, 5 y notas) y em* 
pieza desde entonces (v. 21) a anunciar a los qug 
creyeron en Él (v. 15 s.) la fundacion de su Iglesia 
(v. 18) que se formarå a raiz de su Pasi6n, muer- 
te y resurrecciån (v. 21) sobre la fe de Pedro 
(v. 16 ss.; Juan 21, 15 ss.; £f. 2, 20), y que re- 
nnirå a todos los hijos de Dios dispersos (Juan 11, 
52; 1, 11-13), tomando también de entre los gentiles 
un pueblo par«-', su nombre (Hech. 15, 14) ; y pro- 
mete Él mismo las Haves del Reino a Pedro (v. 19). 
Éste es, en efecto, quien abre las puertas de la fe 
cristiana a los judios (Hech. 2, 38-42) y luego a los 
gentiles (Hecb. 10, 34-46). Cf. 10, 6 y nota. 

23. Asi coino los apostoles en general, tampoco 
San Pedro 11 eg o a comprender entonces el pleno sen- 
tido de la mision mesiånica de Jesus, que era inse- 
parable de su Pasién. Vemos asi que el amor de 
Pedro era todavia sentimental, y continno siéndolo 
hasta que recibiå al ^spir-tu Santo el dia de Pen- 
tecostés. Esto expHca que ti Cetsemani abandonase 
a Jesus y luego lo ne- tsr n el palacio del pontifice. 

24. Entonces, es di ur, vincniando con lo que pre- 
cede. Conviene notar aqui el contraste de Jesus con 
el mundo, Éste, siguiendo al pagauo Séneca, nos re. 
comienda, como una virtud, el "Afirmate". Jesus, sin 
el cual nada podemos, nos dice, en cambio: "Niéga- 
te" (para que Yo te afirme). No nos dice: Resig* 
nate a la desdicha, sino al reves: Hazte nino confia- 
do y obediente, entrégate como hijo mimado, y Yo 
te daré el gozo mio (Juan 17, 13); tendrås cuanto 
pidas (Marc. 11, 24) y mi Padre velarå para que 
nada te falte (6, 33). 

28. Algunos discuten el sentido de este pasaje. I*a 
opinion de San Jeronimo y San Crisostomo, que re- 
fieren esta s palabras a la Transftiguracion de Jesus, 
la cual es una visi6n anticipada de su futura gloria, 
esta abonada por lo que dicen los ap 6 stol es (J u an 1, 
14; II Pedro 1, 16-19). Véase Marc. 8, 38 y 9, 1; 
Luc. 9. 27. 



38 



EVANGELIO SEGUN SAJST MATEO 16, 23; 17, 1-27; 18, 1-2 



hayan visto al Hi jo del hombre viniendo en 
su Reino." 

CAPITULO XVII 

Transfiguraci6n del Senor. 1 Seis dias des- 
pués, Jesus tomo a Pedro, Santiago y Juan su 
hermano, y los llevo aparte, sobre un alto 
monte. 2 Y se transfiguro delante de ellos: res- 
plandecio su rostro como el soi, y sus vestidos 
se hicieron blancos como la luz. 3 Y he ahi 
que se les aparecieron Moisés y Elias, que ha- 
blaban con Él. 4 Entonces, Pedro hablo y dijo 
a Jesus: "Senor, bueno es que nos quedemos 
aqui. Si quieres, levantaré aqui tres tiendas, 
una para Ti, una para Moises, y otra para 
Elias". 5 No habia terminado de hablar cuando 
una nube luminosa vino a cubrirlos, y una voz 
se hizo oir desde la nube que dijo: "Este es 
mi Hi jo, el Amado, en quien me complazco; 
escuchadlo a El". 6 Y los discipulos, al oirla, 
se prosternaron, rostro en tierra, poseidos de 
temor grande. 7 Mas Jesus se aproximo a ellos, 
los toco y les dijo: "Levantaos; no tengais 
miedo." *¥ ellos, alzando los ojos, no vieron 
a nadie mas que a Jesus solo. 

La venida de EiJas. 9 Y cuando bajaban de 
la montafia, les mando Jesus diciendo: "No 
habléis a nadie de esta vision, hasta que el 
Hijo del hombre haya resucitado de entre los 
muertos", 10 Los discipulos le hicieron esta 
pregunta: "<=Por qué, pues, los escribas dicen 
que Elias debe venir primero?" U É1 les res- 
pondi6 y f dijo: "Ciertamente, Elias vendra y 
restaurara todo. 12 Os declaro, empero, que 
Elias ya vino, pero no lo conocieron, sino que 
hicieron con él cuanto quisieron. Y asi el 
mismo Hijo del hombre tendra que padecer 
de parte de ellos". 13 Entonces los discipulos 
cayeron en la cuenta que les hablaba con re- 
lacion a Juan el Bautista. 

Cxjraci6n de un lunåtico. 14 Cuando llega- 



3. En la interpretaciån de los Santos Padres, 
Moisés representa la I^ey Antigua, y Elias a los Pro- 
fetas. Ambos vienen a dar testimonio de que Jesus 
es el verdadero Mesias, en quien se cumplen todos 
los divinos oråculos dados a Israel. Cf. 16, 20 y 
nota. 

S. Escuchadlo: "Si a cualquier pueblo, culto o 
salvaje, se dijera que la voz de un dios habia sido 
escuchada en el espacio, o qué se habia descubierto 
un trozo de pergamino con palabras enviadas desde 
otro planeta... imaginemos la conmociån y el grado 
de curiosidad que esto produciria, tanto en cada uno 
como en la colectividad. Pero Dios Padre hablå para 
decirnos que un hombre era su Hijo, y luego nos 
hahV<5 por medio de ese Hijo y en via do suyo (Hebr. 
1, ,1 ss.) diciendo que sus palabras eran nuestra vida. 
^IDénde estån, pues, esas palabras? y leomo las de* 
Vbrarån todos! Estån en un librito que se vende a 
pocos céntømos y que casi nadie lee. iQué distancia 
hay de esto al tiempo anunciado por Cristo para su 
segunda venida, en que ho habrå fe en la tierra?'* 
(P. d'Aubigny). 

Il s. Jesus no lo niega, antes bien les confirma 
que la misiån de Juan es la de Elias. Pero les hace 
notar, en 11, 11-15 que su misiån mesiånica seria 
rechazada por la violencMa, y entonces Elias tendra 
que volver a! fin de los tiempos como precursor de 
su triunfo. Cf. I<uc. 1, 17; 16, !6; Mal. 3, 1; 4, S. 



ron adonde estaba la gente, un hombre se 
aproximo a Él, y, doblando la rodilla, le dijo: 
15 " Senor, ten piedad de mi hijo, porque es 
lunåtico y esta muy mal; pues muchas veces 
cae en el fuego y muchas en el agua. 16 Lo 
traje a tus discipulos, y ellos no han podido 
sanarlo". 17 Respondi61e Jesus y dijo: "Oh ra- 
za inerédula y perversa, ^hasta cuando he de 
estar con vosotros? ^Hasta cuando os habré 
de soportar? Traédmelo acå\ 18 Increpole Je- 
sus, y el demonio salio de él, y'el nifio quédo 
sano desde aquella hora. 19 Entonces los disci- 
pulos se llegaron a Jesus, aparte, y le dijeron: 
f %Por qué nosotros no hemos podido lanzarlo?" 
^Les dijo: "Por vuestra falta de fe. Porque 
en verdad os digo: Que si tu viereis fe como 
un grano de mostaza, diriais a esta montana: 
"Pasate de aqui, allå", y se pasaria, y no ha- 
bria para vosotros cosa imposible". 21 [En cuan- 
to a esta ralea, no se va sino con oracion y 
ayuno.) 

Nuevo anuncio øe la Pasi6n. 22 Y yendo 
juntos por Galilea, Jesus les dijo: "El Hijo del 
hombre va a ser entregado en manos de los 
hombres; ^ lo haran morir, y al tercer dia 
resucitarå". Y se entristecieron en gran ma- 
nera. 

El tributo del Templo. 24 Cuando llegaron 
a Cafarnatim acercaronse a Pedro los que co- 
braban las didracmas y dijeron: " tf *No paga 
vuestro Maestro las dos dracmas?" 25 Respon- 
dio: "Si". Y cuando llegå a la casa, Jesus se 
anticip6 a decirle: "Qué te parece, Simon: los 
reyes de la tierra ,jde quién cobran las tasas o 
tributo, de sus hijos o de los extranos?" 26 Res- 
pondié: "De los extranos". Entonces Jesus le 
dijo: "Asi, pues, libres son los hijos. 27 Sin 
embargo, para que no los escand alicemos, vé 
al mar a echar el anzuelo, y el primer pez que 
suba, sacalo, y abriéndole la boca encontraras 
un estatero. Tomalo y daselo por Mi y por ti." 

CAPITULO XVIII 

El mayor en el reino øe los cielos. 1 En 
aquel tiempo, los discipulos se llegaron a Jesus 
y le preguntaron: "En conclusién, ,:quién es el 
mayor en el reino de los cielos?'' entonces, 
Él llamo a si a un nino, lo puso en medio de 



20 s. Falta de fe: en griego apistia. Algunos c6* 
dices dicen: poca fe (oligopistia). I^a Vulgata dice; 
incredulidød. ho que el Sefior agrega en este v. y 
lo que dijo en el v. X7 parece confirmar esta ver- 
si6n, lo irtismo que el paralelo de I^uc. 17, 6. EJ1 
v. 21, que va entre corchetes, falta en el Codex Va- 
ticanus y todo el contexto de este pasaje muestra, 
como hemos visto, que se trata mås bien de una lec- 
cion de fe. Påsate de aqui allå, etc.: segun S. Cri- 
såstomo, Cristo quiere ensenarnos la eficacia de la 
fe que vence todos los obståculos. I,as "montanas" 
mås grandes son las conversiones de almas que Dios 
permite hacer a aquellos que tienen una fe viva. 
Cf. Luc. 17, 6. 

1 ss. Sobre este punto fundamental cf. I*uc. 1, 
49 ss.; Marc. 10, 14 s. y notas. "Si el valor de una 
conducta se mide por el premio, aqui estå la princi- 
pal. lY pensar que la pequenez es lo que menos 
suele interesarnos!" 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 18, 2-24 



39 



ellos, 3 y dijo: *En verdad, os digo, si no vol- 
viereis a ser como los ninos, no entraréis en 
el reino de los cielos. 4 Quien se hiciere peque- 
no como este ninito, ése es el mayor en el 
reino de los cielos. 5 Y quien recibe en mi nom- 
bre a un nino como éste, a Mi me recibe." 

El escandalo. 6 "Pero quien encandalizare a 
uno solo de estos pequenos que creen en Mi, 
mas le valdria que se le suspendiese al cuello 
una picdra de molino de las que mueve un as- 
no, y que fuese sumergido en el abismo del 
mar. 7 ;Ay del mundo por los escandalos! Por- 
que forzoso es que vengan escandalos, pero 
jay del hombre por quien el escandalo viene! 
^i tu mano o tu pie te" hace tropezar, cortalo 
y arråjalo lejos de ti. Mas te vale entrar en la 
vida manco o cojo, que ser, con tus dos manos 
o tus dos pies, echado en el fuego eterno. 9 Y si 
tu ojo te hace tropezar, sacalo y arrojalo le- 
jos de ti. Mas te vale entrar en la vida con 
un solo ojo, quef ser, con tus dos o) os, arro ja- 
do en la gehenna del fuego. 10 Guardaos de 
despreciar a uno solo de estos pequenos, porque 
os digo que sus angeles, en los cielos, yen 
continuamente la faz de mi Padre celestial. 



3. Si no volvierels, etc: todos hemos sido niiios. 
El volver a serlo no puede extrafiarnos, pues Jesus 
dice a Nicodemo que hemos de nacer de nuevo (Juan 
3, 3 ss.). "{Ser niiiot He aqui uno de los alardes 
mås exquisitos de la bondad de Dios hacia nosotros. 
He aqui uno de los mås grandes misterios del amor, 
que es uno de los puntos menos comprendidos del 
Evangelio, porque claro estå que si uno no si ente 
que Dios tiene corazén de Padre, no podrå entender 
que el ideal no esté en ser para Él un héroe, de es- 
fuerzos de gigante, sino como un ninito que apenas 
empieza a hablar. jQué virtudes tienen esos ninos? 
Ninguna, en el sentido que suelen entender los hom- 
bres. Son llorones, miedosos, débiles, inhabiles, im- 
pacientes, faltos de generosidad, y de reflexion y de 
prudenciaj desordenados, sucios, ignorantes y apasio- 
nados por los dulces y los juguetes. i'Qué méritos 
puede hallarse en semejante personaje? Precisamen- 
te el no tener ninguno, ni pretender tenerlo robån- 
dole la gloria a Dios como hacian los fariseos (cf. 
Luc. 16, 15; 18, 9 ss.; etc). Una sola cualidad tr.ene 
el nino, y es el no pensar que las tiene, por lo cual 
todo lo espera de su padre.** 

S s. A Mi me recibe: cf. 10, 40 y 25, 40. Recom- 
pensa incomparable de quienes acogen a un nino 
para educarlo y darle lo necesario "en nombre de 
Jesus"; y måxima severidad (v. 6) para los que 
corrompen a la juventud en doctrina o conducta. 
Bscåndalo es literalmente todo lo que hace tropezar, 
esto es, a los que creen, matando su fe en Él, o de- 
forman dola. 

7. Forzoso: inevitable, en un mundo cuyo prin- 
cipe es Satanås, el hallar tropiezo y tentaciån para 
nuestra naturaleza harto mal inclinada (cf. I Cor. 
11, 19), Pero ]ay del que nos tiente! y jay de nos- 
otros si tentamosl Grave tema de meditacion frente 
a las modas y costumbres de nuestro tiempo. 

8 s. Manos, pies, o jos: Quiere decir que debemos 
renunciar atm a lo mås necesario para evitar la oca- 
si6n de pecado. "Huye del pecado como de la vista 
de una serpiente, porque si te arrimas a él te mor- 
derå'\ (Ecl'i. 21, 2). San Pablo ensefia a dejar aun 
lo licito cuando puede escandalizar a un ignoran- 
te (I Cor. 8, 9 ss. y notas). 

10. En esto se funda la creencia en los Angeles 
Custodios. 

11, Éste v., cuyo sentido no se descubre aqui, falta 
en varios codices. Sin duda es una glosa a los vv. 
12 ss. tomada de I,uc. 19, 10. 



n [Porque,el Hijo del hombre ha venido a 
salvar lo que estaba perdido]". 

Valor de un alma. 12 " iQué os parecé? Si 
un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se 
llega a descarriar, cino dej ara sobre las monta- 
fias las noventa y nueve, para ir en busca de 'la 
que se descarrio? l3 Y si llega a encontrarla, 
en verdad, os digo, tiene mas gozo por ella 
que por las otras noventa y nueve, que no se 
descarriaron. 14 De la misma manera, no es 
voluntad de vuestro Padre celestial que se 
pierda uno de estos pequenos." 

Correccion fraterna. 15 "Si tu hermano peca 
[contra ti] repréndelo entre ti y él solo; si 
te escucha, habras ganado a tu hermano. 16 Si 
no te escucha toma todavfa contigo un hom- 
bre o dos, para que por boca de dos testigos 
o tres conste toda palabra. 17 Si a ellos no 
escucha, dilo a la Iglesia. Y si no escucha 
tampoco a la Iglesia, sea para ti como un paga- 
no y como un publicano. 18 En verdad, os 
digo, todo lo que atareis sobre la tierra, sera 
atado en el cielo, y todo lo que desatareis so- 
bre la tierra, sera desatado en el cielo." 

19 "De nuevo, en verdad, os digo, si dos de 
entre vosotros sobre la tierra se concertaren 
acerca de toda cosa que pidan, les vendra de mi 
Padre celestial. 20 Porque alli donde dos o tres 
estan reunidos por causa mia, alli estoy Yo 
en medio de ellos," 

El siervo sin entranas. 21 Entonces Pedro le 
dijo: "Senor* ^cuantas veces pecara mi hermano 
contra mi y le perdonaré? ^Hasta siete veces?" 
22 Jesus le dijo: "No te digo hasta siete veces, 
sino hasta setenta veces siete. 23 Por eso el reino 
de los cielos es semejante a un rey que quiso 
ajustar cuentas con sus siervos. 24 Y cuando 



14. I/iteralmente: "Asi no hay voluntad delante 
de vuestro Padre celestial que se pierda", etc. El 
verdadero sentido segun el contexto se ve mejor in- 
virtiendo la frase: "Es voluntad... que no se pier- 
da." Asi lo demuestra esta paråbola de la oveja des- 
carriada. Véase I/Uc. 15, 1 ss. y notas. 

15. I/as palabras "contra ti" faltan en los mejo- 
res cédices y proceden quizå del v. 21 o de Luc. 
17, 4. Buzy y otros modernos las suprimen. Cf. I/ev, 
19, 17; Deut. 19, 17; I Cor. 6, 1 ss. 

17. "Por lo cual los que estan separados entre si 
por la fe o por el gobierno no pueden vivir en este 
unico cuerpo (Ig-lesia) y de este su unico Espiritu" 
(Pio XII, Enciclica del Cuerpo Mistico). Cf. I Cor, 

5, 3 ss. 

18. I/Os poderes conferidos a S. Pedro (16, 19) 
son extendidos a todos los apåstotes (vv. 1, 17 y 
19 s.) ; sin embargo no habrå conflicto de poderes, 
ya que Pedro es la cabeza visible de la Iglesia de 
Cristo, pues solo él recibio "las Haves del reino de 
los cielos". Véase Juan 20, 22 ss.; Hecfo. 9, 32. Cf. 
Heeh. 2, 46; Col. 4, 15. 

19. De entre vosotros: A todos los que queremos 
ser sus discipulos nos alcanzan estas consoladoras 
palabras. 

20. Grandiosa promesa: Jesus es el centro y el 
alma de tan santa union y el garante de sus frutos. 

22. Es decir: siempre. Dedueese de aqui la mise- 
ricordia sin limites, con que Dios perdona, puesto 
que Jesus nos presenta a su Padre como modelo de 
la miserlcordia que nosotros hemos de ejercitar (i/uc. 

6, 35 s.). 

24. Dies mil talentos: mås de 50 millones de pesos. 



40 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 18, 24-35; 19, 1-25 



comenzå a a justarlas, le trajeron a uno que le 
era deudor de diez mil talentos. ^Como no 
tenia con qué pagar, mando el Senor que lo 
vendiesen a él, a su mujer y a sus hi jos y todo 
cuanto tenia y se pagase la deuda. 26 Entonces 
arrojandosc a sus pies el siervo, postrado, le 
decia- "Ten paciencia conmigo, y te pagaré 
todo' 27 Moyido a compasion el amo de este 
sien j, lo dejo ir y le perdono la deuda. 28 A1 
salir, este siervo encontro a uno de sus compa- 
neros, que le debfa cien denarios, y agarran- 
dolo, lo sofocaba y decia: "Paga lo que debes". 
29 Su companero, cayendo a sus pies, le supli- 
caba y decia: "Ten paciencia conmigo y te 
pagare". 30 Mas él no quiso, y lo eché a la 
carcel, hasta que pagase la deuda. 31 Pero, al 
ver sus companeros lo ocurrido, se contrista- 
ron sobremanera y fueron y contaron al amo 
todo lo que habia sucedido. 32 Entonces lo 11a- 
mo su senor y le dijo: "Mal siervo, yo te 
perdoné toda aquella ^ deuda como me supli- 
caste. ^No^debias tu también compadecerte 
de tu companero, puesto que yo me compadeci 
de ti?" 34 Y encolerizado su senor, lo entrego 
a los verducros hasta que hubiese pagado toda 
su deuda. 35 Esto hara con vosotros mi Padre 
celestial si no perdonais de corazén cada uno 
a su hermano ." 



IV. MINISTERIO DE JEStJS 
EN JUDEA 

(19,1-25,46) 

CAPfTULO XIX 

Indisolubilidad del matrimonio. 1 Cuando 
Jesus hubo acabado estos discursos partio de 
Galilea, y fué al territorio de Judea, mås alla 
del Jordan. 2 Le siguieron muchas gentes, y las 
sano alli. 3 Entonces, algunos fariseos, querien- 
do tentarlo, se acercaron a Él y le dijeron: 
"iEs permitido al hombre repudiar a su mujer 
por cualquier causa?" 4 É1 respondié y dijo: 
";No habéis leido que el Creador, desde el 
principio, "varon y mujer los hizo?" 5 y dijo: 
"Por esto dej ara el hombre a su padre y a su 
madre, y se unira a su mujer, y serån los dos 
una sola carne". 6 "De modo que ya no son 
dos, sino una carne. jPues bien! ;Lo que Dios 
junto, el hombre no lo separe! 5 ' 7 Dijéronle: 
"Entonces <;por qué Moisés prescribio dar li- 
belo de repudio y despacharla?" 8 Respondio- 
les: "A causa de la dureza de vuestros corazo- 
nes, os permitio Moisés repudiar a yuestras 
mujeres; pero al principio no fué asi. 9 Mas 
Yo os digo, quien repudia a su mujer salvo el 
caso de adulterio, y se casa con otra, comete 
adulterio, y el que se casa con una repudiada, 



28. Cien denarios: menos de cien pesos, esto es, 
una suma enormemente inferior a la que debia él a 
su amo. 

35. Aplicacion de la quinta peticion del Padre 
Nuestro. Véase 6, 14 s. 

4 ss. Véase Gen. 1, 27; 2, 24; I Cor. 6, 16; 7, 
10; Ef. 5, 31; Deut. 24, 1-4; Mat. 5, 31 y nota. 



comete adulterio". 10 Dijéronle sus discipulos: 
"Si tal es la condicion del hombre con la 
mujer, no conviene casarse". 11 Pero Él les 
respondio: "No todos pueden comprender esta 
palabra, sino solamente aquellos a quienes es 
dado. ^Porque hay eunucos que nacieron asi 
del seno materno, y hay eunucos hechos^por 
los hombres, y hay eunucos que se hicieron 
tales a si mismos por el reino de los cielos. 
El que pueda entender, entienda". 

Privilegios de los ninos. 13 Entonces le fue- 
ron presentados unos ninos para que pusiese 
las manos sobre ellos, y orase (por ellos); pero 
los discipulos los reprendieron. 14 Mas Jesus les 
dijo: "Dejad a los mfios venir a Mi, y no se lo 
impidais, porque de los tales es el reino de 
los cielos". 15 Y les impuso las manos y después 
partio de alli. 

El joven rico. 16 Y he ahi que uno, acer- 
candose a Él, le pregunto: "Maestro, ^qué de 
bueno he de hacer para ob tener la vida eter- 
na?" 17 Respondi6Ie: "(--Por qué me preguntas 
acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno. 
Mas, si quieres entrar' en la vida, observa los 
mandamientos". 18 "(iCuales?", le replicå. Je- 
sus le dijo: "No mataras-, no cometerås adul- 
terio; no robaras; no darås falso testimonio; 
19 honra a tu padre y a tu madre, y: amaras a 
tu projimo como a ti mismo". 20 Dijole entonj 
ces el joven. "Todo esto he observado; <:qué 
me falta aun?" 21 Jesus le contesto: "Si quie- 
res ser perfecto, véte a vender lo que posees, 
y dalo a los pobres, y tendras un tesoro en el 
cielo; y ven, sigueme". 22 A1 oir esta palabra, 
el joven se fue triste, porque tenia grandes 
bienes. 

Peligros de las riquezas. 23 Después dijo Je- 
sus a sus discipulos: "En verdad, os digo: Un 
rico diffcilmente entrara en el reino de los 
cielos. ^Y vuelvo a deciros que mas facil es 
a un camello pasar por el ojo de una aguja, 
que a un rico entrar en el reino de Dios". 25 A1 
ofr esto, los discipulos se asombraron en gran 
manera y le dijeron: "iQuién pues podra sal- 



12. La virginidad es el carmno mås perfecto, pero 
no todos son llamados a él, porque no somos capa- 
ces de seguirlo sin una asistencia especial de la gra- 
cia divina. Véase I Cor. 7, 5. 

14. Muchas veces nos exhorta Jesus a Ja inf an- 
det espiritual, porque ella es el camino unico para 
llegar a Él (18, 3). Santa Teresa del Nino Jesus 
extrajo esta espiritualidad como esencia del Evan- 
gelio y Benedicto XV la llama <( el secreto de la 
santidad". 

16 ss. Véase Luc. 18, 18 ss. y notas. Acerca de lo 
bueno; en S. Lucas: jPor qué me Uamas bueno* 
En ambos casos Él nos ensena que la bondad no 
es algo en si misma, como norma abstracta, sino 
que la unica fuente y razon de todo bien es Dios 
y lo bueno no es tal en cuanto llena tal o cual 
condicion, sino en cuanto coincide con lo que quiere 
el divino Padre (cf. S. 147, 9 y nota). "Alejémonos 
hermanos queridisimos, de esos innovadores que no 
llamaré dialéeticos »ino heréticos, que en su extrema 
impiedad sostienen que la bondad por^ lå cual Dios 
es bueno, no es Dios mismo. Él es Dios, dicen, por 
la divinidad, pero la divinidad no es el mismo Dios. 
i Tal vez es eJla tan grande que no se digna ser 



EVANGELlO SBGUN SAN MATEO 19, 25-30; 20, 1-20 



41 



varse?" 26 Mas Jesus, fijando los ojos en ellos, 
les dijo: "Para los hombres eso es imposible, 
mas para Dios to do es posible." 

Recompensa del seguimiento de jÉstfs. 27 En- 
tonces Pedro respondio diciéndole: "Tu lo ves, 
nosotros hemos dejado todo, y te hemos se- 
guido; iqué nos espera?" 28 Jesus les dijo: "En 
verdad, os digo, vosotros que me habéis se- 

fuido, en la regeneracion, cuando el Hijo del 
ombre se siente sobre su trono glorioso, os 
sentaréis, vosotros también, sobre doce tronos, 
y juzgaréis a las doce tribus de Israel. ^Y to- 
do el quefdejare casas, o hermanos, o herma- 
nas, o padre, o mujer, o hijos, o campos por 
causa de mi nombre, recibirå el céntuplo y 
heredara la vida eterna. 

^Y muchok primeros seran postreros, y {rmi- 
chos) postreros, primeros". 

CAPfTULO XX 

PaRABOLA DE LOS OlfREROS DE LA VINA. * U Por- 

que el reino de los cielos es semejante a un 
padre de familia, que salio muy de manana a 
contratar obreros para su vina. 2 Habiendo 
convenido con los obreros en un denario por 
dia, los envio a su vina. 3 Salio luego hacia la 
hora tercera, vi6 a otros que estaban de pie, 
en la plaza, sin hacer nada. 4 Y les dijo: "Id 
vosotros también a mi vina, y os daré lo que 
sea justo". 5 Y ellos fueron. Saliendo otra vex 
a la sexta y a la novena hora, hizo lo mismo. 
6 Saliendo todavia a eso de la hora undécima, 
encontro otros que estaban alli, y les dijo: 
"cfPor qué estais alli todo el dia sin hacer na- 
da?" T Dijéronle: "Porque nadie nos ha con- 
tratado". Les dijo: "Id vosotros también a la 
vina". SLlegada la tarde, el dueno de la vina 
dijo a su mayordomo: "Llama a los obreros, y 



Dios, ya que es ella quien lo hace a Dios?*' (S. 
Bernardo) . 

26. Para Dios todo es posible: l Qué inmenso 
consuelo para cuantos sentimos nuestra indignidad! 
Notemos que no dice esto el Senor aludiendo a la 
omnipotencia que Dios tiene como Autor y Dueno 
de la creacion, sino a su omnipot ene i a para dar la 
gracia y saivar a quien El quiera, segun su santi- 
sima voluntad. I Qué feKcidad la nuestra al saber 
que esa voluntad es la de "un Padre dominado por 
el amor'M (Pio XII). Cf. Rom. 9, 15 ss. 

28. En la regeneraciån: esto es, en la resurrec- 
ci6n; segun S- Crisostomo, en la regeneracion y re- 
novaci6n del mundo en el dia del Juicio. Cf. Luc. 
22, 30; Juan 5, 24; Hech. 3, 21; Rom. 8, 19 ss.; 
I Cor. 6, 2 s.; II Pedro 2, 4; Jud. 14; Apoc. 20, 
4; 21, 1 y notas. Doce tronos: en Luc. 22, 28, no 
se fija el niimero. 

29. Véase Marc. 10 ; 30. Como se ve, estas re- 
compensas extraordinarias no son prometidas, como 
a veces se cree, por toda obra de misericordia, sino 
para los que seentregan plenamente a Jesiis, dentro 
de la vida relugiosa o aun fuera de ella. Cf. Luc. 
18, 29 s. 

1 s. El padre de famitia, Dios, invita al aposto- 
lado en su vina. El dia de trabajo es la vida; el 
denario, el reino de los cielos. Llama la atenciån 
el hecho de que todos rectfban *'el mismo salario", 
aiin los ultomos. Es que el reino de los cielos no 
puede ^ dividirse, y su participaciån es siempre un 
don Jibérrimo de la infinita misericordia de Dios 
(Luc. 8, 47; 15, 7). 



pågales el jornal, comenzando por los ultimos, 
hasta los primeros". 9 Vinieron, pues, los de la 
hora undécima, y recibieron cada uno un de- 
nario. 10 Cuando llegaron los primeros, pensa- 
ron que recibirian mas, pero ellos también re- 
cibieron cada uno un denario. n Y al tomarlo, 
murmuraban contra el dueno de casa, 12 y de- 
cian: "Estos ultimos no han trabajado mås que 
una hora, y los tratas como a nosotros, que 
hemos soportado el peso del dia y el calor". 
l3 Pero él respondio a uno de ellos: "Amigo, 
yo no te hago injuria. <;No conviniste conmigo 
en un denario? 14 Toma, pues, io que te toca, 
y vete. Mas yo quiero dar a este ultimo tanto 
como a ti. 15 ; *No me es permitido, con lo que 
es mio, hacer lo que me place? ^O has de ser 
tu envidioso, porque yo soy bueno?" 16 Asi los 
ultimos seran primeros, y los primeros, ulti- 
mos". 

Tercer anuncio de la. Pasi6n. 17 Y subiendo 
Jesus a Jerusalén, tomo aparte a los doce dis- 
cipulos, y les dijo en el camino: 18 "He aqui 
que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre 
va a ser entregado a los sumos sacerdotes y 
escribas, y lo condenarån a muerte. 19 Y lo en- 
tregarån a los gentiles, para que lo escarnez- 
can, lo azoten y lo crucifiquen, pero al tercer 
dia resucitarå". 

Falsa ambicion de los hijos de Zebedéo. 
20 Entonces la madre de los hijos de Zebedeo 



12. El peso del dia: El que asi habla es como el 
de la paråbola de las minas que pensaba mal de su 
Senor y que por eso no pudo servirlo bien, porque 
no lo amaba (Luc. 19, 21-23). El yugo de Jesus 
es "excelente" (11, 30) y los mandamientos del Pa- 
dre "no son pesados" (I Juan 5, 3), sino dados 
para nuestra felicidad (Jer. 7, 23) y como guias 
para nuestra seguridad (S. 24, 8). E'l cristiano que 
sabe estar en la verdad frente a la apariencia, men* 
tira y falsia que reina en este mundo tiranizado 
por Satanås, no cambiaria su posicion por todas las 
potestades de la tierra. Esta paråbola de los obreros 
de la vina nos ensena, pues, a pensar bien de Dios 
(Sab, 1,1). El obrero de la ultima hora pensé bien 
puesto que espero muchq de Él (cf. Luc. 7, 47 y 
nota), y por eso recibio lo que csperaba (S. 32, 22). 
Esto que parecena alta mistica, no es sino lo ele- 
mental de la fe, pues no puede constniirse vinculo 
alguno de padre a hijo si éste empieza por consi- 
derarse pe6n y creer que su Padre le quiere explotar 
como a tal. 

15. Notese el contraste entre el modo de pensar 
de Dios y el de los hombres. Estos s61o avaloran la 
duraciån del esfuerzo. Dios en cambio aprecia, mås 
que todo, las disposiciones del corazån. De ahi que 
el pecador arrepentido encuentre siempre abierto el 
camino de la misericordia y del perdon en cualquier 
trance de su vida (Juan 5, 40; 6, 37). 

16. Asi : es decir, queda explicado lo que anti- 
cipo en 19, 30. Sin duda la Paråbola sefialaba la 
vocacion de nosotros los gentiles, no menos venta- 
josa por tardia. En ella el Corazån de Oios se valio 
también de las faltas de unos y otros para compa- 
decerse de todos (Rom. 11, 30-36); y lo mås asombroso 
aun es que igual cosa podamos aprovechar nosotros 
en la vida espiritual, para sacar ventajas de nues- 
tras faltas que parecieran cerrarnos la puerta de la 
amistad con nuestro Padre. Véase Luc. 7, 41 ss. ; 
15, 11 ss.; Rom. 8, 28; Col. 4, 5 y nota. 

20 ss. Los hijos de Zebedeo, los ap 6 stol es Juan y 
Santiago el Mayor, La madre se llamaba Salome 
El cåliz (v. 22) es el martnrio. "Creia la mujer que 



42 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 20, 20-34; 21, 1-12 



se acerco a Él con sus hi jos, y prosternose 
como para hacerle una peticion. 2 *É1 le pre- 
gunto: "(jQué deseas?" Contestole ella: "Or- 
dena que estos dos hi jos mios se sienten, el 
uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en 
tu reino." ^Mas Jesus repuso diciendo: "No 
sabéis lo que pedis. (jPodéis beber el caliz, que 
Yo he de beber?;' Dijéronle: "Podemos". 23 É1 
les dijo: 'Mi caliz, si, lo beberéis; pero el sen- 
taros a mi derecha o a mi izquierda, no es cosa 
mia el darlo, sino para quienes estuviere pre- 
parado por mi Padre". 2 *Cuando los diez oye- 
ron esto, se enfadaron contra los dos herma- 
nos. 25 Mas Jesus los llanio y dijo: "Los jefes 
de los pueblos, como sabéis, les hacen sentir 
su dominacion, y los grandes sus poder. 26 No 
sera asi entre vosotros, sino al contrario: entre 
vosotros el que quiera ser grande se harå el 
servidor vuestro, 27 y cl jrnie quiera ser el pri- 
mero de vosotros ha de hacerse vuestro escla- 
vo; 28 asi 'como el Hi jo del hombre vino, no 
para ser servido, sino para servir y dar su vida 
en rescate por muchos". 

Curaci6n de dos ciegos. 29 Cuando salieron 
de Jerico, le siguio una gran muchedumbre. 
30 Y he ahi que dos ciejojos, sentados junto al 
camino, oyendo que Jesus pasaba, se pusieron a 



Jesus reinaria inmediatamente después de la Resu* 
rreccion y que Él cumpliria en su primera venida 
lo que estå prometido para la segunda" (S. Jero- 
nimo). Cf. Hech. 1, 6 s. En reaKdad, ni la mujer 
ni los Doce podian tampoco pensar en la Resurrec- 
cion, puesto que no habian entendido nada de lo que 
Jesus acababa de decirles en los w. 31 ss. f como se 
hace notar en I,uc. 18, 34. Véase 18, 32 y nota. 

23. No es cosa mia. Véase expresiones s eme jantes 
en Marc. 13, 32; Juan 14, 28; Hech. 1, 7 y notas. 
Cf. Juan 10, 30; 16, 15; 17, 10. 

25. Véase I^uc. 22, 25 y nota. 

26. i No sera asi entre vosotros! (cf. Marc. 10, 
42 ; I,uc. 22, 25 ss.) . Admirable lecci 6n de aposto- 
lado es ésta, que concuerda con la de I^uc- 9, 50 
(cf. la conducta de Moisés en Num. 11, 26*29), y 
nos ensena, ante todo, que no siendo nuestra mision 
como la del César (23, 17) no hemos de ser intole- 
rantes ni querer imponer la fe a la fuerza por el 
hecho de ser un,i cosa buena (cf. Cant. 3, 5; II Cor. 

1, 23; 6, 3 ss.; f Tes. 2, 11; I Tim. 3, 8; II Tim. 

2, 4; I Pedro, 5, 2 s.; I Cor. 4, 13, etc), como que 
la semilla de la Palabra se da para que sea libre- 
mente aceptada o rechazada (Mat. 13, 3). Por eso 
los apostoles, cuaudo no eran aceptados en un lugar, 
debian retirarse a otro (10, 14 s. y 12; Hech. 13, 
51; 18, 6) sin empefiarse en dar "el pan a los pe- 
rros" (7, 6). Pero al mismo tiempo, y sin duda sobre 
eso mismo, se nos ensena aqui el sublime poder del 
apostolado, que sin arnias ni recursos humanos de 
mnguna especie (10, 9 s. y nota), con la sola efi- 
cacia de las Palabras de Jesus y su gracia consigue 
que no ciertamente todos — porque el mundo estå 
dado al MaHgno (I Juan 5, 19) y Jesus no rog6 por 
él (Juan 17, 9) — , pero si la tierra que libremente 
acepta la semilla, dé fruto al 30, al 60 y al 100 por 
uno (13, 23; Hech. 2, 41; 13, 48, etc). 

28. Al saber esto los que, siendo hombres misera- 
bles, tenemos quienes nos sirvan Jno trataremos de 
hacérnoslo perdonar con la caridad hacia nuestros 
subordinados, usando ruegos en vez de 6rdenes y 
vi en do en ellos, como en los pobres, la i magen en vi- 
diable del di vino Sirviente? (Luc. 22, 27). Nåtese 
que esto, y s61o esto, es el remedio contra los odios 
que carcomen a la sociedad. En rescate por muchos, 
esto es, por todos. "Muchos" se usa a veces en este 
sentido mås amplb. Cf. 24, 12; Marc. 14, 24. 



gritar, diciendo: "Senor, ten piedad de nos- 
otros, Hijo de David". 31 La gente les reprendia 
para que cailasen, pero ellos gritaban mas, di- 
ciendo: "Senor, ten piedad de nosotros, Hijo 
de David". 32 En tonces Jesus, parandose los 
llamo y dijo: "éQué quereis que os haga?" ^Le, 
dijeron:^ M ;Sefior, que se abran nuestros ojos!". 
34 Y Jesus, teniendo compasion de ellos, les to- 
co los ojos, y al punto rccobraron la vista, y 
le siguieron. 

CAPITULO XXI 

ENTRADA TR1UNFAL EN JERUSALÉN. 1 Cuando 

se aproximaron a Jerusalen, y llegaron a Bet- 
fagé, junto al Monte de los Olivos, Jesus envio 
a dos discipulos, 2 diciéndoles: "Id a la aldea 
que esta enfrente de vosotros, y encontraréis 
una asna atada y un pollino con ella: desatad- 
los y traédmelos. 3 Y si alguno os dice algo, 
contestaréis que los necesita el Senor; y al 
punto los enviarå". 4 Esto sucedio para que se 
cumpliese lo que habia sido dicho por el pro- 
feta: " 5 Decid a la hija de Sion: He ahi que 
tu rey viene a ti, benigno y montado sobre 
una asna y un pollino, hijo de animal de yugo ? \ 
6 Los discipulos fueron pues, e hicieron como 
Jesus les habia ordenado: 7 trajeron la asna y 
el pollino,^ pusieron sobre ellos sus mantos, y 
Él se sento encima. 8 Una inmensa multitud de 
gente extendia sus mantos sobre el camino, 
otros cortaban ramas de årboles, y las tendian 
por el camino. 9 Y las muchedumbres que mar- 
chaban delante de Él, y las que le seguian, 
aclamaban, diciendo : " \ Hosanna al H ij o de 
David! iBendito el que viene en nombre del 
Senor! ;Hosanna en lo mas alto!" 10 Y al en- 
trar Él en Jerusalen, toda la ciudad se con- 
movio, y decian: "(jQuién es éste?" X1 Y las 
muchedumbres decian: "Éste es Jesus, el pro- 
feta, de Nazaret de Galilea." 

Ptjrificacion del Templo. 12 Y entro Jesus en 



1. Betfagé: Un pequeno pueblo situado entre Be- 
tania y Jerusalen. Él Monte de los Olivos o "monte 
Olivete" estå separado de Jerusalen por el valle 
del Cedron. 

3. Los necesita: cf. I^uc. 19. 31 y nota. 

5. Sien se llamaba en la antiguedad la colina en 
que estaba el Templo. Hija de Sion ; la ciudad de 
Jerusalen. Notable cita de Is. 62, 11, en que se 
suprtme el final de dicho v. y se anade en cambio 
el final de Zac. 9, 9, en tanto que el final del pri- 
mero es referido en Apoc. 22, 12. Cf. Is. 40, 10 y 
nota. 

9. Hosanna es una palabra hebrea que significa: 
[ayudanos! ([oh Diosl) y que se usaba para expre- 
sar el jubilo y la alegria. Él término "Hijo de Da* 
vid" es auténticamente mesiånico. Véase 9, 27. Cf. 
Marc. 11, 10; Luc. 19, 38; Juan 12, 13. Como se 
ve, todos los evangelistas han registrado, usando ex- 
presiones complementarias, esta memorable escena en 
que se cumplio lo previsto en Dan. 9, 25. Segun 
los cålculos rectificados por el P. Lagrange, ella ocu- 
rri6 el 2 de abril del ano 30, cumpliéndose asi en 
esa profecia de Daniel la semana 69 (7 + 62) de 
aiios hasta la manifestaclån del "Cristo Principe", o 
sea 483 anos proféticos, de 360 dias (como los de 
Apoc. 12, 6 y 14) — que equivalen exactamente a 
los 475 anos corrientes segun. el calendario juliano — 
desde el edicto de Artajerjes lf sobre la recons- 
trucciån de Jerusalen (Neh. 2, 1-8) dado en ahril 
del 445 a.C. 



EVANGEEJO SÉGUN SAN MATEO 21, 12-39 



43 



el Templo de Dios, y echo fuera a todos los 
que vendian y compraban en el Templo, y 
volco las mesas de los cambistas, y las sillas de 
los que vendian las palomas; I3 y les dijo: "Esta 
escrito: "Mi casa sera llamada casa de oracion" 
mas vosotros la hacéis "cueva de ladrones". 
14 Y se llegaron a Él en el Templo ciegos y 
tullidos, y los san6. I5 Mas los sumos sacerdotes 
y los escribas, viendo los milagros que hacfa, 
y oyendo a los ninos que gritaban en el Tem- 
plo y decian: "Hosanna al Hijo de David", se 
indignaron, 18 y le dijeron: ";Oves lo que dicen 
éstos?" Jesus les replicå: Si, ;nunca habéis 
leido aquello: "De la* boca de fos pequefiitos 
y de los lactantes, me prepararé alabanza?" 
I7 Y dejandolos, salio de la ciudad a Betania, 
donde se albergo. 

La higuera estéril. 18 Por ia manana, cuan- 
do volvia a la ciudad, tuvo hambre-, I9 y viendo 
una higuera junto al camino, se acercå a ella, 
mas no hallo en ella sino hojas. Entonces le 
dijo: "jNunca mas nazca ya fruto de ti!" Y 
en seguida la higuera se secå. 20 Viendo esto, 
los discipulos se maravillaron y dijeron: "c'Co- 
mo al momento se seco la higuera?" 21 Y Jesus 
les dijo: "En verdad, os digo, si tenéis fe, y no 
dudais, no solamente haréis lo de la higuera, 
sino que si decis a esta montaiia: "Quitate de 
ahi y échate al rriar", eso se harå. 22 Y todo lo 
que pidiereis con fe, en la oracion, lo obten- 
dréis." 

CONTROVERSIA OON LOS SUMOS SACERDOTES Y 

ancianos. 23 Llegado al Templo, se acercaron 
a Él, mientras ensenaba, los sumos sacerdotes 
y los ancianos del pueblo y le dijeron: " d Con 
que autoridad haces esto, y quién te ha dado 
ese poder?" 24 Mas Jesus les respondio y dijo: 
'To también quiero preguntaros una cosa; si 
vosotros me la decis, Yo os diré a mi vez con 
qué autoridad hago esto: ^El bautismo de Juan 
;de dånde era? (-'Del cielo o de los hombres?" 
Éllos, entonces, discurrieron ast en si mismos: 
"Si decimos: "del cielo", nos dirå: "Entonces 
ipor qué no le creisteis?" 26 Si decimos: "de 
los hombres", hemos de terner al pueblo, por- 
que todos tienen a Juan por profeta". 27 Res- 
pondieron, pues, a Jesus, diciendo: "No sabe- 
mos". Y Él les dijo: "Ni Yo tampoco os digo 
con qué autoridad hago esto." 

Los dos hijos desiguales. 28 " éQué opinåis 



13. Véase Is. 56, 7; Jer. 7, 11. Cf. Marc. 11, 
15-18; Luc. 19, 45-47; Juan 2, 14-16. 

16. Véase S. 8, 3. 

19. La higuera seca simboliza al pueblo judio que 
rechazå a Jesus y por eso fué rechazado él mismo 
(cf. Luc. 13, 6 ss.). Kn sentido mås ampHo nos 
muestra a todos los hombres que por tener una fe 
muerta no dan los frutos propios de la fe (7, 16). 
Cf. Sant. 2, 18 y nota. 

21. Véase sobre este importante problema 17, 20 
y nota. 

23 ss. Apreciemos esta Iecci6n de independencia 
espiritual que nos da el Maestro de toda humildad y 
mansedumbre. La timddez no es virtud; antes bien suele 
venir de la vanidad preocupada de ag radar a los hom- 
bres. Cf. Gål. 1, 10- „ ' 

28. Kl primero de los dos hijos es el tipo de los que 



vosotros? Un hombre tenia dos hijos; fué a 
buscar al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a 
trabajar a la vina". 29 Mas éste respondio y; 
dijo: "Voy, Se nor", y no fué. 30 Después fué 
a buscar al segundo, y le dijo lo mismo. £ste 
con tes to y dijo: "No quiero \ pero después se 
arrepintio y fué. 31 <jCual de los dos hizo la 
voluntad del padre?" Respondieron: "El ulti- 
mo". Entonces, J^sus les dijo: "En verdad, os 
digo, los publicanos y las rameras entraran en 
el reino de Dios antes que vosotros. 32 Porque 
yino Juan a vosotros, andando en camino de 
justicia, y vosotros no le creisteis, mientras que 
los publicanos y las rameras le creyeron. Aho- 
ra bien, ni siquiera después de håber visto esto, 
os arrepentisteis, para creerle." 

Paraeola de los vinadores homicidas. ^"Es- 
cuchad otra parabola. "Habia un dueno de ca- 
sa, (jue planto una vina, la rodeo de una cerca, 
cavo en ella un lagar y edifico una torre-, des- 
pués, la arrendo a unos vinadores, y se fué a 
otro pais. 34 Cuando llego el tiempo de los fru- 
tos, envio sus siervos a los vinadores para re- 
cibir los frutos suyos. 35 Pero los vinadorrs 
agarraron a los siervos, apalearon a éste, ma- 
taron a aquél, lapidaron a otro. 36 Entonces 
envio otros siervos en mayor numero que 
los primeros; y los trataron de la misma ma- 
nera. 37 Finalmente les enviå su hijo, dicien- 
do: "Respetaran a mi hijo". 38 Pero los vina- 
dores, viendo al hijo, se dijeron entre si: "Éste 
es el heredero. Venid, mat^moslo, y nos que- 
daremos con su herencia". 39 Lo agarraron, lo 



honran a Dios con los labios, pero cuyo corazon esta 
lej os de Kl (15, 8) ; el segundo es el hombre que, so* 
brecogido de los remordimientos de su conciencia, se 
arrepiente y se salva. "Kl remordimiento. dice S. Am- 
brosio, es una gracia para el pecador. Sentir el remor- 
dimiento y escucbarlo prueba que la conciencia no esta 
enteramente apagada. Kl que siente su heri da, desea la 
curacion y toma remedios. Donde no se siente el mal, 
no hay esperanza de vida". Cf. 27, 5 y Kcli. 40, 8 y 
nota. 

31. Jesus se refiere a los dos casos extremos, y no 
indica ningttn caso donde el que promete cumpla. Si 
anadimos a esto el tremendo fracaso de Pedro en sus 
promesas, que Dios qui&o recalcarnos reiteråndolo en los 
cnatro Kvangelios (Mat. 26. 35; Marc. 14, 29; Luc. 
22, 33; juan 13, 37) , parece descubrirse aqui, con un 
caråcter notablémente general, la falla de los que pro- 
meten y la doblez de los que se nos presentan melosa* 
mente (Kcli. 12, 10; 27, 25 ss., etc). Aqui, claro esta, 
el que promete cree ser sincero en el momento, como lo 
fué Pedro. La ensefianza estaria precisamente en pre- 
venirnos que esa actitud de prometerle a Dios ene i er ra 
en si muchisimas veces una falacia, revelando una pre- 
suncion que Él confunde, porque es vano ofrecer seme- 
jante anticipo a Quien esta viendo que manana tal vez 
ya no viviremos (Sant. 4, 14 s.) » y que es el Unico en 
saber si seremos o no fieles puesto que solo El puede 
darnos la gracia de la fidelidad. De ahi que la actitud 
de verdadera fidelidad, lej os de prometer a Dios, im- 
plora de Él su sostén. Entonces si que la fidelidad es 
segura, precisamente porque desconfia de si misma y 
solo se apoya en Dios. Tal ha de ser, pues, el espiritu 
de todo verdadero propåsito de enmienda. 

34 ss. Los vinadores representan al pueblo judio que 
recbazå al Mesias y, por eso, fué desechado. Kl "hijo 
del dueno de casa" es Jesucristo; los "cr.iados" son los 
prof etas y los ap ostoles. Ksta parabola nos ensena 
también a nosotros que el privilegio del don de Dios no 
se entrega sin grandisima responsabilidad. Véase Rom. 

:i, 17 ss. 



44 



EVANGELIO SEGUN SAN MAITCO 21, 39-46; 22, 1-33 



sacaron fuera de la viiia y lo mataron. ^Cuan- 
do vuclva pues el dueiio de la viiia, ^qué hara 
con iHjucllos viiiadores?" 4l Dijeron: "Hara pe- 
rectf- sin piedad a estos miserables, y arrendara 
la vina a otros viiiadores, que le paguen los 
frutos a su tiempo". 42 Y di j oles Jesus: "<;No 
habéis leido nunca en las Escrituras: "La pie- 
dra que desecharon los que edificaban, ésa ha 
venido a ser cabeza de esquina; el Seiior es 
quien hizo esto, y es un prodigio a nuestros 
ojos?" 43 Por eso os digo: £1 Teino.de Dios os 
sera quitado, y dado a gente que rinda sus fru- 
tos. ^Y quien cayere sobre esta piedra, se 
hara pedazos; y a aquel sobre quien ella caye- 
re, lo hara polvo". 45 Los sumos sacerdotes y 
los fariseos, oyendo sus parabolas, comprendie- 
ron que de ellos hablaba. 46 Y trataban de 
prenderlo, pero temfan a las multitudes por- 
que éstas lo tenian por profeta. 

CAPfTULO XXII 

Paråbola del banquete nupcial. 1 Respon- 
diendo Jesus les hablo de nuevo en parabolas, 
y dijo: 2 "E1 reino de los cielos es semejante a 
un rey que celebrå las bodas de su hijo. 3 Y 
envio a sus siervos a Hamar a los convidados a 
las bodas, mas ellos no quisieron venir. 4 En- 
tonces envio a otros siervos, a los cuales dijo: 
"Decid a los convidados: Tengo preparado mi 
banquete-, mis toros y animales cebados han 
sido sacrificados ya, y todo esta a punto: venid 
a las bodas". 5 Pero, sin hacerle caso, se fueron 
el uno a su gran ja, el otro a sus negocios. °Y 
los restantes agarraron a los siervos, los ultra- 
jaron y los mataron. 7 E1 rey, encolerizado, en- 
vio sus soldados, hizo perecer a aquellos homi- 
cidas, y quemo su ciudad. 8 Entonces dijo a 
sus siervos: "Las bodas estan preparadas, mas 
los convidados no eran dignos. 9 Id, pues, a las 
encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos 
halléis, invitadlos a las bodas". 10 Salieron aque- 
llos siervos a los caminos, y reunieron a todos 
cuantos hallaron, malos y buenos, y la sala de 
las bodas quedo llena de convidados. u Mas 
cuando el rey entrå para ver a los comensales, 
noto a un hombre que no estaba vestido con 
el traje de boda. 12 Dijole: "Amigo, ^como has 
entrado aqui sin tener el traje de boda?" Y 
él enmudecio. 13 Entonces el rey dijo a los sier- 
vos: "Atadlo de pies y manos ; y arrojadlo a 
las tinieblas de afuera; alli sera el llanto y el 
rechinar de dientes. l4 Porque muchos son 11a- 
mados, mas pocos escogidos." 



42 ss. Véase S. 117, 22; Is. 28, 16; Rom. 9, 33; 
I Pedro 2, 7. El primer caso del v. 44 es Israel (cf. 
I/UC. 2, 34). El segundo, los gentiles. Cf. Dan. 2, 45. 

14. También esta paråbola se refiere en primer lugar 
al pueblo escogido de la Antigua Alianza. A las fiestas 
de las hodas de su Hijo con la humanidad convida el 
Padre primeramente a los judios por medio de sus 
"siervos**, los profetas. I/Os que despreciaron la in- 
vitacion perderån la cena (I^uc. 14, 24). I^os "otros 
siervos" son los apéstoles que Dios envi6 sin re- 
prohar aun a Israel (I*uc. 13, 6 ss.), durante el 
tiempo de los Hechos, es decijr, cuando Jesus ya 
hahla sido inmolado y "todo esta ha a punto" (v. 4; 
Hech. 3, 22; Hebr. 8,4 7 notas). Rechazados esta 
vez por el puehlo, como El lo fuera por la Sinagoga 
(Hech. 28, 25 ss.) y luego "quemada la ciudad" de 



La cuesti6n del tributo. l5 Entonces los fa- 
riseos se fueron y deliberaron cåmo le sor- 
prenderian en alguna palabra. 16 Le enviaron, 
pues, sus discipulos con los herodianos, a de- 
cirle: "Maestro, sabemos que eres veraz y que 
ensenas el camino de Dios con verdad, sin 
miedo a nadie, porque no miras a la persona 
de los hombres. 17 Dinos, pues, lo que piensas: 
ies licito pagar tributo al César o no? 18 Mas 
Jesus, conocicndo su malicia, rep^uso: "Hipåcri- 
tas, ^por qué me tentåis? 19 Mostradme la mo- 
neda del tributo". Y le presentaron un dena- 
rio. 20 Preguntoles: "<;De quién es esta figura 
y la leyenda?" 21 Le respondieron: "del César'. 
Entonces les dijo: "Dad, pues, al César lo que 
es del César, y a Dios lo que es de Dios". 
22 Oyendo esto, quedaron maravillados, y de- 
jandolo se fueron. 

Los saduceos y la resurreccion. 23 En aquel 
dia, algunos saduceos, los cuales dicen que no 
hay resurreccion, se acercaron a Él, y le pro- 
pusieron esta cuestion: 24 "Maestro, Moisés ha 
dicho: "Si alguno muere sin tener hijos, su her- 
mano se casara con la cunada, y suscitara prole 
a su hermano." 25 Ahora bien, habia entre nos- 
otros siete hermanos. El primero se caso y mu- 
rio; y como no tuviese descendencia, dejo su 
mujer a su hermano. 26 Sucedio lo mismo con el 
segundo, y con el terccro, hasta el séptimo. 
27 Después de todos murio ^ la mujer, 28 En la 
resurreccion, pues, ^de cuål de los siete sera 
mujer? Porque todos la tuvieron". 29 Respon- 
dioles Jesus y dijo: "Errais, por no entender las 
Escrituras ni el poder de Dios. ^Pues en la 
resurreccion, ni se casan (los hombres), ni se 
dan (las mujeres) en matrimonio, sino que son 
como angeles de Dios en el cielo. 31 Y en cuan- 
to a la resurreccion de los muertos, <mo habéis 
leido lo que os ha dicho Dios: ^'Yo soy el 
Dios de Abrahån, y el Dios de Isaac, y el Dios 
de Jacob"? Dios no es Dios de muertos, sino de 
vivientes". 33 A1 ofr esto, las muchedumbres es- 
taban posefdas de admiraciån por su doctrina. 



Jerusalén (v. 7), los ap6stoles y sus sucesores. in- 
vitando a los gentiles, llenan la sala de Dios (Rom. 
11, 30). %\ hombre que no lleva vestido nupcial es 
aquel que carece de la gracia santificante, sin la 
cual nadie puede acercarse al banquete de las Bodas 
del Cordero (Apoc. 19, 6ss.). Cf. 13, 47 ss. y notas. 

17. César: los emperadores romanos, de los cua- 
les los judios eran tributarios. 

21. Con estas palabras Jesus nos ensefia a obe- 
decer a las autoridades y pagar los impuestos, por- 
que el poder de aquellos viene de Dios. Véase Luc. 
20, 25 y nota; Rom. 13, 1-7. 

24 ss. Véase Deut. 25, 5-6. Se trata aqui de la 
ley del levirato, segun la cual el hermano^ del que 
moria sin hijos, hahia de casarse con la viuda. Los 
saduceos ponen esta pregunta, no porque fuesen ob- 
servantes ejemplares de la tey, sino para mofarse 
de la resurrecci6n de los muertos. 

29. (Brtåis por no entender las Escrituras! <iNo 
es éste un reproche que hemos de recoger todos nos- 
otros? Pocos son, en efecto, los que hoy conocen Ja 
Bihlia, y no puede extrafiar que caiga en el error 
el que no estudie la Escritura de la Verdad, como 
tantas veces lo ensefia Jesus, y tanto lo recuerdan 
los Sumos Pontif ices al redamar su lectura diaria 
en los hogares, Cf. v. 31; 21, 42; Juan 5, 46 y nota. 

32. Es de notar que aun no se habia anunciado 
aqui la resurrecciån de 27, 52 s. 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 22, 34-46; 23, 1-26 



45 



El mandamiento principal. 34]Vlas los fari- 
seos, al ofr que habia tapado la boca a los sa- 
duceos, vinieron a reunirse junto a Él; **y uno 
de ellos, doctor de la Ley, le propuso esta 
cuestion para tentarlo: 36 "Maestro, ^cuål es el 
mayor mandamiento de la Ley?" 3 ? Respondio 
Él: "Amarås al Senor tu Dios de todo tu co- 
razon, con toda tu alma, y con todo tu espi- 
ritu. 38 Éste es el mayor y primer mandamien- 
to. 39 E1 segundo le es semejante: "Amarås a 
tu projimo como a ti mismo". 40 De estos dos 
mandamientos pende toda la Ley y los Pro- 
fetas." 

El Salmo 109. 41 Estando aun reunidos los 
fariseos, Jesus les propuso esta cuestién: 
42 ";Qué pensåis del Cristo? dDe quién es hi- 
jo?^ Diféronle "de David". 43 Replico Él: 
";C6mo, entonces, David (inspirado), por el 
Espiritu, lo llama "Senor", cuando dice: ^"El 
Senor di jo a mi Senor: Siéntate a mi diestra, 
hasta que ponga a tus enemigos baj o tus pies"? 
* 5 Si David lo llama "Senor , ;como es su hi- 
jo?" 4ff Y nadie pudo responderle nada, y desde 
ese dia nadie oso mas proponerle cuestiones. 

CAPITULO XXIII 

tfLTlMO GRAN DISCURSO DE jEstfs EN EL TEM- 
PLO: La HIPOCREsfA DE LOS ESCRIBAS Y fariseos. 

J Entonces Jesus hablo a las muchedumbres y 
a sus discipulos, 2 y les dijo: "Los escribas y los 
fariseos se lian sentado en la cåtedra de Moisés. 
3 Todo lo que ellos os mandaren, hacedlo, y 
guardadlo; pero no hagais como ellos, porque 
dicen, y no hacen . 4 Atan cargas pesadas 
c insoportables y las ponen sobre las espal- 
das de las gentes, pero ellos mismos ni con 
el dedo quieren moverlas. 5 Hacen todas sus^ 
obras para ser vistos por los hombres; se 
hacen mas anchas las filacterias y mas grandes 
las f ranjas (de sus mantos); 6 quieren tener los 
primcros puestos en los banquetes y en las si- 
nagogas, 'ser saludados en las plazas publicas, 
y que los hombres los Ilamen: "Rabl . 8 Vos- 
otros, empero, no os hagais Hamar "Rabi", 
porque uno solo es para vosotros el Maestro; 
vosotros sois todos hermanos. 9 Y tampoco 11a- 
méis padre a ninguno de vosotros sobre la tie- 
rra, porque uno solo es vuestro Padre: el del 
cielo. 10 Ni os llaméis director, porque uno so- 
lo es vuestro director: Cristo. U E1 mayor entre 



37 ss. Vease Deut. 6, 5; I,ev. 19, 18; Mat. 7, 12; 
Rom. 13, 9 s.; 5, 14; Sant. 2, 8; Ecli. 13, 19. 

44. Vease S. 109, 1 y nota. Es la doble natura- 
leza de Cristo, quien como homhre es hijo de David, 
pero en cuanto Dios es su Senor. Jesus proclama 
asi claramente la divinidad de su Persona como Hijo 
eterno y consuhstancial del Padre. 

5. En las filacterias o cajitas de cuero, sujetas 
con correas a la frente y a los brazos, llevahan los 
judios pergaminos o papeles en que estaban escritos 
algunos pasajes de la Ley. Los fariseos formulistas 
habian exagerado esta piadosa pråctica, destinada a 
tener siempre a la vista la Palabra de Dios. Vease 
Deut. 6, 8; 22, 12. 

8. Vease 20, 25 ss. Cf. Col. 2, 8 y nota; Apoc. 
2, 6 y nota. 

11. Meditemos esto en I,uc. 22, 27 y nota. 



vosotros sea servidor de todos. 12 Quien se ele- 
vare, sera abajado; y quien" se abajare, sera 
elevado." 

13 ";Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipo- 
critas!, porque cerråis con Have ante los hom- 
bres el reino de los cielos; vosotros ciertamen- 
te no entrais; y a los que estån entrando, no^ 
los dej ais entrar. 14 f *,Ay de vosotros, escribas 
y fariseos, hipocritas!, porque devorais las casas 
de las viudas, y pretextåis hacer largas oracio- 
nes. Por eso recibiréis conderiacion mas rigu- 
rosal. 15 ;Ay de vosotros, escribas y fariseos, 
hipocritas! porque recorréis mar y tierra para 
hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo 
hacéis dobiemente mås hijo de la gehenna que 
vosotros. 16 ;Ay de vosotros, conductores cie- 
gos!, que decis: "Quien jura por el Templo. 
nada es; mas quien jura por el oro del Templo, 
queda obligado". "jlnsensatos y ciegos! ^que 
es mås, el oro, o el Templo que santifica el 
oro? 18 Y: "Quien jura por el altar, nada im- 
porta; mas quien jura por la ofrenda que estå 
sobre él, queda obligado". 19 ; Ciegos! (jqué es 
mås, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la 
ofrenda? ^Quien, pues, jura por el altar, jura 
por el altar y por todo lo que estå sobre él. 
^Quien jura por el Templo, jura por él y por 
Aquel que lo habita. ^Y quien jura por el 
cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel 
que estå sentado en él." 

23 ";Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipo- 
critas!, que pagåis el diezmo de la menta, del 
eneldo y del comino, y descuidåis lo mås in> 
portante de la Ley: la justicia, la misericordia 
y la fe. Esto hay que practicar, sin omitir 
aquello, ^conductores ciegos, que colåis el 
mosquito, y os tragåis el camello. 25 iAy de 



12. Es la doctrina del Magnificat (I/UC. 1, 52; 
14, 11; 18, 14). 

13. Cf. 11, 12; Luc. 11, 52 y notas. 

14. El versSculo 14 falta en los mejores cådices, 

15. Hacer un prosélito: convertir a un gentil a 
la religiån judia. Habia dos dases de prosélitos, se- 
gun recibiesen o no la circuncision: los prosélitos de 
la puerta y los de la justicia. Jesus ensena aqui que 
no siempre la muctaa acfcividad es verdadero aposto- 
lado, si no estå movida por la fe viva que obra por 
la caridad (15, 8; Juan 4, 23; Gal. 5, 6; I Cor. 3 f 
12-1 5)~ Sobre la gehenna véase 5, 22 y nota. 

23. Los judios tenian que dar los diezmos de les 
fru tos al Templo. Pero esto no hastaba a los fari* 
seos: ellos, por pura vanagloria, extendian los diez- 
mos a las hierbas insignificantes que cultivaban en 
sus huertos. Por lo cual, pfetendiendo^ tener méritos, 
muy al contrano, se acarreahan el juicio. Por eso 
S. Crisostomo llama a la vanagloria "madre del in- 
fierno* 1 . S. Basilio dice: "Huyamos de la vanaglo- 
ria, insinuante expoliadora de las riquezas espiritua- 
les, enemiga lisonjera de nuestras almas, gusauo 
mortal de las virtudes, arrehatadora insidiosa de to- 
dos nuestros bienes". Véase 6, 1 ss. y notas. 

25 s. Este espiritu de apariencia, contrario al 
Espiritu de verdad que tan a dm i rata lem ente caracte- 
riza nuestro divino Maestro, es propio de todos los 
tiempos, y fåcilmente lo descuhrimos en nosotros 
mismos. Aunque mucho nos cueste confesarlo, nos 
preocuparia mås que el mundo nos atribuyera una 
falta de educacion, que una indiferencia contra Dios. 
Nos mueve muchas veces a la limosna un motivo 
humano mås que el divino, y en no pocas cosas 
obramos mås por quedar bien con nuestros superio- 
res que por gratitud y amor a nuestro Dios. Cf . I 
Cor. 6, 7 y nota. En el v.' 26 Jesus nos promete 



46 



EVAWGELlO SEGUN SAN MATBO 23, 25-39; 24, 1-11 



vosotros, escribas y fariseos, hipocritas! porque 
purificais lo exterior de la copa y del plato, 
mas el interior queda lleno de rapina y de 
iniquidad. 26 iFariseo ciego! comienza por lim- 
piar el interior de la copa y del plato, para que 
también su exterior se purifique." 

27 ";Ay de vosotros, escribas y fariseos hipo- 
critas! porque sois seme jantes a sepulcros blan- 
queados, que por fuera tienen bella apariencia, 
pero por dentro estan llenos de osamentas de 
muertos y de toda inmundicia. 23 Lo mismo 
vosotros, por fuera parecéis justos ante los 
hombres, pero por deutro estais llenos de hi- 
pocresia y de iniquidad." 

29<t jAy de vosotros, escribas y fariseos, hi- 
pocritas! porque reedificais los sepulcros de los 
prof etas, y adornais los monumentos de los 
justos; 30 y decis: "Si nosotros- hubiésemos vi- 
vido en el tiempo de nuestros padres, no ha- 
briamos participado con ellos en el asesinato 
de los profetas . 31 Con esto, confesais que sois 
hijos de los que mataron a los profetas. 32 ;Col- 
mad, pues, vosotros la medida de vuestros 
padres!" 

33 "jSerpientes, raza de viboras! ^Como po- 
dréis escapar a la condenacion de la gehen- 
na? 34 Por eso, he aqui que Yo os envio profe- 
tas, sabios y escribas: a unos mataréis y crucifi- 
caréis, a otros azotaréis en vuestras sinagogas y 
los perseguiréis de ciudad en ciudad, 35 para 
que recaiga sobre vosotros toda la sangre ino- 
cente derramada sobre la tierra, desde la sanere 
de Abel el justo,' hasta la sangre de Zacarias, 
hi jo de Baraquias, a quien matasteis entre el 
santuario y el altar. 36 En verdad, os digo, to- 
das estas cosas recaeran sobre la genera cion 
esta". 

Queja amarga de Jes^s. 37 " \ Jerusalén! ;Je- 
rusalén! tu que matas a los pro fetas, y ape- 
dreas a los que te son enviados, ;cuantas veces 
quise reunir a tus hijos, como la gallina reune 
a sus pollitos debajo de sus alas, y vosotros 
no habéis querido! 38 He aqui que vuestra casa 
os queda desierta. 39 Por eso os digo, ya no me 



que si somos rectos en el corazon también las obras 
serån buenas. Cf. Prov. 4, 23. 

27. Segun la costumbre judia se blanqueaban to- 
dos los anos las partes exteriores de los "sepulcros", 
para que los transeuntes los conociesen y no contra- 
jesen impureza legal al tocarlos. Cf. Hech. 23, 3. 
En Luc. 11, 44 la figura es inversa. Cf. 7, 15 y 
nota. 

35. EJste Zacarias no puede ser idéntico con el 
profeta del mismo nombre. S. Jerénimo cree que 
Jesus alude a aquel Zacarias que fué muerto por 
Joås (II Par. 24, 21) y cuyo padre se Uamaba 
Joiada. 

39. "Las palabras hasta que digåis aluden, seguu 
los mejores intérpretes, a la vuelta de Cristo como 
juez y a la conversién de los judios. Cf. Rom. 11, 
25 ss. Reconoctendo en Él a su Redentor lo saluda- 
rån entonces con la aclamacion mesiånica: Bendito, 
etc. Cf. 21, 9; S. 117, 26" /Fillion). "Si no estu- 
viéramos seguros de que el discurso fué pronunctado 
después del dia de Ramos (21, 9), veriamos en él 
una profecia de las aclamaoiones de Betfagé y del 
Monte de los Olivos. Pero el discurso es ciertamente 
posterior. Tenemos, pues, aqui el primer* anuncio, 
aun impreciso de esa misteriosa Parusia de que va 
a tratarse en los capitulos siguientes y que no es 
otra que la Venida gloriosa del Hijo del Hombre 



volveréis a ver, hasta que digåis: "iBendito el 
que viene en aombre del Senor!" 

CAPITULO XXIV 

Discurso escatologico de ^Jesus. iSaliendo 
Jesus del Templo, ibase de alli, y sus discipulos 
se le acercaron para hacerle contemplar las 
construcciones ( del Templo. 2 Entonces Él les 
respondio y dijo; "^Veis todo esto? En verdad, 
os digo, no quedarå aqui piedra sobre piedra 
que no sea derribada." 3 Después, habiendo ido 
a sentarse en el Monte de los Olivos, se acer- 
caron a Él sus discipulos en particular, y le 
dijeron: "Dinos cuåndo sucederå esto, y cual 
sera la senal detu advenimiento y de la con- 
sumacion del siglo." 4 Jesus les respondio di- 
ciendo: "Cuidaos que nadie os engafie. 5 Por- 
que muchos vendran baj o mi nombre, dicien- 
do: "Yo soy el Cristo", y a muchos enganaran. 
6 Oiréis también hablar de guerras y rumores 
de guerras. iMirad que no os turbéis! Esto v 
en efecto, debe suceder, pero no es todavfa el 
fin. 7 Porque se levantara pueblo contra pue- 
blo, reino contra reino, y habra en diversos 
lugares hambres y pestes y terremotos. 8 Todo 
esto es el comienzo de los dolores." 

9 "Después os^ entregaran a la tribulacion y os 
matarån y seréis odiados de todos los pueblos 
por causa de mi nombre. 10 Entonces se escan- 
dalizarån muchos, y mutuamente se traiciona- 
ran y se odiaran. xl Surgiran numerosos falsos 



al fin de los tiempos" (Pirot). Un otra ocasion 
formule Jesus este mismo anuncio en su impreca- 
cion contra Jerusalén (I^uc. 13, 35). Cf. 24, 30 y 
nota. 

4 ss. Para comprender este discurso y los relatos 
paralelos en Marc. 13 y Luc. 21, hay que tener 
presente que segun los profetas los "ultimos tiem- 
pos" y los acontecimientos relacionados con ellos que 
solenios designar con el término griego escatolågi- 
cos, no se refieren solamente al ultimo dia de la 
historia humana, sino a un periodo mås largo, que 
Sto. Tomas llama de preåmbulos para el juicio o 
"dia del senor*', que aquél considera también inse- 
parable de sus acontecimientos concomitantes. (Cf. 7, 
22 y nota). No es, pues, necesario que todos los 
fenomenos anunciados en este discurso se realicen 
juntos y en un futuro mås o menos lejano. Algunos 
de ellos pueden haberse cumplido ya, especialmente 
teniendo en cuenta el caråeter metaforico de muchas 
expresiones de estilo apocaliptico (cf. I Cor. 6, 2 s. 
y nota). Por su parte, S. Agustin sefiala en una for- 
mula cuatro sucesos como ligados indisolublemente: 
la VenMa.de Elias (cf. 11, 14 y nota; Apoc. 11); 
la conversiån de los judios (cf. 23, 39; Juan 19, 
37; Rom. 11, 25 ss., etc.); la persecuciån del Anti- 
cristo (II Tes. 2, 3ss.; Apoc. 13 y notas), y la 
Parusia o segunda venida de Cristo. 

5. Cf. Hech. 8, 9 y nota. 

6. No es todavia el fin: H exegeta burgal és J. A. 
Onate, que sefiala como tema central de este discurso 
la historia del Reino de Dios y sus relaciones con la 
Parusia, pone aqui la siguiente cita: "Las guerras, 
las turbulencias, los terremotos, d hambre y las 
pestes, que suelen ser sus consecuencias; los feno- 
menos cåsmicos aterradores. . ., nos indican la pro* 
ximidad de la Parusia, que pondrå fin a todos estos 
males. Los apåstoles no deben espantarse por nada 
de esto, sino saber que les aguardan tn la evange- 
Uzacion del Reino otros muchos trabajos y sinsabo- 
res, en cuya comparacién, los indicados no son mås 
que el comienro de los dolores'* (v. 8). J Todos esos 
dolores estuvieron presentes en el sudor de sangre 
de Getsemanit 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 24, 11-32 



47 



prof etas, que arrastraran a muchos al error; 12 y 
por efecto de los^ excesos de la iniquidad, la 
caridad de los mas se enfriarå. 13 Mas el que 
perseverare hasta el fin, ése sera salvo. 14 Y esta 
Buena Nueva del Reino sera proclamada en el 
mundo entero, en testimonio a todos los pue- 
bios. Entonces vendra el fin. 15 Cuando veais, 
pues, la abominacién de la desolacion, predicha 
por el prof eta Daniel, instalada en el lugar 
santo —el que lee, entiéndalo — , 16 entonces los 
que estén en Judea, huyan a las montanas; 
"quien se encuentre en la terraza, no baje a 
recoger las cosas de la casa-, 18 quien se encuen- 
tre en el campo, no vuelva atras para tomar 
su manto. 19 ;Ay de las que estén encintas y 
de las que crien en aquel tiempo! ^Rogad, 
pues, para que vuestra huida no acontezca 
en invierno ni en dia de såbado. 21 Porque 
habra, entonces, grande tribulacion, cual no la 
hubo desde el principio del mundo hasta aho- 
ra, ni la habra mas." 

Falsos Cristos. 22 Y si aquellos dias no fue- 
ran acortados, nadie se salvaria; mas por razon 
de los elegidos seran acortados esos dias. 23 Si 



12. lateral mente *'de los muchos", o sea de la 
gran mayoria (véase 20, 28 y nota), Nétese que 
Jesus, fundador de la Iglesia, no anuncia aqui su 
triunfo temporal entre las naciones, sino todo lo con- 
trario. Cl I,uc. 18. 8; II Tes. 2, 1-12. 

14. Iya predicacion del Evangelio por todas las 
tierras la afirma ya el Apostol de los Gentiles 
(Col. 1, 6 y 23; Rom. 10, 18), y no como hipér- 
bole retorica, pues él conocia mejor que nosotros 
los caminos misioneros de los apostoles, los cuales 
sin duda cumplian la orden de hacer discipulos en 
todos los pueblos (28, 19). Si los primeros cristia- 
nos tan ansiosamente esperaban la segunda Venida 
del Senor, como lo vemos en los discursos y las car- 
tas de S. Pablo, de Santiago y de S. Pedro, es 
porque consideraban que este testimonio del Evan- 
geliet habia sido dado a todas las naciones, segun 
la condicion puesta por Cristo, I^as cosas cambiaron 
sin duda con el retiro de Israel (Hech. 28, 25 ss.) 
y hoy no podemos, como observa Pirot, "mantener- 
nos^ en el horizonte estrecho de la ruina de Jeru- 
salén", sino llegar "hasta la ruina del mundo". 

15. Alusiån a la profecia de Daniel (Dan. 9, 27; 
11, 31; 12, 11). En I Mac. 1, 57 esta profecia se 
aplica a la profanaciån del Templo en tiempos de 
los Macabeos. Jesus ensena que volverå a cum- 
plirse en los tiempos que Él anuncia. Algunos Pa- 
dres la creian cumpJida en la adoracion de la ima- 
gen dei César en el Templo en tiempos de Pilato o 
en la instalacion de la estatua ecuestre de Adriano en 
ese mismo lugar. Otros Padres refieren este vaticinio a 
los tiempos escatologicos y al Anticristo. El que lee: 
Jouon anade las Bscrituras. Tal es el sentido de estas 
palabras que, como ohserva Fillion, no son del Evan- 
gelista sino de Jesus, que las repite en iMarc. 13, 14. 

20 s. El cumplimfiento total de la profecia sobre 
la desirucciåw de Jerusalén es una imagen de como 
se cumplirå también todo lo que Jesus profetizo so- 
bre el fin de los tiempos. El historiador judio Fla- 
vio Josef c describe la devastacion de la capital ju- 
dia, f que se venficå a la letra y tal como Jesus lo 
hahia profetizado, en el ano 70 de la era cri stiana. 

23. Buzy, llamando la atencion sobre el hecho de 
que Jesus habla constantemente en plural de falsos 
Mesias y de_ falsos profetas y nunca de un falso 
Mesias en singular o de un Anticristo, concluye: 
"que en la ensenanza de Jesus como en la de S. Juan 
(I Juan 1, 18-23) no hay un Anticristo individual; 
no hay sino una colectividad, poderosa y terrible, 
de anticristos". Lo mismo observa dkho autor en su 
nota a II Tes. 2, 7. 



entonces os dicen: "Ved, el Cristo esta aqui o 
alla", no lo creais. 24 Porque surgiran falsos 
cristos y falsos prof etas, y harån cosas estu- 
pendas y prodigios, hasta el punto de desviar, 
si fuera posible, aun a los elegidos. 25 ;Mirad 
que ps lo he predicho! 26 Por tanto, si os dicen.: 
"Esta en el desierto", no salgais; "esta en las 
bodegas", no lo creais. 27 Porque, asi como el 
relampago sale del Oriente y brilla hasta el 
Poniente, asi sera la Parusia del Hijo del Horn- 
bre. 2S Allf donde esté el cuerpo, alli se jun- 
taran las aguilas." 

Segunda venida de Cristo. 29 "Inmediatamente 
después de la tribulacion de aquellos dias el 
sol se oscurecera, y la luna no dara mas su 
fulgor T los astros caeran del cielo, y las poten- 
cias de los cielos seran conmovidas. ^Enton- 
ces aparecera en el cielo la senal del Hijo del 
Hombre, y entonces se lamentaran todas las 
tribus de la tierra, y veran al Hijo del Hom- 
bre viniendo sobre las nubes del cielo con 
poder y gloria grande. 31 Y enviara sus ange- 
les con trompeta de sonido grande, y juntaran 
a los elegidos de Él de los cuatro vientos, de 
una extremidad del cielo hasta la otra." 

Aprended de la higuera. 32 "De la higuera 



24. Iyos elegidos se Iibrarån del engano porque al 
justo se le darå por defensa un juicio seguro (Sab. 
5, 19). Cf. II Tes. 2, 10 ss. y nota, 

28. Iyocucién p rover bi al. Asi como las åguilas, asi 
también los hombres acudirån volando al lugar donde 
esté Cristo (Maldonado). Véase I Tes. 4, 16 s.; IyUc. 
17, 37. 

30. La senat del Hijo del Hombre: en general se 
cree que es la Cruz y que aparecera el mismo dia 
de la Parusia. Segun las Constituciones Apostolicas, 
seria muchos dias antes. Todas las tribus (cf. Kz. 
36, 31; 37, 15 ss.): harån <iuelo, como dice el P. ka- 
grange, en cuanto esa senal les recordarå la muerte 
de Cristo (cf. 23, 39; Juan 19, 37; Apoc. 1, 7; 
Zac. 12,^ 10 s.). Pirot, en la gran edicion reciente 
de la Biblia comentada, anota aqui: "Y ellos veran: 
notar la paronomasia. kåpsoniai. . . kat åpsontat: se 
lamentaran y verån al Hijo del Hombre viniendo 
sobre las nubes del cielo con poder y gran aparato : 
este ultimo rasgo es visiblemente tornado de Dan. 7, 
13. De esta manera Jesus se identifica claramente 
con el Hijo del Hombre que, en la celebre vision 
del Profeta, es el fundador del Reino de Dios*'. 

31. Cf. Marc. 13, 27. Un poeta americano evoca 
esta gran trompeta en una poesia que tituja "Canto 
de esperanza' 1 , e invoca el retorno de Cristo, dicién- 
dole con tanto fervor como helleza lirica: 

Y en tu caballo blanco que mir6 el Visionario 
pasa. Y suene el divino clarin extraordinario. 
I Mi c o razon sera brasa de tu incensario! 
Juntarån; el griego usa el mismo verbo que en II 
Tes, 2, 1: "episyndxusm". Alude aqui el Setior al 
admirable rapto en su encuentro en las nubes que 
esta prometido a nosotros los vivientes "que quede- 
mos" (I Tes. 4, 17). Cf. I Cor. 15, 51; II Tes, 
2, i; Hebr. 10, 25. Del cielo: es de notar que no 
dice de la tierra (cf. v. 30), Estos parecen ser los 
que el v. 28 11a ma las åguilas. Véase Marc. 13, 27 
y nota. 

32. El årbol de la higuera (Iyuc. 21, 29) es fi- 
gura de Israel segun la carne (21,19; Marc. 11, 13), 
a quien se å\6 un plazo (Iyuc. 13, 8) para que antes 
de la destrucciån de Jerusalén creyese en el Cristo 
resucitado que le predicaron los ap 6 stol es (cf. Hebr. 
8, 4 y nota). Pero entonces no dio fruto y fué 
ahandonado como pueblo de Dios. Cuando empiece 
a mostrar signos precursores del fruto sabremos que 



48 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 34, 32-51; 25, 1-5 



aprended esta semejanza: cuando ya sus ramas 
se ponen tiernas, y sus hojas brotan, conocéis 
que estå cerca el verano. ^Asi también vos- 
otros cuando veais todo esto, såbed que esta 
cerca, a las puertas. 34 En verdad, os digo, que 
no pasara la generaciån ésta hasta que todo 
esto suceda. 35 E1 cielo y la tierra pasaran, pero 
las palabras nu'as no pasaran ciertamente." 
36 "Mas en cuanto al dia aquel y a la hora, 
nadie sabe, ni los ångeles del cielo, sino el Pa- 
dre solo. 37 Y como sucedio en tiempo de Noé, 
asi sera la Parusia del Hijo del Hombre. 38 Por- 
que asi como en el tiempo que precedio al 
diluvio, comian, bebian, tomaban en matrimo- 
nio y daban en matrimonio, hasta el dia en que 
entro Noé en el arca, ^ no conocieron hasta 
que vino el diluvio y se los llev6 a todos, asi 
sera también la Parusia del Hijo del Hombre. 
^Entonces, estaran dos en el campo, el uno 
serd tornado, y el otro dejado; 41 dos estaran 
moliendo en el molino, la una sera tomada y la 
otra dejada." 

jVelad! 42 "Velad, pues, porque no sabéis en 
qué dia vendra vuestro Senor. ^Comprended 
bien esto, porque si supiera el amo de casa a 
qué hora de la noche el ladron habia de venir, 
velaria ciertamente y no dejaria horadar su 
casa. ^Por eso, también vosotros^ estad pron- 
tos, porque a la hora que no pensåis, vendra el 



Él estå cerca. Las grandes persecuciones que ultima- 
mente han sufrido los judios (cf. Zac. 13, 8; Ez. 
S, 1*13), los casos singulares de conversiån, la vuelta 
a Palestina y al idioma hebreo, eta, bien podrian 
ser senales, aunque no exclusivas, que no hemos de 
mirar con indiferencia. Véase Luc. 21, 28. 

34. La gøneraciån ésta: segun S. Jeronimo, alu- 
diria a todo el género humano; segun otros, al pue- 
bio judio, o s61o a los contemporåneos de Jesus 
que verian cumplirse esta prof ecia en la destruccion 
de la ciudad santa. Fillion, considerando que en este 
discurso el divino Profeta se refiere paralelamente 
a la destruccion de Jerusalén y a los tiempos de su 
segunda Venida, aplica estas palabras en primer lu- 
gar a los hombres que debian ser testigos de la 
ruina de Jerusalén y del Templo, y en segundo lu- 
gar a la generacion "que ha de asistir a los ultimos 
acontecimientos historicos del mundo", es decir, a 
la que presencie las senales aqui anunciadas (cf. 
Luc. 21, 28). En fin, segun otra bien fundada inter- 
pretacion, que no impide la precedente, "la genera- 
ciån ■ ésta" es la de f ariseos, escribas y doctores, a 
quienes el Senor acaba de dirigirse con esas mismas 
palabras en su gran discurso del capitulo anterior 
(23, 36). Véase la nota a Luc. 21, 32. 

36. Bl Padre solo: Cf. Marc. 13, 32 y nota. 

42. Es indispensable velar para poder "estar en 
pie ante el Hijo del Hombre" (Luc. 21, 34-36); 
hay que Iucbar cons tantemente por la fidelidad a la 
gracia contra las malas inclinaciones y pasiones, es- 
pecialmente contra la tibieza y somnolencia espi ritual 
(Apoc. 3, 15 s.)- Tenga cuidado de no caer el que 
se cree firme (I Cor. 10, 12). "Marchais cargados 
de oro, guardaos del Udran" (S. Jeronimo). Cf. 25, 
1 ss. y nota. 

44. A la hora que no pensdis, etc: Es, pues, fal- 
so decir: Cristo no puede venir en nuestros dias. La 
venida de Cristo no es un problema matemåtico, sino 
un misterio, y sélo Dios sabe como se han de rea- 
lizar las senales anunciadas. En muchos otros pa* 
sajes se dice que Cristo vendra como un ladron, lo 
cual no se refiere a la muerte de , cada uno, sino 
a Su Parusia (I Tes. 5, 2 s.; II Pedro 3, 10; Apoc. 
3, 3; 16, 15). 



Hijo del Hombre. ^Quién es, pues, el siervo 
fiel y prudente, a quien puso el Senor sobre 
su servidumbre para darles el alimento a su 
tiempo? 48 ;Feliz el servidor aquel, a quien su 
senor al venir hallare obrando asi! 47 En ver- 
dad, os digo, lo pondra sobre toda su hacienda. 
4S Pero si aquel siervo malo dice en su cora- 
zon: "Se me retrasa el senor", 49 y se pone a 
golpear a sus consiervos y a comer y a beber 
con los borrachos; ^Volvera el senor de aquel 
siervo en dia que no espera, y en hora que no 
sabe, 51 y lo separara^ y le asignaré su suerte 
con los hip6critas; alli sera el llanto y el rechi- 
nar de dientes." 

CAPiTULO XXV 

Parabola de las diez vIrgenes. x "En aquel 
entonces el reino de los cielos sera semejante 
a diez virgenes, que tomaron sus lamparas y 
salieron al encuentro del esposo. 2 Cinco de 
entre ellas eran necias, y cinco prudentes. 3 Las 
necias, al tomar sus lamparas, no tomaron acei- 
te consigo, toientras que las prudentes toma- 
ron aceite en sus frascos, ademas de sus lampa- 
ras. 5 Como el esposo tardaba, todas sintieron 



45. Jesus pone esta pregunta no porque no cono- 
ciera al siervo fiel y prudente, sino para mostrar 
cuån pocas veces se hallan estas cualidades (S. Cri- 
sostomo). El sentido de este pasaje se ve mås claro 
en Luc. 12, 41. 

47. Véase Luc. 12, ,37. Toda si* hacienda: En 
sentido espiritual; las almas (Juan 10, 29 y nota). 
Es una promesa anåloga a la de 16, 19; Luc. 19, 
17; 22, 30. 

49. Cf. Luc. 12, 45 ss.; I Pedr. 5, 1 ss. 

1 ss. Esta parabola, como la ^ anterior, quiere en- 
senarnos la necesidad de estar siempre alerta, porque 
nadie sabe el dia ni la hora del advenimiento de 
Cristo. Del esposo: La Vulgata aiiade: "y de la 
esposa". El texto grlego se refiere solamente al es- 
poso, lo que cuadra mej or con las costumbres he- 
breas, porque las virgenes solian estar con la novia, 
y junto con ella esperaban la venida del esposo acom- 
panado de sus amigos. En cuanto a la explicacion 
de la parabola, advierte ya S. Jeronimo que las diez 
virgenes simbolizan a todos los cristianos, *'La es- 
pera es el periodo que precede a la segunda venida 
del Salvador; su venida es la Parusia gloriosa; el 
festin de la felicidad del Reino de los cielos... Los 
fieles que no estån preparados a la venida de Cristo 
serån eliminados de la beatitud parusiaca,.. El mo- 
mento de la Parusia es capital... y hay que tener 
siempre a mano la provision de aceite" (Pirot). En 
efecto, la tdmpara sin aceite es la fe muerta que 
se estereotipa en formulas (15, 8). La fe viva, que 
obra por amor (Gal, 5, 6), es la que produce la 
luz de la esperanza que nos tiene siempre en vela; 
lo que no se ama no puede ser esperado pues no 
se lo desea. S. Pedro ensena que esa Idmpara o an- 
torcha con que esperamos a Jesus en estas tinieblas 
es la esperanza que nos dan las profecias basta que 
amanezca el dia cuando Él venga (II Pedr. 1, 19). 
David ensena igualmente que esa luz para nuestros 
pies nos viene de la Palabra de Dios (S. 118, 105), 
la cual, dice S. Pablo, debe permanecer abundante* 
mente en nosotros, ocupando nuestra memoria y 
nuestra atencion (Col. 3, 16), para que no "nos en- 
gane este siglo malo (Gal. 1, 4). El sueno — que 
no es aqui reproche, pues todas se durmieron — re- 
presenta, dice Pirot, lo imprevisto y subito de la 
Parusia, de modo que la Idmpara de nuestra fe no 
se mantendrå iluminada con la luz de la amorosa es- 
peranza, si no tenemos gran provision del aceite de 
la palabra, que es lo que engendra y vivifica la mis- 
ma fe (Rom. 10, 17). 



EVANGELIO SEGU*< SAN MATEO 25, 5-44 



49 



sueno y se durmieron. 6 Mas a medianoche se 
oy6 un grito: ;He aqui al esposo! jSalid a su 
encuentro!" 'Entonces todas aquellas virgenes 
se levantaron y arreglaron sus lamparas. 8 Mas 
las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de 
vuestro aceite, porque nuestras lamparas se 
apagan." 9 Replicaron las prudentes y dijeron: 
No sea que no alcance para nosotras y para 
vosotras; id mas bien a los vendedores y com- 
prad para vosotras". 10 Mientras ellas iban a 
comprar, llego el esposo; y las que estaban 
prontas, entraron con él a las bodas, y se cerro 
la puerta. u Después llegaron las otras virgenes 
>* dijeron: ";Senor, senor, abrenos!" 12 Pero él 
respondio y dijo: "En verdad, os digo, no os 
conozco." 13 Velad, pues, porque no sabéis ni el 
dia ni la hora." 

Paråbolas de los talentos. 14 "Es como un 
hombre, que al hacer un viaje a otro pais, 11a- 
mo a sus siervos, y les encomendo sus haberes. 
15 A uno dio cinco talentos, a otro dos, a otro 
uno, a cada cual segun su capacidad; luego 
partié, 16 En seguida, el que habia recibido 
cinco talentos se fué a negociar con ellos, y 
gano otros cinco. 17 Igualmente el de los dos, 
gano otros dos. 18 Mas el que habia recibido 
uno, se fué a hacer un hoyo en la tierra, y 
escondio alli el dinero de su senor. 19 A1 cabo 
de mucho tiempo, volvio el senor de aquellos 
siervos, y ajusto cuentas con ellos. 20 Presen- 
tåndose el que habia recibido cinco talentos, 
trajo otros cinco, y dijo; "Senor, cinco talen- 
tos me entregaste; mira, otros cinco gane." 
21 Dijole su senor: ";Bien! siervo bueno y fiel; 
en lo poco has sido fiel, te pondré al frente 
de lo mucho; entra en el gozo de tu senor.' 1 
^A su turno, el de los dos talentos, se presen- 
to y dijo: "Senor, dos talentos rne entregaste; 
mira, otros dos gane." 23 Dijole su senor: ";Bien! 
siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, 
te pondré al frente de lo mucho; entra en el 
gozo de tu senor." ^Mas llegandose el que 
habia recibido un talento, dijo: "Tengo cono- 
cido que eres un hombre duro, que quieres 
cosechar alli donde no sembraste, y recoger 
alli donde nada echaste. 25 Por lo cual, en mi 
temor, me fuf a esconder tu talento en tierra. 
Helo aqui; tienes lo que es tuyo". 28 Mas el 



14. EJ1 hombre que va a otro pai$> es imagen de 
Jesucristo que sube al cielo, desde donde vol ver å a 
juzgar a los vivos y a los muertos (I Pedro 4, 
5 ss.), I,os criados somos nosotros. I,os talentos son 
los dones que Dios nos regala como Padre y Crea- 
dor, como Hijo y Redentor, y como Bspiritu Santo 
y Santificador. Pero las dones o cantidades son 
distintos, como los servicios que tenemos que pres- 
tar. I/> que Dios exige es sdlamente nuestra buena 
vøluntad para explotar sus dones, de modo que la 
fe obre por la caridad (Gal. 5, 6). 

15. A cada cual segun su capacidad: es decir, 
su capacidad receptiva. Maria ensefid que la abun- 
dancia sera para los hambrientos (I,uc. 1» 53; cf. 
I Rey. 2, 5; S. 33, 11), por lo cual es de pensar que 
aqui también se da mås al que tiene menores fuer- 
zas, o sea al que menos alardea de ellas, ya que 
toda nuestra fuerza nos viene de Él (Juan 15, 5; 
cf. I,uc. 18, 9 ss.). Record emos que el aceite de la 
vtuda se detuvo cuando no hu bo mås vasos vacios 
(IV Rey. 4. 6). • 



senor le respondio y dijo: "Siervo malo y pere- 
zoso, sabias que yo cosecho alli donde no sem- 
bre y recojo alli donde nada eché. 27 Debias, 
pues, håber entregado mi dinero a los banque- 
ros, y a mi regreso yo lo habria recobrado con 
sus réditos. ^Quitadle, por tanto, el talento, 
y dadselo al que tiene los diez talentos. 29 Por- 
que a todo aquel que tiene, se le darå, y 
tendra sobreabundancia; pero al que no tiene, 
aun lo que tiene le sera quitado. 30 Y a ese 
siervo inutil, echadlo a las tinieblas de afuera. 
Alli sera el llanto y el rechinar de dientes." 

El Juicio de las naciones. 31 "Cuando el Hi- 
jo del Hombre vuelva en su gloria, acompa- 
nado de todos sus angeles, se sentara sobre su 
trono de gloria, 32 y todas las naciones seran 
congregadas delante de Él, y separara a los 
hombres, unos de otros, como el pastor separa 
las ovejas de los machos cabrios. 33 Y colo- 
cara las ovejas a su derecha, y los machos 
cabrios a su izquierda. M En tonces el rey dira 
a los de su derecha: "Venid, benditos de mi 
Padre, tomad posesion del reino preparado para 
vosotros desde la fundacion del mundo. ^Por- 
que tuve hambre, y me disteis de comer; tuve 
sed, y me disteis de beber; era forastero y me 
acogisteis; 36 estaba desnudo, y mé vestisteis; 
estaba enfermo, y me visitasteis; estaba preso, 
y vinisteis a verme." 37 Entonces los justos le 
responderan, diciendo: "Senor, ^cuando te vi- 
mos hambriento, y te dimos de comer, o se- 
diento, y te dimos de beber? 38 jCuåndo te 
vimos forasteros, y te acogimos; o desnudo, y 
te vestimos? ^Cuando te vimos enfermo o en 
la carcel, y fuimos a verte?" 40 Y respondiendo 
el rey les dira: "En verdad, os digo: en cuanto 
lo hicisteis a uno solo, el mas pequeno de estos 
mis hermanos, a Mi lo hicisteis." 41 Entonces 
dira también a los de su izquierda: "Alejaos 
de Mi, malditos, al fuego eterno; preparado 
para el diabio y sus angeles. 42 Porque tuve 
hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y 
no me disteis de beber; 43 era forastero, y no 
me acogisteis; estaba desnudo y no me vestis- 
teis; enfermo y en la carcel y no me visitas- 
teis." ^Entonces responderan ellos también: 
(t Senor, ^cuando te vimos hambriento, sediento, 
forastero, desnudo, enfermo o en Ja carcel, y 



29. Frase de hondo sentido espiritual: I,os que 
aprovechan la gracia, no solamentc la guardan, sino 
que crecen en ella y son recompensados con nuevos 
dones. 

32. Todas las naciones: "Como en las grandes 
asambleas apocalipticas que presentan los profetas 
(Joel 4, 2 y 9; Zac. 14, 2)" Pirot. Cf. 3, 10 ss. y 
nota. 

34. Venid... tomad: Sto. Tomas hace notar que 
parece extrafio decir esto a los justos salvados ya 
mucho antes. Es que el alma sola no es toda la per- 
sona, Cf. I<uc. 21, 28 y nota. 

35. Vemos asi que el amor es un mandamiento 
obligatorio que encierra todos los demås mandamien- 
tos; es la "plenitud <Je la I<ey", segun la cual sen- 
tenciarå el Juez (Rom. 13, 10; Gal. 5, 14 ss.). 

40. A mi lo hicisteis: es la doctrina divinamente 
admiraMe del Cuerpo Mistico (cf. 10, 40; 18, 5; 
Hech. 9, 10). Asi también lo hecho a Él es hecho 
a nosotros. Cf. Rom. 6, 4; Gal. 2, 19 ss.; Ef. 2, 6; 
Filip. 3, 10 s.; Col. 3, 3 s. 



50 



EVANGELIO SKGUN SAN MATEO 25, 44-46; 26, 1-34 



no te asistimos?" ^Y Él les responderå: "En 
verdad, os digo: en cuanto habéis dejado de 
hacerlo a uno de éstos, los mas pequenos, tam- 
poco a Mi lo hicisteis." 46 Y éstos iran al supli- 
cio eterno, mas los justos a la eterna vida." 



V. PASION y muerte 
DE JEStJS 

(26,1-27,66) 

CAPfTULO XXVI 

MarLa de Betania unge a Jesus. iQiando 
Jesus hubo acabado to dos estos discursos, di jo 
a sus discipulos: 2 "La Pascua, como sabéis, sera 
dentro de dos dias, y el Hijo del hombre va a 
ser entregado para que lo crucifiquen." 3 En- 
tonces los jefes de los sacerdotes y los ancia- 
nos del pueblo se reunieron en el palacio del 
pontifice que se Hamaba Caifas ■, *y delibera- 
ron prender a Jesus con engano, y darle muer- 
te. »pero, decian: tr No durante la fiesta, para 
que no haya tumulto en el pueblo." 6 Ahora 
bien, hallandose Jesus en Betania, en casa de 
Simon el leproso, 7 una mujer se acerco a Él, 
trayendo un vaso de alabastro, con unguento 
de mucho precio, y lo derramo sobre la cabeza 
de Jesus, que estaba a la mesa. 8 Los discipulos, 
viendo esto, se enojaron y dijeron: "<;Para qué 
este desperdicio? 9 Se podia vender por mucho 
dinero, y darlo a los pobres." 10 Mas Jesus, no- 
tandolo, les dijo: "éPor qué molestais a esta 
mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. 
u Porque a los pobres los tenéis siempre con 
vosotros, pero a Mi no me tenéis siempre. 12 A1 
derramar este unguento sobre mi cuerpo; lo 
hizo para mi sepultura. 13 En verdad, os digo, 
en el mundo entero, dondequiera que fuere 
predicado este Evangelio, se contarå también, 
en su memoria, lo que acaba de hacer." 

Judas vende al Maestro. 14 Entonces uno de 
los Doce, el llamado Judas Iscariote, fué a los 
sumos sacerdotes, 15 y dijo: "éQué me dais, y 
yo os lo entregaré?" Ellos le asignaron treinta 
monedas de plata. 16 Y desde ese momento bus- 
caba una ocasion para entregarlo. 

La ultima Cena. 17 E1 primer dia de los 



9. Los ap ostoles tenian caja comun para satis- 
facer las necesidades de la vida y dar Kmosnas a los 
pobres. 

13. En el sentir de la mayoria de los intérpretes, 
esta mujer era Maria de Betania, hermana de Lå- 
zaro, en tanto que S. Jeronimo y muchos otros se 
pronuncian contra esta identificacion. Véase Marc, 
14, 3-9; Luc. 7, 37; Juan 11, 2; 12, 1-8. 

14. Iscariote, es decir, hombre de Kariot, que sig- 
nifica aldea y es también el nombre propio de una 
poblacion de Idumea. Véase la profecia de Abdias 
que es toda contra Edom. Cf. v. 24; S. 59, 11; 75, 
11; Is. 63, Iss.; Habac. 3, 3; Apoc. 19, 13 ss. 

1 7. Los åzimos son panes sin levadura, que los 
judios comian durante la Octava de la Fiesta de 
Pascua. ^1 dia era un jueves, ese mismo en que 
ellos anticipadamente debian comer el cordero pas- 
cua! (Luc. 22, 8; Juan 18, 28 y nota). 



Azimos, los discipulos se acercaron a Jesus, y le 
preguntaron: "éDonde quieres que te prepa- 
remos la cena de Pascua?" 18 Les respondio: "Id 
a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: "El 
Maestro te dice: Mi tiempo esta cerca, en tu 
casa quiero celebrar la Pascua con mis disci- 
pulos." 19 Los discipulos hicieron lo que Jesus 
les habia mandado, y prepararon la Pascua. 
20 Y llegada la tarde, se puso a la mesa con 
los Doce. 21 Mientras comian les dijo: "En 
verdad, os digo, uno de vosotros me entre- 
garåV' 22 Y entristecidos en gran manera, co- 
menzaron cada uno a preguntarlé: "^Seré yo, 
Senor?" 23 Mas Él respondio y dijo: ;t El que 
conmigo pone la mano en el plato, ése me en- 
tre^ara. 24 E1 Hijo del hombre se va, como 
esta escrito de Él, pero jay de aquel hombre, 
por quien el Hijo del hombre es entregado! 
Mas le valdria a ese hombre no håber nacido." 
25 Entonces Judas, el que le entregab a, tomo la 
palabra y dijo: "éSeré yo, Rabi?" Le respon- 
dio: "Tu lo has dicho." 

26 Mientras comian, pues, ellos, tomando Je- 
sus pan, y^ habiendo bendecido partio y dio 
a los discipulos diciendo: "Tomad, comed, 
éste es el cuerpo mio." 27 Y tomando un ca- 
liz, y habiendo dado gracias, dio a ellos, 
diciendo: "Bebed^ de él todos, 28 porque es- 
ta es la sangre mia de la Alianza, la cual por 
muchos se derrama para remision de pecados. 
29 Os digo: desde ahora no beberé de es- 
te fruto de la vid hasta el dia aquel en 
que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino 
de mi Padre." 

jEStfS PREDICE A PEDRO SU NEGACION. 3°Y en- 

tonado el himno, salieron hacia el Monte de 
los Glivos. 31 Entonces les dijo Jesus: "Todos 
vosotros os vais a escandalizar tie Mi esta no- 
che, porque esta escrito: "Heriré al pastor, y 
se dispersaran las o ve jas del rebaiio." ^Mas 
despues que Yo haya resucitado, os precederé 
en Galilea." 33 Respondi6Ie Pedro y dijo: "Aun- 
que todos se escan dalizaren de Ti, yo no me 
escandalizaré jamas." 34 Jesus le respondio: "En 
verdad, te digo que esta noche, antes que el 



25- Tti lo Has dicho: Jesus pronunciå estas pala- 
bras en voz baja, de modo que los otros discipulos 
no las entendieron, como se ve en Juan 13, 28-29, La 
traicion de Judas no es solamente fruto de su ava- 
ricia, sino también de la falsa idea que tenia del 
Mesias. Para él un Mesias hurailde y doliente era 
un absurdo, porque no comprendia que Jesus quiso 
poner a prueba la fe de sus discipulos, con su humil- 
dad, que también estaba anunciada por los prof etas 
lo mismo que los esplendores de su reino (Is. 49, 
7 s.; 53, Iss.; 61, Iss.). Véase Luc, 24, 46 y nota. 

26. Cf. Luc. 22, 20 y nota. Merk cita aqui Ex. 
24, 8; Jer. 31, 31; Zac. 9, 11; Hebr. 9, 12 y 20. 
El texto de Jeremias es el que S. Pablo reproduce 
ampHamente en Hebr. 8, 8 ss., donde trata del sacer- 
docb de Cristo. Véase Marc. 14, 14 y 'nota. La 
Iglesia Catolica Apostolica Romana profesa la fe 
de que, diciendo: "éste es el cuerpo mio", Jesus 
convirtio la substancia del pan en su Cuerpo, asi 
como después la substancia del vino en su Sangre. 
Con esto no solo quedo instituido el Sacramento de 
la Eucaristia, sino también \l sacrificio de la Santa 
Misa, en que Jesus se ofrece constantemente al 
Padre. Véase los lugares paralelos. 

31, Cf. v. 56 y nota; Juan 16, 32; Zac. 13, 7. 



RVANGELIO SEGUN SAN MATEO 26, 34-65 



51 



gallo cante, tres veces me negarås." 35 Repli- 
cole Pedro: ";Aunque deba contigo morir, de 
ninguna manera te negaré! ' Y lo mismo dije- 
ron también todos los discipulos. 

Agonia de Jest^s. 3G Entonces, Jesus llego con 
ellos al huerto llamado Getsemani, y dijo a 
Jos discfpulos; "Sentaos aqui, mientras voy alli 
y hago oracion." 3 3Y tomando consigo a Pedro 
y a los dos hijos dé Zebedeo, comenzo a entris- 
teeerse y a angustiarse. 38 Después les dijo: 
"Mi alma esta triste, mortalmente; quedaos aqui 
y velad conmigo." 39 Y adelantandose un poco, 
se postro con el rostro en tierra, oraado y di- 
ciendo: "Padre mio, si es posible, påse este 
caliz lejos de Mi; mas ho como Yo quiero, 
sino como Tu." 40 Y yendo hacia los discipulos, 
los encontro durmiendo. Entonces dijo a Pe- 
dro: "^No habéis podido, pues, una hora velar 
conmigo? 41 Velad y orad, para que no entréis 
en tentacion. El espiritu, dispuesto (estd), mas 
la carne, es debil.** 42 Se fué de nuevo, y por 
segunda vez, oro asi: "Padre mio, si no puede 
esto pasar sin que Yo lo beba, hågase la volun- 
tad tuya." 43 Y vino otra vez y los encontro 
durmiendo; sus o) os estaban, en efecto, car- 
gados. 44 Los dejo, y yéndose de nuevo, oro 
una tercera vez, diciendo las mismas palabras. 
45 Entonces, vino hacia los discipulos y les dijo: 
"^Dormis ahora y descansais?" He aqui que 
llego la hora y el Hijo del Hombre es entre- 
gado en manos de pecadores. 46 ;Levantaos! 
*,Vamos! Mirad que ha llegado el que me 
entrega." 

La Divina Victima es presa y ixevada ante 
el Sanhedr{n. 47 Aun estaba hablando y he 
aqui que Judas, uno de los Doce, llego acom- 
panado de un tropel numeroso con espadas y 
palos, enviado por los sumos saccrdotes y los 
ancianos del pueblo. 48 E1 traidor les habia 
dado esta senal: "Aquel a quien yo daré un 
beso, ése es; sujetadle." 49 En seguida se apro- 
ximo a Jesus y le dijo: "jSalud, Rabi!", y lo 
beso. 50 Jesus le dijo: "Amigo, ;a lo que vie- 
nes!" Entonces, se adelantaron, echaron mano 

35. Bios nos deja en este pasaje una leccion in- 
superable de desconfianza en nosotros mismos. Cf. 
v. 75; 21, 28 ss. y notas. 

36. Que ellos se sienten, mientras ÉI va a pos- 
trarse en tierra. 1,0 que sigue muestra cåmo respon. 
dieron ellos... y nosotros. 

42. Esto es: quiero que tu voluntad de salvar a 
los hombres, para lo cual me enviaste (Juan 6, 38- 
40), se cumpla sin reparar en lo que a Mi me cueste. 
Ya que ellos no aceptaron mi mensaje de perdon 
(Marc. 1, 15; Juan, 1, 11; Mat. 16, 20 y nota), muera 
el Pastor por las ovejas (Juan 10, 11 y nota). Aqui 
se ve la libre entrega de Jesus como victima "en 
manos de los hombres" (17, 12 y 22) para que no 
se malograse aquella voluntad salvifica del Padre. 
iAcaso no le habr'ia Éste mandado al punto mås de 
doce legiones de ångeles ? ( v. 53). "Esta voz de la 
Cabeza es para salud de todo el cuerpo porque es 
ella la que ha instruido a los fieles, inflamado a los 
confesores, coronado a los mårtires" S. I^eon. 

45. jDormis ahora y descansais? Véase Marc. 14, 
41 y nota. 

50. No le pregunta Jesus a qué ha venido, sino 
que le inanifiesta conf ormida d con que lleve ade- 
lante su propåsito, como cuando le dijo: lo que ha- 
ces, hazlo cuanto ante s (Juan 13, 27). 



de Jesus, y.lo prendieron. 51 Y he aqui que 
uno de los que estaban con Jesus llevo la mano 
a su espada, la desenvaino y dando un golpe 
al siervo del sumo sacerdote, le corto la oreja. 
52 Dijole, entonces, Jesus: "Vuelve tu espada a 
su lugar, porque todos los que empunan la 
espada, perecerån a espada. 53 ^0 piensas que 
no puedo rogar a mi Padre, y me dara al pun- 
to mas de doce legiones de angeles? 54 tf *Mas, 
c6mo entonces se cumplirfan las Escrituras de 
que asi debe suceder?" 55 A1 punto dijo Jesus 
a la turba: "Como contra un ladron habéis 
salido, armados de espadas y palos, para pren- 
derme. Cada dia me sentaba en el Templo 
para ensenar, ;y no me prendisteis! 56 Pero todo 
esto ha sucedido para que se cumpla lo que 
escribieron los profetas." Entonces los disci- 
pulos todos, abandonandole a Él, huyeron. 

57 Los que habian prendido a Jesus lo Ueva- 
ron a casa de Caifas, el sumo sacerdote, donde 
los escribas y los ancianos estaban reunidos. 
58 Pedro lo habia seguido de lejos hasta el pala- 
cio del sumo sacerdote, y habiendo entrado 
alli, se hallaba sentado con los satélites para 
ver como terminaba eso. 59 Los sumos sacer- 
dotes, y todo el Sanhedrin, buscaban un falso 
testimonio contra Jesus para hacerlo morir; &*y 
no lo encontraban, aunque se presentaban mu- 
chos testigos falsos. Finalmente se presentaron 
dos, 61 que dijeron: ,f Él ha dicho: "Yo puedo 
demoler el templo de Dios, y en el espacio 
de tres dias reedificarlo". ^Entonces, el sumo 
sacerdote se levanto y le dijo: "^Nada respon- 
des? ;Qué es eso que éstos atestiguan contra 
Ti?" Pero Jesus callaba. ^Dijole, pues, el su- 
mo sacerdote: "Yo te conjuro por el Dios 
vivo a que nos digas si Tu eres el Cristo, el 
Hijo de Dios." ^Jesus le rcspondio: "Tu lo 
has dicho. Y Yo os digo: desde este momcnto 
vercis al Hijo del hombre sentado a la diestra 
del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo." 
65 Entonces, el sumo sacerdote rasgo sus vesti- 



51 s. Fué S. Pedro (Juan 18, 10). Cf. Gen. 9, 6; 
Apoc '3. 10 y nota. 

53. Véase v. 42 y nota. I^a bondad del divino Maes- 
tro no excluye a Judas (v. 50). Cf. Juan 13, 27. 

54. Véase Is. 53, 7-10. 

56. /Todos! Véase Marc. 14, 50 y nota. Es mtiy 
digno de observar el contraste entre esta fuga y tø 
escena precedente (v. 51-54). Alli vemos que se in- 
tenta una defensa armada de Jesus, es decir, que 
si ÉI ''a hubiese aceptado, obrando como los qne bus- 
can su propia gloria (Juan 5, 43), los discipulos se 
habrian sin du da jugado la vida por su caudillo 
(Juan 11, 16; 13, 37). Pero cuando Jesus se mues- 
tra tal, cual es, como divina Victima de la salvacion, 
en nuestro propio favor, entonces todos se escanda- 
lizan de Él, como Él se lo tenia anunciado (v. 31 ss.), 
y como solemos hacer muchos cuando se trata de 
compartir las humillaciones de Cristo y la persecu- 
cion por su Palabra (13, 21). Algo anålogo babia 
de suceder a Pablo y Bernabé en Iyistra, donde aquél 
fué Iapidado después de rechazar la adoraciån que 
se les offecia creyéndolos Jupiter y Mercurio (Hech. 
14,- 10-18). 

60. Eran dos falsos testigos, que tampoco esta- 
ban acordes en su testimonio, como vemos en Marc. 
14, 59. 

65. I^a bttasfemia consiste, a los ojos de los san- 
hedrinitas, en el testimonio que Jesus da de Si mis- 
mo, confesando la verdad de que Él -es el Hijo de 
Dios. Cf. I,ev. 24, 16. 



52 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 26, 65-75; 27, 1-26 



duras, y dijo: ";Ha blasfemado! éQué nece- 
sidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo, 
vosotros habéis oido la blasfemia. ^Qué os 
parece? " Contestaron diciendo : "Merece la 
muerte." 67 En tonces lo escupieron en la cara, 
y lo golpearon, y otros lo abofetearon, 68 di- 
ciendo: ' Adivinanos, Cristo, ^quién es el que 
te pego?" 

Negacion de Pedro. 69 Pedro, entretanto, es- 
taba sentado fuera, en el patio; y una criada 
se aproximo a él y le dijo: "Tu también esta- 
bas con Jesus, el Galileo." 70 Pero él lo nego 
delante de todos, diciendo: "No sé qué dices." 
71 Cuando salia hacia la puerta, otra lo vio y 
dijo a los que estaban alli: "Este andaba con 
Jesus el Nazareno." 72 Y de nuevo lo nego, con 
juramento, diciendo: "Yo no conozco a ese 
hombre." 73 Un poco después, aoercåndose los 
que estaban alli de pie, dijeron a Pedro: 
"jCiertamente, tu también eres de ellos, pues 
tu habia te denuncia!" 74 Entonces se puso a 
echar imprecaciones y a jurar: "Yo no conozco 
a ese hombre/* Y en seguida canto un gallo, 
75 y Pedro se acordo de la'palabra de Jesus: 
"Antes que el gallo cante, me negaras tres 
veces." Y saliendo afuera, lloro amargamente. 

CAPITULO XXVII 

Fin del traidor. 1 Llegada la madrugada, to- 
dos los jefes de los sacerdotes y los ancianos 
del pueblo tuvieron una deliberacion contra 
Jesus para hacerlo morir. 2 Y habiéndolo ata- 
do, lo llevaron y entregaron a Pilato, el gober- 
nador. 

3 Entonces viendo Judas, el que lo entrego, 
que habia sido condenadq, fué acosado por el 
remordimiento, y devolvio las treinta mone- 
das de plata a los sumos sacerdotes y a los 
ancianos, 4 diciendo: "Pequé, entregando san- 
gre inocente." Pero ellos dijeron: "A nosotros 
(jqué nos importa? tu veras." Entonces, él 
arrojo las monedas en el Templo, se retiro y 
fué a ahorcarse. 6 Mas los sumos sacerdotes, 
habiendo recogido las monedas, dijeron: !t No 
nos es licito echarlas en el tesoro de las ofren- 
das, porque es precio de sangre.' 1 7 Y después 
de deliberar, compraron con ellas el campo 
del Alfarero para sepultura de los extranje- 
ros. 8 Por lo cual ese campo fué llamado Campo 
de Sangre, hasta el dia de hoy. 9 Entonces, 
se cumplio lo que habia dicho el profeta Jere- 
mias: 

"Y tomaron las treinta monedas de plata, el 
precio del que fué tasado, al que pusieron 
precio los hijos de Israel, 10 y las dieron por 



75. Pedro cay6, porque presumiå de sus propias 
fuerzas, segun se lo advirtiå el mismo Cristo. Si hu- 
biera pensado, como David, que sélo la gracia^ nos : 
da la constancia y fortaleza, no habria caido cierta- 
mente. 

5- Mientras Pedro llora contrito, Judas se sui- 
cida, porque le falta la confianza en la misericordia 
de Dios, que a todos perdona. EJs la diferencia en- 
tre el solo remordimiento, que lleva. a la desespera- 
cion, y el arrepentimiento, que lleva al perd6n. Cf. 
21, 28 y nota. 

9. Véase Zac. 11. 12 s.; Jer, 32, 6 ss. 



el Campo del Alfarero, segun me ordeno el 
Senor." 

jEstfs ante Pilato. ^Entretanto, Jesus com- 
parecio delante del gobernador, y el goberna- 
dor le hizo esta pregunta: "(jEres Tu el rey 
.de los judios?" Jesus le respondio: "Tu lo di- 
ces.'* 12 Y mientras los sumos sacerdotes y los 
ancianos lo acusaban, nada respondio: 13 En- 
tonces, Pilato le dijo: "<jNo oyes todo esto 
que ellos alegan contra Ti? " ^Per^ Él no res- 
pondio ni una palabra sobre nada, de suerte 
que el gobernador estaba muy sorprendido. 

Pospuesto a un ladron. l5 Ahora bien, con 
ocasion de la fiesta, el gobernador acostum- 
braba con ceder al pueblo la libertad de un pre- 
so, el que ellos quisieran. ie Tenian a la sazon, 
un preso famoso, llamado Barrabas. 17 Estando, 
pues, reunido el pueblo, Pilato les dijo: ";A 
cual queréis que os suelte, a Barrabas o a Je- 
sus, el que se dice Cristo?", 18 porque sabia 
que lo habian entregado por envidia. 19 Mas 
mientras él estaba sentado en el tribunal, su 
rnujer le mando decir: "No tengas nada que 
ver con ese justo, porque yo he sufrido mu- 
cho hoy, en suenos, por Él." 20 Pero los sumos 
sacerdotes y los ancianos persuadieron a la tur- 
ba que pidiese a Barrabas, y exigiese la muerte 
de Jesus. 2l Respondiendo el gobernador les 
dijo: "cfA cual de los dos queréis que os suel- 
te?" Ellos dijeron: "A Barrabas." » Dijoles 
Pilato: "t-Qué hare entonces con Jesus, el que 
se dice Cristo?" Todos respondieron: ";Sea 
crucificado! " 23 Y cuando él pregunto: "Pues 
^qué mal ha hecho?", gritaron todavia mas 
ruerte, diciendo: ";Sea crucificado!" ^Viendo 
Pilato, que nada adelantaba, sino que al con- 
trario crecfa el clamor, tomo agua y se lavo 
las' manos delante del pueblo diciendo : " Yo 
soy inocente de la sangre de es te justo. Vos- 
otros veréis." 25 Y respondio todo el pueblo 
diciendo: "i La sangre de Él, sobre nosotros y 
sobre nuestros hijos!" 26 Entonces, les solto a 
Barrabas; y a Jesus, después de haberlo he- 
cho azotar, lo entregé para que fuese cruci- 
ficado. 



18. Por envidia: se refiere a los sacerdotes (Marc. 
15, 10), contra cuya maldad apelaba Pilato ante 
el pueblo. Marcos (15, 11) reitera lo que aqui ve- 
mos en el v. 20 sobre la influencia pérfida con que 
aquéllos decidieron al pueblo, que tantas veces habia 
mostrado su ådhesion a Jesus, a servirles de instru- 
mentø para saciar su odio contra el Hijo de Dios, 
hasta el punto de persuadirlo a que lo pospusiese a 
un criminal (I^uc. 23, 18; Juan 18, 40). San Pedro 
recuerda al pueblo esta circunstancia en Hech. 3, 
14-17. 

19. Segun una tradicion piadosa, se llamaba Clau- 
dia Procula. Iya Iglesia griega la venera como santa. 

24. Pilato dice este justo, confesando asi 4 publica- 
mente la inocencia de Jesus; y sin embargo, lo 
condena a morir en una cruz. Vemos aqui el tipo 
del juez inicuo, que por politica y cobardia abusa de 
su poder y viola gravemente los deberes de su car- 
go. Sus vacilaciones se prolongan por largp rato; 
pero puede mås lo que él cree su interés, que la voz 
de su conciencia y la previsi6n de su mujer (v. 19). 
Véase Marc. 15, 2ss.; IyUc. 23, 3 ss.; Juan 18, 
33 ss. 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 27, 27-57 



55 



Coronaci6n de espinas. 27 Entonces, los sol- 
dados del gobernador llevaron a Jesus al pre- 
torio, y reunieron alrededor de Él toda la 
guardia. 28 Lo despojaron de los vestidosy lo 
revistieron con un manto de purpura. 29 Tren- 
zaron también una corona de espinaSj y se la 
pusieron sobre la cabeza, y una cana en su 
derecha; y doblando la rodilla delante de Él, 
lo escarnecfan, diciendo: "jSalve, rey de los 
judios!"; *°y escupiendo sobre Él, tomaban la 
cana y lo golpeaban en la cabeza. 31 Después 
de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, 
le pusieron sus vestidos, y se lo llevaron para 
crucificarlo. 

Crucifixion. Z2A\ salir, encontraron a un 
hombre de Cirene, de nombre Simon; a éste 
lo requisaron para que llevara la cruz de Él. 
33Y llegados a un lugar llamado G61gota, esto 
es, "del Cråneo", ^le dieron a beber vino 
mezclado con hiel; y gustandolo, no quiso 
beberlo. 35 Los que lo crucificaron se repar- 
tieron sus vestidos, echando suertes. 36 Y se 
sentaron alli para custodiarlo. 37 Sobre su ca- 
beza pusieron, por escrito, la causa de su con- 
denacion: "Este es Jesus el rey de los judios." 
^Al mismo uempo crucificaron con Él a dos 
ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda. 
^Y los transeuntes lo insultaban meneando la 
cabeza y diciendo: ^"Tu que derribas el Tem- 
plo, y en tres dias lo reedificas, jsalvate a Ti 
mismo! Si eres el Hijo de Dios, ibajate de la 
cruz!" 41 De igual modo los sacerdotes se bur- 
laban de Él junto con los escribas y los an- 
. cianos, diciendo: ^"A otros salvo, a si mismo 
no puede salvarse. Rey de Israel es: baje ahora 
de la cruz, y creeremos en Él. 43 Puso su con- 
fianza en Dios, cnie Él lo salve ahora, si lo 
ama, pues ha dicho: "De Dios soy Hi) o" 
^También los ladrones, crucificados con Él, 
le decian las mismas injurias. 



27. Notese que no son obra directa del pueblo ju- 
dio, como suele creerse, las atrocidades cometidas en 
la Pasi6n de Cristo. IvOs que azotan a la divina Vie- 
tima, ie colocan la corona de espinas, le escarnecen 
y le crucifican son los soldados romanos (Juan 19, 
2 ss.), a cuya autoridad Jesus habia sido entregado 
por los jefes de la Sinagoga (v. 18 y nota). 

32. Esta obra de caridad valio a Sim6n la gracia 
de convertirse. Muri6, segun una antigua tradiciån 
cristiana, como Obispo de Bosra. Sus hijos Alejan- 
dro y Rufo aparecen en el Evangelio de San Marcos 
como cristianos (Marc. 15, 21). Cf. Rom. 16, 13. 

35. Cl S. 21, 19. Los que lo crucificaron ... "El 
Evangelio estå hecho para poner a prueba la pro- 
fundidad del amor, que se mide por la profundidad 
de la atenci6n prestada al relato: porque no hay en 
él una sola gota de sentim ental i &mo que ayude a 
nuestra emoci6n con elementos de elocuencia no es- 
piritual. Por ejemplo, cuando llegan los evangelistas 
a la escena de la crucifixi6n de Jesus, no sblamente 
no la describen, ni ponderan aquelbs detalles inena- 
rrables, sino que saltan por encima, dejando la re- 
ferencia marginal indispensable para la afirmaciån 
del hecho. Dos de ellos dicen simplemente: Y llega- 
ron at CalVario donde lo crucificaron. Otro dice me* 
nos aun: Y ' habiéndolo crucificado, dividieron sut 
vestidos. [Y cuidado con pensar que hubo indtferen- 
cia en el narrador! Porque no solo eran apostoles o 
discipulos que dieron todos la vi<Ja 4 por Cristo, sino 
que es el mismo Espiritu Santo quien por ellos ha- 
bia" 



Muerte de jEstJs. 45 Desde la hora sexta, hu- 
bo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora 
nona. 46 Y alrededor de la hora nona, Jesus 
clamo a gran voz, diciendo: "i Eli, Eli, <jlama 
sabactani?", esto es: ";Dios mio, Dios mio! 
ipor qué me has abandonado?" 47 A1 oir esto, 
algunos de los que estaban alli dijeron: "A 
Elias llama este." 48 Y en seguida uno de ellos 
corrio a tomar una esponja, que empapo en 
vinagre, y atdndola a una cana, le presento 
de beber. 49 Los otros decian: "Déjanos ver 
si es que viene Elias a salvarlo/'/^Mas Jesus, 
clamando de nuevo, con gran voz, exha!6 el 
espiritu. 

Prodigios. 51 Y he ahi que el velo del temrjlo 
se rasgo en dos, de arriba abajo; temblé la tie- 
rra, se agrietaron las rocas, 52 se abrieron los 
sepulcros y los cuerpos de muchos santos di- 
funtos resucitaron. ^Yj saliendo del sepulcro 
después de la resurreccion de Él, entraron en 
la Ciudad Santa, y se aparecieron a muchos. 
^Entretanto, el centurion y sus companeros 
que guardaban a Jesus, viendo el terremoto y 
lo que habia acontecido, se llenaron de espanto 
y dijeron: ^Verdaderamente, Hijo de Dios era 
este." ssHabia también alli muchas mujeres 
que miraban de lejos; las cuales habian seguido 
a Jesus desde Galilea, sirviéndole. ^Entre eilas 
se hallaban Maria la Magdalena, Maria la ma- 
dre de Santiago y de José, y la madre de los 
hijos de Zebedeo. 

La sepultura. 57 Llegada la tarde, vino un 



45. Hora sexta: mediodia, Hora nona: a media tarde. 

46. Véase S. 21, 2; Marc. 15, 34 y nota. 

51. Segun S. Jerånimo, al rasgarse milagrosamen- 
te el velo del Templo que separaba el "Santo** del 
"Santo de los Santos", Bios quiso revelar que los 
mi stenos antes escondidos iban a ser en Cristo ma- 
nif estados a todos los pueblos. Segun S. Pablo, el 
velo figuraba la carne de Cristo que al romperse 
nos di6 acceso al Santuario Celestial (Hech. 6, 19; 
9, 3; 10, 20-22). 

52. s. "El abrirse los sepulcros tuvo sin duda re- 
laci6n con el terremoto y con el hendirse de las rocas, 
y se efectuå a la vez que estos dos fenomenos. En 
cuanto a la resurrecciån de los muertos, estuvo indu- 
dablemente relacionada con su aparicion en la ciu- 
dad, lo cual aconteciå después de håber resucitado 
Jesucristo. Estos "santos" eran justos insignes del 
Antiguo Testamento, venerados de manera especlal de 
los judios, de # los contemporaneos de Jesucristo y de 
aquellos a quienes se aparecieron, y fallecidos con la 
fe puesta en el Redentor prometido. Su resurreccion, 
etc. (v. 53) tenia por objeto dar fe de la de Cristo 
en Jerusalén y hacer patente que mediante la muer- 
te redentora de Jesucristo habia sido vencida la muer- 
te, y que su gloriosa Resurreccion encerraba la pren- 
da segura de la nuestra. Cf. Hebr. 2, 14 s.; Juan 5, 
25; U, 25 s.; I Cor. 15, 14-26 y 54 s.; Col. 1, 18; 
2, 15; I Pedr. 1, 3 y 21; Apoc. 5, 5" (Schuster Hol- 
zammer). Véase la nota I Cor. 15, 26. A estos san- 
tos parece referirse S. Ignacio de Antioquia cuando 
dice: "C6mo podriamos nosotros vivir fuera de Él, 
a quien hasta los profetas, sus discipuloé en espi- 
ritu esperaban como a su Maestro. Por eso El, 
después de su venida — por ellos justamente espera- 
da — los resucité de entre los muertos" (carta a lo« 
Magnesios 9). 

57. José de Arimatea se atreve a ser partidario de 
un ajusticiado, colocåndolo en su propio sepulcro, 
oara dar a entender a »todos que Él era inocente. T$ 
noble senaaor, que no habia consentido en la conde- 



54 



EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 27, 57-66; 28, 1-20 



hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual 
también era discfpulo de Jesus. 58 Se presento 
delante de Pilato y pidio el cuerpo de Jesus. 
Entonces Pilato mando que se le entrepase. 
59 Jose tomo, pues, el cuerpo, lo envolvio en 
una sabana limpia, 60 y lo puso en el sepulcro 
suyo, nuevo, que habfa hecho tallar en la 
roca. Después rodo una gran piedra sobre la 
entrada del sepulcro, y se fué. 61 Estaban alli 
Maria la Magdalena y la otra Maria, sentadas 
frente al sepulcro. 

Custodia dfx sepulcro. 62 A1 otro dia, el si- 
guiente de la Preparacion, los sumos sacer- 
dotes y los fariseos se reunieron y fueron a 
Pilato, 63 a decirle : (r Senor, recordamos que 
aqucl impostor di jo cuando vivia: "A los tres 
dias resucitaré." 64 Manda, pues, que el sepul- 
cro sea guardado hasta el tercer dia, no sea 
que sus discipulos »vcngan a robarlo y digan 
al pueblo: "Ha resucitado de entre los muer- 
tos", y la ultima impostura sea peor que la 
primera." 65 PiIato les dijo: "Tenéis guardia. 
Id, guardadlo como sabéis." 66 Ellos, pues, se 
fueron y aseguraron el sepulcro con la guar- 
dia, después de håber sellado la piedra. 



VI. LA RESURRECClON 

(28,1-20) 

CAPITULO XXVIII 

Resurreccion de Jest^s. iDespués del såbado, 
cuando comenzaba ya el primer dia de la se- 
mana, Maria la Magdalena y la otra Maria 
fueron a visitar el sepulcro. 2 Y he ahi que 
hubo un gran terremoto, porque un angel del 
Se nor baj 6 del cielo, y llegandose rodo la pie- 
dra, y se sento encima de ella. 3 Su rostro bri- 
Uaba como el relampago, y su vestido era 
blanco como la nieve. 4 Y de miedo a él, tem- 
blaron los ^uardias y qucdaron como muertos. 
5 Hablo el angel y dijo a las mu jeres: "No te- 
mais, vosotras; porque sé que buscais a Jesus, 
el crucificado. 6 No esta aqui; porque resucito, 
como lo habia dicho. Verne! y ved el lugar 
donde estaba. 7 Luego, id pronto y decid a 
sus discipulos que resucito de los muertos, y he 
aqui que os precedera en Galilea; alli lo veréis. 



nacion de Jesus (IyUc. 23, 51), es el modelo del 
cristiano intrépido que confiesa su fe sin cålculos 
humanos. 

59 s. Entierro anunciado en Is. 53, 9. 

62. Preparacién, en griego "Parasceve". Asi se 
llamaba el viernes, por ser el dia en que hacian los 
preparativos para el såbado. 

66. Estas prccauciones que tomaron los sacerdotes 
y fariseos nos han proporcionado un testimonio muy 
valioso en favor de la resurreccion del Seiior. Por- 
que esta misma guardia tuvo que confesar que Cristo 
habia resucitado (28, 11). 

1. La otra Maria: la madre de Santiago el Menor 
(27, 56). Su marido se llamaba Cleofas o Alfeo. 

5. Notemos la leccion del ångel: el que busca a 
Jestis nada t end rå que terner, ni aun frente a un te- 
rremoto cornc aquél. Asi sera en "el ultimo dia". 
Véase I Tv, 2-4; Luc. 21, 36; S. 45» 3. 



Ya os lo he dicho." 8 Ellas, yéndose a prisa del 
sepulcro, con miedo y gran gozo, corrieron 
a llevar la nueva a los discipulos de Él. 9 Y de 
repente Jesus les salio al encuentro y les dijo: 
";Salud!" Y ellas, acercandose, se asieron de 
sus pies y lo a doraron. 10 Entonces Jesus les 
dijo: "No temais. Id, avisad a los hermanos 
mios que vayan a Galilea; alli me veran." 

Soborno de los soldados, n Mientras ellas 
iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad 
a contar a los sumos sacerdotes todo lo que 
habia pasado. 12 Éstos, reunidos con los ancia- 
nos, deliberaron y resolvieron dar mucho dine- 
ro a los soldados, 13 diciéndoles: "Habéis de 
decir: Sus discipulos vinieron de noche, y lo 
robaron mientras nosotros dormfamos. 14 Y si 
el gobernador Hega a saberlo, nosotros lo per- 
suadiremos y os libraremos de cuidado." 15 Ellos, 
tomando el dinero, hicieron como les habfan 
ensenado. Y se difundio este dicho entre los 
judios, hasta el dia de hoy. 

APARICION DE JeST^S EN G ALILEA. 16 LoS onCC 

discipulos fueron, pues, a Galilea, al monte 
donde les habia ordenado Jesus*. 17 Y al verlo 
lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron. 
18 Y llegandose Jesus les hablo, diciendo: "Todo 
poder me ha sido dado en el cielo y sobre la 
tierra. 19 Id, pues, v haced discipulos a todos 
los pucblos bautizandolos en el nombre del 
Padrc y del Hijo y del Espiritu Santo; 20 ense- 
iiandoles a conservar todo cuanto os he man- 
dado. Y mirad que Yo con vosotros estoy 
rodos los dias, hasta la consumacion del-siglo." 



13. Kl fracaso de los argumentos contra la - Resu- 
rrcmon es mås que evidente: recurren a "testigos 
clorm'cios". ";Oh infeliz astucia!, exclama S. Asus_- 
tin; cuando estaban durmiendo, i como pudieron ver ? 
Si nada vieron, i como pueden ser testigos?" 

19. Véase 10, 6 y nota. 

20. Ensenåndotes a conservar todo cuanto os hc 
mandado: Las ensenanzas de Jesus fueron comple- 
tadas, segvm lo anunciam Él mismo (cf. Juan 16. 
13), por el Espiritu Santo, que inspir o a los apos- 
toles los demas Iyibros sagrados que hoy forman el 
Nuevo Testamente De esta manera, segun se ad- 
mite unånimemente (cf. I Tim. 6, 3 y 20), la Ke- 
velacion divina quedo cerrada con la ultima palabra 
del Apocalipsis. "Erraria, pues, quien supusiese que 
esta (la jerarquia) estuviera llamada a crear o en- 
senar verdades nnevas, que no nubiere recibido de 
los apostoles, sea por la tradicion escrita en la Bi- 
blia, sea por tradicion oral de los mismos apostoles." 
Se entiende asi como la Jerarquia eclesiåstica no 
es, ni pretende ser, una nueva fuente de verdades 
reveladas, sino una predicadora de las antiguas, se- 
gun aqui ordena Cristo, de la misma manera que la 
mision del tribunal superior encargado de interpre- 
tar y apHcar una carta constitucional, y de una 
universidad encargada de ensenarla, no es la de crear 
nuevos articulos, ni quitar otros, sino al contrario, 
guardar fielmente el deposito, de modo que no se 
disminuya ni se aumente. De ahi, como lo dice 
Pio XII, la importancia capitalisima de que el cris- 
tiano conozca en sus fuentes primarias ese deposita 
de la Revelacion divina, ya que, segun declara e^ 
mismo Pontifice, "muy pocas cosas bay cuyo sen 
tido haya sido declarado por la autoridad de la Igle- 
sia, y no son muchas mås aquellas en las que sea 
unånime la sentenoia de los santos Pa'dres" (Ene. 

" ' D i v i no Af f lånte") . 



EVANGELIO DE N. S. JESUCRISTO SEGUN SAN MARCOS 



Nota introductoria 

Marcos, que antes se llamaba Juan, fué hijo 
de aquella Maria en cuya casa se solian reunir 
los discipulos del Senor (Hech. 12, 12). Es muy 
probable que la misma .casa sirviera de esce- 
nario para otros acontecimientos sagrados, co- 
nto la ultima Cena y la venida del Espiritu 
Santo . 

Con su primo Bernabé acompano Marcos a 
San Pablo en el primer viaje apostolico, basta 
la ciudad de Perge de Panfilia (Hech. 13, 13). 
Mas tarde, entre los anos 61-63, lo encontra- 
mos de nuevo al. lado del Apostol de los gen- 
tiles cuando éste estaba preso en Roma: 

San Pedro llama a Marcos su "hijo" (1 Pedr t 
5, 13), lo que hace suponer que fué bautizado 
por el Principe de los Apdstoles, La tradicion 
mås anttgua confirma por unanimidaå que Mar- 
cos en Roma transmitia a la gente las ense- 
lianzas de su padre espiritual, escribiendo alli, 
en los anos 50-60, su Evangelio, que es por 
consiguiente, el de San Pedro. 

El fin que el segundo Evangelista se propo^ 
ne, es demostrar que Jesucristo es Hijo de Dios 
y que todas las cosas de la naturaleza y aun 
los deinonios le estdn sujetos. Por lo cual re~ 
lata principalmente los milagros y la expulsion 
de los espiritus mmundos. 

El Evangelio de San Marcos, el mås breve 
de los cuatro, presenta en formå sintética, mu~ 
chos pasajes de los sinåpticos, no obstante lo 
cual reviste singular interés, porque narra al- 
gunos episodios que le son exclusivos y tam- 
bién por muchos matices propios, que permi- 
ten comprender mejor los demds Evangelios. 

Murio San Marcos en Alejandria de Egipto, 
cuya iglesia gobernaba. La ciudad de Venecia, 
que lo tiene por patrono, venera su cuerpo en 
la catedraL 



I. SAN JUAN BAUTISTA 

(1,1-13) 

CAPITULO I 

Predicacion de Juan Bautista. 1 Comienzo 
del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2 Se- 
giin lo que esta escrito en Isaias, el prof eta: 
Mira que envio delante de Ti a mi mensaje- 
ro, el cual preparara tu camino." 3 "Voz de 
uno que clama en el desierto: Preparad el ca- 



2 s. Véase Mal. 3, 1; Is. 40, 3; Mat. 3, 1 ss.; 
i/uc. 3, 2 ss. I/a voz de Juan es como el trueno que 
conmueve los desiertos (S. Ambrosio); y sin embar- 
,go, Israel no escuché su mensaje ni preparo el ca- 
mino. De abi lo que dice Jesus en Mat. 17, 11-13. 



mino del Senor, enderezad sus sendas." 
4 Estuvo Juan el Bautista bautizando en el 
desierto, y predicando el bautismo del arrepen- 
timiento para perdon de pecados. 5 Y todos^ 
iban a él de toda la tierra de Judea y de Jeru- 
salén y se hacian bautizar por él en el rio Jor- 
dan, confesando sus pecados. yuan estaba ves- 
tido de pelos de camello y llevaba un cenidor 
de cuero alrededor de sus lomos. Su alimento 
eran langostas y miel silvestre. 7 Y predicaba 
asi: "Viene en pos de mi el que es mas pode- 
roso que yo, delante del cual yo no soy digno 
ni aun de inclinarme para desatar la correa de 
sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, 
pero Él os bautizara con Espiritu Santo." 

Bautismo y tentacion de Jesus. 9 Y sucedio 
que en aquellos dias Jesus vino de Nazaret 
de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el 
Jordan. 10 Y al momento de salir del agua, vio 
entreabrirse los cielos, y al Espiritu que, en 
formå de paloma, descendia sobre Él. U Y so- 
no una voz del cielo: "Tu eres el Hijo mio 
amado, en Ti me complazco." 12 Y en seguida 
el Espiritu lo llevo al desierto. 13 Y se quedo 
en el desierto cuarenta dias, siendo tentado por 
Satanas; y estaba entre las fieras, y los an- 
geles le servfan. 



II. JESOS EN GALILEA 

(1,14-9,49) 

14 Después que Juan hubo sido encarcelado, 
fué Jesus a Galilea, predicando la buena nueva 
de Dios, 15 v diciendo: "El tiempo se ha cum- 
plido, y se na acercado el reino de Dios. Arre- 
pentios y creed en el Evangelio/* 



4. BI desierto en que San Juan predicaba y bau- 
tizaba se hajlaba a tres o cuatro leguas al este de 
Jerusalén, entre esta ciudad y el Mar Muerto. Su 
nombre g-eografico es "desierto de Judea*'. Acerca del 
caråcter del bautismo de Juan véase Mat. 3, 6 y 
nota. Cf. v. 3; Mat 3, 1; I/Uc. 3, 2. 

7. I/a conmocion que el Bautista con su oredica- 
cion de penitencia y su modo de vivir produjo, fué 
tan grande, que muchos creyeron que él fuese el 
"Mesias" prometido. Para evitar este engano, Juan 
acentua su mision de "precursor" senalando con su 
dedo hacia Jesus: En pos de mi, viene uno... "Asi 
como la aurora es el fin de la noche y el principio 
del dia, Juan Bautista es la aurora del dia del Evan- 
gelio, y el término de la noche de la I/ey" (Tertu- 
Hano). Véase Juan 3, 30 y nota, 

13. Entre las fieras del desierto de Judea: chaca- 
les, lobos, zorras, etc. Detalle exclusivode Marcos. 

15. Arrepenttos y creed: EJsta expresion sintetiza 
todo el mensaje de Jesucristo. Todo hombre debe con- 
fesarse pecador y creer en la buena nueva de qua 
Dios es un Padre que perdona (I Juan 1, 8 ss.; I/UC. 
13, 1 ss. y nota). El rechazo de este mensaje por 
parte del puehlo llevo a Jesus a la Cruz. 



SS 



56 



EVANGEUO SEGTTN SAN MARCOS 1, 16-45; 2, 1-12 



Los primeros discIpulos. 16 Pasando a lo lar- 
go del mar de Galilea, vio a Simon y a Andrés, 
nermano de Simon, que echaban la red en el 
mar, pues eran pescadores. 17 Dijoles Jesus: 
"Venid, seguidme,' y Yo os hare pescadores 
de hombres." 18 Y en seguida, dejando sus re- 
des, lo siguieron. 19 Yendo un poco mås ade- 
lante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a 
Juan su hermano, que estaban también en la 
barca. arreglando sus redes. 20 A1 punto los 
llamo; y ellos dejando a Zebedeo, su padre, en 
la barca con los iornaleros, lo siguieron. 21 En- 
tiaron a Cafarnaum; y luego, el dia de sabado, 
entro en la sinagoga y se puso a ensenar. 
^Y estaban asombrados por su doctrina; pues 
les ensenaba como quien tiene autoridad, y no 
como los escribas. 

Primeros milagros de jEstfs. 23 Se encontraba 
en las sinagogas de ellos Un hombre poseido 
por un espiritu inmun3o, el cual grito: ^'^Qué 
tenemos que ver contigo, Jesus de Nazaret? 
éHas venido a perdernos? Te conozco quién 
eres: El Santo de Dios." 25 Mas Jesus lo incre- 
p6 diciendo: ";Cållate y sal de el!" 26 Entonces 
el espiritu inmundo; zamarreandolo y gritan- 
do muy fuerte salio de él. 27 Y to dos quedaron 
llenos de estupor, tanto que discutian entre 
si y decian: <jQué es esto? jUna doctrina 
nueva e impartida con autoridad! ;Aun a los 
espiritus inmundos manda, y le obedecen!" 
28 Y pronto se extendio su fama por doquier, 
en todos los confines de Galilea. 

z^Luego que salieron de la sinagoga, vinie- 
ron a casa de Simon y Andrés, con Santiago y 
Juan. 30 Y estaba la suegra de Simon en cama, 
con fiebre y al punto le hablaron de ella. 31 En- 
tonces fué a ella, y tomandola de la mano, la 
levanto, y la dej 6 la fiebre, y se puso a ser- 
virles. 

32 Llegada la tarde, cuando el sol se hubo 
puesto, le trajeron todos los enfermos y los 
endemoniados. 33 Y toda la ciudad estaba agol- 
pada a la puerta. ^Sano a muchos enfermos 
afligidos de diyersas enfermedades y expulso 
muchos demonios; pero no dejaba a los de- 
monios hablar, porque sabian cjuién era Él. 

^En la madrugada, siendo aun muy de po- 
che, se levanto, salio y fué a un lugar desier- 
to, y se puso alli a orar. 36 Mas Simon partio 
en su busca con sus companeros. 37 Cuando lo 



16 ss. Cf. Mat. 4, 18 ss.; Luc. 5, 2ss.; Juan l, 
40 ss. 

20. Santiago y Juan pertenecian a la clase media, 
como se deduce del kecho de que su padre _ Zebedeo 
ocupaba jornaleros. Es, pues, un error considerar a 
los discipulos del Seiior como gentes que nada tenian 
que perder y por eso seguian a Jesus (cf. 2, 14; 
Luc. 5, 27-29). Abrazaron la pobreza espontåneamen- 
te, atraidos, en la sinceridad de sus corazones, por 
el irresistible sello de bondad que ofrecia el divino 
Maestro a todos los que no tenian doblez. 

23 s. Véase Luc. 4, 31 ss.; Bl Santo de Dios: el 
Mesias (Luc. 1, 35; Dan. 9, 24). 

29 ss. Véase Mat. 8, 14-16; Luc. 4, 38-41. 

35. El retiro de Jesus a la oracién, después de 
trabajar todo el dia y gran <parte de la noche, nos 
ensena que la oracion es tan indispensable como el 
trabajo. Cf. 14, 38; Mat. 14, 23 y nota. 



encontraron, le dijeron: "Todos te buscan." 
38 Respondioles: "Vamos a otra parte, a las al- 
deas vecinas, para que predique alli también. 
Porque a eso sali." 39 Y anduvo predicando en 
sus sinagogas, por toda la Galilea y expulsando 
a los demonios. 

40 Vino a Él un leproso, le suplico y arro- 
dillandose, le dijo: Si quieres, puedes lim- 
piarme." ^Entonces, Jesus, movido a compa- 
sién, alargo la mano, lo toco y le dijo: "Quiero, 
sé sano." 42 A1 punto lo dej 6 la lepra, y quedo 
sano. 43 Y amoneståndolo, le despidio luego, **y 
le dijo: ";Mira! No ' digas nada a nadie; mas 
anda a mostrarte al sacerdote, y presenta, por 
tu curaci6n, la ofrenda que prescribi6 Moisés, 
para que les sirva de testimonio." ^Pero él se 
fué y comenzo a publicar muchas cosas y a di-- 
fundir la noticia, de modo que (Je>us) no po- 
dia ya entrar ostensiblemente en una ciudad, 
sino que se quedaba fuera, en lugares despo- 
blados; y acudian a Él de todas partes. 

CAPif ULO II 

jEstfs sana a un pARALrrico. iEntro de nuevo 
en Cafarnaum al cabo de cierto tiempo, y oye- 
ron las gentes que estaba en casa. 2 Y se junta- 
ron alli tantos que ya no cabian ni delante de 
la puerta-, y les predicaba la palabra. 3 Le tra- 
jeron, entonces, un paralitico, llevado por cua- 
tro. 4 Y como no podian llegar hasta Él, a 
causa de la muchedumbre, levantaron el techo 
encima del lugar donde El estaba, y haciendo 
una abertura t descolgaron la Camilla en que 
yacia el paralitico. 5 A1 ver la fe de ellos, dijo 
Jesus al paralitico: "Hijo mio, tus pecados te 
son perdonados.'' 6 Mas estaban alli sentados 
algunos escribas, que pensaron en sus cora- 
zones: 7 "<:C6mo habla Este asi? Blasfema. 
éQuién puede perdonar los pecados sino solo 
Dios?" *A1 punto Jesus, conociendo en su 
espiritu que ellos tenian estos pensamientos 
dentro de si, les dijo: "^Por qué discurris asi en 
vuestros corazones? 9 <jQué es mas facil, decir 
al paralitico: "Tus pecados te son perdonados", 
o decirle: "Levantate, toma m camilla y anda?" 
10 ;Pues bien! para que sepåis gue el Hijo del 
hombre tiene el poder de remitir los pecados, 
sobre la tierra, u — dijo al paralitico — : "te lo 
digo, levantate, toma tu camilla y vuélvete a 
tu casa". 12 Se levanto, tomo en seguida su ca- 
milla y se fué de alli, a la vista de todos, de 
modo que todos se quedaron asombrados y 
glorificaban a Dios diciendo "jNo hemos visto 
jamas nada semejante!" 



44, La Ley de Moisés prescribia que el leproso 
curado se presentara a los sacerdotes y ofreciera 
un sacrificio (Lev. 14, 2-32; Mat. 8, 2-4; Luc. 5, 
12-14). Asi Jesus ensenaba a cumplir la Ley de Is- 
rael y respetar a sus sacerdotes sin perjuicio de con- 
minarlos terriblemente cuando debia def ender a las 
almas contra su hipocresia. Véase el gran discurso 
del Templo (Mat. 23, 1 ss.; Luc. 11, 46 ss.; 20, 
45 ss.). 

4. Véase Mat. 9, 2ss.; Luc. 5, 18 ss. Las casas 
judias estaban provistas de una escalera exterior, 
que aprovecharon los que Ilevaban al enfermo, para 
subir y abrir el techo. 

12. Cf. Luc. 7. 16. 



EVANGELJO SEGUN SAN MARCOS 2, 13-28; 3, 1-17 



57 



Vocacion de Mateo. 13 Sali6 otra vez a la 
orilla del mar, y todo el pueblo venia a Él, 
y les ensenaba. 14 A1 pasar vio a Le vi, hi jo de 
Alfeo, sentado en la recaudacién de impuestos, 
y le dijo: "Sigueme." Y, levantandose, lo si- 
guio. lS Y sucedio que cuando Jesus estaba 
sentado a la mesa en casa de él, muchos pu- 
blicanos y pecadores se hallaban también (alli) 
con Él y sus discipulos, porque eran nume- 
rosos los que lo habfan seguido. 16 Los escribas 
de entre los fariseos, empero, viendo gue co- 
mia con^ los pecadores y publicanos, diteron a 
sus discipulos: "<;Por que comc con los pu- 
blicanos y los pecadores?" 17 Mas Jesus, oyén- 
dolo, les dijo: "No necesitan de médico los 
sanos, sino los que estån enfermos. No vine 
a Hamar a justos, sino a pecadores." 

DlSCUSlON SOBRE EL AYUNO Y EL SÅBADO. 18 Un 

dia ayunaban los discipulos de Juan y también 
los fariseos y vinieron a preguntarle: '^Por 
qué, mientras los discipulos^ de Juan y los de 
los fariseos ayunan,^ tus discipulos no ayunan?" 
19 Respondiéles Jesus: "tjPueden acaso ayunar 
los companeros del esposo mientras el esposo 
estå con ellos? En tanto que el esposo estå 
con ellos ^ no pueden ayunar. 20 Pero ^ tiem- 
po vendra en que el esposo les sera qui- 
tado, y entonces en aquel tiempo, ayuna- 
ran. 21 Nadie zurce remiendo de pano nuevo 
en vestido viejo; pues de lo contrario, el re- 
miendo tira de él: lo nuevo de lo viejo, y 
la rotura, se hace peor. 22 Nadie tampoco 
echa vino nuevo en cueros viejos, pues de lo 
contrario, el vino hara reventar los cue- 
ros, y se pierde el vino lo mismo que 
los cueros-, sino que se ha de poner el 
vino nuevo en cueros nuevos" 

2 3Sucedio que, un dia de sabado, Él iba 
atravesando los sembrados, y sus discipulos, 
mientras caminaban, se pusieron a arrancar 
espigas. 24 Entonces los fariseos le dijéron: 
t( ;Ves?" (jPor qué hacen, en dia de sabado, 
lo que no es lfcito?" ^Respondioles: "<=Nun- 
ca leisteis lo cjue hizo David cuando tuvo ne- 
cesidad y sintio hambre, él y sus companeros, 



13. El Mar de Galilea, o lago de Genesaret o de 
Tiberiades. 

14. Levi, esto es, Mateo (Mat. 9, 9; Luc. 5, 29), 
nos da un ejemplo de la eficacia de la vocacion. 
Una sola palabra de la boca del Senor, una sola mi- 
rada basta para convertir!o_ de un publicano^ en un 
fervoroso apostol. Su vocacion es consecuencia de la 
eleccion (Juan 15, 16,* Rom. 8, 29 ss.). "Dios nos 
previene panx llamarnos, y nos acompana para glori- 
ficarnos" (San Agustin). Cf. 1, 20 y nota. 

17. Bs una de las muchas verdades con aspecto 
Je paradoja en boca de Jesus (cf. Luc, 7, 23 y 
nota) que nos descubre el fondo de su Corazon mise- 
"ricordioso y encierra una divina regla pastoral: bus- 
car a la oveja perdida (Luc. 15, 1 ss.). J$l que se 
cree sano y justo no puede aprovechar la Redencion 
de Cristo. Cf. Luc. 5, 32. 

20. Jesucristo es el esposo que aspira a ganar el 
amor de todas y cada una de las almas (Mat. 9, 
15; Juan 3, 29; II Cor. H, 2 y nota). 

22. J$l Bvangelio, al que San Agustin Uama vino, 
tiene una inmensa fuerza espiritual y rompe los mol- 
des que quieren someter a nuestra pobre razén los 
misterios del insondable amor de Dios (II Cor. 10, 
5). Cf. Mat. 9, 16 ss. y notas. 



26 como entré en la casa de Dios, en tiempo del 
sumo sacerdote Abiatar y comio de los panes 
de la proposition, los cuales no es lfcito comer 
sino a los sacerdotes y dié también a sus com- 
paneros?" 27 Y les dijo: "El sabado se hizo por 
causa^ del hombre, y no el hombre por causa 
del sabado; 28 de mariera que el Hijo del hom- 
bre es dueno también del sabado." 

CAPfTULO III 

Nuevo encuentro de Jesus con los fariseos. 
^ntro de nuevo en la sinagoga, y habia allf 
un hombre que tenia seca la msno. 2 Y lo ob- 
servaban, para ver si lo curaria en dia de sa- 
bado, a fin de poder acusarlo. 3 Entonces dijo 
al hombre que tenia la mano seca/ "Ponte de 
pie en medio." 4 Después les dijo: "<Es licito, 
en dia de sabado, hacer bien o hacer mal, sal- 
var una vida o matar?" Pero ellos cailaban. 
5 Mas Él mirandolos en derredor con ira, con- 
tristado por el endurecimiento de sus corazo- 
nes, dijo al hombre: "Alarga la mano." Y la 
alargo, y la mano quedo sana. ®Y salieron los 
fariseos en seguida y deliberaron con los hero- 
dianos sobre como hacerlo morir. 

Mucha gexte acude a Jesus. 7 Jesus se retiro 
con sus discipulos hacia el mar, y mucha gen- 
te de Galilea lo fué siguiendo. Y vino también 
a Él de Judea, 8 de Jerusalén, de Idumea, de 
Transjordania y de la regien de Tiro y de 
Sidon, una gran multitud que habia oido lo que 
Él hacia. 9 Y recomendo a sus discipulos que le 
tuviesen pronta una barca, a causa del gentio, 
para que no lo atropellasen. 10 Porque habia 
sanado a muchos, de suerte que todos cuantos 
tenian dolencias se precipitaron sobre El para 
tocarlo. n Y los espiritus inmundos, al verlo, 
se prosternaban delante de Él y gritaban: "Tu 
eres el Hijo de Dios." 12 Pero Él les mandaba 
rigurosamente que no lo diesen a conocer. 

Elecci6n de los Doce. 13 Y subio a la mon- 
tafia, y llamq a los que Él quiso, y vinieron a 
Él. 14 Y constituyo a doce para que fuesen sus 
companeros y para enviarlos a predicar, 15 y 
para que tuvieran poder de expulsar los de- 
monios. 16 Designo, pues, a los Doce; y puso a 
Simon el nombre de Pedro; 17 a Jacobo, hijo 
de Zebedeo, y a Juan, hermano de Santiago 



26. En I Rey. 21, 1 ss. se llama Aquimelec, padre 
de Abiatar, el cual le ayudaba. Cf. Mat. 12, 1 s s. 

27. l'Qué caridad tan divina refleja esta senten- 
cia! Jesus condena aqui definitivamente todo ritua- 
lismo formulista (véase Juan 4, 23 ss.). 

6. Los herodianos o partidarios del rey Herodes 
eran amig-os de los romanos y, por consiguiente, ene- 
migos de los fariseos, eminentemente nacionalistas. 
Si los dos partidos, tan opuestos, se juntaron, sélo 
fué por odio, para librarse de Jesus. 

13. A los que Él quiso: Notese la libre eléccién 
divina: "No me elegisteis vosotros, sino que Yo os 
elegi" (Juan 15, 16). Cf. Rom. 8, 28 ss.; 9, 15 ss.; 
Ef. 2, 10; II Tim. l, 9. 

17. Véase Mat. 10, 2*4. EJ apodo de Boanerges, 
que significa "hijos del trueno*', demuestra que 
Juan estaba lejos de ser un sentimental, como lo re- 
pr esenta a veces el arte, con menoscabo de la s61ida 
piedad. Véase Luc. 9, 53 y nota. 



58 



EVAKGJSklO SKGUN SAN MARCOS 3, 17-35; 4, 1-18 



— a los que puso el nombre de Boanerges, es 
decir, hi jos del trueno — , 18 a Andrés, a Feli- 
pe, a Bartolorné, a Mateo, a Tomas, a Santia- 
go hi jo de Alfeo, a Tadeo, a Simon el Cana- 
neo, l9 y a Judas Iscariote, el que lo entrego. 

El pecado contra el Espiritu Santo. 20 Vol- 
vio a casa, y la muchedumbre se junto nueva- 
inente alli, de suerte que ni siquiera podian 
comer pan. 21 A1 oirlo los suyos, salieron para 
apoderarse de Él, porque decian: "Ha perdido 
el juicio." 22 Pero los escribas, venidos de Je- 
rusalén, decian: "Tiene a Beelzebul y por el 
jefe de los demonios expulsa a los demonios. 1 
^Mas Él los llamo y les dijo en parabolas: 
"iComo puede Satanas expulsar a Satanas? 
^Y si dentro de un reino hay divisiones, ese 
reino no puede sostenerse. 25 Y si hay divisio- 
nes dentro de una casa, esa casa no podrå sub- 
sisur. ^Si, pues, Satanås se levanta contra si 
mismo y se divide, no puede subsistir, y llego 
su fin. 27 Porque nadie puede entrar en la casa 
del hombre fuerte y quitarle sus bienes, si 
primero no ata al fuerte; y solo entonces si 
saquearå su casa. 28 En verdad, os digo, todos 
los pecados seran perdonados a los hombres, y 
cuantas blasfemias dijeren-, 29 pero quien blas- 
femare contra el Espiritu Santo, no tendra 
jamås perdon y es reo de eterno pecado." 
Porque decian: "Tiene espiritu inmundo." 

La verøaøera familia de Jesus. 31 Llegaron 
su madre y sus hermanos, y quedandose de 
pie afuera, le enviaron recado, llamandolo. 
32 Estaba sentada la gente alrededor de Él y 
le dijeron: "Tu madre y tus hermanos estan 
fuera buscåndote.'" 33 Mas Él les respondio y 
dijo: "^Quién es mi madre y quiénes son mis 
hermanos?" 34 Y dando una mirada en torno so- 
bre los que cstaban sentados a su alrededor, 
dijo: "He aqui mi madre y mis hermanos. 
35 Porque quien hiciere la voluntad de Dios, 
ése es mi hermano, hermana y madre." 

21. Ha perdido el juicio: No porque el oido se 
horrorice de la frase, deja ésta de ser historica (Mal- 
donado). Véase Luc. 14, 26 y nota. La incompren- 
sion de los parientes de Jesus, confirmada en Juan 
7, 5, es una advertencia para los que hemos de ser 
sus discipulos; pues Él nos anuncio que correria- 
mos igual suerte. CL Mat. 10, 35 ss.; 13, 57 y nota. 

22. Sobre Bechebul véase Mat. 10, 25 y nota. 
Éste fué el pecado que cometieron los jefes de la 
nacion judia: el atribuir a Satanås lo que era obra 
del Espiritu Santo. Jesus hace ostentacion de man- 
sedumbre al deten erse a demostrar lo absurdo de tan 
blasfemas aseveraciones. Cf. Mat. 12, 24-28; Luc. 
11, 15-20; Cl Juan 10, 20; 16, 9 y nota. 

29. La blasfemia contra el Espiritu Santo se ca- 
racteriza por la malicia y endurecimiento del pecador. 
De ahi 1? imposibilidad de que sea perdonada. La 
misericordia no puede concederse al que no quiere 
aceptarla. 

31. Admiremos la modestia en esta actitud de la 
Virgen Madre, concordante con la conducta silencio- 
sa y oculta que sienipre le vemos observar frente a 
la vida publica de Jesus. 

32. Tus hermanos: Véase la nota a Mat. 12, 46, 
34. Jesus no desprecia los lazos de la sangre; pero 

les antepone siempre la comunidad espiritual (Luc. 
11, 28 y nota) . Maria es Ja bendita , mås porque 
creia en Cristo que por haberlo dado a luz (S. Agus- 
tin). 



CAPITULO IV 

La parabola del sembrador. !De nuevo se 
puso a ensefiar, a la orilla del mar, y vino a 
Él una multitud inmensa, de manera que Él 
subio a una barca y se sento en ella, dentro 
del mar, mientras que toda la multitud se quedo 
en tierra, a lo largo del mar. 2 Y les enseno 
en parabolas muchas cosas; y en su ensenanza 
les dijo: ^";Escuchad! He aqui que el sejn- 
brador salio a sembrar. 4 Y sucedio que al sem- 
brar una semilla cayo a lo largo del camino, 
y los pajaros vinieron y la comieron. 5 Otra 
cayo en terreno pedregoso, donde no habia 
mucha tierra, y brotå en seguida, por falta 
de profundidad de la tierra. 6 Mas al subir el 
sol, se abraso, y no teniendo raiz, se seco. 
7 Otra parte cayo entre abrojos, y los ab ro jos 
crecieron y la ahogaron, y no dio fru to. 8 Y 
otra cayo en buena tierra; brotando y crecien- 
do dio fruto, y produjo treinta, sesenta y cien- 
to por uno." 9 Y agregå: ";Quien tiene oidos 
para ofr, oiga. r ' 

10 Cuando Él es^ivo solo, preguntaronle los 
que lo rodeaban con los Doce, (e/ sentido de) 
estas parabolas. n Entonces les dijo: "A vos- 
otros es dado el misterio del reino de Dios; en 
cuanto a los de afuera, to do les llega en para- 
bolas, 12 para que mirando no vean, oyendo no 
entiendan, no sea que se conviertan y se les 
perdone." 

13 Y anadid: "^No comprendéis esta parabola? 
Entonces, ^como entenderéis todas las parabo- 
las? 14 E1 sembrador es el que siembra la pa- 
labra. 15 Los de junto al camino son aquellos 
en quienes es sembrada la palabra; mas ape- 
nas la han oido, viene Satanas y se lleva la 
palabra sembrada en ellos. 16 De seme jante ma- 
nera, los sembrados en pedregal son aquellos 
que al oir la palabra, al momento la reciben 
con gozo, 17 pero no tienen raiz en si mismos, 
y son tornadizos. Apenas sobreviene una tri- 
bulacion o una persecuciån a causa de la pa- 
labra, se escandalizan en seguida. 18 Otros son 
los sembrados entre abrojos; éstos son los que 



5. Brotå en seguida: Es de admirar la elocuencia 
de esta imagen: la semilla en el estéril pedregal 
brota mås råpidamente que en la tierra buena. Je- 
sus nos ensena a ver en esto una prueba de falta de 
profundidad (v. 17). Debemos, pues, desconfiar de 
los primeros entusiasmos, tanto en nosotros cemo en 
los demås. De ahi el consejo que San Pablo da a 
Timoteo sobre Ids neofitos (I Tim. 3, 6). 

8. La buena tierra es el corazon sin doblez. Para 
creer y "crecer en la ciencia de Bios" (Col. 1, 10) 
no se requiere gran talento (Mat. 11, 25), sino rec- 
titud de intencion; hacerse pequefio para recibir las 
lecciones de Jesus. Sobre esta parabola véase Mat. 
13, 1 ss., y sus notas; Luc. 8, 4 ss. 

12. Cf. Is. 6, 9 s.; Juan 12, 40; Hech. 28, 26; 
Rom. 11, 8. Dios no es causa de la ceguedad espi- 
ritual, pero la permite en los que no corresponden 
a la gracia. Véase II Tes. 2, 10 ss. y nota. 

13. Estas palabras, exclusivas de San. Marcos, 
muestran la enorme importancia que tiene la para* 
bola del sembrador en la predicacion de Jesus, como 
verdad era mente båsica en el plan divino de la sal- 
vaci6n, ya que ésta procede de la fe, y la fe viene 
del modo c6mo se escueha la palabra de Dios (Rom. 
10, 17). 



ZVANGEUO SEGUN SAN MARCOS 4, 18-41; 5, 1-13 



59 



escuchan la palabra, 19 pero los afanes del mun- 
do, el engano de las nquezas y las demas con- 
cupiscencias invaden y ahogan la palabra, la 
cual queda infructuosa. ^Aquellos, en fin, que 
han sido sembrados en buena tierra, son: quie- 
nes • escuchan la palabra, la reciben y llevan 
fruto, treinta, sesenta y ciento por uno." 

La luz sobre. el candeleho. 21 Les dijo tam- 
bién: "Acaso se trae la luz para ponerla debajo 
del celemin o debajo de la cama? ^No es acaso 
para ponerla en el candelero? ^Nada hay 
oculto que no haya de manifestarse, ni ha sido 
escondido sino para que sea sacado a luz. 23 Si 
alguien tiene oidos para oir, joiga!" 24 Dijoles 
ademas: "Prestad atencion a lo que ois: con 
la medida con que medis, se medirå para vos- 
otros; y mas todavia os sera dado a vosotros 
los que ois; ^porque a quien tiene se le dara, 
y a quien no tiene, aun lo que tiene le sera 
quitado." 

La simiente que crece por si sola. 26 Y dijo 
también: "Sucede con el reino de Dios lo que 
sucede cuando un hombre arroja la simiente 
en tierra. 27 Ya sea que duerma o esté despier- 
to, de noche, y de dia ; la simiente germina y 
crece, y él no sabe como. ^Por si misma la 
tierra produce primero el tallo, después la 
espiga, y luego el grano lleno en la espiga. 
^Y cuando el fruto estå maduro, echa pronto 
la hoz, porque la mies esta a punto." 

El grano de mostaza. 30 Dijo ademas: "iQué 
comparaciån haremos del reino de Dios, y 
en qué parabola lo pondremos? 31 Es como el 
grano de mostaza, el cual, cuando es sembrado 
en tierra, es la menor de todas las semillas 
de la tierra. 32 Con todo, una vez sembrado, 
sube y se hace mayor que todas las hortalizas, 
y echa grandes ramas, de modo que los påjaros 
del cielo pueden anidar baj o su sombra." 

33 Con numerosas parabolas como éstas les 
presentaba su doctrina, segun eran capaces de 



22. Jesus insiste en que su predicaci on no tiene 
nada de secreto ni de esotérico. El grado de pene- 
tration de su luminosa doctrina depende del grado 
de atencion que prestamos a sus palabras, como lo 
dice en el v. 24, en el cual promete a los que las 
oyen bien, una recompensa sobreabundante. Cf. kue. 
12, 1 ss. y nota. 

24. Véase en Mateo 7, 2 y nota la explicacion de 
este pasaje. San Marcos aflade aqui, en las palabras 
finales, un nuevo rasgo de esa divina misericordia 
que se excede siempre en darnos mås de lo que me« 
recemos. Ul Papa San Pio V condeno, entre los erro* 
res de Miguel Bayo, la proposiciån segun la cual 
en el dia del juicio las buenas obras de los justos, 
no recibirån mayor recompensa que la que merez* 
can segun la mera justicia (Denz. 1014). 

26 ss. IJsta pequena y deliciosa parabola, exclu« 
siva de Marcos, muestra la eficacia propia que por 
accion divina tiene la Palabra de Dios, con solo de- 
jarla obrar en nuestra alma sin ponerle obståculos. 
Cf. Juan 17, 17 y nota. 

29. Muy apropiada es esta parabola para suprimir 
en los ministros del Evangelio la vanagloria; al mis* 
mo tiempo les inspira confianza, puesto que el éxito 
no depende de ellos sino de la gracia divina (Sim6n< 
Prado). Véase Juan 71, 20; I Cor. 3, 7. 

30 -ss. Véase Mat. 13, 31 s.; 3vuc. 13, 18 s. 



entender, ^y no les hablaba sin parabolas, pe^- 
ro en particular, se lo explicaba todo a los 
discipulos que eran suyos. 

JESUS CALMA LA TEMPESTAD. 3J >Y les dijo en 

aquel dia, llegada la tarde: "Pasemos a la otra 
orilla." 36 Entonces ellos, dejando a la multi- 
tud, lo tomaron consigo tal como estaba en la/ 
barca; y otras barcas lo acompanaban. 37 Ahora 
bien, sobrevino una gran borrasca, y las olas 
se lanzaron sobre la barca, hasta el punto de 
que ella estaba ya por llenarse* 38 Mas Él estaba 
en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo des- 
pertaron diciéndole: "Maestro, <:no te impor- 
ta que perezcamos?" 39 Entonces Él se levanto, 
increpo al viento y dijo al mar; ";Calla; so- 
siégate!" Y se apaciguo el viento y fué hecha 
gran bonanza. 40 Después les dijo: "^Por qué 
sois tan miedosos? (jComo es que no tenéis 
fe?" 41 Y ellos temian con un miedo grande, y 
se decian unos a otros: 'VQuién es, entonces, 
Éste, que aun el viento y el mar le obedecen?" 

CAPlTULO V 

El endemoniado de Gerasa. iLlegaron a la 
otra orilla del mar, al pafs de los gerasenos. 
2 Apenas desembarco, sahole al encuentro des- 
de los sepulcros un hombre poseido de un es- 
piritu inmundo, 3 el cual tema su morada en 
los sepulcros; y ni con cadenas podia ya nadie 
amarrarlo, 4 pues muchas veces lo habian ama- 
rrado con grillos y cadenas, pero él habia 
roto las cadenas y hecho pedazos los grillos, 
y nadie era capaz de sujetarlo. 5 Y todo el tiem- 
po, de noche y de dia, se estaba en los sepul- 
cros y en las montanas, gritando e hiriéndose 
con piedras. SDivisando a tesus de lejos, vino 
corriendo, se prosterno delante de Él 7 y gri- 
tando a gran voz dijo: "(iQué tengo que ver 
contigo, Jesus, Hijo del Dios altisimo? Te con- 
juro por Dios, no me atormentes." 8 Porque Él 
le estaba diciendo: "Sal de este hombre. in- 
mundo espfritu." 9 Y le pregunto: "iCual es 
tu nombre?" Respondiole: "Mi nombre es Le- 
gion, porque somos muchos." 10 Y le rogo con 
ahinco que no los echara f uera del pais. "Aho- 
ra bien, habia* alli junto a la montaiia una gran 
piara de puercos paciendo. 12 Le suplicaron 
diciendo: 'Envianos a los puercos, para que 
entremos en ellos." 13 Se lo permitio. Enton- 
ces los espiritus inmundos salieron y entraron 
en los puercos; y la piara, como unos dos mil, 
se despeno precipitadamente en el mar y se 



40. Véase Mat. 8, 23 ss.; kue. 8, 22 ss. ]> barca 
abandonada a las olas es una imagen de la Iglesia, 
que sin cesar tiene^ que luchar contra toda clase de 
tormentas; mas Cristo estå en la barca para con* 
ducirla a traves del "tiempo de nuestra peregrina* 
cion" (I Pedr. 1, 17) "en este siglo malo" (Gal. 
1, 4). Tengamos, pues, confianza. t 

41. i Quién es ewtoncesf: Vemos por esta expre 
sion la incertidumbre en que aun estaban estos dis- 
cipulos respecto de Jesus, no obstante la admirable 
confesion de Natanael en Juan 1, 49. 

1 ss. Véase Mat. 8, 28 ss.; I,uc. 8, 26 ss. S. Ma- 
teo habia de dos endemoniados. Marcos menciona uno 
solo, probablemente porque éste desempeiiaba el pa- 
pel principal. Sobre Gerasa véase Mat. 8, 28 y nota. 



60 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 5, 13-43; 6, 1-8 



ahogaron en el agua\ 14 Los porqueros huyeron 
a toda prisa y lleyaron la nueva a la ciudad y 
a las granjas; y vino la gente a cerciorarse de 
lo que habia pasado, ^Mas llegados a Jesus 
vieron al endemoniado, sentado, vestido y en 
su sano juicio: al mismo que habia estado 
poseido por la legion, y quedaron espantados. 
16 Y los que habian presenciado el hecho, les 
exrilicaron como habia sucedido con el ende- 
moniado y con los puercos. 17 Entonces comen- 
zaron a rogarle que se retirase de su territorio. 
18 Mas cuando Él se reembarcaba, le pidio el 
endemoniado andar con Él; 19 pero no se lo 
permitio*, sino que le dijo: "Vuelve a tu casa, 
junto a los tuyos, y cuéntales todo lo que el 
Senor te ha hecho y como vtuvo misericordia 
de ti." 20 Fuése, y se puso a proclamar por la 
Decapolis todo lo que Jesus habia hecho por 
él, y todos se maravillaban. 

jEstfs SANA A UNA MUJER QUE PADECI'a FLUJO 
DE SANGRE Y RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO. 21 Ha- 

biendo Jesus regresado en la barca a la otra 
orilla, una gran muchedumbre se junto alre- 
dedor de Él. Y Él estaba a la orilla del mar, 
22 cuando llego un jefe de sinagoga, Uamado 
Jairo, el cual, al verlo, se echo a sus pies, 
23 le rogo encarecidamente y le dijo: "Mi hija 
estå en las ultimas; ven a poner tus manos so- 
bre ella, para que se sane y viva." 24 Se fué con 
él, y numerosa gente le seguia, apretandolo. 

25 Y habia una mujer atormentada por un 
flujo de sangre desde hacia doce anos. 26 Mu- 
cho habia tenido que sufrir por numerosos 
médicos, y habia gastado' todo su håber, sin 
experimentar mejoria, antes, por el contrario, 
iba de mal en peor. 27 Habiendo oido lo que 
se decia de Jesus, vino, entre la turba, por 
detrås, y toco su vestido, 28 Pues se decia: 
"Con solo tocar sus vestidos, quedaré sana." 
M Y al instante la fuente de su sangre se seco, 
y sintio en su cuerpo que estaba sana de su mal. 
30 En el acto Jesus, conociendo en si mismo que 
una virtud habia salido de Él, se volvio entre 
la turba y dijo: ",;Quién ha tocado mis vesti- 
dos?'* 31 Respondiéronle sus discipulos: "Bien 
ves (jue la turba te oprime, y preguntas: 
"dQuién me ha tocado?" 32 Pero Él miraba en 
torno suyo, para ver la persona que habia 
hecho esto. 33 Entonces, la mujer, azorada y 
temblando, sabiendo bien lo que le habia 
acontecido, vino a postrarse delante de Él, y 
le dijo toda la verdad. 34 Mas Él le dijo: ";Hi- 
ja! tu fe te ha salvado. Vete hacia la paz 
y queda libre de tu mal." 



17. Los gerasenos son el tipo de aquellos hombres 
que se retiran de la Iglesia para no ser inquietados 
en la comoda vida que llevan. I<os cerdos, es decir, 
los bienes materiales, valen para ellos mås que la fe 
y las promesas de Cristo. Véase ta nota a Filip. _3, 11. 

20. Decapolis, o regien de las "diez ciudades libres", 
situadas en su mayoria en Ja T ransjordania septen- 
trional. 

21 ss. Véase Mat. 9, 18 ss. y notas. 

30 s. I^. pregunta del Sefior tiene por objeto con- 
firmar el milagro delante de toda la muchedumbre, 
La respuesta de los discipulos acusa su poca inte- 
ligencia del poder y sabiduria de Jesus, pues Æl sabia 
muy bien quién le habia tocado. 



^Estaba todavia hablando cuando vinieron 
de casa del jefé de sinagoga a decirle (a éste): 
"Tu hiia ha muerto, ^Con qué objeto incomo- 
das mas al Maestro?" ^Mas Jesus, desoyendo 
lo que hablaban, dijo al jefe de sinagoga: "No 
temas, unicamente cree." 37 Y no permitio que 
nadie lo acompanara, sino Pedro, Santiago y 
Juan, hermano de Jacobo. 38 Cuando hubieron 
llegado a la casa del jefe de sinagoga, vio 
el tumulto, y a los que estaban llorandq y 
daban grandes alaridos. 39 Entro y les dijo : 
"^Por qué este tumulto y estas lamentaciones? 
La nina no ha muerto, sino que duerme. ; ' 40 Y 
se burlaban de Él. Hizo, entonces, salir a to- 
dos, tomo consigo al padre de la nina y a la 
madre y a los que lo acompafiaban, y entré 
donde estaba la nina. 41 Tom6 la mano de la 
nina y le dijo: "jTalitha kum!", que se tra- 
duce: "iNinita, Yo te lo mando, levantate!'' 
^Y al instante la nina se levanto, y se puso a 
caminar, pues era de doce anos. Y al punto 
quedaron todos poseidos de gran estupor. 43 Y 
les recomendo con insistencia que nadie lo 
supiese-, y dijo que a ella le diesen de comer. 

CAPfTULO VI 

Jest^s rechazado en Nazaret. iSaliendo de 
alli, vino a su tierra, y sus discipulos lo acom- 
panaron. llegado el sabado, se puso a ense~ 
nar en la sinagoga, y la numerosa concurren- 
cia que lo escuchaba estaba llena de admira- 
cion, y decia: "^De donde le viene esto? ri *Y 
qué es esta sabiduria que le ha sido dada? 
t-Y estos grandes milagros obrados por sus ma- 
nos? 3 ^No es Éste el carpintero, el hijo de 
Maria, el hermano de Santiago, de José, de 
Judas y de Sim6n? ,:Y sus hermanas no estan 
aqui entre nosotros?" Y se escandalizaban de 
Él. 4 Mas Jesus les dijo: "No hay profeta sin 
honor sino en su tierra, entre sus parientes y 
en su casa." 5 Y no pudo hacer alli ningun mi- 
lagro; solamente puso las manos sobre unos 
pocos enfermos, y los san6. *Y se quedo asom- 
brado de la falta de fe de ellos. Y recorrio las 
aldeas a la redonda, ensenando. 

Misi6n de los Ap6stoles. 7 Entonces, llaman- 
do a los doce, comenzo a enviarlos, de^ dos 
en dos, dåndoles poder sobre los espiritus 
inmundos, ®y' les ordeno que no llevasen nada 



41. "Tditha kum": expresi6naramea t que el Evan- 
gelista traduce para su auditorio de Roma. 

43. Parece que los padres, fuera de si de alegria, 
olvidaban el alimento que requeria su hija. Jesus no 
lo olvida. Véase S. 26, 10; 102, 13; Is. 66, 13 y 
notas. 

3. Véase Mat. 13, 54 ss.; I^uc. 4, 16 ss.; Juan 6, 
42. No es sorprendente que tengan a Jesus por arte- 
sano, pues durante su vida oculta, hasta los treinta 
anos, ayudaba a José en las tareas de carpintero, 
santificando asi el trabajo manual. Respecto a los 
"hermanos" de Jesus véase 3, 32; Mat. 12, 46 y nota. 

8 s. Véase Mat. 10, 5 ss.; Luc. 9, 1 ss.; 10, 1 ss. 
Jesus quiere que sus ministres tengan plena con- 
fianza en la providencia del Padre Celestial (Mat. 
6, 25 ss.) y se desprendan de todo lo que no sea 
absolutamente necesario. Les basta con la eficacia 
infalible de ja palabra evangélica y la gracia que la 
acompana. Véase II Tim. 2, 4. 



EVANGELJO SEGUN SAN MARCOS 6, 8-48 



61 



para el camino, sino solo un baston; ni pan, 
ni alforja, ni dinero en el cinto, 9 sino que 
fuesen calzados de sandalias, y no se pusieran 
dos tunicas. 10 Y les dijo: "Dondequiera que 
entréis en una casa, quedaos alli hasta el mo- 
mentode salir del lugar. n Y si en algun lugar 
no quieren recibiros y no se os escucha, salid 
de alli y sacudid el polvo de la planta de vues- 
tros pies para, testimonio a ellos." 12 Partieron, 
pues, y predicaron el arrepentimiento. 13 Ex- 
pulsaban también a muchos demonios, y ungian 
con oleo a muchos enfermos y los sanaban. 

Muerte del Bautista. 14 E1 rey Herodes oyo 
hablar (de Jesus), porque su nombre se ha- 
bia hecho celebre y dijo: "J uan e ^ Bautista 
ha resucitado de entre los muertos, y por eso 
las virtudes obran en Él. ' 15 Otros decian: "Es 
Elias" otros: "Es un prof eta, tal como uno de 
los (antiguos) profetas." 16 No obstante esos 
rumores, Herodes decia: "Aquel Juan, a quien 
hice decapitar, ha resucitado." 17 Herodes, 
en efecto, habia mandado arrestar a Juan, y 
lo habia encadenado en la carcel, a causa de 
Herodias, la mujer de Filipo, su hermano, pues 
la habia tornado por su mujer. 18 Porque Juan 
decia a Herodes: "No te es licito tener a la 
mujer de tu hermano." 19 Herodias le guarda- 
ba rencor, y querfa hacerlo morir, y no po- 
dia, 20 Porque Herodes tenia respeto por Juan, 
sabiendo que era un varon justo y santo, y lo 
amparaba: al oirlo se quedaba muy perpie jo y 
sin embargo lo escuchaba con gusto. 21 Llego, 
empero, una ocasion favorable, cuando Hero- 
des, en su cumpleanos, dio un festin a sus 
grandes, a los oficiales, y a los persona j es de 
Galilea. ^Entro (en esta ocasion) la hija de 
Herodias y se congracio por sus danzas con 
Herodes y los convidados. Dijo, entonces, el 
rey a la muchacha. "Pideme lo que quieras, 
yo te lo daré." 23 Y le juro: fodo lo que me 
pidas, te lo daré, aunque sea la ***v>A de mi 
reino." 24 EUa salio y pregunto a s 1 <r:adre: 
"dQué he de pedir?" Esta dijo: "La Cf'-.eza 
de Juan el Bautista." 25 Y entrando luego a 
prisa ante el rey, le hizo su peticion: "Quiero 
que al instante me des sobre un plato la ca- 
beza de Juan el Bautista." 26 Se afligio mucho 



13, El oleo se usaba en primer lugar para reani- 
mar las fuerzas fisicas del enfermo. También hoy 
se lo emplea en la Santa Uncion, que no es, como 
suele creerse, s61o para los moribundos, sino como 
explica Santiago, un Sacramento para confortar a los 
enfermos graves, incluso devolviéndoles la salud, y para 
perdonar pecados si los nubiere (Sant. 5, 14). 

14. ss, Véase Mat. 14, 1 ss,; I,uc. 3, 19 s.; 9, 7 ss. 
16. Era la mala conciencia lo que atormentaba a 

Herodes; por eso veia en Jesucristo al Bautista, a 
quien habia matado. "No hay pena comparable a una 
conciencia cargada de crimenes, porque cuando el 
hombre sufre exteriormente, se refugia en Dios; pero 
una conciencia desarreglada, no encuentra a Dios den- 
tro de si misma; entonces, udånde puede hallar con- 
suelos? ^donde buscar el reposo y la paz?" (S. Gre- 
gorio). 

18. Véase I,ev. 18, 16. 

26. iQué valia un juramento hecho contra Dios? 
Fué el respeto humano, raiz de tantos males, lo que 
determiné a Herodes a condescender con el capricho 
de una mujer desalmada. No terne' a Dios, pero terne 



el rey; "pero en atencion a su juramento y a 
los convidados, no quiso rechazarla, 27 Acto 
continuo envio, pues, el rey un verdugo, or- 
denandole traer la cabeza de Juan. 28 Este fué, 
lo decapito en la prision, y trajo sobre un plato 
la cabeza que entrego a la muchacha, y la 
muchacha la dio a su madre. 29 Sus discipulos 
luego que lo supieron, vinieron a llevarse el 
cuerpo y lo pusieron en un sepulcro. 

Primera multiplicaci6n de los panes. 30 Nue- 
vamente reunidos con Jesus, le refirieron los 
apostoles todo cuanto habian hecho y ense- 
nado. 31 Entonces les dijo: "Venid vosotros 
aparte, a un lugar desierto, para que descan- 
seis un poco." Porque muchos eran los que 
venian e iban, y ellos no tenian siquiera tiem- 
po para comer. 32 Partieron, pues, en una barca, 
hacia un lugar desierto y apartado. 33 Pero (las 
gentes) los vieron cuando se iban, y muchos 
los conocieron-, y, acudieron alli, a pie, de to- 
das las ciudades, y llegaron antes que ellos. 
34 A1 desembarcar, vio una gran muchedumbre, 
y tuvo compasion de ellos, porque eran como 
ovejas sin pastor, y se puso a ensenarles mu- 
chas cosas. 

35 Siendo ya la hora muy avanzada, sus dis- 
cipulos se acercaron a Él, y le dijeron: "Este 
lugar es desierto, y ya es muy tarde. 36 Despf- 
delos, para que se vayan a las granjas y aldeas 
del contorno a comprarse qué comer." 37 Mas 
Él les respondio y dijo: "Dadles de comer vos- 
otros." Le replicaron: ";Acaso habremos de 
comprar pan por doscientos denarios, a fin de 
darles de comer? 38 Les pregunto: "^Cuantos 
panes tenéis? Id a ver." Habiéndose cerciorado, 
le dijeron: "Cinco panes y dos peces." 39 Y les 
ordeno hacerlos acampar a todos, por grupos, 
sobre la hierba yerde, 40 Se sentaron, pues, 
en cuadros, de a ciento y de a cincuenta, ^En- 
tonces, tomo los cinco panes y los dos peces, 
levanto los ojos al cielo, bendijo los panes, los 
partio y los dio a los discipulos, para qué 
ellos los sirviesen. Y repartié también los dos 
Deces entre todos, 42 Comieron todos hasta sa- 

^ se 43y recogieron doce canastos llenos de 
lo? er ros y de los peces. ^Los que habian co- 
mido -os oanes, eran cinco mil varones. 

jEstfs cam t , * sobre las olas. 45 Inmediata- 
mente obligo a 2us discipulos a reembarcarse 
y a adelantarsele hacia la otra orilla, en direc- 
cion a Betsaida, mientras Él despedia a la 
gente. 46 Habiéndola, en efecto despedido, se 
fué al monte a orar. 47 Cuando llego la noche, 
la barca estaba en medio del mar, y Él solo 
en tierra. ^Y vienclo que ellos hacian esfuer- 
zos penosos por avanzar, porque el viento les 

el juicio de algunos convidados ebrios como él. Cf. 
Mat. 14, 9 y nota. 

* 33 ss. Véase Mat. 14, 13-21; I^uc. 9, 10-17; Juan 
6, 2-15, 

44. Esta primera muttipHcacion de los panes tuvo 
lugar prohahlemente al E. del lago (Juan 6, 1 y 17); 
segun otros, al N. O,, en el lugar donde se ha des- 
cubierto una antiquisima Basilica erigida en recuer- 
do del milagro. 

45 ss. Véase Mat. 14, 22-32; Juan 6, 15-21. 



62 



EVANGELJO SEGUN SAN MARCOS 6, 48-56; 7, 1-! 



era contrario, vino hacia ellos, cerca de la 
cuarta vela de la noche, andando sobre el mar, 
y parecia querer pasarlos de largo. ^Pero ellos, 
al verlo andando sobre el mar, creyeron que 
era un fantasma y gritaron; 50 porque todos lo 
vieron y se sobresaltaron. Mas Él, al instante, 
les hablo y les dijo: "jAnimo! soy Yo. No 
tengais miedo." 51 Subio entonces con ellos* a 
la barca, y se calmo el viento. Y la extraneza 
de ellos llego a su colmo. 52 Es que no habian 
comprendido lo de los panes, porque sus co- 
razones estaban endurecidos. 

53 Terminada la travesia, llegaron a tierra de 
Genesaret, y atracaron. 54 Apenas salieron de la 
barca, lo conocieron, 55 y recorrieron toda esa 
region; y empezaron a transportar en Camillas 
los enfermos a los lugares donde oian que 
Él estaba. 56 Y en todas partes adonde entraba: 
aldeas, ciudades, granjas, colocaban a los en- 
fermos en las plazas, y le suplicaban que los 
dej asen tocar aunque no fuese mas que la f ran- 
ja de su manto; y cuantos lo tocaban, queda- 
ban sanos. 

CAPiTULO VII 

Sobre las tradiciones y costumbres de los 
fariseos. 1 Se congregaron en torno a Él los 
fariseos, asi como algunos escribas venidos 
de Jerusalén. ^os cuales vieron que algunos 
de sus discipulos comian con manos profanas, 
esdecir, no lavadas, 3 porque los fariseos y los 
judios en general, no comen, si no se lavan 
las manos, hasta la muneca, guardando la tra- 
dicion de los antiguos; fy lo que procede del 
mercado no lo comen, sin haberlo rociado con 
agua; y observan muchos otros puntos por tra- 
dicion, ablucion de copas, de jarros, de vasos 
de bronce. 5 Asi, pues, los fariseos y los es- 
cribas le preguntaron: "^Por qué no siguen tus 
discipulos la tradicion de los antiguos, sino 
que comen con manos profanas?" ^Les dijo: 
"Con razon Isaias profetizo sobre vosotros, 
hip6critas, como esta escrito: "Este pueblo me 
honra con los labios, 7 pero su corazon esta le- 
jos de Mi. Me rinden un culto vano, ensenanco 



4 ss. Se trata de purificaciones que no eran 
prescriptas por la I<ey y que los escribas multipli- 
caban llamåndolas "tradioiones". "No conociendo la 
justicia de Dios y queriendo establecer la suya_ pro* 
pia (Rom. 3, 10), el fariseo, satisfecho de si mismo, 
espera sorprender a Dios con su virtud que nada 
necesita (Luc. 1 8, 1 s.). En realidad, el fariseo es 
el mås temible de los ma ter iali stås, pues el saduceo 
sensual ignora lo espiritual; pero él, en cierto modo, 
lo conoce para reducirlo a la materia : hechos, rea- 
lizaciones, obras visibles para que sean vistos de 
los hombres y los hombres los alaben y los imiten. 
Antitesis del fariseo es la Veronica que al acercar- 
se a Dios presenta, a la faz de la gracia, el lienzo 
en blanco de su esperanza." Es evidente que la 
doctrina de Jesucristo era tan incompatible con esa 
mentalidad como el fuego con el agua (véase 12, 38 
y nota). I,a tradicién que vale para la Iglesia es la 
que tiene su origen en la revelacién divina, es de- 
cir, en la predicacién del mismo Jesucristo y de los 
apåstoles, "a fin de que siempre se crea É del mismo 
modo la verdad absoluta e inmutable predicada desde 
el principio por los apéstoles" (Pio X en el jura- 
men to contra los modernistas). Cf. I Tim. 6, 3 s. 
y 20. 

6. Véase Is. 29, 13; Cf. Mat. 15, 1-28; 23, 15; 
I,iic. 11, 37-41; Juan 4, 23 y notas. 



doctrinas (que son) mandamientos de hom- 
bres." 

8 "Vosotros quebrantåis los mandamientos de 
Dios, al paso que observais la tradicion de los 
hombres; lavados de jarros y copas y otras 
muchas cosas semejantes a éstas haceis." 9 Y 
les dijo: "Lindamente habéis anulado el man- 
damiento de Dios, para observar la tradicion 
vuestra. 10 Porque Moisés dijo: "Honra a tu 
padre y a tu madre", y: "Quien maldice a su 
padre o a su madre, sea muerto." Y vosotros 
decis: u "Si uno dice a su padre o a su madre: 
«Es Korban, es decir, ofrenda, est6 con lo 
cual yo te podria socorrer», 12 ya no lo dej ais 
hacer nada por su padre o por su madre, 13 anu- 
lando asi la palabra de Dios por la tradicion 
que transmitisteis. Y hacéis cantidad de cosas 
semejantes." 14 Y habiendo de nuevo llamado a 
la muchedumbre, les dijo: "Escuchadme todos 
con inteligencia: 15 No hay cosa fuera del hom- 
bre que, entrando en él, lo pueda manchar; mas 
lo que sale del hombre, eso es lo que mancha 
al hombre. 16 Si alguno tiene oidos para ofr, 
oiga." 

17 Cuando, dejando a la multitud, hubo entra- 
do en casa, sus discipulos lo interrogaron sobre 
esta parabola. 18 Respondioles: "^A tal punto 
vosotros también estais sin inteligencia? tf *No 
comprendéis que todo lo que de fuera entra en 
el hombre, no lo puede manchar? 19 Porque eso 
no va al corazon, sino al vientre y sale a un 
lugar oculto, limpiando asi todos los alimen- 
tos." ^Y agrego: "Lo que procede del hombre, 
eso es lo que mancha al hombre. 21 Porque 
es de adentro, del corazon de los hombres, 
de donde salen los malos pensamientos, forni- 
caciones, hurtos, homicidios, 22 adulterios, co- 
dicias, perversiones, dolo, deshonestidad, envi- 
dia, blasfemia, soberbia, insensatez. 23 Todas 
estas cosas malas proceden de dentro y man- 
chan al hombre." 

La fe de la cananea. 24 Partiendo de alli, se 
fué al territorio de Tiro, y de Sidån, y en- 
trando en una casa, no quiso que nadie lo su- 
piese, mas no pudo quedar oculto. 25 Porque en 
seguida una mujer cuya hija estaba poseida de 
un demonio inmundo, habiendo oido hablar 
de Él, vino a prosternarse a sus pies. 26 Esta 
mujer era pagana, sirofenicia de origen, y le 
rogå que echase al demonio fuera de su hija. 
27 Mas Él le dijo: "Deja primero a los hijos 
saciarse, porque no esta bien tomar el pan de 
los hijos para darlo a los perritos." 28 Ella le 



10. Véase Ex. 20, 12; 21, 17; I,ev. 20, 9; Deut. 
5, 16; EX 6, 2. 

11. -Quiere decir que los fariseos se consideraban 
exoneraaos de la obligacién de sustentar a sus ancia- 
nos padres, pretendiendo que les valiera por tal una 
ofrenda de dinero (Korbån) dada al Templo. 

26. Sirofenicia es lo mismo que cananea (Mat. 15, 
22), porque los fenicios se llaman también >-cana- 
neos. 

28. Como esta pagana, insistamos porftados en la 
oracion, aunque a veces parezca que Dios no quiere 
oirnos. Véase la paråhola del amigo importuno (I,uc. 
11, 5 ss.) . I.a perseveranda, dice San Bernardo, es 
una virtud sin la cual nadie verå a Dios, ni sera 
visto por Dios. Cf. I*uc. 21, 19. 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 7, 28-37; 8, 1-31 



63 



contesto diciendo: "S*, Senor, pero también los 
perritos debajo de la mesa, comen de las mi- 
gajas de los hijos ." 29 Entonces Él le dijo: "; An- 
da! Por lo que has dicho, el demonio ha salido 
de tu hija." ^Ella se volvié a su casa, y en- 
contro a la nina acostada sobre la cama, y que 
el demonio habia salido. 

El sordomudo. 31 A1 volver del territorio de 
Tiro, vino, por Sidon, .hacia el mar de Galilea 
atravesando el territorio de la Decapolis. 3Z Le 
trajeron un sordo y tartamudo, rogandole que 
pusiese su mano sobre él. 33 Mas Él, tomåndolo 
aparte, separado de la turba, puso sus dedos 
en los oidos de él; escupio y tocole la lengua. 
^Después, levantando los ojos^ al cielo, dio un 
gemido y le dijo: "Effathå", es decir, "åbrete". 
35 Y al punto sus oidos se abrieron, y la liga- 
dura de su lengua se desato, y hablaba co- 
rrectamente. 36 Mas les mando no decir nada a 
nadie; pero cuanto mas lo prohibia, mas lo 
proclamaban. 37 Y en el colmo de la admiracién, 
decian: "Todo lo hizo bien: hace oir a los 
sordos, y hablar a los mudos." 

CAPfTULO VIII 

Segunda multipucaci6n de los panes. x En 
aquel tiempo, como hubiese de nuevo una gran 
muchedumbre, y que no tema qué comer, 
llamo a sus discipulos, y les dijo: 2 "Tengo com- 
pasion de la muchedumbre, porque hace ya tres 
dias que no se aparta de Mi, y no tiene nada 
qué comer. 3 Si los despido en ayunas a sus 
casas, les van a faltar las f.uerzas en el cami- 
n©; porque los hay que han venido de lejos." 
4 Dijeronle sus discipulos: ";C6mo sera posible 
aqui, en un desierto, saciarlos con pan?" 5 Les 
pregunto: "^Cuantos panes tenéis?" Respondie- 
ron: "Siete." ^Y mand6 que la gente se sen- 
tase en el suelo; tomo, entonces, los siete pa- 
nes, di6 gracias, los partio y los dio a sus dis- 
cipulos, para que ellos los sirviesen; y los 
sirvieron a la gente. ^Tenian también algunos 
pececillos-, los bendijo, y dijo que los sirviesen 
también, ^omieron hasta saciarse, y recogie- 
ron siete canastos de pedazos que sobraron, 
*Eran alrededor de cuatro mil. Y los despidio. 

Los fariseos piden una senal. 10 En seguida 
subio a la barca con sus discipulos, y fue a la 
region de Dalmanuta. u Salieron entonces los 
fariseos y se pusieron a discutir con Él, exi- 
giéndole alguna senal del cielo, para ponerlo 
a prueba. 1 %Ias Él, gimiendo en su espiritu, di- 
jo: "dPor qué esta raza exige una senal? En 
verdad, os digo, ninguna senal sera dada a esta 



33. Uste acto se repite hoy en la administracién 
del Bautismo, ouando el sacerdote dice: "éfeta": 
abre tus oidos a la palabra de Dios. Pio XII el 14 
de enero de 1944 ha dispuesto que se suprima esto 
siempre que lo aconseje la higiene y la profilaxia 
en casos de grave peligro. (A. A. S. 36, 28-29). 

I ss. Véase Mat. 15, 32-39. 

II ss. Véase Mat. 16, 1-12; Luc. 11, 54. 

12. Segun S. Mateo (16, 4) Jesus cito el caso del 
profeta Jonas como figura de su mi lag rosa resu- 
rrecciån. 



generaciån." 13 Y dejåndolos alli, se volvio a 
embarcar para la otra ribera. 

Contra las levaduras. 14 Habian olvidado 
de^ tomar pan, y no tenian consigo en la barca 
mas que un solo pan. 15 Les hizo entonces esta 
advertencia: "jCuidado! Guardaos de la leva- 
dura de los fariseos y de la levadura de He- 
rodes." 16 Por lo cual ellos se hicieron esta 
reflexiån unos a otros: "Es que no tene- 
mos panes." 17 Mas conociéndolo, Jesus les 
dijo: "^Por qué estais pensando en que no te- 
neis panes? <:No comprendéis to davia? ,*No 
caéis en la cuenta? ^Tenéis endurecido vuestro 
corazon? 18 <;Teniendo ojos, no veis; y tenien- 
do ofdos, no ofs? 19 Cuando parti los cinco pa- 
nes entre los cinco mil, ^cuantos canastos lle- 
nos de pedazos recogisteis?" "Doce", le dije- 
ron. 20 "Y cuando parti los siete panes entre 
los cuatro mil, icuåntas canastas llenas de tro- 
zos os llevasteis?" Dijéronle: "Siete." 21 Y les 
dijo: "iNo comprendéis todavia?" 

El ciego de Betsaida. 22 Fueron luego a Bet- 
saida. Y le trajeron un ciego, rogandole que 
lo tocase. 2S Y El, tomando de la mano al cie- 
go, lo condujo fuera de la aldea, le escupio en 
los ojos, y le impuso las manos; después le pre- 
gunto: "^Ves algo?" 24 É1 alzo los ojos y dijo: 
'Veo a los liombres; los veo como arboles que 
caminan." ^Le puso otra vez las manos sobre 
los ojos, y el hombre mire con fijeza y quedo 
curado, y veia todo claramente. 2e Y lo envio 
de nuevo a su casa y le dijo: "Ni siquiera en- 
tres en la aldea." 

Confesion de Pedro. 27 Jesus se marcho con 
sus discipulos para las aldeas de Cesarea de 
Filipo. Por el camino hizo esta pregunta a 
sus discipulos: "^Quién soy Yo, segun el decir 
de los hombres?" ^Le respondieron diciendo: 
"Juan el Bautista; otros: Elias; otros: uno de 
los prof etas." ^Entonces, les pregunta: "Se- 
gun vosotros, cfquién soy Yo? Respondiole 
Pedro y dijo: "Tu eres el Cristo." ^Y les 
mando rigurosamente que a nadie dijeran (es- 
to) de ÉL 

Primer anuncio de la Pasi6n. 31 Comenz6 
entonces, a cnsenarles que era necesario que el 
Hijo del hombre sufriese mucho; que fuese 



15. I*a levadura de los fariseos, segun vemos en 
I/UC. 12, 1, es la hipocresia. Hemos de guardarnos 
tanto de compartirla cuanto de ser su. victima. I*a 
le&adura de Herodes es la mala viaa, que se con- 
tagia como una peste. Véase Mat. 16, 6 y 12. 

22. Betsaida, la llamada Betsaida Julias, al EJ. de 
la desembocadura del Jordan en el lago de Gene- 
saret. 

27. Véase Mat. 16, 13-16; Luc. 9, 18-20. 

29. Véase Mat. 16, 18, donde Jesus recompenso 
la fe de aquel h umilde pescador, haciéndole principe 
de los apåstoles. 

31. jReprobado! Y bien lo vemos en 14, 64 don- 
dé todoa estån horrorizados de sus "blasfemias". 
Nosotros, gentiles, mås que nadie debemos agradecer- 
le, pues fué para abrirnos la puerta de la salud 
(Éf- 2, 1 ss.). "Por d <Ielito de los judios la salud 
pas.6 a los gentiles*; por la incredulidad de los gen* 
tiles volverå a los judios" (S. Jerånimo). * 



64 



EVANGELIO SEGITN SAN MARCOS 8, 31-38; 9, 1-20 



reprobado por los ancianos, por los sumos 
sacerdotes* y por los escribas; que le fuese 
quitada la vida, y que, tres dias después, resu- 
citase. 32 Y les hablaba abiertamente. Entonces, 
Pedro, tomandolo aparte, empezo a reprender- 
lo. 33 Pero Él, yolviendose y viendo a sus dis- 
cipulos, increpo a Pedro y le dijo: ";Vete de 
Mi, atras, Satanås! porque no sientes las cosas 
de Dios, sino las de los hombres " 

La renuncia del "yo". 34 Y convocando a 
la muchedumbre con sus discipulos les dijo; 
"Si alguno quiere venir en pos de Mi, rénun- 
ciese a si misrrio, tome su cruz, y sigame. 
35 Quien quiere salvar su vida, la perdera, y 
quien pierde su vida a causa de Mi y del Evan- 
gelio, la salvara. 36 En efecto: <;de qué servirå 
al hombre ganar el mundo entero, y perder 
su vida? 37 Pues iqué cosa puede dar el hom- 
bre a cambio de su vida? 38 Porque quien se 
avergonzare de Mi y de mis palabras delante 
de esta raza adultera y pecadora, el Hijo del 
hombre también se avergonzarå de él cuando 
vuelva en la gloria de su Padre, escoltado por 
los santos ångeles." 

CAPfTULO IX 

Transfiguracion de Jesus. X Y les dijo: "En 
verdad, os digo, entre los que estån aqui, al- 
gunos no gustarån la muerte sin que hayan vis- 
to el reino de Dios venido con poder." 2 Y seis 
dias después, tomo Jesus consigo a Pedro, a 
Santiago y a Juan, y los llevo solos, aparte, a 
un alto monte, y se transfiguro a su vista. 3 Sus 
vestidos se pusieron resplandecientes y de tal 



33. No obstante la confesion que acaba de hacer 
(v. 29), Pedro muestra aqui su falta de espiritu 
sobrenatural. Jesus, con la extrema severidad de su 
reproche, nos ensefia que nada vale un amor senti- 
mental, sino el que busca en todo la voluntad del 
Padre como lo hizo Kl- Cf. Mat. 24, 42 y nota. 

34- A la luz de la doctrina revelada y definida, 
se comprende bien la suavidad de esta palabra _ de 
Jesus, que al principio parece tan dura. Reniinciese 
a si mismo, Kilo significa decirnos, para nuestros 
bien: librate de ese enemigo, pues ahora sabes que 
es malo, corrompido, perverso. Si tu renuncias a ese 
mal amigo y consejero que llevas adentro, yo lo 
sustituiré con mi espiritu, sin el cual nada puedes 
hacer (Juan 15, 5). [Y como sera de total ese apar- 
tami ento que necesitamos hacer del auto enemigo, 
cuando Jesus nos ensefia que es indispensable nacer 
de nuevo para poder entrar en él Reino de Dios! 
(Juan 3, 3). Renacer del Espiritu, echar fuera aquel 
yo que nos aconsejaba y nos prometia quizå tantas 
grandezas. Echarlo fuera, quitarlo de en medio, des- 
tituirlo de su cargo de consejero, por mentiroso, malo 
e ignorante. He aqui lo que tanto cuesta a nuestro 
amor propio: reconocer que nuestro fulano de tal 
es "mentira" (Rom. 3, 4) y de suyo digno de la 
ira de Dios. Cf. I*uc. 9, 23 y nota. 

1. Colocado al principio del capitulo, este v. (que 
en la Vulgata figura como 39 del cap, 8) m.Uestra 
claramente que el anuncio de Jesus se refiere a su 
gloriosa Transfiguracién, relatada en los vv. que 
siguen, y en la cual Jesus mostro un anticipo de la 
gloria con que volverå al fin de los tiempos. Tal es 
la gloria cuya visi6n nos refieren S. Juan en su 
Evangelio (l, 14), y S. Pedro en su segunda Epis- 
tola (1, 16 ss.). Cf. Mat. 16, 28 y nota. I,uc. 9, 27. 

2 ss. Véase Mat. 17, 1-8; I^uc. 9. 28-36. Un alto 
monte: segun la tradici6n, el monte Tabor en Galilea. 



blancura; que no hay batanero sobre esta tie- 
rra, capaz de blanguearlos asi. 4 Y se les apare- 
cieron Elias y Moisés y conversaban con Jesus. 
5 Entonces, Pedro dijo a Jesus: "Rabi, es bueno 
que nos quedemos aqui. Hagamos, pues, aqui 
tres pabelfones, uno para ti, uno para Moisés, y 
uno para Elias." ^ra que no sabia lo que de- 
cfa, porque estaban sobrecogidos de temor. 
7 Vino, entonces, una nube que los cubrio con 
su sombra, y de la nube una voz se hizo oir: 
"Éste es mi Hijo, el Amado. 'jEscuchadlo!" 8 Y 
de recente, mirando todo alrededor, no vieron 
a nadie con ellos, sino a Jesus solo. 

La venida øe Elias. 9 Cuando bajaban del 
monte, les prohibio referir a nadie lo que ha- 
bian visto, mientras el Hijo del hombre no hu- 
biese resucitado de entre los muertos. 10 Y 
conservaron lo acaecido dentro de si, discu- 
rriendo "qué podria significar eso de resucitar 
de entre los muertos". n Y le hicieron esta pre- 
gunta: "^Por qué, pues, dicen los escribas que 
Elias debe venir primero?" 12 Respondidles: 
"Ellias, en efecto, vendrå primero y lo restau- 
rarå todo. Pero écomo esta escrito del Hijo 
del hombre, que debe padecer mucho y ser vi- 
lipendiado? "Pues bien, Yo os declaro: en 
realidad Elias ya vino e hicieron con él cuanto 
les plugo, como esta escrito de él." 

El nino endemoniado. 14 Llegaron, entretan- 
to, a los discipulos y vieron un gran gentio 
que los rodéaba, y escribas que discutian con 
ellos. 15 Toda esta multitud ; en cuanto lo vio 
se quedo asombrada y corrio a saludarlo. 18 Pre- 
guntoles: "(fPor qué discutis con -ellos?" l7 Res- 
pondiole uno de la multitud: "Maestro, te he 
traido a mi hijo, que tiene un demonio mudo. 
18 Y cuando se apodera de él, lo zamarrea y él 
echa espumarajos, rechina los dientes y queda 
todo rigido. Y pedi a tus discipulos que lo ex- 
pulsasen, y no han podido." 19 Entonces, Él les 
respOndiå y dijo: Oh raza incrédula, tf *hasta 
cuando habré de estar con vosotros? ^Hasta 
cuando habré de soportaros? jTraédmelo!" 
20 Y se lo trajeron. En cuanto lo viå, el espiri- 
tu lo zamarreaba (al muchacho); y caido en el 



7. Aqui, como en el Bautismo de Jesus, el Padre 
da solemne testimonio de la filiacion divina del Me- 
stas, y afiade el unico mandamiento que el Padre 
formula personalmente en todo el Evangelio: que 
escuchemos a Jesus. Por eso, el Maestro nos dice: 
"Esta es la obra de Dios: que creåis en Aquel que 
Él os envio" (Juan 6, 29). 

9. El monte Tabor y el Gålgota se complementan 
mostråndonos el doble misterio de Jesus que anun- 
ciaban las profecias (I Pedr. 1, 11). Aqui Jesus 
aparece en la gloria, con que vendrå en su triunfo 
(v. 1); allå lo verån sumido en un mar de penas 
y angustias. "En la transfiguracion se trataba en 
primer lugar de quitar de los corazones de los dis* 
cipulos el escåndalo de la Cruz** (S. I^eon Magno). 

13 s. "En espiritu S. Juan era Elias, mas no en 
persona" (S. Gregorio Magno). Véase Mat. 17, 11 s. 
y nota; Mal. 4, 5; Is. 53, 3. 

14 ss. Véase Mat. 17, 14-21; I^uc. 9, 37-43 y 
notas. 

19. Este reproche de incredulidad es el unico que 
el divino Maestro dirige a sus discipulos; Pero es 
el mås grave. Véase 11, 22 ss. y nota. 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS X9, 20-49; 10, 1-12 



6$ 



suelo, se revolvfa echando espumarajos. 21 Y 
pregunto al padre: /^Cuanto tiempo hace que 
esto le sucede?" Respondio: "Desde su infan- 
cia-, 22 y a menudo lo ha echado, ora en el fue- 
go, ora en el agua, para hacerlo morir. Pero si 
Tu puedes algo, ayudanos, y ten compasion de 
nosotros." 23 Rephcole Jesus: "jSi puedes!... 
Todo es posible para el que cree." * 4 Entonces, 
el padre del nino se puso a gritar: "jCreo! 
,yen en ayuda de mi falta de fe! " 25 Y Jesus 
viendo que se aproximaba un tropel de gente, 
conmino al espiritu diciéndole: tr Espiritu mudo 
y sordo, Yo te lo mando, sal de el, y no vuel- 
vas a entrar mas en él." 26 Y, gritando y retor- 
ciéndole en convulsiones, salio. Y quedo el ni- 
no como muerto, y asi muchos decian que ha- 
bia muerto. 27 Pero Jesus, tomandolo de la mano, 
lo levanto y él se tuvo en pie. 28 Cuando hubo 
entrado en casa, los discipulos le preguntaron 
en privado: '^Por qué, pues, no pudimos nos- 
otros expulsarlo?" 29 Les dijo: "Esta casta no 
puede ser expulsada sino con la oracion y el 
ayuno." 

Segundo anuncio de la Pasion. 30 Partiendo 
de alli, pasaron a traves de Galilea ; y no que- 
ria que se supiese; 31 porque enseno esto a sus 
discipulos: rt El Hijo del hombre va a ser entre- 
gado en manos de los hombres y lo harån mo- 
rir; y tres dias después de su muerte resuci- 
tara." ^Pero ellos no comprendieron estas 
palabras y temian preguntarle. 

Humildad y caridad. 33 Entretanto, llegaron 
a Cafarnaum; y cuando estuvo en su casa, les 
pregunto: "cfDe qué conversabais en el cami- 
no?" 3 fMas ellos guardaron silencio, porcjue ha- 
bian discutido entre si, durante el camino, so- 
bre quien seria el mayor. 35 Entonces, sentose, 
Ilamo a los Doce y les dijo: "Si alguno quiere 
ser el primero, deberå ser el ultimo de todos y 
el servidor de todos." 36 Y tomando a un nino, 
lo puso en medio de ellos, y abrazåndolo, les 
dijo: 37 "E1 que recibe a uno de estos ninos en 
mi nombre, a Mi me recibe; y el que a Mi me 
recibe, no me recibe a Mf, sino a Aquel que me 
envio" 38 Dfjole Juan: "Maestro, vimos a un 
hombre que expufsaba demonios en tu nombre, 
el cual no nos sigue; y se lo impedfamos, por- 
que no anda con nosotros.'' 39 Pero Jesus dijo: 
tf No se lo impidais, porque nadie, haciendo mi- 
lagro por mi nombre, sera capaz de hablar lue- 
go mal de Mi. 40 Porque quien no esta contra 
nosotros, por nosotros esta. 4I Quien os diere 
a beber un vaso de agua, por razon de que sois 
de Cristo, en verdad os digo, no perdera su re- 
compensa." 

Gravedad del escåndalo. 42 Quien escandali- 



29. Y el ayuno: falta en el Codex Vaticanus. Cf. 
Mat. 17, 21. 

33 ss. Véase Mat. 18, 1 ss.; I,uc. 9, 46 ss. 

40. Nosotros: As! reza el texto griego segun Merk. 
Algunos cédices dicen vosotros, como en I,uc. 9, 50. 
La variante parece acentuar mås aun la diferencia 
que Jesus establece entre Él — que es el fin (Mat. 
12, 30) — y nosotros, simples medios. Cf. Filip. I, 
IS ss.; Num. 11, 24-30. 



zare a uno de estos pequenitos que creen, mas 
le valdrfa que le atasen alrededor de su cuello 
una piedra de.molino de las que mueve un as- 
no, y que lo echasen al mar. 43 Si tu mano te 
escandaliza, cortala: mas te vale entrar en la 
vida manco, que irte, con tus dos manos, a la 
gehenna, al fuego que no se apaga.f 44 ]. 45 Y 
si tu pie te escandaliza, cortalo: mas te vale 
entrar en la vida cojo que ser, con tus dos 
pies, arrojado a la gehenna. [ 46 ]. 47 Y si tu oio 
te escandaliza, såcalo: mås te vale entrar en 
el reino de Dios teniendo un solo 0)0 que con 
tus dos ojos ser arrojado a la gehenna, 48 donde 
"el gusano de ellos no muere y el fuego no 
se apaga". 49 Porque cada uno ha de ser salado 
con el fuego. La sa] es buena; mas si la sal se 
vuelve insipida, ;con qué la sazonaréis? Tened 
sal en vosotros mismos y estad en paz unos 
con otros. 



III. CAMINO DE JERUSALÉN 

(10,1-52) 

CAPfTULO X 

Indisolubilidad del matrimonio. 1 Partiendo 
de alli, fué al territorio de Judea y de Trans- 
jordania. De nuevo, las muchedumbres acudie- 
ron a Él, y de nuevo, segun su costumbre, los 
instruia. 2 Y viniendo a Él algunos fariseos que, 
con el propésito de tentarlo, le preguntaron si 
era licito al marido repudiar a su mujer, 3 les 
respondio y dijo: "<jQué os ha ordenado Moi- 
sés?" 4 Dijeron: "Moisés permitio dar libelo de 
repudio y despedir (la)" 5 Mas Jesus les repli- 
co: t( En vista de vuestra dureza de corazon os 
escribio ese precepto. 6 Pero desde el comienzo 
de la creacion, Dios los hizo varon y mujer. 
7 Por esto el hombre dejara a su padre y a su 
madre y se unira a su mujer, $y los dos vendran 
a ser una sola carne. De modo que no son ya 
dos, sino una sola carne. 9 jY bien! jlo que 
Dios ha unido, el hombre no lo separe!" 10 De 
vuelta a su casa, los discipulos otra vez le pre- 
guntaron sobre eso. X1 Y les dijo: "Quien re- 
pudia a su mujer y se casa con otra, comete 
adulterio contra la primera-, 12 y si una mujer 
repudia a su marido y se casa con otro, ella co- 
mete adulterio." 



43. Véase Mat. 5, 29 s.; 18, 8 y notas. Cf. Prov. 
5, 8; Ecli. 9, 4. Gehenna: infierno Cf. Mat. 5, 22 
y nota. 

44. I^os vv. 44 y 46 faltan en los mejores cédices 
griegos^ Son repeticiones del v. 48, introducidas por 
los copistas (véase Merk, Jouon, etc.). 

48. Aqui Jesus define la eternidad de las penas 
del infierno. Véase Judit 16, 21; Is. 66, 24; Apoc. 
20, 10. 

49. Segun la I,ey (I^ev. 2, 13) los sacrificios se 
rociaban con sal (de la AJianza). 

I ss. Véase Mat. 19, 1 ss.; Gen. 1, 27; 2 f 24: 
Deut. 24, 1-4; I Cor. 6, 16; 7, 10 s.; 3f. 5, 31. 

II s. Contra la primera: hay un bello matiz de 
caridad en esta clara definicién que condena d des- 
orden de nuestra época, en la que una legislacton 
civil se cree autorizada para separar "lo que Dios 
ha unido M . 



66 



KVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 10, 13-42 



Los ninos son duenos del Reino. 13 Le tra- 
jeron unos ninos para que los tocase; mas los 
discipulos ponian trabas. 14 Jesus viendo esto, 
se molesto y les dijo: "Dejad a los ninos venir 
a Mi y no les impidais, porque de tales como 
éstos es el reino de Dios. 15 En verdad, os digo, 
quien no recibe el reino de Dios como un nino, 
no entrarå en él." 16 Después los abrazo y los 
bendijo, poniendo sobre ellos las manos. 

El joven rico. 37 Cuando iba ya en camino, 
vino uno corriendo y, doblando la rodilla, le 
pregunto: "Maestro bueno, (jqué he de hacer 
para heredar la vida eterna?" 18 Respondiole 
Jesus: "c'Por qué me llamas bueno? Nadie es 
bueno, sino solo Dios. 19 Tu conoces los man- 
damientos: "No mates, no cometas adulterio, 
no robes, no des falso testimonio, no defraudes, 
honra a tu padre y a tu madre"; ^y él le res- 
pondio: "Maestro, he cumplido todo esto desde 
mi juventud." 21 Entonces, Jesus lo miro con 
amor y le dijo: "Una cosa te queda: anda, ven- 
de todo lo que posees y dalo a los pobres, y 
tendras un tesoro en el cielo-, después, vuelve, 
v sigueme, llevando la cruz." ^Al oir estas pa- 
labras, se entristecio, y se fué apenado, porque 
tenia muchos bienes. 

Reoompensa de los que siguén a Jesus. 23 En- 
tonces, Jesus, dando una mirada a su rededor, 
dijo a sus discipulos: "jCuan dificil es para los 
ricos entrar en el reino de Dios!" ^Como los 
discipulos se mostrasen asombrados de sus pa- 
labras, volvio a decirles Jesus: "Hijitos, ;cuan 
dificil es para los que confian en las riquezas, 
entrar en el reino de Dios! ^Es mas facil a 
un camello pasar pdr el ojo de una aguja que a 
un rico entrar en el reino de Dios " 26 Pero su 
estupor aumento todavia; y se decian entre si: 
"Entonces, iquién podra salvarse?" 27 Mas Je- 
sus, fijando sobre ellos su mirada, dijo: "Para 
los hombres, esto es imposible, mas no para 
Dios, porque todo es posible para Dios." 28 Pu- 
sose, entonces, Pedro a decirle: "Tu lo ves, 
nosotros hemos dejado todo y te hemos segui- 
do." 29 Jesus le contesto y dijo: "En verdad, os 
digo, nadie habrå dejado casa, o hermanos, o 
hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, 
a causa de Mi y a causa del Evangelio, ^que 



14. Este llamado de Jesus es el fundamento de 
toda educaciån. Los ninos cntienden muy bien las 
palabras del divino Maestro, porque Él jnismo nos 
dijo que su Fadre revela a los pequenos lo que 
oculta a los sabios y prudentes (Luc. 10, 21). 

17 ss. Véase Mat. 19, 16 ss.; Luc. 18, 18 ss. 

22. Sobre este caso véase Luc. 18, 22 y nota. 

25. Jesus ensefia que no puede salvarse el rico 
de corazon, porque, como Él mismo dijo, no se puede 
servir a Dios y a las riquezas (Mat. 6, 24). Kl que 
pone su corazon en los bienes de este mundo no es 
el amo de ellos, sino que los sirve, asi como todo 
el que peca esclavo es del pecado (Juan 8, 34). Tan 
triste situaciån es bien digna de låstima, pues se 
oponc a la bienaventuranza de los pobres en espiritu, 
que Jesus presenta como la primera de todas (Mat. 
5, 31). Véase Luc. 18, 24 y nota. ^No se sepulte 
vuestra alma en el oro, elévese al cielo" (S- Jeré- 
nimo). Cf: Col. 3, 1-4; Filip. 3, 19 ss.; Ef. 2, 6. 

30. Centuplicado. Todos los verdaderos pobres son 
ricos. "i No os parece rico, exclama S. .Ambrosio, el 



no reciba cenruplicado ahora, en este tiempo, 
casas, hermanos, hermanas, madre, hijos y cam- 
pos — a una con persecuciones — , y, en el si- 
glo venidero, la vida eterna. 31 Mas muchos 
primeros seran ultimos, y muchos ultimos, pri- 
meros." 

Tercer anuncio de la Pasion. 32 Iban de 
camino, subiendo a Jerusalén, y Jesus se les 
adelantaba-, y ellos se asombraban y lo seguian 
con miedo. Y tomando otra vez consigo a los 
Doce, se puso a decirles lo que le habia de 
acontecer: røw He aqui que subimos a Jerusa- 
lén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a 
los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo con- 
denaran a muerte, y lo entregarån a los genti- 
les-, M y lo escarneceran, lo escupirån, lo azota- 
ran y lo mataran, mas tres dias después resu- 
citara". 

La ambici6k de Santiago y Juan. 35 Acerca- 
ronsele Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, 
y le dijeron: "Maestro, queremos que Tu hagas 
por nosotros cualquier cosa que te pidamos." 
&É1 les dijo: ";Que queréis, pues, que ha^a por 
vosotros?" ^Le respondieron: "Concedenos 
sentarnos, el uno a tu derecha, el otro a tu iz- 
quierda, en tu gloria." 38 Pero Jesus les dijo: 
( T^o sabéis lo que pedis. iPodéis beber el ca- 
liz que Yo he de beber, o recibir el bautismo 
que Yo he de recibir?" 39 Le contestaron: "Po- 
demos." Entonces, Jesus les dijo: "El caliz que 
Yo he de beber, lo beberéis; y el bautismo que 
Yo he de recibir, lo recibiréis. *°Mas en cuanto 
a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no es 
mio darlo sino a aquellos para quienes esta pre- 
parado." 41 Cuando los otros diez oyeron esto, 
comenzaron a indignarse contra Santiago y 
Juan. entonces, Jesus los llamo y les dijo: 
*Como vosotros sabéis, los que aparecen como 



que tiene la paz del alma, la tranquilidad y el re- 
poso, el que nada desea, no se turba por nada, no 
se disgusta por las cosas que tiene desde largo tiem- 
po, y no las busca nuevas?" A diferencia de San 
Mateo (19, 27 ss.), no se habia aqui del que deja 
la esposa, y se acenttia en cambio que esta recom* 
pensa se refiere a la vida presente, aun en medio 
de las persecuciones tantas veces anunciadas por el 
Seiior a sus discipulos. Cf. I^uc. 18, 29. 

35 ss. Estos "hijos del trueno" (3, 17) recorda- 
ban los doce tronos (Mat. 19, 28) y pensaban como 
los que oyeron la paråbola de las minas (I*uc. 19, 
11), como los del Domingo de Ramos (11, 10), 
como todos los apåstoles después de la Resurreccion 
(Hech. 1, 6), que el Reino empezaria a llegar. Je- 
sus no condena precisamente, _ como algunos^ han 
creido, esta gesti6n que sus primos hermanos inten- 
tan por medio de su madre la buena Salome (Mat. 
20, 20) y que, si bien recuerda la ambiciån egoista 
de Sancho por su insula, muestra al menos una U 
y esperanza sin doblez. Pero alude una vez mås a 
los muchos anuncios de su Pasion, que ellos, como 
Pedro (Mat. 16, 22), querian ol vida r, # y les rei- 
tera la gran lecciån de la humildad, refiriéndose de 
paso a arcanos del Reino que San Pablo habria de 
explayar mås tarde en las Kpistolas de la cautividad. 

39. Ese bautismo a que Jesus alude no parece 
ser sino el martirio. Véase I^uc. 12, 50. Ambos 
apåstoles lo padecieron (Hech. 12 y nota), si bien 
Juan salio ileso de su *'bautismo M en aceite hir- 
viendo. Cf. Juan 21, 22 y nota. 

42 ss. Véase I,uc. 22, 25-27. 



EVANGELXO SEGUN SAN MARCOS 10, 42-52; 11, 1-26 



67 



jefes de los pueblos, les hacen sentir su domi- 
naciån; y los grandes, su poder. ^Entre vos- 
otros no debe ser asi; al contrario, quien, entre 
vosotros, desea hacerse grande, hågase sirvien- 
te de los demås; **y quien desea ser el primero, 
ha de ser esclavo de todos. 45 Porque también 
el Hijo del hombre no vino para ser servido, 
sino para servir y dar su vida en rescate por 
muchos." 

El ciego de Jeric6. 46 Habian llegado a Jeri- 
co. Ahora bien, cuando iba saliendo de Jerico, 
acompanado de sus discipulos y de una nume- 
rosa muchedumbre, el hijo de Timeo, Bar- 
timeo, ciego y mendigo, estaba sentado al bor- 
de del camino; 47 y oyendo que era Jesus de 
Nazaret, se puso a gritar: "jHijo de David, 
Jesus, ten piedad de mi!" 48 Muchos le repren- 
dian para que callase, pero él mucho mas gri- 
taba: ";Hijo de David, ten piedad de mi!" 
49 Entonces, Jesus se detuvo y dijo: "Llamadlo." 
Llamaron al ciego y le dijeron: ";Ånimo, le- 
våntate! Él te llama." 50 Y él arrojo su manto, 
se puso en pie de un salto y vino a Jesus. 51 To- 
mando la palabra, Jesus le dijo: ";Qué deseas 
que te haga?" El ciego le respondio: "jRabbu- 
ni, que yo vea!" 52 Jesus le dijo: ";Anda! tu fe 
te ha sanado." Y en seguida vio, y lo fué si- 
guiendo por el camino. 



IV. JEStJS EN JERUSALÉN 

(11,1-13,37) 

CAPfTULO XI 

Entrada triunfal en Jerusalén. iCuando 
estuvieron proximos a Jerusalén, cerca de Bet- 
fagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, 
envio a dos de sus discipulos, 2 diciéndoles: "Id 
a la aldea que estå enfrente de vosotros*, y lue- 
go de entrar en ella, encontraréis un burrito 
atado, sobre el cual nadie ha montado todavfa. 
Desatadlo y traedlo. 3 Y si alguien os pregunta: 
"tjPor qué hacéis esto?", contestad: El Senor 
lo necesita, y al instante lo devolvera aquf." 
4 Partieron, pues, y encontraron un burrito ata- 
do a una puerta, por de fuera, en la calle, y lo 
desataron. 5 Algunas personas que se encontra- 
ban allf, les dijeron: "iQué hacéis, desatando el 
burrito?" 6 EHos les respondieron como Jesus 
les habfa dicho, y los dejaron hacer. 'Llevaron, 
pues, el burrito a Jesus y pusieron encima sus 
mantos, y Él lo monto. 8 Y muchos extendieron 
sus mantos sobre el camino; otros, brazadas de 



45. Véase Luc. 22, 27 y nota. 

46. San Mateo (20, 30) habla de dos ciegos: uno 
de ellos ba de ser este Bartimeo. Cf. Luc. 18, 35- 
43. 

52. En seguida: el evangelista nos hace notar que 
el dichoso ciego siguio a Jesiis sin acordarse de 

recoger el manto arrojado a que se refiere el v. 50. 

2. 1æ aldea de Betfagé, situada entre Jerusalén 

y Betania (Mat. 21, 1 ss.; Luc. 19, 29 ss.; Juan 12, 
12 s.). 

9. Con la aclamacién Hosanna: \ Ayudanos (ob 

Dios) ! el pueblo quiere expresar su desbordante ale- 
gria segun el Salmo 117, 25 s. 



follaje que habfan cortado de los campos. 9 Y 
los que marchaban delante y los que seguian, 
clamaban: "jHosanna! jBendito sea el que vie- 
ne en el nombre del Senor! 10 |Bendito sea el 
advenimiento del reino de nuestro padre Da- 
vid! jHosanna en las alturas!" n Y entré en 
Jerusalén en el Templo, y después de mirarlo 
todo, siendo ya tarde, partio de nuevo para 
Betania con los Doce. 

La higuera estéril. 12 A1 dia siguiente, cuan- 
do salieron de Betania, tuvo hambre. 13 Y divi- 
sando, a la distancia, una higuera que tenia ho- 
jas, fué para ver si encontraba algo en ella; pero 
llegado alli, no encontro mås que hojas, porque 
no eni. el tiempo de los higos. 14 Entonces, res- 
pondio y dijo a la higuera: "jQue jamas ya na- 
die coma fruto de ti!" Y sus discipulos lo 
oyeron. 

Indignaci6n de Jest^s por el Templo pro- 
fanado. 15 Llegado a Jerusalén, entro en el 
Templo, y se puso a expulsar a los que vendian 
v a los que compraban en el Templo, y volco 
las mesas de los cambistas y las sillas de los que 
vendian las palomas; 16 y no permitia que nadie 
atravesase el Templo transportando objetos. 17 Y 
les enseno diciendo: "^No esta escrito: «Mi 
casa sera Uamada casa de oracién para todas 
las naciones»? Pero vosotros, la habéis hecho 
cueva de ladrones." 18 Los sumos sacerdotes y 
los escribas lo oyeron y buscaban como hacerlo 
perecer; pero le tenian miedo, porque todo el 
pueblo estaba poseido de admiracion por su 
doctrina. 19 Y llegada la tarde, salieron (Jesus 
y sus discipulos) de la ciudad. 



Poder de la fe. 20 A1 pasar (al dia siguiente) 
muy de manana, vieron la higuera que se habfa 
secado de raiz. 21 Entonces, Pedro se acortfo y 
dijo: "jRabf, mira! La higuera que maldijiste 
se ha secado." 22 Y Jesus les respondio y dijo: 
"fTened fe en Dios! 23 En verdad, os digo, 
guien dijere a este monte: "Quitate de ahi y 
echate al mar", sin titubear interiormente, sino 
creyendo que lo que dice se harå, lo obtendra. 
^Por eso, os digo, todo lo que pidiereis oran- 
do, creed que lo obtuvisteis ya, y se os darå. 
25 Y cuando os ponéis de pie para orar, perdo- 
nad lo que podais tener contra alguien, a fin 
de que también vuestro Padre celestial os 
perdone vuestros pecados. 2S [Si no perdonåis, 
vuestro Padre que estå en los cielos no os per- 
donarå tampoco vuestros pecados]." 



12. Era el lunes de Seraana Santa. 

13 ss. La maldicién de la higuera simboliza 'la re- 
probacién del pueblo de Israel, rico en hojas pero 
estéril en frutos (Mat. 21, 18 s.; L.uc. 13, 6 ss.). 

17. Véase Is. 56, 7; Jer. 7, 11; Cf. Mat. 21, 12- 
46; Luc. 19, 45-47; Juan 2, 14-16. 

20 ss. Véase Mat. 21, 20-22. 

22 s. Sobre este punto principalisima véase 9, 
19 ss.; Mat. 17, 20; Luc. 17, 20 y notas. 

24. Tal es la eficacia de la fe viva, la del xjue 
no es "vacilante en su corazon'* (v. 23; Sant. 1, 
6 ss.) y perdona a su projimo (v. 25). 

26. "El vers. 26 falta en los mejores codices. Per- 
tenece a Mat. 6, 15. 



68 



CONTROVERSIA SOBRE EL PODER DE jÉstfS. 2 U ; UC- 

ron de nuevo a Jerusalén. Y como Él se pa- 
sease por el Templo, se le llegaron los jefes de 
los sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28 y 
le dijeron: "^Con qué poder haces estas cosas, 
y quién te ha dado ese poder para hacerlas?" 
^Jesus les contesto: "Os hare Yo también una 
4>regunta. Respondedme, y os diré con qué de- 
recho obro asi: 30 E1 bautismo de Juan, ^era del 
cielo o de los hombres? Respondedme." 31 Mas 
ellos discurrieron asi en si mismos: "Si decimos 
«del cielo», dira: <<entonces ;por qué no le 
creisteis?»" 32 Y ^si decimos: "de los hom- 
bres'? — pero temian al pueblo, porque todos 
tenian a Juan por un verdadero prof eta. 33 Res- 
pondieron, pues, a Jesus. "No sabemos." En- 
tonces, Jesus les dijo: "Y bien, ni Yo tampoco 
os digo con qué poder hago esto." 

CAPITULO XII 

Paråbola de los' vinadores. X Y se puso a ha- 
blarles en paråbolas: "Un hombre planto una 
vina, la cerco con un vallado, cavo un lagar y 
edifico una torre; después la arrende a unos vi- 
nadores, y se fué a otro pais. 2 A su debido 
tiempo, envio un siervo a los vinadores para 
recibir de ellos su parte de los frutos de la 
vina. 3 Pero ellos lo agarraron, lo apalearon y 
lo remitieron con las manos vacias. 4 Entonces, 
les envio otro siervo, al cual descalabraron y 
ultrajaron; ^y otro, al cual mataron; después 
otros muchos, de los cuales apalearon a unos y 
mataron a otros. 6 No le quedaba mas que uno, 
su hijo amado-, a éste les envio por ultimo, pen- 
sando: "Respetaran a mi hijo." 7 Pero aquellos 
vinadores se dijeron unos a otros: "Éste es el 
heredero. Venid, matémoslo, y la herencia sera 
nuestra." 8 Lo agarraron, pues, lo mataron y lo 
arrojaron fuera de la vina. 9 ;Qué hara el due- 
no de la vina? Vendra y acabarå con los vi- 
nadores, y entregarå la vina a otros. 10 ,:No 
habéis leido esta Escritura: "La piedra que des- 
echaron los que edificaban, ésta ha venido a ser 
cabeza de esquina-, u de parte del Senor esto ha 
sido hecho, y es maravilloso a nuestros ojos?" 
12 Trataron, entonces, de prenderlo, pero te- 
mian al pueblo. Habian comprendido, en efec- 
to, que con respecto a ellos habia dicho esta 
paråbola. Lo dejaron, pues, y se fueron. 

Jesus ante lo temporal. 13 Le enviaron, des- 
pués, algunos fariseos y herodianos, a fin de 
enredarlo en alguna palabra. 14 Vinieron ellos 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS U, 27-33; 12, 1-31 

y le dijeron: "Maestro, sabemos que Tu eres 
veraz, que no tienes miedo a nadie, y que no 
miras la cara de los hombres, sino que ensenas 
el camino de Dios con verdad. £Es licito på- 
går el tributo al César o no? ^Pagaremos o no 
pagaremos?" 15 Mas Él, conociendo su hipocre- 
sia, les dijo: "^Por qué me tendéis un lazo? 
Traedme un denario, para que Yo lo vea."^ 16 Se 
lo trajeron, y Él les pregunto: "^De quién es 
esta figura y la leyenda?" Le respondieron: 
"Del César." 17 Entonces, Jesus les dijo: «Dad 
al César lo que es del César; y a Dios lo que es 
de Dios." Y se quedaron admirados de Él. 

Los saduceos y la resurreccion. 18 Acerca- 
ronsele también algunos saduceos, que dicen 
que no hay resurreccion, y le propusieron esta 
cuestion: 19 "Maestro, Moisés nos ha prescrito, 
si el hermano de alguno muere dejando mujer 
y no deja hijos, tome su hermano la mujer de 
él y dé prole a su hermano. 20 Ahora bien, eran 
siete hermanos. El primero tomo mujer, y jnu- 
rio sin dejar prole. 21 E1 segundo la tomo, y 
murio sin dejar prole. Sucedio lo mismo con 
el tercero. 22 Y ninguno de los siete dejo des- 
cendencia. Después de todos ellos murio tam- 
bién la mujer. 23 En la resurreccion, cuando 
ellos resuciten, ide cual de ellos sera esposa? 
Porque los siete la tuvieron por mujer." ^Mas 
Jesus les dijo: :t ^No errais, acaso, por no cono- 
cer las Escrituras ni el poder de Dios? 25 Por- 
que, cuando resuciten de entre los muertos, no 
se casaran (los hombres), ni se daran en matri- 
monio (las mujeres), sino que seran como an- 
geles en el cielo. 26 Y en cuanto a que los muer- 
tos resucitan, <;no habéis leido en el libro de 
iMoisés, en el episodio de la Zarza, como Dios 
le dijo: "Yo soy el Dios de Abrahan y 
el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?" 27 É1 
no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros 
estais, pues, en un gran error." 



27 ss. Véase Mat. 21, 23 ss.; I^uc. 20, 1-8. 

1 ss. l,a paråbola de los vinadores homicidas ex- 
hibe la actitud de la Sinagoga pari con el dueno 
de la viiia (Bios), su hijo (Jesucristo) y sus sier* 
vos (prof etas y apostoles). San Pablo nos ensefia 
a sacar fruto de esta tremenda lecciån (Rom. 11, 
17 ss.). Cf. Mat 21, 33 ss.; I^uc. 20, 9 ss. 

10. 1/a piedra desechada es Jesucristo, quien s« 
aplica esta figura que en la profecia representaba a 
Israel. I,os constructores son los judios, en particu* 
lar los principes y sacerdotes del pueblo. Véasa 
S. 117, 22 y nota; Is. 28, 16. 

14. Con esta frase los fariseos por primera y 
unica vez rinden publicamente homenaj e a la san* 
tidad de Jesus, mas s61o para esconder sus verda* 



El gran mandamiento. 28 Llego también un 
escriba que los habia oido discutir^ y viendo lo 
bien que Él les habia respondido, le propuso 
esta cuestion: "^Cual es el primero de todos 
los mandamientos?" 29 Jesus respondio: "El pri- 
mero es: «Oye, Israel, el Senor nuestro Dios, 
un solo Seiior es. 30 Y amaras al Senor tu Dios 
de todo tu corazon, y con toda tu alma, y con 
toda tu mente, y con toda tu fuerza».*' 31 E1 
segundo es: "Amaras a tu projimo como a ti 



deras intenciones. Véase Mat. 13, 57; 22, 15 ss.; 
Ivuc. 20, 20 ss. 

17. Jesus es*ablece aqui el respeto debido a la 
autoridad civil (cf. Rom. 13, 1 ss; Tito 3, 1; I Pedr. 
2, 13) y suprime, como lo confirmarån los apostoles, 
la teocracia o la union del orden religioso con el 
politico y temporal. Véase l,uc. 12, 14; II Tim. 2, 
4; I Pedr. 5, 2 ss.; cf. Ecli 45, 27 y 31 y notas. 

18. Ciérrase ahora la cadena de los enemigos y 
perseguidores en torno a Jesus: fariseos, saduceos, 
herodianos, escribas; 'todos los poderosos se han con- 
jurado contra el Cordero (S. 2, 2). Todavia estå fiel 
el pueblo humilde. ^Hasta cuando? Cf. Mat. 22, 
23-33; Ivuc. 20, 27-38; Deut. 25, 5-6. 

26. Cf. Ex; 3, 2 y 6; Mat. 8, 11; Ivuc. 16, 22. 
30 ss. Véase Deut. 6, 4 s. ; Ivev. 19j 18; Juan 13, 
34 s.; 15, 12; Rom. 13, 9; Gal. 5, 14. 



EVANGEUO SEGUK SAN MARCOS 12, 31-44; 13, 1-14 



69 



mismo." No existe mandamiento mayor que és- 
tos." ^Dijole el escriba: "Maestro, bien has 
dicho; en verdad, que "ÉI es unico, que no hay 
otro mas que Él." &Y el amarlo con todo el 
corazon y con todo el espiritu y con to da la 
fuerza, y amar al projimo como a si mismo, va- 
le mås que todos los holocaustos y todos los 
sacrificios." ^Jesus, viendo que habia hablado 
juiciosamente, le dijo: "Tti no estas lejos del 
reino de Dios." Y nadie oso mas proponerle 
cuestiones. 

Cristo Hijo y Senor de David. 35 Entonces, 
Jesus, toman do la palabra, ensenaba en el Tem- 
plo diciendo: ";Como dicen los escribas que el 
Cristo es hijo de David? 36 Porque David mis- 
mo dijo (insptrado) por el Espiritu Santo: "El 
Senor dijo a mi Senor: Siéntate a mi diestra, 
hasta que ponga Yo a tus enemigos por tarima 
de tus pies." 37 Si David mismo lo llama «Se- 
non>, icomo puede entonces ser su hijo?" Y 
la gente numerosa lo escuchaba con placer. 

Guardaos de los escribas. 38Dij también en 
su ensenanza: "Guardaos de los escribas, que 
se complacen en andar con largos vestidos, en 
ser saludados en las plazas publicas, 39 en ocu- 
par los primeros sitiales en las sinagogas y los 
primeros puestos en los convites, *V que de- 
voran las casas de las viudas, y afectan hacer 
largas oraciones. Éstos recibiran mayor cas- 
tigo." 

La ofrenda de la viuda. 41 Estando Jesus 
sentado frente al arca de las ofrendas, miraba 
a la muchedumbre que echaba monedas en el 
arca, y numerosos ricos echaban mucho. 42 Vi- 
no también una pobre viuda que echo dos mo- 
neditas, esto es un cuarto de as. 43 Entonces 
Hamo a sus discipulos y les dijo: "En verdad, 
os digo, esta pobre viuda ha echado mas que 
todos los que echaron en el arca. ^Porque to- 
dos los otros echaron de lo que les sobraba, 
pero ésta ha echado de su propia indigencia to- 
do lo que tenia, todo su sustento " 

CAPITULO XIII 

Profecia de la ruina de Jerusalén y del fin 
de los tiempos. — 2 Cuando Él salfa del templo, 



35 ss. C£. Mat. 22, 41-45; Luc. 20, 41-44; S. 109, 
1 y nota. Jesus establece aqui, en formå intergi- 
versable, el origen davidico de este celebre Salmo, 
que tantos han puesto en duda. 

36. Los escribas o intérpretes de la Ley pertene- 
cian en su gran mayoria a la secta de los fariseos 
y gozaban de gran prestigio ante el pueblo ignaro 
^uc confiaba en ellos (véase la expresiån de Jesus 
en Mat. 9, 36). £1 hecho de que distinguian 613 
roandamientos, 248 preceptos y 365 prohibiciones nos 
da idea de su interpretacién de la Ley. Cf. 7, 4 y 
nota; Mat. 23, 1 ss.; Luc. 11, 43; 20, 45 ss. 

42. Un cuarto de as: un centavo. Cf. Luc. 21, 
1-4. 

4.3. Palabra roagn'ifica del Senor. Dios no mira la 
cantidad de la limosna sino el corazén del donante. 
Cf. II* Cor. 9, 7 ss. "No busco lo vuestro: os busco 
a vosotros" (II Cor. 12, 14). 

1 ss. Este capitulo contiene, como *entrelazadas, dos 
profecias : la ruina de Jerusalén y la venida del 



uno de sus discipulos le dijo: "; Maestro, mira! 
iqué piedras y qué edificios!" ^espondidle 
Jesus: "(-Ves estas grandes construcciones? No 
quedara piedra sobre piedra que no sea derri- 
bada." ^uego, estando Él sentado en el Monte 
de los Olivos, frente al Templo, Pedro, Santia- 
go, Juan y Andrés le preguntaron aparte: 4 "Di- 
nos: (fcuando sucedera esto?, y al estar esas 
cosas a punto de cumplirse' todas, ^cuål sera la 
senal?" 5 Y Jesus se puso a decirles: "Estad en 
guardia, que nadie os induzca en error, bu- 
enos vendran baj o mi nombre y / diran: "Yo 
soy (el Crhto)" y a muchos enganaran. 7 Cuan- 
do oigais hablar de guerras y de rumores de 
guerras, no os turbeis, Esto ha de suceder, 
pero no es todavia el fin. 8 Porque se levan- 
tarå fjueblo contra pueblo, reino contra reino ; 
Habra terremotos en diversos lugares, y habra 
hambres. Esto es el comienzo de los dolores". 
9 "Mirad por vosotros mismos. Porque os en- 
tregaran a los sanhedrines, y seréis flagelados 
en las sinagogas, y compareceréis ante gober- 
nadores y reyes, a causa de Mi, para dar testi- 
monio ante ellos. 10 Y es necesario primero 
que a todas las naciones sea proclamado el 
Evangelio. u Mas cuando os llevaren para en- 
tregaros, no os afanéis anticipadamente por lo 
que direis; sino decid lo que en aquel momen- 
to os sera inspirado-, porque no sois vosotros los 
que hablaréis, sino el Espiritu Santo. 12 E1 her- 
mano entregara a su hermano a la muerte, el 
padre a su hijo; y los hijos se levantaran con- 
tra sus padres y los mataran. 13 Seréis odiados 
de todos a causa de mi nombre; pero el que 
perseverare hasta el fin, éste sera salvo. 14 Mas 



Sehor al fin de los tiempos. Los vv.6-13 se refieren 
a las persecuciones en general, los vv. 14-19 a la 
destruccion de Jerusalén, los vv. 19-27 al fin de 
"este siglo malo" (Gål. 1, 4). Para los detalles re- 
mitimos al lector a los lugares paralelos de Mat. 24, 
Iss.; Luc. 21, S ss. y notas. 

"*4. Véase Mat. 24, 3 ss. y nota. La pregunta de 
los discipulos se refiere aqui exclusivamente al 
tiempo, primero en general (<;cuåndo?), y luego, al 
modo de conocer el instante mismo. Jesus les da am- 
plias senales para que puedan estar alerta (v. 23), 
y aun para que conozcan cuando Él estarå ya "a 
las puertas" (v. 29). Pero no les precisa el instante, 
esto es, el dia y la hora (v. 32) porque estå dis 
puesto que Él vendrå cuando menos lo esperen (cf. 
v. 37 y nota) , "como una red sobre la tierra en- 
tera" (Luc. 21, 35), de modo que solo estén pre- 
parados "los que aman su venida ". Cf. II Tim. 4, 
8; I Tes. S, 4; Luc. 17, 20-37; 19, 14; 21, 34-36. 
6. Ya pudo verse esto en tiempo de Sim6n Mago 
(Hech. 8, 9 s. y nota). 

9. Mirad por vosotros mismos: es decir, descon- 
fiad de los hombres (Mat. 10, 16 ss.), y cuidaos de 
no arriesgar vuestra vida sin causa (véase S. 11 S, 
15 y noti) . 3$n los apostoles vemos ya cumplirse 
muchas veces estos anuncios (Hech. 17, 6; 18, 12; 
24, 2; 25, 7; 27, 24). Cf. Mat. 23, 34. 

10. Véase la nota a Mat. 24, 14. 

11 s. Véase Mat. 10, 19-22; Luc, 12, 11 s.; 21, 
14 s.; Miq. 7, 6. 

1 4. La abominaciån de la desot&ciån establecida 
alli donde no debe, es la profanacién del Templo. 
Véase Dan, 9, 27; Mat. 24, 15 y, nota. A este 
respecto se ha publicado recientemente un fragmento 
desconocido de S. Hipolito, que con otros Padres 
dice: "La nbonunacién de la desolaciån es la ima- 
gen del César que fué colocada delante del altar en 
Jerusalén". Y siguet "Asi sucedera en el tiempo del 
Anttcristo: su imagen estarå en todas las iglesias 



70 



BVANGELIO SBGUN SAN MARCOS 13, 14-37; 14. 1-S 



cuando veais la abominacion de la desolacion 
instalada alli Sonde no debe — ;entienda el que 
lee! — , entonces, los que estén en Judea, huyan 
a las montanas; 15 quien se encuentre en la azo- 
tea, no baje ni entre para tomar nada en su 
casa; 16 quien vaya al campo, no vuelva atrås 
para tomar su manto. 17 jAy de las mujeres 
due estén encintas y de las que crien por aque- 
llos dias! 18 Y orad, para que no acontezca en 
invierno". 

19 "Porque habra en aquellos dias tribulaciån 
tal, cual no la hubo desde el principio de la 
creacion que hizo Dios, hasta el presente, ni la 
habra. 20 Y si el Senor no hubiese acortado los 
dfas, ningun viviente escaparia; mas a causa de 
los escogidos que Él eligiå, ha acortado esos 
dias ; 21 Entonces, si oS dicen: "Hélo a Cristo 
aqui o alli", no lo creais. 22 Porque surgiran 
falsos Cristos y falsos profetas, que haran seiia- 
les y prodigios para descarriar aun a los ele- 
gidos, si fuera posible. ^Vosotros, pues, estad 
alerta; ved que os lo he predicho todo", 

^"Pero en aquellos dias, después de la tri- 
bulacion aquella, el sol se oscurecerå, y la luna 
no dara su resplandor, 25 y los astros estarån 
cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los 
cielos seran sacudidas, 26 Entonces, verån al Hi- 
jo del hombre viniendo en las nubes con gran 
poder y gloria. 27 Y entonces enviarå a los an- 
geles, y congregara a sus elegidos de los cuatro 
vientos, desde la extremidad de la tierra hasta 
la extremidad del cielo' 1 . 

Aprended de la higuera. 2 8"De la higuera 
aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se 
ponen tiernas, v brotan las hojas, conocéis au# 
el verano esta cerca; 29 asi también, cuando 
veais suceder todo esto, såbed que (Él) esta 
cerca, a las puertas. 30 En verdad, os digo, la 
generacion ésta no pasarå sin que todas estas 
cosas se hayan efectuado. 31 E1 cielo y la tierra 
pasaran, pero mis palabras no pasaran". 

jVelad! 32 "Mas en cuanto al dia y la hora, 



que hay en el universo, para que todo aquel que le 
ruegue, antes de orar, lleve el incienso delante de su 
imagen" (Sefarad, 1946, p. 359), Bntienda el que 
lee: las Escrituras (Mat. 24, 15 y nota), pues sålo 
quien conozca los grandes misterios vaticinados en las 
profecias antiguas podrå comprender la gravedad de 
estos anuncios. 

22. Segtin el Apocalipsis los que trhinfarån con 
el Cordero reunirån tres condiciones: llamados, ele- 
gidos y fieles (Apoc. 17, 14). Cf. Mat. 22, 14. 

24. Vease Is, 13, 10; Ez. 32, 7; Joel. 2, 10 

27. Bntonces... congregara, es decir, que el arre- 
bato que anuncia S. Pablo en I Tes. 4, 15 ss. sera 
al tiempo mismo de la Parusia, esto es cuando apa- 
rezca el Senor (v. 26), como lo dice el Ap6stol. 
Asi Marcos explica aqui que seremos llevados desde 
la extremidad de la tierra hasta el sumo cielo. Lo 
mismo dice Mat. 24, 31. Se trata de los elegidos, 
ya vivos transformados, ya resucitados de entre los 
muertos. Cf. I Cor. 15, 51 ss. texto griego. 

30. Véase Mat. 24, 34 y nota; cf. I^uc. 21, 32. 

32. Ni el Hijo, sino el Padre; Una de las mas 
sorprendentes palabras del Evangelio que nos podria 
hacer dudar de la divinidad de Jesucristo, si no 
tuviésemos de su misma boca el testimonio de que 
Él es igual al Padre. Cf. Juan IQ, 30: "Mi Padre 
y Yo somos Uno", y muchos otros pasajes ((Mat 



nadie sabe, ni los mismos angeles del cielo, ni 
el Hijo, .sino el Padre. ^jMirad!, jvelad! por- 
que no sabéis cuando sera el tiempo; ^como un 
hombre que partiendo para otro pais, dejo su 
casa y dio a sus siervos la potestad, a cada uno 
su tarea, y al portero encomendo que velase. 
35 Velad, pues, porque no sabéis cuando yol- 
vera el Senor de la casa, si en la tarde, o a la 
medianoche, o al canto del gallo, o en la mana- 
na, 36 no sea que volviendo de improviso, os 
encuentre dormidos. 37 Lo que os digo a vos- 
otros, lo digo a todos: jVelad!" 



V. PASION Y MUERTE 
DEL SE5FOR 

(14,1-15,47) 

CAPITULO XIV 

Uncion de Jesus en Betania. x Dos dias des- 
pués era la Pascua y los Azimos, y los sumos 
sacerdotes y los escribas, buscaban como po- 
drian apoderarse de Él con engano y matarlo. 
2 Mas decian: "No durante la fiesta, ^no sea 
que ocurra algun tumulto en el pueblo." ^ho- 
ra bien, hallåndose Él en Betania, en casa de 
Simon, el Leproso, y estando sentado a la me- 
sa, vino una mujer con un vaso de alabastro 
lleno de ungiiento de nardo puro de gran pre- 
cio; y quebrando el alabastro, derramo el un- 
giiento sobre su cabeza. 4 Mas algunos de los 
presentes indignados interiormente, decian: "^A 
qué este despilfarro de ungiiento? 5 Porque el 



28, 18; Juan 5, 17; 6, 58; 14, 10; 16, 15; 17, 10, 
etc). "La aparente contradiccion se expHca y ius- 
tifica con la alteza del misterio que es preciso acep- 
tar a menos que renunciemos a toda certeza. El Hijo 
to'do lo recibe de su Padre, y el^ Padre^ todo lo 
da... pero a manera de comunicacion continua, per* 
petua y constante, por la cual el Padre esta en el 
Hijo, y en el Hijo ejecuta Él mismo sus obras, de 
modo que quienquiera que vea al Htjo y le conozca, 
ve al Padre y conoce al Padre con un conocimiento 
que es la vida eterna" (Breton, La Trinidad, påg. 
33). Lo mismo expresan las clåsicas palabras de 
S. Hilario: "0 Padre no es mayor que el Hijo, en 
poder, eternidad y grandeza, sino en razon de que 
es principio del Hijo, a quien da la vida". Cf. Mat. 
24, 36; Juan 14, 28; Hec'h. 1, 7; I Cor. 15, 28 
y notas. Los teologos suelen distinguir entre la ciencia 
de Cristo como Dios y como Hombre. 

37. jVelad! Esta ultima palabra del capitulo es 
el resumen de las copiosas profecias que preceden. 
Notemos que en ellas Jesus afirma habérnoslo pre- 
dicho "todo" (v. 23) . S61o ignoramos "dia y hora" 
(v. 32). Cuanto menos sabemos ese instante de la 
vuelta de Cristo, el cual vendrå "como un ladron 
de noche" (I Tes. 5, 2 y 4; II Pedro 3, 10; Mat. 
24, 43; Luc. 12. 39; Apoc. 16, 15), tanto mås de- 
bemos estar alerta para esperarlo con el vebemente 
deseo con que aguardaban los patriarcas y profetas 
Su primera venida (Catecismo Romano, I, 8, 2). 

1. Dos dias: la uncion de Jesus, referida en los 
vv. 3 ss., tuvo lugar seis dias antes de la Pascua 
(Juan 12, 1). 

3. Sobre su cabeza: el Senor se digno aceptarle 
esto en concepto de uncion para la sepultura (v. 8) 
y limosna hecfha a Él como pobre (v. 6 s.). Véase 
sobre esto Juan 20, 7 y nota. En Juan 12, 3 se 
ha'bla de los pies, como en I<uc. 7, 38. 

5. Trescientos denarios: mås o menos, el salario 
anual de un empleado de entonces. . 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 14, 5-41 



71 



unfciiento este se podfa vender por mas de tres- 
cientos denarios, y darselos a los pobres." Y 
bramaban contra ella. 6 Mas Jesus dijo: "Dejad- 
la. (jPor qué la moleståis? Ha hecho una buena 
obra conmigo. fporque los Dpbres los tenéis 
con vosotros siempre, y podéis hacerles bien 
cuando querdis; pero a Mi no me tenéis siem- 
pre. ^o que ella podia hacer lo ha hecho. Se 
adelantå a ungir mi cuerpo para la sepultura. 
9 En» verdad, os digo, dondequiera que fuere 
predicado este Evangelio, en el mundo entero, 
se narrara también lo que acaba de hacer, en 
recuerdo suyo." 

10 Entonces, Judas Iscariote, que era de los 
Doce, fué a los sumos sacerdotes, con el fin 
de entregarlo a ellos. u Los cuales al ofrlo se 
Uenaron de alegria y prometieron darle dine- 
ro. Y él buscaba una ocasion favorable para 
entregarlo. 

La {Jltima Cena. 12 E1 primer dia de los 
Azimos, cuando se inmolaba la Pascna, sus dis- 
cipulos le dijeron: "<;Ad6nde quieres que va- 
yamos a hacer los preparadvos para que comas 
la Pascua?" 13 Y enviå a dos de ellos, diciéndo- 
les: "Id a la ciudad, y os saldrå al encuentro 
un hombre llevando un cantaro de agua; se- 
guidle, 14 y adonde entrare, decid al dueno de 
casa: "El Maestro dice: juånde estå mi apo- 
sento en que vov a comer la Pascua con mis 
discipulos?" l5 Y él os mostrarå un cenaculo 
grande en el piso alto, ya dispuesto; y alli 
aderezad para nosotros." 16 Los discipulos se 
marcharon, y al llegar a la ciudad encontraron 
como Él habia dicho; y prepararon la Pascua. 

Instituci6n de la EucARiSTfA. 1T Venida la 
tarde, fué Él con los Doce. 1S Y mientras es- 
taban en la mesa y comian ? Jesus dijo: lt En 
verdad os digo, me entregara uno de vosotros 
que come conmigo. 1 ' :9 Pero ellos comenzaron 
a contristarse, y a preguntarle uno por uno: 
"iSeré yo?" 20 Respondioles: "Uno de los Do- 
ce, el que moja conmigo en el plato. 2: E1 Hijo 
del hombre se va, como estå escrito de Él, pero 
;ay del hombre, por quien el Hijo del hombre 



8. Cada vez mås a menudo alude el Seiior a su 
muerte, para preparår a sus discipulos a los tristes 
acontecimientos que se acercan. 

9. Este Evangelio: expresiån singular y profé- 
tica, pues sabemos que los santos Evangeiios fueron 
escritos mucho mås tarde. Cf. Juan 16, 12. 

10 s. Véase Mat. 26, 14-16; I,uc. 22, 3-6. 

14. Comer la Pascua, es decir, el cordero pas- 
cual prescrito por la I^ey. (Ex. 12, 3 ss.). Jesus, que 
no habia venido a derogarla (Mat. S, 17), no ve 
tnconveniente en observarla, como lo bizo con la 
circuncisiån (cf. Rom. 15, 8), aunque Él babia de 
ser, por su Pasién y Muerte en la Cruz, la suma 
Realidad en quien se cumplirian aquellas figuras; el 
Cordero divino que se entrego* "en manos de los 
hombres" (9, 31) sin abrir su boca (Is. 53, 7); el 
que San Juan nos presenta como inmolado junto al 
trono de Dios (Apoc. 5, 6), y que S. Pablo nos 
muestra como eterno Sacerdote y eterna Victima. 
Cf. Hebr. caps. 5-10; S. 109, 4 y nota. 

2]. Judas el tratdor es expresamente condenado 
por el Senor y entregado a la maldicién. Por eso es 
imposible creer que se haya salvado. Véase Juan 
17, 12; Hech. 1, 16; S. 40, 10. Cf. en I. Rey. 31, 
13 la nota sobre Saul. 



es entregado! Mås le valdrfa a ese hombre no 
håber nacido ." 2Z Y mientras ellos comian, tomo 
pan, y habiendo bendecido, partio y di6 a ellos 
y dijo: "Tomad ; éste es el cuerpo mio." ^o- 
må luego un caliz, y después de håber dado 
gracias di6 a ellos-, y bebieron de él todos. M Y 
les dijo: "Ésta es la sangre mia'de lå Alianza, 
que se derrama por muchos. ^En verdad, os 
digo, que no beberé ya del fruto de la vid has- 
ta el dia aquel en que lo beberé nuevo-en el 
reino de Dios." 2ff Y después de cantar el him- 
no, salieron para el monte de los olivos. 

Promesas de fidelidad. 27 Entonces Jesus les 
dijo: "Vosotros todos os vais a escandalizar, 
porque estå escrito: «Heriré al pastor, y las 
ovejas se dispersaran.» ^Mas después que Yo 
haya resucitado, os precederé en Galilea". 29 Di- 
jole Pedro: "Aunque todos se escandalizaren, 
yo no." ^Y le dijo Jesus: "En verdad, te di- 
go: que hoy, esta misma noche, antes que el 
gallo cante dos veces, tu me negarås tres." 31 Pe- 
ro él decfa con mayor insistencia: "; Aunque 
deba morir contigo, jamas te negaré!" Esto 
mismo dijeron tambien todos. 

Agon!a de jEstfs en Getsémani. S2 Y llegaron 
al huerto llamado Getsémani. y dijo a sus dis- 
cipulos: "Sentaos aqui mientras hago oraci6n." 
^Tomo consigo a Pedro, a Santiago y a Juan; 
y comenz6 a atemorizarse y angustiarse. M Y 
les dijo: "Mi alma estå mortalmente triste; que- 
daos aquf y velad " 35 Y yendo un poco mas 
lejos, se postro en tierra, y rog6 a fin de que, 
si fuese posible, se alejase de Él esa hora; 3S y 
decfa: "iAbba, Padre! ;todo te es posible; 
aparta de Mi este caliz; pero, no como Yo quie- 
ro, sino como Tu!" 37 Volvio y los hallo dor- 
midos; y dijo a Pedro: ";Sim6n! <jduermes? 
(-•No pudiste velar una hora? 38 Velad y orad 
para no entrar en tentacidn. El espiritu estå 
dispuesto, pero la carne es debil." 39 Se alejo 
de nuevo y or6, diciendo lo mismo. 4 pDespués 
volvi6 y los encontro todavfa dormidos; sus 
ojos estaban en efecto cargados, y no supieron 
qué decirle. 41 Una tercera vez volvio, y les 



24. Véase Mat. 20, 28 y nota. No significa aqui: 
derramada "por obra de*' muchos (aunque esto tam- 
bién sea verdad en el sentido de que todos somos 
pecadores), sino que se derrama como un bautismo 
de redenciån sobre todos los que lo aprovechen, se- 
gun la palabra del Apocalipsis 22, 14 (Vulgata) coin- 
cidente con Ef. 1, 7; Col. 1, 14 y 20; Hebr. 9, 
12 ss.; 13, 12; I Pedro 1, 19; I Juan 5, 6; Apoc. 
12, 11. 

27. Véase Zac. 13, 7. 

28. Véase Mat. 26, 30 ss.; Marc. 14, 6872; I,uc. 
22, 31 ss.; Juan 13, 36ss.; 16, 32. 

32. Una iglesia, con st ru i da reci en ternen te, conme- 
mora el lugar de la agonia del Redentor en el huerto 
de Getsémani, situado al este de Jerusalén, entre la 
ciudad y el Monte de los Olivos. 

36. Véase Mat. 26, 42 y nota; I,uc. 22, 42. Bl 
cåliz significa la pasiån. Cf. 10, 38; I,uc. 12, 50. 

37. fSimånt jduermesf: Jesus se dirige especial* 
mente a Pedro, ya que éste s* habia tenido por mås 
val i ente que los otros (v. 29) y porque el jefe de 
los apåstoles tenia que dar buen ejemplo. Cf. Mat. 
26, 36-46; I,uc. 22, 40-46. 

41. Estas pal ab ras coinciden con las que el Sefior 
habia dicho a Pedro en el v, 37, y nos muestran, 



72 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 14, 41-72; 15, 1 



dijo: "iDormis ya y descansais? jBastal llego 
la hora. Mirad: ahora el Hijo del hombre es 
entregado en las manos de los pecadores. ^jLe- 
vantaos ! ; Vamos ! Se acerca el que me en- 
trega". 



Prision de Tesus. 43 Y _ al punto, cuando Él 
todavia hablaba, aparecio Judas, uno de los 
Doce, y con él una tropa armada de espadas 
y palos, enviada por los sumos sacerdotes, los 
escribas y los ancianos. ^Y el que lo entre- 
gaba, les habia dado esta sefial: "Aquel a quien 
yo daré un beso, Él es: prendedlo y llevadlo 
con cautela." 45 Y apenas llego, se acerco a Él 
y le dijo: "Rabi", y lo beso. 46 EUos, pues, le 
echaron mano, y lo sujetaron. 4 *T£ntonces, uno 
de los que ahf estaban, desenvaino su espada, 
v dio al siervo del sumo sacerdote un golpe y 
_e anrputo la oreja. 48 Y Jesus, respondiendo, 
les dijo: "Como contra un bandolero habéis 
salido, armados de espadas y palos, para pren- 
derme. 49 Todos los dias estaba Yo en medio 
de vosotros ensefiando en el Templo, y no me 
prendisteis. Pero (es) para que se cumplan las 
Escrituras." 50 Y abandonåndqle, huyeron todos. 
51 Cierto joven, empero, lo siguié, envuelto en 
una såbana sobre el cuerpo desnudo, y lo 
prendieron*, 52 pero él soltando la såbana, se 
escapo de ellos desnudo. 

53 Condujeron a Jesus a casa del Sumo 
Sacerdote, donde se reunieron todos los je- 
fes de los sacerdotes, los ancianos y los es- 
cribas. ^Pedro lo habia seguido de lej os has- 
ta el interior del palacio del Sumo Sacerdo- 
te, y estando sentado con los criados se calen- 
-taba junto al fuego. 



fe 



Ante Caifås. 55 Los sumos sacerdotes, y todo 
el Sanhedrin, buscaban contra Jesus un testi- 
monio para hacerlo morir, pero no lo hallaban. 
^Muchos, ciertamente, atestiguaron en falso 
contra Él, pero los testimonios no eran con- 
cordes. 57 Y algunos se levantaron y adujeron 
contra Él este falso testimonio: 58 "Nosotros le 
hemos oido decir: Derribaré este Templo he- 



como una leccion para nuestra humildad, el grado 
de inconsciencia de aquellos hombres en semejantes 
momentos. I,a version que pone los verbos en impe- 
rative resulta inexplicable ante la palabra que Jesus 
agrega inmediatamente: "[basta!". Véase Mat. 26, 
45. 

43 ss. Véase Mat. 26, 47 ss.; Juan 18, 3 ss. 

50. Esta, huida general, que nos ensena la mise- 
ria sin Jimites de que todos somos capaces, es tam- 
bién inexcusable falta de fe en la bondad y el po- 
der del Salvador, pues Él habia mostrado con sws 
palabras (Juan 17, 12) y con su actitud (Juan 18, 
8 s. y 19 s.) que no permitiria que ellos fuesen sa- 
crificados con fil. Véase Mat. 26, 56 y nota.. 

51. Ese joven que iba siguiendo a Jesus es, segun 
se cree, el mismo Marcos que escribiå este Evangelio, 
Unico en traer el episodio. 

53- Iva casa de Caifås estaba en la parte sudoeste 
de la ciudad. Habia que andar hasta alli unos dos 
kilometros. Segun una tradiciån piadosa, Jesus en 
este largo trayecto cay6 en tierra, a consecuencia 
de los malos tratamientos, muchas veces mås que 
las tres caidas del Via Crucis. Cf. S. 109, 7 y 
nota. 

58. Véase Juan 2, 19. Gramåtica recuerda tam- 
bien aqui el templo celestial de Hebr. 9, 11 y 24. 



cho de mano de hombre, y en el espacio de 
tres dias reedificaré otro no hecho de mano de 
hombre." 59 Pero aun en esto el testimonio 
de ellos no era concorde. ^ntonces, el Sumo 
Sacerdote, se puso de pie en medio e interrogo 
a Jesus diciendo: "éNo respondes nada? iQué 
es lo que éstos atestiguan contra Ti?" 61 Pero 
Él guardo silencio y nada respondio. De nue- 
vo, el Sumq Sacerdote lo interrogo ^y le dijo: 
"tfEres Tu el Cristo, el Hijo del Bendito?" 
^Jesus respondio: "Yo soy. Y veréis al Hijo 
del Hombre sentado a la derecha del Poder, 
y viniendo en las nubes del cielo." 63 Entonces, 
el Sumo Sacerdote rasgo sus vestidos, y dijo: 
"dQué necesidad tenemos ahora de testigos? 
^Vosotros acabais de oir la blasfemia. ,:Qué 
os parece?" Y ellos todos sentenciaron que Él 
era reo de muerte. ^Y comenzaron algunos a 
escupir sobre Él y, velandole el rostro, lo abo- 
feteaban diciéndole: ";Adivina!" Y los criados 
le daban bofetadas. 

Pedro niega a Cristo. 66 Mientras Pedro es- 
taba abajo, en el patio, vino una de las sir- 
vientas del Sumo Sacerdote, 67 la cual viendo 
a Pedro que se calentaba, lo miro y le 
dijo: "Tu también estabas con el Nazareno 
Jesus." 68 Pero él lo nego, diciendo: "No sé 
absolutamente qué quieres decir." Y salié 
fuera, al portico, y canto un gallo. 69 Y la sir- 
vienta, habiéndolo visto alli, se puso otra vez 
a decir a los circunstantes: Tt Este es uno de 
ellos." Y él lo negé de nuevo. 70 Poco después 
los que estaban alli, dijeron nuevamente a Pe- 
dro: "Por cierto que tu eres de ellos; porgue 
también eres galileo." 71 Entonces, comenzo a 
echar imprecaciones y dijo con juramento: "Yo 
no conozco a ese hombre del que hablais." 
72 A1 punto, por segunda vez, canto un gallo. 
Y Pedro se acordo de la palabra que Jesus le 
habia dicho: "Antes que el gallo cante^ dos 
veces, me habras negado tres", y rompio en 
sollozos. 

CAPiTULO XV 

Jesus ante Pilato. inmediatamente, a la 
madrugada, los sumos sacerdotes tuvieron con- 



62. "El nombre de Hijo del hombre, que Jesus 
mismo se dio, expresa su calidad de hombre, _ y ^ por 
alusiån a la profecia de Daniel, insinua su dignidad 
mesiånica" (P. d'Alés). Véase Dan. 7, 13; Mat. 24, 
30; 26, 64; S. 79, 16 y nota. 

64. Es condenado por blasfemia el Santo _ de los 
santos, el inmaculado Cordero de Dios, el unico Ser 
en quien el Padre tenia puestas todas sus compla- 
cencias (Mat. 3, 17; 17, S). Su "blasfemia" con- 
sistio en decir la doble verdad de que Él era el 
anunciado por los profetas como Hijo de Dios y Rey 
de Israel (Ivuc. 23, 3; Juan 18, 37). 

66 ss. Véase Mat. 26, 69 ss.; IyUc. 22, 55 ss.; Juan 
18, I6ss. 

72. I,a caida de Pedro fué profunda, pero no rae- 
nos profundo fué luego su dolor. Muchos seguimos 
a Pedro negando al Senor; sigamos también la nre- 
ciosa leccion del arrepentimiento, ya que, como en- 
sena Jesus, el mås perdonado es el que mås ama 
(Ivuc. 7, 47). 

1. Pilato era gobernador^ y representante del em- 
perador romano, de cuyo imperio formaba parte la 
Judea. Sin el permiso del gobernador los judios no 
podian condenar a muerte (Juan 18, 31; 19, 6 s.). 



EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 15, 1-37 



sejo con los ancianos, los escribas y todo 
el Sanhedrin, y después de atar a Jesus, 
lo llevaron y entrégaron a Pilato. 2 Pilato 
lo interrogå: "^Eres Tu el rey de los ju- 
dios?" Él respondio y dijo: "Tu lo dices." 
'Como los sumos sacerdotes lo acusasen de 
muchas cosas, 4 Pilato, de nuevo, lo interro- 
go diciendo : " ^Nada respondes? Mira de 
cuåntas cosas te acusan." 5 Pero Jesus no 
respondio nada mås, de suerte que Pilato 
estaba maravillado. 

Pospuesto a Barrabås. 6 Mas en cada fiesta 
les ponia en libertad a uno de los presos, al 
que pedian. 7 Y estaba el llamado Barrabås, 
preso entre los sublevados que, en la sedi- 
cion, habfan cometido un homicidio. 8 Por lo 
cual la multitud subio y empezo a pedirle lo 
que él tenia costumbre de concederles. 9 Pilato 
les respondio y dijo: "^'Queréis que os suelte 
al rey de los judios?" 10 Él sabia, en efecto, 
que los sumos sacerdotes lo habian entregado 
por envidia. 11 Mas los sumos sacerdotes inci- 
taron a la plebe para conseguir que soltase mås 
bien a Barrabås. 12 Entonces, Pilato volvio a to- 
mar la palabra y les dijo: "^Qué decis 
pues que haga al rey de los judios?" 13 Y 
ellos, gritaron: "jCrucificalo!" 14 Dijoles Pilato: 
"Pues, (iqué mal ha hecho?" Y ellos gritaron 
todavia mås fuerte: "jCrucificalo!" " 15 Enton- 
ces Pilato, queriendo satisfacer a la turba les 
dejo en libertad a Barrabås-, y después de håber 
hecho flagelar a Jesus, lo entrego para ser 
crucificado. 

El Rey de burlas coronado de espinas. 16 Los 
soldados, pues, lo condujeron al interior del 
palacio, es decir, al pretorio, y llamaron a toda 
la cohorte. 17 Lo vistieron de purpura, y ha- 
biendo trenzado una corona de espinas, se la 
cifieron. 18 Y se pusieron a saludarlo: "; Sal- 
ve, rey de los judios." 19 Y le golpeaban la ca- 
beza con una cana, y lo escupian, y le hacian 
reverencia doblando la rodilla. 20 Y después que 
se burlaron de Él, le quitaron la purpura, le 
volvieron a poner sus vestidos, y se lo llevaron 
para crucificarlo. 



2 ss. Véase Mat. 27, 11 ss.; Liic. 23, 2ss.; Juan 
18, 29 ss. 

5. No tcspondié nada mås: No era un rey que 
se imponia por la violencia (Mat, 26, 53), sino que, 
al contrario, la sufria (Mat. 11, 12; Juan 18, 36). 
I,a Sinagoga lo rechazo formalmente (Juan 19, 15; 
cf. I/Uc. 19, 34), no obstante la actitud del pueblo 
(11, 10; Mat. 21, 1-11; I,uc. 19, 29-45; Tuan 12, 
12 ss.). 

10 s. Véase la nota a Mat. 27, 18. 

15. Pilato habia preguntado a Cristo qué verdad 
era aquella de que Él daba testimonio y no aguardå 
siquiera la respuesta (Juan 18, 38), que le habria 
revelado las maravillas . de los profetas (cf. Rom. 
15, 8). De esta despreocupacion por conocer la ver- 
dad nacen todos los extravlos del corazån. Pilato ha 
quedado para el mundo — que lo reprueha sin per- 
juicio de imitarlo frecuentemente — como el proto- 
tipo del juez que pospone la justicia a los intereses 
o al miedo. Véase en el S. 81 y sus notas las tre- 
mendas maldiciones con que Dios fulmina a cuantos 
abusan del poder. 

16 ss, Véase Mat. ,27, 27 ss.; Juan 19, 2 s. 



Sim6n de Cirene. 21 Recjuisaron a un hombre 
que pasaba por allf, volviendo del campo, Si- 
m6h Cireneo, el padre de Alej andro y de 
Rufo, para que llevase la cruz de ÉL 22 Lo 
condujeron al lugar llamado Golgota, que se 
traduce: "Lugar del Graneo." 

CrucifixhW de jEstfs. 23 Y le ofrecieron vino 
mezclado con mirra, pero Él no lo tomo. 24 Y 
lo crucificaron, y se repartieron sus vestidos, 
sorteando entre ellos la parte de cada cual. 
25 Era la hora de tercia cuando lo crucificaron. 
26 Y en el epigrafe de su causa estaba escrito: 
"El rey de los judios." 

27 Y con Él crucificaron a dos bandidos, uno 
a la derecha, y el otro a la iZquierda de ÉL 
28 Asi se cumplio la Escritura que dice: "Y fué 
contado entre los malhechores." 29 Y los que 
pasaban, blasfemaban de Él meneando sus ca- 
bezas y diciendo: "jBah, Él que destruia el 
Templo, y lo reedificaba en tres dias! 30 ;Sal- 
vate a Ti mismo, bajando de la cruz!" 31 Igual- 
mente los sumos sacerdotes escarneciéndole, se 
decian unos a otros con los escribas: ";Salvo 
a otros, y no puede salvarse a si mismo! 32 ;E1 
Cristo, el rey de Israel, baje ahora de la cruz 
para que veamoS y creamos!" Y los que es- 
taban crucificados con Él, lo injuriaban tam- 
bién. 33 Y cuando fué la hora sexta, hubo tinie- 
blas sobre toda la tierra hasta la hora nona. 
34 Y a la hora nona, Jesus grito con una voz 
fuerte: "Eloi, Eloi, ^lama sabacthani?", lo que 
es interpretado: lf Dios mio, Dios mio, ipor qué 
me has abandonado?" 35 Oyendo esto, al- 
gunos de los presentes dijeron: ";He ahi 
que llama a Elias!" 36 Y uno de ellos co- 
rrio entonces a . empapar con vinagre una 
esponja, y atandola a una cana, le ofreci6 
de beber, y decia: "Vamos a ver si viene 
Elias a bajarlo." 37 Mas Jesus, dando una 
gran voz, expiro. 



21. Marcos no solo menciona a Simon,, sino tam- 
bién a sus hijos Alejandro y Rufo, conoctdos en 
Roma, donde el ^Jvangelista escribio su ^Jvangelio 
(Rom. 16, 13). I$sto demuestra que Simon con su 
familia se convirtiå a la religion cristiana, sin duda 
como una gracia que Jesus eoncedio al que llevaba 
con Él la Cruz, aunque no lo hubiese aliviado mucho. 
Véase I,uc. 23, 26 y nota. 

22 ss. Véase Mat. 27, 33; I<uc. 23, 32 ss,; Juan 
19, 17 ss. 

25. La hora de tercia, o sea, el segundo cuarto 
del dia que comenzaba a las nueve y termtnaba a 
las doce. Segun S, Juan (19, 14) eran casi las 
doce. 

28. Véase Is. 53, 12; S. 21, 8; 108, 25. 

29. Cf. 14, 58; Juan 2, 19. 

34. Jesus no padecio a la manera de los santos 
mårtires, que sufrian confortados por la gracia. Su 
alma estaba oprimida por el peso de los pecados 
que hahia tornado sobre si (cf. Ez. 4, 4 ss. y nota), 
pues su divinidad permitiå que su naturaleza huma- 
na fuera sumergida en un abismo insondable de sufri- 
mientos. I^as palabras del S. t 21, que Jesus repite en 
alta voz, muestran que el divino Cordero toma sobre 
si todos nuestros pecados. Véase nuestro comentario 
a dioho Salmo. 

36. Sobre el misterio de j^lias, véase 9, 12 s. y 
nota. 

37, EJI Hijo de Dios muere emitiendo una gran 
voz para mostrar que no le quitan la vida sino por- 



74 



EVAJNGEL.IO SEGUN SAN MARCOS 15, 38-47; 16, 1-16 



^PEntonces, el velo del Templo se rasgo 
en dos partes, de alto a bajo. ^El centu- 
ri6n, apostado enfrente de Él, viéndolo expi- 
rar de este modo, dijo: "jVerdaderamente este 
hombre era Hijo de Dios!" ^Habia también 
alli unas mujeres mirando desde lej os, en- 
tre las cuales también Maria la Magdalena, 
y Maria la madre de Santiago el Menor y 
de José, y Salome, 41 las cuales cuando esta- 
ban, en Galilea, lo seguian y lo servian, y 
otras muchas que habian subido con Él a Jeru- 
salén. 

Sepultura de JesXjs. 42 Llegada ya la tarde, 
como era dia de Preparacion, es decir, vispe- 
ra del dia sabado, 43 vino José, el de Arimatea, 
noble consejero, el cual también estaba espe- 
rando el reino de Dios. Este se atrevio a ir a 
Pilato, y le pidio el cuerpo de Jesus. ^Pilato, 
se extran6 de que estuviera muerto*, hizo ve- 
nir al centurion y le pregunto si habia 
muerto ya. 45 Informado por el centurion, dio 
el cuerpo a^ José; 46 el cual habiendo com- 
prado una sabana, lo bajo, lo envolvi6 en el 
sudario, lo deposita en un sepulcro tallado 
en la roca, y arrim6 una loza a la puerta 
del sepulcro. 47 Entre tanto, Maria la Mag- 
dalena y Maria la de José observaron d6nde 
era sepultado. 

VI. LA RESURRECCION 

(16,1-20) 

CAPITULO XVI 

Las santas mujeres van al sepulcro. *Pa- 
sado el sabado, Maria la Magdalena, Maria la 
de Santiago y Salome compraron aromas, para 
ir a ungirlo. ^Y muy de madrugada, el primer 
dia de la semana, llegaron al sepulcro, al salir 
el sol. 3 Y se decian unas a otras: "iQuién nos 
removera la piedra de la entrada ^ del sepul- 
cro?" 4 Y al mirar, vieron que la piedra habia 



que Él lo quiere, y que en un instante habria podido 
bajar de la cruz y sanar de sus heridas, si no 
hubiera tenido la voluntad de inmolarse hasta la 
muerte para glorificar al Padre con nuestra reden- 
ciån (Juan 17, 2; cf. Mat. 26, 42 y nota). I«os 
evangelistas relatan que Jesus murié en viernes y, 
segun los tres mås antiguos, cerca de la hora nona, 
es decir, a las tres de la tarde. 

39 ss. Véase Mat. 27, 54 ss.; kue. 23, 47 ss.; 
Juan 19, 38 ss. 

42. PreParariån: Los judios llamaban asi el vier- 
nes, pues se preparaba en este dia todo lo nece- 
sario para el sabado, en que estaba prohibido todo 
trabajo. 

43. Kl heroismo de José de Arimatea no tiene 
paralelo. # Intrépido, confiesa publica y resueltamente 
ser partidario del Crucificado, confirmando las pala- 
tras con sus obras, mientras los apéstoles y amigos 
del Sefior estån de s al en ta dos y fugtoivos. Kl Evan- 
gelio hace notar expresamente que José" esperaba el 
reino de Dios, en lo ettal vemos que é"sa esperanza 
era comun entre los discipulos. Véase 10, 35 y nota; 
11, 10; Mat. 23, 39; Luc. 19, 11; Hecih. 1, 6; II 
Tim. 4, 1; Hebr. 2, 8; 10, 37, etc* 

1 ss. Véase Mat. 28, 1 ss. ; I^uc. 24, 1 ss. ; Juan 
20, 1 »s. 



ya sido removida, y era en efecto sumamente 
grande. 5 Y entrando en el sepulcro vieron, 
sentado a la derecha, a un joven vestido con 
una larga tunica blanca, y quedaron llenas de 
estupor. 6 Mas él les dijo: "No tengais miedo. 
A Jesus buscais, el Nazareno crucificado; 
resucité, no esta aqui. Ved el lugar donde 
lo habian puesto. Tpero id a decir a los dis- 
cipulos de Él y a Pedro: va delante de vos- 
otros a la Galilea; alli lo veréis, como os dijo." 
8 Ellas salieron huyendo del sepulcro porque 
estaban dominadas por el temor y el asom- 
bro-, y no dijeron nada a nadie, a causa del 
miedo. 

JesXjs se aparece a los suyos. 9 Resucitado, 
pues, temprano, el primer dia de la semana, 
se aparecio primeramente a Maria la Magdale- 
na, de la cual habia echado siete demonios. 
10 Ella fué y lo anunci6 a los que habian estado 
con Él, que se hallaban afligidos y llorando. 
u Pero ellos al ofr que vivia y que habia sido 
visto por ella, no creyeron. 12 Después de estas 
cosas se mostro en el camino, con otra figura, 
a dos de ellos, que iban a una granja. 13 Estos 
también fueron a anunciarlo a los demas; pero 
tampoco a ellos les creyeron. 

Misi6n de los apostoles. 14 Por ultimo, se les 
aparecio a los once mientras comian y les 
echo en cara su falta de fe y dureza de cora- 
zon porque no habian creido a los que lo ha- 
bian visto a Él resucitado de entre los muertos. 
15 Y les dijo: "Id por el mundo entero, predi- 
cad el Evangelio a toda la creacion. 16 Quien 



6. S. Juan (20, 2) refiere que Maria Magdalena 
fué la prim era en comunicar a los discipulos la re- 
sur recci én del Senor (v, 9 y nota). 

7. Menciona especialmente a Pedro, como para ;n- 
dicar que le han sido perdonadas sus negaciones. 

9* Kl evangelista parece querer destacar, como 
una paradoja de la divina misericordia, esta prefe- 
rencia de Jesus por aparecerse a Magdalena, la que 
estuvo endemomada. El v. 6 nos muestra que ella 
fué la primera en tener noticia de la resurreccion, 
y que reeibié también el honor de anunciarla a los 
apostoles. Asi quiso el Maestro recompensar la fide- 
lidad de quien habia antepuesto a todo su divina 
Palabra (tue. 10, 39), su per don (I,uc. 7, 37ss.), 
su culto (14, 13 ss) y su apostolado (i/uc. 8, 2), 
siguiéndolo, junto a la Madre fidelisima, al pie de 
la Cruz (Juan 19, 25). 

11. Esta impresionante incredulidad general mues- 
tra cuån lejos estuvo el Senor de ser glorificado vi- 
siblemente hasta que el Padre lo glorifico en el cielo 
sentåndolo a su diestra (v. 19; S- 109, 1) en el 
Tabemåculo "no hecho de raano de hombre" (Hebr. 
9, 11 y 24; S. 109, 4). De ahi que el Espiritu Santo 
no viniese hasta después de la Ascension (Juan 7, 
39), y que ni en ésta ni en la resurreccion (que 
nadie presencio) se mostrase Él glorioso como en 
la Transfiguracién, donde Él quiso manifest ars e con 
la gloria que ostentarå también en su segunda ve- 
nida. Cf. 9, 1; S. 109, lss.; II Tes. 1, 10; Hebr. 

1, 6. 

12. Alusién al ep i s od i o de Emaus que solo narra 
San I^ucas (24, 13-25). 

14. Esta aparicién se realtzo el dia de la resu- 
rreccién por la tarde, probablemente en la casa de 
Maria, la madre de S. Marcos, donde los discipulos 
solian reunirse. 

16. Sobre esta precedencia de la fe véase Hech. 

2. 41; col. 2, 12 y notas. 



EVANGEUO SEGUN SAN MARCOS 16, 16-20 



75 



creyere y fuere bautizado, sera salvo; mas, 
quien no creyere, sera condenado. 17 Y he aqui 
los milagros que acompanaran a los que creye- 
ren: en mi nombre expulsaran demonios, ha- 
blaran nuevas lenguas, 18 tomarån las serpientes; 
y si bebieren algo mortifero no les hara dano 
alguno; sobre los enfermos pondran sus manos 
y sanaran." 

Ascension del Senor. 1D Y el Senor Jesus, 



19. Se sento a la diestra de Dios: Jesus, termi- 
nada asi su misi on de Maestro y su epopeya de 
victima redentora, inicia aqui la plenitud de su mi- 
si6n (v. 11 y nota), esencialmente sacerdotal. inter- 



después , de hablarles, fué arrebatado al cielo, 
y se sento a la diestra de Dios. 20 En cuanto 
a ellos, fueron y predicaron por todas partes, 
asistiéndolos el Senor y confirmando la^ pala- 
bra con los milagros que la acompanaban. 

cediendo sin cesar por nosotros ante el divino Padre, 
a quien presenta sus llagadas manos, desbordantes 
de sus méritos infmitos (S. 109, 1 y 4; Hebr. S, 
6; 7, 25; Rom. 8, 34) hasta que Hegue la hora en 
que el Padre le cumpla la promesa de ponerle a sus 
enemigos por escabel de sus pies (I Cor. 15, 25; 
Hebr. 1, 13; 10, 13; Ecli. 24, 14 y nota). 

20. Kl final de este Evangdio (vv. -20) falta en mu- 
chos codices antiguos. Su inspiracion fué definida en el 
Concilio Tridentino. Criticamente consta de su auten- 
ticidad. 



EVANGELIO. DE N. S. JESUCRISTO SEGUN SAN LUCAS 



Nota introductoria 

El autor del tercer Evangelio,- "Lucas, el 
métfico" (CoL 4, 14), era un sirio natido en 
Antioquia, de familia .pagana. Tuvo la suerte 
de convertirse a la fe de Jesucristo y encon- 
trarse con San Pablo, cuyo fiel companero y 
discipulo fué por muchos anos, compartiendo 
con él hasta la prision en Roma. 

Segun su propio testimonio (1, S) Lucas se 
informe "de todo exactamentq desde su primer 
origen" y escribio para dejar grabada la tra- 
dition oral (1, 4). No cabe duda de que una 
de sus principales fuentes. de information f%té 
el rmsmo Pablo, y es muy probable que reci- 
biera informes también de la santisima Madre 
de Jesus, especialmente sobre la infancia del 
Senor, que Lucas es el unico en referirnos con 
cierto detalle. Por sus noticias sobre el Nino 
y su Madre, se le llamé el Evangelista de la 
Virgen. De ahi que la leyenda le atribuya el 
håber pintado el primer retrato de Maria, 

Lucas es llamado también el Evangelista de 
la misericordia, por ser el unico que nos trae 
las paråbolas del Hijo Prodigo, de la Dracma 
Perdida, del Buen Samaritano, etc, 

Este tercer Evangelio fué escrito en Roma a 
fines de la primera cautividad de San Pablo, 
o sea entre los anos 62 y 63, Sus destinatarios 
son los cristianos de las iglesias fundadas por 
el Apostol^ de los Gentiles, asi como Mateo se 
dedtco mås especialmente a mostrar a los ju~ 
dios el cumplimiento de las profecias realiza- 
das en Cristo. Por eso el Evangelio de San 
Lucas contiene un relato de la vida de Jesus 
que podemos considerar el mås completo de 
todos y hecho a proposito para nosotros los 
cristianos de la gentilidad. 



PROLOGO 

(1,1-4) 

CAPlTULO I 

'Habiendo muchos tratado de componer una 
narracion de las cosas plenamente confirmadas 
entre nosotros, 2 segun lo que nos han transmi- 
tido aquellos que fueron, desde el comienzo, 
testigos oculares y ministros de la palabra*, 
Sme ha parecido conveniente, también a mi, 



2, Desde el comienzo: Tal es la esencia de Ja tra 
dicion, y lo que hace su eficacia: no el que se haya 
trasmitido por mucho o poco tiempo, sino el que 
arranque de la fuente originaria y conserve sin nin- 
guna variaciån el primitivo deposito, Cf. I Tim. 6, 
20. 

3. Teofilo, a quien dedica el Evangelista su librc, 



que desde hace inucho tiempo he seguido todo 
exactamente, escribirlo todo en formå ordena- 
da, optimo Teofilo, 4 a fin de que conozcas bien 
la certidumbre de las palabras en que fuiste 
instruido. 



I. INFANCIA DE JEStJS 

(1,5-2,5.) 

ANUNCIACION DEL NACIMIENTO DEL PRF.CURSOR. 

5 Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, 
un sacerdote llamado Zacarias, de la clase de 
Abia. Su mujer, que descendia de Aaron, se 
llamaba Isabel. 6 Åmbos eran justos delante 
de Dios, siguiendo todos los mandamientos y 
justificaciones del Senor de manera irreprensi- 
ble. 7 Mas no tenian hijos, porque Isabel era 
estéril, y ambos eran de edad avanzada. 8 Un 
dia que estaba de servicio delante de Dios, en 
el turno de su clase, 9 fué designado, segun la 
usanza sacerdotal para entrar en el Santuario 
del Senor y ofrecer el incienso. 10 Y toda la 
multitud del pueblo estaba en oraci6n afuera, 
Era la hora del incienso. 11 Apareciosele, en- 
tonces, un angel del Senor, de pie, a la derecha 
del altar de los perfumes. 12 A1 verle, Zacarfas 
se turbo, y lo invadio el temor. 13 Pero el angel 
le dijo: "No temas, Zacarias, pues tu suplica 
ha sido escuchada: Isabel, tu mujer, te dara 
un hijo, al que pondras por nombre Juan. 14 Te 
traera gozo y alegria y muchos se regocijaran 
con su nacimiento. 15 Porque sera grande de- 
lante del Senor; nunca bebera vino ni bebida 



es un noble araigo de San Lucas, convertido al cris 
tianismo, o un seudonimo que designa a todos los 
cristianos. Prefieren algunos exégetas esta interpre- 
tacién no sélo por ser desconocida dicha personali- 
dad en la literatura evangélica, sino también por el 
nombre que significa: *'el que ama a Dios". 

5. De las 24 familias o grupos sacerdotales ane 
se turnaban en el servicio del Templo, la familia 
de "Abia'* era la octava (I Par. 24, 10). 

6. Mandamientos y justificaciones. No son dos tér- 
minos sin6nimos; de lo contrario, el segundo seria re- 
dundante. La Palabra de Dios no contiene exclusiva- 
mente preceptos, como un tratado de obligaciones, 
sino que esfå llena de revelaciones de amor y secre- 
tos_ de santidad, por lo cual Jesus Uama a su Evan- 
gelio la Buena Nueva. Sobre el sentido de esas "jus- 
tificaciones'* en el Antiguo Testamento, puede verse 
especialmente el S. 118 y sus notas. En el Nuevo 
Testamento, S. Pablo ensefia que nuestra justi- 
ficacion es la sangre de Cristo y la Resurrec- 
cion del Redentor, el cual nos dej o como fruto la 
gracia del Espiritu Santo que se nos da mediante 
la fe. Cf. Rom. 3, 24 ss.; 4, 25; 5, 16 ss.; 8, 
10 s., etc. 

7 ss. No tener hijos se consideraba entre los ju- 
dios como un castigo de Dios. Por tanto pedia Za- 
carias que se quitase a él y a su mujer el oprobio 
de la ester ilidad, Véase I Rey. 1, 11. 



76 



EVANGEEJO SEGUN SAN LUCAS 1, 15-38 



77 



embriagante, y sera colmado del Espiritu San- 
to ya desde el seno de su madre; x °y conver- 
tira a muchos de los hijos de Israel al Senor 
su Dios. 17 Caminara delante de ÉI con el 
espiritu y el poder de Elias, "para convertir 
los corazones de los padres hacia los hijos", y 
los rebeldes a la sabiduria de los justos, y pre- 
parar al Senor un pueblo bien dispuesto." 18 Za- 
carias dijo al angel: "^En qué conoceré esto? 
Porque yo soy viejo, y mi mujer ha pasado los 
dias." 19 EI angel le respondio: "Yo soy Gabriel, 
el que asisto a la vista de Dios; y he sido en- 
viado para hablarte y traerte esta feliz nueva. 
^He aqui que quedarås mudo, sin poder håblar 
hasta el dia en que esto suceda, porque no 
creiste a mis palabras, que se cumplirån a su 
tiempo/' 21 EI pueblo estaba esperando a Zaca- 
rias, y se extranaba de que tardase en el san- 
tuario. 22 Cuando salio por fin, no podia hablar- 
les, y comprendieron que habia tenido alguna 
vision en el santuario-, les hacia senas con la 
cabeza y permanecio sin decir palabra. 23 Y 
cuando se cumplio el tiempo de su ministerio, 
se volvio a su casa. 24 Después de aquel tiempo, 
Isabel, su mujer, concibio, y se mantuvo es- 
condida durante cinco meses, diciendo: 25 "He 
ahi lo que el Senor ha hecho por mi, en los 
dias en que me ha mirado para quitar mi opro- 
bio entre los hombres." 

El Angel Gabriel anuncia a Maria la En- 
carnacion del Verbo. 26 AI sexto mes, el angel 
Gabriel fué enviado por Dios a una ciudad de 
Galilea Ilamada Nazaret, 27 a una virgen pro- 
metida en matrimonio a un varon, de nombre 
José, de la casa de David - , y el nombre de la 
virgen era Maria. 28 Y entrado donde ella es- 



17. Véase Mal. 3, 1; 4, 6; Mat. Il, 11 y nota. 
Juan tendrå que preparar el camino para la primera 
venida de Cristo como Elias lo harå cuando se acer- 
que la segunda (Mat. 17, Il s. y nota). 

21. Después del sacrificio el sacerdote tenia que 
hendecir al pueblo con la formula de Num. 6, 23 ss. 

27. De la casa de David: Aqui parece referirse 
mås bien a José, que sin duda lo era (c.f. Mat. 1, 
6 y 16). Pero lo mismo se deduce de Maria en 
v. 32 y 3, 23 ss. (véase alli la nota). I^a diferencia 
entre ambos esposos estå en que Maria descendia de 
David por Natån (linea no real) y José por la 
Hnea real de Salomon. Para que &e cumpliese el 
anuncio del v. 32, Jesus debia reunir en Él la san- 
Sre de David, que recibié de su Madre, y el dere- 
cho a la corona, que recibio de su padre adoptivo. 
Sien lo sabian los judios, pues de lo contrario los 
enemigos de Cristo lo habrlan acusado de impostor 
cuando fué aclamado como "Hijo de David" (Mat. 
21, 9-11). 

28. He aqui la f6rmula original del Ave Maria, 
que se completa con las palabras de Isabel en el 
v. 42. 3$1 ångd la saludo sin duda en lenguaje 
arameo (el hebreo de entonces, con influencias de 
Siria y Caldea) con la férmula "Shalom tak", o 
sea literalmente: "Paz sobre ti" (10, 6; Mat. 10, 
12 y nota), 1^ formula griega "jazre", usada para 
ese saludo, signtffica literalmente "alégrate" y ha 
sido traducida al latin por la formula equivalente 
de salutacion "Avé'. I>as Ienguas modernas han con- 
servado a veces la palabra latina. como hace tam- 
bién el espafiol al designar la oraci6n Ave Maria, 
o la han traducido diciendo simplemente: "Yo te sa- 
ludo", o bien usando expresiones semejantes, por 
ejemplo:- "Salve". I^a fårmula "Dios te salve", que 



taba, le dijo: "Salve, Ilena de gracia; el Senor 
es contig'o" 29 A1 oir estas palabras, se turbo, 
y se preguntaba qué podria significar este 
saludo.. 30 Mas el angel le dijo: "No temas, 
Maria, porque has hallado gracia cerca de Dios. 
31 He aqui que vas a concebir en tu seno, y 
daras a luz un hijo, y le pondrås por nombre 
Jesus. 32 E1 sera grande y sera Ilamado el Hijo 
del Altisimo; y el Senor Dios le darå el trono 
de David su padre, 33 y reinarå sobre la casa 
de Jacob por los siglos, y su reinado no ten- 
drå fin. ^Entonces Maria dijo al angel: "^Co- 
mo sera eso, pues no conozco varon?" 35 E1 
angel le respondio y dijo: "El Espiritu Santo 
vendra sobre ti, y la virtud del Akisimo te 
cubrird; por eso el santo Ser que nacera sera 
Ilamado Hijo de Dios. 36 Y he aqui qué tu 
parienta Isabel, en su vejez también ha con- 
cebido un hijo, y esta en su sexto mes la que 
era Uamada estéril; 37 porque no hay nada im- 
posible para Dios." 38 Entonces Maria dijo: "He 
aqui la esclava del Senor: Séame hecho segun 
tu palabra." Y el angel la dejo. 



es sin duda la mås hermosa para saludar al comun 
de los mortales, no puede evidentemente ser enten- 
dida en formå literal, como si la Virgen aun ^ tu- 
vi era que ser salvada. "Ltena de gracia'* (en gr i ego 
kejaritomene) es también sin duda la grecizaciån de 
una expresion aramea que algunos • traducen por: 
"objeto del favor divino", segun lo que el ångel 
agrega en el v. 30. De todas maneras hay una admi- 
rable leccion de humildad en ese elogio que, sin 
perjuicio de establecer la mås alta santidad en Ma- 
ria (habiéndose fundado principalmente en ello el 
dogma de la Inmaculada Concepcion), no alaba en 
la Virgen mnguna cualidad o virtud como propia 
de EJlla, sino la obra de la divina predileccion, como 
Ella misma lo habia de proclamar en el Magnificat 
(v. 48 s). Bendita t& entre las mujeres: estas pala- 
bras f altan aqui en muchos codices. Son las que 
Isabel dijo a Maria en el v. 42, donde se completa 
la primera parte del Ave Maria. I^a segunda parte 
fué anadida posteriormente. 

32 s. Véase 2, 50 y nota; Dan. 7, 14 y 27; Miq. 
4, 7; Mat. 1, 18 ss.; Is. 9, 7; 22, 22; etc. 

34. Véa&e Mat. 1, 19 y nota. De derecho Maria 
era ejsposa de San José. Asi la sabiduria de Dios lo 
habia dispuesto para guardar la honestidad de la 
Virgen a los ojos de la gente. De las palabras: "No 
conozco varon*' se deduce que Maria habia hecho 
voto de guardar la virginidad. E)n las pocas veces 
que habia Maria, su corazon exquisito nos ensena 
sietnpre no solo la mås perfecta fidelidad sino tam- 
bién la mås plena libertad de espiritu. No pregunta 
EJlla como podrå ser esto, sino: cåmo sera, es decir 
que desde el primer momento esta bien segura de 
que el anuncio del Mensajero se cum-plirå, por asom- 
broso que sea, y de que IJIla lo aceptarå integra* 
mente, cualesquiera fuesen las condiciones. Pero no 
quiere quedarse con una duda de conciencia, por io 
cual no vacila en preguntar si su voto sera o no 
un obståculo al plan de Dios, y no tarda en recibir 
la respuesta sobre el prodigio portentoso de su Ma- 
ternidad virginal. I*a pregunta de Maria, sin dis- 
minuir en nada su docilidad (v.^ 38), la perfecciona, 
mostråndonos que nuestra obediencia no ha de ser 
la de un automata, sino dada con plena conciencia, 
es decir, de modo que la voluntad pueda ser movida 
por el espiritu. De ahi que Cristo se presente como 
la luz, la cual no quiere que la sigamos ciegamente. 
Véase Juan 12, 46; I Cor. 12, 2 y notas. 

38. Ifa respuesta de MarSa manifiesta, mås aun 
que su incomparabJe humildad y obediencia, la gran- 
deza de su fe que la hace entregarse enteramente a 
la accién divina^ sin pretender penetrar el misterio 
ni las eonsecuencias que para ^lla pudiera tener. 



78 



EVANGEUO SEGUN SAN LUCAS X, 39-54 



Visita de Maria a Isabel. El Magnificat. 
39 En aquellos dias, Maria se levanto y fué 
apresuradamente a»la montana, a una ciudad 
de Judå; 40 y entro en la casa de Zacarias y 
saludo a Isabel. 41 Y sucedio cuando Isabel oyo 
el saludo de Maria, que el nino dio saltos en 
su seno e Isabel quedo llena del Espiritu 
Santo. 42 Y exclamo en alta voz y dijo: "*,Ben- 
dita tu entre las mujeres, y bendito el fruto 
de tu seno! 43 <;Y de donde me viene, que la 
mådre de mi Senor venga a mi? ^Pues, desde 
el mismo instante en que tu saludo sono en 
mis oidos, el hijo salto de gozo en mi seno. 
45 Y dichosa la que creyo, porque tendra cum- 
plimiento lo que se le dijo de parte del Senor." 
4e Y Maria dijo: "Glorifica mi alma al Senor, 

39. Una ciudad de Judå: Segun unos Ain Carxm, 
a una Iegua y media al oeste de Jerusalén; segun 
otros, una ciudad en la comarca de Hebrén, lo que 
es mås nrobable. 

46 ss. Este himno, el Magnificat, estå empapado Je 
textos de la Sagrada Escritura, esp ecialm ente del 
cåntico de Ana (I Rey, 2 % 1-10) y de los Salmos, 
lo que nos ensena hasta qué punto la Virgen se ha- 
bia familiarizado con Ids Sagrados Libros que medi- 
taba desde su infancia. El Magnificat es el canto 
Hrico por excelencia, y mås que nada en su comien- 
20. Toda su segunda parte lo es también, porque 
canta la alabanza del Dios asom bro sam ente para- 
dojal que prefiere a los pequenos y a los vacios. De 
ahi que esa segunda parte esté llena de doctrina al 
mismo tiempo que de poesia. Y otro tanto puedc 
decirse de la tercera o final, donde "aquella nina 
hehrea" (como la llama el Dante), que hahia em- 
pezado un cåntico individual, lo extiende (como el 
Salmista en el S. 101), a todo su pueblo, que EHa 
esperaba recihiria entonces las bendtciones prometi- 
das por los profetas, porque Ella ignoraba aun el 
misterio del rechazo de Cristo por Israel. Pero el 
lirismo del Magnificat deshorda sobre todo en sus 
primeras lineas, no s61o porque empieza cantando y 
alahando, que es lo propio de la lira y e l arpa, 
como hizo el Rey David poeta y profeta, sino tam- 
bién y esencialmente porque es EHa misma la que 
se pone en juego toda entera como heroina del poe- 
ma. Es decir que, ademås de expresar los sentimien- 
tos mås intimos de su ser, se apresura a revelarnos, 
con el alborozo de la enamorada feliz de sentirse 
amada, que ese gran Dios puso los ojos en Ella, y 
que, por esas grandeza que Él hizo en EHa, la feli 
citarån todas las generaciones. Una mirada super- 
ficial podria sorprenderse de este "egoismo'* con 
que Maria, la incomparablemente humilde y silen 
ciosa, empieza asi hablando de si misma, cuando 
pareciera que pudo ser mås generoso y mås perfecto 
hablar de fos demås, o limitarse a glorificar al Padre 
como lo hace en la segunda parte. Pero s* lo miramos 
a la Iuz del amor, comprendemos p^ue nada pudo ser 
mås grato al divino Amante, ni mas comprensivo de 
parte de la que se sahe amada, que pregonar asi el 
éxtasis de la felicidad que siente al verse elegida, 
porque esa confesion ingenua de su gozo es lo que 
mås puede agradar y recompensar al magnånimo 
Corazon de Dios. A nadie se le ocurriria que una 
novia, al recibir la declaracién de amor, debiese 
pedir que esa elecciån no recayese en ella sino en 
otra. Porque esto, so capa de hu mil da d, le sabria 
muy mal al enamorado, y no podria concebtrse sin- 
ceramente sino como indiferencia por parte de ella. 
Porque el amor es un bien incomparable — como que 
es Dios mismo (I Juan 4, 16) — y no podria, por 
tanto, concebirse ningun bien mayor que justificase 
la renuncia al amor. De ahi que ese "egoismo" lirico 
de Maria sea la leccion mås alta que un alma pue- 
de rectbir sobre el modo de corresponder al amor de 
Dios. Y no es otro el sentido del Salmo que nos 
dice: "Deléitate en el Senor y te darå cuanto desee 
tu corazon" (S. 36, 4). Ojalå tuviésemos un poco 



47 y mi espiritu se goza en Dios mi Salvador, 
porque ha mirado la pequenez de su esclava. 
Y he aqui que desde ahora me felicitaran todas 
las generaciones; 49 porque en mi obro gran- 
dezas el Poderoso. Santo es su nombre, "y su 
misericordia, para los que le ternen va de 
generacion en generacion. 5X Desplego el poder 
de su brazo; disperse a los que se engrieron 
en los pensamientos de su corazon, 52 Baj 6 
del trono a los poderosos, y levanto a los 
pequenos; 53 lleno de bienes a los hambrientos, 
y a los ricos despidio vacios. ^Acogio a Is- 



de este egoismo que nos hiciese desear con gula el 
amor que ÉI nos prodiga, en vez de volverle la es- 
palda con indiferencia, como solemos hacer a fuerza 
de mirarlo, con ojos carnales, como a un gendarme 
con el cual no es posible deleitarse en esta vida. 

49ss, Véase S. 110, 9; 102, 13 y 17; 88, 11; II 
Rey. 22, 28. A la confesion de la humildad, sucede 
la gran dio sa alabanza de Dios. Es muy de admirar, 
y de meditar, el hedho de <jue toda esta serie de 
alabanzas, que podrian håber celebrado tantas otras 
de las divinas grandezas, se refieran insistentemente 
a un solo punto: la exaltacion de los pequefios y 
la confusiån de los grandes, como para mostramos 
que esta paradoja, sobre la cuail tanto habia de insis- 
tir el mismo Jesus, es el mås importante de los mis- 
terios que el plan divino presenta a nuestra eonsi- 
deraciåru En efecto, la sintesis del espiritu evangé- 
lico se encuentra en esa pequefiez o Infancia espi- 
ritual que es la gran bienaventuranza de los pohres 
en espiritu, y segun la cual los que se hacen como 
ninos, no sdlo son los grandes en el Reino, sino 
también los unicos que entran en él (Mat. 3, 2 y 
nota. 

51 ss. Véase S. 146, 6; 33, II; 106, 9; 97, 3; Job 
12, 19. 

53. Cf. S. 11, '6; 80, 11. 

54. AcogiS a Israel su siervo: otros traducen "?tt 
hijo". El griego "paidos" y el latin "puerum", ad. 
miten ambas traducciones. ^Alude aqui la Virgen al 
Mesias, Hijo de Dios, a quien le llegaban los tiem- 
pos de su Encarnacion, o al pueblo de Israel, a quien 
Dios acogia enviåndole al Mesias prometido? Fillion 
expone como evidente esta ultima soluciåp, senalan- 
do ademås el sentido de proteocién que tiene el tér- 
mino. griego "antelåbeto" (acogié). Algunos —como 
Zorell — se inclinan a la primera solucion, sefialando 
como fuente de este texto el de Is. 42, 1 ss., en el 
cual se alude indiscut i blemente al Mesias como lo 
atestigua S. Mateo (12, 18 ss.). Pero no parece ser 
ésa la fuente; la Biblia de Gramåtica ni siquiera la 
cita^ entre los lugares paralelos de nuestro texto. En 
realidad cahen ambas interpretaciones del nombre de 
Israel. Vemos, por ejemplo, que el texto de Is. 41, 
8 se refiere evidentemente a Israel y no a Jesus, 
pues en el v. 16 le anuncia que se glorificarå en el 
Santo de Israel o sea en él Mesias. En el mismo 
Isaias Dios vuelve a referirse a Israel como siervo, 
Hamåndole sordo, con relacién a su rechazo del Me- 
sias (42, 19), y también en 44, 21 ss., donde le dice 
que vuelva a Él porque ha borrado sus iniquidades. 
En cambio, en la gran profecia del Redentor humi- 
llado y glorioso (Is. 49, 3 ss.) , el Padre babla al 
"Siervo de Yahvé" y le llama "Israel" (si no es 
interpolacién) d'rigiéndose claramente al Mesias, pues 
le dice que sera su servidor para conducir hacia 
Él las tribus de Jacob, y no solo para esto, sino 
también para ser luz de las naciones, tail como la 
profecia de Simeon llama a Cristo en hue. 2, 32. 

55. En favor de Abrahån, etc. Como se ve, este 
texto, no s61o en el griego sino también en la Vul- 
gata, seg6n lo hace notar Fillion, no dice ^ que Dios 
se acordå de su^ misericordia, como lo hubiese anun- 
ctado a los patrtarcas induso Abrahån y su descen- 
dencia hasta ese momento, sino que Dios, segun lo 
habia anunciado a los patriarcas, recordé la miseri- 
cordia prometida a Abrahån, a quien hahia dicho 
que su descendencia duraria para siempre. ho cual 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 1, 54-80; 2, 1-15 



79 



rael su siervo, recordando la misericordia, 
55 conforme lo dijera a nuestros padres en fa- 
vor de Abrahan y su posteridad para siempre." 
56 Y quedose Maria con ella como tres meses, 
y después se volvio a su casa. 

Nacimiento del Precursor. El Benedictus. 
57 Y a Isabel le llego el tiempo de su alum- 
bramiento, y dio a luz un hijo. 58 A1 oir los ve- 
cinos y los parientes la gran misericordia que 
con ella habia usado el Senor, se regocijaron 
con ella. 59 Y,*al octavo dia vinieron para cir- 
cuncidar al nino, y querian darle el nombre de 
su padre: Zacarias. 60 Entonces la madre dijo: 
TNo, su nombre ha de ser Juan." 81 Le dijeron: 
"Pero nadie hay en tu parentela que lleve ese 
nombre." ^Preguntaron, pues, por senas, al 
padre como queriå 'que se Uamase. ^El pidié 
una tablilla y escribio: "Juan es su nombre. 5 ' 
Y todos quedaron admirados. ^Y al punto le 
fué abierta la boca y lengua, y se puso a ha- 
blar y a bendecir a Dios. 65 Y sobrecogio el te- 
mor a todos sus vecinos, y én toda la montana 
de Judea se 'hablaba de todas estas cosas*, 66 y 
todos los que las oian las grababan en sus 
corazones, diciendo: "iQué sera este nino"?, 
v pues la mano del Senor estaba con él. ^Y Za- 
carias su padre fué colmado del Espiritu San- 
y profetizo asi: 

^"Bendito sea el Senor, el Dios de Israel, 
P°Nie ha visitado y redimido a su pueblo, 
\scitarnos un poderoso Salvador, en la 
casa Q&piirid, su s jervo, 70 como lo habia anun- 
ciado r °vboca de sus santos profetas, que han 
° ( ^ ; u^i 0s t * em P 0S antiguos: 71 un Salvador 
para hbrarh« de nuestros enemigos, y de las 
manos de toiw } os q ue nos aborrecen; 72 usan- 
do de nnser%> r( jj a con nuestros padres, y 
acordandose dy su santa alianza, 73 segtin el 
juramento, hecn\ a Abrahan nuestro padre v 
de concedernos 7 \» e librados de la mano de 
nuestros enemigos,y^iryamos sin temor 75 en 
santidad y msticia, eVju^pres^rieift- , t odo a rrn es- 
tros dias. 76 Y tu, pfei ^nuel6>. seras llamado 
profeta del Altisimo, f^rque ira« delante del 



concordaria también con el hMio de qu\ la Virgen 
ignoraba el misterio del recha2r> del MeMks en su 
primera venida, por parte defl pueblo esfcc-gido, y 
creia, como los Reyes Magos (Mat. 2, 2-6\ Zaca- 
rias (v. 69 ss.)» Simeon (2,32), los apostoles VHech. 

1, 6) y todos los piadosos israelitas que aclænaron 
a Jesus el Domingo de Ramos, que el Mesia\Rey 
seria reconocido por su pueblo, segun la protfcesa 
que Maria habia recibido del ångel con respecto a 
su Hijo en ed v. 32; "el Senor Dios le darå el trotfc 
de David su padre y reinarå en la casa de Jacob\ 
para siempre, y su reinado no tendrå fin". Véase 

2, 35; 2, 50; Miq. 7, 20 y notas. 

60. Juan significa "Dios es bondadoso". Zacarias 
le da este nombre como se lo habia ordenado el ån- 
gel en el v. 13. 

_ 67. El cåntico de Zacarias es el Benedictus de la 
Liturgia. Asi^ como el Magnificat, es rezado cada 
dia en el Oficio di vino, y contiene también, en pri- 
mer lugar, una accion de gracias al Todopoderoso, y 
luego una grandiosa profecia de la Redencion y del 
reino de Jesucristo, cuyo precursor sera el recién 
nacido Juan. 

72 ss. Véase S. 104, 8s.; 105, 45 s.; Gen. 17, 
6 s.; 22, 16-18; 26, 3. 



Senor para preparar sus caminos, 77 para dar a 
su pueblo el conocimiento de la salvacion, en 
la remision de sus pecados, 78 gracias a las en- 
trafias misericordiosas de nuestro Dios, por 
las que nos visitara desde lo alto el Oriente, 
79 para iluminar a los que en tinieblas y en 
sombra de muerte yacen, y dirigir nuestros 
pies por el camino de la paz." 

80 Y el nino creda y se fortalecia en espiritu, 
y habito en los desiertos hasta el dia de tlarse 
a conocer a Israel. 

CAPITULO II 

Nace en B::lén el Salvador del mundo. *En 
aquel tiempo, aparecio un edicto del César 
Augusto, para que se hiciera el censo de toda 
la tierra ^Elste primer censo, tuvo lugar cuan- 
do Quirinio era gobernador de Siria. 3 Y todos 
iban a hacerse empadronar, cada uno a su 
ciudad. 4 Subio también José de Galilea, de la 
ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de 
David, que se llama Betlehem, porque él era 
de la casa y linaje de David, 5 para hacerse 
inscribir con Maria su esposa, que estaba en- 
cinta. 6 Ahora bien, mientras estaDan alli, llego 
para ella el tiempo de su alumbramiento. *Y 
dio a juz a su hijo primogénito; y lo envolvio 
en pafiales, y lo acosto en un pesebre, porque 
no habia lugar para ellos en la hosteria. 8 Ha- 
bfa en aquel contorno unos pastores acarr 
pados al raso, que pasaban la noche custo(** n 7 
do su rebano, *y he aqui que un an^r 1 , e 
Senor se les aparecip^-y^ gloria del 5^nor los 
envolvio de luar^los invadio un s^ n temor. 
10 Dijoles >*!. .stogel: ";No tem?^,Porque os 
anunci^ uria^ran alegria qvc sera para todo 
el pueblo': n H^Y os ha nacido en la ciudad de 
David un Salyaa&r* que es Cristo Senor. 12 Y 
£sto os servira de Sb^al; hallaréis un nino en- 
vuelto en panales, y afc^stado en un pesebre." 
i3 Y de repente vino a umh^ al ångel una mul- 
titud del ejército del cielo, q*« se puso a ala- 
bar a Dios diciendo: 14 "GloriaN» Dios en las 
alturas, y en la tierra paz entre 1^ hombres 
(objeto) de la buena voluntad" 

Adoraci6n de ijos pastores. 15 Cuando los 
angeles se partieron de ellos al cielo, los pas- 



78 s. El Oriente es Jesucristo, la verdadera luz 
(2, 32; juan 1, 4; 3, 19; 8, 12; 12, 35; Apoc. 
21, 23), que vino al mundo e ilumina a todo hombre 
(Juan 1, 9) como "Sol de justicia" (Mal. 4, 2). 
Cf. Juan 9. 5; Is. 60, 2 s.; Zac. 3, 8. 

1. Véase Miq. 5, 2. Sin saberlo, el emperador ro- 
mano Augusto fué el instrumento por el cual Dios 
Niio cumplimiento a la profecia de Miqueas 5, 1 
o\ que el Caudillo de Israel^ naceria en Belén, aun- 
qu^ Maria y José vivian lejos de alli, en Nazaret. 
que\dista mas de cien kms, de la ciudad de Belén. 

6. Él nacimiento se hizo en formå milagrosa, pues 
Maria, pudo atender personalmente al Nino adorabde 
para eV cual "no hubo lugar en la hosteria". i No 
es ésta una figura del mundo y de cada corazon. 
donde los otros "huéspedes" no dejan lugar para 
Él? 

7. Primogénito es un término de la I,ey jnosaica. 
Asi se llamaba al, primero. aunque fuese hijo unic^ 
<Éx. 13, 2). Cf. Mat. 1, 23 y nota. 



80 



KVANGHLIO SEGUN SAN LUCAS 2, 15-52 



tores se dijeron unos a otros: "Vayamos, pues, 
a Betlehem y veamos este acontecimiento, que 
el Senor nos ha hecho conocer." 16 Y fueron 
a prisa, y encontraron a Maria y a José, y al 
nino acostado en el pesebre. 17 Y al verle, hi- 
cieron conocer lo que les habia sido dicho 
acerca de este nino. 18 Y todos los que oyeron, 
se maravillaron de las cosas que les referian 
los pastores. l9 Pero Maria retenia todas estas 
palabras ponderandolas en su corazon. 20 Y los 
pastores se volvieron, glorificando y alabando 
a Dios por todo lo que habian oido y visto 
segun les habia sido anunciado. 

ClRCUNCISION Y PRESENTACION EN EL TemPLO. 

21 Habiéndose cumplido los ocho dias para su 
circuncision, le pusieron por nombre Jesus, el 
mismo que le fué dado por el angel antes que 
fuese concebido en el seno. 

22 Y cuando se cumplieron los dias de la 
purificacion de ellos, segun la Ley de Moi- 
sés, lo Ilevaron a Jerusalén a fin de presen- 
tarlo al Senor, 23 segun esta escrito en la Ley 
de Moisés: "Todo varon primer nacido sera 11a- 
mado santo para el Senor", M y a fin de dar en 
sacrificio, segun lo dicho en la Ley del Senor, 
:f un par de tortolas o dos pichones". 

La profecia de Simeon. 25 Y he aqui que 
^habia en Jerusalén un hombre Uamado Simeon, 
timbre justo y piadoso, que esperaba la con- 
o^sipn j e israe^ y e [ Espiritu Santo era so- 
' • ^>f 6 Y le habia sido revelado por el Es- 
piritu 5v^t q Ue no verfa la muerte antes de 
håber vistXoj Ungido del Senor. X?Y, movido 
P°5 el EspifSa vino al mnpto>^m a ndo los 
padres HevaronNtJ nino Jesus paraN^umplir 
con él las prescriptHones acostumbradasNte la 
Ley, 28 él lo tomo en\sus brazos, y alabo\a 
Dios y dijo: 29 "Ahora,^S^or, despides a 
siervo en paz, segun tu palabra, 30 £orgue h; 



visto mis ojos tu sah-acion, 3I que preparaste a 
la faz de todos loa pueblos. 32 Luz para reve- 
larse a los gentiles, y para gloria de Israel, tu 
pueblo." 33 jSu padre y su madre estaban asom- 
brados de Jo que decia de Él. 34 Bendijolos en- 
toncee Simeon, y dijo a Maria, su madre: "Este 
es pnésto para ruina y para resurreccion de 
rptfehos en Israel, y para ser una senal de 
contradiccion — 35 y a tu misma alma, una 

22 ss. I^a Virgen purisima no tenia que "purifi- 
carse"; sin ^ embargo se sometio, como Jesucristo, a 
la ley judia que prescribia la purificacion de la 
madre en el plazo de 40 dias. La ofrenda es la de 
los pobres (Ex. ( 13, 2; Lev. 12, 2-8). 

29. La oracion de Simeon es el "Nunc dimittis", 
que se reza en el Oficio .de Completas. 

34. Contradiccién: Es el gran misterio de todo é 
Kvangelio. Véase como actua este misterio, en Ma*. 
13, 5-7. Cf. 7, 23 y nota. 

35. Por la profecia de Simeån se despierta en el 
alma de Maria el presentimiento de un misterio infi- 
mtamente doloroso en la vida de su Hijo. Hasta 
entonces Ella no habia escuchado sino las palabras 
de Gabriel que le anunciaba para Jesus el trono de 
su padre David (1, 32). Simeon las confirma en el 
v. 32, pero introduce una ispada — el rechazD del 
Mesias por Israel (v. 34) — cuya inmensa tragedia 
conocerå Maria al pie de la Cruz. Cf. Juan 19, 25 
y nota. 



éspada la traspasara — , a fin de que sean 
descubiertos los pensamientos de muchos co- 
razones." 

La profetisa Ana. 36 Habia también una pro- 
fetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, 
de edad muy avanzada; habia vivido con su 
marido siete anos desde su virginidad-, 37 y en 
la viudez, habia llegado hasta los ochenta y 
cuatro anos, y no se apartaba del Templo, 
sirviendo a Dios noche y dia en ayunos y 
oraciones. 38 Se presento también en aquel mis- 
mo momento y se puso a akibar a Dios y a 
hablar de aquel (nino) a todos los que espe- 
raban la liberacion de Jerusalén. 

39 Y cuando hubieron cumplido todo lo que 
era exigido por la Ley del Senor, volvieron a 
su ciudad de Nazaret en Galilea. 40 Ei nino 
crecfa y se robustecia, Ileno de sabiduria; y la 
gracia de Dios era sobre Él. 

jEstrs entre los doctores. 41 Sus padres iban 
cada ano a Jerusalén, por la fiesta de Pascua. 
42 Cuando tuvo doce anos, subieron, segun la 
costumbre de la fiesta; 43 mas a su regreso, cum- 
plidos los dias, se quedo el nino Jesus en Jeru- 
salén, sin que sus padres lo advirtiesen. 44 Pen- 
sando que Él estaba en la caravana, hicieron 
una jornada de camino, y lo buscaron entre 
los parientes y conocidos. 45 Como no lo haD'- 
ron, se volvieron a Jerusalén en su bu^ a - 
46 Y, al cabo de tres dias lo encontraron n e * 
Templo, sentado en medio de los do- tores i 
escuchåndolos e interrogandolos; 47 y r-dps l° s 
que io oian, estaban estupefactos de-* 11 inteli- 
gencia y de sus respuestas. 48 AI .^erlo (sus 
padres) quedaron admirados y le dijo su ma- 
dre: "Hijo, (fpor qué has hecho asi con nos- 
otros? Tu padre y yo, te esta^nios buscando 
v con angustia." 49 Les respondio 'éComo es que 
^nebuscabais? ^No sabiais * ae conviene que 
Yoe^té^en lo de mi Padr^" 50 Pero eljos no 
comprend ieron lag palabra' cjiie les hablo. 

51 Y bajo con ellos y v^ v io a Nazaret, y es- 
taba sometido a ellos, •* su madre conservaba 
todas estas palabras (r~P&såndolas) en su cora- 
zon. 52 Y /esus cre^a en sabiduria, como en 
estatura, y en favpr ante Dios y ante los hom- 
bres. 



43. Maria pu^o creer que el Nino venia en el 
grupo de hothbres. 

4 r - Xa voluntad del Padre es todo para Jesus. 
I O'mo podria oponerse a ella el amor de la familia? 
SO. No comprendieron : Sobre este misterio de la 
Unorancia de Maria véase v. 35; 1, 55 y notas. 
Maria, Dues, no obstante ser quien era, vivio de fe 
como Abrahån (Rom. 4, 18). De esa fe que es la 
vida del justo (Rom. 1, 17); de esa fe que Isabel 
le elogié como su virtud por excelencia (1, 45). 

_ 51. Conservaba todas estas palabras, "como ru- 
miåndolas y meditåndolas diligentisimamente" (S. 
Beda). Véase v. 19 y cap. 11, 28. Por esta decla- 
racion del evangelista se cree que él escuché de 
labiDs de Maria muchas cosas, especialmente éstas 
relativas a la infancia de Jesus, que S. Lucas es el 
unico en referir. 

52. Crecia en sabiduria: Nd quiere decir que Je- 
sus la tuviese menor en ningun momento, sinD que 
la iba manifestando, como convenia a cada edad de 
su vida sanitisima. 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 3, 1-23 



81 



IL PREPARACION DE JEStJS PARA 
LA VIDA PtJBLICA 

(3,1-4,13) 

CAPf TULO III 

Predicaci6n de Juan Bautista. *E1 ano déci- 
moquinto del reinado de Tiberio César, siendo 
Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes 
tetrarca de Galilea, Filipo su hermano tetrarca 
de Iturea y de la Traconitida, y Lisanias te- 
trarca de Abilene, ?bajo el pontificado de Anas 
y Caifas, la palabra de Dios vino sobre Juan, 
hijo de Zacarias, en el desierto. ^Y recorrio 
toda la region del Jordan, predicando el bau- 
tismo de arrepentimiento para la remision de 
los pecados, 4 como esta escrito en el libro de 
los vaticinios del profeta Isaias: "Voz de uno 
que clama en el desierto: Preparad el camino 
del Senor, enderezad sus sendas. 5 Todo valle 
ha de rellenarse, y toda montana y colina ha 
de rebajarse; los caminos tortuosos han de ha- 
cerse rectos, y los escabrosos, llanos; •y toda 
carne vera la salvacion de Dios." 
TDecfa, pues, a las multitudes que salian a 
^cerse bautizar por él: "Raza de viboras, 
os ha ensenado a escapar de Ja cålera 
viene encima? ^roducid frutos propios 
pentimiento. Y na andéis diciendo den- 
osotros; "Tenemos por padre a Abra- 
ue os digo que de estas piedras pue- 
^r que nazcan hijos a Abrahan. ^a 
el nacna es\£p ues ta a la raiz de los årboles-, 
todo arbol qt* no produce buen fruto va a ser 
tronchado y a^ojado al fuego." ^Pregunta- 
bank las gente^«jY bien! <;qué debemos ha- 
cer? »Les nspWié y dijo: "Quien tiene dos 
tunicas, de una a tuien no tiene; y quien vive- 
res haga lo mismo," "Vinieron también. los 
pubhcanos a hacers\iyamuzar ^y le dijeron: 
"Maestroj ^qué debeW hacS^ "Les dijo? 
No hagais pagar nadaNnor encinui de vuestro 
arancel." 14 Å su vez unOs soldado\le pregun- 
taron: "Y nosotros, <:qué Gebemos hbcer?" Les 
dijo: "No hagais extorsion a nadie, n& denun- 



v 

qui 

del 

tro 

han." 

de 



d& 



Dios ] 



1. A pesar de las multiples indicaciones Vo es 
posible fijar exactamente el ano en que el Ba\itista 
empezé a predicar y hautizar. Probablemente ix& el 
afio 28 de nuestra era. \ 

2. No habia mås que un solo sumo sacerdot^: 
Caifås, Ands, su suegro, que habia sido sumo sacei\ 
dote, se menciona aqui, asi como en la pasién de 
Cristo, por el influjo que aun tenia. 

4. Véase 1, 17 y nota; Is. 40, 3-5; Mat. 3, 3; 
Marc. 1, 2-3; Juan 1, 23. Voz de uno que clama: 
Juan era todo voz, dice S. Ambrosio: la voz del 
Espiritu que anunciaba al Verbo. 

5. %\ sentido profético-histårico de estas palabras 
de Isaias se referia a las naciones gentiles que de- 
bian ser humilladas antes del triunfo mesiånico. Cf. 
Zac. 1, 11; Mal. 3, 1. 

8. Aqui se condena la idolatria de la sangre. Dio* 
no tiene en cuenta la raza o descendencia natural, 
sino el arrepentimiento y la sinceridad de conciencia* 

12. Iyos publicaws o recaudadores de impuestos, 
eran sumumente odiados por sus injustas exacciones. 



ciéis falsamente a nadie, y contentaos con 
vuestra paga." 15 Como el pueblo estuviese en 
expectaciån, y cada uno se preguntase, interior- 
mente, a proposito de Juan, si no era él el Cris- 
to, 16 Juan respondio a todos diciendo: "Yo, 
por mi parte, os bautizo con agua. Pero viene 
Aquel que es mas poderoso que yo, a quien yo 
no soy digno de desatar la correa de sus san- 
dalias. Él os bautizara en Espiritu Santo y fue- 
go. 17 E1 aventador estd en su mano para lim- 
piar su era y recoger el trigo en su granercf, 
pero la paja la quemarå en un fuego que no 
se apaga." 

18 Con estas y otras muchas exhortaciones 
evangelizaba al pueblo. 19 Pero Herodes, el 
tetrarca, a quien él habia reprendido a causa 
de Herodias, la mujer de su hermano, y a cau- 
sa de todas sus maldades, 20 aiiadio a todas es- 
tas la de poner a Juan en la carcel. 

Bautismo de Jes^s. 21 A1 bautizarse toda la 
gente, y habiendo sido bautizado también Jesus, 
y estando Éste orando, se abrio el cielo, ^y 
el Espiritu Santo descendio sobre Él, en figura 
corporal, como una paloma, y una voz vino 
del cielo: "Tu eres mi Hijo, el Amado; en Ti 
me recreo ." 

GENEAixwiA de Jsstfs. 23 Y el mismo Jesus 



16. El bautismo de Juan era para dar el arre 
pentimiento en que Israel debia recibir al Mes 1 * 9 * 
Véase Hech. 19, 4. Cf. Rom. 6, 1 ss. 

21. No puede sorprendernos la hu mild ad «* J uan 
(v. 16) cuando vemos aguJUi*! Verbo enc^nz&o so- 
metiéndose, para dax-^€?Stiplo, al bau*»'smo de la 
penitencia. s ■ j *~ 

23. S. jtiTateo (1, 1 ss.) presenta p Jesus como hijo 
de Abrahån y <Je David, esto es. miembro del pue- 
blo d<s Israel y\heredero de su cetro. Como esta 
herencia se transmi^a por linea masculma, Mateo ex- 
pone, en formå desb^dente, la genealogia legal de 

Jes&s, o sea la de SaK^José, quien aparecia legal- 
mente como su padre. S. T^cas, Que åcaba de mos- 
trar aqui (v. 22) a Jesus c«mo Hijo de Dios, nos 
da a continuacion una genea>^i a ascendente que 

^ITega hasta Dios y cuyos .pers onajfev son distintos de 
los presentados por Mateo, lo cual r*clina a pensar 
desde luego que no se refiere ya al mHmo S. José, 
y tanto mås cuanto que, en Mateo, la dfc^endencia 
de David es por Salomon (linea real) y eh^T^ucas 
por Natån. Dura cosa seria ademås aceptar liKopi- 
nién de que ambos evangelistas hubiesen omitido d&^- 
nos la verdadera y unica genealogia de Jesucristo, 
que es la de "Maria su madre". Una lectura atenta 
del texto griego muestra que la version mås proba- 
ble de este texto es la que toma "hos" en el sentido 
de "mientras", como se hace en Gål. 6, 10; Juan 
12, 36, etc, y sobre todo como lo hace el mismo 
LfUcas, v. gr. en 24, 32 donde lo usa por dos veces 
diciendo; "iNo es verdad que nuestro corazon estaba 
•ardiendo entre nosotros mientras nos hablaba en el 
hamino, mientras nos abria las EJscrituras ?" Resulta 
aM que Jesus, en tanto que se ie tenia por hijo de 
José, lo era en realidad — por la Virgen — de EJIi» 
abreviacion de EJHaquim (que significa lo mismo que 
Joaq^in, segtin una tradicion padre de Maria y 
ahuela del Sefior) y, en consecuencia, de todos los 
ascendtentes de ÉJH hasta Adån, y también del mis- 
mo Dios, Creemos que las opiniones t que se han apar- 
tado de esta interpretacion literal, por lo demås 
ampliamente fundada en la obra de Heer (i E)I årbol 
genealogico de Jesus" (Friburgo 1910), partieron de 
lostextos latinos que usan — para indicar cada gene- 
racion — ■ la expresion "qui fui-t", intro duciendo uq 



82 



EVANOKLIO SBGUN SAN LUCAS 3, 23-37; 4, 1-22 



era, en su iniciacion, como de treinta anos, 
siendo hijo, mientras se creia de José, de Heli, 
^de Matat, de Levi, de Malquf, de Jannai, de 
José, 25 de Matatias, de Amos, de Naum, de Eslf, 
de Naggal, 26 de Maat, de Matatias, de Semein, 
de Josech, de Joda, 27 de Joanan, de Resa, de 
Zorobabel, de Salatiel, de Nerf, 28 de Melqui, de 
Addi, de Kosam, de Elmadam, de Er, 29 de Je- 
sus, de Eliezer, de Jorim, de Matat, de Levi, 
30 de Simeon, de Juda, de José, de Jonam, de 
Elia^uim, 31 de Melea, de Menna, de Matatå, de 
Natan, de David, ^de Jessai, de Jebed, de Booz, 
de Sala, de Naasson, 33 de Aminadab, de Admin, 
de Arni, de Esrom, de Fares, de Juda, M de Ja- 
cob, de Isaac, de Abrahan, de Tara, de Nachor, 
^de Seruch, de Ragau, de Falec, de Eber, de 
Sala, 36 de Cainan, de Arfaxad, de Sem, de Noé, 
de Lamec, 37 de Matusalå, de Enoch, de Jåret, 
de Maleleel, de Cainan, de Enos, de Set, de 
Adan, de Dios. 

, CAPITULO IV 

Tentaci6n de jEstfs. * Jesus, lleno del Espiritu 
Santo, dejo el Jordan, y fué conducido por el 
Espiritu al desierto; % (donde permanecio) cua- 
renta dias, y fué tentado por el diabio. No 
comio nada en aquellos dias; y cuando hubie- 
ron transcurrido, tuvo hambre. 3 Entonces el 
diabio le dijo: "Si Tu eres el Hijo de Dios, 
,di a esta piedra que se vuelva pan " 4 Jesus le 
olico: "Escrito esta: «No solo de pan vivirå 
Nqmbre»." 5 Después le transporto (el dia- 
M°) \una altura, le mosfcro todos los reinos 
del muh^n, en un instante, V tedijo: "Yo te 



elemento nue\ ausente en ^eT^oTlgw«i}^griego, en el 
ettal se lee sim^emente "tu", que se rx^duce por 
"de", esto es, "m7*k de". Véase 1»..27 y ne*a. 

31. Natån era, como Salomon, hijo de David por 
Betsabee (I Par, 3, S"i, la mujer que éste quitå 
a Urias (II Rey. 11); por donde vemos la iri&e~ 
cible humildad de Jesus q«e no desdenå Ilevar esa 

sangre. Véase la nota a * Tim. 1, 47"*— 

2. Véase Mat. 4, H; Marc. 1, 12 s. Bl diabio in* 
tento averiguar qinVn era Jesus, y por otra parte 
quiso el Senor e^perimentar todas las debilidades de 
la naturaleza Jitimana, aun las tentaciones. Ijl ejem- 
plo de Jesu^risto nos enseiia asi que el ser tentado 
no es se^al de ser rechazado: al contrario, las ten- 
tacione* son pruebas, y las pruebas conducen a la 
perf^ccion (Rom. S, 3 ss.; II Cor. 12, 9; Sant. i, 
5 -ss. y notas). "J^sucristo^ ha sido tentado para que 
el cristiano no fuese vencido por el tentado r, y ven- 
cedor Jesucristo, fuésemos nosotros también ven- 
cedores" (S. Agustin). 

4. Jesus cita aqui (cf. Mat. 4, 4) el texto de 
Deut. 8, 3 que recuerda a Israel, entre los bene- 
ficios de Yahvé su Dios, el manå con que supo 
milagrosa mente alimentarlo en pleno desierto, 

6. Podria decirse que Satanås "padre de la men- 
tira" (Juan 8, 44) hahla aqui como impostor al atri- 
buirse frente a Cristo un dominio que precisamen+e 
le estå reservado a Jesus (Mat. 28, 18; S. 2, 8; 71, 
8 ss.; Dan. 7, 14, etc.). Debe observarse sin em- 
bargo que aqui no se alude ni a ese reino de Jesu- 
cristo, que no tendrå fin, ni tampoco al dominio ae- 
tual sobre la naturaleza, que evidentemente perfenece 
a Dios (c. S. 103 y notas) y del cuad nos enseiia 
Jeremias que ni los mismos cielos pueden producir 
la Muvia sin una orden Suya (Jer. 14, 22); sino que 
se trata mås^ bien del imperio de la mundanidad, 
con "sus glorias y sus pompas" a las cuales renun- 
ciamos en el Bau ti smo, es deci r, al mundo actual 
con sus prestigios, cuyo principe es Satanås (Juan 



daré todo este poder y la gloria de ellos, por- 
que a mi me ha sido entregada, y la doy a 
quien quiero. 7 Si pues te prosternas delante 
de mi, Tu la tendras toda entera." sjesus le 
replico y dijo: "Escrito esta: «Adoraras al Se- 
nor tu Dios, y a Él solo servirås»." 9 Lo con- 
dujo entonces a Jerusalén, lo puso sobre el pi- 
ndculo del Templo, y le dijo: "Si tu eres el Hi- 
jo de Dios, échate de aqui abajo, 10 porque esta 
escrito: «É1 mandara en tu favor a sus angeles 
que te guarden»; u y «ellos te llevaran en pal- 
mas, para que no lastimes tu pie contra alguna 
piedra»." 12 Jesus le replico diciendo: "Estå di- 
cho: «No tentaras al Senor tu Dios»." 13 Én- 
tonces el diabio habiendo agotado toda tenta- 
cion, se alejo de Éi hasta su tiempo. 



IH. LA VIDA PtJBLICA DE JEStJS 
EN GALILEA 

(4,14-9,50) 

Predicaci6n en Nazaret. 14 Y Jesus volvio 
con el poder del Espiritu a Galilea, y su fama 
se difundio en toda la region. 15 Ensenaba en 
las sinagogas de ellos y era alabado por todos. 
16 Vino también a Nazaret, donde se habia cria- 
do, y entro, como tenia costumbre el dia j E 
sabado, en la sinagoga, y se levanto a hace* l a 
lectura. I7 Le entregaron el libro del pr~" eta 
Isafas, y al desarrollar el libro hallo e T lugar 
en donde estaba escrito: 18 "E1 Espiritu del Se- 
nor esta sobre Mi, porque Éi me ^ n gi°; El 
me envio a dar la Buena Nueva a 1/$ pobres, a 
anunciar a los cautivos la libera^on, y a los 
ciegos vista, a poner en libertar'.a los oprimi- 
dos, 19 a publicar el ano de gr?cia del Senor. 
20 Enrollo el libro, lo devolvio<4 mimstro, y se 
sento; y cuantos habia en h smagoga % tenian 
fes-oios fijos en ÉL 21 Entfflces empezo a de- 
cirlesT^Hoy esta Escritur? se ha cumplido de- 
lante^^e v©s©tr©s." 22 Y t*dos le daban testimo- 
nio, y estaban maravillcdos de las paiabras lle- 



12, 31; I Juan 2, 15/ S, 19) median-te sus agentes 
(cf. 22, ^3; Juan^lS, 36). Tal es el mundo que 
odia necesariameitfe a Cristo (Juan 7, 7; IS, 18 s.), 
aunque a veces (iaga profesiån de estar con Él (véa- 
se Mst. 7, 21 s/i II Cor. 11, 13 s. y nota). Sobre ese 
munifo adquirtø Satanås, con la victoria sobre Adan, 
un dominib verdadero (cf. S*b. 2, 24 y nota) del 
cuil s61o se libran los que renacen de lo alto (Juan 
3, 3; Col. 1, 13), aplicåndose la Redencion de Cristo 
mediante la fe que obra por la caridad (Gal. S, 6). 
A éstos llama Jesus, dirigiéndose al Padre, "los que 
Tu me diste" (Juan 17, 2) y dice que ellos estån 
apartados del mundo (ibid. 6), y declara expresa- 
mente que no ruega por el mundo, sino solo por 
aquellos (ibid. 9) que no son del mundo, antes bien 
son odiados por el mundo (ibid. 14). 

8. Véase Deut 6, 13; 10, 20; Mat. 4, 10 y nota. 

10. Véase S. 90, 11; Mat. 4, 6. El diabio aplica 
esta promesa a Jesus, pero ella es para todos nos- 
otros porque muestra la asistencia, grandemente con- 
soladora, de los Angeles Custodios. 

12. Véase Mat. 4, 7 y nota; Deut. 6, 16. 

18 s. Buena Nuevi: en griego "euangelion'* (Bvan- 
geJio). Jegns cita aqui Is. 61, 1 s. s61o en la parte 
relativa a su primera venida. Véase alli la nota. 



EVANGELJO SBGUN SAN LUCAS 4, 22-44; 5, 1-10 



8S 



nas de gracia, que salian de sus labios, y decian: 
"éNo es Éste el hijo de José? *fY les dijo: "Sin 
duda me aplicaréis aquel refran: Médico, cu- 
rate a ti mismo. Lo que hemos oido que has 
hecho en Cafamaum, hazlo aqui también, en 
tu pueblo." *Y dijo: "En verdad, os digo, 
ningun profcta es acogido en su tierra. ^Én 
verdad, os digo: habia muchas viudas en Israel 
en tiemro de Elias, cuando el cielo quedé ce- 
rrado kurante tres aiios y seis meses, y hubo 
harobre grande en toda la tierra; 26 mas a nin- 
gura de ellas fué enviado Elias, sino a una 
viida de Sarepta, en el pais de Sidon. 27 Y ha- 
b& muchos leprosos en Israe] en tiempo de] 
profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué cura- 
do, sino Naaman el sirio." 28 A1 oir esto, se 
Ilenaron todos de colera alli en la sinagoga-, 
2%e levantaron, y, echandolo fuera de la ciu- 
dad, lo llevaron hasta la cima del monte, sobre 
la cual estaba edificada su ciudad, para despe- 
narlo. ^Pero Él paso por en medio de ellos y 
se fué. 

Expulsa a un demonio. 31 Y baj 6 a CaTar- 
naum, ciudad de Galilea. Y les ensenaba los 
dias de sabado. 32 Y estaban poseidos de ad- 
miracion por su ensenanza, porque su palabra 
era llena de autoridad. ^Habia en la sinagoga 
un hombre que tenia el espiritu de un demo- 
nio inmundo, y grito con voz fuerte: ^"jEa! 
dqué tenemos que ver contigo, Jesus de^ Naza- 
ret? <Has venido para perdernos? Ya sé quien 
eres Tu: el Santo de Dios." 35 Y Jesus le in- 
crepo diciendo: "jCållate y sal de él!" Y el 
demonio, salio de él, derribandolo al suelo en 
medio de ellos, aunque sin hacerle dano. 38 Y 
todos se Ilenaron de estupor, y se decian -unos 
a otros: "iQué cosa es ésta que con imperio 
y fuerza manda a los espiritus inmundos, y sa- 
len?" 37 Y su fama se extendio por todos los 
alrededores. 

Sana a la suegra de Pedro y a muchos es- 
fermos. 38 Levantose de la sinagoga y entro en 
casa de Simon. La suegra de Simon padecia 
de una fiebre grande, y le ro^aron por ella. 
^Inclinandose sobre ella increpo a la fiebre, y 
ésta la dejo. Al instante se levanto ella y se pu- 
so a atenderlos. 

4°A la puesta del sol, todos los que tenian en- 
fermos, cualquiera que fuese su mal, se los tra- 
jeron, y Él imponia las manos sobre cada uno 



23 ss. 351 gusto con que hasta ahora io han es- 
cudhado va a tornarse en furia en cuanto Él, con 
(jemplos del A. T. (III Rey. 17, 9; IV Rey. S, 14), 
les diga sin contemplaciones la verdad que no agra- 
da al amor propio localista. Ya Jeremias tuvo que 
jadecer como mal patriota por predicar de partc de 
Dios contra esa formå del orgullo colectivo. Cf. 6, 
26; 16, 15. 

31. Jesus emigra. I^a primera vez fué de Belén a 
Sgipto, y ahora es de Nazaret a Cafarnaum (véase 
otra emigraciån en 8, 37). I,a Virgen lo acompaiio, 
como sin duda lo hizo fidelisimamente en todos ]os 
Iftsos de Él, de cerca o de lejos, si bien los evange* 
listas parecen tener consigna divina de dejar en 
nlencio cuanto se refiere & J3Ha. S. José habia muer- 
to ya. 

38 ss. Véase Mat. 8, 14-16; Marc. 1, 29-34. 



de ellos, y los sanaba. 41 Salian también los de- 
monios de muchos, gritando y diciendo: "jTu 
eres el Hijo de Dios!" Y Él los reprendia y no 
los dejaba hablar, porque sabian que Él era el 
Cristo. 

^Cuando se hizo de dia, salio y se fué a un 
lugar desierto. Mas las muchedumbres que se 
pusieron en su busca, lo encontraron y lo rete- 
nian para que no las dejase. ^Pero Él les di- 
jo: "Es necesario que Yo lleve también a otras 
ciudades la Buena Nueva del reino de Dios, 
porque para eso he sido enviado." **Y anduvo 
predicando por las sinagogas de Judea. 

CAPlTULO V 

La pesca milagrosa. l Y sucedio que la mu- 
chedumbre se agolpaba sobre Él para oir la 
palabra de Dios, estando Jesus de pie junto al 
lago de Genesaret. *Y viendo dos barcas ama- 
rradas a la orilla del lago, cuyos pescadores 
habfan déscendido y lavaban sus redes, ^ubio 
en una de aquéllas, la que era de Simon, y 
rogo a éste que la apartara un poco de la tierra. 
Y sentado, ensenaba a la muchedumbre desde 
la barca. 4 Cuando acabo de hablar, dijo a Si- 
m6n: "Guia adelante, hacia lo profundo, y 
echad las redes para pescar." 5 Respondiole Si- 
mon y dijo: "Maestro, toda la noche estuvimos 
bregando y no pescamos nada, pero, sobre tu 
palabra, echaré las redes. 1 ' ^o hicieron, y apre- 
saron una gran cantidad de peces. Pero sus 
redes se rompian. 7 Entonces hicieron senas a 
los companeros, de la otra barca, para que vi- 
niesen a ayudarles. Vinieron, y se Ilenaron am- 
bas barcas, a tal punto que se hundian. 8 Visto 
Io cual, Sim6n Pedro se echo a los pies de 
Jesus, y le dijo: "iApartate de mi, Senor, por- 
que yo soy un pecador!" 9 Es que el estupor 
se habia apoderado de él y de todos sus com- 
paneros, por la pesca que habian hecho juntos; 
10 y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de 
Zebedeo, que eran socios de Pedro. Y Jesus 



41. Jesus no quiere apoyarse en el testimonio de 
los demonios, que sirven a la mentira, aunque alguna 
vez digan la verdad. Él, que no recibiå testimonio 
de los homibres y ni siquiera necesitaba el de Juan 
Bautista porque tenia el de su divino Padre (véase 
Juan S, 34-40 y notas), jcomo podia aceptar por 
apåstoles a ]os espiritus del mal? Por ahi vemos el 
honor inmenso que Él nos hace al enviarnos los 
apostoles (Juan 17, 18-21 y notas; 20, 21 ; I,uc. 24, 
48). Es de notar que Satanås mismo nunca expreso 
ese conocimiento que aqui manifiestan los demonios 
(v. 34 ss.). 

1 ss. Véase Mat. 4t 18 ss.; Marc. 1, 16 ss. 

3. Sitnån ^ es el nombre primitivo de Pedro antes 
de su vocacién. Desde esta escena la barca de Pedro 
es mirada como simbolo de la Iglesia. 

6* Se rompian: Notese el contraste con la segun- 
da pesca milagrosa (Juan 21, 11), donde se feace 
constar que las redes no se rompian; por donde pa- 
rece encerrarse en esto un sigmificado simholico, que 
ha sido interpretado de muy diversas mane ras, pero 
que Jesus acentua en el v. 10. Cf. Mat. 13, 47 y nota. 

8. Un dia comprenderå Pedro que, precisamente 
porque somos pecadores, no podemos decinle a Jesus 
que se aleje, sino que venga como médico. Véase 
v. 32; Juan 13, 8 y notas. 

10. Pescards hombres: jMaravillosa promesa de 
eficacia en nuestro apostoladol As i como antes no 
conseguia nrngun pez y ahora tiene tantos por fea* 



84 



EVAN3KLJO SBGUN SAN LUCAS 5, 10-37 



dijo a Simon: "No temas; desde ahora pescaras 
hombres." 11 Llevaron las barcas a tierra y, de- 
jando todo, se fueron con Él. 

Ctjraci6n de tjn leproso. 12 Encontrandose 
Él en cierta ciudad, presentose un hombre cu- 
bierto de lepra. Al ver a Jesus se postro rostro 
en tierra, y le hizo esta oracion: "Senor, si Tu 
lo quieres, puedes limpiarme." 13 Alargando la 
mano, lo toco y dijo: "Quiero; se limpiado." 
Y al punto se le fué la lepra. 14 Y le encargo 
que no lo dijera a nadie, sino (le dijo): "Mués- 
trate al sacerdote, y -ofrece pOr tu purificaci'én 
lo que prescribio Moisés, para testimonio a 
ellos." 15 Y difundiéndose mås y mas la fama 
de Él, Jas muchedumbres afluian en gran nu- 
mero para oirle y hacerse curar~de sus enfér- 
medades*, x ®pero Él se retiraba a los lugar es 
solitarios, para hacer oracion. 

Ctjracion de un ^aralitioo. 17 Un dia estaba 
ocupado en ensenar, s y unos fariseos y maestros 
tie la Ley estaban ahi sentados, habiendo veni- 
do de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, 
asi cemo de Jerusalén, y el poder del Senor le 
impelfa a sanar. 18 Y sucedio que unos hombres, 
que traian postrado sobre un lecho un parali- 
tico, trataban de ponerlo dentro y colocario 
delante de Él. 19 Y como no lograban intro- 
ducirlo a causa de la apretura de gentes, su- 
bieron sobre el techo y por entre las tejas 
bajaron al enfermo, con la camilla, en medio 
(de todos), frente a Jesus. ^Viendo la fe de 
ellos, dijo: "Hombre, tus pecados te son perdo- 
nados." 2I Comenzaron entonces los escribas y 
los fariseos a pensar: "<jQuién es Éste que dice 
blasfemias? <:Quién puede perdonar pecados si- 
no solo Dios?" 22 Mas Jesus, conociendo bien 
los pensamientos de ellos, respondioles dicien- 
do: 23 "<:Qué estais pensando en vuestro cora- 
zon? iQué es mas facil, decir: "Tus pecados 
te son perdonados", o decir: "Levantate y an- 
da?" 2*iY bien! para que sepais que el Hijo 
del hombre tiene en la tierra potestad de per- 
donar pecados — dijo al parahtico — "A ti te 
digo: Levantate, toma tu camilla y ve a tu ca- 
sa." 25 A1 punto se levanto, a la vista de ellos, 
tomo el lecho sobre el cual habia estado acos- 
tado, y se fué a su casa glorificando a Dios. 
26 Y todos quedaron sobrecogidos de asombro y 
glorificaban a Dios*, y penetrados de temor de- 
cian: "Hemos visto hoy cosas paradåjicas." 



berse apoyado en la palabra de Jeslis para echar la 
red, asi también, aun en medio de este mundo malo, 
podremos pescar hombres sin numero, si usamos para 
ello las palabras del Bvangelio y no las nuestras. 
Cristo oro por nuestro éxito (Juan 17, 20) y sigue 
orando hasta el fin (Hebr. 7, 25). 

11. Pedro y sus compafieros tenian familia y ho- 
gar v En un instante lo dejaron todo para seguir a 
Jesus, y eso que en aquel moraento no creian todavia 
en su divinidad. Es decir que nadie podia. resistirse 
a la suavidad del trato con Jesus, a menos que tu- 
viera doblez en la conciencia. Cf. Juan 3, 19. 

14. Cf. Marc. 1, 44 y nota. 

17 ss. Véase Mat. 9, 1-8; Marc. 2, 1-12. 

24. La primera vez que manifiesta Jesus su divi* 
nidad es para perdonar (v. 21). 



Vocaci6n de Mateq.^ 27 Después de esto se 
fué, y fijåndose en\m pu^licano llamado Levi, 
que estaba en la recau4aci6a de los tributos, le 
dijo: "Sigueme." 28 Y éste, dejandolo todo, se 
levanto y le siguio. ^Ahora bie*r Levi le ofre- 
ci6 un gran festin en su casa, y^habia alli un 
grupo numeroso de publicanos ywas perso- 
nas que estaban a la mesa con ellfc^; 30y \ os 
fariseos y los escribas de entre ellos ^5 pusie- 
ron a murmurar contra los discipulos aVjesus 
y decian: M <jPor qué coméis y bebéis co^los 
publicanos y los pecadores?" 31 Respondi6 le- 
sus y les dijo: "No necesitan médico los san*$, 
sino los enfermos. ^Yo no he venido para con. 
vidar al arrepentimiento a los justos sino a los 
pecadores." 

PARAEOLAS DEL REMIENDO Y DEL VINO NITEVO. 

33 Entonces le dijeron: "Los discipulos de Juan 
ayunan con frecuencia y hacen suplicas, e 
igualmente los de los fariseos, pero los tuyos 
comen y beben" 34 Mas Jesus les dijo: "<|Po- 
déis hacer ayunar a los compafieros del esposo, 
mientras esta con ellos el esposo? 35 Un tiempo 
vendra, en que el esposo les sera quitado-, en- 
tonces, en aquellos dias ayunarån." 36 Y les 
dijo también una parabola: "Nadie corta un 
pedazo de un vestido nuevo para ponerlo (de 
remiendo), a un vestido viejo; pues si lo hace, 
no s61o romperå el nuevo, sino que el pedazo 
cortado al nuevo no andarå bien con el viejo. 
37 Nadie, tampoco, echa vino nuevo en cueros 



28. Véase Mat. 9,, 9ss ; ; Marc. 2, 13 ss. Levi 
cambiå no salo su profesion, sino también su noni- 
bre, llamandose en adelante Mateo. LIeg6 a ser un 
eminente ' apostol y escribiå el primer Evangelio. La 
vocaciån de un publicano y pecador nos ensena que 
todos podemos ser escogidos para el apostolado. Pero 
es Dios quien elige (Juan 15, 16; Rom. 8, 30; Gål. 
1, 16; Cai. 1, 12 s.; II Tes. 2, 13 s.). Cf. Luc. 2, 
14 y nota. 

32. Hay aqui, junto a la manifestaciån del Cora- 
2on misericordioso del Redentor, que se inclina so- 
bre los necesitados de perdon, una honda ironia para 
los fariseos, es decir, para los que se creen justos. 
KHos no se dan por redimidos, pues no se sienten 
necesitados de redencion. Y Jesus no los llama a 
ellos porque sabe que no responderån. Terrible es 
tado de espiritu que los harå morir en su pecado 
(Juan 8, 21). Sobre la dialéctica de Jesus con los fa- 
riseos cf. Juan 9, 39-41. Sobre el privilegio de los 
que mucho deben cf, 7, 41-49. 

34. Kl "esposo" es Jesucristo, los "compaiieros" 
son los apåstoles, elegidos por Él mismo*; el tiempo 
que Jesus pasa en la tierra es el anuncio de las 
Bodas etemas del Cordero que se realizarån en su 
segunda venida (Apoc. 19, 6-9). 

36. La doctriha del nuevo nacimiento que trae 
Jesus (Juan 3, 3 ss.) es una renovaciån total del 
hombre; no de a pedazos, como remiendo que sirve 
de pretexto para . continuar en lo demås como antes. 
Toda eUa ti*ne -jar unidad de un solo diamante, aun- 
que con innumerables facetas. Ks para tomarla tal 
como es, o dejarla. Veamos en 9, 57 ss.; 14, 25 y 
nota, la formå asombrosa en que Él reacciona por- 
que no quiere mezclas (Mat. 6, 24; Apoc. 3, 15; cf. 
Deut. 22, 11). Un dia oye de Natanael una burla, 
y lo elogia por su sinceridad (Juan 1, 46 s.). En 
cambio, oye de otros alabanzas, y las desprecia por- 
que son de los labios y no del corazdn (Mat. 15, 
8). Por eso dice que se perdonarå la blasfemia con- 
tra Él, pero no la que sea contra el Kspiritu, el 
pecado contra la luz (Mat 12, 31-33). 

37 s. Como el cuero viejo no es capaz de resistir 



EVANGSXJO SEGUN SAN LUCAS 5, 37-39; 6, 1-26 



85 



viejos; pues procediendo asi, el vino nuevo ha- 
ra reventar los cueros, y se derramarå, y los 
cueros se perderan. ^Sino que el vino nuevo 
ha de echarse en cueros nuevos. ^Y nadie que 
bebe de lo viejo quiere luego de lo nuevo, por- 
que dice: "el viejo es excelente." 

CAPfTULO VI 

jEstis, dueno del såbado. 1 Un dia sabatico 
iba Él pasando a traves de unos sembrados, y 
sus discipulos arrancaban espigas y las comian, 
después de estregarlas entre las manos. *En- 
tonces algunos de los fariseos dijeron: "^*Por 
que hacéis lo que no es licito hacer en såba- 
do?" 3 Jesus les respondiå y dijo: "^No habéis 
leido siquiera lo que hizo David cuando tuvie- 
ron hambre, él y los que le acompanaban; 4 co- 
mo entro en la casa de Dios, y tomando los 
panes de la proposicion, gue no pueden comer 
sino los sacerdotes, comio y di6 a sus compa- 
neros?" 5 Y dijoles: "El Hijo del hombre es 
senor aun del såbado." 

El hombre de la mano seca. 6 Otro dia saba- 
tico entro en la sinagoga para ensenar. Y habfa 
alli un hombre cuya mano derecha estaba seca. 
'Los escribas y los fariseos lo acechaban, para 
ver si sanaria en såbado, y hallar asi acusaciån 
contra Él. 8 Pero Él conocfa los pensamientos 
de ellos, y dijo al hombre, que tenia la mano 
seca: "jLevantate y ponte de pie en medio!" 
Y éste se levanté y permaneciå de pie. ®En- 
tonces Jesus les dijo: Os pregunto: ^Es licito, 



la fuerza expansiva del vino nuevo, asi las almas 
apegadas a lo propio, sean intereses, tradiciones r o 
rutinas, no soportan "las paradojas" de Jesus (véa- 
se 7, 23 y nota) que son "un escåndalo" para los 
que se creen santos, y "una locura** para los que 
se creen sabios (I Cor. 1, 23; cf. Luc. 10, 21). Hay 
aqui una leccién semejante a la de Mat. 7, 6 sobre 
(os "cerdos" para que no nos empeiiemos indiscre- 
tamente <*n forzar la siembra en una tierra que no 
quiere abrirse. Cf. Mat. 13, 1 ss. 

39. Esta alegoria plantea al vivo el problema del 
"no conformismo" cristiano. Cristo, "e£ mayor re- 
volucionario de la historia", no es aceptado facil* 
mente por <]os satisfechos. Si no sentimos en carne 
. viva la miseria de lo que somos nosotros mismos 
en esta naturaleza caida (cf. Juan 2, 24 y nota) y 
de lo que es "este siglo malo'* en que vivimos (Gål. 
1 % 4), no sentiremos la necesidad de un Libertador. 
Si no nos sentimos enfermos, no creeremos que ne* 
cesitamos médico (v. 31 s.), ni desearemos que 
Él venga (Apoc. 22, 20). y miraremos su doctrina 
como perturbadora del plåcido sueno de muerte en 
que nos tiene narcotizados Satanås "el principe de 
este mundo'* (Juan 14, 30). El que estå satisfecho 
con el actual vino, que es el mundo, no querrå otro 
(cf. Mat. 6. 24 y nota) porque si uno es del mundo 
no puede tener el Espiritu Santo (Juan 14, 17), ni 
puede tener amor (I Juan 2, 15). Entonces verå 
pasar la Luz, que es el bien infinito. y la dejarå 
alejarse porque amarå mås sus propias tiniehlas (cf. 
18, 22 y nota). Tal es precisamente el tremendo jui* 
cio de discernimiento que Jesus vino a hacer (Juan 
3 (> 19). Y tal es lo que obliga al amor paternal de 
Dios a enviar pruebas severas a los que quiera sal- 
var de la muerte. 

2. Véase Mat. 12, 1 ss.; Marc. 2, 23 ss.; I Rey. 
21, 6. El såbado es hoy el domingo, dia en que re- 
sucit6 el Senor (cf. Hech. 20, 7; Col. 2, 16; I Cor. 
16, 2). Los fariseos hacian de él un dia muerto. 
Hoy suele serlo de mundanidad. 



en såbado, hacer el bien o hacer el mal. salvar 
una vida o dejarla perder?" 10 Y habiendolos 
mirado a todos en derredor, dijo al hombre: 
"Extiende tu mano", y él lo hizo y su mano fué 
restablecida. a Pero ellos se llenaron de furor 
y se pusieron a discutir unos con otros qué 
harian contra Jesus. 

ElecckSn de los apostoles. 12 Por aquellos 
dias se salié a la montana para orar, y paso 
toda la noche en oracion con Dios. 13 Cuando 
se hizo de dia, Uam6 a sus discipulos, y de en- 
tre ellos eligio a doce, a los que di<5 el nombre 
de apåstoles: 14 a Simon, a quien también llamå 
Pedro, y a Andrés el hermano de éste; a San- 
tiago y Juan; a Felipe y Bartolomé; 15 a Mateo 
y Tomas; a Santiago (hijo) de Alfeo, y Simon 
llamado el celoso; I6 a Judas de Santiago, y a 
Judas Iscariote, el que llegå a ser el traidor. 
17 Con éstos descendié y^ se estuvo de pie en un 
lugar llano, don de habia un gran numero de 
sus discipulos y una gran muchedumbre del 
pueblo de toda la Tudea y de jerusalén, y de la 
costa de Tiro y de Sidon, 18 fos cuales habian 
venido a oirlo y a que los sanara de sus enfer- 
medades; y también los atormentados de espf- 
ritus inmundos eran sanados. lfl Y toda la gen- 
te queria tocarlo, porque de Él salia virtud y 
sanaba a todos. 

Las bienave^turanzas. 20 Entonces, alzando 
los ojos dijo, dirigiéndose a sus discipulos: "Di- 
chosos los que sois pobres, porque es vuestro 
el reino de Dios. * 1 Dichosos los que estais 
hambrientos ahora, porque os hartaréis. Di- 
chosos los que llorais ahora, porque reiréis. 
^Dichosos sois cuando os odiaren los hombres, 
os excluyeren, os insultaren, y proscribieren 
vuestro nombre, como pernicioso, por causa 
del Hijo del hombre. ^Alegraos entonces y 
såltad de gozo, pues såbed que vuestra recom- 
pensa es mucha en el cielo. Porque de la 
misma manera trataron sus padres a los profe- 
tas. ^Mas, ;ay de vosotros, ricos! porque 
ya recibisteis vuestro consuelo. ^jAy de vos- 
otros los que ahora estais hartos! porque pade- 
ceréis hambre. ;Ay de los que reis ahora! por- 
que lloraréis de dolor. 26 ;Ay cuando digan 



12. Con su ejemplo ensena Jesus como con su pa- 
labra, a orar "en todo tiempo" (Luc. 21, 36), espe- 
cialmente antes de emprender como aqui cosas de 
importancla. Sobre la eleccion de los apåstoles véa- 
se Mat. 10, 1-4; Marc. 3, 13-19 y notas. 

20. Los vv. que siguen son como un resumen del 
"Sermon de la Montana" (Mat. caps. 5 -7 ) . Santo 
Tomas llama a éste el "Sermon del I,lano", hadendo 
notar que fué pronunciado al bajar del monte, es- 
tando de pie y rodeado de gran multHud, en tanto 
que aquél tuvo lugar sobre el monte y estando el 
Maestro sentado y rodeado de sus discipulos (Mat. 
5, 1). 

24. tY* recibisteis} Véase sobre esta grave re- 
flexién 16, 25 y nota; Sant. 5, 1. 

26. \Y pensar que éste es tal vez el mås acari- 
ciado deseo^ de los hombres en general, y que el 
mundo considera muy legitima, y aun noble, esa sed 
de gloria I Vemos asi cuån opuesto es el criterio 
del mundo a la luz de Cristo. Véase 16, 15; Juan 
5, 44; S. 149, 13; Zac. 13, 2ss.; Filip. 2, 7 y notas. 



86 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 6, 26-48 



bien de vosotros todos los hombres! porque 
lo mismo hicieron sus padres con los falsos 
profetas." 

Hay que amar a nuestros enemigos. 27tt A 
vosotros, empero, los que me escuchåis, os di- 
go: "Amad a vuestros enemigos, haced bien 
a los que os odian; 28 bendecid a los que os mal- 
dicen; rogad por los que os calumnian. 29 A 
quien te abofetee en la mejilla, preséntale la 
otra; y al que te quite el manto, no le impi- 
das tomar también la tunica. 30 Da a todo el 
que te pida; y a quien tome lo tuyo, no se lo 
reclames. 31 Y segun queréis que hagan los 
hombres con vosotros, asi haced vosotros con 
ellos. 32 Si amåis a los que os aman, ^qué favor 
merecéis con ello? También los pecadores 
aman a los que los aman a ellos. 33 Y si hacéis 
bien a quienes os lo hacen, £qué favor merecéis 
con ello? También los pecadores hacen lo mis- 
mo. 34 Y si prestais a aquellos de quienes espe- 
råis restitucion, <;qué favor merecéis con ello? 
Los pecadores también prestan a los pecadores, 
para recibir el equivalente. ^Vosotros, amad a 
vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin 
esperar nada en retorno, y vuestra recompen- 
sa sera grande, y seréis los hijos del Altisimo; 
de Él, que es bueno con los desagradecidos y 
malos." 

Imitad la misericordia del Padre. 36 "Sed mi- 
sericordiosos como es misericordioso vuestro 
padre, 37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no 



27, Véase Mat. 5, 44. Como se ve, el amor al 
enemigo no consiste en el simple hecho de renunciar 
a la venganza, sino mås bien en un acto positivo 
de perdon y benevolencia. Estas disposiciones han 
de tenerse en el fondo del corazon e inspirar nues- 
tras obras respecto del projimo, de modo que Dios 
vea nuestra intencion, aunque el mismo projimo no 
lo sepa. 

29. Véase Miq. 2, 8 ss. y nota. 

31. Véase Mat. 7, 12 y nota. Tob. 4, 16. 

35. Estas terminantes expresiones de la voluntad 
divina muestran cuån por eneima estå la ley cristia- 
na, de la justicia o equilibrio simplemente juridico 
tal como lo conciben los hombres (Mat. 7, 2 y nota). 
Es de sefialar también la dif erencia . de matiz que 
existe entre este texto y su paralelo de Mat. 5, 45; 
alli se muestra como la bondad <lel Padre celestial 
devuelve bien por mal en el orden fisico, dan do su 
sol y su lluvia también a sus enemigos los pecadores. 
Aqui se alude al orden espiritual mostrando como 
Él es bondadoso con los desagradecidos y los malos. 

36. Otro paralelismo de gran importancia para el 
conocimiento de Dios, senalaremos entre este texto 
y etf correspondiente de Mat. 5, 48. Alli se nos man- 
da ser perfectos y se nos da como modelo la perfec* 
ciån del mismo Padre celestial, lo cual parecena 
desconcertante para nuestra miiseriia. Aqui vemods 
que esa oerfecciån de Dios consiste en la misericor- 
dia, y que Él mismo se digna ofrecérsenos como 
ejemplo, empezando por practicar antes con nosotros 
mucho mås de lo que nos manda hacer con el pro- 
jimo, puesto que ha llegado a darnos su Hijo unico, 
y su propio Espiritu, el cual nos presta la fuerza 
necesaria para corresponder a su amor e imitar con 
los demås hombres esas maravillas de misericordia 
que Él ha hecho con nosotros. Véase Mat. 18, 35 
y nota. 

37. Absolver es mås amplio aun que perdonar los 
agravios. Es disculpar todas las faltas ajenas, es no 
verlas, como dice el v. 41. Hay aqui una gran luz, que 
nos libra de ese empeiio por corregir a otros (que 



condenéis, y no seréis condenados; absolved, y 
se os absolvera. 38 Dad y se os dara; una medi- 
da buena y apretada y remecida y rebosante se 
os volcarå en el seno; porque con la medida 
con que medis se os medira." 

Contra la hipocresia. 39L es dijo también 
una paråbola: "^Puede acaso un ciego guiar a 
otro ciego? <;No caeran los dos en algun hoyo? 
40 No es el discipulo superior al maestro, sino 
que todo discipulo cuando Uegue a ser perfecto 
sera como su maestro. 41 ^C6mo es que ves la 
pajuela que hay en el ojo de tu hermano, y no 
reparas en la viga que esta en tu propio ojo? 
42 ^C6mo puedes decir a tu hermano: «Her- 
mano, déjame que te saque la pajuela de tu 
ojo», tu que no ves la viga en el tuyo? Hipo- 
crita, quita primero la viga de tu ojo, y enton- 
ces podrås ver bien para sacar la pajuela del 
ojo de tu hermano". 

Por su fruto se oonoce el årbol. 43 Pues no 
hay årbol sano que dé frutos podridos, ni hay 
a la inversa, årbol podrido que dé frutos sanos. 
44 Porque cada årbol se conoce por el fruto 
que da. No se recogen higos de los espinos, ni 
de un abrojo se vendimian uvas. 45 E1 hombre 
bueno saca el bien del buen tesoro que tiene 
en su corazon; mas el hombre malo, de su 
propia maldad saca el mal; porque la boca 
habla de lo que rebosa el corazon. 

46 <:Por qué me llamåis: "Senor, Senor", si no 
hacéis lo que Yo digo? 47 Yo os mostraré a 
quien se parece todo el que viene a Mi, y 
oye mis palabras y las pone en pråetica. 48 Se 
aserne ja a un hombre que para construir una 
casa, cavo profundamente y puso los cimien- 



no estån baj o nuestro magisterio), so pretexto de 
ensenarles o aconsej aries sin que lo pidan. Es un 
gran alivio sentirse Hberado de ese celo indiscreto, 
de ese comedimiento que, segun nos muestra la ex- 
periencia, siempre sale mal. 

38. Véase sobre este punto primordial Mat. 7, 
2 y nota. / Medida rebosante! Notese la suavidad de 
Jesus que no nos habla de retribucion sobreabun- 
dante para el mal que hicimos, pero si para el bien. 
Cf. Denz. 1014. 

41 s. Jesucristo nos muestra aqui que, en cuanto 
pretendemos jusgar a nuestro projimo, caemos, no 
solo en la falta de caridad, sino también en la ce- 
guera, porque una viga cubre entonces nuestros ojos. 
impidiéndonos juzgar rectamente. "^Quién eres tu 
para juzgar al que es siervo de otro?" (Rom. 14, 4). 

45. Es decir que, para hacer el mal, no necesi- 
tamos que otro nos lo indique; nos basta con dar 
de lo propio. En cambio, nada podemos para el bien 
si no imploramos al Padre que nos dé de su santo 
Espiritu. Cf. 11, 13; Juan 15, 5; Mat. 12, 34; Heoh. 
5, 42 y notas. "Cumplen su voluntad y no la de 
Dios cuando hacen lo que a Dios desagrada. Mas 
cuando hacen lo que quieren hacer para servir a la 
divina voluntad, aunque gustosos hagan lo que ha- 
cen, ello es siempre por el querer de Aquél por 
quien es preparado y ordenado lo que ellos quieren" 
(Denz. 196). 

47 ss. Iva fe firme que nunca vacila es la que 
se apoya sobre las palabras de Jesus como sobre 
una roca que resiste a las tormentas de la duda 
(Juan 4, 4 ss.)> porque dice: "Sé a quien he crei- 
do" (II Tim. 1, 12). i/os que escuctban la Pa'labra 
y no la guardan como un tesoro (2, 19 y 51; 11, 
28), demuestran no haberla eompfendido, segun Él 
ensena en iMat. 13, 19 y 23. Cf. S. 118, 11 y nota. 



EVANGELIO SBGUTT SAN LUCAS 6, 48-49; 7, 1-2 7 

tos sobre la roca;, cuando vino la creciente, el 
rio dio con impetu contra aquella casa, mas 
no pudo moverla, porque estaba bien edificada. 
tt Pero, el que (las) oye y no (las) pone por 
obra, es semejante a un hombre que construyo 
su casa sobre el suelo mismo, sin cimientos; el 
rio se precipito sobre ella, y al punto se de- 
rrumbo, y fué grande la ruina de aquella 
jcasa." 

CAPlTULO VII 

La fe del centuri6n pagano. iDespués que 
hubo acabado de decir al pueblo todas estas 
ensenanzas, volvio a entrar en Cafarnaum. 2 Y 
sucedio que un centurion tenia un servidor en- 
fermo a punto de morir, y que le era de mu- 
cha estima. 3 Habiendo oido hablar de Jesus, 
envio a Él a algunos ancianos de los judios, 
para rogarle que viniese a sanar.a su servidor. 
*Presentaronse ellos a Jesus, y le rogaron con 
insistencia, diciendo: "Merece que se lo conce- 
das, 5 porgue quiere bien a nuestra nacion, y 
éi fué quien nos edifico la sinagoga ." 6 Y Jesus 
se fué con ellos. No estaba ya lej os de la casa, 
cuando el centurion envio unos amigos para 
decirle: "Senor, no te des esta molestia, porque 
yo no soy digno de que Tu entres bajo mi 
techo; 7 por eso no me atrevi a ir a Ti en 
persona: mas dilo con tu palabra, y sea sano 
mi criado. 8 Pues también yo, que soy un sub- 
ordinado, tengo soldados a mis érdenes, y digo 
a éste: "Anda", y va; y al otro: "Ven", y vie- 
ne; v a mi siervo: "Haz esto'", y lo hace." 
9 Jesus al oirlo se admiré de él; y volviéndose, 
dijo a la gente que le seguia: "Os digo que en 
Israel no hallé fe tan grande." 10 Y los envia- 
dos, de vuelta a la casa, hallaron sano al ser- 
vidor. 

Resurrecci6n del joven de Nai'm. n Después 
se encamino a una ciudad llamada Naim; iban 
con Él sus discipulos y una gran muchedum- 
bre de pueblo. 12 A1 llegar a la puerta de la 
ciudad, he ahi que era llevado fuera un difun- 
to, hijo unico de su madre, la cual era viuda, 
y venia con ella mucha gente de la ciudad. 



87 



6. Se fué con ellos: como el servidor (22, 27) 
sienipre dispuesto, Cf. Fil. 2, 7 y nota. No soy dig- 
no: Las palabras del centuriån sirven para recordar 
antes de la Comunion, que no soroos ni seremos 
nunca, dignos de la union con Jesus. Pero antes se 
dice, en el Agnus Dei, que Él es el Cordero divino 

?ue lleva sobre Si los pecados del mundo, como dijo 
uan precisamente cuando "lo vio venir hacia él" 
(Juan 1, 29), Kl mismo Jesus se encargé de ense- 
naraos que no vino a encontrar justos sino pecado- 
res, y que, como figura del Padre celestial, el padre 
del hijo prådigo corriå al encuentro de éste para 
abrazarlo, vestirlo y darle un banquete; y que, si 
tenemos mucha deuda para ser perdonada, amare- 
mos mås, pues "aquel a quien menos se le perdona, 
menos araa" (I,uc. 7, 47). 

8. Cf. Mat. 8, 5 ss. Ademås de la fe de este pa- 
gano (cf. Hech. cap. 10) es de admirar su caridad 
que le bace sentir la enfermedad de su criado como 
suya. Bella ensefianza para que amen los patrones 
a sus servidores, y las duenas de casa a sus sirvientes. 
Véase Ef. 6, 5 ss. y nota. 

II. Naim, pequefia ciudad situada en la parte sur 
de GaliUa. 



13 A1 verla, el Senor movido de misericordia 
hacia ella, le dijo: "No Hores." 14 Y se acercé 
y toco el féretro, y los que lo llevaban se 
detuvieron. Entonces dijo: "Muchacho, Yo te 
digo: ;Levantate!" 15 Y el (que habia estado) 
muerto se incorporo y se puso a hablar. Y lo 
devolvié a la madre. ie Por lo cual todos que- 
daron poseidos de temor, y glortficaron a Dios, 
diciendo: "Un gran prof eta se ha levantado 
entre nosotros", y: "Dios ha visitado a su pue- 
blo." 17 Esta fama referente a su persona se 
difundio por toda la Judea y por toda la 
comarca circunvecina. 

jEstfs y el Baxjtista. 18 Los discipulos de 
Juan le informaron de todas estas cosas. En- 
tonces, Juan llamando a dos de sus discipulos, 
19 enviolos a decir al Senor: "<;Eres Tu el que 
ha de venir, o debemos esperar a otro?" 20 Y Ile- 
gados a Él estos hombres, le dijeron: "Juan el 
Bautista nos envio a preguntarte: "^Eres Tu 
el que ha de venir, o debemos esperar a otro?" 
21 En aquella hora sano Jesus a muchos, de en- 
fermedades y piagas y de malos espiritus, y 
concedio la vista a muchos ciegos. 2S Les res- 
pondio, entonces, y dijo: "Volved y anunciad 
a Juan lo que acabais de ver y ofr: ciegos ven, 
cojos andan, leprosos son limpiados, sordos 
oyen, muertos resucitan, a pobres se les anun- 
cia la Buena Nueva. ^sy jbienaventurada el 
que no se escandalizare de Mi!" 

24 Cuando los enviados de Juan hubieron par- 
tido, se puso Él a decir a la mukitud acerca de 
Juan: "<;Qué salisteis a ver en el desierto? 
éAcaso una cana sacudida por el viento? ^Y si 
no iqué salisteis a ver? ;A un hombre lujosa- 
mente vestido? Los que llevan vestidos lujosos 
y viven en delicias estan en los palacios. 28 En- 
tonces, iqué salisteis a ver? ^A un profeta? 
Si, os digo, y mas que profeta. 27 Este es aquel 



19 ss. Aun en la cårcel cumple el Bautista su mi- 
sion de precursor del Mesias enviåndole sus propios 
discipulos, que tal vez vacilaban entre él y Jesiis. 
Éste les r esponde mostråndoles sus obras, que -ates- 
tiguan su divinidad. Véase tMat. 11, 2 ss,; Is. 35, 
5; 61, 1; Mal. 3, 1. Cf. Juan 3, 30. 

23. / Escandalizarse de Jestist Pareceria irénico 
decir esto de la santidad infinita. Pero es Él mis- 
mo quien se anuncia como piedra de escåndalo. 
Y es que Él, al revelar que el omnipotente Creador 
es un padre lleno de sencillez y de bondad como Él 
mismo, dejaba, por . ese solo hecno, tremendamente 
condenada y confundida la soberbia de cuantos se 
creian sabios o virtuosos (Juan 7, 7). De ahi que 
fueran éstos, y no el comun de los pecadores, quie- 
nes lo persiguieron hasta bacerlo morir. Jesus es sig- 
no de contradiccion (2, 34) y todo su Bvangelio es 
una constante ostentacion de ella. En s6Io S. I*u- 
cas podremos recorrer las siguientes pruebas, con in- 
menso provecho de nuestra alma: Cap. 1, vv. 31, 36, 
52, 53; cap. 2, 7, *.0, 12 y 49; cap. 3, 23; cap. 4. 
24 y 41; cap. 5, 32; cap. 6, 20 y 29; cap. 7, 9, 22, 
28 y 47; cap. 8, 18, 21, 32, 37; cap. 9, 3, 13, 22, 
24, 48 y 58; cap. 10, 4, 12, 15, 21, 24, 33 y 41; cap. 
11, 23 y 52; cap. 12, 11, 22, 31, 40 y 51; cap. 13, 
2, 19, 24 y 30; cap. 14, 8, 13, 24 y 26; cap. 15, 7 
y 29; cap. 16, 8, 15 y 22; cap. 17, 6, 18 y 22; cap. 
18, 8, 14, 17, 27 y 34; cap. 19, 5, 10, 17, 24 y 40; 
cap. 20, 8, 17 y 46; cap. 21, 3, 14, 16 y 33; cap. 
22, 21, 26 y 27; cap. 23, 9, 12, 18, 28, 38, 43 v 
47-; cap. 24, ' 21 y 46. 



88 



EVANGELJO SEGUN SAN LUCAS 7, 27-50; 8, 1-5 



de quien estå escrito: «Mira que Yo envfo 
mi mensajero ante tu faz que irå delante de 
Ti para barrene el camino.» 230S digo, no 
hay, entre los hijos de mujer, mas grande que 
Juan; pero el mas pequeiio en el reino de Dios 
es mas grande que él; 29 porque todo el pueblo 
que lo escuché (a Juan), y aun los publicanos 
reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el 
bautismo de Él. 30 Pero los fariseos y los doc- 
tores de la Lev frustraron los designios de 
Dios para con ellos, al no dejarse bautizar por 
Juan." 

Parabola de los ninos caprichosos. 31 "(:Con 
quién podré comparar a hombres de este géne- 
ro? 32 Son seme jantes a esos muchachos que, 
sentados en la plaza, cantan unos a otros aque- 
llo de: **Os tocamos la flauta, y no danzas- 
teis; entonamos lamentaciones, y no llorasteis." 
^Porque vino Juan el Bautista, que no come 
pan ni bebe vino, y vosotros decis: "Esta ende- 
moniado"; 34 ha venido el Hijo del hombre, 
que come y bebe, y decis: "Es un hombre 
gloton y borracho, amigo de publicanos y peca- 
dores." 35 Mas la sabiduria ha quedado justi- 
ficada por todos sus hijos." 

La pecadora perdonada. 36 Uno de los fari- 
seos le rog6 que fuese a comer con él, y ha- 
biendo entrado (Jesus) en la casa del fariseo, 
se puso a la mesa. 3 **Entonces una mujer de 
la ciudad, que era pecadora, al saber que Je- 
sus se encontraba reclinado a la mesa en casa 
del fariseo, tomo consigo un vaso de alabastro, 
con ungiiento; 38 y, colocdndose detras de Él, 
a sus pies, y llorando con sus lagrimas banaba 
sus pies y los enjugaba con su cabellera; los 
llenaba de besos y los ungia con el ungiiento. 
^Viendo lo cual el fariseo que lo habia con- 
vidado dijo para sus adentros: *'Si Éste fuera 

28. Juan Bautista es el ultimo y el mås grande 
de los profetas de la Antigua A'lianza. I,os verda- 
deros hijos de la Iglesia son superiores a él, siem- 
pre que tengan esa fe viva cuya falta tanto repro- 
ehaba Jesus a los mismos apostdles; pues siendo 
hijos de Dios (Juan 1 , 12) forman el Cuer po de 
Cristo (EJf. 1, 22). Son la EJsposa, que es "una" 
con Él como nueva EJva con el nuevo Adån • — en 
tanto que de Juan s61o se dice que es "amigo del 
É&poso" (Juan 3, 29) — ; se alimentan con su Car- 
ne y su Sangre redentora; reciben su EJspiritu y 
esperan la vuelta del EJsposo que los harå gloriosos 
como Él (Filip. 3, 20 s.). Justo es que a estos privi- 
legios corresponda mayor responsabil i dad. Cf. Hebr. 
6, 4 ss.; 10, 26 ss.; Rom. 11, 20-22. 

32. Alusiån a un juego de niiios. Jesus desen- 
mascara la mala fe de los fariseos que, censurån- 
dolo a Él como falto de austeridad y amigo de pe- 
cadores, habian rechazado también al Bautista que 
predicaba la penitencia. Cf. Mat. 21, 25 ss. 

33. Véase Mat. 3, 4; Marc. 1, 6. 

35. Por todos sus hijos: I,a Sahiduria es el mis- 
mo Jesus (Sab. 7, 26; Prov. 8, 22 y notas). I,os 
verdaderos hijos de la Sabiduria son movidos por el 
EJspiritu de Dios (Rom. 8, 14) y con su vida recta 
dan testimonio de ella. EJn Mat. 11, 19 dice: "por 
sus ohras". Véase alli la nota. 

37 s. Tan grande como el arrepentimiento era el 
perd6n, y el amor que de éste procedia segun el 
v. 47. Como observa S. Jeronjmo y muohos otros 
intérpretes, esta cena no es la de Betania (Mat. 
26, 6ss.; Marc. 14, 3 ss.; Juan 12, 1 ss.). 



profeta, ya sabria quién y de qué clase es la 
mujer que lo estå tocando, que es una peca- 
dora." 40 Entonces Jesus respondiendo (a sus 
pensamientos) le diio: "Simon, tengo algo que 
decirte." Y él: "Dilo, Maestro." 41 Y dijo: "Un 
acreedor tenia dos deudores: el uno le debia 
quinientos denarios, el otro cincuenta. 42 Como 
no tuviesen con qué pagar, les perdono a los 
dos. éCual de ellos lo amarå mas?" 43 Sim6n 
respondiå diciendo: "Supongo que aquel a 
quien mas ha perdonado." Él / le dijo: "Bien 
juzgaste." ^Y volviéndose hacia la mujer, dijo 
a Simon: "i Ves a esta mujer? Vine a tu casa, 
y tu no vertiste agua sobre mis pies; mas ésta 
ha regado mis pies con sus lagrimas y los ha 
enjugado con sus cabellos. 45 Tu no me diste 
el 6sculo; mas ella, desde que entré, no ha ce- 
sado de besar mis pies. 46 Tu no ungiste con 
oleo mi cabeza; ella ha ungido mis pies con 
ungiiento. 47 Por lo cual, te digo, se le han 
perdonado sus pecados, los muchos, puesto que 
ha amado mucho. A la inversa, aquel a quien 
se perdone poco, ama poco." 48 Después dijo 
a ella: "Tus pecados se te han perdonado." 
49 Entonces, los que estaban con Él a la mesa 
se pusieron a decir entre si: "éQuién ?s Éste, 
que también perdona pecados?" 50 Y dijo a la 
mujer: "Tu fe te ha salvado: ve hacia la paz." 

CAPfTULO VIII 

Las santas mujeres. *En el tiempo siguiente 
anduvo caminando por ciudades y aldeas, pre- 
dicando y anunciando la Buena Nueva del rei- 
no de Dios, y con Él los Doce, 2 y también 
algunas mujeres, que habian sido sanadas de 
espfritus malignos y enfermedades: Maria, la 
llamada Majgdalena, de la cual habian salido 
siete demonios; 3 Juana, mujer de Cuzå el inten- 
dente de Herodes*, Susana, y muchas otras, las 
cuales les proveian del propio sustento de ellas. 

Parabola del sembrador. 4 Como se juntase 
una gran multitud, y ademas los que venian a 
Él de todas las ciudades, dijo en parabola: 
5 "E1 sembrador sålio a sembrar su simiente. Y al 



46. Cuando se trata de honrar a Dios no debe- 
mos ser avaros, y solo beraos de cuidar que sea 
segun Él quiere (cf. Is. 1, 11 y nota), y que el 
amor sea -el unico raévil y no la vanidad o el amor 
propio. Véase Juan 12, 1-8. 

47. Ama poco: EJsta conclusién del Senor mues- 
tra que si la pecadora amo rauciho es^ porque se le 
habia perdonado mucho, y no a la inversa, como 
pareceria deducirse de la prlmera parte del^ v. I^a 
iniciativa no parte del hombre, sino de Dios que 
obra misericordia (Salmo 58, 11; 78, 8; Denz. 
187). S. Agustin confirma esto diciendo que al fa- 
riseo no se le podia perdonar mucho porque él, cre- 
yéndose justo, a la inversa de Magdalena, pensaba 
deber poco. Y entonces, claro estå que nunca podria 
llegar a amar mucho segun lo ensenadd por Jesus. 

50. Véase 8, 48; 17, 19; 18, 42. 

2. Solo Lucas relata esos nombres de las muje- 
res que acompanaban a Jesus. Saludemos en ellas 
a las primeras representantes del apostolado de la 
mujer en la Iglesia. 

5 ss. Véase Mat. 13, 1 ss. y # el comentario que 
alli hacemos de esta importantisima paråhola; Marc. 
4, lss.; Is. 6, 9 s.; Juan 12, 40. 



EVANGELIO SEGUN SAN I,UCAS 8, 5-38 



89 



sembrar, una, semilla cayo a lo largo del cami- 
no; y fué pisada y la comieron las aves del 
cielo. ^tra cayo en la piedra y, nacida, se 
seco por no tener humedad. 7 Otra cayo en 
medio de abrojos, y los abrojos, que nacieron 
juntamente con ella, la sofocaron. 8 Y otra cayo 
en buena tierra, y brotando dio fruto centupli- 
cado." Diciendo esto, clamo: ";Quien tiene 
ofdos para oir oiga!" 

9 Sus discipulos le preguntaron lo que signi- 
ficaba esta parabola. 10 Les dijo: "A vosotros 
ha sido dado conocer los misterios del reino 
de Dios; en cuanto a los demås (se les habla) 
por paråbolas, para que «mirando, no vean; 
y oyendo, no entiendan». n La parabola es ésta: 
«La simiente es la palabra de Dios. 12 Los de 
junto al camino, son los que han oido; mas 
luego viene el diabio, y saca afuera del cora- 
zon la palabra para que no crean y se salven. 
13 Los de sobre la piedra, son aquellos que al 
ofr la palabra la reciben con gozo, pero care- 
een de rafz: creen por un tiempo, y a la hora 
de la prueba^ apostatan. 14 Lo caido entre los 
abrojos, son los que oyen, mas siguiendo su 
camino son sofocados por los afanes de la ri- 
queza y los placeres de la vida, y no llegan a 
madurar. 15 Y lo caido en la buena tierra, son 
aquellos que oyen con el corazon recto y bien 
dispuesto y guardan consigo la palabra y dan 
fruto en la perseverancia.»" 

^Nadie que enciende luz, la cubre con una 
vasija ni la pone bajo la cama, sino en el can- 
delero, para que todos los que entren, vean la 
luz. 17 Nada hay oculto que no deba ser mani- 
festado, ni nada secreto que no deba ser cono- 
cido y sacado a luz. 18 jCuidad de escuchar 
bien! Al que tiene, se le darå, y al que no 
tiene, aun lo que cree tener le sera quitado." 

Los parientes de jEstfs. 19 Luego su madre 
y sus hermanos se presentaron y no podian 
llegar hasta Él por causa de la multitud. 20 Le 
anunciaron: "Tu madre y tus hermanos estan 
de pie afuera y desean verte ." 21 Respondioles 
y dijo: "Mi madre y mis hermanos son éstos: 
los que oyen la palabra de Dios y la practican ." 

La tempestad calmada. 22 Por aquellos dias 
subio con sus discipulos en una barca, y les di- 
jo: "Pasemos a la otra orilla del lago", y partie- 
ron. ^Mientras navegaban, se durmio. Enton- 



10. Véase Is. 6, 9 ss.; Juan 12, 40; Hedh. 28, 
26; Rom. 11, 8. 

16. Mat. 5, 15. Vemos aqui cuån ociosa es la 
pregtmta sobre si es necesario hacer alguna vez ac- 
tos de fe. EUa ha de ser la vida del justo, segfcn 
ensefia San Pablo (Rom. 1, 17; Gål. 3, 11; Hebr. 
10, 38). Cf. Hab. 2, 4. 

21. Maria es precisamente la primera que escu- 
cha la palabra de Dios y la guarda en su corazon 
(1, 45; 2, 19 y 51; 11, 28). Jesus muestra ademås 
que la vocaciån del apostol esta por encima de la 
voz de la sangre. Cf. 2, 49; Mat. 12, 46 ss.; Marc. 
3, 31 ss. 

23. Véase Mat. 8, 23 ss.; Marc. 4, 35 ss. Olvi- 
dado siempre de SI mismo, el Verbo hecho hombre 
cae rendido de cansancio en la barca (cf. Juan 4, 
6). Con frecuencia pasaba la nocfae en el mar o al 
raso, doxtde no pod la reel i nar su cabeza. Cf. 9 f 58; 
Mat. 8, 20; Fil. 2, 7. 



ces un torbellino de viento cayo sobre el lago, 
y las aguas los iban cubriendo, y peligraban. 
24 Acercandose a Él, lo despertaron diciendo: 
"jMaestro, Maestro, perecemos!" Despierto, Él 
increpo al viento y al oleaje, y cesaron, y hubo 
bonanza. 25 Entonces les dijo: "^Donde esta 
vuestra fe?" Y llenos de miedo y de admi- 
racion, se dijeron unos a otros: "^Quién, pues, 
es Éste que manda a los vientos y al agua, y 
le obedecen?" 

El poseso de Gergesa. 26 Y abordaron en la 
tierra de los gergesenos, que esta en la ribera 
opuesta a Galilea. 27 Cuando hubo descendido 
a tierra, vino a su encuentro un hombre de 
la ciudad, que tenia demonios*, hacia mucho 
tiempo que no llevaba ningun vestido, ni vivia 
en casa, sino en los sepulcros. 28 A1 ver a Jesus, 
dio gritos, postrose ante Él y dijo a gran voz: 
",:Qué tenemos que ver yo y Tu, Jesus, hijo 
del Dios Altisimo? Te ruego que no me ator- 
mentes." ^Y era que Él estaba mandando al 
espiritu inmundo que saliese del hombre. Por- 
que hacia mucho tiempo que se habia apode- 
rado de él; lo ataban con cadenas y lo suje- 
taban con grillos, pero él rompia sus ataduras, y 
el demonio lo empujaba al despoblado. 30 Y Je- 
sus le pregunto: ",;Cual es tu nombre?" Res- 
pondio: "Legion"; porque eran muchos los 
demonios que habian entrado en él. 31 Y le 
suplicaron que no les mandase ir al abismo. 
32 Ahora bien, habia alli una piara de muchos 
puercos que pacian sobre la montana; le roga- 
ron que les permitiese entrar en ellos, y se lo 
permitio. 33 Entonces los demonios salieron 
del hombre y entraron en los puercos, y la 
piara se despeno precipitadamente en el lago, 
y alli se ahogo. ^Los porqueros que vieron 
lo ocurrido huyeron y dieron la noticia en 
la ciudad y por los campos. 35 Vinieron, pues, 
las gentes a ver lo que habia pasado, y al llegar 
junto a Jesus, encontraron al hombre, del cual 
los demonios habian salido, sentado a los pies 
de Jesus, vestido, en su sano juicio, y se lle- 
naron de miedo. 36 Los que lo habian visto 
les refirieron c6mo habia quedado Hbre el en- 
demoniado. 37 Y todos los pobladores de la 
comarca de los gergesenos le rogaron a Jesus 
que se alejara de ellos, porque estaban posef- 
dos de gran temor. Y Él, entrando en la bar- 
ca, se volvio> 38 Y el hombre, del cual los de- 
monios habian salido, le suplicaba estar con Él; 



26. Gergesa: en Mateo (8, 28): Gadara; en la 
Vulgata Gerasa, situada al Este del Mar de Ga- 
lilea. 

32. He aqui un ruego de demonios. Y Jesus lo 
escuch6. Era sin duda menos perverso que el que 
le hicieron los hombres en él v. 37. . 

33. El ahogarse la piara parece un castigo in- 
fligido a los propietarios de los cerdos, para qmenes 
los sucios animales valian mås que la presencia del 
bienhedhor que habia curado al endemoniado. Cf. 
Mat. 8, 28 ss.; Marc. 5, 1 ss. 

37. Es una oracion que ruega a Jesus tpara 

que se vayal Y es todo un pueblo el que asi ruega, 
con tal de no arriesgar sus puercos. Cf. v. 32; 4, 
31. Sobre el miedo que aleja de Cristo, véase Juan 
6, 21 y nota. 



90 



EVANGEUO SEGUN SAN LUCAS 8, 38-56; 9, 1-18 



pero Él lo despidio diciéndole: ^"Vuelve de 
nuevo a tu casa, y cuenta todo lo que Dios 
ha hecho contigo." Y él se fué proclamando 
por toda la ciudad todas las cosas que le habia 
hecho Jesus. 

jEStJS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO Y SANA A 

una mujer enferma. *<>A su regreso, Jesus fué 
recibido por la multitud, porque estaban todos 
esperandolo. 41 He ahi que llego un hombre 
llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Se 
echo a los pies de Jesus y le suplico que fuera 
a su casa; 42 porque su hija unica, como de do- 
ce anos de edad, se moria. Mas yendo Él, la 
multitud lo sofocaba. 43 Y sucedio que una mu- 
jer que padecia de un flujo de sangre, desde 
hacia doce aiios y que, después de håber gas- 
tado en médicos todo su sustento, no habia 
podido ser curada por ninguno, ^se acerco 
por detrås y toco la f ran ja de su vestido, y al 
instante su flujo de sangre se paré. 45 Jesus 
dijo: "(iQuién me toco?" Como todos nega- 
ban, Pedro le dijo: "Maestro, es la gente que 
te estrecha y te aprieta." 46 Pero Jesus dijo: 
"Alguien me toco, porque he sentido salir vir- 
tud de Mi." 47 Entonces, la mujer, viéndose 
descubierta, vino toda temblorosa a echarse a 
sus pies y declaro delante de todo el pueblo 
por qué motivo lo habia tocado, y como habia 
quedado sana de repente. 48 Y Él le dijo: "Hija, 
tu fe te ha salvado, ve hacia la paz." 

49 Cuando Él hablaba todavia, llego uno de 
casa del jefe de la sinagoga a decirle: "Tu hija 
ha muerto, no molestes mas al Maestro." 
^Oyendo Jesus, le dijo: "No temas; unica- 
mente cree y sanarå." 51 Llegado, después, a la 
casa, no dej o entrar a nadie consigo, excepto a 
Pedro, Juan y Santiago, y también al padre y 
a la madre de la nifia. 52 Todos lloraban y se 
lamentaban por ella. Mas Él dijo: "No lloréis; 
no ha muerto, sino que duerme." 53 Y se reian 
de Él, sabiendo que ella habia muerto. M Mas 
Él, tomandola de la mano, clamo diciendo: 
"Nina, despierta." 55 Y le volvi6 el espiritu, y 
al punto se levanto y Jesus mando que le die- 
sen de comer. 56 Sus padres quedaron fuera de 
si; y Él les encomendå que a nadie dijeran lo 
acontecido. 



41. I^a fe del que era jefe de la sinagoga no es 
tan grande como la del centurion pagano. Éste creyo 
que la presencia de Jesus no era necesaria para ha- 
cer un milagro, nrientras que Jairo insiste en que 
Jesus se presente personalmente. Cf. Mat. 9, 18 ss.; 
Marc. 5, 22 ss. Jesus nos muestra continuamente 
esas sorpresas para que no nos escandalicemos por 
nada. Cf. 10, 13-15 y 31-33; Mat. 15, 24-28; 
21, 31; Juan 16, 1-4. 

51. Esta medida y la prohibicién de hablar de lo 
sucedido (v. 56) tienen por objeto prevenir la in- 
discrecion de* la mucbedumbre que habria estorbado 
la actividad apostélica del Seiior y # contribuido a 
aumentar la en vi dia y provocar inutilmente la per- 
secucion antes del tiempo senalado (cf. 4, 30; Juan 
8, 59). Asi también a sus discipulos "corderos en- 
tre lobos", les ensena Él la prudencia de la ser* 
piente (Mat. 10, 16) que cuida de no exponer su 
cabeza a que la oplasten. Recuérdese las catacum- 
bas donde los cristianos, para hacer el bien, tenian 
que ocultarse como si fuesen mathechores. Cf. 9, 21. 



CAPITULO IX 

Misi6n de los apostoles. iHabiendo llamado 
a los Doce, les dio poder y autoridad sobre 
todos los demonios, y para curar enfermeda- 
des. 2 Y los envio a pregonar el reino de Dios 
y a sanar a los enfermos. 3 Y les dijo: "No 
toméis nada para el camino, ni baston, ni bolsa, 
ni pan, ni dinero, ni tengais dos tunicas. 4 En 
la casa en que entrareis, quedaos, y de alli 
partid. 5 Y dondequiera que no os recibieren, 
salid de esa ciudad y sacudid el polvo de vues- 
tros pies, en testimonio contra ellos." Par- 
tieren, pues, y recorrieron las aldeas, predican- 
do el Evangelio y sanandp en todas partes. 

7 Oy6 Herodes, el tetrarca, todo lo que su- 
cedia, y estaba perpie jo, porque unos decfan 
que Juan habia resucitado de entre los muertos, 
8 otros que Elias habia aparecido, otros que 
uno de los antiguos profetas habia resucitado. 
9 Y decia Herodes: "A Juan, yo lo hice deca- 
pitar, dquién es, pues, éste de quien oigo decir 
tales maravillas?" Y procuraba verlo. 

Multipucaci6n de los panes. 10 Vueltos los 
apostoles le refirieron (a Jesus) todo lo que 
habian hecho, Entonces, tomandolos consigo, 
se retiro a un lugar apartado, de una ciudad 
Uamada Betsaida. n Y habiéndolo sabido las 
gentes, lo siguieron. Él los recibio, les hablo 
del reino de Dios y euro a cuantos tenian ne- 
cesidad de ello. 12 Mas al declinar el dia los 
Doce se acercaron a Él para decirle: "Despide 
a la multitud, que vayan en busca de albergue 
y alimento a las aldeas y granjas de los alre- 
dedores, porque aqui estamos en despoblado." 
13 Les dijo: "Dadles vosotros de comer." Le 
contestaron: "No tenemos mas que cinco pa- 
nes y dos peces; a menos que vayamos nos- 
otros a comprar qué comer para todo este pue- 
blo." 14 Porc|ue eran como unos cinco mil 
hombres. Dijo entonces a sus discipulos: "Ha- 
cedlos recostar por grupos como de a cincuen- 
ta " 15 Hiciéronlo asi y acomodaron a todos. 
16 Entonces tomo los cinco panes y los dos pe- 
ces, levanto los ojos al cielo, los bendijo, los 
parti6 y los dio a sus discipulos para que los 
sirviesen a la muchedumbre. 17 Todos comie- 
ron hasta saciarse, y de lo que les sobro se reti- 
raron doce canastos de pedazos. 

Confesi6n de Pedro. 18 Un dia que estaba 



3. En 22, 35 Él les muestra como nada les falto 
a pesar de esto. I/>s apéstoles y sus sucesores deben 
dedicarse exclusivamente a la propagactén del reino 
de Dios. Es la Providencia la que se encarga de 
sustentarlos (Mat. 6, 23). Cf. Mat. 10, 9 ss.; Marc. 
6, 8 ss.; II Tim. 2, 4 y nota. 

4. El sentido es el mismo de 10, 7. 

11. Vease Mat. 14, 13-21; Marc. 6, 33-46; Juan 
6, 1-13. 

16. I<a multipUcaciån de los panes, efecto de la 
oracién y bendicitfn del Senor, es una tigura del 
misterio eucaristico por el cual todos participamos 
de un mismo pan que <es Cristo (I Cor. 10, 17), 
nuestro pan celestial (11, 3). 

18 ss. Véase Mat. 16, 13 ss.; Marc. 8, 27 ss. Es- 
taba or and o a solos: Basta saber que Jesus cultivaba 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 9. 18-39 



91 



orando a solas, hallandose con Él sus discipulos, 
les hizo esta pregunta: "<;Quién dicen las gen- 
tes que sov Yo?" 19 Le respondieron diciendo: 
"Juan el Bautista; otros, que Elias; otros, que 
uno de los antiguos profetas ha resucitado ." 
^Dijoles: "Y vosotros, <jquién decis que soy 
Yo?" Pedro le respondio y dijo: "El Ungido 
de Dios." 21 Y Él les recomendo c6n energia 
no decir esto a nadie, 22 agregando: "Es nece- 
sario que el Hijo del hombre sufra mucho, 
que sea reprobado por los ancianos, por los 
sumos sacerdotes y por los escribas, que 
sea muerto, y que al tercer dia sea resuci- 
tado." 



Negacion del yoT 23 Y a todos les decia: 
"Si alguno quiere venir en pos de Mi, renun- 
ciese a si mismo, tome su cruz cada dia, y si- 
la soledad, para comprender que es bueno hacer lo 
mismo, y que en ello se encuentra un tesoro. No 
solamente en su Cuaresma del desierto (Mat, 4, 
lss.; Luc. 4, 1 ss.), ni solamente antes de elegir 
sus discipulos, sino de un modo habitual buscaba la 
soledad de! monte (Mat. 14, 23), o -de la nocihe (Luc. 
6, 12; Juan 8, 1 s,), o de Getsemani, para ponerse 
en oracion; y asi nos ensena a que lo imitemos, 
exhortåndonos a orar en la soledad, y en el secreto 
de! aposento (Mat. 6, 5 ss.). Todas las biograf las 
de hombres de pensamiento nos muestran que ama- 
ron la soledad, el silencio, el campo y que alli con- 
cibieron sus mås grandes ideas. éCuånto mås sera 
asi cuando no se trata de puros conceptos terrenales 
o ensuenos de poetas, sino de la realidad toda inte- 
rior que se pasa entre el alma y Dios? Cuando ve- 
mos un paisaje, o sentimos una emocion, o se nos 
ocurre alguna idea, quisiéramos compartirla con los 
amigos como un desabogo sentimental. El dia que 
nuestra fe Hegue a ser bastante viva para recordar 
que Jesus, junto con el Padre (Juan 14, 23) y el 
Espiritu Santo (Juan 14, 16), babita siempre en los 
corazones de los que creen (Ef- 3, 17) y que, por 
tanto, siempre la soledad es estar con Él como Él 
estaba con el Padre (Juan 16, 32) pensando con Él 
(Juan 8, 16) y viviendo de Él (Juan 6, 57); en- 
tonces amaremos ese trato con Él real y durable, 
en conversaciån activisima y permanente; pues si 
se interrumpe puede reanudarse siempre al instante. 
Es alli donde Él nos indica las cosas de caridad y 
apostolado que Él quiere realicemos, sea por escrito 
o de obra o de palabra, cuando llegue el momento, 
"Nadie puede sin peligro aparecer, dice el Kempis, 
sino aquel que prefiera estar escondido," Cf. Cant. 
1, 8 y nota. 

20. Cf. Mat. 16, 13 ss. y notas. Bl Ungido o 
Mesias. Asi también Marc. 8, 29. En Mat. 16, 16 
se lee "el Hijo" de Dios, aunque algunos han leido 
como aqui ungido o "santo de Dios". 

21. Cf. 8, 51 y nota. 

23. Jesus no dice, como el oråculo griego: "cono- 
cete a ti mismo", sino: "niégate a ti mismo*'. La 
explicacion es muy clara. El pagano ignoraba el 
dogma de la caida original. Entonces decia 16gica- 
mente: analizate, a ver qué hay en ti de bueno y 
qué hay de malo. Jesus nos ensena simplemente a 
descalificarnos a priori, por lo cual ese juicio previo 
del autoanålisis resulta harto inutil, dada la am- 
plitud inmensa que tuvo y que conserva nuestra 
caida original. Ella nos corrompio y depravå nues- 
tros instintos de tal manera, que San Pablo nos 
pudo decir con el Salmista: "Todo hombre es men- 
tiroso" (Rom. 3, 4; S. 115, 2). Por lo cual el Pro- 
feta nos previene: "Perverso es el corazén de todos 
e impenetrable: jQuién podrå conocerlo?" (Jer. 17, 
9). Y también: "Maldito el hombre que confia en 
ej hombre" (ibid. 5). De Jesus sabemos que no se 
fiaba de los homhres, "porque los conocia a todos" 
(Juan 2, 24; Marc. 8, 34 y note). 



game. ^Porque el que quiera salvar su vida, 
la perdera; mas el que pierda su vida a causa 
de Mi, la salvara. 25 Pues <;qué provecho tiene 
el hombre que ha ganado el mundo entero, 
si a si mismo se pierde o se dafia? 26 Quien 
haya, pues, tenido vergiienza de Mi y de mis 
palabras, el Hijo del hombre tendra vergiien- 
za de él, cuando venga en su gloria, y en la del 
Padre y de los santos angeles. 27 Os digo, en 
verdad, algunos de los que estan aqui, no gus- 
taran la muerte sin que hayan visto antes el 
reino de Dios." 

La gloriosa Transfiguracion. 28 Pasaron co- 
mo ocho dias después de estas palabras, y, 
tomando a Pedro, Juan y Santiago, subio a la 
montana para orar, ^Y mientras oraba, la figu- 
ra de su rostro se hizo otra y su vestido se puso 
de una claridad deslumbradora. 30 Y he aqui 
a dos hombres hablando con Él: eran Moisés 
y Elias, 31 los ^ cuales, apareciendo en gloria, 
hablaban del éxodo suyo que Él iba a veri- 
ficar en Jerusalén. ^Pedro y sus companeros 
estaban agobiados de sueno, mas habiéndose 
despertado, vieron su gloria y a los dos hom- 
bres que estaban a su lade. ^Y en el momento 
en que se separaban de Él, dijo Pedro a Jesus: 
"Maestro, bueno es para nosotros estarnos 
aqui; hagamos, pues, tres pabellones, uno para 
Ti, uno para Moisés, y uno para Ellias", sin 
saber lo que decia. ^Mientras él decia esto, 
se hizo una nube que los envolvio en sombra. 
Y se asustaron al entrar en la nube. 35 Y desde la 
nube una voz se hizo oir: "Éste es mi Hijo él 
Elegido: escuchadle a Él." 36 Y al hacerse oir la 
voz, Jesus se encontraba solo. Guardaron, pues, 
silencio; y a nadie dijeron, por entonces, cosa 
alguna de lo que habian visto. 

El nino EPiLÉFnoo. 37 A1 dia siguiente, al 
bajar de la montana, una gran multitud de 
gente iba al encuentro de Él. 38 Y he ahi que 
de entre la muchedumbre, un varon grito di- 
ciendo: "Maestro, te ruego pongas tus ojos 
sobre mi hijo, porque es el unico que tengo. 
39 Se apodera de él un espiritu, y al instante se 
pone a gritar; y lo retuerce en convulsiones 
hasta hacerle echar espumarajos, y a duras 



24. Cf. Mat. 10, 39 y nota. Bien se explica, 
después del v. 23, este fracaso del que intenta 
lo que no es capaz de realizar. Véase 14, 33; Juan 
15, 5 y notas. Su vida se traduce también: su 
alma. 

27. Véase San Mateo, 16, 28 y nota; San Mar- 
cos, 8, 39. 

28 ss. Véase Mat. 17, 1-8; Marc. 9, 2 s. 

31. Bl éxodo: su muerte (cf. II Pedr. 1, 15), 
como el nacimiento es Hamado entrada en Hecb. 13, 
24 (cf. Sab. 3, 2; 7, 6). Jesus solia bablar de su 
partida y a veces los judios pensaban que se iria 
a los gentiles (Juan 7, 33-36; 8, 21 s.). 

35. Bscuchadle: Véase Mat. 17, 5; Marc. 9, 6 
y nota. "Como si dijera: Yo no tengo mås verdades 
que revelar, ni mås cosas que manif estar. Que si 
antes hablaha, era prometiendo a Cristo ; mas aha- 
ra el que me preguntase y quisiese que yo algo le 
revelase, seria en alguna manera pedirme otra vez 
a Cristo* y pedirme mås verdades, que ya estån da- 
das en Él" (S. Juan de la Cruz). 

37 ss. Véase Mat. 18, 1-5; Marc. 9, 33 ss. 



92 



EVANGELJO SBGUN SAN LUCAS «, 39-62; 10, 1-13 



penas se aparta de él, dejandolo muy maltra- 
tado. ^Rogué a dis discipulos que lo echasen, 
y ellos no han podido." 41 Entonces Jesus res- 
pondio y dijo: "Oh, generaciån incrédula y 
perversa, <;hasta cuåndo estaré con vosotros y 
tendré que soportaros? Trae acå a tu hijo." 
^Aun no habia Hegado éste a Jesus, cuando 
el demonio lo zamarreo y lo retorcio en con- 
vulsiones. Mas Jesus increpo al espfritu im- 
puro y san6 al nifio, y lo devolvio a su padre. 
43 Y todos estaban rharavillados de la grandeza 
de Dios. 

Predicci6n de la Pasi6n. Como se admi- 
rasen todos de cuanto Él hacfa, dijo a sus dis- 
cipulos: ^"Vosotros, haced que penetren bien 
en vuestros oidos estas palabras: el Hijo del 
hombre ha de ser entregado en manos de los 
hombres." 45 Pero ellos no entendian este len- 
guaje, y les estaba velado para que no lo 
comprendiesen-, y no se atrevieron a interro- 
garlo al respecto. 

Humildad y tolerancia. 46 Y entro en ellos 
la idea: iQuién de entre ellos seria el mayor? 
47 Viendo Jesus el pensamiento de sus corazones, 
tomo a un nino, pusolo junto a Si, **y les 
dijo:^ "Quien recibe a este nino en mi nombre, 
a Mi me recibe; y quien me recibe, recibe al 
que me envi6; porque el que es el mas pequeno 
entre todos vosotros, ése es grande." ^Entonces 
Juan le respondio diciendo: "Maestro, vimos a 
un hombre que expulsaba demonios en tu nom- 
bre, y se lo impediamos, porque no (te) sigue 
con nosotros." 50 Mas Jesus le dijo: "No impi- 
dåis, pues quien no esta contra vosotros, por 
vosotros esta," 



IV. VIAJE A JUDEA Y ACTIVIDAD 
EN JERUSALÉN 

(9,51-21,38) 

LOS SAMARITANOS LE NIEGAN HOSPEDAJE, SIQ)- 

mo se acercase el tiempo en que debia ser qui- 
tado, tomo resueltamente la direccion de Jeru- 
salén. 52 Y envi6 mensajeros delante de si, los 
cuales, de camino, entraron en una aldea de 
samaritanos para prepararle alojamiento. 53 Mas 
no lo recibieron, porque iba camino de Jeru- 
salén. ^Viendo (esto) los discipulos Santiago y 
Juan, le dijeron: "Senor, ;quieres que mande- 
mos que el fuego caiga del cielo, y los con- 
suma?" 55 Pero Él, habiéndose vuelto a ellos 
los repreridi6. 5ff Y se fueron hacia otra aldea. 

El segtjimiento de JesOs. 57 Cuando iban ca- 

41. Reprende a los discipulos por su falta de fe 
que les impidi6 hacer el mil ag ro. Cf, Marc. 9, 29 
y nota. 

SO. Véase Marc. 9, 39 y nota. 

53. Los samaritanos y los judios se odiaban mu- 
■ tuamente. Jesus, cuya mansedumbre contrasta con la 
c 61 er a de los discipulos, les muestra en 10, 25 ss. ; 
17, 18 y Juan 4, 1 ss. c6mo hay muchos samarita- 
nos mejores que los judios. 



minando, alguien le dijo: "Te seguiré a donde 
quiera que yayas." 58 Jesus le dijo: "Las raposas 
tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos; 
mas el Hijo del Hombre no tiene donde recli- 
nar la cabeza." 59 Dijo a otro: "Sigueme." Este 
le dijo: "Senor, permiteme ir primero a ente- 
rrar a mi padre, ^Respondiåle: "Deja a los 
muertos enterrar a sus muertos; tu, ve a anun- 
ciar el reino de Dios." ei Otro mas le dijo: "Te 
seguiré, Senor, pero permiteme primero decir 
acfios a los de mi casa." ^Jesus le dijo: "Nin- 
guno que pone mano al arado y mira hacia 
atrds, es apto para el reino de Dios." 

CAPlTULO X 

MiskSn de los setenta y dos discipulos. iDes- 
pués de esto, el Senor designo todavia otros 
setenta y dos, y los envié de dos en dos de- 
lante de Él a toda ciudad o lugar, adonde Él 
mismo queria ir. 2 Y les dijo: "La mies es 
grande, y los obreros son pocos. Rogad, pues, 
al Dueno de la mies que envie obreros a su 
mies. ^d: os envio como corderos entre lo- 
bos. 4 No llevéis ni bolsa, ni alforja, ni calzado, 
ni saludéis a nadie por el camino. 5 En toda 
casa donde entréis, decid primero: «Paz a esta 
casa.» *Y si hay alli un hijo de paz, reposara 
sobre él la paz vuestra; si no, volvera a vos- 
otros. 7 Permaneced en la misma casa, comien- 
do y bebiendo lo que os den, porque el obrero 
es acreedor a su salario. No paséis de casa 
en casa, 8 Y en toda ciudad en donde entréis 
y os reciban, comed lo que os pusieren delan- 
te, 9 Curad los enfermos que haya en ella, y 
decidles: «E1 reino de Dios esta llegando a 
vqsotros.a 10 Y en toda ciudad en donde entra- 
reis y no os quisieren recibir, salid por sus 
calles, y decid: " n Aun el polvo que de vues- 
tra ciudad se pege a nuestros pies, lo sacudi- 
mos (dejandolo) para vosotros. Pero sabedlo: 
jel reino de Dios ha llegado!" 12 Os digo que 
en aquel dia sera mås tolerable para los de 
Sodoma que para aquella ciudad. "fAy de ti, 
Corazin! jAy de ti, Betsaida! porque si en Tiro 
y Sid6n hubiesen sido hechos los milagros que 
se cumplieron entre vosotros, desde hace mu- 
cho tiempo se habrian arrepentido en saco y en 



60. Los muertos que entierran a sus muertos son 
los que absortos en las preocupaciones mundanas no 
tienen inteligencia del reino de Dios (cf. I Cor. 2, 
14). Ni este aspirante, ni los otros dos llegan a 
ser discipulos, porque les falta el espiritu de infan- 
cia y prefieren su propio criterio al de Jesus. Véase 
II Cor. 10, S. 

3. Véase Mat. 10, 16 y nota. 

4. Ni saludéis: L/os orientales son muy ceremo- 
niosos y para ellos saludar equivale a detenerse y 
perder tiempo. Véase Mat. 10, 9 s. y nota. 

5 s. Hijo de paz es aquel que estå dispuesto a 
aceptar la palabra de Øios. Hermosa f6rmula de 
saludo (v. 5), que debiéramos usar en la vida, como 
se la usa en la Liturgia. Cf. 1, 28; Mat. 10, 12 y 
notas. 

12. El rechaso de los predieadores del Bvangelio 
es para Jesus el peor de los agravios (Juan 12, 
47 s.). 

13. SI tayl del SeSor se ha cumplido de modo 
espantoso. Las ruinas de esas ciudad es lo denuncian 
hasta hoy. Cf. ti, 21-23. 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 10, 13-42; 11, 1-2 



93 



ceniza. 14 Mas para Tiro y para Sidon, sera 
mas tolerable, en el juicio, que para vosotros. 
13 Y tu, Cafarnaum, ^seras acaso exaltada hasta 
el cielo? jHasta el abismo descenderås! 16 Quien 
a vosotros escucha, a Mi me escucha; y quien 
a vosotros rechaza, a Mi me rechaza; ahora 
bien, quien me rechaza a Mi, rechaza a Aquel 
que me envio ." 

17 Entretantd los setenta y dos volvieron y le 
dijeron llenos de gozo: "Seiior, hasta los demo- 
nios se nos sujetan en tu nombre." 18 Dijoles: 
"Yo vefa a Satanas caer como un relampago 
del cielo. 19 JVJirad que os he dado potestad de 
caminar sobre sérpientes y escorpiones y sobre 
todo poder del enemigo, y nada os danara, 
^Sin embargo no habéis de gozaros en esto de 
que los demonios se os sujetan, sino gozaos de 
que vuestros nombres estån escritos en el cielo." 

Infancia espiritual. 21 En aquella hora se 
estremecio de gozo, en el Espiritu Santo, y 
dijo: "Yo te alabo, oh Padre, Seiior del cielo 
y de la tierra, porque has mantenido estas cosas 
escondidas a los sabios y a los prudentes, y las 
has revelado a los pequenos. Si, Padre, porque 
asf te plugo a Ti. 22 Por mi Padre, me ha sido 
dado todo, y nadie sabe quién es el Hijo, sino 
el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y 
aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo." 23 Y 
volviéndose hacia sus discipulos en particukr, 
dijo: "jFelices los ojos que ven lo que vosotros 
veis! 24 Os aseguro: muchos profetas y reyes 
desearon ver lo que vosotros veis, y no lo 
vieron, oir lo que vosotros ois, y no lo oyeron." 

El buen samaritano, 25Se levanto entonces 
un doctor de la Ley y, para enredarlo le dijo: 
"Maestro, tf *qué he de hacer para lograr la he- 
rencia de la vida eterna?" 2fi Respondiole: (t En 
la Ley, ^qué estå escrito? iC6mo lees?" 27 Y él 
replico diciendo: "Amaras al Seiior tu Dios 
de todo tu coraz6n, y con toda tu alma, y con 
toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu 
projimo como a ti mismo." ^Dijole (Jesus): 
"Has respondido justamente. Haz esto y vivi- 
ras." 29 Pero él, queriendo justificarse a si mis- 
mo, dijo a Jesus: "^Y quién es mi projimo?" 
^Jesus repuso diciendo: "Un hombre, bajando 
de Jerusalen a Jerico, vino a dar entre saltea- 
dores, los cuales, después de haberlo despojado 



16. Véase Mat. 10, 40; Juan 13, 20. 
18. Sobre esta vision, profética de Jesus véase 
Apoc. 12, 9; Dan. 12, l. 

20. Estån escritos en el cielo, "que, en buena teo- 
logia, es como decir: Gozaos si estån escritos vues- 
tros nombres en el libro de la vida. Donde se en- 
tiende que no se debe el hombre gozar sino en ir 
camino de ella, que es hacer las obras en caridad; 
porque iqué aprovecha y qué vale delante de Ddos 
lo que no es amor de Dios?" (S. Juan de la Cruz). 
Cf. Apoc. 20,^ 15; 22, 19. 

21. He aqui el gran misterio de la infancia espi- 
ritual, que dificilmente aceptamos, porque repugna, 
como incomprensible al orgullo de nuestra inteligen- 
cia. Por eso S. Pablo dice que la doctrina del EJvan- 
gelio es escåndalo y locura (I Cor. caps. 1-3). Cf. 
11, 34 ss. y nota; 18, 17; Mat, ll t 25 y nota; 18, 
3 s.; 19, 17; I Cor. 14, 20; II Cor. 4, 3. 

23 s. Véase Mat. 13, 16 s; 



y cubierto de heridas, se fueron, dejåndolo 
medio muerto. 31 Casualmente, un sacerdote iba 
bajando por ese camino; lo vi6 y paso de largo. 
z2 \Jn levita Ueg6 asimismo delante de ese si- 
tio; lo vio y paso de largo, ^ero un samari- 
tano, que iba de viaje, uego a donde estaba, 
lo vi6 y se compadecio de él; M y acercåndose, 
vendo sus heridas, echando en ellas acehe y 
vino; luego poniéndolo sobre su propia cabal- 
^adura, lo condujo a una posada y cuidé de 
el. 35 A1 dia siguiente, sacando dos denarios los 
dio al posadero y le dijo: "Ten cuidado de 
él, todo lo que gastares de mås, yo te lo reem- 
bolsaré a mi vuelta." 36 t|Cuål de estos tres te 
parece håber sido el projimo de aquel que cayo 
en manos de los bandoleros?" 37 Respondio: "El 
que se apiad<5 de él." Y Jesus le dijo: "Ve, y 
haz tu lo mismo." 

MarIa y Marta. 38 Durante su viaje, entré 
en cierta aldea, y una mujer llamada Marta, 
lo recibio en su casa. 39 Tenia ésta una herma- 
na llamada Maria, la cual, sentada a los pies 
del Seiior, escuchaba su palabra. 40 Pero Marta, 
que andaba muy afanada en los multiples que- 
haceres del servicio, vino a decirle: "Seiior, 
cino se te da nada que mi hermana me haya 
dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude." 
41 E1 Seiior le respondio: "jMarta, Marta! tu 
te afanas y te agitas por muchas cosas. ^Una 
sola es necesaria. Maria eligio la buena parte, 
que no le sera quitada. 1 * 

CAPITULO XI 

La oraci6n dominical. a Un dia que Jesus 
estaba en oracion, en cierto lugar, cuando 
hubo terminado, uno de sus discipulos le dijo: 
"Seiior, enséiianos a orar, como Juan lo enseno 
a sus discipulos." 2Les dijo: "Cuando orais, 



37. 3$ doctor de la ley f> orgulloso de su raza, 
que en el v. 29 parecia dispuesto a no reconocer 
como préjimos sino a sus compatriotas, se ve obH' 
gado a confesar aqui que aquel despreciado ^ sama- 
ritano era mås pr6jimo del judio en desgracia que 
el sacerdote y el levita del pueblo escogido. EJn ese 
judio herido se veia representado el doctor, y con- 
fesaba humillado que el extranjero a quien él no 
aceptaba como projimo le habia dado pruebas de ser- 
lo al portarse como tal, en contraste con la actitud 
de los otros dos judios. Cf. Mat. 22, 34 ss.; Marc. 
12, 28 ss. Deut. 6, 5; I,e v . 19, 18. 

38. I^a aldea es Betania, a tres Km. de Jerusalen. 
Jesus solia hospedarse alli en casa de estas herma- 
nas de I^åzaro. 

42. EJs éste otro de Jos puntos fundamentales de 
la Revelaci6n cri stiana, y harto dificil de compren- 
der para el que no se hace pequefio. Dios no nece- 
sita de nosotros ni de nuestras obras, y éstas valen 
en proporcion al amor que las inspira (I Cor. 13). 
Jesucristo es "el que habia" (Juan 4, 26; 9, 37), 
y el primer homenaje que le debemos es escucharlo 
(Mat. 17, 5; Juan 6. 29). Solo asi podremos luego 
servirlo dignamente (II Tim. 3, 16). 

2ss. Compårese esta versi6n de la Oraciån do- 
minical con la de San Mateo, 6, 9-13 y notas. San- 
tiftcado, etc. : Sobre el nombre de Dios, véase EJx. 
3, 14 y nota; S. 134, 13; I,uc. 1, 49. Él P. Garri- 
gou-I/agrange dice muy bien que toda la mistica 
estå en el Padrenuestro, por donde se ve que bablar 
de mistica no^ ha de ser cosa rara ni excepcional 
entre los cristianos, pues que todos saben y rezan 



94 



EVANGELIO SEGtJN SAN LUCAS 11, 2-28 



decid: Padre, que sea santificado tu nombre; 
que llegue tu reino. 3 Danos cada dia nuestro 
pan supersubstancial; *y perdonanos nuestros 
pecados, porque también nosotros perdonamos 
a todo el que nos debe; y no nos introduzcas 
en prueba." 

Parabola del amigo inoportuno. sy les di- 

jo: "Quien de vosotros, teniendo un amigo, 
si va (éste) a buscarlo a medianoche y le dice: 
"Amigo, necesito tres panes, 6 porque un amigo 
me ha llegado de viaje, y no tengo nada que 
ofrecerle", 7 y si él mismo le responde de aden- 
tro: "No me incomodes, ahora mi puerta esta 
cerrada y mis hijos estan como yo en cama, no 
puedo levantarme para darte", 8 os digo, que 
si no se levanta para darle por ser su amigo, 
al menos a causa de su pertinacia, se levantara 
para darle todo lo que le hace falta. 9 Yo os 
digo: "Pedid y se os dara, buscad y encontra- 
réis, golpead y se os abrirå ." 10 Porque todo el 
que pide obtiene, el que busca halla, al que 
golpea se le abre. 11 éQué padre, entre vos- 
otros, si su hijo le pide pan, le dara una pie- 
dra? iSi pide pescado, en lugar de pescado le 



esa oracion; a menos que la recitasen solo con los 
labios y teniendo su corazon distante. Tal es lo que 
Jesus imputa a sus peores enemigos, los fariseos 
(Mat. 15, 8). Cualquier cristiano tiene asi a su dis- 
posicién toda la mistica, pues lo mås alto de esta 
vida consiste en ser, respecto a nuestro Padre divi- 
no, "todo ensenablé", como los nifios pequenos, Este 
Padrenuestro breve que trae San I<ucas, sintetiza 
en formå sumamente adrriirable esa actitud filial 
que, deseando toda la gloria para su Padre (cf. 
iev. 22, 32) , ansia que llegue su reino (para 
que en toda la tierra se haga su voluntad, como 
se dice en San Mateo), y entretanto le pide, para 
poder vivir en este exilio, el don de Jesus que es la 
vida (I Juan 5, Ils.), "el pan de Dios que des- 
ciende del cielo y da la vida al mundo" (Juan 6, 
33 y 48). 

4. Job fué puesto a prueba por Satanås con per- 
miso de Dios, y Él lo sostuvo para que fuese fiel, 
con lo cual Job salié beneficiado de la prueba. Aqui, 
en cambio, la infinita delicadeza de Jesus nos ense- 
fia a pedir al Padre que nos ahorre esa prueba, y 
que para ello (como aflade en Mat. 6, 13) nos libre 
del Maligno, a la inversa del caso de Job. Admire- 
mos el amor que Jesus, nuestro Hermano ^ Mayor, 
deja traslucir en esto, y recojamos la suavisima y 
enorme ensefianza sobre la estimacion que Dios hace 
de la humildad y pequeiiez, al punto que, el pe- 
dirle nos Hbre de las pruebas, ^ confesando nuestra 
debilidad e incapacidad para sufrirlas, le agrada mås 
que la presunciån de querer sufrir como Job. Por* 
que si asi no fuese, nos habria ensenado Jesus a 
pedir pruebas. Compårese esto con el fracaso de Pe- 
dro cuando alardea de valiente (Juan 13, 37 y nota). 
Inmenso y dichoso descubrimiento es éste de que 
Dios no se goza en vernos sufrir y de que prefiere 
vernos pequenos como ninos a vernos heroicos y so- 
berbios. Toda la espiritualidad de Santa Teresa de 
LJsieux estå aqui. 

5. Hemos fijado el verdadero sentido de esta com- 
pleja construcciån ; semitica: el amigo importuno no 
es ( en la parabola, uno de los oyentes de Jesus, 
que va a pedir a otro amigo, sino que es este otro 
quien viene a importunarlo a él. Jesus usa mucthas 
veces esa fårmula: ^Quién de vosotros no haria tal 
cosa?, lo cual es muy elocuente para que cada 
oyente se ponga en el caso y se examine en su 
corazon. 

9. Véase él envidiable ejemplo de la cananea 
(Marc. 7, 28) en su fe que cree aun contra toda 
apanenoia (Rom. 4, 18 ss.). 



dara una serpiente? 12 ^0 si pide un huevo, le 
dara un escorpion? 13 Si pues vosotros, aunque 
malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hi- 
jos, ;cuånto mas el Padre dara desde el cielo 
el Espiritu Santo a quienes se lo pidan!" 

Blasfemias de los fariseos. 14 Estaba Jesus 
echando un demonio, el cual era mudo. Cuan- 
do hubo salido el demonio, el mudo hablo. 
Y las muchedumbres estaban maravilladas. 
15 Pero algunos de entre ellos dijeron: "Por 
Beelzebul, principe de los demorfios, expul- 
sa los demonios." 16 Gtros, para ponerlo a 
prueba, requerian de Él una senal desde el 
cielo. 17 Mas Él, habiendo conocido sus pen- 
samientos, les dijo: "Todo reino dividido con- 
tra si mismo, es arruinado, y las casas caen una 
sobre otra. 18 Si pues, Satanas se divide contra 
él mismo, ;como se sostendra su reino? Pues- 
to que decis vosotros que por Beelzebul echo 
Yo los demonios. 19 Ahora bien, si Yo echo los 
demonios por virtud de Beelzebul, ^vuestros 
hijos por virtud de quién los arrojan? Ellos 
mismos seran, pues, vuestros jueces. 20 Mas si 
por el dedo de Dios echo Yo los demonios, es 
que ya llego a vosotros el réino de Dios. 
21 Guando el hombre fuerte y bien armado 
guarda su casa, sus bienes estan seguros. 
22p ero s j sobreviniendo uno mas fuerte que él 
lo vence, le quita todas sus armas en que con- 
fiaba y reparte sus despojos. 23 Quien no esta 
conmigo, esta contra Mi; y quien no acumula 
conmigo, desparrama." 

Poder de Satanås. 24 "Cuando el espiritu in- 
mundo sale de un hombre, recorre los lugares 
aridos, buscando donde posarse, y, no hallan- 
dolo, dice: «Me volveré a la casa mia, de 
donde sali.» M A su llegada, la encuentra barri- 
da y adornada. 26 Entonces se va a tomar con- 
sigo otros siete espiritus aun mas malos que 
él mismo; entrados, se arraigan alli, y el fin 
de aquel nombre viene a ser peor que el prin- 
cipio." 

27 Cuando Él hablaba asi, una mujer levan- 
tando la voz de entre la multitud, dijo: ";Fe- 
liz el seno que te llevo y los pechos que Tu 
mamaste!" 28 Y Él contesto: "jFelices mas bien 



13. Dard el Espiritu Santo: Admirable revelacion, 
que contiene todo el secreto de la vida espiritual. 
La diferencia entre nuestra actitud f rente a Dios, 
y la que tenemos f rente a todo legislador y juez, 
consiste en que a este ultimo, o le ^ obedecemos di- 
rectamente, o incurrimos en el castigo, el cual no 
se perdona aunque nos arrepintamos. Con Dios, en 
cambio, no solo sabemos que perdona al que se 
arrepiente de corazon, sino que podemos también 
decirle esta cosa asombrosa: "Padre, no soy capaz 
de cumplir tu Ley, porque soy malo, pero dame Tu 
mismo el buen espiritu, tu propio B&piritu, que 
Jesus nos prometio en tu nombre, y entonces no 
solo te obedeceré, sino que el (hacerlo me sefå facil 
y alegre'*. Tal oracion, propia de la fe viva^ y de 
la infancia espiritual, es la que mås glorifica al 
divino Padre, porque le da ocasiån de desplegar mi- 
sericordia; y su eficacia es infalible, pues que se 
funda en la promesa hecha aqui por Jesus. 

1 9. Porque ellos también alardeaban de exorcizar 
y con tan poca suerte como se ve en Hech. 19, 13 ss. 

28. Jesus no repite los elogios tributados a Ma- 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 11. 28-52 



95 



: que escuchan la palabra de Dios y la con- 

van»" 



La senal de Jonas. 29 Como la muchedumbre 
se ajjolpaba, se puso a decir: "Perversa gene- 
racion es ésta; busca una senal, riias no le 
sera dada senal, sino la de Jonas. ^Porque lo 
mismo que Jonas fué una senal para los nini- 
vhas, asi el Hijo del hombre sera una senal 
para la generacion esta. 31 La reina del Medio- 
dia sera despertada en el juicio frente a los 
hombres de la generacion esta y los condenara, 
porque vino de las extremidades de la tierra 
para escuchar la sabiduria de Salomén; y hay 
aquf mås que Salomén. 32 Los varones ninivitas 
actuaran en el juicio frente a la generacion 
esta y la condenaran, porque ellos se arrepin- 
tieron a la predicacion de Jonas; y hay aquf 
mås que Jonas." 

La låmpara de la sabiduria. s^Nadie enden- 
de una candela y la pone escondida en un 
sotano, ni bajo el celemin, sino sobre el can- 
delero, para alumbrar a los que entran. M La 
låmpara de tu cuerpo es tu 0)0. Cuando tu ojo 
esta claro, todo tu cuerpo goza de la luz, pero 
si él esta turbio, tu cuerpo esta en tinieblas. 
^Vigila pues, no suceda que la luz que en ti 
hay, sea tiniebla. 36 Si pues todo tu cuerpo esta 
lleno de luz (interiormente), no teniendo par- 
te alguna tenebrosa, sera todo él ^ luminoso 
(exteriormente), como cuando la låmpara te 
ilumina con su resplandor." 

Jes*js nos denuncia el mal con apariencia 
de bien. 37 Mientras Él hablaba lo invito un 



fis, pero los confirma, mostråndoftos que la gran- 
deza de su madre viene ante todo de escuchar la 
Palabra de Dios y guardarla en su corazon (2, 19 
y 51). "Si Maria no hubiera escuchado y observado 
la Palabra de Bios, su maternidad corporal no la 
babria becho bienaventurada" (S. Criséstomo). Cf. 
Marc. 3, 34 y nota. 

29 s. Véase Jonas 2. 

31. Alude a la reina de Sabd (Arahia) que visito 
2, Salomén, para ver su sabiduria (III Rey. 10, 1; 
Mat. 12. 39-42; Marc. 8, 12). Estas referendas que 
hace Jesus a los que vanamente le piden milagros 
(cf. Juan 6, 30; 12, 37), tienen por objeto mos- 
trarles que su divina sabiduria basta y sobra para 
conquistarle, sin necesidad de milagros, la adhesion 
de cuantos no sean de corazon doble (Juan 7, 17 
y nota). Esta sahiduria de Jesus es la låmpara 
de que habla en el v. 33 ss., y que' no debe ser 
soterrada por los indiferentes, ni escondida por los 
maestros, porque todos tenemos necesidad de elte 
para nosotros y para los demås. 

34 ss. Nuestro ojo verå bien, y servira para ilu* 
minar todo nuestro ser, esto es, para guiar toda 
nuestra conducta, si él a su vez es iluminado por 
esa luz de la sabiduria divina, que no estå hecfaa 
para esconderse (v. 33). IJsa sabiduria es la que 
estå contenida en la Palabra de Dios, a la cual 
la misma Escritura Uama antoroha para nuestros 
pies (S. 118, 105 y nota). Entonces, cuando nuestro 
ojo iluminado ilumine nuestro cuerpo, él alumhrarå 
a los demås (v. 36). Asi, pues, el candelero (v. 33) 
sotnos nosotros los Ha mados al apostolado. El v. 35 
nos previene que cuidemos no tomar oor luz, guia 
o maestro lo que no sea verdad comprobada: es 
decir, no entregarnos ciegamente al tnflujo ajeno. 
Cf. Mat. 7, 15; I Juan 1, 4 y notas. 



fariseo a comer con él; entro y se puso a la 
mesa. ^1 fariseo se extrano al ver que no se 
habiVlavado antes de comer. 39 Dijole, pues 
el Senor: "Vosotros, fariseos, estais purificarr- 
do lo exterior de la copa y del plato, en tanto 
que por déntro estais llenos de rapina y de 
iniquidad. 40 ilnsensatos! el que hizo lo ex 7 
terior cno hizo también lo interior? Por esd, 
dad de limosna el contenido, y todo para 
vosotros quedarå puro. ^ero, jay de vosotros, 
fariseos! ;porque dais el diezmo de la menta, 
de la ruda y de toda legumbre, y dej ais de 
lado la justicia y el amor de Dios! Era me- 
nester practicar esto, sin omitir aquello. 43 ;Ay 
de vosotros, fariseos! porque amais el primer 
sitial en^ las sinagogas y ser saludados en las 
plazas publicas. ^jAy de vosotros! porque sois 
como esos sepulcros, que no lo parecen y que 
van pisando las gentes, sin saberlo." 

45 Entonces un doctor de la Ley le dijo: 
"Maestro, hablåndo asi, nos ultrajas también 
a nosotros," 46 Mas Él respondio: ";Ay de vos- 
otros también, doctores de la Ley! porque ago- 
biåis a los demas con cargas abrumadoras, al 
paso que vosotros mismos ni con un dedo to- 
cais esas cargas. 47 ;Ay de vosotros! porque 
reedificais sepulcros para los profetas, pero 
fueron vuestros padres quienes los asesinaron. 
48 Asf vosotros sois testigos de cargo y con- 
sentidores de las obras de vuestros padres, 
porque ellos los mataron y vosotros reedifi- 
cais (sus sepulcros), ^Por eso también la Sa- 
biduria de Dios ha dicho: Yo les enviaré pro- 
fetas y apostoles; y de ellos matarån y perse- 
guirån; ^para que se pida cuenta a esta gene- 
racién de la sangre de todos los profetas que 
ha si do derramada desde la fundacién del 
mundo, 51 desde la. sangre de Abel hasta la 
sangre de Zacarias, que fué matado entre el 
altar y el santuario. Si, os digo se pedira cuen- 
ta a esta generacién. ^jAy de vosotros! hom- 



39 ss. Sobre la condenaciån del ritualismo fart- 
saico y de su esp i ri tu doble y falto de verdadera 
fe, véase el terrible discurso del Templo -en Mat- 23, 
1-36. Cf- Marc. 12, 38 ss.; I,uc. 20, 46 s. 

40. Bl contenido: esto es, como observa Pirot, lo 
que estå dentro de las copas y platos. Es una de 
las grandes luces que da Jesus sobre el valor de la 
limosna, concordando con 16, 9- 

47 s. Pretenden no consentirlos (cf . Mat. 23, 
29 ss.), pero lo harån obrando como ellos, segun les 
anuncia en el v. 49. 

49. E" Mat. 23, 34 se ve que Jesus habla de Él 
mismo, que es la Sabiduria de Dios, y les vaticina 
lo que haran con sus discipulos. 

51. Véase Mat. 23, 35; Gen. 4, 8; II Par. 24, 20-22. 

52. I/a Have del conocimiento de Dios es la Sa- 
grada Escritura (S. Crisostomo). l*os escribas y 
fariseos que la interpretaban falsamente, o la reser- 
vahan para s't mismos, son condenados como seduc- 
tores de las almas. El pueblo tiene dereciho a que se 
le predique la Palabra de Dios. ,^n cuanto al co- 
nocimiento de la Sa grada Biblia por parte del pue- 
blo, dice S. S. Pio XII en la reciente Enciclica 
"Divino Afflante": ^'JFavorezoan (los Obisipos) y 
presten su auxilio a todas aquellas ptas asociacio- 
nes, que tengan por fin editar, y difundir entre los 
fieles ejemplares impresos de las Sagradas Escritu- 
ras, principamente de los Evangelios, y procuren con 
todo empeno que en las familias cri stianas se tenga 
ordenada y santamente cotidiana lectura d« ellas*'. 



96 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 11, 52-54; 12, 1-24 



bres de la Ley, porque vosotros os habéis 
apoderado de la Have del conocimiento; vos- 
otros mismos no entrasteis, y a los que iban a 
entrar, vosotros se lo habéis impedido." 

53 Cuando hubo salido, los escribas y los fa- 
riseos se pusieron a acosarlo vivamente y a 
quererle sacar respuestas sobre una multitud 
de cosas, M tendiéndole lazos para sorprender 
alguna palabra de su boca. 

CAPfTULO XII 

Contra la hipocresia. 1 Mientras tanto, ha- 
biéndose reunido miles y miles del pueblo, 
hasta el punto que unos a otros se pisoteaban, 
se puso a decir, dirigiéndose primeramente a 
sus discipulos: "Guardaos a vosotros mismos 
de la levadura — es decir de la hipocresia — 
de los fariseos. 2 Nada hay oculto que no haya 
de ser descubierto, nada secreto que uo haya 
de ser conocido. 3 En consecuencia, lo que ha- 
yais dicho en las tinieblas, sera oido en plena 
luz; y lo que hayais dicho al oido en los so- 
tanos, sera pregonado sobre los techos. 4 Os 
lo digo a vosotros, amigos mios, no temåis 
a los que matan el cuerpo y después de esto 
nada mas pueden hacer. 5 Voy a deciros a quién 
debéis terner: temed a Aquel que, después de 
håber dado la muerte, tiene el poder de arro- 
jar en la gehenna. Si, os lo digo, a Aquel te- 
medle." 

Solicitud del Padre Celestial. 6 "^No se ven- 
den cinco pajaros por dos ases? Con todo, ni 
uno solo es olvidado de Dios. 7 Aun los ca- 
bellos de vuestra cabeza estan todos contados. 



1 ss. Miles y miles del pueblo : Jesus no terne el 
escåndalo saludable, y aprovecha esa enorme con- 
currencia para aleccionar publicamente a sus dis- 
cipulos contra la hipocresia de los doctores y fari- 
seos que acaba de enrostrar a estos mismos en 
pleno almuerzo (11, 37-54). Pero aqui hay un sentido 
especial. Ya no se trata s61o de guardarse contra 
la doctrina de los fariseos (Mat. 16, 6-12) y del 
dafio que ellos les harån (Mat. 10, \7 ss.), sino dt 
guardarse de no caer ellos mismos en la hipocresia, 
contaminados por la contagiosa levadura de los fari- 
seos (cf. Gal. 2, 13 ss. y notas). Es decir, pues, 
que no s61o hemos de predicar y confesar la ver- 
dad en plena luz (8, 17), sino tamhién saber que, 
aunque pretendiésemos usar de hipocresia, todo sera 
descubierto finalmente (v. 3). No hemos pues de 
terner el decir la verdad (v. 4 s.) y el confesar a 
Cristo (v. 8) con todas sus paradojas y humillacio- 
nes (cf . 7, 23 y nota) , pero si temblar antes de 
deformar la doctrina por conveniencias mundanas, 
porque ésa es la blasfemia contra el Santo Espiritu, 
que no sera perdonada (v. 10; Mat. 12, 32; Marc. 
3, 28 s.). Notese en cambio la asombrosa blandura 
de Jesus para las ofensas contra Él (v. 10). Véase 
Marc. 4, 22 y nota. 

7. Nos parece éste uno de los pasajes en que mås 
se descubre la ternura del corazon de Cristo para 
con nosotros. No piensa Él por cierto muy bien de 
los hombres (cf. Juan 2, 24 y nota), pero nos ama, 
y por eso es que valemos para Él y para el Padre 
mås que muchos pajarillos, aunque no lo merezca- 
mos. Contar todos los cabellos de nuestra cabeza es 
un extremo de amoroso interés a que no llegaria 
la mås carinosa madre. ^Dudaremos de estas pala- 
bras de Jesus porque son demasiado hermosas? i Qué 
dogma puede håber mås digno de fe y mås obliga- 
torio que las propias palabras de Jesucftsto? 



No tenéis vosotros que terner: valéis mas que 
muchos pajaros. ^Yb os lo digo; a quien me 
confesare delante de los hombres, el Hijo del 
hombre lo confesarå también delante de los 
angeles de Dios. 9 Mas el que me haya negado 
delante de los hombres, sera negado delante 
de los angeles de Dios." 

El pecado oontra el Espéritu Santo. 10 "A 
cualquiera que hable mal contra el Hijo del 
hombre, le sera perdonado, pero a quien bias- 
femåre contra el Santo Espiritu, no le sera per- 
donado. n Cuando os llevaren ante las sinago- 
gas, los magistrados y las autoridades, no os 
preocupéis de como y qué diréis para defen- 
deros o qué hablaréis. 12 Porque el Espiritu 
Santo os ensenarå en el momento mismo lo que 
habrå que decir." 13 Entonces uno del pueblo 
le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que par- 
ta conmigo la herencia." 14 Jesus le respondié: 
"Hombre, ^quién me ha constituido sobre vos- 
otros juez o partidor?" 

El rioo insensato. 15 Y les dijo: "Mirad: 
preservaos de toda avaricia; porque, la vida del 
hombre no consiste en la abundancia de lo 
que posee." 16 Y les dijo una paråbola: "Habia 
un rico, cuyas tierras habian producido mu- 
cho. 17 Y se hizo esta reflexién: "iQué voy a 
hacer? porque no tengo donde recoger mis 
cosechas." 1S Y dijo: "He aqui lo que voy a 
hacer: derribaré mis graneros y construiré 
unos mayores; alli amontonaré todo mi trigo y 
mis bienes. 19 Y diré a mi alma: Alma mia, tie- 
nes cuantiosos bienes en reserva para un gran 
niimero de anos; reposa, come, bebe, haz fies- 
ta." 20 Mas Dios le dijo: "; Insensato! esta mis- 
ma noche te van a pedir el alma, y lo que tu 
has allegado, dpara quién sera?" 21 Asi ocurre 
con todo aquel que atesora para si mismo, y 
no es rico ante Dios." 

Confianza en la divina providencia. 22 Y di- 
jo a sus discipulos: "Por eso, os digo, no an- 
deis solicitos por vuestra vida, qué comeréis, 
ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. 
23 Porque la vida vale mas que el alimento, y 
el cuerpo mas que el vestido. ^Mirad los cuer- 
vos: no siembran, ni siegan, ni tienen bodegas 
ni graneros, y sin embargo Dios los alimenta. 
iCuanto mas valéis vosotros que las aves! 



11. Cf. 21, 14 y nota. 

14. El Sefior no se entromete en cosas tempora 
les. De acuerdo con esta directiva, la Iglesia pro- 
hibe que sus ministros se mezden en tales asuntos 
(II Tim. 2, 4 y I Tim. 3, 8). "Con razon rehusa 
ajustar diferencias mundanas Él que habia venido 
a revelar los secretos celestiales" (S. Ambrosio), 
Véase 20, 25 y nota; Juan 18, 30. En las palabras 
Quién me ha constituido hay como un recuerdo iro- 
nico de lo que ocurrio a Moisés cuando se rechazo 
su autoridad (Éx. 2, 14; Hech. 7, 27). Véase Hech. 
3, 22 y nota. "iQué ocasiån habria tenido aqui 
Jesus para tntervenir como se^ lo pedian, si hubiera 
querido ganar influencia e imponer s>u reino en 
este mundol" (cf. Juan, 6, 15; 18, 36;^ M»t. 11, 12). 

21. Jesus condena el atesorar ambiciosamente (I 
Tim, 6, 9); no la ordenada economia, como en 9, 17- 



EVANGEUO SEGUN SAN 1AJCAS 12, 25-48 



97 



^Quién de vosotros podria, a fuerza de preo- 
cuparse, anadir un codo a su estatura? 28 Si 
pues no podéis ni aun lo minimo <[a Q u c os 
acongojåis por lo restante? 27 Ved los lirios 
como crecen: no trabajan, ni hilan. Sin em- 
bargo, Yo os digo que el mismo Salomon, con 
toda su magnificencia, no estaba vestido como 
uno de ellos. ^Si pues a la yerba que esta en 
el campo y manana sera echada al horno, Dios 
viste asi <jCuanto mas a vosotros, hombres de 
poca fe? 29 Tampoco andéis pues afanados por 
lo que habéis de comer o beber, y no estéis 
ansiosos. 30 Todas estas cosas, los paganos del 
mundo las buscan afanosamente; pero vuestro 
Padre sabe que tenéis necesidad de ellas. 3l Bus- 
cad^ pues antes su reino, y todas las cosas os 
seran puestas delante. 32 No tengas temor, pe- 
queno rebano mfo, porque plugo a vuestro Pa- 
dre daros el Reino. ^Vended aquello que po- 
seéis y dad limosna. Haceos bolsas que no se 
envejecen, un tesoro inagotable en los cielos, 
donde el ladron no llega, y donde la polilla 
no destruye. 34 Porque alli donde esta vuestro 
tesoro, alli también esta vuestro corazon." 

Parabola de los servidores vigilantes. 35 "Es- 
tén cenidos vuestros lomos, y vuestras låm- 
paras encendidas. 36 Y sed semejantes a hom- 
bres que aguardan a su amo a su regreso de las 
bodas, a fin de que, cuando Él llegue y golpee, 
le abran en seguida. 37 jFelices esos servidores, 
que el amo, cuando llegue, hallara velando!^ 
En verdad, os lo digo, el se cenira, los hara 
sentar a la mesa y se pondra a servirles. 38 Y 
si llega a la segunda vela, o a la tercera, y 

33 s. Vended aquello que poseéis: no se trata aqui 
de la pobreza total, como en el caso del joven rico 
(18, 22). Ello no obstante, vemos que Jesus esta 
hahlando a la pequena grey de sus predilectos que 
han de compartir su reino (22, 28-30). No es de 
extrafiar, pues, que, sin ^ perjuicio de mantener la 
situacion en- que la providencia del Padre ha colo- 
cado a cada uno y a su familia, les aconseje des- 
prenderse de lo que pueda ser un tropiezo para la 
vida espiritual, para no poseer con ahinco ningun 
bien en que hayamos puesto el corazån (v. 34) y que 
sea entonces como un petjuefio idolo, rival de Dios. 

37. Se pondrd a servtrles: Jesus tjene derecho a 
que le creamos esta promesa inaudita, porque ya 
nos dijo que Él es nuestro sirviente (22, 271, y que 
no vino para ser servido, sino para servir (Mat. 20, 
28). Por eso nos dice que entre nosotros el primero 
servirå a los demås (Mat. 20, 26 s.; X,uc. 22, 26). 
En esto estriba sin duda el gran misterio escondido 
en la Escritura que dice "el mayor servirå al me- 
nor" (Gen. 25, 23; Rom, 9, 12). Jesus, aun des- 
pués de resucitado, sirviå de cocinero a sus disci- 
pulos (Juan 21, 9-12). Él, que desde Isa i as se hizo 
anunciar como "el servidor de Yahvé" (Is. 42, 1 ss. ; 
cf. Kz. 45, 22), quiere también reservarse, como 
cosa excelente y digna de Él, esa funciån de servi- 
dor nuestro. Y debemos creerle, porque hizo algo 
mucho mås humillante que el servirnos y lavarnos 
los pies; se dej6 escupir por los criados, y colgar 
desnudo entre criminales, "reputado como uno de 
dloi" (22, 37; Marc. 15. 28; Is. 53, 12). Vemos,. 
pues, que la inmensidad de las promesas de Cristo, 
mii tun que en la opulencia de darnos su misma 
reilexa y ponernos a su mesa y sentarnos en tronos 
fl/uc. 22, 29 s.), esta en el amor con que quiere 
ponerie Él mismo a servirnos. El que no ama no 
puede comprender semejantes cosas, segun enseiia 
S. Juan (I Juan 4, 8). 



asi los ballare, jfelices de ellos! ^abedlo bien; 
porque si el dueno de casa supiese a qué hora 
el Iadrén ha de venir, no dejaria horadar su 
casa. ^Vosotros también estad prontos, porque 
a la hora que no pensais es cuando vendra el 
Hijo del hombre." 

Juicio de los servidores. 41 Entonces, Pedro 
le dijo; "Senor, ^dices por nosotros esta para- 
bola o también por todos?" ^Y el Senor diio: 
"iQuién es pues el mayordomo ficl y pruden- 
te, que el amo pondra a la cabeza de la ser- 
vidumbre suya para dar a su tiempo la racion 
de trigo? 43 ;Feliz ese servidor a quien el amo, 
a su regreso, hallara haciéndolo asi! ^En ver- 
dad, os digo, lo colocara al f rente de toda su 
hacienda. 45 Pero si ese servidor se dice a si 
mismo: "Mi amo tarda en regresar", y se pone 
a maltratar a los servidores y a las sirvientas, a 
comer, a beber, y a embriagarse, 46 el amo de 
este servidor vendra en dia que no espera y 
en hora que no sabe, lo partira por med/o, y 
le asignara su suerte con los que no creycron. 
47 Pero aquel servidor que, conociendo la vo- 
luntad de su amo, no se preparo, ni obro con- 
forme a la voluntad de éste, recibira muchos 
azotes. 48 En cambio aquel que, no habiéndola 
conocido, haya hecho cosas dignas de azotes, 
recibira pocos. A todo aquel a quien se haya 
dado mucho, mucho le sera demandado; y 
mas aun le exigirån a aquel a quien se le haya 
confiado mucho." 



40. EJl ilustre Cardenal Newman comenta a este 
respecto: "Si, el Cristo debe venir algun dia tarde 

temprano. Los espiritus dej mundo se burian hoy 
de nuestra falta de discernimiento; mas quien haya 
carecido de discernimiento triunfarå entonces. ^Y 
qué piensa el Cristo de la mofa de estos hombres 
de hoy? Nos pone en guardia expresamente, por su 
Apostol, contra los burlones que dirån: "^ Donde 
esta la promesa de su venida?" (II Pedro 3, 4). 
Preferiria ser de aquellos que, por amor a Cristo 
y faltos de ciencia, toman por senal de su venida 
algun espectåculo ins61ito en el cielo, cometa o me- 
teoro, mås bien que el hombre que por abundancia 
de ciencia y falta de amor, se rie de este error". 
Véase 24, 42-44; Marc, 12, 33 s.; I Tes. 5, 2; II Pe- 
dro 3, 10; Apoc. 3, 3; 16, 15. 

42 ss. Véase Mat. 24, 45-51; 25, 21; I Cor. 4, 2; 

1 Pedro 4, 10. 

44. Lo colocara al frente de toda su hacienda. 
Comp. con el v. 37. Alli habla en plural y se dirige 
a todos. Aqui habla en singular como en Mat. 24, 
47 y se dirige a Pedro, a quien habia prometido 
las Haves del Reino (Mat. 16, 19). 

45. "Abusa de su autoridad tanto mås fåcilmente 
cuanto que el amo tarda en venir, demora que él 
supone ha de prolongarse indefinidamente y que 
interpreta como una sefial de que no volverå nunca 
(cf. II Pédr. 3, 3-5)" Pirot. 

46. "Serla inutil, dice Buzy, tratar de suavizar 
el castigo, entendiéndolo por ejemplo de una mane- 
ra metaférica. Se trata aqui de una pena capital." 
Es de notar c6mo este pasaje, que muestra la tre- 
menda responsabilidad de los que tienen cura de 
almas^ (v. 48) prueba al mismo tiempo, contra la 
opinion de ciertos di sidentes, que el plan de Cristo 
comporta la existencia de pastores hasta que Él 
vuelva. Cf. Hecfa. 20, 17 y 18; I Tim. 4, 14; Pre. 
facio de Apostoles. 

48. Al mayordomo (v. 41 ss.) encarece Él espe- 
cialmente esa continua- espera de su venida (v. 35 ss.). 
Este recuerdo le librarå de abusar como si él 
fuese el amo (v. 45 ss.). Cf. 11, 45 s.; I Pedr. 5, 1-4. 



98 



EVANGELJO SEGUN SAN LUCAS 12, 49-99; 13, 1-19 



El fuego de Jesus. 49 Fuego vine a echar 
sobre la tierra, \y cuanto deseo que ya esté 
encendido! ^Un bautismo tengo para bauti- 
zarme, ;y cémo estoy en angustias hasta que 
sea cumplldo! 51 £pensåis que vine aqui para 
poner paz en la tierra? No, os digo, sino di- 
vision. ^Porque desde ahora, cinco en una 
casa estarån divididos: tres contra dos,, y dos 
contra tres. 53 Estaran divididos, el padre con- 
tra el hijo, y el hijo contra el padre; la 
madre contra la hija, y la hija contra la ma- 
dre; la suegra contra su nuera, y la nuera con- 
tra su suegra." 

Las sen åles de los tiempos. 54 Dijo también 
a la muchedumbre: "Cuando veis una nube le- 
vantarse al poniente, luego decis: "Va a llover." 
Y eso sucede. 55 Y cuando sopla el viento del 
mediodia, decis: "Habrå calor " Y eso sucede. 
56 Hipocritas, sabéis conocer el aspecto de la 
tierra y del cielo; ;por qué entonces no co- 
nocéis este tiempo? ^Por qué no juzgais por 
vosotros mismos lo que es justo? ^Mientras 
vas con tu adversario en busca del magistrado, 
procura en el camino librarte de él, no sea 
que te arrastre ante el juez, que el juez te 
entregue al alguacil y que el alguacil te meta 
en la carcel. 5 »Yo te lo declaro, no saldrås de 
allf hasta que no hayas reintegrado el ultimo 
lepte." 

CAPf TULO XIII 

TODOS NECESITAMOS ARREPENTIRNOS. *En aquel 

momento llegaron algunas personas a traerle 
la noticia de esos galileos cuya sangre Pilato 
habia mezclado con la de sus sacrificios. %Y 
respondiendo les dijo: " e *Pensais que estos ga- 
lileos fueron los mås pecadores de todos los 
galileos, porque han sufrido estas cosas? 3 Os 
digo que de ninguna manera, sino que todos 
pereceréis igualmente si no os arrepentis. *0 
bien aquellos dieciocho, sobre los cuales cayo 
la torre de Siloé y los mato, ^pensais que eran 
mås culpables que todos los demås habitantes 
de Jerusalén? sOs digo ojie de ninguna manera 
sino que todos pereceréis igualmente si no os 
convertis." 

La higuera estéril. 6 Y di) o esta parabola: 



51 ss. Cf. Mat. 10,' 34 s. Ésta es la explicaciån 
y cl consuelo para los que estån en inevitable con- 
flicto con familia o amigos por causa del Evange- 
Ho. Es necesario. dice S. Pablo, que la divisiån mues- 
tre quiénes son ap robåd os por Dios (I Cor. 11, 19). 
Cf. 14. 26. 

59. Lepte: moneda inferior a un centavo. 

1 ss. Como los amigos de Job, tenemos tendencia 
a pensar que los que reciben a nuestra vista gran- 
des pruebas son los mås culpab'es. Jesus rectifica 
esta pres und 6n de penetrar los juicios divinos y de 
ver la paja en el o jo ajeno, mostrando una vez mks, 
como lo btzo desde el principio de su predicaciån 
(Marc. 15, 1 y nota), que naaie puede creerse exen* 
to de pecado y por consiguiente que a todos es in- 
dispen sable el arrepentimiento y la actitud de un 
corazon contrito delante de Dios. 

3. Kl griego metanoeite es algo mås que arrepen- 
tirse: pensar de otro modo. Equivale al "renunciar. 
ae". Cf. 9, 23 y nota. 

tf. La higuera esters? es la .Sinagoga. Jesus le 



"Un hombre tenia una higuera plantada en su 
vina. Vino a buscar fruto de ella, y no # lo 
hallé. 7 Entonces dijo al viiiador: "Mira, tres 
anos hace que vengo a buscar fruto en esta 
higuera, y no lo hallo. :C6rtala! ^Por qué 
ha de inutilizar la tierra?" *Mas él le respondio 
y dijo: "Senor, déjala todavfa este aiio, hasta 
que yo cave alrededor y eche abono. 9 Quizå 
dé fruto en lo futuro; si no, la cortaras." 

I<A mtjjer encorvada. l0 Un dia sabåtico en- 
senaba en una sinagoga. ll Habia alli una mu- 
jer que tenia desde hacia dieciécho anos, un 
espiritu de enfermedad: estaba toda encor- 
vada, y sin poder absolutamente enderezarse. 
l2 Al verla Jesus, la llamé y le dijo: "Mujer, 
queda libre de tu enfermedad.*' 13 Y puso sobre 
ella sus manos, y al punto se enderezo y se 
puso a glorificar a Dios. 14 Entonces, el jefe 
de la sinagoga, indignado porque Jesus habia 
curado en dia sabåtico, respondiå y dijo al 
pueblo: "Hay seis dias para trabajar; en esos 
dias podéis venir para haceros curar, y no el 
dia de såbado." 15 Mas Jesus le replic6 diciendo: 
"Hipocritas, dcada uno de vosotros no desata 
su buey o su asno del pesebre, en dia sabåti- 
co, para Devarlo al abrevadero? 16 Y a ésta, que 
es una hija de Abrahån, que Satanas tenia li- 
gada hace ya dieciocho anos, ^no se la habia 
de libertar de sus ataduras, en dia sabåtico?" 
17 A estas palabras, todos sus adversarios que- 
daron anonadados de vergiienza, en tanto que 
la muchedumbre entera se gozaba de todas las 
cosas gloriosas hechas por Él. 

Paråbola del grano de mostaza y de la 
levadxtra. i8Dij entonces: "^A qué es seme- 
jante el reino de Dios, y con qué podré com- 
pararlo? 19 Es semejante a un grano de mos- 
taza que un hombre tome y fue a sembrar en 
su huerta; crecio, vino a ser un arbol, y los 



consiguié del Padre, al cabo de tres anos de pre- 
dicaciån desoida, el ultimo plaxo para arrepenttrse 
(v. 5), que puede identificarse con el Uamado tiem- 
po de los Heohos de los Apåstoles, durante el cual, 
no obstante el deicidio, Dios le renov6, por boca de 
Pedro y Pablo, todas las promesas antiguas. Des- 
echada también esta predicaciån apostolica, perdi6 
Israel su elecciån definitivamente y S. Pablo pudo 
revelar a los gentiles, con las Uamadas Epistolas de 
la cautividad, la plenitud del Misterio de la Iglesia 
(Hech. 28, 28 y 31 y notas; Ef* 1» \ss. y notas). 
En sentido mås amplio la higuera estéril es f igura 
de todos los hombres que no dan los frutos de la 
fe, como se ve también en la Paråbola de los talen- 
tos (Mat. 2$, 14 ss.). 

18 ss. Dijo entonces; Como oi»erva Plrot, estas 
palabras (y las anålogas del v. 20) vinculan lo que 
sigue con los w. 15 ss., en que Jesus esta repro- 
chando a los fariseos su hipocresia que en 12, 1 11a- 
m6 levadura. De ahi que algunos refieren a dios 
estas dos parabolas, que Lucas trae aqui sueltas a 
dif erencia de Mat. 1 3. El grano de mostaza (cf . 
Mat. 13, 31 s.; Marc. 4, 32) que puede también re- 
presentar la téenica de la pequefiez, sejfun la cual 
Dios bendice lo que comienza humildemente como 
empezaron los apéstoles, se refiere a la planta bras- 
sica nigra que, como la cizafia, es una plaga por 
su crecimiento excesivo. En tal caso los påjaros 
(v. 19) serian seme jantes a los de Mat. 13, 4 y 
nota. Sobre la levadura cf. Mat. 13, 33 y nota. 



KVANGEUO SEGUN SAN LUCAS 13, 19-35; 14, 1-13 



99 



påjaros del cielo llegaron a anidar en sus ra- 
mas." ^Dijo todavfa: "^Con qué podré com- 

{>arar el reino de Dios?" 21 Es semejante a la 
evadura que una mujer tomo y escondié en 
tres medidas de harina y, finalmente, todo 
fermento." 

La puerta angosta. 22 Y pasaba por ciudades 
y aldeas y ensenaba yendo de viaje hacia Je- 
rusalén. ^Dijole uno: "Senor, ^los que se sal- 
van seran pocos?" 24 Respondioles: "Pelead pa- 
ra entrar por la puerta angosta, porque mu- 
chos,^ os lo declaro, tratarån de entrar y no 
podran. 25 En seguida que el dueno de casa 
se haya despertado y haya cerrado la puerta, 
vosotros, estando fuera, os pondréis a Hamar 
a la puerta diciendo: "jSenor, abrenos!" Mas 
él respondiendo os dirå: "No os conozco (ni 
sé) de donde sois." 26 Entonces comenzaréis a 
decir: "Comimos y bebimos delante de ti, y 
ensenaste en nuestras plazas." 27 Pero él os dird; 
"Os digo, no sé cle donde sois. Alejaos de mi, 
obradores todos de iniquidad." 28 AlIi sera el 
llanto y el rechinar de dientes, cuando veais 
a Abrahån, a Isaac y a Jacob y a todos los 
profetas en el reino de Dios, y a vosotros 
arrojados fuera. 29 Y del oriente y del occi- 
dente, del norte y del mediodia vendran a 
sentarse a la mesa en el reino de Dios. ^°Y asi 
hay ultimos que seran primeros, y primeros 
que seran ultimos." 

El zorro Herodes. 31 En ese momento se 
acercaron algunos fariseos, para decirle: ";SaI, 
vete de aqui, porque Herodes te quiere matar " 
^ les dijo: "Id a decir a ese zorro: He aqui 
que echo demonios y obro curaciones hoy y 
manana; el tercer dia habré terminado. 33 Pero 



24. Como observan algunos exegetas, estas pala- 
bras de Jesus no parecen las mismas de Mat. 7, 13, 
donde no se habla de esforzarse y se trata mås bien 
de un pasaje que de una puerta. I,a imagen es su- 
mamente gråfica, pues hace comprender que, asi 
como nos esforzamos por bacernos pequenos para 
poder pasar por una portezuela en que no caben 
los grandes, asi hemos de luchar por hacernos pe- 
quefios para poder entrar en ese reino que estå ex- 
clusivamente reservado a los que se hacen m'nos se* 
gun lo dice Jesus. Cf. 10, 21; Mat. 18, 1-4; Marc. 
10, 15. 

26. Ensenaste en nuestras plazas: En el v. 27. 
Él insiste en decir que no los conoce. Ad em ås, es- 
crito estå que "nadie oirå su voz en las plazas", 
porque Él no sera turbulento (cf. Mat. 12, 19 y 
nota). Si ellos escucharon, pues, fué a otros> como 
se lo anuncio Jesus (Juan 5, 43 y nota); a otros 
que no bu s ca ban la gloria del que los envi6, sino 
la propia gloria (Juan 7, 18 y nota), por lo cual 
no podian tener fe (Juan 5, 44 y nota). Ésos no 
eran por tanto, los verdaderos discipulos a quienes 
Él dijo: "Quien a vosotros escucha, a Mi me escu- 
oha" (I^uc. 10, 16), sino los falsos profetas sobre 
los cuales tanto habia prevenido Él. Cf. Mat. 7, 
15 y nota. 

27. Véase Mat. IS, 8, citando a Is, 29, 13. Mat. 
7, 23; 25, 41. Condena Jesus anticipadamente a 
aquellos cristianos que se contentan con el solo nom- 
bre de tales y con la vinculaciån exterior a la 
Iglesia. 

33. Ni los fariseos, ni Herodes logran Intim idar- 
lo. £1 va a morir li b rem en te cuando haya Uegado 
lu hora. Cuando ésta llega, lo vemos con sublime 



hoy, manana y al otro dia, es necesario que 
Yo ånde, porque no cabe que un profeta pe- 
rezca fuera de Jerusalén." 

;Ay de Jerusalén! 34 Jerusalén, Jerusalén, tu 
que matas a los profetas, y apedreas a los que 
te son enviados, ; cuantas veces quise Yb 
reunir a tus hijos, como la gallina reune su 
pollada debajo de sus alas, y vosotros no lo 
habéis querido! 35 Ved que vuestra casa os va 
a quedar desierta. Yo os lo digo, no me vol- 
veréis a ver, hasta que llegue el tiempo en que 
digais: "jBendito el que viene en nombre del 
Senor!" 

CAPITULO XIV 

Jesus sana a ust hidr6pico. ^Como Él hu- 
biese ido a casa de un jefe de los fari- 
seos, un dia sabatico a comer, ellos lo acecha- 
ban. 2 Estaba alli, delante de Él un hombre hi- 
drépico. 3 Tomando la palabra, Jesus pregunto 
a los doctores de la Ley y a los fariseos: "(-Es 
lfcito curar, en dia sabatico, o no?" 4 Pero 
ellos guardaron silencio. Tomåndolo, entonces, 
de la mano, lo sand y lo despidio. 5 Y les dijo: 
'VQuién hay de vosotros, que viendo a su 
hijo o su buey caido en un pozo, no lo saque 
pronto de alli, aun en dia de sabado?" 6 Y no 
fueron capaces de responder a esto. 

PARABOLA DE LOS PRIMEROS PUESTOS. ^Obser- 

vando como elegfan los primeros puestos en 
la mesa, dirigié una parabola a los invitados, 
diciéndoles: 8 "Cuando seas invitado a un con- 
vite de bodas, no te pongas en el primer pues- 
to, no sea que haya alli otro convidado ob- 
jeto de mayor honra que tu ®y viniendo el que 
os convido a ambos, te diga: **Deja el sitio a 
éste", y påses entonces, con vergiienza, a ocu- 
par el ultimo lugar. 10 Por el contrario, cuando 
seas invitado, ve a ponerte en el ultimo lugar, 
para que, cuando entre el que te invito, te 
diga: *'Amigo, sube mas arriba." Y entonces 
tendras honor a los ojos de todos los' convi- 
dados. 1J Porque el que se levanta, sera abajado; 
y el que se abaja, sera levantado." 12 También 
dijo al que lo habia invitado: "Cuando des un 
almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, 
ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a ve- 
cinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, 
y que esto sea tu pago. 13 Antes bien, cuando 



empefio "adelantarse" hacia Jerusalén, sin que nada 
ni nadie pueda detenerlo. Véase 9, 5!; 18, 31; 19, 
28. S. Pablo lo imitarå. Cf. Hech. 21, 4. 

34. Jesus estå hablando en singular con Jerusa- 
lén. I£l plural que usa Hiego alude sin duda a los 
jefes de la Sinagoga. Cf. Mat. 23, 37. 

35. En Mat. 23, 39 el Senor pronuncia este mis- 
mo vaticinio del S. 117, 26, al terminar su ultimo 
gran discurso en el Templo. V r éase alli la nota. 

7 ss. El humilde huye de los primeros puestos 
como por insfcinto, porque sabe que esto agrada al 
Padre Celestial. "El hombre segun el Corazon de 
Dios, hace siempre lo que Él quiere; une su cora- 
zon al Coraz6n de Dios; une su alma al Espiritu 
Santo; quiere lo que Dios quiere, y no quiere lo 
que Él no quiere" (S. Crisåstomo). 

10. Véase Prov. 25, 6 s.; Mat. 23, 12; I,uc. 1. 
52; 18, 14; I Pedro 5, 5. 



100 



EVANGELJO SEGUN SAN LUCAS 14, 13-35; 15, 1-7 



des un banquete, convida a los pobres, a los 
lisiados, a los fcojos, y a los ciegos. 14 Y feliz 
seras, porque ellos no tienen como retribuirte, 
sino que te sera retribuido en la resurreccion 
de los justos." 

Paråbola del gran banquete. 15 A estas pala- 
bfas, uno de los convidados le dijo: ";FeIiz 
el que pueda comer en el reino de Dios!" 
16 Mas Él le respondio: "Un hombre dio una 
gran cena a la cual tenfa invitada mucha gen- 
te. 17 Y envio a su servidor, a la hora del festin, 
a decir a los convidados: "Venid, porque ya 
todp estå pronto." 18 Y todos a una comenza- 
ron a excusarse. El primero le dijo: "He com- 
prado un campo, y es preciso que vaya a verlo-, 
te ru ego me des por e'xcusado." 19 Otro dijo: 
"He comprado cinco yuntas de bueyes, y me 
voy a probarlas; te ruego me tengas por ex- 
cusado." ^Otro dijo: "Me he casado, y por 
tanto no puedo ir." 21 E1 servidor se volvio a 
contar todo esto a su amo. Entonces, lleno de 
ira el dueno de 'casa, dijo a su servidor: "Sal 
en seguida a las calles y callejuelas de la ciu- 
dad; y traeme acå los pobres, y lisiados, y 
ciegos y cojos." ^l servidor vino a decir le: 
*'Senor, se ha hecho lo que tu mandaste, y 
aun hay sitio." ^Y el amo dijo al servidor: 
"Ve a lo largo de los caminos y de los cerca- 
dos, y compele a entrar, para que se Ilene mi 
casa. 24 Porque yo os digo, ninguno de acjue- 
llos varones que fueron convidados gozara de 
mi festin." 

El amor de preferencia. 25 Como grandes 
muchedumbres le iban siguiendo por el ca~ 
mino, se volvi6 y les dijo: 26 "Si alguno viene 



14. La resurrecciån de los justos: Cf. 20, 35; 
Juan S, 25 ss.; 6, 39 ss.; 11, 25 ss.; Apoc. 20, 6; 
I Cor. 15, 22 s.; 15, 51 ss. (texto griego) ; I Tes. 
4, 16; Fil. 3, 11; Hech. 4, 2; 24, 15. 

16. En la presente paråbola el que convida es e] 
Fodre Celestial, la cena es figura del reino de Dios. 
IvOs primeros convidados son ^ los hifos de Israel, 
que, por no aceptar la invitaciån, son reemplazados 
por los pueblos paganos, Véase Mat. 22, 2-14. 

17. Jesus, siervo de Yahvé (Is, 42, 1 ss.), se re- 
trata aqui admirablemente como tal y muestra que 
venia a la hora del festin, es decir, cuando todo es- 
taba dispuesfto para el cumplimiento de las profecias 
(cf. Rom. 15, 8; Juan 18, 36 s.). Bien sabia Él que 
lo iban a reohazar y por eso anuncia (v. 23 s.) la 
entr a da del nuevo pueblo de que habla Santiago en 
Hech. 15, 13 ss. Cf. Is. 35, 5 y nota. 

25. Iyos proselitistas humanos hallarian muy sor- 
prendente esta politica de Jesus: Cuando inmensas 
multitudes lo siguen (cf. 12, 1) Él, en lugar de 
atraerlas con promesas, como suele hacerse, pone en 
el mås fuerte aprieto la sinceridad de su adhesiån 
(véase 9, 57 ss.). Con ello nos da una de las gran- 
des muestras de su divina verdad. :Cf. 12, 22 y nota. 

26. Quiere decir simplemente que en el orden de 
los valores Jesus ocupa el primer lugar, aun frente 
a los p ådres. N6tese que, si bien el honrar padre y 
madre es un gran mandamdento del mismo Dios, 
Jesus se declara Él mismo instrumentø de dis cor dia 
en las familias (véase 12, 51 y nota), y nos previene 
que los enemfgos estarån en la propia casa (Mat. 
10, 34 ss.), donde el ambiente mundano o farisaico 
se burlarå de los discipulos como lo hacian del Maes- 
tro sus propios parientes. Cf. Marc. 3, 21; Juan 7, 
3-5 y notas. 



a Mi y no odia a su padre, a su madre, a su 
mujer, a sus hijos, a sus hermanos y a sus 
hermanas, y aun también a su propia vida, no 
puede ser discipulo mio. 27 Todo aquel que 
no^ lleva su propia cruz y no anda en pos de 
Mi, no puede ser discipulo mio." 

^"Porque, équién de entre vosotros, querien- 
do edificar una torre, no se sienta prime- 
ro a calcular el gasto y a ver si tiene con 
qué acabarla? ^No sea que, después de håber 
puesto el cimiento, encontrandose incapaz de 
acabar, todos los que vean esto comiencen a 
menospreciarlo 30 diciendo: "Este hombre se 
puso a edificar, y ha sido incapaz de llegar a 
término." 31 ^0 qué rey, marchando contra otro 
rey, no se pone primero a examinar si es ca- 
paz, con diez mil hombres, de afrontar al que 
viene contra él con veinte mil? ^Y si no lo 
es, mientras el otro esta todavia léjos, le en- 
via una embajada para pedirle la paz. ^Asi, 
pues, cualquiera que entre vosotros no renun- 
cia a todo lo que posee, no puede ser disci- 
pulo mio. 34 La sal es buena, mas si la sal pier- 
de su fuerza, ^con qué sera sazonada? 35 Ya no 
sirve, ni tampoco sirve para la tierra, ni para 
e\ muladar : la arrojan fuera. ; Quién tiene 
oidos para oir, oiga!" 

CAPiTULO XV 

Paråbola oe la oveja descaRriada. *Todos 
los publicanos y los pecadores se acercaban a 
Él para oirlo. ^Mas los fariseos y los escribas 
murmuraban y decian: "Este recibe a los pe- 
cadores y come con ellos." 3 Entonces les di- 
rigio esta paråbola: 4 "^Qué hombre entre vos- 
otros, teniendo cien ovejas, si llega a perder 
una de ellas, no deja las otras noventa y nueve 
en el desierto, para ir tras la oveja perdida, 
hasta que la halle? 5 Y cuando la hallare, la 
pone sobre sus hombros, muy gozoso, ®y vuel- 
to a casa, convoca a amigos y vecinos, y les 
dice: "Alegraos conmigo, porque hallé mi ove- 
ja, la que andaba perdida." 7 Asi, os digo, ha- 
bra gozo en el cielo, mas por un solo pecador 
cnie se arrepiente, que por noventa y nueve 
justos que no tienen necesidad de convertirse." 



27. Cf. 9, 23; Mat. 10, 38; 16, 24; Marc. 8, 34; 
Gål. 6, 14. 

33, EJs notable que la conclusion de Jesus no nos 
habla de aumentar nuestros recursos propios, como 
pareceria deduoirse de la paråbola. l£s para ense- 
narnos que Satanås sera siempre mås fuerte que 
nosotros, si pretendemos combatirlo con las armas 
nuestras (cf. 9, 24 y nota) y sin el auxilio que el 
mismo Dios nos da por la gracia (I Pedr. 5, 8 s.). 
Cf. 9, 24; Mat. 10, 39; , r uan 15, 5 y notas, 

34 s. Iva sal, simbolo de la sabiduria sobrena- 
tural, representa a los que han de difundirla en nom* 
bre de Jesus. Si ellos pierden la buena doctrina, se 
hacen despreciafales ante Dios como él estiércol. 1& 
corrupcion de la grey, dicen S. Jeronimo y S. Am- 
brosio, sera siempre el sintoma de que los ministros 
del Evangelio se han desvirtuado. Cf. 11, 52 y nota. 

4. Empiezan aqui las tres paråbolas llamadas de 
la tnisericordia, en que Jesus nos muestra, como 
una caracteristica del Corazån de su Padre, la pre 
dileccion con que su amor se inclina hacia los mås 
necesitados, contra stando con la mezquindad humana, 
que busca siempre a lo« triunfadores. 



EVANGELIO SBGXJN SAN LUCAS 15, 8-27 



101 



La dracma perdida. 8 "iO qué mujer que 
tiene diez dracnjas, si Ilega a perder una sola 
dracma, no enciende un candil y barre la casa 
y busca con cuidado, hasta que la halla? 9 Y 
cuando la ha encontrado, convoca a las ami- 
gas y las vecinas, y les dice: "Alegraos conmi- 
go, porque he encontrado la dracma que habia 
perdido." 10 Os digo que la misma alegria reina 
en presencia de los angeles de Dios, por un 
solo pecador que se arrepiente." 

El hijo pr6digo. 11 Dijo aun: "Un hombre 
tema dos hijos, 12 el menor de lo cuales dijo 
a su padre: "Padre, dame la parte de los bienes, 
que me ha de tocar." Y les repartio su håber. 
13 Pocos dias después, el menor, juntando todo 
lo que tenia, partio para un pais lejano, y alli 
disipo todo su dinero, viviendo perdidamente. 
14 Cuando lo hubo gastado todo, sobrevino gran 
hambre en ese pafs, y comenz6 a experimentar 
necesidad. 15 Fué, pues, a ponerse a las orde- 
nes de un hombre del pais, el cual lo envio 
a sus tierras a apacentar los puercos. 16 Y hu- 
biera, a la verdad, querido llenarse el est6- 
mago con las algarrobas que comian los puer- 
cos, pero nadie se las daba. 17 Volviendo en- 
tonces sobre si mismo, se dijo: "jCuantos jor- 
naleros de mi padre tienen pan de sobra, y 



8. Iva dracma equivale a un peso argentino. 

10. Si para nuestro corazon, tan pobre, es un 
gozo incomparable presenciar la conversién de un 
amigo que habia perdido la fe, ,jqué sera esa ale- 
gria de los ångele3, que hallan corta la eternidad 
para alabar y querer y bendecir y agradecer ? 

11. Iva paråbola del hijo prådigo es sin duda una 
de las mås hellas y trascendentales revelaciones del 
Corazon misericordioso del Padre celestial. Todos 
somos bijos prodigos, pecadores. En la primera par- 
te describe Jesus la separacion de Dios por parte 
de! hombre; en la segunda, la vuelta del pecador a 
Dios; en la tercera, el recibimiento del pecador por 
parte del Padre. Algunos expositores antiguos y mo- 
demos refieren la paråbola a la vocacion de los gen- 
tiles, figwando el hijo menor a éstos, y el mayor, a 
los judios. Faha, empero, el elemento esencial, pues 
ni Israe] pudo llamarse fiel como el hijo mayor, ni 
puede decirse que hubiese en la gentiltdad un ale- 
jamiento y una vuelta al hogar, pues nunca habia 
estado en él (IJf. 2, 12; cf. Is. 54, 1 y nota). La 
ensenanza de esta paråbola es, pues, eminentemente 
ititima e individual como en 5, 32 y en la pericopa 
de Juan 8, 1-11 (que segtin Joiion y otros corres* 
ponde también a I v ucas. Cf. 21, 38 y nota). Véase 
el comentario al v. 28 y los vv. 1-3, que muestran 
claramente la ocasiån en que Jesus hablé y lo que 
quiso ensefiar. Darle un sentido histérico seria des- 
yiar la atencion de su inmenso significado espiritual, 
infalible para convertir a cualquier pecador que no 
esté perdido por la soberbia. Cf. Juan 6, 37; Sant. 
4, 6; I Pedr. 5, 5. 

17. Iva vuelta del pecador a Dios comienza siem- 
pre con el serio entrar en si mismo, porque sin ello 
"la fascinacion de la bagatela nos oculta los verda- 
deros bienes" (Sab. 4, 12). *%a tierra estå Ilena de 
desoiacion, dice el profeta, porque no hay quien se 
concentre en su corazén" (Jer. 12, 11). Para esto 
nos envia Dios la prueba saludable del dolor que «os 
oWiga a meditar, si es que no queremos entregarnos 
a la desesperacion, Ijntonces, la Palabra de Dios es 
ei instrumento de la sabiduria que transforma el co- 
razon mediante la luz. Véase Prov. 4, 23; 22, 17; 
&ii, 1, 18; 24, 37; 37, 21; 39, 6; 51, 28; S. 1, 
1«.; 18, 8; Jer. 24, 7; 30, 21; Bar. 2, 31; Ez. 36, 
ti; Mat. 15, 19; Luc. 6, 45; Hebr. 13, 9, etc. 



yo, aqui, me muero de hambre! 18 Me levan- 
taré, iré a mi padre, y le diré: "Padre, he 
pecado contra el cielo y delante de ti. 19 Ya no 
soy digno de ser llamado hijo tuyo. Hazme 
como uno de tus jornaleros." 20 Y levantandose 
se volvio hacia su padre. Y cuando estaba to- 
davia lej os, su padre lo vio, y se le enterne- 
cieron las entranas, y corriendo a él, cayo so- 
bre su cuello y lo cubri6 de besos. 21 Su hijo 
le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y contra 
ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo." 
^Pero el padre dijo a sus servidores: "Pronto 
traed aqui la ropa, la primera, y vestidlo con 
ella; traed un anillo para su man/), y calzado 
para sus pies; 23 y traed el novillo cebado, ma- 
tadlo, y comamos y hagamos fiesta: 24 porque 
este hijo mio estaba muerto, y ha vuelto a la 
vida; estaba perdido, y ha sido hallado." Y 
comenzaron la fiesta. ^Mas sucedio que el hijo 
mayor estaba en el campo. Cuando, al volver 
llego cerca de la casa^ oy6 musica y coros. 
26 Llam6 a uno de los criados y le averiguo qué 
era aquello. 27 É1 le dijo: "Tu hermano ha 
vuelto, y tu padre ha matado el novillo ceba- 
do, porque lo ha recobrado sano y salvo." 



19. Hazme como uno de tus jornaleros: Notemos 
que esto se propone decirlo el hijo, y es una prueba 
de la humildad necesaria en la conversiån. Pero 
cuando estå ante el padre, ya no alcanza a decir esas 
palabras (v. 21), porque éste se lo impide con el 
estallido de su amor generoso (v. 22) . i Qué bien 
predica aqui el "misionero" Jesus, para hacernos 
comprender lo que es el Corazon de "su Padre y nues- 
tro Padre"! (Juan 20, 17). Él no impone su santo 
Espiritu; pero, apenas lo deseamos, nos lo prodiga 
(Luc 11, 13 y nota), junto con su perdon y sus favo- 
res, como si el beneficiado fuera Él. Quien descubre 
asi lo que es Dios — como lo habrå sentido Abra« 
hån cuando el ångel le detuvo el brazo en el sacrificio 
de Isaac — équé podrå ya pedir* o esperar del mundo? 
20. Cuando estaba todavia le jos: Jesus re vel a aqui 
los mås inttmos sentimientos de su divino Padre 
que, lejos de rechazarnos y mirarnos con rigor a 
causa de nuestras miserias y pecados, nos sale a bus- 
car cuando esta mos todavia lejos. Notemos que si 
Adån se escondié después del pecado (Gén. 3, 8 s.) 
fué porque no creyo que Dios fuese bastante bueno 
para perdonarlo. Es decir que el disimulo y el miedo 
vienen de no confiar en Dios como Padre. Por don- 
de vemos que la desconfianza es mucho peor qne el 
pecado mismo, pues a éste lo perdona Dios fåcil- 
mente, en tanto que aquélla impide el perdon y, al 
quitarnos la esperanza de conseguirlo, nos aparta de 
la contricion, arrastråndonos a nuevos pecados, has- 
ta el sumo e irremediable pecado de la desespera- 
don, que es el caracteristico de Cain (Gén. 4, 3), 
de Judas (Mat. 27, 3-5) y del mismo Satanås. Tam- 
bién la mentira viene de la desconfianza, pues si 
creyéramos en la bondad de Dios, que nos perdona 
Hsa y llanamente, total y gratuitamente, no recurri- 
riamos a buscar excusas por nuestros pecados, ni nos 
seria doloroso, sino al contrario, muy grato, decla- 
rarnos culpables para sentir la incomparable dulzura 
del perdén (véase S. 50, 10 y nota). £1 que duda 
de ser perdonado por sus faltas, ofende a Dios mu- 
cho mås que con esas faltas porque lo estå tratando 
de falso, ya que ese divino Padre ha prometido mil 
veces el perdon, haciéndonos saber que "Él es bueno 
con los desagradecidos y malos" (6, 35). Hay en 
esto también una ensenanza definitiva dada a los 
padres de familia, para que imiten mås que nadie, 
en eltrato con sus hijos, la misericordia del Padre 
Celestial (cf. 6, 36 y nota), y sepan que los inducen 
a la mentira, mås que a la contricion, si usan un 
rigor inexorable que les haga dudar de su perdon* 



102 



EVANCEUO SKGUN SAN LUCAS 15, 28-32; 16, 1-16 



28 Entonces se indigno y no queria entrar. Su 
padre sali6 y lo llamo. ^Pero él contesto a su 
padre: "He aqui tantos anos que te estoy sir- 
viendo y jamås he transgredido mandato al- 
gano tuyo; y a mi nunca me diste un cabrito 
para hacer fiesta con mis amigos. 30 Pero cuan- 
do tu hijo, éste que se ha comido toda, su ha- 
cienda con meretrices, ha vuelto, le has mata- 
do el novillo cebado." 3l El padre le di jo: "Hijo 
mio, tu siempre estas conmigo, y todo lo mio 
es tuyo. 32 Pero estaba bien hacer fiesta y re- 
gocijarse, porque este hermano tuyo habia 
muerto, y ha revivido; se habia perdido, y ha 
sido hallado" 

CAPlTULO XVI 

Paråbola del administrator infiel. 1 Diio 
también, dirigiéndose a sus discfpulos: "Habia 
un hombre rico, que tenia un mayordomo. Este 
le fué denunciado como que dilapidaba sus bie- 
nes. 2 Lo hizo venir y le dijo: "^Qué es eso 
que oigo de ti? Da cuenta de tu administra- 
ciån, porque ya no puedes ser mayordomo." 
SEntonces el mayordomo se dijo dentro de si 
mismo: "iQué voy a hacer, puesto que mi 
amo me quita la mayordomia? De cavar no 
soy capaz; mendigar me da verguenza. 4 Yo 
sé lo que voy a hacer, para que, cuando sea 
destiruldo de la mayordomia, me reciban en 
sus casas." 5 Y llamando a cada uno de los 
deudores de su amo, dijo al primero: "<;Cuan- 
to debes a mi amo?" *Y él contesto: "Cien 
bamles de aceite." Le dijo: "Aqui tienes ru 
vale; siéntate en seguida y escribe cincuenta." 
TLuego dijo a otro: "Y tu, ^cuanto debes? " 
Éste le dijo: "Cien medidas de trigo." Le dijo: 
"Aqui tienes tu vale, escribe ochenta ." *Y ala- 
b6 el seiior al inicuo mayordomo, porque habia 
obrado sagazmente. Es que los hijos del siglo, 



28. El hijo mayor, que no podia comprender la 
conducta del padre para con el menor, viene a estar 
mås lejos de Dios que su hermano arrepentido. Él 
es imagen de quienes, creyéndose usufructuarios ex- 
clusivos del reino de Dios, se sienten of endt dos cuan- 
do Dios es mås misericordioso que ellos. Por eso el 
hijo "justo" recibe una reconvencion, mientras su 
hermano pecador goza de la dicha de ser acogido 
festivamente por su padre y, al sentirse perdonado, 
crece en el amor (véase 7, 47). Nétese que esta 
paråbola fué di rigida a los fariseos, como se ve en 
los vers- 1-3. 

6. El barril corresponde al bat hebreo = 36,4 li- 
tros. 

7. Cien medidas hebreas son 364 hectolitros. 

8. hos hijos de la luz son los hijos del reino de 
Dios. Jesus no alaba las malas pråeticas del admi- 
nistrador, sino }a habilidad en salvar su existencia. 
Como el administrador asegura su porvenir, asi nos* 
otros podemos "atesorar riqueza s en el ciefo" (Mat. 
6, 20) y no hemos de ser menos previsores que él. 
Aun las "riquezas de iniquidad" han de ser utiliza. 
das para tal fin. Es de notar que no se trata de un 
simple individuo sino de un mayordomo y que las 
liberal i da des con que se salvå no fueron a costa de 
sus bienes propios sino a costa de su amo. que es 
rico y bueno. ^No hay aqui una ensenanza también 
para los pastores, de predicar la bondad y la miseri- 
cordia de Dios, que viene de su amor (Ef. 2, 4), 
guardåndose de "colocar pesadas cargas sobre los 
hombros de los demås?" (Mat. 33, 4). Cf. Jer. 23, 
33-40 y nota; Cat. Rom. III 2, 36; IV, 9, 7 ss. 



en sus relaciones con los de su especie, son 
mås listos que los hijos de la luz. 9 Por lo cual 
Yo os digo, granjeaos amigos por medio de 
la inicua riqueza para que, cuando ella falte, 
os reciban en las moradas eternas. I0 E1 fiel 
en lo muy poco, también en lo mucho es fiel; 
y quien en lo muy poco es injusto, también 
en lo mucho es injusto. u Si, pues, no habéis 
sido fieles en la riqueza inicua, <iquién os 
confiara la verdadera? l2 Y si en lo ajeno no 
habéis sido fieles, (iquién os darå lo vuestro?" 
13 "Ningun servidor puede server a dos amos, 
porque odiarå al uno y amara al otro, o se 
adherira al uno y despreciara al otro; no po- 
deis servir, a Dios y a Mammon." 

La hipocresia de los fariseos. 14 Los fariseos, 
amadores del dinero, oian todo esto y se bur- 
laban de Él. 15 Dijoles entonces: "Vosotros sols 
los que os hacéis pasar por justos a los oios 
de los hombres, pero Dios conoce vuestros co- 
razones. Porque lo que entre los hombres es 
altamente estimado, a los ojos de Dios es 
abominable. 16 La Ley y los profetas llegan has- 
ta Juan; desde ese momento el reino de Dios 

9. Ensenanza concordante con la de 11, 40. 

10. En lo muy poco: He aqui una promesa, llena 
de indecible suavidad, porque todos nos animamos a 
hacer lo muy poco, si es que queremos. Y Él pro- 
mete que este poqulsimo se convertirå en mucho, 
como diciendo: No le importa a mi Padre la canti- 
dad de lo que hacéis, sino el espiritu con que obråis 
(cf. Prov. 4, 23). Si sabéis ser ninos, y os conten- 
tåis con ser pequefios (cf. Mat. 18, 1 ss.), Él se en- 
cargarå de haceros gigant es, puesto que la santidad 
es un don de su Espiri<tu (I Tes. 4, 8 y nota). De 
aqui sac6 Teresa de Lisieux su téenica de prefe- 
rir y recomendar las virtudes pequefias mås que las 
"grandes** en las cuales fåcilmente se infiltra, o la 
falaz presunciån, como dice el Kempis, que luego 
falla como la de Pedro (Juan 13, 37 ss.), o la satis- 
faccion venosa del amor propio, como en el fari- 
seo que Jesus nos presenta (IS, 9 ss.), cuya sober- 
bia, notémoslo bien, no consistia en cosas temporales, 
riquezas o mando, sino en el orden espiritual, en 
pretender que poseia virtudes. 

12. Lo ajeno son los bienes temporales, pues per> 
tenecen a Dios que los cre6 (S. 23, 1 ss.; 49, 12), y 
los tenemos solamente en préstamo; porque Él, al 
darno&los, no se desprendio de su domtnio, y nos 
los dt6 para que con ellos nos ganåsemos lo nuestro, 
es decir, los espirituales y eternos (v. 9), unicos 
que el Padre celestial nos entrega como propios. 
Para la adquisiciån de esta fortuna nuestra, influ 
ye grandemente, como aqui ensena Jesus, el empleo 
que hacemos de aquel préstamo ajeno. 

15. Abominable, "Tumba del humanismo" ha sido 
llamada esta sentencia de irreparable divorcio entre 
Cristo y los valores mund an os. Cf. I Cor. caps. 1-3. 

16. El Mesias-Rey vino a lo propio, "y los suyos 
no lo recibieron" (Juan 1, 11). Su realeza fué ape- 
nas reconocida por un in&tante, el dia de su entrada 
triunfal en Jerusalén (véanse las aclamaciones del 
pueblo en 19, 38; Mat. 21, 9; Marc. 11, 10; Juan 
12, 13). Alguno? ban interpretado metafåricamente el 
pasaje pa ral el o de Mat. 11, 12, en el s en ti do de que, 
para conquistar el Reino, hemos de hacer violencia a 
Dios con la confianza; y otros, que hemos de vio- 
lentar nuestras malas inclinaciones. El contexto de 
ambos Evangelios muestra que el Sefior no trata aqui 
de doctrina sino de profecia. Ademås, si »te pasaje 
tuviera un sentido metafårico, nunca habria dicho 
que todos hacian violencia para entrar al Reino de 
los cielos, ya que desgraciadamente sucedia todo lo con- 
trario con el rechazo de Cristo. Cf. 17, 20 ss.; Mat. 
17, 10 ss.; Is. 35, 5 y notas. 



»VANGELIO SEGUN SAN LUCAS 16, 16-31; 17, 1-10 



10? 



se esta anunciando, y todos le hacen fuerza. 
17 Pero es mas {acil que el cielo y la tierra 
pasen, y no que se borre una sola tilde de la 
Ley. 18 t)ualquiera que repudia a su mujer y 
se casa con otra, comete adulterio; y el que 
se casa con una repudiada por su marido, co- 
mete adulterio." 

Ét Rico epulon y Låzaro. 19n Habia un hom- 
bre rico, que se vestia de purpura y de Hno 
fino, y banqueteaba cada dia espléndidamente. 
"Y un mendigo, llamado Lazaro, se estaba ten- 
dido a su puerta, cubierto de ulceras, 21 y de- 
seando saciarse con lo que caia de la mesa del 
rico, en tanto que hasta los perros se llegaban 
y le lamfan las llagas. 22 Y sucedio que el pobre 
murio, y fué llevado por los andeles al seno 
de Abrahan. También el rico murio, y fué se- 
pultado. 23 Y en el abismo, levanto los ojos, 
mientras estaba en los tormentos, y vio de 
lejos a Abrahan con Lazaro en su seno. ^Y ex- 
clamo: "Padre Abrahan, apiådate de mi, y 
envia a Låzaro para que, mojando en el agua 
la punta de su dedo, refresque mi lengua, por- 
que soy atormentado en esta llama." ^Abra- 
han le respondio: "Acuérdate, hijo, que tu re- 
cibiste tus bienes durante tu vida, y asi tam- 
bién Låzaro los males. Ahora el es consolado 
aqui, y tu sufres. 26 Por lo demås, entre nos- 
otros y vosotros un gran abismo ha sido esta- 
blecido, de suerte que los que quisiesen pasar 
de aqui a vosotros, no lo podrfan; y de alli 
tampoco se puede pasar hacia nosotros." 27 Res- 
pondiå: "Entonces te ruego, padre, que lo en- 
vies a la casa de mi padre, 28 porque tengo 
cinco hermanos, para que les dé testimonio, a 
fin de que no vengan, también ellos, a este 
lugar de tormentos." 29 Abrahan respondio: 
"Tienen a Moisés y a los profetas; que los es- 
cuchen." 30 Replico: "No, padre Abrahan*, pero 
si alguno de entre los muertos va junto a ellos, 
se arrepentirån." 31 É1, empero, le dijo: "Si no 
escuchan a Moisés y a los profetas, no se de- 
jarån persuadir, ni aun cuando alguno resucite 
de entre los muertos." 

CAPlTULO XVII 
El escåndalo. iDijo a sus discipulos: "Es 



18. 13 divorcio es, pues, contrario a la ley de 
Dios, aunque fuera aprobado en un pais por la una- 
nimidad de los legisladores. Véase Mat. 5, 32; Marc. 
10, 11 s., I Cor. 7, 10. 

21. Después de rico la Vulgata anade: y nadie 
le daba. EJs una inserciån proveniente de IS, 16. 

25. Recibiste tus biewes: es decir, el que s61o as- 
pira a la felicidad temporal ya tuvo lo que desea- 
ba, como ensena Jesus (6, 24; 18, 22 y nota; Mat. 
6, 2; 5, 16), y no puede pretender lo eterno, pues 
no lo quiso. Véase también Mat 10, 39; Il Pedro 
2, 13 y notas. 

26. Cf. Marc. 9, 43; Is. 66, 24. 

31. Solemos pensar que la vista de un mtiagro 
seria suficiente para producir una conversiån abso- 
luta. Jesus muestra aqui que ésta es una ilusion 
(cf. Juan 23 s.) y que la conversion viene de la 
Palabra de Dios escuchada con rectitud (Mat. 13, 
1 ss.). I^a fe, dice S. Pablo, viene del oir (Rom. 
10, 17). 

1. Véase Mat. 18, 7; Marc. 9, 41. 



inevitable que sobreyengan escåndalos, pero, 
;ay de aquel por quien vienen! 2 JVlås le val- 
drfa que le -suspendiesen una piedra de molino 
lrededor del cuello, y lo echasen al mar, que 
escandalizar a uno de estos pequenos. 3 Mirad 
por vosotros". 

Perd6n ilimitado de las ofensas. "Si uno de 
tus hermanos Uega a pecar, repréndelo; y si 
se arrepiente, perdonalo. 4 Y si peca siete ve- 
ces en un dia contra ti, y siete veces vuelve 
a ti y te dice: «Me arrepiento», tu le perdo- 
naras." 

Poder de la fe. 5 Y los apostoles dijeron al 
Seiior: "Anadenos fe." ^Y el Senor dijo: "Si 
tuvierais alguna fe, aunque no fuera mas gran- 
de que un grano de mostaza, diriais a este si- 
comoro: "Desarraigate y plantate en el mar", 
y dl os obedeceria. 'iQuién de vosotros, que 
tenga un servidor, labrador o pastor, le dira 
cuando éste vuelve del campo: "Pasa en segui- 
da y ponte a la mesa?" ^No le dira mas bien: 
"Preparame de comer; y cenido sirveme luego 
hasta que yo haya comido y bebido, y después 
comeras y beberas tu?" 9 iY acaso agradece al 
servidor por håber hecho lo que le mando? 
I0 Asf también vosotros, cuando nubiereis hecho 

4. Siete veces en un dia quiere decir: muchisi- 
mas veces, siempre. Kn Mateo (18, 22) dice el Se- 
nor; setenta veces siete. Dios nos da el ejemplo en 
6, 35 s. Cf. IS, 21; Juan 8, 1-1!. 

5 s. I^os discipulos piden un aumento como quien 
ya tiene algo de fe. Jesus los desilusiona sobre eso 
que creen tener. Véase Mat. 17, 20; 21, 21; Marc. 
11, 23. 

10. "EJntregarse todo entero y considerarse siervo 
inutil es una cosa preciosa para el hombre espiri- 
tual. Porque el que lo ha hecho es el que descubre 
fåcilmente cuån mal sabe hacerlo. Y como desea ha- 
cerlo cada vez mås, pues ha encontrado en ello su 
reposo, vive pidiendo al Padre que le ensene a en- 
tregarse, comprendiendo que todo cuanto pueda ha- 
cer en ese sentido es también ohra de la gratuita 
misericordia de ese Dios cuyo Hijo vino a buscar 
pecadores y no justos, y sin el cual nada podemos. 
De ahi que al homhre espiritual ni siquiera se ^e 
ocurre pensar — como lo hace el hombre natural — 
que es dura e injusta esa palabra de Jesus al decir 
que nos llamemos siervos iw&tiles, pues el espiritual 
se da cuenta de que ser asi, inutil, no s6lo es una 
enorme verdad que en vano se pretenderia negar, 
sino que es también lo que mås le conviene para su 
ventaja, pues a los hambrientos Dios lo llena de 
bienes, en tanto que si él fuera rico espiritualmente 
(o mejor: si pretendiera serlo) seria despedido sin 
nada, romo ensefia Maria (I,uc. 1 ; 53). Vemos, 
pues, que en esto de ser siervo inutil esta, no una 
censura o reprodhe de Jesis, sino todo lo contrario: 
nada menos que la bienaventuranza de los pobres 
en el espiritu (Mat. 5, 3 y nota). Asi es la suavidad 
inefable del Corazån de Cristo: cuando parece exi- 
girnos t algo, en realidad nos esta regalando. Y bien 
se enticnde esto, pues a Él <jqué le importaria que 
hiciéramos tal cosa o tal otra, si no buscara nuestro 
hien... hasta con su Sangre? De ahi que la carac- 
teristica del hombre espiritual sea ésta; se sabe 
amado de Dios y por eso no se le ocurre suponerle 
intenciones^ crueles, aunque Él 4 veces disimule su 
bondad baj o un tono que nos parece severo, como 
al hlno cuando el padre lo manda a dormir la sies- 
ta. Porque Él nos dice que no piensa en obligarnos 
sino en darnos paz (Jer. 29, 11)." Sobre la dife- 
rencia entre el hombre espiritual y el que no lo es, 
véase I Cor. 2, 10 y 14. 



104 



EVANCBLIO SEGUN SAN LUCAS 17, 10-37; 18, Wi 



todo lo que os, estå mandado, decid: "Somos 
siervos inutiles, lo que hicimos, eståbamos obli- 
gados a hacerlo." 

Los diez leprosos. n Siguiendo su camino 
hacia Jerusalén, pasaba entre Samaria y Ga- 
lilea. 12 Y al entrar en una aldea, diez hombres 
leprosos vinieron a su encuentro, los cuales se 
detuvieron a la distancia, 13 y, levantando la 
voz, clamaron: VMaestro Jesus, ten misericor- 
dia de nosotros." 14 Viéndolos, les dijo: "Id r 
mostraos a los sacerdotes." Y mientras ibaa 
quedaron limpios. 15 Uno de ellos, al ver 
que habia sido sanado, se volvio glorifi- 
cando a Dios en alta voz, 16 y cay6 sobre 
su rostro a los pies de Jesus dandole gra- 
cais, y éste era samaritano. 17 Entonces Jesus 
dijo: " tf *No fueron limpiados los diez? ^Y los 
nueve dénde estan? i 8 <JNo hubo quien volvie- 
se a d*ar gloria a Dios sino este extranjero?" 
19 Y le dijo: "T.evantate y vete; tu fe te ha 
salvado." 

Las dos venidas del MEsfAS. 20 Interrogado 
por los fariseos acerca de cuando vendra el 
reino de Dios, les respondio y dijo: "El reino 
de Dios no viene con advertencia, 21 ni diran: 
<lEstå aqui!» o «;Esta alli!» porque ya esta 
el reino de Dios en medio de vosotros." ^Dijo 
después a sus discipulos: "Vendran dias en que 
desearéis ver uno solo de los dias del Hijo del 
hombre, y no lo veréis. ^Y cuando os digan: 
<;Esta alli!» o «;Estå aqui!» no vayais alli 
y no corrais tras de él. ^Porque, como el re- 
lampago, fulgurando desde una parte del cielo, 
resplandece fiasta la otra, asi sera el Hijo del 
hombre, en su dia. 25 Mas primero es necesa- 
rio que el sufra mucho y que sea rechazado 
por la generacion esta. 26 Y como fué en los 
dias de Noé, asi sera también en los dias del 
Hijo del hombre. 27 Comian, bebian, se casa- 
ban (los hombres), y eran dadas en matrimo- 
nio (las mujer es), hasta el dia en que Noé en- 
tro en el arca, y vino el cataclismo y los hizo 
perecer a todos. 28 Asimismo, como fué en los 
dias de Lot: comian, bebian, compraban, ven- 



18. Gloria a Dios: Una vez mås hace resaltar 
Jesus que la gloria de Dios consiste en el recono- 
cimiento de sus beneficios. I*a alabanza mås repetida 
en toda la Escritura dice: "Alabad al Seiior porque 
es bueno, porque su misericordia permanece _ para 
siempre" (S. 135, 1 ss, etc). Sobre el "extranjero", 
véase 9, 53 y nota. 

20 s. Jesus se presentå en la bumildad para pro- 
bar la fe de Israel; pero las profecias, como también 
los milagros, mostraban que era el Mesias. Cf. 16, 
16 y nota. Como observan el P. de la Briére y mu- 
chos otros, el sentido no puede ser que el reino estå 
dentro de sus almas, pues Jesus estå hablando con 
los fariseos. 

24. Ahora Jesus habia con los discipulos y alude 
a su segunda venida, que sera bien notoria como el 
relåmpago (Mat. 24, 23; Marc. 13, 21; Apoc. 1, 7). 
Antes de este acontecimiento se presentarån muchos 
falsos prof etas y sera general el descreimiento y la 
burla como en tiempos de Noé y de I*ot (Gén. 7, 
7; 19, 25; II Pedr. 3, 3 ss.). No cabe duda de que 
nuestros tiempos se parecen en mudhos puntos a lo 
predidho por el Senor. Cf. 18, 8 y nota. 

26. Véase Gen. 7, 7; S. Mateo 24, 37. 



dian, plantaban, edificaban; 2%nas el dia en 
que Lot salio de Sodoma, cayé del cielo una 
lluvia de fuego y de azufre, y los hizo perecer 
a todos. 30 Conforme a estas cosas sera en el 
dia en que el Hijo del hombre sea revelado. 
31 En aquel dia, quien se encuentre sobre la 
azotea, y tenga sus cosas dentro de su casa, 
no baje a recogerlas; e igualmente, quien se 
encuentre en el campo, no se vuelva por las 
que dejo atras. ^Acordaos de la mujer de 
Lot. 33E1 que procurare conservar su vida, la 
perdera; y el que la pierda, la hallara, ^Yo 
os digo, que en aquella noche, dos hombres es- 
taran reclinados a una misma mesa: el uno 
sera tornado, el otro dejado; ^dos mujeres es- 
taran moliendo juntas: la una sera tomada, la 
otra dejada. 36 [Estaran dos en el campo; el 
uno sera tornado, el otro dejado].'* 3t Entonces 
le preguntaron: <;D6nde, Senor?" Les respon- 
dio: "Alli donde esta el cadaver, alli se jun- 
taran los buitres ." 

CAPfTULO XVIII 

El juez inicuo. *Les propuso una parabola 
sobre la necesidad de que orasen siempre sin 
desalentarse: 2 "Habia en una ciudad un juez 
que no temia a Dios y no hacia ningun caso 
de los hombres. 3 Habia también alli, en esta 
misma ciudad, una viuda, que iba a buscarlo 
y le decia: "Hazme justicia librandome de mi 
adversario." 4 Y por algun tiempo no quiso; 
mas después dijo para si: "Aunque no temo a 
Dios, ni respeto a hombre, 5 sin embargo, por- 
que esta viuda me importuna, le hare justicia, 
no sea que al fin venga y me arane la cara." 
^Y el Senor agrego: "Habéis ofdo el lenguaje 
de aquel juez inicuo. 7 ^Y Dios no habra de 
vengar a sus elegidos, que claman a ÉI dia y 
noche, y se mostraria tardio con respecto a 



29. Véase Gen. 19, 15-24. 

32. Estas palabras. nos muestran que si la mujer 
de IM (Gén. 19, 26) se convirtiå en estatua (el 
hebreo dice columna) de sal, no fué por causa de 
curiosidad, sino de su apego a la ciudad maldita. 
En vez de mirar contenta hacia el nuevo destino 
que la bondad de Dios le deparaba y agradecer go- 
zosa el privilegio de huir de Sodoma castigada por 
sus iniquidades, volvi6 a el]a los ojos con anoranza, 
mostrando la verdad de la palabra de Jesus. "Donde 
estå tu tesoro, alli estå tu corazån" (Mat. 6, 21). 
I^a mujer deseaba a Sodoma, y Dios le diå lo que 
deseaba, convirtiéjndola en un pedazo de la misma 
ciudad que se. habia vuelto un mar de sal: el Mar 
Muerto. Con el mismo criterio dice Jesus de los que 
buscan el aplauso: "Ya tuvieron su paga" (Mat. 6, 
2, 5 y 16). Y al rico epulån: "Ya tuviste tus bie 
nes" 06, 25). Es decir, tuvieron lo que deseaban 
y no desearon otra cosa; luego no tienen otra cosa 
que esperar, pues Dios da a los que desean, a los 
hambrientos, se^run dice Maria, en tanto que a los 
nartos deja vacios (1, 53; cf. S. 80, 11 y nota). 

33 s. Véase 9, 24; Mat. 10, 39; Marc. 8. 35: 
Juan 12, 25; Mat. 24, 40 s.; I Tes. 4, 15. 

3-6. Este versiculo falta en los mejores codices. 

37. Cuerpo y cadåver son dos voces ^ parecidas en 
griego. Ambas se encuentran en las variantes. Véase 
Mat. 24, 28, donde el Sefior aplica esta expresiån 
a la rapidez y al caråcter visible de su segunda ve- 
nida. Cf. v. 24 y nota. 

7. Cf. S. 93, 1 ss.; Is. 63, 4; Rom. 8, 33; II Tes. 
1, 6; Apoc. 6, 10. 



EVANGELTO SEGUN SAN LUCAS 18, 7-34 



105 



ellos? 8 Yo os digo que ejercera la venganza de 
ellos prontarhente. Pero el Hijo del hombre, 
cuando vuelva, ihallarå por ventura la fe sobre 
la tierra?" 

El fariseo y el publicano. 9 Para algunos, los 
que estaban persuadidos en si mismos de su 
propia justicia, y que tenian en nada a los 
demas, dijo también esta paråbola: 10 "Dos 
hombres subieron al Templo a orar, el uno 
fariseo, el otra publicano. n El fariseo, erguido, 
oraba en su corazon de esta manera: "Oh Dios, 
te doy gracias de que no soy como los demas 
hombres, que son ladrones, injustos, adulteros, 
m como el publicano ése. 12 Ayuno dos veces 
en la semana y doy el diezmo de todo cuanto 
poseo." 13 E1 publicano, por su parte, quedan- 
dose a la distancia, no osaba ni aun levantar 
los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho 
diciendo: "Oh Dios, compadécete de mi, el 
pecador " 14 Os digo: éste baj6 a su casa jus- 
tificado, mas no el otro; porique el que se ele- 
va, sera abajado; y el que se abaja, sera 
elevado." 

Necesidad de la infancia espiritual. 15 Y le 
traian también los ninitos ; para que los tocase; 
viendo lo cual, los discipulos fos reganaban. 
lff Pero Jesus llamé a los ninos, diciendo: "De- 
jad a los pequenuelos venir a Mi: no les im- 
pidåis; porque de los tales es el reino de Dios. 
17 En verdad os digo: quien no recibe el reino 
de Dios como un ninito, no entrarå en él." 

Peligros de la riqueza. 18 Preguntole cierto 
dignatario: "Maestro bueno, ique he de hacer 
para poseer en herencia la vida eterna?" 19 Je- 
sus le dijo: "^Por qué me llamas bueno? Nadie 
es bueno, sino uno: Dios. 20 Conoces los man- 
damientos. "No cometerås adulterio, no mata- 
ras, no robarås, no dirås falso testimonio, hon- 
ra a tu padre yatu madre.*' 21 E1 repuso: "Yo 
he cumplido todo esto desde mi juventud." 
22A lo cual Jesus replico: "Una cosa te queda 



8. jHallarå la fe sobre la tierra? Véase 17, 23 s. 
y nota. Obliga a una detenida meditacion este im- 
presionante anuncio que hace Cristo, no obstante 
håber prometklo su asistencia a la Iglesia hasta la 
consumacién del siglo. Es el gran misterio que 
S. Pablo llama de iniquidad y de apostasia (II Tes. 
2) y que el mismo Senor describe muchas veces, 
principalmente en su gran discurso escatolégico. Cf. 
Mat. 13, 24, 33, 47 ss. y notas. 

9 ss. Su propia justicia: Véase Mat. 6, 33 y nota- 
Para los oyentes el fariseo era modelo de devocién; 
el publicano, de roaldad. Dios mira si halla en el 
corazån la buena intencién, la humildad, el arre- 
pentimiento. Por lo cual el publicano arrepentido 
fué perdonado, y el fariseo, en cambio, agregé a sus 
pecados uno nuevo, el de la soberbia, que se atribuye 
a si misma el mérito de las buenas obras y se cree 
mejor que el préjimo. Cf. 17, 10. 

14. Bajå justificado: Aqui como en 7, 47 y en 
15, 20, ensefia Jesus el inmenso valor de la contri- 
cién perfecta, Cf. S. 50 y notas. 

15. N6tese la elocuencia que tiene este pasaje en 
contraste con el de los fariseos (w. 9ss.). 

17. Véase Mat. 19, 14; Marc. 10, 15. Cf. 10, 21 
y nota. 

22. Todo el que quiere seguir el camino del reino 
de Dios (v. 25 y nota) ha de evitar "los abrojos*' 



todavia: todo cuanto tienes véndelo y distri- 
buye a pobres, y tendrås un tesoro en los cie- 
los; y ven y sigueme " ^Al oir estas palabras, 
se entristecio, porque era muy rico. ^Miråndo- 
lo, entonces, Jesus dijo: "|Cuån dificilmen- 
te, los que tienen los bienes entran en el reino 
de Dios! 2S Es mas facil que un camello påse 
por el ojo de una aguja, que un rico entre en 
el reino de Dios." 2 *Y los oyentes dijeron: 
"Entonces, iquién podra salvarse?" 27 Respon- 
dio: "Las cosas imposibles para hombres, posi- 
bles para Dios son." 28 Entonces Pedro le dijo: 
"Tu ves, nosotros hemos dejado las cosas pro- 
pias y te hemos seguido." ^Respondioles: "En 
verdad, os digo, nadie dejarå casa o mujer o 
hermanos o padres o hijos a causa del reino 
de Dios, 3°que no reciba muchas veces otro 
tanto en este tiempo, y en el siglo venidero 
la vida eterna." 

JESUS PREDICE NUEVAMENTfe SU PASlåN. 31 To^ 

mando consigo a los Doce, les dijo: "He aqui 
que subimos a Jerusalén, y todo lo que ha sido 
escrito por los profetas se va a cumplir para 
el Hijo del hombre. ^1 sera entregado a los 
gentiles, se burlaran de Él, lo ultrajaran, escu- 
pirån sobre Él, ^y después de haberlo azotado, 
lo mataran, y al tercer dia resucitarå." ^Pero 



que impiden aprovechar el mensaje salvador de Je- 
sus (Mat. 13, 22), y, sin dejar r de usar los bienes 
que el mismo Dios le promete por anadidura (12, 31) 
y abundantemente (I Tim. 6, 17; S. 127), deberå 
huir del afåin de enriquecimiento (I Tim. 6, 9 s.), 
y no poner el corazén en las riquezas (S. 61, 11 y 
nota) so pena de tener en eso "su" recompensa (16, 
25 y nota; 12, 15-34). Pero aqui se trata de un 
llamado particular a dejarlo todo y seguir con Él 
como los ap ostoles, aprovechando sus privilegiadas 
promesas (v. 28 s.; 22, 2S&s.; Filip. 3, 7-11; II 
Tim. 2 t 4)* Es una primogenitura a la cual el dig- 
natario prefirio las lentejas (Hebr. 12, 16). Véase 
5, 39 y nota. Segun Marc. 10, 21, "Jesus lo mire 
con amor". Pero él, por mirarse a si mismo, no supo 
tnirar a Jesus (Hebr. 12, 2). El juicio en cada caso 
se lo reserva Dios segun el v. 27. 

24 s. Jesus no quiere decir aqui que Dios no de- 
jarå al rico entrar en su Reino, sino que el corazén 
del rico no se interesarå por desearlo, pues estatå 
ocupado por otro amor y entonces no querrå tomar 
el camino que conduce al Reino. En Ecli. 31, 8 ss., 
se dice que hizo una maravilla d rico que, pudiendo 
pecar, no peco. 

27. Cf. v. 22 y nota; Mat. 19, 16-29; Marc. 10, 
17-30 y notas; Rom. 9, 15; 11, 6. 

30. Muchas veces: S. Mateo (19, 27 s.) y S. Mar- 
cos (10, 30 s,) dicen el céntuplo. Cf. las notas. 

32. Sera entregado: Éste es, como dice Santo 
Tomas, el significado del Salmo pronunciado por 
Jesus en la Cruz (cf. S. 21, 1 y nota), es decir, el 
abandono de Jesus en manos de sus verdugos, y no 
significa que el Padre lo hubiese abandonado espi- 
ritualmente, puesto que Jesus nos hizo saber tue 
el Padre siempre esta con Él (Juan 8» 29). Un 
ilustre predicador hace notar c6mo Jesus recurria 
a los grandes milagros para confirmar sus palabras 
cada vez que anunciaba que segiin las profecias ha- 
bia de morir. Cf. v. 35 ss. 

34, No entendieron: Es que todo Israel esperaba 
al Mesias triunfante tan anunciado por los Profe- 
tas, y el misterio de Cristo d ol i ente estaba oculto 
aun a las almas^ escogidas (cf. 1, 55 y nota). De 
ah i el gran esc an da lo de todos los discipulos antt 
la Cruz. Fué necesario que el mismo Jesus, ya 
resucitado, les abriesé el entendimiento para que 
comprendieran las Escrituras, las cuales guardaban 



106 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 18, 34-43; 19, 1-24 



ellos no entendieron ninguna de estas cosas; 
este asunto estaba escondido para ellos, y no 
conocieron de qué hablaba. 

El ciego de Jeric6. 35 Cuando iba aproxi- 
mandose a Jerico, un ciego estaba sentado al 
borde del camino, y mendigaba. 36 Oyendo que 
pasaba mucha gente, pregunto que era eso. 
37 Le dijeron; "Jesus, el Nazareno pasa". 38 Y 
clamo diciendo: "; Jesus, Hijo de David, apiå- 
date de mi!" 39 Los que iban delante, lo re- 
prendian para que se callase, pero él gritaba 
todavia mucho mas: ";Hijo de David, apiåda- 
te de mi!" 40 Jesus se detuvo y ordeno que se 
lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le 
pregunto: 41 "éQué deseas que te haga?" Dijo: 
"jSefior, que reciba yo la vista!" ^Y Jesus le 
dijo: "Recibela, tu ie te ha salvado." 43 Y en 
seguida vio, y lo acompano glorificando a 
Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabo a 
Dios. 

CAPITULO XIX 

Zaqueo el publicano. 1 Entro en Jericé, e 
iba pasando. 2 Y he aqui que un hombre rico 
llamado Zaqueo, que era jefe de los publica- 
nos, 3 buscaba ver a Jesus para conocerlo, pe- 
ro no lo lograba a causa de la mucha gente, 
porque era pequefio de estatura. 4 Entonces co- 
rrio hacia adelante, y subio sobre un sicomoro 
para verlo, porque debia pasar por alli. 5 Cuan- 
do Jesus llego a este lugar, levanto los ojos 
y dijo: "Zaqueo, desciende pronto, porque 
hoy es necesario que Yo me hospede en tu 
casa." ^Y este descendio råpidamente, y lo re- 
cibio con alegria. 7 Viendo lo cual, todos mur- 
muraban y decfan: "Se ha ido a hospedar en 
casa de un varon pecador." 8 Mas Zaqueo, pues- 
to en pie, dijo al Senor: "Senor, he aqui que 
doy a los pobres la mitad de mis bienes; y si 
en algo he perjudicado a alguno le devuelvo 
el cuadruplo." 9 Jesus le dijo: "Hoy se obro 
salvacion a esta casa, porque también él es 



escondido en "Moisés. los Prof etas y los Salmos" 
(24, 44 ss.) ese anuncio de que el Mesias Rey seria 
rechazado por su pueblo antes de realizar 'os vali- 
cinios gloriosos sobre su triunfo. Hoy. gracias a 
la luz del Nuevo Testamento (cf. Hech. 3, 22 y 
notas) » podemos ver con claridad ese doble mis- 
terio de Cristo doloroso en su primera venida. triun- 
fante en la segunda, y comprendemos también el 
sigmficado de las figuras dolorosas del Antiguo 
Testamento, la inmolaciån t de Abel, de Isaac, del 
Cordero pascual, cuyo significado permanece aun ve- 
lado para los judios (II Cor. 3, 14-16) hasta el dia 
de su conversién (Rom. 11, 25 ss.). 

38. Cf. Mat. 20 f> 29-34; Marc. 10, 46-52. Lla- 
mando a Jesus "Hijo de David" confiesa el ciego 
que Jesus es el Mesias. De ahi la respuesta del 
Senor: "Tu fe te ba salvado" (v. 42). Kl ciego es 
una figura del pecador que se convierte pidiendo a 
Dios la luz de la gracia. "Quienquiera llegue a co- 
nocer que le falta la luz de la eternidad, llame con 
todas sus voces diciendo: Jesus, hijo de David, ten 
piedad.de mi*'. (San Gregorio). Cf. Sant. 1, 5 ss. 

3. Era pequeho: detalle que parece puesto como 
un simbolo de la humildad y confianza que le valie- 
ron a este pecador tan dicbosa suerte. 

5. Todo el que tiene interés por descubrir la ver- 
dad, encuentra, como Zaqueo la higuera que le haga 
ver a Jesus. Cf. Sab. 6, 14 ss.; Juan 6, 37. 



un hijo de Abrahån. 10 Vino el Hijo del hom- 
bre a buscar y a salvar lo perdido." 

Paråbola de las minas. u Oyendo ellos to- 
davia estas cosas, agrego una paråbola, porque 
se hallaba proximo a Jerusalén, y ellos pensa- 
ban que el reino de Dios iba a ser manifestado 
en seguida. 12 Dijo pues: "Un hombre de no- 
ble linaje se fué a un pafs lejano a tomar para 
si posesion de un reino y volver. 13 Llamo a 
diez de sus servidores y les entrego diez minas, 
diciéndoles: "Negociad hasta que yo vuelva." 
14 Ahora bien, sus conciudadanos lo odiaban, 
y enviaron una embajada detras de él diciendo: 
"No queremos que ése reine sobre nosotros." 
15 A1 retornar él, después de håber recibido el 
reinado, dijo que le llamasen a aquellos servi- 
dores a quienes habia entregado el dinero, a 
fin de saber lo que habia negociado cada uno. 
16 Presentose el primer o y dijo: "Sefior, diez 
minas ha producido tu mina." 17 Le dijo: "Én- 
horabuena, buen servidor, ya que has sido 
fiel en tan poca cosa, recibe potestad sobre 
diez ciudades." 18 Y vino el segundo y dijo: 
"Tu mina, Senor, ha producido cinco minas." 
19 A él también le dijo: "Y tu sé gobernador de 
cinco ciudades." 20 Mas el otro vino diciendo: 
"Senor, aqui tienes tu mina, que tuve escondida 
en un pafiuelo. 21 Pues te tenia miedo, porque 
tu eres un hombre duro-, sacas lo que no pu- 
siste, y siegas lo que no sembraste," 22 Repli- 
cole: "Por tu propia boca te condeno, siervo 
malvado. iPensabas que soy hombre duro, que 
saco lo que no puse, y siego lo que no sem- 
bré? 23 Y entonces ;por que no diste el dinero 
mio al banco? (Ast al menos) a mi regreso lo 
hubiera yo recobrado con réditos." M Y dijo 
a los que estaban alli: "Quitadle la mina, y 

il. Manifestado en seguida: EJ1 evangelNta anti- 
cipa esta observacio*. para senalar ei caråcter esca- 
tolågico de la paråbola de las minas. Cf. v. 38 ; 
18, 34 y nota. 

13. Una mina/ equivale a 750 gråmos mås o 
menos. 

14. No queremos que ése reine sobre nosotros. 
Nåtese la diferencia entre estas palabras y el grito 
del Pretorio: "No tenemos otro rey que el César'* 
(Juan 19, 15), con el cual suele confundirse. Ese 
grito fué pronunciado por los Pontifices de Israel 
al reobazar a Cristo en su primera venida, en tanto 
que esta paråbola se ref iere a la segunda venida de 
Cristo. 

15. Tråtase aqui de la segunda venida de Jesus 
para el juicio (v. 12). Hay en esta paråbola un 
demento nuevo, que no figura en la de los talentos 
(Mat. 25, 14 ss.), si bien ambas acentuan la res- 
ponsabilidad por los dones naturales y sobrenatu- 
rales. El siervo que guardaba la mina en un pa- 
fiuelo, somos nosotros si no hacemos fructificar los 
dones de Dios. 

21 s. Precisamente proque pensaba el siervo que 
el rey era severo, tenia que trabajar con su don. 
Jesus recrimina aqui a los que piensan mal de Dios, 
mostråndonos que éstos nunca podrån servirle, por 
falta de amor. Véase 17, 32 y nota; Juan 14, 23 s. 

23. Es notable que Jesus no le dijese i por qué 
no 'o trabajaste? — sino que le bablase de despren- 
derse del capital para entregarlo al banco. Él sab« 
que sin amor y confianza no puede trabajarse con 
eficacia, y nos seiiala en cambio la obligacién de 
no retener responsabil idades si no hemos de hacerles 
frente. Cf. Sab. 6, 6; S. 81, 4; Ecli. 7, 4 y notas. 



LVANGEUO SEGUN SAN LUCAS 19, 24-48; 20, 1-9 

dadsela al que tiene diez." ^Dijéronle: "Senor, 
tjene diez minas." 26 "Os digo: a todo el que 
tiene, se le darå; y al que no tiene, aun lo 
que tiene le sera quitado. 27 En cuanto a mis 
enemigos, los que no han querido que yo rei- 
nase sobre ellos, traedlos aqui y degolladlos 
en mi presencia ." 

Aclamaci6n del Mesias Rey en Jerusalén. 
28 Después de håber dicho esto, marcho al 
frenre subiendo^ a Jerusalén. ^Y cuando se 
acerc6 a Betfagé y Betania, junto al Monte de 
los Olivos, envio a dos de su discipulos, 30 di- 
ciéndoles: "Id a la aldea de enfrente. Al en- 
trar en ella, encontraréis un burrito atado 
sobre el cual nadie ha montado to da via; des- 
atadlo y traedlo, 31 Y si alguien os pregunta: 
"(iPor qué lo desatais?", diréis asi: "El Senor 
lo necesita." szLos enviados partieron y encon- 
traron las cosas como les habia dicho. 33 Cuan- 
do desataban el burrito, los duefios les dijeron: 
";Por qué desatåis el pollino?" ^Respondieron: 
"El Senor lo necesita." ^e lo llevaron a Je- 
sus, pusieron sus mantos encima, e hicieron 
montar a Jesus. 36 Y mientras Él avanzaba, ex- 
tendian sus mantos sobre el camino. 37 Una vez 
que estuvo proximo al descenso del Monte de 
los Olivos, toda la muchedumbre de los dis- 
cipulos, en su alegria, se puso a alabar a Dios 
con gran voz, por todos los portentos que ha- 
bian visto, ^y decian: "Bendito el que viene, 
el Rey en nombre del Senor. En el cielo paz, 
y gloria en las alturas." 39 Pero algunos fari- 



107 



27. Altide a los del v. 14. Es éste un episodio 
que distingue la presente paråbola de la de los ta- 
lentos. Otros elementos diferenciales de ambas, estån 
en el objeto del viaje del Senor (vv. 12 y 15) y en 
cl caråcter de la retribucién (v. 17 ss.). 

29 ss. Véase Mat. 21, 1 ss.; Marc. 11, 1 ss.; Juan 
12, 12 ss. Batfagc y Betania: dos pequenas aldeas a 
unos dos y tres kms. al este de Jerusalén. 

34. El Seiior lo necesita: como hace notar un tra- 
tadista de vida espiritual, estas palabras no^ estån 
puestas sin profunda intencién. i Jesus necesita de 
un borriquillol No se dice en cambio que necesitase 
de los reyes, ni de los sabios. Felices los que, por 
ser pequenos, merecen ser elegidos por Él, como Maria 
(Luc. 1, 48 ss.), para recibir el Ilamado de la sabi- 
duria (Prov. 9, 4) o la revelaciån de los secretos 
de Dios (I<uc. 10, 21); para confundir a los sabios 
y a los fuertes (I Cor. l, 27); para servir de ins- 
trumento a la gloria del Rey, como este borriquillo 
del Domingo de Ramos; o de instrumento a su cari- 
dad apostélica, como aquella escoba que sirvio para 
barrer la casa y encontrar la dracma perdida (I<uc. 
15, 8). 

36 ss. Con motivo de la f iesta de Pascua se habia 
reumdo enorme multitud en Jerusalén y sus alrede- 
dores, aproveohando la ocasion de ver a Jesus y 
aclamarle como Mesias Rey (v. 38). 

39. N6tese la perfidia farisaica y el odio. Estos 
que le Ilamaron endemoniado, y que le ven hoy triun- 
fante, no vacilan en llamarle ahora Maestro, con tal 
de conseguir que Él no triunfe. Creian que la hu- 
mildad de Jesus haria cesar la inmensa aclamacion 
de toda Jerusalén como habia hecho tantas otras 
veces al prohibir que se hablara de sus milagros. 
Ignoraban que ese triunfo, aunque tan breve, del 
Rey de Israel anunciado por los profetas, estaba en 
el plan de Dios para dejar constancia de su publico 
reconocimiento por aquellos que a instancia de la 
Sinagoga habian de reohazarlo luego. El humilde 
Tesus responde esta vez lleno de majestad. Algunos 



seos, de entre la multitud, dirigiéndose a Él, 
dijeron: "Maestro, reprende a tus discipulos." 
40 Mas Él respondio: "Os digo, si estas gentes 
se callan, las piedras se pondrån a gritar." 

;Ay de Jerusalén! 41 Y cuando estuvo cerca, 
viendo la ciudad, lloro sobre ella. 42 y dijo: 
";Ah si en este dia conocieras también tu lo 
que seria para la paz! Pero ahora esta escon- 
dido a tus o jos. 43 P6r(jue vendrån dias sobre 
ti, y tus enemigos te circunvalaran con un va- 
Uado, y te cercaran en derredor y te estre- 
charan de todas partes; 44 derribaran por tierra 
a ti, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarån 
en ti piedra sobre piedra, porque no conociste 
el tiempo en que has sido visitada." 

Ira de Jesus ante el oomercio en el templo. 
45 Entro en el Templo y se puso a echar a 
los vendedores, 46 y les dijo: "Esta escrito: «Mi 
casa sera una casa de oraciona, y vosotros la 
habéis hecho una cueva de ladrones." 47 Y dia 
tras dia ensenaba en el Templo. Mas los su- 
mos sacerdotes y los escribas andaban buscan- 
do perderle, y también los jefes del pueblo-, 
48 pero no acertaban con lo que habian de ha- 
cer, porque el pueblo entero estaba en sus- 
penso, escuchandolo. 

CAPfTULO XX 

Una vez mås confunde Jesus a sus enemi- 
gos. 1 Un dia en que Él ensenaba al pueblo en 
el Templo, anunciando el Evangelio, se hi- 
cieron presentes los sumos sacerdotes y los 
escribas con los ancianos, V le dijeron: "Di- 
nos, (icon qué autoridad haces esto, o quién 
es el que te ha dado esa potestad?" ^espon- 
dioles diciendo: "Yo quiero, a mi vez, hace- 
ros una pregunta, Decidme: 4 E1 bautismo de 
Juan ^venia del cielo o de los hombres?" 5 En- 
tonces ellos discurrieron asi en si mismos: "Si 
contestamos: <del cieloa, dird: «<:Por qué no 
le creisteis?» ^Y si decimos: «de los hombres^, 
el pueblo todo entero nos apedreara, porque 
esta convencido de que Juan era profeta ," TPor 
lo cual respondieron no saber de donde. ®Y 
Jesus les di) o: "Ni Yo tampoco os digo con 
cudl potestad hago esto." 

Los vinadores homicidas. °Y se puso a decir 
al pueblo esta paråbola: "Un hombre planto 
una vina, y la arrendo a unos labradores, y se 

consideran que éste es el dia en que comenzo a 
cumplirse la profecia de Daniel (9, 25), porque se- 
nalo la grande y unica solemnidad en que fué pu- 
blicamente recibido "el Cristo principe". Cf. Mat. 
21, 9 y 15; Marc. 11, 10; Juan 12, 13. 

41. Él Senor no tuvo reparo en llorar por el amor 
que tenia a la Ciudad Santa, y porque veia en es- 
piritu la terrible suerte que ven-dria sobre ella por 
obra de sus conductores. Véase 13, 34 s.; 23, 28-31, 

44. Véase 21, 6; Mat. 24, 2; Marc. 13, 2. 

45 ss. Véase Mat 21, 12-13; Marc. 11, 15-18; 
Juan 11, 14-16; Is. 56, 7; Jer. 7, 11. 

1 ss. Véase Mat. 21, 23-27 y nota; 11, 27-33. 

9 ss. Véase Mat. 21, 34 ss. y nota; Marc, 12, 
1-12. 



108 



EVANCELIO SEGUN SAN LUCAS 20, 9-45 



ausento por un largo tiempo. 10 En su oportu- 
nidad envio un servidor a los trabajadores, a 
que le diesen del fruto de la vifia. Pero los la- 
bradores lo apalearon y lo devolvieron vacfo. 
u Envio aun otro servidor; también a éste lo 
apalearon, lo ultrajaron y lo devolvieron vacio. 
12 Les envio todavia un tercero a quien igual- 
mente lo hirieron ? lo echaron fuera, 13 En- 
tonces, el duefio de la vina dijo; "<;Qué hare? 
Voy a enviarles a mi hijo muy amado; tal 
vez a Él lo respeten." 14 Pero, cuando lo vieron 
los labfadores deliberaron unos con otros di- 
ciendo: t( Este es el heredero. iMatémoslo, para 
que la herencia sea nuestra." 15 Lo sacaron, 
pues, fuera de la vifia y lo mataron. éQué hara 
con ellos el dueno de la vina? ie Vendra y hara 
perecer a estos labradores, y entregarå la vifia 
a otros." Ellos, al oir, dijeron: "Jamås tal 
cosa!" 17 Pero El, fija la mirada sobre ellos, 
dijo: "<;Qué es aquéllo que esta escrito: "La 
piedra que desecharon los que edificaban, ésa 
resulto cabeza de esquina?" I8 Todo el que ca- 
yere sobre esta piedra, quedarå hecho pedazos; 
y a aquel sobre quien ella cayere, lo hara 
polvo." 19 Entonces los escribas y los sumos 
sacerdotes trataban de echarle mano en aquella 
misma hora,^ pero tuvieron miedo del pueblo; 
porque habian comprendido bien, que para 
ellos habia dicho esta parabola. 20 Mas no lo 
perdieron de vista y enviaron unos espias 
que simulasen ser justos, a fin de sorpren- 
derlo en sus palabras, y . asi poder entregarlo 
a la potestad y a la jurisdiccion del gober- 
nador. 

Lo que es del César. 21 Le propusieron, pues, 
esta cuestion: "Maestro, sabemos que Tu ha- 
blas y ensenas con rectitud y que no haces 
acepcion de persona, sino que ensenas el ca- 
mino de Dios segun la verdad. 22 ^Nos es li- 
cito pagar el tributo al César o no?" 23 Pero 
Él, conociendo su perfidia, les dijo: ^Mos- 
tradme un denario. ^De quién lleva la figura 
y la leyenda?" Respondieron: "Del César." 

17 s. Esta palabra citada del S. 117, 22, quiere 
decir que Cristo, desechado por su pueblo, se con- 
vertirå para él en piedra de tropiezo, segun lo habia 
anunciado Simeon (2, 34; Is. 8, 14; Kom. 9, 33; 
Hech. 4, 11; I Pedro 2, 7). Nåtese que no se dice 
piedra "fundamental", que es cosa muy diferente. 
Cf. I Pedro 2, 6. 

21. Hacian este elogio de Jesus para fingirse 
discipulos de Él, como se ve en el v. 20. Jesus, que 
los conoce bien (v. 23) y los Uarnå hipocritas (Mat. 
22, 18), evita admirablemente el compromiso poli- 
tico en que querian ponerlo (aunque no pudo impe- 
dir la calumnia de 23, 2), y lo aprovecha para de- 
jarnos su doctrina al respecto: honradez en el pago 
de impuestos y prescindencia de lo religioso en lo 
temporal y viceversa, cosas ambas que Pedro y 
Pablo confirmaron de palabra y con su vida absolu- 
tamente ajena a lo politico, no obstante håber vivido 
bajo persecuciones del poder judio (Hech. 4, 1-3), 
de Herodes (Hech. 12, 1 ss.) y de Roma, hasta mo- 
rir bajo el sanguinario Neron. Pedro, a ejemplo del 
Maestro, muere como un ciudadano cualquiera, sin 
resistir al mal (Mat, 5, 39), y Pablo solo alude al 
César para someterse a su autoridad (Hech. 25, 10) 
por mandato del ångel (Hech. 27, 24) y para refe- 
rirse a los que él con vir ti 6 a Cristo en la propia 
casa del César (Filip, 4, "22). 



^Les dijo: "Asi pues, pa^^d ri César lo que 
es del César, y lo que es de Dios, a Dios." 
26 Y no lograron sorprenderlo en ens palabras 
delante del pueblo; y maravillados de su res- 
puesta callaron. 

Los saduceos y la resurrecci6n. 27 Acerca- 
ronse, entonces, algunos saduceos, los cuales 
niegan la resurrecciqn ; y le interrogaron dicien- 
do: 28 «Maestro, Moisés nos ha prescripto, que 
si el hermano de alguno muere dejando mujer 
sin hijo, su hermano debe casarse con la mujer, 
para dar posteridad al hermano. 29 Éranse, pues, 
siete hermanos. El primero tomo mujer, y 
murio sin hijo. 30 E1 segundo, 3I y después el 
tercero, la tomaron, y asi (sucesivamente) los 
siete aue murieron sin dejar hijo. 32 Finalmente 
murio también la mujer. ^Esta mujer, en la 
resurrecci6n, (jde quién vendra a ser esposa? 
porque los siete la tuvieron por mujer.' 1 34 Di- 
joles Jesus: "Los hijos de este siglo toman mu- 
jer, y las mujeres son dadas en matrimonio; 
35 mas los que hayan sido juzgados dignos de 
alcanzar el siglo aquel y la resurreccion de en- 
tre los muertos, no tomaran mujer, y (las mu- 
reres) no seran dadas en matrimonio, 36 porque 
no pueden ya morir, pues son iguales a los an- 
geles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la re- 
surreccion. 37 En cuanto a que los muertos re- 
sucitan, también Moisés lo dio a entender junto 
a la zarza, al nombrar al Sefior Dios de Abra- 
han, Dios de Isaac y Dios de Jacob". 38 Por- 
que, no es Dios de muertos, sino de vivos, pues 
todos para Él viven." 39 Sobre lo cual, algunos 
escribas le dijeron: "Maestro, has hablado bien." 
40 Y no se atrevieron a interrogarlo mas. 

JESUS DEMUESTRA SU D1VINIDAD CON LOS SAL- 

mos, 41 Pero Él les dijo: "^Como dicen que el 
Cristo es hijo de David? 42 Porque David mis- 
mo dice en el libro de los Salmos: «E1 Sefior 
dijo a mi Sefior: "Siéntate a mi diestra, ^has- 
ta que Yo ponga a tus enemigos por escabel 
de tus pies.»" 44 Asi, pues, David lo llama "Se- 
nor 1 '; entonces, <;c6mo es su hijo?" 

Advertencias sobre los escribas. 45 En pre- 

25. Véase Mat. 22, 15-22; Marc. 12, 13-17 y 
notas, 

28. Véase Deut. 25, 5. 

33. EJsta pregunta capciosa es la ultima que in- 
tentaron los enemigos de Jesus. Agotados ya todos 
los recursos de astucia y perfidia recurnrån a la 
violencia. Cf. Juan 9, 34 y nota. 

37. Véase Éx. 3, 6 y 15 s. 

4.4. David (S. 109, 1) Jlama a Jesus "su Senor" 
en cuanto es Dios; pero, en cuanto Jesus es hombre, 
desciende de David segun Ja carne. Los enemigos 
ofuscados no podian contestar, porque no recono- 
cian ,Ia divinidad de Jesus. EJsperaban que Dios 
habia de enviar al Mesias como un gran Profeta y 
Rey (Cf. Juan 1, 21; 6, 14 s. y notas; %z. 37, 
22-28), mas no imaginaban que la magnanimidad 
de Dios llegase basta mandår a su propio Hijo, Dios 
como Él. Véase Mat. 22, 4145; Marc. 12, 35-37. 

45. En presencia de todo el pueblo: los evange- 
listas hacen notar varias veces que el divino Maes- 
tro, desafiando las iras de la Sinagoga, elegia las 
reuniones mås numerosas para poner en guardia al 



EVAKGELIO SEGXJN SAK LUCAS 20, 45-47; 21, 1-29 

sencia de todo el pueblo, dijo a sus discipulos: 
46 "Guardaos de los escribas, que se complacen 
en andar con largas vestiduras, y en ser saluda- 
dos en las plazas publicas; que apetecen los 
primeros asientos en las sinagogas y los pri- 
meros divanes en los convites; 47 que devoran 
las casas de las viudas, y afectan orar larga- 
mente. jPara esas gentes sera mås abundance 
la sentencia!" 

CAPlTULO XXI 

La ofrenda de la viuda. JLevanté los oios 
y vip a los ricos que echaban sus dadivas en 
el arca de las ofrendas. ^ vio también a una 
viuda menesterosa, que echaba alli dos monedi- 
tas de cobre-, *y dijo: En verdad ; os digo, esta 
viuda, la pobre, ha echado mas que todos, 
4 pues todos éstos de su abundancia echaron 
para las ofrendas de Dios, en tanto que ésta 
echo de su propia indigencia todo el sustento 
que tenia." 

VATIC1NIO DE LA RU1NA DEL TEMPLO Y DEL FiN 

del mundo. 5 Como algunos, hablando del Tem- 
plo, dijesen que estaba adornado de hermosas 
piedras y dones votivos, dijo: 6 "Vendran dias 
en los cuales, de esto que veis, no quedarå pie- 
dra sobre piedra que no sea destruida." 'Le 
preguntaron: "Maestro, ^cuando ocurriran es- 
tas cosas, y cual sera la senal para conocer que 
estan a punto de suceder?" 8 Y Él dijo: "Mirad 
que no os enganen; porque vendrån muchos 
en mi nombre y diran: «Yo soy; ya llego el 
tiempo.» No les sigåis, 9 Cuando oigais hablar 
de guerras y revoluciones, no os turbeis; esto ha 
de suceder primero, pero no es en seguida el 
fin." 10 Entonces les dijo: "Pueblo se levantara 
contra pueblo, reino contra reino. n Habrå 
grandes terremotos y, en diversos lugares, ham- 
bres y pestes; habrå también prodigios aterra- 
dores y grandes senales en el cielo. 12 Pero 
antes de todo esto, os prenderan; os persegui- 
ran, os entregarån a las sinagogas y a las car- 
celes, os llevaran ante reyes y gobernadores a 
causa de mi nombre. I3 EstO os servirå para tes- 
timonio. 14 Tened, pues, resuelto, en vuestros 



109 



pueblo contra sus malos pastores (v. 1 ss. ; 12, 1; 
Mat. 4, 25 y 7, 15; 23, 1). 

46 ss. Véase 11, 43; Mat. 23, 1-7; 23, 14; Marc. 
12, 38-40. 

4. Véase Marc. 12, 43 y nota. Cf. Sant. 2, 5. 

5 ss. Véase Mat. 24; Marc. 13 y notas. También 
aqui parecen enlazadas las profecias de la ruina de 
Jerusalén y del fin del siglo, siendo aquélla la figura 
de ésta. Véase sin embargo v. 32 y nota. 

7. Véase Mat. 24, 3 y nota. Aqui la pregunta 
se cifie mås a la ruina de Jerusalén. Después de 
anunciada ésta (v. 20-24), Jesus entra a hablar mås 
de proposito acerca de su venida (v. 25 ss.). 

13. Notese la diferencia con el texto semejante 
de Mat. 10, 18, que habla de que los discipulos de 
Cristo perseguidos darån testimonio ante sus Perse- 
guidores (S. 118, 46). Aqui, en cambio, se trata de 
que esa persecuciån sera, para los mismos discipu- 
los, un testimonio o prueba de \q, verdad de estos 
anuncios del divino Maestro, y un sello confirma- 
torio de que son verdaderos discipulos. 

14. s. Cf. 12, 11; Mat. 10, 19. Promesa terrenal 
romo las de Mat. 6, 25-33, pero ^quién puede ha- 



corazones no pensar antes como habéis de ha- 
blar en vuestra defensa, 18 porque Yo os daré 
boca y sabiduria a la cual ninguno de vuestros 
adversarios podrå resistir o contradecir. be- 
rejs entregados aun por padres y hermanos, y 
parientes y amigos; y haran morir a algunos 
de entre vosotros, 17 y seréis odiados de todos 
a causa de mi nombre. 18 Pero ni un cabello 
de vuestra cabeza se perderå. 19 En vuestra 
perseverancia salvaréis vuestras almas." 

20 "Mas cuando veais a Jerusalén cercada por 
ejércitos, såbed que su desolacion esta proxima. 
21 Entonces, los que estén en Judea, huyan a 
las montinas; los que estén en medio de ella 
salgan fuera; y los que estén en los campos, 
no vueivan a entrar, porque dias de venganza 
son éstos, de cumplimiento de todo lo que esta 
escrito. ^iAy de las que estén encintas y de 
las que enen en aquellos dias! Porque habra 
gran apretura sobre la tierra, y gran colera 
contra este pueblo. ^Y caeran a fflo de espa- 
da, y seran deportados a todas las naciones, y 
Jerusalén sera pisoteada por gentiles hasta que 
el tiempo de los gentiles sea cumplido." 

^"Y habra senales en el sol, la luna y las 
estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las 
naciones, a causa de la confusién por el ruido 
del mar y la agitacién (de sus olas). 26 Los 
hombres desfallecerån de espanto, a causa de la 
expectacion de lo que ha de suceder en el mun- 
do, porque las potencias de los cielos seran 
conmovidas. ^Entonces es cuando veran al 
Hijo del Hombre viniendo en una nube con 
gran poder y grande gloria. 28 Mas cuando estas 
cosas comiencen a ocurrir, erguios y levantad 
la cabeza, porque vuestra redencion se acerca" 

La senal de ia higuera. 29Y les dijo una 
parabola: "Mirad la higuera y los arboles to- 



cerla si no es un Dios? Y si Él no fuera el Hijo 
ipodria concebirse tanta falsia en prometer y tanta 
maldad en Aquel que paso haciendo el bien (Hech. 

10, 31) y desafiando a que lo hallasen en falsedad? 
(Juan 8, 46 s.). Esta consideracion "ad absurdum" 
es tan impresionante, que ayuda mucno a consolidar 
nuestra posiciån intima frente a Cristo para creerle 
de veras todo cuanto Él diga, aunque nos parezca 
muy paradåjico. Cf. 7, 23 y nota. 

20 ss. Teniendo presente esta profecia, los cristia- 
nos de Jerusalén dejaron la ciudad Santa antes de 
su ruina, retiråndose a Pella al otro lado del Jor- 
dan. Bl tiempo de los. gentiles (v. 24) va a cumplir- 
se, esto es, va a terminar con la conversion de Is- 
rael (Rom. 11, 24), y el advenimiento del supremo 
Juez. Cf. Ez. 30, 3; Dan. 2, 29-45; 7, 13 s.; I Cor. 

11, 26; Juan 19, 37 y notas. 

28. Esta recomendacion del divino Salvador, ana- 
dida a sus insistentes exhortaciones a la vigilancia 
(cf. Marc. 13, 37), muestra que la prudencia cris- 
tiana no estå en desentenderse de estos grandes 
misterios (I Tes. 5, 20) , sino en prestar la debida 
atencjon a las senales que Él bondadosamente nos 
anticipa, tanto mås cuanto que el supremo aconteci- 
miento puede sorprendernos en un instante, menos 
previsible que el momento de la muerte (v. 34). 
"Vuestra redenciån" : asi llatna Jesus al ansiado dia 
de la resurreccion corporal, en que se consumarå la 
plenitud de nuestro destino. Cf. Mat. 25, 34; Filip. 
3, 20 s.; Apoc. 6, 10 s. San Pablo la llama la reden- 
dån de nuestros cuerpos (Rom. 8, 23). Cf. II Cor. 
5, 1 ss.; Ef. 1, 10 y notas. 

29. Véase Mat. 24, 32". Cf. 13, 6 y nota. 



110 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 21, 29-38; 22. 1-18 



dos: ^cuando veis que brotan, sabéis por vos- 
otros mismos que ya se viene el verano. 31 Asi 
cambién, cuando veais que esto acontece, co- 
noced que el reino de Dios estå proximo. 
^En verdad, os lo dig o, no pasara la generacion 
esta hasca que todo se haya verificado. 33 E1 
cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no 
pasaran. ^Mirad por vosotros mismos, no sea 
que vuestros corazones se carguen de gloto- 
neria y embriaguez, y con cuidados de esta 
vida, y que ese dia no caiga sobre vosotros de 
improviso, ^como una red; porque vendra so- 
bre todos los habitantes de la tierra entera. 
36 Velad, pues, y no ceséis de rogar para que 
podais escapar a todas estas cosas que han de 
suceder, y estar en pie delante del Hijo del 
hombre." 

37 Durante el dia ensenaba en el Templo, pero 
iba a pasar la noche en el monte llamado 
de los Olivos. ^Y todo el pueblo, muy de 
maiiana acudia a Él en el Templo para escu- 
charlo. 



32. La generaciån ésta: Véase Mat. 24, 34 y no- 
ta. Un notable estudio sobre este pasaje, publicado 
en "Estudios Biblicos", de Madrid, ha observado 
que "el Discurso escatol6gico no tiene sino un solo 
tema central: el Reino de Dios, o sea, la Parusia 
en sus relaciones con el Reino de Dios. Que "la 
respuesta del Sefior (Luc. 21, 8 ss.; Marc. 13, 5 ss.) 
como en Mat. (24, 4 ss.) y el cotejo de su demanda 
(de los apåstoles) con la del primer Evangelio, nos 
certifican que, efectivamente, de sålo ella principal- 
mente se trata" y que "la intenciån primaria de la 
pregunta era la Parusia sonada", por lo cual "que 
el tietnpo se refiere directamente a la Parusia es 
por demås manif iesto" y *'en la paråbola de la hi* 
guera se nos dice que cuando comience a cumplirse 
todo lo anterior a Ja Parusia veamos en ello un 
signo infalible de la cercania del Triunfo defmitivo 
del Reino"; que la expresion todo esto significa todo 
lo dwcrito antes de la Parusia; que el triunfo del 
Evangelio encontrarå "toda dase de obståculos y 
persecuciones dtrectas e indtrectas" y que a su vez 
"la generaciån esta" implica limitacton, presencia 
actual, y "tiene siempre, en labios del Sefior, sen- 
tido formal cuatificativo peyorativo: Jos opuestos al 
Evangelio del Reino (como en el An t. Tes t. los 
opuestos a los planes de Yahvé) ". Cita al ef ecto 
los siguientes t ex to s, en que Jesus se refiere a escri- 
bas, fariseos y saduceos: Mat. 11, 16; Luc. 7, 11; 
12, 39; 41. 42, 45; Marc. 8, 12; Luc. 11, 29; 30, 
31, 32; Mat. 16, 4; 17, 17; Marc. 9, 19; Luc 9. 41; 

23, 36; Luc. 1!, 50, 51; Marc. 8, 38; Luc. 16, 8; 
17, 25. Y concluye: "De todo lo cual parece dedu- 
cirse que la expresi6n la generaciån esta es una 
apelacién hecha para designar una colectividad ene- 
miga, opuesta a los planes del Espiritu de Dios, que 
inicia la guerra al Evangelio ya desde sus comien- 
20s (Mat. II, 12; Luc. 16, 16; Mat. 23, 13; Juan 
9, 22, 34, 35 y en general a traves de todo el Evan- 
gelio); el "semen diaboli" (Gén. 3, 15; cf. Tuan 8, 
41, 44, 38, etc.)* en su lucha con el "semen pro- 
missum'' (Gén. 3, 15 comp. Gal. c. 3, especialmente 
16 y 29)". 

34. Lo unico que sabemos acerca de la fecha del 
"ultimo dia", es que vendrå de improviso. (Mat. 

24, 39; I Tes. 5, 2 y 4; II Pedro 3, 10). Por lo 
cual los cålculos de la ciencia acerca de la catås- 
trofe universal valen tan poco como ciertas profe- 
cias particulares. Velad, pues, orando en todo tiem- 
po (v. 36). 

38. Algunos manuset <.> (grupo Farrar) traen 
aqui la pericopa Juan 8, 1-1 1 (el perd6n de la 
adultera) que, segtin observan algunos, por su es- 
tilo y por su asunto perteneceria mås bien a este 
Evangelio de la mtsencordia. 



V. PASION y muerte 
DE JEStJS 

(22,1 -23,56) 

CAPlTULO XXII 

Judas traiciona al Maestro. 1 Se aproximaba 
la fiesta de los Åzimos, llamada la Pascua. 
2 Andaban los sumos sacerdotes y los escribas 
buscando como conseguirian hac^r morir a Je- 
sus, pues temian al pueblo. 3 Ejitonces, entro 
Satanas en Judas por sobrenombre Iscariote, 
que era del numero de los Doce. 4 Y se fué a 
tratar con los sumos sacerdotes y los oficiales 
(de la guardia del Templo) de c6mo lo entre- 
garfa a ellos. 5 Mucho se felicitaron, y convi- 
nieron con él en darle dinero. 6 Y Judas empe- 
n6 su palabra, y buscaba una ocasi6n para 
entregarselo a espaldas del pueblo. 

La CTltima Cena. 7 Llego, pues, el dia de los 
Åzimos, en que se debia mmolar la pascua. 8 Y 
envi6 (Jesus) a Pedro y a Juan, diciéndoles: 
"Id a prepararnos la Pascua, para que la poda- 
mos comer." 9 Le preguntaron: "Donde quieres 
que la preparemos?" 10 É1 les respondio. "Cuan- 
do entréis en la ciudad, encontraréis a un hom- 
bre que lleva un cantaro de agua; seguidlo has- 
ta la casa en que entre. U Y diréis al dueno 
de casa: "El Maestro te manda decir: cD6nde 
esta el aposento en que comeré la pascua con 
mis discfpulos?" 12 Y él mismo os mostrara una 
sala del piso alto, amplia y amueblada; dis- 
poned alh lo que es menester." ^Partieron y 
encontraron todo como Él les habia dicho, y 
prepararon la pascua. 14 Y cuando lleg6 la hora, 
se puso a la mesa, y los apostoles con Él. 15 Di- 
joles entonces: "De todo corazon he deseado 
comer esta pascua con vosotros antes de sufrir. 
le Porque os digo que Yo no la volveré a comer 
hasta que ella tenga su plena realizacion en el 
reino de Dios." 17 Y, habiendo recibido un caliz 
did gracias y dijo: "Tomadlo y repartioslo. 
18 Porque, os digo, desde ahora no bebo del fru- 



1. La Pascua se Hamaba tambtén "fiesta de los 
Åzimos" porque durante toda la octava se comia 
panes sin levadura, los que en griego se llaman 
åzimos. Cf. 13, 21 y nota. 

5. Véase Mat. 26, 14 ss.; Marc. 14, 10 s. La 
suma convenida fué de treinta monedas de plata, pre- 
c'o de un esclavo. El prof eta lo Uama "el lindo 
precio en que me estimaron'* (Zac. 11, 12 s. y nota). 

7. Véase Mat. 26, 17 ss.; Marc. 14, 12 ss.; Juan 
13, 1 ss. 

8. Las palabras "para que la podamos comer" 
tnsinuan tal vez que, si ellos no la comen hoy, ma- 
nana sera demasiado tarde. Es, pues, natural que 
tenga Él mismo la iniciativa de los preparativos para 
esa cena anticipada. Véase Mat. 26, 17; Juan 18, 
28 y nota. 

16. Cf. Juan 21, 19; Heoh. 1, 3 y notas. 

17. Este cålxM que entrega antes de la Cena (dato 
exclusivo de Lucas) parece ser como un brindis es 
pecial de despedida, pues consta por lo que sigue 
(v. 20) y por Mat. 26, 27 y Marc. 14, 23, que la 
consagracion del vino se hizo después de la del pan 
y también después de cenar. Cf. S. 115, 13 y nota. 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 22, 18-42 



111 



to de la vid hasta que venga el reino de Dios." 
19 Y habiendo tornado pan y dado gracias, (lo) 
rompio, y les diå diciendo: "Este es el cuerpo 
mio, el que se da para vosotros. Haced esto 
en memoria mia." ^Y asimismo el caliz, des- 
pués que hubieron cenado, diciendo: "Este 
caliz es la nueva alianza en mi sangre, que se 
derrama para vosotros. 21 Sin embargo, ved: 
la mano del que me entrega estå conmigo a la 
mesa. 22 Porque el Hijo del hombre se va, 
segun lo decretado, pero ;ay del hombre por 
quien es entregado!" 23 Y se pusieron a pre- 
guntarse entre si quién de entre ellos seria 
el que iba a hacer esto. 

Disputa entre los ap6stoles. 24 Hubo tam- 
bién entre ellos una discusiån sobre quién de 
ellos parecfa ser mayor. 25 Pero ÉI les dijo: 
"Los reyes de las naciones les hacen sentir su 
dominacion, y los que ejercen sobre ellas el 
poder son Hamados bienhechores. 26 No asi 
vosotros; sino que el mayor entre vosotros sea 
como el menor, y el que manda, como quien 
sirve. 27 Pues ^quién es mayor, el que esta 
sentado a la mesa, o el que sirve? {No es 
acaso el que esta sentado a la mesa? Sin em- 
bargo, Yo estoy entre vosotros como el sir- 
viente. 28 Vosotros sois los que habéis perseve- 
rado conmigo en mis pruebas. 29 Y Yo os con- 
fiero dignidad real como mi Padre me la ha 
conferido a Mi, 30 para que comais y bebais 
a mi mesa en mi rcino, y os sentéis sobre tro- 
nos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 

jEStfs PRED1CE LA NEGACi6n Dfe PEDRO. 31 Sim6n 



19. Diå gracias: en griego eujaristesas, de donde 
el nombre de Eucaristia. t "Dar gracias tiene un sen- 
tido particular de bendicion" (Pirot). Este es mi 
cuerpo. El griego dice: esto es mi cuerpo, y asi 
también Fillion, Buzy, Pirot, etc. Tuto es neutro y 
se traduce por esto, dehiendo observarse sin embargo 
que cuerpo en griego es también neutro (to sotna). 
Que se da: otros: que es dado (cf. v. 22). "Su cuer- 
po es dado para ser inmolado, y esto en provecho 
de los discipulos" (Pirot). Cf. 24, 7; Mat. 16, 21; 
17, 12; Juan 10, 17 s.; Is. 53, 7. 

20. Tres son las instituciones de la doctrina ca« 
tolica que aqui se apoyan: IV, el Sacramento de la 
Eucaristia; 2?, el sacrificio de la Misa; 3?, el sa- 
cerdocio. Véase Mat. 26, 26-29; Marc. 14, 22-25 y 
nota; I Cor. 11, 23 ss.; Hebr. caps. 5-10 y 13, 10. 

24 ss. Véase Mat. 18, 1 ss.; 20, 25 ss.; Marc 10, 
42 ss. i En el momento mås sagrado, estån dispu- 
tamfo los apåstoles sobre una prioridad tan vani- 
iosa! Solo con la venida del E^piritu Santo en 
Pentecostés van a comprender el caråcter de su 
misiån en "este siglo malo" (Gal. 1, 4), tan distinta 
de los ministros de un rey actual (v. 25). Cf. Tuan 
15, 18 ss. 

25. Bienhechores, en griego Evergetes, titulo de 
varios reyes de Egipto y Siria. 

27. i Como el sirviente! No podemos pasar por 
alto esta palabra inefable del Hijo de Dios, sin 
postrarnos con la f rente pegada al polvo de la mås 
profunda humillaci6n y supHcarle que nos libre de 
toda soberbia y de la abominable presuncion de ser 
supertores a nuestros hermanos, o de querer tirani- 
zarlos, abusando de la potestad que sobre ellos hemos 
recibido del divino Sirviente. Cf. Mat. 23, 11; Filip. 

2, 7 s. y nota; I Pedro 5, 3; II Cor. 10, 8; III 
)tum 9 s. 

29 s. Véase v. 16 y 18; Mat. 26, 29; Apoc. 2, 27 s.; 

3, 21; 20, 4. 



Sim6n, mira que Satanas os ha reclamado para 
zarandearos como se hace con el trigo. ^Pero 
Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no 
desfallezca. Y tu, una vez convertido, confir- 
ma a tus hermanos. 33 Pedro le respondio*. "Se- 
nor, yo estoy pronto para ir contigo a la 
carcel yala muerte." 34 Mas ÉI le dijo: "Yo 
te digo, Pedro, el gallo no cantara hoy, hasta 
que tres veces hayas negado conocerme." 35 Y 
les dijo: "Cuando Yo os envié sin bolsa, ni 
alforja, ni calzado, ^os falto alguna cosa?" 
Respondieron: "Nada. 36 Y agrego: "Pues bien, 
ahora, el que tiene una bolsa, tomela consigo, 
e igualmente la alforja; y quien no tenga, ven- 
da su manto y compre una espada. 37 Porque 
Yo os digo, que esta palabra de la Escritura 
debe todavfa cumplirse en Mi: «Y ha sido 
contado entre los maIhechores.» Y asi, lo que 
a Mi se refiere, toca a su fin." 38 Le dijeron: 
"Senor, aqui hay dos espadas." Les contesto: 
"Basta". 

Getsemani. 39 SaIio y marcho, como de cos- 
tumbre, al Monte de los Olivos, y sus disci- 
pulos lo acompanaron. 40 Cuando estuvo en 
ese lugar, les dijo: "Ro^ad que no entréis en 
tentacion." 41 Y se alejo de ellos a distancia 
como de un tiro de piedra, ^y, habiéndose 
arrodillado, oro asi: "Padre, si quieres, aparta 

32. Una Vez convertido: Ensefianza fundamental 
para todo apostolado: nadie convertirå a otro si no es 
él mismo un "convertido", pues nadie puede dar lo 
que no tiene. Véase las claras palabras de Cristo a 
Nicodemo, segun las cuales el ser Su discipulo impli- 
ca nada menos que un nuevo nacimiento. Cf Juan 3, 
13 ss. y nota. 

33. Jesus acaba de decirle que aun precisa conver- 
tirse (cosa que solo harå el Espiritu en Pentecostés), 
pero él pretende saber mås y se siente ya seguro de 
si mismo. pe ahi la tremenda caida y humillaciån. 
Véase la inversa en Mat. 6, i3 y nota. 

34. Véase Mat. 26, 33-35; Marc. 14, 29-31; Juan 
13, 38. 

36 ss. Compre una espada: Jesus esta hablando de 
las persecuciones (v. 37). Ellos no las tuvieron en 
vida de Él (v. 35) porque ÉI los guardaha y no perdfå 
ni uno (Juan 17, 12). Ahora ÉI sera tratado como cri- 
minal (v. 57); lo mismo lo serån sus discipulos (Juan 
15> 18 ss.; 16, 1 ss.) hasta que Él vuelva en su Reino 
glorioso (cf. 13, 35; 23, 42), por lo cual necesitan 
un arma. ^Cuål es? Pedro tenia una espada y cuando 
la uso, Él se lo reprocho (v. ,51; Mat. 26, 52; Juan 18. 
11); Iuego no es ésa la buena espada, ni ella lo Ubro 
de. abandonar a su Maestro en la persecucion (Mat. 
26, 56 y nota; cf. Mat. 13, 21), y negarlo muchas ve- 
ces (vv. 54 ss.). San Pablo nos explica que nuestra 
arma en tales casos es la. espada del espiritu: la Pala- 
bra de Dios (Ef- 6, 17), la que el mismo Jesus us6 
en las tentaciones (Mat. 4, 10 y nota). La ensefianza 
que Él nos da aqui es la misma, como lo confirma en 
Mat. 26, 41 y Juan 6, 63. No es de acero la espada 
que Él vino a traer segun Mat 10, 34. El basta (v. 38) 
no se refiere, pues, a que basten dos espadas. Es un 
basta ya, acompanado, dice S. Cirilo de Alejandria, 
con una sonrisa triste al ver que nunca le entendian 
sino carnalmente. Pirot, citando a Ivaerrange concor- 
dante con esta opinion, agrega al respecto: "Bonifa- 
cio VIII en la bula Unam Sanctam interpreto las dos 
espadas como de la autoridad espiritual y de la auto- 
ridad temporal (E. D. 469); es sabklo que en las de- 
finiciones los considerandos no estån garantidos por la 
infabilidad." 

38. Sobre el ofrecimiento de espadas véase Mat. 26, 
56 v nota. 



112 



EVANGELIO SEGUN SAK IAJCAS 22, 42-71; 23, 1-H 



de Mi este caliz, pero no se ha^a mi vqluntad, 
sino la tuya." 43 Y se le aparecio del cielo un 
angel y lo confortaba. 4*Y entrando en ago- 
nia, oraba sin cesar. Y su sudor fué como go- 
tas de sangre, que caian sobre la tierra. ^Cuan- 
do se levanto de la oracion, fué a sus disci- 
pulos, y los hallé durmiendo, a causa de la 
tristeza. 46 Y les dijo: "^Por qué dormis? Levan- 
taos y orad, para que no entréis en tentacion." 

El beso de Judas. 47 Estaba todavia hablando, 
cuando lleg6 una tropa, y el que se llamaba 
Judas, uno de los Doce, iba a la cabeza de 
ellos', y se acerco a Jesus para besarlo. ^Jesus 
le dijo: "Judas, cjcon un beso entregas al Hijo 
del Hombre?" ^os que estaban con Él, vien- 
do lo que iba a suceder, le dijerort: "Senor, 
igolpearemos con la espada?" ^Y uno de ellos 
dio un golpe al siervo del sumo sacerdote, y 
le separ6 la oreja derecha. 51 Jesus, empero, 
respondio y dijo: "Sufrid aun ésto"-, y; tocan- 
do la oreja la san6. 52 Después Jesus dijo a los 
que habian venido contra Él, sumos sacer- 
dotes, oficiales del Templo y ancianos: "(iComo 
contra un ladr6n salisteis con espadas y palos? 
53 Cada dia estaba Yo con vosotros en el Tem- 
plo, y no habéis extendido las manos contra 
Mi. Pero ésta es la hora vuestra, y la potes- 
tad de la tiniebla." 

La negaci6n de Pedro. & 4 Entonces lo pren- 
dieron, lo llevaron y lo hicieron entrar en la 
casa del Sumo Sacerdote. Y Pedro seguia de 
lejos. ^Cuando encendieron fuego en medio 
del patio, y se sentaron alrededor, vino Pedro 
a sentarse entre ellos. 56 Mas una sirvienta lo 
vid sentado junto al fuego y, fijando en él su 
mirada, dijo: "Este también estaba con Él." 57 É1 
lo nego, diciendo: "Mujer, yo no lo conozco" 
^Un poco después, otro lo vio y le dijo: {t Tu 
tambien eres de ellos." Pero Pedro dijo: "Hom- 
bre, no lo soy." 59 Después de un intervalo 
como de una hora, otro afirmo con fuerza: 
"Ciertamente, éste estaba con Él; porque es 
también un galileo." ^Mas Pedro dijo: "Hom- 
bre, no sé lo que dices." Al punto, y cuando 
él hablaba todavia, un gallo canto. 6I Y el 
Senor se volvio para mirar a Pedro, y Pedro 
se acord6 de la palabra del Senor, segun lo 
habia dicho: "Antes que el gallo cante hoy, 
tu me negarås tres veces." ^Y salio fuera y 
Iloro amargamente. ^Y los hombres que lov 
tenian (a Jesus), se burlaban de Él y lo gol- 
peaban. ^Y habiéndole velado la faz, le pre- 
guntaban diciendo: "jAdivina! <iQuién es el 



44. Cf. Mat. 26, 36 ss.; Marc. 14, 26 ss. Fué, como 
dice San Bernardo, un llanto de lågrimas y sangre, 
que brotaba no solamente de los ojos, sino también 
de todo el cuerpo del Redentor. Notese que el dato 
del sudor de sangre y del ångel es propio de J,ucas 
Proviene tal vez de una revelaciån especial hecha a 
S. Pablo. Puede verse una referenda en las lågrimas 
de Hebr. 5, 7. 

47 ss. Véase Mat. 26, 47-57; Marc. 14, 43-53; Juan 
18 2-13 

*55ss. Véase Mat. 26, 69-75; Marc. 14, 66-72; Juan 
18, 16-18 y 25-27. 

62. Sobre la caUa de Pedro, cf. v. 33 y nota. 



que te golpeo?" ^Y proferian contra Él mu- 
chas otras palabras injuriosas. 

Ante el SANHEDRfN. 66 Cuando se hizo de dia, 
se reunio la asamblea de los ancianos del pue- 
blo, los sumos sacerdotes y escribas, y lo hicie- 
ron comparecer ante el Sanhedrin, ^diciendo; 
"Si Tu eres el Cristo, dinoslo." Mas les res- 
pondio: "Si os hablo, no me creeréis, ^y si 
os piegunto, no me responderéis. 69 Pero desde 
ahora el Hijo del hombre estara sentado a la 
diestra del poder de Dios." 70 Y todos le pre- 
guntaron: "<:Luego eres Tu el Hijo de Dios?" 
Les respondio: "Vosotros lo estais diciendo: Yo 
soy." 71 Entonces dijeron: "^Qué necesidad te- 
nemos ya de testimonio? Nosotros mismos aca- 
bamos de ofrlo de su boca." 

CAPlTULO XXIII 

Jest^s ante Pilato y Herodes. ^Entonces, le- 
vantåndose toda la asamblea, lo llevaron a 
Pilato -, 2 y comenzaron a acusarlo, diciendo : 
"Hemos hallado a este hombre soliviantando 
a nuestra nacion, impidiendo que se dé tributo 
al César y diciendo ser el Cristo Rey." 3 Pilato 
lo interrog6 y dijo: "^Eres Tu el rey de los 
judios?" Resp'ondiole y dijo: "Tu lo dices" 
4 Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a las 
turbas: "No hallo culpa en éste hombre." 
5 Pero aquéllos insistian con fuerza^ diciendo: 
"Él subleva al pueblo ensefiando por toda la 
Judea, comenzando desde Galilea, hasta aqui." 
6 A estas palabras, Pilato pregunto si ese hom- 
bre era galileo. TY cuando supo que era de 
la jurisdicci6n de Herodes, lo remiti6 a Hero- 
des, que se encontraba también en Jerusalén, 
en aquéllos dias. 

8 Herodes, al ver a Jesus, se alegro mucho, 
porque hacia largo tiempo que deseaba verlo 
por lo que oia decir de Él, y esperaba verle 
hacer algun milagro. 9 Lo interrogo con derro- 
che de palabras, pero Él no le respondio nada. 
10 Entretanto, los sumos sacerdotes y los escri- 
bas estaban alli, acusåndolo sin tregua. u Hero- 

66 ss. Véase Mat. 26, 63-69; Marc. 14, 61-64; Juan 
!8, 19-21. 

71. Iyos judios consideraban la respuesta de Jesus 
como blasfemia, la que segun la J,ey de Moisés aca- 
rreaba la pena capital. 

2. Ahora le acusan de sediciån, siendo que le ha* 
bian condenado por blasfemia. A la maKcia se agrega 
la mentira. 

4. No tballa culpa, porque Jesus le ha dicho (en 
Juan 18, 36) que sy reino no es de este mundo. De lo 
contrario, al oirlo asi proclamarse rey, Pilato lo ha- 
bria considerado culpahle como opositor al César. 

7. Asi Pilato creia poder lihrarse del apuro. Por 
tener su domicilio en Cafarnaum, Jesus era subdito de 
Herodes Awtipas, tetrarca 4e Galilea, el cual estaba 
en Jerusalén para la fiesta 4e Pascua. Éste era hijo 
de Herodes el Grande {Mat. 2, 3) y tio de Herodes 
Agripa I, que hizo matar a Santiago el Mayor (Hech. 
12, l ss.), y cuyo 'hijo, el 4< rey Agripa" (II) escuchå 
a Pablo en Hech. 25, 13 ss. 

9. Jesus no responde palabra al rey adultero y ho- 
micida, que solo por curiosidad quiere ver un tnila* 
gro. IyO visten con una ropa resplandeciente para bur- 
larse de Él; segun S. Buenaventura, para calificarlo 
de loco o tonto. 



EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS 23, 11-45 



113 



des lo desprecio, lo mismo que sus soldados; 
burlandose de El, pusole un vestido resplan- 
deeiente y lo envio de nuevo a Pilato. 12 Y he 
aqui que en aquel dia se hicieron amigos 
Herodes y Pilato, que antes eran enemigos. 

Barrabås y Jesus. 13 Convoco, entonces, Pi- 
lato a los sumos sacerdotes, a los magistrados 
y al pueblo, 14 y les dijo: "Habéis entregado a 
mi jurisdiccion este hombre como que andaba 
sublevando al pueblo. He efectuado el inte- 
rrogatorio delante vosotros y no he encontrado 
en Él nada de culpable, en las cosas de que lo 
acusais. 15 Ni Herodes tampoco, puesto que 
nos lo ha devuelto; ya lo veis, no ha hecho 
nada que merezca muerte. ^Por tanto, lo 
mandaré castigar y lo dejaré en libertad. 
17 [Ahora bien, debia él en cada fiesta ponerles 
a uno en libertad.] 16 Y gritaron todos a una: 
"Quitanos a éste y suéltanos a Barrabås." 19 Ba- 
rrabas habia sido encarcelado a causa de una 
sedicion en la ciudad y por homicidio. 20 Dc 
nuevo Pilato les dirigié la palabra, en su desep 
de soltar a Jesus. 21 Pero ellos gritaron mas 
fuerte, diciendo: " ;Crucif icalo, crucif icalo! " 
^Y por tercera vez les dijo: "^Pero qué mal 
ha hecho éste? Yo nada he encontrado en él 
que merezca muerte. Lo pondré, pues, en li- 
bertad, después de castigarlo ." 23 Pero ellos 
insistian a grandes voces, exigiendo ^ que Él 
fuera crucificado, y sus voces se hacian cada 
vez mas fuertes. ^Entonces Pilato decidio que 
se hiciese segun su peticion. M Y dejo libre al 
que ellos pedian, que habia sido encarcelado 
por sedicion y homicidio, y entrego a Jesus 
a la voluntad de ellos. 

Via crucis. 26 Cuando lo llevaban, echaron 
mano a un cierto Simon de Cirene, que venia 
del campo, obligåndole a ir sustentando la 
cruz detras de Jesus. 27 Lo acompanaba # una 
gran muchedumbre del pueblo, y de mujeres 
que se lamentaban y Horaban sobre Él. 28 Mas 



16. Cf. v. 22. Véase Juan 19, 1 y nota; Hech. 

3, 13. 

17. Este v. es probablemente una glosa tomada de 
otro Evangelio. Véase Mat. 27, 15 ss.; Marc. 15, 6ss.; 
Juan 18, 39 s. 

18 s, Jesus quiso agotar la humillacion hasta^ ser 
po^puesto a un asesino. Habia tornado sobre si los 
delitos de todos los hombres (cf. Ez. 4, 4 y nota) y 
no le basta ser contado entre los malhecliores (22, 37; 
Is. 53, 12). Fué peor que ellos, "gusano y no bombre" 
(S, 21, 6). Cf. Filtp. 2, 7 s. y nota. La idea de nues* 
tra muerte se endulza asi indeciblemente al pensar 
que aceptando de buen grado, como merecido, ese tran- 
sitorio envilecimiento de nuestro cuerpo comido por los 
gusanos de la "corrupcion" (Hech. 13, 36), podemos 
en espiritu "asimilarnos a la muerte de Él" (Filip. 3, 
10), que si no vio corrupcion en el sueno del sepulcro 
(Heoh. 2, 31; 13, 37), la sufrio vivo en su cuerpo 
santisimo escuptdo, desangrado y expuesto^ desnudo, 
entre dos. patibularios, a la irrisién del publico que al 
verlo "meneaba la cabeza" (S. 21, 8), no de compa- 
sion. sino de asco. 

26. Del texto deducen algunos que la ayuda del 
Cireneo no hacia sino aumentar el peso de la Cruz 
sobre el hombro del divino Cordero, al levantar detras 
de Él la extremidad inferior. Véase Marc. 15, 21 y 
nota. 

28. ;La ultima amonestacioh del Senor! Entre las 



Jesus, volviéndose hacia ellas, les dijos: "Hijas 
de Jerusalén, no Uoréis por Mi, sino llorad 
por vosotras mismas y por vuestros hi jos, 29 por- 
que vienen dias, en que se dira: jFelices las 
estériles y las entranas que no engendraron, y 
los pechos que no amamantaron! 36 Entoncesse 
pondran a decir a las montanas: «Caed sobre 
nosotros, y a las colinas: ocultadnos.» 32 Porque 
si esto hacen con el leno verde, £qué sera del 
seco?" 

La crucifixi6n. ^Conducian también a otros 
dos malhechores con Él para ser suspendidos. 
33 Cuando hubieron llegado al lugar Ilamado åd 
Craneo, alli crucificaron a Él, y a los malhe- 
chores, uno a su derecha, y el otro a su iz- 
quierda. **Y Jesus decia: "Padre, perdonalos, 
poraue no saben lo que hacen." Entretanto, 
hacian porciones de sus ropas y echaron suer- 
tes. 35Y el pueblo estaba en pie mirandolo, mas 
los magistrados lo zaherian, diciendo: "A otros 
salvo; que se salve a si mismo, si es el Cristo 
de Dios, el predilecto." 3e También se burlaron 
de Él los soldados, acercandose, ofreciéndole 
vinagre y diciendo: 37 "Si Tu eres el rey de 
los judios, salvate a Ti mismo." ^Habia, em- 
pero, una inscripcion sobre Él, en caracteres 
griegos, romanos y hebreos: "El rey de los 
judios es Éste." 

El buen ladron. 39 Uno de los malhechores 
suspendidos, blasfemaba de Él, diciendo: " d *No 
eres acaso Tu el Cristo? Salvate a Ti mismo, y 
a nosotros." 40 Contestando el otro lo repren- 
dia y decia: "$Ni aun ternes tu a Dios, estando 
en pleno suphcio? 41 Y nosotros, con justicia; 
porque recibimos lo merecido por lo que he- 
mos hecho; pero Éste no hizo nada malo." ^Y 
dijo: "Jesus, acuérdate de mi, cuando vengas 
en tu reino." 43 Le respondio: "En verdad, te 
digo, hoy estaras conmigo en el Paraiso." 

Muerte de Jesus. 44 Era ya alrededor de la 
hora sexta, cuando una tiniebla se hizo sobre 
toda la tierra hasta la hora nona, 45 eclipsåndose 

mujeres que Horaban estaba quizå aquella "Verånica** 
que, segun una antigua tradicion, alargo a Jesus un 
Iienzo para limpiar su rostro. La misma tradicion 
narra que también Maria, la santisima madre de Je- 
sus, acompanada de S. Juan, se encontro con su Hijo 
en la via dolorosa. 

31. SI leno seco arde mås (Juan 15, 6). Si tanto 
sufre el Inocente por rescatar la culpa de los hombres, 
,;qué no merecerån los culpables si desprecian esa 
Redencion? Véase Hebr, 6, 4 ss.; 10, 26 ss. 

33. Véase Mat. 27, 33; Marc. 15, 22; Juan 19, \7. 

40 ss. Milagro de la gracia, que aprovecha este 
"obrero de la ultima hora" (Mat. 20, 8 y 15) pasan- 
do directamente de la cruz al Paraiso. X,o que valoriza 
inmensamente la fe del buen ladron es que su confe- 
sion se produce en el momento en que Jesus aparece 
vencido y deshonrado. Cf. 22, 38 y nota. 

42. A esto observa FUHon: "^1 buen ladron creia 
en la inmortalidad del alma y en la resurreccion, y 
reconocia a Jesus como el Mesias-Rey. Por eso le pe- 
dia encarecidamente un lugar en su Reino." Y anade: 
"SI Paraiso representa aqui la parte de la morada 
de los muertos (los limbos) donde habitaban las almas 
de los elegidos, antes de la Ascension de Jesucristo.'* 
Cf. I Pedro 3, 19; 4, 6; CoK 1, 20. 



114 



EVAKGELIO SEGUN SAN LUCAS 23. 45-86; 24, 1-24 



el sol; y el velo del templo se rasgé por el 
medio. **Y Jesus clamé con gran voz: Padre, 
en tus manos entrego mi espiritu." Y, dicho 
esto, expiré. 47 E1 centurién, al ver lo ocurrido, 
dio gloria a Dios, diciendo: "jVerdaderamen- 
te, este hombre era un justo!" 4S Y todas las 
turbas reunidas para este espectåculo, habiendo 
contemplado las cosas que pasaban, se volvian 
golpeandose los pechos. 49 Mas todos sus cono- 
cidos estaban a lo lej os — y también las muje- 
res que lo habian seguido desde Galilea — mi- 
rando estas cosas. 

La sepultura. 50 Y habia un varon llamådo 
José, que era miembro del Sanhedrin, hombre 
bueno y justo 51 — que no habia dado su asenti- 
miento, ni a la resolucion de ellos ni al procedi- 
miento que usaron — , oriundo de Arimatea, ciu- 
dad de los judios, el cual estaba a la espera del 
reino de Dios. ^ifcste fué a Pilato y le pidio el 
cuerpo de Jesus. 53 Y habiéndolo bajado, lo 
envolvio en una mortaja y lo deposita en un 
sepulcro tallado en la roca, donde ningun o ha- 
bia sido puesto. M Era el dia de lå Preparacion, 
y comenzaba ya el sabado, 55 Las mujeres ve- 
nidas con Él de Galilea, acompanaron (a José) 
y observaron el sepulcro y la manera como 
fué sepultado Su cuerpo. M Y de vuelta, prepa- 
raron aromas y ungiiento. Durante el sabado 
se estuvieron en reposo, conforme al precepto. 



VI. RESURRECClON 
Y ASCENSlON DE JESttS 

(24,1-52) 

CAPlTULO XXIV 

La Resurreccion, a Pero el primer dia de la 
semana, muy de manana, volvieron al sepulcro, 



46. El Salmo 30, de donde Jesus toma estas pala- 
bras, resulta asi la oracion ideal para estar preparado 
a bien morir. 

47. Si la conversion del ladrån es el primer fruto 
de la muerte de Jesus, la del centurién roraano es el 
segundo; judio aquél, gentil éste. 

49. jA distancia los amigos y conocidos! Véase esto 
anticipado en S. 87, 9. 

50 ss. Véase Mat. 27, 57 ss.; Marc. 15, 42 ss.; Juan 

19, 38 ss. 

51 ss. José de Arimatea fué miembro del Gran Con- 
sejo (Sanhedrin) que condeno a Jesus a la muerte. 
En v. 52 s. da otra prueba de su intrépida fe en Él. 
No teme ni el odio de sus colegas ni el terrorismo de 
los fanåticos. Personalmente va a Pilato para pedir el 
cuerpo de Jesus; personalmente lo descuelga de la 
cruz, envolviéndolo en una sabana; personalmente lo 
coloca en su propio sepulcro, con la ayuda de Nico* 
demo (Juan 19, 39). El santo Sudario, que nos ha 
conservado las facciones del divino Rostro, se venera 
en Turin. Cf. Juan 20, 7 y nota. 

54. El evangelista quiere expresar que ya estaba 
por comenzar el sabado, el cual, como es sabido, em- 
pezaba al caer la tarde, y no con el dia natural (véase 
Gen. 1, 5, 8, etc). El griego usa un verbo semejante 
a alborear. pero cuyo sentido es simplemente comenzar. 

1 ss. Véase Mat. 28, 1 ss.; Marc. 16, 1 ss.; Juan 

20, 1 y nota. Jesus estuvo en el sepulcro desde la 
noche del viernes basta la madrugadia del domingo. 



llevando los aromas que habian preparado. *Y 
hallaron la piedra desarrimada del sepulcro. 
3 Habiendo entrado, no encontraron el cuerpo 
del Senor Jesus. 4 Mientras ellas estaban perple- 
jas por esto, he ahi que dos varones de vestidu- 
ra resplandeciente se les presentaron. K^mo 
ellas estuviesen poseidas de miedo e inclinasen 
los rostros hacia el suelo, ellos les dijeron: 
"^Por qué buscåis entre los muertos al que vi- 
ve? Wo esta aqui; ha resucitado. Acordaos 
de lo que os dijo, estando atin en Galilea: 7 que 
era necesario que el Hijo del hombre fuese en- 
tregado en manos de hombres pecadores, que 
fuese crucificado y resucitara el tercer dia," 
8 Entonces se acordaron de sus palabras, 9 Y de 
vuelta del sepulcro, fueron a anunciar todo 
esto a los Onee y a todos los demas, 10 Eran 
Maria la Magdalena, Juana y \iai ia la (madre) 
de Santiago; y tambien las otras i n ellas refe- 
rian esto a los apostoles, u Pero estos relatos 
aparecieron ante los ojos de ellos como un de- 
lirio, y no les dieron crédito, 12 Sin embargo 
Pedro se levanto y corrio al sepulcro, y, aso- 
mandose, vio las mortajas solas. Y se volvio, 
maravillåndose de lo que habia sucedido. 

Los DiscfpULOs de EmatSs. 13 Y he aqui que, 
en aquel mismo dia, dos de ellos se dirigian 
a una aldea, Uamada Emaus, a ciento sesenta 
estadios de Jerusalén. 14 E iban comentando en- 
tre si todos estos acontecimientos, 15 Y sucedio 
que, mientras ellos platicaban y discutian, Je- 
sus mismo se acerco y se puso a caminar con 
ellos. 16 Pero sus ojos estaban deslumbrados 
para que no lo conociesen. 17 Y les dijo: "<?Qué 
palabras son éstas que tratåis entre vosotros an- 
dando?" 18 Y se detuvieron con los rostros en- 
tristecidos. Uno, llamado Cleofas, le respon- 
dio: "Eres Tu el unico peregrino, que estando 
en Jerusalén, no sabes lo que ha sucedido en 
ella en estos dias?" 19 Les dijo: "éQué cosas?*' 
Y ellos: "Lo de Jesus el Nazareno, que fué 
varon profeta, poderoso en obra y palabra de- 
lante de Dios y de todo el pueblo, 20 y como 
lo entregaron nuestros sumos sacerdotes y nues- 
tros magistrados para ser condenado a muerte, 
y lo crucificaron. 21 Nosotros, a la verdad, es- 
peråbamos que fuera Él, aquel que habria de 
librar a Israel, Pero, con todo, ya es el tercer 
dia desde que sucedieron estas cosas. 22 Y toda- 
via mas, afgunas mujeres de los nuestros, nos 
han desconcertado, pues fueron de madrugada 
al sepulcro, 23 y no habiendo encontrado su 
cuerpo se volvieron, diciendo también que ellas 
habian tenido una vision de angeles, los que 
dicen que Él esta vivo. ^Algunos de los que 



9. Los Oncel faltaba Judas, que se habia suicidado. 

13. Ciento sesenPa estadios: o sea unos 30 kms., 
distancia que corresponde a la actual Amwås. En al- 
gunos cådices se lee "sesenta", en vez de "ciento se- 
senta", lo que dio lugar a buscar, como posible esce- 
nano de este episodio, otros lugares en las proximida- 
des de Jerusalén (El Kubeibe y Kalonie). 

23. Gran misterio es ver que Jesus resucitado. le- 
jos de ser aiin glorificado sobre la tjerra (cf. Hech. 
1, 6), sigue luchando con la incredulidad de sus pro- 
pios disclpulos. Cf. Juan 21, 9 y nota. 



BVANGJXIO SEGUN SAN L.UCAS 34. 34-53 



115 



estan con nosotros han ido al sepulcro, y han 
encontrado las cosas como las mujeres habian 
dicho; pero a Él no lo han visto." ^Entonces 
les dijo: "jOh hombres sin inteligencia y tardos 
de corazén para creer todo lo que han dicho 
los profetas! 26 <fNo era necesario cjue el Cristo 
sufriese asi para entrar en su gloria?" ^Y co- 
,menzando por Moisés, y por todos los profetas, 
les hizo hermenéutica de lo que en todas las Es- 
crituras habla acerca de Él. 28 Se aproximaron 
a la aldea a donde iban, y Él hizo ademan de ii 
mas lejos. 29 Pero ellos le hicieron fuerza, di- 
ciendo: "Quédate con nosotros, porque es tar- 
de, y ya ha declinado el dia." Y entro para 
quedarse con ellos. ^Y estando con ellos a la 
mesa, tomo el pan, lo bendijo, lo partio y les 
di6. 31 Entonces los ojos de ellos fueron abier- 
tos y lo reconocieron; mas Él desaparecio de su 
vista. ^Y se dijeron uno a otro: 'VNo es ver- 
dad que nuestro corazon estaba ardiendo den- 
tro de nosotros, mientras nos hablaba en el 
camino, mientras nos abria las Escrituras?" 

jEstfs se aparece a los Once. 33 Y levantån- 
dose en aquella misma hora, se volvieron a 
Jerusalén y encontraron reunidos a los Once 
y a los demås, 34 los cuales dijeron: "Realmente 
resucito el Senor y se ha aparecido a Simon." 
35 Y ellos contaron lo que les habia pasado en 
el camino, y cémo se hizo conocer de ellos en 
la fraccion del pan. 38 Aur» estaban hablando de 
esto cuando Él mismo se puso en medio de ellos 
diciendo: "Paz a vosotros." 37 Mas ellos, turba- 
dos y atemorizados, creian ver un espiritu. 38 É1 
entonces les dijo: "<;Por qué estais turbados? y 
<fpor qué se levantan dudas en vuestros cora- 
zones? ^Mirad mis manos y mis pies: soy Yo 
mismo. Palpadme y ved que un espiritu no 
tiene carne ni huesos, como veis que Yo ten- 
go." ^Y diciendo esto, les mostro sus manos 
y sus pies. 41 Como aun desconfiaran, de pura 

26 s. Les mostre cémo las profecias y figuras se re- 
ferian también a su primera venida doliente (cf. Is. 53 ; 
Salmos 21 y 68, etc). porque ellos s6Io pensaban en 
la venida del Mesias glorioso. Cf. Hech. 3, 22 y nota. 

30. Pirot hace notar que ha sido abandonada la 
opinién de que esta fraccion de] pan fuese la Euca- 
rist i a. 

32. Felicidad que Jhoy estå a nuestro alcance (cf. 
t. 45 y nota). "La inteligencia de las Escrituras pro- 
duce tal deleite que el alma se olvida no solo del mun- 
do, sino también de si misma" (Santa Angela de 
Foligno). 

36. Véase Marc. 16, 14; Juan 20, 19. 

41. No lo dice por tener hambre, sino para con- 



alegria, y se estuvieran asombrados, les dijo: 
"(jTenéis por ahi algo de comer?" ^Le dieron 
un trozo de pez asado. 43 Lo tomo y se lo co- 
mi6 a la vista de ellos. 

Despedida y Ascensi6n. ^Después les dijo:' 
"Esto es aquello que Yo os decia, cuando esta- 
ba todavia con vosotros, que es necesario que 
todo lo que esta escrito acerca de Mi en la Ley 
de Moises, en los Profetas y en los Salmos se 
cumpla." 45 Entonces les abrio la inteligencia 
para que comprendiesen las Escrituras. 46 Y les 
dijo: "Asi estaba escrito que el Cristo sufriese 
y resucitase de entre los muertos al tercer dia, 
4 ^y que se predicase, en su nombre el arrepen- 
timiento y el perdon de los pecados a todas las 
naciones, comenzando por Jerusalén. 48 Vos- 
otros sois testigos de estas cosas. 49 Y he aqui 
que Yo envio sobre vosotros la Promesa de mi 
Padre. Mas vosotros estaos quedos en la ciudad 
hasta que desde lo alto seais investidos de fuer- 
za. ^Y los saco fuera hasta frente a Betania y, 
alzando sus manos, los bendijo. 51 Mientras los 
bendecia, se separo de ellos y fué elevado hacia 
el cielo. 52 Ellos lo adoraron y se volvieron a 
Jerusalén con gran gozo. 53 Y estaban constan- 
temente en el Templo, alabando y bendiciendo 
a Dios. 



vencerlos de que tenia un cuerpo real. Y lo confirma 
comiendo ante sus ojos. Cf. Juan 21, 9 y nota. 

45. Vemos aqui que la inteligencia de la Palabra 
de Dios es obra del Espiritu Santo en nosotros, el cual 
la da a los hu mi Mes y no a los sabios (10, 31). Véase 
v. 32; S. 118, 34 y nota. 

46. Véase v. 7; Mat. 26, 25; Is. 35, 5 y notas. 

47. Véase Mat. 10, 6 y nota. 

49. Esa ''Promesa'* del Padre es el Espiritu Santo, 
segun lo refiere el mismo Lucas en Hech, 1, 4. Véase 
3, 16; Mat. 3, 11; Marc. 1, 8; Juan i, 26; 14, 26. 

50 s. Esta bendicién de despedida de Jesus no es 
sino un "hasta luego" (Juan 16, 16 ss. y nota), por- 
que Él mismo dijo que iba a prepararnos un lugar en 
la casa de su Padre, y yolveria a tomarnos para estar 
siempre juntos (Juan 14, 2 s,). San Lucas continua 
este relato de la Ascensién en los Hechos de los Apés- 
toles, para decirnos que, segun anunciaron entonces 
los ångeles, Jesus volverå de Ja misma manera que 
se fué, esto es, en las nubes (Hech. 1, 11 y nota). 
Entonces terminarån de cumplirse todos esos anuncios 
de que habla Jesus en el v- 44, para cuyo entendi- 
miento hemos de pedirle que nos abra la inteligencia 
como hizo aqui con los apéstoles (v. 45). 

53. En el Templo: El mismo de Jerusalén (cf. 
Hech. 3, 1) cuyo culto continué hasta su destruccién 
por los romanos el aiio 70, después del anuncio hecho 
por San Pablo a Israel en Hech. 28, 25 ss. Cf. Hebr. 
8, 4 y nota. 



EVANGELIO DE N. S. JESUCRISTO SEGUN SAN JUAN 



Nota introductoria 

San Juan, natural de Betsaida de Galilea, 
fué hermano de Santiago el May or, hijos am- 
bos de Zebedeo, y de Salome, hennana de la 
Virgen Santisima. Siendo primermnente disci- 
pulo de San Juan Bautista y buscando con to- 
do corazon el reino de Dios, siguio después 
a Jestis, y llego a ser pronto su discipulo pre- 
dilecto. Desde la Cruz, el Senor le confio su 
Santisima Madre, de la cual Juan, en adelante, 
cuido como de la propia. 

Juan era aquel discipulo "al cual Jesus ama- 
ba" y que en la ultima Cena estaba "recostado 
sobre el pecho de Jesus'' 1 (Juan 13, 23), como 
amigo de su corazon y testigo intimo de su 
arnor y de sus penas. 

Después de la Resurreccion se quedo Juan en 
Jerusalén como una de las "columnas de la Igle- 
sia" (Gal. 2, 9), y mås tarde se traslado a Éfeso 
del Asia Menor. Desterrado por el emperador 
Domiciano (81-95) a la isla de Patmos, escribio 
alli el Apocalipsis. A la muerte del tirano pudo 
regresar a Éfeso, ignordndose la fecha y todo 
detalle de su muerte (cf. Juan 21, 23 y nota). 

Ademås del Apocalipsis y\ tres Epistolas, 
compuso a fines del primer siglo, es decir, unos 
30 aiios después de los Sinopticos y de la caida 
del Templo, este Evangelio, que tiene por ob- 
jeto robustecer la fe en la mesianidad y divini- 
dad de Jesucristo, a la par que sirve para com- 
pletar los Evangelios anteriores, principalmente 
desde el punto de vista espiritual, pues ha sido 
llamado el Evangelista del amor. 

Su lenguaje es de lo mas alto que nos ha 
legado la Escritura Sagrada, como ya lo mues~ 
tra el prologo, que, por la sublimidad sobre- 
natural de su asunto, no tiene semejante en la 
llteratura de la Humanidad* 



PROLOGO 

(1,1-14) 

CAPiTULO I 

*En el principio el Verbo era, y el Verbo 
era junto a Dios, y el Verbo era Dios. 2£1 era, 



1 ss. Juan es Uamado el åguila entre los evangelis- 
tas, por la sublimidad de sus escritos, donde Dios nos 
revela los mås altos misterios de lo sobrenatural. En 
los dos primeros versos el Åguila gira en torno a \a. 
eternidad del Hijo (Verbo) en Dios. En el prin*cipio: 
Antes de la creacién, de toda eternidad, era ya el 
Ver.bo; y estaba con su Padre (14, 10 s.) siendo Dios 
como Él, Es el Hijo Unigénito, igual al Padre, con- 
substancial al Padre, coeterno con Él, omnipotente, 
omnisciente, infinitamente bueno, misericordioso, santo 
y justo como lo es el Padre, quien todo lo creo por 
medio de Él (v. 3). 



en el principio, junto a Dios: 3 Por Él, todo fué 
hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha 
sido hecho. 4 En Él era la vida, y la vida era la 
luz de los hombres. 5 Y la luz lu^e en las tinie- 
blas, y las tinieblas no la recibieron. 6 Aparecio 
un hombre, enviado de Dios, que se llamaba 
Juan. 7 É1 vino como testigo, para dar testimo- 
nio acerca de la luz, a fin de que todos creye- 
sen por Él. 8 É1 no era la luz, sino para dar tes- 
timonio acerca de la luz. 9 La verdadera luz, 
la que alumbra a todo hombre, venia a este 
mundo. 10 É1 estaba en el mundo; por Él, el 
mundo habia sido hecho, y el mundo no lo 
conocio. n Él vino a lo suyo, y los suyos no 
lo recibieron. 12 Pero a todos los que lo recibie- 
ron, les dio el poder de llcgar a ser hijos de 
Dios: a los que creen en su nombre. 13 Los 
cuales no han nacido de la sapgre, ni del deseo 
de la carne, ni de voluntad de varon, sino de 
Dios. 14 Y el Verbo se hizo carne, y puso su 
morada entre nosotros — y nosotros vimos su 
gloria, gloria como del Unigénito del Padre — 
lleno de gracia y de verdad. 



I. PREPARACION para la vida 
PØBLICA DE JEStJS 

(1,15-51) 

Testimonio del Bautista. x Juan da testi- 
monio de él, y clama: "De Éste dije yo: El que 
viene después de mi, se me ha adelantado por- 



5. No la recibieron: Sentido que concuerda con los 
w, 9 ss. 

6. Aparecio «» hombre: Juan Bautista. Véase v. 15 
y 19 ss. 

9. Aqui comienza el evangelista a exponer el mis- 
terio de la Encarnacion. y l a trågica incredulidad de 
Israel, que no ]o conocio cuando vino para ser la luz 
del mundo (1, 18; 3, 13). Venia: Asi también Pirot. 
Uteralmente: estaba viniendo (én erjomenon). Cf. 11, 
27 y nota. 

12. Hijos de Dios: "El misericordiosisimo Dios de 
tal modo amå al mundo, que dio a su Hijo Unigénito 
(3, 16); y el Verbo del Padre Eterno, con aquel mis* 
mo unico amor divino, asumio de la descendencia de 
Adån la naturaleza humana, pero inocente y exenta de 
toda mancha, para que del nuevo y celestial Adån se 
derivase Ja gracia del Espiritu Santo a todos los hijos 
del primer padre*' (Pio XII, Enciclica sobre el Cuerpo 
Mistico). 

13; Sino de Dios: Oaramente se muestra que esta 
filiacion ha de ser divina (cf. Ef. 1, 5 y nota), me- 
diante un nuevo nacimiento (3, 3 ss,), para que no 
se creyesen tales por la sola descendencia carnal de 
Abrahån. Véase 8, 30-59. 

14. Se h%zo carne: El Verbo <jue nace eternamente 
del Padre se digno nacer, como hombre, de la Virgen 
Maria, por voluntad del Padre y obra del Espiritu 
Santo (IyUc. 1, 35). A su primcra naturaleza, divina, 
se anadio la segunda, humana, en la union hipoståtica. 
Pero su Persona siguio siendo una sola: la divina y 
eterna Persona del Verbo (v. 1). Asi se explica el 



116 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 1, 15-44 



117 



que ÉI existia antes que yo." 16 Y de su plenitud 
hemos recibido todos, a saber, una gracia co- 
rrespondiente a su gracia. 17 Porque la Ley 
fué dada por Moisés, pero la gracia y la ver- 
dad han venido por Jesucristo. 18 Nadie ha 
visto jamas a Dios-, el Dios, Hijo unico, que 
es en el seno del Padre, Ése le ha dado a 
conoeer. 

19 Y he aqui el testimonio de Juan, cuando 
los judios enviaron a él, desde Jerusalem, sacer- 
dotes y levitas para* preguntarle: '^Quién eres 
tu?" ^Él confeso y no nego; y confeso: "Yo 
no soy el Cristo." 21 Le preguntaron: "iEnton- 
ces que? Æres tu Elias?" Dijo: "No lo soy." 
"iEres'el Profeta?' Respondio: "No." 22 Le di- 
jeron entonces: "<;Quién eres tu? para que de- 
mos una respuesta a los que nos han enviado. 
iQué dices de ti mismo?" 23 É1 dijo: "Yo soy 
la voz de uno que clama en el desierto: Ende- 
rezad el camino del Senor, como dijo el profe- 
ta Isaias." 24 Habia también enviados de entre 
los fariseos. ^Ellos le preguntaron: "<;Por qué, 
pues, bautizas, si no eres ni el Cristo, ni Elias, 
ni el Prof eta?" 26 Juan les respondio: "Yo, por 



v. 15. Cf. v. 3 s. Vimos su gloria: I«os apostoles vie- 
roti la gloria de Dios manifestada en las obras to-das 
de Cristo. Juan, con Pedro y Santiago, viå a Jesus 
resplandeciente de gloria en el monte de la Transfi- 
guration. Véase Mat. 16, 27 s.; 17, 1 ss.; II Pedr. 
1, 16 ss.; Marc. 9, 1 ss.; tue. 9, 20 ss ; 

16. Es decir que toda nuestra gracia procede de la 
Suya, y en Él somos colmados, como en sen a S. Pablo 
(Col. 2, 9 s.). Sin Él no podemos recibir absolutamente 
nada de la vida del Padre (15, 1 ss.). Pero con Él 
podemos llegar a una plenitud de vida divina que co- 
rresponde a la plenitud de la divinidad que Él posee. 
Cf. II Pedro, 1, 4. 

17. I«a gracia superior a la I«ey de Moisés, se nos 
da gratis por los méritos de Cristo, para nuestra jus- 
tificacion. Tal es el asunto de la Epistola a los Gå- 
latas. 

18. Por aqui vemos que todo conocimiento de Dios 
o sabiduria de Dios (eso quiere decir teosofia) tiene 
que estar fundado en las palabras reveladas por Él, a 
quien pertenece la iniciativa de darse a conocer, y 
no en la pura investigacion o especulaci6n intelec- 
tual del hombre. Cuidémonos de ser "teosofos". pres- 
cindiendo de estudiar a Dios en sus propias palabras 
y formåndonos sobre Él ideas que solo estén en nues- 
tra imaginacién. Véase el concepto de S. Agustin en 
la nota de 16, 24. 

19. Sacerdotes y levitas: Véase Ez. 44, 15 y nota. 
Cf, I,uc. 10, 31 s. 

20. Mudhos identificaban a Juan con el Mesias o 
Cristo; por eso el fiel Precursor se anticipa a desvir- 
tuar tal creencia. Observa S. Crisostomo que la pre- 
gunta del v, 19 era capciosa y tenia por objeto inducir 
a Juan a declararse el Mesias, pues ya se proponian 
cerrarle el paso a Jesus. 

21. El Profeta: Falsa interpretacion judaica de Deut. 
18, 15, pasaje que se refiere a Cristo. Cf. 6, 14 s. 

26. Yo bautizo con agua: Juan es un prof eta como 
los anteriores del Antiguo Testamento, pero su vati- 
cinio no es remoto como el de aquéllos, sino inmediato. 
Su bautizo era simplemente de contriciån y humildad 
para Israel (cf. Hecfa. 19, 2 ss. y nota), a fin de que 
reconociese, baj o las apariencias humildes, al Mesias 
anunciado como Rey y Sacerdote (cf. Zac. 6, 12 s. y 
nota), como no tardé en hacerlo Natanael (v. 49). 
Pero para eso habia que ser como éste "un israelita 
sin doblez" (v. 47). En cambio a los "mayordomos" 
del v. 19, que usufructuaban la religién, no les con- 
venia que apareciese el verdadero Dueiio, porque en- 
tonces ellos quedarian sin papel. De aht su oposicién 
apasionada contra Jesus (segun lo confiesa Caifås en 



mi parte, bautizo con agua; pero en medio de 
vosotros esta uno que vosotros no conocéis, 
27 que viene después de mi, y al cual yo no 
soy digno de desatar la correa de su sandalia." 
28 Esto sucedio en Betania, al otro lado del Jor- 
dan, donde Juan bautizaba. 

Los primeros disci'pulos de Jes#s. 29 A1 dia 
siguiente vio a Jesus que venia hacia él, y dijo; 
"He aqui el cordero de Dios, que lleva el pe- 
cado del mundo. ^Éste es Aquel de quien yo 
dije: En pos de mi viene un varon que me ha 
tornado la delantera, porque Él existia antes 
que yo. 31 Yo no lo conocia, mas yo vine a bau- 
tizar en agua, para que Él sea manifestado a 
Israel." 32 Y Juan dio testimonio, diciendo: "He 
visto al Esplritu descender como paloma 
del cielo, y se poso sobre Él. 33 Ahora bien, yo 
no lo conocfa, pero Él que me envio a bautizar 
con agua, me habia dicho: "Aquel sobre quien 
vieres descender el Espfritu y posarse sobre Él, 
Ése es el que bautiza en Espiritu Santo." 34 Y 
bien: he visto, y testifico que Él es el Hijo de 
Dios." 

85 A1 dia siguiente, Juan estaba otra vez alli, 
como también dos de sus discfpulos; 3 ^y fijan- 
do su mirada sobre Jesus que pasaba, dijo: "He 
aqui el Cordero de Dios." 37 Los dos discipulos, 
ovéndolo hablar (asi), siguieron a Jesus. 38 Je^ 
sus, volviéndose y viendo que lo seguian, les 
dijo: "tiQué queréis?" Le dijerori: Éabi — 
que se traduce: Maestro — , <;d6nde moras?" 
39 É1 les dijo: "Venid y veréis." Fueron enton- 
ces y vieron donde moraba, y se quedaron con 
Él ese dia, Esto pasaba alrededor de la hora 
décima. 

40 Andrés, hermano de Simon Pedro, era uno 
de los dos que habian oido (la palabra) de 
Juan v que habian seguido (a Jesus). 41 É1 en- 
contro primero a su hermano Simon y le dijo: 
"Hemos hallad o al Mesias — que se traduce: 
"Cristo." ^Lo condujo a Jesus, y Jesus po- 
niendo sus ojos en él, dijo: "Tu eres Sim6n, 
hijo de Juan: tu te llamaras Kefas — que se 
traduce: Pedro." 43 A1 dia siguiente resolviå 
partir para Galilea. Encontro a Felipe y le di- 
jo: "Sigueme." ^Era Felipe de Betsaida, la 



11, 47 ss.) y su odio contra los que creian en su ve* 
nida (cf. 9, 22). 

29. Juan es el primero que llama a Jesus Cordero 
de Dios. EJmpieza a descorrerse el velo, El cordero 
que sacrificaban los judios todos los anos en la vis- 
pera de la fiesta de Pascua y cuya sangre era el signo 
que libraba del_ exterminio (Éx. 12, 13), figuraba a 
la Victima divina que, cargando con nuestros peca- 
dos, se entregaria "en manos de los hombres" (IyUc. 
9, 44), para que su Sangre "mås elocuente que la de 
Abel" (Hebr. 12, 25), atrajese sobre el ingrato Israel 
(v. 11) y sobre el mundo entero (11, 52) la miseri- 
cordia del Padre, su perdån y los dones de su gracia 
para los ereyentes (Ef. 2, 4-8). 

34. El Hijo de Dios: Diversos mss. y S. Ambrosio 
dicen: el escogido (eklektos) de Dios* Cf. v. 45 y 
nota. 

40. EU otro era el mismo /wpn, el EJvangelista. Nå- 
tese el gran papel que en la primera vocacion de los 
apostoles desempena el Bautista (v. 37). Cf- v. 26 y 
nota; Mat. 11, 13. 

42. Véase Mat. 4, 18; 16, 18. Kefas significa en 
arameo: roca (en griego Petros). 



118 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 1, 44-51; 2, 1-24 



ciudad de Andrés y Pedro. 45 FeIipe encontro 
a Natanael y le di jo: "A Aquel de quien Moi- 
sés hablo en la Ley, y también los profetas, lo 
hemos encontrado: es Jesus, hijo de José, de 
Nazaret." 46 Natanael le replico: "^De Naza- 
ret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: 
"Ven y ve." 47 Jesus vio a Natanael que se le 
acercaba, y dijo de él: "He aqui, en verdad, un 
israelita ^sin doblez." 48 Dijole Natanael: "iDe 
dénde me conoces?" Jesus le respondio: "An- 
tes de que Felipe te llamase, cuando estabas 
bajo la niguera te vi." 49 Natanael le dijo: "Ra- 
bl, Tu eres el Hijo de Dios, Tu eres el Rey de 
Israel." 50 Jesus le respondio: "Porque te dije 
que te vi debajo de la higuera, crees. Veras to- 
davia mas." 51 Y le dijo: En verdad, en verdad 
os digo: Veréis el cielo abierto y a los ångeles 
de Dios que suben y descienden sobre el Hijo 
del hombre." 



II. VIDA POBLICA DE JEStJS 

(2,1-12,50) 

CAPiTULO II 

Las Bodas de Canå. *A1 tercer dia hubo 
unas bodas en Cana de Galilea y estaba alli la 
madre de Jesus. 2 Jesus también fué invitado a 
estas bodas, como asimismo sus discipulos. 3 Y 
llegando a faltar vino, la madre de Jesus le dijo: 
"No tienen vino." 4 Jesus le dijo: "éQué ( nos 
va en esto) a Mi y a ti, mujer? Mi hora no ha 
venido todayia." 5 Su madre dijo a los sirvien- 
tes: "Cualquier cosa que Él os diga, hacedla." 
6 Habia alli seis tinajas de piedra para las purifi- 



45. Natanpel es muy probablemente el apéstol Bar- 
tolomé. Felipe llama a Jesus "hijo de José** porque 
todos los creian asi: el misterio de la Anunciaciån 
(IvUc. 1, 26 ss.) y la Encarnacion del Verbo por obra 
del Espiritu Santo fué ocultado por Maria. Ello ex- 
plica que fuese tan rudimentario el concepto de los 
discipulos sobre Jesus (cf. v, 34 y nota). Segun re- 
sulta de los sinåpticos combinados con Juan, aquéllos, 
después de una primera invitaciån, se volvieron a sus 
trabajos y luego recibieron la definitiva vocacién al 
apostolado (Mat. 4, 18-22; Marc. 1, 16-20; I,uc. 5, 
8-11). 

47. I<as promesas del Seiior son para los bo mb res 
sin ficciån (S- 7, 11; 31, 11). Dios no se cansa de 
insistir, en ambos Testamentos, sobre, esta condiciån 
primaria e indispensable que es la rectitud de corazån, 
o sea la sinceridad sin doblez (S. 25, 2). Es en rea- 
lidad lo unico que Él pide, pues todo lo demås nos lo 
da el Espiritu Santo con su gracia y sus dones. De 
ahi la asombrosa benevolencia de Jesus con los mås 
grandes pecadores, frente a su tremenda severidad con 
los fariseos, que pecaban contra la luz (Juan 3* 19) 
o que oraban por fårmula (Sant. 4, 8). De abi la 
sorprendente fevelaciån de que el Padre descubre a 
los ninos lo que oculta a los sabios (IyUc. 10, 21). 

51. Algunos refieren esto a los prodigios que con- 
tinus.mente les mostraria Jesus (cf. Mat. 11, 4). Otros, 
a su triunfo escatolågico. 

4. Jesus pone a prueba la fe de la Vtrgen, que fué 
en ella la virtud por excelencia (19, 25 y nota; I,uc. 
1, 38 y 45) y luego adelanta su hora a ruego de su 
Madre, Segun una opiniån que parece plausible, esta 
hora era simplemente la de proveer el vino, cosa que 
hacian por turno los in vita dos a las fiestas nupciales, 
que solian durar varios dias. 

6. Una meireta contenia 36,4 litros. 



caciones de los judios, que contenian cada una 
dos o tres metretas. 7 Jesus les dijo: "Llenad 
las tinajas de agua"; y las llenaron hasta arri- 
ba. 8 Entonces les dijo: "Ahora sacad y llevad 
al maestresala"; y le llevaron. 9 Cuando el maes- 
tresala prob6 el agua convertida en vino, cuya 
procedencia ignoraba — aunque la conocian los 
sirvientes que habian sacado el agua— , Uamo al 
novio l0 y le dijo: "Todo el mundo sirve pri- 
mero el buen vino, y después, cuando han 
bebido bien, el menos bueno; pero tu has con- 
servado el buen vino hasta este momento." 
li Tal fué el comienzo que dio Jesus a sus mila- 
gros, en Cana de Galilea; y manifeste su gloria, 
y sus discipulos creyeron en Él. 

Defensa del Templo. 12 Después de esto des- 
cendié a Cafarnaum con su madré, sus herma- 
nos y sus discipulos, y se quedaron alli no ma- 
chos dias. l3 La Pascua de los judios estaba 
proxima, y Jesus subio a Jerusalén. l4 En el 
Templo encontro a los mercaderes de bueyes, 
de ovejas y de palomas, y a los cambistas sen- 
tados (a sus mesas). 15 Y haciendo un azote de 
cuerdas, arrojo del Templo a todos, con las 
ovejas y los bueyes; desparramo las monedas 
de los cambistas y volco sus mesas. l ^Y a los 
vendedores de palomas les dijo: "Quitad esto 
de aqui; no hagais de la casa de mi Padre un 
mercado." 17 Y sus discipulos se acordaron de 
que esta escrito: "El celo de tu Casa me devo- 
ra." 18 Entoncés los judios le dijeron: ",;Qué 
senal nos muestras, ya que haces estas cosas?" 
a8 Jesus les respondio: "Destruid este Templo, 
y en tres dias Yo lo volveré a levantar." ^Re- 
plicaronle los judios: "Se han empleado cua- 
renta y seis aiios en edificar este Templo, {y 
Tu, en tres dias lo volveras a levantar?" 21 Pero 
Él hablaba del Templo de su cuerpo. 22 Y cuan- 
do hubo resucitado de entre los muertos, sus 
discipulos se acordaron de que habia dicho es- 
to, y creyeron a la Escritura y a la palabra que 
Jesus habia dicho. 

^Mientras Él estaba en Jerusalén, durante la 
fiesta de Pascua, muchos creyeron en su nom- 
bre, viendo los milagros que hacia. ^Pero Je- 

12. Entre los judios todos los parientes se llama* 
ban hermanos (Mat. 12, 46 y nota). Jesus no los te- 
ma y lo vemos confiar el cuidado de su madre a su 
primo Juan (Juan 19, 26). 

14. EJstos mercaderes que profanaban la santidad 
del Templo, tenian sus puestos en el atrio de los gen- 
tiles. I/os cambistas trocaban las monedas corrientes 
por la moneda sagrada, con la que se pagaba el tribu- 
to del Templo. Cf. Mat. 21, 12 s.; Marc. 11, 15 ss.; 
Ivuc. 19, 45 ss. 

16. El Evangelio es eterno, y no menos para nos- 
otros que para aquel tiempo. Cu idemos, pues, de no 
repetir hoy este mercado, cambiando simplemente las 
palomas por velas o imågenes. 

17. Cf. S. 68, 10; Mal. 3, 1-3. 

18. A los o jos de los sacerdotes y jefes del Tem- 
plo, Jesus carecia de autoridad pars obrar como lo 
bizo. Sin embargo, con un ademån se impuso a ellos, 
y esto mismo fué una muestra de su di vino poder, 
como observa S. Jerånimo. 

19. Véase Mat. 26, 61. 

24 s. Lecciån fundamental de doctrina y de vida. 
Cuando aun no estamos familiarizados con el lenguaje 
del divino Maestro y de la Biblia en general, sorpren- 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 2, 24.25; 3, 1-9 



119 



sus no se fiaba de ellos, porque a todos los 
conocia, ^ no necesitaba de informes acerca 
del hombre, conociendo por si mismo lo que 
hay en el hombre. 

CAPlTULO III 

El nuevo nacimiento por la fe. iHabfa un 
hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, 



de hallar constantemente cierto pesimismo, que pa- 
rece excesivo, 'sobre la maldad del hombre. Porque 
pensamos que han de ser muy raras las person as que 
ofaran por amor al mal. Nuestra sorpresa viene de 
ignorar el inmenso alcance que tiene el orimero de 
los dogmas biblicos: el pecado original. La Iglesia lo 
ha definido en términos clarisimos (Denz. 174-200). 
Nuestra formacion, con mezcla de humanismo orgu- 
Hoso y de sentimentalismo materialista, nos lleva a 
confundir el orden natural con el sobrenatural, y a 
pensar que es caritativo creer en !a bondad del hom- 
bre, siendo asi que en tal creencia consis-te la herejia 
pelagiana, que es la misma de Jean Jacques Rousseau, 
origen de tantos males contemporåneos. No es que el 
hombre se levante cada dia pensando en hacer el mal 
por puro gusto.,Es que el hombre, no sélo estå natu- 
ralmente entregado a su propia inclinacién depravada 
(que no se borro con el Bautismo), sino que estå 
rodeado por el mundo enemigo del Evangelio, y ex- 
puesto ademås a la influencia del Maligno, que lo en- 
?ana y le mueve al mal con apariencia de bien. Es el 
''misterio de la iniquidad", que S. Pablo explica en 
II Tes. 2, 6. De ahi que todos necesitemos nficer de 
nuevo (3, 3 ss.) y renovarnos constantemente en el 
espiritu por el contacto con la divina Persona del 
unico Salvador, Jesus, mediante el don que Él nos 
hace de su Palabra y de su Cuerpo y su Sangre re- 
dentora. De ahi la necesidad constante de vigilar y 
orar para no entrar en tentacién, pues apenas entra- 
dos, somos vencidos. Jesus nos da asi una leccién de 
inmenso valor para el saludable conocimiento y des- 
confianza de nosotros mismos y de los demås, y mues- 
tra los abismos de la humana ceguera e iniquidad, que 
son enigmas impenetrables para pensadores y sociå- 
Iogos de nuestros dias y que en el Evangelio estån 
explicados con claridad transparente. Al que ha en- 
tendido esto, la humildad se le hace luminosa, deseable 
y facil. Véase el Magnificat (Luc. 1, 46 ss.) y el 
S. 50 y notas. 

1 s. Vino de noche: La sinceridad con que Nicode- 
mo habla al Senor y la defensa que luego ihara de Él 
aate los prepotentes fariseos (7, 50 ss.) no menos que 
su piedad por sepultar al divino Ajusticiado (19, 
$9 ss.) cuando su descrédito y aparente fracaso era 
total ante el abandono de todos sus discipulos y cuan- 
do ni siquiera estaba Él vivo para agradecérselo, nos 
muestran la rectitud y el valor de Nicodemo; por 
donde vemos que al ir de noche, para no exponerse 
a las iras de la Sinagoga, no le guia el miedo co- 
barde, como al discipulo que se avergtienza de Jesus 
(Mat. 10, 33) o se escandaliza de Él (Mat. 11, 6; 13, 
21), sino la prudencia de quien no siendo aun disci- 
pulo de Jesus — pues ignoraba su doctrina — , pero 
reconociendo el sello de verdad que hay en sus pala- 
bras (7, 17) y en sus hechos extraordinarios, y no va- 
cilando en buscar a ese revolucionario, pese a su tre- 
menda actitud contra la Sinagoga, en que Nicodemo 
era alto jefe (v. 10), trata sa bi am ente de evitar el 
inutil escåndalo de sus colegas endurecidos por la so- 
berbia, los cuales, por supue&to, le habrian obstacu- 
lizado su propåsito. Igual prudencia usaban los cris- 
tianos ocultos en las catacumbas, y todos hemos de 
recoger la prevencién, porque el discipulo de Crlsto 
tiene el anuncio de que sera perseguido (I<uc. 6, 22; 
Juan 15, 18 ss.; 16, 1 ss.) y Jesus, el gran Maestro 
de la rectitud, es quien pos ensena fambién esa pru- 
dencia de la serpiente (Mat. 10, 16 ss.) para que no 
nos pongamos indiscretamente — o quizå por ostentosa 
vanidad— a merced de en em i gos que mås que nuestros 
lo son del Evangelio. Muchos discipulos del Sefior 



principal entre los judios. ^Vino de noche a 
encontrarle y le dijo: "Rabl, sabemos que has 
venido de parte de Dios, como maestro, porque 
nadie puede hacer los milajjros que Tu haces, 
si Dios no estå con él ." 3 Jesus le respondié: "En 
verdad, en verdad, te digo, si uno no nace de 
lo alto, no puede ver el reino de Dios." *Nico- 
demo le dijo: "(jComo puede nacer un hombre, 
siendo viej o? ^Puede acaso entrar en el seno 
de su madre y nacer de nuevo?" 5 Jesus le res- 
pondi6: "En verdad, en verdad, te digo, si uno 
no nace del agua y del espiritu, no puede en- 
trar en el reino de los cielos. ^o nacido de la 
carne, es carne; y lo nacido del espiritu, es 
espiritu. VNo té admires de que te haya dicho: 
"Os es necesario nacer de lo alto." 8 E1 viento 
sopla donde quiere; tu oyes su sonido, pero no 
sabes de donde viene, ni ad6nde va. Asi acon- 
tece con todo aquel que ha nacido del espiritu." 
9 A lo cual Nicodemo le dijo: "<C6mo puede 



han tenido y tendrån aun que usar de esa prudencia 
(cf. Hedh. 7, 52; 17, 6) en tiempos de persecucion 
y de apostasia como los que estån profetizados (II 
Tes. 2, 3 ss.) y Dios no ensena a desafiar el peli- 
gro por orgulloso estoicismo ni por dar "perlas a los 
cerdos'* (Mat. 7, 6) ; antes bien, su suavisima doc- 
trina paternal nos revela que la vida de sus amigos 
le es muy preciosa (S. 115, 15 y nota). I^> dicho no 
impide, claro estå, pensar que la doctrina dada aqui 
por Jesus a Nicodemo perparo ad mirable mente su es- 
piritu para esa ejemplar actuacioc que tuvo después. 

3. Nace de lo alto: i No es cosa admirable que la 
Serpiente envidiosa contemple hoy, como castigo, que 
se ha cumplido en verdad, por obra del Redentor di- 
vino, esa divinizacion del hombre, que fué preeisa- 
mente lo que ella propuso a Eva, creyendo que men* 
tia, para llevarla a la soberbia emulacion del Creador? 
He aqui que — joh abismol — la bondad sin limites 
del divino Padre, hall 6 el mod o de hacer que aquel 
deseo insensato llegase a ser realidad. Y no ya s6Io 
como castigo a la mentira del tentador, ni solo como 
respuesta a aquella ambiciån de divinidad (que ojalå 
fuese mås frecuente ahora que es posible, y licita, y 
santa). No: Cierto que Satanås quedé confundido, y 
que la am bie ion de Eva se realizarå en los que for* 
mamos la Iglesia; pero la gloria de esa iniciativa no 
sera de ellos, sino de aquel Padre inmenso, porque Él 
ya lo tenia asi pensado desde toda la eternidad, se- 
gun nos lo revela San Pablo en el asombroso capitulo 
primero de los Efesios. Cf. 1, 13; I Pedro 1, 23. 

5. Alude al Bautismo, en que se realiza este naci- 
miento de lo alto. No hemos de renacer solamente del 
agua, sino también del Espiritu Santo (Conc. Trid. 
Ses. 6, c. 4; Denz. 796 s.). El termino espiritu indica 
una creacion sobrenatural, obra del Espiritu divino. 
S. Pablo nos ensena que el hombre se renueva me- 
diante el conocymento espiritual de Cristo (Ef. 4, 
23 ss.; Col. 3, 10; G41. 5, 16). Este conocimiento re* 
novador se adquiere escuchando a Jesus, pues Él nos 
dice que sus palabras son espiritu y vida (6, 64). 

8. Viento y espiritu son en griego la misma pala- 
bra (pneuma). Jesus quiere decir: la carne no puede 
nacer de nuevo (v. 4) y asi el hombre carnal tampoco 
lo puede (cf. v. 6; 6, 63; Gål. 5, 17). En cambio 
el espiritu lo puede todo porque no tiene ningun obs- 
tåculo, hace lo que quiere con sélo quererlo, pues lo 
que vale para Dios es el espiritu (4, 23; 6, 29). Por 
eso es como el viento, que no teniendo los inconve- 
nientes de la maten a sålida, no obstante ser invisible 
e impalpable, es mås poderoso que ella, pues la arras* 
tra con su s op I o y él conserva su libertad. De ahi que 
las palabras de Jesus nos hagan Hbres como el espiri- 
tu (8, 31-32), pues ellas son espiritu y son vida (6, 
63), como el viento "que mueve aun las hojas muer- 
tas". Pues Jesus "vino a salvar lo que habia pere. 
cido" (I^uc. 19, 10). Cf. 3, 16. 



120 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 3, 9-36; 4, 1-8 



hacerse esto?" 10 Jesus le respondio: ",:Tu eres 
el doctor de Israel, y no entiendes esto? n En 
verdad, en verdad, te digo: nosotros hablamos 
lo que sabemos, y atestiguamos lo que hemos 
visto, y vosotros no recibis nuestro testimonio. 
12 Si cuando os digo las cosas de la tierra, no 
creéis, dcomo creeréis si os digo las cosas del 
cielo? 13 Nadie ha subido al cielo, sino Aquel 
que descendio (Jd cielo, el Hijo del hombre. 
14 Y como Moisés, en el desierto, levanto la ser- 
piente, asi es necesario que el Hijo del hombre 
sea levantado. 15 Para que todo el que cree ten- 
ga en Él vida eterna." 

La revelacion måxiiyia. 16 Porque asi amo 
Dios al mundo: hasta dar su Hijo unico, para 
que todo aquel (jue cree en Él no se pierda, 
sino que tenga vida eterna. 17 Porque no envio 
Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, 
sino para que el mundo por Él sea salvo. 
18 Quien cree en, Él, no es juzgado, mas quien 
no cree, ya esta juzgado, porque no ha creido 
en el nombre del Hijo unico de Dios. 19 Y éste 
es el juicio: que la luz ha venido al mundo, 
y los hombres han amado mas las tinieblas que 
la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque 
todo el que obra mal, odia la luz y no viene 
a la luz, para que sus obras no sean repro- 
badas. 21 A1 contrario, el que pone en practica 
la verdad, viene a la luz, para que se vea que 
sus obras estan hechas en Dios. 

Nuevo testimonio del Bautista. 22 Después 
de esto fué Jesus cdn sus discipulos al terri- 
torio de Judea y alli se quedo con ellos, y bau- 
tizaba. 23 Por su parte, Juan bautizaba en Ai- 
non, junto a Salim, doride habia muchas aguas, 
y se le presentaban las gentes y se hacian bau- 
tizar; ^porque Juan no habia sido todavfa 
aprisionado. 25 Y algunos discipulos de Juan 
tuvieron una discusion con un judio a propo- 
sito de la purificacion. 26 Y fueron a Juan, y le 



12. Cosa de la tierra es el nacer de nuevo (v. 3 
y. S), pues ha de operarse en esta vida. Cosas del 
cielo serån las que Jesus dirå luego acerca de su Padre, 
a quien sålo Él conoce (v. 13; 1, 18). 

14. Véase Num. 21, 9 y nota. Cf. 12, 32. 

16. "JJste versiculo, que encierra la revelacion mas 
importante de toda la Biblia, debiera ser lo primero 
que se diese a conocer a los nifios y catecumenos. 
Mås y mejor que cualquier nociån abstracta, él con- 
tiene en esencia y sintesis tanto el misterio de la Tri- 
nidad cuanto el misterio de la Redencion" (Mons. 
Keppler). Dios nos amo primero (I Juan 4, 19), y sin 
que le hubiésemos dado prueba de nuestro amor. "lOh, 
cuån verdadero es el amor de esta Majestad divina que 
al amarnos no busca sus propois intereses!" (S. Ber- 
nardo). Hasta dar su Hijo unico en quien tiene todo 
su amor que es el IJspiritu Santo (Mat. 17, 5), para 
que vivamos por ÉJ (I Juan 4, 9). 

17. Para juzgar at mundo: Véase 5, 22 y nota. 

19, IJste es el juicio de discernimiento entre el que 
es recto y el que tiene doblez. Jesus sera para ellos 
como una piedra de toque (cf. 7, 17; I«uc. 2, 34 s.). 
La terrible sancion contra los que rechazan la luz sera 
abandonarlos a su ceguera (Marc. 4. 12), para que 
crean a la mentira y se pierdan. S. Pablo nos revela 
que esto es lo que ocurrirå cuando aparezca el Anti- 
cristo (II Tes. 2 f 9-12). Cf. 5, 43 y nota. 

23. Ainån, situada en el valle del Jordan, al sur de 
la ciudad de Betsån. 



dijeron: "Rabi, Acmel que estaba contigo al 
otro lado del Jordan, de quien tu diste testi- 
monio, mira que también bautiza, y todo el 
mundo va a El." 27 Juan les respondio: "No 
puede el hombre recibir nada, si no le fuere 
dado del cielo. 28 Vosotros mismos me sojs 
testigos de que vo he dicho: «No soy yo el 
Mesias, sino que he sido enviado delante de ÉI.» 
29 E1 que tiene la esposa, es el esposo. El amigo 
del esposo, que esta a su lado y le oye, expe- 
rimenta una gran alegria con la voz del espo- 
so, Esta alegria, que es la mia, esta, pues, cum- 
plida, 30 Es necesario que Él crezca y que yo 
disminuya. 31 E1 que viene de lo alto, esta por 
encima de todos. Quien viene de la tierra, es 
terrenal y habia de lo terrenal. Aquel que vie- 
ne del cielo esta por encima de todos. ^Lo 
que ha visto y oido, eso testifica, \y nadie 
admite su testimonio! 33 Pero el que acepta su 
testimonio ha reconocido auténticamente que 
Dios es veraz. 34 Aquel a quien Dios envio dice 
las palabras de Dios; porque Él no da con me- 
dida el Espiritu. 35 E1 Padre ama al Hijo y le 
ha entregado pleno poder. 36 Quien cree al 
Hijo tiene vida eterna; quien no quiere creer 
al Hijo no vera la vida, sino que la colera 
de Dios permanece sobre él." 

CAPlTULO IV 

La samaritana. ^Cuando el Senor supo que 
los fariseos estaban informados de que Jesus 
hacia mas discfpulos y bautizaba mas que Juan 
-~- 2 aunque Jesus mismo no bautizaba, sino sus 
discipulos — Sabandono la Judea y se volvio 
a Galilea. 4 Debia, pues, pasar por Samaria. 
^Llego a una ciudad de Samaria llamada Sicar, 
junto a la posesion que dio Jacob a su hijo 
José. 6 Alli se encuentra el pozo de Jacob. Je- 
sus, pues, fatigado del viaje, se sento asi junto 
al pozo. Era alrededor de la hora sexta. 7 Vino 
una mujer de Samaria a sacar agua. Jesus le 
dijo: "Dame de beber." ^ntretanto, sus dis- 



29. Juan se llama "amigo del IJsposo" porque per- 
tenece, como Precursor, al Antiguo Testamento y no 
es todavia miembro de la Iglesia, Bsposa de Cristo, 
que no estå fundada aun (véase Mat. 16, 20; I<uc. 16, 
16 y notas). De abi lo que Jesus dice del Bautista 
en Mat, 11, lUs. Sobre la humildad de Juan véase 
Marc. 1, 7. 

30. Como el lucero de la manana palidece ante el 
sol, asi el Precursor del Senor quiere eclipsarse ante 
el que es la Sabiduria encarnada. Ésta es la leccion 
que nos deja el Bautista a cuantos queremos predicar 
al Salvador: desaparecer. "lAy, cuando digan bien de 
vosotros!" (I«uc. 6, 26). Cf. 5, 44; 21, 15 y nota; 
Juan 1, 7. 

36. Vemos aqui el gran pecado contra la fe, de 
que tanto habia Jesus. Cf. 16, 9 y nota. 

6. J$se pozo, que aun existe, tiene una profundidad 
de 32 metros y estå situado al sudeste de la ciudad 
de Nablus, llamada antiguamente Siquem y Sicar. I/)s 
cruzados levantaron encima de la fuente una iglesia, 
cuya sucesora es la iglesia actual que pertenece a los 
ortodoxos griegos. i Fatigado! 3Js ésta una de las no- 
tas mas intimas con que se aumenta nuestra fe al con- 
tacto del IJvangelio. 1 Fatigado 1 I^uego es evidente que 
el Hijo de Dios podia fatigarse, que se Tuzo igual a 
nosotros y que lo hizo por amarnos. 

8, El IJvangelista qufere advertirnos de la delica- 
deza de Jesus, que no habria descubierto en presen- 



EVANOELIO SEGUN SAN JUAN 4, 8-27 



121 



cipulos se habian ido a la ciudad a comprar 
viveres. 9 Entonces la samaritana le dijo: **éC6- 
mo Tu, judio, me pides de beber a mi que 
soy mujer samaritana? Porque los judios no 
tienen comunicaci6n con los samaritanos." 10 Je- 
sus le respondio y dijo: "Si tu conocieras el 
don de Dios, y quien es el que te dice: «Dame 
de bebers>, quiza tu le hubieras pedido a Él, 
y Él te habria dado agua viva." n Ella le dijo: 
"Seiior, Tu no tienes con qué sacar, y el pozo 
es hondo; i de donde entonces tienes esa agua 
viva? 12 Acaso eres Tu mayor que nuestro pa- 
dre Jacob, que nos dio este pozo, del cual 
bebio él mismo, y sus hijos y sus ganados?" 
13 Respondiole Jesus: "Todos los que beben de 
esta agua, tendran de nuevo sed; 14 mas quien 
beba el agua que Yo le daré, no tendra sed 
nunca, sino que el agua que Yo le daré se h ara 
en él fuente de agua surgente para vida eter- 
na." 15 Dfjole la mujer: "Senor, dame esa agua, 
para que no tenga mas sed, ni tenga mås que 
venir a sacar agua." ie Él le dijo: "Ve a buscar 
a tu marido, y vuelve aqui." 17 Replicole la 
mujer y dijo: "No tengo marido." Jesus le 
dijo: "Bien has dicho: «No tengo marido»; 
18 porque cinco maridos has tenido, y el hom- 
bre que ahora tienes, no es tu marido; has 
dicho la verdad." 19 Dfjole la mujer: "Senor, veo 
que eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron 
sobre este monte; segun vosotros, en Jerusalén 
esta el lugar donde se debe adorar. 21 Jesus 



cia de ellos la vida intima de esa mujer (cf. v. 18). 

9. t,a intencion de la mujer no se ve con certeza, 
pero si vemos que ella se coloca en Ja situacion humil- 
de de una despreciada samaritana (cf. IJcli. SO, 28 y 
nota). Esto es lo que hace que Jesus "ponga los ojos 
en su pequenez" (I^uc. 1, 48) y le muestre (v, 10) 
que no es Él quien pide, sino quien da. Porque el dar 
es una necesidad del Corazon divino del Hijo, como 
lo es del Padre; y por eso Jesus prefiere no a Marta 
sino a Maria, la que sabe recibir. Véase I^Uc. 10, 42; 
Juan 13, 38 y notas. 

10. Si tu conocieras el don de Dios, es decir, no ya 
solo las cosas que Él te da, empezando por tu propia 
existencia, sino la donacién que Dios te hace de Si 
mismo, el Don en que el Padre se te da en la Per- 
sona de su unico Hijo, para que Jesus te divinice 
haciéndote igual a Él o mejor transformåndote para 
que puedas vivir eternamente su misma vida divina. 
la vida de felicidad en el conocimiento y en el 
amor. 

14. No tendrå sed, etc. Notese el contraste con lo 
que se dice de la Sabiduria en Ecli. 24, 29 s. y nota. 
IJI que bebe en el "manantial de la divina sabiduria, 
que es la palabra de Dios" (Ecli. 1, 5), calmarå la 
inquietud de su espiritu atormentado por la sed de 
la felicidad, y poseerå con la gracia una anticipacion 
de la gloria. 

15. I^a mujer no comprende el sentido, pensando 
solamente en el agua natural que tenia que sacar del 
pozo todos los dias. ^ Tan solo por la revelacién de 
sus pecados ocultos viene a entender que Jesus hablaba 
simbolicamente de un agua sobrcnatural, que no se 
saca del pozo. Jesus, antes de darle el "agua viva'*, 
quiere despertar en ella la conciencia de sus pecados 
y la conduce al arrepentimiento con admirable suavi- 
dad. Ya brota la fe en él corazon de la samaritana. 
Lo prueba la pregunta sobre el lugar donde habia 
que adorar a Dios. I^os samaritanos creian que el 
lugar del culto no era ya el Tem/plo de Jerusalén 
sino el monte Garizim, donde ellos tuvieron un templo 
basta el afio 131 a. C. Cf. Esdr. 4, 1-5. 

21. Antes de anunciar en el v. 23 el culto esen- 



le respondio: "Mujer, créeme a Mi, porque 
viene la hora, en que ni sobre este monte ni en 
Jerusalén adorar eis al Padre. 22 Vosotros, ado- 
rais lo que no conocéis; nosotros adoramos lo 
que conocemos, porque la salvacion viene de 
los judios. 23 Pero la hora viene, y ya ha lle- 
gado, en que los adoradores verdaderos ado^ 
rarån al Padre en espiritu y en verdad; porque 
también el Padre desea que los que adoran sean 
tales. 24 Dios es espiritu, y los que lo adoran, 
deben adorarlo en espiritu y en verdad." 25 Di~ 
jole la mujer: "Yo sé que el Mesias — es decir 
el Cristo-^ ha de venir. Cuando Él venga, 
nos instruira en todo." 26 Jesus le dijo: "Yo 
lo soy. Yo que te hablo." 

27 En este momento llegaron los discfpulos, 
y quedaron admirados de que hablase con 
una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: 
"iQué preguntas?" o "^Qué hablas con ella?" 

cialmente espiritual, que habria de ser el sello carac- 
teristico de la Iglesia cristiana, Jesus 3e anuncia aqui 
la proxima caducidad del culto israelita (cf. Heb. 8, 
4 y 13 y notas), y aun quizå también la incredu- 
lidad, tanto de los judios como de los samaritanos. 
De ahi que, ante el fracaso de unos y otros. le diga: 
Créeme a Mi. Asi viven los bombres también hov 
entre opiniones y bandos, todos falaces. Y Jesus sigue 
diciéndonos. Créeme a Mi, unico que no te engana, 
y Yo te ensenaré, como a esta humilde mujer, lo que 
agrada al Padre (v. 23), es decir, la sabiduria. Véase 
IJcU. 1, 34 y nota. 

22. La salvacion viene de los judios: I^a nacion 
judia fué heaha depositaria de las promesas de Dios 
a Abrahån, el "padre de los creyentes", "en quien 
serån bendecidas todas las naciones de la tierra" 
(Gén. 18, 18; cf. 3, 17; Rom. 9, 4 s.; 11, 17 y 26). 
Eli mediador de todas esas bendiciones es Jesus, des* 
cendiente de Abrahån por Maria. Cf. I^uc. 1, 32. 

23. En espiritu: es decir, "en lo mås noble y lo 
mås interior del hombre (Rom. 8, 5)" (Pirot). Cf. 
Mat. 22, 37. En verdad, y no con la apariencia, es 
decir, "con åzimos de sinceridad" (I Cor. 5, 8), y no 
como aquel pueblo que lo alababa con los Iabios mien- 
tras su corazon estaba lejos de Él (Mat. IS, 8), o 
como los que oraban para ser vistos en las sinagogas 
(Mat. 6, S) o proclamaban sus buenas obras (Mat. 
6, 2). Desd,e esta revelacion de Jesucristo aprende- 
mos a no anteponer lo que se ve a lo que no se ve 
(II Cor. 4, 18); a preferir lo interior a lo exterior, lo 
espiritual a lo material. De ahi que noy no sea facil 
conocer el verdadero grado de union con Dios que 
tiene un alma, y que por eso no sepamos juzgarla 
(Xuc. 6, 41 s. y nota). Porque las almas le agradan 
segun su mayor o menor rectitud y simplicidad de 
corazon, o sea segtin su infancia espiritual (Mat. 
18, 1 ss.). Cf. I Cor. 2, 15. 

24. Para ponerse en contacto con Dios, cuya natu- 
raleza es espiritual, el hombre ha de poner en juego 
todo lo que tiene de semejante a Él: toda su actividad 
espiritual, que se manifiesta en la fe, la esperanza y 
la caridad (véase 3, S y nota; 6, 64). San Juan de la 
Cruz aprovecha este pasaje para exhortarnos a que 
no miremos en que el lugar para orar sea de tal o 
cual comodidad, sino al recogimiento interior, "en ol- 
vido de objetos y jugos sensibles". EJn efecto, si Dios 
es espiritu ^qué pueden importarie, en si mismas. las 
cosas materiales? "<jAcaso he de come r Yo la carne 
de los toros?", dice Él, refiriéndose a las of rendas 
que se le hacen (S, 49, 13 ss.). I*o qu e vale para £1 
es la intencion, a tal punto que, segun Santa Gertru- 
dis, Jesus le revelå que cada vez que deseamos de 
veras hacer algo por darle gusto al Padre o a Él, aun- 
que no podamos realizarlo, vale tanto como si ya lo 
hubiéramos iteoho; y eso lo entenderå cualquiera, pues 
el que ama no busca regalos por interés, y lo qu<5 
aprecia es el amor con que estån hechos. 



122 



EVANGELZO SPGITN SAN JUAN 4, 28-54; 5, 1-7 



38 £ntonces la mujer, dej an do su cåntaro, se fué 
a la ciudad, y dijo a los hombres: ^Venid a 
ver a un hombre que me ha dicho todo lo 
<jue he hecho: <no sera éste el Cristo?" ^Y sa- 
heron de la ciudad para ir a encontrarlo. 
sl Entretanto los discipulos le rogaron: "Rabi, 
come." ^Pero Él les dijo: "Yo tengo un man- 
jar para comer, que vosotros no conocéis." 
8S Y los discipulos se decian entre ellos: ",|A1- 
ffuien le habra traido de comer?" M Mas Jesus 
les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad de 
Aquel que me envi6 y dar cumplimiento a su 
obra. ^éNo decis vosotros: Todavia cuatro 
meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: 
Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, 
que ya estan blancos para la siega. ^l que 
siega, recibe su recompensa y recoge la mies 
para la vida eterna, para que el que siembra 
se regocije al mismo tiempo que el que siega. 
s'Pues en esto se verifica el proverbio: «Uno 
es el que siembra, otro el que siega.» 38 Yo os 
he enviado a cosechar lo que vosotros no ha- 
béis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis 
entrado en (posesion del frtsto de) sus tra- 
bajos." i 

39 Muchos de los samaritanos de aquella ciu- 
dad creyeron en Él por la palabra de la mujer 
que testificaba diciendo: "Él me ha dicho todo 
cuanto he hecho." 40 Cuando los samaritanos 
vinieron a Él, le rogaron que se quedase con 
ellos; y se quedé alli dos dias. il Y muchos 
mas creyeron a causa de su palabra, **y decian 
a la mujer: "Ya no creemos a causa de tus 
palabras; nosotros mismos lo hemos oido, y 
sabemos que Él es verdaderamente el Salva- 
dor del mundo." 

Jesus en Galilea. 43 Pasados aquellos dos 
dias, partié para Galilea. ^Ahora bien, Je- 
sus mismo atestiguo que ningun profeta es 
honrado en su patria. ^Cuando llegå a Gali- 



28. Dejand o su cåntaro: detalle el o etten te que mues- 
tra como el fervor del interés por Cristo le h»*o aban- 
donar toda preocupaciån temporal. Ni siquiera se de* 
tiene a saludar a los recién llegados (cf. I*uc. 10, 4). 
EHa tiene prisa por comunicar a los de su puefalo 
(cf. Luc. 8, 39) las maravillas que desbordaban de su 
alma después de escuchar a Jesus (véase Hech. 4, 20). 
Los frutos de este fervor apostålico se ven en el v- 39. 

34. Esa obra, que consiste en darnos a conocer 
al Fadre O, 18) es la que Jesus declara cumplida en 
17, 4. S. Hilario hace notar que ésta fué la obra 
por excelencia de Cristo. 

35. Levantad vuestros ojos: Era ésa la fertil 11a- 
nura da da por Jacob a su hijo José, figura de Cristo 
(v. 5). Se refiere ahora a los samaritanos que vi enen 
en su busca, guiados por la mujer, mostrando que la 
semilla esparcida en el pueblo de los samaritanos, tan 
despreciado por los judios, ya daba fruto. Samaria 
fué la primera ciudad en que, después de Jerusalén, 
se formå una comunidad numerosa de cristianos (Hech. 
cap. 8). 

39. Cuanto he hecho: la samaritana, conquistada 
por la gracia de Jesus, no vacila en bacer numilde- 
mente esta alusi6n a sus pecados. Sus oyentes, que la 
conocian, se sienten a su vez conquistados por tan 
indiscutible prueba de sinceridad. 

41 s. He aqui sefialada la eficacia de esas pala- 
bras de Jesus de las cuales podemos disfrutar nos- 
otros tam bi én en el Evangelio (I Juan 1, 3 s.). 

44. Véase sobre esto I*uc. 4, 14 ss. 



lea, fué recibido por los galileos, que habfan 
visto todas las grandes cosas hechas por Él 
en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos 
también habian ido a la fiesta. 

Curaci6n del hijo del cortesano. 46 Fué, 
pues, otra vez a Canå de Galilea, donde habia 
convertido el agua en vino. Y habia un cor- 
tesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafar- 
naum. 47 Cuando él oyo que Jesus habia vuel- 
to de Judea a Galilea, se fué a encontrarlo, 
y le rogé que bajase para sanar a su hijo, 
porque estaba para morir. ^Jesus le dijo: 
";Si no veis signos y prodigios, no creeréis!" 
^Respondiole el cortesano: "Senor, baja an- 
tes que muera mi hijo." M Jesus le dijo: "Ve, 
tu hijo vive." Creyo este hombre a la palabra 
que le dijo Jesus y se puso en marcha. 51 Ya 
bajaba, cuando encontré a algunos de sus 
exiados que le dijeron que su hijo vivia. 52 Pre- 
guntéles, entonces, la hora en que se habia 
puesto mejor. Y le respondieron: "Ayer, a la 
hora séptima, le dej6 la fiebre." 53 Y el padre 
reconocio que ésta misma era la hora en que 
Jesus le habia dicho: u Tu hijo vive." Y creyé 
él, y toda su casa. M Este fué el segundo mila- 
gro que hizo Jesus vuelto de Judea a Galilea. 

CAPlTULO V 

El PARALiTioo de la PisciNA. 1 Después de esto 
Ilego una fiesta de los judios, y Jesus subio 
a Jerusalén. 2 Hay en Jerusalén, junto a la 
(puerta) de las Ove jas una piscina llamada 
en hebreo Betesda, que tiene cinco porticos. 
3 Alli estaban tendidos una cantidad de enfer- 
mos, ciegos, cojos, paraliticos, que aguardaban 
que el agua se agitase. [ 4 Porque un ångel bajaba 
de tiempo en tiempo y agitaba el agua*, y el 
primero que entraba después del movimiento 
del agua, quedaba sano de su mal, cualquiera 
que este fuese.l 5 Y estaba alli un hombre, 
enfermo desde hacia treinta y ocho anos. •Je- 
stiis, viéndolo tendido y sabiendo que estaba 
enfermo hacia mucho tiempo, le dijo: "<:Quie- 
res ser sanado?" 7 E1 enfermo le respondiå: 

48. Los milagros confirman la autoridad del que 
predica (Marc. 16, 20) ; con todo, no son necesarios 
ni suftcientes parå engendrar por si mismos la fe 
(2, 23 ss.; 12, 37 ss.). Ella viene de prestar asenti- 
miento a la palabra de Jesucristo (Rom. 10, 17), ex- 
plotando el "afecto de credulidad" (Denz. 178) que 
Dios pone en nosotros. Cf. 7, 17 y nota. 

50. Este acto de fe en la palabra de Jesus fué pre- 
cursor de su conversion, referida en <$ v. 53. 

1 s. Segun admiten muchos (Lagraneé, Jouon, Oli- \ 
vier, Pirot, eta), el cap. 5 debe ponerse después del 
cap. 6. Una fiesta: (varios mss., quizås de antes de 
la inversiån de los cap itu los, dice la fiesta): la Pas- 
cual, de la cual en 6, 4 se dice que esta pråxima. 
Seria la segunda Pascua de Jesus en Jerusalén. Para 
la primera, cf. 2, 13 y 23; para la tercera y ultima, 
cf * 12, 1. . 

4. I/a mayoria de los ex eg eta s niega autenttcidad 
a este v., ausente de los mejores testigos griegos. Al- 
gunos desconocen también el final del v. 3 sobre la 
agitaci6n del agua, si bien ésta poflria deberse a un 
caråeter termal ( Durand) u otra causa natu ral. El 
milagro singular aqui sefialado seria unico en la 
BibHa (Prat). 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 5, 7-37 



123 



"Senor, yp no tengo a nadie que me meta en 
la piscina cuando el agua se agita; mientras 
yo voy, otro baja antes que yo." 8 Dijole Jesus: 
"Levåntate, toma tu camilla y anda." °A1 pun- 
to quedo sanado, tomo su camilla, y se puso 
a andar. 

Discusi6n sobre el såbado. Ahora bien, aquel 
dia era sabado: 10 Dijeron, pues, los judios al 
hombre curado: "Es sabado; no te es licito lle- 
var tu camilla." n Él les respondio: "El que me 
sano, me dijo: Toma tu camilla y anda." 12 Le 
preguntaron: i"Quién es el que te dijo: Toma 
tu camilla y anda?" 13 E1 hombre sanado no lo 
sabia, porque Jesus se habia retirado a causa 
del gentio que habia en aquel lugar. 14 Después 
de esto lo encontro Jesus en el Templo y le 
dijo: "Mira que ya estas sano; no peques mas, 
para que no te suceda algo peor." 15 Fuése el 
hombre y dijo a los judios que el que lo habia 
sanado era Jesus. 16 Por este motivo atacaban los 
judios a Jesus, porque hacia estas cosas en 
sabado. 17 El les respondio: "Mi Padre continua 
obrando, y Yo obro también." 18 Con lo cual 
los judios buscaban todavia mas hacerlo morir, 
no solamente porque no Observaba el såbado, 
sino porque llamaba a Dios su padre, igua- 
låndose de este modo a Dios. 

jEstfs se declara Hijo de Dios. 19 Entonces 
Jesus respondio y les dijo: "En verdad, en 
verdad, os digo, el Hijo no puede por Si mis- 
mo hacer nada, sino lo que ve hacer al Padre; 
pero lo que Éste hace, el Hijo lo hace igual- 
mente. 20 Pues el Padre ama al Hijo y le mues- 
tra todo lo que Él hace; y le mostrara aun co- 
sas mås grandes que éstas, para asombro vues- 
tro. 21 Como el Padre resucita a los muertos y 
les devuelve la vida^ asi también el Hijo de- 
vuelve la vida a quien quiere. 22 Y el Padre 
no juzga a nadie, sino que ha dado todo el 
juicio al Hijo, 23 a fin de que todos honren al 
Hijo como honran al Padre. Quien no honra 
al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado. 
M En verdad, en verdad, os digo: El que escu- 
cha mi palabra y cree a Aquel que me envio, 
tiene vida eterna y no viene a juicio, sino que 
ha pasado ya de la muerte a la vida. 25 En ver- 

14. El caso parece distinto del de 9, 3. Cf. nota. 

17. Continua obrando: aun en såbado. Si Dios no 
obrase sin cesar, la creacion volveria a la nada (S. 103. 
29 y nota). Asi también obra constantemente el 
Verbo, por quien el Padre lo hace todo (1, 3). 

22. A Jesus le corresponde ser jues de todos los 
hombres, también por derecho de conquista; porque 
nos redimio a todos con su propia Sangre (Hech. 
10, 42; Rom. 14, 9; II Tim. 4, 8; I Pedro 4, 5 s.). 
Entretanto, Jesus nos dice aqui que ahora nb el Padre 
juzga a nadie ni Él tampoco (8, 15), pues no vino 
ajuzgarsino a salvar (3, 17; 12, 47). E)s el "ano de 
la misericordia", que precede al "dia de la vengan- 
za" (Luc, 4, 19; Is. 61, 1 ss.}. 

24. Véase 6, 40 y nota. No viene a juicio: "Aigu- 
nos de los buenos se salyarån y no serån juzgados, a 
saber: los pobres en esp'mtu, pues aun ellos juzgarån 
a los demås" (Catecismo Romano, EJxpos. dd Sim- 
bolo se&un Santo Tomas, Art. VII, 1). Cf. Mat. 19, 
28; I Cor, 6, 2 s. y nota. 

25. Cf. v. 28; II Tim. 4, 1 y nota. 



dad, en verdad, os digo, vendra el tiempo, y ya 
estamos en él, en que los/muertos oirån la voz 
del Hijo de Dios, y aquellos que la oyeren, 
reviyiran. 26 Porque asi como el Padre tiene 
la vida en Si mismo, ha dado también al Hijo 
el tener la vida en Si mismo. 27 Le ha dado 
también el poder de juzgar, porque es Hijo del 
hombre. 28 No os asombre esto, porque. vendra 
el tiempo en que todos los que estån en los 
sepulcros oiran su voz; 29 y saldran los que 
hayan hecho el bien, para resurreccion de vi- 
da; y los que hayan hecho el mal, para resu- 
rreccion de juicio. 30 Por Mi mismo Yo no 
puedo hacer nada. Juzgo segun lo que oigo, 
y mi juicio es justo, porque no busco mi vo- 
luntad, sino la voluntad del que me envio., 31 Si 
Yo doy testimonio de Mi mismo, mi testimonio 
no es verdadero. ^Pero otro es el que da testi- 
monio de Mi, y sé que el testimonio que da 
acerca de Mi es verdadero. 33 Vosotros envias- 
teis legados a Juan, y él dio testimonio a la 
verdad. 34 Pero no es que de un hombre reciba 
Yo testimonio, sino que digo esto para vuestra 
salvacion. 35 É1 era antorcha que ardia y bri- 
llaba, y vosotros quisisteis regocijaros un mo- 
mento a su luz. 36 Pero el testimonio que Yo 
tengo es mayor que el de Juan, porque las 
obras que el Padre me ha dado para llevar a 
cabo, y que precisamente Yo realizo, dan testi- 
monio de Mi, que es el Padre quien me ha 
enviado. 37 E1 Padre que me envio, dio testi- 
monio de Mi. Y vosotros ni habéis jamås oido 



30 ss. Continua el pensamiento del v- 19. I^a justi- 
cia estå en pensar, sentir y obrar como Dios quiere. 
Tal fué el sumo anhelo de Jesus, y asi nos lo dice 
en 4, 34; 17, 4, etc. 

31 ss. Vale la pena detenerse en comprender bien 
lo que sigue, pues en ello estå toda la "apologética" 
del l£vangelio, o sea los testimonios que invoco el 
mismo Jesucristo para probar la verdad de su mlsion. 
Kl "Otro" (v. 32) es el Padre. 

33. Éste fué enviado (1, 6 ss.), como ultimo pro- 
feta del Antiguo Testamento (Mat. 11, 13) para dar 
testimonio del Mesias a Israel (1, 15; 3. 26-36; Mat, 
3, 1 ss. ; Marc. 1, 12 ss.; I^uc. 3, 13 ss.). 

34 ss. Con ser Juan tan privilegiado (Mat. 11, 11), 
el Senor quiere mostrarnos aqui que el Precursor no 
era sino un momentåneo reflejo de la luz (1, 8). Ve- 
mos aqui una vez mås que no hemos de poner de un 
modo permanente nuestra admiracion en hombre al- 
guno ni someter el testimonio de Dios al de los 
hombres sino a la inversa (cf. Hech. 4, 19; 5, 29; 
17, 11). Por donde se ve que es pobre argumento para 
Jesus el citar a muchos hombres celebres que hayan 
creido en Él. Porque si eso nos moviera, querria 
decir que atendiamos mås a la autoridad de aquellos 
hombres que a los testimonios ofrecidos por el mismo 
Jesus. Cf. v. 36 ss. y notas. 

36 ss. He aqui el gran testimonio del Hijo: su pro- 
pio Padre que lo envio y que lo acredito de mil ma- 
neras. Vemos asi como el EJvangelio se defiende a si 
mismo, pues en él hallamos las credenciales que el 
Padre nos ofrece sobre Jesus, con palabras que tienen 
virtud sobrenatural para dar la fe a toda alma que no 
la escuche con doblez. Véase 4, 48; 7, 17; S. 92, 5 y 
notas. E)ste pasaje condena todo esfuerzo teosof ico. 
San Juan nos dice que nadie vio nunca a Dios, y 
que fué su Hijo quien lo dio a conocer (1, 18), de 
modo que en vano buscaria el hombre el trato con 
Dios si Él no hubiese tornado la iniciativa de darse 
a conocer al hombre mediante la Palabra revelada de 
sus profetas y de su propio Hijo. Véase 7, 17 y nota; 
Hebr. 1, 1 ss. 



124 



KVANGELJO SEGUN SAN JUAN 5, 37-47; 6. 1-19 



su voz, ni visto su semblante, 38 ni tampoco 
tenéis su palabra morando en vosotros, puesto 
que no creéis a quien Él envio. ^Escudrinad 
las Escrituras, ya que pensåis tener en ellas 
la vida eterna: son ellas las que dan testimonio 
de Mi, 40 ;y vosotros no quereis venir a Mi para 
tener vida! 41 Gloria de los hombres no recibo, 
^sino que os conozco (y sé) que no tenéis 
en vosotros el amor de Dios. ^Yo. he venido 
en el nombre de mi Padre, y no me recibis; 
si otro yiniere en su propio nombre, ;a ése 
lo recibiréis! 44 iC6mo podéis vosotros creer, 
si admitis alabanza los unos de los otros, y la 
gloria que yiene del unico Dios no la buscais? 
45 No penséis que soy Yo quien os va a acusar 
delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, 
en quien habéis puesto vuestra esperanza. 48 Si 
creyeseis a Moisés, me creeriais también a Mi, 
pues de Mi escribio ÉL 47 Pero si no creéis a 
sus escritos, £c6mo creeréis a mis palabras?" 

CAPfTULO VI 

PR1MERA MULTlPLlCAQON DE LOS PANES. X DeS- 

pués de esto, paso Jesus al otro lado del mar 
de Galilea, o de Tiberfades. 2 Y le seguia un 
gran gentio, porque veian los milagros que 



39. Véase v. 46. Con esto recomienda el Senor 
mismo, como otro testimonio, la lectura de los libros 
del Antigua Testamente -Quien los rechaza no conoce 
las luces que nos dieron los Profetas sobre Cristo. 
"IJn el Antiguo Testamento estå escondido el Nuevo, 
y en el Nuevo se manifiesta el Antiguo" (S. Agus- 
tin). "Los libros del Antiguo Testamento son palabra 
de Dios'y parte orgånica de su revelacion" (Pio XI). 

41. No recibo, esto es (como en el v. 34): no os 
digo esto porque tenga nada que ganar con vuestra 
adhesion, sino que os desenmascaro porque conozco 
bien vuestra hipocresia. 

42. No tenéis en vosotros el amor de Dios. IJs de- 
cir, que, como observa S. Ireneo, el amor acerca a 
Dios mås que la pretendida sabiduria y experiencia, 
las cuales son compatibles (como aqui vemos) con la 
blasfemia y la enemistad con Dios. 

43. La historia rebosa de comprobaciones de esta 
dolorosa realidad. Los falsos prof etas se anuncian" a 
si mismos y son admirados sin mås credenciales que 
su propia suficiencia. Los discipulos de Jesus, que 
hablan en nombre de Él, son escuchados por pocos, 
como pocos fueron los que escudharon a Jesus, el 
enviado del Padre. Véase Mat. 7, 15 y nota. Suele 
verse aqui una profecia de la aceptacion que tendrå 
el Anticristo como falso Mesias. Cf. Apoc. 13. 

44. EJs impresionante la severidad con que Jesus 
niega aqui la fe de los que buscan gloria humawa. 
Cf. 3, 30; Luc. 6, 26; Gal. 1, 10; S. 52, 6. 

46 s. De Mi escribiå él: . "Un cuanto al Salvador 
del género humano, nada existe sobre Él tan fecundo 
y tan expresivo como los textos que encontramos en 
toda la Biblia, y San Jeronimo tuvo razon de afir- 
mar que "ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo" 
(Lean XIII, IJnc. "Providentissimus Deus"). Esta 
notable dta de San Jeronimo se encuentra repetida 
por Benedicto XV en "la IJnciclica "Spiritus Paracli- 
tus" y también por Pio XII en la IJnciclica "Divino 
Afflante Spiritu". No podemos, pues, mirarla como 
una simple referenda Hteraria sino que hemos de 
meditar toda su gravedad. ,iAcaso pretenderia alguien 
salvarse sin conocer al Salvador?" jCåmo creeréis a 
mis palabras? Argumento igual al del v. 44 y que se 
aplica eon mayor razon aun a los que ignoran volun- 
tariamente las propias palabras de Cristo. Cf. 12, 48 
y nota. 

1. DesPués de esto. Véase 5, 1 y nota sobre el 
orden invertido de los capitulos. 



hacia con los enfermos. SEntonces Jesus subio 
a la montaiia y se senté con sus discipulos. 4 Es- 
taba^ proxima la Pascua, la fiesta de los judfos. 
5 Jesus, pues, levantando los ojos y viendo que 
venia hacia Él una gran multitud, dijo a Feli- 
pe: "(iDonde compraremos pan para que éstos 
tengan qué comer?" 6 Decia esto para ponerlo 
a prueba, pues Él, por su parte, bien sabia lo 
que iba a hacer. 7 Felipe le respondio: "Dos- 
cientos denarios de pan no les bastarian para 
que cada uno tuviefa un poco." 8 Uno de sus 
discipulos, Andrés, el hermano de Pedro, le 
di) o : 9 "Hay aqui un muchachito que tiene 
cinco panes de cebada y dos/peces. Pero ^qué 
es esto para tanta gente?" 10 Mas Jesus dijo: 
"Haced que los hombres se sienten." Habia 
mucha hierba en aquel lugar. Se acomodaron, 
pues, los varones, en numero como de cinco 
mil. u Tomo, entonces, Jesus los panes, y ha- 
biendo dado gracias, los repartio a los que 
estaban recostados, y también del pescado, 
cuanto querian. 12 Cuando se hubieron har- 
tado dijo a sus discipulos: "Recoged los trozos 
que sobraron, para que nada se pierda." 13 Los 
recogieron y llenaron doce canastos con los 
pedazos de los cinco panes, que sobraron a 
los que habian comido. 14 Entonces aquellos 
hombres, a la vista del -milagro que acababa 
de hacer, dijeron: "Éste es verdaderamente el 
profeta, el que ha de venir al mundo," 15 Je- 
sus sabiendo, pues, que vendrian a apoderarse 
de Él para hacerlo rey, se alejo de nuevo a la 
montaiia, Él solo. 

jEstfs anøa sobre las aguas. 16 Cuando llego 
la tarde, bajaron sus discipulos al mar. 17 Y su- 
biendo a la barca, se fueron al otro lado del 
mar, hacia Cafarnaum, porque ya se habia he- 
cho oscuro, y Jesus no habia venido aun a 
ellos. 18 Mas se levanto un gran viento y el 
mar se puso agitado. 19 Y después de håber 
avanzado veinticinco o treinta estadios, vieron 
a Jesus, que caminaba sobre el mar aproxi- 

5. La multiplicaciån de los panes. Cf. Mat. 14, 
13 ss.; Marc. 6, 34 ss.; Luc. 9, 10 ss., sirve de intro- 
duccion al gran discurso sobre el pan de vida 
(v. 24). 

11. Jesus da gracias al Padre anticipadamente (cf. 
ll t 41 s.), a fin de referirle a Él la gloria del mila- 
gro. "Por Él y con Él y en Bl te es dado a Ti, oli 
Padre omnipotente, en la unidad del EJspiritu Santo, 
todo honor y gloria*' (Canon de la Misa). 

12. La importancia de esta operacion, destinada a 
grabar en la memoria de los discipulos la ma^mtud 
del prodigio, se puede apreciar en Marc. 8, 17-21 y 
en Mat. 16, 8-10. 

13. En Mat. 14, 13-21; Mare. 6, 31-44; Luc. 9, 
10-17, se dan mayores detalles, 

14. Véase 11, 27. Bl prof eta, esto es. el Mesias 
Rey. Asi lo entiende Jesus en el vers.' lS. Cf. Mat. 
21. 11. 

15. S61o una vez Jesus se dejo aclamar por Rey: 
fué el Domingo de Ramos (cf. 12, 12 s. y nota). Bien 
sabia nuestro Salvador que habia de prevalecer en 
el pueblo el sentir hostil hacia Él de los jefes de 
la nacién y que la afirmaciån de su realeza sobre 
Israel, anunciada por el ångel a tMaria^ como una 
realidad futura, seria e] capitulo principal de su 
acusacién por los judios cuando éstos le hiciesen 
comparecer ante el gobernador romano (Luc. 1, 32; 
23, 2). 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 6, 19-41 



125 



mandose a la barca, y se asustaron. 20 Pero Él 
les dijo: "No tengais miedo" 21 Entonces se 
decidieron a recibirlo en la barca, y en seguida 
la barca llego a la orilla, adonde querian ir. 
22A1 dia siguiente, la muchedumbre que per- 
manecio al otro lado del mar, noto que habia 
alli una sola barca, y que Jesus no habia subido 
en ella con sus discipulos, sino que sus disci- 
pulos se habian ido solos. 23 Mas llegaron bar- 
cas de Tiberiades junto al lugar donde habian 
comido el pan, después de håber el Sefior dado 
gracias. 

DlSCURSO SOBRE EL PAN DE VIDA Y LA ElJCARlS- 

tia. 24 Cuando, pues, la muchedumbre vio que 
Jesus no estaba alli, ni tampoco sus discipulos, 
subieron en las barcas, y fueron a Cafårnaum, 
buscando a Jesus. ^Y al encontrarlo del otro 
lado del mar, le preguntaron: "Rabi, ^cuando 
llegaste acå?" 28 Jesus les respondio y dijo: 
"En verdad, en verdad, os digo, me buscåis, 
no porque visteis milagros, sino porque comis- 
teis de los panes y os hartasteis. 2, Trabajad, 
no por el manjar que pasa, sino por el man) ar 
que perdura para la vida eterna, y que os darå 
el Hijo del hombre, porque a Éste ha mar- 
cado con su sello el Padre, Dios." 28 EUos le 
dijeron: "éQué haremos, pues, para hacer las 
obras de Dios?" ^Jesus, les respondi6 y di)o: 
"La obra de Dios es que creåis en Aquel a 
quien ÉI envi6." ^Entonces le dijeron: "éQué 
milagro haces Tii, para que viéndolo creamos 
en Ti? iQué obra haces? 31 Nuestros padres 
comieron el mana en el desierto, como esta 
escrko: «Les dio de comer un pan del cieloy 1 
^Jésus les dijo: "En verdad, en verdad, os 
digo, Moisés no os di6 el pan del cielo; es 
mi Padre quien os da el verdadero pan del 
cielo. 33 Porque el pan de Dios es Aquel que 



21. En seguida llegaron, aunque no habian recorri- 
do sino la mitad del camino (v. 19), que fué la que 
recorriå Jesus caminando sobre las aguas, feniendo el 
lago un ancho de 10 a 13 kms. Notable episodio en 
que se ve que el miedo les babia irapedido aceptar a 
Jesus (cf. Ivuc. 8, 37). Cuando le perdemos el miedo 
y lo recibimos en nuestra navecilla 11 eg a mos feliz- 
mente al puerto (S. Beda). 

26. Desecharon en el milagro la evidencia, ne- 
gåndose a ver en Jesus a un enviado de Dios, con 
dereoho como tal a ser escuchado. ht buscan como 
dispensador de bienes, mas no espirituales sino tem- 
porales. 

27. Plrot recuerda aqui el agua viva que ofreciå 
a la Samaritana en 4, 13. Cf. v. 35. El ^llo^ del Pa- 
dre son esos milagros que dan fe de la mision de 
Jesus (3, 33) y que Él prodiga con una bondad que 
no puede ser sino divina. Cf. Mat. 11* 4-6. 

29. Le preguntan por las obras: Él sefiala la obra 
por excelencia: la obra interior que consiste en creer 
recta y plenamente. Iva fe es también la obra de Dios 
en el sentido de que es ÉJ quien nos atrae (6, 44 y 66). 

30. iQué milagro Jiaces? Asombrosa ceguera y mala 
fe de los fariseos que hacen tal pregunta cuando acaban 
de comer el pan mil agrosam en te multiplicado por Jesus. 

31. Véase Éx. 16, 15-16; S. 77, 25 s.; I Cor. 10, 3. 
32 s. El "Bon perfecto" por excelencia (cf ; Sant. 

1, 17) es el que ese Padre nos hizo de su Hijo muy 
amado (cf. 3, 16), el verdadero "pan del cielo". que 
nos imparte la vida y la sustenta con el pan de su 
palabra (v. 63) y con su carne hecha pan supersubs- 
tancial (v. 51; I*uc. 11, 3). 

33. Pan de Dios: De esta s sublimes palabras viene 



desciende del cielo y da la vida al mundo." 
34 Le dijeron: "Sefior, danos siempre este pan." 
35 Respondioles Jesus: "Soy Yo el pan de vida; 
quien viene a Mi, no tendrå mås hambre, y 
quien cree en Mi, nunca mas tendra sed. 38 Pero, 
os lo he dicho: a pesar de que me habéis visto, 
no creéis ; 37 Todo lo que me da el Padre ven- 
drå a Mi, y al que venga a Mi, no lo echaré 
fuera, ciertamente, 38 porque bajé del cielo para 
hacer no mi voluntad, sino la voluntad del que 
me envio. 39 Ahora bien, la voluntad del que 
me envi6, es que no pierda Yo nada de cuanto 
Él me ha dado, sino que lo resucite en el ulti- 
mo dia. 40 Porque ésta es la voluntad del Pa- 
dre: que todo aquel que contemple al Hijo y 
crea en Él, tenga vida eterna; y Yo lo resuci- 
taré en el ultimo dia." 

41 Entonces los judfos se pusieron a murmu- 
rar contra Él, porque habia dicho: ,c Yo soy 

la expresion popular que suele aplicarse para decir 
que alguien es muy bueno. Pero ^cuåntos piensan en 
aplicarla a la bondad del unico a quien esas palabras 
corresponden? (Mat. 19, 16). Desciende del cielo: Nd- 
tese aqui, como en los v. 38 y 42, que Jesus es el unico 
Hombre que se ha atrevido a atribuirse un origen 
celestial y a sostener su afirmaciån hasta la muerte. 
Cf. 3, 13; 8, 23 y 38 ss. 

34. Siguen creyendo que Jesus habia del pan multi- 
plicado que ellos comieron. No acaban nunca de abrir 
su entendimiento y su corazon a la fe, como Jesus se 
lo reprooha en el v. 36. 

35. Aqui declara el Sefior que Él mismo es el "pan 
de vida" dado por el Padre (v. 32). Mås tarde habia 
del pan eucaristico que darå el mismo Jesus para la 
vida del mundo (v. 51). 

f 37. Sobre Ja iniciativa del Padre en la salvacion, 
véase Rom. 10, 20; Denz. 200. La promesa que aqui 
nos hace Jesus, de no redhazar a nadie, es el mås 
precioso aliento que puede ofrecerse a todo pecador 
arrepentido. Cf. en 5, 40 la queja dolorosa que Él 
deja escapar para los que a pesar de esto desoyen su 
invitaciån. Cf. 17, 10 y n ota. 

38. El Hijo de Dios se anonado a Si mismo, como 
ocultando su divinidad (véase Filip. 2, 7 s. y nota) 
y se empeiid en cumplir esa voluntad salvifica del Pa- 
dre, aunque ese empefio le costase la muerte d cruz. 
Cf. Mat. 26, 42^ y nota. 

39. Lo resucite: "Para saber si amamos y apre* 
ciamos el dogma de la resurreccion — dice un autor — 
podemos preguntarnos qué pensariamos si Dios nos di- 
jese ahora que el castigo del pecado, en vez del infierno 
eterno, seria simplemente el volver a la nada, es decir, 
quedamoa sin resurreccidn del cuerpo ni inmortali- 
dad del alma, de modo que todo se acabara con la 
muerte. ^ Si ante semejante noticia sintiéramos una 
impresion de alivio y comodidad, querria decir sim- 
plemente que envidiamos el destino de los animales, 
esto es, que nuestra fe estå muerta en su raiz, aun- 
que perduren de ella ciertas manifestaciones exterio- 
res. Mucho me temo que fuese aterrador el resultado 
de una encuesta que sobre esto se hiciese entre los 
que hoy se Ilaman cristianos". Véase lo que a este res- 
pecto profetiza el mismo Jesus en Lucas 18. 8. 

40.^ He aqui el plan divino: Jesus, el Mediador, es 
el unico camino para ir al Padre. Es decir que, vién- 
dolo y estudiåndolo a ÉI, hemos de creer en el Padre 
(5, 24), del cual Cristo es espejo perfectisimo (14, 9; 
Hebr. 1, 3). Solo ese Hijo puede darnos exacta noticia 
del Padre, porque s61o Él lo vio (1, 18; 3, 32; 6, 46), 
y la gloria del Padre consiste en que creamos a ese 
testimonio que el Hijo da de Él (v. 29), a fin de que 
toda glorificacion del Padre proceda del Hijo (14, 
13). Véase atentamente 12, 42-49 y notas. 

41. Notese, como siempre, la ingratitud con que 
responden los hombres a las maravillosas revelaciones 
que Jesus acaba de hacerles. Véase v*-34-y nota. 



126 



EVAKGELIO SBGUN SAN JUAN 6, 41-60 



el pan que bajo del cielo"; 4Z y decian: "No 
es éste Jesus, el Hijo de José, cuyo padre y 
madre conocerm ,^? ^Como, pues, ahora dice: 
«Yo he bajado del cielo? »" 43 Jesus les respon- 
dio y dijo: "No murmuréis entre vosotxos. 
^Ninguno puede venir a Mi, si el Padre que 
me envio, no lo atrae; y Yo lo resucitaré en 
el ultimo dia. 45 Estå escrito en los prof etas: 
«Serån todos ensenados por Dios.» Todo el 
que escucho al Fadre y ha aprendido, viene 
a Mi. 46 No es que alguien haya visto al Padre, 
sino Aquel que viene de Dios, Ése ha visto 
al Padre. 47 En verdad, en verdad, os digo, 
el que cree tiene vida eterna, 48 Yo soy el pan 
de vida. ^Los padres yuestros comieron en 
el desierto el manå y murieron. 50 He aqui el 
pan, el que baja del cielo para que uno coma 
de él y no muera. 51 Yo soy el pan, el vivo, 
el que bajo del cielo. Si uno come de este 
pan vivira para siempre, y por lo tantoel pan 
que Yo daré es la carne mia para la vida del 
mundo." 52 Empezaron entonces los judios a 
discutir entre ellos y a decir: ",jComo puede 
éste darnos la carne a comer?" 53 Dijoles, pues, 



44 s. Cf. Is. 54, 13; Jer. 31, 33-34; Mat 16, 17. 
Es decir que Dios nos atrae infaliblemente hacia Jesus 
(si bien, como dice S. Agustin, no contra nuestra 
voluntad). Es el misterio del amor del Padre al Hijo. 
El Padre estå engendrando eternamente al Hijo, el 
cual es todo su tesoro (Mat. 17, 5); no obstante ello 
fué el mismo Padre quien nos lo dio, lo cual hace 
aun mås asombrosa esa bondad. Justo es entonces que 
el Padre sea el solo Dispensador de su Hijo y Enviado, 
infundiendo a los que Él eKge, el Espiritu Santo 
(IvUC. 11, 13), que es" quien nos lleva a Jesus. 
Cf. 14, 23. 

46. Esto es: al hablar (en el v. 45) de los que 
han "escuchado" al Padre, no digo que lo hayan visto 
directamente, como me ven a Mi, sino que el Padre 
habla por boca del Hijo, como se vio en el v. 40 y nota. 

51. Hasta aqui Jesus se ha dado a conocer < como 
el pan de vida. En este v. se llama el pan vivo, y 
en vez de que baja (v. 50) dice que bajé. Pirot anota 
a este respecto: "I^a idea general que sigue inmedia- 
tamente en la primera parte del v.: Si uno come de 
øste pan vivird para siempre — repeticion en positivo 
de lo que se dice negativamente en el v. 50 — podria 
min, en rigor, significar el resultado de la adhesi6n 
a Cristo por la fe. Pero el final del v.: y el pan que 
Yo daré es mi carne. . . para vida del mundo introduce 
manifiestamente una nueva idea. Hasta ahora el pan 
de vida era dado, en pasado, por el Padre. A partir 
de ahora, sera dado, en el futuro, por el Hijo mismo. 
Ademås, el pan que hasta aqui podia ser tornado en 
an sentido metaférico espiritual, es identificado a la 
carne en Jesus (carne, como en 1, 14, mås fuerte 
que cuerpo) ... I*a unica dificultad que aun provoca 
el v. es la de saher si el ultimo miembro : para la 
vida del mundo se refiere al pan o a la carne. I^a difi- 
cultad ha sido resuelta en el primer sentido por aigu- 
nos raros manuscritos intercalando la frase en cues- 
tién inmediatamente después de daré: el pan que Yo 
daré para la vida del mundo es mi carne. Pero la 
masa de los manuscritos se pronuncia por el segundo 
sentido. No parece, pues, dudoso que Juan haya que- 
rido establecer la identidad existente entre el pan euca- 
rSstico y la carne de Cristo en su estado de Victima 
inmolada por el mundo". El mismo autor cita luego 
Como acertada la explicacion del P. Calmes, segun el 
cual en esa frase "se halian confundidas la prediccion 
de la Pasion y la promesa del pan eucaristico, y esto 
sin que baya equivoco, pues la Eucaristia es, al mismo 
tiempo que un Sacramento, nn verdadero sacrificio, 
nn memorial de la muerte de N. S- J.". Cf. Ef. 2, 
14; Hebr. 10, 20. 



Jesus: "En ver dad, en yerdad, os digo, si no 
coméis la carne del Hijo del Hombrey be- 
béis la sangre del mismo, no tenéis vida en 
vosotxos. 5 *E1 que de Mi come la carne y de 
Mi bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le 
resucitaré en el ultimo dia. 55 Porque la carne 
mia verdaderamente es comida y la sangjte 
mia verdaderamente es bebida. &E1 que de 
Mi come la carne y de Mi bebe la sangre, 
en Mi permanece y Yo en él. 57 De la 
misma manera que Yo, enviado por el Padre 
viviente, vivo por el Padre, asi el que me 
come, vivirå también por Mi. 58 Este es el 
pan bajado del cielo, no como aquel que 
comieron los padres, los cuales murieron. El 
que come este pan vivirå eternamente." 59 Esto 
dijo en Cafarnaum, hablando en la sinagoga. 

Confesi6n de Pedro. 60 Después de haberlo 
oido, muchos de sus discipulos dijeron; "Dura 
es esta doctrina: ^Quién puede escucharla?" 



54. Por cuarta vez Jesus promete juntamente la 
vida del atma y la resurrecciån del cuerpo. Antes hizo 
esta promesa a los creyentes; ahora la confirma ha- 
blando de la comunidn eucaristica. Peligra, dice S. 
Jeronimo, quien se apresura a llegar a la mansion 
deseada sin el pan celestial. I^a Iglesia prescribe la 
comunion pascual y recomienda la comunion diaria. 
iVeriamos una carga en este don divino? "l*a Iglesia 
griega se ha sentido autorizada por esto para dar la 
Eucaristia a los ninos de primera edad. La Iglesia 
latina exige la edad de discrecion. Puede apoyarse 
en una raz6n muy fuerte. Jesus recuerda que el pri- 
mer movimiento hacia Él se hace por la fe (W. 35, 
45, 57)" Pirot. Cf. 4, 10 ss. El verbo comer qu e usa 
el griego desde aqui ya no es el de antes: estio, sno 
trogo, de un realismo aun mås intenso, pues significa 
literalmente masticar, como dando la idea de una re- 
tencion (cf. v. 27, Luc. 2, 19 y 51). En el v. 58 con- 
trastan ambos verbos: uno en pretérito: éfagon y otro 
en presenter trogon. 

57. El que me come: aqui y en el v. 58 # vuelve 
a hablar de Él mismo como en el v. 50. Vivirå por 
Mi: de tal manera que vivamos en Él y Él en nos- 
otros, como lo revela el v. antérior. Cf. 1. *6; Col. 
2, 9; véase la "secreta" del Domingo XVIII p. Pen- 
tecostés. S- Cirilo de Alejandria compara esta union 
con la fusion en una de dos velas de cera bajo la ac- 
ci6n dd fuego: ya no formarån sino un solo cirio- 
Cf. I Cor. 10, 17. Notese que Cristo se complace amo- 
rosamente en vivir del Padre, como de limosna, no 
obstante håber recibido desde la etenrdad el tener 
la vida en Si mismo (5, 26). Y esto nos lo ensena 
para movernos a que aceptemos aquel ofrecimi^nto de 
vivir de Él totalmente, como Él vive del Padre, de 
modo que no reconozcamos en nosotros otra vida que 
esta vida plenamente vivida que Él nos ofrece gratui- 
tamente. Es de notar que por el Padre y por Mi pue- 
den también traduc' rse Para cl Padre y para Mi, 
S, Agustin y Sto. Tomas admiten ambos sentidos y 
el ultimo parece apoyado por el verbo vivird, en fu- 
turo (Lagrange). j Vivir para Aquel que muriendo nos 
did vida divina, como Él vivio para el Padre que 
engendråndolo se la da a Élf "El que asi no v : ve 
;lo habrå acaso comido espiritualmente?" Véase v, 
63; II Cor. 5, 15; I Tes. 5, 10; Gål. 2. 20; cf. Hech. 
17, 28; Rom. ^14, 8; II Cor. 4. .11; 6. 9; I Juan 4. 9. 
^ 59. He aqui, pues, las maravillas de la comuni6n ex- 
plicadas por el mismo Jesus: nos da vida eterna (v. 50, 
53 y 59) y resurreccion ploriosa (55), siendo una corøu- 
nidad "*comuni6n") de vida con Jesus (57) que nos ha- 
ce vivir su propia vida como Él vive la del Padre (58). 

60. Por no håber abierto sus almas a la inteligen* 
cia espiritual del misterio,- incurren en el sarc&smo de 
Hamar "dura'* la doctrina mås tierna que haya sido 
revelada a los homhres. Cf. v. 41 y nota. 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 6, 61-71; 7, 1-17 



127 



6 *Jesus, ( conociendo interiormente que sus dis- 
cipulos murmuraban sobre esto, les di)o: "iEs- 
to os escandaliza? ^Y si viereis al Hijo del 
hombre subir adonde estaba antes? rø El espf- 
ritu es el que vivifica-, la carne para nada apro- 
vecha. Las palabras que Yo os he dicho, son 
espiritu y son vida. M Pero hay entre vos- 
otros quienes no creen." Jesus, en efecto, sabia 
desde el principio, quienes eran los que creian, 
y c^uién lo habia de entregar. 65 Y agrego: "He 
ahi por'qué os he dicho que ninguno puede 
venir a Mi, si esto no le es dado por el Padre." 
^Desde aquel momento muchos de sus discipu- 
los volvieron atras y dejaron de andar con Él. 
^Entonces Jesus dijo a los Doce: "^Queréis 
iros también vosotros?" 68 Simon Pedro le res- 
pondiå: "Senor^ & quién iriamos? Tu tienes 
palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos 
creido y sabemos que Tu eres el Santo de 
Dios." 70 Jesus les dijo: "^No fui Yo acaso 
quien os elegi a vosotros los doce? ;Y uno de 
vosotros es diabio!" 71 Lo decia por Judas Isca- 
riote, hil o de Simon, pues él habia de entre- 
garlo: él, uno de los Doce. 

CAPfTULO VII 

Viaje de Jes£s a Jerusalén. 1 Después de 
esto, Jesus anduvo por Galilea; pues no que- 



61. Vease Iyuc. 20, 17 s., donde el Maestro manso 
y humilde de corazon es llamado por el mismo Dios 
"piedra de tropiezo", o sea de escåndalo. Cf. Iyuc. 2, 
34; Rom. 9, 32 s., etc. El mismo Jesus dijo muchas 
veces que los hombres, y también sus discipulos, se 
escandalizarian, de Él y de su doctrina, cuya geuero- 
sidad sobrepasa el alcance de nuestro mezquind ema- 
ton (cf. Mat. Il, 6 y nota). De ahi la falta de fe 
que Él -senala y reprocha en los v. 36 y 64. 

62. Subir: en el misterio de la Ascensiån lo verån 
volver al cielo y ya no se escandalizarån (cf. v. 41 s.) 
de que se dijese bajado del cielo (v. 33, 46, 50 s., 58), 
ni podrån creer que les ha hablado de comerlo como 
los antropofagos (cf. v. 52). 

63. La carne para nada aprovecha: Ensenanza tan 
enorme y preciosa como poco aprovechada. Porque es 
dificil de admitir para el que no ha hecho la experien- 
cia y para el que no escucha a Jesus como un nino, 
que acepta sin discutirle al Maestro. Quiere decir 
que "la carne miente", porque lo tangible y material 
se nos presenta como lo mås real y positivo, y Jesus 
nos dice que la verdadera realidad estå en el espiritu, 
que no se ve (cf. II Cor. 4, 18). El hombre *'pru- 
dente" piensa que las palabras son humo y ociosidad. 
Quiere "cosas y no palabras". Jesus reivindica aqui a 
la palabra — no la humana pero si la divina — mos* 
tråndonos que en ella se esconde la vida, porque Él 
es a un tiempo la vida y la Palabra: el Verbo. Véase 
1, 4; 14, 6. Por eso S. Juan lo Uama el Verbo de la 
vidfi (I. Juan 1, 1). Y de ahi que no solamente la 
Palabra es fuente de obras buenas (II Tim. 3, 16 s.). 
sino que el estar oyéndolo a Él y creyéndo!e. es "la 
obra" por antonomasia (v. 29), la mejor parte (Iaic. 
10, 42), la gran bienaventuranza (IyUc. 11, 28). 

65. Véase los vers. 44 y 64. 

68 ss. Iyos apostoles (con excepc ; 6n de Judas Ts- 
cariote, que mås tarde fué el traidor) sostuvieron esta 
vw gloriosamente la prueba de su fe. Pedro habia 
aqui, como en otros casos, en nombre de todos (14, 
27; Mat *6, 16). El Santo de Dios; véase Luc. i, 35. 

70. Jesus entrega a nuestra meditacion esta sor- 
prendente y terrible verdad de que el hecho de ser 
auténticamente elegido y puesto por Él no impide ser 
manejado por Satanås. 

1. Bstev. sigueprohablementea 5,47. Véase 5, ly nota. 



ria andar por Judea porque los judios trataban 
de matarlo. 2 Estando proxima la fiesta judia 
de* los Tabernaculos, ^us hermanos le dijeron: 
"Trasladate a Judea, para que tus discipulos 
también (alU) vean que obras haces. 4 Ninguno 
esconde las propias obras cuando él mismo 
desea estar en evidencia. Ya que Tu haces tales 
obras, muéstrate al mundo." 5 Efecrivamente, 
ni sus mismos hermanos creian en Él. 6 Jesus t 
por tanto, les respondi6: "El tiempo no ha 
llegado aun para Mi; para vosotros siempre 
esta a punto. 7 E1 mundo no puede odiaros a 
vosotros; a Mi, al contrario, me odia, porque 
Yo testifico contra él que sus obras son malas. 
8 Id, vosotros, a la fiesta; Yo, no vov a esta 
fiesta, porque mi tiempo aun no ha llegado." 
9 Dicho esto, se quedå en Galilea. 10 Pero, des- 
pués que sus hermanos hubieron subido a la 
fiesta, Él también subio, mas no ostensible- 
mente, sino como en secreto. "Buscabanle los 
judios durante la fiesta y decian: "^Donde estå 
Aquél?" 12 Y se cuchicheaba mucho acerca de 
Él en el pueblo. Unos decian: "Es un hombre 
de bien." "No, decian otros, sino que extravfa 
al pueblo." 13 Pero nadie expresaba publica- 
mente su parecer sobre Él, por miedo a los 
fudios. 

CaRACTER D1VINO DE LA DOCTRINA DE CrISTO. 

14 Estaba ya mediada la fiesta, cuando Jesus 
subio al Templo, y se puso a ensenar. 15 Los 
judios estaban admirados y decian: "^Como 
sabe éste letras, no habiendo estudiado?" 16 Re- 
plicoles Jesus y dijo: "Mi doctrina no es mia, 
sino del que me envio. 17 Si alguno quiere 
cumplir Su voluntad, conocera si esta doctrina 
viene de Dios, o si Yo hablo por mi propia 



2. Iya fiesta de los Tabernaculos celebråbase con 
gran alegria en otono, con tiendas de ramas, para re- 
cordar al pueblo los cuarenta anos que estuvo en 
el desierto. Cf. tev. 23, 34. 

5. IyOs hermvnos, o sea los parientes de Jesus, 
muestran aqui la verdad de lo que el mismo Maestro 
enseno sobre la inutiltdad de los lazos de la sangre 
cuando se trata de espiritu (véase Mat. 12, 46 y nota). 
Consuela pensar que mås tarde se convirtieron, sejpin 
resulta de Hech. 1, 14. 

6. iPenetrante ironia! Para los mundanos siempre 
es tiempo de exhibirse. En el mundo estån ellos en su 
elemento (v. 7) y no conciben que Jesus no arne 
como e'los la fama (v. 3 s.). 

\3. Por miedo a los judios, es decir, a los jefes de 
la Sinagoga y a los fanseos influyentes (12, 42). 

17. Pfocedimiento infalihle para Hegar a tener fe: 
Jesus promete 3a luz a todo aquel que busca la verdad 
para conformar a ella su vida (I Juan 1, 5-7). Estå 
aqui, pues, toda la apologética de Jesus. El que con 
rectitud escuche la Palabra divina, no podrå resistirle, 
porque "jamås hombre alguno hablo como Éste" (v. 
46). El dnimo doble, en camhio, en vano intentarå 
huscar la Verdad divina en otras fuentes, pues su 
falta de rectitud cierra la entrada al Espiritu Santo, 
unico que puede hacernos penetrar en el misterio de 
Dios (I Cor. 2, 10 ss.). De ahi que. como lo ensena 
S. Pablo y lo declaro Pio X en el juramento anti- 
modernista, basta la ohservacion de la naturaleza para 
conocer la existencia del Creador eterno. su omnipoten- 
eta y su divinidad (Rora.l, 20) ; pero la fe no es ese 
conocimiento natural de Dios. sino el conocimiento sobre- 
natural que viene de la adhesiån prestada a la verdad de 
la palabra revelada, *'a causa de la autoridad de Dios 
sumamente veraz" (Denz. 2145). Cf. S, 31-39 y notas. 



128 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 7, 17-43 



cuenta. 18 Quien habla por su propia cuen- 
ta, busca su propia gloria; pero quien bus- 
ca la gloria del que lo envié, ese es veraz, y no 
hay en él injusticia. 19 ^No os di6 Moisés la 
Lev? Ahora bien, ninguno de vosotros observa 
la Ley. (Entonces) ^por qué tratåis de quitar- 
me la vida?" 20 La turba le contesto: "Estas 
endemoniado. dQuién trata de quitarte la vi- 
da?" 21 Jesus les respondio y dijo: "Una sola 
obra he hecho, y por ello eståis desconcertados 
todos. 22 Mois£s os dio la circuncision -— no que 
ella venga de Moisés, sino de los patriarcas — 
y la practicåis en dia de såbado. 23 Si un hom- 
bre es circuncidado en sabado, para que no 
sea violada la Ley de Moisés: <:c6mo os en- 
colerizais contra Mi, porque en sabado sané 
a un hombre entero? ^No juzguéis segun 
las apariencias, sino' que vuestro juicio sea 
justo." 

Origen del Mesias. 25 Entonces algunos hom- 
bres de Jerusalén se pusieron a decir: "^No es 
Éste a quien buscan para matarlo? 26 Y ved 
como habla en publico sin que le digan nada. 
Sera que verdaderamente habrdn reconocido 
"os jefes que Él es el Mesias? 27 Péro sabemos 
de donde es Éste; mientras que el Mesias, cuan- 
do venga, nadie sabrå de donde es.'* 28 Entonces 
Jesus, ensenando en el Templo, clamo y dijo: 
"Si, vosotros me conocéis y sabéis de donde 
soy; pero es que Yo no he venido de Mi mis- 
mo; mas El que me envio, es verdadero; y a Él 
vosotros no lo conocéis, 29 Yo si que lo conoz- 
co, porque soy de junto a Él, y es Él quien 
me envio." 30 Buscaban, entonces, apoderarse de 



É 



18. Jesus, "testigo fiel y veraz" (Apoc. 3, 14), nos 
da aqui una norma de^ extraordinario valor psicologico 
para conocer la veraddad de los hombres* Kl que se 
olvida de si misnio para defender la causa que se le 
ha encomendado, estå demostrando con eso su since- 
ridad. Segun esa norma, se retrata Él mismo, que fué 
el arquetipo de la fidelidad en la mision que el Padre 
le confiara (17, 4-8). 

19. Jesus trae aqui un recuerdo que^ resulta toda 
una ironia, pues cuando el pueblo recibié de Moisés 
la Ley hizo, como un solo hombre, grandes promesas 
de cumplir todas las palabras del Senor (Éx, 24, 3), 
y ahora el Mesias les muestra que ni uno de ellos 
cumple. 

21. Una sola obra: Jesus alude aqui al milagro de 
la curaciån del enfermo de treinta y ocho anos, reali- 
zada en dia såbado (cap. S, 1-9). Esto da un nuevo 
indicio de lo que observamos en S, 1 sobre ^1 orden 
de los capitulos. 

27. Éste, en tono despectivo. Los judios esperaban 
que el Mesias, después de nacer en Belén, del linaje 
de David, apareceria con poder y majestad para tomar 
posesion de su reino (cf. Luc. 17 % 20 y nota). Tam- 
bien creian erroneamente que Jesus era de Nazaret, 
y por lo tanto, no quisieron ver en Él al Mesias. Mas, 
a pesar de las palabras y heohos con que Él puso en 
evidencia. que se cumplian en su persona todos los 
anuncios de los Profetas, nunca procuraron averiguar 
con exactitud dånde habia nacido (v. 41 ss.; 8, 14), 
no obstante lo que se habia hecho publico en Mat. 
2, 2-6. 

28 s. Jesus insiste sobre la necesidad de conocer 
a Dios como Padre suyo (4, 34 y nota), pues Israel ig- 
noraba entonces el misterio de la Trinidad, o sea que 
Dios tuviese un Hijo. Cf. 3, 16; 8, 54 y nota. 

30. Los fariseos, y no el pueblo, pues muchos 
crey eron en Él, en cont raste con los j ef es. Véase 
v. 40 y 44. 



Él, pero nadie puso sobre Él la mano, porque 
su hora no habia Uegado aun. 

Intento de prender a Jestjs. 31 De la gentt, 
muchos creyeron en Él, y decian: "Cuando 
el Mesias venga, (jharå mås milagros que los que 
Éste ha hecho?'* 32 Oyeron los fariseos estos 
comentarios de la gente acerca de Él; y los 
sumos sacerdotes con los fariseos enviaron *saté- 
lites para prenderlo. 33 Entonces Jesus dijo: 
"Por un poco de tiempo todavia estoy con 
vosotros; después me voy a Aquel que me en- 
vio. M Me buscaréis y no me encontraréis, 
porque donde Yo estaré, vosotros no podéis 
ir." 35 Entonces los judios se dijeron unos a 
otros: "(lAdonde, pues, ha dé ir, que nosotros 
no lo encontraremos? <;Irå a los que estån 
dispersos entre los griegos o irå a enseiiar a 
los griegos? 3fl (fQué significan las palabras que 
acaba de decir: Me buscaréis y no me encon- 
traréis, y donde Yo estaré, vosotros no podéis 
ir?" 

Promesa del agua vrvA. 37Ahora bien, el ulti- 
mo dia, el mås solemne de la fiesta, Jesus 
poniéndose de pie, clam6: "Si alguno tiene sed 
venga a Mi, y beba 38 quien cree en Mi. Como 
ha dicho la Escritura: «de su seno manarån 
torrentes de agua viva». 39 Dijo esto del Espi- 
iritu que habian de recibir los que creyesen 
en Él; pues aun no habia Espiritu, por cuanto 
Jesus no habia sido todavia glorificado. ^Algu- 
nos del pueblo, oyendo estas palabras, decian: 
"A la verdad, Éste es el profeta." 51 Otros de- 
cian: "Éste es el Cristo"; pero otros decian: 
"Por ventura ide Galilea ha de venir el Cristo? 
^(iNo ha dicho la Escritura que el Cristo ha 
de venir del linaje de David, y de Belén, la 
aldea de David?" ^Se produjo asi division en 
el pueblo a causa de Él. 

Testimonio de los satélites y de Nicodemo. 

37. Segun Lagrange, Pirot y otros modernos, debe 
preferirse esta puntuaciån, que parece serja primitiva 
(S. Ireneo, S. Cipriano, etc), a la otra segun la 
cual el agua viva manaria del seno del que bebiese 
(cf. 4, 14). Mons. von Keppler hace notar que la 
alegria era la nota dominante, tanto en la asistencia 
al templo (Deut, 12, 7; 14, 26) cuanto en esa fiesta 
de los Tabernåculos (Deut. 16, 15), cuya culmina* 
ci6n era la toma del agua, de la cual decia el pro- 
verbio: "Quien no ha visto la alegria de la toma 
del agua no ha r visto alegria". Por donde se ve que 
Jesus, al decir estas^ palabras, se manifestaba como 
el unico que puede distribuir el agua viva de la ale- 
gria verdadera. Véase Is. 12, 3; 44, 3; Deut. 32, 51; 
Ez. 47, 1 y 12; Zac. 14, 8, 

39 s. No. habia sido todavia glorificado: el Espiritu 
Santo, que Jesus resucitado anuncio como promesa 
del Padre (Luc. 24, 49; Heoh. 1, 4) para consolarnos 
como lo habia hecho Él (H, 26; 16, 13)), baj6 en i 
Pentecostés (Hech. 2, 1 ss.) después de la Ascension 
de Jesus, es decir, solo cuando Él, glorificado a la 
diestra del Padre lo imploro para nosotros. Véase 
Hebr. 7, 25; S. 109, 4 y nota. Bl profeta: véase 6, 
14 s.; Hech. 3, 22 y notas. 

42 ss. Véase v. 17 y nota; 1, 46; II Rey. 7, 12; 
S. 88, 4 s.; Miq. 5, 2. La defensa del Seflor por parte 
de Nicodemo, es fruto de su coziversacion nocturna 
con el Senor (cap. 3). Sohre este fruto véase 4, 41*. 
y nota. 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 7, 44-53; 8, 1-25 



129 



^Algunos de entre ellos querian apoderarse de 
ÉI, pero nadie puso sobre ÉI la mano. ^Vol- 
vieron, pues, los satélites a los sumos sacer- 
dotes y fariseos, los cuales les preguntaron: 
éPor qué no lo habéis traido?" 46 Respondie- 
ron los satélites: "jNadie jamås hablo como 
este hombre!" 47 A lo cual los fariseos les 
dijeron: "^También vosotros habéis sido em- 
baucados? 48 <fAcaso hay alguien entre los jefes 
o entre los fariseos que naya creido en Él? 
49 Pero esa turba, ignorante de la Ley, son 
unos malditos." 

50 Mas Nicodcmo, el que habia venido a en- 
contrarlo anteriormente, y que era uno de ellos, 
les dijo: 51 '*£permite nuestra Ley condenar a 
alguien antes de haberlo oido y de håber cono- 
cido sus hechos?" 52 Le respondieron y dijeron: 
"(fTambién tu eres de Galilea? Averigua y 
verås que de Galilea no se levanta ningun 
profeta." 53 Y se fueron cada uno a su casa. 

CAPfTULO VIII 

La mujer adultfra. *Y Jesus se fué al Mon- 
te de los Olivos. 2 Por la maiiana reaparecio en 
el Templo y todo el pueblo vino a Él, y sen- 
tåndose les ensenaba. SEntonces los escribas y 
los fariseos llevaron una mujcr sorprendida en 
adukerio, y poniéndola en medio, 4 le dijeron: 
"Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en 
flagrante delito de adulterio. s Ahora bien, en 
la Ley, Moisés nos ordene apedrear a tales 
mujeres. c'Y Tu, qué dices?" ^sto decian para 
ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. 
Pero Jesus, inclinandose, se puso a escribir en 
el suelo, con el dedo. 7 Como ellos persistian en 
su pregunta, se enderezå y les dijo: "Aquel de 
vosotros que esté sin pecado, tire el primero 
la piedra contra ella." 8 E inclinandose de nuevo, 
se puso otra vez a escribir en el suelo. 9 Pero 
ellos. después de oir aquello, se fueron uno por 
uno, comenzando por los mas viejos, hasta los 
postreros, y quedo ÉI solo, con la mujer o^ue 
estaba en medio. 10 Entonces Jesus, levantan- 
dose, le dijo: "Mujer, ydende estan ellos? ,?Nin- 
guno te condeno?" n "Ninguno, Senor", respon- 
dio ella. Y Jesus le dijo: "Yo no te condeno 
tampoco. Vete, desde ahora no peques mas." 

Jesus, la luz del mundo. 12 Jesus les hablo 



48 s. Tremenda confesion hecha por ellos mismos. 
Sålo creian los pequenos (v. 41; cf. Mat. 11. 25), a 
quienes ellos, los jefes legitimos pero ap6statas, des- 
preciaban como ignorantes, porque ellos se habian guar- 
dado la Have de las Escrituras y no entraban ni de- 
jaban entrar (cf- Luc. 11, 52). 

52. Falso, pues Jonas era galtleo (IV Rey. 14, 
25). 

1 ss. Sobre la pericopa 1-11 véase Luc. 21, 38 y 
nota. 

5 ss. Véase Lev. 20, 10; Deut. 22, 22-24; 17, 7. 

8. Segun S, Jeronimo, esta actttud podria recordar 
a los fariseos el texto de Jer. 17, 13. En general se 
piensa que ind^caba simplemente distraccion o displi- 
cencia despectiva ante la odiosa conducta de aquel] os 
hipåcritas. 

9. "Quedaron estos dos: la misera y la misericor- 
dia" (S. Agustin). 

12. EJsta imagen de la "luz" fué propuesta con mo* 
Hvo de la iluminaci6n del Templo. Él mismo S. Juan 



otra vez, y dijo: "Yo soy la luz del mundo. 
El que,me siga, no andara en rinieblas, sino que 
tendra la luz de la vida." 13 Le dijeron, en- 
tonces, los fariseos: "Tu te das testimonio a 
Ti mismo; tu testimonio no es verdadero." 
14 Jesus les respondio y dijo: "Aunque Yo doy 
testimonio de Mi mismo, mi testimonio es ver- 
dadero, porque sé de dénde vengo y adonde 
voy; mas vosotros no sabéis de donde vengo 
ni adonde yoy. 15 Vosotros juzgåis carnalmen- 
te; Yo no juzgo a nadie; 16 y si Yo juzgo, mi 
juicio es verdadero, porque no soy Yo solo, 
sino Yo y el Padre que me envié. 17 Estå es- 
crito también en vucstra Ley que el testimonio 
de dos hombres es verdadero. 18 Ahora bien, 
para dar testimonio de Mi, estoy Yo mismo y 
el Padre que me envio." 19 EIlos le dijeron; 
"e'Donde esta tu Padre?" Jesus respondio: 
"Vosotros no conocéis ni a Mi ni a mi Padre; 
si me conocieseis a Mi, conoceriais también a 
mi Padre." ^Dijo esto junto al Tesoro, ense- 
iiando en el Templo. Y nadie se apodero de 
ÉI, porque su hora no habia Uega do aiin. 

Incrfduudad de los juofos. 21 De nuevo les 
dijo: "Yo me voy y vosotros me buscaréis, mas 
moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, 
vosotros no podéis venir." ^Entonces los ju- 
dios dijeron: "Acaso va a matarse, pues que 
dice: Adonde Yo voy, vosotros no podéis ve- 
nir." ^Y Él les dijo: "Vosotros sois de abajo; 
Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; 
Yo no soy de este mundo. M Por esto, os dije 
que moriréis en vuestros pecados. Si, si no 
creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vues- 
tros pecados." ^Entonces le dijeron: "Pues 



nos presenta esta altisima doctrina de como la lux* 
que es el Verbo (1, 9), es para nosotros vda (1. 4). 
Segun el plan de Dios, el Espiritu Santo nos es dado 
mediante esta previa iluminac on del Verbo. 

13 s. Aunque Jesus no invoca generalmente su pro- 
pio testimonio porquetiene el de su Padre (v. 18; 5, 
3! -36), todo prof eta tiene un testimonio en su conci«*- 
cia de enviado de Dios. 

15. Sobre este importante punto, véase 5, 22 y nota. 
Cf. v. 11. 

17. Véase Deut. 17, 6; 19, 15. 

23. Es como la sin tesi s de todos los reproches de 
Jesus a los f al sos servidores de Dios de todos los 
tiempos: la religiån es cosa esencialmente sobrenatural 
que requiere vivir con la mirada puesta en lo c el es ti al 
(Col. 3, 1 ss.; Hebr. 9, 12; :0. 22; 12. 2; 13. 15), 
es decir, en el misterio (T Cor. 2, 7 y 14). y los hom- 
bres se empenan en hacer de ella una ensa bumana 
"convirtiendo, dice S. Jerånimo, el Evan;»e]io de Dios 
en evange1 : o del homhre" (cf. Luc. 16. 15). Es lo 
que un celebre predicador alemån comentaba diciendo: 
"El apostolado no consiste en demostrar que el Cris- 
tianismo es razonah!e sino paradoiico. Soln porque lo 
ha dicho un Dios. y no por la logica. pndemos creer 
que se oculta a los sabtos lo que se revela a los pe- 
quenos (Mat. 11, 25) y que la parte de Maria, sent ad a, 
vale efectivamente mås que la de Marta en movimien- 
to (Luc. 10, 38 ss.). Cf. Luc. 7, 23 y nota. 

24. En vuestros pecados: El v. 2\ se ref ere, en sin- 
gular, al pecado por excelencia de la Sinasroga. que es 
el de incredulidad frente al Mesias (cf. 16, 9; Rom. 
11. 22). Aqui muestra que, cometido aquel pecado, los 
demås pecados permanecerån también. Es como una 
tremenda condenacion en vida. que Jesus anticipa a 
los hombres de espiritu farisaico. 

25. Aigu nos traducen: "Ante todo, ^por qué os ha- 



130 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 8, 25-52 



(»quién eres?" Respondioles Jesus: *Tlso mismo 
que os digo desde el principio. 2e Tengo mu- 
cho que decir y juzgar de vosotros. Pues El 
que me envio es veraz, y lo que Yo oi a Él, 
esto es lo que enseno al mundo." 27 Ellos no 
comprendieron que les estaba hablando del 
Padre, 28 Jesus les dijo pues: "Cuando hayais 
alzado al Hijo del hombre, entonces conoce- 
réis que soy Yo (el Cristo), y que de Mi mis- 
mo no hago nada, sino que hablo como mi 
Padre me enseno. 29 Y El que me envio, esta 
conmigo. El no me ha dejado solo, porque 
Yo hago siempre lo que le agrada." 30 A1 de- 
cir pstas cosas, muchos creyeron en ÉL 

La verdad nos hace lipres. 31 Jesus dijo en- 
tonces a los judios que le habian creido: "Si 
permanecéis en mi palabra, sois verdaderamen- 
te mis discipulos, 32 y conoceréis la verdad, y 
la verdad os harå libres." 33 Replicåronle: "Nos- 
otros somos la descendencia de Abrahån, y 
jamas hcmos sido esclavos de nadie; (fcomo, 
pues, dices Tu, llegaréis a ser libres?" 34 Jesus 
les respondio: "En verdad, en verdad, os digo, 
todo el que comete pecado es esclavo [del pe- 
cado]. 35 Ahora bien, el esclavo no queda en la 
casa para siempre; el hijo queda para^ siempre. 
36 Si, pues, el Hijo os hace libres, seréis verda- 
deramente libres. 37 Bien sé que sois la posteri- 
dad de Abrahan, y sin embargo, tratåis de ma- 
tarme, porque mi palabra no Kalla cabida en 
vosotros. 38 Yo digo lo que he visto junto a mi 



bio?" Preferimos nuestra version, segun la cual Jesus 
muestra a los fariseos qpe ya no necesita repetirles la 
verdad de su caråcter mesiånico: se lo ha dicho mu- 
chas veces, y ellos no quieren creerle. Cabe aun otra 
version, cuyo sentido ser'ia: Ante todo, ^ si Yo no fue- 
ra el Mesias, acaso os hablaria como os hablo? 

28. Anrri io de la crucifixién que va a abrir los 
ojos de muchos. Ufectivamente, después de la muerte 
de Jesi'i? (Mat. 27, 54; Marc. 15, 38 s.; tue. 23, 
47 s.) y «i yarticular después de la venida del IJspiritu 
S~nto, muchisimos creyeron en Cristo como test monio 
del amor del Fadre que lo enviaba, si bien la conver- 
sion de todo Israel solo estå anunHada para cuando 
Él vuelva (Mat. 23. 39 y nota). Cf. 19, 37; 3, 14; 
12, 32. De Mi mismo no hago nada: Admiremos el 
constante empeno de Jesus por ocultarse a fin de que 
toda la gloria sea para el Padre. Véase 7, 28; 12, 
49 s.; Filip. 2, 7 s. 

30. No muchos fariseos (v. 21 y 24) sino muchos 
del pueblo judio. Éstos comprendieron ese misterio de 
la suirision fi'ial y amorosa de Cristo al Padre, que 
aquéllos no entendieron (v. 27). 

31. Si prrmanccé's en mi palabra: Como si dijera: 
si mi palabra permanece en vosotros (* 5, 7). 

32. t,a Vbertad de los hijos de Dios se funda en la 
buena doctrina (v. 31). La vida eterna es conocimien- 
to (17. 3). Cf. II Cor. 3, 17; Sam. 1, 25; 2. \2. 

33. Los que replican no son los que creveron (nota 
30). sino los enemigos, que se dan indebidamente por 
aludidos, sejrun se ve por lo que sigue. La falsedad 
de su afirmacién es notoria, pues los judios fueron 
esclavos en E^ipto, en Babilonia, etc, y a la sazån 
dependian de Roma. 

34. Del pecado: falta en varios cédices y no agrega. 
antes quita, fuerza. Kl hombre liberado por la verdad 
de Cristo (32) es espiritual (Gal. 5. 16) y no peca 
(I Juan 3. 6 y 9). Kl carnal es esclavo, porque no 
es capaz de seguir su voluntad libre, sino que obra 
dominado por la pasion (Rom. 7, 23). 

38. Ese padre es el diab'o Cv. 44), y sus hijos son 
mentirosos y maliciosos como él. 



Padre; y vosotros, hacéis lo que habéis apren- 
dido de vuestro padre." 39 Ellos le replicaron 
diciendo: "Nuestro padre es Abrahan." Jesus 
les dijo: "Si fuerais hijos de Abrahan, hanais 
las qbras de Abrahån, 40 Sin embargo, ahora 
tratåis de matarme a Mi, hombre que os he di- 
cho la verdad que aprendi de Dios. jNo hizo 
esto Abrahan! 41 Vosotros hacéis las obras de 
vuestro padre." Dijéronle: "Nosotros no hemos 
nacido del adulterio*, no tenemos mås que un 
padre: iDios!" 42 Jesus les respondi6: "Si Dios 
fuera vuestro padre, me amariais a Mi, porque 
Yo sali y vine de Dios. No vine por Mi mismo 
sino que Él me envio. 43 {jPor qué, pues, no 
comprendéis mi lenguaje? Porque no podéis 
sufrir mi palabra. ^Vosotros sois hijos de! 
diabio, y queréis cumplir los deseos de vuestro 
padre. Él fué homicida desde el principio, y 
no permanccio en la verdad, porque no hav 
nada de verdad en él. Cuando profiere la men- 
tira, habla de lo propio, porque él es mentiroso 
y padre de la mentira. 45 Y a Mi porque os 
digo la verdad, no me creéis. 46 <;Quien de vos- 
otros puede acusarme de pecado? Y entonces; 
si digo la verdad, ipor qué no me creéis? 47 EI 
que es de Dios, escucha las palabras de Dios; 
por eso no la escuchåis vosotros, porque no 
sois de Dios." 

NUEVAS DIATRIBAS DE LOS JUDIQS. 48 A lo CUal 

los judios respondieron diciéndole: "^No te- 
nemos razon, en decir que Tu eres un samari- 
tano y un endemoniado?" 49 Jesus repuso: "Yo 
no soy un endemoniado, sino que honro a mi 
Padre, y vosotros me eståis ultrajando. 50 Mas 
Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y 
juzgarå. 51 En verdad, en verdad, os digo, si 
alguno guardare mi palabra, no'vera jamas la 
muerte." 52 Respondiéronle los judios: "Ahora 

43. Profunda enseiianza, segun la cual, para com- 
prender la Palabra de Jesus, hay que estar dispuesto 
a admitirla y a creer en su misién (véase 7, 17 y 
nota). IJs la verdad que S. Anselmo expresaba dicien- 
do: "Creo para entender." 

44. Sobre su obra tenebrosa, véase Mat. 13, 57 
y nota. 

48 s. Los judios: aquéllos a que se refiere el v. 33, 
no los del v. 30, Nétese, como no teniendo qué res- 
ponder, recurreri al puro ultraje, cosa que Jesus les 
hace notar en el v. 49, con sublime serenidad. Cf. v. 59; 
9, 34; 10, 39. 

50. No busco mi gloria, dice el Unico merecedor de 
ser infinitamente glorificado por el Padre (v. 54). 
Antes habia dicho: "No busco mi voluntad" (5, 30). 
Jesus obra en todo como un hijo pequefio y ejemp'ar, 
frente a su Padre. Se nos ofrece asi como el modelo 
perfecto de la infancia espi ritual, que es la sintesis 
de Jas virtudes evangélicas, el remedio de nuestras 
malas inc!inaciones, y la prenda de las mås altas pro 
mesas. Véase Mat. 5, 3; 18, 4; Luc. 10. 21 y notas. 
Hay quien la busca: Notemos la ter">ura de esta alu* 
sien de Jesus a su div'no Padre. ^CAmo no habia de 
glorificar Él al Hijo amado y al Enviado fide'Uimo 
que as! afrontaba los insultos, y hasta la muerte 
i^nominiosa, por cumplir la misiån salvadora que el 
Padre le cenfié? Véase 12, 28 y nota. 

51. Porque esa glor'a (v. 50) que Jesus pedirå al 
Ppdre en 17, 1 consistirå precisamente en poder darnos 
vida eterna, es d^cir, librar de la muerte a los que 
guardemos su Palabra (17, 2 y nota). Sobre este mis- 
terio, cf, 5, 24; 6, 40; 11, 26; I Juan 5, 13. 



EVANGELIO SEGTJN SAN JUAN 8, 52-59; 9, 1-30 



131 



sabemos que estas endemoniado. Abrahan mu- 
rio, los profetas también; y tu dices: "Si algu- 
no guardare mi palabra no gustara jamas la 
muerte." 53 ^Eres tu, pues, mas grande que nues- 
tro padre Abrahan, el cual murio? Y los pro- 
fetas también murieron; ^quién te haces a Ti 
mismo?" 54 Jesus respondio; "Si Yo me glorifi- 
co a Mi mismo, mi gloria nada es; mi Padre es 
quien me glorifica: Aquel de quien vosotros 
decfs qwe es vuestro Dios; 55 mas vosotros no 
lo conocéis. Yo si que lo conozco, y si dijera 
que^ no lo conozco, seria mentiroso como vos- 
otros, pero lo conozco y conservo su palabra. 
56 Abrahan, vuestro padre, exulto por ver nv 
dia; y lo vio y se lleno de gozo." 57 Dijéronte, 
pues, los judios: "No tienes todavia cincuenta 
afios, <;y has visto a Abrahan?" 58 Dijoles Jesus: 
"En verdad, en verdad os digo: Antes que 
Abrahan existiera, Yo soy." 59 £ntonces tomaron 
piedras para arrojarlas sobre Él. Pero Jesus 
se oculto y salio del Templo. 

CAPfTULO IX 

CuRACl6v DEL CIEGO DE NACIMIENTO. *A1 pasar 

vio a un hombre, ciegd de nacimiento. 2 Sus dis- 
cipulos le preguntaron: "Rabi, é<l u tén peco, 
él o sus padres,~ para que naciese ciego?" 3 Jesus 
les respondio: "Ni él ni sus padres, sino que 
ello es para que las obras de Dios sean mani- 
festadas en él. 4 Es necesario que cumplamos 
las obras del que me envio, mientras es de 
dia; viene la noche, en que ya nadie puede 
obrar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy luz 
de (este) mundo." 6 Habiendo dicho esto, es- 
cupio en tierra, hizo barro con la saliva y le 
unto los ojos con el barro. 7 Después le dijo: 
"Ve a lavarte a la piscina. del Siloé", que se 
traduce "El Enviado". Fué, pues, se lavo y 
volvio con vista. 8 Entonces los vecinos y los 
que antes lo habfan visto — pues era mendigo— 
dijeron: "^No es éste el que estaba sentado y 



54. Si Yo me glorijico, es decir, si Yo me glorificase 
y fuese orgulloso, como vosotros pretendéis, mi glor'a 
seria talsa. Es lo que Jesus ha establecido en 7, 18 
y en el v. 53. U M% Padre... que es vuestro Dios": se 
identifica aqui la persona del Padre con Yahvé, el 
Dios de Israel. Cf. 7, 28 y nota; Mat. 22, 44; 
S. 109. 1. 

56. En las promesas que Dios le dio, presinti'6 
Abrahan el dia de] Mesias (cf. Mat. 13, 17; Luc '7, 
22; Hebr. 11. 13). También los creyentes nos llenare- 
mos un dia de ese gozo (I Pedr. 1, 8). Cf. Mat. 8. ti. 

58. Yo soy: presente insolito, que expresa una exis- 
tene'a etema, fuera del tiempo. Cf. Juan 1, ly 
Hebr. 9, 14, donde la divinidad de Jesus es llamada 
"el Ijspiritu eterno". 

2 s. Los discipu!os t como los judios en general, creian 
que todo mal temporal era castigo de D'o*. En su 
respuesta rechaza el Senor este concepto. Véase 5, 14 
7 nota. 

5. Esto es: Él sigue, como en Mat. 11, 5, realizando 
esas maravil'as para las cuales fué enviado (Is. 35, 5 
ynota). basta que la violencia se lo impida (Mat. 11, 
12; Luc. 13, 32) y empiece para "este mundo" la 
noche que perdurarå "basta que Él venga" (Gal. 1,4; 
II redr. ;, ]9; I Cor. 11, 26). Sobre la luz, cf. 1, 4 
y8s.; 3, 19; 8» 12; !2, 35 y 46. 

7. La pisc'na del Siloé se hallaba a 333 metros al 
wr del Templo. Hoy dia se llama: Ain Sitti Miriam 
(Fuente de Nuestra Sefiora Maria). 



pedfa limosna?" 9 Unos decfan: "Es él"; otros: 
"No es él, sino que se le parece." Pero él decfa: 
"Soy yo. 11 10 Entonces le preguntaron: "Como, 
pues, se abrieron tus ojos" 11 Respondio: "Aquel 
hombre que se llama Jesus, hizo barro, me unto 
con él los ojos y me dijo: "Ve al Siloé y la- 
vate." Ful, me lave y vi." 12 Le preguntaron: 
"iDonde esta Él?" Respondio: "No lo sé." 

13 Llevaron, pues, a los fariseos al que antes 
habia sido ciego. 14 Ahora bien, el dia en que 
Jesus habfa hecho barro y le habia abierto 
los ojos era sabado. 15 Y volvieron a preguntar- 
le los fariseos como habia llegado a ver. Les 
respondio: "Puso barro sobre mis ojos, y me 
lave, y veo." 16 Entonces entre los fariseos, unos 
dijeron: "Ese hombre no es de Dios, porque no 
observa el sabado." Otros, empero, . dijeron: 
"cfCorno puede un pecador hacer semejante 
milagro?" Y estaban en desacuerdo. 17 Entonces 
preguntaron nuevamente al ciego: "Y tu, (-'que 
dices de Él por haberte abierto los ojos?" Res- 
*pondio: "Es un profeta." 

18 Mas los judios no creyeron que él hubiese 
sido ciego y que hubiese recibido la vista, hasta 
que llamaron a los padres del que habia re- 
cibido la vista. 19 Les preguntaron: " f *Es éste 
vuestro hijo, el que vosotros decis que nacio 
ciego? Pues, £ 'como ve ahora?" 20 Los padres 
respondieron: "Sabemos que éste es nuestro 
hijo y que nacio ciego; 21 pero como es que 
ahora ve, no lo sabemos; y quién le ha abierto 
los ojos, nosotros tampoco sabemos. Pregun- 
tadselo a él: edad tiene, él hablara por si mis- 
mo." 22 Los padres hablaron asi, porque temian 
a los judios. Pues éstos se habian ya concer- 
tado para que quienquiera lo reponociese como 
Cristo, fuese excluido de la Sinagoga. ^Pox 
eso sus padres dijeron: "Edad tiene, pregun- 
tadle a él." 24 Entortces llamaron por segunda 
vez al que habia sido ciego, y le dijeron: ";Da 
gloria a Dios! Nosotros sabemos que este hom- 
bre es pecador." 25 Mas él repuso: "Si es peca- 
dor, no lo sé; una cosa sé, que yo era ciego, 
y que al presente veo." 26 A lo cual le pregun- 
taron otra vez: "^Qué te hizo? <;C6mo te abrio 
los ojos?" 27 Contestoles: "Ya os lo he dicho, y 
no lo escuchasteis. tjPara qué queréis ofrlo de 
nuevo? (jQueréis acaso vosotros también hace- 
ros sus discioulos?" 28 Entonces lo injuriaron y 
le dijeron: "Tu sé su discfpulo; nosotros somos 
los discipulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos 
que Dios hablo a Moisés; pero éste, no sabemos 
de donde es." 30 Les replico el hombre y dijo: 



17. Es «■« profeta: El ciego quiere decir un enviado 
de Dios. Todavia no esta seguro de que sea el Me- 
sias. Måstarde lo confiesa plenamente (v. 38). ( 

27. La ironia que se revda en la pregunta del cieg:o. 
excita extremadamente a los farisecs, que sen los ver- 
daderos ciegos Iuchando contra la evidencia de los 
hechos. 

30 ss. "El que era ciego y ahora ve «e indigna con- 
tra los ciegos" (S. Agustin). Vemos aqui ei efecto 
que ese pecado de incredulidad de los fariseos (8« ?A 
y nota) es de ceguera voluntaria (v. 39 ss.) que deli- 
beradamente niega la evidencia. Es el pecado contra 
la ltiz (v. 5; 3, 19) y en consecuencia contra el Espi- 
ritu (Marc. 3, 28-30; Hech. 7, 51J, el c^e no tiene 
perdén, porque no es obra de la flaqueza sujeta a 



132 



ITVANGELIO SEGWt SAN" JUAN 9 f 30-41; 10, 1-15 



"He aquf lo que causa admiracion, que vosotros 
no sepåis de donde es Él, siendo asi que me 
ha abierto los ojos. 3l Sabemos que Dios no 
oye a los pecadores, pero al que es piadoso y 
hace su voluntad, a ése le, oye. 32 Nunca ja- 
mås se ha oido decir que alguien haya abier- 
to los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si Él 
no fuera de Dios, no podria hacer nada." 
^Ellos le respondieron diciendo: "En pecados 
naciste todo tu, ^y nos vas a ensenar a nos- 
otros?" Y lo echaron fuera. 

LOS CIEGOS VERÅN Y LOS VIDENTES CEGARAN. 

35 Supo Jesus que lo habian arrojado, y ha- 
biéndolo encontrado, le dijo: "<;Crees tu en el 
Hijo del hombre?" 36 E1 respondio y dijo: 
"cfQuién es, Senor, para que crea en Él?" 37 Df- 
jole Jesus: "Lo estas viendo, es quien te habla." 
^Y él repuso: "Creo, Senor", y lo adoro. ^En- 
tonces Jesus dijo: "Yo he venido a este mundo 
para un juicio: para que vean los que no ven; 
y los que ven queden ciegos." 40 A1 oir esto, 1 
algunos fariseos que se encontraban con Él, le 
preguntaron: "^Acaso también nosotros somos 
ciegos?" 41 Jesus les respondio: "Si fuerais cie- 
gos, no tendriais pecado. Pero ahora que decis: 
«vemos», vuestro pecado persiste." 

CAPfTULO X 

El Buen Pastor. a "En verdad, en verdad, os 
digo, quien no entra por la puerta en el aprisco 
de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése 
es un ladron y un salteador. 2 Mas el que entra 
por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3 A éste 



arrepentirse (Luc. 7, 47), sino de la soberbia reflexiva 
y de la hipocresia que encubre el mal con la apa- 
riencia del bien para poder defenderlo. (Mat. 23, 1-39; 
II Tim. 3, 5). 

34. Una vez mås los fariseos recurren al insulto, a 
falta de argumentos (cf. 8, 48) y ponen en pråctica 

10 que tenian resuelto segun el v. 22. 

37. Jesus se define de la misma manera en 4, 26. 
Él es, por excelencia, la "Palabra": el Verbo, el Logos. 

39- Es el juiqlo de 3, 19. Los soherbios serån heri- 
dos de ceguera cspiritual (Sant. 4, 1; I Pedro 5 f 5), 
ceguera culpable que los harå perderse (v. 40 s. ; 

11 Tes. 2, 10 ss.). 

41. Notese la estupenda dialéctica del Maestro. El 
rechazo que ellos hacen de la imputaciån de ceguera. 
se vuelve en su contra, como un argumentum ad 
hotnmcm, mostrando asi que su culpa es aun mayor 
de lo que Jesus les babia dicho antes. 

1. Como expresa la pericopa de este Evangelio en 
el Domingo del Buen Pastor (II post Pascua), Jesus, 
habla aqu{ "a los fariseos", continuando el discurso 
precedente (cf. 9, 4! y nota), cosa que debe tenerse 
en cuenta para entender bien este capitulo. La pncrta 
e s Jesus (v, 7; 14, 6; cf. S. 117, 20 y nota). Aprisco: 
corral comun donde varios pastores guardan sus reba- 
nos dprante la nocbe. 

3. iQirén es este portero tan importante, sino el 
divino Padre? Él es quien abre la puerta a las ovejas 
que van bacia el Buen Pastor. Porque, asi como na- 
die va al Padre sino por Jesus (14, 6), nadie puede 
ir a Jesus si el radre no lo elige (v. 37) y no lo 
atrae'(6. 44 y 65). Y nétese que Jesus no såloes el 
Pastor bueno (v. V) sino que Él es también la 
puerta (v. 7 ss.). E^a puerta que el Padre nos abre, 
es, pues, el mismo Hijo, porque el Padre nos lo dio 
para' que por Él entremas a la vida (3, 16) y para 
que É] mismo sea nuestra vida. Véase 1, 4; I Juan 
4, 9; S, 11-13. 



le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, 
y él llama por su nombre a las ovejas propias, 
y las saca fuera. 4 Cuando ha hecho salir todas 
las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le 
siguen porque conocen su voz. 5 Mas al ex- 
trano no le seguirån, antes huirån de él, por- 
que no conocen la voz de los extrafios." 6 Tal 
es la paråbola, que les dijo Jesus, pero ellos 
no comprendieron de qué les hablaba. 

7 Entonces Jesus prosiguio: "En verdad, en 
verdad, os digo, Yo soy la puerta de las ove- 
jas. 8 Todos cuantos han venido antes que Yo 
son ladrones y salteadores, mas las ovejas no 
los escucharon. 9 Yo soy la puerta, si alguno 
entra por Mi, sera salvo; podra ir y venir y 
hallara pastos. 10 E1 ladron no viene sino para 
robar, para degollar, para destruir. Yo he veni- 
do para que tengan vida y vida sobreabundan- 
te. u Yo soy el pastor, el Bueno. El buen 
pastor pone su vida por las ovejas. l2 Mas el 
mercenario, el que no es el pastor, de quien 
no son propias las ovejas, viendo venir al lobo, 
abandona las ovejas y huye, y el lobo las arre- 
bata y las dispersa; 13 porque es mercenario y no 
tiene interés en las ovejas. 14 Yo soy cl pastor 
bueno, y eonozco las mias, y las mias me co- 
nocen, 15 — asi como el Padre me conoce y 

4 s. Las altnas fieles no pueden desviarse: Jesus las 
va conduciendo y se hace oir de ellas en el Evange'.io 
y por su Espiritu. Él es la puerta abierta que nadie 
puede cerrar para aquellos que custodian su palabra 
y no niegan su Nombre (Apoc. 3, 8). 

5. [Privilegio de los que estån familiarizados con el 
lenguaje de Jesus! Él les promete aqui un instinto 
sobrenatural que Jes harå reconocer a los falsos maes- 
tros y huir de ellos. Entonces se explica que puedan 
"ir y venir" (v. 9), porque las Pa'abras del Buen 
Pastor les bahrån dado la lihertad. después de prepa- 
rarlas para ella, como lo explica Jesus en 8, 31 ss. 

8. Dice Durand: "Ladrones que roban por astucia 
y salteadores que se apoderan por la violencia'* (cf. 
Mat. 11, \2 y nota). Los tales son ladrones de gloria, 
porque la buscan para si mismos y no para el Padre 
como hacia Jesus (cf. 5, 43 s.; 7, 18); y salteadores 
de almas, porque se apoderan de ellas y, en vez de 
darles el pasto de las Palabras reveladas (v, 9) para 
que tengan vida divina (v. 10; 6. 64), las dejan 
"esquilmadas y abatidas" (Mat. 9, 36) y "se apa- 
cientan a si mismos'*. Cf. 21, 15 ss.; Ez. 34, 2 ss.; 
Zac. 11, 5 y notas. 

11. Porte su vida: o sea la expone, lo cual es mås 
exacto que decir "la da". El pastor no se empena 
en que el lobo lo mate, pero no vacila en arriesgarse 
a ello si es necesario en defensa de sus ovejas. Tam* 
poco Jesus solicitå que lo recbazaran y le quitaran la 
vida. Antes por el contrario, afirmé abiertamente su 
mision, mostrando que las profecias mesianicas se 
cumplian en Él. Mas si acepté el reconocimiento de 
sus derecbos (1, 49 s.; Luc. 1, 32 s.; Mat. 21. 16; 
Luc. 19, 39 s.), no qu : so imponerlos por fuerza (Mat 
26, 52 s.; Juan 18, 36), ni resistir a la de sus ene- 
migos (Mat. 5, 39; Luc. 16, 16 y nota), y no vacilå 
en exponer su vida al odio de los homicidas, aunque 
sabia que la crudeza de su doctrina salvadora exasoe- 
raria a los poderosos y le acarreana la muerte. Tal 
es el contenido de la norma de caridad fraterna que 
nos da S- Juan a imitacién de Cristo: amar a los ber- 
manos basta exponer si es necesario la v'da por ellos 
(I Juan 3, 16). En igual sentido dice S. Pablo que 
Jesus fué obediente al Padre basta la muerte de cruz 
(Filip. 2, 8), y tal es también el significado de la 
fidelidad qu.e Jesus nos reclama "basta el fin'* (Mat 
10, 22; 24, 13). es decir, hasta el martirio si necesario 
fuera. Cf. v- 18 y nota. 



rVANGELJO SEGUN SAN JUAN 10, 15-42; 11, 1-3 



133 



Yo conozco al Padre — y pongo mi vida por 
mis ovejas. 16 Y tengo otras ovejas que no son 
de este aprisco. A ésas también tengo que traer; 
ellas oiran mi voz, y habra un solo rebano y 
un solo pastor. 17 Por esto me ama el Padre, 
porque Yo pongo mi vida para volver a to- 
marla. 18 Nadie me la puede quitar, sino que 
Yo mismo la pongo. Tengo el poder de po- 
nerla, y tengo el poder de recobrarla. Tal es 
el mandamiento que recibi de mi Padre." 

jEStJS OONF1RMA SU MISi6n MESlÅNICA Y SU 

filiacion divina. 10 Y de nuevo los judios se 
.dividieron a causa de estas palabras. 20 Muchos 
decian: "Es un endemoniado, estå loco. <?Por 
qué lo escuchais?" 2I Otros decian: "Estas pa- 
labras no son de,un endemoniado. éPuede aca- 
so un demonio ab rir los o jos de los ciegos?" 
^Llego entre tanto la fiesta de la Dedica- 
cion en Jerusalén. Era invierno, 23 y Jesus se 
paseaba en el Templo, bajo el portico de Sa- 
lomon. 24 Lo rodearon, entonces, y le dijeron; 
"tjHasta cuando tendras nuestros espiritus en 
suspenso? Si Tu eres el Mesfas, dinoslo clara- 
mente." 25 Jesus les replico: "Os lo he dicho, y 
no creéis. Las obras que Yo hago en el nom- 
bre de mi Padre, ésas son las que dan testimo* 
nio de Mi. 26 Pero vosotros no creéis porque 
no sois de mis ovejas. 27 Mis ovejas oyen mi voz, 
Yo las conozco y ellas me siguen. 28 Y Yo lei 
daré vida eterna, y no pereceran jamas, y na- 
die las arrebatarå" de mi mano. 29 Lo que mi 

16. Las ovejas a quienes el Salvador fué enviado, son 
los judios (Mat. 10, 5 s. y nota). Como ellas no oyen 
la voz de su pastor (Hech. 28, 25 ss.), Dios "escogerå 
de entre los gentiles un pueblo para su Nombre" (Hech. 
15, :5; cf. IMat. 13, 47 ss. ; Luc. 24, 47; Juan, 11, 
52, hasta que con el retorno de Israel (Rom. 11, 25 ss.) 
se forme un solo rebafio con un solo pastor. Fillion y 
Gramatica recuerdan aqui a Ez. 34, 23 y 37, 21 ss. Vea- 
se también Ez. 36, 37 s. y 37, 15 ss. con respecto a las 
diez tribus que estaban ansente en los dias de Jesus. 

17. Para volver a tomarla: Texto diversamente tra- 
ducido. El P. Joiion vierte: "mas la volveré a tomar", 
lo que aclara el sentido y coincide con la nota de 
Fillion, segun la cual "es la generosa inmolacion del 
buen Pastor por sus ovejas, lo que lo hace extraordi- 
nariamente caro a su Padre". No puede pedirse una 
prueba mås asombrosa de amor y misericordia del 
Padre bacia nosotros. 

18. Es decir que la obediencia que en este caso prestå 
Jesus a la voluntad salvifica del Padre (3, !6; Rom. 
5, 8 ss-; I Juan 4, 10), nada quita al caråeter libé- 
rrimo de la oblacion de Cristo, cuya propia voluntad 
coincidio absolutamente con el designio misericordioso 
del Padre. Véase Mat. 26, 42; S. 39, 7 s. comparado 
con Hebr. 10, 5 ss.; Is. 53, 7. 

20. Sobre estos "virtuosos" que se escandalizan de 
Jesus véase Mat. 11, 6; 12, 24-48; Luc. 11, 15-20; 
Marc. 3, 28-30 y notas. 

22. La fiesta de la Dedicaciån del Templo celebrå- 
base en el mes de d ciembre, en memoria de la puri- 
ficacion del Templo por Judas Macabeo. También se 
llamaba "Fiesta de las Luces", porque de noche .se 
hacian grandes luminarias. Cf. 8, 12 y nota. 

29. Esta versiån muestra el inmenso aprecio que 
Jesus hace de nosotros como don que el Padre le hizo 
(cf. 11 s.; !7, 9 y 24; Mat. 10, 31, etc), Otros tra- 
ducen: "MI Padre es mayor que todo", lo que expli- 
caria por qué nadie podrå arrebatarnos de su mano. 
Segtm otros, lo que mi Padre me did seria la natu- 
raleza divina v el poder consiguiente (cf. 17, 22; Mat. 
11, 27; 28, 18). 



Padre me dio es mayor que todo, y nadie 'o 
puede arrebatar de la mano de mi Padre. ^Yo 
y mi Padre somos uno." 

31 De nuevo los judios recogieron piedras pa- 
ra lapidarlo. 32 Entonces Jesus les dijo: "Os he 
hecho ver muchas obras buenas, que son de 
mi Padre. iPor cuål de ellas queréis apedrear- 
me?" 33 Los judios le respondieron; "No por 
obra buena te apedreamos, sino porque blas- 
femas, y siendo hombre, te haces a Ti mismo 
Dios." ^Respondioles Jesus: "^No esta escrito 
en vuestra Ley: «Yo dije: sois dioses?» 35 Si ha 
llamado dioses a aquellos a quienes fué dirigida 
la palabra de Dios — y la Escritura no puede 
ser anulada— 36 ic6mo de Aquel que el Padre 
consagro y envio al mundo, vosotros decis: 
«Blasremas», porque dije: «Yo soy el Hijo de 
Dios?» 37 Si no hago las obras de mi Padre, 
no me creåis*, 38 pero ya que las hago, si no 
queréis creerme, creed al menos, a esas obras, 
para que sepais y conozcais que el Padre es en 
Mi, y que Yo soy en el Padre." 39 Entonces 
trataron de nuevo de apoderarse de Él, pero 
se escapå de entre sus manos. 

^Y se fué nuevamente al otro lådo del Jor- 
dan, al lugar donde Juan habia bautizado pri~ 
mero, y alli se quedo. 41 Y muchos vinieron a 
Él, y decian: "Juan no hizo milagros, pero todo 
lo que dijo de Éste, era ve^acL" ^x muchos 
alli creyeron en Él. 

CAPfTULO XI 

La resurrecci6n de Lazaro. iHabia uno que 
estaba enfermo, Lazaro de Betania, la aldéa 
de Maria y de Marta su hermana. 2 Maria era 
aquella que ungio con perfumes al Senor y 
le enjugo los pies con sus cabellos. Su herma- 
no Lazaro estaba, oues, enfermo. 3 Las hermanas 
le enviaron a decir: "Senor, el que Tu amas 



30. El Hijo no esta solo para defender el tesoro de 
las almas que va a redimir con Su Sangre; estå sos- 
tenido por el Padre, con quien vive en la unidad de 
un mismo Espiritu y a quien hoy ruega por nosotros 
sin cesar (Hebr. 7, 24 s.). 

34 ss. Si la TSscritura llama "dioses" a los principes 
de la tierra, para destacar su dignidad de Itfgartenien- 
tes de Dios, i por qué queréis apedrearme a Mi, si 
me Uamo Hijo de Dios? Véase S. 81, 6. Hoy somos 
nosotros los hi jos de Dios, y no solo adoptivos, sino 
verdaderos, gracias a Cristo. Cf. 1, 12; 20, 17; 
I Juan 3, 1; Rom. 8, 16-29; Gal. 4, 5 s.; %i. 1, 5 
y nota. 

35. La Hscritttra no puede ser anulada: Vemos como 
Jesus no solo responde de la autenticidad de los Sa- 
grados Libros sino que declara que no pueden ser 
modificados m en un åpice. Véase Prov. 30, 6 y nota; 
Apoc. 22, 2 8 s. 

36. Jesus proclama una vez mås "su consa?rac!6n 
y su mision teocråtica, tanto mås reales y elevadas 
que las de los jueces de Israel'* (Fillion), Cf. 18. 37, 

39. iHe aqui el fruto de tanta evidencial (cf. 9, 
30 ss. y nota^k, Sirvanos de gran consuelo esto que 
soporto Él, cuando nos hailemos ante igual dureza. 
Cf. 15. 18 ss. y notas. 

2. Véase 12, 3 ss.; Luc. 7, 36-50. 

3. Admirese la brevedad y perfecciån de esta stiplica, 
semejante a la de Maria en 2, 3, que en dos palabras 
expone la necesidad y expresa la plena confianza. 
"Ks como si dijesen: Basta que Tu lo sepas, porque 
Tu no puedes amar a uno y dejarlo abandonado" 
(S. Agustin). 



134 



EVANGELIO SEGITTf SAN JUAN 11. 3-44 



esta enfermo." 4 A1 ofr esto, Jesus dijo: "Esta 
enfermedad no es mortal, sino para la gloria 
de Dios, para que el Hijo de Dios sea por 
ella glorificado." ^V Jesus amaba a Marta y a 
su hermana y a Lazaro. 

6 Después de håber oido que estaba enfermo, 
se quedo aun dos dias alli donde se encontraba. 
7 S61o entonces dijo a sus discipulos: "Volva- 
mos a Judea." 8 Sus discipulos le dijeron: "Rabi, 
hace poco te buscaban los judios para lapidarte, 
ty Tu vuelves allå?" 9 Jesus repuso: "c?No 
tiene el dia doce horas? Si uno anda de dia, 
no tropieza, porque tiene luz de este mundo. 
1 ^Pero si anda de noche, tropieza, porque no 
tiene luz." 11 Asi hablo Él; después les dijo: 
"Lazaro nuestro amigo, se ha dormido; pero 
voy a ir a despertarlo." 12 Dijéronle los disci- 
pulos: "Senor, si duerme, sanara." 13 Mas Je- 
sus habia hablado de su muerte, y ellos creye- 
ron que hablaba del sueno. 14 Entonces Jesus 
les dijo claramente: "Lazaro ha muerto. 15 Y me 
alegro de no håber estado alli a causa de vos- 
otros, para que creais. Pero vayamos a él." 
16 Entonces Tomas, el llamado Didimo, dij o 
a los otros discipulos: "Vayamos también nos- 
otros a morir con Él." 

17 A1 llegar, oyå Jesus que llevaba ya cuatro 
dias en el sepulcro. 18 Betania se encuentra cer- 
ca de Jerusalén, a unos quince estadios. 19 Mu- 
chos judios habian ido a casa de Marta y 
Maria para consolarlas por causa de su her- 
mano. ^Cuando Marta supo que Jesus llega- 
ba, fué a su encuentro, en tanto que Maria 
se quedo en casa. 21 Marta dijo, pues, a Jesus: 
"Senor, si hubieses estado aqui, no habria 
muerto mi hermano. 22 Pero sé que lo que pi- 
dieres a Dios, te lo concedera." 23 Dijole Jesus: 
"Tu hermano resucitara." 24 Marta repuso: "Sé 
que resucitara en la resurreccion en el ultimo 
dia." 25 Replic61e Jesus: "Yo soy la resurreccion 
y la vida; quien cree en Mi, aunque muera, 
revivira. 26 Y todo viviente y creyente en Mi, 
no morira jamas. ^Lo crees tu?" 27 Ella le res- 



9 ss. Como en 9, 5 (cf. nota), Jesus quiere decir: 
nada tengo que terner mientras estoy en mi carrera 
. terrenal, fijada por el Padre. 

16. La presuncién de Tomas habia de resultarle fa- 
Hida, como la de Pedro en '.3, 37 s. Véase su falta 
de fe en 20. 25, y la objeciån con que parece recti- 
ficar a Jesus en 14, S. Por lo denlås era gratuita 
la creencia de que el Senor fuese entonces a morir, 
dado lo que Él acababa de decir en vv, 9 ss, 

18. Unos quince estadios: mås de dos kilåmetros. 

22 ss. La fe de Marta es pobre. puesto que no espe- 
raba el milagro por virtud del mismo Jesus. Por eso 
dijo el Sefior: "Yo soy la resurrecciån y la vida." 
Crece entonces la fe de Marta de trodo que confiesa: 
"Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios" (v. 27). 

24. Jesus les habia sin duda ensenado e&e misterio 
como en 6. 39, 40, 44 y 54. 

25 s. Cf. 6, 50. L^ase con atencion lo que dice 
S. Pablo a este respecto (I Cor. 15, 51-55 y I Tes. 4, 
13-' 8), 

27. El que viene: en griego, ho erjémenos, participio 
presente que traduce Iiteralmente la férmula hebrea: 
Haba, con que el Antiguo Testamento anuncia al 
Mesias Rey venidero. Asi lo vemos en Mat. 11, 13 
y 21, 9", en Luc. 7, 19 y en Juan 6, !4, etc. apli- 
cado como aqui en el sentido de el que habia de 
venir. E)n Mat. 23, 39 (véase la nota)- Jesus se aplica 



pondiå: "Si, Senor. Yo creo que Tu eres el 
Cristo, el Hijo de, Dios, el que viene a este 
mundo." 

28 Dicho esto, se fué a Hamar a Maria, su 
hermana, y le dijo en secreto: "El maestro 
esta ahi y te llama." 29 A1 oir esto, ella se le- 
vanto apresuradamente, y fué a Él. 30 Jesus 
no habia llegado todavfa a la aldea, sino que 
aun estaba en el lugar donde Marta lo habia 
encontrado. 31 Los judios que estaban con Ma- 
ria en la casa, consolåndola, al verla levantarse 
tan subitamente y salir, le siguieron, pensando 
que iba a la tumba para llorar allfc ^Cuando 
Maria llego al lugar donde estaba Jesus, al verlo 
se echo a sus pies, y le dij-o: "Senor, si Tu 
hubieras estado aaui, no habria muerto mi 
hermano." 33 Y Jesus, viéndola llorar, y llorar 
también a los judios que la acompanaban se 
estremecio en su espiritu, y se turbo a si mis- 
mo. 34 Y dijo: "cDonde lo habéis puesto?" Le 
respondieron: "Senor, ven a ver" 35 Y Jesus 
lloro. 36 Los judios dijeron: ";Cuanto lo ama- 
ba!" 37 AIgunos de entre ellos, sin embargo, 
dijeron: "El que abrio los ojos del ciego, (-'no 
podia hacer que éste no muriese?" 38 Jesus 
de nuevo estremeciéndose en su espiritu, lle- 
go a la tumba: era una cueva; y tenia una 
piedra puesta encima. 39 Y dijo Jesus: "Le- 
vantad la piedra." Marta, hermana del difunto, 
le observo: "Senor, hiede ya, porque es el 
cuarto dia." 40 Repusole Jesus: " d *No te he di- 
cho que, si creyeres, verås la gloria de Dios?" 
41 Alzaron, pues, la piedra. Entonces Jesus le- 
vanto los ojos a lo alto y dijo: "Padre, te doy 
gracias por haberme oido; ^Bien sabia que 
siempre me oy es, mas lo dije por causa del 
pueblo que me rodea, para que crean que eres 
Tu quien me has enviado." 43 Cuando hubo 
hablado asi, clamo a gran voz: "[Lazaro, ven 
fuera!" 44 Y el muerto saliå, ligados los brazos 



la misma palabra griega correspondiente a la misma 
expresion hebrea del S. 117, 26 que Él cita alli, 
pero esta ve» con relaciån a su segmda venida. Lo 
mismo hace en Mat. 16, 28; 26. 64; Marc. 13. 26; 
14, 62, etc, anunciando la primera vez su Transfigu- 
racion, y todas las demås veces su Parusia. y usando 
siempre esta palabra en el sentido de futuro en que 
la habta usado el Baiitista al anunciar la primera en 
Mat. 3. 11, donde la Vulgata la traduce por: veniurus 
(venidero). Els decir que aunque Jesus ya vino, sigue 
siendo el que viene, o sea el que ha de venir, pues 
cuando vino no lo recUVeron (1, 11) y entonces Él 
anunciå a los judios que vendria de nuevo (cf. Hebr. 
9, 28; Hech. 3, 20 ss.; Filip. 3, 20 s., etc), por donde 
en adelante el participio presente tiene el sentido d« 
futuro como lo usa Jesus en los an un c tos de su Parusia 
que hemos mencionado. Cf. II Juan 7; Apoc. *, 8. 
Asi lo hace también San Pablo (cf. Hebr. 10, 37 y 
nota), tomando esa palabra que Habacuc (2, 3 s.) usa 
en los LXX para anunciar al Libertador de Tsrael, 
y apKcåndola, como dice Crampon, al Cristo ven'jero 
en los tiempos mesiånicos, o sea, como dice 'a recient« 
Biblia de Pirot, "cuando venga a j^zsrar al mundo". 

28. En secreto, para que no oyesen los judios la veni- 
da de Jesus. Kilos creyeron que iba al sepulcro \v. 31). 

35. Jesus no repara én llorar por amor a un amigo, 
como no repar6 en llorar por amor compasivo a Jern* 
salen (Luc. 19. 4'-). 

44. Los judios solian envolver los cadåveres con 
fajas de lienso. Por eso Lazaro no puede and ar ni 
valerse de las mauos. 



EVANGELIO SEGUN SAN JTJAN 11, 44-57; 12, 1-20 



135 



y las piernas con vendas, y el rostro envuelto 
en un sudario. Jesus les dijo: "Desatadlo, y de- 
jadlo ir." 

pROFEcfA de Caifas. 45 Muchos judios, que 
habian venido a casa de Maria, viendo lo que 
hizo, creyeron en ÉL 46 AIgunos de entre ellos, 
sin embargo, se fueron de alli a encontrar j 
los fariseos, y les dijeron lo que Jesus habii 
hecho. 47 Entonces los sumos sacerdotes y lo* 1 
fariseos reunieron un consejo y dijeron: "dQua 
haremos? Porque este hombre hace muchos mi- 
lagros. ^Si le dej am os continuar, todo el mun 
do va a creer en ÉI, y los romanos vendrdn 
y destruiran nuestro Lugar (santo) y también 
nuestro pueblo." 4fl Pero uno de ellos, Caifas, 
que era Sumo Sacerdote en aquel ano, les dijo: 
"Vosotros nb entendéis nada, 50 y no discurris 
que os es preferible que un solo hombre muera 
por todo el pueblo, antes que todo el pueblo 
perezca." 51 Esto, no lo dijo por si mismo, sino 
que, siendo Sumo Sacerdote en aquel ano, pro- 
fetiz6 que Jesus habia de morir por la na- 
ci6n, 5i y no por la nacion solamente, sino 
también para congregai en uno a todos los 
hijos de Dios dispersos. 53 Desde aquel dia to* 
maron la resoluci6n de hacerlo morir. M Por 
esto Jesus no anduvo mas, ostensiblemente, 
entre los judios, sino que se fué a la region 
vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraim, 
y se quedo alli con sus discipulos. 

^Estaba préxima la Pascua de los judios. 
y muchos de aquella region subieron a Jeru- 
salén antes de la Pascua, para purificarse. 56 Y, 
en el Templo, buscaban a Jesus, y se pregun- 
taban unes a otros: "^Qué os parece? ^No 
vendra a la fiesta?" 57 Entre tanto, los sumos 
sacerdotes y los fariseos habian impartido 
ordenes para que quienquiera supiese dénde 
estaba, lo manifestase, a fin de apoderarse 
de ÉI. 

CAPfTULO XII 

Mar!a unge a Jesus. * Jesus, seis dias antes 
de la Pascua, vino a Betania donde estaba 
Låzaro, a quien habia resucitado de entre los 
muertos. 2 Le dieron alli una cena: Marta ser- 
via y Lazaro era uno de los que estaban a la 
mesa con ÉI. SEntonces Maria tomo una libra 

Sis. Preocupado s61o de su intr'ga contra el Sal- 
vador, lejos estaba Caifås de suponer que sus palabras 
encerraban una autént'tca profecia. Sobre su alcance, 
cf. 10, 16 y nota. 

54. Efraim, en ©tro tiempo relacionado con Betel 
(II Par. 13, 19), se identifica hoy con la aldea de 
Taibé a cinco 1 egu as al N. de Jerusalén, casi en el 
desierto. 

3. Sobre esta cena de Betania véase también Mat. 
26, 6 ss. ; Marc. 14, 3 ss. Segun S. Crisåstomo y 
S. Jeronimo, esta Maria, hermana de I^åzaro de Beta- 
nia, no seria idént'ca con la pecadora que unge a 
Jesus en I^uc. 7, 36-50. En cambio, otras opiniones 
coinciden con la Iyiturgia que las identifica a ambas, 
como se ve en la Misa de Santa Maria Magda'ena, 
el 22 de julio, y consideran que la actitud amorosa y 
fiel de Magdalena al pie de la Cruz y en la Resu- 
rrecc"6n (19, 25; 20, 1-18), es muy propia de aquella 
que en Betania escuchaba extasiada a Jesus (I,uc. 
10, 38ssO. 



de unguento de nardo puro de gran precio. 
ungio con él los pies de Jesus y los en) uro 
con sus cabellos, y el olor del unguento Ilen6 
toda la casa. 4 Judas el Iscariote, uno de sus 
discipulos, el que habia de entregarlo, dijo: 
^dPor qué no se vendio este unguento en tres- 
cientos denarios, y se dio para los pobres?" 
6 No dijo esto porque se cuidase de los pobres, 
sino porque era ladron; y como él tenia la 
bolsa, sustraia lo que se echaba en ella. 7 Mas 
Jesus dijo: "Déjala, que para el dia de mi se- 
pultura lo guardaba. 8 Porque a los pobres los 
tenéis siempre con vosotros, mas a Mi no siem- 
pre me tenéis." fl Entre tanto una gran multi- 
tud de judios supieron cjue Él estaba alli, v vi- 
nieron, no por Jesus solo, sino también para 
ver a Lazaro, a quien Él habia resucitado 
de entre los muertos. 10 Entonces los sumos 
sacerdotes tomaron la resolucion de matar 
también a Lazaro, n porque muchos judios, a 
causa de él, se alejaban y creian en Jesus. 

Entrada triunfal en Jerusalén. 12 A1 dia 
siguiente, la gran muchedumbre de los que 
habian venido a la fiesta, enterados de que 
Jesus venia a Jerusalén, 13 tomaron ramas de 
palmeras, y salieron a su encuentro-, y cla- 
maban: "jHosanna! jBendito sea el que viene 
en nombre del Senor y el rey de Israel!" 14 Y 
Jesus hallando un polhno, mont6 sobre él, se- 
gun esta escrito: 15V No temas, hija de Sion, 
he aqui que tu rey viene, montado sobre un 
asnillo." 16 Esto no entendieron sus discipulos 
al principio; mas cuando Jesus fué glorificado, 
se acordaron de que esto habia sido escrito 
de Él, y que era lo que habian hecho con 
Él. l7 Entre. tanto el gentio que estaba con Él 
cuando llamo a Lazaro de la tumba y lo resu- 
cité de entre los muertos, daba testimonio de 
ello. 18 Y por eso la multitud le sali6 al encuen- 
tro, porque habian oido que Él habia hecho 
este milagro. 19 Entonces los fariseos se dijeron 
unos a otros: "Bien veis que no adelantais na- 
da. Mirad c6mo todo el mundo se va tras Él." 

Paganos quieren ver a JesiJs. 20 Entre los 
que subian para adorar en la fiesta, habia al- 

6. Jesus, el mås pobre de los pobres, no llevaba 
dinero, ni lo llevaban los apéstoles. sino que vivian 
de limosnas, cuyo adnrinistrador infiel era Judas Isca- 
riote. Éste es llamado ladron porque sustraia los 
fondos corounes. Podemos juzgar lo que Valia su 
defensa de los pobres, cuando él, por dinero, l.egé a 
entregar a su divino Maestro. Cf. I Cor. 13, 3. 

10. No lograron quitar la vida a Låzaro. Segun una 
tradic r 6n, fué uno de los priraeros obispos de Chipre. 
El emperador I^eén VI exhumé su cuerpo para entre- 
garlo a Santa Ricardis, esposa del emperpHor Carlos Ilt. 
12 s. Cotnpårese con Mat. 21, 1-11; Marc. 1!, 1-11; 
I*uc. 19 29-45 y nétese el reconocimiento de^a rea- 
leza de Cristo por parte de los buenos israelitas (cf. 6, 
15) en tanto que la negaban sus enemigos, Cf. 18, 
39 s.; 19, 12-15; Iyuc. 23, 2, etc. Hosanna: exclama- 
cion de jubilo, que significa: jayudanos! (oh Dios). 
Véase Salmo 117, 25; Mat. 21, 9 y notas. 

20. Iyos griegos que desean ver a Jesus son prosé- 
litos o afiliados al judaismo, como cl centurion de 
Luc. 7, 2-10. Se les llamaba "temorosos de Dios" 
(Hech. !3, 43). De no ser asi no habrian venido a 
jerusalén a la fiesta. 



136 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 12, 20-46 



gunos griegos. 2i Estos se acercaron a Felipe, 
que era de Betsaida en Galilea, y le hicieron 
este ruego: "Senor, deseamos ver a Jesus." ^Fe- 
lipe fué y se lo dijo a Andrés; y los dos fueron 
a decirlo a Jesus. 23 Jesus les respondio y dijo: 
"dHa llegado la hora de que el Hijo del horn- 
bre sea glorificado?" 24 En verdad, en verdad, 
os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra 
no muere, se queda solo-, mas si muere, produ- 
ce fruto abundante, 25 Quien ama su alma, la 
pierde; y quien aborrece su alma en este mun- 
do, la conservara para vida eterna. 26 Si alguno 
me quiere servir, sigame, y alli donde Yo es- 
taré, mi servidor estara también; si alguno me 
sirve, el Padre lo honrara." 

Testimonio del Padre, 27 "Ahora mi alma 
esta turbada: iy qué diré? iPadre, presérva- 
me de esta hora? jMas precisamente para eso 
he llegado a esta hora! 28 Padre glorifica tu 
nombre." Una voz, entonces, bajo del cielo: 
"He glorificado ya, y glorificaré aun." 29 La 
muchedumbre que ahi estaba y oyå, decia 
que habia sido un trueno; otros decian; "Un 
angel le ha hablado." 30 Entonces Jesus res- 
pondio y dijo: "Esta voz no ha venido por 
Mi, sino por vosotros. 31 Ahora es el juicio de 
este mundo, ahora el principe de este mundo 
sera expulsado, 32 Y Yo, una vez levantado de 



23. La hora, como anota Pirot, era.de inmolaciån 
(v. 27), de la cual vendria su glorificacion (Luc. 24, 
26). Cf. S. 109, 7 y nota. 

24 ss. Jesus aplica esto primero a ÉI mismo, segtin 
vemos por el v. 23. Significa asi la necesidad de su 
Fasion y Muerte (cf. Luc 24, 46) para que.su fruto 
eea el perdon nu es tro (ibid. 47; cf. Is. 53, 10 ss.). 
En segundo lugar lo aplica a nosotros (v. 25) para 
ensenarnos a no poner el corazån en nuestro yo ni en 
esta vida que se nos escapa de entre las manos, y a 
buscar el nuevo nacimiento segun el espiritu (3, 3 ss.; 
Ef- 4, 24), prometiéndonos una recompensa semejante 
a la que Él mismo tendrå (v. 26). Cf. 17, 22-24. 

27. Mi alma estå turbada: Santo Tomas llama a 
esto un anticipo de la Pasi6n. Jesus encara aqui su 
drama con la misma generosidad con que beberå én 
Getsemani el cåliz de la amargura (Mat. 26, 39), y 
renuncia a pedir al Padre que lo Hbre, pues sabe que 
asi debe suceder (Mat. 26, 53 s.). 

28. Glorifica iu nombre: En 17, 1 s. vemos que la 
glorificacion que el Padre recihe del Hijo consiste en 
salvarnos a nosotros. El Padre quedarå glorificado 
mås y mås (cf. 13, 31 s.) al mostrar que su miseri- 
cordia por los pecadores no vacilå en entregar su 
divino Hijo (3, 16) y dejarlo llegar hasta el ultimo 
suplicio (10, 17; Rom. 5, 10; 8, 32; I Juan 4, 9). 
Y a su vez el Padre, q<fee ya glorifico al Hijo dando 
testimonio de Él con su Palabra (Mat. 17, 5) y en 
los milagros, lo glorifjcarå mås y mås, después de 
sostenerlo en su Pasion (Luc. 22, 43), y de resuci- 
tarlo,, (Hech. 2, 24; 3, 15; Rom. 8, 11; Ef. 1, 20; 
Col. 2, 12), sentåndolo a su derecha, con su Humani- 
dad santisima, con la misma gloria que eternamente 
tuvo el Verbo (17, 5 y 24). Cf. S. 109, 1 ss. 

29. Asi fué también en Hech. 9. 7; 22, 9; Filip, 
3, 21. Sobre la dulce rmierte a si mismo (v\ 25), véase 
Luc. 9, 23 s. y nota. Cf. Mat, 10, 39; 16, 25; Marc. 
8, 35; Luc. 17, 33. Alma (gr. psyjé). Asi también 
de la Torre, Otros vierten vida. El m'smo v. trae 
otra palabra (zoé) que traducimos por vida; 

31. Satanås y sus satélttes serån echados fuera de 
las almas por la regeneracién que obrarå en ellas el 
Bautismo (Ef. 4, 8; Denz, 140). Véase, empero, 14, 
30 y nota. 

32. Lo atraeré todo hacia Ml: esto es, consumada 



la tierra, lo atraeré todo hacia Mi." ^Dech 
esto para indicar de cual muerte habia de 
morir. 34 E1 pueblo le replico: "Nosotros sabe- 
mos por la Ley que el Mesias morara enere 
nosotros para siempre; entonces, icåmo pucdes 
Tu decir que es necesario que el Hiio del 
hombre sea levantado? jfQuién es este Hijo del 
hombre?" 35 Jesus les dijo: "Poco tiempo esta 
aun la luz entre vosotros; mientras tenéis la luz, 
caminad, no sea que las tinieblas os sorpren- 
dan; el que camina en tinieblas, no sabe adonde 
va. 36 Mientras tenéis la luz, creed en la luz, 
para volveros hijos de la luz." Después de hå- 
ber dicho esto, Jesus se alejo y se oculto de 
ellos. 

Anunqo de la incredulidad. 37 Mas a pesar 
de los milagros tan grandes que Él habia he- 
cho delante de ellos, no creian en Él. 38 Para 
que se cumpliese la palabra del profeta Isaias 
que dijo: "Seiior, dquién ha creido a lo que 
oimos (de Ti) y el brazo del Senor, ^a quién 
ha sido manifestado?" 39 EIIos no podian creer, 
porque Isafas también dijo: 40 "ÉI ha cegado sus 
ojos y endurecido sus corazones, para que no 
vean con sus ojos, ni entiendan con su corazån, 
ni se conviertan, ni Yo los sane." 41 Isaias dijo 
esto cuando viå su gloria, y de Él hablo. 

Jest^s, Legado divino. 42 Sin embargo, aun 
entre los jefes, muchos creyeron en El, pero 
a causa de los fariseos, no (lo) confesaban^ de 
miedo de ser excluidos de las sinagogas-, ^por- 
que amaron mas la gloria de los hombres que 
la gloria de Dios. M Y Jesus clamo diciendo: 
"El que cree en Mi, no cree en Mi, sino en 
Aquel que me enviå; ^y el que me ve, ve al 
que me envio. 46 Yo la luz, he venido al mundo 



mi redencion, Yo quedaré como el centro al cual con- 
vergen todos los misterios de ambos Testamentos. 
Otros leen; atraeré a todos y lo interpretan Jel 11a- 
mado que se extiende a toda la gentilidad. En E^. 1, 
10 (cf. nota), hay una base de interpretacion aun mås 
ampKa de este anuncio del Senor. 

34. Aluden a las profecias sobre el Mesias Rey de 
Israel. Cf. Is. 49, 8; Ez. 37, 25. 

35 s. Mientras: en griego "hos" (cf, Luc, 3 t 23 y 
nota). Jesus es la luz (9, 5)y los invita a obrar 
mientras ÉI estå con ellos, pues Él los guardarå como 
dice en 17, 12. No os sorprendan: sobre este sentido, 
véase Mat. 24, 24; II Tes. 2, 10. 

36. Creer a la Palabra de Jesus es la condicion que 
ÉI mismo nos pone para hacernos hijos de Dios. 
Cf. 1, 12. 

37. Véase 6, 30; 9, 30; Luc. H, 31 y notas. 

38. Cita de Is. 53, 1, profecia de la Pasién, como 
la del S. 21 f 2, que Cristo pronuncia en la Cruz (iMat. 
27, 46). Nadie las creia, ni los apostoles. 

39 ss. Anuncio de la ceguera que los llevo a recha- 
zar a Cristo, no obstante la claridad de las profecias 
antes invocadas (cf. 9, 39). Cuando viå su gloria: 
Cf. 8, 56; Is. 6, 9ss.; Luc. 19, 14 y 27. 

42. Véase 7, 13 y nota, 

44. Véase 6, 40 y nota. 

45. Por el misterio que se ha Ilamado "circuminse- 
si6n'*, el Padre estå en el Hijo, asi como el Hijo 
estå en el Padre, Bajo los velos de la humanidad de 
Cristo late su divinidad, que posee con el Padre en la 
unidad de un mismo Espiritu. Véase 10, 30; 14, 7-11. 

. 46. Jesus no quiere que sus discipulos -jueden en 
tinieblas. Elocuente condenaciån de lo que hoy suele 
Ilamarse la fe del carbonero. Las tiniehlas son lo propio 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 12, 46-50; 13, 1-21 



137 



para que todo el que cree en Mi no quede en 
tinieblas. 47 Si alguno oye mis palabras y nos las 
observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido 
para juzgar al mundo, sino para salvarlo. 48 E) 
que me rechaza y no acepta mi palabra, ya 
tiene quien lo juzgara: la palabra que Yo he 
hablado, ella sera la que lo condenara, en el 
ultimo dia. 49 Porque Yo no he' hablado por 
Mi mismo, sino que el Padre, que me envio, me 
prescribio lo que debo decir y ensenar, 60 y 
sé que su precepto es vida eterna. Lo que Yo 
digo, pues, lo digo como el Padre me lo ha 
dicho." 



III. PLÅTICAS DE DESPEDIDA 

(13,1-17,26) 
CAPITULO XIII 

jEStJS LAVA LOS PIES A SUS DISCIPULOS. 1 AnteS 

de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesus que habia 
llegado su hora para que pasase de este mundo 
al Padre, como amaba a los suyos, los que es^ 
taban en el mundo, los amo hasta el fin. 2 Y 
mientras cenaban, cuando el diabio habia y.i 
puesto en el corazon de Judas, el Iscariote, 
hijo de Simon, el entregarlo, 3 sabiendo que su 
Padre todo se lo habia dado a Él en las manos, 
que habia venido de Dios y que a Dios yolvia. 
4 se levanto de la mesa, se quito sus vestidos, y 
se cino un lienzo. 5 Luego, habiendo echado 



de este mundo (9, 5 y nota), mas no para los "hijos 
de la luz", que viven de la esperanza (I Tes. 5, 4 s.). 

47. En esta mi primera venida no he de juzgar al 
mundo, pero si en la segunda. Véase 3, 17; 5, 22 
y nota; 8, 15; Apoc. !9, 11 ss. 

48. Cf. 3, 18. Segun esto, el no querer escuchar la 
Palabra de Cr'sto es peor que, después de haberla 
escuchado, no cumplirla. Confirma asi el v. 46. 

49. El que hace caso omiso del Mediador, desecha 
la misericordia del que se dignå constituirlo. Véase 
14, 31; IS, 10. Entretanto, admiremos una vez mås 
la humildad de nino con que el divino Legado habia 
del Padre. 

1, El sentido Iiteral de este v. puede ser doble: que 
los amå hasta fel extremo (como lo veremos en lo que 
hace a continuaciån), o que quiso extender a todos 
los suyos, que vivirån hasta el fin de los tiempos, el 
mismo amor que tenia a aquellos que entonces estaban 
en el mundo. Asi también lo vemos formular aqui 
su Mandamiento nuevo (v. 34), en el cual se ofrece 
pr iiiodelo del amor que hemos de tenernos entre 
nosotros, a fin de que ese amor Suyo por los hombres 
perdure sobre la tierra como si Él mismo se quedara, 
puesto que, mediante el Espiritu Santo (Luc. 11, 13). 
cada uno podrå amar a su hermano con el mismo 
amor con que Jesus lo amo. Es, como vemos, el 
aspecto inverso del mismo mister o de caridad que 
revelo en Mat. 25, 45 al decirnos que Él recibe, como 
hecfao a su propia Persona, cuanto hacemos por cl 
mås pequeno de sus hermanos. 

3. El Evangelista, siempre tan sobrio y falto de todo 
encomio, parece querer acentuar esta vez la enormi- 
dad indecible que significa esa actitud de siervo 
tomada aqui por Jesus (v. 4), no obstante saber Él 
muy ben que, como aqui se expresa, Él era el Prin- 
cipe divino, el ttnico hombre que ha habido y habrå 
digno de adoracion. 

4. Los vestidos: plural de generalizaciån. "Jesus no 
K quitå sin duda mås que el manto*' (Joiion). 

5. Algunos piensan aqui en una purificacién de los 



agua en un lebrillo, se puso a lavar los pies 
de sus discipulos y a enjugarlos con el lienzo 
con que estaba cenido. 4-legando a Simon Pe- 
dro, éste le dijo: "Senor, fTu lavarme a mi 
los pies?" 7 Jesus le respondio: *'Lo que Yo 
hago, no puedes comprenderlo ahora, pero lo 
comprenderas después." 8 Pedro le dijo: "No, 
jamas me lavaras Tu los pies." Jesus le res- 
pondio. "Si Yo no te lavo, no tendras nada- de 
comun conmigo." 9 Sim6n Pedro le dijo: "En- 
tonces, Senor, no solamente los pies, sino tam- 
bién las manos y la cabeza." 10 Jesus le dijo: 
"Quien esta baiiado, no riecesita lavarse [mas 
que los pies], porque esta todo Iimpio. Y vos- 
otros estais Iimpios, pero no todos." U É1 sabia, 
en efecto, quién lo iba a entregar; por eso di- 
jo: rt No todos estais Iimpios." 

12 Después de lavaries los pies, tomo sus ves- 
tidos, se puso de nuevo a fa mesa y les dijo: 
"tjComprendéis lo que os he hecho? ^Vos- 
otros me decis: «Maestro» y «Seiior», y decfs 
bien, porque lo soy. 14 Si, pues, Yo, el Senor y 
el Maestro, os he lavado los pies, vosotros tam- 
bién debéis unos a otros lavaros los pies, 15 por- 
que os he dado el ejemplo, para que hagais 
como Yo os he hecho. i6 En verdad, en ver- 
dad, os digo, no es el siervo mas grande que 
su Senor ni el enviado mayor que quien lo 
envfa. 17 Sabiendo esto, seréis dichosos al prac- 
ticarlo. %o hablo de vosotros todos; Yo sé 
a quiénes escogf; sino para que se cumpla la 
Escritura: «EI que come mi pan, ha levantado 
contra Mi su calcaiiar.» 19 Desde ahora os lo 
digo, an tes que suceda, a fin de que, cuando 
haya sucedido, creåis que soy Yo. 20 En ver- 
dad, en verdad, os digo, quien recibe al que 
Yo enviare, a Mi me recibe; y quien me 
recibe a Mi, recibe al que me envio." 

jEstfs denuncia al traidor. 21 Habiendo dicho 
esto, Jesus se turb6 en su espiritu y mani- 



apåstoles, pero Jesus explica en vv. 12 ss. el signifi- 
cado y el propésito ejemplarizador de este acto de su 
inefahle humildad y caridad fraterna, "mås para me- 
ditado que para expresado'*, escribe S. Agustin. En 
el v. 10 les dice que ya estaban Iimpios, y el lavar 
los pies no era un acto de purificacién de la con- 
ciencia s : no un servicio de esclavo, que aqui es 
muestra de amor (cf. v. I), tanto mås especial cuanto 
que no se trata de visitantes recién Ilegados (cf. Luc. 
7, 44). l También a Judas le lava los pies I La idea 
de purificaciån es, pues, como dice Huby, ajena al 
discurso de Jesus. 

8. Sobre esta falsa humildad cf. Mat. 5. 8: 16, 23; 
Luc. 12, 37 y nota. "Para tener comunidad con 
Jesus es necesario no tener miedo de £1. Sin eso 
icomo nos Ilamariamos redimidos por Él?** 

10- Las palabras entre corchetes, fal an en muchos 
manuscritos. Pirot las suprime totalmente. 

14. Sobre la sencillez y humildad sin li mi te s de 
Jesus, véase Mat. 20, 28; Luc 22. 27 y nota. 

18. Jesus ofrece aqui una nueva prueba de que es 
el Mesias, mostrando que va a cumplirse en Él la 
traicion que David sufrio como .figura Suya y que 
anunciå mil anos antes al presentar tipicamente a 
Judas en la persona de Aquitofel (S. 40, -0; 54, 14 
y notas). SI divino Maestro nos ensena con esto la 
triste pero importante verdad de que no hemos de 
confiar imprudentemente ni en el mås intimo amigo, 
porque, aunque hoy nos parezca imposible, bien puede 
convertirse en el traidor de manana. 



138 



EV ANGELO SEGUN SAN JUAN 13, 21-38: 14, 1 



festo abiertamente; "En verdad, en verdad, os 
digo, uno de vosotros me entregara." 22 Los 
discipulos se miraban unos a otros, no sabiendo 
de quién hablaba. 23 Uno de sus discipulos, 
aquei a quien Jesus amaba, estaba recostado 
a la mesa en el seno de Jesus. 24 Simon Pedro 
dijo, pues, por sefias a ése: *'Di, ;quién es 
aquel de quien habla?" 25 Y él, reclinandose asi 
sobre el pecho de Jesus, le pregunto: "Senor, 
ijquién es?" 26 Jesus le respondio: "Es aquel a 
cjuien daré el bocado, que voy a mojar." Y mo- 
jando un bocado, lo tomo y se lo di6 a Judas 
Iscariote, hijo de Simon. 27 Y tras el bocado, 
en ese momento, entré en él Satanas. Jesus le 
dijo, pues: "Lo que hacés, hazlo mas pronto." 
28 Mas ninguno de los que estaban a la mesa 
entendio a qué proposito le dijo esto. ^Como 
Judas tenia la bolsa, algunos pensaron que 
Jesus le decia: "Compra lo que nos hace falta 
para la fiesta", o que diese algo a los pobres. 
^En seguida qué tomo el bocado, salio. Era 
de noche. 



23. Aquel a quien testis amaba, c» el mismo Evan- 
griista, quien pur modestia oculta su nombrc (véase 
1, 39 y nota). Recostado qu : ere decir que Juan, segun 
la costumbre oriental, estaba echado d elan te de Jesus, 
apoyåndose sobre el codo izquierdo, con el pecho 
vuelto al Maestro. 

26. El bocado: no se dice de pan, ni que fuese mo- 
jado en vino, ni puede pensarse que Jesus daba a 
Judas la Eucaristia para que la recibiese sacrilega* 
mente (Sc.o). 

27. Bn ese memento entrå en él Satanås: Juan re- 
calca el momento preciso, para distinguir esta pose* 
si6n d ahålica total de Judas del designio del v. 2, 
que Satanås "habia pueslo en su corazån". Lucas 
coloca antes de la cena pascual esa posesion diabol i ca 
y el pacto con los sacercbtes para entregarles a Jesus 
(Luc. 22, 3 7 ss.), en lo cual coincide con Mat. 26, 
14 ss. y Marc. 14, 10 ss., que sititan ese pacto inme- 
dia tam ente después de la cena de Simon el leproso. 
De ahi han supuesto algunos que esta cena del lava- 
torio de pies pudiese ser, como aquella que se le di6 

»<n Betama seis dias antes ('2, 1; Mat. 26* 6 ss.; 
Marc. 14, 3 ss.), antenor a la de Fascua (cf. v. 1). 
Se ohserva que falta aqui toda mencién de la Euca- 
ri sti a, que traen los tres sinépticos, y de la prepara- 
cion de la Cena pascual (Mat. 26. 17 ss.; Marc. 14, 
12 ss.; Luc. 22, 7 ss.) ; que esa fiesta se da aqui por 
futura (v. 29) ; que los discipulos parecen ignorar 
aun la culpa de Judas (v. 28), cosa que en la otra 
Cena se hizo puhlica (Mat. 26, 21-25); que la nega- 
ci6n de Pedro (v. 38) no fué anunciada para esa 
misma noche (como lo fué en Mat. 26. 34; Marc. 14, 
30; Luc. 22, 34); que Judas al salir ya de noche 
(v. 30) no pudo tener tiempo para convenir la entre- 
ga de Jesus esa misma noche; que los caps. 14 y 15 
no aparecen continuando los anteriores como los caps. 
16, 17 y !8; que el himno diofoo al final de la Pascua 
(Mat. 26, 30) no pudo ser la orac'on del cap. 17 sino 
el Ha*lel (S. 112-17) ; . que ambas Cenas tienen ya 
cada una su gran contenido propio e independiente 
(cf. v. 5 y nota) ; y que. en fin, los sin6p*icos escri- 
bieron cuando aun continuaba el apostolado sobre 
Israel, en tanto que Juan escribio casi treinta afios 
después de håber rechazado Israel la predicaci6n apos- 
téliea (Hech. 28, 25 ss.) y de la destrucci6n de Je* 
ru salen y del Templo que siguio muy luego; por lo 
cual pudo Juan tener algun pronosito especial pro- 
vocado por esos grandes acontecimientos. Hazlo mås 
pronto (asi tamhién de la Torre). t Es la ursrencia 
de Luc. 12, 50 y 22, 15! La invitacion pareceria dt- 
rigi^a a Satanås que habia entrado en Judas (cf. Luc. 
8, 30) y que al promover la inmolacion del Corderp 
no pens 6 por cierto que servia de instrumento al Re* 



El mandamiento nuevo. 31 Cuando hubo 
salido, dijo Jesus: "Ahora el Hijo del hom- 
bre ha sido glorificado, y Dios glorificado en 
Él. 32 Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios 
también lo glorificara en Si mismo, y lo glori- 
ficara muy pronto. ^Hijitos mios, ya no esta- 
ré sino poco tiempo con vosotros. Me bus- 
caréis, y, como dije a los judios, también lo 
digo a vosotros ahora: "Adonde Yo voy, vos- 
otros no podéis venir." ^Os doy un manda- 
miento nuevo: que os améis unos a otros: 
para que, asi como Yo os he amado, vosotros 
tambien os améis unos a otros. ^En estq 
reconoceran todos que sois discipulos mios, si 
tenéis amor unos para otros." 

Anuncia la negacion de Pedro. 3 6 Simon 
Pedro le dijo: "Senor, éadonde vas?" Jesus le 
respondiå: "Adonde Yo voy, tu no puedes 
seguirme ahora, pero mas tarde me seguiras." 
37 Pedro le dijo: "^Por qué no puedo seguirte 
ahora? Yo daré mi vida por Ti." 38 Respondi6 
Jesus: "éTu daras tu vida por Mi?" En ver- 
dad, en verdad, te digo, no cantara el gailo 
hasta que tu me hayas negado tres vcces." 

CAPiTULO XIV 

El supremo discurso de Jestjs-. r 'No se tur- 
be vuestro corazon: creed en Dios, creed 

dentor. Cf. v. 31 y nota; Hech. 13. 27; I Cor. 2, S. 

31 s. A hora. . ha sido: Los expositores suelen verse 
en aprietos para explicarse literalmente este verbo 
en tiempo pasado, que estaria en oposicion con toda 
la economia de la Escritura, segun la cual la glori- 
ficacion de Jesus tuvo lugar cuando el Padre lo sen- 
t6 a su diestra (cf. 16, 7; S. 109, 1 y notas). El 
evangel is ta sin embargo da a entender su pensamiento 
al poner en futuro el v. 32 y al senalar que Jesus 
dijo esto en el momento en que saliå Judas para con- 
sumar su obra. Es como si dijera: "ecbaria estå la 
suerte. Debo padecer para entrar en mi gbria (Luc. 
24, 26). y ahora tiene principio de ejecucion cl pro- 
ceso que me Uevarå a glorificar al Padre y ser glori- 
ficado por ÉF\ 

34. El mandamiento es "nuevo" en cuanto propone 
a los hombres la tmitacion de la caridad de Cristo: 
amor que se anticipa a las manifestaciones de amis- 
tad ; amor compasi vo que perdona y soporta ; amor 
desinteresado y sin medida (Rom. 13, 10; I Cor. 13, 
4-7). 

36. No putdes seguirme ahora, porque no estås 
confirmado en la fe, como se verå luego en sus nega* 
ctones. Lo seguira 'mås tarde hasta el martirto, cuando 
haya recibido el Espifitu Santo. Cf. 21, 19; II Pedr. 
1, 14. 

38. En lugar de anunciar anticipadamente el bien 
que nos proponemos hacer, cu i demo s de proveernos de 
los auxilios sobrenaturales para poder cumplirlo. "Sin 
Mi. dice Jesus, nada podéis hacer" (15, 5). Cf. 
I Cor. 3, S. 

!. Despidese el Senor en los cuatro capitulos si- 
guientes, dirigiendo a los suyos discursos que^re r lejan 
los intimos latdos de su divino Coraz6n. Estos dis- 
cursos forman la cumhre del Evangelio de S. Juan 
y sin duda de toda la dtvina Reve'acién hecha a los 
Doce. Creed en Dios: Recuérdese que Jesus les dijo 
que su fe no era ni siquiera cømo un grano de mos* 
taza (Luc. 17, 6 y nota). Es muy de notar tamhién 
esta clara distincién de Personas que ensena aqui 
Tesus, entre Él y su Padre. No srn amhos una sola 
Persona a la cual haya* que dirigirse vagamente, bajo 
un nombre genérico, sino dos Personas distintas, con 
cada una de las cuales tenemos una relaci6n propia 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 14, 1-16 



139 



también ep Mi. ^n la casa de mi Padre hay 
muchas moradas', y si no, os lo habria dicho, 
puesto que voy a preparar lugar para vosotros. 
S Y cuando me haya ido y os haya preparado 
el lugar, vendré otra vez y os tomaré junto 
a Mi, a fin de que donde Yo estoy, estéis vos- 
otros también. 4 Y del lugar adonde Yo voy, 
vosotros sabéis el camino." 5 Dijole Tomas: 
"Seiior, no sabemos adonde vas, dcomo, pues, 
sabremos el camino?" 6 Jesus le replico: "Soy 

de fe y de amor (cf. I Juan l, 3), la cual ha de ex- 
presarse también en Ja oracion. 

2. Tened confianza en Dios que como Padre vues- 
tro tiene reservadas las habitacfones del cielo para 
todos los que aprovechan la Sangre de Cristo. En el 
Sermån de la Mo.nt^na (Mat, cap. Sss.), Jesus ha 
recordado que el hombre no estå solo, sino que tiene 
un Dueno que lo creå. en cuyas manos esta. y que le 
impone como ley la pråctica de la misericordia, sin 
la cual no podrå recibir a su vez la misericordia que 
ese Dueno le ofrece como unico medio para salvarse 
del estado de perdicion en que naciå como hijo de 
Adån, quien entrego su descendencia a Satanås cuan- 
do el'gto a éste en lu*ar de Dios (Sab. 2, 24 y nota). 
Ahora. en el Sermon de la Cena. Jesus nos descubre 
la Sabiduria. ensefiåndonos que en el conocimiento 
de su Padre estå el secreto del arner que es cond ci6n 
indispensrble para el cumplimiento de aque'la l,ey de 
nuestro Duefio. Pues Él, por los méritos de su Hijo 
y Enviado, nos da su propio Espiritu (l,uc. 11. 13 v 
nota) que nos Ileva a amarlo cuando descubrimos que 
ese Dueno, cuya autoridad inevitable podia pare ernos 
odiosa, es nuestro Padre que nos ama infinitamente y 
nos ha dado a su Hijo para que por Él nos haTamus 
hijos divinos también nosotros, con i<rua 1 herencia oue 
el Unigénito ^f. 1, 5; II Pedr. 1. 4). De ahi que Je- 
sus empiece aqui con esa estupenda revelacion de que 
no quiere guardarse para Él solo la casa de su Padre. 
donde hasta ahoca ha sido el Principe unico. Y no 
solo nos hace saher que hay alH muchas moradas, o 
sea un lugar también para nosotros fv, 2). sino que 
anade que Él mismo nos lo va a preparar, porque re- 
ne gusto en que nuestro destino de rediraidos sea el 
mismo que el Suyo de Redentor (v. 3). 

3. Os tomaré junto a Mi: I,iteralmente: os recibiré 
a Mi mismo (asi la Vulgata). Expresion sin duda no 
usual, como que tampoco es cosa ordtnaria, sino unt- 
ca, lo que el Sefior nos revela aqui. Mås que tomar- 
nos consigo, nos tomarå a Él, porque entonces se rea- 
Hzø rå d sumo prodig-o oue S. Pablo llama misterio 
oculto desde todos los siglos (Ef. 3, 9; Col. 1, 26): 
el prodigio por el cual nosotros, verdaderos miembros 
de CrUto. ser em o s asumidos por Él que es la Cabe- 
ta, para formår el Cuerpo de Cristo total. Sera, pues, 
mås que tomarnos junto a Él: sera exactamente **«■ 
corporarnos a Él mismo, o sea el cumplimiento visible 
y definitivo de esa divinizaciån nuestra como verda* 
deros hijos de Dios en Cristo (véasc Ef- 1. 5 y nota). 
Es también el misterio de la scgnnda venida de Cristo. 
que San Pablo nos aclara en I Tes. 4. 13-17 y en que 
los primeros cristianos fundaban su esperanza en me- 
dio de las persecuc : ones (cf. Heb. 10. 25 y nota). 
De ahi la aguda observaci6n de un autor moderno: 

"A primera vtsta, la diferencia mås notable entre tos 
primeros cristianos y nosotros es que, mientras nos- 
otros nos preparamos para la tnuerte. ellos se prepa- 
raban para el encuentro con N. Sefior en su Segundo 
;Advenimiento." 

4. Sabéis el camino: El canvno soy Yo mismo 
;(v. 6), no s61o en cuanto senalé la I<ey de caridad 

que conduce al cielo, sino también en cuanto los mé- 
ritos mios, apUcados a vosotros como en el caso de 
: Jacob (véase Gén. 27. 19 y nota) os atraerån del 
Padre las mi smås hendiciones que tengo Yo, el Fri« 
mogénito (Rom. 8, 29). 

6 s. El Padre es la meta. Jesus es el camino de ver* 
dad y de vida para Ilegar hasta fil. Como se expres6 
en la condenaciån del quictismo. la pura contempla- 



Yo el camino, y la verdad, y la vida; nadie 
va al^ Padre, sino por Mi. 7 Si vosotros me co- 
nocéfs, conoceréis también a mi Padre. Mas 
aun, desde ahora lo conocéis y lo habcis vis- 
te" 8 Felipe le dijo: "Seiior, muéstranos al 
Padre, y esto nos basta." 9 Respondiole Jesus: 
"Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, 
ty tu no me has conocido, Felipe? El que me 
ha visto, ha visto a mi Padre. <:C6mo pucdes 
decir; Muéstranos al Padre? l0 ^No crees que 
Yo soy en el Padre, y el Padre en Mi? Las 
palabras que Yo os / digo, no las digo de Ml 
mismo; sino que el Padre, que mora en Mi, 
hace Él mismo sus obras. n Creedme: Yo soy 
en el Padre, y el Padre en Mi; al menos, creed 
a causa de las obras mismas. 12 En verdad, en 
verdad, os digo, quien cree en Mi, hara él 
también las obras que Yo hago, y aun mayores, 
porque Yo voy al Padre l3 y hare todo lo que 
pidiereis en mi nombre, para que el Padre 
sea glorificado en el Hijo. u Si me pedis cual- 
quier cosa en mi nombre Yo la hare." 

Promesa del Espiritu Santo. 15ff Si me amåis, 
conservaréis mis mandamientos. 16 Y Yo rogarc 



cion del Padre es imposible si se prescinde de la 
revelaciån de Cristo y de su mediaciån. En el v. 7 
no hay un reproche como en la Vu!gata (si me co- 
nocierais. . .) sino un consuelo: si me conocéis llega- 
réis también al Padre indef^ctiblemente. Vemos asi 
que la devociån ha de ser al Padre por medio de Je- 
sus, es decir, contemplando a ambos como Personas 
claramente caracterizadas y distintas (Concilio III de 
Cartago, can. 23), Querer abarcar de un solo ensam- 
blé a la Trinidad seria imposible para nuestra mente* 
pues la toraaria como una abstraccién que nuestro 
corazon no podria amar como ama al Padre y al Hijo, 
Jesus, con los cuales ha de ser, dice S. Juan, nuestra 
sociedad (I Juan 1, 3). I*a Trinidad no es ninguna 
cosa distinta de las Personas que la forman. t,o que 
hemos de contemplar en ella es el amor 'nfinito que 
el Padre y el Hijo se tieien reciprocamente en la 
Unidad del Espiritu Santo. Y asi es c6mo adoramos 
también a la Persona de este divino Espiritu que es 
el amor que une a Padre e Hijo. Espiritu Santo 
es el espiritu comttn del Padre y del Hijo. v propio 
de cada uno <IeTAniV9S, porque todo el espiritu del 
Padre es de amor al Hijo y todo el espiritu del Hijo 
es de amor al Padre. ] Del primero, amor paternal, 
beneficiamos nosotros al unirnos a Cristo. Del sekun- 
do, amor filial, partipfpamos igualme"te adhtriéndonos 
a Jesus para amar al Padre como Él y junto con Él 
y mediante Él y a causa de Él, y dentro de Él. pues 
Ambos son inseparables, como vemos en los w. 9 ss. 
10. Es notab'e que ya en el Antiguo Testamento 
el Padre (Yahvé) habla del Mesias Tamandolo "d 
Varan unido conraigo*' (2ac. 13, 7). Cf. 16, 32. 

12. Una de las promesas mås asombrosas que Jesus 
hace a la fe viva, Desde el cielo Él la cump'irå. 

13. En este v. y en el siguiente promete el Salvador 
que sera oida la oraci6n que hagamos en su nombre. 
Esta promesa se cumple s^empre cuando confiados en 
los méritos de Jesucrtsto y animados por su espiritu 
nos dirigimos al Padre. Es la oraciån dominical la 
que mejor nos ensena el recto espiritu y, por eso t ga- 
rantiza los mejores frutos (Mat. 6, 9ss.; I^uc. U, 
2 ss.). 

15. El que ama se preocupa de cumplir los manda- 
mientos, y para eso cuida ante todo de conservarloa 
en su corazån. Véase v. 23 s.; S. T8. 11 y nota. 

16. El otro Intercesor es el Espiritu Santo, que no* 
ilumina y consuela y fortalece con v'rtud divlna. 7$ 
mundo es regido por su principe (v. 30). y por eso 
no podrå nunca entender al Espiritu Santo (I Cor. 
2, 14), ni recibir sus gracias e Uustracionet. ]^oa ap6a* 



140 



EVANGEOO SEGTJN SAN JUAN H. 16-28 



al Padre, y Él os darå otro Intercesor, que que- 
de siempre con vosotros, 17 el Espiritu de ver- 
dad, que el mundo no puede recibir, porque 
no lo ve ni lo conoce; mas vosotros lo cono- 
céis, porque Él mora con vosotros y estara en 
vosotros. 18 No os dejaré huérfanos; volveré a 
vosotros. 19 Todavia un poco, y el mundo 
no me verå mas, pero vosotros me volveréis 
a ver, porque Yo vivo, y vosotros viviréis. 
*°En aquel dia conoceréis que Yo soy en mi 
Padre, y vosotros en Mi, y Yo en vosotros. 
J1 E1 que tiene mis mandamientos y los con- 
serva, ése es el que me ama; y quien me ama, 
sera amado de mi Padre, y Yo también lo 
amaré, y me manifestaré a el." ^Dijole Judas 
— no el Iscariote — : "Seiior, <jcomo es eso: que 
te has de manifestar a nosotros y no al mun- 
do?" ^Jesus le respondio y dijo: "Si alguno 



toles experimentaron la fortaleza y la luz del divino 
Paråclito pocos dias después de la Ascensiån del 
Senor, en el dia de Pentecostés (Hech, 2) y recibie- 
ron carismas visibles, de los cuales se habla en los 
Hechos de los Apostolcs. 

17 ss. Mora con vosotros; Casi siempre vivimos en 
an estado de fe imperfecta, como diciéndonos: si yo lo 
tuvtera delante al ^adre celestial o a Jesus, le diria 
tal y tal cosa. Olvidamos que el Padre y el Hijo no 
son como los hombres ausentes que hay que ir a 
buscar sino que estån en nuestro interior (vv. 20 y 
23), lo mismo que el Espiritu (v. 26; 16, 13; Luc. 
II. 13). Nada consuela tanto como el cultivo suavisimo 
de esta presencia de Dios permanente en nosotros, que 
nos estå mirando, sin cansarse, con ojos de amor como 
los padres contemplan a su hijo en la cuna (S. 138, 
1; Sant. 7, 10 y notas). Y nada santifica tanto como 
e! conocimiento vivo de esta verdad que "nos corro- 
bora por e! Espiritu en el hombre interior" (Ef. 3, 
16) como templos vivos de Dios (Ef. 2, 21 s.). Bs- 
tarå en vosotros; Entendamos bien esto: "El Espiritu 
Santo estara en nosotros como un viento que sopla 
permanentemente para mantener levantada una hoja 
seca, que sin Él cae. De modo que a un tiempo somos^ 
y no somos. En cuanto ese viento va realizando eso* 
en nosotros, somos agradables a Dios, sin dejar em* 
pero . de ser por nosotros mismos lo que somos. es 
decir, "siervos inutiles" (Luc. 17, 10). Si no fuese 
asi, caeriamos fatalmente (a causa de la corrupci6n 
que heredamos de Adåu) en continuos actos de so- 
berbia y presunci6n, que no solo quitaria todo valor 
a nuestras acciones delante de Dios, sino que seria 
ante Él una blasfemia contra la fe, es decir, una riva^ 
Udad que pretenderia sustituir la Gracia por esa ilu* 
soria sufici'encia propia que s6lo busca quttar a Dios 
la gloria de ser el que nos salva. 

20. En aquel dia: Véase 16, 16 y nota. Vosotros 
eståis en Mi, etc, "En vano sonarån los poetas una 
plenitud de amor y de union entre el Creador y la 
creatura, ni una feltcidad para nosotrn«, ;ouio ésta 
que nos asegura nuestra fe y que desde ahora posee- 
isos "en esperanza." Es un mistero propio de la na- 
turaleza divina que desafia y supera todas las auda- 
cias de la imaginacion, y que seria increible si É! 
no !o revelase. iQué atractivos puede hallar Él en 
nosotros? Y sin embargo, al remediar el r>eca<*o de 
Adån, en vez de rechazarnos de su intimidad (mira- 
bilius reformastil) buscé un pretexto para unirnos del 
todo a Él. como si no pudiese vivtr sin nosotros!'* 
Véase 17, 26 y nota. 

21. Es decir: el que obedece eficazinente al Padre 
muestra que tiene amor, pues si no lo amase no tendria 
fuerza para obedecerlo, como vemos, en el v. 23. No 
tiene amor porque obra, sino que obra porque tiene 
amor. Cf. Luc. 7, 47 y nota. ' 

23. E' amor es el motor indispensable de la vida 
sobrenatural: todo aquel que ama, vive segun el Evan* 
gelto; el que no ama no puede cumplir los precepto« 



me ama, guardarå mi palabra, y mi Padre lo 
amarå, y vendremos a él, y en él haremos 
morada. 24 E1 que,no me ama no guardarå 
mis palabras; y la palabra que estais oyendo 
no es mia, sino del Padre que me envio." 

JestSs da su propia paz. 25 "Os he dicho estas 
cosas durante mi permanencia con vosotros. 
26pero el intercesor, el Espiritu Santo, que el 
Padre enviara en mi nombre, Él os lo ense- 
narå todo, y os recordarå todo 4o que Yo os 
he dicfto. 27 Os dej o la paz, os doy la paz 
mia; no os doy Yo como da el mundo. No 
se turbe vuestro corazon, ni se amedrente. 
28 Acabais de oirme decir: «Me voy y vol- 



de Cristo, ni siquiera conoce a Dios, puesto que Dios 
es amor (I Juan 4, 8). "Del amor a Dios brota de por 
si la obediencia a su divina voluntad (Mat. 7, 21; 
12, 50; Marc. 3, 35; Luc. 8, 21), la confianza en su 
providencia (Mat. 6, 25-34; 10, 29-33; Luc. 12, 4-12 
y 22-34; 18, 1-8), la oracion devota (Mat. 6, 7-8; 
7, 7-12; Marc. 11, 24; Luc. 11, 1-13; Juan 16, 23-24), 
y el respeto a la casa de Dios (Mat. 21, 12-17; Juan 
2, 16)" (Lesétre). 

24. Dios nos revela a este respecto su intimidad 
diciendo: "Como una mujer que desprecia al que la 
ama, asi me ha despreciado Israel" (Jer. 3, 20). Esto 
nos bace comprender que querer suplir con obras ma- 
teriales Ta.falta.de amor, seria como si una mujer 
que rechaza e) amor de un principe pretendtera con- 
sdlarlo ofreciéndole dinero. O como si un hijo que se 
aparte del hogar creyese que satisface a su padre 
con mandarie regalos. Véase la clara doctrina de S. Pa- 
blo en I Cor. 13, 1 ss. 

26. Jesus bace aqui quizå la mås estupenda de 
sus reyelaciones y de sus promesas. El mismo Bspiri* 
tu divino, que Él nos conquisté con sus méritos infi* 
nitos, se harå el inspirador de nuestra alma y el motor 
de nuestros actos, habitafido en nosotros (v, 16 s.). 
Tal es el sentido de lås palabras "os lo ensenarå todo", 
es decir, no todas las cosas que pueden saberse, sino 
todo lo vuestro, como maestro permanente de vuestra 
vida en todo instante. San Pablo confirma esto en 
Rom. 8, 14 llamando bijos de Dios a "los que son 
movidos por et Espiritu de Dios". Si bien miramos, 
todo el fruto de la Pasién de Cristo consiste en baber- 
nos conseguido esa maravttla de que el Espiritu de 
Dios, que es todo luz y amor y gozo, entre en nos- 
otros, confortåndonos, consolåndonos, inspiråndonos en 
todo momento y llevåndonos al amor de Jesus (6, 44 
y nota) para que Jesfis nos lleve al Padre (vv. 6 ss.) 
y asi el Padre sea glorificado en el Hijo (v. 13). Tal 
es el plan del Padre en favor nuestro (6, 40 y nota), 
de tal modo que la glorificacién de ambos sea tam- 
bién la nuestra, como se ve expresamente en 17, 2. 
Para entrar en nosotros ese nuevo rector que es el 
Espiritu Santo, solo espera que el anterior le ceda 
- T puesto. Eso quiere decir simplemente el "renun- 
ciarse a si mismo**. Os recordarå, etc.; es decir, trae- 
rå a la memoria en cada momento oportuno (Mat. 
10, 19; Marc. 13, l 1 ) las ensenanzas de Je«ns a 
Tos que se hayan preocupado de aprenderlas. Véase 
16, !3; Luc. Il, 13 y notas. 

28. El Padre es mås grande que Yo sicnifica que 
el Padre es el origen y el Hijo la derivaciån. Como 
dice S. Hilario, el Padre no es mayor que el Hijo 
en poder, eternidad o grandeza. sino en raz6n de que 
es principio del Hijo, a quien da la vida. Porque e! 
Padre nada recibe de otro alguno, mas el Hijo recibfl 
su naturaleza del Padre por eterna generacién, sin que 
ello implique imperfeccién en el Hijo. De ab i la inmen- 
sa gratitud de Jestis y su constante obediencia y ado- 
raci6n del Padre. Un buen hijo. aunque sea adulto 
y tan poderoso como su padre, siempre lo mirarå como 
a superior. Tal fué la constante caracteristica de Jesus 
(4, 34; 6, 38; 12, 49 s.; 17, 2S, etc), también cttan- 
do, como Verbo eterno, era la Palabra creadora y 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 14, 28-31; 15, 1-9 



141 



veré a vosotros.» Si me amaseis, os alegrariais 
de que voy al Padre, porque el Padre es mas 
grande que Yo. 29 Os lo he dicho, pues, antes 
que acontezca, para que cuando esto se veri- 
fique, creais. 30 Ya no hablaré mucho con 
vosotros, porque viene el principe del mundo. 
No es que tenga derecho contra Mi, 31 pero es 
påra que el mundo conozca que Yo * amo al 
Padre, y que obro segun el mandato que me 
dio el Padre. Levantaos, vamos de aqui." 

CAPfTULO XV 

La vid y los sarmientos. 1(, Yo soy la vid 
verdadera, y mi Padre es el vinador. 2 Todo 
sarmiento que, estando en Mi, no lleva fruto, 
lo quita, pero todo sarmiento que iieva fruto, 
lo limpia, para que lleve todavia mas fru- 
to. 3 Vosotros estais ya limpios, gracias a la 
palabra que Yo os he hablado. 4 Permaneced 

Sabiduria del Padre (1, 2; Prov. 8, 22 ss.; Sab. 7, 
26; 8, 3; Edi. 24, 12 ss., eta). Véase 5, 48 y nota; 
Mat. 24, 36; Marc 13, 32; Hech. 1, 7; I Cor. 15, 28 
y notas. El Hijo como hombre es menor que el Padre. 

30. El Principe del mundo: Satanås. Tremenda re- 
velacion que, expHcåndose por el triunfo originario 
de la serpiente sobre el hombre (cf. Sab. 2, 24 y nota), 
explica a SU vez las condenaciones implacables que 
a cada paso formula el Senor sobre todo lo mundano, 
que en cualquier tiempo aparece tan honorable como 
aparecian los que condenaron a Jesus. Cf. v. 16; 7, 
7; 12; 31; 15. :8ss.; 16, 11; 17, 9 y 14; Luc. 16, 15; 
Kom. 12, 2; Gal, 1, 4; 6. 14; I Tim. 6, 13; Sant. 1, 
27; 4, 4 ; I Pedr. 5, 8 ; I Juan 2, 15 y notas. 

31. No es por cierto a Jesus a quien tiene nada 
que reclamar el "acusador" (Apoc. 12, 10 y nota). 
Pero el Padre le encomendé las "ovejas perdidas de 
Israel" (Mat. 10, 5 y nota), y cuando vino a lo suyo, 
"los suyos 110 lo recibieron" (1, 11), despreciando el 
mensaje de arrepentimiento y perdon (Marc. 1, 15) 
que traia "para confirmar las promesas de los pa- 
triarcas" (Rom. !5. 8)- Entonces, como anunciaban 
misteriosamente las profecias desde Moisés (cf. Hech. 
3, 22 y nota), el Buen Pastor se entre?6 como un 
cordero (10, 11), Hbremente (10, 17 s.), dando cuanto 
ttnia, hasta la liltima gota de su Sangre, aparent*- 
mente vencido por Satanås para despojarlo de su es- 
critura contra nosotros clavåndola en la Cruz ( Col. 
2, *.4 s.), y realizar, a costa Suya, el anhelo salvador 
del Padre (6, 38; Mat. 26, 42 y notas) y "no solo 
por la nacion sino también para congregar en uno a 
todos los hijos de Dios dispersos' 1 (11. 52). viniendo 
a ser por su Sangre causa de eterna salud para judios 
y gentiles, como ensefia S. Pablo (Hech. 5. 9 s.). 

2. Lo limpia: He aqui encerrado todo el misterio de 
Job y el problema de la tentaciån y del dolor. Recor- 
démoslo para saber y creer, con la firmeza de una roca, 
que con cada prueba, siempre pasajera. nos estå prepa- 
rando nuestro Padre un bien mucho mayor. Es lo que 
la simple experiencia popular ha expresado en el ber- 
moso aforisme: "No hay mal que por bien no venga." 

3. "Esta idea de que la fe en la Palabra de Jesus 
bace limpio, es expresada aim mås claramente por 
S. Pedro al hablar de los gentiles que creyeron: «por 
su fe Dios purificé sus corazones» (Hech. 15, 9)." 
P. Jouon. Limpios significa aqui lo mismo que "po- 
dados"; por donde vemos que el que culttva con amor 
la Palabra de Dios, puede librarse también de la 
poda de la tribulacion (v. 2). 

4. Nosotros (los sarmientos) necesitamos estar uni- 
dos a Cristo (la vid) por medio de la gracia (la sav : a 
de la vid), para poder obrar santamente, puesto que 
s61o la gracia da a nuestras obras un valor sobrena- 
tural. Véase II Cor. 3, 5; Gal. 2, 16 ss. "La gracia 
y la gloria proceden de Su inexbausta plenitud. Todos 
los miembros de su Cuerpo mjstico, y sobre todo los 
mås importantes, reciLen del Salvador dones constan- 



en Mi, y Yo en vosotros. Asi como el sar- 
miento no puede por si mismo llevar fru£o, si 
no permanece en la vid, asi tampoco vosotros, 
si no permanecéis en Mi. 5 Yo soy la vid, vos- 
otros los sarmientos. Quien permanece en Mi, 
y Yo en el, lleva mucho fruto, porque sepa- 
rados de Mi no podéis hacer nada. ^i alguno 
no permanece en Mi, es arrojado fuera como 
los sarmientos, y se seca; después los recogerv y 
los echan al fuego, y se queman. 7 Si vosotros 
permanecéis en Mi, y mis palabras permanecen 
en vosotros, todo lo que queråis, pedidlo, y lo 
tendréis: 8 En esto es glorificado mi Padre: que 
llevéis mucho fruto, y seréis discipulos mios.** 

jEstfs DECLARA C6MO NOS AMA. ^'ComO mi 

tes de consejo, fortaleza, temor y piedad, a fin de 
que todo el cuerpo aumente cada dia mås en integri- 
dad y en sant'dadde vida" (Pio XII, Ene. del Cuer- 
po Mistieo). Cf. I Cor. 12, 1 ss.; Ef. 4. 7 ss. 

5. No podéis hacer nada: A explicar este gran mis- 
terio dedica especialmente S. Pablo su admirable Epis- 
tola a los Gålatas, a quienes llama **insen&atos" (Gål. 
3, 1) porque querian; como judaizantes salvarse por 
el solo cumplimiento de la Ley, sin aplicarse los mé- 
ritos del Redentor medjante la fe en Él (cf. el discur- 
so de Pablo a Pedro en Gal. 2, 11-21). La AI : anza a 
base de la Ley dada a Moisés no podia salvar. Sålo 
podia hacerlo la Promesa del Mesias hecha a Abrahån; 
pues el hombre que se somete a la Ley, queda obliga- 
do a cumplir toda la Ley, y como nadie es capaz de 
hacerlo, perece. En cambio Cristo vino para salvar 
gratuitamente* por la donaci6n de sus propios méritos, 
que se aplican a los que creen en esa Redencion gra- 
tuita, los cuales reciben, mediante esa fe (Ef. 2, 8 s.), 
el Espiritu Santo, que es el Espiritu del mismo Jesus 
(Gal. 4, 6)1 y nos hace hijos del Padre como Él (Juan 
1, 12), prodigåndonos su gracia y sus dones que nos 
capacitan para cumplir el Evangelio, y derramando 
en nuestros corazones la caridad (Rom, S. S), que es 
la plenitud de esa Ley (Rom, 13, 10; Gal. 5, 14). 

6. Triste es para el orgullo convencerse de que 
no somos ni podemos ser por nosotros mismos mås 
que sarmientos secos. Pero el conocimiento de esta 
verdad es condicién previa para toda auténtica vida 
espiritual (cf. 2, 24 y nota). De aqui deducia un 
ilustre prelado americano que la bondad no consiste 
en ser bueno, pues esto es imposible porque "sepa- 
rados de Mi no podéis hacer nada". La bondad cnn- 
siste en confesarse impotente y buscar a Jesus, para 
que de Él nos venga la capacidad de cumplir la vo- 
luntad del Padre como Él lo hizo. 

7. Esto es lo que S. Agustin expresa dictendo 
"ama y haz lo que quieras". Porque el que ama sabe 
qtie no hay mås bien que ése de poseer la amistad 
del amado, en lo cual consiste el gozo colmado (I Juan 
It 3-4); y entonces ' no querrå pedir sino ese bien 
superior, que es el amor, o sea el Espiritu Santo, 
que es lo que el Padre estå deseando darnos, puesto 
que Él nos ama infinitamente mås que nosotros a Él. 
Cf. Luc. U. 13 y nota; I Juan 5. 14 s. 

8. El futuro seréis (genésesthe) segun Merk esti 
mejor atestiguado que el subjnntivo seåis. Asi tam- 
bién Pi rot y otros modernes. El sentido, sin embargo, 
no fluye con clardad, por lo cual cabe mås bien. con 
la puntrtact6n correspondiente. refen'r la" glorificac'611 
del Padi e a lo dicho en el v. 7-, sentido por cierto be- 
Ilisimo y que coincide exactamente con 14. '3 v con 
17. 2. donde se ve que el Coraz6n paternal de Dios es 
glorificado en que nosotros rectbamos beneficios de 
nuestro Hermano Mayor. ^n tal caso este final queda 
como una senal que nos da Jesus en pleno acuerdo 
con el contexto: que (hina con optativo) vuestro sar- 
miento fructifique mucho y entonces sabréis que esta 
unido a la Vid, es decir, que sois realmente mis discipu- 
los, asi como por los frutos se conoce el årbol (Mat. 12, 
33; Luc, 6, 43 ss,), El caso inverse se ve en Mat. 7, 15. 

9. No se puede pasar en silenc/o una declaracién 



142 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 15, 9-27; 16, 1-2 



Padre me amé, asi Yo os he amado: perma- 
neced en mi amor. 10 Si conservais mis nianda- 
mientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo 
que Yo, habiendo conservado los mandamien- 
tos de mi Padre, permanezco en su amor. u Os 
he dicho estas cosas, para que mi propio gozo 
esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido. 
12 Mi mandamiento es que os améis unos a 
otros, como Yo os he amado. 13 Nadie puede 
tener amor mas grande que dar la vida por sus 
amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis 
esto que os mando. 15 Ya no os llamo mas sier- 
vos, porque -el siervo no sabe lo cjue hace 
su senor, sino que os he llamado amigos, por- 
que todo lo que aprendi de m.i .Padre, os lo 
he dado a conocer. 18 Vosotros no me esco- 



tan asombrosa como ésta. Jesus vino a revelarnos ante 
todo el amor del Padre, haciéndonos saber que nos 
amo hasta entregar por nosotros a su Hijo, Dios como 
Él (3, 16). Y ahora, al declararnos su propio amor, 
usa Jesus un término de comparacién absolutamente 
insuperabie, y casi diriamos increible, si no fuera di- 
cho por Él. Sablamos que nadie ama mås que el que 
da su vida (v. 13), y que Él la dio por nosotros (10, 
11), y hos amo hasta el fin (*3, I), y la do libre- 
mente (lOj 18), y que el Padre lo amo especialmente 
por haberia dado (10, 17); y he aqui que ahora nos 
dice que el amor que Él nos tiene es como el que 
el Padre le tiene a Él, o sea que Él, el Verbo eterno, 
nos ama con todo su Ser divino, infimto, sin limites, 
cuya esencia es el mismo amor (cf. 6, 57; 10, 14 s.). 
No podrå ei hombre escuchar jamås una noticia mås 
alta que esta "buena nueva", ni ireditar en nada 
mås santificante; pues, como lo hacia notar el Beato 
Eymard, lo que nos hace amar a Dios es el creer 
en el amor que Él nos tiene, Pcrmancced en mi amor 
signiftca, pues, una invitacion a p'ermanecer en esa 
privilegiada dicha del que se stente amado, para en- 
sefiarnos a no apoyar nuestra vida espiHtual sobre la 
base deleznable del amor que pretendemos tenerie a 
Él (véase como ejemplo 13, 36-38), sino sobre la roca 
eterna de ese amor con que somos amados por Él. 
Cf. I Juan 4, 16 y nota. 

!1, Porque no puede ex ; stir para el hombre mayor 
gozo que el de saberse amado asi. En 16, 24; 17, 13; 
I Juan 1, 4, etc, vemos que todo el Evangelio es un 
mens;ije de gozo fundado en el amor. 

14. Si hacéis esto que os mando, es decir, si os 
amåis mutuamente como acaba de decir en el v. 12 y 
repite en el v. 17, porque el mandamiento del amor 
es el fundamento de todos los demås (Mat. 7, 12; 
22, 40; Rom. 13, 10; Col. 3, 14). 

*$. Notemos esta preciosa reve!acion: lo que nos 
transforma de siervos en amigos. elevåndonos de la 
via purgativaa la unién del amor, es el conocimicn- 
to del mensaje que Jesus nos ha dejado de parte del 
Padre. Y Él mismo nos agrega cuån grande es la 
r'queza de este mensaje, que contiene todos los seere- 
tos que Dios comunicé a su propio Hijo. 

16. Hay en estas pa'abras de Jesus un inefahle 
: matiz de ternura. En ellas descubrimis. no solamente 
que de Él parte la iniciativa de nuestra eleccién; 
descubrimos también que su Corazén nos eliee aunque 
nosotros no lo hubiéramos elegido a Él. Tnfin'ta sua- 
vidad de un Maestro que no repara en humi'laciones 
porque es "manso y hunride de coraz6n" (Mat. 11, 
29). Tnfinita fuerza de nn amor que no repara en 
ingratitudes, porque no bnsca su prnpia conveniencia 
(T Cor. 13, 5). Vuestro ftuto permanezca: Es la ca- 
racteristica de los verdaderos d'scipulos; no el brillo 
exterior de su apostolado (Mat. '2. 19 y nota), pero 
si 'a transformaci6n interior de las almas. De igtial 
modo a los falsos profetas, dice Jesus, se les conoce 
por sus frutos (Mat. 7. 16), que consisten. segun 
S. Agustin, en la adhesfon de las gentes a ellos mis- 
mos y no a Tesucristo. Cf. 5, 43; 7, 18; 21, 15; Mat. 
26, 56 y notat. 



gisteis a Mi; pero Yo os escogi, y os he desig- 
nado para que vayiis, y lleveis fruto, y vues- 
tro fruto permanezca; para que el Padre os dé 
todo lo que le pidais en mi nombre. 17 Estas 
cosas os mando, para que os améis unos a 
otros." 

Los DiscfpuLos serån odiados. 18 "Si el mun- 
do os odia, såbed que me ha odiado a Mi antes 
que a vosotros. 18 Si fuerais del mundo, el 
mundo amaria lo suyo; pero como vosotros 
no sois del mundo — porque Yo os he entre- 
sacado del mundo — el mundo os odia. 20 Acor- 
daos de esta palabra que os dije: No es el 
siervo mas grande que su Seiior. Si me persi- 
guieron a Mi, también os perseguiran a vos- 
otros; si observaron mi palabra, observarån 
también la vuestra. 21 Pero os haran todo esto 
a causa de mi nombre, porque no conocen al 
^ue me envio. 22 Si Yo hubiera venido sin 
hacerles oir mi palabra, no tendrian pecado, 
oero ahora no tienen excusa por su pecado. 
?3 Quien me odia a M i odia también a mi 
Padre. 24 Si Yo no hubiera hecho en medio 
de eilos las obras que nadie ha hecho, no 
rendn'an pecado, mas ahora han visto, y me 
han odiado, lo mismo que a mi Padre. 25 Pero 
es para que se cumpla la palabra escrita en 
su Lcy; «Me odiaron sin causa.» 26 Cuando 
venga el Intercesor, que os enviaré desde el 
Padre, el Espfritu de verdad, que procede 
dei Padre, Él dara testimonio de Mi. 27 Y vos- 
otros también dad testimonio, pues desde -el 
jrincipio estais conmigo." 

CAPlTULO XVI 

Causa de la persecuci6n. ff1 Os he dicho esto 
para que no os escandalicéis. 2 Os excluirån 

18 ss. El mundo, que no recibe a Jesus, ni a su 
Espiritu, tampoco recibirå a sus discipulos. Con toda 
c!ar dad profetiza el divino Redeitcr las persecucio« 
nes, que prueban el caråeter sobrenatural de su Cuerpo 
misttco. El mundo odia lo sobrenatural en los cris- 
tianos, asi como lo ha odiado en Cristo. 

20, Observarån: esplarån (Scio). Cf. S. 16, 11; 55, 
7 v notas. 

21. Sera motiro de gloria para los discipu'os el 
odio y la persecucion por causa de] Nombre Santo, 
y una ocasi6n para afirmar su amor al Padre que 
nos envio a Tesus (cf. 16, 3; ''.Gal. 6, 14). 

25. Véase S. 34, 19; 68, 5. ■ - 

26 s. Intercesor: Otros vierten: Defensor. Hay aqui 
una bd'isima explicacion del dogma trinitario. El Es- 
piritu Santo procede del Padre y también del Hijo. 
Nuestra salvacion fué objeto del envto del Hijo por 
el Padre, que nos lo dio; ahora anuncia Jesus que 
nuestra santificacion va a ser objeto de la misién 
de otra Persona divina: el Espiritu Santo, que Él 
enviarå desde la diestra del Padre (16- 7 v nota). 
Dara test'monio de Mi, p. ej, en la Fagrada Escritura, 
que es por eso un "tesoro celestial" (Conc, Trid.). 
De] testimonio del Espiritu Santo sera inseparable 
'a predicacion y el testimonio de l^s apésto^es pnrque 
por su inspiraciån hablarån. Cf. Hech. 13, 9; Rom. 
9, l; I Tes. 1, 5; IT Pedr. l, 21. 

1 s. No os escandalicéis , al ver que la persecuciån 
viene a veces de donde ^menos podia esperarse, Jesiis 
nos previene para que no incurramos en el escåndalo 
de que babla en Mat. *3. 21. • 

2. Creerå hacer «» obsequio a Dios: es decir, que 



EVANGELIO SEGUN SAX JUAN IS, 2-20 



143 



de las sinagogas; y aun vendra tiempo en que 
cualquiera que os quite la vida, creera hacer 
un obsequio a Dios. 3 Y os haran esto, porque 
no han conocido al Padre, ni a Mi. *Os he 
dicho esto, para que, cuando el tiempo venga, 
os acordéis que Yo os lo habia dicho. No os 
lo dije desde el comienzo, porque Yo estaba 
con vosotros. 5 Y ahora Yo me voy al que 
me envio, y ninguno de vosotros me* pre- 
gunta: c'Adonde vas? ^ino que la tristeza ha 
ocupado vuestros corazones porque os he di- 
cho esto. 7 Sin embargo, os lo digo en verdad: 
Os conviene que me vaya-, porque, si Yo no 
me voy, el Intercesor no vendra a vosotros; 
mas si me voy, os lo enviaré. 8 Y cuando Él 
venga, presentara querella al mundo, por capi- 
tulo de pecado, por capitulo de justicia, y por 
capitulo de juicio: fi por capitulo de pecado, 

se llega a cometer los mås grandes ma!es creyendo 
obrar bien, o sea que, por falta de conocirniento de 
la verdad revtlada que nos bace libres (8; 32). caemos 
en los lazos del padre de la mentira (8, 44}. Por eso 
dice: porque no han conocido al Padre ni a Mi y esto 
es. no los conocian aunque presu ituosamente creian 
conocerlos para no inquietarse por su indiferencia 
(cf. Apoc. 3. 15 s.). Es ésta la "operacién del error'* 
(de que habla con tan tretnenda elocuenc a S. Pablo 
en TI Tes. 2» 9 ss.), a la cual Dios nns abaidona por 
no håber recibido con amor la verdad que e~stå en 
su Palaura (]7, 17), y nos deja que "creamos a la 
mentira". ^Acaso no fué éste e] pecado de Eva y de 
Adån ? Porque si no hubieran creido al engano de 
la serptente y confia.do en sus promesas, claro estå 
que no se habrian atrevido a desafiar a Dios. Nue?tra 
situaciån sérå mejor que la de ellos si aprcvecha- 
roos esta prevencion de Jesus. Rara vez hay quien 
haza el mal por el mal m : froo, y de ahl que li 
esnecialidad de Satanås. hab:lis:mo engafia€or, sea He- 
varnos al mal con apariencia de bien./ Ast Caifas 
con den 6 a Jesus, diciendo piadosamente que estaba 
escandalizado de oirlo blasfemar, y todos estuvieron 
de acuerdo con Cai fås y lo escupieron a Jesus por 
blasfemo (Mat. 26, 65 ss.). Él nos ammcia aqul 
que asi sucederå también con sus discipul )s (véase 
15, 20 ss.). 

4. Cuando Jesus estaba con ellos. Él los protegia 
contra tndo ("7, 12; 18, 8). 

5 s. Ya no os iuteresåis como an*es (13. 36; 14, 5) 
por saber ;o mio. que tanto debiera preocuparos, y 
s61o pensåis en vuestra propta tristeza. ignorando que 
mi partida sera origen de grandes bienes para vos- 
otros (v. 7). N6tese. en efecto, que cuando Jesus 
snhio al cie'o. sus discipulos ya no estaban tristes por 
aquella separact6n, sino que "volvieron llenos de 
gozo** (Luc. 24, 52). 

7. Se rofiere a Pentecostés (Hech. 2). El don del 
Espiritu (Luc. 24. 49 y nota), que es su pronio 
espiritu (Gal. 4 6). nos lo obtuvo Jesus del Pp- 
dre, como premio conquistado con su Sanere. Se 
entiende asi que el Espiritu Santo no fuese dado (7, 
39) hasta que Jesus *'una vez consumado*' (Hebr. 
5, 9 s.) por su pasion (Hebr. 2, 10) entrase en 
su rbna (Luc. 24, 26) semåndose a la diestra 
del Padre (S. 109, 1 ss. y notas). Cf. 20, 22 y 
nota. 

8. Prescntarå querella: "Desde entonces el mundo 
es un reo, sentado en pi banquillo de Dios. perpe- 
tuamente acusado por el Espintu. ,) Como podria tener 
la simnntia del creyente si no es por la enganosa 
seducrinn de sus ea'as?" 

9. Tesns se refiere unicamente al pecado de in- 
credulidad. mostråndonos que tal es el pecado 
por antonomasia, porque pone a prueba la recti- 
tud del corazon. Véase 3, 19; 3. 36; 7, 17; 8, 
24; 12, 37 . niicntes; Marc. 3, 22; Rom. il, 32 y 
notas. 



porque no han creido en Mi; 10 por capitulo 
de justicia, porque Yo me yoy a mi Padre, y 
vosotros no me veréis mas; "por capitulo de 
juicio, porque el principe de este mundo estå 
juzgado. 13 Tengo todavia mucho que deciros, 
pero no podéis soportarlo ahora. 13 Cuando 
venga^ Aquél, el Espiritu de verdad, Él os con- 
ducira a toda la verdad; porque Él no hablarå 
por Si mismo, sino que dirå lo que habra oido, 
y os ^anunciara las cosas por venir. 14 É1 me 
glorificara, porque tomara de lo mio, y os 
(lo) declararå. Todo cuanto tiene el Padre 
es mio; 15 por eso dije que Él tomara de lo 
mio, y os (lo) declararå." 

Me volveréis a ver. 16 "Un poco de tiempo 
y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me 
volveréis a ver, porque me voy al Padre." 
17 Entonces algunos de sus discipulos se dijeron 
unos a otros: "<(Qué es esto que nos dicer «Un 
poco, y ya no me veréis; y de nuévo un poco, 
y me volveréis a ver» y: «Me voy al Padre?*" 
18 Y decian: "éQué es este <poco» de qtfe 
habla? No sabemos lo que quiere decir." lfi Alas 
Jesus coiocio que tenfan déseo de interrogarlo ; 
y les dijo: * f Os preguntåis entre vosotros que 
significa lo que acabo de decir: <Un poco, 
y ya no me veréis, y de nuevo un poco, y me 
volveréis a ver.» 2°En verdad, en verdad, os 
digo, vosotros vais a Ilorar y gemir, mientras 
que el mundo se va a regocijar. Estaréis con- 
tristados, pero vuestra tristeza se convertirå 



10. Es decir porque Él va a ser glorificado por el 
Padre. con lo cual quedarå de manifiesto su santidad; 
y entre tanto sus discipulos* aunque privadns de la 
presencia visible del Maestro* serå-v cmducidos por el 
Paracito al cumplimiento de toda justicia. con lo cual 
su vida sera un reprocbe constante para el mundo 
pecador. 

1 1. E' Espiritu Santo darå contra el espiritu mun- 
dano este tremendo tes ti mon io, que con ^i s te en demos* 
trar que, no obs tan te las virtudes que suele preronar, 
tiene como rector al mismo S al. "nå s. Y asi como ha 
quedado demostraria la justicia de la caufa de Cristo 
(v. 10). quedarå también evidenciada. para los hijos 
de la sabiduria humana, la condenaciån de la causa 
de Satanås. Esto no quiere decir que ya esté cum- 
plida plenamente la sentenc'a con'ra el diabio y sus 
andeles. Véase II Pedro 2« 4; Judas 6; Apoc. 20, 3, 
7 y 9. 

13. El Espiritu Santo, que en el Ant. Test. "habt& 
por los Prof etas 1 *, tnspiro también los Libros del 
Nuevo, que presentan las ensenanza* de Jesus, desen* 
vuelven su contenido y rcvclan Ibs cosas faturas. objeto 
de nuestra esperanza, No significa. pues, que cada un© 
de nosotros haya de recibir una revelaci6n pirticu'ar 
del Espiritu San'o, sino que dcbemos preocunarnos 
por conncer !as profecias hiblicas y rto despreciarlas 
(véase 14. 26 y nota: I Tes. 5. 20). 

16 ss. S. Affust'tn bace notar que ese otro poco dø 
t>empo es el que empieza después de la A*censi6n, 
que es cuando Jesus se va al Padre. o sea. que lo 
volveremos a ver cuandn ven?a de a!li a juzerar a los 
vivos y a Ins muertos. E^ta interpre^aciån se dednce 
del v. 20, donde Jesus se refiere a ] a ale"Tia del mundo 
y a las perserurinn<*s del tiempo presente. como tam- 
bién lo indica Sto. Tomas. Por eso cuando Él vuelva 
nadie no«= quitarå el yozo (v. 2 9 V ^ T éaRe 14. 3. IS 
y 28. "Es anade el doctor de Hipona, una promesa 
que se dirige a toda la Iglesla. F«te pncn de tiempo 
nos parece bien largo, porque dura todavia, pero 
cuando haya pasado, comprenderemos entonces cuån 
corto tué". Cf. Cant. 1, 2; 8, 14 y notas. 



144 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 16, 20-33; 17, 1-5 



en gozo. 21 La mujer, en el momento de dar 
a luz, tiene tristeza, porque su hora ha lle- 
gado; pero, cuando su hijo ha nacido, no se 
acuerda mås de su dolor, por el gozo de que 
ha nacido un hombre al mundo. 22 Asi tam- 
bién vosotros, tenéis ahora tristeza, pero Yo 
volveré a vcros, y entonces vuestro corazon 
se alegrara y nadie os podra quitar vuestro 
gozo. 23 En aquel dia no me preguntaréis mas 
sobre nada. En verdad, en verdad, os digo, lo 
que pidiercis al Padre, Él os lo dara en mi 
nombre. 24 Hasta ahora no habéis pedido nada 
en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que 
vuestro gozo sea colmado." 

Tenfd confianza. *' 2r) Os he dicho estas cosas 
en paråbolas; viene la hora en que no os ha- 
blaré mås en paråbolas, sino que abiertamente 
os daré noricia del Padre. 26 En aquel dia pedi- 
réis en mi nombre, y no digo que Yo rogaré 
al Padre por vosotros, 27 pues el Padre os 
ama Él mismo, porque vosotros me habéis 
amado, y habéis creido que Yo vine de Dios. 
28 Sali del Padre, y vine al mundo; otra vez 



23. En aquel dia: Véase 14, 20. No me pregunta- 
réis mås: Cf. Hebr. 8, li; Jer. 31, 34. 

24. En mi nombre: por el conocimiento que tenéis 
de mi bondad, y de todas mis promesas. La falta de 
este conocimiento es lo que explica, segun S- Agus- 
tin, que tantas veces la oracion parezca ineficaz, 
pues se pi de en nombre de un Cristo desfigurado a 
quien el Padre no reconoce por su Hijo. Véase 14, 
13 s.; 14, 20; 15, 11; I Juan 5, 14; Mat. 7, 7; Marc. 
11, 24; Sant. 1, 6 s.; 4, 3. Pedid, etc: Algunos tra- 
ducen. "pedid que vuestro gozo sea completo, y 
recibiréis" (lo que pedis), lo cual significaria que 
se nos promete no ya tales o cual es bi enes pedidos, 
para que nos gocemos en ellos, sino que se nos pro- 
mete el gozo mismo, como un bien inmenso, el gozo 
que el propio Jesus tenia (17, 1-3), la alegria del cora- 
z6n que debe tenerse siempve (Filip, 4, 4; Tob, S, 11) 
y que, siendo un fruto del Espiritu Santo (Gal. S, 22), 
es explicable que se conceda a todo el que lo pida. pues 
si los malus sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos, 
mucho mås nos darå el Padre Celestial su buen Es- 
piritu (Luc. 11, 13 y nota); {Admirable prome'sa de 
felicidad! Porque conceder asi el gozo permanente 
a todo e] que lo pida, no es sélo hacernos segura- 
mente felices, sino también darnos una fuente in- 
exhausta de santidad (Ecli. '30. 23, Vulgata). iNo es 
esto lo que se nos ensena a pedir ya en el S. 50. 10 
y 14? No quiere Jesus que pongamos nuestra felici- 
dad en la posesion de determinados bienes, que pueden. 
no convenirnos, y por eso Santiago ensena que a 
veces pedimos y no recihimos (Sant. 4, 3); sino que 
piriamos el don del gozo espiritual, que es en si mismo 
alegria inalterable. *como la de aquel "hombre feliz 
que no tenia camisa". 

26 s. No digo que rogaré. Rasgo de indecible deli- 
cadeza, Bien sabemos que rogarå siempre por nos- 
otros (Hebr. 7. 24 s.), como que tal es su Ministerio 
de Sacerdote Eterno (Hebr. 8, 2; 9, 11 y 24). V Él 
mismo nos di jo: "nadie va al Padre sino por Mi" 
C'4, 6). Pero aqui muestra su empeno de que la 
gloria y el amor sean para el Padre, y pnr eso. para 
inclinar hacia Ésle nuestro agradecimiento, nos> dice 
que el mismo Padre nos ama. El ideal de Jesus es 
que nos arne tanto como a Él (17, ?6). V esa verdad 
de que no vamos al Padre sino por Él, se ctimple tam- 
bién aqui, pues Jesus ha sido el instrumento de pro- 
piciacién (Rom. 3, 25), y si, ademås del perdén, 
gozamos de ese amor del Padre es por haherlo amado 
a Jesus, como dice también en 14, 23: "Si alguno 
me ama — mi Padre lo amarå". 

28. Retorno al Padre: alli, hecho causa de eterna sa- 



dejo el mundo, y retorno al Padre." 29 Dijé- 
ronle los discipulos: "He aqui que ahora nos 
hablas claramente y sin paråbolas. 30 Ahora sa- 
bemos que conoces todo, y no necesitas que 
nadie te interrogue. Por esto creemos que has 
venido de Dios." 31 Pero Jesus les respondiå: 
"iCreéis ya ahora? 32 Pues he aqui cjue viene 
la hora, y ya ha llegado, en que os dispersaréis 
cada uno por su lado, dejandome enteramente 
solo. Pero, Yo no estoy solo, porque el Padre 
esta conmigo. 33 Os he dicho estas cosas, para 
que halléis paz en Mi. En el mundo pasais 
apreturas, pero tened confianza: Yo he ven- 
cido al mundo." 

CAPITULO XVII 

jEStJS ORA POR LA GLORIA DEL PADRE Y POR SXJ 

propia glorificacion. 3 Asi hablo Jesus. Des- 
pués, levantando sus ojos al cielo, dijo: "Padre, 
la hora es llcgada; glorifica a tu Hijo, para 
que tu Hijo te glorifique a Ti; 2 — conforme al 
senorio que le conferiste sobre todo cl género 
humano — dando vida eterna a todos los que 
Tu le has dado. 3 Y la vida eterna es: que 
te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a 
Jesucristo Enviado tuyo. 4 Yo te he glorif i- 
cado a Ti sobre la tierra dando acabamiento 
a la obra que me confiaste para realizar. 
5 Y ahora Tu, Padre, glorificamc a Mi junto 



lud (Hech. 5, 9) y ofreciendo por nosotros su sacrificio 
del Calvario (Hech. 7, 24 s. ; 8, 1 ss.; 9, 11-14), Jesus 
es el Pontifice (Hebr. 5, 10; 6, 20; 7, 28; S. 109, 4 y 
nota), el puente entre Dios y nosotros (Hebr. 13, 10 
y 15), el Don del Padre a nosotros (3, 16) y Don de 
nosotros al Padre Es la "respiracion del alma" que 
continuamente lo recibe a Él como oxigeno de vida (cf. 
15, 1 ss.) y lo devuelve, para gloria de Ambos, al 
Padre que tiene en Él toda su coinplacencia (Mat. 17, 
5). Todo el Evangelio estå aqui, y sus discipulos no 
tardan en advertirlo (y. 29 s.), dejando sus friquietudes 
del v. 19, si bien creén erroneamente que ya llego el 
feliz dia del v. 28 (cf. v. 16 y nota). De ahi la recti- 
ficacion que el divino Profeta les hace en v. 31 s. 
1 ss. Jesus, que tanto oro al Padre "en los dias 
de su carne*' (Hebr. 5, 7), pronuneia en alta voz 
esta oracién sublime, para dejarnos penetrar la inti- 
midad de su corazon lleno todo de amor al Padre y 
a nosotros* Dando a conocer el Nombre de Padre 
(v. 6 ss.) ha terminado la misién que Él le enco- 
mendo (v. 4). Ahora el Cordero quiere ser entregado 
como victima *'en manos de los hombres" (!4, 31 y 
nota) , pero apenas hace de ello una vaga feferencia 
en el v. 19. "Es pues con razon que el P. Lagrange 
intitula el c. 17: Or<xc\6n de Jesés por la unidad, de 
preferencia al titulo de Oracion sacerdotal, que ordi- 
nariamente se le da siguiendo al luterano Chytraeus 
Koohhafen f 1600;* (Pirot). 

2. Que tu Hijo te glorifique. , . dando vidn eterna: 
Meditemos aqui el abismo de hondad en el Padre y 
en el Hijo, ante tan asombrosa revelacion. En este 
momento culminante de la vida de Jesus, en esta con- 
versacion intima que tiene con su Padre, nos entera- 
mos de que la gloria que el Hijo se dispone a dar al 
Eterno Padre, y por * la cual ha suspirado desde la 
eternidad, no consiste en ningun vago misterio ajeno 
a nosotros, sino que todo ese infinito anhelo de ambos 
estå en darnos a nosotros su propia vida eterna. 

3. El conocimiento del Padre y del Hijo —obra 
del Espiritu de ambos *'que hablé por los profetas" — 
se vuelve vida divina en el alma de los creyentes, los 
cuales son "participes de la naturaleza divina" (II 
Pedro 1, 4). Cf. v. 17 y nota; Sab. 15, 3. 

5. Es evidente, como dice S. Agustin, que si pide 



KVANGELXO SBGUN SAN JUAN 17, 5-21 



145 



a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve 
antes que el mundo existiese." 

Ruega por los discipulos. 6 "Yo he mani- 
festado tu Nombre a los hombres que me 
diste (apartdndolos) del mundo. Eran tuyos, 
y Tu me los diste, y ellos han conservado tu 
palabra. 7 Ahora saben que todo lo que Tu 
me has dado viene de Ti. 8 Porque las pala- 
bras que Tu me diste se las he dado a ellos, 
y ellos las han recibido y han conocido verda- 
deramente que Yo sali de Ti, y han creido 
que eres Tu quien me has enviado. 9 Por ellos 
ruego; no por el mundo, sino por los que Tu 
me diste, porque son tuyos. 10 Pues todo lo 



lo que desde la eternidad tenia. no lo pide para su 
Persona divina, que nunca lo habia psi\ J ido, sino para 
su Humanidad santisima, que en lo sucesivo tendrå 
la misma gloria de Hijo de Dios, que teriia el Verbo 
(cf. v. 22; S. 2, 7 y nota). 

6. Tu nombre, es decir, "a Ti mismo, lo que Tu 
eres, y por sobre todo, el hecho de que eres Padre" 
(Jouon). 

7. Hemos visto a traves de todo este Evangelio 
que la preocupacion constante de Jesus fué mostrar 
que sus palabras no eran de Él sino del Padre. Véase 
12, 49 s. 

8. Ellos las han recibido y han creido: Admire- 

mos, en esta conversacion entre las Personas divinas, 
el respeto, que bien puede llamarse hum Ide, por la 
libertad de espiritu de cada hombre, no obstante ser 
Ellos Omnipotentes y tener sobre tus creaturas todos 
los derechos. Nada mås contrario, pues, a las ense- 
nanzas divinas, que el pretender forfar a los homhres 
a que crean, o castigar a los qu? no aceptan la fe. 
Véase Cant. 3, 5; Ez. 14, 7 y notas. 

9 ss. Nueva y terrible sentencia contra el mundo 
(véase 14, 30; "5. 18; !6, 11 y notas). jNotese el 
sentido! 1' Por ellos ruego.., porque son tuyos: pues 
todo lo tuyo me es infin'tamente amable solo por ser 
cosa del Padre a quien amo. Es decir, que nosotros, 
sin saberlo ni^ merecerlo, disfrutwnos de un titulo 
irresistible ?1 amor de Jesus, y es: el solo hecho 
de que somos cosa del Padre y hemos sido encomen- 
dados por Él a Jesus a Quien el Padre le encaryo que 
nos salvase (6, 37-40). 2* En ellos he sido glori'icado, 
es decir, a causa de ellos (cf. v. 19). I*a gloria del 
Hijo consiste corao la del Padre (v. 2 y nota), en 
hacernos el hien a nosotros. Jesus ya nos habia dicho 
en 10, !7, que el amor de su Padre, que es para el 
Hijo la suma gloria, lo recihe Él por eso: porque 
pone su vida por nosotros (véase alli la nota). Ante 
abismos como éste, de una hondrd y un amor, y unas 
promesas que jamås habria podido concebir el mås 
audaz de los amhiciosos, comprendemos que todo el 
Evansrelio y toda Ja divina Escritura tienen que estar 
dic*ados por ese amor, es decir, impregnado* de esa 
bondad hacia nosotros, porque Dios es siempre el 
mismo. De aqui que para entender la Bihlia hay que 
preguntarse, en cada pasaje, qué nueva prueb\ 6*6 
amor y de misericordia quiere manifestarnos all i el 
Padre, o Jesus. ^Es éste el espiritu con que la leemos 
nosotros? El que no entiende, es porque no ama, dice 
el Criså'tomo; y el que no ama, es porque no se cree 
amado, dice S. Agustin. También en otro sentido el 
Hijo ha sido glorificado en nosotros, en cuanto 
somos fU trofeo. Si no pudiera mostrarnos al Padre 
y al universo como frutos de su ccquista, ide qué 
serviria toda su hazana, toda la epopeya de su vida? 
Vemos aqui la importancia abismante que se nos atri- 
buye en el seno de la misma Div'nidad, en los colo- 
quios del Hijo eon el Padre, y si vale la pena pensar 
en las mentiras del mundo ante una reilidad como ésta. 
Porque si somos del mundo. Él ya no ruega por nos* 
otros, como aaui lo dice. Entonces quedamos exclui- 
dos de su Redencion, es decir, que nuestra perdiciån 
es segura. 



mfo es tuyo, y todo lo tuyo es mio, y en ellos 
he sido glorificado. n Yo no estoy ya en el 
mundo, pero éstos quedan en el mundo mien- 
tras que Yo me vov a Ti. Padre Santo, por 
tu nombre, qué Tu me diste, guardalos para 
que sean uno como somos nosotros. 12 Mientras 
Yo estaba con ellos, los guardaba por tu Nom- 
bre, que Tu me diste, y los conservé, y nin- 
guno de ellos se perdio sino el hijo de per- 
diciån, para que la Escritura fuese cumplida. 
13 Mas ahora voy a Ti, y digo estas cosas 
estando (aun) en el mundo, para que ellos 
tengan en si mismos el gozo cumplido que 
tengo Yo. 14 Yo les he dado tu palabra y el 
mundo les ha tornado odio, porque ellos ya 
no son del mundo, asi como Yo no soy del 
mundo. 15 No ruego para que los quites del 
mundo, sino para que los preserves del Ma- 
ligne 16 Ellos no son ya del mundo, asi como 
Yo no soy del mundo. 17 Santificalos en la 
verdad: la verdad es tu palabra. 18 Como Tu 
me enviaste a Mi al mundo, también Yo los 
he enviado a ellos al mundo. 19 Y por ellos me 
santifico Yo mismo, para que también ellos 
20 sean santificados, en la verdad." 

Ruega por todos los que van a creer en Él! 
20 "Mas no ruego solo por ellos, sino también 
por aquellos que, mediante la palabra de ellos, 
crean en Mi, 2I a fin de que todos sean uno, 
como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti, a fin de 
que también ellos sean en nosotros, para que 
el mundo crea que eres Tu el que me enviaste. 



11. Véase 18, 36; Mat. 16, "6ss. y notas. 

12. El hijo de perdiciån es Judas. Véase Marc. M, 
21; S. 40, 10; 54, 14; Hech. 1, 16. Hijo de perdicion 
se llama también al Anticristo (II Tes. 2, 3). 

15. Es lo que imploramos en la ultima peticién 
del Padre nuestro (Mat. 6, 13). 

17. ''Vemos aqui hasta qué punto el conocimiento 
y amor del Evangelio influye en nuestra vida esgi- 
ritual. Jesus habria podido decirle que nos sant'ficase 
en la caridad, que es el supremo mandamiento. Pero 
Él sabe muy bien aue ese amor viene del conoci- 
miento (v. 3). De ahi que en el p'an dhrTno se nas 
envio primero al Verbo, o sea la Palabra. que es 
la luz; y luego, como fruto de Él, al Espiritu Santo 
que es el fue^o, el amor". Cf. S. 42 s 3. 

19. Por ellos me santifico: Vemos aqui una vez 
mås el caråeter espontåneo del sacrific'o de Jesus. 
Cf. 14, 31 y nota. En el lenguaje liturgico del Anti- 
guo Testamento "santificar'* es segre^ar para Dios. 
En Jesus esta segregacioi es su muerte, segreracién 
fisica y total de este mundo (v. 1\ y 13); para los 
discipulos, se trata dt un divorcio del mundo (v. 
14-16) en orden al apostolado de la verdad que 
santifica (v. 3 y 17). 

20. I^a fe viene del poder de la pa t abra evam:élica 
(Rom. 10. 17), la cual nos mueve a obrar por amor 
(Gal. 5, 6). La orac'on omnipotente de Tesus se pone 
aqui a disposicion de los verdaderos predi-adores *de 
la pa!ahra revelada, para darles eficacia sobre los que 
la escuchan. 

21. Para que el mundo crea: Se nos da aqui otra 
regla infalible de apologétka sobrenatural (cf. 7, 17 
y nota), que comcide con ©1 sello de los verdaderos 
discipulos, senalado por Jesiis en 13, 35. En ellos 
el poder de la palahra divina y el vteor de la fe se 
manifestarån por la union de sus corazones (cf. nota 
anterior), y el mundo creerå entonces, ante' el e«pec- 
tåculo de esa mutua caridad, qu* se ftmdarå en la 
comdn participaciån a la vida divina (v. 3 y 22). 
Véanse los vv. 11, 23 y 26. 



146 



EVANGELIO SEOLTN SAN JUAN 17, 22-26; 18, 1-10 



22 Y la gloria que Tu me diste, Yo se la he 
dado a ellos, para que sean uno como nosotros 
somos Uno: ^Yo en ellos y Tu en Mi, a fin 
de que sean perfectamente uno, y para que ei 
mundo sepa que eres Tu quien me enviaste y 
los amaste a ellos como me amaste a Mi. ^Pa- 
dre, aquellos que T Tu me diste quiero que estén 
conmigo en donde Yo esté, para que vean 
la gloria mfa, que Tu me diste, porque me 
amabas antes de la creacion del mundo. ^a- 
dre' Justo, si el mundo no te ha conocido, te 
conozco Yo, y éstos han conocido que eres 
Tu el que me enviaste;' 26 y Yo les hice cono- 



22. Esa gloria es la divina naturaleza, que el Hijo 
recibe del Padre y que nos es comunicada a nosotros 
por el Espiritu Santo mediante el misterio de la 
adopcion como hijos de Dios, que Jesus nos conqui^to 
con sus méritos infinitos. Véase 1, 12 s.; Ef. 1. 5 
y notas. 

23. Perfectamente uno: jconsumarse en la unidail 
divina con el Padre y el Hijo! No hay pantehmo 
brahmånico que pueda compararse a es to, Creados a 
la imagen de Dios, y restaurados lu ego de nuestra 
degeneraciån por la inmolacion de su Hijo, somos he- 
chos hijos como Él (v. 22) ; partic'pes de la natura- 
leza divina (v, 3 y nota); denominados "dtoses" por 
el mismo Jesucristo (10, 34); vivimos de su vida 
misma, como Él vive del Padre (6, 58), y, como si 
todo esto no fuera sufictente, Jesus nos da todos sus 
méritos para que el Padre pueda considerarnos cohe- 
rederos de su Hijo (Rom. 8, 17) y llevarnos a esta 
consumacion en la Unidad, hechos semejantes a Jesus 
(I Juan 3, 2), aun en el cuerpo cuando Él venga 
(Filip. 3, 20 s.), y compartiendo eternamente la misma 
gloria que su Humanidad santisima tiene hoy a la 
diestra del Padre (Ef, 1, 20; 2, 6) y que es igual 
a la que tuvo siempre como Hijo Unigénito de Dios 
(v. 5). 

24. Que estén conmtgo: I^iteralmente: que sean 
conmigo. Es el complemento de lo que vimos en 14, 
2 ss. y nota. Este Hermano mayor no concibe que 
Él pueda tener, ni aun ser, algo que no tengamos o 
seamos nosotros, Es que en eso mismo ha hecho con- 
sistir su gloria el propio Padre (v. 2 y nota). De ahi 
que las palabras: para que vean la gloria mta quieren 
decir: para que la compartan, esto es-, la tengan 
igual que Yo. San Juan usa aqui el verbo theoreo, 
como en 8, 51, donde ver significa gustar, experimen- 
tar, tener. En efecto, Jesus acaba de decirnos (v. 22) 
que Él nos ha dado esa gloria que el Padre le di6 
para que lleguemos a ser uno con Él y su Padre, y 
que Éste nos ama lo mismo que a Él (v. 23). Aqu'i, 
pues, no se trata de pura contempIaci6n sino de par- 
ticipacion de la misma gloria de Cristo, cuyo Cuerpo 
somos. Esto estå dicho por el mismo S. Juan en 

1 Juan 3, 2; por S. Pablo, respecto de nuestro cuerpo 
(Filip, 3, 21), y por S. Pedro aun con referenda a 
la vida presente, donde ya somos "coparticipes de la 
naturaleza divina" (II Pedr. 1, 4; cf, I Juan 3, 3). 
Esta divinizaciån del hombre es consecuencia de que, 
gracias al renacimiento que nos da Cristo (cf. 3, 

2 ss.), Él nos hace "nacer de Dios*' (1, 13) como 
hijos verdaderos del Padre lo mismo que Él (I Juan 

3, 1). Por eso Él llama a Dios "mi Padre y vuestro 
Padre'*, y a nosotros nos llama "hermanos*' (20, 17). 
Este v. vendria a ser,asi, como el remate sumo de 
la Revelacidn, la cuspide insuperable de las prome- 
sas biblicas. la igualdad de nuestro destino con el 
del propio Cristo (cf. 12, 26; 14, 2; Ef. 1, 5; I Tes. 

4, I7;_ Apoc. 14, 4). Nåtese que este amor del Padre 
al Hyo "antes de la creaciån del mundo" existié 
también para nosotros desde entonces, como lo ensena 

5, Pablo al revelar el gran "Misterio" escondido 
desde todos los siglos. Véase Ef. 1, 4; 3, 9 7 notas. 

25. Notemos el tono # dulcisimo con que habia aqui 
a su Padre como un hijo pequeno y -fiel que quisiera 
consolarlo de la ingratitud de los demås. 

26. Aqui vemos compendiada la misiån de Cristo: 



cer tu nombre, y se lo hare conocer para que 
el amor con que me has amado sea en ellos 
y Yo en ellos." 

IV. PASION y muerte 
DE JEStJS 

(18,1-19,42) 

CAPITULO XVIII 

Jestjs es tomado preso. iDespués de hablar 
asi, se fué Jesus acompanado de sus discipulos 
al otro lado del torrente Cedron, donde habia 
un huerto, en el cual entro con ellos. 2 Y Ju- 
das, el que lo entregaba, conocia bien este 
lugar, porque Jesus y sus discipulos se habian 
reunido alli frecuentemente. 3 Judas, pues, to- 
mando a la guardia y a los satélites de los 
sumos sacerdotes y de los fariseos, llegd alli 
con linternas y antorchas, y con armas. en- 
tonces Jesus, sabiendo todo lo que le habia de 
acontecer, se adelanto y les dijo: "^A quién 
buscais?" 5 Respondiéronle: "A Jesus el Na- 
zareno." Les dijo: *'Soy Yo." Judas, que lo 
entregaba, estaba alli con ellos., ®No bien les 
hubo dicho: "Yo soy", retrocedieron y ca- 
yeron en tierra. 7 De nuevo les pregunto: 
"iA quién buscais?" Dijeron: "A Jesus de 
Nazaret." 8 Respondio Jesus: "Os he dicho 
que soy Yo. Por tanto si me buscais a Mi, 
dejad ir a éstos' 1 ; 9 para que se cumpliese la 
palabra, que Él habia dicho: "De los que 
me diste, no perdi ninguno." 10 Entonces Si- 
mon Pedro, que tenia una espada, la desen- 
vaino e hirio a un siervo del Sumo Sacerdote, 
cortandole la oreja derecha. El nombre del 

dar a conocer a los hombres el amor del Padre que 
los quiere por hijos, a fin de que, por la fe en 
este amor y en el mensaje que Jesus trajo a la tierra, 
puedan poseer el Espiritu de adopcion, que habitarå 
en ellos con el Padre y el Hijo. I<a caridad mås grande 
del Corazon de Cristo ha sido sin duda alguna este 
deseo de que su Padre nos amase tanto como a Él 
(v. 24). I^o natural en el hombre es la envidia y el 
deseo de conservar sus privilegios. Y mis aun en ma- 
teria de amor, en que queremos ser los unicos. Jesus, 
al contrario de nosotros, se empena en dilapidar el 
tesoro de la divinidåd que trae a manos llenas (v. 22) 
y nos invita a vivir de tX esa plenitud de vida 
divina (1, 16; IS, t ss.) como Él la vive del Padre 
(6, 58). Todo estå en creer que Él no nos engana 
con tanta grandeza (cf, 6, 29). 

1. El huerto se llamaba Getsemani. Ya en el si- 
glo IV se veneraba alli la memoria de la agonia del 
Senor, en^ una iglesia cuyos cimientos se han descu- 
bierto recientemente. David, como figura de Cristo, 
atravesé también este torrente huyendo de su propio 
hijo. Véase II Reyes !3, 23. 

8. Dejad ir a éstos: I<o primero que el corazån 
sugiere a Jesus, en momento tan terrible para Él, es 
salvar a sus discipulos. Y se cuida de llamarlos 
tales para no exponerlos al peligro que cae sobre Él. 

9. I<a cita que aqui se hace (de 17, 12) no se re- 
fiere a que Él les salvase la vida corporal sino la 
espiritual. Es que sin duda ésta depende aqui de 
aquélla, pues si los discipulos, r«ue lo ahandonaron 
todos en ese momento de su prision, hubiesen si^o 
presos con Él, habrian tal vez caido en la aposta- 
sia (recuérdense las negaciones de Pedro). S6I0 cuan- 
do el Espiritu Santo los confirmå en la fe, dieron 
todos la vida por su Maestro. 



EVANGELIO SBGUN SAN JUAN 18, 10-37 



147 



siervo era Malco. 11 Mas Jesus dijo a Pedro: 
"Vuelve la espada a la vaina; ino he de beber 
el caliz que me ha dado el Padre?" 

Jesus ante Anas y Caifås. Necacion de 
Pedro. 12 Entonces la guardia, el tribuno y los 
satélites de los judios prendieron a Jesus y 
lo ataron. 33 Y lo condujeron primero a Anas, 
porque éste era el suegro de Caifas, el cual 
era Sumo Sacerdote en aquel ano. ( 24 )Pero 
Anas lo envio atado a Caifås, el Sumo Sacer- 
dote. 14 Catf ås era aquel que habia dado a los 
judios el consejo: "Conviene que un solo 
hombre muera por el pueblo." 

15 Entretanto Simon Pedro seguia a Jesus 
como también otro discipulo. Este discipulo, 
por ser conocido del Sumo Sacerdote, entro 
con Jesus en el palacio del Pontifice*, 1 fmas 
Pedro permanecia fuera, junto a la puerta 
Salio, pues, aquel otro discipulo, conocido del 
Sumo Sacerdote, hablo a la portera, y trajo 
adentro a Pedro. 17 Entonces, la criada porte- 
ra dijo a Pedro: '^No eres tu también de los 
discipulos de ese hombre?" Él respondio: 
"No soy.' 1 18 Estaban alli de pie, calentåndose, 
los criados y los satélites, que habian encen- 
dido un fuego, porque hacia frio. Pedro es 
taba también en pie con ellos y se calentaba 
19 EI Sumo Sacerdote interrogo a Jesus sobre 
sus discipulos y sobre su ensenanza. 20 Jesus le 
respondio: "Yo he hablado al mundo publica- 
mente; ensené en las sinagogas y en el Tern- 
plo, adonde concurren todos los judios, y nada 
he hablado a escondidas. 21 <;Por que me inte- 
rrogas a Mi? Pregunta a los que han oido, qué 
les he ensenajio-, ellos saben lo que Yo he di- 
cho." 22 A estas palabras, uno de los satélites. 
que se encontraba junto a Jesus, le dio una 
bofetada, diciendo: "dAsi respondes Tu al Su- 
mo Sacerdote?" 23 Jesus le respondio: "Si he 
hablado mal, prueba en qué estå el mal; pero 
si he hablado bien tf *por qué me golpeas?" 
*tVa después del 13.] 



13 s. Le condujeron primeramente a Ands, porque 
éste, a pesar de no ejercer ya las funciones de Sumo 
Sacerdote, gozaba de gran influencia. Caifås, el pon- 
tifice titular, lo dispuso probablemente asi, esperando 
sin duda que su suegro fuese bastante astuto para 
hallar culpa en el Cordero inocente. 

14. Véase v. 24 y nota. 

15. Ese otro discipulo es Juan, el evangelista, que 
tiene la costumbre de ocultar su nombre (1, 39 y 
13, 23). 

20. Nétese que nada responde sobre los discipulos 
y desvia la atenciån dd Pontifice para no compro- 
meterlos. |Y entretanto, Pedro estaba negåndolo ante 
los criados 1 

, 21. Ellos saben: En este y muchos otros pasajes 
vemos que en la doctrina de Cristo no hay nada 
esotérico, ni secretos exclusivos para los iniciados, 
como en los misterios de Grecia. Por el contrario, 
sahemos que el Padre revela a los pequenos lo que 
oculta a los sabios y prudentes (Luc. 10, 21). 

23. El ejemplo de Jesus muestra como ha de en- 
tenderse la norma pronunciada por Él en el Sermon 
de Ja Montana (Mat. 5, 39). 

24. Como hacen notar algunos comentaristas, éste 
v. debe ir inmediatamente después del v. 13, con lo 
cuat se ve claro que el envio de Anas a Caifås fué 
sin demora, de modo que todo el proceso desde el y. 
14 se desenvuelve ant« Caifås. . 



25 Entretanto Simon Pedro seguia alli ca- 
lentåndose, y le dijeron: "No eres tti también 
de sus discipulos?" Él lo nego y dijo: "No 
lo soy." 26 Uno de los siervos del Sumo Sacer- 
dote, pariente de aquel a quien Pedro ha- 
bia cortado la oreja, le dijo: "dNo te vi yo 
en el huerto con Él?" 27 Pedro lo nego otra 
vez, y en seguida canto un gallo. 

Jestjs ante Pilato. 28 Entonces condujeron a 
Jesus, de casa de Caifas, al pretorio: era de 
madrugada. Pero ellos no entraron en el pre- 
torio, para no contaminarse, y /poder comer 
la Pascua. 29 Vino, pues, Pilato a ellos, afuera, 
y les dijo: "éQué acusacion traéis contra este 
nombre?" 30 Respondiéronle y dijeron: "Si 
no fuera un malhechor, no te lo habriamos 
entregado." 31 Dijoles Pilato: "Entonces to- 
madlo y juzgadlo segun vuestra Ley." Los 
judjos le respondieron: "A nosotros no nos 
estå permitido dar muerte a nadie"; 32 para 
que se cumpliese la palabra por la cual Jesus 
significo de qué muerte habia de morir. 

33 Pilato entro, pues, de nuevo en el preto- 
rio, llamo a Jesus y le pregunto: "^Eres Tu 
el Rey de los judios?" 34 Jesus respondio: 
"iLo dices tu por ti mismo, o te lo han dicho 
otros de Mi?" 35 Pilato repuso: "cfAcaso soy 
judio yo? Es tu nacion y los pontifices quie- 
nes te han entregado a Mi. iQué has hecho?" 
36 Replico Jesus: "Mi reino no es de este 
auiiUo. Si mi reino fuera de este mundo, mis 
ervidores combatirfan a fin de que Yo no 
"uese entregado a los judios. Mas ahora mi 
eino no es de aqui." 37 Dijole, pues, Pilato: 
'éConque Tu eres rey?" Contesto Jesus: "Tu 
o dices: Yo soy rey. Yo para esto naci y 
>ara esto vine al mundo, a fin de dar testi- 
nonio a la verdad. Todo el que es de la ver- 

28. Los fariseos, que colaban mosquitos y tragaban 
"Vamellos (Mat. 23, 24), creian contaminarse entrando 
*n casas paganas, pero la muerte de un inocente no 
)arece mancharlos. Y poder comer la Pascua: es decir 
que no la babian comido aun. Jesus se anticipå a 
omerla el jueves, pues sabia que el viernes ya no le 
seria posible. Cf. Luc. 22, 8 y nota. 

32. Notable observacién del evangelista, para 11a- 
marnos la atenciån sobre el becbo de que Jestis no 
sufriå el suplicio usual entre judios, sino el de cru- 
cifixion, que era el usa.do en Roma para los crimi- 
nales y que en efecto le fué apHcado y ejecutado por 
Ia^ autoridad romana que ejercia Pilato. %\ Senor 
mismo habia profetizado que tal seria la formå de su 
muerte, y para que ello seria entregado a los gen- 
tiles (Mat. 20, 19). De ahi que, como anota S. Lucas 
(18, 34), los Doce no entendieron "ninguna de estas 
cosas". Y, como para mayor contraste, S. Mateo 
agrega inmediatamente (Mat. 20, 20) que fué enton- 
ces cuando la madre de Santiago y Juan pitlio para 
ellos al Senor un privilegio en su reino, como si 
éste fuese a comenzar en seguida (Luc. 19, 1*). 
Jesus les contesta que no sahen lo que piden (Mat. 
20, 22), pues ellos ignoraban que el grano de tri^o 
debia de morir para dar su fruto (12, 24). Cf. 
Hech. I, 6$. 

36. Nunca definio Jesus con mayor claridad el 
caråeter no politico de su reino, que no es mundano 
ni dispone de soldados y armas. 

37. De la verdad: esto es, de la fidelidad de las 
profecias que lo anunciaban como tal (Luc. i. 32; 
Ecli. 36, 18). 



148 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 18, 37-40; 19, 1-25 



dad, escucha mi voz." 33 Pilato le dijo: ";Qué 
cosa es verdad?" 

Jesus y Barrabås. Apenas dicho esto, salio 
otra vez afuera y les dijo a los judios: "Yo no 
encuentro ningun cargo contra él. 39 Pero te- 
néis costumbre de que para Pascua os liberte 
a alguien. ^Queréis, pues, que os deje libre 
al rcy de los judios?" 40 Y ellos gritaron de 
nuevo: "No a él, sino a Barrabås." Barrabås 
era un ladron. 

CAPITULO XIX 

Jesus azotado y coronado de espinas. x En- 
tonces, pues, Pilato tom6 a Jesus y lo hizo 
azotar. 2 Luego los soldados trenzaron una 
corona de espinas, que le pusieron sobre la 
cabeza, y lo vistieron con un manto de pur- 
pura. 3 Y acercåndose a Él, decfan: "; Salve, 
rey de los judios!" y le daban bofetadas. 

Ecce Homo. 4 Pilato salio otra vez afuera, 
y les dijo: "Os lo traigo fuera, para que se- 
pais que yo no encuentro contra Él ningun 
cargo." 5 Entonces Jesus salio fuera, con la 
corona de espinas y el manto de purpura, y 
(Pilato) les dijo: ";He aqui al hombre!" «Los 
sumos sacerdotes y los satélites, desde que lo 
vieron, se pusieron a gritar : " ; Crucif icalo, 
crucificalo!" Pilato les dijo: "Tomadlo vos- 
otros, y crucif icadlo; porque yo no encuentro 
en Él ningun delito." "T^os judios le respon- 
dieron: "Nosotros tenemos una Ley, y segun 
esta Ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo 
de Dios." 8 Ante estas palabras, aumento el 
temor de Pilato. 9 Volvio a entrar al pretorio, 
y pregunt6 a Jesus: "^De donde eres Tu?" 
Jesus no le dio respuesta. 10 Dijole, pues, Pi- 
lato: "(jA mi no me hablas? ^No sabes que 
tengo el poder de librarte y el poder de cru- 
cificarte?" u Jesus le respondio: "No tendrias 

38. jQué cosa es verdad? Pilato es el tipo de 
muchos racionalistas que formulan una pregunta pa- 
recida y luego se van sin escuchar la respuesta de la 
Verdad misma, que es Jesucristo. Acertadamente dice 
S. Agustin: "Si no se desean, con toda la energia 
del alma, el conocimiento y la verdad, no pueden ser 
hall a dos. Pero si se buscan dghamente, no se escpn- 
den a sus amantes". Cf. Sab. 6, 17 ss. San Pablo, 
en Rom. 15, 8, nos refiere la respuesta que Jesus 
habria dado a esa pregunta. 

I. Cruel inconsecuencia. Sabl en do y proclamando 
que Jesus es libre de culpa (v. 4), lo somete sin 
embargo, por librarlo de la mnerte, a un nuevo y 
atroz tormento que no habia pedido la Sinagoga... 
ly luego lo condena! (v. 16). 

6. Por tercera vez da el juez testimonio de la 
inocencia de Cristo y prodama él mismo la injustida 
de su proceder al autorizar la crucifixiån de la 
divina Victima. 

8. Como pagano no conocio Pilato lo que declan, y 
por eso se lleno mås de temor, Puede ser que temiera 
la ira de algiin dies, o, mås probab'emente, que tu- 
viera miedo de caer en desgracia ante el emperador. 
I/)s judios advirtiendo su vacilacion insisten cada 
vez mås en el aspecto politico (vv. 12 y !5) hasta 
que cede el juez cobarde por salvar su puesto, que- 
dando su ndmbre como un adjetivo infamante para 
los que a traves de los siglos obrarån como él. Sobre 
jueces prevaricadores cf. Salmos 57 y 81 y notas. 

II. O sea: la culpa de Caifås, Sumo Sacerdote del 



sobre Mi ningun poder, si no te hubiera sido 
dado de lo alto-, por esto quien me entregé 
a ti, tiene mayor pecado." 

La condenacion. 12 Desde entonces Pilato 
buscaba como dejarlo libre; pero los judios se 
ousieron a gritar diciendo: "Si sueltas a éste, 
no eres amigo del César: todo el que se pre- 
tende rey, se opone al César." / 13 PiIato, al oir 
estas palabras, hizo salir a Jesus afuera; des- 
pués se sento en el tribunal en el lugar 11a- 
mado Lithostrotos, en hebreo Gabbatha. 14 Era 
!a preparacion de la Pascua, alrededor de la 
hora sexta. Y dijo a los judios: "He aqui a 
vuestro Rey." 15 Pero/elIos se pusieron a gri~ 
tar: "jMuera! iMuera! jCrucificalo!" Pilato 
'es dijo: "^A vuestro rey he de crucificar?" 
Respondieron los sumos sacerdotes: "jNos- 
otros no tenemos otro^rey que el César!" en- 
tonces se lo entrego para que fuese crucificado. 

La crucifixi6n. Tomaron, pues, a Jesus; 17 y 
Él, llevåndose su cruz, salio para el lugar 11a- 
mado "El craneo", en hebreo Golgotha, 18 don- 
de lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno 
de cada lado, quedando Jesus en el medio. 
19 Escribi6 también Pilato un titulo que puso 
sobre la cruz. Estaba escrito: "Jesus Naza- 
reno, el rey de los judios". 20 Este titulo fué 
leido por muchos judios, porque el lugar 
donde Jesus fué crucificado se encontraba 
proximo a la ciudad; y estaba redactado en 
hebreo, en latin y en grie^o. 21 Mas los sumos 
sacerdotes de los judios dijeron a Pilato: "No 
escribas "el rey de los judios", sino escribe 
que Él ha dicho: "Soy el rey de los judios", 
22 Respondi6 Pilato: "Lo que escribi, escribi". 

23 Cuando los soldados hubieron crucificado 
a Jesus, tomaron sus vestidos, de los que hi- 
cieron cuatro partes, una para cada uno, y 
también la tunica. Esta tunica era sin cos- 
tura, tejida de una sola pieza desde arriba. 
24 Se dijeron, pues, unos a otros: "No la ras- 
guemos, sino echemos suertes sobre ella para 
saber de quién sera"; a fin de que se cumplie- 
se la Escritura: "Se repartieron mis vestidos, 
y sobre mi tunica echaron suertes". Y los 
soldados hicieron esto. 

Maria al pie de la cruz. ^Junto a la cruz 



verdadero Dios, se agrava aun mås por el hecho de 
que, no pudiendo ordenar por si mismo la muerte de 
Jesus, quicre hacer que la autoridad civil, que él sabe 
emanada de, Dios, strva para dar muerte al propio 
Hijo de Dios. 

15. Cf. I<uc. 19, 14 y nota. Bs impresionante ver, 
a traves de la historia de Israel, que este rechazo de 
Cristo Rey parecia ya como anunciado ptor las pala- 
bras de Dios a Samuel en I Rey 8, 7, cuando el 
pueblo pidio un soberano como el de los gentiles. 

17. Él Cråneo: eso quiere decir el Ca'vario; lugar 
de la calavera. Segun la leyenda judia, es el lugar 
donde fué enterrado Adån. Estaba fuera de la ciu- 
dad; solo mås tarde el sitio fué incorporado a la 
circunvalacion. Hoy formå parte de la Iglesia del 
Santo Sepulcro. 

34. Véase S. 21, 19. 

25. Estaba de pie: I^o primero que ha de imi'arse 
en Ella es esa fe que Isabel le hahia senalado como 



EVANGEUO SEGUN SAN JUAN 19, 25-38 



149 



de Jesus estaba de pie su madre, y también la 
hermana de su madre, Maria, mujer de Cleo- 
fas, y Maria Magdalena. 26 Jesus, viendo a su 
madre y, junto a ella, al discipulo que amaba, 
dijo a su madre: "Mujer, he ahi a tu hijo". 
27 Después dijo al discipulo: "He ahi a tu ma- 
dre". Y desde este momento el discipulo la 
recibio consigo. 

Muertl d» Jes6s. 28 Después de esto, Jesus, 
sabiendo qut todo estaba acabado, para que 
tuviese cumplimiento la Escritura, dijo: "Ten- 
go sed". 29 Habia alli un vaso lleno de vina- 
gre. Empaparon pues, en vinagre una esponja, 
que ataron a un hisopo, y la aproximaron a 
su boca. 30 Cuandc hubo tornado el vinagre, 



su gran bienaventuranza (I*uc. 1, 45). I*a fe de 
Maria no vac.la, aunque humanamente todo lo divino 
parece fajlar aqui, pues la profecia del. ångel le habia 
prometido para su Hijo el trono de David (I*uc. 1 -, 
32), y la de Simeén (I*uc. 2, 32), que Él hahia de 
ser no solamente "luz para ser revelada a las nacio 
nes" sino también **la gloria de su pueblo de Israel" 
que de tal manera lo rechazaba y lo entregaba ■+ la 
muerte poi medio del poder roraano. "El jusW .\ ■ 
de fe" (Rom. 1, 17) y Maria guardo tas palabm* 
meditåndolas en su corazon (I*uc. 2, 19 y 51; 11, 28) 
y creyo contra toda apariencia (Rom. 4, 18), asi como 
Abrahån, el padre de los que creen, no dudo de la 
promesa de una numerosisima descendencia, ni aun 
cuando Dios le mandaba matar al unico hijo de su 
vejez que debia darle esa descenden^a. (Gén. 21, 12; 
22, 1; Ecli. 44, 21; Hebr. 11, !7-19). 

26. Dijo a su madre: Mujer: Nunca, ni en Canå 
(2. 4), ni en este momento en que 'una espada atra- 
viesa el alma" de Maria (I*uc. 2, 35), ninguna vez 
le da el mismo Jesus este dulce nomhre de Madre. 
En Mat. 12, 46-50; I,uc. 2, 48-50; 8. 19-21; 11, 28 
— los pocos pasajes en que Él se ocupa de Ella— con- 
firmnmos su empeno por excluir de nuestra vida es* 
piritual todo sentimentalismo, y acentuar en cambio 
el sello de humildad y retiro que caracteriza a "la 
Ésclava del Sefior" (I*uc. 1, 38) no ohstante que Él, 
durante toda su infancia, estuvo "sometido" a E'la 
y a José (Ia»c. 2, 51). En cuanto a la maternidad 
espiritual de Maria, que se ha deducido^ de este 
pasaje, Pio X la hace derivar desde la Encarnacion 
del Verbo (Ene. ad diem illum). extendiéndola de 
Cristo a todo su Cuerpo mi s ti c o. Cf. Gal. 4, 26. 

27. En el grande y misterioso silencio que la Es- 
critura guarda acerca de Maria, hada nos dice después 
de esto, sino que, fiel a las instrucciones de Jesus 
(I^uc. 24, 49). Ella perseveraba en oracion en el 
Cenåculo con los apåstoles, después de la Ascension 
(Hech. 1, 13 s.), y sin duda tamhién en Pentecostés 
(Hech. 2, l ). I Ni siquiera una palabra sohre su 
encuentro con Jesus cuando Él resucito! Con todo, 
es firme la creencia en la Asuncién de Maria, o sea 
su subida al Cielo en alma y cuerpo, suponiéndose 
que, al resucitar éste, su sepulcro quedå vacio, si 
bien no hay certeza histårica con ^ respecto al sepul- 
cro; y claro estå que bien pudo Dios baherla eximtdo 
de la muerte, como muchos creyeron también de 
aque 1 discipulo amado que estaba con Ella (Juan 
21, 22 ss, y nota); pues siendo, desde su concepcion. 
inmaculaida (en previs : 6n de los méritos de Cristo) 
Maria quedo libre del pecado. sin el cual la muerte 
no hahria entrado en el mundo (Rom. 5, 12; San. 1, 
16; 2, 24; 3, 2 y notas). Sin embargo murio, a seme- 
janza de su Hijo. 

28. Todas las profeeias sobre la pasion quedaban 
cumplidas, especialmente los Salmos 21 y 68 e I«iaias 
cap. 53, incluso el reparto y sorteo de las vestiduras 
por los soldados, que Jesus presencio, vivo aun, desde 
la Cruz. 

30. Estå cumplido el plan de Dios para redimir 
al hombre. Si nos tomamos el trabajo de reflexionar 



dijo: "Esta cumplido", e inclinando la cabeza, 
entrego el espiritu. 

La lanzada. 31 Como era la Preparacién a 
la Pascua, para que los cuerpos no quedasen 
en la cruz durante el sabado — porque era un 
dia grande el de aquel sabado — los judios pi- 
dieron a Pilato que se les quebrase las piernas, 
y los retirasen. 32 Vinieron, pues, los soldados 
y quebraron las piernas del primero, y luego 
del otro que habia sido crucificado con Él. 
^Mas llegando a Jesus y viendo que ya es- 
taba muerto, no le quebraron las piernas; 
^pero uno de los soldados le abrio el costado 
con la lanza, y al instante salio sangre y agua. 

35 Y el que vio, ha dado testimonio — y su 
testimonio es verdadero, y él sabe que dice 
verdad — a fin de que vosotros también creais. 
36 Porque esto sucedio para que se cumpliese 
la Escritura: "Ningun hueso le quebranta- 
réis". 37 Y también otra Escritura dice: "Vol- 
veran los ojos hacia Aquel a quien traspasa- 
ron". 

Sepultura de jEstfs. 38 Después de esto, José 
de Arimatea, que era discipulo de Jesus, pero 
ocultamente, por miedo a los judios, pidio a 



que Dios no obra inutilmente, nos preguntaremos qué 
es lo que pudo moverlo a entregar su Hijo. que lo 
es todo para Él, siendo que le habria bastado decir 
una palabra para el perdon de los hombres. segun 
Él mismo lo dijo cuando declaro la Hbertad de conv 
padecerse de quien quisiera, y de hacer misericordia 
a aquel de quien se hubiera compadecido (Éx. 33^ 
.9; Rom. 9, 15), puesto que para Él '*todo es posi- 
b!e" (Marc. J 0, 27). Y si, de esa contribucidn infi- 
nita del Padre para nuestra redencion, pasamos a la 
del Hijo, vemos tamhién que, pudiendo salvar, como 
dice Sto. Tomas, uno y mil mundos, con una sola 
gota de su Sangre, Jesus prefiné darnos su vida 
entera de santidad, su Pasion y muerte, de insupe- 
rabJe amargura, y quiso con la lanzada ser dador 
hasta de las gotas de Sangre que le quedaban después 
de muerto. Ante semejantes actitudes del Padre y 
del Hijo, no podemos dejar de preguntarnos el por 
qué de un dispend'o tan excesivo. Entonces vemos que 
el måvil fué el amor; vemos tamhién que lo que 
quieren con ese empeno por ostentar la superahun- 
dancia del don, es que sepamos, creamos v com- 
prendamos, ante pruebas tan absolutas, la inmensi- 
dad sin limites de ese amor que nos tienen. Ahora 
sahemos, en cuanto al Padre, que "Dios amå tanto al 
mundo, que did su Hijo unigénxto" (3, 16) ; y en 
cuanto al Hijo, que "nadie puede tener amor mås 
grande que el dar la vida" (15, 13). En def : nitiva, et 
empeno de Dios es el de todo amante: que se conozca 
la magnitud de su amor, y, al ver las pruebas indu* 
dables, se crea que ese amor es verdad. aunque parez- 
ca imposihle. De ahi que si Dios entregå a su Hijo 
como prueba de su amor, el fruto solo sera para los 
que asi lo crean (3, 16. in fine). El que asi descubre 
el mås intimo secreto del Corazon de un Dios amante, 
ha tocado el fondo mismo de la sabiduria, y su es- 
piritu queda para siempre fijado en el amor (cf* 
Ef. 1, 17). 

35. El que to vié: Juan (21, 24; I Juan 1, 1-3). 

36. Vease Éx. 12, 46; Num. 9, 12; S. 33. 2!. 

37. Refiérese a una profecia que anuncia la con- 
version final de Israel y que' dice: "Y derramaré 
sobre la casa de David y sobre los hab i tantes de Jeru- 
salén el espiritu de gracia y de oracion. y pondr&n 
sus ojos en Mi a quien traspasaron, y llorarån al que 
hirieron como se llora a un hijo unico, y harån duelo 
per Él como se hace por un primogénito" (Zac. 12, 10). 
Cf. Apoc. 1, 7. 



150 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 19, 38-42; 20, 1-2T 



Pilato lleyarse el cuerpo de Jesus, y Pilato se 
lo permit'iå. Vino, pues, y se llevo el cuerpo. 
^ 9 Vino también Nicodemo, el que antes habia 
ido a encontrarlo de noche; éste trajo una 
mixtura de mirra y aloe, como cien libras. 
40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesus y lo en- 
volvieron en fajas con las especies aromaticas, 
segun la manera de sepultar de los judfos. 41 En 
el lugar donde lo crucificaron habia un jardin, 
y en el jardin un sepulcro nuevo, donde todavia 
nadie habia sido puesto. 42 Alli fué donde, por 
causa de la Preparacion de los Judfos, y por 
hallarse proximo este sepulcro, pusieron a Jesus. 



V. JEStJS VENCEDOR 
DE LA MUERTE 

(20,1-31) 

CAPITULO XX 

Aparicion a la Magdalena y a los aposto- 
les. 1 E1 primer dia^ de la semana, de madru- 
gada, siendo todavia oscuro, Maria Magda- 
lena llego al sepulcro; y vio quitada la losa 
sepulcral. 2 Corriå, entonces, a encontrar a Si- 
mon Pedro, y al otro discipulo a quien Jesus 
amaba, y les dijo: "Se han lievado del sepul- 
cro al Senor, y no sabemos donde lo han 
puesto." ^ 3 Salio, pues, Pedro y también el 
otro discipulo, y se fueron al sepulcro. 4 Co- 
rrian ambos, pero el otro discipulo corrio 
mås a prisa que Pedro y llego primero al se- 
pulcro. 5 E, inclinandose, vio las fajas puestas 
alli, pero no entro. 6 Llego luego Simon Pe- 
dro, que le segufa, entro en el sepulcro y vio 
las fajas puestas alli, 7 y el sudario, que habia 
estado sobre su cabeza, puesto no con las fajas, 
sino en lugar aparte, enrollado. 8 Entonces, en- 
tro también el otro discipulo, que habia llegado 
primero al sepulcro, y vio, y creyo. 9 Porque 
todavia no habi'an entendido la Escritura, de 
como Él debi'a resucitar de entre los muertos. 
10 Y los discipulos se volvieron a casa. 

11 Pero Maria se habia quedado afuera, junto 
al sepulcro, y lloraba. Mientras lloraba, se in- 
clino al sepulcro, 12 y vio dos angeles vestidos 
de blanco, sentados el uno a la cabecera, y el 
otro a los pies, donde habia sido puesto el 
cuerpo de Jesus. 13 Ellos le dijeron: "Mujer, 
(fpor que Uoras?" Dijoles: "Porque han quitado 
a mi Senor, y yo no sé donde lo han puesto." 
14 Dicho esto se volvio y vio a Jesus que 
estaba alli, pero no sabia que era Jesus. 15 Je- 
sus le dijo: "Mujer, ^por qué lloras? ±A quién 

1 ss. Véase Mat. 28, 1-10; Marc. 16, 1-8; Luc, 24, 
1-11. Bl primer dia de la semana: el domingo de la 
Resurreccion, que desde entonces sustituyå para los 
cristianos -al såbado, dia santo del Anliguo Testa- 
mento (cf. Col. 2, 16 s.; I Cor. 16, 2; Hech. 20, 7). 
Sobre el nombre de este dia cf. S. 117, 24; Apoc. 
1, 9 y notas. 

7. Es de notar la reverencia especial para con la 
sagrada Cabeza de Jesus que demuestran los angeles. 
No quiso Dios que el sudario que envolvio la Cabeza 
de su Hijo muy amado quedase confundido con las 
demås vendas. 



buscasr*' Ella, pensando que era el jardinero, 
le dyo: fT Senor, si ni lo has lievado, dime dénde 
lo has puesto, y yo me lo Hevaré." 18 Jesus le 
dijo: "Mariam." Ella, volviéndose, dijo en he- 
breo: "Rabbuni", es decir: "Maestro." 17 Jesus 
le dijo: "No me toqucs mås, porque no he 
subido todavia al Padre; pero ve a, encon- 
trar a mis hermanos, y diles: vov a subir a 
mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vues- 
tro Dios." 18 Maria Magdalena fué, pues, a 
anunciar a los discipulos: "He visto al Senor", 
y lo que Él le habia dicho. 

19 A la tarde de ese mismo dia, el primero 
de la semana, y estando, por miedo a los ju- 
dios, cerradas las puertas (de) donde se en- 
contraban los discipulos, vino Jesus y, de 
pie en medio de ellos, les dijo: jPaz a vos- 
otros!" 20 Diciendo estq, les mostro sus manos 
y su costado; y los discipulos se llenaron de 
gozo, viendo al Senor. 21 De nuevo les dijo: 
"jPaz a vosotros! Como mi Padre me envio, 
asi Yo os envio." 22 Y dicho esto, soplo sobre 
ellos, y les dijo: "Recibid el Espiritu Santo: 
23 a quienes perdonareis los pecados, les quedan 
perdonados; y a quienes se los retuviereis, que- 
dan retenidos," 

Incredølidad de Tomas. 24 Ahora bien To- 
mas, liamado Didimo, uno de los Doce, no 
estaba con ellos cuando viho Jesus« ^Por tan- 
to le dijeron los otros: u Hemos visto al Sefior." 
Él les dijo: "Si yo no veo en sus manos las 
marcas de los clavos, y no meto mi dedo en 
el lugar de los clavos, y no pongo mi mano 
en su costado, de ninguna manera creeré." 
26 Ocho dias después, estaban nuevamente aden- 
tro sus discipulos, y Tomas con ellos. Vino 
Jesus, cerradas las puertas, y, de pie ert medio 
de ellos, dijo: "jPaz a vosotros!" 27 Luego dijo 



16. Maria Magdalena, la ferviente discipula del Se- 
nor, es la prim era persona a la que se aparece el 
Resucitado. Asi recompensa Jesus el amor fiel de la 
mujer penitente (Luc. 7, 37 ss.), cuyo corazon, ante 
esa sola palabra del Senor, se inunda de gozo indes- 
criptible. Véase 12, 3 y notas. 

22 s. Recibid: Este verbo en presente ^seria una 
excepcion a los reiterados anuncios de que el Espiritu 
solo descenderia cuando Jesus se fuese? (16, 7 y 
nola)._ Pirot expresa que *'Jesus sopla sobre ellos para 
significar el don que estå a punto de hacerles". El 
caso es igual al de Lucas 24, 49, donde el Senor usa 
también el presente "yo envio" para indicar un 
futuro proximo, o sea el dia de Pentecostés. Por lo 
demås esta facultad de perdonar o retener los pecados 
(cf. Concilio Tridentino 14, 3; Denz. 913) se con- 
tiene ya en las palabras de Mateo 18, 15-20, pronun- 
ciadas por Jesus antes de su muerte. Cf. Mat. 16, 19, 
La instiluciån del Sacramento de la Penitencia expre- 
sada tan claramente en estos versiculos, obltga a los 
fiéles a manifestar o confesar sus pecados en partfeu- 
lar; de otro modo no seria posible el "perdonar" o 
"retener" los pecados. Cf. Mat. 18, 18; Conc. Trid. 
Ses. l; cap. V. 6, can. 2-9. 

25. La defeccion de Tomas recuerda las negaciones 
de Pedro después de sus presuntuosas promesas. Véase 
11, 16, donde Didimo (Tomas) hace alarde de invitar 
a sus compafieros a morir por ese Maestro a quien 
ahora niega el unico homenaje que Él le pedla, el de 
la fe en su resurreccion, tan claramente preanunciada 
por el mismo Senor y atestiguada aiiora por los 
apåstoles. 



KVANGEEJO SEGUN SAN JUAN 20, 27-31; 21, 1-16 

a Tomas: *'Trae aca tu dedo, mira mis manos, 
alarga tu mano y métela en mi costado, y no 
seas incrédulo, sino creyente." 28 Tomås respon- 
dio y le dijo: ";Senor mio y Dios mio!" ^Je- 
sus le dijo: "Porque me has visto, has creido; 
dichosos los que han creido sin håber visto " 
30 Otros muchos milagros obro Jesus, a la 
vista de sus discipulos, que no se encuentran 
escritos en este libro. 31 Pero éstos han sido 
escritos para que creais que Jesus es el Cristo, 
el Hijo de Dios, y, creyendo, tengåis vida en 
su nombre. 

APÉNDICE 

' (21,1-25) 

CAPITULO XXI 

Aparicion junto al mar de Tiberiades. iDes- 
pués de esto, Jesus se manifeste otra vez 
a los discipulos a la orilla del mar de Tibe- 
riades. He aqui como: 2 Simon Pedro, Tomas, 
llamado Dfdimo*, Natanael, el de Canå de Ga- 
lilea*, los hijos de Zebedeo, y otros dos disci- 
pulos, se encontraban juntos. 3 Simon Pedro 
les dijo: "Yo me voy a pescar." Le dijeron: 
"Vamos nosotros también contigo." Partieron, 
pues, y subieron a la barca, pero aquella no- 
che no pescaron nada. 4 Cuando ya venfa la 
manana, Jesus estaba sobre la ribera, pero los 



151 



29. El unico reproche que Jesus dirige a los suyos, 
no obstante la ingratitud con que lo habian abando- 
nado todos en eu Pasién (Mat. 26, 56 y nota), es el 
de esa incredulidad altamente dolorosa para quien 
tantas pruebas les tenia dadas de su fidelidad y de 
su santidad divina, incapaz de todo engano. Aspire- 
mos a la bienaventuranza que aqui proclama Él en 
favor de los pocos que se hacen como ninos, crédulos 
a las palabras de Dios mås que a las de los hombres. 
Esta h'enaventuranza del que cree a Dios sin exigirle 
pruebas, es sin duda la mayor de todas, porque es la 
de Maria Inmaculada: "Bienaventurada la que creyé." 
(Luc. 1. 45.) Y bien se explica que sea la mayor de 
las hienaventuranzas, porque no hay mayor prueba de 
estimacién hacia una persona, que el darle crédito 
por su sola palahra. Y tratåndose de Dios, es éste el 
mayor honor que en nuestra impotencia podemos tri- 
butarie, Todas las hendiciones prometidas a Ahrahån 
le vinieron de håber creido (Rom. 4, 18), y el "peca- 
do" por antonomasia que el Espiritu Santo imputa 
al mundo, es el de no haberle creido a Jesus (Juan 
16, 9). Esto nos explica también por qué la Virgen 
Maria vivia de fe, mediante las Palabras de Dios que 
continuamente meditaha en su corazon (Luc. 2, 19 
y 51; 11, 28). Véase la culminacion de su fe al pie 
de la Cruz (19, 25 ss. y notas). Es muy de notar que 
Jesus no se fiaba de los que creian solamente a los 
milagros^ (véase 2, 23 s.), porque la fe verdadera es, 
como dijimos, la que da crédito a Su palabra, A veces 
ansiamos quizå ver milagros, y los consideramos como 
tra privilegio de santidad. Jesus nos muestra aqui 
que es mucho mås dichoso y grande el creer sin hå- 
ber visto. 

31. Escritos parp que creåis: San Lucas confirma 
esta importancia que tiene la Sagrada Escritura como 
base, fuente y confirmacién de la fe. En el prélogo 
de su Evangel : o dice al lector, que lo ha escrito "a fin 
de que conozcas la certezå de lo que se te ha ense- 
fiado". Véase en Hech. 17, 11 c6mo los fieles de Berea 
confirmaban su fe con las Escrituras Sagradas. 

1. Por mandato del Senor, los apåstoles habian ido 
a Galilea, Véase Mat 28, 7. 



discipulos no sabian que era Jesus. 5 Jesus les 
dijp: "Muchachos, <|tenéis algo para comer?" 
Le respondieron: "No." ^ljoles entonces: 
"Echad la red al lado derecho de la barca, 
y encontraréis." La echaron, y ya no podian 
arrastrarla por la multitud de los peces. 'En- 
tonces el discipulo, a quien Jesus amaba, dijo 
a Pedro: "jEs el Senor!*' Oyendo <}ue era el 
Senor, Simon Pedro se cinå la tunica — porque 
estaba desnudo — y se echo al mar. 8 Los otros 
discipulos vinieron en la barca, tirando de la 
red (llena) de peces, pues estaban solo como 
a unos doscientos codos de la orilla. S A1 bajar 
a tierra, vieron brasas puestas, y un pescado 
encima, y pan. 10 Jesus les dijo: "Traed de los 
peces que acabais de pescar." u EntoncesSim6n 
Pedro subio (a la barca) y sacå a tierra la red, 
llena de ciento cincuenta y tres grandes peces; 
y a pesar de ser tantos, la red no se rompio. 
I2 Dijoles Jesus: "Venid, almorzad " Y ninguno 
de los discipulos osaba preguntarle: "<;Tu quien 
eres?" sabiendo que era el Senor. 13 Aproxi- 
mose Jesus y tomando el pan les diå, y lo 
mismo del pescado. 14 Esta fué la tercera vez 
que Jesus, resucitado de entre los muertos, se 
manifesto a sus discipulos. 

El primado de Pedro. 15 Habiendo, pues, al- 
morzado, Jesus dijo a Simon Pedro: "Sim6n, 
hijo de Juan, jme amas 'tu mas que éstos?" Le 
respondio: "Si, Senor, Tu sabes que yo te quie- 
ro." Él le dijo: "Apacienta mis corderos ." 16 Le 
volviå a decir por segunda vez: "Simon, hijo 
de Juan, ^me amas?" Le respondi6: "Si, Senor, 



9. Santo Tomas de Aquino opina que en esia comi* 
da, como en la del Cenåculo (I,uc. 24, 41-43) y en la 
de Emaus (Luc. 24, 30), ha de verse la comida y 
bebida nuevas que Jesus anuncio en Mat. 26, 29 y 
Luc. 22, 16-18 y 29-30. Otros autores no comparten 
esta opinion, observando que en aquellas ocasiones 
el Senor resucitado no comio cordero ni hebié vind, 
sino que tom6 pescado, pan y miel, y que, lejos de 
sentarse a la mesa en un hanquete triunfante con sus 
discipulos, tuvo que seguir combatiéndoles la incredu- 
lidad con que dudaban de su Redencion (cf. Luc. 24, 
13; Hech., 1, 3 y notas). 

15 ss. Las tres preguntas sucesivas quizå recuerdan 
a Pedro las tres veces que habia negado a su Maestro. 
Jesus usa dos veces el verbo amar (agapås me) y 
Pedro contesta siempre con otro verbo: te quiero (filo 
se). La tercera vez Jesus toma el verbo de Pedro: 
me quieres (filéis me), Tamhién usa el Sefior verhos 
distintos: . boske y påimaine, que traducimos respecti- 
vamente apacienta y pastorea (asi también de la To- 
rre), teniendo el segundo un sentido mås dinåmico: 
Hevar a los pastos. En cuanto a corderos (arnia) y 
ovejas (probata) — el probåtia: ovejuelas, que algunos 
prefieren la segunda vez, no anade nada (cf. Pirot) — • 
indica.n matices que han sido interpretados muy diver- 
samente. Segun Teofilacto, los corderos serian las 
almas principiantes, y las ovejas las proficientes. Se- 
sun otros, representan la totalidad de los fieles, incluso 
los pastores de la Iglesia. Pirot hace notar la rela- 
cion con el redil del Buen Pastor (10, 1-16; cf. Gal. 2, 
7-10). El ConciHo Vaticano, el 18 de julio de 1870, 
invoco este pasaje al proclamar el universal primado 
de Pedro (Denz. 1822), cuya tradicién testifica autori- 
zadamente S. Ireneo. obispo y mårtir. EHo no obs- 
tante es de notar la humildad con que Pedro sigue 
llamåndose simplemente copresbitero de sus hermanos 
en el apostolado (I Pedr. 5, 1 ; cf. Hech. 10, 23 y 26 
y notas) , a pesar de ser el Pastor supremo. 



152 



EVANGELIO SEGUN SAN JUAN 21. 16-25 



Tu sabu que te quiero." Le dijo: "Pastorea 
mis ovejas." l7 Por tercera vez le pregunto: 
"Simén, hijo de Juan, ( mc quieres?" Se entris- 
tecio Pedro de que por tercera vez le pregun- 
tase: " ( Me quieres?", y le dijo: "Senor, Tu lo 
sabcs todo. Tu sabes que yo te quiero." Dijole 
Jesus: "Apacienta mis ovejas." 

Sopre Pedro y Juan. 18 "En verdad, en ver- 
dad, te digo, cuando eras mas joven, te ponias 
a ti mismo cl cenidor, e ibas adonde querias. 
Pero cuando seas viejo, extenderas los brazos, 
y otro te pondrå el ceitidor, y te llevara adon- 
de no quieres." 19 Di)o esto para indicar con 
qué muerte él habia de glorificar a Dios. Y 
habicnt'ole hablado asi\ le dijo: "Sigueme." 
^Volviéndose Pedro, vio que los seguia el dis- 
cipulo al cual Jesus amaba, el que, durante la 
ccna, reclinado sobre su pecho, le habia pre- 
guntado: "Senor ,;quién es el que te ha de 
entregar?" 21 Pedro, pues, viéndolo, dijo a Je- 
sus: "Senor: ^y éste, qué?" ^Jesus le rcspon- 
dio: "Si me place que él se quede hasta mi 
vuelta, <;qué te importa a ti? Tu sigueme." 
^Y asi se propago entre los hermanos el ru- 
mor de que cste discipulo no ha de morir. Sin 
embargo, Jesus no le habia dicho que él no 
debia monr, sino: "Si me place que cl se que- 
de hasta mi vuelta, <;qué te importa a ti?" 

^Éste es el discipulo que da testimonio de 



18 s. A raiz de lo anterior Jesus profetiza a Pe- 
dro el martirio en la cruz, lo que ixurrio en el ano 
67 en Roma. en el sitio donde hoy se levanta la Basi- 
Iica de S. Pedro. Cf. II Pedr. 1. 12:5. Véasc 13, 
23 y nota. 

22 s. S. Agustin interpreta este privilepio de Jesus 
para su intimo amigo« diciendo: "Tu (Pedro) sigue- 
me, sufriendo conmigo los males temporales ; él (Juan). 
tn eambio, quédese como estå, hasta que Yo venga 
a darlc los bienes cternos." La Iglesia celebra. ade- 
mås del 27 de diciembre, como fiesta de este gran 
Santo y modelo de suma perfeccion cristiana. el 6 de 
mayo como fecha del marttrio en que S. Juan, sumcr- 
gido en una caldera de aceite hirviente. salvo mitagro- 
samente su vida. Durante mucho tiempo se creyo 
que solo se habia dormido en su sepulcro (KUion). 
24. Este v. y el siguiente snn el testimonio de 



estas cosas, y que las ha escrito, y sabemos 
que su testimonio es verdadero. 

^Jesus hizo tambicn muchas otras cosas: si 
se quisiera ponerlas por escrito, una por una 
creo que el mundo no bastaria para contener 
tos libros que se podrtan escribir. 

discipulos de] evangelista, o tal vez de los fieles 
• teso donde él vivia. 

^ Ei mundo no bastaria: la Sabiduria divtpi es 
un mai sin onlias <Ecli. 24, 32 y nota). Jesus nos 
ha revelado los secretos que et er na men le oy6 del 
Padre (15, 15), y tras Él vendria Pablo; el cual es* 
crib 6 tres décadas antes que Juan y explayo. para 
el Cuerpo mistico, el misterio rtjue habia estado oculto 
por todos los siglos (Ef. 3, 9 ss.; Col. 1, 26). Quiso 
Jesus que, por inspiracion del Espiritu Santo (^5, 
26; 16, 13) se nos transmiliesen en el Evangelio sus 
pa.abras y hechos; no todos, pero si lo suficiente 
'para que creyendo ten^amos vida en su nombre" 
(20. 30 s. ; Luc. 1, 4^. Sobre este deposito que nos 
ha sido legada "para que tamb én nos goctnos" eon 
aquellos que fucron testigos de las maraviHas de 
Cristo (I Juan 1, 1-4), se han escrito abundantisimos 
Iibros, ( y ello no obstante, Pio XII acaba de recor 
darnos que: "no pocas cosas... apenas fueron expli 
cadas por los expositorcs de los pasados siglos*', por 
lo cual "sin razon andan diciendo atgunos. . . que 
uada le queda por anadir, al exégeta eatålico de nues- 
tro tiempo. a lo ya dicho por la antigiiedad erstiana". 
Que "uadie se admire de que aun no se hayan resuelto 
y vencido todas las dificuJtades y que hasta el dia 
de hoy inquieten, y no poco. las inteligencias de los 
cxegetas catolicos. graves cuestioncs". y que "hay que 
esperar que también éstas... terminarån por aparecer 
a plenaluz, gracias al constante esfuer2o", por lo cial 
'VI intérprete catolico. . . en modo alaiuno debe atre- 
drarse de arremrter una y »tra vez las dtftciles cues- 
tiones todavia sin solution'*. Y en consecuenca el 
Papa dispone que "todos los restantes hijos de la 
Iglesia . . . odien aquel modo menos prudente de pensar 
segun el cual todo lo que es nuevn es por ello mismo 
rechazable, o por lo menos sospechoso. Porque deben 
tener sobre todo ante Jos ojos que. . . entre las muchas 
cosas que se proponen en los Libros sairrados, legales, 
historiens, sapienciates y proféticos, s6Jo muy pocas 
cosas hay cuyo sentido haya s : do declarado por la 
autoridad de la Iglesia. y no son muchas mas aquellas 
en las que sea unåntme la sentencia de los santos 
Padres. Quedan, pues, muchas otras. y gravtsimas, 
en cuya discusion y explicacion se puede y debe ejer- 
cer libremente la agudeza e ingenio de los in^érpretei 
catolicos" (Eneiclica "Divino Afflante Spiritu", sep 
tiembre de 1943). 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 



Nota introductoria 

El libro de los Hechos no pretende narrar 
lo que frizo cadauno de los apostoles, sino que 
toma, como lo htcieron los evangelistas, los he- 
chos principales que el Espiritu Santo ha su- 
gerido al autor para alimento de nuestra fe 
(cf. Luc. 1, 4; Juan 20, 31). Dios nos mues- 
tra aqui, con un interés historico y dramåtico 
mcomparable, lo que fué la vida y el apostola- 
do de la Iglesia en los primer os decenios (anos 
30-63 del nacimiento de Cristo), y el papel 
que en ellos desempenaron los Principes de los 
Apostoles, San Pedro (cap ; 1-12) y San Pablo 
(cap. 13 28). La patte mås extensa se dedica, 
pues, a los viajes, trabajos y triunfos de este 
Apostol de los gentiles, basta su primer cauti- 
verio en Roma. Con esto se detiene el autor 
casi vnopinadamente 7 dando la impresion de que 
pensaba escribir mas adelante otro tratado. 

No hay duda de que ese autor es la misma 
persona que escribio el tercer Evangelio* Ter- 
minado este, San Lucas retoma el hilo de la 
narracion y compone el libro de los Hechos 
(véase 1, 1), que dedica al mismo Teofito (Luc. 
/, / ss.). Los santos Padres, principalmen- 
te S. Policarpo, S. Clemente Romano, S. Ig- 
nacio Mdrtir, S. Ireneo, S. Justino, etc, como 
también la critica moderna, atestiguan y reco- 
nocen unånimemente que se trata de una obra 
de Lucas, nativo sirio antioqueno^ médico, com- 
pahero y colaborador de S. Pablo, con quien 
se presenta él mismo en muchos pasajes de 
su relato (16, 1011; 20, 5-15; 21,1-18; 21, 1- 
28, 16). Escribiå, en griego, el idioma co- 
rriente entonces, de cuyo original procede la 
presente version; pero su lenguaje contiene 
también aramaismos que denuncian la naciona- 
liåad del autor. 

La composicion data de Roma hacia el ano 
63, poco antes del fin de la primera prision 
Tomana de S. Pablo, es decir, cinco anos antes 
de su muerte y también antes de la terrible 
destruccién de Jerusalén (10 d. C), o sea, cuan- 
do la vida y el culto de Israel continuaban 
normalmente. 

El objeto de S. Lucas en este escrito es, 
como en su Evangelio (Luc. 1, 4), confirmar- 
nos en la fe y ensenar la universalidad de la 
salud traida por Cristo, la cual se manifiesta 
prhnero entre los judios de Jerusalén, después 
de Palestina y por fin entre los gentiles. 

El cristiano de hoy, a menudo ignorante en 
esta materia, comprende asi mucho mejor, gra- 
cias a este Libro, el verdadero caråcter de la 
hlesia y su intima vinculacion con el Antiguo 
Testamento y con el pueblo escogido de Israel, 
al ver que, como observa Fillion> antes de 
llegar a Roma con los apostoles, la Iglesia tuvo 



su primer estadio en ferusalén, donde habia 
nacido (7, 1-8, 3); en su segundo estadio *se 
extendio de ferusalén a Judea y Samaria (8, 
4-11, 18); tuvo un tercer estadio en Oriente 
con sede en Antioquia de Siria (11, 19-13, 35), 
y finalmente se establecio en el mundo pagano 
y en su capital Roma (13, 1-28, 31), cumplién- 
dose asi las palabras de festis a los apostoles, 
cuando éstos reunidos lo interrogaron er ey en- 
do que iba a rest/tuir ivviediatamente el reino 
a Israel: "No os corr esponde a vosotros saber 
los tiempos ni momentos que ha fijado el Pa- 
dre con su potestad. Pero cuando descienda 
sobre vosotros el Espiritu Santo recibircis vir- 
tud y me seréis testigos en Jerusalén y en toda 
la Judea y Samaria y hasta los extremos de 
la tierra" (1, 1 sJ. Este testrmonio del Espiri- 
tu Santo y de los npostoles lo habia anunciado 
Jesus (Juan 15, 26 s.) y lo ratifica S. Pedro 
(l, 22; 2, 32; S, 32, etc). 

El admirable Libro, citya perfecta unidad 
reconoce aun la critica mas adversa, podria Ha- 
marse también de los "Hechos de Cristo Re- 
sucitado" rt Sin él, fuera de algzinos rasgos es- 
parcidos en las Epistolas de S. Pablo, en las 
Epistolas Catolicas y en los raros fragmentos 
que nos restan de los primeros escritores ecle- 
siåsticos, no conoceriamos nada del origen de 
la Iglesia" (Fillion). 

S. Jeronimo resume^ en la carta al pres- 
bitero Paulino, su juicto sobre este divino Li- 
bro en las siguientes palabras: "El Libro de 
los Hechos de los Apostoles parece contar una 
sencilla historia, y tejer la infancia de la Igle- 
sia naciente. Mas, sabiendo que su autor es 
Lucas, el médico, "cuya alabanza esta en el 
Evangelio" (11 Cor. 8, 18), echaremos de ver 
que todas sus palabras son, a la vez que his- 
toria, medicina para el alma enferma" 



PROLOGO 

(1,1-3) 

CAPlTULO I 

X EI primer libro, oh Teofilo, hemos eserko 
acerca de todas las cosas desde que Jesus co- 
menzo a obrar y ensenar, 2 hasta el dia en que 
fué recibido en lo alto, después de håber ins- 
truido por el Espiritu Santo a los apostoles que 
habia escogido; 3 a los cuales también se mostro 



1 . El primer libro. esto es, el tercer Evangelio, 
poco antes compuesto por el mismo autor (kue, 1, 
1 ss.)> Este capitulo es, pues, como una continuacion 
de] cap. 24 del Evangelio de S. I*ucas, que termina 
con la Ascension del Senor (cf. v. siguiente). 

3. Cuarenta dias: Sålo Lucas nos comun : ca este 
dato que fija ]a fecha de la Ascension y que tiene 



153 



154 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 1, 3-15 



vivo después de su pasion, dandoles muchas 
pruebas, siendo visto de ellos por espacio de 
cuarenta dias y hablando de las cosas del reino 
de Dios. 



I. LA IGLESIA EN JERUSALÉN 

(1,4-7,60) 

tJLTiAios avisos de Jesus. 4 Comiendo con 
ellos, les mando no apartarse de Jerusalén, sino 
esperar la promesa del Padre, la cual (dijo) 
oisteis de mi boca. 5 Porque Juan bautizo con 
agua, mas vosotros habéis de ser bautizados en 
Espiritu Santo, no muchos dias después de és- 
tos. 6 Ellos entonces, habiéndose reunido, le 
preguntaron, diciendo: "Senor, <:es éste el tiem- 
po en que restableces el reino para Isiael?" 
7 Mas Él les respondio: "No os corresponde co- 
nocer tiempos y ocasiones que el Padre ha 
fijado con su propia autoridad; 8 recibiréis, si, 

gran valor, pues segun I^uc. 24 44-53 ésta pareceria 
haberse producido el mismo dia de la Resurrecciån. 
"La obra de Jesus sobre la tierra se encierra entre 
dos cuarentenas. Apenas salido del desierto Jesus ba- 
bia anunciado el reino de Dios, De él vuelve a hablar 
en sus ultimos coloquios" (Boudou), Cf. 19, 8 y nota. 
Siendo visto de ellos: para que fuesen testigos de su 
Resurrecci'on (1, 22; 2, 32), pero no estaba ya con 
ellos ordinariamente, como antes, sino que se les apa- 
recié en las ocasiones que refieren los Evangelistas. 
Del reino de Dios: expresion que S. Mateo llama 
Reino de los cielos, senalando su trascendencia uni- 
versal (Mat. 3, ?), y que "designa el reino que debia 
fundar el Mesias... No es usada en el Ant. Testa- 
mento, aunque la idea que ella expresa sea a menudo 
senalada. Véase ]s, 42, 1 y 49, 8; Jer. 3, 13 ss, y 23, 
2 ss.; Ez, 1), 16 ss,; 34, 12 ss,; Os. 2, 12 ss.; Am. 9, 
1 ss.; Miq. 2, 12-13; 3, 12 ss.; etc. Sobre todo, Dan. 
2, 44; 7, 13-14" (Fillion). Esto explica la pregunta 
del v. 6, 

4. La promesa del Padre, sea, la venida del Es- 
piritu Santo, anunciada por Jesus como don del Divmo 
Padre. Cf. Mat. 3, 11; Marc. 1, 8; Luc. 3, 16; 24, 
49; Juan 1, 26; 14, 26, 

5. El Precursor habia anunciado este bautismo dis- 
tinto del suyo (Mat. 3T. '11; Marc. 1, 8; Luc. 3, 16). 
Cf. 11, 16; Juan 3, 5 y nota. 

6 s. Habiéndose reunido: Lucas destaca con esto la 
solemnidad de la pregunta que iban a hacer. Como 
observa Crampon, la reunion debio ser al aire libre, 
pues inmediatamente después tuvo lugar la Ascension 
del Senor. Los apåstoles pensaban en las profecias 
sobre la restauracion de Israel, que ellos, segun se ve 
en su pregunta, tomaban en sentido literal, como 
aquellos que glorificaron al Senor en el dia de Ramos 
(Mat. 21, 9; Marc. 11, 10; Luc. 19, 38; Juan 12, 
13). Cristo no les da contestacion directa, stno que 
los remite a los secretos que el Padre tiene reservados 
a su poder (Mat. 24, 36; Marc. 13, 32; Juan 14, 28). 
El Espiritu Santo no tardaria en revelarles, después 
de Pentecostés, el misterio de la Iglesia, previsto de 
toda eternidad, pero oculto hasta entonces en el plan 
divino; y sin el cual no podrian pumplirse las pro- 
mesas de los profetas, como lo explicé Santiago en el 
Concilio de Jerusalén 05, 14-18; Hebr, 11, 39 s.; 
Rom. II, 25 s.; etc). Cf. Ef. 3, 9; Col. 1, 26. 

8. Los extremos de la tierra: Es de notar que hasta 
la muerte de S, Esteban los apåstoles no predicaban 
fuera de Jerusalén y Judea; mås tarde el diåcono Fe- 
Hpe y. después S. Pedro y S. Juan fueron a evangelizar 
la Samarta (cf. 8, 5 ss,), aquella provincia ya madu- 
ra para la cosecha (Juan 4, 35); finalmente, y poco a 
poco, osaron predicar a los gentiles. Cf. 28, 28 y nota. 



potestad, cuando venga sobre vosotros el Espi- 
ritu Santo; y seréis mis testigos en Jerusalén, 
en toda la Judea y Samaria, y hasta los extre- 
mos de la tierra." 

Ascensi6n del Senor. 9 Dicho esto, fué ele- 
vado, viéndolo ellos, y una nube lo recibio 
(quitåndolo) de sus ojos. 10 Y como ellos fija- 
ron sus miradas en el cielo, mientras Él se ale- 
iaba, he aqui que dos varones, vestidos de 
blanco, se les habian puesto al lado, n los cuales 
les dijeron: "Varones de Galilea, ^poi qué quc- 
dåis aqui mirando al cielo? Este Jesus que de 
en medio de vosotros ha sido recogido en et 
cielo, vendra de la misma manera que lo habéis 
visto ir al cielo." 

En el Cenåculo de Jerusalén. 12 Después 
de esto regresaron a Jerusalén desde el monte 
llamado de los Olivos que esta cerca de Jeru- 
salén, distante la caminata de un såbado. 13 Y 
luego que entraron, subieron al cenåculo, don- 
de tenian su morada: Pedro, Juan, Santiago 
y Andrés, Felipe y Tomas, Bartolomé y Ma- 
teo, Santiago de Alfeo, Sim6n el Zelote y Judas 
de Santiago. 14 Todos ellos perseveraban unå- 
nimes en oracion, con las mujeres, con Maria, 
la madre de Jesus, y con los hermanos de Éste. 

Elecci6n del Ap6stol Mati'as. 15 En aquellos 

9. Entre este v. y el anterior, Jesus los habia sa- 
cado de Jerusalén donde estaban (v. 4), hacia Beta- 
nia, cosa que el mismo I^ucas habia dicbo ya en su 
Evangelio (L,uc. 24, 50). Desde alli se volvieron 
(v. 12). El Evangelio liace notar también — ; por uni- 
ca vez! — que los discipulos adoraron al Senor (I/Uc. 
24, 52), aunque no consta que Él apareciese en esta 
ocasiån con el brillo de su gloria, tal como se mos- 
tro en la Transfiguraciån, que era como un anti- 
cipo de su Parusia triunfante (3, 21). C f. Marc. 9, 1 
y nota, 
- 10. Dos varones: dos ångeles. Cf. Juan 20, 12. 

11. Varones de Galilea: Se senala aqui cåmo los 
once apåstoles que le quedaron fieles. eran todos trali- 
leos. Solo Tudas era de Jiidå. Vendrå de la misma 
manera, es decir, sobre las nubes, segun Él mismo lo 
anuncio. Véase Mat. 24, 30; L,uc. 21, 27; Judas 14; 
Apoc* 1, 7; I Tes. 4, 16 s.; cf. también Apoc. 19, 
11 ss* Consoladora promesa que explica, dice Fillion, 
la gran alegria con que ellos se quedaron (L,uc. 24, 
52). Y en adelante perseveraban en la "bienaventu- 
rada esperanza" (Tit. 2, 13) de la venida de Cristo 
(I Cor. 7, 29; Fil. 4, 5; Sant. 5, 7ss.; I Pedr. 4, 
7; Apoc. 22, 12). 

12. I,a distancia que era licito recorrer en såbado, 
equivalia a poco mås de un kilåmetro. 

13. Cenåculo se llamaba la parte superior de la 
casa, el primer piso, solamente accesible por afuera 
mediante una escalera. En el cenåculo se albergaban 
los huéspedes y se celebraban los^convites. De ahl su 
nombre. El texto griego dice: el cenåculo, lo que sålo 
puede referirse a un cenåculo conocido, esto es, aqt.el 
en que los apéstoles solian reunirse y donde Jesucristo 
habia instituido la Eucaristia. Se cree que se ballaba 
en la casa de Maria, madre de Marcos (véase 12, 12). 
El local se senala aun en Jerusalén, como uno de los 
santuarios mås ilustres de la ertstiandad, si bien esta 
en poder de los musulmanes. 

14. Hermanos se Uamaban entre los judios también 
los parientes (Mat. 12, 45 y nota). Los parientes de 
Jesus, que antes no creian en Él (Juan 7. 5) parecen 
haberse convertido a rafz de su gloriosa Resurreeci6n. 
Todo el grupo sumaba unas ciento veinte personas. 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 1, 15-26; 2, 1-12 



155 



dias se levanto Pedro en medio de los her- 
marios y dijo — era el numero de personas re- 
unidas como de ciento veinte — : 16 "jVarones, 
hermanos! era necesario que se cumpliera la 
Escritura que el Espiritu Santo predijo por bo- 
ca de David acerca de Judas, el que condujo a 
los que prendieron a Jesus. 17 Porque él perte- 
necia a nuestro numero y habfa recitjido su 
parte en este ministerio. 18 Habiendo, pues, 
adquirido un campo con el premio de la ini- 
quidad, cay6 hacia adelante y revento por me- 
dio, quedando derramadas todas sus entranas. 
19 Esto se hizo notorio a todos los habitantes de 
Jerusalén, de manera que aquel lugar, en la 
lengua de ellos, ha sido llamado Hacéldama, 
esto es, campo de sangre. 20 Porque esta escrito 
en el libro de los Salmos: "Su morada quc- 
de desierta, y no haya quién habite en ella." 
Y: "Reciba otro su episcopado." 21 Es, pues, 
necesario que de en medio de los varones que 
nos han acompanado durante todo el tiempo 
en que entre nosotros entré y salio el Senor 
Jesus, ^ernpezando desde el bautismo de Juan 
hasta el dia en que fué recogido de en medio 
de nosotros en lo alto, se haga uno de ellos 
testigo con nosotros de Su resurreccién". ^Y 
propusieron a dos: a José, llamado Barsabas, 
por sobrenombre Justo, y a Matfas. 24 Y oran- 
do dijeron: "Tu, Senor, que conoces los co- 
razones de todos, muestra a quién de estos dos 
has elegido 25 para que ocupe el puesto de este 
ministerio y apostolado del cual Judas se des- 
vi6 para ir al lugar propio suyo." 26 Y echan- 
doles suertes, cay6 la suerte sobre Matias, por 
lo cual este fué agregado a los once apåstoles. 

CAPlTULO II 

Pentecxjstés. *Al cumplirse el dia de Pente- 
costés, se hallaban todos juntos en el mismo 
lugar, 2 cuando de repente sobrevino del cielo 



18. Pedro evoca la espantosa muerte del traidor, 
a fin de Ilenarnos de horror ante tan ahominahle pe- 
cado. Cf. Mat. 27, S. 

20 s. Cf. S- 68, 26; 108, 8; Juan 15, 27. 

21. Entonces, como ahora, la condicion por exce- 
lencia del sacerdote habia de ser su intimo conocimien- 
to del Eyangelio, es decir, de Cristo en todo cuanto 
dijo e hizo. Los apåstoles. dice S. Bernardo, tienen 
que tocar la trompeta de la verdad. 

22. Nåtese que Pedro dirige la eleccion del nuevo 
apostol, lo que es una prueha evidente de su prtmado. 

26. Este modo de tnterrogar la voluntad dtvina, por 
el sorteo acompanado de oracion, en los asuntos de 
suma importancia, es frecuente en la Escritura, Cf. 
Jos. 7, 14; I Rey. 10, 24. Batiffol hace notar que Ma- 
tias no recihe imposicién de manos, porque se eon- 
sidera que es nombrado por el mismo Cristo. 

1. La fiesta de Pentecostés se celebraba 50 dias 
después de la Pascua, en memoria de la éntrega hecba 
por Dios a Moisés, en el monte Sinai, de las tahlas 
de la Ley, asi como en accién de gractas por la co- 
secha. La venida del Espiritu Santo en ese dia pro- 
dujo una cosecha espiritual de tres mil hombres 
{v. 41). Todos juntos: no solamente los apåstoles, 
sino también todos los discipulos y fieles. En el mis- 
mo lugar: véase 1, 13 y nota. 

2. Viento es sinånimo de espiritu, es decir, algo 
que sopla desde afuera y es capaz de animar lo inani- 
raado. Como el viento levanta y anima a una hoja 
seca e inerte, asi el divino Espfritu vivifica a nues- 



un ruido como de viento que soplaba con im-* 
petu, y llené toda la casa donde estaban sen- 
tados. 3 Y se les aparecieron lenguas divididas, 
como de fuego, posandose sobre cada uno de 
ellos. 4 Todos fueron entonces llenos del Espi- 
ritu Santo y se pusieron a hablar en otras 
lenguas, tal como el Espiritu les daba que ha- 
blasen. 

El milagro de las lenguas. 5 Habitaban en 
Jerusalén judios, hombres piadosos de todas 
las naciones que hay bajo el cielo. 6 A1 produ- 
cirse ese ruido, acudieron muchas gentes y 
quedaron confundidas, por cuanto cada uno 
los oia hablar en su propio idioma. 7 Se pas- 
maban, pues, todos, y se asombraban dicién- 
dose: "Mirad, ^no son galileos todos estos que 
hablan? ^Como es, pues, que los ofmos cada 
uno en nuestra propia lengua en que hemps 
nacido? 9 Partos, medos, elamitas y los que ha- 
bitan la Mesopotamia, Judea y Capadocia, el 
Ponto y el Asia, 10 Frigia y Panfilia, Egipto y 
las partes de la Libia por la region de Cirene, 
y los romanos que viven aquf, 1J asi judios co- 
mo prosélitos, cretenses y dråbes, los oimos 
hablar en nuestras lenguas las maravillas de 
Dios." 12 Estando, pues, todos estupefactos y 
perplejos, se decian unos a otros: "iQué signi- 



tras almas, de suyo incapaces de la virtud (Mat. 26, 
41; Juan 15, S; Filip. 2, 13, etc.) Llené toda la casa: 
Bl espiritu es difusivo. Por eso se dice que el cris- 
tiano es cristifero: doquiera va, lleva consigo a Cristo 
y lo difunde. Tamhién Jesus dice que la luz ha de 
ponerse sohre el candelero para que alumhre toda 1« 
casa. Cf. Mat. S, 15; Luc. 8, 16 y nota. 

3. Por el fuego del Espiritu Santo se consuma la 
iluminacion y ese renacimiento espiritual que Jesus 
hahia anunciado a Nicodemo (Juan 3, S; 7, 39), por 
lo cual S. Crisåstomo llama al espiritu Santo repa- 
rador de nuestra imagen. Las lenguas simholizan el 
don de la palabra que los presentes recihieron inme- 
diatamente, y su eficacia para predicar "las mara- 
villas de Dios (v. II). El Espiritu se comunicé en 
esta ocasién con un caråeter de univer&alidad; por eso 
se considera a Pentecostés como el dia natal de la 
Iglesia, y por eso ésta se llama catélica, es decir, 
universal, abierta a todos los puehlos e individuos; 
si hien con una jerarquia instituida por el mismo Je- 
sus con el cargo de difundir el conocimiento del Evan- 
gelio (lo cual presupone la ignorancia de muchos) y 
con la advertencia de que muchos serån los Ha mados 
y pocos los escogidos (22, 14), lo cual presupone la 
Iihertad que Dios respeta en cada uno para aceptar 
o rechazar el Mensaje de Cristo. 

4. "iQué artista es el espiritu Santo!, exclama 
S. Gregorio: instruye en un instante, y ensena todo 
lo ojue quiere. Desde que esta en contacto con la in- 
teli^ncia, ilumina; su sclo contacto es la ciencia 
misma. Y desde que ilumina, cambia el corazon." 

8. Cada uno en nuestra propia lengua: En los vr. 
4, 6 y 11 se insiste en destacar esta maravilla del 
don de lenguas que el Espiritu Santo concedia para 
el apostolado, y el gozo de cada uno al poder enten«; 
der. Confirmase aqui una leccidn que se nos da ea 
ambos Testamefltos sobre el caråeter abierto de la 
Religion de Cristo y la suma conveniencia de trans* 
mitirla en formå que todos puedan entender cuanto 
a ella se refiere. Cf. Mat. 10, 27; Marc. 4, 33; 16, 
15; Juan 18, 21; I Cor. 14, 19; Bar. 1, 5; Neh. 8, 
12 y notas. 

II. Prosélitos se llamaban los gentiles incorporados 
al judaismo. Habia dos clases: prosélitos de la puerta, 
o sea, los creyentes que no recihian la circuncisiån, 
y prosélitos de la justicia, que la recibian. 



156 



LOS HECHOS DE LOS AFOSTOUES », U-S7 



fica esto?" 13 Otros, en cambio, decian mofan- 
dose: "Estan llcnos de mosto." 

Discurso de San Pedro. * 4 Entonccs Pedro, 
poniéndose de pie, junto con los once, levanto 
su voz y les hablé: "Varones de Judea y todos 
los que mora is en Jerusalén, tomad conocimicn- 
to de esto y cscuchad mis palabras. 15 Porquc 
éstos no estan cmbriagados como sospcchais 
vosotros, pues no es mås que la tercera hora 
del dia; 16 sino que esto es lo que fué dicho por 
el profeta Joel: 17 «Sucedera en los ultimos dias, 
dicc Dios, que derramaré de mi espmtu sobre 
toda carne; profetizaran vuestros htjos y vues- 
tras hijas, vuestros joyenes tendran visiones y 
vuestros ancianos verån suenos. 18 Hasta sobre 
mjs esclayos y sobre mis esclavas derramaré de 
mi esptritu en aqucllos dias, y profetizaran. 
19 Haré prodigios arriba en el cielo y senales 
abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de 
humo. ^El sol se, convertirå en tinieblas, y la 
luna en sangre, antes q^ue Uegue el dia del Se- 
nor, el dia grande y celebre. 21 Y acaecera que 
todo cl que invocare el nombre del Senor, sera 
salvo.» 

^"Varones de Israel, escuchad estas palabras: 
A Jesus de Nazaret, hombre acreditado por 
Dios ante vosotros mediante obras poderosas, 
milagros y sen al es que Dios hizo por medio 
de Él entre vosotros, como vosotros mismos 
sabcis; 23 a Éste, entregado segun el designio 
determinado y la prcsciencia de Dios, vosotros, 
por manos de inicuos, lo hicistcis morir, cruci- 
ficåndolo. ^Pero Dios lo ha resucitado anu- 
Iando los dolorcs de la muerte, puesto que era 
imposiblc que Él fuese dominado por ella. 

17 ss. Sobre toda carne: sobre todos los hombres. 
Ksta profecia (Joel 2, 28-32; cf. Is- 44, 3), ademås 
de su cumplimiento en Pentecostés, tiene un sen ti do 
e&catoldffico, como se ve en los v. 19 s. referentes a 
los fenomenos cåsmicos que estan anunciados para 
los ultimos ttempos (cf. Mat. 24* 29; Apoc. 6. 12), o 
sea para "el dia de] Senor" (v. 20)« cuya venida los 
primeros ertsttanos esperaban *"de hora en hora**, como 
dice San Clemente Romano. Cf. 1, 6; I Cor. 1, 8; 7, 
29; Fil. 4, S; I Tes. 5, 2; Hebr. :0, 25 y 37; Sant. 
5, 8; II Pedr. 3, 9; etc. "Téimase pre&ente que en 
los Kvangelios y en todo el Nuevo Testameito se ha- 
bla muchas veces de la prtmera ventda de Jesucristo 
y luego se pasa a hablar de la sekunda" (Btblta de 
Kl Paso). De ahi las palabras des pues de esto con que 
empieza el citado texto de Joel (2, 28, que en el he- 
breo es 3, 1). Véase alli la nota de Crampon. I«a mts- 
ma expresion después de csto usa Santiago, en 15, 16. 

22. Que Dios hxso por medio de Él: S. Pedro y to- 
dos los apostoles cuidan de man tener esta profunda 
verdaa que el mistno Jesus no se cansaba He repetir 
y que no és sino la absoluta y total humillacion del 
Hijo ante el Padre (Fil. 2, 6-8). Pudiendo el Verbo 
obrar por su propia virtud divina, que recibe del 
Padre eternamente, nunca hizo obra aleuna, ni aun 
la propia Resurreccion (v. 24), sino por su P?dre a 
fin de que toda la gloria fnese nara el Padre (Hebr. 
5. 4 ss.). No hay cosa mås sublime que sorprender asi. 
en el seno mtsmo de la divina Familia, el espectåculo 
de esa ftdelidad del Hijo por ima parte, y por la 
otra el amor infinito con que el Padre elo<na a Jesus 
(véase p. ej. S. 44, 3 ss.) y le da M un Nombre que 
es sobre todo nombre*' (Filip. 2, 9). 

24 ss. Sobre este notable ammcio de la Resurrec* 
cién de Jesus en el Antiguo Testamento, cf. 3, 22 
y nota. 



2 *Porque David dice /especto a Él: «Yo tenia 
siempre al Senor ante mis ojos, pues esta a mi 
derccha para que yo no vacile. ^Por tanto se 
Ilcno de alegrta mi corazon, y exulté mi lengua; 
y aun mi carne reposara en esperanza. 2 *Por- 
quc no de ja nis mi alma en el infierno, ni per- 
mitiras que tu Santo vea corrupcién. M Me hi- 
ciste^ conoccr las sendas de la vida, y me col- 
maras de gozo con tu Rostro.» 

^'Varones, hermanos, permitidme hablaros 
con libertad acerca del patriarca David, que 
murio y fuc scpultado, y su sepulcro se con- 
scrya en medio de nosotros hasta el dia de hoy. 
^Siendo profeta y sabiendo que Dios le habia 
prometido con juramento que uno de sus des- 
cendientes se habia de sentar sobre su trono, 
31 hablo profetica mente de la resurreccion de 
Cristo diciendo: que Él ni fué dejado en el 
infierno ni su carne vio corrupcion. &A este 
Jesus Dios le ha resucitado, de lo cual todos 
nosotros somos testigos. ^Elevado, pues, a la 
diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre 
la promesa del Esptritu Santo, Él ha derra- 
mado a Éste a quien vosotros eståis viendo y 
oyendo. ^Porque David no subio a los ciclos; 
antes él mismo dice: «Dijo el Senor a mi Se- 
nor: Siéntate a mi diestra, ^hasta que ponga 
Yo a tus enemigos por tarima de tus pies.» 
36 Por lo cual sepa toda la casa de Israel con 
certeza que Dios ha constituido Senor y Cristo 
a este mismo Jesus que vosotros clavasteis en 
la cruz." 

Frutos del discurso de Pedro. 37 A1 ofr csto 
ellos se compungieron de corazon y dijeron 
a Pedro y a los demås apdstoles: Varones, 
hermanos, équé es j q Ue hemos de hacer?" 



25 ss. Véase S. *5, 8-11 y notas. David no habia 
por su propia persona, sino en representacion y como 
figura de Jesucristo. Véase la explicacton que S. Pe- 
dro da en los v. 29 ss. Esta a mi derccha para que 
yo no vacile: Esa asistencia constante que el Padre 
presto a su Hijo amadisimo (v. 22 y nota; Juan 
8, 29). para sostenerle en su Pas'on (S. 68. 21 y 
nota), es una gran luz para comprender que el aban- 
dono de que habia Cristo en la Cniz (Mat. 27. 46; 
Marc. 15. 34; S. 21, 2) no sisntfica que el Padre 
ret ir ase de Él su so sten (eso habria sido desoir 
la oracton de Cristo). sino, como bien observa San- 
to Tomas, que lo abandonaba "en manos de los 
hombres" (Mat. 17, 22), en vez de mandår contra 
ellos i "mås de doce legiones de ångeles*' 1 (Mat. 
26, 53). 

30. Véase en II Rey. 7, 8 ss. esta promesa, que 
fué recordada por el Sa!mo de Salomon (S. 131, 11), 
por el de Ktån (S. 88, 20-38) y ratificada por el an- 
gel a Maria (L,uc. 1, 32). S. Pablo la reitera en An- 
ttoquia de Pisidia C 3. 32 ss.). 

31. Hablé de la resurrecciån de Cristo: Véase la 
profecia de Moisés invocada en igual sent i do por el 
Apostol (3, 22 y nota). 

33. Lft promesa del Espiritu Santo: por donde se 
ve que fué con su Paston como Cristo conquistå para 
nosotros el Espiritu Santo, segun lo con firma S. Juan 
(7, 39). Sobre el valor infinito de este don, cf. Juan 
14, 26; 15, 26; 16, 7 y notas. 

34 ss. Véase S. 109, ! y nota. El mismo Jes«« 
expltco esta profecia en Mat. 22, 41*46 como prueba 
de su divtnidad. Pedro la usa aqui (v. 36), lo nvsmu 
que S. Pablo (Hebr. 1, 8-13; I Cor. 15, 25). como 
anuncio del futuro triunfo de Cristo.. 

36. Hp constituido: Cf. S. 109, 4 y nota. 



LOS HECHOS DK I*OS APOSTOLES 2. 38-47; 3. 1-10 



157 



38 Rcspondioles Pedro: "Arrepentios, dijo, y 
bautizaos cada uno de vosotros en el nombre 
de Jcsucristo para remision de vuestros peca- 
dos; y recibiréis el don del Espiritu Santo. 
39 Pues para vosotros es la promesa, y para 
vuestros hijos y para todos los que estan lejos, 
cuantos Uamare el Senor Dios nuestro." 40 Con 
otras muchas palabras dio testimon io y los 
exhortaba dicicndo: "Salvaos de esta genera- 
tion perversa." 41 Aquellos, pues, que aceptaron 
sus palabras, fucron bautizados y se agregaron 
en aqucl dia ccrca de tres mil almas. 

VlDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS. 42 ElloS per- 

severaban en la doctrina de los apostoles y en 
la cornunion, en la fraccion del pan y en las 
oracioncs. ^Y sobre todos vino temor, y eran 
muchos los prodigios y milagros obrados por 
los apostoles. 44 Todos los creycntes vivian 
unidos, y todo lo tenian en comun. 45 Vendian 
sus posesiones y bienes y los repartian entre 
todos, segun la necesidad de cada uno. 46 To^ 

41. Aqucl! os que aceptaron sus Palabras: Porque 
sin tener fe no podian ser bautizados. Vcasc S, 36 ss.; 
Marc. 16, 16; Col. 2, 12 y notas. "La primera fun- 
cion minister'al es la de la pa!nbra. <l l, e engendra !a 
fe. A !a profesiån de fe signe el Itautismo. en nombre 
<ic In San;isima Trnidad. q*c es e! nt^ de introduecton 
al re'no r'e Jesucristo" (Card. Gomå). Cf. 4, 4; 
8, 37 y notas. 

42. En }a doctrina de los apåsto f es: en griego: 
Didajé toon Apostoloon. Con este mistro nombre se 
ha conservado un documento escrito. de! siglo prime- 
ro, que es de lo mås antigno y por taito venerable 
que poseemos como tradicion apnstolica desTiués r'e 
las Ivscrituras, y que todos dobieran conoeer. Fracc : 6n 
del pan se llamaba la celebracion de la Kucarstia 
(cf. v. 46) ya en los pr mer os dias, inmediatamente 
despnés de la Ascension del Senor. I^a contimiidad 
de csta tradicion apostoHca de la Igles : a ji\dio-cris- 
tiana ha sido hiego atestiguada por S. Ireieo y S. Jus- 
tino. La Vulgata traduce: "la comvn : on de *a fraccion 
del pan". El griesro distingne ambas palab-as, como 
observa Fi'lion. nues la primera se refiere a esa vida 
de fraternal union en la caridad, Cf. v. 44 y nota. 
As'i también el Credo hab.a de la comuni6n de los 
santos. 

44. Todo lo tenian en comun. etc. Se ayudaban 
muti«amente eon plena caridad fraterna y vendian 
sus propiedades si eran necesarias para poder soco- 
rrer a los pobres (4, 37). Esta comunidad voluntaria 
nada tiene que ver con lo que hoy se llama comunismo. 
Era un fruto 1 bérrimo del fraternal amor que unia 
a ]os discipulos de Cristo en "un solo corazån y 
una sola alma'* (4. 32 ss.) segun lns ansias que el 
divino Maestro habia expresado a su Padre (Juan 17. 
Il) y a eKos mismos (Juan 13. 34 s.), ya que. como 
ohserva admirab'emente S. Agustin. iinicamente la ca- 
ridad distingue a los hijos de Dios de los hijns del 
diatøo. Todo el valor sobrenatural y to^a la cficacia 
social de aque1!a v'da le venia de esa esnontaneidad. 
como se ve en el episodio de Ananias v Safira (vén- 
se 5, 1 ss.). El P- Murillo S. J. con»prueba, en un 
celebre estudio histnrco-teolégico. ti triste enfria- 
mJfSSMo que han ido stvfriemlo la fe y la caridad des- 
de bs tiempos aposttVicos. En ruanto a las perspectivas 
futuras. véase lo que dice Jesus en iMat. 24, 12 y 
Luc. 18, 8. 

46.- En el Tcmplo: es decir en cl templo judio de 
Jerusalén. La ruptura con el culto antiguo no se rea- 
liz6 hasta mås tarde (cf. S. 29 y nota; 15, 1 ss. ; ?6* 
3; Fiiip. 3, 3: Hebr. 8. 4 y no*a). Pero desde un 
princtpio los cristianos tenian la Eucaristia o fracciån 
åd pan (v. 42) y cl hogar era. santuario, como se ve 
en las palabras por las casas, pues también predicaban 



dos los dias perseveraban unånimemente en el 
Tcmplo, partian el pan por las casas y tomaban 
el alimento con alegria y sencillez de corazon, 
47 alabando a Dios, y amados de todo el pueblo; 
y cada dia anadia el Senor a la unidad los 
que se salvaban. 

CAPiTULO III 

CURACION DE UN TULMDO DK NAC1M1ENTO. 1 Pe- 

dro y Juan subian al Templo a la hora de la 
oracion, la de nona, 2 y era llcvado un hombre, 
tullido desde el seno de su madre, al cual po- 
man todos los dias a la puerta del Templo, 
Uamada la Hcrmosa, para que pidiese Hmosna 
de los que entraban al Templo, 3 Viendo este 
a Pedro y a Juan que iban a entrar en el 
Templo, les imploraba para recibir limosna. 
4 Mas Pedro, fijando con Juan la vista en el, 
dijo: "Dirige tu mirada hacia nosotros." 5 En- 
tonces él les estuvo atento, esperando recibir 
de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: w No tengo 
plata ni oro; pero lo que tengo eso te doy. 
En el nombre de Jesucristo el Nazareno, levån- 
'tatc y anda"; 7 y tomandolo.de la mano dere- 
cha lo levanto. Al instante se le consolidaron 
los pies y los tobillos, fi y dando un salto se 
puso en pie y caminaba. Entro entonces con 
ellos en el Templo, andando y saltando y 
alabando a Dios. 'Todo el pueblo le vio como 
andaba y alababa a Dios. I0 Y lo reconocieron, 
como que él era aquel que solia cstar sentado 
a la Puerta Hermosa del Templo, para pedir 



en elas (5, 42) y en ellas se reunian (Rom. 16. S; 
Col. 4, 15). Tomaban el alimento con a!ef/ria: Trazo 
que completa este admirable cuadro de santtdad co* 
lect'va. propia de los tiempos apostolicos y que no 
volvié mås. Sobre la santificacion del alimento existe 
una precio&a oracion, sin duda muy anti?ua. hecha 
toda con textos de S. Pablo y que traduclda dice asi: 
"Padre Santo, que todo lo provees con abundancia 
(I Tim. 6, 17) y santificas nuestro a* : mento ern tu 
palabra (I Tim. 4, 5). bendicenos junto con estos 
dones, para que los tomemos a gloria tuya (I Cor. 
O, 31) en Cristo y por Cristo y con Cristo. tu Hijo 
y Senor nuestro, que vive contigo en la unidad del 
Espiritu Santo y cuyo reino no tendrå fin. Amen." 
La accion de gracias, para después, empie2a dicien- 
do: "Gracias, Padre, por todo el bien que de tu mano 
recib'mos (Sant. 1, 17)** y termina coi t\ mismo final 
de la anterior: *'en Cristo, etc. M , que parece inspirado 
en Ef. 5, 20, donde San Pablo ensefia que el a^ra- 
decimiento por todas las cosas hi de .darse siempre 
a Dios Padre y en nombre de Nuestro Senor Jesu- 
cristo. 

47. Anadia et Senor. 1 como observa Fillion. el na- 
rrador tiene buen cuidado de anotar que esto. no era 
obra de los hombres, sino de Dios "que da el crect* 
nvento" (I Cor. 3, 6 s.). 

1. Hora de nona: las quince. hora de la oracién 
y del sacrificio vespertino. Cf. S. 140. 2 y n.i*a. 

2. La Puerta Hermosa: probablem^nte aqnHla oue 
separaba el atrio de los gentiles del atrio de las 
mu jeres. 

6. "Los apostoles eran, pues, tan pobres como su 
Maestro. El dinero que se les Ilevaba (cf. 2. 45; 4» 
35. etc.) era distribi'ido por ellos a los cristianos 
pobres'* (Fillion). El Dante alude a esto en el "Parai- 
so" por boca de S. Pedro Damian, presentando a los 
apostoles "magros y descalzos" (canto 21. "21). y 
^n el celebre discurso de S. Kenito (raitn 22. 82-88). 
Véase el caso anålogo de Eliseo en IV Rey. 6, 5 y 
nota. 



158 



LOS HECHOS Xm LOS APOSTOLES 3, 10-26; 4, 1 



limosna, por lo cual quedaron at6nitos y llenos 
de asombro a causa de lo que le habia sucedido. 

Pedro habla a la muchedumbre. n Mientras 
él aun detenia a Pedro y a Juan, todo el pue- 
blo, lleno de asombro, vino corriendo hacia 
ellos, al p6rtico llamado de Salomån. 12 Viendo 
esto Pedro, respondio al pueblo: "Varones de 
Israel, éPor qué os maravillais de esto, o por 
qué nos mirais a nosotros como si por propia 
virtud o por propia piedad hubiésemos hecho 
ahdar a este hombre? 13 E1 Dios de Abrahan, 
Isaac y Jacob, el Dios de nuestros padres ha 
glorificado a su Siervo Jesus, a quien vosotros 
entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuan- 
do éste juzgaba ponerle en libertad. ^Vosotros 
negasteis al Santo y Justo y pedisteis que se 
os diese en gracia un hombre homicida; 15 y 
disteis muerte al autor de la vida, a quien Dios 
ha levantado de entre los muertos; de lo cual 
nosotros somos testigos. 16 Por la fe en su nom- 
bre, a éste a quien vosotros veis y conocéis, Su 
nombre le ha fortalecido; y la fe que de Él 
viene, es la que le dio esta perfecta salud 
delante de todos vosotros." 

Pedro exhorta al pueblo a creer en Crxsto. 
17 "Ahora bien, oh hermanos, yo se que por 
ignorancia obrasteis lo mismo que vuestros je- 
fes. 18 Mas Dios ha cumplido de esta manera 
lo vaticinado, por boca de todos los prof etas: 
que padecerå el Gristo suyo. 19 Arrepentfos, 
pues, y convertios, para que se borren vues- 
tros pecados, 20 de modo que vengan los tiem- 
pos del refrigerio de parte del Senor y que 
El envie a Jesus, el Cristo, el cual ha sido pre- 
destinado para vosotros. 21 A Éste es necesario 



11. En este mismo portico de Salomon pronuncio 
Jesus sus discursos en la fiesta de la Dedtcacién del 
Templo. Véase Juan 10, 23 ss. 

13. Notese como los ap6stoles, al hablar de Dios, 
distinguen siempre con perfecta propiedad las divinas 
Personas. San Pedro llama Dios de Ahrahån, de 
Isaac y de Jacob al divino Padre, esto es, a la pri- 
mera Persona, pues aiiade que "glorificd a su Hijo 
Jesus", y seria una monstruosidad decir que Cristo 
es Hijo de la Trinidad o de una Esencia divina im- 
personal, como lo hizo el herético P. Berruyer, a 
quien refuta admirahleraente San Alfonso de Ligorio, 
Tal error, en el cual quizås incurre hoy sin darse 
cuenta mås de un cristiano, es lo que el IV Concilio 
Lateranense llama "la cuateraidad" ( Denz. 43 1 ) . 

16, Por la fe en su nombre: La fe excede, pues, 
infinitamente todo poder humano. Y si el mundo no 
le da tanta importancia ,es porque, como dice S. Am- 
brosio, *'el corazon estrecho de los impios no puede 
contener la grandeza de la fe", Véase Mat. 9, 22; 
Marc. 5, 3<k Luc. 7, 50; 8, 48; 17, 19; 18, 42; etc, 

17. Véase en Mat. 27, 18 y nota la seduccion del 
pueblo por los sacerdotes de Israel. 

20. Los tiempos del refrigerio: Segun Buzy, S. Pe- 
dro usaba con aquellos judios esta expresion como 
"metåfora de los tiempos mesiånicos". Cf. Rom. il, 
25 ss. Para vosotros: cf. v. 22 y nota. 

21. Restauracién de todas las cosas: "En su se- 
gundo advenimiento el Mesias operarå la restaura- 
ciån de todas las cosas segun el orden fijado por Dios" 
(Crampon). Cf. 1, 11 y nota; Ei 1, 10; II Pedro 3, 
12-13; Mat. 19, 28; Apoc. 21, 1. Se entiende por esto 
"la época en que el universo entéro sera restaurado, 
transformado, regenerado con todo lo que contiene. En 



que lo reciba el cielo hasta los tiempos de la 
restauracién de todas las cosas, de las que Dios 
ha hablado desde antiguo por boca de sus 
santos profetas. ^Porque Moisés ha anuncia- 
do: Eli Senor Dios vuestro os suscitarå un pro- 
feta de entre vuestros hermanos, como a mi; 
a Él habéis de escuchar en todo cuanto os 
diga; ssy toda alma que no escuchare a aqucl 
Profeta, sera exterminada de en medio del 
pueblo. ^Todos los profetas, desde Samuel y 
los que lo siguieron, todos los que han hablado, 
han anunciado asimismo estos dias. ^Vos- 
otros sois hi jos de los prof etas y de la alianza 
que Dios estableciå con nuestros padres, di- 
ciendo a Abrahan; Y en tu descendencia se- 
ran bendecidas todas las familias de la tierra. 
2É JPara vosotros en primer lugar Dios ha resu- 
citado a su Siervo y le ha enviado a bendeci- 
ros, a fin de apartar a cada uno de vosotros 
de vuestras iniquidades." 

CAPfTULO IV 

Pedro y Juan encarcelados. iMientras esta- 
ban hablando al pueblo, vinieron sobre ellos 



efecto, segun ■ la doctrina biblica, si la tierra, que 
participå en cierto modo en los pecados de la hu- 
manidad, fué condenada con ella, sera también trans- 
figurada con ella al fin de los tiempos. Sobre esta 
ensenanza, cf. Rom. 8, 19 ss.; II Pedro 3, 10-13; 
Apoc, 21, 5, etc." (Fillion). 

22. Os suscitarå un profeta: Este notable pasaje 
puede traducirse también: Os resu citar å • un prof eta. 
Segun esta interpretacion, el celebre vaticinio de Moi- 
sés sobre el Mesias (Deut. 18. 15) anunciaria que 
tales profecias habian de cumpKrse en Él después 
de muerto y resucitado. Iyucas al narrar, y Pedro al 
hablar aqui, usan en griego el verho anastesei (lo mis- 
mo que el texto de Moisés en los I^XX. que es la 
version citada por S. Pedro), cuyo sentido principal 
es resucitarå, y repitcn el mismo verho en el v. 26, 
donde tal sentido es evidente y exclusivo de todo otro; 
levantar de entre los muertos. Esta version tiene en 
su favor circunstancias importantes, puesto que Pedro 
esta hablando de la Resurrecciån de Jesus, y su in- 
tencién expresa es aqul (como en 2, 24 ss., donde 
usa el mismo verbo), mostrar precisamente que esa 
resurrecciån estaba anunciada desde Moisés, como lo 
estaba por David (véase 2, 25 ss., cita del S. 15. 8 ss., 
y 2, 30, cita del S. 131). Igual testimonio que éstos 
de Pedro, da Pahlo en 13, 33 ss., con idénticos argu* 
mentos y usando el mismo verho. Por lo demås, Jesul 
ya lo habia dicho a los discipulos de Emaus (uno de 
los cuales era tal vez el nrsmo Ivucas) Hamåndolos 
"necios y tardes de corazén*' en comprender que su 
rechazo por Israel, sus dolores, muerte y resurreccion 
estaban previstos, para lo cual "comenzando por Moi- 
sés" les hizo interpretacion de las profecias (%uc. 
24, 25-27). Y el mismo Lucas relata luego que, a fin de 
hacerles comprender esps anuncios, el divino Maestro 
"les ahrio la inteligencia para que entendiesen las Es- 
crituras" y les dijo que estaba escrito "en iMoisés, en 
los Profetas y en los Salmos" que el Cristo sufriese "y 
resucitase de entre los muertos al tercer dia" (Luc. 24, 
44-46). Cf, 26, 23. Como a mi: Sobre el sentido de 
estas palabras, véase 7, 37 y nota, Cf. 17, 18 y nota. 

24. Todos los pTofetas: Cf. Rom. 15, 8; Hebr, 
13, 20; Ez. 34, 25 y nota. 

25. Véase Gén. 12, 3; 18, 18; 28, 18. Tu descen- 
dencia: Jesucristo. * 

26. En primer lugar: no dice exclusivamente (cf. 
cap. 10). El final del v. se habria cumplido si Israel 
huhiese escuchado esta predicaci6n apostolica. Cf. 
Rom. 11, 26; Is, 59, 20. 

1. Los saduceos, los epicureos y poderosos del pue- 



LOS KECHOS DE LOS APOSTOLES 4, 1-23 



159 



los sacerdotes^ con el capitån del Templo, y 
los saduceos, 2 indignados de que ensenasen al 
pueblo y predicasen en Jesus la resurreccion 
de entre los muertos. 3 Les echaron mano y los 
metieron en la cårcel hasta el dia siguiente, 
porque ya era tarde. 4 Muchos, sin embargo, 
ae los que habian oido la Palabra creyeron, 
y el numero de los varones llego a cerca de 
cinco mil. 

Pedro y Juan ante el Sinedrio. 5 Y acaecio 
que al dia siguiente se congregaron en Jeru- 
salén los jefes de ellos, los ancianos y los escri- 
bas, *y el Sumo Sacerdote Anas, y Caifås, Juan 
y Alejandro y los que eran del linaje de los 
principes de los sacerdotes. ^os pusieron en 
medio y les preguntaron: "^Con qué poder o 
en qué nombre habéis hecho vosotros esto?" 
SEntonces Pedro, lleno del Espfritu Santo, les 
respondio: "Principes del pueblo y ancianos, 
%i nosotros hoy somos intérrogados acerca del 
bien hecho a un hombre enfermo, por virtud 
de quién éste haya sido sanado, 10 sea notorio 
a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, 
que en nombre de Jesucristo el Nazareno, a 
quien vosotros crucificasteis y a quien Dios ha 
resucitado de entre los muertos, por Él se pre- 
senta sano este hombre delante de vosotros. 
u Ésta es la piedra que fué desechada por vos- 
otros los edificadores, la cual ha venido a ser 
cabeza del ångulo; 12 y no hay salvacion en nin- 



blo, difundidos en la dase sacerdotal (cf. 23, 6 ss. y 
nota) negaban la resurreccion de los muertos, apa- 
rentemente para no ser- estorbados en su vida comoda 
(cf. Mat. 22, 23). Empezamos a ver aqui cpmo la 
Sinagoga, la misma que habia perseguido a Jesus hasta 
la muerte, rechazå también a los apostoles que, ilumi- 
nados en Pentecostés, daban testimonio de su Resu- 
rrecci6n como prueba de que Él, redivivo, cumpliria 
aun las promesas de los profetas sobre el Mesias glo- 
rioso. Cf. igual persecucion en. 7, 52; 23, 6ss.; 24, 
15-21; 26, 7; I Tes. 2, 16, etc, lo mismo que el 
rechazo en el Are6pago de Atenas, también por pre- 
dicar la resurrecci6n (17, 32). Sobre la resurreccion 
de entre los muertos, cf. también Filip. 3, 11; I Gor. 
15, 23 y 52; I Tes. 4, 14 ss.; Apoc. 20, 4 ss.; I,uc. 
14, 14; 20, 35, etc. 

4. Aqui, como en 2, 41, creyeron, gracias a la Pa- 
labra, es decir aceptaron, al conocerlo, el misterio 
infinitamente bondadoso de un Cristo que, en vez de 
tnunciarles el castigo de Dios por baber matado a su 
Hijo (v. 2), les brindaba, en ese mismo Hijo resuci- 
tado, el camino de la gracia mediante la fe en Él. 
As! fué Pedro el Apåstol por excelencia de los judios, 
mientras Pablo lo seria de los gentiles (cf. Gål. 2, 8). 
"En ambos encontramos, no ya al moral ista que 
dama contra los vie i os del pueblo y de los sacerdotes 
—como bacian los antiguos profetas — stno al expo- 
sitor de la Buena Nueva, que despierta las almas rec- 
tas al åmor de las promesas evangélicas". 

11. Véase S. 117, 22; Is. 28, 16 y notas; Mat. 21, 
42; Marc. 12, 10. etc. 

12. No hay salvaciån en ningtin otro: Inolvtdable 
ensefianza que nos libra de todo humamsmo, y qué 
S. Pablo inculcaba sin cesar para que nadie siguiese 
a él ni a otros caudillos por simpatia o admiraci&n 
pcrsonal, stno por adhesi6n al unico Salvador, Jesus 
(1 Cor^l, 12; 3, 4 ss.), y mostråndose él como simple 
consiervo (14, 9-14). como lo son los mismos ångeles 
(Apoc, 19, 10). Es éste un punto capital porque afecta 
al honor de Dios, siendo muy de notar que la figura 
del Anticristo no es presentada como la de un crimi- 
nal o vicioso, sino como la del que roba a Dios la 



gun otro. Pues debajo del cielo no hay otro 
nombre dado a los hombres, por medio del 
cual podemos salvarnos." 

Amenazas del Sinedrio. 13 Viendo ellos el 
denuedo de Pedro y Juan, y sabiendo que eran 
hombres sin letras e incultos, se admiraron y 
cayeron en la cuenta de que habian estado con 
Jesus; 14 por otra parte, viendo al hombre que 
habia sido sanado, de pie en medio de ellos, 
nada podian decir en contra. 15 Mandaron en- 
tonces que saliesen del Sinedrio, y deliberaron 
entre si, 16 diciendo*. "^Qué haremos con estos 
hombres? Pues se ha hecho por ellos un mila- 
gro evidente, notorio a todos los habitantes 
de Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Pero' 
a fin de que no se divulgue mas en el pueblo, 
amenacémoslos para que en adelante no hablen 
mas en este nombre a persona alguna." 18 Los 
Uamaron, pues, y les intimaron que de ninguna 
manera hablasen ni ensenasen en el nombre de 
Jesus. 19 Mas Pedro y Juan respondieron di- 
ciéndoles: "J uz S a ^ vosotros si es justo delante 
de Dios obedeceros a vosotros mas que a Dios. 
20 Porque nosotros no podemos dejar de hablar 
lo que hemos visto y oido." 21 Y asi los des- 
pacharon amenazandoles, mas no hallando co- 
mo castigarlos, por temor del pueblo; porque 
todos glorificaban a. Dios por lo sucedido. 
22 Pues era de mas de cuarenta afios el hombre 
en quien se habia obrado esta curacion mila- 
grosa. 

Acx:i6n de gracias de los fieles. 23 Puestos 
en libertad, llegaron a los suyos y les contaron 
cuantas cosas les habian dicho los sumos sacer- 



gloria (II Tes. 2, 3 ss.). Sobre la extrema severidad 
del divino Maestro en esta materia véase Juan 5, 30 
y 43 ss.; 7, 18; Mat. 23, 6-12. etc. 

13. La admiraciån del tribunal supremo nos mues* 
tra que en Pedro hablo el ^spiritu Santo, "el alma 
de nu es tra alma** (Sto. Tomas), cumpliéndose la pro* 
mesa del Senor en Mat. 10, 19 s. ^sta santa audacia 
para predicar la divina Palabra sin disminuirla, es 
la gracia que mås anhelaban los apåstoles. Cf. v. 29; 
28, 31; Ef. 6, 19; Col. 4, 3; II Tes. 3. 1. 

16 ss. KJ«nplo clåsico del espiritu fcrisaico qut 
peca contra la luz (Juan 9- 30): no pueden negar 
la verdad del milagro, pero entonces, en vez de admi- 
tirla, tratan de ocultarla. Véase el caso notable del 
ciego de nacim'ento en Juan 9. Esto muestra, ad em ås. 
que, como ensefiå Jesus, no es el milagro lo que en- 
gendra la fe (Luc. 16, 31 j nota), siao la Palabra 
sembrada en el coraz^n que la entien^e (Mat. 13, 23 
y nota). 

19. Cf. un caso analogo en S, 29. AdmiraWe res- 
puesta, preciosa luz y estimulo. No somos aut6matas 
para dejarnos llevar ciegamente (I Cor. 12, 2). Sabe- 
mos que Dios no se contradice, por lo cual no puede 
håber oposicion entre la obediencia a los que en Su 
nombre mandan y la »roluntad divina. En caso de con- 
flicto como éste. Él mismo nns da la conciencia que 
ha de ser quien decida (cf. 17, 11; Rom. 14, 23; 
I Tes. 5, 21; Sant. 4. 17, etc). 

20. En esta belltsima confesi6n, que mås pare- 
ce un desabogo del alma apost61ica, vemos la fuerza 
incontenible del Evangelio, "vino nuevo que rompe 
los cueros viejos" (Mat. 9. 17; cf. Job. 32, 19). 
Es la embriaguez del Espiritu, que los hacia pa- 
sar por borrachos ante el mundo (2, 13 'y 15), 
como Cristo pasaba por loco ante sus par i en tes 
(Marc. 3, 21). 



160 



LOé HECHOS DB I4OS APOSTOIÆS 4, 23-37; 5, 1-6 



dotes y los ancianos. 24 EIIos al oirlo, levan- 
taron unånimes la voz a Dios y dijeron: "Se- 
nor, Tu eres cl que hiciste el cielo y la tierra 
y el mar y todo cuanto en ellos se contiene; 
^Tu el que mediante el Espiritu Santo, por 
boca de David, nuestro padre y siervo tuyo, 
dijiste: ^Por qué se han alborotado las nacio- 
nes, y los pueblos han forjado cosas vanas? 
26 Levantåronse los reyes de la tierra, y los 
principes se han coligado contra el- Scnor y 
contra su Ungido.» 27 Porque verdaderamente 
se han juntado en esta ciudad contra Jesus su 
santo Siervo, a quien Tu ungiste, Herodes y 
Poncio Pilato, con los gentiles y los pueblos 
de Israel, ^para hacer lo que tu mano y tu 
design io habia determinado que se hiciese. 
^Ahora, pues, Senor, mira las amenazas de 
ellos, y da a tus siervos que prediquen con 
toda libertad tu palabra, ^extendiendo tu ma- 
no para que se hagan curaciones, prodigios y 
portentos por el nombre de Jesus el santo 
Siervo tuyo." 31 Acabada la oracion, temblo el 
lugar en que estaban reunidos, y todos queda- 
ron llenos del Espiritu Santo y anunciaban con 
toda libertad la palabra de Dios. 

LA CAR1DAD DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS. S2 La 

multitud de los fieles tenia un mismo corazon 
y una misma alma, y ninguno decia ser suya 
propia cosa alguna de las que poseia, sino 
que tenian todas las cosas en comun. Z3 Y con 
gran. fortaleza los apostoles daban testimonio 



24. Tu eres el que hiciste, etc: Modelo de oracion 
frecuente en la Biblia (cf. S. 88. 12). Es ui acto 
de fe viva que proclama las maravilias de Dios y lo 
a.aba por el'.as. I*o mismo bace Maria en I,uc I, 47 &s. 

25. Cita del S. 2, Is. Es que los primeros cristia- 
nos usaban -los Salmos para glorificar a Dios. para 
agradecerle y para cualquier clase de oracion. El Sal- 
terio era el devocionario cr'stiano. y siguio siéndolo 
durante los siglos de mayor fe. Algo nos dice que, 
emp:eza a reanudarse esta costumbre. J,a S. Congre 
gacion de Seminarios por deseo de Pio XII. ha orde- 
nado en todos los seminarios de Italia un curso espe- 
cial de dos anos. dedicado a conocer los Salmos como 
objeto de oracion. También en America van aumen- 
tando las famil as que cada dia, después de leer un 
capitulj del Evangel o, rezan Salmos en formå dia- 
logada. 

29 s. Es tal su anhelo de libertad para predicar 
el Evangelio, que no vacilan e:i pedir mi Ugros. Y 
Dios les muestra que accede (v, 31). 

32. Sobre el " comunismo*' de la Iglesia de Jerusa- 
lén véase 2, 44 y nota. Aquel comunismo era fruto 
de la caridad fraterna, mientras el moderno^ trae su 
origen del odio de las clases y la injusticia social. 
Cf. Mat. 6, 33, donde Jesus ensefia el iinico modo 
de que se restablezca el orden economico. tin cierta- 
mente pnr obra del hombre, como lo pretende con 
incorregibles fracasos la suficiencia humana, sino por 
obra de la activa Providencia divina. como promesa 
de Dios a la fidelidad con que lo busquemos primero 
a Él. 

33. Gracta dbundante: He aqui la raiz de la vida 
ejemplrr de los cristianos de Jerusalén. Por la gracia 
nos convertimos en miembros vivientes de Cristo. Dice 
el Concilio de Trento: "Cristo derrama continuamente 
su virtud en los justos, como la cabeza lo hace con 
los miembros y la vid con los sarmientos. Dicha vtrtud 
precede siempre a sus buenas obras las acompana y 
las sigue, dåndoles un va!or sin el cual en modo 
ateuno podrian resultar del agrado de Dios, ni me- 
ritorias" (Ses. VI, c. 16). 



de la resurreccion del Senor Jesus y gracia 
abundante era sobre todos ellos. M Porque no 
habia entre ellos persona pobre, pues todos 
cuantos poseian cam pos o casas, los vendian, 
traian el precio de las cosas vendidas, 35 y lo 
ponian a los pies de los apostoles; y se distri- 
buia a cada uno segun la necesidad que tenia. 
38 Asi también José, a quien los apostoles pu- 
sieron por sobrenombre Bernabé, lo que sig- 
nifica "Hijo de consolacion", levita y natura! 
de Chipre, 37 tenia un campo que vendio y 
cuyo precio trajo poniéndolo a los pies de los 
apostoles. 

CAPITULO V 

Ananias y Safira. ! Un hombre llamado Ana- 
nias, con Safira, su mujer, vendio una posesion, 
2 pero retuvo parte del precio, con acuerdo de 
su mujer, y trayendo una parte la puso a los 
pies de los apostoles. 3 Mas Pedro dijo: "Ana- 
nias, (jcomo es que Satanas ha llenado tu cora- 
zon para que mintieses al Espiritu Santo, rete- 
niendo parte del valor del campo? 4 Quedandote 
con él (fno era tuyo? Y aun vendido tf *no que- 
daba (el precio) a tu disposicion? ^Por qué 
urdiste tal cosa en tu corazon? No has men- 
tido a hombres sino a Dios." 5 A1 ofr Ananias 
estas palabras, cayo en tierra y expiro. Y so- 
brevino un gran temor sobre todos los que 
supieron. ^uego los jovenes se levantaron, 
lo envolvieron y sacandolo fuera le dieron 



35. A los pies de los apostoles: cf. 3, 6 y nota. 
"^De qué sirve revestir los muros con piedras precio- 
sas. si Cristo se rouere de bambre en la persona del 
pobre?" (S. Jeronimo). Es un concepto muy propio 
de la tradic:6n de la Iglesia que los bienes de la 
misma pertenecen a los pobres. I^a Didascalia dice a 
los obispos: *Gobernad, pues, debu'ameme todo lo que 
es dado y lo que entra en la Iglesia, como Jbuenos 
economos de Dios, segun el orden, para los huérfanos 
y las viudas, para los que tienen necesidad, y para 
los extranjeros, sabiendo aue Dios que os ha dado 
este cargo de economo, pedirå de ello cuenta a vues- 
tras manos'*. Cf, Dante» Paraiso, 22, 82 ss. 

36. Bernabé es presentado aqui prestigiosamente 
a causa del papel importante que desempefiarå después 
(9, 27; 13, 1, etc). Fillion hace notar que el sobre- 
nombre que le babia sido dado por los apostoles pa- 
rece puesto aqui en el sentido de buen predicador 
(cf. Il, 13; 13, 1; I Cor. 14, 3). Esto se confirma 
en el oficio de su fiesta (11 de junio). donde se dice 
que al hallarse por el emperador Zenon su cuerpo 
martirizado en la isla de Chipre, tenia en su pecho 
el Evangelio de San .Mateo copiado por la mano del 
mismo Bernabé. 

1 ss. Este extraordinario epi?odio nos muestra que, 
aun entre la pureza de aquella era apost6Hca. tan 
parecida en eso a la edad de oro anunciada por los 
profetas, Satanås (v. 3) seducia sin embargo algunas 
almas, como que no tardo en seducir a muchas 
(Filip. 2, 21; II Tim. 4, 9 y 14 ss.; I Juan 2. 18 s.; 
III Juan 9 s.; Judas 4 ss., etc). Con elocuencia 
insuperable, S. Pedro nos descubre la obra diabolica 
que deforma el corazon de aquel infeliz matrimnnio, 
empefiårtdolo en real : zar una obra que no era obliga- 
toria, e impidiéndole poner en rlla el amor que es lo 
unico qi*e valoriza las obras (I Cor. 13, 1 ss.; II Cor. 
9, 7; Filem. 14; Hebr, 13, M\ Ecli. 35, 11. etc). 
Por donde la obra, lejos de valerle. fué su ruina; 
porque Dios no necesita de nuestros favores (Job 13, 
7 s. y notas), pero si exipe la rectitud del corazån 
(Juan 1, 47 y nota). S. Pablo revela como se quema* 
ran tristemente tales obras (I Cor. 3, 12 ss.). 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 5. 6-32 



161 



sepultura. 7 Sucedio entonces <jue pasadas como 
tres horas entro su mujer, sin saber lo acae- 
cido; 8 a Ja cual Pedro dirigio la palabra: 
"Dime, {es verdad que vendistcis el campo en 
tanto?" "Si, respondio ella, en tanto." enton- 
ces Pedro le dijo: " c Por qué os habéis con- 
certado para tentar al Espiritu del Sefior? He 
aqui a la puerta los pies de aquellos que ente- 
rraron a tu marido, y te llevaran también a 
ti." I0 A1 momento ella cayo a sus pies y expiro; 
con que entraron los jovenes, la encontraron 
muerta y la Hevaron para cnterrarla junto a 
su marido. U Y se apoderé gran temor de toda 
la Iglesia y de todos los que oyeron tal cosa. 

Milacros de los ap6stoles. 12 Hacianse por 
manos de los a postoles muchos milagros y pro- 
digios en el pueblo; y todos se reunian de 
comun acuerdo en el portico de Salomon. 13 De 
los demas nadic se atrevia a juntarsc con ellos, 
pero el pueblo los tenia en gran estima. 
14 Agregaronse todavia mas creyentes al Senor, 
muchedumbre de hombres y mujeres, 15 de tal 
manera que sacaban a los enfermos a las calles, 
poniéndolos en camillas y lechos. para que al 
pasar Pedro, siquiera su sombra cayese sobre 
uno de ellos. 16 Concurria también mucha gen- 
te de las ciudades vecinas de Jerusalén, tra- 
yendo enfermos y atormentados por espiritus 
inmundos, los cuales eran sanados todos. 

Nueva persecucion. ^LevantxSse entonces el 
Sumo Sacerdote y todos los que estaban con 
él — eran de la secta de los saduceos — y Uenos 
de celo 18 echaron mano a los apostoles y los 
metieron en la cårcel publica. 19 Mas un angel 



10. Pedro no ejerce aqui un poder d< quitar la 
vida, sino que obra como profeta. declarando el cas- 
tigo que enviaba Dios (cf. el caso de Eliseo en el 
camino de Betel; IV Rey, 2, 23 ss.) S. Aguslin su- 
pone que de esta muerte corporal se sirvid la dtvina 
misericordia para evitaries la muerte eterna. Asi 
ensena también S. Pablo que la Eucaristia mal reci- 
bida es causa de que mueran muchos corporalmente 
(I Cbr. 11, 30). 

11. Sobre este castigo, que fué ejemplar paja todos, 
dice el Crisdstomo: **Tu podias guardar lo que era 
tuyo. Entonces <jpor qué consagrarlo si lo babias de 
lomar de nuevo? Tu conducta mucstra un soberano 
desprecio. No merece. perdon". 

12 ss. Cf. 8, 12 ynota; 19. 12; cap. 28, etc. E&tos 
milagros servian, como los de Jesus, para dar testi- 
monio de que Dios los enviaba (Juan 3, 2; 7. 31; 9, 
33; Marc. 16, 20; Hecb. 8. 6; 14. 3, etc). Pero las 
conversiones a la fe se operaban esencialmente por la 
predicaciån de la Palabra evangélica (cf. 2, 41; 4, 
4 y nota). Jesus hace notar muchas veces que los 
milagros no convierten verdaderamente (Juan 6, 26; 
11, 47; 12, 37; I*uc. 11. 31 y nota; cf. Num. 14, 
11, etc), y cuando algunos aparecen creyendo en él 
por los milacros, el Evangelista nos advierte que 
Jesus no se f ; aba de ellos (Juan 2, 23 ss.). Es que esa 
impresién pronto se desvaneee. como muere la plan- 
tita nacida en el pedregal (Marc. 4, 5 y nota). El 
mismo Dios nos anuncia de varios modos que los f al sos 
profetas y el Anticristo obrarån también grandes 
prodigios (Mat. 24, 24; II Tes. 2, 9; Apoc. 13, 13 s.; 
16, 14; 19, 20). 

15 s. Asi lo habia anunciado Jesfis (Marc. 16, 
17 s.) y aun prometié cosas "mayores" (Juan 14, 12). 
Uran sanados todos: es decir, muchisimos que no se 
detallan (cf. I,uc 6, 19). 



del Senor abrio por la noche las puertas de la 
carcel, los saco fuera y dijo; ^"Id, y puestos 
en pie en el Templo, predicad al pueblo todas 
las pal ab ras de esta vida." 2I EHos, oido esto t 
entraron al rayar cl alba en el Templo y ense- 
naban. Entretanto, lle^o el Sumo Sacerdote 
y los que estaban con cl, y después de convo- 
car al sinedrio y a todos los aneianos de los 
hijos de Israel, enviaron a la carcel para que 
(los apostoles) fuesen presentados; ^ims los 
satélites que habian ido no los encontraron en 
la carcel. Volvicron, pues, y dieron la siguien- 
te noticia: 23 ' f La prision la hemos hallado cerra- 
da con toda diligencia, y a los gu ard i as de pie 
deknte de las puertas, mas cuando abrimos no 
encontramos a nadic dentro." 24 AI olr tales nue- 
vas, tanto el jefe de la guardia del Templo co- 
mo los ponrifices, estaban perplejos con respec- 
to a lo que podria ser aquello. ^Llego entonces 
un hombre y les zvkéz "Mind,, esos varones 
que pusisteis en la carcel, estan en el Templo y 
ensenan al pueblo." ^ué, pues, el jefe de la 
guardia con los satélites, y los trajo, pero sin 
hacerles violencia, porque temian ser apedrea- 
dos por el pueblo. 27 Después de haberlos trai- 
do, los presentaron ante el sinedrio y los inte- 
rrogo el Sumo Sacerdote, 28 diciendo: ,f Os he- 
mos prohibido terminantemente ensenar en este 
nombre, y he aqui gue habéis llenado a Jerusa- 
lén de vuestra doctnna y queréis traer la sangre 
de este hombre sobre nosotros." ^A lo cual 
respondieron Pedro y los apostoles: "Hay oue 
obedecer a Dios antes que a los hombres. ^El 
Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesus, a 
quien vosotros hicisteis morir colgåndole en un 
madero. Z *A Éste ensalzo Dios con su diestra a 
ser Principe y Salvador, para dar a Israel arre- 
pentimiento y remision de los pecados. ^Y nos- 



20. Id al Templo: %\ Angel conf'rma, de parte de 
Dios, la actitud de los apostoles que seguian yendo .i! 
Templo de Jerusalén, centro del cutto judio (v. 29 
y nota). Las palabras de esta vida: es decir, haced 
conot;er, por" las palabras del Mesias esta nueva y 
maravillosa vida que se brinda a todos en ta pracia 
de Cristo. Él, que es la vida, porque el Padre le ha 
dado tenerla en Si mismo <Tuan 5, 26). es también 
el camino hacia la vida nuestra. mediante la verdad 
de su doctrina (Juan 1, 4; 14, 6) y la comunicacion 
de su propia gracia (Juan 1, 16 s.) que Él nos con- 
siguié lavåndonos con su Sangrre preciosa para ha- 
cernos hermanos suyos, hijos de Dios como Ét. 

28. Notese la contradiccion con lo que ellos mis* 
mos, al f rente del populacho, habian clamado en 
Mat. 27, 25. 

29. Respuestas como ésta y Ins de 4. 19 s., 23, 
3 ss., etc, son tanto mås notables cuanto que los 
apostoles concurrian a las sinagogas y al Templo de 
Jerusalén (cf. v. 20; 2, 46; Hebr. 8. 4 y notas), al 
menos hasta que los judios se retir a ron defmitiva- 
mente de S. Pablo y él anuncio que la salud pasaba 
a los gentiles. Véase 28, 23-28 y notas. 

30. Vosotros, esto es, ese mismo tribunat (4, 6). 
I*os apostnles distinguen entre la pérfida sina^nga y 
el pueblo judio (v. 26), que muchas veces habia se- 
guido a Jesus y a sus discipulos. Véase tue. I3 t 34 
y nota. 

32. A los que le obedecen (cf. v. 29). Verrios asi 
c6mo poderoos asegurarnos la asistencia del Espiritu 
Santo que "por la gracia permanece realmente en 
nosotros de un modo inefable" (Sto. Tomas), con tal 
que pidamos al Padre que Él nos lo envte <I*uc. \\* 
13 y nota). 



162 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 5, 32-42; 6, 1-7 



otros somos testigos de estas cosas, y también lo 
es el Espj'ritu Santo que Dios ha dado a los 
que le obedecen." 33 Ellos, empero, al oirlos 
se enfurccfan y deliberaban como matarlos. 

Discurso de Gamaliel. 34 Pero se levanto en 
medio del consejo cicrto fariseo, por nombre 
Gamaliel, doctor de la Ley, rcspetado de todo 
el' pucblo, el cual mando que hicicsen salir 
fuera a aqucllos hombres por breve tiempo; 
35 y les dijo: "Varones de Israel, considerad 
bien lo que vais a haccr con cstos hombres. 
36 Forque antes de estos dias se levanto Tcudas 
dicierdo que c! cra alguien; A cl se asociaron 
alrededor de cuatrocientos hombres, pcro fué 
muerto, y todos los que le seguian quedaron 
dispersos y rcducidos a la nada. 37 Dcspués de 
éste se sublevo Judas cl Galileo en los dfas 
del empadronamiento y arrastro tras si mucha 
gentc. Él también pcrecio, y se -dispersaron 
todos sus secuaecs. ( ^Ahora, pucs, os digo, 
dej ad a cstos hombres y soltadlos, ponjue si 
csta idea u obra viene de hombres, sera des- 
baratada; ^pero si de Dios viene, no po- 
dréts dcstruirla, no sea que os halléis peleando 
contra Dios." Siguieron ellos su opinion; *°y 
despucs de Hamar a los apostolcs y azotar- 
los, les mandaron que no hablasen mas en 
e! nomhre de Jesus, y los despacharon. 4, Mas 
ellos salicron gozosos de la presencia del 
sinedrio, porque habian sido ha! la dos dig- 
nos^ de stwrtr desprecio por el nombre (de 
Jesus). ^No cesaban todos los dias de ense- 
fiar y anunciar a Cristo Jesus tanto en el 
Templo como por las casas. 

CAPfTULO VI 

Elecci6n de los siete diåconos. *En aquellos 
dias al crecer el numero de los discipulos, se 



34 ss. Gamaliel, doctor celebérrimo de la Ley, fué 
maestro de San Pablo (cf. 22, 3). La .eyenda le hace 
mor r cristiano. lo que no parece inverosimil, puesto 
que D as dn la gracia a los que Él qttiere. y Gamaliel 
mostrå tener buena voluntad. Si habrå recompensa para 
aquel que diere un vaso de agua a un discipulo (Mat. 
30. 42); jcuånto mås para aque: que salve la vida a 
tan graudes am i« os de Jesucristo? La sabidurta de 
este consejo de Gamaliel. que es la m : sma de! S. 36. 
debe servirnos de leccion para no terner ante el apa* 
rente triunfo de los enemigos de Din«. 

40 s. / Y asotarlosi Es exactamente lo que hizo 
Pi'ato cen Jesus: admiten su inocencia. pero los azotai 
(Juan '9, I y nota). De ahi ei pozo de los disclmilos 
por ihvtar en al 'O ri querido (Maestro. "El Cristia- 
ri i s ni o ha sido el primero en ofrecer al mundo el 
ejemplo de un dclnr alegre y jubiloso" (Mons. Kep- 
pier). Jesus nos llama "dichosos" cuando nos maldU 
jeren a c;iu a de fil (Mat. 5, 11). 

42. Por Jas casas: Véase 2, 46 y nota; 20, 20; 
Juan 4, 23. Imitando a Jesus, que sembraba su Paln* 
bra de snlvac 6n pnr todas partes y que mande rcpe- 
tir'a ' desile las azoteas" (Mat. 10, 27), los apostoles 
nos (I eja run un aUo ejemplo y una ensennnza de que 
el apostolado no tene limites. El cristiano tiene asi, 
en cada rettn : 6n o visita, ocasion de hnb!ar de la doc- 
trrva evansélica. como hablarta de cualquier tema li- 
terario, sin atre de sermåu, y dejar asi !a precinsa 
s'embra. st es que ama la Palabra. Porque el mismo 
Jesus en sen 6 que a boca habla de lo que nos desborda 
del corazån (Mat. 12, 34 y nota). 

1. Por hebreos se entiende aqui los cristianos pa 1 es- 



prod U) o una queja de los griegos contra los he- 
breos, porque sus viudas eran desatendidas en 
cl suministro cotidiano. 2 Por lo cual los doce 
convocaron la asamblea de los discipulos y dijc- 
ron: "No es justo que nosotros descuidemos la 
palabra de Dios para servir a las mesas. 3 E|e- 
gid, pues, oh hermanos, de entre vosotros a sie- 
te varones de buena fama, llenos de cspiritu 
y de sabiduria, a los cuales entreguemos este 
cargo. 4 Nosotros, empero, persevcraremos en 
!a oracion y en el ministerio de !a palabra." 
5 Agrado esta proposicion a toda la asamblea, 
y eligieron a Estcban, varon llcno de fe y del 
Espiritu Santo, y a Fclipe, a Procoro, a Nica- 
nor, a Timon, a Parmenas y a Nicolas, prosé- 
lito de Antioquia. 8 A éstos los prcsentaron a 
los apostolcs, los cuales, habiendo hecho ora- 
cion, les impusieron las manos. 7 Miént ras tanto 
la palabra de Dios iba creciendo, y aumentaba 
sobremanera el numero de los discipulos en 

tinos o nacidos en el pats, mi en 'ras que los griegos, o 
cristianos de lengua griega eran los extra ijeros y, 
pOr ende, .mas nccesttados, porque no tenian casa en 
Jerusalén. Como observa el 1*. Iluurfnu en sus co* 
mentnrios a los Hechos (Verbum Salutis), este ra«go 
de disension es uno de los que nos prohibei id**alixar 
ndiscretamente la vida de !a Iglesta en sus enmienzos, 
como si ya se bubieira realizado sobr«- la tierra la 
ptenitud del reinado cristiano (cfr. 11 Tim* 4, !1); la 
cizafta. anunciada por Jesus, esta rå mezclada con el 
trtgo basta " a consumacion del siglo*' (Mat. 13, 39). 
Cf. S, 1 y no-a. 

2. Notese la importancia primordial que ya los 
a post ol es atr buyen al ministerio de la prerlicacién 
evangélica (cfr. I Tim. 5, 17). aun p«r encima de la 
atencion de los pobres que, como !o vimos en 4. 35 y 
nota. es también obligacion de !a comunidad cristiana. 
Reconlemos la celebre exclamacién de S. Paldo: "lAy 
de mi *i no predicare el Evangelio!" (1 Cor. 9, 16). 
Cf. t Cor. I. 17. 

4. La oracién: Se cree que ahide a la pub ica y 
titurgica. Pero alcunos sostienen que se irataba del 
cnlto del Templo israelita (cf. 5, 20). y otros que ha* 
b'a de un culto propio de a enmttntdad cristiana. Hl 
ministerio de la palabra, o sea I,i predicaciån es. como 
dire Piq XI, tin derecho ina'ienable y a la vez ui 
deber impresc mlible, impuesto a los »arerdotes por et 
mismo Jesucristo (Enctclica *'Ad Catbolici Sacerdo- 
t»t ,, ). Cf. 20. 9 y nota. 

5. Todos los siete parecen pertenecer a los griegos, 
a juzgar por sus nombres, con lo cual los apnstoles 
habrifn mostrado su candad satisfaciendo amp'iamente 
el reclamo de los belenistas (v. '). He entre esos 
d'åemos veremos a eran artnacion de E^'ehan et 
nrotnmårtii (cap. 7) y la de Felipe (8. 5 ss. ; 21. 8 ss.). 
Nicolas es nvradn, seirtin ateunos (Treneo, Ep ; fanio. 
A"u<tin). enrro ti autor de la "d'wt^na" v "be~h'»s" 
de jos nicolaitas aunque no lo admite asl Clemrnte 
Alejandrino ni murhas ppiniones moderias. Véase 
Apoc. 2« 6 y 'Sy notas. 

6. l.cs impus'cron las manos. Tal acto puede ser 
una bcndlcion (Cén. 48, 14 ss.; Lev. 9. 22; Mat. 19, 
'J y S; I*uc. 24, 50) o um consa*rracion a Hi"s (&*. 
29, 10 y !S; Lev. ,4), o un modo de transmitir pode- 
res espirituabs (Nnm. 27. 18 v 23. etc.l coto rqui. 
en que va unido a la ofnciån liturgica (véase 13, 3; I 
Tim. 4. '4; 5. 22; TI Tim. :, 6>. S. Crisn^tnmo !fl lla- 
ma "kirotonia", nombre dado a la ordenacién pero lue- 
sro duda.de que estos 'ste c" fuestn venladern di'cnnos. 
Como observa Rnudou. y también FiU'oi, Knabenbauer, 
etc, seguft S. Clemente Romano '.os apéstoles nstituye- 
ron obispos y diåconos (cfr. 20, 17 y 28 y notas), y 
S. Treneo resuelve claramente la cuestién al decir que 
Nicolas era "uno de los siete que fueron los primeros 
ordenados al diaconado por los apfistoles". Cf. 8, 17 
y nota. 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 6, 7-15; 7, 1-17 



163 



Jerusalén. También muchos de los sacerdotes 
obedccian a la fe. ( 

Celo y virtud de Esteban. 8 Esteban, lleno de 
gracia y de poder, obraba grandes prodigios y 
milagros en el pueblo. 9 Por lo cual se levan- 
taron algunos de la sinagoga llamada de los 
libcrtinos, de los cireneos, de los alejandrinos 
y de los de Cilicia y Asla, y disputaron con 
Esteban, 10 mas no podian resistir a la sabiduria 
y al cspiritu con que hablaba. n Entonces so- 
bornaron a algunos honibrcs que decian: Le 
hemos oido proferir palabras blasfemas contra 
Moisés y contra Dios. l2 También alborotaron 
al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y 
caycndo sobre él, lo arrebataron y.lo llevaron 
al sincdrio, 13 presentando testigos falsos que 
decian: "Este hombre no deja de proferir pala- 
bras contra el lugar santo y contra la t Ley. 
14 Porque le hemos oido decir que Jesus, el 
Nazareno, destruirå este lugar y mudara las 
costumbres que nos ha transmitido Moisés." 
15 Y fijando en él los ojos todos los que esta- 
ban sentados en el sinedrio, vieron su rostro 
como el rostro de un angel. 

CAPfTULO VII 

Discurso de San Esteban ante el Sinedrio. 
*Dijo entonces el Sumo Sacerdote; "<jEs esto 
asi?" 2 Rcspondio cl: "Varoncs hermanos y pa- 
dres, cscuchad. El Dios de la gloria se apa- 
rccio a nuestro padre Abrahan cuando moraba 
en Mcopotamia, antes que habitase en Harån. 
8 Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela ; 
y ven a la tierra que Yo te mostraré. ^Salio 
entonces de la tierra de los caldeos y habit6 en 
Haran. Y de alli después de la muerte de su 
padre, lo traslado (Dios) a esta tierra la cual 
vosotros 'ahora habitais. 5 Mas no le dio en ella 

10. No podian res'stir: Admirabie cumt Kmiento d.* 
las promesas de Jesus (Luc. 21, 15; Mat. 10. '9 s). 
"El Kspirllu Santo da la fuerza... y lo imposible a 
la natura eza. se hace posible y facil por su grac : a" 
(S. Ueniardo). 

14. Mudarå las costumbres, etc,: Jesus no habia dt- 
cho tal cosa. sino a. conlrario, que no destruiria ni a 
Moisés ni a los Profetas, y que ni un åpice de ellos 
quedaria sin cumplirse basta que pasasen el cielo y la 
tierra (Mat. 5, 7 s.). La Sina?oga infiel no defendia, 
pues. la Ley de Mo sés. cuya violacton le? habia echado 
en cara et mismo Jesus (Luc. 16. 31; Juan 5. 4^-47; 
7, 19). sino las costumbres de ellos, que el Divtno 
Maestro 1 amaba "tradicion de lns hombres" (Marc. 
7. 8 ss.; Mrt. 15, 9). y por ctt!pa de as cnale3 los 
aensaba de håber abandonado las palahras de Dios 
(Mat. 5. 1*6). Asi. pues. esta acusaci6n contra Este- 
ban era tan calumniosa (cf. v. 11 ss.) como las que 
levaitaron conlra Jesus (cf. Mat. 26, 59 ss.; etc). 

15. "l,o qtie T.enaba su corazon. se traslucié en la 
faz; y cl e<pl<ndor radiaite de su al.Tia inund6 su ros- 
tro de belleza" (S. Hi^arto). 

2 ss. Et d'scurso de San Bstebart, que debe estudiar- 
se cnnn tim lunrno«.a stntes-'s doctrinal de todo el 
Ant. Testamento, tiene por fin mostrar c6mo el pueblo 
tsrae'ita resis'56 a "a gracia ha?ta que finalmente re- 
chaz6 al Mesbs. Es al, mismo tiempo un verdadero 
compendio de la htstorta sagrada. como vimos en los 
Salmns 77 ; 1 04-1 07 ; Neh. 9, 6 ss. etc. Harån o 
Carån, ciudad de .Mesopotamia. donde se detuvo Abra- 
han antes de trasladarse a Canaan. Cf. Gén. '.2. 1. 

5. San Pablo, escribiendo a los Hehreo3 les 11a ma 



herencia alguna, ni siquiera de un pie de tie- 
rra; pcro prometio darsela en posesion a él y 
a su descendencia después de cl, a pesar de 
que no tenia hijos. ^Oijole, empero, Dios que 
su descendencia moraria en tierra extraiia, y 
que la reducirfan a servidumbre y la maltrata- 
r{an por espacio de cuatrocientos afios. 7 Y Yo 
juzgaré a esa nacién a la cual serviran, dijo 
Dios, y después de esto, saldran y me adoraran 
en este lugar. También les dio la alianza de la 
circuncision; *y asi engendro a Isaac, al cual 
circuncido a los ocho dias, e Isaac a Jacob, y 
Jacob a los doce patriarcas. 9 JVlas los patriar- 
cas movidos por celos vendieron a José a Egip- 
to; pero Dios estaba con él. 10 Le libro de todas 
sus tribulaciones y le dio gracia y sabiduria 
delante del Faraon, rey de Egipto, el cual le 
constituyo gobernador de Egipto y de toda su 
casa. u Vino entonces el hambre sobre todo 
Egipto y Canaan, y una tribulacion extrema, 
y nuestros padres no hallaban sustento. l2 JVlas 
cuando Jacob supo que habia trigo en Egipto, 
envi6 a nuestros padres por primera vez. l3 En 
la segunda, José se dié a conocer a sus her- 
manos, y fué de^cubierto su linaje al Faraon. 
14 José envio, pues, y llamo a su padre Jacob 
y toda su parentela, sctenta y cinco personas. 
15 Por lo tanto Jacob bajo a Egipto, donde 
murio él y nuestros padres, 16 los cuales fueron 
trasladados a Siquem y sepultados en el sepul- 
cro que Abrahan habia comprado de los hijos 
de Hcmor en Siquem a precio de plata. 17 A4as, 
en tanto que se acercaba el tiempo de la pro- 
mesa que Dios habia hecho a Abrahan, crecio 

tgua!mente la atencién sobre ese hecho de que Abrahan 
y los patriarcas no hubiesen visto el cumplimiento de 
las promesas. Véa&e Hebr. 11, 8 ss. y notas. 

6. En tierra extranat en Egipto (Gén. 15, 13 ss.; 
Éx. 2. 22; 12, 40). 

8. Cf. Gén. 17, 10; 21, 2 y 4; 25, 25; 29, 32; 35, 
22. 

9 ss. Acerca de la htstoria de José, cf. Gén., caps. 
37 ss. 

U ss. Repite respecto de Jacob el argumento hecho 
sohre Ahrahån en el v. 5. S Treneo recuerda a este 
respecto la bendicion que recib^o el patriarca (Gén. 
27. 28 s.) y la pone en contraste con esa pobreza 
(Gén. 42, 2) y emi>raci6n a Egipto (Gén. 46. 1), 
para mostrar que tales promesas sé!o se cumplirån 
mediante Jesucristo. 

13. Véase Gén. 45. 3. "Jo&é e s una impresionante 
figura de Jesus. Ambos son vi^tim^s. y ambos son 
salvadores; sucumhen a la envidia de sus hermanos, 
y lueiro los sa van pnr alli mistno drn^e éstos creian 
perderlos. La conciencia de tan'a liondad, frente a 
tanta tngratitud, excita en el alma He Esteban un 
hondo dolor que pronto va a desbordar en gritos de 
ind gnacion" (Hondou). 

14. Sctenta y cinco: Segun Gén. 46. 27, solamente 
setenta. Esteban sigue la version griega la cual incluye 
a algunos otros. descendientes de la familia de José, 
y Uega asi a setenta y cinco. 

15. Cf. Gén. 46, 5; 49. 32. 

16. Cf. Gén. 23, 16; 50, 13; Jos. 24, 32. Parece 
håber en este pasaje una confusiAn de nombres que 
seguramente no proviene del autor saurado: en cuantrf 
a! sepulcro. no se alude aqui a la gruta de Mambre 
(Gén. 23, 1-20), ni a Ja compra de Jacob en S'quem 
(Gén. 3i, 19 s.), pudiendo refenr«e. segi'm srtponen 
varios autores, a otro hecho que Esteban conoctese por 
trad'cién. 

17 ss. Cf. los primeros caps. del Éxodo. 



16* 



el pucblo y se hizo grande en Egipto, 18 hasta 
que se levanto en Egipto otro rey que no cono- 
cia a José. 19 Éste, enganando a nuestra nacion, 
hizo sufrir a nuestros padres, obligåndolos a 
exponer los ninos para que no se propagasen. 
2 °En aquel ticmpo nacio Moiscs, hermoso a los 
ojos de Dios, que fué criado por tres meses 
en la casa de su padre. 21 Cuando al fin lo 
expusieron, lo recogio la hija del Faraon y lo 
crio para si como hijo suyo. 22 Asi que Moisés 
fué instruido en toda la sabiduria de los egip- 
cios, y Jlcgo a ser poderoso en sus palabras y 
obras. 23 i\las al cumplir los cuarenta anos, le 
vino cl deseo de ver a sus hermanos, los hijos 
de Israel. 24 Y viendo a uno que padecia injusti- 
cia, lo defendio y vengo al injuriado, matando 
al egipcio. ^Creia que sus hermanos compren- 
derian que por su medio Dios les daba libertad; 
mas ellos no lo entendieron. ^Al dia siguientc 
se prcsento a unos que renian, y trataba de po- 
nerlos en paz diciendo: "Hombres, sois herma- 
nos. (fGomo es que os hacéis injuria uno a otro?" 
^Mas aquel que hacia la injuria a su projimo, 
le rechazo diciendo: "dQuién te ha constituido 
principe y juez sobre nosotros? 28 ,;Acaso quie- 
res matarme como mataste ayer al egipcio?" 
29 A1 oir tal palabra, Moisés huyo y vivio como 
extranjcro en la tierra de Madian, donde en- 
gendro dos hijos." 

30 "CumpIidos cuarenta anos se le aparecio 
en el desierto del monte Sina un angel entre 
las Uamas de una zarza ardiente. 31 A1 ver este 
espectaculo se admiro Moisés y acercandose 
para mirarlo, le vino una voz de( Senor. 32 «Yo 
soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahan 
y de Isaac y de Jacob.» Pero Moisés, sobre- 



20. Cf. Ilebr. 11, 23. 

22. Fué instruido, etc. : Este detalle puramente hu- 
tnano, al cual se ha darlo excesiva importancia, ni 
siquiera figura en el Éxodo, y Esteban lo conocia sin 
duda por tradicion (cfr. v. 16 y nota). Dios da sabi- 
duria a los pequenos (Luc. 10, 21) y hace elocuente 
la lengua de los ninos (Sab. TO, 21) por su Espiritu 
Santo, como acabamos de verlo en Esteban (6 10 y 
nota). Y aqui mismo vemos que Él hizo a Moisés 
"poderoso en palabras'* a pesar de que era tartamudo 
(Éx. 4, 10 ss.). Como vimos en Éx, 3. 11 y nota, to- 
dos los prof etas se sintieron defectuosos e i mi til es, y 
sin duda por eso los e.igio el Dios que "harta a los 
hatnbrientos y deja vacios a los ricos" (Luc. 1, 53; 
I Rey, 2, 5). 

25. Crcia. etc: El histonador judio Josefo dice 
que Dios habia reve'ado a Atnrån. padre de Moisés, la 
mision libertadora que tetidria su hijo. He aqut otro 
dato que Esteban parece håber tornado de la tradicion. 
Por su medio Dios les daba 'ibertad: Segun S. Agustin, 
estas palabras demuestran que Moisés mat6 al egipcio 
por un tnovimiento del Espiritu Santo, es decir, con 
la mås legitima y santa autoridad. 

30. Sina (Sinai) u Horeb son como sinånimos en 
el Pentateuco; cl priraero es mås bien un monte; el 
otro una cordillera. Un ånvel: el mismo Yahvé (cf. 
v. 31 s.; Éx. 3, 2 y 14; Deut. 33, 16). ",;Y don- 
de se aparece Dios? .»Acaso en un templo? No: 
en el desierto. Bien ves cuåntos prodigios se rea- 
lizan, y sin embargo no hay templo ni saenficio 
en ninguna parte ... Lo que santifica este lugar 
es la aparictån (S. Crisostomo). Cf. 5, 42 y nota; 
Juan 4, 23- 

32. Esta fårmula, usada muchas veces por el mis- 
mo Padre celestial es recordada por el Senor Jesus en 
Luc. 20, 37. 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 7, 17-42 

cogido de espanto, no osaba mirar. 33 Dijole 
entonces el Senor: «Quitate el calzado de tus 
pies, pues el lugar donde estas es tierra santa. 
34 He visto bien la vejacion de mi pucblo en 
Egipto, he oido sus gemidos, y he descendido 
para librarlos. Ven, pues, ahora, para que te 
cnvfe a Egipto.» 

35 "A este Moiscs, a quicn negaron diciendo: 
e'Quién te ha constituido principe y jucz?, a 
éste envio Dios para ser caudillo y libertador 
por mano del angel que se le aparecio en la 
zarza. 36 Este mismo los saco, hacyendo pro- 
digios y milagros en la tierra de Egipto, en el 
Mar Rojo y en el desierto por espacio de cua- 
renta anos. 37 Este es aquel Moisés que dijo 
a los hijos de Israel: «Dios os suscitara un 
profeta de entre vuestros hermanos, como a 
mi.» ^Este es aquel que cstuvo en medio del 
pueblo congregado en el desierto, con el angel 
que le hablaba en el monte Sina, y con nues- 
tros padres; el cual recibio tambicn palabras 
de vida para daroslas. 3S A éste no quisieron 
sometefse nuestros padres; antes bien lo des- 
echaron y con sus corazones se volvieron a 
Egipto, 40 diciendo a Aaron: «Haznos dioses 
que vayan delante de nosotros; pues no sabe- 
mos qué ha sido de este Moisés que nos sac6 
de la tierra de Egipto.» 41 En aquellos dias fa- 
bricaron un becerro, y ofreciendo sacrificios 
al fdolo se regocijaron en (as obras de sus 
manos. 42 Entonces Dios les voJvio las espal- 

33. De aqui la costumbre oriental de quitarse ej 
calzado al entrar en iugar santo. 

36 ss. Véase Éx. 7, 3 y 10; 14, 21; Num. 14, 33; 
Deut. 18, 15; Éx. 19, 3; Deut. 9, 10; Num. 14, 3; 
Éx. 32, 1. Os suscitara: Véase 3, 22 y nota. Como 
a mi: algunos traducen seme jante o mi, pero el con- 
texto muestra elaramente que el pensamiento de Este- 
ban, como lo dice Billion, es hacer un pa ralelo de 
Moisés con Cristo, no en cuanto a su persona, sino 
por cuanto este otro Principe y Redentor, bien superior 
a Moisés, no obstante håber sido muy manifiestamente 
acreditado por Dios, fué sin embargo rechazado por 
los judios como lo fuera (Moisés (v. 35), y lu ego re- 
sucito de entre los muertos para cumpHr su obra des- 
pués de ese rechazo. Tal es el claro sentido de las 
palabras de Jesus en Juan 12, 24; Luc. 24, 26 y 
46 s., etc. 

38. Pueblo congregado: literalmente Iglesia, que sig* 
nifica la asamblea o congregacion de los sacados afuera. 
Asi Hama Esteban en pleno desierto al conjunto de 
los hijos de Israel sacados de Egipto. Jesus se pro- 
puso congregar en uno a todos los hijos de Dios que 
estaban dispersos (Juan 11, 52) , y, después de su 
rechazo por Israel, "Dios visito a los gentiles para 
escoger de entre el'os un pueblo para su notnbre'* 
(15 t 14). Los cristianos. segun lo dice Crsto muchas 
veces, no son ya del mundo, porque ÉI los ha sacado 
fuera del mundo (cf. Juan 15, 19; 17. M-16; etc). 
Para daroslas: otros traen dårnoslas. Recibir las Pa- 
labras del Padre para dårnoslas, es la mision que se 
atribuye el mismo Jesus (Juan 17. 8; Hebr. 1, 2). 
Notemos que aun al mensaje de Moisés se Hama aqui 
palabras de vida. \ Cuanto mås no lo serån las del 
Evangcliol Cfr. Juan 6, 36; 12, 49 s.; 15, 15, etc. 

42. s. La milicia del cielo: los astros, cuyo culto 
estaba muy difundido entre los pueblos de Oriente. 
Bl libro de los 'Profetas: Esteban, como los Evangelis- 
tas (cf. Luc. 24, 27) y el mismo Jesus (Mat. 5, 17; 
Luc. 24, 44), sigue considerando a la Biblia dividida 
en tres partes segun el sistema judto: la Ley (Torah), 
los Profetas (Nebiyini) y los Hagtografos (Ketubim). 
La cita es de Amos, 5, 25-27, que d'ce Damasco en 



LOS HECHOS DE LOS AFOSTOLES 7, 42-60; 8, 1-3 



165 



das, abandonandolos al culto de la milicia del 
cielo, como esta escrito en el libro de los 
Profetas: ^Por ventura me ofrecisteis victimas 
y sacrificios durante los cuarenta anos en el 
desicrto, oh casa de Israel? 43 Alzasteis el taber- 
naculo de Moloc, y el astro del dios Refan, las 
figuras que fabricasteis para adorarlas; por lo 
cual os transportaré mas alla de Babilonia.» 
^"Nuestros padres tenian en el desierto el 
tabernaculo del testimonio, conforme a la or- 
den de Aquel que a Morses mando hacerlo 
sepun cl modelo que habia visto. 45 Rccibié- 
ronlo nuestros padres y lo introdujeron tam- 
bicn con Jesus cuando tomaron posesion de 
las naciones que Dios expulsaba delante de 
nuestros padres, hasta los dias de David; 46 el 
cual hallo gracia ante Dios y suplico por hallar 
una habitacion para el Dios de Jacob. 47 Pero 
fué Salomon el que le edifico una casa. 48 Sin 
embargo, el Altisimo no habita en casas hechas 
por mano de hombres, como dice el Profeta: 
49 «E1 cielo, es mi trono, y la tierra la tarima 
de mis pies. <fQué casa me edificaréis?, dice 
el Sciior, ^o cual es el lugar de mi descanso? 
50 <;Por ventura no es mi mano la que hizo todo 
esto?» 51 Hombrcs de dura cerviz e incircun- 
cisos de corazon y de oidos, vosotros siempre 
habéis resistido al Espiritu Santo; como vues- 
tros padres, asi vosotros. 52 <:A cual de los pro- 



yez de Babilonta (v. 43) ; el sentido es el mismo, y 
eso es lo que interesa a los autores sagrados que a 
veces lo citan iibremente. Moloc: el dios principal de 
los ammonitas. Refdn (o Remfån, o Romfa, etc.) : 
el planeta Saturno. 

44 ss. Cf. Éx. 25, 40; Jos. 3, £14; I Rey. 16, 13; 
III Rey. 6. 1. 

45. Con Jesus: es decir, con Josué. 

46. Sobre David cfr. 13, 22; S. 131, 5. 

49 s. Cf. Is. 66, 1 s. S. Esteban se defiende en este 
pårrafo contra el cargo de håber blasfemado del Tern- 
plo (6, 1344). 

51. La acusacion es dura pero justa. Si el corazon 
no esta dispuesto para la verdad, !a circuncision de 
nada strve, y sois peores que los gentiles (cf. Filip. 
3, 3). Aplicadas a nuestros tiempos. estas palabras 
quieren decir que la sola partida de Bautismo, sin la 
fe viva, no da rrngun derecho al Reino de Dios. 
Véase Marc. 16, 16 y nota. 

52. <;Quién no recuerda aqui las invectivas de Je- 
sus? (Mat. 23, 13 ss). Una cosa mtiy digna de medi- 
tacion, y !a que tal vez mås sorprendera al lector 
novel, es que S. Pablo y los suyos, los legitimos pas- 
tores, los que estaban en la verdad, no fuesen aqui 
los que ejercian la autortdad sino que al contrario 
obraban como "una especie de franco-tiradorcs rebd- 
des, trashumantes y perseguidos por la autortdad 
constituida". como Jesus (cf. 22, 14; Juan 11, 47 
ss.), como Juan (III Juan 9), como todos los verdade- 
ros discipulos (Juan 16, 1-3). Cf. 4, 1; 11, 23; 17, 6; 
Rom. '0, 2 y notas. 

54. Bl ervtir los dientes por odto es, segun nos 
ensena la Biblia, la actitud propia del pecador ante el 
justo (cf. S. 36, 12 y nota). Es muy importante, 
para el discipulo de Cristo. compenetrarse de este mis- 
terio, a primera vista inexplicahle, pues el justo no 
trata de hacer dano al pecador, sino bien, como lo 
dice S. Pablo a los Gålatas (Gal. 4, 16). Es el caso 
de los cerdos, que no solo pisotean perlas, sino que 
nos devoran (Mat. 7, 6). Es que "para el insensato, 
cada palabra es un azote" (Prov. 10, 8; 18, 2), y la 
sola presencia del justo es un testimonio que les re- 
jrrocha su maldad (Juan 7, 7). Solo meditando esto 
podremos tener conciencia de que no somos del mundo. 
sino que estamos en él "como corderos entre lobos" 



fetas no persiguieron vuestros padres?; y dieron 
muerte a los que vaticinaban acerca de la ve- 
nida del Justo, a quien vosotros ahora habéis 
entregado y matado; 53 vosotros, que recibisteis 
la Ley por disposicion de los angeles, mas no 
la habéis guardado." 

Martirio de Esteban. 54 Como oyesen esto, se 
cnfurccicron en sus corazones y crujian los 
dientes contra él. 55 Mas, lleno del Espiritu 
Santo y clavando los ojos en el cielo, vio la 
gloria de Dios y a Jesus de pie a la dicstra de 
Dios, * 6 y cxclamo: ,r He aqui que veo los cie- 
los abiertos, y al Hijo del hombre que esta 
de pie a la diestra de Dios. 57 Mas ellos, cln- 
mando con gran griteria, se taparon los oidos, 
y arrojandose a una sobre él, lo sacaron fuera 
de la ciudad y lo apedrcaron. 58 Los testigos 
depositaron sus vcstidos a los pies de un joven 
que se llamaba Saulo. 59 Apedrearon a Esteban, 
el cual oraba diciendo: "Sciior Jesus, recibe mi 
espiritu." 60 Y puesto de rodillas, clamo a gran 
voz: "Sciior, no les imputes este peeado." Di- 
cho esto se durmio. 



II. CRECIMIENTO DE LA IGLESIA 
EN PALESTINA Y SIRIA 

(8,1-12,25) 

CAPITULO VIII 

Persecucion en Jerusalén. 3 Saulo, empero, 
consentia en la muerte de él (de Esteban). 
Levantose en aquellos dias una gran persecu- 
cion contra la Iglesia de Jerusalén, por lo cual 
todos, menos los apostoles, se dispersaron por 
las regiones de Judea y Samaria. 2 A Esteban 
le dieron sepultura algunos hombres piadosos 
e hicieron sobre él gran duelo. SEntretanto, 

(Mat. 10, 16 y nota; Juan 15, 19; 17, 14 ss.; etc. y 
"como basura" (I Cor. 4, 13), lo cual nos sirve de 
testimonio de que nuestra vocacion no es mundana, 
eomo seria si fuéramos aplaudidos por los hombres 
(I,uc. 6, 26; Juan 5, 44 y nota). 

58 ss. Tanto en el proceso como en la muerte de 
Esteban vemos nuevas semejanzas con el divino Maes- 
tro. Ambos son acusados de qucbrantar la L,ey, amhos 
enrostran a los poderosos su falsa religiosidad, y 
ambos mueren "fuera de la ciudad". perdonando y 
orando por sus verdugos. "Si Esteban no hubiese ora- 
do, dice S. Agustin, la Iglesia no habria tenido un 
Pablo'% salvo, claro esta. el libre e impenetrable desig- 
nio de Dios, que habia segregado a Pablo "desde el 
vientre de su madre (Gal. 1, 15). Saulo, era, en efecto, 
el que pronto habia de ser Pablo. Su discipulo I,ucas 
no vacila en transmitirnos aqui (y en el comienzo de 
8, 1 que algunos incorporan al v. 60) esta negra nota 
anterior a la conversion del gran Apostol, que él 
mismo confiesa en 24, 10. 

60. Se durmio: la Vulgata anade en el Senor, ex- 
presion que aun suele usarse para onundar .el falle- 
cimiento de los enstianos. 

1, I,a muerte de Esteban fué la senal de una 
persccuciån general, mas el mismo fanatismo de los 
enemigos sirvio^ para propagar la Iglesia por todo el 
pais y mås alla de Palestina, sacando Dios bien del 
mal, como solo Él sabe hacerlo. Cf. 12, 23 y nota. 

3. Recordemos lo que fué después Pablo, y admi- 
remos aqui la obra de Dios que tan mtlagrosamente 



166 



LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES 8, 3-27 



Saulo devastaba la Iglesia, y penetrando en 
las casas arrastraba a hombres y mujeres y los 
metia en la carcel. 

PREDICACION DEL EvANCELIO EN SAMARIA. 4 Los 

dispersos andaban de un lugar a otro predi- 
cando la palabra. 5 Felipe bajo a la .ciudad de 
Samaria y predicoles a Cristo. 6 Mucha gente 
atcndfa a una a las palabras de Felipe, oyendo 
y viendo los milagros que obraba. 7 De muchos 
que tenian espiritus inmundos, éstos salian, 
dando grandes gritos, y muchos paraliticos y 
cojos fueron sanados; 8 por lo cual se llenå 
de gozo aquella ciudad. 

Sim6n Maco. 9 Hahfa en la ciudad, desde 
tiempo atrås, un hombre llamado Simon, el 
cual eiercitaba la magia y asombraba al pueblo 
de Samaria dicicndo ser él un gran personaje. 
10 A él escuchaban todos, atentos desde el menoi 
hasta el mayor, diciendo: Este es la virtud de 
Dios, la que se llama grande. ll Le prestaban 
atencion porque por mucho tiempo los tenia 
asombrados con sus artes magicas. l2 Mas, cuan. 
do creyeron a Felipe, que predicaba el reino 
de Dios y el nombre de Jesucristo, hombres y 
mujeres se bautizaron. 13 Creyo también cl mis- 
mo Simon, y después de bautizado se aliego a 
Felipe y quedo atonito al ver los milagros y 
portentos grandes que se hacian. 

Pedro y Juan van a Samaria. 14 Cuando los 
apostoles que estaban en Jerusalén oyeron que 
Samaria habia recibido la palabra de Dios, les 
enviaron a Pedro y a Juan, 15 los cuales ha- 
biendo bajado, hicieron oracion por ellos para 
que recibiesen al Espiritu Santo; 18 porque no 



lo transformé. Elo nos ensena a no desesperar nunca 
de un alma (I Juan 3, 16 y nota), porque no pode- 
mos juzgar los designios que Dios tiene sobre el a. 
Quizås Él espera a tener que perdonarle mås para 
que arne mås (Luc. 7, 47; cf. Rom, 11, 32 ss). El 
tn'smo Pablo confirma detaliadamen f e, en muchas oca* 
siones, sus culpas contra la Iglesia; véase 7* 58 y 
60; 9, 1, 13 y 21; 22, 4 y '9; 26, 10 s.; I Cor. IS, 
9; Gå. 1, 13; Fil. 3. 6; I Tim. \, 13. 

5. No se trata del apåstol Felipe, pues estaba to- 
davia en Jerusalén (v. 1), sino de uno de los siete 
diåconos (cf, 6, 5). 

9. S, Ireneo nos ha conservado de él ins siguientes 
palabras, demostrativas de que se presentaba como el 
Mes'ias, cumpliendo as! lo anunciado por Jestis (Marc. 
13, 6): "Yo soy a palabra de Dios, yo soy el hermoso, 
yo el Paråclito. yo el omnipotente, yo el todo de Dios". 

14 ss. En este pasaje, que formå la Enistola de la 
Misa vot'va del Espiritu Santo, vemos cémo los des- 
preciados samaritanos recibian la Palabra de Dios 
con buen a voluntad. dando una nueva pmeba de lo 
que tantas veces habia dicho Tesus en favor de ellos 
y de otros paganos, como el Centuri 6n y la Cananea, 
cuya fe podia servir de ejemplo a los mismos israeli- 
tas (cf. 0. 2 ss.; Is. 9, 1 ss. y nota). Vemos también 
la caridad y la sencil ez de la Iglesia naciente. en que 
los apéstoles. todos judios. no vanlan en mandår al 
mismo Papa Pedro y al iTscipulo amado. a que vis'ten 
y evanTePcen a aquellns samaritanos, co^firmåndolns 
en la fe con ayuda del Sacramento de la Confirmaci6n 
(v, 17). Cf. 10, 23 y nota. 

16. Es*o es: con el Bautismo que los discipulos, 
a ejemplo del Bautista. habian adminis'rado copiosa- 
mente ya desde que Jesus prediraba (Tuan 3, 22; 4, 
1 s.), o sea cuando "aun no babia Espiritu por cuan* 



habia aun descendido sobre ninguno de ellos, 
sino que tan solo habian sido bautizados en el 
nombre del Senor Jesus. 17 Entonccs les impu- 
sieron las manos y ellos recibieron al Espiritu 
Santo. 

Condenacton de Stmon Mago. 18 Viendo Si- 
mon que por Ja imposicion de las manos de los 
apostoles se daba el Espiritu Santo, les ofrcciå 
bienes, l9 diciendo: "Dadme a mi también esta 
potestad, para que todo aquel a quien imponga 
yo las manos reciba al Espiwtu Santo." 20 Mas 
Pedro le respondio: "Tu dinero sea contigo 
para perdicion tuya, por cuanto has creido 
poder adquirir el don de Dios por dinero. 
2l Tu no tienes parte ni suerte en esta palabra, 
pues tu corazon no es recto dclante de Dios. 
^Por tanto haz arrepentiniiento de esta maldad 
tuya y ruega a Dios, tal vez te sea perdonado 
lo que piensas en tu corazon. 23 Porque te veo 
lleno de amarga hiel y en lazo de iniquidad." 
24 Respondio Simon y dijo: "Rogad vosotros 
por mi al Senor, para que no venga sobre mi 
ninguna de las cosas que habéis dicho." ^Ellos, 
pues, habiendo dado testimonio y predicado 
la palabra de Dios, regresaron a Jerusalén y 
evangelizaron muchas aldeas de los samaritanos. 

Felipe bautiza al ETfopE. 2c Un angcl del 
Senor hablo a Felipe, diciendo: Levantate y 
ve hacia el mediodia, al camino que baja de 
Jerusalén a Gaza, el cual es el desierto. ^Le- 
to Je^iis no habia sido todavia gi irificadi" (Juan 
7, 39). Hoy disfrutamos del gran misterio de la gra- 
c"a, que pocos aprovechan, porque no lo conocen: El 
cristiano recibe del f Patlre no solo el peHon He los 
pecados pui los méritos de Cristo. sino que también 
recibe la fuerza para no pecar mås medlanle la >;raeia 
v los dones del Espiritu Santn (cf. Rom. 6); pues 
Él nos hace hijos de Hins (Gal. 4. 6), y "el que ha 
nacido de Dios no peca" (I Juan 3, 9). Tal es el 
Bautismo que iba a dar Jesus con su sanere: el Kau- 
tismo "en Espir tu Santo y fuego" segun fas palabras 
con que lo preanunciaba el Bauti ta (Mat. 3. 1 1 ; Mnrc. 
1, 8; Luc. 3, 16: Juan i, 26). Cf. 1. S; T. 16 y 
19, 2-6. donde el rtptitisnio en nombre del Senor Jesus 
va igualmente seguido de la imposicion de las manos. 
Véase 19, 4, 

17. Se trata aqui no ya del Orden (6. 6 y nota) 
s ; no de la Conf'rmaciån (sobre el sac^rdocio de los 
fieles véase I Pedr. 2, 2-9). San Crisostomo observa 
que Felipe no habia podido adnvnistrarla norntie e?taba 
reservada a los Doce. y é! era simp'e diacono, "uno 
de los siete". Habian recibido ya al Espiritu Santo 
en el Bautismo. pero no en esa pleni'u-1 con que se 
manifeste en Pentecoytés sobre los discipnlns reunidos 
(2. 1 ss.) y que trascendié aqui tamb : én en c^rismas 
vis'bles y don de milagros, como lo nota el ambicioso 
Simén Mago (v. 18). Cf. 19. 6. 

!8 ss. De aqui e' nombre de simonla dado a la venta 
de dignidades eclesiåsticas o bienes espirituales. San 
Pedro senala con gran elocuencia (v. 20) la contra- 
diccién de querer comprar lo que es nn don. es decir, 
*o que es dado y no veidido (cfr. Cant. 8- 7 y nota). 
R^cordaba la palabra terminante de Tesps a los Doce: 
"Gratis recibisteis, dad s'ratuitamente ,, (Mat. 10 8). 

24. Esta otra conversi6n de S'mån Mano tamnoco 
parece håber <=ido duradera (cf. v. 13). La tradicién 
dice que volvi6 a sus ma as costumbres de hechicero, 
perjudlcando mucho a los cristianos. La Historia eele- 
siåstica le llama "padre de los herejes'*. 

27. Bunvco: aqui titulo que correspondia a los mi- 
nistros y altos funcionarios de la corte. Cf. Gén. 39, 



LOS HECHOS DE LOS AFOSTOIÆS 8, 27-40; 9, 1-8 



167 



vantese y se fué, y he aqui que un hombre 
etlope, cunuco, valido de Candace, reina de 
los etfopcs, y superinten dente de todos los teso- 
ros de ella, habia venido a Jerusalén a hao;r 
adoracion. 28 Iba de regreso y, sentado en el 
carruaje, lefa al profeta Isaias. 29 Dijo entonces 
el Espfritu a Felipe: "Acércate y allégate a ese 
carruaje." 30 Corrio, pues, Felipe hacia allå y 
oyendo su lectura del profeta Isaias, le pre- 
gunto: "^'Entiendes lo que estas leyendo?" 
31 Respondid el: "dComo podria si no hay quien 
me sirva de gufa?" Invito, pues, a Felipe, a que 
subiese y se sentase a su lado. 32 E1 pasaje de 
la Escritura que estaba leyendo era este "Como 
una oveja fue conducido al matadero, y como 
un cordero enmudcce delante del que lo tras- 
quila, asi el no abre su boca. 33 En la hurni- 
llacion suya ha sido terminado su juicio. 
^Quién explicarå su generacion, puesto que su 
vida es arrancada de la tierra?" 34 Respondlendo 
el eunuco pregunto a Felipe: "Ruégote (jde 
quién dice esto el profeta? tfDe si mismo o de 
algun otro?" 35 Entonces Felipe, abriendo su 
boca, y comenzando por esta Escritura, le 
anuncio la Buena Nueva de Jesus. 36 Prosi- 
guiendo el camino, llegaron a un lugar donde 
habia agua, y dljo el eunuco: "Ve ahi agua, 
iQué me impide ser bautizado?" [ 37 3 38 Y man- 

1; IV Rey. 25, 19, Para adorar: TCra, pues, un "pro- 
sélito" de la religion de Israel, y no un simple gentil. 
De entre éstos el primer bautizado fué Cornelio (10, 
1 ss.). 

30-s. La contestacion de! etiope es una refutacion 
elocuente a los que creen que la Sagrada Escrilura es 
siempre ciara, y que cualquiera puede internretarla sin 
guia. Por eso et Senor envia a Fel.pe, como advierte 
S. Jeronimo, para que descubra al eunuco a Jesus 
que se fe ocultaba bajo el velo de la letra, *%os cris* 
tianos, dice S. Ireneo, d oli en escuchar la explicacion 
de la Sagrada Escritura que les da la Ig esia, la qae 
recibio de los apostoles el patrimonio de la verdad" 
(I Tim. 6, 20 y nota). Cf. los decrettfs del Conrdio 
Trid. (Ench. Bibi. 47 y 50). D*> ahi t?mb'én a ne* 
cesidad de notas exi licativas en las edicinnes hibticas 

32 s. Véase Is. 53. 7-8. El orofeta habia del Me- 
sias. ha. cita es segun los I<XX. 

34. Pregunta de gran interés exe^ético, pues cierta 
interpretacion i?raelita, que no reconoce a Jesus cnmo 
el Mesins, quisiera acomodar todo aquel admirab e 
pasaje de Isaias para apHcarlo al mismo pueblo de 
Israel. Cf. Is. 52, 14 y nota. 

35. Le annncid la Buena Nueva: Preciosa expresi6n 
y no menos prec'oso ejemp!o de catequesis bihlica,. 
Asi lo hizo tamhién e' mismo Te?iis (Luc. 24, 27. 32 
7 44*ss.) partiendo de un texto de la Sagrada Escri- 
tura (cf. Luc. 4. 16 ss ). 

[37] : Merk, cuyo texto traducimns. om-'te este ver- 
siculo. Otros, como Brandscheid. ]o traen idéntico a 
la Vulgata, que dice: **Y F< l'pe di jo: si crccs de 
todo corasén, HcHo es. Ét rcpuso: Creo que Jesvcristo 
es el Hiio de Dios". Fi'.lion rbs rva que "su autenti- 
cid?d esta suficientemente garantida por otros testigos 
excelentes", También el contexto parece requerirlo 
como respuesta a la pregunta del v. 36* la cual sin 
él qnedaria trunca. y entonces no se expli"aria q*ie 
el eunuco hiciese parar el carro (v. 38) como preten- 
diendn rec'bir el bautismo s : n cnnncer la conformidad 
de Ft'lipe. En cuanto a la doctrina de este texto. segun 
la cual "Fe'ipe exigi6 del ne6fito u r a profes : 6n exte- 
rior de fe antes de ban ti zar o" (Fillion). es la misma 
de otros pasajes (cfr. 2, 41 y nota). Es un ca*o mås 
en aue h fe fe muestra vincula^a al con'>ctmi n nt"> de 
la Palabra de Dios (v. 35), segun lo ensena S. Pablo 
(Rom. 10, 17). 



do parar el carruaje, y ambos bajaron al agua, 
Felipe y el eunuco, y (Felipe) le bautiz6. 
39 Cuando subieron del agua, el Espfritu del 
Senor arrebato a Felipe, de manera que el 
eunuco no le vio mas; el cual prosiguio su 
viaje Ileno de gozo. 40 Mas Felipe se encontro 
en Azoto, y pasando por todas las ciudades 
anuncio el Evangelio hasta llegar a Cesarea. 

CAPfTULO IX 

Saulo en el camino de Damasco. J Saulo 
qne todavfa respiraba amenaza y muerte con- 
tra los discfpulos del Seiior( fué al Sumo Sacer- 
dote 2 y le pidio cartas para Damasco, a las 
sinagogas, con el fin de traer presos a Jeru- 
salén a cuantos hallase de esta religion, hom- 
bres y mujeres, 3 Yendo por el camino, ya cer- 
ca de Damasco, de repente una Iuz del cielo 
resplandecio a su rededor; 4 y cafdo en tierra 
oyo una voz que le decia: "Saulo, Saulo, dpor 
qué me persigues?" 5 Respondio él: "^Quién 
eres, Senor?" Dfjole Élste: ,f Yo soy Jesus a 
quien tu persigues. e Mas levåntate, entra en la 
ciudad, y se te dirå lo que has de hacer.'* 
T^os hombres que con él viajaban se habian 
parados atonitos, oyendo, por cierto, la voz, 
pero no viendo a nadié. 8 Levantose, entonces, 
Saulo de la tierra, mas. al abrir sus ojos no 

40. Azoto, ciudad fllistea situada entre Gaza y 
Joppe. 

1 ss. Sobre el mismo episodio véase 22, 6 ss.; 26, 
9 ss.; I Cor. 15, 8; II Cor. 12, 2. iQué comienzo 
éste para las hazanas del mås grande Aposto.t I^a 
sana de Saulo era sin duda tan apasionada como lo 
fué luego su caridad, que lo convirtio en '"todo para 
todos". Sin Iimites en su empeno, nc vaci'a aqui en 
hacer a caballo los 250 kms. que senaran Damasco 
de jerusalén. Esa sinceridad que lo Ilevaba a entre- 
garse todo a lo que él creia verdad, fué sin duda lo 
que mås ag rad 6 a Jesus en él (cf. Juan i, 47 y mta) t 
porque Dios "vomita de su boca" a los indiferentea 
(Apoc- 3, 16), a los cual es el Dante seiiala una de las 
penas mås viles del infierno (Canto 3, 34-51). 

2. Enseiianza elocuente sobre el esi>tritu de libertad 
— no ya solo de caridad — qnp fajo Jesus. Saulo, 
celoso fariseo (23, 6; Filip. 3, S s), quiere la cårcel 
y aun la muerte para los que no piensan como él (cf. 
7, 58; 26. *0). Pablo, celoso cristiano. respetarå con 
suma delicadeza la conciencia de cada homhre, no s'n- 
tiéndose autorizado a condenarlo (cf. II Cor. 1, 23; 
4. 5; I Pedr. S, 2 s; Mat. 23. 8; Cait. 3. S y notas). 
Nos muestra asi que, segiin el plan de Dios, la certeza 
de estar en la verdad reIi<riosa no obliga ni autorira a 
imponerla a otros, ni ai'm teniendo. como el Ap6<=tol 
tuvo, las mås excepcionales reve^ciones snbre la doc- 
trina que él predicabå (cf, 26, 16 v nota). 

4. Me persigues: Jesus, que recibe como hecho a 
Él mismo el bien que ha^ramns a sus hermams los 
pequenos (Mat. 25, 40). maiifiesta aqui lo mi^mo res- 
pecto d-* la persecucion de los que creen en Él. 

5. Cf. 26, 14 y nota. 

7. Cf. 22. 9 y 26, 14. I,os homhres oian la voz 
rom© un sonido pero m como art'cu*aci6n de nalabras. 
En Juan 12, 28 ss.. Jesus ove la voz del Padre ce- 
lestia , y los circunstantes creen que ha sido un trueno, 
el ci*al en la Biblia es llamado murhas veces la voz 
de Dios. No viendo a nadie: De aqui se deduce, como 
observa FilTon, que Saulo c^nociå entonces a Jesus, 
viendo su divino Rostro g orifica^o. como en la Trans- 
figuraci6n lo vieron los tres apostoles "con la gloria 
propta del Unieénito del Padre" (Juan % 14). 

8- ha, ceguera confirma que hubo apariciån y ao 
sålo visi6n iaterior de Pab!o. 



168 



LOS IJECHOS DE LOS APOSTOLES 9, 8-31 



veia nada. Por lo tanto lo tomaron de la 
mano y lo condujeron a Damasco. ^res dias 
estuvo privado de la vista, y no comio ni 
bebio. 

CONVERSION Y BAUT1SMO DE SAULO. 10 VlVia 

en Damasco cierto discipulo, por nombre Ana- 
nias, al cual el Senor dijo en una vision: 
"; Ananias!", y él respondio: "Aqui me tienes, 
Senor." n Di)ole entonces el Seiior: "Levan- 
tate y ve a la calle llamada da Recta», y 
pregunta en casa de Judas por un hombrc 
llamado Saulo de Tarso, porque cl csta en 
bracion"; 12 y (Saulo) vio a un hombre llamado 
Ananias, como entraba y le imponia las nianos 
para que recobrasc la vista. 13 A lo cual res- 
pondio Ananias: "Senor, he oido de muchos 
respecto a este hombre, cuantos males ha hecho 
a tus santos en Jerusalén. 14 Y aqui csta con 
podcres de los sumos sacerdotes para prendet 
a todos los quc invocan tu nombre." 15 Mas el 
Senor le repHcé: "Anda, porque un instru- 
mento escogido es para mi ese mismo, a fin 
de llevar mi nombre delantc de naciones y 
reyes e hijos de Israel; 16 porquc Yo le mos- 
traré cuanto tendra que sufrir por mi nombre." 
17 Fuésc, pues, Ananias, entro en la casa y Ic 
impuso las manos, diciendo: "Saulo, hermano, 
el Senor Jesus, que se te aparecio en el camino 
por donde venias, me ha enviado para quc 
recobres la vista y quedes lleno del Espiritu 
Santo." 18 A1 instante cayeron de sus o)os unas 
como escamas y rccobro la vista; luego se 
levanto y fué bautizado. 19 Tomo después ali- 
mento y se fortalecio. 

Sauix) predica en Damasoo. Apenas estuvo 
algunos dias con los discipulos que se hallaban 
en Damasco, 20 cuando empezo a predicar en 
las sinagogas a Jesus, como que Éste es el Hiio 
de Dios. 21 Y todos los que le oian, estaban 



12. Este v. es generalmente admitido como un parén- 
tesis del narrador para advertir que Sau o tuvo esa 
Tision de ]o que iba a acontecerle con Ananias. A~r 
vemos en el cap. 10 la vision de Cornelio unida a la 
de Pedro. 

13. La Sapjrada Escritura, y principalmente S. Pa- 
blo, designa con el nombre de santos a los cristanos, 
para mostrar que todos somos llamados a la santidad 
(I Tes. 4, 3 y 7). iQué poco meditamos en este don 
magnifico que nos tiene preparado el Espiritu Santo! 
Cf. Juan 17, 23 y nota- 

15. Véase 26, 1 y nota. 

16. Véase 26, 17 y nota. 

17. Le impuso las matws: es de notar que Pablo, 
no obstante su llamado directo y extraordinario s'n 
ser de los Doce (Gal, 1, 15 ss.), recibe de la Iglesia 
dos imposiciones de manos. Ésta, para efusion del 
Espiritu Santo (confirmacion), y la de 13, 3 para 
"separarlo" destinåndolo a un apostolado especial. 
Cf. il, 46 y nota. 

20- Pablo, sin duda instruido por Dios aun antes de 
retirarse a estud'ar (v. 23 y nota), pone especialmente 
el acento en la divinidad de Jesus, en tanto que Pedro, 
sin perjuicio de lo mismo. acentua mås bien. ante los 
judios, 'a mesianidad del Hijo de David (2, 25 ss.)- 

21. El que por Jesus fué escogido para Apostol de 
los gentiles, no tarda en mostrar la misma valentia 
que antes habia puesto al servicio de los enenrgos de 
Cristo. l,a conversion y transformacién de Pablo no 
proviene de sus propios esfuerzos, sino que es, como 



pasmados y decian: "{No es éste aquel que 
destrozaba en Jerusalén a los que invocan este 
nombre, y aqui habia venido con el proposito 
de llevarlos atados ante los sumos sacerdotes?" 
^Saulo, empcro, fortaleciase cada dia mås y 
confundia a los judios que vivian en Damasco, 
afirmando que Éste es el Cristo. 

Saulo se retira a su patria. 23 Bastantes dfas 
mas tarde, los judios tomaron la resolucion de 
quitarle la vida. 24 Mas Saulo fué advertido de 
sus ascchanzas; pues ellos custodiaban las puer- 
tas dia y noche a fin de matarlo. 25 Entonces 
los discipulos tomandolo de noche, lo dcscol- 
garon por el muro, bajandolo en un canasto. 

26 LIcgado a Jerusalén, procuraba juntarse con 
los discipulos, mas todos recelaban de él, por 
que no creian que fuese discipulo. 27 Entonces 
lo tomo Bernabé y lo condujo a los apostoles, 
contandoles como en cl camino habia visto al 
Scfior y que Éste le habia hablado y como 
en Damasco habia predicado con valentia en 
el nombre de Jesus. 28 Asi estaba con ellos, en- 
trando y salicndo, en Jerusalén y predicando 
sin rebozo en el nombre del Senor. 29 Con- 
versaba también con los griegos y disputaba 
con ellos. Mas éstos intentaron matarlo. ^Los 
discipulos, al saberlo, llcvaronlo a Cesarea y 
lo enviaron a Tarso. 

San Pedro en Lidda. 31 Entretanto, la Iglesia, 
por toda Judea y Galilea y Samaria, gozaba 
de paz y se edificaba caminando en el temor 

ensenan los Padres. un milagro de la gracia divina, 
y muestra como Dios tiene recursos para mover con 
eficacia aun a las mås rebddes de sus almas elegidas, 
segun el mismo Cristo dijo a Ananias (cf. Rom. 9, 15; 
Juan 6, 44). Es lo que pedimos en la preciosa *'se- 
creta" del Domingo IV después de Pentecostés. 

23. Bastantes dias mås tarde: transcurridos tres 
anos. Después de su conversion San Pablo estuvo 
en el desierto de Arabia (Gal. i, 17), preparåndose 
para su futura mision y recibiendo las revelaciones 
del Seiior. De Arabia volvio a Damasco, donde reanu- 
do su predicacion y fué obligado a huir de nuevo 
■ -■ 24 s. y 30). Sobre estos lapsos, discutidos para 
fijar la fecha del Concilio (cap. 15) y de la Epistola 
a los -Gåiatas. cf. 12, 25; Gal. 2, 1 y nota, 

24. Cf. II Cor. 11, 32. Véase igual aventura co- 
rrida por Dav -i 'I Rey, 19, 12) y por los exploradores 
de Josué (Jos. 2. !5). S. Gregorio Magno cita este 
caso como ejemplo de que la valentia en el servicio de 
Dios no consiste en desafiar la muerte sin necesidad. 
Cf. Filip. 1, 23 s. 

27. Bernabé (cf. 4, 36 y nota) aparece aqui como 
guia de Pablo, y lo mismo en H, 25 s. Mås adelante 
se destaca la primacia del gran Apostol, no obstante 
lo cual ambos conservaban su Hbertad de espiritu, como 
se ve en el episodio de su separacion (15. 16 ss.). 

29. Con los griegos, es decir con los judios helenis- 
tas, los mismos con quienes él habia co^aborado en la