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Full text of "Album Universal : periódo semanal de ciencias y artes con retratos, vistas, costumbres y biográfias"



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UNIVERSITY OF N. C. AT CHAPEL HILL 



00013178232 



ÁLBUM UNIVERSAL. 



PERIÓDICO SEMANAL 



n3S 



A 



CON 



RETRATOS, VISTAS, COSTUMBRES Y BIOGRAFÍAS. 



BAJO LA DIRECCIÓN 



DE LOS 



0res. 3Uosta g fjJerq, 



^*í 




IMPRENTA «LA CUBANA» O-REILLY N* 98. 
1860. 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with ftmding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/albumuniversalpeOOhaba 



L 



Muchas han sido las publicaciones que en esta culta 
capital han obtenido por sus méritos literarios ó artísticos la 
protección de sus habitantes, las cuales han llevado las sa- 
bias miras de propagar la ilustración en todas sus partes; 
pero por motivos que están en nuestro deber callarlos no 
diremos mas que han sido de muy corta vida, ignorando la 
causa por la cual hayan dejado de publicarse periódicos de 
tanto interés. Nosotros quizá no tendremos que lamentar 
esa desgracia, pues en el corto tiempo que cuenta de estable- 
cida nuestra publicación ha llegado próximamente á mil qui- 
nientos suscritores, teniendo en consideración que la hemos 
empezado con láminas solas, sin testo de ninguna clase, á 
consecuencia de carecer de la correspondiente licencia. Por 
consiguiente, puede comprenderse fácilmente que semejante 
tarea ha sido harto penosa para que (como ya dejamos di- 
cho) contásemos en el corto tiempo de dos meses con ese 
número algo respetable de suscritores, siendo estos no mas 
que de intramuros, pues tuvimos que paralizar nuestros tra- 
bajos á fines del mes de Setiembre. 

Nuestras miras, al publicar este Álbum, no son otras 
mas que las de dará conocer á nuestros suscritores los hom- 
bres célebres que mas se hayan distinguido tanto en las artes 
como en la carrera de las armas y de las letras, intercalando 
hermosas vistas de las mas suntuosas poblaciones naciona- 
les y estrangeras. 



Nuestra publicación tiene la gran ventaja de ser barata, 
pues costando un real sencillo cada entrega con cuatro lámi- 
nas y ocho páginas de texto, nos parece bastante cómoda 
hasta para el hombre mas escaso de recursos. 

Nuestras pretensiones, al publicar esta obrita, no son 
el figurar como literatos ni menos como artistas, ¡lejos de 
nosotros semejante idea! no queremos mas que nuestros dé- 
biles trabajos encuentren una favorable acojida tan siquiera 
en remuneración de nuestros desvelos, y que el público nos 
tribute el mérito de que seamos dignos. 

Los periódicos que nos servirán de guia para nuestras 
tareas serán los siguientes: Las Ilustraciones Inglesa y 
Francesa: el Magasin pintoresco: el Dia ilustrado de Nueva 
York y otros varios que omitimos en obsequio de la bre- 
vedad. 

Además de los artículos que traten de ciencias y artes, 
insertaremos algunas composiciones en verso de los mejores 
poetas de ambos mundos. 



OEJL TENIENTE 6ENEKAE. 



Este general, que con tanto denuedo é intrepidez inició la 
campaña de África, sosteniéndose en las altaras del Serrallo 
contra las terribles agresiones de los moros, nació en San Sebas- 
tian de Guipúzcoa el l'ó de Febrero de 1815, siendo sus padres 
D. Joaquin Echagüe y D? Maria Josefa Birmingham, por los 
que fué convenientemente educado en sus primeros años. 

Nombrado en 7 de Octubre de ta 1833,?por gracia particular, 
subteniente abanderado del batallón franco de Isabel II, salió 
Echagüe a campaña inmediatamente desde San Sebastian, á las 
órdenes del general D. Federico Castañon, que mandaba la di- 
visión de operaciones, y se halló el 17 de Noviembre en la acción 
de Hernani, donde el espresado general sorprendió,, antes de 
rayar el dia, la facción de Lardizábal, que, desordenada p ma 
granada que se la dirigió desde el camino|real, y dispersada con 
una carga brusca de caballería, quedó derrotada dejando la es- 
palda del cerro cubierta de mas de 100 cadáveres y muchos he- 
ridos, tomándoles mas de 100 fusiles y varios equipajes, efectos, 
raciones y caballos. 

En 1836 dejó Echagüe^de pertenecer á los cuerpos francos, 
y desde 1? de Enero ingresó en el regimiento infantería de San 



6 ALBÜM. 

Fernando. En 19 de Junio pasó con su cuerpo al valle de Me- 
na á formar parte del ejército de la izquierda, mandado por el 
general D. José María Peón, á cuyas órdenes concurrió el 25 de 
Agosto á la acción del valle de Cairanza, y el 31 del mismo mes, 
á las del coronel D. Santiago Otero, á la de las alturas de Tlli- 
barri y Gamboa, donde una bala de fasil le hirió en la mandí- 
bula inferior. El 24 de Diciembre del referido año se halló en la 
batalla de Luchana; por haberse distinguido muy particular- 
mente en esta reñida acción fué promovido en el mismo campo 
á teniente de infantería, por el general Espartero. 

En 9 de Noviembre de 1839 ascendió á capitán de infante- 
ría, ingresando en el regimiento de Luchana 9? de ligeros, con 
el que salió el 17 de Marzo del siguiente año para la toma de Ra- 
males á las órdenes del general D. Baldomero Espartero. En 
estas operaciones permaneció desde el 27 que se practicó el re- 
conocimiento de las cortaduras hechas por los carlistas para sus- 
pender el paso desde la eminencia del camino de los Tornos, 
hasta el 13 de Mayo que se rindió el castillo de Guardáramos, 
quedando Echagüe herido en la cabeza gravemente, y mere- 
ciendo por su distinguido comportamiento ser agraciado sobre 
el campo de batalla con el grado de comandante, que después le 
fué conmutado con el de teniente coronel de infantería, con ar- 
reglo al real decreto de la Regencia del Reino de 9 de Diciem- 
bre de 1840. 

En 19 de Julio de 1841, destinado Echagüe al regimiento 
de Iberia, se embarcó en Cádiz el 19 de Agosto para Puerto- 
Rico, llegando á aquella Isla el 13 del mes siguiente, donde 
permaneció por espacio de tres años ocupado en los servicios de 
guarnición. 

De regreso á la Península, se hallaba en situación de reem- 
plazo, cuando por Real orden de 11 de Setiembre de 1848, fué 
destinado á Cataluña, confiriéndole el mando en eomision del 
regimiento infantería del Príncipe, núm. 3, que se hallaba en 
el mismo distrito operando contra las facciones Montemolinistas. 
El 16 de Enero de 1849 con su brigada atacó, batió y dispersó 
completamente á la facción de Saragatar en las inmediaciones 
de San Quirse, montaña de Vidiá y ermita de Nuestra Sra. de 
Belmuht, causando al enemigo 3 muertos y 27 heridos: el 24 del 
mismo mes sorprendió y capturó en Oristá al cabecilla Brosaña, 
que con 14 individuos mas, todos armados, se hallaban encer- 
rados en las casas de aquel pueblo; el 21 de abril en Matamar- 
gó batió y dispersó á las facciones reunidas de los hermanos 
Tristanys y el Cors, en número de 400 hombres, causándoles 10 
muertos, bastantes heridos y 5 prisioneros, cociéndoles además 
varios efectos de guerra y rescatando 9 soldados del batallón 
cazadores de Yergara. 

No podia quedar sin el debido premio el mérito contraído 



TJIÍIVKKSAL. 7 

por Echagtie en estas acciones, y con la antigüedad de 29 de 
Abril fué ascendido al empleo de brigadier de infantería. Con- 
cluida la guerra de Cataluña en 14 de Mayo, continuó el sesto 
del año de servicio ordinario en Yich, desempeñando desde 23 
del mismo mes hasta 1? de Agosto la comandancia general in- 
terina déla tercera división de la alta montaña. Por real orden 
de 22 de Junio obtuvo la cruz de comendador de la real orden 
americana de Isabel la Católica. En el año de 1853, habiendo 
sido destinado el regimiento del Príncipe á la guarnición de Ma- 
drid, se puso en marcha para este punto desde Barcelona, pres- 
tando desde su llegada á la corte el servicio de costumbre. 

En 1854: continuaba Echagüe con su regimiento dando el 
servicio de guarnición en Madrid, cuando algunas entrevistas 
que tuvo con el marqués de la Yega de Amigo, y sobre todo, 
una con el general D. Leopoldo O'Donnell, le decidieron á apo- 
yar el pronunciamiento que se preparaba. ¡Señalado para esta- 
llar éste el dia 13 de Junio, Echagüe ocupó con su cuerpoy con 
el pretesto del ejercicio las inmediaciones de la puerta de Al- 
calá, y viendo que el movimiento se retardaba, que eran las 8 
y media y el regimiento no habia aun oído misa, teniendo que 
entrar de guardia en palacio, volvió con la mayor serenidad á 
Madrid. Verificado al fin el pronunciamiento el 28 de Junio, sa- 
lió con la caballería, encontrando fuera de las puertas de Alca- 
lá los quintos de su regimiento ocupados en hacer los primeros 
ejercicios del arma bajo la entendida dirección del capitán D. 
Francisco Alguacil. Dos dias después se hallaba Echagüe á la 
cabeza de su regimiento en la batalla del Vicáivaro, siguiendo 
todos los movimientos de la división llamada libertadora, hasta 
que después de la revolución de Julio fué promovido al empleo 
de mariscal de campo con la antigüedad de 3C de Junio, nom- 
brándosele en Agosto segundo cabo de Castilla la Nueva y go- 
bernador de la plaza de Madrid, y siendo elegido diputado pa- 
ra las Constituyentes. 

Nombrado en Junio de 1855 capitán general de Granada, 
desempeñó este cargo hasta que posteriormente fué trasladado 
en la misma clase á las provincias Vascongadas. En 1859 se ha- 
llaba mandando el antiguo Reino de Valencia, cuando S. M. 
hubo de nombrarle gefe del primer cuerpo del ejército de Áfri- 
ca, que tanta gloria se ha conquistado al principio de la cam- 
paña. 

El 18 de Noviembre de 1859 se embarcaron en la playa de 
Algeciras las tropas y el material de que estaba compuesto el 
ejército de vanguardia mandado por el valiente Echagüe. Mo- 
mento antes de partir arengó á sus tropas en los siguientes tér- 
minos: 

"Soldados del primer cuerpo: 

Por primera vez os dirijo mi voz y en momentos los mas 



8 ALWTM 

solemnes: yais á tener la honra de ser los primeros en pisar el 
territorio africano, y dentro de breves horas solemnizareis, tal 
vez en el mismo, si los enemigos nos aguardan, el glorioso dia 
de nuestra soberana con un hecho de armas que sirva de digno 
prefacio á la brillante campaña con que allí sabrá ilustrar el 
ejército su preclara historia. 

Me consta vuestro valor y ardimiento, así como el deseo 
que os anima de castigar esas hordas salvages, reto constante áia 
civilización del siglo. 

Ya sabréis que pelean á semejanza de los bárbaros que 
acaudillaba el feroz Atilu, valiéndose de soíocados gritos y atro- 
nadores ahullidos, cual si esta usanza pudiera intimidar álos pe- 
chos serenos. 

Soldados: La campaña de África será la página mas honro- 
sa de vuestra vida: en el campo marroquí recoj eréis inmnrcesi- 
bles laureles que serán ornamento precioso del gian reinado de 
Isabel II. 

Ademas del merecido premio, os atraeréis el aprecio públi- 
co y el de vuestros gefes, así como la entusiasta bendición de 
vuestros honrados padres, para cuando ufanos os presentéis en 
sus modestos hogares á recibirlas, después de haber cumplido 
lealmente vuestros deberes. 

Soldados: al África, viva la Reina, viva España. Algeciras 
1S de Noviembre de 1860. — Vuestro general, Rafael Echagüe" 

Habiendo penetrado en África todo el ejército espediciona- 
rio, el general en gefe dispuso que el cuerpo de Echagüe que- 
dase defendiendo las alturas del Serrallo, mientras el grueso de 
ejército emprendía el movimiento hacia Tetuan. Herido en una 
mano aquel bizarro general en lo mas reñido del combate del 22 
de Noviembre, hubo de atender á su curación encargándose del 
mando de su división el general Gasset. Tres semanas después 
volvió á ponerse al frente de su división conduciéndose en todo 
el resto de la campaña y particularmente en la batalla de Gual- 
drás, donde concurrió con una parte de su división, de un modo 
que le ha granjeado las simpatías del ejército. En premio de sus 
distinguidos servicios ha sido promovido á teniente general, ha- 
llándose en la actualidad desempeñando el honroso cargo de 
capitán general de Puerto-Rico. 



DEL DUQUE DE BAILEN, 



Por una coincidencia singular en los decretos de la Provi- 
dencia, llora la España, así como la Inglaterra, la pérdida del me- 
jor de sus soldados. Los acontecimientos hacen esta coincidencia 
todavia mas sorprendente, pues los españoles como también los 
ingleses tienen tres grandes victorias, deque jactarse sobre los 
franceses. Nuestras victorias de Crecy, Aguincourt y "Waterloo, 
corren pareja con los de Ceriñola, Pavía y Bailen. Castaños es 
el Wellington de su última lucha triunfal con la Francia. La 
misma causa hizo la fama de Wellington y Castaños y dio sus 
nombres á la historia; solamente algunas semanas han mediado 
entre las muertes de estos bizarros compañeros de armas. Nobles 
y Generales de la misma monarquía; el uno Capitán General 
Duque de Ciudad Rodrigo y el otro Capitán General Duque de 
Bailen. El último es el objeto de estas líneas. 

Francisco Javier Castaños, nació en Madrid el 22 de Abril 
de 1756, hijo de un Comisario de Ejército, siendo muy joven pa- 
só á Prusia á las órdenes del General O'Reilly, á observar las 
maniobras de las tropas del gran Federico. En 1794 sirvió en el 
ejército de Navarra á las órdenes del General Caros, distinguién- 
dose por su arrojo y valor, y recibiendo en una ocasión una pe- 

2 



10 ÁLBUM 

ligrosa herida en el lado izquierdo. En la paz de 1796 ascendió 
á Mariscal de Campo y en 1798 á Teniente General. Después 
de haber ascendido á ese rango en el ejército español, su talento 
fué llamado á ejercitarse con mayor actividad por la inicua ten- 
tativa de Napoleón en 1808, para posesionarse de la Monarquía 
española, la que fué causa de la guerra Peninsular y su impor- 
tante conclusión. Thiers en su "Historia" describe al general 
Castaños como un soldado de la escuela antigua y un político 
discreto lleno de sagacidad y astucia. En el momento en que la 
insurrección contra el Emperador y el Rey José se hizo general 
en toda España, Castaños se unió al movimiento y se adhirió á 
la Junta de Sevilla. En seguida fué encargado del mando de 
las fuerzas y por él la derrota sufrida en Rio-seco fué pronta y 
brillantemente reparada: Castaños tan solo con un ejército de 
9000 hombres salió al encuentro del General Francés Dupont 
en Andalucía, al que derrotó en la batalla de Bailen que ocur- 
rió el 20 de Julio de 1808 en el mismo mes de la subsecuente vic- 
toria de Wellington en Yimiero. Bailen fué un golpe terrible 
para el Francés. Pupont fué derrotado en todos puntos y tan cer- 
cado por las victoriosas fuerzas ezpañolas que hacían su retirada 
imposible. Fué obligado á rendirse con las tropas que teniaá su 
mando, las que llegaban al número de 17000 prisioneros deguer- 
ra. El convenio de Bailen como fué cumplido por los españoles 
contra el consentimiento de Castaños y todo el ejército francés 
en vez de ser enviado á Francia como se estipuló, quedó com- 
pletamente prisionero. Los españoles usaron de este acto de ma- 
la fe llevados en parte por la opinión de que los generales fran- 
ceses habían usado de demasiada astucia para con el General 
Castaños en las condicioues que habían obtenido, y en parte 
por la traición que habían ya ejercido los franceses con ellos. 

Sir "Walter en su "Vida de Naploeon" habla así de la vic- 
toria de Bailen: 

"La batalla y subsiguiente capitulación de Bailen fué en si 
misma un gran desastre, el mas importante que había aconteci- 
do al ejército francés desde que la estrella de Bonaparte empe- 
zó á subir. Mas de 3000 franceses perdieron en esta acción y 
17000 se habian rendido. Andalucía, la parte mas rica de España 
se vio libre de los ejércitos franceses, y las opulentas ciudades de 
Sevilla y Cádiz pudieron emplear las numerosas fuerzas de una 
disciplinada población; y sus tesoros en sostener la causa nacional. 
La batalla de Bailen desvaneció la idea de invencibilidad de que 
gozaba Napoleón en su fortuna, la que como un talismán había 
tan amen u do paralizado los consejos é inhabilitado los esfuerzos 
de sus enemigos, los que se sentían al oponérsele como víctimas 
predestinadas á luchar contra la oscura corriente del destino. 

El resultado inmediato de la victoria de Bailen fué el desa- 



11 UNIVERSAL. 

lojo de Madrid por el Rey José Bonaparte. Castaños poco después 
fué promovido á Presidente del Consejo de Guerra español y 
tomó el ruando del ejército Central de España. Thiers, en su 
"Historia del Consulado y del Imperio" habla así de estos acon- 
tecimientos. 

Pero la evacuación de Madrid, pareció como una formal de- 
claración de la nueva soberanía que era incapaz de retener por 
fuerza el reino que pretendían haber recibido de la Providen- 
cia. Lo que la Providencia quiere, sabe sostenerlo y no lo deja 
perecer. Desde este momento toda España despertó y la desgra- 
cia de Bailen que hizo resplandecer algunos pocos generales, sir- 
vió de éxito pp-ra una cruel confusión por parte de Napoleón, la 
confusión de su política, consecuencia de la total evacuación de 
casi toda España. 

En el curso de la guerra en la Península cupo á Welling- 
ton la suerte de concluir lo que Castaños había empezado, y 
aunque este tuvo después algunos reveses, particularmente 
en la derrota de Tudelas sin embargo peleó y se portó caballe- 
rosamente como el hábil y estimado compañero del guerrero mas 
grande de Inglaterra, hasta que la victoria y la independa co- 
ronó los esfuerzos unidos de la Gran Bretaña y España. En 1811 
la regencia nombró á Castaños General en Jefe del 4 o . Egér- 
cito español y Capitán General de Estremadura, Castilla la Vieja 
y Galicia, él mandó las líneas de San Roque y se distinguió al- 
tamente en la famosa batalla de Victoria. No obstante, la regen- 
cia leprivó tanto del mando como del título de Capitán General; 
pero como por via de compensación le confirió el grado de Con- 
sejero de Estado. Castaños escribió á "Wellignton quejándose a- 
inargamente del trato que habia experimentado y el General in- 
glés le contestó desaprovando fuertemente la deshonrosa é injus- 
ta conducta del Gobierno Español, en destituir al que habia he- 
cho grandes servicios á su patria. Cuando se hizo la paz, Cas- 
taños que estaba en los sesenta años de su edad, recibió del ven- 
turado monarca la Capitanía general de Cataluña con la gran 
Cruz de San Fernando; y al regreso de Napoleón de la Isla de 
Elba, fué colocado á la cabeza de un ejército de 70000 españoles 
para ayudar á los aliados. Subsecuentemente fué hecho Duque 
de Bailen y pasó sus últimos años en un honroso y digno retiro. 
Para sus paisanos el veterano fué siempre un objeto de orgullo 
j afecto, y su muerte que tuvo lugar el 21 de Setiembre de 1852, 
causó una gran sensación entre ellos digna de alabanza. Casta- 
ños aunque en los 96 años de su edad, conservó hasta lo último 
sus facultades intelectuales. El Gobierno Español decretó se le 
hiciesen funeral es públicos. Estos se efectuaron en la Iglesia de 
Atocha, á espensas del Estado asistiendo á ellos S.M. la Reina. 
La espada del guerrero fué depositada en el museo de artillería 



12 ÁLBUM 

y un magnífico monumento es de erigirse á su memoria. En un 
artículo sobre él dice la Gazzete, murió pobre, que su po- 
breza la ocasionó su caridad y declara que su muerte es una pér- 
dida nacional: "vivió como un héroe y murió como un san- 
to" su título pasó á uno de sus sobrinos. Por su muerte y 
la de "Wellington, el Visconde deBeresford, el Duque déla Vic- 
toria, el Marqués Kodill; el Duque de Yalencia Duque de Te- 
tuan, Masques del Duero, Conde de San Antonio y Duque San 
Miguel &c, y los Príncipes reales son las únicas personas que a- 
hora gozan de la dignidad de Capitán General de Egército. 

Traducido del Illustrated London Newos de 16 de Octubre 
de 1852. 



ALGO SOBRE LA HISTORIA DE TETUAN. 



Los apuntes biográficos que hasta ahora se han publicado 
sobre el origen de Tetuan, son tan escasos, que nos conduce á 
copiar exactamente la revelación histórica que nos hace el Gene- 
ral Ros de Olano, en su primoroso libro titulado Leyendas de A- 
frica. 

Entre las preciosas páginas de este libro se hal/a una bellí- 
sima revelación del origen de la ciudad cautiva, y una exacta 
pintura de las costumbres mahometanas. 
Dice así el relato histórico: 

"Mi tienda estaba abierta de par en par, y una brisa delei- 
tosa acariciaba los árboles, que le respondían con amoroso mur- 
mullo. — ¿En qué piensas, amigo Abd-el-Kader? — ~No pienso; mi- 
ro: — ¿Y qué miras, mi buen amigo? — Miro el árbol que hace mas 
de 300 años que dá sombra al descanso de Sidi-Aii-Be- 
rachet, sultán de Schagüen, el protegido de Dios. Los tu- 
yos no han encendido aun su fuego con sus ramas, y el árbol 
continúa dando sombra al descanso de ÍSidi-Alí. — Dime tú, cual 
es el árbol y quien era el sultán Sidi-Alí de buena memoria, que 
aquí dejó sus huesos y su carne? — El árbol es aquel que está 
cercado junto al adarve, aquel que de aquí á mediodía da som- 
bra á la ciudad, y de medio día á la oración de la tarde dará su 
sombra al cementerio; y el bueno Sidi-Alí-Berachet era sultán 
de Schagüen mientras que se fundaba Tetuan: vivió mucho para 
sus pueblos, hubo en sus años grandes cosechas y quiso en su 
muerte descansar en la ciudad que había permitido labrar á Si- 
di- Alí-el Mandri, Bajá bueno que ayudaba Dios cuando los ára- 
bes vinieron de Granada con solo las llaves de sus casas en las 



14 ÁLBUM 

manos, y las lágrimas de su corazón puestas en sus ojos. — Cuén- 
tame Abd-el-Kader lo que en esto te hayan enseñado los libros 
de vuestra poesía, ó los de vuestra historia. — Sí, te diré aquello 
contado por otros á quienes otros dijeron lo que les decían sus 
mayores, que cuando yo me callase, tú preguntas que Abd-el- 
Kader, dirá lo que supiere. — ¿Cuántos años ha que vinieron esos 
árabes tan desgraciados? — Tres centenares y ochenta mas: traían 
la religión y la familia; venían sin las armas, y demandaban pa- 
tria en el suelo del Profeta. La tierra de Dios sea para todos, les 
respondió Sidi-Alí-Berachet: tomad parte de ello en la llanura 
donde mas cunden las flores para que levantéis un pueblo que 
sonría entre los cuatro tiempos del año, sentado á la orilla de un 
rio dulcísimo; y como asi lo hiciesen, este rio se llama desde en- 
tonces Guad-el-Jelú. (1) 

Los proscriptos bendijeron á Sidi-Alí-Berachet. sultán suyo, 
y se amistaron con las kabilas del monte, partiendo su pan para 
que no les ofendiesen, y para que les ayudaran en el trabajo y 
en la defensa. 

Pusieron los del monte con los árabes sus manos juntas pa- 
ra levantar la Alcazaba lo primero, y se trasladaban las armas 
para descansar del trabajo de la tierra en el ejercicio de la guer- 
ra contra los de allá del rio, gentes del Riff, sueltos de autoridad, 
que los acometían sin tregua ni reposo. 

Dióles entonces el sultán para que los gobernara á Sidi-el- 
Mandri, Bajá sencillo, temeroso de Dios, moro bueno que no e- 
ra de los riffeños por su sangre, aunque los del monte lo fuesen 
como los del otro lado de Guad el-Jelú, mas no se querían los 
unos á los otros porque los apartaba el rio, y porque se robaban 
los ganados. 

Mandó el Mandri que se levantara la muralla para una ciu- 
dad grande y la Dj ama (2) en medio del espacio antes que se 
fabricaran las casas de la ciudad; y todo se hacia en alabanza 
de Dios al estilo y magnificencia de Damasco que conocían los 

árabes de Granada. . . . ¡Allahmar! ¡ Allahmar! cuéntase que 

decían estos trabajando, y luego cantaban muy tristes. 

Me alejo, adiós Granada, 
Me alejo, adiós Genil, 
¡Maldita la flaqueza 
Del torpe Boabdil! 
Me marcho rio Darro 
Que riegas mi jardín, 
Y al despedirme corren 
Mis lágrimas á tí. 



(1) Rio Dulce. 

(2) Mezquita. 



l.*> UNIVERSAL. 

¡Maldita la flaqueza 

Del torpe Boabdil! 

La ira del profeta 

Le siga hasta su fin; 

Y Allahá nos vuelva á nuestra patria amada 

De ríos y de flores circundada! 

Aliaba nos vuelva y quiera 

Por siempre confundir, 

A l^s que profanaron 

Su Alhambra y Zacatín, 

Su plaza Yivarrarnbla, 

Su Darro y su Genil, 

Sus torres y sus muros 

Su suelo antes feliz 

El suelo en que reposan 

Los padres del Muslin! 

¿Aliaba riégalo eu sangre! 

Pero antes de morir 

Vuélvenos ¡hay! á la feliz Granada 

De flores y de ríos circundada. 



Esto dicho sin la cadencia del romance morisco, pero muy 
sabrosamente aproximado á ella, calló Abd-el-Kader temeroso 
tal vez de fatigar mi atención, y yo reflexionaba en tanto como 
coincide la belleza histórica con los hechos históricos, que según 
la expresión feliz de un sabio, con la elocuencia de Dios. 

Sabia yo que mi interlocutor habia servido 5 años la causa 
de los creyentes, á las órdenes del Esmir Abd-el-Kader en cali- 
dad de su secretario; pero esta vez no quise desviarme de mi pro- 
pósito, y sin atender a su indicación le dije: enséñame con tu de- 
do la mezquita que se fabricó antes que las demás y que todas las 
casas de Tetuan, y él me señaló la mas eminente; la que tiene un 
altísimo minarete; tachonado de menudos y lucientes azulejos que 
refractan el sol y reflejan la luna, aquella en que mas se oye 
cantar al Muezzin, ¡No hay mas Dios que Dios! [1] Tu ves la 
Giibba (2), me dijo; pues fué levantada antes que la Djama- 
el-Kebir (mezquita grande), y desde alli un ojo que nunca dor- 
mía miraba á tod?s partes, y una voz que nunca callaba decía 
siempre á todos: Tet- Tagiien, Tet-Tagüen (abre ojo, abre ojo): res- 
pondían á esta voz los de la Alcazaba y repetíanla los de la mu- 

(1) La ilah illa Allahá. 

(2) Cápula de la torre. 



16 ALCUM 

ralla, de manera que los riffeños encontraban vigilancia en los 
de Granada á toda hora, y por todas partes cuando probaban en- 
vestirlos á la redonda; y asi fué como los unos edificando siem- 
pre, y los otros procurando para destruir, concluyeron su colme- 
na y acomodaron sus panales las abejas de Granada, que Dios 
bendijo, y prosperó sus familias, y los árboles y legumbres de 
sus huertos, y las hechuras de sus manos para que comerciaran 
y estendiesen las máximas de su sabiduría, tras los trabajos de 
la peregrinación, y las fatigas de su trabajo, porque de esta ma- 
nera sazona Dios los bienes. 

T sucedió que como durante tantas lunas estuviesen los de 
dentro repitiendo Tel-Tagüen, acomodáronse de tal modo estas 
palabras á los oidos de los unos y de los otros, que todos, los de 
adentro y los de afuera, llamaron la Ciudad Teg-Tagüen, como 
la llamamos hoy nosotros, herederas, de cuanto perdimos en un 
dia, peleando como valientes; y dime tú si no es verdad, — Co- 
mo valientes peleáis, Abd-el-Kader, pero sin la unidad colectiva, 
sin la unidad de mando y sin la unidad de acción, gastáis la 
sangre peleando como guerreros de vuestra fé religiosa, pero no 
combatís como soldados de la disciplina militar. — También di- 
ces tu verdad, que moro bueno pelea y quema toda su pólvora, 
pero no toma cañón, y vosotros quemáis poquita pólvora y to- 
máis cañones en torre Jeleli. .. .M oro para moro pelea bien. — 
Quisiera veros. — ¿Tú ves en el cementerio aquel montecillo cu- 
bierto de verdura y se levanta mas que laGabba (1) que le vie- 
ne enfrente? Sabe tú que lo forman huesos de hombres muertos 
en una noche, si bien miras que lo visten yerbas del campo cria- 
das en cien años y ochenta. 

Varias veces me había llamado la atención el montículo que 
se erige en mitad del enterramiento, y acaso me cruzó la idea 
de si pudiera ser resto de algún monumento romano, pero precin- 
dí siempre de la investigación por la dificultad de encontrar los 
medios. Abd-el-Kader salía pues, al paso de mi curiosidad, y dijo: 
Cada odio tiene una historia y la venganza sigue las generacio- 
nes: Dios puso en la frente la memoria, en el corazón la volun- 
tad, y en el brazo la fuerza; Dios es justo. Habian ofendido mu- 
cho los del Eiff á las de Tet-Tagüen, y aunque nuestros padres no 
les hacían algaras en sus tierras, ellos hacían continuas razias 
enla vega y probaban tomarles la ciudad. Los ancianos hubie- 
ron consejo que el Bajá encontró bueno, y dispuso que se tuvie- 
ra plática y convenio con los riffeños que ellos no guardarían, 
para lo que debían los de Tet-Tagüen tener prestas y escondidas 
las armas, y que se dejara á los del Riff entrar después de El- 



[1] Santuario que se erige á los Marabuts,y también panteón erigido en los 
enterramientos para ciertas familias; todos estos edificios rematan en una cúpula 



UNIVERSAL. 17 

Maghreb (oraciou de la tarde) que se les dejara quebrantar io 
prometido hasta El-Echá (oración de la noche), hora en que na- 
cía l,i luna en aqnel dia, para que en aquel momento la Alcaza- 
ha diera !a señal quemando á un tiempo tres cazoletas, y cada 
hombre matase á su enemigo. Sabíanlo las mugeres, y fueron a- 
talayas desde las azoteas para dar señal cuando lucieran los tres 
relámpagos de la muerte, que brillaron á la voz del Muezzin l j 
á la salida misma de la luna. 

¿Y entonces? — Entonces las mugeres dieron señal á grito he- 
rid', y cada árabe mató un hombre ó murió peleando pa- 
ra que otro árabe le vendara. Murieron riffeños en dos horas 
treinta cientos, y al El-Fedjar (amanecer del dia siguiente,), cada 
Tet-Taani arrastrara un cadáver por la crencha, y cada niño 
traia detrás una espuerta de tierra que se juntaron hasta formar 
el monte. Murieron árabes para levantar la victoria, |pero desde 
aquellas horas los riffeños nos respetan en Medina Tet-Tagüen, 
y siguen siendo como las águilas del Atlas. 

Con el último tropo quiso significar Abd-el-Kader^ que los 
riffeños son como siempre ladrones y asesinos, que ya solo ha- 
cen sus presas una por una. Mas conviene advertir que cuando 
el árabe condensa mucho sus respuestas, es que se halla impa- 
ciente, y que no acierta á despedirse del europeo; me levanté, 
pues, y él en el acto suspendió á su hijo, y lo cargó sobre sus lo- 
mos como Agará Ismael. En esta forma le acompañé por el 
tránsito de todo el campamento hasta cerca déla ciudad; allí me 
puso una mano en e! hombro y colocándose la otra sobre el pe- 
cho, me dijo en castellano, "adiós," y se fué. 

Oigamos ahora esta animada descripción de la vida árabe. 
Solo quien, como el general Ros de Olano, ha morado largos a- 
ños en África, pudiera retratar con tan vivos colores las costum- 
bres de los islamitas en la ciudad y en la tienda. 

Dice así: 

"Penetrad en la tienda de Zedán, en la casa del "moro [1]; 
su puerta no da paso mas que á un hombre; y alli dentro, en la 
mitad de un patio umbroso, bajo toldos, cortinas y faroles de 
gusto afiligranado, allí sobre limpios azulejos mana el agua co- 
pio en el Oasis en que termina el peregrino su jornada, y brota á 
borbotones como brotaba de la peña de Oreb\ el munsulman se 
lava, y sus hijuelos desnudos juegan en torno como triscábanlos 
recentales de Jacob. Entra y reposa sobre alfombras que tien- 
den sus esclavos, mientras que la mnger quema perfumes 
y aguarda en su cubículo las órdenes de Sidi [el señor]: su 
rosario en una mano, su tabaco en la otra, [ningún bullicio lo 

(1) Eata descripción se refiere á las casas de Tetuan, pero generalmente el 
moro no edifica mas que dónde abunda el agua y la arquitectura urbana es siem- 
pre la misma, salvo el mayor ó menor tamaño. [Nota del testo] 

3 



1 8 ÁLBUM 

distrae, ninguna cuestión interior turba 8u paz, ni sobresalta á 
su familia: sus paredes son mudas y ciegas como deben ser los 
límites de todo derecho privado. La luz no le viene sino del ze- 
nit; la fe le columpia en los vaivenes de la fantasía, sin pensar 
en las necesidades de mañana, porque sabe que su. despensa en- 
cierra miel, leche, harina y frutas secas. 

Tras la ablución, la ovación y el arrobamiento, siguen él 
amor y el sueño. . . .La virtud le despierta al dia siguiente, sin 
risa en los labios pero con la serenidad del alma en el semblan- 
te. Creyente incorruptible, oye el Muezzin que llama á la ora- 
ción del Sabbhaj, y purificado y vuelto hacia el Oriente so pros- 
terna y saluda al Creador en la manifestación sensible mas pas- 
mosa de su infinita grandeza, en la salida del sol. Tras esto la 
amistad ó el deber le llaman fuera á un punto dado, á un deter- 
minado objeto, y para conseguirlo, la calle no es mas que tránsi- 
to abreviado y umbrío, porque no va en coche á sus deberes, ni 
á sus espansiones, ni sabe lo que es un carruage, ni estimaría 
saberlo, y porque su turbante, su jaique y su chilava son siem- 
pre lo mismo, de lo mismo y para lo mismo. Su ornato está en 
su casa, alli donde es suyo y para él: allí espejos levantados que 
reverberen el agua y la luz, vasos del Japón que encierren miel 
y aguas olorosas preparadas para el uso, alfombras mórvidas 
de Persia. . . .alfombras y vasos heredados que trajeron sus pro- 
genitores cuando la fé los derramó en apostolado guerrero so- 
bre la haz de la tierra conquistada, ornatos venturosos que no 
envejecen y contra cuyo gusto y conveniencia no conspira la 
moda, porque en África como en Arabia la moda no se conoce, 
no es, no fue, y por lo tanto no es, no será la enemiga de aque- 
llos dones del arte para la sobria comodidad de la vida que en- 
tre nosotros son bellos y preciados, hasta que la moda nace de 
si misma para envilecerlos con la depreciación y el ridículo. La 
moda, esa carcoma de nuestro corazón siempre desazonado, esa 
voluntad conspiradora á perpetuidad, esa voluble manceba dig- 
na solo de Alcibiades, de Nerón y de Robespierre; de los in- 
temperantes, de los malvados y de los misántropos, esa manceba 
que sin embargo de no saber nosotros si es fea ó si es bonita, ni 
si tiene conciencia de sus h< chos, y que solo porque nos consta 
que es para todos, seguimos por la calle y en la casa á todas ho- 
ras, no se conoce en África, ni en Arabia. 

Entrad en la tienda de Zedán, en El-Duar (1) del moro: a- 
penas le veis á la distancia que podríais incendiarlo con una 
granada de manos, es mas que pequeño, es menudo; es mas que 
menudo, es humilde, y su color el color de las alondras. 

[1] Significa estrictamente aldea; reunión de chozas ó de tiendas, pero aquí 
se denomina la parte como el todo, por uso frecuente. 



UNIViíKSAL. 19 . 

Las cufias silvestres primorosamente amanojadas, son fustes 
erectos de columnas estriadas sin basa y sin capitel, y de los 
fustes arranca la flexible cimbria que sustenta una bóveda flo- 
tante de verdura: la vid se esparrama con anchas hojas y raci- 
mos desmayados, y el jazmín parásito serpea por los vastagos 
asomando sus florecillas blancas y olorosas que parecen besos de 
niño. Este es el peristilo á cuyo amparo se sienta la familia; de- 
trás está la choza. La rodean la higuera que á mis ojos se pre- 
senta siempre como una nodriza, el naranjo y el limonero per- 
petuos símbolos de la esperanza agrícola, y no siempre, pero al- 
guna vez descuella sobre algún Daar una palmera viuda (1) En- 
trad en la choza; está limpia; tiene de quince á 20 pasos; tiene 
el fuego en un ángulo, en otro un búcaro para el agua, otro para 
la leche, y una hortera de palo; en esta come la familia, y en a- 
qüellos bebe: en otro ángulo hay esteras superpuestas, que son 
el movible asiento durante el dia y el lecho para la noche: el o- 
tro rincón tampoco está vacio, mas que cuando el moro sale\al 
campo, ó á la puerta de su cabana. Cuando el moro está en su 
casa, en el cuarto ángulo se apoya la espingarda, su arma que- 
rida, la que corresponde á su voluntad, la garantía de su inde- 
pendencia, la compañera de su gumía que no tiene puesto en^el 
JDuar porque la lleva siempre su dueño al calor de su cintura. . 
Allí no está la riqueza de Zafir, allí unida bienaventuranza. . . . 
¡Y yo he visto caer y arder esos Duares, y esos árboles familia- 
res segados por el tronco! ¡Guerra! ¡aunque tú seas mi segunda 
madre y yo te ayude aunque seas aveces merecidamente cruel 
con los hombres, eres increíblemente impía con los dones de la 
naturaleza que Dios prospera con la lentitud de los años, y fe- 
cunda con el rocío del cielo! 

No la ciudad, no la casa, no la choza; ¡los dones de la natu- 
raleza! ¡esos encierran la arquitectura monumental del árabe, e- 
sa inmensurable máquina del mundo, cuya cúpula es la bóveda 
del cielo, columnas son los bosques, arcos las selvas, cuadros las 
estaciones, fuentes las cataratas v las crestas del Atlas, obelis- 
cos...!" 



(1) Esta reseña comprende á aquellos Duares situados en las vegas y sitios 
amenos, pero entiéndase que hay oíros áridos y escondidos en sitios agrestes co- 
mo son casi todos los déla comarca de Anghera. (IVota del testo.) 



20 



ÁLBUM 



Pescadorcita mia, 
Desciende á la ribera, 

Y escucha placentera 
Mi cántico de amor; 

Sentado en su barquilla, 
Te canta su cuidado, 
Cual nunca enamorado 
Tu tierno pescador. 

La noche el cielo encubre, 

Y calla manso el viento, 

Y el mar sin movimiento 
También en calma está. 

A mi batel desciende, 
Mi dulce amada hermosa, 
La noche tenebrosa 
Tu faz alegrará. 

Aquí apartados, solos, 
Sin otros pescadores, 
Suavísimos amores 
Felice te diré, 

Y en esos dulces labios 
De rosas y claveles, 
El ámbar y las mieles 
Que vierten libaré. 

La mar adentro iremos, 
En mi batpl cantando 
Al son del viento blando 
Amores y placer; 

Regalaréte entonces 
Mil varios pececillos, 



Que Ja verte simpleciilos 
De tí se harán prender. 

De conchas y corales 
Y nácar á tu frente 
Guirnalda reluciente 
Mi bien, te ceñiré. 

Y eterno amor mil veces 
Jurándote, cumplida 

En tí, mi dulce vida, 
Mi dicha encontraré. 

No el hondo mar te espante, 
Ni el viento proceloso, 
Que al ver tu rostro hermoso 
Sus iras calmarán; 

Y sílfídas y ondinas 
Por reina de los mares, 
Con plácidos cantares, 
Apar te aclamarán. 

Ven ¡ay! á mi barquilla, 
Completa mi fortuna 
Naciente ya la lu na 
Refleja al ancho mar: 

Sus mansas olas bate 
Suave, leve brisa; 
Ven ¡ay! mi dulce Elisa, 
Mi pecho á consolar. 

J. de Espronceda. 




Beranger, el inmortal cancionero, era uno de los hombres 
mas populares de la Francia : figuraba en ella no solo como gran 
poeta, no solo como hombre estimable, sino como una página 
elocuente de la historia contemporánea, como una voz suave y 
melodiosa que por espacio de tres generaciones, á través de cua- 
tro ó cinco crisis sociales, habia sonado espresando las alegrías, 
las amarguras, las pasiones y las esperanzas de una nación. Las 
obras de Beranger no son un catálogo mas ó menos lucido de 
impresiones individuales espresadas en un estilo nías ó menos 
feliz; son la historia cantada de un siglo que ha vivido y sentido 
mucho, la historia, no tal como la cuentan los sabios y la discu- 
ten los eruditos, sino tal como la siente el pueblo, tal como se es- 
tampa en la memoria de los humildes de la tierra. Por eso las 
canciones de Beranger han hallado en el corazón de todos los 
franceses tan poderoso eco, porque si la Francia se hubiera en- 
carnado en un ser misterioso para cantar entre sus hijos las glo- 
rias y los reveses comunes, sus cantos no hubieran sido mas que 
una parodia de las canciones del anciano poeta. 

Pedro Juan Beranger, cantor del pueblo, nació en el seno 
del pueblo, en el año 1780, en ese Paria lleno de miseria y de 
oro: su abuelo era un pobre sastre, su cuna no era de flor es, como 
él se complacia en recordarlo con una sencillez homérica. Un 



22 ÁLBUM 

m ercado ocupa en el dia el lugar donde en otro tiempo se levan- 
taba su casa paterna. Ese mercado necesita una estatua. 

Desde muy joven empezó á fatigar sus manos en trabajos 
rudos y mecánicos : mozo de posada, en uua que tenia en Hari- 
court su tia paterna, aprendiz de cajista en Perona, oscuro de- 
pendiente de una oficina, en todas estas profesiones que sucesi- 
vamente adoptó, halló ratos de solaz para meditar y libros para 
ensanchar el círculo de sus ideas. La toma de la Bastilla impre- 
sionó vivamente su alma de niño é hizo brotar de su imagina- 
ción la primera chispa poética ; mas tarde tomó la pluma, que 
corría con dificultad en su inexperta mano, y escribió una co- 
media titulada los Hermafroditas, un poema pastoril que llamó 
la Meditación, un canto épico sobre la historia de Clodoveo, 
y algunas composiciones de menor cuantía. Su naciente genio 
llamó la atención de Luciano Bon aparte, quien se declaró su 
Mecenas, lo llamó á su lado, le prodigó consejos útiles, le cedió 
el sueldo que él disfrutaba como miembro del Instituto, le pro- 
porcionó medios de sacar algún provecho de su pluma, y lo tra- 
tó en fin tan bien, que mereció del autor palabras de gratitud 
capaces de enternecer á las personas sensibles que las lean. Poco 
después empezó Beranger á descubrir su especialidad, y sus pri- 
meras canciones le costaron la pérdida de su empleo, pero le va- 
, lieron una celebridad inmensa. 

Desde este punto la vida de Beranger se presenta estéril 
para el biógrafo, porque toda ella ha estado reconcentrada en su 
pensamiento, y todo el caudal de su pensamiento se ha desaho- 
gado en canciones: los laureles y los disgiibtos que estas le valie- 
ron formaron digámoslo así, su pan de cada dia. Feliz en su 
oscura vida y en su honrada pobreza, ajeno á las aspiraciones 
ambiciosas que en torno suyo sacudían desde sus cimientos el 
edificio social. Beranger rehusó repetidas veces el asiento que le 
ofreció la Academia, y cuando la República de 1848 anheló 
contarlo en el número de sus legisladores, se escusó con su nuli- 
dad para espresar sus pensamientos en público, aunque ese pú- 
blico no constará mas que de cinco personas. 

Puesto que las canciones de Beranger son la síntesis de su 
vida, hablemos de sus canciones un poco. Quien dijo que el es- 
tilo es el hombre, conocía muy bien á la humanidad, y esta gra- 
ve sentencia, siempre repetida y nunca condenada con ejemplos, 
puede aplicarse con mas razón que á otros á nuestro ilustre poe 
ta, porque su sencillo corazón, su alma sincera, su conciencia 
tranquila, nunca le permitieron vestir con dorados conceptos 
ideas que no hubiesen entrado en el círculo de su convicción, ni 
sentimientos que no abrigase con la misma intensidad con que 
los espresaba. 

En los tiempos del antiguo régimen en Francia, se dijo que 



U1TCVER8AL. 23 

el gobierno de esta nación era una monarquía absoluta templada 
por canciones, así como el gobierno turco era monarquía absoluta 
templada por asesinatos. En efecto, la canción ha formado siempre 
la base de la literatura popular francesa, ha marcado todos los 
sucesos, ha cantado todas las victorias, ha espresado todas las 
quejas, ha servido de grito de guerra á todos los partidos, ha ha- 
lagado todas las fortunas, ha molestado á todos los poderosos, y 
ha hecho un papel mas interesante aun que el de los romances 
en la antigua literatura española. Si se efectuara en Francia con 
las antiguas canciones populares, la misma obra que se ha hecho 
en españa con nuestro romancero, si se procurara coleccionar 
todos esos partos de ingenios en su mayor parte desconocidos, 
todos esos pequeños poemas creados bajo la presión de los suce- 
sos ó de las afecciones de cada dia, tal vez tendríamos una histo- 
toria de Francia cantada, no menos digna de atención y mucho 
mas fecunda en pormenores que las compuestas con gran fatiga 
por lotí escritores mas decios. 

Pero (fuerza es confesarlo) la muchedumbre de canciones com- 
puestas y cantadas durante los siglos XVI, XVII y XVIII son 
por lo regular detestables, engendradas del odio individual ó dei 
espíritu de partido, preñadas de alusiones picantes, y de grose- 
ros sarcasmos; pero sin tendencias á corregir, sin posibilidad de 
inspirar nada bueno. Rouget de Lisie creyó haber hecho todo 
cuanto habla que hacer con la composición de su célebre Jlar- 
sellesa ; pero Rouget de Lisie no había soñado á Beranger. 

Las cauciones de éste, guardando siempre esa uniformidad 
de estilo y de pensamiento que tanto admiramos en Lafontaine 
y en Moliere, esa pureza de lenguaje que tanto nos embelesa en 
Racine y en Fenelon, y de que se van alejando tanto los moder- 
nos escritores franceses, recorren todos los tonos, tratan todos los 
asuntos, despiertan la alegría sin llevarla hasta los términos de 
una hilaridad grosera, arrancan lágrimas sin que estas lágrimas 
tengan la acritud de la desesperación, escitan el patriotismo sin 
hacerlo degenerar en frenesí revolucionario, lloran vencimien- 
tos sin insultar á los vencedores, celebran victorias sin degradar 
á los vencidos, lanzan los dardos de la sátira sin que estos dar- 
dos estén aguzados por el rencor, ni emponzoñados por la perfi- 
dia, y revelan en fin, al modesto cantor cuyo corazón de oro es 
un santuario donde jamás penetran las malas pasiones. Los can- 
tos de Beranger son odas como las de Horacio, epigramas como 
los de Marcial, elegías como las de Tíbulo y Ovidio, sátiras co- 
mo las de la Nómesis de Berlhólemy, cuentos como los de La- 
fontaine, mesenianas como las de Casimiro Delavigne, anacreón- 
ticas como las del anciano de Teos: Baranger es el linico hombre 
que no se ha graogeado enemigos con su sátira, porque su sátira 
no adolece de la cáustica mordasidad de Persio ni de la iracunda 



24 ÁLBUM 

crudeza do Juvenal; la bondad suaviza sus tiros, y la franca son- 
risa que despierta es un bálsamo para las heridas que hace. 
Verdad es que los sentimientos y las ideas dominantes en la é- 
poca en que empezó á escribir habian influido tal vez con algu- 
na exageración sobre los pequeños poemas de nuestro bardo, y 
que la levadura revolucionaria fermentabafen su alma con bas- 
tante acritud: las doctrinas enciclopédicas habian creado en él 
una especie de deísmo filosófico que hubiera podido estraviar á 
imaginaciones mas débiles que. la suya. Algunas veces se le vé 
tomar la mascara de ítabelais y afectar el cinismo burlón del 
filósofo de Fernev; pero estas impresiones fueron debilitándose 
y cediendo su lugar á mejores instintos, y Beranger con su 
muerte de cristiano ha puesto el sello á su larga vida de hombre 
de bien. 

¡Su muerte ocurrió en Paris el dia 16 de Julio por la tarde: 
si hubiera vivido un dia mas hubiera llegado á cumplir setenta y 
siete años. Sus exequias fueron solemnísimas, y el cortejo fúne- 
bre no menos numeroso que un grande ejército. En él estaba re- 
presentada la persona del Emperador por uno de sus ayudantes, 
la buena sociedad francesa por la reunión de sus miembros mas 
respetables, las artes y las ciencias por las notabilidades que mas 
descuellan en unas y otras, el pueblo por el gran séquito de los 
humildes amigos del poeta: toda la nación francesa en fin se ha 
asociado de corazón á la fúnebre ceremonia. Ya á constituirse un 
magnífico mausoleo donde descansen sus restos mortales, y el 
cariño popular ha coronado de siemprevivas la tumba donde 
provisionalmente ha sido depositado su ataúd. 



EN 

LA CORTE DE BARCELONA, 

(AÑO DE 1493. ) 



Cuando Cristóbal Colon desdeñado por los sabios de Sala- 
manea, se encaminaba tristemente hacia el convento de la Rábi- 
da donde había hallado siempre un asilo en los dias de su infor- 
tunio, Isabel la Católica exclamó : "Yo empeñaré si es necesario 
los diamantes de mi corona, y el genovés partirá." Ocho meses 
después de pronunciarse estas nobles palabras, y pocos dias des- 
pués de volver Colon, recibió en Sevilla á un mensajero de la 
reina que le remitía una carta cuyo sobre estaba concebido en 
estos términos : "A D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante en el 
mar Océano." El dia en que llegó esta caita fué en realidad el 
dia del triunfo y seguramente el instante mas placentero que tuvo 
el grande hombre. Por este mensaje Isabel se asociaba con toda 
la gracia que la han reconocido sus contemporáneos á la gloria 
inmensa qne habia sabido preveer. Las secretas alegrías indem- 
nizaron al noble corazón de los sufrimientos de que él mismo ha- 
bla con tanta amargura le encontraron en Sevilla. El triunfo de 
que el mundo entero debia ocuparse, tuvo lugar en Barcelona. 

Era el mes de abril de 1493. Hacia un dia hermoso de pri- 
mavera de aquellos que son tan puros y frecuentes en Cataluña. 
Las paredes de la ciudad y los buques del puerto se habian cu- 
bierto de banderolas. De las murallas y de los navios se escapa- 
ban súbitos resplandores seguidos de mil denotaciones que se 
mezclaban al repique de las campanas, al clamoreo do las trom- 
pas y á los gritos de la muchedumbre. La campana de Santa Eu- 
lalia, patrona de la ciudad, esparcia en el aire sus graves y agu- 

4 



26 ÁLBUM 

dos sones á que contestaba por intervalos la de Santa María del 
Mar. Había contento y algo de imponente en todo este ruido de 
una gran población; celebrábase una fiesta sin nombre que nunca 
debia reproducirse. 

Colon cabalgaba hacia la Casa de la Diputación, no solita- 
rio como el dia en que se dirijia al convento de la Rábida, sino 
rodeado de la pompa que pertenecía á los soberanos. Delante del 
cortejo marchaban alegres bandas de las tropas catalanas al son 
de los pitos y tambores; seguía un pelotón de tropas castellanas 
que se distinguían por su aspecto bravo y marcial? y luego se 
veia al Almirante, que cubierto con un suntuoso ropaje, montaba 
un soberbio alazán. 

Siete indios que se habían cogido en diversas islas y que 
pudieron sobrevivir al viaje, caminaban en dos rangos, yendo en- 
galanados con todos sus adornos salvajes para la imponente so- 
lemnidad en que iban á desempeñar un importante papel. Sus 
piernas lucían ricos brazaletes de oro, y ostentaban en sus fren- 
tes graciosas coronas de plumas. Los primeros llevaban loros y 
guacamayos, que haciendo resonar sus gritos entre los del pue- 
blo, llamaban sobre todo la atención por su raro y brillante plu- 
maje. Después de los indios iban los voluntarios de la espedi- 
cion, que llevaban coronas de oro, regalo de Gnacanagarí, ídolos 
de piedra que habían sido ofrecidos á Colon; cabezas cinceladas 
con los ojos de oro, que se hallaron en la isla de Cuba; caimanea 
con las bocas abiertas, tortugas terrestres, y por último iguanas, 
que habían perdido ya su azul celeste. 

Otros marineros esgrimían en el aire ramas de palmeras, 
conservando sus frutos secos : seguían otros con arcos de caña re- 
cogidos en el primer combate que los europeos sostuvieron con- 
tra los salvajes, y en medio de todo se elevaba la cruz verde con 
las armas de los dos reinos que había flotado en tan dilatadas re- 
giones. 

Mas humilde que esta, pero no menos gloriosa, venia luego 
la del Almirante, que tenia la siguiente inscripción en letras de 
oro : 

A CASTILLA Y A LEÓN 
NUEVO MUNDO DIO COLON. 

Esta leyenda tan sencilla que resumía tanta gloria, esplicaba 
las armas que acababan de concederse al Almirante, figurando 
estas un reino con un grupo déoslas rodeadas de olas y áncoras 
de oro sobre fondo azul. 

La comitiva desfiló rápidamente y no tardó en llegar al pa- 
lacio conocido por Casa de la Diputación, que era donde los re- 



UNIVERSAL. 27 

yes de Aragón tenían su residencia cuando iban á visitar sus sub- 
ditos de la Cateluña. 

Dos tronos se habían levantado en un salón abierto á !a mu- 
chedumbre, y en el cual se veian los retratos de los antiguos 
condes de Barcelona, tan famosos por sus azañas como por su 
amor á la gaya ciencia. 

Pero en vano los ojos hubieran buscado esas formas elegan- 
tes y lijeras de la arquitectura moruna, de la cual hay tanta va- 
riedad en Granada. Desde el siglo IX, los moros habían sido he- 
chados de Barcelona, donde no habían logrado fundar un esta- 
blecimiento que pudiera conservarse. Así es que las iglesias y 
los palacios reproducían las atrevidas formas de la arquitectura 
gótica, ó la arcada romana, cuyos caracteres tienen tanta elegan- 
cia y gravedad. Como era grande la solemnidad que se prepara- 
ba, los dorados de los techos se habían retocado, y treinta estan- 
dartes tomados á los moros en Málaga y Granada, se inclinaban 
al lado de los tronos elevados á uu estremo del salón. 

Los reyes (así se designaba á los dos esposos) se habían cer- 
cado de todo su esplendor. Colon apareció ofuscando la gloria de 
los reyes: un confuso murmullo invadió la sala. . .. ¡los reyes se 
levantaron para recibir al grande hombre! 

Y el grande hombre puso una rodilla en tierra humillando 
su genio, entonces, que como siempre pensaba en Dios. Isabel 
tomó la palabra antes que Fernando, justo privilegio de que 
quien había sabido comprender un pensamiento atrevido. 

■ — Don Cristóbal Colon, nuestro Almirante y virey de las 
Indias, dijo la reina, levantaos. 

— La reina y el rey, mis señores, dijo Colon, me han ayuda- 
do y favorecido después de Dios. Dígnense Vuestras Altezas 
darme á besar sus manos. 

— Señor Almirante, contestó á su vez Fernando, esas son 
demostraciones de vasallaje, y vos no debéis recibir aquí mas que 
demostraciones de honor. Sentaos, Don Cristóbal. 

Colon besó la mano de su graciosa soberana, y fué á tomar 
asiento entre los grandes. 

Algunos meses después de esta ceremonia, cuyos anteceden- 
tes son bien conocidos, Pedro Mártir, el hombre de las previsio- 
nes entusiastas, esclamaba : "¿Quién puede asombrarse hoy entre 
nosotros de los descubrimientos atribuidos á Saturno, á Céres y 
á Triptolomeo? ¿Qué mas han podido hacer los fenicios, cuando 
en lejanas regiones reunieron pueblos errantes y fundaron ciuda- 
des nuevas? ¡Estaba reservado á nuestro tiempo el ver estender- 
Be de esta manera el círculo de nuestras concepciones!" (Véase 
la lámina dos de la primera entrega.) 

Nota. — Cuando publiquemos el retrato de Colon, daremos 
bu biografía. 



TUMBAS MALAYAS 



Las tumbas de los malayos no difieren en nada de las de los 
musulmanes; sus ceremonias fúnebres son las mismas: los cadá- 
veres se entierran bajo una bóveda semejante á la que está re- 
presentada en la lámina de la cuarta entrega; hacia un costado 
de este sepulcro se deja ver un espacio semejante á un cuadrilá- 
tero, cubierto de inscripciones árabes que demuestran el senti- 
miento de su familia. 

A poca distancia se encuentra una grotesca cascada rodea- 
da de pintorescas palmas y corpulentos pinos, que parecen de- 
safiar con sus copas al sol ardiente de su clima: todo este cuadro 
contrasta con la melancolía del viajero que se para á contemplar 
estas maravillas. 



TUMBA MALAYA EN" TINCON. 



Este pequeño monumento está rodeado de una empalizada, 
y sombreado por jigantescas palmas. 

Las plantas de este pais son corpulentas y sus árboles emi- 
nentemente colosales, enlazadas sus copas que causan un som- 
brío tal, que el suelo se ve cubierto de una yerbecilla que mas 
bien se puede calificar de musgo. 

Los reptiles, seguros de no ser molestados en esta soledad, 
se refugian allí y parecen acompañar los restos de los queden 
aquel lugar fúnebre descansan. 

Rara vez pasa un malayo por delante de un sepulcro sin 
detenerse á arrancar algunas flores y depositarlas sobre la tumba, 
y regar el árbol que da sombra á este luctuoso recinto. 



HUMBOLI 



La vida de este célebre naturalista, consagrada por comple- 
to al estudio de la naturaleza, personifica por sí sola el esfuerzo 
del siglo XIX para descubrir los misterios del universo. 

Federico Enrique Alejandro, barón de Humboldt, nació en 
Berlin el 14 de Setiembre de 1769, recibiendo desde su niñez la 
sólida educación que se acostumbra dar á la juventud al otro 
lado del Rhin. Lenguas antiguas y modernas, historia, filosofía, 
economía política, y sobre todo las ciencias naturales, ocuparon 
sus primeros años de estudiante; luego pasó dos años en la uni- 
versidad de Francfort, hasta que se trasladó á la célebre de Got- 
tinga. Allí estudió matemáticas ó historia natural, y allí nació 
en él un vivo deseo de visitar lejanas regiones, casi desconocidas 
de los europeos. Sin embargo, tuvo aun que esperar bástanle 
tiempo para ver realizados sus deseos. 

En 1789 empezó escribiendo una memoria sobre el modo 
que tenían los griegos de tejer sus telas, trabajo que se quedó 
inédito; y al año siguiente visitó las orillas del Rhin y estudió 
estensamente ¡a geología. Luego pasó algún tiempo en Ham- 
burgo, perfeccionándose en el estudio de las lenguas, hasta que 
se trasladó á Friberga, pais clásico de la ciencia minera, en don- 
de vivió bastante tiempo analizando profundamente todos los 
ramos del arte de la minería al par que desempeñaba un cargo 
elevado en la administración de las minas de los principados de 
Bayrenth y A mpach. 

Hizo después algunos cortos viajes á Holanda, Inglaterra y 
Francia; esploró los Alpes y aclaró varias cuestiones científicas, 



30 ÁLBUM 

entre otras la del galvanismo, que el italiano Galvani había des- 
cubierto no hacía mucho. Sobre este asunto publicó un libro 
que fué traducido en toda Europa y que le dio grandes títulos 
á la celebridad. 

Sin embargo, el deseo de Humboldt era marcharse á Amé- 
rica á estudiar los grandes fenómenos volcánicos, y al efecto se 
dirigió á Italia en 1795, pero como no pudiese penetrar en Ña- 
póles ni en Sicilia á causa de los acontecimientos políticos, se 
volvió á Yiena, donde estudió detenidamente el museo zoológi- 
co, hasta que uniéndose al célebre botánico Bompland se vinie- 
ron á España á pedir permiso para visitar la América del Sur, y 
conseguido que fué, ambos amigos se embarcaron en la Coruña 
á bordo del Bizarro el 5 de Junio de 1799, empleando 13 dias 
para llegar á Canarias, después de haberse evadido de los cruce- 
ros ingleses. Allí visitó el pico de Tenerife, y el "?6de Julio pisó 
tierra en dimana, en la América Meridional. Fácil le fué estu. 
diar el efecto de los terremotos, porque Cumaná acababa de su- 
frir uno terrible que medio la habia destruido, y que fué como 
el mensagero del que sufrió Caracas el 26 de Marzo de 1812. Los 
dos compañeros penetraron en Venezuela, navegando por espa- 
cio de setenta y cinco dias por el Orinoco, el Atabapo y el Rio 
Negro, estudiando todo aquel país, hasta que á mediados de 
1800 se trasladaron á Cuba, donde Humboldt hizo estudios se- 
rios que mas tarde dieron por resultado su obra titulada: Ensayo 
político sobre la isla de Cuba. 

Creyendo encontrar una escuadra francesa que navegaba á 
lo largo de las costas de Chile y del Perú, se dirigieron á Carta- 
gena con intención de pasar á Panamá; pero como la estación 
no lo permitía, tuvieron que marcharse por tierra al Perú, cami- 
nando cincuenta y cuatro dias por el rio de las Amazonas, hasta 
que el 6 de Febrero de 1802 llegaron á Quito. Allí permanecie- 
ron cinco meses, y entre otros estudios, subieron al célebre pico 
de Chimborazo. En Diciembre se dirigieron á Guayaquil y de 
allí á Méjico, á cuyo pais entraron por Tasco. 

Méjico ofrecía á Humboldt un venero de riquísimas obser- 
vaciones. Un año entero estuvo recorriendo el pais y estudiando 
el suelo y los volcanes. Con este motivo publicó un Ensayo polí- 
tico sobre el reino de la Mueva España, en el cual el autor dá 
pruebas de ser no solamente un geógrafo consumado y un gran 
naturalista, sino un economista de clarísimo ingenio. 
• De allí pasó á los Estados Unidos y visitó á Filadelfia y 

"Washington, hasta que el 3 de Junio de 1804 se embarcó para 
Francia, á donde llegó el 3 de Agosto ^siguiente. Humboldt se 
fué derecho á Paris, en cuya capital permaneció muchos años 
preparando la publicación de la magnífica obra que escribió 
sobre sus viajes, y que apareció en 1807 con el título de: Viaje á 



UNIVERSAL. 31 

las regiones equinociales del Nuevo Continente. Algun tiempo 
después publicó también, con ayuda de bu amigo Bompland, las 
Vistas de las cordilleras y los Cuadros de la naturaleza. 

Humboldt permaneció bastantes años en París, consagrán- 
dose, en unión de los principales sabios de la época, al estudio 
del magnetismo, y aunque vivia retirado de su patria, estaba 
muy lejos de haber renunciado á su nacionalidad. La permanen- 
cia de Humboldt en Paris fué muy útil á Francia en los dias de 
la invasión, porque contribuyó á protejer los establecimientos 
científicos de la. capital del resentimiento de los aliados: él impi- 
dió áBlucher que entregara el jardín botánico para forraje de 
los ulanos, y á los cosacos que abrevaran en el gabinete zooló- 
gico. 

Por fin, en 1827 se trasladó á su patria y fijó su residencia 
en Berlín, en donde se hizo célebre por un curso que esplicó so- 
bre el Cosmos, aunque lo que mas ocupaba su imaginación era 
un viaje que deseaba hacer al Asia para completar sus observa- 
ciones de física general y geografía. 

En 1829 el gobierno ruso le hizo proposiciones para que vi- 
sitara la parte asiática de su imperio, y Humboldt se apresuró á 
aceptar. Bajo los auspicios del Emperador Nicolás y acompaña- 
do de los naturalistas Chremberg y Gustavo Rosa, se dirigieron 
los tres viajeros á la Siberia por el Volga hasta Kazan, visitaron 
á Perm, Echatherinnembourg, las minas de los Ourales, Tobolsk, 
hasta que llegaron á la frontera china. A la vuelta estudiaron las 
estepas de Kirglises, Orembourg y Astrakan. Iiesultado de este 
viaje fué la obra que tiene por título Asia central: estudios so- 
bre las cordilleras y la climatología comj)arada. 

El rey de Prusia le encargó en 1830 de ir á reconocer al nue- 
vo rey de Francia Luis Felipe y volvió de nuevo á Paris, donde 
permaneció hasta fines de 1847, es decir, pocas semanas antes de 
estallar la revolución de febrero. Desde entonces no salió de 
Berlin, en donde vino á sorprenderle la muerte, y decimos sor- 
prenderle, porque, á pesar de su edad avanzada, era de una cons- 
titución de hierro y su salud era inmejorable. 

Alejandro Humboldt puede considerarse como uno de los 
principales fundadores de la ciencia que es hoy ¡a palanca del 
mundo. Habia nacido el mismo año que Napoleón, Cuvier, "Wal- 
ter, Scott, lord Biron y Chateaubriand, y fué el último represen- 
tante de ese período fecundo. 



A BARISAí 



m 



¡Salve hermosa Barínas! ¿Será cierto 
Que en aras de la patria depusiste 
La discordia vulgar, funesta y triste 
De aplausos mil al vivido concierto'? 
Es verdad que tus hijos, que tus hombres, 
Ya no son enemigos, sino hermanos? 
¡Oh! que yo sepa quiénes son; mis manos 
Inscribirán en mármoles sus nombres, 
Quiero un arpa pulsar; quiero para ellos 
Tejer guirnaldas y arrojarles flores; 
Quiero en su frente acumular honores 

Y su triunfo ensalzar en himnos bellos. 
¿Y entre tantas hermanas inocentes 
Que para festejarre te rodean, 

Quién te imite no habrá? ¿qué, no desean 

Con el mismo laurel vestir tu frente"? 

¿Tendrás tú sola esas virtudes bellas 

A cuyo hermoso peso el alma gime? 

¿Por esa senda de virtud sublime 

No habrá quién siga tus sagradas huellas? 

Goza, señora del fecundo ilano 

De tu espléndido triunfo el bien inmenso. 

Recibe, aspira el merecido incienso 

Que quema para tí mi torpe mano. 

No olvides que el honor que has conquistado 

Es un baso bruñido, un cáliz de oro 

Que debes conservar como un tesoro 

Para que no lo empañe el cierzo helado. 

Recuerda que esos candidos abrazos 

Encierran ellos solos uiía historia, 

Que una corona cívica de gloria 

Ciñe á tu frente con heroicos lazos. 

Piensa que doce vírgenes hermanas 

Viéndote están, despiertas á tu acento, 

Que aplauden tu virtud, y al manso vienso 

Dan en tu honor sus músicas livianas. 

Y no consientas, virgen, que el gemido 
Que exhalaron sus pechos con encanto, 
Cambie su almíbar en amargo llanto 

De tus virtudes al funeste olvido. 

José A. Maitin. 



En el pueblo de Solenhofen, cerca de Munich, hay una can- 
tera de piedra caliza, cuyo grano de color amarillento es fino y 
poco poroso como el de mármol, siendo muy susceptible de re- 
ducirlo á pedazos planos, circunstancias que la hace mas reco- 
mendable aun. Esta mina se explota en el pais desde tiempo in- 
memorial, y el pavimento de muchas casas y mezquitas del Orien- 
te es de esta preciosa piedra. 

Su naturaleza química, que es un compuesto de carbonato 
de cal, de sília, de alumbre y de óxido de hierro, la hace igual- 
mente penetrable á los cuerpos grasieutos, al agua y á aquellos 
ácidos, que unidos como el ácido cítrico y acido hidro-cloro, la 
atacan vivamente y la descomponen; pero estos agentes no surten 
el mismo efecto con los cuerpos grasieutos, porque se cubre de 
grasa una parte de la piedra, y la proteje contra la acción corro- 
siva. Conocidas ya estas propiedades en el siglo XVI, dieron la 
idea de esta útil medida para ejecutar los dibujos, haciéndola 
picar con agua fuerte, á la manera de nuestros grabados. 

En Munich hay muchas piedras trabajadas en diversas épo- 
cas por este procedimiento, contándose también un astrodabio 
que data de 1580, expuesta en el Museo de la escuela gratuita 
de dibujos. 

En los últimos años del siglo XVIII, el abate Schmidt, 



34 ÁLBUM 

empezó á hacer por este me-dio varias pruebas en presencia de 
sus discípulos. Es fácil conocer que estas planchas no se diferen- 
cian de los grabados sobre boj mas que en la materia y en los 
procedimientos de ejecución* De este modo es como se compren- 
de hoy la litografía. 

Por la misma época vegetaba en el teatro un pobre cantor, 
que sintiendo en su cerebro los destellos del fuego poético, re- 
solvió aprovechar los beneficios de autor dramático con los pe- 
queños ahorros que le habia proporcionado el canto. Para ello 
compuso varias piezas que no alcanzaron un éxito muy feliz. Co- 
mo todos los autores que presencian el mal resultado de sus pro- 
ducciones, protestó del mal gusto de sus contemporáneos, y dijo 
que (a posteridad le haria justicia. Ningún editor quiso admitir 
las obras del pobre Aloys-Senefelder, y el mismo tuvo que suplir 
la mala voluntad de los riberos, convirtiéndose en editor de sus 
producciones del mismo modo que lo hizo Franklin. Pero aun 
así, tuvo que luchar con grandes y nuevas dificultades : Senefel- 
der no era tipográfico como el autor del Buen Ricardo, ni tenia 
caracteres, ni prensa ni dinero con que comprarlo. Para suplir 
el primer y principal objeto, pensó en grabar las letras en una 
lámina de boj. Si Senefelder hubiese sabido graba:', habría vuel- 
to á hacer mas ensayos en este mismo método como Gutteraberg 
y Fuster: su ignorancia le preservó de dar esta segunda edición 
del origen de la imprenta, pero debió producirlo bajo una nueva 
forma. 

Después de mil proyectos y mil ensayos inútiles, volvió á 
comprar con sus primeros fondos una plancha de cobre, sobre la 
que hizo grabar, por medio del agua fuerte, muchas páginas, 
que tiró en una prensa improvisada, páginas que levantaba y 
borraba luego para dar lugar á otras nuevas. Este procedimien- 
to tan sumamente sencillo era del todo nuevo; pero la dificullad 
estaba en que Senefelder, tan extraño al arte de escribir al revés 
y de hacer picar una plancha con el punzón de acero, se vio 
obligado á dar principio á su aprendizaje. Los numerosos ensa- 
yos que tuvo que hacer, redujeron necesariamente el grueso de 
la plancha, y él se desesperaba viendo que no podia reemplazar- 
la; porque tenia que dedicar largo tiempo á escribir. La in- 
digencia del editor conspiraba siempre contra la gloria del 
autor. 

Estos tormentos de la miseria, que ordinariamente matan la 
imaginación, fueron causa de que por el cerebro de Senefelder, 
cruzara una idea luminosa. La piedra de las canteras de Solen- 
liofen, que él pisaba todos los dias, cuyo grano era tan fino y cu- 
ya superficie tan tersa, ¿no podrá reemplazar el cobre para sus 
ensayos? Se puso á trabajar con ahinco sobre una baldosa delga- 
da, y vio que su ocupación no era costosa. Abandonó la plancha 



UNIVERSAL. 35 

de cobre, y la sustituyó con una modesta piedra de Soleuíiofen, 

preparando así una especie de revolución. 

Nadie podia presagiar entonces el porvenir artístico é in- 
dustrial que se iba á obrar. Senefelder hacia diariamente ensa- 
yos de escritura al revés, sirviéndose para ello de una pluma de 
acero, en lugar de la punta del buril del grabador, y cubriendo 
para economía su piedra con una tinta grasienta, jabonosa en lu- 
gar del barniz. Pero un dia esta piedra pulimentada llegó á po- 
nerse blanco: era uno de esos días que el libro del destino señala 
de color encarnado, y aunque menos poético era de felices con- 
secuencias para Senefelder. No teniendo un pedazo de papel blan- 
co á su disposición para escribir lo que de repente se le ocurría, 
pudo adquirir una moneda para comprar una hoja. 

Falto de medios, escribe la nota con su tinta grasienta sobre 
el estremo de su piedra, para copiarla mas tarde. 

Apenas concluye de hacerlo, cuando guiado por una súbita 
inspiración, se pregunta si por casualidad el ácido de que él se 
servia para hacer picar el cobre, y que debe respetar su tinta gra- 
sienta tan bien como el barniz para grabar, no tendrá sobre la 
sustancia de la piedra desnuda bastante acción para dar á los ca- 
racteres trazados por la pluma un relieve suficiente que permita 
tirar las pruebas de impresión. No se habia hecho ilusiones. Las 
partes desnudas de la piedra, descompuesta por el ácido, se ha- 
llaban demasiado gastadas para dejar á las partes protegidas por 
la tinta mas espacio que el grueso de una carta de juego. No 
pretendía mas que hallar el medio de dar tinta sin ensuciar los 
caracteres. Un sombrerillo plano sustituido, después de una muí 
titud de ensayos infructuosos por las almohadillas que usaban los 
impresores tipógrafos, llenó completamente sus deseos. 

Tenemos ya á Senefelder que llega después de muchísimo 
trabajo y paciencia á dar los primeros pasos en la litograíia; es 
decir, que va un poco mas adelante de cuanto él proyectaba ha- 
cer con una regla las líneas, preparadas, de modo que formaran 
palabras compuestas. Pero este medio estaba ya para conseguir- 
Jo, y por esto no pidió á su ingenio nada mas. Si el punto de par- 
tida se halla igual para las dos artes, las dos rutas que empren- 
den las conducen á dos objetos bien diferentes. 

Senefelder estaba en completo acuerdo con el abate Schmidt: 
pero el procedimiento inventado por este profesor, permanecía 
demasiado inerto en sus manos. Senefelder, dotado de un espíri- 
tu activo y emprendedor; aguijoneado por el deseo de su gloria 
de autor y por las necesidades de la indigencia, apresuró los me- 
dios de su feliz descubrimiento, cuyo provecho, según ordinaria- 
mente sucede, no debía servir de recompensa al inventor. 

Esto sucedia en 1798, en que el procedimiento de la impresión 
química sobre piedra, [primer nombre que se dio á la litograíia] 



36 ALEDM 

empezó á tomar tan buen aspecto, qne mereció fijar la atención 
pública; dando lugar á que se creara un establecimiento que em- 
pezó á sentir bien pronto las revoluciones de la fortuna. 

En 1799, Senefelder se asoció á un músico compositor lla- 
mado Cleisner, alcanzando del rey un privilegio por diez años 
para usarle en toda la Bavieía. 

En 1800, formó una segunda sociedad en Offenbach con los 
tres hermanos Andrés, y todos cuatro se propusieron extender 
por Paris, Londres, Yiena y Berlín el conocimiento de este nue- 
vo arte; pero obtuvieron mal resultado en las dos primeras ciu- 
dades, y en Taris, los hermanos Pleyel, hicieron también algu- 
nos ensayos desgraciados. 

Dos años mas tarde volvió a ensayar una nueva tentativa 
Andrés de Offenbach en Paris con el mismo resultado que loa 
anteriores; hasta que Andrés vendió el. secreto del procedimien- 
to á Choron, célebre fundador de la escuela de música sagrada, 
y á M. Baltard, tan hábil grabador como arquitecto distinguido; 
pero ni uno ni otro supieron sacar el partido que se debia. 

En 1804, un discípulo infiel de Senefelder publicó lo poco 
que sabia del secreto de la invención; pero fué bastante para que 
lo explotara muy útilmente la escuela de dibujo de Munich, 
siendo necesario que dicha escuela apelara á los hermanos de 
Senefelder, para que completaran las imperfectas nociones dadas 
por el tránsfuga. 

Un profesor lleno de celo entrevio desde luego, aunque con- 
fusamente, el partido que se podia sacar para la enseñanza del 
dibujo del nuevo descubrimiento atrasado por las preocupacio- 
nes de su autor, acerca de la impresión de la escritura y de la 
música. El laboratorio químico de la escuela proporcionó al in- 
novador los medios de multiplicar los esperimentos por medio 
de la composición de su lápiz y la preparación de las piedras; 
saliendo de aquí los primeros modelos para el dibujo á lápiz eje- 
cutado por el lápiz mismo. Esta vez la impresión química ha si- 
do conquistada por el arte; la litografía es realmente inventada, 
y el nombre del profesor Mitterer debe en buena justicia hallar- 
se escrito por el reconocimiento público al lado del de Senefel- 
der. 

Es demasiado notable que las dos bases de la litografía han 
tenido lugar en la misma ciudad, en Munich. Si Senefelder hu- 
biera concebido su primera idea lejos de la abundante cantera 
de Solenhofen, donde toda la piedra reunia las cualidades quími- 
cas mas superiores que exije la litografía, es casi seguro que la 
invención no hubiera logrado por entonces resultado alguno, 
aunque la imprenta tipográfica pudo ser inventada lo mismo en 
Alemania que en cualquiera otro pais de Europa. 

En la escuela de dibujo de Munich se hicieron dos modelos 



UNIVERSAL. 37 

al lápiz, y en un establecimiento formado en 1806 por el barón 
de Cotta, se sacó del grabado en dulce el primer tratado que ha 
aparecido sobre la litografía, que fué sumamente útil para la pro- 
pagación del arte. 

Durante este tiempo Senefelder se ensayaba en aplicar la 
litografía á la impresión de las telas; pero no sacó resultado al- 
guno por los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en 
aquella época. Tiendo que en todas partes se le hacían usurpa- 
ciones y que su privilegio era un dique impotente contra los 
competidores, se resolvió á formar sociedad con el barón Acitin. 
Sucedióle poco tiempo despuesM.Maunlinch, directordel mn- 
seo,y bajo sus auspicios apareció la primera obra verdaderamente 
artística que la litografía ha dado á luz; esta obra es una colec- 
ción de facsímiles de dibujos de Rafael, Miguel Ángel, Arberto 
Durer y otros grandes maestros, que forman parte del gabinete 
del rey de Baviera. 
■ 









ENTRADA DEL MAR DE MÁRMARA. 






Este mar muerto ondea con gran trabajo ías costas, sus be- 
llas orillas se hallan pobladas de hermosas quintas, sus aguas 
constantemente están cubiertas de lindos barquichuelos cuyas 
formas y lijereza demuestran fácilmente la tranquilidad de las 
ondas. La barca que está á la entrada es la mas fuerte y está 
destinada á la pesca en el mar Negro, el cual se halla á pocos 
kilómetros de distancia de este apacible lago. Sus habitantes 
se ocupan en la pesca y en la agricultura, pero la tierra es muy 
arenosa, y las viñas no se hallan en estado floreciente. 

Advertencia. — En la entrega anterior página 28, en el en- 
cabezamiento del segundo artículo que dice "Tumba malaya en 
Tincon" léase Tumba malayas en Timor. 



S'SSS'.Vi»** :M---.-':^r^7--- .!.-.— s3,-;3>;--'.- ;.,■• Of-^\TXraWi«2HE«M»BW,HH 



DE 



José Garibaldi, nació en la ciudad de Niza el día 4 de julio 
de 1807, y no es hijo de un pescador como se ha querido supo- 
ner, sino de un honrado marino, propietario de varios barcos, que 
se ocupaba en el comercio de cabotaje en las costas de Cerdeña 
y que por este medio habia reunido una mediana fortuna. 

Nuestro héroe se halló, pues, al entrar en el mundo, al lado 
de la majestad del mar, y su cuna fué mecida por las brisas del 
Mediterráneo, que le comunicaron aquel aire de fiera indepen- 
dencia quedebia formar el fondo de su carácter. Educóse en la- 
playa arrullado por el ruido de lasólas, y sus primeros juegos 
fueron con aquel terible elemento. Estos primeros ejercicios que 
con la imprudente candidez de la infaucia le formaron esa mara- 
villosa serenidad y ese atrevimiento y sangre fría que le distin- 
guen. Rodeado desde su infancia de pescadores y marineros, gen- 
te dotado de ruda franqueza y de honrados sentimientos, se hizo 
franco y rudo como ellos ; pero enemigo de la falsedad, de la li- 
songa y de todas esas malas pasiones que solo hallan abrigo en- 
tre la, ilustrada sociedad de las grandes poblaciones. 

Bien pronto aquellas honradas gentes se admiraron al descu- 
brir sus maravillosas dotes de audacia y energía por las que se dis- 
tinguió de sus camaradas. Él consiguió por este medio hacerse el 
protector y el dominador á la vez de sus companeros, de cuyas dis- 
putas era el arbitro, y entrequienes distribuía lajristicia, emplean- 



UNIVERSAL 39 

do para ello- la fuerza de su brazo. Violento, infatigable en sus 
juegos, pronto á luchar con cualquiera que se opusiera á sii6 de- 
cisiones, empleaba su notable vigor en protejer á los débiles y 
en castigar á los opresores. Aventurero on el mar hasta el estre- 
mo de esponerse por mero placer á los mayores peligros, dejó co- 
nocer desde luego su naturaleza rica y espléndida y su audacia 
que raya en temeridad, y se familiarizó con el peligro, que por 
grande que haya sido, jamas ha podido atemorizara.su magnáni- 
mo corazón. Sin embargo, en su primera edad el trabajo le re- 
pugnaba. Por su familiaridad con los bájeles y la mar se había 
asimilado rápidamente los conocimientos prácticos marinos; pero 
el estudio lento y asiduo de las ciencias parecía insoportable á 
su espíritu lleno de actividad y á su cuerpo impaciente y deseoso 
de movimiento. 

Su padre no pudo conseguir por de pronto que se dedicara 
al estudio de las matemáticas que deseaba enseñarle, conociendo 
su bella organización y su claro talento, tan propios para hacer 
provechosa una educación esmerada; olvidando los estudios que 
su padre le aconsejaba y siguiendo los impulsos de su carácter 
aventurero, entró al servicio de la marina sarda como oficial in- 
ferior. Sus primeros viajes marítimos no le alejaron de las costas 
del Mediterráneo; pero ya dio Garibaldi á conocer su sangre fria, 
su notable actividad y su indomable arrojo en las ocasiones que 
no dejan de presentarse en la vida de los marinos, lo mismo que 
el amor y entusiasmo que ya solia inspirar á los marineros que 
estaban á sus órdenes. 

La paz que entonces se disfrutaba en Cerdeña tenía á su 
marina tan descansada, que la mayor parte del rimipo lo pasa- 
ban los tripulantes en los puertos. En aquellas ocasiones Garibal- 
di principió á trabar conocimiento con muchos jóvenes que asis- 
tían sombríos y ardiendo en deseos de venganza al vasallaje de 
Italia, bajo el yugo austríaco y el despotismo de cada uno de sus 
príncipes. En Genova trabó amistad con muchos de estos jóve- 
nes que le comunicaron su amor á la patria y su odio á la tira- 
nía estranjera. Educado Garibaldi en Niza, ciudad que se podría 
llamar mixta, ni de un todo italiana ni francesa, no había oído 
hablar de política á sus conciudadanos, ni los destinos de italia 
le habían preocupado. 

Pero su entusiasmo patriótico, que hasta entonces no había 
sido despertado por falta de ocasión, se sublevó al oír hablar de 
las desgracias de la Italia, que escuchó enumerar con dolorosa 
sorpresa á sus nuevos amigos. La noble generosidad que dormía 
en el fondo de su corazón, despertó para no volver á dormirse, 
y Garibaldi se consagró á la causa de la libertad y la uniou ita- 
liana; con tanto mas motivo cuanto que sus ideas de indepen- 
dencia y de justicia no habían podido antes darse á conocer. 



40 ÁLBUM 

y que tenia necesidad de abrazar un partido político que llenase 
su corazón y su espíritu. Por fin, ya sabia que empleo dar á sus 
fuerzas, y lleno de convicción se hizo un hombre pensador, mas 
serio y mas firme de lo que antes habia sido. Conoció que su pa- 
tria aherrojada podría tener necesidad de él, y se dedicó desde 
luego al estudio con infatigable ardor, para poder ser útil algún 
dia á su pais y cumplir como hijo agradecido con lo que debia 
á su patria. 

Sus amigos de Genova, uniéndose á un movimiento mazzi- 
niano, firmaron uua conspiración en 1834 y Garibaldi se com- 
prometió con ellos; pero descubiertos sus planes, fueron todos 
perseguidos y nuestro héroe tuvo la fortuna de poder salvarse 
con intención de refugiarse en Francia. Su carrera en la marina 
sarda fué interrumpida; pero, ¿qué le importaba? Acababa de 
abrazar su verdadera carrera y su noble misión, consagrándose 
desde luego á la libertad de la Italia. Solo y á pié atravesó una 
noche las montañas que separan á Genova de Niza, y entró en 
su ciudad natal ; pero no quiso refugiarse en la casa de su padre, 
adonde presumía que la policía le buscara corno en efecto suce- 
dió. Tres dias estuvo escondido en casa de un amigo suyo, sin 
comunicar noticias suyas ni aun á su desconsolada familia, te- 
miendo que se descubriese su albergue. Sus amigos le proporcio- 
naron un traje de aldeano francés, y con este dizfraz abandonó á 
su patria de noche y atravesando á pié la frontera francesa; lle- 
gó sin contratiempo alguno á Marsella, con el desconsuelo de 
perder de vista á su amada Italia, quizás por muchos años, pero 
llevando en el fondo de su corazón la dulce esperanza de volver 
algún dia triunfante al suelo que abandonaba fugitivo. 

Pero lejos de entregarse al desaliento por el revés sufrido 
en Genova, se fortificaron sus creencias y su amor á la libertad. 
Garibaldi, fijas siempre sus esperanzas en que un levantamiento 
nacional le abriría las puertas de su patria, conduciéndole á Cer- 
deña, donde tomaría las armas para combatir á los austríacos 
que tanto odiaba, permaneció dos años seguidos en Marsella; 
pero el tiempo volaba y ninguna señal se advertía que hiciera 
esperar nada en favor de la libertad, y conociendo que aun no 
habia llegado la hora, se determinó á tomar algún partido, por- 
que su actividad no le permitía esperar entregado á la inacción. 
Durante estos dos años habia continuado sus estudios marítimos 
y de las ciencias exactas, y habiendo adquirido relaciones con 
varios oficiales marinos, de los que servían á la escuadra egip- 
cia, movido por sus consejos se determinó á entrar al servicio 
del Bey de Túnez, que daba buena acogida á todos los europeos 
que acudían á él. Partió, pues, para Túnez, y bien recibido en 
aquella ciudad, se le confio el mando de una pequeña embarca- 
ción. 



UNIVERSAL 41 

Poro esta nueva vida no tardó en disgustarle. El Bey de 
Túnez tenia puesto todo su conato en mantenerse en paz con to- 
do el mando, y por consiguiente la calma soñolienta del África 
reinaba en todas sus posesiones. El corazón de Garibaldi nece- 
sitaba otro género de vida que diese pábulo á su ardiente acti- 
vidad, y como sus subordinados tunecinos, abandonados á su 
pereza natural, llevaban á mal los trabajos continuos con que su 
jefe los ocupaba para dar pasto á su pasmosa actividad, llegaron 
á disgustarse de él hasta el punto de querer sublevarse contra 
sn mando. Pero Garibaldi, apenas lo echó de ver, hizo ahorcar 
al mas atrevido y consiguió de este modo hacerse temer y res- 
petar de sus descontentos marineros, que vieron por un ejemplo 
tan palpable la firmeza de sn jefe. Descontento cada vez de este 
género de vida, echó una última y desconsolada mirada sobre 
su querida Italia, de la que no había querido alejarse demasia- 
do, y viéndola encadenada y sin dar muestras de vida y ener- 
gía, lanzó un suspiro, y volviendo los ojos hacia oiro lado, los 
fijó en la América. 

Entonces concibió un nuevo proyecto del que se prometia 
salir ganancioso por dos partes. Dirijirse á América y dedicarse 
al comercio marítimo. Allegar riquezas que algún dia podría 
emplearen favor de la independencia de su patria, y al propio 
tiempo ofrecer sus servicios á alguna de las nuevas repúblicas 
españolas, entonces levantadas, para acostumbrarse al arte de 
la guerra y poder mas adelante emplear su pericia militar en 
favor de Italia: tales eran los dobles frutos que de su proyecto 
se prometia sacar. 

Tomada esta determinación dejó el servicio del Bey de Tú- 
nez, y emprendió su viaje á la America. Desembarcó en Rio- 
Janeiro á fin de tantear el terreno v ver hacia que punto le ten- 
dría mas cuenta dirigirse. En la casa en que se había alojado co- 
noció por primera vez á una hermosa joven brasileña, cuyo ca- 
rácter atrevido y costumbres viriles le agradaron desde luego. 
En efecto; Anita Leonta, no era una mujer vulgar: la gracia y 
la sensibilidad propias de su sexo, al lado de la energía, del ta- 
lento y del valor personal que caracterizan al hombre, pero no 
en un grado vulgar, sino altamente pronunciado; hacían de ella 
una verdadera amazona. Enamoróse de ella Garibaldi, y habien- 
do logrado ser correspondido, estos dos corazones nobles y her- 
mosos se unieron con lazo indisoluble. La nauerte únicamente 
podría separar ya á esta amante pareja siempre fiel, siempre 
unánime en sus acciones y hasta en sus pensamientos. 

Después de esto nuestro hér<-e se determinó, pues, á tomar 
un partido, y dio principio á su primera campaña, campaña glo- 
riosa, muy parecida á un cuento caballarezco, en la que hizo 
siempre el primer papel, v en la cual se hizo tan atrevido v sabio 

' 6 



42 ÁLBUM 

general como diestro marino. En aquella larga guerra de nota- 
ble actividad y continuo interés, esponiendo mil veces su vida y 
acometiendo hazañas maravillosas, dio pruebas de toda la ener- 
gía y el atrevido talento que le ponen ánivel de los mejores ca- 
pitanes del mundo. Escuchemos la interesante narración que 
M. Hipólite Oastille hace de esta guerra con tan vivos colores y 
tan notable valentía. 

"Acababa de encenderse la guerra entra Monievideo y 
Buenos Aires: Montevideo quería librarse de la salvaje domina- 
ción del célebre Rosas. Garibaldi acudió á aquella ciudad sin- 
gular llena de aventureros de todos los países, de comerciantes 
de casualidad y de hombres que buscaban fortuna. La llegada 
de un oficial de marina [pues que Garibaldi llevaba sus diplo- 
mas saidos y tunecinos] fué festejada con entusiasmo. Montevi- 
deo poseía algunos navios j marineros; pero carecía de oficiales. 
Garibaldi recibió el mando de la escuadra armada para comba- 
tir á la de Buenos-Aires. 

"La guerra en estas provincias era singular. Parecía que no 
se hacia la guerra sino por la misma guerra. Se batían y después 
cada uno se volvía á su casa para volver á buscar su enemigo al 
dia siguiente. Se hubiera dicho que tenían miedo de terminar 
demasiado pronto el juego mas agradable del mundo. Las tropas 
de Buenos- Aires ó Montevideo se ponían emboscadas, se sor- 
prendían, se dividian en guerrillas, pero prolongaron evidente- 
mente por mero placer aquel juego por espacio de once años. 

"En esta escuela de guerrilleros y de combates singulares 
fué donde Garibaldi aprendió á batirse. 

"Esta vida le agradó, pero mostró desde luego en las bata- 
llas una convicción y un ardor que pronto 1 hicieron el terror 
de sus adversarios. 

"Los combates con la flotilla de Buenos-Aires duraron dos 
años, lo que induce á creer que no hubo un combate general, 
sino un sistema de correrías recíprocas como en tierra. Si em- 
barcaban algunos soldados en los navios, se subía por el rio de 
la Plata ó el Uruguay, se desembarcaba de improviso, se caía 
sobre algún destacamento enemigo que se ponia en derrota ó se 
defendía en las calles guarecidos tras las barricadas de una pe- 
queña ciudad, y la espedicion quedaba concluida. 

"En estos momentos la audacia emprendedora, la fertilidad 
de recursos y el valor personal de Garibaldi, le hicieron temible. 
Mas de una vez derribó con su propia mano cuatro ó cinco ene- 
migos, y se procuró caballos arrojando al suelo á los ginetes. El 
temible italiano se lanzaba en medio de la pelea, y pocos hom- 
bres eran capaces de ponerse al frente de él en un combate cuer- 
po á cuerpo. Muchas veces rodeado deinumerables enemigos se 



UNIVERSAL. 43 

defendía de todos y avanzaba él solo aunque sus soldados no le 
siguieran. 

"La fortuna le acompañó largo tiempo. Ninguna herida al- 
canzó á este jefe, que prodigaba, por decirlo así, su persona á 
los golpes del enemigo. Estendióse la creencia que era invulne- 
rable, y le pusieron por sobrenombre El Diablo, y los fusiles se 
apartaban de su pecho, puesto que parecía inútil disparar con- 
tra él, y según decian los soldados de Buenos- Aires, las balas se 
aplastaban sobre su pecho. 

"En la mar hizo sentir á la flotilla de Rosas pérdidas muy 
grandes, y no sabian qué marinos oponer á un hombre capaz de 
acometer empresas como la siguiente que recuerda las maravi- 
llas de Montbars y de los filibusteros. 

"Las dos escuadras ancladas á cierta distancia una de otra- 
se observaban hacía algunos días : Garibaldi quiso aprovecharse 
de una espesa niebla que se había levantado, y adelantarse 
hasta el enemigo, reconocerle y contarle minuciosamente. 

"Para esto montó con doce marineros en una pequeña bar- 
ca y avanzó hasta el medio de la escuadra de Buenos- Aires. 
Descubierto y señalado, una goleta de seis cañones le dio caza. 
Los remeros de la barca no podian luchar largo tiempo en vive- 
za cou una embarcación lijera que corría á toda vela. La niebla 
les protegió un momento; pero habiéndose disipado bien pronto, 
las balas arrojadas desde la goleta llegaron cerca de la pequeña 
barca : el navio maniobraba y se esforzaba con el objeto de ar- 
rojarse á la costa. Garibaldi no titubeó, y renunciando á esca- 
parse, vino á abordar al fondo de una pequeña ensenada, á cuya 
entrada llegó poco después la goleta, que se colocó como un 
centinela que custodiaba á sus prisioneros. Como la noche se 
acercaba, el capitán de la embarcación de Buenos-Aires, no se 
atrevió á intentar la captura definitiva, que dejó para la mañana 
siguiente. 

"La ensenada en donde Garibaldi se habia refugiado for- 
maba un promontorio estrecho y largo, y á un cuarto de legua 
mas allá, la mar batía el otro costado del promontorio. Garibaldi 
concibió la idea atrevida de trasportar á brazo su barca al otro 
lado. Conduciendo y alentando á sus marineros, y después de 
penas infinitas, ejecutó con buen resultado su empresa. Enton- 
ces hizo tomar algún descanso á sus subordinados, y después les 
propuso ir á sorprender la goleta y tomarla al abordaje ames de 
que despuntase el dia y mientras dormía la tripulación. Los atre- 
vidos marineros se lanzaron á la mar con entusiasmo ; la barca 
va en busca de la goleta, se desliza sin miedo por sus flancos : 
Garibaldi y sus doce hombres escalan el abordaje, matan á los 
hombres que encuentran, y penetrando por el puente, obligan á 
rendirse á cuarenta marineros. Garibaldi gozoso, hecho dueño 



é-í .ÁLBUM 

de su presa, se dirige al encuentro de su escuadra, inquieta con 
su desaparición; y los enemigos desalentados se alejan buscando 
el abrigo de los puertos de Buenos-Aires. 

"Poco después, á la cabeza de un pequeño cuerpo de tropas, 
Garibaldi intentó sorprender un fuerte destacamento del ejérci- 
to de llosas que talaba .as inmediaciones de Montevideo, pero 
al principio de la acción fué gravemente herido. Sus soldados 
desalentados al ver desmentida su tama de invulnerable, se re- 
plegaron llevándole consigo. Perseguido por los Vencedores se 
desbandan, algunos oficiales que le apreciaban, colocan sobre su 
caballo á sujete, y en una huida rápida le condujeron al terri- 
torio neutral de Éntrenos. Allí fué arrestado Garibaldi y dete- 
nido como prisionero durante algunos meses. Por fin pudo esca- 
parse y volvió á aparecer en Montevideo, en donde se ignoraba 
su suerte. La alegría general fué grande á la vista del jefe que 
se habia creído perdido. La república le equipó algunos navios 
destinados á una espedicion de la que salió victorioso. 

"Entre tanto los ingleses habían intervenido para impulsar 
á las dos repúblicas a hacer la paz, porque la guerra contraria- 
ba lastimosamente sus intereses comerciales. Una respetable es- 
cuadra bajo las órdenes del almirante Brown vino á poner tér- 
mino á las escursiones marítimas de Garibaldi. 

"Sorprendido la primera vez en la embocadura del Rio, cei*- 
ca de la Isla de Martin García, Garibaldi sostuvo valerosamente 
el fuego de las fragatas inglesas, y logró escaparse de ellas des- 
filando bajo sus cañones, Pero los ingleses lo alcanzaron otra vez 
en el Uruguay. Viendo que á pesar de sus heroicos esfuerzos no 
podia resistir, hizo desembarcar á su tripulación y él mismo pu- 
so fuego á su flotilla, á fin de que no fuese presa del almirante 
Brown, después de lo cual se volvió con su gen.te á Montevideo. 

"Esta conducta heroica le valió la admiración de la repú- 
blica. En esta época muchos desterrados italianos habían busca- 
do un asilo en Montevideo, en donde todo el mundo debia ser 
soldado para defender una independencia tan vivamente ata- 
cada por Rosas. Garibaldi infatigable formó una legión com- 
puesta de mas de dos mil italianos, á la cabeza de los cuales 
prestó los mas activos servicios á la república. De sus volunta- 
rios hizo los mas valientes soldados, y fué la espada de Montevi- 
deo contra Rosas. Formada, ejercitada y adiestrada por Garibal- 
di, que supo dominar los corazones italianos recordándoles las 
esperanzas de la patria, 1.a legión italiana llevó siempre la ven- 
taja sobre las tropas de Rosas. 

"El entusiasmo y el amor de estos hombres por su jefe no 
tenían límite, y él obtenía de ellos cuanto deseaba. 

"Ocurría á veces á Garibaldi cuando estaba descontento por 
no haber sido estrictamente obedecidas sus órdenes, que hacia 



UNIVERSAL. 45 

comparecer á los que no habían sido fieles á su consigna, y les 
mandaba hacerse matar en la primera ocasión para reparar su 
falta. Soldados y oficiales se batían entonces como demonios, y 
si no se hacían matar era de seguro porque el enemigo volvía la 
espalda. 

"Por lo demás, pocos de aquellos combates merecen el nom- 
bre de batallas. Se batia la campaña por partidas de trescientos 
ó cuatrocientos hombres. Rosas ponia siempre en batalla fuerzas 
mas considerables, y á pesar de eso pocas ventajas ganaba, por- 
que en el encuentro de Salta, Garibaldi solo con trescientos hom- 
bres le derrotó tres mil. Estos fiados en su número creían segu- 
ra su victoria; pero después de los primeros fuegos, los italianos 
cargaron sobre ellos á la bayoneta, y los desbarataron poniéndo- 
los en fuga. 

Garibaldi llegó á ser un escelente ginete y mostró en estas 
luchas aventureras una marcada predilección por los caballos. 
Muy hábil ademas en nadar, en correr, en escalar, en lanzar el 
lazo y en manejar el sable ó la lanza, Garibal habia adiestrado 
á su legión en todos estos ejercicios. 

"El lazo es un arma que va desapareciendo cada vez mas 
en la guerra de la América del Sud, y se limita al dominio de 
la caza. Sin embargo, ha habido en los ejercicios de la Plata y 
Uruguay algunas celebridades fundadas en el manejo de esta 
arma mas embarazosa que temible. 

"En uno de los encuentros de caballería, un ginete enemigo, 
que era una de estas celebridades y que pretendía no haber ja- 
mas faltado á su adversario, se atrevió á desafiar á Garibaldi á 
singular combate. Los dos combatientes, el italiano con su sable 
en la mano y su contrario haciendo girar sobre su cabeza el lazo, 
se lanzaron al encuentro. La larga cuerda del lazo terminada en 
largas bolas de plomo silbó al rededor de la frente de Garibaldi. 
El atrevido guerrillero, tendiéndose sobre el cuello de su caba- 
llo, tuvo el acierto de romper con su sable la cuerda del lazo. 
Privado su contrario de su arma favorita huyó; pero Garibaldi 
le alcanzó y le clió la muerte. 

"La república de Montevideo dio un decreto, declarando 
que en Salta la legión italiana había merecido bien del pais, y 
que en recompensa tendría impuesto de honor sobre todas las 
trooas de la república en el combate y en las paradas. Al mismo 
tiempo se ofreció á los vencedores una gran suma de dinero ó 
una porción de tierras. Ellos rehusaron el dinero y no aceptaron 
sino las tierras, á fin de concurrir durante la paz y con su traba- 
jo á la prosperidad pública. El desinterés de Garibaldi no era 
menos proverbial que su intrépida habilidad militar." [1] 



[1] Al principio de la guerra le habia efrecido Rosas una gran cantidad de 



46 ALBÜM 

Por este interesante relato puede comprenderse el prestigio 
que consiguió Garibaldi en América, y lo que su patria podría 
esperar de un genio militar tan intrépido y ardiente, cuando ta- 
les empresas llevó á cabo sin interesarse sn corazón por la|suer- 
te de una nación estraña á quien hizo independiente. 

Concluida ya la guerra en América y sin objeto en donde 
emplear su actividad guerrera, Garibaldi volvió los ojos á Euro- 
pa, y supo cun notable emoción que quizás estaba próximo el 
momento de que Italia se viese libre. Reunió á sus entusiasma- 
dos legionarios y les propuso acudir al socorro de la patria que 
sacudía su letargo y se preparaba á arrojar de su seno á sus opre- 
sores. Su pensamiento fué acojido con entusiasmo por aquellos 
valientes; y entonces fletó las embarcaciones que pudo, reunió 
el dinero y cuanto necesitaba para la travesía, y en el año de 
1848 la intrépida espedicion se hizo á la vela con rumbo para 
Italia, cuya voz maternal llamaba á todos sus hijos. Garibaldi sin 
embargo, era presa de la mayor inquietud. La travesía, aunque 
feliz, era demasiado lenta para su impaciente ardor, y por otro 
lado no sabia si al llegar á Italia la encontraría ya libre ó nue- 
vamente encadenada. 

Los espedicionarios desembarcaron nuevamente en ISTiza, j 
su jefe supo, con no poco sentimiento, que los acontecimientos 
se mostraban contrarios á la causa de Italia. 

Formada la primera liga italiana por el Santo Padre Pió IX, 
el Rey de Cerdeña Carlos Alberto y el Príncipe de Toscana á 
principios de 1848, empezaron los italianos á ver la bella perspec- 
tiva de la unidad política de toda la península y de arrojar de 
Italia la odiosa dominación austríaca. 

Poco después la revolución estalla en París, en Yiena, en 
Palermo, en Ñapóles y en toda la Europa, y los italianos entu- 
siasmados con este espectáculo se unen al movimiento general; 
Milán y V «mecía se levantan formidables, arrojan de sus muros 
á los austríacos, y estos en pocos días se ven precisados á eva- 
cuar todas sus posesiones en Italia. Promúlgase la constitución 
en Roma, en Turin, en Florencia, en Ñapóles; la unión de Italia 
parece próxima á establecerse una vez espulsados los austríacos. 
El valeroso Rey Alberto se pone al frente del movimiento gue- 
rero y persigue de victoria en victoria á los austríacos. 

¡Ay! ¡Las aclamaciones de regocijo debían durar poco para 
los victoriosos italianos! Tranquilizado el territorio austríaco per- 
mite al emperador enviar á Lombardía formidables ejércitos. 
Vizencia en vano resiste con heroísmo á un ejército de 30,000 



dinero si abandonando el partido de Montevideo, entraba á su servicio. Pero el 
pundonoroso aventurero no deseaba enriquecerse, sino batirse y sostener su pala- 
bra empeñada, por lo cual despreció aquellas proposiciones. 



UNIVERSAL. 47 

hombres que al fin ocupa sus sangrientos muros. En vano el Rey 
del Piamonte se esfuerza en querer poner acordes á los milane- 
ses y á los venecianos. El ejército del Rey de Ñapóles se retira 
de repente por orden de su Rey, y deja á Carlos Alberto aban- 
donado á sus propias fuerzas: el Papa se resiste á declarar la 
guerra al Austria, y los piamonteses abandonados también á sus 
propias fuerzas son rechazados por sus poderosos enemigos desde 
el Mincio al Oglio, desde el Ogiio sobre el Adda, del Adda so- 
bre Milán, desde Milán sobre Novara. Milán cae en poder de 
Radezky y la causa de Italia presenta ya pocas esperanzas. 

En tales circunstancias desembarcó Garibaldi en Niza. Des- 
de luego conoció que no pedia contar con el Piamonte, desalen- 
tado y exausto por tantos reveses : íióse en sus propias fuerzas, 
y haciendo un llamamiento á todos los italianos amantes de su 
independencia, se lanza á la pelea con sus fieles veteranos de 
Montevideo; pero sus fuerzas eran tan escasas que en vano des- 
plegó^, todo su valoren el Tirol. Palmo á palmo fué retirándose 
delante de un ejército poderoso, y habiendo por pa heroico com 
portamiento llamado la atención de todo el mundo, el gobierno 
de la Italia central le llamó á su lado y le encomendó el mando 
en jefe del ejército republicano. El prestigio que ha creido de- 
jar en el fondo de América le rodea con una nueva aureola. Sin 
embargo, sus nuevos soldados eran bisónos y no pueden resistir 
al cuádruple número de los veteranos austríacos. 

Con su acostumbrada intrepidez ataca al general d'Aspre, 
que llevaba triples fuerzas que él, al iuvadir la Toscana, y los 
indisciplinados soldados italianos se desbandan. Garibaldi con el 
resto de su ejercito, trata de defenderse en los Apeninos; pero 
bien pronto reducidas, sus fuerzas únicamente á sus veteranos 
de América, se vio precisado á refugiarse en el Piamonte. 

Llegado á Cerdeña en el momento de las elecciones á dipu- 
tados, fué aclamado representante de Niza, su ciudad natal; pero 
los debates parlamentónos le fatigaron bien pronto: la lentitud y 
el desaliento de los piamonteses exacervaba su genio vivo é in- 
trépido, que deseaba mas actividad por la santa causa que todos 
habían abrazado, y disgustado ele ver que no conseguía de aquel 
gobierno su propósito, sedecidió á pasar áRoma. El Papa acaba- 
ba de abandonar la ciudad santa, y en ella se trataba de formar 
una asamblea constituyente. El gobierno provisional le llamó, y 
volviendo Garibaldi á reunir sus veteranos, se puso en camino 
para Roma, y reunió en su paso un número respetable de volun- 
tarios; paisanos, campesinos, nobles y sacerdotes se unian á su 
paso al intrépido defensor de la libertad italiana. Cuando lleo-ó 
á Roma llevaba algunos miles de hombres, y le acompañaba su 
valerosa mujer que mandaba una centuria. El dia 12 de diciem- 
bre de 1848 entró Garibaldi en la ciudad eterna, aclamado y 



48 ÁLBUM 

victoreado por el numeroso pueblo: los comandantes de la Guar- 
dia cívica habían salido á recibirle al frente de las compañías de 
preferencia, y un inmenso concurso llenaba las calles por donde 
debía pasar. Por la nocbe la población entera se agrupaba en 
torno á la casa donde se había alojado, victoreándole entusias- 
mada. Garibaldi arengó á los romanos invitándoles á mantener 
firme su entusiasmo por la causa de la independencia que abra- 
zaban. 

Todos sus recursos pecuniarios se habían agotado para de- 
fender la cansa de la patria, y se vio precisado, para mantener 
su ejército, á pedir al gobierno 12.000 piastras, que este le anti- 
cipó en especies y en letras contra las municipalidades, á cuenta 
del sueldo de sus tropas. El 5 de febrero se abrió la asamblea 
constituyente, de la que fué nombrado miembro; pero mientras 
esta inauguraba sus deliberaciones, el gobierno de la república 
francesa se dispone á intervenir con un ejercito para restablecer 
al Papa, y en el mes de abril de 1849, el general Oudinot, con 
numerosas fuerzas, se presenta á las puertas de Roma. Mientras 
la asamblea discute acaloradamente los medios de defensa que 
han de emplearse, Garibaldi se arroja con sus voluntarios al en- 
cuentro de los franceses que ya penetraban en la ciudad, y ha- 
ciendo una resistecia tenaz y un ataque impetuoso, los rechaza 
victoriosamente. En este encuentro fué ligeramente herido. 

Por otro lado, el Rey dé Ñapóles enviaba otro ejército para 
restablecer por 9Í solo al Papa. Aprovechando los romanos una 
tregua ajustada con Oudinot, enviaron sus tropas al encuentro 
de los napolitanos que venían en número de 15,000. Garibaldi 
mandaba una división del ejército romano bajo las órdenes del 
general Roselli. 

Pero no acostumbrado nuestro héroe á vivir bajo las órde- 
nes de otro, obraba por sí, según le parecía, disgustado de las 
operaciones metódicas de su general en jefe; y sorprendida en 
Palestrina la vanguardia napolitana, la derrotó y la cogió tres 
cañones. Caminando siempre delante del grueso del ejército, em- 
prendía á su gusto sus operaciones, y el general Rosselli se vio 
precisado á seguir sus movimientos, como si se hubieran cam- 
biado loe papeles. Tal es el ascendiente del talento y del valor. 

En Yelletri se encontró otra vez Garibaldi separado del ge- 
neral Rosselli y delante de todo el ejército enemigo; pero atacán- 
dole con su acostumbrado arrojo le obligó á ponerse en fuga. 
Entonces intentó cortarle la retirada y acabar de destrozarlo; pe- 
ro Rosselli se hallaba á mucha distancia y no pudo secundarle 
en su atrevida empresa. 

Terminóse la suspensión de armas que había con los france- 
ses. Estos con 30,000 hombres y un tren imponente, amenazaban 
& Roma con un sitie vigoróse. Rosselli y Garibaldi dejando á los 



UNIVEKSAL. 49 

napolitanos, tuvieron que acudir á la defensa de la ciudad. He- 
rido y triunfante entró Garibaldi en Roma, que le recibió con 
una entusiasta ovación, determinado' á hacer desesperados es- 
fuerzos para defender contra los franceses la entrada de la ciu- 
dad. 

El 3 de junio se kabrió el sitio para el ataque de la villa 
Pamphili, encarnizadamente defendida por los sitiados y toma- 
da por el irresistible poder del numeroso ejército francés. Gari- 
baldi con una salida atrevida intente en vano detener las colum- 
nas francesas, y después hizo heroicos esfuerzos para reconquis- 
tar aquella posición. Un mes de encarnizados combates costó á 
los franceses el apoderarse de Roma á pesar de su superioridad 
numérica. Durante esta sangrienta lucha, Garibaldi hizo prodi- 
gios de iatrepidez y serenidad, y muchas veces se encontró ais- 
lado en medio de los enemigos sin inquietarse por esto, y en las 
situaciones mas críticas, sin que desmintiese un solo instante su 
sangre fría, su arrojo y su agilidad. Ensayó cargas de caballería 
frente á la artillería enemiga y se atrajo la admiración de am- 
bos ejércitos. 

A la conclusión del sitio ocupaba, con parte de sus legiona- 
rios, un reducto colocado efi una colina cerca de la villa Pam- 
phili, y no consintió abandonarle hasta que le vio completamen- 
te arruinado por la artillería enemiga, y cuando se dio el asalto 
defendió un bastión, que causó grandes pérdidas á los franceses, 
y en el cual quedaron muertos 800 soldados de Garibaldi. Entre 
tanto un destacamento de su tropa á quien mandó defender la 
posición de Quatroventi, se dejó matar, sin que se hallase un 
solo hombre útil, al ser ocupado por los franceses, 

El 2 de julio, mientras el formidable ejército francés pene- 
traba en Roma victorioso, Garibaldi salió por otro lado de la 
ciudad, llevando aun cerca de 3,000 infantes y 800 caballos. 
Acompañábale su mujer Anita, que aunque se hallaba en cinta 
se había batido con tanto denuedo como su esposo, y les servia 
de guia el célebre Ciceruachio. 

Sin embargo, teniendo que abandonar á Roma perseguido 
por tres columnas francesas, cercado por los napolitanos al Sur, 
y por los autriacog en frente, con un ejército fatigado y ham- 
briento, embarazado con multitud de bagajes y municiones, el 
atrevido guerrillero que acababa de desechar el socorro que el 
gobierno de Roma le ofrecía de 10,000 escudos de oro, no se 
desalentó, y para halagar y seducir á sus destrozados voluntarios 
les dirigió esta estraña plocarna : 

Soldados : Hé aquí lo que espera á los que quieran seguir- 
me : el calor y la sed durante el dia ; el frío y el hambre duran- 
te la noche. Nada de sueldo, nada de abrigo, nada de descanso; 
pero en cambio les ofrezco una miseria absoluta, alertas contí- 

7 



50 ÁLBUM 

nuas, marchas escesivas, combates á cada paso. ¡Qué los que 
amen á la Italia me sigan!'' 

Ni uno solo de sus soldados le abandonó : con intención de 
dirigirse á la Toscana, donde podria reunir mas gente y atacar 
á los austríacos, se puso en marclia con su pequeño ejército, cuya 
retaguardia formaba la centuria que mandaba Anita Leonta y 
que resistió con valor el ataque de los franceses haciéndoles re- 
tirarse. El P. Hugo Bassi los acompañaba también haciéndoles 
de capellán. 

Con increíble arrojo se lanzó en la Toscana, dividiendo en 
columnas su ejército y engañando con sorprendentes marchas y 
contramarchas á los austríacos, á quienes quería dividir para der- 
rotarlos en diversos encuentros. Pero estos tenían un ejército de- 
masiado considerable, y en vano intentó buscarle un flanco dé- 
bil: avanzaron enmasa contra él; llamó en su auxilio el patrio- 
tismo de los florentinos; pero no habiendo tenido éxito este último 
esfuerzo se vio obligado á evacuar la Toscana. Al retroceder se 
encontró cortado por los franceses y conoció que era imposible 
la resistencia. Entonces se decidió á buscar un asilo hospitalario 
en el terreno neutral de la República de San Marino, y comba- 
tiendo en diferentes encuentros con los austríacos que le estor- 
baban el paso, pudo al fin ganar tierra en aquel pais. 

El último dia de julio de 1849, en que pisó el territorio, se 
dirigió a sus soldados y les dijo : 

"Desde este momento os relevo del deber de obediencia 
que me debéis: ya sois libres de volveros á vuestras casas; no 
olvidéis, sin embargo, que la Itdia no debe quedar en el opro- 
bio, y que la muerte es mil veces preferible al yugo del estran- 
jero." 

Sus soldados no quisieron todavía abandonarle y le suplica- 
ron que siguiera al frente de ellos, confiados en su espíritu fértil y 
en su grande intrepidez. Casi todos aquellos desdichados estaban 
heridos; sus uniformes se caian á pedazos ; caminaban descalzos, 
sin sombrero y completamente destrozados. Sus rostros pálidos 
y demacrados, atestiguaban que habían efectivamente recojido 
el botín de hambre y de sufrimientos que su general les habia 
ofrecido. 

El gobierno de San Marino vacilaba en dar hospitalidad al 
desdichado pelotou que iba á llamar sobre su república la cóle- 
ra de un formidable ejército. Los austríacos se acercan, Garibal- 
di en vano implora los auxilios de aquel débil gobierno, que no 
le concede mas que las provisiones necesarias para que los des- 
venturados defensores de la libertad no sucumban á los rigores 
del hambre, y sin embargo, en tal estado aun resisten y recha- 
zan al. enemigo, y á despecho del gobierno de la República, pe- 
netran en la ciudad para defenderse mejor. Arrogantes con su 



UNIVERSAL. 51 

superioridad los austríacos, rehusan las proposiciones que Gari- 
baldi les pide en un parlamento que se encargó de desempeñar 
el P. Hugo Bassi. 

¡Cuántas angustias, cuántos dolores martirizaban entre tan- 
to el heroico corazón de aquel intrépido general que vé desfalle- 
cidos, desnudos, heridos aquellos heroicos restos de un eje; cito 
que tantas veces había guiado á la victoria! ¡Cuánta amargura 
debia encerrar aquel generoso corazón que contemplaba en tan 
lastimoso estado á los últimos defensores de la libertad italiana 
que espiraba al espirar desfallecido aquel puñado de héroes! Oh! 
¡Padre desventurado que miras con angustia indefinible tan mal- 
tratados á tus queridos hijos, generosos mártires de una causa 
tan santa! En medio de tan acerbos dolores aun tuviste un rato 
de alegría, de espansion, al ver á tus heridos acostados en blan- 
das camas y á tus soldados en derredor de las mesas. Su mujer 
desfallecida, los tiernos hijos de su corazón y él mismo, sentáron- 
se á comer con cierta satisfacción. 

¡Fugitivo consuelo! El gobierno de San Marino, intermedia» 
rio entre los dos ejércitos, no pudo conseguir de los vencedores 
mas que condiciones dudosas y poco ventajosas. El general Gor- 
zowski pedia que todos los voluntarios entregasen sus armas al 
gobierno de San Marino después serian conducidos con escolta 
á sus provincias, en donde serian entregados á las autoridades 
establecidas para ser juzgados ú obtener su.clemencia, y en cuan- 
to á Garibaldi y su familia se les daria un pasaporte para Amé- 
rica, para donde inmediatamente se embarcarían bajo la, vigi- 
lancia de los austríacos. 

Estas condiciones tan poco nobles y generosas, tratándose 
de un puñado de valientes que tan resignadamente sufrían sus 
padecimientos, irritaron á Garibaldi y á todos sus soldados. 

— "¡No, no, esclamaban estos; no queremos abandonaros!" 

Garibaldi tomó de repente su resolución; consultó con sus 
oficiales y determinaron encaminarse á Yenecia, último asilo de 
la libertad, al través de formidables peligros, y dio la orden de 
despertar á la tropa que fatigada dormía, y ponerse en marcha 
al momento. 

— "¡Al menos, esclamó, habrán tenido el honor de no tran- 
sigir con el enemigo!" 

En medio del cansancio y del sueño que dominaba á los sol- 
dados, fué imposible hacer levantarse á todos en tan poco tiem- 
po, y aprovechándose de la oscuridad de la noche, Garibaldi sa- 
lió de la ciudad seguido solamente de 200 hombres. 

A la mañana siguiente cuando corrió la noticia de que Ga- 
ribaldi se habia fugado, el general austríaco se puso furioso, y 
entrando en la ciudad se apoderó de los infortunados restos del 
ejército liberal. Al mismo tiempo publicó un bando amenazando 
con fusilará todo el que prestase auxilio á los fugitivos. Los pri- 



52 ÁLBUM 

sioneros fueron enviados á Mantua, maltratados y apaleados, y 
aun se hizo afusilar á bastantes de ellos, incorporando á los mas 
al ejército austríaco. 

Garibaldi con los suyos llegó entre tanto á ganar el pequeño 
puerto de Cesenático, en donde destruyó el destacamento aus- 
tríaco, y recogiendo hasta trece barcas de pescadores, se embarcó 
el dia 3 de agosto con su pequeño ejército, dándose á la vela 
para Venecia. Por desgracia, cuando ya llegaban cerca de esta 
ciudad fueron descubiertos por un crucero austríaco que les dio 
caza. Solamente cinco de aquellas barcas á fuerza de audacia y 
destreza pudieron escapar y desembarcaron en la costa romana. 
Garibaldi contó solo á su alrededor cuarenta personas : era ya 
imposible intentar nada, y solo se debía pensar en salvarse cada 
cual por donde pudiera. Despidiérones todos derramando abun- 
dantes lágrimas, y se dispersaron: entonces el atrevido guerrille- 
ro, el terror de los enemigos de la Italia, se encontró solo con su 
mujer, que se moría por momentos, sus hijos y dos ó tres ami- 
gos fieles que quisieron acompañarle á Rábena, adonde se enca- 
minó. Ocultándose cuidadosamente de día y caminando de no- 
che fuera de los caminos, aislados, sin el auxilio de nadie, cami- 
naban los fugitivos á marchas lentas, porque la sitnasion graví- 
sima de Annita Leonta no le permitía seguir apenas á sus com- 
pañeros. El amante esposo la veía morir, y en vano en tan an- 
gustioso trance buscaban sus ojos ávidos un asilo para poder 
asistir á la moribunda. Al tercer dia de tan azaroso camino fué 
preciso detenerse en una cabana, porque Annita no daba ya se- 
ñales de vida, y al propio tiempo reciben aviso de que se acer- 
can los austríacos. Garibaldi desesperado no quiere pasar ade- 
lante, y se dispone á morir sobre el cadáver de su mujer ; pero 
los ruegos del dueño de la cabana le vencen, y con el auxilio de 
una calesa tirada por un caballo, pueden escapar los futigivos 
llevándose á la infeliz Leonta. 

Después de caminar algunas leguas el dueño del carruaje 
tuvo que abandonarles, y á pié volvieron á emprender su camino. 
Annita no podia ya moverse, arrastrándose á duras penas hasta 
la puerta de otra cabana, y al llegar á su dintel cayó desmaya- 
da en los brazos de su esposo. Estréchala contra su corazón, la 
llama y no responde; acerca sus labios á aquel rostro pálido, y 
en vano busca el mas leve movimiento en aquel adorado cora- 
zón. La heroica esposa no padece ya las horribles angustias de 

este valle de desolación Su alma ha volado en busca de un 

mundo mejor. 

Loco, frenético de rabia y desesperación, el valeroso esposo 
quiere ir á reunirse con ella! ¡Ay! ¡Corazón generoso que ha sa- 
crificado su fortuna, su porvenir, su vida, todo, por hacer inde- 
pendiente á su patria! ¿Qué éxito tan desdichado han tenido tan- 
tos sacrificios, tanto heroísmo, tanta sangre! ¡Mirad á ese intré- 



UNIVERSAL 53 

pido defensor de los oprimidos, abandonado en medio del campo, 
perseguido como una fiera, rodeado de sus tiernos hijos que llo- 
ran pidiendo pan, y estrechando entre sus brazos ese frió cadá- 
ver de la que mas amaba en el mundo, de la heroica mujer que 
ha compartido con él todos sus sinsabores, sus peligros y la glo- 
ria de sus combates! ¿Por qué no ha de ser ya tiempo de que 
busque en la tumba el descanso de tantas fatigas? 

Pero no, la Italia gime oprimida, encadenada, y es preciso 
hacer el sacrificio de vivir aun, de arrostrar mas amarguras, ma- 
yores peligros, con la esperanza de volver algún dia á combatir 
por la libertad y á humillar á sus opresores. 

Garibaldi se resigna, pues, á vivir; él mismo cava la sepul- 
tura en que deposita los restos de la que tanto ha amado, } T des- 
pidiéndose de sus despojos, pero no de su memoria, huye de allí 
y consigue entrar en Rábena. Entre tanto el P. Hugo Bassi, Li- 
brahgi, Cicernachio y sus hijos cayeron en manos de los austría- 
cos, y fueron inhumanamente asesinados. 

Garibaldi atravesó dizfrazado la Toscana y la Cerdeña, que 
le negó un asilo. Entonces se embarcó en Genova y llegó á Tú- 
nez, donde se detuvo con los ojos fijos en la heroica Venecia, 
que aun se defendía desesperada. Caaüdo la vio sucumbir se re- 
signó á esperar mejores tiempos, y tomando otra vez su vida er- 
rante se marchó á América en un navio que sus amigos le pro- 
porcionaron para que se dedicase al comercio. 

En estas escursiones recorrió las costas de los Estados- Uni- 
dos, de la China y de la California, siempre dedicado al comer- 
cio. En 1852 los peruanos le hicieron jefe de su ejército: tal era 
el renombre que habia dejado en toda la América del Sud. 

En el año de 1854 volvió á Genova. El gobierno piamontés 
que seguía ya una marcha liberal bajo la dirección del conde de 
Cavour, quiso indemnizarle de los grandes sinsabores que habia 
sufrido por su patria, y le cedió la pequeña isla de Caprera, in- 
mediata á la Cerdeña, ofrecimiento que aceptó gustoso. En ella 
se estableció con sus hijos y se dedicó á la agricultura. Desde 
allí hacia en un pequeño barco algunos viajes á Niza cuando sus 
especulaciones se lo exijian. 

Con la tranquilidad del hombre honrado vivió allí cinco 
años, atrayéndose la estimación y el respeto de cuantos le trata- 
ban, y sin abandonar sus costumbres sencillas [1]. El destino, 
sin embargo, le tenia reservado un papel brillante en la obra de 
la regeneración de la amada patria por quien tantos sacrificios 
habia hecho. Bien pronto veremos al honrado y modesto propie- 
tario ceñirse su espada victoriosa, y al frente de los entusiastas 
hijos de la Italia caminar con su acostumbrada intrepidez llevan- 
do la victoria en la punta de la 'espada de Palestrina y/Velletri. 

[1] Alfonso Kar, que le trató en aquel tiempo, dice que la sencillez era e' 
sello de todas sus costumbres, y que él mismo lo vio jugando á bolos con los ma 
rineros. 



QBNEMUSIP DEL EJE! 



~m$ &$@i* 



El Generalísimo del ejercito marroquí nació en la ciudad 
de Fez el 18 de julio de 1824 siendo su padre el Emperador Mu- 
ley-Abderrhaman, muerto á la una de la madrugada del 6 de 
setiembre de 1859 en su antiguo palacio de Mequinez, después 
desuna larga*y penosísima enfermedad, producida por un tumor 
que se le habia formado en el estremo superior de un muslo. Su 
médico ordinario al ver declinar rápidamente la vida del augus- 
to enfermo, habia hecho llamar en la mañana del 26 del mes an- 
terior á los hermanos 'Jaekson, dos médicos ingleses residentes 
hace algunos años en Tánger, donde han adquirido una justa y 
bien merecida celebridad. Al mismo tiempo se comunicó tam- 
bién la grave noticia al príncipe heredero, entonces gobernador 
de Tafilete, encareciéndole la necesidad de trasladarse al lado 
del Sultán. La muerte del octogenario que contaba ya 37 años 
de reinado, debia producir serias complicaciones en esa parte 
deljAírica. 

Efectivamente, dos tribus numerosas y potentes, eran ene- 
migas declaradas del sucesor natural de Abderraman, figurando 
ademas como decidido adversario del príncipe heredero, el co- 
mandante de la guardia negra que era el que gozaba de mayor 
fuerza y valimiento en palacio. Temíase con fundamento que es- 
te numeroso cuerpo, compuesto de 10,000 ginetes, así que el em- 
perador exhalase el último suspiro, se entregaría al saqueo del 



UNIVERSAL. 55 

tesoro, en el cual se han ido acumulando por espacio de cien años 
riquezas inmensas. Las enérgicas disposiciones tomadas por el 
nuevo emperador, si bien no consigieroa en el momento sofocar 
la rebelión que se habia manifestado en sus estados, bastaron 
para amedrentar la guardia negra salvando el tesoro de su codi- 
cia y rapacidad. 

Muley-Abbas dotado de una fuerza de voluntad que sabe 
resistir á todas las contrariedades de la suerte, y arrojado y au- 
daz en sus empresas, posee la entera confianza de su hermano el 
emperador, quien al declarar nuestra nación la guerra á sus es- 
tados, le nombró Generalísimo de su ejército. Faltando á las nu- 
merosas tropas que ha acaudillado en la última campaña el es- 
píritu de cuerpo, de organización y de disciplina, elementos ne- 
cesarios é indispensables en la ciencia militar, todo su valor y sa- 
gacidad han venido á estrellarse contra los planes y combina- 
ciones estratégicas de los generales españoles. 

La austera figura del príncipe marroquí interesa vivamente, 
y en su rostro aparece marcado el tipo de la verdadera belleza 
meridional. La mejor descripción que de su persona podemos 
dar, es la que ha hecho últimamente un ilustrado escritor, que 
en los momentos precisos de estarse negociando la paz, tuvo oca- 
sión de observarle atentamente y estudiar los rasgos de su no- 
ble fisonomía. 

Muley-Abbas es un hombre alto, fuerte y recio, pero no 
grueso : de noble postura, de distinguido porte y de graciosos 
modales. Viste el traje talar de su país; un ropaje amarillo de- 
bajo de todo; luego una especie de túnica azul, pero de ese azul 
muy claro que llaman los franceses azul de agua / después le 
cubre de pies á cabeza un ondulante y magnífico jaique blanco 
de delicado merino, cuyos dóciles pliegues delinean la forma del 
turbante, rodean su cabeza y su cuello completamente, marcan 
las principales líneas de su cuerpo y flotan al fin casi rozando 
con la tierra pero dejando ver unas botas de rico tafilete amari- 
llo bordadas de seda, sin suela ni tacón, muy arrugadas ó 
rizadas, y reducidas a la forma de la pierna. Un ancho festón de 
seda azul, sujeta la capucha del jaique sobre su cabeza, pasando 
una línea que á lo lejos parece una corona triunfal ó sagrada, 
como la que usaban los druidas. 

Todo este traje luce por su riqueza y por su sencillez, ni un 
bordado, ni un adorno, ni un hilo de oro, nada interrumpe la se- 
veridad de aquella elegante y artística figura, que parece talla- 
da en mármol griego. 

Solo lleva como recuerdo, distintivo de raza ó signo de au- 
toridad, un rosario de ámbar negro liado á la muñeca derecha, 
un diminuto arete de oro en una oreja y un anillo blanco egip- 
cio en el dedo meñique de la mano izquierda. El rosario se lo 



56 ÁLBUM 

saca frecuentemente del brazo como una dama se quita una 
pulsera, y aspira con placer el aroma que despide. 

El rostro del Emir tiene todos los caracteres de la verdadera 
belleza meridional: se parece al Eliezer de nuestros pintores va- 
lencianos, es muy moreno, y lo parece mas por estar su sem- 
blante rodeado, como el de las monjas, por una toca de deslum- 
bradora blancura. Su barba negra, larga y sedosa, ondula á mer- 
ced del aire, y en ella blanquea alguna que otra cana. 

Sin embargo, el príncipe no pasará de los treinta y cinco 
años. Su perfil llama la atención por la limpieza y majestad de 
la línea; la nariz es bien proporcionada; la frente noble, la boca 
un tanto africana, pero rasgada con energía, y dejando ver una 
dentadura tan blanca y tan brillante que parece de transparen- 
te nácar. Sus ojos negros y tristes, miran con calma y lentitud. 
Adivínase todo el fuego que puede llegar á animarlos al rer la 
rapidez con que los mantiene abiertos ó la pesantes con que se 
cierran; pero mientras el señor Alarcon lo estuvo mirando, aque- 
llos ojos parecían apagados, como si todo el calor y la vida del 
Emir hubiesen refluido á su corazón, 

Finalmente, Muley-Abbas estaba abatido, pero circunspecto: 
triste, pero digno y respetable: vencido, pero no domado: humi- 
llado, pero sin haber perdido el aprecio de si propio. Conocíase 
que se hallaba satisfecho de su conducta, si bien disgustado de 
la de los demás, y sobre todo, de su suerte* 

Su humildad era resignación: su mansedumbre, patriotismo. 
El vencido general inspiraba, pues, una compasión y un respeto 
que no deben confundirse con la piedad ni con la lástima: yo, á 
lo menos, concluye aquel escritor, al verle acariciarse la barba 
con aquella mano desnuda, fina y correctamente delineada; al 
ver sus ojos parados y como fijos en remotos horizontes; al oir 
su palabra viva, ligera, breve, sonora, como un eco metálico; al 
contemplar, en fin, su grandiosa figura, tan llena de majestad y 
de pesadumbre, esperimenté una viva simpatía hacia aquel ene- 
migo de mi Dios y de mi patria. ... Y fué acaso que lo vi con 
ojos de artista, y que personifique en él al desgraciado y valero- 
so Muza, á quien aman todavía en Granada los vigésimos nietos 
de los conquistadores de la Alhambra. 

Luego que fueron firmadas las bases para el tratado de paz, 
los caudillos de ambos ejércitos publicaron la siguiente manifes- 
tación: 

Habiéndose convenido y firmado las bases preliminares para 
el tratado de paz entre España y Marruecos por D. Leopoldo 
O'Donnell, duque de Tetuan, capitán general en jefe del ejérci- 
to español en África y Mnley-el-Abbas, califa del imperio de 
Marrnecos y príncipe del Algarbe, desde este dia cesará toda 
hostilidad entre los dos ejércitos, siendo la línea divisoria de 
ambos el puente de Buseja. 



UNIVERSAL. 57 

Los infrascritos darán las órdenes mas terminantes á sus res- 
pectivos ejércitos, castigando severamente á los contraventores. 
Muley-el-Abbas se compromete á impedir las hostilidades de las 
kábilas, y si en algún caso las verificasen á pesar suyo, autoriza 
al ejército español á castigarlas, sin que por esto se entienda 
que se altera la paz. 

En 25 de marzo de 1860. — Firmado. — Leopoldo O'Donnell. 
— Firmado. — Muley-el-Abbas. 

En la noche del 29 de marzo, se presentaron á Muley-el-Ab- 
bas los jefes de unas cuantas kábilas del interior del Imperio, 
que en número de veinte mil hombres, venían deseosas de me- 
dir sus armas con los españoles. El general marroquí les mani- 
festó quehecha la paz no toleraría la menor agresión, y que era 
una necesidad para el imperio el pronto término de la guerra; 
pero las kábilas, con su acostumbrada indisciplina, se negaron á 
retirarse sin haber disparado sus espingardas, y entonces Muley 
después de prevenir al general O'Donnell, se interpuso con los 
moros del rey entre el campamento español y las kábilas, á las 
Guales estuvo batiendo hasta que se retiraron. 

Nuestro ejército, puesto sobre las armas y sin disparar un ti- 
ro, estuvo oyendo el fuego toda la noche. 

El Califa marroquí ha manifestado al general O'Donnell viví- 
simos deseos de visitar la España. 




BIOGRAFÍA 



DEL 



EXMO. SEÑOR DON LEOPOLDO 0-DONNELL 

General en Gefe del Ejército espedícionarie en África. 



Entre las familias irlandesas que comprometidas en la causa 
del catolicismo, representados por la estirpe augusta de los Es- 
tuardos, se vieron en la necesidad de abandonar el pais, domi- 
nado completamente desde entonces por la rama que representa 
el dogma protestante, figura la de O-Donnell como de las ilus- 
tres; viniendo á buscar un refugio a una nación magnánima, 
debió encontrar, y efectivamente encontró en la nuestra una 
verdadera patria. 

De este origen procede la existencia del general de cuyos 
hechos vamos á ocuparnos; habiendo nacido en Santa Cruz de 
Tenerife, perteneciente á las Islas Canarias, el 12 de Enero de 
1809: fué su padre Teniente General de los Ejércitos, y Direc- 
tor General de Artillería, quien era hijo del Brigadier, Coronel 
que fué del regimiento de Irlanda, y al acontecer la emigración 
gefe de su familia. 

O-Donnell siguió la noble senda de sus predecesores, in- 
gresando el 30 de Octubre de 1819 en el regimiento infantería 
imperial Alejandro, en clase de subteniente que obtuvo por 
gracia especial, prestando el servicio de marchas y guarnicio- 
nes hasta fin del año de 1821. La edad temprana de D. Leopol- 
do le colocaba en una situación escepcional, obrando natural- 
mente en su ánimo la voluntad de sus mayores; no es estraño 



• UNIVERSAL 59 

que siguiendo estos en política una línea de conducta diainetraí- 
mente opuesta á las ideas proclamadas en las cabezas de San 
Juan, no tomase parte alguna en los sucesos ocurridos en Es- 
paña desde 1820 á 1823: por el contrario, en Julio de 1822, 
marcha á Francia con su señora madre para unirse á su padre 
que se hallaba en aquel reino; pero habiendo sido preso en el 
camino y conducido á Peñafiel y Tol desillas, permaneció en es- 
trecho arresto durante la formación de la correspendient ¡ cau- 
sa. En Valladolid se encontraba en 1823 al mismo tiempo en 
que las bayonetas francesas penetraban en la Península á veri- 
ficar la reacción que en el mismo año tuvo efecto; y en esta co- 
yuntura el subteniente O-Donnell, que apenas habría cumplido 
catorce años, se presentó el 25 de Abril al gobierno real en la 
ciudad de Burgos, é ingresando en la P. M. de la división de 
Castilla, ayudante del General en jefe continuó en la misma 
forma el resto de ia campaña, y estuvo en el sitio y rendición 
de ciudad Rodrigo: en 17 de Mayo ascendió á Teniente por 
elección. 

Habiendo cesado aquellas circunstancias, hubo de cesar 
también el joven O-Donnell en su cargo de ayudante, como S'e 
verificó el lé de Abril de 1824; ingresando desde el 15 del pro- 
pio mes el tercer regimiento de Granaderos de la Guardia Real 
de infantería en la propia clase de Teniente; y hasta el año de 
1826 desempeñó el servicio de marchas y guarniciones que le 
correspondieron. En 1827 destinado dicho cuerpo al ejército de 
observación del Tajo al mando del general D. Pedro Sarszfield, 
y del que constituía la primera brigada, marchó O-Donnell á la 
frontera portuguesa; mas á la noticia de un movimiento en sen- 
tido carlista ocurrido por aquella época en Cataluña, retrocedió 
con parte del ejército á situarse sobre Calatayud y Daroca: el 
regimiento no tardó en marchar á Cataluña, en cuya consecuen- 
cia entró en Barcelona á dar la guardia al rey Fernando VII 
que habia concurrido personalmente á sofocar la insurrección. 
Desde esta época hasta la del fallecimiento del monarca, no hu- 
bo de ocurrir en la existencia militar de O-Donnell novedad 
mas importante que su ascenso á Capitán del cuarto regimiento 
de la Guardia, verificado por antigüedad rigurosa el 15 de abril 
de 1828, pues hasta fin de 1832 continuó su servicio normal en 
marchas y guarniciones. 

E i el año 1833 empieza el interés de la biografía de Don 
Leopoldo O-Donnell, por la serie numerosa de distinguidos ser- 
vicios que contrajo, y le elevaron en menos de seis años á des- 
empeñar el primer caigo que hay en la milicia, cual es el de 
General en jefe de un ejército: antes de ofrecer el bosquejo de 
estos hechos, cumple ala importancia de los mismos manifestar 
que toda la familia de O-Donnell fué carlista; y que sus herma- 
nos, después de haber pedido noblemente sus licencias absolu- 



60 ALBÜM 

tas marcharon á alistarse á las filas del Pretendiente para de- 
fender aquella causa que creían justa. D. Leopoldo tuvo que 
hacer, pues, el sacrificio de todas las afecciones del corazón j 
de la sangre al decidirse de&de los primeros momentos por la 
reina Doña Isabel II que representaba la causa de la legitimi- 
dad. 

Se encontraba O-Donnell, guarneciendo con su regimiento 
la plaza de Barcelona, cuando con pocos días de intervalo hu- 
bieron de llegar las noticias de la muerte del Eey y de la suble- 
vación de M'orella: su batallón pasó, en consecuencia, al bajo 
Aragón verificando una rápida marcha; y dividido en tres co- 
lumnas O-Donnell con su compañía formó parte de la mandada 
por el Brigadier D. Pedro Sureda, que era el Coronel del cuer- 
po: esta columna después de haber pasado á la vista de Morella 
y tiroteado sus guerrillas con las que salieron de la plaza, se si- 
tuó en Cantavieja en cumplimiento de órdenes tomadas por el 
Capitán general de Aragón. 

Entretanto, el general en gefe D. Luis Fernandez de Cór- 
doba vino desde la llanada de Victoria á Navarra, á la cabeza 
de una parte del ejército, y con el objeto de establecer la línea 
fortificada de Zubiri: el Coronel O-Donnell y la brigada de su 
mando, se unieron á la primera división á que pertenecía. Al- 
gunos días después fué destinado á la Rivera de Navarra, con 
dicha brigada y un regimiento de caballería, para cubrir por 
aquella parte la línea del ejército de las correrías del enemigo, 
pues la división de la Rivera al mando del General Tello habia 
venido á situarse en los Benios: O-Donnell permaneció en Le- 
rin y Larraga hasta que el general en gefe volvió á la llamada 
de Álava, y entonces recibió la orden de dirigirse por las Con- 
chas á las inmediaciones de Yictoria. 

Había resuelto por entonces el general en gefe reforzar al 
general Ezpeleta, que se encontraba sobre Balmaseda; para lo 
cual dispuso que el general Espartero, con la primera división 
escoltase la segunda, y que después de asegurar la marcha de 
esta, se replegase con apoyo de la vanguardia mandada por el 
brigadier Rivero, que quedaba en posición sobre Ogardo: am- 
bas divisiones primera y segunda pernoctaron el 18 de Marzo en 
Amurrio; y en la madrugada del 19 marchó esta última sobre 
Balmaseda, mientras que dos horas y media después, Espartero 
á la cabeza de la primera emprendió el movimiento sobre Or- 
dufía, con el objeto de proveerse de raciones y continuar la 
marcha sobre Unza: aquí le esperaba el brigadier Rivero con 
cinco batallones para proseguir por el valle de Coartango el re- 
greso á Victoria. 

En el momento en que la primera división iba a empren- 
der su marcha desde Orduña, donde habia permanecido dos ho- 
ras para racionarse, se descubrió la vanguardia enemiga que se 



UNIVERSAL. 61 

adelantaba por el camino de Amurrio; por lo cual las tropas de 
la Reina marcharon á formarse sobre el camino de Unza; en es- 
te tiempo se aumentaron tan considerablemente las fuerzas car- 
listas, que no quedó duda de que seencontiaba delante el grue- 
so de sus batallones. La segunda brigada recibió orden de subir 
la altura, siguiéndole dos batallones de la segunda, asi como el 
coronel O-Donnell con dos batallones de Gerona, protegido por 
dos escuadrones de caballería escasos de fuerza. 

Avanzaban ios enemigos en columnas, protegidos por sus 
guerrillas y cuatro escuadrones de caballería, aunque fueron 
contenidos algunos momentos por una carga que les dio Espar- 
tero con los húsares; pero mayores fuerzas contrarias iban lle- 
gando y las tropas recibieron la orden de continuar su movi- 
miento sobre Unza, quedando O-Donnell encargado de irse re- 
tirando por escalones, conteniendo al enemigo hasta atravesar 
el llano y llegar al pié de las alturas: en ellas habia tomado po- 
sición el brigadier Rivero y la primera división debía verificarlo 
sucesivamente. Formados los batallones de Gerona en columnas 
cerradas por escalones, y teniendo desplegadas en tiradores tres 
de sus compañías protegidas por los dos escuadrones de caballe- 
ría, ejecutó O-Donnell su movimiento de retirada paso á paso 
conteniendo á los enemigos, y rechazándoles siempre que qui- 
sieron cargar sus numerosas guerrillas sostenidas por su caballe- 
ría y por los batallones que habían entrado ya en línea. 

Al llegar al pié de las alturas, entra el camino en una bar- 
rancada que forma un pequeño desfiladero; y para proteger el 
paso por este de la caballería, dispuso O-Donnell que el primer 
batallón de Gerona desplegase en batalla, apoyando la izquier- 
da en dos casas, y teniendo la derecha cubierta por el segundo 
batallón en masa, bajo la protección del fuego del batallón que 
estaba desplegado: la caballería pasó efectivamente el desfiladero 
verificándolo después el segundo batallón de Gerona; en cuanto 
al primero lo hizo asi mismo á retaguardia, con la misma sere- 
nidad con que se hubiera producido en una parada, bajo la pro- 
tección de las compañías de tiradores que habían ocupado las 
alturas que dominaban el camino. O-Donnell hubo de ser el úl- 
timo que pasó el desfiladero, acompañándole su ayudante de or- 
den y un ordenanza de caballería. 

Este mismo jefe fué encargado de defender con su brigada 
la izquierda de las posiciones de Unza, lo que verificó rechazan- 
do constantemente los empeñados ataques que el enemigo diri- 
gió sobre aquel punto, y cuando el general Espartero dio la or- 
den para cargar sobre los carlistas, O-Donnell puerto á la cabe- 
za de las compañías de tiradores, y sostenido por los batallones 
de su mando, arrolló al enemigo, persiguiéndolo hasta el valle 
de Orduña. 

En este dia mereció O-Donnell los mas distinguidos elogios 



62 ÁLBUM 

del general Espartero: elogios que repitió poco después, jencon- 
trándose en Victoria al general en gefe, á quien rogó apoyase 
la propuesta de brigadier qne hizo en favor de O-Donnell, por 
creerlo de rigurosa justicia. Esta propuesta mereció la aproba- 
ción de S. M. habiendo O-Donnell por lo tanto ascendido á di- 
cho empleo con la antigüedad de la jornada de Unza, 19 de 
marzo. 

O-Donnell fué destinado el 10 de Abril á ocupar el pueblo 
de Miñano, situado sobre el camino de Villareal de Álava, y el 
mas avanzado en la dirección del enemigo, acompañándole en 
su empresa los indicados batallones de Gerona, y un escuadrón 
del regimiento de caballería 3? de Ligeros: el pueblo de Luco, 
distante solamente veinte minutos, estaba ocupado por fuerzas 
enemigas, A las tres de la tarde del 16 se le presentaron 200 
caballos carlistas á un cuarto de hora de Miñano y en dirección 
del pueblo de Belofaga, ó inmediatamente dispuso aquel gefe 
que saliese el escuadrón de su mando, y cargase al enemigo, 
dada ocasión oportuna; mas esto no pudo verificarse por la re- 
tirada de los agresores. Replegábase al pueblo la caballería, y 
la enemiga volvió á presentarse sostenida por una fuerza de 1000 
hombres de infantería: O-Donnell se apresuró á sostener el es- 
cuadrón, haciendo desplegar sucesivamente algunas compañías 
de Gerona, hasta presentar 300 hombres en fuego. El resto del 
regimiento de Gerona, sostenía en dos columnas cerradas la de- 
recha y centro que cubría el pueblo, teniendo la izquierda cu- 
bierta y apoyada por la caballería en oposición de la enemiga 
que á ella apoyaba su derecha. Manteníase vivo el fuego por 
ambas partes, sin que los carlistas consiguiesen hacer perder un 
palmo de terreno á sus contrarios, á pesar de haber aumentado 
mas y mas su infantería; pero O-Donnell se decidió a tomar la 
ofensiva, despreciando la superioridad numérica de su antago? 
nista. 

En efecto, dio orden al escuadrón para cargar á la caballe- 
ría enemiga y arrollada que fuese, envolver por su derecha á la 
infantería que quedaba sin apoyo, arrojándose al mismo tiempo 
con la infantería á la bayoneta sobre los carlistas. Este movi- 
miento ejecutado con decisión y denuedo, tuvo un completo 
resultado. El escuadrón del 3? Ligero cargó con bravura y dis- 
persó y acuchilló á la caballería contraria, envolviendo su in- 
fantería que era al propio tiempo arrojada de las zanjas y para- 
petos por los valientes de Gerona, obligándola á retirarse hasta 
las alturas de San Roque, donde procuró rehacerse al apoyo de 
un batallón que habia llegado con el general Yillarreal. En este 
momento llegó también el coronel graduado, comandante Cal- 
sero con un batallón del regimiento de Castilla y 40 caballos 
del 3? Ligero, pues al oir el fuego habia emprendido su marcha 
desde el cantón inmediato: sostenido O-Donnell por esta fuerza 



UNIVERSAL. 63 

hizo atacar la nueva posición que ocupaban los carlistas, de la 
que no tardó en desalojarles, poniéndose término al combate ya 
muy entrada la noche: el enemigo tuvo en esta ocasión una pér- 
dida considerable en muertos y heridos, haciéndose además 40 
prisioneros. 

Juzgúese del bravo comportamiento y distinguida pericia 
militar nuevamente comprobada por O-Donnell con motivo de 
esta acción, seflalada en la hoja deservicios con la denomina- 
ción de Miñan o Mayor, por el siguiente párrafo del parte dado 
al gobierno por el General en gefe, que llegó con sus ayudantes 
en el último término del combate, y encontramos publicado en 
la Gaceta de Madrid. "Incluso á V. E. el parte que he manda- 
do dar al coronel O Donnell, porqué aunque he asistido perso- 
nalmente al ultimo término del combate, repito que solo ha sido 
para aplaudir sus disposiciones, y confirmarme en la idea deque 
este gefe será un general de grandes esperanzas para su patria, 
y de honra para este ejército, en el que nunca combate sin dis- 
tinguirse. 

Puede decirse que vamos á ocuparnos del período mas crí- 
tico que recorrió la causa de la Reina, y los hechos lo comprue- 
ban demasiado. A la vez que D. Carlos, á la cabeza de una nu- 
merosa espedicion, recorría una parte de las provincias españo- 
las y llegaba hasta las puertas de Madrid, el espíritu de indisci- 
plina de nuestras tropas producía el escándalo de las subleva- 
ciones de Hernani, Miranda de Ebro y Pamplona, lamentables 
circunstancias en que generales distinguidos y encanecidos en 
el servicio eran heridos ó muertos por las propias huestes de su 
mando. Lo ocurrido en Hernani en aquellas fatales circunstan- 
cias, es lo que nos incumbe trascribir por hacer referencia á la 
historia militar de O'Donnell. 

En la tarde del 16 de Julio se hallaban alojados dentro de 
aquel pueblo los batallones de la Princesa é Infante, que forma- 
ban la primera brigada de la división Pendón; los dos batallo- 
nes de Gerona que pertenecían á la segunda estaban alojados en 
los inmediatos caseríos. A la hora de la lista aconteció que una 
compañía de cazadores de un batallón de la Princesa desobede. 
ció á un ayudante, quien además fué maltratado por algunos. 

El general Pendón hizo formar fuera del pueblo el indicado 
cuerpo, así como en la plaza los tres restantes de que se compo- 
nía aquella brigada; dirigióse en seguida á las compañías de 
cazadores acompañado de O'Donnell y de algunos otros gefes, y 
trató de averiguar quienes fuesen los principales culpables para 
verificar su castigo. En estos momentos hubo de recibir Pendón 
el aviso de la llegada del conde de Mirasol, que estaba en la 
plaza, por lo cual previno á O'Donnell quedase en su puesto, 
mientras que personalmente se apresuraba á dar parte de lo 
ocurrido al Comandante general. 



64 ÁLBUM 

No habia pasado un cuarto de hora, cuando los gritos y la 
algazara de las tropas que estaban en la plaza, acompañados de 
una porción de tiros sueltos, hicieron conocer á O'Donnell que 
aquellas se habian insurreccionado, en cuya consecuencia se 
apresuró á dirigirse al pueblo, mandando á la vez ásu ayudante 
que fuese á buscar los batallones de Gerona, en los cuaíes creía 
ejercer influencia, aun cuando yano eracoronel dedicho cuerpo. 

Encontróse O'Donnell á la entrada del pueblo con dicho 
conde de Mirasol, quien á una grande casualidad habia debido 
el no ser muerto, cuando lo fueron en su presencia uno de sus 
ayudantes y corneta de órdenes, y el mismo general Rendon era 
al propio tiempo llevado muy mal herido. Los soldados habian 
hecho salir de las filas á los gefes y oficiales, apoderándose de 
todas las casas y boca-calles que conducían á la plaza; siendo 
aquella situación tanto mas grave, cuanto que los puntos avan- 
zados enemigos estaban á media hora de distancia, y ocho bata- 
llones de los mismos en Antonin, solo legua y media de Her- 
nani. 

La noche comunicaba á los acontecimientos un doble carác- 
ter de entidad, cuando los batallones de Gerona llegaban á la 
entrada del pueblo. Estos, aunque es de creer que algo partici- 
parían del espíritu de indisciplina de los regimientos sublevados, 
permanecieron obedientes á O'Donnell, su antiguo coronel, y en 
la actualidad su gefe de brigada. Sin embargo, dicho gefe mani- 
festó al general que en su opinión era imposible empeñar una 
lucha para sujetar á los insurrectos; dado el caso de que, ade- 
más de ser dudosas las consecuencias, era preciso no olvidar 
que antes de dos horas caerían sobre Hernani los carlistas, para 
dirimir la cuestión haciendo á unos y otros prisioneros. 

Era de todos modos inevitable el tomar un partido inme- 
diato y enérgico: O-Donnell se sintió animado de un generoso 
y raro impulso de valor y esperanza; y solo, sin ninguna defen- 
sa, presentóse en aquellos momentos en medio de las amotinadas 
turbas: la voz del honor sale de su boca como un torrente, pues 
situaciones tan críticas tienen esa ventaja, ya que la existencia 
del que las pronuncia pende del menor capricho de los que le 
escuchan. La conciencia de los sublevados no puede soportar, sin 
horrorizarse de sí misma, los atentados que no ha sabido impe- 
dir; y O'Donnell no vacila en echar en cara á las turbas estos 
crímenes y la deshonra con que acababan de manchar el uni- 
forme que visten. El sentimiento del deber se apodera de la vo- 
luntad de aquellos soldados que momentos antes querían matar 
á sus generales y á sus gefes, y O'Donnell consigue restablecer 
el orden. Convencido de que los enemigos, orientados de los su- 
cesos, no tardarían en presentarse á aprovechar las ventajas que 
se les ofrecían, no se contenta con reducir á los insurrectos á la 
senda del deber, sino que terminando la reparación de aquellos 



FNIYERSAL. 65 

males, dispaso en el acto que los batallones de Gerona ocupa- 
sen los reductos que estaban construyéndose sobre el camino de 
Andoain: aqui fueron recibidos los carlistas por un vivo fuego 
á la una de la noche, hora en que llegaban á recoger el fruto 
de nuestras disidencias, retirándose convencidos de que habian 
llegado tarde. 

Tal es el ñel relato de este suceso que O-Donnell considera 
como uno de los servicios mas distinguidos que prestó á la cau- 
sa de la Reina. Solo pudo salir felizmente de la atrevida situa- 
ción en que hubo de colocarse, á favor de su buena fortuna y 
del prestigio que gozaba entre las tropas. 

En 27 de Diciembre de 1837 fué promovido á Mariscal de 
Campo, en premio correspondiente á los servicios que prestó en 
la referida sublevación de Hernani. Los siguientes documentos 
referentes á aquel hecho, son un tributo altamente lisougero al 
valor y la virtud militar, y demasiado importantes para que no 
les ofrezcamos cabida en estas páginas. 

"Miranda 2 de Enero de 1838. — Mi estimado O-Donnell: 
por el adjunto traslado verá Y. la propuesta que hice al Minia 
terio de la Guerra, solicitando fuese Y. promovido á Mariscal 
de Campo. Hoy teno-o la satisfacción de poder anunciar á Y. se 
me avisa desde el mismo ministerio que ha sido aprobado. Doy 
á Y. la enhorabuena, con el placer de haber contribuido á que 
sus servicios tengan la debida recompensa, y con la fundada es- 
peranza de que la patria recogerá el fruto de una elección que 
debe contribuir á nuevos dias de gloria para la justa causa que 
defendemos. — Espero que de cuanto ocurra por esa línea medó 
Y. frecuentes avisos, disponiendo del fino afecto de su apasiona- 
do general y amigo. — El Conde ole Lucharía. 

El traslado á que se refiere la carta anterior, se halla con- 
cebido en estos notables términos: 

"Comandancia general de los ejércitos reunidos. — Al Exilio. 
Sk. Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra, digo en 
esta fecha lo siguiente. — Exnio. Sr. — Cuando las tropas de la 
costa de Cantabria, rompiendo los diques de la disciplina mili- 
tar y desoyendo á sus gefes, volvieron sus armas contra ellos y 
contra el general que los mandaba, y se entregaron á toda clase 
de desórdenes delante de un enemigo respetable, solo fué dado 
reprimir tales escesos al carácter firme del Brigadier Don Leo- 
poldo O-Donnell, y mas aun al prestigio y respeto que le habian 
granjeado sus brillantes y no interrumpidos servicios en esta 
guerra, en la que siempre se ha hecho admirar, ya por su valor 
como guerrero, ya por la inteligencia con que llevaba las tro- 
pas al -combate como gefe: á esta superioridad moral debió el 
haber sido puesto al frente de aquellas tropas y de la provincia 
de Guipúzcoa en tan difíciles circunstancias, que solo sirvieron 
para ilustrar mas el nombre del caudillo que con su tino y va- 



66 ÁLBUM 

lorsupo restablecerla disciplina y hacerse temer de los enemi- 
gos de nuestra causa. Este mérito singular añadido á tantos 
otros, y los que posteriormente ha contribuido en las multipli- 
cadas contiendas en que aquel cuerpo de ejército ha triunfado 
de los facciosos entre los que se cuentan la toma de Guetaria y 
los movimientos ejecutados para la aprensión de las lanchas de 
Deva, Motrico y Ondarroa, le hacen acreedora que S.M. usan- 
do de la natural benevolencia con que ha concedido igual gra- 
cia á servicios menos relevantes, se digne ascender á Mariscal 
de campo al Brigadier D. Leopoldo O-Donnell, á cuy o fin ruego 
á Y. E. se sirva inclinar el ánimo de S. M. suplicándole asimis- 
mo que le conserve la comandancia general de Guipúzcoa y de 
su cuerpo de operaciones: pues cualquiera que sean los antece- 
dentes militares del general á quien para sucesor nombre S. M. 
no creo acertado apartar de aquel mando, delicado por mil res- 
petos, á la autoridad que por su tino civil, por su justifi- 
cación, carácter firme y conciliador, prendas militares, y demás 
cualidades que le distinguen, se ha captado el amor de los ha- 
bitantes, la veneración de sus subordinados, el terror de 
los enemigos y mi entera confianza, circunstancias sin la cual no 
debo ni puedo responder á Y. JVÍ. y á la nación, del éxito de las 
armas en aquel distrito. — Lo traslado á V. E. para su inteligen- 
cia y satisfacción. — Dios guarde á Y. E. muchos años. Cuartel 
general de Logroño 10 de Diciembre de 1837. — El Conde de 
Lucharía. — Sr. Brigadier D. Leopoldo O-Donnell." 

En 1839 fué nombrado O-Donnell general del ejército del 
Centro, encontrándose en la embarazosa posición de tener que 
socorrer al pueblo de Lncena, bloqueado entonces por numero- 
sas fuerzas carlistas. Las dificultades que tuvo que allanar fueron 
inmensas; pero al fin, después de una obstinada resistencia, logró 
libertar á los 2,200 hombres que estaban encerrados en la plaza, 
rechazando en todos los puntos á su enemigo. Con esta victoria 
alcanzó el grado de Teniente general y el título de conde de Lu- 
cen a. 

La Nación española cansada de sufrir los escesos y depre- 
daciones del gobierno que regia sus destinos en 1854, levantóse 
unánime é indignada contra los que daban una torcida interpre- 
tación á sus leyes y falseaban en su base las instituciones que á 
costa de grandes sacrificios habia conseguido. En el cambio de 
política quesiguíó al alzamientonacional,0 Donnell fué llamado 
al ministerio de la Guerra, cuyo elevado cargo desempeñó has- 
ta fines de Octubre de 1856 que la reacción volvió -á entroni- 
zarse en el poder. No hubieron de pasar dos años, cuando S. M. 
la Reina volvió á llamar al conde de Lucena, encargándole la 
formación del actual Ministerio, cuya presidencia viene ocupan- 
do con aplauso y satisfacción general. 



UNIVERSAL. 67 

Habiendo España declarado la guerra al Emperador de 
Marruecos, por real decreto de 4 de Noviembre de 1859, O- 
Donuell fué nombrado general en gefe del ejército espediciona- 
rio, siendo su nombramiento saludado por bis tiopas con en- 
tusiastas demostraciones. A las 10 y media de" la noche del 7 
del referido mes, salió de Madrid el caudillo del ejercito de A- 
frica en un tren especial del ferro-carril de Alicante, seguido del 
Mariscal de Campo García, jefe de Estado Mayor, del Brigadier 
Ustariz, Mayor del Ministerio de la Guerra, los Coroneles Pe- 
ralta y Sorellar, oficiales del mismo ministerio, y los Comandan- 
tes Rizo y Serrano ayudantes de campo. 

El dia del santo de la Reina, 19 de Noviembre, el caudillo 
de África revistó en gran parada á las fuerzas de caballería, in- 
fantería y artillería que estaban acampadas en el puerto de San- 
ta María. Después de la formación en que se presentaron los 
cuerpos en un estado el mas brillante, les dirigió esta sentida 
alocución. 



EJSRCXTO D2 ÁFRICA. 



SOLDADOS: Vamos á cumplir una noble y gloriosa mi- 
sión. EL pabellón español ha sido ultrajado por los marroquíes: 
la Reina y la Patria confian á vuestro valor el hacer conocer á 
ese pueblo semi-bárbaro, que no se ofende impunemente á la 
Nación española. 

La campaña que vamos á emprender será dura y penosa: 
el enemigo con que vamos á combatir es valiente y fanático; 
pero vosotros sois tan valientes como él y tenéis las ventajas que 
os dan la disciplina y la instrucción sobre masas desorganizadas, 
que son tanto mas fáciles de vencer, cuanto mas numerosas se 
presentan sobre el campo de batalla. 

Que vuestro valor ó impetuosidad no os lleven aun mas allá 
del punto que se os señale por vuestros jefes: esto os evitará 
caer en las emboscadas que pueda prepararos un enemigo co- 
nocedor del terreno. 

En las alarmas tan comunes en la guerra que vamos á ha- 
cer, particularmente de noche, tened serenidad y completa con- 
fianza en vuestros jefes y oficiales: la confusión, el desorden, 
es el único enemigo á quien podéis temer. 

Soldados/ mostraos dignos de la confianza de la Reina y de 
la Patria, haciendo ver á la Europa que nos mira, que el solda- 
do español es hoy lo que ha sido siempre, cuando ha tenido que 
defender el trono de sus reyes, la independencia de su patria ó 
vengar las injurias hechas á la honra nacional. 

Nuestra causa es la de la justicia y la civilización contra la 



68 ALBÜM 

barbarie: el Dios de los ejércitos bendecirá nuestros esfuerzos 
y nos dará la victoria. 

Cuartel general de Cádiz á 18 de Noviembre de 1859. 

Vuestro general en Jefe; Leopoldo O-Donnell. 



El entusiasmo del ejército de África y la gran confianza que 
tenia en su caudillo, se mostraban en todas las correspondencias 
llegadas del teatro de la guerra. Cada vez que el conde de Lu- 
celia se presentaba en el campamento, obtenia una verdadera 
ovación, á pesar délo poco que se presta á estos espectáculos su 
carácter severo. En una de las referidas comunicaciones se leía: 
El entusiasmo que inspira al soldado la presencia del general O- 
Donnell, es comparable solo con la que en tiempo de la guerra 
civil sentia por el general Espartero. Desde su llegada todo 
marcha con regularidad y precisión, todo es actividad, en todas 
partes se siente la influencia de su cabeza inteligente y de su 
voluntad de hierro. Es tal la confianza que en él tienen las tro- 
pas que, con él al frente ninguna empresa les parece imposible, 
ninguna penalidad es superior á sus fuerzas. 

En la gloriosa campaña de África, O-Donnell ha demostra- 
do con toda evidencia tener las privilegiadas condiciones de in- 
teligencia que se piden á un general en gefe, no sabiéndose des- 
pojar de ese valor, de ese arrojo, ó por mejor decir, de ese indi- 
ferentismo alas balas, que es bueno siempre á los subalternos, 
pero que por regla general no puede ni debe aplaudirse en un 
general en gefe ; y mucho mas si como el conde de Lucena, es el 
alma del ejército y reasúmela inmensa responsabilidad que so- 
bre sus hombros gravita. Por eso se sentia vivamente verle con 
harta frecuencia hasta en las guerrillas. 

En todos los combates y grandes batallas que se han libra- 
do en el imperio marroquí durante los cuatro meses que ha dura- 
do la campaña, O-Donnell se lia mantenido constantemente á la 
altura de su delicada é importantísima misión. Lo mismo en el 
Guad-el-Jelu que en Monten egron, Castillejos, valle de Tetuan 
y Gualdrás, su previsión, su arrojo y su serenidad no le abando- 
naron un instante; llenando de sorpresa y de admiración á todos 
les generales de los cuerpos espedicionarios. Vencedor en todas 
partes de las contrariedades del clima y de los formidables ata- 
ques de un enemigo alimentado por el odio de religión y de 
secta, y sediento de sangre y esterminio, O-Donnell se ha con- 
quistado un lugar eminente entre las glorias militares del pais. 

Deseando la Reina premiar tan distinguidos servicios, le 
confirió el título de Duque de Tetuan, según aparece en el real 
decreto siguiente: 



UNIVERSAL 69 

MINISTERIO DE ESTADO. 

Queriendo perpetuar la memoria de la gloriosa campaña de 
África, y especialmente la toma de Tetuan por el ejército espe- 
dicionario, y dar una señalada prueba de mi real aprecio al ge- 
neral en gefe D. Leopoldo O-Donnell, conde de Lucena, que le 
ha conducido de victoria en victoria con tanto acierto como bi- 
zarría, venciendo todo género de Obstáculos y de resistencia, de 
acuerdo con el Consejo de Ministros, 

Tengo en concederle Grandeza de España de primera clase 
con la denominación de Duque de Tetuau, para sí, sus descen- 
dientes y sucesores, libre de todo gasto, 

Dado en Palacio á siete de Febrero de mil ochocientos se- 
senta. — Está rubricado de la real mano. — El Ministro de Estado, 
Saturnino Calderón Collantes, 



FUENTE DE ANDRÓMEDA. 

De primer orden. — Esta fuente es redonda, y derrama sos 
aguas en una cascada cuya vertiente está formada por dos pi- 
lones de mármol blanco. En el centro está Andrómeda encan- 
tada sobre una roca, y recibe su libertad de un amor que des- 
ciende hacia ella apresurándose á romper sus cadenas. Debajo, 
el monstruo marino, echado, con las alas abiertas, y la cabeza 
levantada, expira bajo los golpes de Perseo que hiere con una 
mano teniendo la cabeza de Meduza en la otra. El monstruo 
echa toda su sangre por sesenta y tres heridas de que está acri- 
billado su cuerpo, y de su boca abierta sale un chorro que se 
eleva á la altura de ciento y tantos pies. 

FUENTE DEL CANASTILLO 

De primer orden. — Esta fuente no tiene semejanza con nin- 
guna de las de Tersalles. El pilón es circular y tiene en el cen- 
tro un gran Canastillo de flores y de frutas sostenido por cuatro 
cisnes al rededor de los cuales hay cuatro ánades que sostienen 
también una corona. La disposición de todas estas piezas es sen- 
cilla, pero sus juegos de aguas tienen el efecto mas sorprenden- 
te. Los caños son en número de cuarenta, y uno de los cuales 
hay 32 oblicuos y 3 de ellos se levantan á la altura de noventa 
pies. Algunas veces sucede que los caños oblicuos se lanzan con 
demasiada violencia por un golpe de ma::o del maquinista, y las 
aguas bajan á refrescar á los espectadores curiosos que se han 
adelantado mas de lo que la prudencia aconseja. Esta fuente, en 
el estado normal, presenta el mas bello aspecto, y á no ser por 
las obras de escultura y su profano motivo, se diria que el inge- 
niero quiso realzarla remedando en su forma un monumento sa- 
grado. 



BIOGRAFÍA 



I»EIi TENIENTE GENERAS. 



D. JUAN DE ZAVALA. 



El Teniente General D. Juan de Zavala. nació en la ciudad 
de Lima, en el Perú, hijo del Coronel de Infantería, Marqués 
del NTalle Umbroso, recibiendo en sus primeros años la educa- 
ción correspon diente a su clase. 

En 8 de Marzo de 1818 fué nombrado cadete del regimien- 
to de milicias disciplinadas de Dragones de Lima, y porta-guion 
del mismo en 14 de Diciembre del propio año por nombramien- 
to del virey del Perú, confirmado después por S. M. por real 
despacho de 28 de Mayo de 1824, con la antigüedad de 7 de 
mayo de 1820. 

El Teniente general D. José de la Serna, virey del Perú, 
confió al padre de D. Juan una comisión reservada del servicio, 
y en su consecuencia se le libró en Lima pasaporte, autorizándo- 
le para traer á la península á su hijo á continuar sus estudios. 
En 29 de Agosto de 1825, el rey le nombró alférez del regimien- 
to de lanceros de la Guardia Real. 

Estando con su regimiento en Madrid, por real despacho de 
27 de Diciembre de 1828 le fué concedido el grado de Capitán 
de caballería con motivo del enlace de D. Fernando VII con la 
princesa de Ñápeles, D^ María Cristina de Borbon. 



UNIVERSAL. 71 

En 1834 pasó Zavala á las provincias del norte á las inme- 
diatas órdenes del general D. Gerómino Valdés, encontrándose 
el 17 de Febrero en la acción de Gnérnica donde por el mérito 
sobresaliente que contrajo, fué graduado de Teniente Coronel. 

Continuando la campaña, se halló Zavala en el ataque del 
fuerte de Bargota el 4 de Febrero de 1838, y para encarecer su 
comportamiento en esta acción, nada mejor podemos hacer que 
reproducir textualmente las palabras de su hoja de servicios, 
que son las siguientes: "En este dia, fué la admiración de los va- 
lientes por la imperturbable serenidad con que se arrojó hasta 
tocar las aspilleras enemigas, recibiendo cuatro balazos que le 
pasaron la ropa y gorra en distintas direcciones." 

Mereciendo Zavala la mas completa confianza al general 
Espartero, fué comisionado para conferenciar con el general 
Maroto, pasando varias veces á su campo con instrucciones par- 
ticulares que tenían por objeto el mejor modo de someter las 
fuerzas carlistas al gobierno de la Reina doña Isabel II. Desem- 
peñó esta delicada comisión con la prudencia y tino qu© 
reclamaba su importancia, y puede asegurarse que á sus 
esfuerzos se debió en gran parte la celebración del convenio de 
y ergara. 

Terminada la guerra y disueltos los ejércitos de operacio- 
nes, desempeñó Zavala diferentes cargos y en 1841 el de Capi- 
tán general del distrito de Valencia. 

En 6 de Junio de 1855 fué nombrado Ministro de Estado 
en reemplazo de D. Claudio Antón de Luzuriaga; cargo impor- 
tante á que se dedicó con asiduñ lad, asistiendo como Ministro 
de la Corona á las sesiones de las Cortes Constituyentes, y sien- 
do nombrado título de Castilla con la denominación de "Conde 
de Paredes de JFava." En la noche del 13 al 14 de Julio de 1856, 
habiendo sido admitida la dimisión á todos los individuos del 
gabinete Espartero-O'Donnell, quedó Zavala en situación de 
cuartel hasta el año 1859 que fué nombrado Director general de 
Caballería. Estaba desempeñando este alto puesto á cumplida 
satisfacción del gobierno de S: M., cuando al estallar la guerra 
de África en Noviembre del citado año, se le confió el mando 
del segundo cuerpo del ejército espedicionario. 

Zavala dio relevantes pruebas de ser un hábil y distingui- 
do general en los sangrientos combates librados en las alturas 
de Sierra Bullones el 9 de Diciembre y en la playa de Castille- 
jos el 1° de Enero de 1860. El exacto y puntual cumplimiento 
que dio á las disposiciones del general en gefe en estos memora 
bles hechos de armas, y el arrojo é intrepidez de sus tropas en 
los momentos mas decisivos en que los moros habían recibido 
considerables refuerzos, contribuyeron eficazmente al buen éxi- 
to de aquellas jornadas. Lastimado en un pié el Conde de Pa- 
redes, de resultas de una caida que tuvo al salir de su tienda 



72 ÁLBUM 

para asuntos importantes deLservicio, hubo de dejar el mando 
del segundo ejército y regresar á la península para atender á su 
curación. 

Por real decreto de 19 de Marzo del citado año, la Reina 
concedió al General Zavala merced de título de Castilla con la 
denominación de Marqués de Sierra Bullones, para sí, sus hijos 
y sucesores legítimos habidos de constante matrimoino; libre es- 
ta concesión de todo gasto. Últimamente se le ha conferido la 
Grandeza de a España de primera clase. 



FUENTE DE EOLO. 

De primer orden. — Esta fuente ocupa el centro de un pe- 
queño bosque; es de forma circular, y está rodeada de gracioso 
césped. En el borde del pilón hay ocho mascarones que arrojan 
Bobre una isla de roca otros tantos caños. Del centro de dicha is- 
la sale el dios Eolo sujetando diez y seis cabezas de los vientos 
que proyectan en todas direcciones sus ondas. En medio de esta 
anarquía armoniosa, un dragón que el dios arroja al suelo lanza 
un caño de agua que se eleva próximamente á ochenta pies de 
altura. Todas estas figuras son de plomo, y están pintadas reme- 
dando al bronce. 



PLAZA DE LAS OCHO CALLES. 

Esta es un octágono formado por la vegetación, que tiene 
una hermosa fuente en el centro, otra en cada ángulo-, y por los 
ocho lados abre paso á otras tantas calles de árboles, en cada 
una de las cuales se ve otra fuente á poca distancia; de modo 
que desde el centro de dicha plaza se ven á un tiempo diez y 
siete fuentes forman do juegos de aguas de los mas caprichosos y 
variados. El grupo del centro representa el rapto de Proser- 
pina. 



DELTENIENTE GENERAL 



■ — '?*ue<&/Q/&D^>i 



Don Juan Prim, nació en Ja ciudad de Reus, provincia de 
Tarragona, el dia 12 de Diciembre de 1814:, hijo de Don Pablo, 
Teniente Coronel de infantería que murió del cólera en el año 
de 1834 y de doña Teresa Prat. 

Empezó su carrera militar el 21 de Febrero de 1834 como 
soldado distinguido en el batallón franco de tiradores de Isabel 
II, pasando á la clase de cadete en 16 de Abril. Desde luego 
empezó á tomar parte muy activa en la guerra contra los carlis- 
tas de Cataluña, hallándose en la acción que tuvo lugar contra 
el cabecilla Trinchet el 7 de Agosto del mismo año, y en el si- 
guiente en la de casa Baucells, en la que se batió cuerpo á cuer- 
po con un faccioso, de formas atléticas, logrando darle muerte; 
en la de San Quintín el dia 12 de Marzo, por la que fué reco- 
mendado; en la de Coll de Guasi el 12 de Abril, donde fué he- 
rido; en la de Viladrau el 2 de Agosto; en la de Juanet el 8 de 
Setiembre; en la de Matagalls el 12 de Octubre; en el ataque y 
defensa de la villa de San Celoni el 14 de Noviembre, y en la 
de Arbucias el 9 de Diciembre. 

Distinguiéndose Prim tan notablemente por su valor, no 
podia menos de adelantar rápidamente en su carrera, asi que en 
12 de Abril de 1835 fué ascendido al empleo de subteniente; y 
al de teniente sin despacho en 24 de Agosto del mismo. 

10 



74 ÁLBUM 

Correspondió el bizarro oficial á estas consideraciones cum- 
plidamente, pues en la acción de San Hilario ocurrida en 24 de 
Febrero de 1836 fué el primero que con una bandera en la ma- 
no desalojó al enemigo y «lió muerte á un carlista, después de 
luchar con él á brazo partido, sin embargo de estar armado de 
fusil y bayoneta; por esta notable acción fué recomendado á la 
superioridad. 

En la sorpresa de Yillamayor de Valdés el 26 de Marzo, 
Prim con parte de su compañía se introdujo en el pueblo reci- 
biendo una herida de bala de fusil en el muslo derecho; en la 
del pueblo de Taradell el 2 de Noviembre se batió cuerpo á 
cuerpo con un lancero, al que dio muerte cogiéndole sus armas 
y caballo, y también se halló en la salida que se hizo desde Gra- 
nollers el 11 de Diciembre, consiguiendo dar muerte á cuatro 
aduaneros. 

Concurrió Prim á la acción del pueblo de Tona el dia 3 de 
Enero de 1837; el 25 aprehendió por sí mismo á un faccioso de 
los aduaneros del Congost; el 6 de Febrero atacó á la facción 
de Altimiras en el pueblo de Ametlla, la que logró batir y dis- 
persar completamente con bastante pérdida, y en la noche del 
9 de Marzo sostuvo otro ataque en el mismo pueblo de la Amet- 
lla. Asistió después á las acciones de San Feliu Saserray S. Mi- 
guel de Forcadell el 15 y 18 de julio, por las que fué agraciado 
con la crnz de San Fernando de primera clase; á la de Capsa- 
costa el 29 del mismo; á la de Dorri y levantamiento del sitio 
de Puígcerdá el 28 de Noviembre, por el que obtuvo el grado 
de Capitán y la cruz de Isabel la Católica en el mismo campo 
de batalla. 

Continuando en operaciones, se halló Prim en la toma de 
Ripoll el 16 de Marzo de 1838, y en las acciones de S. Quirse en 
los dias 9 y 16 de Abril, siendo en la última herido, y agraciado 
con el empleo de Capitán. Concurrió asimismo al sitio de la 
ciudad de Solsona desde el 21 al 29 de Julio y fué el segundo 
que montó al tambor del hospital defendido por los carlistas, 
recibiendo una herida de bala en el brazo izquierdo; continuó á 
pesar de esto en el combate, siendo el primero en apoderarse de 
la puerta principal de la ciudad, metiendo por una de. las aspi- 
lleras una hacha encendida que llevaba, estando todavía ocupa- 
da aquella por los enemigos, y hasta que estos quedaron encer- 
rados en el palacio Episcopal, no se retiró Prim. Este bizarro 
comportamiento le valió ser recomendado y agraciado sobre el 
campo de batalla con el grado de Comandante y Teniente Co* 
ronel de ejército y la cruz de distinción que se concedió por 
este asalto. 

Presentóse otra nueva ocasión de demostrar su bravura el 5 
de Noviembre, que hallándose ya herido y no queriendo reti- 
rarse, se le mandó atacar á la bayoneta una posición ocupada 



UNIVERSAL. 75 

por fuerzas contrarias ocho veces superiores. Efectuó este ataque 
con admirable decisión, dice su hoja de servicios, recibiendo otra 
herida de bala y perdiendo 21 hombres de 10 que llevaba, y si- 
guiendo luego el combate á caballo á pesar de sus heridas, has- 
ta que huyeron batidos los carlistas. El quiso también batirse á 
caballo, y quedándose á sostener la retirada, fué el primer sol- 
dado, en la carga que dio el brigadier Pavía, en la que fué he- 
rido el caballo que montaba. En fin de Julio pasó Prim desde 
Voluntarios de Cataluña al regimiento infantería de Zamora. 

Habiéndose emprendido el sitio de la villa de Ager el 11 de 
Febrero, fué elegido para que con tres compañías tomase por a- 
salto un fuerte reducto, lo que verificó satisfactoriamente á la 
vista de todo el ejército, siendo el primero en ocuparle, dando 
ejemplo á la tropa que mandaba. Marchó después á asaltar la 
brecha principal del convento; pero no pudiendo verificarlo por 
hallarse aquella impracticable, se vio obligado á quedar dentro 
del foso por espacio de algunas horas con el riesgo que cualquie- 
ra puede figurarse hasta que se tomó el pueblo; justamente 
pues, mereció por este hecho de armas, particular recomenda- 
ción y ser promovido á mayor de batallón sombre el campo de 
batalla. 

En las posiciones de Biosca, el 12 de Abril se le confiaron 
las compañías de cazadores que componían la vanguardia del 
ejército, y el 13 practicó un reconocimiento sobre el campo 
carlista, resistiendo en retirada á cuadruplas fuerzas y amagan- 
do una carga con una mitad de caballería, acuchilló briosamen- 
te á muchos contrarios, por cuya acción que tuvo efecto á la 
vista del mismo general en gefe, hizo éste de Prim mención ho- 
norífica. El 17 con el mando de la vanguardia que se componía 
de cinco compañías de cazadores y una mitad de caballería, se 
le destacó á flanquear al enemigo; desempeñando esta comisión 
con tan buen tino, que cayendo de improviso sobre los carlistas, 
con solo la mitad de caballería, desbarató las dobles de esta ar- 
ma y triples de infantería, dejando en el campo varios cadáve- 
res, y siendo como siempre la suya la primera cuchillada, por 
lo que mereció las gracias del general en gefe y sor ascendido á 
primer Comandante sobre el campo de batalla. Con el mando 
de la misma vanguardia atacó también Prim el 14 de Noviem- 
bre con tanta decisión, que fué suficiente su fuerza á romper la 
primera línea enemiga, quedándose luego á sostener la retirada; 
lo que ejecutó, conteniendo en buen orden á innumerables fuer- 
zas contrarias que le cargaba continuamente: matáronle prime- 
ro el caballo, y herido el mismo después de bala de fusil en la 
paletilla izquierda á vista del gefe de la división, le previno que 
se retirase; pero Prim no lo hizo mas que el tiempo preciso pa- 
ra hacerse vendar la herida, saliendo otra vez á ocupar su pues- 
to, que no dejó hasta concluida la acción. El 15 del mismo mes 



76 ÁLBUM 

se halló con el mayor entusiasmo al frente de su fuerza, quedán- 
dose también á cubrir la retaguardia, y el 16 rompió la línea 
de Peracamps; sosteniendo el flanco derecho, y en el crítico mo- 
mento de atacar los carlistas, les salió ¿J encuentro con estraor- 
dinaria decisión, marchando delante de su gente cuarenta ó 
cincuenta pasos, para dar ejemplo, por lo que fué el primero 
que acuchilló á los contrarios, siendo nuevamente herido de 
bala de fusil, sin abandonar su puesto hasta concluida la acción. 
Por el mérito contraído en estas jornadas fué recompensado en 
este dia sobre el campo de batalla con el grado de Coronel. En 
29 de Diciembre obtuvo otra cruz de !?• clase de S. Fernando. 

En las nuevas acciones ocurridas el 1? y 4 de Febrero de 
1840 en los campos de Peracamps, donde tantas veces se batie- 
ron con encarnizamiento ambos parí-idos beligerantes, se le con- 
fió en ambos dias el defender la retaguardia, lo que efectuó con 
la 'mayor bizarría y buen orden, especialmente el dia 4 en el que 
con su acostumbrado arrojo salió al frente de varios caballos con 
los que dio una caro a á los carlistas, en la que fué herido de 
bala en la pierna, quedando muerto ademas el caballo que mon- 
taba; fué por estas jornadas altamente recomendado y ascendi- 
do á Teniente Coronel Mayor. 

Muy á los principios del pronunciamiento del aüo 1843, 
Prim tomó parte en él, y el 11 de Junio mandó en gefe, y con 
solo dos batallones de nacionales, la defensa que hizo en la ciu- 
dad de Keus contra catorce batallones de infantería, cuatrocien- 
tos caballos y veinte y cuatro piezas de artillería, que á las ór- 
denes del general Znrbano la atacaron. Aquel gefe resistió te- 
nazmente, hasta que careciendo de municiones se vio obligado 
á capitular, saliendo con todos los honores debidos á la bizarra 
defensa que habia hechp. 

Dirigióse después á Barcelona, donde tomó el mando de la 
división de vanguardia de las tropas pronunciadas, y de la fuer. 
za reunida de nacionales de los principales puntos del Princi- 
pado. Posesionándose de las alturas del Brnch, impidió el paso 
para Barcelona á las numerosas tropas que mandaba el mencio- 
nado general Znrbano, teniendo este que replegarse desde igua- 
lada donde se hallaba hasta Oervera, conociendo la imposibili- 
dad de forzar el paso. El general^D. Francisco Serrano y Do- 
mínguez se presentó á los pocos dias y tomó el mando en gefe 
de todas las tropas, confiando á Prim el de la vanguardia hasta 
la entrada de aquellas fuerzas en Madrid, siendo ascendido con 
fecha de 30 de Junio á los empleos^de coronel y b.iigadier. 

El gobierno provisional le concedió también en 14 de Julio 
título de Castilla con la denominación de conde de Reus, viz- 
conde del Bruoh, y S. M. posteriormente [1] se sirvió mandar 

(1) Por real orden de \°. de Febrero de Í860. 



UNIVERSAL. Ti 

que no se cancelase este último título, sino que pudiesen usar 
ambos simultáneamente tanto él como sus hijos y sucesores. 

Nombrado en 23 de Junio gobernador de Madrid, desem- 
peñó este cargo* En 25 de Agosto se le trasladó á Barcelona 
con el mismo y la comandancia general de aquella provincia. 
Partió Prim para su destino, y cuando la capital del Principado 
se declaró en 2 de Setiembre en favor de la Junta Central, salió 
con dos compañías de guias á situarse en Gracia para sostener 
allí la bandera del Gobierno. Como los sucesos hacían temer un 
levantamiento en masa de Cataluña, pues ya estaban pronun- 
ciados puntos tan importantes como Hostalrich con sn castillo, 
la Seo de LTrgel, Mataró, Gerona, Figueras y todo el Ampur- 
dan, se valió de emisarios que recorrieron el pais, animando á 
unos pueblos á la defetisa, intimidando á otros que estaban mas 
dispuestos á levantarse, y consiguiendo,' en fin, el que el mayor 
número se decidiera por el gobierno. 

En 19 de Enero de 1844 fué nombrado gobernador y co- 
mandante general de la plaza de Ceuta; no admitió el conde de 
Re us este destino, por hallarse ya disgustado y en oposición con 
el gobierno en aquella época. Marchóse á Madrid, asistiendo á 
las sesiones del Congreso, pues habia sido elegido diputado así 
en la legislatura de este año, como en la del año anterior. 

Hallábase disgustado en efecto Prim al ver que la marcha 
del Gobierno se manifestaba tan contraria al espíritu del alza- 
miento: á consecuencia de esto fué complicado en una conspira- 
ción que hubiera salido bien sin la declaración de Alberní; pero 
habiendo este hombre descubierto cuanto pasaba, fracasarou 
todos los proyectos, y el 17 de Octubre fué el conde de Reus 
conducido á prisión, de orden del gobernador militar de Ma- 
drid, formándosele inmediatamente causa en la cual no pudo 
msnos de rechazar dignamente todo lo personal que arrojaba el 
proceso. El resultado de la sumaria fué que el consejo de guer- 
ra sentenció á Prim á seis años de castillo en las islaa Marianas. 
Fué en efecto á Cádiz, donde se le encerró en el castillo de San 
Sebastian para ser embarcado; pero esto no llegó á tener efec- 
to, porque S. M. hubo de indultarle á petición de su señora 
madre, concediéndole su cuartel para Ecija. 

Con motivo de la amnistía decretada en 1847, regresó el 
conde de Reus á Cádiz, desde donde tuvo que marchar á Fran- 
cia, y al subir el general Córdoba al ministerio, le procuró co- 
mo amigo la capitanía general de Puerto-Rico, como medio á 
propósito de alejarle de las persecuciones políticas y punto des- 
de el cual no tenia roce alguno con la situación que entonces 
dominaba. 

Fué en efecto nombrado para este cargo en 20 de Octubre 
de 1847, y embarcándose después, se encargó del mando en S 
de Diciembre del mismo año. 



78 ÁLBUM 

La administración del conde de Reus en Puerto-Rico fué 
recibida con grande aceptación por el pais, cuyos habitantes 
conservarán por mucho tiempo el recuerdo de este general, que 
procuró siempre su bienestar y tranquilidad. 

Relevado del mando de Puerto-Rico, lo entregó á su suce- 
sor D. Juan de la Pezuela en 12 de Setiembre de 1849, regre- 
sando á la Península. 

En la primavera del año de 1853, hallándose el conde de 
Reus en Paris, arrastrado por su carácter entusiasta pidió ser 
enviado al teatro de la guerra de Oriente. Ocupaba á la sazón 
el ministerio de la Guerra el teniente general D. Francisco Ler- 
sundi, y el gobierno español dispuso al efecto que fuese á Tur- 
quía una comisión militar para estudiar las operaciones y seguir 
el giro de la guerra entre ia Sublime Puerta y el imperio de 
Rusia. El general conde.de Reus fué nombrado gefe de esta co- 
misión; para acompañarle y auxiliarle, el coronel graduado co- 
mandante de E. M. D. Federico Fernandez San Román, y en la 
calidad de ayudantes de campo, el coronel graduado segundo 
comandante de infantería D. Carlos Detenre, y el teniente coro- 
nel graduado de la misma arma D. Agustín Pita de Corro. 

Llegó el conde de Reus con la comisión á Terquía. trasla- 
dándose en un vapor á principios de Setiembre al cuartel gene- 
ral de Omer-Bajá, general en gefe del ejército otomano, y supo 
observar una conducta tan prudente y cauta que, á pesar del ca- 
rácter receloso de los turcos, Omer-Bajá le concedió toda su 
confianza y amistad, en términos que le consultaba en todas sus 
operaciones, como sucedió, por ejemplo, en la acción de Olteniz- 
za, donde una batería de seis piezas colocadas por consejo del 
general Prim, á flor de agua, produjo muy buen efecto y con- 
tribuyó á la victoria. Además de las infinitas consideraciones 
que el conde de Reus mereció del espresado general en gefe 
Omer-Bajá y de los demás generales, y de ser obsequiado con 
caballos y objetos de lujo, tuvo el alto honor de recibir de ma- 
nos del Sultán un sable de honor y la condecoración turca del 
Medjidie. Mereció asimismo las mas delicadas atenciones en los 
cuarteles generales de los aliados, y en el viaje que acompañó 
al príncipe Napoleón recibió señaladas muestras de afectuosa y 
cordial deferencia. 

Durante los cuarteles de invierno se retiraba á Paris, des- 
de donde quiso volver á Madrid, pero el gobierno se lo impi- 
dió constantemente bajo el pretesto que tenia que volver á O- 
riente. 

Ea este tiempo ocurrió la revolución de Julio en España, 
y á su noticia se apresuró á regresar á su pais. 

Desde Madrid pasó el conde de Reus á Cataluña, donde á 
la sazón se verificaban las elecciones de diputados á Cortes Cons- 
tituyentes, obteniendo los sufragios de sus paisanos que le eli- 



UNIVEKSAL 79 

gieron diputado por Barcelona. Por real decreto de 31 de Enero 
de 1856 fué promovido al empleo de teniente general. 

D. Juan Prira, conde de íteus, vizconde del Bruch, senador 
del Reino, gentil-hombre de cámara de S. M. con ejercicio, está 
condecorado con las grandes cruces de San Fernando, de Carlos 
III, de la orden turca de Medjidie y de la dinamarquesa de 
Dannebrog; con la cruz laureada de segunda clase deS. Fernan- 
do; con cuatro de la primera de la misma orden, la de Isabel la 
Católica, el escudo especial de los defensores de lieus, la cruz 
del sitio y defensa de Solsona y otras varias de distinción, y es 
benemérito de la patria. 

Este general no es únicamente, como muchos han querido 
suponerle, un hombre dotado de un valor indomable: además de 
esta indisputable, tiene también la de ser en su trato particular 
franco y amable, circunstancia que le hace estar siempre rodea- 
do de amigos, y la mas recomendable aun de ser un buen hijo, 
pues en todas las épocas de su vida, y aun en la actualidad, pa- 
sa constantemente á su señora madre un tercio de su paga. Co- 
mo militar, además de haber dado notables muestras de un valor 
digno de los antiguos paladines en los diferentes combates que 
ha sosteuido, no debe dejarse observar que desde. que sentó pla- 
za on 1833 hasta la alta posición que ocupa, todo sus asdensos 
han sido ganados sobre el campo de batalla. Como político siem- 
pre militó en las lilas del progreso, siguiendo todas las vicisitu- 
des por que ha pasado. Como hombre parlamentario se ha dis- 
tinguido en varias legislaturas, y finalmente descuella en el 
el gran mérito de haber hecho una brillante carrera sin mas mé- 
ritos ni relaciones que sus propios esfuerzos. 

Al declararse la guerra contra Marruecos, fué nombrado 
para el mando en gefe de la división de reserva. Su comporta- 
miento al proteger los trabajos de la carretera que habia de fa- 
cilitar el paso del ejército hacia Tetuan, en cuya ocasión tuvo 
que sostener repetidos choques, nos escusa de todo encomio con 
respecto á sus altas dotes militares. En la batalla de Castillejos 
dada el 1? de Enero del año actual, el Conde de Eeus ha asom- 
brado á la Europa con su indomable valor y heroísmo. 

Vamos á referir uno de sus episodios mas notables que po- 
ne de manifiesto la gran figura de aquel General. 

El regimiento ele Córdoba tenia empeñada su honra en los 
momentos mas encarnizados de la lucha, honra que era la del e- 
jército, la de la nación entera. Los moros en su desbordada aco- 
metida, habían rebasado el mogote ó carrillo en que Córdoba 
dejara sus mochilas. Dos veces nuestras tropas, animadas por la 
desesperación, las recobraron y las dos volvieron á perderlas, 
casi envueltas por una espantosa y abrumadora muchedumbre, 
siempre creciente y siempre violenta en su ataque. 

En tan apurada situación, Prim arranca la bandera de nía- 



SO ÁLBUM. 

iiOB.del oficial que la conducía, y volviéndose á los soldados, es- 
clama con voz ronca por el coraje y la fatiga: "En esas mochi- 
las está vuestro honor, venid á recobrarlo; y si no, yo voy á mo- 
rir entre los moros y á dejar en su poder vuestra bandera." Y 
esto diciendo, pica espuela á su ágil caballo y se mete denoda- 
damente, tremolando la bandera, por medio de las apiñadas fi- 
las marroquíes; y detrás de él. al grito de / Viva la Reina* las 
tropas entusiasmadas, ciegas, jadeantes, á morir con su general 
ó á vencer. 

El espectáculo que entonces ofrecía el campo no seesplica; 
Be siente y se admira: los mas valientes, los que primero habían 
respondido á la voz del conde de Reus, cayeron acribillados á 
balazos; la bandera está agujereada y rota por mil partes; el ca- 
ballo del general, herido. Aquello parecía la boca del infierno; 
las balas silbaban á millares en un reducido espacio, y rodaban 
por donde quiera, cristianos y moros envueltos y confundidos. 
La lucha se trabó cuerpo á cuerpo, y después de una resisten- 
cia desesperada, casi heroica, los marroquíes tuvieron que aban- 
donar el campo, y el regimiento de Córdoba recobró sus mo- 
chilas y su bandera, que será de hoy mas un monumento histó- 
rico, un título de gloria para los valientes que la salvaron. 

Todos los periódicos publicaron en sus columnas el magní- 
fico recibimiento qua hizo el egército de África á los volunta- 
rios de Cataluña. Desembarcados estos, en número de 450 indi- 
viduos, en la playa de Tetuan el 3 de Febrero, fueron acogidos 
con grandes demostraciones de afecto y simpatía por lasfuerzas 
espedicionarias, quedando encargado el general Prim, por dis- 
posición del Conde de Lucena, de dirigirles la voz en el acto de 
unirse al ejército. 

Formado en masa el batallón, mandó que diese frente á la 
derecha para arengarlo, lo cual hubo de verificar Prim de una 
manera entusiasta y enérgica, que conmovió profundamente á 
muchos de los que presenciaban el espectáculo hasta el punto 
de hacerles derramar lágrimas. El general dirigiéndose á los 
voluntarios, les habló el idioma de su país en los siguientes tér- 

"Catalanes: bienvenidos al ejército de África, á este ejérci- 
to tan lleno de valor v de virtudes. No olvidéis nunca que ha- 
béis venido aquí a representar al pueblo catalán, á ese pueblo 
que tan grandes cosas ha hecho. Acordaos qne vuestros padres 
han pisado estas mismas playas y que penetraron muy adentro 
en el interior de este pais. Acordaos que vuestros antepasados 
hicieron temblar el Oriente, que pasaron las Termopilas y que 
hicieron todo lo que los hombres pueden hacer. 

Ya veis la acogida que os hace el valiente ejército de Áfri- 
ca. Os lia recibido con música. El mismo general en gefe ha 
salido á recibiros, ese general digno y bizarro que ha sacado á 



UNIVERSAL. 81 

la España de su postración, y que ha hecho ver á la Europa no 
solamente que España no estaba muerta, sino que se levanta tan 
grande y poderosa como en sus mejores tiempos. 

Os felicito por haber llegado tan á tiempo. Pronto os vais 
á encontrar en frente del enemigo: mañana mismo. Imitad al 
valiente ejército de África, y no olvidéis que sois hijos de un 
pais que cuenta grandes hechos. 

Grandes "«-ivas y aplausos interrumpen al general, quien 
volviendo á tomar la palabra prosigue: 

"El general O'Dounell me ha concedido la honra de que 
forméis parte del segundo cuerpo. Os prevengo que no tan solo 
se necesita aquí el valor sino la resignación y el sufrimiento, 
virtudes que no han faltado nunca al ejército de África. Espero 
que seréis dignos de ellos como ellos lo son de vosotros. 

Cuando se os diga "á trabajar," á trabajar. Si se os manda* 
entrar en el agua, al agua; y si es preciso ir nadando á Tetuan, 
al rio sin vacilar y á Tetuan. 

En el momento del combate, cualquiera que sea vuestra si- 
tuación, nadie enseñe la espalda al enemigo. ¡Infeliz del que lo 
hiciera, porque no volveria á Cataluña! Es necesario dejar bien 
puesto el honor del pais, para que el dia que volváis al seno de 
vuestra familia, vuestros padres, vuestras madres y vuestros her- 
manos os reciban con los brazos abiertos y puedan esclaniar con 
orgullo: — Ha sido del ejército de África!" 

Tal fué la arenga improvisada por el general Prim en la 
víspera de un combate. Mientras hablaba á sus voluntarios, se 
fué electrizando poco á poco hasta el punto que sus miradas de 
fuego y su acción enérgica hacian palpita»' de entusiasmo á cuan- 
tos le veian y oian. Al recordar á sus jóvenes paisanos que ellos 
representaban en las % playas africanas la honra de Cataluña, se 
ponia derecho sobre los estribos y su brazo se agitaba convulsi- 
vamente, como si él solo fuera suficiente para poner á salvo en 
todas ocasiones la intachable reputación de una provincia tan 
rica en hechos gloriosos y distinguidos. El general Prim es una 
gran figura militar, y hasta sus mas encarnizados enemigos se 
converlirian en sus adeptos si lo viesen^en un dia de batalla. 

En la gloriosa batalla Horada el 4 de Febrero en los cam- 
pos de Tetuan, bataila decisiva epe entregó esta ciudad al ejér- 
cito español, Prim hizo prodigios de valor y de heroísmo. En el 
momento de tocar bis bandas militares paso de ataque, los bata- 
llones con la bayoneta armada y al grito entusiasta de / Viva 
España! ¡ Viva la Reina! escalaron las trincheras por entre el 
fuego abrasador de la artillería enemiga, siendo el conde de Reus 
el primero en penetrar en el campamento marroquí por una tro- 

11 



83 ÁLBUM 

ñera, matando cíe una estocada á un moro qvie estaba á punto 
de disparar el cañón. Allí, entre las numerosas víctimas ofreci- 
das por la madre patria en aras de la victoria, yacía el malogra- 
do comandante de los voluntarios de Cataluña, D. Victoriano 
Sugrañes, muerto de una bala que le penetró en la Loca en el 
momento de alentar los esfuerzos y bizarría de su batallón. Al 
caer este héroe tendió los brazos al general Prim. que le prece- 
día algunos pasos en aquel teatro de espantosa carnicería, como 
si le pidiese algún destello de su gloria para engrandecer su se- 
pulcro!!! 

El cuerpo de ejército á las órdenes del conde de Reustuvo 
una parte muy decisiva en el memorable combate de Gualdrás 
el día 23 de Marzo del corriente año. ¡Sabido es que fué firmada 
la paz con los moros después de tan grande y señalado triunfo. 

La división Kios había recibido orden de apoderarse de unas 
alturas, y lo hizo con gran denuedo y bizarría. Situado ya en 
•ellas, el esforzado general hubo de descubrir el campamento ene- 
migo, obligándole á adelantar sus tropas en la misma dirección; 
pero los moros, que estaban bien dirigidos, se movieron con ra- 
pidez por uno de los flancos donde lo accidentado del terreno les 
permitía ocultarse, y rodeando la posición, hubieron de cortar 
completamente á nuestras tropas. 

En aquella difícil situación, el general Rios dio relevantes 
pruebas de valor y serenidad. Los cuerpos formaron 1 el cuadro 
y se sostuvieron admirablemente sin perder un palmo de terre- 
no; pero los apuros eran cada vez mas angustiosos, cada vez mas 
horribles: era necesario un esfuerzo supremo, desesperado, para 
salvar á Rios. 

El bravo entre los bravos, Prim, lo salvó en efecto con una 
brillantísima carga á la bayoneta dada en masa por todo su 
cuerpo de ejército, seguido de las demás divisiones. Era un es- 
pectáculo magnífico, sorprendente, aterrador, el que ofrecían 
veinte mil hombres que sin disparar un tiro y despreciando un 
fuego mortífero se lanzaban jadeantes sobre las numerosas fuer- 
zas enemigas, desalojándolas de posiciones fuertísimas, arrollán- 
dolas por todas partes y haciendo en ellas una espantosa carni- 
cería. El mismo Muley-Abbas, generalísimo del ejército marro- 
quí, frió espectador en esta sangrienta jornada, temió por la vida 
de nuestro héroe. 

La Gaceta de Madrid publicó en 20 de Marzo el siguiente 
real decreto: 

MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA. 



■ Queriendo dar una distinguida prueba de mi real aprecio 
al teniente general D. Juan Prim, conde de Reus, por los relé- 



UNIVERSAL. 83 

vantes servicios que ha prestado en la campaña de África, y es- 
pecialmente en los combates de Castillejos, Cabo Negro y Te- 
man, 

Vengo en concederle la grandeza de España de primera 
clase con título de marqués de Castillejos, para sí, sus hijos y 
sucesores legítimos habidos en constante matrimonio; libre esta 
concesión de todo gasto, y á reserva por ello de dar cuenta á las 
Cortes.- 

Dado en Palacio á 19 de Marzo de 1S60. — Está rubricado 
de la real mano. — El ministro de Gracia y Justicia, Santiago 
Fernandez Negrete. 



Ha muerto en Paris el 15 del mes último uno de los veteranos de la ciencia. 
Hacía algún tiempo que M. Poinsot, debilitado por los años, no se presentaba ya 
<en la Academia, y en la penúltima sesión de esta asamblea M. de Senarmont 
anunciaba á sus colegas que el estado del ilustre geómetra inspiraba las mas vi- 
vas inquietudes. 

Nacido en Paris el 3 de Enero de 1777, M. Poinsot salió á los diez y nueve 
años de la escuela politécnica como ingeniero de puentes y calzadas. Nombrado 
profesor en el liceo Bonaparte, luego profesor-, examinador' y miembro del consejo 
de perfeccionamiento de la escuela politécnica, justificó los labores de que habia 
sido objeto con la publicación de sus "Elementos de Estática,'" cuya primera edi- 
ción vio la luz en 1803. 

Aunque este libro, como su título lo indica, no trata mas que de las partes 
mas elementales de la mecánica, su aparición fué acogida con los mayores elo- 
gios, y Fourier en su "Informe general sobre el progreso de las cieneias matemá- 
ticas," escribía lo siguiente: "Lo mas notable de esta obra es que encierra princi- 
pios nuevos en una de las materias conocidas mas antiguamente, inventada por 
Arquímedes y perfeccionada por Galileo." Fourier al hablar así se refería princi- 
palmente á la ingeniosa teoría de las "couples," á cuyo beneficio M. Poinsot in- 
troducía tan felices simplificaciones en la enseñanza de la estática. Antes los geó- 
metras, si bien habían considerado la existencia de dos fuerzas iguales paralelas 
y contrarias no aplicadas al mismo punto, y habían observado que la acción de 
tal sistema no puede ser neutralizada por ninguna fuerza única, tampoco habían 
visto en esto mas que un caso singular, sin sospechar que esa consideración encer- 
rara el germen de una parte esencial de la estática. M. Poinsot creó, pues, la teo- 
ría, y á pesar de todas las críticas, preciso es reconocer que esa teoría basta para 
salvar el nombre del autor. 

Pero M. Poinsot tiene otros muchos títulos á los ojos de los geómetras, des- 
graciadamente no podemos enumerarlos aquí y menos analizarlos; diremos única- 
mente que en todas sus obras la elevación de ideas que las distingue 6e encuentra 
unida con una claridad en la expresión, que las da un nuevo mérito. 

Nombrado inspector general de la Universidad en 1.813, M. Poinsot sucedió 
en el mismo año á Lagrange en la sección de geometría de la Academia de cien- 
cias. Hacia mucho tiempo que era miembro del consejo superior de la instrucción 
pública, cuando en 1.852 al formarse el Senado, fué designado como miembro de 
ese cuerpo politico. Era gran oficial de la Legión de Honor desde 1.846. Bien ha- 
bia merecido estas distinciones aquel de quien M. Beltrand decia hace pocos días 
ante un auditorio escogido: "Ha dejado su nombre inscrito en la historia déla me- 
cánica, inmediatamente después de los Arquímedes, Galileo, Huygens y Newton. '\ 

E. M. 



'Súi 



DELTENiEMTE GENERAL 



<CSlyCX8/gyi>OTX«»— 



No vamos á ocuparnos de un oficial rutinario, sino de un 
hombre que ademas de haber hecho por sí mismo su carrera mi- 
litar desde Alférez de la Guardia hasta una de las primeras cate- 
gorías del ejército, ha sabido también conquistarse una posición 
y un nombre en el mundo literario, en el que tuvo la honra de 
ser el compañero y el amigo de Espronceda, y de que su nombre 
quede vinculado á la posteridad con el del gran poeta, en el mag- 
nífico prólogo que correrá siempre unido á Ei Diablo Mando. 

Nació D. Antonio Ros de Olano en la ciudad Mariana de 
Caracas el dia 9 de Noviembre de 1.808, hijo del coronel de in- 
fantería D. Lorenzo Eos, natural de las Olivas, en Cataluña, y de 
doña Manuela Olano. Restituido con sus padres á la península, 
quedó, por muerte de estos, huérfano y al cuidado de su. parien- 
te D. Ignacio de Ros, caballero hacendado del pueblo de Garri- 
gotes y las Olivas en el corregimiento de Gerona. Joven y regu- 
larmente instruido, no podia resignarse D. Antonio á permane- 
cer oscurecido en una provincia, y con la vista fija en el porve- 
nir, y alentado por esa noble confianza en la Providencia, que 
nunca falta en juveniles corazones, se fué á Madrid. 

Confiado en los 33 años de servicio de su padre, presentó 
Ros de Olano un memorial al Rey solicitando un destino en Ha- 
cienda, qne el Rey tuvo á bien recomendar á la dirección por 



UNIVERSAL. 85 

una real orden; pero no habiendo ésta teuido efecto, y sintién- 
dose Eos mas inclinado á la carrera de las armas, . pidió a S. I\l. 
en otra nueva solicitud con fecha 30 de Junio de 1826 la gracia 
de alférez de infantería de la guardia Eeal. Habiéndosele confe- 
rido el espresado empleo de alférez con la antigüedad de 2 de 
Setiembre de 1826, entró á servirle, por haber ocurrido vacante 
en la segunda compañía del primer regimiento de granaderos. 

Con motivo de la enfermedad de! Rey y de las cuestiones 
ocurridas sobre su testamento y codicilo, se dividieron las opi- 
niones de la oficialidad de la guardia. Eos de Olano fué uno de 
los que se declararon por la Reina, y se formó una causa en que 
se le marcaba como liberal en el año de 1832, así como D. Ma- 
nuel de la Concha, ISTavia, Osorio, Andriani y otros. Esta c usa 
fué sobreseída por el advenimiento al trono de Doña Isabel II, 
y es la única en que Eos de Olano ha figurado durante su car- 
rera. 

En 1834 fué nombrado teniente del cuarto regimiento de 
la misma Guardia, al que pasó á continuar sus servicios en el 
ejército del Norte á las órdenes del general Rodil. 

En la célebre batalla de Mendigorría, el 16 de Julio de 
1835, habiéndole muerto el caballo, cayó Eos de Olano arrojan- 
do al golpe sangre por la boca. Esto no fué obstáculo para que 
continuara en bu puesto, que era muy superior á la graduación 
que entonces tenia, como quo el general Córdoba, de quien era 
ayudante, le nombró para dirigir el ala derecha de la batalla, 
tomando su nombre y sin mas instrucción terminante que la de 
obrar paralelamente al centro, que dirigía el mismo general en 
gefe. Obtuvo Eos por su distinguido comportamiento la cruz de 
primera clase de San Fernando. 

El 3 de Enero de 1836 tomó la parte mas activa, con su acos- 
tumbrada bizarría, en el reconocimiento forzado sobre el puente 
de Villareal de Álava; en el de Salvatierra, el 7 del mismo mes, 
y en el que verificó el referido general en gefe sobre Yillarreal 
en los dias 14 y 15 de Marzo. 

Aunque por real orden de 26 de Abril del citado año agra- 
ció S. M. á Eos de Olano con el empleo de comandante de in- 
fantería por sus méritos contraidos en aquella campaña, idólatra 
mas de la gloria que de los adelantos positivos de su carrera, al 
ver que la cruz laureada que hubiera debido ornar el siryo, iba 
á ostentarse en otro pecho, se disgustó y rogó al general en gefe 
que le admitiera la separación que deseaba del cargo de ayu- 
dante; pero D. Luis Fernandez de Córdova en vez de acceder á 
esta petición le comisionó para el cuerpo de ejército de Canta- 
bria que mandaba el general de Lacy Evans. 

Aun no habia trascurrido un mes, cuanda Córdoba llamó 
de nuevo á su lado á Eos de Olano, que asistió con él, portán- 
dose siempre con denuedo y bizarría, á la acción sobre la línea 



86 ÁLBUM 

de Zubiri el 4 de Julio, el 27 al levantamiento del sitio de Pefla- 
cerrada, amenazada por la traición del cura de Dallo, y el 6 de 
Agosto á la marcha sobre Guevara para salir al encuentro del 
gefe carlista Yillarreal, que habia atacado el fuerte de Viílacaña 
y que se retiró sobre la llanada de Álava al acercarse las tropas 
de la Reina. 

Estos fueron los últimos movimientos militares que practicó 
el general Fernandez de Córdoba, y cuando entregó éste el man- 
do en gefe á consecuencia de los sucesos de la Granja, Ros le 
acompañó hasta dejarle en la frontera de Francia el 27 del mis- 
mo mes. 

, Cuando se organizó el ejército de reserva de Andalucía, se 
comunicó á Ros de Olano una real orden fecha 4 de Noviembre 
de 1837, para que pasara á él, como lo verificó, siendo agregado 
al cuerpo de S. M. y desempeñando las funciones de secretario 
de campaña del general Narvaez. En 26 de Diciembre se le con- 
firió el grado de coronel de infantería. 

Fuera por efecto de su salud quebrantada por el estudio y 
las fatigas que trae consigo esa vida de acción, que multiplican- 
do las facultades ^de la inteligencia gasla y consume al mismo 
tiempo el cuerpo mas robusto, fuera porque observara en algu- 
nas ocasiones una calculada política de retraimiento, Ros de 
Olano pidió varias licencias desde 1850 á 1852, marchándose ya 
á los baños de Alhama en Aragón, ya á tomar las aguas de San 
Hilarie, en Cataluña, ya nuevamente á Alhama, sin término 
fijo para el cumplimiento de sus licencias. 

En 1854 Ros de Olano trabajó con los generales O'Donnell, 
Dulce y Messina, saliendo con ellos á la cabeza de las tropas 
pronunciadas en los campos de Canillejas el 28 de Junio, y ha- 
llándose el 30 del mismo en la batalla de Yicálvaro, donde car- 
gó dos veces á la cabeza de los escuadrones. Triunfante el movi- 
miento con los pronunciamientos de las principales ciudades de 
España, y derrocado el gabinete Sartorius, obtuvo con fecha 2 
de Agosto la gran cruz de San Fernando y el alto cargo de Di- 
rector general de infantería. En el mismo año tomó asiento en 
los escaños de las Cortes Constituyentes, donde en 6 de Febrero 
de 1855 pronunció un notable discurso sóbrela sanción real. 

Entre las muchas obras literarias que ha publicado el gene- 
ral Ros, debemos hacer particular mención de la novela, El dia- 
blo las carga; El anima de mi madre, cuento fantástico: los ro- 
mances de la Golondrina; un soneto al Semouco; Carlitos, Pro- 
blema social; Un individuo de, la clase media, cuadro social; Te- 
resa!!! Carrataca y El Prestidigitador. En el examen de todas 
estas producciones, el mas severo crítico tendrá que conceder á 
su autor riqueza en las descripciones, rapidez y propiedad en los 
diálogos, y novedad no escasa en la inventiva, revelándose sobre 
todo su imaginación viva y íecunda, dotes que bien bastan á dar- 
le un distinguido lugar entre los escritores españoles. 



UNIVERSAL. 87 

La guerra de África que tanta gloria y celebridad ha dado 
á las armas españolas, suministra abundantes datos al historia- 
dor para completar el vistoso. cuadro de cuyo*fondo se destaca la 
gran figura de Eos de Olano. General del tercer cuerpo del ejér- 
cito espedicionario, ha hecho toda la campaña, desplegando en 
los momentos mas di/iciles y peligrosos los vastos recursos de su 
genio, con los que hacia brillar muy alto la honra y el prestigio 
de nuestras armas. En los sangrientos combates.^librados en el 
Serrallo, rio Asmir y llanuras de Tetuan, mostróse con el ardor 
y fogosidad de sus primeros años de carrera militar. 

Por real decreto de 19 de Marzo de 1860, la Reina vino á 
concederle grandeza de España de primera clase con el¡título de 
marques de Guad-el-Jelú, para sí, sus hijos y sucesores legítimos 
habidos en constante matrimonio. 

Concluiremos la biografía de Ros de Olano con la orden ge- 
neral con que se despidió del tercer cuerpo del ejército de Áfri- 
ca que tan bizarramente ha combatido bajo sus órdenes: 

Soldados: Terminada la guerra, las atenciones de mi cargo 
de director general de infantería me llaman á Madrid, y al sepa 
rarme del tercer cuerpo del ejército de África, llevo conmigo im- 
presiones indelebles; la de la gratitud, por haber visto á todos 
secundarme, y á cada uno repasar el cumplimiento de su deber, 
dentro del verdadero espíritu de la ordenanza; la del orgullo; de 
haber mandado las tropas del tercer cuerpo en trece combates y 
dos batallas; y el recuerdo de sus increíbles sufrimientos sobre- 
llevados desde el campamento de la Concepción hasta las altu- 
ras de Gualdrás. 

Hemos hecho una guerra nueva para nosotros, única en que 
á mi juicio puede perderse una campaña, ganando todas las ac- 
ciones; y en ellas hemos aprendido á sufrir sin decaer, y avanzar 
sin desenfrenada codicia, á resistir con firmeza y á no apresurar 
nunca un término seguro, para lograr la abreviación de un tiem- 
po sobrado de fatigas. 

Bíijo las órdenes del capitán general O'Donnell, el ejército 
de África ha consagrado un monumento al reinado de la augus- 
ta Isabel H, y á la historia de las armas españolas; es este mo- 
numento la ciudad de un Imperio; es Tetuan colocado entre dos 
campos de batalla; ai entrar dijimos con las armas: "Tetuan por 
España;" y al volver, hemos dicho con los tratados: "Tetuan pa- 
ra España en garantía." 

Logrado este solemne objeto, la campaña ha concluido; y el 
general gefe del tercer cuerpo, se despide en la paz de sus com- 
pañeros de armas, tan queridos para él por su disciplina, por su 
valor, y hasta por los trabajos mismos que, mancomunadamente 
sufridos, estrechan tanto los vínculos de la familia militar. 

Antonio Rosóle Olano. 



BIO&RAFXA 



DE 




Nació en Vinaroz, provincia de Castellón de la Plana y 
reino de Valencia, el 18 de Octubre de 1301. Fueron sus padres 
D. Antonio Ayguals y doEa Joaquina de Izco, los cuales, aun- 
que nacidos de ilustre cuna, nunca reconocieron en sí ni se jac- 
taron de otra nobleza que de aquella á que les daban derecho 
sus generosas acciones, su proverbial honradez, su accesible y 
amable trato. 

Era D. Antonio Ayguals gefe de unacasa muy antigua de 
comercio, la mas opulenta y respetable sin duda que existia en 
Vinaroz, bajo la razón de D. Francisco O'Sullivan y C?-; y por 
ese deseo tan natural en un padre que está contento con su pro- 
fesión y con su suerte, quiso que emprendiera igual carrera su 
hijo Wenceslao, la carrera mercantil. « 

Al efecto, después de haber tenido encargada su primera 
educación álos profesores mas ilustrados de Yinaroz y Iíeus, se 
decidió á confiarle á la solicitud y vigilancia del rico capitalista 
y honrado comerciante D. Antonio de Gironella, vecino de Bar- 
celona, hombre de gran talento y de conocimientos muy profun- 
dos en todos los ramos del saber humano. 

Mediaban relaciones íntimas de parentesco entre Ayguals y 
Gironella, tanto que el padre del primero y la madre del segun- 
do eran hermanos; así, pues, nada tiene estraño que el joven 
"Wenceslao no echase de menos la casa paterna por lo que res- 



UNIVERSAL. 89 

pecta al cariño de que en ella era objeto, y al esmero con que le 
trató su primo. 

Focos años se pasaron antes de persuadirse Gironella, de 
que su joven pupilo tenia otras ambiciones y otros pensamientos 
mas elevados que los que pueden necesitarse para sobresalir en 
el comercio; y con objeto de distraerle, al propio tiempo que de 
acabarse de cerciorar de las disposiciones excelentes que habia 
adivinado en "Wenceslao Ayguals, resolvió hacerle aprender va- 
rios idiomas, la literatura y las bellas artes. 

Llevaba también otras miras en todo ebto Gironella: propo- 
níase, en bien de su discípulo, destinarle algún dia á viajador 
de su casa de comercio. 

Con menos celo é inteligencia de parte de sus maestros, se 
hubiera obtenido tal vez iguales resultados; pues la aplicación 
de Wenceslao al estudio era suma, y sus facultades intelectuales 
extraordinarias y poco comunes. 

A muy breve tiempo traducía el francés, el alemán, el in- 
gles, el italiano y el griego con una facilidad sorprendente, ha- 
biendo llegado á perfeccionarse tanto en los dos primeros idio- 
mas en particular, que los hablaba y escribía con la misma cor- 
rección que el castellano. Y como alternase con estos estudios y 
otros privativos de la carrera mercantil, las lecciones de música, 
en cuyo arte no hizo grandes progresos, las de esgrima á cuyo 
ejercicio tuvo una afición loca y decidida consiguiendo hacerse 
diestrísimo en el florete, las de pintura, donde alcanzó merecer 
grandes elogios de los inteligentes por varios retratos que hizo 
muy parecidos y de una entonación de colorido muy caliente, 
vino á suceder que su ocupación era incesante y su laboriosidad 
tal, que ya entonces pudo adivinarse al hombre activo, empren- 
dedor, duro y tenaz en el trabajo que tanto admiramos hoy. 

Mas de propósito hemos ocultado el tiempo que destinaba 
al estudio de la bella literatura y á la poesía; este era todo aquel 
que podía robar á horas de oficina, el que traseurria entre una y 
otra lección, mientras se sentaba á la mesa y se levantaba de 
ella, cuando habia de dormir y descansar; finalmente, siempre y 
en todos casos que pudiese disponer de un solo minuto, aun 
cuando fuera con detrimento de sus ocupaciones y recreos. . 

Donde primero se dio á conocer fué en Diario do Brusi 
por varios juicios críticos que escribió acerca de las representa- 
ciones teatrales; los cuales juicios debieron llamar de tal manera 
la atención, que la Academia de Buenas Letras de Barcelona se 
apresuró á mandarle el título de socio de la misma, tal vez sin 
reparar en la corta edad del agraciado. Era esta una corporación 
respetable, y en cuyo seno brillaban entonces los publicistas mas 
eminentes; así que, Ayguals quedó doblemente sorprendido con 
el nombramiento, pues por una parte no creía que tuviesen tal 
mérito sus primeros ensayos, y por otra ignoraba que su edad de 
1 6 años no fuese para tal gracia un obstáculo. 12 



' 90 ÁLBUM 

En el año de 1820, obtuvo un éxito brillante su primera pro- 
ducción dramática, que fué una comedia en tres actos y en pro- 
sa, titulada: Un aviso á las coquetas. 

Posteriormente, con brevísimos intervalos merecieron del 
mismo modo grandes aplausos su tragedia El prime?' crimen de 
Nerón, en cinco actos y en verso, y dos juguetes en un acto, es- 
critos en redondillas, titulados Amor duende y Los dos rivales. 

El 9 de Julio de 1.833 tuvo la satisfacción de ver represen- 
tada en el Teatro del Príncipe, por actores de alta reputación, 
su comedia de costumbres en tres actos y variedad de metros, ti- 
tulada: Lisonja á todos', la cual obtuvo un éxito brillante. 

En Febrero de 1.843, al fránte de un establecimiento tipo- 
gráfico que se inauguró en Madrid con el título da Sociedad Li- 
teraria, dirigió varios periódicos, uno de estos La Risa, que ob- 
tuvo una acogida asombrosa por ser un álbum dt¡ composiciones 
selectas de los primeros literatos de España, todas festivas. 

El 27 de Julio de 1.844, se representó en el GranTeatro de 
la Opera la comedia en tres actos y en verso ¡Dios nos libre de 
una vieja! original de Ayguals de Izco. 

En este mismo año, y en unión con D. Juan Martínez Vi- 
llergas, dio á luz El Cancionero del Pueblo en seis tomos, que 
forman una colección amena de cuentos, comedias y novelas. 

Por este tiempo tradujo también El Judio Errante; y D. 
Rafael de Carvajal, estimable escritor valenciano, á quien Ay- 
guals no conocía de otra cosa que por sus escritos, le colmó de 
elogios por la pureza del lenguage y la elegancia del estilo, así 
como por la exactitud de la versión; declarando que estaba pron- 
to á sostener en literaria liza, que la traducción de Ayguals era 
mucho mejor que cuantas se hacían de la ruidosa novela. 

Después de esta sucinta biografía, daremos á continuación 
el juicio frenológico que hizo en Noviembre de 1.845 don Ma- 
riano Cubí acerca de las cualidades morales del dicho Ayguals. 
Dice así: 

"Firmeza de carácter hasta la tenacidad. — ISTo respeta á na- 
die mas que á los que su juicio le dicta. — Completa serenidad en 
los peligros. — "Valor moral. — Poco destructor. — Reservado y as- 
tuto. — Gran deseo de adquirir. — Parte intelectual muy desarro- 
llada. — Coordina y clasifica con facilidad suma. — Gran lengua- 
ge y memoria de localidades. — Reconcentración de ideas. — Ge- 
nio triste." 

B. M. Avague. 



CHATEMBRIil Y SIS OBRAS, (D 



Señores: 



El juicio crítico de las obras literarias de Mr. de Chateau- 
briand ofrece grandes dificultades al Aristarco estrangero que 
quiere penetrar en el espíritu de ellas sin haber conocido la per- 
sona, ó por lo menos estudiado el carácter del autor. 

Mr. de Chateaubriand, mas acaso que ningún otro escritor, 
hace reflejaren sus producciones los sentimientos de su corazón, 
las preocupaciones de su espíritu, las pasiones de su genio, y los 
resultados de su educación. Ningún escritor se ha personificado 
jamas tanto; su palabra escrita es el trasunto de su entidad mo- 
ral é intelectual. Jamas, ó muy pocas veces, prescinde el escri- 
tor de sí mismo; y aun en los vuelos mas arrebatados é imperso- 
nales de la poesía, le vemos á él, y por decirlo así le palpamos. 

Mr. de Chateaubriand, ha sido par de Francia, embajador, 
ministro, historiador, orador, folletista, polemista, filósofo, poe- 
ta; acaso después de Shakespeare, Corneille, Calderón y Goethe, 
el mas grande y mas elevado de los poetas de los tiempos mo- 
dernos, sin esceptuar á Byron. Este es en parte el juicio de Cor- 
menin, que yo adopto revindicando para España la gloria de su 
gran poeta dramático, y para Alemania la del autor de Fausto y 
Wherther. 

¡Cuan grande es, pues, la dificultad de juzgar á un hombre 
de tan múltiples talentos; tan fecundo en las manifestaciones de 
todos ellos: de tanta influencia sobre «u tiempo y sus contempo- 
ráneos en esas mismas manifestaciones! 

Pero existe afortunadamente una clave que nos permite des- 



(1) Este discurso fue' pronunciado con vivas muestras de aplauso en la ser 
ciou de literatura del Ateneo de Madrid. 



92 ÁLBUM 

cifrar lo que puede haber oscuro y enigmático en el espíritu de 
sus obras; un hilo que nos conducirá como por la mano en el la- 
berinto de sus voluminosos y variados escritos. 

Ya he dicho (siento emplear mi pobre yo personal cuando 
6e trata de establecer opiniones y juicios acerca de cuestiones 
graves y personages eminentes) ya he dicho que ningún escritor 
refleja en sus obras una luz mas distinta de su individualidad. 
Si esto es cierto, lo será igualmente que, una vez conocido el in- 
dividuo, conoceremos el espíritu de sus producciones y 3a índole 
de su talento. La biografía nos conducirá á la crítica: la semblan- 
za nos llevará al juicio moral; la fisonomía del hombre será, por 
decirlo así, la silueta del escritor y la fisonomía de sus escritos. 

No quiere esto decir que para juzgarlos debamos estender- 
nos aquí previamente á una larga narración histórica, agena del 
lugar y no propia de la ocasión. Bastaría observar que Mr. de 
Chateaubriand fué colocado por la doble circunstancia de naci- 
miento y de su época en una situación contradictoria. Su naci- 
miento en el seno de una familia ilustre, lo llevó á la aristocra- 
cia, y lo constituyó campeen de la rama primogénita délos Bor- 
bones. El espíritu de su siglo, la sorda influencia de la revolu- 
ción, la ciencia, en fin, en su acción inevitable sobre un gran ta- 
lento, lo empujaron á los principios y á las grandes ideas de li- 
bertad. 

Y este no era el único elemento de lucha que existia den- 
tro de Mr. de Chateaubriand: ademas del nacimiento y del espí- 
ritu de su época, que en él se combatian, combatíanse también 
el corazón y la inteligencia. El uno le hacia amar el absolutismo 
representado por los augustos nombres que reverenciaba y que- 
ría; la otra le decía que solo la libertad es santa y solo eterna. 

Muestras de estas perpetuas vacilaciones de su mente, indi- 
cios del combate incesante que se daban su corazón y su talen- 
to, los intereses de familia y los intereses nacionales, hallaremos 
fácilmente en cualquiera de sus obras. 

Ningún escritor imperialista ha hablado de Napoleón en 
términos tan magníficos como los que él ha empleado. Mr. de 
Chateaubriand ha escrito (¿quién lo hubiera creído?) que cuando 
oyó á lo lejos el cañón de Waterloo hizo votos por la victoria de 
la Francia. 

Ningún publicista constitucional ha combatido en todos 
tiempos ni con mas heroísmo y entusiasmo en favor de la liber- 
tad de imprenta. ¡Él absolutista! ¡Él ministro de Carlos X! 

Ningún patriota en Francia ha creído con mas fé que Mr. 
de Chateaubriand en el advenimiento de la democracia, reina 
futura del mundo. 

Mr. de Chateaubriand era, pues, realista por sentimiento, 
republicano por intuición, por el corazón legitimista, por la inte- 
ligencia revolucionario. 



UNIVERSAL. 93 

Ya tenemos, pues, deducido de estos datos biográficos un 
dato precioso que nos ayudará á juzgar al escritor, á penetraren 
el espíritu de sus escritos y en los misterios de sus concepciones. 
Este dato es el de que, colocado según acabamos de ver entre su 
corazón y su inteligencia, debió echar mano de los contrastes, 
de las paradojas, de las peripecias inesperadas, de cuantos gran- 
des recursos ofrece el arte, para sacar victoriosos sus afectos del 
combate de su razón. 

Estoy muy lejos, señores, de querer formular aquí una acu- 
sación contra Mr. de Chateaubriand, y por lo tanto me apresuro 
á añadir que en este perpetuo trabajo de conciliación su concien- 
cia no transijía con el engaño, sino que era arrastrada por sus 
ilusiones y prejuicios sin complicidad del libre albedrío. 

A esle propósito me parecen dignas de conmemoración las 
siguientes palabras de Mr. de Cormenin: 

•'Loco perdido, dice Timón, por la legitimidad, adornó á 
esta querida imaginaria con todos los encantos y atractivos que 
él habia soñado, y, como Pigmalion, no veía que la Yónus salida 
de sus manos era mas bella que Venus misma." 

Esta bella frase esplica perfectamente mi pensamiento: Mr. 
e Ch ateaubriand era un iluso, no un embustero: un devoto, no 
un fanático: creyente, pero no inquisidor. 

El mismo crítico á quien mas de una vez he citado ya en el 
curso de esta recitación, hace observar que Mr. de Chateaubriand 
era [yo, señores, hablo de Mr. de Chateaubriand como si ya no 
existiese, á causa de que entre su ancianidad y el sepulcro no 
hay distancia apreciablej era, repito, un caballero que en las cir- 
cunstancias mas insignificantes de su vida conservaba siempre 
alguna pieza de la armadura por temor de que se le confundiese 
con el vulgo. Arrastrado, en efecto, por su corazón, por la índole 
de su espíritu, y por el carácter, digámoslo así, de su imagina- 
ción, á contemplar la parte brillante de las cosas, era seducido 
por lo bello mas que por lo útil, por lo grande mas que por lo 
posible; caballero, sí, y caballero de aventuras, observamos y 
admiramos en su estilo, á mas de las cualidades indicadas, un no 
sé qué de ático y de aristocrático, un cierto olor y sabor de de- 
licadeza, de buen tono, de culta sociedad, que lo elevan sobre el 
común de los escritores de la misma manera que se elevaban 
sobre las cabanas de los tiempos feudales las torres almenadas 
de los castillos señoriales. 

Estas observaciones me conducen naturalmente, señores, á 
una consecuencia natural y legítima que de ellas se desprende, 
y que juzgo necesario fijar en este lugar para no tener que vol- 
ver á ella nuevamente. La consecuencia es que Mr. de Chateau- 
briand carecia de cuantas condiciones y cualidades constituyen 
al hombre público y al escritor político, por lo mismo que po- 
seía las que forman al poeta, ó nacen con él. El lenguaje y estilo 



94 ÁLBUM 

propios del folleto y de la tribuna parlamentaria, necesitan algo 
peculiar que no es precisamente ni la elegancia, ni la corrección, 
ni la fantasía, ni el buen gusto, ni el aticismo, ni el arte: ese algo 
que yo no puedo definir, ni nadie hasta ahora ha definido: ese 
algo en que entran todos los elementos regulares de la composi- 
ción, y aun algunos de los que las reglas desechan por irregula- 
res: ese algo multiforme y complexo como las mil voces, las mil 
fisonomías, los mil brazos y las mil pasiones del pneblo, Mr. de 
Chateaubriand no lo tenia. Como hombre de Estado fué impre- 
visor, preocupado, débil, estravagante. Como escritor político 
fué pálido, sin nervio, sin unción. Como orador, mas ingenioso 
que razonado, mas brillante que sólido, mas amigo de producir 
efecto por la imaginación que de recabar hondas sensaciones por 
efecto de lajógica"y deFrazonamiento. 

Mr. de Chateaubriand era, ademas, lo que un hombre polí- 
tico no debe nunca ser, á menos que no renuncie á la populari- 
dad, al respeto de las naciones, y á la fuerza del mando. Mr. de 
Chateaubriand tenia la^desgracia de ser vanidoso. Esta deplora- 
ble cualidad que. preciso es confesarlo, le era común con todos 
los poetas nacidos y por nacer, le apartaba tanto de los negocios 
cuanto mas le acercaba á la literatura. Mr. de Chateaubriand, en 
efecto, señores, no ha sido mas que poeta y literato: es decir, que 
por estas dos cualidades ha sido grande, renombrado y querido. 
Muchos siglos pasarán, si muchos siglos vive el mundo, y ya los 
hombres habrán olvidado El ensayo histórico en que quiso ser 
filósofo; el Congreso JLe Yerona en que quiso ser diplomático, y 
La Monarquía según la carta en que pretendió ser gran políti- 
co; muchos siglos pasarán y ya nadie recordará sus oraciones 
parlamentarias^y'sus folletos,'á tiempo que serán objeto del amor 
y de la veneración uni versaHos Mártires, el Genio del cristia- 
nismo$ Átala yJElené. 

Si no se quiere admitir que la vida del hombre sigue en el 
mundOpUii camino providencial, preciso será emplear la palabra 
casualidad para esplicar ciertos efectos sorprendentes cuyo ver- 
dadero origen nos es imposible descubrir. En este caso diré que 
dos felices casualidades determinaron el carácter de la poesía de 
Mr. de Chateaubriand hasta tal punto, que nos es permitido^ase- 
gurar que sin ellas ni su talento, tal como le conocemos, hubie- 
ra existido, ni su nombre seria colocado hoy á la cabeza de los 
que han regenerado la literatura moderna, dándole la índole y 
las formas que la constituyen propia del siglo XIX. Estas dos 
casualidades son: una, los viajes ultramarinos á que fué arras- 
trado por efecto fortuito de la revolución francesa: otra, la muer- 
te de^su madre y la de su hermana, con pocos dias de intervalo 
entre ambas. 

El espectáculo grandioso que ofrecieron á los ojos de Mr. 
de Chateaubriand las regiones estupendas del Nuevo-Mundo con 



UNIVEKSAL. 95 

sus ríos, sus lagos, sus montañas, sus cataratas y sus montes fa- 
bulosos, abrieron las fuentes hasta entonces cerradas y descono- 
cidas de su inteligencia á nuevas impresiones que fueron para 
él una cosa equivalente al descubrimiente de un hemisferio in- 
cógnito- En América recibió, pues, Mr. de [.Chateaubriand la 
primera revelación de sus fuerzas iutelectuales: en América, en 
la patria de Whashington, en la tierra de la libertad, recibió su 
ingenio el sello de originalidad jigantesco que después ha distin- 
guido y sirve para reconocer cuanto ha salido de su pluma. 

Hasta entonces en Francia y, generalmente hablando, en la 
Europa literaria no se contemplaba ni se describía la naturaleza 
sino al modo como la contemplaron y describieron Teócrito y 
Virgilio. Mr- de Chateaubriand trasplantó (permítaseme la es- 
presion) la naturaleza virgen, portentosa, variada y colosal del 
Kuevo-Mundo al antiguo, y abrió por este medio á la poesía mo- 
derna los anchos caminos y las vastísimas regiones homéricas. 
Inspirado, como Ossian, con la contemplación profunda y el sen- 
timiento íntimo de la creación en sus formas mas pintorescas y 
sublimes, cantó como él el mundo real, y lo cantó por haber 
visto, por haber sentido, por haber padecido. Antes de Mr. de 
Chateaubriand la poesía descriptiva habia sido una poesía de 
convención, de estudio retórico; de formas mentirosas; cou él y 
por él fué la poesía de la sensación, y por consiguiente la de la 
verdad. 

De aquí, señores, sus caracteres de exactitud y de majes- 
tad: de aquí sus efectos sorprendentes, análogos á los que nos 
producen la vista del Niágara.- del lago Ontario, del Chimbo- 
razo, del Amazonas, de los Andes. 

Mr. de Chateaubriand, el defensor del cristianismo, tuvo, 
como Pascal, su época de dudas, sus aflicciones de escepticismo. 
Su primera obra, el Ensayo histórico, es un libro desolador, 
compuesto y publicado en Inglaterra durante su emigración. En 
él quiso probar el futuro Tertuliano que la hamanidad ha esta- 
do en todos tiempos sometida á las mismas condiciones de duda 
de desengaño y de despotismo. Discípulo entonces de Yoltaire, 
Mr. de Chateaubriand, destinado á ser el regederador de la li- 
teratura y de la historia, pretendía ver en la vida de los pueblos, 
asi como en la de los individuos, una fria y estúpida burla del 
destino. ¡Singular espectáculo! señores. Mr. de Chateaubriand 
empezó su carrera literaria dos verdades sencillísimas que es- 
tán hoy al alcance de las inteligencias mas vulgares: la una que 
no puede haber poesía en la descripción descarnada, anatómica 
por decirlo así, de una naturaleza cuyo enigma referimos al aca- 
so, ni en los principios de un escepticismo que reduce la vida 
humana á un corto viaje lleno de penalidades y desengaños en- 
tre la nada que antecede á la existencia y entre la que á esta 
sucede: relámpago fugaz de luz entre las tinieblas del no ser, y 



9é ÁLBUM 

las tinieblas igualmente espesas del anonadamiento final. Otra: 
que las vanas fórmulas de una filosofía (si tal nombre merece( 
Bensual y materialista, detienen el vuelo natural del ser creado 
hacia las fuentes de su origen, y también hacia los poéticos abis- 
mos de su fin. 

Afortunadamente la desgracia (gran maestra de loa sabios, 
aunque tirana de los ignorantes) abrió á Mr. de Chateaubriand 
las puertas misticas de la eternidad. Su madre murió llevando 
al sepulcro una gran tristeza á causa de los desarreglos de su hi- 
jo; y su hermana, que fué quien le comunicó la noticia, murió 
también antes de que él la recibiese. "Estas dos voces salidas de 
la tumba: esta muerte que servia de intérprete á otra muerte, 
me hirieron, dice el mismo, y fui cristiano." Así fué corno entró 
Mr. de Chateaubriand al goce de la plenitud de su ingenio. Y 
una vez puesto su pensamiento en comunicación con las alturas, 
recibió del cielo luz, inspiraciones y armonías. La contempla- 
ción de las obras de Dios en sus formas mas elevadas, habían 
dispuesto su alma al hospedaje de la religión: ¿qué es la religión 
sino el complemento y perfección de la naturaleza? Desde en- 
tonces, poseedor de la única clave que puede descifrar la crea- 
ción, comprendió esta como nadie antes que él la había com- 
prendido: su inteligencia auxiliada, por el amor y por la fé, se 
asoció á todos sus misterios, se abrió á todas sus armonías. Un 
lazo misterioso pero indisoluble unió en la prodigiosa oficina de 
sus concepciones el mundo de las formas al mundo de los pensa- 
mientos; y no parece sino que la oreacion se animó para él con 
nueva vida, y que la humanidad fué mas grande, y la razón mas 
comprensiva. En su lira todo canta y llora; todo ama y ruega. 

Para mí, señores, este milagro es obra solo del cristianismo' 
aprendido en la desgracia. Un hombre no puede hacer lo que 
Mr. de Chateaubriand ha hecho, si un ángel no Je presenta la 
creación bajo una forma viva, desgarrando ante sus ojos el velo 
sagrado que la cubría para convertirla en una aparición tras- 
parente. 

De aquí, señores, el fin moral que se descubre en los bue- 
nos escritos de Mr. de Chateaubriand posteriores á lo que pode- 
mos llamar su conversión; pues visiblemente aparece en ellos el 
propósito constante de levantar un monumento á las creencias 
que lo habían consolado. 

Goethe ha dicho que la superstición es la poesía de la vida, 
por lo cual es conveniente que el poeta sea supersticioso. Este 
pensamiento será verdadero si á la palabra superstición emplea- 
da, asaz ligeramente por Goethe, sustituimos la de religión. Le- 
jos de ser la superstición un bien en ningún sentido, es el mayor 
de los males de la criatura, y el castigo mas terrible que puede 
el cielo descargar sobre ella en pena de la incredulidad ó del 
escepticismo. Admitiendo así la idea, como legítimamente pode- 



Uin VERSAL» £7 

mos hacerlo, no es estrafío, sino antes bien muy natural, que el 
poeta religioso por escelencia haya despertado en el alma de lo- 
pneblos el sentimiento que en la suya rebosaba. Y lo mas singu- 
lar es qne Mr* de Chateaubriand, al obedecer así á un impulso 
espontáneo y casi irreflexivo de su espíritu, abrió nn camino que 
la literatura de su tiempo y la posterior no han seguido, por cau- 
sas que seria conveniente examinar muy despacio, porque cons- 
tituyen el problema mas curioso quizá que presenta el movi- 
miento de la poesia en la parte que vá corrida del siglo XIX. 

Como quiera, la senda abierta por Air. de Chateaubriand 
haquedadotransitada; pero es necesario observar que este resul- 
tado se debe al tráfico filosófico de la razón, y no al trajín em- 
pírico de la fantasía ¿Rayó tan alto en las regiones nebulosas de 
la literatura Mr. de Chateaubriand, que se creyeran sus suceso- 
res sin fuerzas para elevar su vuelo hasta él? ¿O fueron tan hon- 
das, tan abstrusas sus concepciones, que merecieron la adopción 
de la filosofía al mismo tiempo que el abandono de la imagina- 
ción? Ello es que Mr. de Chateaubriand hizo en el Genio del 
cristianismo algo mas, sin saberlo acaso, que un libro poético. 
Hizo un libro que sirvió por mucho tiempo, sino de manual, al 
menos de 'fuente á profundos pensadores cuyos nombres se re- 
gistran eu la lista de los que pisan el templo de la fama con los 
pies de plomo de la ciencia; no en la de los que entran en él con 
las ligeras alas del ingenio instintivo. Bonald, De Maistre, Frais- 
sionus y La Mennais, obedeciendo al mismo espíritu de reacción 
contra el siglo X VIiI, trabajaron con él en pro de la grande 
obra de la regeneración filosófica; y por mas que en las manifes- 
taciones de su espíritu algunos de estos tres hombres difiera de 
los demás, es necesario no perder de vista que todos convergen 
en último análisis al punto que Mr. de Chateaubriand señaló co- 
mo fundamental en su doctrina, y como rigorosamente estético 
en sus idealizaciones. Aquí á lo menos (merced á la liberalidad 
de sus principios) nos es permitido ver (siquiera sea este un fe- 
nómeno puramente personal) la coincidencia y homogeneidad 
tan deseada de la religión, del arte y la filosofía, dorado sueño 
de la razón; término final desús esfuerzos; espresion simbóiea 
de la civilización y de la perfectibilidad humana. Ha habido 
protestantes de esta doctrina; pero por mas que quiera Strauss 
en su Vida de Jesús haya intentado reducir á la nada el traba- 
jo poético de Mr. de Chateaubriand, ó por lo menos rebajar su 
importancia á la de mera obra del arte, siempre será cierto que 
como tal no conoce rivales, ni tan siquiera émulos en la vasta 
estension del mundo culto. 

El Genio del cristianismo es una obra grande. La llamaría 
estupenda y aun maravillosa si su autoría hubiera realizado por 
completo en las distintas partes que debían, según su primitiva 
y original concepción, componerla. Mr. de Chateaubriand que- 

13 



98 ÁLBUM 

ría, señores, establecer por la historia, por el concurso de las 
ciencias naturales, por la sicología y por la moral, que hay una 
identidad sin principio ni 'fin, una identidad (digámoslo así) con 
sustancial, entre la religión, como sentimiento y como dogma 
revelado, y la naturaleza física y moral del hombre. 

Esta idea, señores, cuya sola concepción revela una inteli- 
gencia de primer orden, requería fuerzas proporcionadas á ella, 
y Mr. de Chateaubriand no las tenia. Poeta, antes que todo y 
primero que todo, quiso también antes que todo y primero que 
todo realizar la parte puramente literaria de su pensamiento, y 
empezó por demostrar la superioridad del arte cristiano sobre el 
arte antiguo. Esta idea fija que circunscribía y limitaba incesan- 
temente la cuestión á una sola de sus faces, unida al poco caudal 
científico y filosófico del autor, fué causa de que la parte dog- 
mática de su libro fuese muy incompleta; la parte histórica in- 
suficiente. Y en cuanto á la de ciencia, destinada á rehabilitar 
completamente el cristianismo, lo menos que puede decirse de 
ella es que apenas se halla bosquejada. 

En el orden cronológico que guardan sus producciones, la de 
los Mártires, el Itinerario y el Ultimo Abencerraje se presentan 
aquí naturalmente por efecto de la composición; pues por lo que 
toca á su publicación posterior hubo con respecto á ese orden 
algunas alteraciones de que no me corresponde hacerme cargo. 

No basta, señores, que en el punto de vista estético hubiese 
Mr. de Chateaubriand probado la superioridad del arte cristiano 
sobre el antiguo; ni tampoco que, reli.-ibilitaudo las bellezas poé- 
ticas de la religión, hubiese abierto á la literatura nuevos cami- 
nos y desconocidas regiones: Era ademas necesario, después de 
sentado el princio, asegurar por siempre su victoria poniendo 
fuera de toda duda la posibilidad y la gloria de la egecucion. 
Y necesario también hacer visible la acción de Dios en un he- 
cho bastante vasto, universal y comprensivo, para justificar la 
doctrina de su acción providencial sobre la familia) humana. 

Este propósito debía ser objeto de un gran libro: ese libro 
es el que conocemos con el nombre de los Mártires. Mr. de Cha- 
teaubriand debió concebir, si no su plan, á lo menos su pensa- 
miento generador, desde el instante en que surgió en su mente 
la idea sintética del Genio del cristianismo, cuya comprobación 
poética, por decirlo así, son los Mártires. Por estas razones el 
autor, dando en ello una prueba de gusto, de discernimiento y 
tacto admirables, escoge para su poema la época del nacimiento 
humano del cristianismo; la época de su revelación con formas 
materiales; aquella época de persecuciones, martirios glorias y 
milagros en la cual ha mostrado Dios á los hombres mas paten- 
temente la profundidad de sus altos juicios, la omnipotencia de 
su voluntad, y su solicitud por el género humano. Asi era pre- 
ciso para sacar todo el partido posible de las bellezas poéticas y 



UNIVERSAL. 09 

místicas de una religión cuyo elogio y cuyo carácter divino es- 
tán consignadas en estas palabras: "el cristianismo La sustituido 
la humanidad á la nacionalidad, y las leyes generales de la es- 
pecie á las tradiciones de raza." Estudiad bien la historia y ve- 
réis que solo del cristianismo puede escribirse esta maravillosa 
sentencia; que solo él, entre todas las religiones, ha marchado 
en las vias que la razón supone á la esencia increada; y, final- 
mente, que, partiendo de distinto origen, también ha seguido di- 
versa marcha, y propuéstose diverso objeto que las demás teo- 
gonias. Admiremos otra prueba del recto juicio y de la sabia 
composición de Mr. do Chateaubriand en la elección de los paí- 
ses donde coloca á sus personajes. ¡Cuántos tesoros de poesía en 
Roma y en Baia, en los valles hechiceros de Grecia, y en los ho- 
rizontes polvorosos de Siria y Palestina? 

Aqui también, señores, se reproduce el fenómeno que tanta 
influencia tuvo en el desarrollo del ingenio de Mr. de Chatea- 
bríand, y en la índole y formas de sus concepciones: los viajes. 
Si los viajes americanos produjeron los Natchez, Átala y Rene, 
los viajes á Roma, al oriente del mundo, y al occidente de Eu- 
ropa, produjeron los Mártires, el Itinerario y el Ultimo Aben- 
cerraje. Tal era el carácter del talento de Mr. de Chateaubriand 
que necesitaba ver por sus mismos ojos, y sentir directamente 
la impresión de los objetos sobre su propio corazón. Hay dos cla- 
ses de poetas: los que sienten porque escriben, y los que escriben 
porque sienten: Mr. de Chateaubriand, Lamartine y Byron son 
de estos últimos. A mi ver los verdaderos. Porque ¿qué es la poe- 
sía sino la verdad íntima de las cosas visibles ó invisibles, de las 
cosas reales ó de las imaginarias, de los misterios de la razón 
ó de los sueños de la fantasía? ¿la verdad íntima, se entiende, no 
de los pormenores sino de las emociones y sus causas? La poesía 
es el mundo de las realidades y el de las ficciones fundidos en la 
turquesa mágica del ingenio, que forma de los dos uno solo. 

¡Dichosos viajes, señores, los de Mr. de Chateaubriand! 
¡Cuántos consuelos, cuántas dulces emociones no habrá produci- 
do y producirá su Itinerario sobre los que no pudiendo visitar 
las regiones amadas del poeta, sigan con ávida curiosidad y fer- 
voroso interés lo huella de sus pasos! Allí, él primero, después 
otro gran poeta, y en el curso del tiempo cuantos deseen poner 
su corazón y su fantasía en contacto con Jas alturas; allí, digo, 
se asimiló Mr. de Chateaubriand la poesía de todos los siglos pa- 
sados: la de Grecia, la de Siria, la de Egipto. La Alhambra y el 
Alcázar le revelaron en Granada y Sevilla la morisca; y rico con 
esta inspiración le dio forma en el gracioso y perfumado cuento 
que tine por nombre Ultimo Abencerraje, especie de bordado ó 
filigrana sentimental, olorosa, ligera, flexible y elegante cual nos 
figuramos el talle de una morisca andaluza. 

Con las obras poéticas que enumerado hasta aquí y el año 



100 ÁLBUM 

1814 concluye la vida estrictamente literaria de Mr. de Chateau- 
briand, y empieza la política, en la qae ya no tiene objeto fijo; 
en la que su pensamiento se transforma; en la que dá, para de- 
cirlo todo de una vez, el memorable ejemplo de lo difícil que es, 
aun para los hombres de mas talento, resolver en las vias prác- 
ticas de la vida el grande é importante problema de armonizar 
la voluntad con la inteligencia. 

No le seguiré yo en esta nueva carrera que podemos llamar 
la de su celebridad, no la de su gloria: primero, porque ya he 
dicho lo que pienso en general del espíritu de las obras de Mr. 
de Chateaubriand considerado como escritor político; y segun- 
do, porque es ya tiempo de poner fin á mi tarea y al cansancio 
de mis benévolos oyentes. 

De este olvido á que por necesidad y [lo digo con franque- 
za] por perjuicio desfavorable, condeno las obras políticas de 
Mr. de Chateaubriand, solo escluyo sus Estudios Históricos, es- 
pecie de testamento político en el que no se debe ir á buscar un 
pensamiento original y personal, sino un reflejo de todas las 
emociones de la época; un eco de lo que se remueve y agita en 
el seno de la sociedad. Son esos Estudios admirables bosquejos 
de la historia de las revoluciones, en donde las vicisitudes de lo 
presente reflejan una luz vivísima sobre las catástrofes de lo pa- 
sado. Su pensamiento cardinal es mostrar el dogma cristiano 
produciendo la transformación social, y sobreviviendo á ella pa- 
ra guiarla y perfeccionarla en el espacio y en el tiempo. Este 
es también, como ya lo he hecho observar, el pensamiento de 
que ha sido toda su vida intérprete y profeta Mr. de Chateau- 
briand, para cuyo desarrollo ha llevado mas lejos que eii ningu- 
na de sus obras anteriores la inteligencia filosófica de los anales 
de la humanidad, y la comprensión instintiva de las tendencias 
de su tiempo. Este libro, como lo dice muy bien un escritor 
francés, reasume en una bellísima unidad las ideas que quieren 
conquistar el dominio de lo futuro, y su introducción es un tro- 
zo en donde se armonizan los rasgos esparcidos de la fisonomía 
del siglo XIX. 

Estudiando, señores, al mismo tiempo que los escritos, la 
vida de Mr. de Chateaubriand [estudio misto tan indispensable 
cuanto que sin él no creo posible ni la crítica, ni tan siquiera la 
interpretación perfecta del espíritu de un escritor] estudiando 
así á Mr. de Chateaubriand reconoceremos en el autor del Ge- 
nio del cristianismo, varios elementos distintos, de los cuales 
proviene todo lo que ha sido, todo lo que ha hecho, y la índole 
de todo cuanto ha escrito y de todo cuanto ha dicho, 

El primer elemento fué su educación. La primera que el 
hombre recibe ejerce frecuentemente su influencia sobre todos 
los períodos de la vida, y Mr. de Chateaubriand, dirigido desde 
muy temprano por su familia á los estudios de teologia primero, 



UXIYERSAL. 101 

j después á los de la náutica, debió á los primeros el santo ali- 
mento de las escrituras, y álos segundos el gusto por los viajes, 
en los cuales se funda una gran parte de su celebridad. 

El segundo elemento fué su vida por muchos años aventu- 
rera y casi siempre viandante: sus correrías por el mundo anti- 
guo y por el nuevo: su iniciación, permítaseme la palabra, en 
los misterios de una naturaleza al par que grande desconocida, 
y tan grandiosa en sus formas como sencilla en su imponente 
majestad. 

El tercer elemento fué la desgracia de que ya os he habla- 
do, y que afortunadamente le condujo, por el llanto, de la in- 
credulidad á las creencias. 

El cuarto, en fin, y que principalmente esplica la dulce 
tristeza que respiran las buenas obras poéticas de Mr. de Cha- 
teaubriand, es, señores, un misterio del hogar deméstico y de la 
conc encia íntima que á nadie es permitido revelar, ni tan siquie- 
ra discutir. Para que se comprenda cual es él, diré, señores, que 
algunos han creido poder afirmar que Rene es el símbolo de una 
existencia real, y que el hermano de Amelia lloró en Conibour- 
go (sitio del nacimiento de Mr. de Chateaubriand) lloró en Co?n- 
hourgo, y no en las vastas soledades de América, los tristes resul- 
tados de los sentimientos indefinidos y délas pasiones imposibles. 

Si el tiempo no fuera para mí tan estrecho, y si no debiera 
antes que todo, señores, tener en cuenta vuestra fatiga y can- 
sancio, quizá cedería á la tentación de comparar estos elemen- 
tos determinantes del ingenio de Mr. de Chateaubriand con los 
que (si bien diversos) tuvieron una influencia análoga sobre el 
alma de Byron. La comparación es tan curiosa como interesante. 
Pero solo me limitaré, por las razones espuestas, á una sola ob- 
servación. 

Una crítica muy severa, y acaso injusta de la Revista de 
Edimburgo, desarrolló en Byron el germen, para él mismo has- 
ta entonces desconocido, de la poesía; y después de este suceso, 
la censura de sus compatriotas, sus desgracias demésticas, y una 
especie de hostilidad universal hacia su carácter y sus escritos, 
dieron al uno dureza que no le era nativa, y á las otras la signi- 
ficación desoladora que las distingue. Murió joven y abrumado 
de pesares. 

Para Mr. de Chateaubriand la vida ha tenido muchas dul- 
zuras, y con muy cortas y poco importantes escepciones, su car- 
rera literaria ha sido un no interrumpido triunfo en que figuran 
encadenadas al carro de su gloria todas las naciones cultas, tri- 
butando homenaje y culto de reverencia á su talento. Y este se 
desarrollaba á medida que la nube de incienso se hacia mas espesa. 

Así, para uno el estímulo consistió en la pugna: para el otro 
existió en la victoria. ¿Cuál de estas dos naturalezas era mas ge- 
nerosa? ¿Cuál de estos dos talentos el mas elevado? 



10g álbum: 

Volviendo á Mr. de Chateaubriand y al objeto especial de 
esta recitación, debo hacer notar, señores, que en él no obraron 
aisladamente y por separado estas. concausas basta cierto punto 
eficientes de su carácter literario. Se produgeron ellas unas des- 
pués de otras, según el orden de los tiempos; pero solo cuando 
se hallaron reunidas y amalgamadas en su ánimo produjeron 
el resultado de elevar la poesía de su corazón y de su inteligen- 
cia, á la altura en que se ha manifestado bajo su forma mas com- 
pleta, mas armoniosa y, por decirlo así, mas sintética. 

Una prueba perentoria de la verdad de esta observación la 
hallaremos en los Natchez, obra romántica de Mr. de Chateau- 
briand, escrita cuando los elementos de que he hablado, no ha* 
bian hecho aun su conjunción máxima en el espíritu del escri- 
tor. Los Natchez son una composición falsa y casi contradictoria, 
en la cual encontramos con desagradable sorpresa ideas nuevas 
ajustadas á moldes anticuados y de convención, y en la que el 
genio cristiano no domina sino accesoriamente y por intervalos 
y arranques desiguales. Los Natchez, lo mismo que las luísia- 
das de Camoens, son una obra de imitación en donde los princi- 
pios y datos forzosos ele la poesía clásica ahogan, bajo un apa* 
rato de máquinas y de ficciones anacrónicas (pido perdón por 
el uso de esta palabra nueva tiunque necesaria) el pensamien- 
to íntimo y por precisión el contemporáneo del poeta. 

Aquí, señores, (y creo, Dios me perdone, que lo oiréis con 
gusto) he llegado al fin de mi tarea. Solo me resta hacer una cla- 
sificación general y puramente bibliográfica de las obras de Mr. 
de Chateaubriand, en obsequio de los que deseen estudiar sus 
obras, y poneros á la vista algunos pasages de la introducción 
de- sus Memorias postumas, en comprobación de algunas de las 
ideas que he emitido. 

Los escritos de Mr. ele Chateaubriand se dividen: 1. ° en es- 
critos históricos, á cuya clase pertenecen los Estudios históricos, 
el Ensayo histórico sobre las revoluciones antiguas y la Historia 
de Francia: y. ° en escritos políticos que comprenden las Mis- 
celáneas históricas, las Misceláneas políticas, las Opiniones y 
discursos, y la Polémica: 3. ° en escritos morales, y aquí entran 
el Genio del cristianismo y los Mártires: 4. ° en escritos de via- 
jes, á cuya clasificación coi-responden el Itinerario de Paris d 
Jerusalen, los Viajes á Italia y América: 5. ° en escritos lite- 
rarios que comprenden los Natchez, Átala y Pené, el Ultimo 
Abencerrage, los Ensayos sobre la literatura inglesa, el Paraíso 
jperdido, las Misceláneas literarias, y finalmente las Poesías. 

Yo he encontrado hecha esta clasificación, y no la defiendo 
ni como exacta, ni como completa. La adopto, sin ulterior exa- 
men, como propia, sí, para dar una idea general de los muchos 
y Variados escritos de Mr. de Chateaubriand. 

Hé aquí ahora cómo se esplica él mismo acerca de ellos» 



UNIVERSAL 103 

"Entre los autores franceses de mi tiempo, dice, yo soy ca- 
si el único cuya vida se parece á sus obras: viagero, soldado, 
poeta, publicista, en los bosques es donde he cantado los bos- 
ques; en los bajeles he pintado el mar; en ios campos donde he 
hablado de las armas; en el destierro donde he aprendido el des- 
tierro; en las cortes, en los negocios, en las asambleas donde ho 
«studiado á los príncipes, la política, las leyes y la historia " 

"En mis tres carreras sucesivas me he propuesto siempre 
un grande objeto: viagero, he aspirado al descubrimiento del 
inundo polar; literato, he querido y ensayado restablecer la'reli- 
gion sobre sus ruinas; hombre de Estado, me he esforzado por 
dar á los pueblos el verdadero sistema monárquico representa- 
tivo con sus diversas libertades, y al menos he ayudado á con- 
quistar la que equivale á todas ellas, la que las reemplaza, la 
que puede servir de Constitución; es á saber: la libertad de im- 
prenta. ..." 

"Si estuviera destinado á vivir, representaría en mi perso- 
na, representada á su vez en mis Memorias, los principios, las 
ideas, los acontecimientos, las catástrofes, la epopeya de mi tiem- 
po; y tanto mas cuanto que he visto acabar y comenzar un mun- 
do, y que los caracteres opuestos de este fin y de este principio 
ee encuentran mezclados en mis opiniones. Me he encontrado 
entre dos siglos como en la confluencia de dos rios, y he zabu- 
llido en sus aguas turbias alejándome con pesar de la ribera an- 
tigua en que había nacido, para nadar con fó y esperanza hacia 
la playa desconocida adonde van á arribar las generaciones 
nuevas." 

Así se esplica Mr. de Chateaubriand sobre sus escritos, 'so- 
bre los objetos de su vida pública, y sobre las tendencias y el 
espíritu general de los unos y de la otra, 

Y yo que, tanto como el que mas, me complazco en pagar 
el pobre óbolo de mi admiración á su talento y á su carácter, 
me apresuro á decir que, en efecto, la vida de Mr. de Chateau- 
briand ha ensanchado todos los caminos del progreso intelectual 
y moral del mundo. La civilización ha avanzado siguiendo la 
huella de sus pasos. Las simpatías de todos los partidos han si- 
do su derecho. La unidad en la fé religiosa y monárquica es'en 
gran parte obra suya. Su reinado vitalicio, y desgraciadamente 
sin sucesión, ha tenido en su favor todos los derechos: el de la 
naturaleza, el de Dios, el de conquista. 

¿Queréis hallar en una causa general, la síntesis de todas 
las causas que han producido este resultado, suponiendo, se en- 
tiende, como primera de todas ellas la preexistencia de un gran 
talento? Pues hela aquí. 

El fuego que animaba la imaginación de Mr. de Chateau- 
briand, partía siempre de su corazón, y este era puro. De él, 
pues, con mas motivo que de ningún otro escritor puede decirse 



ÁLBUM 10í 

que la 'belleza de los sentimientos constituye la belleza del estilo: 
porque cuando el alma es elevada, las palabras vienen de lo alto. 
La máxima es cierta aun para los grandes talentos unidos á co- 
razones pecadores, si bien no enteramente corrompidos ni priva- 
dos de sensibilidad. Así vemos, valiéndome de la maravillosa 
comparación de Jhon Paul, así vemos las aguas de los mares 
elevarse amargas al cielo, y tornar con su contacto dulces á la 
tierra convertidas en fecundas y refrigerantes lluvias. 

En cuanto á mí, señores, ni me canso nunca de leer, ni ja- 
mas me cansaré de aconsejar que otros lean las obras de Mr. de 
Chateaubriand. Debo advertir, sin embargo, que su imitación, 
así como la de Byron, es sumamente difícil, y ocasionada á ca- 
tástrofes. Y cuenta que no soy yo quien de propia autoridad lo 
asegura; y en prueba de ello quiero citaros las palabras conteni- 
das en una carta dirigida por el autor de Child-Harold á su 
amigo Moore, el célebre autor de Lala-Rook. 

"El escollo, dice, de la generación futura será el gran nú- 
mero de modelos y la facilidad de la imitación. Probablemente 
se desnucarán por querer montar nuestro Pegaso,'siendo así que 
dirigido por nosotros todavía de vez en cuando se encabrita y 
desboca. Nosotros nos mantenemos firmes en la silla porque he- 
mos domado el animal, y somos fuertes y hábiles ginetes. La di- 
ficultad no está solamente en montarlo: lo importante es diri- 
gido; y para haber de hacerlo, ya tendrán nuestros sucesores ne- 
cesidad de sudar en el hipódromo recibiendo lecciones de equi- 
tación." 

Esto dice Byron: escarmiente quien quiera y pueda. 
La lección es para todos; y es buena. 

Acaso me preguntareis si esos hombres están destinados á 
morir sin sucesión, y si el molde en que los fundió la naturaleza 
fué roto en el instante de su nacimiento. Así lo creo, señores. 
Para ser grande entre los grandes, es indispensable condición la 
de serlo <<e distinto modo. Querer ser poeta como Chateau- 
briand, Byron, Calderón, etc., por los mismos medios que* ellos 
é imitándolos, es una pretensión absurda: es un sueño de loco. 
¿Hay por ventura dos astros iguales? Bello es Sirio: bellotes 
Héspero en los cielos: grandes son Homero, Virgilio, Dante, 
Chateaubriand, Cervantes y Byron; pero ni en el cielo los^gran- 
des luceros, ni en la tierra las grandes inteligencias son figua- 
les. Precisamente en su desigualdad consiste su armonía; porque 
la unidad en la diversidad es la ley del mundo, la ley de la in- 
teligencia, y acaso también el secreto de la belleza de Dios. 

Rafael M. Barali. 



■BMBWBiMMWMMMWMMMMMWMMMMMIIWWB ' 1 ■ 



La Bélgica es un país singularmente interesante para todo 
viagero, y mucho mas para el viagero español. Aparte sus usos 
y costumbres, que guardan no escasa relación con los nuestros, 
aparte el carácter dulce, sencillo, hospitalario de sus naturales, 
el cual ofrece las mismas analogías, quedan todavía vestigios in- 
finitos, ruinas grandiosas y venerables que recuerdan la domina- 
ción castellana. Y es con todo Bruselas donde menos se hallan 
esas memorias de aquel tiempo lejano, y donde la civilización 
moderna y las revoluciones recientes han borrado mas las hue- 
llas de nuestro pasado poder. Hoy dia la antigua capital del 
Bravante pugna por despojarse de su aspecto primitivo y aspira 
á convertirse no menos que en rival de Paris, por la suntuosidad 
de sus palacios, por la estension de sus baluartes, por la riqueza 
de sus teatros, por la magnificencia de sus hoteles. Ese afán de 
imitación, ese espíritu de afrancesamiento, perjudican no poco á 
la graciosa y elegante población, que en vez de querer aparecer 
francesa, debia procurar seguir siendo lo que es aun; un pueblo 
aparte por sus variados y bellos edificios, por su originalidad 
pintoresca, por su carácter especial en fin. 

Está situada Bruselas en la pendiente de una elevada coli- 
na á cuyo pié corre mansamente el Sena: las construcciones mo- 
dernas dominan la montaña y forman una ciudad nueva, con- 
quistada poco á poco al antiguo bosque de Soigne; sus calles vas- 
tas y anchurosas, sus palacios elegantes y grandiosos, contrastan 
con las casas ahumadas y antiguas de la parte baja de la capital, 
con los tortuosos callejones que por do quier allí se encuentran, 
y con los soberbios monumentos que, cual dice Víctor ECugo, es- 
criben en caracteres de piedra la historia de los siglos remotos. 
Si hermosa es la nueva Bruselas á los ojos del viagero indiferen- 
te, la antigua ofrece inmenso atractivo al filósofo y al hombre 

' 14 



106 ÁLBUM 

pensador. La crónica do aqnel país que lia pasado por tan ostra- 
ñas vicisitudes, que fué un dia español, después holandés, fran- 
cés mas tarde, sin dejar de ser nunca flamenco, allí está con to- 
dos sus detalles, con todas sus peripecias, con todas sus diversas 
fases. Entremos en el Hotel de Ville ó casa del Ayuntamiento, 
y veremos el salón donde Carlos V abdicó la corona de dos mun- 
dos en favor de su hijo Felipe, y donde mas tarde fueron conde- 
nados á muerte los condes Egmont y de Iíorn. ¡Cosa estraña! 
Aquel vasto recinto, consagrado por tan varios sucesos, célebre 
por tan opuestos motivos, es hoy el sitio donde se efectúan todos 
los matrimonios en Bruselas! Desde el mísero obrero hasta el 
mas encumbrado magúate tienen que acudir allí á prometer fi- 
delidad y amor ante la ley á la muger á quien mas tarde se lo 
juran ante el Alrísimo (1). El dia de la Ascensión se considera 
como el mas á propósito para la segunda ceremonia, y no faltan 
amantes que aguardan pacíficamente á que Uegne aquella fiesta; 
é infinitas parejas conyugales la celebran ofreciéndose en espec- 
táculo á la multitud, la cual cuenta gozosa el número de los nue- 
vos secuaces de himeneo. 

Así el Hotel de Ville, ó casa de Ayuntamiento; la suntuo- 
sa iglesia de Santa Gúdula, los diversos edificios de la Gran pla- 
za, el palacio de bellas artes, traen á la memoria recuerdos glo- 
riosos los unos, sangrientos los mas. Por desgracia las desastro- 
sas guerras del siglo X.VL han dejado allí no pocas huellas, y 
las generaciones repiten todavía con terror el nombre del duque 
de Alba. Y sin embargo de todo eso no deja de ser notable que 
no se profese odio alguno á la nación castellana, que se acoja 
siempre hospitalariamente al español que recorre el pais, y que 
se le mira mas bien como á un hermano que cual á un enemigo. 
Esto pinta sin duda el noble carácter flamenco, indomable en el 
combate, generoso en el triunfo, leal en la amistad. 

Como he dicho arriba, Bruselas es el conjunto de dos ciu- 
dades enteramente diversas; la parte nueva, magnífica, suntuo- 
sa, espléndida; la baja, triste, vieja, y con todo interesante. En 
la una se encuentran todos los edificios mas bellos; en la otra to- 
dos los monumentos históricos; aquella pertenece al siglo en que 
vivimos; esta es todavía el pueblo del Emperador Carlos Y. En 
la primera se admiran sin embargo infinitas construcciones, no- 
tables menos por su forma esterior que por el uso á que están 
destinados: el alcázar real, que es mucho para casa particular y 
poco para palacio de un monarca; el del príncipe de Orange, 
último resto del poder holandés; el palacio representativo ó de 
la nación, donde se hallan las cámaras; y en fin una iglesia, la 

(1) Sabido es que en Francia como en Bélgica el casamiento civil se verifica 
antes que el religioso: éste no puede tener efecto sin que el otro se haya realizado, 
y á veces la sanción de la iglesia entre personas de alta posición se hace esperar 
a lgun tiempo. 



UNIVERSAL. 3 07 

de Santiago do Caudenberg, raas quenada célebre por haberla 
convertido en templo de la razón los republicanos franceses. 
Restaurada ahora, y restituida á su primitivo destino, conserva 
aun su aspecto profano: nadie conoce al verla que es un santua- 
rio; todos creen que es un teatro ó un museo. 

Consérvase todavía en Bélgica la costumbre revolucionaria 
de plantar en las plazas el árbol llamado de la Libertad; y no 
pude menos de observar sonriéndome que el colocado delante 
de la iglesia de Santiago de Caudenberg estaba verde y lozano, 
mientras otro puesto frente al palacio representativo, se habia 
secado completamente, sin que fuesen poderosos á darle vida los 
discursos que, diputados y senadores detras de él pronuncian, ni 
las ardientes invocaciones á lo que dicho árbol simboliza! 

Uno de los primeros objetos que visita el viagero ó que se 
apresuran á enseñarle, es el Channeken-Pis. Llámase así á una 
figura de bronce negro, como de tres cuartas de altura, que re- 
presenta un niño orinando, y que sirve de fuente. Es imponde- 
rable la veneración que inspira á los bruseleses aquella pequeña 
estatua, cuyo origen se ignora con exactitud, pero que asciende 
á una remota antigüedad. Sin embargo, cuenta la tradición quo 
un tal Eudofredo, hijo de un duque de Bravante, que se habia 
huido del palacio de su padre, fué encontrado en el rincón don- 
de está el Channeken-Pis, en una postura semejante. Deseando 
perpetuar el duque la memoria de aquel feliz hallazgo, mandó 
construir una figura de piedra, que fué sustituida en 1.648 con la 
que actualmente existe, y que es obra del célebre Duquesnois. 

Ahora bien, el 3 de Octubre de 1.817 desapareció sin sa- 
berse cómo, este precioso embeleco tradicional, y grande fué la 
consternación que produjo en Bruselas semejante suceso, consi- 
derado generalmente como una calamidad pública. Después de 
infinitas y minuciosas pesquisas fué hallado el Channeken-Pis 
en casa de un presidiario llamado Lycas, que le robó con el fin 
de asegurarse su protección. Entonces, el 6 de Diciembre de 
1.818 se volvió á colocar el antiguo ídolo sobre un pedestal con 
mucha solemnidad y aparato. 

El Channeken-Pis ha merecido de diferentes soberanos in- 
finitos honores y presentes. El elector de Baviera le envió un 
magnífico guardaropa y un ayuda de cámara para que le vistie- 
se, porque es de advertir que el ilustre niño aparece en las gran- 
des ocasiones ataviado y engalanado con sumo esmero. Luis X V, 
para reparar los insultos hechos por algunos granaderos france- 
ses al primer ciudadano de Bruselas (que así se le llama) le de- 
claró en 1.717 caballero de todas sus órdenes, y le regaló un tra- 
ge completo con su sombrero de plumas y su espada. En la fies- 
ta del Kermesse, á mitad del mes de Julio, adórnasele al Chan- 
neken-Pis con uno de sus- vestidos; desde la revolución de 1.830 
se elige ordinariamente el de oficial de la Guardia nacional. ¿Qué 



108 ALBDM 

es mas estraño y mas ridículo, esa preocupación, esa idolatría de 
un pueblo ilustrado y civilizado, ó la debilidad de los gobiernos 
y de los soberanos que han contemporizado con ella, que la han 
lisonjeado? 



Es imposible permanecer tres dias en Bruselas sin que todo 
el mundo le diga á uno: 

— Debe V. ir á "Waterloo! 

— Vaya Y. á Waterloo! 

— Cómo! ISTo ha estado V. aun en Waterloo? 

Entonces el viajero, estimulado por tan varias y repetidas 
escitaciones, hechas en tan diferente tono, se resuelve á hacer 
aquella peregrinación, y en un coche ó en una vigilante se diri- 
ge al célebre campo donde se levantó la preponderancia inglesa 
sobre las ruinas del poder napoleónico. 

ÜSTo se debe considerar perdido el tiempo, aunque solo sea 
por atravesar el magnífíco, el sombrío bosque de Soigne, que no 
es meno3 bello, aunque sí menos célebre que el de Boulogne en 
Paris. En fin, después de tres leguas cortas de un camino agra- 
dable, se llega á la aldea de Mont-Saint-Jean, muy inmediata al 
lugar donde se verificó el combate. 

Al punto rodea al viajero una multitud de hombres, do 
mngeres, de chicos, de jóvenes, de viejos, de inválidos, cojos ó 
mancos. Esta familia de tan varia especie pertenece á la de los 
cicerones, que se llaman descendientes de las víctimas de Water- 
loo, y usufructúan el derecho de esplicar la gran derrota que 
unos han sabido tradicionalmente; que otros pretenden haber 
presenciado, y en la que los otros aseguran haber recibido sus 
heridas gloriosas. 

Aquella turba tan heterogénea aturde al pobre viajador con 
sus gritos, con sus invitaciones: 

— Yo soy hijo de un sargento muerto allí! esclama éste. 

— Yo soy nieto de un coronel francés! prorrumpe aquel. 

— Yo perdí esta pierna en el combate! repone un anciano 
casi caduco. 

Y tocios dicen en coro: 

— Yenga Y., venga Y., caballero! 

Y le agarran, y le empujan, y le tiran, quien de un lado, 
quien de otro, quien del vestido, quien de un brazo. Provisto del 
guia indispensable, que sabe con corta diferencia lo que uno so- 
bre la posición de los ejércitos, el número de muertos &c, se ve 
acometido por otra banda no menos incómoda ni menos indisci- 
plinada, de gentes de los dos sexos, que repiten: 

— Cómpreme Y. el álbum de las vistas de Waterloo! 
— Yendo la espliéacion de los sitios mas célebres. 
— He aquí el retrato del emperador. . . 



UNIVERSAL. 109 

Esto no es nada todavía comparado á otro comercio que en. 
aquel sitio se ejerce; y la multitud de cicerones y vendedores de 
objetos alusivos no llega á la mitad de la que componen los que 
se dedican á vender los restos legítimos de la sangrienta batalla. 
Pedazos de sable y de espadas; balas enteras y balas aplastadas; 
granadas, águilas, leones, de todo se encuentra en aquel vasto ó 
inagotable depósito, que se esplota há mas de treinta años. No 
hay viajero que no compre alguno de esos objetos, aunque dude 
de su autenticidad: yo fui del número, y pregunté sonriéndome 
al vendedor que era un mocito como de tres lustros: 
— ¿Y dónde está la fábrica de estas cosss, querido? 

El chico me respondió al principio con otra sonrisa signifi- 
cativa; y después, dando á su picaresco rostro una espresion sin- 
gularmente magestuosa, dijo: 

— Eátaba en Francia ha treinta años, caballero. Parecióme 
tan ingeniosa la respuesta, que le di el doble de lo que me había 
pedido por sus baratijas. 

El aspecto que ofrece hoy dia el vasto campo de Waterloo 
es triste: llanura inmensa y despoblada, no crece en su suelo nin- 
guna flor, ningún arbusto, ni cubre su suelo la menor yerba. 
Parece como si la sangre derramada allí hubiese esterilizado la 
tierra. A. lo lejos se distingue el alto monumento, menos alto sin 
embargo que el gigante cuya caida simboliza: es un montecillo 
artificial de elevación prodigiosa, en cuyo remate se vé un león 
enorme de bronce. Conducen hasta él unos toscos escalones he- 
chos en la arena, y hállase guardado por un hombre que exije 
á todos los viageros un franco, y su firma en un libro ó registro, 
donde se leen muchos nombres ingleses, bastantes españoles, y 
muy pocos franceses. El mismo guarda vende en una casita co- 
locada junto al león, toda clase de vinos y licores, para que re- 
cuperen sus fuerzas los que las tengan agotadas con aquella fa- 
tigosa ascensión. Nunca estuvo mas cerca lo ideal de lo positivo! 

Bajamos de la montaña, después dé tender una mirada me- 
lancólica á aquel vasto horizonte: cuando estuvimos de nuevo 
en el desierto campo, mi guia me condujo á un sitio donde se 
veia un hoyo profundo, pero estrecho: 

Mire Y., me dijo, la huella que imprimió el pié de Bona- 
parte al clavarse con desesperación en el suelo, después de per- 
dida la batalla. 

Esto era poesía indudablemente, pero esa poesía grande y 
tradicional que solo inspiran los héroes. ¿Qué no se dirá de Na- 
poleón dentro de dos siglos, si eso se dice ya ahora? .... Sin du- 
da, cual le sucede á Cario Magno, su vida ha empezado con su 
muerte. Los huesos gigantescos del uno se enseñan como santas 
reliquias en la catedral de Aquisgran; ¿dónde se enseñarán den- 
tro de cien años los del otro? 

Ramón de Navarrete. 



COLUMNA DEDICADA AL GRAN EJERCITO 



EN LA PLAZA DE VENDÓME, EN PARÍS. 



En el centro de esta plaza, una de las mas bellas y de las 
mas vastas de la capital, se elevaba en otro tiempo la estatua 
ecuestre de Luis XIV, que desapareció en la revolución de 1789. 
Sobre los cimientos de este monumento, que tienen treinta pié& 
de profundidad, el primer cónsul Bonaparte puso la primera 
piedra de la "Columna departamental del Sena," sobre la cual 
debia de colocarse la estatua de Carlomagno. Ya hemos dicho 
antes el pensamiento que hizo dar otro destino á este edificio 
nacional. 

Después de la memorable campaña de 1805, tan gloriosa- 
mente terminada por la batalla de Austerlitz y la paz de Pres- 
burgo, el director de los museos y de la moneda de las medallas, 
Denon, que habia seguido al emperador á Schoenbrunn propuso 
trasformar la columna departamental en un monumento conme- 
morativo de los triunfos de la campaña. 

Napoleón aprobó esta idea y mandó ponerla en ejecución. 
La actividad mas grande presidió á la obra, que se concluyó en 
menos de cuatro años. Mucho era para un monumento destinado 
á inmortalizar una campaña de tres meses, tres meses que ha- 
bían bastado para subyugar á toda la Alemania, para tomar á 



UNIVERSAL. 111 

Viena, para poner á los pies de Napoleón las dos potencias mas 
altas de la Europa, Rusia y Austria; pero era muy poco si se 
tiene en cuenta el número de obreros y artistas que fué preciso 
reunir para hacer marchar á un tiempo todas las partes tan di- 
versas de tan magnífico conjunto. A medida que se trabajaba en 
la piedra, dibujantes, escultores, fundidores y cinceladores, se 
apoderaban á dos manos del bronce de los cañones enemigos. 
Lo torcían, lo plegaban, lo ablandaban en todos sentidos como 
si fuera una cera, lo hilaban, lo tejían por decirlo así como una 
cinta que pasaba en seguida á revistar las obras de albañilería 
que la mano del arquitecto trabajaba. París es la única ciudad 
del mundo donde, como en otro tiempo en Roma, las artes pue- 
den, si se quieren, operar semejantes prodigios. Es el paraíso de 
los artistas y de los obreros, es la recompensa de sus estudios y 
de sus obras. 

La columna ha recibido sucesivamente los nombres de 
"Columna de Auterlitz," "Columna de la Victoria" y por últi- 
mo "Columna del Gran Ejercito," que es el actual. Esta colum- 
na es de piedra y cubierta de bronce. Este bronce es el de mil 
doscientos cañones ganados a los ejércitos rusos y austríacos du- 
rante la memorable campaña de 1805. La masa de este bronce 
pesa nuevecientos mil kilogramos. Las tajas de bronce que su- 
ben en espiral tienen trece pies y ocho pulgadas de alto. 

Las proporciones de este monumento son colosales. Su ele- 
vación total es de ciento treinta y ocho pies. El pedestal que tie- 
ne veintiún pies de elevación presenta en sus fachadas cuatro 
trofeos militares modernos, de uniformes, banderas, efectos y 
utensilios de guerra colocados en un admirable desorden: enci- 
ma se dibujan unas guirnaldas de hojas de roble, sobre las cua- 
les hay en los cuatro ángulos cuatro águilas de bronce macizo 
que con sus garras las enlazan. De este pedestal se lanza la co- 
lumna. 

La fachada del pedestal donde está la puerta de entrada se 
debe al lápiz de Mazois, arquitecto, y al cincel de Gerard. Los 
bajos relieves de las otras tres fachadas fueron esculpidos en co- 
mún por Renaud y Beauvallet conforme á los diseños de Zir. 
Las cuatro águilas son de Canler, los adornos de Gelée. 

En la parte superior de esta masa cuadrada, en la fachada 
del mediodía, dos famas sostienen una inscripción latina que 
puede traducirse por estas palabras: "Con el bronce conquista- 
do á sus órdenes durante los tres meses de la campaña de la A- 
lemania en 1805, Napoleón, augusto emperador, elevó este mo- 
numento á la memoria del Gran Ejército." Debajo de esta ins- 
cripción hay una puerta de dos hojas cubierta de águilas y de 
coronas: dentro de la columna se construyó una escalera de ca- 
racol compuesta de ciento sesenta y seis escalones por la cual 
se sube á la galería colocada en lo alto de la columna, en la que 



112 ÁLBUM 

se eleva un pedestal que remuta en bóveda con esta otra ins- 
cripción: 

MONUMENTO ELEVADO A LA GLORIA 

DEL GRAN EJERCITO, 

COMENZADO EL 25 DE AGOSTO DE 1806, Y TERMINADO 

EL 10 DE AGOSTO DE 1810, 

BAJO LA DIRECCIÓN DE M. DENON 

DIRECTOR GENERA I, 

DE M. G. B. LEPERE Y DE M. GONDOUIN, 

ARQUITECTOS. 

Toda la columna está rodeada de un bajo relieve que se des- 
arrolla en espiral á la longitud de 840 pies, y presenta inscritos 
casi diapor dia todos los hechos memorables de la campaña de 
Alemania de 1805. Mil ciento veinte presillas de bronce asegu- 
radas en la piedra del monumento fijan estos bajos relieves de 
la manera mas sólida y sencilla. 

Estos bajos relieves representan 66 cuadros ó asuntos re- 
ferentes á las campañas militares, tales como los siguientes: 

1. ° La armada naval entra en el puerto de Bolonia el 25 
de Agosto de 1.805. 

2. ° Los dias 31 de Agosto, 1. ° , 2 y 3 de Setiembre, los 
cuerpos 3. ° , 4. ° , 5. ° y 6. ° parten del campo de Bolonia y 
marchan sobre el Rhin. 

3. ° El 2 de Setiembre, el 2. ° cuerpo parte de Utrecht y 
se dirije al Mein. 

4. ° El 2 de Setiembre, el 7. ° cuerpo deja el campo de 
Brest y se dirije al Alto Khin. 

5. °- El 17 de Setiembre, el primer cuerpo parte de Ilano- 
vre y se dirije al Mein. 

6. ° El 25 de Setiembre, el Emperador se presenta en el 
Senado. S. M. declara que está principiada la guerra de la ter- 
cera coalición, y que va á partir para mandar el ejército. 

7. ° El 25 de Setiembre, el segundo cuerpo, que partió de 
Holanda, pasa el Rhin en Mayence. 

8. ° El 25 de Setiembre, el quinto cuerpo de caballería pa- 
sa el Rhin en Ivehl. • 

9. ° El 26 de Setiembre, el tercer cuerpo, que partió de 
Bruges, pasa el Rhin en Manhein. 

Y otros, en fin, que omitimos en obsequio á la brevedad. 

Esta columna luce doblemente, porque se halla en medio 
de una plaza que, como hemos dicho al principiar, es una de 
las mejores de París por la belleza y uniformidad de su arqui- 
tectura. La forma de la plaza do Vendóme es un cuadrilátero 
de 150 metros de largo sobre 140 de ancho con ángulos corta- 
dos. Esta plaza fué construida en el año de 1.68S por orden dé 
Luis XIV, en el sitio mismo que ocupaba un convento de reli- 
giosas que acababa de demolerse entonces. — J. P. 












-SM^C?W®^y.O-V^- 



Era no há muchos años la patria del inmortal Miguel de 
Cervantes una de las ciudades de segundo orden mas animadas, 
merced á la multitud de estudiantes que concurrían ásu célebre 
universidad, y á los veinte y tantos conventos de religiosos que 
existían en su seno. La mano destructora del tiempo, que nada 
respeta ni perdona, ha convertido aquella alegre población, en 
donde habían puesto las ciencias su trono, en un panteón esten- 
so habitado solamente por los brillantes recuerdos que despierta. 
La ciudad ha cambiado entera uente de carácter: á las bullido- 
ras ó ingeniosas burlas de los escolares, á sus apacibles músicas 
y cantatas, á las solemnes funciones y ceremonias del respetable 
claustro, y finalmente, al chismorreo y á las picantes sátiras de 
los conventos, ha sucedido un silencio profundo y nunca inter- 
rumpido, que no da la idea mas remota de lo que en otros tiem- 
pos fué Alcalá de Henares, causando un disgusto profundo en 
cuantos llegan á pisar su recinto trayendo en la imaginación sus 
halagüeños y prósperos recuerdos. Verdad es que todo está es- 
pliego y todo se halla compensado al recordar que vivimos en 
el siglo XIX, cuyas principales tendencias consisten en destruir 
cuanto han creado los siglos precedentes. Al dominio de la gente 
escolar y de los frailes ha sucedido en Alcalá el imperio de los 
militares; pero siendo la disciplina de estos mas severa que la 
de los primeros, y sus bolsas estando mas enjutas que las de los 
segundos, parece la patria de san Diego una morada de encan- 
tamento, cuyas calles cruzan silenciosos y cabizbajos centenares 
de vivientes que aguardan el santo advenimiento. Alcalá ha que- 

15 



114 ÁLBUM 

<Wlo casi enteramente desierta: vivía con la universidad y por 
la universidad, y cuando este establecimiento se arrancó de su 
seno, se lanzó el decreto de muerte contra ella. Solamente algún 
viagero, cuya curiosidad y amor á las an'igüedades le llevan á 
la antigua villa de los arzobispos, puede ahora dar razón de lo 
que fué ó debió ser en apartadas épocas: solamente algún artista 
([iie vaya á estudiar en sus monumentos, puede comprender y 
sentir el abandono de aquella ciudad, enriquecida con multitud 
de producciones en los mas felices dias de las arres españolas. 

La población presenta, sin embargo, á alguna distancia un 
agradable aspecto, dando una idea verdaderamente grande de 
su opulencia con el crecido número de cúpulas y torres que se 
levantan aun sobre sus edificios; y la memoria del cardenal Cis- 
neros y de otros muchos prelados parece mantener hasta pene- 
trar en sus calles la ilusión, formada á vista de aquel bello y 
grandioso conjunto. El primer objeto que escita la curiosidad, 
corno el mas importante por su justo nombre, es el edificio de la 
universidad, abandonado enteramente y destruido en parte á 
fueiva de indiferencia. Este monumento, cuya traza fué debida 
al arquitecto l J edro de Garniel, muy conocido por los que hayan 
visitado á Toledo con ánimo de estudiar sus antigüedades, es al- 
tamente digno del aprecio de los artistas. Su fachada principal, 
situada al Norte, presenta un modelo de la fusión del arte góti- 
co con el arte del renacimiento, señalando el estado de transi- 
ción en que se hallaba la arquitectura al levantarse aquel edifi- 
cio. Al examinarle, no pudimos menos de recordar la fachada 
del célebre hospital de Santa Cruz de Toledo, perteneciente ala 
misma época. Sin embargo, parécenos que la portada de la uni- 
versidad participa mas de la influencia del arte gótico, siendo 
por lo tanto su estudio de la mayor importancia para apreciar 
la historia de la arquitectura y comprender de la manera que 
hubo de desarrollarse el gusto plateresco eii España, como una 
condición precisa de la existencia del arte en aquellos tiempos. 

La portada, pues, se compone de tres gallardos cuerpos de 
arquitectura que constituyen un todo en estremo agradable y 
bello, por mas que los intolerantes greco-romanos condenen co- 
mo supérfluos sus ricos adornos. Contiene el primer cuerpo el 
arco de la puerta que es bastante rebajado, á la usanza gótica, y 
ostenta en las pechinas y clave varios ángeles, niños y festones, 
tan graciosamente tallados, que cautivan largo espacio la aten- 
ción. Son las columnas de este primer cuerpo istrindas y perte- 
necen al orden compósito, dando cierta magestad y galanura á 
todo lo restante de la obra. Enriquecen el segundo, columnas 
monstruosas (1) cuajadas á trechos de esquisitos relieves y vónse 



(1) Este era el nombre que llevaban en el siglo XVI. — Véanse la* "Medida» 
del Romano" de I)ié¿t> de Sa^redo. 



TJNITERSAL. 1 lp 

en los intercol uranios airosas repisas y doseletes, que debieron 
tener en otro tiempo estatuas, hallándose en el espacio de! cen- 
tro el balcón, exhornado de otro pequeño cuerpo de arquitectu- 
ra, en donde se contempla al parecer el retrato del arzobispo y 
cardenal Cisnerjs. A los lados se divisan dos figuras mayores 
del natural con alabardas en las manos, presentando un bello 
desnudo y siendo brillante muestra del próspero estado en que 
se encontraba la escultura. Adornan el tercer cuerpo columnas 
cuadradas, con ligeras y elegantes molduras, y ocupan sus inter- 
columnios estatuas de guerreros en bien talladas repisas, notán- 
dose en el centro las armas imperiales, las de Borgoña y de Cis- 
neros. 

Hállase á cada lado de la portada un lienzo de la misma 
fábrica,' los cuales completan la fachada, ostentando el mismo 
género de decoración que la parte mencionada, y dividiéndose 
en los mismos tres cuerpos. Compónese el primero de seis gran- 
des pilastras, que se elevan sobre un basamento de bellas pro- 
porciones, y hállanse aquellas entalladas de relieves, recibiendo 
el cornisamento, sobre que el segundo cuerpo estriba. Tiene este 
igual número de columnas dóricas, istriadas y guarnecidas de 
colgantes festones que les dan mucha gracia, y consta el tercero 
de otras tantas jónicas, en cuyos intercolumnios existen cinco 
arcos de medio punto con antepechos de balaustres, corriendo 
este ornato bástala portada y alternando con esbeltas columnas 
de relieves y otros objetos de no menos gusto. Termina toda la 
fachada con un frontispicio en el cual se advierte al Padre Eter- 
no, figura colosal y esculpida. Tal es el total de esta fábrica, tra- 
zada y construida bajo la dirección del maestro Rodrigo Gil de 
Ontañon, autor de la catedral de Segovia é hijo de Juan Gil de 
Ontañon, que cerró el cimborio de la de Sevilla. Según la ins 
cripcion que se lee en la misma fachada, parece que estuvo cons- 
truida de tierra en un principio, dejando el cardenal Cisneros 
ordenado que"í=e*hiciese después de piedra. La leyenda de que 
hablamos es esta: 

NüNO LTJTEA, OLIM MERMOREA. 

Encuéntrase en varias partes de la fachada grabado el año 
de 1.543, debiendo ser este el en que fué concluida, época en 
que dirigia Ontañon la obra de la referida catedral de Segovia. 
Ocupaba toda la estension de esta fachada la rica y numerosa 
biblioteca que ha sido en años anteriores trasladada ala univer- 
sidad de Madrid y estaba todo el pavimento revestido deprecio- 
sos azulejos que imitaban el alicatado arábigo, habiendo desa- 
parecido absolutamente. 

La iglesia de la universidad, que consta de una sola nave. 
tiene una portada de bastante gusto compuesta de dos columnas 



116 ALÍJüM 

jónicas, viéndose en su remate un medallón que representa á San 
Ildefonso, á quien se hallaba aquel colegio dedicado. Divídese 
la nave referida en diversos compartimientos que 'decoran sus 
muros, revelándose en sus ornatos el estado de las artes a fines 
del siglo XV, en que parecia preludiarse va en España la gran- 
de innovación del renacimiento. Así se advierte que alternan 
con las pilastras de la arquitectura greoo-roniana'los follages de 
la gótica, notándose al pal* no p<>ca influencia del arte sarracé- 
nico en la disposición y manera de distribuir los ornamentos. El 
artesón ado que cubre la nave es enteramente morisco, pudiendo 
sospecharse que fuera obra de Diego López de Arenas, el cual 
trabajó largamente en la Sala de cabildo de la catedral de Tole- 
do, costeada por el mismo cardenal á principios del siglo XVI. 
Sea como quiera, este artesonado que revela la influencia ejer- 
cida por la arquitectura arábiga en el arte de edificar de los es- 
pañoles, es indudablemente digno de mejor suerte. Todo él se 
halla próximo á desplomarse, merced á lo humedad y mal esta- 
do del tejado que lo cubre, no siendo ya posible salvarlo sin 
grandes sacrificios. Vése en el muro de la Epístola un pulpito de 
figura exágono, sostenido por una graciosa columna arabesca, el 
cual ostenta en todas sus faces bellos relieves de plantas que le 
dan mucha gracia y realce, si bien no puede encontrarse eu peor 
estado. 

Separa una gran reja de gusto gótico, que cierra un arco 
rebajado, el cuerpo de la iglesia de la capilla en donde se con- 
templaba el magnífico sepulcro del cardenal Oisneros, carcomi- 
do por la humedad y amenazado de cercana ruina, por verse ya 
casi desplomada sobre él la techumbre de toda la capilla mencio- 
nada, hasta que la comisión central de monumentos propuso al 
gobierno la uaslacion de esta preciosa joya de las artesa la capi- 
tal de la monarquía, habiendo sido ya al efecto desarmado* el 
sepulcro y oportunamente encajonado bajo la dirección de en- 
tendidos profesores. No pareció este sepulcro al autor del V%uje 
de España tan bello en todas sus partes como lo hemos hallado 
nosotros, si bien nos confiesa que es uno délos monumentos mas 
magníficos que hay en España, á pesar de echar de menos cierta 
composición, dibujo y bizarría, notando también algún a^impro- 
piedad en ciertas cosas. Bien hubiéramos querido que este escri- 
tor señalase los defectos á que alude, para ver si conveníamos 
con él en su embozada censura; pero después de haber exami- 
nado detenidamente tan suntuosa obra, solo hemos encontrado 
bellezas que admirar en todas sus partes, por no hallarse en ella 
nada olvidado y por esceder quizá á la diligencia y esmero de'"la 
ejecución la nqueza de la inventiva. Fué este enterramiento de- 
bido á un escultor italiano, que tenia por nombre Meser Dome- 
nico Florentino, el cual se había educado en la famosa escuela 
que produjo á Michael Angelo y á Torregiano. Levantábase en 



UNIVERSAL 117 

el centro de la capilla, á la altura de dos varas sobre un basa- 
mento de bellísimo gusto, tallado de follajes y grotescos, presen- 
tando la urna cinericia en sus cuatro frentes doce graciosas hor- 
nacinas, en las cuales se hallan figuras¿de ángeles y santos de 
mucho mérito, aunque bastante maltratadas por la humedad, co- 
sa que no es nueva en verdad, puesto que cuando escribió Ponz 
su obra se veian ya gastadas algunas cabezas. En los lados de 
Oriente y Occidente existen en el centro de los referidos nichos 
dos medallaSy.de exquisitos bajo relieves, hallándose en los ángu- 
los cuatro grifos con las alas estendidas que reciben la cornisa, 
sobre la cúalftienén asiento cuatro figuras que representan los 
doctores de la Iglesia, obras con tanta maestría y gusto esculpi- 
das, que no pueden menos de merecer los elogios de los inteli- 
gentes, si bien revelan ya algún amaecramiento, lo cual nos hace 
creer que son posteriores á lo restante del sepulcro. Rodean la 
estatua yacente del arzobispo y cardenal varios niños y figuras 
de grande mérito, siendo en estremo doloroso que la acción de 
ia humedad haya causado en sus partes salientes no poco estra- 
go. Vé use á la cabecera de la^ estatua dos niños que sostienen el 
escudo de armas del ilustre regente de Castilla, y contémplanse 
asimismo á los pies otros dos angelitos que sostienen una t,abla 
ó targeton, en donde se lee el siguiente epitafio: 

Gondidera musis Franciscas grade Liceum 
codo?' in exiguo nuc eyo sarcófago 
piwíexiam ju .xi sacro ga.leamque galeno 
frattr dwxprcésul cardineusque paler. 
Quin virtutó mea pictu est diadema cucullo 
qum mihi regnanti parvit Hesperia. 
Obiit Roce. Vi. id. nove m. 
M. D. XVII. 

Corona el monumento, como liemos indicado, el bulto se- 
pulcral del arzobispo, que afortunadamente se encuentra intacto, 
no pareciendo eino que el tiempo y la naturaleza han [querido 
respetar al grande hombre de Estado, á quien tan colosales^ser- 
vicios debió la monarquía española. La estatua mortuoria del 
cardenal es indudablemente una de las mas valientes obras que 
produjo el sig o XVI, que dotó á la península ibérica de tantas 
maravillas. Al contemplarla no puede menos de asaltarnos el re- 
cuerdo de la estatua del cardenal Tavera, existente|en"el*sober- 
bio sepulcro que admiran los viajeros entendidos en el hospital 
que fundó el mismo en Toledo. La misma verdad, la misma in- 
teligencia, la misma morvidez en el modelado y la misma gran- 
deza de concepción se advierte en la estatua de Cisneros que en 
la de Talavera, dudándose por mucho tiempo de que no sean en- 
trambas parto de un mismo ingenio. Alonso de'Berruguete, que 



US ÁLBUM 

Labia estudiado, como Meser Domenico, en la esencia de Mi- 
chael Angelo, dejó en^aquella grandiosa obra el mas fehaciente 
testimonio dé su talento y de su genio. Meser Domenico Floren- 
tino dio también la mas clara prueba de haber comprendido lo 
que debia ser la eeculturaen los tiempos modernos. Entre ambas 
obras hay sin embargo una notable diferencia: Berruguete no 
pudo concluir el sepulcro ote Tavera por haber atajado la muer- 
te sus pasos, cuando se ocupaba en tan precioso monumento: 
Meser Domenico tuvo el placer de ver su obra concluida, si he- 
mos de dar crédito á los documentos que existen sobre este pun- 
to. Por estas razones advierte el artista y el inteligente gran di- 
ferencia entre la estatua de Tavera y ¡¡los relieves de la urna y 
las cuatro estatuas de las virtudes que se hallan en los ángulos, 
cuya ejecución dista mucho de aquella;]mientras en el sepulcro 
del cardenal Cisneros todo guarda la mayor armonía; todo está 
igualmente atendido y estudiado. 

Circuye el sepulcro que vamos describiendo una verja que 
se alza á la altura de la estatua, siendo no menos estimable por 
la riqueza de sus ornatos que por el gusta y delicadeza con que 
se hallan distribuidos.' Pertenece, propiamente hablando, al gé* 
ñero plateresco, y fué ejecutada por el escultor toledano Nicolás 
de Vergara, el viejo, habiendo tenido también parte en ella su 
hijo Nicolás, conocí lo generalmente con el aditamento de el 
mozo. Hállase exornada en sus cuatro frentes la espresada reja 
de bellos relieves, follajes y mascaroncillos, teniendo por remate 
graciosos jarrones y esbeltos niños, los cuales sostienen las armas 
del cardenal, formando bonitos grupos^con varios grifos y otros 
animalejos ideales del mejor gusto. En uno de los ángulos infe- 
riores de la verja referida, se ven grabados sobre un pequeño 
pedestal de los jarrones citados los biguientes versos latinos: 
Advena marmóreos mirari desine vultus, 
Factaque mirifica férrea claustra manu 
Virtutem mirari viri, quse laude perenni 
Duplicis, et regni culmine digna fuit. 
En la parte interior del balaustre que da frente á la iglesia 
se halla una inscripción en la cual consta que en el año de 1716 
se compuso dicha reja, bien que sin indicar en qué parte sufrió 
semejante reparo. El autor del viage de España, que pudo exa- 
minar detenidamente los documentos que sobre las obras de la 
universidad complutense"existian en el archivo de la misma, da 
las siguientes noticias sobre esta de la reja, que por ser curiosas 
en estremo no desagradarán á nuestros lectores. "Comenzó, dice, 
la reja en Toledo Nicolás de Yergara, el padre, el año de 1566; 
y habiendo muerto en el de 1568, hizo su hijo en 1574 escritura 
con obligación de darla acabada en año y medio por precio de 
mil ducados; sin embargo, duró la obra hasta el año de 1598, y 
sobre el pago de ella hubo pleito entre el colegio y Vergara, el 



UNIVERSAL. 119 

cual se siguió en el Consejo; de cuja orden se nombró un terce- 
ro en discordia de los antee nombrados por las partes, para tasar 
la obra; el cual tercero, de manos, materiales y asiento la tasó 
en 10,455 ducados. No obstante la tasación, en 5 de Junio de 
1593 hicieron las partes escritura de concierto, y se convinieron 
en que se le pagaría á Vergara 9,lu0 ducados de los que llama- 
ban del Rey, que creo equivalgan álos de ahora, cuya cantidad 
se le había de entregar en esta forma: 9,000 reales por tres mil 
libras de bronce que se pesó á tres reales la libra, y lo restante 
por las manos, industria, maestría, acarreos, asientos y suelo de 
mármol." Añadiendo, pues, á esta suma la cantidad respetable 
de 2,100 ducados de oro que se dieron a Meser Domenico pol- 
la oára del sepulcro se tiene la cantidad total á que ascendió el 
coste de aquel suntuoso monumento, libertado ya afortunada- 
mente de la ruina que le amenazaba, y que tanto reclamaba la 
importancia histórica del personage cuyos restos encerraba, y 
su grande mérito artístico exijen. 

Y no es el único objeto que sobrevive en el famoso colegio 
de San Ildefonso al estado deplorable á que ha venido todo el 
edificio. En la misma capilla, en donde existe el sepulcro del 
cardenal Cisneros, se contempla un retabo de gusto gótico que 
debe también ser considerado como un testimonio de los ade- 
lantos que habían logrado hacer las artes á fines del siglo XV, á 
á cuya época indudablemente pertenece. Divídese en tres espa- 
cios con tres compartimientos cada uno, que forman el número 
de nueve cuadros, en los cuales se ven otras tantas tablas exor- 
nadas de graciosos doseletes dorados, cuyas labores producen 
un bello efecto, dando mucho realce á las pinturas que las es- 
presadas tablas contienen. Adviértese en todas estas produccio- 
nes cierto esmero y prolijidad en la ejecución de las c.-ibezas, cu- 
yas formas son bastante bellas y proporcionadas, mientras las 
manos y otras p rtes no corresponden en manera alguna al mé- 
rito de aquellas. Son estas talcas, sin embargo, muy apreciables 
por su importancia histórica, siendo digno de observarse que á 
pesar de la mucha humedad del sitio en que se encuentran, se 
conservan en no mal estado. 

Hemos hablado de Pedro de Gumiel, primer arquitecto de 
este edificio, y considerando cuan grato será á nuestros lectores 
el que le consagremos en este lugar algún recuerdo, traslada- 
remos el epitaficio que aunque borrado ya casi enteramente, 
existe todavía en la misma iglesia, hallándose delineada la figu- 
ra por el referido Gumiel en la losa en que se vé escrito: el epi- 
tafio dice así: 

Petkus Gomelius complutensis Academia 

ARQÜITECTUS. GaRD. HlSPAN. FÜJÍDATORI8 
PERMI6U. SlBI ET SUIS V. F. 



120 ÁLBUM 

Lástima es que no se fijase en esta losa el aflojen que pasó 
Guniiel de esta vida. Otro epitafio, cuya lectura no es tari fácil, 
aunque escrito en castellano, hay también en la iglesia, el cual 
está concehidr en los siguientes términos: 

Só aquesta pi¿dr a yace José Sopeña, 

La piedra le dio el ver y lo acabó la piedra, 

en Liezo en XV de Enero año de 1676. 

Fué arquitecto mayor de . . . S. J. JV. 

sigue . . . do. et fué natural de la valle 

de Liendo diócesis de Burgos. 

Dejamos á los curiosos el cuidado de adivinar lo que quiere 
decir la segunda línea, que no deja de ser enigmática. En el co- 
ro de la iglesia se encuentra, finalmente, una sillería que sin ca- 
recer absolutamente de mérito, no llama la atención por mucho 
tiempo, siendo en nuestro concepto una imitación de la que 
existe en el coro de la Magistral que mas adelante mencionare- 
mos. El antiguo colegio de San Ildefonso tiene además dignos 
de examen tres patios de diferentes épocas, que señalan el esta- 
do respectivo de las artes cuando fueron levantadas sus galerías. 
Ninguno se remonta al tiempo de la fundación, sin embargo. 
El primero, que parece haberse comenzado en 1611 y terminado 
en 1622, según las inscripciones que se hallan en los pilares del 
primer cuerpo y en el entablamento del segundo, da frente al 
vestíbulo de la portada que dejamos descrita, y se compone de- 
tres cuerpos de arquitectura, dóricos los dos inferiores y jónico 
el superior, viéndose los últimos exornados de columnas bien 
proporcionadas. Trazó y construyó esle patio el citado José ¡So- 
peña, constando todo él del número total de 96 columnas y os- 
tentando en los costados de oriente y occidente dos relieves del 
tamaño natural, obra de bien escaso mérito, y figuran á Santo 
Tomás de Villanueva y al Cardenal Cisneros, siendo debidas á 
un escultor llamado Francisco ■ de la Dehesa, nombre á la ver- 
dad poco conocido y estimado entre los artistas. El segundo pa- 
tio, que desgraciadamente quedó por concluir, pertenece tam- 
bién á la arquitectura greco romana, siendo de orden compósito 
y hallándose la parte terminada enriquecida de ornatos de buen 
gusto, tales como las cabezas,, mayo res que el natural que exor- 
nan bis pechinas délos arcos, obras trabajadas con acierto y co- 
nocimiento de las buenas máximas del arte. Edificado el tercero 
en el siglo XVI, trazado y dirigido por Pedro de la Gotera en 
1.557, puede presentarse como un modelo de la graciosa origi- 
nalidad y admirable perfección á que llegaron en aquella era 
los conocimientos artísticos de nuestros mayores. Compónese de 
dos bellos cuerpos de arquitectura de orden jónico, hallándose 
el primero sostenido por treinta y seis columnas, cuyos capiteles 



UNIVERSAL. 121 

esculpidos con mucha delicadeza, escitan la curiosidad de los in- 
teligentes, y contémplase el segundo exhornado de otras tantas 
pilastras, notándose en los espacios que presentan aquellas igual 
número de ventanas decoradas de repisas, jambas y frontones, y 
quedando por tanto cerrado el clausiro superior enteramente. 
Sobre el cornisamento de este segundo cuerpo se levantan algu- 
nos jarrones y candelabros ó flameros que le sirven de remate, 
si bien por la injuria del tiempo ó por el abandono en que está 
todo el edificio se hallan algunos bastante mal tratados. En este 
patio, que perteneció al colegio Trilingüe, existió antiguamente 
un teatro, pintado en un principio por Diego López, Juan de 
Borgoña y Alonso Sánchez, artistas toledanos de grande mérito 
y nombradla. Al presente nadie da razón de este edificio, siendo 
tal vez el departamento conocido con el nombre de Paraninfo, 
en donde se conferían los grados mayores con toda la magnifi- 
cencia y solemnidad posible. 

El Paraninfo es una preciosa estancia, cubierta por un ar- 
tesonado, en el cual se ha querido imitar la manera de construir 
los alforjes de los sarracenos, sin que se haya conseguido aque- 
lla variedad y belleza en la obra de lacena ni aquella delicade- 
za de la adoraba arábiga, que tanto agrada en sus maravillosas 
producciones. Todo esto unido al poco gusto de la pintura de la 
referida techumbre, nos da derecho para creer que ni Diego Ló- 
pez ni los demás profesores citados intervinieron en esta obra, ó 
al menos que el alfarje construido por el primero y pintado por 
los segundos, hubo de perecer absolutamente, sustituyéndole el 
que vamos mencionando, á principios del siglo pasado, época á 
que debe referirse, por mas que algunos viajeros quieran ver ^llí 
otra cosa. Los casetones en que el artesonado se divide, encier- 
ran cada cual un florón dorado envuelto en hojarascas de mal 
género que revelan ya la existencia del churriguerismo, y sabi- 
do es que los imitadores de los artesonados moriscos se hallaron 
á gran distancia de la decadencia de las artes. Solo pudimos exa- 
minar, por motivos que causa rubor el decirlos, la parte superior 
de este salón insigne, en donde tantos y tan brillantes actos lite- 
rarios se han celebrado; hallándose exhornado de un cuerpo de 
arquitectura plateresca, que representa en los costados seis arcos 
revestidos de bellas labores, los cuales forman otros tantos bal- 
cones con sus correspondientes balaustres, si bien se encuentran 
algunos enteramente cerrados. Decoran el cuerpo referido en ca- 
da uno de los lados siete pilastras igualmente cuajadas de relie- 
ves, así como todo el muro, teniendo el sentimiento cuántos via- 
jeros entendidos llegan á aquel sitio, de hallar cubiertos de cal 
estos preciosos ornatos, que debieron dar gran belleza al Para- 
ninfo. 

Tal es en resumen el edificio de la célebre universidad de 
Alcalá de Henares, fundado en 1.499 por el cardenal Oisneros, 

16 



122 ALBDM 

por aquel virtuoso religioso y grande hombre de Estado, que 
restauró al par las letras y la monarquía española. Lástima y 
lástima grande es que la influencia de los tiempos haya arranca- 
do á Alcalá sus famosos colegios, dejándola reducida al último 
estremo. 

No muy distante del edificio descrito se encuentra la iglesia 
de San Diego, en donde hasta la esclaustracion de los religiosos 
existieron escelentes cuadros de Alonso Cano, Bartolomé Ro- 
mán y otros profesores. El templo referido pertenece al buen 
tiempo de la arquitectura gótico-gentil, puesto que fué fundado 
por el arzobispo D. Alonso Carrillo y Acuña á fines del siglo XV, 
poniendo en él su enterramiento. Consta de una sola nave com- 
puesta de dos grandiosas bóvedas, esceptuando la que íorma el 
ábside que se levanta á mayor altura. Destinado este edificio á 
usos poco conformes con el primitivo, es sensible que se halle en 
tan mal estado que apenas puede darse en él un paso sin temor 
de sufrir alguna desgracia. Este abandono es tanto mas sensible 
cuanto que guarda en su seno dos monumentos dignos de todo 
aprecio, los cuales bastan para caracterizar dos distintas épocas 
de las artes españolas. Hablamos del sepulcro del arzobispo 
Acuña, y de una preciosa portada de gusto plateresco, que se 
encuentra en la segunda bóveda de la iglesia. 

El sepulcro es enteramente gótico: consta de un arco, exor- 
nado de graciosa obra de crestería en su parte superior, viéndo- 
se decorado de esbeltas agujas, castillos y otros adornos esquisi- 
tos, que no pueden menos de revelar el estado en que se hallaba 
la escultuta, para la cual no existían entonces dificultades que 
no venciese, ni materias que no dominase. Yése la urna cineri- 
cia enriquecida de varias figuras alegóricas talladas con el ma- 
yor esmero, ostentando al par los escudos de armas del arzobis- 
po, que circuyen leyendas en caracteres góticos de no fácil lec- 
tura. Sobre la urna citada se contempla la estatua mortuoria, 
obra de tamaño natural y de un mérito estraordinario. Hállase 
revestida de pontiíical, cuyos brocados son de una ejecución ad- 
mirable, y descansa la cabeza sobre un almohadón, igualmente 
bello, no pareciendo" sino que el mármol espera á animarse en 
aquel rostro; tan bien caracterizado se encuentra y tanta rela- 
ción encontramos nosotros entre la severidad de aquellas faccio- 
nes con las cualidades que adornaron al arzobispo. En efecto, 
cualquiera que contemple el semblante de la estatua que men- 
cionamos, reconocerá á primera vista al prelado ambicioso que 
solo vivía contento en medio de revueltas, llegando á ser cabe- 
za de la anarquía feudal que á mediados del siglo XY no reco- 
nocía en Castilla mas leyes, que la fuerza, ni mas derecho que 
el capricho. Cualquiera traerá a la memoria el escandaloso é in- 
digno simulacro de Avila, en que el activo Carrillo y Acuña 
representó el principal papel, recordando los pactos mil veces 



- UNIVERSAL. 123 

jurados y mil veces rotos entre Don Juan Pacheco y los demás 
proceres, para vilipendiar el trono y mermar sus derechos y re- 
galías. Cualquiera finalmente recordará la venganza de Siman- 
cas, justo castigo de tantas demasías, no olvidando tampoco la 
ojeriza que tuvo Carrillo al Cardenal Cisneros, perseguido y en- 
carcelado por él en la torre de TJceda; y finalmente el famoso 
dicho de aquel infausto personaje, cuando amenazó á la reina 
doña Isabel con su enemistad, después de haberse reconciliado 
con las ideas de orden, en gracia de sus muchos deseos. Nos- 
otros confesamos que todos estos hechos asaltaron en un punto 
nuestra memoria y que al examinar el semblante de aquella es- 
tatua inanimada, creímos reconocer al autor de ellos. 

En el huoco del arco se encuentra una lápida con lasiguien- 
te inscripción latina: 

D. O. M. 
III. et Rev, I). I). Ildefonsus Gárrulo de Acuna, 
archiepiscopus toletcmus et hujus observantissimi cmnóbii 
fundatur Ínclitas, hoc magnificentissimo tumulatus sepulcro: oh 

antiguo, in quo per multos jacuerat 
anuos translatus estjussu et expensis Illmi. Domini 
Joan Acuña, Marchionis de Valle, ejus nepotis, regiique 

Senatus vigilantisimi. Obiit anuo MCCCCLXXXII. 

Junii die Ivixit in archiepiscopatu XXX annis. 
et mensibus V. 

Sobre la losa referida se halla incrustrado en el muro un 
pelicano abriéndose el pecho para sustentar sus hijuelos, escul- 
tura al parecer mucho mas antigua que la restante del sepulcro, 
viéndose en ella una tarjeta ó cinta con estos dos versos en ca- 
racteres góticos primitivos: 

Si el alma no se perdiera 
lo que esta ave hiciera. 

No sabemos en verdad en que pueda tener aplicación esta 
alegoría á los hechos públicos y privados del personaje cuyos 
huesos encierra el referido sepulcro. Como procer del reino era 
estremadamente altivo y ambicioso; como prelado, obraba casi 
siempre impulsado por los mismos sentimientos; como hombre, 
era intolerante y vengativo. La alegoría del pelícano no se ha- 
ll a, pues, en su lugar respecto al arzobispo de las conjuras y d de 
las asonadas. 

La portada que hemos mencionado es uno de los objetos 
mas bellos que existen en Alcalá de Henares. Compónese de dos 
columnas monstruosas, llenas de esmerados relieves, los cuales 
representan niños, cisnes, grifos y otros caprichos ideales, for- 
mando tan bello conjunto con los pedestales, arco y cornisa, que 



12é 
puede ofrecerse por modelo á los jóvenes que al difícil y precio- 
so arte de la literatura se dediquen. .No sabemos porqué el entu- 
siasta don Antonio Ponz pasó delante de este monumento sin 
consagrarle en su Yiaje una sola línea, cuando se detiene á des- 
cribir otros muchos objetos que s© encuentran á mucha distan- 
cia, ya se consideren bajo el aspecto general, ya se haga la apli- 
cación de ellos á las épocas á que se refieren. La portada de que 
hablamos era en verdad digna de que se hiciera mención de 
ella en una obra de viajes artísticos, bastando para que sea reco- 
nocida su importancia el saber que fué construida en el año de 
1560, como se advierte en el pedestal de la columna de la iz- 
quierda. Toda la parte de escultura, talla y especialmente las 
estatuas que se ven sobre el frontispicio^ nos parecen de un mé- 
rito relevante, no pudiéndose tachar en manera alguna las pro- 
porciones arquitectónicas de aquel bello conjunto ¿En quéfcon- 
sistió, pues, el silencio de Ponz? Ya hemos tenido ocasión de de- 
cirlo antes de ahora: los partidarios de la reacción greco-romana 
del último siglo rechazaron todo cuanto no se ajustaba á las re- 
glas de Yitrubio y de Yiguola, j en su esclusivismo fueron has- 
ta el estremo de cerrar los ojos á las bellezas que no podían menos 
de confesar. Por eso el autor citado escasea siempre sus elogios 
al verdadero arte del renacimiento, mostrándose, por el" contra- 
rio, pródigo de alabanzas para sus partidarios. En el frontón de 
la portada referida se ven las armas de Aragón y de Castilla, y 
sobre este escudo la siguiente inscripción: 

Christo óptimo máximo 
Matrique Virgini Santissimam 
Catharina Contreras, mater Dida&ns Contreras, 
Anna et Beatrix Contreras, filii mortalitatis 
memorial septdehris locum sihi providentes. 
Beatos in cmlis inmortalitates etipidi patroeinixim 
oenignisimce matris apud pientissimu?n 
filium implorantes, sacellum cundidere. 
AnnoMDlXI. 

La capilla que edificaron para su enterramiento los perso- 
nages comprendidos en la inscripción trascrita, no es de tanto 
mérito como su portada, si bien pertenece al mismo género de 
arquitectura. Mucho convendría para provecho de los artistas y 
gloria de las artes el que esta portada fuese trasladada á la cor- 
te, así como el sepulcro del arzobispo Acuña, lo cual ha pro- 
puesto la comisión central de monumentos al Gobierno, como 
consta del informe publicado en la Gaceta. 

IsTos hemos detenido algún tanto en la descripción de los 
objetos que encierra todavía la celebérrima universidad complu- 
tense, y hemos querido dar ana idea la mas exacta posible de 



UNIVERSAL. 12& 

los dos monumentos que existen en la grandiosa iglesia de San 
Diego, monumentos que á no haber sido reconocidos última- 
mente, habrían de perecer entre los escombros del edificio, como 
ha sucedido á otros muchos en diferentes partes de Espaíla. En 
otro artículo daremos á nuestros lectores conocimiento del pala- 
cio arzobispal, la Magistral, Santa María, la iglesia de jesuítas 
y otros edificios notables, en donde encuentran los artistas y los 
literatos abundante materia para sus estudios y especulaciones. 
Alcalá, que tan cerca se encuentra de la capital de la monar- 
quía, es una población demasiado importante para que sus mo- 
numentos puedan dejar de interesarnos vivamente. 

José Amador de los Ríos. 



Huevado en Turin en memoria della espedicion de Crimea, 



He aquí una vista del monumento levantado en Turin y 
costeado por los milaneses en recuerdo de la espedicion de Cri- 
mea. Este monumento, descubierto el 10 de Abril en presencia 
de una concurrencia inmensa, se halla en la piezza Üastello de 
Turin y es obra del señor Yeía, que ha trabajado en él durante 
dos años. La inauguración fué muy solemne- El artista que ha 
sabido manifestar en su obra el heroísmo del ejército piamontés 
personificado en la actitud monumental de uno de los oficiales 
de aquel ejército, recibió las felicitaciones mas honrosas por par- 
te de los funcionarios encargados de ser los intérpretes de la gra- 
titud nacional. 

En el pedestal se lee esta inscripción: "I Milanesi alVesér- 
cito sardo, il giorno 15jennaio 1857." 



*&©•!€<*■■— 



COSTUMBRES MADRILEÑAS. 



El barbero ambulante. 

El salón para afeitar y para cortar y rizar el pelo, ha dado 
al traste con las antiguas y famosas tiendas de barbería. 

Los cirujanos romancistas ó de tercera clase que bajo el 
honroso título de maestros dirijieron por espacio de muchos años 
los trabajos de aquellos modestos establecimientos barberiles, no 
son hoy ni siquiera un recuerdo de lo que fueron antes. 

Humillada la tienda ante el fastuoso lujo desplegado en el 
salón, el cirujano ha tenido que suprimir la bacía abollada y re- 
luciente para dedicarse á otras operaciones menos cruentas. La 
ventosa y la lanceta han ocupado el lugar del verduguillo, y 
aquella mano larga, colorada y fría, que con tanto denuedo ha- 
bía batido las mandíbulas del parroquiano, no abandona hoy el 
mugriento bolsillo, en que generalmente vive escondido, á no 
exijirlo una muela cariada ó un golpe de sanguijuelas. 

En una palabra: la verdadera tienda de barbería ha muerto 
ante la magnificencia de los salones para afeitar. El mancebo ha 
cambiado su nombre por el de dependiente, y la guitarra, instru- 
mento preciso é indispensable de la tienda, ha enmudecido ante 
las baterías de frascos, botes y platillos que decoran el salón mo" 
derno. 

Solo el barbero ambulante ha salido ileso de esta universal 
derrota. 

Único resto de su numerosa familia, vive en 1861 ni mas ni 
menos que vivia en 1815. 

El zapatero de viejo y el sastre remendón han mejorado en 
su oficio: en sus pespuntes y sus ojales se notan diferencias esen- 
cialísimas; solamente el barbero ambulante ha desobedecido a la 
ley del progreso; su navaja es cada vez mas funesta; la misma 
sangre derrama hoy que hace cuarenta años. 

El guerrero mas acostumbrado á las batallas, retrocede es- 



UNIVERSAL. 127 

pantado ante un rastro de sangre; nuestro hombre por el contra- 
rio; un cañón que salta, una sajadura que llega hasta los dientes, 
le animan y encienden, para continuar su operación con mayor 
denuedo y ferocidad. 

Y con mas orgullo blande 
su formidable navaja 
que su tridente Neptuno 
y que su espada Alejandro. 

Nómada en la corte, sin familia, sin hogar y hasta sin por- 
tal, elige generalmente para teatro de sus fechorías las plazuelas 
mas concurridas de arrieros, aguadores y mozos de esquina, y.... 
¡allí es ella! 

Una vez colocada la funesta trípode, los destinados al sacri- 
ficio acuden de dos en dos, de cuatro en cuatro y hasta de seis 
en seis, según el valor individual de cada víctima. 

¡Ah! en este momento supremo, en este instante de gloria, 
el barbero ambulante se cree un semi-dios. 

Su mano derecha brinca llena de espuma de jabón sobre la 
cara del parroquiano como un corderillo blanco sobre la cresta 
de un cerro. 

Los que esperan vez, miran de hito en hito la facilidad pas- 
mosa con que el maestro jabona hasta las cejas al paciente, que 
á su vez llora apriori el mal rato que le espera. 

Por fin, brilla abierto el homicida instrumento, y aquí de 
la parsimonia con que nuestro héroe se pone á afilar su navaja. 

La concurrencia observa esta operación con silenciosa cu- 
riosidad; y ya puede ocultarse el sol; resñiarse la atmósfera, he- 
lar, levantarse ventiscas, gritar el parroquiano porque la barba 
se le seca; todo es inútil. El maestro continúa afilando su navaja, 
convencido, sin duda, de que nunca para el mal es tarde. 

En este estado suele suceder que un recien llegado al corro 
interpela bruscamente á otro que está esperando vez. No cortará 
el maestro un pelo de la barba remojada, sin haber antes apaci- 
guado á los contendientes, siquiera para lograrlo haya tenido 
que ir en busca de la guardia urbana. 

Llega por último el momento de la rasura: el verduguillo 
cae como un relámpago sobre el carrillo frió del desdichado as- 
tur; la barba cruje, la sangre corre .... ¿y qué? La operación ter- 
mina: el parroquiano suelta tres cuartos envueltos en un terno, 
y el maestro le despide diciendo: salud. 

— ¿Y hay, después de visto esto, quien se atreva á sentarse en 
el fatal banquillo? 

— Sí; porque contra sus instintos sanguinarios, posee el bar- 
bero ambulante la cualidad de no contradecir á sus parroquia- 
nos: piensa como ellos, habla como ellos y viste como ellos. 

Tiene del andaluz la gracia del decir; la pesadez del asturia- 
no y la tenacidad del aragonés. 



r 128 ÁLBUM 

Su trage será un contrasentido; pero gastando calafiés da 
gusto á la gente maja; usando casaca atrae por espíritu de com- 
pañerismo á los cesantes pobres; y con sus zapatos gruesos y cla- 
veteados, se hace pasar como uno de tantos entre los aguadores 
y mozos de esquina. 

Para concluir: 

No deseamos el mal del prójimo-; pero si algnn dia tuviera 
cabida en|nuestro a corazon tan reprensible deseo, no pediriamos 
para nuestros enemigos las plagas de Egipto ni las calderas de 
Pedro Botero; pediriamos únicamente que fuesen afeitados por 
el TxM-bero ambiciante. 



íl KA1D IP-EL-KEBIR, 



Un periódico de Argel publicaba con fecha 23 de Noviem- 
bre la siguiente noticia: 

"Una parte de las tribus de los Uled-Kebir, Uled-Agdann, 
Uled-Alí, han atacado al caid Bu-Renan y ha habido una lucha 
reñida. / 

Prontamente advertido el general de división Gastu, coman- 
dante de la provincia de Constantina, tomó al punto las disposi- 
ciones convenientes para castigar álos revoltosos." 

Esta sublevación de las tribus de las cercanías de Collo y 
la espedicion del general Gastu, se refieren á un incidente que 
ocurrió hace poco tiempo. La causa de la efervescencia y el ob- 
jeto de las quejas que se dieron, eran el caid Bu-Renan, colocado 
por la autoridad francesa á la cabeza délas tribus que clamaban 
contra sus violencias y vejámenes. Como no se oyeron sus recla- 
maciones ni obtuvieron la destitución de Bu-Renan, los cabilas 
se sublevaron; eran unos seis mil, y fueron á atacar á su jefe en 
su bordj, le mataron una parte de los suyos, y después de haber- 
le despojado desús tiendas y del impuesto quehabia recaudado 
para la administración francesa, le obligaron á refugiarse en 
Constantina. 



GINEBRA. 



Ginebra y su hermoso lago que se llama el Leman, se pre-* 
sentan á la vista del viagero entre la doble cortina de los Alpes 
y del Jura. 

v El lago de Ginebra ocupa el centro de un gran valle que 
separa las dos gigantescas cadenas de montañas. Es una cosa 
digna de admiración aquella vasta é inmensa llanura de agua 
que tiene todo el brillo del cristal y el pulimento de un espejo. 
Parece que el Occeano ña querido dar su retrato en miniatura 
á la Suiza. En sus orillas entapizadas de verdor se levantan gran 
número de ciudades, entre las que se distingue Ginebra y Lau- 
seana. La mayor longitud del lago es unas catorce á quince le- 
guas, y su mayor anchura de tres á cuatro. 

Inmediato á Ginebra tiene poca profundidad, pero á la le- 
gua de distancia tiene mucha mas, Por do quiera sus aguas son 
de una maravillosa limpidez y claridad, escepto en el sitio en 
donde entra el Ródano, que tiene su origen en una nevera del 
monte de la Horca. El San Gotardo, el monte Abiento y otras 
cimas elevadísimas forman el contorno de tan precioso cuadro. 
En este sitio del lago se abre una especie de estanque abierto 
por la naturaleza, donde el Ródano reposa de su horroroso sal- 
to, y se despoja del cieno que viene cargado. No conserva largo 
tiempo la limpidez y claridad que toma en el lago. Desde que 
este hermoso rio cesa de regar con sus aguas, todavía puras, los 
jardines que se hallan en la parte baja de Ginebra, el rio ó mas 
bien el torrente del Auba, que baja de los Altos Alpes inmedia- 
tos al monte Blanco, viene á mezclar con estraordinaria impe- 
tuosidad sus turbias aguas á las suyas. Parece que el Ródano 

17 



130 ÁLBUM 

trata de esquivar su impura mezcla colocándose contra la orilla 
opuesta, y asi se ve por un largo espacio sus aguas de un azul 
sucio correr en un mismo cauce, empero separado de las aguas 
grises y turbias del Anba. Cuatro veces se ha visto crecer el 
Anba hasta un punto tal que no pudiendo correr con bastante 
seguridad entre las colinas que lo encerraban mas abajo de su 
su reunión con el Ródano, hicieron un reflujo sus aguas en el 
cauce del rio, abligándole á subir con su masa hacia el lago Le- 
man. Todos los molinos construidos sobre el Ródano dieron la 
vuelta en sentido contrario. Ginebra es, según la espresion de 
un ilustre viagero, una de esas dos ciudades que reasumen mara- 
villosamente la Europa: Bruselas y Ginebra. Bruselas mas poé- 
tica, mas ancha, mas elegante, mas íntima; Ginebra mas seca, 
mas positiva, mas egoista, mas heterogénea, mas razonadora, 
menos rica en epopeyas populares, pero mucho mas altiva y ri- 
ca que la joven capital de Bélgica. Ginebra, poblada de ricos 
estrangeros que llegan allí con sus diversos gustos, con sus cos- 
tumbres nacionales á buscar una vida cómoda, fácil y elegante 
es una de las mansiones mas gratas que hay sobre la tierra. Ri- 
val de Bruselas como ciudad de civilización y de actualidad li- 
teraria y científica, como punto de reunión de los opulentos via- 
geros y de las glorias pasadas que buscan en el destierro un des- 
canso, la Roma protestante es un campo neutral en el corazón 
de la Europa, donde se ven las eminencias de la inteligencia, 
del nacimiento y del dinero de los diversos países, mezcladas, 
confundidas y dándose de paso la mano durmiendo tranquilas 
después de las tempestades sociales cuyas oscilaciones violentas 
no han podido arrugar la cara del lago Leman. Divididos en to- 
das partes fuera de allí por las opiniones, los hombres están 
acordes en una, en tener un sentimiento de admiración por las 
obras de la naturaleza que les presenta Ginebra, y su alta lec- 
ción de ideas políticas y religiosas que hacen elevar á lo infinito 
un himno de admiración y de piedad, 

En Ginebra las calles, las casas, los monumentos traducen 
con toda la verdad el tipo moral que les caracteriza. Allí se ve 
la alta cúspide de la Germania confundida con las terrazas de la 
Toscana. En Ginebra todos los hombres son ciudadanos por ca- 
rácter, y casi todos por derecho. Los monumentos son paseos. 
No se ve un solo pobre que coa sus harapos moleste la vista del 
estrangero ni tienda la mano en la calle para pedir una limosna. 
Hay un número prodigioso de hoteles, de posadas, de casas de 
huéspedes que aguardan sin cesar los visitadores y curiosos que 
de todas partes del mundo vienen, y sobre los que imponen un 
tributo. Asi es que la población de Ginebra, es una población 
exótica, mezclándose con la raza indígena los franceses, los ru- 
sos, los alemanes, los italianos, los ingleses, que desde allí diri- 
gen sus espediciones á la pintorescas Suiza. 



UNIVERSAL 131 

Al pasar por Ginebra, no puede uno menos de recordar á 
su antiguo é ilustre obispo San Francisco de Sales; pero no es 
solo en Ginebra donde se bendicen todavía las huellas de sus 
pasos: San Francisco de Sales llevaba el consuelo hasta el seno 
de las montañas. 

Un dia que se desprendieron las cumbres de dos de aque- 
llas montañas aplastaron en su caida muchas aldeas y gran nú- 
mero de gentes y rebaños, que constituían toda la riqueza del 
pais. San Francisco de Sales que tenia el corazón mas tierno y 
compadecía las miserias de sus semejantes, recibió en una aba- 
día donde se hallaba dos disputaciones de los que habían sobre- 
vivido á la catástrofe. Vertieron lágrimas sus ojos, pero no eran 
lágrimas estériles, porque inmediatamente se brindó con los des- 
graciados á marchar con ellos al lugar de la catástrofe. Opusié- 
ronse estos manifestando que el pais estaba intransitable y tan 
pesado que no podría pasar por él un caballo. Preguntóles el 
santo prelado si ellos no habían venido: respondiéronle que sí, 
pero que ellos eran pobres acostumbrados á semejantes fatigas y 
peligros. 

— Y yo, esclamó el digno obispo, soy vuestro padre; todos 
sois mis hijos, y este título me obliga á proveer por mí mismo á 
vuestro consuelo y necesidades. 

Por mas instancias que le hicieron para separarle de su 
propósito no pudieron lograrlo, y el santo prelado marchó á pie. 
Un dia entero necesitó para hacer el camino de tres leguas que 
separaba la abadía del sitio de la catástrofe. El mal era mas ter- 
rible aunque lo que le habían dicho sus afligidos habitantes, 
leíanse estos reducidos á una estrema pobreza; apenas conser- 
vaban en su rostro señales de figura humana, todo les faltaba, 
vestidos, casas, alimentos. Francisco los recibió llorando, los 
estrechó en sus venerables brazos, los consoló dándoles lo que 
había llevado consigo, y les prometió avisar al duque de Sabo- 
ya de donde entonces dependía Ginebra. Lo hizo, y obtuvo pa- 
ra ellos todo cuanto pidió su caritativa alma. Nosotros hemos 
visto los senderos y las escarpadas trochas del monte Salebe y 
de la Montaña Maldita: y nuestro guia enseñándonoslas con la 
mano nos decia: 

— Por ahí pasó San Francisco de Sales cuando fué á so cor- 
rer á los desgraciados cuyas casas habían arruinado los hundi- 
mientos de los Alpes. Desde eutoncei la Montaña Maldita es 
para los habitantes que están cercanos á ella la Montaña Santa. 

Cerca de Ginebra está la gruta de las Hadas ó encantado- 
ras. Son tres, en medio de un besque de espinos y de horrendas 
rocas abiertas á pico en ellas. Se sube allí por medio de una es- 
cala de cuerdas, y se penetra en ella agarrándose á las ramas de 
los árboles. El fondo de cada una de ellas está formado por una 
especie de pequeño estanque, cuya agua cuentan que tiene ma- 



132 ÁLBUM 

ravillosas propiedades. Kepárase con sorpresa que la mas gran- 
de y elevada de estas grutas, el agua que destila al través de 
las rocas forma un cuerpo parecido auna gallina cuidando sus 
polluelos* Mas lejos aumenta la sorpresa al ver la forma de un 
huso y de una rueca. Por todas partes presenta aquella roca en 
su interior unas hermosas perlitas petrificadas, que al tacto se ve 
que no son mas que piedras. Las mugeres del país cuentan que 
en aquellas grutas han visto una figura humana petrificada, pe- 
ro no pasa de ser una conseja con que se pretende asustar á las 
personas que se atreven á hacer esta peligrosa espedicion, 

Todavía detras de la Ginebra actual existe la antigua Gine- 
bra: la Ginebra de Cal vino, de los reyes de Borgoña y de Julio 
César. Allí se ven antros sobre ojivas, ojivas sobre arcos bizan- 
tinos, y estos sobre bóvedas romanas; la ciudad tal como el cris- 
tianismo la habia hecho, tal como la refoma la ha convertido. 
Calles estrellas, tortuosas y en rampa; altas y profundas casas en 
que la vida se pasa oculta y misteriosa; una población diferente 
para cada piso; á esta el techo le sirve de horizonte; en aquella 
un patio de tres varas cuadradas sirve de paseo y de galería. 
Por esas escalas de piedra que se llaman escaleras, por esos agu- 
jeros con rejas que se llaman ventanas, millares de individuos su- 
ben, bajan, respiran y viven con la regularidad del mecanismo 
industrial á que están unidas. 

La principal industria de Ginebra es la construcción de re- 
lojes, y solo esta ciudad surte á casi todo el mundo. El comer- 
cio de los relojes en la calle de las Platerías es cosa sumamente 
curiosa: se cree uno al hallarse allí trasportado á la edad media. 
Figúrense nuestros lectores dos líneas de casas teniendo casi to- 
das bancos de madera á cada lado de una pequeña puerta: en- 
cima de estos bancos un escaparate donde se ponen las merca- 
derías, y en medio de la calle mostradores de encina donde se 
enseñan los relojes, de manera que estos parecen unas eflores- 
cencias de la misma manera. 

José Muñoz Gavina. 



\L PMUmPE PI METT1SINIBCIHI. 



Clemente "Wenceslao Nepomuceno Lotario, príncipe de 
Metternich, el decano de los hombres de Estado de Austria, na- 
ció en Coblentz el 15 de mayo de 1773, y descendía de una de 
las mas ilustres familias del pais. A la edad de quince años pa- 
6Ó á estudiar en la universidad de Estrasburgo; fué su profesor 
el célebre de Kock, y tuvo por condiscípulo á Benjamín Cons- 
tant. Sus estudios de derecho los hizo en la universidad de Ma- 
guncia En 1790 desempeñó el cargo de maestro de ceremonias 
cuando la coronación del emperador Leopoldo 11. En 1794, de 
regreso de un viage á Inglaterra y de la primera misión que se 
le confió en Aix-la-Chapelle (Aquisgrain), este diplomático de 
veinte y un años contrajo matrimonio con la condesa Leonor de 
Kaunitz, sobrina y heredera del célebre ministro de este nom- 
bre. 

Siendo secretario del congreso de Rastadt, donde represen- 
taba el colegio de los condados de "Westfalia, Metternich llamó 
la atención del emperador Francisco I, quien le nombró prime- 
ramente agregado á la embajada del conde Stadion á San Peters- 
burgo, después ministro de Austria en la corte de Dresde, luego 
en la de Berlín, donde preparó, de 1803 á 1804, la coalición que 
fué disuelta por la victoria de Austerlitz, y finalmente le encar- 
gó en 1806 qne representara la corte de Austria cerca de la cor- 
te de Napoleón. Su juventud, su elevada cuna, la distinción de 
sus maneras, su bella fisonomía y su amena conversación le hi- 
cieron conquistar mucha influencia y hasta ganar las buenas 
gracias del emperador, que veía en él una aspecie de personifi- 
cación del espíritu y de Jas ideas francesas en Austria. Por su 
parte, Metternich demostró durante tres años el mas vivo entu- 
siasmo por el genio de Napoleón y simpatías por la Francia; y 



134 ÁLBUM 

Jiasta afectaba separarse en algunos puntos de la opinión de su 
gobierno. Cuando creyó llegado el momento oportuno, "se hizo 
quitar la embajada;" pero la destrucción del Austria en "VVagram 
dejó frustrada por primera vez su política. 

Irritado Napoleón de haber sido burlado de este modo, hi- 
zo conducir á Metternich á la frontera por Ja gendarmería; pe- 
ro el diplomático supo ganar de nuevo en las conferencias de 
Schoenbrunn las buenas gracias del conquistador. Después del 
tratado de Yiena, fué nombrado canciller de Estado y presidente 
del Consejo; entonces concibió la primera idea del enlace de Na- 
poleón con una archiduquesa austríaca, condujo á María Luisa á 
Francia, y consiguió su objeto, que era crear disenciones entre 
Francia y Rusia. La catástrofe de Moscón y el revivamiento de 
la nacionalidad alemana alentaion á Metternich en su proyecto 
y en su espuranza de una resurrección del Austria, 

Los historiadores están acordes en decir que su patriotismo 
no fué escrupuloso en cnanto á los medios. En el congreso de 
Praga y en la defección del Austria se hizo patente esa habilidad 
diplomática en que para nada influía la conciencia. Dio prime- 
ramente á la neutralidad de su país la actitud de una mediación 
armada', después, en una entrevista célebre, puso á Napoleón 
por precio de su alianza condiciones inaceptables, y finalmente 
declaró la guerra á la Francia. El 9 de Setiembre de 1813, Met- 
ternich firmó en Toeplitz la adhesión del Austria á la coalición. 
En la tarde misma de la batalla de Leipsick, el emperador Fran- 
cisco I le confirió el título de príncipe para sí y sus descendien- 
tes. Metternich desplegó la maycr actividad diplomática en las 
conferencias sucesivamente inútiles de Francfort, Friburgo, Ba- 
eilea, Langres y Chaumont, y finalmente dirigió el congreso de 
Chatillon que tampoco dio resultado alguno. Partidario de la 
dinastía napoleónica, según unos, y comprometido ya, según 
otros, con los Borbones, dejó, después de la capitulación de Pa- 
rís, que resolviera la cuestión el emperador Alejandro de Rusia. 

Después de un viaje á Inglaterra, donde renovó el tratado 
de la cuádruple alianza y recibió de la universidad de Oxford el 
título honorífico de doctor, el príncipe de Metternich presidió el 
consegro de Viena, que es verdaderamente obra suya. A él de- 
be la Alemania su restauración feudal. Fué plenipotenciario del 
Austria en la segunda paz de Paris (20 de noviembre de 1815), 
así como en los congresos de Aquisgram (1818), de Carisbad 
(1819) y de Troppaw y de í.aybacli (1820), en ios cuales se pro- 
clamó bajo toda clase de formas al derecho divino. Nombra- 
do en 1821 canciller de Estado, se presentó nuevamente al Aus- 
tria en el congieso de Verona en 1822, y en 1826, muerto el 
conde de Vichy, ocupó la presidencia del Consejo de Negocios 
estrangeros. La causa de los griegos en 1824 encontró un enemigo 
en el príncipe Metternich, pues temia, no sin fundamento el en- 



UNIVERSAL. 135 

grandccimiento del poder ruso en perjuicio de la Turquía. La 
revolución de julio que podia desbaratar su obra le causó rece- 
los en un principio, pero tranquilizóse al reconer en Luis Feli- 
pe un rey prudente, y previo que se dejaría sofocar, sin gastar 
mas que palabras, el último esfuerzo de las nacionalidades italia- 
na y polaca. 

Con la muerte del emperador Francisco I, ocurrida en 1835, 
nada perdió el príncipe de Metteruich de su influencia. 

Acompañó al nuevo emperador Fernando en las conferen- 
cias de Toaplitz y Praga, cuyo objeto era considerar la alianza 
entre e! Austria, la Prusia y la Rusia. El fué también quien con- 
tribuyó mucho, con motivo de las cuestiones de Oriente en 1810, 
á separar á la Francia del acuerdo europeo, á escluirla del tra- 
tado de 15 de Julio, y á renovar contra este pais la alianza de 
Inglaterra y Rusia, tan contraria á los principios ya que no á los 
intereses ele ambas potencias. 

Al mismo tiempo reprimía el. príncipe de Metteruich en el 
interior todo movimiento de vida nacional. En S de Junio de 
1815 destruyó con su acta federal las promesas de 1813, y du- 
rante treinta y tres años gobernó con la policía y la censura. 
Pero este gran preboste de la Europa, que se lisonjeaba de haber 
vencido para siempre lo que llamaba el motin de 89, vio por un 
momento desvanecerse su obra con la revolución de 1818. Los 
movimientos húngaros é italianos, seguidos del alboroto poprdar 
del 18 de Marzo en Viena, derribaron al omnipotente ministro. 
Salió de Austria fugitivo, y logró no sin trabajo pasar á Ingla- 
terra, donde pudo reunírsele su familia, en tauto que se ponían 
en secuestro sus principales propiedades. 

A fines de 1819 pasó á establecerse en Bruselas, desde don- 
de renovó sus relaciones con todos sus amigos. El triunfo de la 
contra-revolución le permitió regresar á Yiena en 1851. El em- 
perador Francisco José pasó á visitarle; el año anterior habia 
recibido también la visita del rey de Prusia en su quinta de 
Johaunisberg. Se asegura que posteriormente el patriarca de 
la diplomacia europea no ha sido completamente estraño á las 
inspiraciones de la política del conde Buol, y distintas veces hu- 
bo de pronunciarse su nombre con motivo de la intervención 
austríaca en la guerra de Oriente. 

En resumen, hé aquí los principios con que el príncipe de 
Metternich ha gobernado durante mas de cuarenta años: imperio 
federativo y protectorado católico del Austria, neutralidad ar- 
mada, derecho divino é irresponsabilidad de los reyes, destruc- 
ción de toda iniciativa nacional, y en todas partes y siempre 
statu quo absoluto. La inmovilidad le ha parecido la única con- 
dicien de duración para un imperio tan hetogéneo como el Aus- 
tria. Ha dominado la Hungría por la rivalidad de razas, y la 
Italia por el temor del Spieíberg. Una política de esta naturale- 



136 ALBÜM 

za, conservada durante unos cuarenta años, y sobre todo en me- 
dio de tales crisis, denota al menos una ciencia profunda de loa 
hombres y de los tiempos. Pero "la autoridad, dice Chateau- 
briand, proviene del genio del gobernante ó de la medianía del 
gobernado, y esto es lo que falta analizar en el príncipe de Met- 
ternich." 

Duque de Portella, señor de Johannisberg, grande de Es- 
paña de primera clase, el príncipe de Metternich había recibi- 
do pensiones y cruces de casi todos los soberanos de Europa. 
El emperador do Austria le habia dado el derecho de llevar en 
sus armas las de la casa de Lorena. Habia contraído tres veces" 
matrimonio. De su primera esposa, muerta en 1819, tuvo tres 
hijas. En 1827 se enlazó con la baronesa de Leykam-Beilstein, 
que murió dos años después, dejándole un hijo, Ricardo de Met- 
ternich, que á la edad de veinte y cinco años fué nombrado em- 
bajador de Austria en Dresde. Finalmente, casó en 1831 con la 
condesa Melania de Zichy-Ferraris, que murió en ]85á, y de la 
que ha tenido dos hijos, Pablo y Lotario de Metternich. Murió 
el 11 de Junio de 1859- 



Iios conferencias de Zurich. 



El autor de los dibujos que reproducimos en la página ante- 
rior escribe estas líneas con fecha 9 de Agosto: 

"Envío todo loque he podido hacer hasta aquí. Me ha sido 
imposible hasta ahora penetrar en la sala de las conferencias, y 
ni siquiera me he podido acercar á los diplomáticos, que se en- 
vuelven en el misterio mas profundo. 

"Ninguna emoción anuncia exteriormente que los habitan- 
tes de Zurich participan del interés y la curiosidad que concen- 
tran en este instante la atención de la Europa en las conferen- 
cias diplomáticas. Yoy á continuar tomando informes; pero 
mientras duren las sesiones, no debo esperar que me permitan ni 
ver siquiera el tapete sobre el cual se discuten los intereses de 
la Italia. La diplomacia es meticulosa y toma sus precaucionen 
contra las mesas habladoras. 

"Es una coincidencia singular que la casa de Austria haya 
sido llamado á Zurich, cuna del poderío de los Habsburgos y 
junto á las ruinas del castillo de esa famila, para que abandone 
una parte de su territorio italiano. 

"En cuanto á las dos vistas de Zurich, las creo de algún in- 
terés en este momento; como aspecto pintoresco, valen mas sin 
duda que una reunión de diplomáticos. Habría querido poner 
en el paisage á uno de esos señores reunidos aquí; pero ya he 
dicho que se les ve muy poco: siempre están trabajando en la 
oscuridad y en el silencio."— J. B. 



BIOGRAFÍA 



DE 



Nació D. José Zorrilla en Valladolid, á 21 de Febrero de 
1817; es hijo de D. José Zorrilla y doña Nicomedes del Moral. 
En aquella ciudad, en Burgos y en Sevilla pasó sus primeros 
años al lado de su padre, que en las tres desempeñó respectiva- 
mente cargos importantes. En 1827 se trasladó á Madrid con su 
familia, por gestiones de la cual ingresó en el seminario de no- 
bles donde cursaba las acostumbradas asignaciones, y hacia ver- 
sos por mandato de sus maestros, y aun también á hurtadillas 
cuando los dedicaba á profanos ó intempestivos asuntos. En los 
dias de salida solia concurrir al teatro, y desde entonces su ima- 
ginación debió manifestar la facilidad con que se impresionaba, 
pues de haber atendido al recitar de los actores adquirió y con- 
serva Zorrilla la costumbre de leer los versos con un tono reso- 
nante y declamatorio, que le ha valido muchos aplausos, no pre- 
cisamente porque esta entonación sea recomendable para todos 
los casos, sino porque es cabalmente la mas propia para los ver- 
sos de Zorrilla, ó al menos es en alto grado simpática con su 
poesía. Esta circunstancia en el modo de leer viene desde luego 
en elogio de Zorrilla, pues es sin duda una de las pruebas de la 
espontaneidad del poeta, y se funda este aserto en la misma ra- 
zón en que estriba el mérito y valía de un actor que recita acor- 
de con el sentido de aquel. 

18 



138 AZJ5ÜM 

En 1833' salió el que- añora nos ocupa del seminario d© no^ 
bles, y volvió al seno de la familia que moraba á la sazón en ure 
pueblo de Castilla la Yieja, retirado ya el padre de los cargos 
públicos. Es este cesante magistrado, alcalde de easa y corte ere 
Madrid en tiempo de Calomarde, uno d© aquellos celosos fun- 
cionarios públicos, hombres probos y purificadas autoridades 
que con tanta honra de la España conservaban en su seno el 
espíritu recto, profundo consenso y valerosa fortaleza que la ra- 
zón de la ley infunde en los ánimos nobles, magistrados de que- 
tan poeos ejemplos nos quedan, relegados entonces al hogar do- 
méstico por el embate de las pasiones. ¡AM séale licito rendir 
este tributo de veneración á esos mas nobles y mejores restos 
de la antigua España, séale lícito rendirles este tíibuto á quiere 
también, como Zorrilla, tiene un padre miembro en otros dias 
distinguido de nuestra magistratura, y mas que distinguido no- 
ble y justo, no menos también desgraciado, 

En Castilla la Vieja principió el ingenio de Zorrilla á cur- 
sar la escuela del mundo, probando las tristes lecciones de las 
disidencias domésticas. El padre y el hijo estaban en desacuer- 
do, y como esto mismo se ha verificado respecto del mayor ñus- 
mero de jóvenes dedicados hoy á la vida palpitante de la socie- 
dad, preciso es conocer que entre la antigua y la moderna se- 
interponía ya el espíritu de las revoluciones. Tenia Zorrilla odio 
al estudio de las leyes, que le daba hastío; su padre insistía en 
que las cursara y le envió con este objeto á Toledo, encomendán- 
doselo á un prebendado pariente. Ganó curso aquel año el novel 
estudiante; pero bien puede asegurarse que si lv ganó sería solo 
porque se lo dieran, como con el mayor número de escolares su- 
cede. Lo cierto es que Zorrilla estudiaba muy poco, y que se 
entretenía en visitar las antigüedades en que aquella insigne 
ciudad abunda, y que reñia con el canónigo por no asistir á co- 
mer á las doce, por no vestir las hopalandas, por dejarse mele- 
nas y por hacer canciones 

Concluido el curso volvió Zorrilla á su easa que la tenia en 
Lerma; el padre lo recibió con desagrado y el hijo se entretuvo- 
en leer el Genio del Cristianismo, los Mártires y la Biblia. Al 
siguiente año escolar fué enviado á Valladolid para que siguiese 
la carrera; llevaba muchas recomendaciones, y personas de ca- 
tegorías tenían el encargo de velar sobre su conducta, que no la 
creían muy buena, pues solía faltar de casa en horas no muy 
acostumbradas. Se entretenía en pasear y hacer versos; no sacó' 
provecho del curso y aquel año vio por primera vez impresos 
sus versos en un periódico, en el Artista. No hemos visto esta 
composición, titulada Elvira, pero es de suponer que valdrá 
muy poco, como los demás versos en que en su infancia se ocu- 
paba. 

No debía agradarle á Zorrilla la vigilancia de que era obje- 



' UNIVERSAL. 134? 

t© en Valladolid, y síd duda se agravó su disgusto con la noticia 
de que su padre le esperaba mu}^ irritado y que habia dicho lo 
¡habia de poner á cabar. Asi es que cuando lo pusieron al cargo 
de un mayoral para que lo condujese a Lerma, finalizado ya el 
•curso, tonró Zorrilla la resolución de emanciparse al rigorismo 
paterno. Al pasar por un pueblo, cerca del término de su viaje 
hubo de hacer alto en casa de un primo que allí tenia, y vien- 
do pacer por el campo una yegua del pariente, montó en ella y 
volviendo á desandar lo andado, tornó á entrar en Valladolid, 
siguiéndole horas detrás una requisitoria, é incontinente con la 
yegua del primo y unos cuantos reales siguió en derechura á 
Madrid, entretanto pocos dias después tan rico de esperanzas 
como pobre de presente en la corouada villa, sumidero de des- 
venturas, seno de pobrezas, abrigo de ilusiones y acreditada es- 
cuela donde cursa mejor el desengaño la enseñanza del mundo. 
Algo debió de aprender el fugitivo poeta durante los diez meses 
■que siguieron á su llegada, en los que la menor incomodidad 
suya y el trabajo de menos pena era ir huyendo de las paterna- 
les pesquisas y los infinitos amigos de su casa; para lo cual se 
■dejó crecer melenas y barbas, usando anteojos, y sobre todo 
contando con la desfiguración que obra el tiempo y mas aun el 
malestar y la desgracia. 

En la tarde del 15 de febrero de 1337 eran conducidos á la 
última morada los restos de D. Mariano José de Larra, cuyo 
trágico fin habia llamado tanto la atención de toda la corte, afec- 
tando profundamente el ánimo de todos sus amigos. Rindieron 
•estos el tributo de su amistad y de sus simpatías literarias, tan 
vivas entonces, al malogrado escritor, y sobre sus mortales des- 
pojos atestiguaban con sentidas palabras su pena, cuando se 
presentó entre ellos un joven desconocido, puede decirse, á la 
sazón, y leyó unos versos que entusiasmaron á la concurrencia. 
De entonces data la fortuna literaria de Zorrilla, aunque si bien 
aquella ocasión le vino apropósito, no le era indispensable para 
remontarse con el tiempo. 

A los pocos meses trascurridos desde este suceso, se dio á 
luz el primer tomo de las poesías de Z irruía, piecedidas de un 
brillante prólogo de D, Nicomedes Pastor Diaz y encabezadas 
con la composición dedicada á Larra. Está escrita esta produc- 
ción con bastante sentimiento en algún trozo; no tiene nada de 
notable, á no ser la ligera muestra de una imaginación lozana y 
de una percepción todavía incorrecta. Sigúele una composición 
á Calderón, en la cual el autor trata de imitar este ingenio, y si 
bien pone á las claras el estudio que de él ha hecho, no logra 
mas que remedar el juego de palabras y de imágenes desacerta- 
das en que solia incurrir el gran poeta. En esta producción se 
echa de ver una falsa valentía de afectos, digna de notarse en 
aquellas redondillas que dicen: 



140 ALBTJM 



Que si un mármol reclamó 
Tu grandeza y te le dieron? 
Según lo que le escondieron 
Parece que les pesó. 

Yaces en un templo, sí, 
Pero en tan bajo lugar 
Que pareces aguardar 
Hora en que huirte de allí. 

Mucho te guardan del sol, 
Temerán que te ennegrezca . . 
O tal vez no lo merezca 
Tu ingenio y nombre español. 



Este afectado sentimiento cuya faseldad resalta en lo des- 
acertado de la espresion, se refiere, como se vé, al espíritu de la 
nacionalidad; y patente también se vé la afectación de que Zor- 
rilla suele algunas veces adolecer cuando toca este punto en unos* 
Tersos de este mismo tomo á la estatua de Cervantes. 



Tu nombre tiene el pedestal escrito 
En estranjero idioma por fortuna; 
Tal vez será tu nombre un san Benito 
Que vierta infamia en tu española cuna. 

¡Hora te trajo á iuz desventurada! 
¿Español eres? . . . • lo tendrán a mengua, 
Cuando á tu espalda yace arrinconada 
Tu cifra en signos de tu propia lengua. 

El mayor número de las composiciones de este tomo son 
imitaciones no muy felices de Yíctor Hugo, con algo de Lámar-* 
tine y mas del estilo de Calderón. El Reloj, que es una de ellas y 
está escrita bajo la inspiración del ánimo afeetado al considerar 
el curso eterno del tiempo que nunca vuelve atrás, y es una de 
las mejores del tomo. Pero Zorrilla no podía seguir por esta 
senda á que sus cualidades no le conducían. En vano hacía mu- 
chos y fáciles versos, en vano pretendía atribular su corazón para 
que correspondiese al eco hondamente melancólico y profético 
de la poesía moderna, traslumbrada de Shakespeare y Calde- 
rón, sentida de Byron y casi razonada por Goethe; en vano in- 
tentaba verter profundas y trascendentales sentencias. Zorrilla 
no estaba sin duda satisfecho de sí mismo, él se sentía con facul- 
tades y no atinaba: en la Indecisión acertó con su genio, y en- 
tonces esclamó: 



UNIVERSAL. 1^1 

¡Bello es vivir! la vida es la armonía, 
Luz, peñazcos, torrentes y cascadas, 
Un sol de fuego iluminando el dia, 
Aire de aromas, flores apiñadas. 



¡Bello es vivir! se vé en el horizonte 
Asomar el crepúsculo que nace; 

Y la neblina que corona el monte 
En el aire flotando se deshace. 

Y el inmenso tapiz del firmamento 
Cambia su azul en franjas de colores, 

Y susurran las hojas en el viento 

Y desatan su voz los ruiseñores. 



¡Bello es vivir! se siente en la memoria 
El recuerdo bullir de lo pasado; 
Camina cada ser con una historia 
De encantos y placeres que ha gozado. 

Si hay huracanes y aquilón que brama, 
Si hay un invierno de humedad vestido. 
Hay una hoguera á cuya roja llama 
Se abra un festin con su discorde ruido. 

Y una pintada y fresca primavera 
Con su manto de luz y orla de flores, 
Que cubre de verdor la ancha pradera 
Donde brotan arroyos saltadores. 

Y hay en el bosque gigantesca sombra, 

Y desierto sin fin en la llanura, 

En cuya estensa y abrasada alfombra 
Crece la palma como yerba oscura. 

Allí cruzan fantásticos y errantes, 
Como sombras sin luz y apariciones, 
Pardos y corpulentos elefantes, 
Amarillas panteras y leones. 

Allí entre el musgo de olvidada roca 
Duerme el tigre feroz harto y tranquilo, 

Y de una cueva en la entreabierta boca 
Solitario se arrastra el cocodrilo. 



142 ÁLBUM 

¡Bello es vivir! la vida es la armonía, 
Luz, peñascos, torrentes y cascadas, 
Un sol de fuego iluminando el dia. 
Aire de aromas, flores apiñadas. 



Aquí está el genio de Zorrilla, esta es su poesía, esta la voz 
de su alma; aquí su imaginación emprende libre ^desembaraza- 
do la sendajquela marcó el destino, vida, animación, lozanía, lu- 
ces y colores. Ya el poeta es espontáneo, ya no busca concep- 
tos; todo lo que dice lo siente, su corazón se satisface. 

Y hé aquí que el poeta, al conocerse á sí mismo, siente que 
en su ánimo se renuevan las dulces, vagas y temerosas impre- 
siones de la infancia, aquellos inolvidables sentimientos que aca- 
so yacen á veces en el corazón adormecidos; pero que siempre 
determinan la índole de nuestro carácter. Zorrilla, cuando ya 
comprende el de su talento, se propone ser poeta nacional, y así 
lo declara en la dedicatoria que del tomo segundo de sus poesías 
hace á D. Juan Donoso Cortés y D. Nicomedes Pastor Diaz. 

¿Puede haber en España ahora una poesía nacional? ¿cuál 
seria su efecto? ¿qué cualidades distintivas ha de tener? En ver- 
dad que es oportuna esta ocasión para decir cuatro palabras a- 
cerca de las antecedentes cuestiones, que se ocurren al discurso 
á cada paso y compás del clamoreo que repetidamente se levan- 
ta para censurar con acritud nuestra literatura moderna, pidien- 
do nacionalidad á voz en grito y con mas impremeditación que 
otra cosa 

Podría haber en nuestro tiempo una literatura nacional 
cuando la España de nuestros dias conservase un carácter escep- 
cional ¿y quién se atreverá á determinar el que hoy dia la dis- 
tingue? Nadie seguramente, y el mas perspicaz razonador, cuan- 
do intente llevar á cabo esta idea, lo único que logrará será 
describirnos el carácter que la España tuvo. Esto y nada mas es 
lo que hacen los que están empeñados en que los moradores de 
España han de formar una comunidad de particulares condicio- 
nes. Ningún pueblo del mundo goza mas completamente de esta 
distinción que los cafres, los habitantes de Otaíte y los beduinos: 
¿qué lograrían estos pueblos con mantener intacta su naciona- 
lidad? lograrían no salir jamas del mismo ser y estado. Acaso 
sin embargóles convendría esta inmovilidad y aunque esta con- 
secuencia es en verdad falsa, la inmovilidad ademas es imposi- 
ble: hasta en las mas torpes é inanimadas partes de la creación el 
movimiento es ley indeclinable; no hay reposo en el universo. 
Ni aun cuando fueran las naciones peñascos enclavados en las 
entrañas de la tierra podrían decir: seremos como somos. ¿Cuán- 
to menos los hombres, piedra de toque de la creación, resultado 



ÜNIVER8AL. 143 

el mas complejo de todas las fuerzas," punto donde todos los mo- 
vimientos se cruzan, foco de variedad sujeto no solo á toda ac- 
ción estraña sino también á la mutua influencia de ellos mismos? 

Sigue la creación un camino que no es desconocido, y en 
el curso de ese viaje misterioso, toda modificación busca y halla 
la muerte, toda diferencia va á perderse á un mismo seno, y 
todo se dirige á un solo fin. Aun obedeciendo á leves secunda- 
rias el calórico tiende á su equilibrio, las aguas propenden á 
un punto y encuentran su nivel, así la humanidad tiende á un 
solo punto y á un nivel único como el líquido de un vaso que 
oscilando en decrecientes alteraciones y desigualdades, encuen- 
tra un centro, así las ideas tienden al cosmopolitismo, como al 
equilibrio el calórico. 

Nace el sonido y conforme trascurre el espacio va muriendo; 
asi las causas especiales que fermaron la nacionalidad española 
se han ido amortiguando y tocan á su fin; apenas el ojo mas 
perspicaz las trasluce desvanecidas tras el tiempo; apenas el mas 
delicado oido apercibe ya esos sonidos como un eco remoto y 
moribundo. La invasión de los fenicios, la de los cartagineses 
y la de los romanos debieron concurrir á crear una nacionali- 
dad española; pero aquella nacionalidad ya murió. Sobrevino 
la irrupción de los bárbaros y su combinación con el cristianis- 
mo con la de los árabes y la guerra de los siete siglos Volvieron 
á crear otra nacionalidad que debió llegar á su apogeo en el rei- 
nado de los reyes católicos; mas en este mismo punto principia 
ya á modificarse con el descubrimiento y conquista del Nuevo 
Mundo, y mil sucesos sobrevienen sin interrupción que tienden 
todos á destrnirla. En vano es hacer aquí una reseña que per- 
tenece á la historia, seria demasiado prolija y sobre todo bien 
escusada. 

Corría el siglo XVIII y la nacionalidad española ya no vi- 
vía mas que pasivamente y á principios del XIX fué menester 
todo el violento é intempestivo contraste de ía revolución fran- 
cesa y de la irrupción estrangera para que España saliese un 
momento de su letargo y sintiese renacer en sí misma el ánimo 
de los viejos tiempos. Todo ha caducado ya en España: la alta 
clase es absolutamente francesa; la clase medía conserva algún 
ligero recuerdo de la tradición, pero tradición que ya no se apo- 
dera del alma; el pueblo bajo de las capitales es ateo en religión, 
ateo en política, y solo fuera del recinto délas grandes poblacio- 
nes vejetan los rastros de una nacionalidad perdida. ¡Singular 
circunstancia! es tal la falta de carácter propio de que la Espa- 
ña adolece hoy dia que hasta esa versión que parece indicarse 
hacia la religión y el culto, hasta esa reacción le viene de Fran- 
cia! ¿Qué estrañaraos pues que el pais se manifieste tan estrafío 
á todas las cuestiones que hoy ajitan el mundo si no se acuerda 
ya de lo pasado ni comprende todavía lo presente? 



144 ALBDM 

De la antigua Espafia ¿qué es lo que resta? alguna honesta 
familia de la clase inedia que ha educado sus hijos sin esmero, 
pero con la cristiandad y rigorismo propios de tiempos pasados. 
¿No recuerdan algunos jóvenes de hoy, no sienten de vez en 
cuando el afecto religioso que alguna vez siendo niños sintieron 
en el templo de Dios, movidos por la solemnidad de las ceremo- 
nias sagradas? Este afecto, empero, carece ya de fé: se recuerda 
acaso porque en los primeros años se sintió, mas la creencia no 
hubo tiempo de arraigarse en el alma: hé aquí, sin embargo, el 
mas venerando resto de nuestra nacionalidad. 

Zorrilla que creyó dedicar á este su pluma y que hizo bien, 
Zorrilla volvió á acordarse de los años de la infancia; pero hijo 
de este siglo que vino tan poco encadenado con loa que pasaron 
ya, no le ha sido posible concebir la nacionalidad española co- 
mo debió ser en los tiempos antiguos, sino como la moderna 
España se figura que fué. Así es que al través del empeño que 
el poeta manifiesta por herir los sentimientos del pais, por ser 
esclusivamente tradicional, resaltan mas que nada por una par- 
te sus grandes facultades descriptivas, y por otra se advierte que 
cuando intenta hacer tornar la España á lo que fué, es él quien 
se deja llevar por lo que la España es. Por eso es Zorrilla nues- 
tro gran poeta popular, como ninguno sino él puede serlo, porque 
vino á la hora precisa y á donde debia venir como viajero que 
llega al término de su viaje. ¿Cómo será posible que entremos 
nosotros ahora á esplicar las oportunas dotes que á este poeta 
distinguen? ¿Cómo podremos hacer mención de todas las belle- 
zas que en sus poesías líricas resaltan? Sería necesario trascribir- 
las en su mayor parte. Asombra su facundia, la facilidad de su 
imaginación, la lozanía de su verba poética, la riqueza de versi- 
ficación que desplega, y si nunca ( se ocupa profundamente de los 
afectos ni de la razón, es en cambio testigo de su propia gloria. 

¿A quién no encantarán aquellos versos de la paráfrasis del 
Dies iroá 

Hizo al hombre de Dios la propia mano, 
Que tanto para hacerle fué preciso, 
Hízole de la tierra soberano 
Y le dio por palacio el paraíso. 

Ágil de miembros, la cerviz erguida 
Orlada de flotante cabellera. 
Los claros ojos respirando vida, 
Luenga la barba y con la voz severa. 

Y la bella descripción que sigue hasta la de Eva que 

Era la hermosa de gentil talante, 
Acabada de pechos y cintura, 



UNIVERSAL. 145 

De enhesté cuello y lánguido semblante, 
Rebosando de amor y de ternura. 

Clara la frente, altiva y despejada, 
Negras las cejas, blanca la megilla, 
Rasgada d enojos, blanda la mirada 
Do turbio el sol en competencia brilla. 

Tendida por los hombros la melena, 
La blanca espalda de la luz velando, 
Hallóla Adán, al despertar, serena, 
Sus varoniles formas contemplando. 

Véase con cuan dulce afecto recuerda el poeta las impre- 
siones religiosas de su niñez, refiriéndose á la cual esclama en 
su composición A la Virgen al pié de la cruz: 

Entonces ¡oh madre! 
Tu santa agonía 
Cantar escuché: 

Cantábala un hombre 
Con voz lastimera; 
Tan niño como era 
Postróme y lloré. 

El templo era oscuro: 
Vestidos pilares 
Se veian y altares 
De negro crespón; 

Y en la alta ventana 
Meciéndose el viento 
Mentía un lamento 
De lúgubre son. 

La voz piadosa 
Tu historia contaba, 
El pueblo escuchaba 
Con santo pavor. 

Oía yo atento 
Y el hombre decia: 
"¡Y quien pensaría 
"Tamaño'dolor! 



"El Hijo pendiente 
'De cruz afrentosa, 



19 



J 4»? ÁLBUM 

"La madre amorosa 
"Llorándole al pié .... ,T 

El llanto anudóme 
Oido y garganta; 
Con lástima tanta 
Póstreme y lloré. 

La voz conmovida 
Seguía clamando .... &c. 

i Este es uno de los mejores trozos de Zorrilla como poeta de 
sentimiento, las dulces melancólicas memorias de la infancia lo 
lian despertado en su alma. ¿Y qué corazón no se conmueve al 
soplo de esos tiernísimos afectos que son como bálsamo de las 
penas? ¿cuánto mas el de Zorrilla tan accesible á tudos los afec- 
tos fáciles, á todas las impresiones estrañas y á todos esos senti- 
mientos que pueden llamarse de poca consistencia pero que in- 
teresan tan agradablemente el ánimo? Zorrilla siempre poeta, 
todo lo siente, nada le absorve esclusivamente: ahí esa variedad 
que en sus composiciones se observa, esa facilidad asombrosa 
que le distingue. ¿Quiere cantar la gloria y el orgullo? los ver- 
sos brotan á raudales de su pluma: 

¿Qué es el placer, la vida y la fortuna, 
Sin un sueño de gloria y de esperanza? 
Una carrera larga é importuna 
Mas fatigosa cuanto mas se avanza. 

Regalo de indolentes sibaritas 
Que velas el harem de las mujeres, 
Opio letal que el sueño facilitas 
Al ebrio de raquíticos placeres. 

Lejos de mí; no basta á mi reposo, 
El rumor de una fuente que murmurad 
La sombra de un moral verde y pomposo, 
JN'i de un castillo la quietud segura. 

No basta á mi placer la inmensa copa 
Del báquico festín, libre y sonoro, 
De esclavos viles la menguada tropa 
Sin las llaves de espléndido tesoro. 

De un Dios hechura como Dios concibo; 
Tengo aliento de estirpe soberana; 



UNIVERSAL 147 

Un verdadero entusiasmo rebosa en esta composición: nada 
nos ha dicho en ella Zorrilla que corresponda á ese verso "Dó 
un Dios hechura como Dios concibo" y nos ha seducido sin em- 
bargo, y la imaginación del lector simpatiza con la suya cuan- 
do él esclama: 

Gloria/ madre feliz de la esperanzo, 
Mágico alcázar de dorados sueños, 
Lago que ondula en eternal bonanza 
Cercado de paisages halagüeños .... 

Donde con mas propiedad resalta la índole de nuestro poe- 
ta es en los cuentos y leyendas que ya entre sus demás poesías 
ó bien en volúmenes separados con el título de Cantos del Tra- 
bador lleva publicado hasta el dia con singular fortuna y gloria: 
ellos son la mas preciada hoja de su corona. Desde muy tem- 
prano manifestó Zorrilla tendencias á este género, el mas popu- 
lar de todos los países, aunque respectivamente en unos y otros 
es diferencia de formas y carácter. En su segundo tomo de poe- 
sías ya publico dos, titulado el uno: Para verdades el tiempo y 
para justicias Dios\ el otro lleva el título de: A buen juez mejor 
testigo. 

^u objeto al escribir en este género ha sido el mismo que le 
movió á variar la dirección que desde el principio había tomado 
su poesía, y en verdad que si la nacionalidad española pudiese 
ser aun evocada del sepulcro de lo pasado y tornara á presen- 
tarse al oir la voz del poeta para permanecer su esclava, en ver- 
dad que esta misión estaría reservada á Zorrilla. La tradición 
titulada A buen juez mejor testigo, es una prueba concluyente 
de este aserto. Diego Martínez corteja á Inés, hija del hidalgo 
Iban de Vargas y Acuña; exige la niña al amante que le cumpla 
su palabra de matrimonio, y el mozo se escusa con que marcha 
á la guerra de Flandes y que á la vuelta cumplirá como es de- 
bido; desconfiada la joven, le hace jurarlo ante un Cristo que hay 
en la vega donde se verifica la cita. Lo jura y parte para Flan- 
des, de donde no vuelve sino capitán y caballero, trascurridos ya 
algunos años, y con los humos de su nueva condición rehusa en- 
tonces el cumplimiento de lo jurado; desde aquí en adelante y 
siguiendo la narración Zorrilla se escede á sí mismo y toca la 
•meta de sus afanes; es ya el poeta nacional, ha cumplido su em- 
peño cuando dice: 

Era entonces de Toledo 

Por el rey gobernador 

El justiciero y valiente 

D. Pedro Luis de Alarcon. 

Muchos años por su patria 

El buen viejo peleó; 



148 ÁLBUM 

Cercenado tiene un brazo. 
Mas entero el corazón. 
La mesa tiene delante, 
Los jueces en derredor, 
Los corchetes á la puerta 
T en la derecha el bastón. 
Está como presideute 
Del tribunal superior 



Una mujer en tal punto 
En faz de grande aflicción, 
Rojos de llorar los ojos, 
Ronca de gemir la voz. 
Suelto el cabello y el manto. 
Tomó plaza en el salón, 
Diciendo á gritos justicia, 
Jueces; justicia, señor 
T á los pies se arroja humilde 
De D. Pedro de Alarcon, 
En tanto que los curiosos 
Se agitan al derredor 
Alzóla cortés D. Pedro, 
Calmando la confusión 
T el tumultuoso murmullo 
Que esta escena ocasionó: 
Diciendo: 

— Mujer ¿qué quieres? 
— Quiero justicia, señor. 
— ¿De qué? 

— De una prenda hurtada" 
— ¿Qué prenda? 

— Mi corazón. 
—¿Tú le diste? 

— Le'presté. 
— ¿Y no te lo han vuelto? 

—No. 
— ¿Tienes testigos? 

— Ninguno. 
— ¿T promesa? 

— Sí por Dios! 
Que al partirse de Toledo 
Un juramento empeñó. 
— ¿Quién es él? 

— Diego Martin, 
—¿Noble? 

— Y capitán, señor. 



UNIVERSAL. 149 

— Presentadme al capitán 
Que cumplirá si jaro. 

Quedó en silencio la sala; 

Y á poco en el corredor 
Se oyó de botas y espuelas 
El acompasado son. 

Un portero levantando 
El tapiz, en alta voz 
Dijo: — el capitán Don Diego, 
T entró luego en el salón 
Diego Martínez, los ojos 
Llenos de orgullo y furor. 
— ¿Sois el capitán don Diego, 
Díjole don Pedro, vos? 
Contestó altivo y sereno 
Diego Martínez: 

— Yo soy. 
— ¿Conocéis á esa muchacha? 
— Há tres años, salvo error. 
— ¿Hicísteisla juramento 
De ser su marido? 

—No. 
— ¿Juráis no haberlo jurado? 
— Sí juro. 

— Pues id con Dios. 
— ¡Miente! clamó Inés, llorando 
De despecho y de rubor, 
— Muger, ¡piensa lo que dices! 
— Digo que miente; juró. 
— ¿Tienes testigos? 

— Ninguno. 
— Capitán, idos con Dios, 

Y dispensad que acusado 
Dudara de vuestro honor. 

Tornó Martínez la espalda 
Con brusca satisfacción, 
E Inés que le vio partirse 
Resuelta y firme gritó: 
— Llamadle, tengo un testigo: 
Llamadle otra vez, señor. 

Yolvió el capitán don Diego, 
Sentóse Ruiz de Alarcon, 
La multitud aquietóse 

Y la de Vargas siguió: 

— Tengo un testigo á quien nunca 
Faltó verdad ni razón. 



150 ALBüM 



i— ¿Quién? 

— Un hombre que de lejos 
Nuestras palabras oyó, 
Mirándonos desde airiba. 
— ¿Estaba en algún balcón? 
— No, que estaba en un suplicio 
Donde ha tiempo que espiró. 
— ¿Luego es muerto? 

— No, que vive. 
—¡Estáis loca, vive Dios! 
¿Quien fué? 

— El Cristo de la Vega, 
A cuya faz perjuró! 

Pusiéronse en pié los jueces 
Al nombre del Redentor, 
Escuchando con asombro 
Tan escelsa apelación; 
Reinó un profundo silencio 
De sorpresa y de pavor, 

Y Diego bajó los ojos 

De vergüenza y confusión, 
Un instante con los jueces 
D. Pedro en secreto habló, 

Y levantóse diciendo 
Con respetuosa voz: 

— - 'La ley es ley para todos: 
Tu testigo es el mejor, 
Mas para tales testigos 
No hay mas tribunal que Dios. 
Haremos .... lo que sepamos: 
Escribano al caer el sol 
Al Cristo que está en la Vega 
Tomareis declaración" 

En una tarde serena 
Cuya' s luz tornasolada 
Del purpurino horizonte 
Blandamente se derrama. 

Allá por el miradero 
Por el Cambrón y Visagra 
Confuso tropel de gente 
Del Tajo á la Vega baja. 
Vienen delante D. Pedro 
De Alarcon, Iban de Vargas. 
Su hija Inés, los escribanos, 



UNIVERSAL. 1 51 

Los corchetes y los guardias, 

Y detrás rnonges, hidalgos 
Mozas, chicos y canalla. 
Otra turba de curiosos 
En la Yega les aguarda, 
Cada cual comeutariando 
El caso según le cuadra. 
Entre ellos está Martínez 
En apostura bizarra, 
Calzadas espuelas de oro, 
Valona de encage blanca, 
Bigote á la borgoñona, 
Melena desmelenada, 

El sombrero guarnecido 
Con cuatro lazos de plata, 
Un pié delante del otro 

Y el puño en el de la espada. 
Los plebeyos de reojo 

Le miran de entre las capas, 
Los chicos al uniforme 

Y las mozas á la cara. 
Llegado el gobernador 

Y gente que le acompaña 
Entraron todos al claustro 
Que iglesia y patio separa, 
Encendieron ante el Cristo 
Cuatro cirios y una lámpara, 

Y de hinojos un momento 
Oraron allí en voz baja. 

Está el Cristo de la Vega 
La cruz en tieerra posada! 
Los pies alzados del suelo 
Poco menos de una vara; 
Hacia la severa imagen 
Un notario se adelanta 
De modo que con el rostro 
Al pecho santo llegaba, 
A un lado tiene á Martínez, 
A otro lado á Inés de Vargas, 
Detrás al gobernador 
Con sus jueces y sus guardias. 
Después de leer dos veces 
La acusación entablada, 
El notario á Jesucristo 
Así demandó en voz alta: 



152 ÁLBUM 

"Jesús, hijo de María, 
Ante nos esta mañana 
" Citado como testigo 
"Por hoca de Inés de Vargas, 
"¿Juráis ser cierto que un dia 
"A vuestras divinas plantas 
"Juró á Inés Diego Martínez 
"Por su muger desposarla? 

Asida á un brazo desnudo 
Una mano atarazada, 
Vino á posar en los autos 
La seca y hendida palma, 
Y allá en los aires — Si juro — 
Clamó una voz mas que humana. 

Alzó la turba medrosa 
La vista á la imagen santa .... 
Los labios tenia abiertos, 
í una mano desclavada! 

Si el honor, la religión y el rigor justiciero constituían en 
su conjunto el carácter distintivo de los magistrados españoles 
en el tiempo á que esta leyenda alude indudablemente en el 
gobernador D. Pedro están aunados con un admirable instinto 
de nacionalidad. Bajo este aspecto creemos que esta es la me- 
jor leyenda de Zorrilla, porque ella comprende y desarrolla to- 
do el espírtu de la tradiccion ; ya sea por la condición de ella 
misma, ya porque el ánimo del poeta estuviera predispuesto á 
este particular asunto, ó ocaso porque cuando se trata de de- 
terminar lo que entre las confusas percepciones de la educación 
concebimos, con tanta mas espontaneidad se logra cuantos me- 
nos accidentes han sobrevenido en la inteligencia con el tras- 
curso de los años. Lo cierto es que en los Cantos del Trovador, 
largo tiempo después dados á luz, no resaltan tanto como en los 
cuentos primeros las afecciones nacionales, sino que han per- 
dido en espontanidad lo que en pretensión de serlo han aumen- 
tado, y pudiera decirse que el sabor de la nacionalidad en. ellos 
está mas disluido, es menos puro. Efectivamente en los Cantos 
del Trovador da á laimajinacion el poeta muchas largas á costa 
de las afecciones que son su objeto y así parece rendirse á la 
fuerza de sus facultades descriptivas empleadas no siempre al 
fin propuesto, si mas bien á la satisfacción del genio del que 
escribe ó acaso á las obligadas dismensiones de la publicación 
periódica. 



DE 



D. JUAN EUGENIO HARTZEWBUSCH. 



Nació D. Juan Eugenio Hartzénbuseh en Madrid el dia 6 

de Setiembre de 1806, siendo sus padres Santiago Hartzénbuseh, 
alemán, natural de Schwadorf, pueblo inmediato á Colonia, y 
María Josefa Martínez Calleja, hija de un labrador de la villa 
de Valparaíso de abajo, obispado de ■ Cuenca, cerca de Hueto. 
Tenia el padre de nuestro poeta un hermano llamado Juan, es- 
tablecido en España, donde ejerció el oficio de ebanista, mere- 
ciendo por su habilidad, mas adelante serlo del Rey, y con este 
motivo Santiago que en su primera juventud fué labrador como 
sus padies, se trasladó á la edad de diez y nueve años á Madrid, 
donde aprendió y empezó á ejercer el mismo oficio con él. A- 
quel hermano fué padrino de Juan Eugenio y le puso su nom- 
bre. Siendo todavía muy niño, perdió nuestro] poeta su buena 
madre en circunstancias que merecen referirse, por que nunca 
son indiferentes las que tienen relación inmediata con los hom- 
bres destinados á vivir en la posteridad como creo que lo está 
el que es objeto de esta biografía. 

D. Juan Eugenio Hartzénbuseh, que tan alto puesto debió 
ocupar en el parnaso dramático, cumplió los quince años sin sa- 
ber que cosa eran el teatro ni el drama. Su padre no iba nunca 
al primero, y la casualidad hizo que hasta aquella época no ca- 
yese en sus manos ninguna composición teatral. Hartzenbuch 
es un ejemplo insigne de la irresistible y proverbial fuerza de 
lo que se llama vocación. Nacido en el taller de un menestral; 
sin el menor estímulo, antes bien con el obstáculo poderoso en- 
tre otros muchos que debia oponerle la desafección de su padre 

20 



154 ÁLBUM 

al teatro, todo parece que se conjuraba para apartarlo de éh 
Hartzenbuseh sin embargo conoció y continuó el teatro. El ins- 
tinto dramático digásmole así, pudo mas que las trabas sociales: 
lo mismo sucede siempre que aquel, como todos los demás ins- 
tintos existe verdaderamente poderoso y robusto, tampoco basta 
la barrera del claustro ó cerrar la puerta de los triunfos escéni- 
cos á Tirso de Medina: tampoco logró apartar de la carrera de 
las armas al vencedor de Lepanto, una crianza dirigida á hacer- 
le abrazar la profesión religiosa: como una misteriosa sirena, el 
claustro atrajo á su santa sombra aquel vastago de la belicosa 
estirpe de los Guzmanes, santo Domingo el fundador. 

En Diciembre de 1824, hallándose su padre ausente de Ma- 
drid, asistió por primera vez Hartzenbuseh al teatro con su her- 
mano, verdadera escapatoria de muchachos. Eligieron el teatro 
mas cercano á su casa que era el del Príncipe, donde se ejecu- 
taba aquella noche el Antinoo Eltrcisis, ópera en un acto. La 
sorpresa de Hartzenbusch,"al alzarse el telón es inesplicable: ya 
he dicho que ni aun idea tenia de lo que era un teatro, decora- 
raciones, dramas, ú óperas, hasta ignoraba que éstas se cantan, 
y por de contado estaba muy distante de sospechar que era ita- 
liana la de Antinoo: sin embargo estaba como^encantado durante 
toda la representación. 

Ya habían caido las primeras semillas de la vocación dra- 
mática en aquella alma juvenil; ya faltaba solo que las fecunda- 
se el tiempo y el estudio, trabajo lento, oculto y misterioso que 
sería muy importante, pero que no es fácil, ó mas bien, que se- 
ría imposible seguir paso á paso en las diferentes fases de su ge- 
neración. Bástenos haber señalado el momento de su principio: 
vamos á señalar sus progresivos y visibles resultados hasta el 
momento de su completo desarrollo, que por mi parte creo ver 
llegado en las dos obras capitales de nuestro poeta, que son: Los 
Amantes de Teruel y Doña Menoía ó la boda en la inquisición. 
Estas dos bellísimas obras resumen, en mi concepto, todas 
las cualidades dramáticas de que tan pródigamente dotó la na- 
turaleza al Sr. Hartzenbuseh. Para completar el catálogo de las 
composiciones dramáticas de este autor, réstame citar La Redo- 
ma Fmcantada, D. Alfonso el Casto, el Juan de las Viñas y los 
Polvos de la Madre Celestina, comedias de magia, el Barbero de 
Sevilla, traducción de Beaumarchais, y otras varias traducciones 
del francés. 

El Sr. Hartzenbuseh fué nombrado en Enero del año 44 ofi- 
cial primero de la clase de primeros, con consideración de biblio- 
tecario de la Nacional de Madrid. Por la misma época se dignó 
S. M. agraciarle con la cruz supernumeraria de Carlos III. En 
Marzo de 1847 le admitió en su seno la Real Academia Española, 
con cuya ocasión leyó un magnífico discurso titulado: "Carácter 
distintivo de las obras dramáticas de D, Juan Ruiz de Alarcon." 



LA JUVENTUD DE NAPOLEÓN. 



El día 15 de Agosto de 1769 nació en Ajaccio un niño que 
recibió de sus padres el nombre de Bonajparte, y del cielo el de 
Napoleón. 

Los primeros dias de su infancia trascurrieron en medio de 
aquella febril agitación que sucede á las revoluciones. La Cór- 
cega, que medio siglo bacía que trataba de adquirir su indepen- 
dencia, acababa de ser medio vendida, medio conquistada. Si 
habia salido de la esclavitud de Genova, solo Labia sido para 
caer en manos de la Francia. Paoli, vencido en Ponte-Nuovo, 
habia ido á buscar con su hermano y sus sobrinos un asilo en 
Inglaterra, donde Alfieri le dedicaba su Timoleon. El aire que 
respiró el recien nacido estaba inflamado con los odios civiles, 
y la campana que anunció su bautismo vibraba aun los rebatos 
populares. 

Carlos Bonaparte y Leticia Ramolino, sus padres, ambos de 
sangre patricia y originarios de la hermosa aldea de S. Miniato, 
que domina la Florencia, habían abandonado el partido de su 
amigo Paoli y a'iádose al bando francés. Marbocuf, que volvía 
como gobernador á la isla á que diez años antes habia llegado 
como general, obtuvo una plaza para el joven Napoleón en la 
escuela militar de Briennes, y algún tiempo después Air. Bretón, 
subdirector del colegio, inscribió en sus registros la nota si- 
guiente: 

" Hoy 23 de Abril de 1779 Napoleón de Bonaparte entró 
en la escuela militar de Brienne-le- Cfiateau día edad de 9 años, 
8 meses y 5 dias.'" 



156 ÁLBUM 

El recien venido era corso, es decir, de un país que aun en 
el dia lucha contra la civilización con una fuerza de inercia tal? 
que ha conservado su carácter en defecto de su independencia: 
no hablaba mas que su idioma materno; tenia la tez tostada por 
el sol meridional, y el mirar sombrío y penetrante de un monta- 
ñés. Esto era mas que suficiente para escitar la curiosidad de 
sus compañeros y aumentar su natural timidez, porque la curio- ' 
sidad de la infancia es burlona y desapiadada. Un profesor lla- 
mado Dupuis se compadeció del pobre aislado y tomó ásu cargo 
el darle en particular algunas lecciones de idioma francés. Al 
cabo de tres meses sabía ya lo suficiente para estudiar los pri- 
meros elementos de latinidad; pero desde luego se manifestó en 
él aquella repugnancia que siempre conservó alas lenguasmuer- 
tas, mientras que, por el contrario, su aptitud para las matemá- 
ticas se desarrolló desde las primeras lecciones; de aquí resultó 
que por uno de aquellos convenios que tan frecuentes son en los 
colegios, Kapoleon encontrábala solución de aquellos problemas 
que no podían resolver sus compañeros, y estos en cambio le 
componían la tesis y versiones de que ni siquiera quería hablar. 

La especie de aislamiento en que hacía algún tiempo se ba- 
ilaba el joven Bonaparte, debido á la imposibilidad de comuni- 
car sus ideas, elevó entre él y sus compañeros una especie de 
barrera que nunca llegó á desaparecer completamente. Esta pri- 
mera impresión dejó en su espíritu un penoso recuerdo muy se- 
mejante al odio, que dio origen á aquella misantropía precoz que 
e hacía buscar recreos solitarios, y en la que algunos historia- 
dores han pretendido entrever los pensamientos proféticos de su 
:ónio naciente. Además, varias circunstancias que en la vida de 
cualquiera hubieran permanecido ocultas, dan algún fundamen- 
o á las anécdotas de aquellos que han querido crear una infancia 
. scepcional á aquella juventud prodigiosa. Citaremos dos de 
..quellas. 

Una de las mas habituales diversiones del joven Bonaparte 
era el cultivo de un reducido jardinito rodeado de empalizadas^ 
al que se retiraba por lo general á las horas de recreo. Uno de 
sus colegas, deseoso de saber lo que hacia solo en su jardín, le 
escaló y le vio ocupado en formar en batalla una multitud de 
morrillos, cuyo grandor indicaba los grados. Al ruido que hizo 
el indiscreto, se volvió Bonaparte, y viéndose sorprendido man- 
dó al colegial que se retirase: éste en rez de obedecer se burló 
del joven estratégico, que poco dispuesto á chanzas, agarró un 
morrillo de los mas gruesos y le envió bonitamente al medio de 
la frente del burlón, que cayó en tierra peligrosamente herido. 

Veinte cinco años después, esto es decir, en los momentos 
de su mas elevada fortuna, anunciaron á Napoleón que un suje- 
to que se decía colega suyo deseaba hablarle. Como no era la 
primera vez que los intrigantes se valían de igual pretesto para 



UNIVEUSAL. 157 

llegar á su presencia el ex-colegial de Brunne mandó al ayudan- 
te de servicio que preguntase el nombre de su antiguo condiscí- 
pulo, pero que aquel nombre tampoco despertó ningún recuerdo 
en la imaginación de Napoleón, volved, le dijo y preguntad á 
ese hombre como podría citarme alguna circunstancia que ayu- 
dase á mi memoria. El ayudante volvió diciendo como única 
respuesta que le habia enseñado una cicatriz en la frente. "Ah 
ya me acuerdo, contestó el emperador, fué un general en gefe 
que le tiró á la cabeza." 

Durante el invierno de Í783 á 1784 cayó una cantidad tan 
considerable de nieve, que todos los sitios esteriores quedaron 
interrumpidos. Bonaparte obligado á pesar suyo á pasar en me- 
dio de los recreos estrepitosos de sus colegas las horas que solia 
dedicar al cultivo de su jardín, propuso hacer una salida, y por 
medio de palas y azadores practicar en la nieve las fortificaciones 
de una ciudad que seria en seguida atacada por unos y defendi- 
da por otros. La proposición era demasiado simpática para ser 
rehusada. EL autor del proyecto fué elegido como era natural 
para mandar uno de los dos partidos. La ciudad sitiada por él 
fué ganada después de una heroica resistencia de parte de sus 
adversarios. Al día siguiente se derritió la nieve pero aquella 
nueva clase de recreo dejó un profundo recuerdo en la imagina- 
ción de los estudiantes. Hecho ya hombres se acordaban de 
aquel juego infantil, de aquellas murallas de nieve batidas en 
brecha por Bonaparte, al ver las murallas de tantas plazas caer 
ante la presencia de Napoleón. 

A medida que crecía Bonaparte; se iban desarroyando las 
ideas primitivas que por decirlo así llevaba en jérmen é indica- 
ban los frutos que algún dia habia de producir. La sumisión de 
Córcega á la Francia, la daba á él su único representante en el 
colegio la odiosa apariencia de un vencido en medio de sus ven- 
cedores. Un dia que comia á la mesa del P. Berton, los profe- 
sores que ya antes habían advertido la susceptibilidad nacional 
de su educando, afectaron hablar mal de Paoli. Encendióse el 
rostro del joven que no pudiendo contenerse, dijo: "Paoli era 
un grande hombre que amaba á su patria como un antiguo ro- 
mano, y nunca perdonaré á mi padre, que fué su ayudante de 
campo, el haber cooperado á la reunión de Córcega á la Fran- 
cia; hubiera debido seguir la suerte de su general y caer con él." 

Al cabo de cinco años el joven Bonaparte habia aprendido 
todo cuanto en matemáticas podia enseñarle el padre Petrault. 
Su edad era la designada para pasar de la escuela de Briennes 
á la de Paris; sus notas eran buenas. Mr. Heralio, inspector de 
colegios militares, dirigió al rey Luis XVI el siguiente informe: 

u Mr. de Bonaparte (Napoleón) nació el 15 de Agosto de 
1769, estatura 4. pies, 10 pulgadas y 10 líneas: ha concluido el 
cuarto año: es de buena constitución y escelente salud; carácter 



158 ÁLBUM 

sumiso, honrado y agradecido; conducta muy regular, siempre 
se ha distinguido por su aplicación á las matemáticas. Sabe muy 
bien'la historia j la geografía; es bastante flojo para los ejerci- 
cios de placer y para latin. Podrá ser un esceleute marino, y 
puede pasar á la escuela militar de Paris." 

En consecuencia de esta nota el joven Bonaparte obtuvo 
sn entrada en la escuela militar de Pans, y el dia de su marcha 
se hizo el siguiente asierto en los registros: 

"En 17 de Octubre de 1784 salió de la escuela militar de 
Brienne Mr. Napoleón de Bonaparte, nació en la ciudad de 
Ajaccio en la isla de Córcega en 16 de Agosto de 1763, hijo del 
noble Carlos María de Bonaparte diputado de la nobleza de 
Córcega residente en la dicha ciudad de Ajaccio, y déla señora 
Leticia Ramolino, según el acta unida al registro folio 31: y re- 
cibido en este establecimiento en 22 de Abril de 1799." 

Ningún hecho particular señaló la permanencia de Napo- 
león en la escuela militar de Paris; á no ser una memoria que 
dirigió al P. Berton manifestándole los defectos que habia ad- 
vertido en la organización de aquella escuela; uno de dichos 
defectos y acaso el mas peligroso era el escesivo lajo que rodea- 
ba á los colegiales. En vez de sostener un numeroso séquito de 
criados para los escolares, decia Bonaparte en lugar de darles co- 
midas servidas con un lujo desmedido, de ostentar costosos tre- 
nes tanto para caballos como para los escuderos, valdría mas 
obligarlos á servirse por sí mismos escepto en la cocina, hacer- 
los comer pan de munición ú otro semejante: acostumbrarlos á 
cepillarse, á limpiar sus botas y zapatos. Supuesto que son po- 
bres y están destinados al servicio militar no es únicamente la 
educación lo que debiera dárseles. Sujetos á pasar una vida so- 
bria y á sostener su equipo, estarían mas robustos, sabrían arros- 
trar las intemperies de las estaciones, soportar con resignación 
las fatigas de la guerra é inspirar á los soldados un respeto y una 
adhesión sin límites." Bonaparte tenia entonces 15 años; 20 años 
después fundó la escuela militar de Fontainebleau. 

En 1785, después de haber sufrido exámenes en que quedó 
con todo lucimiento, fué. nombrado segundo subteniente en el 
regimiento de La Eére, de guarnición entonces en el Delfinado. 
Después de haber permanecido algún tiempo en Grenoble, pasó 
á Yalence; allí empezaron á brillar algunos resplandores de su 
futuro sol en el crepúsculo del ignorado joven. Bonaparte era 
pobre, y tan pobre como era creyó que podia ayudar á su fami- 
lia, y llamó á Francia á su hermano Luis, que tenia 9 años menos 
que él. Ambos estaban alojados en casa üo madama Bon, calle 
Mayor, número 4; Bonaparte tenia una alcoba, y encima de esta 
alcoba habia una boardilla que servia de habitación al joven 
Luis. Todas las mañanas despertaba á su hermano dando con un 
papel en el techo, y le daba su lección de matemáticas. Un dia 



UNIVERSAL. 159 

el joven Luis, á quien este llamamiento servia de molestia, bajó 
con mas sentimiento y lentitud de lo que acostumbraba; iba B<> 
naparte á llamar por segunda vez, cuando Luis entró en la habi- 
tación. 

"Vamos á ver, ¿qué tienes hoy que está tan perezoso, le di- 
jo Bonaparte, 

— ¡Ah hermano, le contestó el joven, soñaba una cosa tan 
hermosa! 

— ¿Y qué soñaba? 

— Soñaba que era rey. 

— -Entonces seria yo Emperador: dijo e! joven subteniente 
levantando la cabeza, vamos á la obligación." 

Y en seguida el futuro rey recibió la lección diaria que le 
daba el futuro emperador. Esta escena pasó delante de Pari- 
mentier, médico del regimiento. 

El alojamiento de Bonaparte estaba enfrente de la casa de 
un rico librero llamado Marco Aurelio, cuyo establecimiento 
cuenta de antigüedad desde 1530, abunda en preciosidades lite- 
rarias. En él pasaba todas las horas que el servicio militar y las 
lecciones fraternales le dejaban libres. Estas horas no las deper- 
diciaba como vamos á probarlo. 

En 7 de Octubre de 1S0S, el Emperador Napoleón dio una 
comida en Erfurth á sus conocidos el Emperador Alejandro, la 
Reina de "Wesphalia, los reyes de Baviera, "Wurtemberg y Sajo- 
rna el gran duque Constantino, el príncipe Primado, el príncipe 
Guillermo de Prusia, el duque de Oldenburgo, el príncipe de 
Mecklemburg-Schwerin, el duque de Weimar y el príncipe de 
Talleyrand. La conversación recayó sobre la Bula de oro que 
hasta el establecimiento déla confederación del Rhin habia ser- 
vido de constitución y reglamento para la elección de los empe- 
radores y el número y la calidad de los electores. El príncipe Pri- 
mado entró en algunos pormenores sobredicho documento y fijó 
su fecha en 1809. 

— Oreo que os equivocáis, elijo sonriéndose Napoleón; la 
Bula de que habláis fué proclamada en 1336, reinando el empe- 
rador Carlos IV. 

— Es cierto, señor, contestó el príncipe: ahora me acuerdo; 
pero ¿cómo es que V. M. está tan enterado de estas cosas? 

— Cuando yo e'-a teniente de artillería... dijo Napoleón... 

— Al oir estas palabras, se pronunció un movimiento tan 
vivo de admiración entre los nobles convidados, que el narrador 
se vio presisado á interrumpirse, mas al cabo de un instante 
continúo: 

— Cuando yo tenia el honor de ser un simple segundo sub 
teniente de artillería, permanecí tres años de guarnición en Va- 
lence, amaba muy poco el bullicio y vivía retirado. Una feliz 
casualidad hizo que me alojase en casa de un librero instruido 



160 ÁLBUM 

y complaciente, leí y releí su biblioteca, y nada he olvidado ni 
aun de aquellas materias que ninguna relación tenían con mi 
profesión. Por otra parte, la naturaleza me ha favorecido con la 
memoria de los guarismos, muchas veces me sucede con mis mi- 
nistros el recordarles el pormenor y el conjunto numérico de sus 
cuentas por antiguas que sean. 

No fué este el único recuerdo que Napoleón conservaba de 
Yalenee. Entre las pocas personas á quienes visitaba se conta- 
ba Mr. de Pardina; abad de S. Renfo, cuya orden habia sido es- 
tin grada algún tiempo antes. En su casa vio á la señorita Gre- 
goria de Colombier y se enamoró de ella. La familia de esta jo- 
ven habitaba en una hacienda llamada Basian, media legua dis- 
tante de la ciudad el joven fué recibido en la casa é hizo en ella 
diferentes visitas. Pero se presentó nn noble delfines llamado 
jVlr. de Bressienu, y Bonaparte conoció que era tiempo de decla- 
rarse, sino quería ser ganado por la mano; por consiguiente es- 
cribió á la señorita Gregoria una estensa carta manifestándola 
su amor y rogándola se lo comunicase á sus padres. Estos coloca- 
dos en la alternativa de dar su hija á un militar sin porvenir ó á 
un noble propietario, dieron la preferencia á éste y devolvieron 
la carta á Bonaparte por medio de una tercera persona que quiso 
encargarse de ello, según se lo habia rogado á la persona á quien 
habia sido dirigida: "conservadla, dijo Bonaparte; algún dia ser- 
virá de testimonio de mi amor á la señorita Gregoria y de la pu- 
reza de mis sentimientos." Aquella persona guardó la carta, y su 
familia la conserva aun. Tres meses después Gregoria era esposa 
de Bressieux. En 1806 madama Bressieux fué llamada ala corte 
con el título de dama de honor de la Emperatriz, su hermano 
enviado á Turin en calidad de prefecto, y su marido nombrado 
barón y administrador de los bosques del Estado. 

Las demás personas con quienes Bonaparte se relacionó en 
Yalenee fueron Mm. de Montalibet y Bachasson, los cuales lle- 
garon á ser ministros del interior el uno y el otro inspector de 
provisiones en Paris. Les domingos se paseaban juntos los tres 
jóvenes fuera de la ciudad, y solían detenerse ayer unbaileque 
á cielo descubierto y mediante la cantidad de dos eneldos por 
caballero y contradanza, daba un tendero de la ciudad que en 
sus ratos ociosos ejercía también la profesión del violinista. Este 
violinista era un militar que habiendo obtenido su licencia se 
habia establecido en aquella ciudad donde ejercía pacificamente 
su doble industria; pero como este no le bastaba, al tiempo de la 
creación de los departamento solicitó y obtuvo una plaza de en- 
cargo espedicionario en las oficinas de administración central. 
En 1790 los primeros batallones de voluntarios que se formaron 
se apoderaron de él y le llevaron consigo. Este soldado tendero, 
violinista y encargado espedicionario fué después el mariscal 
Víctor, duque de Bell une. 



UNIVERSAL. 161' 

Cuando Bonaparte salió de Vulence, quedo á deber á s* 
dista, llamado Mr. Coriol, 3 francos y 10 sueldos. Llegó á < - 
al mismo tiempo que Paoli. La Asamblea constituyente acaV ;^ 
de asociar la Córcega al beneficio de las leyes francesas. Mil 
bean había declarado en la tribuna, que era tiempo de llamar a 
los patriotas fugitivos que habían defendido la independencia de 
la isla, y Paoli habia vuelto, Bonaparte fué recibido como un 
hijo por el amigo de su padre, y el joven entusiasta se halló cara 
á cara con su héroe; éste acababa de ser nombrado teniente ge- 
neral y comandante militar de Córcega. 

Bonaparte habia obtenido licencia, y se aprovechó de ella 
para ir á visitar ásu familia, de la que estaba separado hacia seis 
años. El general patriota fué recibido con delirio por todos los 
partidarios de la independencia, y el joven teniente asistió al 
triunfo del célebre desterrado: fué tal el entusiasmo, que el voto 
unánime de sus conciudadanos* condujo á Paoli á un mismo tiem- 
po á la cabeza de la guardia nacional y á la presidencia de la 
administración departamental. Durante algún tiempo estuvo en 
perfecta inteligencia con la constituyente; pero una moción que 
hizo el abate Charier en que proponía que se cediese la Córcega 
al ducado de Parraa en cambio del Piasentir, cuya posesión es- 
taba destinada para indemnizar al Papa de la pérdida de Aviñon, 
fué para Paoli una prueba de la poca importancia que la metró- 
poli daba á la conservación de su país. Entonces fué cuando el 
gobierno inglés, que tan generosamente habia acogido á Paoli 
durante su destierro, abrió comunicaciones con el nuevo presi- 
dente. Paoli por su parte no ocultaba la preferencia que conce- 
día á la constitución británica sobre la que preparaba la legisla- 
tura francesa. Desde entonces data la disidencia entre el joven 
teniente y el viejo general. Bonaparte quedó ciudadano francés 
y Paoli se hizo nuevamente general corso. 

Bonaparte regresó á París al principio de 1792: allí encon- 
tró á su antiguo colega Beurrienne que llegaba de Viena, des- 
pués de haber recorrido la Prusia y la Polonia. Ninguno de los 
dos escolares de Brienna era afortunado. Unierou, pues, su mi- 
seria para hacerla menos penosa: el uno solicitaba servir en la 
guerra, el otro colocarse en los negocios estrangeros; á ninguno 
de los dos despachaban,}- entonces pensaban ocuparse en especu- 
laciones mercantiles que su falta de fondos les impedia casi siem- 
pre realizar. Un día trataron de tomar en arrendamiento varias 
casas que acababan de construirse en la calle de Montholon pa- 
ra subarrendarlas en seguida, pero las exijencias de los propie- 
tarios les parecieron exajeradas, y tuvieron que abandonar esta 
especulación por la misma causa que antes habían abandonado 
otras muchas. Al salir de casa del constructor los dos especula- 
dores, advirtieron no solo quenohabutn comí 'o, sino que no te- 
nían de que comer. Bonaparte remedió esta necesidad empeñan- 
do su reloj. 21 



162 ÁLBUM 

Llegó el 20 de Junio, sombrío preludio del 10 de Agosto-- 
Los dos jóvenes se habían citado para desayunarse en una hos- 
tería de la calle de S. Honorato: al concluir el desayuno oyeíoo 
un gran tumulto y las voces de vivan los ¡saris culottes, abajo el 
veto. Era un tropel de seis á ocho mil hombres, conducidos por 
Sauterre y el marqués de Saint Hurugues: "sigamos á esta gen- 
te," dijo Bonaparte, y los dos jóvenes se dirigieron hacíalas 
Tu llenas deteniéndose sobre un terrado. Bonaparte se apoyó en 
un árbol y su compañero se sentó en un parapeto. 

Desde allí nada pudieron ver de lo que pasaba, pero les fué 
fácil adivinarlo cuando vieron salir á Luis XVI á una ventana 
que daba al jardín y ponerse un gorro encarnado que le presen- 
taban con la punta de una pica. 

u Cogltone, CoglioneV murmuró en su idioma corso el jo- 
ven teniente, que hasta entoncesjiabia parmanecido mudo é in- 
móvil. 

— ¿Y qué querías tú que hiciera? dijo Bonrrienne. 

— ¿Qué? barrer á cañonazas cuatrocientos ó quinientos y loa 
restantes aun no hubieran dejado ele correr. 

En todo aquel dia no supo hablar de otra cosa que de aque- 
lla escena que produjo en él una de las mas fuertes impresiones 
que nunca jamás había esperimentado. 

Así fué como Bonaparte vio desarrollarse ante sus ojos los 
primeros sucesos de la revolución francesa. Asistió como simple 
espectador á los fusilamientos del 10 de Agosto y á los aseuina- 
tosdel 2 de Setiembre; y viendo que no tenia entrada en el ejér- 
cito, regresó á Córcega. 

Las intrigas de Paoli con el gabinete inglés habían tomado 
tal vuelo durante la ausencia de Bonaparte, que nadie podia 
equivocarse en sus proyectos. Una entrevista que tuvieron el jo- 
ven teniente y el viejo general concluyó por una rotura, y los 
antiguos amigos se separaron para no volver á verse sino en el 
campiide batalla. 

Paoli levantó el estandarte de la rebelión, los partidarios de 
Inglaterra le nombraron generalísimo, y la Convención le decla- 
ró fuera de la ley. Bonaparte estaba ausente: había conseguido 
sn. solicitud de ser puesto en actividad: nombrado comandante 
de guardia nacional activa, se hallaba á bordo de la flota del al- 
mirante Trnguet, la que se apoderó en aquel tiempo del fuerte 
de San Esteban, que los vencedores se vieron obligados á eva- 
cuar á muy poco tiempo. Al volver Bonaparte á Córcega, en- 
contró la isla sublevada; los miembros de la Convención encar- 
gados de llevar á efecto el decreto fulminado contra el rebelde, 
se habían visto obligados á retirarse á Calví; Bonaparte se reunió 
á ellos; tentó un ataque contra Ajaccio que fué repelido. En el 
mismo dia se manifestó un incendio en la ciudad; los Bonapar- 
tes vieron arder sus casas, y un decreto pronunciado poco des- 



UNIVERSAL 1 $3 

|3ues los condenó á destierro perpetuo; el fuego los había dejado 
sin asilo, la proscripción los dejaba sin patria. Volvieron los ojos 
hacia Bonaparte y Bonaparte hacia la Francia. Toda aquella po- 
bre familia se embarcó en una canoa, y el futuro César se hizo 
á la vela, participando de su fortuna sus cuatro hermanos, á tres 
de los cuales se preparaban tres coronas, y sus tres hermanas, 
una de las cuales debia ser reina también. 

Detuviéronse en Marsella y la Francia oyó sus ruegos: Jo- 
sé y Luciano fueren empleados en la administración del ejérci- 
to: Luis fué nombrado sargento, y Bonaparte pasó como primer 
teniente, esto es, con ascenso, al cuarto regimiento de infante- 
ría, entonces de guarnición en Niza, y en el cual fué muy poco 
después nombrado por antigüedad capitán de la segunda com- 
pañía. 

Llegó el año 93 escrito con caracteres de sangre; media 
Francia luchaba con otra media; el oeste contra el medio-dia. 
l.yon acababa de rendirse después de un sitio de cuatro meses, 
Marsella, habia abierto sus puertas á la Convención, y Tolón ha- 
bía entregado sus puertas á los ingleses. 

Un ejército de 30,000 hombres se dirig'ó contra la ciudad 
vendida. La lucha empezó en las gargantas de Ullinoles. El gene- 
ral Duchel que debia dirigir la artillería estaba ausente; el gene- 
ral Dommart, su teniente, habia quedado fuera de combate en el 
primer encuentro; el oficial de mayor graduación del arma debia 
reemplazarle, y este oficial era Bonaparte. La casualidad estuvo 
entouces acorde con el talento, suponiendo que bajo el nombre 
de talento ó de casualidad no invoquemos á la Providencia. 

Bonaparte que recibió su nombramiento, se presentó al es- 
tado mayor y fue introducido^ante el general Carbaux, hombre 
soberbio y cubierto de oro de pies á cabeza, que le preguntó que 
traía para su servicio. El joven oficial le presentó el pliego que le 
encargaba de presentarse á sus órdenes á dirigirlasoperacionesde 
artillería. "Artillería, contestó el general, no la necesito; esta tar- 
de tomo á Tolón á la bayoneta, y mañana quemo la ciudad." 

No obstante, cualquiera que fuese la seguridad con que ha- 
blaba el general en gefe, no podía apoderarse; de Tolón; asi es 
que tuvo paciencia httsta el siguiente dia: al amanecer partió en 
su cabriolé acompañado de su ayudante y del gefe de batallón 
Bonaparte, á inspeccionar las primeras disposiciones ofensivas. 
Con las observaciones de Bonaparte habia renunciado, no sin 
trabajo, á la bayoneta, y habia apelado á la artillería; en conse- 
cuencia dio sus órdenes directamente, y estas órdenes acababan 
de ejecutarse ó iban á producir el efecto. 

Apenas habían pasado las alturas desde las cuales se vé á 
Tolón reclinado en medio de sujardin semi-orientai y bañando 
sus pies en el mar, desc ndieron los tres del cabriolé y se intro- 
dujeron en una viña, dentro de la cual se distinguían algunas 



164: ÁLBUM 

piezas de artillería colocadas detrás de una especie do parapeto. 
Bonaparte miraba en derredor suyo y no podía atinar lo que pa- 
saba: el general gozó por un instante da la admiración de su gefe 
de batallón, y en seguida, volviéndose al ayudante, le dice con 
la sonrisa de la satisfacción; 

— Dupais, ¿son esas nuestras baterías? 
— Sí, mi general. 
— %i nuestro parque? 
— -Está á cuat; o pasos. 
— ¿Y las balas rojas? 

— Las calientan en las batidas inmediatas. 
Bonaparte, que no había querido dar crédito á sus ojos, tu- 
bo de creer á sus oídos. Mide el espacio con la vista ejercitada 
por la estrategia, y advierte que hay mas de una legua de dis- 
tancia desde la batería á la ciudad. Cree que el general ha que- 
rido esperimentarle; pero la gravedad con que Cartaux conti- 
nuaba sus disposiciones no lo permitió dudar. E"o obstante qui- 
so arriesgar alguna observación sobre la distancia, y manifestó 
su temor de que las balas rojas no llegasen á la ciudad. 
— "¿Lo erees tú? dijo Cartaux. 

—Lo temo, contestó Bonaparte, y me parece que debiera ha- 
cerse el primer ensayo en frío para asegurarse bien del alcance.' 7 
Cartaux hizo cargar y disparar una pieza, y mientras que 
él miraba el efecto que haría en bis murallas, Bonaparte le ma- 
nifestó la bala á mil pasos de distancia tronzando los olivos, ras- 
treando la tierra, y después de haber rodado ya fria algún espa- 
cio, pararse á la tercera parte de la distancia, que el general 
ntaba verla recorrer. 

La prueba era concluyente, pero Cartaux no quiso ceder, y 
*ó á los aristócratas de Marsella que "habían adulterado la 
ira." Pero adulterada ó nó, el hecho es que no alcanzó 
•jos, y los tres espedicionarios volvieron al cuartel general, 
irte pidió un plano de Tolón, y después de haber estudiá- 
bante la situación de la ciudad y sus obras de defensa, 
reducto construido en Monte Paron que la domina has- 
tes La Mourgue y Masbousquet que protejen sus eos- 
Ven jefe puso un dedo en un nuevo reducto de los in- 
'o con la rapidez de la conciencia y del ta'ento: 
stá Tolón." 
que no comprendió el sentido de las palabras, dijo 
Dupais su ayudante: 
ie el capitán cañón no es demasiado diestro en 

ento entró el representante del pueblo, Gaspa- 
e ya había oído hablar de él como de un hom- 
triota, sino de un talento despejado, el gefe 
S á él. 



UNIVERSAL. 165 

— Ciudadano representante, le dijo, yo soy gefe del batallón 
de artillería. La ausencia del general Duthoil y la herida del 
general Dommart han puesto esta arma bajo mi dirección. Pi- 
do que nadie mas que yo se mezcle en ella, ó de lo contrario de 
nada respondo. 

— A quién eres tú para responder á nada? preguntó el re- 
presentante admirado al ver un joven de 23 años hablarle con 
tal resolución. 

— ¿Quién s<\y? replicó Napoleón retirándole á^un c-stremo 
de la sala y hablándole en voz baja; soy un hombre que sé mi 
obligación y me hallo entre personas que ignoran las suyas. Pe- 
did al general en gefe su plan de batalla y veréis si digo bien ó 
mal. 

El joven oficial, hablaba con tal convencimiento, que Gas- 
parini no vaciló un instante. "General, dijo acercándose á Car- 
taux; los representantes del pueblo desean que en el término de 
tres dias les sometas tu plan de batalla." 

"Espera tres minutos y te lo voy á dar, respondió Cartaux." 
Sentóse á la mesa, tomó la pluma y escribió el famoso plan de 
campaña que ha llegado á ser un modelo en su género: dice 
así: 

"El general de artillería incendiará á Tolón durante tres 
dias, al cabo de los cuales se atacará en tres columnas y me apo- 
deraré de ella. 

Óartamb" 

Remitido este plan á París y puesto en manos de la junta 
de ingenieros, esta le halló mas gracioso que discreto. Cartaux 
fué destituido y puesto en su lugar á Dugommiar. 

El nuevo general á su llegada encontró que su joven gefe 
de batallón habia tomado todas las disposiciones; era este uno 
de aquellos sitios en que la fuerza y el valor nada pueden si la 
artillería y la estrategia no lo han preparado todo de antemano. 
No habia ni un palmo de terreno en que la artillería no tuviese 
que verse con la artillería. Por todas partes so oían sus estalli- 
dos, y los relámpagos se cruzaban como en un violento huracán; 
retumbaba en la mar y en la llanura; hubiérase creído que era á 
la vez un volcan y una tormenta. 

En medio de aquella multitud de llamas fué donde los re- 
presentantes del pueblo quisieron cambiar una batería que habia 
colocado Bonaparte; habíase comenzado la operación, cuando 
llegó aquel y lo repuso todo en su lugar; los representantes qui- 
sieron hacerle algunas observaciones. "Mezclaos en vuestros ne- 
gocios, les contestó, y dejadme á mí hacer mi obligación de ar- 
tillero: esta batería está bien, y respondo con mi cabez.i. " 

El dia 16 empezó el ataque general. Desde entonces el sitio 
no fué mas que un prolongado asalto. El 17 se apoderaron los 



166 ÁLBUM 

sitiadores de Pas de Leidet, de la Crois Faron de Saint- André, 
de Poraet y de los San Antonios, y por la noche, iluminados por 
la tempestad y por el cañón, tomaron el redacto inglés: puesto 
allí, Napoleón se contaba por dueño de la ciudad; herido de un 
bayonetazo, dijo al general Dugomnier, que se hallaba herido de 
un balazo en una rodilla y otro en un brazo: "Mi general, aca- 
bamos de tomar á Tolón; id á descansar, que pasado mañana 
dormiréis en la ciudad." 

El 18 se rindieron los fuertes de la Eguillete y de Balaguier 
y sus baterías se dirigieron contra la ciudad; las casas se incendia- 
ban, las balas silvaban sobre la ciudad; los aliados empezaron á 
disminuirse. Entonces los sitiadores que tenían su vista fija so- 
bre Tolón y su rada, ven declararse el fuego sobre varios puntos 
que no habían sido atacados. Eran los ingleses que decididos á 
partir habian puesto fuego al arsenal, á los almacenes de mari- 
na y á las naves francesas que no podían llevar consigo. A vista 
de las llamas se levantó un grito general; todo el ejército pedia 
el asalto, pero ya era tarde: los ingleses se embarcaban sobre el 
fuego de las baterías francesas, vendiendo así á los que por ellos 
habian vendido su patria. Lllega la noche; las llamas que en 
muchos puntos se habían elevado, se ven apagarse en medio de 
grandes alaridos: eran los presidiarios que habian roto sus cade- 
nas y apagaban el fuego que habian incendiado los ingleses. 

El dia 19 entró en la ciudad el ejército republicano como 
Bonaparte habia predicho, y el general en gefe durmió aquella 
noche en Tolón. 

Dugommier no olvidó los servicios del joven gefe de bata- 
llón, que doce dias después de su entrada en la ciudad recibió 
el grado de general de brigada 



De jyrimer orden. — El pilón circular de esta fuente, verda- 
dera maravilla en su género, está rodeado de césped. El caballo 
Pegaso que sostiene á la Fama se encabrita en la cima de una 
roca; pero lo que hay de prodigioso en esta fuente es el caño de 
agua que sale de ¡a trompeta de la Fama con una fuerza ascen- 
sion c J de diez metros por segundo, elevándose lo menos á ciento 
sesenta pies; sobre lo cual dice un escritor francés que "los cie- 
los tiemblan, y hay motivo para ello." A los pies de la Fama se 
ven los Vicios cayendo en el- abismo que se inunda muy pronto 
con el agua del Ebro, Duero, Tajo y Guadalquivir, principales 
ríos de España. 



UNIVERSAL. 167 



Los primeros juguetes de Van-Dyk fueron los pinceles, las 
paletas y todos los utensilios aplicables á Ja pintura; su padre, 
oriundo de Bois-le-Dut, era un afamado pintor sobre vidrio, de 
la ciudad de "Anvers" donde estaba avecindado desde fines del 
siglo diez y seis; su madre, á la cual un biógrafo atribuye la ha- 
bilidad de bordar á pequeño punto (broder au petit point) te- 
nia ademas otro talento, como lo atestigua el hecho que inspiró 
á Mr. Eugenio Porttevin el cuadro que reproducimos en nuestra 
lámina; ella entendía de paisajes y de ñores, también compar- 
tía con su marido la gloria de iniciar al pequeño Van-Dyk eu 
los secretos del arte. 

Los padres de Yan-Dyk reconociendo en su hijo una ap- 
pitud precoz y una vocación decidida, enviáronle aun muy pe- 
queño al taller de Yan-Palen: este, que había visitado la Italia 
y estudiado los antiguos maestros, dio escelentes lecciones al jo- 
ven Van-Dyk, quien por su parte sacó tanto provecho de ellas, 
que á los 16 años ya no tenia nada que aprender de su maestro 
y solicitó ser admitido en la escuela de Rubens; uno de los ras- 
gos, el mas curioso de la infancia de Yan-Dyk y el'mas caracte- 
rístico de su talento, es aquel que ya ha sido contado y reconta- 
do aunque con algunos detalles equivocados, y helo aquí: tenia 
Rubens uu taller reservado y en el que permitía la entrada 
muy pocas veces; cada vez que ól salía dejaba la llave á un lla- 
mado Valveken, su criado de confianza: los colegiales eran cu- 
riosos y Yalveken no era incorruptible; así es que cuando Ru- 
bens había vuelto las espaldas, sn hombre de confianza franquea- 
ba el santuario á la discreción d s los colegiales, que aprovecha- 
ban estas ocasiones para estudiar en todas sus faces de elabora- 
ción los cuadros del maestro. Un día que Yalveken habia intro- 
ducido según costumbre á los discípulos en el taller reservado, 
todos se apiñaban en torno de un cuadro que Rubens tenia en 
su caballete [era el fañoso descendimiento de la cruz de Am- 
beres;] todos querían ver á la par, disputándose el terrena de tal 
modo que uno de ellos, empujado violentamente por sus cama- 
radas, fué á caer sobre el lienzo borrando en eu caida el brazo 
de la Magdalena, la nariz y una mejilla de la Virgen; el acci- 
dente era tanto mas grave cuanto que las partes borradas esta- 
ban precisamente concluidas. ¿Qué hacer? ¿cómo confesar á Ru- 
bens esta terrible desgracia? ¿cuino ocultarla? A falta de otro es- 
pediente se trata ya de salvarse, para evitar la cólera del maes- 
tro, cuando Yanhuck, uno de losciiscípulos, dijo: ''Amigos mió». 



168 ÁLBUM 

es necesario si u pérdida de tiempo jugar el todo por el todo, to- 
davía"tenemos sobre poco mas ó menos tres horas del dia; pues 
bien, que el mas capaz de nosotros tome la paleta y trate dere- 
pararjo que se ha destruido; por mi parte opino que sea Van- 
Dyk, que es el soio capaz de poderlo hacer - " El consejo fué 
aprobado por unanimidad; Van-Dyk temblando ensaya el mo- 
do de transferir á alguno e.bte delicado honor, pero fué vana su 
porfía, pues rogado y solicitado por todos tuvo que ceder y pu- 
so manos á la obra: á la mañana siguiente Rubens cenducia sus 
discípulos ante su descendimiento de la cruz y elogiando con sa- 
tisfacción el trabajo de Van-Dyk, les decía: "no es esto lo peor 
que yo hice ayer;" sin embargo, mirando mas de cerca Rubens 
se^apercibió de que una mano estraña habia pasado por allí, á 
lo cual le contaron ellos el suceso de la víspera. Algunos bió- 
grafos aseguran que él borró este cuadro, pero nosotros cree- 
mos con los demás que él dejó subsistir la restauración de su 
hábil discípulo. 

Rubens reconoció bien pronto la superioridad de Van-Dyk; 
le tomó una viva afección, haciéndole trabajar en sus lienzos con 
preferencia á los demás. Siempre cargado de trabajos, halló en 
este joven artista un precioso auxiliar á quien bien pronto no 
necesitaba él mas que retocar ligeramente sus cuadros. 

Por las instancias de Rubens, que aconsejaba á todos aque- 
llos de sus discípulos qué él estimaba, Yan-Dyk se decidió á 
hacer un viaje á Italia; pero antes de partir quiso dejar á su 
maestro una memoria de su afectuoso reconocimiento haciéndole 
el homenaje de un sin número de cuadros, entre ellos un Eece 
Homo y un Cristo en el Calvario. Rubens colocó estos cuadros 
en las principales salas de su casa, conservándolos con un entu- 
siasmo sin celos y mostrándolos con orgullo, así como un retrato 
de su esposa igualmente debido al pincel de Yan-Dyk. En cam- 
bio, Rubens regaló á su discípulo uno délos mejoresfcaballos de 
su caballeriza. 

El joven artista en su escursion á Italia hizo alto en la villa 
de Sowenthen, donde ejecutó la Caridad de San Martin y la 
Familia déla Virgen. En la Caridad de San Martin él se retra- 
tó á sí mismo sobre el caballo que le habia regalado Rubens: este 
cuadro, una de las grandes composiciones del autor, quedó en la 
iglesia de Sowenthen. En cuanto á la Familia de la Virgen, 
donde Van-Dyk habia hecho el retrato de sus padres, ha desa- 
parecido sin que haya podido saberse jamás lo que ha sido de él 
ni qué mano lo ha hecho desaparecer. Van-Dyk eirsu corta car- 
rera supo crearse un nombre que vivirá eterno, sobresaliendo por 
encima de los nombres mas grandes del arte. 

Nació en Amberes el 22 de Marzo de 1599, y murió el % de 
Diciembre de 1641 en Londres, donde la amistad del rey Carlos 
1. ° le habia colmado de favores y distinciones. 



®»awi 



6 
EL REAL SITIO DE SAN ILDEFONSO. 



En 1719, el joven rey Felipe V, oprimido bajo el peso de 
sus grandezas y meditando ya la abdicación de aquella corona 
que liabia puesto en combustión á la Europa y á la Francia al 
borde de un abismo; el rey Felipe V, decimos, apenas restableci- 
do de las emociones todavía recientes de la guerra da sucesión,', 
cansado de las revoluciones y de las intrigas palaciegas, lo mismo 
que del yugo colectivo de la princesa de los Ursinos y de Albe- 
roni; lleno aun de los recuerdos y de sentimiento por la pérdida 
de su esposa la dulce reina Mana Luisa de Saboya; habiendo, 
para colmo de desdichas, contraido segundo matrimonio con Isa- 
bel de Parma, que tenia un carácter altivo y dominante; resuel- 
to á sustraerse a tantas agitaciones que no cuadraban bien á su 
débil complexión ni á su alma melancólica, quiso como el Al- 
cesto de Moliere, de quien solo participaba la tristeza, buscar en 
algún punto de España 

....Un endroit ecarte 
Oú d'etre homme de rien on eut la liberté. 

'22 



1 70 ÁLBUM 

Este afilo favorable al reposo del espíritu, al olvido de los 
dolores, creyó haberlo encontrado á quince leguas de Madrid, 
en el camino y cercanías de Segovia, en el seno de una natura- 
leza variada, árida, salvaje, cuyas montañas conservan la nieve 
todo el año, produciendo el murmullo de las cascadas y los tor- 
rentes de agua fria y cristalina, deslizándose por entre el sombrío 
y eterno ramaje de los pinos, semejantasá ios de los Alpes. 

En este lugar había una capilla construida por el rey Enri- 
que IV (1450) dedicada á S. Ildefonso y encomendada á los frai- 
les de S. Gerónimo que tenían allí sus propiedades. Cuando se 
quemó el sitio real de Balsain, situado á media legua de distan- 
cia, en tiempo de Carlos II, la comunidad de S. Gerónimo ofreció 
á dicho ley la Granja 6 posesión de ¡5. Ildefonso, que la mencio- 
nada hermandad había debido á la munificencia de Fernando el 
Católico en la gloriosa época de la conquista de Granada. Pero 
las cosas se hallaban en el mismo estado, y hasta Felipe Y no 
fué aceptada la oferta de los Gerónimos, que recibieron en pre- 
mio la posesión real de Eio-Frio y una parte de la sal que con- 
tenían los almacenes del Estado. 

Hasta en el disgusto y desencanto del mundo las almas dé- 
biles imprimen en todos sus actos el sello de la frivolidad. Car- 
los Y desilusionado, y Felipe II al borde de la tumba, pensaron 
en el Escorial: Felipe Y concibió y llevó a cabo un sitio de re- 
creo. Este monarca languidecía lejos de Yersalles: tal vez era 
ésta la causa íntima y profunda del secreto pesar que le devora- 
ba. Decretó, pues, que Versalles fuese trasladado á quince le- 
guas de Madrid, y empezó á realizar el magnífico sueño de su 
abuelo á pesar de los obstáculos que parecían deber oponer á'síi 
real fantasía una naturaleza indómita, rebelde y arenosa cual lo 
era la del lugar de la antigua cita de caza de Lu : s XIII. 

Todo el terreno de la monacal Granja fué removido com- 
pletamente, haciéndose entre otros trabajos un gran estanque 
para depósito de las aguas, al que por sus grandes dimensiones 
se dio el nombre de mar. luciéronse, en fin, todas las obras con 
estraordinaria rapidez, de modo que en 1723 el palacio pudo po- 
nerse á la disposieion de su real propietario Délas habitaciones 
que componían este palacio, la mitad se destinaron á la morada 
del rey y la otra mitad á servir de Museo, que fué desde luego 
enriquecido con una preciosa colección de cuadros pertenecien- 
tes á la corona, y otros objetos artísticos. La capilla estaba tam<- 
bien concluida, y el Patriarca de las Indias hizo la solemne con- 
sagración. 

El rey estaba tan contento de su obra y del modo con que 
sus ingenieros la habían ejecutado, que desde el siguiente año 
(1724] abdicó en favor de su hijo Luis I, á fin de pertenecer y 
entregarse de lleno á las delicias de su magnífica Granja. 

¡Pero los reyes proponen!.... Dios llamó así al joven Luis I 



UNIVERSAL. 171 

después de un reino nominal de algunos meses, y Felipe Y de- 
bió contra su voluntad volver á empuñar el cetro, de cnyo peso 
le alivió en parte su esposa Isabel de Parma, con lo que pudo 
continuar embelleciendo á su manera y habitar la mayor parte 
del tiempo su sitio predilecto, su amado San Ildefonso. 

Para esto hizo añadir una iglesia colegiata y varios edifi- 
cios destinados al servicio de su real casa y de sus huéspedes. 
Por su orden la escelente galería de cuadros y estatuas de la rei- 
na Cristina de Suecia fué comprada en Roma, y pasó á aumen- 
tar los tesoros artísticos de la Granja. 

-Después de la muerte de Felipe V (1746) la reina viuda 
fundó en San Ildefonso la soberbia fábrica de cristales que sub- 
siste aun, y que merece citarse entre las mas útiles é interesan- 
tes del mundo. 

Carlos III dio la última mano á la Granja, complaciéndose 
en habitarla todos los años desde Julio á Setiembre. Este ejem- 
plo^ fué seguido por Carlos IV y por los demás soberanos de Es- 
pana, que todos los años van á pasar la estación de los calores 
á este versalles de la Península. 

La vista que se ofrece desde el palacio es un valle cerrado 
por altísimas montañas de un aspecto triste pero grandioso. La 
tachada principal de dicho palacio que da á los dos jardines tie- 
ne cierto encanto, sin constituir una obra digna de figurar de un 
modo estraordinario en la historia monumental de Europa. En 
cambio de esto, las obras de arte abundan allí formando una ga- 
lena de las mas interesantes. En las cercanías del palacio se agru- 
pan en gran número las casas de las familias mas principales de 
Madrid, los palacios de los ministerios que se trasladan todos los 
anos mientras permanece la corte en el sitio, y la iábrica de cris- 
tales, donde se fabrican piezas de 130 pulgadas de longitud por 
72 de latitud, todo lo cual contribuye al esplendor de la augus- 
ta residencia. 

Pero sobre todo en los jardines y en las obras hidráulicas 
es donde hay que admirar la magnificencia de melancólico he- 
redero del infortunado Carlos II. Las cascadas, imitadas de Ver- 
salles, ascienden al número de veinte, siendo muchas de ellas 
de primer orden y del mas agradable efecto. La parte hidrodi- 
námica es asombrosa, pudiendo asegurarse que aventaja en mu- 
cho á la de Versalles. Como habrán visto nuestros lectores, he- 
mos publicado ya les dibujos y la descripción de algunas de las 
principales fuentes de la Granja. 



il mu jardín publico de burdeos. 



Un inglés, Arturo Toung, escribia en su diario cuando vi- 
sitaba la Francia en 1787, con fecha 26 de Setiembre, qne "no 
se podia comparar Liverpool con Burdeos. El Garona que le pa- 
recía dos veces mas grande que el Támesis en Londres, y el tea- 
tro mas hermoso de Francia/' le bastaron al imparcial gentle- 
man para colocar á Burdeos en el número de las ciudades mas 
notables del reino. Y sin embargo, Burdeos en aquella época no 
era mas que un conjunto sombrío de casas viejas y muy altas, 
con calles estrechas y tortnosas; y aunque es cierto que tenia 
algunos edificios notables, se hallaban tan escondidos y tan obs- 
truidos, que era imposible descubrirlos ó admirar sus propor- 
ciones; pero ¡qué cambio, ó mejor dicho, qué trasform ación se 
ha operado en esa antigua ciudad desde el tiempo en que pasó 
por ella el viagero británico! A la rada erizada de palos de bu- 
ques, á las negras torres góticas de San Miguel y del rey Ber- 
trand, á los agudos campanarios de San Andrés y al teatro de 
Luis, hay que añadir un conjunto de monumentos de toda espe- 
cie: un puente soberbio, cuya idea giganlesca es de Napoleón I, 
nnas casas consistoriales suntuosas, un hospital magnífico, un 
palacio de justicia imponente, muelles recién construidos, calles 
abiertas ó rectificadas, plazas adornadas con fuentes y cuadros 
de verdura, estatuas elevadas por la gratitud de un pueblo ó por 
el recuerdo de generosos conciudadanos, museos y avenidas 
frescas y hermosas allí donde se alzaba el viejo castillo de Yau- 
ban, y por último, escuelas abiertas al estudio de la botánica y 
de las bellas artes. 

Tales son los embellecimientos que durante medio sig-o la 
administración municipal de Burdeos ha sembrado con profu- 
sión en su rica ciudad. Hace algunos años abrió un crédito im- 
portante para trasladar al campo de Marte el jardín botánico, j 
hacer con él un paseo público correspondiente á las exigencias 
de nuestra época y á las necesidades de la población. Presenta- 
mos aquí á nuestros lectores algunos dibujos de ese jardín, que 



UNIVERSAL 173 

ha tenido de coste unos 570,000 fr. Prescindiendo del bonito in- 
vernáculo tan ligero como un palacio de cristal, así como de su 
verja dorada y de las elegantes construcciones que forman tan 
bonito cuadro á esa naturaleza artificial, hemos querido única- 
mente reproducir las vistas mas notables de esa naturaleza ar- 
reglada por la mauo del hombre de un modo tan pintoresco. — 
E. F. 



EL MARISCAL CONDE VAILLANT. 



El mariscal Vaillant, mayor general del ejército de Italia, 
nació en Dijon el 6 de Diciembre de 1790. Discípulo de la es- 
cuela politécnica, pasó á la escuela de aplicación de Metz, y en- 
tró en la carrera militar en los últimos tiempos del imperio. Era 
á la sazón teniente del batallón de zapadores de Dantzig, y fué 
elevado al grado de capitán. En la campaña de Rusia en 1812 
mereció por su buena conducta ser citado en la orden del 
dia. Hecho prisionero de guerra en 1813, quedó fuera de los 
campos de batalla, y no recobró su libertad hasta 1815. Se apre- 
suró á llegar á Francia, contribuyó á la defensa de Paris,y asis 
tió á las batallas de Ligny y "Waterloo. M. Vaillant empleó los 
ocios en que la Restauración dejó al ejército en obras sobre el 
arte militar; publicó una traducción del ingles del Ensayo sobre 
los principios y la construcción de los puentes militares. Nom- 
brado comandante de batallón en 1826, hizo en calidad de tal la 
espedicion de Argel en 1830. Fué encargado de las operaciones 
del sitio del fuerte del Emperador y nombrado teniente coronel 
en recompensa de los servicios que presló durante aquel sitio. 
Promovido al grado de Coronel en 1833, regresó á Argelia, don- 
de sus conocimientos le hicieron muy útil para la dirección de 
las obras de defensa ejecutadas en la colonia francesa de África. 
M. Yaillant fué elevado al grado de general de brigada en 1838, 
y en el año siguiente obtuvo el mando de la escuela politécnica. 
En 1810 dirigió las obras de defensa de las fortificaciones de 
Paris en la orilla derecha del Sena, por lo cual obtuvo en 1815 
el grado de Teniente General. En 1819 fué encargado de las o- 
peraciones del sitio de Roma, y á sus luces se debió la toma de 
aquella ciudad sin que hubiera que deplorar ningún desastre. 
En 1S57 fué elevado á la dignidad de Mariscal de Francia. Des- 
pués recibió el título de conde y el cargo de mariscal del palacio 
y sucedió en 1854 al mariscal Saint-Arnaud en las funciones de 
ministro de la Guerra. El mariscal Yaillant en premio de sus 
trabajos científicos fué nombrado en 1853 miembro libre de la 
academia de ciencias. 



V EL PRINCIPE ABD EL DJELLXL, 



El viagero francés Mr. Du Couret, muy conocido en África 
bajo el nombre de Hadji-Abd-el-Hamid-Bey, trajo en su compa- 
ñía á Paris en Setiembre de 1851, al hijo del Sultán del Tezzau, 
Abd'-el-Djellil, (asesinado en 1842 por orden del pacha de Trí- 
poli Askar-Ali). 

La "Reviw de 1' Orient" ha publicado en 1842 en sus nú- 
meros 17 y 18 dos artículos biográficos sobre este hombre me- 
morable, que fué uno de los mas intrépidos defensores de la na- 
cionalidad árabe en el Trípoli, y el amigo íntimo de la familia 
Keramauly, que reinaba entonces en aquel estado, cuando los 
turcos vinieron á destronarla. Abd'-el-Djellil, sostuvo por espa- 
cio de muchos años y con buen éxito la guerra contra los inva- 
sores de su pais, y probablemente hubiera llegado á derrotarlos 
completamente si Ascar-Ali no hubiera empleado la astucia y 
la perfidia para defenderse de un enemigo á quien no podia ven- 
cer por la fuerza de las armas. 

Sorprendidos en un refugio por delación de falsos amigos, 
Adb'el-Djellil y su hermano fueron conducidos al suplicio; uno 
de sus hijos y dos de su hermano Seif el-Hasser, fueron hechos 
prisioneros y estranguladcs en Mesnrata. 

El hijo mayor del príncipe, Mohamed-Abd'el-Djellil, el 
mismo que después vino á Paris con Mr. Du Couret y que el 
público ha debido parar con frecuencia la atención en su trage 
bíblico del desierto, se hallaba en el refugio ó cueva de Gara? 



UNIVERSAL. 175 

que tan funesto habia sido á su padre, á su tío, á su hermano y 
á sus primos; mas dichoso que ellos, pudo escaparse del yatagán 
de los turcos, y después de haber errado por algún tiempo pol- 
los solitarios campos de la ^iria, pudo llegar á Amplah, uno de 
los oasis de la Libia (pais de África.) El CheikElmiau, cuya au- 
toridad se estendia por todo este oasis, le recibió con grandes 
demostraciones de amistad, al mismo tiempo que contando reci 
bir una buena recompensa envió secretamente un correo á Ben- 
ghazi á prevenir á los turcos de que el hijo mayor de Abd'el- 
Djellil estaba escondido en su casa; prevenido á tiempo por la 
esposa del Cheik de la traición de éste, Mahomed pudo escapar- 
se y llegar á Syouah (antiguo oasis de Anmon.) De allí se diri- 
gió hacia el Alto Egipto y llegó al Cairo, en donde se reunió á 
una caravana de peregrinos que iban á la Meca. 

Después de haber pasado dos años en el Edjar, volvió á 
Egipto, donde hizo conocimiento con Mohamed-Bey,hijo menor 
del pacha Jousouf Harammauly, antiguo soberano del Trípoli 
que habia sido depuesto por los turcos; persuadido por el joven 
bey de que debia llevar sus reclamaciones á los pies del Saltan 
AbdulMcdjid, se embarcó para Constantinopla; pero á su lle- 
gada á aquella capital fué arrestado y conducido ala ciudad de 
Trebizonde, en la cual encontró á los cabecillas del partido ára- 
be del Trípoli, quienes habían sido hechos prisioneros también 
y conducidos á aquella ciudad. 

Al cabo de algún tiempo pudo Mahomed evadirse de Tre- 
bizzonde y desembarcar en Malta; en fin después do otras mil 
vicisitudes llegó por la regencia Tunis hasta Turggut desde don- 
de él pensaba ir á reunirse con su familia en el desierto. Cuan- 
do una grave enfermedad le obligó á quedarse allí; poresta épo- 
ca; fué cuando nuestro viagero Mr. Du-Conretlo conocia, gracias 
á los cuidados y socorros que les prodigó éste se hicieron amigos 
inseparables. Entonces le confió su misión y su proyecto de atra- 
vesar el gran desierto, le figuró la Francia grande, generosa, y 
hospitalaria: además le dejó entrever que el gobierno francés 
podia verle con placer volver á ocupar el trono de su padre, si 
él consentia por su parte en servirnos con toda su influencia cer- 
ca de las tribus árabes, y abrirnos por ese medio un camino co- 
mercial hasta el centro del África; desde este momento Abd-el 
Djellil, quiso ser su guia para hacerle penetrar en el interior 
del África. 

Hadji-Abd'el-Hamid-Bey ha meditado desde hace muchos 
años, y en seguida de sus largos y peligrosos viages tanto en 
Asia como en África. El proyecto de dedicarse á esta obra que 
debe ser la gloria de la Francia. 

En 1849 su proyecto fué tomado seriamente en considera- 
ción por el gobierno y fué investido por los departamentos de 
negocios estrangeros, de instrucción pública y de comercio, de 



176 ÁLBUM 

una misión que tenia por objeto la esploracion de la mayor parte 
del continente africano. 

Desde su principio tuvo que luchar en la regencia de Tun~ 
nis, (y esto pe espacio de un año entero), malevolencia y los 
disgustos populares escitados contra él por los celos y sugestio- 
nes extranjeras, acusado de haber envenenado los pozos y de lle- 
var á todas partes el cólera detras de sí, pondría su vida en pe- 
ligro muchas veces para cumplir concienzudamente los negocios 
que le habían sido encomendados; afortunado en los oasis del 
Sur, tuvo que combatir con el mismo Cherif Mohammed-Abd'- 
Allal, quien dio lugar al brillante hecho de armas de Laghouat 
y que le quitó toda posibilidad de ir mas adelante cerrándole 
todos los caminos; por esta razón se quedó en Tuggnrt, donde 
vino á ser el intermediario entre los gefes indígenas y la admi- 
nistración militar de Biskra* 

Durante estos acontecimientos recibió un despacho (el úni- 
co que habia recibido desde su partida) y este despacho contenia 
una orden de volver á Francia, al punto obedeció persuadido de 
que la suspensión de su empresa no sería sino momentánea. 

Yana esperanza! Abd'el-Djellill, atocado de una profunda 
melancolía y acosado por influencias siempre hostiles á las obras 
iitiles, obtuvo á su vez un pasaporte y los medios de volver á 
África. Hadji-Abd'el-Namid-Bey, miró entonces como un deber 
el no callar al gobierno hasta donde podia perjudicar nuestros 
intereses; la súbita vuelta del Príncipe de África, mas aun si en 
perjuicio nuestro servia éste los intereses de la Gran Bretaña no 
se equivocó en sus previsiones, pues Le Moniteur de 30 de Julio 
último dio cuenta de que una espedicibn científica inglesa se 
encaminaba hacia el interior de África, y que con ella iba aquel 
mismo príncipe árabe que debía servir de guia á Hadji-Abd'el- 
Hamid-Bey; pero los nobles y generosos esfuerzos de este hábil 
esplorador serán coronados de todo el éxito que merece en el 
viage que él prepara en la actualidad, y que no puede ser sino 
muy abundante en resultados importantes, á juzgar por los nu- 
merosos documentos que él ha reunido de sus primeras campa- 
ñas bajo el triple punto de vista político, científico y comercial. 

Como se vé, Mr. Du-Couret no ha abandonado ni un mo- 
mento la obra que empezó, tanto en Asia, como en África por- 
que ha creído firmemente que era grande utilidad á la Francia y 
provechosa á la causa de la civilización; los precedentes viages 
á que hacemos alusión y de los periódicos de 1849 han hecho co- 
nocer toda la importancia y han reunido materia para formar 
nna obra tan curiosa como interesante que está en vias de publi- 
cación Abd'el-Djellill, aunque ausente ha dejado en Paris un cu- 
rioso manucristo de 200 páginas, donde él mismo cuenta la histo- 
ria de su vi Ja. — Este manucristo ha sido muy apreciado por la 
Academia. 



DE 



Mil 1^ I^'Pl^J 



Triste, muy triste es ver al cristalino y murmurante arroyo 
transformado en impetuoso torrente, que cae y se quebranta de 
peña en peña hasta arrastrarse en el llano, cuyas arenas lo ab- 
sorven antes de convertirse en espaciosa laguna para retratar en 
su diáfana superficie todas las bellezas que la creación bacina en 
sus márgenes privilegiadas. Triste, muy triste es ver como des- 
ciende al sepulcro en la flor do sus años el hombre que se eleva 
en alas del genio y de la poesía á excelsas regiones y habita 
mundos desconocidos, á que da animación su mente y donde le 
sustenta su imaginación de fuego; así cede el robusto roble al 
soplo de los vendábales y se derrumba con hórrido estruendo; 
no de otro modo se sumerge deshecho por las tormentas el em- 
pavesado buque, gala y orgullo de los mares. 

Tal es en bosquejo la vida del cantor del Diablo Mando'. 
pasaremos con la celeridad posible por los sucesos que mas la 
caracterizan, temerosos de que se apodere de nuestra alma la 
amargura, y de que el llanto anuble la luz de nuestros ojos. 

23 



17,8 ÁLBUM 

A uno de esos acasos de la guerra debe la gloria de contar 
entre sus ilustres hijos á don José Espronceda la patria de Fran- 
cisco Pizarro y de Diego Paredes. Seguía su padre la honrosa 
profesión de la milicia, se hallaba empeñado en la memorable 
campaña de la independencia como coronel de un regimiento 
de caballería en la provincia de Estremad ara; acompañábale su 
esposa, ya en cinta, y en una de las continuas y penosas mar- 
chas de la tropa, hubo de quedarse oprimida por vivísimos do- 
lores en la villa de Almendral ej o, donde dio á luz al que mas 
tarde habia de ser honra y prez de la poesía castellana: corría á 
la sazón el año de 1S10 y era la estación de los céfiros y las flo- 
res. 

Acabada la guerra, se establecía en Madrid la familia de 
Espronceda, y ya tenia este algunos rudimentos de enseñanza al 
abrirse el colegio de San Mateo. Discípulo de Lista, y tempra- 
namente afecto al cultivo de las musas, su primera oda se diri- 
gía á celebrar la jornada del 7 de Julio: enséñesela á su buen 
maestro: á cada verso que constaba, á cada imagen mediana- 
mente descrita, esclamaba Lista regocijado: — Oyes, ¡esto es mag- 
nífico! A cada locución trivial, á cada frase impropia é incohe- 
rente, decia sin fruncir el ceño: — Mira, esto es de mal gusto. 
Ponderaba las bellezas, corregía los defectos y animaba el na- 
ciente numen del vate: así para llevar por un sendero á sus 
alumnos nunca empleaba la rígida autoridad de maestro, pues 
sabia granjearse su infantil cariño, y las blandas insinuaciones 
hacían el oficio de espresos mandatos. Espronceda estudiaba pri- 
vadamente con Lista después de cerrado el colegio: también 
figuraba entre ios que, aplicándose poco, lucían mucho: miem- 
bro de la academia del Mirto, progresaba en la poesía. Preso 
como Yegay otros compañeros suyos por asuntos políticos y al 
recaer en aquella causa el fallo de los tribunales de justicia, sa- 
lía de Madrid con destino á un convento de Guadalajara, ciudad 
donde residía á la sazón su padre. 

Allí en la soledad del claustro se enaltecía su mente juve- 
nil y lozana por las regiones de la epopeya. Alentado por su 
inspiración vigorosa, no se detenía á indagar si los sonidos de la 
trompa épica hallarían eco en la sociedad de nuestro siglo. Re- 
corriendo la historia de España y fijándose en el adalid de Co- 
vadonga, le parecía asunto grande, sublime y capaz de intere- 
sar á un pueblo, la restauración de la monarquía de los Godos 
en pugna con la civilización floreciente y el guerrero empuje 
de los sectarios de Mahoma. Ofrecía este magnífico cuadro el 
contraste de dos creencias, de dos civilizaciones de dos enseñas, 
la cruz y la media luna: cabían escelentes episodios en que al- 
ternaran las rudas costumbres de los esforzados montañeses lu- 
chando por su independencia, y la muelle vida de los orientales 
soñando amores en sus gabinetes embalsamados con olorosas 



UNIVERSAL. 179 

esencias y enriquecidos con sedería y oro, ó arrojándose á las 
lides para propagar la ley de su profeta á sangre y fuego. Acer- 
tado anduvo Espronceda en elegir á Pelayo por héroe de su poe- 
ma, argumento tan digno y grandioso como la Conquista de 
Granada y el Descubrimiento del nuevo Mundo. Si hubiéramos 
de calificar el mérito de su epopeya per los cantos insertos en 
la colección de sus poesías, uuestro veto le sería favorable; pues 
hay alli pasages que admiran por la verdad y atrevimiento de 
sus pintnras, como el Cuadro del hambre y el fatídico Sueño del 
rey D. Rodrigo. A D. Alberto Lista le agradó sobremanera el 
pensamiento, y aun son suyas algunas octavas en los fragmentos 
contenidos. No habia renunciado Espronceda á terminar el Pe- 
layo, y constantemente poseído de la belleza del asunto, es pro- 
bable que al darle cima hubiera variado de metros á fin de ame- 
nizar mas el conjunto de la obra. 

Deseando recorrer mundo, determinó salir de España, y 
encaminándose á Gibraltar paso su planta en el primer pais es- 
tranjero sin apartarse de nuestro territorio. Como se trasladó 
desde allí á Lisboa, nos lo ha referido con jovial tono y fácil gra- 
cejo, distante ya de los peligros y miserias que le acosaran en- 
tonces. Por no eclipsar la brillantez de su relato reduciéndolo á 
mas estrechos límites de los que ocupa en el Pensamiento, nos 
basta^deducir de aquel arttículoun dato importante. Después de 
echar el ancla en el puerto de Lisboa el desmantelado falucho 
que conducía al joven emigrado, lo abordó la falúa de sanidad; 
exigieron á los pasageros el pago de una gabela: cuando á Es- 
pronceda le llegó su turno, sacó del bolsillo un duro, única mo- 
neda que componía todo su erario; le devolvieron dos pesetas y 
las arrojó desenfadadamente al agua, porque no quiso entraren 
tan gran capital con tan poco dinero. 

Para el que al anochecer de un día nebuloso ó sereno vaga 
por las calles de una ciudad estraña, sin pan que le sustente, ni 
techo que le abrigue, ni amigo que le tienda la mano, no son to- 
das penas y angustias como imaginan los que en sedentaria vi- 
da, vegetan ó con la comodidad de la opulencia viajan. Un es- 
píritu henchido de fuego y ávido de aventuras, un corazón re- 
suelto y voluntad firme triunfan siempre de este trance, congo- 
joso y amargo para los que se anegan en poca agua. No perte- 
necía Espronceda á esta clase: pobre como Homaro desembar- 
caba en el pais del cantor de Yasco de Grama; allí entre priva- 
ciones y escaseces tuvo origen esa pasión amorosa, violenta, ve- 
hemente y profunda, pasión embellecida por su imaginación 
ardorosa, y que con sus goces y penalidades, sus dichas y con- 
tratiempos, absorve gran parte de su existencia. Propio de una 
novela sería narrar las diversas alternativas de tan ardientes 
amores: omitiríamoslas nosotros aun cuando se adaptasen á la 
índole de esta obra, porque acaecen lances en la vida de los 



180 AXBUAI 

hombres que deben envolverse en el sudario del olvido," y hay 
secretos de amistad sobre los cuales cae de repente y á perpe- 
tuidad la losa del silencio. 

Por el raes de Diciembre de 1841 se dirigia á el Haya á 
desempeñar la secretaria de la legación española; regresaba po- 
co después á Madrid como representante de Almería en el con- 
greso. Ya decaida su salud en gran manera por lo azaroso y 
desordenado de su vida, habia sufrido doble quebranto con el 
viaje hecho á la fria Holanda en lo mas crudo del invierno. 

Bien conocían sus admiradores que no cubrirían canas a- 
quella erguida frente, y sus temores se realizaron mucho antes 
de lo que imaginaban. Atacado de una inflamación en la gar- 
ganta, espiró á los cuatro dias de enfermedad á las nueve de la 
mañana del 23 de Mayo de 1842, en los brazos de sus predilec- 
tos amigos. Profunda sensación causó tan temprana muerte, 
numeroso cortejo seguía el ataúd del poeta acompañándolo has- 
ta el cementerio de la puerta de Atocha, y nuestro amigo don 
Enrique Gil conmovía á todos los concurrentes con la lectura 
de una tierna elegía recitada entre sollozos. 

Poeta de esplendorosa fantasía, de numen potente, de ento- 
nación robusta, osado en las formas, elegante en las locuciones, 
daba lujo, facilidad y elocuencia á su nervioso estilo. Dotado 
de singular arrojo, capaz del mas férvido entusiasmo, amaba los 
peligros y se esparcía su ánimo imaginando temerarias empre- 
sas. En la edad antigua y en la patria de Sócrates hubiera sido 
rival de Alcibiades ó hubiera muerto en las Termopilas con 
Leónidas: en la edad media hubiera merecido la ínclita gloria 
de que se leyesen sus hazañas en el poema del Tasso: al principio 
de la edad moderna le hubiera visto Cristóbal Colon á bordo de 
su carabela. Mas no simbolizan por cierto la virtud sublime y la 
fe religiosa el siglo de Espronceda, si^lo en que do todo se hace 
mercancía, en que todo se reduce á guarismos y se pesa y se 
quilata; siglo, en fin, de mezquindad y prosa. Impetuoso el can- 
tor de Pelayo y sin cauce natural á su inmenso raudal de vida, 
se desbordó con furia gastando su ardor bizarro en desenfrena- 
dos placeres y crapulosos festines: á haber poseído inmensos cau- 
dales, fuera el D. Juan Tenorio del siglo diez y nueve. 

Una de las canciones mas celebradas de Espronceda es El 
jP¿rata,'jdonde pinta admirablemente al hombre que tiene el 
mar por patria. Nosotros hemos hecho largas navegaciones: 
bella es la perspectiva del sol brotando chispas de oro del seno 
de las aguas, ó escondiéndose al término de su triunfal carrera 
entre grupos de caprichosas nubes que semejan la mole de al- 
menado castillo ó el contorno de pirámide gigantesca, ó la ar- 
cada de macizo puente, ó el muro de ciudad antigua. Magnífi- 
ca de encantos desciende la noche, ya se ostente tranquilaron 
su fulgida cohorte de estrellas, ya aparezca entre nubes de ne- 



UNIVER8AL. 181, 

fro celaje, que desvanécela primera luz del alba ó rasga á des- 
ora el esplendor de la luna, surgiendo roja de las tinieblas y 
mostrando su disco como el cráter de un volcan preñado de ar- 
diente lava Recrean al navegante el fosfórico brillo de. las on- 
das estrellándose en el costado del buque, la luminosa estela quo 
se dilata por la popa, y el ruido de la quilla hendiéndolas aguas 
semejante al fragor de umbroso bosque agitado por el viento ó 
al soberbio hervir de majestuosa catarata quebrantándose de 
roca en roca. Todos esos goces los habíamos concebido antes de 
surcar los mares: nos lo revelaba la canción de Espronceda: mu- 
chas veces la hemos repetido sobre cubierta á tiempo de rielar 
en el océano la luna y de gemir en la lona fresca brisa alzando 
olas de plata y aznl en blando movimiento; ni nos ha faltado 
ocasión de recitarla teniendo por música los huracanes y el es- 
trépito y temblor de los cables secudidos. Espronceda blasona 
de su amor á los peligros eu la canción del Pirata. Su espíritu 
belicoso se halla patente en el Canto del Cosaco', lo acrisolado 
de su patriotismo en la Dispedida del joven griego de la hija del 
apóstata; sus delirios do socialista en el Mendigo j en el Verdugo; 
en el Himno al sal su elevación de ideas; cuando canta A un 
lucero llora la pérdida de sus ilusiones; cuando en una Orgia se 
dirije á Jarifa, el hastío le devora; cuando compone el Estu- 
diante de Salamanca, dibuja en D. Félix de Montemar su propio 
retrato. Con leer ese precioso tomo de poesías publicado en 1840 
estudia uno al poeta y se familiariza con el hombre: sus versos 
vienen á ser un exacto compendio de su historia. 

Existen en los periódicos algunas de sus poesias sueltas, en 
el Español dos fragmentos de una leyenda El Templario: en el 
Pensamiento un romance á Laura; en el Iris estrofas de una 
oda á la traslación de las- cenizas de Napoleón y un fragmento 
de El Diablo Mundo, titulado El Ángel y el Poeta', en el La- 
briego una composición al Dos de Mayo. 



¡X.OC* /í|/®s£>-T>JK— 



1L REAL SITIO DE SAN LORENZO. 



Este famoso monasterio conocido por el Escorial fué empe- 
zado bajo la dirección de los arquitectos Juan Bantista de Toledo 
y Fr. Antonio de Yillacastin, religioso de la orden de San Ge- 
rónimo, por orden del rey Felipe II. 

Diósele el título de San Lorenzo el Real de la Victoria, en 
conmemoración de la que alcanzó en el dia de este santo en 1577 
en la gloriosa batalla de San Quintín. 

Este inmenso edificio forma un paralelógramo rectángulo 
que se dilata de norte á mediodía 740 pies, y 580 de oriente á 
poniente. 

La fachada principal mira á Poniente. Tiene setecientos se- 
tenta y cuatro pies de longitud y sesenta y dos de elevación has- 
ta la cornisa; hay en las esquinas laterales sendas torres de mas 
de doscientos pies de altura y tres suntuosas portadas en el 
espacio intermedio. La fachada de Oriente tiene igual estension; 
la del Sur abarca quinientas ochenta pies de torre á torre y pre- 
senta una hermosa vista por la no interrumpida continuación de 
los cuatro órdenes de ventanas. La banda del Norte es paralela 
á la anterior y contiene tres entradas. El cuadro de la casa cons- 
ta de tres mil y dos pies de circunferencia. Yénse en estos lien- 
zos por la parte esterior quince puertas, diez y siete nichos y mil 
ciento diez ventanas. La fábrica es de piedra berroqueña ó de 
granito, de orden dórico eu su mayor parte, guardando la mas 
simétrica uniformidad puertas, ventanas, pirámides, cimborios, 
capiteles, remates y frontispicios. 



UNIVEKSAi. 183 

Por el interior divídese el edificio en tres partes, á saber: 
la que forma el diámetro del cuadro de poniente á oriente abra- 
za la entrada principal, el patio de los Reyes y el templo. La 
segunda, que es el lado del mediodía, comprende cinco cláuslros. 
T la última del otro costado del norte guarda proporción con la 
anterior, conteniendo varios colegios y el palacio. 

La entrada principal da inmediata comunicación al gran 
patio de los Reyes, decorado por seis colosales estatuas que des- 
cuellan en el frontispicio del templo representando á David, 
Salomón, Ezequías, Josías, Josafaty Manases. Este patio consta 
de 230 pies de longitud por 136 de latitud. El espacioso templo 
que le sigue abarca 320 pies de longitud por 230 de latitud. La 
elevación del cimborio es de 330 pies. La magnificencia del in- 
terior del templo es asombrosa, su inmensidad es imponente. 
Cuarenta y ocho magníficos altares dan á este recinto un aspec- 
to solemne. 

El panteón, destinado á la sepultura de los reyes, está si- 
tuado debajo del altar mayor. Una escalera de granito y már- 
mol conduce á él. Ábrese una bellísima reja de bronce y se en- 
tra en una pieza ocharada de treinta y seis pies de diámetro por 
treinta y ocho de elevación cubierta de ricos jaspes y mármoles 
de brillante pulimento hermoseados de adornos de bronce dora- 
do. Yeinte y seis nichos se ostentan en derredor, donde otras 
tantas urnas sepulcrales dan un aspecto melancólico á este fú- 
nebre recinto. 

El que acaharaos de describir es el panteón principal don- 
de solo yacen los reyes que hubiesen dejado sucesión, y en otro 
llamado de los Infantes descansan los restos de multitud de per- 
sonas de las regias familias. 

Los límites á que nos vemos reducidos, nos impiden enu- 
merar minuciosamente las infinitas bellezas que encierra este 
suntuoso monasterio. Setenta y seis bellísimas fuentes, once al- 
gibes, cuarenta cantinas, ochenta y cuatro estatuas de bronce, 
mármol y piedra berroqueña, dos bibliotecas con mas de 24,000 
volúmenes impresos y 4,000 manuscritos, 207 libros de coro, 13 
oratorios, 8 órganos, 16 patios, 5 refectorios, 9 torres, 51 campa- 
nas, 14 zaguanes, mas de 10,000 ventanas, un tesoro en alhajas, 
reliquias y obras primorosas, como por ejemplo 465 pinturas 
originales de los mas célebres pintores del universo. Las bóve- 
das y paredes pintadas al fresco por los famosos Pelegrini, Can- 
giaso, Cincinato, Carducho y otros, que se estienden á un espa- 
cio de 2972 pies de longitud, y otras mil bellezas artísticas y ri- 
quísimos tesoros, han causado siempre el mayor asombro á cuan- 
tos han visitado este recinto, calificado con razón de octava ma- 
ravilla. 

Multitud de vastísimos departamentos y anchurosos salones 
dividen este inmenso edificio, como por ejemplo el Aula de mo- 



184 ÁLBUM 

ral, el Camarín, la Celda prioral, el Oratorio, el Noviciado, la 
Sala de capas, las Bibliotecas, la /S#Z# de batalla y el Cuarto del 
rey y el de la infanta, compuestos ambos de varios aposentos 
lujosamente amueblados. - $m 

Hay ademas ¿a Campaña, nombre que séwk| á un. edificio 
frontero al monasterio en la parte de poniente y enlazado con él 
por una bellísima galería trazada por el arquitecto Mora, en el 
cual estaba el taller de carpintería, refectorios, "confitería, pana- 
dería con su molino de agua y troges, fábrica de paños y gran- 
des salas de enfermería con sus oratorios. 

Concluiremos por dar una ligera idea de la Casa del prin- 
cipe. 

Fabricado este edificio todo de piedra, por disposición de 
Carlos IV cuando era príncipe de Asturias, hállase rodeado de 
espesos bosques y hermosos jardines. Mas de 200 cuadros de Ca- 
raci, Rubens^" Reni, Ralael y otros pintores, todos d-e estraordi- 
nario mérito, decoran sus paredes. Los techos están pintados por 
Pérez, Tapeíi, Duran, Gómez y Maella. 

Dos preciosas arañas de cristal y bronce dora-lo la una con 
48 mecheros, y la otra solo de bronce dorado con 32 mecheros, 
adornan el comedor y otra pieza ovalada. Yeinte y tres retratos 
de las familias reales de España y ISTápoles cubren las paredes 
de otro aposento. En la tercera campean 37 cuadros de marfil. 
Entre estas y otras muchas preciosidades, descuella una linda 
colección de porcelanas elaboradas en la fábrica del real Retiro, 
que consta de 226 ejemplares y representan pasages de la mito- 
logía, cenefas, flores y otros graciosos caprichos. Por fin, una es- 
celente colección de estampas iluminadas que reproducen las 
Loggias de Rafael, adorna las paredes de otro magnífico salón. 

Por lo que aparece délas cuentas y libros de los oficiales de 
esta fábrica (di c un los historiadores) y de las cédulas y recibos 
de los pagadores y contadores, en los 38 años que duró la obra, 
se gastaron 2.260,570 ducados é importaron 6.200,000 ducados 
el coste de las sedas, brocados, plata, oro, holandas, lienzos y li- 
brerías cuya cantidad abonó el guarda-joyas no incluyendo el 
valor de los cuadros por ser tan escesivo. 

La fábrica de la iglesia con todos sus adornos, retablo, cus- 
todia, oratorios, estatuas, pinturas, sillería de coro, órganos y 
bronces, costó 1.240,000 ducados. 

La sacristía con sus ornamentos y alhajas costó 400,000 du- 
cados. 

La pintura del claustro principal, al óleo y al temple, cos- 
tó 38,171 ducados y dos reales. 

La librería con cajones, estantes, libros y enlosado, 50,892 
ducados y 10 rs. 

Las 6 estatuas de la fachada importaron 10,945 ducados, 
incluyéndose en esta suma el costo de los andamios para colo- 
carlas. 



UNIVERSAL. 185 

En estas sumas tampoco se cuenta el valor de los relicarios, 
por ser cuenta aparte, ni el del Panteón, cuya obra se comenzó 
el 23 de Abril de 1563 y se concluyó eti 1584. 

Quinientos,, son los crucifijos é imágenes de Nuestra Señora, 
San Gerónimo y San Juan Bautista que hay repartidas por la 
iglesia y demás celdas del convento, labradas en diferentes ma- 
terias y algunas en pórfido. 

La cruz del cimborio de la capilla mayor pesa 73 arrobas y 
tiene 31 pies de largo; la bola, que es de bronce, pesa 136 arro- 
bas. 

En la iglesia hay cinco rejas grandes de bronce y 37 divi- 
siones de balcones, corredores y nichos. 

Los candeleros que hay para adornos de los altares, las cru- 
ces y crucifijos, las lámparas y los blandones son en gran canti- 
dad, habiendo desaparecido mucha de su principal riqueza. 

De solo hierro y clavos se gastaron 129,083 arrobas, sin con- 
tar las rejas y antepechos. 

Las llaves pesan unas 50 arrobas; el plomo que se empleó 
pasó de 99,300 arrobas, y el hilo de hierro para las alambreras 
pasa de 100 arrobas; el vidrio no tiene cantidad, siendo innume- 
rable el que está empleado en sus vidrieras. 

El número de personas que trabajaron en esta fábrica no 
es posible decirlo con verdad, pudiendo asegarar que no habia 
parte ni nación donde sus artistas no estuviesen construyendo 
algún objeto para esta obra colosal. 

De las canteras del Burgo de Osma se estraian los mármo- 
les; en Madrid se labraba la custodia y retablo; en Guadalajara 
y Cuenca las rejas; en Zaragoza se fundían las rejas y antepechos 
de bronce; de las sierras de Filabrésse sacaba el mármol blanco, 
y de las Navas, Estremoz, Granada, riberas del Genil, Aracena 
y otras, los mármoles pardos, verdes, colorados, negros y de otros 
colores. Los pinares de Cuenca, Balsain, Quejigal y las Navas 
prestaron sus frondosos pinos; en Florencia y Milán se fundian 
las figuras de bronce, y en Toledo se construian las lámparas, 
candeleros, ciriales, cruces, incensarios y navetas de plata. En 
Flandes los candeleros de bronce y las pinturas. En los conven- 
tos de monjas se labraban los paños preciosos y encajes; y de 
este modo todos se afanaban por presentar algún objeto en esta 
grande obra. 



21 



EL MARISCAL DE MAOMAM, 

DUQUE DE MAGENTA. 



Marie-Edme-Patrik-Maurice de Mac-Mahon, nacido el 13 
de Junio de 1808 en Sully (Saona y Loira), y descendiente de 
una familia irlandesa que vino á Francia cuando cayeron los 
Estuardos, entró en Saint-Oyr en 1825, y salió en 1827 como ofi- 
cial de estado mayor. Desde entonces se batió casi en todas par- 
tes donde ha ondeado la bandera francesa, en Bélgica, en Arge- 
lia, en la Crimea, y ahora en Italia. 

Durante el primer período de su vida militar, esto es, de 
1827 á fines de 1840, el mariscal de Mac-Mahon desempeñó las 
funciones de oficial de estado mayor. A los cuatro años de su 
salida de la escuela, tenia la cruz de la Legión de Honor; luego 
fué edecán de varios generales, y con este título estuvo en Arge- 
lia (1837) con el general Damremont. Herido en el pecho en la 
toma de Constantina, fué nombrado oficial de la Legión de Ho- 
nor. 

Los príncipes de la familia del rey Luis Felipe apreciaron 
sobremanera los servicios del activo y valeroso edecán; así el 
duque de Orleans confió el mando del décimo batallón de caza- 
dores al joven comandante de Mac-Mahon, que acababa de ser 
nombrado comandante de estado mayor. 



UJHYERSA*. .3 87 

A la cabeza de sus cazadores, se distinguió mucho en el 
combate de los Olivares (provincia de Argel) y en varias espe. 
diciones en torno de Tlemcen, sobre todo en Bab-Thaza. Coman. 
dante de batallón á 32 años, teniente coronel á 34, de Mac Ma- 
non fué siempre uno de los mas jóvenes entre los oficiales de su 
graduación. Teniente coronel (1842) venia legión estrangeraqne 
residia en la provincia de Constantina, tomo parte en muchos 
combates contra los kabilas, y luego contra los árabes del pais 
de Biskra hasta 1845, época en que fué nombrado coronel del 
419 de línea en la provincia de Oran, donde desempeñó varios 
cargos, ya como coronel, ya como geneial de brigada. En la 
guerra de Crimea estuvo á la cabeza de una división de infante- 
ría, y todo el mundo conoce hoy el asalto de Malakoff y el buen 
éxito casi milagroso de aquel atrevido hecho de armas. En 1857 
el incansable general de Mac-Mahon dirige una de las divisiones 
del ejército de Kabilia, y toma brillantemente las temibles posi- 
ciones de Icheriden en aquella penosa campaña, que se terminó 
con la sumisión del Djerjera, 

A fines de 1858 el general de Mac-Mahon era nombrado 
comandante de las fuerzas de tierra y de mar de la Argelia, y á 
principios del presente año, cuando la formación del ejército de 
Italia, era designado para la dirección del segundo cuerpo, á cu- 
ya cabeza acaba de alcanzar un eterno lauro. 

Físicamente, el mariscal de Mac-Mahon es de una salud ro- 
busta. Jamás enfermo, á pesar de su larga residencia en Argelia, 
su actividad no conoce límites; es un ginete muy diestro y muy 
atrevido. En Argelia, montado siempre en un alto caballo inglés, 
andaba 45 leguas por dia, gracias á los relevos preparados de 
antemano, y siempre al galope. 

Como hombre de guerra, el mariscal de Mac-Mahon posee 
una cualidad preciosa: es afortunado. Jamás esperimenta alguna 
de esas desgracias que independientes de la iniciativa de los in- 
dividuos, pueden producirse siempre para neutralizar los planes 
mejor concebidos. Toda empresa dirigida por el duque de Ma- 
genta llega á buen término. El mariscal posee en alto grado las 
cualidades que mas se estiman en los hombres de guerra: el va- 
lor, la lealtad, el desinterés, la generosidad, la rectitud, la fran- 
queza y el sentimiento de la honra. A todos estos méritos hay 
que añadir su benevolencia y su celo con el soldado. 

Por último, el nuevo mariscal tiene una cuna ilustre, cuen- 
ta con fortuna y está aliado con las familias mas recomendables 
de la antigua nobleza francesa. 



El general Ulloa, que está figurando al frente del ejército 
de Toscana, es napolitano, y tiene hoy 46 años. Su familia, de 
origen español y de una nobleza muy antigua, fígnra hace mu- 
chos siglos entre la grandeza de Ñapóles, con el ducado de Lau- 
ria, que posee la rama primogénita. 

Gerónimo Ulloa hizo sus estudios en la escuela militar de 
Ñapóles de donde salieron los Cosenz, los dos Mezzacapo, los 
Boldani y otros oficiales muy distinguidos. Ulloa salió con el 
grado de alférez de artillería, y sus opiniones liberales muy pro- 
nunciadas ya le malquistaron con sus gefes. Cuando la revolu- 
ción de 1848, Ulloa era capitán y profesor en la escuela militar. 
El general Pepe, nombrado comandante de las tropas enviadas 
en socorro de la alta Italia, conocía al capitán Ulloa y le estima- 
ba mucho, así fué que le nombró gefe subalterno de estado ma- 
yor. El ejército napolitano se puso en marcha, y su aparición 
en el teatro ele la guerra habría cambiado mucho el aspesto de 
las cosas, cuando recibió en Bolonia la orden de retroceder in- 
mediatamente. Acababan de ocurrir en Napores los deplorables 
sucesos del 15 de Mayo, y el rey tenia que apelar á todas sus 
fuerzas. 



UNIVERSAL. 189 

Fué aquel un momento doloroso. Colocados entre su amor 
á la Italia y la obediencia militar, muchos no sabían á que re- 
solverse. Un coronel se pegó un pistoletazo al frente de su regi- 
miento. Los generales optaron por e) regreso y arrastraron con- 
sigo á la mayor parte de los soldados. El comandante en gefe 
Pepe no quiso obedecer; y se unieron con él algunos miles de 
voluntarios napolitanos así como unaj;parteMe artillería]y varios 
oficiales de todas armas. Pepe marchó a Yenecia, donde el go- 
bierno provisional le confió el cuidado de su defensa. Ulloa, 
que estaba con el general, fué nombrado gafe de estado mayor; 
y á decir verdad, sobre él cayó desde entonces todo el peso del 
mando. Pepe, hombre político mas bien que soldado, no poseía 
ni la energía ni los talentos que requería el mando en tales cir- 
cunstancias. 

La resistencia^heróica de'" Yenecia, abandonada de todos 
contra las fuerzas reunidas dejóla monarquía austríaca durante 
15 meses, es una de las grandes páginas de la historia militar de 
Italia. El coronel Ulloa adquirió allí una gloria imperecedera. 
Su nombre ha quedado ligado á la defensa* de los fuertes de 
Malghera, defensa que hizo la admiración de la Europa. En los 
últimos meses del sitio, Ulloa, nombrado general, fué el alma de 
aquel pueblo: Manin y el general lo hacían todo, y cuando ya 
no fué posible sostenerse mas, cuando Yenecia. aniquilada con 
el cólera y el hambre, falta de defensores y de municiones, de- 
bió abrir sus puertas al enemigo, el respeto involuntario de los 
gefes austríacos por aquellos dos hombres valió á la ciudad una 
capitulación honrosa. 

El general Ulloa vino entonces á Paris, donde vivió diez 
años entregado al estudio, y estimado y considerado por todos 
los que le haD tratado, como uno de los hombres eminentes que 
eran aun la espe.iunza de la patria. En cuanto se anuució la 
guerra, el ilustre emigrado se apresuró á poner su espada al ser- 
vicio del rey de Cerdeña. 

Encargado al principio corno "Garibaldi de organizar un 
cuerpo de voluntarios bajo el nombre de cazadores de los Ape- 
ninos, se hallaba apenas en Turin, cuando tuvo lugar el movi- 
miento de la Toscana en favor de la alianza piamontesa, seguido 
de la marcha del gran duque. El gobierno de Florencia, dando 
el ejemplo de esa fusión de las provincias que va construir el 
hermoso reino de la alta Italia, encargó al punto la dictadura al 
rey Yíctor Manuel, y el general Ulloa fué enviado para organi- 
zar militarmente el pais en favor de la santa empresa de la in 
dependencia italiana. 

El general Ulloa, soldado ilustre y gran ciudadano, disfruta 
de una gran consideración en Turin, en Yenecia, en Milán y 
en Ñapóles. 



VIAJE iL HiR ROJO. 



Aden— Moca.— Bjedda.— La Moca.— Medina, 



Para recuerdos é inspiraciones no hay como el Oriente; el 
viajero puede recojor allí un rico botín de sensaciones, cerca de 
la cuna del mundo, próximo á los sitios donde se cumplieron los 
destinos de sus primeros padres en las misteriosas épocas anti- 
guas. El mar Rojo, ese lago sagrado que vio desarrollarse junto 
á sus orillas todas las páginas de esos diferentes dramas sagra- 
dos, que son en el dhi la base de las creencias de todos los pue- 
blos del mundo, ofrece vasta materia á los trabajos favoritos del 
bábio, del poeta y del artista 

Ese vasto espacio de agua, largo de unas t 300 leguas, con 70 
de ancho, tiene la forma de una elipse larga cuyo eje principal 
se dirije del KN. E. al SS. E., su nombre de mar Rojo lo debe 
un animalillo microscópico de color purpurino que en cierta 
época del verano cubre la superficie de sus aguas, pues el fondo 
se halla compuesto de formaciones corálicas y de alteraciones 
sub-marinas que reposan en arenas amarillas suministrad;; por 
la desagregación de las rocas yesosas del litoral y del viento que 
arrastra eternamente el viento del desierto. 

Todos los años reinan en esos parages dos brisas contrarias y 
opuestas; el viento del S. sopla desde Mandeb hasta Dejedda, y 
el del N. desde Suez hasta ese mismo punto; una zona de calmas 
y de brisas variables separa el lugar donde se encuentran las 



UNITEKSAL. 191 

dos columnas de aire, y permite al cabotaje árabe una comuni- 
cación siempre fácil entre ambas orillas. La cansa de ese fenó- 
meno meteorológico es muy sencilla; cuando se piensa'en la in- 
mensa estension de arenas ardientes que ofrece la península ará- 
biga al enrarecimiento del aire, y por consiguiente en la trasla- 
ción de columnas mas frias llamadas del N. y del S-, pareca es- 
traño que no se le haya ocurrido á Malioma el cubrir con un 
velo religioso esas consecuencias puramente físicas, porque es de 
notar que de todos los puntos donde se halla esparcido el isla- 
mismo es favorable el viento hacia la época del Rhadaman, pa- 
ra todos los buques que llevan á Djedda los peregrinos atraídos 
por la santa cuaresma. 

A la entrada del mar Rojo, y en los canfines del océano in- 
dio, se eleva un volcan apagado, en cuyo cráter los árabes ha- 
bían fundado la ciudad ele Aden, capital de un estado del mis- 
mo nombre. Después de largos años, un príncipe que dependía 
del inmanato de Yemen, gobernaba allí una población activa y 
numerosa, una rada segura y profunda cuyas afilas bañan el la- 
lado K\ del volcan, recibía diariamente buquecillos árabes car- 
gados de productos de la India, y numerosos ganados cuidados 
por los pastores de la ribera abisinia. Esas ventajas hacían de 
Aden un puerto comerciante y naturalmente fortificado; los in- 
gleses lo conocieron, y después de haber establecido en la ciu- 
dad algunas relaciones comerciales, tomando por divisa dividir 
es reinar, introdujeron en todo ese país su fatal política, y bien 
luego un hermano ambicioso, guiado por sus inspiraciones, se 
puso á la cabeza de una revolución; y les vendió por una renta 
crecida el resultado de su victoria y de su crimen, entonces fué 
en 1839, cuando la Europa sorprendida supo que la Inglaterra 
poseía su Gibrallar mas á las puertas del mar Rojo, y en el ca- 
mino principal de la India. 

La península de Aden se halla formada por inmensos tro- 
zos de lavas apagadas, y solo está unida con el Yemen por una 
lengua de arena estrecha y baja, mas allá la vista se pierde eu 
medio de masas de arenas y de áridas llanuras de un aspecto 
desolado, La naturaleze había hecho m ho para que esa roca 
fuera inespugnable, lo demasío hizo el arte. En cada punto de 
la roca accesible á los pasos del hombre, se puso un cañón, que 
después amenazó al árabe eraante todavía al rededor de su pri- 
mera morada, ninguno de ellos puede llegar á esa gigantesca 
fortaleza sin pasar por un largo túnel practicado en la roca, y á 
la entrada del túnel se registra á todo el mundo. La población, 
pequeña y sucia, ofrece el aspecto de todos los pueblos árabes, 
callejuelas infectas, donde reina un calor eterno, una mezqufia 
pequeña, malos bazares, y algunos grandes cuarteles donde el 
tifus y la peste diezman la guarnición de soldados ingleses, ta- 
les son los objetos que allí se encuentran. 



192 ÁLBUM 

El comercio y el gobierno han fijado sa residencia en la fal- 
da de las rocas y sobre el golfo de Aden. Allí se embarcan y 
desembarcan sin cesar millares de toneladas de carbón de piedra 
capaces de alimentar grandes flotas de vapores, por la playa de- 
solada se ven alguuos persas discípulos de Zoroastres, grandes 
adoradores del fuego, con sus largos gorros de Astrakan y sus 
vestidos blancos, á cuya cintura cuelgan el tintero y el clásico 
pergamino que sirven para las transaciones comerciales; por que 
aqui la energía de la Inglaterra ha debido ceder ante la incle- 
mencia de un cielo tan terrible, dejando en manos de infelices 
proscritos el estandarte industrial que ha enarbolado en todos 
los pueblos del mundo. 

Saliendo de Aden en el momento que los altos picos de su 
volcan principian á desaparecer en el horizonte, se presenta la 
villa africana del lado opuesto, y ambas tierras, estrechando el 
brazo de mar que las separa, vienen á dibujar al JÜT. el estrecho 
de Bab-el-Mandeb: 

El cabo de Bab el-Mandeb se halla situado sobre la costa 
de Asia. Bajo y arenoso, forma con las rocas africanas llamadas 
las Hermanas el estrecho que lleva su nombre, el cual se halla 
dividido en dos por el islote volcánico de Melum. 

La tierra de Abisinia, mas alta que la de la Arabia, ofrece 
á la vista montones de rocas calcáreas que parecen las ruinas de 
uu edificio gigantesco. Sin duda por el aspecto terrible que pre- 
sentan esos lugares, llamaron los árabes la Puerta de las Lágri- 
mas. 

Siguiendo el paseo del mar; y acercándose á las orillas are- 
nosas del Cernen, los buques pueden continuar su marcha. Bien 
luego, en medio de un fondo de verdura se presenta una ciudad 
con las paredes blancas sobre la espalda de una colina que aca- 
ba al borde de la mar; es Moca. Los pocos buques que se mecen 
en su rada abierta á todos los vientos, son los que esperan del 
interior la llegada de las caravanas cargadas de esquisito café 
de universal renombre. El aspecto pintoresco que presenta la 
ciudad vista desde las aguas, se desvanece al poner los pies en 
ella; entóneos no se ven mas que ruinas, una calle larga y una 
mezquita de atrevida concepción son las únicas curiosidades que 
merecen mencionarse. 

Alejándose de Moca, donde los ingleses ejercen una influen- 
cia que se aumenta mas y mas cada di a, se sigue la costa ará- 
biga indicada solamente en el horizonte por el resplandor ar- 
diente debido al reflejo de las arenas. Bajo un sol de fuego que 
inflama el aire con sus rayos, la brisa seca del desierto aumenta 
todavía la angustia del viajero, cuyos ojos nada distrae, si no es 
algunos islotes calcinados y las pesadas barcas árabes impelidas 
con una brisa que llaman fresca, aunque no lo sea. 

Sin embargo, entra el azul oscuro del mar, se destaca ya el 



UNIVERSAL. 193 

minarete de una mezquita en ruinas; un buque de palos, donde 
nota el estandarte del Profeta, oculta apenas un grupo de casas 
construidas sobre las rocas de las ribera, las que forman la ciu- 
dad de Djedda. Este es el último descanso de la peregrinación, 
pues ese valle árido y arenoso conduce á la ciudad sagrada. Por 
todas partes se ven tiendas, dromedarios y grupos de peregrinos; 
todos, desde el osmanlirico y civilizado, hasta el negro de Mar- 
ruecos, salvaje y haraposo, llevan el turbante verde, indicio segu- 
ro de la sagrada caminata; á orillas del camino, indicado por las 
tumbas de los fieles, y por los muchos esqueletos de dromeda- 
rios que cayeron muertos de fatiga, p'den limosna los pobres y 
los santones, unos mostrando llagas asquerosas, y otros ofrecien- 
do rosarios gruesos, en medio de un éxtasis letárgico. 

Mas allá se presenta el Oriente con todo su horror solemne, 
no el desierto tal como le hacen ver los pintores y poetas, sino 
formando una llanura inmensa y desigual, cubierta de menudos 
guijarros lisos y brillantes; en esas soledades desoladas nada se 
encuentra que recuerde la vida; al borde se descubren algunos 
matorrales raquíticos, algunas palmeras aisladas, el chacal y la 
hiena son amos allí, y si á veces una gacela tímida se aventura 
á pasar el camino, pronto desaparece en las rocas vecinas. 

A 6 leguas de Djedda, en el fondo de aquel estrecho, se ve 
la Meca, patria de Main m a, el suelo removido que la rodea ates- 
tigua los trabajos de fuegos subterráneos apagados hoy. Y sin 
embargo, en medio de ese recinto de rocas cenicientas es donde 
se oculta el tesoro de gracia que los mulsumanes van á buscar 
allí de tod'is las partes del mundo. Todo es sagrado en ese sitio: 
jcuautas frentes inclinadas por la fó besan ese polvo y esas rocas! 
En medio de todas esas poblaciones devoradas por una ardiente 
piedad, á las mismas puertas de esos monumentos sagrados, se 
vé como esa religión se va acabando á la imperecedera luz del 
cristianismo. 

Ocultándose en las ruinas del sagrado recinto, se domina y 
descubre á media milla de distancia la ciudad de las ciudades, 
la Meca, capital de Hehjaz que puede parecer algo bonita á los 
viajeros que no conocen mas que las callejuelas tortuosas de las 
poblaciones árabes. Calles anchas, casas elevadas y blancas, con 
balcones verdes, tejidos con latas de palmera, y adornados con 
cortinas de mil colores, todo eso da á algunos barrios cierto as- 
pecto que solo se ve en las principales ciudades de Oriente. En 
primer término los palacios y las escuelas elevan sus muros so- 
bre las azoteas uniformes de las demás casas, mas allá los baños, 
las posadas y las tiendas donde se acampan caravanas enteras, 
se cstienden en anfiteatro hasta la falda de las rocas; las calles 
arenosas y sin empedrado están cubiertas de un polvillo niene- 
do que el menor soplo levanta ea gruesos remolinos. El agua 
es poquísima v mala; siu embargo, en una de las calinas se dis- 

25 



194 ÁLBUM 

tinguen á lo lejos las ruinas de un acueducto que mandó cons- 
truir la hermosa Zoheida, aquella esposa favorita del esposo, del 
héroe de las mil y una noches. 

En esa tierra sagrada que no puede alimentar á sus habi- 
tantes, el comercio es nulo, toda la industria se limita al alqui- 
ler de las posadas y á la venta de ricas telas que los fíeles com- 
pran á pedazos para colgarlos de los venerados muros de Kaaba. 

En medio de la ciudad que ocupa un círculo cuyo diámetro 
tendrá un kilómetro, se eleva el templo á que debe su celebri- 
dad. La mezquita compuesta de un infinito número de cons- 
trucciones de todos los tiempos, tiene la forma de im inmenso 
paral elógramo, cujas paredes desnudas de todo adorno, están 
blanqueadas con cal; 19 puertas siempre abiertas permiten la 
entrada á los líeles, en la fachada Norte se abre al esterior una 
galería por medio de una serie de columnas sosteniendo arcos 
en ogiva, allí se manda llevar los enfermos que desean morir al 
abrigo de los sagrados pórticos; por último, se elevan sobre el 
edificio, irregularmente colocados, siete graciosos minaretes, el 
7 es un número misterioso. Solo entrando en la mezquita se 
puede conocer lo grande que es; mas de mil columnas de 30 pies 
de altura hechas de los mármoles mas preciosos, sostienen con 
las paredes esteriores tres naves formadas por arcos de dos dis- 
tintos géneros de arquitectura; allí los fieles alumbrados de dia 
y de noche por lámparas de plata maciza, cumplen con los ritos 
de la religión de M ahorna. 

En medio deí atrio se eleva el sagrado templo de la Kaaba, 
el monumento religioso mas antiguo que se conoce en el mundo, 
levantado, según dicen, por Abraham para el culto del Dios ver* 
dad ero; este edificio, construido con rocas blanquecinas de las 
que se hallan allí cerca, tiene la forma de un cubo de unos 25 
pies de lado, todo el año está cubierto de negro, escepto en los 
dias del Rhamadan. Por dentro presenta un vasto salón, con un 
rico pavimento de mosaico, y en sus paredes hay escritas algu- 
nas máximas del Alcorán, eternamente alumbradas por la luz 
de las lámparas de oro macizo. 

En el mismo atrio hay otras varias construcciones que sir- 
ven de sepultura á los santos mas venerados; entre ellas se dis- 
tingue, á la izquierda de la Kaaba, un monumento cuadrado con 
una cúpula, que encierra una fuente de agua límpida y fresca, 
la misma, dice la tradición, que á las súplicas de Ágar s ¿litó de 
una arena ardiente para llamar á la vida á su hijo Ismael, el pa- 
dre de los árabes. Sobre la puerta principal se ve todavía una 
piedra negra encajonada en la pared, de la que sobresale algu- 
nas pulgadas. Ese mármol, objeto del cul:o mas antiguó, es aquel 
que mucho antes de Mahoma iban á besar los árabes, como un 
precioso fragmento de la roca que los ángeles llevaron á Abra- 
ham cuando construía el santuario de la Kaaba. 



UNIVERSAL. 195 

Por el N". continua serpenteando el triste valle en medio de 
la arena y de las rocas; en el camino se distinguen aun las cara- 
vanas de los peregrinos que se dirigen hacia Medina para ado- 
rar allí la tumba del Profeta. Este viaje no es obligatorio, y no 
se halla comprendido en el de la peregrinación sagrada. 

Medina, segunda ciudad de FDdjad, está colocada en el lí- 
mite del gran desierto arábigo. Distante de la Meca unas cien 
leguas, divide con su compañera el triste privilegio de vivir de 
la caridad de los fieles; allí fué donde Mahoma, arrojado de su 
pais natal, fué á predicar su nueva doctrina, en el mismo sitio 
donde hoy se ve su tumba. El templo, construido á imitación 
del de la Meca, es mucho mas pequeño; en medio del atrio se 
elevan dos palmeras veneradas, plantadas por mano del Profe- 
ta; un poco mas allá, se ve una cúpula sostenida por colunias de 
mármol blanco. Al rededor del suelo e.^tá cubierto con ricas al- 
fombras, y entre las columnas una verja muy cerrada y una 
gruesa colgadura de damasco verde impiden que descubra el 
aire el sepulcro de Mahoma. Allí también duermen á su lado 
sus discípulos Ornar y Abon-Beckr, que deben, el dia del juicio, 
ser despertados por Jesucristo, anunciando desde lo alto de ese 
monumento el fin de loe siglos, cerca de la tumba existe el pul- 
pito donde predicó Mahoma las primeras veces. La ciudad, pe- 
queña y mal construida, se halla rodeada de una triple hilera 
de murallas, hoy en ruinas; en medio se eleva una fortaleza don- 
de flota el pabellón egipcio. 

Tales son los santos lugares, los monumentos cuya posesión 
disputada á la Puerta por el Egipto victorioso, estuvo á punto 
de perder la paz del mundo. 



CEUTA 



Al tratar de Ceuta, no es otra nuestra intención, que hacer 
una lijera descripción de ella tomando datos de la historia. 

Obligados como estamos á dar á nuestros lectores cosas úti- 
les y provechosas, nos ha parecido dignos de leerse los rasgos 
que mas han distinguido á la población que nos ocupa. 

Conquistada Ceuta por los portugueses, á quienes mandó el 
rey D. Juan I queriendo celebrar con motivo de alguna brillan- 
te victoria, la ceremonia de armar caballeros á sus hijos los in- 
fantes D. Duarte, D. Pedro, D. Enrique, D. Juan, D. Fernando 
y D. Alonso (el bastardo.) 

Se debió el pensamiento déla conquista á D. Juan Fernan- 
dez, ilustre varón, veedor de Hacienda y hombre entendido; 
aconsejó á los príncipes aprobasen su proyecto, cuyo proyecto 
secundaron no solo ellos, sino el mismo rey, que como hemos 
dicho, lo puso en práctica. 

Fué poseida Ceuta por los portugueses desde el año de 1415 
h:;sta el de 1582, y en ella donde murió el rey D. Sebastian, en 
el año de 1579; fué en una de aquellas entradas por la tierra de 
Marruecos, cuando dicho rey creó el designio de conquistar 
aquel vasto imperio. 

Con el fallecimiento de D. Sebastian \a sucedió en el trono 
su tio el cardenal D. Enrique; mas habiendo muerto éste poco 
tiempo después sin sucesión, ciñó la corona de Portugal D. Fe- 
lipe II rey de España, por lo cual vino Ceuta á formar parte de 
los dominios de la antigua corona de Castilla, en la que feliz- 
mente se conserva. 

España ha poseído esta importante plaza desde el siglo 17 en 



UNIVERSAL. 197 

beneficio de la civilización y el comeicio, aunque en continuos 
combates con las tribus beduinas, contra las que ha sostenido 
reñidos y gloriosos combates, en que ha derramado con abun- 
dancia la generosa sangre de sus hijos, pretiriendo estos la muer- 
te á que volviesen á apoderarse las salvages tribus rifleras de es- 
te importante punto. 

Mulei-Isma.il, rey de Fez y Emperador de Marruecos, pu- 
blicó la guerra santa en 1694 y fo mando un grande ejército, 
que puso bajo las órdenes de Ali-Ben-Abdalá, Bajá y Alcalde, 
de Tetuan, mandóle a sitiar á Ceuta dándole la terminante or- 
den de no desistir de su adquisición y antes morir que retirarse 
desús cercanías sin que tremolasen sobre sus fortalezas los es- 
tandartes de la media luna. 

Ali-Ben-Abdalá se presentó delante de Ceuta y estableció 
su campo con un ejército de 30,000 hombres y con un tren de 
artillería compuesto de 18 cañones y 6 morteros. 

Duró el sitio hasta el año de 1727; defendida por los espa- 
ñoles con un heroismo que lia dejado á la historia gratas y glo- 
riosas páginas, no obstante que los ingleses aprovechando esta 
ocasión hicieron á los españoles todo el daño que les fué posible. 

Sosegada algún tanto la España con respecto á los moros 
descansaba en sus propias fuerzas cuando 30 años después de lo 
que acabamos de referir, esto es, el año 1757 se puso á la vista 
de la plaza un ejército marroquí con intención de sitiarla; pero 
las interiores turbulencias del imperio obligaron al emperadora 
llamarlo á la capital. 

Después de estos detalles que heñios dado, creemos conve- 
niente dar á conocer la posición de Ceuta en nuestros dias. 

Llama sobremanera la atención la discordancia que guarda 
esta población en sus calles, pues siendo las principales rectas y 
BÍn pendientes, muy al contrario las traversales preséntanse tor- 
tuosas y mal empedradas. 

Son las casas de Ceuta pequeñas y de construcción mediana; 
pero llama en ellas la atención la limpieza y comodidad de sus 
habitaciones interiores, y los bonitos jardines que tienen casi 
todas ellas. 

Dos paseos, el de la Reina y el de San Amaro, con buenos 
arbolados de paraísos y de acacias, son los únicos que se hallan 
en esta población, que posee además dos plazas y tres plazue as. 

Sus hospitales mas principales son el militar, el de Jesús 
María y José, y la casa de misericordia, fundada á imitación de 
la que con igual título creó en Lisboa la reina doña Leonor en 
1498. El presidio se remonta su origen al tiempo de la conquista. 

A fines del siglo pasado los españoles celebraron con la 
corte de Marruecos los tratados diplomáticos que les han pro- 
porcionado la paz por tanto tiempo, venida á alterar por las sal- 
vajes é injustas agresiones de las rurbas de Anghera. 



wnamfttMaBB&prw&B 



La ciudad de Gibráltar se halla en el fondo de una magní- 
fica bahía. Sus casas son muy limpias, y están decoradas y ador- 
nadas de flores y adornos de todas las '¿onas de Europa y África, 
que forman un agradable contraste con las pendientes cuestas 
de sus montañas. Sus habitantes son ingleses, marroquíes y es- 
pañoles, y sobre todo, judíos. Ha hecho siempre un contra- 
bando muy activo con los pueblos meridionales, tráfico que en 
el dia se halla muy reprimido. 

Entre la estremidad meridional de España y la costa mar- 
roquí se forma el estrecho cuyas corrientes depositan sus aguas 
en el Mediterráneo. Al pasar el estrecho se descubre la mura- 
lla de rocas tajadas que tiene de elevación mas de 1,500 pies. 

Gibráltar pertenece á los ingleses desde 1704 que como alia- 
dos del Archiduque de Austria se apoderaron de ella por sor- 
presa, y en el tratado de Utrech se les confirmó posesión suya. 
En 1704, 1727 y 1772 Francia y España reunidas quisieron qui- 
tarla á la Inglaterra, y el gran rey Carlos III intentó lo mismo 
en 1788, mas siempre sin resultado, 

Nada han descuidado los poseedores de Gibráltar para ha- 
cer inespugnable sus roca?; sus profundas cavernas han sido 
convertidas en arsenales, y sus inmensas galerías cuyos numero- 
sos cañones amenazan todo lo ancho del estrecho, pueden ofrecer 
un refugio en caso de ataque á los habitantes de la ciudad. 

Algeciras, la plaza mas importante del estrecho en la edad 
media, se encuentra á 8 quilogramos al Oeste de Gibráltar, 
siendo esta plaza la que el rey D. Alfonso XI arrebató á los 
moros después de dos años de sitio á fuerza de valor y constan- 
cia, cerrando de este modo las puertas á España á las invasiones 
africanas. 

El gobierno español debe mirar como una de sus mas pre- 
ferentes antenciones la construcción de un buen puerto en Al- 
geciras, pues su situación es la mejor del estrecho por ofrecer 
un refugio seguro á las embarcaciones que en tan gran número 
atraviesan. 



Nueva Gales del Sur. — Sidney. — Las montañas azules. — 
Bathurst. — Distrito de Wellington. 



La Nueva-Gales del Sur forma la parte oriental de la nue- 
va Holanda. Imposible es señalar la época fija á que se remon- 
ta el primer descubrimiento del vasto continente, mucho tiempo 
conocido bajo este último nombre, y al cual han llamado recien- 
temente los ingleses Australia. Solo se sabe que á principios del 
siglo XVII, Dutch hizo un-reconocimiento de las costas meridio- 
nales y septentrionales; que en 1642, Tasman esploró todo el li- 
torial al Sur, y que el capitán Cook en 1770, visitó todo el Nor- 
deste, y se aseguró de que la Nueva-Holanda no era. como se 
suponía, el prolongamiento de la Nueva-Guinea. En fin, en 1773 
el capitán Fornaux completó con sus investigaciones el períme- 
tro de la isla. 

Desde la espedicion de Cook, la Inglaterra, advertida por 
las quejas de sus colonias Norte-americanas del peligro que cor- 
ria vaciando sus cárceles en las posesiones trasatlánticas, se ocu- 
paba del proyecto de crear en el Pacífico un lugar do deporta- 
ción para sus delincuentes. Con este fin recibió Cook la orden 
de tomar posesión, en nombre del gobierno británico, de la cos4a 
oriental de la Nueva-Holanda. Diez y ocho años después, el ca- 
pitán Philips fundó la colonia de Botany-Bay, cuyo nombre 
evocó por sí solo las pinturas menos seductoras, y fué objeto de 
horror por espacio de mucho tiempo. Escaso medio siglo ha bas- 
tado para transformar este pais, conquistado á palmos de la na- 



200 ÁLBUM 

turaleza salvage. Nada prueba mejor la superioridad del sistema 
de colonización inglesa, la actividad y los prodigiosos recursos 
de este pueblo, qne el estado de grandeza y prosperidad á que 
ha elevado en poco tiempo la lejana colonia de la Australia. Ciu- 
dades populosas se han levantado en bahías principales; el suelo 
se ha fertilizado; la industria y el comercio se han apoderado de 
sus productos naturales, y bajo el influjo de estos elementos com- 
binados, la fertuna de la nueva colonia ha tomado un vuelo rá- 
pido y maravilloso. Las preciosas ventajas que la Nueva-Gales 
dei Sur, en particular, la región mas favorecida de la Australia, 
saca de su fertilidad y del espíritu emprendedor de sus habitan- 
tes, la han convertido en depósito de los diversos archipiélagos 
vecinos, ofreciéndole para el porvenir una preponderancia in 
disputable en el hemisferio austral. 

Pero sería un error al atribuir solo á las causas enumeradas 
el secreto de progreso de las colonias australes. Su mayor parte 
es debida á los esfuerzos dei gobierno británico, que emplea los 
medios mas enérgicos i espeditos, á fin de dirijir á'aqueüas pose- 
siones la emigración inglesa que tiene su curso natural hacia la 
América del Norte. Este resultado, que interesa á la Inglaterra 
bajo dos aspectos diferentes, su supremacía en el Océano Pací- 
fico, y el retraso del desarrollo completo de la potencia america- 
na, lo ha fomentado con el bajo precio de las tierras, los tras- 
portes gratuitos, las instituciones libélales, y en este momento 
lo fomenta poderosamente por el atractivo natural qne le ofrece 
el descubrimiento reciente de las minas de oro. Todos pueden 
recordar con que prevención se recibió, aun por la prensa in- 
glesa, la noticia de un descubrimiento que favorecía tan oportu- 
namente los proyectos é intereses de la Gran Bretaña. Sin em- 
bargo, testimonios irrecusables han puesto fuera de duda la exis- 
tencia de numerosos criaderos de oro en Nueva-Gales del Sur, 
sin que haya mucho que rebajar de las ponderaciones hechas. 
Pero aun suponiendo que el producto iguale al deseo que puede 
tener el gobierno inglés con el objeto de seducir á los emigra- 
dos, creemos que este descubrimiento, contra la opinión de mu- 
chos que se felicitan por él, ha de acarrear malas consecuencias 
á la colonia. Diremos en que síntomas puede reconocerse la per- 
turbación que se prepara álos intereses verdaderos y bien enten- 
didos de la Australia. 

Cuando llegamos á Sidney últimamente, las especulaciones 
comerciales comenzaban á paralizarse. El movimiento había 
aflojado en esta villa industriosa. Los muelles estaban obstrui- 
dos con mercancías; los almacenes casi desiertos. Todas las emi- 
graciones estaban encendidas con las narraciones de fortunas 
improvisadas. Los mas graves participaban de esta escitacion, 
y se llegaba á temer que los funcionarios públicos, sobre quie- 
nes descansaba la seguridad general, abandonaran sus puestos. 



UNIVERSAL. 201 

Se pensó entonces en evitar los deplorables efectos de tal deser- 
ción, prometiendo á los diferentes ramos de la administración 
colonial un aumento de un cincuenta por ciento de su sueldo. 
Por otra parte, las industrias carecían de brazos, y los pocos que 
quedaban, exigian salarios escesivamente elevados. En los dis- 
tritos rurales, la agricultura, fíu-n'e principal de la riqueza colo- 
nial, estaba todavía peor tratada. Los caminos que conducían á 
las minas, se cubrían materialmente de caravanas, que abando- 
naban sus rebaños y los trabajos de la ganadería para tentar for- 
tuna. Esta situación se hizo sentir en ios precios de los géneros, 
y produjo subida en todos los objetos de utilidad y de consumo. 
Todas las miserias de la California se desplomaban de improviso 
sobre esta tierra, ayer tan floreciente. Afligía el estado de aque- 
lla población laboriosa, reducida de repente á la condición de 
aventureros en busca de la fortuna. 

Cuanto vi los primeros dias es esta ciudad, que tiene to- 
das las apariencias de una gran población europea, me mos- 
tró numerosos elementos de prosperidad real. Edificada sobre 
el brazo de mar á que se lia dado el nombre de Port-Jackson, y 
que forma una magnífica rada, ¡Sidney se levanta en escalinatas 
sobre el ámbito de nna de las muchas ensenadas que guarnecen 
el lado meridional de su pequeño golfo. Este sitio es estremada- 
mente pintoresco. Desde las alturas de Woolloovoolloo, que for- 
man el cuartel aristocrático de la ciudad, se ve en la dirección 
de Port-Jackson, á la izquierda, una larga lengua de tierra, cu- 
bierta de cabanas, parques y jardines; á la derecha la costa se le- 
vanta á pico y presenta en toda su longitud una montaña elevada. 
Del Nordeste al Suroeste corre una cadena de montañas cuyos 
picos se levantan unos sobre oíros, y en su estraña confusión, se 
ofrecen á la imaginación, escitada por estas bellezas naturales, 
como un inmenso tropel de quiméricos mastodontes en viaje ha- 
cia la llanura. Al otro lado de la ciudad, el brazo de mar sale al 
encuentro de las aguas del Paramatta, que está encargado de 
llevar á Sidney los variados productos de los distritos agrícolas, 
comprendidos entre su curso y las montañas Azules. La rada y 
el puerto de Sidney estaban cubiertos de buques que revelaban 
la actividad de su comercio. En los alredederes se observa el 
bienestar y la limpieza que parecen derivar directamente de la 
decencia de las costumbres inglesas. Escepto el Sur de Sidney, 
el paisaje ofrece perspectivas risueñas, y el progreso de la hor- 
ticultura en el pais. La parte del Sur por el contrario ha con- 
servado un caráter áspero y salvaje que contrasta con los fres- 
cos aspectos de los valles adyacentes; allí está el camino que 
conduce al Campo de los Franceses. 

Bajo este nombre se designa la meseta situada en la punta 
del Norte de Botany-Bay, á algunas millas de Sidnev. La espe- 
dicion del malogredo Laperouse descansó allí en 1778, siendo 

26 



293 ÁLBUM 

aquellos los últimos vestigios conocidos del célebre navegante. 
Aun se ve á flor de tierra una piedra cuadrada, bajo la cual fué 
inhumado el Padre Receveur, según consta de su epitafio, que 
traducimos del latin: 

"Aquí yace Receveur, sacerdote de la orden de mínimos 
d ■ Francia; médico de la espedicion de circumnavegacion man- 
dada por Laperonse. Murió el 17 de febrero de 1788." 

En 1825, Bongaiuville, de arribada en Port-Jackson, visitó 
el Campo de los Franceses, y consiguió que el gobierno colonial 
le permitiera levantar en él un monumento á la memoria del 
ilustre marino. Una sencilla columna, coronada por una esfera, 
y descansando en una plataforma cercada por una verja, contie- 
ne la inscripción siguiente eu inglés v francés: "A LA MEMO- 
RIA DE LAPEROUSE.— Esta tierra que visitó en 1788, es la 
última de donde envió noticias suyas. Erigido en nombre de la 
Francia por MM, Bougainville y Dncamper, comandantes de la 
fragata Tétis y la coberta Esperanza de arribada en Port-Jack- 
son en 1825. .Nota, — Los cimientos se pusieron en 1825, y la 
columna se erigió en 1828." 

La situación en que se hallaba Sidney no era muy propia 
para inspirarme el deseo de permanecer mas tiempo que el pre- 
ciso para una esploracion de la ciudad y sus contornos. Era ade- 
mas natural que desease llegar hasta la región aurítera; pero era 
espuesto para un estranj ero sin conocimientos del pais aventu- 
rarse solo á un viaje de ciento veinte millas. Me fué fácil el in- 
corporarme en una caravana de las muchas que parten de Syd- 
ney á Bathurst. La compañía de que hacia parte debía compo- 
nerse de once viajeros, délos cuales se habian adelantado cua- 
tro hasta Parama tta á fin de preparar os caballos que debiamos 
tomar en aquella ciudad. Entre mis compañeros de viaje habia 
dos americanos, que no tenían como yo otro objeto que el de sa- 
tisfacer su curiosidad. 

Salimos de Sydney en un hermoso día de otoño, que cor- 
responde á la primavera de Europa. íbamos vestidos de cazado- 
res, y llevábamos tres perros de la especie designada bajo el 
nombre áejvx-hound en inglés, y otro de raza australense, que 
es una casta muy singular. Pasamos sin novedad las quince mi- 
llas que separan á Sydney de Paramatta, notables por los her- 
mosos sitios que ofrece el valle, bañado por el Ñapean, y que 
podría llamarse con justicia el verjel de Sydney. Allí se culti- 
van, en efecto, todos los árboles frutales de Europa; el moral, el 
naranjo y el limón prosperan admirablemente. 

Paramatta es por su importancia la segunda ciudad del 
con,(lndo de Ouínberland. Es el centro de un distrito agrícola, y 
posee industrias muy florecientes. Sus calles son anchas y bien 
alineadas. El rio que la baña es uno de los mas bellos de esto 
pais, que cuenta tantos navegables. En Paramatta hallamos el 
resto de nuestra escolta* y caballos muy caros de alquiler. Pusí- 



UNIVERSAL. 203 

monos en marcha, y á las siete millas llegamos al caer la tarde 
á Peurith, pueblo crecido y pintoresco que se levanta sobre 
el Pepean. Al dia siguiente atravesamos el rio por mi puente 
de barcas, y nos vimos á la entrada de una hermosa llanura. 
Este valle, cubierto, de abundante pasto, alimenta crecidos re- 
baños. La industria pecuaria e6 la principa! riqueza de*sus ha- 
bitantes. El camino atraviesa esa llanura, de una milla lo me- 
nos de estension, entre el Pepean y la base de las montañas 
Azules. Este valle se llama la llanura del Emú, nombre de una 
ave que se asemeja al avestruz, y que puede confundirse con el 
casobar, del que difiere por algunas particularidades. Parece 
que este anima! ha sido muy común en la Nueva-Gales del Sur; 
ahora es ya muy raro. Nosotros vimos uno sobre las rocas que 
encierra el Nepean, y le disparamos algunos tiros que no le al- 
canzaron. Los paisanos nos dijeron que be cazaban con perros, 
y :jue este ejercicio es uno de los mas divertidos entre los aus- 
tralenses. El perro agarra por el cuelio al animal, y lo despacha 
al punto. ' 

Desde Peurith el camino se dirige dia&onalixiente hasta las 
montañas. Los conos que guarnecen la llanura se levantan de 
una manera abrupta sobre el Emú, separados entre sí por gar- 
garitas profundas, torrentes impetuosos ó abismos inaccesibles. 

Los peatones y los carrujes ligeros se meten ordinariamente 
por la de Lapstone: pero ios pesados y grandes pretieren el nue- 
vo camino que continúa al Sur, aunque mas largo, porque ter- 
mina eu una pendiente de fácil subida. La vía que penetra en 
un;: cortadura al pié del Lapstone, sube serpenteando hasta una 
meseta, que tiene mil pies de elevación sobre el llano de Emú. 
Enormes rocas cortadas pira abrirse camino, parecen que ame- 
nazan con desplomarse á cada paso. Entre sus quiebras florece 
una vegetación vigorosa y variada* 

Apenas ha encontrado el camino su asiento, corre por una 
serie de vailes y colinas ligeramente ondulan ees, A veces se 
presentan al viajero en su progreso escenas de un carácter gran- 
dioso. Cerca de Weather-Board, el país ostenta t-,>do el lujo de 
la naturaleza salvaje. A través de los sitios mas románticos se 
llega á Black-Head, posada aislada, á 70 millas de Sydney sobre 
la cresta de ura de las mas elevadas montañas. Desde este pun- 
to, el camino declina y atraviesa un paisaje de una grandeza in- 
finita. Masas de granito rojo, de bizarra estructura, florestas 
sombrías, cascadas, amenizan el cuadro, con una novedad fre- 
cuente y variada. 

Desde Stony-Range, á donde se llega á la mañana siguien- 
te, se comienza á ver la llanura de Bathurst. El distrito de Ba- 
tkurst es estremadamente rico. La cria de los rebaños, favoreci- 
da por los buenos pastos del valle, constituye una industria mny 
productiva en este lado de las montañas Azules. La llanura tie- 



20^ ÁLBUM 

ne doce millas de largo y ocho de ancho. El suelo lo componen 
mogotes sinuosos: su nivel general es de dos mil pies sobre el del 
mar. En el fondo de este valle está situado Bathurst, sobre el 
rio Macquarie. La población de este distrito es de nueve mil al* 
mas, de las cuales Bathurst tiene seis mil. Cuando nosotros lle- 
gamos, estaba llena de viageros procedentes de toda la Austra- 
lia. Una agitación estrema reinaba en ella, el comercio estaba 
paralizado. Numerosos obreros circulaban ofreciendo sus servi- 
cios para las minas, en clase de auxiliares, porque un reglamen- 
to de policía aleja de los terrenos auríferos* á los que no son con- 
cesionarios, ó empleados por estos para la estraccion. 

Bathurst es por su posición el centro de los brazos desocu- 
pados. La desnudez de esta muchedumbre de proletarios era 
completa. El esceso de población habia encarecido los alimen- 
tos de tal modo, que les era imposible á aquellos desgraciados el 
ocurrir á su subsistencia, y machos de ellos se contemplaban fe- 
lices trabajando por la manutención únicamente. Todos los dias 
venían forasteros que anunciaban nuevos criaderos de oro, des- 
cubiertos en aquel condado, y aun en otros circunvecinos. Estas 
noticias aumentaban la fermentación, y embarazaban el tráfico. 
Parecía que la Australia se habia convertido en nueva tierra de 
promisión, y que sus habitantes no iban á tener mas trabajo que 
el de recoger una fortuna entera en las minas. 

Nuestra compañía se deshizo en Bathurst. Esta ciudad dis- 
ta treinta millas de la región aurífera, á través de un pais esté- 
ril, sin caminos, entrecortadas por rios ó montañas que es nece- 
sario rodear. La constitución geológica de este condado, recuer- 
da la de California. El Summer-Hill, donde se halló el oro por 
vez primera, pertenece á la cadena que circunda el valle de 
"Wellington. El rio de Campbell {Bellis River) uno de los prin- 
cipales tributarios del Macquarie, baña este distrito. Las esca- 
vaciones, primitivamente concentradas en Summer-Hill, se han 
este idido después por las cercanías. Numerosos grupos se han 
formado al rededor de los principales centros de esplotacion.Tal 
es el que ha tomado el nombre de Ofir, que se componía de dos- 
cientas tiendas próximamente. El oro se encuentra en diferentes 
estados, pero por lo común en granos y pepitas, en los terrenos 
de aluvión, en 3a madre de los rios y las barrancas. A veces 
también en hojas en la superficie del cuarzo, raras en filamentos 
que penetran el soroque. Una persona competente me ha asegu- 
rado que este oro era bastante puro. Difícil es conocer con exac- 
titud la cantidad que se estrae, porque los mineros tienen inte- 
rés en ocultarlo. Pocos son los casos que se citan de haberse ha- 
llado en masas bastante considerables. Los reconocimientos he- 
chos en un radio estenso hacen suponer que el mineral se desar- 
rolla en una superficie de trescientas millas. No es esto todo: si 
los descubrimientos que se anuncian simultáneamente en pun- 



UNIVERSAL, 205 

tos lejanos so confirman, la Nueva-Gales del Sur formaría en su 
conjunto una región aurífera. La isla de Van-Diemen, separada 
por el estrecho de Bass de la Nueva-Holanda, participaría con 
todos los caracteres físicos de esta riqueza mineralógica, á ser 
ciertas las noticias que de ella se reciben. En fin, se asegura que 
se ha hallado en los terrenos de cristalización, alas primeras es 
cavaciones, algunos rubíes de un hermoso color de fuego, de lo 
cual se infiere que este aluminato debe de hallarse muy espar- 
cido, y se espera que se encontrará en los terrenos graníticos, á 
ios cuales es particularmente peculiar, Tales congeturas condu- 
cen á lo maravilloso; volvamos á la realidad. 

Si una grande acumulación de mineral de oro y plata cons- 
tituyera la riqueza fundamental de un pais, su descubrimiento 
seria un golpe de fortuna en la Australia. La razón y la espe- 
riencia demuestran que no es así. Este conjunto de riquezas 
puede considerarse como un depósito abierto á la codicia euro- 
pea. Recordando las estracciones crecidas del Nuevo Mundo no 
ee puede dejar de descubrir que la Europa es quien se ha apro- 
vechado de ellas. Es probable que suceda lo mismo á la Cali- 
fornia el día en que se agoten sus fecundos criaderos, y que la 
emigración, que ha llenado aquel pais, no dejo nada útil tras de 
sí. Las mismas consecuencias deben alcanzar á la Australia con 
resultados mas deplorables quizá. 

Ya hemos dicho bajo que elementos de riqueza territorial é 
industrial se había constituido el próspero estado de las colonias 
australenses. El progreso de la población se ha desarrollado pa- 
ralelamente. Esta, que era en 1828 de 55,000 almas, cuya, mi- 
tad se componía de convictos, llegaba á 300,000 habitantes en 
1848, no contando entre ellos mas que unos 6,000 convictos. 
Una nueva estadística eleva á 400,000 la población permanente 
actual. Las manufacturas inglesas que se consumen en la colo- 
nia anualmente importan 75.000,000 de francos. Este consumo 
es superior al de las colonias inglesas reunidas del Norte de 
América. La esportacion guarda la misma pioporcion, y consis 
te en lanas, grasas, salazones de buey, madera y cobre. Algu- 
nos artículos de la industria australense han llamado la atención 
en la última esposicion universal de Londres. 

Tal era la situación de la colonia en la época del descubri- 
miento del oro. Unos de sus primeros efectos será indudable- 
mente el dar nueva energía al espíritu de regreso, tan contra- 
rio á la colonización. De aquí debe resultar la depreciación de 
la propiedad inmueble á pesar de la carestía anormal de los ob- 
jetos, producida por el envilecimiento del signo representativo, 
y por el aumento pasajero de la emigración. Por otra parte se 
ha visto como se han paralizado repentinamente la agricultura 
y la industria. Si la situación se prolonga, como es de temer, la 
Australia se ve amenazada en su influencia futura sobre el Pací- 



206 AÍ.BÜM 

fico. Su comercio pasará dentro de poco á la Nueva Zelandia, y 
tendrá que ir á buscar á las colonias, que surte ella hoy, hasta 
los artículos de primera necesidad. La decadencia, pues, de la 
Australia se prepara; la inmensa emigración que sate de Ingla- 
terra para la Nueva Gales, no puede menos de aumentar el em- 
barazo de la colonia. Se pregunta cual será el resultado de es- 
tos descubrimientos respecto de la metrópoli, Lo que menos le 
importa á la Inglaterra es el aumento del numerario; lo que la 
interesa mas es la prosperidad particular délas colonias quedan 
salida á la-exuberancia de su población. La Australia, en razón 
á 4a dulzura del cuma y á su admirable fertilidad, absorvia en 
estos últimos tiempos una emigración considerable. Es ele supo- 
ner que esta tome un nuevo vuelo á favor de la seducción que 
debe ejercer en imaginaciones ávidas el descubrimiento del oro. 
En cuanto á los mismos emigrados, si la California no les ofre- 
ciera una lección provechosa, hé aquí un documento elocuente 
que ha publicado la prensa inglesa: resulta de un cálculo hecho 
escrupulosamente, que la masa de las estraccioues generales com- 
parada con la de la emigración ha dado por repartición un me- 
dio de siete á ocho schellings por d-ia para cada emigrado (pró- 
ximamente de v: francos 75 céntimos á 10 francos.) 

Esto resultado está lejos de responder á las brillantes ilu- 
siones que alimenta la emigración, ¿Puede la Australia ofrecer 
á esta un dividendo mas elevado? Muy dudoso es. Y aun se pue- 
de augurar por las estracciones conocidas y que giran sobre pe- 
queñas cantidades relativas, que á despecho de la estension atri- 
buida á los criaderos auríferos, no es probable, si la emigración 
se sostiene como en California, que alcance la repartición media 
que ésta ha dado. 

Aun con las mas ventajosas condiciones de esplotacion, la 
Nueva-Gales del Sur no dejará de resentirse y aun de ver para- 
lizado su movimiento de espansion, y bajo este punto de vista 
creemos poder decir que la Inglaterra está amenazada de per- 
der, sin suficiente compensación, la mas hermosa é importante 
de las colonias australes. 

Pero considerando mas generalmente, el descubrimiento 
de oro en Australia subleva una cuestión gravísima. Es cierto 
que la abundancia de las estracciones, que han venido á aumen- 
tar los surtidos ordinarios, y que pueden durar mucho tiempo 
todavía, han alterado la relación numérica que existia entre el 
oro y la plata, relación que una ley del año XI de la República 
estableció en Francia sobre el pié de 15 Íf2 á 1. Ahora no se 
puede calcular la novedad que pueden causar en esta propor- 
ción los productos de California y Australia. Propiamente ha- 
blando, este es un hecho particular que interesa á los poseedo- 
res de estos dos metales. El comercio general no tiene que pre- 
ocuparse de esto tanto como se ha creído, y ya se ha visto como 



UJUVEJKSA.L. 207 

ha tenido que arreglar sus cambios en consideración á la abun- 
dancia del oro en la California y la Nueva-Gales del Sur. Es evi- 
dente que este metal ha sufrido una depreciación positiva; in- 
tentar levantarlo de su rebaja de estimación, conservando, por 
una ficción legal, la relación señalada en la ley del año XI, sería 
crear una situación peligrosa que acarrearía una revolución en 
los precios. 

Mientras no se puedan evaluar las nuevas estracciones, y 
darse cuenta del descrédito del oro, será una imprudencia con- 
servarlo como basta hoy, como uno de los signos representati- 
vos délos valores. El sentido común indica la desmonetizaciOn 
provisional del oro, como la única medida capaz de evitar una 
pérdida considerable del numerario, en un porvenir poco leja- 
no. No se puede prescindir de ver con cierta inquietud, que en 
lugar de disminuirla, la fabricación de las monedas de oro se ha 
aumentado considerablemente de dos años á esta parte. Se de- 
be temer que este aumento se haya producido con detrimento 
del numerario en plata, que conserva un valor fijo hasta la fe- 
cha. 

El medio de hacer frente á este desastre, volvemos á re- 
petirlo, es la desmonetizacion del oro. Indudablemente el comer- 
cio perdería un medio precioso de cambio; pero este inconve- 
niente se halla hoy muy disminuido por la perfección que han 
recibido los efectos de comercio, que son una verdadera mo- 
neda, y de un uso muy fácil. 



ALBERTO THORVALDSEN. 



Hacia mediados del siglo último, vivia en Copenhague un 
honrado obrero que ganaba penosamente su vida cincelando ca- 
bezas quiméricas, tritones j otras figuras simbólicas para la proa 
de los buques. Al ver á este humilde artista aislado con su joven 
esposa en una de las calles mas oscuras de la ciudad danesa, 
¿quién hubiera pensado que ese hombre podría vanagloriarse de 
una ascendencia distinguida, que contaba entre sus antecesores 
gefes de clanes, príncipes y ricos propietarios? El hecho está pro- 
bado por tradiciones auténticas. La familia de este obrero re- 
montaba hasta el tiempo fabuloso de la historia de Dinamarca 
y del rey Harald Hildetand (Harald diente de oro) que fué muer- 
to en la batalla de Bravalla de 735. Los descendientes de Harald 
se retiraron á Noruega; después una de sus ramas se estableció 
en Islandia. Uno de ellos, nombrado Olaf Páa, se distinguió por 
la inteligencia y buen giro que supo dar á su fortuna. El sabio 
Fuin Magnussen lo elogia en sus investigaciones sobre la arqueo- 
logía danesa y la Saga de Laxdal hace un brillante cuadro- de su 
morada. "Habia hecho construir un corredor, el mas largo, dice 
el autor de la Saga, y mas hermoso que se haya visto: las pare- 
des y el techo estaban cubiertas con pinturas representando los 
principales acontecimientos contados en las leyendas; cuando se 
concluyó este corredor, Olaf dio en él un gran banquetea cual 
asistió el Scald. Uff Uggason, que compuso un canto sobre las 
diferentes escenas delineadas en las paredes." 



UNIVERSAL. 209 

Los dioses hablan prometido á Harald un descendiente en 
que la fatua se estenderia desde la estremidad del norte hasta las 
regiones meridionales. El genio de las artes con uno de sus rajos 
iluminó el talento de Olaf Páa. 

El 1H de Noviembre de 1770, el modesto cincelador de Co- 
penhague presentaba en la pila del bautismo un niño que debia 
realizar las predicciones hechas á su real abuelo Harald, y lie- 
var á su mas alto grado de desarrollo las candidas concepciones 
del artista Olaf, su otro abuelo: este niño era Betel (Alberto) 
Thorvaldsen. 

La primera cosa que llamó la atención de Bertel cuando 
comenzó á reflexionar, fué un cincel y algunas obras que pare- 
cían de escultura; estuvo poco tiempo en la escuela y no apren- 
dió casi nada. Ala edad de once años empezó á asistir á ios cur- 
sos gratuitos de dibujo, y no tardó en distinguirse por su aplica- 
ción. Sucesivamente estuvo en las escuelas lineales de escu tura 
y dibujo. En 1787 concurrió y ganó una medalla de plata; por 
entonces era de un carácter escesivamente pacifico, muy serio, 
hablaba poco y trabajaba con ardor; cuando tomaba el creyón, 
en vano sus enmaradas procuraban distraerlo; se quedaba con la 
cabeza inclinada sobre su obra, y no respondía á sus preguntas 
sino por monosílabos. Sin embargo de las alabanzas que mas do 
una vez recibió, su ambición tardó en despertarse: su padre que- 
ría asociarlo á sus trabajos de cincel, y no tenia nada que obje- 
tar á su voluntad. A menudo lo llevaba á comer sobre algunos 
buques en construcción, y mientras el pobre obrero se reposaba 
de su tarea de la mañana, el muchacho cojia el cincel y acaba- 
ba de recortar una flor ó de modelar una figura. Mientras tanto 
los sucesos que habia obtenido en la Academia causaron algún 
ruido, á juzgar por esta anécdota que cuenta uno de sus biógra- 
fos. Bertel se presentó en la iglesia para ser confirmado; viéndo- 
le el padre tan mal vestido y muy poco instruido, no le mani- 
festó desde luego grande atención; pero cuando oyó pronunciar 
su nombre, le preguntó si era su hermano el que habia ganado 
un premio en la academia de dibujo. — No, señor, dijo Bertel, yo 
lie sido. — Desde ese momento el padre lo trató con distinción, y 
no le llamó sino Mr. Thorvaldsen. 

En 1789 ganó otro premio. Su padre, encontrándolo enton- 
ces suficientemente instruido, quería hacerlo salir de la escuela; 
pero los profesores se opusieron. Consagró una parte de su ju 
ventad á sus estudios, y el resto del tiempo lo empleó en traba- 
jar para su familia: aun se ven en Copenhague muchas escultu- 
ras de él que datan de aquel tiempo. 

La época del gran concurso se acercaba. Thowaldsen no te- 
nia ganas de presentarse; estaba contenido á ia vez por un sen- 
timiento de orgullo y de modestia; no se creía en estado de lle- 
varse el premio, y además no queria pasar por el bochorno de 

27 



210 ÁLBUM 

un mal éxito. Sus amigos se esforzaron en vencer sus disgustos; 
durante muchos meses los mas íntimos no le hablaban sin de- 
cirle: — Thorvaldsen, piensa en el concurso. 

Cuando llegó el dia solemne, el pobre Bertel atravesó con 
grandes emociones el vestíbulo de la academia. Los discípulos 
debian desde luego reunirse en una sala común para recibir allí 
el programa del concurso, y después retirarse cada uno á un 
cuarto para hacer su primer bosquejo. Era después de ese bos- 
quejo que se admitían á concurrir, y justamente eso era lo que 
le atemorizaba. Cuando se vio solo en su celda delante de su 
programa, su temor se aumentó: abrió la puerta y se fué por 
una escalera secreta. En el momento que ejecutaba así su retira- 
da, fué descubierto por un profesor que le reprendió tan elo- 
cuentemente su poco valor, que Thorvaldsen, avergonzado, vol- 
vió á sus creyones. El asunto del concurso era un bajo relieve 
representando á Heliodoro echado del templo. El joven artista 
acabó en dos horas su bosquejo y ganó la segunda medalla de 
oro. 

En 1793 hubo un nuevo concurso: esta vez se presentó con 
mas resolución y ganó el gran premio, al cual estaba agregado 
el título de pensionado en Roma con una renta de 1,200 francos. 
No estando disponibles los fondos, Thorvaldsen tuvo que espe- 
rarlos tres años; ese tiempo lo pasó en continuar sus estudios, en 
dar lecciones de dibujo, é hizo algunos trabajos para el palacio 
del rey. 

En fin, en 1796 obtuvo su estipendio de viage. Se creyó en 
aquel momento tan rico, que fué á buscar á uno de sus amigos 
que aspiraba también á ser artista, y le ofreció llevarlo á Roma 
y partir con el su pensión; pero su amigo sabia mejor que él lo 
que valian 400 escudos, no admitió, y Thorvaldsen se, embarcó 
el 20 de mayo de 1796 en una fragata que daba la vela para el 
Mediterráneo. 

Lo triste entonces 5 era contemplar á su desgraciada madre 
llorar y esclamar que nunca volvería á ver á su hijo. Al partir 
le habia enviado Thorvaldsen por un amigo una pequeña cajita 
llena de ducados: ella la guardó con la intención de no tocarla 
jamás, porque un dia decia que su pobre Bertel podría necesi- 
tarla. Guardaba también con una especie de cariño religioso un 
chai íco viejo que él usaba. Muchas veces la han visto estrechar 
ese chaleco sobre, su corazón, y bañarlo de lágrimas invocando 
el nombre de su hijo querido: esta pobre y ainantísima madre 
murió sin conocer toda la gloria de aquel por quien tanto habia 
llorado. 

La fragata en que iba Thorvaldsen hizo un largo viaje: se 
demoró muchos meses en el mar del Norte, recaló en Málaga y 
Argel, Trípoli y Malta. No hallándose con ánimo para conti- 
nuar esta espedicion marítima, se reembarcó en un buque que 



UNIVERSAL. - 211 

«aíia para Ñápales y llegó á Roma el 8 de Marzo de 1797. Los 
primeros años que pasó en esta ciudad fueron mas de una vez 
acompañados de amargos afanes. Toda la Europa estaba enton- 
ces en \m estado de agitación que debía hacerse sentir hasta en 
los retiros del sabio y el taller del artista: las grandes cuestiones 
políticas ahogaban el sentimiento poético. Thorvaldsen trabajó 
con empeño y entusiasmo; pero sin estar animado como él tenia 
derecha á esperar. 

El término de su pensión se habia cumplido y no sabia aun 
contar con la fuerza de su genio. En 1801 se preparaba á regre- 
sar á Dinamarca; sin embargo, antes de partir tenia que acabar 
una obra con la que quería hacer un obsequio á su patria; era 
un Jason conquistando un toisón de oro. Ya había hecho y borra- 
do un bosquejo de ese gefe intrépido de ios Argonautas, hizo 
otro de mas largas dimensiones, y (Jan o va que lo vio, Cano va 
que era entonces el rey del arte, esclamó: Questa opore di quel 
giovane é falta di tino stilo nuevo é grandioso. Uno de los com- 
patriotas de Thorvaldsen, el erudito Zoega, que hasta aquel 
momento no le había demostrado al joven artista, sino una fría 
estimación, hizo justicia á esta composición. Una muger que 
conquistó una reputación en Dinamarca por sus poesías y su sa- 
lón literario, Mine. Federica Bruim, habló también con entusias- 
mo de la estatua de Jason. 

Todos estos elogios, aunque dulces á los oídos de Bertel, no 
cambiaron en nada su situación material; justamente le quedaba 
el dinero necesario para su viage á Dinamarca. Ya estaba listo 
para irse, su maleta cerrada, el vetmino en la puerta, cuando de 
pronto el escultor Hagemann, de Berlín, que debía ser su com- 
pañero de viage, vino á decirle que su pasaporte no estaba en 
regla y no podía por ese motivo ponerse en camino. Un encuen- 
tro providencial habia salvado á Thorvaldsen en el momento 
que iba á abandonar el concurso; otro encuentro no menos di- 
choso lo salvó por segunda vez: el banquero Hope entró por ca- 
sualidad en su taller y al verla estatua de Jason quedó sorpren- 
dido y le dijo: ''¿Cuanto queréis por una igual echa de mar- 
mol?— Seiscientos escudos, contestó con embarazo Thorvaldsen, 
que temia pedir mucho — Os daré ochocientos" replicó Hope, y 
La suma fué inmediatamente pagada. 

Thorvaldsen se quedó en Roma; el genio de que estaba do- 
tado tomó su libre vuelo. Algunos años después ya no era el 
pobre pensionado de Copenhague. Habiendo vivido con so- 
licitud de una módica renta y proseguido á solas en un comple- 
to olvido una carrera incierta, se hallaba ahora hecho un artista 
ilustrado por sus obras, buscado por grandes personas y honrado 
por las'mas altas manifestaciones de amistad. Estos sucesos cau- 
saron un vivo sentimiento ele orgullo nacional en Dinamarca, 
donde fué nombrado miembro de la academia en que habia sido 



212 JLLBUM 

discípulo, y muchas obras para el palacio del rey y hotel de Vi- 
lie le fueron encomendadas. Descubrióse una cantera de már- 
mol, y el príncipe Christian, que en la actualidad ocupa con 
tanta dignidad el trono de Dinamarca, comprometió áTñhorvald- 
sen á que viniese á emplear su gánio en servicio de su patria. 
Muchos negocios lo retenían entonces forzosamente en Roma. 
En 1812 esperaban á napoleón en la antigua ciudad de los Cé- 
sares, y querían disponer para él un palacio sobre el monte Qui- 
rinal. El escultor danés fn'} invitado á trabajar en él. En tres 
meses hizo una de sus obras maestras, un friso en estuco de 60 
pies de largo representando el triunfo de Alejandro. Los dane- 
ses abrieron una suscricion para que él reprodujese en el már- 
mol esta magnifica composición. Sus deseos fueron cumplidos. 
Con todo eso Thorvaldsén continuó en Roma. Algunas veces en 
medio de su rápida y brillante fortuna tenia profundos accesos 
de melancolía, la melancolía de las grandes almas atormentadas 
por ilusiones que las mas nobles satisfacciones de este mundo son 
insuficientes á complacer. En una de estas dichosas sombras fué 
cuando él trazó uno de esos célebres bajos relieves que repre- 
sentan la noche y casi al mismo tiempo hizo por el efecto con- 
tinuo de la misma inspiración otro que representaba el dia. Las 
súplicas de sus compatriotas le determinaron por fin á dejar la 
Italia para volver á las orillas del Báltico. 

En lsl9 entró seguido de una muchedumbre ávida en ver- 
lo por las calles de Copenhague. Habia cambiado bastante se- 
gún M. Thicle en el espacio de 23 años; pero su corazón conser- 
vaba toda la frescura y lozanía de sus primeras afecciones, su 
imaginación vivificaba todos sus recuerdos y su alma se dilata- 
ba á la vista de los lugares de su infancia. Cuando llegó á la 
Academia un hombre lo esperaba en el vestíbulo: era el viejo 
portero que lo habia visto entrar allí tantas veces. Thorvaldsén 
corrió á él y lo estrechó entre sus brazos. 

Por espacio de un año Thorvaldsén fué encomiado, cantado y 
bendecido. En su segundo viage tenia una escolta como un rey. 
Pasó por Berlín, Dresde, Varsovia y Viena, siendo en todas par- 
tes acogido con entusiasmo y colmado de distinciones. De vuel- 
ta á su taller de Roma modeló su grande y magestuosa estatua 
de Copernico, después la de Cristo y los doce apóstoles que de- 
cora en la actualidad la nave de la iglesa de Nuestra Señora de 
Copenhague. El pueblo romano con su innato sentimiento pol- 
las obras de arte hablaba fiel artista danés con admiración. En 
uno de sus brillantes discursos la improvisadora Rosa T«ddei le 
llamaba el hijo de Dios, Jiglio di Dio. El gobierno pontifical le 
confió á el artista protestante la ejecución del monumento de 
Pió VII y cuando el rey Luis de Ba viera llegó á Roma ante to- 
do era á Thorvaldsén á quien buscaba. 

Enriquecido por los productos de sus obras, rodeado de to- 



UNIVERSAL. 213 

dos los goces quo proporcionan la riqueza y de todos aquello» 
que le debia proporcionar sus relaciones con unas gentes justas 
apreciadoras de su ingenio, se resolvió por esos motivos á retor- 
nar á Copenhague donde quería morir. Habia salido pobre y 
libre: y volvía con la aureola de la gloria y de la fortuna: pero 
libre aun. Mas de una vez le hicieron brillantes proposiciones 
de casamiento y él las rechazaba para dedicarse con mas ardor 
y sin reserva á su arte querido. Con todo eso el amor se habia 
apoderado de su coi azon. Conoció los goces de la partenidad 
habiendo dejado en Roma una hija á la cual dio su nombre. 

Thorvaldsen tenia el alma tierna y compasiva; se citan de 
él muchas rasgos de generosidad. Hé aquí uno de ellos. Un po- 
bre artesano danés que habia estado enfermo vino un dia á dar- 
le gracias por los socorros que habia recibido de él, y anunciar- 
le su partida para Dinamarca. 

— No viajareis á pié? dijo Thorvaldsen. 

— Perdonadme, no puedo hacer oíra cosa. 

— Pero estáis demasiado débil todavía para soportar seme- 
jante fatiga, después poniéndole entre sus manos un puñado do 
escudos le dijo: tomad, alquilarais un caballo. 

—El obrero luego que hubo contado esta suma, le dijo que 
con eso no podría ir nada mas que hasta Florencia. 

— Y bien dijo Thorvaldsen riéndose y abriendo de nuevo 
su cofre cuanto necesitáis para que os lleven cómadamente á 
Dinamarca? 

El obrero señaló la cantidad que creia necesaria y Thor- 
valdsen puso con alegría cien escudos en sus manos, conducién- 
dole hasta la puerta donde le hizo prometer que viajaría en vo- 
lante. 

Generalmente Thorvaldsen hablaba poco, solamente 6e 
abandonaba á la libre y viva espancion de su carácter cuando 
la amistad era íntima, entonces solia brillar en singulares agu- 
dezas. Un dia tuvo una discusión con un escultor que hacia 
alarde sus propias obras. Bah! bah! esclamó Thorvaldsen atad 
mis manos y apuesto á que parto mejor el mármol con mis dien- 
tes que vos con vuestras manos. 

El célebre artista habia conservado los modelos en yeso de 
todas sus obras, y esas colección con sus estatuas y sus cuadros 
fueron trasportados á su pais natal. 

Se abrió una suscricion en Dinamarca para construir un mu- 
seo que llevaría su nombre/ en donde todas esas riquezas del 
arte serian depositadas. En cada provincia del reino se cubrían 
las listas de firmas; hasta los criados y aldeanos llevaban su di- 
nerillo. Muy pronto se recogió la cantidad de 300,000 francos. 
El edificio se empezó desde luego, para cuyo efecto concedió el 
rey el terreno. 

El año de 1833 una fragata salió de Copenhague para Ita- 



214 ALBL'M 

lia, laque debía conducir áThorvaldsen y sus colecciones. "Des- 
de mucho tiempo, dice el poeta Adversen con entusiasta candi- 
dez, no hemos visto auroras boreales tan bellas como las de este 
año; sus rayqs rojos y pinteados brillaban en el horizonte. Hu- 
biér^se dicho que los antepasados de Thorvaldsen venian por el 
esplendor de esos resplandores septentrionales á asistir al triunfo 
de su nieto." 

El estandarte danés izado sobre la torre de S. Nicolás anun- 
ciaba á los habitantes de Copenhague la proximidad de la fra- 
gata que traia al ilustre escultor; á su vista todos se precipitan 
hacia el puerto y una alegría universal estalla en la capital de 
Dinamarca: los cañones hacen oir sus atronadoras voces, los bu- 
ques se empavesan, la mar se ve cubierta de innumerables cha- 
lupas engalanadas como para un dia festivo; aquí aparecían los 
estudiantes con banderas emblemáticas, allí una cohorte de mu- 
chachas agitan sus pañuelos; al aspecto del bote que se al ja de 
la fragata en dirección al muelle conduciendo á Thorvaldsen, 
gritos de admiración, de vivas, de hurrahs, retumban á lo lejos. 
El pueblo quita los caballos del coche de su artista querido, y lo 
conducen al palacio de Charlottembourg, en donde su taller es- 
taba adornado con flores y guirnaldas. Por la noche un grupo de 
artistas vinieron á cantar debajo de sus ventanas, y las calles se 
iluminaron con antorchas flamígeras. 

Las fiestas se sucedían. Unas veces era la academia de mú- 
sica que celebraba la llegada del célebre danés; otras eran los 
estudiantes, que se gloriaban de haberle nombrado miembro ho- 
norario de su congregación. 

Thorvaldsen en su modestia no podía creer que él fuese el 
objeto de todos esos homenajes. Al pasar una noche por una ca- 
lle que estaba iluminada en su honor, dijo: —"¿hay allí algún 
matrimonio?" — porque se acordaba que es costumbre en Dina- 
marca adornar así la casa de los recien casados. Cerca de la ri- 
sueña bahía de Prestoe se levanta en medio de un fresco alfom- 
brado de verdura la bonita ciudad de ISTysce, habitada por un 
hombre de un corazón generoso y de un talento distinguido, el 
barón Stampe. Allí fué donde Thorvaldsen se retiró después de 
sus primeras ovaciones, é ilustró con nuevos trabajos la casa hos- 
pitalaria que le habían abierto'. El barón Stampe se ocupaba de 
él como de un hijo, y por asidnos cuidados y todo lo que pudie- 
se estimularle, sostenía la actividad del ilustre huésped. Durante 
una escursion que hizo á la isla de Moe, un taller fué construido 
para él en el jardín del castillo, frente á la mar: allí fué donde 
hizo sus últimas composiciones: Cristo llevando la cruz, la en- 
trada eu Jerusaiem, Rebecca en la fuente; hizo también su bus- 
to, el del poeta CEhlenschlceger, el de Holberg y el de la noble 
familia que le demostraba tan cordial afección. 

A mentido nuevas fiestas lo atraían á Copenhague, y muchas 



UNIVERSA.!., 215 

veces se presentaba en el teatro sentado aliado de (Ehlenschloi- 
ger. La edad le había dado una belleza imponente. "Su cara, 
decía el poeta Holberg, tenia el carácter plástico de una de su» 
admirables estatuas. Cuando pasaba en medio de la multitud, 
como si fuese por el efecto de un poder supremo, se echaban á 
un lrdo y le franqueaban el paso. Su genio era de una dulzura 
que agradaba á todo el mundo. Cada día su taller se veía inva- 
dido de personas que venían á visitarle, lo que hacía que traba- 
jase con menos libertad que en Nysce. 

En 1841 hizo su último viage á Italia con la familia Stam- 
pe, y visitó á Berlín, Dresde, Frankforl, las ciudades del Iíhin, 
Munich, y por todas partes fué recibido en triunfo. 

Después de haber pasado el invierno en Roma, volvió á Di- 
namarca y entró en su feliz retiro de Nysce. También compuso 
allí entonces su bello bajo relieve ":os Regocijos de Navidad en 
el cielo;" luego el Genio de la Poesía, que regaló á (Ehlenschlce- 
ger diciéndole: "Este es vuestro medallón." El aniversario ríe su 
nacimiento fué celebrado con una soirée en la cual se represen- 
tó una de las comedias de Holberg y á la que asistió una reu- 
nión de hombres distinguidos. La misma mañana Audersen y 
otros amigos vinieron á cantar á su puerta: Thorvaldsen salió á 
recibirlos en pantuflas y se puso á bailar y cantar con ellos ale- 
gremente. 

El 24 de Marzo de 1S44 algunas personas de su intimidadle 
hallaban reunidas con él en Copenhague en casa de M. Stampe. 
Thorvaldsen estaba estraordinariamente alegre hablaba con vi- 
veza contaba toda clase de historias y se espresaba en buen sen- 
tido del viaje que debía hacer en breve á Italia. Esa noche se 
representaba por la primera vez en el teatro la Griseldis de 
Halen (M. Munchbillinghausen) gustaba poco de las tragedias 
lo que mas le agradaba eran las comedias, particularmente las 
buena y francas de Holberg, pero la obra de Halm tan ponde- 
rada le movió la curiosidad y á las siete se encaminaba solo al 
teatro. Cuando llegó se dirigió á su lugar que ocupaba de cos- 
tumbre saludando aquí y allá á personas de su amistad se sentó 
mientras tocaban la obertura, inclinó la cabeza y se quedó in- 
móvil, los que estaban cerca de él creyeron que estaba desma- 
v ado y lo sacaron de la sala. ¡Oh desgracia, estaba muerto! La 
fatal noticia se propagó en la ciudad como el relámpago y cau- 
só una grande emoción. En la disecación de su cuerpo recono- 
cieron que esa muerte súbita provenia de una lesión en el cora- 
zón. Su cara conservaba su serena espresion. asi lo que hubie- 
ron colocado en el atud envuelto en su sábana blanca y una co- 
rona de laureles en la cabeza, parecía una bella estatua de már- 
mol. 

Su cuerpo fué espuesto en la gran sala de la academia en 
la misma donde 50 años antes recibió la primera recompensa 



216 ÁLBUM. 

de su trabajo. El día de los funerales el Príncipe Real se colo- 
có al lado de su ataúd, á continuación venían los miembros de 
la academia, los estudiantes de la universidad, los niños de las 
escuelas y muchas personas de todas clases de la sociedad. Por 
un sentimiento espontáneo todos estaban de lato los que seguían 
en procesión y los que desde sus ventanas lo veían pasar. El 
ataúd iba cubierto de guirnaldas, flores y coronas una de ellas 
trenzadas por las manos de la reina y otra de plata pulida con 
primor. Esta era la ofrenda de los niños de las escualas. Cuan- 
do el cadáver entró en la iglesia, donde en medio de las corti- 
nas negras brillaban en dulce esplendor la estatua de Cristo y 
las da los doce apóstoles, la orquesta empezó á tocar una mar- 
cha fúnebre. El rey dejó entonces su asiento y fué á la puerta 
á recibir el ilustre disfunto. El órgano gemia, los concurrentes 
repetían con voz dolorosa el himno de duelo, un padre pronun- 
ció la oración fúnebre, después los estudiantes reunidos forman- 
do un círculo al rededor del catafalco entonaron un canto de 
adiós. 

De este fmodo acabó la gloriosa carrera de Alberto Thor- 
valdsen. La fortuna le habia prodigado sus favores; los grandes 
señores se enorgullecían viéndolo en sus salones; el pueblo, sa- 
biendo que él habia nacido plebeyo, estaba muy ufano por su 
renombre y buenos sucesos, mirándolo como un elegido de Dios. 
Aun después de su muerte parecía conservar el poder de ser útil 
á los desgraciados. Los marineros del barrio deNyborder, acor- 
dándose de que su padre habia trabajado para sus buques, com- 
binaron las ciftas de su edad, de su nac miento y de su muerte: 
estas eran 14, 19 y 24; pusieron con ellasen la lotería, y ganaron. 

Bien pronto se esparció la noticia de su muerte en los otros 
puntos de Europa cansando unánimes sentimientos. Fiestas fú- 
nebres se celebranron en su honor en Berlín y liorna, el lugar 
que ocupaba en el teatro de Copenhague fué cubierto con un 
velo y ramos de laurel. 

La víspera del dia en que espiró acababan la tumba que 
por su espresa voluntad mandó construir en medio de su mu- 
seo, no podia tener un monumento mejor que ese que encierra 
sus tesoros. En lo adelante los estrangeros que visitasen la Di- 
namarca no serán solamente atraídos por la frescura de sus bos- 
ques y las risueñas playas de sus islas, querrán ver las obras de 
artistas y mausoleos de Thorvaldsen; querrán ver también el jar- 
dín de Nysoe donde estuvo su taller, iil nombre de Thorvaldsen se 
perpetuará en Inglaterra por sus estatuas de Jason y de Byron, 
en Suiza por el i eon tendido dn Lucerna, en Rosskilde por su 
estatua de Cristiano IV. Vivirá en el corazón de todos aquellos 
qne se hallen animados por el amor al arte. 



■ — WW gM— 



Cuando esta magnífica ciudad llamada la soberbia, y llave 
del antiguo mar Ligusticuen, tiene dentro de sus muros las águi- 
las del sucesor del soldado de Ma rengo, y cuando sus puertos 
sirven de arribo á numerosos batallones franceses; Genova ofre- 
ce un interés, una importancia y una curiosidad á la espectacion 
pública, que reclama la publicación de los pormenores de su to- 
pografía, de su historia y de su preponderancia en el mar Tir- 
reno. 

Genova (Genua de los antiguos) ó Janua según otros, pare- 
ce llamarse así, lo primero, por estar situada en la rodilla de la 
bota ó pierna cuya figura afecta en el mapa la península itálica; 
y lo segundo por haberse considerado la llave de Italia, relativa- 
mente á la Francia (1). En la división política de la antigua Ita- 
lia, eran los pueblos principales de la Liguria (Genova), Nicea, 
Astí, Albicim, Intemeliam, {Ventimiglia). Después, como re- 
pública y ducado, se componía de los pueblos que están sobre 
los bordes del mar designados con los nombres de ribera de Le- 
vante y ribera de Poniente; á saber: en ésta, Sestri, Sabona, Noli, 
Finale, Albenga, Oneglio, Porto Mauricio, San Remo, Ventimi- 



(1) Algunos cronistas dicen fué , Taño el fundador de Genova, y que de é\ to- 
mó el nombre. 

28 



218 ÁLBUm 

glia (l):«y en la de Levante, Porto-fino, Rapallo, Chavan, Bar- 
do, Brngnatto, Porto- Yenere y Spezia, comprendiendo también 
á Novi, que está del otro lado del Apenino, cerca del rio Scri- 
via. (2) 

El ducado de Genova está al S. E. del Piamonte; y limita- 
do al S. por el Mediterráneo, formando entre Porto- Yenere y 
Albenga el golfo que se llamó Sinus L¡gustieus,\\oy golfo de 
Genova, que íes resguardan ios Alpes marítimos y los Apeninos 
aquellos están entre la garganta de Cadibona y el Monte V^iso, 
y sus estribos por las vertientes do Italia, forman las montaña, 
de Monferrato entre el Bormida y el Tanaro, y las del Piamontes 
entre el Stura, el Tanaro y el Pó. 

La garganta de Tenda facilita el paso de Niza á Turin por 
Coni: la de Gadibona, de Sabona á Turin y Alenjandria: la del 
Monte Ginebra, desde Grenoble á Turin por Brianzon: la del 
Monte Cenisio, ó Mont-Cenis, de Lion á Turin Cbambery, por 
la del pequeño San Bernardo, desde -Cbambery á Yorca, y la 
del Gran San Bernardo, desde Ginebra á Yorca también. 

Los Apeninos ligurianos ó Apeninos sententrionales llevan 
sus vertientes meridi'onales perpendicularmente sobre el mar, 
que está á distancia de cuatro á seis leguas: las vertientes Norte 
van suavemente al Pó, y en sus gargantas existen los caminos 
queconducen deGcuovaáMilan y Plasenciay de Spezia á Parma. 

Un hermoso golpe de vista ofrece Genova, ya se llegue á 
sus puertos; ya se contemple desde las alturas en que está situa- 
do el hospicio de los pobres, ó desde Santa María de Carignano y 
bajo cuya planta se ve aquel lindísimo puerto, aquel pueblo de 
mas de 120,000 almas con sus palacios, con calles enteras de edi- 
ficios de hermoso mármol, con lindosjardines que amenizan el 
bello anfiteatro de la nohile dita cantada por el Tasso, y un pa- 
norama animadísimo entre los montes y las calles, los buques 
y las gentes, los jardines y los palacios, la ribera y el mar (3). 

Sobre aquellas colinas, que forman la garganta de la Ro- 
chetta; sobre los fuertes esteriores, sobre los muros, y en cada 
paso que se da entrando en la ciudad, la sombra de Spinola, de 



(1) En Cogotetto, entre Genova y Sabona, hay una especie de cabana que di- 
cen fué habitada por Cristóbal Colon, y entre varias inscripciones, hay un verso 
en lengua latina, que dice: 

Solo un mundo era conocido: 
Dos sean, dijo, y dos fueron. 

(2) En Novi perdieron los franceses en 1797 una batalla sangrienta, y en ella 
al general Joubert. 

(3) El que esto escribe arribó á Ge'nova una mañana de invierno en un pe- 
queño vapor sardo, después de una noche con mar gruesa y fuertes golpes de 
oleaje, que hicieron bastante incómoda la navegación. Eran las siete de la maña 
na cuando penetramos en el espacioso puerto, y el cansancio y malestar se olvi- 
daron con aquella magnifica perspectiva, que aumentaban los Alpes y Apeninos- 
cubierto* de nieve. 



UNIVERSAL. 2 19 

Doria, de Ríchelien y de Massena, parecen indiear la bravura 
•de aquel pueblo, recordando una brillante parto de su historia. 

Atribuyese la fundación á los ligurios establecidos allí por 
los años 700 á TOS antes de Jesucristo, y adherida ó conquista- 
da en tiempo de los romanos, medio siglo después, fué incorpo- 
rada á la Galia Cisalpina; no sin que los ligurienses opusieran 
una vigorosa defensa contra el poder de Roma desde 211 hasta 
el 162 antes de Jesucristo, es decir, 80 años de resii?: encia. 

Carlo-Maguo la unió al imperio francés cuando Italia pasó 
á poder de los godos; y en 936, los sarracenos la tomaron por 
sorpresa: la saquearon y cometieron en ella las mas atroces 
crueldades. Gobernada después por condes, se declaró indepen- 
diente por el siglo X, y el pueblo elegia sus cónsules: hubo gran- 
des luchas entre la nobleza y el pueblo, hasta que en 1257 eli- 
gió un capitán que fué Boccanigra, á quien tuvo que jurar obe- 
diencia el podestá. 

Así se pasaron algunos siglos, alternando el poder entre los 
nobles y los plebeyos, y de estas turbulencias surgió el origen 
de la nobleza de los genoveses; porque para evitarlas se deter- 
minó tomar por gefe del Estado á un podestá estrangero, con 8 
ciudadanos adjuntos, que se les dio el título de nobles, ya fueran 
de familias, humildes ó ilustres. Una de estas familias, como las 
de Doria y Spinola, se pusieron á la cabeza de los Gibelinos; y 
las de Feschi y Grimaldi se adhirieron al partido de los Güelfos; 
pero el poder de los u obles decayó, se hizo aborrecible, y se en- 
tregó el pueblo, al principio del siglo XIV; al emperador Enri- 
que Vil, y en 1335, á Roberto, rey de Ñapóles. 

Desde mediados del siglo XIV hasta el XVI, los genoveses 
dados á las cosas de la guerra, y marinos atrevidos, consiguieron 
señaladas ventajas contra los turcos en el mar Negro, en Espa- 
ña contra los moros, y en las inmediaciones de Caffa contra los 
tártaros: sostuvieron con Venecia grandes y variados choques; 
se acogieron, para ser gobernados, bajo la protección del rey 
de Francia, hicieron frente á la flota conque amenazó el rey de 
Aragón, Alfonso I; pasaron por la fuerza al dominio francés y 
al español, hasta que Andrés Doria, almirante de Francisco I de 
Francia, resentido de los desaires de la corte, desatendidas sus 
reclamaciones y siéndole sensible el intento de hacer pasar el 
comercio de Genova á Sabona, abandonó el servicio de Francia 
y se pasó al del emperador Carlos V, trasladándose con sus 
galeras á Genova, llamó al pueblo á la libertad (1). Su defec- 
ción entonces fué un golpe fatal para los franceses, y la repúbli • 
ca de Genova, en convulsión siempre, se conmovió con sangre 
la noche del 3 de enero de 1547. 



(1) En el palacio Doria sp loe esta inscripción: Andrv de Anria ptttrite libara- 
tori munus publicum. 



220 ÁLBUM 

En 1684 sufrió Genova un terrible bombardeo por una es- 
cuadra francesa, y 12,300 bombas arrojadas á la ciudad, dejaron 
sensibles señales en sus magníficos edificios. En 1715, la corte 
de Viena exigió una nueva satisfacción al pueblo de Genova, y 
este evitó los desastres de una guerra aprontando una multa de 
300,000 escudos. En 1748, después de la derrota de Plasencia, 
Genova quedó á merced de los austríacos, que fueron arrojados 
al poco tiempo por una revolución; y aunque volvieron contra 
ella, el bravo Boufflers rechazó sus acometidas y señaló á Mas- 
sena una senda de gloria militar. 

Por el tratado de Aquisgram [1748] quedóla república en 
posesión de todo el territorio que tenia antes de la guerra; pero 
en 1768 cedieron los geuoveses á la Francia la isla de Córcega, 
y adherida después de algunas indecisiones á la república fran- 
cesa, se formó la liguriana en 14 ele junio de 1797. 

Genova, por la naturaleza y por el arte, es una plaza casi 
inespugnable; por la parte de tierra está cercada dedostnura- 
Uas que una ciñe á la ciudad, y la otra, estendiéndose sobre las 
colinas y las montañas inmediatas, encierra una gran parte de 
los fuertes. El puerto es de forma somicircnlar y muy espacio- 
so; pero la influencia del viento S. E., llamado vulgarmente li- 
vecio, sufren bastante las embarcaciones en aquel soberbio re- 
codo (1). Dos muelles le dan paso, uno al O., llamado Nuovísi- 
mo, y al E. otro, conocido por Molo decenio. Cerca del prime- 
ro hay un faro de grande elevación (linterna) que sirve de guíaá 
los navegantes por la noche, y de dia paralas señales de los bu- 
ques que se dirigen al puerto. Las calles son estrechas, y la ir- 
regularidad del suelo las hace incómodas en general; las casas 
son muy elevadas, cinco y seis pisos, y esta circunstancia hace 
que las calles sean tristes y sombrías. Hay pocas y pequeñas 
plazas públicas, y así es, que al penetrar en la ciudad, parece 
que quedan defraudadas las esperanzas del viajero que la haya 
contemplado desde el mar ó de las alturas inmediatas. 

Dos pequeños rios ó torrentes, el Bisagno al E., y el Polce- 
vera al O., bañan los lados del recinto esterior: el primero vie- 
ne al mar desde las alturas del monte Creto y de S collera, y el" 
Polcevera desciende de las alturas de la Boochetta; monte que 
por el N. E. de Genova abre el camino para Novi, Alejandría, 
Turin, Milán y Plasencia, 

A espaldas de este monte discurren los ríos- pequeños Scri- 
via, Orba, Bormida, Belbo y Stura, que desde Alejandría hasta 
Cherasco, van á engruesar el Po, después de haber enriquecido 
el Tanaro la mayor parte. Los valles fertilizados por estos tor- 



il) Los habitantes de esta ciudad relacionan asombrados la tempestad del 5 
de diciembre de 1760, en que el mar cubrió los dos muelles, y las olas llevaron 
torrentes de agua por encima de la plaza de la Annunziata. 



ÜNIYER8AL. 321 

rentes y rios contienen los pueblos de Ovada, Casaleggio, Ri- 
valta, Francarilla, Gavi, Acquí, San Estéfano, Alba, Castiglio- 
ne, Oherasco, Monforte, Bossolasco, Dogliani, Mulazzano, Mon- 
dovi. Ceva, Saliceto, Millesimo, Dego, Sassello y otros pequeños. 

Quizas estos pueblos y estos rios, estos valles y sus colinas, 
est'n reservados como al principiar el siglo á presenciar hechos 
de armas tan famosos como lo que dieron alta fama al oficial de 
artillería del sitio de Tolón, al vencedor de la Pirámides, al afor- 
tunado en Dresde, y al infortunado en Waterloo. Por eso al des- 
cribir á Genova, nos hemos ido á sus contornos. Massena, en 
la defensa y capitulación de 1800, dejó también en ellos un 
nombre imperecedero y grandes hazañas que imitar álos solda- 
dos de Napoleón III. Massena contaba solo para sus operaciones 
con 18,000 hombres; con este puñado de valientes disputó palmo 
á palmo el Apenino á los austríacos; con este puñado de valien- 
tes, el 7 de abril puso en derrota en el monte de Balti y Scoffera 
álos atrevidos sitiadores de Genova, muy superiores en número. 

A los dos días diez mil franceses peleaban con cuatro mil 
austríacos sobre Sassello y Yoltri, encerrando en la plaza cuatro 
mil prisioneros. El sitio desde entonces comenzó á ser mas es- 
trecho, pero el ánimo del general francés crecia por momentos, 
y su plan constante fué repeler de su vista á los sitiadores, y fa- 
tigarles con nuevas y atrevidas jornadas. Pero necesitaba Mas- 
sena una prueba tan terrible como la del 30 de abril para dar 
mas á conocer su habilidad, su bravura, sus triunfos militares y 
su arrogancia en medio de los grandes peligros. 

Digamos al historiador del Consulado y del Imperio, corno 
describe este día, memorables para los genoveses, ¿este día de 
laureles para los soldados de Napoleón. 

El 30 de abril por ía mañana un cañoneo simultáneo y ge- 
neral en todos los puntos enemigos, que venia por la parte de 
Levante, del lado de Bisagno, por la del Poniente, del de la 
Polvecera, y á lo largo del mar, de una división de lanchas ca- 
ñoneras que había aparecido, anunció repentinamente un gran 
proyecto del enemigo. Efectivamente, los austríacos desplega- 
ron grandes fuerzas en aquella jornada. El conde Hohenzoilern 
atacó la meseta de los Dos Hermanos, donde se alza el fuerte 
del Diamante, y con esfuerzo obstinado >¿-a< ó la posición y¿pro- 
puso se rindiese la fortaleza. El bizarro oficial que la mandaba, 
respondió á la intimación, declarando que no rendiría el punto 
que se le había confiado, sino vencido á viva fuerza: aquel fuer- 
te era de la mayor importancia, porque dominaba el de la?Es- 
puela, y en consecuencia á todo el recinto. El campo austríaco 
de la Coronatta, formado á las orillas del Polcevera, al Ponien- 
te de la plaza, rompió un vivo fuego contra el barrio de S. Pe- 
dro de Arena, é intentó en varios ataques simultáneos menguar 
el terreno que ocupaban los franceses en aquel punto. 



222 ALlíüM 

"Por la parte opuesta, es decir, bácia el Bisagno, el enemi- 
go cercó el fuerte de Richelieu y se apoderó del de Quezzi, que 
aun no se habia concluido cuando comenzó el sitio. Últimamen- 
te hizo fuego el pueblo de San Martin de Albaro, situado bajo 
el fuerte de Santa Tecla, y amenizaba inminentemente ocupar 
la formidable posición de la Madona del Monte, desde donde 
podia ser arrasada la ciudad de Genova. Ya los soldados del 
general Arnaud habían abandonado las últimas casas del pue- 
blo de San Martin; ya habian roto las filas y andaban dispersos 
haciendo fuego, cuando acudió Massena, los rehizo, restableció 
el combate y contuvo al enemigo. Medio dia habia ya trascurri- 
do era ya tiempo de reparar el mal, y Massena volvió al instan- 
te á Genova, donde tomó las disposiciones convenientes; y dan- 
do; al general Soult las medias brigadas 73 y 106, con orden de 
volver á tomar la. meseta de los Dos Hermanos; y queriendo 
ante todo reconquistar el fuerte Quezzi y hacer evacuar á San 
Martin de Albaro, se dirigió en persona hacia aquel punto con 
la división Miollis, reforzándola antes con algunos batallones 
sacados de la primera y segunda división de línea. Rehecha de 
este modo la división del general Arnand, adelantó, se apoderó 
deS. Martin, arrojó el enemigo á la quebrada de Sturta, le hizo 
algunos prisioneros, y cubrió la derecha délas columnasTrancesas 
que iban sobre el fuerte de Quezzi. Mientras el valiente coronel 
Mouton, á la cabeza de dos batallones de la tercera, atacaba por 
este frente, el ayudante, general Héctor estaba encargado de 
dar vuelta a! monte Ratti, por las alturas del fuerte de Riche- 
lieu. A pesar de sus inauditos esfuerzos, el valiente Mouton fué 
rechazado, pero no cedió el lerreno hasta caer medio muerto, 
atravesado el pecho por una bala. Massena, que no tenia mas 
que dos batallones, lanzó uno hacia el flanco derecho de la po- 
sición ocupada por el enemigo, y dirigió otro al flanco izquierdo 
de la misma. Empeñóse entonces una acción reñidísima al rede- 
dor del fuerte de Quezzi. Demasiado próximos los combatientes 
unos de otros para hacerse fuego, peleaban á pedradas y á cula- 
tazos. Ya iban á ceder los franceses ala superioridad numérica, 
cuando Massena, á la cabeza del medio batallón que le queda- 
ba, se lanzó á la pelea y decidió la victoria. El fuerte fué recon- 
quistado. Los austríacos, rechazados de posición en posición, 
dejaron gran número de muertos, de heridos y prisioneros. 

"Aprovechóse en aquel instante Massena del alienta de la 
victoria para emprender contra la meseta de los Dos Hermanos 
el ataque que habia diferido, y envió ai gen ;ral Soult las órde- 
nes para este fin. Se encargó al general de brigada Spital 
esta operación , y atacando la meseta disputaba tenazmen- 
te por el enemigo, logróse al cabo ganarla, recobrando en todo 
un dia de batalla la meseta de los Dos Hermanos, que domina- 
ba el punto estremo de la plaza, el fuerte de Quezzi, los puestos 



DNIVKK8AI.. 223 

de San Martin de Atbaro y de la Madonade! Monte, en una pa- 
labra todas las posiciones decisivas, sin las cuales era imposible 
á los austríacos sitiar á Genova. Masena volvió á entrar en la 
ciudad aquella tarde, llevando consigo las escalas que el enemi- 
go tenia preparadas para asaltar los muros. Los austríacos tuvie- 
ron en aquella jomada 2,400 muertos ó heridos, y 1,600 prisio- 
neros, todo junto unos 4,000 hombres de pérdida. Contando es- 
tos, ascendía á doce ó quince mil hombres el número que Mas- 
sena habia mermado las lilas enemigas desde que principiaron 
las hostilidades; y lo que es mas importante todavía, habia de- 
salentado el ejército enemigo con los inauditos esfuerzos que le 
habia obligado á hacer en aquellas operaciones." 

Asi se defendía con señaladas victorias fuera de sus muros 
esta importante plaza, confiada al denuedo y pericia militar de 
un gran soldado, que mas adelante tuvo que luchar con el ham 
bre, con las conspiraciones y con toda falta de recursos; cosas to- 
das aun mas temibles que los enemigos á quienes con tanto heroís- 
mo se habia rechazado, quebrantado y debilitado sus filas á fuer- 
za de combates sangrientos, pero que sin embargo conservaba 
aun 30,000 sitiadores y algunas divisiones de 10, 12 y 15 mil 
hombres sobre los flancos y retaguardia de la plaza, ya sobre el 
camino que dirige de Genova á Niza, ya en los que conducen 
de los Alpes á Tnrin, y en Turin y pueblos inmediatos. Los ve- 
cinos de Genova, las mujeres, los prisioneros hacinados en bu- 
ques desarbolados, y amagados continuamente con la muerte 
por el hambre ó por la artillería asestada contra ellos, presenta- 
ban un cuadro horrible en los últimos dias de defensa. Masse- 
na, con el ánimo de un valiente ; era superior á todas estas des- 
dichas, y á todo se sobreponía con el ejemplo y la resignación; 
pero faltaba ya el pan de almidón que comian los sitiadores, y 
sin esperanzas de socorro se pensó en capitular, y el 4 de julio 
de 1800 se resolvió difinitivamente la evacuación de la plaza 
por los franceses, que solo ofrecían una pequeña masa de 8,000 
famélicos y sin aliento mas que para combatir, porque 3,000 ha- 
bían sucumbido al fuego del enemigo, y 4,000 estaban heridos 
en hospitales, 

En 1805 quedó reunida Genova á la Francia, y por el artícu- 
lo 86 del acta del congreso de Viena fué cedida al rey de Cer- 
deña con el nombre de ducado. 



ANGELINA BOSSIO. 



Angelina Bossio falleció en San Petersburgo á consecuen- 
cia de una affccion pnlmonal qne la llevó al sepulcro en vein- 
te y dos dias. Sus exequias se celebraron con gran pompa en 
San Petersburgo en medio de una concurrencia numerosa y es- 
cogida. "No podríamos enumerar, dice el Diario de San Pe- 
tersburgo, los altos nombres que figuraban en aquella asamblea; 
miembros del cuerpo diplomático y elevados dignatarios de la 
administración se hallaban reunidos con señoras de la corte y 
con los representantes mas ilustres de las letras, las ciencias y 
las artes." 

El féretro cubierto de coronas descansaba en un estrado 
elevado en la iglesia católica de Santa Catalina. A las once 
principió la misa y se cantó el Hequiemde Mozart. A las doce 
y media el cortejo se puso en marcha hacia el cementerio de 
Santa María, y al bajar el féretro á la tierra, uno de los presen- 
tes pronunció un sentido discurso, del que vamos á tomar los 
siguientes párrafos. 

"¡Su vida ha sido bien cortn?. . . . Nacida el 20 de agosto 
de 1S29 en Turin, Angelina Bossio, después de haber hecho en 
Milán sus estudios musicales, debutó á los 16 años en la cari-era 
en que ha recogido tantos triunfos. No puedo ni quiero entrar 
en pormenores sobre su vida de trabajo y de gloria. La Bossio 
ha sido festejada sucesivamente en Italia, en Copenhague, en 
Madrid, en París, en la Habana, en Nueva York, en Londres y 
en San Pertersburgo, donde en estos últimos años tanto ha lu- 
cido en talento. . . . 

''No os hablaré de la grande artista, porque lo que podría 
decir seria muy frió y muy pálido ante el recuerdo que de ella 
conserváis. Pero sus amigos, en cuyo nombre hablo, han perdi- 
do una muger de corazón y de inteligencia. Angelina había di- 
vidido en dos partes su existencia; una, la mayor, pertenecía al 
público; la otra la reservaba para un círculo de amigos escogí- 
dos. Era la honradez misma; era la piadosa, y su arte constituía 
para ella una segunda religión. Ningún trabajo la asustaba 7 
se cuidaba para el público. Esto era para ella una cuestión de 
dignidad. Tenia un orgullo legítimo, pero ninguna de esas sus- 
ceptibildades que rebajan á los grandes artistas. . . . 

"Adiós, Angelina Bossio; que tu cuerpo descanse en paz 
en esta tierra fiel, y que tu alma no nos olvide donde habita 
ahora. ¡Adiós!', 

La muchedumbre antes de retirarse cubrió de flores la se- 
pultura. 



EL MARISCAL REGNAUD DE SAMAN DE ANGELY. 



El general Regnaud de Sain-Jean de Angely, que fué nom- 
brado mariscal de .Francia después de la brillante victoria de 
Magenta, nació en París el 29 de julio de 1794. Alumno de la 
escuela militar de San Germán, saJió de alférez en 1812, y en 
calidad de tal hizo con el 8. ° de húsares la campaña de Rusia. 
Nombrado teniente al otro año, estuvo en Sajorna y asistió á 
las principales acciones de aquella campaña, tan gloriosamen- 
te inaugurada con la victoria de Lufzen, y coronada con la in- 
mortal batalla de Bantzen, dos graneles hechos de armas que 
quizá habrían podido dar un revés á la coalición, si no hubiera 
faltado la caballería para concluir la derrota de los enemigos. 
Pero esas heroicas batallas no pudieron salvar el imperio ame- 
nazado» La Francia sufrió en 1814 una invasión estranjera y se 
vio reducida á defender su territorio. El teniente Regnaud de 
Saint-Je: 1 n de Angely hizo aquella campaña hasta la capitula- 
ción de París. Nombrado capitán en el curso de las operacio- 
nes, su nombramiento no fué sancionado por el gobierno real; 
pero el emperador, á su vuelta de la isla de Elba, se le agregó 
en calidad de oficial de ordenanza, y le concedió el grado de 
comandante de escuadrón en el campo de "Waterloo. 

M. Regnaud de Saint-Jean de Angely entró en la vida pri- 
vada en 1815, después de haber sido rayado de los cuadros del 
ejército. Pero en 1825, cuando la Grecia se armó para su iude- 

29 



226 ÁLBUM 

pendencia, siguió al coronel Fahvier en aquel pais; y fué encar- 
gado de organizar un cuerpo de caballería europea. En 1828 
hizo como voluntario la espedicion de Morca con las fuerzas de 
la Francia. El gobierno de Luis Felipe quiso reparar con I03 
antiguos servidores del imperio las injusticias de Ja Restaura- 
ción. Devolvió su grado al comandante de escuadrón, y otra 
vez en activo servicio hizo la Campaña de Bélgica de 1831 á 
1833. El 23 de octubre de 1332 fué nombrado coronel del pri- 
mer regimiento de lanceros, y el 18 de diciembre de 184:1 gene- 
ral de brigada de caballería. 

Elevado al grado de general de división el 10 de julio de 
1848, tuvo en el año siguiente el mando de las tropas de tierra 
del cuerpo espedicionario del Mediterráneo é hizo la campaña 
de Italia. Diputado de la Constituyente y de la Legislativa, el 
general Regnaud de Saint-Jean de Angely secundó el movi- 
miento reaccionario que acabó con la república para reempla- 
zarla con el imperio. 

Nombrado ministro de la Guerra en 1851, desempeñó esas 
funciones del 9 al 24: de enero. En el año siguiente fué llamado 
al Senado y fué nombrado inspector general del ejército, y lue- 
go presidente del comité de caballería cerca del ministro de la 
Guerra. 

En 1854 obtuvo el mando superior del cuerpo que forma la 
guardia imperial. El boletín de la batalla de Magenta, que in- 
sertamos á continuación, hace el elogio de las tropas mandadas 
por el general; bajo la impresión de ese gran hecho de armas, el 
emperador elevó al general al grado de mariscal de Francia. 



PALACIO DE U FAVORITA EIV JAMIA'A. 

DONDE MUSIÓ E REY DE TONE, EN 1A MAES1 



Rada de la Goulette cerca de Túnez, 26 de Setiembre de t659. 

Ayer tarde pude hacer el adjunto dibujo, habiendo obteni- 
do antes gracias al cónsul, el insigne favor de acercarme al pa- 
lacio donde murió el bey de Túnez hace cuatro dias. Para llegar 
á él atravesamos unos jardines hermosísimos. Aunque la esta- 
ción se halla adelantada, hace aquí un calor insufrible, que fe- 
lizmente está atenuado por la noche gracias á la brisa del mar. 

Últimamente he ido á pasar un dia en Túnez con varios ofi- 
ciales de abordo, y después de una travesía en bote que duró 
dos horas y media, llegamos á un lago donde hacia un calor hor- 



UNIVERSAL. 227 

rible. Ese lago separa á Túnez de la Goulette, pueblecillo á la 
orilla del mar, donde está fondeado el Prony. 

Túnez es una ciudad muy original y muy pintoresca, como 
todas las ciudades árabes. El bazar presenta un cuadro intere- 
sante; en él se reúnen todos los mercaderes árabes y judíos. Es 
una gran calle cubierta con una bóveda, blanqueada de cal, con 
una porción de ramificaciones que componen también el bazar, 
y que forman un verdadero laberinto. Las casas de la ciudad 
están muy limpias, pero no se puede decir otro tanto de las ca- 
lles, que no estén empedradas, y en las cuales no es fácil la cir- 
culación por los muchos charcos de agua fangosa que se encuen- 
tran en ellas. 

El interior de las casas está en armonía con el esterior, so- 
bre todo en las habitaciones de los judíos. En los aposentos to- 
das las parades tienen azulejos lo que da mucha frescura. 

Habría querido hacer el dibujo de la ceremonia de los fu- 
nerales del bey; pero segun me dijeron el cónsul y el coman- 
dante del Prony, era peligroso acercarse; porque los arabos no 
permiten que un cristianóse mezcle de modo alguno en sus ce- 
remonias. No toleran que se entre en sus mezquitas, ni aun sin 
calzado, siguiendo su costumbre. 

Fuimos á los baños, es un establecimiento muy curioso, pe- 
ro que seria muy largo de describir. Después de habernos mo- 
lido y dislocado, digámoslo así, al salir del baño, nos pusieron 
sobre unas esteras plantándonos el turbante y el albornoz de ri- 
gor. Luego trajeron la pipa y el café. 

A boi'do del Prony habíamos llevado de Tolón á Túnez á 
M. Thiebaut, cirujano de primera clase de la marina, enviado por 
el gobierno francés para cuidar al bey. Desgraciadamente este 
facultativo le halló que no tenia remedio, y rodeado de médicos 
italianos en los que tenia una entera confianza. El Dr. Thiebaut 
desde su llegada conoció que la enfermedad habia hecho ya mu- 
chos progresos, y sin embargo su tratamiento prolongó algunos 
dias la existencia del bey, si bien no pudo libertarle de la muerte. 



UN VIA'GE A PASTRANA 

EN RECUERDO DE MORAT1N. 



El que traza estas líneas, modesto cultivador de las letras 
españolas y entusiasta admirador de nuestros buenos ingenios, 
especialmente del gran pintor filósofo de nuestras costumbres 
en principios de este siglo, que aunque no llegó á conocer á es- 
te, todavía habia alcanzado á oír de boca de alguno de sus mas 
íntimos amigos infinidad de anécdotas de la vida íntima del gran 
poeta, y especialmente de sus excurc'ones á Pastrana, y de la 
animada y poética sociedad que en ella se reunía, sabia que el 
ilustre proscripto, cuando fenecido el juicio de purificación á 
que se le sujetó y le privó de tus bienes, le fueron devueltos es- 
tos en 1816, habia vendido la casa que tenia en Madrid, y en 
que habitaba (1), y que la hacienda de Pastrana, que anterior- 
mente y durante la dominación francesa había cedido á su pri- 
ma Anita para ayudar á su dote cuando se casó con el sabio 
orientalista D. José Antonio Conde, muerta ésta á poco tiempo 
y recobrada dicha hacienda por Moratin, la cedió plenamente 
en 1826 á la inclusa de Madrid; sabía también que este estable- 
cimiento piadoso la habia rifado en 1831, porque conservaba aun 
billetes que tomó para dicha rifa; pero siendo pocos los que se 
despacharon, volvió á quedar á la misma inclusa que desde en- 
tonces venia disfrutándola, hasta que por la ley de desamortiza- 
ción se sacaba ahora á la venta pública. 



(1) Calle de Fuencarral, núm. 8, hoy 16 nuevo. 



UNIVERSAL. 229 

No necesitaba á sn entender saber mas; y suponiendo que, 
aunque solo se hablaba en el anuncio de la huerta, acaso no se 
haría mención de la casa, porque tal vez habría desaparecido en 
ruinas con el trascurso del tiempo; llegado el dia de la subasta, 
y llevado únicamente de su entusiasmo, no titubeó en rematar 
por tres tantos mas que su valor, una finca improductiva é inú- 
til, aunque ennoblecida con tan gratos recuerdos. Pero sus ilu- 
siones de haber adquirido siquiera no fuese mas que las ruinas 
de la morada de Moratin no duraron mucho, pues á pocos dias 
supo que la casa existía en pió, y que por un acuerdo singular 
de la junta de Guadalajara se habia rematado aparte en la ca- 
beza del partido separándola para ello de la huerta, aunque fue- 
se en la esencia finca indivisible y con entrada común, y hasta 
llevando el absurdo al extremo de subdividirla en pisos, de se- 
pararla también de la huerta la casita del hortelano que iban siem- 
pre unidas en arrendamiento, y todo para que no excediendo ca- 
da lote de los 10,000 reales que previene la ley, no tuviera lugar 
el simultaneo remate en Madiid (1). Supo en fin que dichas ca- 
sas, principal y del hortelano, habían recaído en un caballero 
militar de graduación, residente fuera de Madrid, pero llegado 
casualmente á esta corto á pocos dias; se lamentaron ambos del 
conflicto en que se encontraban, con media finca cada uno, y 
ambos precisamente, con la que menos les interesaba. Convinie- 
ron sin embargo en una cosa, y fué en hacer en común una vi- 
sita á sus referidas mitades, y lié aquí la razón por la cual, cor- 
riendo la madrugada del dia 15 de Octubre de aquel año, sali- 
mos mano á mano en diligencia para Alcalá de Henares, desde 
donde montados en sendas muías del pais (únicas prudentes aun- 
que modestas cabalgaduras que permiten sus quiebros y aspere- 
za) nos encaminamos á salvar, en nueve ó diez horas de famoso 
trote, las ocho mortales leguas que separan la antigua Complu- 
tum de la no menos antigua Patemiana. 

Subimos pues al rayo del sol de medio dia la empinada 
cuesta de Zulema, y atravesando el Henares, empezamos á ca- 
minar por aquella quebrada y pintoresca comarca trepando sus 
empinadas cuestas, bajando á sus profundos valles, salvaudo las 
pedregosas cañadas, contemplando su aprovechado cultivo, su 
útil aunque no espléndida vegetación, en que domina el mas tris- 
te de los arbustos, el olivo, y la mas humilde y aromática de las 
yerbas, el tomillo y atravesando aquellos infelices lugarcitos que 
parecen nacidos en las laderas de las montañas, ó surgir entre 
las peñas, en las hondonadas de los valles. Dejamos á nuestra 
derecha la antiquísima población de San Torcaz ó San Torcuato, 



(1) Sobre estos procedimientos y la circunstancia de haberse también exage- 
rado en el anuncio de la verdadera cabida y renta de dicha huerta, habiéndose 
imputado á esta la de la casita del hortelano que se vendió aparte, hay pendiente 
reclamación en la dirreccion de propiedades del Estado. 



230 ÁLBUM 

cuyo castillo, ho* unido á la iglesia, 6Írvió de prisión al duque 
de Hijar y al marqués de Siete Iglesias. Una legua mas allá 
atravesamos el tristísimo y mísero lugarcito de Pioz, con un pin- 
toresco castillo cuadrado con hondo foso y puente levadizo, que 
se descubre á muchas leguas; y otras mas allá, emprendimos á 
pié la bajada de la empinadísima cuesta de Loranca, dejando á 
las caballerías que se gobernasen por su instinto, y mirando, no 
sin cierta complacencia, el pintoresco cuadro que ofrece aquel 
6uelo con sus casas escalonadas en la peña sobre el lio, sus mo- 
linos, puentecillos y rústicos techos; en un alto á la derecha se 
vé un vasto edificio, ruinoso en parte, que fué casa de los jesuí- 
tas y se llama Jesús del Monte. Atravesamos después el Tajuña 
sobre un puente, y corrida otra legua de subidas y bajadas lle- 
gamos á Hontova, población no menos agreste ó primitiva que 
Loranca, encima, de la cual, y en otro cerro de la izquierda, se 
halla el santuario de Nuestra Señora de los Llanos, hoy casi des- 
truido, que se dice remontar al siglo XIII y en 1463 se dio á los 
monges gerónimosde Tendilla. Todavianos faltaban dos leguas, 
es decir, cuatro horas de accidentado camino, habiendo de atra- 
vesar lo mas áspero y escabroso de la Alcarria hasta el lugar de 
Güeva, en las proximidades de Pastrana. Arribamos en fin á és- 
ta, asendereados y maltrechos, ya bien entrada la noche, y á la 
claridad de la luna atravesamos sus pacíficas y solitarias calles, 
sin otro recibimiento que el ladrido de los perros, ni mas ruido 
que el que formaban las herraduras de nuestras caballerías res- 
balando en los agudos y pelados guijos; y costeando la sombra 
que proyectaba un formidable edificio (que era nada menos que 
el palacio ó castillo délos antiguos duques de esta villa), dimos 
fondo en una de sus casas, precisamente en la misma que ocupó 
Moratin mientras la construcción de la suya. 

IV. 

Pastrana es una villa notable er. la antigua O'cidia, que al 
parecer está designada por Tolomeo en su geografía con estas 
palabras: Paterniana civitas in Cavpentaniis cedificata e-st an. 
3947; y efectivamenre, todo su aspecto revela la mas remota an- 
tigüedad.— Estién dése en anfiteatro en el declive de un elevado 
cerro; sus calles y edificios escalonados, entre los cuales hay, co- 
mo diremos, varios de cierta importación, bus restos de muralla, 
los huertos y ermitas, las fuentes naturales y los arroyos qae la 
rodean, y los peñascos que limitan su horizonte, forman un a- 
gradable conjunto, si bien no despojado de aquel matiz de ru- 
deza, pobre y melancólico, que respira, por decirlo así, toda 
aquella agria y silenciosa comarca. A pesar de esto y de ocu- 

Í>ar, como queda dicho, lo mas áspero y apartado de ella, la vi- 
la de Pastrana, capital del partido que lleva su nombre, por su 



UNIVEKSAL. 231 

población, por su industria, por su autigüedad, la importancia 
de sus edificios, lo aseado de sus calles, la riqueza de sus aguas, 
la variedad y abundancia relativa de los frutos del ameno y fár- 
til valle que la rodea, viene á ser la pequeña corte de la Alcar- 
ria, la modesta capital de aquella comarca infeliz; y si un cami- 
no carretero la llegare á unir á la de la provincia, ó por lo me- 
nos al que conduce á los baños de Sacedon, situados á dos le- 
guas, no puede dudarse que hallaria en sí recursos propios para 
elevarse á su antigua importancia. 

Túvola en efecto en los siglos pasados, no solo fabril, in- 
dustrial y agrícola, sino hasta cierto punto en la historia políti- 
ca y religiosa de España. Perteneciente á la orden militar de 
Caíatrava por donación que le hizo de ella el rey D. Alfonso 
VIII en 1174, juntamente con el castillo de Zorita, mereció un 
particular afecto á los maestres de dicha orden, que la conce- 
dieron notables privilegios. Cuando el emperador Carlos Y ob- 
tuvo bula para desmembrar y vender algunos bienes de las ór- 
denes militares, lo hizo de la villa de Pastrana y otras vecinas 
en 1541, á favor d-- doña Ana de la Cerda, esposa de D. Diego 
de Mendoza, conde de Metilo, en la cantidad de 19.406,922 nirs. 
Concedióse á los compradores el permiso para construir una ca- 
sa fuerte, y en su consecuencia empezaron á edificar el suntuo- 
so palacio castillo que aun se conserva en buen estado. Muerta 
doña Ana, recayó la propiedad y señorío de esta villa en su hi- 
jo mayor D. Gaspar Gastón de la Cerda. Privaba á la sazón en 
los consejos de Felipe II el famoso Ruy Gómez de Silva, esposo 
de la no menos célebre doña Ana de Mendoza y de la Cerda, 
hija de los dichos condes de Melito, y deseoso aquel privado de 
adquirir la villa de Pastrana,' que estaba bajo el señorío de la 
familia de su esposo, y previa real licencia la compró este pala- 
cio y casa fuerte y sus dependencias en precio de 14,460 duca- 
dos y 143 mrs , y posteriormente adquirió también las alcabalas 
tercias y patronatos de la misma en 51,000 ducados, con que 
quedó el dicho Ruy Gómez señor de toda esta villa y sus luga- 
res, y dueño ya de ella quiso hacerle cabeza de sus estados, á 
que accedió Felipe II dándole el título de duque de Pastrana. 
Sucedióle en el título y estados su viuda doña Ana de Mendo- 
za y de la Cerda, princesa de Eboli y de Melito, ya tan célebre 
por su hermosura como por el talento, sagacidad y travesuras 
con que supo avasallar á un tiempo el corazón del austero Felipe 
II y el de su afamado ministro Antonio Pérez; amores y rivalida- 
des que al paso que de su propia desgracia y la del poderoso mi- 
nistro acaecida en 1579. dieron origen mas que la ruidosa muerte 
del secretario Juan de Escovedo, á la dura persecución suscitada 
contra Antonio Pérez, y á sus terribles consecuencias del levan- 
tamiento del reino de Aragón en su defensa. 

Dicha señora y su esposo Ruy Gómez de Silva, gran couti- 



232 ÁLBUM 

dente y privado (sí es que alguno tuvo) del severo Felipe II, 
concluyeron y habitaron muchas temporadas el palacio ó casa 
fuerte de Pastrana. Es un sólido y elegante edificio de sillería, 
que aun hoy ofrece una vista magestuosa y seria: hállase flan- 
queado por dos torreones salientes, y encima del arco de su por- 
tada hay dos figuras de medio cuerpo, que representan sin duda 
los duques fundadores y las armas é inscripción de Mendozay 
la Cerda, sobre que destaca un grandísimo y único balcón, sien- 
do ventanas todas las demás del edificio, entre las cuales hay 
una llamada la reja dorada en la torre de la derecha; en la par- 
te alta hay troneras y saeteras. Lo interior de este palacio está 
muy abandonado por la desidia de sus dueños sucesivos, pero aun 
conserva en sus inmensos salones varios techos artesonados de 
esquisita labor, gigantescas chimeneas y el oratorio en que San- 
ta Teresa misma en presencia de los duques Ruy Gómez y doña 
Ana de Mendoza, instituyó el convento y puso los hábitos, cosi- 
dos por ella misma, á los primeros carmelitas descalzos. A la 
espalda de este palacio hay muy hermosos jardines y huertos 
que se estienden sobre un cerro,' ofreciendo la particularidad de 
tener que subir á ellos desde la casa por una larga escalera cu- 
bierta también de verdura. Delante del palacio se desplega una 
hermosa y grande plaza cuadrada, con pórtico y paseo de árbo- 
les, asientos y fuente de piedra, y en el centro una cruz de jas- 
pe, desde la cual se descubre lo mas risueño y ameno del redu- 
cido pero fértil valle de Pastrana y los montes que le circundan. 
La antiquísima parroquial de esta villa, convertida en cole- 
giata por los mismos duques Ruy G-omez y Doña Ana en 1572, 
se componía de un crecido número de prebendados; pero supri- 
mida por el concordato último, ha quedado reducida á su anti- 
gua condición de iglesia parroquial. El templo empero reedifi- 
cado ó mas bien reconstruido con suntuosidad por D. Fray Pe- 
dro González de Mendoza, hijo de los fundadores los ya citados 
duques, y obispo que fué de Sigüenza después de haber sido ar- 
zobispo de Granada y Zaragoza, ofrece buena arquitectura en la 
parte nueva que es la capilla mayor y el coro, y en sus altares 
hay excelentes cuadros y engies; en su sacristía ricos ornamen- 
tos bordados, y suntuosos candelabros y servicio de altar de 
ébano, donados por el mismo fundador, así como también nota- 
ble número de reliquias y otros objetos de dignos de aprecio y 
veneración. — El panteón, que está debajo de dicha capilla ma- 
yor y que mandó construir el fundador para él y su familia, 
ofrece la forma de cruz, y en él se ven sepulcros de mármol de 
bastante buena labor en que se leen los siguientes epitafios: 
"1. ° "Aquí yace Ruy Gómez de Silva, murió en Madrid, año 
de 1573." — 2. c "Aqui yace don Diego de Mendoza y la Cerda, 
murió en Madrid, año de 1578." — "3. ° Aquí yace doña Ana 
de Mendoza y la Cerda, murió en Pastrana, año de 1592." (Es- 



UNIVERSAL. 233 

ta es la famosa princesa de Eboli, causa de la desgracia de An- 
tonio Pérez). — l\ ° "xlquí yace doña Catalina de Silva, murió 
año de 1592." — 5. ° "Aquí yace Ruy Gómez de Silva, tercer 
duque de Pastrana, murió año de 1626." — 6. ° "Aquí yace la 
Escma. señora doña Leonor de Guzman, princesa de Melito, 
murió en Madrid año de 1656." — Y 7. ° "Aquí yace don Ro* 
drigo de Silva, cuarto duque de Pastrana, murió en Madrid año 
de 1675." En el mismo panteón se halla sin colocar en nicho y 
cubierta de manipostería la caja de plomo en que se conservan 
los huesos del fundador el arzobispo don Pedro González de 
Mendoza, que tanto hizo por esta santa iglesia. 



LA CATEDRAL DE SEVILLA.— CEREMONIA EN LA EFOCA DE LA CONCEPCIÓN. 



Durante la octava que precede al aniversario déla Concep- 
ción de Nuestra Señora, del 1? al 8 de Diciembre, signe al ser- 
vicio nocturno de la Catedral de Sevilla una ceremonia singular. 

Seis niños ricamente vestidos con trajes de señores del siglo 
XVII se ponen á canlar delante del altar mayor en el coro de 
la iglesia, y concluyen por un baile serio con acompañamiento 
de castañuelas. 

Esta figura coreográfica que se ha trasmitido hasta nuestros 
dias, data, según dicen, de los siglos IV ó Y, y se celebra en 
conformidad al nso antiguo de los godos, tal como ellos la dis- 
pusieron. 

El arzobispo asiste á la ceremonia, y cuando se retira entra 
en una silla de manos dorada con cristales, donde le llevan hasta 
su palacio. Por el otro lado de la iglesia le precede una cruz do- 
ble, ) unos doce sacerdotesjóvenes con velas encendidas forman 
su cortejo. El primer dia de la fiesta, el domingo, toda la ciudad 
se ilumina. 

En esta magnífica catedral, que es uno de los monumentos 
mas grandes y hermosos de la cristiandad, se conserva embalsa- 
mado el cuerpo del rey san Fernando. 

El sagrario, capilla ó mas bien iglesia dentro del edificio, 
pasa por obra de los godos. El patio y la inmensa torre llamada 
Giralda son obra de los moros. Lo restante fué construido pol- 
los planos del célebre Herrera. 

La Giralda, elevada en 1196 por Algeber, tiene 300 pies; 
en ciertas direcciones se ve á siete leguas de distancia; es cua- 
drada, y tiene un magnífico campanario construido en 156S por 
Fernando Ruiz, que remata en una pequeña cúpula con una es- 
tatua de mujer representando la Fé; su altura es de 14 pies, pesa 
2800 libras y da vueltas al menor soplo de viento; fué fundida 
en 1568 por Bartolomé Morel. El reloj de la Giralda es una obra 
maestra que hizo en 1761 un monje agustino llamado José Cor- 
dero. 30 



ANDRÉS BELLO 



Nacido en Caracas hacia 1780, desde bien temprano dio D 
Andrés Bello muestras de su elevada inteligencia y cultivado 
talento. Empleado varias veces en servicio de su patria, hizo 
una larga residencia en Inglaterra, donde fué parte niuy prin- 
cipal de la redacción de la "Biblioteca Americana," y del "Re- 
pertorio Americano," periódicos que se publicaban en Londres 
con el objeto de difundir los conocimientos y el gusto por la li- 
teratura en la América del Sur. 

Entre las obras serias que han dado á Bello un nombre en- 
vidiable como filólogo y jurisconsulto citaremos las siguientes: 
"Principios de Derecho internacional," de que se hizo segunda 
edición en 1844; "Principios de Ortología y Métrica Castella- 
na," 1835; "Análisis ideológica de los tiempos de la conjuga- 
ción castellana," 1841; "Teoría del entendimiento," 184S; "Pro- 
yecto de un código civil." Estas y otras varias obras las dio á 
luz después de establecido en Chile, á donde pasó á residir des- 
de 1829 y recoge todavía los homenages á que son acreedores 
6us vastos conocimientos y virtudes cívicas. 

Pero ciñe además el sabio venezolano el laurel de Apolo,, 
cuyo plectro ha empuñado con robusta y feliz mano en mas de 
una ocasión. Su juicio como poeta está hecho hace mucho tiem- 
po; pero al comenzar nuestra publicación con algunas de sus 
composiciones, no podemos menos que reproducir las siguientes 
líneas que tomamos al autor de las Delicias y ventajas del estu- 
dio. 



UNIVEKSAL. 235 

"Reflexivo como Pinderaonte, filósofo por carácter y por 
la fuerza de su razón, dotado de conocimientos vastos y profun- 
dos, inspirado del cielo para comunicar á sus lectores una cen- 
tella del fuego divino, ora cante Bello los gloriosos hechos, los 
claros adalides de nuestra revolución, despertando recuerdos 
que agitan y exaltan el alma; ora pinte la majestuosa naturale- 
za, las bellas escenas y las ricas producciones de las regiones 
tropicales, entregándose á las inspiraciones del entusiasmo; ora 
nos exhorte á la práctica de la virtud y al amor de la patria, 
encontraremos siempre en sus composiciones elegancia é inde- 
pendencia, sentimientos puros, alta moralidad, elevados y no- 
bles pensamientos, y una ardiente pasión á su pais y á la paz." 



LA AGRICULTURA 



¡Salve, fecunda zona, 
Que al sol enamorado circunscribes 
El vago curso, y cuanto ser se anima 
En cada vario clima, 
Acariciada de su luz, concibes! 
Tú tejes al verano su guirnalda 
De granadas espigas; tú la uva 
Das á la herviente cuba: 
JSTo de purpúrea fruta ó roja ó gualda 
A tus florestas bellas 
Falta matiz alguno; y bebe en ellas 
Aromas mil el viento; 
Y greyes van sin cuento 
Paciendo tu verdura, desde el llano 
Que tiene por lindero el horizonte, 
Hasta el erguido monte 
De inaccesible nieve siempre cano. 

Tú das la caña hermosa, 
De do la miel se acendra, 
Por quien desdeña el mundo los panales: 
Tú en urnas de coral cuajas'la almendra 
Que en la espumante jicara rebosa: 
Bulle carmin viviente en tus nopales, 
Que afrenta fuera al múrice de Tiro; 



236 ALBDM 

Y de tu añil la tinta generosa 
Emula es de la lumbre del zafiro. 

El vino es tuyo, que la herida agave (1) 

Para los hijos vierte 

Del Anahuac feliz; y la hoja es tuya, 

Que cuando de suave 

Humo en espiras vagorosas huya, 

Solazará el fastidio al ocio inerte. 

Tú vistes de jazmines 

El arbusto sabeo (2) 

Y el perfume le das que en los festines 
La fiebre insana templará á Lieo. 
Para tus hijos la procera palma (3) 

Su vario feudo cria, 

Y el ananás sazona su ambrqsía: 
Su blanco pan la yuca, (4) 

Sus rubias pomas la patata educa, 

Y el algodón despliega al aura leve 
Las rosas de oro y el vellón de nieve. 
Tendida para tí la fresca parcha (5) 
En enramadas de verdor lozano, 
Cuelga de sus sarmientos trepadores 
Nectareos globos y franjadas flores; 

Y para tí el maiz, gefe altanero 

De la espigada tribu, hincha su grano; 

Y para tí el banano (6) 
Desmaya al peso de su dulce carga, 
El banano, primero 

De cuantos concedió bellos presentes 

Providencia á las gentes 

Del Ecuador feliz con mano larga. 

No ya de humanas artes obligado 

El premio rinde opimo: 

No es á ]a podadera, no al arado 



[l] Ma<rney ó pita, Agive americana, L., que da el pulque. 

[2] El café es originario de Arabia, y el mas estimado en el comercio viene todavía de 
aquella parte del Yemen en que estuvo el reino de Sabá, que es cabalmente donde boy está 
Moka. 

[3] Ninguna familia de vegetales puede competir con las palmas en la variedad de produc- 
tos útiles al hombre: pan, leche, vino, aceite, truta, hortaliza, cera, leña, cuerdas» vestidos &c. 

[4] No se debe confundir, como se ha hecho en un dic -.ion ario de grande y merecida au- 
toridad, la planta de cuya r&iz se hace ei pan de casabe, que es la Jatropha manihot de Lin- 
neo, conocida ya generalmente en castellano bajo el nombre de "yuca,'' con la "Yucca" de 
los botánicos. 

(5) Este nombre se da en Venezuela á las "Pasifloras" ó "Pasionarias," género abundan- 
tísimo en especies, todas bellas y algunas de suavísimos frutos. 

[6J El banano es el vegetal que principa^ente cultivan para sí los esclavos de las planta- 
ciones ó haciendas, y de que sacan mediata ó inmediatamente su subsistencia y casi todas las 
cosas que les hacen tolerable la vida Sabido es que el bananal no solo da á pioporcion del ter- 
reno que ocupa, mas cantidad de alimento que ninguna otra siembra ó plantío, sino que de 
tocios los vegetales alimenticios éste es el que pide menos trabajo y menos cuidado 



UNIVERSAL. 237 

Deudor de su racimo: 
Escasa industria bástale, cual pueJe 
Hartar á sus fatigas mano esclava: 
Crece veloz, y cuando exhausto acaba, 
Adulta prole en torno le sucede. 

Mas olí! si cual no cede 
El tuyo, fértil zona, á suelo alguno, 

Y como de natura esmero ha sido, 
De tu indolente habitador lo fuera! 
Oh! si al falaz ruido 

La dicha al fin supiese verdadera 

Anteponer, que del umbral le llama 

Del labrador sencillo, 

Lejos del necio y rano, 

Fasto, el mentido brillo, 

El ocio pestilente ciudadano! 

¿Porqué ilusión funesta 

Aquellos que fortuna hizo señores 

De tan dichosa tierra y pingüe y varia, 

Al cuidado abandonan 

Y á la fé mercenaria 
Las patrias heredades, 

Y en el ciego tumulto se aprisionan 
De míseras ciudades, 

Dó la ambición proterva 
Sopla la llama de civiles bandos, 
O al patriotismo la desidia enerva; 
Dó el lujo las costumbres atosiga, 

Y combaten los vicios 

La incauta edad en poderosa liga? 

No allí con varoniles ejercicios 

Se endurece el mancebo á la fatiga; 

Mas la salud estraga en el abrazo 

De pérfida hermosura 

Que pone en almoneda los favores; 

Mas pasatiempo estima 

Prender aleve en casto seno el fuego 

De ilícitos amores, 

O embebecido le hallará la aurora 

En mesa infame de ruinoso juego. 

En tanto á la lisonja seductora 

Del asiduo amador, fácil oi' lo 

Da la consorte: crece 

En la materna escuela 

De la disipación y el galanteo 

La t' na virgen, y al delito espuela 

Fs antes el ejemplo que el deseo. 



238 ÁLBUM 

¿Y será que se formen de ese modo 

Los ánimos heroicos denodados 

Que fundan y sustentan los estados? 

¿De la algazara del festin beodo, 

O de los coros de liviana danza, 

La dura juventud saldrá modesta, 

Orgullo de la patria, y esperanza? 

¿Sabrá con firme pulso 

De la severa ley regir el freno; 

Brillar en torno aceros homicidas 

En la dudosa lid verá sereno; 

O animoso hará frente al genio altivo 

Del engreído mando en la tribuna, 

Aquel que ya en la cuna 

Durmió al arrullo del cantar lascivo, 

Que riza el pelo, y se unge, y se atavía 

Con femenil esmero, 

T en indolente ociosidad el dia, 

O en criminal lujuria pasa entero? 

No así trató la triunfadora Roma 

Las artes de la paz y de la guerra: 

Antes fió las riendas del estado 

A la mano robusta 

Que tostó el sol y encalleció el arado: 

Y bajo el techo humoso campesino 
Los hijos educó, que el conjorado 
Mundo allanaron al valor latino. 

¡Oh, los que afortunados poseedores 
Habéis nacido de la tierra hermosa 
En que reseña hacer de sus favores, 
Como para ganaros y atraeros, 
Quiso naturaleza bondadosa! 
Romped el duro encanto 
Que os tiene entre murallas prisioneros, 
El vulgo de las artes laborioso, 
El mercader que necesario al lujo 
Al lujo necesita, 

Los que anhelando van tras el señuelo 
Del alto cargo y del honor ruidoso 
La grey de aduladores parásita, 
Gustosos pueblen ese infecto caos: 
El campo es vuestra herencia: en. él gózaos. 
¿Amáis la libertad? El campo habita; 
No allá donde el magnate 
Entre armados satélites se mueve, 

Y de la modíi, universal señora, 



UNIVERSAL. 239 

Va la razón al triunfal carro atada, 

Y la fortuna la insensata plebe, 

Y el noble al aura popular adora. 

¿O la virtud amáis? ¡Ah, que el retiro, 

La solitaria calma 

En que juez de sí misma pasa el alma 

A las acciones muestra, 

Es de la vida la mejor maestra! 

{Buscáis durables goces, 

Felicidad, cuanta es al hombre dada 

Y á su terreno asiento, en que vecina 

Está la risa al llanto, y siempre, ¡ah! siempre 

Donde halaga la flor, punza la espina? 

Id á gozar la suerte campesina; 

La regalada paz que ni rencores 

Al labrador, ni envidias acibaran; 

La cama que mullida le preparan 

El contento, el trabajo, el aire puro; 

Y el saber de los fáciles manjares 
Que dispendiosa gula no le aceda; 

Y el asilo seguro 

De sus patrios hogares, 

Que á la salud y al regocijo hospeda. 

El aura respirad de la montaña, 

Que vuelve al cuerpo laso 

El perdido vigor, que á la enojosa 

Yejez retarda el paso, 

Y el rostro á la beldad tifie de rosa. 
¿Es allí menos blanda por ventura 

De amor la llama, que templó el recalo? 
¿O menos oficios'i la hermosura 
Que de estrangero ornato 

Y afeites impostores no se cura? 
¿O el corazón escucha indiferente 
El lenguaje inocente 

Que los afectos sin disfraz espresa 

Y á la intención ajusta la promesa? 
No del espejo al importuno ensayo 
La risa se compone, el paso, el gesto, 
Ni falta allí carmín al rostro honesto 
Que la modestia y la salud colora, 
Ni la mirada que lanzó al soslayo 
Tímido amor, la senda al alma ignora. 
¿Esperareis que forme 

Mas venturosos lazos himeneo, 
Dó el interés barata, 
Tirano del deseo, 



240 ÁLBUM 

Agena mano y fó por nombre ó plata, 
Que de conforme gusto, edad c< informe, 
Y elección libre, y jnútuo ardor los ata? 

Allí también deberes 
Hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas 
Heridas de la guerra: el fértil suelo, 
Áspero ahora y bravo, 
Al desacostumbrado yugo torne 
Del arte humana, y le tribute esclavo. 
Del obstruido estanque y del molino 
Recuerden ya las aguas el camino: 
El intrincado bosque el hacha rompa, 
Consuma el fuego: abrid en luengas callea 
La oscuridad de su infructuosa pompa. 
Abrigo den los valles 
A la sedienta caña: 
La manzana y la pera 
En la fresca montaña 
El cielo olviden de su madre España: 
Adorne la ladera 
El cafetal: ampare 
A la tierna teobroma en la ribera 
La sombra maternal de su bucare: (1) 
Aquí el vergel, allá la huerta ria. . . . 
¿Es ciego error de ilusa fantasía? 
Ya dócil á tu voz, Agricultura, 
Nodriza de las gentes, la caterva 
Servil armada va de corvas hoces: * 

Miróla ya que invade la espesura 
Déla floresta opaca: oigo las voces, 
Siento el rumor confuso: el hierro suena, 
Los golpes^el lejano 
Eco redobla: jime el seibo anciano 
Que á numerosa tropa 
Largo tiempo fatiga: 
Batido de cien hachas, se estremece, 
Estalla al fin, y rinde el ancha copa, 
Huyó la fiera, deja el caro nido, 
Deja la prole implume 
El ave, y otro bosque no sabido 
De los humanos va á buscan doliente. . . . 
¿Qué miro? alto torrente 
De sonorosa llama 



flj El cacao (Teobroma cacao, L ) suele pintarse en Venezuela á la sombra de árboles 
corpulentos llamados "bucares." 



UNIVEK8AL. 241 

Corre, y sobre las áridas ruinas 

De la postrada selva se derrama. 

El raudo incendio á gran distancia brama, 

Y el humo en negro remolino sube, 
Aglomerando nube sobre nube. 
Ya de lo que autes era 

"Verdor hermoso y fresca lozanía. 

Solo difuntos troncos, 

Solo cenizas quedan, monumento 

De la dicha mortal burla del viento. 

Mas al vulgo bravio 

De las tupidas plantas montaraces, 

Sucede ya el fructífero plantío 

En muestra ufana de ordenadas haces. 

Ya ramo á ramo alcanza, 

Y á los rollizos tallos hurta el dia: 
Ya la primera flor desvuelve el seno. 
Bello á la vista, alegre á la esperanza: 
Ala esperanza, que riendo enjuga 
Del fatigado agricultor la fren te > 

Y allá á lo lejos el opimo fruto, 

Y la cosecha apañadora pinta, 
Que lleva de los campos el tributo, 
Colmado el cesto, y con la falda en cinta, 

Y bajo el peso de los largos bienes 
Con que al colono acude, 

Hace crujir los vastos almacenes. 

¡Buen Dios! no en vano sude, 
Mas á merced y á compasión te mueva 
La gente agricultora 
Del Ecuador, que del desmayo triste 
Con renovado aliento vuelve ahora, 

Y tras tanta zozobra, ansia, tumulto, 
Tantos años de fiera 
Devastación y militar insulto, 

Aun mas que tu clemencia antigua implora 

Su rústica piedad, pero sincera, 

Halle á tus ojos gracia: no el risueño 

Porvenir que las penas le alijera, 

Cual de dorado sueño 

Vision falaz desvanecido llore: 

Intempestiva lluvia no maltrate 

El delicodo embrión: elidiente impío 

De insecto roedor no lo devore: 

Sañudo vendabal no le arrebute, 

Ni agote al árbol el materno jugo 

La calorosa sed de largo Estío. 31 



242 ÁLBUM 

Ciudadano el soldado, 
Deponga de la guerra la librea. 
El ramo de victoria 
Colgado al ara de la patria sea, 

Y solo adorne al mérito la gloria, 
De su triunfo entonces, Patria mia, 
Verá la Paz el su pirado dia; 

La Paz, á cuja vista el mundo llena 
Alma serenidad y regocijo, 
Vuelve alentado el hombre á la faena, 
Alza el ancla la nave, á las amigas 
Auras encomendándose animosa, 
Enjámbrase el taller, hierve el cortijo 

Y no basta la hoz á las espigas. 

¡Oh jóvenes naciones, que ceñida 
Alzáis sobre el atónito occidente 
De tempranos laureles la cabeza! 
Honrad el campo, honrad la simple vida 
Del labrador, y su frugal llaneza. 
Así tendrán en vos perpetuamente 
La libertad morada, 

Y freno la ambición, y la ley templo. 
Las gentes á la senda 

De la inmortalidad, ardua y fragosa 
Se animarán, citando vuestro ejemplo. 



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Si hemos de juzgar del estado de la literatura de cualquier 
época por los poetas que mas se han distinguido en ella, la que 
corresponde al período en que D. Ramón de Palma se dio á co- 
nocer debe contarse como una de las mas florecientes para nues- 
tro pais. Y en efecto lo fué, porque en ella cultivaron las letras 
y dejaron escritos preciosos, bien que en corto número y de 
breves dimensiones, los hombres quemas notables consideramos 
en ese campo amenísimo. — D. Ramón de Palma, hoy ahogado, 
natural de la Habana, empezó á publicar sus bellas produccio- 
nes bajo el pseudónimo de D. Alfonso Maldonado: compusieron 
estas un pequeño volumen que dedicó el autor á su amigo el 
Br. D. Toribio Sánchez de Almodóvar, que con este otro pseu- 
dónimo encabria también su verdadero nombre el malogrado 
D. Domingo Delmonte; volumen que fué recibido con regocijo 
y entusiasmo por la juventud, alcanzando desde entonces su au- 
tor la envidiable y bien merecida reputación de poeta. 

Palma publicó por el año de 1S37, en unión del estudioso 
literato D. José Antonio Hecheverría, el Aguinaldo Habanero, 
delicada y preciosa colección de artículos ligeros y poesías esco- 
gidas de escritores cubanos. Fué editor del Álbum, publicación 
del mismo género y que constó de doce tomos en octavo: funda- 
dor con Hecheverría del Plantel, periódico quincenal, por el 
estilo de la Revista de la Habana', y colaborador de casi todos 
los que desde entonces se han publicado, y de algunos periódicos 



244 ÁLBUM 

diarios, como el Diario de la Rabana en su mejor época. Fué 
uno de los primeros que vio en escena una producción dramá- 
tica suya, La vuelta del Cruzado, que aunque de corta estension 
fué recibida con aplauso. En 1845 dio á luz, con el título de 
Aves de paso, una completa colección de sus poesías, la que for- 
ma el mas hermoso timbre de su justa fuma literaria; mas tarde, 
en 1841, siendo redactor del Diario de avisos, publicó un cua- 
derno de versos titulado Hojas caídas, j dos ó tres años después 
otro cuaderno con el título dé Melodías poéticas, ambos de^gual 
mérito por lo escogido de sus materiales. Por último, entre los 
escritos de Palma merecen citarse muchos del género crítico, en 
prosa, que le valieron el dictado de escritor correcto y elegante. 
Las poesías de Palma se distinguen por el sentimiento y por 
la pureza de la dicción, sin que falten en muchas de ellas raptos 
de ardoroso entusiasmo, lo cual comprueba que su estilo ha 
debido mucho á las escuelas de Byron y de Quintana. 



m wmm ¡db %m ismmwss* 



Soñando estaba, sí, que solo en sueño 
Puede gozarse de ilusión tan bella: 
Soñaba que en un valle muy risueño 
Un palacio fantástico descuella. 

Caladas las paredes como encajes, 
Las puertas de oro y de marfil labradas, 

Y en torno los jardines y boscajes 
Albergue de las aves mas preciadas. 

Allí entonaba el ruiseñor canoro 
Sus cantigas de amor de noche y dia, 

Y de las fuentes el raudal sonoro 
Con su blando murmullo adormecía. 

El aire puro sin calor ni frió, 
El so! templado de apacible sombra, 
Perlas la lluvia, aljófar el rocío, 

Y de flores el suelo viva alfombra. 
Dormido allí soñé que me embargaba 

Un éxtasis mas bien que no otro sueño, 

Y dormido soñé que despertaba 

De otros sentidos y existencia dueño. 

Un nuevo sol ante mis ojos brilla 
Del iris con las tintes apacibles, 



DNTVE1Í8AL. 245 

T de un mundo de seres ir. visibles 
Me revela su luz la maravilla. 

Vi saltar de las agrias las ondinas, 
Las sílfides los aires agitaron, 

Y millares de ninfos peregrinas 
En árboles y flores asomaron. 

Todo en vida hirvió al punto y movimiento: 
A las fuentes su voz prestó murmullo, 
A las flores perfume dio su aliento, 
Dieron sus alas al ambiente arrullo. 

Y los que aquí sentimos blandos roces 
Entonces conocí que era sn vuelo, 

Y que en la quieta soledad sus voces 

Son los ruidos que pueblan tierra y cielo. 

Las paredes del mágico palacio 
Reflejaban del iris los cambiantes, 

Y hacia él se lanzó por el espacio 
Aquel tropel de espíritus volantes. 

Yo exhalar me sentí de un blanco lirio, 
Todo espíritu ya, todo ambrosía, 
Purificado al fin con el martirio 
Que en el mundo sufrí cuando vivía. 

Del tumulto en el vuelo arrebatado 
Penetré del alcázar en las salas, 

Y al pié de un trono de zafir labrado 
Sin intentarlo yo plegué las alus. 

Increada muger, visión divina 
En quien la gloria su delicia encierra, 
Con la verdad mi espíritu ilumina 
De la ilusión que amé sobre la tierra. 

Cabellera en que el sol bebe esplendores, 
Ojos que visten de su azul al cielo, 
Boca en que nacen del Abril las flores, 
Seno en que cuaja su cristal el yelo. 

De inefable reír, mirar tan tierno 
Que su amante espresion de dicha embriaga, 

Y no hay un goce que á no ser eterno 
El corazón al verla satisfaga. 

Hacia mí la visión tendió sus brazos 
Que con secreto encanto me atrajeron, 

Y al estrecharme en tan divinos lazos 
El nombre de ángel á los dos nos dieron. 

En un solo querer, un alma sola, 
Mi ser y el suyo trasfundirse siento, 
Cual el agua se mezcla en una ola, 
Cual en un soplo se confunde el viente». 



246 ÁLBUM 

Un canto inmenso como aquel que entona 
La voz del mundo al despertarlo el día, 
De nuestra unión la beatitud pregona 

Y el universo llena de alegría. 
Pero el canto cesó: las voces todas 

, Se fueron disipando en el espacio, 

Y solos á gozar de nuestras bodas 
Quedamos en el mágico palacio. 

El reposo los dos apetecimos, 
Porque también reposan los espirtos, 

Y eu éxtasis de amor nos adormimos 
Sobre un lecho de rosas y de mirtos. 

A despertar volví, pero mis ojos 
La esplendente visión buscan en vano, 
Pesada realidad, sombra de enojos 
Sintió mi corazón, palpó mi mano. 

De mis miembros que el sueño entorpecía 
Sentí la pesadez, la resistencia, 

Y advertí que aun duraba la agonía 

A que el mundo da el nombre de existencia. 

¿Y estos sueños qué son? ¿será que el alma 
Que á todas horas sin descanso vela 
Cuando el cuerpo se aduerme en torpe calma 
A las regiones de su origen vuela? 

¿O será que algún ángel de consuelo 
Con la visión el corazón recrea, 
De ese otro mundo que se llama cielo 
Donde el hombre fijar debe su idea? 

No puede duda haber: la sola suerte 
No es del alma apurar la vida amarga, 
Ni del todo acabar cuando la muerte 
Su esencia libre de la humana carga. 

Y el misterio de amor, único rayo 
Que en la vida alimenta su esperanza, 
De esa gloria le sirve para ensayo 
Cuya completa realidad no alcanza. 

Esa gloria dó á unirse irán las almas 
Que por el mundo atravesaron solas, 
Del martirio adornadas con las palmas 
Que serán de su amor las aureolas. 

Y la dulce mitad que de mí mismo 
Fué por yerro del mundo dividida, 
Conmigo volará de este hondo abismo 
Para formar allí una sola vida. 



RAFAEL MARÍA BAR ALT. 



Pocas son las noticias que tenemos de este distinguido es- 
critor, bien que su nombre haya llegado hasta nosotros con el 
distintivo de una reputación literaria honrosamente adquirida. 
Sabemos que ha sido en Madrid ya director, ya redactor de va- 
rios periódicos de nombradla, como El Espectador, El Siglo, 
El Tiempo; hemos leido su brillante Historia antigua y moder- 
na de Venezuela, y tenemos conocimiento de sus proyectos lite- 
rarios, como son: la continuación del Diccionario matriz de la 
lengua castellana, que ya ha empezado á publicar, así como sus 
Obras políticas, económicas y sociales; y la colección que hace 
igualmente para darlas á luz de sus composiciones poéticas, y.a 
bastantes numerosas. 

La suma corrección del lenguaje, la pureza del estilo, y la 
dignidad y grandeza de los asuntos queeacoje le hacen acreedor 
á figurar entre los mejores poetas de América. Su oda á Cristó- 
bal Cotón, aplaudida y premiada en el Liceo de Madrid, nos bas- 
tará para comprobar cuan justamente ha conquistado la envi- 
diable fama de que disfruta. 

Nació en Maracaibo en 1814, y hoy es por su alto mérito* 
miembro de la Academia española, 



248 ÁLBUM 

A CRISTÓBAL COLON. 



Venient annis saecula seria, 
Quibus oceanus vincula rerum 
Laxet, et ingens pateat tellus, 
Tethysque novos detegat orbes, 
Nec sit terris ultima Thule. 

Séneca. — Medea. 



"Tu frágil carabela 
Sobre las aguas con tremante quilla, 
Desplegada la vela, 
¿Dó se lanza llevando de Castilla 
La venerada enseña sin mancilla? 

"Y abriéndose camino 
Del no surcado mar por la onda brava, 
¿Porqué ciega y sin tino, 
Del pérfido elemento vil esclava, 
La prora inclina á donde el sol acaba? 

"¿"No ves como á la nave 
Desconocidos vientos mueven guerra? 
¿Cómo, medrosa el ave, 
Con triste augurio que su vuelo encierra, 
Al nido torna de la dulce tierra? 

"La aguja salvadora 
Que el rumbo enseña y que á la costa guia, 
¿No ves como á deshora 
Del norte amigo y firme se desvía, 

Y á Dios y á la ventura el leño fia? 

"Y el piélago elevado 
¿No ves el Ecuador, y cual parece 
Oponerse irritado 
A la ardua empresa; y cual su furia crece, 

Y el sol como entre nublos se oscurece? 

"¡A.y! que ya el aire inflama 
De alígeras centellas lluvia ardiente: 
¡Ay! que el abismo brama: 

Y el trueno zumba, y el bajel tremente 
Cruje, y restalla, y sucumbir se siente. 



UNIVEKSAL. 249 

"Acude, que ya toca, 
Sin lonas y sin jarcia el frágil leño 
En la cercana roca: 
Aura el encono y el adusto ceño 
De la chusma 6Ín fé contra tu empeño. 

"Y cual su vocería 
Al cielo suena; y como en miedo y saña 
Creciendo, y agonía, 
Con tumulto y terror la tierra estrafía 
Pide que dejes por volver á España. 

"¡Ay triste, que arrastrado 
De pérfida esperanza, al indo suelo, 
Remoto y olvidado, 
Quieres llevar flamígero tu vuelo! 
¿No ves contrario el mar, el hombre, el cielo? 

"La perla reluciente 
Y el oro del Jupón buscas en vano: 
En vano á Mangi ardiente; 
"Ni de las ondas aguas de océano 
Jamás verás patente el grande arcano. 

"Vuelve presto Ja prora 
Al de Hesperia feliz, seguro puerto, 
Donde del nauta llora, 
Juzgándole quizá cadáver yerto, 
La inconsolable madre el hado incierto." 

Engañosa sirena 
Vanameute el error cante en su lira: 
¡Colon! clava la entena: 
Corre, vuela: no atrás, avante mira: 
Al remo no des paz: no temas ira: 

Y aunque fiero, atronado, 
Ruja el mar, clame el hombre, y brame el viento 
En furia desatado, 
Resista el corazón, y al rudo acento 
De tus pinos aviva el movimiento. 

Por la fé conducido, 
Puesta la tierra en estupor profundo, 
De frágil tabla asido, 
Tras largo afar y esfuerz3 sin segundo, 
Asi das gloria á Dios y á España un mundo. 

32 



250 ÁLBUM 

¡Oh noble, oh claro dia 
De ínclita hazaña y la mayor victoria 
De la humana osadía: 
En fama escelso, sin igual en gloria. 
Eterno de la gente en la memoria! 

El la tostada arena 
Te vio, sabio ligur, mojar en llanto^ 
De asombro el alma llena; 

Y en voz de amor y de alabanza en canto 
Entonar de David el himno santo. 

De Cristo el alto nombre 
Aclamar triunfador entre la gente; 

Y un culto dar al hombre 
Desde el gélido mar y rojo oriente 
Al confín apartado de occidente. 

Y la sacra bandera 
Que nuevo Dios y nuevo rey pregona y 
Al viento dar ligera 
Del astro de los Incas en la zona: 
Astro luego de Iberia y su corona. 

La veleidosa plebe 
. Humillada á tus pies, en plauso ahora 
Ai cielo el grito mueve; 

Y el que del sol en las regiones mora 
Ángel te llama y como dios te adora. 

¡Qué humana fantasía 
Dirá tu pasmo, y cuánto el pecho encierra 
De orgullo y de alegría! 
Trocada en dulce paz, vé aquí la guerra: 
Cual divina visión, allí la tierra. 

JSTo el que buscas ansioso, 
Mundo perdido en tártaras regiones; 
Mundo nuevo, coloso 
De los mundos, sin par en perfecciones; 
De innumerables climas y naciones^ 

De ambos polos vecino, 
Entre cien niaras que á su pié quebranta 
El Ande peregrino, 

Cuando hasta el cielo con soberbia planta 
Entre nubes y rayos se levanta. 



UNIVERSAL. 251 

Allí raudo, espumoso; 
Rey de los otros rios se arrebata 
Marafion caudaloso 
Con crespas ondas de luciente plata, 

Y en el seno de Atuante se dilata. 

De la altiva palmera 
En la gallarda copa dulce espira 
Perenne primavera; 

Y el Cóndor jigantesco fijo mira 

Al almo sol; y entre sus fuegos gira. 

Allí fieros volcanes; 
Emulo al ancho mar lago sonoro; 
Tormentas, huracanes: 
Son árboles y piedras un tesoro: 
Los montes plata, y las arenas oro, 

¿Qué tardas? Lleva á Europa 
De tamaño portento alta presea, 
Hiera céfiro en popa, 
O rudo vendaval, que pronto sea, 

Y absorto el orbe tn victoria vea. 

El piélago sonante 
Abrirá sus abismos: sorda al ruego 
La nube fulminante 
Su terrífica voz lanzará luego, 

Y tinieblas, y horror, y lluvia, y fuego. 

Y del mar al bramido > 

Unirá contra tí la envidia artera 
Su ronco horrible aullido, 
¡Piloto sin ventura! ¿á qué ribera 
Llegará tu bajel en su carrera? 

¿Qué será de tu gloria? 
Tu nombre entre las gentes difamado, 
¿Morirá sin memoria? 
O tal vez de las ondas libertado 
¿Por tu empresa un rival será premiado? 

Todo será: el delirio 
De férvido anhelar que vence, y llora: 
Gozo, gloria, martirio: 
Cadena vil y palma triunfadora: 
Cuanto el hombre aborrece, y cuanto adora. 



252 ÁLBUM 

Mas ¿qué á tu fé del viento, 
Del rayo, y la traición crudos azares? 
Levanta el pensamiento: 
¡Elegido de Dios! hiende los mares, 
Y con nombre inmortal pisa tus lares. 

No Argos mas gloriosa 
Llevó á Tesalia el áureo vellocino 
De Coicos la famosa; 
Ni, de Palas guiado, en el Euxino 
Con esfuerzo mayor se abrió camino. 

De gente alborozada 
Hierve ondeando el puerto, el monte, el llano; 
Cual en tierra labrada 
Mece la blonda espiga en el verano 
Con rudo soplo cálido solano. 

T de ella sale un grito 
De asombro y de placer que al mar trasciende 
Con ímpetu inaudito: 
¡Colon! esclama, y los espacios hiende, 
Al polo alcanza, hasta el Empíreo asciende. 

Del incógnito clima 
¡Oh rey de Lusitania! los portentos, 
T la mies áurea opima, 
Llorando el corazón duros tormentos. 
Airados ven tus ojos y avarientos. 

De tí y de tus iguales, 
El ánglio poderoso, el galo fuerte, 
A las plantas reales 
¿TJn mundo no ofreció, y ebcelsa suerte 
Del tiempo vencedora y de la muerte? 

Si de Enrique tuvieras 
El ánimo preclaro, agena hazaña 
En mal hora no vieras; 
Ni el mar inmenso que la tierra baña 
Hacer de entrambos mundos una España. 

Ni á Iberia agradecida, 
Del aurífero Tajo hasta Barcino, 
Ofrenda merecida 

De incienso y flores, cual á ser divino, 
Rendirle fiel en el triunfal camino. 



UNIVERSAL '¿b'-í 

Su esfuerzo sobrehumano 
Tus joyas, Isabel, trocó en imperios: 
Por él ya el orbe ufano 
Saluda tu estandarte, y son hesperios 
Del uno al otro mar los hemisferios. 

¡Fernando! ¿qué corona 
Al huésped de la Rábida guardada 
Sus hechos galadorna? 
Bastará tu corona, que empañada 
Con todo su poder se vio en Granada? 

Dilo tú, que en el templo 
Yagas inulta en medio á los despojos 
¡Oh sombra de alto ejemplo!, 
En cuya mano y sien miran los ojos 
Grillos por cetro, y por corona abrojos. 

Mas no á la gran Castilla 
El rostro vuelvas, ni á Isabel, ceñudo: 
No es suya la mancilla: 
Que á tí fué abrigo cuando mas desnudo; 
Al indio madre, al africano escudo. 

Y unirá su alta gloria 
A tu gloria la tierra agradecida 
Con perpetua memoria, 
Cuando en el indio suelo, al fin rendida, 
Yigor nuevo recobre y nueva vida. 

Que Dios un vasto mundo, 
Cual de todo compuesto, no formara 
Sin designio profundo; 
Ni allí de sus tesoros muestra rara 
En cielo, y tierra, y aguas derramara. 

Tu alada fantasía 
Al contemplarlo en el Edén primero 
Volando se creia; 

Y Edén será en el tiempo venidero, 
De la cansada humanidad postrero. 

Donde busquen asilo 
Hombres y leyes, sociedad y culto, 
Cuando otra vez al filo 
Pasen de la barbarie, en el tumulto 
De un pueblo vengador con fiero insulto, 



254 ÁLBUM 

¡Ay de ellas, las comarcas 
Viejas en el delito y la mentira: 
De pueblos, de monarcas, 
Cuando el ¡Señor, que torvo ya los mira, 
Descoja el rayo yfse desate en ira — ! 

Por las tendidas"mares 
Entonces vagarán puerto y abrigo, 
Paz clamando, y altares; 
Y después de las culpas y el castigo 
Nuevo mundo hallarán cordial y amigo. 

¡Colon! el mundo hermoso 
Que de su seno á las hinchadas olas 
Arrancaste animoso, 
Coronando de eternas aureolas 
Las invencibles armas españolas. 

Asi de polo á polo 
Resuena el canto: estiende tu renombre 
Por los cielos Apolo; 

Y, emblema de virtud y gloria al hombre, 
De una edad á otra edad lleva tu nombre, 



©crimina ©orne? bt Qtocllancba. 



Nacida la ilustre hija de Camagüei en 1816, desde muy 
temprano dio á conocer su afición á la poesía con versos y dra- 
mas de una pluma casi infantil todavía; pero hasta que no pasó 
á Europa, en 1836, que sepamos, no empezaron á ver la luz pú- 
blica sus composiciones, habiendo adoptado al principio el gra- 
cioso seudónimo de la "Peregrina," y bien pronto hubo de al- 
canzar no «pío un nombre distinguido entre los poetas de la 
Corte, donde todavía reside habitualmente, admirada como udr 
joya de sin igual estima, respetada como una autorida-i en el 
arte, querida como un tesoro, sino también la altura del primer 
rango entre aquellos vates. 

La Grecia llamó á Corina la Musa lírica; pero la superiori- 
dad do la nueva rival de Píndaro, publicado su primer tomo de 
poesías [1841] y después "3ab," "Espatolino" y otras novelas, 
ansió también adornar su frente con la corona de Melpómene, 
y la representación de "Alfonso Munio," como dicen los edito- 
res de su último tomo de poesías, no fué solamente la glorifica- 
ción de la autora; fué un triunfo mayor para el arte, un gran su- 
ceso, la restauración de la tragedia clásica que solo á ella estaba 
reservado levantar del olvido en que yacía; y nosotros agrega- 
mos que reservado estaba también á la América ceder á la ma- 
dre Europa esta nueva Musa que así arrebata con los encanta- 
dos acordes de su lira corno aterra cuando calza el severo co- 
turno. 



256 ÁLBUM 

No creemos necesario dar aquí la larga nota de sus trage- 
dias y otras composiciones con que la pura y elegante escritora 
ha enriquecido el teatro español, ni citaremos aquí todas sus no- 
velas: bien conocidas son las obras de la que acaso alcanza la 
fama de mejor poetisa de la época; pero sí agregaremos que si la 
en todos conceptos hermosísima perla con que se enorgullece 
Puerto-Príncipe de haber formado en su seno, ha creído debia 
enmudecer su lira para consagrarse á las inspiraciones mas en- 
cumbradas del arte divino, todavía los blandos alisios del océano 
han de traer á estas riberas de su patrio suelo tiernos acentos, 
armónicos conceptos con que á pesar suyo vibrarán las sonoras 
y bien templadas cuerdas del arpa de la Corina cubana. 



1. 

Los negros cabellos 
Al viento tendidos, 
Los ojos hundidos, 
Marchita la tez, 

Hoy llora humillada 
La hermosa María, 
Ejemplo algún dia 
De altiva esquivez. 

Su pecho acongoja 
Profundo quebranto; 
No alivia su llanto 
Su acerbo dolor; 

Que en triste abandono 
Su amante la deja, 
De bronce á su queja, 
De hielo á su ardor. 

El alba tres veces 
Ha visto su pena; 
La luna serena 
Tres veces también. 

Y lenta una hora 
Tras otra ha seguido, 
Sin que haya traído 
Ninguna á su bien. 



UNIVERSAL. 25T 

Ni un punto la noche 
Sus ansias sosiega, 
Que el sueño le niega 
Su efímera paz. 

Insomne á los vientos 
Les cuenta su historia. . . . 
Guardó mi memoria 
Su canto fugaz. 



n. 



"Un tiempo hollaba por alfombra rosas, 
T nobles vates, de mentidas diosas 

Prodigábanme nombres, 
Mas yo altanera, con orgullo vano, 
Cual águila real al vil gusano 

Contemplaba á los hombres. 

"Mi pensamiento en temerario vuelo 
Ardiente osaba demandar al cielo 

Objeto á mis amoros: 
Y si á la tierra con desden volvía 
Triste mirada, mi soberbia impía 

Marchitaba 1 sus flores. 

"Tal vez por un momento caprichosa 
Entre ellas revolé, cual mariposa, 

Sin fijarme en ninguna. 
De un misterioso bien siempre anhelante, 
Clamaba en vano, como tierno infante 

Quiere abrazar la luna. 

"Hoy despeñada de la escelsa cumbre, 
Do osé mirar del sol la ardiente lumbre 

Que fascinó mis ojos, 
Cual hoja seca al raudo torbellino 
Cedo al poder del áspero destino. ... . 

¡Me entrego á sus antojos! 

"Cobarde corazón, que el nudo estrecho 
Gimiendo sufres, diine ¿qué se ha hecbo 

Tu presunción altiva? 
¿Qué mágico poder, en tal bajeza 
Trocando ya tu indómita fiereza, 

De libertad te priva? 



SS 



258 ÁLBUM 

"Mísero esclavo de tirano dueño, 
Tus glorias fueron misterioso sueño, 

Que con las sombras huye! 
Di ¿que se hicieron ilusiones tantas 
De necia vanidad, débiles plantas 

Que el aquilón destruye? 

"En hora infausta á mi feliz reposo, 
¿No dijiste soberbio y orgulloso: 

Quién domará mi brio? 
Con mi solo poder haré, si quiero, 
Mudar de rumbo al céfiro ligero, / 

Y arder al mármol frió — ! 

¡Funesta ceguedad! ¡delirio insano! 
Te gritó la razón: su voz en vano 
Te advirtió tu locura. . . . ! 
Tú mismo te forjaste la cadena, 
Que á servidumbre eterna te condena, 

Y á duelo y amargura. 

"Los lazos caprichosos que otros dias 
Por pasatiempo á tu placer tejias, 

Fueron de seda y oro: 
Los que hora rinden tu valor primero, 
Son eslabones de pesado acero 

Templados con tu lloro. 

"¿Qué esperaste ¡ay de tí! de un pecho helado, 
De necio orgullo y presunción hinchado, 

De víboras nutrido? 
Tú, que anhelabas tan sublime objeto, 
¿Cómo al capricho de un mortal sujeto 

Te arrastras abatido? 

"¿Con qué velo tu amor cubrió mis ojos, 
Que por flores tomó dnros abrojos 

Y por oro la arcilla. . . .? 
¡Del torpe engaño mis rivales rien, 

Y mis amantes ¡ay! tal vez se engríen 
Del yugo que me humilla! 

"¿Y tú lo sufres, corazón cobarde? 

¿Y de tu servidumbre haciendo alarde, 

Quieres ver en mi frente 
El sello del amor que me devora. . . .? 
¡Ah! velo pues, y búrlese en buen hora 

De mi baldón la gente! 



UNIVERSAL. 259 

"Salga del pecho, refrescando el labio, 
El dulce nombre de mi orgullo agravio, 

De mi dolor sustento! 
¿Escrito no le ves en las estrellas 
Y en la luna apacible, que con ellas 

Alumbra el firmamento? 

"¿Tío le oyes de las auras al murmullo? 
¿No le pronuncia en gemidor arrullo 

La tórtola amorosa? 
¿No resuena en los árboles, que el viento 
Halaga con pausado movimiento 

En esa selva hojosa? 

"¿De aquella fuente entre las claras linfas, 
No le articulan invisibles ninfas 

Con eco lisonjero . . . . ? 
¿Porqué callar el nombre que te inflama, 
Si aun el silencio tiene voz, que aclama 

Ese nombre hechicero? 

"Nombre que un alma lleva por despojo, 
Nombre que escita con placer enojo, 

Y con ira ternura: 
Nombre mas dulce que el primer cariño 
De joven madre al inocente niño, 

Copia de su hermosura. 

"Y mas amargo que el adiós postrero 
Que al suelo damos donde el sol primero 

Alumbró nuestra vida. 
Nombre que halaga y halagando mata: 
Nombre que hiere como sierpe ingrata, 

Al pecho que le anida. 

"No, no le envíes, corazón, al labio. . . . ! 
¡Guarda tu mengua con silencio sabio! 

¡Guarda, guarda tu mengua! 
¡Callad también vosotras, auras, fuente, 
Trémulas hojas, tórtola doliente, 

Como calla mi lengua!" 



III. 

Con un gemido enmudeció María, 
Y dando de rubor visible muestra, 



260 ALBÜM 

Su rostro que el amor enardecía 

Cubrió un momento con su blanca diestra: 

Mas luego se alza, y en su altiva frente 
Ya la victoria de su orgullo miro, 
Cual si del pecho su pasión ardiente 
Lánzase envuelta en el postrer suspiro. 

Cuando á leve rumor, que entre la yerba 
Suena, de humana planta producido, 
En medio de su saña y pena acerba, 
La despechada amante presta oido. 

¡Cual late el corazón! ¡Con que zozobra 

Aquel rumor aproximarse escucha ! 

Amor su cetro vacilante cobra: 
En vano la razón se fuerza y luchal 

¡El es! ¡allí está ya ! Clama el orgullo: 

— Tente y escucha mis acentos: ¡tente — ! 
Mas piérdese su voz, cual el murmullo 
De humilde arroyo al ruido del torrente. 

Que cuando amor tan imperioso grita, 
Razón y orgullo á su placer sofoca, 
Y al corazón turbado precipita, 
Cual bajel sin timón de roca en roca. 

¡El es! ¡allí está ya ! Desden, ausencia, 

Todo lo olvida la infeliz María, 

Que al verse de su amado en la presencia 

La noche se convierte en claro dia. 

¡Feliz, si en pos de la fatal quimera 
Que ahora la inunda en celestial contento, 
Al despertar del sueño no la espera, 
Dolor profundo, lágrimas sin cuento! 

¡Feliz, si de su orgullo la memoria 

No turba mas su pecho lastimado 1 

¡Feliz, si en el sepulcro de su gloria 
Su amor también no deja sepultado — ! 



JOSÉ JACINTO JHIUNBS. 



Nació en Matanzas el año de 1814, y annqne desde mucho 
tiempo antes tenia compuestas diferentes poesías, no se dio á co- 
nocer hasta 1837, en que por primera vez salieron á luz obras 
suyas en el Aguinaldo Habanero. No es este el lugar propio pa- 
ra criticarlo como peeta lírico ni como dramático, tnijo ambos 
conceptos ha sido juzgado y tiene sentada una reputación bien 
esparcida. Sus poesías inspiradas por las bellezas de la naturale- 
za cubana, su Conde Atareos, la originalidad y ternura de las 
primeras; el sentimiento apasionado que caracteriza el drama 
citado, la pureza y acaso hasta la trascendencia de ciertas com- 
posiciones morales, colocan á Milanés en una altura envidiable 
en el Parnaso hispano-americano, cuyas musas lloran con senti- 
da endéchalos padecimientos morales que desde 1843 afligen al 
vate matancero. 



262 ÁLBUM 



Tórtola mia? Sin estar presa, 
Hecha á mi cama y hecha á mi mesa, 
A uu beso ahora y otro después, 
¿Por qué te has ido? ¿Qué faga es esa, 
Cimarronzuela de rojos pies? 

¿Ver hojas verdes solo te incita? 
¿El fresco arroyo tu pico invita? 
¿Te llama el aire que susurró — ? 
¡Ay de mi tórtola, mi tortolita, 
Que al monte habido y allá quedó! 

Oye mi ruego, que el miedo exhala. 
¿De qué te sirve batir el ala, 
Si te amenazan con muerte igual 
La astuta liga, la ardiente bala 

Y el cauto jubo delfynanigual? 
Pero ¡ay! tu fuga ya me acredita 

Que ansias ser libre, pasión bendita 
Que aunque la lloro la apruebo yo. — 
¡Ay de mi tórtola, mi tortolita, 
Que al monte ha ido y allá quedó! 

Si ya no vuelves, ¿á quién confio 
Mi amor oculto, mi desvarío, 
Mis ilusiones que vierten miel,'' 
Cuando me quede^mirando al rio, 

Y á la alta luna que brilla en él? 
Inconsolable, triste y marchita, 

Me iré"muriendo, pues es mi cuita 
Mi coníidenta me abandonó, — 
¡Ay de mi tórtola, mi tortolita, 
Que al monte ha ido y allá quedó? 






Este laureado cantor de Colon nació en la ciudad de Puer- 
to-Rico en 182?/, pero siempre se ha considerado y con razón 
por su patria á la Habana donde ha vivido con su familia desde 
muy joven, donde se educó y recibió sus primeras impresiones 
y á cuyo cielo debe el tinte suave y melancólico que por lo gene- 
ral distingue su poesía. — Sin embargo su canto á Colon le ha 
grangeado mayor fama y le coloca en el número de los que as- 
piran á la palma épica. 

En Madrid y en 1849 se publicó una colección de sus poe- 
sías con el título de "Ensayos poéticos," y con un prólogo del 
conocido crítico D. Manuel Cañete, y ha dado además á luz en 
los periódicos de la Habana varios artículos ligeros, folleti- 
nes &c. 



Mk m ü 



Mihi natura aliquid sempeí amare debit, 



Cual joven adalid que en el torneo 
Resuelva no lidiar, y se presenta 
A pié, sin armadura, y ostentando 
Estoque rico de festejo y gala, 



264 ÁLBUM 

Blanco jubón de verde acuchillado, 

Ancha gorguera de vistosos pliegues, 

Recogida la negra cabellera 

En numerosos bucles que aprisiona 

El chambergo sombrero; entre las damas 

Ocupando las altas alegrías, 

Mas que á lid dispuesto al regocijo; 

Y a! escuchar el nombre de la hermosa 
Que ha de premiar al vencedor, conoce 
En ella á su adorada, y de repente 
Salta del puesto, todo lo atropella, 
Armase en breve sin prolijo esmero, 
Con negra cota y casco pavonado, 

' Y así corre al combate decidido, 
Sin mote en el pavés y sin empresa, 
En noble sed ardiente de victoria, — 
— De tal manera, al escuchar tu nombre, ' 
Cuba gentil, mi tierra idolatrada, 
Tema feliz de la sublime liza 
Que se prepara al genio y al talento, 
Me apresto á combatir: arde en mi frente 
La inspiración de un tiempo mas dichoso, 

Y preludiando la armoniosa lira 

Mi voz levanto de entusiasmo llena, — 

— El lauro! — el lauro! — Mis marchitas sienes 
No le pudieran sostener. — En otras 
Do brille la ventura y la esperanza 
Ha de hallarse mejor: — yo solo aspiro 
A cantar y no mas, porque á mi labio 
Mengua fuera callar cuando tu nombre 
Es el asunto de los cantos. . . . ¡Cuba! 
Nunca el ba'don de enmudecer pudiera 
Caber en este pecho que respira 
Siempre por tí con férvida ternura. — 

— Mas, ¿cómo la victoria consiguiera 
Yo que en el ancho campo de la vida 
Arrastro un corazón que no conmueven 
Ilusiones ni amor. . . .? ¡Corazón triste! 
Flor sin aroma, ruiseñor sin canto, 
Ave sin plumas y bajel sin vela! 



¡Salve, ó tú, venturosa hija del cielo, 
Per a ceñida por .".zules mares: 
Tú que cubierta do eterna! verdura 
Te aduermes con placer al blando ruido 
De tus gallardas palmas y tus brisas, 
Escuchando la voz del Océano 



UNIVERSAL. 265 

Que al tocar en tus costas virginales, 
Su altiva furia deponiendo, en ellas 
Quiebra amorosa sus^crespadas olas! — 

Apacible deidad, en cuyo seno 
Nunca sonara de discordia el grito, 
Ni del cañón el trueno pavoroso, 
Ni sangre humana en hórrida pelea 
Pudo manchar tu manto de esmeralda. — 
Jamas cerraste los piadosos brazos 
Al estrangero que arribó á tus playas. 
Amor! Piedad! Beneficencia! — triple 
Corona de esplendor tu sÍ3n circunda! 

Edén del Universo! por tí pasan 
Sin hacerse sentir la» estaciones. 
El revoltoso otoño no despoja 
A el árbol de tus galas, ni el estío 
Seca la flor en tus risueños prados, 
Ni el aterido invierno en la natura 
La palidez imprime de la muerte, jij 



Venid, si lo dudáis; venid conmigo, 
Hora que reina la avidez do quiera, 
Hora que deja la mansión del Bóreas, 

Y de espesa neblina circuido, 
Kecorre el mundo el Numen que preside 
La estación invernal. — Entre cristales 
Detiene su corriente el arroyuelo, 

Y la nieve corona el alto monte, 

Y cubre el suelo, y de igual camino 
Borra el sendero al triste caminante. — 
El tímido pastor á la cabana 

Torna con el rebaño, ocioso yace 

El trabajado apero, y ¡cuantas veces 

De hambre ¡gran Dios! el desdichado espira! — 

Oh! desde el Polo al Ecuador en vano 
Corre afanoso el sol, y en vano quiere 
Hasta la tierra penetrar, que el yelo 
De sus rayos benéficos resiste 
Al desmayado ardor. . . . 



Teñid conmigo! 
Apartaos de escena tan funesta: 
Ojos y corazón tornad á Cuba — 
Bajo este cielo azul, limpio y sereno, 



34 



266 ÁLBUM 

Do brilla siempre el sol, do nunca el frió 
Roba de Primavera los encantos, 
Contemplemos la seiba magestuosa, 
Reina del bosque, de verdor cubierta: — 
La seiba secular, que acaso lia visto 
Generaciones ciento sucederse, 
Inmoble siempre, cual padrón eterno, 
De virtudes y crímenes testigo. 
La palma sin igual, cuja apostura 
El dórico cincel envidiaría, 
T competir pudiera en gentileza 
Con las un tiempo célebres columnas 
Que Ménfis y Palmira levantaron, — 
El índico mamey, el delicioso 
Anón que guarda en recamado seno 
Blanca crema mas dulce y olorosa 
Que el manjar de los dioses celebrado. 
El cocotero escelso, el mango erguido, 
Aquel cual rico manantial que el cielo 
Próvido puso en abrazante clima, 
Este el sabroso fruto sustentando 
Mas bello que el albérchigo amarillo. 

Ved el y agruma de plateadas hojas, 
El caimito preciado, el tamarindo, 
Cuyas pomposas, y estendidas ramas 
Roban la luz al sol y le oscurecen, 
Y de Julio en las sietas calurosas 
Sombra á que descansar brinda ajDacible: 
El agreste jagüey, fácil remedo 
De humana ingratitud pérfido ahogando 
El propio tronco que le dio la vida — 
¡Alta lección que el hombre no comprende! — 
— Otra mas bella ofrece la modesta 
Púdica sensitiva, que al contacto 
De la mano sus pétalos uniendo, 
Dobla mustia la frente y vergonzosa 
Hasta que el nuevo sol la purifica. 
A su lado la altiva pitahaya 
Desplega la magnífica corola, 
Sin pensar en su loco desvarío 
Que la naturaleza le concede 
La pasajera edad de un breve dia. 
Mas allá la mudable malva-rosa, 
Blanca al amanecer, roja á la tarde, 
Como el hombre á la luz de la fortuna, 
Ella á la luz del sol cambia colores. 



UNIVERSAL. 267 

Pero las nubes de carmín y grana 
En Occidente ya, bordadas de oro, 
En espléndido tálamo reciben 
Al padre de la luz — Cuando su manto 
De estrellas brilladoras salpicado 
Tienda la noche plácida y tranquila 
No temáis que os asalte en la espesura 
Serpiente ponzoñosa, hambriento lobo, 
Tigre traidor ó sanguinaria hiena. 
Nunca de Cuba en los dichosos bosques 
Las carnívoras fieras habitaron. — 

Así, al murmullo de sus verdes ramas, 
Al arrullo del cántico suave, 
Del pájaro nocturno, en la maleza 
Se duerme sin temor el pasajero. 



Mas descendamos de la cumbre al valle. 
— Ancho sendero de alterosas palmas 
Sembrado de silvestres maravillas 
De lirios y aguinaldos, blando ofrece 
Mullida alfombra de menuda grama. 

Ya se alcanzan á ver allá á lo lejos 
Cual cintas de coral sobre verdura 
Las anehas y derechas guarda-rayas 
Que dividen en cuadros armoniosos 
Los cafetos riquísimos, cubiertos 
De blanca flor y de purpúreos granos. — 
¿No percibís el aura embalsamada — ? 
¿Suave perfume respiráis en torno — ? 
Lo exhala el fruto que en dorados vasos 
Luego apuráis cual delicioso néctar. 
El exita la mente, y predispone 
El ánimo á gozar; — por él mil veces 
Clamó el amante y suspiró el poeta. — 

Sobre su linda copa protectoras 
Sushojas tiende el plátano sonante. 
El plátano! — magnífico presente 
Que la naturaleza al hombre hiciera: — 
Fruto de bendición! — don el mas bello 
De cuantos el Seflor con franca mano 
A Cuba concedió! — Ved cual se dobla 
De los racimos opimos al peso. — 
— Sin prolijos cuidados nace y crece 
Alimentando al pobre y al esclavo, 
Y al fenecer renuévase cual Féniz. 



268 ÁLBUM 

En los pequeños hijos qno le cercan. — 
Mas allá contemplad la egregia pina 
Con su diadema espléndida, aclamada 
Reina feliz del vejetal imperio. 
Ella de nuestras playas conducida 
Es á la culta Europa, y cual regalo 
De alta estima y valor, adorna luego 
Las mesas de los príncipes y reyes. 
No lejos crece en multitud profusa 
Elfalgodon blanquísimo que ostenta 
Enjb roche de oro sus nevados copos.— 

Pero alcanzo á mirar en lontananza 
Las amarillas cañas, cuyo seno 
DejJpura miel, al labrador ofrece 
En aparente mármol convertido, 
Pródigo recompensa, y por el Mundo 
De Cuba el nombre y la riqueza estiende. - 

Allí nace el cocuyo de esmeralda^ 
Viviente antorcha de la noche umbría 
Que alumbra al Campesino en la espesura 

Y al africano triste en su cabana. — 

O! cuantos dones á mi patria hermosa 
Concedió la deidad omnipotente. — 

Y entre todos ¿será que el rudo verso 
Que hoy la consagro, de entusiasmo santo 
Latiendo el corazón, será que olvide 

Su tesoro mayor, su mayor gloria? — 
f fjEl tabaco! — Su aroma delicioso 
Encanta al sabio y enloquece al necio. — 
AJ. que prueba el amargo desengaño, 
Al que de un pueblo los destino rige, 
El poderoso á quien abruma el tiempo 
Que no sabe emplear, al que lamenta 
La pérdida del ser que mas amara, 
Al infelice que doliente llora 
Ausencia triste ó desamor; á todos 
Consuela y calma, y en placer suspende; 

Y hasta el mísero esclavo su amargura 
Con él disipa y la esperanza alienta. — ■ 

Don especial á Cuba concedido, 
Planta preciosa que jamas lograra 
En ninguna región, en ningan clima 
La tierra producir; mas, envidiada 
Do quier y apetecida, el orbe entero 
En mil naves de reinos diferentes 
Cual tributario corre á estas arenas 
En pos del fruto de mayor valía. 



UNTVEK3AL. 2G9 

Tierra de amor! — tu venturoso seno 
El duro jaspe y el metal esconde. . . . 
Pero ¿á que penetrar en las entrañas 
De la tierra feraz? — ¿Ni qué riqueza 
Pudiera competir con la que ofrecen 
Tus cafetos, tus cañas amarillas, 
Tu tabaco riquísimo. . . . tesoro 
De mas valor qive la luciente plata, 
Mayor que el oro y las preciosas piedras. . . .? 



Aquí la voz debilitada espira: — 
Ya no es posible proseguir el canto. — 
— Pájaros de los bosques! — á mi lengua 
Conceded de la vuestra la armonía! 
Dame, sinsonte, tu robusto acento: — 
Presta'med vuestro arrullo enamorado 
Que el alma hiere, lánguidas tojosas — \ 
Del monte descended, canoras aves: 
Pintadas mariposas, tocororos 
De bizarro matiz, sunsún lijero, 
Qu solo te alimentas de las flores, 
Tomeguin saltador. . . . olí! ¡quién pudiera 
Copiar vuestra belleza, y vuestro canto 
Diestro imitar en verso artificioso!-- 



Inútil afanar! — El arpa en vano 
Una vez y otra vez recorre ansioso. 
Sorda está, no responde .... Yo creia 
Que de mi Cuba al nombre resonara 
Con mas fuerza y vigor: — pero si muda 
Burló mi anhelo y fervor, ¿qué importa? — 
Aquí en mi pecho abrasadora llama 
Arde, y arde sin fin, de patria al nombre — ! 



Yo te amo, oh Cuba; — en tu dichoso suelo 
Mi cuna se meció: — tu hospitalaria 
Tierra, que riego con acerbo llanto, 
Guarda los restos de la madre mía: — 
Bajo tu cielo trasparente y puro, 
Al rayo temblador de tus estrellas, 
Por vez primera el amoroso acento 



270 ALBÜM 

De una beldad oí; — por tí clamaba 
En lejana región, y tus arenas 
Han de cubrir mi triste sepultura. — 

Oye el férvido voto que levanto 
Al Supremo Hacedor: — él te conceda 
Larga prosperidad: benigno aparte 
De tu virgínea frente la discordia: | 
Nunca turbe la guerra fratricidia 
La dulce paz de tu mansión felice. 
Que el genio del saber entre tus hijos 
La ilustración, espléndido, difunda. 
Ellos pulan el mármol de tu seno, 
El metal de tus minas, y dirijan 
La fuerza del vapor. — ellos conduzcan 
Por ignotas riberas tus bajeles — . 
Brillen al par las ciencias y las artes 
En tu suelo dichoso, y pueda un dia 
El Orbe todo con envidia verte 
Grande cual Tiro, sabia como Atenas! 



NOTICIAS 



Constantino Francisco Chassebeuf de Yolney nació en Craon 
en 1757, en la condición media, la mas feliz de todas, porque 
desheredada solo de los favores peligrosos de la fortuna, ofrece 
á una ambición razonable acceso á las ventajas de la sociedad y 
de la ilustración. 

Desde su primera juventud se consagró á la investigación 
de la verdad, sin que le arredrasen los estudios serios, que solos 
pueden iniciar en su culto. Apenas de veinte años, pero ya ins- 
truido en las lenguas anticuas, en las ciencias naturales y en la 
historia, ya acogido entre los hombres que ocupaban entonces 
un lugar distinguido en las letras, sometió al juicio de una ilus- 
tre academia la solución de uno de los mas difíciles problemas 
que nos ha dejado por resolver la historia de la antigüedad. 

Este ensayo no fué alentado por los sabios llamados á juz- 
garle, y el autor no apeló de este juicio, sino á sus esfuerzos y 
constancias- 
Dueño de aljí á poco de una herencia, su embnrazo fué el 
de gastarla (son sus propias espresiones.) Resolvió, pues, em- 
plearla en adquirir en un largo viaje un fondo de conocimientos 
nuevos, y se decidió á recorrer el Egipto y la Siria. Mas para 
visitar estos países con fruto era necesario conocer su idioma. 
Esta dificultad no detuvo al joven viajero: en lugar de aprender 
el árabe en Europa, fué á encerrarse en un convento de Coptos 



272 ÁLBUM 

hasta que se halló en estado de hablar esta lengua común á tan- 
tos pueblos del Oriente. Semejante resolución probaba ya una 
de estas almas fuertes, que podemos esperar hallar imperturba- 
bles en las adversidades de la vida. 

Aunque el viagero podia ocuparnos, como otros, con las re- 
laciones de sus trabajos y de algunos peligros superado por b» 
valor, sabe triunfar de la debilidad que hace casi siempre á los 
de su clase estenderse en sus aventuras personales tanto como 
en sus observaciones. En su relación huye los senderos trillados: 
rio nos dice por donde ha pasado, lo que le ha sucedido, ni las 
sensaciones que na esperimentado; evita con cuidado el presen- 
tarse sobre la escena; es un habitante de aquellos lugares, que 
los ha observado bien y por largo tiempo, y que nos describe el 
estado físico, político y moral de ellos. La ilusión sería completa 
•si se pudieran suponer en un árabe anciano toda la filosofía y 
todos los conocimientos europeos, reunidos con la madurez, en 
un viajero de veinte y cinco años. 

Mas aunque oste posee todos los artificios, con qne se da 
interés al discurso, no reconoceréis al joven en la pompa de am- 
biciosas descripciones, y aunqne dotado de una imaginación vi- 
va y brillante, nunca le sorprenderéis esplicando por sistemas 
aventurados los fenómenos físicos ó morales de que os da cuen- 
ta. Es el juicio, que observa con los ojos de la sabiduría. Así 
pronuncia siempre con circunspección y algunas veces sabe con- 
fesar su ignorancia sobre la causa de los efectos que espone. 

Por esto su relación presenta todos los caracteres que per- 
suaden; la exactitud, y la buena fó y cuando,, diez años después, 
una grande empresa militar llevó cuarenta mil viageros á esta 
tierra antigua, que él habia recorrido sin compañero, sin armas, 
sin apoyo, todos reconocieron una guía segura, un observador 
ilustrado en el escritor, que no parecía haberles precedido sino 
para allanar ó para señalar una parte de las dificultades del ca- 
mino. 

TJn testimanio unánime se elevó de todas partes para acre- 
ditar la verdad de su relación y la exactttud de sus observacio- 
nes; y el viage de Egipto y de Siria fué recomendado por todos 
los votos al reconocimiento y á la confianza pública. 

Antes de sufrir esta prueba, esta obra habia obtenido en el 
mundo sabio un aprecio tan rápido y tan general, que habia lle- 
gado hasta la Rusia. La emperatriz que reinaba entonces sobre 
este imperio (era en 1787) envió al autor una medalla que éste 
recibió con respeto, como una señal de estimación por sus ta- 
lentos, y con reconocimiento como un testimonio de aprobación 
á sus principios: pero cuando la emperatriz se declaró enemiga 
de la Francia, Mr. de Volney devolvió este honroso presente 
diciendo: Si le obtuve de su estimación, se le vuelvo para con- 
sérvala. 



UNIVERSAL. 273 

La revolución de 1789 que acababa de atraer sobre la Fran- 
cia las amenazas de Catalina, habia llamado á M. de Volney so- 
bre la escena política. 

Diputado en la asamblea de los estados generales, las pri- 
meras palabras que pronunció en ella fueron por la publicidad 
de las deliberaciones. 

Provocó la organización de las guardias nacionales y la de 
las comunes y departamentos. 

En la época en que se trataba de la venta de los bienes de 
la corona (en 1790) publicó un escrito corto, en que sentó estos 
principios: u El poder de un estado está en razón de su pobla- 
ción; la población en razón de la abundancia, la abundancia en 
razón de la actividad del cultivo, y éste en razón del interés per- 
sonal y directo, es decir, del espíritu de propiedad. De donde se 
sigue que cuanto mas se acerca el cultivador de la clase pasiva 
de mercenario, tiene menos industria y actividad, y que al con- 
trario cuanto mas se acerca á la condición de propietario libre 
y pleno, desenvuelve mas fuerzas y aumenta mas los productos 
de sus campos y la riqueza general del Estado." 

El autor llega á esta consecuencia; que un estado es tanto 
mas poderoso cuanto el número de sus propietarios es mas gran- 
de, es decir, cuanto mas dividida está en él la propiedad. 

Conducido á Córcega por un espíritu de observación, que 
no es dado sino á los hombres cuyas luces son estendidas y va- 
riadas, de la primera ojeada vio lo que se podia hacer para per- 
feccionar la agricultura en aquel pais; pero sabía que entre los 
pueblos dominados por prácticas rancias, no hay otra demostra- 
ción ni otro medio de persuadir que el ejemplo. Compra, pues, 
una hacienda considerable y se entrega á hacer esperiencias so- 
bre todos los cultivos que creía poder naturalizar en este clima: 
la caña de azúcar, el algodón, el añil, el café atestiguan bien 
pronto el buen éxito de sus esfuerzos. Estos llaman la atención 
del gobierno, y es nombrado director de agricultura y comercio 
en esta isla, en donde por falta de luces todos los métodos nue- 
vos son tan difíciles de introducir. 

ISTo es posible apreciar los bienes que habrian debido espe- 
rarse de esta pacífica magistratura, pero se sabe que ni las lu- 
ces, ni el celo, ni el valor de la perseverancia, podían faltar al 
que estaba revestido de ella: sobre esto habia dado las pruebas 
necesarias, ün sentimiento no menos respetable le hizo inter- 
rumpir el curso de sus tareas. Cuando sus conciudadanos de la 
bailía de Angers le nombraron diputado de la asamblea consti- 
tuyente, hizo dimisión de empleo quetenia del gobierno, fun- 
dado en la máxima de que el mandatario de la nación no debe 
depender por un salario de los que la administran. Mas si por 
respeto á la independencia de sus funciones legislativas habia 
renunciado ala plaza que ejercía en Córcega antes de su elec- 

35 



27-i ÁLBUM 

cion, no había por esto renunciado á hacer bien á este pais. 
Concluida la sesión de la asamblea constituyente, este noble 
sentimiento le llevó de nuevo á Córcega, en donde llamado por 
los habitantes que ejercían en esta isla una grande influencia, y 
que invocaban el socorro de sus luces, pasó una parte de 1792 
y 1793. 

A su vuelta público un escrito intulado: .Resumen del esta- 
do actual de la Córcega. Fué un acto de valor; porque no era 
una esposicion física, sino la esposicion del estado político de 
una población dividida por muchos partidos; y en que fermeta- 
ban odios inveterados. Mr. de Yolney reveló los abusos sin con- 
templaciones: solicitó el interés de la Francia en favor de los 
Gorsos sin lisonjearlos, y denunció sin temor sus faltas y sus vi- 
cios: así e! filósofo obtuvo el precio que debia esperar; fué acu- 
sado por aquellos de hereje. Para probar que no era digno de 
esta calificación, publicó poco tiempo después una obrita intitu- 
lada: "La ley natural, ó principios físicos de la moral." 

No tardó en ser el blanco de una inculpación bien diferen- 
temente peligrosa, y esta, es necesario confesarlo, era merecida. 
Este filósofo, este digno ciudadano que en la primera de nues- 
tras asambleas nacionales habia cooperado con sus votos y sus 
talentos al establecimiento de un orden de cosas que creía favo- 
rable á la felicidad de su patria, fué acusado de no amar since- 
ramente la libertad por la cual habia combatido, es decir, de 
desaprobar la licencia. Una prisión de diez meses que no acabó 
sino después del 9 de termidor, era una nueva tribulación reser- 
vada á su fortaleza. 

La época en que recobró su libertad, era aquella en que el 
horror que habían inspirado culpables escesos hacia volver los 
espíritus hacia los nobles pensamientos, que son felizmente unas 
de las primeras necesidades de los hombres civilizados. Estos 
después de tantos crímenes y desgracias pedían á las letras con- 
suelos, y se trató de organizar la instrucción pública. Para esto 
importaba primeramente asegurarse de los conocimientos de 
aquellos á quienes se debia confiar la enseñanza. Pero los siste- 
mas podían ser diferentes, era pues necesario establecer los me- 
jores métodos y la unidad de las doctrinas. No bastaba exami- 
nar los maestros, era preciso formarlos y crearlos nuevos y con 
esta mira se formó, en 179é, una escuela en que la celebridad 
délos profesores prometía nuevas luces á los hombres mas ins- 
truidos. No era, como se ha dicho, comenzar el edificio por el 
techo; era crear arquitectos para dirigir todas las artes emplea- 
das en la construcción de aquel. 

Cuanto mas difícil era esta misión, tanto mas era importan- 
te la elección de los profesores; mas la Francia, acusada enton- 
ces de haberse abismado en la barbarie, contaba talentos su- 
periores, ya en posesión del aprecio de la Europa; y se puede 



ÜHIVEKSAL. 275 

decir, gracias á sus vigilias, que nuestra gloria literaria lia sido 
también sostenida por conquistas. Sus nombres fueron designa- 
dos por la opinión pública, y el de Mr. de Yolney se halló aso- 
ciado á todo lo mas ilustre que había en las ciencias y las letras, 
y al de muchos hombres que hemos visto, y que vemos todavía 
con orgullo en los bancos de este recinto. 

Sin embargo, esta institución no llenó las esperanzas que se 
habían concebido de ella, poique de los dos mil discípulos ve- 
nidos de diversas partes de la Francia, no todos estaban igual- 
mente preparados á recibir estas altas lecciones; y porque no se 
había examinado con el cuidado debido hasta que punto la teo- 
ría de la enseñanza puede estar separada de la enseñanza mis- 
ma. 

Las lecciones de historia de Mr. de Yolney, que atraían un 
concurso inmenso de oyentes, llegaron á ser uno de los mas be- 
llos títulos de su gloria literaria. Obligado á interrumpirlas pol- 
la supresión de la Escuela Normal, debia prometerse gozar en 
el retiro de la consideración que sus nuevas funciones acababan 
de añadir á su nombre; pero entristecido por el espectáculo que 
le presentaba su patria, sintió despertarse la pasión que en su 
juventud le habia llevado al África y al Asia. La América civi- 
lizada después de un siglo, libre después de algunos años, atraía 
sus miradas. Todo allí era nuevo: el pueblo, la constitución, la 
tierra misma, objetos bien dignos de sus observaciones. Sin em- 
bargo, al embarcarse para este viaje le agitaban sentimientos 
bien diferentes délos que en otro tiempo le habían acompañado 
en Turquía. Joven entonces, habia partido alegre de un pais en 
que reinaba la paz y la abundancia, para ir á viajar entre bár- 
baros; ahora en edad madura, mas entristecido por el espectáculo 
y la esperiencia de la injusticia y de la persecución, no iba, de- 
cía, sin desconfianza á pedir á un pueblo libre asilo para un ami- 
go sincero de la libertad profanada. 

El viajero habia ido á buscar la paz mas allá délos mares, 
y se halló espuesto á una agresión de la parte de un filósofo no 
menos célebre, el doctor Priestley. Aunque el asunto de esta 
discusión se reducía al examen de algunas opiniones especula- 
tivas, que el escritor francés habia enunciado en su obra intitu- 
lada "Las Ruinas, 1 ' el físico mostró en este ataque una violencia 
que no añade nada á la fuerza del raciocinio, y una dureza de 
espresiones que no se debia esperar de un sabio. Mr. de Yolney, 
tratado en esta diatriba de ignorante y de hotentote, supo con- 
servar en su defensa todas las ventajas que le daban las faltas 
de su adversario. Respondió en inglés, y los compatriotas de 
Priestley no pudieron reconocer un francés en esta respuesta si- 
no por su agudeza y urbanidad. 

Mientras que Mr. de Yolney se hallaba en América, se 
creó en Francia el cuerpo literario que, bajo el nombre de Ins- 



276 ÁLBUM 

tituto, tomó en pocos años un lugar distinguido entre las socie- 
dades sabias de la Europa. Desde la primera formación se halló 
en él inscrito el nombre de nuestro viajero, y este adquirió nue- 
vos títulos á los honores académicos que le habían sido dispen- 
sados en su ausencia, publicando las observaciones que habia 
hecho en los Estados-Unidos. 

Estos títulos se han multiplicado por los trabajos históricos 
y filológicos del académico. El examen y justificación de la cro- 
nología de Herodoto, numerosas y profundas investigaciones so- 
bre la historia de los pueblos mas antiguos han ocupado largo 
tiempo al sabio que habia observado sus monumentos y sus hue- 
llas en los países que habian habitado. La esperiencia que tenia 
de la utilidad de las lenguas orientales, le habia hecho concebir 
un vivo deseo de propagar el conocimiento de ellas, y para pro- 
pagarle habia conocido la necesidad de hacerle menos difícil. 
Con esta mira concibió el proyecto de aplicar al estudio de los 
idiomas del Asia una parte de las nociones gramaticales que he- 
mos adquirido sobre las lenguas emopeas. Solo el que conoce las 
relaciones que ofrecen de semejanza ó conformidad, puede apre- 
ciar la posibilidad de realizar este sistema; mas se puede decir 
que éste habia recibido ya la aprobación menos equívoca, el 
mas noble estímulo por la inscripción del nombre de su autor en 
la lista de la sociedad sabia y ya ilustre que el comercio inglés 
ha fundado en la península de la India. 

Mr. de Volney ha desenvuelto su sistema en tres obras que 
prueban que la idea de unir naciones separadas por distancias 
inmensas y por tan diversos idiomas no ha cesado de ocuparle 
en el espacio de 25 años. Mas temiendo que estos ensayos, cuya 
utilidad habia penetrado, no fuesen interrumpidos después de 
su muerte, con la mano helada, con. que corregía la última obra, 
ha trazado en tu testamento una cláusula por la cual funda un 
premio para la continuación de sus trabajos. Así es como ha sa- 
bido prolongar, aun mas allá del término de una vida consagra- 
da enteramente á las" letras, los servicios gloriosos que las habia 
dispensado. 

Ni en este discurso, ni menos por mí, se puede apreciar el 
mérito de los escritos que han honrado el nombre de Mr. de Vol- 
ney: este nombre habia sido inscrito sobre la lista del Senado, 
y despues'sobre la de la cámara de los Pares, á la cual pertene- 
ce toda cíase de ilustraciones. 

El filósofo que habia viajado en las cuatro partes del mun- 
do, observando en ellas el estado social, tenia, para ser admitido 
en este recinto, otros títulos que su gloria literaria. Su vida pú- 
blica, su presencia en la asamblea constituyente, la franqueza de 
sus principies, la nobleza de sus sentimientos, la prudencia y la 
constancia de sus op'niones le habian hecho estimar entre estos 
hombres firmes con quienes es tan grato encontrarse en la discu- 
sión de los intereses políticos. 



ÜNTVEESAL. 277 

Aunque ninguno tenia mas derecho que él á formar opinión, 
ninguno se prescribía mayor tolerancia por las opiniones con- 
trarias* En las asambleas de Estado, en las sesiones académicas, 
el hombre que las esclarecía con tantas luces votaba según su 
conciencia, la cual nada podia hacer vacilar; pero el sabio olvi- 
daba su superioridad para escuchar, para contradecir con mode- 
ración y para dudar algunas veces. La estension y la variedad 
de sus conocimientos, la fuerza de su razón, la gravedad de sus 
costumbres, la noble sencillez de su carácter, le habian hecho en 
los dos mundos ilustres amigos; y hoy que este vasto saber ha 
ido á apagarse en la tumba, cerca de la cual una esposa en llan- 
to recuerda por sus virtudes las calidades respetables de aquel 
cuya vida adornó, nos es al menos permitido decir que era del 
corto número de hombres á quienes ha sido dado no morir ente- 
ramente. 



&ENX2RA& X&EXiIiXl 



El general Mellinet es uno de los gefes mas estimados del 
ejército francés. En sus primeros años hizo la campaña de Bél- 
gica, y mas tardo se formó en Argelia. De 184-1 á 1816 el gene- 
ral Mellinet se distinguió como comandante de batallón y como 
teniente coronel. Nombrado coronel del primer regimiento de 
la legión estrangera en 1846, y llamado al mando de la subdi- 
visión de Sidi-el-Abbés, Mellinet fué nombrado general de bri- 
gada á fines de 1851, y luego obtuvo un mando en la guardia 
imperial. En 1855 estuvo en el sitio de Sebastopol con una par- 
te de la guardia, y salió herido. Nombrado general de división, 
tuvo á sus órdenes la primera división de infantería de la guar- 
dia. En calidad de tal asistió á la terrible lucha del -4 de Junio. 
Su división, compuesta de los granaderos y de los zuavos de la 
guardia, debió resistir á las masas enemigas durante cuatro ho- 
ras, en tanto que el general Mac-Mahon daba cumplimiento á 
su feliz operación de Magenta. El general Mellinet perdió dos 
caballos en el combate. De sus dos generales de brigada, el uno, 
M. Cler, pereció, y el otro, M. "Wlmpflen, quedó herido. 

El general MeLinet es muy querido de los soldados por su 
carácter bueno y afectuoso; como hombre de guerra, se distin- 
gue por su solidez y sangre fría. 



DE 






El 1. ° de Abril de 18é5, el americano Cooper llegó con 
su buque ballenero El Manhattan á las aguas de San Pedro, 
isla pequeña situada á pocos grados al 8, E. de Niphon. La is- 
la es en general estéril, y daba indicios de estar inhabitada; pe- 
ro como el buque estaba muy cerca de la costa, se decidió visi- 
tarla con el objeto de proporcionar á la tripulación algunas tor- 
tugas frescas, cuya necesidad se hacia sentir vivamente. Des- 
pués de correr algunas bordeadas, se distinguió una pinaza 
grande y de construcción bizarra, muy semejante á las que se en- 
cuentran en los mares de la China. El capitán bajó á tierra con 
algunos hombres, se interno con ellos en la isla, y llegaron á un 
valle. Al corto rato distinguieron á poca distancia un grupo de 
hombres toscamente vestidos. Al ver estos á los marineros, pa- 
recieron alarmarse y se precipitaron hacia la parte mas retirada 
del valle. El capitán continuó su marcha, y llegó á una cabana 
donde había once hombres, los cuales supo después que eran ja- 
poneses. Al ver á los americanos, se prosternaron con la cara 
en el suelo y permanecieron así mucho tiempo. Estaban poseídos 
del mayor terror, y todos sus gestos indicaban que se creían a- 
menazados por la muerte. Pero el capitán Cooper los animó, y 
por medio de señas averiguó que habían naufragado en la cos- 
ta de San Pedro pocos meses antes. Entonces los condujo á la 
costa, les mostró su navio, y les dijo que si querían confiar en él 
los llevaría á Jeddo. Admitieron la proposición con el mayor 
gusto, y abandonando todo lo que tenían en la isla, se embarca- 
ron inmediatamente. 



UNIVERSAL. 279 

El capitán Cooper resolvió darse á la vela para Jeddo, ca- 
pital del imperio del Japón, á pesar de las leyes bien conocidas 
que prohibían su acceso á todo buque estrangero. Se proponía 
■dos objetos á cual mas laudables: el primero, volver los pobres 
náufragos á su patria, y el segundo producir una impresión 
fuerte al par que favorable en el gobierno japonés, haciéndole 
conocer la civilización de los Estados-Unidos, y sus disposicio- 
nes amistosas con respecto al emperador y al pueblo del Japón. 
Después se verá de que manera consiguió el segundo objeto. 

El capitán Cooper hizo levar anclas y dejó á San Pedro. 
A los dos dias de navegación, vio á cierta distancia en la mar 
un objeto informe, que era un buque japonés desarbolado y 
próximo á irse á pique; procedía de un puerto que estaba al 2Í, 
ile Niphon y se dirigía á Jeddo con un cargamento de salmón 
•salado. Hacia algunas semanas que se hallaba en aquel estado 
deporable, y flotaba á merced del viento. Como el dia siguien- 
te á este encuentro hubo una tempestad furiosa, el capitán pen- 
só que si no hubiera llegado á tiempo, el pobre junco no hu- 
biera dejado de irse á pique. Once hombres, japoneses todos, 
fueron recogidos en aquella embarcion, y trasbordados al Man- 
hattan', después se continuó el rumbo hacia la costa de Niphon. 
Entre los objetos recogidos á bordo del buque naufragado, se 
hallaban varios libros y una carta marítima de las islas princi- 
pales que componen el imperio del Japón. Mas abajo hablare- 
mos de esta carta marítima, que es quiza la muestra mas curiosa 
que se haya hallado hasta ahora del estado del arte geográfico 
en los países del estremo del Oriente. 

Al buscar la tierra, el capitán Cooper se halló muy al jST. 
de Jeddo. Se aproximó á la costa é hizo echar al agua la lan- 
cha, en la que se embarcó acompañado de dos de los japoneses 
que tenia á bordo. Yió muchas personas ocupadas en pescar á 
corta distancia de la costa, y conoció que era una comarca ha- 
bitada por pescadores. Las personas que vio parecían pertene- 
cer todas á la clase ínfima, pero tenían una fisonomía inteligen- 
te y parecían ser felices. Demostraron satisfacción al verle, y 
no le opusieron obstáculo alguno para su desembarque. Desde 
allí enrió uno de sus pasageroS japoneses á ver al emperador, 
que se hallaba á la sazón en Jeddo, con objeto de participarle 
su intención ó su deseo de entrar con su buque en el puerto de 
la capital. El motivo que alegaba era el de desembarcar los hom- 
bres que habia recogido en circusiancias tan críticas, y procu- 
rarse agua y víveres de que tenia absoluta necesidad la tripula- 
ción. En esteintermedio cambió el viento, y el buque americano 
se alejó tanto de la costa, que necesitó mas de una semana para 
volver á ocupar la posición en que se hallaban antes. El capitán 
Cooper volvió por segunda vez á tierra, y envió otros dos men- 
sajeros á la capital para esponer de nuevo su pretensión y par- 



280 ÁLBUM 

ticipar el impedimento que habia tenido. Después hizo rumbo 
hacia Jeddo,' y gracias á un viento propicio, llegó á la entrada 
de la bahía en cuyo fondo está situada la ciudad imperial. 

A la entrada de la embocadura fué abordada por una falúa 
procedente del puerto y mandada por un personaje cuyo trage 
suntuoso indicaba ser un funcionario de alta categoria. Este le 
participó que los mensajeros que habia enviado habían llegado 
á la corte, y que el emperador le concedía la licencia que soli- 
citaba para entrar con su buque. Sin embargo le mandó que 
anclara aquella noche detrás de un promontorio inmediato, pro- 
metiéndole que al día siguiente le remolcarían hasta el fondea- 
dero, que distaba unos cien metros de la ciudad. Al dia siguien- 
te sucedió así efectivamente. 

El buque fué visitado inmediatamente por muchos funcio- 
narios de todas clases, desde el gobernador de Jeddo y los ofi- 
ciales del estado mayor del emperador, cubiertos de ricos tisús 
bordados de oro y pedrerías hasta el último agente de policía ves- 
tido de andrajos. Todos parecían estar dominodos por una cu- 
riosidad insaciable, y habia el mayor afán por ver á los estran- 
jeros é inspeccionar las mil novedades que se presentaban á su 
vista. 

Un intérprete indígena que habia aprendido el holandés y 
pronunciaba algunas palabras inglesas, pero cuyos gestos eran 
mucho mas inteligibles, informó al capitán Oooper de que le es- 
taba prohibido, á él y á los individuos de su tripulación, el salir 
del buque, y que si alguno de ellos lo intentaba recibiría la 
muerte en el momento. Esta comunicación amenazadora le fué 
espresada con el auxilio de un símbolo muy significativo: el de 
una espada desenvainada colocada sobre el cuello. El capitán se 
condujo con la mayor urbanidad respecto á las personas que le 
visitaron; ganó su confianza y les aseguró que no pensaba abso- 
lutamen en infringir la ley que se le imponía. Anadió que su 
único deseo era dar á conocer al emperador y á los altos digna- 
tarios del Japón los sentimientos benévolos que animaban á los 
americanos hacia los japoneses. 

Pronto llegó, para los marineros japoneses que habia sido 
recogidos en la isla desierta y en la embarcación desarbolada, 
el momento de separarse de su salvador. Trataron de espresar- 
le con todas las demostraciones imaginables la viveza y sinceri- 
dad de su reconocimiento por las bondades que habia tenido 
con ellos. Le abrazaban, le besaban, y le prodigaban las cari- 
cias con los ojos preñados de lágrimas. Esta escena interesante 
y tierna, la descripción entusiasta que hacían los náufragos de 
toda la consideración y solicitud con que les habían tratado, y 
la conducta constantemente prudente y amistosa del capitán 
americano, produjeron la impresión mas favorable en el ánimo 
del gobernador de Jeddo. Asi es que este funcionario trató á 



UNIVERSAL. 281 

los estranjeros con la mas perfecta urbanidad durante su resi- 
dencia. 

Sin embargo, no se permitió ni al capitán ni á los marine- 
ros que salieran ni un momento del navio. Hubo á bordo cons- 
tantemente algunos oficiales encargados de evitar toda contra- 
vención á esta orden. Para mayor seguridad, y para impedir 
toda comunicación posible con la costa, fué rodeado y guardado 
el buque por una barrera triple de embarcaciones colocadas en 
círculo. Habia entre cada círculo de embarcaciones una distan- 
cia de unos cien pies, y la misma distancia separaba al buque 
americano del primer círculo. En toda esta primera línea esta- 
ban las embarcaciones amarradas unas á otras por la obra muer- 
ta, y con tal proximidad, que nadie podia pasar por entre ellas. 
Las popas estaban vueltas hacia el buque, y en cada una de ellas 
se habian fijado lanzas largas y otras armas de hierro de las for- 
mas mas raras y variadas. Parecia una panoplia de la edad me- 
dia. Estas armas estaban cubiertas con estuches barnizados; pero 
de tiempo en tiempo las descubrian sus dueños y las dejaban 
brillar bajo los rayos del sol, como queriendo recordar á los es- 
trangeros que cualquiera que tratara de pasar se vería espuesto 
á sus efectos mortíferos. Tenían también pabellones y gallarde- 
tes de diferentes formas y dibujos. En medio del círculo, entre 
la ciudad y el buque americano, estacionaba un junco grande, 
en el cual permanecían los oficiales que mandaban las guardias 
de que estaba rodeado el Manhattan. Los barcos que formaban 
el segundo círculo no eran tan numerosos, y los del tercero lo 
eran menos aun; pero todos reunidos presentaban á la vista una 
masa compacta. Habia cerca de mil, todos bien armados y tri- 
pulados. Aquel cuadro animado ofrecía un interés muy vivo 
para los americanos, que la mayor parte de ellos no habia oido 
hablar nunca de las costumbres raras de aquel pueblo separado 
del mundo y casi desconocido. Era un espectáculo sorprendente 
y magnífico durante el dia el que presentaban todos aquellos 
barcos simétricamente alineados, decorados con graciosas ban- 
derolas y brillando con las infinitas puntas de las lanzas que de- 
fendian sus popas; pero mas admirable era aun por la noche 
cuando se iluminaba la flotilla con un número infinito de linter- 
nas de todas formas y colores, y de la mayor trasparencia. Todos 
los americanos estaban estasiados, y creían hallarse en alguno 
de los países descritos en las Mil y una noches. 

El rigor de la vigilancia á que estaba sometido el Manhat- 
tan fué puesto á prueba por una casualidad. Deseando el capi- 
tán hacer componer uno de los botes, le mandó sacar sobre cu- 
bierta y botarle al agua para suspenderle á uno de los costados 
del buque. Al ver esto, todos los japoneses que estaban á bordo 
desenvainaron las espadas. El oficial que estaba de guardia pa- 
reció alarmarse mucho al ver el bote próximo á echarse al agua, 

36 



282 ÁLBUM 

y habló con bondad, pero algo acalorado, contra esta infracción 
aparente á la prohibición impuesta por el emperador, y asegu- 
ró el capitán Cooper que si no mandaba á sus manineros que 
suspendieran la operación, los matarían, y él también peligra- 
ría. El capitán le aseguró que no había tenido intención absolu- 
mente de ir á tierra, y le esplicó el objeto de la operación que 
tanto les había alarmado. Cuando el oficial japonés le hubo 
comprendido, manifestó la mayor alegría; mandó á la tripula- 
ción que dejara el bote, é hizo trabajar en él á varios carpinte- 
ros indígenas, que le compusieron sin echarle al agua. 

El Manhattan permaneció cuatro días fondeado delante de 
Jeddo. En este tiempo le suministraron al capitán por orden 
del emperador, madera, agua, arroz, legumbres de varias clases 
y algunas piezas de porcelana que le hacían falta. Por ninguno 
de estos objetos quisieron admitir renumeracion alguna: pero 
le intimaron esplícitamente la orden de no volver nunca al Ja- 
pon, para no incurrir en el desagrado del emperador. En estos 
cuatro días tuvo varias conversaciones con el gobernador de 
Jeddo y otras personas de distinción por medio del intérprete. 
En una de ellas le dijo el gobernador, que la razón de haberle 
permitido que se detuviera en las aguas del Japón, era el con- 
venciente que tenia el emperador de que no podía ser un jáca- 
ro evtrangero, puesto que se había desviado de su derrotero para 
devolver á su patria unos pobres hombres que le eran totalmen- 
te desconocidos. Añadió qne creyéndole el emperador digno de 
sus bordades, habia recomendado á los oficiales que le trataran 
con una deferencia y urbanidad escesivas, y que proveyeran á 
todas sus necesidades. 

La víspera de la partida del capitán Cooper, le envió el em- 
perador un escrito de su propio puño, como el testimonio mas 
notable de su afecto y estimación. Se dice generalmente que los 
grandes hombres tienen mala letra, y el autógrafo imperial era 
una prueba irrecusable de este aserto. Tal era el aspecto de 
aquellos caracteres largos é irregulares, que cualquiera hubiera 
creido que media docena de gallinas, recién salidas de algún 
lodazal, se habían posado varias veces sobre aquel pedazo tosco 
de papel. 

En la conversación que hemos citado anteriormente, y en 
que el gobernador recomendó al espitan Cooper que no volvie- 
ra al Japón, le preguntó éste qué debería hacer si se volvía á 
hallar en las mismas circunstancias. El gobernador se quedó al- 
go perplejo, se encogió de hombros y eludió la respuesta dicien- 
do que no debia volver. El capitán Cooper le preguntó entonces 
si debia dejar ahogarse ó morirse de hambre á los subditos japo- 
neses, estando en su mano el salvarles de otro naufragio. El go- 
bernador le contestó ¿ue el emperador prefería su muerte á re- 
cibir otra visita de estrangeros en sus dominios. — "Nunca, re- 



UNIVERSAL. 283 

plicó el capitán, dejaré yo ámis semejantes ahogarse, ó perecer 
por falta de alimento, á mi vista. ISi se presenta de nuevo una 
ocasión como esta, los salvaré y los recogeré á bordo de mi bu- 
que; pero desearía yo saber lo que he de hacer con ellos enton- 
ces." — "Conducidlos á cualquier puerto holandés; pero no vol- 
váis nunca al Japón." — Esto fué dicho por el gobernador con 
dulzura; pero al mismo tiempo con la firmeza y energía que con- 
venían al órgano oficial de la voluntad del emperador. 

El gobernador de Jeddo era un anciano de aspecto grave y 
dulce. Tenia los cabellos blancos; su fisonomía denotaba bondad 
é inteligencia, y sus ademanes eran dignos y decorosos sin afec- 
tación. Le interesaron mucho los datos que le dio el capitán 
Cooper sobre los habitantes y la civilización de América. Escu- 
sado es decir que éste trató por todos los medios imaginables de 
dejar una impresión favorable del nombre y carácter de los ame- 
ricanos, particularmente bajo el punto de vista comercial, en el 
ánimo de todos los oficiales cuya categoría les permitía tratar 
con cierta intimidad al emperador. 

El dia de la salida del Manhattan del Japón, el intérprete 
le entregó una carta abierta, sin firma, escrita en holandés por 
un calígrafo bastante hábil. En ella se encargaba á todos los ho- 
landeses que si encontraran al capitán Cooper en peligro de nau- 
fragio ó en cualquier otro apuro, que le socorrieran, y se espre- 
saba que él había socorrido también á subditos japoneses que se 
hallaban próximos á perecer, y los habia llevado á su patria. Se 
declaraba además, para satisfacción de la Holanda y de la Chi- 
na, únicas naciones en el mundo con quienes el Japón tiene 
tratados de comercio, y cuyos buques pueden entraren sus puer- 
tos, que no se habia permitido á ninguna de las personas que 
iban á bordo del buque estrangero que comunicara con la costa, 
añadiendo que se habia vigilado estrictamente para que no tu- 
vieran noticia ni datos de ninguno de los artículos del comercio 
indígena; pero que como el buque habia estado mucho tiempo 
en el mar y carecía de madera, víveres y agua, se lo habia pro- 
porcionado el gobierno. 

El capitán Cooper estuvo en el Japón en el mes de Abril, y 
describe el clima y el pais como muy agradable. Todas las par- 
tes de la costa que pudo distinguir estaban cubiertas de una ve- 
getación vigorosa. Todas las colinas, todos los valles parecían 
hallarse en un estado de cultura admirable. En los sitios en que 
el genio agrícola de los'habitantes habia tenido que luchar con 
las desigualdades demasiado bruscas del terreno, habían forma- 
do terraplenes. En una estension de varias millas, el pais pre- 
sentaba el aspecto de un jardín estenso. Numerosas casas, blan- 
cas y limpias, cubrían todo el campo. Algunas estaban tan bien 
situadas en la pendiente de las colinas y rodeadas de un ramaje 
tan verde y tan frondoso, que los marineros encantados suspira- 



28á ÁLBUM 

ban deseando hallarse al abrigo d& sus campestres techos. Todo 
parecía respirar paz y tranquilidad, y un encanto irresistible im- 
pedia separar la vista de aquellos sitios deliciosos. 

El puerto de Jeddo presentaba una población marítima muy 
considerable, que parecía ser tan industriosa como la población 
agrícola del interior. A cualquier punto del horizonte que se di- 
rigiera la vista, se veían embarcaciones ancladas ó á la vela, de 
todas clases y tamaños; desde el frágil esquife hasta el junco gi- 
gantesco. Jeddo parece ser el centro de un comercio de cabo- 
tage inmenso. Toda aquella costa está animada por la actividad 
y el bullicio propio de este tráfico. 

Según las observaciones del capitán Cooper, los japoneses 
son hombres de corta estatura, anchos ele cuerpo y robustos. Su 
tipo no presenta el carácter mongol tan pronunciado como en 
los chinos. Su tez es de un color cetrino. Manifiestan general- 
mente inteligencia, urbanidad y buena educación. El traje de 
la clase ordinaria del pueblo se compone de pantalones anchos 
y de un casaquin holgado de algodón azul. Los dignatarios y 
las personas de alta gerarquía se visten de ricas telas de seda 
cubiertas de bordados de oro, y guarnecidas de cordones, de se- 
da también, cuyo color varía según el grado. Algunos de estos 
personages estaban vestidos con tal esplendidez, que escitaron 
la admiración de los americanos. 

La lana no se usa en los trajes de los japoneses. Los tejidos 
de esta materia parecieron sorprenderles mucho, los examina- 
ban con mucha atención y como cosa enteramente nueva para 
ellos, tanto, que se llevaron á tierra como objetos de curiosidad 
algunos pedazos de tela de lana que se les dieron. 

La carta marítima de que hablamos anteriormente es tal 
vez uno de los monumentos mas curiosos que se pueden ver de 
la civilización japonesa. Comprende la isla de Niphon, todas las 
islas que están al Sur de Jeddo y algunas de las que están al 
Norte. Tiene cuatro pies de larga y cuatro de ancha; cuando es- 
tá doblada parece un libro de coro admirablemente encuader- 
nado. Las proyecciones de las islas están trazadas en una escala 
escesivamente grande. Los accidentes mas insignificantes de la 
costa y todos los puertos de comercio, grandes y pequeños, están 
marcados en ella con la exactidad mas minuciosa. Están indica- 
dos cuidadosamente todos los puertos del comercio de cabotaje 
en el grupo entero desde Jeddo hasta Nangasaki. Pero la parte 
mas interesante de este dibujo es la topografía del interior de las 
islas. Están divididas en distritos, y cada uno de estos tiene un 
color distinto. 

Las aldeas mas insignificantes están señaladas y se espresa 
su nombre. También están dibujados en ella, pero en tamaño 
menor, la residencia de los gobernadores en los distritos y los 
demás establecimientos públicos. Cada casa está indicada con 



T7NIVERSAI. 285 

forma y color diferente; al ver su semejanza y la igualdad del 
número de distrito, se infiere que la adminisrracion japonesa de- 
be estar sistemáticamente regularizada. Los rios con sus afluen- 
tes mas insignificantes, están trazados en todo su curso, particu- 
larmente hasta su nacimiento. Su número y estension son sor- 
prendentes; no hay terreno que pueda ofrecer mayor abundan- 
cia de aguas que la isla de Efiphon. Todo el interior de esta pre- 
senta el aspecto de una comarca surcada por una infinidad de 
canales. Pero estos canales aparentes son rios cuyo curso se 
puede seguir desde su nacimiento hasta su confluencia con otros 
rios ó su desembocadura en el mar. 

Los caminos públicos son escesivamen te numerosos. Cruzan 
el pais eu todos sentidos, indicando una actividad estraordinaria 
en las comunicaciones de las diferentes partes del imperio entre 
sí. En varios puntos están bosquejadas por colores cscuros mon- 
tañas elevadas, las cuales están reunidas generalmente en cordi- 
lleras pequeñas, que ocupan un espacio reducido. La configura- 
ción del terreno ofrece pocos accidentes: todas son colinas altas 
alternando con valles inmensos. Estos encierran arroyos y fuen- 
tes que fertilizan la tierra con sus aguas, y dan mil ventajas y 
estímulos á una población industriosa, entregada como lo está el 
Japón á la agricultura y al comercio. 

Esta carta marítima, así como otros muchos objetos que ha 
conservado el capitán Cooper, habian sido dejados impensada- 
mente en la embarcación de los japoneses. Estos hubieran de- 
seado sobremanera dejarle varias cosas que sabían que le inte- 
resaban, pero le aseguraron que peligraban sus vidas si llegaba 
á saber el emperador que habian proporcionado álos estranjeros 
los medios de profundizar el misterio de que están rodeadas las 
instituciones del país, Manifestaron mucha inquietud sobre este 
punto, y al aproximarse á Jeddo escondieron ó destruyeron va- 
rios objetos que tenían. El capitán Cooper no quiso abusar de la 
dependencia en que se hallaban con respecto á él, y los dejó, en 
esto como en todo, la libertad mas completa. 

Después de haber estado fondeado cuatro dias y haber com- 
pletado las provisiones de víveres, agua y leña, comunicó el ca- 
pitán á los japoneses que se hallaba corriente para marcharse; 
pero cambió el viento repentinamente, y no pudo salir del fon- 
deadero, á pesar de lo mucho que lo deseaba, no porque el go- 
beruadorjaponés anunciara siquiera la intención de obligarle á 
salir, sino porque habiendo satisfecho completamente los fines 
que se propuso al dirigirse á Jeddo, no tenia interés ninguno en 
permanecer mas tiempo allí. Determinó pues esperar á que el 
viento fuera favorable y á que cesara la marejada para salir del 
puerto; pero cuando supo el gobernador la causa de su retraso 
en salir, le dijo que él se encargaba de hacerle superar aquellos 
obstáculos. Dio sus órdenes y se levó el ancla; en seguida una 



286 ÁLBUM 

fila inmensa de embarcaciones, tan larga que no era posible 
contarlas, fué á ponerse delante del buque amarrando su bau- 
brés con un cable de remolque. Estaban colocadas las embarca- 
ciones de cuatro en cuatro y se pusieron en movimiento con el 
mayor orden, á pesar de que según el parecer del capitán de- 
bían pasar de mil. Aquella comitiva inmensa ofrecia un espec- 
táculo maravilloso á los marineros americanos. Las embarcacio- 
nes en lugar de ser impulsadas por varios remos puestos en lo» 
costados, se movían por medio de un solo remo manejado por 
varios hombres. De esta manera fué remolcado el Manhattan 
basta diez millas en alta mar, y el oficial que mandaba la escua- 
drilla le hubiera conducido á mayor distancia á no ser que el 
capitán le hubiera asegurado que no era necesario. Entonces Ios- 
japoneses se despidieron con la mayor política del capitán, y 
mientras que la inmensa fila de barcos se dirigia hacia la costa 
con un movimiento lento y gracioso, el buque americano hizo 
rumbo hacia las regiones menos hospitalarias del Kameharka, 
Toda la tripulación llevaba del Japón recuerdos curiosos é inte- 
resantes, y el capitán celebraba la casualidad que le había pues- 
to en contacto con aquel pueblo singular, que en medio de so 
aislamiento ha llegado á adquirir una civilización de las mas- 
avanzadas. 



EXPEDICIÓN DE CUCHICHÍA. 



El día 1? de Febrero salieron de Tarana los primeros bu- 
ques destinados á atacar la antigua capital del Cambodja, situa- 
da á 10° 54' latitud Norte, 112° 54' longitud oriental del meri- 
diano de San Fernando, sobre la orilla del rio Dong-Hai, á vein- 
te y nueve millas de su embocadura, medidas en distancia geo- 
gráfica, y á unos 40', siguiendo el curso de las aguas por los ro- 
deos del principal de sus brazos. 

Los buques de vanguardia eran los de vela españoles Pre- 
ciosa y Encarnación', franceses Canrobert y Port de jBordeaucc, 
j el vapor de guerra español Elcano, á bordo del cual se embar- 
caron de la clase de gefes, el comandante de estado mayor 
D. Miguel Primo de Rivera y el comandante teniente coronel, 
caoitan de artillería D. Francisco Rull. El R. P. Fray Manuel 
Rivas estaba embarcado en la Encarnación para desempeña? el 
cargo de intérprete, en el cual prestó servicios. A los tres dias 
les dieron alcance. El Phlegeton (donde enarboló su insignia el 
almirante), Saone (que conducía la mayor parte de la fuerza es- 
pañola, con su coronel gefe D. Bernardo Rniz de Lanzarotc), 
Primauguet, Mehurte y las cañoneras Dragonne, Avalanehe y 
Alartne, habiendo vuelto á Turón la Durante por haber tenido 
avería. 

La división se hallaba reunida el 9 de Febrero en la embo- 
cadura del rio de Saigon, á los cuatro buques mercantes fleta- 
dos para conducir los caballos del cuerpo expedicionario y las 
provisiones de material, carbón y ganados. El 10 por la mañana, 



288 ALIÍÜM 

k>s dos fuertes que defendían el fondeadero ínterícrdel cabo á& 
Santiago, fueron atacados y destruidos. Después de un recono- 
cimiento hecho á bordo de la Dragonne por el gef& de estado 
mavor Reybaud, toda la división naval anclaba el 11 en el fon- 
deadero de Ngna. El fuerte del Oangio, situado en el camino, 
fué cañoneado, abrasado por las bombas del Phlegeton, y vola- 
do de resultas. El almirante subió el rio á la cabeza de dos cor- 
betas de vapor, de tres cañoneras y del aviso español que remol- 
caba las cañoneras y las canoas armadas en guerra con tres tras- 
portes. El cuerpo de desembarco se componía, además de los 
marinos, de tres compañías de infantería francesa (teniente co- 
ronel Reybaud), de dos compañías españolas (comandante Po- 
lanco), de un destacamento de artillería de marina (capitán La- 
cour), y de algunos zapadores de ingenieros (capitán Gallimard). 
Con el conjunto de esas fuerzas fueron tomados sucesivamante 
desde el 11 al 15 de Febrero los fuertes de Ongia. de Bigueca- 
que, de Kiala, de Tay-Ray y de Tang-ki. La posición de esos di- 
ferentes fuertes les permitía cruzar sus fuegos para defender las 
vueltas difíciles del rio. Tres de esas obras estaban protegidas 
por estacadas formadas de gruesos maderos y de barcos brulotes 
sólidamente encadenados. Todas estas obras, abordadas con el 
mayor ímpetu fueron tomadas por las tropas aliadas á pesar de 
las dificultades de un terreno cenagoso, cubierto di numerosos 
caballos de frisa y enrisado de espinosos bambús. Tomado cada 
fuerte, se destruían las piezas de hierro, se embarcaban los ca- 
ñones de [bronce, se arrojaban al agua la pólvora y los proyec- 
tiles, y la obra misma era arrasada por los zapadores, de modo 
que el rio abierto no pudiera volverse á cerrar sobre el pequeño 
cuerpo expedicionario. 

Así es que de ataque en ataque y de triunfo en triunfo, lle- 
gó este el 15 por la tarde delante de los dos fuertes construidos 
por ingenieros franceses, que defienden la ciudad de Saigon al 
Sur, como la ciudadela la defiende al Norte. El 13 se le había 
incorporado por el Pregení, que llegaba de Hong-Hong con el 
correo, el comandante de ingenieros Dupré Deroulede. 

Apenas la cañonera de vanguardia Alarme echó el ancla 
en el codo que forma el rio por debajo de esas obras, que una y 
otra rompieron el fuego. Una de ellas estaba oculta por un ri- 
bazo: la otra, que mostraba una de sus caras, fué atacada inme- 
diatamente y reducida al silencio. Por la noche se dispuso el al- 
mirante al ataque de la segunda. Llegado el dia hizo tomar á los 
buques sus posiciones de combate, á 800 metros del fuerte en 
una línea de frente, y tan cerca los unos de los otros á causa de 
la estrechez del canal, que desde el puente del Phlegeton podia 
á la vez dar sus órdenes á los otros seis buques. Los disparos fue- 
ron notables: desde las posiciones armadas por los mejores tira- 
dores de la infantería, llegaban las balas cayendo, sobre las ca- 



UNIVKBSAL. 289 

Soñeras enemigas. La contestación fué viva; numerosos proyec- 
tiles herian al cuerpo y á las obras de los buques. Solo después 
de tres cuartos de horas, este fuerte, y el de la otra orilla, que 
habia vuelto á abrir su fuego principiaron á fiaquear. A las 
ocho, las dos obras cayeron en poder de las tropas aliadas. El 
fuerte de la orilla derecha fué desmantelado y el de la orilla iz- 
quierda ocupado para servir de apoyo á los buques de traspor- 
tes y de convoy. El comandante Jaureguiberry, el comandante 
de ingenieros Dnpré Deroulede y el capitán de artillería Lacour, 
fueron enviados al punto sobre la Avaíanche para reconocer el 
plano de la ciudadela de Saigon. Esta ciudadela, de frentes pro- 
porcionados, está situada á 800 metros del fuerte ocupado por 
nuestras tropas; sus caras, cada una de las cuales presentaba un 
desarrollo de 175 metros, están en casi su extensión por bosques, 
jardines y casas. No se descubre desde el rio mas que una puer- 
ta situada al extremo de una calle de árboles, un mástil de ban- 
dera y el techo de algunos grandes almacenes, puntos que fue- 
ron señalados con especial cuidado á todos los capitanes. 

El 17, al amanecer, tomaban posición todos los buques; el 
Phlegeton en frente de la puerta, el Primauguet^Aa. Alarme y la 
Avaíanche delante, y la JJraaonne, Elcano y el Pregent detrás. 
El fuego muy lento, en un principio fué aumentando poco á po- 
co en intensidad, siempre con tal precisión, que bien pronto los 
disparos del enemigo, cuyas balas atravesaban los mástiles, des- 
mayaron sensiblemente. Era llegado el momento de intentar el 
asalto: las tropas, lanzadas á tierra fueron formadas en colum- 
na al abrigo de las casas, bajo la protección de los morteros y 
de los tiradores, situados en sus posiciones. Agrupadas las tropas 
y disparando todavía el bastión del Sudoeste, el comandante Pa- 
llieres recibió la orden de lanzarse en las espesuras que se ha- 
llaban sobre la izquierda con dos compañías de infantería de 
marina y las compañías de desembarco del Phlegeton, del Pri- 
mauguet y de Elcano, y romper al abrigo de l^s bosques, un 
fuego nutrido sobre las cañoneras que aun conservaban sus pie- 
zas. El capitán Gallimard j sus zapadores, fueron asociados á 
esa columna para hacer volar alguna puerta del fuerte ó facili- 
tar el escalamiento. Una compañía de cazadores españoles, á las 
órdenes del comandante Polanco, fué apoyada, en caso necesa- 
rio, el movimiento de aquella columna. Quedó un batallón de 
reserva en la playa al mando del teniente coronel Keybaud. Por 
último, el cuerpoespañol mandado por el coronel Lanzarote y el 
medio batallón de la izquierda de los marinos, apostaron á mar- 
char á paso de carga con los morteros bajo los muros de la que 
el fuego de los tiradores tuvo un éxito completo: el enemigo, 
herido en todos sentidos abandonó sus piezas, y nuestras tropas 
se lanzaron al asalto por las escalas. 

Sin embargo, á nuestra derecha, un grueso pelotón de ene- 

37 



290 ÁLBUM 

migos, mas de mil hombres, sostenía el fuego de fusilería contra 
una de nuestras compañías de infantería. El coronel Lanzarote 
fué encargado de rechazarlos con sns tropas mas allá del bi-azo 
del rio que bordea la cara Norte del fueírte. Este movimi e nto 
fué ejecutado bien y rápidamente. Alas diez todo estaba te f mi- 
nado. Por la tarde, las compañías de desembarco voivier on á 
sus buques, en tanto que las tropas francesas y españolas ocupa- 
ron los numerosos v vastos acuartelamientos de la cindadela. Tal 
es la narración de los combatessncesivos que en el curso de una 
semana nos han hecho dueños de veinte y cinco leguas de rio, 
defendidas por estacadas y once fuertes, igualmente que de la 
ciudad y de la ciudadela de Saigon. Las pérdidas del enemigo 
han sido considerables; las nuestras insignificantes, reduciéndo- 
se únicamente á un corto número de heridos. A pesar de las fa- 
tigas impuestas á todos por la rapidez de esas operaciones, el es- 
tado sanitario del cuerpo expedicionario es tan satisfactorio co- 
mo puede serlo. La toma de la ciudadela de Saigon y de los 
fuertes del rio, nos ha hecho dueños de un material considera- 
ble: cerca de 200 bocas de fuego de hierro y bronce, una corbe- 
ta y siete juncos de guerra todavía en los arsenales. La ciudade- 
la encerraba un arsenal completo; contando lo que habia en los 
fuertes, puede evaluarse en 20,000 el número de las armas de 
mano; solo la ciudadela contenia 85,000 kilogramos de pólvora 
en cajones ó en barriles, sin contar la pólvora en sacos, cartu- 
chos y mixtos. Los proyectiles y las balas estaban en proporción. 
Los almacenes contenían salitre, azufre, plomo en barras, equi- 
pos militares, arroz para alimentar de seis á ocho mil hombres 
durante un año, y una cajr. militar que contiene 130,000 francos 
en moneda del pais. La pérdida del gobierno annamita no pue- 
de evaluarse en menos de 20 millones. 

Dentro de Saigon se han hallado con la canga [martirio 
chino], una porción de cristianos que han recibido la libertad 
muy á tiempo, pues el domingo anterior acababa de ser desolla- 
do un sacerdote indígena y á estos les esperaba la misma snerte. 
El extenso espacio de la cindadela contiene muchos y buenos 
edificios; los mas notables son cinco colosales almacenes de 140 
metros de longitud por 13 de anchura, cuatro grandes casernas, 
una magnífica pagoda, casas de mandarines y otras construccio- 
nes análogas. Se lia apresado una corbeta de forma europea y 
de 20 piezas. Desde la entrada del rio hasta la toma de Saigon, 
se han disparado por los aliados 1,025 cañonazos, y han sido co- 
gidas al enemigo infinidad de piezas de todos calibres. 

Los alrededores de la población son encantadores. A la en- 
trada del Dong-Nai la vista es deliciosa, aunque su variado ver- 
dor es únicamente debido á inmensos mangles: pero á medida 
que se avanza se empieza á distinguir tierra firme y cultivada 
entre espesos bosques de árboles elevados y hojosa maleza, has- 



UNIVERSAL. 291 

ía presentarse unas vegas fértiles y extendidas, cruzadas de ria- 
chuelos ó interrumpidos por poéticos caseríos, rodeados de jar- 
dines y selvas, donde pululan con pasmada abundancia toda cla- 
se de animales domésticos entre elevadas pilas de blanquísimo 
arroz. Los habitantes llevan turbantes, y visten largas túnicas 
que no carecen de elegancia; están mas civilizados de lo que se 
cree. ! a pagoda de Cho-Chiqnkíi caido por tierra á impulso del 
pico del zapador por hallarse comprendida en la zona militar del 
Dongca-the, que se está reedificando para dejar en él algunas 
fuerzas La cindadela de Saigon se estaba minando para ser vo- 
lada, y los inmensos edificios rellenándose con astas de lanza, 
cajas de fusiles, muebles magníficos, cureñas y otros objetos com- 
buetibles. En medio de estos dolorosos, pero necesarios estragos, 
nos parece poco acertado que muchos libros y documentos que 
encerraban los archivos perfectamente numerados y organizados, 
se hayan destinado también á ser pasto de las llamas. 

Para apreciar el conjunto de los resultados de la expedi- 
ción, hay que añadir á él la decadencia de la influencia moral 
sobre los reinos vecinos, y ese golpe no será menos sensible que 
el primero. Con esa idea, para pesar á la vez sobre el gobierno 
annamiía y sobre los gobiernos de los países limítrofes, quedará 
temporalmente en el rio una división naval y se apoyará sobre 
uno de los fuertes del Sud de la ciudad. Mientras que el cuerpo 
expedicionario daba en el Sur del imperio ese rudo golpe al po- 
der annamita, el destacamento encargado de la defensa de Tu- 
rana rechazaba el 6 y el 7 de Febrero los ataques del enemigo, 
alentado sin duda por la marcha del almirante y de una porción 
de buques de guerra. A consecuencia de una tentativa hecha 
por los cochinchinos para arrojarnos de la ribera y del fuerte 
que en ella ocupamos. El comandante Faucon, al frente de los 
marinos y los soldados de la escuadrilla y de las compañías de 
desembarco enviadas en su socorro, destruyó baterías cochinchi- 
nas, matando mas de 150 hombres al enemigo. A la salida del 
correo el 29 de Febrero, todo estaba tranquilo en Turana, y el 
estado sanitario habia mejorado sensiblemente. La ciudad de 
Saigon contaba 200,00<> habitantes. Estos huyeron en su mayor 
parte, dejando completamente deshabitadas sobre 2,000 casas, y 
entre ellas 7 palacios. Las tropas annamitas, tan valientes con los 
inermes soldados de Cristo, huían á la desbandada, las balas ra- 
yadas habían penetrado en las casas próximas incendiando los 
arrabales. Los preparativos de defensa eran inmensos; intercep- 
taciones formadas con barcas cargadas de hojas sec; s, el rio ates- 
tado de balsas de bambús, los arroyos confluentes lleno de bar- 
cas incendiarias, en las orillas y hasta sobre los árboles, grandes 
piedras unidas unas á otras para aplastar á los que pasaban, to- 
do esto se veia, y sin embargo, ni la división naval experimentó 
averías considerables, ni entre las tropas españolas y francesas 
ha habido ningún herido en la tomadela ciudad, cosa admirable. 



El lector recordará que este es'el nombre simbólico con 
que en un artículo recien publicado en el Correo decia } T o que 
pudiera muy bien designarse á Paris. En efecto, creo que es el 
que mejor caracteriza á esta ciudad, necesariamente simpática 
á todos los que la conocen bien. En aquel articulo no hice mas 
que apuntar al correr de la pluma algunas de las causas en que 
se funda, á mi juicio, ese carácter de universalidad que atribuí 
á Paris y que constituye su superioridad indisputable sobre to- 
das las ciudades del mundo; voy ahora á desarrollar esta misma 
idea con algunos pormenores. 

Por ejemplo, decia yo que en Paris se encuentranj^todas las 
épocas históricas representadas y como vivas en hermosos mo- 
numentos; — grande atractivo para el artista, para el arqueólo- 
go, para el historiador, para el poeta, para todos los hombres de 
imaginación; en una palabra, para una infinidad de personas. 
Verdad es que otras muchas se rien de lo que ellas llaman des- 
deñosamente esas antiguallas y no andarían diez pasos por ir á 
verlas; pero también para estas gen\ es positivas, como ellas mis- 
mas se denominan, tiene Paris sus especiales encantos. Barrios 
enteros encontrarán aquí, construidos de ayer con la fria regu- 
laridad de un tablero de damas, que no ofrecen ala imaginación 
ni un solo recuerdo, pero que en cambio tienen el mérito positi- 
vo de presentar reunidos todos los adelantos del moderno confort. 



CiUVERSAi. 293 

También esto tiene su valor; sin embargo estoy por la opinión 
de los que miran como uno de los mayores atractivos de Paris 
la multitud de recuerdos históricos que á cada paso brotan por 
decirlo así de cada una de las viejas piedras de sus venerables 
edificios antiguos. 

Vamos á pasar revista á algunos de esos edificios acompa- 
ñados de sus recuerdos, como el Cuerpo de su sombra. A veces 
no son los edificios los que hablan mas aquí á la imaginación, 
sino los sitios en que han pasado grandescosas. Recorramos tam- 
bién algunos. 

La isla llamada la Cité, cuna del actual Paris y que fué a'- 
gun dia Paris entero, está poblada de recuerdos poéticos de la 
antigüedad romana, de las invasiones bárbaras y de la edad me- 
dia. Entre estos últimos, campea sobre todos el de los trágicos 
amores de Abelardo y Eloísa. En el muelle hoy llamado de Na- 
poleón (quai Napoleón), en el punto en que remata en él la calle 
des chantres, existe todavía, (yo la he visto, ayer mismo), una 
casa de regular apariencia, señalada con los números 9 y 11, 
allí vivieron aquellos dos célebres amantes. Al pié de aquellas 
ventanas acudían en tropelías turbas de estudiantes á entonar 
los cánticos de amor compuestos por el enamorado filósofo en 
honor de su Eloísa. Todo el pueblo la conocía, todos estaban en 
el secreto de aquellos amores, que tan venturosa la hacían y de 
que estaba ella tan ufana, porque todos repetían los dulces ver- 
sos de su querido. En un cuarto de aquella casa satisfizo 
el canónigo Fulberto su atroz venganza: una inscripción 
en letras de oro eseulpida en una lápida de mármol blan- 
co recuerda en estos términos el nombre de aquellos^ ilustres 
amantes: 

ANTIGUA HABITACIÓN DE ELOÍSA Y ABELARDO 

1118. 

REEDIFICADA EN 1849. 

Encima de las dos puertas que dan á la calle, doa medallo- 
nes de piedra representan el uno á Eloísa, el otro á Abelardo, 
ambos de perfil y mirándose cara á cara como si todavía quisie- 
ran decirse su amor, — como si su amor debiese durar en el mun- 
do tanto como la fama de sus nombres. 

El Palacio de Justicia y la Santa Capilla, precioso 
monumento de la mas pura arquitectura gótica, son inse- 
parables^ de la memoria de San Luis, aquel gran rey de 
quien dice una de las mas malignas redondillas populariza- 
das en España por el espíritu de partido durante la guerra de 
la independencia: 



291 ÁLBUM 

San Luis, rey de Francia, es 
El que con Dios pudo tanto, 
Que para que fuese santo 
Le dispensó el ser francés." 

Graciosa pero muy injusta invectiva contra una nación que 
lia producido tantos y tan gloriosos santos como la que mas. 
Una curiosa anécdota va unida á la llamada Torre del Reloj) 
que forma la esquina del Palacio sobre el mercado de las flores. 
En el año 1370, Carlos V. llamado el Victorioso gracias al fa- 
moso Dugueschin ó Bertrán Claquin, como le llaman nuestras 
historias, hi/.o construir el primer reloj de pared conocido en 
Francia, obra del ingeniero mecánico alemán Enrique de Vic. 
El rey le dio habitación en la torre misma del Palacio de Jus- 
ticia en que debia construir el reloj y que es la misma que aun 
lleva este nombre, y al cabo de poco tiempo, con universal a- 
soinbro de los parisienses, la desconocida máquina empezó á 
dar las horas, las medias y los cuartos y á apuntar los minutos 
en el cuadrante, maravilla que duró unos veinte años. 

Sucedió empero una mañana del mes de Junio que el reloj 
amaneció mudo. Era ya muy entrado el dia, el tiempo habia ca- 
minado según costumbre y el reloj no daba hora ninguna: ti 
minutero permanecía clavado en un punto. ¿Qué maleficio ha- 
bía caído sobre la maravillosa máquina? El vulgo alborotado 
con aquella novedad agota en sus hablillas todas las conjeturas 
imaginables y forma un gran Tumulto al pié de la silenciosa tor- 
re, cuando acierta á pasar por allí, gravemente montado en su 
muía y dirigiéndose al Consejo del rey el señor de Orgemont, 
canciller de Francia. Infórmale el magnate de la causa que así 
trae al buen jpopular de París arremolinado é inquieto, y noti- 
cioso de lo qité pasa, manda abrir las puertas de la torre, en la 
cual penetra acompañado de su escolta, no sin recelo de alguna 
emboscada del demonio. Llegan al cuarto del relojero y le en- 
cuentran muerto, tendido en el suelo, los ojos inmóviles, vuelta 
la cara hacia la portentosa máquinaj inmóvil y muerta como él. 
La llave con la que la habia dado cuerda el dia antes, estaba 
todavía entre sus dedos crispados; sin duda que momentos antes 
de morir habia querido revisar su obra, admirarla, añadirle tai 
vez alguna nueva mejora. La vida del artífice y el movimiento 
del reloj habían cesado en un mismo punto, como si ambos los 
sustentara y dirigiese una misma alma. 

Cuando dos siglos después, en 1585, se sustituyó á la infor- 
me máquina del alemán Enrique de Vic otra algo menos imper- 
fecta, un poeta jurista tuvo la feliz idea de estampar encima de 
ella este dístico, que todavía se conserva como una saludable 
lección de justicia fundada en la exacta división del tiempo. 



UNIVERSAL. 295 

Machina quce bis sex i&m juste dividit horas 
Justitiam servare monet legesqne tueri. 

A pocos pasos de esta torre sobre el muelle, se halla la 11a- 
mada de la Conciergerie, donde todavia se conserva la estancia 
á que fué trasladada desde la prisión del Temple, la desgraciada 
reina María Autonieta. En la misma estuvo preto algún tiempo 
el actual emperador de los franceses, durante el reinado de Luis 
Felipe. 

En los barrios antiguos de Paris apenas puede darse un pa- 
so sin tropezar con algún sitio consagrado por la memoria do 
algún hecho célebre: esta ciudad ha metido siempre tanto rui- 
do en el mundo que su crónica particular es algo mas, ó algo 
menos, conocida de toda persona medianamente instruida. Los 
franceses en fuerza de su actividad y de su fecundidad inauditas, 
han logrado que las cosas de su pais sean conocidas en España, 
por ejemplo, que las nuestras propias: creo que lo mismo ha de 
suceder en todos los paises. A sus novelistas debe principalmen- 
te la Francia el privilegio de su asombrosa popularidad en el 
mundo. Pocos extrangeros habrá en Paris bastante ignorantes 
para pasar por la calle de la Ferronnérie sin buscar en ella el 
sitio en que el puñal de Ravaillac traspasó el noble corazón de 
Enrique IV; pocos pasarán por delante de la gran fachada del 
Louvre que mira al rio sin buscar la ventana maldita, fácil de 
reconocer por su restauración reciente, desde donde Carlos IX 
«lió la señal de la matanza de los desprevenidos hugonotes en la 
horrible noche de la Saint- Barthelemy \ 

Pocas veces he pasado por la calle de VAncienne Comedie 
sin entrar un momento en el famoso café Procope y sentarme á 
la mesa en que todos las tardes tomaba Voltaire lo que él lla- 
maba un un veneno lento, — muy lento, tan lento, que hacía 
ochenta años, decía, que lo estaba tomando y todavia no habia 
empezado á sentir sus efectos mortales: aquel veneno era el café. 
Allí se reunía la flor de los beax-svrits de su época: aquel era el 
cuartel general de los enciclopedistas. Bajando hacía la calle 
Dauphine, cruzando el Puente Nuevo y penetrando en la calle 
de Fossés-Saint-Germa.in, se encuentra en el callejón de Sour- 
dis la casa en que exhaló el último suspiro la hermosa Gabrie- 
la d'Estrées el ídolo de Enrique IV. ... y de tantos otros antes 
que el. 

En la plaza Dauphine el fanatismo y mas aun la rapacidad 
de Felipe el Hermoso levantó la hoguera del gran maestre San- 
tiago Molay y de sus valerosos Templarios. 

El nombre de la calle de la Jusienne (corrupción deZ' Egip- 
tienne, la Egipcia ó Gitana) recuerda una antigua leyenda que 
sin duda inspiró á Victoí Pingo su deliciosa creación de la Es- 



290 ÁLBUM 

meralda. La historia es la misma: trátase de una pobre y linda 
gitanilla, requerida de amores por un soldado, por un clérigo y 
por un miserable contrahecho, en quienes cualquiera reconocerá 
al capitán Febo, al Claudio Frollo y al campanero Quasimodo 
de Nuestra Señora de Paris. También la antigua Jussienne iba 
acompañada de una cabrita sospechosa, según dice la leyenda, y 
esta'fué la ocasión de su desastrada muerte. Lo repito, la historia 
es la misma pero vivificada en nuestros dias por el genio de Víc- 
Hugo. 

En la calle de Bievre vivió el Dante, proscrito de Floren- 
cia por los Güelfos vencedores. En la iglesia de los Celestinos 
está enterrado nuestro ilustre Antonio Pérez, el desgraciado se- 
cretario de Felipe II; víctima de su lealtad. Otro noble recuerdo 
español encontraremos en el docto y austero recinto de la Sor- 
bona y es el de los triunfos escolásticos de nuestro gran padre 
Juan de Mariana en las disertaciones públicas de está célebre 
escuela de teología, entonces la primera del mundo. — En el ce- 
menterio del padre Lachaisse yacen los restos mortales de Mo- 
ratin. 

A pocos pasos de -la calle del Four Saint- Honor ése, ven to- 
davía los arcos llamados Piliers des Salles (pilares de los mer- 
cados) tan afamados en la historia de Paris, y detrás de ellos, á 
pocos pasos también, se ve la casa en que nació Moliere, fácil 
de reconocer por la inscripción y el busto del gran poeta que 
la adornan. ¿Qué extrangero culto querrá dejar á Paris sin ir á 
saludar con respeto y cariño la cuna del autor de El Misántropo*. 
Muy cerca de aquel sitio, otro objeto de curiosidad atrae nece- 
sariamente á todas las personas de gusto, y es la elegantísima 
fuente que se alza en medio, del mercado de los inocentes, toda 
decorada con preciosos bajos-relieves de Juan Goujon. 

La primorosa iglesia de Saint- Germain V Auxerrois^ empe- 
zada en el siglo XIII y concluida en el XV, verdadera joya de 
arquitectura gótica, aunque menos pura que la Sainte-Ghapelle, 
admirablemente restaurada, como esta, de poco tiempo á esta 
parte; la torre aislada de Saint-Jaques-la-Bouchc?ñe, de princi- 
pios del siglo XVI y cuya restauración se está haciendo ahora 
cabalmente para que sea uno de los muchos ornatos de la gran 
calle de Rivoli; la casa de la ciudad {Hotel de Ville), monu- 
mento arquitectónico de gran mérito y tan lleno de recuerdos 
que bien puede decirse que en él está compendiada la historia 
de Paris; la catedral {Notre Dame) cuya, primera piedra asentó 
á mediados del siglo XII, el papa Alejandro III, y á la que ha 
dado una indecible juventud y como una vida nueva el sobera- 
no ingenio de Víctor Hugo; las iglesias del Val de Grace y de 
Santa Genoveva con sus magnificas cúpulas pintadas aquellas 
por Mignard, esta por M. Gros; el palacio de Zuxemburgo, resi- 
dencia primero de María de Médicis y luego de tantos poderes 



UNIVERSAL. 297 

efímeros, ya cárcel, ya cámara de los pare?, hoy Senado! .... 
todos estos edificios y otros cien que podría citar están poblados 
como decían antes, de recuerdos llenos*de interés para el histo- 
riador, para el filósofo, y sobre todo para el poeta. JS r o creo que 
haya bajo este punto de vista, otra ciudad mas poética en el 
mundo, aunque sin duda las hay que] ló¿ parecen mas, por ser 
mas pintorescas ó por poseer algún especial mérito de situación 
ó clima como Granada, Venecia, Ñapóles ó Sevilla. Ninguna 
de estas poblaciones, y ninguna otra del mundo, si se esceptua 
á Atenas y Roma, habla tanto á la imaginación ^como Paria, 
porque en ninguna han pasado tantas y tan grandes cosas como 
aquí, ni se conservan tan bien ni en tanto número testimonios 
patentes de aquellas cosas pasadas. Otras ciudades han tenido 
una cpoca dada en la que han brillado mucho, eclipsando á las 
demás. París ha brillado :constantemente; por eso conserva in- 
numerables monumentos de todas las edades á que va unido al- 
gún recuerdo. Desde el palacio de Cluny, edificado en el siglo 
XV sobre las ruinas del que habitaban los antiguos emperado- 
res romanos, hasta la plaza de la Concordia donde^todavía cree 
uno ver levantarse como un sangriento espectro el cadalso de 
la Revolución. París ofrece en su vasto recinto, al observador 
estudioso, materia para una no interrumpida serie de meditacio- 
nes continuadas al través de los siglos. Cada edificio es un ca- 
pítulo del elocuente curso de hisroria antigua, de la edad me- 
dia y de la moderna que la arquitectura ha ido escribiendo aquí 
con piedras en el suelo mas fielmente que los analistas con le- 
tras sobre el papel. 



3S 



•as 



. El descubrimiento déla América por Cristóbal Colon ha- 
bía abierto un campo tanto mas ilimitado á las esperanzas de 
los españoles, cuanto que los escasos adelantos en la ciencia geo- 
gráfica daba lugar á infinidad de suposiciones por los navegan- 
tes; cada uno de estos hacia el mapa del mundo según su fan- 
tástica imaginación, de ahí aquella abundancia de espediciones 
singulares que si bien redundaban la mayor parte en beneficio 
de la ciencia geográfica, también es cierto que hacían descu- 
biertas que la mente de los descubridores aun no habia soñado. 
El viaje de Mendana de Neyra en 156S puede contarse en 
el número de estas pezquisas inciertas en las cuales se ponía la 
Providencia en el timón y se dejaba el buque ir á donde aque- 
lla le llevase; dicho viajero se embarcó en Callao de Lima sin 
otro plan que el descubrir tierras al Oeste, después de una na- 
vegación muy larga descubrió las islas de la Nueva Georgia á 
las que dio el nombre de Islas de Oro ó Islas de Salomón, en 
razón á las muchas riquezas que el suponía encerraban dichas 
Islas. De vuelta en América desidido el gobierno español á que 
colonizara la mayor de estas islas, v se dio á la reía en Payta 
con cuatro buques en los que se embarcaron todos los hombres y 
raugeres que eran inútiles en el Perú, pero Mendana murió en 
el camino sin haber vuelto á encontrar las islas de Salomón y 
la flota fué dispersa. El navio arribó á Mindanao, y la fragata 
á Filipinas ambas en un estado tan lamentable que los habitan- 
tes de aquellas regiones quedaron mudos de horror á la vista de 
tantos esqueletos desnudos y moribundos y que apenas tenían 



UNrvERSAi., 299 

fuerzas para decir "gracias á Dios, gracias á Dios," el tercer 
buque arribó á la costa sin averías, con las velas desplegadas y 
todos los tripulantes muertos; en cuanto al cuarto jamas se ha 
vuelto á oír hablar de él. 

En este desastroso viaje fué cuando Mendana descubrió las 
Islas Marquesas, llamadas así en honor á la Marquesa de Men- 
doza, las espediciones de Cook, Roberts, Kruserstern y Dumont 
d' Urville, nos han dado detalles sobre esta< islas. 

Cerca de los 10° N. se halla el Archipiélago de las Marque- 
sas compuesto de unas doce Islas de las cuales solo cinco mere- 
cen ser mencionadas, y son las siguientes: Nouka-Hiva la mas 
importante del Archipiélago, tiene 17 millas de longitud por 10 
de latitud, y mantiene cerca de 20,000 habitantes; Fatou-Hiva 
tiene 15 millas de circuito; Tahouata dos veces mayor; en fin 
Hiva-íloua, y Hona-Houaua, menores que las anteriores, todas 
ellas están muy elevadas sobre el nivel del mar y cubiertas de 
tal modo por infinidad de arbustos, plantas y flores que el sol no 
penetra por ninguna parte hacia el centro de Ífauka-Hiva, se 
eleva un grupo de armellas sombrías del cual parten multitud 
de valles que se estienden hasta el mar dando á toda la Isla el 
aspecto de un abanico de verdura, en dicha Isla se encuentran 
muchas radas naturales entre las que es necesario citar las ba- 
hías de Tchitchagoe y de Taio-Hae, el paso que conduce á esta 
última tiene de ancho media milla escasa y la hace tanto mas 
fácil de depender cuanto cómoda y abrigada: las maderas de to- 
das las islas de este Archipiélago son volcánicas, pero las partí- 
culas procedentes de la íntima destrucción de árboles y plantas, 
han formado un círculo terriso al rededor de ellas cuyas fertibi- 
lidad es prodigiosa, el árbol del pan, el morero del papel, el al- 
to carpus, el banana y el cocotero cubren las pendientes de las 
colinas adornadas por la base con la caña de azúcar, de tabaco, 
y de heléchos jigantescos, de trecho en trecho cascadas medio 
veladas por el follage principalmente de lo alto de los montes y 
manteniendo el valle en un delicioso estado de frescura. 

Estos valles están ocupados de tribus distintas y casi siem- 
pre en guerra por lo que los habitantes de estas comarcas están 
unas veces á la interperie y otras concentradas en las aldeas, 
cada casa edificada de madera sobre un plano de piedras cimen- 
tadas con cal, está cubierta con hojas de palmera y divididas en 
muchas habitaciones poi^ medio de esteras; á un costado se ha- 
lla un corral para criar cerdos y á la espalda se estienden dos 
campos cultivados y cercados de empalizadas hechos con bam- 
bús, ligados con cuerdas de los filamentos del cocotero. Las al- 
deas tienen sus Taoüas ó plazas públicas enlozadas con enormes 
planchas de piedra con objeto de reunir las tribus para las fies- 
tas y los grandes consejos: cada una de estas plazas puede con- 
tener 10,000 personas. 



300 ÁLBUM 

Los navegantes que han visitado las Marquesas hacen elo- 
gios de la belleza de los naturales, quienes por la elegancia y la 
regularidad de sus formas aventajan mucho á los de Caiti, las 
mugeres sobre todo pueden citarse como las mas bellas de toda 
la Polignesia, son de cara redonda, los ojos muy abiertos, I03 
cabellos largos y finos pero rizados, sn cutis poco acobrado y 
que ellas blanquean aun con el zumo de nna pequeña Baie lla- 
mada papa, les da el aspecto de las europeas, esto es, si no se 
untaran un aceite azafranado que las pone amarillas, por lo de- 
más ellas evitan todo aquello que puede perjudicar su belleza, 
llevando sombrillas que hacen con hojas de palma se resguar- 
dan del sol", ellas no llevan mas que las manos, los labios y las 
orejas matizadas de colores, su vestido se compone de una es- 
pecio de capa llamada Kagai, en las que ellas se envuelven á 
su capricho; de cintillos mezclados con sus cabellos, y de ador- 
nos fabricados con el fruto del Labrus-Precatorius, los dias de 
fiesta llevan algunos collares de jazmines. En cuanto á los hom- 
bres su vestido ordinario es el Maro ó cinturon de tela blanca, 
á lo que algunas veces agregan una capa de corteza, pero en 
tiempo de guerra se sobrecargan de ornamenlos destinados á 
darles un aspecto opulento y terrible, ademas del alza-cuello de 
conchas y perlas y los pendientes de dientes de cocodrilo, las 
gorra de plumas ó de hojas de banana, adórnanse las piernas y 
los brazos con rizos de cabellos arrancados á sus enemigos y lle- 
van suspendidos sobre el pecho collares de huesos humanos en 
cuanto á el matizado con que se adornan el cutis se compone 
de arobescos variados, regulares y sobretodo multiplicados de 
tal moJo que á algunos pasos de distancia cualquiera diria que 
estaban revestidos de una armadura damasquina, las armas que 
usan para combatir son la honda, la lanza de dos puntas y el 
ouhou de madera incorruptible. 

Como queda dicho cada vaPe está bajo la autoridad de un 
hekaiki particular: pero esta autoridad es limitada y la obedien- 
cia de los que la aceptan es siempre voluntaria, hay ordinaria- 
mente ademas del Hekaiki un gefe de guerra encargado de con- 
ducir la tribu al combate, este gefe es el que escoje el dia de 
partida y señala el punto de reunión á los guerreros, sin que 
por esto sea forzoso asistir á la cita los que no quieran, en estas 
espedieiones necesitan hacer travesías por mar, se reúnen las 
piraguas de guerra las cuales tienen 25 pies de largo, y cons- 
truidas con mas arte que las amaldíes, que se usan sobre el Se- 
negal y la Gambia, la imagen de una divinidad nouka-hiviennes 
va colocada en la popa, mientras que la proa ostenta nna cabe- 
za horrorosa cubierta en parte por tufos de cabellos y hojas de 
cocotero, algunas veces se reúnen dos piraguas por medio de 
una plataforma que figura un bordaje formando de este modo 
las dos una sola piragua, 



TORTOSA EN SIRIA. 



La Siria es en el Oriente la comarca mas fértil en recuerden 
no hay una época ni una civilización que no esté allí represen- 
tada, el desierro es el Genisis, la vida de los patriarcas, las cos- 
tumbres de la Biblia, Baalbek ó Dprasch, son la colonia Ro- 
ma- a, Jerusalen, Jericó y Nazareth, este grupo de ciudades 
evangélicas son el relato de los apóstoles, Damasco, es el pro- 
futa con su fervor y su fanatismo. Tortosa que representamos 
en la lámina que acompaña estas líneas, personifica los cru- 
zador, 

Viniendo de Trípoli á través de la esplanada fértil é incul- 
ta se ve elevarse magestuosamente por encima de las murallas 
<le granito un gran edificio, es imposible no quedar sorprendi- 
do al aproximarse y contemplar las naves ochavadas, y el esti- 
lo gótico y toda la riqueza de la arquitectura occidental de la 
edad media profusamente empleada en este edificio, el cual es 
una iglesia compuesta de tres naves que rematan en un punto 
redondo, cuatro pilares formados de columnas pequeñas ligadas 
y coronadas de capiteles de buena forma, que separan la nave 
central de las dos laterales, un gran trozo de piedra de granito 
rojo corona la fachada de la puerta, á cuya izquierda se halla 
el campanario, pero este está hoy destruido. 

Tortosa fué uno de los últimos cuarteles de los ernzados, 
lo que aun queda de fortificaciones, espliea el como fueron po- 
sibles las grandes luchas de la edad media, la antigua ciudad 



JtLBÜM 

de Tortosa, está separada de la ciudadela por fosos enormes, y 
se estiende detras de esta al E. y al S., ann hay algunas pobres 
viviendas á lo largo de la costa meridional, los fosos que rodean 
la ciudadela son vaciados en la roca y las murallas han sido he- 
chas de pedazos de piedras verdaderamente gigantescos en el 
centro de la ciudadela h?y un reducto cuyo interior construido 
de enormes sillares, presenta al esteriór una defensa hecha de 
piedras nada mas que regulares, este parapeto sirve hoy de cua- 
dra para los caballos del murdiin. 

Tortosa en la época floreciente de la isla de Aradas fué 
una ciudad importante bajo el nombre de Antaradus, Abud- 
!Fedá la conocia ya con el nombre de Tortosa, la vista que da- 
mos de ella es tomada desde el N. á la izquierda se apercibe la 
iglesia gótica^y á la derecha la entrada del castillo ó;ciudadela. 



TOMADA DE LA BAHÍA. 



La ciudad puerto de mar llamado Alicante se halla situada 
en una bahia del Mediterráneo sobre una península y al pié 
de una montaña de piedra en cuya cúspide hay un castillo bien 
fortificado á cuatrocientos pies de elevación sobre el nivel del 
mar. 



BIOGRAFÍA 



Rafael Sanzio nació el viernes santo del año de 1483 en la 
pintoresca y pequeña ciudad de Urbino, situada en las monta- 
ñas que se hallan entre Pesan y Perusa, capital* de un princi- 
pado que forma parte de los estados de la iglesia. Ju-m Sanzio, 
su padre, mediano pintor, pero hombre juicioso le puso á traba- 
jar á su lado, y cuando conoció que no podia enseñar nada mas 
á su discípulo se decidió á colocarle en el taller del Perugino 
que sorprendido á la preciosidad de los dibujos del joven San- 
zio y cautivado de sus disposiciones, de su presencia y modales 
no dudó de admitirle en el número de sus discípulos, y pronun- 
ció anticipadamente el juicio que la posteridad ha sancionado. 

Rafael, por una especie de simpatía instintiva que le inspi- 
raba á preferir siempre todas las formas cuya principal belleza 
nacia de la gracia, suavidad y verdad al idéntico muy en breve 
con el estilo de su maestro, siendo tan rápidos sus progresos que 
á los diez y siete años habia ya inscrito su nombre al pié de 
muchos trozos en que superaba notablemente asi en genio como 
en talento al Perugino. Entregado después á si mismo pintó los 
Desposorios de la Virgen, ese famoso Sposalizio en que el alma 
tierna, generosa y llena de gracias del joven pintor comenzó á 



304 ALBU3Í 

manifestarse á través del profundo respeto que aun profesaba 
hacia los preceptos de su maestro y que le hubieran bastado 
para colocarle á la cabeza de los mas grandes pintores. A los 
veinte años el cardenal Piccolimini le encomendó junto con el 
Pinturrichio, también discípulo de Perngino, la pintura al fres- 
co de la catedral de Siena, para la cual se habia confesado insu- 
ficiente su colaborador, Rafael no se limitó á ser el ayudante 
de Pinturrichio, sino que compuso los bosquejos y los cartones 
de esos frescos admirables que parecen pintados de ayer y pa- 
san por lo que el arte habia producido hasta entonces de mas 
notable. 

Después de haberse empapado en Perusa, en la fuente del 
arte sencillo 7 religioso de la edad media, Rafael sintió la nece- 
sidad de apropiarse los progresos que la ciencia moderna hacia 
hacer á la pintura; y abandouó sus esperanzas y provechos par" 
tiendo para Florencia donde le aíraia la gran celebridad de Mi- 
guel Ángel y de Leonardo Yinci. (1504) Pennaneoió mucho 
tiempo en esta ciudad que tenia para él un atractivo particular. 
Llamado á Urbino por la muerte de su padre y de su madre, 
regresó en 1505 á la ciudad de los Médicis, arieglado qne hubo 
sus asuntos domésticos, residiendo en ella hasta 1508. A pesar 
de los deseos que desde entonces esperimentara de ponerse á la 
altura de los progresos que hacia el arte cada dia, los numero- 
sos cuadros que ejecutó para los ricos ciudadanos de Florencia 
conservaron el sello de las lecciones y ejemplo de Perugino. 
Aun resaltaba en ellos la sobriedad casi desnuda de la composi- 
ción; la claridad del colorido, la exactitud algo, seca del dibujo 
y la dulzura de espresion. Esta es la que lleva el nombre 
de primer estilo de Rafael. El cuadro de la virgen conocido 
con el nombre de la Bella jardinera, que posee el Museo de Ge- 
nova es una de sus obras maestras de este estilo. 

Fortificado con el estudio que habia hecho de las pinturas 
. de Masaccio muerto en el siglo anterior y las de Fra Bartolo- 
més della Porta, que le ayudó con sus consejos al concederlo su 
amistad, Rafael pensaba íuchar cuerpo á cuerpo con Leonardo 
Vinci y Miguel Ángel en el mismo teatro de sus triunfos, aco- 
metiendo en Florencia grandes trabajos dignos de sostener la 
comparación con los de estos maestros; cuando en esto fué lla- 
mado á Roma. Celoso el papa Julio II de coronar con la gloria 
de las artes la supremacía que habia conquistado á la santa Se- 
de con la habilidad de su política y el poder de sus armas, ha- 
bia confiado á Bramuntu su célebre arquitecto el cuidado de 
erigir templos y palacios digno de su reinado. El Bramuntu so- 
licitó á Urbino para que le ayudase en su tarea, en su cualidad 
de compatriota y pariente, trasportado de gozo el joven artista 
abandonó sus trabajos de Florencia y llegó á Roma, donde la 
novedad de sus ideas y su estrema dulzura escitaron la admira- 



UNIVERSAL. 305 

cion de Julio II con quien gracias á Bramantuse vio al momen- 
to relacionado. Se le encargó sin dilación concurriese á adornar 
las salas del Vaticano. Ai aspecto de la ciudad eterna Sanzio 
tan apasionado de los antiguos maestros, habia sentido ensan- 
charse su talento y se entregó con entusiasmo inesplicable á los 
trabajos de la sala de Segnatura. Eligió por materia de los cua- 
tro frescos que sef proponía pintar en ella, cuatro asuntos abstrac- 
tos: la Teología, la Filosofia, la Poesía y la Justicia. Representó 
la teología en la disputa de los doctores sobre el Santísimo Sa- 
cramento; la Filosofía, la escuela de Atenas, la Poesía en el Par- 
naso y la justicia en la jurisprudencia. 

La primera de estas cuatro grandes páginas, la disputa del 
Santísimo Sacramento nos ofrece el último y mas bello esfuerzo 
del estilo que Rafael se habia formado en la escuela del Pirugi- 
no. En esta composición, San Juan Baustista, los apóstoles, los 
Evangelistas } r los mártires entre muchos están á los lados de la 
virgen y de Cristo: Dios Padre envia el Espíritu-Santo sobre 
una multitud de bienaventurados que adoptan el sacrificio de la 
misa y disputan acerca de la Eucaristía colocados sobre el altar. 
Cuatro niños de una gracia inimitable tienen abierto el libro de 
los Evangelios que esplican con el auxilio de las santas escritu- 
ras, los cuatro doctores de la iglesia iluminados por el Espíritu 
Santo. Los santos colocados en círculos en la parte superior del 
cuadro se distinguen por una inteligencia tan acertada del colo- 
rido en las degradaciones de la perspectiva que cree uno admi- 
rar la misma naturaleza. Las cabezas tienen una espresion sobre 
humana; la de Cristo sobre todo, se ofrece radiante de santidad 
y de clemencia divina. La virgen con las manos puestas en su 
seno, contempla á su hijo en el éxtasis de un puro é inefable 
amor. El artista supo imprimir á los santos patriarcas el carác- 
ter solemne de la antigüedad, el de la sencillez á los apóstoles, 
y á los mártires el de la fé: pero donde mas brillan aun su genio - 
y su talento en esos piadosos doctores cristianos buscando la 
verdad; ofreciendo cada gesto, animado por la duda la inquietud 
y la curiosidad. Al ver Julio II esta composición ordenó que los 
albañiles destruyesen á martillazos los frescos de los otros pin- 
tores. No quiso tener en su palacio mas que las obras del hom- 
bre que habia sabido conmover su grande alma. 

Al lado de la disputa que hemos referido pintó Rafael el 
célebre cuadro de la Escuela de Atenas, que ofrece el princi- 
pio de su segando estilo. En esta admirable pintura, en que se 
encuentran reunidos todos los filósofos griegos discutiendo en- , 
tre sí, abandonó Sanzio', enteramente los tipos delicados, 
las situaciones tímidas, la ejecución . minuciosa de la cien- 
cia perugina, para adoptar esa manera sabia y libre que afecta- 
ba el arte moderno de su siglo. Ademas de las cualidades su- 
periores de la composición no se sabria admirar demasiado, en 

39 



306 ALBÜM 

]a Escuela de Atenas, el carácter profundo de fuerza intelectual 
impreso en las figuras principales. Rafael ha dado á cada maes- 
tro la espresion adecuada que personifica su doctrina. Cuanto 
no necesitaría haberles estudiado para adivinar y grabar asi na- 
turalmente sobre sus frentes y en todos los rasgos de su fisono- 
mía, la esencia misma de sus pensamientos. Según la tradición, 
la causa de la deferencia que existe entre el estilo de la Dispu- 
ta del Santísimo Sacramento y el de la Escuela de Atenas se 
debe á lo siguente: 

Mientras Miguel Ángel ocupado en el adorno de la capilla 
Sixtina; componía su juicio final, Bramantu que por su destino 
de arquitecto poseíalas llaves de la capilla, le abrió á Rafael 
en la ausencia de Buonarrote para enseñarle los trabajos de su 
rival. Rafael no hizo mas que entrever el juicio final y se puso 
al momento á hacer su Escuela de Atenas. Tal fué la trasforma- 
cion que se verificó en su genio que Miguel Ángel al ver la 
obra del pintor de Urbino esclamó: "El ha visto mi composi- 
ción." 

Cualquiera que sea la fé que se conceda á esta anécdota, 
no es menos cierto por eso que las dos páginas que acabamos de 
citar forman la historia entera del talento de Rafael. Su genio 
fué una de esas portentosas prerrogativas que la Providencia 
solo á acuerda á algunas singulares organizaciones. Rafael y 
Miguel Ángel son la mas sublime y completa espresion de su 
tiempo. 

La reputación de Rafael era grande entonces. Agustino 
Chigi, rico mercader de Siria le confió el adorno del magnífico 
palacio que habia hecho construir á las orillas del Tiber en Tras- 
tavera. En sus cuadros de Galatea y Psiquis demostró todo Lo 
que debía á los antiguos. Continuando en seguida las salas del 
vaticano, representó el milagro del Corporal de Orvieto, ó de 
Boliena, y el castigo del orgulloso Heliodoro, composiciones en 
que se mostró mas sabio mas inteligente que nunca. 

Mientras creaba tantas maravillas, la muerte vino á herir 
á Julio II que habia animado tan liberalmente su genio. Mas 
su sucesor León X, en quien el amor de las artes era hereditario 
no se mostró con Rafael menos bueno que su predecesor, y le 
mandó prosiguiese sus trabajos del Yaticano. El pintor de Ur- 
bino representó entonces la marcha de Atila sobre Roma, y su 
encuentro al pié del monte Valerio con el papa San León, quien 
con sus exhortaciones obligó á su formidable enemigo á volver- 
se por el mismo camino: ¿elocuente página que no fué en nada 
inferior á las que le habían precedido! La celebridad que tan 
hermosas obras habían adquirido á Rafael, resonó en Francia y 
enFlandes. El célebre Alberto Durer, piator alemán de gran 
mérito y grabador muy hábil en cobre, le pagó su tributo de 
homenage y le envió su retrato pintado á la aguada por él mis- 



UNIVERSAL. 307 

mo en tm lienzo en estremo fino. Maravillado Rafael con eea 
pintura le envió en cambio muchos dibujos de su propia mano 
Cuando conoció los grabados del gran artista, cuyo procedimien- 
to era tan distinto del inventado en Florencia el siglo anterior 
por Sommasio Finiguerra: animó á Marco Antonio Rasmondi 
de Bolonia á que siguiera el nuevo método, llegando este á per- 
feccionársele tal modo en su arte que difundió desde entonces 
en toda la Europa, los dibujos que su maestro hacia espresamen- 
te para él* 

Rafael hizo para"el monasterio de los Hermanos del Monte 
de los Olivos de Palermo, un cristo con la cruz acuestas, en el 
cual se elevó mas allá del arte por la verdad con que pintó los 
sufrimientos^del Hombre Dios. Este cuadro después de conclui- 
do corrió los mas grandes riesgos antes de llegar á su destino. 
El buque que lo conducía á Palermo fué azotado por una vio- 
lenta tempestad y se ¿deshizo contra un escollo, pereciendo sn 
tripulación y la carga. Solo el cuadro se libró del naufragio, 
impelida la caja que le encerraba por las olas hacia las costas 
de Genova, fué visto y sacado á tierra: se halló la pintura in- 
tacta, hubiera podido decirse que los vientos y el mar habian 
queridofrespetar su divina belleza. 

Asi ocupándose de otros trabajos, no por eso dejaba Rafael 
de proseguir los del Vaticano. Habia reunido en torno suyo un 
gran número de discípulos que le formaban una corte en medio 
de la cual vi vi a con todo el lujo y toda la autoridad de un prín- 
cipe. El pincel de Julio Romano, las de Francisco Penul, Juan 
de Udina y Polidore Caravaljo y porción de otros le ayudaron 
á llevar á cabo su enorme tarea, ejecutando bajo su dirección 
los trabajos á que los que le suministraba los diseños. Merced á 
este laborioso concurso pudo bien pronto esponer al público la 
tercera sala, llamada de Torre-Borgia, que habia igualmente 
adornado con cuatro pinturas, cuyos asuntos mas notables son 
el incendio de Borgo Vecchio contenido por las bendiciones del 
papa León IV y la victoria naval ganada en el puerto de Ostia 
por los cristianos contra los Sarracenos bajo el pontificado de 
San León. 

Después de la muerte de Braman tu, le sucedió Rafael en el 
empleo de arquitecto de la Santa Sede. En este nuevo cargo 
hizo construir el patio del Vaticano; después de haber adorna- 
do su circunferencia de galenas, trató de pintarlas. Se acaba- 
ban por entonces de descubrir los Termas de Tito; donde se ad- 
miraba una multitud de arabescos. Rafael dominado por una 
pasión creciente de mas en mas hacia las artes de los antiguos, 
quiso emplear este género de adorno, y reunió en breve á su tí- 
tulo de arquitecto el de director en gefe de antigüedades; León 
X siempre grande y magnificóle encargó procediese á las in- 
vestigaciones que se hacían en Roma para exhumar las maravi- 



808 ÁLBUM 

lias de las artes antiguas. El estudio dilatado y profundo que ha- 
bía hecho de la antigua Roma, le hacia mas que á otro alguno 
capaz de llevar semejante empresa á un buen fin, se consagró á 
ella con ese celo ardiente que acostumbraba en todo lo que em- 
prendía; mas convencido de que aquel arte romano no era mas 
que una imitación del griego, quiso remontar á las fuentes de 
este y envió á toda la Italia meridional a Pouzzoles y hasta á 
Grecia, artistas encargados de recoger para él todos los que esos 
paises pudieran poseer aun de didujos preciosos y raros frag- 
mentos. Fácil es de concebir de cuanta utilidad le fueron para 
sus trabajos los descubrimientos de estos esploradores adictos é 
inteligentes. 

Rafael llegado entonces al apogeo de su talento dio princi- 
pió á la gran sala del Yaticano, donde se hallan las victorias de 
Constantino que fueron la primera obra de su tercer estilo, ó de 
su género grandioso: después dibujó y coloreó los célebres car- 
tones destinados á servir de modelos á las ricas tapicerías, tegi- 
das de seda y oro que León X quiso hacer fabricar en Flandes 
para su capilla. El pintor de TJrbino no se limitó á enviar su 
trabajo á las fábricas flamencas, les dedicó también á Yan-Or- 
lay. de Bruselas y Copis, de Malinas sus hábiles discípulos para 
que vigilasen sobre la ejecución de las tapicerías pontificales. 
Estos preciosos cartones se ven todavía hoy en el palacio de 
Hamptoncourt en Inglaterra. Rafael hizo para el Cardenal Ju- 
lio de Médicis su famoso cuadro de la Transfiguración de Cristo. 
Hay en esta pintura, figuras tan bellas, cabezas de un estilo tan 
nuevo y variado que ha sido mirada con razón por todos los ar- 
tistas como la obra mas admirable que haya producido el pin- 
cel de Rafael. En la cabeza de Cristo, principalmente, reunió 
todo lo que su arte podia producir de mas bello y mas magestuo- 
so. Esta fué la última y la mas sublime de sus creaciones. Ape- 
nas la habia concluido, cuando le hirió la muerte. Su pasión por 
la Fornarina cuyo retrato se habia complacido en colocar en to- 
das las composiciones de su última época precipitó la declina- 
ción de una existencia bastante larga si se atiende al número de 
obras maestras que fueron su fruto; pero muy corta, relativa- 
mente á los días concedidos al hombre. 

Rafael devorado por una fiebre ardiente cerró para siem- 
pre los ojos á la luz, á la edad de treinta y siete años de un 
viernes santo, dia que habia sido también el de su nacimiento: 
fué puesto de cuerpo presente en la misma sala en que acostum- 
braba pintar. El cuadro de la Transfiguración colocado detras 
de sn cabeza como el mas digno adorno desús Tune ral es, au- 
mentó el dolor de su pérdida al mismo tiempo que realizaba su 
gloria. Su acompañamiento reunió todo lo que habia de grande 
y distinguido en Roma, León X que le amaba como un padre 
-participó del luto general é hizo depositar su cuerpo en el Pan- 
¿fceon; donde el cardenal Bembo escribió su epitafio. 



ÜNIVES8AL, 309 

Rafael escogido por la Providencia para ser el representan- 
te del arte en su siglo mas hermoso, poseía todas las cualidades 
que cautivan los corazones. Las liberalidades de Julio II y de 
León X le permitieron crearse una existencia tan brillante co- 
mo gloriosa. Habia sabido establecer tal armonía entre los ar- 
tistas que formaban su numerosa escuela que jamas el mas sen- 
cillo disgusto, ni el menor sentimiento de celos vino á turbar su 
unión. Tenia estremada complacencia en iniciar en los miste- 
rios de su arte cada uno de los cincuenta discípulos, jóvenes 
buenos y valientes que amaba como hijos y que le escoltaban 
cada vez que salía para dirigirse al palacio pontifical. Antes 
de Rafael los artistas parecían dirigidos por una especie de de- 
lirio y de estravagarciu que no solo los hacia escéutricos y raros 
sino que les sumía en las tinieblas del vicio. El gran pintor les 
dio el ejemplo de estas virtudes privadas que contribuyen tan 
poderosamente á la felicidad del hombre. En fin y para termi- 
nar diremos, sin temer de que se nos contradiga que Rafael Ur- 
bino fué una de las mas bellas glorias de la humanidad. 



BIOGRAFÍA 

DEL 

CONDE DE BRESSON 



El lamentable acontecimiento, dice el Constitucional de 
París, que acababa de arrebatar á la diplomacia uno desús mas 
distinguidos representantes, y de herir á una familia, el mayor 
número de los individuos de la cual ha hecho honrosos servicios 
al país, continúa preocupando dolorosamente la atención públi- 
ca. Ya no queda dada alguna á cerca de las circunstancias de la 
muerte del conde de Bresson. Mr. de Bresson se dio la muerte. 
En cuanto á las causas que han producido esta fatal resolución 
estamos reducidos á conjeturas: existen no obstante circunstan- 
cias que pueden esplicar hasta cierto punto este siniestro acon- 
tecimiento. Para apreciarlas debidamente conviene recordar en 
breves palabras la vida pública del conde de Bresson. 

Pertenecía este á una familia notable del Franco-Condado, 
Su padre, que vive todavía, pero cuya salud inspiraba ya vivas 
inquietudes, aun antes del golpe que acababa de herirle, ejerció 
largo tiempo las funciones de abogado en Nancy de una manera 
distinguida, y fué llamado después á Paris para ocupar el pues- 
to de consejero en el tribunal de Casación. El conde de Bresson 
tenia ademas un tio que estuvo mucho tiempo empleado en el 
ministerio de Negocios estrengeros, y á las gestiones cariñosas 
del cual debió principalmente Mr. Bresson su entrada en la car- 
rera diplomática. 



311 UNIVERSAL, 

Bajo la restauración fué enviado Mr. Bresson en calidad de 
agregado á los Estados-Unidos; en donde contrajo su primer 
matrimonio. Las diversas pruebas de aptitud que turo ocasión 
de dar en muchas circunstancias le valieron una misión en la 
América del Sur, en el desempeño de la cual le sorprendió la re- 
volución de Julio, que le obligó á volver desde luego á Francia. 

Habiéndose visto obligado á la sazón á ausentarse de Ber- 
lín, Mr.de Larochefoucauld, representante de Francia cerca de 
aquella corte, fué encargado Mr. Bresson de reemplazarle. Allí 
empezó verdaderamente la fortuna diplomática de Mr. Bresson. 
En aquella época la cuestión de Bélgica y Holanda dividía la 
Europa; y amenazaba el porvenir. El ministerio francés titubea- 
ba en hacer la espedicion de Atnberes. Mr. Bresson, que estaba 
en Berlín en muy buenas relaciones con la corte, pudo asegurar 
al gobierno francés que el ataque de la cindadela de Amberes 
no seria un oasus belli para las potencias europeas. A consecuen- 
cia de la consideración que se le dispensaba en la corte de Pru- 
sia, obtuvo la honra de ser elevado al título de Ministro de Fran- 
cia cerca de la corte de Berlín. En esta nueva posición no fué 
inútil á la nueva dinastía, que había reconocido en él á uno de 
«us mas hábiles servidores. Mr. Bresson fué encargado por Mi- 
nisterios sucesivos de negociar y concluir el matrimonio del du- 
que de Orleans. Este diplomático parecía destinado á esta espe- 
cie de negocios íntimos de familia. Mr. Bresson dejó en Berlín 
los mas agradables recuerdos. 

El difunto Bey Federico Guillermo III consideraba según 
se dice, á Mr. Bresson como á un amigo y le trataba farmiliar- 
mente, hasta el punto de irá visitarle al palacio de la embajada 
-en el cual pasaba á veces noches enteras jugando al wist. La 
brillante recepción que encontraron en Berlín los Príncipes 
franceses fué atribuida en gran parte á la influencia de que dis- 
frutaba Mr. Bresson. 

De Berlín pasó Mr. Bresson á Madrid en calidad de emba- 
jador. 

Cuando la última modificación del gabinete del 29 de Oc- 
tubre se hicieron proposiciones al conde de Bresson para que 
consintiese en aceptar la cartera de Marina. Mr. Bresson se ne- 
gó á ello fundándose en las pocas probabilidades de duración 
que presentaba el Ministerio que se confeccionaba. La negativa, 
y mas todavía .pie ella la manera en que estaba motivada, no 
agradaron, como era natural á los que habían creído fijar la for- 
tuna vacilante del Gabinete. Obligado este á reclutar como pu- 
do sus nuevos individuos, llamó de Ñapóles á Mr. de Montebe- 
11o, quien tomó la sucesión de Mr. Mackau, y Mr. Bresson tuvo 
que ir á reemplazar en Ñapóles á Mr. de Montebello, que aca- 
baba de aceptar la cartera que él habia desairado. Mr. Bresson 
se decidió, no sin amargo resentimiento, á ir á ocupar encapó- 
les un puesto inferior al que le correspondía. Puede considerarse 



%V% ÁLBUM 

esta circunstancia y la pesadumbre, que fué su consecuencia, co~ 
mo la causa ocasional del fataí acontecimiento que ha venido á" 
terminar prematuramente su carrera. 

Cuéntase de Mr. Bresson un hecho tierno que merece ser 
consagrado en este lugar. Habia tenido de su primera mugerun 
hijo, al cual su estado de enfermedad no permitía ningún géne- 
ro de vida activa, y á cuya suerte por tanto era ncesario asegu- 
rar. Algún tiempo antes de su salida de París, logró Mr. Bres- 
son arreglar definitavemente algunos negocios de intereses que 
le habia dejado la muerte de su primer mnger, y que habían 
estado hasta entonces en suspenso. Antes de su viage á Ñapóles 
colocó á interés y destinándola á este hijo, una cantidad de 
125,000 francos poco mas ó menos "Jamás, dijo á uno de sus 
amigos, he sido mas feliz que hoy que he asegurado la suerte de 
mi pobre enfermo. '* 

En los últimos diaá que precedieron á la muerte del conde 
de Bresson, ningún suceso particular pudo hacer que se presin- 
tiese esta catástrofe. El 19 de Noviembre, después de haber re- 
dactado un despacho en el cual daba cuenta del recibimiento 
que se le habia hecho en la corte de Ñapóles, fué á pasar la no- 
ehe al teatro de San Carlos. Según los pormenores que da un 
diario, parece que al amanecer, acometido de un tabardillo, se 
levantó y se cortó la garganta con una navaja de afeitar delante 
de la chimenea. El ruido causado por la caida del cuerpo des- 
pertó á Mme. Bresson, que llegó á la habitación de su marido 
para ser testigo de este horroroso espectáculo. 

Mme. Bresson, que cumple con valor el doloroso deber de 
conducir á Francia el cuerpo de su marido, ha debido salir d ! e 
Ñapóles el 6 de Noviembre en el vapor francés Magallanes. 

Cualquiera que sea nuestra opinión acerca de los últimos- 
actos diplomáticos de Mr. Bresson: no deja de ser cierto que su 
muerte deja en el personal de nuestra embajada un vacío que 
será difícil llenar. 

Permítasenos una observación. En poco tiempo hemos per- 
dido en Ñapóles por el suicidio, que es el mas deplorable de to- 
dos los términos de la vida, á dos hombres distinguidos en dife- 
rente carrera: Nourreit y Mr' Bresson, arrastrados ambos á su 
ruina por un amor propio escesivo, alentado por numeroso» 
triunfos almas débiles ambas, que olvidaron sus sentimientos 
mas sagrados en un momento de desaliento y de debilidad. 



■JSff 



LA IGLESIA 

DE 

NTRA. SRA. DEL BUEN SOCORRO, 



A los tres kilómetros deEuan, en una de las montañas qno 
forman en la orilla derecha del Sena una especie de vasto festón, 
se elevaba una capilla que extendía la fama no solo en aquellos 
contornos sino muy á lo lejos en el mundo católico. 

El origen de esta capilla consagrada á la Virgen es muy 
antiguo, puesto que en los archivos del departamento del Sena 
inferior, existe un documento que prueba que'fué dada en 1205 
á los religiosos del priorato de Saint-Ló por Gautier llamado el 
Magnífico, arzobispo de Rúan. De otro documento se desprende 
que fué iglesia parroquial en 1301. Desde entonces muchos pe- 
regrinos fueron á implorar allí la protección de Nuestra Santí- 
sima Virgen, llevándola sus ofrendas; el templo estaba lleno de 
una inmensa cantidad de ex-voto en acciones de gracias por sus 
milagros; consistian en cuadros, imágenes, figuritas, modelos de 
barcos, inscripciones pintadas ó grabadas en madera y en már- 
mol, etc. Notábase sobre todo una colección de muletas que ha- 
bían dedicado á su celeste protectora los paralíticos y otros en- 
fermos que después de haberse arrastrado con mucho trabajo 
hasta su altar recobraron de repente el uso de sus miembros. 
También se veian mucüos modelos de brazos y de piernas, do 

40 



314 ÁLBUM 

madera, de yeso, ó de cera que colgaban de las paredes y de los 
pilares para perpetuar el recuerdo de curas milagrosos. 

Pero como esta capilla llegó á estar ruinosa, y como ade- 
más era muy pequeña para el gran concurso de los fieles, el se- 
ñor cura que tomó posesión en 1838, concibió el proyecto de 
reemplazarla por otra mas espaciosa, y principió la obra con los 
escasos recursos de su fortuna. Su celo, su perseverancia ejem- 
plar y su palabra persuasiva supieron excitar la generosidad de 
los ricos y provocar los donativos de los que no lo eran. 

Además, para que todo fuera completo tuvo la felicidad de 
hallar un arquitecto, que añadiendo á la habilidad y á la mo- 
destia un desinterés, hoy poco común, consintiese en trabajar 
gratuitamente; por eso se dice que la conclusión de la iglesia del 
JBuen Socorro principiada sin ninguna seguridad de continuarla, 
puede pasar por uno de los mayores milagros de su divina pa- 
trona. jHonor pues, al señor abate Godefroy, que logró reunir 
las sumas necesarias para la realización de su proyecto, y al ar- 
quitecto M. M Barthelemy que se ha conquistado una fama me- 
recida con esta canstruccion brillante! 

La primera piedra del monumento se colocó el 4 de Mayo 
de 1840 por el príncipe de Croi, arzobispo de Rúan, asistido de 
un clero numeroso, en presencia del prefecto, de muchos funcio- 
narios y magistrados de Rúan y de un inmonso concurso de cu- 
riosos y de fieles. La nueva iglesia en breve se elevó en torno 
de la antigua capilla, en la cual, encerrada así, se siguieron ce- 
lebrando los oficios divinos hasta su demolición que se efectuó 
poco á poco á medida que la otra crecía, hasta que el 15 de A- 
gosto de 1842 se cantó la primera misa en el nuevo coro. 

El estilo del edificio es ogival primitivo de la época mas 
puní del siglo XIII; su corte es de las basílicas antiguas, que se 
distingue por la elegancia de sus formas, por la buena armonía 
de sus líneas, por la bien entendida distribución de sus ornatos 
y sobre todo por el mérito tan raro y precioso de su unidad per- 
fecta. Toda la construcción es de piedra «le sillería; hay cinco 
puertas, tres en la portada principal y dos á los lados. La porta- 
da está coronada con una torre cuadrada y una aguja que rema- 
ta en una cruz rodeada en su base de cuatro pirámides caladas; 
la torre está acompañada de dos torrecillas que encierran las es- 
caleras y que por medio de contra fuertes con galería calada co- 
munican con las gruesas pirámides de los ángulos. 

Los adornos de hierro de las puertas imitan los que se ven 
en las de la catedral de Paris. Tres escalones de piedra hay que 
subir para entrar en la iglesia. De allí volviéndose, se distingue 
á 150 metros el Sena bañando anchas praderas y serpenteando 
por un inmenso territorio cercado al Mediodía y al Norte por 
una cadena de colinas elevadas que parecen reunirse al Oeste 
en frente del edificio; y forman así un semi-círculo de 20 kilóme- 



UNIVEKSAL. 815 

tros de radio cuyo centro ocupa la nueva iglesia; es uno de los 
mejores puntos de vista de la "Normandía. 

Todas las esculturas de la fachada fueron confiadas al inte- 
ligente M. J. Dnseigneur de Paris. El estudio detenido de la 
estatuaria de la edad media puso á este arlista en posición de- 
justificar la confianza que le había sido acordada, las figuras de 
los cuatro evangelistas adornan el frente principal del cuerpo 
cuadrado; en medio está la imagen de la Virgen con el niño Je- 
sús; todas estas figuras tienen el carácter de la época. 

El interior de la iglesia ofrece una nave principal y dos la 
terales; veinte columnas sostienen una bóveda de piedra. Coro- 
nadas de chapiteles ricamente esculpidos; esas columnas dejan 
penetrar la vista por todas las partes del edificio; la bóveda está 
adornada do rosas esculpidas de un dibujo variado. El coro com- 
puesto de tres galenas y cerrado por una verja está guarnecido 
con dos hileras de asientos. 

El santuario elevado de tres escalones sobre el coro, se ha- 
lla adornado con hermosas pinturas donde se representan asun- 
tos relativos al sacrificio de la Eucaristía. El altar mayor se ha- 
lla ricamente esculpido; el retablo termina á cada extremidad 
por una pirámide calada. En el centro el tabernáculo está ador- 
nado por un dosel destinado á la exposición del Santo Sacra- 
mento. 

Las ventanas están de dos en dos: el edificio cuenta veinti 
nueve sobre cada lado, cinco para el santuario, dos rosetones so- 
bre los altares pequeños y un rosetón mayor en la portada; estas 
cuarenta y ocho aberturas tienen vidrieras pintadas procedentes 
de la fábrica de Choisy-le-B,oi. Este trabajo particular ha sido 
especialmente preparado y dirigido por los cuidados del artista 
notable á quien la Francia y las artes deben la magnifica publi- 
cación de las vidrieras de la catedral de Bourges. A pesar de 
sus muchas ocupaciones, el señor abate Martin quiso dibujar él 
mismo los variados adornos de las veinte ventanas de las alas in- 
feriores del rosetón de la portada. 

El tímpano principal, las columnas, las vidrieras y en fin 
casi todas las partes de la iglesia tienen cada una un donador; 
testas coronadas, prelados, pares de Francia, diputados, genera- 
les, etc., se apresuraron á inscribir sus nombres en la lista de 
suscricion. donde figuran también las limosnas mas modestas, y 
que se conserva preciosamente en los archivos de esa iglesia. 

Terminaremos esta noticia por la indicación de las medidas 
de algunas partes del edificio; la portada es ancha de 21 metros 
60 centímetros; la torre, de forma piramidal tiene 50 metros de 
altura; el largo total de la iglesia es de 44 metros y la anchura 
de 17 metros. 



BIOGRAFÍA 

DE 

DON FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA. 



Nació D. Francisco Martínez de la Rosa en la ciudad de 
Granada en el año de 1789 época ciertamente fecunda, como 
han observado ya otros biógrafos de nuestro personage, en hom- 
bres parlamentarios de primera línea, cuando nacia en Inglater- 
ra Sir Roberto Peel, cuando nacía en Francia M. Guizot, cuan- 
do acababan denaceren España los señores Istnriz y Toreno poco 
antes de que naciese el señor Alcalá Galiano, Así, al nacer la re- 
volución francesa, destinada á derramar el régimen representa- 
tivo por Europa, despuntaba también esa pléyada brillante de 
los que habian de ser á un mismo tiempo, en las tres grandes 
naciónos del occidente, dignos adalides de su principio y fuer- 
tes moderadores de su destemplanza y escesos. 

La educación que recibió el señor Martínez de la Rosa fué 
la conveniente en una familia acomodada. Después de haberse 
dedicado al estudio de las humanidades y de algunas lenguas 
vivas, cursó en la universidad de su pais natal las aulas de filo- 
sofía, matemáticas y derecho civil y canónico, con tanto apro- 
vechamiento, que á los veinte años tenia concluidos sus estu- 
dios de derecho, y se habia hecho cargo de una cátedra de mo- 
ral en la misma universidad. 



UNIVERSAL. 217 

Estalló entonces la revolución de 1808, suceso importantí- 
simo, cuyo primer efecto iba á ser sacar á España del profundo 
letargo en que estaba sumergida hacia tres siglos y lanzarla en 
la borrascosa carrera de innovaciones, de glorias, de errores y 
de desastres coyó término por desgracia no vemos todavía cer- 
cano. Inútil seria recordar aquí ni aun someramente, los dolo- 
rosos sucesos que prepararon la gran catástrofe del 2 de Mayo; 
esta negra página de nuestra historia está grabada en todas las 
memorias ó en todas las imaginaciones con caracteres indele- 
bles. Un grito universal de indignación y de venganza respon- 
dió en todos los ángulos de la monarquía á los lamentos de los 
mártires de Mayo; en todas las provineias se organizaron súbi- 
tamente juntas de armamento y de defensa: la nación entera 
ee puso sobre las armas. El señor Martínez de la Rosa no podia 
abstenerse de tomar una parte muy activa en aquella insurrec- 
ción verdaderamente popular. En efecto, desde los primeros 
momentos trasformó su cátedra de moralista en tribuna de pa- 
triota; fundó un periódico para fomentar las ideas de resisten- 
cia, y revestido de los competentes poderes de la junta de su 
provincia, pasó á la plaza de Gibraltar á negociar con el go- 
bernador inglés el término de la guerra que habíamos tenido 
hasta entonces y reclamar pertrechos militares para la organi- 
zación del ejéreito que acababan de confiar la junta de Sevilla 
al general Castaño. La misma misión llenaba en Londres al 
mismo tiempo, á nombre de la junta de Asturias, el conde de 
Torcno. 

El triunfo de Bailen, la consiguiente retirada de los Fran- 
ceses al Ebro, y la instalación de la junta central, señalaron el 
primero y mas espontáneo y feliz período del levantamiento na- 
cional. Tratóse luego de organizar el gobierno, que estaba ente- 
ramente desquiciado, y no fueron ya los jóvenes los que hubie- 
ran de cenducir los negocios públicos. El señor Martínez de la 
Rosa aprovechó aquella coyuntura para pasar á Inglaterra y 
observar allí mismo, en su cima, donde era natural, completo y 
necesario, aquel sistema representativo que el espíritu reformis- 
ta quería trasportar á los pueblos del continente. Poco tiempo 
residió empero en aqnel pais; la suerte de las armas se había 
vuelto contra nosotros, la junta central se había retirado á Cá- 
diz, y convencida de impotencia, al par que cediendo al voto 
de la nación, convocó las cortes para la ciudad de San Fernando 
El joven granadino no podia faltar en aquel punto, que consi- 
deraba á la vez como asilo de la independencia y cuna de la li- 
bertad. Aunque su edad no le permitía aun ser diputado, quiso 
jompartir los compromisos, y en cierto modo los trabajos de los 
lipntado,sya dilucidado en la prensa periódica las arduas cuos- 
iones que entóneos por primera vez iban á ventilarse en Espa- 
ña, ya poniendo á disposición de las cortes su celo y capaci- 



318 ALBüM 

dad para el manejo de los negocios, de que dio claras muestras 
desempeñando la secretaría de la comisión de libertad de im- 
prenta, á la que se da mucha importancia. Ocupaba también 
entonces su atención con algunas obras de literatura, pero pa- 
gando el tributo que la política reclamaba para sí, y haciéndo- 
las casi todos libros de polémica, tanto por lo menos como de 
arte- Ya en 1809 había escrito un canto épico ala admirable 
defensa de Zaragoza, para el concurso abierto por disposición de 
la junta central; y si bien no llegó á adjudicarse el premio ofre- 
cido por los sucesos infaustos de la guerra, sábese que la opinión 
de los jueces le había dectinado por unanimidad para el que 
citamos. Posteriormente, e¿i Cádiz, después de algún opúsculo 
contra el señor Capmani y en defensa del señor Quintana, se 
habia dedicado ala literatura dramática tan decaída en aquellos 
tiempos: y su comedia de Lo que puede un empleo, y su trage- 
dia de La Viuda de Padilla habían logrado un éxito, que nin- 
guna composición de la época les compartía ni disputaba. 

Lo que puede un empleo es una comedia de costumbres lle- 
na de chistes y de situaciones altamente origínales, como que 
puede llamarse el primer ensayo hecho en España de lo que en 
el día llaman los Franceses la comedie politique, género en el que 
nuestro autor los ha precedido. Y con este motivo no podemos 
menos de notar aquí una circunstancia muy singular, mejor di- 
remos una verdadera fortuna que ha acompañado al señor Mar- 
tínez de la Rosa en casi todos sus actos públicos; tal es el de lle- 
var estos en sí al mas alto grado el don de la oportunidad, á tal 
punto que parecería que las circunstancias se acomodan para dar 
relieve á sus actos, si no fuera mas natural pensar que estos son 
los que, con oculta y privilegiada habilidad, se acomodan á las 
circunstancias para recibir de ellas nuevo realce. Caso ha habi- 
do, sin embargo, en que la buena suerte ha hecho por él lo que 
no hubiera podido hacer la previsión. Cuando este autor, hallán- 
dose en Paris, dio al teatro de la Porte de Saint-Martin su dra- 
ma Aben-Eumeya, en 1830, la revolución de julio, que sobrevi- 
no poco después, fué una nueva cuanto inesperada ocasión de 
triunfo para el poeta. Nosotros fuimos testigos de la ovación que 
en aquellos momentos de férvido entusiasmo tributaron los feli- 
ces insurgentes de Paris á los desgraciados insurgentes de las 
Alpnjarras, é involutariamente se agolparon á nuestra imagina- 
ción todos los recuerdos de circunstancias análogas que debia 
inspirarnos aquella fortuna de nuestros compatriotas. Llegar á 
tiempo ha sido siempre su talento, su estudio ó su suerte. lío es 
esta ocasión de demostrarlo en política y en literatura, basta pa- 
ra convencerse de ello recordar los hechos. El drama político no 
podía llegar á España mas á tiempo que cuando le presentó en 
la escena de Cádiz el señor Martínez de la Rosa; en sus dos ci- 
tadas composiciones. ¿Qué otro interés podia herir entonces mas 
profundamente las imaginaciones? 



UNIVERSAL. 319 

Llegó por fin el levantamiento del sitio de Cádiz y la con- 
clusión de las cortes constituyentes. Nombráronse las ordinarias 
que las debian reemplazar, y el señor Martínez de la Rosa fué 
•elegido para ellas por la provincia de Granada. 

Desde luego comenzóse á advertir en aquella asamblea, no 
solo el errado sistema de elección; que se habia adoptado en el 
código de 1812; sino todavía mas el absurdo de no consentir la 
reelección de los representantes del pueblo. Volvíase de ese 
modo á entrar en la misma situacien de 1810, en cuanto á igno- 
rar completamente el congreso la práctica de los negocios pú- 
blicos, y á hallarse sin direeeion y sin guia en una carrera tan 
difícil. Faltaba ademas la buena f é y la inocencia que habían 
sido posibles al comenzarse las cortes anteriores; y se .levanta- 
ba en fin en el seno de estas un partido resueltamente contrario 
á las formas representativas. La espulsion, por último, de los 
Franceses, que iba obligando á plantear el gobierno, que saca- 
ba la cuestión del terreno de las teorías pava llevarle al de las 
realidades; todo iba multiplicando los obstáculos para los hom- 
bres sinceros y amantes de la libertad, que habían mirado has- 
ta allí la constitución como una obra acabada, perfecta, inme- 
jorable. 

A estos, sin embargo, pertenecía el señor Martínez de la 
Eosa; entre ellos había temado asiento, y á su frente se encontra- 
ba no obstante á su corta edad. El tenia te completa en la ley 
que habia jurado, y trabajaba muy sinceramente por su cumpli- 
miento. No podia negar las dificultades que estorbaban á cada 
paso la marcha gubernativa; pero se hacia la mas completa ilu- 
sión sobre este punto, atribuyendo á la falta del rey, detenido 
en el territorio francés, los inconvenientes que nacían en la eje- 
cución del nuevo sistema. Algunos años mas adelante ha reco- 
nocido por una costosa esperiencia lo contrario y visto que el 
rey era solo un obstáculo mas, y el mayor y mas insuperable, 
para la práctica de lo dispuesto en aquel código. 

Trasladadas en tanto las cortes á Madrid, llegado el rey á 
■Cataluña y á Valencia, el horizonte se ennegrecía por momen- 
tos y las dificultades eran cada vez mas imposibles de dominar. 
Todo el mondo sentía que se hallaba la nación en un estado fal- 
so é insostenible: todo el mundo auguraba que iba á realizarse 
nna crisis política: todo el mundo esperimentaba en su interior 
aquello que es el mas seguro presagio de la destrucción de un 
gobierno cualquiera; la falta de fé en los subordinados, la per- 
suacion íntima de que tal gobierno no podía durar. Los hom- 
bres previsores se resguardaban ya de la desgraciada suerte que 
veian. venir sobre sus cabezas: los hombres sin convicion pacta- 
ban con el nuevo poder que iba á levantarse: otros, en fin, mas 
honrados que estos víltimos, mas candidos que los primeros, 
cumplían estrictamente su deber, ó resignados ó ciegos respec- 



3SJ0 ÁLBUM 

to á la suerte que los aguardaba. A estos últimos correspondía 
el señor Martínez de la Rosa. Él continuaba siendo campeón 
del partido constitucional aun en los primeros días de Mayo de 
1814, y satisfecho con su tranquilidad interior, dejaba venir la 
nube que habia de envolverle. 

El decreto de 4 de mayo puso fin á esa incertidumbre pú- 
blica, á esa ansiedad general, y dio principio á la serie de reac- 
ciones políticas que habían de desgarrar nuestra patria. La anu- 
lación del código constitucional y la disolución de las cortes 
fueron los primeros actos del desacertado sistema que para mal 
de la nación estaba destinado á realizar Fernando VIL Hasta 
entonces habia habido por lo común justicia y tolerancia en las 
contiendas de nuestros partidos políticos: allí comenzó la tiranía 
délos vencedores sobre los que le habían sido contrarios, y se 
puso el fundamento á las luchas personales de que debiaoaios ser 
víctimas tan larga y miserablemente. No se hizo solo una reacción 
contraías cosas, sino un a persecución contralos individuos; Redan- 
do la nación entera, los mismo realistas que liberales, recibían 
con el mayor júbilo y con el mas puro entusiasmo á un monar- 
ca, por el cual habían derramado sus tesoros y su sangre, ese 
mismo monarca enviaba delante de sí la mas cruda desolación 
al seno de tantas, y tan ilustres, y tan beneméritas familias, co- 
mo lo eran las de los gefes del partido de la reforma. La mayor 
parte, cuando no todas las desgracias que han caido después so- 
bre nosotros, traen seguramente su origen de aquel gran escán- 
dalo de ingratitud, de aquel acto de ciega y lujosa tiranía. 

El señor Martínez de la Rosa fué preso y encausado como 
otros muchos vocales de aquellas y de las pasadas cortes. Forrnó- 
sele un proceso por opiniones que habia emitido, ya que no era 
posible formárselo por ningún hecho que pudiera decirse crimi- 
nal. Escusado es advertir que ni le habia, ni podia haberlo de 
esta clase. Él habia sido liberal y profesado las ideas reformistas. 
pero ni civil ni políticamente se podia citar de él acto alguno 
que cayese bajo la jurisdicion de tribunales de ningún género. 
Fué sin embargo de los tratados con mas enemistad y con mas 
cólera, porque personificaba mejor que ningún otro á la juven- 
tud estudiosa y valiente, que se lanzaba en el partido de las in- 
novaciones. El poder quería arrancarle una retractación de sus 
ideas, para lanzarle en seguida como ejemplo y como escarmien- 
to; mas el poder hubo de advertir muy pronto que' no habia co- 
nocido la tenacidad de aquel carácter, y que se habia formado 
una pobre ilusión, esperando de él cualquier flaqueza. 

Llegó por.fin la conclusión de aquellas causas, en las que la 
justicia no podia condenar, y en las que, en su defecto, condena 
el mismo monarca. Fernando YII repartió á los diputados los 
castigos que tuvo por convenientes. El del señor Martínez de la 
Rosa consistió el ser desterrado por ocho años ai jPeñon de la 



UNIVERSAL. 321 

Gomera, uno de nuestros presidios de África. Así espió aque- 
llos singulares crímenes, que consistían en haber profesado con 
conciencia una opinión que era la ley del país, y en haber mere- 
cido á sus conciudadanos la honrosa distinción de diputado á 
cortes. ¡Oh/ No se pueden estrañar, por mas que se deploren, 
los sucesos de 1820, cuando se recuerdan los qué en 1811 había 
amontonado el gobierno del rey! 

Triste y d olorosa, como no podía dejar de ser la permanen- 
cia del señor Martínez de la Rosa en su presidio, débese confe- 
sar que no fué agravada por ninguna circunstancia que depen- 
diese de la ojeriza de personas subalternas. Todos les miramien- 
tos que podían tenerse con un desgraciado, se le tuvieron comun- 
mente por los gobernadores del Peñón. Hizo la casualidad que 
estuvieran en aquel presidio uno que habia sido su criado ante- 
riormente; y tuvieron la urbanidad de dárselo para que le sir- 
. viera. Procuróse por último divertir cuanto era posible aquella 
soledad tan pesada: y el señor Martínez, poeta dramático como 
hemos dicho, formó allí mismo, con algunos oficiales de la guar- 
nición, una compañía cómica, que representase sencillos dramas. 
Asi, era menos desgraciado en su cautiverio que algunos otros 
de los que fueron sentenciados con él; ¿pero qué valían estos con- 
suelos efímeros, atendida la inmensa injusticia de donde traian 
su origen? ¿Qué importaban las atenciones de los carceleros, 
cuando la sentencia habia sido tan dura y tan injusta? Avanza- 
dos ya en los trastornos políticos, nos hemos acostumbrado á los 
encierros, á las deportaciones, y aun á la muerte: pero en aque- 
llos tiempos debían ser terribles semejantes consecuencias para 
el hombre de bien que solo habia procurado por medios legales 
la felicidad de su patria. 

La revolución de la Isla, triunfante á los dos meses en Ma- 
drid, sacó de su presidio al señor Martínez de la Rosa. Granada 
le erigió para su vuelta un arco de triunfo, y en las primeras 
elecciones de diputados lo envió con este carácter al congreso. 
Así le indemnizaba el pais en aquellos momentos de entusias- 
mo, de la injuria y la tiranía con que durante seis años habia 
sido tratado por las cortes. 

Esa persecución, ese martirio, que habían padecido los ge- 
fes del bando reformista, habían causado muy distintas conse- 
cuencias en cada uno de ellos. Afectados según su carácter, se- 
gún su reflexión, según sus circunstancias, volvía cada cual á la 
escena política con ideas y con tendencias diferentes. La des- 
gracia y el sufrimiento quebrantaron á algunos, al paso que 
exaltaron é irritaron á otros; cuales se levantaban llenos de ira, 
de resentimiento, de pasión, y mientras que en sus compañeros 
habia ganado la circunspección y la tolerancia: cuales volvían 
mes empedernidos en sus anárquicas ideas, que llamaban de li- 
bertad, mientras que otros habían comenzado á percibir el in- 

41 



Wj¡ ÁLBUM 

menso vaeío gubernativo que claramente se encontraba en ellas. 
Esa pausa de los seis años habia producido la desunión de mu- 
chos que antes marchaban de acuerdo, y la diversidad de opi- 
niones que no puede menos de nacer, cuando no existe una co- 
municación diaria entre las personas. 

Yiniendo a la que es primer objeto de estas noticias, halla- 
remos sus ideas hondamente modificadas con la reflexión, y pre- 
dominando en ella mayor necesidad de gobierno, mayor carác- 
ter de moderación y templaza. No habia abandonado los prin- 
cipios liberales, no habia perdido la fé en el sistema representa- 
tivo; no habia imaginado que con este fuese imposible la gober- 
nación; pero tenia perdido su entusiasmo por la ley de 1812, y 
juzgaba decididamente que era en ella escasa y mezquina la 
parte del poder público, siendo por consiguiente obligación de 
todo buen diputado apoyar el gobierno dentro de la esfera cons- 
titucional, para que pudiesen llenar sus deberes, y satisfacer sus 
importantes objetos. Asi las ideas de orden y de autoridad le tu- 
vieron siempre de su parte, y los instintos disolventes le hallaron 
de continuo por adversario. Así los ministros tuvieron constan- 
temente su apoyo en todas las cuestiones esenciales, y se escu- 
charon de su boca, en la sesión llamada de las páginas, aquellas 
célebres palabras del diputado Manuel: "Defendiendo al gobier- 
no se defiende también la libertad." 

Estas palabras, estrañas é inauditas entre nosotros en la épo- 
ca en que se pronunciaron, indicaban un sistema que era la com 
pleta condenación del vigente. Si defendiendo al gobierno se de- 
fiende la libertad, es malo y anárquico, sin duda, un orden cons- 
titucional esclusivamente inspirado por la desconfianza, y arma- 
do desde su primero hasta su último artículo de dificultades, y 
hostilidad hacia los poderes del pais. 

Esta posición en que se habia colocado el señor Martínez 
de la Rosa debia ir trayendo poco á poco sus naturales conse- 
cuencias. La popularidad se desvanecía, naciendo en lugar su- 
yo la hostilidad y los reproches. Inventóse para su moderación 
el renombre de pastelería, acusóse su intención de ir dirigida 
hasta á modificar el sagrado código; hubo momentos en que la 
exaltación patriótica atentó contra su persona misma. El már- 
tir de los seis años fué ya perseguido en 1821 por las turbas que 
invocaban la libertad, al salir del palacio del congreso; debien- 
do su salvación á la terca audacia de resistencia que siempre 
ha desplegado y á las autoridades que dirigían en aquellos mo- 
menlos militar y políticamente esta población. 

Entre tanto, habían terminado su carrera las cortes de 1820 
dejando caer al primer ministerio, y devorando al segundo con 
una inconcebible conducta. Ibanse á reunir las cortes sus suce- 
soras, productos de mas exacerbadas pasiones, nombradas por 
las sociedades secretas, que invadían ya plenamente la situación 
política del estado, y como de sus ideas y programas de sus o- 



UNIVERSAL. 328, 

Was, liabian elegido al general Riego para su primer presiden- 
te. Ño había ministerio a la sazón, ni se encontraba quienes qui- 
siesen ocuparlo de los que eran llamados por el rey. El conde de 
Toreno, en el que pusiera la esperanza, abandonaba la Penínsu- 
la, con una previsión de que ya habia dado muestras en 1814. — 
Entonces se indicó al señor Martínez de la Rosa, quien lo resis- 
tió primero con mucha resolución, pero que, cediendo al fin, echó 
sobre sus hombros una carga la cual no bastaban ninguna fuer- 
zas. La misión de aquel ministerio era menos gobernad- que com- 
batir diariamente con las cortes', y en semejante lucha se ocu- 
paron los individuos que la componían, con todas las desventa- 
jas que eran indispensables, en los cuatro meses que duraron 
ellos y ellas, desde 1 ? de Marzo hasta fin de Junio. 

En esta época se aumentaron, como era natural, las acusa- 
ciones contra el señor Martínez de la Rosa designándole públi- 
camente como traidor á la ley política, y promovedor de refor- 
mas esenciales en su contesto. La verdad es, como hemos dicho 
antes, que estaba fenecido su antiguo entusiasmo por nuestro 
sistema constitucional-, que conocía sus defectos, y que no se ha- 
cia ilusión sobre sus probabilidades de subsistencia. Esto era 
exacto, y así mismo fácil de conocer. Pero los que, pasando de 
ahí, le atribuían intenciones de modificar aquel mismo código 
por medios que en él no tuviesen previstos, 'ó se equivocaban esa 
su creencia, ó inventaban una suposición que no tenia el mas 
mínimo fundamento. No le conocían, y de seguro le calumnia- 
ban, los promovedores de tales juicios. Ni durante su diputa- 
ción, ni durante su ministerio, ni después de éste, jamas entró 
en conjuración alguna, ni interna ni diplomática, para sobrepo- 
nerse á la constitución, alterando sus disposiciones. Tal es por 
lo menos nuestra íntima creencia fundada en datos que creemos 
irrecusables. 

Pero si el ministerio, para volver á nuestra narración, no 
conspiraba entonces contraía ley política, el rey conspiraba con- 
tra esta y contra su mismo gobierno. Sus planes, y los de tantas 
personas como le ayudaban, mal avenidas con la constitución 
existente, trajeron la situación del 30 de Junio, la sublevación 
de la guardia real, la anarquía de aquella semana, y el de 7 de 
Julio por último con todas sus eonsecuncias. 

La conducta del señor Martínez de la Rosa durante estos 
memorables acontecimientos, aunque variamente juzgada por 
sus contemporáneos, solo merece elogios y de cierto se los tri- 
butará la historia. En tan críticas circunstancias ni un solo pun- 
to llaquea ron su valor .personal, la serenidad de su espíritu, la 
entereza de sus principios constitucionales, ni su proberbial rec- 
titud. Dictábanle esta y aquellos que su puesto durante la insur- 
recion debía ser al lado del monarca, y lo fué en efecto á des- 
pecho de la prudencia. Preso dentro del palacio mismo en la no- 



S2é ÁLBUM 

che del 6, mientras hubiera podido ejercer desde el ayuntamien- 
to una autoridad fácil, pero ilegal; sucesivamente amenazado é 
implorado por el rey, según eran mayores ó menores las'probabili- 
dades de triunfo para la mal urdida conspiración palaciega, el de- 
sengañado ministro aprovechólos primeros momentos de la victo-» 
ria para hacer dimisión de un destino que ya no le era posible de- 
sempeñar. El antiguo velo estaba rasgado para los que se encontra- 
ban cerca del rey en aquellos momentos de combate; y ninguna 
otra consideración podia vencer á esta, tratándose de personas 
respecto á las cuales era un asunto serio, y no un negocio de jue- 
go ni de comodidad, la gobernación del pais. Reservábale em- 
pero una íntima recompensa de su noble proceder en aquel apu- 
rado trance: cuatro veces tuvo que repetir su renuncia el señor 
Martínez de la Rosa, porque ni el rey quería admitirla [el mis- 
mo que se le había hecho arrestar noches antes!] ni el consejo de 
estado consentía en que le admitiese; mas al cabo; su resolución 
pudo mas que todas las instancias, y abandonados los negocios 
públicos, se retiró á considerar desde la vida doméstica la tristí- 
sima solución que en muy rápido progreso iban aquellos presen- 
tando. 

Mas las pasiones democráticas debían aprovechar la victo- 
ria del 7 de Julio, y en su triunfo efímero no podían perdonar- 
se á los que legal y constitucionalmente habían querido resis- 
tirlas y enfrenarlas. La causa que se formó contra los guardias 
rebeldes comprendió también al ministerio bajo cuya goberna- 
ción se rebelaron. Encontróse un [fiscal apropósito, que, para 
vengar á la constitución, se olvidó de lo que preceptuaba esta, y 
que procedió contra los ministros, por sus actos públicos, como 
pudiera haber procedido contra el reo militar mas insignifican- 
te. Buscóselos, pues, para llevarlos nuevamente á prisión; si 
bien en este caso fueron advertidos con tiempo, y pudieron evi- 
tar el iujusto cuanto ilegal atropellamiento que se les prepara- 
ba. — Las mismas cortes, no obstante su hostilidad, se vieron 
precisadas á reconocer su derecho, y á impedir aquel escándalo. 

¡Cuanta materia habia de reflexiones en la vida del señor 
Martinez de la Rosa! Ningún hombre público de aquellos tiem- 
pos presentaba tantas y tan singulares alternativas. El mi&mo 
que arrancado del Peñón, habia entrado en Granada bajo un 
arco de triunfo, como personificación del sistema constitucional 
era buscado á los dos años en nombre de este mismo sistema, 
como á un enemigo á quien se necesitaba herir de muerte. La 
corona de la gloria tornábase otra vez en corona de persecución 
y de martirio. El poder absoluto le habia hecho su víctima; y 
ahora estaba en poco que también lo hiciese el poder liberal 
¡Cuanta materia, repetimos, para reflexiones, si los partidos po- 
líticos que se lanzan en las revueltas fueran capaces de reflexio- 
nar alguna vez! 



UNIVERSAL. 325 

Entre tanto, el destino constitucional concluía la segunda 
parte de su carrera. El ejercito francés se preparaba para inva- 
dir la España, y las cortes y nuestro gobierno habían marchado 
la vuelta de Sevilla. Enfermo á la sazón el señor Martínez de la 
llosa, y separado de los negocios públicos, permaneció en Ma- 
drid, y no acompañó á sus antiguos compañeros en esta nueva 
retirada. — Pero pronto tuvo él que hacerla por su parte. 
Instalada apenas la regencia que crearon el duque de Angule- 
ma, y los gefes del partido realista, exigió de aquel que recono- 
ciese esplíéitamente su autoridad. Negóse á ello con la firmeza 
que en otras ocasiones había acreditado, y hubo de agradecer 
muy sinceramente que en remuneración de su negativa se le die- 
ra un pasaporte para salir de los dominios de España. Fortuna 
suya fué que no se acordasen en aquel momento de los dos años 
que debia cumplir en el Peñón de la Gomera, y que no le hu- 
biesen destinado á aquel ó á otro presidio, con el aumento de 
pena para que había hecho nuevos méritos. 

Emigrado el señor Martínez de la Rosa por espacio de ocho 
años; la primera regla de su conducta fué el no confundirse con 
la gran masa de aquellos otros, que habían lanzado en estrañas 
regiones los sucesos de nuestra patria. No estando él personal- 
mente proscripto por el gobierno español, no quiso mezclarse 
con los que lo estaban, ni tomar su carácter, ni participar de 
sus ilusiones y proyectos. Sin renegar del liberalismo, pero to- 
mando esta palabra en un sentido mas lato, mas europeo, que 
el que se le daba entre nosotros marcó y señaló bien su dife- 
renci;: de los que, habiendo sido constitucionales puros hasta el 
último momento de la lucha; podían ya en aquellas circunstan- 
cias apellidarse con mas razón revolucionarios. El no solamen- 
te no lo era, sino que llevaba su desvio hasta un punto que se 
calificaba de afectación. Suponíase por algunos depender esto 
de la tendencia aristocrática, de que le acusaban ya desde 1820 
quizá había contribuido también la persecución que sufriera 
después de su ministerio por casi todas las personas notables 
del bando emigrado. Como quiera, el hecho es exacto, fuesen 
las que fuesen sus causas. En Francia permaneció siempre se- 
parado de' aquel; y pudo hacer las largas espediciones á Alema- 
nia, Suiza, Holanda é Italia, donde á otros no les era permitido 
entrar. 

Y no se crea por esto que el señor Martínez de la Rosa ha- 
bia abandonado la política, ni alistádose en las banderas del rea- 
lismo transpirenaico. Bástanos decir que concurría asiduamente 
á los salones de Laffite y de Terneaux, que había contraído rela- 
ciones con el duque de Choiseul, con el duque de Broglie, con 
Decazes, y aun con M. Thiers, con M. Guizot, con Mr. Duveí - 
gier de Hauranue, con todo lo mas notable y mas escogido de la 
liberal y ardiente oposición de 1827 y 1830. 



32£ ÁLBUM 

Sin embargo, la vida del señor Martínez de la Rosa fué 
durante aquella época principalmente literaria. Habían renaci- 
do los gustos de su juventud, y la erudición y la poesía llenaban 
tan largos y tan desocupados años. Las bibliotecas de Paria 
fueron su perdurable recreo, apenas interrumpido para esplorar 
las eternas ruinas de Roma y el magnifico cráter del Yesubio. 

EnParis en 1829 publicó en casa de M. F. Didot la colec- 
ción en cinco tomo de sus obras completas, cuyo análisis no nos 
parece que es llegado el momento de hacer con la imparcialidad 
debida. Solo haremos algunas breves reflexiones con ocasión de 
su drama la Conjuración de Venecia ) no tanto por ser tan nota- 
ble en sí misma esta producción, cuanto por la influencia que 
ejerció en la literatnra dramática española cuando llegó á re- 
presentarse en Madrid pocos años después, y también como una 
prueba mas de ese don de oportunidad que algunas páginas 
mas arriba reconocimos en el señor Martínez de la Rosa. Por 
grandes quesean el interés, la belleza°del lenguaje y la novedad 
de las situaciones que hacen de este drama una obra de primer 
orden, es seguro que gran parte del entusiasmo con que fué re- 
cibida por el público madrileño se debió á la particular dispo- 
sición de este en la época de su representación. Empezaban en- 
tonces á cundir por España las ideas de la nueva escuela román- 
tica: Víctor Hugo y Dumas tenían entre nosotros admiradores 
y apóstoles de sus doctrinas, pero nadie se habia lanzado aun á 
aclimatar estas prácticamente en nuestra escena: este triunfo es- 
taba reservado al señor Martinez de la Rosa: su Conjuración de 
Venecia, representada en 1834, inauguró la era. romántica en 
nuestros teatros. El mismo hombre que poco antes había hecho 
aplaudir con frenesí la pureza clásica en su Edijpo, arrancó al 
público iguales aplausos para una composición esencialmente 
romántica. 

Así ocupaba el señor Martinez de la Rosa los ocios de su 
emigración, nada semejante al mayor número de los que ha- 
bían compartido su desgracia, y que solo llenaron tan larga épo- 
ca maldieiendo á unos gobiernos y conspirando contra otros. 
Pocos fueron los que en el estudio de las ciencias, en el cultivo 
de la literatura, en aplicación á las artes, se prepararon para 
introducir en su patria nuevos gérmenes de utilidad -ó de dis 
tracción y de gloria. El distingnido lugar que entre estos poco3 
ocupase la persona de quien tratamos, lo señalan suficientemen- 
te esas ligeras indicaciones que acabamos de hacer, Así su 
nombre ganaba inmediatamente y bajo todos aspectos, tanto en 
España como en Europa. No compartía en aquellos países la 
vergonzosa oscuridad que cubre á nuestros compatricios; y ade- 
mas de ello, volvía á entrar como de rechazo en nuestra patria, 
adornado con el prestigio y la celebridad de los aplausos estran- 
geros. 



UNIVERSAL. 327 

Entre tanto la política de la Europa había esper i mentado 
notables variaciones con los sucesos de 1830, y se iba acercando 
el momento en que debia esperimentarlas también la po ítica 
particular de España. Habían pasado y cesado los rigores de la 
reacion, y un espíritu de templanza y de sosiego se hacia larga 
parte en el ministerio del rey. Los hombres que no conspirasen 
contra su poder debían estar seguros de no ser incomodados en 
en su vida íntima. La opinión general inclinándose, á tendencias 
moderadas, hacía sentir largamente en el gobierno su poderoso 
influjo. 

Entonces deseó volver á España, volver á Granada, el se- 
ñor Martínez de la Eosa, y el ministerio, ó el rey, no tuvieron 
dificultad en otorgárselo. Conocía bien Fernando VII la severa 
honradez de su carácter, y sabia que no era capaz de mezclarse 
en oscuras maquinaciones. No le quería, pero le respetaba. Ha- 
bíase convencido de que no era enemigo temible, de la especie 
del mayor numero de los emigrados: que en Granada le seria 
tan poco hostil como en Paris ó en Ñapóles. Dejósele pues ve- 
nir entre su familia, ó por mejor decir, la de su hermano á quien 
amaba mucho; prefijándosele sin embargo, el deber de que no 
pasase por Madrid, condición que parecía entonces lujosamente 
vejatoria, y que levantaba fuertes clamores cuanto se imponía á 
cualquier sospechoso. Entonces no se habia llegado á la situa- 
ción presente, y nos hallábamos mucho mas cerca de la verda- 
dera y práctica libertad. 

La vida que hizo en Granada el señor Martínez de la Rosa 
durante el corto tiempo que permaneció allí, fue asimismo lite- 
raria, oscura y tranquila. Pero vino á poco la enfermedad del 
rey, vinieron los acontecimientos políticos de la primer regen- 
cia de la reina Cristina,'y fuele permitido trasladarse á esta corte 
cambiada casi en favor la hostilidad que antes esperimentara. 
La rueda de la fortuna concluía su círculo, y se aproximaba otra 
vez un instante de resplandor. 

Todavía empero no se ocupaba activamente sino en asun- 
tos literarios, En Madrid, en 1S33, publicó una colección de 
poesías ligeras, que el público recibió con mucho aplauso. Era 
su primer libro dado á luz después de la emigración, y menos 
que al poeta se aplaudía en él al emigrado, de opiniones á la vez 
templadas y liberales. La nación era entonces liberal y modera- 
da, y se complacía en encontrarle semejante á ella. Por el mis- 
mo tiempo se ocupaba en escribir la vida de Hernán Pérez del 
Pulgar, uno de los célebres guerreros que recuerdan el principio 
de nuestro gran siglo. 

Llegamos aquí al período mas interesante del señor Martí- 
nez de la Rosa, al mas alto punto de importancia en la vida y 
en la carrera de este hombre de estado. Tal es la época de su 
segundo ministerio. 



828 ÁLBUM 

Dirigía el gobierno de la monarquía, muerto ya el rey, el 
señor Zea Bermudez, ministro hábil y apreciado por su carácter 
pero cuyo sistema de despotismo ilustrado era á la sazón impo- 
sible: fuere forzoso invocar francamente el liberalismo para di- 
rigir la nación y combatir al bando carlista, y el señor Martinez 
de la Rosa, aclamado al efecto por la opinión pública fué elegi- 
do para formar el nuevo orden de cosas que reclamaba y verda- 
deramente necesitaba la nación. 

Los principales actos del señor Martines de la Rosa durante 
su ministerio, fueron la intervención en los asunto de Portugal, 
el tratado de la cuádruple alianza, y la promulgación del estatu- 
to real, el cual, dígase lo que se quiera, satiflzo entonces plenamen- 
te á todos los liberales de la buena fé. Por lo tocante á los ter- 
ribles menoscabos que sufrió la causa del orden y de la libertad 
durante aquel ministerio, y que fueron execrables matanzas del 
17 de Agosto de 1834 y la insurrección impune del 19 de Enero 
1835, fuera sobrado rigor hacer de cualquiera de ellas un capí- 
tulo de acusación contra el ministro que no pudo prevenirlas ni 
castigarlas cumplidamente. En el primer caso, si el castigo no 
fué completo, cúlpese á los que malamente inutilizaron las se- 
veras disposiciones del ministro. En el segundo es público y no- 
torio que él se opuso en el consejo á la vergonzosa transacción 
que al cabo se verificó con los insurgentes. Se le ha acusado de 
debilidad por no haber dejado entonces su puesto, pero nadie 
negará que mas firmeza hay en conservar un puesto difícil que 
en abandonarle. Si, como dijo entonces el señor Isturiz, el bata- 
llón insurrecto de la casa de correos se llevó en las puntas de 
sus bayonetas la fuerza moral del-gobierno, peligro había sin 
duda en continuar á la cabeza del gobierno, y arrostrando este 
peligro el señor Martinez de la Rosa cumplió su deber. La oca- 
sión qu£ le movió á abandonar el ministerio prueba que la con- 
sideración de los peligros no influyó en su conducta, pues cabal- 
mente cuando vio ahuyentada al parecer la perspectiva del peli- 
ligro á costa de una solicitud de intervención á que él se opnso 
el consejo, porque en su concepto era un acto de debilidad, re- 
nunció el poder que miraba ya como un arma impotente entre 
sus manos. 

No es nuestro ánimo, ni consideramos propio de una bio- 
grafía dar aquí una narración seguida de los sucesos contempo- 
ráneos del personage que nos ocupa, sino solamente apuntar 
aquellos sobre los que ha tenido una influencia mas ó menos 
directa. Entre estos el que mas esclusivamente le pertenece, se- 
gún la exacta observación de un biógrafo, es la creación, digá- 
moslo así, del partido moderado en España. El le formó á su 
semejanza, y él le ha dirigido siempre con su acción y con su 
influjo. 

Bajo los tres ministerios sucesivos del conde de Toreno, y 



UNIVERSAL. 829 

délos señores Mendizabal é Isturiz, el señor Martínez de la Ro- 
sa tomó poca parte en los negocios públicos. Para las cortes que 
siguieron á las de 1834 do fué elegido; las eleciones de 1836 lo 
llamaron de nuevo á la arena política, en la que mucho se espe- 
raba de su esperiencia y desengaños para la revisión del estatu- 
to; mas los pronunciamientos de aquel verano y la revolución 
de la Granja, dieron en tierra con toda la obra reformista, ele- 
vando en su lugar la niveladora: los restos del antiguo sistema 
monárquico y el estatuto real debieron hundirse ante la Consti- 
tución de 1812. El testamento del difunto rey y la obra del se- 
ñor Martínez de la liosa cayeron á la vez heridos por las bayo- 
netas de dos sargentos, y mal defendidos ó abandonados por los 
que debieron haber cuidado de su custodia. No es necesario de- 
cir que el partido conservador quedó fuera de acción completa- 
mente, ni que sus gefes hubieron de faltar en las cortes elegidas 
á consecuencia de aquellos sucesos. 

Pero á poco comenzó ese propio partido á elevarse en la 
opinión, aguardando el momento en que se habia de elevar en 
los negocios públicos. Las cortes mismas habían tenido que al- 
zarle sobre sus hombros, adoptando para la nueva constitución 
los principios que él profesaba. El pais se iba declarando enér- 
gicamente por una reparación, y las mismas desgracias de la 
guerra acababan de decidir la balanza en favor de las doctrinas 
monárquicas y conservadoras. Las elecciones no dejaron la me- 
nor duda sobre este punto; y el primer ministerio del señor Bar- 
daji compuesto aun de hombres do la revolución, tuvo que ceder 
su lugar á otro en que dominaban contrarias tendencias, y que 
era solo un puente de tablas para entregar el poder á los gefes 
del partido moderado. 

Cometieron estos sin embargo la imprudencia de no tomar- 
le, cuando se organizó el gabinete de Diciembre de 1837. El se- 
ñor Martínez de la Rosa fué sin embargo el alma de aquellas 
Cortes, á cuya cabeza se puso desde el principio, formulando en 
la contestación al discurso del trono el sistema político que de- 
bia seguirse; y guardián y fiador de aquellos compromisos, esta- 
ba siempre presente para que no se infringiese, para que no se 
abandonasen. 

Este periodo de la vida del señor Martinez de la Rosa es el 
del apogeo de su gloria como orador: nunca se levantó á mayor 
altura de elocuencia, de valentía y de dominación sobre su par- 
tido. Sus inmensos esfuerzos sin embargo fueron inútiles: todos 
debían estrellarse en la traición de un soldado ambicioso. 

El pronunciamiento de Setiembre afectó en lo mas íntimo 
al señor Martinez de la Rosa. Habia sufrido los atentados contra 
su persona en 1835 sin dejar un solo dia de presentarse al pú- 
blico; habia visto pasar la revolución de la Granja sin tomar me- 
dida alguna de prudencia. El pronunciamiento le dobló. No 

42 



'¿'¿O ÁLBUM 

quiso permanecer en Madrid después d e ese acto que calificaba 
con la severidad oportuna. Asu juicio, el trono y la constitución 
habia perecido en él; su obra de 1834, escapada por milagro eu 
1836, naufragaba en estos momentos. La vista de lo que iba á 
suceder le era intolerable, y por mas que no temiese respecto á 
su persona, necesitaba respirar otro ambiente y alejarse de este 
revuelto y ensangrentado teatro. En Octubre de 1840 marchó 
ocultamente á Paris. 

"Aquí," escribía en Julio de 1843, un elegante biógrafo 
francés. — Aquí vive en una modesta habitación de la calle de 
Provence, solitario en medio de la ruidosa capital, visitando 
algunas veces, pero mucho menos de lo que se cree generalmen- 
te, el palacio de la calle de Conrcelles, donde reside la reina Cris- 
lina, estraño á todas las maquinaciones políticas, sin haber saca- 
do, de sus dos tránsitos por el poder, en un siglo en que se osten- 
tan sin pudor tantas riquezas improvisadas, mas que un reduci- 
do patrimonial, la mitad del cual ha naufragado en las borras- 
cas de su existencia, consolándose de nuevo con el estudio y la 
poesía, continuando su escelente obra sobre el Esniritu del si- 
glo, frecuentando todas las bibliotecas y el trato de los sabios,, 
pensando siempre en su querida España, lamentando los males 
que agovian á aquella amada patria, y suspirando por el mo- 
mento de verla feliz y de poder llevarle de nuevo su talento, 
bus servicios, la misma lealtad, el mismo amor de que tantas 
pruebas le ha dado en las numerosas tribulaciones de su vida 
política. Y como si no le bastasen los honrosos títulos que le 
han grangeado una reputación europea y el afecto de cuantos 
le conocen, vésele en este suelo estrangero, en medio de las dis- 
tracciones de Paris, no perder ocasión alguna de celebrar todas 
las glorias de España en una lengua que no es la suya, pero que 
posee como si lo fuera y pronunciar, en el seno del Instituto his- 
tórico y en otras doctas sociedades de que es individuo, elocuen- 
tes discursos sobre los grandes poetas, los ilustres conquistado- 
res, los atrevidos navegantes con que sejionra su patria, y lue- 
go, de vuelta en su casa, traducir estas obras ásu propio idioma 
para no privar de ellas á sus compatriotas. 

"Allí, en medio de los hombres mas instruidos de Francia, 
se hace notar por sus modales apacibles, modestos, casi tímidos. 
Las desgracias personales que ha sufrido, los males que vé pesar 
sobre su pais, habrán modificado sin duda algunas de sns con- 
vicciones, pero el fondo de sus principios persevera el mismo, y 
es para él ocasión de grande amargura pensar en el descrédito 
que ha derramado la revolución española sobre las instituciones 
liberales. 

Los sucesos de 1843, consecuencias de la caida del general 
Espartero, llevaron al señor Martínez de la Rosa á Madrid, de 
donde á entrada del siguiente año pasó á Paris en calidad de 



UNIVERSAL. 331 

■cmbaj ador en dicha corte. En Agosto del mismo fué llamado por 
S. M. para encargarse del Ministerio de Estado que desempeña 
actualmente. 

El señor Martínez de la Rosa, Director de la Real Acade- 
mia española, Presidente del Instituto histórico de París, é indi- 
viduo de un gran número de corporaciones científicas, literarias 
Sn gobierno y r¡ uchos de los estrangerosle lian condecorado con 
las mas altas distinciones: otra mas alta y mas gloriosa todavía 
le han dado los pueblos; un aprecio y un respeto universales, 
•una gran nombradla, mejor diremos, una popularidad europeas. 






El general Benret (Jorge), que murió gloriosamente en la 
batalla de Montebello, nació en la Riviere [Alto Rhin] el 15 de 
Enero de 1803. Salió de la escuela militar de subteniente del 27? 
de infantería; hizo las campañas de España y de Morea, donde 
alcanzó el grado deteniente. Nombrado ayudante mayor en el 
mismo regimiento en 1833, fué condecorado en el siguiente, y 
elevado al grado de capitán ayudante mayor en 1836. En 1844, 
pasó á comandante de batallón, y en 1849, formó parte de la ex- 
pedición de Roma de teniente coronel del 60? En 1852 fué pro- 
movido al grado de coronel y enviado á África con el 39? de lí- 
nea. Designado en 1854 para el ejército de Oriente, se distinguió 
repetidas veces en aquella memorable campaña. En el sitio de 
Sebastopol fué herido en el hombro izquierdo. El 10 de Enero 
de 1855 fué nombrado general y encargado del mando de la 1? 
brigada de la 6?- división de infantería del ejército de Oriente; 
el 27 del mismo mes fué elevado al grado de oficial de la Legión 
de Honor. El 9 de Febrero de 1855 recib el mando de la 1? 
brigada de la 3?- división de infantería del primer cuerpo, y se 
distingue en el ataque principal delante de Sebastopol. En 1856 
fué llamado al mando de una brigada de infantería del ejército 
de Paris. En Abril de 1S59 cuando la formación del ejército de 
los Alpes, la brigada del general Benret fué una de las prime- 
ras que marcharon á Italia, y tuvo la honra de inaugurarla cam- 
paña por el primer combate dado á las tropas austríacas el 20 
de Mayo último. Su dignó comandante halló en esa pelea una 
muerte gloriosa. El general Beuret habia sido condecorado des- 
pués de la campaña de Crimea con la orden de Medjidié de pri- 
mera clase de Turquía, y con la orden británica del Baño. 




AI 

PINTOR CELEBRE FRANCÉS. 



Eustaquio Lesueur, nació en Paris el año de 1611. Desde stí 
mas tierna edad mostró una irrestible inclinación Lacia el dibu- 
jo, recibió casi al nacer el creyón de las manos de su propio pa- 
dre que era escultor, y habiendo reconocido las felices disposi- 
ciones de su hijo, se apresuró á colocarle en el taller de Bonet„ 
que gozaba entonces de gran reputación. Lesueur, descolló bien 
pronto en medio de sus numerosos condiscípulospor su estrema- 
da facilidad y sólido juicio. Sin dedicarse á seguir servilmente 
el estilo de- su maestro, supo conservarlos grandes principios de 
efecto grandioso de aquel, y lo que poseia de bueno para el me- 
canismo del arte. Rápidamente se entregó al estudio de los an- 
tiguos y con el ausilio de sus propias observaciones sobre algu- 
nas obras délos buenos maestros italianos qne pudo procurar- 
se en Paris, se engrandeció la naturaleza ante sus ojos, y la pin- 
tó bajo las mas bellas y mas nobles formas. Desde ese momento 
fué Rafael la única guia que se propuso seguir y pareció desti- 
nado por la Providencia á hacer revivir después de mas de dos 
siglos la memoria de este primer pintor del Universo. Tenia co- 
mo Rafael una fisonomía muy dulce, agradables y nobles mane- 
ras. El destino de estos dos genios fué uno, vivieron el mismo 
número de años. 

Las primeras obras con que se dio Lesueur á conocer fue- 
ron o¿ho composiciones destinadas á ser tejidas en tapices y cu- 
yos argumentos novelescos pertenecían al Sueño de Polifito. En 
esos cuadros anunció un genio tan sabio como espresivo, y en 
los que la gracia nada perjudicaba á la dignidad. Recibido maes- 



UNIVKKSAT,. 333 

tro de la antigua academia de San Lúeas, pintó para ella un S. 
Pablo tocando los enfermos, obra de espresion que atrajo la 
atención del gran Ponssin. Desgraciadamente este célebre pin- 
tor hizo muy corta residencia en Paris, pero á su vuelta á Roma 
se tomó el trabajo de dibujar croquis de modelos del mejor es- 
tilo que envió á Lesueur acompañados de cartas llenas de pro- 
testas de estimación y escelentes consejos. 

En 1642, se casó Lesueur, sin contar con mas recursos que 
su trabajo, ni otra recomendación que su talento. La sencillez y 
el candor de su carácter le hacían poco propio para la corte y 
se vio obligado para vivir á dibujar césis teológicas, frontis de 
libros y pintar imágenes de la Virgen en medallones para las 
religiosas. Algunas composiciones morales ó alegóricas de cir- 
cunstancias, tales como Minerva y la reina Añade Austria, Luis 
XIV, y el cardenal Mazarino le habian hecho nombrar primer 
pintor de la reina madre; esta princesa le encargó pintase para 
el claustro de la Cartuja de Paris, la vida de San Bruno que di- 
vidió en veinte y dos cuadros. Los ejecutó en el mismo conven- 
to. Se admira sobre todo en esta colección de obras maestras que 
forma un verdadero poema en pintura el sueño del Santo fun- 
dador de la orden do los Cartujos, su negativa á aceptar la dig- 
nidad episcopal, la predicación del canónigo Raimundo y la 
muerte de San Bruno. Si alguna vez el manejo del pincel ha de- 
bido ilustrar la carrera del hombre, la inmortalidad debe asig- 
narse a Lesueur por sus admirables cuadros. ¿Quién mejor que 
él ha comprendido la manera de ser y de vida del Cenobitas? ni 
quién como él traslada al lienzo las conmovedoras melancolías 
de la vida contemplativa? Sus actitudes, sus gestos, el aire de 
las cabezas son pensamientos realizados, sus formas, sus contor- 
nos y el ropage que los visten son de sorprendente verdad, sus 
personages son los que debían ser en el retiro. Se cree uno tras- 
portado bajo las rejas ó á las celdas. Las pasiones son estrañas á 
esos hombres que han abdicado toda voluntad, á quién se toma- 
ría por sombras destacadas de la tierra, prestas á volar para un 
mundo mejor. Sin embargo, en el cuadro en que representa la 
hora suprema del gefe espiritual de los piadosos anacoretas, la 
omnipotencia del pincel del artista, ha sabido hacer revivir la 
humanidad por algunos instantes, un relámpago de sensibilidad 
irradia sobre estos rostros pálidos y estenuado, en que brilla al 
mismo tiempo la mas viva fé. Después de haber acabado Lesueur 
su trabajo, dejó el cenobium de paz donde se había encerrado 
tres años y volvió á entrar en el mundo dejando á los buenos 
padres sus obras maestras y el recuerdo de sus virtudes. 

En 1649 Lesueur se vio encargado de pintar el cuadro re- 
presentando en primero de mayo el cuerpo de plateros de Paris 
en la iglesia de ~N"otre Dame (Nuestra Señora). Lebrun á su re- 
greso de Italia se habia señalado en iguales circunstancias La 



334 ÁLBUM 

emulación mas bien que el módico precio de los 400 francos se» 
Halados á esta obra, hizo producir al artista un San Pablo, ver- 
dadera obra maestra de poesía y de movimiento, de invención 
y de estilo que dejó tras sí y á mucha distancia el San Andrés y 
el San Esteban de Lebrun, hechos en la misma ocasión. 

La reputación de Lesueur se eetendia de dia en dia pero sin 
salir de la esfera de las comunidades y de las iglesias ó de los 
hoteles y casas particulares. Concluyó en 1657 para la abadía 
de Mormontiers de Tours dos grandes cuadros de la vida de San 
Martin que espresan por su carácter ascético y conmovedor, la 
perfección en el género que habia abrazado. Pero donde fué mas 
admirable su pincel religioso, y se acercó mas al célebre pintor 
del¡ Vaticano de lo que podia con mucha justicia, como discípulo, 
es en su gran cuadro de San Gervasio y San Protasio que hizo 
para la iglesia parroquial de este nombre. Los dos hermanos 
comparecen ante el procónsul Astuso en la actitud de los ánge- 
les de virtud y de belleza. La apostura mas sencilla y modesta 
caracteriza á ambos. / 

A esta obra maestra siguieron las pinturas con que Lesueur 
adornó el palacio de Thorigui, conocido después con el nombre 
del hotel Lambert. En estas nuevas producciones mostró que 
ningún género le era desconocido y pintó con tanta gracia como 
decencia los amores, las ninfas y las musas. Se encontró con es- 
te trabajo en concurrencia con Lebrun, el favorito de Luis XIV, 
que tuvo celos al verse sobre-pasado en el género de invención 
alegórica en que pretendía sobresalir. Sin duda temia que los 
elogios tributados á su colaborador atrajesen la atención de la 
corte y le hicieran participar de los beneficios del gran monar- 
ca. Mas nada tenia que temer por esa parte de Lesueur; modes- 
to en su deseo pero sensible, se permitió una sola alegoría en 
que á ejemplo de Pousin se representó triunfante desús émulos. 

Un segundo cuadro de San Gervasio y San Protasio que no 
concluyó, terminó su carrera artística: su estremada pasión por 
su arte, una aplicación demasiado asidua para llegar ala perfec- 
ción le habían obligado á hacer tales esfuerzos, que acabó por 
agotar su salud muy delicada. No trataremos de describir las 
grandes y hermosas cosas que debemos á su genio; baste decir 
que apenas puede concebirse como una existencia tan corta ha 
podido producir tanto. Yiudo á los 36 años, abandonado de to- 
dos, perseguido con encarnizamiento por sus rivales, profunda- 
mente desanimado, determinó á causa de una enfermedad de 
languidez á retirarse á esa misma Cartuja donde su pincel habia 
creado maravillas. Murió en ese asilo de paz en 1655 á pesar de 
los cuidados cariñosos de los piadosos cenobitas que no cesaron 
de prodigarle los consuelos de la religión. Fué enterrado en San 
Esteban del Monte, donde se halla borrado el sencillo epitafio 
graba do sobre su losa. 



S»^" 



Hay en la costa de Andalucía, ya cerca de la raya de Por- 
tugal, «na villa de corta población, aunque bellísimamente si- 
tuada que disfruta de cierta celebridad, bien que no de toda la 
que merece, y es la villa de Palos de Moguer, ó simplemente 
de Palos. De allí salieron las tres carabelas con que se arrojó Co- 
lon á cruzar desconocidos mares en demanda de un nuevo mun- 
do, y esto es lo que principalmente da fama al pueblo, con cuyo 
nombre vá encabezado este artículo; pero allí también han ocur- 
rido lances dignos de memoria eterna; y sin embargo, tal ha si- 
do, la incuria de nuestros historiadores, que ninguno los ha con- 
signado en sus escritos, abandonándolos á la tradición, que todo 
lo confunde y lo "vicia, dando motivo después á que los críticos 
suspicaces y osados nieguen hechos tan autentices y positivos 
como la aventura de Don Rodrigo en la cueva de Toledo, y las 
portentosas hazañas de los doce Pares. 

Palos fué antiguamente uuív ciudad populosa, cuyos habi- 
tantes, muy inclinados á la emigración, fundaron diferentes pue- 
blos dentro de España y fuera; y de Palos traen su origen mu- 
chísimas familias, célebres ya en los primitivos tiempos de la 
Grecia. 

En Palos, antes que en parte alguna, se rindió cultos á las 
diosas Palas y Pales; de Palos fueron oriundos los Palantes y 
Palamedes; hijos de Palos fueron los fundadores de Palencia y 
Palermo; los Palomeques, Palomos, Palomares, Palomeros, y 
Palominos; y una limpia ó expulsión hecha en Palos en la épo- 
ca de su mayor brillo y cultura llenó de paletos á todas las al- 
deas de España. En Palos se inventaron los palotes y la paleo- 
grafía, las palanganas y el baile paloteado, los palanquines, las 



336 UNIVERSAL. 

palatinas, y los paletoques, especie de sayos que abriéndolos por 
delante y añadiéndoles mangas, se lian convertido en los pale- 
toes modernos. En. re los paloteros nació ese género de conver- 
sación que aun conserva el nombre de palique, y de los lances 
que vamos á referir provino la espresion vulgar de cantar la 
palinodia. En qué sigio ocurrieron estos es imposible determi- 
narlo; pero consta por la tradición que en aquella época los pai- 
sanos usaban blusas y sombreros redondos, y la tropa de 
caballería gorras de pelo. Las modas, los faroles de las calles 
y otros inventos de ayer no son sino repeticiones de lo que ya se 
ha usado y abandonado repetidas veces. En el mundo no hay 
nada nuevo, y para mí no tiene duda que en la edad antidilu- 
viana habia ya caminos de hierro, bolsa, fósforos, sistema de cu- 
rar con agua, iluminación de gas, libertad de imprenta y baile 
de polka, y todos los sistemas, bailes y libertades posibles; por- 
que si los hombres no hubiesen ya inventado todo, y no hubie- 
sen abusado de todo, no se hubiera visío el Señor en la preci- 
sión de acabar con todos. 

En la época á que nos referimos componían los Paloteros 
la mejor gente del mundo: ellos eran hombres de bien, y ellas 
mugeres do vergüenza: distinguíanse notablemente por la feli- 
cidad que reinaba entre los casados: las mugeres eran unas san- 
tas, y los maridos unos benditos. Solo se les echaba en cara á 
aquellos ciudadanos el defecto de ser algo'testarudos; pero tal 
defecto no habia producido aun dolorosas consecuencias. Entre 
paréntesis, hasta entonces Palos era una ciudad anónima: el 
nombre de Palos vino después, como verán los lectores copiado 
de un fresco, frescamente desenterrado ele unas escavaciones 
hechas á la orilla del Rio Tinto, representa una plaza de la ciu- 
dad en su antiguo estado, la cruz de la torre manifiesta que ya 
se habia predicado en España el Evangelio. 

Era sacristán de la iglesia de la plaza á la sazón un mozo 
recien casado, á quien por su índole mansa como la de un cor- 
dero le llamaban Agnus Dei: su esposa, célebre también por su 
dulzura, tenia el nombre de Paloma. Amaneció un domingo fa- 
tal para este matrimonio, y aun para todos sus vecinos: Agnus 
Dei al ponerse camisa limpia para ir á la iglesia se halló man- 
chada la pechera, cosa que le desazonó bastante contra su cara 
esposa; Paloma fué á buscar su abanico y lo halló roto y estruja- 
do todo en una silla, en que se habia sentado Agnus Dei sin re- 
pararlo. Hubo un rifirafe pasagero entre los dos consortes; pero 
la bondad y el amor recíproco de ambos contuvo la explosión 
por lo pronto. Al almuerzo ocurrió otro incidente que alteró 
también algún tanto la paz doméstica: parecióle á Agnus Deu que 
estaba soso; fué á coger de un vasar el salero, y derribó invo- 
luntariamente un cacharro que Paloma estimaba muchísimo, y 
se hizo añicos en el suelo. ¡Cuidado marido, esclamó acalorada- 



UNIVEB8AL. S37 

mente Paloma, que estás hoy para destrozar! ¿Por qué no miras 
ío que haces? — Mas valiera que lo miraras tú: vaya un plancha- 
do! ¡vaya un almuerzo! — La mancha y el almuerzo remedio tie- 
nen; pero el abanico y el vaso solamente se remedian con otros. 
— De mi bolsillo sale. — No te debían nada esas prendas, que 
eran regalos de mi padrino. — £1 padrino y la ahijada me van 
hartando de modo...= La bondad ingénita de los dos espo- 
sos triunfó también aquí, y la tempestad que amenazaba se 
deshizo: diéronse sus satisfacciones, restablecióse la paz, y se 
ayudaron cariñosamente á vestir el uno al otro para salir á la 
calle. Mas ¿por qué tanto, al tiempo ya de marcharse, nc echó 
de ver Paloma que Agnus Dei llevaba un pelo en la ropa? Aguar- 
da, le dijo oficiosa, voy á quitarte un pelo que llevas. — Por cier- 
to, replicó Agnus Dei mirándolo, que debe ser tuyo, por que es 
de muger. — Yo digo que debe ser tuyo, por que es de hombre. 
— To no llevo el pelo tan largo. — Ni yo tan corto. — Pero si es 
del color de tu pelo. — Es mas rubio el mió. — El mío es mas cas- 
taño. — ¡Que has de negar lo que uno está viendo! — ¡Que has de 
querer hacerle ciego auno! — ¿Sabes que estás insufrible, Agnus 
Dei? — ¿Sabes tú que Agnus Dei está por coger un qui tol lis pee- 
cata mundi, y hacerte cantar el miserere nobis? — ¡Tú á mí, in- 
fame! — ¡Cómo se entiende! 

¡Pobre Paloma! Era hija de un dómine: el marido la puso 
de blanda como la chupa del suegro. 

Un rato después iba la infeliz, llorosa y desmelenada, á con- 
tar sus cuitas á su madrina, esposa de un ministro. ... de justi- 
cia, alias alguacil. 

La alguacilesa toma la defensa de su ahijada, apaleada por 
nn pelo: el alguacil defiende al marido: enciéndense los ánimos: 
llegan las vias de hecho, y la señora ministra sin escelencia re- 
cibe una zurra que no hay mas que pedir. 

Madrina y ahijada acuden á casa del escribano para enta- 
blar una querella: la escribana se pronuncia en pro; el escriba- 
no se declara en contra, y la señora escribana sufre una sober- 
bia paliza. 

Las tres apaleadas acuden al señor alcalde constitucional. 
Resultado próximo: protección y apoyo de parte de su señoría 
la alcaldesa; resultado subsiguiente: riña entre alcaldesa y al- 
calde; resultado final, otra individua apaleada. 

Lo mismo sucedió con la barbera, la boticaria, y aun el ama 
del cura. Dado el ejemplo por las notabilidades, el vulgo no qai- 
80 ser menos: zapateras y sastras, taberneras y aguadoras, todas 
abrazaron la causa de la sacristana, y sellaron su te, si no con la 
sangre de sus venas, con los cardenales de sus costillas. Era un 
dolor el espectáculo que presentaba aquella -noche la ciudad, ó 
por mejor decir, eran muchísimos dolores de cabeza, de brazos, 
de hombros, etc. en progresión descendente. 

43 



338 álbum 

Pero la bondad y dulzura de aquellas gentes rayaba eu tal 
grado, que á los pocos días todo se había dado al olvido, y se 
pasó un año sin que hubiese en el pueblo un sí ni un nó. 

El dia del triste aniversario de la general paliza, se estaban 
desayunando la angélica paloma y el amabilísimo Agnus Dei 
tan lejos de pensar en. quimeras como el diablo de hacerse bue- 
no. En un instante de silencio escápesele indeliberadamente una 
sonrisa ala joven sacristana, y preguntóle su marido por quése 
sonreía. Por nada, respondió ella. — Por algo será, replicó el. — 
Es una tontería.— Dila y nos reiremos los dos.--¿Te acuerdas de lo 
que pasó hoy hace un año? — ¡ Ah caramba! es verdad: tal dia como 
hoy fué la de marras. ¡Cómo traté á mi pobrecita Paloma! — Y 
todo ¿por qué? Por un pelo. — Por un triste pelo de muger. — No, 
por un pelo de hombre. —De muger: no volvamos á las andadas. 
— ¿Si querrás tener razón todavía? — ¿Si querrás decirme que no 
la tuve! — Pues ya se vé que no. — Pues ya se vé que sí. — Es men- 
tira. — ¡Muger!— ¡Marido! 

Y pasando naturalísimamente del pelo al palo, la malaven- 
turada Paloma fué tratada por su marido como él trataba á los 
santos para quitarles el polvu, es decir, como si diese sobre ma- 
dera. 

Y fué á quejarse á la alguacila, y el alguacil repitió la es- 
cena del año anterior, y lo mismo sucedió por sus pasos conta- 
dos con la escribana y con la alcaldesa y con todo el pueblo: 
zurra general para todas las casadas, y para muchas viudas y 
solteras de equívocas relaciones. 

La noticia de tan singular acontecimiento hizo creer á los 
habitantes de los pueblos convecinos que los ciudadanos anóni- 
mos se volvían loco en cierto dia del año, por lo cual trataron 
de poner remedio á tan grave mal. Las autoridades de la ciudad 
de Moguer se encargaron de la intervención armada, y al segun- 
do aniversario, al tiempo que á consecuencia de recordar el fa- 
tal dia de marras, andaba el palo por alto en todas las casas de 
la ciudad sin nombre hétele que penetra en ella un destacamen- 
to de caballería, y empieza á poner en paz los matrimonios á 
cuchilladas. Los maridos viéndose atacados en el ejercicio de sus 
derechos, se arman para defenderse: las mugeres que ven que 
los estraños se introducen á poner orden en los asuntos caseros, 
hacen causa común con los esposos para rechazar á los advene- 
dizos. 

La suerte de los moguereses fué la que siempre le cabe al 
que media en riñas de casados: la rabia que se han escitado re- 
cíprocamente la desfogan en el mediador. Acometidos los foras- 
teros por todas partes, hubieron de ceder al furor y al número 
de los adversarios: los amabilísimos y benignísimos compatrio- 
tas de Agnus Dei no dejaron hueso sano á los de Moguer: lo me- 
jor de aquel dia de paliza fué para ellos. 



UNIVERSAL. 389 

Dicen los etiniologistas que desde entonces se dio á la ciu- 
dad el nombre de Palos, y que se añadió luego de líoguér, por 
los que llevaron los que vinieron de esta última población á pa- 
cificar á los apaleadores. Otros afirman que el nombre verdade- 
ro de la ciudad fué Palos de Mxtger, por que en su origen los 
palos consabidos fueron destinados al bello sexo: otros, por últi- 
mo, sostienen que la ciudad fué llamada Pelo de Jfuaer, porque 
la riña principió por un pelo. El lector puede decidirla cuestión 
como quiera, sin reparar en pelillos. 

Los aniversarios de esta clase duraron en Palos hasta que 
un sabio de no sé qué pais persuadió á las paloteras que el agua 
del Rio-Tinto, cojida en cierto paraje, dia y momento, tenia la 
prodigiosa virtud de librar de todo mal tratamiento á las muge- 
res mientras la conservaran en la boca. Hicieron la prueba, y, 
como es de creer, les salió perfectamente: no hablaban por no 
arrojarla bocanada, y como no habia disputa, no habia paliza. 

Hoy dia en que los españoles reñimos á cada paso por todo, 
sería muy útil ensayar este método, en ciertas reuniones sobre 
todo convendría mucho que un gran número de personas, en vez 
de echar bocanadas, tuvieran continuamente Ja boca llena con 
una del líquido que fuese mas de su gusto. 



BIOGRAFÍA 



DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 



Este poeta español, el primero qne consiguió atajar en nues- 
tro teatro los progresos del mal gusto, ó hizo aceptar á un pú- 
blico tan mal educado por los dramaturgos de su tiempo, un gé- 
nero lleno de ejemplos, de regularidad y de gracia; nació en 
Madrid á 10 de Marzo de 1760. Afortunado en nacer de un pa- 
dre como D. Nicolás, su educación fué tan buena como podía 
desear, asi en la parte literaria como en la moral. Esto fué causa 
por ventura de que su ingenio empezase á manifestarse tan pron- 
to, que á los seis ó siete años hacía versos, y á los diez y ocho 
obtuvo el accésit en el concurso abierto por la Academia en 1779, 
por su romance endecasílabo La tome de Granada. Su. padre, 
que le habia dedicado al oficio de joyero, recibió una agrada- 
ble sorpresa cuando lo supo, pues Moratin habia hecho un ro- 
mance á hurtadillas; alano siguiente tuvo el sentimiento de per- 
derle, y para mantener á su madre viuda y pobre, siguió traba- 
jando en su oficio, en el que ganaba 18 reales diarios. En 1782 
obtuvo el acesit de la Academia española, por la sátira contra 
los vicios de la poesía, que con el título de lección poética, pre- 
sentó bajo el nombre de Don Meliton Fernandez. Los años ade- 
lante de 1789, consiguió salir de su mal estado, lográndole Jo- 



UNIVERSAL. 341 

vellanos que le llevase de"secretario el conde de Cabarrus, que 
pasó á Francia, comisionado por el gobierno. A su vuelta á Es- 
paña, entregó dos veces al teatro y retiró de él por causas que 
no son de lugar, la comedia El viejo y la niña. Solamente era 
conocido del público por las composiciones citadas y por la der- 
rota de los pedantes, folleto en prosa, que publicó en 1739 sin 
nombre de autor, escrito con macha gracia, ingenio y maligni- 
dad y con un perfecto conocimiento del lenguage, cuando sabe- 
dor de que el conde Florida Blanca oía con gusto los romances 
de Marcolini músico de la capilla real, le dirijió uno burlesco, 
pidiéndole alguna merced; y como por entonces hubiese ya com- 
puesto una oda á la proclamación de Carlos IV, obtuvo en re- 
compensa una préstamera de 300 ducados, en el arzobispado de 
Burgos, á cuyo título se ordenó de tonsura aquel mismo año. 
Tan escasa renta no podia remediar mucho su mala fortuna, la 
cual cambió de repente, porque habiéndole dado á conocer D. 
Francisco Bernabeu á D. Manuel Godoy, le alcanzó este un be- 
neficio de 300 ducados en Montoro, y una pensión de 600 sobre 
la mitra de Oviedo. En 1790 dio á la estampa y al teatro El 
viejo' y la niña, y dos años adelante La comedia nueva ó el cafe, 
pieza no menos ingeniosa que original y agria, pero juiciosa cen- 
sura de los juicios que afectaban nnesíra escena. Deseoso de es- 
tudiar los teatros estrangeros, salió de España y estuvo en Fran- 
cia, en Inglaterra, en Flandes, en Alemania, en la Suiza y en 
Italia, cuyas principales ciudades recorrió, fijando su residencia 
en Bolonia. Escribió la relación de su v iage, que hoy conserva 
manucrista con otros papeles de Moratin, el señor Sibrela, con 
ei^o padre mantuvo siempre estrechas relaciones de amistad. 
Regresó á España á fines de 96; después de una larga y penosa 
navegación, desembarcó en Algeciras, donde, apenas saltó en 
-tierra, recibió la alegre noticia de haber sido nombrado secre- 
tario de la interpretación de lenguas. En 1798, imprimió su tra 
duccion del Hanlet, connotas, donde le juzga desatinadamente, 
con arreglo á los principios del rigorismo clásico. Nombrado 
por el Gobierno, individuo de una junta para reformar jos tea- 
tros, y después director de los mismos, no admitió lo primero y 
renunció lo segundo, dedicándose esclusivamente á sus trabajos 
literarios. 

En 1803 se representó en el coliseo déla Cruz, notablemen- 
te recogida y reducida á forma mas regular la comedia de El 
barón, compuesta á modo de zarzuela; en 1787, la compañía de 
"Los caños,'' ofendida de la preferencia que para la representa- 
ción de esta comedia se habia dado á la Cruz, sabiendo que so 
bre el mismo argumento' se habia compuesto otra comedia con 
el título de La lugareña orgullosa, se apresuró á representarla, 
oponiéndola á la de Moratin !y pagando además gente que sil- 
vara la del insigne poeta. Resultó de esta competencia, que La 



342 ÁLBUM 

lugareña, que carece absolutamente de mérito, fué eclipsada por 
El barón, que apenas si tiene alguno. Al año siguiente se repre- 
sentó La Mojigata, que fué recibida con aplausos, pero contra 
la que se levantaron algunas críticas eclesiásticas. En 1806, se 
puso en escena El sí de las niñas, recibida con tan estraordina- 
rio aplauso qne dieron sus primeras representaciones veinte y 
seis dias consecutivos; suspendióse únicamente por la llegada 
de la cuaresma, con gran sentimiento del público. En el mismo 
año se hicieron las ediciones de la comedia y todas fueron ven- 
didas al instante. Yivia Moratin pacífica y moderadamente en 
bu casa de la calle de Fuencarral, acopiando materiales para su 
obra de los origenes del teatro español, cuando los sucesos de 
1806, la caida de Godoy, la invasión francesa, la cautividad del 
rey y el levantamiento de la Península, sobrecogieron de tal mo- 
do el apocado espíritu de Moratin que, creyéndose este espues- 
to por los favores que liabia recibido de Godoy, si permane- 
cía en la corte, siguió la Crtusa de los franceses, y ocultándose 
primero en Pastrana, se dirijió luego á Vitoria. Volvió con loa 
invasores á Madrid, á fines de aquel año y se retiró con ellos á 
Valencia en 1812, desde donde por último se refugió en Peñís- 
cola. Su conducta, durante esta época, fué mas hija de su cobar- 
día, apocamiento y debilidad que de su deslealtad y falta de pa- 
triotismo, pues muchas veces empleó su influencia intercedien- 
do por los patriotas prisioneros, cuya suerte dulcificaba siempre 
que podia, En la vida agitada y angustiosa que tuvo por este 
tiempo, solo pudo hacer para el teatro la traducción de La escue- 
la de los maridos, de Moliere. Destruido el imperio napoleónico, 
restituido Fernando á su trono, mandó en consideración á los 
méritos de Moratin, que se le admitiese á juicio de purificación, 
y que se le pusiera en posesión de los bienes que se le habian 
secuestrado; pero nuestro célebre autor cuyo ánimo habian exas-. 
perado los trabajos padecidos, figurándose que por todas partea 
les cometía gente frenética para asesinarlo, lo rehusó abierta- 
mente y cada vez mas acometido de los miedos que continua- 
mente le agitaban salió de Barcelona, de donde vivia, protegido 
y honrado, para Francia en 1817; volvió sin embargo á España 
en 1820 y fijó su residencia en Barcelona, arrojado de allí por 
la peste á Burdeos con D. Manuel Silvela, ocupándose única- 
mente allí en dar la última man© á los orígenes del teatro espa- 
ñol, obra que dejó manuscrita á un amigo y que compró á éste 
el rey Fernando VII para publicarla: se nos olvidaba decir que 
los años atrás de 1814 agradecido de los favores del actor Feli- 
pe Blanco, hizo para su beneficio, otra traducción de Moliere, 
titulada El médico á palos hecha del Le Medecin malgrié, cuyo 
asunto quizás tomó el mismo Moliere de una «comedia española, 
El acero de Madrid, de nuestro inmortal Lope de Vega. En 
1827, se trasladó Moratin con Silvela á Paris, y allí permaneció 



UNIVERSAL. 313 

debilitándose su salud de día en dia, hasta que, sobreviniéndo- 
le vómitos, hipo y fiebre, murió en 12 de Junio de 1828, dejando 
por su heredera universal á una nieta de Silvela, y cediendo á 
la Inclusa de esta corte su casa y huerto de Pastrana, y una ins- 
cripción de 2,800 reales á D. Julián Aquilino Pérez, con otras 
varias cantidades á diferentes parientes. 

Últimamente, por real decreto de S. M. doña Isabel II, han 
sido trasladadas las cenizas de Moratin, al mismo tiempo qae el 
cadáver del marqués de Valdegamar, al suelo patrio, y deposi- 
tados con gran pompa los restos de ambas celebridades, después 
de paseados en dos carros fúnebres por las calles, el 13 de Oc- 
tubre de 1853, en la colegiata de San Isidro, donde permanece- 
rán hasta que se les construyan sus respectivos sarcófagos. Asis- 
tieron á la ceremonia todas las notabilidades políticas y litera- 
rias del pais, presidiendo el duelo el presidente del Consejo de 
Ministros, y siendo muestra de la alta estimación, en que 
nuestro pais tiene á sus hijos distinguidos, la numerosa concur- 
rencia que poblábalos balcones y las calles, que recorrió el fú- 
nebre cortejo, y asistió por la noche al teatro, donde se repre- 
sentó la mejor de sus obras, Kl sí de las niñas. La representa- 
ción de La Mojigata y El sí de las ovinas, ha estado prohi- 
bida durante los diez años de reacción absolutista, y es indeci- 
ble el entusiasmo con que fueron acogidas á su reaparición en 
nuestros teatros. Esta es la ocasión de hacer el juicio de ellas, y 
nada creemos mas oportuno que el copiar las palabras del mas 
ilustre y autorizado de nuestros críti-cos, Don Mariano José de 
Larra. "Por lo que hace á comparará Moratin con Moliere, co- 
mo h"-:n pretendido muchos hacerlo, bueno y justo es que se diga 
que Moratin es el Moliere español. Ebto sin embargo creemos, se- 
gún nuestras cortas luces, que La Mojigata no podrá sostener 
nunca la comparación al lado Del hipócrita, de Moliere, que es 
la comedia de este con quien tiene mas relación, si esceptuainos 
el desenlace, que es infinitamente superior en La Mojigata, por- 
que pocas veces anduvo feliz Moliere en desenlaces. 

El mérito principal de Moratin paréeenos estriba mas en la 
pintura local de las costumbres de su época, y el manejo de los 
modismos de la lengua que en la pintura del corazón humano; 
sin que por esto queramos decir que fuese ignorante de él Mo- 
ratin. La gracia de Moliere es mas candorosamente cómica y se 
trasluce menos al poeta; presenta las situaciones solas, y esto 
basta en él para hacer reir. Moratin ayuda á la situación con 
una sátira mas decidida. No se contenta con esponer el cuadro 
ridículo sencillamente á la vista del espectador: echa además 
en Ja balanza para inclinar á su furor, el peso de su propia opi- 
nión; sus gracias toman muchas]veces gran parte en el realce de 
mordacidad. Se ha hecho este para dar de paso cou el respeto 
debido á ambos ingenios peregrinos y para decir que, por las 



34á ÁLBUM 

espuestas razones, Moliere es mas universal que Moratín, este 
es mas local; su fama por consiguiente mas perecedera é insegu- 
ra." Esto dice Fígaro á propósito de La Mojigata. Veamos como 
se espresa sobre El si de las niñasl .... Esta es la ocasión de 
hacer una observación esencial. "Moratin ha sido el primer poe- 
ta cómico que ha dado un carácter lacrimoso y sentimental aun 
género en que sus antecesores solo habian querido representar 
ridiculeces. N~o sabemos si es efecto del carácter de la época en 
que ha vivido Moratin, en que el sentimiento empezaba á apo- 
derarse del teatro, ó si es un resultado de profundas y sabias 
meditaciones. Esta es una diferencia esencial que existe entre 
él y Moliere, este habla siempre al entendimiento y le convence 
presentándole el lado risible de las cosas. 

Moratin escoge ciertos personages para cebar con el ios el 
ansia de reír del vulgo; pero parece dar o ra importancia para 
los espectadores mas delicados á las situaciones de sus penas,. . 
un escritor romántico, creería encontrar en esta manera de es- 
cribir, con Víctor Hugo y su escuela, si nos permiten los clá- 
sicos esta que ellos llamarán blasfemia. En nuestro entender es- 
te es el punto mas alto á que puede llegar el maestro; en el mun- 
do está el llanto siempre al lado de la risa; parece que estas afec- 
ciones no pueden existir unas sin otras en el nombre; y nada es 
por consiguiente mas desgarrador ni de mas efeccto que hacer- 
nos regar con llanto la misma impresión del placer. Esto es juz- 
gar con el corazón del espectador, es hacerse dueño de él com- 
pletamente, es no dejarle defensa ni escape alguno. 



BIOGRAFÍA 



Según los que pasearon procesionalmente un dia su retrato 
por las calles de Madrid, victoriosamente y aclamándole, el San- 
tísimo Riego, no fué sin embargo, otra cosa que un hombre muy 
adicto al sistema liberal, tanto que proclamó en 1820, ante que 
nadie, el código de Cádiz y una de las víctimas que sacrificó el 
depotismo en aras de su resentimiento y de su venganza cuando 
fué reinstalado en sistema de gobierno de la nación. Tan dis- 
tinguido patriota nació en Asturias, el año de 1784, de una fa- 
milia ilustre, y recibió su educación literaria, en la Universidad 
de Oviedo. Decidido á seguir la carrera militar, pasó á Madrid 
en 1807, en donde solicitó y obtuvo que se le admitiese en el cuer- 
po de guardias de la Real Persona. Sabido es la suerte que cupo 
á dicho cuerpo cuando Fernando Yllfué conducido prisionero á 
Francia, y como la provincia de Asturias fué la primera que alzó 
pendones contra el invasor Bonaparte, después de ocurrir lo que 
añade. Pues debido á lo uno y lo otro fué que, habiéndose tras- 
ladado Eiego á su pais y tomado parte en su glorioso alzamien- 
to, se le nombrase por la junta superior, capitán de ejército y 
fuera destinado á servir en la clase de ayudante de campo del 
general Acebedo. Junto á este benemérito caudillo se hallaba 

te 



346 áurum 

el dia de la desgraciada acción de Espinosa de los Monteros en 
que toda la gente se dispersó, abandonando herido y casi muer- 
to á su general; y en que Riego sin la cobardía necesaria para 
imitar tan ruin ejemplo, prefirió ser aprisionado en compañía 
de Acebedo y como consecuencia ser conducido á Francia. 
Aquí permaneció hasta la conclusión de la guerra, en cuya épo- 
ca; regresando á España, se le agregó de nuevo al cuerpo de E. 
M. Destinado al ejército espedicionario de Ultramar, tuvo la 
suerte de que no se le arrestase la mañana del 8 de Julio de 1819, 
como á sus compañeros Quiroga, Arco- Agüero, O-Daly y otros 
nueve oficiales de dicho ejército. Asi es que fué libre de suble- 
varse con su batallón de Asturias el 1. ° de Enero de 1820, en 
la plaza de las Cabezas de San Juan, donde formó sus tropas y 
proclamó la Constitución de 1812 al frente de bandera. Puesto 
en marcha, á la entrada de la noche, esta tropa insurrecta, se 
dirijió con el mayor sigilo al pueblo de los Arcos, residencia en 
equellos dias del cuartel general, en cuyo punto, habiendo pe- 
netrado Riego por sorpresa y apoderándose del conde de Calde- 
rón, general en gefe, y de todos los oficiales superiores de su E. 
M., consiguió aumentar sus fuerzas con el batallón de guias que 
guarnecia aquel pueblo. En la mañana siguiente se le incorpo- 
ró el batallón de Sevilla; que como el de Asturias se habia su- 
blevado en Yillamartin; y en el transcurso del dia, habiéndose 
avistado con el batallón de Aragón, logró atraérsele y hacerle 
tomar parte en su demanda. A mayor dicha suya, ocurrió que 
Quiroga, momentos antes preso en el convento de Alcalá de los 
Gaznles, se habia sublevado ahora con los batallones de España 
y de la Corona, y apoderándose por sorpresa del puente de Sua- 
zo, con lo que en pocas horas se hizo dueño de la importante 
Isla de León. Aquí vino á incorporársele Riego en la madruga- 
da del Y, quien reconociendo en Quiroga mayor autoridad, por 
su grado, á pesar de que solo tenia á sus órdenes tres batallo- 
nes, mientras él regia cuatro, convino en que tomase el otro el 
nombre y autoridad de general en gefe. Un octavo batallón pu- 
dieran organizar estos caudillos con los soldados de depósito que 
allí habia, mas cien artilleros, sin piezas, que se les pasaron. 
Era, sin embargo, toda esta poca fuerza para haber de imponer 
la ley á toda España, si lo que era de recelar, los otros cuerpos 
que estaban acantonados no seguían el movimiento, por lo que 
y á fin de despojar situación tan dudosa dispusieron los insur- 
rectos hacer una salida de aquella en proporcionado número. 
En añinos, pues, de adquirirse víveres y fondos, de esparcir ma- 
nifiestos y proclamas, de inflamar el espíritu público, y de atraer- 
se, sobre todo, los cuerpos vacilantes, aunque comprometidos 
en la misma sublevación, salió la famosa columna de Riego el 
27 de Enero de dicho año. No consiguió, empero, esta fuerza, 
ninguno de los resultados que se proponía, antes por el contra- 



UNIVERSA*. 347 

rio, después de una travesía larga en que empleó mes y medio, 
tuvo que dispersarse el 17 de Marzo, en Estramadura, cuando 
se vio reducido á solos cuarenta y cinco hombres. Así es que, 
el comandante de Asturias ya iba á apelar á la ocultación y á 
la fuga, para escapar de una muerte cierta, cuando recibió la 
noticia de los pronunciamientos de varias provincias y aun el 
decreto de convocatoria á corte dado por el rey. Entonces re- 
gresó á la Isla, donde ascendido á general, por sus reciente? 
servicios, del mismo modo que sus compañeros Quiroga Arco- 
Agüero, López Baños y O-Daly, fuá puesto á la cabeza del ejér- 
cito de observación que improvisó el nuevo gobierno, sirviéndo- 
le de base las tropas insurrectas. En este destino permaneció 
Riego algunos meses, hasta que, consideraciones de alta políti- 
ca mas bien que ninguna otra pasión bastarda, hicieron que los 
ministros mudasen de resolución; esto es, que en vez de seguir 
acumulando fuerzas sobre la Isla, decretase la disolución de 
aquel ejército y el traslado de su general en gefe á la capitanía 
general-de Galicia. 

Ko le pareció sin embargo asi á'Riego, quien tomándolo á de- 
saire y profundamente resentido de una tal providencia, hubo 
de espresarse en este sentido ante todo el gabinete á su paso por 
Madrid. Otras manifestaciones hizo y otras quejas de parecida 
índole, dio á sus amigos políticos el general transeúnte [conduc- 
ta que nosotros no entraremos á analizar], lo cual le acarreó que 
fuese objeto de los mayores obsequio, festejos y aplausos por 
parte de los enemigos del ministerio, estos en número conside- 
rable, le seguían por las calles y paseos mas concurridos, victo- 
riándole y aclamándole, en el teatro le hacían iguales manifes- 
taciones siempre que se presentaba, y por último hasta en el 
seno de las sociedades secretas arreglaron que fuese acogido con 
toda armonía. Pero hubo un dia en que el entueiasmo y frenesí 
del público llegó al estremo; pero habiendo salido Riego á pa- 
sear en carretela abierta por las calles mas concurridas de la 
corte, á la una ó dos de la tarde, y acompañado de sus edecanes 
sele incorporaron en el tránsito algunas bandas de músicas y un 
numeroso pueblo que le saludaba con los mas estrepitosos victorea 
y aclamaciones. El ministerio conoció entonces que todo esto se 
tramaba para mengua y descrédito suyo; por lo que resentido, el á 
su vez restituyó á Riego de la capitanía general do Galicia aun 
antes de que partiere para su destino, y le ordenó marchara 
inmediatamente de cuartel á Asturias. Los sucesos se complica- 
ron luego, de modo que se creyó conveniente nombrarle capi- 
tán general de Aragón ; pero aqui no fué mas cauto don Rafael 
■de loáque habia sido en la corte. El emitía públicamente las ideas 
mas avanzadas , en punto á forma de gobierno, hablava sin la 
menor reserva en los cafés y en las plazas públicas contra los mi- 
nistros , y por último, asistía á las sociedades secretas como uno 



348 ALBU1VÍ 

de tantos, ytomaba parte en todas sns deliberaciones. Por todo 
esto, pues, y porque fomentaba el descontento público sin cono- 
cerlo acaso en Aragón hubo de ser nuevamente destituido. Electo 
diputado á cortes por su provincia, pasó con estas á Cádiz don- 
de votó con los que declararon incapacitado al monarca y$nombra- 
ron la regencia . Pero hemos llegado á suúlitma y mas desgra- 
ciada espedicion. Sabedor el gobierno de Cádiz de los tratos de 
aveniencia que habia entablado el general Ballesteros con los 
franceses, quiso oponerse á que se llevase á cabo tan escandalo- 
sa traición, enviando con este obgeto al general Riego. Salió 
este al frente de algunas fuerzas y aun se avistó con Ballesteros 
en el pueblo de Priego ; pero no habiendo conseguido nada, an- 
tes por el contrarioperdido algunas de sus tropas, se vio precisa- 
do á huir en dirección á Cartagena. En el camino le alcanzó el 
egército francés que muy numeroso y bien equipado, pudo batir- 
le y hacerle perder quinientos hombres. Otro segundo encuentro 
tuvo con los enemigos el 14 de setiembre del año en que vamos, 
cerca de Jódar, donde fué completamente derrotado y se le hi- 
cieron 800 prisioneros. La dispercion entonces fué completa, tan- 
to que Riego hubo de escapar con solo tres ayudantes amigos su- 
yos, é ir á refugiarse á un cortijo de la provincia de Jaén. Aqui 
aunque algo disfrazados, causaron sospechas sus personas , y de- 
latados por un vil yegüero, estuvieron muy pronto en poder de 
una partida de escopeteros. Por el pronto se les encerró en un ca- 
labozo de la Carolina, donde un populacho feroz quiso asesinar- 
les; asi que, para impedirlo los trasladaron las tropas francesas á 
Andújar. Pero muy pronto reclamaron á Riego las ¡autoridades 
Españolas realistas, quienes le trasladaron á Madrid para ejercer 
en el la mas terrible y horrorosa venganza. A los muy pocos dias 
de haberle encerrado en la cárcel pública , esto es, el 7 de no- 
viembre del año de 1823 presenció la Corte el horrible espectá- 
culo de un hombre que es arrastrado dentro de un serón, por to- 
do el camino que conduce al patíbulo, y aquí ahorcado como el 
asesino ó eliladron mas infame. " Era el destino de Riego, como 
dice un escritor justamente célebre; abrir y cerrar una época en- 
teramente nueva en nuestra historia. 



El gracioso templete circular que representa el presente 
grabado se hace interesante por dos conceptos: construido en 
medio del claustro de San Pedro in Montorio, en Roma, en el 
mismo parage en que es tradición que recibió el apóstol el mar- 
tirio, pasa con razón, á pesar de ciertos críticos, por uno de los 
mas lindos, elegantes j acabados .monumentos de arquitectura, 
y se cuenta entre las obras mas estimadas del Bramante, es de- 
cir, de uno de los arquitectos mas hábiles que han existido. 

Francisco Lazzari Bramante nació en 1444 en Castel-Du- 
rante, en el estado de Urbino, de una familia honrada aunque 
pobre; su padre, sin embargo, le puso á aprender la pintura, y 
en efecto, llegó á adelantar en este arte, y ha dejado algunos 
cuadros de su mano. Atribúyensele también varias pinturas al 
fresco, délas cuales subsisten algunas todavía en el Milanesado; 
y una capilla que aun existe en la cartuja de Pavía, se dice asi- 
mismo que fué pintada por él, Se advierte en las figuras de es- 
tos cuadros proporciones vigorosas, y á veces acaso demasiado 
robustas: los rostros son llenos, y en las cabezas de los ancianos 
hay cierta elevación de estilo, el colorido es vivo y muy desta- 
cado del fondo. Estas y otras propiedades que han observado 
en muchos cuadros su} r os han caracterizado la manera. Su obra 
maestra en la pintura es un San Sebastian con que adornó la 
iglesia de este nombre en Milán. 



350 ÁLBUM. 

Pero lo que especialmente ha hecho memorable el nombre 
de Bramante á la posteridad, han sido sus obras arquitectónicas. 
Cuando la Italia vio restaurada sa arquitectura, Bramante fué 
el primero que la devolvió aquella nobleza que habia perdido 
desde tiempos antiguos. Este arte era el que ocupaba todo su 
pensamiento; por afición á él abandonó sn patria, donde recor- 
rió varias ciudades construyendo obras de poca importancia lo 
mejor que podia, hasta que llegado á Milán en 1476 quedó sus- 
penso al contemplar la magestuosa cúpula de aquella capital. 
Trabó entonces amistad con los arquitectos de aquel bello edi- 
ficio, y formó la resolución de dedicarse enteramente a la ar- 
quitectura. Después de haber estudiado la regla de la perspecti- 
va por los mejores dibujos que habia en aquellos tiempos, se 
entregó al estudio de los bellos trozos de arquitectura de que 
está llena la Italia, llamando sucesivamente su atención Ñapó- 
les, Koma, Tívoli y Villa- Adriani. 

Aunque los edificios. que habia dirigido ya le dieron gran 
fama y reputación, aunque su facilidad para inventar y ejecu- 
tar fuese tal que no se le conociesen rivales, Bramante huba de 
tener á gran dicha vivir bajo el pontificado del papa Julio II 
que tenia tanto gusto para las cosas grandes, cuanto era el mé- 
rito y actividad de su arquitecto al realizarlas; asi es que á no 
ser por aquel pontífice tal vez no se hubiera desarrollado todo 
el ingenio de Bramante. Una de las primeras obras que este 
ejecutó llenando completamente las ideas del papá, fué la de 
unir el Belvedere al palacio del Vaticano, del cual le separaba 
un pequeño valle: á este fin construyó Bramante magníficas ga- 
lerías alrededor de aquel valle, transformándole en una sober- 
bia esplanada, y colocando en medio de ella una graciosa fuen- 
te surtida con las aguas conducidas del Belvedere. El papa que 
apreciaba mucho á su arquitecto el recompensó concediéndole 
el cargo de guardasellos de su cancillería, lo cual dio ocasión al 
artista para inventar una máquina de sellar bulas por medio de 
un tornillo de presión. 

Entre las obras de Bramante se distinguen, el claustro de 
los padres de la paz, la fuente de Transtévere, y otra que se 
veia en la plaza de San Pedro; pero la que mas le honra sobre 
todo y ha inmortalizado su nombre, es la maravilla de Roma 
cristiana, la famosa basílica de San Pedro construida por el plan 
que eligió Julio II entre muchos que había, ideado Bramante ad- 
vertido por el pontífice de que su designio era sustituir á la an- 
tigua iglesia de aquella advocación un templo que no tuviese 
igual en el mundo. Al instante se procedió á demoler la mitad 
de la iglesia antigua con aquella celeridad que acostumbraba el 
arquitecto en cuantos trabajos dirigía, y en el año 1513 puso los 
cimentos de la nueva iglesia, Luego que el edificio hubo llega- 
do el entabl amiento, se trabajó con increíble diligencia en esta- 



UNIVERSAL. 351 

blecer los cuatro grandes arcos que descansan sobre los cuatro 
macizos destinados á sostener la cúpula, y son los únicos que 
conservaron sus sucesores de todas las obras ejecutadas por él 
en la basílica de San Pedro. 

Bramante era de humor alegre y festivo. Trataba con su- 
mo agrado á cuantos necesitaban de él, especialmente á los ar- 
tistas de cierto mérito. El fué quien llevó á Roma á Rafael, 
sosteniéndole por algún tiempo y enseñándole la arquitectura. 
En la escuela de Atenas, que aquel célebre artista pinto en el 
Vaticano como muestra de gratitud á su maestro, le retrató ar- 
rimado á un pilar en actitud de trazar con el compás una figu- 
ra geométrica á la vista de muchos jóvenes que le están miran- 
do con atención. 

Murió Bramante en 1514 después de haber vivido siempre 
como hombre honrado. La poesía era su diversión favorita: im- 
provisaba con facilidad, y ha dejado algunos sonetos y frag- 
mentos que no carecen de elegancia. También escribió algunos 
tratados sobre la arquitectura, sobre la estructura del cuerpo 
humano, y sobre la perspectiya, que en 1756 se hallaron en 
una biblioteca de Milán, y se dieron á la prensa en el mismo 
año. 

Hemos creído de interés las anteriores noticias relativas al 
templete de Bramante, ahora que con motivo del deterioro que 
ha sufrido durante el bombardeo de Roma, se han ocupado de 
él los periódicos. 



ATOCHA. 



Careciendo España de un establecimiento, que prestase asi- 
lo á los militares inutilizados en campaña, hallábase el infeliz 
soldado, que por su intrepidez ó su desgracia se veia en aquel 
caso, sin el consuelo de la esperanza que se dispensaba en otros 
países, donde se ostentaban con orgullo los filantrópicos monu- 
mentos destinados al abrigo de los valientes veteranos. Un real 
decreto publicado en 20 de Octubre de 1S35, vino sin embargo 
á demostrar, que el gobierno no desatendía la justicia, que era 
debida á los defensores de la patria: y á consecuencia de aquel 
se instaló el 20 del mismo mes una junta, para que se ocupara 
de la formación de un proyecto de reglamento, por el cual pu- 
diera plantearse, regirse y gobernarse. Esta junta llevó con al- 
guna lentiiud los trabajos; pero nombrado director, comandan- 
te general y gefe superior del establecimiento el Sr. D. José 
Palafox y Melci, capitán general, duque de Zaragoza, siguiendo 
en estos el ejemplo de otras naciones, en donde se destina siem- 
pre á tan elevado cargo á una de las primeras y mas altas nota- 
bilidades de la Milicia, removió con celo y perseverancia cuan- 
tos obstáculos se oponían á la realización de tan grandioso pen- 
samiento, logrando, que el proyecto formulado por la junta fue 
se presentado y discutido en el Congreso nacional, y en su con- 



UNIVERSAL. 853 

secuencia se sancionó y promulgó la ley de 6 de Noviembre de 
1837, fijando las bases mas esenciales, declarando á los españo- 
les, que tienen derecho á la gracia de inválidos, medio de soli- 
citar ventajas conocidas, y autorizando por último al gobierno 
para que á la posible brevedad eligiese uno de los edificios per- 
tenecientes al estado donde pudiera plantearse. 

La elección del edificio fué uno de los puntos de mayor im- 
portancia, y de difícil soluccion por el deseo de conciliar el de- 
coro nacional, con el bienestar de los inutilizados militares, y la 
economía que el estado del erario reclamaba; mas al fin, se acor- 
dó, y el gobierno hizo entrega de los conventos de Atocha y 
San Gerónimo con todos sus accesorios bajo el proyecto bien 
calculado de unir los dos edificios por medio de sus huertas. La 
ventajosa situación, y espaciosidad de los referidos conventos, 
ofrecían las circunstancias necesarias al objeto para que se des- 
tinaban, y á pesar del lastimoso estado en que yacian, cuando 
tomó posesión de ellos el duque de Zaragoza, formó con toda 
brevedad los planos y el presupuesto de la obra, inspeccionán- 
dola con esquisito interés y atendiendo á todo lo indispensable 
con asombrosa economía. La falta de medios pecuniarios retar- 
dó por algún tiempo la realización de los trabajos; pero obteni- 
da al fin por lo que respecta al convento de Atocha, vio el pú- 
blico abierto el asilo destinado al valor, á la lealtad y á premiar 
los sacrificios hechos en campaña, el 19 de Noviembre de 1838, 
día de cumpleaños de S. M. la Reina Doña Isabel II. En San 
Gerónime ofreció mas dilaciones el término de sus mejoras, 
mas alcanzado ya en las localidades que debieran ocupar los 
gefesy oficiales, en el año de 1840, se hallaban amueblados y 
corrientes siete pabellones que, no llegaron á servir por haber- 
se facilitado la entrada á algunos batallones de ejército, y des- 
pués el cuerpo de artillería con su parque y oficinas, habiéndo- 
beles quedado solo del segundo edificio el usufructo de la huer- 
ta, y la casa para el hortelano con los pajares y cuadras para el 
ganado. El convento de Atocha, que verdaderamente es el cuar- 
tel de invlidos, ofrece un espectáculo lisongero y una fundada 
esperanza de mas grandioso porvenir. En la parte nueva se ha 
construido una espaciosa, clara y cómoda escalera, que da co- 
municación á los cuatro pisos ó largas crugias de que se ha de 
componer por ahora la habitación de los soldados: estas crugias 
dan al Mediodía y disfrutan de buen temple, sanidad y ventila- 
ción: cada una de ellas está destinada á servir de estancia para 
una brigada de 100 hombres, y forma una sala tan estensa co- 
mo toda la fachada del edificio que mira paralelamente al cami- 
no de Yallecas: tiene balcones hacia dicho punto, y vistas tam- 
bién hacia E. y O., y todas las ventauas con hermosos cristales 
que dan abrigo y luz á las alegres habitaciones: las puertas y 
ventanas están pintadas de verde al óleo, cada dormitorio tiene 

45 



854 ÁLBUM 

de tres á seis camas seguu su capacidad, y estas camas se com- 
ponen de un gergon, un colchón, dos sábanas, almohada, dos 
mantas y colcha, y cada soldado tiene un cajón para colocar su 
ropa y utensilios de aseo como cepillos, peines, tigeras, &c: las* 
salas están esteradas en invierno, y entre balcón y balcón hay 
grandes camapés de madera pintada, y de trecho en trecho al- 
gunas sillas de paja. 

Hasta el dia se han habilitado complei amenté cuatro crugias 
para 100 hombres cada una, pero solo hay dos de ellas amuebla- 
das y ocupadas. Se ha construido también una grande y econó- 
mica cocina con su fuente, y en su inmediación un espacioso y 
claro comedor, al cual se pasa al servicio desde el fondo mismo 
por una ventana: esta magnífica pieza de comer está rodeada de 
mesas anchas y pintadas, para las cuales hay manteles decen- 
tes, servicio de zinc y de loza, cubiertos de hierro fino y demás. 
También se halla concluida otra grande piez'i con estantería, 
que sirve de almacén de vestuario, ropa blanca, zapatos, y chis- 
mes de limpieza, asi como tambieu otras varias habitaciones 
para los diferentes usos del establecimiento. 

Ocurrida la muerte del duque de Zaragoza, se encargó la 
dirección de este establecimiento al no menos digno Si', D. Pe- 
dro Villacampa, decano de los tenientes generales, y uno de loa 
militares que en todas ocasiones, en las varias vicisitudes de su 
vida pública, se ha conducido con la lealtad y honradez que re- 
conocen en él cuantos han observado sus acciones. Desde luego 
Eidió y obtuvo permiso el señor Villacampa para construir y 
abilitar en el convento de Atocha un número de pabellones 
para gefes y oficiales, puesto que no se podían usaige los de San 
Gerónimo por los motivos espresados; y habiendo emprendido 
la obra, bajo los auspicios del cuerpo de ingenieros, bien pron- 
to se hallaron concluidos 25 de dichos pabellones cómodos y 
decentes, costeados por los fondos propios del cuartel por bo 
gravar en lo mas mínimo el presupuesto de la guerra, merced 
ciertamente á la inesplicable actividad del comandante general, 
á cuyo anciano venerable se veia á todas horas del dia escitar 
el celo de los trabajadores, y á la inteligencia y economía con 
que distribuye los fondos de la casa. También se han concluido 
un pabellón cómodo y decoroso, con vistas al paseo de Atocha 
para el señor director: local á propósito para secretaría, con ha- 
bitación contigua para su encargado como tercer gefe del cuaa- 
tel; pabellón para el facultativo, capellán párroco y sacristán 
cantor, y maestro de escuela de los inválidos. 

El régimen interior de este es el mas á propósito para for- 
talecer su salud, curar hasta donde es posible sus heridas, y ha- 
cerles útiles á la sociedad: la comida es sana y abundante, el 
aseo y limpieza estremados, el orden y discipliua escelentes. 
Todos los diversos cargos, desde el gefe director, hasta el del 



UNIVERSAL. 355 

último ayudante, están servidos por veteranos, sin mas sueldo 
que el que corresponde por su clase; de suerte que en este pun- 
to no sirve de ningún gravamen al tesoro nacional: el modera- 
do prest de 5 reales señalados á cada individuo, basta, bien ma- 
nejado, para su decente sostenimiento, á lo que contribuye en 
gran manera el haberle sido agregada la hermosa huerta de 
Atocha, en la que puede cogerse aceite; vino y hortaliza con al- 
guna abundancia. El vestuario de los acogidos en el estableci- 
miento es de buena calidad y construcción, se compone el de 
casa de un levitin color de castaña con botones negros, panta- 
lón celeste y gorra con un león bordado: el de calle diario es lo 
mismo, con solo la diferencia de una blusa de paño azul oscuro 
con cuello encarnado y botón dorado en lugar de levitin; y el de 
¿rala, de levita y pantalón de lo mismo y una cachucha. Su re- 
glamento que, algunas dudas y dificultades habian hecho iluso- 
rio por algún tiempo, se fijó por fin en el mes de Noviembre 
del año de 1847, y en él se observa con delicia el buen tino que 
ha presidido á las bases de su organización, y sobre todo, la mag- 
nanimidad de su S. M. la Reina, cuyo augusto y sensible cora- 
zón se ha complacido en crear un cuerpo compuesto de un nú- 
mero indeterminado de individuos, para que tengan entrada en 
el cuartel y participen de sus señalados beneficios, todos aque- 
llos á quienes alcance el testo de la ley. 



m\ 



k % 



Desde los mas remotos tiempos de la antigüedad han flore- 
cido en Toledo las artes y maniobras indispensables para pasar 
la vida humana; pero aunque se pudiera lijar la época del primer 
establecimiento de muchas manufacturas, no así con la fábrica y 
gremio de armeros y espaderos de esa Ciudad, cuyo origen se 
pierde con el de su misma fundación, y en esta oscuridad^ falta 
de documentos solo podré dar algunas noticias que en las historias 
se encuentran repetidas. Bien nororio es lo que dice el poeta Gra- 
cio Falisco, autor que vivió en tiempo del famoso Ovidio, quien en 
el tratado de venattone vers. 34:1 dice Ima toletano vroecingant ilia 
eultro" De este poeta hace mención el mismo Ovidio en la últi- 
ma epístola ab invidun diciendo: Aplaque venati Oratius arma 
daret" Cervantes en su Quijote, igualmente hace mención de las 
espadas toledanas del perrillo, llamadas así, por usar de marca 
en ellas su forjador la figura de un perro. 

La fábrica de los cuchiilos y espadas de Toledo , continuó 
por muchos siglos con la misma ó mayor fama, sostenida no por 
el real Erario, sino por buen número de individuos armeros, que 
juntos componían un lucido cuerpo ó gremio , labrando cada u- 
no en su casa, y templando con el mayor primor las espadas, por 
la utilidad que se les seguía , pues los compradores de dentro ó 



UNIVERSAL. 857 

fuera del reino se iban á la lonja del mas famoso artesano, y allí 
compraban las hojas por cientos ó por docenas, y así procura- 
ba cada cual aventajarse en la labor, logrando algunos porsus 
sobresaliente habilidadjel titulo de espaderos del rey, grabándolo 
asi en sus espadas, con todas letras y en los cantos del recazo co- 
mo fueron Nicolás Ortufío, Juan Martinez, Antonio Ruiz , Dio- 
nisio Corrientes, y otros. A este lucido cuerpo de Armeros de 
Toledo estaban concedidos por los señores reyes de Castilla , va- 
rios previlegios y esenciones, que les libertaban del pago.de alca- 
bala y cientos con los demás derechos que devengaban al Erario 
la venta de sus espadas, y las compras de hierro acero y demás 
que se gastaba en la fábrica, alcanzando esta escencion á los as- 
teros que traían á Toledo astas para lanzas, alabardas, picas y 
espontones y á los que comerciaban y traían guarniciones tablas 
de haya, cueros y conteras para vainas. 

El acero que S3 gastaba en esta gran maniobra, desde sus 
principios, fué el de la fábrica antigua.de Mondragon, única en 
España por aquellos tiempos, celebrada casi por todo el mundo 
por rica y abundante, y cuyas espedas , después de mucho9 si- 
glos, subsisten aun dotan sobresaliente calidad, que son apeteci- 
das por todos los estrangeros, que admiran su fortaleza , hermo- 
sura y finísimo temple. En el dia sea que por ese acero de Mon- 
dragon ha degenerado de su fuerza, ó que por sus vetas y fábri- 
ca no lo producen como antes, no se usa este y sí el de Alemania 
que ha surtido el mejor efecto, saliendo con él las armas de un 
temple nada inferior al de las antiguas. 

Ei ser tan celebradas las espadas de Toledo , ha movido á 
muchos la curiosidad de averiguar la causa que haya podido in- 
fluir para ello, y al efecto , algunos han creido que los antiguos 
armeros de esta ciudad poseían y tenían secretos reservados para 
el temple de sus armas; pero so engañan, pues nunca tuvieron ni 
usaron otro que el agua del Tajo , y la arena blanca y menuda 
de que abundan sus riberas, guardando este método. Luego que 
la hoja estaba perfectamente forjada, pasaba al templador, en cu- 
ya fragua, y en medio de ella estaba la lumbre hecha un regue- 
ro del largo de tres cuartas, poco mas ó menos , y tendiendo so- 
bre él la hoja, de modo que de las cinco partes de su lai'go, solo 
las cuatro percibían el fuego, dejando fuera de él el trozo ó por- 
ción de recazo y espiga, y dando fuego igual á lo demás ; hecha 
ascua la hoja y de color de cereza , la dejaban luego caer per- 
pendicularmente de punta en un cubo de madera lleno de agua 
del Tajo fresca clara, y ya fria la hoja se sacaba y observaba 
si se habia torcido ó volteado alguna cosa , pues en ese caso 
echaban un poco de arenilla en el yunque, puesta encima la hoja 
con la piqueta en frió, después de revenida, golpeaban con tien- 
to y cuidado la parte cóncava de la tal vueta, continuándolo 
por todo su largo hasta que la hoja quedaba perfectamente dere- 



358 ÁLBUM 

cha. Después volvia al fuego participando de él únicamente aque- 
lla quinta parte que antes no lo recibió, y ya fogueada y de color 
de hígado, esto es, cuando quería hacerse ascua la tomaban con 
las tenazas por la espiga, daban una pasada de sebo de carnero, 
ó macho en rama, esto es, sin derretir, y al punto empezaba á 
arder lo untado, dejándolo arder hasta que se apagase y enfria- 
se; y con esta operación quedaba el temple perfeccionado , de 
modo que la hoja nunca brincaba ni doblaba. 

Además del agua del Tajo, usaban también los antiguos ar- 
meros para la forja, de la arena de sus riberas, como indiqué po- 
co hace, teniendo una porción de ella á la mano, y cuando el 
bollo de acero y hierro estaba hecho ascua y bien caldeado, co- 
mo debía para la perfecta unión y solidez, empezaba á disparar 
algunas chispas brillantes como estrellitas, inmediatamente le 
apartaban del fuego, y tirando un poco de arena , la arrojaban 
al ascua, con lo que cesaban las chispas, y luego pasaba al yun- 
que y martillo, continuándose esto hasta la mas perfecta unión 
de los metales. 

Son en gran número los poetas y autores que alaban las a- 
guas del Tajo por sus escelentes cualidades , y una de ellas ', la 
de ser á propósito para el temple y ñneza de las armas, y sin es- 
tos testimonios, lo comprueba la práctica observada en tantos si- 
glos, por los espaderos toledanos , que siempre han convenido 
que en esta ciudad, por particular influjo de la atmósfera, ú o- 
tra razón que no se alcanza , tienen estas aguas virtud ó cuali- 
dad que conduce al logro de tan maravilloso temple. 

Muchos mas son los autores que alaban el oro de que abun- 
dan sus arenas , probando su existencia y uso, y aunque al pre- 
sente no se encuentre , es porque no se busca , pues en el siglo 
pasado existian algunos , que llamaban artesilleros que lavaban 
las arenas de las orillas y por medio de unas ciibas, ademas de 
sacar algunas piezas pequeñas de oro , plata y otros metales, so- 
lian brillar con viveza en el fondo de la arenilla las innumera- 
bles partículas de oro que dicen los autores , las que desperdi- 
ciaban aquellos artesanos por ser demasiado sutiles y casi impal- 
pables. 

Supuesto esto, ya se puede conocer la causa porque nues- 
tros antiguos armeros usaron de estas arenas al tiempo de forjar 
las espadas , y cuando empezaban á caldear el ascua , pues lle- 
gando á este punto, cuando se arroja la arena al fuego, se liquida 
y deirite, y lo mismo sucede cuando pasa sobre ella la hoja he- 
cha ascua bañando toda su superficie , como si fuese un barniz 
finísimo, y cubriendo los innumerables poros del metal , abier- 
tos á la violencia del fuego, por donde se escapan sus espíritus 
en las chispas; los queretrocediendoy reconcentrándose, mantie- 
nen su fuerza y virtud, perrnitiendo ,que con el castigo del yun- 
que se consolide perfectamente aquella masa, que es en lo que 



UNIVERSAL. 359 

consiste la solidez de una espada, y no hay dificultad en que se 
derritan las imperceptibles partículas de oro y otros metales que 
contienen las citadas arenas, y esto impide el que se disipen los 
espíritus del acero. 

He esplicado con tanta latitud el modo de forjar las espadas 
los antiguos armeros, y la causa (á mi ver) del celebrado temple, 
porque, según he observado. varias, veces, viendo trabajará ios 
artífices en la nacional fábrica, advierto no se observan aquellas 
reglas, tanto en la fragua al forjar la espada, como en el temple 
y revenidos, reglas que por fútiles y de poca importancia se des- 
preciaron sin duda, y no lo son en realidad, pues en lugar de la 
arena del Tajo, se usa de la molada ó légano que producen las 
piedras de amolar, que después de seco queda polvo sutil, y esto 
á la verdad no es equivalente, pues ese polvo no lo derrite el fue- 
go, por voraz que sea, asi como liquida la arena, y de este modo 
no puede surtir el efecto que las arenas del Tajo, ni cubrir los 
poros que se abren en la hoja al forjarla, y que quedan luego 
en ella, y se pueden advertir, aun después de amolada y acica- 
lada con el mayor esmero. 

En cuanto al temple de la espada, luego que está hecha as- 
cua, la meten tendida de corte en una caja de madera llena de 
agua, y en estando fría la sacan, y para el revenido no se usa en 
la actualidad del sebo en rama y sí del jabón, (si no me engaño) 
cosa diametralmcnte opuesta al invariable uso de los armeros 
antiguos, cuyas espadas son y serán siempre la admiración de to- 
dos, y seria conducente se mirase á mejor luz negocio tan im- 
portante, pues guardándose las antiguas reglas, sin duda alguna, 
saldrían las espadas con mas belleza, temple y fortaleza que el 
que ahora sacan, no obstante que en la actualidad compitan con 
las demás de Europa, y así proseguiría sin disputa alguna aquel 
esplendor y fama que por todo el mundo han tenido las espadas 
de Toledo, aludiendo á esto aquellos versos que dicen. 



Vencedora espada 
De Mondragon tu acere 
Y en Toledo templada. 



Dando ya por concluida esta digresión, sigamos con los pro- 
gresos de esta fábrica. Ya por el siglo XVIII habia decaído tan- 
to, que casi no habia en Toledo artífices que forjasen espadas, y 
llegando estoá noticia de Carlos III, deseoso del bien y felicidad 
de sus pueblos y restablecimiento de las artes y manafacturas, 
se movió su real ánimo á plantificar de nuevo esta fábrica, como 
en efecto se verificó en 1761, disponiendo las oficinas con buen 
método y proporción para las maniobras en los corrales de la 
casa de correos, teniendo la entrada dicha fábrica, frente á la de 
los carros del convento do agustinos recoletos, y ya todo arregla- 



360 ÁLBUM 

do, se dio principio á la obra por Luis Calisto, cuchillero famoso 
y forjador de espadas, en Valencia, de donde se le trajo para 
este fin, siendo de mas de 70 años, con otros operarios además, 
elegidos por el director. 

No contento con eso el celo del monarca, y advirtiendo que 
la fábrica en el local que ocupaba no poaia tener el ensanche 
y capacidad que se requería para el caso, y deseoso al mismo 
tiempo de hacer una obra digna de la grandeza de sus deseos, 
proyectó la construcción de un gran edificio, suficiente á abri- 
gar en su seno todas las máquinas y talleres necesarios, y á mas 
habitaciones para los dependientes, y consultándolo con su ar- 
quitecto mayor D. Francisco Sabatini, se tantearon varios loca- 
les á propósito, y al fin se eligió el que hoy ocupa la nacional 
fábrica, cuya vista se representa en el grabado que va al frente 
de este artículo. 

Su situación es á la orilla del Tajo á un estremo de la vega 
de Toledo, distante de la Ciudad como unas 2,000 varas, en el 
sitio donde fue antes la huerta de la earidad, antes llamada de 
Daza, la cual consta comprada por el rey en 5 de noviembre 
de 1777, en precio de 32,489 reales, pagados á los comisarios de 
la cofradía de la earidad según escritura de compra otorgada an- 
te José de Cobos. Se empezó por este mismo año la obra, y vino 
á acabarse de un todo á fines de mayo de 1782, pues consta que 
el arquitecto y director de la fábrica D. Francisco Sabatini hi- 
zo formal entrega del edificio al ingeniero D. Antonio Gilman, 
comisionado al electo en 27 de julio de 1783. 

Su figura es rectangular, de 416 pies de longitud y 225 de la- 
titud; tiene dos grandes patios, con sus arcos, pilares y galerías 
al rededor y diferentes minas subterráneas para el desagüe de 
las aguas llovedizas, que desembocan al rio por lo? estremos 
del canal de las ruedas. La fachada principal es sencilla, y en el 
medio está u.n arco almohadillo que forma la entrada. Superior 
á el hay un escudo de armas reales y una targeta con esta ins- 
cripción: 

Carlos iii Rege 
Ann mdcclxxx. 

A la izquierda, conforme se entra en el patio, está la capi- 
lla, sumamente linda, adornada con sus pilastras, cornisamento 
y molduras de yeso, muy bien distribuidas: está dedicada á San- 
ta Bárbara, y en su altar principal tiene una escelente efigie de la 
Santa pintada por Montalvo, que sucedió á otro lienzo mejor de 
Bayea que se llevaron los franceses. Pasado el pórtico, está el 
patio principal, con arcos y ventanas distribuidas con sencillez 
y elegancia. Todo al rededor de las galerías, tanto altas como ba- 
jas, están los pabellones para los dependientes déla casa y ofici- 
nas, y á cada ángulo se halla una escalera para subir á las habi- 
taciones del segundo piso y buardillas. 



UNIVERSAL. 361 

Sigue luego otro gran patio, donde se encuentran las má- 
quinas para el amolado y acicalado, y demás talleres y fraguas 
correspondientes. Quedan divididos los dos patios por una gran 
crugía, destinada en el piso bajo para almacén de armas y per- 
trechos, y en el alto para habitaciones, ocupando su parte céntri- 
ca el reloj, cuya muestra se presenta al pórtico de la entrada. 

La fachada opuesta á la principal, es un grande murallon 
con barbacana fundado sobre zaupeado ó enrejado, á la orilla 
del Tajo, el que cierra por el lado de Poniente el edificio. Cami- 
nando por la izquierda á lo largo del referido muro , se halla 
un estanque en que desembocan dos cauces subterráneos, que 
atravesando por bajo do tierra la plazuela que llaman de las Bar- 
cas y la huerta llamada antes de la Inquisición, traen las aguas 
desde el molino de Azume!, también apellidado del papel, para 
el movimiento de las máquinas. Este cauce ó canal alto que cor- 
re toda la fachada occidental del edificio, es todo de sillería y 6 
pies de anchura: en él están las dos ruedas que mueve el agua,. 
la que desemboca luego en un grande estanque curvilíneo, y de 
allí vuelve al rio por otro canal construido en un estremo. 

La embocadura del doble conducto ó canal, está situada en 
el paraje llamado plazuela de las Barcas. Su principio es una por- 
ción de acequia revestida en línea curva, que tiene una reja de 
hierro para dar paso al agua, que se inclina á ese punto , conte- 
nida por la presa. Desde aquí sigue el canal subterráneo atrave- 
sando toda la llanura de la plaza dicha y huerta de la Inquisi- 
ción, hasta que desemboca en el canal alto. El conducto subter- 
ráneo es de 18 pies de latitud, dividido en dos canales aboveda- 
dos de 6 pies de diámetro y 2 de montea. 

Para la construcción de este conducto fué preciso quitar al- 
gún corto terreno á la huerta adyacente, que era de la orden de 
Santiago, y encomienda llamada de las casas de Toledo, y sobre 
su enagenacion se otorgó escritura de venta en II de noviembre 
de 1778 ante el escribano Cobos. 

Toda la fachada de poniente, que es donde están las máqui- 
nas, tiene por la parte inferior unos grandes sótanos emboveda- 
dos, donde están las ruedas, y para bajar á ellos hay una magní- 
fica escalera de dos ramales, toda de sillería y con sus descansos. 

Lo demás del edificio corresponde, en su buena construcción 
y cómodo repartimiento, á lo ya descrito. Hay en la actualidad 
en esta fábrica 7 fraguas de forjar hojas de sable y lanzas, otra 
de herramientas, un taller de vainas de hierro para espadas del 
arma de caballería, que antes no se hacian, una fundición de 
guarniciones de metal, un taller de lima, y otro de carpintería y 
grabado, y además el de montura. 

Este establecimiento, aunque en un principio estuvo á car- 
go de la hacienda nacional, en la actualidad depende del cuerpo 
de artillería, y para su régimen y administración interior hay un 

46 



S62 ÁLBUM y 

director, nn capitán del detall comisario, oficial primero paga- 
dor, 4 oficiales terceros. Además hay an cura castrense,y juzga- 
do privativo con asesor, fiscal y escribano para conocer de las 
causas relativas á los dependientes de esta fábrica que gozan el 
fuero privilegiado del arma de artillería. 



BIOGRAFÍA DE EL GENERAL FOREY. 



Elie-Frederic Forey nació en Paris en 1804; estudió en Ja 
Escuela especial militar, y en 1824 fué nombrado subteniente 
del 2. ° de línea. En 1830 formó parte con su regimiento de la 
espedicion de Argel, y asistió á todas las acciones de aquella 
campaña, en la cual ganó un ascenso. En 1835 fué nombrado 
capitán y obtuvo la crnz de la Legión de Honor por haberse 
distinguido en Constantina. En 1840 entró de comandante de 
batallón en el 59? de línea. 

Ayudado por su mérito y recomendado por las buenas no- 
tas que habia obtenido constantemente, el comandante Forey 
deoia elevarse con rapidez en la gerarquia militar. Teniente co- 
ronel del 58? de línea en 1841, tres años después ascendía á co- 
ronel del 26?. En 1S4S fué nombrado general y fué colocado á 
la cabeza de una brigada en el ejército de París. En aquella 
época de agitación se distinguió por sus buenos servicios. Nom- 
brado en 1S51 general de división, fué agregado al comité de 
infantería en el ministerio de la Guerra. En 1854 recibió el en- 
cargo de formar la división de reserva del ejército de Oriente, y 
estuvo algún tiempo en el Píreo con una parte de su división 
para observar á los griegos. Esta división fué la cuarta del ejér- 
cito de Oriente, v el general Forey estuvo á la cabeza de las tro- 
pas que defendían la trinchera delante de Sebastopol. Llamado 
para tomar el mando de la provincia de Oran, tuvo á sus órde- 
nes la primera división del ejército de Paris antes de ocupar su 
puesto en África. El general Forey desempeñó de 1850 á 1858 
las funciones de inspector general. 

Su alta posición militar le designaba naturalmente á la 
elección del emperador para la guerra actual, y con efecto, fué 
nombrado comandante de la primera división del primer cuerpo 
de Italia. La batalla de Montebello ha colocado al general Fo- 
rey al nivel de los generales mas ilustres. Por decreto del em- 
perador de fecha 21 de Mayo, el general Forey ha sido nombra- 
do gran cruz de la Legión ole Honor. La nota unida á este nom- 
bramiento recuerda las hojas de servicios del gmeral; 36 años 
de servicio, 14 campañas y 3 heridas; ahora añadiremos que sie- 
te veces ha sido citado su nombre en la orden del di a. 



BS5T? 



DON MIGUEL DE CERVANTES SAAYSDRA. 

PRINCIPE DE LOS INGENIOS ESPAÑOLES. 



Nació en Alcalá de Henares, de una familia hidalga, pero- 
pobre, y fué bautizado el 9 de Octubre de 1517, en la parroquia 
de Sta. María la Mayor, déla misma ciudad, Sus padres, Rodri- 
go de Cervantes y doña Leonor de Cortinas, le dedicaron desde 
niño á una carrera; pero él, arrastrado por el amor de la gloria 
y las bellas letras, abandonó los estudios académicos para de- 
dicarse completamente á la profesión que mas en armonía esta- 
ba con sus naturales inclinaciones. 

Uno de sus primeros maestros fué Juan López de Hoyos, que 
en aquella época, enseñaba con mucho crédito en la Corte las hu- 
manidades, y á él debemos el habernos dado á conocer las pri- 
micias del ingenio de Cervantes, en la relación que hizo de las 
exequias de Isabel de Valois; pues publicó en este libro una ele- 
gía y otros varios versos que su discípulo compuso á la muerte 
de aquella desgraciada princesa. Corría entonces el año 1569, y 
Cervantes marchó á Roma, sin dnda con el objeto de probar for- 
tuna, lo cual era muy propio de su carácter aventurero: allí en- 
tró en clase de camarero al serviciode monseñor Acuaviva, qu© 
habia estado denuncio déla Santa Sede en España, pero bie n 
pronto, disgustado de una condición indigna de la nobleza de 
su alma y la independencia de sus aspiraciones, la abandonó 
alistándose como voluntario en los tercios Españoles que ocupa- 
ban la Italia, y logrando así la ocasión de hallarse en la me- 



364 ÁLBUM 

morable batalla de Lepante En esta jornada, Cerrantes alcan- 
zó uno de sus laureles, grande como todos los que adornan su 
frente, el laurel del guerrero: pues, postrado por unas calentu- 
ras, y á pesar de las amonestaciones de su capitán, pidió y ob- 
tuvo el puesto de mayor peligro, y peleando en él con ánimo 
esforzado todo él tiempo que duró la batalla, recibió dos arca- 
buzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que se la dejó 
manca para toda su vida; por eso le llama el mundo, honrando 
su valor, el manco de Lavanto. Perseguido hasta entonces por 
la fortuna, pudo esperar Cervantes que esta le trataría con me- 
nos rigor después de sus merecimientos, y se encaminó á Espa- 
ña, provisto de las recomendaciones de sus gefes que habian si- 
do testigos de ellos; pero la galera Sol, en que se embarcó con 
su hermano Rodrigo y otros caballeros principales, fué apresa- 
da el 26 de setiembre de 1575 por una escuadra Argelina, man- 
dada por Arnaute-Mansi, y él y todos sus compañeros hechos 
esclavos. Los trabajos que pasó Cervantes durante este cautive- 
rio los esfuerzos de arrojo y de ingenio que hizo para librarse de 
él, los rasgos que tuvo de generosidad y abnegación, no son pa- 
ra referidos en una sucinta biografía, ni por otra parte hay per- 
sona que los ignore habiendo leido la Novela del Cautivo, que 
forma parte del Quijote, y en la cual nos ha dado el mismo Cer- 
vantes una idea de ellos con el encanto y la maestría que carac- 
terizan su pluma. Baste decir, que después de haber sufrido el 
hambre, Ja desnudez, la miseria, las fatigas del cuerpo, las an- 
gustias del ánimo, llevado alternativamente de la esperanza á 
la desesperación, de la esclavitud á la libertad, y de la vida á la 
muerte; después de trazar muchos planes de fuga que fueron des- 
cubiertos, y de haber llegado hasta evadirse de su prisión y te- 
ner después que tornar á ella: Cervantes fué rescatado por los 
religiosos trinitarios ele la Redención, con el dinero que envia- 
ron su madre ya viuda, y su hermana doña Andrea, y el que 
añadieron algunas personas caritativas, el 26 de setiembre de 
1580, cinco años justos después de su cautiverio. Así se libró 
de los hierros de una cadena, pero se vio envuelto en los de la 
calumnia, pues uno de sus antiguos compañeros de esclavitud, 
un clérigo, cuyo nombre no queremos consignar aquí, por no 
manchar esta brillante página de nuestra historia, empezó á di- 
famar y á inventar contra él testimonio de acusación, enconado 
por ciertos sucesos en que Cervantes no habia hecho por cierto 
otro papel que el de víctima, ó movido de esa rabia, innata en 
ciertos hombres, contra todo lo que es bueno y grande. El bizar- 
ro soldado, el sufrido prisionero, el aventurero indomable, el 
caballero leal y cumplido, tuvo que recurrir á una información 
judicial por vindicar su honra, y ya que no poseyera otro pa- 
trimonio, logró salvar este del que pretendía robársele, quedan- 
do en la prueba triunfante el virtuoso, y confundido el impostor 



UNIVERSAL. 365 

y el villano. Volvió, pues, Cervantes á España honrado pero mi- 
serable, y se vio en la necesidad de apelar de nuevo á su espa- 
da para proporcionarse la subsistencia, alistándose como soldado 
en el egército espedicionario contra Portugal, donde peleó con su 
acostumbrada valentía, y pasando después á las islas terceras, en 
cuyas mares sirvió á las órdenes del Ilustre Marqués de Santa 
Cruz. Mas viéndose ya entrado en edad, sin haber podido me- 
drar en la profesión de las armas, á pesar de sus méritos, y de- 
seando por otra parte el reposo necesario para las tareas del in- 
genio, se retiró definitivamente de la milicia en 1584, y se dio á 
escribir obras literarias, inaugurando esta su nueva carrera con 
una novela pastoril que llamó Galatea, y que alcanzó desde lue- 
go una lisongera acogida. 

Durante este tiempo, tuvo Cervantes unos amores, cayo fru- 
to fué su hija natural doña Isabel de Saavedra, y poco después, 
se casó con una señora llamada Doña Catalina de Palacios Sa- 
lazar, natural de Esquivias. Las necesidades de su nuevo estado 
le obligaron entonces á dedicarse á la literatura dramática, y 
escribió veinte ó treinta comedias, número indeterminado que 
el mismo nos ha trasmitido, de las cuales solo han llegado hasta 
nosotros El trato de Argel y Numancia, ambas en verdad de 
escasísimo mérito, si bien Cervantes asegura que ni estas ni las 
demás fueron desairadas en la escena, al paso que hace mención 
de una titalada La confusa, la cual obtuvo muchos aplausos, y 
él consideraba como obra de primer orden. Sin embargo, no sa- 
cando el suficiente provecho del teatro, que por cierto no anda- 
ba entonces para los autores peor parado que en nuestros días, 
habida relación de tiempos y de épocas, se dedicó á diferentes 
negocios, pretendió destinos que se le negaron, y por término de 
tanta desgracia , y tanta injusticia, fué encarcelado dos veces, 
una en la capital de Andalucía, y otra en un pueblo de la Man- 
cha llamado Algamacilla. Aquí fué donde Cervantes concibió 
la idea del Quijote, y la realizó con tan portentosa facilidad pu- 
blicando su obra en 1605, y dando á España y al mundo el libro 
mas precioso que se ha escrito desde Homero hasta nuestros di as, 
pues en él, como dice muy bien el gran Quintana, no se sabe que 
admirar mas, si la fuerza de fantasía que fué necesaria para in- 
ventarle, ó el talento divino que se necesitó para escribirle: li- 
bro inmortal, libro admirable, siempre leido y siempre nuevo: 
mas sabio y mas popular que otro alguno en su género, y tan 
acabado, tan completo, que en vano se esfuerza la crítica por 
encontrar en él los lunares inherentes átoda obra humana, pues 
no parece bino que fué inspirado por el mismo Dios, para que 
sirviera de inimitable modelo. El Quijote hizo una revolución 
en su época; en el mismo año en que se publicó se dieron de él 
nada menos que cuatro ediciones; al poco tiempo se hallaba ya 
traducido en casi todos las lenguas de Europa, y no habia pais 



#66 ÁLBUM 

íii aldea ni familia en que no ándase de mano en mano este mag- 
nífico poema. Tanta y tan justa celebridad dispertó la envidia 
en el ánimo de los poetas contemporáneos, y no hubo apodo ni 
censura, ni vituperio, que no empleasen para rebajar la superio- 
ridad de Cervantes. Los partid arios del fecundo Lope de Vega 
se resistieron de la crítica razonada y benévola que había he- 
cho de sus comedias en el Quijote, resentimiento injusto á la 
verdad; y que dio origen á algunas contestaciones entre aquellos 
dos grandes ingenios, como lo prueba ¡el famoso soneto que em- 
pieza: 

Hermano Lope, bórrame el sone- 

Con versos de Ariosto y Garcila- 

el cual, según la opinión mas autorizada, es debido á la pluma 
de Cervantes. Otros escritores empezaron á criticar agriamente 
las obras del mismo, llamándole ingenio lego, como para demos- 
trar que carecía del conocimiento de las reglas y los preceptos 
del arte de escribir; pero esto, que sin duda estaba fundado en 
algunas leves incorrecciones en que incurría á veces Cervantes, 
solo prueba la riqueza de su imaginación y su facilidad prodi- 
giosa. Por último, dos Aristarcos, mas ignorantes ó mas atrevi- 
dos, Villegas y Avellaneda, tomaron la pluma contra Cervantes, 
y escribieron el uno una composición poética; y el otro un nue- 
vo D. Qtiijcte. La composición de Villegas es una diatriba per- 
sonal que, lejos de lograr el objeto que se propuso, rebaja tanto 
á su autor, como enaltece á Cervantes, pues en ella moteja á és- 
te de viejo, manco y pobre, como si tales cualidades no fuesen 
otros tantos merecimientos, añadiendo insultos y desprecios que 
ciertamente valiera mas, por honor á Villegas, que no hubieran 
salido nunca á luz, como decia él mismo en la dedicatoria que 
hizo á cierto amigo suyo. 

Este monstruo te envío, mi Laurencio, 
De sátira compuesto y elegía, 
Cierto que es parto digno de silencio. 

En cuanto á la segunda parte di Quijote de Avell aneda, 
quedó relegadaal olvido desde que ¡Cervantes publicó lasuya, y 
en él permanece todavíajsin que haya bastado á restaurarla la di- 
ligencia de algún editor que haya creído escitar lacuriosidad li- 
teraria y hacer un buen negocio reimprimiéndola. Por lo demás, 
el que no habia rendido su ánimo á la flaqueza, ni en la mise- 
ria, ni en la esclavitud, ni en los peligros de la mar y la guerra, 
no podía desmayar tampoco ante las calumnias de sus detracto- 
res; por eso Cervantes, sin curarse de ellas, seguía impávido el 
camino de su triste vida, consolado en parte de la injusticia 
agena con su propia gloria, y sostenido por el propio apoyo de 



UNIVERSAL. 367 

algunos poderosos, que por orgullo ó por caridad, se dignaban 
alguna vez protejerle. El mas constante fué el conde de Lemos, 
y aunque todavía no hizo cuanto podía por Cervantes, gustan- 
do, sin duda, mas que do su prosa de los versos de Jos Argenso- 
las, el autor del Quijote fué agradecido y le pagó con usura los 
favores que de él recibiera, dedicándole la segunda parte de 
aquella obra, é inmortalizando de esta manera su nombre. Vivia 
pues, Cervantes, después de su publicación del Quijote tan po- 
bre como siempre, pero resignado y humilde en su pobreza, se- 
guía cultivando con ardor las bellas letras. Fruto de esta activi- 
dad incansable fueron sus novelas, publicadas en 1612, y dedi- 
cadas también al conde de Lemos, siendo entre ellas las mas no- 
tables, ademas de El curioso impertinente, y el Capitán cautivo, 
que introdujo en el Quijote, las que, como Pinconete y Corta- 
dillo y el Coloquio de los perros, pintan las costumbres y el es- 
píritu de su época, género en el cual era verdaderamente maes - 
tro Cervantes. En 1614 dio a luz ei Viaje al parnaso, poema 
crítito que escribió en verso, llevado de su afán de parecer poe- 
ta, como él mismo confiesa en este libro, cuando dice: 

Yo que siempre me afano y me desvelo 

Por parecer que tengo de poeta 

La gracia que no quiso darme el cielo. 

En 1615 publicó algunas comedias y entremeses, enverso 
las unas, y los otros en prosa, figurando entre las primras la que 
lleva por titulo Pedro de ürdemalasen que con tanta gracia se 
ridiculizan las sutilezas de algunos embaucadores á propósito 
del purgatorio. El 1616 concluyó su novela Los trabajos de Per- 
files y Segismundo,, cuando se hallaba atacado de una hidrope- 
sía que le condujo al sepulcro, y poco antes de recibir el Santo 
Oleo, que fué el 18 de Abril del mismo año, desahuciado de los 
médicos y esperando la muerte, trazó aquella admirable dedica- 
toria al conde de Lemos, que también pinta la generosidad y 
nobleza de su alma. Por último, el 23 de Abril del mismo año 
á los 68 de su edad, murió Cervantes, y fué enterrado sin apara- 
to ni ostentación alguna en las Monjas Trinitarias, según habia 
mandado él mismo. Muerte á la verdad digna de un cristiano, 
pero oscura como lo habia sido su vida, y con la cual perdió 
España, sin saberlo, ni sentirlo ella misma, uno de sus mas ilus- 
tres hijos. Afortunadamente la posteridad le ha vengado de la 
indiferencia de su siglo, y hoy vive en la memoria del mundo, 
grande, colosal, gigante como sus obras. ¡Ojalá que el respeto de 
los hombres, y los himnos que por todas partes resuenan en su 
obsequio, sirvan de grata satisfacción á.sus manes! ¡Ojalá que ei 
culto que en la tierra se le tributa, pueda aumentar la gloria que 
sin duda disfruta .en el cielo el espíritu de Cervantes. 



Esta es una de aquellas obras, cuya arquitectura, sí bien no 
se puede considerar corno bella, es á lo menos la mas sólida y 
magestuosa que tiene la Ciudad. En prueba de ello baste obser- 
var, que después de las impetuosas avenidas en que las mas ve- 
ces quedan casi cubiertos por el agua los dos ojos de él, nunca 
ha dado muestras de vacilar, ni se lia desquiciado siquiera una 
sola piedra; al paso que en este punto es mas furiosa su corrien- 
te tanto en razón á las dos azudas artificiales que la impelen con 
mayor rapidez, cuanto que por el cauce del rio es mas estrecho 
perseguir encajonado entre los dos muros ó antepechos que le 
aprisionan, por un lado el del arenal, y por el otro el del alcázar 
nuevo. Quizás, y sin disputa, deba este puente una gran parte 
de su solidez á estar sentado sobre una de las azudas que san- 
gran por este lado al rio, para dar agua al considerable núme- 
ro de molinos fabricados á la derecha de su corriente. Un do- 
cumento interesante nos prueba que no es vaga esta opinión, á 
saber, que la azuda es de fábrica anterior, pues dice entre otras 
cosas en una carta suya, el rey I). Alfonso al Consejo de la no- 
ble ciudad de Murcia, firmada en Sahagun en 10 de Setiembre 
de 1373; "otrosi, nos contó como habíais labrado, y labráis muy 
esa nuestra ciudad, y la grandísima costa , que en ella tenéis, y 
como la tenéis muy sosegada á nuestro sei vicio, y que hacéis 
mucho por la poblar. Otrosi, nos dijo los muchos gastos que hi- 
cisteis en la labor de la azuda, que es poblamiento de esta Ciu- 
dad." 



UNIVEKSAl. 369 

Queda manifestada con este documento la época déla fabri- 
cación de la azuda, que lo fué por el adelantado mayor^D. Alfonso 
Fernandez de Saavedra, y Cáscales comprueba luego que Don 
Guillen Celdran, que fué regidor en el año de 1382, con otros 
varios, mandaron hacer el puente junto al alcázar nuevo; se 
comprueba mi aserto de que la fábrica del pueme murciano es 
muy posterior á la de la azuda y que este edificio consolidado 
sobre cimientos tan ensayados, pudo contar con una solidez pa- 
ra su fabricación, de las que hoy dia no3 da muestras bien pa- 
tentes. 

Algunos han querido suponer esta empresa perteneciente á 
García de Laza, pero es idea vulgar que destruyen los documen- 
tos citados. 

Cerca de este puente, ó mejor dicho al frente de él, por el 
lado que mira al Sur se hallajla puerta^llamada del Puente, que 
es hermosa, está pegada al alcázar nuevo, mandado hacer por 
Enrique III; y al norte, y á poca distancia de la otra cabeza del 
puente está el antiguo alcázar árabe que existe bastante conser- 
vado, con algunos arcos magníficos de aquel tiempo, tan rico 
cuanto poético en su arquitectura. Estuvo luego este edificio 
destinado á la inquisición, y hoy sirve para las oficinas de Go- 
bierno político de aquella provincia. 



±7 



ANTONIO DE NEBRIJA. 



Entre los hombres eminentes que mas lian contribuido á 
las glorias literarias de España, debe ocupar un lugar de prefe- 
rencia y distinción el célebre Antonio de Nebrija, portento de 
sabiduría y laboriosidad, admiración de los sabios nacionales y 
estrangeros, honor y gloria de su patria. 

Para formar una justa idea del mérito de este sabio español 
y de la gratitud que con toda justicia ha merecido á la posteri- 
dad, es indispensable trasladar la imaginación á la época de su 
nacimiento, y recordar las circunstancias en que se hallaba en- 
tonces la literatura. 

Es bien sabido, que en los siglos medios desaparecieron en- 
teramente las ciencias, merced á las invasiones de los bárbaros, 
y á las continuas y sangrientas guerras que acompañaron y si- 
guieron á aquella catástrofe. Una densa niebla cubrió por espa- 
cio de siglos la Europa. Las obras clásicas de la sabia antigüe- 
dad yacían entre el polvo de los estantes de los monasterios, 
único asilo que por una fortuna inesperada respetaron los inva- 
sores. Las tímidas musas huyendo del furor de los combates, se 
arrinconaron en la capital de Oriente, donde permanecieron sos- 
tenidas por las reliquias de la antigua Grecia. 

Llegó el siglo XV: las escuelas de España y Francia no 
ofrecían mas que el escolasticismo en las ciencias, y el oropel de 
los árabes en la amena literatura. 

Aconteció entonces la conquista de Bizancio por los Oto- 



UNIVERSAL. ÍJY1 

manos, y aterrados los pocos sabios que pudieron escapar entre 
tanta sangre y desolación, se retiraron á Roma, y fomentaron 
por toda Italia aquellas doctas academias, que produjeron des- 
pués á los Dantes y Petrarcas, y que habían de restituir la lite- 
ratura, la civilización, y las artes á toda Europa. 

La luz de aquel astro benéfico iluminaba ya nuestro hori- 
zonte; mas esto no bastaba: el pedantismo lleno de orgullo y de 
intolerancia, presidia en todas partes; y se necesitaba de un 
hombre estra ordinario, de un genio que reuniendo el talento y 
la sabiduría necesaria á un valor singular, tomase á su cargo la 
terrible empresa ele combatir y derrocar la barbarie, y restau- 
rar la literatura. Esta fué la honorífica y gloriosa misión de que 
se encargó el esclarecido Antonio de Nebrija, cuyo desempeño 
le grangeó después una fama inmortal. 

Al principio del año de 1444, nació el ilustre Antonio en 
Nebrija, hoy Lebrija, antigua villa de Andalucía, siendo sus 
padres Juan Martínez de Cala Hinojosa, y Catalina Harán a del 
Ojo. No existe su partida de bautismo por un incidente digno 
de referirse, como muestra de la ignorancia y necias preocupa- 
ciones de aquella época. Por costumbre ó por ley se anotaban 
en los libros Sacramentales todos los que penitenciaba el tribu- 
nal de la Inquisición. Esta imprudencia ocasionó multitud de 
rencillas y aun de pleitos, cuyo germen estaba en el archivo 
eclesiástico: y bien fuese por intrigas de las familias denigradas, 
ó bien por disposición de algún cura sensato, lo cierto es que 
amaneció incendiado el archivo, y fué un dia de júbilo para el 
pueblo; perdiéndose por desgracia entonces la partida ó asien- 
to de nuestro héroe. 

El Nebrisense habiendo estudiado trabajosamente en su 
patria (son sus mismas palabras) la latinidad y la lógica, pasó 
á la Universidad de Salamanca, única á la sazón en Castilla, y 
la mas acreditada en España. Allí sobresaliendo siempre entre 
sus contemporáneos siguió el estudio de la filosofía y de las ma- 
temáticas, y cursó la jurisprudencia. ¡Qué perspectiva tan bri- 
llante para un joven de 16 años ver concluida uua carrera 
tan lucrativa y honrosa! Pero el grande Antonio que no habia 
nacido para empresas tan comunes, y que él solo descubría la 
brillante antorcha, que como feliz aurora amanecía en el hori- 
zonte europeo, llevado del amor de la mas escondida y sublime 
literatura abandona su patria, pasa á Italia, discurre por aque- 
llas célebres academias, oye con el mayor entusiasmo á los 
maestros mas acreditados por su erudición y buen gusto, se per- 
fecciona en las humanidades y ciencias que ñabia aprendido 
en Salamanca, se dedica con particular esmero al estudio de las 
lenguas orientales, y recorre en un decenio el círculo de las 
ciencias, siendo en cada una la admiración de todos: empresa 
concedida á muy pocos en el espacio de una vida prolongada. 



372 álbum: 

Consumados todos sus estudios á los doce años de haber sa- 
lido de su patria, vuelve á España cual riquísima nave, carga- 
da no de metales ni de piedras preciosas, sino de una mercan- 
cía mucho mas apreciable, las ciencias; y entonces publicó aque- 
lla composición poética tan celebrada de los sabios, aquella ca- 
riñosísima salutación á su amada Lebrija, de la que hace una 
bella descripción. 

Llegado á España, su primer cuidado fué venir á abrazar i 
sus ancianos padres, y recordar, como él decía: los sitios en que 
había pasado su niñez; y después de haber recibido de todo el 
vecindario los mas estraordinarios obsequios, fijó su mansión 
en Sevilla muy protegido del doctor Arzobispo Fonseca, y hos- 
pedado en su palacio, donde vivió tres años preparando sus tra- 
bajos para la grande obra de la restauración de la literatura, 
como si adivinase con certeza (son sus mismas palabras) que ha- 
bía de entrar en una reñida contienda con todos ios bárbaros. 

En el año de 1473, se decidió ya á presentarse en la lid; y 
animado de un valor heroico se dirige á la Universidad de Sa- 
lamanca, no dudando que conquistada esta primera fortaleza, 
los demás contrarios se someterían fácilmente después. 

No se engañó nuestro héroe. En aquella célebre Universi- 
dad fué recibido con el mayor aplauso, y encargado de dos cá- 
tedras con la renta de ambas, honor que á ningún profesor se 
había antes concedido. 

Meditaba diay noche el Nebrisense sobre el plan que con- 
venía adoptar para llevar á cabo sus deseos: y convencido de la. 
importancia de restaurar ante todo el estudio de la lengua lati- 
na, impugnó los bárbaros métodos que hasta entonces se usaban 
en su enseñanza, sustituyó otros nuevos, introdujo el estudio de 
la lengua griega, y de los autores clásicos de la docta antigüe- 
dad, y publicó una multitud de obras sapientísimas para la mas, 
acertada enseñanza de las humanidades. Todas fuero i recibidas 
con el mayor aplauso, y con ellas y el ausilio de una multitud de 
doctos discípulos que salieron de su escueta, y se deseminaron 
por toda España, conoció el grande Antonio que habia echado 
ya un cimiento sólido á su gigantesca obra. 

Estos trabajos y el desempeño de las dos cátedras en las ; 
que empleaba cada dia cinco ó seis horas, quebrantaron su sa>- 
lud, y le obligaron á retirarse de la Universidad. 

Dueño entonces de su tiempo, y protegido generosamente! 
por el ilustre D. Juan de Zúñiga, maestre de Alcántara, se; 
aplicó con heroica constancia al restablecimiento de las cien- 
cias, escribiendo y publicando sin cesar obras llenas de erudi- 
ción sobre todas ellas, y sobre todos los ramos de la bella lite- 
ratura, dirigidas unas á la enseñanza de la juventud, y otras pa- 
ra la instrucción de los sabios. Parece imposible que un hom- 
bre solo pudiera escribir tanto sobre tantas y tan diversas inater 



UNIVERSAL. 873 

rías: gramáticas de las lenguas hebrea, griega, latina j españo- 
la, ortografías de las dos últimas, diccionarios; nada omitió este 
grande hombre de cuanto pudiera contribuir al objeto que se 
habia propuesto, habiendo dejado apreciabílisimos escritos so- 
bre jurisprudencia, medicina, teología, historia, y especialmen- 
te uno sobre la educación, mereció las mayores alabanzas. 

Su universal erudición llenaba de asombro á los sabios na- 
turales y estrangeros; y hacia que sus elogios resonaran no solo 
en España, sino en toda Europa. 

Por aquel tiempo el Cardenal Jiménez de Cisneros empren- 
dió la famosa Biblia-poliglota, y conociendo y apreciando la 
profunda sabiduría de nuestro Antonio, le llamó,, y consiguió: 
que fuera uno de los principales colaboradores de ella, asi co- 
mo también fué uno de los que mas trabajaron en el estableci- 
miento y arreglo de la Universidad de Alcalá, donde después 
vivió siempre hasta su fallecimiento, regentando una de sus cá- 
tedras. 

Está de mas decir, que un hombre tan grande no podia vi- 
vir libre de persecuciones: pues tal ha sido siempre la infauta 
suerte que en nuestra España ha sufrido el verdadero méristo. 

La celebridad de su nombre habia llenado de emulación á 
los hinchados doctores de su tiempo, y especialmente á los teó- 
logos vulgares, quienes llenos de furor le declararon la mas cru- 
da guerra, y lograron que el Inquisidor general le airancase de 
las manos varias obras, siendo el objeto manifiesto de toda aque- 
lla trama, impedirle que escribiese. 

No se acobardó por esto el Nebrisense. Su constancia, su 
sabiduría y su valor triunfanron del encono de sns enemigos. 
Escribió sin dilación, y puso en manos del Arzobispo de Toledo 
su inmortal Apología, en que patentizó la ignorancia de sus 
perseguidores, y la preocupación del juez: y después continuó 
sus tareas con aquella admirable laboriosidad que observó toda 
su vida: Nonfuit nobis commitendum^ dice él mismo, ut vitam 
in otio atque ignavia tereremus 

No es menos digno de admiración y gratitud aquel verda- 
dero patriotismo que alimentaba su noble alma, aquel ardiente 
deseo de ilustrar á su patria, por la que constantemente sacrifi- 
caba su reposo. "Todo el aliento y vida que me resta, dice en la 
dedicatoria de su diccionario, lo emplearé en obsequio del bien 
público:" 

A la verdad, toda su preciosa vida la empleó constante- 
mente en la enseñanza, en la estension y publicación de sus 
obras, y en sostener con firmeza y energía la lid que habia en- 
tablado contra la barbarie. Esta última idea tenia ocupada de 
tal modo su imaginación, que delirando un dia por efecto de 
una fuerte calentura, se le oyó repetir con frecuencia dos versos 
de la Eneida, variándole dos palabras para significar que desea- 



374 ÁLBUM 

ba renaciese de sus cenizas un fiero vengador, que á sangre j 
fuego persiguiese y derrocase á los dómines ignorantes que ha- 
bian usurpado el título de maestros. 

Exoriare aliquis nostris ex ossibas ultor, 
Qui face Barbates, ferroque sequare Perotos. 

Siendo ya muy anciano fué nombrado cronista real, y pu- 
blicó varios trabajos de esta clase: pero su edad avanzada y las 
atenciones de su cátedra que nunca quiso dejar, no le permitie- 
ron concluir y perfeccionar apreciables escritos que habia co- 
menzado; siendo uno digno de inmortal nombre su historia de 
Bello JVavariense, cuyo latin purísimo y estilo elegante lo ha- 
cen digno de ponerse al lado de Tito Livio, especialmente en 
las descripciones. 

Fué casado con Doña Isabel de Solis natural de Salamanca 
de la que tuvo seis hijos varones, y una hija única muy célebre 
por su erudición y estraordinario talento, que heredó de su 
padre. 

Desempeñados tantos trabajos en todo género de literatura, 
colmado de los elogios de los sabios, condecorado con las mayo- 
res distinciones por los Reyes Católicos, lleno de gloría y de la 
mas completa satisfacción al ver estirpada la barbarie, restau- 
rada la literatura, y una multitud de doctos discípulos que por 
todas portes propagaban las doctrinas de su maestro, falleció 
este grande hombre á los 77 años de su edad el de 1522. Aque- 
lla Universidad manifestó su aprecio y gratitud al Nebrisense, 
colocando sus cenizas al lado de las del insigne prelado su fun- 
dador, y después anualmente uno de sus mas elocuentes orado- 
res se encargaba de honrar su memoria. 

Con razón la posteridad ha reconocido al ilustre Antonio 
Nebrija como restaurador de la literatura, y padre de los litera- 
tos españoles; habiéndose prodigado los mayores encomios en 
todas las corporaciones literarias. Hable si no nuestra sabia aca- 
demia de la lengua, en cuyos respetables atriles han permane- 
cido muchos años, y aun subsisten las obras del inmor tal ISe- 
brisense, acatándolas como de un consumado maestro en el idio- 
ma de Castilla. 



MÜGERES DEL AMPÜBDAN 




Pocos países hay que presenten tanta variedad de trajes en 
sus habitantes como España, y ponemos el que usan las muge- 
res del pueblo y del campo en el Ampurdan y alta Cataluña. 

Usan todas, ademas de la saya, jubón, y delantal, según 
manifiesta la presente lámina, una redecilla, que en el dia la 
moda ha reducido mucho, y es generalmente de seda, con mas 
o menos adornos de abalorios negros, según el lujo de cada una 
y cuyas cintas de terciopelo negro labrado, formando un lazo, 
caen sobre la frente y las sienes. Unas llevan encima un pañue- 
lo blanco ó de colores vivos, atado debajo de la barba, con una 
simple lazada; y en general, todas para ir á la Iglesia, y encima 
del pañnelo, una capucha de tela blanca, muy almidonada, y 
que les llega hasta el codo; otras dando vueltas al pañuelo 
por debajo de la cara, á atar sus puntas sobre la cabeza, y for- 
man de este modo una especie de toca, que da mucha gracia á 
sus robustas fisonomías, realzada por sus hermosos ojos y sanos 
colores: otras en fin, y son las mas pobres, usan solo la redecilla 
por lo general, pero no asisten á la iglesia ó á diversiones pú- 



376 ALBÜM 

Micas, sin ponerse el pañuelo ó la capucha. En el Llano de Bar- 
celona, y los pueblos del litoral, si bien nsan del pañuelo, n0 
asi de la capucha, sustituyendo á esta la mantilla: en la parte 
mas montañosa, usan la capucha de lana. 

Por- lo geueral llevan todas jubón de manga corta, hasta el 
codo, cubriendo el antebrazo con unos manguitos de punto de 
seda ó estambre, que llegan hasta la muñeca, cubren alguna vez 
la parte superior de la mano, en cuyo caso tienen solo uu peda- 
zo del dedo pulgar, y se sugetan con una cinta de terciopelo 
adornada de una hebilla y pasador de plat-i, ú. otro metal, según 
las respectivas facultades. Llevan al cuello una cinta de tercio- 
pelo bastante ajustada, y de la cual pende una cruz ú otro dije, 
y en las orejas pendientes, arracadas, que son de plata ú oro, y 
con rica predería algunas veces, en especial esmeraldas y ru- 
bíes, y de un grandor y peso estraordinario, especialmente en las 
casadas, que suelen sostenerlos ademas con un pequeño cordón 
negro que sujeta por encima de la oreja, pues de otro modo su 
peso les rasgaría, y les rasga algunas veces, los agujeros en que 
van metidos. 

Tal es en resumen el traje común de las payesas y menes- 
tralas catalanas, y del cual se podrá formar una cabal idea, por 
el dibujo que presentamos, copiado del natural. Las formas muy 
pronunciadas de las catalanas, y que quedan al descubierto con 
su traje ceñido al cuerpo; su elevada estatura y sus hermosos 
rostros, unido al aseo que generalmente se observa en su modo 
de vestir, les dan cierto aire agradable y pintoresco. Bien pue- 
de asegurarse que no hay provincia alguna en España donde las 
mugeres vistan con tanta decencia y lujo como en los pueblos 
de toda la costa de Cataluña y sus inmediaciones, desde la em- 
bocadura del Ebro hasta el cabo de Creus. 



LA CIUDAD DE SANTIAGO. 



Esta antigua población debe su existencia á un sepulcro? 
pero á un sepulcro reverenciado por Teodomiro y Alfonso el 
Casto, y visitado por todo el mundo: la antigua Compostela debe 
su existencia al descubrimiento del sepulcro del apóstol Santia- 
go. Antes de este hallazgo tan precioso para los fieles, era un 
hurgo de cuatrocientos moradores^ que acudían á San Félix de 
Solovio para escuchar las venerables palabras del ermitaño Pe- 
lagio. Nuestros etimologistas no apuraron poco su erudición para 
revelar en estos hombres el origen de aquellos pacíficos habitan- 
tes; pero si bien es cierto que burgo como dice Berganza, viene 
del briga romano, y significa población, creo que El Labio tra- 
ducido por Parra, carece de exactitud, y mucho mas si lleva- 
mos esta opinión al campo geológico. Lo cierto es que se sabe 
por los cronicones que al descubrirse el sepulcro del Apóstol, 
había el burgo de los Tamariscos, -pequeña aldea que puede con- 
ceptuarse como la progenitora de la antigua capital de Galicia, 
y que después Don Alfonso el Casto concedió á la pequeña ca- 
tedral de 813, tria tnillia in gyro tumbaz eclesioe. La historia de 
esta ciudad es la historia de su Catedral, porque todos los privi- 
legios, todos los recuerdos históricos, proceden de ella; como loa 
hechos de armas de un caballero denodado daban nombre y co- 
lor al vetusto torreón donde vivia. La grande concurrencia de 
los peregrinos y la traslación de la silla do Iria á Santiago, fue- 
ron las primeras piedras de ese monumento que ha figurado en 
todos los reinados, y que ha pesado mucho en la balanza de los 
destinos de España. En tiempo del Obispo Sisnando, siendo la 

48 



378 ÁLBUM 

ciudad una regular población, se amuralló, y su Catedral reci* 
bió en su edificio y en su gobierno grandes mejoras. De aquí da- 
ta el florecimiento de Santiago. 

Desde esta época las irrupciones de los Moros y Norman-^ 
dos, arruinaron sus templos y sus casas, pero las continuas do- 
naciones, y los preciosos privi egios que concedieron los Reyes 
á la Palestina de Galicia, han levantado nuevos monumentos, 
y llevaron la catedral al grado de esplendor de que gozaba en 
el siglo XII, Santiago ha sido visitado por muchos Santos y Mo- 
narcas, y bajo la influencia poderosa de Gelmirez, adquirió la 
catedral estimadas reliquias y riquezas exorbitantes. Encerrar en 
este artículo, todas las renovaciones que ha sufrido en su forma 
toda la población, y perfilar la influencia política y religiosa 
que ejerció en el resto de la Península, seria imposible, y se pa 
receria á encerrar los contornos de un gigante en un reducido 
tapiz, pero despreciando los rasgos vulgares con que los Diccio- 
narios Geográficos de España, describen siempre sus primeras 
capitales, haré mérito de los principales acontecimientos de la 
ciudad-histórica, dejando las mejoras bellezas do la ciudad mo- 
numental, y coucluyeudo con una descripción en relieve, como 
dicen nuestros vecinos de allende los Pirineos, de la fisonomía 
que presenta la población, á vista de pájaro. 

Entre los hechos históricos, el principal es la universal rome- 
ría de todas las naciones á su metrópoli. Berganza en sus Antigüe- 
dades de España (Part. 2, pág. 238) asegura que, "tanto era el afán 
por venir á esta catedral que algunos hacían legados, habiendo 
muchos que mandaban á su costa fuesen enviados hombres en 
esta peregrinación" naciendo de aquí la espresion de que en vi- 
da ó en muerte todos han de ir á Santiago. En Flandes había la 
costumbre, por ejemplo, de cuando se hacían pases sobre delitos 
ponían la pena álos culpables de peregrinar fuera del reino y 
principalmente al sepulcro del Apóstol, Con esta romería nacie- 
ron las órdenes de los caballeros Cambiadores, de los de la Espa- 
da que tenían un fort considerable sur le chemin qu > on apelle 
communment voie frangoise pour y loger des Pelerins, los dudo- 
sos Templarios, y todos los Caballeros que luego vinieron á re- 
fundirse en la Orden de Santiago; con esta romería se enriqueció 
la Catedral, se hizo mas populosa la ciudad, y adquirió ésta un 
renombre europeo y universal. Otros acontecimientos históricos 
de influencia española fueron la prisión de Doña Urraca, y toma 
de la Catedral por los Compostelanos, la coronación de D. Alon- 
so YII por Gelmirez en 1110, el asesinato de D. Suevo, Arzo- 
bispo de la Catedral en 1306 por orden del Rey D. Pedro, la 
institución de cuatro jueces oidores, principio como dice Mén- 
dez de Silva en su Póblac. jener. de España, de la Real Audien- 
cia, que Felipe II mandó trasladar á la Coruña, para traerla Fer- 
nando VII á Santiago en 1821-, y llevarla la Reina Cristina pa- 
ra la antigua Fárum Brigantinun en 1832, y las Cortes que tuvo 



UNIVERSAL. 879 

Carlos Y en 1520, como puede verse en la Crónica de Sandovál 
libro 5°, párrafo 39 Entre los privilegios dados á esta metrópoli, 
deben figurar en primera línea las milliá concedidas por Alfon- 
so el Casto, Ramiro II, Ordoño y otros, los votos de Samos, el 
de Sebastian del Monte-Sacro, el célebre voto de Don Ramiro, 
y el de Granada dado por los Reyes Católicos; así como los nom- 
bres de Garlo-Magno, D. Ramiro, Guillermo Duque de Poitiers, 
(1137). San Gregorio, San Francisco, San Vicente Ferrer, Sauta 
Isabel, Sancho IV, D. Fernando y Doña Isabel, y Carlos V, fi- 
guran en el registro de los mas devotos romeros. Como cabeza 
del antiguo reino de Galicia, era lallave del Occidente de Espa- 
ña, y gozaba de una consideración muy grande, y digna de su 
riqueza monumental y literaria. Aun en nuestros días se conser- 
van restos del antiguo poderío, y todos los estrangeros que visi- 
tan á Santiago, si bien es cierto, que no pueden concederle la 
hermosura y proporción délas ciudades modernas, confiesan sin 
vacilar que es una de las primeras poblaciones de España, aten- 
diendo á los edificios que encierra, y ásus dimensiones colosales. 
Las murallas ya no existen, y las puertas que se conservaban en 
estos últimos tiempos, han desaparecido á los golpes de refor- 
mas que embellecieron la antigua capital del Reino de Galicia, 
y que arruinado los últimos restos de la arquitectura antigua que 
abundaba en todas partes. 

Hubo una época de devaneo arqueológico en la que subia 
yo por las escaleras de una torre, ó gateaba por los tejados de 
una iglesia á caza de inscripciones y de imágenes, y en estos 
tiempos benditos, con los humos románticos que despedía Notre 
Dame de Paris, he escrito un cuasi Santiago, á cuasi á vista de 
pájaro. Esta descripción si bien abunda en imágenes de relum- 
brón y pensamientos de alquiler, conserva un tondo de verdad 
descriptiva, un fondo de exactitud local, que me obliga á pre- 
sentarla aquí, para que mis lectores formen una idea de la ciu- 
dad de Santiago, por este croquis de brocha gorda. 

El Santiago de nuestros dias es una ciudad estevada y 
monstruosa, con sus calles revueltas, locas, que se parecen á 
vivoreznos que juegan con la basílica del Zebedeo, que es como 
si dijéramos el boa de la población. Calles que se juntan, se des- 
cuajan, se muerden unas á otras como témpanos de piedra, se 
enredan cerca de un templo , y vomitando gente en una 
plaza ó cosa parecida, y por decirlo de una vez, calles angulo- 
sas que ora se acurrucan formando rueda, ora se atropellan unas 
á otras como caballos en el juego del Campanario. Al N. se 
distingue desde la torre del reloj un tropel de casas sin orden, 
sin fachada á una calle determinada, vueltas de espaldas unas 
con otras, éstas con ventanas, las menos con voladizos: conjunto 
que se parece á un pelotón de gente que se derrumba por aque- 
llas loma de la Almáciga, perseguida por Santa Clara, al paso 



380 ÁLBUM 

que oprime á San Miguel, y vocea cerca de San Martin y de 
las Animas. Al O. la población sube, rebulle, ahoga las calles, 
las aniquila, hasta llegar á la Universidad, que allí se detiene, 
baja, se hunde, y levántase Belvis contemplando aquella espal- 
da de ciudad cubierta de casas y huertas. Al M. la ciudad se 
presenta baja, sumisa, con sus calles cuasi paralelas que se anu- 
dan en la Carrera del Conde y en el Orrio, padeciéndose á cor- 
riente de tejas que se pierden en aquel fondo de primavera que 
llega hasta Conjo. Al P. los edificios que están cerca de la cate- 
dral todo lo ahogan y consumen, y mas allá de la sombra que 
proyecta tanto informe gnomo de piedra, se distinguen algunas 
casas, como tribus nómadas, y algunos templos como El Pilar 
y Santa Susana que son unos oasis de arquitectura, bien pobre!! 
en medio de aquel desierto de calles. Al rededor de la metrópo- 
li, mas ó menos cerca, grandes ó pequeñas pretensiones (que 
algún dia habia de llegar en que hasta los edificios tuviesen pre- 
tensiones) hay una escuadra de iglesias con sus mástiles de pie- 
dra, antes se decia torres, pero esto es gastado, y hoy todos da- 
mos en inventar imágenes y comparaciones. Estos respetables 
monumentos son San Martin, San Payo, El Seminario, el Hos- 
pital, San Francisco, San Miguel, las Animas, Santa María del 
Camino, San Agustín, la Universided, la Compañía, Santa Ma- 
ría de Salomé, las Huérfanas, Santa Clara, el Carmen, Santo Do- 
mingo, Belvis, las Madres, el Pilar, Santa Susana, San Lorenzo, 
la Angustia del Monte, Sar y Conjo, cadena de conventos, par- 
roquias y capillas que en dias de solemnidad ó de gratos recuer- 
dos arman un concierto de campanas, que el mismo Mayerbeer 
trocaría por los mercados de Paris, cuando los recorre buscando 
coros para sus óperas. 

El antiguo monasterio de San Martin del Pinario se le- 
vanta altanero y pomposo, presentando en frente déla catedral 
su fachada monumental, y señalando con su distancia los anti- 
guas maravillas de la ciudad que comenzó el Obispo Sisnando 
y agrandó el Carbonero Cotalay, hospedador de San Francisco 
y depositario de grandes riquezas. El convento de San Payo 
sube grado á grado desde el tejado corrido de las celdas hasta la 
oscura cúpula de aquella sombría iglesia. El colegio de Fonse- 
ca con su penacho de hierro, ]ee en el horario de la torre del 
reloj, los años que van corriendo de su proscripción. El Semi- 
nario partido al medio por la torre de las campanas de la cate- 
dral, sostiene al Santiago de "áureas correas" como dijo un 
poeta, que van á lanzarse por los aires como en Clavijo, para 
entrar en su metrópoli. El Hospital herido de muerte por el gi- 
gante de San Martin, fija en este monasterio sus cien ventanas, 
y presenta su tetuz de caprichosas górgolas que se retratan en 
bu fachada de Oriente al ponerse el sol, como reptiles que la es- 
calan. El conve'nto de San Francisco hundido en el antiguo Val 



UNIVERSAL. 381 

<fo Dios levanta sus dos torres, y oculta sn mal empleada facha- 
da, obra colosal del arte moderno, concepción árida de un artis- 
ta que pensaba demasiado en el porvenir. La iglesia de San Mi- 
guel ahogada por el remolino de casas que vocean á su lado, 
quiere pasar por entre ellas, como un loco que azuzan, y unirse 
á San Martin. La capilla de las Animas, se oculta, y no ambi- 
cionando mas que limosnas para sus cepillos, se entrega á los 
fíeles, y repican sus campanas con discordante sonido. Lo mis- 
mo hace Santa María del Camino, con la diferencia de que su 
torre sube por cima de los tejados, como un pendón clavado en 
ellos. El convento de San Agustín arrastra su manto inacabado 
y osado, imponente, parece que solo una caída podrá avitar que 
no llegue á unirse con San Payo. La Universidad crece y veje- 
ta en la sombra. La Compañía es su hermana y ha sido su ri- 
val, porque mal se avenían las máximas de los hijos de Loyola, 
con los principios universitarios de pasados siglos. Salomó, di- 
rán ustedes que es una preocupación, un delirio, pero á mi na- 
die me saca de la cabeza que se parece á una enferma convale- 
ciente entre aquellas casas modernas y presuntuosas. El colegio 
de las Huérfanas es impelido por las casas que llegan hasta su 
templo, y parece que una mano invisible le ha dado cierto aire 
heremítico y sombrío. El convento de Santa Clara se burla del 
espanto que ha tomado el tropel de casas que á duras penas de- 
tiene la calle de la Azabacheria, y vuelve para el monte Pedro- 
so su fachada de los toneles como ha escrito el compostelano 
Mendoza de la Ríos hace ciento once años. El convento del 
Carmen sencillo y recogido como sus monjas, se contenta con 
admirar la arrogancia de su vecino, que clava en él sus apedrea- 
dos maineles. El convento de Santo Domingo se prepara á ha- 
cer un pequeño viaje, y viene á paso de camino para unirse á 
San Agustín, desprendiéndose de aquellos enanos que le rodean. 
En el convento de Belvis está con los ojos lijos en aquel despe- 
ñadero. . .. verdadero foso que la naturaleza ha puesto delante 
de su fachada. El convento de la Merced platica con Belvis, 
hay entre ellos cierta consonancia, son dos vigías que viven el 
uno de otro, como las palmeras del desierto. El Pilar y Santa 
Susana, son dos ciegos, — pobreciilos! ¡qué lástima me dan!! — El 
uno ya en camino, y el otro haciendo por desprenderse de su 
arboleda, que vienen corriendo, jadeando hacia la puerta Faje- 
ra, para no estar estramuros de la estramurada ciudad. La An- 
gustia del Monte, borrada por las casas que suben hasta ella, se 
despide de la catedral, como un pescador al paso que se sumer- 
je en el mar, saluda con cariñoso afecto á su querida esposa. La 
antigua colegiata de Sar vive á solas, disgustada de sus antiguos 
poseedores, y surcando aquel mar de verdura, como una góndo- 
la de Venecia que ataron á miserable argolla. El convento de 
San Lorenzo envidioso de la buena posición de Santa Susana, se 



882 ÁLBUM 

pierde entre el follage de su arboleda, y renuncia al empeño de 
llegar á la antigua capital de Galicia. El vestuto convento de 
Conjo, ya no es del pueblo, y se cree una abadía. Apuesto á 
que no cambiará sus aquilones de iglesia parroquial por las gra- 
ves campanas de la Metrópoli. 

Este es el Santiago de nuestros dias, y gracias á las conti- 
nuas mejoras que recibe, entre las que merece particular distin- 
ción, la hermosa y despejada alameda, llegará muy pronto á 
desterrar de una vez, la, fisonomía antigua que tenia en muchas 
calles y edificios. 

Esta ciudad es patria del célebre jurista Bernardo, y de 
Gelmirez, el primer Giménez de Cisneros que abatió el orgullo- 
de una nobleza ambiciosa. Hoy Santiago es cabeza del partido» 
judicial que lleva su nombre, y alimenta en su Universidad, á 
una juventud que proporciona útiles elementos para la prospe- 
ridad de la provincia. 



BIOGRAFÍA 



GENERAL CLER 



El general Cler (Jean-Joseph Gustave), que murió en lat 
batalla de Magenta^ nació en Salins ( Jura,) el 2 de Diciembre 
de 1814. 

Alumno de la Escuela de Saint-Cyr fué nombrado capitán 
en 1841, y sucesivamente obtuvo los grados de mayor del sesto 
de línea, de teniente coronel y de coronel del segundo de sua- 
vos. Coronel de suavos plantó su bandera sobre el telégrafo del 
Alma. En las Obras Blancas y en el Cerro Yerde fué citado en 
la orden del dia del ejército y nombrado general de brigada. 

El 17 de Agosto, en el Tehernay'a, su conducta fué tal que 
el mariscal Pelissier al citarle en la orden del dia, anadia: "El 
general de brigada Cler tiene derecho á la gratitud del ejército.'" 

El general Cler ha muerto á la cabeza de la brigada de 
granaderos; mandaba la primera brigada de la primera división 
de infantería de la guardia compuesta de los suavos y de los 
granaderos. 

El ejército ha perdido en el general Oler uno de sus oficia- 
les generales mas jóvenes y distinguidos. 



LA CATEDRAL DE MALAGA. 



Aunque no rica Málaga en monumentos, posee sin embar- 
go una catedral tan hermosa por su fábrica, como rica por los 
objetos artísticos que encierra. Obra edificada según el gusto 
de la época del Renacimiento, es considerada por algunos como 
una de las mejores al paso que otros echan dg menos en ella el 
carácter elegante y puro de la arquitectura corintia que al pare- 
cer trató de seguirse en el primer plan. 

Se atribuye la planta de esta catedral al célebre Diego de 
Siloe, de quien dice Juan de Arfe, que fué uno de los primeros 
que introdujeron en España la arquitectura greco-romana, y se- 
guramente la magestuosa sencillez de sus formas y la regulari- 
dad de rus proporciones, son dignas del grande nombre que ad- 
quirió este insigne escultor y arquitecto. Supónenla otros obra 
del no menos famoso Juan Bautista de Toledo; pero no parece 
exacto este juicio si se atiende á la época en que tuvo principio 
la obra, anterior á sn vuelta de Italia. En lo que no cabe duda, 
es en la aprobación que le dio por los años de 1528 el arquitec- 
to mayor de Toledo, Maestre Enriquez, pues asi consta en ca- 
bildo celebrado en aquel tiempo. 

Ignórase quien fuesG el maestro mayor, hasta el año 1534 
en que fué á reconocerla desde Córdoba, Hernán Ruiz; pero se 
echa de ver la decadencia que progresivamente ha ido sufriendo 
esta obra, por la falta de unidad en los capiteles de las col-um 



384 ALBtJM 

ñas que sostienen la bóveda, y por el mal gusto de los adoraos, 
tanto en el interior como en la fachada, sin embargo de estar 
ejecutados consuma delicadeza, especialmente los primeros. Pa- 
rece que dirigió después la obra Diego de Yergara, sucediéndo- 
le su hijo, quien la continuó hasta la dedicación de este suntuo- 
so templo, en 31 de Agosto de 1538. Desde esta época estuvo 
Í>aralizada hasta el año de 1592 en que se principió el coro, bajo 
a dirección del mismo Yergara, hijo; el cual habiendo fallecido 
en 1598 fué reemplazado por Pedro Diaz de Palacios. Consta que 
se hallaba en tal empleo en 1625, y que en 1631 se estrenó el 
mismo coro, á pesar de no estar concluido. Aquí seencuentra un 
vacio hasta 1719, en que aparece encargado de la continuación 
de la obra, el arquitecto D. José Bada, á quien sustituyó Don 
Antonio Ramos, que murió en 1782. 

No nos ocuparemos ahora de la descripción interior de tan 
suntuoso templo, ni de las hermosas capillas que contiene en las 
que hay hermosos cuadros de Alonso Cano, Mateo Cerezo y 
Jacobo de Palma, ni del hermoso coro y órgano que lo adonan. 
Nos limitaremos á describir la fachada, cuya vista presentamos 
en este numoro. Consta ésta de dos cuerpos con ocho columnas 
de mármol de mezcla en cada uno, debiendo remalar en un pe- 
queño frontispicio triangular que no está construido todavía. Las 
masas en general son muy buenas, y los grupos de columnas 
corintias que forman los partidos de los arcos, tienen bellas pro- 
porciones, guardando relación el todo con lo anterior del edifi- 
cio. Lástima es que esta fachada se halle manchada con las 
chapas del mármol blanco y los ornatos del fondo de los arcos, 
que tanto desdicen de la gravedad y elegante aspecto déla com- 
posición, y del que presenta la esbelta y armoniosa torre con- 
cluida. 

Los ingresos de los costados, que corresponden al uno y otro 
lado del crucero, están adornados cada uno con dos cubos ó dos 
torres redondas de sesenta y tres varas de altura, conservando en 
su primer cuerpo, juntamente con los demás follajes y adornos 
de estas portadas, todo el carácter original de la obra, el cual es- 
tá marcado con mas especialidad por Jas figuras de bajo relieve, 
puestas enlas enjutas de los arcos, prescindiendo de su ejecución. 

Este suntuoso mo.numento corresponde al sagrado objeto 
de su destino. "Aquellas inmensas bóvedas, dice D. J. M. Bre- 
moiij de quien hemos tomado esta bella descripción en que tan- 
tas veces se ha levantado el valsámico vapor de los inciensos en 
que tantas veces han resonado los cánticos de amor al Supremo 
Ser, inspiran cierto respeto verdaderamente religioso: y algo mas 
parece que dicen también, al que en medio de las silenciosas ho- 
ras de la noche, observa este gigante de piedra, colocado allí 
como emblema de la eternidad, al atravesar collado y receloso 
la solitaria plaza del Obispo." 



I PUENTE DI ALCÁNTARA. 



El Tajo, uno de los seis ríos mayores de España, es notable 
entre todos por varias circunstancias, que le hacen sumamente 
interesante y disputar la primacía con el Ebro y el Guadalqui- 
vir. Alega aquel su celebridad y el haber dado nombre en al- 
gún tiempo á la Península, que se tituló Iberia, sus magníficas 
presas, los canales que parten de 61, y por fin el ser un segundo 
baluarte de la independencia nacional después de los Pirineos. 
El Guadalquivir se envanece con haber dado su nombre á la re- 
gión mas poética de España, y bañar con sus ondas algunas de 
las ciudades mas pintorescas, si no las mas pobladas de ella. Pe- 
ro el Tajo es el que presenta quizá mas variados motivos de ce- 
lebridad, fecundizando el interior de dos naciones con su pro- 
longado curso, bañando una corte, y otra que lo fué, y por ra- 
zón de puesia y celebridad no se quedará atrás si echa en medio 
sus arenas de oro. 

Dejando á un lado esta cuestión para objeto de disputa en- 
tre los provinciales, cuyas tierras benefician los dichos rios, no 
podemos menos de observar respecto del Tajo, otras muchas 
particularidades, tal como su estrecho y profundo cauce, los 
grandes proyectos de su navegación, que en todas épocas se han 
agitado, y los magníficos puentes que la subyugan y dominan, 
quizá los demás Hombradía en España, ora por su mucha esten- 
sion, como el de Talavera de veintisiete arcos, ora por el contra- 
rio, como el de Alcántara de Toledo, en que pasa enteramente el 
rio por un ojo, y el de Almaráz, de dos arcos, uno gótico y otro 
de medio punto. 

49 



336 ÁLBUM 

Pero el mas célebre de todos por su antigüedad, solidez y 
estructura, es el que igualmente se llama de Alcántara, por pa- 
sar junto al pueblo de este nombre en Estremadura. Su construc- 
ción se remonta á los tiempos del español Trajano, á quien se 
dedicó por los muchos pueblos de las inmediaciones, que con- 
currieron á su fábrica, pues no es cierto que lo costease este Em- 
perador, como prueban Morales y el P. Flores. Este último fue 
el primero que dio una descripción minuciosa, y su dibujo sa- 
cado por Sebastian 'Ventura de A.raujo, arquitecto en la inme- 
diata villa de Brozas, y reducido á menor escala por D. Diego 
de Villanueva. 

Antes de entrar en el puente bajando de la villa, hay un 
templo pequeño labrado en pona viva cuya portada se compo- 
ne de tres grandes piedras, dos en formado columnas, y una ter- 
cera que la corona, y en la cual están grabados la dedicación, y 
unos versos en honor del arquitecto que lo hizo. Este arquitec- 
to se llamaba Gayo Julio Lacer, como consta de esta inscripción 
y de otra que hay en él que dice así: 

C. JULIUS LACEE H. S. F. 

ET DEDICAVIT AMICO 

CUEIO LACONE IG^EDITANO. 

Es decir que Cayo Julio Lacer hizo aquel pequeño templo, 
y lo dedicó á su amigo Curio Lacón, natural de Igedita. 
La dedicación dice así: 



IMP. INERTE. TRAJANO. 

OdESARI. AUGUSTO. GERMÁNICO. 

DACICO. SACRUM. 

A continuación están los versos que principian así: 

Templum in rupe Tagi superis et Caesare plenum &c. 

los cuales citan casi todos los autores que tratan de nuestras an- 
tigüedades. Dichos doce versos son de mediana construcción y 
llenos de fárrago, para guardar su métrica construcción, tradu- 
cidos libremente quieren decir: "La curiosidad de los viajeros' 
atraídos por la fama, preguntará quizá quien hizo y con qué ob- 
jeto este templo cabado en una roca á las orillas del Tajo, en el 
cual queda vencida el arte por su misma materia. Le hizo para 



UNIVERSA!. S87 

ofrecer los sacrificios, Lacer, el mismo que con tanta honra hizo 
aquel magnífico puente de tan grandiosa construcción. En efec- 
to, Lacer fué el que hizo el puente, y dedicó este nuevo templo: 
allí se hacen los votos, y aquí se cumplen. El noble Lacer tuvo 
la honra de hacer, con arte divina, este puente que permanece- 
rá perpetuamente por todos los siglos que tenga el mundo; y al 
erigir este templo en honor del Cesar á los dioses de la ciudad 
de .Rómulo, pudo considerarse feliz, concurriendo para su con- 
sagración dos causas tan sagradas." 

Las letras de estos versos son de mas de seis dedos de alto, 
y aun son mayores las de la dedicación, que está encima. Den- 
tro del templo habia una ara, que, según dicen, existia durante el 
siglo XVII en la casa y patio de D. Pedro Barrantes, caballero 
de la Orden, y vecino del mismo Alcántara, con una inscripción 
que decia: 

C. I. LACER, HANC. AEAM. EEEXIT. UT. DIIS. S. F. 

El mismo caballero poseía también la piedra sepulcral de 
dicho arquitecto, la cual era redonda, y no tenia mas que las ini- 
ciales de las palabras. 

C. I. L. H. S. E. S. T. T. L. 

Cajus Julius Lacer Me situs est. SU Ubi térra levis. 
Cayo Julio Lacer está aquí: séate la tierra ligera. 

El templo se convirtió en capilla de San Julián por los ca- 
balleros de Alcántara. 

El puente tiene ocho varas de ancho, 24 pies castellanos, 
por 223 de largo, 670 pies castellanos (según el P. Flores), pe- 
ro otras dimensiones mas modernas le dan 686 por 30. La pro- 
fundidad del Tajo en aquella parte, aun cuando va mas bajo, es 
de 42 pies, y desde la superficie del agua hasta el principio 
de las dobelas de los arcos de enmedio, hay 87 de distancia, y 
desde este punto hasta el pavimento del puente 76, y ademas 
4b de antepecho. Tiene el puente seis arcos, de los cuales solo 
dos tienen su cimiento dentro del rio, cimiento solidísimo si se 
considera la inmensa mole que carga sobre ellos, y aun mas su 
asombrosa altura. Los arcos del centro tienen cada uno 114 pies 
de diámetro, mas de 42 varas y los machones, por el frente 40 
de grueso. Los dichos dos arcos del medio son mayores, y los 
otros cuatro van disminuyendo en proporción. Sobre el machón 
del centro carga una torrecilla, cuya altura es de 47 pies con 11 
de grueso. Según eso, hay desde lo profundo del rio hasta el re- 
mate de la torrecilla, una elevación de 254 pies: altura verdade- 
ramente asombrosa. 



$8$ ÁLBUM 

Dícese que antiguamente eran tres las torrecillas que había 
en este puente, con sus respectivos arcos de tránsito: dos de 
ellas mandaron derribar los Reyes Católicos, la de en medio 
subsiste aun con el nombre de la Torre del Águila ó nido del 
Águila. Eu ella se conservan aun varias inscripciones notables. 
La del friso lo es mucho, pues ademas de contener la dedicación, 
espresa también la fecha de su construcción: dice así: 

IMP. (LESARI. DIVI. KERY^E. F. ITEBVJS. 

TRAIANO. AUG. GERM. 

DACICO. PONTIF. MAX. TRIB. POTES. 

VIII. IMP. Y. eos. Y. P. P. 

Esta inscripción está en ambos lados, y según ella, tiene es- 
te puente de antigüedad 1737 años. Las letras de la inscripción 
tienen mas de una tercia de altura, según Morales. A los cua- 
tro lados del arco, había cuatro grandes tablas de mármol, que 
contenían los nombres de los pueblos y municipios que habían 
concurrido á sus espensas á la construcción del puente, de donde 
Be infiere como dijimos, que no fué Trajano quien la costeó. Di- 
cha inscripción principiaba así: "Los municipios de la provincia 
de Lusitania, que á sus espensas concluyeron la obra del puente, 
son etc." y á continuación nombra los municipios. Aun se cono- 
cen los sitios en que estuvieron las tablas. 

El material del puente es de piedra berroqueña almohadi- 
llada, con sillares iguales de dos pies de ancho y cuatro de lar- 
go, que se estrajeron de unas canteras que hay á una legua de 
allí. 

Este puente hubiera resistido el embate d 3 los siglos, como 
espresaban los versos que arriba copiamos en obsequio de Lacer: 

Pontem perpetui mansurum in saecula mundi, 

si la mano del hombre no fuera mas destructora que el tiempo 
mismo, que lo devora todo. Cuando los árabes perdieron al pue- 
blo de Alcántara, volaron el arco pequeño que está á la salida, 
y se repuso de madera. El Emperador Carlos Y, á quien debe 
la nación muchas de sus mejoras obras hidrográficas, lo reparó 
tan completamente que apenas se distinguía de la obra antigua. 
En aquella época se construyeron también junto á la puer- 
ta de salida llamada de Portugal, unos cuarteles para la tropa 
que guarnecía el puente, y sobre una roca inmediata que lo do- 
mina, se elevó un pequeño castillo llamado la Torre del oro. 
¿£nla guerra de sucesión volaron los portugueses este puente por 



UNIVERSAL. S89 

el mismo sitio qua los árabes, pero no padeció tanto, de modo 
que á poco tiempo se volvió á reedificar, pues habia quedado 
intacta la primera hilera de dobelas y parte de las otras. Pero 
la mas terrible de sus voladuras, fué la que hicieron nuestros 
simpáticos aliados, los Anglo-portugueses en su retirada el dia 
10 de Junio de 1809, volando parte del ojo, conforme se entra de 
la villa, el cual no se ha vuelto á reparar. Para complemento de 
desgracia, habiéndose habilitado provisionalmente con una ar- 
mazón de maderas y tablas, fué preciso quemarla cuando Gó- 
mez, al frente de una espedicion, invadió la Estremad ura. 

En tal estado permanece aquel soberbio monumento, tan 
«.til como glorioso para nuestra patria, siendo preciso servirse 
de barcas para el tránsito, y hasta para la correspondencia, con 
todos los perjuicios que esto ocasiona, y el retraso consiguiente 
en las avenidas. La dificultad de poder cimbrar en aquel sitio, 
y otros inconvenientes que se han palpado, ha hecho creer mas 
útil sustituir sobre la cortadura un puente colgante, proyecto 
que trataba el Gobierno de llevar á cabo años pasados, y que 
por honor del pais debiera ya estar ejecutado. 



BIOGRAFÍA 






El general Espinasse (Esprit-Charles-Marie) nació en Sais- 
sac (Ande) el 2 de Abril de 1815. Alumno de la Escuela mili- 
tar, habia conquistado todos sus grados en África, en Roma y 
en Crimea. Comandante de zuavo», salió gravemente herido en 
el combate. del Aures. En el sitio de Roma mandaba el 22 de li- 
geros después 97 de línea. Le hicieron general de brigada des- 
pués del 2 de Diciembre, y general de división después de la 
eampaña de Crimea. 

Espinasse era coronel el 2 de Diciembre, y tomó con su re- 
gimiento una parte muy principal en el golpe de Estado. Cuan- 
■do los representantes, después de burlar la vigilancia de los 



390 ÁLBUM 

centinelas apostados para impedirles el paso al palacio Borbon, 
estaban deliberando cómo habían de ejecutar el pensamiento 
de poner fuera de la ley al presidente de la república, el coro- 
nel Espinasse entró en el salón de sesiones con un batallón, y á 
pesar de los violentos apostrofes y de las apelaciones á la cons- 
titución, desalojó en un abrir y cerrar de ojos el lugar de las de- 
liberaciones de la presencia de aquellos oradores. Aquella su 
postuma energía se desvaneció por el denuedo del coronel Es- 
pinasse. Este ganó desde aquel dia mucho terreno en el ánimo 
del Emperador, quien le envió á principiar la guerra de Orien- 
te á organizar los desembarcos de las tropas francesas en Tur- 
quía y preparar la espedicion de Crimea. Después del 14 de 
Enero (catástrofe de la máquina de Orsini y consortes) fué nom- 
brado ministro del interior, en reemplazo de M. Billauld. Ayu- 
dante del emperador, fué honrado con el mando de una divi- 
sión al íormarse el ejército de Italia, y ha perecido en la prime- 
ra acción en que tomó parte. 

Un testigo ocular refiere en estos términos la muerte del 
general Espinasse. — "Los austríacos estaban fuertemente atrin- 
cherados en una aldeita. Cada casa se había convertido en una 
pequeña ciudadela, con lo que había que hacer sitio para desa- 
lojarlos. El general no vacila un momento, echa pié á tierra y 
se lanza al frente de su columua del centro á arrojar al enemi- 
go de sus últimos atrincheramientos, donde se defendían á la 
desesperada. Muchas casas habían sido tomadas por asalto, y 
en el momento que el general dirigía sus tropas al ataque de 
una de ellas, recibió una bala que le atravesó el cuerpo de par- 
te á parte. Lanzó un grito atroz, arrojó al aire el sable y cayó 
muerto instantáneamente. Su oficial de órdenes, el teniente 
Froidefond, se precipitó en seguida á socorrerle; pero herido él 
á su vez de un balazo, cayó cadáver sabré el cuerpo del general. ' T 




Pablo Rembrandt, llamado van JRyn, uno de los mas c51e- 
fores pintores de la escuela holandesa, nació en 1606 en las ori- 
llas del Ryn, entre las aldeas de Leyendorp y deKoukerck, cer- 
ca de Leyden: su padre era molinero y el nombre de su familia 
Gerretsz. Quisieron hacerle aprender el latin, con ánimo de de- 
dicarle á alguna profesión científica, la de la iglesia tal vez ó la 
del foro. Mostró poca afición á los estadios que lisongeaban la 
vanidad paterna, y á los pocos meses fué formal y patente su re- 
pugnancia á la gramática y literatura latina. Manifestó mucha 
afición al dibujo y consiguió de su padre, no sin gran dificultad, 
entrar en el taller de un pintor de un pueblo inmediato, muy 
ignorado en el dia, y cuyo nombre solo ha conservado la infan- 
cia de Rembrandt, Jacobo Zvaanenburg. Estuvo tres años bajo 
la dirección de este primer maestro, y pasó después á Ainster- 
dam, siguiendo asiduamente las lecciones de Pedro Lestman y 
Jacobo Pinas. Cuando supo todas las tretas del oficio, y hubo 
adquirido la facultad de hacer lo que ellos, tan aprisa como ello8 
lo que sabia hacer; estuvo seguro de su paleta y de sus pinceles, 
y cansado de obedecer, no principió como Rubens recorriendo 
la Italia, no visitó las galerías de Florencia, de Roma y Yene- 
cia, ni intentó iniciarse con la contemplación diaria de los mis- 
teriosos genios de Leonardo y de Pablo Yerones; no tenia ade- 
mas ni gusto para ello, ni medios. 

Aunque su padre con su trabajo había adquirido una có- 
moda existencia, no hubiera podido sufragar semejantes viajes, 



392 ALRUM 

y ademas el entendimiento de Rembrandt se contentaba con 
poco. Volvió al molino, y no tuvo en adelante mas maestro ni 
otro modelo que la naturaleza. !No necesitaba para inspirarse, 
ni las oodas, ni la cena, ni el juicio; la riqueza de los paisages- 
de Italia, las espléndidas fiestas de las cortes de Londres y de 
Madrid, no eran necesarias para el desarrollo de su genio. Su 
primera obra picó vivamente la curiosidad, y las gentes corrie- 
ron á verla y admirarla, y todos á una predecian el porvenir 
que le esperaba. Siguió el consejo de sus amigos, se decidió á 
marcharse al Haya, donde vendió su cuadro en lOO florines, su- 
ma muy módica seguramente, pero bastante para animarle en 
su principio. Desde entonces se fijó en la capital de la Holanda, 
y no solo multiplicó allí sus obras, sino que fundó una escuela 
de pintura, que fué una de las fuentes principales de su riqueza. 
Los primeros aumentos de esta, ningún gusto le dieron por 
la disipación. A pesar de sus rápidos y brillantes triunfos, no 
sintió siquiera la necesidad de recoger en una sociedad elevada 
elegante é instruida, los elogios que á su talento eran debidos; 
restringió todos sus deseos, toda su ambición al círculo de su 
arte. Se casó, pero lejos de hacer en ello una especulación lu- 
crativa, se casó con una muger del campo, siguió viviendo como 
antes entre las gentes del pueblo bajo asunto habitual y preferi- 
do de sus composiciones. "Lo que busco, decia con frecuencia, 
no es el honor sino la tranquilidad espedita y la libertad." Se- 
gún parece, el dinero tenia mucha parte en sus cálculos de reti- 
ro y sencillez. Sin dar crédito á todos los testimonios de sus con- 
temporáneos, debemos creer sin embargo que en general habia 
arreglado sus gustos de toda especie muy modestamente. Según 
aseguran, sus mejores comidas se componian de arenques secos 
y de queso. Lo que al parecer da algún crédito á este pormenor 
biográfico es el singular carácter de los espedientes que usaba 
para aumentar sus rentas. 

Exigía de su hijo, á quien encargaba la venta de sus dibu- 
jos y grabados, que fingiera haberlos sustraído, para obtener 
asi un precio mayor. Pero la fantástica de sus imaginaciones de 
esta especie, que se eleva hasta la bufonería, es el haber supues- 
to su muerte; su muger que tenia igual pasión que él por la eco- 
nomía, participó en la estratagema, é hizo correr la voz de que 
Labia cesado de existir. De un día para otro se cuadruplicó el 
precio de sus obras; los coleccionistas se agolparon á su estudio, 
y luego cuando lo hubieran desocupado del todo; el nuevo Epi- 
menides se volvió á dispertar y fué á contar los florines de sus 
admiradores. Sin duda los compradores burlados debían estar 
incomodados, pero no participamos de la severidad de los bió- 
grafos del pintor, que hallaron en una tan estraña burla motivo 
para una acusación. O los compradores querían observar los 
cuadros, y entonces los pagaban según su aprecio, ó querían re- 



UNIVERSAL. 893 

venderlos y entonces sn truhanada no merece nuestro enojo. Si 
es cierto, como se dice, que sus discípulos aprovechándose de su 
aticiou al dinero, se entretenían en figurar en pedazos de papel 
monedas, que esparcían después por el taller, y que el maestro 
pocas veces dejaba de recoger, no les acusamos, y creemos que 
era el único castigo que se podía imponer á su avaricia. 
Había guarnecido su estudio con muebles viejos, armaduras 
mohosas, utensilios rotos, telas raras, y llamaba irónicamente á 
todo esto sus antigüedades. Esta singularidad, á la cual se da de- 
masiada importancia, puesto que puede hallarse entre los que 
no hacen de ello un objeto de estudio como Rembrandt, no va- 
le la pena de notarse. Mas curioso es el conocer los caprichos 
de terquedad que tenia, sin desistir, ni en sus relaciones con per- 
sonas mas elevadas. Los retratos, una de las faces mas brillantes 
y menos disputables de sus talentos, le obligaban algunas veces 
á escuchar las observaciones de sus modelos, que en la mayor 
parte pertenecían á las primeras clases de la sociedad. 

Pero si es cierto que de doce veces, diez deben despreciarse 
tranquilamente las observaciones de un ignorante, no sucede lo 
mismo con lo que una vez aconteció á Rembrantd. Estaba com- 
poniendo un cuadro de familia; habia agrupado felizmente las 
principales cabezas, y ya recogía los elogios de sus modelos y de 
sus amigos, cuando le anunciaron la muerte de un mono á quien 
quería mucho, acaecida pocos instantes habia. Exaló un suspi- 
ro, y en seguida y sin decir nada á nadie, traza la figñra del di- 
funto, y acaba sin proferir una palabra la apoteosis de su queri- 
do mono. La noble familia se incomodó, y exigía que borrase 
las señales adoradas del amigo singular cuya inmortalidad aca- 
baba de asegurar, Rembrandt no quiso y prefirió llevarse á su 
casa el lienzo no concluido. 

Los discípulos de Rembrandt, que bastarían para su gloria, 
fueron Gerardo Dow, Flinck y Eeckhouzt, Rembrantd murió en 
Amsterdan en 1674, y su fama le ha sobrevivido. No haremos 
la enumeración ni el juicio de sus mejores obras, pues los artis- 
tas á quienes puedan interesar estos detalles los encontrarán en 
muchas obras, y solo servirían ahora para hacer mas difuso es- 
te artículo. 



50 



EL PADRE FLORES. 



Al considerar las voluminosas obras que en épocas anterio- 
res han escrito algnoos de nuestros célebres literatos, para hon- 
ra y prez de la nación, un impulso secreto nos obliga á entrar en 
comparaciones aveces desfavorables para nosotros. Envueltos en 
el ruido de los tumultos populares, y con la imaginación agitada 
á vista de las convulsiones políticas, carecemos del tiempo y del 
reposo necesarios para dedicarnos esclusivamente á estos gran- 
des trabajos literarios. Aquellos, por su fortuua, alcanzaron una 
época de sosiego y de prosperidad; y no contentos con esto, al 
entrar muchos de ellos en el claustro, se emanciparon de las in- 
comodidades ó impertinencias que la sociedad nos impone. .Re- 
cluidos en silenciosos albergues, con bibliotecas y otros medios 
de instrucción bajo su mismo techo, sin tener que afanarse en 
pos del interés, hallando cubierta las atenciones para su existen- 
cia, y gozando en íin de una monótona, pero metódica, ninguno 
mejor que ellos pudo dedicarse al estudio de las ciencias. Culpa 
de muchos fué no aprovechar su posición; pero no seremos no- 
sotros los que neguemos su indisputable mérito á los que fieles á 
sus compromisos, al paso que labraban su bienaventuranza fu- 
tura, no omitían la enseñanza de sus semejantes, cumpliendo de 
este modo las saludables máximas del Evangelio. 

El reinado de Carlos III fué feliz bajo este aspecto. A un 
mismo tiempo lucian en primer término en la palestra literaria, 
los célebres literatos Isla, Feijóo, Sarmiento, los Monédanos, el 
maestro González, del mismo instituto, y heredero de la lira de 



UNIVERSAL. 395 

Fr. Luis de León, y finalmente el P. Flores, cuya biografía va- 
mos á bosquejar, como un pequeño tributo de admiración á su 
indisputable mérito, y á la importancia de sus escritos. 

El P. Fr. Enrique Fernando Flores nació en Villadiego 
[pueblo distante seis leguas al N. de Burgos], el diaSl de Julio 
de 1702. Fueron sus padres D. Pedro José Flores de Setien Cal- 
derón de la Barca, y doña Josefa de Huidobro y Puelles ambos 
de acreditada nobleza. El P. Flores que fué el penúltimo de los 
doce hijos que tuvieron, fué el mas notable de todos ellos. Po- 
co tiempo después de su nacimiento pasó su padre á desempe- 
ñar el cargo de' corregidor de la villa de Zahara, y allí al del 
Bfirco de Avila. Entretanto que vivía en este último, envió á 
su hijo Enrique á la villa do Piedrahita, á estudiar la gramáti- 
ca y las súmulas en el convento de Dominicos. 

Tendría apenas quince años, cuando manifestó vivos deseos 
de abrazar la vida monástica, y habiendo logrado al fin permi- 
so, después de una ligera resistencia de sus padres, pasó á Sa- 
lamanca deseoso de entrar en la Victoria. Pero habiéndose sus- 
citado algunos inconvenientes por su poca salud, y delicada com- 
plexión, aceptó las propuestas de su tio Fr. José Cosío, Prior del 
convento de San Agustín de aquella ciudad, donde entró de no- 
vicio el dia 5 de Enero de 1718. 

Los primeros años, después de su profesión, fueron consa- 
grados esclusivamente al estudio de la teología, en la cual fué 
sobresaliente, y como tal se le destinó por su religión á sufrir 
los actos públicos mas difíciles. Con este objeto fué enviado á 
la Universidad de Alcalá donde se graduó de doctor con mu- 
cho aplauso / y llegó en poco tiempo á ser uno de los ergotistas 
mas tremendos de la barandilla. Por aquel mismo tiempo escri- 
bió cinco libros de teología escolástica, y otros varios de mística, 
y añadió uno á otra obra incompleta de Súmulas. Pero ninguna 
de estas obras hubiera jamas alcanzado á sacarle de la oscuridad 
en que yacen entre el polvo de los estantes, otros muchos escri- 
tores de teología y aun de aquella misma época, tan sobresalien- 
tes ó mas que el Padre Flores, á pesar de haber éste consumido 
veinticinco aílos en argumentos y sermones. La fortuna se le 
mostró en Alcalá poco propicia: nc obstante sus brillantes ejer- 
cicios literarios, y ser el mejor, ó de los mejores teólogos de la 
Universidad, no logró obtener una cátedra, á pesar de haber 
hecho siete oposiciones, siendo en todas ellas víctima de intri- 
guillas de escuela. 

Cansado pues, de tan inútil lncha, obtuvo su jubilación, y 
al mismo tiempo el nombramiento de Rector para el colegio de 
su Orden en aquella ciudad. Era éste de los mas pobres y desman- 
telados, pero el celo y economía del P. Flores le pusieron en un 
pié muy decente, y le dotó con una bonita biblioteca que él mis- 
mo arregló. Pero conociendo que perdía muchísimo tiempo en 



896 áLi?ui« 

el manejo del libro de cargo y data, logró qne se le relevase 
del Rectorado, y se trasladó á Madrid para dedicarse privada- 
mente al estudio. El tesón con se consagró á él, aun en los últi- 
mos años de su vida, es admirable. Después de concluir con sus 
obligaciones religiosas, se encerraba en su cuarto á las ocho, y 
permanecía estudiando hasta las doce, por la tarde confín naba 
su estudio hasta hora muy avanzada de la noche, gastando de 
ocho á diez horas diarias en él. En las restantes horas del dia 
visitaba y era visitado de muchas personas de la aristocracia [en 
especial el duque de Veragua, padrino de su familia], y todos- 
Ios hombres mas célebres de aquella época. Frecuentaban su 
celda el ministro Roda, Aróstegui, Presidente del Consejo, Cam- 
pomancs, Samaniego, Pérez, Bayer, Casiri, y hasta el paleógra- 
fo Palomares. Pero con el que le unió la mas intima amistad, fué 
con el céiebre D. Juan de Iriarte, á quien debió en gran parte 
su reputación, y la formación de la obra de la España /Sagrada. 

Había formado el P. Flores un cuaderno prolongado, el 
cual contenia varias tablas cronológicas, con los nacimientos, 
defunciones y hechos notablos de los Papas, Reyes y Empera- 
dores de Europa, llevado de las instancias de sus amigos, se de- 
cidió al fin á darlo á luz como lo hizo, bajo el título de Clave 
historial. La falta de aquella obra era tan notable, que en vida 
del P. Flores se agotaron diez ediciones considerables, y pos- 
teriormente el convento de San Felipe el Real ha tirado hasta 
cinco ó seis ediciones mas. Con todo, á pesar de su utilidad á 
falta de otra mejor, es indudable que aquella desmerece de la 
pluma del P. Flores, pues si bien su método es muy claro, y su 
cronología bastante atinada, por otra parte está recargada de 
anecdotillas, y otras cosas insignificantes en aquel parage. Cono- 
ció Flores esto mismo, y manifestó, que el no usar otro estilo 
mas serio y sencillo era porque destinaba su obra para jóvenes 
principiantes: pero esta escusa no satisface. 

Cnando vio Iriarte aquel trabajo, se mostró complacido, 
pero le manifestó ingenuamente, que aquello no era suficiente 
y que debia aspirar á mas, llenando el vacío que había en nues- 
tra literatura de una buena historia eclesiástica nacional. Este 
fué el fundamento de la inmensa obra, que principió bajo el tí- 
tulo de España Sagrada, obra útilísima á la par que erudita, 
que ha merecido y merecerá siempre el aprecio de todos los es- 
pañoles ilustrados y amantes de¿las glorias de su pais, elevando 
el nombre del P. Flores hasta ¿colocarle entre los de primer 
rango. 

Con todo, la España Sagrada no es precisamente una his- 
toria eclesiástica, sino mas bien un arsenal de materiales y do- 
cumentos para formarla. Reinan en ella una crítica muy sana, 
y una erudición nada vulgar, principalmente en lo concerniente 
á las ciencias arqueológica y numismática, á cuyo estudio se de- 



UNIVERSAL. 897 

dioó los últimos años de su vida con grande aí':m y aprovecha- 
miento. Dos cosas leñemos qne deplorar en esta obra, sin que 
sea visto queramos entrar on una crítica razonada de ella, que 
exigiría mas dilatados limiten, que los de una biografía. Tales 
son el poco método que hay en ella, efecto del hacinamiento de 
materiales y documentos, que si bien curiosos é interesantes, hu- 
biera sido mucho mejor publicarlos por aparte, que no embara- 
zar con ellos el curso de la obra. Su continuador Iíisco incurrió 
aun mas en este defecto, llenando tomos enteros con las vidas 
del Cid, y del Arzobispo Gelmirez. Pero aun lamentaremos mas 
el que en edad tan avanzada se empeñase en hacer por si solo 
un trabajo, que debiera ser de colaboración, reuniendo á su la 
do sujetos laboriosos ó instruidos, que trabajasen bajo su direc- 
ción, á la manera que el célebre Bolando reunió á su alrededor 
los Jesuítas mas sabios de su tiempo, con objeto de llevar á ca- 
bo la inmensa obra titulada Acta Sant</rum, á la que vinculó su 
nombre. Con todo, respetamos los motivos que tuvo el P. Flores 
para no hacerlo. 

La aceptación que tuvo la obra del P. Flores fué inmensa. 
Luego que se publicaron los primeros tomos, llegaron á manos 
de Fernando VI, y aquel bondadoso Monarca (que favoreció á 
los literatos, cual ni antes ni después ha hecho ningun otro), 
señaló al P. Flores una pensión de 600 ducados sobre su tesore- 
ría, para continuar su obra. Al mismo tiempo para eximirle de 
los egercicios de su religión, le impetró el título de provincial 
absoluto; y sabiendo los desaires que habia sufrido en la Uni- 
versidad de Alcalá, y que se le acababa de hacer no admitién- 
dole á oposición, echó abajo las propuestas de la Universidad y 
le nombró catedrático. 

No se le mostró menos propicio el gran Pontífice Benedic- 
to, el cual sabiendo que había pedido á Roma dispensa amplia 
y omnímoda para manejar obras prohibidas, pidió el memorial 
y puso de su propio puño al pié de las preces^' uxta petita (como 
se pide.) 

Al mismo tiempo que publicaba la España Sagrada, tra- 
bajaba también en la obra, no menos interesante, titulada de 
Medallas de las colonias, municipios y pueblos antiguos de lis- 
paña, que es la mejor que tenemos de numismática, y que por 
desgracia, no habiéndose reimpreso, ha llegado á ser bastante 
rara. Habiéndolo sabido á tiempo Fernando VI, le regaló al P. 
Flores por conducto del Marqués de la Ensenada mil pesos para 
los gastos de impresión y publicación. Luego que salió á luz se 
agotó en breve toda la impresión, saliendo gran número de ejem- 
plares para el estranjero. Uno que llegó á manos del Eminentí- 
simo Migazzi, Arzobispo de Viena y amigo del P. Flores, fué 
presentado al Emperador, quien lo arrebato para su blibioteca, 
y por conducto del mismo Cardenal remitió al autor una meda- 
■la de dos onzas de oro con el busto imperial. 



398 ÁLBUM 

Es igualmente muy digna de aprecio la obra que publicó 
en 1761 cor el título de Memorias de las íteinas Católicas, con 
los trages y retratos de algunas de estas, aunque la parte artís- 
tica está mediantemente desempeñada. También hizo algunas 
traducciones del portugués al castellano, y publicó varias obras 
sueltas bajo el seudónimo de sus segundos apellidos D. Fernando 
Setien Caideron de la Barca. La mas notable entre ellas es la 
que publicó el año de 1768 bajo el seudómino también del ape- 
llido materno, á saber: Delación de la doctrina de los titulados 
jesuítas, traducida del francés por el doctor. D. Fernando Hui- 
dobro de Velasco. 

Es muy notable que esta obra la tradujo, por encargo del 
General de su Orden Fr. Francisco Javier Vázquez y habiendo 
entrado en la celda del P. Flores un secretario de ¡a Nunciatura 
y sabiendo en lo que se ocupaba, dio parte á Roma, y el P. Ge- 
neral, descubierta su intención, tuvo que sufrir no pocos sinsa- 
bores. Esto prueba el seereto encono que alimentaban los men- 
dincantes contra los jesuítas, y que contribuyóá su espulsion, 
aun mas que el filosofismo y los manejos de Aranda. 

Seriamos demasiado prolijos si hubiéramos de referir lo mu- 
cho que trabajó en obsequio de las ciencias y la literatura, sus 
inmensos viajes científicos, á los cuales era muy aficionado, sus 
informes sobre varios puntos de crítica, y en especial su célebre 
censura contra los falsos monumentos de Granada,' en que con- 
tribuyó á descubrir las supercherías que se habían hecho en la 
Alcazaba: pero no podemos menos de hablar de los interesantes 
trabajos que hizo en el ramo de Historia natural, motivo per el 
cual debe ser apreeiado de los naturalistas, no menos que de los 
críticos y arqueólogos. 

En el último tercio de su vida se dedicó el P. Flores al es- 
tudio de las ciencias naturales y á recoger varias curiosidades, 
con que principió á formar un gabinete en su misma celda. En 
pocos años llegó á ser éste tan curioso y abundante, que deter- 
minó vincularlo en su convento, para lo cual obtuvo bula de Su 
Santidad con escomunion á todo el estrajese^alguna pieza. No 
contento con esto, comunicó el mismo gusto f á la familia Real, 
y consiguió decidir al Infante D. Gabriel á formar uno, que se 
hizo bajo su dirección y llegó á ser célebre en lo sucesivo. Cuan- 
do se trató deformar el Real Gabinete de Historia natural, en 
1767, le consultó el Rey por conducto del ministro Grimaldi, si 
convendría comprar el gabinete de D. Pedro Dávila, residente 
en Paris, lo cual se verificó, principalmente por los buenos in- 
formes del P. Flores, como lo reconoció el mismo Dávila, en 
carta que dirigió á Flores con fecha 21 de Octubre de 1771. 

Ni los achaques de la vejez, ni las enfermedades de una vi- 
da dedicada esclusivamenie á las letras, fueron bastantes á rej 
traerle de sus estudios en los últimos años de su vida. El mismo 



ÁLBUM 399 

año en que murió publicó el tomo 28 de la España Sagrada per- 
teneciente á la iglesia de Vich, y dejó concluido el de Barcelo- 
na (29J que se publicó aquel mismo año. Ademas publicó tam- 
bién en él, la tercera parte de su obra de Medallas. 

Falleció en el convento de S. Felipe el Real, el dia 5 de 
Mayojde 1773, á las doce de la noche después de una ligera en- 
fermedad. El mismo habiapredicho que moriría abogado, como 
sucedió, por ser muy estrecho de fauces. Asistieron á su entier- 
ro todas las corporaciones científicas y literarias, y todo lo mas 
selecto de Madrid,?-y en obsequio de su indisputable mérito, se 
colocó sobre su sepultura una gran lápida con un epitafio lati- 
no, que, compuso su amigo D. Miguel La Iglesia, Oidor de Gra- 
nada. 

Ignoramos cual haya sido el paradero de los restos de este 
hombre respetable, en esta época de profanación y vandalismo. 
¿Quién sabe si seria su venerable cabeza alguna de las muchas 
que hemos visto rociar entre montones de escombros, sirviendo 
de juguete á hombres zafios, y de objeto de escarnio á un popu- 
lacho soez? Algún dia contará la Historia que no fué solo Gun- 
derico quien condujo hordas de Vándalos en España; pero al 
menos aquellos no se titulaban ilustrados! 



de las materias qne contiene el temo 1- con la colocación de las 

láminas. 



LAMINAS. PAG. 

El General Echagüe 5 

El General Castaños 9 

Vista de Tetuan 13 

Beranger 21 

Recepción de Colon 25 

Tumbas Malays 28 

Alejandro Humboldt 29 

Senefelder 33 

Mar de Mármara 37 

José Garibaldi 3S 

Muley Habas 54 

El General Odonell 58 

Fuente de Andrómeda y 
del Canastillo en la Gran- 
ja 69 



LAMINAS. PAG. 

El General Zavala 70 

Fuente de Eolo y plaza de 

las ocho calles 72 

Eí General D. JuanPrin. 73 
Arenga á los voluntarios 

Catalanes 80 

Mr. Poisot 83 

El General D. Antonio Ros 

de Olano 84 

D. Wenceslao Ayguals de 

Izco 88 

Chateaubriant 91 

Vista de Bruselas 105 

Columna de Vendóme. . .110 
Alcalá de Henares 113 



LAMINAS. 



TAQ, 



Monumento elevado en Ta- 
rín ....125 

Costumbres Madrileñas. . . 126 

Bu Renancaid Kebir 128 

Vista de Ginebra 129 

El príncipe de Meternich.133 
Vista del puerto de Zurich 136 

1). José Zorrilla 137 

J). Juan Eugenio Harzem- 

busch ; .153 

Juventud de Napoleón. .155 
Fuente de la fama en la 

Granja 166 

Wandich recibiendo una 
lección y su retrato. ... 167 

La Granja 169 

El puente Eustino en el 
jardín de Burdeos y eí 

puente de hierro 172 

El mariscal Vaillant. . . . 173 
M. Decouret y el principe 

Abel el Djellit 174 

D. José Espronceda ... .17.7 
Real ¡Sitio de Sn. Lorenzo-182 
El Mariscal Mach Malion.186 

El General Ulloa 188 

Vista de Mué en Meca. . . 171 

Vista de Ceuta 196 

Vista de Gibraltar ,..198 

Vista de Sidney .199 

Monumento de la Perouse2Q2 
Senovita é Indios Cubifar- 

nianos ; . . 204 

Alberto Thowalsen 208 

Vista de Geneva 217 

Agelina Bosion 224 

El mariscal Renaut 225 

Palacio de la faborita Ja- 
cinta 226 

Altar mayor de la Cate- 
dral de Sevilla 233 

D. Andrés Bello 234 



LAMINAS. 



PAG. 



Ramón de Palma 243 

Rafael Maria Baralt.,247 
Gertrudis Gómez de A- 

vellaneda 255 

José Jacinto Milanis. . . 261 

Narciso Foxá 263 

C. F.Volney 271 

El General Mellinet. . . .277 

Vista de Saigon 287 

Palacio de justicia de Pa- 
rís 292 

Reyes de las islas marque- 
sas ..278 

Vista de Tortosa. Siria. . .301 

Vista de Alicante 302 

Rafael de Urbino 303 

Conde de Breson 310 

Ntra. Sra. del Buen So- 
corro 313 

Martínez de la Ro3a 316 

El General Beuret 331 

Eustaquio Leceur 332 

Palos de Moger 334 

Leandro E. deMoratin. .340 

D. Rafael de Riego 345 

Iglesia de Bramante 349 

Cuartel de inválidos . . - .352 
Vista dé'la imbrica de es- 
padas de Toledo . v .... 356 

General Forey 362 

Cervantes 363 

Puente de Murcia 468 

Antonio de Nebrija 370 

Costumbres de Cataluña. 374 

Vista de Santiago 377 

El General Cler 382 „ 

La catedral de Malaga 383 

Puente de Alcántara. . . .385 
El General Espinasse. . . . 389 

Rembrand 391 

El Padre Flores... 394 




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D. fran" castaños, capitán general y 
Buque deBaylen 



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EL MES DE OCTUBRE 




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