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Full text of "Aletazos del[MURCIÉLAGO]: Colección de artículos publicados en varios periódicos"

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S(>lB/j 





ALETAZOS 



DEL 



MURCIÉLAGO 



^ 



o 



ALETAZOS 



w 



>; 



DEL 




COLECCIÓN 



DE artículos publicados EN VARIOS PERIÓDICOS 



POR 



MANUEL A. FUENTES 



v 



TOMO SEGUNDO. 



V " 



X^ 



SEGUNDA EDICIÓN. 



iÜ- ' % 



PARÍS 

IMPRENTA DE AD. LAmÉ Y J. HAVARD , 

CALLK DB LOS SAMIOS PADBBS, 19. 



\n 



ta66 



^^ %^'\^.c^ 



Harvard College Ubrary 

Glft of 

Archlbald Cary CooHdge 

and 

Clárenos Leonard Hay 

. April 7. 1909. 



EL HDRGIÉLA60 VOLAHDO. 



Como lo indica el último articulo del tomo 
primero, el Murciélago murió de muerte violenta 
y su redactor tuvo que andar á salto de mata 
por el Ecuador, Chile, etc. Sin embargo de esa 
úlllma república, así como de Arequipa, siguió 
dando los aletazos que, á continuación, se ven. 



T.n. 



ALETAZOS 



DEL 



MURCIÉLAGO. 



EL HURCIÉLA60. 

Arequipa. Lunes 28 de Noviembre de 1855. 

Pues no han tenido todos los difuntos la dicha de 
resucitar : ella ha estado reservada á dos personajes 
que serán harto célebres en la historia del Perú, en su 
magnífica y gloriosa época de la libertad. Estos dos 
personajes son S. E. el Ex-Presidente constitucional 
y actual libertador, y el humilde servidor de ustedes, 
el Murciélago. Siguiéndose el orden natural de las 
cosas. S. E. el Ex-Presidente constitucional debia 
haber muerto políticamente el 20 de Abril de 1851, 
tanto porque ya habiamos tenido el honor y el placer 
de haberlo visto gobernar seis años, cuanto porque 
trasmitir la presidencia con todos sus usos y costum- 
bres^ derechos y servidumbres se habia concedido al 
Ex-Presidente de la tiranía el derecho de nombrar 
oportunamente su heredero. Pero ya estaba escrito 
— un antiguo Poeta habia dicho : 

Multa renascuntur qucejam cecidere... y entre ese 
multa estaba considerado el Libertador. Su resurrec- 
ción, que tanta dicha ha traído á la patria, es sin duda 
mas asombrosa que la de Lázaro, pues esta se verificó 
á los tres dias y aquella á los tres años. Yo, aplastado, 
machucado, muerto y sepultado por la voluntad del 



4 EL MURCIÉLAGO. 

Sr. Ex-M¡n¡stro de Relaciones Exteriores, Ex-Ministro 
de Gobierno, Ex Ministro de Guerra y Marina, Ex 
Jefe de Estado Mayor General, Ex-Diputado de Are- 
quipa y Ex-Miiristro de la Moralidad, renazco ó resu- 
cito á los 5 meses de mi sentida y súbita partida del 
mundo periodístico y resucito en Arequipa : indudable 
es que Arequipa mata y resucita á ciertos seres según 
le viene en voluntad. 

Durante los cinco meses de mi muerte \ cuanto ha 
pasado en esta bendecida tierra á que damos el nombre 
de opulento Perúl Cuantos ejemplos de justificación 
ha dado el gobierno de la moralidad, ¡ Guantas leyes 
de utilidad pública ha sancionado nuestra soberana 
Convención ! Cuanto discurso han rebuznado los padres 
conscriptos Matute y Portillo ! ¡ Cuantas máximas de 
moral han vomitado los morados labios del Eclesiástico 
Valdivia 1 ¡ Oh ! si el Perú no ha reido de gusto, si no 
ha bendecido con efusión á sus hijos que se han em- 
peñado en colocarlo á la cabeza de los paises civili- 
zados, digo que el tal Perú no es mozo de buen humor. 
¿Dónde ni en qué época se vio un cuerpo legislativo 
marchar á mas igual compás ni en tono mas unísono 
que nuestra Convención con su padre el Libertador ? 
Esa armonía entre los altos poderes es una prenda de 
eterna paz. ¿ Qué tenemos ahora que disputar sobe- 
ranías? Acaso somos nosotros esos miserables esta- 
dillos donde la soberanía es una, y la quiere este ó el 
otro? ¡No á fé mia! aquí tenemos soberanía para dar 
y prestar; nuestra soberanía es grande; es como las 
islas de Chincha de las cuales saca todo el que quiere 
y puede, sin que haya quien le diga — deja eso. 

Lo cierto es que así como vamos, pronto llegaremos : 
y que si continuamos en este estado de bienandanza 
por un par de años mas, hemos de llegar á ser mas 



EL MURCIÉLAGO. S 

ricos y felices que nuestro padre Adam antes del asunto 
consabido del mordiscon de la manzana. 

Lo mejor y mas grato es que no hay habitante del 
Perú, niño, adulto ó viejo, hombre, mujer ó herma- 
frodita, que no esté reventando de gozo al ver como la 
moralidad, planta parásita y exótica entre nosotros se 
va aclimatando : y como disfrutamos de una libertad 
tan sin límites. Supongan UU. , que hasta aquellos 
cálebres traidores que, por la clemencia del Gobierno, 
tuvieron que salir á tomar temperamento al estran- 
jero, están ya recibiendo sus cartas de libertad para 
regresar al Perú, condición presupuesta, de que en 
adelante ó han de ser leales y morales ó el diablo se 
los ha de llevar. 

Pero con esta charla me he separado del objeto de 
este artículo; es decir de la causa de mi resurrección ; 
causa que dejo á cada quisque se esplique como mejor 
quiera y pueda ; sin embargo, como no deseo tener que 
habérmelas nuevamente con Ministros ni Intendentes 
ni agentes de Policía (buenos sustos me han dado los 
cochinos) prometo no escribir mas de las enferme- 
dades del Gobierno, ni de si hay ó no policia en los 
pueblos del Perú, ni meterme con el hombre, ni volver 
k caer en mis antiguas tentaciones, ¡oh! si en mi 
primer tiempo hubiesen existido los ochenta y cinco 
honorables en quienes cebar mi pluma, no hubiera 
tenido que andar buscando nidos de otros animales 
para poner mi individuo al abrigo de las caricias 
morales de los Ex-Ministi'os. 

Pero en fin, pasaron esos tiempos calamitosos de las 
persecuciones y destierros nacidos de la libertad; hoy 
tenemos estatutos jurados, y en esos estatutos facultad 
para dirigimos al Padre Valdivia y demás compañeros 
liberales ; y en esa facultad de dirigirnos, el deber de 

1. 



6 EL MURCIÉLAGO. 

contestar en un juicio criminal cuando guste un Sr. 
Fiscal; y en ese deber, el de ir á una cárcel ; y en esa 
cárcel, hambre, frió, etc.; no hay duda que hemos ga- 
nado bastante. Sin embargo al que nació para fraile el 
cerquillo le nace solo; tal vez estará escrito que yo 
haya de morir de muerte violenta; en tal caso pacien- 
cia y aletear. 



fiscalía de la corte superior. 

En el decreto del Ex-Ministro Galvez, llamado pom- 
posamente Reforma jvdicial, se nombró de fiscal de la 
Corte Suprema al Sr. Dr. D. Mariano Gandarillas : 
este Sr. por razones que él conocerá, agradeció el obse- 
quio pero no lo aceptó. S. E. ofreció el destino al 
Sr. D. D. Pedro José Bustamante, quien por las mis- 
mas ú otras razones hizo el mismo desaire : pero el 
Libertador tenia en la testa que un Arequipeño habia 
de ser el fiscal y se acordó que habia uno vacante que 
después de haber desempeñado, á un mismo tiempo, 
media docena de empleos, estaba por el momento sin 
ninguno. S. E. estaba cierto que este tal renunciaría 
por etiqueta, pero que al fin aceptaría la polla. 

Insertamos á continuación las notas que han tenido 
lugar á proposito de este nombramiento. 

RepúbUca Peruana. — Ministerio de desgobierno^ 
injusticia, etc. — Lima á i7 de Octubre de 18SS. 
— Sr. D. D. Manuel Toribio Uretra. — S. E. el Presi- 
dente teniendo en consideración los importantes servi- 
cios que ha prestado US. á la Nación contribuyendo 
con tanta eficacia al desprestigio del Gobierno y á que 
la revolución se haya convertido en lo que se han con- 



EL MURCIÉLAGO. 7 

vertido todas las anteriores; y refleccionando ade- 
mas que US. hizo suelta de los ministerios que de- 
sempeñaba por empuñar la diputación que le arre- 
bató el compadre Gamio, ha nombrado á US. fiscal 
déla Corte Suprema con apro-bacion de la Convención 
Nacional. 

Me cabe el aquello de comunicarlo á US. , así como 
á US. le cupo el de comunicarme el nombramiento de 
Ministro de guerra. — Dios guarde á US. — Manongo 
del Mar, 

Lima y la misma fecha. Al Sr. Ministro, etc. — De 
cuenta de mozo bien criado contesto hoy mismo á la 
nota "de esta fecha que acabo de recibir, en que me 
comunica US. que me han dado aquella presa que no 
han querido recibir dos paisanos mios. 

Tal nombramiento debido solo á la tenacidad con 
que S. E. quiere embromar al prójimo, y desacre- 
ditarme mas y mas, poniéndome en altos lugares, y la 
aprobación unánime con que lo ha realzado nuestra 
bien ponderada Convención Nacional, serán per omnia 
sécula seculonim los timbres, marcas y sellos que yo 
conserve para mi honra y gloria. 

Pero nada mas puedo aceptar que el alto honor que 
se me ha dispensado, porque las malas lenguas dirían 
que mi patriotismo era sospechoso si yo admitiese 
ese empleo habiendo sido un miembro complejo del 
Gabinete, cuando el Gobierno decretó la reforma judi- 
cial, y se creerla también que ya sabíamos que el 
Sr. Gandarillas iba á renunciar y yo á perder la dipu- 
tación. 

Entonces se cayó la baba á S. E. de gusto contem- 
plando el absoluto desprendimiento de los Ministros, 
. y hoy reconocerá que sus discípulos son los mismos 
aunque estén fuera del Ministerio. 



8 EL MURCIÉLAGO. 

La no admisión aparente de la fiscalia en nada dis- 
minuye mi gratitud; todo el mundo sabe que soy ani- 
mal muy agradecido y que á las personas que contri- 
buyeron antes á darme nombre, fama y honra les he 
pagado en esta ocasión sus servicios de una manera 
espléndida. — Dé pues US. las gracias á los esclare- 
cidos ibistres y sobresalientes representantes de mi 
patria^ inclusos los líp. Matute, Portillo y mi maestro 
Valdivia y al excelso y divino Libertador. 

Y US. que me ha hecho sus cariños, tendrá á bien 
apoyar este oiicio en sus manos cuando lo lea ante 
S. E. — Dios guarde á US. — Manuel Toribio Uretra. 

República Peruana, etc. — Lima á 19 de Octubre 
de 18S5. — Sr. D. D. Manuel Toribio, Fiscal velis 
nolis. — He presentado á S. E. la renuncia y dice 
que ya él es perro viejo y que conoce esas agachadas. 
El recelo de que se crea que el patriotismo de US. no 
sea tan puro, como el de todos los peruanos podría 
haber tenido algún fundamento cuando se hizo la re- 
forma judicial. Entonces el libertador aplaudió el des- 
prendimiento de US. que no quiso agregar un destino 
mas á la media docena que desempeñaba; pero hoy la 
fiscalía es res nullius, está vacante, y la reforma judi- 
cial ha pasado en autoridad de cosa juzgada. Por otra 
parte, como la opinión pública dice que US. no pasa 
de ser un buen abogado, y que por eso ha hecho tanto 
enredo en los Ministerios, conviene que US. se desa- 
credite en la fiscalía como se desacreditó de Ministro 
y como me hizo descreditar á mí cuando me obligó á 
aceptar la cartera de guerra y marina. 

En consecuencia S. E. me ha prevenido participar 
á US. que no pasa por la renuncia y que US. debe 
seguir prestando á la Nación sus importantes servi- 
cios en la fiscalía hasta que lo mandemos á otro 



EL MURCIÉLAGO. 9 

destino. — Dios guarde á US. — Juan del Mar. 

Lima á23 de Octubre. — Al Sr. Ministro, etc. — He 
recibido la nota de US. escrita eH9, según lo calculo 
por su fecha, en que me comunica que S. E. cree in- 
fundada mi renuncia, — Esta última negativa es otro 
deber, (y advierto á US. que ya estoy agoviado de 
deberes y de gratitudes,) y resignándome como un fiel 
cristiano á la voluntad del Supremo Libertador, acepto 
el delicado cargo que pretenderé desempeñar con el 
mismo tino y acierto que los cargos groseros que antes 
se me confiaron, para corresponder á la confianza con 
que me han honrado la Convención Nacional y el jefe 
del Estado. 

Reciba US. memorias de mi familia y póngame á 
los pies de la Sra. , y dando unos besitos á los chi- 
quillos. Dios guarde á US. Manuel de Toribio Uretra. 



ai QUERIDA HDRCIÉLA6A. 

Ya me habrás calificado de un macho ingrato, desde 
que no te he escrito durante todo el tiempo de mi 
ausencia; pero la verdad sea dicha, no he querido 
hacerlo mientras que regresado al dulce sm\o de la 
patria hubiera encontrado un nido seguro y tranquilo, 
de la inocencia venerable asilo. 

Como al fin no hay deuda que no se cumpla ni plazo 
que no se pague; ni sermón sin manjar-blanco, ni boda 
sin San Agustín, me tienes ya en la famosa Arequipa, 
cuna del nacimiento y encanto de la florida infancia 
(como diria el diputado Cortes) de nuestro nunca bien 
ponderado Ex-Ministro Moralidad. 

Me ocuparé en esta epístola de darte una ligera idea 



10 EL MURCIÉLAGO. 

de mis observaciones de viaje, que al fin no encuentro 
razón para (ftie en esto me lleve ventaja nuestro com- 
patriota y mi querido compinche D. Joancho. 

La primera playa extrangera á donde me condujo el 
destino fué á las márgenes del Guayas, y en vano qui- 
siera, murciélaga de mis aletas, darte una idea de la 
inmensa vanidad de que se llenó mi corazón cuando 
tuve ocasión de conocer el aspecto político de nuestra 
hermana y vecina la República del Ecuador. Desde 
luego y al primer golpe de vista se ve lucir la demo- 
cracia en todo su esplendor. El dogma de la igualdad 
política se venera en toda su magnitud, y la diferencia 
entre el mozo de cordel y un General no se percibe 
sino en el hábito esterior (vulgo vestido) . 

Yo he visto al Excmo. Gobernador de Guayaquil 
fumando su cigarro, sentado delante de una mesa 
colocada bajo un portal, al lado de un ciudadano mas 
oscuro que el mismo tabaco. He visto al mismo gober- 
nador tomar y hacer preso con sus propias manos á 
un ciudadano desertor; y he visto, en fin, cosas de este 
jaez que no hacen nuestras categorías ni en la época 
que atravesamos (frase de moda) apesar de la ilimi- 
tada moralidad con que nos ha obsequiado nuestro 
milagroso padre San Ramón. 

Ya sabrás que el Ecuador abriga sus aprehensiones 
con respecto al Perú ; y el patriotismo me obliga á no 
decir si tiene ó no razón. Durante el gobierno de la 
inmoralidad y de la tiranía ^ estuvimos apunto de 
enfrascarnos en una pendencia porque abrigamos al 
príncipe de la reconquista y lo auxiliamos con algunas 
frioleras para que fuera á tentar una buena aventura ; 
sabes también que el futuro libertador reprobó la con- 
ducta del gobierno de entonces, mediante un docu- 
mento solemne y espontáneamente otorgado ; el Ecua- 



EL MURCIÉLAGO. 11 

dor debía pues esperar que si el futuro se convertía 
en presente debía estar tranquilo y esAto de todo 
cazar con respecto al susodicho príncipe ; ¡ buen chasco 
se llevó la pobre vecina ! porque el restablecimiento 
de nuestra moralidad trajo consigo el reaparecimiento 
de Flores en nuestras tierras, y el abrigo, protección 
y buena acogida que los gobiernos morales dispensan 
al que incesantemente conspira contra la paz y tran- 
quilidad de un estado vecino y hermano. Lo cierto es, 
murciélaga del bello sexo, que al Ecuador le sientan 
muy mal nuestra inmoralidad y nuestra moralidad, 
y que siendo nosotros morales ó inmorales siempre lo 
tenemos poco á su gusto. Temiendo que nuestra com- 
placencia llegue hasta el punto de dar á Flores medios 
de hacer su tercera tentativa, aquella República está 
montada en un pié de guerra que haría temblar á los 
aliados, y la ponderada toma en Sebastapol, como 
dicen por estos lugares, seria empresa de babozos 
comparada con la del fuerte de Guayaquil cuyos muros 
y baluartes san de sólida caña, y que está guarnecido 
de gran número de cañones de grueso calibre. La Re- 
pública toda se ha militarizado y como dice Potrillo en 
su programa, y solo en la plaza de Guayaquil hay diez 
y ocho batallones y seis cuerpos de caballería. No 
creas, querida hembra de Murciélago, que esas fuer- 
zas están en el estado de debilidad y falta de disci- 
plina que las nuestras ; no creas tampoco que tengan 
ni conozcan la cobardía ; cada infante es un tigre ; 
cada soldado de caballería es la primera lanza del 
mundo ; en esa numerosísima compañía no hay com- 
parsas, todos son papeles importantes; desde el pito 
hasta el general en jefe todos son los héroes de la 
farsa. El nombre solo de los cuerpos y el número 
de las plazas bastará á darte una idea de la exactitud 



Í2 EL llURCIÉLAflO. 

de mis asertos. Hé aquí el estado militar de Guaya- 
quil. . 

INFANTERÍA. 




" BatalloD. Lagarto* del Guajas 10 Compaüias 10 Plazas. 

— Tigres del monle 8 — GO 

— AntropóÍBgos 8 — 65 — 

— Destructores T ¿¡ 

— Traga vivos 9 — 68 — 

— EseOrpiones 10 — 78 

— Perdonavidas 8 — 62 

— Dagobertos s — 64 

— TibuToaes 9 — 72 

I — Leones de Iberia 10 — Si 

I — Gatos monteses 9 — lo 

! — Tiradores. 7 — 65 — 

I — Lobos del desierto 9 — 70 

1 — Desalladores 8 — .60 

■ — Cazadores 9 — 88 

I — Granaderos 8 — 61 

— Eslraoguladores C — 50 

— Cantáridas T — 54 

Suma 1131 



EL MURCIÉLAGO. 43 

Siima 1131 . 



Desertores. . 



' Plana mayor. 200 

CUsei 90 



Fuerza efectiva de ¡ofaiitfria. 
Pero como rada soldado vale por docíenlos, que do 
la fuerxa efectiva puede coniiderarse en 38,800 bombres lisios para 

CABALLERÍA. 




Escuadrón. Coniceroj del Diablo. . . 2ñ hombres inclusos 14 cómelas. 

— Empecinados 30 — 

— Dragones del infierno,. . 1! — 

Itcgimiento. Serpieutes de 3 cábelas, 14 (inclusos la lunda y 3 jefes). 
Escuadrón. Húsares de Lucifer 46 bomlirea. 

— Lanceros de Barrabas. . 41 — 
" — Tumbadores 33 — 

— Deseo]! untadores 17 — 

Suma A. 240 

Cojoa^tnllidM 204 

Fuerza efeclÍTa 42 



14 



EL MURCIÉLAGO. 



ARTILLERÍA VOLANTE. 




Brigada de artillería volante 1 cureña. 

Gañones — — » O 

Artilleroi — — O 

(artillería de plaza. 

Cañones del fuerte O 

Artilleros O 

Ya verás, mi cara mitad, adonde va á parar el su- 
jeto si insiste en su plan de reconquista : porque lo 
que hay de evidente y fuera de todo chanza es que el 
odió que le profesan es universal y que llegado el caso, 
se unirían todos para rechazarlo, porque en medio de 
la mas ridicula fanfarronada no deja de existir verda- 
dero patriotismo y un sentimiento de nacionalismo del 
cual no nos viniera mal alguna partecilla. 

El vestuario ó uniforme de ese importante ejército, 
pudiera presentarse como modelo á la Nación mas ci* 



EL MUKCIÉLAGO. 15 

vilizada. Casaca y pantalón de nanquín azul de algo- 
don, galoneados de cinta de hilo blanca ; se entiende 
de la casaca ha de estar abierta como los batanes de 
una puerta cochera ; el corbatín está prohibido por 
las ordenanzas militares y los zapatos mandados re- 
coger por la policía. Algunos soldados llevan tahalíes, 
otros cargan la bayoneta colgada de un cinturon ; el 
fusil que tiene bayoneta no tiene culata , y el que tiene 
uno y otro, carece de llave y gatillo ; no se usan cosas 
superfinas ; un morrión cilindrico y muy bajo, parecido 
á cierto mueble de madera que se usaba entre nosotros 
ahora muchos años, y colocado en la cabeza de suerte 
que la vicera descansa sobre la coronilla, completan 
el ornamento altamente marcial de la infantería. 

La caballería no usa caballos, es caballería pedestre : 
su vestido es poco mas ó menos igual al descrito, y 
lleva rejón en vez de lanza, y chafarote en lugar de 
sable. El calor prohibe las barbas y bigotes. 

Esto es en cuanto á los soldados, las altas clases mi- 
litares desplegan ^n lujo verdaderamente oriental. 

Un sargento mayor usa leva ó casaca de paño azul 
bordada de oro en el cuello, botas, remates, etc., y es 
de ordenanza que deba estar desabrochada, para hacer 
lucir una vistosa camisa de color ; el pantalón puede 
ser de cualquier género, color ó hechura, la chinela 
de algún cuero ó tejido delgado. El corbatín está abo- 
lido, y el morrión ó gorra se sustituye con un som- 
brero de paja de hermosa falda. Los jefes y los clé- 
rigos son ensencialmente demócratas y populares. El 
tres de Octubre último, víspera del cumpleaños de 
S. S. el general gobernador, fué el pueblo á felicitarlo 
con las bandas de música de todos los cuerpos ; entre 
paréntesis sea dicho que las tales bandas no tienden 
con sus melodías á ablandar los corazones sino á rom- 



16 EL HUBC[ÉLAGO. 

per las cabezas. Mientras la música sonaba ó mejor 
dicho atronaba, varios clérigos de órdenes mayores y 
varios militares de grados altos se ocupaban en que- 
mar numerosos paquetes de cohetes de la China, en- 
tregándose áeste entretenimiento en medio de la calle. 
Cierto es que nuestros presbíteros y nuestros animales 
4e charreteras no harían otro tanto, pero es porque 
estamos todavía muy distantes de haber alcanzado la 
verdadera democracia. 

Tu estas al cabo de las amistosas cartas que dirigí á 
mi muy querido amigo el viagero Ex-In tendente, se- 
ñalándole la falta de policía de nuestra hermosa Ca- 
pital, si yo fuera ecuatoriano, i cuántos sermones no 
hubiera endilgado al Intendente de Guayaquil! Nuestra 
Lima, querida pareja mia, es un Paris comparada 
con la ciudad del Guajas Cuanto se quiera de basura 
é inmundicias se encontrará en abundancia en sus calles 
y para que siempre ha\a inmundicia fresca se man- 
tienen en las calles y plazas multitud de vacas, chivos 
y caballos Según me dijeron, todos esos animales 




cornudos eran propiedad de un Sr. General Franco ; 
razón habria pues para llamar á Guayaquil el corral 
de Fmnco, pero yo me abstendría de hacerlo, porque 
no cumple á un viagero denigrar el pueblo donde ha 
comklo pan, aunque haya sido por su plata. 



EL MURCIÉLAGO. 17 

Guayaquil, como toda ciudad civilizada, tiene perió - 
dicos, y no uno sino dos ; la afición al periodismo es 
tan grande entre sus vecinos que cada uno de aquellos 
se publica dos veces al mes y cuenta con un número 
de suscriptores que no llega á 2S. Los impresores 
hacen un gigantesco negocio ; los escritores ganan 
tanta hambre que viven seguros de que no morirán de 
replexion. Uno de los periódicos se llama el Filán- 
tropo, y tiene la filantropía de dar al Perú unos taras- 
cones, que si como habla el escritor, obraran sus 
oyentes ya nos hubieran dejado en esqueleto. El otro 
se llama el Progreso, pero progreso mas parecido al 
nuestro no es posible encontrar; son progresos ge- 
melos ; mejor dicho, son uno mismo. Sin embargo no 
ha alcanzado la. prensa ecuatoriana el grado de ade- 
lantamiento de la nuestra. Ninguno de esos, á modo de 
periódicos, es el cartel donde los terribles anonimistas 
pongan ala luz pública la vida y milagros del prójimo. 
Nuestro Comercio no tiene imitadores en ninguna parte 
del mundo; riadie como él ha comprendido la misión 
altamente civilizadora de la prensa. 

Cuentan que uno de nuestros indios que llegó por 
carambola á Roma, deseando congraciarse con el papa, 
le ofreció cocinarle un guiso de nuestro país, y que en 
efecto le presentó un plato de pepian : se asegura que 
su Santidad lleno de gozo, concedió al cocinero ochenta 
dias de indulgencia plenaria y remisión de todos sus 
pecados, esclamando con el último bocado : 

} Beati indiani 

Qui manducant pepiani! 

Yo estoy cierto de que si el Sr. Pió IX leyera el Co- 
mercio no dejaría de decir. 

2. 



18 EL MURCIÉLAGO. 

¡ Felice in venta 

II popólo illustrato 

Dove il jornal u Comerzo » 

E un fidel ritrato 

Da sua moralitá ! 

Agrega, mi amada hembra del sexo femenino, á 
cuanto te llevo espuesto, que la ciudad afamada de 
Guayaquil abunda en alacranes, culebras, chinches y 
demás prójimos de esta especie que se permiten vivir 
en estrecha familiaridad con los animales que llaman 
hombres, y tendrás una idea aunque muy débil de esta 
dichosa y feliz parte del mundo. 

El rigor del clima, la suciedad del pueblo, y las 
oirás mil cosillas que dudo mucho parezcan buenas 
al extrangero, están sin embargo compensadas con las 
sabrozas, fragantes y suculentas pinas y con las her- 
mosas y bellas hijas del Guayas ; no estrañes que ponga 
á las pinas en primer lugar ; cierto es que antes de ser 
Murciélago matrimoniado no hubiera cometido seme- 
jante descomedimiento ; pero hoy las pifias me sirven 
para comerlas y las murciélagas solo para admirarlas, 
caso en el cual no debo, á no engañarme, anteponer 
lo útil á lo agradable. 

Las Murciélagas de Guayaquil son bellas y amables; 
lástima que vivan tostándose y que tengan que ob- 
servar puntualmente la ley de nuestra raza de no sacar 
sus caras al aire sino en la noche. 

Permite, mi querida costilla, que haga un paréntesis 
en mi relación escusando contarte mi viage del Ecua- 
dor á Chile : nada de nuevo te contaría de la navega- 
ción que tantos viageros se han empeñado en describir, 
incluso el susodicho Ex-Intendente que no olvidaba ni 
el nombre de los buques que tuvieron el honor de re- 
cibir á su bordo tan excelso personaje. 



EL MURCIÉLAGO. 19 

Sb. d. aitoíos chadqui. 

Arequipa eu Noviembre y catorces del 
seguiente año que corre 

Me estemados padres de mes respetos e consedera- 
ciones : 

Aunque nunca ni un carta tuyo de usté hemos rece- 
bído mientras que en viaje estovimos, siempre noti- 
cias vamos darte de como anda por acá el co$as del 
Gobiernos. 

Premero coando embarcamos, malo habia sabido 
ser esos bosques navios que teñen sos vapores de ma- 
quenas. El estogamos regoeltos estábamos, e sos vilis 
tan alteraos que no podemos ni comer sos comestebles 
de los eriglises del Oropa. Sobre esto decea yo, debea 
hacer sos leyes el Convención para que al peruanos no 
empoñe esos mareos que vienen del estranjerias ¿Por 
qué el engleses no marean? Decen algonos que de al- 
drede hacen el jodios capetanes que el pasajeros mareen 
para que no hacen mochos gastos tampoco. 

Por fuin que con salújhemos llegado a estos noestros 
logares y al familias también con sos salodes encon- 
tramos, que gostos tovimos. 

El Comercios jonto cun el Geraldos recebemos; e 
sos notecias de emportancias no vimos seno sos des- 
corsos del Sacerdote Valdevias sobre el tolerancias. 
Desverguensao frailes habia sido, y no sabemos como 
en esas tierras que decen cevelezaos no han roto so 
jocico de ese hombre que áepodendas hablaba en on 
logar como ese que Convención llaman. De sigoro el 
convencionales gente será que sos respetos no conocen, 
que de otro modo no dejaran faltar por on frailes tan 
zoes como el Valdevia. Escrebido también vimos que 



20 , EL MURCIÉLAGO. 

el desputao Gamio ha petecion hecho que vamos al 
Bolevia llevando el guerra; el Gamio loco sin sojoicio 
estará, yo digo, para hablar de esas. Lebertador habrá 
enojado hasta sos vigotes con estos pedementos, pero 
al fuin que el Convención talento mocho tiene y sos 
cosas del Gamio no hizo pasar. Ya escrebiremos sobre 
esos asontos largo artecolo. Notecia te doi como el 
Murciégalo ha llegado por estos noestros poiblos, bien 
han recebido el gentes. Decen que seguer va escre- 
biendo ; coidado debe tener que por acá no hai Con- 
soles ni Planapotencieros donde juir del policías. El 
policías de acá no joigan : el Masias no andan con 
contempladoras. Sos pleitos tiene con el Sendicos de 
la enmoralida que llaman Eleas Medena. Mocho aqui 
quieren al Masias. Del Prefecto que es on cofiao del 
Gobernó, naides queja ; decen sos gobernos son boinos 
e no persegue al vécenos; que so templanza tiene. 
Mas mijor asi querrán y no socederá lo que al Llosa 
hecieron. Mocho oimos platicar acá del Oreta ; se oye- 
ras, asta crozes en el frente te hacieras con tos talones. 
Bien babean conocido; solo que el costeños que 
vevos son decen e entendidos, tontos hablan sabido 
ser para conocer el gentes. Fescal decen al Oreta han 
hecho, ¿ por qué al P. Valdevia no harán también Pre- 
sedente del acordada ? Mejor allá sos genios lociria, 
que como sacerdote sos corazones no eran moi boinos, 
como estamos conociendo. 

Del convención naides por acá ocopa ni habla; sos 
esperanzas del rigolocionarios han perdedo, y con- 
jorman solo con hablar sos quejas, deciendo que han 
llevado sos chascos. Mijor para ellos que yo no chas- 
quee, por que ya conocemos el que hacieron carifeos, 
que siempre fueron el mesmos. Mocho injorias al Con- 
vención hacen. Coando de noestros borros e molas el 



EL MURCIÉLAGO. 21 

recua encuentran, on Convención alia va decen ; e otra 
tarde on mochacho pasando vela on macho con sos 
adornos e so cencerro, e so lesora tovo de decer : helai 
el Marescal San Romanes. Sos reprensiones al mo- 
chacho hecimos : que no es boino hacer sos borlas de 
on hombre que tiene viejos tetólos. Algo ocopados 
agora estamos por el corrió del Vapores y mas tardes, 
mas largo hemos de hacer noestras cartas. 

Mimerías harás a todo el conocidos que pregonten 
por mi salodes ; y to agarraras en amorosas^ letras los 
corazones de to hijos. Felepe, 



EL ASESDATO DE lÁTUTE POR LOS FRAILES AHOHIIOS. 

El diarista de sucesos locales^ del « Comercio » ha 
encontrado el secreto de poner á todo el mundo la 
boca amarga y de buscar camorra con hembras y ma- 
chos, con ecclesiásticos y seculares. — Con poner un 
se dice á la vanguardia de una injuria, se lava las ma- 
nos, como Pilatos, y á quien le caiga la pera, que se 
regale con ella. El destino de cronista tiene sus espinas 
y tanto mas agudas cuando mas punsante sea la cró- 
nica misma. No pretendo, á pesar de ello, entrar en 
materia con el cronista del « Comercio : » harto me 
dejarán los de la difunta Voz del Pueblo; mas no pa- 
saré sin su aletazo la vista del Sr. ájente fiscal D. D. 
Francisco Javier Mariátegui y Palacios, en la cuestión 
asesinato de Matute. — Esta pieza jurídica, filosófica, 
moral y literaria es del dominio del « Murciélago. « 

« Señor juez de primera instancia, 
« El Ájente Fiscal dice : — Que el promotor Fiscal 



22 EL MURCIÉLAGO. 

Ecclesiástico denunció un artículo publicado en el 
diaro Comercio^ dicese en él, que cuatro religiosos 
armados de puñales intentaron asesinar al Diputado 
Dr. Matute ;* pero esto se refiere como una noticia vaga 
y no se da como cosa cierta y positiva. Rojas y Cañas, 
autor responsable del articulo denunciado, niega la 
personería en el Promotor Fiscal para hacer la denun- 
cia, y al hacerlo tiene razón. La ley de imprenta, no le 
dá tal facultad ; él solo es parte en los juicios que se 
siguen ante el juzgado eclesiástico en las causas sobre 
patronatos, capellanías, matrimonios y otros; pero 
para aquellos que se ventilan ante las justicias ordina- 
rias, darle ingerencia en estos, seria permitirle arro- 
garse ajena jurisdicción; seria permitirle hiciese en 
compendio lo que á toda hora hace la Curia Romana. » 
iv Si el Promotor Fiscal se muestra tan celoso, ¿cómo 
no persigue en la esfera de sus atribuciones á tanto 
mal religioso, que se pasea por las calles en estado de 
completa beodez ? ¿Cómo no ha fijado su consideración 
en el padre Siancas, que estuvo en total crápula el dia 
en que se perpetró el asesinato de Amaneaos, en cuya 
reunión se encontró, y al que amonestó el Tribunal de 
la Acordada para que observase mejor conducta en 
lo sucesivo? Cómo no impide que los frailes estén 
fuera desús conventos después délas diez de la noche? 
¿Cómo, en fin, tolera que se llame la atención por la 
prensa sobre algunos que se niegan á prestar los últi- 
mos servicios de la religión á los enfermos ? Por lo 
expuesto, pues, se colige que el Promotor Fiscal 
Eclesiástico no tiene personería en la presente causa, 
y US. puede así declararlo. » 

Lima Noviembre 3 de 1855. — MariáteguL 

<c Otro si digo : Que si no he despachado la presente 



i 



EL MURCIÉLAGO. 23 

causa con la brevedad con que siempre lo hago, ha 
sido por falta de papel ; pero como se me ha interpe- 
lado por la prensa, lo verifico hoy en el festinado para 
las causas que se siguen ante la Acordada, debiendo 
reiterar el que corresponde el Promotor Fiscal, y US. 
puede así mandarlo. » 

Ut supra. — Mariátegni, » 

No nos meteremos en el punto de derecho, porque 
llenaríamos mucho papel en pro y en contra de la per- 
sonería del Promotor Fiscal ; pero no haremos igual 
presdndencra de los fundamentos alegados en la vista 
para negar esa personería. — 

El Promotor Fiscal no ha podido denunciar : — 

1° Porque el P. Siancas estuvo en crápula total ^ 
y no parcial, en reunión de un tal Amancaes : 

2^ Porque hay religiosos que se pasean por las 
calles en estado de completa beodez : 

3** Porque hay frayles que están fuera de su con- 
vento hasta mas de las diez de la noche : 

4° Porque algunos niegan sus servicios á los en- 
fermos. — De estas razones se colige que el Promotor 
Fiscal no tiene personería. 

Nosotros probaremos, siguiendo esta nueva lógica, 
que el Sr. Ájente Fiscal no sirve para el oficio : 

1" Porque las leyes de partida prohiben que los 
burros anden por las veredas : 

2** Porque el cuadrado de la hipotenuza es igual á 
la mitra de Pió IX : 

3" Porque no se hizo la miel para la boca del rucio 
de Sancho Panza : 

4® Porque no entendemos como puede el Promotor 
Fiscal reiterar el que corresponda : (papel) 

4® Porque ese ut supra^ del otro si, nos parece una 
teta de mas» 



24 EL MURCIÉLAGO. 

• De lo expuesto se colige que el Sr. Ajenie fiscal no 
ha nacido para dar vistas que no sean antijurídicas y 
disparatadas. , 



AIHISTIA. 

Me han dicho, á mí el Murciélago^ que el Sr. Mi- 
nistro de Mar y Tierra y de Paz y Guerra, pidió á 
la H. Convención, se autorizase dX Honorable Gobierno 
para perdonar á los de la Palma^ según y como lo 
fuese creyendo necesario á la honra y gloria de la pa- 
tria : me han dicho también que la H. Convención ha 
contestado al mas H. Ministro, que no está del parecer 
de dar semejante autorización al Honorabilísimo Go- 
bierno. Ahora pregunto yo á las tres Honorabilidades 
anteriores y á cuantas mas haya y puede haber en el 
mundo, si los unos con su pedimento, y la otra con 
su negativa no han hecho un papel así,... como quien 
dice. 

El Gobierno Supremo, sin autorización de nadie, 
expidió aquellos decretos de proscripción, primeros y 
nunca olvidables actos de su poder omnipotente, pri- 
meros y nunca bien ponderados golpes de Estado de 
un Ministro reputado como el hombre de una incon- 
mensurable capacidad ; el mismo Gobierno Supremo, 
si encontró mala su obra, debió volver sobre sus pa- 
sos, siguiendo ese axioma de derecho que dice : el que 
la amarró que la desate, y no irse á buscar autoriza- 
ciones que no necesitaba para nada. Si como gritó en 
Enero — Fuera ma^horqueros , hubiera dicho en 
Junio ó en Octubre : adentro mashorqueros, todo el 
mundo hubiera estado satisfecho y la Honorable Con- 



EL MURCIÉLAGO. 2S 

vención Nacional no hubiera tenido ocasión de negar 
una autorización particular, después de haber dado 
tantas autorizaciones generales. 

Lo que tiene en este asunto un mérito pai'ticular, es 
que el Honorable diputado Caravedo presentó un 
un proyecto gigante sobre amnistía, y el Honorable 
Cortés otro proyecto pigmeo sobre lo mismo, y los 
demás Honorables los ahogaron en su cuna autori- 
zando así la indefinida proscripción de los que, según 
nuestro señor del Mar, habian marchado al extrangero 
de un modo forzoso-voluntario. 

El Gobierno ha tenido á bien ir mandando salvo- 
conductos, y concediendo la entrada al Perú, aun sin 
tales documentos, á muchos de los espatriados volun- 
tario-forzadamente y no entra en mi cabeza de Mur- 
cielago la idea que ha tenido el señor de la Tierra 
para pedir á la Cámara un poder que ya se habia 
tomado y ejercía en toda su plenitud el Señor del señor 
de Mar y Tierra. 

Cuentan que un individuo robó á otro cierta suma 
de pesos y que receloso de haber sido descubierto, se 
presentó á decirle : vengo á suplicarte que me des 
prestados los tantos pesos que tomé tal día sin tu 
consentimiento. El robado preguntó, ¿los has gastado 
todos ya? No : que conservo la mayor parte — Pues 
bien, dame los que tienes, y te presto para siempre el 
resto — Ni mas ni menos ha ocurrido ahora entre la- 
Honorable Cámara y el Honorable Gobierno ; este 
habia tomado ya una autorización ((ue depués ha 
querido pedir prestada, no creyéndola suya; aquella 
le deja para siempre la parte gastada, y quiere recojer 
la existente. Si yo fuera libertador y no Murciélago... 
devolvería un . . . cuerno. 



T. u. 



26 EL MURCIÉLAGO. 

RESPOHDA D. RESPETABLE PUBLICO. 

La Convención Nacional, según el reglamento Ureta, 
se compone de 8o varones : agregase á este número 
dos más mandados admitir por la H. Cámara y tene- 
mos 87. 

Quite U., mi respetable público, diez individuos que, 
dándola de generosos, consideraremos como buenos 
diputados, por tener buena fé, patriotismo, talento, 
intruccion etc., quedan por supuesto 77. 

Ahora responda U. respetable público. ¿ De 77 ani- 
males estúpidos, puede U. hacer una grande inteli- 
gencia? 

¿De 77 animales que tiemblan de medio, puede 
U. sacar una soberanía? 

¿ De 77 animales que corren tras la presa, puede U. 
sacar un patriotismo? 

Responda U. mas, respetable público. ¿ No es cierto 
que dirán que estas preguntas, tienden á desprestigiar 
á la augusta asamblea legislativa y reorganizadora del 
pais? 

Responda U. todavía, respetable público. ¿ Un hom- 
bre que se embriaga todos los dias, merece el nombre 
de borracho, porque heve, ó porque se lo dicen? Lo 
desprestigia su vicio ó el que se lo enrostren ? 

¿Un caballo es caballo porque nace tal, ó porque le 
dan el nombre? 

Hágame U. el favor, respetable público, de respon- 
der. Es cosa que hace ó morir de risa ó llorar de pena 
ver, como un honorable diputado, en sus discursos, 
dice á su colegas : Vuestra ilustración; habiendo 
entre ellos muchos que fueron engendrados, nacidos 



EL MURCIÉLAGO. 27 

y criados en los mas alto de un cerro ; Vuestra sabi- 
duría, cuando otros no han leido jamas un libro , y en 
caso de que algunos leyeron fueron las aventuras de 
Bertoldo ; Vuestra soberanía^ cuando por la mañana 
van donde el padre maestro á recibir las palabras de 
santo y seña ; Vuestro patriotismo , cuando harian 
leyes hasta para ahorcar monjas, si se les ofrece un 
destino. 

Sin embargo, parece que no es á los hombres sino 
á los sillones de la capilla de la Univei*sidad á los que 
se dan los títulos de honorables, sabios, soberanos, 
patriotas, etc. ; porque si U. saca á esos mismos hom- 
bres (se entiende con excepción de los diez) y si los 
pone en otro cualquier recinto ; habría que dirigirse 
á ellos diciéndoles — Vuestro bestialidad os hace in- 
capaces de conocer el asunto que lleváis entre manos; 
vuestra ignorancia os hace indignos de hacer leyes que, 
después de hechas, no entendéis — Vuestro servilismo 
conduce ala patria á su ruina. — Responda U. respe- 
table público — ¿Estoy engañado? 



DEFEHSA LIBRE. 

Desde ahora tres ó cuatro legisladuras nació la idea 
de que, así como todo el mundo puede administrarse 
remedios cuando está enfermo, aunque sea para man- 
darse por propia dirección al país de las calaveras, asi 
también debia tener el derecho de defender sus pleitos, 
sin necesidad de someterlos á esos animales de pluma 
que llaman abogados, (á Dios gracias yo no perte- 
nezco á esa especie.) 



28 EL MURCIÉLAGO. 

De abogados y escribanos 
Nos liberte San-Ginés; 
Tienen uñas en las manos, 
Tienen uñas en los pies. 

Los Congresos anteriores que hicieron á la sociedad 
todos los males posibles, se abstuvieron, sin embargo, 
de declarar esa tokrancia de defensas, porque de 
cualquier modo y bajo cualquier aspecto que se la con- 
siderara no se le descubría el lado l3ueno, apesar de la 
desenfrenada gritería de cuatro papelistas ó tinterillos, 
que creian que con semejante tolerancia todos los 
papeles y procesos iban á desertar de los estudios de 
los abogados, para pasar á los suyos. 

Esos tales tinterillos , 

Como dijo San Andrés, 
Tienen garras en las manos, 
Tienen garras en los pies. 

Yendo tiempos y viniendo tiempos, vino también la 
Convención del 55, y con ella la época reorganiza- 
dora : y por via de reorganización, se declaró la defensa 
libre. Basta que fuera esta Convención la que tal cosa 
declarara, para que por santa y buena que se la 
creyera, se convirtiese en origen de abusos y de males. 

En efecto, los pleitos no han salido del poder de los 
abogados; al contrario, muchos empezados por los 
dueños, y por lo mismo mal empezados, han tenido 
que venir á manos del jurisperito, y las consecuencias 
de la tal libertad de defensa han sido : 

1' Que no siendo responsable el abogado, interpone 
acciones indebidas y artículos maliciosos, alterando ó 
pretendiendo alterar los trámites y fórmulas de los 
juicios : 



EL MURCIÉLAGO. 29 

2' Que el juez no tiene el derecho de apercibir, mul- 
tar 6 suspender al abogado que procede contra ley : 

3* Que la tramitación, como ilegal, es mas larga y 
enibarazosa ; y que si la administración de justicia ha 
sido siempre lenta, hoy tiene que serlo mucho mas : 

4* Que hay para el litigante mayor gasto en papel 
sellado y actuaciones, á mas de que el abogado chupa 
honorarios por mas tiempo. 

¡ Qué tal ! No merece la Convención que se le den 
las gracias ex toto corde. 

Si estos inconvenientes de la defensa libre se notan 
y se palpan en lugares como estos, donde hay aboga- 
dos inteligentes, ¿qué será en aquellos donde : 

Hay hombres que tienen barbas en la cara, 

Y también en el pecho tienen pelos, 

Y que en vez de un pellón, en las espaldas. 
Acostumbran llevar un gran capelo? 



AHOVILIDiD JeiCIAL 

Por fin se salió con la suya el Honorable Sr. Cortés 
de que los empleados del poder judicial fuesen decla- 
rados amovibles; se ha fundado el Sr. Diputado en 
que en una República todos los funcionarios deben 
ser periódicos y alternativos, — Por mi parte doy al 
Sr. Cortés las gracias, porque siendo yo un animal de 
pluma, en uno de esos periodos y alternativas puedo 
encontrarme algún dia de Alcalde municipal. ¡ Dios lo 
quiera ! 

Pero los Honorables que han sancionado la amovi- 
lidad, como precepto constitucional, no han hecho 
nada de nuevo ; han seguido únicamente la teoría de 
los hechos sociales del H. Sr. Mesones. 



30 EL MURCIÉLAGO. 

En efecto, salga quien quiera á decirme si los em- 
pleados judiciales y no judiciales no han sido siempre 
removidos y remeneados ad libitum; y si en cada 
gobierno de hecho no han venido abajo mas empleados 
qué dientes tienen todos mis pichones. Desde que yo 
tengo uso de razón, ó razón de uso, he visto á los 
empleados de todas clases hoy arriba, mañana abajo. 
Unos por constitucionales y otros por anticonstitucio- 
nales, todos han tenido sus altos y bajos ; empezando 
por los mismos presidentes que se creian inamovibles, 
por cierto tiempo, y que han conocido por experiencia 
propria que el quietismo no es el estado normal de 
nuestra República y que, por el contrario, está en 
movimiento perpetuo. 

¡ Pues buena clase de inamoviüdad disfrutaron los 
empleados judiciales y extra-judiciales del año de gra- 
cia de 1855! 

Al ligero soplo de la brisa ministerial, esperimen- 
taron una conmoción galvánica^ y la mayor parte ha 
tenido que esclamar : ¡ Cáspita con nuestra inamovili- 
dad y que movible era ! En fin, repito que la hono- 
rable Convención Nacional, no ha hecho sino aplicar 
á la práctica, la teoría de los hechos sociales y que los 
actuales y futuros empleados que debian reputarse no 
solo amovibles sino despedibles y botables^ por una 
ley de analogía, lo son ahora por una ley escrita 
constitucional. — Al fin, algo se ha ganado. 



EL MURCIÉLAGO. 31 



TODOS PARA TODO, IDCHOS PARA lADA. 



I. 



Si querer entender de todo 
Es ridicula pretensión, 
Servir solo para una cosa 
Suele ser falta no menor. 

En el Perú ha fallado la primera parte de esa regla, 
aforismo ó sentencia ; si el fabulista hubiera sido animal 
de estos lugares hubiera dicho : 

El saber y entender de todo 
Es cualidad del ¡leruano : 
No hay arte, ciencia ii oficio 
En que no meta la mano. 

Pero ¿ y qué tal lo hacen ? A las mil maravillas'. Si 
no vean UU. el Comercio, D. Tiburcio fué militar 
en los gloriosos tiempos de la guerra de la Indepen- 
dencia; del taller de carpintería salió, conducido por 
su entusiasmo patriótico, á enrolarse en las filas del 
ejército. D. Tiburcio brega aquí, brega allí, llegó á ser 
capitán; un dia de batalla se sintió poco espuesto á 
matar prójimos y corrió del campo , lo que le mereció 
el premio de ser ascendido á sargento mayor. Mas 
tarde, es decir en la multitud de guerritas que hemos 
tenido desde el año de 1824 hasta nuestros dias, llegó 
D, Tiburcio á ser coronel, y en uno de esos cataclis- 
mos , pierde el coronelato y se queda á la Luna de 
Psdta : habiéndose ya olvidado hasta de. manejar el 
mazo y el escoplo. Si el sujeto es algo inclinado á la 
vita bona se vuelve habitante perpetuo de un garito ; 
si conserva algo de moral, busca ocupación y pasa de 



32 EL MURCIÉLAGO. 

una á otra hasta le ocurre uua idea sublime , poner 
una escuela y enseñar lo que no aprendió, es decir, á 
leer. Empieza por fijar en la puerta de su casa una 
muestra con esta leyenda : Escuela de instrucción pri- 
maria^ donde se educan niños y niñas de los tres sexos^ 
ú otra parecida, de las cuales hay una magnífica colec- 
ción en mi tierra. Adopta por texto, para la lectura, los 
catones que tienen en la portada un San Casiano, y 
enseña á sus muchachos á que digan, contando : c — a 
ca, c — e que, c — i qui etc. 

Guando los niños están algo adelantaditos, toma el 
Magister una Gramática Castellana del inmortal Lo- 
rente, y les enseña que gallina es diminutivo de gallo 
— que no hay poesia sino en lo escrito en verso , y 
otras lindezas de este jaez. 

El pedagogo que, en su vida, pudo antes adquirir 
esas ideas va tomando poco á poco, cierto aire de ciencia 
y suficiencia que llega hasta la vanidad cuando ve en el 
Comercio : 

« Ayer hemos concurrido al examen presentado por 
«los alumnos del Colegio de los Dolores de María 
« Santísima que^dirije el Sr. D. Tiburcio Castañuelos, 
« y hemos quedado pasmados al ver la desenvoltura 
(( con que han contestado á las importantes y graves 
« cuestiones que les propusieron los señores examina- 
« dores » . El Sr. Castañuelos es un profesor asiduo e 
ilustrado, que recomendamos con eficacia al Supremo 
Gobierno y la H. Cámara. 

Unos padres de familia. 

Este tal D. Tiburcio no es personaje quimérico : el 
humilde avechucho , atento servidor de ustedes , ha 
conocido y conoce á varios D. Tiburcios, 



EL MURCIÉLAGO. 33 



II. 



Largo seria insistir en la facilidad con que qualquier 
peruano se lanza á ejercer una carrera científica para 
la cual se preparó desde su infancia en los paseos y 
en los garitos ; nadie ignora que tenemos leguleyos 
que al dirigirse á un tribunal encabezan su pedimento 
con — Sr. Tribunal: y médicos que recetan enjuaga- 
torios de tachuelas y apositos de nieve sacada por 
alambique, sin que á estos tales les falten sus apolo- 
gistas. ' 

Vamonos, por. lo mismo á mas alta escala : remon- 
témonos hasta los primeros puestos de la República. 



ni. 



Don Toribito fué un colegial hábil y aprovechado : 
estudió jurisprudencia y abrió su estudio; pero al 
mismo tiempo se metió en la política. Ulpianus dat 
honores^ sed non patacones, dijo un sabio, y el 
hacer fortuna manejando solo papel sellado es algo 
dificultoso. Si soy bueno para abogado , dijo para sí 
mismo, es decir si puedo entender las leyes puedo 
hacerlas, ergo quiere ser diputado. Si puedo ser di- 
putado, puedo ser ministro ; si puedo tener un minis- 
terio puedo tenerlos todos, incluso el de guerra. Si 
puedo ser ministro de guerra, puedo ser jefe de Estado 
Mayor, y lo fué todo en efecto ; porque quiso serlo, y 
porque no se necesita sino querer. 

Como el sujeto no debia poseer el lenguaje marcial 
sino el de las leyes que queria aplicar á todos los 
casos, es seguro que una de las primeras órdenes ge- 
nerales que salieron de su caletre seria poco mas ó 



34 EL ÜURCIÉLAGO. 

menos: <cart. 1® Estando dispuesto por las leyes de 
« Partida y de la Novísima que la muger ha de seguir 
(( al marido, se dispone que ninguna rabona puede se- 
a pararse del cuartel general sin licencia escrita de su 
« libertador visada por el ayudante del Estado Mayor 
« General etc. » 

Acostumbrado á ver que en las cartas órdenes, dice 
un juez á otro inferior. Lo comunico á U. para su 
inteligencia y Cumplimiento^ es probable que el tal 
D. Toribito, en su calidad de Ministro de Relaciones 
Estertores, hubiese terminado con esta fórmula sus 
primeras comunicaciones diplomáticas. Y en uria pala- 
bra, que se encontrase en tierra agena pero bastante 
lleno de orgullo para creer que lo hacia de perlas, en 
especial cuando el susodicho Comercio le habrá di- 
cho mas de mil veces. 

¡ Oh cabeza estupenda 

Que no hay cosa que no entienda ! 



IV. 



D. Paquito el Redondo, ha pasado su juventud entre 
los libros de cargo y data : ha hecho negocios suficien 
tes para echar pansa, lo que en buen castellano quier< 
decir ganar plata, y acabó por decir, si conozco la leí 
de la moneda puedo conocer las demás. Si las conozca 
puedo hacerlas, luego puedo ser diputado. Si despue 
de quebrado he podido reorganizar mi casa y arregla 
mis asuntos, también podré reorganizar la patria y se 
presidente de un cuerpo, reorganizador. Si puedo se 
presidente de tal cuerpo como el pais tiene relacione 
con otros paises, puedo entender en estas relaciones 
hete aquí á D. Paquito en el banco. 



EL MURCIÉLAGO. 3S 

De seguro los libros del Ministerio están arreglados 
de la manera siguinte ; 

£L SR. MINISTRO D£ S. M. B. 

DEBE. HABER. 

Por una visita de amistad. Por haberme enseñado el 
Por una nota oficial. significado de la palabra 

id. id. id. «Protocolo». 

Como á D. Paquito no ha podido decirle el Co- 
mercio que es un Vatel , un Bello , un Grotio , un 
Puffendorf, se ha empeñado en demostrar que es pa- 
triota y honrado ; de manera que si se suscita alguna 
cuestión internacional, D. Paquito se verá obligado á 
contestar un oficio en estos términos : 

R. P. etc. Sr. Encargado de Negocios de S. M. 
Faustino Souluque. 

« El infrascrito Ministro de relaciones exteriores del 
«Perú tiene el honor de acusar recibo del conoci- 
«miento que US. se ha servido remitirle y del cual 
«tomó razón, asentando la correspondiente partida en 
» el diario. El infrascrito no puede satisfacer el valor 
« de las facturas de argumentos que US. le remite en 
« su oficio, porque en su caja, según el balance del fin 
(< del año, no hay moneda de esa clase. Sin embargo, 
«sepa US. que el infrascrito es patriota y honrado y 
« que con estas cualidades ha de hacer US. quiebra en 
« esta cuestión. Dios guarde á US. etc. 

v. 

D. Juan del Océano es un pacífico y honrado ciuda^ 
daño, no sujeto á las turbulencias del conjunto de 



36 EL MURCIÉLAGO. 

aguas cuyo nombré lleva : sin embargo, es peruano y 
basta esto para que se creyera apto para funciones 
muy distintas de los de administrar justicia, que son 
las que siempre ha ejercido. Si me llamo como un 
Mar, debo entender de Marina y como la marina puede 
ser de guerra, es preciso que yo arregle la guerra y la 
marina. Ha debido resultar que si el Comandante de 
un buque lo ha echado el pique, cuando el S. Ministro 
ha recibido el parte, deseando conocer á los correos, 
habrá mandado recibir sus instructivas á las ballenas y 
tiburones residentes en el lugar de la desgracia, por 
aquel principio de que se conjetura cómplice al dueño 
de la .casa donde se comete un delito. 

Si un jefe de cuerpo ha solicitado hacer algún 
arreglo él, el Sr. Ministro, habrá ordenado levantar 
una información de necesidad y utilidad, et sic de 
cceteiis. 



VI. 



D. Fulano de tal (aquí pica) no se podia saber para 
qué nació, pero, al fin, llegó á ser general y desde en- 
tonces dijo : yo soy el único; el diablo se lo hizo cierto 
y sin mas ni mas que creerse lleno de ciencia, capaci- 
dad y esperiencia, empuña el bastón tan fuerte que 
parece no hubiera diablo que se lo haga aflojar. Guando 
quiere gobernar desgobierna, y cuando quiere hacer- 
nos dichosos nos embroma de la manera mas lucida. 

En fin, para hacer algo de un vicho que no vale lo 
que come, no se necesita sino un pliego de papel 
timbrado, en que un Ministro diga : S. E. se ha ser- 
vido hacer á U. tal cosa. S. E. se sirve , cuando 
quiere, dar conocimientos, capacidad, instrucción y 
pesetas. 



EL MURCIÉLAGO. 37 

De aquí resulta que en esta bendecida tierra, todos 
los hombres son buenos para todo ; pero como esa 
aptitud no la reciben de Dios, sino de otros como ellos, 
hay muchos que no sirven para nada. 



SOMOS PER6D£TAN0S. 

Por el año del Señor de 1824 se celebraba en un 
pueblo de esta feliz República una misa de gracias ál 
Altísimo, por los triunfos que el ejército patriota ob- 
tuvo sobre el de los españoles; el Cura del lugar 
ocupó la cátedra del Espíritu Santo {yvXgo pulpito) y, 
entre otras cosas, dijo al auditorio : 

ci Si, queridos hermanos mios : ya somos libres ; ya 
« todos somos iguales ; ya no se os dirá indios ni cho^ 
« los, sino peruanos, lo mismo que á los blancos. » 

Un indio letrado llegó á su casa lleno de gozo y dijo 
á su familia y amigos. 

í< Fueleces de ser hemos por fuin ; que en sos pol- 
« pitos ha decho el yaya que ya no seremos ne endios, 
(1 ne cholos seno que como el blancos solo hemos de 
« llamamos pergüetanos. » 

Y tan pergüetanos nos hemos quedado y nos hemos 
de quedar, por mucho tiempo, que cuando tenemos la 
intención de hacer una obra buena, nos ha de salir 
una hechura de Lucifer. 

El Gobierno de la libertad pidió autorización para 
amnistiar; la Cámara quiso llevarse la honra de ha- 
cerlo y en vez de ley de amnistía ha dado ley de juz- 
gamiento contra el Ex-Presidente y sus Ex-Ministros 
y Ex-Generales. Es decir, que la Cámara quiere que 
T. u. a 



38 EL MURCIÉLAGO. 

se juzgue por segunda vez á los que ya fueron conde- 
nados. 

Los mandados enjuiciar hoy fueron destituidos de 
sus clases, honores y destinos : privados de su renta, 
echados del pais y confiscados sus intereses ¿ Que mas 
se pretende ahora hacer con ellos ? ¿ Juzgarlos como 
ausentes, para que las animosidades se ejerciten contra 
esos hombres indefensos y para que sean seguramente 
condenados á la horca? ¿No bastan el juicio y la senten- 
cia pronunciada contra ellos en los documentos oficiales 
suscritos por el ministro que declaró á todos les Ex- 
gobiernistas, caudillos y sostenedores de la inmorali- 
dady de la tiranta \j del robo? ¿ No están ya insulta- 
dos, infamados y presentados ante el mundo entero 
como los mas famosos criminales ? ¿ Qué mas habría 
podido resultar en contra de ellos después del juicio 
mas severo ? ¿ No se permiten algunos insolentes con- 
vencionales injuriar, como quieren y cuando quieren, á 
los caldos, faltando hasta á los principios de la caridad 
cristiana que nos aconseja perdonar á nuestros deu- 
dores ? 

El Presidente Provisorio fué violento e inconsidera- 
do al ceder á las perversas sugestiones de los que le 
aconsejaron esas torpes medidas , como necesarias 
para llenar las exigencias de los pueblos ; la Conven- 
ción es torpe, verdaderamente inmoral, y tirana al 
decretar un juzgamiento que, al mismo tiempo que es 
de todo punto irrealizable, tiende á establecer para 
siempre una funesta división, y mantener indebidos 
odios entre vencedores y vencidos en una lucha fra- 
tricida. 



EL MURCIÉLAGO. 39 

TOLERARCIA DE CULTOS. 

Y mientras mas reflexiono 

Y mientras que mas discurro, 
Mas me confirmo en la idea 
De que Matute es un burro. 

El dichoso honorable D. Santiago que, como dicen 
las viejas de mi tierra, oye cantar el gallo sin saber 
donde, ha sido, como ustedes saben, de los mas frené- 
ticos apóstoles de la tolerancia de, Cultos y ha pronun- 
ciado sobre ella sendos y disparatados discursos. Este 
mismo vipedo presentó á la cámara legislativa un 
proyecto pidiendo se prohiba la entrada, en el terri- 
torio pemano, á los jesuítas, y se espulse á los sacer- 
dotes españoles que en la actualidad existen en él. 
Necesario es tener una tutuma de cocobolo ó de 
fierro, para conciliar el tolerantismo Matute con este 
proyecto; necesario es tener un talento de muía de 
carga para querer abrir las puertas de la patria á los 
sectarios de todos los cultos y á los sacerdotes pro- 
testantes, Bracmas, Mahometanos y hasta á aquellos 
qiie adoran esa cosita de que habló el padre Valdivia, 
y pretender, al mismo tiempo, cerrarla á sacerdotes 
católicos que han buscado en Lima el asilo fraternal 
que todo hombre cree encontrar entre sus coreligio- 
narios ; que han venido á servirnos de grande utilidad 
predicando el evangelio en nuestros incultos pueblos; 
y que han llenado, en fin, los austeros deberes de su 
ministerio delante de las camas de los apestados de la 
fiebre. 

Toda la Capital de la República sabe que cinco de 
esos religiosos, á quienes Matute quisiera expulsar, 
murieron desplegando una excesiva caridad cristiana, 



40 £L MURCIÉLAGO. 

víctimas de su celo por dar los últimos consuelos de 
la Religión á los moribundos de fiebre amarilla : solo 
Matute ha acreditado ignorar ese hecho, y mientras 
deberla nacer en el corazón de todo Católico un pro- 
fundo sentimiento de gratitud y de respeto á»los com- 
pañeros de esos buenos y verdaderos religiosos, uno 
de los mas indignos diputados pretende echar sobre 
el Perú un borrón de ingratitud y de infamia. 

La inmigración es necesaria, han dicho Matute y 
los que como él piensan ; y para protegerla, es uno 
de los resortes eficaces la libertad de todo culto; no 
entraremos en materia sobre la oportunidad de una 
innovación que hace temblar á la mayor parte de 
nuestra sociedad; pero lo que no' nos cabe en la 
mollera, es como se pretende al mismo tiempo pro- 
hibir la inmigración de ministros Católicos, capaces 
é ilustrados, al mismo tiempo que lamentamos la esca- 
ses y atraso de nuestro Clero. 

Matute habla pues de religión y tolerancia sin saber 
de lo que habla : hombre de progreso á su manera, 
no ha pretendido sino combatir el catolicismo, hacién- 
dose merecedor de que hasta los mucliachos hayan 
querido apedrearlo. 

Asi mientras mas discurro 
Y mientras mas reflexiono. 
Mucho mas mi idea abono 
De que Matute es un burro. 



EL HDRCIÉLA60. 

Tanto me dieron con ella 
Hasta que me cayó en gracia ; 
Tanto va el cantero al agua 
Que al fin se le rompe el asa. 



EL MURCIÉLAGO. 41 

Ni mas n¡ menos me ha de suceder á mí ; 

Tanto les doy con la broma, 
Tanto los sigo la veta. 
Que el dia que menos piense 
Me han de romper una aleta, 

¿ Pero que hacer ? 

Hay viviente^ que nacieron 
Con un perverso destino : 
Aun que no salgan de casa 
Han de morir en camino. 

¿Y en verdad quien resiste á la fuerza de su suerte? 

Hay hombre que por no perder un diente 
No se atreve a comer de cosa dura, 

Y que después le viene un corrimiento 

Y tiene que escupir la dentadura. 

Apoyado en este convencimiento, necedad y tontera 
fuera de mi parte , no hacer uso del derecho que me 
concede el artículo tantos del estatuto provisorio, que 
da una amplia y absoluta libertad de escribir, sin otras 
responsabilidades que las detalladas por el maestro 
Periquillo en su decreto sobre juicios de imprenta. 
Cierto es que esa misma libertad igualmente amplia y 
absoluta se nos ofrecía en el citado decreto, pero ese 
era ofrecimiento de un solo bipedo, mientras que ahora 
está garantido y afianzado por ochenta y cinco pares 
de patas. Lo cierto es que el Ministro Periquillo me 
embromó, á mí el semi-raton, déla manera mas cum- 
plida y que ni respetó la libertad de los escritores ni 
la de los dueños de imprenta; y si no que lo diga mi 
próximo D. Juan Martin Larrañaga, cuya imprenta 
libre fué condenada á la mas estrecha clausura. 

4. 



42 EL MURCIÉLAGO. 

La imprenta se dice es un órgano de la ilustración. 
Un diputado Convencional, la llamó la lengua de la 
tribuna; yo digo que la imprenta es una invención 
endiablada que sirve para que un hombre se ponga en 
camino para una cárcel ó para el destierro ; pero lo 
peor y mas cochino es que cuando se apodera de uno 
la comezón de decir verdades, no hay temor que lo 
contenga, y que se cumple ese versillo de la moza 
mala: 

La china golpe con migo, 
Y yo golpe con la china. 

Pero entremos en juicio, raciocinemos como ani- 
males racionales ; pero con esa animalidad y raciona- 
lidad peruanas, únicas en su género, y que no se 
parecen á ninguna otra. 

¿Qué se avanza con escribir? Nada. ¿Qué gana el 
escritor pübUco ? — distingo. Si el escritor público, 
adula al poder, gana el que le den una colocación, y lo 
tengan por hombre de patriotismo y de talento. Si el 
escritor público pertenece á un partido y elogia á 
su caudillo, debe esperar remuneración en caso de 
triunfo. 

Si el escritor público ni adula, ni tiene caudillo, 
sino que con buena fé y sin mira interesada dice lo 
que cree de verdad y de justicia, tiene que estar enco- 
mendándose todo el dia al ángel de su guarda, y que 
dar gracias á Dios todas las mañanas al encontrarse 
en su cama y en su dormitorio. 

Por otra parte ¿ Qué efecto producen los escritos en 
que no entra la adulación? Que los que los leen, que 
son poquísimos, dicen : es verdad... todo es cierto... 
pero esto es muy fuerte... algo le ha de suceder á esto 
animal... Es verdad, y no se. atreven á sostenerla; es 



_,^ -^ 



EL MURCIÉLAGO. i 43 

fuerte, como 'es toda verdad dirigida por el débil al 
poderoso. Preveen que algo le ha de suceder al que 
dice la verdad, y nadie se apresura á hacer que se res- 
pete el derecho que tiene todo ser racional de inter- 
venir, en cuanto le sea posible, en remediar los males 
de la patria. 

Esto no obsta para que algunos próximos. me hayan 
dado sendos apretones de manos, diciéndome ¡bravo 
Murciélago/ que buen artículo el de tal número; siga 
U. no se desaliente. Pero hombre si dicen que me van 
á prender... ¡Que prender! ¡bufonada! ¿Y la opi- 
nión pública? Su periódico de U. es muy popular... no 
se atreverán á dar un golpe... 

Y lo cierto es que no solo un golpe me han querido 
dar sino varios; y que gracias á mis aletas he podido 
eludirlos; pregúntenlo sino acierto perillán, agente 
de Policía, que me hizo pasear tres cuadras de las 
calles de Lima con una escolta de ocho ciudadanos 
libertadores y que me hubiera conducido á lugar som- 
breado si yo nó me hubiera escapado de sus cariñosos 
brazos. Y lo cierto también es que en las dos veces 
que mi individuo ha tenido que buscar abrigo, no me 
han buscado ni Da. opinión pública, ni Da. popula- 
ridad, ni Da. bufonada; sino mi pobre Murciélaga con 
los ojos como huevos con ají, de tanto dar gracias al 
libertador, y mis pichoncitos para pedirme dulces y 
biscochos. 

El segundo en edad de los murciélaguitos es sujeto 
que se permite ya hacerme algunas preguntas, y 
en uno de los dias de mi clausura se empeñó entre 
nosotros dos el siguiente diálogo : 

El. ¿Por qué te quieren prender taita? (no sabe 
decir papá, porque su abuela se opone á esas estran- 
gerias.) 



44 EL MURCIÉLAGO. 

Yo. Hijo mió, porque hablo la verdad. 

El. Luego tú nos das mal consejo : nos dices que 
no se debe mentir. 

Yo. Cierto que no se debe, aunque haya mucho 
riesgo en decir algunas verdades. 

El. ¿Y, por qué en vez de ponerte preso, no te hacen 
Ministro ? 

Yo. Porque hablo la verdad. 

El. Luego mi padrino que es Ministro, ¿ es men- 
tiroso ? 

Yo. Muchacho, déjate de esas preguntas, que al fin 
tu padrino es mi compadi'e y no debo meterme ave- 
riguar si es tal ó si es cual. 

EL, Y quién te quiere poner preso? 

Yo. S. E. el Libertador. 

El. ¿Cómo se entiende eso de libertadores que ata- 
can la libertad ? 

Yo. Son libertador y libertad de moda. 

El. Entonces, ¡que viva la esclavitud! 

Yo. No, hijo mió; grita siempre que ¡ Viva la liber- 
tad! 

Este diálogo de^ cuya exactitud respondo, á fé de 
Murciélago^ me ha hecho temer muchas veces que el 
pichón creciendo y adquiriendo ideas de como se en- 
tienden en nuestras tierras las cosas, diga para sí : 

Si digo verdad me empitan 
Y si miento me acomodo : 
Vaya á pasear la verdad 
*■ Mentiré hasta por el codo ! 

Con los ejemplos harto elocuentes de nuestra mora- 
lidad, dé U. lecciones á sus hijos; ellos serán algo 
peor de lo que somos nosotros porque ya dijo un 
sabio : 



EL BfURCIÉLAGO. 45 

Crímenes eu el mundo aumenta el tiempo, 
Peores que son que los suyos nuestros padres; 
Sus infelices hijos valen menos, 
Nos ganarán los nuestros en maldades. 

Y eso que el tal sabio no habia conocido el Perú , 
porque entonces, muy mala predicción hubiera hecho 
de las generaciones futuras, en el caso probable de que 
las cosas no cambien de rumbo. 

Los que han hecho de la política un comercio y han 
llegado á la vejez recogiendo indebido fruto de sus 
trabajos, esos no esperan ya sino un sepulcro, sin cui- 
darse de si hay ó no justicia divina ; los que han pa- 
sado la mitad de la vida en medio del torbellino de 
sucesos, siempre funestos para la patria, tienen ya el 
corazón encallecido, y sin mas ídolo que el egoísmo, 
esperan vencer su jornada lo mas cómodamente posi- 
ble; pero la generación venidera, nuestros hijos ¿no 
merecen nada?; ¿les dejaremos prostitución que imi- 
tar, y desgracias positivas que lamentar? ¿No mere- 
cen nuestros desgraciados hijos que nos espongamos 
á llevar una paliza ó á gemir cierto tiempo en una 
cárcel por alentar un poco el espíritu publico; por 
censurar la punible conducta de los que pudiendo y 
teniendo medios de corregir los abusos, se deleitan en 
darles mayor ensanche; por presentar á la posteridad 
á los hombres á quienes ha debido la patria su ruina 
y degradación, así como en elogiar á los muy pocos 
que trabajan por su bien. — Sí ! El Murciélago, no 
conspira contra la paz ni contra el orden ; nada espera 
medrar en la política ; no tiene pretensiones ambicio- 
sas, ni corre tras una fantástica popularidad. El Mur- 
ciélago tiene cinco hijos desgraciados, porque al morir 
no puede dejarles sino principios de una moral teórica 



46 EL MURCIÉLAGO. 

á que tendrán que renunciar en su vida práctica, so 
pena de morirse de hambre. 



6DERRA A SOLIVIA. 

No ha tenido mal antojo el H. Sr. Gamio en pedir 
que vayamos á buscar camorra con el sucesor de Don 
Isidoro. El tal honorable ó no conoce los motivos de 
obligación que tenemos para con todo lo que sea Belzu 
y los suyos, ó nos viene con una agachada de esas 
que ya no pasan. ¡ Guerra á Bolivia! Si tal hiciéramos 
podria aplicarse al Perú el proverbio de : Así paga 
el diablo á quien bien le sirve ¿Cómo hubiera podido 
nuestro esforzado libertador librarnos y redimirnos 
de la inmoralidad, de la tiranía y del robo, y darnos 
en su lugar una moralidad que ya no cabe en esta 
tierra, una dulzura que ya nos tiene azucarados, una 
libertad que ya nos atociga, y una pureza adminis- 
trativa, tan pura que ya dá en ojos, sin los socorrillos 
•aquellos que tan oportunamente nos trajo el patriota 
Larrieu? ¿A dónde hubiera ido á parar la causa de 
los pueblos, si no la protegiera nuestro vecino que 
tantas simpatías manifestó siempre por el bien de este 
desventurado Perú? 

¿ Guerra á Bolivia porque nos ha enriquecido con 
su moneda de cobre? Esa guerra deberíamos haberu 
hecho al gobierno que tuvo la insensatez de pretender 
que no se nos enriqueciera mas, y que no atendia á 
nuestros verdaderos intereses como nuestro bendi- 
tísimo Profeta que autorizó la circulacior\ de los cua- 
tros de arbolito. ¿ Guerra á Bolivia porque se hizo salir 



EL MURCIÉLAGO. 47 

de ese territorio, con ignominia á los representantes 
del Peni ? Esa guerra debió haberse hecho á Eche- 
nique que no dejó que se nos insultara en Bolivia, 
como se nos insulta en todas partes. 

¿Pedir indemnizaciones á Bolivia? ¿y deque? Le 
hemos pagado acaso el valor de los fusiles, cabal- 
los, etc. , que tuvo la bondad de suplirnos para dar 
cima á la obra mas grandiosa que jamas emprendió el 
Perú? ¿Y si tal vez no hemos pagado lo que debemos, 
que queremos que nos paguen? Queremos que por 
nuestra fea cara, y por la cara hermosa del Libertador, 
nos hagan condes y nos den condaduras y cebada, 
para las muías? 



OTROS DOS CALLOS DE A PICO. 

Si hay alguno qne no ria, 
Buen camuzo es, á fé mía. 

Pero estos dos no son tan francos como los otros, ni 
salen á la palestra sino con celada y coraza. Hace 
tiempo que se dan como para morir pero teniendo 
cuidado de poner por delante á los amigos. Nuestros 
lectores comprenderán que aludimos á los dos Minis- 
tros de la moralidad que, por las bocas de los tales 
amigos^ se dicen flores y lindezas. 

Después que hablan antes agotado cuantas espre- 
siónes de cariño tenian para su gasto, después de ha- 
ber gastado todos los colores de sus paletas, han re- 
currido ahora al manifiesto del Sr. General Echenique 
en btisca de nuevas palabras y de mas frescas pin- 
tui'as» 



48 £L MURCIÉLAGO. 

Lo que tiene una gracia y un chiste que 

Si hay alguno que no ría, 
Buen mendrugo es, á fé mía, 

es que el tal manifiesto se parece á los antiguos códi- 
gos del tiempo del Rei D. Pepino en que hay leyes para 
el pro y para el contra. 

El gallo Ureta, es decir sus amigos, dicen al gallo 
Elias (es decir á los de este) U. es un negociante po- 
lítico ;,U. se metió en estos zarsales por aquel asunto 
de los 200,000 que se le escaparon... U. debe 600,000 
que no se le escaparon... Las cartas de U. son una 
broma que no valen ni el papel en que se escribieron; 
mientras tanto, yo sí he servido en esto y en lo otro y 
en lo demás allá ; y yo fui organizador de una cru- 
zada, y Ministro, y jefe de E. M. G. ; y yo manejé la 
peñóla y la espada, lit teros et arma; y si no es por mí, 
el diablo se lleva la carga de miel : y yo hice todo esto 
como es notorio, y he hecho mucho mas como está re- 
sei'vado ; y U. es lo que yo le digo y mucho mas que 
no le digo, pero que se lo dice á U. el compadre Eche- 
nique en su manifiesto con estas palabras. 

Elias... quebrado... huano... millones... cartas... 
hijos... Novoa... ps. 200,000... 600,000... candida- 
tura civil... etc., etc. 

El gallo acometido salta y dice : Échenique miente 
en lo que me toca á mí, pero dice verdades de á puño 
en lo que respecta á U. Porque sin mi abnegación y 
mi patriotismo y mi desprendimiento y mis cartas y 
mis batallas de Saraja, alto del CiOnde, bajo de la Con- 
desa y Arequipa y... no hubiéramos salido de la tira- 
nía. Mientras tanto, U. es un hombre de dos caritas, 
que al mismo tiempo que quería echar la zancadilla, 
se andaba en requiebros con D. Rufino, y que cuando 



Et MURCIÉLAGO. 49 

vio la breva madura corrió tras ella. U. ha sido el 
autor de las persecuciones, proscripciones y destier- 
ros ; y U. en fin ha hecho tanto disparate que ha caido 
tan sucio como un marrano metido en su chiquero, y 
si no veamos el manifiesto. 

Ureta... pérfido... ministro... cartas al Sr. Gaval- 
canti... decreto sobre huano... Ese Ureta... Ese Ure- • 
ta. . . ese Ureeeeta. 

Replica el gallo Ureta (se entiende siempre sus ami- 
gos) : En lo que miente Echenique, es en lo mal que 
habla de mí : que yo lo conozco bastante veraz para 
no alterar la verdad con respeto á U.; lo mió tiene 
mucho que entender y mucho mas que contestar, por- 
que todo el mundo sabe que yo tengo mucha morali- 
dad; y como tengo tanta moralidad^ ^^to^ moralidad 
no puede faltar á. mi moralidad; por lo que hace á 
ciencia, tengo tanta que no cabe en mi cabeza, y ade- 
mas tengo la de la cabeza de mi maestro el Dean de 
Arequipa ; y es tanta la dicha ciencia que tengo en 
mi dicha cabeza, que como es público y notorio me 
han llamado unas veces, el ministro moralidad^ y 
otras el ministro siete cabezas. 

Replica el gallo rechiflado : yo conozco mas á Eche- 
nique que U. ; y aseguro que miente como un perro en 
lo que dice de mi, y que habla como un espíritu santo 
cuando habla de U. Los cargos que hace á U. son 
claros y limpios como el agua : los mios nacen de la 
ingratitud de su corazón á los favores que le hice. 
Nadie duda de mi odio á la consolidación; la odio 
como el zorro á las uvas, porque yo tengo mucho des- 
prendimiento, y este mucho desprendimiento despren^ 
dido me ha hecho desprenderme de todos mis bienes. 
Por otra parte, mientras la reputación de U. está por 
las patas de los Murciélagos^ mi popularidad es tan 
T. n. 5 



50 EL MURCIÉLAGO. 

gi*aiide que unas veces, por mi desprendimiento, me 
llaman el hombre de negocio.., y otras por mi popu- 
laridad, me dicen el hombre del pueblo. 

En vista de estos alegatos, apoyados todos en el 
consabido manifiesto, el gallo mayor^ gallo de gran 
pico y grandes espuelas, hace recibir el pleito aprue- 
ba, y aprueba que los susodichos se den duro. 

La Nación llamada á decidir sobre el asunto esclama 
por via de sentencia ¡ 1 1 PUF ! ! ! tan buena es el hacha 
como el machete : y contestarla, si se le pidiese su 
opinión sobre los sujetos, lo que cierto indio : 

Joancho, ¿quién es peor 
Tualcade o tu corredor? 
Los dos son peores^ Señor, 



HADA DE HUEVO. 

Tengo, yo el Murciélago^ tal convencimiento de lo 
que es el Perú, y tal conocimiento de lo que son los 
hombres, que no hay suceso que me tome de nuevo, 
ni procedimiento que me admire. El dia que he de 
abrir una boca mas grande que la de un lagarto, y 
que me he de volver loco de estupefacción, es aquel en 
que vea que las cosas van por un orden regular, y que 
los hombres siguen el camino de la ley, pero 

¿ Cuándo será ese dia 
Será esa feliz mañana, 
Que nos Ueyen á los dos 
El chocolate á la cama ? 
é Cuándo ? ¿ cuándo ? 
¿ Cuándo, Vidita, ¿ cuándo ? 

Nunca si Dios quierCé Dicen los historiadores que 



£L MURCIÉLAGO. SI 

Dios hizo al hombre á imagen y semejanza suya ; otros 
dicen que los hombres son los que quieren hacer á 
Dios parecido á ellos, pero yo digo que ni Dios ha 
hecho á los peruanos á su semejanza, ni se dará por 
muy contento cuanto queramos que se nos parezca ; en 
efecto, nosotros no nos parecemos á nadie. ¿ Guando 
se pregunte á qué tierra se asemeja el Perú, si se con- 
testa de buena fé, hay que decir que se parece solo 
al Perú. ¿ A quien se parece un peruano? á otro pe- 
ruano. ¿ A quien se parece un Prefecto ? A otro Pre^ 
fecto. ¿A quien se parece un Intendente? A otro In- 
tendente. 

¡ Señor que el Presidente ataca las leyes, y gobierna 
secundum voluntaiem suaml Lo mismo hicieron sus 
antecesores y harán sus sucesores. 

¡ Señor, que los ministros no son tales ministros 
sino autorizadores de graves decretos. 

Asi fueron los de ayer 
Asi son los de mañana, 
Y lo serán, sin remedio. 
Los de toda la semana. ^ 

¡ Señor, que los Prefectos no hacen sino dejar rodar 
la bola, y sólo dan señales de vida, cuando por orden 
de arriba es preciso asentar la mano á un próximo. 

¡ Un Intendente 1 ¡ Ah ! 

Mejor quiero comerme un clavo ardiente 
Que tomar en mi boca un Intendente. 

Un Intendente peruano es una autoridad, mi ge- 
wer?5, que no se parece á ninguna otra en el mundo. 
Una autoridad que ejerce en pequeño y, á veces en 
grande, todo el poder público sin que para él haya ley 
ni traba de ninguna clase. 



S2 EL MURCIÉLAGO. 

Desearé mucho que ningún Intendente se apropie 
esta parte de mi escrito : hablo con todos los inten- 
dentes del Perú, habidos y por haber. 

Diga U. á un Intendente. Sr. , las calles de tal ciu- 
dad están muy sucias. — Pues yo haré una escoba con 
el pellejo déla cabeza de U. 

Sr. La policía está mal servida, no hay seguridad 
individual. — Pues yo lo pondré á U. preso. 

Sr. Los serenos se duermen, y los ladrones velan. 
— Pues cuide U. su casa como pueda. 

Sr. La inmundicia del lugar nos infesta, nos arruina, 
nos enferma. — Pues yo le daré á U. de palos par 
que disfrute de buena salud. 

Sr. Esto va mal. — Es U. un insolente que dice lo 
que no es ; este va mejor que nunca , 

Porque yo trabajo 
De noche y de dia, 
Porque todo lo hace 
La actividad mia. 
Mi predecesor 
Nada bueno hacia, 
De noche bailaba 
De dia dormía. 

Y de este modo hemos pasado 34 años, y pasaremos 
340 mas, siempre esperando el remedio, y siempre 
viendo que la enfermedad aumenta. Está para surgir 
un hombre; ahora sí, grita todo el Perú, Ecce homo. 
Este si que nos va á sacar de nuestros apuros ; este es 
el que necesitamos. Muy breve viene el desengaño de 
que cambiamos santo, pero que el nuevo hace los mis- 
mos milagros, y el mismo Perú tiene que volver á 
gritar : Eccehomo^ pero agregando crucifige^crucifige. 
Asi cambiando y remudando, unas veces con ganas y 
otras sin ellas, vamos atravesando este valle de lágri- 



£L MURCIÉLAGO. 53 

mas, sin alcanzar las promesas de los que nos dicen 
que van á hacernos felices y que se sacrifican por 
nuestra dicha. De esto he colegido yo, el mas mise- 
rable y ruin animal peruano, que á nosotros nos con- 
vendría una especie de enemigo malo que nos ofreciera 
ser tirano y tratarnos como ¿ moros, porque siendo 
nuestra táctica hacer lo contrario de lo ofrecido, quien 
sabe si asi llegaríamos á poder esclamar con razón : 
Ecce homo. 



VERDADES T lEHTIRAS. 

Las verdades amargan^ dice un proberbio ; y aun- 
que no falta quien asegure que no hay proverbio que 
no sea una sentencia^ yo también digo que hay sen- 
tencias que son sentencias de Pilatos y por lo mismo 
malas, falsas, inicuas, mentirosas, etc., se debe en- 
tender que eceptúo las sentencias pronunciadas por 
nuestros jueces y magistrados á ninguna de las cuales 
se les puede meter el diente. 

No todas las verdades amargan ; hay verdades que 
endulzan; es decir hay verdades dulces y verdades 
amargas. 

Guando yo no era Murciélago^ sino un animalíUo 
cualquiera de ojo alegre^ y estaba cerca de alguna pi- 
chona de buenos vigotes , la veia ponerse rosadita, 
sonreirse, bajar los ojitos al suelo, si la decia : Señorita 
es U. muy bella, muy amable; sus ojos de U. son 
dos fraguas que echan chispas. Podría yo jurar que 
en tales momentos la tal projimilla, sentia la saliva 
dulce, como si yó, en lugar de haberle dicho una ver^ 
dadj la hubiera metido un pedazo de panal en la boca. 
Digan ustedes si esa verdadera amarga. 

5. 






54 £t MURCIÉLAGO. 

Si por contrario, la necesidad me obligaba á rafíí- 
per pajitos con alguna de cara desgraciada y la decía 
con verdad: es U. algo fea y poco amable, sus ojos de 
U. tienen el brillo de dos carbones apagados, de se- 
•guro que la persona, se ponia pálida, se sentía mala, 
no podia respirar y tenia la boca, como si yo me 
hubiera atrevido á meterle en ella un trozo de acíbar. 
De seguro esa verdad era amarga. 

Si U. elogia un acto justo y bueno de un Ministro, 
dice, para este, una verdad tan dulce^ que si el sujeto 
es chico de cuerpo, crece, al oírla, cuando menos tres 
pulgadas : y si ^ flaco, ancha de otras tantas. Las 
verdades dulces que se dirigen al Ministro, endulzan 
también al que las dice, porque su Señoría lo mh*a 
con buen ojo^ y el día menos pensado le afloja turrón. 

Pero si crítica U. con verdad los actos ilegales y 
atentatorios del mismo ú otro Ministro, es seguro que 
si es alto de cuerpo se agacha y mengua; si es gordo, 
pierde una cantidad de tejido adiposo (gordura) y que 
la amargura que él esperimenta tiene que hacerse es- 
tensiva á U. mismo á la corta ó á la larga, porque su 
señoría lo toma á. U. entre ojos y en un día del año , 
siente U. que se le cae el techo encima, sin haberlo 
oído rechinar. 

Así como hay verdades dulces y amargas, hay tam- 
bién mentiras amargas y dulces. Las mentiras amar- 
gas se llaman calumnias^ y las dulces^ lisonjas ó adu- 
laciones. — Las primeras, hacen poco daño al que es 
objeto de ellas , y mucho al que las emplea. Sin em- 
bargo, aunque esta sea una verdad en todo el mundo, 
no lo es mucho en el Perú : la calumnia entre nosotros 
no deja de tener sus partidarios, y no solo entre la 
gente bourgeoise sino también parmi les hommes 
d*Etat. 



EL MURCIÉLAGO. 5*^ 

Las mentiras dulces son, casi en todo el mundo, tan 
empleadas por muchos, como oídas con placer por mu- 
chísimos ; pero entre nosotros es un medio seguro de 
hacer pronta y grande fortuna; mientras mas abul- 
tadas sean , mas provecho producen , hasta el punto 
de que, á fuerza de oirías la persona á quien se diri- 
gen, llega á aceptarlas como verdades no solo dulces , 
sino acarameladas. 

Hay también verdades y mentiras ipsípidas ; las 
primeras son casi esclusivas de los ociosos tontos; las 
segundas, de los ociosos malos. De si hace buen ó mal 
tiempo, de si la Sra. tal,' se viste mejor que la cual , 
solo se ocupan los que nada saben hacer, ó nadatienert 
que hacer ; de si por que tal individuo entra con fre- 
cuencia á una casa , corre tras una individua , y de si 
el marido tal, usa sombreros menores que su cabeza, 
solo hablan los que no se hallan sin lastimar al pró- 
ximo. 

Nuestros lectores, habrán comprendido, por lo que 
acabamos de esponer, porque en esta bendita tierra, 
hay tan pocos que digan las verdades amargas^ y por- 
que hay tantos que empleen las mentiras dulces. 



LA MISA DEL 5 DE ERERO. 

S. Introibo ad palatium meum. 

A. Ad ministerium universalem qui laetificat calvi- 
tiem meam. 

S. Judica me Deus et discerne causam meam, de 
gente non sancta, ab homine iniquo et doloso, sicut 
Tnasorqueros et echeniguistas^ erue me. 

A. Quia tu es liberator fortitudo mea, nunquam me 



56 EL MURCIÉLAGO* 

repulisti» et seniper tecum fidelis incedo dum afligit 
me Echenique. 

S. Emitte lucem tuam et veritatem tuam, ip'sa me 
deduxerunt et adduxerunt in montes Gonaica et Moya 
et in Palmsd campos tuos. 

A. Et introibo ad palatium tuum, ad minísterium 
qui laetifiQat cupiditatem meam. 

S. Confíteor tibi in cithara Deus, Deus meus, ¿ quare 
tristis est bota mea^ et quare conturbas me? 

A. Sperain Deo quoniam adhuc confitebor illi, salu- 
tare yultus mei et Deus meus. 

S. Gloria Sancti Ramoni, et filio ejus et Spiritu 
sancto. 

A. Sicut erat in Cuzco et nunc et semper et in sae- 
cula sseculorum. Amen. 

S. Introibo, etc. 

A. Ad ministerium, etc. 

A. Adjutorium nostrum in nomine Valdiviae. 

S. Qui fecit aclara arequipeñam. 

A. Confíteor Deo, etc. 

S. Misereatur tui omnipotens dictator^ et dimissis 
peccatis tuis, perducat te ad gobemum cetemum. 

S. Amen. 

A. Confíteor Deo omnipotenti, Beatae Mariae semper 
Virgini, Beato Michaeli Maríscalo, Beato Joanni Bus- 
tamante, sanctis ministris Pe tro et Dominico, ómnibus 
soldatis et tibi Pater quia peccavi nimis cogitatione, 
yerbo et opere mea culpa, mea máxima culpa; ideo 
precor Beatam Mariam semper virginem, Beatum Mi- 
chaelem Mariscalum, Beatum Joannem Ex-Intendeii- 
tem, sánctos Ministros Petrum et Dominicum et te, 
Pater, orare pro me ad Dominum Liberatorem nostrum. 

S. Misereatur vestri, etc. 

A. Amen. 



EL MURCIÉLAGO., S7 

S. Indulgentiam, absolutionem et remissionem pec- 
catorum nostrorum tribuat nobis omnipotens, et mise- 
ricors Liberator. 

A. Amen. 

S. Liberatífr tu conversus vivificabis nos, 

A. Et populus tuus peruvianus laetabitur in te. 

S. Ostende echeniquistis misericordiam tuara. 

A. Et destierros atque cárceles da illis. 

S. ¡ Liberator ! exaude orationem meara. 

A. Et clamor meus ad te venia t. 

S. Dominus vobiscum. 

A. Et cum Spiritu tuo. 

S. Kyrie eleíson. 

A. Kyrie eleíson, etc. 

S. Guano vobis. 

A. Tibi quoque. 

S. Per omnia saecula saeculorum. 

A. Amen. 

S. Sequentia sancti Evangelü. Gloria tibi Domine. 

A. Laus tibi Liberatori. 

S. Sucipiat Dominus sacrificium de manibus meis 
ad laudem et gloriam liberatoris, et ad utilitatem 
quoque nostrae Reipublicae. 

S. Per omnia saecula saeculorum. 

A. Amen. 

A. Guano vobis. 

S. Tibi quoque. 

S.£ursum corda. 

A. Habemus a guano. 

S. Gratias agamus Domino liberatori nostro. 

A. Dignum et justum est. 

S. Pater noster, etc. Et ne nos inducas in revolu- 
tionem. 

A. Sed libera nos a Echenique. 



58 EL MURCIÉLAGO. 

S. Pax Domini sit sempervobiscum. 
A. Et cam Ministro Dominico. 
S. Ite libertas est. 
A. Deo gratias. 

S. Requiéscant Echenique et omnes*ejus compin- 
ches in pace. 
A. Amen. 



LA CHDICHA. — PIN... PIH... 

■ 

Pin, pin, San Agustín, 
El hijo del Rey 
Pasó por aquiy 
Comiendo maní 

A todos les dio, 
Menos á mi. 

No pueden Ustedes adivinar, lectores mios, muy 
queridos, en que nido escribo este artículo : debo á un 
ex-amigo mió, el placer de hacerlo en un precioso re- 
trete, y ainda mais acompañado de un par de pre- 
ciosos pichoncitos, pero no de Murciélago. Pero es el 
caso que el humor está, como dicen, negro, y que 
tengo mas ganas de dormir ó de llorar, que de escribir 
y reir. Apesar de ello propuse á los chiquillos que 
jugáramos alguna cosa y uno de esos angelitos me dijo 
que fuera el pin... pin. Vaya que sea. Pusieron sus 
patitas junto á las mias, es decir á mi% patas, y em- 
pezó la retahila de pin... pin... San Agustín,... el hijo 
del Rey... pasó por aquí... comiendo maní... á todos 
les dio. . . menos á mí. . . El may orsito que debe ser gran 
picaron ó que ha "sido enseñado por algún mal pa- 
triota, en vez de repetir las palabras de su hermano 



EL MURCIÉLAGO. 59 

decia. . . Pon. . . pon. . . San Ramón. . . caminando vá. . • 
dadno liberta.,, á todos les dá... menos á papá. 

Los niños y locos. . . ya saben ustedes el r^to ; pues 
Señor, el niño atinaba, porque su padre el mismo dia 
que triunfó la libertad en los gloriosos campos de la 
Palma, se encontró libre de sus honores y de su renta, 
pero no de sus obligaciones como esposo y como padre 
de cuatro preciosos pichoncitos de tirano. 

El tal papa, que es sin duda un militar de honor y 
de valor, un hombre de moralidady no de moda, vé 
hoy pasados los años mejores de su vida, perdidos sus 
trabajos en pro de la patria, y no tiene otra esperanza 
que la de que Dios se duela de la patria, y doliéndose 
de la patria, se duela también de los patriotas. 

A propósito de esto ¿saben ustedes que no deja de ha- 
cerme gracia oir á uno que otro militar antiguo, de los 
que cayeron ahora poco, decir : yo fui soldado de la in- 
dependencia... yo di libertad al Perú. ¡Tontos! entonces 
pelearon por la independencia, pero como indepen- 
dencia y libertad son dos cosas distintas^ lograron ha- 
cerse ¿míe-pendientes pero no libertadores. La inde- 
pendencia fué asunto de los años 20 á 24; la libertad 
lo fué del año 54. Así es que cuando mi murciélaga 
madre, en los tiempos de su frescura, cantaba : « Ya 
está plantado el árbol de la libertad^ » decia una so- 
solemne mentira : y cuando suponía plantado ese 
árbol en la alameda del Callao, decia otra mentira 
solemne : y cuando la misma madre y Murciélaga 
mia, ponia á iodos los individuos de su servidumbre, 
formados en batalla y les hacia decir en coro — 

Patriotas, los mates 
De Chicha llenad, 
Y alegres brindemos 
Por la libertad. 



' r 



60 EL MURCIÉLAGO. 

les hacia gritar también mentiras : 1*^ porque estaba 
escrito que el tiempo de la libertad no debia ser de 
chicha, sino de cerveza ó champaña ; y 2** Porque ya 
está dicho que todavía no teníamos libertad. 

El tal árbol de la libertad no debia tampoco ser un 
sauce^ sino una palma; y suponiendo que aquel sauce, 
fuera ademas de sauce, árbol representativo de alguna 
cosa, seria déla independencia, y bien se sabe que el 
tal árbol, fué un árbol muy honrado y nada engañador 
porque ni dio fruto alguno y tuvo el buen tono y la 
franqueza de morirse para no engañar á nadie. — « Mi 
madre, la murciélaga, debe pues cantar ahora, cuando 
se acuerde sus mejores tiempos — « Ya está nvuento 
el árbol de la independencia » — Y en vez de la 
chicha : 

Venga la cerveza, j 

Los vasos llenad, 
Bebamos llorando 
Por la libertad. 



REVOLUGIOH... REVOLDCIOH... 

— Hay revolución 

— No l\ay revolución. 

— Yo digo que si, 

— Yo digo que no. 

Y yo el Murciélago que no y que sí; y si los lec- 
tores no lo entienden, yo me entiendo y Dios m,e en- 
tiende. 

En el año de gracia de 1 854 los pueblos todos ento- 
naron un de profanáis, en obsequio al General Eche- 
nique , y empeñados en hacerlo cadáver político. Jo 
consigueron después de trabajo y medio , sin que fal 



EL MURCIÉLAGO. 61 

Iftaltaia animal que desde un año antes del terremoto, 
'lo viera venir y lo pronosticase como cosa infalible ; 
• buen olfato tuvo el indigno I Los rumores de un cata- 
clismo y llegaron hasta las orejas presidenciales de illo 
itempore^ lo cual es mucho llegar, pero pasaron sin 
Jhacer mayor efecto ; y penetraron en los oidos minis- 
teriales, haciendo malos efectos ; porque á los minis- 
tros del Perú, les cuesta trabajo convencerse de que 
no son queridos y admirados por todos los animales. 
El Sr, Echenique cuando vio á la gata enfurruscada^ 
quiso cambiar de cabecera; buscó ropa limpia, es decir 
Ministros nuevos ; pero ya vinieron tarde los médicos; 
30 trajeron árdestiempo las medicinas; el mal era vio- 
lento, y cataplum; aquí palma y después palo. 

Supongo que nadie duda de la exactitud de esta 
relación concertada y comprobada, corregida y au- 
mentada conforme á los hechos que todo el Perú ha 
•^sto pasar por delante de sus ojos : se entiende si el 
erú tiene ojos para ver, y no está todo él como los 
mtos de Arica, con los ojos claros y sin vista ; ó como 
los que según el Evangelio, habent oculos et n&n 
vident. 

Vamos adelante. La revolución triunfó y no podia 

dejar de ser porque entre nos, todas las revoluciones, 

I cualesquiera que sean, triunfan y triunfarán, porque 

los pueblos quieren cosa nueva; y porque Dios nos ha 

dado unos genios tan inconstantes que parce que esta 

* República no tuviera hombres sino mugeres (ellas me 

perdonen). Que nuestro barómetro político apunte 

Lsiempre variable^ no me desagrada á mí el animal de 

aletas, porque he oido decir que en la variedad con- 

tsiste el gusto: sin embargo, como nuestras variaciones 

ison sobre el mismo tema, podemos decir que constan- 

, lémente estamos también variando sin variar ^ y que 

T.n. o 



62 EL MURCIÉLAGO. 

en vez de verdadera variedad no hacemos sin d^ 
vuelta á la noria ; en efecto nuestra tonada es siemprt 
esta: 

¡ Venga María ! . 

¡ Fuera María ! 

i Venga Mahoma ! i 

i Fuera Mahoma ! "i 

Pero en fin, vamos al caso ¿hay ó no revolución ? 1 
Yo digo que sí ; y me fundo en que las cosas estar 1 
revueltas , de manera que no podemos entendernos. 
Este estado de revoltijo vino primero de los pueblos 
después de la dictadura y mas tarde de la Convención. 
Cuando Marte habla, todo el mundo calla, sin qn 
pueda ser de oto modo, porque el tal Sr, Marte, hú]í 
por las bocas de los cañones y fusiles, y por los be 
quillas de las trompas y cornetas, y claro es que ei 
medio de ese estupendo bullicio no se puede nad" 
hacer entender y todos se confunden y revuelven^ 
Pero cuando la aurora con sus dedos de flores (echa 
flores) abrió las doradas puertas del Oriente, el S de 
Enero, de este año que ya se nos va escapando, el Sr. 
Marte tuvo que callar para tomar aliento, y que dejai 
el campo al Dios de la victoria — porque si antaño 
hubo, según Olmedo, 

Libertador que fué en la tierra, i 

Arbitro de la paz y de la guerra, 

Ogaño tenemos también, 

Otro libertador^ de gran memoria. 

Que do quier se presenta, adquiere gloria. 

Este Perú, Señor, este Perú, ha dado y tiene que| 
dar mas héroes. 

Que cabellos tiene un calvo 
Y que rírtudes el diablo. 



EL MURCIÉLAGO. 63 

'El padre de las glorías peruanas fué, pues, desde el 
) de Enero, el dueño de nuestros destinos ; y como el 
i recho de señorío lo adquirió por titulo revolucio- 
i -rio, quiso corresponder á su origen y dijo : si mi 
iSion es revolver, revolvamos. El libertador llamó á 
i cirineo y le dijo : esta obra es nuestra, la empóza- 
nos con dicha, acabémosla con gloria : fiat contestó 
1 interpelado, y ambos á dos empezaron á dar palo á 
Siestro y á siniestro, y ¿ este quiero, este no quiero, 
de tal modo que militares, jueces, leyes y decretos 
•ítc., cuanto forma estas especies de cosas que se Da- 
man pais y gobierno, se encontraron mas revueltas 
'lié una Babilonia; mientras tanto, los hijos de la 
dolada madre patria, preguntaban ¿quorsum tendi- 
ttis ?^ y el gobierno es decir, Dios y su cirineo, res- 
pondían : Reformam versus. 

^ Mientras tanto, algunos de los que engordan con 
esperanzas, ya nos arreglara, decian, la próxima Con- 
vención Nacional ; ella dará leyes llenas de sabiduría, 
curará las heridas de la patria, y la conducirá por el 
sendero de la paz y del engrandecimiento. 

' Pero i ay ! que en esta vida 

£1 triste corazón 
Pierde de dia en dia 
La paz y la ilusión. 

La Convención, es decir los convencionales, mejor 
dicho , los médicos de la patria, vinieron ; y los que 
de ellos esperaron lo que yo nunca esperé, se conven- 
:ieron ó debieron convencerse de que las leyes buenas 
y sabias con fruta que no puede producirse en esta 
áerra ; que las heridas de la Sra. patria, son ya fístu- 
las crónicas, que no se curan con paños calientes ; y 
^ue la misma patria , apesar de lacrada y agu- 



^we 



64 EL MURCIÉLAGO. 

jereada, es muy barrigona y espalduda para penetrar 
en el angostísimo sendero de la paz verdadera y del 
progreso bien entendido. La Convención no ha mar- 
chado ella misma con pié firme; es una Convención 
coja que desde el principio de su marcha, ha estado 
aquí caigo, allí levanto ; unas veces andando del brazo 
y muy contenta con el Sr. Ejecutivo, y otras ponién- 
dose de cuernos con él, pero siempre para santificar 
lo malo y para evitar lo bueno. Yo, que me precio de 
ser justo y desapasionado, aunque así no me crean los 
que quieran que el pandero suene para ellos no mas, 
he visto con asombro que, si el gobierno ha recurrido 
á la Cámara, con algún fin un tanto laudable, ha en- 
contrado la resistencia que no se le ha ofrecido cuando 
se ha tratado de corroborar las resoluciones expedidas 
durante la dictadura, cualesquiera que fuesen sus ten- 
dencias y carácter. 

La Convención ha venido pues á aumentar el re- 
voltijo, dando leyes, como la de juzgamiento á los 
falsificadores del Presupuesto y la del enjuiciamiento 
de todos los exes, que en verdad sea dicho , son tan 
ridiculas como inejecutables. Ya veremos que jueces 
y por qué leyes y con qué trámites y cuando y como, 
y por qué se practican esos juzgamientos : ya se vé la 
Convención ha sido revolucionaria y basta, Pero en 
fin, ¿ hay revolución ? 

Yo digo que no. Si por revolución entendemos un 
estado de cosas durante el cual, el espíritu inovador, 
dirijido por la razón y la justicia , tiende á extirpar 
abusos anteriores y á reformar las instituciones de 
una manera análoga, á las necesidades del pais ; á 
protejer la instrucción pública ; á dar vida á la indus- 
tria ; á establecer hábitos de moralidad y de trabajo; 
á asegurar al ciudadano, el pleno goce de sus garan- 



EL MURCIÉLAGO. 6S 

tías^ á castigar serveramente al empleado venal; á 
lanzar del ejército á aquellos militares sin educación 
ni conocimientos ; á hacer que la ley se aplique á todo 
el mundo sin que sirvan de mérito para la impuni- 
dad, ó de título para una severidad indebida, sus afec- 
ciones políticas y su posición social mas ó menos ele- 
vada; si todo esto se entiende por una verdadera 
revolución , digo y repito que no la hay, que no la 
ha habido y que Dios sabe si algún dia la habrá. 
Reformar el servicio público no es quitar unos hom- 
bres, para poner otros ; es mejorar las instituciones y 
corregir los reglamentos, á que está sujeto cada uno 
de los ramos gubernativos y administrativos ; no es 
separar á un empleado porque no piensa como no- 
sotros, es someterlo á juicio y castigarlo cuando delin- 
que, pero dejando que lo castigue la ley y no lo pasión; 
no es poner á un individuo en un destino, solo porque 
verdadera ó falsamente se nos presenta como amigo, 
sino escojer al que tenga méritos, virtudes, honradez 
y sal)er, cualquiera que sea su color político. La ar- 
monía y unidad de acción necesaria para que el ser- 
vicio público marche con regularidad, debe nacer de 
las leyes, no debe dejarse al mero arbitrio del gober- 
nante; porque tal empleado que llena sus deberes con 
aprobación pública, puede perder la buena gracia de 
aquel y verse en un momento fuera de su puesto con 
grave daño del mismo público. Se cree que el enemigo 
político no puede ser un buen y leal servidor de la 
patria; muy fundada pudiera ser esta creencia en 
paises donde los partidos profesan sistemas y aceptan 
distintos principios de política ; pero entre nosotros es 
de todo punto errónea. Pregunte U. á un peruano, 
qué es y responderá : soy castillista, eliista , san-ro- 
manista, vivan quista, echeniquista , laisequista, la 

5. 



66 EL MURCIÉLAtiO. 

puertista, ista y mas ista : pregúntele U. por qué, y 
contesta que porque su caudillo es el único que puede 
hacer feliz á la patria ; pregúntele U. que cuales son 
los principios y las reformas que su caudillo repre- 
senta, y ya tiene que mandar por la respuesta á Roma. 
Nosotros no estamos todavía en el caso sino de ser 
prosélitos de las personas, satélites del planeta que 
esté en apogeo, y esto es muy natural desde que no 
estudiamos los medios de gobernarnos bien ni nos 
cuidamos en lo menor de eso. De lo que somos fanáti- 
cos, lo que no consentimos que nos quiten son las 
palabras ; dígale U. á un peruano : no podemos vivir 
en República ; la democracia pura y alambicada, nos 
pega como á la Virgen el uniforme de un artillero, y lo 
verá U. salir de quicio ; los nombres de República, 
igualdad, fraternidad, garantías, independencia, pro- 
greso y libertad suenan tan grato á nuestras pobres 
orejas que no nos damos ni el trabajo de pensar en lo 
que ellas significan. 

Un peruano, si se le pregunta bajo que gobierno, 
vive, contesta: bajo el republicano, popular, represen- 
tativo : y miente el pobre peruano, con tanta buena fé 
y con tanto candor, que él mismo se engaña sin pen- 
sarlo. Nuestra formado gobierno desde el año de 1820, 
se parece al republicano , como yo á D. Jervasio Al- 
vares, que no es poco decir; nuestra República es 
para nuestros republicanos, lo que la República del 
mar para los habitantes del agua ; los tiburones se 
están siempre comiendo á las anchovetas ; es decir el 
grande al chico. ¿ Qué tal igualdad ? ¿ Qué tal respeto 
á la individualidad ? 

El pueblo está tan legítimamente representado entre 
nosotros, como lo estubiera la religión de Osiris por un 
sacerdote católico. 



EL MURCIÉLAGO. 67 

Mientras tanto , en esta República teórica lamen- 
tamos todos los dias, todos los meses y todos los años 
males positivos que nos arrastran á una completa diso- 
ciación : pero el remedio que pretendemos oponer no 
pasa de tristes y bajas lamentaciones que, á lo mucho, 
llegan á una sorda murmuración : hay miedo para 
hablar claro y con franqueza porque no conocemos la 
relación verdadera que existe entre el gobierno y la 
Nación. El pueblo que gime en silencio y que con 
tono mesurado, respetuoso pero enérgico, no dice al 
gobierno, llevadnos por buena via ; el que agacha la 
cerviz y renuncia sus derechos ; ese pueblo no es pue- 
blo de libres, es pueblo de esclavos. Bastantes sacudi- 
mientos ha sufrido ya el Perú, bastantes caudales 
suyos se han gastado en plomo y pólvora para destro- 
zarnos unos á otros; bastante sangre inocente ha rega- 
do nuestros campos : bastantes lágrimas han vertido 
las madres y los hijos ; bastante en fin hemos esperi- 
mentado, caminando siempre tras una esperanza ; es 
decir tras una revolución. Esa revolución es la que 
quieren aquellos que no ganan en las turbulencias; 
los hombres de buena fé que no esperan un motin 
para improvisar fortuna ni para abrirse una carrera ; 
esa revolución que tienen que hacer algún dia las 
ideas no los fusiles ; la que tienen que hacer los hom- 
bres de buena fé y no los miserables especuladores ; 
la que tienen que hacer la justicia y la razón, y no las 
venganzas y las pasiones ; la que se hace con racioci- • 
nios y con escritos, y no con palos y cárceles : la que 
tienen que hacer los que esponen con lealtad su suer- 
te y la de sus familias, sin pensar NUNCA en recom- 
pensas, ni oro, ni bordados ni destinos ; la que quiere 
en fin el Murciélago y la que detestan sus enemigos ; 
porque el dia de la jmticia^ el Murciélago y los que 



68 EL MURCIÉLAGO. 

como él piensan , dirán con voz serena , si erramos, 
jamas traicionamos nuestras creencias, ni las sacrifica- 
mos á la conveniencia propia ; nunca vivimos del des- 
tino para anhelar perpetuamos en él , apesar que no 
servimos al pais, sino á nuestras propios intereses. 

Para los verdaderos patriotas no hay hombres, hay 
ideas ; todos los hombres son buenos, si cumplen su 
deber, si no aspiran á altos puestos tan solo para 
ostentar su poder oprimiendo al débil. Los traficantes 
políticos piden autoridad ; los hombres de bien orden; 
aquellos piden destinos, estos garantías; aquellos 
quieren patrimonio, y estos patria. 

Pero desgraciadamente la voz del débil, de aquel 
que pudo mas de una vez, alcanzar también poder 
y no lo quizo : del que pudo ser empleado y no lo 
quizo; del que también pudo intrigar y no lo hizo; 
del que pudo, en fin, muchas ocasiones sacrificar su 
conciencia á su conveniencia y no lo hizo; del que 
muchas veces ha tenido hambre y no se ha prostituido; 
esa voz, digo, se cree la voz de la anarquía^ se cree el 
pregón del desorden, y la exitacion á la revolución; 
pero así juzgan los que solo gritaron, hasta llegar á 
una revolución que realizara sus ensueños de engran- 
decimiento y que no desean que cambie un orden de 
cosas, fuera del cual no fueran nada. 

¡Qué! ¿No pesan nada en el juicio público, los 
antecedentes de un hombre? ¿No basta verlo esclusi- 
• vamente consagrado á sus deberes, sin desear mas 
que vivir bajo la sombra de instituciones protectoras 
del ciudadano? ¿No basta verlo que solo levanta su 
voz en las épocas de crisis en que su opinión es libre, 
porque así se lo dice la ley ? 

El Murciélago elogiará con mayor placer que hoy 
censura, cuando vea á todos los mandatarios cumplir 



EL MURCIÉLAGO. 69 

SUS debered, para con la patria ; callará cuando un 
golpe de autoridad le haga comprender que lo que se 
llama libertad^ es un nombre invocado como pretesto 
para apoderarse del mando y oprimir : pero al mismo 
tiempo, protestando ante el mundo entero y recur- 
riendo al juicio de las Naciones cultas, llorará los 
males de la patria, con un dolor sincero, é irá á men- 
digar para siempre al estrangero el asilo que el Perú 
parece querer negar á los que defienden la causa de la 
verdadera libertad. 

No es el escritor de este periódico, el perro hidró- 
fobo que pretende inocular su veneno, á cuantos se le 
ponen por delante : no el perro hambriento y ladrador 
que calla cuando recibe un zoquete de pan ; no tam- 
poco el perro de infame raza, que bate la cola al que 
lo amenaza y lame la mano que quiere herirle. Si 
sus escritos se califican de subversivos, recurrase á la 
ley, y castigúesele con ella : si son errados y calum- 
niosos, salga un opositor y entre en lucha franca y 
caballerosa. Si son verdades, callarse v enmendarse. 
Con medidas violentas no se combate la verdad, así 
como no se eclipsa la luz del sol, cuando el que no se 
atreve á mirar sus rayos, se vé obligado á cerrar los 
ojos. 



EL HDRCIÉLA60 DICE USA. 

Ni el Sacerdote Santo 
Ni el útil labrador. 
Ni el sabio se vé libre 
Del imperio de amor. 

(P. Faldivia en su tratado sobre tolerenc'ia 
de ctdtos.) 

No crean ahora los Sacerdotes santos que me voy á 



70 EL MURCIÉLAGO. 

ocupar de si tienen ó no tierta clase de amoríos mun- 
danos. Harto respetuoso soy al carácter que invisten 
para entrar en esos asuntos. Y yo creo que poca 
muestra de moralidad y de respeto religioso dio el 
autor de este versillo, que yo quiero aplicar á la po- 
lítica. 

Tanto es el amor á la patria de algunos santos 
sacerdotes, que los vemos abandonar el altar y el 
confesionario y sacrificar las comodidades de su apa- 
sible y quieta vida por tomar parte en los negocios 
públicos y por irse á devanar los sesos buscando los 
modos de darnos leyes buenas y santas que mejoren 
nuestra situación actual. 

En efecto, ¿no es un sacrificio que solo puede ser 
aconsejado por la caridad y por el patriotismo, el que 
un santo sacerdote, en lugar de decir todos los dias : 
Introibo ad altare Dei, tenga que decir Introibo ad 
altare diaboli? Porque ¿qué otra cosa es sino una 
leonera ó un infierno en miniatura ese recinto que 
llaman Congreso , donde cada uno entra con tanta 
pasión, tanto egoísmo y tanto odio, que no juzga 
bueno sino lo que dice y hace, y que cuando pierde 
una moción, quisiera de mil amores cortar la lengua 
á sus HH. colegas? Y ademas ¿qué mortificación 
mayor que la de trabajar y mas trabajar, y después 
de tanto trabajo dejar el pais al fin de una legislatura 
sicut erat in principio , y después tener que decir 
sursum corda ^ como la única esperanza de salvación? 

Y no son estos todos los sinsabores que un santo 
sacerdote, metido en la política, tiene que esperi- 
mentar, sino el artículo reconvenciones en el cual no 
andan cortos nuestros compatriotas. Supongan ustedes 
que los malditos peruanos (yo soy peruano por si 
acaso, hijo de peruano y peruana, esposo y conjunta 



EL MURCIÉLAGO. 71 

persona de peruana y padre legítimo de peruanitos y 
j[)eruaiiitas) ( ¡Vaya un paréntesis!) tienen la manía 
é impropiedad de quejarse cuando les va mal y casi 
siempre con justicia, lo cual aunque a un diputado 
sacerdote le obligue á decir en su conciencia, dignum 
et jtLstum est, no le ha de saber á viscochuelo, cuando 
se le imputa la parte que le cupo en la inutilidad de 
los trabajos legislativos. Tienen tanta razón, por lo 
mismo, para darse por sentidos y agraviados, cuanto 
que en esta tierra no es costumbre que nadie diga : 
Confíteor populo y ni mucho menos mea culpa, y que 
no se sabe porque se echa la culpa de la malandanza 
á solo los diputados Petrum et Paulum^ cuando debia 
ser ómnibus sanctis; porque en realidad ministros, 
militares, empleados jueces, etc., con muy pocas 
excepciones, todos verbo et opere, contribuyen á po- 
nernos en el brillante estado en que nos vemos. Lo 
que tiene gracia es que si U. se avoca á un sacerdote, 
santo y diputado y le hace con franqueza algunos 
cargos sobre su participación en la formación de una 
mala ley, responde con un lavabo ínter innocentes 
manas rneas, y echa la culpa á los que lo dejaron 
desamparado y no lo ayudaron en su oposición. 

El resultado es que los peruanos desengañados de 
que no llegarán á tener in térra pax, no tienen mas 
consuelo que esclamar / Gloria in excelsis Deo /, y que 
por mas que les ofrezcan prosperidad y progreso, con- 
testan ¡¡Credo in unum DeumH pero no in prospe^^ 
rítate et oferita felicítate; razón tienen, esa es otra 
cosa* 

No me parece que debo ocuparme del útil labrador, 
porque si por tal entendemos á los dueños de hacien- 
das, y si vamos á preguntarles en qíie estado se en- 
cuentra su patriotismo, responderán que no tienen ni 



72 EL MURCIÉLAGO. 

un grano de ese fruto en sus coicas : porque con la 
libertad de los esclavos, con la palomilla, los guan-« 
chacos y las heladas han perdido todas sus semen- 
teras. 

Menos nos meteremos con los sabios, tanto porque 
al hablar de la santidad, creemos haber hablado de la 
sabiduría, en razón á que no puede haber aquella sin 
esta, cuanto porque nos i , án todos á una que según 
Salomón, Sócrates, Platón y demás animales de letras, 
antiguos y modernos, el mejor patriotismo, es el mi- 
mismo. De lo dicho se colige (adivinen üü. á quien 
le he robado esto) que en el Perú, 

El Sacerdote Santo 
El sabio, el labrador, 
Y todos se ven libres 
Del imperio de amor (de la patria). 



LOS EXES. 



Las revoluciones producen siempre algo de nuevo; 
(verdad de Pero Grullo) pero esto nuevo puede ser 
bueno ó malo (otra verdad del mismo sujeto) . La que 
nosotros, los animales del Perú, acabamos de pasar, 
entre otras muchas cosas buenas ho traido consigo la 
importantísima de hacer conocer á todo el mundo lo 
que son nuestros primeros hombres y la de introducir 
la palabra ex como frase de moda aplicable á todas 
las cosas y personas. 

El gobierno revolucionario nos hizo ver que todos 
los que tomaron parte directa ó indirecta en el soste- 
nimiento del ex-gobierno constitucional , eran unos 
ladrones, unos inmorales y unos tiranos; y por lo 



EL MURCIÉLAGO. 73 

mismo quedaron resducidoáEx-Ministros, Ex-Jueces, 
Ex-Generales, etc., pero como no faltan algunos, aun- 
que muy pocos, de estos mismos que se encuentran 
ya encartonados con el actual gobierno, claro es que 
se les ha declarado ex-ladrones, ex-inmorales, ex-tira- 
nos; así como ex-ex-generales, ex-ex-coroneles, ex- 
ex-jueces, etc. Por manera que en estos altos y bajos 
llegará el tiempo en que mo de esos sujetos tenga 
que llenar un pliego de papel de exes y mas exes antes 
de su nombre. 

Ciertos hombres de la revolución, reputados como 
los mas sabios de nuestra tierra, empezaron á hacerse 
conocer de un modo tan opuesto á su alta fama y nom- 
bradla, que bien en breve las perdieron .creciendo 
por lo mismo el dictado de ex-sábios, ex-ilustrados, 
ex-capaces, etc. 

Otros que parecían haber entrado en la revolución 
sin miras personales y sin r/as idea que trabajar por 
el bien de la patria, empezaron tan pronto á buscar 
como acomodarse y como hacer su negocito, que 
merecieron también ser llamados ex-patriotas y ex- 
honrados. 

En fin está tan á la orden del dia, el uso de 
los exeSy que ya las viudas no dicen mi difunto ma- 
rido, sino mi ex-marido; los huérfanos mi ex-pa- 
dre, etc. , etc. , etc. 



ALGO DE ZAHACDECA. 

Mama Rumbé, 
¡ Ay ! que le daba, zamba, que le dá, 
Y queleda,y leda, 
Zamba que le dá. 

¿Y que dijeran UU. peruanos y paisamos mios, 

T. II. 7 



74 EL MURCIÉLAGO. 

f 

cuando yo les asegure que en esta tonada, de le daba 
zaniha que le rfa, nos llevamos ya algunos años? 

Pero lo que hay de exacto es que entre nosotros no 
es la zamba la que dá, sino la que recibe y que la in- 
feliz debe ya estar como para agonizar. 

La pobre zamba tiene mas hijos que pelos, y tonta 
y bobalicona, al fm zamba peruana, no quiere sino que 
todos sus pimpollos sean con el tiempo gente grande^ 
y no grandes por sus años y por sus méritos, sino por 
sus oropeles y fatuidad. Resulta pues de esto que nin- 
guno se conforma con ser el último entre todos, ó 
igual á ellos, sino que apetece la superioridad y quiere 
ejercerla, á toda fuerza. Ainda mais, no se conforman 
con que les llegue su vez de manejar la casa, porque 
el que una vez saborea las dulzuras del gobierno, ni 
duerme, ni descanza, mientras no lo vuelve á empu- 
ñar. Lo mas lucido* es que nunca dan otra causal, 
para su elevación, que el amor á la zamba y á sus 
hermanos y por este amor están dak que dale^ con 
¡ ay I que le da y le da : y no crean UU. que le dan, 
ni buenos consejos ni cariños, que el modo de ena- 
morar á su mamasita y el que tienen de enamorarse 
entre sí, es el mas estraño del mundo entero. 

Se levanta uno de ellos y dice : zamba, madre mia, 
déjate hacer feliz. — Hijo no quiero, aunque desgra- 
ciada, así la voy pasando. — Pues ha de ser. — Pues 
no ha de ser; y el hijo empuña un chuzo y golpe acá. 
golpe allá, le saca la sangre, le gasta el tesoro, la in- 
sulta, la escarnece, y después que la deja patitiesa, le 
hace decir : 

Seamos libres, seamos, seamos, etc. 

Mientras tanto, la pobre vieja da unos alaridos que 
tienen la virtud de no ser oidos dentro de casa, perc 



EL MURCIÉLAGO. 75 

que taladran los oídos de los vecinos que rien á taco 
tendido, cuando oyen á la madre esclamar : 

I Ay que mis hijos me matan 1 

y á estos que contestan : 

Madre, toma libertad, 

Simili modo, se acarician entre sí los hermanos; el 
uno le dice al otro; tu nos oprimes, nos tiranizas, nos 
corrompes, nos gastas el patrimonio ; el otro contesta 
al uno : eso hacias tu y los tuyos, cuando llevabais el 
gobierno de la familia, mientras que ahora vamos de 
perlas. Que uo es así, que así no mas es ; se arma la 
trifulca, salen al campo, se rompen las calaveras ; el 
triunfante vuelve con las manos teñidas en sangre del 
hermano, y lo primero que hace es dar gracias á 
Dios, por haber dejado muchas cunadas viudas y mu- 
chos sobrinos huérfanos, y después se pone también 
á cantar 

Seamos libres, seamos, seamos siempre. 

Mientras tanto, los que escaparon de la lucha con 61 
cuero sin ojales, van á tomar resuello á las casas veci- 
nas y á entonar un De pro fundís^ mientras los vence- 
dopes les dicen : 

¡ Hermanos! ahora si somos felices. 

Dice el proverbio, medio mundo se ríe del otro me- 
dio : y en ninguna parte del mundo entero es mas 
cierto el dicharacho que entre nosotros. Medio Perú 
se rie del otro medio; algo mas, medio Perú se rie, 
cuando el otro medio llora. Los que rien dicen ; todos 
somos felices; y los que lloran : todos somos desgra-- 



1 



76 EL MURCIÉLAGO. 

ciados ; lo que hace entender, que para unos es des- 
ventura, lo que para otros es ventura. Así es el mundo; 
asi son los hombres. 

Sucede algunas veces, que alguna india vieja, vecina 
de mal genio, ó alguna mulata vieja de mal genio tam- 
bién y también vecina, insultan á la pobre zamba, la 
ultrajan, la estropean y hasta se le van á las manos; la 
pobre llama á sus hijos y les dice : pichones de mis 
entrañas, bastante engreídos os tengo ; bastantes hono- 
res y plata os he dado y os doy ; bastante gordos y 
fortachones estáis : me han insultado ; han atacado mi 
honor ; ¿ no me defenderéis ? ¿ No me vengareis? ¿No 
castigareis á los que faltan el respeto á vuestra buena 
madre ? ¡ Oh ! que sí dicen todos á una. . . nuestro 
brazo... nuestra espada... nuestras pistolas... nuestras 
balandronadas Uno entre ellos, el mas mima- 
do, el que en un tieiñpo hizo de la vieja cera y pabilo, 
levanta su voz mas alto que todos, y dice ! yo ... yo 
solo . . . con la punta de mi pié. . . (este tal usa botas) 
iré, pincharé y desharé á la vecina... y la haré que 
pida perdón, porque si nos dejamos poner el pié en el 
péscueso por esa india miserable, no podremos decir 
ya con razón.* 

' Somos libres, seamos, seamos siempre. 

El entusiasmo parece nacer y crecer : vamos á ven- 
gar á la madre, gritan todos, y como el que dirigia en- 
tonces el cutarra no se daba prisa, el que mas gritó, 
el de las botas, dijo abajo este Juan Polleras, que no 
nos conduce pronto á abofetear á la india; este abajo ^ 
fué como un trueno, porque el hermano mandarín, 
abajo se vino, yéndose arriba el susodicho gritón, es 
decir el susodicho de las botas; pero para surgir, lo 



EL MURCIÉLAGO. 77 

primero que hizo pedirle las manos á la india, exigirle 
su amistad y su socorro, darle un ósculo de paz en la 
frente y dejar boqui-abiertos á los que gritaron con 
él. La pobre zamba vieja, se quedó ultrajada y no ven- 
gada, pero como es una alma de Dios, no hace sino 
encojerse de hombros, levantar los ojos al cielo, y 
cantar delirando : 

Somos libres, 
Libres somos ; 
De ser libres, 
Somos libres, 
Libres somos 
De ser libres. 



VATA DE CUENTO. 

Contábame mi maestro de Cartilla que allá en un 
lugar del mundo viejo, lamentábanse los habitantes de 
la dureza del terreno, y pedian á Dios un terremoto, 
ú otra cualquiera cosa que su divina Majestad juz- 
gase á propósito para sacudirlo un poco. Contábame 
también que el dia menos pensado, ocurrió un temblor 
de tierra tan fuerte que se derribaron muchas casas, 
y el pueblo y sus contornos quedaron llenos de zanjas. 
Los vecinos vieron traspasadas sus esperanzas, y tu- 
vieron que rogar á Dios, por la mediación de San An- 
tonio, para que se cerraran las dichas zanjas. For- 
malisose una solemne procesión; iba el santo á la 
vanguardia y lo seguían hombres y raugeres diciendo 
los primeros : 

Señor mió San Antonio, 
Haz que se cierren las grietas. 

7. 



78 EL MURCIÉLAGO. 

Y contestando ellas : 

Que después del torremoto, 
Se DOS han quedado abiertas. 

Parece que el santo no estaba del humor de hacer 
milagros y que las grietas se han quedado hasta esta 
fecha sicut erant in principio» 

Yo creo que nosotros estamos en el mismo caso que 
los susodichos; pues aunque no veamos las grietasen 
nuestros terrenos, las vemos de sobra en nuestro 
campo político. Creímos, y con razón, que necesitá- 
bamos un fuerte terremoto, el terremoto vino y ¿cómo 
estamos? engrietados hasta la coronilla. 

Como los peruanos no somos devotos de San An- 
tonio, sino de San Ramón, bueno seria que sacáramos 
á este en procesión y que cantáramos los hombres ; 

Padre nuestro San Ramón 
Haz que se cierren las grietas. 

Respondiendo las mugeres : 

Que con la revolución 
Se nos han quedado abiertas. 

Nuestras esperanzas de cerradura deben ser y son 
tanto mas fundadas, cuanto que el santo fué el mismo 
patrón de la Revolución y que en su nombre y obse- 
quio se abrieron las grietas. Pero si el santo solo no 
05 bastante poderoso, rezaremos esta letanía : 

Hombres. Señor mió San Ramón 

Que se cierren estas grietas, 
Mugeres. Que hace cerca de un año 
^ Que permanecen abiertas. 

Hombres. Mi Sr. D. Juan Manuel 

Que se cierren estas grietas. 



EL MURCIÉLAGO. 79 



Mugeres. Que no es agradable ver 

Que se nos queden abiertas. 
Hombres. Sr. mió D. Francisco 

Que se cierren estas grietas, 
Mugeres. ¿Qué dirán los estrangeros 

Si se nos quedau abiertas ? 
Hombres. Sr. D. Luis Milagroso 

Que se cierren estas grietas, 
Mugeres. Porque no nos es honroso 

Que las tengamos abiertas. 
Hombres. Divino Sr. D. Fabio 

Que se cierren estas grietas, 
Mugeres. Que al fin el crédito ofende 

El que se queden abiertas. 
Hombres, Honorable Convención 

Que se cierren estas grietas, 
Mugeres. Que al cabo no hay razón 

Para que se estén abiertas. 



LOS nBAITES DEL COROHEL T LA I0E7A CONSTITOCIOI. 

Todo el mundo tiene noticias de la virtuosa Penelope 
que, rodeada de pretendientes á su mano, por creerla 
viuda, habia ofrecido casarse con uno de ellos, luego 
que concluyera de tejer una tela. La mozona se bur- 
laba de los galanes; la tela nunca llegaba á su fm, 
porque la tejedora deshacía por la noche su trabajo 
del dia. Otra hermosa Penelope arequipeña conozco 
yo que desde el 7 de Enero de 1854 está bordando 
un par de tirantes para su padre. Se propuso con- 
cluirdos cuando terminada la revolución, entrara el 
pais en tranquila marcha, pero como vé que las cosas 
siguen así, así, siempre revueltas, ha levantado la 
'^]^ Y los tirantes permanecen como la república; 
los dos principiados y no acabados, como las reformas; 
y cubiertos con enmarañas de seda de todos colores, 



( 



80 EL MURCIÉLAGO. 

en igual confusión á la que reina en los Ministerios. 
Parece que la tal pichona quiere poner los tirantes en 
los hombros de papá, el dia que luzca en nuestra 
atmósfera el iris de la paz. Algún tiempo tendrá que 
quedarse el padre, destirantado. 

A mí me parece el asunto de estas Penelopes, igual 
al de nuestra Convención Nacional, en el trabajo de la 
nueva Constitución cuyas bases, por un nuevo sistema 
parlamentario, se empezaron á discutir con mucho em- 
peño, y que muchas veces ha sido dado de mano para 
atender á mil y mil cosillas tan importantes á la patria, 
como la de enjuiciar á los exes. La esperada Consti- 
tución, esa farmacopea universal que ha de contener 
las fórmulas para preparar toda clase de remedios 
para nuestros males, tiene trazas de no acabar nunca; 
y la Convención ha de verse obligada á declararse 
vitalicia porque al paso que lleva, hemos de pasar lo 
menos un par de años antes de tener el gusto de ver 
este tejido de necedades, bordado de errores á que 
hemos de llamar la Constitución moral-revolucionaria; 
y que tiene tantos puntos de semejanza con la tela de 
Penelope^ y con los tirantes del Coronel. 



EL HDRCIÉLAfiO EL DIA 9. 

A la salud de U. — A la de UU. — Brindo por 
U. Murciélago; y yo por U. amable señorita. — Otra 
copa Murciélago. — Con mucho gusto mi señora. — 
¿Tomará U. conmigo, Murciélago? — Tomaremos, 
Señor. — Vamos, Murciélago, y ¿yo no tendré el gusto 
de tomar con ü? — Señor Coronel, para mí es el gusto. 



EL MURCIÉLAGO. 81 

— Y ¿conmigo no? — Con U. también, mi Ex-Coronel. 
— Y ¿conmigo? — También. — Si, Se.., ñor,... es 
decir, señorita ; pues. . . yo tomo con todos — ^y brindo.. . 
pues yo brindo, que para brindar nacimos, y á mí 
nadie me gana á brindar... pues y como, que, cuando 
yo era colegial... es decir antes de esto... de lo... que 
U. señorita, pues que ¡ viva ! la libertad y los liberta- 
dores y los echeniquistas y todos los peruanos y que 
vivan!; porque al fin, hoy es el dia de la patria, y 
como la patria tiene dia,... también ha de tener su 
noche y por eso. . . y por lo demás, unos están ahora 
en pleno dia y otros á obscuras como el Sr. Coronel... 
digo el Ex-Coronel, quiero decirlos Ex-Coroneles que 
están aquí : y ademas que como esta patria, es así 
como la quiere hacer mi paisano Portillo y otros que 
no son mis paisanos, sino mis compatriotas, resulta 
también que mi patria es mi compatriota, y que brindo 
por las niñas y por las señoritas y por todas las demás 
que sean mugeres; porque yo... como UU... y como 
ellas... y como nosotros... que al fin soy un ciuda- 
dano... como otro cualquiera... y sin mas ni mas... 
á mi nadie me emborracha. . . y brindo también por 
el Padre Las Casas, libertador de los indios; y por el 
libertador de los blancos del año de 1821 ; y por el 
libertador de los negros del año de 18S4, y por todos 
los libertadores habidos y por haber , pretéritos y fu- 
turos, gerundios y subjuntivos y supinos... Por los 

supinos... por los supinos á mi me gustan los ^- 

pinos... y no los que gerundian... y brindo por .la 
moralidad; porque si no fuera por la moralidad no 
hubiera vino de naranjas... y sino hubiera vino de 
naranjas no hubiera con que brindar, con que brindo... 
brin... do... briiin... 



82 EL MURCIÉLAGO. 



HUESTRA MORALIDAD SE CONOCE HASTA EH EL AKUA. 

¿ Qué les parece á UU. la ocurrencia de un ex-mili- 
tar antojado de llevarme á mí, el Murciélago, á Sa- 
bandia, halagándome con la hermosura de sus aguas 
y la amabilidad de sus habitantes? Tierno yo, y blando 
de corazón, y después de si quiero ó no quiero, ó 
mejor dicho, queriendo sin querer, me puse en facha, 
y desplegando aletas, héteme ya en el lugar del con- 
vite. Ciertamente, las náyades de Sabandia, son de 
una amabilidad tan excesiva que embriaga : y esto lo 
he experimentado en cabeza propia, porque en el mo- 
mento en que escribo este artículo, mi propia cabeza, 
tiene algo que no le es propia. Eso no obsta sin 
embargo, para que yo grite y declame, mas que un 
boirachoy contra el inmoral espectáculo que ofeecen 
los baños. Supónganse Uü. que al mismo tiempo que 
una púdica y casta pichona tempera, dentro del agua, 
el ardor de su sangre, algunos impúdicos é incultos 
jD¿cAone5^ se lanzan á los estanques sin otra ropa que 
un trapo en la cintura. Al mismo tiempo que algunas 
perfectas imágenes de Venus gozaban del frescor de 
las aguas, un Apolo de magros miembros y cuyas 
formas no eran sin duda iguales á las de Belvedere, 
lucia sus alvas carnes, llevando por toda cubierta una 
¡quitación de la hoja de parra con que se nos pinta al 
padre Adam. Y no solo el enamorado de sus formas 
las lucia dentro del agua, sino quQ fuera de ella se 
cubrió con un poncho que apenas le llegaba a la re- 
gión umbilical, y permaneció pidonco^ como dicen en 
Chile, y calato como dicen en otra parte, por mas de 
media hora. 



EL MURCIÉLAGO. 83 

Como los ojos son niños , se van á las cosas puer- 
cas : y es de suponer, por lo mismo, que no faltarían 
algunas miradas furtivas que se fijaran en el susodicho 
individuo de la poca ropa. 

Aunque yo creo que incumbe á la Polícia poner un 
remedio á la mistión de sexos, y mas que á estaá que 
los hombres se presenten como si fueran habitantes del 
paraiso, no me hallo en ánimo de dirgirme á aquella , 
de miedo de que en pago de mi buena intención, me 
amenace con sacarme en un burro, en calzoncillos 
blancos, con anteojos verdes, y con un sombrero de 
teja, para que me convenza de que en esta tierra, 
hombres y mugeres andan cubiertos como lo mandan 
las leyes del pudor y de la decencia. 

Como no me sea pues posible recurrir á la auto- 
ridad política, recurriré á la autoridad paterna y á la 
materna para decirles : 

Que primero ecbo al horno 
A una hija mía, 
Que dejar que se bañe 
En Sabandia, 
Mientras que, indecorosos, 
Haya infanzones 
Que se metan al agua 
Sin pantalones. 



ni QDERIDO HURCIÉIAGO. 

Lima, Diciembre 11 de 1855. 

Ricibí la carta que me mandaste, y te aseguro que 
si tu intención fue que yo la recibiera, hiciste bien 
en remitirla : porque seguramente si no lo haces, no 
hubieras realiieado tu deseo» Sin embargo, has vuelto 



84 EL MURCIÉLAGO. 

ya a ponerme el corazón en titilaciones, porque no 
hay cosa que mas me acongoje que verte vivo y dando 
aletazos. ¿ Dime querido macho mió, qué diablos quie- 
res sacar de la política? ¿ Intentas tu solo componer el 
Perú, cuando van tantos años que tantos animales, 
mas animales que tu, hacen todo lo posible por des- 
componerlo? ¿ Será tu voz oida en una tierra donde 
muchos son sordos, y sordos de conveniencia, que es 
la peor sordera que se conoce? Créeme, mi Murcié- 
lago^ escribe novenas y trisagios que al fin encon- 
trarás quien te lea sin odiarte, y harás algo por la sal- 
vación de tu alma. ¿ Qué tienes que ver con que el 
Ecuador nos insulte, ni con que nos insulte Bohvia; 
tienes acaso que responder á Dios ni á nadie deis 
honra de la patria ? Cuida tu honra, y el mejor modc 
de hacerlo es no tomar parte en la política ; cuandc 
digas una verdad, te han de llamar picaro, y si k 
repites te ahogarán la voz, porque en esta buena pa- 
tria no dicen : miente í/., sino calle U. Espero qm 
recibirás y seguirás estos consejos, y* que luego qm 
leas esta carta renunciarás á tu locura de seguir escri- 
biendo, tanto mas cuanto que no habrás olvidad( 
aquella coplilla que cantábamos en nuestras moce- 
dades : 

Predicar eii el Perú 
Es predicar «p desierto, ' 

Es hacer señas á un ciego, 
Y dar bebidas a un muerto. 

¿ Será preciso que te diga, animal del otro sexo, 
cuanto te estraüo y cuanto te estrañan nuestros pichón- 
citos? Te doi por noticia que el tercero, maneja ya suí 
aletas con mucha viveza, y que se la lleva revoleteand( 
per todo el nido ; y que al cuarto le ha salido ya e 
último dientesito. ¡ Si los vieras I 



EL MURCIÉLAGO. 85 

Pero, en fin, volvamos á ocuparnos de tí, pues hace 
cuatro noches que no duermo, de pensar en que tu 
libertad está amenazada, porque he visto que tienes 
sobre tu cabeza el anatema de pasearte i 5 dias á 
caballo. Inhumano debe ser el sugeto que tal amenaza 
te ha hecho, pues en la distribución del tiempo, du- 
rante esos quince dias, no señala las horas de almorzar 
y de comer ; pero creo que tú eres prudente y que te 
meterás en adelante : 

Con el Diablo y su legión. 
Con las Furias, las Harpías, 
Con la santa Inquisición, 
Mas no, con las policias. 

Por acá las cosas están en el statu quo, como dicen 
los diplomáticos; la patria, dicen, que va ganando, pero 
yo lo que veo es que está perdiendo y que los mismos 
ardientes partidarios de la Revolución están con las 
caras largas y el pescuezo. . . donde mismo lo tenian ; 
muchos se quejan de que l^^ cosas no marchan; no sé 
que querrán decir con eso, porque yo veo que no solo 
marchamos, sino que volamos, y que si Dios no nos 
contiene, no sé donde iremos á parar. 

A esos á quienes oigo quejarse, les contesto : 

A muchos conozco yo 
Que de su mal tienen culpa, ^ 
Y luego dan por disculpa 
Que el diablo los engañó. 

Ya sabrás que el hombre del pueblo^ ha regresado 
de su peregrinación sanitaria, después de no haberle 
quedado rincón por donde no haya hecho su paseo. Me 
dicen que ha venido tan mejorado y gordo, que en 
mucho tiempo no se verá obligado á abandonamos. El 
Ex-ministrOj nuestro pariente, ha estado algo retraído 

T. u. ' 8 



86 EL MURCIÉLAGO. 

de los negocios públicos y contraído á conocer en sus 
nulidades y mientras su adversario estaba distante, 
pero desde que supo su approximacion, ha vuelto á 
establecer sus reales en Palacio, y se ha abierto nueva- 
mente la lucha periodística en que supongo te has 
instruido para escribir tu artículo Otros dos gallos de 
á pico. Aunque has hecho mención de dos cotejan y te 
has olvidado de otra no menos importante, desde que 
los beligerantes son convencionales; te hablo de los 
diputados León y Távara que también se hacen sus 
atroces cumplimientos en los periódicos. Yo no sé, mi 
querido masculino, cómo juzgarán al Perú los estran- 
jisj cuando vean que los diputados se untan barro irnos 
á otros, y que dos ministros principales de la revolu- 
ción de la moralidad se embarran también. 

No sé si porque soy hembra me toman tan de nuevo 
esas cosas, porque entre las de nuestro sexo solo se 
dicen desvergüenzas aquellas desalmadas, dejadas, 
como dicen, de la mano de Dios. 

¿ Nó sabrás decirme, por qué los machos no pueden 
atacarse y defenderse, en su calidad de entidades po- 
líticas, ó de animales púbUcos, sin insultarse ó difa- 
marse? Yo comprendo que semejante conducta es una 
de las causas que mas contribuye á desmoralizar la so- 
ciedad ; es tan corriente en ella que uno diga á otro : 
Es U. un bandido, np picaro y un criminal, que ya ni 
cuesta esfuerzo decirlo, ni molesta que á uno se lo 
digan. A lo menos esta es la opinión de algunos machos 
que se sirven venir á darme tertulia. Malas trazas lleva 
el Perú de reorgonizarse, cuando se asegura que el 
libertador se baña en agua rosada, siempre que vé que 
dos altos personajes se echan á la palestra á, luchar 
cuerpo á cuerpo, diciéndose cuanta iniquidad no di- 
jeron á Cristo los judíos. Secreto de alta política, 



EL BfURCIÉLAGO. 87 

presumo que sea, no llamar al orden con inedidas con- 
ciL'atorias ó enérgicas, á los miembros del gobierno 
que, sosteniendo con pasión cada uno su propio valer 
y la inutilidad y perfidia de su adversario, introducen 
el desconcierto en el gobierno mismo, rompen la uni- 
dad necesaria para el buen servicio público, y dan 
una triste y pequeñísima idea de los hombres que 
aspiran á gobernarnos. 

Muy charlatana te pareceré, hablando de cosas que 
no entiendo; pero como esta es una carta privada de 
la que espero que no harás uso ninguno, me he per- 
mitido hacerte entender que soy una Murciélaga po- 
lítica. 

Mucho deseo ir yo á Arequipa, ó que Arequipa venga 
por acá. Lo segundo no me parece muy dificil, desde 
que tales cosas suceden en esta época y sobre todo en 
el Perú, que los mayores absurdos son para nuestros 
compatriotas incuestionables principios ; pero sij no 
fuese posible que Arequipa se venga, y tú quieres que 
yo vaya, avísamelo; me pondré en facha con mispol- 
luelos, desplegaremos aletas, y estaremos alia en 
menos tiempo del que se necesita para dar una ley de 
amnistía. — Recibe memorias, etc. 

La Murciélaga. 

Adición. — Te remito con un gallinazo mi retrato y 
el de nuestro último pichón. * 



HI PR06RAHA. 

No he podido hasta ahora comprender, ni he encon- 
trado quien me explique, por qué si vivimos en Repú- 
blica y si somos iguales ante la ley, se nos quiere 



88 EL MURCIÉLAGO. 

quitar toda ingerencia en la política ; se nos cree de 
cabeza y corazón mas débil que á los machos; y, sin 
ánimo de ofensa al sexo de mi marido, puede asegu- 
rarse que en cuanto á fortaleza de alma y cuerpo, no 
nos llevan ellos mucha ventaja. 

Por otra parte. ¿No es cierto que ha habido en el 
mundo sacerdotizas y papisas, y que ahora mismo hay 
reinas y emperatrices? y cualquiera de esos reinos é 
imperios sujetos al gobierno del corsé y de las polleras, 
andan acaso por el camino de nuestra patria en que 
imperan solo las casacas y las charreteras ? ¿ Y por 
qué no ha de haber alguna vez una presidenta ? ¿ Y 
si puede haberla, por qué no lo ha de ser una Mudé- 
lagal 

No militan solo estas razones en pro de mi candi- 
datura, sino otro principio de indudable importancia. 
¿Si todos los machos lo han hecho mal, por qué no se 
prueba qué tal lo hará una hembra ? Si se recorre la 
historia de los gobiernos del Perú, desde el año de 
1821 bástala fecha, veremos que hemos tenido la frio- 
lera de treinta y cinco presidentes, es decir, mas man- 
dones que años de existencia política ; mas libertado- 
res que años de libertad. Lo que hay de verdadera- 
mente divertido, es que los gobernantes para hacerse 
mas apetecidos han escogido títulos mas ó menos rim- 
bombantes ; que todos ellos se han resignado á gober- 
narnos y á tumbar al ocupante de la silla por puro 
patriotismo, y por hacernos felices ; y que, con excep- 
ción de seis ó siete á quienes es preciso hacer justicia 
en cuanto á sus buenas intenciones, todos los demás 
han tenido tanto amor á la patria, como el diablo á la 
cruz, y tanta aversión al mando, como las ranas al 
agua. Para un historiador de genio burlón y travieso, 
la vida presidencial de algunos de los treinta y cinco 



EL MURCIÉLAGO. 89 

ofrecería bastante materia de chacota ; ha habido oca- 
siones que la República ha tenido los presidentes por 
ambos y por temos ; que ó bien se han disputado la 
presa á fusilazos ó han gobernado en paz y compañía. 
Presidente ha existido también, de dos á tres meses, 
durante los cuales no ha podido sentarse en la suspi- 
rada silla sino*una sola vez para recibir las felicitacio- 
nes de los que han ido á elogiar su patriotismo y su 
valor de haier lanzado ó empitado al antecesor. 

Creo que no recibirán mal mis lectoras que les pre- 
sente el padrón de nuestros gobernantes, desde el día 
en que empezaron los machos á llamarse libres é in- 
dependientes, dejándonos á nosotras, siempre esclavas 
y dependientes. 

Relación de los personajes que han querido hacemos 
felices y no han podido conseguirlo. 

Gral. D. José de San Martin, primer Protector del 
Perú. 
Marqués de Torre Tagle, Supremo Delegado. 
Gral. D. José de San Martin, (2' vez.) 

Junta Gubernativa. 

Gral. D. José de La Mar, 

D. Felipe Antonio Al varado. 

El Marqués de Vista Florida. 
G. M. D. José Bernardo Tagle. 
G. M. D. José de La Riva Agüero. Presidente. 
Dr. D. Francisco Valdivieso, presidente de una 

parte de la República. 
G. M. D. José Bernardo Tagle (segunda vez.) 
Gral. D. Simón Bolívar, primer Libertador. 

8. 



90 EL MURCIÉLAGO. 

Consejo de Gobiermo. 

D. D. Hipólito Unanue. 
D. Tomás de Heres. 
D. José Cáceres. 

Otro Consejo. 

D. D. Hipólito Unanue. 
D. Juan Salazar. 
D. José de la Rea. 
Gral. D. Andrés Santa Cruz, Presidente del Consejo 
y encargado del mando de la República. 
D. Manuel Salazar y Baqufjano (2* vez) Vice- 
presidente la República. 
Gral. D. José de La Mar, Presidente. 
Gral. D. Antonio Gutiérrez de la Fuente, encargado 
del mando Supremo. 
D. Andrés Reyes, presidente del Senado y 
encargado del mando Supremo. 
Gral. D. Agustín Gamarra, presidente. 

D. José Braulio del Campo Redondo, Vicepre- 
sidente del Senado, encargado del mando. 
Gral. D. Luis José Orbegoso, presidente Provisorio. 
Gral. D. Pedro Bermudez, Jefe supremo Provisorio. 

D. Manuel Salazar y Baquíjano, (3* vez) 
Gral. D. Felipe Santiago Salaverry, Jefe Supremo. 

D. Juan La Valle, encargado del Mando. 
Gral. D. Andrés Santa Cruz (2* vez) 2"* Protector. 
Gral. D. Agustín Gamarra (2* vez) presidente Res- 
taurador. 
D. Manuel Menendez, presidente del Consejo, 
encargado del mando. 
Gral. D. Juan C. Torrico, Jefe Supremo. 
Gral. D. Francisco Vidal, segundo Vicepresidente 
del Consejo, encargado del mando. 



£L MURCIÉLAGO. 91 

Dr. D. D. Justo Figuerola, Vicepresidente del Con- 
sejo encargado del mando. 
Gral. D* Manuel Ignacio de Vivanco, Supremo Di- 
rector. 
D. Domingo Elias, Hombre del Pueblo. 
D. Manuel Menendez. (2* vez) presidente del 
Consejo. 
Gral. D. Ramón Castilla, presidente Constitucional. 
Gral. D. José R. Echenique, presidente idem. / 

G. M. D. Ramón Castilla, (2' vez) 2** Libertador y 
presidente anti-constitucional. 
Son treinta y cinco personajes, salvo eiTor ú omisión 
de cuenta ó pluma. 
El Sr. Gran Mariscal Gamarra gobernó 

en sus dos periodos 7 años. 

El Sr. Gran Mariscal Castilla 7 años. 

El General Echenique en su parte de pe- 
riodo 3 años. 

Suman 17 años. 

Años de independencia. . . t , 34 

Quedan para distribuir entre los otros 32 
presidentes 17 años. 

Si esto no se llama remudar camisas con harta fre- 
cuencia, no sé como pueda llamarse. 

Por los razones espuestas, tengo el honor de pre- 
sentar á mis compatriotas el siguiente proyecto para 
un Gobierno femenino : 

Art. 1°. La nación será regida por una hembra con 
el nombre de Presidenta (se entiende que yo debo ser 
la nombrada). 

Art. 2*. No se conoce mas ley que la voluntad de 
la Presidenta, que de seguro no ha de ser tan mal in- 
clinada como la de los machos. 



92 EI< MÜBCIÉLAGO. 

Art. 3®. No hay Congresos, ni Consejos, ni juntas 
donde se va charlar y á gastar la plata del Estado en 
mantener ociosos. 

Art. 4®. Las juezas serán ciegas y mudas y harán 
justicia á gorrotazos y al bulto ; pero serán inamovibles. 

Art. 5**. No se permiten mas imprentas que la del 
Gobierno, ni mas periódico que el ministerial que será 
escrito por una muchacha muy instruida y mucho mas 
adulona. 

Art. 6®. La Presidenta no puede declarar nji hacer 
la guerra á los estados vecinos, cualesquiera que sean 
las injurias que de ellos reciba. 

Art. 7^. No se harán mas obras públicas, en todos los 
pueblos, que Teatros y salones de bailes y conciertos. 
La sociedad que se divierte no se fastidia, y la que no 
se fastidia, no conspira. 

Art. 8®. Quedan abolidas las clases inferiores del 
ejército. Todas las que acepten la carrera de las armas 
entrarán al ejército de coronelas y generalas. 

Art. 9®. Las soldadas de infantería no usarán mas 
armas cortantes que sus lenguas. Las de caballería 
llevarán alfileres. 

Art. 10"*. Se prohibe á todas las empleadas en las 
oficinas de hacienda, dejarse crecer las uñas. 

Art. 11**. Se permite la introducción de sacerdotizas 
de todo culto, menos del Católico. 

Art. 12°. Las arzobispas entrarán en ejercicio de su 
autoridad y jurisdicción, sin bulas pontificias ni em- 
belecos de ninguna clase. 

Art. 13**. Ninguna negra nace esclava en el Perú; 
ninguna blanca nace libre. 

Art. 14"*. Todas las mugeres son iguales ante la ley, 
salvo las desigualdades que se deriven de mi vo- 
luntad. 



EL MURCIÉLAGO. 93 

Art. IS^ El título para obtener el mando, es echar 
abajo á la mandona. 

Art. 1 6°. Quedan abolidas todas esas necedades que 
se llaman garantías ; no se conocen otras que las uñas 
de las ciudadanas. 

Art. 17°. Toda ciudadana, al hacerse cargo del 
mando, improvisará un discurso en el que indispensa- 
blemente ha de decir : que hará todo cuanto esté á 
sus alcances para llevar en sus débiles hombros el 
peso del gobierno^ y para dirigir con acierto^ con sus 
flacas manoSy el timón de la nave del Estado. 

Art. 18*». Los machos se destinarán desde esta fecha, 
á criar guaguas y á remendar calcetas. Mi nido en 
Lima, á 11 de Diciembre de 1855. 

Tales son, amables paisanas, las bases de un esta- 
tuto que creo el mas á propósito para traer la patria al 
camino de la Salvación. Los machos la han aniqui- 
lado, trabajemos nosotras por hacerla convalecer. Si 
las aceptáis, nos reuniremos á trazar nuestro plan para 
arrancar los destinos de Jas manos en que se encuen- 
tran. Tengo fé y esperanza en que lo haremos de per- 
las, y que dentro de breve tiempo, nuestra República 
se pondrá en civilización á la vanguardia del imperio 
de Faustino L La Murciélaga, 



MODO DE COSER SIN A6DJAS. 

Apuesto á que mis queridas lectoras abren tamaño 
ojo al leer este epígrafe , y que creen que les voy á re- 
velar un secreto que interesa en demasia á las que 
mas placer reciben en acomodarse el moño y las flores 
que en remendar medias. Chasco se llevan, áfé mia, 
que en la costura de que hablo no se conocen tantas 



94 EL MURCIÉLAGO. 

clases de puntadas como en la costura de modistas y- 
sastres. 

Los costureros políticos no hacen repurgo, pes- 
punte, ojo de perdiz, ojo de tollo, ni puntos de marca; 
ellos no conocen sino el zurcido y el hilván ; se en- 
tiende que no xpiiero hablar de los tejedores porque 
en esto, una gran parte de los peruanos ganan á las 
mismas arañas. 

El zurcido es costura propia de los que en una vol- 
tereta quedan abajo ; como caen sin saber cómo ni 
por qué, así como otros se levantan sin saber por qué 
ni cómo, empiezan á buscar padrinos y á escribir en 
tal ó cual sentido, dirigiendo sus esfuerzos á hacer en- 
tender que fué el HONOR y no su conciencia el que 
los obligó á sostener á un hombre á quién de mil 
amores hubieran ahorcado ; que tienen grande fé en 
que solo el santo del dia es el milagroso ; y que así 
como fueron leales al difunto, lo serán con el vivo. Los 
tales se toman tales trazas, que estos dichos y otros 
mas, llegan hasta los oidos supremos, y con poner hoy 
un hilo y mañana otro, hacen tales zurcidos^ que al 
fin toda su vida se compone de un zurcido de bajezas. 

Los hilvanadores son gente de mas alto tono : son 
animales de parlamento ; hagan UU. diputado á un 
pobre animal que apenas aprendió á leer, y si es algo 
atrevidillo hará unos discursos cuyas ideas son tan in- 
conexas que, á distancia de una cuadra, se divisará el 
hilván. 

Felizmente nosotras, mis queridas semejantes, esta- 
mos libres de hacer tales costurajos ; aunque en ma- 
teria de costuras hagamos coqueterías al pespunte^ y 
tratemos siempre de hilvanar corazones, lo hacemos 
por y para el bien de la patria, porque al fin hemos 
nacido para hacer algo. 



EL MURCIÉLAGO. 95 

De los costurones políticos ha resultado que le pa- 
tria se vea como la capa d^ S. Lázaro : de nuestras 
costuras resulta, que siempre estamos hechiceras, y 
que á ninguna le falta un sujeto hilvanado á su cora- 
zón, ¿No es cierto? 



{VIVA CASnUA! tlUERA ECHEHIQDEI 

£1 Murciélago pasó el Domingo último una noche 
de gorja : supo que se trataba de hacer un paseo mi- 
litar y tomó parte en esa correrla ; yo no sé si alguno 
de mis lectores tuvo el honor de verme entre los sol- 
dados con mi par de piedras, llevando el compás, y 
gritando ¡ viva Castilla I \ muera Echenique I Esto de 
gritar viva quien vence^ acredita valor, patriotismo y 
sabiduría; y decir mueran los caídos^ si son peruanos, 
da una alta prueba de nuestra moralidad y de nues- 
tros sentimientos fraternales. 

En efecto ¿ quién no aclama, ensalza, y enaltece las 
virtudes del que puede damos honra y destinos? ¿Quién 
no busca á alguno que haga públicas las aclamaciones» 
aun cuando sea preciso gastar algunas pesetillas, que 
mas tarde se recuperan con las correspondientes usu- 
ras? Necedad fuera que habiendo un camino tan fácil 
y espedito para atraerse las buenas gracias de un Se- 
ñor^ no se entrara en él con una absoluta consagración* 
Lo qup yo admiro verdaderamente, lo que me con- 
funde es que el pueblo en masa, no hubiera tomado 
parte en la diversión del Domingo. Este pueblo no 
tiene patriotismo , ó si lo tiefae qo lo luce en las ne- 
cesarias ocasiones« 



96 EL MURCIÉLAGO. 

Me aseguraron que Arequipa se mantuvo todo el dia 
en actitud bélica; que el ejército estuvo sóbrelas armas, 
y formado en una de las plazas ; y que no se quiso 
sino ostentar la popularidad del Gobierno, poniendo 
á la vista del público los medios con que las autori- 
dades cuentan para traer á buen camino á todo el que 
intente desconocer esa popularidad. El arbitrio puede 
ser muy ingenioso, pero le creo poco eficaz; la ame- 
naza ni seduce ni convence ; si es injusta, irrita única- 
mente. Aunque, sin motivo ni razón justa, se crea al 
Murciélago propagador de principios que atacan el 
orden ; aunque se le crea enemigo del actual Gobierno, 
sépase que el tal avechucho declama contra los prin- 
cipios del desorden, y es enemigo de todo desgobierno. 
Puede asegurarse, y el Murciélago metería sus aletas 
al fuego en fé de la sinceridad de sus creencias, que 
ni el pueblo arequipeño, ni esa porción de él, llamada 
eckeniquista y conspiradora^ pensó en nada de revo- 
lución el domingo ; no encuentro por lo mismo razón 
ni para que el ejército se hubiera estado asoleando, ni 
para que hubiéramos salido nosotros por la noche, 
con bombos, clarines y piedrecitas. Si las autoridades 
quisieran oir de buena fé los consejos del Murciélago^ 
que, si no son sabios é infalibles, tienen al menos el 
mérito de ser francos y patriotas, cambiarían su polí- 
tica de intimidación por otra amigable y concilia- 
dora. Mas moscas mata la miel que la hiél; y este 
proverbio aplicado á los sucesos ordinarios, puede ser 
también de útil aplicación en la política. Al enemigo 
político se le atrae con buenas razones y con buenas 
obras y no enrostrándole sus anteriores estravios á 
cada instante y en términos ofensivos ; si reincide, se 
le amonesta con la dignidad del mandatario y no con 
la altanería del matachin : si al fin procede contra el 



EL MURCIÉLAGO. 97 

Orden, se le castiga, ley en mano, y que vaya á que- 
jarse á Pamplona. 

Pero intimidar porque se sospecha ; amenazar por- 
que se teme; insultar y despreciar, lastimando la honra 
del enemigo, es el modo de aumentar el número de 
estos, de excitar el descontento y de preparar la misma 
autoridad, con sus inconsultas determinaciones, el des- 
orden que trata de evitar. 

Solo los Gobiernos impopulares necesitan ser ti- 
ranos para sostenerse, porque al fin la fuerza de la opi- 
nión, así como basta para hacer gigantes de misera- 
bles pigmeos, así tanü)ien abate á los gigantes que 
apesar de ella quieren sostenerse. La popularidad de 
un mandatario no se mide por la fuerza y número de 
gritos, lanzados por bocas alquiladas; las aclama- 
ciones populares son libres y espontáneas j su único es- 
tímulo nace de los impulsos del corazón y del senti- 
miento de bienestar 4e los ciudadanos ; cuando gritan 
los soldados, cuando suenan las cornetas, cuando en 
medio de los vivas al mandatario, se oyen los mueras 
de los que hace tiempo están muertos, esos vivas se 
reputan como la alabanza hecha por la propia voz del 
elogiado ; esos gritos no son sino los ecos de aquella 
voz; esos mueras son el desahogo de la pasión, y de 
la inmunda pasión del odio y del rencor. ¿Y se cree 
que de este modo se consolida la opinión pública, se 
la atrae en favor de un hombre, cuyos sostenedores 
alejan el dia suspirado de la reconciliación universal 
délos peruanos? ¿Acaso el echeniquismo y el vivan- 
quismo han de ser eternos como el pecado original? 
¿Acaso son tampoco pecados? ¿Cuál es el hombre 
entre los nuestros, cual el General que no tiene tales 
pecados? ¿Ha podido ninguno libertarse de caer en 
ellos durante treinta y cuatro años de una vida política 

T. 11. [9 



98 EL MURCIÉLAGO. 

tan llena de desastres y de anomalías ? ¿ Hasta donde 
quiere llevarse esa división entre vencedores y ven- 
cidos después de haber abatido á éstos de una manera 
inaudita en la historia de nuestra revolución ? El Ge- 
neral Gamarra que ayudado del ejército chileno des- 
truyó el año de 39 el gobierno existente en el Perú, á 
cuya cabeza estaba un estrangero, no quitó la honra 
á los vencidos en Yungay. El odio popular se enar- 
deció contra los sostenedores del General Santa Cruz 
y con tanta justicia, cuanto que en ese caudillo y en 
esos sostenedores se veia á los asesinos del ilustre pe- 
ruano Salaverry y- de sus no menos ilustres compa- 
ñeros de martirio : y sin embargo, la política sagaz 
del General Gamarra no sostuvo ni alentó esos odios : 
los apagó al contrario, y aun cuando aquella guerra 
tuvo un carácter nacional, muchos de los confederados 
ocuparon destinos civiles y militares, poco después de 
ser vencidos. 

El mismo General Castilla, vencedor en el Carmen 
Alto, de un ejército que sostenía la dictadura del Ge- 
neral Vivanco, echó mano al poco tiempo de los que 
fueron Ministros de este; y aun al mismo caudillo, 
proscrito en Manabí,* se le hizo ofrecer una legación 
para Europa. Entonces el General Castilla no tuvo en 
sus diferentes apuros gubernativos, apoyó mas eficaz 
que el del partido Vivanquista, llamado hoy, por los 
aduladores del poder, constante alterador de la paz 
pública; los que hicieron oposición al gobierno del 
General Castilla, fueron sectarios de otro Jefe, con 
quienes los vivanquistas no podian formar liga. 
Esos mismos caldos en el Carmen Alto, no atentaron 
nunca contra el orden público, cierto es que no fueron 
tan ultrajados ni vilipendiados como los vencidos en 
la Palma* No se diga que el General Castilla es hoy el 



EL MURCIÉLAGO. 99 

mismo en este punto que en el ai5o de 4845, y que 
han sido los ministros de la revolución los que lo hi- 
cieron aceptar una política contraria á la de aquella 
ípoca. Semejante disculpa no es ni puede ser acep- 
table por la Nación ; los pueblos confirieron al General 
Castilla poderes mas ó menos amplios para combatir y 
derribar al General Echenique, no para establecer una 
dictadura matando la Constitución ; no para elevar un 
trono al despotismo sobre la tumba de todas las leyes 
é instituciones nacionales; no para espedir decretos 
espantosos que condenaran para siempre á la degra- 
dación á una parte de los peruanos, entre los cuales, 
digalo que quiera el espíritu de partido, hay hombres 
puros y honrados^ cuya pureza y honradez no puede 
negar el mas obcecado enemigo de la causa consti- 
tucional ; no en fin para que llegásemos al estado de 
confusión en que hoy se encuentra la República. Si el 
poder de una victoria y el triunfo de una causa que 
tanto esfuerzo costó á los pueblos, pudieron hacer so- 
portable y aun hasta cierto punto necesaria la dicta- 
dura, también es cierto que apoderados de ella mi- 
nistros inespertos, y que desde el principio trataron de 
convertir los resultados de la revolución en medios 
para su engrandecimiento personal, han contribuido 
de una manera violenta al desprestigio del gobierno, 
y á un desprestigio tal, que solo á fuer de consagra- 
ción y de hechos notoriamente provechosos á la patria 
pudiera borrarse. Hacia ese fin deben encaminarse los 
trabajos del Presidente y de sus lugar-tenientes en los 
departamentos. Es preciso ahogar esos mezquinos sen- 
timientos de bandería y departido; es preciso hacer 
llegar el dia de la fusión de todos los peruanos ; es 
preciso CERRAR LOS OÍDOS A LA VIL CALUM- 
NIA, es preciso en fin no sacarme todos los domingos 



100 ' EL MURCIÉLAGO. 

de mi nido para salir por las noches, gritando en me- 
dio de soldados y al 'son de clarines y piedras — ¡ viva 
Castilla ! ¡ mueran los echeniquistas ! 

El Murciélago se convida para comer en palacio, ó 
en la casa de cualquier prefecto de cualquier departa- 
mento, el dia en que copa en mano pueda gritar, en 
medio de hombres de todo color político : 

¡ Viva la justicia ! [ Viva la ley 1 ¡ Viva el Perú ! 



HI CAVATINA. 

\ Ah ! Non giunge 
Uman pensiero 
Al contento 
Ond'io son piena : 
A miei sensi 
lo credo fippena 
Tu mi affída 
O mió tesor. 

Pues, con tal versillo me hizo volar un tornillo, allá 
en mis mocedades, una hembra de mi tierra ; y tanto 
fué mi entusiasmo , que me propuse aprender en el 
piano el acompañamiento del aria de Bellini á que esta 
letra pertenece; como no todos los hombres tienen 
buenos dedos para organistas, así hay Murciélagos 
que no tienen aletas para pianistas, y después de dale 
y dale, cuando me crei en estado (no interesante como 
las Reinas) me coloqué, yo el macho, delante del te- 
clado y ella, la hembra, á mi derecha. Gracioso era 
de ver como la infeliz hacia todo esfuerzo por acomo- 
darse al acompañamiento; y como yo, el desgraciado, 
ponia todo empeño en seguir la voz, hasta que ambos, 
yo y ella, nos convencimos de que no hablamos na- 



EL MURCIÉLAGO. 101 

cido el uno para la otra en materia filarmónica. Pa- 
sados esos años, ¡ ay qué años I mejores que este que 
se nos va acabando, vuelvo á contraer otro compro- 
miso, todavía pendiente, de acompañar la misma aria 
y no hay vez que ponga manos á la obra que no re- 
sulte lo de antaño. Pues, Sr., he dicho para mi ca- 
letre, tan difícil es que mi tocar ayude al canto 
ageno, como difícil que la Convención ayude al Go- 
bierno, y el Gobierno á la Convención, á que nos ayu- 
den ambos á saJir del pantano en que nos hemos me- 
tido con la ayuda de todos ellos, de tal modo que no 
hay peruano que no pueda decir : 

¡ Ah ! non giiinge 
Uman peñsiero 
Al dolor, 
Ond* io son pieno. 

Y me sucede á mi con el consabido asunto del 
acompañamiento, todo al revez de lo que sucede á 
nuestros gobiernos con sus congresos; yo erre que 
erre, para que la música y canto guarden la unidad y 
harmonía necesarias para halagar los oidos de los con- 
currentes^ y aquellos erre que erre para que, ya vayan 
unísonos y acordes, ó cada uno por su camino siempre 
el respetable público, tenga razón para dar al Diablo 
con unos y otros. 

Tiene esta misma aria una coplilla que, como todas, 
puede acomodarse á nuestra política : 

\ Ah ! mi abbraccia, é sempre insieme 
Sempre unití iu una speme, 
De la térra in cui viviamo 
Gi formiamo un ciel d'amor. 

Este mi abbrmcia^ se lo dicen con frecuencia, un 

9. 



i 02 EL MURCIÉLAGO. 

Presidente á su banda y á su renta; los ministros á 
sus carteras y poltronas; y los fabricantes de leyes al 
destino que empuñan después de sus tareas; y cuando 
se trata de las recíprocas conveniencias unos á los 
otros se repiten sempre uniti, sempre Ínsteme, y can- 
tan la coplilla de la siguiente manera : 

Abbracciamono, é insieme 
Sempre uniti in una speme, 
Questa térra in cui yiviamo 
Sin pellejo, lasciaramo. ' 



AIOR CON AMOR SE PAGA. 

PASQUINES, — CONTRA PASQUINES. 

El Vapor pasado nos trajo de Lima unas hojas 
sueltas en que mis paisanos los limeños, decian á mis 
paisanos los arequipeños que estaban prontos para una 
remolienda^ y que se alistasen para bailar en ella. Los 
arequipeños como hombres sensatos han hecho de 
tales pasquines el aprecio que se merece semejante 
clase de papeles, y han contestado con el silencio, 
llevados del principio de : apalabras necias^ oidos de 
fierro colado. En esos pasquines se decia que era pre- 
ciso derrocar al Gobierno, dando para ello causales 
que nunca faltan para decir mal del prójimo, y en es- 
pecial del gobierno que no es prójimo de nadie; si el 
pueblo de Arequipa guardó silencio y no dio respuesta 
al convite de los hermanos limeños, no ha tenido igual 
descortesía una persona que el Sábado último ha he- 
cho repartir en esta Ciudad de los libres otro pasquín 
en que se dice : que hay buenas trancas ybuenasbalas 
páralos que anden pensando en descomponer el cotarro. 



EL MURCIÉLAGO. 103 

Con este contra-pasquin ya verán los hermanos de 
Lima, que los hermanos de Arequipa no se andan con 
bufonadas ; y que si amor con amor se paga^ pasquín 
con pasquín se contesta; y que quien debe pasquín y 
paga pasquín^ nada le debe á S. Agustín. 

Sin embargo, como aunque ambos sean de barro no 
es lo mismo la botija que el jarro; aunque los dos 
sean pasquines no es lo mismo el pasquín limeño, que 
el pasquín arequipeño : el primero ha sido, sin duda, 
escrito é impreso en alguna oscura caberna, y en me- 
dio del silencio y del misterio ; y el segundo, según 
me lo han dicho muchas personas, sin que yo sea res- 
ponsable de tal dicho, se ha escrito, copiado y diri- 
gido en la mesa de una autoridad y á la luz del medio 
dia ; de lo cual resulta que el pasquín de la Ciudad 
de los Reyes, es un pasquín anónimo y particular ; 
mientras que el pasquín de la Ciudad de los libres, es 
un pasquín auténtico y oficial; y por ende de nece- 
saria observancia y veneración. 

En otro artículo que no tuvo cabida en nuestro nú- 
mero anterior, insertamos el pasquín oficial y no ha- 
cemos otro tanto con el extra-oficial, por evitar que se 
nos acuse de proclamadores de principios subversivos; 
sin embargo sepan nuestros amables lectores 

Que de el principio del mundo 
Hasta que el mundo haya fin. 
Amor con amor se paga, 

Y el pasquín con el pasquín. 

Y que asi como hay amores 
Finos ó superficiales; 

Asi hay pasquines privados 

Y pasquines oficiales. 

Y que en este año de gracia, 
El ejemplo hemos tenido 
De ver que espete pasquines 
El vencedor al vencido. 




104 £L MURCIÉLAGO. 



U REVOLUCIÓN DEL 1854. 

« No ha falseado el Gobierno la revolución cuyas 
tendencias siempre fueron de moralidad, como lo son 
al presente. Si vosotros no lo conocéis, es porque 
estáis cegados por el espíritu de partido, es porque 
las malas pasiones os ofuscan, es en fin porque lo mi- 
ráis todo al travez del prisma de vuestra propia con- 
veniencia , de vuestro egoísmo , de vuestros intereses 
privados. Recorred las páginas del Gobierno Provisorio. 
¿ Qué veréis en ellas ? No encontrareis por cierto como 
en el tiempo aciago que lamentáis, el sistema de de- 
fraudación de los caudales públicos para regalar á los 
adeptos, no veréis los primeros empleos de la Repú- 
blica couñados á manos impuras é inespertas, ni el 
tráfico inmundo del honor y de la conciencia vendidos 
al oro, á la prostitución, al favoritismo y á la voluntad 
omnipotente del que mandaba. Consultad á los im- 
parciales y preguntadles : ¿ qué concepto les merece 
el Gobierno Provisorio? Y si queréis hechos, que ellos 
respondan mejor que nuestra pluma , de la conducta 
del Gobierno y de su moraUdad y patriotismo. En el 
corto periodo de su mando ¿ cuántas obras de utilidad 
pública no se han emprendido tan solo en esta Capital, 
sin traer á consideración las de los otros departamen- 
tos de la República? • . . 

Fácil seria citar á este respecto multitud de hechos 
pasados y recientes que omitimos por demasiado 
públicos y por estar al alcance de todos. Pero si hay 
alguno que lo dude de buena fé, sepa que el restableci- 
miento del crédito nacional en el interior de la Repú- 
blica, el brillante estado de la marina de guerra pe- 



EL MURCIÉLAGO. IOS 

ruana ó mejor dicho su creación, el sistema de orden, 
de subordinación y de moralidad establecidos en el 
ejército, el arreglo de la hacienda nacional, la reforma 
del poder judicial de una manera que corresponda á 
los nobles fines de su instituto, las franquicias conce- 
didas al comercio , la inviolabilidad del sagrado de- 
recho de libertad de imprenta ; todo esto es obra del 
Gobierno Provisorio, fruto de sus esfuerzos y resultado 
práctico de su patriotismo y moralidad. » {Del Perua" 
noN. 28, reimpreso en el Republicano N. 88.) 

Si la mano que ha estampado estas palabras no se 
estendiera cada mes para recibir un salario por adular 
y mentir, creeríamos que se habia intentado hacer del 
gobierno un elogio sarcástico. Pero cuando esta creen- 
cia no puede tener lugar atendido el origen del escrito, 
preciso es no pasarlo desapercibido porque él contiene 
una ofensa hecha á todos los pueblos del Perú, pacien- 
tes y sufridos testigos de los abusos cometidos, en su 
daño durante el tiempo de la dictadura. El gobierno 
ha falseado la revolución y sus tendencias; éstas fue- 
ron, según el escritor del Peruano, de moralidad, y 
no es moralidad por cierto , haber aceptado el nom- 
bramiento de los pueblos para caudillo de la revolu- 
ción siendo una de sus causas el no haberse hecho la 
guerra á Bolivia , y su objeto realizar esta guerra , y 
entrar en acuerdos con el gobierno de esa República, 
para conseguir de él armas extrangeras, con que der- 
ramar sangre peruana. No es moralidad, consentir 
que el triunfo de la Palma se celebrase en Lima, con 
asesinatos y saqueos ; no es moralidad, haber resti- 
tuido el contrato del GUANO, obsequiando al contra- 
tista medio millón de pesos á que no tenia ningún de- 
recho ; no es moralidad, haber fomentado la mas en- 
carnizada lucha entre dos ministros y consentir que se 



106 EL MURÉLA60. 

difatíiasen é injuriasen en las mismas habitaciones del 
gobierno ; no es moralidad haber castigado á los mili- 
tares de honor que no quisieron prestarse á ser trai- 
dores ; no es moralidad haber levantado los lozas se- 
pulcrales, para injuriar los venerandos restos de escla- 
recidos guerreros, porque no sellaron los últimos mo- 
mentos de su vida con un acto de perfidia ; no es 
moralidad y en fin, la profunda y completa inmoralidad 
que cunde en todas las clases de nuestra desgraciada 
sociedad. 

Si se recorre la historia del Gobierno Provisorio^ 
pero si se recorre sin pasión y con buena fé, no se en- 
cuentra un hecho que no sea fecundo en funestos re- 
sultados ; la abolición de todas las garantías, la muerte 
de todas las leyes, el imperio de una voluntad mal 
inclinada sea por si misma ó por agenas instigaciones ; 
eso es lo que constituye esa triste historia ; tanto mas 
triste cuando que pudo ser altamente gloriosa para 
los hombres que en ella han de figurar , pero que 
antepusieron á la gloria venidera , las conveniencias 
del presente. Las rentas públicas, hoy como ayer, no 
han sido administradas con esa supuesta y decantada 
pureza ; respondan por nosotros los partidarios de la 
revolución moral que suplieron caudales para que 
triunfara; respondan con sinceridad si no es cierto 
que, sin mas documento que un papel suscrito por 
cualquiera de los prohombres de la época, han sacaido 
de las arcas nacionales ocho por cuatro. El tráfico in- 
mundo del honor y de la conciencia, vendidos á los 
destinos y á la voluntad omnipotente del que manda^ 
es por desgracia de la patria el tráfico constante y 
adoptado por los hombres sin valer propio ; ese trá- 
fico no tuvo su origen durante el gobierno del General 
Echenique ; principió desde muchos años antes y se 



£L MURCIÉLAGO. 107 

desarrolló en grande escala, desde que el gobierno 
empezó á sacar del banco de la oposición parlamenta- 
ria á sus enemigos políticos para darles oro y comisio- 
nes diplomáticas , y desde que para buscar en una 
ley la santiñcacion de sus abusos y arbitrariedades 
tuvo que sofocar con dádivas la conciencia de los 
legisladores. 

No son las obras materiales las que atestiguan la 
moralidad, pureza y justificación de un gobernante ; 
el que Lima esté espléndidamente iluminado con gaz, 
no quita que los pueblos estén sumidos en la mas 
completa y oscura ignorancia ; el que se esté cons- 
truyendo una cárcel penitenciaria, nada dice en con- 
tra de la ostentación que, merced á la impunidad, 
hace el criminal de sus delitos ; que se hagan teatros 
y alamedas no quiere decir que el hombre de bien no 
esté sujeto á los arranques y atentados de las autorida- 
des de la revolución. 

Fácil* tarea^ aunque algo larga, y por demás inútil 
seria refutar uno á uno los puntos del editorial apolo- 
gético del Peruano, pero repetimos con el escritor que 
los hechos del gobierno provisorio están al alcance de 
todoSy y son harto conocidos. 

Nada diremos tampoco sobre la célebre reforma ju- 
dicial , obra esclusiva de rencor, realizada en daño de 
la conveniencia y bien estar públicos. Ella consistió 
en la simple subrogación de unas personas con otras í 
agraciando á algunos que perderían mucho si se les 
sujetase á una imparcial comparación con los despo- 
jados. La reforma judicial no ha dado garantías al 
pueblo de mejor administración de justicia; no ha 
asegurado de una manera mas eficaz que antes la res- 
ponsabilidad de los jueces y magistrados ; no ha ser- 
vido en fin sino para difamar sin causa justa ni motivo 



,108 FX MURCIÉLAGO. 

probado á ios que no siguieron ni sostuvieron la ban- 
dera de la revolución. 

Rechazamos si con toda la energía de nuestra alma, 
la insolente aseveración de que el gobierno provisorio 
ha respetado la inviolabilidad del sagrado derecho 
de la libertad de imprenta. El cinismo y la impuden- 
cia llevados á su último punto pudieron inducir al 
menguado y mercenario escritor á insultar á la sociedad 
con tan patente mentira. Haremos ver al escritor mi- 
nisterial que el sagrado derecho de la libertad de la 
imprenta ha sido violado, y violado con fuerza y rei- 
teradas veces, por el Dictador y sus Ministros. 

A los dos ó tres meses de establecida la dictadura 
D. Juan Martin Larrañaga compró de D. José Masias 
una imprenta para continuar la publicación del « He- 
raldo » ; la imprenta fué secuestrada por orden del 
Ministro D. Manupl Toribio Ureta , porque temia y 
con razón que un periódico independiente , echara á 
luz los torpes procedimientos de su Ministerio. Lar- 
rañaga tuvo de dar pasos por mas de cuarenta dias, 
sufriendo atrasos y pérdidas hasta que el Sr. Ureta 
agotó los espedientes en que es fecundo para engañar 
á los hombres. 

Agitábase en las prensas de Lima la cuestión reli- 
giosa que dio origen á los ecritos, de Bilbao; sosteníase 
por una parte la unidad del culto católico, y la esclu- 
sion en la República de todo otro culto público ; y 
por la otra, no solo se predicaba la tolerancia reli- 
giosa, sino que se atacaban con insolente descaro los 
santos dogmas, las ceremonias y los sagrados miste- 
rios del catolicismo ; el gobierno estaba en el caso de 
fomentar la cuestión alentando á los sostenedores de 
nuestra Religión ; pero el Ministro Galvez, llamó ante 
sí á los impresores, para imponerles que suspendieran 



EL MURCIÉLAGO. 109 

toda publicación sobre ese asunto ; los enérgicos re- 
dactores del Católico desconocieron la facultad del 
Ministro para semejante intimación y tuvieron que 
ver su imprenta cerrada y sus personas perseguidas y 
amenazadas con una orden de prisión. 

El Ministro Ureta libró orden de prisión contra el 
Redactor del ^Murciélagos sin previa denuncia de nin- 
guno de sus escritos. 

Poco tiempo después publicó el Heraldo los ar- 
tículos de a EL HOMBRE » y por orden del Ministro 
Galvez fueron denunciados un Sábado, para solo el ob- 
jeto de saberse quien era la persona responsable : cono- 
cida esta y recogida la garantía el mismo Sábado, el 
Domingo á las nueve del dia, se hallaba ya cerrada 
la imprenta ; el redactor y editor del diario asilados 
ea la Legación Francesa para eludir la orden de pri- 
sión y destierro decretada por el Ministro , y se per- 
seguia al escritor que no se escusaba de comparecer 
en el juicio de imprenta, y que sin embargo de estar 
sometido á la acción judicial , fué preso en la calle, 
logrando escapar de los agentes de Policía y asilarse en 
la Legación Brasilera por mas de cuarenta dias. 

Ahora mismo tiene el escritor de este periódico el 
anatema de las autoridades departamentales, para el 
caso en que juzguen que sus escritos puedan difundir 
las verdades en el pueblo. Así ha respetado el go- 
bierno la inviolabilidad del sagrado derecho de liber- 
dad de imprenta^ que no puede ser ni mas amplia 
ni mas completa en favor de los que alquilan sus 
plumas para hacer elogios al que les paga , preten- 
diendo hacer cerrar los ojos al mundo entero, aun 
faltando á su propia conciencia, para tener derecho de 
percibir el salario. 

£1 editorial de que nos ocupamos ha sido escrito 

T. II. 10 



i 10 EL MURCIÉLAGO. 

con motivo de unos pasquines que han circulado en 
Lima ; detestamos esas inmundas publicaciones, cua- 
lesquiera que sean su origen y tendencias, porque en 
ellas se emplea siempre un estilo indigno de una so- 
ciedad que pretende llamarse civilizada ; y porque en 
ellas habla la pasión y no la razón ; sepan sin embar- 
go el escritor ministerial y el gobierno , que esas pu- 
blicaciones y ese lenguaje son el resultado de la falta 
de libertad de imprenta ; que son la espresion del sen- 
timiento comprimido , y que el que no puede hablar 
públicamente sin estar sujeto á otra responsabilidad 
que la legal, recurre para hacerse oir al medio que le 
ofrece menos riesgo. 

No creemos que la misión del escritor público, que 
no procede por un interés espúreo, sea otra que la de 
hacer conocer al pueblo sus derechos y contener al 
poder en sus desbordes ; no creemos tampoco que el 
medio mas seguro de alcanzar estos nobles fines sea el 
pasquín ; pero ¿ á quién echaremos la culpa de que 
se emplee semejante resorte ? Al poder y á nadie mas 
que á él, cuando intenta que la sociedad sufra en si- 
lencio la opresión ; cuando quiere que los hombres se 
resignen á vivir sin mas garantías que las que gracio- 
samente le quieran dispensar los mandatarios. En so- 
ciedades como las nuestras, que blazonan de civiliza- 
das cuando gimen en un vergonzoso atraso, garantía 
para que el gobernante estienda su autoridad hasta 
muy ancha esfera, los escritos de oposición se califi- 
can como los desahogos del descontento ó del que 
quisiera cambiar la faz de las cosas mediante la revo- 
lución ; pero en los paises de mas cultura y civiliza- 
ción que el nuestro, donde las libertades piiblicas no 
consisten en la licenciosidad de unos pocos, la oposi- 
ción franca y decente es un elemento de buen gobier* 



EL MURCIÉLAGO. 111 

no ; el escritor de oposición que no tiene odios ni ren- 
cores, escucha sin pasión la voz pública, toma el pare- 
cer de todas las clases de la sociedad y emite su opi- 
nion con sinceridad, energía y franqueza, sin otra 
mira que servir á su patria. 

En las grandes y poderosas Naciones como la Ingla- 
terra y la Francia, los Ministros, esos hombres ver- 
daderaníente sabios , ilustrados , morales y patriotas, 
vienen abajo cuando en contra de ellos se pronuncia 
la opinión popular : entre nosotros son títulos de per- 
manencia en los altos cargos, la impopularidad, la 
inesperiencia, y la ineptitud ; y cuando cae un Minis- 
tro no recoge sino el desprecio público. Depende esto 
de que la honra nada importa ; de que se atiende al 
sueldo y al provecho material ; de que hemos roto 
con todo sentimento noble, generoso y patriótico para 
dar entero nuestro corazón — á la vanidad y á la co- 
dicia. Pero este estado de universal corrupción viene 
de años muy atrás ; y nuestros primeros hombres tan 
estudiosos de la situación actual para dominarla, no 
se han dado el trabajo de examinar nunca las causas 
de esa verdadera situación. No es entre nosotros una 
ciencia la de gobernar ; en haciendo palacios y alame- 
das, creemos instruir al pueblo, creemos inspirarle 
hábitos de moralidad y de trabajo, creemos fomentar 
la industria, creemos ser profundos políticos , y mien- 
tras el nombre del Perú , se mienta en el estrangero 
con desprecio por muchos y con compasión por algu- 
nos, no faltan seres abyectos, aduladores y mengua- 
dos que sin la conciencia de lo que dicen, pinten al 
pais en un floreciente estado de mejora y de pro- 
greso. 

Si el escritor del Peruano fuera patriota. Hora- 
ria amargas lágrimas , cuando tubiera que ocuparse 



112 EL MURCIÉLAGO. 

del estado político de la República y no predicaría 
máximas de venganza sino de indulgencia y de frater- 
nidad. 

Falta en el Perú, sobre todo, Ib. justicia , sin ella no 
hay sociedad posible ; sin ella el ciudadano es el sier- 
vo del poder ; sin ella son las naciones lo que es la 
nuestra, un enfermo llamado á sucumbir bajo el peso 
de una enfermedad incurable. 

Yo he sufrido con resignación , y estoy dispuesto á 
sufrir la interpretación que se ha querido dar á mis 
escritos, porque creo que con ellos hago un bien aun- 
que pequeñísimo á mi patria : lamento sin embargo 
que hombres llamados por su esperiencia y luces á 
operar en las masas la única revolución favorable, 
que consiste en la difusión de sanas ideas, dejen sola 
mi voz harto débil para encontrar eco ; pero ante la 
santidad de mi propósito no hay nada que me arre- 
dre, así como ninguna esperanza mas ó menos próxima 
me sostiene en él. Si las autoridades se deciden en 
fin á imponerme silencio, si en vez de cambiar de 
política adoptan el reprobado sistema de hacerme 
callar, los hombres sensatos calificarán semejante con- 
ducta, el pueblo me hará justicia y mas tarde los 
que hoy mandan sentirán el remordimiento de haber 
combatido los esfuerzos de un hombre que, harto hu- 
milde para conocer el papel que le cupo desempe- 
ñar en el mundo, quiso sacar á esos mismos man- 
datarios de un camino en que no cosecharan sino 
desprestigio, para marcarles otro donde está la gloria 
y el reconocimiento Nacional , al cual no se llega 
haciendo de los ciudadanos miserables siervos , sino 
útiles colaboradores de le ventura pública : no im- 
poniendo, sino convenciendo : no con las cárceles, 
las venganzas y las espatriaciones , sino la sagaci- 



EL MURCIÉLAGO. 113 

dad y la justicia ; no ofreciendo á la sodedad ejem- 
plos de espantosa corrupción , sino actos de verda- 
dera virtud. 



TODOS CHUPAN. 

Este artículo no es de política. La chupadera es de 
otro género. Se creería al ver el epígrafe que yo iba á 
hablar de la chupadura de destinos que se sigue siem- 
pre á una de de nuestras revoluciones. Se creería que 
me ocupaba de aquellos Juanes Sans culottes que en 
una voltereta se encuentran montados en un cuerno... 
de la Luna, y que después van á dar á otro cuerno sub- 
lunar. No : que al hablar de tales cosas no faltaría 
quien recogiese la alusión y me buscase camorra sin 
mas que porque se haya propuesto no aguantar 
pulgas. 

El objeto de este artículo es hacer ver al público 
peruano que en materia de ciencia y sabiduría, tiene 
categorías en todas las clases de la sociedad. 

En el año de gracia de 1848 llegó á un departa- 
mento un Sr. General con la investidura de prefecto ; 
pensóse naturalmente en recibirlo con muchas demos- 
traciones de contento, entre las cuales se contaba la 
de echarle una loa ó arenga. Fijóse el pueblo en un 
respetable presbítero RECTOR DEL ÚNICO COLE- 
GIO DE LA CAPITAL DEL DEPARTAMENTO, y el 
santo sacerdote aceptó el encargo con una resignación 
evangélica ; pronunciando en la casa de gobierno el 
siguiente discurso : 

Sr. Prefecto. 
tt Así como Alejandro y Julio Cesar entraron en sus 

10. 



114 EL MURCIÉLAGO. 

floridos países ; así US. dentra en su glorioso departa- 
mento á consolar las dolamas del gobierao. El culto 
providencial de las anarquías que han convulsionado 
al Peni, no podrá empero anatematizar el patriocinio 
prefectural que girará en el apogeo de su órbita consti- 
tucional, ayudado de los satélites sagaces de la ins- 
trucción pública. En las consuetudinarias costumbres 
de los paises libres y pundonorosos, la cuerda mas 
sensible es esta; y la ternura le sigue con el raudal y 
cortejo de las fervientes sensaciones que harán la co- 
rona laureada cívica de nuestro patriotismo prefec- 
tural. Sin que quede de los antepasados nuvarrones 
sino una lluvia de beneficios separados de toda escar- 
cha y desasociego — según el sentir del Verbo Encar- 
nado, cuya bendición os deseo á nombre de esta 
heroica y benevolente población que habla á US. y os 
saluda con efusión por el débil eco de mi tremulante 
y convulsionada voz. » 

Del Rector del Colegio, y siguiendo á los santos é 
ilustrados eclesiásticos, pasemos á un cura de almas, 
á quien el Murciélago^ cuando era alguna cosa, 
pidió la fé de óbito de un hombre ; y veamos esta par- 
tida y la nota de su remisión. 

(( El presbítero , que abajo se suscribe, infrascripto 
Teniente de Cura. 

Certifica. 

Que en un libro que se encuentra, en esta mi Vice- 
Parroquia ; en donde se cientan las partidas, se haya 
una del tenor siguiente á sus corresponsales : que dice 
como queda estampada : 

Año del Señor de 1849. En 23 de Agosto este año 
yo el infra-escripto. Teniente de cura, exorcisé ; bap- 
tisé; puse holeo y crisma; y di sepultura eclesiástica 



EL MURCIÉLAGO. 115 

al cadáver del difunto, Manuel Pacha (a) Turrón; 
murió : sin auxilios espirituales y testaméntales, de 
varias heridas contundentes de necesidad mortal. 

Y por orden, del Sr. Juez de estas Provincias, de 
Huamalies y Guanuco ; se pone esta partida — en tra- 
tados. En Chinchao á 9 de Setiembre del Señor de 
1849. — José Tinoco. » 

c( Sp. Juez de estas provincias en la primera instancia 
D. D. N. N. 

' Chinchao y Setiembre 11 de 1849. 

Sr. JüEZ. 

En virtud del auto, que antecede de f. 1 únase : 
á los de su materia ; remitiendo á US. la fé partida, 
del infortunao Manuel Pacha ; agredido para los usos 
consejiles — Dios guarde á US. — Presbítero José Ti- 
ñoco. 

Veamos ahora á un respetable, ilustrado, erudito 
y sapientísimo Canónigo en una oración solemne pro- 
nunciada en la Catedral de Lima en celebridad de la 
victoria de la Palma. 

« En la época de las elecciones se regó con sangre 
el Templo do las Mercedes. Habia un buque que se 
llamaba la Mercedes v como obedeciera al hombre 
en cuyo obsequio se virtió aquella sangre, dispuso 
el Todo Poderoso que el buque naufragase en la 
roca negra. » 

Por no llenar un Murciélago entero dejamos pasar 
por ahora, pero bajo promesa de ocuparnos mas tarde 
de SSa. el H. ex-fraile autor de la Historia de Are- 
quipa , y pasemos á averiguar si en la magistratura 



116 EL )niItCI]ÉL&GO. 

faltan hombrea, que mas que hombres, son pozos pro- 
fundos de... sabiduría. 

Un juez de paz de Pachabamba sometió á un indio 
á juicio por el delito de haber castrado, un marrano 
(probablemente deudo del funcionario judicial) el reo 
de castradura estuvo tres meses en estrecha prisión, 
y habiendo fugado déla cárcel, se pronunció en contra 
suya la siguiente 



PacbAbaoibn Hayo 7 de 1S4V- 

(I En los sumarios que juzgamos con los mayores, del 
ladrón José Mata de la Cruz, atentos el juicio y sus 
testigos que vieron de como pasó, que el Mata, castró 
su marrano de la viuda, según la reglamentarfa de 
jueces de paz, en sus jurisdicciones ; y por los dichos 
de los empíricos que reconocieron con los auxilios de 
mi juzgado el suceso del castrado, con los daños y 
perjuicios consiguientes ; por los cuales hace tres 
meses que Mata estaba en la casa de segurida púbhca 
de donde se lo fugó en esta mañana de madrugada; 
según lo dijo el guardias. Se condena al embargo 
de dos muías : remitiendo el pleito al Sr. Juez de 
derecho D. D. N. N. por el seguimiento de los suma- 
rios. José Feliciano. Con los testigos y Secretario del 
cabildo. » 

Un Sr. Juez de i" instancia letrado, estaba algo 
indispuesto y ordenó que un memorial que se le pre- 
sentaba pasase al conocimiento de un juez de paz, 
espidiendo este auto ; 

a Trujillo 8. Estando este juzgado muy resfriado 
pásese á un juez de paz, para que el recurrente ejer- 
cite de sus derechos conforme al derecho de peti- 
ción. A. n ■ 



EL MURCIÉLAGO. 117 

Otro funcionario de la misma categoría tuvo que 
fallar un artículo de personería y habiendo lo recusado 
una de las partes, proveyó, sin sustanciar ni el artí- 
culo ni la recusación, el auto definitivo que sigue. 

Huánuco Junio 23 de 1849 . 

a Siendo nulo el testamento de f. desde la fecha 
hasta la firma, y siendo nula por lo mismo la cláusula 
de nombramiento de albaceas ; se declara á estos alba- 
ceas sin personería, no obstante lo espuesto por el 
agente fiscal en su parcial dictamen de f. pase al 
Sr. Juez acompañado para que firme este auto ó pro- 
nuncie otro mas arreglado á su práctica y notorios 
talentos. Certifico con testigos. P. M. » 

Pasemos ahora á presentar al público la célebre 
defensa hecha por un abogado de categoría, residente 
en la actualidad en la Capital de la República. 

« I. Sr. — El Procurador D. á nombre* de mi 
cliente defendido espresando agravios de la inicua 
sentencia de 1' instancia que lo condena á seis años 
de presidio con lo demás deducido conforme á derecho 
espongo : que así como de autos no aparece la luz del 
dia que según la ley de partida deben fulminar las 
pruebas ; es por eso que la acusación del Di. Héros se 
relaja y resiente en el sentido del derecho. Las decla- 
raciones de Juan Ramos y Teodoro Aguirre, corro- 
boran y testifican bajo malos auspicios que en vano 
quería destrozar la semi-prueba comprobada de la 
mas filosófica justicia. Ni la decisión judicial ni los 
fundamentos, ni la fuerza justificadora de la conciencia 
bastarían según el espíritu de la civilización. » 

« ¿ Pero qué es alevosía ? Donde existe ? ¿ Cónio se la 
comprueba? Ni en las luctuosas páginas de los go- 
biernos Monárquicos de derecho Divino, se reputa 



1)8 GL MDIICIÉLAGO. 

alevosía un acto primo, primus actus furom, ecce 
voluntas exduilur. Y sin embargo sea alevosía, ¡ pero 
hasta cuando y hasta que punto, deben medirse con 
la vara graduada de la ley ? 

11 A esta demostración eminente, jurídica y nacional 
ocurren otras muchas que aduciré, esplanaré é inter- 
pretaré en el informe bocal á que me preparo, y por 
tanto. 

« A US. Suplico que habiendo espresado los agravios 
es justicia, etc. » 

Lima Agosto 3 de 1B54. — J. B. — J. D. R. 

Entre los discípulos de Esculapio no nos faltan 
hombres prominentes ; he aquí, el modo como absolvió 
UD médico una consulta profesional. 

«HuauraJulioS de 1841. — Conforme alas dolen- 
cias que tienes; nada es; el juicio, mas segúremenos 
vale qiie el Dr. Rosas no ha sabido esplicar. No' hay 
sino las viles desparrados en la sangre y á todos los 
cholos muchos he sanado con limonadas de cebada, 
con nitro, y tamarindos de los que hace el barbero. 
Cuando salga de donde Blas iré á pulsarlo : que á 
veces hasta al pulso sale las enfermedades confoi'me 
al estado que toman las viles. Ayudas pueden echar 
si el curso no está corriente ; pero con la bebida 
siempre sanan. Que me manden los 2 reales de la 
visita que fui el lunes ; si no los mandan no voy, que 
no hice la curiosidad de la medecina para servir de en 
valdes. — Ararisana. n 

Remontémonos ahora hasta la escala superior de 
los empleados de la República; y tropezaremos con 
ministros que pasan notas del tenor siguiente. 

fi Ministerio de Gobierno, etc. — (Reservada). Sr. 
Ministro de Hacienda. — Sírvase US. dar la orden 



EL MURCIÉLAGO. . Ii9 

para que al portador se le entregue, eso que indiqué 
á US. ayer en presencia de S. E, — Dios guarde á 
US. — N. N. » 

Si fuéramos á metemos en las otras clases de pro- 
fesores y empleados que hacen el ornamento de nuestra 
culta é ^7^/5/r«da sociedad, no acabaríamos nunca. Y no 
se diga que los documentos que acabamos de citar no 
hablan harto claro sobre el estado de nuestra civiliza- 
ción. Millares de ellos que tenemos originales en 
nuestro poder nos harían tener el convencimiento, si 
es que hasta ahora no lo tenemos, de que en casi todos 
los pueblos del interior de la República, sacerdotes 
(perdón) jueces, abogados, médicos, etc. , con pocas 
excepciones están en el Statu quibus; sugeto hemos 
tenido de Ministro diplomático en Bolivia que dijo al 
Ministro de Relaciones Esteriores de esa República, 
« mándeme US. mi carta de retiro, que en este correo 
pido mi pasaporte á mi gobierno » . 

¿Mientras tanto se ha pensado, en hacer una verda- 
dera reforma, mediante la cual todas las bestias estén 
en sus pesebres? ¡ Ay ! que no, y no se pensará tam- 
poco nunca en ella ; porque mientras mas bruta sea 
recua, el arriero mas bruto es el mejor. Pues — amor 
jungit símiles — que quiere decir tal para cuales ; así 
vamos bien, y cada que se ofrece (1) decimos nuestra 
ilustrada sociedad; nuestro progreso — nuestra civili- 
zación y estamos mas pagados de todas esas cosas 
nuestras que Dios de habernos echado al mundo. 

(1) Término vsual no quiero decir en donde. 



120 EL MURCIÉLAGO. 



LA COROli DEL PADRE VALDIVIA. 

Angeles somos 

Del cielo venimos, 

A pedir pan y mondongo 

Paro el padre Gongo. 

Un pan de á real 

Para el padre Provincial, 

Un pan de á medio 

Para el Padre campanero; 

Una ayuda de agua tibia. 

Para el padre Valdivia, etc., etc. ^ 

Y aunque todas sean coronas, no voy á hablar de 
aquellas que tienen todos los sacerdotes mas ó menos 
santos, en medio de la calavera y que es obra de las 
groseras manos de un rapador. La corona en cues- 
tión, es la que solo alcanzan los sacerdotes eminente- 
mente santos. 

Compuesta de mirtos y arrayanes 
Tejida por la gente de fustanes. 

Sabido es el ardor y entusiasmo con que la cuestión 
Tolerancia de Cultos fué combatida y sostenida por 
nuestros cultos convencionales; sabido también es que 
muchas hembras manifestaron sus opiniones religio- 
sas, obsequiando coronas de flores á algunos diputa- 
dos, de alfalfa á otros, y gatos y otras curiosidades de 
esta clase á algunos otros, entre los que se cuentan 
las dos postas de mi gusto. Matute y Portillo; tam- 
bién es sabido que nuestro amable Dean Valdivia, fué 
de los ardientes y calientes sostenedores do la Vni- 
dad, y que sus profundos, nada obcenos y pudendos 
discursos, le merecieron alto nombre por su instruc- 



£L MURCIÉLAGO. 121 

cion en el Politeismo; pero lo que, tal vez, es ignorado 
de muchos es que el susodicho ex-claustrado alcanzó 
el honor de ser agraciado con una corona, que inten- 
cional ó casualmente cayó á los pies de su Ex-Pater- 
nidad. Pues bien, la tal corona fué remitida en primera 
oportunidad á esta ciudad de los Libres á la orden y 
disposición de ciertas devotas que viven en santa 
comunidad. Esta inapreciable prenda debida a^ mé- 
rito, virtud y conocimientos del dos veces coronado, 
mereció ser colocada sobre la mesa de un altar, siendo 
objeto de respetuosa veneración de las de-botas : y por 
tener el honor de verla y admirarla se ha hecho en el 
lugar una peregrinación como la de los Mahometanos 
á la Meca y la de los Españoles á Santiago de Com- 
postela. La noche del 24 de Diciembre fué puesta la 
corona dentro de la urna del Niño Jesús de donde no 
saldrá hasta el dia 1° de Noviembre del presente año. 
Mis lectores no habrán olvidado que ea tal dia, 
acostumbraban los muchachos , ponerse ]a camisa ' 
sobre los pantalones, y llevaí' en la cabeza una corona 
de alfalfa y capuchinos ; en la mano derecha una larga 
cruz, y en la izquierda una canastilla, y que reunidos 
en grupo cantaban por las calles la graciosa retahila : 
ángeles somos — Del cielo venimos^ y que tan agra- 
dable costumbre se ha ido aboliendo conforme hemos 
avanzado en civilización. Parece sin embargo que el 
P. Valdivia no pretende condenar la corona á perpe- 
tua clausura y que en el dia citado saldrá de angelito 
cantando : 

Soy ángel patudo 
De Lima he Tenido, 
Corona he traído. 
Porque bien hablé. 
Pido una limosna, 

T. II. 11 



122 EL MURCIÉLAGO. 

La Mitra del Cuzco 

Solicito busco 

Y al fin la hallaré. 



HS GUAREHTi T CnCO PABES DE COCOS. 

¿liares ó nones? — Nones — contemos — uno, dos, 
tres... veintiuno, veintidós — perdió U. — Pues... 
veamos... otra vez... perdi... ganó U. Murciélago.. ^ 
¿Pares ó Nones? — Nones — ^uno,... dos.. . tres... vein- 
tidós y dos, veintitrés... 

He ganado á U. cuarenta y cinco pares. No Sr. que 
ha hecho Ü. trampa — ¡oh I que la trampa viene de 
ü... y que si... y que no... 

El resultado del juego es que yo espuse mi capital 
y que después de ganar, me quedé como sino hubiera 
jugado. ¿Pero soy yo solo el que me encuentro en este 
caso? No: que la patria mía está en este constante 
juego con sus mandatarios. ¿Adivina la patria? Pues 
ella paga. ¿No adivina la patria? Pues ella paga 
también. 

Hace muchos años que nosotros corriendo tras la 
s^uerte, encontramos pares ^ cuando decimos nones; 
y nos damos con ruones cuando decimos pares; y que 
habiendo tenido presidentes á pares y anones hemos 
perdido siempre la parada, ganándola ellos solos. 
Sin embargo, tiempo llegará en que haya buena fé 
en el juego y que podamos salir de tanta maldita 
trampa; trampa si jugamos constitucionalmente, 
trampa si inconstitucionalmente ; trampa si jugamos 
con este ; trampa si jugamos con el otro ; y el resul- 
tado de tanta trampa, será que el mejor dia del año 
nos lleve la trampa. 



EL MURCIÉLAGO. i23 

Pero Dios ha de querer que algún dia será la polla 
del que adivine á gobernarnos bien, y no del que 
solo adivine el modo de apoderarse del gobierno; 
y algún dia también me pagarán mis cuarenta y cinco 
pares de cocos. Mientras tanto lectores mios, contesten 
ustedes ¿Pares ó Nones? 



LAS PALABRAS DEL EX FRAILE VALDIVIA. 

« Los empleados de todos ramos, que sirvieron á 
Echenique, eran los sostenes de su administración , y 
para echar abajo este fantasmón preciso era minar esos 
sostenes. ¿ Y quiénes eran ellos? Quisiera que no hu- 
bieran sido criminales, porque no deseo que en mi 
patria los haya. Preciso es confesarlo : no hay otros 
enemigos de la actualidad, que los caldos, y los ven- 
cedores que no han sido satisfechos de sus' haberes. » 

a Repito, señálense los crímenes del dictador, que 
yo estoy pronto á acusarlo. Se le encontrarán faltas, 
graves, tal vez, porque al fin es hombre; pero nadie 
pondrá en duda su honradez á toda prueba, su patrio- 
tismo, su respeto á la Convención, respeto que llega 
al estremo de haber dicho que estaba resuelto á sos- 
tener hasta los disparates que nosotros hiciéramos. 
I Puede llegar á mas el respeto del Libertador hacia la 
Convención? Dígaseme ¿no somos hombres, si el Li- 
bertador hubiera metido mano, no habría ganado un 
par de docenas de nosotros f Es preciso guardar al- 
gunas consideraciones á ese hombre sufrido y hon- 
rado á quien tanto le debe el pais, y que tanto nos 
respeta, y con el que se honrarían algunas naciones ex- 
trangeras. » [El Comercio del Sábado l^de Diciembre, ) 



124 EL MURCIÉLAGO. 

El H. y respetable ex-padre Valdivia, diputado á la 
Convención Nacional del tiempo de la moralidad, ha 
tenido la moralidad de pronunciar en plena cámara 
las anteriores palabras al tratarse de si debian ó no 
ser examinados por el cuerpo legislativo los actos del 
Excmo. Sr. D. Ramón Castilla, Dictador Provisorio, 
Libertador Provisorio, Presidente Provisorio de esto 
que provisoriamente llamamos República del Perú. 

En otro tiempo nos habríamos escandalizado del 
concepto en que el diputado fantasmón^ tenia á sus 
colegas fantasmitosy pero hoy en que la moralidad se 
ha desarrollado entre nosotros de tal suerte que nos 
persigue do quiera^ cual negra y Jatídica fantasma, 
no podemos sino felicitar al susodicho por la franqueza 
do sus discursos. 

Somos hombres^ ha dicho, y si el libertador hu- 
biera metido mano^ hubiera ganado un par de doce- 
ñas de nosotros (diputados). Yo, el Murciélago^ soy 
hace mucho tiempo profesor de esa teoría, y recono- 
cedor de la exactitud de ese principio, y estraño que 
mi honorable compinche no hubiese terminado su pe- 
ríodo diciendo ; pero como ha metido bota, ha ganado 
un par de pares de docenas. 

Congreso ha habido en que una ofensa de menos 
importancia hecha directa ó indirectamente á uno ó á 
todos los diputados, ha excitado la susceptibilidad de 
estos hasta el punto de rechazar la injuria y exigir sa- 
tisfacción al injuriante ; pero esos tiempos de tiranía é 
inmoralidad, han pasado dichosamente para llegar á 
una época en que se puede decir en público y en tono 
altisonante, lo que antes solo podia decirse en privado 
y soto voce. Ya se vé, en esos picaros tiempos, aun los 
vendibles^ tenian la vanidad de querer aparecer m- 
comprables, porque los Congresos á que pertenecieron 



EL MURCIÉLAGO. 125 

se componían de hombres, y no de fantasmitos como 
Matute^ y fantasmones como Valdivia. Las compras 
ocultas se hacian entonces cabeza por cabeza ; ahora 
se hacen por docenas ; mas tarde, si Dios quiere, po- 
dran realizarse por gruesas. Pues, el comercio pros- 
pera , y siendo este uno de los ramos que tanla ensan- 
cha y engrandece la riqueza pública, cierto es y evi- 
dente que llevamos trazas de llegar á ser altamente 
ricos y poderosos en cinismo y en impudencia. 



¿Quién compra esie fantasmón? 
¿ Quién lo compra ? Se remata 
£s una alhaja barata 
Propria de una Couvencion. 

Y se vende... ¿ Dan apenas 
Un par de cuernos por él ? 

¿ No hai quién compre este Luzbel, 
Muestra de un par de docenas ? 

Y se vende... se remata... 

¿No hai quién dé mas? A la una... 
A las dos... ¡ buena fortuna 
Haya quien diere su plata! 



FIN DE LOS ARTÍCULOS DEL MURCIÉLAGO. EN AREQUIPA. 



11. 



T VAH TRES. 

Nido en Lima, Febrero 3 de 1856, 

Y van tres veces que maguer la buena voluntad que 
el gobierno me profesa, me atrevo á salir por estos 
mundos, y cierto que después de las malas pasadas 
que me ha hecho mi amigo D. Pedro Ganseco (á quien 
Dios guarde) no deja de ser atrevimiento el mió; pero 
como mi otro amigo, el redactor de su Peruano^ se ha 
empeñado en demostrar que tenemos garantías, y li- 
bertades y otras curiosidades de esa clase, y que el 
gobierno no consiente que á nadie se le trate sin la 
cortesía conveniente, creo necesario hacer la tercera 
intentona para ver, si en ella, soy maz feliz que en las 
dos anteriores. 

En virtud de lo expuesto, y sabiendo ya hace tiempo 
que : al que á buen árbol se arrima buen palo le cae 
encima, entremos á Murciélaguear, in sancto nomine 
patris. Amen. 



DEHUHCIEN ESTE, 

Y así saldrán, que yo no he de dar gusto á nadie en 
hablar mal del próximo, ni menos de los próximos de 
alto copete. Ni ¿ que puede ya decir un pobre Diablo 



EL MURCIÉLAGO. 127 

que no lo haya repetido hasta el Diablo mayor, en latín 
y en castellano, sin que las cosas que aquí se dicen y 
se redicen produzcan el mas ligero efecto ? — Señor : 
que estamos mal, gritan hasta los indios de la puna; 
burros, nunca estubimos mejor, contestan el Peruano 
y el P. Valdivia : y como estos últimos no pueden 
mentir, resulta que nosotros nos engañamos misera- 
blemente y que somos tan estúpidos que no conocemos 
que la patria suda la felicidad, y que pronto, muy 
pronto quedará ahogada de gozo. Si U. dice : Sr. que 
no hay libertad de imprenta, le contestan, la prueba 
de que la hay, es que no le han cortado á U. la lengua; 
si U. repite que no hay garantías, le repiten que si no 
las hubiera Va le hubieran quitado á U. la muger ; si 
U. insiste en que la libertad es una quimera, le ma- 
chacan, con que si no fuera real, evidente y palpable, 
el gobierno no hiciera lo que le da su muchísima gana : 
y U. tiene que creer lo que le dicen, ó reventar si no lo 
cree, y pocos soa los que revientan por su gusto y por 
no creer, en su vida , unas pocas mentiras de mas ó 
de menos. . 

Como nada se goza hoy, porque un hombre tenga 
derecho á ello ; como todo y, hasta el aire, se disfmta 
por la suprema bondad de un bondadoso Señor ; ne- 
cesario es darle gracias y abolir ciertas frases usuales, 
para sustituirlas con otras que mejor convienen á nues- 
tra actual situación ; así cuando nos pregunten : 

— ¿ Como está U. de salud ? — debemos respon- 
der. 

— Para servir á U., gracias al Libertador. 

— ¿ Y su señora de U. como ha salido en su pa to 

— Muy bien, gracias al Libertador. 

— ¿ Con qué se sacó U. una suerte el Jueves ? 

— Si Sr. , gracias al Libertador. 



128 EL MURCIÉLAGO. 

— ¿Y SU hijo de U. ? 

— Está en la cárcel, gracias al Libertador. 

— ¿Y por qué? 

— Porque escribió una letrilla y el Fiscal la denun- 
ció, gracias al Libertador. 

— ¿ Y su padre de U. ? 

— Está muñéndose de hambre, gracias al Liber- 
tador. 

— ¿Y por qué? 

— Porque fué echeniquista, gracias al Libertador. 

— ¿ Hasta mañana, mi amigo, 

— Si quiere el Libertador. 






COSVEHCION NACIONAL, SESIÓN DEL DÍA 20. 

1' PARTE. 

Se abrió la sesión como se abre todos los dias, se 

eyó el acta, como se lee todos los dias : se aprobó 

como se aprueba todos los dias : se sentaron los sugetos 

del mismo modo que se sientan todos los dias : rebuz... 

hablaron algunos como hablan todos los dias. 

Continuó la discusión sobre el informe de la 
mayoría y se decidió que habiendo ya agotado sus ta- 
lentos los preopinantes y post-opinantes se reservase la 
votación para mañana. En la tardanza está el peligro. 

2* PARTE. 

El Sr. Gamio — Estas bromas son para comprar 
votos y hacer que la cosa se la lleve Barrabas. 

El Sr. Galvez (Cajamarca) — US. se equivoca, la 
demora es para buscar el acierto. 



EL MURCIÉLAGO. 129 

El Sr. Gamio — ¡ Qjné acierto ni que corona de 
P. Valdivia! Esto es inicuo, la Convención se degrada 
V se humilla. 

El Sr. Calvez — Quien se degrada es US. 

El Sr. Gamio — US. es un tal. 

El Sr. Galvez — Y US. un cual. 

ElSr. Gamio — Y US. un tal por cual. 

Coro — SS... Compañeros... Honorables... al or- 
den... al orden. 

Lo adversarios se voltean las espaldas y finis coro- 
nat opus. 

3* PARTE. 

El H. Sr. Araoz — Lo que se pretende, con esta 
demora, es hacerse de votos, y que el Sr. Ureta siga 
conquistando disputados. 

El Sr. Valdivia — ¡ Qué significa eso de hablar de 
Ureta ! yo quiero á Ureta mas que á mi solideo y no 
permito que nadie lo nombre si no es con reverencia. 

El Sr. Araoz — Yo decia que... 

El Sr. Valdivia — Qué tiene US. que decir? US. 
es un mozuelo á quien hacemos mucho honor en con- 
sentir aquí. ¡ Hablar de Ureta á quien yo quiero mas 
que á mis calzetas ! 

ElSn. Araoz — Sr. US. abusa porque tiene canas, 
años y sotana. 

ElSr. Valdivia (terciando su manteo y empuñando 
su garrote) — Yo no abuso, soy un hombre para ha- 
bérmelas con cualquiera, no será US. el primero á 
quien yo casque la cubierta. . . pues... yo... ¡ Venir á 
mentar á Ureta á quien yo quiero mas que á lo blanco 
de mis ojos ! Puff! 

El Sr. Araoz — US. se propasa. Señor preopi- 



130 EL MUCIÉLAGO. 

El Sr, Valdivia — Que preopinante, ni que huevos 
duros ! yo soy liberal hasta los tuétanos yo escribí el 
Yanacocha; US. es un liberalillo de á ciento en libra; 
! Atreverse á nombrar á Ureta á quien yo quiero como 
á las cacarañas de mi rostro! Puff! Puff ! 

Coro — Al orden... Señores... no se sofoquen Use- 
ñorías... no pierdan su calor natural... Señores, 
Useñorías no cobran dietas para decirse aquí desver- 
güenzas ¿por qué no van Useñorías á un galpón? 

Con esto se cerraron las sesiones — ¿Se salva la pa- 
tria ó no se salva? 



SESIOH DEL día DE HOT. 



1" PARTE. 



Se abrió la sesión con los signos y baterías conocidas, 
y se puso en votación el primer artículo del dictamen 
de la mayoría en la gran cuestión soberanía. 

El artículo fué aprobado por 40 votos ; sosteniendo 
al tío, 35. 

El honorable San Román — Señor : yo no puedo 
consentir sin duda que se menoscaben las facultades 
de mi amo, que en dos ocasiones me botó á punta-piés 
del Ministerio — PROTESTO con toda la bajeza de 
que soy capaz sin duda, y me vpy en derechura á 
embetunar las botas, cuya punta he sentido ya en el... 
(se va.) 

El honorable Rodriguez — Señor ; pido que se de- 
claren infames é indignos á los diputados que aban- 
donen la sala. 

El honorable Cabello — Hoy es el dia de morir con 



EL MURCIÉLAGO. 131 

honor, y de morir en este sitio — (aplausos estrepi- 
tosos.) 

Habiéndose armado mía de populo bárbaro se sus- 
pendió por un rato la session. 

2* PARTE. 

El honorable Cortés — que parece que habla al- 
morzado seviche^ se puso á picopotones con cuantos 
gallos encontró á tiro, (aplausos y toses en la barra.) 

3* PARTE. 

Ocupó la silla S. E. el Presidente; mandó contar 
la recua, y resultaron de menos como 20 meritorios 
(vulgo serviles) no pudo continuar la cámara, sino 
como camarilla. El Presidente ofreció su palabra de 
hacer tout son possible por recojer las ovejas descar- 
riadas, y dijo que los HH. podian quedar en confe- 
rencian. 

El honorable Barreto — Señor : pero debemos 
quedamos aquí, hasta que esté completo el aposto^ 
lado. 

El honorable señor Presidente — Tendré mucho 
gusto en permanecer en tan buena compañia, pueden 
Useñorías continuar, y mientras tanto tomaremos las 
once. 

Para guardar y hacer guardar, las resoluciones de 
la Convención y á los honorables convencionales, ha 
estado el ejército en actitud de habérselas con los 
rusos, si los rusos pretendieran desconocer la sobe- 
ranía del cuerpo soberano, acatada y respetada por el 
Presidente Provisorio y por su Ministro de Hacienda. 



132 EL MURCIÉLAGO. 

4* PARTE. 

El Sanedrín se reúne en la casa del Mariscal Lim- 
piabotas (a) Rey de Bastos, y allí viéndose las caras 
cada uno hace acopio de servilismo para la sesión 
de mañana. 



DOCDHERTO PABLAHENTARIO SESIÓN DE ATER. 

El honorable señor T avara — ] ¡ Quien se mete á 
disputar nuestra soberanía ! ! ni nuestra potestad!... 
que es tan alta como los cuernos de la Luna!... se ha 
dicho que se quiere paz á todo evento^ y que hay co- 
nato ¡iQxxQ es conato? En el Código no hay conside- 
randos; esos considerandos son una invención nueva 
de la civilización I Esta civilización que ahorcada la 
viera yo, sin echar ni una lágrima, no' ha venido sino 
á meter trabas en todas las cosas! ¿De cuando acá 
tienen los hombres que considerar lo que hacen? Antes 
las leyes no tenian considerandos, porque no habia 
imprenta. 

¡ La imprenta ! Otra broma de la civilización, lo 
mismo que este sillón que me han mandado de Europa 
para que yo oiga lo que me dicen, como si no fuera 
bastante esta trompetilla ! Antes que hubiera imprenta, 
todo sé hacia por calilla fria. Se abusa de la palabra 
principio : hace tiempo que estamos con estos princi- 
pios^ treinta ^.ños llevamos de principios y todavía 
estamos sicut erat in principio ! Es necesario que al 
instalarse, diga un cuerpo que ya que está instalado! 
¡ Pues, no faltaba sino esa! Los anteriores cuerpos lo 



EL MURCIÉLAGO. 133 

hicieran así! Lea V. E. la declaratoria del año 22, 
34 y 39. El 14 de Julio que os instalasteis que decla- 
rasteis? 

Declarasteis que sois lo que sois ; y á buen seguro 
que nadie sabe lo que vos sois, así como nadie sabe lo 
que yo soy I 

Quiero defender á uno que, á título de delincuente, 
se nos ha metido aquí el otro dia, como un toro de 
perros^ y á quien os permitisteis clavar mas banderil- 
las que pelo tengo yo en la parte delantera de mi cala- 
vera. En la cuestión Castilla, la duda era absurda ! — 
Tenéis potestad para derogar y para hacer gracia! así 
como yo la tengo para gritar y hacer uso de la trompe- 
tilla! 

Mi convencimiento es que el Ministro de Hacienda, 
710 tiene razon\ que el Libertador tampoco tiene razón; 
que la Convención tampoco tiene razón! Razón. ¿Y 
quién tiene razón en esta tierra? ¿Quién tiene una 
pisca de sentido común ? 

Mi convencimiento es, que asi como el Ministro 
tiene su opinión, yo tengo la mia, y cada uno tiene la 
suya y no es posible que en medio de tantas opinio- 
nes, todas ellas disparatadas como son todas las que 
salen de cabezas como la mia, salga una cosa que no 
sea una... ¿y por que hemos de restringir la opinión 
del Ministro? ¿Y por qué el Ministro ha de restringir 
la nuestra? Siga cada cual su tema que así, así he 
llegado yo á viejo y llegará todo el que siga mi ca- 
mino. 

La cuestión actual es de derecho público y de de- 
recho doméstico. — La convención opina en su salón 
y el Ministro en su alcoba. 

Vosotros mismos habéis dejado abierto un boquerón 
de donde salió la duda! Concedo que haya conato... 

T. II. 12 • 



134 £L MURCIÉLAGO. 

Pero ¿el conato merece pena? ¿Después de 25 siglos 
hay en nuestro seno otro Dracon? Repito que la del 
Ministro es una opinión^ y de esta opinión no me saca 
ni el Diablo con sus cuernos ! Scipion subió al capitolio 
para dar gracias y lo llevaron después á cenar con los 
calvos. ¿Y qué resultó á Scipion y al capitolio y al 
cadalso? Resultó que el dictamen de la mayoría, no 
puede salvar el peligro de las peripecias y que al fin 
cada cual está á la suya. ¿ Qué viene el diputado por 
Castilla, y de Condesuyos con sus discursos anti-tava- 
rinos? ¿Qué resultará? que tendréis un Ejecutivo 
desprestigiado y que después de desprestigiado habrá 
que fusilarlo / Y ya veremos que fecha tendi-a el tal 
Ejecutivo después de fusilado ; ya veremos que repre- 
sentante se para á contemplarlo un cuarto de hora ! 

Yo quiero que vuelva la edad de oro; y por lo mismo 
no quiero que los jóvenes se me vengan á las barbas 
Dicen que esta es la única revolución popular, ¡vaya! 
La del año 34 fué de chuparse los dedos. 

Por todo lo dicho, estoy contra todos los dictánoienes. 
(Publicado en el Heraldo de Lima.) 



DOS DE ALLÁ. 

— ¡ ¡ Josto ! ! 

— ¡ ¡ Melchorio ! 1 

— Hombre, Josto, gosto tenetüos verte» cuando te 
llegaste? 

— Jueves venedero todavea llegamos. 

— ¿Y el juamilías? 

— En so saiodes no tenemos novedad i que al jui* 
nes, del pestes todos morierotí ; por eso con loto de 
negro estamos. 



EL MURCIÉLAGO. 135 

— ¿ Y el poiblos como quedaron ? 

— Mejores no vemos nonca. ¡ Melchorio, el Alvazura 
salió del Prefectoras, que el Convención quetó, segon 
por allá dejeron. El otro Prefectos con dos bárreles ta- 
marendos llegaron boenos : sos tesanas tomaron el 
apestados y morieron con sos gestos de refrescos. El 
rigolocion decian también iba, pero no llegó, y cada 
cual so alegría tiene que en pas veviremos con noestro 
taita. — ¿Y por acá como andan el asontos? ¿Y el 
convención ? 

— I Ay ! Josto. 

— Y el nuevo Constitución que estaban tejiendo? 

— ¡ Ay ! Josto. 

— Y el ley de armesticio. 

— Ay josto. 

— Y el moralida. 

— ¡ Ay Josto ! El moralida trajimos desde nuestras 
tierras ; pero desde que llegamos, encajonaron y sa- 
caron cuando toda pudrida estaba. 

— ¿ Con que echo á perder ? 

— Si : lempio, perdió todo. 

— ¿Y como vamos vevir sin ella. ? 

— El taita desque va á encargar del estrangeria, 
que dece mejores son : homidos decen este tempera- 
mento habia sido, y aquí todo mojocea. 

— ¿Y garanteas ? 

— Mochas vemos todas los noches correteando por 
el calles : en el portal se vieras, volando como el mor- 
ciegalos de on lado para otros ; pero Josto, tocar no 
podemos : enjuermas no mas están todas. 

— ¿Elalebertá? 

— Hombre para que menteremos. Ni en pentora 
hemos vesto todavía. 

— ¿ E el progreso que dejeron? 



136 EL MURCIÉLAGO. 

— Estovo aquí ahora meses, é dejo que hace mocho 
calor y se foy por otro vapor, desque también mon- 
daron llamar. 

— ¿ Entonces que hacieron de esos tantos cosas 
que ofrecieron ? 

— De lo que ofrecieron nada de rigolares hacieron. 
Pero siempre sos boenas razones tienen. El cesas van 
componer ahora porque decen que el Convención va 
á poner so soberanía ; esta soberanía, yo sopongo que 
por acá llaman unas botas que se sobin hasta el ingles; 
el que tiene poestas puede hacer el que quiera ; el 
Convenciones desque carta va escribir al taita pe- 
diendo de los desechos usados on par; padre Valdevia 
pondrá una, y el Tordeyo otra meterá en sos pies, é 
entonces, ya soberanía decen habrá en el Convención 
que hasta hoy dias do hubo. Sos toros no mas hecie- 
ron el otro dia. Al Fabeo Menistros en ellos empona- 
ron ; ¿sehobieras gosado? Rajón metieron todos el 
convencionales ; el Fabeo dejo noes é sies conforme al 
gestos de todos el capeadores, y despoes que sos 
cueros agojirearon doro, aflojaron á sos casas; todos 
herieron é hasta so vergoenza perder hecieron ; pero 
por fuines que en esta capetal, el vergoenza no hacen 
faltas; tenes plata, entonces el de mas no serven. 
¿ Pero en fuin , Josto á que te has venedo acá ? 

— Cartas recebimos del Marescales, que vengamos, 
porque hemos de arreglar unos asontos y á sos domi- 
cilios vamos yendo ahora. Después veremos. JEn el 
tambo del cuatro , nomiro Sol vevimos, osté vendrás 
vernos; mas largo hemos de hablar. 



EL MURCIÉLAGO. 137 

profecía. 

El Murciélago que cree conocer á los anímale» de 
su tierra y sabe que las animalias^ son el verdadero 
carácter que nos caracteriza, predice y profetiza que 
la gran cuestión política que hoy se ventila, aunque 
ha llegado ya á ser algo. 

Si los honorables de la mayorría se tienen tiesos 
como hijos de vizcaynos, llegará a ser 

MUCHO , 

pero que si pasan por entre las botas será todo un 

CUERNO. 



HAS QUE HE AHARREN. 

Lo dicho, y á lo dicho me remito. Estamos en el 
caso de que cuando oimos hablar por estos mundos 
que ya la Convención se consumió, preguntamos ¿quién 
tiene la culpa ? 

Un Juan Lanas se casó con una Juana Espinas, moza 
que llevaba una buena dote en mgnedas y una no me- 
nor en mal genio y de caprichos. Ocurrióse un dia á la 
sujeta hacer á su marido un cariño de mal gusto y el 
suplicó se dejase morder la punta de la oreja, el pobre 
del Juan se rió y entregó la punta solicitada; dias 
después se trataba de morder un poco mas y creciendo 
cada día los deseos, acabaron por la pretensión de re- 
banar toda una oreja : no era ya broma la broma, el 

12. 



i 38 EL MURCIÉLAGO. 

hombre se resistió cuanto pudo, de las resistencias 
afectuosas pasó á las formales y de estas al enojo ; y 
cuando quiso el esposo meterse en sus calzones, la no- 
via le aflojó un sopla mocos y tomó las de Villa Diego. 

La hembra salió por esas viñas de Cristo, queján- 
dose de la poca complacencia de su consorte ; el con- 
sorte se quejaba de haber tenido mucha complacencia 
con la hembra, y aunque á los dos les pesaba haber 
sido lo que fueron, el resultado es que el matrimonio 
se deshizo, sin que todos los amigos y amigas se hu- 
biesen puesto nunca de acuerdo sobre el punto de 
quién tiene la culpa. 

El 14 de Julio del ano de gracia de 1855 se instaló 
la Convención Nacional, y el Señor se presentó en la 
Augusta Asamblea á decir : paucis verbis, que, ocur- 
rió tal y cual cosa en la campaña, que habia sido dic- 
tador porque así le convenia, y que se habia visto 
obligado á contener un poquito la libertad de la im- 
prenta. Acabó su sermón y se fué con las insignias de 
mando y sus Ínfulas de Dictador, sin que ninguna 
boca se abriese para decirle : á lo hecho pechoy pero 
de hoy en adelante andará su majestad por camino 
mas estrecho. Este fué el primer mordiscon en la 
oreja. 

Yendo dias y viniendo dias se amazó el Estatuto y 
se dijo al Señor que se molestara en venir á jurar ; 
como él conoce que no se ha de tomar el santo nombre 
de Dios en vano, y estaba seguro de que si juraba no 
iba á hacer otra cosa, fué y dijo cuatro frescas y dos 
calientes, y ya el mordiscon fué mas recio, porque dijo 
que al hacerse cargo de la encomienda que recibió de 
los pueblos, habia jurado, guardarla como cosa pro- 
pia. Desde estonces enseñó el Diablo la cola : alh' es- 
taba la opinión de que el poder ó autoridad conferida 



EL MUBCIÉLAGO. 139 

por la Convención en la ley de 14 de Julio, era nada, 
y que subsistía el conferido por medio de las actas 
populares. 

Vino después la cuestión Castillo y ya la cosa fué 
un tarascón de lagarto : sin embargo se puso un paño 
de agua florida sobre el lugar lastimado y pasó el do- 
lor, quedando la cicatriz honda é inefacable. 

Finalmente, la cuestión contribuciones trajo en- 
vuelta la de origen y estension de poderes : los padres 
conscritos quisieron huir la oreja del machete, em- 
plearon dias y mas dias en ver como se surcia la cosa, 
y al cabo recibieron su bofetón y ahora ¿Que cuenta 
dan á sus provincias? 

No llega tarde quien llega^ y la energía Conven- 
cional aunque ha venido algo tarde , no por eso ha de- 
jado de ser bien recibida; aunque esté machucada y 
aplastada por el formidable poder de una bota la fnas 
pesada y grande que se haya fabricado desde la inven- 
ción de las zandalias por Jeremías hasta la de los bo- 
tines de elásticos, por el Ministro Ureta. — Y no nos 
faltan razones para creer á este sujeto el autor ó in- 
ventor de este calzado; mas tarde las esplicarémos 
con la estension que el asunto requiere. 

La Convención se ha vuelto mu pólipo. El afange li- 
bertador la ha dividido y han resultado dos de una. 
Hay una Convención meritoria, y una popular; con 
la primera hará el Provisorio todos los timbuches que 
sean de su agrado, para asegurar su poder : con la 
segunda no hará nada el pueblo, porque el pueblo, 
entre nosotros, se cuida muy poco de esas bufonadas. 

Eso no quita que la lucha de que el Perú es hoy 
teatro, tenga mucho mérito; no porque sea la primera 
vez que im Jefe Supremo quiera alzarse con el santo y 
la limosna, en materias de poder y de soberanía; sino 



i 40 EL MURCIÉLAGO. 



I 



porque hecha la revolución del 1854, contra un man- 
cebo que había erigido la tiranía y la dictadura. 
sobre el sepulcro de las leyes, están hoy las dichas 
leyes muy contentas y satisfechas de ver la conside- 
ración con que se les trata. 

Lo mejor es, que el Murciélago^ ha dicho antes de 
ahora á la Convención, que las cosas pararían en lo 
que van parando ; y que la inocentona Convención se 
I hacia la enojada, creyendo que yo lo hacia solo por di- 

¡ vertirme á costilla de mi ex- amigo el Mariscal; y tan 

\ lejos he estado yo, el avechucho, de ceder al influjo 

de una mala voluntad, cuanto que hoy mismo estoy 
reconciliado con el Parinacochas y el Cajambaba, por- 
que al fin los veo en el camino de. la verdad. 

Por lo visto^ el tio provisorio tiene una profunda 
convicción de que el mando supremo é ilimitado, lo ha 
recibido de los pueblos, mediante las actas demarras, 
hechas á consecuencia de la revolución, y que como 
nadie puede quitar lo que no dio, claro es que solo 
los pueblos, por medio de actas y á consecuencia de 
otra revolución, pueden despojarlo del mando; y como 
saben los susodichos pueblos que al que da y quita 
el diablo le hace una jorobita^ y no quieren ser pue- 
blos jorobados, aunque siempre hayan sido y tengan 
que ser en adelante jorobeados por activa y por pa- 
siva, es seguro que la revocación de las actas no será 
nunca un hecho social^ y que el Señor nos gobernará-, 
kpiacere^ nunc etsemper et in scecula sceculorum. 

Mientras tanto las gentes andan diciendo que hay 
una crisis : Dios nos libre de que termine por algún 
síntoma alarmante : esa crisis la achacan unos á la 
Convención, y otros al Gobierno, pero yo no he en- 
contrado todavía quien me conteste de una manera sa- 
tisfactoria. ¿Quién tiene la culpa? 



', 



EL MURCIÉLAGO. 141 

CORRESPONDEHCIA PARA EDROPA. 

Señó D. Pepe Astigarraga. En Madri. 

Limay Febrero 23 de 186G. 

Mi querio Pepe. 

Ende er vapó anterio no eraos podio escrebir á osté 
ni una letra escrebía. Pero Diablo ! que en eta tierra 
de Dio no sabemos, tio Pepe, adonde tienen los jombre 
la cabeza. 

Prencipie usté ¡canario! con que un endeviduo 
cuando llega á una tierra, lo primero que invirigua, es 
si etá en tierra de crestianos. ¡ Canario ! y que chasco 
se lleva er tio que tenga la creerá de cree que aquí é 
eta tierra de arguna cosa. 

El tio. Carrón me ijo que me iba á enseña á la reina, 
y ponga oste que en luga de una jembra, me mostró, é 
otro dia, una especie de anima ¡ vargame Dio pero que 
anima ! con unas granaeras que llegaban asta las ore- 
jas, y unos vigotes que le cayian hasta las ingle. Pué 
afígurese osté, el estogamos que me haría cuando me 
ijo que acá no hay rey ni ley, ni reina ni cosa por el 
estilo, que acá cada quisque se gobierna como puee y 
santas pascua. 

Y á má, en luga de toro, aquí torean Menistros,— 
pues no es güeña que soplan á un jombre en un cerculo 
donde hay una cuadrilla de chicos y gordo, y flaire é 
melitares y cuanto anima Dio creo, y lo princhan, y lo 
arrimpujan y no lo ejan ni espira. ¡ Canario I yo ecia, 
yo mesmo, pues ma vale sé un arrancao de po allá ; 
que un Menistro de po acá. ¡ Lo icho I — ¡ Chachipé 1 

Pero no ejan de sé presumiito los peruano. Se rien 
hasta de la España, que es como quien dice, la mare 



t 



I 



142 EL MURCIÉLAGO. 

que los parió, ¡ quel tal ! y se viven gustoso con tá 
de llamarse epublicanos. ¡ Habrá mulos ! ¡ mardito 
sea! 

Lo cieto é que en er otro vapó ¡so mis anclas y á 
Madri me largo, si esta jente que vive en el Perú sp 
sarva, es preciso que Dio sea ma güeno de lo que yo 
habia creido. 

A Dio compare, recaudos á las muchacha. 

Frasquillo. 

Senhor José de la Rosca Retonda, Lisboa. 

Lima Febraio 28 de 1856. 

Meu querido senhor. . 

Presisame comunicarle ó estado dos negocios desta 
República que ten feitto proposito de andarse á in- 
ferno pela rúa mais courta é mais direita. 

Vosa senhoria couhece que hicieron á revolufao no 
anno pasado para matar á inmoralidade que menazaba 
tragar á patria ; é que ó Ministro do negocios extran- 
geiros ialaba da sua moralidade como da sua pelada 
calavera; 

E certo que una semelhante moralidade mandarían 
traer dos infernos; que mais infernale difícilmente 
podíase encontrar na parte alguna. 

A camera legislativa continuaba nos seus trabalhos 
é trataba de facer huma constituf ao ; pero ó Liberta- 
dor (Libertador chamase no Perú un certo anímale 
que de cada murdisco trágase cento ó ducentos ga- 
rantea) , diceu que os deputados falhaban é mas falha- 
ban sin proveito. 

Por esta ra^ao á cámara fícó no estado de epilepsia, 
é ó Perú se encuentra no estado que antes da á revo- 



IX MüRCIÉLACO. 143 

Iu^;ao, é decir, sen sua vielha moralidade é sen la 
nuova. 

Aínda mais, sen la constituyo vielha é sen la nuova. 
Certamente ó pais do Peni, é muito bono para estu- 
diar huma forma do govemo republicano que no ten 
parecido ni nos estados en que á civíliza^ao seya muito 
grande. 

Tenho muito escaso ó tempo para dar á vosa sen- 
horia raf ao circunstanceada dos acontecimientos : ter- 
mino minha carta desejandole boa é completa saude 
na campanhia da sua familia. 

Suo amigo é servidor 
Jocmrda Monte Galvano: 

Mn Williams Boot. Londres. 

Lima, Febrero 23 de 1856. 

My Sir. 

Me hace on precisamento que escribi á osté un carto 
sigun el cosas que por acá ocurriendo estubo. 

El Convención tomó en considerecion un nota del 
Minister de fmansas en el que, segundo el opiniones del 
President, hizo unos desconocimientos del autoridad 
que tubieron para hacer un revocamiento de un ley 
que trató del contribución. El Parlamento ocupó en el 
nigocio y por resultados el disolución vino. El Pirú 
de seguramente, bajo estos a spec, no pode menos 
que llega á un political perfection que acabará por 
darle un colocamento entre el naciones de una culta- 
ridad comfortable. 

En estos mismos aensos que el política, marchan el 
nigocios. Como el gubernamento del Echanaique, no 
es la misme que el del Castillas, ofreceti dificultaciones 



144 EL MURCIÉLAGO. 

para el pago del diuda ingles y francés. Los bonos 
Echanique en suspensorio pago están, apesar del re- 
clamecion de los respeetiviles ministros representantes 
de aqueles nacions , é suponementos hay de que el 
gubernamento pretendrá llamar en sus ayudos al 
Estado Unidos. — No tengamos on comprobantes sigu- , 
ros y otenticos de estes sospechaciones ; pero el intima- 
miento que se despensan reciprocatoriamente entre el 
Lebertadores é el Sr. Randolfo, hacen un credibili- 
dad^ que estos patrias llamados á ser mastiscados y 
tragados por los yankees, hacen, si continúan en un 
políticas como de hoy, precitripar el acontecimientos, 
por solo mantener on par de botas que tienen en com- 
pressiones á todos el habitadores de estos república. 
Pasando de los asuntos públicos al mercantiles, 
pedimos que U. remítenos por el próximo Steamer 
la siguientes mercaderías que serán espendiadas con 
aprovechamentos notables. 

f( Patrioticals sentementos. 
« Valor y fedelidad 
K Honor y lealtad. 

En retornamento mandaremos á U. los siguientes 
productos del pais, onicos en su genero y que segon 
creemos, no se encuentran en otro parte en mas abum- 
damiento. 

a Servilismo 

n Miedo 

u Ecensia de denoncios 

n Tint de espionaje 

« Humillecion ' * 

« Spiritual debilitecion. 

Ilemetirémos un cajón de gobierno absoluto dicte- 
torial envueltos en capas de democracia republicano. 



EL MURCIÉLAGO. i 45 

Un barril — minoría protestant, de aduladores. 

Un caja conteniendo : Un vejestorio ; momia de un 
enomenos llamado en latin : Mariscalis Stupidus 
servilissimus, seu Rex-bastoriim. 

Un tonel conteniendo. Un exótico animal, especies 
de engérto de fraile y tigre. 

Seis fardos — de Libertades peruvianas, para mo- 
delos de los cafres y boten totes. 

Un cartucho — liberta de emprenta — fabrica de 
Mr. Sailve, et Ca. 

1 par de botas de pellejo de Diablo de los que serven 
para gobierna el Pirú. 

Deseamos sincerosamente que U. gozes de salu da- 
ciones y ofrecemos seguros servidores. 

John Bat y Ca. 

Signora Giussepa Macarroni. Genova. 

Lima, Febrero 23 de 1856 

• Mia cara sposina. 

Doppo que Uegamo in questa térra, caminamo de 
maleditione in maleditione. U stato non pose essere 
piu malo é ancora sventuratisimo estuviamo in la 
mare. Pensa, mia cara piusepina, que tutigli vermi- 
celli que aportabamo per fare il comerso son perdutti, 
é que per questa raggione sonó restato poverino. Ma 
al fine speramo en Dio ; é questa speranza conforta il 
nostro animo. 

Molte cossi potria narrarti di questa República, piu 
República que X antiqua Venecia. La egualita é una 
cosa.spantosa, é la democracia é pura purísima come 
una moglie que remoda suos maritos tuti gli giorni. 

Ma la planta piu vivace, que da opimi fruti é la 

T. 11. 13 



l46 £L MURCIÉLAGO. 

moralita. Di vederia se sentí vertiggi é la testa si 
revolta. 

La moralita gobernativa consiste en que el Presi- 
dente, chiamato Liberatore, liberta á tuti quanti si avi- 
cinan al Palazzo , é quita la sua libértate á tuti quanti 
non vogliem repetiré que il suo gubemo é gi'ande 
buono é delicioso. 

Tengo speme de atrapare qualque obra piiblica é 
fare ¡1 papel de ingeniero construtore; cossa assai 
facile in una térra dove tuto il gubemo é un pasticcio 
que il propio Diabolo non posa intendere. 

Addio, carissima é diletisima sposina. 

11 tuo sposo 
Bachiche di Macarroni. 



RUMORES SORDOS. 

Es imposible que mis lectores no hayan oido decir 
que hay rumores sordos y rumores que oyen bien ; 
podemos llamar á los primeros rumores Távaras^ por- 
que creemos que por escasos de oido que ellos sean, 
no han de llevar ventaja al H. de la trompetilla. Estos 
tales rumores Távaras son siempre ó casi siempre, los 
que anuncian algún grave suceso, y el que hoy se dá 
como de próximo é inevitable acontecimiento es la 
libertad (vulgo empitadura) de mas de cincuenta ani- 
males entre ciudadanos en ejercicio. El que está d las 
duras está á las maduras en toda tierra de gobiernos 
menos en la nuestra, porque hoy tenemos multitud 
de vivientes que no gozan de mas garantías, libertades 
y derechos políticos que los de ser amarrados, presos y 
sepultados ad libitum. El gobierno, sin embargo , no 



£L MURCIÉLAGO. 147 

procede en estos casos por hacer daño á nadie , sino 
porque tiene la opinión de que en ello no ataca esa 
especie de cosa que llaman Estatuto ; y como nadie 
es culpable por su opinión^ sino los escritores públi- 
cos, resulta que el gobierno no merece inculpación de 
ningún género. 

El rumor Távara anuncia que entre los cincuenta 
hay ex omni genet^e piscium , y por sabido se calla 
que también hay Murciélagos. Decididamente existe 
un antagonismo invencible entre los pájaros de pala- 
cío y los de la torre en que yo habito, y lo mejor es 
que yo busco y rebusco en los dobleces de mis alas 
y en los pliegues de mi conciencia y no encuentro la 
causa de e$a mala voluntad. 

Los mismos rumores lavaras anuncian que el an- 
ciano del Heraldo y otro compadre ilustre adversario^ 
de un ilustrado refutador chuparán del cordel, y que 
la función tendrá lugar el dia que la Convención se 
declare una cadavera. Pues señor , lucidos estamos, 
yo he nacido para ser amarrado antes de la Conven- 
ción, durante la Convención y después de la Conven- 
ción, ; cierto es que hasta ahora he quedado, semper 
virginis, de entrar á la cárcel, pero quizá, quizá de 
esta no pasará. 

Lo que yo quisiera es que señor Prefecto se acor- 
dará que, en un tiempo, fué mi compinche ; que los 
corchetes policiacos pensaran que yo puedo ser maña- 
na sereno y ellos perseguidos, y que me hicieran el 
servicio de darme aviso privado un cuarto de hora 
antes de la consumación del acto : así al menos ten- 
dría yo tiempo para recurrir á cierto nido de donde 
pedia ver, sin ser visto, en que paran estas misas. 



148 EL MURCIÉLAGO. 

COHVEHCIOHES HACIOHALES. 

día 22. TEATRO PRINCIPAL. 

Se reunieron algunos HH. SS. no se le levó acta, 
ni cosa que lo valiera, se pasó lista y habiendo mu- 
chas bajas se dio por concluido al acto público. Pa- 
sándose al secreto, se acordó mandar circulares á los 
disidentes ; esperamos saber el resultado. 

TEATRO DE VARIEDADES. 

Se reunieron los meritorios, bajo la presidencia del 
meritorio niajor el gran Mariscal, se discutieron varios 
proyectos para salvar del apuro en que los ha puesto 
su patriotismo. Se acordó hacer una protesta protes- 
tando del honor y de cuanto tenga algo de noble, 
para no protestar de las esperanzas de mejorar de 
condición . 

DÍA 23, TEATRO DE VARIEDADES. 

A las 9 de la mañana se reunieron los meritorios en 
el local habitado por el señor Canónigo, con el objeto 
de firmar la protesta y de autorizar al tio délas botas 
para que observe y mande observar la difunta Consti- 
tución de 1828. Ya veremos si hay quien diga que 
no hay pueblo donde una minoría ponga los pies en 
el pescuezo 'á la mayoría. Ya veremos si hay quien 
diga que el Perú no es un pais único en el mundo. 

VARIÓ LA ESCENA. 

Apareció la sala del gran Mariscal y se reunieron 
veinte y tantos Señores disidentes, (vulgo meritorios). 



EL MURCIÉLAGO. 149 

Se trataron varias cosas y hubo divergencias de pare- 
ceres. Se presentó el señor ex-Ministro ex-moralidad^ 
no sabemos si para ser interpelado ó consultado ; salió 
á poco rato par la puerta falsa de! local , y sin duda 
fué á tomar órdenes^ pues regresó al cabo de media 
hora y permaneció hasta el fin de la sesión, que ter- 
minó después de firmar una acta^ protesta ó quisicosa 
habiéndose añadido á la lista de los concurrentes á la 
sesión de ayer un pasado : después de lo cual el Pre- 
sidente señor San Román levantó la sesión : saliendo 
muy orondo y de bracero el ex-moralidad con su maes- 
tro el reverendo Valdivia. 



TEATRO PRIHCIPAL. 

Se reunieron los liberales en número de cuarenta y 
nueve, insuficiente para seguir elaborando leyes. 

Con lo cual se acabó la sesión pública ; mientras 
tanto en el exterior del recinto soberano, un ciuda- 
dano, no legislador, realizó el proyecto de extraer del 
bolsillo del gordiflón Carreño una máquina de sa- 
ber las horas, teniendo el cuidado de cortar el cor- 
don que el susodicho gordiflón hacia colgar de su 
pescuezo. 

Se ha mandado pasar segunda nota á los protes- 
tantes. Veremos el resultado. {Reinaldo de Lima.) 



COHVEHCIOH HACIOHAl. 

La servil minoría, apesar de su infame protesta, se 

13. »' 



ISO EL IfURCIÉLAGO. 

unirá á la mayoría, que, con mengua de su decoro, la 
recibirá en su seno. 

^ El Murciélago se saldrá con la suya. 
La dignidad de la Convención se irá á un 

CUERNO , 

Y todos nos iremos á mil 

CUERNOS. 

¡VIVA LA bota! 



ALTRI FRUm DELLA LIBERTA. 

No ignora el respetable piiblico [que el infrascrito 
fué sacado de la ciudad de los libres acompañado de 
ocho lanceros para ser conducido á esta ciudad en el 
vapor Loa^ y que gracias á la agilidad de sus aletas, 
pudo venirse por su gusto, cuenta y riesgo, sin gravar 
al estado ni en las raciones en los dias de viage. 

Sabido es también que el hermano Bazo, fué condu- 
cido hasta aquí, en calidad de preso, y que pudo tam- 
bién, gracias á sus talones, libertarse de ir á la casa de 
los justos; ha llegado últimamente el ex-coronel 
D. Garlos Canseco, arrancado del seno de su familia, 
y remitido á disposición de la bota^ después de haber 
hecho su viaje de Arequipa á Islay, con todos los ho- 
* j ñores de un criminal. Si ü. pregunta ahora porque se 

han cometido estos atentados, le contesta el Peruano 
muy orondo, que el Gobierno altamente venerador de 
las garantías, que el Gobierno que se desvive porque 
todo el mundo tenga libertad, que el Gobierno que 
sueña porque se conserve el orden público, que el 6o- 



EL MURCIÉLAGO. 151 . 

biemo que se despepita porque todos los peruanos 
estén reventando de dicha, ha expedido esas provi- 
dencias porque yo (el Murciélago por delante) y Bazo 
y Canseco, et altri somos unos empecinados conspi- 
radores; que se han agotado todas las medidas de 
prudencia, que al fin ha sido preciso hacernos enten- 
der que yivimos en tierra donde hay reyes aunque no 
hayan leyes, y que por fin, mas hicieron Echenique y 
los suyos. • 

Después deeste últimoargumento, elmasconcluyente 
de todos, si se pregunta que datos ó pruebas hay de 
tal conspiración, viene otra retahila de comprobantes 
no menos poderosos. 

U. conspira, en primer lugar, porque no adula : 
después porque no pide nada; y porque habló con un 
caido que le dijo á U. que tenia un hambre que le ba- 
jaba hasta mas abajo de los talones; poi;que no con- 
fiesa U. que el Sr. Mar es mas profundo en conoci- 
mientos de todo género que el mismo mar ; porque no 
pregona U. que los diputados, como el barbu&oLeon, 
son una maravilla de patriotismo, etc., etc., etc. 

Tod^ estas cosas son otros tantos motivos de que á 
U. la asienten la mano : porque en nuestro idioma, 
conspirar contra el desorden é invocar el poder de la 
razón, de la ley y de la justicia para que los manda- 
tarios entren en buen camino, se llama conspirar con- 
tra el orden y contra la felicidad púbHca ¡ ¡ Paciencia! ! 
Mientras tanto los que sentimos de cerca los efectos de 
la felicidad, los que tenemos los mofletes hinchados de 
dátiles de la Palma^ ó lo que es lo mismo, de los 
frutos de la libertad, tenemos que gritar ¡ ¡ que viva! ! 
so pena de que alguno de los Ministros diga, á propó- 
sito de nosotros ¡ ¡ Que muera ! ! 

Pues señor, sigamos la danza, que al fin tanto nos 






'! 



152 EL MURCIÉLAGO. 

han de dedr que somos felices, que acabemos por 
ci'eerlo asi. 



CORRESPOHDEHCIA. 

Señores Don Meguel Pumacuchu. Pono. 

Lima, Juebrero 1856. 

Me taita é queridos. 

Taita : ¿ qué lo haremos de este Pini ? Oste que has 
estodiado to laten quien sabe pedieras devinar. Las 
conjociones que vemos socediendo nonca pensáramos ; 
que ya el talintos para peyor es tener. 

Menistros Melgar, carta pasó que desque lebertador 
no agoantas que el convenceon deshaga el que el hezo : 
que güenos que malos jueran, hecho estobo. El Con- 
vención no quere entender así, porque sos entende- 
mientos destentes tenia, y escrebieron del Roca con el 
Masones que digan que el Convenciones poder tenia 
para haoer del mejores que cunvenga : convencionaron 
sos descorsos mocho tiempo, é en sos gotaciones ase 
dejeron por coarentas despotados : é por treinta y 
cinco de so revés pensaron que el lebertador pcJde con 
sos volontades mas que ningonos. De estos pareceres, 
risoltas hobo que fueron á sos casas, é que el Marescal 
de noestros logares ya hiciera otra convenceon en sos 
domiciliarios. 

El lebertador, como zorrillo, parecea no meter en 
tales asontos : pera el Oreta que el gobernó hace, del 
Marescal estaba como so santo Espíritu aconsejando 
que hagan mas desparateados. 

El que quedaron en el Convención mayorías^ decen; 
é el que fue con Marescal, menorías llaman. 

Poes esas menórias mas queren que el mayorías ser; 






EL MURCIÉLAGO. 153 

é SOS protestos forjaron derigidos por el Oreta. Entre 
este Gretas el Valdevia y el San Romanes fedeledad 
decen* tienen al Lebertador ; pero nosotros sabiendo 
estamos que solo hacen sus engoltorios para ver si 
poeden tombaf al taita. Dejaron que del Pini harán 
sos patrias dé ellos engañando al Lebertador ; é yo 
creo que el Marescal foi sempre on consperador 
y el Oreta también descobrimos qtfe sos vane- 
dades tiene mochas. El colpa no tienen estos pe- 
caros : colpas tienen solo el peruanos que no co- 
nocen ne sos decoros ; de otros modos, al Oreta sa- 
cando sos calsones hobieran dado sos lategos ; al San 
Romanes hobieran terado sos piedras en sos espaldas ; 
é al fraile hobieran botado del capetales á patadas. 
Calcolarás oste como vamos quedar, seyendo gober- 
nados por estos hombres. El diablo nos ha de llevar, 
espero. 

¿ Coándo has vesto vos, D. Meguel, que on minoría 
poede mas que el mayoría ? Pois aqui verás que con 
rason esta tierra de animalias llamaron. Esa minorías 
da lecencias al taita para que gubierna, como quieres, 
para que haga dectador é nos den palos á sos gostos ; 
é todavía sos atrevementos osó de hacer condeciones 
al mayoría para que el Cunvencion mesmo se declare 
que es on jonta que no serve para la maldeta cosa. 

El Perú, esta con sos bocas abiertos como on men- 
tecato: é aguantara todo el que hagan, é encojerá so 
rabo como on pirro azotado ; é los ensolentes escrí- 
banos del gobiernos derá que el Repoblicas está cosa^ 
é nosotros moreremos con el mal de rabias é al que so 
boca abra, rigolocionario llamaran. 

¡ Pacencia ! merecedo tenemos : que borros nace- 
mos é mas borros, por noestras colpas, todos los deas 
nos golvemos. 



154 XL hurci£lago. 

El colera m^ agarra coando tales cosas escribemos. 
Si foeran como yo todo el Pimanos, ya el Libertador 
é Sos satelitos hobieramos arrimpojado al infiernos. ■ 

Pero sofriendo y mas sofriendo hemos de morir; 
uái Dios querrá. — To hijo. Josio. 



COHTEHCIOIES UCIOIALES. 

Día 24. — Teatro principal. 

Relache. 

Teatro de Variedades. 

Galle de San José. 

Presidencia del Mariscal. 

Reunidos los señores meritorios, se leyó \a.plancha 
de la tenida anterior y fué aprobada con una lijara 

modificación. 

Se puso en discusión el proyecto de protesta contra 
la anarquía. 

El Sr. Presidente. {Metiéndose adentro de una bota 
que sirve de tribuna.) 

Señores : os he reunido sin duda, en este recinto 
domiciliario, para que podamos en conzecuenzia, ha- 
cerlo la felicidad de esta patria. Nosotros somos sin 
duda los únicos diputados que hemos comprendido 
en conzecuenzia la grandesa de nuestro mandato. Este 
era ííVí duda hacer que esta patria se lo lleve patetas, 
en conzecuenzia de haber puesto sus destinos en 
manos como las nuestras. Siempre me lo habéis visto 
sin duda, conspirando, pero ruin y bajamente, en 
conzecuenzia de que Dios me dio sin duda un cuerpo 
de airiero, un cerebro de mosquito, y un coraron de 



EL MURCIÉLAGO. ISS 

palomino. En conzecuenzia me lo habéis visto amarrar 
sin dtída, por los esbirros del hombre, siendo yo 
Presidente del Consejo de Estado, en conzecuenzia de 
haberse sabido sin duda que mi patriotismo me hacia 
ocuparme en ver como podia llegar algún dia á alcan- 
zar la conzecuenzia de los trabajos de toda mi vida : 
vosotros, ilustrados colaboradores, ilustres meritorios, 
sapientísimiviri, contribuiréis sin duda á que nuestro 
amo y señor reasuma la suma de los poderes sumos ; 
para que en conzecuenzia de tal reasumsion se per- 
mita volver á darme un puntapié en el crucero. Seño- 
res, soy indio ski duda, y llevado por mal en conze- 
cuenzia; ayudad pues ínclitos protestantes á que 
cuanto antes se pague sin duda mi prostemacion 
humillante con el agazajo que siempre ha sido la 
conzecuenzia de mi cordial adhesión al sujeto. {Hurras 
en la barra; rebuznos en la calle,) 
El Honorable Valdivia. 

Semper fué mi coraje 
Plusquam tauris mayor, 
Semper de mi furor 
Exemplum vobis traje. 
Non sufro ego el ultraje 
Nostris liberatoris, 
Quia non sum Valdivia 
Monacus de agua tibia. 

Liberalis sum ego 
Sed servilis soy ita, 
Quia ambitio me agita, 
£t diligo el talego ; 
Non dico, vuelve luego 
Occasione apetita, 
Qiíia ego sum dianus 
El monacus serranus. 

Hanc protestam faciamus : 
Ego suscribo illam : 



i 



156 EL MURCIÉLAGO. 

Faciamusá Castillam 
Dictator; si es que amamus 
Istam torpem gavillam 
Quam patríam appelamus. 
i Episcopusser voló 

£t non sum ego solo, 

7. Quia pater Tordoya 

Mitratum esse quiere : 
Si alter etiam viere 
Conveuire una polla, 
Dica, que en esta bolla 
Tendrá lo que prefiere : 
Sum sacerdos, etita 
Magister de Uretita. 

El Honorable Tordoya — 

Audivi sapientissimum discursum 
Valdivie preopinanti, et satisfechus 
Gongratulatusque sentio el pechus : 
Etiam ego meis verbis dabo cursum 
Por el mismo camino. ¡ i Ego mitratus ! ! 
I Oh ! DeuSj ero semper gratus ! 
¡ Domini ! \ diputati ! ¿ quid faciemus ? 
¿ Quare causa protestam no firmamos ? 
Quod cero hemos de hacer, cito lo hagamos 
¿ Quare preciosum tempus sic perdemus ? 
¡ Protesta fíat I Et ego illam firmabo 
Quoniam precisa que se lleve al cabo. 

En este estado se anunció que el tramoyista niayor 
estaba en la sala de pasos perdidos. 

El señor San Román : Aquí tenemos sin duda á 
Uretita, que es el que nos ha de sacar de apuros. En 
conzecuenzia^ no le haréis ninguna interpelación, por- 
que se incomodaré sin duda , y no llegaremos á ver 
la conzecuenzia de todas las barbaridades que estamos 
haciendo. 

EIH. Portillo : En mi humilde concepto rTios encon- 



EL MURCIÉLAGO. 157 

tramos en un grave aprieto. ¿ Pudiera decirnos el Sr. 
Ureta lo que debemos hacer ? 

El H. Sr. Ureta, \ Oh ! mis • queridos, yo soy 
fecundo en espedientes; debemos dxmíinar la situa- 
ción. 

El H. Sr. Espejo. Dice bien, si, señores, dominarla : 
eso es, dominarla. 

EL H. Sr. Cuba . Si, señores. . . es decir. . . como yo. . . 
aveces me pongo. . . . así. . . . como una. . . . cuba. . . . que al 
fin.... pues.... ya ustedes.... sabrán.... lo que puede 
dardesí.... una.... cuba. 

El H. Sr. Duarte. Señor ; ayer fui liberal y hoy fui 
servil, y supuesto que he cambiado de situación, claro 
es que debemos dominar la situación. 

El H. Sr. Ureta. Para dominar situaciones^ basta- 
mos yo y mi maestro Valdivia. Haremos una protesta, 
diciendo que ustedes son unos infames serviles ; que 
nunca se vio á una vendida minoría, imponer á la 
mayoría ; que toda determinación que nosotros adop- 
temos es ridicula y atentatoria, pero que en un pais 
de imbéciles como el Perú , se puede hacer todo lo 
que se quiera , cuando la política está en manos como 
las mias. Ustedes firmarán esa protesta para infa- 
marse ante el mundo entero ; yo no la tengo que 
firmar y en eso solo se verá que sé dominar situa- 
ciones. 

El H. Sr. San Román. Dice bien sin duda. Yo 
la fu*maré que hace años que no tengo nada que 
perder. 

El H. S. Portillo. En mi humilde concepto , yo 
tengo mucho que ganar. 

El H. Sr. Espejo. Yo la firmaré, aunque me cueste 
el coto. 

El H. Sr. San Román. — nombró una comisión que 

T. U. 14 



1S8 



EL MURCIÉLAGO. 



redactará la protesta, y se suspendió la sesión, pai-a 
pasar á la sala del banquete, en donde habia alganas 
Í>otellas de cerbeza. 



Fm DE LOS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN £L 
HERALDO DE LIMA. 18S6. 



EL HDRCIÉLAfiO. 



Valparaíso, Abril 23, 1856. 

Esto de ser Murciélago y Murciélago político, tiene 
sus ventajas y sus desventajas. Consisten las primeras 
en que de cuenta de ave nocturna se introduce uno 
en los gabinetes presidenciales y en los ministerios y 
se impone de tales cosillas que si los presidentes y 
ministros del Perú no fueran los que Dios ha que- 
rido hacerlos, sino cualquier otra cosa mejor hecha, 
tendrían su tal cual vergüencilla cuando se publi- 
caran ; consisten las segundas en que por esa misma 
facilidad de introducirse, hay que estar siempre en 
guardia contra los perseguidores y desafectos que son 
esos mismos presidentes y esos mismos ministros , y 
que, en pccasiones, hay que echar aletas al viento y em- 
prender el vuelo hasta dar con tierra estraña , lo cual 
no es mui agradable cuando uno tiene que comer pan 
de harina ajena contra su voluntad. Pero pregúnten- 
me Vdes. a mí, el Murciélagos por qué estoy aquí y no 
estoy allá ; y algo apuradillo me veré para dar otra 
respuesta que no consista en decir que no puedo estar 
en las dos partes á un mismo tiempo ; porque al decir 
verdad, yo mismo no entiendo ahora por qué estoy 
donde esto/y no donde debia estar. Yo no estoy des- 
terrado, porque ni mi el Sr. Mar ni algún otro de mis 



t 



160 EL MURCIÉLAGO. 

amigos los Ministros, me han intimado orden de dejar 
la patria ; no he venido por convalecencia, porque, a 
Dios gracias,' nunca me he sentido mejor para dar ale- 
^ tazos al libertador; no he venido por paseo porque 

* para pasearse se necesita guano en polvo ó acuñado í 

no he venido por negocio porque para negociar se 
necesita el mismo elemento; no he venido por instruir- 
me porque con la instrucción que he adquirido en 
el Perú tengo de sobra para llegar a ser presidente ; 
en íin^ no he venido por nada ni para nada : así es 
qíie mi posición es indefinible y queda al arbitro del 
escritor del Peruano calificarla : de buen seguro que 
ese mi ilustre colega no dejará de decir que siendo 
Valparaíso la fragua de las conspiraciones el Perú, 
he venido yo a mover los fuelles y a prestar ayuda a 
los Vulcanos ; y a f é que si tal hubiera sido mi pro- 
pósito, siguiendo la lójica del Honorable Quiroz, yo 
estaría en mi derecho. Ese profundo legislador y diplo- 
mático, dio, como razones para que la Convención se 
humillara á la bota^ que si así no se hacia^ vendría la 
revolución ; y que si venia la revolución^ tal vez lo vol- 
verían á desterrar á Valencia, y volvia á esperimentar 
perjuicios en su bolsa : y que como él era mas sen- 
sible á los perjuicios de su bolsa que á que el pais se 
lo llevara patetas, era necesario que él y todos sus 
compañeros los legisladores se humillaran y prosti- 
tuyeran ; y a fé que los tales legisladores apreciaron 
' estas reflecciones como hechos por un hombre áepeso 

y para evitar la revolución y el viajé á Valencia, y 
los perjuicios particulares de un solo hombre, tuvie- 
ron la dicha de declararse como unos débiles y, algo 
mas, como unos traidores á la patria. 

Yo calculo con los mismos principios aifnque invir- 
tiendo las proposiciones. — Si no ayudo á los conspi- 



EL MURCIÉLAGO. 161 

radores, no hay revolución ; y si no hay revolución, no 
puedo volver a mi patria, y si no puedo volver á mi 
patria, no puedo ver á mis pichones ; y si no puedo 
yo verlos, ellos no me pueden ver á- mí ; y si ellos no 
me pueden ver á mí, empezarán á echar lágrimas ; y 
como las lágrimas de mis pichones valen mas que 
cuantas lágrimas se derramen en el Perú, es preciso 
que haya revolución. Si este raciocinio no es exacto, 
no lo es tampoco el del Ex-Ministro, y diputado li- 
beral, y esto último no puede suponerse su- 



puesto : 



Que cuando Quiróz lo dijo. 
Por mui justo lo tendría 

{ Tontería ! 
Que yo soy de mi padre hijo 
Cual lo es cualquier zaramullo ; 

Y á orgullo 
Tengo yo el tomar por norma, 
A un viviente cuya fopna 

i Santa Gleta I 
Es una forma completa. 



EXCHO. Sr. UBERTADOR DEL PERO. 

Santiago a 14 de Abríl del año de 1856 de la 
era cristiana, T de la moralidad. 

Mi amado Libertador. 

Arrojado de climas remotos 

He llegado , Señor, á estas playas 

Desde donde os dirijo mis votos. 

Como humilde súbdido y fiel vasallo de V. E. creo 
de mi deber anunciarle que me encuentro en esta ciu- 
nad sano del cuerpo y salvo de las garras de los que 



I 

i 

I 

I 

I 



162 EL MURCIÉLAGO. 

han pretendido^ por orden de V. E. , hacerme conocer 
las delicias de la vida de clausura. Guando no hubiera 
conseguido con abandonar mi dolce ingrata patria^ 

V sino esta última ventaja ya era mucho conseguir, por- 

que la verdad sea dicha, mi Libertador y amigo, temo 
mas á una caricia de E. V. que á un abrazo de la fie- 
bre amarilla ; y esto que en cuanto á colores por allá 
se van V. E. y la fiebre ; solo que esta es amarillo pa- 
tito y V. E. amarillo mate ; pero ya sea por la semi- 
identidad de colores ó por algunas otras causas, lo 
cierto es que hasta ahoraestá por decidirse qué cosa sea 
mas funesta para el Perú , si el gobierno de V. E. ó 
el imperio de la peste. Autores hay, y yo entre ellos, 

, que aseguran que ni el cólera, ni el tifus, ni la viruela* 

ni la escarlata han hecho tanto estrago como la bota 
de V. E. y la sotana del ex-padre Valdivia; agregan 
que cada una de ellas es la peste madre , y que si 
Pandora hubiera usado botas ó sotanas en lugar de 
aquella cajuela, se diría que la bota V. E. era la 
bota de Pandora. Pero que yo y otros digamos eso 
nada vale, y en nada menoscaba ni el prestigio de 
V. E. , ni la popularidad de nuestro amigo el ex-Mi- 

; nistro universal, ni la ciencia confusa del Dean de 

Arequipa, ni la lealtad del mariscal de los viejos títu- 
los. Ni qué importan Sr. los desahogos de cuatro mal- 
dicientes conspiradores demagogos? ¿Cómo pueden 
estos alterar la paz profunda, ni empañar la moralidad 
mucho mas profunda, y que por profundas ambas no 
salen á la superficie, que V. E. ha cimentado en la 
República ? V. E. el valiente capitán, V. E, el hábil 
político, V. E. el esperto piloto, V. E. el instruido ca- 
nonista, V. E. el atinado legislador, V. E. el Napoleón, 
el Guizot, el Nelson, el Cavalario, el Solón del Perú, 
no teme ni debe temer la destemplada grita de los 



á 



EL MURCIÉLAGO. 163 

descontentos, porgue su alta fama y» mas que ella, la 
mansedumbre de los peruanos le aseguran un largo 
reinado de prosperidad y de paz. — Así sea. 

Yo, Sr. Exmo., que he corrido la costa del Perú 
desde el Tumbes hasta el Loa^ he tenido ocasión de 
ver cómo las gentes se hacen lenguas en elogio de V. E. ; 
yo les he oido, con misorejas de Murciélago^ deshacerse 
en bendiciones y rebosar en felicidad, y llamar á V. E. 
el único hombre capaz de conducirnos por el buen ca- 
mino ; razón tienen y mucha, mi amado libertador^ 
porque á bestias tan bestias como nosotros no nos 
puede gobernar sino un arriero como V. E. 

¿Para qué necesitamos nosotros ni leyes, ni hombres 
entendidos, ni funcionarios honrados, ni jueces ínte- 
gros, ni todas esas trabas que impiden la marcha libre 
y majestuosa de un gobierno que se ha propuesto mo- 
ralizarnos hasta el punto que el dia que miejor nos 
cuadre, hemos de decir que el único modo de ser fe- 
lices es el de hacerlo que á cada quisque le venga en 
contentamiento^ se entiende si pertenece á la camarilla 
gubernativa ? No es una maravilla ver á dos ex-Mi- 
nistros que antes de la revolución de la moralidad no 
tenian mas peluza que yo, nadar hoy en la abundancia, 
ser propietarios de valiosas fincas, haberse hecho em- 
presarios ó partícipes en las empresas de mataderos, 
gas, diques, inmigración asiática, etc. etc. y arrojar 
con prodigalidad sobre un tapete verde las onzas de 
oro y perder en una noche // siete mil¡¡ 

Cayeron, Sr., en la Palma los ladrones y los tira-^ 
nos y de esa misma Palma nacieron los tiranos y los 
ladrones : gracias por el cambio. 

¿Y quien no vio S. E. esos soberbios documentos 
de la revolución popular? Quien no vio rejentear en 
ellos las palabras májicas de libertad, moralidad, 



164 



EL MURCIÉLAGO. 



1i 



' \ 



I I 

..1 I 



y pureza? ¿Quien no yió esas protestas de obser- 
vancia de las leyes, hechas por V. E.y por los suyos? 
Quien no vio esas abundantes lágrimas vertidas por 
los ojos de V. E. porque esas leyes eran violadas? 
V. E. ha creído que el derecho de violar no se lo 
debe nadie disputar , y asi lo conquistó á sangre y 
fuego ; razón tuvo, que al fin para V. E. no hay mas 
modo de figurar en esa felicísima tierra. 

Mientras tanto , los chasqueados, que son muchos, 
no hacen Sr. sino gruñir y rogar á Dios que le ins- 
pire uno de esos dias la feliz idea de dejar la banda, 
porque están convencidos de que no hay medio de que 
V. E. se desprenda de una alaja á que tiene tanto 
amor como á sus mostachos, y de que si se trata de 
quitársela por la fuerza habrá una de tirones, que 
hará sudar á mas de cuatro : y no porque se tema 
mucho á las fuerzas de V. E. sino porque así somos 
nosotros, que en lo que menos pensamos es aquello 
que mas deseamos ; V. E. ha conocido nuestro genio 
y nos dá con lo que nos conviene, es decir con dejar- 
nor gruñir y desear á nuestro placer. 

La fama de V. E. no se limita Sr. á esa República, y 
el papel que en ella desempeña es tan conocido en el 
esterior, que referiré á V. E., su permiso mediante, el 
siguiente pasaje. 

De tránsito para esta ciudad, hice descanso en un 
pueblecillo y tuve el gusto de hablar un momento con 
un antiguo militar de esta república que habia hecho, 
en el Perú, la campaña de Paucarpata. Impuesto en 
que yo tenia la alta gloria de ser subdito de V. E. rae 
preguntó por el estado de nuestra bienaventurada 
tierra, y contéstele, pbr patriotismo, que era brillante, 
floreciente y pacífica. ¿ Y entonces que es del general 
Castilla ? me preguntó al instante ; yo le contesté que 



EL MURCIÉLAGO. 165 

V. E. era el barnizador, el floreador y el pacificador, 
conocíle en la cara que no me daba entero crédito : 
pero por efecto, sin duda, de su buena educación no 
me replicó ni una palabra. Tiene V. E. que admirar, 
en esto, dos cosas importantes : que las ideas de brillo, 
flor y paz, rechazaban en la cai)eza del veterano la 
idea de V. E. ; y que yo hubiese empleado la mentira 
para decir que la paz, la flor y el brillo se debian a 
V. E. ¡I Qué barbariaa eño ! ! 

En fin y para terminar esta epístola, diré á V. E. 
gue es necesario tener un corazón á lo Valdivia para 
no llorar de envidia viendo el progreso de esta repú- 
blica, y al compararla con la nuestra. Aquí, mi Liber- 
tador, las garantías no son una quimera, las libertades 
públicas ni) son un sarcasmo, la moralidad no es un 
protesto para romper todos los vínculos sociales ; la 
pureza de los empleados públicos no es dudosa : el 
pais marcha, pero no en el sentido que el nuestro. 
Aquí hay vida industrial y cada hombre se ocupa de 
su negocio ; en palacio no hay rocambores, ni el Pre- 
sidente sale á buscarlos á la calle ; los ciudadanos 
cumplen con sus deberes y los empleados con los 
suyos, y aquí, en fin, se sacrifican las malas pasiones 
y se refrenan los abusos. La paz, los hábitos de tra- 
bajo, la civilización y el progreso corregirán en breve 
ciertos abusos y engendrarán ciertas reformas de que 
necesitan las sociedades nuevas. Chile será feliz por 
la razón y no por la fuerza, y nosotros, S. Exmo., 
SQrémos cada dia mas infelices por nuestra sinrazón y 
por la fuerza. 

¿ Y qué esperanza debe quedarnos de entrar en la 
buena senda cuando vemos á los hombres correr tras 
su propio y personal engrandecimiento, y vencer toda 
barrera que á ello se oponga ? ? Qué esperanza, cuando 






166 EL MURCIÉLAGO. 

vemos á nuestras categorías convertirse en apóstoles 
de los buenos principios para pisotearlos después queá 
favor de sus predicaciones alcanzan el poder? Qué espe- 
ranza, cuando el único asunto del gobernante es con- 
seryar la autoridad, prostituyendo á los unos y aba- 
tiendo á los ' otros ? ? Qué esperanza, en fin , cuando 
estamos tocando en la mas grande corrupción ? Dios 
quiera, Libertador de mis entrañas, dolerse algún dia 
de nuestros males ; Dios quiera apartarnos de la senda 
de perdición por una serie de milagros de los cuales 
el mas importante y apetecido por ahora es que V. E. 
nos haga el favor de dejar de mandarnos si no quiere 
que la patria tenga el derecho de execrar para siempre 
su memoria. 

¡Y qué ! ¿ acaso el feliz Tarapaqueño que tuvo la 
dicha de tener á V. E. por hijo , fundó su mayorazgo 
sobre todo el Perú ? ¿ acaso está escrito que mientras 
V. E. respire haya de ser. el único usufructuario de 
las Islas de Chincha? ¿acaso los demás peruanos están 
¡ reducidos á la condición de hermanos menores que 

tengan que esperar que V. E. pase á mejor vida para 
que ellos tomen el pandero ? Basta ya Sr. La dicha de 
vernos gobernados por V. E. es una dicha que ya nos 
empalaga. Deje V. E. la silla que yo le ofrezco levan- 
tarle en todas las plazas su estatua con esta inscrip- 
ción : 

1 

* Este fué Ramón mil Castilla 

|¡ Hijo de los salitrales, , 

' " Que no abandonó la silla 

' Antes de hacernos mil males. 

Y creo, mi idolatrado Libertador, que el Perú gas- 
tará la mitad de sus rentas en perpetuar así la me- 
moria de V. E. que al fin le quedará libre la otra mitad 



A 



-^~ 



EL MURCIÉLAGO. 167 

para dai' que comer á los empleados ; porque V. E. , 
según se dice, dá á algunos agua para que se ahoguen, 
y no la dá á otros ni para que se humedezcan la 
lengua. 

Reservándome Sr. el placer de dirigir á V. E. otras 
misivas me despido por ahora de V. E. suplicándole se 
sirva hacer presente mis recuerdos á mi amigo el Sr. 
del Mar, al sordito Távara, al incorruptible Duarte y 
demás compañeros liberales; dar unos óculos tiernos 
al Mariscal San Román , de cuya lealtad y adhesión 
debe V. E. estar muy persuadido, y recibir, en fin, la 
cordial salutación del mas fino y almivarado de sus 
adoradores. 

El Murciélago. 

Si V. E. tiene la dignación de contestarme , mánde- 
me las cartas^ por conducto del diputado Portillo, ó 
sino remítamelas con alguno de esos agentes de Policía 
que envia en todos los vapores á Valparaíso para que 
sirvan de espías. Este conducto me parece el mas 
moraL 



HDERETE T VERAS. 

Dejara de ser el libertador Sr. de las cruces y de los 
ceros para que el artículo que reproducimos á conti- 
nuación no encerrara mas calumnias que palabreas. 
Pero entre estas calumnias , la mas grave al mismo 
tiempo que la mas demostrada, es la de que el humilde 
servidor de Ustedes habia hallado una muerte. Pro- 
testo con toda la fuerza de mis aletas que no me he 
hallado tal cosa, y que aun en el caso de ser cierto el 



i t 



168 EL MURCIÉLAGO. 

hallazgo, la hubiera dejado para cualquiera otra per- 
sona, aunque fuera para el Libertador y sus adula- 
dores. Agradezco sin embargo los dos ojalas del arti- 
i^ enlista, y si son pronunciados con buena intención, 

''• cuente con que cuando él halle una muerte, esclamaré 

yo también, ¡ ojalá que no se haya muerto ese que 
murió 1 

Para satisfacción v contentamiento del Libertador, 
sépase pues que vivo, y que nunca he tenido ni mas 
deseo de vivir ni mas probabilidades de vida, porque 
á Dios gracias, desde que no respiro el aura de la li- 
bertad perua7ia me siento con doble vigor y triple 
salud, en prueba de lo cual y cansado de conspirar 
con la pluma, conspiraré ahora con toda mi pelusa, 
hasta que, ó el Libertador me desuelle ó tenga yo el 
placer de verlo donde él se merece. Sedicioáos son los 
que hoy conspiran contra el gobierno del* general Cas- 
tilla, contra el padre de la patria, contra el único 
hombre que puede dar el Perú, paz y tranquilidad; 
sediciosos los que no están conformes con la moralidad 
del Libertador Castilla y con la de sus ministros, tanto 
ó mas impuros que los peores de épocas anteriores, 
sediciosos los que combaten los actos de ese asque- 
roso y corrompido conciliábulo nombrado Convención; 
Sediciosos los que declaman contra la muerte de toda 
garantía, contra el entronizamiento de una bestial y 
torpe dictadura, contra los derroches de la hacienda 
pública; y no fueron sediciosos los conspiradores delaño 
53, los que buscando su personal engrandecimiento ávi- 
dos de oro yde poder, conspiraron contra el hombrea 
quien adulaban para clavarle, al mismo tiempo, un 
puñal con la mas refinada alevosía ;no fueron sediciosos 
los que v^iéndose arruinados al juego, pretendieron tras- 
tomar el orden público, esplotar laignorancia de lospue- 



1 '• 



£L MURCIÉLAGO. 169 

blos, engañarlos ofreciéndoles libertad y garantías para 
erigirse en arbitros y Señores de todos los destinos, para 
establecer un gobierno de pandillaje y de espantosa 
corrupción ; y no fué sedicioso el pérfido sempiterno 
San Román, colocado en el Cuzco en actitud de ple- 
garse al que mas probabilidad tuviera de triunfo, ó de 
no plegarse á nadie, si los ejércitos se debilitaban á 
consecuencia de un choque y él conservaba superiori- 
dad sobre el vencedor; y no es hoy mismo sedicioso 
ese mismo San Román que bajo la apariencia de la 
mas servil humillación al general Castilla, á quien en 
realidad detesta, conspira en cónclave con los mismos 
directores de la actual política del Gobierno. El Mur- 
ciélago pues, acepta el dictado de sedicioso y de cons- 
pirador ; y conspira franca, leal y abiertamente. Pero 
es preciso buscar la causa de ese proceder, y se re- 
curre al único arbitrio que ha podido forjar la estu- 
pidez libertadora. Según la lógica de los pocos adula- 
dores, no puede enrostrarse al dictador sus errores, 
no pueden censurarse sus actos gubernativos, sin estar 
asalariados por el general Echenique , y así discurren 
esos menguados mercenarios que jamas se movieron 
sino á impulsos de la codicia. Yo escribo y conspiro 
porque soy libre, porque detesto á los traidores y á los 
infames como el Libertador y su gabilla ; no reconozco 
caudillo ninguno, soy soldado del primero que se lanze 
á la santa obra de derribar á los devoradores de la 
patria. Hoy, como ^empre, detestólos destinos públicos 
porque amo mi independencia como el general Castilla 
ama el poder con el cual satisface sus viciosas inclina- 
ciones. 

Para los que no gradúan las tendencias ajenas sino 
por los estímulos de sus propias acciones ; pai'a los que 
00 son capaces de comprometer su individuo ni la 

T. II. 15 



I 



170 KL HIJRCIÉLAGO. 

suerte de sus hijos por un objeto que no entrañe el in- 
terés propio, para esos el patriotismo no existe. ¡ Mi- 
serables ! 

Pero dejemos de dar razones y abandonemos el es- 
tilo de los declamadores demagogos, y de los enemi- 
gos de la Patria : vamos al asunto de nuestra muerte. 

Después de todo y bromas á un lado, no hay cosa 
mejor en este mundo que morirse; aunque haya la 
maldita costumbre de querer la vida como si fuera una 
cosa muy buena. Mientras mis adversarios políticos 
me han creido vivo, no me han concedido cosa ni ca- 
lidad buena ; hasta el punto de que no contentos con 
haber hecho una prolija disección (perdón por la me- 
táfora) de mis cualidades morales e intelectuales ; se 
ocuparon de si yo era un pigmeo raquítico, y de si 
usaba botas y guantes ; pero luego que he sido, en su 
creencia, un cadáver de Murciélago^ me suponen el 
mas importante escritor. Lo que es el titulo de im- 
portante me lo empuño desde ahora para siempre, 
porque 

Desde el lidertador hasta la monja, 
A todo vicho agrada la lisonja. 

Y cuenta con que mas tarde se me titule el mas 
torpe e insulso borraj eador de papel, porque al mo- 
mento, me tiraré á muerto para hacerlos cambiar de 
opinión. 

i> Valparaiso Abril 23 de 1 856. . 



EL ((HERALDO » - LOS HERALDISTAS. 

Vergüenza, miedo, pereza, repugnancia, trabajo; 



EL MURCIÉLAGO. 171 

lodo esto y mucho mas nos cuesta sentarnos al bufete 
con un pliego delante y la pluma en la mano para es- 
cribir raciocinios á los hombres encargados , por cin- 
cuenta pesos al mes, de sembrar la zizaña revolucio- 
naria, predicando el desorden, fomentando la anaj^quía 
y armando á peruanos contra peruanos ; porque en 
efecto¿ qué género de debate puede caber entre los que, 
como nosotros, tendemos á la conservación de millares 
de nuestros de compatriotas, y los que, como ellos, 
proclaman, como un derecho, la destrucción, el asesi- 
nato, las venganzas y el mas escandaloso egoísmo? 
Definitivamente, no cabe discusión entre nosotros y 
ellos; ¡desgraciados! en el loco frenesí de su furor 
impotente y ridículo, hasta natural efecto parece que 
desencadenen su rencor en estúpidas diatribas. Vamos 
á dar una prueba de la clase de conspiradores que son. 
En uno de sus editoriales acusando, por supuesto, al 
Gobierno y bosquejando el cuadro del Perú, dicen : la 
guerra, el hambre, la peste!... ¿Qué tal, eh? ¿Con 
que la peste la ha mandado el Gobierno ? Sensible es 
que no haya sobrevenido alguna inundación ó algún 
terremoto, para que de esto también hubieran acusado 
al Gobierno. Incriminadores sin talento ; conspiradores 
sin plan, sin sistema.., hasta sin misterio! ¿Y hemos 
de razonar con ellos? Por toda gracia y por todo ar- 
gumento de convicción, salen llamándonos asalariados 
y luego, con esos insultos bajos y manoseados de la 
taberna : « Ea, miserables, doblegad la cerviz , etc. » 
¿Qué tal modo de escribir en política? ¿ Qué tales ra- 
ciocinios para artículos editoriales? ¡ Insensatos ! aun- 
que no tanto como nosotros, que nos ocupamos de dar 
contestación e importancia á sus dislates adocenados y 
triviales. Hablemos ahora con el Gobierno y ^con la 
gente sensata. Ya lo estáis viendo todos. Una parte (la 



í' 



I 
« 



1 . 

I 



172 EL MURCIÉLAGO. 

principal acaso del club conspirador del Heraldo) el 
infortunado Dr. Fuentes, asociado á un caudillo sedi- 
cioso, dicen ha sucumbido víctima de su propio deseo. 
Cansado de conspirar con la pluma, quiso también 
conspirar de hecho con las armas, y ligado á la fac- 
ción que penetraba en el Sur para levantar el grito de 
la rebelión, se cree que halló una muerte; f qué ojalá 
no sea efectiva, ojalá no pase de un falso rumor ! 

Pero supongamos que se confirme : ya se oirá al 
Heraldo gritar como un energúmeno, asegurando que 
lo han asesinado y mil otras calumnias, porque ya está 
probado que no tienen mas armas que la mentira, la 
trivial y estúpida mentira. ¡ Desdichado Fuentes, este 
débil y tolerado enemigo del Gobierno ; esta criatura 
casi mimada que se encerraba en las legaciones cuando 
lo tenia por conveniente y después salia á pasear ; este 
hombre casi engreído con el Gobierno, que habiéndolo 
tenido en sus manos jamas quiso darle el castigo que 
se buscaba él mismo. ¿ Con qué objeto fué a conspirar 
de hecho y con las armas? — ¿Quién ha venido á 
dispararle un balazo? ¿No ha sido él mismo quien ha 
ido á lanzarse entre los disparos que se hacian para 
conservar el orden? Pues no nos ha de tomar de nuevo, 
cuando los heralditas, fieles á su sistema (el único 
que poseen) el de impostura, salgan diciendo asesinos, 
que han sacrificado al ilustre escritor, colaborador 
principal de nuestro diario. Veamos^ pues; Fuentes^ 
el escritor mas importante, acaso el único bueno del 
\ , Heraldo^ ha ido á conspirar^ ^ qué dificultad hay 

ahora para creer que todos los demás también sean 
coiispiradores de palabra y de obra? Y sin embargo, 
el débil y tontísimo Gobierno los deja que continúen 
insultándolo, y trastornando el orden con embustes. 
Esta criminal desentendencia nos dá derecho para 






FL MURCIÉLAGO. 173 

acusar al Gobierno de conspirador contra la paz, su- 
puesto que autoriza el desorden tolerándolo. 

ttt 





CORRESPOIDEICIA. 

Valparaíso, Abril 26 de 1856. 

Mi querida Murciélaga • 

Desde el mundo de los muertos, en que plugo colo- 
carme á un articulista del Comercio^ poniendo tres 
cruces bajo mi memoria fúnebre, te dirijo esta epístola 
para anunciarte que aunque me han matado estoy 
vivo ; y que aunque me tiraron balazos, á mí ne me 
entran balas. Cuando me vi titular escritor impor- 
tante, casi, casi estuve por creer que yo era un ifeTwr- 
ciélago de la otra vida, y de que tal vez habia pasado 
á ella sin apercibirme del tránsito ; busqué con toda 
escrupulosidad mi pellejo y lo he encontrado, como 
siempre, libre de agujeros artificiales. Supongo que 
esta noticia no será plausible para los que llevaron su 
compasión hasta titularme infortunado y desdichado; 
aunque bastante lo somos tú, nuestros pichones y yo 
por haber nacido y vivir donde nació y vive el sali- 
trero Cacha-botas. 

Me apresuro, pues, á darte noticia demi existen cia 
y efectividad no sea que, creyéndome en efecto alma 
de la otra vida, vayas á darme de baja y quien 
sabe á pensar en nuevos vínculos matrimoniales ; lo 
cual no me haría mucha gracia, sobre todo si tu mala 

15. 



( 



174 EL MURCIÉtAGO. 

suerte te arrastraba á pertenecer á algún libertador, 
caso en el cual, no solo muerto en el comercio, sino 
muerto y sepultado, habría de dejar el sepulcro para 
^. ' revolotear todas las noches en tu dormitorio. 

Sábete, pues, que no he muerto y que tengo ase- 
gurada la vida hasta después de que pasen las fiestas 
principiadas en Islay, en las que, si por descuido de 
un sacristán, se apagaron las luces poco después de 
encendidas, no tardará mucho tiempo sin que tenga- 
mos una iluminación á giomo. Tu viudedad no será 
perpetua sino temporal, y al que te diga lo contrario, 
contéstale que es un embustero. 

Por acá me va mejor que por allá, aunque tenga 
que pasar por el dolor de no verte á tí ni á mis pi- 
chones,- pero tu serás dé mi opinión, de que mas vale 
flaco en la 'pampa que gordo en el pesebre : y según 
he visto, el libertador ha puesto amarrados en los pe- 
sebres á varios prójimos. Si tienes ocasión de ver á 
S. E. , díle de mi parte que eso mismo que él está ha- 
ciendo ahora, han hecho todos los que se ahogan, y 
que cuando empiezan esas manotadas, ya no hay sino 
contratar el entierro y empezar el de pro fundís. Que 
veo muy mal parada á nuestra querida moralidad y 
que si Dios no le tiende una mano de protección, tendrá 
que volverse á Bolivia de donde la mandó traer el mi- 
nistro Galves. 

Nada te digo para nuestro compadi-e, el ministro 
'{ siete cabezas, encárgale que cuanto antes arregle sus 

negocios y haga aprobar los contratos en que tiene 
parte. Díle que á cada cual se le acaba su consolida- 
ción ;*y que yo sentiré mucho que baje sin honra y sin 
provecho ; porque la primera pronto se la llevó el 
Diablo, y el segundo se lo llevarán los dados y los 
naides. 



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» 



I 



EL MURCIÉLAGO. i75 

En fin, y para acabar, te repito que estoy vivo así 
como vivísimo es el cariño que te profesa tu. 

Murciélago. 



lE VEIDO. 

Desde que yo salí por esos mundos peruanos dando 
mis aletazos al insigne y famoso libertador^ que ha 
venido á libertarnos hasta de la esperanza de ser algún 
dia gentes formales, alzaron su voz los asalariados es- 
critores del gobierno, para decir que yo y los que como 
yo pensaban ó hablaban, recibíamos pensión del ex^ 
presidente de la tiranía-^ por mi parte puedo asegurar 
que si el libertador y sus escritores se comieran en ar- 
sénico el valor de lo que el ex-presidente de la inmo- 
ralidad me dio antes de su mando, en su mando y 
después de su mando, no por eso hablan de morir ni 
de indigestión ni de envenenamiento; y téngase pre- 
. senté que si algo me hubiera dado por gracia ó por 
justicia, ahora y siempre lo declararla, que si hay ge- 
nerales, ministros y hombres ingratos capaces de ne- 
gar el favor que recibieron, no hay Murciélagos Añ esa 
calaña. Y yo no sé, sin embargo, por qué habla de 
meterse tanta bulla y hacerse tanta alharaca, porque 
un avechucho se alquilase en una bendecida tierra 
donde se venden nada menos que los diputados, y en 
tan bajo precio, que si no causara vergüenza la venta, 
debía causarlo el precio. El diputado Duarte y otros 
tres ó cuatro recibieron tres mil pesos, cada uno, para 
abandonar los bancos de la oposición parlamentaria y 
prosternarse ante el libertador; ¡tres mil pesos, por 
un diputado 1 ¡ y por un diputado liberal ! En tiempos 



i.' 



•J . i 



176 EL MURCIÉLAGO. 

anteriores tuvo el mismo libertador, cuando no era 
sino presidente constitucional, que comprar bien caro 
á un sujeto que le tiraba el agrás á la cara, pero el tal 
Cacha-botas conoce demasiado bien las uvas de su 
majuelo y sabe que el progreso de moralidad operado 
durante sú ultimo reinado, ha ocasionado la baja de 
precio en la dignidad de los hombres. — Cacharbotas 
es un sabio. 

Decia, pues, que nada estraño fuera que yo me ven- 
diera, pero tal ha sido mi desgracia que no he encon- 
trado amo que me compre, razón por la cual anuncio 
mi venta en público. 

Si para hacer mi avaluación se necesitan saber mis 
habilidades, sépase que 

Yo soi vio, 

Soi activo , 

Me meneo, 

Me paseo. 

Subo y bajo 

Y no estoi quieto jamas, 

y tengo ademas la habilidad de escaparme de gen- 
darmes, policias, prefectos, gobernadores de puertos 
y Ministros, si no traslado al cuñado del gobierno, 
D. Pedro Ciez Canseco, general de las monjas de Santa 
Catalina de Arequipa y al Ministro D. Juan Manuel 
del Mar. Vendóme, pues, y barato, pero no tanto 
como el susodicho Duarte que desde su patriótico 

^ pronunciamiento, se ha hecho 'la posta de mi gusto. 

ii .• Vendóme, pero no por dinero, mejor dicho, hago 

un contrato de fado ut facías con mi libertador, que 
. consiste en decirle : deja tú la banda y yo dejare 
la pluma. Eso y la cara de Dios , Murciélaffo (diíán 
muchos) serán cosas que no veremos tan pronto; 
pues entonces sépase que en esta lucha ha de 



- ti 



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rita 



EL MURCIÉLAGO. 177 

caer uno de los dos. En el año que atravesamos se 
ha de ver en el panteón de Lima uno de estos dos 
epitafios : 

Caminante. . . para atrás ... 
No adelantes... no... detente... 
El muerto que aquí... verás... 
Guando vivo... no fué gente... 
Fué tan solo... un avechucho... 
Que murió de un... taconazo... 
Porque... me incomodó mucho... 
G)n su pluma... elbribcnazo... 

» 

Aquí descansa el que fuera 
En su tiempo el primer hombre, 
Cacha-dotas fué su nombre, 
Y murió, i quién lo creyera ! 
Por que una noche, al dormirse, 
Un Murciélago bufón 
Le dio un sendo tarascón 
Dónde, no puede decirse. 



AlBABDA SOBRE. ALBABDA SOH DOS ALBARDAS. 

¿Han visto ustedes, habitantes del mundo, un dic- 
tador con dos dictaduras, que es, como si dijéramos, 
lua burro con dos albardas ? Pues si no lo han visto, 
no hay mas que volver los ojos al Perú, á ese pais de 
libertad donde el Libertador inviste la dictadura que 
empuñó con sus proprias manos, y la dictadura que le 
ha obsequiado por sei^ meses el cuerpo legislativo. 
Y este poder soberano, confiado á un solo animal, se 
qerce á vista y paciencia del cuerpo soberanísimo lla- 
mado Convención, compuesto de un competente nú- 
mero de animales, entre los que hay brutos mas brutos 
que el primero que introdujo la moda de la brutalidad 



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I 



« 



178 EL MURCIÉLAGO. 

que tantos partidarios ha encontrado en el Perú. 
El hombre de las famosas botas que, desde que 
pudo arrancar, por medio de sus tenientes, las actas 
populares, se creyó investido de tantas facultades que 
al ñn todas ellas se refundieron en la facultad de hacer 
cuanto él quisiera, ha conseguido, á mas de esas otras, 
facultades estraordinarias, pero de calidad tan ordi- 
í naria que maldito el aprecio que hará de ellas. Quien 

; ha puesto el tacón en el pescuezo de los convencio- 

nales, quien los ha ultrajado, quien los ha comprado 
en bajo precio, ¿necesitará ahora que le digan que 
puede hacer en adelante lo que ha hecho antes sin que 
haya jente que lo estorbe, ni poder que lo contenga? 
Que puede hoy el general Castilla matar la imprenta, 
que puede meterse ó hacer meter á sus esbirros en 
casa de esos estúpidos vivientes que se llaman ciuda- 
danos del Perú, que puede mandarlos hasta el Mogol, 
sin mas que porque así le place, na son noticias frescas, 
porque hace un año que tales excesos se cometen sobre 
las barbas y bigotes de esa Honof abil/sima corporación 
de embetunadores. Ellos no han hecho sino seguir la 
teoría délos hechos sociales, y erigir en ley del estado 
una antigua ley de Castilla. 

Mientras tanto, el Perú se chupa el dedo de gusto 
al verse gobernado tan lindamente. Estar los hombres 
espuestos al capricho de un soldado; ser el ju- 
guete del títere de las intriguillas que hoy dirije la 
'^ política ; ver el cuerpo legislativo presidido por el ma- 

{ .. riscal de los viejos crímenes ; . ver los caudales públi- 

cos en abundante circulación entre la gente de naipes 
y de dados, estar, en fin, á merced de una turba cor- 
ruptora y ¿esenfrenada, es sin duda, haber llegado á 
la situación mas floreciente que puede alcanzar un 
pueblo civilizado. 



.fa^Mk^aa^Bb 



£L MURCIÉLAGO. 179 

Y ¿ese pueblo que se sublevó en 84, ese cpie se dejó 
diezmar por las balas, ese que se dejó quitar sus pocos 
bienes, por la esperanza de alcanzar una feliz regene- 
ración, ese pueblo yace hoy oprimido, vilipendiado, 
robado y corrompido y no da la voz terrible de muerte, 
contra la criminal pandilla que lo conduce á la degra* 
dación? ¡ Qué 1 tan mezquino fué el Perú que se lanzó 
á una cruda y larga guerra por solo odio á la persona 
de un mandatario ? ¿ No tuvo mas mira al derribar al 
acusado de mal gobernante, que darse otro mil veces 
peor y mas infame? 

La revolución del S4, tan preconizada por sus secta- 
rios, no tuvo por objeto poner el mando en manos de 
Castilla. Este hombre, que habia bajado de la silla 
presidencial sin amigos y sin prestijio, conoció su im- 
posibilidad de conspirar en su provecho y perdido y 
humillado ofreció servir la causa del general Vivanco. 
Tan cierto es esto que existe una carta escrita por el 
canónigo Tordoyaá este general en que por orden de 
Castilla se le llamaba a la revolución, y se le hacia 
entender que se iba á realizar en su provecho. Pero en 
estos acuerdos empleaba Castilla toda su perfidia ; y 
así, al momento que se apoderó de Arequipa no pensó 
sino en empuñar la autoridad. Los pueblos, sin em- 
bargo, no pensaron en ello y en prueba de este aserto, 
véanse las actas en que Castilla se apoya. Ningún 
poder se le concedió en esos documentos que ni han 
sido suscritos por una mayoría nacional, ni otorgados 
espontáneamente ; porque la única que le diera esas 
facultades ensanchadas hasta el escándalo, fué la for- 
jada por el fraile Valdivia, en Arequipa. Varias veces 
se ha hecho un imparcial análisis de esas actas y un 
concienzudo resumen de los poderes que en ellas se 
concedían al Libertador, y el resultado ha sido de- 



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180 EL MURCIÉLAGO. 

mostrar cpie el poder de este era nulo en su origen y 
basado únicamente en el hecho deplorable de la Palma. 
Deplorable, decimos, porque sus consecuencias han 
sido tan funestas para la patria^ como no pudo serlo 
ninguna otra calamidad. Nulos son, pues, los actos 
del infame y destructor gobierno establecido el § de 
enero de 18SS; nulos como practicados por quien no 
recibió mandato nacional para ellos ; el general Castilla 
ha cometido una criminal usurpación de mando, des- 
truyendo el sistema constitucional, que lo rechazaba 
del puesto en que quiso colocarse; mas grave usurpa- 
ción cometió llevando su insolencia hasta no limitarse 
á respetar el orden de cosas existente, mientras la 
representación nacional señalase la nueva línea que 
el gobierno debia seguir : mayor usurpación cuando 
se presentó ante la Convención conservando las ínfulas 
dictatoriales ; mayor usurpación cuando ha descono- 
cido la facultad que los legisladores tienen para de- 
clarar nulas sus providencias atentatorias. La perma- 
nencia de Castilla en el mando es un insulto al Perú, 
una ofensa á la moralidad ; y un crimen, en fin, que 
no deben dejar sin escarmiento los peruanos si no 
quieren condenarse por sí mismos á la mas degra- 
dante humillación. Desaparezca de una vez esa pan- 
dilla que ha erigido su trono de dominación sob'e 
las leyes protectoras del ciudadano ; desaparezca ese 
cuerpo corrompido que se presta á consumar el sacri- 
ficio de la patria ; unos y otros han sido traidores á 
la causa revolucionaria, unos y otros se han hecho 
dignos de la execración nacional. 

El poder bastardo y ominoso del dictador descansa 
solo en la fuerza material de que dispone. Pero esa 
fuerza es formada de hombres del pueblo que, coníé 
sincera y corazón patriótico, creyeron servir la causa 



EL MURCIÉLAGO. 181 

pública y se convirtieran en instrumentos activos del 
que supo esplotar en su provecho tan nobles senti- 
mientos. La caida de Castilla es inevitable, á no ser 
que la Providencia haya dispuesto que el Perú desa- 
parezca del catálogo de los pueblos libres, y se con- 
vierta en una manada de esclavos. ¿Qué se necesita 
parallenar la primera necesidad de todo pueblo que con- 
siste en sermandado por la ley, y regido por la justicia, 
y no ser el juguete de un hombre estúpido sin ninguna 
virtud en el corazón. Se necesita nada mas que un mo- 
mento de arrojo, una inspiración del patriotismo y 
un rasgo de enérgica voluntad. ¿ Se necesita un cau- 
dillo? se escoje á un patriota cualquiera. Pensar en der- 
ribar á Castilla para sentar á tal ó cual persona, es dar á 
la revolución el mezquino impulso que se ha dado á 
todas las que el Perú ha experimentado. 

Sean una vez grandes los peruanos trabajando por 
las cosas y no por las personas. ¿Hay alguno que quiera 
emprender la santa obra de derribar á ese coloso de 
barro que nos oprime? Salga ese al frente; líbrenos 
de ese asqueroso libertador; quitemos ese fantasma 
que nos espanta porque usa botas y estirados bigotes : 
y ese será el héroe de 1856. Pero no, el Perú no ha 
dejado todavía de ser el pais desgraciado que reduce 
sus mas altas cuestiones á cuestiones de individuos ; 
ha de ser este ó ha de ser el otro, hé aquí el modo de 
derribar al que se sostiene solo por la desunión de sus 
enemigos. Toda la nación detesta á Castilla; toda 
ansia por su caida, pero dividida, no en cuanto á prin- 
cipios, si en cuanto á caudillos, perpetua su malestar, 
esperando que la Providencia lo salve de él. 

¿Quieren ustedes un caudillo? saquen el primer 
loco de San Andrés que hará menos desbarros que 
D. Ramón ; y en el último caso, aquí me tienen ustedes 

T. II. 16 



182 ISt MURCIÉLAGO. 

á mí, no para caudillo presidencial, pues es muy chico 
el pájaro para la jaula, sino para caudillo aleteador. 
¡Oh! si yo llegara á prenderme de la nariz de S. E. 
á fé, á fé que le habia de hacer adquirir odio á la 
banda. 



AIIISTIA 



I. 



Después de año y medio Aq dictadura y de ocho 
meses de Convención, tenemos ley de amnistía. Yo te 
saludo, precioso fruto de los sentimientos humanita- 
rios de los legisladores de mi patria; yo te venero 
rasgo sublime de la magnanimidad del Libertador. 

Amnistiar a los caldos en la PalmUy permitir que 
esos sicarios del tirano, esos sostenedores de la inmo- 
ralidad, esos antropófagos, esos caribes, esos deser- 
tores del infierno, vuelvan á percibir sueldos del Perú, 
de ese Perú á quien han escandalizado con sus crí- 
menes; oh I esa es una prueba de bondad, de longa- 
minidad y de grandeza de alma, reservada para los 
grandes hombres de la grande revolución del 84. Por 
lo que es la subsistencia, que ha sido una de las cosas 
que mas ha ocupado la cabeza del Sr. Mar, mas vale 
tarde que nunca. Un hambre de año y medio, que es 
ya una hambre crónica, y que se habrá convertido en 
una hambre casi orgánica, mortificaba á los sectarios 
del gobierno anterior ; pero esa hambre era la pena á 
que los condenara el gobierno presente, por lo mucho 
que aquellos hablan comido en todo el tiempo en que 
fueron dueños del pastOé Ni podia tampoco el Libar* 



EL MURCIÉLAGO. 183 

tador haber procedido de etra mañera ; no podia que- 
darse sin desquite de aquellos tres añois que pasara 
sujeto á su miserable sueldo de gran mariscal, insufi- 
viente por demás, para llenar las exigencias de su alta 
y excepcional colocación. El que estuvo, durante el 
tiempo de su grandeza, acostuinbrado á ver pasar de 
sus manos á las ajenas, en una sola noche, según el 
capricho de una sota ó de un caballo, mucho mas del 
valor del sueldo de un año, ¿podría resignarse á vivir 
sin esas emociones agradables que producen los inci- 
dentes del juego? ¿El que por seis años puso su mano 
en una arca siempre provista y siempre dispuesta á 
salvarlo de sus apuros, podia resignarse á arañar el 
fondo de otra siempre vacia? No : la situación del 
Libertador era angustiosa, era de aquellas en que el 
patriotismo se apodera de todo el corazón, en que los 
arranques del alma acreditan que un hombre ha na- 
cido para grandes cosas, y no para las pequeñísimas 
de estar debiendo á todo el género humano y obhgado 
á no satisfacer los vicios con todo el esplendor y lujo 
que algún dia. 

Lanzóse, pues, el ilustre D. Ramón, á salvar la 
patria, que es, como quien dice su bolsa, de una fatal 
crisis; un año mas de quiebra pecuniaria podría acar- 
rearle una relajación de otra clase ; sacudió el hombre 
el polvo de sus botas et resurrexit inter mortuos. 

Esta résurrecion fué terrible para los que á ella se 
opusieran; la voz de Cacha-botas, debió haber sido 
escuchada, y su llamamiento atendido por todos los 
hombres. ¿Cómo se entiende eso de que él hubiera 
dicho á su gente : ¡ea, vamos á conspirar! y que 
hubiera traidores que no respondieran ecce nos? 
? Cómo se entiende que cuando el dijo : arriba ó abajo 
Constitución; no responda todo el Perú ¡Hosanna! 



184 EL MURCIÉLAGO. 

¡Hosanna! ¿Y quiénes SQinos nosotros, miserables 
polichinelas republicanos, para que no nos movamos 
en el sentido que se antoje á nuestro Maese Pedro? 
¿ Por qué no nos hemos de dejar felices con la felicidad 
que cuadre proporcionarnos a quien ha pasado mas 
de medio siglo estudiando lo que mas nos conviene? 

Los que se hicieron sordos al llamamiento de los 
pueblos espresado en el inmortal decreto que señalaba 
los cuarenta dias como término fatal para declararse 
ó nó patriotas, han merecido bien pasar por estar 
desamnistiados hasta esta fecha. 

Resta ahora que conocedores de sus culpas, que 
contritos por haber pecado, y dispuestos á no reincidir 
en él, den á la bota un beso de agradecimiento. 

¿Pe/o en fin, ¿quiénes son los amnistiados? las 
personas que bajo la administración anterior no se 
hicieron reos de delitos comunes; y los que bajo la 
administración presente se han hecho reos de delitos 
comunes y estra-comunes ¿quedan ó nó amnistiados? 
El Libertador que ha cometido los delitos de traición, 
de sedición , de arbitrariedad , de despotismo , 
de deserción y de tantos otros, queda bajo la 
protección de la ley? ¿Y los convencionales que han 
cometido los delitos comunes á todos ó á los mas de 
los diputados peruanos y ainda mais, los que solo 
ellos han podido cometer, quedan amnistiados por la 
nación? ¡Oh! si la torta se cambiara, si, como no 
puede dejar de suceder, el teatro muda de decoración 
y cambia de actores ¿qué especie de amnistía solici- 
tarían los actuales amnistiadores? ¿ Con qué derecho 
exigirían el reconocimiento de sus títulos, y la conser- 
vación en las piltrafas que les ha dado la revolución? 
Si los hombres del 54 conocieran la historia de los 
gobiernos y hubiesen recordado que los de hecho, han 



EL MURCIÉLAGO. 185 

sido poco duraderos y lanzados también por el hecho : 
si en vez 'de ensoberbecerse por el triunfo hubiesen 
ostentado sentimientos de justicia para con todos y 
de humanidad para con los vencidos ; si en vez de 
condenar al hambre á familias inocentes, no hubieren 
negado el pan que los padres de esas familias habían 
merecido por servicios atrasados ; si en vez de atizar 
los odios con encarnizamiento, hubiesen disculpado 
esos que llaman pasados estravíos; si en vez de ha- 
cerse jueces injustos de los vencidos, los hubiesen 
reconocido como hermanos, entonces no se hubiera 
ofrecido al mundo el monstruoso escándalo de ver á 
los conspiradores castigando á los hombres de orden ; 
los traidores á los leales ; y el no menos monstruoso 
de ver á los que se han apoderado de la presa, conce- 
der por gracia á los buenos servidores de la patria, lo 
que se les debe por justicia, y por justicia de mejor 
ley que la qu6 ellos pudieran invocar mañana en su 
favor. 



II. 



La excepción que la famosa ley de amnistía encierra 
en sus artículos 2° y 7% hacen esa ley de tal modo li- 
mitada , que son muy pocas las personas á quienes ella 
estiende sus favores. ¿A qué funcionario público, du- 
rante el gobierno anterior , no se le han imputado de- 
litos de toda clase? ¿Cual de ellos no ha sido deni- 
grado con todo género de calumnias? ¿ Y cómo podrán 
hoy obtener su vindicación, estando la República su- 
jeta al poder de una ominosa dictadura? Los que tu- 
vieran el candor de oiría voz de su conciencia y alen- 
tados por ella se presentaran en el banquillo de los 
acusados, tendrían que ver en sus sentencias, no el 

10. 



/ 



186 EL MURCIÉLAGO. 

fallo de la ley y de la razón, sino la inspiración del 
odio ó del afecto del dictador; así no solo la renta y 
rango del encausado, sino, lo que es mas, su nombre 
y su honra estarían á merced de los hombres del poder, 
animados de cuanta negra pasión puede abrigar el 
alma humana. 

La ley de amnistía,- como todas las leyes hechas 
hasta el dia por la Convención, es una ley infame, digna 
de figurar en el número de esas prescripciones escan- 
dalosas que darán al actual cuerpo legislativo la mas 
triste celebridad. 

A mas de abrir la ley ancha puerta para los abusos, 
ademas de dejar, como lo acabamos de decir, la honra 
de los caldos en las protervas manos de Jos que se 
hicieron sus verdugos, es una ley tan incompleta y ra- 
quítica, que si existiera eií los diputados algo de de- 
coro, no debian haberla espedido. Nada dice acerca de 
los peruanos que se encuentran en el estrangero; 
¿ quedan estos amnistiados, y al mismo tiempo conde- 
nados á la espatriacion ? Ya nos responderá el mi- 
nistro Mar que nadie está desterrado sino por su pro- 
pia voluntad, y si esto puede ser cierto con respecto á 
mí, que no tengo de quién quejarme sino de mi deseo 
de. . . viajar, no lo es con respecto á los muchos pró- 
jimos que se encuentran por estos mundos, bien á 
pesar suyo , y bien á placer y por orden del digno 
antecesor del Sr. Mar,' á quien le llegará la vez de 
mendigar un pedazo de amnistía, y á quien será tam- 
bién preciso someter á juicio, por el mucho juicio que 
ha tenido para hacer, su negocio, empleando en ello 
toda su decantada moralidad. 

No han faltado, empero, diputados verdaderamente 
liberales y patriotas que se opusieran á las odiosas 
restricciones que la ley establece ; raizónos de justicia, 



EL MURCIÉLAGO. 187 

de humanidad, y de decoro nacional, enérgicamente 
emitidas, se han dado contra la mezquindad de los 
ainnistiadores ; pero ¿ qué puede influir cuanto se diga, 
en bien del caido, en el ánimo de hombres que no 
pueden transigir con lo que no tienda á que^se encier- 
ren en sus manos todos los elementos de dominación? 
La revolución tuvo por objeto reconstruir el edificio 
político minado, según se decia, por los vicios del go- 
bierno anterior; y de esa obra se han alejado muchos 
y útiles obreros. El gobierno revolucionario separó de 
su círculo á multitud de ciudadanos que servían á la 
patria con aprobación pública, para sustituirlos con 
políticos noveles é imperitos, incapaces de toda resolu- 
ción que no fuera un desacierto. Hombres sin consejo 
ni esperiencia en el manejo de los negocios públicos, 
ávidos de lucro, aferrados á la presa y temerosos de 
perderla, no han querido dar ala política la consistencia 
que nace de la cooperación de todas las fuerzas y de 
todas las inteligencias, sino la vida agitada de un par- 
tido que tiene que mantenerse en perpetua guardia 
contra las tendencias reaccionarias de otro partido 
derrivado. Como en los primeros tiempos de levantado 
el gobierno de la revolución, se llevaron á cabo vio- 
lentas medidas de persecución contra hombres que 
encontraban en su conciencia el testimonio de no haber 
delinquido, como los mismos perseguidores no estu- 
vieran satisfechos de la justicia de su conducta, preciso 
ha sido hacer cada dia mas fuerte la opresión para 
exigir que el oprimido se prostituyese hasta pedir gra- 
cia, y hasta confesarse culpable por no haber sido 
traidor. Y ¿ es así como se ha entendido la moralidad 
política, y así como se ha dado libertad á los pueblos ? 
La moralidad empezó á ostentarse dando cárcel ó 
lanzando del país á los que hablan seguido sus pre- 



188 EL MURCIÉLAGO. 

ceptos : la libertad hizo consistir sus frutos en tener á 
los peruanos con un nudo corredizo en la garganta. 
La Convención debia haber abierto sus trabajos reor- 
ganizadores, dando patria á todos los peruanos, resti- 
tuyéndoles lo que les quitó, sin derecho, la dictadura; 
dando leyes que asegurasen la tranquilidad pública y 
no exacerbando los odios para que estos unidos forma- 
sen muy pronto, contra el gobierno y contra ella, una 
formidable oposición á la cual ya no pueden resistir. 
No es hoy el partido oprimido y ultrajado el que mas 
trabaja por la caida del gobierno revolucionario, y si 
con la ley de amnistía se ha pretendido quitar ala opo- 
sición algunos soldados, ella es harto robusta por ha- 
ber recibido en [sus banderas á los que de buena fé 
creyeron que la revolución del 54 era necesaria para 
mejorar la suerte del Perú. Tardiahasido la amnistía; 
, y por tardia y mezquina no mejora la condición, ni 
revive la destruida popularidad del gobierno. Los que 
no tengan corazón para sentir los ultrajes ; los que 
hayan perdido su dignidad y héchose insensibles á los 
dicterios de ladrones é inmorales , que tanto se les ha 
prodigado en los documentos públicos y en la tribuna 
parlamentaria, aquellos para quienes el honor es la 
renta aunque le sea arrojada con la punta del pié, esos 
se acojerán á los beneficios de una ley espedida para 
hacer mayor su humillación ; pero los que comprendan 
lo que el hombre debe á sí mismo, los que conozcan 
que todo sacrificio debe hacerse por conservar la honra 
aun al través de las mas fuertes calamidades, esos lan- 
zarán una mirada de merecido desprecio hacia los dir 
putados convencionales que han tenido la necedad de 
imaginarse que aparecian grandes y generosos dando 
una parte del todo que el gobierno revolucionario 
arrancó por su propria autoridad. 



EL MURCIÉLAGO. 189 

Nosotros nada perdimos en el suceso de la Palma, 
ni clase, ni rango, ni renta; porque, meros ciudadanos, 
no hemos vivido nunca á espensas del Estado. Pero, 
encontramos en nuestra alma la suficiente fuerza para 
arrojar á la cara de los convencionales, si nos hallára- 
mos comprendidos en la amnistía, el zoquete de pan 
que en medio de tanto ultraje, y como por compasión 
se echa al pié de los vencidos, para que se abatan á 
recojerlo. 

¡Amnistía ! ¿y de qué? ¿Amnistía acaso el saltea- 
dor que devuelve la especie que arrebata por la fuerza? 
Amnistía el público difamador que, avergonzado de 
no haber podido probar sus calumnias, tiene que con- 
fesar, aunque sea entre sí mismo, que ha sido un 
asesino de honra ajena? ¿Amnistía el que restituye lo 
que no tiene derecho de retener ? 

Pero en el lenguaje revolucionario las voces tienen 
una significación muy difereilt^ de la usual y corriente : 
y así como se ha entendido por moralidad^ la mas 
desenfrenada corrupción ; así como la libertad ha con- 
sistido en la violación de todas las garantías, así tam- 
bién se llama amnistía una ley que perdona al que no 
ha delinquido, y que envuelve ese mismo perdón en 
inmerecidos insultos. 



aquí estoy yo. 

« 2® Podrá el Ejecutivo trasladar de un punto a 
otro de la República, con acuerdo unánime del Con- 
sejo de Ministros á las personas contra quienes haya 
fundados datos para creer que cooperan á la rebelión, 



190 EL MURCIÉLAGO. 

salvo que prefieran salir del paüy facilitándose en 
uno ú otro caso por el Estado los medios de subsis- 
tencia á los que no tengan bienes conocidos (1). » 

De todas las cosas ordinarias y estraordinarias que 
he visto en mi vida ninguna me cuadra mas que esta, 
y se conoce que en ella ha tomado parte el mariscal 
San-Roman, que ha visto ya varias veces y de cerca, 
la pobreza en tierra estraña, y cierto que la pobreza 
estrangera es mas fea y mas horrible que la compa- 
triota. Pregúntenmelo sino a mí, el pobre Murciélago^ 
y por lo pronto contestaré que la que tengo ahora á 
la vista me perturba hasta el sueño. Pero hacen tres 
dias que duermo como un beato desde que ha llegado 
á mis manos la ley sobre facultades estraordinarias 
que mis amigos los convencionales han concedido a 
mi caro Libertador. Acójome á ellas, ex tota corde, 
ex tota anima y ex tota aleta y desde ahora para 
adelante me declaro cooperador á la rebelión, y daré 
datos de ello, si se me piden, y de que he preferido 
salir del pais, de lo cual el gobierno tiene fundados 
datos ; y que no tengo bienes conocidos ni descono- 
cidos, presentes ni ausentes, de lo cual tienen mis 
acreedores datos fundadísimos, y que por todos estos 
fundamentos, pido para mí y para los que se encuen- 
tran en mi caso, aquellos medios de subsistencia que 
debe facilitar el Estado. Y no se me salga ahora con 
que las leyes no tienen efecto retroactivo, y que los 
datos fundados han de ser de conspiraciones poste- 
riores á ella, porque poco trabajo nie costará ir á Lima 
y ponerme á conspirar de manera que no quede duda 
á alma viviente ó muriente de que corro tras la subsis- 
tencia. 

(1) Artículos 2° ley de estraordinarias. 



EL MURCIÉLAGO. 191 

Al fin, ahora el que se encuentre como se encuentran 
muchos en mi tierra que no hacen nada, porque nada 
quieren ó saben hacer, con escribir una carta al Sr. 
Mar, diciéndole : Señor mió : sirva esta de dato furtr 
dado para prevenir á Vd. que coopero á la rebelión ; 
y por lo mismo espero que Vd. se sirva facilitarme los 
medios de subsistencia en el punto tal á que prefiero 
irme por evitar el placer de vivir en compañía de Vd. 
y del Sr. Libertador , están seguros de ^ue no morirán 
de hambre, y de que si alguna vez surje la rebelión, 
se presenta el sujeto, y con el dato fundado de haber 
cooperado á ella, se chupa un ministerio. 

Sin dudamente , vamos adelantando, porque esto 
no se parece á esa moralidad del año 55, con la que 
el Libertador, en atención al dato fundado de que 
algunos cayeron en la Palma, los tuvo encerrados 
mas de seis meses en Carceletas sin facilitarles sub- 
sistencia, siendo así que entre ellos hubo muchos que 
ni tenian bienes conocidos, ni nunca conocieron bienes 
tenido». 

En resumen , dando las mas esp^sivas gracias al 
mariscal y á los ramos y las mesas de la Convención, 
y dándolas anticipadamente al Sr. Mar, por los recur- 
sos que de él espero á vuelta de correo, creo que po- 
dré cooperar desde aquí, en lo sucesivo, con mas de- 
sahogo y doble valor, mientras que mi Estado me fa- 
cilite esa picarona subsistencia que no deja de hacerme 
mucha falta. 

Y YO TAMBIÉN. 

A tutii quanti^ haya yo difamado en mi vida, Ha-- 
mandólos inmorales y ladrones^ los amnistió. 
A tutti quanti^ hayan permanecido fieles á sus 



i 92 EL MURCIÉLAGO. 

principios y bandera, y no hayan querido oir mi voz 
que es la de un conspirador sempiterno, y que no re- 
puto leales sino á los que me ayuden á subir, mere- 
ciendo por ello que yo los haya titulado traidores^ los 
amnistió. 

A tutti quantiy les haya yo quitado sus grados y 
destinos mejor adquiridos que los mios, los amm- 
tio: 

A tutti quantiy les haya quitado el pan, condenando 
al hambre á sus familias, porque mi rencor no conoce 
límites y mi venganza es mayor que la ira de Júpiter, 
los amnistió, 

Y al Perú que se deja despotizar, pisotear y robaí" 
sin hacer en ello alto, no lo amnistió. 

El Murciélago. 



I QDE SEA PARA BIEN ! 

Mi ilustre y honorable amigo D. Julio Manuel del 
Potrillo va á contraer matrimonio, según las voces que 
corren en la capital del Perú y que han llegado hasta 
mis oidos. Amor jungit similes, dice el proverbio, y 
á fé que no me parecia de fácil asunto el tal mi D. Julio 
encontrase su simil, porque en verdad os digo que 
pocas cosas hay que se la parezcan, ó, lo que es igual, 
él no se parece á muchas cosas* Pero cuando Dios 
hace un pan, cria al que debe comerlo ; ya que nues- 
tro representante ha encontrado su media naranja, 
hago votos, con todo mi corazón para que tenga una 
larga y sabrosa luna de miel ; un dulce y largo sol de 
vida doméstica, y una prole tan numerosa como nu- 
merosas son las estrellas. Que siempre esté en el apa- 



£L MURCIÉLAGO. 193 

jeo de su órbita matrimonial; que no haga nunca 
eclipse su paz doméstica, ni sea alterada por tempes- 
tades ó chaparrones de disgustos ; que tome por ¿rw- 
jula de su conducta, la opinión de su consorte, que, en 
mi humilde concepto^ será muchas veces mas acertada 
que la suya, y que cuente siempre con la voluntad de 
su amigo el 

Murciélago. 



A DOHDE VA El REÍ, VA LA CORTE. 



I. 



A Chorrillos fué Ramón, 
Lleva naipes, lleva dados, 
Lleva música y soldados. 
También lleva Convención, 

Porque le asusta se va 
Aquella fiebre amarilla. 

Y huye también la gavilla 
Que al Perú las leyes dá. 

¿ Habráse visto 
Un accidente como este ? 
¡Tener miedo 
Una peste de otra peste ! 

IL 

Entrará Ramón con mates 
De madrugada á su baño, 

Y lo seguirá el rebaño 
De sus vendidos petates. 

Que es Ramón de sangre ardiente 

Y su ardor, la agua tempera; 
¿Y si fría no la hubiera 
Bañárase en la caliente ? 

T. II. 17 



194 EL MURCIÉLAGO. 

¿ Habrase visto 
Un disparate como este ? 
¡ Tener miedo 
Una peste de una peste ! 

III. 

¿ El lugar de las sesiones, | 

Saben ustedes cuál es ? 
Uno que sirvió otra vez 
Para morales funciones. 

Que en la mesa que hoy rodean 
Los, de las leyes^ autores. 
Se sentaron jugadores. 
Aunque algunos no lo crean. 

¿Habráse visto 
\ > Ui I desatino como este? 

i Hacerse la convención 
Mas horrible que la peste I 

Y no es broma : ¿ dónde está la Convención ? En 
casa de Cu ... . basta esta sola respuesta para que 
todo el mundo se persigne y santigüe , haciendo tres 
cruces ; 

La primera en la frente 

Para que nos libre Dios del Presidente ; 

La segunda en los costados 

Para que nos libre Dios de los diputados ; 

La tercera en cualquiera parte, 

Para que nos libre Dios de las coincidencias que 
ocurren en los sucesos del Perti. 

Cuéntase que hubo su ligero debate sobre la elección 
del lugar aparente para legislar. Dos se presentaban 
sobre cuya elección estaba la opinión dividida : la es- 
cuela y una casa que ha servido para invocar la buena 
mierte. 



EL MURCIÉLAGO. 195 

El mariscal San Román, espuso que él sin duda lo 
prefería la escuela , porque entre los señores preopi- 
nantes habia algunos, como D. JervasioAlvarez y D. 
Santiago del Matute, que no habián aprendido á leerlo 
bien , ó que si hablan aprendido el lectura , ya se lo 
hablan olvidado ; que á él mismo lo habia ocurrido el 
mismo tanto á consecuencia de haberse dejado de pa- 
peles desde el última vez que lo dejó el ministerio, 

S- E. el Libertador dijo : que para,saber hacer leyes 
y gobernar el Perú, lo que menos se necesitaba era 
saber leer : que él tenia su vanidad en no pronunciar 
las letras sino en molerlas y que no por eso andaba 
mal la cosa; que lo necesario en este mundo para. salir 
bien en cualquiera empresa, era tener suerte, y que 
supuesto que en aquella casa la hablan encontrado 
muchos ... él ... él. . . prefería ... la casa... que si la 
Convención se reunia en ella... él... él... iría... iría... 
á visitar con frecuencia ... á los SS. . . . lejugadores. . . 
legisladores... 

Estas razones fueron aceptadas como justas : y la 
casa mereció los honores de la preferencia. 
Los primeros trabajos legislativos se redujeron a 
i^ Declarar los diputados que estando agotado el 
erario por los despilfarros de la administración pasada, 
y por los de la presente, y habiendo tenido la revolu- 
ción por uno de sus primeros objetos hacer economías 
en favor de la nación, era preciso que este propósito 
se llenara, y que las dietas se aumentaran en cuatro 
pesos diarios. Esta proposición se aprobó sin debate — • 
cuatro ó seis diputados renunciaron el aumento. 

2* Que para que estas economías fuesen mayores, 
se diese á cada honorable, 3iñ lugar á descuento, el va- 
lor de una mensualidad para hacer los gastos de tras- 
porte de sus humanidades , y los de establecimiento 



196 EL MURCIÉLAGO. 

— aprobado en iguales términos, y con las mismas 
renuncias. 

3* Que donde se vea, en el reglamento, la palabra 
mesa se lea tapete. 

4® Que se sustituyan las voces de señor preopinante ^ 
con las del ser pretallador. 

S® Que los trabajos se distribuyan de la manera si- 
guinte : De las doce del dia á las dos de la tarde, á 
almorzar ; de lag dos á las tres, á visitar á S. E. y 
tomar las once en su compañía ; de las tres á las cuatro, 
a remojarse ; de las cuatro á las cinco, á dar un verde; 
de las cinco á las seis, á hacer por la vida ; de las seis 
de \^ tarde á las ocho de la noche, á tomar café con 
los compañeros ; de las ocho de la noche á las cinco 
de la mañana, á acompañar á S. E. á jugar rocambor ; 
de las cinco de la mañana á las doce del dia, á descan- 
sar el cuerpo en el lecho : y todo lo que pase de estas 
veinte y cuatro horas á trabajar por la ventura de la 
patria. 

Con este orden se consigue : 

I® Evitar que los convencionales mueran ama- 
rillos. 

2° Aumentar el tiempo del trabajo. 

3® Hacer una fuerte economía en los fondos públicos. 

4** Estar lado á lado con S. E. todo el dia y toda la 
noch 

S® Aprovechar de los bscños. 

6® Pasarse buena vida. 

7° Correr el albur de hacer suerte en una noche. 

8** No haber suspendido las sesiones, lo cual habría 
sido suspender la percepción de las dietas. 

9® Estar mas lejos de el Heraldo. 

io^ Hacer lo que convenga, mas privada y ligera 
mente. 



EL MURCIÉLAGO. 197 

Estas diez consecuciones se encierran en dos : enchu- 
far plata sin hacer nada ; y en hacer que al pais se lo 
lleve el diablo. Muchas gracias. 



LA PATRIA T LOS PATRIOTAS. 

El que vaya al Perú, empuñe al primer peruano 
con quien tropiece en una esquina y pregúntele : ¿Ga- 
marada, es. Vd. patriota? De seguro que el hombre se 
frunce solo al pensar que se duda de su patriotismo, 
o de que no se le conoce en la cara ; y cierto es que 
hay algunos que huelen á patriotas desde media lengua 
de distancia. ¿Y en qué consiste el patriotismo ? Esta 
pregunta es susceptible ya de tantas contestaciones, 
como individuos tiene la humanidad peruana. Para 
unos consiste : en tener una buena colocación en el 
ministerio, y al decir buena, es decir de buena y cre- 
cida renta; para otros, en ponerse su par de charrete- 
ras, para ser bravos en tiempo de paz y pacíficos en 
tiempo de guerra ; para otros, en ser disputados que 
es, como quien dice, estar dotados para hablar dispa- 
rates y necedades ; para otros, en concurrir por las 
noches á palacio á jugar con el Presidente ; y para 
tantos otros, en otras tantas casas que seria nunca 
acabar si hubiéramos de enumerarlas. 

Sin embargo, todos estos no pasan de palriotitas, 
pero los patriotas de primera marca son también harto 
abundantes. Pertenecen á esta clase los que creen que 
ya han vivido bastante obedeciendo, y que es preciso 
que vivan algo mandando ; y para estos el patriotismo 
consiste en quejarse y lamentarse del estado de la 
República ; de .que la cosa no marcha por el carril 

17. 



1 

198 EL MURCIÉLAGO. 

del orden ; (en este siglo, hasta el orden tiene carriles) 
que las rentas desaparecen por arte de encantamiento 
y en fin, que la sociedad no es feliz. Según ellos el 
estado no es floreciente cuando ellos no son el primer 
florón ; el orden está fuera de los rieles cuando ellos 
no son los locomotores ; las rentas desaparecen cuando 
ellos no las ven y las palpan, y la sociedad no es feliz 
porque ellos son desgraciados. No tienen, sin embargo, 
sino media razón porque la otra media la tienen los 
demás que piensan del modo contrario; y de aquí 
resulta la interminable pendencia que, por esceso del 
patriotismo de nuestros patriotas, está acabando con 
la patria. Lo chistoso es que todos tienen á su vez ra- 
zón entera y que el Perú se convence de ello luego que 
uno de dos de esos sujetos que esponen su vida por 
hacernos dichosos, da con su adversario en tierra; y 
sino echemos mano á nuestra gloriosa historia. 

Revolución en el Sur (por allí prende siempre el 
castillo), gobierno en el Norte; ejército en el Sur, 
ejército en el Norte ; jefe del Sur que . se titula jefe 
superior, ó presidente provisorio y algunas veces hasta 
libertador; el jefe del Sur dice : que el Presidente ha 
dejado de ser presidente porque roba, porque mata, 
porque juega, porque galantea .y porque no deja cosa 
que no eche á perder ; el Presidente del Norte dice 
que el revoltoso del Sur quiere apoderarse del mando 
para robar, para matar, para jugar, para galantear y 
para no dejar cosa en su sitio ; los escritores del Norte 
gritan y defienden los intereses nacionales abogando 
por el gobierno y combatiendo á los facciosos ; los es- 
critores del Sur gastan las uñas y defienden los mismos 
intereses, abogando por la revolución y combatiendo 
al gobierno; resulta, pues, que medio Perú se pone 
de cuernos con el otro medio, hasta que en un simu- 



EL MURCIÉLAGO. i 99 

lacro de batalla se lleva la presa uno de los dos ; si 
gana el presidente, toda la Nación declara que no 
merecia los cargos que se le hablan hecho ; si gana el 
jefe revolucionario, declara también que el gobierno 
caldo era insufrible y lo peor imaginable. En general, 
el ' que rompe mas cabezas es el dueño de todas las 
voluntades y razones ; el que Cae no sirve ni para que 
se le de la mano ; los que tomaron parte en el bando 
triunfante son los patriotas qué están haciendo la fe- 
licidad de la Nación ; los que quedaron vencidos son 
los patriotas que empiezan a trabajar porque les vuelva 
la vez de hacer la misma felicidad ; mientras tanto, 
si un presidente preguntara a la patria cómo le va con 
su presencia, tendría esta que contestarle lo que la 
gallina al zorro : 

Muy mal roe va, señor, en este instante; 
Muy bien, si Vd. se quita de adelante. 

Poco cuidado le daría, sin embargo esta contesta- 
ción porque todos nuestros grandes hombres son deci- 
didos sectarios del príncipio : 

Ande yo caliente, 
Y ríase la gente; 

y no ha habido ni habrá alguno que se tome la moles- 
tia de dejar la silla para otro, porque llegue á su 
noticia que el pais no está contento con él. Lo que 
hacen á mucho hacer es lamentarse de la ingratitud 
popula: y repetir : 

Tan bien que los quiero, 
Tan BQftl que me pagan. 

alegaado que. se desviven por el servicio público ; que 



( 



200 £L MURCIÉLAGO. 

« 

pierden hasta el sueño por cuidar el sueño de los ciu- 
dadanos; que cuando estos roncan, ellos velan; lo 
cual no deja de ser cierto en algunas ocasiones ; aun- 
que velen, no á la patria, si no á ciertos animalitos 
de marfil, de forma cúbica, que quitan el sueño al 
que mas amigo sea de él. ¿ Quién duda, por ejemplo, 
que nuestro Libertador pasa las noches como Sancho, 
de claro en claro ? ¿ y quién duda que ha inspirado su 
afición á las vigilias al ex-ministro moralidad? 

Con todo, la injusticia humana no aprecia tamaños 
sacrificios; el Perú está como picado de víbora y tan 
contento con el paternal gobierno que hoy lo rige 

Como el diablo, con la cruz ; 
Los hombres, con la pobreza ; ■ 
Las hembras, con la vejez ; 
Y el Murciélago con luz. 

¿Y por qué no está contento? pregunto yo : ¿acaso 
con que el libertador nos liberte de sus libertades, 
hemos de estar mas k piaceref 

\ Oh ! si asi fuera 
Pero, señor, yo lo dudo. 

El año de gracia de 49 se decia por todos los pe- 
ruanos en altas voces : no queremos mas Castilla; el 
año de 81 se repetia : gracias á Dios que ya salimos 
de Castilla; y el año 54, se decia y se repetia : venga 
Castilla^ no podemos vivir sin Castilla. 

'Y vino D. Ramón Castilla y nos ha dado tantas Ra- 
moniadas y Castilladas que ahora no hay quien no 
quiera sacárselo de encima \^ 

Pero se pegó Castilla 

Mas que pique ó sanguijuela 

Que garrapata ó ladilla. 



EL MURCIÉLAGO. 201 

Y a fé, que no me parece obra tan fácil despegarlo 
de la silla en que lo sostienen nadie mas que sus pro- 
pios enemigos, que tirando unos para acá y otros para 
allá, con igual fuerza, hacen que el cuerpo se man- 
tenga en equilibrio : 

Si todos tiran en igual sentido 
Hace tiempo lo hubieran abatido ; 
* Pero si cada cual tira á su lado 

Se queda en su lugar por mal tirado. 

Y lo mas peregrino es que sise oye raciocinar á mis 
paisanos y hablar de revolución, se cree que todos 
ellos son unos San Agustines ó unos San Juanes evan- 
gelistas : todos dicen : la desunión nos mata^ es preciso 
que nos unamos, la unión hace la fuerza, y á pesar de 
este convencimiento no hay uno que no tienda á desu- 
nirse ; yo me admiro como con tales tendencias no ha 
pasado todavia en el Perú la moda de los matrimo- 
nios. Mientras tanto, como también es gracia nuestra 
ostentar lo que menos tenemos, manifestamos rendir 
tal culto á la unión, que en nuestros pesos fuertes te- 
nemos la efigie de la libertad con este pomposo mote : 
Firme %j feliz por la unión. Lo que es libertad todo el 
mundo sabe que no la conocemos ni de vista ; lo que 
es felicidad, estamos en el mismo idem^ como decia 
un diplomático, y por lo que es unión — Dios guarde 
á V. muchos años. 

Pero que la unión sea un medio de ser filóme y feliz, 
no solo lo dudo con la duda de los escépticos,, sino que 
lo niego absolumente; y si hay quien no piense como 
yo, lo declaro un leso» Fúndase mi convicción en los 
hechos siguientes : Si el Sr. Ministro Ureta y el Sr. 
Ministro Elias, cada uno .de los cuales conspiraba de 
su cuenta, costo y riesgo desde pocos dias después de la 



202 EL MURCIÉLAGO. 

Palma, no se hubieran desunido con la desunión mas 
completa posible, el Libertador no se hubiera mante- 
nido firme ni hubiera sido feliz mucho tiempo. Si 
desde que se levantaron tantos partidos de oposición 
no se hubieran desunido todos ellos, el Libertador no 
se conservara firme ni hubiera sido feliz hasta hoy. 
Así, pues, el citado Libertador debia poner en la ca- 
beza de sus decretos : Ramón Castilla, Libertador 
firme y feliz^ por la desunión de mis enemigos^ á los 
que la presente vieren, salud, etc. 



LO QUE SOMOS. 

Cuentan que un filósofo vio el cadáver de un burro 
destrozado por los buitres, y que fijando su atención 
en esos restos mortales del ex-viviente, esclamó en 
tono solemne : \B endito sea el Señor ^ y lo que somosl 
Si ese filósofo no fué peruano, difícil es que pueda 
adivinarse 'dónde nació, porque nosotros no tenemos 
necesidad sino de vernos unos á otros para tener de- 
recho de esclamar : ¡ Bendito sea Dios y lo que somos] 
¿Pero qué cosa somos? allí está la pelotilla, ¿somoa 
mujeres ? Las patillas y los bigotes hablan en con- 
trario. ¿ Somos hombres ? Aunque lo parecemos no 
sabemos. ¿Somos hembras-floritas? (como decia mi 
maestro de literatura) no estamos muy convencidos de 
ello ¿Entonces no somos nada? 

Sí, Señor que somos algo y mucho mas de lo que 
se nos cree y sino déjense conducir por mí que serviré 
de Asmodeo y les haré ver si tenemos derecho para 
decir : 



EL MURCIÉLAGO. 203 

Valemos mucho. 

Por mas que digao. \ 

Asómense ustedes por esa ventana. Vean seis coro- 
neles, ocho tenientes coroneles, doce sarjentos mayo- 
res, veinte capitanes, e cetra, e cetra : oigan ustedes lo 
que dice el que preside esa respetable asamblea. Se- 
ñores: La patria está caminando á su ruina, ya yo estoy 
arruinado porque hace uñ año que no tengo sueldo, 
los males son graves y es preciso remediarlos ; yo por 
la patria me dejo sacar hasta la muela cordal ; ¿ qué 
hacemos ? La revolución está en todas las cabezas y en 
todos los corazones, la opinión pública está pronun- 
ciada contra el gobierno ; para derribarlo no se nece- 
cita mas que querer; la patria nos llama y salus po- 
puli suprema lex esto, como dijo Mahoma. 

Otro. — El asunto es de cinco minutos, no se ne- 
cesita nada ; yo tengo veinte y cinco muchachos que 
cada uno vale por cuarenta; con ellos hay bastante 
para meter una bala entre los sesos al Presidente, á 
sus ministros y á sus. . . 

Otro. — ¡Nada de balas! La revolución no debe 
costar ni una gota de sangre, no ha de ser roja como 
todas las anteriores. En esta época no debe quedar 
ninguna viuda porque los maridos escasean cada dia 
mas y mas. 

Otro. — No se hace tortilla sin romper huevos, ni 
rovoluciones sin abrir calaveras. 

Otro„ — Yo me comprometo á tomar á todos los 
pájaros grandes sin tocarles el cabello : tengo gente 
buena y dispuesta para todo. 

Otro. — Ustedes están divagando. ¿Qué revolución 
puede hacerse sin contar con el ejército ? Yo estoy 
mas adelante que ustedes y mis trabajos son mas só- 



204 EL MURCIÉLAGO. 

lidos. Cuento con un capitán, amigo de un primo de 
la mujer del dueño de mi casa, que entregará el cuar- 
tel la noche que esté de guardia. 

Cuento con el mayor de otro cuerpo que conoce á 
una señorita á quien yo visito, y que está dipuesto á 
sublevarse porque quiere ser coronel. 

Tengo, ademas, dos capitanes de otro cuerpo que 
siempre que me saludan me aprietan la mano de un 
modo muy significativo. 

Y cuento con otros á quienes haré hablar oportu- 
namente con mi primo. 

Otro. — Bueno, será preciso ver á esos jefes y 
acordar con ellos ; pero ¿qué principio se invoca, y á 
quién ponemos á la cabeza? 

Uno. — La constitución, del 39 y al general X... 

Otro. — Yo estoy por la constitución sin la X. 

Otro. — Y yo por el principio con todos sus prin- 
cipiantes. 

Otro. — No, señores, la misma revolución que á 
sido falseada (como dice el Dr. Silva Santiestevan). 

Otro. — Yo estoy por la constitución con un cau- 
dillo revolucionario. 

Otro. — Si, y ese caudillo debe ser el general J. 

Otro. — Ese no tiene popularidad ; es mejor el je- 
neral L. 

Otro. — Nosotros ño debemos decir sino abajo Ca- 
cha botas y la Convención. 

— Otro. — Nó : sostener a la Convención. 

Otro. — No. 

Otro. — Si. 

Otro. — Pues, señores, si no hemos de hacer cosa 
buena, mejor es que lo dejemos. 

Otro. — ¿ Qué es eso de dejarlo? ¿y el patriotismo? 
¿ y la patria y nuestros sueldos? 



EL MURCIÉLAGO. 205 

Otro. — Vaya, caballerps, calma : vamos adelante, 
cada uno ocúpese mañana en arreglar los trabajos y 
nos reuniremos por la noche. 

Reparen ustedes que todos van saliendo en distintas 
direcciones, y que el que ofreció hacer volar los crá- 
neos, se va en derechura á buscar al Ministro de guerra 
para contarle lo sucedido y lo que está por suceder. 

Al dia siguiente, todo el mundo sabe lo que se trató 
en la junta de conspiración, incluso el Libertador que 
acaricia su bota diciendo : 

I Ay negra ! mucho te temen 

Y mientras á tí te miren, 
Nada se me da que gruñan 

Y nada de que^ conspiren. 

Y en estos congresos y en estas denuncias, y en 

Si será Pedro ó Juan, 
Nicolás ó Fuljencio, 
Nicomedes ó Florencio, 
Manuel, Jesús ó Julián ; 

Y en si es la constitución. 
Con su gente ó con la ajena, 
si presta causa buena 

La misma revolución, 

sé llevan los peruanos mas de un año, y al fin como 
pasan los dias y tras ellos las semanas y los meses, 
los unos dicen por los otros, si no servimos paranada; 
bendito sea Dios y lo que somos. Se entiende que el que 
habla se elimina siempre del servimos y del somos. 

Y aunque á fuer de oir repetir estas frases, debia 
yo haberme convencido de la verdad que encierran, 
yo tengo mi juicio propio y digo que los peruanos ser- 
vimos para hablar , y que somos una especie de gallos 
que estamos toda la vida cacareando. 

T.U. 18 



206 EL MURCIÉLAGO. 



. ¿COHSPIRAIOS? 

¿ Quién es usted ? 

Señor, soy un ciudadano del Perú, que es, como 
quien dice, un factótum. 

Pues, señor mió, estoy encantado de conocer á ufeted: 
me tiene usted a su disposición. 

Caballero, es usted muy amable. Doy á usted las 
gracias : precisamente venia á proponer á usted un 
negocio. 

Veamos, señor, ton^ usted asiento. 

Pues, señor, ha de saberse usted que yo soy, como 
he tenido el honor de decirle, peruano de nacimiento, 
y por consiguiente patriota desde el tuétano, hasta la 
epidermiz ; todos los años de mi florida infancia los 
he empleado en servir á la patria ; pero mi patria, 
señor, es como la de Tancredo tan dolce como ingrata. 
Después de mil combates, y después de millón y medio 
de trabajos, puede llegar hasta la clase de coronel, y 
no fué muy pronta mi carrera que apenas alcancé ese 
grado después de tres años de servicios, contados dia 
por dia con sus correspondientes noches y crepúsculos. 
Mi hoja de servicios es tan honrosa como la que maá, 
y á pesar de ello, en esta última revolución me dieron 
de baja sin mas que por no haber desertado. Usted 
verá que esa es una injusticia de las que no se cometen 
ni entre los genízaros, porque yo estoy limpio como una 
patena de esas culpas que otros cometieron. Gomo es 
un principio de derecho público, en el Perú, quenadie 
se conforma con estar abajo, hago todo lo posible por 
estar arriba, y teniéndolo ya todo listo para una re- 
volución » y no faltándome sino lo menos esencial. 



EL MURCIÉLAGO. 207 

vengo á ver si usted me hace un préstamo de algunos 
miles. 
¿ Y qué principio piensa usted proclamar ? 

— Señor, en cuanto á principios, para mí todos 
son iguales : yo quiero solo el fin ; pues usted no debe 
ignorar el axioma que dice : finis coronat opus, que 
importa lo mismo que : si se consigue el fin, no se 
necesitan sopas. 

¿Ya qué caudillo piensa usted invocar ? 

Por lo que es caudillo, ¡ hay tantos ! pero todos tienen 
sus causas para no ser proclamados : unos porque son 
difuntos políticos, y todo difunto huele á cadáver, y 
todo cadáver á muerto, y todo muerto huele mal; 
otros porque son de los que nos han puesto encima 
al Libertador y han de ser sectarios de la libertad 
de moda; otros porque con sus ideas rancias de justi- 
cia no han de dejarnos vivir según nuestra costumbre 
de hacer lo que mejor nos parezca cuando estemos 
arriba ; otros, en fin, porque dicen que quieren go- 
bernar con rectitud y nosotros no estamos ya para 
estas rectitudes que embarazan que uno se vaya en 
línea recta á su negocio. Atendiendo, pues, á todos 
estos serios inconvenientes , estoy dispuesto á pro- 
clamarme yo mismo. Vea usted, aquí está mi pro- 
grama : 

« 

A LA NACIÓN. 

Compatriotas : Tostado mi corazón por el fuego de^ 
amor patrio, ardiendo mis entrañas en entusiasmo ; 
abrasados mis intestinos de dolor de ver que el actual 
gobierno... 

— Bueno, bueno, ya supongo el resto. 

— No, que propongo yo mejoras que no han ocur- 



208 EL MURCIÉLAGO. , 

rido ni á la cabeza del diputado Portillo, ni á la de 
D. Domingo Elias, que, en materia de reformas, pare- 
cían haber agotado hasta la última idea. Suponga 
usted, yo abólo la religión en todas sus partes y resti- 
tuyo la inquisición para todos los creyentes. 

Estingo toda especie de contribución directa e in- 
directa. 

Establezco la poligamia, como que es de derecho 
natural. 

Declaro que la propiedad es un robo. 

Estingo la patria potestad, y la facultad de hacer 
testamento. 

Estingo el ejército : señor, ese ejército que no hace 
sino arruinarnos, para dar títulos militares solo á los 
paisanos : es decir, que quejándonos ahora de que 
el pais está militarizado, yo voy á apaisanar el ejér- 
cito. 

En fin, poir este tenor pienso hacer unas quinientas 
reformas. 

— Pues me parece que quedará muy bien arreglado 
el Perú. 

— Mucho mejor de lo que usted cree, ¡ Oh ! si Dios, 
para hacer el mundo, se hubiera consultado conmigo, 
aseguro á usted que el mundo fuera otro. 

— Lo creo : ¿ y donde ha adquirido usted estas 
ideas ? 

— ¡ Toma ! donde ha de ser, en el Perú. Y no es 
que las haya adquirido, sino que ellas, así como todas 
las de los peruanos , son ideas no natcis ó innatas, 
como decían los antiguos : yo soy de los que creen en 
este sistema y no en el de Nihil in iritelectu etc., de 
Aristóteles ; este Aristóteles debió haber sido un estú- 
pido ; si hubiera venido alguna vez á mi patria habría 
cambiado su aforismo por el de totum in intelleciu 






EL MURCIÉLAGO. . 209 

peruviano; porque usted no tiene sino entrar en ma- 
teria con uno de nosotros y verá que somos estuche, 
cajón de sastre , botica , mosaico de conocimientos y 
eso sin haber estudiado sino lo muy preciso para decir: 
Voltaire es mejor poeta que Racine ; Rousseau mejor 
escultor que Cellini, Castilla mejor capitán que Alejan- 
dro, etc., sic de ceteris. 

Y si no, escuche usted : hay en mi tierra capitanes 
que escriben á un general un oficio del tenor siguiente 
Señor : sabiendo que usted conspira y queriendo yo 
ser de la partida, someto á su deliberación este pro- 
yecto. La revolución se hará precisamente el viernes 
de Dolores, á las tres de la tarde : el gritó se dará en 
tal plaza : y usted, con* tantos hombres marchará al 
fuerte de Santa Catalina, mientras yo me voy á palacio 
á tomar á todos los pájaros grandes. Debemos pro- 
clamar la monarquía constitucional : piense usted en 
este proyecto y se convencerá que es el mejor posible. 
Otro y otros y mil escriben señalando otro dia y otros 
lugares, otras maniobras y otros principios, de manera 
que el caudillo se encuentra sin saber á qué carta 
hará el apunte; y cuidado con que no haga lo 
que cada uno quiere, lo cual parece difícil^ porque 
en materia de concepciones ningún peruano cede á 
otro. 

Aburridos algunos de que los caudillos revolucio- 
narios de Lima, no fueran hombres para comprender 
toda la grandeza de sus planes, ni para realizarlos, á 
un mismo tiempo por contradictorios y opuestos que 
ellos sean, han ido á buscar al estranjero gente mas 
dócil y á pensar en cruzadas invasoras ; oiga usted un 
plan de estos : 

Nos embarcamos aquí (en cualquiera parte) con cin- 
cuenta hombres ; con estos cincuenta llegamos de noche 

18. 



210 EL MURCIÉLAGO. 

á un puerto del Perú , y nos mamamos el buque de 
guerra que lo custodia : con este buque, es decir, con 
su tripulación, nos tragamos el batalloncito que está 
de guarnición en tierra ; con este batalloncito nos 
almorzamos la capital del departamento, nos comemos 
todo el Sur y nos cenamos todo el Norte. Esta opera- 
ción es de doce horas, inclusas las de descanso, y ape- 
nas costará tres o cuatro mil pesos que estamos bus- 
cando á la gruesa ventura. Ha de saber Vd. , que este 
plan se somete á muchos caudillos y que á cada uno se 
le dice : nada quiero con el otro, 

Pero para que siempre se conozca que el plan es de 
peruanos, al pasar por cada boca, cambia cuando me- 
nos, en el nombre del puerto. 

Esto es en cuanto á militares; si entramos á tratar 
de políticos, diplomáticos y legisladores, seria cosa de 
nunca acabar, como el cuento de pa^an patos. 

Hay hombre que desempeñó todos los ministerios yse 
hizo jefe de E. M. G. y le sobraba tiempo y ciencia; 
hay otros que entran de rondón á un Ministerio y en- 
cuentran que se necesita saber mas para sastre que 
para Ministro ; pero lo que se reputa la cosa mas sen- 
cilla del mundo es la de hacer leyes. Empuñe Vd. al 
tatito mas mulon de la sierra , métale Vd. al bol- 
sillo un certificado de acta electoral, y dígale : cholo 
anda fabrica leyes ; y desde que se sienta en el sillón, 
se encuentra henchido de ciencia infusa y confusa, de 
manera que ni sabe de dónde le ha venido, ni como se 
ha de entender con ella. 

Y no se diga que esto sucede solo con los perua- 
nos de la sierra, que hay peruanos de la costa que 
gran favor^nos haria el diablo si se los pusiera á 
ciíestas. 

Suponga Vd, que en esta última Convención, en 



EL MURCIÉLAGO. 211 

esta que ha muerto ó está para morir , se presentó un 
proyecto de Constitución, fruto de las mas esquisitos 
calaveras, y que podia regentear como jefe de todos 
los disparatados proyectos ; pues ese desgraciado pro- 
yecto al pasar por el alambique de la discusión, como 
dice el diputado D. Jervasio, no ha salido puriscado, 
sino tan lleno de vicioso sedimiento que al fin no lo ha 
de conocer ni el padre Valdivia, uno de los padres na- 
turales del proyecto. 

Por no agotar la paciencia de Vd. no paso aquí 
mismo, en su presencia, una revista convencional; 
pero para que no se crea que no hay en el Perú Legis- 
ladores de tomo y lomo, permítame que le diga que 
hay personas que zanglotean el castellano, zanglotean 
las ideas, y zanglotean hasta la paciencia de los oyen-^ 
/es y leyentes y y que para hacer ver que saben zanglo- 
tear, quieren hacer un zango de todos los demonios 
en cuanta cosa tienen parte. Así salen esas leyes ; así 
salen esos decretos ; así salen hasta los discursos. Lo 
mejor es que como no hay terreno, por espinoso que 
sea, en que no metan la mano, salen algunas v^ces 
lastimados, aunque por vanidad no quieran ellos mis- 
mos ver las lacras que todo el mundo les advierte á 
primera vista. 

Si Vd. conoce la organización judicial del Perú, 
hágame la gracia de esplicarme el sentido de esta 
sustitución al art. 122 de nuestra futura Constitu- 
ción : 

«La justicia será administrada por una Corte Su- 
prema en la capital de la República ; por superiores 
en los Departamentos (á juicio del Congreso); por juz- 
gados de primera instancia en las provincias y por 
juzgados de paz en las capitales del distrito y demás 
poblaciones, todo según lo establezca la ley, \» 



212 EL MURCIÉLAGO. 

Atajen ese^ macho que se lleva el chiflón de Cristo; 
decía un gaucho cuya muía, amarrada á un órgano, 
habia emprendido la carrera : atajen ese juicio , digo 
yo, que se desprende de su dueño. 

Si el artículo anterior se traduce con buena lógica, 
resulta disponiendo : que en la capital, toda justicia 
chica ó grande, se administrará por la Corte Suprema; 
' de manera que conciliaciones, 1* y 2* instancias, que- 
jas, nulidad, todo va á la Suprema ; y que ni la Su- 
prema ni las superiores tienen jurisdicción en te 
capitales de distrito en donde los jueces de paz son 
jueces para todos los juicios. Si esta no es la esplica- 
cion natural, venga Salomón á hacer otra; mientras 
tanto, la sustitución se ha propuesto así porque al ar- 
tículo primitivo estaba oscuro. Esto me hace recordar 
á un hombre poco entendido en materia de panto- 
mima, que no pudiendo hacerse comprender por señas 
de un mudo, espera, le dijo, te hablaré á gritos para 
que me entiendas. Resulta, pues, como Vd. ve, que 
zangloteado el ai^tículo le ha salido tanta basura que 
ya no se sabe lo que el legislador quiso decir, sino 
una cosa que nadie sabrá descifrar; y mientras tanto, 
señor mió, ¿ creerá Vd. que el hombre tiene ínfulas 
de ser : 

Tan buen factor de leyes 
Como hábil diplomático ; 
Tan eximio político 
Como hablador didáctico* 

Y no es broma, que ya el sujeto tiene su círculo que 
esclama estupefacto : 

Si quiere aquella gente 
Vci-se bien gobernada, 
Que elija presidente 



EL HDHClfLAGO. 213 

Al que lieue g*D*da, 
La fama de ealerado 

Y el nombre de habiloso 
Que el país le ha declarado. 

— Y dígame V. , querido , ¡son así todos los pe- 
ruanos ? 

— Señor mío, cual mas, cual menos, toda nuestra 
lana es pelos. 

— Pues están ustedes divertidos. 

— i Ay I y mucho. 

Aunque por ler cada uno 

Hii sabio que San Pablo, * 

Estemos liendo liempre 
Jupíela del gran diablo; 

y no vaya Vd. i pensar que este gran diablo seaLud- 
fer, que nosotros tenemos uno, que sin ser este rey del 
inüerno 

Tiene cuernos como el diablo. 
Bigotes de gniCM» rerdas, 
Uia tratas con espuelas, 

Y lleva tapado el rabo. 

Pero en fin ¿me proporciona V. los fondos. 

— Lo pensaré, dése V. su vuelta. 

— Pase V. buenos diaa, amigo mió. 

— Para servir á V. , ciudadano del Perú. 



IDIRE LA CDHTEICIOH. 



lio, tÍD, ton-tm. 



214 EL MURCIÉLAGO. 

\ i Se muere la Convención ! ! 

Tin, tin, lin, ton-tin, J 

Tío, tin, tin, ton-tin, 

¡ ¡ Tooom ! ! 
Ayuden á bien morir, 
A la pobre Convención. 

Y se muere, á no dudarlo, que los síntomas de gra- 
vedad son tales, que no hay esperanza de alivio, y ya 
es sabido que 

Cuando la suerte se inclina 

A matar Convencionales, 

No valen nada las dietas, * ! 

Ni los baños generales. 

¿ Y de qué muere ? aquí está la dificultad ; médicos 
hay que aseguran que la mata la consunción porcpie 
se le van desecando los miembros poco 4 poco y al 
fin se quedará con aquellos que no bastan para la 
vida : otros que muere por replexion, porque los dipu- 
tados han aumentado la dieta hasta el punto de recar- 
gar el estómago mas délo necesario, y otros, en fin, 
que muere de botitis, enfermedad que consiste en la 
relajación de todo el sistema nervioso y que reduce al 
paciente á la condición de un bellaco. El célebre mé- 
dico Ramonet, Dr. en varias facultades que ha sido 
el descubridor de esa violenta enfermedad, y que en 
casos dados ha tenido la buena suerte de haber obte* 
nido muchos triunfos, ha arrastrado á la paciente á 
Chorrillos para someterla al régimen tónico. La Cou- 
vencion se baña, toma cerveza, y pasa su penosa exis- 
tencia en medio de todas las posibles distracciones du 
petit Versailles : pero ¿ qué valen los recursos de la 
ciencia, contra los decretos de la Providencia? La 
Convención ha hecho su testamento nombrando de al- 
bacea y heredero al médico que la asiste, dándole las 



EL MURCIÉLAGO. 21o 

facultades ordinarias y estraordinarias necesarias 
para que entre en plena y pacífica posesión de la 
testamentaría. 

Esta consiste en dos grandes muladares situados en 
Chincha, y en tres millones de libertos desparramados 
en todo territorio peruano ; pudiendo el heredero dis- 
poner de estos bienes como de cosa suya propia, con 
justo título adquirido. 

La Convención deja grandes y gratos recuerdos & la 
patria ; ella era una hermana mayor que le servia de 
madre y que la conducia con toda la ternura posible 
en este valle de lágrimas ; fué casada con el Liber- 
tador^ y jamas se vio un matrimonio mas unido , á 
pesar de ser el novio mas chucaro de todos los novios 
posibles. Créese que algunas patadas que este se per- 
mitió darle, encontrándose ella en estado interesante, 
produjeron el aborto de varias niñitas que salieron 
de la cueva materna medio muertas, y á quienes echó 
el agua del socorro el Dean de Arequipa, poniéndoles 
por nombre Doñas Leisitas ; siendo el padrino el gran 
Mariscal San Ronian. Las niñitas, aunque nacieron res- 
pirando, fueron ahogadas por el papá que no consiente 
trabas de ninguna clase, y que tiene repugnancia por 
los hijos legítimos. 

La señora duró casada durante diez meses, y aun- 
que zangloteada desde el primer el dia de su himeneo, 
baja á la huesa siendo un modelo de fidelidad conyu- 
gal. Según sabemos, el entierro se hará en el saito del 
fraile^ y se pondrá sobre su tumba : 

Murió joven y era bella, 
i Al fm Dios ños libró de ella ! 



I 



> 



216 EL MURCIÉLAGO. 



POSTRES DE lAR T DE TIERRA. 

¿Ustedes saben lo que es una comida á bordo de 
un vapor? es un programa político peruano. Grandes 
fuentes con limpias, lustrosas y estupendas tapas de 
plaqué y de mekhior; muchas botellas y vasos bien 
lavados ; y cuando tocan á descubrimiento no se en- 
cuentra sino : 

Beaff, crudo, 
Id. mas crudo, 
Id. estra-crudo. 
Id. cocido, 
Id. mas cocido : 
papas, fréjoles, garbanzos, pallares y cosas de esta 
especie, lo cual traducido al lenguaje político, viene á 
ser lo mismo que pomposos, brillantes y estupendos 
ofrecimientos, y después lo sabidísimo de abusos, 
rapiñas y lo demás deducido ; lo mejor en toda comida 
son los postres , pero los capitanes de los vapores se 
han decidido por el sistema anti-bilioso, y no hacen 
poner en sus mesas sino : 
' Pasteles de tamarindos. 
Id. de guindas. 
Id. de pinas, verdes. 

Id. de caña fístula (estos son estraordinarios.) 

Es seguro que nadie perderá una apuesta, si viendo 

la mesa con sus fuentes cubiertas, dice, en tono pro- 

fético : adivino que hoy hay que comer lo mismo que 

hubo ayer. 

Pero vamos á cuenta ¿y los postres políticos son 
mas ó menos agrios? Contéstenme los hombres de 
estado de mi patria. ¿Qué tales están los del banquete 



EL HCBCIÉLAGO. 217 

del 5 de Enero de 1853? ¿ Están sabrosos? (eblbuen 
provecbo. 

Un compañero mió, de viaje, esclamaba todos loa 
dias : I sobre que no apetezco sino postres, y estos 
están tao ácidos que muerden la lengua del que los 
quiere comer 1 y se preparaba á postrear en tierra, 
hasta quedar satisfecho. Pero j qué chasco, señor ! 
qué chasco I Nos alojamos en un hotel, y llegada la 
hora apetecida, nos pusieron un plato ligeramente 
sombreado de amarillo, que nosotros mirábamos sin 
atención, creyendo que era color de la loza, hasta que 
nos preguntaron ¿no toman ustedes crema? Entonces 
descubrimos que la pintura no era pintura, sino barniz 
posiral. ] Vaya con la crema I dijimos, y nos pasamos 
por los labios nuestras dotaciones. Acto continuo, se 
nos puso otro plato con una costra delgada, que á 
primera vista, nos pareció una hostia mal tostada; 
señores! budín, nos dijeron : y la ración desapareció 
desde que tocó la lengua, sin poder llegar al exófago. 
¿Y cómo estamos de postres? pregunté á mi compa- 
íiero. Los de abordo, me contestó, siquiera se dejaban 
tomar gusto ; pero los de tierra son un ideal, una ilu- 
MOB, una poesía postral. 

¿Y quién no encuentra en esto grande identidad con 
nuestro estado político? quién no tiene derecho de 
establecer esta comparación : 

Comida de á bordo— progamas. 

Postres de id. — obras de los que mandan. 

Postres de tierra — intenciones de los mismos. 



FIK DE LOS AATICL'LOS UE EL UDHCIÉLAGO, 
EN VALPABAISO. 18S6. 



VILLARANCIDIO 

(con pbbdon del plagio) 

ASESINATO DE UN POEMA 

EN ONCE CANTOS MORTALES, QUE, CON KL TITULO DE 

VICTORIA DE LA PALMA, 



ESCItlNÓ nn FIKAL DE LA COBTB StJPUtlOR 

HOTAILB POK DI) PAB DB BIGOTBS A LA BUSA ; 
C0lltTBI.O CN 






ADMIRADOB DB CVAKTD EgCBITOK PBOSISTA Ó VERSISTA HA 

VSNIDO AL MDNDO CON EL TALENTO DB BgCRIBIK 

PABA QfJB NO LO ENTIENDAN. 



LIMA. — ISSB. 



I . 



nTRODUGCIOI, PR0L060 T ADVERTEICIA. 



Si el Sr. D. Manuel V. Villaran no fuera todo un 
fiscal de la Corte Superior de Justicia de Lima , si no 
gozara de alta y encumbrada nombradla como literato 
y como poeta; si él mismo en su poema, de que voy 
á ocuparme, no terminara diciendo : 

Yo qiie en un tiempo canté, con suave lira 
De la beldad el engañoso encanto : 

no me hubiera acometido seguramente la invencible 
tentación de hacer una cosa así, á manera de examen 
crítico de un poema, compuesto nada menos que de 
once cantos, con que el hijo de Themis y de Apolo 
ha pretentido immortalizar el nombre de los héroes de 
la Palma. Confieso que cuando supe la existencia de 
su poema, me eché á buscarlo con verdadero interés y 
sin animo de meterle el diente. Pero, ¡ ya! librese U. 
de tentaciones cuando se encuentra con una obra que 
puede correr parejas con los pensamientos de marras ; 
pues... con los pensamientos de mi nunca olvidado 
amigo el Sr. D. Sebastian Lorente, profesor de Medi- 
cina é Historia Natural, ex-profesor de Literatura en ■ 
varios colegios nacionales, ex-profesor de Fisiologia 
del Colegio de Medicina de esta Capital, ex-rector 

10. 



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I 



I 






222 EL MURCIÉLAGO. 

de los colegios de Guadalupe y de Huancayo ; autor 
de varias obras de Gramática castellana y de Geo- 
grafía, ex-Inspector General de Estudios, ex-pensa- 
dor sobre el Perú, ex-montonero, ex-Profesor y ex- 
miembro de la Sociedad Filotécnica, y Secretario de 
segunda clase de la Legación Peruana en la América 
Central y otros estados republicanos y católicos. 

Es el caso que nada soporto yo con menos resigna- 
ción que llevarme un chasco en materias literarias, y, 
dijera políticas también, sino tuviera la verdadera y j 
solemne resolución de no volver á meter mi hoz en se- i 
mejante malesa. Es el caso ademas que, como en esta 
buena tierra, se improvisa y se conserva la reputación 
de literato sin mas que tener, la fortuna de que haya 
un par de necios que se antojen de darla á cualquier 
viviente ; y siendo el caso, por último, que se hace un . 
beneficio al* público rompiendo ciertas mascaras, me 
parece que salvo el aprecio que el cantor de la Palma 
se merece por muchas razones entre las cuales (ha- 
blando con el debido respeto) no se encuentra la de 
ser un segundo Olmedo, puedo permitirme lo que 
otros muchos se permiten ; es decir, hacer el papel 
de crítico. 

Que mas fácil es criticar una obra buena que hacer 
otra regular, es verdad de un amigo mió, llamado D. 
Pero Grullo; pero que no deben hacerse obras malas 
sobre asuntos que se toman á lo serio, es otra verdad 
si no del mismo sugeto, reconocida como tal por todos 
los animales de sentido común ; y que se debe elogiar 
lo bueno y censurar lo malo, es otra verdad de las 
que llaman los lógicos de á puño. 

Conforme con estas tres verdades y con otras tres 
mil que por sabidas se callan, entremos en materia. 

Para evitar que el autor ó cualquiera de sus amigos^ 



EL HCRCtÉLAGO. 223 

digan que yo altero el sentido de las frases, citando 
solo fragmentos del poema, y que copio periodos que 
serian cñtícables únicamente [aislados, pido permiso 
al lector para obsequiarle integra la obra : y cierta- 
mente que no es malo el rato que se le espera si quiere 
gozar de ella en su pesadísima integridad. Si hay un 
viviente que conozca el Español mas y mejor que el que 
inventó la lengua, y se sopla la mitad del poema sin 
echar mano, mil veces, al Diccionario, lo declaro yo , 
al tal hombre, un Diccionario ambulante ó un hombre 
diccionario. Supónganse UU. (suple lectores) que el in- 
disputable mérito de la obra consiste en haber empTeado 
las voces mas inusitadas, extrañas y recherchées que 
se puede imaginar : asegurando .yo (sin ánimo de 
¡Djuria) que habrá mas de cristiano y medio, de los 
que se creen entendidos y eruditos que, por pñmera 
vez, las vean empleadas por un escritor contempo- 
ráneo. 

Pero al negocio ; repitamos, para concluir este pró- 
Ic^.que el poeta Iturrino llamaría apéndice, las 
palabras de uno de nuestros mas acreditados y anti- 
guos abogados : Pongamos Señor, el escrito contrari 
en el anfileatro de la razón y regitremoslo anaíómi 
«wieníe con el escalpelo de la ley. 




CiRTO 



I. 

Tras dilatados años de extenn¡iiÍQ, 
De laugre y de dolor l<^rada habii 
El Perú emanciparse del dominio 

De U hórrida anarquía : 

Ed la paz el comercio florecía ¡ 

Con vuelo prepotente (I) 

£1 crédito le alzó : por todas partes 

Benaciau las ciencias y ias artes ; 

Como al soplo de vida omnipotente 

Surjiera el universo de U nada : 

Tan alia maravilla 

El genio obró del inmortal CíStiiáJí. 

Los pueblos anhelaban continuase 

(1) No deja de ser nue\'a la frase de vuelo prepotente: rápida i 
vuelo acelerado, he oido decir muchas veces; pero vuelo podi 
creo qne el único pájaro que ha lograda leuerlo es el llamada a 
He parece que si se quizo eipresar que el crédito había adquirido 
pudo muy bien decirse : el crédito ¡e levantó prepoienle cwi 
rápido^ 



EL MCBCIÉLAGO. 

De Octavio j Huma el plácido reinado, 
y que el piloto al puerto aproiimase 
La nave del Estado ¡ 
Has la lejr de otro modo disponia. 

Y el deseo i U lejí ceder debía. 
Echeuique de mérito desnudo, 
r con p,a¡al ,« muño, {I) 
Abrióle pato al sálio toberano ; 

Por rejir de la patria loí deslíaos i 

Rodeóse de asesinos : 

Y firme en su propósito, al peruano 
De garanliai despojó preciadas, 
Holió á placer la magestad del pueblo, 

Y ehaleá los imágenes sagradoí, (3) 

Su corazón wcio J oradado (3) 



Que U echara del piiiÜeo tesoro : {*) 
Cual roto aljibe que jamái reboia 

(1) Gradas a quien le regaló el puñaL 

(3) Yo no he visto ninguA Diccionario de la Academia Espa&ola que 
iii la palabra aiaíear la acepción en que la emplea el poeta, abalear 
HgoiGca limpiar el trigo, cebada etc. separando las graneas y pajas ¡ que 
me corten las aletas A comprendo como se puede abalear la» imágenes 
tagradas, á no ser que Elchenique las hubiera encontrado en algún troje 

(3) Ese oradado no puede pasar lieira en de Españoles, pues deja 
de ser palabra castellana desde que la falta una h. El verbo orador no 
le encuentra en nii^un léxica ; y ¡ que ! i los poetas eslán de riña con 
lu bh P Si la que ahora falla, en caso de no fallar, alterara la mensura, 
ja podíamos decir que, por licencia poética, se la habría almorudo el 
vate ¡ pero siendo la pobre letra inofensiva, la supresión ha sido una pro- 
tala ilegal contra las reglas de la ortograGa. Esto ea en cuanto á la pala* 
bra; parlo que respecta á la metáfora, merece, por su absurdidad, que le 
Jé patente al inventor. 

(t) Yo traigo una adivinanza 

Que me la enseñó un Doctor ; 

Y aquel que me la adivine 

Es buen adivinador. 
Buen adivinador será el que esplique quien le echaba á Echenique, en 
(I roraion agujereado, esos rimeros de oro del públiro tesoro, Meiiio 



':t " r^T 



)i. i: 






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226 



EL MURCIÉLAGO. 

Por muchos que, ea su seno precipite 
Raudales de agua la estación lluviosa. 

Sin curar del ultraje 

Que á la suprema dignidad hacia, 

Y á su propio decoro. 

Incitaba á los suyos al pillaje; 

£1 peculado, el dolo, 

Que cítstiga la ley de polo á polo^ (1) 

El, mandatario imbécil, toleraba. 

El aplaudia y sancionaba solo. 

La fé internacional, torpe, violando 



• • •■ • ; 



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1 

I 



1 



I 



como que se entiende que el mismo sujeto echaba en el oradado esos 
rimeros ; pero para que la especie fuera mas naturalmente expresada, 
hubiera debido decirse: 

Y era el tal Echenique tan mal hecho 

Y tan distinto á todos los mortales. 
Que en vez de corazón, tenia el pecho 
Relleno de talegos y costales. 

Y ¿ qué costales ? { vaya ! Desfondados ; 
Que ni con todos los rimeros 'de oro 
Que les echaba del común tesoro 

Se vieran, en su vida, rellenados. 

Además, la palabra rimero, ó miente el diccionario ó se aplica al con- 
junto de cosas puestas unas sobre otras, en orden y compostura ; y en el 
susodicho corazón vacio y oradado , es seguro que el orden y la com- 
postura eran condiciones de las que el derecho llama imposibles, 

(1) Y el mismo juez D. Bartolo, 

En prueba de su alta ciencia. 
Así lo dijo en la audiencia, 
Y por ante mí, íirmolo — 

Prescindiendo de analizar el verso en todas sus partes, el lector po- 
drá decirnos lo que opina de ese castigar de polo á polo, y de esos dolo, 
polo y solo; es lástima que no hubiera tenido lugar un bolo; lástima 
que no se hubiese puesto, aunque fuera en la portada de la obra , esta 
cuarteta : 

Este cauto lo escribe un hombre solo 
Que ensalzarla virtud, detesta el dolo ; 
Y sin mas que por él, de polo á polo. 
Pregonará la fama que es un bolo. 



EL MUfiCIÉLAGÜ. 

Tar!i6 de las repúilicoí vecinal (I) 
El rejioso doméstico, ordenando 
Coaspirar á la grave diplomada (!) 
Y del pnerlo zarpar expediciones. 
Al escuchar do quirr imprecaciones 

El perdoD imploró del agredida 



Prostituyó á la patria de r 

Que la virtud aiutera 

De luí platal y pórlicos i 

Medrosa de qut el iiitio i 

Bajait de ¡tt carra á denostarla. (4) 



,rla 



(1) ¿ Las repúblicas vecinas viven ea casas? El domestico nos parece 
una palabra de mas □ , a lo menos, impropia. El reposo interior, pase 
ú en preciso poner un adjetivo. Cualquiera creeria que las tale» repú- 
blica! eran algunas buenas madres de familia que tuvieron que entrar 
en celos y enojos con sus maridos, porque al mandatario imbécil se le 
antojó violar á la f¿ internacional. 

(2) Eslo de la iliplomácia grave lo enti.n do y no lo entiendo. Es 
decir, distingo : si se dice grave, nuestra diplomacia, por que es pesada, 
coDCedo que la sea, porque á buen seguro que ni el Diablo U ba de 
cat^ porque no puede con ellaj si se quiere decir que es circunspecta, 
seria, que causa respeto, en este caso digo que no lo entiendo ni lo en- 
tenderé nunca ; por otra parte, he oido decir siempre este es aa aiiinto 
grave de diplomacia : Pedro es un grave diplomático : pero diplomicia 
grive. Perdone el autor, es una novedad graee. 

(3) La ruina de ¡u oirá — las ruinas de lus obrat — concedido. Las 
ramas de su oirá — negado. 

Una obra de la grave diplomacia puede arruinarse, puede producir 
ruinas, pero tener muchas ruinaiinefua^uon. Una ciudad ó un imperio 
üeaea ruinas; porque cada casa ó ediiicio arruinado es una ruina; 
una empresa se arruina, uua casa está en mina, pero no en ruinas; en 
fin, es una ruina el tal versa. 

(4) Hubiera sida mejor decir la virtud prudente, parque como la 
QÍüa quería evilar los ultrajes del tal sujeto (el vicio) es probable que se 
dejasede andar por plazas y pórlicos, para rccojerse en algún monasterio 
junio con la otra donl^lla, la moralidad, casada en primeras riáateas ['] 
con el Dr. Ureta. Pero bromas á un lado. Vicio debía llamáis tan plvco 
plan y corlea caballero que se bajase de su coche, en una plaia pública, 

' Li:a>« nupcias. 



' |W^ 



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EL 1ICRCIÉI.AG0. 

Al presidiario colocó á su lado. 

El que vieudo el ¡qIIujd de su estrella 

Ed prdipero mudada, 

Soltóse la cadena, j altanera 

^ la naeiott arremetió con ella, (1) 



Tirann, ahogó la libertad de impreuta ; 
Pero pagó almas viles. 
Que arojáran al rostro de \í patria 
El Iodo de la arréala ; 

Y con loares serviles 

' EoMlzáraa su odioso depolismo. 

Li prisión, el cadalso, el ostradímo. 
Del delator infame el minislerío, 

Y mil atrocidades 
Apoyaban el duro cautiverio; 
T para ella le diera facultades 

Un leñada muí iiil que el Je Tiberio. (I) 

¡ui-a denostará una muger tan recatada y Gna como la virtud. j tj 
asegura que la zaüa de ese sujeto no Hilaria hasta apachurrar i li si 
con las ruedas del carro ¡ oh que abominación \ i Cuál ? ¿ la del ^c 
No; la del denuoila. 

(i] El presidiario altanero se soltó la cadena ; arremetió can flli 
Nación ; j la Nación arremetida se enredó humilde en la cadepa 
que U arremetió el presidiarla. ¿Enliéiides chico? 

(1) Cualquiera que tenga buen vista, ó use un par da buenas i 
parras, verá un punta final después de la palabra deapotismo. Tr 
riendo los seb versos que »guen ■ ese punto, dicen ; apojraian el i 
cautiverio la pr'nioa, el cadalso, el otlracismo, el niiaUlerio del 
talar infame j otras mil atrocidades, y un senado mas vil ¡¡ai i 
Tiberio le daba facultades para ello. En esta última oradov a 
pelotilla. Si ese senado daba las facultadas al cadalso y demás comí 
ros atroces, ese le, debe ser les i si, como debe suponerse, el suW 
senado daba facultades al tirano, este queda seis versos maaarrüía 
parado de la oradon por el susodicho punto final i falla pues li i 
Iruocion gramatical. Penetrando en la cabeza del autor (metí 
para adivinar lo que quiso decir, se comprende que ew senado, a 
el Congreu (si u le suple una cámara entera) dio facultades al ti 
para apoyar el rautiverio del pueblo, mediante prisionea, ostraoui 
mil atrocidades mas) pero atendiendo al orden de laa palabras n 
que no se sabe quien sufría el duro despaliuno, ni á quien datn < 
nado las facultades. Por otra parle, si el señor Villaran hacet^n 



EL MUBCIÉLAGO. 

o Fantasmal de soldados 

« Ed la dend* guerrera no iuairuidos, 

■ De bastimento y armas destituidos : 

■ Sus caballos tn número pequeño 
f No podrán largo tiempo sostenerse 
n De U sangrienta lid en el empeño ; 
a tos bocas de sus rajos apagadas, (i) 
• Sin gente sus brigadas : 
•1 A Iriiinrar de un ejército valiente 

■ No son aquellas turbas las llamadas. 
o ¡Y qué os puede arredrar, ó Préndenle, 

■ Y generales del Consejo egregio i 

■ Vuestro indomable esfueno experimente 

■ La juventud tugada del colegio : 

■ Aun orlan vuestras frentes 
« Los lauros de Junin j de Ajacucio : 

■ Destrozasteis el eelro de los rejes 

■ En campos tan gloriosos, y no es mucho, 
« Que por tener en pié sagrado el di^ma 
a De legitimidad, gobierno 7 leyes, 

■ Derrotéis á la imbécil muchedumbre : 
j Estoy por la batalla cuando dore 
• Al cielo el sol con su primera lumbre, o 

Mas Deaslua, á quita el hórrido presagio 

tt inédito. Por inédito se entiende lo ¡¡ue está escrito y 1 

— Eo l)istoría natural, se dá este e]iiteto á los animales, vegelalti 

minerales cafa descripción no se ha puMicado aiin. 

Como loa soldados, los caballos, los cañones y las ballestas no son 
eicritijs sino personas y cosas que no pueden imprimirse ni publicarse, 
» claro que la palabra inédita no debe tomarse en su acepción ordinaria 
y común. ¿Pero podrá tomarse en el sentido cienlificof ¿deberían ha- 
berse publicado las cualidades de los soldados y caballes y ballestas para 
que el bando insurrecto do fuera inédito? Preciso es, pues, confesar que 
no ha podido ocurrirse uua calificación mas estraña é insígoificaute para 
un ejército; que al escribir el poema no se ha tenido cuidado en eseojer 
las palabras, sino que se han estampado las mas estramhótieas que ocur- 
rieran á la cabeza del autor inédito. 

(1) (Desde cuando tieneo boca los rayos? y cuales son los rayoa que 
tenían los insurrectos inéditos? Apurando la metáfora, se podria decir 
que el fusil despide rayos; y aunque no fuera de muy buen gusto ni 
exacta, era á lo menos algo mas pasadero que la de llamar rayos á los 

T. 11. ai 



u 



242 EL HnSCtÉL&GO. 

Ik uoa muei'le cercana dominaba. 

Antes de que emitiese au sufragio , 

Contesln i Heodiburu de esta suerte : 

■ Rico ei el manió con que habéis cubierto 

n Nuestra aiarosa situación : opino 

a Porque todo es incierto, 

• Y porque están sujetas las batallas 

n Has que todo al arbitrio del destino. 

« Abrimos las arterias de la patñH, 

n Porque se ha revelado en su querella, 

•¡ y la sangre que vhrte, en su vorágine, 

I Nos arrebata ahogándonos en ella. 

e> ]MiI doscientos caballos! vuestro aserio 
e> La realidad cooDrma, mas no sella 
» El silencio mi labio, ilustre procer; 
« ¿Permitiréis acaso los compare 
« Con esos que arrogantes se exhibieron 
t Por el rei en JuninP pues los rompierou 

II Los llaneros de Piura y Candaiave, 
« En pujanza y en número inferiores. 
n ¿Habláis de disciplina? 

<< Loi Araitcanos ni oilkuar sabían, 

a Y lidiando en Yüagay en pelotones 

n Derribados dejaron en el campo 

n De Santa Cmi los diestros batallones ¡ 

a Para que el mundo eolienda, 

R Que DO es en los combates 

a La disciplina indispcxisable pvriida. 

n Que hiiO la parca con furor inipio, 
II En ese campo, como forma garbas 
II El guadañil en el ardiente eslió. 
n ¿ Deeis reputaciones militares ? 
o £¡i jijacuclio ¡as contaba grandes 
n El ejército Hispano¡ 
•. Y testigos ¡os Andes, 
ce Las anuló el talento Americano, (1) 

(1) Cualquiera que no sepa lo que pasó en Ayacucbo, creerj que 
ocurrió alguna disertación cienliGca ó alguna función académica ei 
cual el talento america'io triunfó del ejército hispano : si se hiib 
agregada al ^uslautiio talento la caalióad de militar, ya se compí 
derla que la fuerza cedió ú la astucia ; pero el talento limpio y pd 
dice muy poco ó nada : ¡ cierto es que hay tales talentos '. 



EL MURCIÉLAGO. 243 

a En el Perú sucede de contino, 

n Por sarcasmo, sin duda, del destino, 

« Que el ejército mas preponderante, 

« Y que mejores elementos cuenta, 

«< En la lucha se muestra titubeante, 

n Y el último desastre experimenta. 

(( Mi parecer, no obstante, es que entremos 

« Al punto en la palestra, 

<i Pues sublevados ya todos los pueblos, 

u La causa es personal, es pura nuestra. » 

Tornó á hablar Echenique : « Los reproches ; 

« Con que afeáis al gobierno^ ; 

(( ¡Cuan injustos no son! Solo el averno (1) \ ■ 

« Puede á los hombres sugerir la idea > 

« De gobernar paises, donde el tícío 

« En triunfante carríola se pasea. \ 

n El mando es de ambición digno suplicio. 

u La banda por que tanto se suspira 

u Abrasa el corazón del que la ciüe, 

- Cual la Teste fatal de Deyanira. 

a Y la gente que erije 

u Con su \'oto, ó audacia, al mandatario, 

« Lleva sus pretensiones al extremo : , r 

« Oro, empleos, honores, todo exije : 

« Y la mísera hechura, 

« Por saciar su codicia 

(( Atrepella la ley y la justicia. i 

« ¿ Qué tiene el mando á mas de lisonjero? 

ft Incesante trabajo, privaciones, 

« Perfidias del amigo y del valido ; 

« Del que lo inviste el nombre apetecido, 

(( La joya de su honor, pronto arrebata 

« De la imprenta la horrible catarata : 

(( Ingratitud, puñales, traiciones, 

u Y en tan cruel situación no viene un goce 

K A consolar la víctima suprema, 

<( Que yace encadenada en el palacio : 

« Únicamente aquel que no conoce 

(1) Si no son injustos, serkn justos ; pero como no se quiere decir • 

que son justos, hay un no que está de mas, un lechino que sirve para 
dar á la esclamadon un sentido opuesto á lo que quiere decirse ; que la 
bace contra producentem. (vaya una metáfora de mi invención.) 



* 



;n; 



EL MURCIÉLAGO. 

u El peso del buton ó la diadema , 
u puede, iafelice, suspirar por eilos. 

■ En coaclugion diré, que los reproches 
1 Que me enrostráis serian tolerable», 

n Si DO hubicKn cedido los derroches, 
u Que aseguraa causé con franca mano, 

■ En vuestra bien, señores : por vosotros 
ce Bueno empeié para acabar tirano. ■ 

Los demás capitanes del consftjo 
Mmiiiemn ¡guales opiniones, (1) 

Y redbieron órdea las legiones 
Para estar a la Incha preparadas. 
Antes de disolverse la Bsscmblea 
Fidelidad juraron á Echeníque 

Los jefes por la cruz de sus espadas. 

Y la ¡ana pacifica que emplea 

Su luz en aliviar el cruel tormento 
Del que padece, acelerando el paso. 
Llamó a las somhrai, y lanzo ai mirarlas 
Sui cabaUoi de piala en et ocaso (!). 



En tanto la hora vino. 

En la página escrita del deslino. 

De vergonzoso fin para un gobierno 

(1) Es de suponerte que la palabra ¡guales se refiere á la ultini o| 
nion, es decir á la de la victima suprema ; pero como esta no dio o] 
aion algún*, tino que entona un salmo de lamentaciones, diro a q 
los demás capitanes del consejo se lamentaron también, j que el coa* 
ie volvió un coro de Jeremías. 

(2) De desear Fuera que el poeta nos hubiera eiplicado como 1a^ 



fíca Uam 



¿ lat sombra. 



ti por senas 



i con algún Irompetin 

debe serlo mucho, supuesto q 

se asustó con los mismos k quia 



9 que la susodicha pacirii 
hubo Ministro que la llamara 
llamó y cottíó de ellos. 

El verso hace comprender que la pacifica iba montada en tar 
cahalloi; pero, apesar de ella, la gineta no apuró á los cuadrúpedos si 
que ella misma aceleró el paso ; lanzó á los desgraciados al Ocaso; 
suponerse es que cajerou poco mas que votando, porque un caballo 
pista e* una mole muy competente para demostrar los efectos de la el 
de los graves. 



EL MURCIÉLAGO. 
De iufuida baDdería : con el fierro. 



e es de loi bombrea la r: 



ma suprema, 



Y en el campo agosudo de la Palma, 
tbue á rewlver este probl^na — 
S¡ Je iiita democracia el mant/alaria 
Se oiüga adminnírar con fiel siilema, 

ú el dueño de vida y ptopriedaáet 

Con la iratemda ullrit de SUia y Mario (I). 

Salió de loi alcázares celestes 

El sol Telado en lulo, 

Que padre de la vida. 

Vi devora á lus hijos como el tiempo, 

Ni preside el banquete de Tiestes. 

Por esto espera el criminal astuta 

La noche de delitos protectora, 

Y en ella sus projectos verifica 

Con el poder que del averno implora. 

La parca, cuyo aspecto impone asombro (2), 

Con la lien de cipreses coi-onada. 

Arco, carcax cruzando por el hombro 

H&cia la espalda, y de guadaüa armada. 

De I* tierra ligera 

El vuelo emprende á la sublime esfera, 

Y postrada aate el Dios de las batallas 
Hablóle así, con humildoso aceoto ; 

■ Señor del firmamento, 

• Veogo, como miaiatrn de tu ira, 

■ A cujo imperio someter quÍMste 

1 Cuanto bajo del Sol nace y respira 
n Con vida transitoria, 

■ A conocer las victimas del día, 

■ Y á quien próvido acuerdas la vktoiia. » 
Eutóbces el Eterno, 

[1) Estos cuatro versos me hacen entrar en una iracundia kidrofóbica. 
Mientras mas los leo, menos los entiendo. Son, para mi, un conjunto de 
glabras que nada dicen, ó que, si dicen algo, lo comprenderá quien las 
escribió. — ] Administrar una democracia.'... Ser dueño de vida y pro- 
piedades con iratcencia iiliriz! Es imposible hacer un salpicón de pala- 
bras á una promiscuación mas repugnantes. 

ll) I No hubiera sido mejor decir : produce terror, infunde miedo 
o cualquier cosa por el estilo? Una cosa agradable puede también 
asombrar. 




1:1 



I .. 



246 EL MURCIÉLAGO. 

Con ndeman augutto. 

El libro designóle de los htdos, 

Dó estaban consignados 

Sus decretos acerca de los hombres : 

Era» lili -lo, nombres (1) 

De los (|iie adquirirían 

En la sangrienta lid altos renombres, 

Y concisas palabras que deeian : 
Tñimfo espléndido al pitcbh, 
Al tirano derrota ignemin- 
Leyó la muerte en la hoja 
Con rápida ojeada, 

Y luego prosTi;mada 

El escabel de Dios besó afectuosa. 
Desciende al campo de la Palma haciendo 
El aire resonar con voz terrible, 
Igual d la alarida faaevería 
De ánsares mil que la tormenta huyendo 
Se asilan en la playa hospitalaria. 

Trabóse al fin el áspero combate, 

Haciendo el cboqne retemblar la tierra : 
Los flantigei-os tubas despedían (2) 
Estragos y horfaodad. Los instrumenlos 
Que hablan al corazón j á las pasiones 
El idioma de armónicos acentos ; 
El rebramar del trueno de ia guerra, 

Y el bumo y polvo de la nube densa. 
Del soldado exitaban el coraje. 

Que en ataque ó defensa 
Hacia donde quier fiero carnaje. 

(I) Esle es un galicismo entero y verdadero; los nombres csl" 
pero no señan escritos. 

IV¡ Ya no son rayos co/i bocas, sino lii&os fiamigeros; y esloi I 

llamigeros despedían estragos y horfaiiáad. A la verdad que no 

hemos ganado ó perdido en el cambio. Plamigero >s lo que de 

- llamas, los tubos de los fusiles no las despiden; flamígero puede de 

el Sol, una hogera etc. 

Las bocas de los fusiles despiden las llamas, pei'o esas llamis nc 
las que producen los estragos y las horfandades ; sino cierta casi re 
dita y de plomo que tampoco despide esas curiosidades, íído lai Dcaí 
ó produce, cuanto se pelea a ciencia cierta. 



EL MURCIÉLAGO. 247 



Charcas de sangre, miembros esparcidos, 

Cadáveres, y heridos ^ 

Pisados por los pies de los corceles ; 

Imprecaciones crueles, 

Ó mustios alaridos, 

Dejábanse escuchar del que pedia ' \ 

Misericordia en vano : otro convulso 

Revolcaba su cuerpo lacerado * 

En estridente y misera agonía. 

No hay amigo, ni hermano, 

Ni compasión, ni Dios,,,, ¿golpes tan solo (t) i 

Atroz herida de enemiga mano ; '¡ 

Que á todos bajo el hórrido dominio { 

Del averno agitaba 

La sed abrasadora de exterminio. 

La bala á aquel guerrero vuela el cráneo 

y la medula en torno disemina : ■ ¿ 

Con las manos delante otro camina, : ' 

En el último extremo, exangüe, ciego; i k 

mas tropieza.... revuelve.... al fin la muerte J 

Pone termino al cruel desasocíego. . -*<) 

£1 cañón homicida, ^ 

Con su bala amadora de desastres^ •]! 

De combatientes enramaba hileras (2} 

Y hacia lo alto se veian levantados , ' 

Jinetes, y caballos y banderas : 

Tal como esparce al viento 

La llama de su incendio embravecida 

Calsinado fragmento 

Del combustible que le dá alimento (3). 

(1) Esto no tiene mas defecto que ser un poquito herético. 

(2) Para amar y para odiar se necesita ser sensible; y el plomo, si 
U. no lo dispone de otro modo, ha estado privado, hasta el dia, de sen- 
sibilidad, por consiguiente ni puede jmar desastres ni odiar orgias. 

La palabra enrasar que se ha empleado en vez de arrasar^ nO significa 
'O que el poeta quiere espresar. 

Enrasar, verbo anticuado, es igualar el yeso en las paredes ponién- 
dolo liso; igualar una obra con otra dándole la misma altura. — Poner 
en las puertas y ventanas cuartones lisos é iguales. — El poeta quiso 
<lecir qne las balas abatian, hacían desaparecer filas de combatientes; el 
verbo enrasar no era el propio para espresar la idea; hay palabras que 
no se prestan á significaciones figuradas. 

(3) La llama de I incendio no esparce^ al viento, calcinados fragmentos 



1 






■a 



EL anmCfíLÁGO. 

Castilla, en el conOiclo, ao aboadana 
Con pecho aable de la patria lleno, 
A sus bravas legiones ; 
Has faltan municíoDes, . . 

Y un desastre s^uro precauciona, 
Houdándoleí usar, con voz de trueno, 
Del terrible cuchillo de Bayona. 

La parca, que tai filai recorría 
Del uno y otra bando. 
Gozosa en la civil carnicería. 
Miró á Deusluft los suyos alentando. 
u ¡ Oh ! gueri'ero, le dijo, que sostienes 
n tí)a tu patria la odiada tiranía ! 
•I i Pretenderás acaso orlar tus sienes 
« Con el laurel del triunfo P 

■< Te engañas, infeliz, tu hora postrera 

■ Es esta, y las brillooles ilusiones 

u Que iban hasta el poder, caen en el lodo 
n Desechas por jamás : disposiciones 

■ Del Gran Principio que lo ordena todo : 
II Sus designios al hambre son ocultos : 

« Anda, aplaca unos manes que en mi imperio 

• Cuatro lustros por l¡ se hallan inultos. 
o Estos golpes ten'iblej de la suerte, 

■ Que acasos llama el muoda en su estulticia, 
n No son mas que expiaciones necesarias 

n Que se deben de Dios á la justicia. ■ 
« Dijo, sacó una flecha de la aljaba, 

• Púsola al arco que el cordón subtende. 
Parle, sUva, veloz el aire hiende, 

Y tat fosas iliacas alratleta (1) 



Al combiuiitU; el viento es el que verilica el e: 
en el veno se supone que esparcir es elfevar, lo cual n 

(1) Que me pique un alacrán si cualquier buen cristiano que eati 
algo de gramática, aunque sea paida, no cree que quien parle, ti 
hiende el aire es la parca : y que la misma parca atravesó las foiis ili 
— Paréceme que las tales tosas iliacas ^iran por la primera vei 
vida en un poema; bien anti-poeticas son las pobres, y preciso e 
el autor no sepa lo que son esas fosas para suponer una muerte i 
diata k la alrovetadura. Como no leñemos intención de sentar pU 
charlatanee en cirujía, dejai'émos pasar lo de los paroiismos. 



EL BfCHClÉLAGO. 249 

Del miiero guerrero. 

Que eDtraudo en los poilrtrot parox'umos, 
Deacendió del caballo, 7 pan siempre 
Lo iragaron del tiempo los abismos. 

Pasó la hada adelante en sus estragos. 

Cual hiena que ataeada de la rabia 

De uno en otro cordero se atalaiiu, 

Dejando en pos de si de sangre lagos ; 

Y percibió á Carranza, 

Gefe de una legión en quien cifrabii 

Echenique del triunfo U esperanu : 

D'ióle coa la guadaña, j ti atero 

Entrando por la eipalda liatta la pitara, 

Abrió profunda lierida 

Quedió paio á ¡a langrt j á la vida (I). 

• ¡ Oh ! la cañera mililar, le dijo, 
o Termina en dos pendientes : 

n Una conduce d la opulencia, al Iraao, 

• A cómoda vejet; empero ¡a otra 
n A la josa profunda 

■ Donde jo á los humanos amontona,' 

■ Y tú resbalas boj' por la segunda. • ('J) 
Suma venablo disparó ¡a muerte, 
(¿utfueá herir d Maiis en el diafragma (3), 

(1) Esto de la pleura, ei otra rhambnnada como la de la médula y las 
fotis ilíacas. Lo de que la herida di paso á la sangre y á la vida, es un 
plafio muy manoseado, J criticado, hace años, por Hermosílla. 

(!) Hasta ahora, ningún poeta ni romaucista babia dicho que se 
iajaia allrono ai á la opulencia i sin embargo el lefior Vi liarán, padre 
lie tgDlas ideas nuevas , nos enseña que el troco eslá al pié de una 
peadimte ; es decir, que el trono esta mas bajo que el terreuo de la 
ftrrtn militar ; aparte de que no teniamos mas noticia de otro Irono 
labltrrjmeo que el de Plumón, no deberá ya decirse, el rey D. Vicente 
»ibió al Irono en tal año, sino bajó a] trono : lulano de (al, habiendo 
«in pobre iajó a la opulencia. — Si esto no es disparatear por mayor 
r menor, que se lo pregunten á todos los podas presentes y pasados 
<>o eiceptnar al titulado co/o Prieto. 

(3) Uno de los méritos del señor Villarán es el de haber hecho la 
'iilopsa de todos los jefes muertos en la Palma, para determinar, en su 
P'toa, los sitios en que recibieron las heridas, y las entrañas que 
sufrieran lesión. Asi lo hace entender la puutualizacion de que uno 
murió desparramando la medula del cráneo; otro atravesado por las 



250 EL MURCIÉLAGO. 

De la legión Pichincha era este gefe ¡ 

Siotiú dolor «gudo, y que k llama i 

De la yida veloce se exliiigüia : 

Á tierra desnenilicí sobre 9U rostro; 

Mas díjole alcaer ia parca impía : 

1 Hatis, contra tus uobles sentimientos 

" Defiendes esta causa malhadada, 

I Y no será tu pérdida, por tanto, 
o De U patria sentida ui llorada, 

II La legilimidad es un príocipio 

■ Que ha po4ido desviar lu raciocinio, 
" Ese prineipio verdadero ensalzo ; 
« Mat la ¡amorainiad y tllalroc'mio 
« Solo tiíacH Ugilimo ti cadalso, (1). ■ 

fió de seguida á üonles, que preilaba 

Su servicio en la hueste redentora, 

De eibéltica estatura, semejante 

A los héroes que á orillas del Simoií, 

Con furia aterradora, 

Y dos picas á un tiempo batallaban ; 

Ij hirió en la sien, j descendió el guerrera 

Corríertda por su faz rojo reguero. 

yo le vi, JO te -vi sapino en tierra (3), 

fosal iliacas ; otro de un guadañasa que fué hasta la pleura, j 
último el coronel Matiz de un venaiiaso en el diafragma. Como el 
ftagma es una viscera que no puede verse sino abriendo las cavii 
torácica y abdominal (con perdón de la palangauada), es claro que 
murrte dijo al poeta en que parte había acertado con su venablo, 
Sr. Villai'án se conslilu^o con sus anteojos y escalpelos en el cam| 
la Palma, para hacer las necesarias necroscopias. 

(1) Falló «I poeta explicar que quiere decir ese legitimo; la n 
lidad y et latrocinio no tienen de legitimo sino el cadalso, es luiaoF 
que DO la entiende ni el que la escribió ; la inmoralidad, como la i 
lidad y como lodos las cosas de este mundo, tienen de legitimo, l< 
son, y lo que forma su esencia; y no sabemos como el cadalso ) 
ser la eseucia del latrocinio. ¿Qué dijera el Cantor si le dijeramo: 
su canto no tiene de legilio^o. sino el disparate? 

(2) El poeta vio sapino al Coronel Montes; yo veo al poeta, grrui 
¿quien tiene mejor vista? Lo raro esque el Sr. Villarán, siendo m 
VLÓ supino, al que estaba dos l^uas de aquí, desde su casa; yo > 
gerundio en mí escritorio sin necessidad de monóculo; preguatest 
fisiólogo i]ii,ien es el que ve mejor. 



EL MURCIÉLAGO. 2S1 

Cubierto con el polvo del combate, 
Cual encina del bosque Caledonio 
Que el leñador con su destral abate. 

Y á Garcia Pacheco, que del Cbili 

A las orillas fértiles naciera, ' 

Que atormentado por la sed de gloria, 

De su edad en la grata primavera, 

Deseaba que su nombre apareciera 

Cabe á los grandes nombres de la patria ; 

Que abrazar esperaba 

En Lima á un caro hermano, cuya ausencia 

Largo tiempo lloraba; 

Mirólo al paso el genio tumulario (1), 

Que del cuello lo toma, 

Y mal su grado lo arrojó al osario; 
Asi apresa en su vuelo á la paloma 
Con famélica rabia el palumbario. 

Arrancó de seguida. 
Con fuerza formidable» 
El tronco de una encina destituida 
Por la edad de floreal magnificencia (2) 
Linde agrario con que hizo indubitable 
Algún señor antiguo su tenencia ; (3) 
Carga para cuatro hombres suficiente : 
Lo arrojó sobre Dueñas ; 

(1) Ese tumulario no pasa en ninguna tierra de cristianos como palabra 
española ; es una de las de la fábrica del Sr. Fiscal. 

(2) Floreal id. id. id. La palabra que se encuentra en los diccionarios 
es floral, , 

(3) Los lectores habrán reparado que la muerte, que es la que está 
haciendo esos estragos en persona, y no por medio de manos auxiliares, 
estaba armada de venablos, guadañas y otras muchas armas; y que la 
muy cochina se anduvo divirtiendo en hacer uso de cada una de ellas. 
Fíjense pues, ahora, en que cansada de las flechas y ballestas, se pone á 
arrancar una encina destituida de magnificencia, que servia de linde 
agrario f para hacer indubitable la tenencia de un señor antiguo, y que 
esa encina, que era carga suficiente para cuatro hombres, la arrojó 
sobre Dueñas ; lo que hay de mas admirable es que el cuerpo de este 
valiente, solo se dobló con el linde agrario, cuando debia esperarse 
que si no lo hacia un salpicón parecido al de los versos, lo hiciera una 
tortilla como la que el Sr, Fiscal Jiace del castellano. 



I • 



• 



EL HORClfiLÁGO. 

¥ el cuerpo del valieale 
Al recio golpe se dobló liviano : 
Como ca^ que i orillas del tórrenle 
Quebranta la violencia del Solano. 

Inmediato al tirano se encontraba 
Un espectro execrable. 
De frente torva, de color cetrino : 
Veneno por sus labios desliliiba, 
Crinada la cabeza de serpientes, 
Que en su girar contino 
Deipedian un s'dvo abomiaabU ; ( i ) 
El cuerpo descarnado. 
El ojo rail léale 

V de la cuenca en lo intimo «tuado; 
Agudo ; jalde diente, 

V una zarpa acerada era la mano 
Con que oprimía el corazón humano : 
El crimen fiíé su padre, 

V viejo como el mundo se gloriaba, 
De tener con el mundo coexistencia, 
Jlebitador delorht y dtt infiírno, (2) 

Era BL BEMOBDIHIBKTO DB COHCIsncU. (J) 

La parca sobre el pávido tirano 
Tiró de recio la fatal guadaña. 
Paró el golpe el espectro, que la dijo : 

" Si aun no le hallas de horrores satisfecha 

■ En la Emilia que en la lid se estrecha : 

n ¿En el libro fatídico leíste 

u Por ventura esie nombre ? 

« ¿Y como inlenlas destruir al hombre 

a Que Dios no te mandó? toa solo cumple 



(i) Todas las serpientes dtspedian un ¡Iho : suponiéndose qiu . 
querido decir íilbo, es claro que ó una sola de las serpienlel 
silbato, ó era la única que tenia el talento de silbar. 

(!) é Desde cuando no está el infierno en el Orbe? 

(3) Hizo bien el poeta de decir remordimiento de cooeieiici 
que un sabio alemán ha descubierto que hay remordimiento de 

(4) Tormeittat lutcitttdaí de la Fábrica de VUUrán, cojo I 



EL MURCIÉLAGO. 229 

Como del Etna en las entrañas brama 

Volcánica materia, que reTienta 

Con hórrido^ estampido, y que derrama 

Muerte y desolación por toda parte ; 

Tal el furor tremendo 

Del Peruano estalló del Loa al Tumbes. 

Orden al punto el proscritor imparte (1) 

A sus 'vicegerentes, ' 

Para pasar á espada todo cuanto 

De insurrección siguiese el estandarte: (2) 

Y en medio del espanto 

Cumplió la orden fatal cada oligarca ; 

Mas sus nombres malditos 

en Arica, Huaráz y Gajamarca 

Con sangre fratricida están escritos. 

Cual bandidos que en medio de la noche 
Asechan de sus TÍctimas los pasos ; 
Asi de maldición aquellos hombres. 
Ostentando infernales regocijos, 
Forzaban las moradas á balazos ^ 

Al esposo arrancando de los brazos 
; De la esposa, y al padre de los hijos; 
Y asi Allende condujo maniatados, 
Ensordeciendo al maternal gemido, 

gunda edición de su cantt) es pi*eciso que ponga una nota aclarando si 
no filé su intención hacer el retrato fiel de la Convención Nacional de 
1856 (año en que él cantó). Q. D. D. G. 

(1) Vicegerente, si no estoy engañado, es el que hace las veces de 
otro ; y como los mandatarios de las provincias y Departamentos no 
liacen las veces del Presidente, no pueden llamarse sus vicegerentes. 
Sus tenientes quiso decir el poeta ; si hubiera empleado esta palabra, 
al mismo^tiempo que hubiera hablado con mas proqiedad, no hubiera 
faltado á la mensura , pues en lugar de , á sus vicegerentes , pudo 
decir á todos sus tenientes, 

(2) Mo es á tutti quanti, sino á tuto quanto. 

Yo no creo que se hubiera alterado la medida del verso diciendo á 
todos cuantos, y claro estaba que se hablaba de todos los hombres que 
^guiesen el estandarte de la insurrección ; pero ese todo cuanto, del 
género neutro ¿se aplica á que cosa? ¿Hay otra cosa que se insurreccione 
que los hombres ? £1 todo cuanto expresa todo objeto, y ya hubiéramos 
querido ver insurreccionarse á un cerro y ver al vicegerente pasarlo á 
aspada, 

T. 11, 20 






♦ 



i 



230 EL MURCIÉLAGO. 

Hombres á centenares ; 

Y en la naife apilados (1) 
"^ La igaorancia ó descuido 

Los sepultó en el seno de los mares, 
i Oh ! justicia de Dios incomprensible, 
Que en una tumba confundir te plugo 
La Tictima inocente y el verdugo ! 

Y tu heroico pueblo de Arequipa 
Emulo ilustre de la ilustre Esparta, 
Cuyo libre querer jamás coarta 

El despotismo armado ; 
Sus huestes contra ti mandó, irifatuado, 
Anhelantes de sangre y de victorias : 
Si la guerra civil consagra tumbas. 
Les distes tumbas en lugar de glorias. 



II. 



¿ Qué nube es esa que preñada viene, 

Y su curso detiene 

En la riscosa marcha de Izcuchaca ? 

¿ A qué Deidad entre su niebla opaca 

A los ojos esconde ? 

Es libertad que en épocas remotas 

Estableció su solio « 

Al pié del Capitolio, 

(1) Cualquiera creerá por los primeros versos , que el vicegerente 
Allende solo arrancaba esposas é hijos de padre ; pero luego resulta 
también que estos tales hijos tenian sus respectivas madres que daban 
gemidos. ¿Y aquellas esposas no lloraban y gemían? y los susodichos 
padres no suspiraban siquiera ? 

En los escritos históricos la exageración es un vicio, sobre todo, 
cuanto es innecesaria ; los hombres que tuvieron la nunca bien deplo* 
rada desgracia de sucumbir en la rota negva no venian aplilados — 
Por consiguiente, para contar que naufragaron no habia para que suponer 
que venian en rimeros. El poetaba debido tributar una lágrima al hombre 
mas grande del año 54 ; al que, por cumplir con su deber, se precipitó a 
una muerte horrorosa de la cual pudo salvarse. El Comandante del «/{'' 
mac » hizo perecer, en 1855, este buque por su impericia y descuido, 
cuando esa pérdida no,' podia considerarse como protección de la Provi- 
dencia á la causa revolucionaria. 



EL MURCIÉLAGO. 231 

Y á las márgenes bellas del Eurotas : 
Es libertad, que á repetir se apresta 
De valor y virtud esos prodigios. 

De que guarda la historia los vestigios. 

La falange del déspota, compuesta 

De seis mil combatientes, se adelanta 

Para forzar el puente : 

Mas truena derrepente 

La nuve, y rayos mil do quier dispara : 

No valen á Echenique los cañones, 

Y diezman sus legiones 

Los tiros de trescientos Espartanos, 
Que defienden el paso con Leónidas, (i) 

j^l ver Xerges destruidas (2) 
Sus esperanzas y el estrago cierto. 
Tornase en desconcierto, (3) 
Abandonando máquinas de guerra, 
Armamento, soldados y caballos, 

Y su soberbia aterran 

De libertad los prístinos ensayos. 

(1) \ Vaya por Espartanos y Leónidas ! Ni al Diablo le ocurriría lla- 
mar espartanos á los sagrados que formaban, como lo sabe todo el mun- 
do, un cuerpo compuesto de todo género de peces, asi como si dije- 
ramos de montoneros. Gerto es que el Comandante Prado, es un jefe 
de valor, pero no se llama Leónidas; suponemos que se quiere dar 
á entender que peleó y se sostuvo como un Leónidas ; y en este caso 
ia idea está mal esplicada. Se dice : fulano es un Napoleón, es un Cesai*, 
un tigre etc. Es pues un testimonio el que se levanta á Leónidas supo- 
niendo que estuvo en Izcuchaca, ó un equivoco suponer que el citado 
Comandante se llama Tigridas ó Leónidas, 

(2) i Ay ! Xerges, Xerges ¡ Con quien te comparan ! 

(3) El verbo tornar, usado como reciproco, significa, mudar una 
cosa de estado ó naturaleza; así se dice : Fulano de hábil se tornó en 
estúpido; la libertad se tornó en tiranía. Cuando se emplea para ex- 
presar que se vuelve al sitio de donde se sale, ó que se regresa de aquel 
para donde se salió, es necesario que el lugar se esprese, porque de 
otro modo hay equivoco y oscuridad. Juan tornó de Chile ; tornó á 
urna. El sentido natural de la frase es que Echenique dejó de ser 
nombre y se convirtió en una cosa que se llama desconcierto.,, ¡ Pues! 
IOS poetas han convertido á Júpiter en toro, y á otros sujetos en esta- 
tuas de piedra, y han hecho varias conversiones por el estilo. 



i 



232 EL MDIICIÉLAGO. 

Con raudo vuelo descendió á la tierra 

El ángel dt la gloria : (I ) 

01 ¡ Salud, dijo, Mldadns ciudadanas ! 

D jSalud, Castilla, de iamortal memoria ! 

« Hef habéis conculcado la arrogancia 

o Dt imhéciles tiranos. 

H i Oh ! dad i, las edades leoidéras 

-Como este de heroismo ejemplos bellos: 

K Un poco mas de esfuerzo y de constanda 

o Que el enoja de Dios pesa sobre ellos. 

n Si en sus luchas sucumben las nacionea, 

o Es solo porque Dios las abandona : 

« Y esle tnunfu blasona 

II. Que al pueblo Peruviano 

u Ño ha sollado, por dicha, de su mano. ■ 

Ciad á cada guerrero hna corona, 

Al mirarlos sonrióse, el ala tiende 

Y á la región sidérea el vuelo emprende. 

Esle hecho de armas difundid el espanlo 
En la huesla opresora, 

Y esa fueru mand de precia tanlo 
Para el soldado en bélica lormeuta ; 
Esa foeria mora! que si se ahuyenta, 
El brazo enerva y el acero embola ¡ 
Desde luego perdió : y ¡ oh ! maravilla 
Q nombre solamente de Castilla 
Era para Echenique una derrota. 
Conociendo, aunque tarde, su impotencia, 
librió un Jauja campaña dt perfidias; (í) 
Fautor de iniquidad y fraudulencia. 
Pagaba á peso do oro la infidencia 

Del soldado del pueblo : en sus insidiai 
Documentos apócrifos forjaba, 
Por si romper lograba 
La; mutuas relaciones 

(1) O en la gloria no haylmas que un ángel, ó hay áogele 
parle que no sea el cielo. Por otra parte, el héroe de la Palou 
mucho mas feliz que el de iunin \ este apenas pudo oir hablar 
chuncbo viejo ; pero aquel oye ahora la voz del ángel, y ma 
como el teelor lo verá, oye la del mismo Dios; ya se vé, Dios i 
y Castilla es su teniente. 

(-2) e' Y dónde la cerró ? ¡ Yaya una campaña endemoniada. 



EL MURCIÉLAGO. 233 

Que unian de la patria á los campeones : 

Y San Román, cual roca inamovible 
A cuyo pié del mccr se estrella la ola. 
Mostrándose in flexible, 
Ciñó su sien con la inmortal aureola, (1) 

III. 

t 

Mientras que en posiciones formidables 
Esperaba Castilla su reserva, 
Que desde el Titicaca adelantaba 
Obstáculos venciendo insuperables : 
Mientras cerraba Elias con denuedo 
Del Sur la puerta á la inmoral caterva ; 
En tanto que Castilla, Cabayedo, 
Lapubrta y otros mil varones claros, 
Se consagraban á salvar la patria 
De la turba vandálica é impia : 
El tirano con ella divertía 
Jugando la sustancia de los pueblos 
En ominosa orjia, (2) 
Para que este fatal antagonismo 
Hiriese con mas fuerza 

(1) Lo que falta en estos versos es la verdad; porque San Román ' 
todo puede ser menos roca inamovible ; San Román es, apurando la 

poesía, á lo sumo, un cerro semoviente. La verdad exijia que se 
dijera : 

Y San Román cuya alma es tan coqueta, [ 
Como Quevedo, estaba, 

Y prudente aguaitaba 

El giro que tomara la veleta. 

(2) El verbo activo divertir^en el sentido que aquí se le quiere dar, 
quiere decir : entretener ó distraer á otros ; pero el poeta no nos dice 
á quien ó á quienes divertia Echenique con esta turba vandálica, que 
seguramente le serviría de comparsa. Lo que se ha querido dar á en- 
tender es, que Echenique jugaba la sangre de los pueblos (vulgo el oro) 
con los vándalos impios que lo rodeaban ; y ciertamente que la frase 
no peca de clara. La traducción literal de los cuatro versos testados 
es : El tirano. Jugando en ominosa orgía la sangre de los pueblos, 
divertia con la turba vandálica é impia; vel , vel, como dicen los 
silogistas, ó falta un se antes de divertia, ó se dice á quien se 
divertía. 

20. 



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234 EL MURCIÉLAGO. 

A la austera razón y al patriotismo ; 

Del pueblo á las falanges aquejaban 

La desnudez, el hambre, el pauperismo : 

Y al recibir el jefe propietario. 

Que cambiara la esteva por la espada 

De sus lares escaso contingente; 

Como pre lo donaba subsidiario 

A su moral y trabajada gente, 

¡ Oh patricios ilustres en el templo 

De la inmortalidad cede á vosotros 

Cincinato su puesto preferente ! 

(T Dónde ofrece la historia igual ejemplo ? 

Alzó el LIBERTADOR al fin sus reales, 

Y del Ande en la cima 

Al mirarlo el tirano huyó hacia Lima, 
Una legión abandonando, y muchos 
Elementos de guerra á sus rivales. 

Al sur de la ciudad sus campamentos 
Asentaron los dos beligerantes, 

Y al litoral en rectas paralelan 
Choques comprometiendo asaz sangrientos 
Al merodear ó descubrir cautelas, (1) 
Situó el pervertidor su artilleria 

En agreste bastión^ y amenazaba 
El proyectil funesto cada diástole 
Del corazón patriota de CASTILLA. (2) 

)[1) Lo que es á estos versos, no les mete la uña ni el diablo; fonnan 
un batiburillo que en las 26 palabras que contienen no se descubre una 
sola idea : / merodear cautelas ! es un desproposito que no le hubiera 
ocurrido al mismo Morante, que es cuanto hay que decir. Merodear-^ 
en la milicia, apartarse algunos soldados del cuerpo en que marGhaU/ a 
reconocer en las cacerías y campos, lo que pueden recojer ó robar. 
(Dic. de la Acad.) 

Diga ahora cualquiera, qué fruta son esas cautelas que robaban ws 
soldados y que producían esos choques sangrientos en líneas paralelas. 
Gomo animal de honor, declaro que tengo un verdadero sentioueoto 
de ver el nombre de un fiscal peruviano al frente de semejaates ab- 
surdos.' 

(2) Diástole, como todo el muudo sabe, es uno de los dos mo^ 
mientos del corazón ; no puede pues calcularse ni comprenderse coido 
el proyectil del pervertidor amenazaba al diástole, sin comprometer d 



« > 

I 



EL MURCIÉLAGO. 235 

El jefe suspicaz que acabdillaba (1) 

Las brigadas y el tiro diñjia. 

Tres veces disparó, con lente en mano, (2) 

Y ^ caballo arrodilla 

Del campeón, ó el penacho le arrebata : 

Ignoraba, sin duda, el jefe ingrato. 

Que matar en la guerra á ciencia cierta (3) 

Es perpetrar un vil asesinato ; 

Lo conoció bien, lo que ignoraba 

Era, si, que de Dios por el mandato 

Esa vida preciosa 

Con su égida un querube resguardaba. 

Castilla, en tanto, el rayo de la guerra, 

Solicito, cual siempre, en el gobierno 

De su heroica hueste no reposa; 

Grandiosos planes en su mente encierra. 

Por responder con éxito brillante 

A la confianza que en su afecto tierno 

Depositó la patria pesarosa : 

A la prudencia del guerrero antiguo 

La actividad reúne del moderno : 

Todo es objeto de su afán constante, 

Obras, parque, forrages, provisiones ; - 

Mide campos, designa posiciones. 

Trabaja cual caudillo, cual soldado : 

Dos horas solo en actitud violenta .t 

Duerme y en sus rodillas reclinado : i 

sístole. La figura es tan violenta y de tan mal gusto, que no cabe ni de- 
cir, para disculparla, que se toma la parte por el todo; porque el ' 
movimienlo no es parte del cuerpo que se mueve. Mas natural era 
decir, lisa y llanamente, que las balas amenazaban el corazón de 
Castilla, 

(1) Esta es la romanza 

Del Rey D. Alfonzo, 
Y de antigua usanza. 

i Acabdillaba es mas elegante y mas poético que acaudillaba ? 

(2) Pues de poco serviria el lente en mano ; seguramente el suspicaz 
no atinaba al diástole porque no estaba lente en ojo, 

(3) Cuando uno pelea, debe hacerlo á ciencia incierta; es decir, sin 
saber que va á matar, y no hacer el punto al enemigo porque eso se 
llama asesinar (Lecciones del derecho de la guerra por un Fiscal de la 
Corle Superior). 



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21)6 EL HCRCIÉLAGO. 

Ta/¡o desmaya, se fatiga todo ; 
Mas el lieroe impermeable (I) 
Vigoroso cual Hércules le ostenta. 
Como /tqialeí se ostenta ¡nvulaerablt. {%¡ 

Por libnr Echenique del manumo 

De Izcucham á su geole ; 

Por restaurar su bélico enliisiasmo, 

Y apartar de su causa el desafecto : 
Promelióle pagar los fralricidioi 
Con dinero y ascensos largameote : 

Y este interés de recompensa doble 
En. los suyos produjo igual efecto. 

Que m tos propugnaJoreí Je ¡os pueblos (3) 
De patriotismo el sentimiento noble. 

Como feroces tigres de la Libia, 

Que se encueatran en medio del desierto, 

Bugen y escarban la candente arena. 

Con la pupila llena 

De sangre y resplandor, que con los beUoi 

Cada cual de ellos furibundo maestra ¡ 
Que se embisten, estreeban, despedaun. 
Quedando en la palestra 
El menos vigoroso, 
O el mas fdiz en el feral destrozo ; 
Asi en aquellos preámbulos de sangre 
Los soldados del uno y otro bando 
Se mostraron valientes reluchando. 

(1) Esle ¡mpermeal'U se m en todas. 

(S] No se ostenta invulnerable el que no sale herido cusodo t 
inda cerca un proyectil funesto 6 un pedaio de fierro, sino ^ I"' 
lisie la acción de una arma ofensiva sin sufrir lesión alguas< ''' ' 
no es invulneraiilidad; por otra parte, el héroe de la Pilma dio a) 
tras de ser vulnerable, pues perdió parte de sn preciosa saugre ' '" 
silencia de una herida que le hicieron en la oreja ¿Tai vu eral'" 
a cgiie, como el lalon de Aquiles, quedó fuera del agua ? 

(J) ¿ Propugiindores ? ignoro el siguificado déla palalira. 

{V¡ ¿ Dentarios ? sigo ignorando. 



EL HÜBdÉLÁGO. 



IV. 



Doce veces sai rajvs prefalgeatei (1) 

Sobre la lierra el sot lanudo había, 

Desqae ealabao en faz los combatientes : 

Lft viipera era del tremendo dia, 

Que líenla impeliendo loi eilragos. (¡) 

Guando Ecbenique conTocó en la aoche 

Coniejo de oficiales generales. 

Aliábase una tienda, y en el oenlro. 

Entre dos pabellones bicolores, 

Se ostentaban las armas nacionales : 

Cruzadas picas, sables, alambores. 

En limétricos grupos colocados. 

Alto sitial, asientos inferiores, 

Heía y lampión á la mitad pendiente,' 

Daban á aquella, eslanza con las guardias, (3) 

PerspectÍTa guerrera é ¡mponenle. 

Habló Ecbenique : i Ilustres generales, 
« Apoyo» del legitimo gobierno, 
1 Generosos amigos, 

■ Merecedores de mi afecto eiemo : 
n SuperDuo es esperar ; los enemigos 

a JVÍ perwgidoi por el fiero estrago (4) 
1 Que en dios cauu, como s<hs testigos, 
•L El proyectil de tierra, 

■ Y la nave de guerra ; 

• Su suerte librarán á una batalla. 

<i Escasean, no obstante, los recursos; 

• Los días laboriosos, las vigilias 

(1) Falso de toda falsedad ; los rayos prefulgeniei del Sol no alum- 
braron la tierra sino úete dias. Los combatientes se pusieron en faz el 
día 39 de Diciembre alas once del dia; de este 29, ala madrugada del 
i de Enero, van siete dias, horas y minutos, (de estos dará raion elDr. 
Urela) de siete á doce van cinco. Luego la falsedad es de cídgo días, eori 
tus respectivas nacbes y crepúsculos. 

(!) i Dias que impelen estragos? ignoro el contenido de la frase. 

(3) Y el cal)dillo yogaba con sus bomes 
En esa, coo lampión, guerrera eslanza. 

(4) c Perurgidot? continúo en la ignorancia. 



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' "' ' ^^^ EL MURCIÉLAGO. 

« Fatigan nuestras /m<:«, y el erario 
« Tan agotado de dinero se halla, 
.,"*■* * « Que se hace necesario 

1 ' . '' Ocurrir á medidas de desdoro : 






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ií Disminuir ^el aforo 

« r^raí.a/.co« //w/7«eí/o al propietario, 

« Presiento, de otro lado, que atacando 

« Pierdan nuestras legiones 

« La ventaja que dan las posiciones. 

" nT^'f '.r.*"'' ^^^•''«^OS' los extremos 
« üe la difícil situación, y sepa 

« De vuestros labios lo que hacer debemos, u 

Tras intervalos breves de silencio, 
Con expresión severa, 
Habló el Jefe Vidal de esta manera : 
• i « Guando intrépido Elias 

. j " ^s dirijió sus cartas. Presidente, 

j " Otorgar se debieron garantías 

" ^ los pueblos con ellos alarmados 
« Y con los hechos de nefastos dias. 
« Cuando Castilla, generosamente, 
« Ofreció promediar con sus respetos 
<' Entre ellos y el gobierno, 
« Debiéronse evitar persecuciones 
« Repulsas necias, é insultantes retos. 
« La peripecia, entonces necesaria 
« Del ministerio, habria restaurado 
«La confianza y calmado las pasiones. 
« Desairada la oferta del tribuno 
« Era pues, de esperar que la obediencia 
« Os fuesen retirando de uno en uno 
«< Los pueblos han rasgado, en su impaciencia, 
« La túnica de paz, porque el gobierno. (1) 
« Primero en su impericia, 
.1 « Se desnudó del manto de justicia ; 

■ S " t . f '°" '^ encuentran pronunciados, 

« Y SI las piedras de este campamento 
« No se alzan contra vos, es solamente 
' Porque se hallan aquí nuestros soldados. 
« Estando del gobierno circunscrita 
« La acción á tan estrecha periferia, 

(1) <íDe que género será esta túnica? 



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£L MURCIÉLAGO. 239 

« La batalla en el dia es necesaria ; 

« Con tanta m^s razón así lo pienso, 

u Cuanto que á una falanje estipendiaría 

c( Si le faltan el oro y el ascenso, 

tt Se deserta soldado por soldado, 

« Cual álamo lozano á quien despoja 

c( El zéíiro en invierno* hoja por hoja. » 

Habló Pezet .: « Valientes capitanes, 

A Ya los pueblos no son esos rebaños 

« A quienes esquilmaba en otros años 

vL La codicia feroz de sus pastores. 

A Su imperio pierde por dó quier el sable : 

« Ni sufren que se ofrenden sus cabezas 

(( De ambición al demonio abominalflCf 

« Presiento á mas, que en la lid se venza, 

(( Nos opondrían pertinaz defensa, 

n Que inexcusable haria una conquista 

« Para poderlos sojuzgar, y un rio 

« Promixcuado de iágrimas y sangre; (1) 

« Y ni advierto las cohortes de Dario, 

« Ni vigor en la que hay que lo resista. 

(( Mi voto es, sin embargo, Presidente, 

(t Porque la acción á la alba presentemos, 

(c Aunque siga una lucha Cibelina, 

<( Pues mudará la situación presente 

(( Con la victoria ; empero si perdemos^ 

« Será común á toda la ruina. • 

n ¡Perder! jamás, repuso Mendiburu, 

(t Con deleitable voz, como murmurio 

«i De arroyo^ que entre flores se desliza, (2) 

'i Tenéis reputaciones militares 

(i) Esta promiscuación f es para mi, peor que la qiie se comete co« 
miendo carne y pescado en dias de vigilia ; prescindiendo de que no se 
escribe promixcuado^ sino promiscuado. La promiscuación consiste en 
mezclar cosas que se oponen ó rechazan, como la Iglesia declara opuestos 
los pescados con las carnes, en ciertos dias ; pero la sangre se mezcla 
bien con el agua y con las lágrimas, muchos poetas han dicho : rios de 
sangre y lágrimas ; pero ninguno se antojó de dar á esta mezcla el nombre 
tan antipoético de promiscuación. 

(2) Muy agradecido debe estar el General Mendiburu á esta fineza : 
pues el autor, lejos de concederle la voz enérgica y grave del guerrero, 
le concede la melifluidad de una doncella de quince anos. 






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EL MURCIÉLAGO. 

Que rejirán los cuerpos en la liza. 

Cinco mil aguerridos ballesteros, (1) 

Mil doscientos caballos, y los mares 

Libres á vuestras velas y vapores : 

Colizas y morteros, 

Cuyo incesante fuego causa horrores 

En, la hueste enemiga, 

Turba de guerrilleros que la ostiga 

Sus recursos quitándole mejores : 

El soldado desea 

Por entusiasmo ó premio la pelea. 

¡ Cuanto su disciplina os es notoria, 

Y cuanto su lealtad incontrastable! 
Oficiales contais que en su ardimiento 
Subir quieren al templo de la gloria ; 
Mas no con paso mesurado y lento. 
Sí en alas de la espléndida victoria 
Volved por el exergo la medalla : 

En el bando insurrecto ¡ oh ! ¿ qué se Italia 
Que pueda intimidar ge fes de crédito ? 
Todo en él es inédito : (2) 
Mayorales sacados de los campos, 

Y en gefes de legiones convertidos : 







(1) Sesta-ballesta 

Mi madre me dijo 
Que estaba en esta. 

«'En que se parece un león de piedra á un San Miguel de lo mismo? 
En la dureza. 

¿En que se parece un fusil á una ballesta? en que las dos son armas. 
Sin esta razón de analogía, nadie puede esplicarse la existencia de los 
ballesteros. -Yo, el murciélago en persona, estuve en el campamento dd 
pervertidor, y no vi una ballesta ni un ballestero. Y ¿ porqué se ena- 
moró el poeta de la ballesta y no del rifle ó del mosquete que se ase- 
mejan algo mas al fusil ? ya lo dije antes ; porque el mérito del poema 
consbte en ser una colección de las mas excojitadas palabras. 

(2) Este verso me hace mas gracia que todas las agudezas de Sandio 
Panza 6 de Tirabeque / Todo en él es inédito ! Tomen UU. el peso de 
esta frase, y declararán conmigo que de cuantos versos han salido ^^ 
caletre humano ninguno puede compararse á este. Aunque esta nota 
salga un tantico larga, vamos á examinar el tino con que se aplica el 
adjetivo inédito. Ya se supone que el exergo de la medalla, es el ejército 
libertador, por el cual el de la voz de murmurio de arroyo dice : que todo 



EL HURCIÉLACO. 253 

, « Yo iré co« e.U naufrago üraao (1) 
II A ta ribera ignota : 
it Sobre su corazón dilacerado 
K H¡ veueoo caeré gola por gota : 
■< Yo agilíré ,u sueño 
• Con faolasmas lerriricfis, cruentas, 
t Delat líictimai que lia lacri/icado (2) 
II De su infanda codicia en los altares : 
1 Duplicaré mi empeño 
tt En preieDtarie el cuadro de rail indios 

Ahogados ea las ondas de los mares (1) 
" Vo haré que esas naciones, 

■ Donde cree disfrutar satisfacciones, 

« Lo miren con horror, que tal meiece 

1 El que ambiciona gobernar los pueblos, 

■ Y sin saber hacerlo, 

n Se emplea en deprimirlos j espoliartos ; 

I Y al pronunciar contra él joslo anatema, 
n Monta en ira, y ordena degollarlos. 

n iOh! jqué fuera si á este hombre de presente, 

II Para quien nada el portenir importa, 
II Digno caudillo de perdida gente, 

II Al que la historia absorta 

> Uirara con desden, te diera el hado 

» El triunfo de estedia? 

n Si por miedo decreta las matanzas, 

" (Qué fuera si el orgullo de la gloría 

II Diera aliento en su pecho á las venganzas P • 

Retiróse la muerte avergoniada, 

V á hacer riza tornó coa fuerza nueva : 

Hirió entonces q Vizcarra, Cahaltero, 

Gómez, Carpió, Pedrasa y Villanueva. 

Semejaba en su furia á Héctor valiente. 

Cuando llevaba el fuego 

A las naves del Griego : 

MmpaSii, se venden en gros el ea délait, en la Cioalia de la Corle su- 
prior. 

O ¿Tuviera la bondad de decir el Paeíaisla, eu donde habia uau- 
'■^Eado Eclienique ? i Iba acaso á naufragar en esas tormentas que ha- 
'lian de suscitársele? 

v) jEste ea verso? £ Tiene cadencia P ¿tiene algo? 

W Uaroestá; las ondas son de los mares; j oo de los ríos ní de las 
acci[u¡ag. 



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2S4 £L MURCIÉLAGO. 

En esos días á su honor felices, 
, Contener su ardimiento no pudieron 

I Los caudillos Atridas mas audaces, 

, Ni el valor impetuoso de Diomédes, 

Ni la astucia de Ulises, 
Ni la fuerza brutal de ios Ayaces. 

£l cielo, protector de la justicia, 

Y de la causa santa de los pueblos 
Cuya mano propicia 
Seguía dispensado sus favores 
A los libertadores ; 
uil ver qne los caballos de Echenique 
Se ostentaban en todo superiores; (1) 
Que aunque cargados fueron, con bravura^ 

Y un éxito feliz, por coraceros, 
» Al comando de Llosa y de Segura : 

Milagro del valor ó de la audacia ; 
Que aun cuando el parapeto y ancha fosa 
» Su armipotencia hacían infructuosa (2), 

No vio bueno exponer á los azares 
De simultáneo y sostenido choque 
A aquellos ciudadanos militares ; 

Y envió de las cerájicas legiones 
Centuria de querubes denodados^ 

De casco, espada jr de pavés armados (3) 
Cual los que vio la inspiración de Milton 
Derrocar al averno 
Al arcángel precito, que intentara 

(1) Superiores ¿ á quienes? 

(2) ¿ Entiendes, Fabio lo que voy diciendo ? 

(3) i Caspita con los querubes I solo les faltaba venir á caballo para 
ser unos Quijotes enteros y verdaderos. Supongan UU. á los querubines 

. con esas caritas preciosas que les ponen los pintores, y hechos, con la 

I , pluma del Sr. Villai-an, unos guerrcritos en forma. 

k . No es estraño que no solo Echenique sino el mismo . Aquiles, Ale- 

j \ ; j andró, Napoleón y demás santos del calendario, hubiesen perdido la 

^ j batalla de la Palma, teniendo por enemigos á la muerte misma que 

J • estuvo en el campo haciendo lindezas y á los ángeles y querubines, pe- 

■ , leando, de distinguidos, en las filas libertadoras. Seguramente Echenique^ 

' ' ' al escribir su manifiesto en Estados Unidas, no supo con que clase de 

enemigos tuvo que habérselas, pues el saberlo, no hubiera escrito tanto 

para explicar su derrota. 



EL MURCIÉLAGO. 2S5 

Profanar con su hueste el monte santo, 

É igualarse en poder con el Eterno. f 

En fas de los caballos despidieron 

Una luz refulgente. 

Cual la de sirio ardiente : 

Y esos caballos f de espumante boca (1) 
Que al percibir la voz de los clarines 
Socababan la tierra con las manos, 
Al idento dando la& flotantes crines ; 
Que relinchando y con el ojo ardiente, 
Abrían la nariz, lanzaban humo 
sobre el hendido y convulsivo pecho ; 
Se espantan con las armas irradiadas, 

Y con esfuerzo sumo 

Se enarmonan, revuelven, no obedecen ' 

A la espuela ni al freno : 
Derriban los ginetes, y huyen solos 
Por el campo de sangre ; y entre tanto 
Todo es horror y confusión y espanto (2), 

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a, • 

Por dó quier la derrota se pronuncia 

Las bandas desolantes del tirano (3) 

Apelan á la fuga debeladas : 

Yénse correr por la extensión del llano. 

Con asordante grita, (4) 

De polvo entre los densos torbellinos, 

Las armas arrojando en los caminos. 

(1) \ Pues vaya con los querubines! al verlos despedir luces de sirios 
(antes se escribia cirio) ardientes, se les podría haber tomado por que- 
rubines del infierno. 

(2) Yo habría concluido : 

y entre tanto 

Angolés y querubines dicen : santo, santo, santo, 

(3) La voz desolante no es española ; en el diccionario se encuentra 
desolador, 

(4) En un diccionario inédito se lee el siguiente artículo : asordante, 
nombre adjetivo inventado por un sordo, con el objeto de enríquecer 
la lengua, de manera que no falte palabra alguna para cuando se quiera 
escribir una obra completa de disparalología moderna en prosa ó verso; 
puede usarse cuando no quieran emplearse las vocfis castizas resonante, 
atronante. 



2S6 EL MDBCIÍLAGO. 

El géniddet espaato, desertado 

De ¡a región maldita, 

Fenialat tundiendo en la carrera, (I) 

Y el mas apresurado 

CoD mayor prontitud se precipita. 

Era aijuel moiimienio a la manera 

Del que pasa á la vista del viogero 

Por vapor impelido, (2) 

Que en contrarío seniido 

Uira correr los lucos y cabaüas, 

Y engañado, creyéndose en reposo. 
Hasta la misma tierra le parece 
Un rio contrapuesto y caudalosa. 

Victoria, á Dios, victoria! 

i Húndese en el abismo 

La infame concusión y el despotismo ! 

Triunfan los pueblas, y Castilla vence; 

El clarín de la fama 

libertador y Padre 

Gigante de los Andes le proclama ; (3) 

(1) Tenemos ya otro enemigo en jielea; y es nada menos l^e 
diublo ma^ar que esperaba el desenlace para baeer lencinlir labital 
como acababan los antiguos entremeses ; esto es, á zurriagazos. 

(3) Era Ofiiei movimienlo (la carrera de las bandas desolanKs]c° 
el marimlenlo que /una á la vista drl tiiagero impelido portvpor,' 
no escribir una resma entera de papel sobre estos tres versos, !« 
cesila tener en cueala que no hemos nacido solo para ocupaniiü 
poema : porque en verdad, que no hay ni una frase, ni un peosam"^ 
que no sea na desatino mas grande que una loma. Sin embargo ^ 
mus un par de palabras. 

Molimiento que pasa á vista del viagero; y ¿caal es ese moiioieD 
i Se mueven acaso los caminos? 

¿Viagero impelido por vapor? esto supone que alguna vez h 
usado que un vivieule se coloque á retaguardia alguna maquina deii 
y c]ue se deje empujar por ella. 

Ue otro modo la impulsión no se puede comprender. 

Kl viagero viaja por mar ó por tierra ; si lo primero, el vapor n( 
iin]iulso al viagero siuoal buque; si lo segundo, el impulso lo rec 
lus carruages y no los individuos que vandenUo. Ki puede deeínt 
el rambio de lugar sea efecto del movimienlo del viagero, porque 
es conducido sin esfuerzo de su parle. 

(3) Un ilustre poeta americano llamó gigantes á los andes; si el 



EL MURCIÉLAGO. 257 

Será imperecedera su memoria, 

Pues que de esclavitud rompe la carta (1) 

Con su espada en el campo de la gloiia. 

Y á tí, igualmente, San Román iUustre> 
Libertador te llama ; 
Que si Castilla estuvo en toda parte 
De su bravura el lujo demostrando. 
Tu, gefe de vanguardia, imperturbable 
Tomaste el propugnáculo espantable 
De la Huaca Juliana, que nombraba 
Sebastopol el maldecido bando : 

Y con tino estratégico muy tuyo 
Abatiste su orgullo : (2) 

Y aunque herido salieras de un balazo, 
Es siempre de tu patria 

Sosten robusto el fracturado brazo. 

Dignos por siempre de eternal memoria 

Serán los Cazadores de Castilla, 

Entre los cuales hizo mas estragos 

De las batallas la feral cuchilla, 

A la par Huancane', golpes mortales 

Del adversario recibió, perdiendo 

Gran parte de sus gefes y oñciales, 

Moquegua^ Cotabambas y Paruro, » 

Fueron con Cuzco inexpugnable muro^ 

Que los embates lodos propulsaron^ 

Siendo unión y constancia su divisa. 

Los Ubres de Arequipa digladiaron^ \ 



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neral Castilla es el gigante de los Andes, proclamado por el clarín de la 
fama, es el gigante de los gigantes. 

(1) Siempre se ha oído decir la carta de libertad, refiriéndose á la bo- 
leta ó documento que recibía un esclavo cuando era manumitido ; pero 
la carta de esclavitud, con perdón del inventor, no nos parece de muy 
acertado empleo. Tal vez se ha querido decir que esa carta era la cons- 
titución que permitía la esclavitud en la República; pero era nece- 
sario algo de mas claridad para que no quedara el concepto reducido á 
una adivinanza. 

(2) Este modo de expresarse del Sr^ Fiscal, es muy suyo ; como muy 
suyos los muchísimos dislates de su obra. Ademas el Sr. Villaran que se 
precia de ser uno de nuestros mas distinguidos poetas ¿ como ha podido 
consonantear, (reclamo el derecho de invención) ujo con ullo^ es decir 
luyo con orgullo ? 

22. 



* 









258 EL HCBClÉLAtiO. 

Cada uno contra tres, y en esta liza 
Con el auxilio del valiente Puno 
La> exlenuades tuerzas restauraran : 
Si, Pudo, k quien la patria debe tanto 
De Piadaro, acreedor al eolio canto. 
Los de Aimaraes que llenando fieroi 
A la devailacion en lai aceros, (I) 
RumpieroD ^»^ columnas de Pichiocha : 
Su fama los de Tacna sostuvieron; 

Y recordó su gloriit 
Intrépido AjacacJio, que detuvo 

Con Moloni en su vuelo i la victoria. 

Y tú, Lapcbbta, austera en tus príncijñot, 
Como pocos valiente en t¡\ cómbale, 

Qae el limite salvando ejemplo diste 
De valor al soldado ; 
Segunda vez venaste, 

Y adtirtiendo á Castilla desmontado, 
Aunque herido, el caballa le ofreciste ; 
Rehúsalo el camppon, y estas palabras 
Insinuantes salieron de tu boca: 

■ i Qué importa mi esistencia P nada, hoy misLi^o 
1 Del sarcófago acaso el limen loca, 

n Admitid general > ¡ Bello heroísmo '. 

JVo aiorlrái Lapubrta, j vale mucho 
El hombre en cuyo pecho arde la llama 
De verdadero y santo patriotismo. 

Consignará en sus páginas U historia 
El nombre de CASTILLO : 
Al-sublevarse Janja, este caudillo 
Para impedir le haciese nugatoria (2) 

(1) Sitos dos primeros versoí de los tres marcados, son versos,! 
qne soy un burro mas burro que el primogénilo de la seüora hii 
líalaan; esto en cuanto í la forma, que tm cuanto al fondo, de 
es que cualquiera entiende lo contrario de lo que el Sr. Villarai 
que se entendiera. Lleno aqaí la muerte, dice un individuo cuand 
algo que puede ocasionarla ; pero si dijera /¡era aquí a la muerlt 
quiera comprenderia que la llevaba, en efecto, aunque fuera eu el ' 
del chaleco ; por consiguiente si los de Aimaraes, que entre pai 
■ea dicho, nadie sabe lo que son, llevaban fieros d la devattai 
SU] aceros, es claro que esta Sujeta iba, nada menos, que pincbsi 

(2) Nugatorio es lo mismo que engaüoso, ó frustráneo, es di 



• (( 



EL MURCIÉLAGO. 259 

La santa voz del pueblo-, una falange 

IiUprovisa, y con^lla despedaza 

A un tiranuelo de fatal memoria : 

Mas Echenique en canje 

Con su oro corruptor la defección a, 

A su gefe abandona, 

Que después de correr yermos lugares 

Sufrió del prisionero los azares : 

Fuga, torna á lid, y la victoria 

Adula sus talentos mililares : 

La patria le benedice, le venera , 

Y para saludarlo, liso ng era, •• \ 

Penetra hasta el recinto de sus lares, (1) , j 

que burla ó frustra alguna esperanza ; el poeta emplea la palabra en 
sentido opuesto al decir que el General Castillo impidió que la santa 
voz del pueblo fuese nugatoria. Sin dudamente ( esto es mió ) Castillo 
quiso que la voz santa del pueblo, vox populi vox Dei, no fuese bur- 
lada y frustradfla, lo cual, en mi concepto, no es muy bien diclio que diga- > 
mes, por que nadie puede burlar ni frustar palabra agena. Las esperan- " :! ' i 
zas, los planes, los deseos, las intenciones y otras varias cosas pueden 
fnistrarse por la acción de otros, pero las palabras, repetimos que no. ^ 
Sin embargo el Sr. Yillaran usa palabras nugatorias, porque engañan al 
lector, haciéndole comprender lo que el autor no comprendió que com- 
prendería cuando el las escribió. 

(l) Estos cuatro versos chicos encierran dos disparates enormes; el 
primero es que la victoria aduló los talentos mililares del General 
Castillo ; el segundo que la patria para saludarlo^ penetró en el re^ 
cinto de sus lares. 

Cualquiera que conozca los significados de la palabra adular, cono- 
cerá también el absurdo de que la victoria puede adular, aun en el 
caso de que la consideremos de carne y hueso. La adulación es propia 
del inferior al sjiperíor, y no es la victoria , seguramente , inferior al 
guerrero, hablamos siempre bajo el supuesto de la carne y el hueso. 
Hasta hoy no se habia dicho, en casos iguales al cantado por el Homero 
peruano, (vulgo Yillaran) sino la victoria lo favoreció (súplase á quieu) ; 
mereció los favores de la victoria ; la victoria coronó sus esfuerzos ; 
pero el único animal semi-racional que ha hecho adulona á la victoria, 
es el poemero del Riraac (vulgo D. Manuel Vicente) (y van tres parén- 
tesis sin contar este) porque á él se le antojó adular, y 

Porque libre, de tanta pepitoria, 
Era mucho escapase la victoria. 

No es menos estupenda la parte del saludo. La patria, que es el lu- 



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1 



\ 




260 EL HDRafiLAGO. 

i Qué eiperanza, soljlado ciclarecida, 
Pudo animarle al exponer tu vida, 
¥ la de tn falange reducida. 
En lucha desigual cod uq coIoxo 
Fuerte, rico j tenai en au venganza ? 
; Insensato dudar ! ¿ cual esperania f 
Ninguna, ú, niiiguiia, el palríotúmo 
Coa el que Curdo por ulvar a ItoDl*, 
A su preienda eu el bridón que doma 
A carrera se lanza en el abismo. 

No menos memorable CABAVBno 
Combalid de Echeuique las legioites 
Que honrado de su patria no podía 
En inacción mirar las aflicciones. 
Cuando al regulo cruel pirltiiecia. 
Consecuente ¿ las leyes de la guerra, 
Dio en lea al prisionera garantía, 

Y el régulo , ludibrio de la tierra. 
Desaprobóla, j compromete al hombre 
Que le habría servido ; 

Y el hombre resentido. 
Uniéndose á la causa de los pueUos, 
Valiente se mostró entre los valientes, 
Enseñando en la Palma á ese gobierno 
A reipetar el Código dt Cealtí. (1) 
Desciende ¡ó sacra inspiración \ de lo alto. 
Tú que a los héroes de loar te encabas, 
No me abandones i mi propio csfiícna. 
Que por li no ti iailaaie (!) 

gar, ciudad ó pais en que se nace, y que hablándose de la del Gi 
Castillo, es el Perú, fué á saludarlo lisonjero, (siguen las lisaaju 
paréntesis} y penetró integra en la ca&a del saludado. Pues ya qui 
mus ver esa casa rn donde puede caber toda la patria ; ya bubifi 
querido oír la arenga ó saludo que la lisonjera dirijo al Geocial: 
Grande poder el escritor abrasa 

Y mucho mas aun, si es poeta ; 
Hele U patria entera en una casa, 

Y mete en una nuei, una escopeta 
(1) ¿ El régulo tn, un gobierno? 

(!) t'nka Tcrdad de todo el poenu. 



EL MURCIÉLAGO. 261 

A eternizar los nombres de los VargaS| 
De Cornejo, Orellana, Bustamanté, 
De Llanos^ Albizuri,' Lacotéra, 

Y de otros mil 'valientes. . . ..ven impera 
Sobre mi alma un momento, 

¡ Oh ! dame el ardimiento. 

Que de Meon al genio concediste, (1) 

Y á los grandes de Mantua y de Sorrento. 
Mas sorda á mi plegaria 

Me niegas tus sublimes concepciones, 

Y lágrimas derramo de impaciencia : 
Recurriré al silencio, 

Que es el último grado de elocuencia 

Del alma en las vehementes afecciones, (2) 

VIL 

Un hombre hay sin embargo (3) 
Que de primera magnitud cual astro 
Brilla en el hemisferio Peruviano : 
Es el nombre de Elias. 
Era la patria en su último letargo 
Sobre la estera del dolor tendida (4) 
De propios y de extraños circuida^ 
Que lamentaban sus acerbos males 

(1) 1.0 que es el ardimiento de Meon, creemos que fué negado por la 
inspiración; pero la tibieza y laxitud de un meon está á la vista. 

(2) Muy bien hubiera hecho el poeta en subir al último grado de su 
elocuencia, porque desde el primero hasta el penúltimo parece que la 
elocuencia de su merced es una pobre y triste elocuencia. 

Doctores hay, señor, que cuando cantan 
Derraman lagrimones de impaciencia ; 

Y en su, ultriz irascencia, se levantan 
Hasta el último grado de elocuencia. 

{Plagiado del Dr, Filiarán.) 

(3) Sin embargo ¿ de qué ? ¿ No recuerda el autor que terminó su 
("auto sexto, pidiendo inspiración ó resignándose á llegar al último gra- 
^0 de la elocuencia. 

(4) ¡ La esfera del dolor ! Vaya una frase poética. La cosa es que el 
scíior Villarán no ha de usar ninguna frase de que otro se haya servido ; 
» I lecho del dolor es tan repelida que el Sr. Villarán á no ocurrirsele la 
estera, hubiera dicho el petate del dolor ó la barbacoa del dolor. 



', I 



EL SIDCIÉLAGO. 

CoD el llanto infecundo del Tlola : 
El mandaría que idiota 

Por su poder medía sus derechoSi 
Y aquel por sus inittnios ¡mnorales ; 
Depositario perCdo, se alzaba 
Con hacieodas y joyas y caudales. 
En medio del silencio una voz sola 
Clamó contra el despojo : 
Era la voz de Elias, cu^ o arrojo 
E^ odio del poder le atrajo al punto, 
Al que era de esperar liniese adjunto 
Rescripto de prisioa .- llega, y el hijo 
De la patria predilecto 
Lo acoje con la calma de Epiteclo. 
En la mazmorra, cún alan prolijo, 
"¡e y detiene ; 



Alp 






Un juicio que al tirano a 

Deja el mártir al fia la catacamba. 

Habla üCasiilla, 7 á calvar le inci 

Al Perú de la tumba ; 

Abandona familia ¿ intereses, 

No le arredran reveces ; 

Vi al norte, toma al sur, en Lima n 

Se muestra con disfraces diferentes. 

Librando á Dios su suerte y los suce 

Sábelo el despotismo, 

Y se estremecen de pavor tía huesas 



m. 



(1) j Cuándo fué encerrado el señor Elias en subterráneos? jE 
están las catacumbas de Lima ^ La metáfora para ser buena I 
clara, sencilla y compreheusibte ; y las palabras que en ella se 
•j los objetos á que se refieren han de tener algún ó algunos { 
analogía coa aquellos á quienes sostituyen. Se pudiera por tan 
catacumbas á los calabozos subterráneos, pero no á las híbitic 
fuerte de Santa Catalina en donde estuco preso el señor Elias. 

Pero el señor Villarán que no es un poeta vulgar y que p 
tendrá á mengua seguir el estilo llano y fluido de Hora, de 1 
los Herreros y de otros muchos, dijo pai'a si : 
La palabra prisión es algo sosa. 
Es decir, no es sonora, ai retumba ; 
Pues plantaremos otra mas briosa 
Pongamos, por ejemplo, calacamha. 

(2) EU despotismo tiene kiusoí r¡ue se eslremiceit de pavor 



i 



EL MURCIÉLAGO. 263 

Cual de la edad feudal \ision fantástica. 

Que al rielar del rayo de la luna, 

Al vulgo se exhibía en formas varias, 

En medio de las selvas solitarias, 

Sobre el terso cristal de la laguna, ^ 

En el monte, en la almena, en las ciudades, « 

Conmemorando agravios de fortuna, "^ 

Ó de los grandes hombres las maldades ; 

De igual modo se hallaba en toda parte. 

quiso hablar del déspota ¿ pero alguna vez se ha visto tomar la boria^ 
diera por un borracho, y la tiranía por un tirano? 

Para que se comprenda hasta que punto ha hecho mal el Yate en 
ponerle huesos al despotismo, vamos á copiar integras las acepciones 
qae el diccionario castellano dá á esta palabra. Despotismo — s. m. 
Polit. forma de gobierno que consiste en la reunión de todos los poderes 
políticos en una sola persona, — Poder absoluto, ilimitado ^ que no 
reconoce mas ley ni regla que la voluntad del que manda, — Abuso de ' 

autoridad, tiranía, vejación, 

¿Puede pues sin faltarse, hasta á las reglas del buen sentido, perso- 
nificarse el despotismo, ni aplicar esta palabra al individuo que lo ejerza ? i 
Positivamente es preciso haberse propuesto hacer un destrozo de la 
lengua y perder hasta la reputación de estudiante para hacer imprimir 
una obra que diera mérito á que la gente mal intencionada hubiera 
dicho. — £1 Dr. Manuel Y. Yillarán se ha empeñado en demostrar al ' . 
ilustrado público de esta capital, que la alta fama que se le habia dis- i ^ 
pensado de eximio poeta y literato lo tenia á tal punto fastidiado, que ! 
la renunciaba integra y gratis, mediante su canto titulado : 

Yictoria de la Palma 

Que al hombre mas sufrido rontpe el alma. ^ 

Nota de esta nota. 

Puso un poeta huesos 

Al despotismo; 
Y yo por remedallo 

Hago lo mismo -^ 
£1 alma no se rompe 

Dirame alguno \ , ' . 

¿Y el despotismo tiembla? 

te diré, al tuno. ' ^ 

¿Puso un poeta huesos 

Al despotismo ? 
Yo le pongo al poeta 

Un sinapismo i > • 



264 fL MURCIÉLAGO. 

Elias despertando al patriotisino. 
La opinión animando amedrentada, 
Suelta la pluma, ciñese la espada, 

Y al campo del combate 
Desafia al estólido tirano, 
Para quien fué la mano 

Que anunció á Baltasar su fín funesto ; 
Para quien fué el acero de Damócles 
Sobre el déspota cruel á caer dispuesto. 
La suerte á Elias se declara adversa^ 
Lo derrota en Saraja y en el Conde ; 

Y el hombre infatigable, el hombre fuerte , 
En Arequipa derrotó á la suerte (1). 

De tantos hechos grandes á la vista 
La patria le ha ceñido una guirnalda^ 

Y el nombre de Publicóla conquista. 

Vil!. 

Tocaba el astro reí el meridiano, 

Y una escena alumbraba pesarosa : 
Un soldado infelicc era en el campo, 
En el último extremo de la vida. 
Bajo la sombra de portátil dio za .* 
Se hallaba al lado la doliente esposa. 
Suelto el cabello, cuyas crenchas negras 
Bajaban por la faz, el pié desnudo 

Y el llanto que goteaba lentamente 
Sobre el esposo aletargado y mudo — 
« No me dejes, bien mió, le decia : 

K Yo te he seguido de remotos climas, 

K He aliviado tus duras pesadumbres, 

n En el desierto, en las nevadas cumbres, 

(I) A nadie le habia ocurrido, hasta el año de 1856, y eo Lima, sea 
dicho de paso, llamar al enemigo la suerte. Está palabra, cualquiera que 
sea el sentido en que se la tome, está lo mas impropiamente aplicada 
en el verso. La suerte derrotó á Elias, y después Elias derrotó a •'* 
suerte ; de manera que la suerte puede alguna vez ser combatida y dcr* 
rotada por los hombres. En el primer verso en que se hace figurar á I> 
suerte, está bien empleada la palabra, pues es corriente decir : Id i^^^^ 
le fué próspera^ ó adversa^ buena ó mala ; pero suponer á la suerte 
mandando un ejército ó batiéndose brazo á brazo con un individuo, ti 
estar mal con su suerte, y dar lugar á que nos muerdan fuerte. 



EL MURGIÉLA.GO. 265 

« La desnudez, el hambre, la intemperie 

n He sufrido por ti ; mas esta serie 

« De males no alteró las relaciones 

« Del desprendido amor que te profeso ; 

« Pero irte... no... jamas » y le estrechaba 

La mano, y le imprimía casto beso. 

Era aquella una lucha sostenida 

En los umbrales del sepulcro mismo ; 

Amor quería detener al hombre * 

En los gratos pensiles de la vida; 

Mientra el destino inexorable y fuerte 

Arrastrarlo á los yermos de la muerte : 

Triunfó el destino al fin, y apercibida 

La mujer del quebranto, 

Al mármol ablandaba con su llanto. 

En el cuadro miró de su existencia 

Un pasado de amores, 

Un presente de lágrima y dolores, 

Y un porvenir de viudedad y ausencia, 
i Desgraciada mujer ! lo pierde todo, 

Y su nombre, tal vez, ni en el registro 
Se inscribe de las viudas que disfrutan 
De rico suministro : 

Ni tiene su justicia haldas de seda 

Que arrastrar por la sala del ministro (1). 

(1) Todo esto puede ser muy patético y sentimental; el señor Villarán, 
alo menos, ha contraído el mérito de hacer hablar á una rabona en el 
estilo poético y encumbrado de la mas enamorada italiana. Donde de- 
bemos fijar la atención es en los dos últimos versos, en los cuales el 
Sr. D. Vicente dá una muestra sensible de que al suponer que, con la 
victoria de Palma, em[)ezaba para el Perú, el tiempo de la justicia y de 
la moralidad, no hacia sino escribir como poeta, quedándole otra cosa 
de vellos adentro. Supone pues, en lo cual le concedemos la razou, que 
en el Perú es preciso arrastrar seda por la sala del Miníst^o para obtener 
justicia; á lómenos así lo entendemos nosostros, apesar de que de los 
versos se deduzca que la justicia en persona es la que debe hacer los 
arrastramientos. En todo caso, sea que la persona que pida justicia 
baya de ponerse haldas de seda para barrer con ellas las salas ministe- 
riales, ó sea que la misma justicia deba ponerse pinganilla cuando 
quier ser atendida, el Sr. Villarán confesará con nosostros que : 

Justicia wque necesita. 
Para que se hagay/zj/Zc/c, 
Ser coqueta y ser bonita, 

T. 11. 23 



I 
* 






266 ÉL MURCIÉLAGO. 

En el antiquo alcázar de la PaUna, 
Edificio derruido por el tiempo. 
Angustia nueva traspasaba el alma : 
Conservábase el ándito^ aunque falto' 
De persutilo en parte y aun de teja; 
Desde el cual alanzaba la corneja ^ 
En la noche sus tétricos gemidos : 
Allí estaban tendidos, 
• En la extensión del pavimento inmundo, 
Vivos, muertos, amigos y enemigos. 
En silencio profundo 
Soportaban sus pésimos dolores (1), 
Si, en un silencio que alterar solia 
Tan solo el estertor del que moria. 
Los jefes eran esos trucidadot 
Del dia en los furores : 
Los brazos de ofendidos y ofensores, 
uállí desmazalados, 

Y teñidos de sangre, reposaban 
Immediatos los unos á los otrbs ; 
Mas ya sin movimiento. 

Que el dolor y la muerte los postrabeui, 

Y ¡ ó religión ! ¡ ó fuente de consuelo. 
Que acompañas al hombre moribundo, 
Guando le dejan amistad, familia, 

Y cuanto hai de preciado en este mundo ! 
Eran allí los hijos de Camilo (2), 

Con roja cruz al pecho, 

De hinojos y escuchando en el sigilo 

Sacramental á aquellos desgraciados. 

No es justicia, es meretricia ; 
País donde dice un fiscal 
Que, con haldas de bayeta 
Anda la justicia mal , 
Debe ser pais de cajeta, 

(1) Que los muertos estuvieran en silencio profundo, no necesiUM 
decirlo el Sr. Tillarán ; pero que lo estuvieron los vivos, y sobre todo, 
los que soportaban dolores pésimos, eso no lo creerá nadÜe, aunque e* 
poeta lo jure. 

En clase d¿. dolores, no teníamos noticia que hubiera algunos üamaaos 
pésimos; y suponemos que es la primera vez que se hace tal califiMC"»" 
del dolor.' 

\^1) Estaban 9Mu 



« 



Rasga la tumcela de tu luto ; 

Y lístete de gala excelsa Lima, 

Que viene el yencbdor : teje guirnaldas 

Para adornar sus sienes : 

En prueba de tu estima 

Reciba tus cordiales parabienes : 

Bajo el arco triunfal pasen los bravos, 

Que han roto la cadena á los esclavos 

De un déspota inmoral : tus bellas hijas 






« 



EL MURCIÉLAGO. 267 

Que asi recuperaban el derecho 
Que la sangre de Gólgota les diera. 
Las corrientes sagradas 
járrastraban flaquezas y extravíos, 
Y con tal lusí ración de penitencia (1), 
Volaban esas almas consoladas 

Del Juzgador Eterno á la presencia, " j 

Huyamos por piedad, de estas escenas 
En que el alma sensible sufre tanto, 
No para renovar las crueles penas 
De la patria infeliz sonó mi canto ; \ 

Antes bien la memoria 
De su espléndida gloria 
Conduele al corazón, restañe el llanto. 

IX. 



i 

i 



i, 



(1) Bien que la palabra lustracion se tome en un sentido metafórico, 
sustituye malíssimamente á la que ha debido emplearse, para decir que 
los moribundos se dispusieron á morir religiosamente. Todo el mundo 
sabe que la extrema-unción es el sacramento último que recibe el 
hombre en articulo de muerte, y, ¿ qué semejanza hay entre ese sacra- 
mento y una ceremonia pagana que se celebraba para purificar las 
peisonas, casas y ciudades que se creían inmundas ? 

Lo hemos dicho ya, varías veces, y quien sabe cuantas mas hemos de 
repertilo; no se ha querido escribir para ser entendido, sino para os- 
tentar que se pescan, en el diccionario, las palabras mas estrauas é inusi- 
tadas, anque sean las menos aparentes. ^ 

De gustos, no disputar : 

Dijo un quidan á su hermano. 

Uno canta en italiano, * 

Otro aprende á rebuznar. 
Lo de flaquezas y extraxios arrastrados por las corrientes sagradas, 
«s incriticable, por la sencillísima razón de ser ininteligible» 



268 EL MURCIÉLAGO. 

Cubran su senda de gayadas flores 
Perfume exhale el áureo pebetero; 

Y a las crueles fatigas del guerrero ^ 
Sucedan el contento y los amores. 
¿ Es cierto nada hiciste por la patria? 
En grato pasatiempo, 
Entre danzas y músicas, 
Ha transcurrido de tu vida el tiempo ? 
Respondan de tus hijos los millares 
Que aumentaron las huestes vencederas : 
Tus proceres surcando, desterrados. 
La superficie de caribes mares, (1) 
De infelices las cárceles repletas, 

Y aquella acta de Octubre que firmaste 
Circuida de enemigas bayonetas. 
Respondan los auxilios que mandaste 

Y los avisos al Guerrero Excelso 
Burlando el espionage del tirano : 

Y el odio que á su mando profesaban 
Desde el niño al anciano. 
Tu actitud imponente, 
A retaguardia, lo arrastró al combate 
De un enemigo entusiasmado al frente. 
¿ Qué pueblo como tú mas ha sufrido ? 
Violado el domicilio 
Con escala nocturna, (2) hondo gemido 
Lanzaba en vano el pecho de la madre 
Que veía arrebatar su hijo querido. 
¿Quién á ti en infortunio se anticipa? 
Que respondan los huérfanos y viudas 
De los limeños que arrastrara Rivas 
A la horrenda hecatombe de Arequipa. 
El infierno mandó s no sin misterio^ (3) • 

(1) ¿Mares crueles , inhumanos? ¿el Sr. Villaran llama niar 
que todo el mundo titula océano pacifico ? 

(2) Escalas nocturnas, vespertinas y matinales. Clasificación del 
Villaran. 

(3) El infierno mandó el Cólera adonde nosotros, con minísten^'» / 
con mucho ministerio debió ser, porque la verdad de las verdaQCS » 
que el tal cólera no llegó aquí. Lo que llegó y, sin ministerio alguno,; 
antes si con una impavidez que dio en ojos, fué la fiebre amaril'^f ^ 
se parece al cólera^ en lo que el Sr. Villaran al emperador de la Cdh»* 
Por otra parte, si el infierno tuvo la mala humorada de mandi^^^^ 



crueU^ 



EL MURCIÉLAGO. 

Al cólera Jeattado dtl liraao, 
y el tirano y el cólera conrierten 
La República en -Bailo etmtnierío. 
i EeheDique cayó del mismo modo 
Que cae el rajo destruyendo lodol 
Tal conduela ¡naudiía. 
De vida -jr pn/píedadei aiioliila. 
Erige al detpolisnio ta ¡oberano, 

Y ea principio social la faena bruta ; 
'Mientras la garanda jace escrita : (I) 

¡ Oh I DO era así bajo el dominio Hispano, 
Se respetaba entonce al ciudadano. 
Aunque se le negaban sus derechos : 
No habían letras, pero habían hechas. 
Hoy, jimtrica Iriile, es al contrario : 
Tu ley la voluntad del mandatario (2) 
El extrangero astuto te desnuda, 

Y en cambio dá puñales á tus hijos 
Para que se degüellen insensatos ; 
Bien lo conoces, y lo sufres muda, 
Acaso es ya imposible remediarlo ¡ 

Y en tan horripilante desbarato (3) 
El bienestar se ausenta. 

La miseria se aumenta 

Crece el desorden, pasma el desacato. 



Marchaban ya las haces vencedoras 
A lÁma entre enlusiáiílca algarada ; 
De la hueste opresora 

Una parle se hallaba pmionera, 

Y la otra disipada ; 

Cuando del trueno se escuchó el relumho : 

cfl'íífo disfrazado de fiebre amarilla, para que sirviese de aliado al ti- 
tana, no DOS diráel poeta, ¿quién mandó y para que alianza la horro- 
rosa peste que en el aña de 56 enrasó (cuenta con la palabra qne no es 
mía) los pueblos del Sur ? 

[i) i Y cómo estamos? ¿Cómo estaréniosí Responda U, cantor di: 
UPidma. 

(í) i Sigue ta ley siendo lo mismo ? 

(3) El adjetivo horripilante no es español ; en el Diccionario no se 
CDcaentra sino horripilativo y horripÜador. 



270 EL MURCIÉLAGO. 

« 

Rómpese el cielo, y en argéntea nube, 

Entremezclada de celajes rojos. 

La Deidad aparece, mas velada, 

É imperceptible á los humanos ojos, (1) 

Pasmados los guerreros 

Escucharon su voz, que así les dijo : 

ce Seis lustros hacen ya que á Sud- América 

« Libré de la opresión de los Iberos, i 

« Y la di la salud que no esperaba. 

«• Mil héroes suscité para la empresa, (2) 

« Y embellecí sus almas de virtudes : 

« La independencia apenas conseguida, 

« Recibieron en pago ingratitudes, 

« Y acabaron sn vida 

« En la tierra extrangera, 

« O en la propia al puñal del parricida; 

« y los mismos cullrwios, (3) 

•( Hechos dominadores de los pueblos, 

« Encubrieron sus actos sanguinarios 

K De libertad con el bordado manto. 

K Sin trabajar por su mejora pasma, 

« Cómo es que alucinarlos ahora mismo 

« Logaran con un poliárquico fantasma^ 

« Para ellos yo no existo, el ateísmo 

K Es su única creencia : 

« Sedientos de dinero y de decoro , 

« En el desierto son de su existencia 

« Adoradores del becerro de oro : 

K Y no habiendo justicia en los gobiernos, 

« Ni virtud en los tristes gobernados; 

« ¿ Qué mucho que la vista, 

« Solo observe degüellos sempiternos, 

tt Solo noté catástrofes horrendas? 

« Y el país dó son frecuentes las contiendas, 

« Marcha con rapidez á la conquista. 

« Observad en el norte aquel coloso 

(1) Ya tenemos á la deidad en campaña; y sépase que seguid lo'P'^ 
sigue, la deidad era nada menos que el Padre Eterno. 

(2) Suscitar héroes, no sabemos lo que quiere decir. 

(3) La palabra cultrario no se encuentra en ninguno de los Dicciona- 
rios de la Academia Española. Cu/írcrriW según, me parece hab^'^''^' 
eran los sumos seuserdotes encargados de inmolar victimas; en este «P* 
tido, no sabemos á quienes se refiere el poeta . 



EL HnRCIÉLAGO. 

■ Aneíador que >e sUa poderou, 

- Putdt Uta conculcar tajo tu plañía 
' A débileí repúblicas, 

- Que se acaban en guerras intealina», 

• Y que lejos de unirse en liga saula, 

• CoD politiea estulla, 

• Uevan la destrucción á sus vednas. 

• Sujeto el mundo á leyes generales 

- No siempre hago milagros ; 

• El hombre, ó pueblo, audaz que las insulta 

• Es solo responsable de sus malea. 

■ Nada remedian lágrimas tardías : 

<• (Cuánto prodigio obrAra en otrosdlaa 

- Des que á Israel saqué de servidnmbre ? 
■> Coa Salomón y el templo 

• De grandeza y poder subió á la cumbre ; 
•c Leyes dile, profetas, mi hijo mismo 

• Quise que de él naciera : j raro ejemplo 
« De ingratitud y dúcidio dUron ! 

• Ellos con Jeroboau se dividieron, 

• En sedición continua y tn de&to'jy^, 

■ Viendo le incorre^le de sus almas, 
« Los di al acero vengador de Tilo. - 

- Segunda Tez , Castilla, 

■ Un b&lsamo derrama saludable 

• De tu patria en las llagas purulentas : 

• Ui brazo que te ha sido favorable 

- En medio de las barridas tormentas, 
« Mo lo retiraré : mayor esfuerzo 

- Requiere constituir á las naciones, 

■ Impere la justicia en tu» consejos, 

■ Mo utopias demagógicas, horribles, 

■ Que la tierra ensangrieutau, y que lejos 

• De hacer feliz al hombre lo sumerjen 
o En pozo de desgracias indedhles. 

■ Ahora mismo quebranta 

■ Los eslabones del esclavo Etiope, 

■ Redbiré este culto 

(1 ) Diñáifie en ¡edición continua f en delito 

He parece un disparate completito. 



272 • EL MURCIÉLAGO. 

« Gomo el mas aceptable. ¡ Cuánto insulto 

« Medio género humano me ha irrogado 

K De cadenas cargando al otro medio ! 

K Autor del universo ¿ á quién he dado 

« Título de dominio sobre otro hombre? 

« Desde ei primer albor se halla encorvado 

« El esclavo á la tierra que humedece 

« Con lágrimas amargas : ' 

« Sus horas hacen los tormentos largas; 

« Huye del el reposo que apetece, 

ci Hambriento, sitibundo, 

« El sarcasmo del mundo^ 

(c Sufre del mayoral injusto encono ; 

« ¿Y todo para qué? para que guarde 

« La insaciable codicia del colono. 

a Y al terminar la noche de su vida (1), 

« Que hizo horrible con mil tribulaciones 

« Del titulado dueño la injusticia, 

« Siente la angustia de dejar esclavas 

« Á sus generaciones. 

« Mi sociedad, ni leyes, ni costumbre, 

<( Enervaran la acción de mi justicia 

tt Contra aquel que oprimió con servidumbre. » 

<( Al indio del Perú, que solo ha sido 

a Feliz en el imperio de los Incas (1), 

« Bajo del coloniage deprimido, 

« Bajo la democracia degollado ; 

« Libértalo, Castilla, del tributo. 

(( ¿ Dó está la ilustración que se le ha dado, 

« Y que la leí con pompa le ha ofrecido? 

K ¿Dónde para él de libertad el fruto? 

« En una vida nómade y selvaje, 

n No hai quien le ilustre en mis sagrados dogoias, 

u Me identifica con la efigie, y rinde 

(1) Siempre hemos oido decir los días de la vida; 

Pero el Sr. Villarán 
Disparata á troche y moche ; 
Y en su frenético afán, 
Del mismo dia, hace noche. 

(2) Con el imperio, bajo del imperio, durante el imperio parece efl 
mas claro. Algunos podrían entender que los indios solo eran ^^ 
cuando vivian en el Imperio de los Incas, es dedr, en el Perú. 



EL MURCIÉLAGO. 



u Idólatra 

n Privado de fruiciones nada importa 

• Doble el derecho que al pais le brindan 

• Nacimiento j origen, pues las cargas 
n De aquella sociedad solo soporla. 

<■ Lo arrastran, sin piedad, de sus hogares 

- Al cautiverio atroz de los cuarteles ; 
•• V luego cual cordero de holocausto, 
" AdornaJo de cintas y joyeles, 

- Lo ofrecen de ambición en los altares. 

• ¡ Misero hijo de Hanco ! tus tiranos 

• Esperen mi justicia j mis suplicios; 

• Entonces llorarán, pues que le hicieron 

• Sufrir como á tos siervos AfKcanos, 

« Morir como d los lierpos dedilicios (I). » 

- Existe un mal terrible. 

K Que los fines sociales contraria; 

- Cansa de vuestras lágrimas acerbas, 
11 Y de discordia horrible; 

• Causa de que su imperio la anarquía 

• Afiance en las ciudades, y rehuyan 

• La paz, el bienestar, los goces todos ; 
n Causa de que james se constituyan — 
1 Que no liaja el ciudadano subsistencia 

« Ni modos de adquirirla — Ved el cáeles (!). 

• Rué Ini entrañas del Pern devora, 
n Cuanto el fisco atesora 

n No abasta á sostener pueblo de empleados, 

• Que se hacen una guerra asolodora, 
ic Que levantan, caeu, y exasperados, 

■> Toman a levantar y caer de nueio, 
■)duslr¡as{S). 



(1) Dédilicio, no es español; ningún Diccionario trae esa palabra. 

(2) Caries ea una enfermedad propia y exclusiva de los huesos, y 
como las entrañas no tienen huesos, es claro que na pueden ser devo- 
radas por aquella enfermedad; el poeta pudo haber dicho gangrena, 
pero observó, sin duda, que esa palabra la emplean todos los escritores 
w buen sentido, á los cuales no conseatirá nunca en parecerse, aun 
cuando le fuera preciso perder el par de hermosos vigoles que tanto 
asientan á un iniciado en los misterios de Themis. 

(S) Bajo la voz industria se comprende, en Economía Política todas 
'>s operaciones que concurren á la producción ó incremento de la 



274 EL MURCIÉLAGO. 

« De que es señor, con poderoso influjo, 
« El extrangero, que fomenta el lujo 
« Para expender el artefacto, y cuenta , 
« Con un carácter que lo adopta luego ; 
« La ruina en vuestras puertas se presenta 
<f Con espada de fuego. 
« ¿ No sirve á escarmentar el testimonio 
«( De destrucción que ofrece la molicie 
« En el Medo, en el Persa, en el Asirio, 
« En el Romano en fin y el Macedonio ? 
« ¡ Oh ! dichoso el Perú si logra ahora 
« Que trabajes, Castilla, 
« En destruir con tesón esta semilla 
(« De infortunio social : mi providencia 
« En la obra ayudará tu inteligencia. 
« ¡Sed felices!.... ¡marchad! n .... dijo el EternOt 
Y abriéronse los cielos nuevamente 
Por recibirlo, y turba reverente 
De Gerarcas, de Tronos, de Virtudes, — 
jál harmonioso son de ¡iras de oro. 
Le dieron sus saludes (l). 
Cerráronse los Cielos tras el coro, 
y el vencedor rehecho del desmayo 
\ Grato que la visión le prodttjera, 

Si¿^6 su marcha de entusiasmo lleno : 

riqueza publica ; en su acepción ordinaria se toma por oficio y ocup^' 
cion de todo género. Jamás se ha usado en plural, asi como no se m 
acostumbrado decir los comercios. Cuando'mas, y para puntualizar alguno 
de los ramos de la industria, se, suele decir ; la industria fabril, la '^^^ 
tria agrícola, pero á padie lehabia ocurrido decir los comercios ¿i''^' 
trias de tal pueblo, ó de tal hombre. 

(1) El por recibirlo^ ne puede pasar; cualquiera hubiera dicho p^^ 
recibirlo. — Abro para que U. entre, y no, por que U. entre. BÜtítuo 
es afrancesado y el Sr. Villarán, tiene un aquello muy criollo f^ 
cometer galicismos. 

Turba de tronos que hacen saludes '| Señor Villarán por Dios!l^<)^ 
á quien pueda ocurrirse una turba mayor de ocurrencias estrambóticas' 
¿Como van esas turbas de tronos? ¿ Como se mueven estos tronos •' 
¿ Como dan saludes ? Comprende Useñoría la horribilidad de esos versos. 
— Esos versos suscitan asco. Señor Fiscal ; esos versos pueden m^^ 
de caries á los sesos de todo hombre que tenga sentido común. 

Suponemos que la palabra saludes se ha empleado en vez de i< 
los saludos se hacen, pero no se dan ni se prestan. 



EL MURCIÉLAGO. 275 

yió en lontananza serpentear el rayo, 
y oyó en ia misma rebramar el trueno» 

XL 

Yo que un tiempo canté ^ con suave lira. 

De la beldad el engañoso encanto. 

Que se agrada en mirar del que suspira 

Arder el corazón, brotar el llanto (1) : 

Yo que un tiempo sentado 

Sobre la losa de la tumba umbría. 

Lloré la muerte del amigo amado 

En tétrica elegía; 

Que mas tarde iniciado 

En los mysterios de la augusta Témis 

Dejé dormir al genio (2) ; 

En tanto que ejercia el sacerdocio 

En provecho del huérfano y la viuda : 

Al ver pasada la tormenta cruda 

Saco al genio del ocio : (3) 

Muéstrele el cuadro bello del tirano 

Hundido en el abismo, del esclavo. 

Que de su libertad dueño absoluto, 

A la alta dignidad de ciudadano 

Se eleva, y al indígena peruano 

Exento del tributo. 

El genio al ver el cuadro se entusiasma. 

Desdeña el plectro, y con sonora trompa (4) 

levanta el vuelo en magestUosa pompa : (5) 

Recorre los inmensos horizontes, 

Vé eual puntos los mares y los montes : 

(1) La lira pudo sef muy suaVe^ pero el canto ya puede cálculafse 
lo que sería, sobi^ todo si se túma por muestra el presente. 

En estos versos encontramos otra licencia poética que consiste en 
haber hecho recíproca el verbo activo agradar. El señor de la lira sua\fe 
cuando quiera decir, por ejemplo, me gusta el vino : dirá /o me ágt*ddo 
w el vino, 

(2) Hubiera hecho muy bien el señor Yillarán en no despettarltí ñunCa 
SI habia de dar tales bostesos. 

(3) Para darle nada menos, que la ocupación de destrozar, con la 
ouyor impiedad, la lengua española. 

(*) ¡ Vaya un genio trompetero ! 

(5) Aunque el poeta no lo hubiera dicho, todo el mundo hubiera 



•^. i 






1. 



1 



276 £L MURCIÉLAGO. 

Con caracteres ígneos en la esfera 
Deja escritos los nombres de sus héroes ; 
A la esparcida humanidad convoca : 
Las sombras de Bolívar, de Washington 

Y de Guillermo Tell potente evoca : 
Enséñales sus nombras. 

« No sois solos, les dice, bienhechores 

(c De la familia humana ; ved prohombres 

« Tan grandes como vos, » Desata el canto (1) 

Que oye la tierra, bendiciendo ufana 

De esta infeliz nación á los campeones. 

Desciende al fin, y fatigado gana (2) 

Sus antiguas mansiones, 

Dó vuelve á su letargo ; mas deseando 

Que sirvan las pasadas aflicciones 

De escarmiento á la patria y de experiencia, 

Y que confie siempre sus destinos 

A ge fes de vigor y de conciencia, (3) 



COMGIDSIOH, EPILOGO T ADVERTEHCIA. 

Doci^ntas notas no son ni la mitad de las que me- 
recía el canto, en rigor de justicia; porque para no 
dejar la obra incompleta, hubiera sido preciso poner 
dos notas á cada verso. Posible es que el Sr. Villaran, 
que se reputa bautizado con las aguas del Parnaso, no 
aguante el obsequio que le dirijo mi amistad, y que 
pretenda demostrar que mi crítica adolece de mas y 

caído en cuenta, leyendo el poema, de que el genio se remontóJiasU U 
esfera de lo incomprensible. 

Yo le dio á ese genio mil saludes 
Con la turba de tronos y virtudes. 

(1 ) En cuanto á volumen físico, puede ser. 

(2) Tenia razón de estar fatigado, porque ¿ si el mas 'pintado se causa 
de leer el canto, como no se fatigaría el genio dormilón, después de mas 
de doscientos abortos sucesivos ? 

(3) Así sea, per omnia sxcula. 



EL MURCIÉLAGO. . 277 

mayores defectos que la obra criticada. Sepa, desde 
ahora para entonces, que conozco que es trabajo inútil 
empeñarse en demostrar que soi un ignorante en ma- 
terias de literatura y de poesia; sin embargo, la ventaja 
que tengo, sobre el respetable Sr. Fiscal, es que, des- 
nudo de exageradas pretensiones, siempre he concedido 
átodo el mundo el derecho de censurar mis defectos, y 
reconocido en mí la necesidad de confesarlos, mientras 
tanto el heroico y entusiático cantor de la Victoria de 
la Palma no soportará, sin duda con resignación, este 
pequeño y amoroso mordisco de 

Su AFFMO. AMIGO 

El Murciélago. 






CRÓMICA política. 

Municipalidad. Si el nombre de Crónica política 
puede darse á ciertos acontecimientos, que aunque 
influyentes en la marcha del pais, tienen un carácter 
puramente local, colocaremos en este rango, la reno- 
vación de los señores Municipales que han concluido 
su período legal con una respetable yapa de período 
extra-legal. Con razón ó sin ella, cuestión en que no 
entraremos porque nada queremos con las personas, 
fueron pujados y (la palabra no es muy decente, pero 
es muy usada) seis de los señores elegidos que, como 
era natural, no podian quedar agradecidos á esa 
prueba de estimación personal; levantaron, pues, sus 
voces, mas ó menos, enérgicas contra la puja^ura ; 
unos se fueron al tronco y otros á las ramas ; ciuda- 
dano hubo que dijo : que si le hablan cerrado las 
puertas del recinto municipal, era porque tales eran 

T. II. 24 



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I 



278 EL MURCIÉLAGO. 

los pillerías que en él se hacían, que no pedia menos 
de tenérsele miedo, supuesto que él solo bastaba y se 
sobral)a para meterlos á todos en un zapato ajustado. 

Otro dijo : que él (perdónesele la modestia) era 
mas meritorio y honrado que los quince mal inten- 
cionados que le dieron con la pelotilla negra. 

Otro dijo : lo que pudo. 

Otro, lo que quiso, etc., etc. 

El resultado de estas quejas mas ó menos corteses 
y lisonsejeras para la corporación, fué que esta abrió 
sus brazos, cobijó bajo sus alas á los quejumbrosos, 
todos se dieron un ósculo, (no parecido al de Judas) 
y hubo, en fin, fusión y corporación y elección de 
cargos y ahora hay sesiones, y todo marcha... como 
marcha. En todo caso, mas vale la paz que la guerra, 
especialmente cuando la guerra y la paz deben pro- 
ducir los mismos resultados. 



EL SEXTO. 

En la anterior elección de Diputados, el jurado 
electoral de Lima tuvo la buena humorada de dar 
mas de lo que le hablan pedido. Eso se llama ser 
generoso. Se dijo á los ciudadanos en ejercicio : aflo- 
jen UU» una cédula con cuatro nombres para otros 
tantos representantes á Congreso ; se dijo al jurado: 
afloje U* cuatro Diputados ; pero el jurado mandó de 
yapa otro como para hacer ver que si el Gobierno, 
el pueblo ó la ley fueron cortos en pedir, él era largo 
eti dar. 

Con tal antecedente, que pasó en autoridad de cosa 
juzgada, desde que el Congreso no hizo gesto, sino 



EL MURCIÉLAGO. 279 

que al contrario aceptó al quinto como á un Diputado 
de veras y en debida forma elaborado, ¿por qué no 
habia el jurado de continuar dando pruebas de su 
munificencia? ¿Por qué no? repetimos, y mucho mas 
cuando Lima tiene veintidós mil ciudadanos sufra- 
gantes sin contar con la jente decente. 

A este paso de progreso, después de tres legisla- 
turas mas, tendremos tantos Diputados por Lima como 
Mandamientos tiene la ley de Dios ; y como la cola 
sigue la marcha de la cabeza, las demás provincias, 
á imitación y ejemplo de la Metrópoli, empezarán á 
parir con tal profusión, que las sesiones del Con- 
greso se harán en la plaza mayor, único recinto que 
podrá contener á quinientos legisladores. ¡ Qué mara- 
villa! ¿Progresamos? ¿Si ó no? 



HEHORIAS. 

No son de las que se mandan solo á la familia, de 
las que vamos á hablar aunque brevemente. Los Al- 
caldes Municipales del Callao y Lima han hecho pu- 
blicar dos exposiciones de sus trabajos anuales. Feli- 
citamos al Alcalde del Callao por la suya, pero no 
podemos hacer otro tanto con el señor Alcalde de 
Lima ; la de aquel es una verdadera memoria^ la de 
este tiene poco digno de recomendarse á la memoria. 

Los señores Presidentes de las Cortes Suprema y 
Superior, han hecho también sus memorias; en la 
primera hay cosas que por salir de la boca de donde 
salen, no deben pasar desapercibidas por honor y 
decoro del pais ; si se ha de juzgar del estado de la 
República por la memoria del señor Presidente de la 



280 EL MURCIÉLAGO. 

Suprema, tendríamos que abrigar la tristísima idea 
de que todo el Perú es Piedras Gordas. En cuanto á 
la memoria del señor Presidente de la Corte Supe- 
rior, resallan en ella el tino, la circunspección y la 
prudencia de su autor. 

Deducimos de lo dicho que algunas memorias están 
acompañadas de muy poco entendimiento. 



POLÉKCAS periodísticas. 

La entablada, desde ahora algunos meses, entre el 
señor coronel Panizo y el señor D. Isidro Aramburu, 
sigue su curso en prosa y en verso. Para hablar pro- 
piamente esa polémica no es polémica, porque solo 
hay uno que da y otro que recibe , mientras que la 
verdadera lucha consiste en dar y en recibir. El Sr. 
Aramburu parece que profesa el principio de : habla 
Juan, que todos menos yo te escucharán; siendo la 
divisa del contrario : quien da y no recibe, sin nece- 
sidad de agradecer vive. 

' Otra polémica se va amarrando entre Demócrito y 
otros que no son Heraclitos ; en nuestro concepto, esa 
polémica no tiene ni interés público ni interés de actua- 
lidad. Demócrito ha dicho cosas tan viejas y tan repe- 
tidas, que ya no producen eco ; sus adversarios dicen 
cosas que nadie cree. En nuestro actual estado po- 
lítico, matarse por decir que las cosas van como van 
y no como deben ir, es lo mismo que perder la voz 
gritando que el sol da calor ; y empeñarse en demos- 
trar que las cosas van como debian ir, es lo mismo 
que si se nos quisiera hacer creer que los gatos paren 
conejos. 



EL MURCIÉLAGO. 281 

• 

Desden que Demócrito no ha dicho ni puede decir 
cosa nueva, y desde que sus contrincantes no dicen ni 
pueden decir cosa verdadera, no encontramos ningún 
interés en esa lucha. 

La cuestión periodística en que quizas pocos abo- 
nados al Comercio han fijado su atención, es la soste- 
nida por los ciudadanos fotógrafos Muller y Peasse ; 
el primero pretende haber sido introductor de la foto- 
grafía en Lima, lo cual le ha sido contradicho no solo 
por su adversario, sino por otros individuos pertene- 
cientes al gremio de fotógrafos. Sobre el fondo de la 
cuestión no diremos nada porque no sabemos quien 
tenga razón ; pero sobre la forma, ¡ ya ! vale la pena 
de que se lean los artículos publicados por una y otra 
parte; son largos pero tan cansados y tan mal escritos 
qne dan gusto. 

En dias pasados parece que hubo en Matucana 
cierto barullo motivado del entusiasmo popular, á 
propósito de las elecciones para Diputados por la pro- 
vincia de Huarochirí. El señor Subprefecto, coronel 
D. Juan Bustamante, dicen, que trabajaba con. un 
poquito de mas empeño del que le permitiera su em- 
pleo, en favor del candidato gobiernista, lo cual estuvo 
á punto de costarle algo caro, pues ya no se pretendía 
ganarle capítulo con cédulas sino con garrotes. Esta 
sensible ocurrencia de la que la señora del Subpre- 
fecto tuvo á bien alegar, como causas, las influencias 
de D. Estovan Jiménez, dio origen á una representa- 
ción elevada al Gobierno por dicha señora, pidiendo 
que principiándose por poner á Jiménez bajo buena 
sombra, se le sometiese después á juicio. Aplaudimos 
el rasgo de amor conyugal, pero mucho mas el talento 
del abogado que fabricó el pedimento. 

El señor Bustamante estuvo algunos dias errante 

24. 



282 EL MURCIÉLAGO. 

por el desierto, pero al fin se apareció en la capital 
entero y verdadero, si hemosí de juzgar de su inte- 
gridad por lo que puede verse por encima del vestido. 



ESPECTÁCULOS PÚBLICOS. 

Operas capadas. No es mala la tonada en que han 
dado algunos de los artistas de la compañía lírica. 
Conocedores de que en los últimos actos de ciertas 
óperas no producen efecto, ni alcanzan aplausos, han 
recurrido al arbitrio de esperimentar, casi todas las 
noches que aquellas se cantan , un abassamento de 
voce, y de mandar un recadito á la autoridad compe- 
tente^ para que permita suprimir un acto entero ó una 
parte del él. Lo mejor es que siendo' atribución déla 
junta censora el velar porque se cumpla el programa 
dado al público, y por consiguiente la única autoridad 
competente para esas dispensas, cuando las haga nece- 
sarias una verdadera y justa causa, los artistas re- 
curren á la autoridad que creen mas propióia y á la 
que por lo mismo juzgan mas competente para salirse 
con la suya. Si no supiéramos que en materias de 
competencias y cada cual hace lo que mas le agrada, 
aunque menos le competa, encontraríamos muy es- 
trafio que unas autoridades ó funcionarios públicos 
invadan el terreno de otros ; pero ya 

¿Quien es, entre nuestras gentes 
El que se para en futezas? 
Para mandar ¿ por qué no ? 
Todos se creen competentes. 

Mientras tanto, si una ópera tiene cuatro actos, cada 



EL MURCIÉLAGO. 283 

uno de los bourgeois, que han aflojado sus diez reales 
en la puerta, puede calcular que cada acto le cuesta 
dos y medio reales; quite U. el último y diga si no 
habría justicia para reclamar los susodichos dos y 
medio. 



EL TORO T EL OSO. 

No fué mala la treta que nos metió un ciudadano 
yanhee^ haciéndonos anunciar el portentoso coraje de 
un oso que estaba acostumbrado á luchar con toros y 
vencerlos. Por efecto de esos anuncios, se encontró la 
plaza de Acho repleta de gente crédula (entre la cual 
figura el cronista) . Llegado el momento de la lucha, 
salió el peludo luchador de su jaula y el cornudo 
adversario del corral; este, sin andarse en cumpli- 
mientos, se acercó al afamado vencedor que, á no estar 
sujeto á una cadena, hubiera pasado hasta sobre la 
cabeza de su amo para evitar el segundo saludo del 
toro. Si el oso fué alguna vez luchador, puede decirse 
que nuestro clima lo ha vuelto cobarde y corredor. Si 
su patrón fué alguna vez veraz y respetuoso del respe- 
table público, puede también asegurarse que nos em- 
baucó muy bonitamente y que ha faltado á los respetos 
Aúrespetable ^úhXico de Lima. Aunque el Sr. Alcalde 
Municipal aplicó al empresario una multa de quinien- 
tos pesos, el empresario sacó un provecho mas que 
regular, dejando á los espectadores cada vez mas 
satisfechos de que, si no somos unos tontos de capi- 
rote, poco nos falta, supuesto que nos dejamos enga- 
ñar siempre que algún tunante se antoja de hacerlo. 

Febrero V de 1860. 



284 EL MURCIÉLAGO. 



lOMEDA. 



Sobre este gravísimo asunto se han publicado, en 
estos últimos dias, dos documentos; un largo informe 
de la comisión encargada de formular un proyecto 
para la amortización de la moneda feble, y un raquí- 
tico decreto para que no se reciban en los oficinas 
de Hacienda los cuatros bolivianos del año pasado 
de 1839. 

Confesaremos, ante todo, que de puro atrevidos 
nos metemos á dar palotada sobre cuestión tan impor- 
tante, porque en verdad decimos que no conocemos 
la economía ni en la práctica ni en la ciencia; sin 
embargo, con perdón de los inteligentes, diremos que 
ni el proyecto ni el decreto nos cuadran un tantico. 

Los autores del proyecto establecen como principio 
que : el Gobierno es responsable de los males que ha 
causado la circulación de la mala moneda, y de los 
males venideros, y como deducción de ese innegable 
antecedente,' se saca el que esa moneda debe ser de- 
preciada oficialmente, debiendo el tenedor perder la 
diferencia entre el valor representativo y el intrínseco; 
lo cual quiere decir, en buena lógica, que las respon- 
sabilidades del Gobierno deben hacerse efectivas en 
contra del tenedor. 

El Gobierno paga á un empleado doscientos pesos 
malos, es decir, ciento ochenta buenos, considerando 
la depreciación solo en un 20 por ciento ; el dia de la 
amortización el empleado tendrá que perder los cua- 
renta pesos que dejó de recibir bajo la responsabilidad 
del Gobierno. Esto se llama, en nuestro humilde jui- 
cio, aplicar la ley del embudo, poniendo naturalmente 
la punta en la boca del mas necesitado. 



EL MURCIÉLAGO. 285 

En cuanto al decreto sobre la no circulación de los 
cuatros del 59, nos fijaremos solo en la parte que 
dispone que se reciban en las oficinas de Hacienda 
por su valor intrínseco. Supongamos que al hacerse 
un pago en la tesorería, se entreguen 20 pesos en esa 
moneda; el señor Tesorero tiene que mandarla fundir 
y ensayar, para conocer el valor intrínseco ; mientras 
esas operaciones no se verifiquen, no se conoce la can- 
tidad porque deben ser recibidos y háganme Ustedes 
el favor, lectores mios, de decirme si no viene buen 
trajin á los tesoreros y ensayadores. Ademas, en los 
pueblos donde no haya casas de moneda ó ensaya- 
dores, el valor intrínseco de un cuatro del 59, es tan 
inaveriguable como el número de lágrimas vertidas 
por la Magdalena después de su arrepentimiento. 



OTRA CUESTIOH ECOHOHICA. 



LA USURA. 

Lo bueno es bueno, aquí y ante la presencia de Dios; 
y si hay quien niegue está verdad debe de tener la 
cabeza mas dura que la de un ministro. Yo seria capaz 
de apostar que para la mayor parte de los lectores del 
Comercio, ha pasado desapercibido un artículo 

Que por su fondo y su forma. 
Por su estilo y redacción , 
No se fabricó en la horma « 
De cualquiera remendón. 

El susodicho artículo tiene por objeto aholir el 
tráfico escandaloso y usurario de ciertos individuos 



286 EL MURCIÉLAGO. 

que sacan el quilo á su dinero, y á quienes la gente 
decente llama usureros y las no decentes verdugos 
de la humanidad ; ademas, el escritor se apoya nada 
menos que en el Concilio de Trento, en lo cual hace 
ver que sabe donde le ajusta el zapato. 

Como hay cierta especie de escritos que merecen 
ser reproducidos, para mayor honra y celebridad de 
sus autores-, nos permitimos insertar á continuación 
el artículo en cuestión, seguro de que no habrá vi- 
viente que al leerlo no suelte á lo menos un par de 
estrepitosas carcajadas, aun cuando esté con dolor de 
muelas : 

(( Abajo usureros malditos por el Concilio 

DE Treñto. 

(( Admirable es que la común sanguijuela del mer- 
cado mera compadecida de esa pobre gente urgida de 
dinero, y por esta causa temerariamente esprimida, 
y devorada por los insignes « usureros y usureras de 
la plaza, y de fuera, » y á fin de libertarla, y benefi- 
ciarla en una parte, intenta despojarlos á los nomi- 
nados, de sus maléficos, y sacrificadores oficios, con 
solo cobrar de réditos el 10 por 100 en 44 dias; por el 
contrario los férreos excomulgados exigen de censura» 
el 20 por 100 en 48 dias y abonados 20 reales diarios. 

u Esta horrorosa práctica, y condenado comercio lo 
ejecutan, realizan, pican, y chupan la sangre del nece- 
sitado, como furiosas víboras, y sedientas sangui- 
juelas, hasta el extremo de negar los reales que reci- 
ben diario, apoyados á sus satánicos cuademitos, 
tarjados con mágicas rayitas ó números babilónicos 
llenos de ensangrentadas lágrimas. Esta bárbara, y 
monstruosa industria la ejercen á vista y paciencia 



EL MURCIÉLAGO. 287 

del pueblo, del Gfobiérno, que según dicen ellos» este, 
los tolera porque pagan patentes, y por esto dicen 
también que las demás autoridades atienden, y apoyan 
en sus descaradas y estranguladoras demandas, quie- 
nes por el contrario deben rechazarlos, en fuerza de 
sus sagradas obligaciones, castigando severamente á 
los inhumanos especuladores, y gravosos negociantes, 
sin conciencia, sin moral, sin ley, sin Dios ni Reli- 
gión. 

(( Por estos motivos suplicamos al intencionado lleve 
al cabo su propósito de librar al menesteroso y afli- 
gido por las opresoras y endemoniadas garras de los 
« Lagartos » usureros de dinero, y de los voraces 
« Lobos, » que reparten ropa, y otros efectos huesos, 
fiado y al diario, y con la terrible ganancia de su 
mitad, ó mucho mayor de su valor legal ; y por esto 
ambos fenómenos de maldición (tienen principalmente 
el hidropático de usura, su capitán, y demás flacos 
fariseos de la pandilla crucificadora) casas propias, 
fondas, billares, comercio, caballos, muías, temos, 
estribos, relojes, canarios, medias, zapatos, calzones, 
calzoncillos, polkas, y etc., etc. 

« Y para que desaparezca esta maldita plaga exter- 
minadora, rogamos á Dios se los recoja arrepentidos, 
6 al mismo Gobierno por el amor á Jesucristo, y á sus 
padres, remedie el mal tan lamentable y destructor, 
dejando de cobrar el valor de las patentes, y con este 
gran servicio se evitará el contagio general de la in- 
fernal casta. Así para lograr la realidad de tan sublime 
beneficio, y á fin de salvar las almas de los desdi- 
chados « usureros » invitamos á los RR* de los Des- 
calzos, y demás sacerdotes, monigotes, coristas, novi* 
cios, legos, beatos, beatas de caridad, y pÉirticular- 
mente á los dos santitos mocarros de Huarochirl, « el 



288 EL MURCIÉLAGO. 

sátrapa sub-imperfecto, y satropin de letras torcidas» 
tomen parte, en esta importante misión, ya con prédi- 
cas, oraciones, ayunos, disciplinas, cilicios, rogativas 
y otros martirios del caso, y mediante esto, consegui- 
remos del crucificado, la verdadera contrición, restitu- 
ción, salvación y destrucción del encenegado y venéreo 
vicio de los endiablados. » 

« Unos ciudadanos Católicos, » 

c No es cierto que al escritor 
Que este artículo ha forjado 
Le quedaría, Leonor, 
El cerebro desahogado ? 
Yo no dudo, Leonor mia, 
Que fácilmente colijas. 
Que el tal cerebro algún dia 
Arroje hasta lagartijas. 



A PROPOSITO DEL ARTICULO ANTERIOR. 

Fábrica de comunicados. Este no es cuento. Pre- 
guntaba un ciudadano de Lima á otro de la misma 
residencia si habia estudiado literatura. 

— Toma, respondió el interrogado ¿pues no he de 
haber estudiado? 

— ¿ Porqué autor ? 

— Por el Catón Cristiano. 

— ¿Pues qué entiende Vd. por literatura? 

— ¿Está Vd. fresco? qué quiere Vd. que entienda? 
Literatura es, como quien dice, saber leer y escribir 
correctamente. 

— ¿Y le sirve á Vd. para algo esa literatura? 

— Pues ya! ¿y sin ella de qué viviría yo? Como 
que no hago mas que defender en los periódicos á los 
que tienen polémicas. 



EL MURCIÉLAGO. 289 

— ¿Y eso deja? 

— Aunque no mucho, 

Pero á falta de cigarro, venga un pucho. 

En una tierra, pues, donde hay prójimo á quien 
basta haber leído el Catón Cristiano para hacerse un 
literato, haga Vd. un llamamiento al público para 
servirle de intérprete de sus ideas, en el terreno perio- 
dístico. En cuanto á mí, creo que decir en Lima que 
se ha abierto un establecimiento de redacción, es lo 
mismo que llevar rosarios á Berbería. 

¿Quién no escribe en Lima? Quien no quiere; y en 
buena prueba, no hay mas que echar una ojeada al 
Comercio. Los que saben, escriben bien; los que no 
saben, escriben mal; pero como todo es escribir, re- 
sulta que nadie tiene necesidad de que le escriban. 
Por otra parte, esto de ver uno sus propias concep- 
ciones y sus propias palabras de letras de molde, pro- 
duce tanta satisfacción, que mejor que pagar un indi- 
viduo para que otro diga por él , pagarla él para 
decir por otro. 

Así cuando yo que pertenezco á la triste clase de 
los que escriben por manía, vi anunciado el estable- 
cimiento de una oficina en que se redactan ataques, 
defensas, folletos, remitidos, etc.,. etc., etc., he dicho 
para mí : 

No echará nueva asadura 
Quien vende Uteratura. 

Y en prueba de que mi aserto no es muy infun- 
dado, que me diga cualquiera 

Si el que escribió sobre la usura 
No tíene también su literatura. 
Y si teniendo la suya, que es tan buena, 
Pagará por valerse de la ageua. 

Febrero 15 de 1860. 
T. II. 25 



290 EL MURCIÉLAGO. 

EL CARNAVAL T SUS MORÍAS. 

Por cierto que no he de quejarme hoy de que me 
falte motivo no solo para llenar un pliego de Crónica, 
pero ni para escribir un libro entero, si fuera posible 
que el que tiene ganas de escribir encontrara muchos 
que tuvieran gana de leer, y alguno ó algunos que 
hicieran caso de lo que leen ; pero en esta santa y 
buena tierra de la libertad, es inútil y peligroso hablar 
de esa libertad tal y como la comprenden los políticos 
criollos. 

¿Quién se atreverá á declamar, ni para que perder 
el tiempo en hacerlo, contra el horrible Carnaval de 
Lima? ¿Quién, repito, en un pueblo donde el bello 
sexo (se entiende con las excepciones á que hay lugar) 
se divierte en echar por los balcones agua puerca ó 
limpia sobre un desgraciado transeúnte ? ¿ Quién se 
atreverla á llamar bárbara la costumbre de atravesar 
los hombres las calles, vestidos de harapos, y con 
canastos de cascarones de huevos para lanzarlos torpe- 
mente á los balcones y ventanas? ¿Quién se atrevería 
á renegar del odioso espectáculo de ver turbas de 
gente oscura y Lj ambos sexos recorriendo las calles, 
empapados de agua por afuera, y repletos de alcool 
por adentro i «empleando á veces, para alentar el buen 
* humor, palabras soeces y obscenas ^ y arrojando osa- 
damente agua de las acequias á todo el desgraciado 
que no pueda condenarse á tres dias de completa clau-» 
sura? 

¿Quién se atrevería, por fin, á ílamáf Ift ateíición de 
las autoridades solicitando la extinción de un juego 
bárbaro, bárbaramente praCtic¿ido? 

Nadie : porque eso seria aparecer como enemigo 



EL MURCIÉLAGO. 291 

del pueblo, como deseoso de que el inocente pueblo 
careciese de un inocente pasatiempo. Pero eso no 
quita que tengamos el candor de llamar á ese pueblo 
civilizado y culto y la modestia de llamamos lo mejor 
de la América del Sur. 

l Áy, si nosotros fuéramos lo mejor 
Que tal seria lo peor ! 

En este año, el Carnaval ha sido tempestuoso, es 
decir, divertido; porque es sin duda una diversión 
ver á un hombre ó mujer con la ropa pegada al cuerpo 
y chorreando agua ; porque es diversión romper unos 
cuantos vidrios de un balcón; porque es diversión 
romper un ojo, ó echar abajo un diente; porque es 
diversión convertir las. calles en charcos, y porque es 
diversión ver salir sapos y culebras, en forma de 
palabras, de la boca de nuestra culta plebe. 

¡Bien nos hemos divertido! exclama la mujer de 
virtud equívoca, cuando ha tenido el gusto de ver 
invadida su casa por una pandilla de ciudadanos de 
buen humor que la han puesto horrible cómo una 
furia del averno. ¡ Bien nos hemos divertido ! dice un 
sectario de Baco, cuando ha tenidc ,.el gusto de de- 
gradar su dignidad de hombre, exhiíbiéndose por las 
calles con un vestido grotesco, y dando pasos inse- 
guros por efecto del licor que se ha obsequiado. 
Y cuando es imposible que los que ejercen autoridad, 
grande ó chica, no se persuadan de que en tales dias 
dejamos de presentarnos como seres medianamente 
civilizados, el Carnaval se presenta cada año mas 
animoso y con mayor cortejo de obscenidades y de 
desgracias, es decir, mas divertido! ¡Dios nos con- 
serve tan honesta y recreativa diversión ! 

Nuestros lectores saben que en las tres noches del 



292 EL MURÉLAGO. 

Carnaval se han dado bailes de máscaras en cuatro 
locales, á los que hemos concurrido, á pesar de nuestros 
años y nuestros desengaños, para poder decir a^o 
sobre ellos. 

En la casa de Tiravanti, vimos muchas luces, pocos 
músicos, poquísimas máscaras y poquisísimos baila- 
rines. 

En el jardin de la Aurora, no encontramos mas que 
unos ocho músicos tocando polkas para que nadie las 
bailara; el empresario de ese establecimiento ha hecho 
negocio. 

En el jardin de los Descalzos ha sucedido, poco mas 
ó menos, lo mismo que en el de la Aurora. 

El Teatro Principal ha estado bien concurrido ; sobre 
todo en la última noche. 

El número mayor de máscaras ha sido compuesto, 
en cuanto á hombres, de franceses é italianos ; criollos 
muy pocos y mal vestidos ; en cuanto á mujeres, parece 
innecesario decir á que género pertenecía la mayoría 
de las enmascaradas. 

En cuánto á los trajes, la mayor parte eran de mal 
gusto y sin significación alguna ; unos pocos eran bas- 
tante graciosos j^or lo grotesco; tales, los de un dandij 
y su paje. Llamaban la atención ciertos señoritos que 
prendados problablemente de su belleza natural y de 
las capas bordadas que alquilaron en el Teatro, lucían 
sus caras sin disfraz ni careta, jnanifesíando así que 
si no han nacido en tierra donde se usen vestidos de 
relumbrones, desempeñarían con gusto el papel de 
cocheros y de payasos. Debe advertirse que los tales 
niños no se daban ni el placer de bailar y que segura- 
mente no los había conducido otro deseo que el de 
lucir sus personas. 

Aunque sea cierto que no haya habido en el Teatro 



EL MURCIÉLAGO. 293 

los desórdenes que debían esperarse, atendida la natu- 
raleza del espectáculo y la concurrencia numerosa, no 
han faltado, sin embargo, individuos que habiendo 
refrescado el esófago, con repetidas copas, se permi- 
tiesen un lenguaje ofensivo á la moral y ciertos movi- 
mientos coreográficos indignos de la decencia y del 
respeto que se debe al público. 

Uno que otro subdito de Napoleón III, aficionado 
al Cancán^ se olvidó de que en su país, un gesto ó un 
movimiento algo lijero lo hubiera conducido sin remi- 
sión á la policía ; pero nosotros somos mas tolerantes 
en esa línea y no faltaron, por lo mismo, pasos expre- 
sivos de Cancán. 

El pueblo soberano pidió la segunda noche zangua- 
raña ó zamacueca; la orquesta tocó una cosa que ni 
el diablo adivinara lo que era; pero las parejas se 
pusieron en facha y las mozas míalas con los mozos 
no buenos y bailaron con tal donaire, gracia y desen- 
voltura,' cual si se encontraran en una taberna de 
Malambo. Se hizo prevenir al Director de la orquesta 
que no repitiera tal zamacueca ; pero el pueblo sobe- 
rano, capitaneado por un Señor Teniente Coronel, 
cuya carrera es toda una zanguarañr' pidió otro... 
otro... y la zanguaraña se tocó y se bailXil.. y la orden 
de la autoridad se eludió por los gritos del jefe. ¡ Lo 
qué valen un par de charreteras ! 

El tal jefe sostenia que en un \iú\% popular se puede 
hacer todo, con tal que no se altere el orden; ofender 
la decencia no es nada para ese jefe ; atacar la moral 
pública no es nada para ese jefe ; bailar obscenamente 
no es nada para ese jefe ¿Qué tal jefe? 

Nosotros que hemos tenido la fortuna de concurrir 
á los bailes de máscaras de otras partes , hemos visto 
á los agentes de policía y á los gendarmes con el ojo 

25. 



294 EL MURCIÉLAGO. 

fijo y despierto sobre los bailarines y sobre todos los 
concurrentes ; una palabra deshonesta, un gesto, ud 
movimiento impropio, y el individuo que incurre en 
esa falta de respeto al público es lanzado inmediata- 
mente del local, aun cuando sea el mas eDcopetado 
jefe ; cierto es que por otros mundos ho se hacen jefes 
del barro de por acá. 

A esa vigilancia se debe que la mas recatada ma- 
trona y la mas púdica doncella no tengan embarazo 
para ponerse un dominó y una careta y para "mezclarse 
en los grupos de bailarines; el hombre mas severo 
y de cualquiera situación social asiste con su familia 
á una diversión en que goza verdaderamente no solo 
con la concurrencia y con la música y el baile, sino 
con los rasgos de agudeza y de finura con que se mane- 
jan ciertas intriguillas que nada tienen de ofensivas al 
decoro. 

Allí no se permiten concurrentes sin corbatas ni de 
poncho que no pueden abrir la boca sin exhalar el olor 
del aguardiente; allí, en fin, se pretende que la diver- 
sión no sea popular en el sentido que por acá se en- 
tiende la popularidad. 

• La municipalidad debería ocuparse en reglamenlar 
los bailes de máscaras ; los que acaban de darse, bastan 
para conocer las medidas necesarias á fin de que esa 
diversión se cultive entre nosotros y puedan disfrutar 
de ella nuestras señoras de toda condición, sin riesgo 
de tener que arrepentirse de haber concurrido. 

•Los palcos, especialmente la última noche, estaban 
casi llenos y en algunos de ellos habia algunas señoras 
tapadas, llevadas pOr el aliciente de las cuadrillas 
lanceras dirigidas por el señor Baptistin y hábilmente 
ejecutadas por los coristas del Teatro. 

No hemos podido conservar nuestro estilo ordina- 



EL MURCIÉLAGO. 295 

rio en esta Crónica, porque hay asuntos que aunque 
sean de Camavctl no merecen ser tratados sino arru- 
gando un poco la ceja, á causa de su alta importancia. 



¡VIVA EL PERUI 

El acontecimiento mas grandioso que, en materia 
política, ha ocurrido durante la presente quincena, es 
la llegada de nuestro victorioso ejército que, después 
de haber revindicado, en las orillas del Guayas^ nuestro 
honor ofendido, 

Ha hecho su entrada triunfal 
El día primero de GamaTal ! 

¡Diablo de coincidencia! pero adelante... la victo- 
ria que nuestras armas han alcanzado en los abrasa- 
dores climas del Ecuador, no nos cuesta mas sangre 
que la que los mosquitos y titiras se han complacido 
en chupar á nuestros soldados. ¡Bribones de mos- 
quitos ! ya se les acabó la mamada ; pues de seguro 
no volverán á chupar tan pronto la sabrosa y dulce 
^gre peruana. 

Sin embargo, el ejército vencedor, tan poco piadoso 
como los guerreros de la antigua Roma, ha traído 
atados á sus triunfantes carros á los enemigos prisio- 
neros para someterlos al duro yugo de la esclavitud, 
pues cada uno de nuestros héroes viene habilitado de 
monos, loros, pericos y otros individuos oriundos de 
la nadon enemiga, asegurándose que hay guerrero 
que ha traído un lagarto. ¡Dios mió I otro lagarto 
mas! ¿si no podemos con los nuestros, para que 
aumentar el número ? 

Mientras tanto, peruano de corazón y amante como 



296 EL MURCIÉLAGO. 

el que mas de las glorías nacionales, saludo con toda 
la efusión de mi alma, 

A los valientes guerreros 
De nuestra patria esplendor. 
Venidos sanos y enteros 
De vencer al Ecuador. 

Si... si... no... no«.. 
I Vencieron al Ecuador f 



LA CALLE DE LAS HAHTAS. 

¡ Qué felices somos ! Al cabo de mas de un año ha 
concluido la estupenda y grandiosa obra de canalizar 
y empedrar la calle de las Mantas en la cual se ha 
gastado la escasa suma de cerca de. . . ¡ QUINCE MIL 
PESOS! Como las calles de Lima son 355, es claro 
que en igual número de años nuestra Capital tendrá 
un pavimento que podrá servir de modelo, siendo el 
costo total de la obra la futeza de 4,970,000, supo- 
niéndose que, empleando nuestra proverbial economia, 
solo se gasten 14,000 ^ en cada cuadra. 

El dia 23 del actual hubo una función que no sabe- 
mr.i que nombre pueda tener, en celebridad de la 
terminación del empedrado. Las autoridades, es decir, 
el señor Prefecto, el señor Intendente y el señor Alcalde, 
se constituyeron en esa calle dichosa que estaba ador- 
nada de vistosas cintas y festones ó como decimos 
por acá, elegantemente colgada; hubo su banda de 
música militar y su arenga dirigida al señor Ricordi, 
dueño del antiguo y acreditado establecimiento de 
papeles de música y cuerdas romanas. El arengante 
que no tiene seguridad de vivir los 355 años que se 
necesitan para empedrar de nuevo toda la Capital, ha 



EL MURCIÉLAGO. 297 

ofrecido que tanto él como las demás autoridades con- 
tribuirán eficazmente á que la canalización llegue 
hasta Montserrat, lo cual será una obra grandiosa. 
Así somos nosotros en todo... grandiosos; tenemos 
una calle cuyo empedrado, en su género, es lo peor 
posible, y nos llenamos de viento y creemos que ya 
no hay que envidiar ni un piso de mármol. ¡ Qué feli- 
lices somos ! 

Ahora tres años, poco mas ó menos, se desempe- 
draron todas las calles de Paris para sostituir las pie- 
dras con el macadam y formar un piso algo mas có- 
modo que el de las Mantas ; la obra no duró cincuenta 
años ni ha costado 14,000,000 de pesos; sin erhbargo, 
esos estúpidos parisienses no se han apercibido de 
haber echo una obra grandiosa, ni del progreso en 
que entraban, matando de raiz la industria de los saca- 
callos. 

En la noche del 23, la antigua calle de las Mantas 
y hoy calle del PJftOGRESO (feUz idea la del bauti- 
sante) estaba llena de gente ¿ Qué veia esa gente? Se 
divertía..., ¿Con qué se divertía? Con pisar la nueva 
piedra, admirar los colgajos y el par de enormes ban- 
deras del antiguo y acreditado establecimiento, ly^^ 
función de inauguración^ ha sido tan completa, tan 
lucida y tan gozosa, que yo viéndome entre aquella ' 
rigorosa muchedumbre, no pude dejar de esclamar 

¡Dichoso Perú 

Quién tan feliz como tú ! 

Entre los paseantes, tuve el gusto de encontrar á 
una criatura de un par de hermosos ojos y una abultada 
crinolina, que llena de candor me dijo : « No es cierto, 
cronista, que esta piedra es menos dura que la puntia- 
guda de las demás calles ? » Yo contesté : El progreso 



298 EL MURCIÉLAGO. 

señorita, convierte las piedras en mazamorra y los 
cerebros en piedras. 

La linda de la crinolina, me honró dándome su 
brazo y obligándome á dar doce vueltas y revueltas 
por la calle... di virtiéndonos ¡Qué felices fuimos! 
¡ Lástima que de aquí á 3S5 años no podamos, por 
demasiados viejos, tener otros gustos de esta clase! 



I POBRE LIBERTADOR! 

Si hay quien diga que el pueblo de Lima no es 
pueblo como pocos, anathema sit, Y ¿por qué? me 
preguntará alguno, haciéndose el sueco y pretendiendo 
averigar en qué consiste la originalidad de ese pueblo; 
voy á decirlo. Un ciudadano de buen gusto y de pese- 
tas compone la fachada de su casa y hace en ella algo 
de mejor que los que no tienen pesetas ni gusto, ó que 
tienen lo segundo sin las primeras ; el mismo dia de 
concluida la obra, si no ha sido antes, pasa un ciuda- 
dano de sombrero negro y bastón y como quien se 
divierte, hace un par de lastimaduras en la puerta ó en 
la pared; antes ó después viene un muchacho qué con 
una piedra ó cualquiera otra cosa, sigue el sistema de 
daños ; y después ó antes viene un señor negro y como 
la casa es de un señor blanco ensancha y perfecciona 
ese mismo sistema. ¿Y por qué? — Por mal natural. 
— Y ¿ para qué ? — Para tener el gusto de destruir. 

Si se aglomeran en un sitio, mal ó poco seguro, 
útiles ó materiales para una obra pública ó privada, 
empiezan á desaparecer esos materiales ; se desapa* 
recen las piedras, las maderas, los fierros y en can- 
tidades tales que el que los hace desaparecer, en caso 



Eli MURCIÉLAGO. 299 

de venta, no puede comprar con el producto ni un 
atado de cigarros y entonces ¿para qué el trabajo de 
hacer ese desaparecimiento ? Para dañar ¿por qué ha- 
cerlo ? por mal natural. 

Cuando el Gobierno gastó una fuerte cantidad de 
pesos en hacer construir unos muros de ladrillos en las 
plazuelas de Santa Ana y de la Constitución , los 
anti-conservadores destrozaron casi totalmente esos 
muros, llevándose ó dislocando algunos ladrillos ¿para 
qué? para dañar ¿por qué? por* mal natural. 

Recientemente se ha colocado la estatua del Liber- 
dor 1" en la plaza de la Constitución (la del 2° veremos 
donde se colocará oportunamente). Esa inofensiva 
estatua cuesta la miseria de 22,251 ?í, y aunque todo 
pueblo se esmera en conservar sus objetos de ornato 
piiblico, el de Lima se recrea en destruir ¡ Bendito 
placer ! 

Los inocentes y candorosos soldaditos que hacían la 
guardia en el depósito de carceletas se occupaban el 
dia d5 de este mes ¿en qué, dirán ustedes, lectores 
mios ? No lo adivinarán seguramente, si yo no tengo 
la complacencia de decirlo ; en el inocente entreteni- 
miento de tirar enormes piedras al Libertador; el mérito 
del juguete consistía en que las piedras fueran á dar 
en la cabeza. ¡ Y esto lo hacian los soldados y los 
acompañaba en tal entretenimiento el sárjente de la 
guardia I ¡Y el señor Comandante de ella estarla sin 
duda celebrando la puntería de sus soldaditos ! 

No hay mucha dificultad en que á fuerza de pedra- 
das pierda el Libertador la cabeza, y háganme Vd. el 
favor de decir cuan desgracisiildo no será el Perú, es- 
tando condenado á que pierdan esa importante porción 
de su cuerpo todos nuestros Libertadores, de manera 
que no les valga ni el tenerlas de bronce. 



300 Eli MURCIÉLAGO. 

No faltará quien me diga que los soldados no son 
el pueblo de Lima y que mis asertos estampados al 
principio de este artículo pecan de injustos y de abso- 
lutos ; pero lo dicho, dicho y én lo dicho me mantengo; 
porque si los vivientes encargados de conservar el or- 
den y del cuidado público, se divierten en tirar piedras 
en una plaza y en destruir lo poquísimo que tenemos 
de bueno ¿ Que no harán los que no tienen el deber 
de conservar ni de cuidar? ¿Qué harán, sino lo que 
en realidad hacen? 

Marzo 1° de 1860. 



TEATRO. 



FUNCIONES EN CUARESMA. 



Si nuestros buenos abuelos, los del tiempo de la 
Inquisición , nos hubieran visto ir al Teatro durante 
los cuarenta dias de penitencia y oración, de fijo que 
eran capaces de hablar con el mismo diablo para que 
echara sobre nosotros una lluvia de fuego ; pero pa- 
saron ya esos tiempos en que lo místico no se juntaba 
con lo profano, y si por las tardes tocan las campanas 
á confesarse, por las noches las tocan en el teatro para 
divertirse. 

Nosotros, para hablar con franqueza, aunque somos 
cristianos desde el pelo hasta el pié, no nos escanda- 
lizamos de que se den funciones teatrales los dias de 
cuaresma , porque es cierto que para los pecadores 
tantas ó mas ocasiones hay fuera del teatro que dentro 
de él, y porque los que se dedican á examinar su 
conciencia en estos dias , están harto ocupados para 
perder el tiempo en ir á escuchar gorgoritos. 



EL MURCIÉLAGO. 301 

Lo que sí nos llama algo la atención es que , entre 
nosotros, todo, todo sigue el impulso de los acontecí 
mientos políticos. Hasta este año se hablan prohibido 
las representaciones teatrales durante la cuaresma; 
pero en esta cuaresma llegó un ejército vencedor y 
como la victoria y el ejército valen mas que todas las 
fórmulas y preceptos de la Iglesia, lejos de ser cua- 
resma de penitencia es cuaresma de dedicatorias , de 
óperas y de fuegos artificiales, y de ridículos trapitos 
colgados en la plazuela del Teatro. 

Dos funciones se han dedicado al General en Jefe y 
al ejército de tierra, una á la marina ; es probable que 
haya dedicatorias posteriores á la columna de cama- 
roneros y al cuerpo de empleados mixtos, es decir de los 
que han hecho campaña sin ser militares, y que no 
quedarán sin ración las señoras rabóikis que, al fin, son 
parte integrante del ejército. 

Como todos los dias de la cuaresma son iguales , 
Jiabilitados unos ¿porqué no han de seriólos demás? 
El Domingo de Ramos será la última función lirica ; 
seguirá la semana Santa con sus fiestas algo mas es- 
candalosas que las líricas, y entrarán las pascuas con 
sus diversiones líricas y no líricas y el resultado será : 

Que la cuaresma y la que no es cuaresma , 

Todo ha dejado de ser cuaresma. 

En las tres noches de funciones dedicadas se dieron 
la Traviata y el Trovador. Esta segunda ópera se re- 
pitió dos noches ; en cuanto al modo como nuestros 
líricos se desempeñan en ellas, ya han dicho dema- 
siado todos los cronistas de la capital; nosotros agre- 
garemos únicamente que para que el Sr. Leonardi se 
presente á hacer los papeles que hemos visto desem- 
peñar al inimitable Domenech, se necesita que tenga 
no un valor de bajo profundo^ sino un valor de torero. 

T. II 26 



302 EL MURCIÉLAGO. 

El Sr. Leonardi hizo todo lo que pudo (cierto es que á 
nada mas está obligado) pero no por eso se extrañó 
menos el canto y presencia del señor Domenech. 

Las funciones líricas se solemnizaron con vistosos 
castillos pirotécnicos; nada mas vistoso, sin í ida, que 
esas armazones de cañas que nuestros maestros cohe- 
teros nos fabrican, así como nada mas halagüeño para 
el oído que el horrendo estrépito de los cohenes y 
bombas de que tales armazones están cubiertas; si se 
agrega á esas cualidades la posibilidad de que los con- 
currentes pierdan un ojo de un bombazo ó de que 
cuando menos sientan cerca de sus cuerpos los efectos 
del calor artificial, no podrá menos que confesarse 
que esos vistosos castillos son una maravilla y un me- 
dio solemne de solemnización. 

Con el mismo propósito de solemnizar^ encargan 
los empresarios, en los grandes dias, al benemérito 
Rojas, tramoyista en Jefe del Teatro, el adorno de la 
fachada y lugares adyacentes del Teatro, y el tal tra- 
moyista se desempeña del mejor modo posible. Echa 
á luz una multitud de curiosas tiras de trapo punzóes 
y blancas, con las cuales hace primores en cenefas y 
festones ; planta en los cañones fronteros al edificio , 
hermosas cañas huecas con unas banderitas aparentes 
para chicherías ; coloca en la puerta, columnas y ca- 
piteles pintados de varios órdenes arquitectónicos; 
pone ademas algunos cuadritos de lienzo que repre- 
sentan cabezas de turcos, abencerrajes, personages de 
varios rangos; países y condiciones ; tapiza el zaguán 
con algunos descoloridos y agujereados pedazos de 
adamasco colorado, y de todo esto resulta necesaria- 
mente un vistoso adorno y una vistosa colgadura de 
los cuales no pueden menos que apartar la vista con 
sentimiento los que no quisieran ver, en uno de los 



EL MURCIÉLAGO. 303 

mas importantes establecimientos nacionales , las de- 
coraciones solo propias de los solares de títeres y vo- 
latines. 



ti 



ADELAHTOS HATERIAIES. 



Hacía algún tiempo que mi humanidad no se en- 
contraba por los barrios de la portada del Callao, y no 
fué, por lo mismoy poca mi sorpresa al ver, el Domingo 
último, edificada y habitada toda aquella parte próxima 
d la portada y conocida con el nombre del Hosjncio. 
Las fincas que allí se han construido son tiendas, ca- 
sitas y callejones ocupados todos ellos, como es de su- 
ponerse, por gentes de color honesto. El dia á que 
nos referimos cada habitación de las susodichas era 
una sala de baile, con su respectiva orquesta de gui- 
tarra y cajón y su coro de cantores. ¡ Felices gentes! 
exclamé para mí! Bailan, chupan, se divierten, se 
enardecen, se disputan y después se golpean ó se 
meten un par de pulgadas de acero ! Cada cual tiene 
sus placeres. 

Demás parece advertir que todo el madaraeo y todo 
el señorío se componia de caras de los colores cjue 
median entre la canela y el carbón ; y por lo mismo 
no pudimos ver sin asombro en una de esas reuniones, 
á tres señores militares, dos de ellos con sus galones 
en la manga y el tercero con presillas en los hombros. 
Viva la democracia! exclamamos también, pero siem- 
pre en nuestros adentros. Si esto no se llama Repú- 
dlica, venga Dios á darle otro nombre. Pues ya ! ¿ Qué 
son en todo lugar de la tierra los militares ? Unos di- 
cen, que son los hijos del pueblo y otros que son sus 



304 EL MURCIÉLAGO. 

padres ; yo digo que padres ó hijos todo el mundo 
debe estar con sus familias. 

En la insinuada reunión, honrada con la presencia 
de dos oficiales y un jefe, los versos de la popular 
zanguaraña tenían un carácter político-patriótico, 
pues alcanzamos á percibir, entre los harraoniosos gri- 
tos de los cantores y cantoras, esta elegante estrofa : 

Guando vuelvas al Ecuador 
Me traerás un ecuatoriano 
Para que le limpie las botas 
A nuestro Presidente Peruano. 

¡Ya? exclamé por tercera vez, (siempre exclama- 
ción muda) si esperan ecuatorianos para limpiar las 
botas, algún lodo criarán las desgraciadas ! porque, 
lo que es ahora, se han emporcado de lo lindo sin que 
haya betún que baste á restituirles ese esplendor que 
ha ofuscado á algunos prójimos. 

Marzo 15 de 18G0. 



FAHTASHA60RIA. 

Nuestro colega el Cronista del Comercio ha pegado 
su rascadilla á la autoridad que concedió permiso para 
la función de fantasmagoría que se dio el Domingo 
19 del que espira, en el Teatro Principal, y sus cató- 
licas quejas se fundan en que el teatro se puso á oscu- 
ras y en que los concurrentes profirieron, aprovechán- 
dose de esa oscuridad, palabras soeces é insultantes. 
Antes de ahora hemos emitido nuestra opinión sobre 
las funciones teatrales en los dias de cuaresma, y no 
tenemos inconveniente en asegurar que las exhibi- 
ciones fantasmagóricas, como los juegos de manas y 



KL MURCIÉLAGO. 305 

volatines son tan inocentes que pueden, sin temor de 
que inciten al pecado, permitirse en el pueblo mas fa- 
nático y hasta en los dias de jubileo santo. Lo que el 
Cronista -ha debido criticar con toda energía, lo que 
nos ha hecho pasar un triste momento , -es la conducta 
poco decente y decorosa de una parte de los concur- 
rantes á la función. El hombre en las reuniones v lu- 

«i 

gares públicos, así como en sociedad privada, ó para 
decirlo de una vez, en todos los actos de su vida, con 
luz y á oscuras, debe ser atento y respetuoso para con 
sus semejantes ; el teatro de Lima ofreció una triste 
muestra de lo que forma una porción de nuestra socie- 
dad : gritos, agudezas de mal gusto, mas que agudas 
insolentes y ofensivas á la moral, interjecciones de 
cuartel ó de chingana^ tales eran los efectos que pre- 
dujo la oscuridad. Y ¿tiene de ello la culpa el Alcalde 
Municipal? ¿Entraba en el programa de la función, 
parala cual se dio licencia, que el público habia de 
incurrir en una licenciosidad chocante ? ¿ La inmora- 
lidad ha consistido en el espectáculo ó en los espec- 
tadores ? Nosotros no culpamos á la autoridad sino de 
no haber hecho suspender la función desde que la platea 
anunció que estaba en grande parte ocupada por per- 
sonas que no son decentes á oscuras y que mas que 
al Teatro deben concurrir á' las chinganas. 



FERROCARIL DEL CALLAO. 

La muerte de un pobre hombre, que seguramente 
está en el cielo rogando á Dios por la vida y prospe- 
ridad del señor Candamo, ha dado origen á varias pu- 
blicaciones de que este señor hace tanto caso como la 
luna de los ahuUidos de un perro, aunque por defe- 

26. 



306 EL MURCIÉLAGO. 

rencia al respetable público haya encargado á su sub- 
dito D. E. B. que hiciera el honor de molestarse en 
poner sus initiales en una contestación. 
Sin embargo creemos que asi como 

Predicar en desierto 
Es sermou perdido, 

así son plata, tiempo, y papel perdidos los que se 
gasten en declamar contra la orgánica é invencible 
indolencia de la segunda potencia del Perú. 

Don Pedro es uno de esos hombres hechos á prueba 
de imprenta; él sabe que, en esta tierra, la calentura 
de quejarse es pasajera ; , él sabe que las autoridades 
no tomarán nunca en cuenta las quejas del público y 
sabe, en fin, que se han de ocupar sus coches y de de- 
jarle la plata ; este es todo su negocio ; todo lo demás 
es una bicoca que no puede turbar el sueño de un 
millonario. ¿ Qué importa que los trenes se queden 
en el camino, ni que maten hombres ó mujeres? No 
por ello ha de dejar el señor Candamo de ser quién es, 
ni ha de sufrir daño alguno en sus intereses. ¿ Pero es 
D. Pedro el que tiene la culpa de las desgracias ocur- 
ridas ó que puedan ocurrir en los caminos de hierro? 
¿Tiene él la culpa de que le hayan concedido privile- 
gios monstruosos, de que los caminos no estén sujetos 
á la vigilancia de nadie, y de que no se haya dado 
ningún reglamento á esa empresa? 

Si D. Pedro, por su posición y por su egoismo, es 
una potencia absoluta é irresponsable ; si no tiene á 
quién respoader de sus actos ni de los de sus depen- 
dientes; si no hay autoridad que pueda meterle launa, 
¿para qué quejarse? Para qué escribir? Tiempo per- 
dido! trabajo estéril! No se avanzará mas que dar 
cien golpes en la uña y en el clavo ninguno. 



EL MURCIÉLAGO. 307 

A cuanto se diga á D. Pedro, contestará lo que 
antes ha dicho ; que los coches y la línea de sus ca- 
minos son mejores que los mejores del mundo ; por- 
que ü. Pedro que no ha visto nunca mas ferrocarriles 
que los suyos, quiere que todos los hombres sean tan 
estúpidos y tontos que crean en su palabra como creen 
en su riqueza. Si el Perii no fuera un pobre y pacien- 
zudo Perú^ ya D. Pedro hubiera tenido que sufrir 
algunos serios desagrados por habernos dado el mejor 
ferrocarril del mundo. Las cosas se parecen á sus 
dueños y siendo esta una verdad universalmente re- 
conocida, nos bastará decir que así es el ferrocarril de 
Lima al Callao mejor que todos los del mundo, como 
es su proprietario el mejor de los ricos de ambos 
mundos. 

Abril 1° de 1860. , . 



DIVERSIONES DE SEMANA SANTA. 

En la Semana Santa recuerdan los católicos los tra- 
bajos y angustias en que se encontró el hombre Dios 
cuando vino á este picaro mundo á redimirnos de las 
garras del Demonio ; pero ¿ quién creyera que en esos 
(lias de penitencia y de dolor parece que el tal De- 
monio es el que se mete en Lima para hacernos pensar 
en todo menos en la pasión del Redentor? Los dias 
de Semana Santa son dias de pan de dulce, de lujo y 
de paseo ; nadie compra durante ellos disciplinas ni 
cilicios para atormentar la pecadora carne, pero las 
mujeres compran basquinas y crinolinas y los hom- 
bres fraques y corbatas para hermosear sus personas 
y presentarse con toda la elegancia posible. Si hay 



308 EL MURCIÉLAGO. 

quien sufra verdadera pasión, en la cuaresma, son los 
padres y maridos que tienen que aflojar las economías 
ó que abrir créditos para comprar algo nuevo en re- 
cuerdo de la Cruz, de la corona de espinas y de los 
clavos de Cristo. 

Nada nuevo podemos decir de las funciones reli- 
giosas de este año ; nada, sobre el poco recojimiento de 
las personas que concurren á los templos ; por un in- 
dividuo que va á ellos con verdadera intención de 
rezai\ van noventa v nueve á recrear la vista con los 
judios de madera y con las católicas y católicos de 
carne y hueso que se colocan en los cementerios y en 
las naves de los templos á pasarse revista recíproca- 
mente. La mucha concurrencia trae consigo los mu- 
chos apretones y los muchos estrujones y los muchos 
pisotones^ y el Viernes Santo, en el templo de San 
Agustín, se dieron dos católicos unos cuantos trom- 
pones ; ya puede calcularse qué edificante debe ser el 
aspecto de una iglesia convertida en un circo de lu- 
chadores, y qué buena idea se formarán de nuestra 
religiosidad los que vean, por primera vez, los estre- 
chos callejones que en las puertas forman los indi- 
viduos de sexo feo para que no pueda escaparse nin- 
guno de los del sexo bello, al entrar al iglesia á llorai' 
por la pasión del Señor. 



NOCHE BUENA. 

Ya se sabe que nosotros llámanos noctie buena^ una 
noche durante la cual es de rito asistir á la plaza prin- 
cipal á dar vueltas de un lado para otro, disfrutando 
de la hermosa vista de mil ventorrillos adornados de 



EL MURCIÉLAGO. 309 

sauces, de gallinas, jamones, choziros y botellas de 
aguardiente, y que despiden, ademas, un fragántisimo 
olor á humo y tanto humo mismo que el paseante 
tiene que taparse las narices y que apurar el paso, 
porque todo el aire de la plaza no basta para que se 
pueda respirar sin fatiga. Estos ventorrillos forman la 
sección destinada á los gastrónomos y á los hijos pre- 
dilectos de Baco, los ciudadanos y ciudadanas que 
hacen sus cenas á todo aire se precaven de las indi- 
gestiones con sendos tragos de pisco ; llegan á cierto 
punto de alegría y en tal estado, venid oidos á oír las 
lindezas que salen de esos estómagos de noche buena. 

Hay otra sección, terror deMos galanes, compuesta 
de mesitas en donde se respira ciertamente mas agra- 
dable perfume. Sendos ramos de flores convidan al 
elegante petimetre á minorar el peso de sus, quizá, 
poco rellenos bolsillos, y las vendedoras de flores 
tienen tal ojo y tal talento que ponen á sus ramos un 
valor proporcional á la facha del convidante y á la 
edad y belleza de las convidadas. 

La última sección, bulliciosa y terrible, amenaza el 
bolsillo de los padres, madres ó parientes que llevan á 
los ?ienes á gozar de la noche solo, para estos, verda- 
deramente buena ; el ruido de las matraquitas y los 
agudos chillidos de pitos y trompetillas anuncia que, 
en esos puestos, encontrará el niño mas desconten- 
tadiso cuanto puede lisonjear su fantasía y su capri- 
cho. Inútil es-decir que, también en esas mesitas, tienen 
los objetos un valor proporcional á la petulancia del 
niño ó á Jas lágrimas que le arrancó la dureza del co- 
razón de papá. 

En la última noche buena, ademas de estos objetos 
de diversión y de socaliña, preparó la autoridad otra 
agradable sorpresa á los paseantes. Solo los que tu- 



310 EL MURCIÉLAGO. 

vimos la fortuna de ir á la plaza disfrutamos de los 
enormes remolinos de tierra que se levantaban del 
suelo. La autoridad no quiso probablemente que se 
regara la plaza, así es que se caminaba entre nuves 
de limpia y hermosa tierra de la cual cargamos en la 
cara y en el sombrero una grande cantidad, gratis. 
Hombre había de narices delicadas que no podia dar 
paso sin estornudar, lo cual no deja de ser un ino- 
cente placer. 



POLÉIICAS periodísticas. 

Hay dos reñidas y sostenidas ; una entre gentes de 
corona y otra entre gentes de oficina. 

Innegable es que se necesita llamarse Chiriboga 
para manifestar un tesón y una constancia para decir 
desvergüenzas parecidas á las del eclesiástico que de- 
fiende cuestiones filosóficas^ afrontando á su adver- 
sario que tiene la nariz ancha y los pies de adobe. 
Esos argumentos son de tanto peso que al leerlos no 
puede uno menos que decir : Chiriboga tiene razón. 

Entre un feo y un hermoso 
Si se promueve cuestión, 
El feo tiene la culpa 

Y el hermoso la razón. 

Si tienes los patas chicas 

Y si yo soy un patón, 
Si yo soy un mozo ñato 

Y tu un mozo narigón, 

Si tu sombrero es redondo ; 

Y es el mió una piroga 

I Quién ha tener mas ciencia ? 
Que lo diga Chiriboga. 



EL MURCIÉLAGO. 311 

Yo protesto que si alguna vez me veo enredado en 
polémicas y me sale por contendor un ciudadano que 
séllame chiri-voga, desde ese momento me doy por 
muerto porque ¿ quién diablos se mete con un chiri y 
mas si cuando dice desvergüenzas está en voga ? 

La otra polémica la sostiene -por un lado un Sr. D. 
Gil Antonio de Toledo, Contador de la Aduana del 
Callao, y por el otro, varios empleados y otros que no 
son empleados en la misma oficina. 

El contador 

Sabe que un Gil 

Vale por mil ; 

Que á un An Ionio 

Le tiembla hasta el Demonio ; 

Y que donde se para un Toledo 

Todo el mundo se eslá quedo ; 

así es que él solo esgrime la peñóla contra todos los 
contrincantes y los llama á la lid. 

Sin embargo, el Sr. Contador parece mas valiente de 
palabra que de obra, porque se ha dado por derrotado 
renunciando el destino y abondonando por consi- 
guiente el campo de batalla. 



¿PARA QUÉ SIRVEN TAS LEYES, EH LA TIERRA 

BE LOS RETES? 

Con el propósito de mejorar el servicio de policia 
¡santo 'propósito! se ha creado una compañia de cela- 
dores cuyo reglamento ha sido formado por el Sr. 
Intendente de Policia y aprobado y mandado obser- 
var por el Sr. Prefecto del Departamento. 

Si hubiéramos de trasladar al papel todas las re- 
flexiones á que da lugar la desenvoltura de huesos de 



312 EL MURCIÉLAGO. 

estos doa funcionarios tendríamos que comernos una 
vaca entera para que no nos faltaran las fuerzas, por- 
que ciertamente no pueden ofrecerse á la sociedad 
escándalos mayores que el de ver pisoteadas las leyes 
por los hombres que invisten autoridad; ver invadido 
el terreno de la acción ajena y ver, en fin, convertidos 
en legisladores á los que solo tienen la obligación 
de cumplir y hacer cumplir las leyes existentes. 

Según la ley de municipalidades, solo á estos cuer- 
pos compete la formación de las ordenanzas de policia 
que necesitan, sin embargo, para ser observadas de la 
sanción de las juntas departamentales. El gobierno 
mismo está privado del derecho de hacer reglamentos 
de policia y por consiguiente no puede delegar ese de- 
recho en las autoridades inferiores porque nadie puede 
dar ni el todo ni parte de lo ajeno. Sin embargo, vemos 
que el enunciado reglamento que, de paso sea dicho 
nóvale un pan dé dulce, ha pasado á la alta gerarquia 
de un reglamento en toda forma y que la municipa- 
lidad ha recibido esta nueva prueba de la deferencia y 
protección que le dispensan las autoridades políticas. 
Para proceder de esa manera se alega que la tal muni- 
cipalidad es un cuerpo muerto é inerte, que lejos de 
servir al público es una pesada remora que se opone 
átoda mejora. Nosotros hace tiempo que pensamos del 
mismo modo y que creemos que esa institución, buena, 
santa y benéfica en sí misma y en sus tendencias, no 
puede, por ahora, producir entre nosotros los prove- 
chosos resultados que debian esperarse de ella. ¿Será 
que hay poco patriotismo para consagrarse al servicio 
público? ¿Será que privando la municipalidad a los 
intendentes de todas las atribuciones que antes ejercían 
quieran estos destruirlas para volver á tener facultades 
ilimitadas? ¿Será que no conviniendo al gobierno nada 



EL MURCIÉLAGO. 313 

de cuanto tienda á impedirle intervenir en lo mas ri- 
dículo del servicio público, vea en la municipalidad 
un cuerpo limitador de esa acción? ó ¿será en fin que 
los municipales hostilizados por arriba, injuriados por 
abajo, oprimidos por los costados hayan ahogado la 
voz del patriotismo para dejar que las cosas anden 
como quieran? 

Cualquiera que sea la causa, lo cierto es, que la 
municipalidad no existe sino én el nombre; que no 
hace ni puede hacer nada de provecho, porque se la 
ha llegado á desprestijiar y porque le falta la fuerza 
material; porque no tiene bayonetas ni mozos de 
gorrita con galón de plata ; pero ese estado mismo de 
cosas, no autoriza ni puede autorisaralSr. Intendente 
para lejislar ni al Sr. Prefecto para aprobar leyes. Lo 
mas franco, lo mas leal, lo mas patriótico, antes que 
cometer esos ataques parciales seria cortar el nudo y 
echar las municipalides á la tierra de los difuntos. No 
hay ley grande y chica, toda ley es igual por su origen 
(cuando es legitimo) y por su objeto social; tanto vale 
pues infrinjií^una ó uno de sus artículos cuanto infrin- 
jir otra. Si el objeto es ir minando poco á poco la insti- 
tución municipal hasta hacer que por sí misma se 
destruya y aniquile, vale mas darle un golpe de frente 
y asumir las responsabilidades que de tal golpe pueden 
resultar, y hoy especiahnente cuando se conocen los 
medios de destruir congresos y cuando se conoce tam- 
bién que hace tiempo que no hacemos sino destruirlo 
todo y que las susodichas responsabilidades son... 
Dios guarde á U. muchos años. 

¡ Abril 15 de 1860. 



1. lí. 27 



314 EL MURCIÉLAGO. 

SUSTOS POR lATOR. 

• 

Los acontecimientos mas ruidosos ocurridos en estos 
últimos dias, han sido los movimientos de tierra con 
que la ira de Dios ha pretendido traer á buen camino 
á las almas estraviadas, y hacerles pensar en que no 
hemos venido al mundo solo para usar levitas y crino- 
linas y para ir al teatro y al paseo. Dios consiente pero 
no para siempre; así es que dándonos largona y mas 
largona y dejándonos vivir por cierto tiempo á nues- 
tras anchas, nos manda de vez en cuando ciertos 
mementos que hacen pensar en la muerte al ciuda- 
dano menos timorato. 

Lo cierto es, que la capital ha estado en una verda- 
dera congoja desde el Domingo último en que se hizo 
sentir el segundo temblor fuerte, que ha ocasionado 
tantos extragos en la ciudad debiendo felicitamos del 
poco número de desgracias ocurridas á las personas. 
Desde el domingo hasta el miércoles, se han repetido 
los movimientos de la tierra, y ha habido sujeto que 
nos ha asegurado que en esos tres dias ha contado 
CIENTO DOS temblores, aunque el mayor número han 
sido chiquitos y delgaditos. Se supone que de los 
ciento dos, lo menos noventa y cinco, fueron efectos 
del miedo y meros sumbidos de orejas* 

Para aplacar la ira de Dios^ se sacó en procesión 
al Señor de los Milagros , se han tocado rogativas y se 
han puesto algunas lámparas y velas á diversos san- 
tos; con estas medidas, y con pasar las noches de 
claro en claro, prestando atento oido á los menores 
ruidos, se ha restablecido la tranquilidad de los áni- 
mos. 

Entre los acontecimientos motivados por los tem- 



£L MURCIÉLAGO. 31 S 

blores, merecen espedalisima y recomendable men- 
ción los dos partes telegráficos mandados, según se 
asegura, por el Señor General Freyre, Prefecto del Ca- 
llao. 

A las 1 1 y 20 minutos comunica el Señor Prefecto 
que toda la población corre asustada gritando : el 
mar se sale, pero que, según se le dice^ el mar está 
tranquilo. 

Nótese que el Señor Prefecto vive en una casa, en 
que solo se necesita asomarse á una baranda para ver 
el estado del mar, y que nada le era mas fácil que 
convencerse por su propios ojos de la agitación ó tran- 
quilidad de las aguas; por consiguiente ese según se 
me dice, acredita que su Señoría, desconfiaba del tes- 
timonio de sus propios sentidos ó estaba muy ocupado 
en resar letanías. 

A las 1 1 y 40 minutos, el mensage era mas alar- 
mante ; el mar se sale ; se alborota mucho. Para dar 
esta noticia oficial y aumentar el estado de aflicción 
de la capital y para darla de un modo tan rotundo y 
terminante, era preciso que el Señor Prefecto hubiera 
visto la agitación; pero es presumible que se dejó 
llevar de algún otro se me dice, y nos aflojó un noti- 
ción capaz de erizar el pelo mas crespo. 

Según se explica el Comercio^ un tercer mensage 
telegráfico, no oficial, aseguró que el Callao estaba 
tranquilo, que el mar ni estaba enojado ni con ganas 
de salirse, y que la policía indagaba quien habia sido 
d autor de la alarma. 

Nos parece que esa indagación era demasiado fácil; 
pues bastaba preguntar al Señor Prefecto quien fué 
quien le dijo; por otra parte, creemos que la Policía 
debió ocuparse en ver si era cierta la agitación del 
mar y tranquilizar al Señor Prefecto para que no se 



316 EL MURCIÉLAGO. 

dejara llevar del se dice. Ese se dice ha dado mucho 
que decir y mucho que hacer ; les habitantes de Lima 
que esperaban un tremendo desastre en un pueblo 
hermano y tan vecino, temían por la suerte de aquel 
y por la* suya propia, y gracias á esos despartes ofi- 
ciales, pasamos dos horas de verdadera angustia y an- 
siedad. 

La Policía de Lima y los empleados municipales se 
han manejado en estos dias de aflixion con actividad 
y celo ; la medida de hacer inspeccionar los edificios 
públicos y privados, ha sido buena y provechosa : esa 
inspección ha producido el buen resultado de que se 
proceda desde luego á derrivar las paredes que ame- 
nazando una próxima caida, podian acarrear algunas 
desgracias á las personas. Hemos visto al Señor Inten- 
dente acompañado de Ingeniores y arquitectos prac- 
ticando el reconocimiento de los templos y edificios 
públicos. El Intendedte ha cumplido con su deber; lo 
felicitamos sinceramente.. 



SDSTOS DE OTRO TONO. 

Se asegura que algunas noches han dormido los 
cuerpos militares sobre las armas (esto quiere decir, 
que no han dormido y que han tenido las armas no 
debajo sino sobre) á consecuencia de haber llegado 
ciertos rumores de revolución á los oidos del Gobierno. 
Aunque sea un proberbio que cuando el rio suena pie- 
dras traCy parece que aquellos rumores son como la 
retirada del mar. Nosotros sabemos que las revolu- 
ciones en Lima no pasan de ciertos desahogos pura- 
mente verbales y que al primero que le dicen : al 



EL MURCIÉLAGO. 317 

fren... march.,, contesta: media... vuelt... á paso 
redoblado... Si nosotros fuéramos Gobierno, cada vez 
que nos anuncia una revolución, echáramos una fra- 
zada mas á la cama. Hay ciertos pájaros que se divier- 
ten en soplar y porque de mantener el fuego en cierto 
estado les resulta el beneficio de calentarse ; mientras 
á esos soplones no se les eche un buen soplido, no han 
de faltar anuncios de conspiración. 



SEMINARIO DE SANTO TORIBIO. 

La prensa periódica se ha ocupado desde algunos 
días atrás de la visita que el Señor Prefecto hizo al 
Colegio de Santa Toribio, con el objeto de inspeccio- 
nar la naturaleza de los alimentos que se dá á los pi- 
chones de Canónigos y Obispos que se albergan en 
aquella casa sagrada. El Señor Rector no podía con- 
sentir un ataque semejante, hecho á los respectos del 
clero, y dio parte del atentado prefectural al Señor Go- 
bernador eclesiástico quien, como era natural, elevó 
su queja al Señor Ministro del Culto. Esperábamos 
ver el resultado de esa cuestión para dar sobre ella 
nuestra pincelada, pero hemos quedado como los 
santos de Arica con los ojos claros y sin vista al leer 
la resolución ministerial de 27 de Marzo último en la 
cual se declara que el Prefecto ha sacado los pies del 
plato inspeccionando un establecimiento de la inme- 
diata dependencia de la autoridad eclesiástica. Según 
este principio, si mañana se antoja la gente de bonete 
de restablecer, en ese establecimiento, el castigo de 
azotes, prohibido por nuestras leyes, la autoridad civil 
no puede meter la mano en esa restitución , porque el 

27. 



318 EL MURCIÉLAGO. 

establecimiento es eclesiástico ; si se desatienden com- 
pletamente las medidas higiénicas, si se trata con 
poco amor á los teólogos in fieriy si se les mata de 
hambre, la autoridad civil, tiene que ser indiferente, 
porque el establecimiento es eclesiástico. En una pa- 
labra en el dichoso seminario se puede hacer y de- 
shacer cuanto quiera el Señor Rector que ahora es ó 
qué en adelante fuere, sin que haya cristo que chille, 
porque esa casa es de los representantes de Cristo en 
la tierra. El Señor Ministro del Culto no puede negar 
que no tiene ya temores ni esperanzas de ser semina- 
ristas; no puede negar que es católico, apostóhco, ro- 
mano; y que 

Reverencia como una vieja 
A un buen sombrero de teja. 

Nocotros creemos que no puede existir, en una na- 
ción que se llama soberana, establecimiento alguno 
completamente esento de la autoridad civil ; porque 
tal establecimiento vendría á constituir otro dominio 
independiente, ó vendría á ser una soberanía entre 
otra ; idea que no se acomoda mucho en nuestra triste 
j estrecha calavera. Sin embargo, como ni el Go- 
bierno, ni los ministros pueden equivocarse, no hay 
mas que creer en lo que digan y juzgar bueno lo que 
hagan ; ese es el modo de no poner los sesos en tor- 
tura y de vivir en paz con la gente que puede. 

El Gobierno ejerce un derecho de patronato que 
consiste en dar al clero los medios de llenar sus ne- 
cesidades materiales , respetando no solo los actos 
propios de su alto ministerio, sino los impropios de su 
simple humanidad. 

¡ Pues vaya un patrón de buena basta ! 
QuQ patronea dando plata , y... basta! 



EL MURCIÉLAGO. 319 

TRIBUNALES. 

Aplaudimos la idea que han tenido los EE. del 
Comercio de hacer insertar, en su Crónica, el movi- 
miento diario de los Tribunales, pero sentimos de cir que 
ese trabajo, tal como se ha emprendido, no es sino 
una imitación de la Gaceta de Tribunales que, para 
hablar francamente, no llena la necesidad que se ha te- 
nido en cuenta para establecerla. 

Para que las resoluciones de nuestros juzgados y 
Tribunales se pudieran tomar por el mejor comentario 
posible de nuestra legislación ; pai*a que pudieran ser 
útiles á las gentes del foro, y sirvieran para la direc- 
ción jurídica de asuntos análogos á aquellos en que se 
expidan, era necesario dar, ante todo^ una idea del ne- 
gocio ventilado, presentando de una manera imparcial 
las cuestiones de hecho y de derecho. Sin ese conoci- 
miento previo, es imposible que pueda sacarse pro- 
vecho de la publicación de las sentencias y mucho 
menos de los autos de sustanciacion que con frecuen- 
cia dan lugai' á la interposición hasta del recurso de 
nulidad. 

Nuestros fiscales y en especial los que funcionan 
como agentes de ellos en primera Instancia, han adop- 
tado un laconismo en sus dictámenes, sobre todo en 
materia civil que es imposible que se conozca, por su 
simple lectura, el punto sobre que han emitido su 
parecer; para que se vea, que no asentamos una false- 
dad, remitimos á nuestros lectores á la enunciada 
Gaceta de Tribunales. 

D. N. N. se presenta interponiendo una acción ó un 
recurso cualquiera en una causa ya en jiro, en el que 
pide lo que mas le parece conveniente; el señor Juez, 



320 EL MURCIÉLAGO. 

venga ó no al caso, corr^ vista al agente fiscal quien 
salta el arroyo diciendo poco mas ó poco menos : 

— Señor Juez de 1* Instancia. La solicitud ante- 
rior es legal (ó no es legal) puede U. deferir á ella 
(ó rechazarla) salvo su mejor parecer, etc. 

El Juez que ha quedado después de la vista como 
antes de ella provee : 

— Vistos con lo espuesto (6 de conformidad) con 
lo espuesto por el agente fiscal se declara sin lugar lo 
solicitado en el recurso de foj. (ó la oposición de N. D)- 

Si la parte agraviada apela, el Tribunal dice : 

Vistos (revocaron) ó confirmaron el auto de foj., 
de tal fecha. Si revoca, algunas veces funda su provi- 
dencia. 

Si se interpone recurso de nulidad, la vista del se- 
ñor Fiscal es casi siempre : 

Es fiscal dice que el auto de foj. es legal (ó ilegal) 
y que puede V. E. declarar que hay ó que no hay 
nulidad, salvo, etc. 

O sí no : El auto es de tal naturaleza que V. E. 
puede declarar improcedente el recurso de nulidad. 

No se nos negará que la publicación de estas actua- 
ciones, sin previo conocimiento de la naturaleza de los 
recursos que las motivan , no es de gran provecho 
para el público. 

Aunque este asunto paresca ageno de nuestra cró- 
nica,- emitiremos nuestras ideas sobre él en otra oca- 
sión. 



TEATRO. 



Aconsejamos á la empresa que mande á su nuevo 
D. Basilio á los nfiernos no hemos visto nunca ni un 



EL MURCIÉLAGO. 321 

monigote mas antipático, ni oido una calumnia peor 
cantada. 

Aconsejamos al tenor de Ins narices aplastadas, que 
cuando cante en la Traviata, tome un poco, de coñac 
con pólvora á ver si se alienta un poco. Ese hombre 
no tiene sangre. En los actos que exijen mas senti- 
miento y emoción se manifiesta cómo un muñeco de 
yeso ó de alcornoque. Cuando Violeta corre de él des- 
pués de ese ardiente, 

Amamiy Alfredo^ quanC ¡o famo. — Addio, 

* 

Se queda el sujeto dando vueltas con mas sereni- 
dad que quien busca un fósforo. Cuando recibe la 
carta de su querida prófuga, dice con tal frialdad : 

Di Vtoletta ! Perché son io comihosso ? 

que cualquiera entendería 

Por que soy yo tan soso 

Será preciso que al señor Cechi le claven bande- 
rillas en ciertos lances, ya que no lo conmueven ni las 
lágrimas, ni el entusiasmo, ni la ternura de Violetta. 

Cuando Rossi Ghelli , canta el precioso , dulce 
y sentimental aire en el segundo acto, el tenor á 
quien aquel se dirije, pasea la vista por el teatro con 
la misma indiferencia que si estuvieran hablando con 
sus zapatos y sin embargo, el tal tenor tiene una va- 
nidad... pero una vanidad !. .. 



PATRIOTISHO PURO T AHEJO. 

Una sujeta que el parecer, tiene la fortuna de res- 



322 EL MURCIÉLAGO. 

pirar hace mas de sesenta años, pasaba por la calle de 
Plateros el domingo 22, pocos momentos después del 
temblor : diciendo en voz alta : 

Que venga otro... aunque nos aplaste á todos... 
con tal que el diablo se lleve á los extrangeros. 

Según nos han asegurado algunas personas, nues- 
tras civilizadas beatas han atribuido la sucesión de los 
temblores, al hecho de haberse vendido áunos extran- 
geros el Convento de Santo Tomas. 

Marzo I© de 1860. 



NO HEHTIHOS. 

Un amigo del S. G. (ignoramos si la S. y la G. quie- 
ren decir San Gerónimo) nos ha dado un mentis en el 
Comercio del 3 del córlente, á consecuencia de lo que 
dijimos en nuestra Crónica anterior, en el artículo 
sobre temblores. Nosotros que respetamos no solo á 
las personas de antecedentes y posición social, sino á 
todo el género humano, no hemos querido sacar la 
moda de asentar hechos falsos con mengua de nadie, 
porque sabemos muy de sobra que semejante moda 
cedería en nuestra propia mengua. Sin embargo, per- 
mítanos el amigo que le digamos que si un cronista 
debe tener circunspección, los rectificadores no deben 
carecer de ella ni desatender los términos y palabras 
que nosotros empleamos al hablar de los mensages te- 
legrafieos. Muchas personas con quienes hablamos en 
la calle de Mercaderes, el dia de los susodichos partes, 
nos aseguraron que el Señor General Freyre habla 
sido el autor de ellos, cosa fácil de suponerse, sin 
mengua de antecedentes ni posiciones, desde que todo 



EL MURCIÉLAGO. 323 

el mundo sabia que ese Sr. General era el Pi-efecto 
del Callao y que los avisos eran oficiales, y que muy 
pocos estaban al corriente de que se hubiera enfer- 
mado la víspera y se encontrara en Chorrillos. El Co- 
metxio ratificó la noticia de que los mensages eran 
oficiales, y nosotros tuvimos aun el tino (perdón por 
la vanidad) de decir que segim se aseguraba^ eran del 
Sr. Freyre. í^arece pues que al emplear estas pala- 
bras no afirmamos de un modo cierto que tuvieran esa 
procedencia, que no faltábamos en lo memor á las 
consideraciones que se merece el Sr. General Freyre y 
que no sacábamos la moda de menguar respetabi- 
lidades. 

Esperamos que esta explicación satisfará la amistosa 
susceptibilidad del amigo, dejando nosotros en su 
vigor y fuerza lo que dijimos sobre los despachos telé- 
gráficos ; suplicando á nuestros lectores que acepten 
este artículo como una fé de erratas y que, dando 
por no escrito el nombre del Sr. General Freyre, en 
nuestro anterior artículo sobre este asunto, se entienda 
que lo dirijimos al autor de los mensages cualesquiera 
que sean sus antecedentes consiguientes y esponentes. 

Los Cronistas* 



TEATRO. 



I. 



— ¿Señor, sabe U. que ha llegado en este vapor el 
Sr. Piñones? 

— ¿Quién es ese caballero, y á que ha venido? 

— Dicen que es un tenorio como nunca ha llegado 



324 EL MURCIÉLAGO. 

uno por estos barrios y que viene á marchitar ios 
laureles del Sr. Chueco, 

— ¡ Diablos ! con tu señor Piñones. Por cierto que 
no hubiera yo nunca caido en cuenta de que querías 
hablarme de Pagnoni. 

— Señor, Pagnoni ó Peñones^ como U. dice , lo 
mismo dá para el caso, con tal que sea un buen canta- 
rín y no un chillón como el otro que ha nacido para 
tenorio como yo para decir misa. 

— ¿Y qué has oido decir de Pagnoni? 

— Loque dicen de todo el que viene; que reventó 
la madre que lo parió y que en todo el siglo no ha na- 
cido cosa que iguale. 

— En fin ya lo veremos, y juzgaremos por nosotros 
mismos. 



n. 



— Señor, señor, vengo muy contento del Teatro. 

— Con razón no he podido dar contigo en toda la 
noche. 

— ¿Qué habia U. de dar? Sobre que cuando veo 
anunciada la r«ü¿rflía por la señorita Cowc/¿a soy capaz 
de quedarme hasta sin comer? 

— Ola ! Con que te gusta la Traviata. 

— Si me gusta? Yo daria, Sr. (disimule U. lafraii- 
queza) los seis dedos de mi mano derecha por encon- 
trar una de esas prójimas por acá. Dice un italiano 
amigo mió, que esa palabra -italiana quiere decir, en 
nuestra lengua, la estraviada. \ Ay ! señor ojalá se es- 
traviaran por acá una media docena de esas Violetas, 
y á fé, á fé que yo me estraviara con ellas por toda una 
eternidad, aunque me buscaran mi padre mi madre y 
mis abuelos desde Noé á la fecha. 



EL MURCIÉLAGO. 325 

— Vaya, vaya, ya te me vas propasando ; yo no te 
he hablado sino de la ópera, es decir de la música, 
del canto, de... 

— Sí señor, de eso hablaba yo también ; pero para 
que guste el canto es preciso que gusten los que can- 
tan; y ámí me gustan, señor, (perdone U. la palabra) 
las coristas y el señor Leonardo y un corista que pa- 
rece que se enjuaga el buche cada vez que sale á can- 
tar, y hasta el que toca los timbales, y hasta el saino 
4e chaquetón blanco que alcanza los papeles. 

— Milagro es que no te gusten lo que suben y ba- 
jan el telón. 

— Se equivoca U. , señor, me gustan hasta los que 
manejan la tramoya. Suponga U. que esta noche, como 
para saludar al tenorio nuevo, le aflojaron de lo alto 
un engaño de araña que vino acompañado de la efec- 
tividad de un inmenso garrote, que si pilla al señor 
tenorio lo parte de medio á medio. . . y.. . 

— ¿Y qué ? Ese incidente que proviene de un des- 
cuido que, si por una parte es involuntario, acredita 
que la tramoya es una mala tramoya, ha podido cau- 
sarte placer ? 

— Lo que es placer no señor ; pero yo he creido 
que el maestro Rojas habia hecho aflojar esa posta 
para ver si el señor tenorio era un cantor á prueba de 
sorpresas. 

— Pero, en fin, ¿ qué tal lo ha hecho Pagnoni, 

— Señor, como U. sabe, yo no tengo mas medida 
que mis oidos y mi gusto ; no soy inteUgente, ni de 
esos que llaman deleitantes; á mí gusta lo que me 
gusta sin haber estudiado cocheras ni fusias ni samba-- 
fxisias. 

— Bien ¿pero ha gustado ? 

— Para decir á U. la verdad, sin ánimo de injuria, 

T. II. 28 



326 EL MURCIÉLAGO. 

y sin agravio de partes, el señor Piñoni es mucho 
mejor que Chueco : tiene una voz dulce, agradable, y 
sentimental , su figura es simpática, sus modales buenos; 
ha descubierto en la tavirata algunas bellezas que se 
nos hablan escapado antes ; pero para mí, respetando 
la opinión agena, la voz es poca y poco el fuego en 
algunos lances. 

— Y ¿aquello del ammami Alfredo. ? 

— Así, tibion , señor; á mi me parece que si una moza 
de buenas barbas me dijera ámame Perico^ con el 
fuego que Da. Violeta lo sabe decir, era yo capaz de 
romperme la camisa de gusto. Pero los señores teño- 
rios escuchan esas entusiastas palabras con cierto 
desden que. . . pues, me dice un amigo que aquello es 
mentira y que como están acostunabrados á oirlo siem- 
pre, ya no se les dá nada ; pero que meló digan ámi 
de mentira ó de verdad ; que me lo diga una hembruca 
como la señorita Concha y aseguro á U. señor que 
perdia yo no solo mi juicio sino el juicio de todo el 
barrio. 

— Yo ¿ lo del commosso ? 

— No hay caso señor ; ,este commosso es poco mas 
ó menos como el del otro. Supóngase U., señor, que yo 
solo de oir ese tu ni ami^ tu ni ami , repetido cou 
tanto ardor y entusiasmo , me pongo no solo com- 
mosso sino como un oso^ y no puede explicarme como 
un hombre puede estar commosso y esté mas Mo que 
un pedazo de nieve. 

— Y en aquello de Di Provensa. 

— ¡ Oh ! En cuanto á eso , la acción del tenorio fué 
buena, natural, y expresaba bien el sentimiento de la 
situación. En el tercer acto, por ejemplo, en el A¡h 
si! — che Jedl estaba el señor Piñones^ sublime, 
señor. 



EL MURCIÉLAGO. 327 

— Vaya! veo que la empresa se empeña en complacer 
al público. 

— Y hace muy bien , porque con eso hace su ne- 
gocio. 

— ¡ Cabal ! 

Marzo I"" de 1860. 



LITERATURA NACIONAL 

Este mes ha sido fecundísimo en trabajos literarios 
de PREMiÉRE FORCÉ. El COMERCIO está plagado de pu- 
blicaciones tan curiosas, que desearíamos disponer de 
tantas columnas de crónica cuantas son las columnas 
del portal, para reimprimirlas íntegras y que se con- 
servaran como modelos de su clase. Pero ya que no 
es posible que nos demos ese gusto, contentémonos 
con volar de flor en flor. 

Semi-forense. Unos amigos, dando triruto al mé- 
rito, tuvieron la laudable idea de ensalzar ante el 
público á un abogado capaz de finalizar los asuntos 
MAS intrincados y que, por sus procedimientos rectos 
debe ponerse á la altura de los prohomrres del foro. 

Nadie es insensible á los elojios de los amigos ; 

El elogio es un panal 
« Que no entra mal, 

y la política exige que toda carta lleve su respuestada; 
el abogado ensalzado quizo hacer ver á sus amigos. 

Que es sensible y nada ingrato. 
Que es recto en sus procederes, 
Contraído á sus quehaceres 
Y aínda uais, literato. 



328 EL MURCIÉLAGO. 

Y que sentado eu su silla 
Maneja á Grocio y á Ulpiano. 
A Tapia y á Justiniano 
Blair, La Harpe y Hermosilla. 

y sin dejar pasar mas dé veinte y cuatro horas, dio á 
sus amigos las gracias por las palabras favorables 
que se le dirigen en la parte literaria, agradeciendo 
LA GRATITUD, y ascguraudo, tacto pectore, que la 

ELECTRICIDAD AURÍFERA NO LE TOCA LAS CUERDAS DEL IN- 
TERÉS, COMO LO TIENE PROBADO, etC. 

Un hombre que tales cosas contesta no tiene ne- 
cesidad de que nadie lo ensalze. 

Pues el solo se levanta, 

Y se eleva y se sublima, : 

Y se suspende y se encima, 

Y su propio saber canta. 

La elkctuicidad aurífera 
No hace su cuerdas vibrar, 
Ni el oro le hace aguantar 
Su exhalación tan pestifera. 
Ni el magnetismo gobrifrro, 
Ni el férreo sonambulismo 
Harán que él no sea el mismo 

Y será siempre pobrifero. 

Semi-religioso. El interesado José Sánchez, entién- 
danlo Ustedes bien, el interesado^ quiere que Lima 
vuelva la cara á un templo, porque la caridad está 
descascarada y desea que la piedad le costee cascabas 
con limosnas ; para buscar esas ci,scaras ha repartido 
en la Corte la siguiente 

DÉCIMA. 

Lima corte de piedad 
A un templo vuelve la cara, 

Y en el momento repara 
Su mucha necesidad : 



EL MURCIÉLAGO. 329 

Se nombra la Caridad 
Que se halla descascarada 
Se remedia eéo, con nada ; 
Dé una limosna cualquiera 
Y estará de adentro á fuera. 
Esta Yglesia remediada. 

Lo que es la décima pasa sin nada, 

Es una décima descascarada. 

Teatro. En el convite para la función de la Seno- 
lita Sconcia, se dice : 

Por lo largo de la función, se empezará á las 7 en 
punto. 

¿Y por lo ancho, cuanto debe durar? 

¿ Y por la profundo, á que hora debe acabar? 

Música. Club Musical « Se avisa al respetable 
« público de Lima que el concierto musical que debia 
« tener lugar el 9 del presente mes, » esta suspen- 
dido (¿de adonde y en donde?) provisoriamente. 

«Se publicará programas, anunciando el dia en 
« que se dará la función. 

« Las personas que tienen boletos, pueden presen- 
ce tarlos al próximo concierto (¿Donde vive ese caba- 
« llero? ) » El secretario del Club. 

Con los paréntesis basta. 



CHORREAN METÁFORAS. 

Al Sr. Prefecto del Departamento lo han querido 
fastidiar porque pide algunos boletitos mas que los de 
ordenanza, para hacer entrar al Acho á algunos de 
sus relacionados, sin duda. ¡ Vamos ! ¿ y qué diablos 
tiene de malo que up hpmbre, Prefecto ó no, pida lo 

2', 



330 EL MURCIÉLAGO. 

que necesita, ni que arree porteros á la cárcel? El por- 
tero está en la puerta para dejar entrar, y no para 
oponerse á que todo el que quiera pase adentro, si 
emplea la frase política de : con perdón de U,, caba- 
llero, \ Bueno fuera. 

Que el que lleva silletas prefecturales 
Tuviera que aflojar sus cuatro reales ! 

¡ En qué tiempos estamos ! ¡ en qué ciudad vivimos! 
¿ Hasta cuando no se han de abolir esas costumbres 
del tiempo de la barbarie, de que los dependientes de 
la gente grande, paguen por entrar á ninguna parte? 
¿ Acaso en la prefectura le cobran á nadie porque 
entre á ver al Prefecto ? Y eso que entre un toro y un 
Pi*efecto parece que hay alguna diferencia. 

Pues, como Íbamos diciendo, los enemigos del Sr. 
Prefecto, ¿quien está libre de ellos ? han borrajeado 
sus artículos sobre el asunto de los boletos; pero como 
nunca falta una anima pietosa que salga á la defensa 
del oprimido, la misma justicia en persona sacó la 
cara en el Comercio del dia 16, en un artículo titu- 
lado Al que le\ toque sufra y calle. El aforismo nos 
parece de una verdad indisputable, en esta santa tierra 
en donde las gallinas de arriba escupe?i á la de aba- 
jo^ y sobre todo cuando golpe dado, siempre llevado. 

Y ¿ cómo no se ha de sufrir, cuando el golpe viqne 
de .arriba, 

Y cuando tirar á arriba desde abajo 

Es siempre ó casi siempre, gran trabajo? 

No pudiendo insertar todo el artículo de la justicia, 
nos permitiremos reimprimir solo el largo rosario de 
metáforas que le sh've de introito. 



EL MURCIÉLAGO. 331 

« La imprenta deidad del mundo, se ha trocado en 
« un volcan de odiosas pasiones, en zaeta ponzoñosa 
« con que el atrevido hiere indistintamente, cual niño, 
« cuando en sus manos se le confian armas peligrosas ; 
« en manantial inagotable de negras venganzas ; en 
« botica libre del ciego, en victimario de la inocencia, 
« en baustisterio del elegido ; en rayo destructor de 
« la fama y buen nombre ; finalmente en sementera 
« del insulto, de la difamación cuyos venenosos frutos 
(( se suministran y esparcen por todas partes á manos 
«llenas por hombres sin dignidad, miramientos, ni 
« respetos sociales ; peores aun que la Hidra , que la 
« Biena^ etc. » 

Parece, pues, que no quedará muy contenta la ex- 
deidad con haberse convertido en volcan, zaeta, ma- 
nantial, botica, y de ciego, victimario, baustisterio, y 
sementera. 

Fué la Imprenta una deidad 
Que, por arte de Satán, 
Se con vertió en un volcan. 
¡ Vaya que es temeridad ! 

Lanza furiosa la tal 
Una ZAETA, aunque chica, 
Que secó un gran manain'TIal 

Y destruyó una botica ; 

Y con furor temerario, 
Agostó una sementera 

Y convirtió en victimario 
Un BAUSTISTERIO ¡ friolera ! 

No hay necesidad de advertir que en el resto del 
artículo se ha consultado, conforme á las reglas de 
una buena retórica, la unidad del lenguaje ; y que la 
publicación 

Aunque tiene hidra y hiena 
Es muy buena. 



332 EL MURCIÉLAGO. 

Oficial y de carne. ¿Nos reímos ó no nos reimos? 

Si D. José Yalentin 
No es síndico en toda forma, 
Que hagan otro en una horma, 
lo traigan de Pekin. 

Y no hay que jugar, pues desde que se sembró el 
primer Sindico hasta el de la liltima cosecha, no ha 
habido otro que haya conocido mas y mejor su au- 
gusta misión. Solo que parece que al tal Sr. lo ha 
agarrado el diablo por la came^ que es uno de los 
muchos enemigos del alma. 

Carne pide D. José, 
Carne, mas no de pescueso, 
Carne barata, pesada, 
Gorda, sabrosa y sin hueso. 

La petición me cuadra á mí, como le cuadrará á 
todo hijo de vecino, que tiene vecinos á quienes dar 
carne, porque ya se sabe : 

Que la carne cria carne 
Y el vino, sangre ; 

y que seria muy bueno que nos dieran veinticuatro 
(yo recibiera hasta veintiocho) onzas de carne por un 
real; prescindiremos, pues, délo sustancial de la carne 
para ocuparnos de la carne de la parte literaria del 
honorable oficio pasado á la H. Municipalidad, por 
el honorable sindico D. José Valentín Moreyra. 

Su señoría H. llama la atención del cuerpo á que 
pertenece, para librarse de la censura que pudieran 
producir su omisión ó neglicencia en su desempeño, 
y empieza á desempeñarse haciendo esta cita de la 
ley. 

« El artículo 24, capitulo 3** de los cargos munici- 



EL MURCIÉLAGO. 333 

« pales en su ley orgánica ordena especialmente — cor^ 
« responde á los síndicos promever y activar : y en la 
u atribución 1* concluye y en todo acto gue tenga 
« interés el común. » 

Con estos principios tan ina^novibles^ el sindico 
activa y promueve que la libra de carne tenga 24 
onzas, conforme á una resolución municipal fresque- 
cita de ahora ochenta y un años ; y razón tiene en pro- 
mover y activar que esa resolución se cumpla por el 
interés del común. 

Razón tiene, y mucha en eso, 
Y bien con razón machaca^ 
Porque si es cara la vaca 
Gome el común solo hueso. 

El Sr. sindico que demuestra un corazón bonda- 
doso y compasivo, cree que seria muy melancólico 
que sus comitentes enrostraran á él y sus colegas, en 
algún tiempo, (el hambre y las lágrimas) y por eso se 
concreta á ese punto de los mas vitales para los in- 
dividuos que le han otorgado su confianza. 

El Sindico sabe donde le aprieta la sincha. 

Ya lo dijo San Sempronio : 
Que un viviente descarnado 
Está mas atormentado 
Por el mundo y el demonio. 

Con lo que no transije el sindico, en lo cual hace 
muy bien, con la peregrina ó espantosa razón con 
que se pone sitio á la vida alegando con notable im- 
pudencia que la industria es libre^ y para hacer ver 
que él es el que tiene razón se ciñe á copiar lo que 
dicen los diccionarios de Valbuena y de Salva^ 
con la cual ^ceñidura cree escusado el trabajo de 
impugnar abuso^ raciocinios y doctrinas. El modo 



334 EL MURCIÉLAGO. 

es espedí to, lacónico y sobre todo convincente; pero 
es lástima que tan erudito é ilustrado sindico, haya 
bebido en fuentes de agua turbia; si se hubiera dado 
el trabajo de buscar otros diccionarios ó el de leer 
siquiera con cuidado á los que buscó hubiera visto que 
industria quiere decir también, « Oficio, ocupación 
« ó profesión mecánica ó mercantil que se ejerce ; 
« ciencia por la cual el hombre apropia á su uso las 
« materias primeras que la naturaleza le ofrece. » 

Los diccionarios de economía política definen la 
industria : « El conjunto de todas las operaciones que 
concurren á la producción é incremento de la riqueza 
de un estado. » 

El Síndico , que es tan fuerte en Economía Política 
como en Estadística, asegura que desde el año de 820 
en que comenzaron los aparatos de la guerra, se han 
consumido los consumidores y se han multiplicado 
los ganados de las Punas, de las Canchas y de 
las, etc., etc., por lo cual no hay motivo de rfo7i¿e 
nasca la esterilidad para oprimir al público. 

Lamentamos por tercera vez no poder ocuparnos 
de toda la nota, pero no dejaremos de dar gracias á 
Dios, de todo corazón, por la alta dicha que tiene el 
común de Lima de haber encomendado sus vitales 
intereses á un Sindico del fuste del señor D. Valentín. 

Sindico, te felicito, 
Tu nota te hace notable. 
Es imposible no se hable 
De ella, por tiempo infinito. 
Eu tu sepulcro pondrán, 
En vez de cruz, una estaca 
Y en ella, si, colgarán 
Una cabeza de vaca. 
Aquí yace, se dirá, 
Ya\ gruesos letrones de oro. 
El que fué en esta ciudad 



EL MURCIÉLAGO. 335 



De Síndicos el tesoro. 

La indtutria fué sn asesino 

Y escribió tales dislates, 
Que llegó á perder el tiuo 

Y á ser capitán de Orates. 



Marzo 15 de 18G0. 



CARNE CAR&. 

¡ Gracias á Dios por haber atinado algunos Señores 
municipales con la causa verdadera de la carestia de 
la carne ! ¡ Gracias á Dios por haber atinado también 
con el remedio de necesaria aplicación pai'a evitar esa 
carestia que tiene trastornados los sesos al Sr. Síndico 
D. Juan Valentin ! 

El medio de que podamos comer bifftec grande y 
barato consiste simplemente en cerrar el matadero 
general ; en convertir el local en escuela de artes, y en 
permitir que los dueños de ganados los hagan matar 
libremente en los inmundos y abominables chiqueros 
llamados antes camales. 

La medida nos parece tan preciosa y tan acertada, 
que no sabemos por donde principiar á recomendarla. 
Guando una autoridad ó corporación no encuentra 
medio para correjir abusos, lo mas seguro es cortar la 
raiz sin pararse en las ramas. Los subastadores del 
matadero cometen abusos; de esos abusos proviene 
el que se maten pocas reses ; de ese número escaso, 
viene la carestia de la Carne; de esa carestia nacen las 
eruditas notas del Síndico, ergo : abajo el matadero y 
santas pascuas; y para que el gobierno no pierda 
trecientos mil pesos, puede aprovechar las cuatro 
paredes exteriores del edificio y establecer una acá-- 



336 EL MURCIÉLAGO. 

demia de baile que tanta falta hace en el estado actual 
de nuestra civilización. Esto de cortar los nudos á lo 
Alejandro tiene, entre otras mil ventajas, la de no 
darse el trabajo de pensar; para mal de muelas, 
echarlas fuera, dice el proverbio. 

Si mañs^na, restituidos los antiguos mataderos con 
sus desórdenes y sus inmundicias, continua la carne 
cara, será preciso hacerlos también cerrar y disponer 
que el que quiera^ 

Carne abundante y no flaca 
Mate en su casa la vaca. 

Una de las razones que dan los partidarios de la 
cerradura, es que los fondos municipales se gravan 
con el salario del celador y dependientes que inspec- 
cionan el matadero, lo cual hace entrever que la in- 
tención de los autores del proyecto es que, en los otros 
mataderos, cada dueño sea el Rey, y que la Municipa- 
lidad no ejerza sobre ellos ninguna vijilancia; esto 
también es cómodo porque no hay necesidad de mal- 
tratar á los celadores ni dependientes, ni de que estos 
prógimos pasen todos los dias entre bestias de cuernos, 
cuando pueden ganar su sueldecito con mas comodi- 
dad y descanso, haciendo lo que hace el mayor nú- 
mero de ellos, es decir... nada. 

No sabemos en que pais del mundo, que tenga una 
organización municipal pasadera, no se hallen estable- 
cidos mataderos en los cuales se ejerce, por la Policía, 
una vijilancia severa y rigurosa. Así parecía que habia 
de hacerse aquí, desde que se estableció el de Mon- 
serrat ; pero desgraciadamente , 

El matadero y lo que no es matadero 
Todo Ta por un mismo sendero. 

Repetimos, pues, que aprobamos la idea de cerrarlo 



EL MURCIÉLAGO. 337 

para siempre : de convertir el local en cualquiera cosa y 
pero ¿no podrian los Señores del proyecto ocuparse 
un poquito de discurrir los medios de evitar los males 
cuya presencia les ha inspirado tan estraordinario pro- 
yecto? ¿No tienen ya la esperiencia de esos males y el 
convencimiento de su origen ? ¿ Antes de concebir un 
proyecto absurdo y de haber pedido su ejecución, no- 
podian haber empleado su intelijencia y sus luces en 
reformar el reglamento poniendo al monopolio todas 
las trabas imaginables. Si nuestra crónica no fuese de 
tan raquíticas dimenciones nosotros nos permitiriamos 
apuntar algunas reflecciones sobre este particular; 
pero ¡ basta de carne ! y que sea lo que Dios quiera. 
Amen, 



LITERATURA NACIONAL. 

Ello es que nuestra desgraciada Capital ha de sufrir 
una peste cada año, y que no nos han de faltar con- 
gojas por mas que hagamos para pasar la vida sin 
ellas. 

En actual Otoño no ha traido viruelas ni fiebre 
amarilla, sino otra especie de fiebre, cuyo color no co- 
nocemos, pero que está haciendo cera y pabilo de los 
cerebros de los cuales brotan diariamente, mas ab- 
surdos que arenitas tiene el mar. El que dude de esta 
verdad, échese á leer el Comercio y verá reunidas en 
las columnas de comunicados del mes pesado y del 
actual, mas disparates -juntos que los que se han dicho 
desdé el año de la moralidad hasta la fecha, lo cual 
parece que es bastante decir. 

Descuellan entre muchos, de algunos de los cuales 
nos ocupamos en nuestra crónica anterior, un Presi- 

T. D, .29 



338 EL MURCIÉLAGO. 

dente Cortés y un ciudadano D. José de la Rosa Arana. 
El presidente encuentra de muy mal gusto que un 
estranjero pretenda establecer, en esta capital, una má- 
quina para elaborar pan^ y ha ocurrido al patriotismo 
del Síndico de la carne para que se oponga á ese en- 
demoniado proyecto. Entre las razones de á puño que 
S. E. el presidente ha sacado de su caletre, las mas 
importantes son : 

1* Qae como todo éstrañgero 

No cumple lo que promete, 
El que dice que hace pan 
Hará tortas ó mollete. 

2". Que no podemos negar que el estranjero es há- 
bil para ciertas cosas como ferrocarriles, gaz^ telé- 
grafos, etc. , pero no para servimos a proveer ma- 
quinas de pan ; eso nunca se vé en ninguna de las 
cinco partes del globo. 

3'. Que hallándose pues amenazado el ramo de 
proveedores a ser víctima de su laboreo, por razón 
de la maquina asi también, se halla el Presidente en 
el caso de responder que no responde por el fracaso 
que le puede suceder a los empresarios de dicha má- 
quina en club con los colaboradores del gremio. 

• 

£1 tal Cortés sabe en donde 
Lleva la mano derecha ; 
El Presidente abre brecha , 
Responde que no responde. 

El tal Sr. Arana promete ; será con el tiempo, como 
cierto ciudadano, uno de nuestros mas acreditados escri- 
tores, que hace años no deja pasar ninguna cuestión 
política, cualquiera que sea su importancia, en que no 
meta su matizada mano (entiéndase pluma) < 

El Sr. Arana rebuzna en verso y en prosa, y ha iii- 



t 



EL MURCIÉLAGO. 339 

troducido un sistema de hacer versos, tan cómodo 
como fácil. 

Quitadas las trabas del consonante y de la mensura, 
puede hacer versos basta el Presidente C4ortés; hé 
aquí una cuarteta del taller del Sr. Arana. 

En el campo del honor 

Y de los sanos principios '] 
Allí se cojen los frutos 

De la verdad y del bien. 

{Firmado' Arana,) 

Que nos digan que diferencia hay entre esos versos 
y los siguientes : 

Cuando rebuznan los asnos 

Y cuando ahuilan los perros, 
Dios os guarde muchos siglos, 
José de la Rosa Arana. 

De las obras literarias 

Del Presidente Cortés 

Y de su Ministro Arana, 
Pasemos á otro rasguillo 
De elocuencia funeraria, 

«El que suscribe agradece de todo corazón á las 
. ({ personas que se dignaron honrar con su asistencia 
ft al funeral de su Señora madre tan señalado servi- 
« cío ; y previene recibir al duelo por tarjetas. » Co- 
mercio del 2 de corriente. 

Dos EN UNO. En la Crónica del Callao publicada en 
el Comercio del 9 del actual, se encuentra la siguiente 
fealdad : 

Heridas. 
<i Un feo hecho tuvo' lugar alas 8 déla noche de ayer 



340 EL MURCIÉLAGO. 

« en el callejón llamado de California, sita en la calle 
(( de Paz Soldán. 

« Un tal Tomas Ayala entabló una riña con el lan- 
ce chero Roberto Valencia y á consecuencia de ella echó 
(( mano de una larga aguja colchonera y se la clavó 
« profundamente en el estómago. 

<( Ayala fué tomado en el acto y está á la fecha en 
(( Casas Matas y Valencia queda en el hospital adonde 
« ha sido conducido para reconocimiento y asistencia. 

« Creemos desesperado el estado de este último pues 
« la herida hecha con un largo y agudo punzón, como 
« llevamos dicho, no sangra y los médicos dicen ha- 
« berse declarado la hemorrajia interior. 

« Qué pensar de esto? — Hé aquí un curioso dato 
(( que hemos recojido de la misma boca del interesado. 

« José Flores, lechero, venia de la chacra de donde 
« trae su artículo^ para espenderlo en la ciudad, cuando 
« á su paso por Bellavista fué tomado por algunos oli- 
(( ciales pertenecientes al batallón en ese punto acanto- 
« nado, mandado según creemos por el coronel Lezama. 
« Llevado al cuartel y enrolado en el cuerpo en clase 
« de soldado debió su libertad á una gratificación de 
u 8 ps. 4 rs. que se exigió á Josefa Celestina su muger. 

(( Quisiéramos saber el motivo por el que los tres 
« oficiales en cuestión han observado conducta tan' 
« extraña y fea. » 

¡ Las heridas y la leche ! 

Y la aguja colchonera, 

Y la herida que no sangra, 

Y la hemorrajia^ interior ; 

Y aquella conducta fea, 

Y aquel hecho también feo , 

Y aquel que se la clavó 

Y ese donde trae su articulo. 

Vaya con el cronista que solo cuenta casos feos y 



EL MURCIÉLAGO. 341 

que une dos artículos como si fueran un par de al- 
forjas poniendo en un lado jerga y en otro cuero. 
Otra del mismo cronista. 

Vapor de Guayaquil. 

« El New Granada procedente de Guayaquil é 
« intermedios , fondeó en el puerto del Callao á las 
« siete y cuarto de la mañana de hoy con pasajeros 
<í á su bordo. » 

Quedamos 'impuestos de que no los trajo á bordo 
ajeno ; probablemente traerla también cargas en sus 
bodegas. 

Junio, 1° de 1860. ' ^ 



COSAS SERIAS. 

Al fin terminó la cuestión francesa mediante un 
arreglo hecho bajo las bases de la fraternité y de la 
amitiéy lo cual se ha verificado, según dicen los enten- 
didos y los que están al corriente de k)s adentros del 
gabinete, de manera que los dos honores están salva- 
dos. Damos gracias á Dios con tanta mayor sinceridad 
cuanto qué ya medio nos estábamos acostumbrando á 
no hacer caso del tal honor que, en sentir de algunos, 
no es mas que : 

Un miserable avechucho , 

De complexión delicada, 
Que no nos sirve de nada 
Pero nos priva de mucho. 

En los momentos en que esa cuestión ruidosa 
tocaba á su término, hubo un semi-cataclismo minis- 
terial, S. E. parece que quizo hacer cejar al Sr. del 

29. ^ 



\ 



342 EL MURCIÉLAGO. 

Carpió, pero este Sr. no estaba tan bien enseñad^ que 
fuese para atrás y para adelante según Ja voluntad del 
ginete. Este se encontró con una boca algo dura, y 
aunque quiso emplear toda su fuerza se quedó con la 
brida en la mano. En nuestra opinión el Sr. Carpió 
ha procedido como un Ministro. Si la cartera no ha 
de ser llevada sino cargada, 

Vale mas ser sacristán 

Y tomar cerveza amarga, 
Que servidor de un sultán 
simple bestia de carga. 

Con motivo de los diversos asuntillos que llaman la 
atención del gobierno por arriba y por abajo^ parece 
que el Sr. Gral. Pezet saldrá á mandar el ejército y 
que la cartera de guerra se encargará al Sr. Gral. 
Cisneros. Se habla también de la variación de otros 
ministros bien entendido. 

Que el Sr. de Melgar 
Siempre queda en su lugar, 

Y pue en caso de apuros y quimeras 

£1 solo cargará las seis caí-leras. / 



CONGRESO. 

Va pareciendo medio cierto que se reunirá el 28 
del entrante pues los representantes están empezando 
á llegar no á pares sino pareados. Tenemos ya en la 
Capital algunos duales^ dispuestos todos ellos á de- 
mostrar que su elección es la buena, la lejítima y la 
legal. A nosotros se nos ocurre la bestialidad de creer 
que donde hay dualidad, hay trampa ó fraude ; que si 
el jurado electoral se divide, nó hay .jurado, y que en 
el caso de que todos los duales no se declaran malos, 



EL MURCIÉLAGO. 343 

se debia someter á juicio y castigar severamente á los 
que sin ser jurados han querido aparecer cpmo tales, 
y á los que siéndolo se han dividido en facciones para 
hacer disparates y para ocasionar á los fondos públicos 
gastos indebidos. 

El salón de sesiones , cuyo techo amenazaba des- 
plomarse sobre la cabeza de los padres de la patria^ 
está refraccionándose ; para asegurar él techo se han 
pasado de una á otra pared laterales unas varas de 
fierro entornilladas de tal modo que impiden el des- 
nivel de esas paredes ; se dice que el hábil Ingeniero 
que dirije ese trabajo, ha recibido el encargo de tener 
preparados algunos tornillos para las cabezas de mu- 
chos señores lejisladores. 



LAS LUCES DEL SIGLO. 

Aconsecuencia de unproyecto,sometidoal Gobierno, 
para establecer en Lima el alumbrado por cal^ se pidió 
informe á la Municipalidad quien, para emitirlo de una 
manera lucida, pasó el proyecto á una comisión de 
personas instruidas .y competentes como, un platero^ 
un ex-comerciante de maderas y un farmacéutico. En 
cuanto al último nada tenemos que decir, no .hay far- 
macia sin química, pero en cuanto á los otros dos, es 
seguro 

Que asi entienden de gases y de cales 
Como entienden los burros de panales. 

Junio, 15 de 1860. 



AHBOS T TEMOS. 

El Comercio del 6 del corriente, sin asegurar la 



344 EL MURCIÉLAGO. 

exactitud de la relación que ha publicado, de todos los 
señores que son ó se creen Diputados, nos ha minis- 
trado el muy importante conocimiento de las provin- 
cias que no solo han mandado representantes sino 
parejas y remudas : en esa lista se da cuenta de la 
elección de setenta y dos provincias; en veinte hay 
dualidad^ y en tres trialidad^ el año que viene, si 
Dios no dispone otra cosa, habrá cuatridad^ y en el 
que venga después se completará la quina. Así sea. 
Gomo para nosotros, hablando en conciencia y sin 
agravio de partes, la mitad de la mitad de la décima 
parte de las elecciones apenas merecen tal nombre, 
nos atreveríamos, ¿y por qué no hemos de atrevernos? 
á decir lo que haríamos si estuviéramos llamados á 
decidir la cuestión preferencias. Para no agraviar á 
nadie, admitiríamos en el seno del Congreso á todos 
los ciento sesenta y cinco ciudadanos que nos traen 
el caudal de sus luces y patriotismo. En este arbitrio 
se notan las ventajas siguientes : 1*. Que nadie queda 
sentido ni agraviado. 2*. Que si es cierto que mas 
ven cuatro ojos que dos, lo es también que mas han 
de ver 30.0 que 248. 3*. Que las materias serán mas 
sacudidas {discutidas) cuando pasen por el alambique 
de los debates^ {palabra parlamentaria de año de 
1835), y 4*. que ese cuerpo lejislativo será un cuerpo 
compuesto de muchos cuerpos, y ya se sabe que en la 
unión está la fuerza. [Que me levanten esa,) 

Pero no son esas las únicas ventajas que se repor- 
tan de admitir esta idea ; las hay también de economia 
de tiempo y de monedas, como vamos á demostrarlo 
matemáticamente. 

El número de llamados^ incluso el de los que serán 
escojidoSy es, como lo hemos dicho, de 163 : elimi- 
nados los 41 que deben irse con la música á otra parte, 



EL MURCIÉLAGO. 34o 

quedan Kbres de tara, es decir, Diputados netos, 124. 

Para eliminar á esos 41 que tienen todos ellos sus 
papeles en forma^ y su contingente necesario de cartas 
é influjos, ha de perderse cuando menos, y nos que- 
damos cortos^ un mes útil que con dias feriados y de 
constipados, se parece á un mes de cuarenta dias ; 
hecha la purificación, resultará que quedan papando 
dietas los indicados 124; que siendo esas dietas de á 
diez ps. diarios por cabeza, en los cuarenta dias de 
trabajos, para que unos entren y otros salgan, habrá 
gastado el Gobierno (antes se decia la Nación) la írio- 
lerilla de 49,600 pesos solo en las consagraciones. Si 
el Congreso tarda solo cien dias en arreglarnos y en 
poner las piedras fundamentales de nuestra felicidad, 
se gastarán en las indicadas dietas 124,000 pesos, 
que unidos á los susodichos 49,600 hacen un total de 
173,600 pesos. 

Si nuestra opinión se adopta, se ahorrarán los cua- 
renta dias de dimes y diretes en que los duales^ pa- 
rendose como gallos de á pico, se saquen sus trapos 
al sol y se enrostren, con escándalo del mundo en- 
tero, mil falsificaciones y al)iisos; y en tal caso, cien 
dias de dietas para 1 65 individuos, importarán solo 
163,000 pesos, lo cual deja á favor del Gobierno una 
economía de 8,600 pesos, que si no es una cabeza de 
moro á lo menos son varias cabezas de chinos. Pero 
¿el principio? me preguntará algún asustadizo; y ¿la 
moralidad? ¿y la ley? 

Lo que es yo, no estoy sino por tos fines ; y 

En cuanto á leyes y moralidades 
Dios guarde á US. dos mil navidades, 

A mal que no tiene remedio hacerle buena cara. Si 
para después se quiere qué no haya dualidades, ni 



346 EL MURCIÉLAGO. 

trialidades^ abajo dietas y abajo posibilidades de que 
los diputados puedan obtener destino alguno ni du- 
rante ni después de las sesiones, y ya veremos si 

^ Hay patriotas tan finos y leales 

Que gasten corbatones (1) en ser duales. 



TEATRO. 



Sr. cronista del Monitor de la Moda. 

Cumpliendo con el encargo que he aceptado de dar 
á U. cuenta de las novedades teatrales, comunicaré á 
U. los principales acontecimientos de la quincena. 

El 20 del próximo pasado se dio, como U sabe, un 
semi-beneficio al artista Arrugones, (dispense U. que 
yo tradusca los nombres italianos) para pagarle con 
ese semi-producto el valor del precioso telón de boca 
que ha pintado ; aunque en materias de artes, ni soy 
inteligente ni tengo otra norma que la impresión pu- 
ramente material que me producen, diré á U. que el 
tal telón me parece magnifico y, sin duda, el mejor 
de cuantos hemos visto por estos mundos ; algunos in- 
teligentes dicen, sin embargo, que hay en la obra sus 
defectillos, y que las posiciones coreográficas de al- 
gunas de las projinas pintadas son algo exajeradas, 
pero repito que si yo dijera que 

La pintura era mala ó era buena 
' Metería mi hoz en mies ajena. 

La Hija del Rejimiento y los dos Foscaris, se han 
representado ante públicos diminutos, porque parece 
que la caida de la ópera es uno de los puntos resueltos 

(1) Corbatones, moneda boliviana de mala ley. 



EL MURCIÉLAGO. 347 

en los sabios conselos del pueblo soberano. El Sábado 
pasado principió la función con una concurrencia que 
apenas llegaría á cien personas ; el telón se levantó 
con diez y ocho espectadores en la platea; fácil es 
suponer que los artistas no se esmeran ante un nú- 
mero tan reducido de oyentes y que no se esfuerzan 
por alcanzar aplausos frios y poco estrepitosos. 

La señorita Sconcia,^ deja mucho que desear en la 
Hija del Rejimiento. Cuéntase que en la noche de la 
primera representación de esa ópera, hubo entre bas- 
tidores una de populo bárbaro ; que el sargento tuvo 
sus dimes y diretes con la vivandera^ y que esta, po- 
seida de su papel, desenvainó la chafarranga é hizo 
correr al primero invocando el auxilio del papá para 
que templase el furor bélico del agresor de polleras. 

En los dos Foscari el Señor Rossi Ghelli se maneja 
como siempre ; canta con gusto, con entusiasmo y ar- 
ranca frecuentes aplausos. 

El Martes i O hubo en la representación del Saltim- 
banco una escena extraordinaria que tuvo apriencias 
de trájica, pero que en mi ^humilde concepto, no fué sino 
un resultado de... no sabemos que. Antes de terminar 
el primer acto, cayó por tierra la señorita Sconcia aco- 
metida al parecer de un vértigo ; cuando' el señor 
Leonardi se presentó en el proscenio á levantarla, los 
quejidos que aquella lanzaba produjeron exitacion en 
el público que se manifestaba pesarozo creyendo en- 
ferma á su predilecta prima donna. Muchas personas 
entraron al cuarto de la señorita Sconcia, y entre ellos 
el señor Intendente de Policía; la actriz lloraba, pero 
al mismo tiempo engullía, con evidiable apetito, sen- 
dos trozos de bifftec y gruesos tragos de burdeos que 
le introducía en la boca una rolliza camarera. El mé- 
dico que asistía á la accidentada^ atribuvó la caida á 



348 EL MURCIÉLAGO. 

debilidad y creyó que era mas prudente recurrir á la 
fonda que á la botica. El padre de la enferma se pre- 
sentó, algo después, con una servilleta bien provista de 
comestibles sólidos, y parece que merced á ellos el ac- 
cidente quedó sofocado por la action digestiva del es- 
tomago. 

Persona hubo poco caritativa que, notando el pre- 
cioso color rosado de la enferma, y el buen apetito 
con que aceptaba las medicinas de cuchillo y tenedor, 
dijera sin hacer caso de las lágrimas, que todo ello 
no pasaba de mero engreimiento. Respetando las ra- 
zones que cada cual haya tenido para juzgar ese inci- 
dente á su manera, nosotros nos contentaremos con 
decir que quien después de privarse , 

Tira vino y salchichón. 
No está cerca del panteón. 

Nuestras bellas paisanas sacarán de aquí el conven- 
cimiento útil de que : 

En los ataques nerviosos 
E histéricos accidentes, 
Son remedios prodigiosos 
Llorar y mover los dientes. 

En esta función tenia otro semi-producto el señor 
Arrigoni, siempre á cuenta del nuevo telón, y la con- 
currencia no fué tampoco muy numerosa. 

Con lo expuesto creo, Señor Cronista, haber dicho 
á U. cuanto ha ocurrido de notable de bastidores aden- 
tro y de bastidores afuera. 



HEDICOS DE TURNO EH EL PRESENTES HES. 
Dr. D. Manuel Rondón. — En la otra vida. 



EL MURCIÉLAGO. 349 

Dr. D. Antonio Sánchez Almodovar. — En Madrid. 

Dr. D. N. Guzman. — Donde se encuentre. 

Guando alguno de estos tres se escusen de ocurrir 
á las llamadas, pueden los interesados dar parte 4 la 
Municipalidad para que se les eche la multa de regla- 
mento. 

Junio, r de 1856. 



CONGRESO. 



El 28 del que espira, si instaló la Representación 
nacioníil, acto al que no pndo asistir S. E. el Presi- 
dente por su actual estado de salud; no hubo, por lo 
mismo, lectura de mensage ; los curiosos se dieron de 
machucones y estrujones, fecho' lo cual, cada conejo se 
fué á su madriguera muy contento y satisfecho de 
haber \isto una cosa que, aunque parece algo, no es 
nada en reahdad. Y ¿por qué no es nada? ¡Toma! 
¿ qué no sabemos por acá lo que son Congresos , y lo 
que valen y para lo que sirven? ¿ Y ya podremos cal- 
cular lo que dará de sí el actual, que en sus juntas 
preparatorias ha hecho tales y tales tamales, que Dios 
quiera que quede en eso y que no tengamos que contar 
otro Congreso mas, muerto de muerte violenta? Pero 
¿ qué importa el Congreso á mis bellas y amables lec- 
toras? ¿Qué es un Congreso Peruano? Demasiado lo 
saben ellas, pues cuando ven por las calles á un poto- 
yunco con cara melancólica, color de ají seco, olor á 
queso, con la leva muy suelta y arrugada por la falda, 
guantes de dos pulgadas de exceso en cada dedo, cor- 

(1) Esa razón cíe médicos de turno, se publicó en el Comercio. 
T. n. 80 



3o0 EL MURCIÉLAGO. 

bata con lazo á lo Luis XIV y andando como si lleva- 
ran un clavo en la planta del pié, al punto se dicen : 
¡ mira ! mira ese Diputado. 

Sin embargo, lo que es ahora, no faltan mucha- 
chones elegantes y bien acondicionados que tienen la 
alta fortuna de representar provincias en donde nadie 
los conoce y á donde á nadie conocen, lo cual no deja 
de ser una ventaja, porque así están ellos al corriente 
de las necesidades de las provincias que los nombran, 
y pueden pedir y solicitar que esas necesidades se sa- 
tisfagan, después de satisfechas las propias, lo cual es 
conforme á esa máxima del Espíritu Santo que dice : 

Primero yo que mi padre, 

Y después de yo soy yo : 

Y yo soy antes que tú 

Y antes también que mi madre. 

En vista de la manera circunspecta é imparcial con 
que las calificaciones se han hecho, y de la severidad 
desplegada para no admitir al ciudadano que no se 
presentara en forma y conforme á derecho, debe espe- 
rarse que este Congreso no será como los pasados; la 
República tiene ya experencia de que, para que las 
cosas salgan buenas, deben intervenir en ellas las altas 
dignidades eclesiásticas, y que los Obispos son 

Personages astutos y traviesos 

Que arreglan á su modo los Congresos. 

Según se dice , el presente Congreso nos va á dai' 
una nueva Constitución, esenta de los vicios de la 
actual, lo que á mí, individuo poco versado en de- 
recho público, me parece requetebueno por el solo 
principio de que en la variedad está el gusto. La 
Constitución actual tiene ya cerca de cuatro años de 
vida, pero ha sido una vida tan sin Vida^ y tan acha- 



EL MURCIÉLAGO. 351 

cosa, que el mejor favor que se la puede hacer es ma- 
tarla, porque al fin mas vale que esté muerta de veras, 
que viva de mentira. 

En fin, lo que fuere será, y ya veremos si el Con- 
greso del 60 hace mas bienes al pais que los demás 
que le han precedido ; en cuanto á mí, asi lo dudo* 

En estos buenos tiempos en que vivimos, como en 
los malos que ya pasaron, cada cual está á la suya, 
y según parece, así será jo^r scecula sin fin; pero hay 
personas que se apuran tanto en sus negocios, que 
casi, casi aparecen con una impertinencia que puede 
servir de ejemplo. No bien se hubieron retirado del 
salón de sesiones los señores Ministros, cuando se leyó 
la solicitud de un ciudadano á quien el triunfo de la 
Palma quitó^ como á otros muchos, el pandero que 
tocaba ; en esa solicitud pedia naturalmente la resti- 
tución del despojo con sus frutos, perjuicios, cos- 
tas, etc. La solicitud parece que hubiera navegado 
viento en popa^ si un señor Congresante no tomara la 
tribuna en medio de las manifestaciones de aplauso de 
la numerosa barra ; el lUmo. Presidente que no entra 
en barullos de esa clase, meneó el cencerro, levantó le 
sesión, y dejó al orador sin pronunciar una palabra. Si 
eso no sollama entenderlo, que venga Cristo y lo diga. 

Si la restitución solicitada por el Sr. P. S. se de- 
creta por el Soberano Congreso, la reforma judicial 
quedara, sin duda, reformada^ porque todos los que 
en ella perdieron, reclamarán del despojo, y como 
todos son hijos de muger é iguales ante la ley. 

Si hay justicia para Gil 
Debe haberla para mil, 
Que en el mismo caso están; 
' Que los rayos del sol dariy 
Brillante luz y calor 
Al villano y al señor. 



352 EL MURCIÉLAGO. 

En fin, si el Congreso en medio de los altos objetos 
á que tiene que aplicar su alta atención, se pone á 
sustanciar juicios de despojo, tendrá trabajo para mas 
de un siglo ; porque todavia hay mas de mil prójimos 
de los que fueron destituidos en los grandiosos días en 
que tuvimos al alta honra de ser gobernados por los 
principios reformadores del Sr. Dr. Ureta. 



APROPOSITO DE COHfiRESO. 

Para hacer pasar al Diputado sexto por Lima, dijo 
la comisión calificadorar que el censo de la capital re- 
gistraba 134,000 habitantes. Yo he dicho ¡ qué ! ¿Los 
Diputados también mienten ? La única persona que, 
en el mundo, sabe el número de individuos que da el 
censo de 1857, es el atento servidor de UU. y asegura 
que no hay tales 134,000 individuos. ¿ Qué censo ha 
visto la comisión? ¿Tan infecundos han sidos sus 
miembros, que no se les ocurrió otra razón cualquiera? 
Vaya, que es bien pobre el ingenio de los calificantes, 
á quienes lo único que les vino á las mientes fué una 
escandalosa mentira. 



HAS DE COHfiRESO. 

Cada dia se hace en el mundo una revolución en las 
cosas, en las ideas y en las palabras. Antes se decía 
conservador al sujeto que estaba por el statu quo en 
política, y liberales á los que querían la necedad de 
que el Gobierno fuera para el pueblo y no el pueblo 
del Gobierno. Hoy es diferente : son conservadores los 
que intentan destruir y no conservar, y liberales los 



EL MURCIÉLAGO. 353 

» 

que pretenden que las cosas queden como están... 
escritas,., pero como entre lo escrito y lo que se hace 
hay tanta diferencia, como entre lo negro y lo blanco, 
resulta que los liberales quieren sostener la dictadura 
vestida de una Constitución que existe pero que no vive. 



SOBRE IDEH. 

Dos ciudadanos, presuntos Diputados, al sostener 
sus elecciones, tomaron la tribuna, aflojaron unas 
cuantas verdades, aguantaron campanillazos, repli- 
caron al campanillero, y uno de ellos que tuvo el raro 
antojo de llamar las cosas por sus nombres, derrotó al 
señor Obispo Presidente y lo hizo abandonar el puesto. 
Eso quiere decir que la moral se va perdiendo , y que 
todavia hay hombres que no guardan á las altas di- 
gnidades eclesiásticas la servil sumisión que se les 
debe, cuando en lugar de echar bendiciones, fabrican 
Congresos. 



IDEH DE IDEH. . 

Se asegura que de la barra del Congreso sallan, el 
28, algunas voces, que aunque no muy sonoras, de- 
cian, ¡fuera ! ¡ abajo Congreso ! Si esto es cierto , el 
Congreso puede estar seguro de que descanza en los 
brazos el pueblo^ como lo ha dicho el lUmo, Presi- 
dente. Sin embargo, bueno será que haya un poco de 
precaución , porque si el pueblo cierra las brazos , 
puede ser algo sofocador el abrazo. 

¿Quien quiere? 

Al que adivine lo que ha de resultar de este Congreso 
Le dov un fuerte abrazo y ricQ beso. ^ 



354 EL MURCIÉLAGO. 

FIESTAS DEL AHIVERSARIO. 

Su misa de gracias de costumbre; con su sermón 
de costumbre^ en él se dice, como de costumbre^ que 
vamos para adelante ; su palo encebado de costumbre; 
sus trapitos en Cabildo de costumbre ; sus tubos de 
plomo en palacio con su agugeritos para que el gas 
haga la iluminación, de costumbre; su Seamos libres áe 
costumbre; sus fuegos artificiales peores que los de 
costumbre; sus descargas durante la misa de gracias 
hechas como de costumh'e á imitación de una carre- 
tilla ; sus paseantes hembras y machos de costumbre; 
sus funciones de teatro, poniendo en la puerta del edi- 
ficio sus trapitos y cuadritos con soles pintados, de 
costumbre; tales han sido las fiestas cívicas del 28 de 
Julio de 1860. El año que viene serán lo mismo que 
las de costumbre. 

Junio, 15 de 1860. 



C0H6RES0. 

¡ Lo que se ha de empeñar que se venda ! 

Asi han dicho los legisladores del 60, y cortando el 
nudo á lo Alejandro, dijeron también : ¡ fuera trabas! 
y supuesto que hemos de hacer, hagamos. El Congreso 
funciona y funcionará en una sola Cámara; nos dará 
Constitución reformada en un mes, en lugar de los 
tres años que, según dicen algunos, se necesitan para 
esa maniobra ; por manera , que si la reformada es 
buena, habrá la ventaja de que sea buena, pronta y 
barata. Quien dá pronto, da dos veces : 



EL MURCIÉLAGO. 355 

• £i refrán lo dice así 

Yo también lo diré aqui, 
Y con eso lo verán 
En crónica y en refrán. 

Desde que se sancionó la ley sobre reforma, se ha 
ocupado la Cámara en completar el número de los es- 
cojidos ; pero aunque se diga que son muchos los lla- 
mados y pocos los elegidos^ en esta ocasión ha suce- 
dido que eran muchos los elegidos y muy pocos los 
despedidos. Sin embargo, no han faltado sus picos 
caidos, porque algunos no han comprendido : que 
quien a buen árbol no se arrima, mala sombra le cae 
encima. 

Parece que en las sesiones secretas hay mucho y 
bueno, y que algunos Sres. que, en las sesiones pú- 
blicas, guardan un silencio público, cuando se ven á 
sus solas y en familia, mueven la sin-hueso á pedir de 
boca. 

No solo ha habido dualidad de elecciones; las ha 
habido también en los dictámenes de la comisión de 
poderes. 

Los miembros de esa comisión son cinco, como las 
mandamientos de la madre iglesia ; pero apesar de lo 
impar del número, y á propósito de las elecciones dua- 
les de Huari, se han presentado dos dictámenes opues- 
tos, firmada cada uno por tres miembros. Tres y tres 
son seis; de seis á cinco va uno : ergo... cada cual sa- 
cará la consecuencia. 

♦ A propósito de reforma, parece que las cuestiones 
fuero y diezmos no se tocarán, ó que si se tocan no 
saldrán triunfantes. Nos alegramos y de buena fé. 



3S6 EL MURCIÉLAGO. 

COLOK. 

El Viernes 3 del que corre, se descubrió al descu- 
bridor de la América, y aunque el Comercio hizo opor- 
tunamente la description de la fiesta, nosotros quere- 
mos también hacerla y 

' Se verá, si señor , 

En Comercio y Monitor, 

A las dos y media de la tarde, un gran concurso de 
toda especie de gentes ocupaba el círculo frontero al 
Acho, en cuyo centro se ha colocado el grupo de Co- 
lon y la América. 

A la derecha se habia construido una especie de 
barracón de feria, con sus cuatro palos forrados en 
trapos de algodón colorados y blancos ; en este bar- 
racón se colocaron los señores Vocales de la Corte Su- 
perior, el señor Prefecto del departemento y el señor 
Intendente de Policía. Todos sus señorías, con* sus 
picos en la cabeza, se veian y se miraban sin saber 
por donde hablan de agarrar la cabra, hasta que el 
Prefecto y el Intendente empezaron á dar órdenes para 
que los soldaditos fueran por acá y por allá, y forma- 
ran calles del barracón á la verja. Asi dispuestas las 
cosas y sin bullas ni estrépitos, ¡ uf ! ¡ camisa afuera ! * 
y hé alh' á Colon y á su India. Los espectadores excla- 
maron : ¡ ya está I ¡ qué buena ! ¡ qué bonita ! ¡ mira 
á la India I 

Como á los cinco minutos del descubrimiento, tocó 
la música una marcha, siendo preciso que el señor In- 
tendente lo mandara así. 

En un paréntesis hecho por la música, el señor Paz 
Soldán se cuadró frente al Prefecto, desdobló su papel 
y leyó un discurso que babia escrito ; el Prefecto tomó 



EL MURCIÉLAGO. 357 

también su papel [el Comercio dice que tomo la pala- 
bra) y leyó las palabras que le habían escrito. 

El discurso del señor Prefecto se ha publicado di- 
minuto, no acabó como se supone con las palabras : 
será grande el descubridor del nuevo mundo^ sino di- 
ciendo : que toque la música^ como sostitucion de la 
antigua frase de las arengas : He dicho. 

Concluidas las lecturas, los señores vocales y com- 
pañía se marcharon, y los curiosos y ociosos (como no- 
sotros) se pusieron á dar vuestas hasta que dieron la 
espalda al descubridor, y cada cual se fué á su olivio. 

Nosotros hubiéramos deseado que la función hu- 
biera sido mas ordenada y mejor preparada ; que el 
comandante de las fuerzas hubiera estado prevenido 
délo que tenia que hacer al tiempo del descubrimiento, 
para que el señor Prefecto no hubiera tenido que servir 
de maestro de ceremonias. 

Bien que rescitar un discurso de memoria, no sea 
prueba de alta capacidad, es indudable que parecen 
discursos de veras lo que se repiten sin estar leyendo 
un papel, lo cual coloca a un hombre grande en la 
apariencia de un muchacho que da su lección. Noso- 
tros que conocemos y apreciamos ló que vale el señor 
Paz Soldán, sabemos también que no le habria costado 
un gran esfuerzo ó estudiar su propio discurso ó im- 
provisarlo ; y no creemos tampoco que el señor Pre- 
fecto no hubiera podido encomendar á la memoria su: 
Cuando la America^ etc. 

Por lo demás, nosotros como buenos y sinceros pa- 
triotas, felicitamos al Gobierno que tuvo la feliz idea 
de levantar un monumento al inmortal Colon ; al señor 
Paz Soldán encargado de la colocación del monu- 
mento, y al artista que nos ha mandado una obra her- 
mosa y acabada digna de la capital del Perú. 



358 EL MURCIÉLAGO. 

MOHOS Y RATORES. 

Los campanilleros se han ido con sus campanillas á 
otra parte; pero cuando una puerta se cierra otra se 
abre. 

El refrán lo dice así ; 
Yo también lo diré aquí, 
Y fon eso lo verán 
En crónica y en refrán, 

Pero en reemplazo han venido á alborotarnos mo- 
nos y ratones sabios. ¡ Bendito sea Dios ! ¡ En este 
siglo hasta los brutos son sabios ! 

Dicen que los ratones hacen prodigios, bailan, can- 
tan, tocan diversos instrumentos, hacen ejercicio de 
armas, y ! quien lo creyera I hacen versos. 

El que ha tenido paciencia de enseñar ratones, pu- 
diera muy bien enseñar á otra clase de animales^ y si 
estableciera aquí un colegio, se llenarla en dos por 
tres de corbatones. 



CEHEHTERIO DE LA CATEDRAL. 

A caballo que se empaca 
Darle estaca. 

El refrán lo dice así , 
Yo también lo diré aquí, 
Y con eso lo verán 
En crónica y en refrán» 

El mes de Enero del presente año, (van seis meses 
y medio, si no nos equivocamos) , se dio principio á la 
obra de quitar la estacada que rodea el cementerio de 
la Catedral para reemplazarla con una hermosa verja 



EL MURCIÉLAGO. ^'"' 

de fierro; pero al mes ó poco mas de trabajo se sus- 
pendió, quedando el expresado cementerio como los 
muros de Babilonia. Piedras por aquí y fierros por 
allá, ni lo nuevo ni lo viejo. Mientras tantO' Paj ece 
que se ha formado por el inteligente é instrmdo señor 
Dupart, ingenio y arquitecto del Estado, un proyecto 
para el arreglo y refacción del cementerio, YJ^^J^- 
Locida la actual obra se han notado en ella graves 
defectos. Lo que se apetece es que el Supr^";^ Go- 
bierno apruebe cuanto antes el proyecto, afloje la 
mosca y que se jaga, si señar, que sejaga. 

Agosto, 1" de 1860. 



FUEROS. 

Como es público y notorio, la cuestión fueros se ha 
resuelto en un sentido opuesto alas devotas intencio- 
nes delpríndpe de la Iglesia Católica. S. S. I. que ha 
visto en esa resolución la muerte de la República y el 
principio no de siete sino de siete mil plagas, ha re- 
suelto no concurrir mas al Congreso. 

A proposito de semejante resolución, decía ahora 
pocos dias un Diputado tras-andino: 

— Lastima es que el señor Jobispo no venga mas al 
Ccmgreso, porque no habrá ningún otro que sepa ar- 
reamos como éL 

El señor Diputado queria decir : que sepa prest- 
dimos. 



LITERáTDRA iortuoria. 

No hay que hacer gestos que el epígrafe no es mió. 



á 



360 EL MURCIÉLAGO. 

pero me ha cuadrado tanto, que no he tenido inconve- 
niente en adoptarlo para reimprimir un convite de 
honras que fuera lástima, y grande, dejara de figurar 
entre los documentos clásicos de nuestra literatura. 

Pero volviendo al epígrafe, han de saberse ustedes, 
mis queridos lectores de ambos sexos, que en la ciu- 
dad de Santiago se publica un periódico de literatura 
y de costumbres, titulado el Mosaico^ cuyos primeros 
números han llegado á mis sacrilegas manos. Es un 
Mosaico, pero, ¡qué Mosaico! 

Si tuyieramos espacio de que disponer, insertaría- 
mos hoy el prospecto , 

Que basta y sobra 

Para dar á conocer toda la obra. 

Pues en ese tal periódico se encuentra una especie de 
Crónica, en la cual, y entre otras materias varias se 
trata de la literatura mortuoria. Dios, mediante, ten- 
dremos el gusto de dar á conpcer á nuestros lectores 
en que consiste esa clase de literatura. Por ahora, con- 
fórmense ustedes con el convite : 

Señor D. 

« El dolor estampado en los corazones dolientes, 
(í con necesidad invitable, invita á los excesos natu- 
(( rales ; pero la religión tiene establecidos los medios 
(( de moderarle. » 

« A las diez de la mañana el Jueves 28 (Junio de 
í( 1849) se celebran en la Iglesia de Nuestro Padre 
(( San Francisco las exequias de la finada Señora Da. 
« Mónica Dote, (Q. E. P. D.); y suplican á U. les 
í( acompañe á imitir los distintivos que les clasifican 
« en este hecho fúnebre, SS. SS. » 



EL MURCIÉLAGO. 361 

Bafael Caledonio | Esposo. 

Casimiro Pineda | Hijo. 

D. Mariano Mantilla ) >>, 

r, « , ^ , [ Compadres. 

D. Manuel Sánchez . . . . ) 

D. José María Soto Mayor 

D. Estevan Giménez 

D. José Cirilo Zavalaga. \ . 

D. Manuel Carmelino 

Dr. D. Luis Ponce 

D. Pedro Casasola 

El duelo se despide sin etiqueta. 



UTERATDRAL HOHAL Y PERICOTAL. 

Obsequiamos, si señor, obsequiamos, y como obse- 
quio lo han de recibirlo, dos oficios que el H. señor Sín- 
dico de esta capital ha dirijido al Alcalde Municipal 
sobre espectáculos públicos. 

Como ustedes verán, S. S. H. que es, como quien 
dice, el Obispo de la Municipalidad, quiere que para 
presidir á los pericotes , le pongan un siWon proporcio- 
nado á la autoridad : S. S. tendrá que prestarse á 
que se tome medida á la parte de autoridad que debe 
descansar sobre el sillón. 

Ainda mais, no quiere estar junto á los muchachos 
y demás concurrentes, cosa que puede cómodamente 
óonseguirse, colgándose el sillón que haya de ocupar 
^ el señor Síndico junto á las lámparas de gas. 

Lima^ Agosto 26 de 1860. 

Señor Alcalde de la Honorable Municipalidad. 

Señor Alcalde. 

El teniente alguacil mayor, es uno de los que está 
encargado de hacer conducir los paramentos de las 

T. II. 31 



362 EL MURCIÉLAGO. 

autoridades Municipales, cuando estas asisten, á las 
funciones públicas. En vista de esto, los empresarios 
ó directores de los monos que funcionan en el circo de 
Gallos, deben abonar cuatro pesos cuatro reales al 
alguacil mayor como remuneración para el pago de los 
asientos que ocupan las autoridades que deben pre- 
sidir las funciones. 

Bajo este principio, hago presente á US. dé la orden 
respectiva, para que dicho empresario satisfaga en las 
noches ó dias de funciones, la indicada cantidad, como 
premio á su trabajo. 

Dios guarde á US. — José Valentín Moreyra. 

Lima, Agosto 30 de 1860. 

Señor Alcalde de la Honorable Municipalidad. 

Señor Alcalde. 

En las funciones en que asisten las autoridades á 
presidir, es necesario que el sitio á donde se les señale, 
este sea con la desencia que le corresponde, y para 
este efecto debe de ponerse allí un sillón capaz de la 
autoridad que preside por respetabilidad; pues no es 
regular qtie el jue2 esté sentado en unión de los mu- 
chachos y demás que entran de espectadores de la 
función, como esto sucede en los pericotes. 

Lo que pongo en conocimiento de US. á fin de que 
ordene que el empresario cumpla con tener allí un 
asiento señalado según se expresa. 

Dios guarde á US. — José Valentín Moreyra. 

Setiembre, 1° de 18G0. 



EL MURCIÉLAGO. 363 

FRAGILIDADES. 

Cierta ciudadana que cortó pajitas con su adorado 
tormento á quien, en tiempos dulces, habia escrito 
algunas cartas, se las mandó pedir mediante este 
billete : 

« Señor mió. Como entre nosotros no debe ya ha- 
ber nada^ suplico á U. que me devuelva mis fragili'- 
dades literarias. 

Literarias son también, pero no de esa misma clase, 
las fragilidades de ciertos nietos ó viznietos de D. Pe- 
layo, que habian adoptado el proyecto de dirigirse á 
los ricos homes de esta capital, con el objeto plausible 
de salir ellos de pobres j proporcionarse los medios 
de vivir con tal cual comodidad. 

Poco felices en sus prinieros ensayos, y muy desgra- 
ciados en la última tentativa, los especuladores epis- 
toleras tienen hoy mas de una y media probabilidades 
* de ser presidarios antes que capistalistas. Los compa- 
decemos muy de veras, porque al fin es una desgracia 
haber perdido el honor hasta el punto de adoptar el 
crimen como la única profesión ; pero por otra parte 
no podemos dejar de celebrar el que los hombres que 
no han cometido mas delito que adquirir una fortuna 
con un honroso y constante trabajo, se vean libres de 
recibir, cuando menos lo piesen una fragilidad lite- 
raria en la cual se les diga : la bolsa ó la vida. 

Recordamos que ahora pocos años, un abogado, 
que hoy es legislador, tuvo que defender á unos la- 
drones ante la Corte Superior de esta capital; con- 
victos y confesos los individuos de ser sectarios del 
comunismo, y de haberse apoderado de una cantidad 
ajena, contra la voluntad de se dueño, solo porque 
ellos la necesitaban, nuestro jurisperito no encontró 



364 EL MURCIÉLAGO. 

para su defensa argumentos mas poderosos que los 
siguientes : 

« Señor. Es tanta la fama de riqueza del Peni, y 
« tanta la supuesta facilidad de hacer una pronta y 
(( considerable fortuna en Lima, que acuden á esta ca- 
« pital hombres de todo el mundo, alentados de la 
« esperanza de mejorar su situación. ¿ Y qué sucede, 
u Dlmo Sr. ? Se encuentran con que de la fama á la 
« realidad hay una distancia inmensa ; pierden muy 
« pronto sus ilusiones, y, ó se entregan á alguna ocu- 
« pación con la cual jamas saldrán de la miseria, ó 
« adoptan el partido de robar, como el único medio 
« de realizar el objeto que los condujera á este país. 
u Nada veo yo en esto ni de criminal ni de malo. Al 
« contrario, el deseo de ser rico es natural, y no se 
« puede vituperar el que quieran satisfacerlo por cier- 
(( tos medios, hombres á quienes la desgracia y la 
« falta de relaciones y de amigos no pueden ofrecer 
« otros mejores. » 

Vivo y efectivo está el Sr. abogado profesor de esa 
teoría, y bastante celoso es de la verdad para no 
dejarnos mentir en sus barbas. 

Escusado es decir que la Corte Superior no encontró 
de su agrado esa doctrina , apercibió al abogado , y 
condenó á los pobres extranjeros á cierto tiempo de 
presidia. 

Nosotros desearimos de todo corazón que el Peni 
perdiera la fama de opulento; que Lima perdiera tam- 
bién la suya de que puede hacerse una fortuna en un 
dia y sin trabajar, y que én vez de esas dos famas per- 
didas, ganara un sistema de policia mediante el cual 
pudiera averiguarse de qué vive tanto pájaro, así na- 
cional tomo extranjero, á quien no se conoce ni oficio 
ni fortuna. 



EL BflJRGXÉLAGO. 36S 

Mientras la civilización va progresando, progresa 
también el crimen : antes un pobre negro salia al ca- 
mino público con una tercerola y desnudaba al cami- 
nante; hoy el sistema de expropiación forzada ha 
adoptado el medio epistolar, mas decente y de mejor, 
tono, y en lugar de castigarse al renitente con un es- 
copetazo, se le manda la muerte en una cajuela á 
modo de obsequio ; confesamos que el medio de pedir 
y el de matar son mas aristocráticos y mos dignos del 
siglo en que vivimos. Desgraciadamente los introduc- 
tores de tal sistema han venido á plantearlo eutre no- 
sotros, y ¡Dios quiera que no encuentre prosélitos 
entre los industriosos nacionales ! 



TEATRD 



La temporada de óperas concluyó; no hay plazo 
que no se cumpla, y en lugar de gorgoritos y de dúos, 
tendremos declamación y diálogos. La compañía dra- 
mática que ha empezado á trabajar, no es de lo mejor 
de su clase, y, sin ánimo de injuria , puede asegu- 
rarse que el primer actor no pasa de pasadero. Tene- 
mos algunas simpatías por D. José Cortés, porque 
ciertamente en varios papeles se desempeña bastante 
bien, y creemos que nos concederá la libertad de darle 
un pequeño consejo. En ciertos momentos en que 
quiere manifestar proflmdo sentimiento ó mucho en- 
tusiasmo, tiene el Sr. Cortés la mala mania de levan- 
tar los brazos y de dar á sus manos un movimiento 
de reguilete» cual si tratara de espantar parajitos ; 
esa acción, aparte de impropia en ciertos personajes, 
ep es estremo ridicula ; si el Sr. Cortés pudiera supri- 

8$. 



366 EL MURCIÉLAGO. 

mirla ó sustituirla con otra, se haria un bien á sí 
mismo. 

La empresa actual que, como todas las pasadas y 
venideras, se desvive por complacéis al bondadoso ¡ni.' 
blicOy ha hecho ocupar las sillas de la orquesta con 
músicos militares ; de manera que en vez de los inter- 
medios de música, tienen hoy los espectadores inter- 
medios de bulla. En ningún teatro del mundo, ni en 
las grandes capitales ni en las aldeas, se compone la 
orquesta de trombones, cornabacetes y bombos; la 
innovación es de pésimo gusto, porque hay pocas ore- 
jas que puedan sufrir un grande estruendo en un re- 
cinto estrecho. Si la empresa ha querido hacer econo- 
mías, podia haber contratado á un italiano organista, 
para los entreactos ; la música hubiera sido ridicula, 
pero menos ínolesia. 

Para consultar los intereses del publico con los de 
la empresa, se han suprimido los cartelones que se po- 
nían en la plaza ; aplaudimos de buena fé la supre- 
sión, porque esos mamarrachos no son propios sino 
de aldeas y para convites de volatines. Con la misma 
mira de consultar los mismos intereses, se ha aumen- 
tado el valor de las entradas, y ese aumento lo vitu- 
peramos porque es injusto de todo punto. Si es ver- 
dad que la vida es mas cara hoy que algunos años 
atrás, también lo es que no debe obligarse al público 
á que pague las cosas en mayor precio del que me- 
recen. Si la empresa hubiera hecho venir buenos ar- 
tistas de Europa, si los hubiera contratado á elevados 
salarios, santo y bueno que se hiciera recaer sobre 
los espectadores ese aumento de gastos ; pero para lo 
que tenemos, de sobra bueno está lo que* siempre se 
ha pagado. 

Dos argumentos se oponen, por ciertos eco/iomw/fl5, 



EL MURCIÉLAGO. 367 

al principio de que la autoridad determine los precios 
de entradas y localidades del teatro : 1* Que no siendo 
las diversiones públicas de primera necesidad para la 
vida, el que quiera y pueda gastar, irá al teatro, y el 
que BO quiera ó no pueda, irá á la alameda ó al calé. 
2* Que el Gobierno debe dispensar toda la protección 
posible á los teatros, y no atacar los derechos de los 
empresarios. 

Contestaremos al primero con el segundo : es decir, 
que los Gobiernos deben tender á que el publico tenga 
diversiones honestas por el menor gasto posible, por- 
que esas diversiones son, á un mismo tiempo, elemen- 
tos de civilización y de buen gobierno. Contestaremos 
al segundo, que la protección á los teatros no se en- 
tiende en beneficio esclusivo de los empresarios sino 
del público, y que con autorizar la alza de precios, la 
protección viene á ser del público para la empresa y 
no del gobierno para el público. 

Se dice ademas, que la determinación de precios im- 
porta un ataque á la libertad de la industria ; pero ese 
argumento, como los anteriores, es infundado é inadmi- 
sible. Cuando un especulador subasta el teatro lo hace 
imponiéndose naturalmente la obligación de obedecer 
y cumplir el preexistente reglamento de se estableci- 
miento : en ese reglamento está determinado el valor 
de las entradas y localidades ; esa determinación es, 
pues, una de las condiciones del contrato de subasta, 
y nadie dirá, sin ofensa del buen sentido, que el cum- 
plimiento de una cláusula de un contrato aceptado ex- 
pontaneámente, es un ataque á la libertad de la in- 
dustria. 

Terminaremos esta parte de nuestra Crónica mani- 
festando nuestro sentimiento de que el Sr. Ministro de 
Gobierno, cuya atención debe fijarse solo en las altas 



368 EL MURCIÉLAGO. 

cnestiones generales, descienda hasta ocuparse en 
asuntos de la especial incumbencia de las autoridades 
locales. Sabemos que la genial bondad del Sr. Morales 
lo induce á no desoir las súplicas de todo el que toca 
las puertas de su ministerio ; pero en esta ocasión, al 
resolver un asunto que no era de su competencia, sin 
oir siquiera á la junta directiva, ha descendido de la 
altura en que lo coloca el cargo que desempeña. 



A PROPOSITO DEL DIQUE. 

Cupo á nuestro recomendable amigo, el Coronel 
Noya, la desgracia de fracturarse un brazo en la ca- 
tástrofe de San Losenzo ; pero, como nunca viene un 
mal sin el cortejo de otros, algún enemigo suyo se ha 
aprovechado de su situación para dirigirle, por el Co- 
merciOy:nnB, sarta de desatinos de primera marca. 

No bastaba que el Sr. Noya tuviera que sufrir los 
dolores que le ocasiona la fractura del brazo, sino que 
un mal intencionado ha querido fracturarle la cabeza 
con estos versos : 

AL SR. CORONEL NOYA EN EL NAUFRAGIO DE LA FRAGATA 

Callao. 

Muy lamentable me ha sido 
El ver que hayas naufragado 

Y que casi has perecido 
Como firme y buen soldado. 

También me ha enternecido , 

Que no todos han salvado, 

Y un brazo vuestro herido 
De) naufragio hayas sacadp. 



EL MURCIÉLAGO. 369 

Mas espero quede el gozo 
Que ha sido por defender 
Del naufragio cual coloso 
Lo que se hubo de perder. 

Allí pues permaneciste 
Con tus amados soldados, 
Hasta que por fin Tiste 
Casi á todos ya salvados. 

Y tú hubiste de salir 
Por estar algo valdado, 
Pues no pudiendo seguir 
Yo te vi ya retirado. 

Tus soldados te buscaban 
Creyendo habías perecido, 
Entonces todos lloraban 
A su coronel perdido. 

Mas yo que te vi salvar 
Al momento di razón 

Y les hube de apartar ' 
El dolor del corazón. 

Ya que te he felicitado 
Te desea en este dia 
Aquel que tanto te ha amado 
La mas grande mejoría. 

Lima Octubre 1 de 1860. 
Octubre, 1° de 1865. 



DIARIO DE DEBATES. 

RECTIFICACIÓN. 

Por haber dado cuenta el Comercio de la sesión del 
19 del que espira, con algunas supresiones, las hace- 
mos presentes para gusto y contentamiento de los 
pueblos del Perú. 



370 EL fifüRCIÉCAGO. 

SESIÓN DEL VIERNES 19 DE OCTUBRE. 

Presidencia del Sr. Vice-Presidente Carpió. 

Se abrió la sesión á la UNA Y MEDIA, y se leyó el 
acta de la anterior. 

Se puso en debate el dictamen para que se agregue 
á los gastos ordinarios el sueldo de otro Vice-Presi- 
dente de la República. El Sr. Cárdenas se agarró la 
palabra y subió á la tribuna para exponer los resulta- 
dos de sus serias reflexiones* sohre las altas cuestiones 
del Estado. 

Los Sres. Diputados empiezan á dejar sus poltro- 
nas, y aunque apenas ha principiado la sesión, se di- 
rigen á la sala de descanso. 

El Sr. Cárdenas. Sr. Presidente, no puedo seguir 
discurriendo porqué no hay quorum, 

Presidenne. Pues si no hay quorum, bájese US. y 
caliese la boca. 

El Sr. Cornejo. Pido la palabra. 

Presidente. Pues se la doy á US.; para US. habrá 
quorum; tome US. la tribuna. 

El Sr. Cárdenas. Si hay quorum^ debe aguantar que 
yo acabe de manifestar los resultados de mis serias re- 
flexiones. 

Presidente. Para US. no hay quorum; no tome US. 
la tribuna. 

El Sr. Heros. Sr. Presidente, suplico al Sr. Cár- 
denas que retire la proposición que tiene hecha. 

Presidente. Vaya US. á suplicárselo á su asiento. 

El Sr. Silva. Sr. Pres... 

Presidente. Suba US. á la tribuna... á la tribuna. 

Un Diputado, Sr. Presidente, diré dos palabras. 

Presidente. Diga US. ciento, si gusta. 



EL MURCIÉLAGO. 371 

El Sr. Presidente nota y observa que muchos Sres. 
Diputados entran y salen del salón, y que á veces no 
hay número. 

PREsmENTE. ¿ Que significa ese flujo y reflujo ? pues 
áeste paso no podemos acabar. Si algún Diputado 
tiene necesidad de salir para algjina diligencia, debe 
subir á la tribuna y pedir permiso ; á mí también me 
ocurren diligencias y tengo que estarme aquí plantado 
como un estafermo. 

La sesión se levantó á las cuatro de la tarde. 

Horas de trabajo — DOS Y MEDIA. 

Diputados concurrentes, 160. 

Dietas á 10 pesos por cabeza, 8600, 

Valor de cada minuto de trabajo parlamentario 
57 pesos. 

Utilidad pública 000 



HUÉSPEDES. 

En los últimos dias de la anterior quincena, llegó á 
esta capital el ex-Excelencia de Guayaquil, después 
de haber perdido el mando y sus etc. , etc. Sic transit 
gloria mundi (así dá vueltas el mundo). El Sr. Franco 
86 ha inscripto en el triste catálogo de los héroes ame- 
ricanos que una vez han sido, y que de hoy en adelante 
no tendrá mas pensamiento que volver á ser. 

Fuerte cosa es ser juez y juzgar, dicen unos ; fuerte 
cosa es ser rey y reinar, dicen otros ; pero por fuerte 
que sea, nosotros suponemos que no debe de ser tan 
ingrata la tarea de mandar á los prógimos, supuesto 
que el que una vez ha tenido esa desgracia^ no cesa 
de suspirar y de trabajar para reconquistar sus usur>* 



372 EL MURCIÉLAGO. 

pados derechos, y por seguir haciendo la felicidad de 
su dolce ingrata patria. 

Mientras tanto, como unos mueren para que otros 
vivan, el Sr. General Flores está va restablecido en 
sus antiguos honores, es decir, 

Que dio su vuelta la rueda, 
Los de abajo están arriba ; 
Y el que estaba de barriga 
Ahora de espaldas se queda. 

El otro . huésped es S. S. I. el Sr. de Goneyeche, 
que hizo su* entrada el dia 16 en medio de un inmenso 
y entusiasta concurso. La venida del Sr. Arzobispo ha 
sido un acontecimiento solemnizado de varios modos, 
y entre otros con un par de banquetes de alto tono, y 
cual convenia á un elevado príncipe de la iglesia. 

Mil esperanzas halagüeñas y fundadas en las pren- 
das del Sr. Arzobispo, alientan á los que ansian porque 
la mano de la reforma emprenda la obra magna de 
enderezar un poquito á esos prógimos habitantes de 
los claustros. Mucho hay, Sr. Arzobispo, que hacer 
con esos soldados de Jesucristo, y US. I. debe cuanto 
antes sujetarlos á ordenanza. / 



RELAJADURAS. 

El número 26 de la Union se ocupa de las reía- 
jaciones del Sr. D. Juan Antonio Menendez (¡quien 
lo hubiera pensado !) y del Sr. D. Raimundo Rosas 
Morales (! quien lo hubiera imaginado!) y por via de 
apéndice de la de un Juez de Paz, á quien se atribuye 
la fragilidad de haberse apoderado de algunas friole- 
rillas que habia recibido en depósito. Las dos primeras 



EL MURCIÉLAGO. 373 

quebraduras son de aquellas que no sueldan ni con 
bragueros de Charriere si, como se nos ha dicho, es 
cierto que la una importa seiscientos mil patacones y 
la otra trescientos mil. La última podría curarse muy 
bien sí esclarecidos los hechos , el Sr. Juez de Paz 
fuera por algún tiempo a hacer ejercicios á la capilla 
de la Inquisición. 

Lo que encontramos (porque nos duele) algo 
malo es que habiendo diez Jueces de Paz en la capital, 
se haya lanzado una piedra que amenaza las cahezas 
de los justos y del pecador; cada quisque puede col- 
gar la qúx^hvdi. judicial al Juez á quien no tenga buena 
voluntad, y la opinión pública ó privada se fijará 
quizás en el que esté mas distante de haber tenido 
valor para hacerse depositario siendo juez, y de haber 
hecho un serrucho siendo depositario. 

También estrañamos que teniendo la Municipalidad 
dos personeros (vulgo Síndicos) ^ un fabricante de 
escritos (vulgo abogado) y un firmante irresponsable 
(vulgo procurador) y tocando la susodicha acusación 
no solo al Juez de Paz travieso sino á toda la corpo- 
ración de quien ese funcionario es miembro , no se 
haya denunciado la publicación, ó se haya tomado 
alguna medida (no de sastre) para averiguar lo que 
haya de cierto, y 

Quien sea el Sr. Juslicia 
A quien acusa la Union , 
De no cortarse las uñas 
Y estar en relajación. 



LA PROGESIOH DE LOS MILAGROS. 

La procesión del Sr. de los Milagros ha sido este año 

T. U. 32 



374 EL MURCIÉLAGO. 

tan concurrida como siempre, pero creemos que jamas 
ha hecho el santo los portentos que en el año pre- 
sente. 

Al tiempo de entrar la procesión al templo de la 
Nazerenas, se encontraron dos cónyuges que hacia la 
friolera de 23 años que estaban separados por incomr 
patibilidad de carácter. La señorita contaba, el año 
pasado, la edad de 49 procesiones anuales, y el varón 
un surpliis de 5 años. Los tiernos esposos, encontrán- 
dose en la casa de Dios, se dirigieron una tierna mi- 
rada, mirada que abrazaba una historia de 23 años. 
Luegon fijaron sus ojos en la efigie milagrosa, y de- 
jándolos caer simultánea y recíprocamente sobre sus 
rostros, realizaron la reconcihacion mas muda y elo- 
cuente de cuantas pueden registrar los anales de los 
matrimonios reanudados. 

El segunda vez casado siguió á su casta esposa hasta 
su domicilio ; á largas y sentidas reconvenciones si- 
guieron tiernas y amorosas lágrimas ; algo mas tarde, 
una brillante bugia iluminaba los radiantes rostros de 
los novios que sellaban su pacto de nueva alianza con 
sendas copas de pm^o. 

Lo que aumenta hoy los goces de esa feliz pareja 
es, que durante los dias de mala inteligencia, asi el 
caballero como la dama habian alcanzado la dicha de 
verse reproducidos , y que uniendo, como han unido, 
á sus queridos vastagos, bajo un techo común, se ven 
hoy á la cabeza de una familia improvisada. 



TEATRO. 



El teatro no medra ; se creia que el público, algo 



EL MURCIÉLAGO. 375 

cansado de fusas y calderones, de andantes y de ale- 
gres, de dúos y de cuartetos, apetecía dramas y saí- 
netes; pero á juzgar por la escasa concurrencia que se 
nota en las noches de función , podría calcularse que 
el público quiere ya otra cosa. El sabrá lo que quiere. 

Los actuales artistas hacen cuanto pueden, se es- 
fuerzan todo lo posible y logran complacer al público ; 
sin embargo, 

Los ocho reales espatan á algunos aficionado^ , 

Los malditos trombones y cornabacetes espantan á 
otros. 

El insufrible apuntador, que no apunta para los có- 
micos sino para todo el mundo, espanta á otros. 

El tal apuntador es un prógimo que tiene un par 
de pulmones que le honran, y una voz tan clara y so- 
nora que mucho antes que el actor repita las palabras, 
ya el público ha tenido el gusto de percibirlas ; lo que 
tiene malísimas son las orejas, pues aunque el pú- 
blico se desgañite diciendole chiiist... chinst, el hom- 
bre sigue dando al público el placer de que oiga dos 
veces lo que no debe oir sino una. 

Octubre, 15 de 1860. 



EL PALOMO DEL C0H6BES0. 

Cualquiera que pase por el sagrado recinto donde 
se fabrican las leyes, en las horas en que los padres 
de la patria están gastando su calor natural, verá á 
un elegante palomo acompañando al Sr. oficial ' de 
guardia á cuidar las puertas del templo de la sabiduría. 
Durante los primeros días el pobre palomo, mientras 
los congreseros hacían discursos, se ocupaba sin duda 



y 



376 EL MURCIÉLAGO. 

en hacer serías y sesudas reflexiones sobre lo que pa- 
saba en el salón, pero ahora ocupa su tiempo con mas 
provecho y placer. Cuando llega al punto consabido, 
se le quita el freno y se pone á su disposición unos 
cuantos tercios de esmeraltada alfalfa, y el individuo 
tiene gran gustode que los discursos sean intermina- 
bles, pues sin cuidarse de nada ni dé nadie, engulle á 
su sabor, y riega y abona la puerta del Congreso. 
Solo falta que para mayor comodidad del palomo, 
mande su proprietario construir un pesebre junto á la 
misma puerta. 



¡TOHA HDACACHIHAi 

Lo cierto es que ni Swaim con su panacea , ni Laf- 
feteur con su rob, ni Le Roy con su panquimagogo, i)i 
Da. Dorotea con sus clisteres de tripas de gallina, ni 
Guerrero con sus recomendados específicos, ni tutu 
qtzanti se han desvivido por hacernos inmortales, han 
hecho á la humanidad servicios mas importantes que 
el caballo que descubrió las prodigiosas virtudes del 
agua de Huacachina. 

Cuenta la crónica moderna que un viagero se vio 
obligado á abandonar^ cerca de la laguna, á su desgra- 
ciado rocinante, que con\ertido en un armazón de 
puntiagudos huesos se resistia á llevar sobre los suyos 
los de su avaro propietario. El infeliz y abandonado 
cuadrúpedo tuvo la buena inspiración de meter su ho- 
cico en la laguna y deber unos cuantos sorbos de sus 
regeneradoras aguas, y en menos de lo que canta un 
burro su armoniosa sinfonía, encontróse el caballo 
gordo, lozano, robusto y curado del muermo y del 



EL MURCIÉLAGO. 377 

arestín. Tal es, repetimos, si la crónica no miente, el 
origen del descubrimiento 

Del agua marayiHosa 
Que aquella laguna vierte, 
Y que hace guerra gloriosa 
A la vejez y á la muerte. 

Cuanto hasta aquí se ha dicho de las virtudes de 
esas aguas no basta para dar idea de los milagros que 
han operado, y nosotros creemos hacer un verdadero 
servicio á nuestras amables lectoras dándoles cuenta 
de los hechos que hemos recogido y cuya exactitud 
tenemos comprobada del modo mas autentico. 

Si hay persona que dude de la realidad de los he- 
chos que vamos 4 referir, estamos llanos á manifestar 

Molti certiíicati 
Autentici, fírmati. 

Da. Juana Palazuelos, viuda honesta de setenta y 
cuatro años de edad tuvo la desgracia de perder el uso 
de la palabra á consecuencia de la muerte de su es- 
poso ocurrida en la batalla de Ayacucho ; por consejo 
de una comadre suya se dio un baño de pies con agua 
la Huacachina, y al cuarto de hora principió á hablar 
con tal vigor y fuerza que no han bastado siete canas- 
tas para recoger las palabras que arrojó en media hora. 
Los parientes de Da. Juanita nos aseguran que no 
puede estar callada un minuto. 

Que habla cuando está despierta , 

Y habla cuando está comieudo, 
Duerme con la boca abierta 

Y habla cuando está durmiendo. 

D. José González Cinco Esquinas recibió un balazo 
en el muslo derecho, en la batalla de Agua Santa, y 

S2. 



378 EL MURCIÉLAGO. 

tuvo la desgracia de perder la pierna, que le fué am- 
putada por un maestro albeitar del pueblo de Cañete; 
á los quince dias de aplicarse defensivos al soquete 
que le dejara el cirujano, ha visto con indecible placer 
que en lugar de un muslo le están saliendo tres á cual 
mejor. 

La Señorita Josefina Quiebrapuntas padécia de una 
prcftuverancia dorsal (vulgo joroba) y habiéndose apü- 
cado paños de Huacachina ha quedado tan esbelta y 
elegante que puede servir de modelo para una Venus. 

A. D. José Travitazo le vaciaron los ladrones un 
ojo, y ha carecido de ese instrumento por mas de 
quince años 5 con tener el cuidado de lavarse la vi- 
vienda vacia todas las nothes con Huacachina, ha 
conseguido tener un hermoso ojo nuevo, sin mas ni- 
conveniente que el de haberle salido verde, segura- 
mente por séf ese el color del agua. 

La Sr. Da. Romualda Palomeque que ha tenido la 
desgracia de perder los quince hijos que habia adqui- 
rido durante sus tres primeros matrimonios, tenia el 
sentimiento de haberse vuelto estéril en estos últimos 
treinta años, y á favor de mía sopa de fideos cocidos 
en el agua de Huacaéhina, ha dado á luz la semana pa- 
sada nueve mellizos, cada uno de los cuales pesa ar- 
roba y media sin contar pañales y hombligueros. 

Da. Rudesinda Cartecio, doncella de noventa y tres 
pascuas floridas y otras tantas de resureccion, habia 
perdido, á consecuencia de vaíias dolencias morales, 
todos los dientes, colmillos y muelas, inclusas las del 
juicio ; con seis enjuagatorios de Huacachina le han sa- 
lido en embas mandíbulas dos andanas de dientes pa- 
rejos, blancos, y sobre todo tan fuertes que parte con 
ellos un coco de Panamá.' 

D. Jorge Paparrucho padecia de una relajación en 



EL MURCIÉLAGO. 379 

el estómago que no le permitía digerir ni la mas del- 
gada panetela ; por consejo de su padrino de confir- 
mación ha tomado, durante quince dias, una copa de 
Huacachina todas las mañanas, habiendo adquirido 
tal fuerza digestiva que se come las ostras con concha y 
todo, y que el dia de la reunión del último Congreso 
se cenó dos jamones y un pavo con sus respectivos 
huesos. 

Pero lo que hay de mas prodigioso es que el agua 
de Huacachina no solo combate las dolencias físicas, 
sino que ejerce también la mas misteriosa influencia 
moral. 

Un celador de Policia perseguía con encarnizamiento 
á una hermana de caridad ; deseosa aquella de des- 
hacerce del petulante enamorado, regó su celda con 
agua de Huacachina consiguiendo desde aquella no- 
che verse libre del gorrita con galón blanco. 

Pero espántense ustedes al saber, mis buenas y 
queridas lectoras. 

Que en materia de afectos y de amor 

La Huacachina produce 

El efecto que desea el consumidor. 

Está demostrado que para que á una señorita la 
sigan todos los elegantes que la encuentren en la calle, 
no necesita mas que llevar un pañuelo roseado con 
Huacachina, y que los- casados que tienen en su casa 
una botella de ese precioso líquido piensan en morirse 
antes que en divorciarse. 

Reservando para lo último la mas prodigiosa poten- 
cia de la Huacachina, referiremos un hecho que nos 
ha pasmado de asombro y que hemos presenciado 
acompanados.de muchas personas de crédito, inclusos 
algunas Sres. Diputados, que no nos dejarán mentir. 



380 FX MURCIÉLAGO. 

Envolviendo un corbaton con algunos cartoncitos del 
mismo tamaño en unas franelas empapadas en Huaca- 
china y rezando todas las noches la oración del justo 
juez, al cabo 4e quince dias se convierten esos carton- 
citos en preciosos cuatros peruanos del cuño de Ze- 
vallos. 

Noviembre, 1^ de 1860. 



COHGRESO. 

Nada bueno puede durar en esta desgraciada tierra; 
todo se corrompe y se pierde, j es tal el influjo de 
nuestra mala suerte que lo que se reputa mas al abrigo 
de su influencia se echa á perder en un abrir y cerrar 
de ojos. 

El 28 de Julio del corriente año se declaró insta- 
lado el Congreso, y sus honorables miembros recono- 
ciéndose calidades nada comunes, dijeron hagámosnos 
mas de lo que quieren que seamos. Para ser ordina- 
rios tiempo tenemos, y supuesto que somos ahora 
extra-finos, hagamos un Congreso extra-ordinario. 
Esta palabra, sin embargo, es algo ambigua, y quiere 
decir, ó mas que ordinario ó fuera de ordinario ; así es 
que en buen lenguaje es imposible dar la definición 
de ese Congreso convocado en nombre de la Consti- 
tución, y que al momento se sublevó contra ella, para 
darla tajos y reveces. Después de haber, pues, tenido 
la fineza de obsequiarnos una Constitución que, según 
los inteligentes, es cosa que por buena y fina ha de ser 
observada y duradera, los Representantes se declara- 
ron por sí mismos gente ordinaria, y como el todo 
tiene la calidad de sus partes, han declarado lógica- 
mente que el Congreso es ordinario. \ Dios nos libre 



EL MURCIÉLAGO. 381 

de las ordinariedades que nos hagan ! Nosotros por lo 
que tenemos de peruanos, deseamos que la nueva ley 
no sufra los chascos que sus antecesoras, y que buena 
ó mala sea cumplida y acatada, para lo cual vemos 
que seria preciso que á todos los que respiramos en 
esta tierra de libertad nos hubieran también refor- 
mado un tantico. Estamos ya tan acostumbrados á las 
infracciones, que parece algo durillo que nos resigne- 
mos á andar derecho. 

No bien se instaló el Congreso no fino y cuando todo 
el que ha tenido que pedir ha abierto la boca, y cuando 
bocas ajenas han pedido para otros ; por manera que 
si pasasen todas las solicitudes sobre gracias y justi- 
cias , es seguro que el guano tendría que acabarse 
antes de la próxima cuaresma. 

Entre las solicitudes para dar por mayor, se en- 
cuentra la ley de reparación absoluta, de perfecto ol- 
vido por extravies pasados y de reintegración en sus 
honores, haberes y empleos á los servidores de la 
administración despalmada en 18S5. 

Nadie podrá creer que nosotros reprobamos el espí- 
ritu de esa ley que la paz pública y la justicia exigían 
imperiosamente ; esa ley debió dai'la la Convención en 
lugar de haber excitado mas y mas los odios políticos, 
y en lugar de haber pretendido hacer eterna la odiosa 
separación de vencedores y vencidos, entre hijos de 
una misma patria, y de una patria donde el estado de 
guerra civil es constante y tiene que serlo, mientras 
los gobernantes no adopten el sistema de una unión 
franca y sincera, y no establezcan entre. todos los pe- 
ruanos mas distinction que la que nace del vicio y de 
la virtud. Tan cierto es que la reparación y el olvido 
eran una necesidad imperiosa, cuanto que el Gobierno 
mismo, incapaz de sostenerse con las elementos que 



382 EL MURCIÉLAGO. 

le quedaban el triunfo de la Palma, ha tenido que 
hacer reparaciones parciales y que echarse en brazos 
de muchos de los que en 855 fueron llamados co- 
bardes, ladrones é inmorales. 

Sin embargo, el proyecto de reparación que hemos 
visto nos ha parecido (con perdón de la mala palabra) 
un poquito disparatado. En él se ordena que todos los 
empleados reparados^ ó compuestos, sirvan sus anti- 
guos empleos como supernumerarios y sean colocados 
en las vacantes sin necesidad de propuestas ni de en- 
redos ; esta determinación que puede aplicarse á der- 
tos empleados, es absurda generalmente hablando, 
porque resultarían, observándose la ley en toda su se- 
veridad, comandantes de cuerpo supernumerarios ; mu- 
chos diplomáticos supernumerarios y hasta un Presi- 
dente supernumerario, ejerciendo todos ellos las fun- 
ciones de los empleos y destinos á que sean resti- 
tuidos. 

Parece, pues, que si la ley reparadora es como lo 
hemos dicho necesaria, y útil , deben los Sres. Repre- 
sentantes meditar un poco para no hacerla de impo- 
sible ejecución. 

Entre los demás proyectos de generosidad y muni- 
ficencia figuran de el aumentar á todos los empleados 
de la República la cuarta parte del sueldo que disfi'u- 
tan ; si ahora se gastan tantos millones en tantos em- 
pleados, unos que sirven, otros que sirvieron, y otros 
que no sirven, ni han servido ni servirán, calcúlese 
piadosamente el monto de los sueldos que el Perú 
tiene que pagar sin que, por otra parte, se atienda con 
serias medidas económicas al aumento de las rentas 
públicas. Siempre hemos tenido la convicción de que 
el único modo de que sea bueno el servicio público es 
que los empleados disfruten de tal renta que puedan 



EL MURCIÉLAGO. 383 

satisfacer todas sus necesidades y consagrarse esclu- 
sivamente al desempeño de sus cargos ; pero también 
hemos creido que el Perú tiene mas de doble número 
de los empleados necesarios. Los legisladores del 60 
deben pensar que en un país que vive gastando dia- 
riamente la única fuente de su preciosa riqueza, no es 
prudente echar fuertes gravámenes sin preveer, para 
lo futuro, los medios de soportarlos. 

Se dá por razón para el aumento, entre otras, la no 
muy moral de que si el guano se distrae en objetos 
nada provechosos, vale mas que sus productos se re- 
partan entre los servidores del Estado ; repetimos que 
la razón no es moral ni justa porque no se evita un 
mal creando otro. Lo que conviene es oponerse enér- 
gicamente á la mala inversión del guano. Dedique el 
Congreso su atención á crear ramos de industria : de- 
diquela á estimular á los hombres que busquen su for- 
tuna en el trabajo, y corte, si puede, la empleomanía 
que tanto y tanto nos daña. Todo el mundo quiere en 
el Perú un destino, quiere ese destino por la renta, y 
si se exceptúa á un limitado número de empleados de 
contracción y capacidad, la mayoría alcanza un título 
por la petulancia ó el empeño. ¿ Por qué en Chile 
cuesta trabajo que un homdre de ciertas condiciones 
acepte un destino público? Porque la renta es corta, y 
el trabajo industrial produce mayores ventajas. Chile, 
se dirá, no tiene guano, no puede ser generoso con 
sus servidores. Cierto ; pero también lo es que la poco 
cuerda generosidad produce daños graves y mas 
tarde irreparables. Sea el aumento de sueldos un 
premio á la laboriosidad y á la contracción y nosotros 
lo aplaudiremos de todo corazón ; pero no sea una me- 
dida general dictada á impulsos de una munificencia 
que estimula al ocio, que recarga considerablemente 



384 EL HURÉLAGO. 

los gravámenes públicos y que acelera la desapari- 
ción de lo único que hoy nos dá que comer. 



¡PELO, PELO, PELOi 

LaSra. P. B. veia con sentimiento que sus adornos 
capilares iban desertando con una desvergüenza te- 
meraria. Se le aconsejó que se lavara la tutuma con 
Huacachina, operación que hizo por tres veces con un 
ardor y un celo dignos de mejor causa ; al cabo de 
cuatro días ha tenido el gusto de verse al cráneo en 
las mas favorables condiciones para estudiar en él un 
curso de frenología, pues le ha quedado tan limpio de 
pelo y lana como una rodilla. 



TEATRO. 



Con bastante alboroto se anunció el regreso á nues- 
tro teatro del distinguido actor dramático D. Mateo 
O'Loghlin, y no podia ser de otro modo desde que sus 
buenas cualidades, como artista, están ya favorable- 
mente juzgadas y reconocidas, y desde que habia ne- 
cesidad de completar la actual compama dramática 
con un galán que pueda hacer el papel de galán. 

Mala obra escojíó, sin embargo, el actor O'Loghlin 
para su función. Dudamos que la Libertad de Floren- 
cia^ triste parodia de la inmoralisima comedia de Al- 
fredo de Musset titulada Lorenzaccio, sea obra de Ale- 
jandro Dumas ; pero sealo ó no, está llena de rasgos 
de inmoralidad ; toda su trama es inicua y hay mas de 
una peripecia violenta y forzada. La ejecución fué 



EL MURCIÉLAGO. 385 

bastante regular, pues cada actor pretendió dar á co- 
nocer de cuanto era capaz, sobresaliendo entre todos 
el beneficiado y D. Francisco Arana. 

Sin animo de injuria y confesando, de muy buena 
fé, que profesamos al Sr. Cortés aprecio como á hom- 
bre y como á artista, nos permitiremos aconsejarle 
otra vez que corrija su acción y pretenda estudiar 
algún otro movimiento de brazos menos vulgar y de 
mejor gusto que el que ha adoptado; esos levantamien- 
tos y ese meneo de manos de que se vale para espresar 
todo género de pasiones, son no solo impropios sino 
indignos de ciertos personajes. El Sr. Cortés concederá, 
ademas sin torturar su amor propio, que no es licito á 
un actor ser universal ni representar todos los carac- 
teres con igual acierto y propiedad. Mal sientan á sus 
años y á su figura, y mal se combinan con los tipos 
que siempre [ha representado, con toda perfección en 
las zarzuelas, los papeles de galán joven y de elevado 
personaje que algunas veces acomete para . alcanzar 
mal éxito en su desempeño. ¿Quien puede igualar á 
Cortés en D, Primitivo^ en el Sr. Canivel, en Tra- 
moya^ en el Capitán Alegria y en otros personajes de 
esa clase? Niguno de los actores que hemos conocido ; 
el Sr. Cortés ha alcanzado alta fama en la zarzuela, se 
desempeña bastante bien en la comedia, pero en el 
drama es tan desgsaciado que en mas de una escena 
sería, excita la risa. 

Pocos hombres pueden alcanzar la perfección en va- 
rios ramos, y mucho menos en el arte escénico, si se 
quiere abrazar la variedad de papeles que toman parte 
en los diversos géneros de representación. Si Taima 
hubiera querido representar la Familia improvisada 
y la Rachel la Castañera^ hubieran arrancado silvos en 
vez aplausos. 

T. II. 33 



386 EL MURCIÉLAGO. 

El sábado 17 se representó la zarzuela Jugar con 
fuego á beneficio de la simpática y amable esposa del 
Sr. Cortés, y tuvimos el gusto de ver y oir á los Sres. 
Jimeno y Barbero, el uno en el papel de Félix y el 
otro en el de Antonio. Si el Sr. Jimeno ha sido alguna 
vez cantor, lo dissimula hoy á tal punto que parece 
que toda su vida se ha dedicado solo á ladrar y á ahu- 
llar ; eso no quita que tiene sus pretensiones de dar el 
do de pecho ^ y que para lanzar ese do tremendo, puja 
y se pone mas colorado que una novia al tiempo de dar 
el si de corazón. El Sr. Jimeno debe cuidarse y adop- 
tar la precaución de no cantar sin ponerse un bra- 
guero, porque corre el riesgo de malograrse á conse- 
cuencia del estraordinario esfuerzo que hace para aflo- 
jar sus melodías. Ademas , su cara siempre com- 
punguida y su voz temblona y llorosa lo hacen mas á 
proposito para cantar un miserere ó un de pro fundís 
que una aria de amor. 

Por si le ocurre la buena tentación de volvernos á 

é 

fastidiar con su canto, le diremos que no haga mucho 
empeño para darnos el do de pecho; el público de Lima 
es muy indulgente y se conforma con que el Sr. Ji- 
meno dé solamente re de estómago ó fa de hígado. 

El Antonio de Jugar con fuego^ que antes hemos 
visto representar al Sr. Plores, es un mozo sencillon 
pero agudo y alegre ; el Antonio de la otra noche, re- 
presentado por el Sr. Barbero es un tonto sin maldita 
la gracia; ya se vé, como era primo de D. Félix tenia 
el aire y las cualidades de familia. 

La beneficiada se expidió muy bien; su esposo 
ídem ; el Sr. Gómez algo regular 5 el Tambor mayor 
sublimemente. 

Noviembre, 15 de 1860. 



EL MURCIÉLAGO. 387 

ilAGHIFICA QUnCElfA! 

A fé que no hemos de llorar, xomo otras veces, por 
la falta de asunto para llenar nuestra raquítica crónica, 
pues solo las funciones teatrales nos ministran materia 
para emporcar mucho papel. Pero antes de hablai' del 
teatro, digamos palabra y media sobre las fiestas popu- 
lares del aniversario de la batalla de Ayacucho ! Triste, 
muy triste aniversario ! Las vetustas y puercas galerías 
del puerco y vetusto palacio del Gobierno se vistieron 
con los ridículos trapitos colorados y blancos, y se ador- 
naron con sus tubitos de plomo que siiTen para la 
iluminación ; en la plaza se quemaron unos vistosos 
castillos de fuegos artificiales y el dia 9 hubo misa de 
gracias con su respectivo sermón, con Jo cual : 

Aquí terminó el saínete 
Perdonad sus muchas faltas. 

Hace tiempo que no solo nosotros sino todas las 
personas que tienen un tantico de amor al decoro na- 
cional, hemos declamado contra la costumbre de colgar 
palacio con tales colgajos : el único adorno que de son 
susceptibles las galerías es hacerlas de nuevo. La ne- 
cesidad de destruirlas es tanto mas apremiante, cuanto 
que mejoradas las barandas de dos costados de la 
plaza y encontrándose en el tercero la magnifica facha- 
da de la Iglesia matriz, que bien en breve ha de ser 
también mejorada, el frente del palacio producirá el 
efecto de una vieja llorona y trapienta entre jóvenes 
alegres y elegantes. 

Dejemos el palacio y vamonos al teatro. La llegada 
de una compañía de negros blancos músicos, baila- 
rines y cantores, atrajo al teatro una numerosa con- 



388 EL MURCIÉLAGO. 

currencia que ha podido juzgar del indisputable mérito 
de esos artistas distinguidos. Jamas habiamos pensado 
que el talento y el estudio pudieran llegar hasta sacar 
tanto partido de un instrumento tan ingrato como las 
castañuelas, si es que instrumento puede llamarse á 
dos pares de huesos que el señor Murphy maneja con 
una maestría increíble. 

El señor Edmon es un violonista de premiere,., 

Pero donde los africanos blancos arrancan estrepi- 
tosos aplausos y excitan la risa del hombre mas 
circunspecto y grave es en los cantos y bailes cómicos. 
Con tal perfección imitan las maneras, movimientos y 
figura de los negros , que es imposible llegar á mas 
alto punto de identidad. 

El señor Murphy es inimitable en el Cun Plum 
Gum; cada una de las patadas con que termina su 
grotesco baile vale un Perú. 

En los dias 8, 9 y 10 se han representado las tres 
funciones dramáticas : Los Notables del Lugar y Juan 
sin tierra y La Guerrera Peruaría. 

La primera es traducción de un distinguido literato 
nacional (mil gracias) ; la segunda de otro distinguido 
literato extranjero y la tercera de un esclarecido poeta 
nacional. 

Como la justicia para que sea buena debe principiftr 
por casa, empezemos por los Notables. Esta obra del 
escritor francés Narrey no tiene gran mérito literario 
ni escénico ; toda su importancia consiste en la buena 
ejecución y en ciertas agudezas con que el autor ha 
querido pintar la credulidad y vanidad de las gentes 
de provincia. El distinguido literato que la tradujo 
nada puso, en su traducción, del cantal de su distin- 
guida literatura, y esperaba que el distinguido talento 
de los actores, se penetrase del espíritu de la obra y 



EL MURCIÉLAGO. 389 

no hiciera de ella tal parodia que la convirtiese en lo 
que el público llama un mamarracho. Narrey puso 
en escena personajes sencillos y crédulos aunque algo 
hinchados con los títulos y cargos que desempeñaban 
en un pueblo pequeño, los actores representaron á in- 
dividuos ridículos y grotescos ; algo mas, fiados en su 
distinguida capacidad se presentaron sin saber una 
letra de sus papeles ; dijeron diez mil barbaridades ; 
se arrancharon los parlamentos ; se llamaban á sí mis- 
mos, y en fin, hicieron cuanto bastara para que si el 
autor hubiera estado presente, se hubiera roto la ca- 
beza contra un poste. Exceptuando al Sr. Cucarella, 
todos los demás, hombres y mugeres, estaban á pon- 
cho : la Sra. La Rosa quiso hacer ver al público que 
sabe hablar como vieja y como moza, y variaba de voz 
cada vez que lo creia conveniente para lucir su habili- 
dad. Uñase á todas estas circunstancias la de que el 
esclarecido poeta nacional compró en la cajería veinti- 
cinco boletos de entrada, para otros tantos individuos 
de pito, que á decir verdad, no ganaron tal entrada 
por que no silvaron bastante y fuerte, y ya pueden 
ustedes suponer, mis queridas lectoras, como le que- 
darla el cuerpo y el alma al literato, que volverá á 
traducir comedias cuando Adán vuelva á pecar, sin 
que por eso deje de agradecer la amabilidad y cortesía 
con que se le ha llamado distinguido^ porque sabe 
cuatro letras de español y dos de francés. Nunca pensó 
el pobre diablo que hubiera mucha literatura ni grande 
distinción en hacer una pasadera traducción ; nunca 
pensó que distinguidísimos artistas no supieran repre- 
sentar sino dramas de brocha gorda; nunca pensó 
en fin, que su , atrevimiento de hacer una traducción 
fuese tan severamente castigado por los esclarecidos 
poetas nacionales. 

35. 



390 EL MURCIÉLAGO. 

Dice el refrán : el que tiene tu oficio es tu ene- 
raigo ; pero si el literato no es ni poeta ni esclare- 
cido ¿por qué son sus enemigos los esclarecidos y los 
poetas ? 

Los redactores de los convites de teatro tuvieron 
pena del traductor ; no lo quisieron colocar entre los 
soldados ra505 y lo hicieron distinguido ; este pequeño 
ascenso le ha mercido el odio de los verdaderos padres 
de la literatura nacional. 

¿Tanto ira cabe en celestiales pechos? 

Juan sin tierra fué tan aplaudido como no puede 
dejar de serlo un drama donde hay perfidias, traicio- 
nes, sacaduras de ojos, asesinatos, y sobre todo, fuertes 
y prolongados gritos; aquella repetición de las pala- 
bras Reíj de Inglaterra^ pronunciadas desde el tono 
mas suave y bajo , hasta el mas agudo y penetrante, 
arranca estrepitosos aplausos. 

' La Guerrera Peruana. Vamos por partes ; que las 
cosas serias se han de tomar por lo serio y tratarse 
con calma ; chilindrinas á un lado : fumemos un cigarro 
y principiemos por el principio, es decir, por los con- 
vites dados en la puerta del teatro la noche del 10. 

Esos convites se componían de una parte principal y 
tres Ítem ú otros sies. En el primero, se anunciaba que 
se quemarla un vistoso castillo, que en efecto se quemó, 
y fué tan poco visible como vistoso: el segundo otro 
sí anunciaba la presencia de una banda de música mili- 
tar que debia tocar en los entre-actos, y que en efecto 
tocó ; el tercero anunciaba que se esperaba que S. E. 
asistirla á la función, y en efecto se le esperó hasta 
que la función terminó. Sin embargo, S. E. no hizo 
falta^ porque la función fué solemne. 

Argumento — Nuestro colega el cronista del Co- 
mercio ha examinado de un modo concienzudo y com- 



EL MURCIÉLAGO. 391 

pleto el argumento y trama de la obra, sobre los cuales 
diremos cuatro palabritas. 

O nosotros tenemos una desgraciada cabeza ó no ha 
existido entre los personages del antigo Peni otro 
llamado Cinchi Boca (Sinque Roca dice el convite) 
sino el segundo emperador de los Incas que, después 
de haber reinado 30 años, se marchó al mundo de la 
verdad en 1084, es decir, la friolerilla de 461 años 
antes de la llegada del Presidente Gasea al puerto de 
Santa Marta. Como el episodio escogido por ú esclare- 
cido poeta es la guerra sostenida por este Presidente 
contra Pizarro, no podemos comprender como resu- 
citó Cinchi Roca para aliarse con el mancebo de quien 
su hija Cora tuvo el antojo de enamorarse. Dirásenos 
tal vez que el Cinchi Roca del drama no es el Inca 
emperador, sino otro guerrero peruano tocayo in utro- 
que de aquel ; pero en este caso la Señorita Cora, 
siendo hija del tal Jefe, no podia ser princesa aunque 
fuera sujeta de calía. Preciso es, pues, confesar que el 
Cinchi Roca en cuestión es el emperador muerto, 
cuatro siglos antes de que su hija, sujeta de tantas mué- 
las^ se prendara de D. Gonzalo, y que tan escandaloso 
anacronismo no puede esplicarse sino por la regla de 
pictoribus atqiie pooetis. 

Todos los historiados convienen en que cuando Pi- 
zarro recibió en Lima, por conducto de Paniagua, las 
cartas del Presidente Gasea, en que ofrecía al primero 
el perdón real, el sagaz y penetrativo Carbajal le 
aconsejaba que lo aceptara ; agregando que debia en- 
ladrillarse con ladrillos de oro y plata el camino por 
donde pcLsara el portador de esa gracia^ y que el oidor 
Cepeda fué quien, opinando de diverso modo, instaba 
á. Gonzalo á la traiciofn ; sin embargo, el poeta pre- 
senta á Carbajal como venciendo los escrúpulos que 



392 EL MURCIÉLAGO. 

Pizarro tenia para sublevarse contra el Rey, y alen- 
tándolo para que resistiera á Gasea. Es también sabido 
que Carbajal era ademas de satírico, sarcástico y agudo 
de ingenio, y no es este carácter el que aparenta el 
Carbajal del drama. Esa variación en cuanto al genio 
y opiniones de Carbajal, solo puede esplicarse por la 
regla depocetis atque pictoribus. 

Es también otro hecho histórico que en la batalla 
de Huarina, en la cual triunfó Pizarro de las tropas de 
Centeno, y que probablemente es la que se representó 
en el segundo ó tercer acto del drama, el tal Centeno, 
enfermo de pleuresía é incapaz de sostenerse á ca- 
ballo, arregló á su gente de pelea y se retiró del campo 
de batalla en una litera ; que perdida la batalla huyó, 
llegando á Lima después de mil rodeos y penalida- 
des : el Obispo Solano tomó parte en la refriega, re- 
corriendo á caballo el campo con un crucifijo en la 
mano, echando bendiciones á los soldados ; en el drama 
pasan las cosas de otro modo : el Obispo en su en- 
trevista con Centeno se presenta como el director de 
la batalla, y en los momentos del aprieto, no enseñó 
ni la suela de la bota fiterte con que el Sr. Caroca 
adornó al tal Obispo ; pero la princesa Cora, General 
en Jefe del ejército aliado^ se aproximó á Centeno 
hasta el punto de darle sendos porrasos en la barriga 
con una especie de maza. Centeno, derrotado, aban- 
donado de los suyos, y cerca de una puerta, se pone 
en picoteos con PizaiTO y con Cora, y les dice : en el 
Cuzco no veremos. Esta alteración de hechos histó- 
ricos, solo puede esplicarse por lo de : pictoribus at- 
que pooetis. 

La segunda y última batalla entre las tropas de Pi- 
aarro y los realistas, se realizó en Xaquixaguana, y al 
hablar en realidad no fué tal batalla, pues aquella jor- 



EL MURCIÉLAGO. 393 

nada terminó por el abandono que las tropas de Pi- 
zarro hicieron de su Caudillo. Al representar en la 
escena ese hecho de armas, era inescusable la presen- 
cia de Gasea que concurrió á él y lo dirigió á pesar de 
su solideo y su sotona. 

Merece particular mención la ocurrencia del poeta, 
que deseando poner á Cora en relación con Pizarro, 
ya prisionero, se valió del ingenioso arbitrio de en- 
viarle una carta én la punta de una flecha lanzada por 
una de las ventanas de la cárcel; esa ocuiTencia tiene 
un mérito distinguido porque ella presenta á la prin- 
cesa petuana, de ahora 300 años, sabiendo leer y escri- 
bir correctamente el español, sin necesidad de gramá- 
ticas ni zarandajas. Ya se vé, la doncella habia vivido 
cuatrocientos y pico de años, y quien en ese tiempo 
no adquiere cencia infusa, no merece nacer princesa, y 
sobre todo, pocetis atquepictoribus. 

Larga seria la tareilla si hubiéramos de ocuparnos 
mas del asunto^ en cuanto al argumento y á los equi- 
voquillos históricos. 

Versificación y ejecución. Injustos seriamos, y con 
razón se nos culparla de célebres y de individuos de 
mala fé, si imputáramos el autor todos los sendos y 
garrafales disparates que salieron de la boca de los se- 
ñores y señoras artistas ; y con tanta mas razón de- 
cimos esto, cuanto que en el drama hay versos de los 
que los hijos ó ahijados de las musas llaman fluidos, 
harmoniosos y vigorosos. En respeto á la verdad y á 
la justicia, diremos que en una escena en que Cora y 
Pizarro se hacen cariños y piropos, estuvo el poeta 
bastante feliz, porque los versos son buenos en la es- 
tension de la palabra; lástima que sean muy pocos. 

No queremos, sin embargo, imputar todos los vicios 
de locución y de versificación á los cómicos, porque 



394 EL MURCIÉLAGO. 

hay algunos que no pueden ser sino propiedad esclu- 
siva del poeta; para que cada cual agarre lo suyo, 
apuntaremos los que mas impresos se nos quedaron : 
puede ser también que nuestra memoria haya sido 
infiel y corruptora de la pureza del texto, caso en el 
cual entraremos como condominos de tales vicios. 

Cuando Pizarro , se aparece en el segundo acto á 
Ginchi Roca, en la gruta desconocida de los Españoles^ 
y en la cual se ofrece al primero la cooperación de los 
indios y el corazón de la doncellona, al hablar de ese 
sitio llama el poeta á esa gruta, en muy pocos versos 
continuados, huaca^ gruta^ roca^ templo^ cueva etc. j 
deduciéndose de tanto nombre que el oyente tendrá 
dificultad en atinar á qué carta ha de quedarse. 

Entre los versos que hemos indicado se encuentran 
estos: 

Que cuando un pueblo por la patria lucha 
Queriendo derrocar á sus tiranos, 
El pueblo siempre vencedor ha sido,,^ 
. . . No merecen^ tu muerte esos tiranos.,, 
, , , Su cuerpo sea pasto de las bestias y 

Y sus cenizas arrojadas al espacio 
. , . Ganas tengo de escribir tu nombre 

En la diadema del León ibero, 
. . . Ese clarin anuncia que la aurora precede al mediodía, 

... La suerte con que audaz intimidó á los mios. 

. . . Que venga al instante mismo á mi vista aquí. 

... (1) Te pide que le dejes pasar á Chile el paso franco. 

. . . Viendo morir tranquilo un corazón peruano (2) 

. . . ¿ Qué derechos pueda dar el botin á los corsarios ? 

... Tú no sabes que desprecio tanto la vida 

Que si no temiera solo dejarte 

Ya hubiera muerto. 

(1) Creemos que el aiitor diría 

... Te pide 
Q*ie le des para Chile paso franco. 

(2) Este verso arrancó estrepitosos aplausos. 



EL MURCIÉLAGO. 398 

Hay ademas algunas metáforas de un gusto no muy 
delicado, tales son las de comparar la belleza á los ojos 
de la llama^ que si ciertamente son grandes, nada tie- 
nen de bellos ; la de llevar triunfante el arco iris que 
flamea etc., etc. 

Notase también que Pizarro nacido y criado en tierra 
de cruz y de inquisición, manda que los indios hagan 
sacrificios ásus dioses; que. los sacerdotes indios con- 
sultan para hacer sus horóscopos á los astros y no á sus 
ídolos etc. etc. 

Agregúese á estos defectillos que los actores, á ex- 
cepción del Sr. Arana , no sabian sus papeles ; que 
hubo guerrero que soltó un bendiciera con todas sus 
letras ; que á otro guerrero se le cayeron los calzones 
en lo mas recio del combate, y se tendrá una idea del 
argumento, de la versificación y de la ejecución de la 
Gtierrera Peruana. 

Sin embargo, el drama fué frenéticamente aplaudido 
por el público en general, y en particular por el de la 
cazuela ; el poeta no compró en esa noche veinte bole- 
tos para gente de pito, sino ochenta para gentes de 
huenas palmas j y ya se sabe que ciento sesenta manos 
entusiastas pueden meter una bulla de aplausos mas 
que suficiente para alegrar corazones de poetas : item 
mas, el autor fué llamado dos veces á recibir frenéticas 
salutaciones. ítem mas, en la segunda vez se le arroja- 
ron dos coi'onas. 

I Qué juzgará el público de esta crónica ? Juzgará 
que el odio y la pasión han movido nuestra pluma ? 
Se equivoca: nadie apetece mas sinceramente que 
nuestros poetas aunque no sean tean esclarecidos, sean 
mas poetas. ¿ Se creerá que queremos pintar al autor 
de la Guerrera Peruana como incapaz de hacer algo 
bueno ? No tal : el que hace unos cuantos versos bue- 



396 £L MURCIÉLAGO. 

nos puede hacer otros muchos, si la vanidad no ocupa 
su corazón y ciega su entendimiento. Hacer un buen 
drama no es lo mismo que hacer una torta ; el grande 
ingenio necesita gran estudio para dar de sí y brillar. 
Dice el probervio que el poeta nace, pero todo lo que 
nace necesita cultivo para desarrollarse bien y fracti- 
ficar. 

Nuestra crítica moverá la bilis del poeta, lo senti- 
remos ; si nos dá, algo después, una obra que solo me- 
rezca elogios, lo elogiaremos de ufuy buena fé y con 
mucho gusto, pero mientras crea que porque es escritor 
nacional hemos de tragar piedras por pildoras, le dire- 
mos que es 

Esa literatura nacional 
Una litC'basura muy cabal. 

Diciembre, 1° de 1860. 



PER SIGHDM SANCTI CRDCIS. 

¡ Parece mentira ! 

Señores : alto alli, que no voy á empezar una aren- 
ga, ni un discurso parlamentario, y escribiendo, como 
yo escribo, de preferencia para mis bellas suscritoras, 
bellas (pues lo dicho, que la que no sea de cuerpo, ha 
de serlo de alma, supuesto que contribuye á la vida y 
progreso del Monitor), no debo dirigifme á los vi- 
vientes del sexo masculino sean ó no bellos : cambie- 
mos pues de introducción. 

Señoras : ¡ Uf ! ahora estamos peor, porque si tu- 
viéramos algo de agradable, con que llenar nuestra 
Crónica^ claro está que á ellag deberíamos pedir aten- 
ción : pero el asunto que ha puesto la pluma en núes- 



EL MURCIÉLAGO. 397 

tra manOy (plajio) es tan serio, que mas conviene á 
ellos que á ellas. ¿Y qué hacer? El remedio está en 
la pluma. 

Señores y señoras : Peor que repeor ; supuesto que 
adoptamos la introducción de las volatines y juga- 
dores de manos ; pero, en fin, sera para quien sea, 
demos principio y dejémonos de fastidiar la paciencia 
á ellos y ellas. Pero, cuando les he dicho á ustedes 
que parece mentira, y que aunque Santo Tomás dice 
ver y creer ^ y yo lo he visto y no lo creo^ supondrán que 
exajero, que me dejo llevar de mi prurito de censurar 
y que no parece tal mentira. 

— ¿ Pero hombre, de qué habla usté? 

— I Y qué! ¿ no lo he dicho ya? 

— No, á mi fé ! 

— Pues allá vá. 
Hablo de Bartolo — mé. 

Hablo de ese portentoso proyecto de reforma cons- 
titucional; hablo de ese monstruo de 149 monstruosi- 
dades ; hablo de esa obra que si no estuviera impresa 
en cinco columnas del Comercio^ se dudara que hu- 
biera hombre que la hubiera concebido y escribido. 

Ahora comprenderán ustedes, señores y señoras, 
porque decia yo que parece mentira, porque apenas 
puede creerse que haya salido 

Oe una cabeza mitrada 
Tcín indigesta ensalada. 

Dios me perdone, y de corazón se lo pido, el atrevi- 
miento de meterme 

Con un seüor que viste de morado ; 
Pero como en lugar de bendiciones. 
Nos ha querido echar constituciones. 
Haremos abstracción del Obispado. 

T. II. 34 



398 EL MURCIÉLAGO. 

Nosotros que no confiamos mucho en nuestra pobre 
calavera, y que antes de emitir nuestro humilde con- 
ceptOy pretendemos oir y escuchar á los que pueden 
enseñarnos, hemos preguntado á varias gentes que lo 
entienden 

l Qué cosa era esa cosa? 

y no hemos encontrado un solo individuo que no la 
Uame por diferente nombre. 

Ya dicen que es ensalada. 

Ya dicen que es salpicón; 

Ya dicen que es mermelada, 

Y ya que es Cons... ti... tu... cion. 

En medio de tantas opiniones, y como no quiero yo 
meterme en honduras, me he quedado sin formai- 
opinión alguna. 

Pero en vez de opiniones ¡ Voto á Judas 1 
Tengo solo ¡ Ay de mí! tvemendas dudas. 

Dudo de si será cierto que esa sea Constitución. 

Dudo de si será Reglamento de Policía. 

Dudo de si será Catecismo de Ripalda correjido y 
aumentado. 

Dudo de si el que escribió aquello^ habrá querido 
reírse del mundo y de sus pompas. 

Dudo de si habrá querido que se rian de él. 

Dudo de si habrá tenido intención formal, de hacer 
pasar ese tamal. 

Dudo de si será obra de quien dicen que obra es. 

Y si hay ó no motivos para tantas dudas, van us- 
tedes á verlo á renglón seguido. 

Articulo 6. Son peruanos por naturaliracion com- 
pleta^ los extranjeros que obtuvieren carta completa 
de naturaleza. 



EL MURCIÉLAGO. 399 

Parece que no puede darse una disposición mas 
completa^ que equivale á decir : es hombre completo 
el que llega á tener todos sus miembros completos ; si 
esto no es una novedad, vengan todos los Obispos 
de la cristiandad á asegurar lo contrario. 

En las condiciones que se imponen á un extranjero 
para ser naturalizado completamente, se encuentran 
las de acreditar respeto á la religión, y no dar lugar 
á presunciones de falta de probidad. Con respecto al 
susodicho respeto, nos ocurre una duda : utrum^ ¿si al 
extranjero se le compele á que respete nuestra religión ó 
se exije ese respeto á la suya? En el primer caso, se le 
obliga, cuando menos, á una hipocrecia que cierta- 
mente no puede dar mérito para ser ciudadano de un 
pueblo tan religioso, tan moral y tan probo como el 
que el señor Obispo ha querido crear; en el segundo, 
como el respeto se traduce por actos exteriores, los 
extranjeros no deberían encontrarse atascados por el 
artículo 4" que declara del modo mas rotundo, que el 
Estado no permite el ejercicio manifiesto de otra re- 
ligión que no sea la suya. Ademas, ¿cómo quiere su 
Ilustrísima que se acredite ese respeto? ¿ Quitándose 
el sombrero á la oración^ yendo á Misa los dias fes- 
tivos, confesando y comulgando, ó llevando siempre 
al cuello un rosario, ó pegada en el pecho la Cruz de 
San Camilo? 

¿Y cómo se comprueba ese respeto, cuando el ex- 
tranjero quiera naturalizarse completamente y tener 
carta completa? Necesitará, sin duda, certificado del 
párroco, ¡ pobre párroco ! que tiene que vivir ocupado 
en preguntar á todos los extranjeros domiciliados en 
sus parroquias, ¿cómo estamos de respeto? 

Todavia es mas peliagudo aquello de la sospecha ó 
presunción de falta de probidad. ¿Quién debe tenerla? 



400 EL MURCIÉLAGO. 

¿Hasta que grado ha de llegar la presunción? Todo 
hombre tiene el derecho de exijir que se le repule 
probo y honrado, mientras no se le pruebe lo contrario, 
y es sin duda la vez primera que una presunción, que 
puede ser infundada ó calumniosa, sirva de obstáculo 
para alcanzar el goce de los derechos políticos. 

La Constitución Episcopal ofrece un ejemplo de lo 
que valen las presunciones. ¿Quién no ha presumido 
que el señor Obispo era un hombre lleno de ciencia 
y de capacidad? Todo el mundo, incluso él mismo. 
¿Quién no lo ha creido capaz de hacer no solo una, 
sino una docena de Constituciones? Y sin embargo, 
véase lo que vale la presunción apesar de ser abrigada 
por media República; véase el proyecto y digase de 
buena fé 

Si aquellos que presumieron 
Razou completa tuvieron. 

Resulta, pues, que el extranjero que no quiera expo- 
nerse á un chasco, debe renunciar á la dura empresa 
de naturalizarse completamente. 

Porque el respeto y la presunción 
Dos cufias tremendas son. 

Se presenta un extrangis á la autoridad encargada 
del registro de ciudadanos enteros, y dice : mi quero 
un naturaleza de carta completo; ó io voglio un bi- 
glietto de completa natura — ó Mr., un bíllet d'en- 
tiere nature, s' il vous plait, y corre el riesgo de que 
se le diga : 

— ¿Y tiene U. respeto á la religión? 

— Yes y ouí, Mr. ¡Oh 1 si signare. 
• — Pues no basta. 

— ¿ Ma perché ? 



EL MURCIÉLAGO. 401 

— Porque tengo presunción, 

Y el hombre se queda peor de lo que estaba ; porque 
antes podía sostener su honra, y después , el primero 
con quien tenga una molestia, lo llama presumido y 
incompleto^ etc. 

Adelante. 

Artículo 8. Los europeos á quienes trajere ó per- 
mitiese venir el poder ejecutivo para formar nuevos 
pueblos, tendrán la naturalización completa, desde 
que se estableciesen en el territorio que se les señale, 
sin otra diligencia; salvo el derecho que se reserva 
por dos años al Poder Ejecutivo de despedir á los 
díscolos á su juicio. 

O nosotros no conocemos la O en materias de poli- 
tica, ó se entiende por Poder Ejecutivo la reunión 
completa de todos los funcionarios encargados del 
orden público y del cumplimiento de las leyes, reu- 
nión cuyo jefe es el Presidente de la República ; nuestra 
creencia se funda en que no se llama Poder Judicial 
á solo la Corte Suprema, ni Poder Legislativo al 
Presidente y Secretarios del Congreso. Entendidas 
asi las co^as, los tales extranjeros deben ser traídos 
(mandados traer ó mandados venir, parecía mejor) 
por acuerdo de todos los funcionarios que componen 
el Poder Ejecutivo. Por otra parte, no se sabe si el 
derecho de despedir, que á ese poder se reserva, dura 
dos años que deban contarse desde la fecha de la re- 
serva, ó dos años desde la llegada del colono ; lo na- 
tural es creer que sea lo último, pero el articulito 
constitucional no está muy claro que digamos : 

Díscolo, tanto quiere decir en romance, como tur- 
bulento, bullanguero, indócil, etc., y si estos son de- 
fectos que hacen de un prójimo un mal compañero ó 
un mal marido, no creemos que puedan ser elevados 

34. 



402 EL MURCIÉLAGO. 

á la categoría de un delito que prive á un hombre de 
ciertos derechos. Verdad es que el artículo solo dice 
que serán despedidos y lo es también que pueden serlo 
con todos sus honores y su carta completa; ¿pero 
bastará decir á uno de esos individuos : 

— Señor mió, U. es díscolo, á juicio del Poder Eje- 
cutivo; sírvase U? tomar soleta? 

Como es probable que los extranjeros' traídos, trai- 
gan sus contratas mas ó menos en regla, el dia que 
tengan una rabieta ó no tengan el humor dulce, el 
Poder Ejecutivo representado por un teniente gober- 
nador dice : ¡"fuera el díscolo! á mi juicio; ó el 
díscolo es un Juan Lanas que se conforma con el jui- 
cio y se dá por despedido, ó un Juan Tachuelas que 
busca á su representante para representarle que des- 
pués de traerlo, lo quieren dejar fuera de puertas. No 
dice tampoco el artículo en que términos ha de hacerse 
la despedida, ni si se entenderá al díscolo despedido 
solo del territorio que se le señaló, ó de todo el terri- 
torio peruano ; si lo primero, la cosa viene á ser lo 
mismo que sacarse un pique de un dedo para hacerlo 
entrar á otro, porque el díscolo será díscolo adonde 
vaya con su genio ; si lo segundo, puede el Poder Eje- 
cutivo encontrarse con alguno que quiera llevar un 
buen fiambre^ á sus espensas. 

De los términos en que el artículo está redactado, 
se seduce que los hombres no han de ser díscolos por- 
que lo sean, ó porque asi se les repute por sus conve- 
cinos, sino díscolos ajuicio del Poder Ejecutivo ; nece- 
sario se hacia, en caso de que esa Constitución pasara, 
que una ley secundaria dijera : 

Es un díscolo, ajuicio del Poder Ejecutivo, 
El hombre que tuviere cl geuio vivo; 



EL MURCIÉLAGO. 403 

Ó que el mismo Poder Ejecutivo diera un decreto de- 
clarando ; 

; Es díscolo, á mi juicio, el extranjero 

Que no viva sumiso cual carnero. 

En fin, saber cuales son las causas que pueden 
motivar la calificación de díscolo, y de la despedida 
que viene áser su consecuencia. 

Basta por hoy. 

¡ ADELANTE ! 

Decíamos, pues, que aquello de solicitar los extran- 
jeros la naturalización completa tenia sus siete bemo- 
les; pero tiene mas de setenta, comprender lo que S. 
S. I. ha pretendido establecer en el artículo siguiente: 

10. Los peruanos^ sea por nacimiento, sea por 
naturalización completa, gozan de los mismos dere- 
chos, excepto el de ocupar los pocos altos puestos 
que la Constitución reserva á los peruanos por naci- 
miento. 

Esta disposición en buen castellano quiere decir : 
« los peruanos de nacimiento no pueden ocupar los 
pocos altos puestos que la Constitución reserva para 
los peruanos de nacimiento. 

Parece que el señor Obispo quizo dar á entender que 
los peruanos por naturalización completa gozan de los 
mismos derechos que los de nacimiento, excepto el 
de ocupar los pocos altos puestos qué á estos reserva 
expresamente la Constitución ; pero la redacción salió 
tan defectuosilla que, á no ser un principe de la igle- 
sia el que la hizo, hubiéramos aconsejado á cualquier 
otro autor, que fuera á estudiar un poco de gramática 
á la Escuela Normal* 



404 EL MURCIÉLAGO. 

El artículo 12 declara : « que son ciudadanos todos 
los vecinos de un lugar que sean viudos ó casados ó 
tengan 2\ años de edad, con tal que estén inscriptos 
en el registro civico aprobado dos años antes. » 

El registro cívico, según lo entiende todo el mundo, 
ps el catálogo de ciudadanos activos ; no se inscribe, 
por siguiente, en él sino á los ciudadanos que reúnen 
las condiciones legales para sufragar. Según el ante- 
rior artículo , no basta ser casado ó viudo ó haber 
cumplido los 21 años ; si un sujeto se casa á los veinte' 
años, no adquiere por ello los derechos de ciudadanía; 
necesita inscribirse el ano de su casaíiiiento, para que 
aprobado el registro de ese año, empieze de años des- 
pués á ser ciudadano completo. Como en el registro 
cívico no pueden inscribirse menores no casados, re- 
sulta que el soltero de 21 años que se inscriba al 
tiempo de cumplirlos, no ejerce la ciudadanía sino dos 
años después, es decir cuando tiene 23. ¿ Como se en- 
tiende pues ese artículo? ¿ Para qué ese periodo de 
dos años entre la inscripción y sus efectos ? ¿ No lo 
comprenden ustedes? Pues yo sí. El señor Obispo 
quiere aplicar á la comunidad política los principios 
de las comunidades religiosas ; quiere que haya, asi 
como ciudadanos completos y ciudadanos parciales, 
ciudadanos novicios y ciudadanos de órdenes me- 
nores. 

Según la Constitución Episcopal, los ciudadonos 
del Perú quedan reducidos á tal número, que ya no 
tendremos otra elección presidencial en la que figure, 
como en la última, lo prodigiosa cifra de 600,000 su- 
fragantes. Se excluye del ejercicio activo de la ciuda- 
danía, 1® á los tontos^ especie de jente con la que se 
tropieza en Lima al voltear todas las esquinas, y que 
se encuentran, ¡ quien lo creyera I hasta en el mismo 



EL MURCIÉLAGO. ÍOS 

salón del Congreso. 2° A los jornaleros, criados y sir- 
vientes, álos pobres, á los soldados, marineros y ajen- 
tes subalternos de policía. 

Si la causa de esta limitación es la falta de libertad^ 
el modo de hacerla completa, y en pocas palabras, ha- 
bría sido decir : por falta de libertad á todos los pe- 
ruanos^ porque ya se sabe como se hacen las eleccio- 
nes y quienes las hacen, y no es el señor Obispo quien 
puede convencernos de que el pueblo es libre para 
elegir. 

Si se exceptúa á los jornaleros, á los sirvientes, á los 
aguadores y á los soldados ; ¿ quiénes hacen en Lima 
las elecciones? ¿ Quiénes forman los clubs? Esta limi- 
tación importa un espantoso ataque á los derechos de 
los capituleros, del cual protestará sin duda alguna 
el H. Sr. Chavez, y los demás que tienen en sus ma- 
nos la elección de la capital y sus suburvios. 

Ademas, si el objeto del articulo es impedir la coac- 
ción y la influencia del patrón sobre el dependiente, 
deben quedar sin ejercicio activo los Ministros y todos 
los empleados, porque es conocido que en cuanto á li- 
bertad, no tienen ni la de conciencia. 

3* A los deudores notoriamente quebrados. Esta li- 
mitación se funda en el sistema de presunciones; de 
manera, que si un pobre diablo quiebra, á pesar de 
. ser honrado hasta el hueso, porque lo quiebran, ó 
porque lo roban, ó porque un incendio censume sus 
bienes, ó por otra causa semejante, como queda no- 
toriamente quebrado, queda también con naturaleza 
pasiva en castigo^de su desgracia y quebradura. 

El señor Obispo no quiere convencerse de que las 
conjeturas ó presunciones no pueden servir de base 
para las altas cuestiones sobre los derechos del hom- 
bre ; si ellas pueden influir en las transacciones pri- 



406 EL MURCIÉLAGO. 

vadas, no deben elevarse hasta el grado de motivos 
bastantes para negar derechos políticos ó civiles. 

En último resultado, no tendrían voto, segun la 
Constitución Episcopal, sino los clérigos y los ricos 
que no sean tontos, y ya se sabe que no es muy grande 
el número de los que se encuentran en tales condi- 
ciones. 

Entrando en el título de las garantios de ¡apersona^ 
suponemos que el señor Obispo se distrajo hasta el 
punto de olvidarse que forjaba un proyecto de Cons- 
titución política, y se creyó elaborando uno de policía; 
nuestra suposición se apoya en el tenor del primer ar- 
tículo de ese título : 

16. Nadie es esclavo en es Perú. Pe7'o todos, desde 
qtie lleguen á la mayor edad^ están obligados á tener 
ocupación. 

La segunda parte de esta disposición, merece estar 
en un artículo de un código fundamental como la pri- 
mera en un breviario. Ella pertenece, segun los prin- 
cipios de una buena legislación, á las ordenanzas de 
policía. El señor Obispo que ha querido hacer una 
Constitución tan completa^ que de pura completa deja 
dé ser Constitución, debió especificar también la clase 
de ocupación que se exije á los mayores de edad; porque 
puede haber muchos que no la tengan, sin que puedan 
ser calificados de vagos, y sin que dejen de merecer 
los derechos de la ciudadanía. Supongamos que un 
joven de 21 años disfrute de una buena y competente 
fortuna para vivir sin trabajar, y que conociendo el 
atorismo de vita brevis^ quiere hacerla bo7ia y pa- 
searse y vivir de sus rentas sin trabajar ó dando bailes. 
Este hombre no tiene ocupación, lo ¿obliga la Consti- 
tución á adoptar una? Puede sin duda hacerlo y bajo 
de pena con el que ocasiona daño á la sociedad con su 



EL MURCIÉLAGO. 407 

ociosidad, mas no con el que no se ocupa porque no 
necesita ocuparse. 

Pero, volvemos á preguntar, ¿qué clase de ocupa- 
ción es la que se exije á los mayores de edad? La pala- 
bra ocupación es tan estensa, que cualquiera creerá 
cumplir con el precepto constitucional aun cuando se 
ocupe en surcir voluntades^ ó en no hacer mas que 
rezar ó ayudar á misa. Y ¿los jugadores de profesiotí 
no están ocupados todo el día? Pregúnteseles si tienen 
un solo momento desocupado ni -de día ni de noche; 
y diganos el señor Obispo si queda satisfecho con que 
los mayores de 21 años tengan esa ú otra semejante 
ocupación, y si se conforma con que un hombre le 
pruebe con teorías mas ó menos admissibles que desde 
(jue la Constitución no determina ocupación, todas son 
buenas y constitucionales. 

Las Constituciones, anteriores en sus tratados de 
garantías, decian : es inviolable el secreto de las cartas : 
el señor Obispo ha encontrado la frase vieja y ma- 
noseada y ha Sustituido los antiguos artículos con : 

30. Es inviolable la libertad de la correspondencia 
escrita, sea cual fuere su naturaleza, su procedencia 
y su destino. Las cartas ilicitamente substraídas^ no 
producen efecto legal etc. 

Este artículo parece admitir varias clases de corres- 
pondancía que serán, sin duda, la escrita, la oral y la 
geroglifica ó pintada. Solo la escrita tiene libertad in- 
violable; por manera que un recado tiene libertad 
violable. El artículo admite también división de la sus- 
tracion en licita y en ilícita. En nuestra opinión, el 
artículo 21 de la Constitución actual siendo, como es, 
lacónico dicelo mismo y es mas completo, con muchas 
letras de menos, que el del señor Obispo. 

Donde el señor Obispo nos embroma y embroma á 



408 EL MURCIÉLAGO. 

los demás, que en nuestro caso se encuentran, es en el 
título VI de su Santísima Constitución, según la cual 
para ser Senador se necesita ser ó haber sido muchas 
cosas. 

Su Senado se compone de treinta miembros, perua- 
nos de nacimiento, ciudadanos completos y activos , 
de 40 ó mas años^ é idóneos para desempeñai* el 
cargo. 

Deben elejirse. 

De la carrera política, tres individuos que hayan 
sido Ministros de Estado ó hayan servido algún lega- 
ción de primera clase. Prefectura ú oficialía mayor de 
Ministerio. 

Déla de Hacienda, tres que hayan sido ó sean 
jefes de oficinas da ese ramo , comprendida la de 
Correos. 

De la Magistratura, tres miembros de los Tribu- 
nales, á lo menos de segunda instancia del fuero 
común, comprendidos los cesantes y jubilados. 

Del Clero, tres que sean Obispos, Provisores y Vica- 
rios generales, Dignidades, Canónigos, Promotores 
fiscales y Vicarios foráneos. 

Del Ejército y Mariiia de guerra, tres jefes de co- 
roneles para arriba. ^ 

De la carrera parlamentaria, tres que hayan sido 
elegidos tres veces Diputados ó hayan concurrido á tres 
legislaturas ordinarias. 

De las profesiones científicas, tres que hayan sido 
ejercido alguna por veinte años, comprendidas las del 
ramo de enseñanza, no solo los profesores, sino tam- 
bién los Rectores y Vice-Rectores, de los colegios fa- 
cultativos del Estado, de lo^ Seminarios eclesiásticos v 
de las Universidades. 

De los propietarios, tres , cuyos fundos les pro- 



EL MURCIÉLAGO. 409 

duzcan, cuando menos, cuatro mil pesos anuales. 
De los Mineros, tres que tengan la misma renta y 
que hayan sido mineros veinte años. 

Del Comercio, tres comerciantes ó capitalistas que 
tengan en el Perú 200,000 pesos de capital propio. 

Ya se vé, pues , que para llegar á ser Senador, se 
necesita bregar ó haber tenido la dicha de haber sido 
ó de tener un capital acandamado. 

¿ Pero que se ha propuesto Su Señoría con obligar á 
que los treinta señores Senadores se elijan precisa- 
mente entre las diez clases de ciudadanos indicados ? 
i Ha querido que el senado se componga de la aristo- 
cracia de la inteligencia ? 

Ya sabemos y, S. S. I. lo sabe como nosotros, que 
ha habido Ministros en esta buena tierra, que en cual- 
quiera otra hubieran sido á lo mas, ministriles ; que 
entre las dignidades eclesiásticas no han faltado ni 
faltan unos señorones 

,Que si no se les \é la larga oreja 
Es gracias, á lo largo de la teja, 

. Que entre los jefes de las oficinass de hacienda 

Hay algunos que fuera gran cucaña 
Hacerlos caporal de una de caña. 

Que de los coroneles para arriba 

Algunos merecían darles tajo, 
hacerlos de sárjenlo para abajo. 

Que de la clase de parlamenteros 

Hay mas de un Diputado D. Prudencio f 

Que pronuncia discursos en silencio. 

Que en las profesiones científicas, no hay tres in- 

T. II. 85 



410 EL MURCIÉLAGO. 

dividuos en todo el Perú que hayan enseñado veinte 
años, ni hayan sido durante ese tiempo Rectores o 
Vice-rectores. 

Que entre los capitalistas habrá mas de uno que 
tenga 200,000 pesos suyos en el Perú 

Pero que con su pompa y su dinero 
Puede ser un borrico majadero. 

Hasta otra dia. 

CONCLUIREMOS. 

Sí, concluiremos, y con harto dolor de corazón ; 

pero la materia se va haciendo ya añeja, porque en 
esta buena y santa tierra de Obispos constitucioneros, 
es preciso que las novedades sean muy nuev(zs^ para 
que ofrezcan novedad; por otra parte, la estrechez de 
nuestras columnas (esta frase si es nueva) no nos 
permite hacer un obispicidio constitucional completo. 
Concluiremos, pues, 

Escojiendo entre tantas bellas flores 
Las que tenga mas fuertes los colores. 

Art. 78. Para que las sesiones del Congreso y las 
de cada Cámara tengan toda la conveniente publi- 
cidad, se imprimirá un diario de debates en el que 
se insertarán las actas, los proyectos, los dictámenes 
de las comisiones^ los discursos de los Senadores y 
Diputados, y todos los documentos relativos á cada 
asunto. Los ciudadanos activos serán admitidos á 
presenciar las sesiones en la forma y en el lugar que 
señale el reglamento^ excepto en los casos de sesión 
secreta, conforme al mismo reglamento^ en las cuñales 
tampoco se hará la publicación en el diario^ sino de 



EL MURCIÉLAGO. 4il 

lo que conviniese, á juicio del Congreso ó de la 
Cámara. 

\ Vamos ! no hay que reírse que no estamos tratando 
de chilindrinas. ¿ Como ? ¡ Qué ! ¿ No creen ustedes 
que este sea un artículo constitucional? Pues yo no lo 
he forjado (á Dios gracias) . Este artículo tiene un mé- 
rito común de dos. La primera parte corresponde 
ustedes sabrán á qué ; y la segunda, ustedes sabrán 
á quien. 

Es la primera vez, y lo juramos como buenos cató- 
licos, que vemos en una Constitución el precepto de 
que se establescaun periódico ; es la primera vez, tam- 
bién, que vemos al diario de debates levantado hasta 
la altura de un principio político. 

Hay Diputado que apuntó que, en Francia, 
Dieron Constitución unos Orates; 
Y sin embargo, esa obra de camnezos 
No se ocupó del Diario de Debates, 

Pero lo cierto es que, desde que se introdujo en el 
mundo la moda de constitucionar, no se habia presen- 
tado una Constitución tan completa y tan aparejada 
de cuanta prescripción basta y sobra 

Para hacerla una pieza entretenida. 
Mas que Constitución, olla podrida. 

Con el mismo buen propósito de dar publicidad á 
los actos parlamentarios, se permitirá á los ciudada- 
nos uctivos que presencien las sesiones ; pero como á 
nadie se le copoce en la punta de la nariz si es activo 
y completo, habrá que adoptar uno de dos partidos : 
ó el ciudadano tiene que llevar consigo la carta de 
actividad para presentarla al Sr. Oficial de guardia, 
ó á uno de los Señores ayudantes, ó á S. E. el Pre- 



412 EL MURCIÉLAGO. 

sidente de la Cámara, ó tiene que llevar en el som- 
brero una cinta, en la cual, en vez de las leyendas : 
Alumbrado de Gaz 6 Ferro^Carril, se vea la de Í7fw- 
dadano activo que puede presenciar sesiones. 

Se entiende que, para evitar consolidaciones de acti- 
vidad, la cinta debe tener ademas una rúbrica de la 
autoridad encargarda de comprobar las actividades , 
previo un memorial en que el que desee presenciar 
sesiones, tenga que decir : 

Y soy vivo 

Y soy activo ; 
Déme Vuesencia 
La licencia 

Que requiere la actual Constitución 
Para que yo presencie una sesión. 

Los ciudadanos pasivos no pueden tener ningún 
interés en los asuntos del pais ; un hombre de veinte 
años y seis meses de edad, no debe penetrar en el au- 
gusto templo donde se fabrican las leyes peruanas ; 
los extrangeros no naturalizados, los ministros diplo- 
máticos extrangeros, ninguno de esos individuos puede 
tener el alto honor de presenciar las sesiones del 
Congreso. Penetrar en ese recinto es tanto ó mas 
difícil que penetrar en la gloria ; porque allá solo se 
trata de ver la cara de Dios, que se conforma con el 
arrepentimiento del pecador, y acá se tratará de ver 
Obispos, y Jefes de Hacienda, y Coroneles para arriba, 
y propietarios que tengan doscientos mil pesos suyos, 
y tantos señorones de 

Tal fuste y calidad, 

Que no pueden yerse sin actividad. 

Positivamente , el señor Obispo cuando escribió el 
artículo 78, tenia 



EL MURCIÉLAGO. 413 

Alguna mitra ajustada 

Que le puso la cabeza atolondrada. 

Pero no está desplumado el gallo con ser ciudadano 
activo 

Para poder presenciar 
Que unos diputados hablan, 

Y otros diputados callan, 

Y otros saben rebuznar. 

porque un reglamento, que no se dice cual es, pero 
que será sin duda el reglamento de la barra , tiene 
que indicar 

En que forma y en que lugar 
Tiene el activo que presenciar. 

Eso de la forma me hace mas de gracia y media ; 
yo creia que solo se podia presenciar en la forma que 
cada cual tiene, pero el reglamento puede antojarse 
de que 

El que presencie ha de tener cerquillo 
O ha de vestir cual viste un monaguillo. 

Probablemente S. S. I. que ha querido formar un 
Senado de alto compete, querrá también que la 
barra 

Fuera decente y lucida 
Que asistiera diplomática, 
Baja forma aristocrática 
Bien lavada y bien vestida. 

El inciso 2.® del artículo 9 establece que : el ejer- 
cido de la Presidencia de la República se suspende^ 
por alejarse (el Presidente) á una distancia de la 
capital mayor que la que se puede atraversar en cua- 
tro dias. 

85. 



414 EL MURCIÉLAGO. 

Sin duda que este artículo se le ba atravesado átodo 
el mundo, como se me ha atravesado á mi hasta tal 
punto que ni todos los cirujanos de Lima me lo hacen 
ni tragar ni salir. 

Entendámonos, señor Obispo : S. S. I. no puede 
ignorar que hay tantos modos de atravesar caminos, , 
que la distancia tiene que variar considerablemente, ^ 
según el que se adopte. ¿Cual es el que S. S. I. ha . 
querido puntualizar? 

En cuatro dias apenas se va á Jauja en un macho 
lerdo ; pero en cuatro dias se puede ir á Chile en un 
buque de vapor. 

En cuatro dias llega un burro á Huacho. 

En cuatro dias llega un buen caballo á Santa. 

En cuatro dias atraviesa un ciudadano activo á pié 
hasta 20 leguas. 

En fin, en cuatro dias se puede atravesar mucho, ó 
atravesar poco ; por consiguiente, la atravesadura que 
US. I. establece no está sujeta á los cánones, á no ser 
que haya de ajustarse y determinarse cuando se celebre 
el concordato. 

Si quis dixerit que ínter quator dias 
játravesaduram equalem ciudadanas faeit, 
Nisi in eadem locomotivam atravieset 

¡Anathemasiti 

Dispense S. S. I. el latín de mis cañones. 
Con que el artículo no puede pasar, si 

Su Señoría no tiene la dignación 

De indicar si esa distancia 

Se atraviesa en coche ó en carretón. 

Art. 99. Solo pueden ser Ministros 

Los que pueden ser Senadores, [ 

Lo cual quiere decir, que las carteras 
No tendrán en alante cargadores. 



EL MURCIÉLAGO. 415 

Art. H2. No pueden haber en el Consejo {de Estado) 
ni menos de uno^ ni mas de dos eclesiásticos^ militares 
y magistrados elegidos por el Congreso. 

Este es uno de los artículos constitucionales que yo 
reputo como de primera importancia. La precisión en 
materia de leyes vale masr que un antiguo Perú ; ya 
se sabe que no se corre el riesgo de que el Congreso 
elija medio Obispo, ó medio Coronel. No, señor : todo 
lo que sea menos de un individuo completo no puede 
tener asiento en el Consejo. Parece que S. S. I. hu- 
biera querido dar á entender que en el Consejo habrá 
siempre uno, pero nunca mas que dos eclesiástico, mi- 
litares y magistrados ; pero si hubiera redactado esa 
disposición en estos términos, corría el riesgo de nb 
ser bien comprendida. Mientras tanto ¿quien no en- 
tiende ahora que no se aguantan fracciones de ciu- 
dadanos, sino ciudadanos enteros y verdaderos ? 

i Fuera la media sotana 
I La media casaca fuera ! 
No puede entrar al Consejo 

Sino la sotana entera. 

i 

Art. 115. Para ser consejero se requiere 

Lo que para senador se ha requerido ; 
Lo cual quiere decir que nadie sea 
Si no tiene la dicha de haber sido. 

Art. 118. Son atribuciones del Consejo de 
Estado : 

la. Negar ó prestar su acuerdo al Presidente de la 
República cuando se lo pidiere, y en todos los casos 
en que lo exija esta Constitución, para que pu^da 
ejercer alguna de sus atribuciones. 

5a. Representar al Presidente sobre lo ilegal, anti- 



416 EL MURCIÉLAGO. 

constitucional o perjudicial á la Nación , de sus 
actos, de los de sus ministros y demás funcionarios 
públicos; y sobre la necesidad de remover á estos con 
arreglo á la ley. 

El Consejo se compone de nueve miembros natos^ 
y de otros nueve que aucun nonatos, son propuestos 
por el Presidente de la República ; resulta, pues, que 
los natos y los no-natos dependen mas ó menos direc- 
tamente del Presidente, que tiene ademas la facultad 
de presidir ese cuerpo. 

Querer, pues, que el Presidente y su cuerpo se 
nieguen y se presten el acuerdo cuando lo pidan y 
cuando no lo pidan, es una cosa que S. S. I. no ten- 
drá el gusto de ver en estos tiempos cochinos^ que 
vamos atravesando. ¿Para qué tiene que pedir pres- 
tado el Presidente lo que puede tomar por sí mismo, 
sin que nadie le diga chuz ni muz ? Aunque los nueve 
elegibles no lo fueran á propuesta del Jefe del Estado, 
este siempre tendria nueve votos; y nueve contra 
nueve... les toca á cuerno.* 

Si unos nueve no prestan 
Los otros nueve darán; 
Que si hay nueve de tilin 
Habrá nueve de talán. 

La misma razón hay para que no representen ilega- 
lidades, é infracciones etc. 

¿Quien le pone cascabel al gato? 

Supongamos al Consejo reunido y presidido por el 
Presidente de la República, conforme al art. 110 de 
la Constitución, ¿cual es el guapote que le dice, en sus 
barbas, V. E. ha infringido, ó V. E. ha perjudicado? 
Y si sale por allí un ciudadano á quien no espatan 
pulgas y suelta la acusación, el acusado, que preside, 
ó levanta la sesión ó arma una de populo bárbaro, ó 



EL HÜRCIÉIJ160. 417 

• 

si tiene paciencia para verse maltratar de palabra, 
espera que se vote la acusación ; se paran todos menos 
uno, ó cuando menos se paran nueve , quedándose 
nueve sentados, resolviéndose... nada... 

De fijo que el Presidente, si es hombre delicado y 
que sabe lo que le cabcy abandonará el salón consegil 
cuando se trate de acusarlo ; pero sostendrán la acu- 
sación 

¿ El Vice-Presidente de la República ? Parece que 
no... 

¿Los cinco Ministro de Estado ? Seguramente no. 

¿ El Arzobispo ? Probablemente no. 

¿ El Presidente de la Suprema ? Quien sabe si no. 

¿ El Director general de Hacienda? Seguramente no. 

¿Los nueve elegidos ¿ Mucho será que haya cuatro 
que se resignen á no volver á figurar en las ternas. 

Si el objeto del Consejo fiíera simplemente el de 
aconsejar, ya creeríamos que lo llenara de un modo 
completo, porque para dar consejo todo el mundo se 
presta, y muy especialmente en esta buena tierra en 
donde no hay un solo hombre que no se crea capaz de 
dar palotada en toda materia, aunque sea la primera 
vez que oiga hablar de ella. 

Convenga, pues, S. S. L en que no ha estado feliz 
(fijase de moda) en componer un Consejó de personas 
masó menos dependientes delJefe del Estado, á quienes 
quiere dar la atribución de fiscalizar los actos de este, 
y de Uañaarlo al camino de lo legal, de lo constitucio- 
nal y de lo provechoso. 

Art. 120. No hay ejecutoria sin sentencia consen-- 
tida conforme á la ley^ ó sin dos sentencias conformes, 
Pero no puede haber tercera instancia sino para 
obtener esta ejecutoria, ni puede haber otro recurso 
extraordinario que el de nulidad. 



418 £L miRCIÉLAGO. 

Aquí la Constitución se ha convertido en Código de 
Enjuiciamientos ; lastima es que no sigan una docena 
de artículos sobre los casos, forma y modo de inter- 
poner la súplica y el recurso de nulidad. 

¿ Por qué nos quiere quitar el Sr. Obispo el recurso 
extraordinario de la queja ? Cabalmente, en cuanto á 
administración de justicia , no tenemos otro consuelo 
que el de quejarnos , y S. S. I. intenta privamos de 
ese inocente consuelo. 

El señor Obispo sabrá sin duda que nosotros tenemos 
unos libritos llamados Códigos, y que en uno de ellos 
se habla, con bastante estension, de las sentencias, y 
de como y cuando quedan ejecutoriadas ; si el ánimo 
de S. S. I. fué restituir la 3a. instancia que nos quitó 
el Sr. Gs^vez, para que la justicia fuera mas pronta, el 
objeto se habria conseguido con una leisita, sin nece- 
sidad de ingerir en la Constitución una disposición que 
le es de todo punto extraña. 

Art. 128. La ley señala las calidades, atribuciones 
y modo de proceder en los tribunales y jueces del 
Estado, 

Quedamos impuestos. 

Art. 149. El Presidente de la República negociará, 
concluirá y presentará á la aprobación del Congreso 
el Concordato con la Santa Sede. 

Esta disposición tiene por objeto establecer el orden 
constitucional, de manera que sin Concordato no hay 
ni puede haber tal orden. ¡ Miserere nobis ! 

Aquí soltamos la peñóla, no por que la Constitución 
no ofresca material para escribir diez veces mas, sino 
porque, ya lo hemos dicho, el asunto va pasando de 
moda. 

¿ Qué dirá ahora el mundo cuando sepa que esa 
Constitución desgraciada no ha encontrado en todo 



EL. MURCIÉLAGO. 419 

el Congreso, sino un solo padre adoptivo? ¿Qué dirá 
cuando sepa que aqui, en Lima, en la Capital del Perú, 
donde no faltan escritores, no se ha levantado una 
sola pluma para elogiar esa Constitución, que nos iba 
á hacer entrar en una senda canónica, liberal y pro- 
gresita ? 

Así es el mundo : así somos los hombres, mal agra- 
decidos y poco' apreciadores de lo bueno; por eso 
estamos como estamos. 

El Perú todo es un bolo. 
Pues rechaza sin razón. 
La linda Constitución 
Del Obispo D. Bartolo. 

Finís eoronat opus. 
Aquí coronó la sopa. 



HOnCI^ DEL INTERIOR T EL EXTERIOR. 

Como no lo duda alguno 
Concluyó el año sesenta^ 

Y si no yerra la cuenta 
Seguirá el sesenta y uno. 
En este, como en los otros, 
Parirán las monas, micos, 

Y las borricas, borricos, 

Y las yeguas darán potros. 
Serán los viejos gruñones, 
Las viejas como los viejos. 
Las mozas tendrán cortejos^ 

Y las beatas tentaciones. 
Habrá guerras y jaranas 

Y habrá pobres y habrá ricos, 

Y habrá sabios bien borricos 

Y virtuosas bien livianas. 
Los ricos y los cocheros 
Andarán siempre arrastrados ; 
Lo& tontos serán honrados, 



420 EL MURCIÉLAGO. 

Y los pillos caballeros. 

Y según dijo Piroche^ 
En su sabia profecía, 
Los que nacieren de dia 
No verán al sol de noche. 

Diciembre, 31 de 1860. 



FIN DE LOS artículos DE EL MURCIÉLAGO^ PUBLICADOS 
EN EL MONITOR DE LA M0DA(LIMA 1860) 
T DEL TOMO SEGUNDO. 



índice 



DEL TOMO SEGUNDO. 



El Murciélago volando. . * « 1 

El Murciélago • 3 

Fiscalía de la corte superior 6 

Mi querida Murciélaga. 9 

Sr. D. Antoñós Chauqui 19 

El asesinato de Matute por los frailes anónimos. 21 

Amnistía ...» 24 

Responda U. respetable publico : 26 

Defensa libre 27 

Amovilidad judicial. ^ 29 

Todos para todo, muchos para nada : 31 

Somos pergüetanos 37 

Tolerancia de cultos 39 

El Murciélago 40 

Guerra á Bolivia 46 

Otros dos gallos de á pico 47 

Nada de nuevo 50 

Verdades y mentiras 53 

La misa del 5 de enero ^ 55 

La chincha. — Pin... Pin 58 

Revolución... Revolución i 60 

El Murciélago dice misa. 69 

Los exes. 72 

Algo de zamacueca 73 

T. n. 36 



422 ÍNDICE. 

Vaya de cuento . .^ 77 

Los tirantes del coronel y la nueva constitución 79 

El Murciélago eldia9 81 

Nuestra moralidad se conoce hasta en el agua. 82 

Hi querido Murciélago. 83 

Hi programa 87 

Modo de coser sin agujas 93 

{ Yiya Castilla! ¡ Muera Echenique ! 95 

Mi cavatina 100 

Amor con amor se paga ; -. 102 

La revolución' del 1854 104 

Todos chupan 113 

La corona del padre Valdivia 120 

Mis cuarenta y cinco pares de cocos 122 

Las palabras del ex fraile Valdivia ^ ... . 123 

Y van tres 126 

Denuncien este i¿. 

Convención nacional, sesión del dia 20 128 

Sesión del dia de hoy ¡30 

Documento parlamentario, sesión de ayer 132 

Dos de aUá • 134 

Profecía 137 

Mas que me amarren ¡¿^ 

Correspondencia para Europa. 141 

Rumores sordos , 14^ 

Convenciones nacionales 143 

Teatro principal 149 

Convención nacional: . . '. • i¿, 

Altri frutti della liberta, 150 

Correspondencia * * \ 152 

Convenciones nacionales ...» * I54 

El Murciélago I59 

Excmo. Sr. libertador del Pera 1^1 

Muérete y veras «. . jQf 

El Heraldo. — Los Heraldistas » 170 

Correspondencia « 173 

Me vendo * I75 

Albarda sobre albarda son dos albardas 177 

Amnistía 182 

Aqui estoy yo 189 

i Que sea para bien ! * «... 192 

A donde va el rei, va la corte • • • . , 193 

La patria y los patriotas. . * ^ « 197 



iNBirE. 423 

Lo que somos 202 

¿ Conspiramos?* 206 

Muere la Convención ' 218 

Postres de mar y de tíerra 216 

Villavancidio 219 

Crónica politica • 277 

El sexto 278 

Memorias 279 

Polémicas períodisticas , 280 

Espectáculos públicos 282 

El toro y el oso 283 

Moneda 284 

Otra cuestión económica 285 

A proposito del articulo anterior 288 

El carnaval y sos glorías. 290 

i Viva el Perú ! 295 

La calle de las mantas 296 

I Pobre libertador! . 298 

Teatro 300 

Adelantos materiales 303 

Fantasmagoría 304 

Ferrocaríl del Callao 305 

Diversiones de semana santa 307 

Noche buena « .>. . 308 

Polémicas períodisticas 310 

ti Para qué sirven las leyes, en la tierra de los reyes? 311 

Sustos por mayor , 314 

Sustos de otro tono 316 

Seminario de santo toribo 317 

Tribunales 319 

Teatro 320 

Patriotismo puro y anejo • 321 

No mentimos •...• 322 

Teatro é 323 

Literatura nacional ......* 327 

Chorrean metáforas . . * • « 329 

Carne cara * 335 

Literatura nacional. , 337 

Cosas serías 34 1 

Congreso 342 

Las luces del siglo- 343 

Ambos y temos /¿. 

Teatro.. 346 



424 UHDIGE 

I 

Médicos de tumo. . • • • 348 

Congreso • • 349 

A proposito de C!ongreso. . . '. • • 352 

Mas de Gougreso ii^- 

Sobre ídem.. ..*. 353 

ídem de ídem ¡i. 

Fiertas del aniversario 354 

Congreso. ............. « ib. 

Colon 356 

Monos y ratones » 358 

Cementerio de la catedral <¿. 

Fueros 359 

Literatura mortuoria • • . <¿< 

Literatura moral y pericotal • . • . 361 

Fragilidades 363 

Teatro 265 

A proposito del diqu^. * • * • • • 368 

. Diario de Debates • 369 

Huespedes 371 

Retajaduras .' 372 

La procesión de las milagros • 37 3 

Teatro 87 4 

Él palomo del congreso. •. 375 

¡ Toma Huachachina ! # 376 

Congreso , 380 

i Pelo, pelo, pelo ! t • 384 

Teatro ib» 

¡ Magnifica quincena ! 387 

Per signüm sancti crucis 396 

Noticias del interior y el exterior ^ - ^ ^^^ 



FIN DEL índice. 







3 2044 019 193 



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